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Full text of "Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la orden de predicadores"

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c. w. 

I ELMENHORST 



SE PROHÍBE 

Subraya'' y/o mcoinnr *st« lib#o, 
SF CCÍ8AIA a TklflE De SU VAIOt 



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Universidad Francisco IVIarroquín 



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BIBLIOTEIOA ' 'GO ATH El M A L A" 
de: la Sociedad de: Geioqrafia e: Historia 

VOL-UMEIN I 



HISTORIA 

- DE LA 

PROVINCIA DE SAN VICENTE 
DE CHIAPA Y GUATEMALA 

DE LA ORDEN DE PREDICADORES 

COMPUc STA POR EL R. P. PRED. GEN. 

FRAY FRANCISCO XIMENEZ 

HIJO DE LA MISMA PROVINCIA 
De orden de N. Rmo. P. M. G. Fr. Antonio Cloché 



PRÓLOGO DEL 



Lie. J. ANTONIO Vi LL ACORTA C 

De la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. De la 

Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, y 

Correspondiente de la Academia Americana 

de la Historia de Buenos Aires. 



"TO M O I 




GUATEMALA, CFNTRO AMÉRICA 
ENERO DE 1929 



068968 



/ 



IMPRESO EN LA TIPOGRAFÍA NACIONAL. — GUATEMALA, CENTRO - AMERICA 



V, I 



z^t\- 



PROLOGO 



\^ EL HOMBRE DE ESTUDIO 

El 4 de febrero de 1688 vistió de'fiésfala ciudad de Guatemala para re- 
Q cibir al nuevo Gobernador y Capitán General, don Jacinto de Barrios Leal, 
(\ Caballero de la Orden de Calatrava, que el 17 de noviembre del año anterior 
^^ habia desembarcado en Puerto Caballos, procedente de España, no sin que le 
V hubieran despojado de cuanto traía los piratas que infestaban la comarca. 
^ Venían con él cuatro letrados para integrar la Real Audiencia, y un 

joven español, ordenado tan sólo de menores, que andando el tiempo sería él 
cronista del Reino. Llamábase el mancebo Francisco Ximénez, y tenía tal 
\ vocación por la vida religiosa, que continuó sus estudios en el convento de 
^^ dominicos de la ciudad de Guatemala, y cuando contaba 24 años de edad (había 
nacido en Ecija de Andalucía, el 23 de noviembre de 1666) pasó a Ciudad 
Real de Chiapas, en donde recibió las órdenes sacerdotales. 
•J Se había dedicado con empeño, además, al estudio de las lenguas indi- 

V genos, y los superiores de su convento le enviaron a San Juan Sacafepequez 
^-^^ al lado del párroco Fr. Juan Crisóstomo Guerra, para que se perfeccionará 
en el cakchiquel. Más tarde pasó a servir los curatos de San Pedro Las Huer- 
tas, Xenacoj y Chimaltenango, y ya finalizando el siglo XVII llegó a Santo 
Tomás Chichicastenango, en calidad de Cura de aquel pueblo. 
^ En ese lugar se perfeccionó en el idioma quiche, llegando a dominarlo, 

' y en contacto con los principales caciques maxeños, investigó con paciencia y 
i; ^ mansedumbre las costumbres y creencias religiosas de sus antepasados, lo- 
f . ^ grando por fin que llegara a sus manos el libro que contenia escritas en len- 
\ gua quiche las tradiciones cosmogónicas y las historias legendarias de aquella 
vencida raza; libro que logró interpretar y traducir. 

III 



"Todas sns historias, dice Ximénez, como tas traduje en nuestra lengua 
castellana de la lengua quiche en que las hallé escritas desde el tiempo de Ja 
conquista, que entonces (como allí dice) las redujeron de su modo de escri- 
bir al nuestro; pero fué con todo sigilo, que se conservó entre ellos con tanto 
secreto, que ni memoria se hacía entre los ministros antiguos de tal cosa, e in- 
dagando yo aqueste punto, estando en el curato de Santo Tomás Chichicas- 
tenango, hallé que era la dotrina que primero mamaban con la leche, y que 
todos ellos casi la tienen de memoria, y descubrí que de aquestos libros tenían 
muchos entre sí, y hallando en ellos por aquestas historias, como se verá ade- 
lante, viciados muchísimos misterios de nuestra santa fe católica, y muchos o 
los más del Testamento Viejo, trabajé en sermones continuos el refutar aques- 
tos errores". ^'^ 

"Dotado Ximénez — dice un escritor guatemalteco ^^^ — de gran talento y 
aplicación al estudio y de memoria nada común, ^bresalió entre sus contem- 
poráneos como teólogo, como naturalista y principalmente como profundo fi- 
lólogo y erudito historiador. Como filólogo escribió una excelente Gramática 
de las lenguas quiche, cakchiquel y subtujil, obra que hizo adelantar muchísi- 
mo la lingüística entonces tan floreciente en Guatemala'^ 

"En ese concepto publicó también El Perfecto Párroco, escrito en los 
fres idiomas citados, y que, como lo da a entender su título, fué destinado a 
facilitar a los curas de los pueblo^ indios el ejercicio de su ministerio. Conte- 
nía nociones gramaticales de aquellas lenguas y traducciones y explicaciones 
en las mismas, de las oraciones de la Iglesia y de los puntos más importan- 
tes de la doctrina cristiana y de las prácticas religiosas. Pero la más notable 
de las que como filólogo escribió es la grande obra en tres tomo^ in folio, 
titulada Tesoro de las tres lenguas, la cual contiene los originales y las traduc- 
ciones castellanas de importantísimos documentos indígenas, como el célebre 
Popol Buj, o libro sagrado de los quichés, descubierto por Ximénez en el pue- 
blo de Santo Tomás Chichicastenango, y por él no sólo traducido sino aumen- 
tado con numerosos escolios. Si la fama de Ximénez, como versadísimo er\ 
este linaje de estudios, hubiera necesitado confirmación, la habría adquirido 
sin duda con esta obra, que desde su publicación hasta la fecha ha sido con- 
sultada por cuantos escritores nacionales o extranjeros han escrito acerca de 
las creencias religiosas, de las leyes y de las tradiciones de los indios de 
estos países". 

"En concepto de naturalista — agrega — escribió nuestro dominico una 
obra en dos tomos in folio, llamada Historia Natural del Reyno de Guatemala, 
que desgraciadamente ha desaparecido". 

Encargado de arreglar el archivo de su convento se le encomendó ¡a 
formación de la Crónica de la Provincia, y la escribió mientras servía los 
caratos de Xenacoj, Chimaltenango y Rabinál, dejándola sin concluir cuando 
desempeñaba la Parroquia de Candelaria, por los años de 1721 a 22 en que 
mnrió. 



(1) Ximénez: "Historia de la Provincia de Chiapa y Guatemala", T. I, L, I, página 5, 
2) Agustín Meneos: Fray Francisco Ximénez, en "La Revista", órgano de la Academia Guatemalteca, 
Correspondiente de la Academia Española, T. I, página 416. 

IV 




Don Juan Gavarreie, que en 1875 paleografía la obra de una copia del 
original, se expresa asi de ella: "Esta obra, la principal de todas, es notabi- 
lisima, ya por los datos raros que contiene relativos a las tradiciones religiosas 
e historias de los indios, ya por la relación exacta de los muchos aconteci- 
mientos de que su autor fué testigo ocular y cuyas noticias apenas se encuen- 
tran en otros escritores". 

Tal fué el hombre de estudio. 



II 



EL MEDIO AMBIENTE 

Cuando Francisco Ximénez llegó a Guatemala, ya la ciudad había ad- 
quirido el auge de una metrópoli de primer orden en el Nuevo Mundo, aven- 
tajada tan sólo por México, en el Virreinato de la Nueva España. 

Establecida la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el 
22 de noviembre de 1542, por el entonces Gobernador de la colonia Don Alon- 
so de Máldonado, después del desastre de Almólonga, acaecido un año antes 
y en el cual pereció doña Beatriz de la Cueva, llamada La Sin Ventura, que 
ejercía el cargo de Gobernadora, en substitución de su esposo, el férreo con- 
quistador don Pedro de Alvarado, recién muerto, la urbe se extendía por el 
hermosísimo y placentero Valle de Panchoy, limitado en todas direcciones 
por altas serranías, sobresaliendo al medio día el soberbio cono del Volcán de 
Agua, el Junajup indígena, cuya silueta majestuosa se destaca en un cielo casi 
siempre sereno; mientras al Oeste se divisan los no menos imponentes moles 
de los activos volcanes de Fuego y Acatenango, el Chicak y el Pecul, de los) 
indios, habiendo el primero despertado muchas veces a los habitantes de la 
confiada ciudad, durante aquella época, con horrísonas erupciones. 

El panorama era espléndido y de singular belleza y el ambiente para- 
disíaco. Las calles de la ciudad, casi todas tiradas a cordel, de Norte a Sur y 
de Este a Oeste, brillaban al sol, cuyos rayos se quebraban en las piedras 
acondicionadas que servían a aquellas de pavimento, al estilo de las calles de 
Pompeya; mientras por las noches, si alumbraba la luna, a su tenue luz se 
dilataban en sus regulares extensiones en una placidez enajenadora, convi- 
dando a escenas de amor como en las entonces también silenciosas calles de 
Sevilla; o si las envolvían las sombras, eran éstas interrumpidas por débiles 
¡ucecillas que ardían ante las imágenes católicas que aquí y allá se hallaban 
colocadas en nichos a propósito. 

La Plaza Real, la más importante de la metrópoli, presentaba entonces 
singular aspecto: al Sur de ella alzaba su fachada, de estilo misión, el grandio- 
so Palacio de los Capitanes Generales, con su doble arcada, una sobre la otra, 
de gruesos pilastrones y balaustrada superior festonada con volutas capricho- 
sas; al Occidente el Portal de los Panaderos, albergaba multitud de tiendas y 
vendimias; en tanto que al Oriente, la Catedral alzaba su churrigueresco fron- 
tispicio de cornisas y pasamanos profusamente adornados, y cuyas altas torres 



dominaban la del Norte al Palacio Arzobispal, y la del Sur, linda capilla; en- 
cuadrando todos esos edificios la extensa plaza en cuyo centro bullía el agua 
cantarína desde lo alto de enorme tazón de piedra, sostenida por gruesa peana, 
a la que se adosaban sirenas allí talladas, de cuyos senos caían chorros del 
cristalino liquido, en amplia fuente también de piedra. 

Tomás Gage, (^> fraile irlandés, que estuvo en Guatemala en 1627, dice 
de ella: "esta ciudad contiene cerca de cinco mil familias, sin contar un barrio 
de indios llamado barrio de Santo Domingo, formado por otras doscientas".^ 
"El sitio más hermoso de ella es el que le une al barrio de los indios, que se 
llama también calle de Santo Domingo, por haber allí un convento de ese 
nombre. 

"Allí es donde están las más ricas tiendas de la ciudad y los mejores 
edificios. La mayor parte de las casas ;Son nuevas y bien edificadas. 

"Allí se tiene todos los días un pequeño mercado, donde algunos indios 
pasan vendiendo frutas, hierbas y cacao; pero hacia las cuatro de la tarde 
aumenta la concurrencia porque las indias vienen a vender cosas delicadas a 
tos críollos, como atole, pinole, palmitos cocidos, manteca de cacao y anaca- 
tumalcs, hechos con maíz y un poco de carne de gallina o de puerco, fresca, 
sazonada con chile y pimiento largo. 

"Aunque las iglesias no sean tan ricas y bellas como las de México, lo 
son bastante con respecto al tamaño de la ciudad. 

"No hay más que una iglesia parroquial y Catedral, que está situada en 
la plaza del gran mercado, todas las demás pertenecen a los conventos de los 
dominicos, de los menores de San Francisco, de los Padres de la Merced, de 
los Agustinos, de los Jesuítas y de otro,s dos de religiosas llamadas de la Con- 
cepción y Santa Catalina. 

"Los conventos de los dominicos, de los franciscanos y de los frailes 
de la Merced son magníficos y contienen cien religiosos cada uno. El más 
suntuoso de todos es el de los dominicos, donde yo viví, el cual se une con la 
Universidad de la ciudad por medio de una gran calzada que está frente a la 
iglesia. 

"Entre las riquezas que contiene hay sobre todo dos cosas notables. La 
primera es una lámpara de plata, que está colgada frente al altar mayor, tan 
grande que se necesitaron tres hombres para subirla. La segunda es todavía 
más rica y es la imagen de la Virgen María, hecha de plata pura, y del tamaño 
de una mujer de buena talla. Está colocada en un tabernáculo fabricado ex- 
presamente en la capilla del Rosario, donde hay por lo menos doce lámparas 
que arden perpetuamente delante de la imagen. En fin, este convento es tan 
rico que en poco tiempo se podrían sacar cien mil ducados de los tesoros que 
encierra. Además, en el recinto del claustro nada falta de todo cuanto puede 
contribuir a los placeres y recreaciones de los religiosos. 

"En el claustro bajo hay un gran jardín con una fuente en medio y un 
hermoso chorro de agua, de la que parten por lo menos doce caños que surten 
viveros llenos de peces, y sobre los cuales se ven sobrenadar gran cantidad de 
patos y otras aves acuáticas. 



(1) Naeva relación que contiene los viajes de Tomás Gage. París, 1838. T. II, páginas 20-24. 

VI 




"Hay además en este convento otros dos jardines, que sirven para las 
frutas y legumbres. En uno de estos jardines hay un estanque de doscientos 
cincuenta pasos de largo, todo empavezado y circundado de un pretil. En él 
hay un bote en que los religiosos se pasean y pescan cuando les falta pescado 
del que compran, y allí toman el suficiente para la comida de toda la 
comunidad". 

Tal fué el medio ambiente que rodeó la obra religiosa y cultural del 
benemérito cronista de que nos ocupamos. 

Nuestro fraile abandonó todas esas fastuosidades, y fué a vivir a pae- 
blos de indios, a hacer la vida de Cura párroco, una vida humilde y de estadio, 
y sobre todo de caridad cristiana. 



/// 

PLURALIDAD DE LENGUAS 

La principal dificultad con que tropezaron los misioneros en sa nobi- 
lísima tarea de catequizar a los aborígenes americanos, cuando el fragor de la 
guerra de conquista se había apaciguado algún tanto, fué la diversidad de 
lenguas que eran habladas en un territorio de relativa corta extensión, lo cual 
significaba ímprobo trabajo para aquellos beneméritos apóstoles que cruzaban 
la comarca, raídas las ropas, los pies sangrantes, llevando la luz del Evangelio 
a aquellos pobres hombres que destrozados en los campos de batalla, eran 
victimas de capitanes y soldados, quienes se creían con derecho de vida o 
muerte sobre los sobrevivientes de la vencida raza, en la enorme catástrofe de 
la pérdida de su libertad. 

En los extensos territorios de Chiapas y Guatemala eran innúmeras las 
lenguas que se hablaban, casi todas, es verdad, procedentes de una misma en 
sus orígenes, la maya; pero como no había sido posible, cuando los primeros 
misioneros emprendieron su tarea, promediando el siglo XVI, el clasificarlas 
ni determinar su procedencia, hubieron éstos de aprenderlas con macha di- 
ficultad para dirigirse a los indios en sus propios idiomas, y asi atraerlas 
mejor al seno de la nueva religión, impuesta por los conquistadores. 

Bien conocida es la especie de que se valió Fray Bartolomé de las Casas 
cuando él y sus compañeros, los frailes Rodrigo de Ladrada, Pedro Ángulo 
y Luis Cáncer, empeñados en la sujeción pacífica del país de la guerra, en 
donde habían fracasado las armas españolas, compusieron en lengua vernácu- 
la algunas canciones que contenían los principios del cristianismo, que apren- 
didas por mercaderes indios las entonaron en Zamaneb, ciudad principal de* 
lOjS pueblos que una vez catequizados por ese medio, formaron la provincia de 
la Vcrapaz. 

El primer Obispo de Guatemala limo, don Francisco Marroquín, fué 
versadísimo en el idioma quiche, y compuso para su difusión entre los réli' 
giosos, una Gramática de dicha lengua y otros opúsculos. 



De los idiomas en uso corriente en Guatemala, los más importantes fue- 
ron el quiche, el cakchiqnel. el tzaíujil y el mam, y a aprenderlos se entrega- 
ron Ín ardor los misioneros de las primeras órdenes que -'-„« e-ar- 
ca dominicos y franciscanos, para usar de ellas en sus evangeU^s labores 
' Pues Jn nuestro cronista Fray Francisco Ximéne., fue Moéod^s- 
tinéuido, Habiendo llegado a dominar el quicHé, el caUcUquel y el t.utuja,de 
los que Compuso como hemos visto su obra Tesoro de las tres lenguas, por des- 

'""''' ^^^dice, refiriéndose a la primera de ellas: ''Tocante a aquesta 
lengua quiche, que es la que se habla en la Corte de este retno e mpeno del 
Quiche no quiero omitir que, pues se ofrece ocasión, lo quemas de vemte 
años que practico aquesta lengua, a que me he aplicado con s^ngular cutdado 
con deseo grande de desentrañar sus más recónditos secretos, de que no 
hallé noticias de tantos como escribieron antes de tantas lenguas y aunque pa- 
rezca Jactancia, que no lo es, pues le doy las gracias al dador de todo, puedo 
decir que la he llegado a comprender como ninguno, y no queriendo ocultar 
mi talento tal cual Dios me lo comunicó, he escrito tres tomos de a ío.io con el 
titulo de Tesoro de las tres lenguas cakchiquel, quiche y tzuíujil, qa^ son muy 
simbólicas, habiendo considerado y contemplado tan grande orden y armonía 
en la que antes oía decir que es bárbara, tan grande propiedad en el decir, tan 
llegada a lo natural y propiedades de las cosas, que yo no me llego a persuadir 
sea aquesta lengua como alguna de las otras, cuyas voces son signos ad pla- 
citum y raras son lasque son como signos naturales. En esta lengua quiche 
son como signos naturales, con tal orden y correspondencia que no hallo otra 
lengua más ordenada ni aún tanto, de tal modo que me he llegado a persuadir 
que esta lengua es la principal que hubo en el mando". "> 

Dominó también el cakchiquel, pero su fama la debió al quiche, por 
haber traducido de ese idioma al castellano de la época, el famoso libro deno- 
minado después Popol Buj, prestando asi a las ciencias históricas un servicio 
no apreciado aún lo bastante, pues conservó para ellas uno de los documentos 
indígenas de mayar alcance en la investigación de lo que pensaba respecto a 
Cosmogonía y Teogonia, uno de los pueblos más civilizados del Nuevo Mando. 



IV 

LA CRÓNICA DE LA PROVINCIA 



Dominicos y franciscanos sostuvieron en América durante la colonia, 
lucha incruenta de ideologías, desde que el benemérito Bartolomé de las Casas 
se paso decididamente al lado de los indios, defendiendo los derechos de éstos, 
reclamando de las crueldades de que eran víctimas por parte de los conquis- 
tadores, y procurando por todos los medios que estuvieron a su alcance el 
mejoramiento material y espiritual de la vencida raza, sin doblegarse ante las 
amenazas de que fué objeto, ni temblar por los peligros y asechanzas que le 



(1) Ximénez: •'Historia de ¡a Provincia de San Vicente Chiapa y Guatemala" , T. I. página 65. 

VIII 



rodearon en su hermosa misión; y pasó a través tfe esos peligros como una 
alma templada al fragor de las blasfemias de los unos, de las injurias de los 
otros y de la incomprensión de los demás. Nunca hombre alguno fué objeto 
de tantos rencores acumulados por el odio y el despecho, como el Padre las 
Casas; pero jamás ha sido tan justiciera la historia como con él, al colocarlo en 
el pináculo de los grandes benefactores de la humanilad, como a Washington 
y a Lincoln. El alma blanca de Bartolomé de las Casas fué lenitivo en el in- 
menso dolor del indio americano; por él la raza domeñada siguió viviendo 
cuando ya no tenía deseos de vivir, y aún subsisten por miles sus representa- 
tivos, que algún día entrarán ungidos por la civilización al seno de las socie- 
dades ilustradas y cultas. 

Cronistas españoles y reinícolas habían publicado ya infolios, que con- 
tenían la historia de la comarca, ocupando numerosas páginas de ellos el rela- 
to de la propagación religiosa que habían llevado a cabo los misioneros de las 
órdenes a que pertenecían, o de las que eran devotos o admiradores. 

Fray Antonio de Remesal, publicó en Madrid en 1619 su célebre Histo- 
ria de la Provincia de S. Vicente de Chiapa y Guatemala, que tantos sinsabores 
le produjo hasta dar con él en la cárcel; pero de la que dice un autor moderno: 
"que se lee con agrado hoy que se han acallado las pasiones coloniajes, siendo 
obra muy consultada aunque escasa, y que uno de los mejores triunfos de sa 
autor fué cuando el literato español D. Manuel de J. Quintana se sirvió de 
ella copiando a la letra párrafos enteros y aprovechándose de todas sus noti- 
cias para la famosa biografía que escribió sobre el Padre las Casas, y que 
corre en el admirable libro que dicho poeta-historiador publicó con el titulo 
de Españoles Célebres". 

Don Antonio de Fuentes y Guzmán, natural de Guatemala, había es- 
crito en estilo gongórico su interesante "Recordación Florida, discurso histo- 
rial, natural, militar y político del Reino de Goathemala", cuya primera parte 
permaneció inédita hasta 1882, en que la publicara en España don Justo Zara- 
goza en la Biblioteca de Americanistas, y la segunda aún lo está, guardándose 
el original en los archivos de la Municipalidad de Guatemala. 

Ya el R. P. F. Francisco Vásquez había editado en la imprenta de sa 
convento en 1716, la Crónica de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús 
de Guatemala, cuando nuestro Ximénez componía la suya, que a su muerte 
guardaron cuidadosamente, inédita, junto con sus demás obras, los frailes do- 
minicos y la trajeron consigo a la nueva ciudad, después de los desastrosos 
terremotos de Santa Marta, que abatieron la capital del Reino, en 1773. 

Aún se conservaban todos esos manuscritos en la biblioteca de la Uni- 
versidad de San Carlos promediando el siglo XIX, en donde los vio el Dr. C. 
Scherzer. "Por mucho tiempo, dice, las obras de este hombre excelente, que 
escribió en una lengua tan clara y franca sobre las crueldades que los prime- 
ros conquistadores y sus sucesores cometieron contra los indios, se tenían por 
perdidas. Se presumía que los jefes españoles, ofendidos por el tono severo 
con que el P. Ximénez se deja entender sobre las violencias sangrientas de los 
diferentes gobernadores de las colonias, y sobre la posibilidad de convertir 
los indígenas con la bayoneta y el hierro, suprimieron y destruyeron de inten- 

IX 



to sus escritos. Felizmente se escaparon de tal destracción en un rincón obs- 
caro del convento de los dominicos de Guatemala, y cuando más tarde todas 
las órdenes religiosas se suprimieron, algunos volúmenes del P. Ximénez pa- 
saron a la biblioteca de la Universidad de San Carlos, en donde yo los encon- 
tré, entre otros manuscritos, en el mes de janio de 1854. 

"Es de sentir, agrega, que las obras del P. Ximénez no estén comple- 
tas; falta el segundo y el cuarto tomos de la colección, los cuales no pude en- 
contrar a pesar de mis celosas investigaciones en los diferentes conventos y 
bibliotecas privadas de la capital. Pero también los que existen han sido raras 
veces apreciados. 

"Una de las razones principales de este poco aprecio es la escritura pá- 
lida y cuasi ilegible, que hace el estudio de estos manuscritos muy penoso y 
cansado para la vista. Fuera de Guatemala las obras del Padre Ximénez no 
han sido conocidas sino por algunos extractos que Ramón Ordóñez había 
publicado. Ninguno de los examinadores actuales de la Historia antigua de 
Centro-América parece haber tenido noticia de la existencia de estos manus- 
critos en Guatemala. Así expresaba ya su sentimiento, en 1850, el anticuario 
Abate Brasseur de Bourbourg — en una carta de México a su protector el Du- 
que de Valmy, en París — de que las obras del Padre Ximénez no han sido ja- 
más publicadas, y alude también al temor de que sean perdidas para la 
ciencia. ^'^ 

Y el Dr. Scherzer añade adelante: "De las obras que el P. Ximénez es- 
cribió, sólo pude encontrar tres volúmenes. Uno de estos contiene en 1,031 
páginas en folio, una parte de la Historia de la Provincia de San Vicente de 
Chiapa y Guatemala, empezando en el libro IV y la descripción de las ocu- 
rrencias en el año 1601 y concluyendo con el libro V y el capítulo 86, el cual 
ya comprende los sucesos del año 1698. En diversas alusiones del autor se ve, 
que éste es el tercer tomo de su crónica de esta provincia, y que corría el año 
1721, cuando escribió la hoja 247 del mismo tomo. Los dos volúmenes ante- 
cedentes desgraciadamente no se hallan en la biblioteca de la Universidad y 
todos mis esfuerzos para encontrarlos quedaron frustrados. Tampoco se sa- 
be si el Padre Ximénez escribió y concluyó jamás el cuarto volumen de esta 
crónica, que debía empezar con las ocurrencias del año 1699, y al cual alude el 
autor al fin del tercer tomo en un epílogo, que dice: "Y assí pondremos fin a 
aquesto, rindiendo a Dios las gracias que después de tantos trabajos de mar y 
tierra me ha dado vida para concluir aqueste libro y aqueste tercer tomo, su- 
plicando a su infinita bondad me la conceda si ha de ser por su Sto. servicio 
y por su honor y gloria para escribir el libro que falta, que comprenderá desde 
el año de 1699 por dar principio a él con la elección del Provincial nuevo como 
se ha hecho en los demás hasta el tiempo que alcanzare; que es de los tiempos 
más calamitosos que ha experimentado aqueste Reyno, como se verá de ham- 
bres, pestes y guerras con que ha agotado la divina justicia aqueste Reyno". 
(MS. vol. III fol. 515) <'> 



(1) 'Las Historias del Origen de los Indios de esta Provincia de Guatemala", publicada por el Doctor 
C Scherzer, en Viena, 1857. Introducción, página X y siguientes. 

(1) Libro citado en la nota anterior Introducción, página XIII. 



El segundo volumen manuscrito contenia en 572 páginas un vocabo' 
tario de las lenguas quiche y cakchiquel, desgraciadamente ya perdido. 

En él tercero estaban coleccionados los tratados siguientes: 

1. — "Arte de las tres lenguas: Cachiquel, Quiche y ZutuhiV. 

2. — "Tratado segundo de todo lo que debe saber un ministro para la bue- 
na administración de estos naturales". 

3. — "Respuesta hecha en Guatemala el 25 Febrero de 1581, del R. P. 
Provincial F. Alonso de Novena a algunas cuestiones de Fray Diego Ferrano, 
vicario en Tecutzitlan en la Provincia de México ddo. P Septiembre 1570 so- 
bre diversas dudas respecto de confesar a los indios". 

4. — "Un confesionario en las tres lenguas de Cachiquel, Quiche y Za- 
tuhil con unas advertencias" . 

5. — "Catecismo de indios". 

6. — "Las historias del origen de los indios de esta provincia de Gua- 
temala traducido de lengua Quiche en la Castellana, para más comodidad de 
los ministros del Sto. Evangelio, con escolios, escoliadas, etc., etc." 

Desde 1848 el infatigable anticuario don Juan Gavarrete comenzó a 
sacar una copia de los manuscritos del P. Ximénez, copia que concluyó al pa- 
recer en 1875, formando seis gruesos volúmenes, en papel español, escrito en 
ambos lados, que se conservan en la Biblioteca Nacional de Guatemala. 

El primer volumen contiene, formando el Libro I, Que trata del tiempo 
de la Gentililad, el tratado número 6 del volumen manuscrito a que nos he- 
mos referido en líneas anteriores, más algunos escolios y referencias de la 
obra del padre agustino Jerónimo Román, intitulada República de las Indias 
Occidentales. 

Los volúmenes segundo y tercero, paleo gr a fiados por Gavarrete, con- 
tienen el Libro II, bajo el rubro: Del principio de la cristiandad en este Reyno 
de Guatemala, hasta la fundación de esta Provincia de San Vicente de Chiapa 
y Guatemala, dividido en capítulos. 

De estos tres volúmenes se forma el Tomo I que ahora publicamos. Y 
formarán el II, los otros tres volúmenes, copiados por el Sr. Gavarrete, que 
contienen los libros IV, V, VI y VII del original. El libro III desapareció hace 
mucho tiempo. 



ORIGEN DE LA PRESENTE EDICIÓN 

Fundada la Sociedad de Geografía e Historia el 25 de julio de 1924, en 
la ciudad de Guatemala, entró en sus propósitos la publicación de documen- 
tos y libros que por su mérito contribuyeran a la difusión de la cultura ert 
nuestro pueblo, y con ese fin se cruzaron las notas siguientes: 

XI 



Guatemala, 27 de junio de 1925. 

Señor Ministro de Gobernación y Justicia: 

Entre los propósitos que se tuvieron en mira al fundar la Sociedad de 
Geografía e Historia de Guatemala, uno de los más importantes fue el de 
procurar la publicación de libros y documentos inéditos y la reproducción de 
los que sean escasos y que tengan uno^ y otros atingencia con la Geografía e 
Historia del país, para salvar del olvido la obra de nuestros cronistas, y difun- 
dir el conocimiento de lo mucho que se ha producido entre nosotros, pero que 
por ana u otra causa aún permanece sin salvar nuestras fronteras. 

Con ese objeto dicha Sociedad, por mi medio, ruega al señor Ministro 
su valioso apoyo para que se impriman en la Tipografía Nacional los primeros 
velámenes de la colección geo gráfico-histórica que con el nombre de Biblio- 
leca Goathemala. se propone la Sociedad editar en las condiciones siguientes: 

1,—Se procurará la edición de cuatro volúmenes anualmente, de unas 
trescientas páginas cada uno, en un formato igual al de los A-naies de la Socie- 
dad de Geografía e Historia. 

2.— Las ediciones serán de mil ejemplares cada una, de las que el Go- 
bierno tomará doscientos ejemplares, para bibliotecas, consulados, etc., abo- 
nando su valor a la cuenta respectiva de la Tipografía Nacional. 

S.^El resto se procurará colocar entre personas que paguen por subs- 
cripción su valor respectivo, cuyos productos se abonarán a la Tipografía Na- 
cional hasta amortizar el costo de cada edición. El resto de ésta quedará a be- 
neficio de la misma Sociedad. 

4, La administración, lo mismo que la preparación de los volúmenes 

que se den a la imprenta los hará la Sociedad por medio de comisiones de 
su seno. 

Por de pronto están ya preparados los siguientes volúmenes: 

/.—El Libro Sagrado de los Quichés (Popol Buj), en quiche, español, 
francés e inglés, precedido de un comentario. 

II, — Memorial de Tecpán Atitlán o Libro Nacional de los cakchiqueles, 
en cakchiquel, español, inglés y alemán, precedidos de un comentario. 

///.^Rabinal Achi o El Drama del Baile del Tum. Única obra teatral que 
existe en América, debida a autores indígenas. En texto quiche, español, fran- 
cés y alemán. 

IV. — Cartas-relaciones de Hernán Cortés a Carlos V sobre asuntos de 
Jos antiguos reinos de Guatemala. Cartas-relaciones de Pedro de Alvarado a 
Hernán Cortés, sobre la conquista de Guatemala. Capítulos de la Historia 
Verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, en 
¡o que atañe a Guatemala, y Proceso de don Pedro de Alvarado, instaurado en 
México en 1527 . 

En espera de su grata resolución, ruego al señor Ministro se sirva acep- 
tar las muestras de mi más distinguida consideración y respeto. 

J. Antonio Villacorta C. 
XII 



Guatemala, 7 de julio de 1925. 



Señor Ministro: 

Tengo el honor de evacuar el informe que motiva la providencia número 
2911 de fecha 4 del corriente mes, en la solicitud que la Sociedad de Geografía 
e Historia de Guatemala se sirve hacer al despacho de su merecido cargo y con 
mediación del señor Licenciado don J. Antonio Villacorta C, referente a que 
la Tipografía Nacional imprima los primeros volúmenes de la colección geo- 
gráfico-hisíórica que, con el nombre de Biblioteca ••Goathcmala" se propone 
editar la mencionada Sociedad. La idea, señor Ministro, no puede ser más pa- 
triótica y oportuna, y ofrezco, desde luego, mi modesta cooperación en tan sim- 
pática empresa, en mi calidad de Director de la Tipografía, pues estimo que 
uno de los medios con que podemos demostrar al mundo que Guatemala es 
un pueblo digno de que se le tome en cuenta, es la divulgación de los libros 
inéditos que hombres de prestigio y talento dejaron como un recuerdo de su 
paso por el mundo. Entre los libros que la Sociedad de Geografía e Historia 
tiene ya listos para su pronta edición, figuran algunos de gran importancia 
histórica, y cuya impresión será un nuevo timbre de honor para e! actual Go- 
bierno, si, como lo espero, se sirve dar la orden respectiva para que la Tipogra- 
fía Nacional de toda preferencia los edite. Las bases que dicha Sociedad pro- 
pone son aceptables, desde luego que no gravitarán sobre el Erario Nacional 
los gastos que las ediciones de referencia ocasionen; siendo de desearse que en 
vez de un mil ejemplares se hagan por lo menos dos mil. Con protestas de mi 
respetuosa consideración, soy de Ud. atento y seguro servidor. 

Nicolás Reyes O., 
Director. 



Casa del Gobierno: Guatemala, 27 de agosto de 1925. 

Examinada la exposición de la Sociedad de Geografía e Historia, rela- 
tiva a la necesidad de que se preserven del olvido las obras y documentos his- 
tóricos de inapreciable valor que se encuentran en nuestros archivos, perte- 
necientes tanto a la época colonial, como a la de la vida independiente; y 

CONSIDERANDO : Que es un deber del Gobierno dar a la imprenta y 
salvar esas reliquias históricas en bien de la cultura nacional, 

POR TANTO; 

El Presidente de la República 

XIII 



ACUERDA : 

Qae se impriman en la Tipografía Nacional, bajo la dirección de la 
Sociedad de Geografía e Historia, las más importantes de esas obras en nú- 
mero de dos mil ejemplares cada una, para formar la colección de documentos 
y libros históricos desde los primeros días de la Colonia. 

Comuniqúese. 

O RE LLANA. 



El Secretario de Estado en el Despacho 
de Gobernación y Justicia, 

H. ABRAHAM CABRERA. 



* * 



La misma Sociedad dispuso editar en primer término la presente obra 
del P. Ximénez, que por más de dos siglos ha permanecido inédita. 

Y ahora que comenzamos a ver realizados nuestros propósitos con el 
presente tomo, que forma el primer volumen de la Biblioteca "Goathemaia", 
justo es congratularnos, pues salvamos del olvido uno de los manuscrito^ más 
interesantes que se ocupan de nuestra historia. 




Guatemala, Diciembre de 1928. 



XIV 



Noticia Biográfica del P. Ximénez y advertencia 
sobre esta copia de su Crónica 



El P. Fr. Francisco Ximenez, nació en la ciudad de Ecija. en Andalucía, 
a 23 de noviembre de 1666 (Crón. Lib. S'? Cap. S'') y vino a esta provincia domi- 
nicana de Guatemala, ordenado tan solo de menores, en la misión que vino 
junto con el Presidente D. Jadinto de Barrios Leal y que arribó a Puerto 
Caballos en 17 de noviembre de 1687, siendo entonces dicho Padre de 21 años 
de edad. 

Habiéndose encaminado al interior por el camino de Gracias y de Es- 
quipulas, llegó a Guatemala a 4 de febrero de 1688. y quedó en el noviciado de 
su convento concluyendo sus estudios. (Lib. 5*? Cap. 49). 

En 1690 pasó a Ciudad Real a ordenarse, y en 1691 volvió ya de sacerdo- 
te a Guatemala, sirviendo de Capellán al Visitador D. Lope Ursino de Orba- 
neja. Sus Prelados le enviaron a S. Juan Sacatepcquez para que al lado del 
P. Fr. Juan Crisóstomo Guerra se perfeccionase en los idiomas indígenas y 
en la administración parroquial; lo que habiendo conseguido en pocos meses, 
pasó a servir la doctrina de S. Pedro de las Huertas que había quedado vacan- 
te con motivo de habérsele roto una pierna a su doctrinero Fr. Francisco 
Viedma. (Lib. 5'-' Cap. 54). 

Más tarde recibió el encargo de arreglar los archivos de su convento, !o 
que hizo con mucha inteligencia y acierto, de donde vino después el que se le 
encomendase la formación de la crónica de su provincia, en lo que se ocupó 
mientras sirvió las dotrinas de Xenacó, Chimaltenango, Sacatepéquez, Chichi- 
castenango, Rabinal y otras, como se percibe en diversos pasajes de su crónica, 
la que dejó sin acabar por los años de 1720, cuando servia la Parroquia de 
Candelaria; ignorándose el año de su muerte. 

Sus principales obras, de que él mismo da noticia, son las siguientes : 
Advertencias e impugnación de la crónica de Vásquez, un tomo. El Perfecto 
Párroco, un tomo. Gramática de los tres idiomas Quiche, Cacchiquel y Sab- 
tuhil. Tesoro de las tres lenguas, tres tomos folio. Historia natural del Reino 
de Guatemala, dos tomos folio. Crónica de la Santa Provinica de Chiapa y 
Guatemala, cuatro tomos en folio. 

XV 



• Esta obra y la principal de todas es notabilísima ya por los datos raros 
que contiene relativos a las tradiciones religiosas e históricas de los indios, 
ya por la relación exacta de los acontecimientos de que su autor fué testigo 
ocular y cuya noticia apenas se encuentra en otros escritores. Su estilo es muy 
incorrecto y desaliñado, aunque llano y con bastante interés : nos falta por 
desgracia el tomo segundo de dicha obra; y toda ella permaneció siempre iné- 
dita en el archivo de Santo. Domingo de esta capital, y aun tan oculta, que nin- 
guno de nuestros escritores, como Juarros, tuvo noticia de ella. 

En cuanto a la veracidad e imparcialidad de su autor, es preciso adver- 
tir, que aunque se distingue entre los otros cronistas por su franqueza y buena 
lógica, debe no obstante leerse con desconfianza todo aquello en que el espíri- 
tu de cuerpo, el amor a su orden de que era miembro y las rivalidades de los 
establecimientos monásticos, tan vivos en aquellos tiempos, hayan podido 
arrastrarle. Esto s(> nota especialmente al hablar de los Franciscanos y Je- 
suítas, como también de algunos señores Obispos y particularmente del señor 
Alvarez de Toledo contra quienes nuestro cronista tenía una prevención 
exagerada. 

La presente copia se ha sacado de los volúmenes que existían en el 
Convento de Santo Domingo de esta capital, y que en 1830 pasaron a la Bi- 
blioteca de la Universidad. Es importante advertir que dichos volúmenes no 
contienen el original de manos de Ximénes sino una copia sacada de aquel con 
mucho descuido e imperfección. De consiguiente, la actual, aunque confron- 
tada con aquélla cuidadosamente y corregida en todos aquellos lugares en que 
una y otra estaban indudablemente equivocadas, corre con aquellos defectos 
que solo habían podido evitarse teniendo a la vista el verdadero original. Así 
pues, hay en ella muchos pasajes de sentido incompleto y obscuro, que se han 
dejado así, por no alterar arbitrariamente el texto. 

Además, la ortografía de que carece por completo la copia que ha servi- 
do de original, va restablecida en la presente y por lo que toca a la de las pala- 
bras indígenas y nombres propios de que el autor hace uso, se ha tenido cui- 
dado de recurrir a las fuentes, cuando se ha podido tenerlas a la mano, para 
restablecerla. 

Guatemala, abril 13 de 1875 

/. G. 



XVI 



f 



LIBRO I 



QUE TRATA DEL TIEMPO DE LA GENTILIDAD 



CAPITULO I 

Proemial e introductorio a la historia: de la situación de aqueste Reyno 




ABIENDO de tratar en esta historia de los incomparables y nunca 
vistos trabajos, que la Religión de mi glorioso patriarca Santo 
Domingo padeció en esta Provincia, en la dilatación del Santo 
Evangelio, y de los grandes servicios que en aquestas redacciones 
hicieron los Ministros Evangélicos en servicio de Dios Nuestro 
Señor y de su Santa Iglesia, me pareció conveniente el dar noticia antes, 
de lo inculto de aquestas montañas agrestes, de aquestas gentes que habi- 
taban aquesta América, pues fué ttnta su rusticidad, respecto de nuestra 
policía, que llegaron a tenerlos por bestias e irracionales, aunque a la verdad no 
fué tanto el considerarlos tan brutos, cuanto dcprabada malicia de muchos 
de aquellos primeros conquistadores, como todas las historias vocean; que qui- 
sieron tomar motivos para saciar su codicia, de su simplicidad, cortedad y pusi- 
lanimidad para que los tuviesen por esclavos y tratar en esta mercancía, como 
si fuera de otros frutos» que los hombres compran y venden ; porque a la verdad 
si se mira a buena luz y se considera la materia sin pasión, tienen tantas cosas 
buenas y tan loables costumbres en muchas cosas, no solo de las que han 
aprendido en tiempo de la cristiandad, sino de las que traen del tiempo de 
su gentilidad, especialmente lo que toca a su gobierno, que pueden aprender de 
ellos los Españolas más entendidos. Y lo cierto del caso es que muchas de las 
cosas que pasaron en aquellos principios y el mayor trabajo que tuvieron 
los Ministros Evangélicos en sosegarlos, todo lo más provino de las muchas 
tiranías que con ellos usaron, y si las reducciones no se han adelantado 
mucho más y aun se resisten el día de hoy en las que se tienen entre manos. 
es por la fama que aun en<.re los gentiles se ha difundido por medio de los 
indios católicos de los opresos que estáhi en manos de los Ministros del Rey 
y especialmente de los Alcaldes mayores, que son los modos que les ha suge- 
rido el Demonio de oprimir aquestos miserables para saciar su codicia, de 
que están llenag las historias y yo podía traer muchas cosas que he esperimen- 



tado en más de 24 años que ando entre ellos y me han pasado y que he sabido 
de otros Ministros y lo peor es que estorbar esto no tiene remedio, porque en 
teniendo gratos a los Superiores que gobiernan, obran desenfrenadamente en 
sus tiranías, sin haber recurso humano, pues si se esperara una residencia que 
manda Su Majcs-^ad se tome para que se satisfagan los daños, eso es cosa 
de cuento, pues el que la toma o es el sucesor y éste ¿cómo ha de castigar 
lo mesmo que él viene a ejecutar y 1o£í mesmos delitos que él viene a cometer?, 
y si es otro, como aquestas residencias se dan por conveniencia y están ya 
sobornados los Superiores que los envían, todo se hace a contemplación de los 
residenciados; que de aquestas cosas he visto, y no es decir que es aquí o allí, 
que es tan general aquesta peste por nuestros pecados, que lo mismo o peor 
es en la Nueva España y el Perú de lo que aquí esperimentamos. Es materia 
infinita aquesta; y así dejando esto a un lado, que puede ser se toque algo 
más individualmente en lo de adelante, pasemos al motivo principal de aquesta 
historia. 

No fueron tan bárbaros los indios como queda dicho, que no tuviesen 
muchas cosas buenas, aunque viciados por la malicia de Satanás, y no es 
de maravillar pues si entre nosotros, en quienes asisíe la luz de la fe tan cliara 
y se predica continuamente el Santo Evangelio y hay tanta enseñanza, tanto 
nos pervierte y se ven tantas y talesi cosas en todo género de vicios ¿qué será 
o sería entre aquestas gentes que carecieron por tantos años de luz de la fe 
y de la predicación del Santo Evangelio y donde por tantos años tuvo su 
asiento y morada Satanás y los dominó por tantos siglos? Y asi no es mucho 
de maravillar que viviesen con tanta ceguedad. 

Tuvieron sin duda aquestos indios en tiempo de su gentilidad el uso de 
las letras, como refieren las historias todas y con más especialidad Fray 
Jerónimo Román en su República de los Indios de que se hallaron señales y 
escritos, cuando entiraron los Españoles a aquestas conquisitas, y poco hace 
se vio en las reducciones que aquestos años pasados se hicieron de la provin- 
cia del Peten entre Yucaí^án y la Provincia de Verapaz, donde se hallaron 
libros escritos con unos caracteres que tiraban a hebreos y también a los que 
usan los chinos. No era común aqueste modo de escribir ni los libros que 
tenían eran comunes, pues solamente los usaban los sumos Sacerdotes, como 
maestros que eran de su ley, quienesi los leían y declaraban a los demás lo que 
contenían. 

Estos libros que tenían todas las más de lias Naciones, los más se 
ocultaron en la entrada de los Españoles, como también todo lo más de sus 
tradicionea y memorias, porque como fué tanto el estruendo y el estrago que 
en ellos se ejecutó, fué muy grande el horror que de los nuestros concibieron, 
tan grande en tanta manera, que hasta hoy al cabo de tantos años no hay modo 
de que confronten con nosotros, que parece que de propósito estudian el 
hacerlo todo al revés de como lo hace el Español, siendo común proverbio que 
solo dos cosas hacen al derecho por hacerlo al revés de como lo hacemos 
nosotros, es de doblar un capoíe y subir una cuesta, pues esta la suben derecha 
sin buscarle rodeos para que sea menos agria la subida, y aquel lo doblan 
dejando el derecho para fuera, Estosi libros dichos conservaban sus memo- 
rias y antiguallas, y según lo que dice Fray Gerónimo Román y el Padre 



M. Meléndez, en su historia del Perú y el Ilustrísimo señor don Lucas Fernán- 
dez de Piedrahita en la historia del nuevo Reyno de Granada y se verá ade- 
lante en la historia de aquestos indios de la Provincia de Guatemala, todas son 
tradiciones del Testamento Viejo, que no puede ser otra cosa, sino que lo con- 
servaron de sus antepasados los Ysrael'tas, de quienes estos descienden según 
la más verdadera sentencia, como muy doctamente prueba el Venerable Padre 
y Apóstol de aqueste Reyno Fray Domingo de Vico en la primera parte. Capí- 
tulo 101 de su Teología de Indios, quien habiendo visto algo de aquestas 
historias, sus tradiciones y ritos y hasta la circunsición, en un exhonlo que allí 
les hace en su misma lengua, para que sigan el culto del verdadero Dios, les 
dice que a este es a quien sus antepasados los del Pueblo de Dios, adoraron; 
y que a este deben adorar ellos como descendientes de aquellos*. 

No hay duda que por la grande falta de noticias, por haberlas ellos ocul- 
tado y haberse ocultado sus libros, y aunque en algunas partes se hallaron 
no hubo forma de leerlos, ni entenderlos, se ha discurrido variamen'.e acerca 
de aquestas gentes y su origen, y otros que escribieron en partes muy 
distintas por ser mal informados escribieron cosas muy agenas de la verdad, 
y así determiné el trasuntar de verbo adverbum todas sus historias como las 
traduje en nuestra lengua Castellana de la lengua Quiche en que las halle 
escritas desde el tiempo de la conquista, que entonces (como allí dicen) 
las redujeron de su modo de escribir al nuestro: pero fue con todo sigilo 
que conservó eni.re ellos con tanto secreto, que ni memoria se hacía entre 
los ministros antiguos de tal cosa, e indagando yo aqueste punto, estando en 
el Curato de Santo Tomás Chichicastenango, hallé que era la Doctrina que 
primero mamaban con la leche y que todos ellos casi lo tienen de memoria y 
descubrí que de aquestos libros tenían muchos entre sí, y hallando en ellos 
por aquestas historias, como se verá adelante, viciados muchísimos misteriop 
de nues'.ra Santa fe católica, y mucho o lo más del Testamento viejo, trabajé 
en sermones continuos el refutar aquestos errores. 

No son tan comunes aquestas cosas entre la Nación Cachíquel, como en 
la Quiche, porque como en aquesta estaba la cabeza del Imperio de aques- 
tas Provincias y fué Imperio mucho más antiguo que el Mejicano como se 
verá adelante y aquí estaba y residía el principal Sacerdote que les enseñaba 
e instruía en estas cosas, están más sabedores de ellas, heredándose de padres 
a hijos aquestas noticias y tradiciones. 

Y porque he visto a muchos historiadores tratando de las cosas de 
aquestas gentes y sus creencias, decir y tocar algunas cosas de las que en sus 
historias contienen, que solo fueron noticias sueltas porque no vieron las 
historias, como ellos las tenían escritas, he determinado poner aquí y trasladar 
todas sus historias, conform-e ellos las tienen escritas, y con eso se verá con 
claridad, cómo todas aquestas gentes, casi todas concordaban en unos mismos 
errores y desatinos, de que colegí que todas ellas traen un mismo origen y 
aqueste sin duda es del Pueblo hebreo, y después se aclararon algunas cosas 
tocantes a su propagación y extensión y venida a aquestas partes y otras 
cosas tocantes a sus estilos, que si en ellas hallamos muchas cosas dignas de 
vituperio, no hay duda que también tienen otras muchas dignas de que les 
imitemos. 



CAPITULO II 

Donde se da principio a las historias de los Indios 



"Este es el principio de las antiguas, historias del Quiche. Aquí escri- 
biremos y empezaremos las historias antiguas y aqueste es el principio de 
todo lo que sucedió en aqueste Pueblo del Quiche, donde se referirá, decla- 
rará y mianiíesíará. 

"Lo claro y escondido del Criador y fornicador que es Padre y madre 
de todo y se llama y denomina Humah, puvuh hum hapu Utiu, Zaquinimaziz, 
Tepeu, cucumatz Veux-cho Veuxpalo (todos estos son nombres como de 
atributos: el de hermoso plato y hermosa jicara: esto dicen porque solo 
los Señores y grandes usaban de aquestas cosas preciosas y aquestos son sus 
renombres y epítetos que le daban a aqueste Criador, aquel abuelo llamado 
Xpi-y-acoc y aquella abuela llamada Xmucané, a quienes en las historias Qui- 
chees les llaman dos veces abuelo y abuela (esto dice de aquestos viejos por lo 
que adelante dice y porque entre ellos tuviron siempre mucha autoridad, como 
diremos adelante) y los que nos hicieron sombra y ampararon, cuando con 
ellos se comunicó la creación, ya en el tiempo de la luz y de la claridad esto lo 
trasladamos en el tiempo de la cristiandad cuando de la otra parte de él nos ha 
venido aqueste modo de escribir ; porque aunque tenemos libro antiguo y ori- 
ginal de aquestas cosas, ya no se entiende y así lo trasladamos aquí y así ha 
sido cosa muy buena esto que se nos ha enseñado de donde nos ha prevenido 
la claridad; cuando habiéndose echado las líneas y paralelas del cielo y de 
la tierra se dio fin perfecto a todo, dividiéndolo en paralelos y climas; todo 
puesto en orden quedó cuadrado y bien medido como si con una cuerda se 
hubiera todo medido ; todo esto se perfeccionó y acabó por el Criador y for- 
mador de todo, que es Padre y Madre de la vida y de la creación y que co- 
munica la respiración y movimiento y el que nos concede la paz : él es cla- 
ridad de sus hijos y que tiene cuidado y miantiene toda la hermosura que 
hay en el cielo y en la tierra, en las lagunas y el mar. 



CAPITULO III 

Donde se declara como todo era un caos y suspensión sin moverse cosa 
alguna antes de la creación y cuando estaba el cielo despoblado 



"Lo primero que se nos ofrece tratar es que antes de la creación, no 
habían hombres ni animales, pájaros, pescados, cangrejos, palos, piedras, 
hoyos, barrancos, paja ni mecate, y ni se manifestaba la haz de la tierra; el 
mar esrtaba suspenso, el cielo estaba sin haber cosa alguna que hiciera ruido, 



no había cosa en orden, cosa que tuviese ser, sino es el mar y el agua que 
estaba en calma y así todo estaba en silencio y obscuridad, como noche, 
solamente estaba el Señor y Creador Culebra fuerte, Madre y Padre do 
todo lo que hay en el agua, estaba en una suma claridad adornado y oculto 
entre plumas verdes (que son las de Quezales de que usaban los Señores 
por Majestad y grandeza) y así se llama Cucumatz, culebra fuerte y sabia por 
su grande sabiduría y entendimiento, y también se ílama aqueste Dios: 
Corazón del cielo, porque está en el y en él reside. 

Vino después aquí su palabra acompañada de los señores Tepcu y Cu- 
cumatz y confiriendo, consultando y teniendo consejo entre sí, en medio de 
aquella obscuridad, se criaron todas las criaturas y se manifestó la creación 
de los palos y la vida y todo lo demás que se crió por el Corazón del ciclo 
que se llamaba Cahuracán. 

El primero Cacul hahuracán (esi'o es rayo de una pierna) el segundo 
se llamaba Chipi caculha (esto es el más pequeño de los rayos) y el ter- 
cero se llamaba Raxacasulha (esto es, rayo muy hermoso); y así son tres 
aquel corazón del cielo; y viniendo con Tepeu y Cucumatz se consultó entre 
ellios acerca de la vida y creación y consultando entre sí dijeron: ¿quién 
ha de ser el que los ha de sustentar y alimentar? dad vuestro voto. Y 
mandaron y dijeron: salga aquesta agua y desembarase para que salga la 
tierra y de ese modo no será embarazo y se aclarará el cielo y la tierra y de ese 
modo no será embarazo a vuestras criaturas que crearemos y cuando fuere 
criado el hombre, y solo con ser dicho y mandado se formó la tierra. Ape- 
nas lo dijeron cuando fué formada, parece que se hizo por milagro porque 
al modo de una nave se levantaron los cerros sobre el agua y cosa maravi- 
llosa fué ver cómo se levantaron tan grandes mon-tañas y llanuras y al mismo 
tiempo se criaron los cipreses y los pinos. Alegróse el Señor Cucumatz de 
ver la creación y díjolc al Señor Corazón del Cielo; muy bien ha estado tu 
compañía tu chipi caculha y tu Raxacaculha: muy bien parece todo y así lle- 
garemos a perfeccionarlo todo. Lo primero fué criada la tierra, los montes 
y los llanos, dividiéronse los^ caminos del agua y salieron muchos arroyos 
por entre los cerros y en algunas y señaladas partes se detuvieron y rebalza- 
ron las aguas y de este modo aparecieron los altos cerros y aquesto fué lo 
primero que criaron aquellos que se llaman "corazón del cielo y de la tie- 
rra" y aquesto es lo primero que dispusieron, la creación de la tierra. 

Después de esto dispusieron criar los animales, guardas de los mon- 
tes, al venado, al pájaro, al león, al tigre, a la culebra, a la víbora, al canti 
y los pusieron por guardas de los montes y consultando entre sí dijeron los 
criadores; si será conveniente que se estén así en confusión sin hablar de- 
bajo de los árboles de los montes? ¿Así solamente ha de haber quien cuide 
de ellos y los guarde? Y apenas lo dijeron cuando fueron criados los ani- 
males, los venados y los pájaros y se les fué repartidas sus casas y habita- 
ciones. Tú venado habitarás y dormirás, dijeron, en las barrancas y en los 
caminos del agua, andarás entre la paja y las yervas y en el monte te multi- 
plicarás, andaras y te pararás en cuatro pies; y a losi pájaros se les fué dicho, 
vosotros pájaros estaréis y habitaréis sobre los árboles y mecates y allí haréis 
casas y habitación y allí os multiplicareis y os sacudiréis y espulgareis sobre 



las ramas de los- árboles; y tomando cada uno su habii':ación y morada con- 
forme les había repartido el Creador, habitaron en la tierra, teniéndola por 
su casa y habitación según dispuso el Creador; y habiéndose criado todos los 
pájaros y animales les dijo el Creador: hablad y gritad, no hagáis yol yol, 
sino cada uno de vosotros hablad según vuestra especie y diferencia; esto les 
dijo a los venados y pájaros, a los leones, tigres y culebras, decid y ailabad 
nuestro nombre: alábamos y decid que somos vuestros Padres y Madres, 
pues lo somos nosotros huracán Chipi caculha, raxacaculha, corazón del cielo 
y de la tierra, formadores y criadores. Padres y Madres de todo, hablad, 
invocadnos y saludadnos ; pero aunque se les fué mandado esto, no pudieron 
hablar como los hombres sino que chillaron, cacaquearon y gritaron diciendo, 
voh, voh. No pudieron hablar así sino que cada uno gritó diferentemente, y 
viendo los criadores que no hablaban, dijeron, no se pudo conseguir el que 
hablaran y que di jerjén nuestros nombres y que somos sus formadores y 
criadores, y así no está esto bien de aquesta manera, y así les* dijeron: pues 
no pudisteis hablar, mudamos de parecer, pues no pudisteis decir nuestros 
nombres, vuestra comida y pasto serán los montes y vuestros dormitorios 
serán las barrancas ; todavía hay quien nos invoque y alabe, porque haremos 
quien nos obedezca : vuestra carne será comida y de eso serviréis todos 
vosotros chicosi y grandes. Y oyendo aquestío todos ellos probaron una y 
otra vez, a hablar, probaron a juntar las palabras y saludar al Creador pero no 
pudieron, sino que fué tan grande ila confusión, que ya no se entendían unos 
a otros y de ningún modo se pudo ajusfar ni componer el que hablasen y 
así fueron uMra jados y desechados y fueron comidas sus carnes y de esta 
suerte son muertos todos los animales que hay sobre la tierra. 

Y así trataron otra vez de hacer otras criaturas y de este modo se 
acercó el s^r criado el hombre y el amanecer la claridad y así dijeron : probe- 
mos otra vez a hacer otra criatura que alimentemos y que nos invoque y 
alabe y se acuerde de nosotros sobre la tierra ; ya probamos en nuestras cria- 
turas y formaduras y no se pudo comiponer que nos alabasen y hagamos otro 
que nos obedezca y a quien sustentemos. 

Tomando entonces los dos formadores formaron un cuerpo de barro, 
pero estaba pesado sin movimiento y como el lodo, estaba blando, todo se 
desmanejaba y vuelta la cara a un lado allí se quedaba sin volverla, ni podía 
mirar para atrás; y aunque hablaba pero no tenía entendimiento: miraron 
que era flojo y se revenía y desbarataba en el agua y viendo es'ío los criadores 
dijeron: esto estará peor después y ni andará, ni se multiplicará. Y desva- 
r atándolo, otra vez consultaron el modo cómo se había de hacer el hombre y 
determinaron consultarlo con los viejos Xpiacoc y Xmucané, que así eran 
llamados estos que eran los abuelos del sol y la luna, y yendo a ellos le dijeron, 
aquel adivino que adivinaba por el Sol aquel huracán Tepeucucumatz ¿de qué 
modo haremos aqueste nuestro homjbre y que siendo sustentado y alimentado 
por nosotros nos invoque, se acuerde de nosotros y alabe vuestro nombre? 
Consultad y echad vuestras suertes adivinando, pues sois vosotros Xpiacoc y 
Xmucane nuestros viejos y abuelos ¿no será posible que aqueste nuestro 
• hombre nos invoque, que nos alabe, ensalse nuestro nombre y se acuerde 
de nosotros y que siendo nuestro padre nos invoque llamándonos Humapu 



vuch, Utiu dos veces Padre y dos veces Madre, nos de el título de grandes 
y ros dé el renombre de gran pisóte, el de las hojas, el que posee trono de 
Majestad, el de las riquezas, el de la verde jicara, el del verde plato, abuelo 
del Sol, abuela de la luna: echad vuestras suertes con maíces y con granos 
de tzitte y mirad si nos podréis manifestar su forma y cómo tendrá su boca 
y su cara. Echaron sus suertes y les dijeron el viejo que adivinaba por el 
Sol y se llamaba Xpiacoc y la vieja que adivinaba por la luna llamada hura- 
cán Xmucane : ea Sol, ea Luna: júntense y declaren si sería conveniente que 
el criador forme al hombre de palo y si es este el que ha de ser sustentado 
después de ser formado, ea hablad maíz ea hablad tú tzité, tú Sol. tú, formadu- 
ra, ea maíz, ea tzité, llamad al Sol y tú corazón del cielo tened empacho, no 
avergonseis a Tepeu, a Cucumatz. Y respondiendo el maíz y el tzité dijeron la 
verdad en este modo; hacedlo así que así estará bien y hablará el palo en la- 
brando al hombre de él. Y luego al punto fué hecha de palo la imagen del hom- 
bre y aqueste fué el hombre que hicieron, los cuales se multiplicaron tuvieron 
hijos e hijas; pero salieron tontos, sin corazón ni entendimiento y así o se acor- 
daron más de su Creador, sino que en vano anduvieron sobre la tierra sin 
acordarse del Corazón del Cielo, con que dieron de hóceos en la tierra; pero 
todo aquesto fué no más que probar a pararlos y hacerlos gentes; pero tenían 
las caras secas y estaban abromados y pesados, ni tenían agilidad en los pies 
y las manos, estaban sin sangre ni humedad, ni gordura, con que es aban 
secas y pálidasi sus mejillas, los pies amarillos y secos y macilenta su carne, 
con que no se acordaron de su Creador que los había creado y multiplicándose 
sobre la tierra llegaron a ser muchos. 

Después fueron destruidos y muertos todos estos hombres de palo, por- 
que habiendo entrado en consejo el Corazón del Cielo y enviando un gran dilu- 
vio los destruyó a todos; de palo de corcho que se llamaba Tzitté fue hecha la 
carne de los hombres y de esta materia se labró el hombre por el Criador y las 
mujeres fueron hechas del corazón de la Espadaña que se llama Sibac, y así 
fué la voluntad del Criador, el hacerlos de esa materia; empero no hicieron 
memoria del beneficio que les hizo el Criador en haberlos criado, y así fueron 
muertos y anegados. Vino un gran diluvio de reciña y brea del cielo que los 
acabó y consumió, y viniendo el pájaro llamado Xecoi Covaoh. les sacó los ojos 
y otro que se llamaba Camalotz, les cortó las cabezas y otro animal llamado 
Covbalan les comió las carnes y otro llamado Tucumbalam les quebrantaron 
los huesos y nervios y los hicieron harina, y todo esto fué en castigo y pena 
de que no hicieron gracia ante el Criador y en pena de haberse olvidado de 
sus Padres y Madres y Señor que los crió el Corazón del Cielo llamado Hura- 
cin ; y en pena de su pecado se obscureció todo el haz de la tierra y empezó 
una lluvia continuada de noche y de día y viniendo todo género de animales 
palos y piedras los empezaron a golpear y a afrentar y hablando todas las 
piedras de moler, comales, platos, cagetes, ollas, perros y tinajas los baldona- 
ban y les decían los perros y las gallinas: muy mal nos tratasteis, nos mordis- 
teis y comisteis y asimismo os morderemos ahora, las piedras de moler les 
decían: mucho nos atormentasteis y toda la mañana y la tarde no nos deja- 
bais descansar con vuestro holí, holí, huqni, hnqni, y este fué nuestro continuo 
trabajo, hubieran sido bien quis'os y pues no lo fuisteis, ahora experimen- 

9 



taréis nuestras fuerzas y os moleremos las carnes y haremos harina vuestros 
huesos; esto les dijeron las piedras de moler, y los perros ¡hablando lea de- 
cían; porque no nos dabais nuestra comida y sólo los estábamos mirando 
cuando comíais, nos arrojabais y siempre esCaba prevenido un palo para 
nosotros y nos tratabais de aqueste miodo porque no hablábamos, quizáis no 
hubierais muerto ahora, ¿por qué no mirasteis por nosotros? de aqueste modo 
nos acabamos y así ahora probaréis nuestros dientes que tenemos en la boca 
y os comeremos. Esto dijeron los perros, dándoles en rostro y afrentándoles 
por lo mal que los habían tratado. Los comales y las ollas lesi hablaron en esta 
forma: mucha pena y dolor, nos quemasteis nuestras bocas y rostros, siempre 
ios teníamos tiznados y siemipre -puestos al, fuego, nos quemás^teis y abrazasteis 
y así ahora os quemaremos a vosotros. Esto dijeron las ollas y comales, dán- 
doles en cara del mal trato que les hicieron. Y las piedras' o tenamastes en 
que se ponen las ollas al fuego les decían: siempre nos tuviste al fuego, cau- 
sándonos gran dolor y así ahora os quebraremos las cabezas. Con es'O andaban 
los hombres como fuera de sí y sin sentido y queriéndose subir sobre las casas 
por el diluvio, se les hundían las casas y se venían abajo y queriéndose subir 
sobre los árboles, los arrojaban de sí, y queriéndose guarnecer en las cabernas 
y hoyos, se les cerraban; y así fueron destruidos y todos aquesftos hombres, 
quedando solo las señales de ellos se fueron los micos, que andan ahora por 
los montes, porque fueron hechos de palo por el Criador; y así el mico se 
parece al hombre porque es señal de otra gente que hubo sobre la tierra, la 
cual fué hecha de palo. 



su 



CAPITULO IV 

De Usub caquix; que parece fué Lcuifer 



Había entonces muy poca claridad sobre la tierra, porque aun no había 
sol, cuando uno llamado Ucucaquix se ensoberbeció : había cielo y tierra, pero 
estaba turbia la luz del sol y la luna; entonces dijo Vcub caquix: solo hubo 
aquella gente que se anegó y fueron como brutos, ahora seré yo grande sobre 
todas las criaturas; yo soy su sol y su claridad y su Majestad y así yo soy 
por quien se han de levantar y andar los hombres; mis ojos son de plata y 
resplandecen como piedras preciosas, y son de esmeraldas como el cielo; mis 
narices, resplandecen de lejos como la liuna; mi trono es de plata y cuando 
salgo £€ aclara toda la tierra y así yo soy Sol y Luna por lo esclarecido de los 
vasallos que tendré, porque mi vista alcanza a mucha distancia y mira de^ 
muy lejos. Eslo decía Vcub caquix; pero él no era Sol ni Luna sino que le 
ensoberbecían sus riquezas y su plata y su vista solo alcanzaba a aquel lugar 
a donde estaba, sin extenderse a todo el mundo, como él imaginaba, y ni 
aun todavía había visto la cara al Sol ni a la Luna ni a las estrellas y ni aun 
había aclarado la luz ; y aunque Vcub caquix se ponía por Sol y Luna no se 

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había visto la claridad y solamente fué deseo de sobrepujar con su grandeza 
a todas las criaturas. Esto sucedió cuando sucedió el diluvio y fueron destruí- 
dos aquellos hombres de palo, y ahora referiremos cómo murió el Vcub ca- 
quix y cómo fué hecho el hombre por el Criador. La causa de la ruina y caída 
de Vcub caquix fué í-u soberbia, la cual pareciendo mal a dos muchachos, 
llamado el uno Un-ahpu y el otro llamado Xbalanque, los cuales eran dioses ; 
y así les pareció muy mal el que se ensoberbeciese Vcub caquix, porque se 
ensoberbeció en la presencia y acatamiento del Corazón del Cielo; y confi- 
riendo entre sí los dos mozos dijeron : esto no está bien porque si prevalece 
esta soberbia no vivirán los hombres sobre la tierra y así hemos de hacer dili- 
gencia de tirarle un bodocaso con la serbatana, con que le intiroduzcamos una 
enfermedad con que se le consumirán las riquezas, piedras preciosas y chai- 
chigüites que es la causa de su soberbia; porque no tomen aqueste ejemplar 
los hombres de ensoberbecerse por las riquezas, porque no es cosa conve- 
niente que alguno se ensoberbesca por tener riquezas. Aqueste Vcub caquix 
tenía dos hijos, el primero s-e llamaba Zipacná y el segundo se llamaba Cabra- 
cam. La madre de estos y que era mujer de Vcub caquix se llamaba Ch¡- 
malmat, el mayor llamado Zipacná se apropió los altos montes porque él los 
hacía y formaba en una noche como fueron Hunapu, Pecul y Oxcanul, Maca- 
mob, Hulisnab (todos estos son nombres de grandes cerros); y su hermano 
Cabracán les hacía estremecer y temblar a los altos y pequeños montes, y por 
esto también se ensoberbecieron aquestos dos hijos de Vcub caquix, y hablan- 
do con sus dos hijos les decía: habéis de saber que yo soy el Sol. pues soy el 
Hacedor de la tierra (dijo) Zipacná y Cabracán oyendo esto dijo: pues yo 
hago temblar toda la tierra y si quiero la hundiré toda; con que todos manifes- 
taron su soberbia y pareciéndoles mal a los dos mozos todo esto. Hunhapu y 
Xbalanque, dispusieron el matar a Vcub caquix. a Zipacná y a Cabracán. 
Aun todavía no se habían creado nuestros primeros Padres, cuando sucedió 
todo esto. 



CAPITULO V 

De la muerte que dieron a Vcub Caquix, y cómo cada uno de ellos fué 

destruido por su soberbia. 

Sabiendo pues, aquestos muchachos que aqueste Vcub Caquix solo 
comía nances y que tenía un árbol de nances a donde iba todos los días 
a coger de aquesta frui'a para mantenerse, tomando su serbatana se fueron 
escondidamente y se pusieron debajo del árbol ocultos entre la yerba y Vcub 
Caquix subiéndose sobre el árbol, Hunhapú le tiró un bodocaso con la cer- 
batana y le dio en una quijada y cayendo Vcub Caquix, dando gritos en el 
suelo y viéndolo así Hunhapú, fué agachado a cogerlo y cogiéndole un brazo 
Vcub Caquix a Hunhapú se lo arrancó del hombro con lo cual Hunhapú 
soltó a Vcub Caquix con lo cual quedaron vencedores los dos muchachos y 
Vcub Caquix se fué a su casa con el brazo de Hunhapú y teniéndose las 

11 



quijadas porque las llevaba desencajadas y viéndolo así su mujer Chimalmat, 
le dijo: ¿qué te ha sucedido Vcub Caquix?, qué ha de ser respondió Vcub 
Caquix, que dos demonios me tiraron con una cerbatana un bodocaso y me 
derquiciaron las quijadas y todos los dient)es se me menean y me duelen 
mucho; pero aquí traigo un brazo del uno de ellos, colgadlo al humo sobre el 
fuego mientras vienen por él aquellos dos demonios. Con que tomando la 
mujer el brazo lo colgó al humo ; y consultando entre sí Hunhapú y Xbalanqué 
sobre lo que debían hacer, se resolvieron en ir a ver a dos viejos muy ancianos, 
y era tanta la vejez de ambos que andaban corcobados ; el viejo se llamaba 
Zaquimimác zaquimimasiz porque tenían ya blancas las cabezas, y yendo a 
ellos les dijeron: hacednos compañía a casa de Vcub Caquix para ir a traer 
nuestro brazo que se lo llevó a su casa, y aqueste ha de ser el ardid que hemos 
de usar, que nosotros iremos detrás de vosotros, como que somos vuestros 
huérfanos y nietos por haber&e muerto nuestro Padre y así en preguntando 
quiénes sois habéis de decir que andamos como huérfanos con vosotros y de 
lo que pasáis es; de sacar el gusano qaie se come las mínelas y dientes y así 
Vcub Caquix como a muchachos no nos hará caso y nosotros os aconsejaremos 
!oque habéis de hacer. Está bien dijeron los viejos y con esto se fueron a La 
esquina de la casa de Vcub Caquix y estando Vcub Caquix recostado en su 
trono dando gritos del dolor de las muelas y los dientes pasaron por delante 
de la casa los dos viejos y los dos muchachos jugando detrás de ellos; y vién- 
dolos Vcub Caquix los llamó y les dijo, ¿de dónde venís buenos viejos? Noso- 
tros, dijeron ellos, andamos buscando nuestra vida. ¿En qué la buscáis? 
dijo Vcub Caquix, esosi que trais hay son vuestros hijos? No señor son nues- 
tros nietos y huérfanos^ y de lo que adquirimos les damos un pedazo de torti- 
lla. A ese tiempo le apretaba a Vcub Caquix el dolor de las muelas y daba 
gri':os, y di joles ¿que es lo que sabéis curar? Lo que nosotros sabemos curar 
dijeron los viejos es sacar el gusano que come los dientes y muelas y también 
sabemos curar el mal de ojos. Pues si así es dijo Vcub Caquix, curadme 
de aquestos dientes y muelas, que no tengo sociego, ni duermo, ni como; 
aquesto tuvo principio de que dos demonios me dieron un bodocaso que me 
descompusieron las muelas y quijadas y maltrataron los dientes, y así tened 
piedad de mí porque todos se me mienean. Está bien dijeron ellos y así 
sabed, Señor, que es gusano el que os causa aquesi»:; dolor y así tie sacaremos 
esos dientes y muelas y te pondremos otros en lugar de ellos. O quizás no 
será bueno eso, dijo el señor Vcub Caquix, porque solo con estos dientes man- 
tengo mi Senario, con ellos como y con estos mis ojos veo; aque dijeron ellos: 
no te harán falta porque pondremos otros en su lugar de hueso molido ; pero 
aqueste hueso molido era solo maíz blanco. Está bien, dijo el Señor, sacadlos 
y ayudadme. Y sacándole los dientes le pusieron en lugar de ellos maíz 
blanco y relumbraban los maíces en su boca y totalmente se desfiguró y no 
pareció más ni tuvo apariencia de Señor, y acabados de sacar los dientes se 
quedó sai boca moreteada y curándole los ojos le desollaron las niñas de los 
ojos, y quitándole toda la plata que tenía no lo sintió sino que miraba san ver 
con que ya no parecía Señor ni persona grave y asi no se ensoberbecía; y 
todo esto fué hecho por consejo de Hunahpu y de Xbalanqué y muñéndose 
con esta cura Vcub Caquix los médicos le íomaron todas las riquezas que tenía 



12 



Vciib Caquix y que lo enscbeitecían aquí eñ la tierra, y los viejos que ésto 
hicieron eran Dioses y solo para matar a Vcub Caquix lo hicieron de este 
modo por haberles parecido mal a los dos muchachos la soberbia de Vcub 
Caquix, y despidiéndose se fueron los dos muchachos que esto hicieron por 
mandado del Corazón del Cielo. 



CAPITULO VI 

De las obras de Zipacná, el primer hijo de Vcub Caquix. 



Aqui pondremos ahora las obras de Zipacná, el hijo primero de Vcub 
Caquix. Yo soy el Hacedor de los montes, decía Zipacná, y estando él bañán- 
dose en un río pasaban cuatrocientos muchachos que llevaban arrastrando un 
gran palo para pilar de su casa. Habían estos cuatrocientos muchachos cor- 
tado aqueste gran palo y lo llevaban, cuando viéndolos Zipacná les dijo: ¿qué 
es lo que hacéis?, a lo que respondieron ellos: queremos llevar este palo para 
pilar o madre de nuestro casa y no podemos, pues levantad, les dijo Zipacná. 
y os lo llevaré yo ; y tirando de él lo cargó y lo Mevó hasta la casa de los cuatro- 
cientos muchachos, y le dijeron ellos: tienes madres o padres, a que dijo 
Zipacná: soy huérfano y no tengo Padres ni Madres, pues quédate con noso- 
tros le dijeron ellos e irás mañana con nosotros y traeremos otro palo para 
pilar de la casa. Está bien dijo Zipacná, y entrando los cuatrocietos mucha- 
chos en recelo dijeron: no es'í bueno esto que hace este muchacho, él so'o 
levantó y trajo el palo que nosotros no podíamos y asi será m«jor que lo mate- 
mos, lo que haremos será, dijeron ellos, hagamos un gran hoyo y estando hondo. 
1? diremos que vaya a sacar tierra y estando dentro le echaremos un gran palo 
y asi lo acabaremos. Y haciéndolo asi, llamaron a Zipacná y le dijeron: 
nosotros somos pequeños y no podemos sacar la tierra, anda tú y cava un 
poco. Está bien dijo él y bajando Zipacná le decían: cava bien hasta que lo 
profundes mucho y acabando el hoyo que hizo, fué para librarse, porque sabia 
que lo querían matar, con que fué cavando por un lado y haciendo cueva y los 
muchachos le decían : ¿ya está bien cavado? Cavaba Zipacná. pero no cavaba 
el asienOo del hoyo para su sepultura, sino una cueva con que librarse, y 
habiendo hechoi una gran cueva los llamó diciendo : ea venid sacad la tierra 
que ya está bien profundo el hoyo: pero ellos no respondían y decía Zipacná. 
que no oís que os llamo y yo oigo vuestro mormoyo. y callando ellos dijeron 
secretamente, nadie hable sino arrastrando aqueste palo, echémoselo encima. 
Hiciéronlo así; pero Zipacná estaba metido en la cueva y dio una gran voz 
cuando cayó el palo, de que se alegraron los cuatrocientos muchachos. ¡ Oh 
que bien lo hemos hecho, dijeron ellos, ya murió y nos hemos librado de este 
que sin duda nos hubiera hecho mucho mal porque se había metido entre 
nosotiTos; y muy alegres dijeron dispongamos el hacer nuestra bebida de 
chicha para que estando ya dispuesta, de aquí a tres días celebremos aquesta 

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hazaña, bebiendo mañana, y pasado mañana cuando ya se corrompa y hieda 
veremos si vienen la& hormigas a comerlo y asegurados con eso beberemos y 
celebraremos nuestra fiesta sin cuidado. Y oyendo esto Zipacná dentro del 
hoyo lo que decían los cuatrocientos muchachos, se cortó con los dientes las 
uñas y las puntas de los cabellos y acudiendo las hormigas empezaron a aca- 
rrear pedazos de uñas y de cabellos de Zipacná, ¿qué os parece se decían unos 
y otros, no ha sido cosa buena lo que hemos hecho? Con que al tercero día 
empezaron a beber de la chicha que ya estaba fuerte, con que todos los cuatro- 
cientos muchachos se emborracharon y quedaron sin seniüdos, y saliendo 
Zipacná derribó el rancho sobre ellos y a todos los aporreó y a todos quitó la 
vida Zipacná hijo de Vcub Caquix; y siendo todosi muertos de esta manera fue- 
ron puestos, en lugar de las Siete Cabrillas que por eso se llaman motz, mon- 
tón, porque todos murieron de montón, pero aquesto quizás no será así. Pero 
ahora diremos cómo fué vencido Zipacná y muerto por aquellos dos mucha- 
chos Hunahpú y Xbalanque. Muy mal sintió Hunahpú y Xbalanqué la muer- 
te de los cuatrocientos muchachos y tuviéronlo a desprecio en su corazón y 
así dispusieron quitarle la vida. Este Zipacná solo comía pescado y cangrejos 
que cogía en las orillas de los ríos, de día se pasaba buscando la pesca y de 
noche cargaba cerros y montañas. Entonces Hunahpú y Xbalanqué hicieron 
una imagen de cangrejo: de unas hojas llamadas ec, le hicieron los- brazos 
largos y los pequeños de otras hojas llamadas pach y la concha la hicieron 
de laja y pusieron aqueste cangrejo en una cueva debajo de un gran cerro 
llamado Meaban y haciéndose encontradizos los dos muchachos con Zipacná 
en el arroyo le dijeron : ¿ a dónde vas muchacho ? A que dijo Zipacná : a parte 
alguna voy, sino que ando buscando mi comida. Aquellos le preguntaron : 
¿cuál es su com'da? Sólo pescado y cangrejos, respondió él, y no hallando 
ningunos desde antes de ayer, tres días ha que no como y no puedo ya sufrir 
la hambre, pues allá en la barranca está un cangrejo y a la verdad es muy 
grande y que bien que te lo comieras? Nosotros lo quisimos coger y nos 
mordió, con que le tuvimos miedo, pues apiadados de mí, dijo Zipacná, y 
llevadme a donde está. Eso no, dijeron ellos que tenemos miedo, anda tú e 
id río arriba que no te perderá's y lo hallarás debajo de un gran cerro que 
está sonando y retumbando y dice su voz hobcd, hohál. Esto le dijeron, y 
exclamando Zipacná dijo : ¡ Ha! pobre de mí: andad conmigo y enseñadlo, que 
yo iré desipuési y os enseñaré a donde hay muchos pájaros que matéis con la 
cerbatana y yo solo sé a donde están. Fueron con él a enseñarle el cangrejo 
y a vista de ellos entró: yendo en compañía le dijeron los muchachos, podrás 
tú ciertamente cogerlo, porque nosotros lo intentamos y no poidimos, porque 
cuando entramos en la cueva nos mordía y estando ya para cogerlo se nos 
smbía arriba de la cueva. Y llegando a la barranca vieron al cangrejo que 
habían hecho que estaba caído de un lado y tenía muy colorada la concha 
y de allí era donde le tenían armada la trampa los muchachos a Zipacná y 
muy alegre dijo cuando lo vio : ya me lo quisiera comer porque estoy muerto 
de hambre, y echándose en el suelo probó a entrar en la cueva, pues el can- 
grejo se iba metiendo para dentro; y retirándose para fuera le dijeron los 
muchachos»: ¿ya lo cojiste? No; porque se subió para arriba, pero ya poco 
me falta para cogerlo y asi será necesario el entrar adentro para cojerlo. Y 

14 



entrado luego no le faltaba más por entrar que las rodillas, se derrumbó el ce- 
rro sobre Zjpacná y se quedó allí hecho piedra y de aqueste modo fue vencido 
y muerto Zipacná, hijo mayor de Vcub Caquix. Cuentan que es el que antigua- 
mente hacía loa cerros; debajo del Cerro Meaban fué vencido y solo por mila- 
gro pudo aquesto haber sucedido. Y ahora contaremos del otro que se ensober- 
deció, este fué el hijo segundo de Vcub Caquix, el cual se llamaba Cabracam 
(esto es de dos pies), aqueste se ensoberbeció diciendo: yo soy el que desba- 
rato los cerros; pero Hunhapú y Xbalanqué vencieron también aqueste sober- 
bio de Cabracam porque viendo esta soberbia Huracam Raxacaculhá y Chipi- 
caculhá, dijeron a Hunhapú y Xbalanqué: también sea destruido este Cabra- 
cam hijo segundo de Vcub Caquix, y a£Í lo mandamos porque no está bien lo 
que hacen y se propasan a mucha grandeza, y no debe ser así y llevadlo con 
halagos allá hacia donde nace el sol y allá destruidlo les dijeron a los dos mu- 
chachos. Está bien, dijeron los muchachos, porque son malas sus obras, por 
ventura no son primero vuestra grandeza y Majestad tú Corazón del Cielo, 
¿no sois vos primero? Esto respondieron Hunhapú y Xbalanqué a Huracán 
cuando les mandó destruir a Cabracam. 

Actualmente eí^aba él meneando y extremeciendo los montes cuando 
llegaron a él Hunahpú y Xbalanqué y le dijeron: ¿Qué es lo que haces? No 
hago nada dijo él, solo estoy derribando estos cerros y los peñazcos y tembla- 
ba toda la tierra. Y vosotros ¿quién sois, a dónde vais? les dijo Cabracam. 
¿cómo os llamáis porque no os conozco? a quien dijo Hunahpú no tenemos 
nombres, nuestro ejercicio es tirar con la serbatana y matar pájaros con liga: 
somos pobres y no tenemos ora cosa de que pasar la vida y así nos andamos 
por todos los montes grandes y pequeños, y allá hacia a donde nace el sol, 
vimos un cerro que se levantaba sobre todos los' cerros y como es tan alto no 
podemos allí coger pájaros y hay muchos porque es muy fragante su dulzura y 
si así es la verdad que tú derribas cerros ahora nos podías ayudar derribán- 
dolo para que pudiésemos cazar allí pájaros. Es verdad eso que dices Ic* 
respondió Cabracam ¿lo habréis visto vosotros? Yo lo iré a ver y lo echaré 
abajo. Allá lo vimos, dijeron ellos, hacia donde nace el sel. Pues vamos allá, 
dijo Cabracam tomad el camino y os seguiré. No ha de ser así. d jeron ello» 
sino que te habernos de llevar en medio y uno ha de ir a tu mano izquierda y 
el otro a la derecha porque llevamos nuestras cerbatanas y si hubiere algún 
pájaro le tiraremos, caminando iban en esta forma y muy alegres y tirando 
pájaros por el camino, pero cuando tiraban no era con bodoque sino sólo con 
el soplo caían los pájaros muertos, de lo cual iba muy maravillado el Cabracam 
y siendo hora pararon y sacaron fuego y se pusieron a azar los pájaros, y 
untándole a uno tizate, que es una tierra blanca, éste le hemos de dar cuando 
le incite el hambre de comer de los pájaros azados, este nuestro pájaro le ha 
de vencer; y untándole la tierra, porque había de caer en la tierra cuando 
fuese vencido y en la tierra ha de ser enterrado. Es maiy sabio el Criador y 
con gran sabiduría sacó a luz las criaturas, esto decían ellos eníre sí y veían 
que deseaba mucho el Cabracam comer de aquellos pájaros y dando ellos 
vuelta a los azadores, chorreaba la manteca y salía el olor y su fragancia, 
con que el Cabracam se le hacía agua la boca y le destilaba la baba el deseo 
de comer de aquellos pájaros. ¿Qué comida es aquesta vuestra, dijo el Ca- 

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bracam, que despide tan-^o olor?, dadme un poco. Esto dijo, y apenas le hubo 
pedido, cuando le dieron aquel pájaro que estaba untado de tierra y se lo 
comió para su destrucción y ruina. Acabada que fué la comida prosiguieron 
el camino y llegaron al nacimiento del sol a donde estaba aquel gran monte; 
pero ya el Cabracam estaba desmadejado y sin fuerzas, por la tierra que le 
untaron al páfjaro y así no pudo hacer cosa alguna a aquellos montes ni 
derribarlos, y cogiéndolo entonces los muchachos, atándolo de pies y manos 
y arrojándolo en el suelo hicieron un hoyo y lo enterraron; y este fue el modo 
con que fue vencido y muerto el Cabracam. Son indesibles las cosas que 
hicieron estos dos muchachos Hunhapú y Xbalanqué. 



CAPITULO VII 

Del nacimiento de Hunhapú y Xbalanqué 



Habiendo tratado de la muerte y vencimiento de Vcub Caquix, 
Zipacná y Cabracam. hemos de tratar aquí del nombre de su padre de Hun- 
hapú y Xbalanqué y porque es muy obscuro lo que dicen y parlan de aquel 
Hunhapú y Xbalanqué, solo diremos la mütad de lo que hay que decir de su 
Padre. Este se llamaba Hununhapú y los padres de aqueste se llamaban 
Xpiyacoc y Xmucané, nacieron estos en la oscuridad de la noche antes que 
hubiera Sol ni Luna, ni fuese criado el hombre ; los que nacieron en aquesita 
oscuridad fueron Hunhunhapú y Vcub Hunapú, este Hunhapú tuvo dos hijos 
el primero se llamaba Humbaz y esta fué la mujer de Hunhapú, porque el otro 
Vcub Hunhapú no fué casado y se quedó siempre sol.ero. Estos do£> fueron 
muy sabios y adivinos aquí en la tierra y el Hunhapú era muy bueno y de muy 
buenas coaitumbres y enseñó a sus dos hijos Humbatz y Hunchoven a tocar 
la flauta, a cantar, a pintar, a entallar, a labrar piedras preciosas y a placeros; 
y el Hunhapú y Vcub Hunhaipú se entretenían en jugar los choreques y a la 
pelota y este era su entretenimiento y cuando se juntaban todos en la plazuela 
que tenían, jugaban de dos en dos. Venía muchas veces a verles jugar el 
pájaro llamado Voc que era el mensajero y correo de Huracán, Chipicaculhá 
Raxacaculhá, en un instante iba y voLvía el mensajero, asisitía aqueste pájaro 
aquí cerca de la tierra y del infierno y en un instante llegaba al cielo con 
Huracán. Estando ellos jugando a la pelota en una ocasión después de 
muerta la madre de Hum-batz y Hunchoven los oyeron los señores del infier- 
no, Huncame y Vcubamé. Qué es aquello que hace en la tierra, dijeron ellos, 
que hacen i':emblar esto, qué ruido ez'- aquel que no nos dejan sosegar; vayan 
luego a llamarlos que ven^^an acá a jugar a la pelota. Grande desacato es 
este, dijeron los Señores del infierno, de ponerse a jugar y a golpear sobre 
nuestras cabezas y así hemos de disponer modo como vencerlos y destruirlos 
a los que hacen aqueste ruido en viniendo acá. Era aqueste Reyno muy 
poderoso y los principales Señores de él eran Hunacamé y Vcubcamé y los 

16 



que les acompañaban en su Reyno eran Xiquixipát, Cuchumaquíc y el oficio 
de aqueste es causar aquella enfermedad de sangre de que los hombres en- 
ferman, otros se llamaban Ahalpuc y otro Abalcana y el oficio de questos es 
causar enfermedad de materias y de hidropesía con que se ponen amarillos 
los rostros, otros se llamaban Chamiahac y otro Chamiaholom. estos su oficio 
>s enflaquecer a los hombres y ponerlos en los huesos, otros se Uamaban 
Ahalmez y Ahalíocob y su oficio era causar desgracias en los hombres y que 
les succdies* cosa adversa y oíros se llaman Xic y otro Patalmecapal y su 
cargo de estos era el causar las muertes repentinas y de los que mueren por 
los caminos echando sangre por la boca y también cargarles y golpearles los 
corazones y causar los cursos de sangre. Todo* esos juntos en consejo deter- 
minaron el acabar y destruir a Hunhapii y Vcub Hunhapú y deseaban mucho 
los Señores ver la rodela de cuero con que reparaban la pelota, la pala, la 
argolla y el cerco del rostro que eran los instrumentos conque jugaban. 

Y despachando los Señores del infierno sus mensageros, le* dijeron: 
andad y decidles a Hunhapú y Vcub Hunhapú. que vengan acá con todos sus 
instrumentos a hacer sus juegos, que nos vengan a divertir porque a la verdad 
es cosa de maravillar lo que de ellos oímos: que traigan las palas, las argollas 
y la pelóla de hule y decidles que se lo mandan los Señores del infierno. Los 
mensageros eran un Tecolote veloz como una saeta, chavitacar y otro Teco- 
lote de una pierna y así se llamaba Haracom Sacar y otro llamado Tecolote 
Guacamaya que se llama Caqaix Tacar y otro Olontacar; esto es cabeza de 
Tecolote. El primero llamado Chabitucux. que es veloz como una flecha, el 
otro Huracamtucur porque tiene alas y solo una pierna, el otro Caquixtucur 
porque es colorado y el cuarto Holontucur porque solo tiene cabeza y alas» y no 
tiene pies, estos cuatro mensageros eran también señores principales y sa- 
liendo del infierno, en un instante llegaron al patio o plazuela a donde esta- 
ban jugando a la pelota y dieron el mensaje a Hunhapú y Vcub Hunhapú de 
parte de los señores Huncamé Ucub Came Ahalpuh Ahalcaná. Chamiabac. 
Chamiaholom, Xquiripat, Cuchumaquix. Ahalmez. Ahaltocob. Xic y patán, y 
habiendo oído ellos el mensaje ¿es posible que sea verdad lo que dicen los 
f<eñorcs Huncamé y Vcub Camcx? Es verdad, dijeron ellos y nosotros os 
hemos de acompañar y traer todos los instrumentos, que así lo mandan los 
señores. Esta bien, dijeron ellos, pero aguardad un poco, iremos a avisar a 
nuestras Madres; y llegándose a su casa les dijeron a sus Madre* (porque ya 
estaban muerdos sus Padres) : Señora, nosotros vamos que nos llaman los 
Señores del infierno, y es fuerza ir; pero ha de <er en vano nuestra ida. Y 
entrando colgaron en el tabanco el hule, o pelota y la pala y avisaron a sus 
hijos y les dijeron : vofotros entreteneos en tocar vuestras flautas y cancar, en 
pintar y hacer esculturas, cuidad de la casa y de vuestra Madre. Estaba la 
Madre Xmuxcane muy llorosa por la partida de sus hijos y viéndola asi le 
dijeron : Señora, no te aflijas que presto volveremos con vida y con salud. 

Y partiéndose con esto Hunhapú Vcub Hunhapú les iban guiando 
los mensajeros del Infierno y tomando el camino que allá va y L!egando a 
unas escaleras muy agrias de bajar y habiendo bajado con mucho trabajo, 
llegaron a una barranca muy profunda y angosta que se llamaba la barranca 
fuerte, por donde pasaba un río muy rápido y violento y pasando de aquí con 

17 H. de 0.-2 



.ucho riesgo pasaron después el agua que se trueca, legaron a unas estacad 
de puntas muy agudas, las pasaron sin lastimarse y de alk llegaron a la or lia 
de un río de sangre y sin beber en él pasaron adelante aunque iban sedientos, 
por lo cual no quedaron vencidos y pasando de allí llegaron a la encrucijada 
de un camino que se partía en cuatro, y aquí fueron vencido, porque no supie- 
ron ellos qué camino habían de tomar; el un camino era colorado, otro negro, 
otro blanco y el otro amarOlo y hallándose perplejos en que camino cogerían 
les habló el camino negro, y les- dijo: yo soy el camino que habéis de tomar. 

Y siguiendo aqueste camino llegaron a los Tronos de los Señores del infierno 
en donde fueron vencidos y ganados. Esiaban todos asentados en sus ban- 
cos y el primero que estaba asentado era una estatua hecha de palo y pensan- 
do ellos que era alguno de losi señores, l>e saludaron primero diciéndole : esté 
en muy buen hora el señor Huncamé, esté muy bien el señor Vcub Came ; 
pero no le respondió la estatua y con esto se empesaron a reír los señores y 
a celebrar el que habían caído en el engaño y así ya los dablan por vencidos de 
que se holgaban mucho los señores y con esto lesi dijeroin Huncamé y Hucu- 
camé a Hunhapú y a Hucub Hunhapú; seáis muy bien venidos, para mañana 
prevenid la argolla y la pala y el hule o pelota para los juegos y ahora venid 
y sentaos en nuestras bancas; pero el asiento era de piedra ardiendo y asen- 
tándose se quemaron, pero no se levantaron luego sino que haciendo meneos 
daban vuelta luego a un lado y otro y de verlos así y que habían caído en el 
engaño se rieron mucho los señores, y tanto se llegaron a reír de ver cómo 
se les habían quemado las asentaderas, que ya reventaban en sangre y les 
dolían los ijares a los señores, de la risa. 

Pasado esto les dijeron andad a descansar a la cama que se os está 
prevenida, que allá os llevaráin vuestro ocote para que os alumbréis y con esto 
se fueron y los llevaron a una siala m,uy oscura y toda llena de tinieblas muy 
espesas y el ocote que allí hallaron era muy duro porque eran navajas de 
pedernal de una piedra muy aguda de filos que llamaban zaquitoc o chay. 

Y entrando en consejo los señores resolvieron el despacharlos el siguiente 
día por la molestia que les habían causado con su juego haciéndoles ruido e 
inquietándolos y entrando Hunhapú y Vcub Hunhapú en aquel aposento muy 
oscuro les llevaron una raja solo de ocote y dos cigarros de íabaco que les 
remitieron los señores con ministros, los cuales les dijeron: esto dicen 
los serores que os envían aqueste ocote y tabaco, que ardiendo este ocote 
esta noche y estos tabacos los habéis de entregar por la mañana enteros. Y 
aquí fueron tamibién vencidos, porque el ocote se acabó y los cigarros que les 
dieron. Muchos eran los castigos que tenían los del infierno y muchas dife- 
rencias de itorm'entos: el primero era aquella casa oscura, donde no había 
más que tinieblasi; el segundo era la casa donde tiritaban porque era mucho 
el frío que allí hacía; el tercero era la casa de los tigres porque solo había 
de aquestos animales y tantos que no cabían y se estrujaban unos con otros; 
el cuarto era la casa de los murciélagos, donde había infinitos que volaban y 
chillaban; el quinto era una casa de navajas de chay muy agudas y afiladas 
que rechinaban unas con otras ; muchos eran los casw'igos del infierno ; 
pero no entraron en ellos Hunhapú y Hucub Hunhapú. Después se tratará 
de aquestos castigos. 

18 



Habiendo amanecido llamaron a Hunhapú y a Hucub Hunhapú los 
señores y llegando a la presencia de ellos les dijeron Huncamé y Huncubca- 
mé: ¿dónde está el tabaco y el ocote que os dieron anoche?, a que respon- 
dieron : Señor se acabó todo. Está bien, dijeron ellos; pero sabed que ya se 
cumplieron vuestros días y habéis de morir ahora y quedarán vuestras memo- 
rias sepultadas y no se sabrá' de vosotros y luego fueron despedazados y 
sepultados en el muladar donde arrojaban la ceniza y cortándole antes la 
cabeza a Hunhapú solo enterraron su cuerpo con el otro su hermano y man- 
daron poner aquesta cabeza en el camino en un horcón; pero apenas fué allí 
puesta cuando el Ai^ol fructificó, que antes era infructífico y el fruto que dio 
fué lo que llamamos ahora jicaras y llenándofie todo el árbol de ellas y^ no 
se supo cuál era la cabeza de Hunhapú porque todo se confundió; de que 
todos se maravillaron mucho, el Huncamé y el Hucubcamé y todos lo» del 
infierno que iban a ver esta maravilla, no podían distinguir dónde estaba la 
cabeza. En mucha estimación tuvieron los del infierno aqueste Árbol por 
aquesta maravilla, y así mandaron que ninguno cogiera de aquesta fruta ni se 
pusiese debajo de aquel árbol y cundiendo aquesta noticia la oyó una donce- 
lla que diremos como pasó aquesto. 



CAPITULO VIII 

De la doncella Xquic; y como fué a ver aqueste Árbol, la cual era hija 
de un señor llamado Cuchumaquic. 



Oyendo, pues, cierta doncella llamada Xquic. hija del señor Cuchuma- 
quic decir a su Padre como aquel palo seco había fructificado y movida de 
la curiosidad propuso ir a ver a aquel prodigio, y poniéndolo en efecto fuese 
al lugar a donde arrojaban las cenizas y viendo el árbol cargado de fruto dijo 
no me he de ir sin llevar de aqueste fruto, que no moriré por ello, cuauído 
estando en este pensamiento le habló la cabeza que estaba en el horcón del 
palo y le dijo: ¿qué es lo que deseas porque solo el hueso de calavera esa fruta 
redonda que miras en las ramas de aqueste árbol y dijole también, por ventu- 
ra también deseas de todo tu corazón de esta fruta? Si deseo: pues extiende 
la mano derecha dijo la calavera, y extendiendo ella la mano, le vino derecho 
a la mano como un chisguete de saliva, y mirándose ella luego la palma de la 
mano y no halló cosa alguna y dijole la calavera: esa saliva que te he arrojado 
ei' la señal o descendencia que de mi dejo y esta mi cabeza ya no hablará más 
porque solo es hueso descarnado, y asi mismo sucede con la cabeza de cual- 
quier señor que mientras tiene carne está adornada y vistosa: pero en mu- 
riendo ya no es más que calavera y causa pavor y los hijos que deja son como 
su saliva y si son hijos de señor sabio y entendido no se pierde ni oscurece 
su sangre y sabiduría y en ellos se conserva y se hereda «oi descendencia en 
los hijos e hijas que engendra y asimismo lo he hecho contigo, anda sóbete 
allá a la tierra y al mundo que no morirás y ten caridad a la palabra cuando 

19 



sea hecha. Esto dijo la cabeza de Hunhpú y Hucub Hunhapú ; pero esto 
fué así dispuesto y mandado por la sabiduría de Huracán, de Chipicaculhá 
y Raxacaculhá y habiéndolie dicho muchas cosas y dádole muchas instruc- 
ciones se volvió la doncella a su casa, y sintiéndose luego preñada con solo 
aquella saliba se le fué levantando el vieni'.re en que había concebido a dos 
que fueron a Hunhapú y Xbalanqué y es^tando ya de seis meses reparó su 
padre Cuchumaquic en la barriga de su hija y su preñez y juntá'ndose a 
consejo todos los señores* Huncamé y Hucub Came y Cuchumaquic, con 
todos los demás, dijo él; aquesta mi hifja ha aparecido preñada y aquesto ha 
procedido de su deshonestidad y fornicio. Y habiendo dicho esto Cuchuma- 
quic la mandaron comparecer en su tribunal, y viendo que era así le manda- 
ron al Padre que la examinase y que de no decir la verdad de quién era aque- 
lla preñez, que la cbhgase por fuerza y que después la llevarían lejos y se le 
quitaría la vida; y examinándola su padre sobre ésto, le respondió: 
padre y señor mío : yo no estoy preñada ni he conocido varón, pero viendo 
csfto su padre y no consintiendo a las razones de su hija, llamó a los cuatro 
Señores tecolotes y les dijo : tomad aquern'la mi hija que ha sido deshonesta y 
sacrifícala y en una jicara traed el corazón. Y tomando ellos una jicara la car- 
garon entre todos cuatro llevando una cuchilla aguda para abrirla y díjoles 
ella : no me quitéis la vida porque ciertamente yo no he sido fornicaria ni he 
conocido varón, ni sé cómo ha sido esto que tengo en mi vientre, porque lo que 
sucedió fué que yéndome yo a divertir y pasear al cenicero donde estaba 
puesf'a en el palo la cabeza de Hunhapú me arrojó con un poco de saliva en 
la planta de mi mano y no ha habido otra cosa. Bien quisiéramos nosotros 
no quitarte la vida dijeron ellos; pero qué habemos de llevar en aquesta 
jicara a los señores?, bien sabes que nos mandaron que te sacrificáramos y 
llevásemos tu corazón. Está bien dijo ella, pero aqueste corazón no es de 
elLos y vuestra casa no será aquí sino que vuestro oficio será ser nuncios de 
la muerte y ser engañadores : mío será Huncam,é y Hucub Camé y ellos solos 
serán Señores de la sangre y de las calaveras ; este mi corazón no ha de ser 
quemado delante de ellos, Y dicho ésto la doncella les dijo : echad en aquesa 
jicara lo que arrojare aqueste áírbol, qu'e era un humor colorado como sangre 
y recogiéndolo en la jicara se congeló e hizo una bola que parecía corazón y 
luego la doncella hizo que el palo relumbrara, el cual es llamado palo de grana 
o de sangre por el licor que parece sangre y dijoles a ellos: allá en la tierra 
tendréis vuestra habitación, donde tendréis vuestro alimento. Está bien dije- 
ron ellos, vete tú allá a la itierra que nosiotros vamos a llevar aqueste humor 
congelado en lugar de tu corazón a los señores que todos estaiban juntos 
aguardando el fin del suceso y viéndolos Huncamé Hucubcamé, les. dijeron: 
¿ya se ejecutó la sentencia? Sí Señor, ya se ejecutó, dieron ellos, y aquí 
traemos su corazón en el asiento de aquesta jicara. Veamos dijeron Hun- 
camé y Hucubcamé, y i'omando la jicara levantaron con los tres dedos aquel 
cuajaron que estaba chorreando sangre y mandando atizar el fuego lo pusieron 
sobre él y yéndose secándose aquel humor se fué quemando. Fué grande la 
fragancia y suavidad que sintieron todos que salía de aquel humor, de que 
todos quedaron maravillados, y habiéndose ido los señores, los Tecolotes se 
volvieron a la tierra dejándolos engañados a los señores. 

20 



CAPITULO IX 

De la venida de la doncella Xquic a casa de su suegra. 

En su casa estaba la madre de Hunbatz y Hunchobcn cuando llegó a 
ella la doncella Xquic, a quien ya faltaba poco para parir a Hunhapú y Xbalan- 
quc, y llegando a su presencia le dijo: Señora aquí vengo que soy fu nuera y 
la menor de tus hijas. ¿De a dónde vienes? le respondió ella. Por ventura 
viven mis hijos, no murieron allá en el infierno? Los que son descendencia 
mía, que son Hunbatz y Hunchoven, no están aquí? ¿De a dónde vienes tú? 
¿De a dónde sois mi nuera? Esta es la verdad, replicó ella, que yo soy tu 
nuera y soy de Hunhunahpú y cs'o que engo en mi vientre es suyo; viven, 
no han muerto Hunhapú y Hucubhunhapú y asi los volvereis a ver en lo que 
yo traigo en mi vientre y lo que han hecho ha sido disposición de su «abiduría. 
Y oyendo esto Humbatz y Hunchoven se enojaron mucho con ella y ellos solos 
eran el consuelo de su abuela, tañendo sus flautas, pintando y hacendó obras 
de talla y con esto muy enojada la vieja le dijo: no quiero que seas mi nuera 
porque lo que traes en tu vientre es procedido de tu deshonestidad, y así eres 
una mentirosa porque mis hijos son muertos, esto que >'e digo es cierto: pero 
ésta había de ser mi nuera, y así anda haz lo que te mando, toma aqueste 
matate grande y anda a la milpa y tapisca aquesta red de maíz y traela. Está 
bien, dijo ella, y tomando su red se fué a la milpa y siguiendo un camino ancho 
llegó a la milpa que habían hecho Hunbatz y Hunchoven y no hallando en ella 
más que tal cual pie de maíz y sin mazorcas, y viendo que no habían mazorcas 
en la milpa afligióse la don>cella y decía; ¡o pecadora de mí! ¿a dónde he de 
ir por bastimento que no lo tiene la milpa para llevar aquesta red que me 
piden? y entrando en consejo consigo misma dijo: lo que haré será invocar y 
llamar en mi ayuda al que es Señor y guarda del bastimento. Xtoh y Xcanih 
Xcacabix guardas de la milpa de Hunbatz y Hunchoven y haciéndolo así 
cogió unos cabellos de una mazorca y quitándolos sin arrancar la mazorca, 
los metió dentro la red, la cual se llenó luego al punto de mazorcas y se hizo 
una gran red y viniendo con ella se la cargaron los animales, y al Llegar junto 
a la casa llegó como que la cargaba y viendo la vieja aquella gran red de basti- 
mento le dijo; sin duda que acabaste toda la milpa, quiero ir a verla; y par- 
tiéndose la vieja haWó la milpa entera y solo halló el rastro donde estuvo 
puesta la red: y volviéndose la vieja le dijo a la doncella, solo aquesta señal 
basta para conocer que eres mi nuera, y después veremos las obras de los 
sabios que tienes en tu vientre. 

CAPITULO X 

Del nacimiento de Hunhapú y Xbalanqué. 

Habiéndose cumplido los nueve meses de la preñez de la doncella Xquic 
parió en el campo sin que lo viera la vieja; sin sentir dolor parió (sin dolor) 
dos hijos, el uno se llamó Hunhapú y el otro Xbalanqué; y trayéndolos a su 

21 



casa no dormiíandc noche, sino que estaban llorando, y molestada la vieja 
de su llanto los mandó echar en un hormiguero, donde durmieron y callaron 
y después los arrojaron en unos espinales; pero no recibieron lesión. De esto 
gustaban Humbatz y Hunchoven porque los aborrecían y querían que de 
aqueste modo muriesen ; pero ellos criándose de aqueste modo en el monie, 
salieron grandes tocadores de flauta y buenos cantores; y viéndose con 
aquestos trabajos salieron m,uy sabios y entendidos y sabiendo ellos su naci- 
miento y hijos de quienes eran, no quisieron manifestar su sabiduría ni lo que 
sabían de pintura y tallia por la envidia que les tenía Humbatz y Hunchoven 
los cuales eran tenidos por aabios y aborrecíanlos no por alguna mala obra 
que les hubiesen hecho, sino solo por la malignidad ide sus corazones; pero 
ellos callaban guardando la venganza para su tiemipo y entreteniéndose en 
tirar con cerbatana gastaban en ésto todo el día porque ni su abuela los podía 
arrostrar y así no les daba de comer juntamente a ellos con el Humibatz y Hun- 
choven, sino que habiendo ellos comido les daba de las sobras que habían 
quedado y sufriendo y tolerando todo esto no se daban por entendidos y trayen- 
do todos los días pájaros de los que cazaban se los comían el Humbatz y Hun- 
choven sin darles^ cosa alguna a Hunhapú y Xbalanqué, Entreteniéndose solos 
el Humbatz y Hunchoven aconteció cierto día que vinieron los dos muchachos 
sin traer cosa alguna de caza por lo que los riñó la abuela, diciendo: ¿qué es 
ésto, cómo no traes pájaros? Aquellos respondieron: muchos' hemos muerto; 
pero señora han quedado sobre los árboles y como somos pequeños no los 
podemos bajar; vayan nuestros hermanos con nosotros y los bajarán. Está 
bien, dijeron el Humbatz y Hunchoven, por la mañana iremos con vosotros"; 
y de este moido fueron vencidos los dos por Hunhapú y Xbalanqué. Y habien- 
do consultado entre sí los dos del modo que £ie habían de vengar de sus dos 
hermanos, dijeron: no los hemos de matar, sino que los hemos de convertif 
en otra cosa, porque nos han hecho muchos males y han procurado nuestra 
muerte y solo nos tienen por muchachos en su inteligencia sin saber lo que 
nosotros somos, y así los hemos de castigar por el mal trato que nos han dado 
transformándolos en otra cosa, dejándolos solo en una señal de lo que 
fueron". 

Otro día de mañana salieron los dos muchachos con el Humbatz y Hun- 
choven y llegándose debajo de un árbol grande llamado canté empezaron 
a tirar a una gran multitud de pájaros que había allí gritando ; pero aunque los 
mataban no caían, sino que todos se quedaban sobre las ramas y dijéronles: 
"subid arriba y bajad aquellos pájaros" y habiendo subido Humbatz y Hun- 
choven, se engruesó el tronco del árbol de tal manera que ya no pudieron 
bajar aunque quisieron y viéndose ellos de aqueste modo clamaron de lo alto: 
¿qué es ésto que' nos sucede hermanos? ¡pobres de nosotros cómo hemos de 
bajar ahora? Eso es fácil, dijeron los muchachos, tomad los ceñidores y 
atándoos con ellos por la barriga, dejadlos ir por entre piernas que salga atrás 
y de ese modo os iréis descolgando de las ramas al suelo. Está bien, dijeron 
ellos, y ejecutándolo así luego que sacaron las puntas de los ceñidores por entre 
las piernas por atráb, se les convirtieron en colas y ae transformaron en 
monos y se fueron saltando por las ramas de los árboles, y saltando por los 

22 



mon'cs se columpiaban por las rameas dando voces y gritos y de aqueste modo 
fueron vencidos los dos Humbatz y Hunchoven por Hunhapú y Xbalanqué. 

Y partiéndose luego a su casa le dijeron a su abuela muy asustados : Señora 
¿qué será lo que les ha sucedido a nuestros hermanos que habiendo mudado 
sus caras se han vueltp brutos animales? Más ¿que les habéis hecho algún 
mal a vuestros hermanos? dijo la vieja. No hagáis eso con ellos. No te 
aflijas señora, dijeron ellos, que volverás a ver a sus caras, probaremos a traer- 
los, pero importa para el caso que de ningún modo te rías cuando lo veas. 

Y saliendo todos a fuera al monte empezaron a (locar sus flautas y a cantar, 
y tocando sus atambores sentaron a la vieja junto a sí y llamaron aqueste canto 
"Hunhapú Coy". Tocaban y cantaban y de este modo llamaban a Humbatz 
y Hunchoven, los cuales vinieron bailando al son de los instrumentos y hacien- 
do muchos visages y monerías y de ver sus malas caras se rió la vieja sin 
poder contener la risa, de lo cual ellos corridos, se ausentaron en un instante 
y se fueron por aquestos montes. ¿Qué es lo que has» hecho, Señora, no te 
dijimos que no te rieras? Veis aquí que corridos y áfrerK.ados se han ausen- 
tado ; pero no te dé cuidado, que probaremos otras dos o tres veces atraerlos 
con el cani'o. Y prosiguiendo con el canto y con la flauta volvieron haciendo 
mil monerías y visages y de ver la vieja sus ceremonias y lo cenceño de sus 
barrigas y sus colas, le provocó a risa a la vieja, con que ellos corridos se 
volvieron otra vez al monte, ¿ Qué hacéis. Señora, no te hemos dicho que no 
te rías? Probaremos otra vez, pero mira que no te rías. Hicieron otra vez 
llamada con su flauta y tambores a los micos, y aunque venían, como la vieja 
no se podía contener en íu risa se volvían, hasta que por ultimo no volvieron 
más; y viendo a su abuela afligida le dijeron: No te dé cuidado Señora, que 
aquí estamos nosotros en lugar de nuestros hermanos, que te cuidaremos a 
vos y a vuestra Madre; ya aquestos invocan y llaman en su ayuda desde la 
antigüedad los flauteros, cantores y pintores y estalladores, los cuales fueron 
transformados en micos por haberse ensoberbecido, y maltratado a sus her- 
manos Hunhapú y Xbalanqué. Y quedándose los. dos muchachos con su 
abuela y su Madre hicieron muchos prodigios y maravillas. 

Y queriendo darse a conocer a su madre y a su abuela lo primero que 
trataron fué el hacer su milpa, y así les dijeron: no tengáis pena que aquí 
estamos nosotros en lugar de nuestros hermanos, nosotros haremos milpa 
para que podáis pasar. Y tomando sus hachas y azadones fueron el Hunhapú 
y Xbalanqué a la montaña y saliendo de su casa le dijeron a su abuela: 
Señora a la hora del medio día llevadnos* nuestra comida. Está bien, dijo 
ella, allá la llevaré. Y llegando al parage donde se había de hacer la milpa 
dieron un golpe con la hacha en un árbol con que se vino arrancando toda la 
montaña y cayendo todos los árboles y dando un golpe con el azadón en I4 
tierra toda se labraba y cultivaba, siendo cosa de maravillar lo que caía de la 
montaña a solo un golpe de hacha y lo que se labraba de :ierra a un solo golpe 
de azadón, y llamando ellos entonces a un pájaro que le llamaban Xmucur 
(tórtola) le pusieron en lo alto de un tronco y le dijeron el Hunhapú y Xba- 
lanqué : cuando venga nuestra abuela que ha de venir a traernos de comer, 
cania luego que la veas y así nos avisarás de su venida para que nosotros 
tomemos el azadón y la hacha. Está muy bien, dijo él; y con esto, solo se 



entretenían en tirar con su serbatana y luego que ía tórtola descubrió a la 
abuela que venía con la comida, atándose la cabeza con sus paños, untándose 
el uno tierra en sus manos como que trabajaba tomó el azadón y el otro despa- 
rramándose astillas en la cajbeza tomó la hacha como que hachaba. Llegó 
la abuela, comieron como que hablan trabajado, pero en realidad nada haban 
hecho y acabado de comer dijeron a su abuela; mucho hemos trabajado y 
estamos cansados y asi vamonos a casa. Y vueKos a ella ponderaban su 
trabajo y volviendo al otro día a su milpa hallaron que todos los árboles se 
habían vuelto a parar y a revivir y toda la tierra estaba como antes y enfadados 
ellos del suceso dijeron: ¿quién nos habrá hecho aqueste daño? Sin duda 
to^dos los animales del monte han hecho ésto, el tigre, el venado, el conejo, el 
gato de monte, el lobo, el puerco, el pizote y los pájaros chicos y grandes: y 
volviendo a fíratar de hacer su milpa clavaron otra vez la hacha y se Labró 
toda la montaña y clavando el azadón se cultivó toda la tierra como antes, y 
viendo lo que sucedía discurrieron lo que habían de hacer y dijeron: velare- 
mos-festa noche nuestra rosa, quizas podremos coger lal que nos hace aqueste 
daño; y volviéndose a su casa le dijeron a su abuela: Señora, no sabes lo que 
nos pasa, que la rosa que ayer hicimos la hallamos hecha de montes otra vez y 
pajonal y así tratamos de ponernos en vela porque no es bueno esio que con 
noso-lros se hace. Y armándose se fueron a la rosa y ocultándose se pusieron 
en asechanza y juntándose todos los animales a media noche vinieron todos y 
hablando decían: levantaos palos, levantaos zacates; y moviéndose debajo de 
lo£ árboles y mecates se fueron acercando y llegando delante de ellos un león y 
un tigre no se dejaron coger y llegándose a un venado y un conejo y viniendo 
pareados los quisieron coger y asiéndolos de las colas se les quedaron en las 
manos y así son pequeñas sus colas ; y llegando a un gato montes, y un lobo no 
los pudieron coger, ni tampoco pudieron coger al gato de monte y al pizote sino 
que se pasaron adelante no haciendo caso de Hunhapú y Xbalanqué y esitando 
ellos muy coléricos porque no habían podido coger los animales venía uno a la 
postre saltando y brincando y cogiéndolo en la red hallaron que era un ratón 
y apretándole el pescuezo lo querían ahogar y poniéndolo al fuego le chamus- 
caron la cola y esa eS' la causa de no tener pelo en la cola y tener los ojos 
saltados porque lo quisieron ahogar los dos muchachos Hunhapú y Xbalan- 
qué. Díjoles entonces el ratón: no me matéis porque habéis de saber que 
no es e»:e vuestro oficio el hacer milpa. ¿Qué dices? le dijeron ellos, dejafd- 
me un poco porque tengo mucho que deciros, dadme algo que comer que 
después os lo diré. Después te daremos tu comida, decid ahora lo que tienes 
que decir. Pues habéis de saber dijo el ratón que los bienes de vuestros 
Padres que fueron Hunhapú y Hucub Hunhapú están guardados en el ta- 
banco de vuestra casa, que son el bate, la pala y pelota con que ellos jugaban 
y no os los quiere dar vuestra abuela porque por estosi murieron vuestros 
Padres en el infierno. Aquí dijeron los muchachos : ¿es cierto eso que dices? 
¿Sábeslo tú ciertameniíe? y diciendo el ratón que así era como lo decía, se 
alegraron mucho los muchachos con e»ia noticia, y le dijeron al ratón: Pues 
la comida que te señalamos es el maíz, las pepitasr del chile, ios frijoles, el 
pataste, todo el cacao es vuestro y si alguna cosa está guardada también es 
vuestra, tómala y así manifiesta dónde está la pala y la pelota. Y si me ve 

24 



vuestra abuela, dijo el ratón, ¿qué hemos de hacer? No te aflijas, dijeron 
ellos al ratón, que nosotros daremos modo cómo no ite vean: luego que allá 
lleguemos te pondremos en la esquina de la casa y pediremos nuestra comida 
Y allí dispondremos lo que se ha de hacer. Y consultando a la noche vinieron 
a su casa al medio día y llegando entró uno derecho y entró dentro y pidien- 
do su comida, el otro que traía el ratón oculto lo dejó en la esquina de la casa 
y pidiendo con instancia su comida se les dispuso luego y se les puso delante 
sus tortillas y chirmol ; pero iodo esto no era por gana que tuvieran de comer, 
sino por engañar a su madre y a su abuela y agotando toda el agua que estaba 
en la tinaja dijeron: mucha sed tenemos, andad señora, dijeron a su abuela, 
trae agua, Y tomando la vieja la tinaja con que fue por agua al arro- 
yo; y entonces en su chirmol vieron al ratón que estaba encendido en 
el chile que estaba en el tabanco sobre la casa. Despacharon luego a un 
animalejo llamado Xam, que es como un mosquito que le horadó la tinaja a la 
vieja, con que salía el agua y probando ella a tapaf el hoyo no podía y en cíto 
se dilató mucho la vieja. ¿Qué hará nuestra abuela? dijeron ellos a su 
madre, que nos. estamos muriendo de sed, andad señora la dijeron a su madre 
y haced que se dé prisa con el agua. Y saliendo ella quedaron solos y cortando 
el ratón entonces el cordel en que estaba colgado el hule, la pala y el bate 
cayó todo en el suelo y tomándolo ellos todo, lo escondieron en el camino que 
iba a la plazuela a donde jugaban sus padres a la pelota, y yendo donde estaba 
su abuela y su madre las hallaron batallando por cerrar e' hoyo a la tinaja y 
no podían: ¿qué hacéis, dijeron ellos, qué os habéisi tardado tanto que ya can- 
sados de esperar nos veníamos acá? ¡Qué ha de ser! No veis la tinaja hora- 
dada que no se puede tapar? Y pomándola ellos la taparon luego y se vo*. vieron 
todos juntos a su casa. 



CAPITULO XI 

De cómo fueron a jugar a la pelota y de su bajada al infierno. 



Muy alegres y contentos los dos muchachos, Hunhapú y Xbalanqué. del 
hallazgo del bate, pala y pelota y limpiando el patio donde sus Señores 
Padres jugaban, que estaba todo lleno de monte de no servir, se pusieron a 
jugar a la pelota y oyendo los Señores del infierno el ruido y las carreras. 
dijeron :¿ Quiénes serán estos que otra vez nos alborotan haciéndonos ruido, 
quiénes serán estos que no ieniéndonos respeto se ponen a jugar sobre nues- 
tras cabezas?. ¿Por ventura no murieron aquellos Hunhapú y Hucub Hun- 
hapú por que se quisieron engrandecer en nuestra presencia? Vayan luego 
y llámenlos acá, dijeron los señores Huncamé y Hucubcamé con todos los 
demás Señores del infierno y llamando a los mensajeros, los tecolotes, les 
dijeron: andad y llamad a aquellos que están jugando a la pelota; decidles 
que de aquí a siete días ealén aquí que queremos jugar con ellos. Y viniendo 
luego, ellos tomaron el camino ancho que iba derecho a casa de los muchachos 

25 

iTMfctfad á% \n BIMtalMB 

livtrsidad Francisco Marroaii 



y llegando a la presencia de la vieja le dijeron: los Señores del infierno man- 
dan que vayan allá los muchachos a jugar a la pelota y que dentro de siete 
días estén allá. A lo que resipondió la vieja que estaba bien, que allá irían, con lo 
que í<e volvieron los mensajeros del infierno y entrándose la vieja en la casa 
muy llorosa decía: ¿Con quién los enviaré a llamar para darles el recado de 
los Señores del infierno? De aqueste mismo modo líos enviaron a llamar a 
sus Padres cuando allá fueron y los mataron y esto míismo querrán hacer 
con mis nietos. Esito decía la vieja Xmucane llorando, cuando bajó un piojo 
de la cabeza y tomándolo y poniéndolo en la planta de la mano se mieneaba y 
andaba. Di jóle la vieja Xmuoane : ¿Te atreverás a ir a llamarme a mis 
nietos que están jugando allá en la plazuela? Anda y diles como han venido a 
llamarlos los mensajeros de los Señores del infierno y que dentro de siete 
días los aguardan allá; y obedeciendo el piojo, tom»ó su camino meneándose, 
y yendo su camino encontró sentado en el camino a un muchacho llamado 
Tamazul &1 cual era sapo y le dijo : ¿Dónde vas? a lo que respondió el piojo : 
llevo un recado a los muchachos que están jugando a la pelota en la plazuela. 
Y díjole el sapo : veo que vas cansado y que no puedes correr, si quieres que 
te trague os llevaré corriendo, mira como corro yo. Está bien, dijo el piojo, y 
tragándoselo el sapo al piojo iba corriendo un camino y yendo ya cansado de 
caminar se encontró con una culebra que se llamaba Zaquicaz y di jóle la cule- 
bra: ¿Dónde va Tamazul? A lo que respondió el sapo: Voy a un recado y lo 
llevo dentro mi vientre. Veo que vas cansado, dijo la culebra, y que no pue- 
des caminar, ven acá, te tragaré y con eso llegarás presito. Esio dijo la culebra 
y tragóse al sapo y desde entonces la culebra tomó aquesrto por comida y su 
sustento y tragá'ndose la culebra al sapo iba corriendo su camino y encontran- 
do a la culebra cansada un pá'jaro llamado Vac la tomó y se la tragó y llegó 
con brevedad a donde estaban los muchachos y entonces este pájaro Vac 
tomó por su alimento las culebras que andan en el campo, y llegando el Vac 
al Cementerio o patio se paró en una de sus almenas. Estaban ellos actual- 
mente jugando y peloteándose cuando cantó el pájaro y dijo: Vac co Vac 
co aquí está el Vac, aquí está el Vac, con que alborotándose ellos dijeron: 
¿Qué canto es aqueste? Y tomando la cerbatana le tiraron un bodocazo y la 
dieron en un ojo con que cayó en el suelo y cogiéndolo ellos se dijeron : ¿ Qué 
es lo que aquí vuscais, que queréis? ¿Qué he de querer? dijo el Vac, un men- 
saje que te traügo dentro de mi vientre, curadme aqueste ojo que me habéis 
reventado y luego os daré el mensaje. Y tomando ellos un poco de hule le 
pusieron en el ojo y así se llamó lotz quic, esto es pausado de hule, con que 
quedó bueno del ojo y mÍTÓ bien desipués. Ea, di lo que quieres, dijeron ellos, 
y luego vomitó a la culebra, y le dijeron a la culebra: di luego el mensaje que 
traes; y ella vomitó luego al sapo y dijeron al sapo: di luego tu mensaje; 
y. dijo: aquí en mi estóm»ago traigo el mensaje y queriendo vomitar el sapo 
daba arcadas y no podía echar al piojo, con que se le puso la boca llena de 
babas ; hacía diligencia por echarlo y no podía, de que indignados los mucha- 
chos lo quisieron aporrear y le decían : sois un mentiroso hablador y no quie- 
res sino engañarnos; y dándole un puntapié en las nalgas, probaba él otra vez 
a vomitar el piojo y no podía y abriéndole los muchachos la boca se la ras- 
garon y hallando pegado el piojo en los dientes del sapo se lo sacaron y así 



26 



fué despreciado el sapo y quedó caído de nalgas y la boca rasgada y se quedó 
sin señalada comida, haciendo que babean no harán más que echar (más que) 
babas, ni corre sino que quedó hecho sustento de las culebras y le dijeron al 
piojo: ea, decid tu mensaje. Dice vuestra abuela, dijo el, aquí han vendo los 
mensajeros de Huncamé y Hucubcamé, Señores del infierno, que dicen que 
vayáis allá a jugar a la pelota y a divertirlos, y que dentro de siete días habéis 
de esitar allá y que llevéis todos los instrumentos: la pala y la pelota, el bate y 
el cuero y así vine a llamaros. Si será así, dijeron ellos; pero vamos a casa 
y avisaremos a nuestra abuela. Llegados a su casa le dijeron a su abuela: 
Señora, nosotros vamos al llamado de los Señores del infierno, no recibáis 
pena por nuestra ida que aquí os dejamos señal: aquestas dos cañas sembra- 
mos, cada uno la suya, si aquestas cañas se secaren, es señal que somos muer- 
tos ; pero si retoñan es señal que estamos viVos. Partiéronse con esto dejando 
sem,bradas las cañas en tierra seca delante de i%i misma casa y llevando con- 
sigo sus serbatanas y tomando el camino del infierno bajaron con brevedad 
aquellas gradas em<pinadas y llegando al río que estaba en la barranca lo pasa- 
ron sin peligro dejando los muchos pájaros que allí había. Llamábanse 
aquestos pájaros Molay y pasaron los dos ríos uno de materia y otro de san- 
gre. Estos ríos eran para que en ellos fueran vencidos el Hunhapú y Xba- 
lanqué, pero ellos los pasaron sin poner en ellos los pies, sino que atravesando 
laS' cerbatanas pasaron sobre ellas. De allí llegaron a una encrucijada de 
cuatro caminos, el uno era negro, otro blanco, otro colorado y o'ro verde, pero 
ellos sabían muy bien el camino que habían de tomar y así no dudaron : desde 
allí despacharon a un miosquito llamado Xam y le dijeron : anda ve y muerde 
a todos los Señores que están sentados desde el primero a el último y aquesa 
será tu comida, la sangre de los que picares en el camino. Está bien dijo el 
mosquito y tomando el camino negro del infierno fué derecho a donde estaban 
los Señores y llegando al iprimero que allí estaba le picó y no sintió, que era 
una estatua hecha de trapos, y pasando al segundo le picó más no s€ quejó 
porque era lo mismo y llegando al tercero se quejó y díjole a el cuarto que se 
seguía: ¿Qué te ha picado Huncamé? No sé qué es esto que me ha picado 
dijo él; y pasando al cuarto le picó y dijo el quinto : ¿Qué te ha picado Hucub- 
camé? No sé qué es esío que me ha (picado y pasando al quinto lo picó y 
dando un grito Xiquiripat le dijo al sexto: ¿Qué te ha picado Cuchumaquic? 
le dijo el otro y pasando al séptimo lo picó y gritando le dijo al que se seguía : 
¿Qué te ha picado Ahalpuh?; y pasando al octavo lo picó y diciendo ¡ Ay ! al 
que se seguía: ¿Qué te ha picado Halhalcaná? Y pasando al nono lo picó 
y le dijo gritando al otro: ¿Qué te ha picado Chamiabac? Y pasando al déci- 
mo lo picó y gritando le dijo al que se seguía: ¿Qué te ha picado Chamiaho- 
lom? Y picando dijo: ¡Ay! ¿Qué te ha picado Patán? le dijo el que se 
seguía; y picando a este dijo el que se seguía: ¿Qué te picó Quicrixcac? y de 
aqueste modo manifestaron ellosi su nomJbres y tomándolos de memoria hasta 
el nombre de otro que estaba asentado aparte en un banco llamado Holoman, 
vino el mosquito y le refirió a Hunhapú y Xbalanqué los nombres de todos, 
aunque en realidad de verdad aquel no era mosquito sino un pelo de la cara 
de Hunhapú que lo hizo como mosquito para que fuese a traer razón de los 
nombres de los Señores. 

27 



Habiendo llegado Hunhapú y Xbalanqué al infierno fueron luego a ver 
a los Señores. Estaban todos asentados por su orden y les dijeron Huncamé 
y Hucubcamé: s.aludad a esos Señores que esíán primero. No son señores 
estos, dijeran Hunhapú y Xbalanqué, siíno estatuas hechas de madera y tra- 
pos, sino a ustedes Huncamé, y Hubcamé, Xiquiripat, Cuchumaquic, Alhal- 
puh, Achaicana, Chamiabac, Chamiaholom, Xicpatám, Quierixcac. Esto di- 
jeron ellos saludándolos a todos y nombrándolos por sus niomibres sin olvidar 
alguno. Nada gustaron de esto los Señores, porque lo que querían era ocul- 
tarse y que no acertasen con sois nombres. Ea, venid acá, les dijeron los Seño- 
res, y sentaos aquí con nosotros en aqueste asiento. Eso no, dijeron ellos, que 
aquesc asiento es piedra que está quemiando y así no nos asentamos en elila; 
con que no pudieron ser engañadlos. Ea, pues, dijeron los Señores, vayan a 
descansar a la posada y fueron llevados a un cuarto muy oscuro, donde les 
llevaron dos ocotes y dos cigarros y les dijeron los mensajeros : esto os envían 
los Señores' Huncamé, y Hucubcamé, uno para cada uno, y que ardiendo toda 
la noche los habéis de volver enteros por la mañana. Está bien, dijeron ellos, 
y tomando dos plumas de la cola de la Guacamaya las pusieron con el oco':e, 
que parece que ardía y en las- puntas de los cigarros les pusieron dos animaUtos 
de los que llaman Luciérnagas y así estuvieron como que ardían los cigarros • 
y el ocote, y estando toda la noche en vela los guardas entendían que estaba 
ardiendo el ocote y los cigarros y los daban por vencidos; pero venida la ma- 
ñana fueron a llevar a los Señores el ocote entero y los cigarros, de lo cual 
admirados ellos decían : ¿ Qué es ésito? Muy diferentes son las cosas de estos 
de los que aquí estuvieron; y llamándolos los Señores para que jugaran a la 
pelota les preguntaron diciendo : Mancebos, ¿de a dónde habéis venido ? ¿De 
dónde sois? Mas ellos no dijeron quiénes eran y (';ratando del juego de la 
pelota, dijeron los Señores: Vamos jugando y sea la pelota que se juegue 
aquesta nuestra de fuego. Eso no, dijeron los miancebos, esta nuestra de hule 
es la que hemos de jugar. No ha de ser esa sino ésta, dijeron los Señores 
del infierno, sino aquesrte nuestro animalillo o gusanillo llamado Chil. No ha 
de ser, dijo Hunhapú, sino la nuestira; por último dijeron ellos, que sea aquesta 
cabeza de león la pelota. Sea, dijeron los muchachos, y arrojándola fué dere- 
cho al bate y pala de Hunhapú y rebatiéndola fuertemente la hizo ir saltando 
por el suelo y dijeron Xbalanqué y Hunhapú : parece que solo nos/ han llamado 
para burlarse de noso^'ros y quitarnos la vida. ¿Por ventura no fueron vues- 
tros mensajerosi a llamarnos, pues cómo se hace esto con nosotros? Pues 
si así es que nos queréis burlar, nos volveremos otra vez a nuestras casas ; 
y sin duda esto es lo que ínteintaban los Señores del infierno y el quitarles 
la vida y sosegándose un poco dijeron los Señores del infierno ; Ea, pues, no se 
juegue nuestra pelota sino la vuestra de hule; y luego breve se acabó el juego 
y entrando ellos en consulta dijeron: ¿Qué modo tendremos para vencerlos? 
Y habiéndolo consultado llamaron a los mancebos y dijeron: tomen aquestas 
cualro jicaras y mañana tráiganlas llenas de flores, ¿Y qué flores queréis 
que os traigamos ? dijeron ellos los mancebos. Las flores que queremos son 
cacamachit, raquimuchi'h, canamuchit y uticab y también cariminac ; y con 
esto los llevaron a meter a una casa donde solo había navajas de chay. Había 
infinitas navajas en aquella casa con que quedaron contentos los Señores 
cuando los pusieron en aquella casa teniéndolos ya por muertos y vencidos, 

28 



¿A dónde han de ir a sacar flores ahora que quedan encerrados en aquesta 
casa? Y así sin duda han de quedar vencidos. Está bien, dijeron ellos, a la 
mañana entregaremos las cuatro jicaras de flores; y entrando en la casa de 
las navajas que era el segundo castigo de los del infierno, era su intención 
de los Señores que allí fuesen desipachados entre las navajas de chay y en- 
trando allí les mandaron a los chayes y navajas y les dijeron: No os mováis 
contra nosotros sino que os señalamos para que hiráis a todas las carnes del 
mundo y entonces se estuvieron quedos sin menearse porque antes estaban 
rechinando. Y llamando ello£« a todas las hormigas y sompopos; hormigas 
de navajas, hormigas del muslo venid todas; y habiendo venido les dijeron: 
andad todas a la huerfa de los Señores y tred todas las flores que hay en 
ellas y obedecieron ellas y fueron a la huerta de Huncamc y Hucucamc y se 
trajeron todas las flores. Habían antes avisado los Señores al que guardaba 
las flores que velase no le hurtasen las flores porque en que cayesen en falta 
los mancebos consistía el ganarlos y estando ellos en vela gritaba uno de los 
guardas en las ramas de los árboles : Parpuac, Parpuac y así se llamó aqueste 
páHaro Parpuac: otro decía Pauhuy, Pauhuy y así se llamó aqueste otro guar- 
dián de la Huerta de Huncamé y Hucucamé; y viniendo las hormigas con s^us 
dientes fueron cortando todas las flores y llevándolas a Hunhapú y Xbalanqué 
y ellos divertidos en gritar no repararon en que también les fueron royendo las 
colas y las alas, y cuando amaneció tenían ya llenas y colmadas de flores las 
iícaras. Y viniendo los mensajeros del infierno le dijeron a los mozos: Los 
Señores miandan que llevéis luego las flores; y llegando ellos an'e los Señores 
ofrecieron las cuatro jicaras de flores y tomándolas ellos las olieron admirár- 
dose de su fragancia con que quedaron muy confusos y vencidos los- Señores 
del infierno y empezaron a preguntarse: ¿Dónde irían a cortar aquestas flo- 
res? ¿Si serán de nuestra huerta? Y llamando a los guardianes les dijeron: 
Aquestas flores sin duda son de nuestra huerta y vosotros descuidados las 
habéis dejado hurtar; a que dijeron : No sabemos cómo haya sido antes, m'rai 
como también a nosotros nos han comido las colas y las alas y los Señores lc*s 
rasgaron las bocas en pena de haber dejado hurtar las flores, con que de 
aqueste modo quedaron vencidos Huncamé y Huncubcamé por Hunhapú y 
Xbalanqué y echando luego la pelota empezaron a jugar y habiendo jugado un 
poco se ci':aron para otro día para proseguir el juego y aquella noche los me- 
tieron en la casa del frío. Fra tanfo el frío que había en aquella casa: per'^ 
no murieron los muchachos con aquel frío. Sno que amenecieron buenos y 
sanos, agotando ePos mismos aquel frío. Vinieron por la mañana los guar- 
das a ver si ya habían muerto y sab'do por los guardas que no se desespe- 
raban los señores que los deseaban ver muertos» y se maravillaban cada díi 
mas de los prodigios del Hunhapú Xbalanqué. Otra noche los metieron a 
un aposento donde había infinidad de ♦ipres y mandándoles les dijeron: No 
nos mordáis, vuestra comida será los huesos y arrojándoles algunos huesos a 
los tigres los emipezaron a quebrantar y a moler; y oyendo cómo quebraban 
les huesos decían los guardas: ya se los es-.án comiendo, con lo cual estaban 
ellos muy alegres, pero a otro día los hallaron muy buenos y sanos sin haber- 
les hecho mal alguno los tigres, de lo cual admirados los Señores del infierno 
les decían: ¿De dónde sois? ¿De dónde habéis venido? A otra noche los 
metieron en una casa de fuego; pero tampoco les hizo daño el fuego, sino que 

29 



salieron ellos muy hermos'os por la mañana, con que saliendo ellos vencedores 
del fuego se desesperaban los Señores. A otra noche los metieron en la casa 
de los murciélagos, donde había infinidad de ellos y entrando allí dentro se 
metieron a dormir dentro die sus cerbatanas y aunque ellos andaban revol- 
cando, no pudieron morderlos ni picarlos, cuando sobreviniendo un gran mur- 
ciélago de lo alto y entrando en consejo de lo que harían se determinó que 
todos se sosegasen y se pusieron todos juntos pegados a la boca de la cerba- 
tana y viendo aqueste sosiego dijo Xbalanqué a Hunhapú : Ya parece que ha 
amanecido, y sacando la cabeza para certificarlo le cortó la cabeza uno llama- 
do Camalot al Hunhapú, quedando solo ei cuerpo. ¿Ya amaneció? le pre- 
guntó Xbalanqué; y viendo que no respondía, dijo Xbalanqué: ¿Qué es ésto, 
ya te fuisíte Hunhapú? Y reparando que ya estaba sin movimiento, empezó 
Xbalamqué a lamentarse, diciendo : ¿ Qué es ésto que me sucede? piobre de mí. 
Y fueron luego los .murciélagos a poner la cabeza en el atrio a donde se jugaba 
a la pelota. Grande fué el contento y alegría que tuvieron los Señores del 
infierno de la cabeza de Hunhapú y llamando luego Xbalanqué a todos los 
animales, al pizote, al puerco, a todos chicos y grandes, a todos los señaló a 
cada uno su género de comida, todos se fueron a tomar posesión de su co>mida, 
unos tomaron la podredumbre, otros piedras, otros yerbas, otros tierras y otros 
otras cosas diferentes. A lo último vino una tortuga, dando vueltas a un lado y 
otro para andar y tomando la tortuga se labró de ella la cabeza de Hunhapú 
y salió muy perfecta haciéndole boca y ojos. Esj'o fué hecho con mucha sabi- 
duría porque lo dispuso el Corazón del Cíelo con muchos saibios que de allí 
vinieron y habló la cabeza, y estando todo acabado se la pusieron a Hunhapú 
y viendo que ya aclaraba se le fué mandando al sopilote que oscureciese la 
mañana y él lo hizo y aunque por cuatro veces amaneció cuatro veces oscu- 
reció el sopilote, y así está puesto por señal cuando amanece y después se 
avisaron entre sí : no tiren la pelota sino que solamente hagan amago de 
arrojar la pelota y yo la compondré, dijo Xbalanqué, y llamando a un conejo, 
dijo : anda ve el atrio y escóndete en el tomatal que allí está y cuando el hule 
de la pelota salte para allá salta corriendo. Y cuando amaneció estaban ya 
ambos buenos y puesta ya la calbeza de Hunhapú en el atrio fueron los Señores 
a celebrar el vencimiento y se pusieron a jugar a la pelota y se encogía con 
la cabeza posíiza y de aquí es dicho cabeza nueva y arrojando el hule los 
Señores del infierno le salió al encuentro Xbalanqué y rebatiéndolo fuerte- 
mente con el bate los hizo propasar por cima del patio y fué a caer junto el 
tomatal donde estaba escondido el conejo y saliendo como espantado, todos 
los Señres sali'eron en sni seguimiento por cogerlo, con que quedó solo todo el 
atrio y llegado Xbalanqué tomó la cabeza de Hunhapú y se la puso y tomando 
la cabeza de la tortuga la puso en su lugar en el atrio, con lo cual quedaron 
muy alegres los dos¡ hermanos y fueron a buscar la pelota de hule y volviendo 
los Señores del infierno fueron a buscar el hule al tomatal y no hallándolo les 
dijeron: ¿A dcde está la pelota? A que respondieron: El hule es nuestro 
que nosotros lo hallamos, y tomando la pelota los dos se pusieron a jugar y 
tirando la pelota Xbalanqué dio en la tortuga y toda se desbarató en pequeños 
pedazos y dijeron ellos : ¿Quién ha de coger ahora aquesa cabeza? Y esta- 
ban admirados de ver el prodigio que sucedía, pero aunque pasaron muchos 
más trabajos de los que pasaron, no morían porque eran inmortales. 

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CAPITULO XII 

Del modo que murieron Hunhapú y Xbalanqué. 



Habiendo pasado Hunhapú y Xbalanqué por todos estos castigos que 
les hicieron, en ninguno de ellos murieron; ni tam»poco habiendo estado entre 
tantos animales feroces y bravos, ni por eso pudieron ser vencidos. Y vien- 
do esto los Señores del infierno enviaron dos adivinos como exploradores 
para ver y considerar de qué modo los pudiesen vencer y matar. Llamábanse 
estos Xlupacam y d''jéronle eFos : los Scfíores del infierno que se ha'lan juntos 
en su consejo, consideren de qué modo podamos ser muertos, pues sepan que 
todas sus fuerzas no pueden prevalecer contra nosotros ni sus castigos, ni 
todos los animales bravos no tienen que ver con nosotros y solo puede ser 
instrumento de nuestra muerte, una piedra ardiendo ; pero en realidad no 
moriremos, y esto que decimos es lo que habéis de respondr si os preguntan 
acerca de nues.ra muerte. Si dijeren : ¿no será bueno que sean despedazados 
y sus huesos echados en un hoyo? Decid que no, porque resucitaremos otra 
vez. Y si dijeren: ¿no será bueno que los ahorquemos? Decid que ny>, 
porque volveremos a sus presencias. Y si dijeren: ¿no será bueno que sus 
huesos los echemos en un río? Dtecid que no se podrá hacer; y que nuestros 
huesos sean molidos asi como se muele el maíz en la piedra y que luego echen 
estos huesos y carne molida en las corrientes del río para que se desparramen 
por todos los cerros y barancos ; y tened cuidado de decir esto que os habemos 
dicho. Y habiendo sabido esto ipor los adivinos, los Señores del infierno 
hicieron una grande hoguera en un hoyo donde se juntó mucho rescoldo y lue^o 
despacharon los Señoras a sus mensajeros, los cuales llegados donde estaban 
Hunhaipú y Xbalanqué, les dijeron: Los Señoes dicen vayáis a ver cómo se 
curan los Señores, Está bien, dijeron ellos, y partiéndose luego con los men- 
sajeros llegaron a la boca de la hoguera y allí se estaban entreteniendo jugan- 
do de manos los Señores; y entrando ellos en el fuego los quisieron arrojar 
dentro y dijeron Huncamé y Hucubcamé : haced lo que nosotros hiciéramos, 
que cada uno ha de volar cuatro veces sobre aquesta hoguera. A que le dije- 
ron el Hunhapú y Xbalanqué : ¿ Para qué son esos engaños, si sabemos cierta- 
mente lo que solicitáis es nuestra muerte? Y para que veáis que no la rehu- 
samos atended, y poniéndose los dos uno enfrenfle del otro dcstendicndo los 
brazos como al modo de crucif'cados extendidos en es*a forma se dejaron «r 
ellos sobre el fuego boca abajo y así murieron ambos a dos, de lo cual que- 
daron muy alegres los Señores y dando muchas voces y silvidos celebraron la 
muerte diciendo : ya murieron, ya fueron vencidos, ya fueron ganados. Y 
luego llamaron al Xulapacam, a quien habían dejado avisado, y dijo: que sus 
huesos los molieran y hechos polvos los arrojaran a las corrientes del río; 
pero no se los llevó el agua, sino que yéndose a fondo se convirtieron en dos 
hermosos mancebos los cuales se manifestaron otra vez, por que el quinto día 
vieron los del infierno a dos sobre las aguas que eran como hombres y pesca- 
dos y buscándolos por el r*ío no los pudieron hallar hasta que ellos salieron en 
el traje de pobres, sucios y harapientos y hacían sus juegos» y bailes y lo que 

31 



bailaban era el baile del pahuí, de la comadreja y del armado, del xul y de 
chitic. Después de aquesto obraron muchos prodigios porque quemaban una 
cosa como si ciertamente la quemaran y luego la veían buena y sana; también 
se mataba el uno al otro y lo descuartizaba y luego se revivía. Todo aquesto 
lo miraban los del infierno espantados y admirados de ver semejantes prodi- 
gios y llegando la noticia a Huncamé y Hucubcamé se maravillaban mucho de 
'o que oían y certificándose del caso se lo afirmaban los que lo habían vis.o, 
que dos muchachos pobres hacían todos estos prodigios; y luego despacharon 
a sus mensajeros para que viniepien a hacer aquellos bailes en su presencia, y 
dándoles el recado dijeron ellos: No queremos ir allá porque nosotros somos 
unos pobres sucios y quizás ncs de^ipreciarán, viéndonos de tan mal traje. 
¿Qué dirán nuestros compañeros los pobres que se divierten con nuestros 
bailes? Y violentándolos los mensajeros los llevaron por fuerza. Manifes- 
taron mucha tristeza porque no queríam ir y viendo los mensajeros la renuencia 
crujían los dientes de corage de ver que no querían ir con los Señores y cami- 
nando de esta suerte llegaron muy cabizbajos y tristes a la presencia de los 
Señores ^odos hechos una mugre, todos llenos de trapos y postrándose delante 
de los Señores les hicieron una gran reverencia y luego les preguntaron: ¿De 
a dónde sois, de qué pueblo o que parcialidad, quiénes fueron vuestros padres ? 
A que ellos respondieron : No sabemos Señor por que no conocimos a nuestros 
padres, éramos muy chiquitos cuando ellos murieron y con ésto no dijeron 
más. Ea pues, dijeron ellos hagan todos sus juegos y bailes y les pagaremos 
cuanto quieran por su traibajo. Nada Señores, no queremos cosa alguna por- 
que tenemos vergüenza. Ea no tengáis miedo ni vergüenza; hagan todos sus 
juegos: hagan primero aquel juego de despedazarse y quemar la casa; haced 
iodo lo que sabéis, nos divertiremos! un poco. Y con esto empezaron su baile 
y su canto y acudieron todos los del infierno a bailar, bailando la comadreja, 
el pahu\ el armado: y díjoles el Señor: despedazad este mi perro y volvedlo 
a resucitar. Y tomando el perro lo despedazaron y volvieron a resucitar y 
muy alegre el perro de que lo habían vueltb a resucitar meneaba la cola. Ea, 
quemad aquesta mi casa dijo un Señor, y quemándose la casa estando todos 
dentro no se quemaron y luego se volvió a poner como estaba. Solo un breve 
rato pareció estaba quemada la casa. Mucho contento recibieron todos los 
Señores de ver aques'as cosas : Ea, toma un hombre de estos y despedázalo y 
vuélvelo a resucitar; y tomando a uno de los que miraban, lo hicieron pedazos 
y tomando el corazón lo levantaron en alto a vista de todos que estaban mara- 
villados- y en un instante lo juntron todo y lo resucilron quedando muy alegre 
el hombre resucitado. Ea ahora despadazaos a vosotros mismos dijeron los 
Señores, y tomando Xbalanqué a Hunhapú lo despedazó cortándole brazos, 
piernas y cabeza y sacándole el corazón lo arrojó en el zacate y todos los peda- 
zos los desparramó y estando así solo bailando Xbalanqué le dijo: Levántate 
y luego se levantó el Hunhapú ; y viendo esto los Señores del infierno les vino 
en deseo en que hicieran lo mjísmo con ellos despedazálndolos de en uno en 
uno. Y tomando al primero a Huncamé que era el primer Señor del infierno 
y después a los demás y no los resucitaron más y todos se quedaron muertos 
y vencidos por Hunhapú y Xbalanqué y un solo Señor que se había salido 
fuera solo escapó porque pidió misericordia y viendo esto los vasallos de los Se- 

32 



ñores fueron huyendo y se metieron en una barranca y viniendo allí infinidad 
de hormigas los picaron y los» hicieron salir de allí y entregarse a Hunhapú y 
Xbalanqué como vencedores de su Señores. Todo aquesto fué obrado por 
milagro con que quedaron engrandecidos delante de los Señores del infierno. 
Entonces dijeron ellos a los del infierno: ahora diremos quienes somos y 
nuestros nombres. Nosotros somos Hunhapú y Xbalanqué y nuestros padres 
son aquellos que matasteis y les quitasteis la vida que se llamaban Hunhapú 
y Hucubhunapú y venimos a vengar sus muertes y las penas y dolores que 
l(s causasteis y así os hemos de acabar a todos y no ha de quedar alguno. 
Oyendo estos ési'o se postraron en el suelo llorando y clamando y les decían: 
Tened misericordia de nosotros Hunhapú, Xbalanqué, ya confesamos^ nuestro 
delito en matar a vuestros padres que están enterrados en el cenicero. Está 
bien dijeron ellos' ya os perdonaremos; pero dá oídos a lo que os mandamos a 
toda la gente del infierno porque sois gente ruin y baja y de malas inclinado^ 
nes : solo será vuestro los comales, tenamastes y mecates y solo seréis Ms. de 
lo que se pudre y envejece; no tendréis sangre limpia, solo os pertenecerán los 
hijos de la paja y de la yerba; nada te^néis que ver con los vasallos esclarecidos 
e ilustres, solo tenéis entrada con los malos, los tristes, los» pecadores y guar- 
daos de que sea repentina la muerte de los hombres y oíd y atended sobre esta 
enfermedad de cursos de sangre y pulmonía. Y d€ aqueste modo empezaron a 
ser tenidos en poco y despreciados ; no era mucho su poder antiguamente, sino 
que eran enemigos y contrarios de los hombres, no eran Dioses sino que eran 
espanto de las enfermedades; eran Tecolotes engañadores e incitadores de 
las culpas y eran traidores de dos caras o corazones, y de aqueste mod^o des- 
caecieron y se destruyó su imperio. 

Estas son las obras y las hazañas de Hunhapú y Xbalanqué. y esta fué 
la causa del llanto de aquella vieja delante de aquellas cañas que dejaron sem- 
bradas porque cuando se arrojaron a la hoguera se secaron y cuando otra vez 
retoñaron entendió que aun vivían y entonces quemó copal delante de 
las cañas en memoria de sus nietos. Mucho se holgó la vieja cuando vio 
retoñar las cañas, entonces empezó la idolatría y el quemar el copal en medio 
de la casa y el centro o punto de enmedio y llámase aquel medio Chutamuleu, 
tierra hecha cama y así fué llamada la mitad de la casa y el remolino que hace 
el viento porque en medio de la casa fueron sembradas las cañas y también 
se llamaban Cazamah, canas plantadas por la vieja Xmacane, porque las deja- 
ron sembradas Hunhapú y Xbalanqué en su memoria, y aquestos fueron 
nuestros antiguos Podres antiguamente Hun Hunhapú y Hucub Hunhapú. 
los cuales vieron las caras del infierno y sus hijos hablaron otra vez a sus 
Padres, los cuales vencieron a los del infierno. 

Aqueste fué el modo que tuvieron Hunhapú y Xbalanqué para ver otra 
vez y juntarse con sus Padres y así después que fueron vencidos los Señores 
del infierno fueron al cenicero y desenterraron a sus Padres y alegrándose 
mucho de verlos otra vez; ya Señores les- dijeron, los hijos, hemos vengado 
vuestros agravios y las maldades que con vosotros usaron los del infierno, ya 
los vencimos y os venimos a sacar de aqueste cenicero y aquí ha de ser donde 
ge invoque vuestro nom^bre y se haga memoria de vosotros cuando amanezca 

33 H.deQ-3 



la claridad y nosotros somos los vengadores de •sruestros agravios. Esto fué 
lo que les dijeron a sus Padres cuando los» vieron después de vencidos los Seño- 
res del infierno y subiéndose acá al mundo y el uno de sus Padres fué puesto 
por Sol y el otro por Luna y también subieron los cuatrocientos muchachos 
que mató el Sipacna y aquestos fueron sus comipañeros, porque éstos fueron 
puestos por estrellas en el Cielo. 



CAPITULO XIII 

De cómo fué criado el hombre. 



Habiéndose acercado ya el tiempo de la creación del hombre, buscaron 
los Señores de Tepeu y CucumatíZ cosa que poner en lugar de la carne del hom- 
bre. Ya se acercó el tiempo de la claridad, decían, de que amanezca el Sol, 
luna y estrellas ¿cómo se han de haicer los homlbres que sean sustentados por 
nosotros de a do procedan nuestros ilustres vasallos? Consultánronlo entre 
sí, de qué forma lo harían porque los pasados habían salido malos, buscando 
pues cosa que fuese carne del hombre se les manifestó en aquesta forma. 

De un lugar llamado Pampaxilá y Pancallala (1), salieron cuatro ani- 
males que se tragaron la comida de que se cría la carne, el uno era el gato de 
monte, el otro era el lobo y el otro el chocoy y el otro el cuervo. Aquestos 
cuatro animales manifestaron las mazorcas de maíz amarillas y blancas y ense- 
ñando el camino de Pamipaxilá fué hallado el maíz y de esto fué hecha la 
carne del homibre y su sangre cuando fué formado. Mucho se alegraron de 
haber hallado una tierra tan hermosa y abundante : toda está llena de dulzura, 
mucho maíz, blanco y amarillo, mucho pataste y cacao; no eran contables las 
anonas, los .zapotes, losi jocotes, los nances y matasanos; todo estaba lleno de 
miel y todo estaba aquel paraje de Poimp axila y Calíala una suavidad y dul- 
zura: había de todo género de plantas grandes y pequeñas<; todo esto se mani- 
festó por aquestos cuatro animales y tomando nuestra abuela Xmucane de 
aqueste maíz blanco y amarillo hizo comida y bebida de que salió la carne y 
la gordura y de esto formó el Señor Tepeu y Cucumatz a nuestros primeros 
padres y madres y de aquesta comida fueron hechos sus brazos y sus pies. 

Los primeros que fueron criados fueron estos, el primero Balanquize, 
(tigre de la risa dulce) ; el segundo, Balacamab (tigre de la noche) ; el tercero, 
Mahucutah (no acepillado) ; el Cuarto, Yquibalán (tigre de luna o chile) ; y 
aquestos son los nombres de nuestros primeros Padres que solamente los lla- 
mamos hombres y criaturas : que no tuvieron Padres ni Madres ni nacieron 
de Madre sino que solamente fueron engendrados por el Criador que se lla- 
mada Tepeu y Cucumatz, y así que salieron con la forma de hombres, luego 
hablaron, parlaron, vieron, oyeron, anduvieron y palparon. Eran muy buenos 



(1) Esto sin duda alude al paraíso, porque Pancayalá es: agua que eleva y admira y Panipuhüá es el a¿ua 
que se parte y divide como fué la fuente del paraíso, que se dividía en cuatro ríos. — Ximenez, 

34 



hombres y hermosos y era su semejanza de homíbres, tuvieron luego respira- 
ción y mirando llegaba su vista a alcanzar todo y supieron todo lo que hay 
en el cielo y en la tierra, miraban y revolvían la vista a todas partes, todo lo 
veían sin que hubiese cosa que les embarazase, y ni habían menester andar 
ni correr para verlo todo, porque desde un mismo lugar todo lo alcanzaban. 
Grande fué su sabiduría y sobrepujó su imagen a todo» los árboles, montes, 
llanos, ríos y lagunas, excelentes eran en todo aquestos cuatro hombres Balan- 
quitzé, Balamacab, Mahucutah y Yquibalam. 

Entonces les preguntó el Criador: ¿Conocéis vuestro ser? ¿Por ventura 
veis? ¿Oís por ventura? ¿Está bueno vuestro andar y vuestra habla? 
Mirad y ved todo el Mundo. ¿Veis claramente los cerros, veis los llanos? 
Probad a verlo todo, Y tendiendo eillos la vista vieron todo cuajito en el 
Mundo había y luego dieron las gracias al Criador diciendo : repetidas gracias 
os damos porque nos habéis criado hombres, nos habéis dado boca y cara, nos 
disteis el que habláramos, oyésemos y anduviésemos, nosi disteis gusto y que 
entendiésemos y supiésemos todo lo que está cerca y distante. Vemos lo 
grarde y lo pequeño, o que está en el délo y en la tierra y lasí 0£' damos gra- 
cias porque nos criasteis y formasteis, tú eres nuestra Abuela, tú eres nuestro 
Abuelo. Esto dijeron dando gracias de siu creación y acabaron de saberlo 
todo hasta lo que está' en los cuatro rícones del cielo y lo que está dentro la 
tierra. 

No les parecía bien a los criadores ver que el hombre sabía y veía tanto, 
y así dijeron : No esi*á bien ésito que han didho nuestras criaturas, que ven todo 
lo que está cerca y lejos. Y así consultaron entre sí diciendo, cómo haremos 
que se les acorte la vista y solo vean lo que está cerca, ¿no son criaturas? 
¿Han de ver y alcanzar lo mismo que nosotros que somos criadores? ¿Han de 
ser ellos dioses también como nosotros? Refrenemos esto porque no conviene 
sean así cuando se vayan multiplicando. Esto dijeron el Huracá'n Chipica- 
culhá y Raxacaculhá, Tepeu y Cucumatz y el viejo Xpiyacoc y la vieja Xmucane 
y echándole como vaho de la boca en los ojos aquel que era el corazón del 
cielo, se los empañó, así como se empañía el vidrio, cuando le echan vaho; y así 
solo pudo ver después aquello que estaba cerca y lo que estaba claro y de este 
modo fué perdida la sabiduría que tenían aquellos cuatro hombres nuestros 
primeros padres cuando fueron criados- por el Corazón del Cielo y de la tierra 
y asimismo como milagrosamente fueron dadas sus mujeres porque estando 
ellos durmiendo lo confirieron entre sí, cuando se halló con una mujer muy 
hermosa al lado el Balanquitzé, otra con Balamacab, otra con Mahucutah y 
otra con Yquibalam, Mucho gozo fué el que tuvieron cuando despertando fe 
hallaron con su mujer al lado cada uno y aqueste fué el nombre de cada una 
de las mujeres, la una se llamaba Cahupalama (agua parada que cae de lo 
alto), y esta, era la mujer de Balamquitzé; la segunda se llamaba Chomiha 
(agua hermosa y escogida); esta era mujer de Balamacab, la tercera se lla- 
maba Tzulumiha (agua de gorriones) y esta era la mujer de Mahucutah. 
la cuarta se llamaba Caquixahá (agua de guacamaya), y esta era la mujer de 
Yquibalam. Estos son los nombres de las mujeres de a donde dcsciedcn todas 
las gentes y pueblos y de donde descendemos, nosotros los Quichces. Muchos 
fueron los poderosos no solo los cuatro, sino que de aquestos cuatro descienden 

35 



todos y cuatro fueron los* Padres de nosotros Quichees, aunque cuando se mul- 
tiplicaron allá en el Oriente tuvieron diferientes nombres: unos se llamaron 
Tepéu, otro£> Cloman, otros Cohah, otros Quenú, otros Han, estos fueron sus 
nombres cuando se multiplicaron en el Oriente y también se sabe el principio 
de los áe Tamub, de los de I'ocab y tcdos vinieron juntos de allá del Oriente. 
Balaquitzé es el padre de a donde descienden las nueve casas grandes Nihai- 
bab. Mahucutah es el padre de a donde descienden las cuatro casas grandes 
de Ahuquiché; írece familias o tribus sin olvidarse el nombre de su abuelo 
y padre de a donde se multiplicaron allá ©n el Oriente. Y asimismo vino el 
Tamub e Ilocab con las trece familias o tribus que fueron Brazos de Pueblos 
con los de Tecpam, Rabinal, Cacchiqueles, Ahtziquinaha y también con los 
Zacalhib y con los de la Maquibumatz Tuhalha, Nebabah, Ahchamila con los 
de Aquibaha, Ahbatemab, Aculbina, Balamicha Canchaoheleb, Balancolob, 
Solo estos eran las ramas principales de los pueblos, porque solo hemos refe- 
rido los principales, aunque fueron muchos más Jos que salieron con las 
familias o tribus cuyos nombres no escribimos y se multiplicaron en el Orien- 
te, Muchos se multiplicaron aun en el tiem.po de las tinieblas antes que el 
Sol aclarase y hubiese luz : todos estuvieron juntos sin desparcirse donde 
hicieron muchas cosas, no sabían de sustenido sino que levantaban las caras 
al cielo y así se sustentaban y no sa/bían alejarse unosi de otros y en esta dul- 
zura se estuvieron loa hombres blacos y negros. Hay muchos géneros de 
lengua y hay hombres de dos orejas (esto es que se oyen uno y entienden otro 
por la diversidad de lenguas), hay diferentes géneros de naciones y hay una 
que no tienen casa sino que como locos se andan por los montes, aunque no 
se les han visto sus caras y este modo de vivir tuvieron en menosíprecio de 
otros que vivían en poblados. No había entonces idolatría ni sabían de eso : 
todos hablaban una lengua y solo aitendían en la guarda de los mandatos del 
Criador Corazón del Cielo y de la tierra; solo estaban aguardando el naci- 
miento del Sol y continu amiente hacían oración los Señores levantando sus 
caras al cielo y diciendo : ¡ O tú que eres Criador y formador, míranos, oínos, 
no nos dejéis, no nos desamiparéis, tú Diosi del cielo y de la tierra tú corazón 
del cielo y de la tierra, dadnos descendencia para sáempre, cuando amanezca 
dadnos buenos caminos y anchos, dadnos paz quieta y sosegada, dadnos buena 
vida y costumbres y ser! ¡Tú Huracán, Chipicaculha, Raxacaculha, Chipi- 
nanabac, Raxananabac voc Hunhapú, Tepéu, Cucumatz que no engendras- 
teis, que nos hicisteis tus hijos : Xpiacoc y Xmucane abuelia del Sol y abuela de 
la claridad, miradnos cuando amanezca la claridad. Esto decían cuando aguar- 
daban el nacimiento del Sol y continuamente miraban al lucero, estrella gran- 
de la cual anunciaba el nacimiento del Sol que había de alumbrar todo el cielo 
y la tierra, con cuya luz habían de andar todas las criaturas. Los que hacían 
todas estas oraciones y plegarias eran Baianquitze, Balanacab, Machucutah y 
Yquibalán los cuales eran m^uy sabios y entendidos, dignos de todo respeto y 
majestad: estos les decían: aguardemos a que salga el Sol y que amanezca, 
En es;':e tiem^po no tenían ídolos de palo ni piedra nuestros primeros padres, 
y con estos» dignos de respeto y veneración estaban los de Yaquí (2) y estando 
ya cansados de aguardar aquestos cuatro Baianquitze, Balamacab, Maucutah 



(2) Estos son los de Casabastlán.— Jífmiene^. 

36 



y Yquibalán dijeron: vamos a buscar y descubrir si hallamos alguna señal de 
aquesto que decimos y no que nos estamos aqui sin tener quien nos guarde ni 
mire por nosotros. Y dando oídos a esto gran multitud del pueblo los siguió, 
y saliendo los de Tamub, Ylocab con Balanquitze Balamacab, Mahucutah y 
Yquibalam llegaron a un paraje llamado Tulanzú donde había siete cuevas y 
siete barrancas y eítie era el nom/bre del pueblo de donde fueron a sacar los 
ídolos. Y llegaron a Tulanzú iinfinidad de homibres que no era posible con- 
tarlos y saliendo todos en orden capitaneándolos los cuatro Balanquitze, Balam- 
acab, Mahucutah y Yquibalán, salieron muy contentos diciendo ya hallamos 
lo que buscábamos. El primero que salió fué el ídolo Tohil y lo sacó Balan- 
quitze y luego sialió el ídolo Avilix y lo llevaban Balamacab el tercero ídolo 
Hacabitz que lo llevaba Machucutah y Nicahtucah se llamaba el ídolo que 
llevaba Yquibalam. Los Quichees, los de Tamub y los de Ylocab acompaña- 
ron al ídolo Tohil y de aquí tomaron su nombre los antepasados y asi se lla- 
maban Señores los de Tamub ahora. 

Esfios fueron los nombres de las tres parcialidades Quichees, de Tamub 
y de Ylocab, los cuales no se dividieron ni apartaron sino que siempre se estu- 
vieron juntas porque era solo un ídolo de todos y porque también eran gran- 
des los ídolos Avilix y Hacahuitz se juntaron a estos los- cakchiqueles, los 
de Rabir,?l y los de Casabastastlán y los de Tziquinahá, 

Cuando salieron de Tulanzú se les mudó el lenguaje y hablaron de difC' 
rente modo unos de otros, de modo que no se entendían unos a otros y así 
se dividieron, unos se fueron hacia el Oriente y otros se vinieron aquí. En 
aquel tiempo se vestían de pieles porque todavía no habían hallado el uso de los 
tejidos, eran muy pobres todos y dicen las-^ antiguas tradiciones que anduvie- 
ron mucho camino para llegar a Tulanzú, al pueblo de las siete cuevas y 
siete barrancas. No tenían entonces fuego sino que se estaban junto al 
Ido^o Tohil aue fué el que rrrmero crió al fuego y ro se supo cómo lo crió 
porque cuando lo vio Balanquitze, Balamaca.b, Machucatah y Yquibalam ya le 
hallaron que brillaba y alumbraba, los cuales viéndose sin fuego empezaron 
a llamar : Ah Señor ¡ qué no tenemos fuego y nos moriremos de frío ! Y hablan- 
do entonces el ídolo Tohil les dijo: no os aflijas aue yo os tengo cosa propia 
que poseáis: es«e fuego que dices se acabará. Será eso así dieron ellos, por 
dicha, tú ídolo, serás quien nos mantengas y sustentes? Y dándoles gracias 
por la promesa les dijo el ídolo, yo he de ser tu ídolo cuando amanezca y he 
de ser vuestro Señor y con esto los pueblos se calentaban al fuego estando 
muy alegres por el calor que les daba. 



CAPITULO XIV 



Donde se prosigue aqueste tiempo de la oscuridad, antes que 

naciese el Sol 

Estando alumbrado y ardiendo el fuego y calentándose los pueblos, vino 
un grande aguacero y granizo y les apagó el fuego y pidiendo otra vez su 
fuego Balanquitze y Balamacab al ídolo Tohil se decían: dadnos fuego que 

37 



nos acabamos de frío. No os aflijáis, les dijo el ídolo Tohil, y dando vueltas 
y refregando su zapato, sacó fuego otra vez, con que Balanquitzé y Balamacab 
Mahucutaih y Yquibalam se calentaron y recibieron mucho consuelo. 

Con el grande aguacero y granizo se había apagado el fuego de los 
demás pueblos, y vinieron todos aterecidos de frío, dando diente con diente, 
clamando y diciendo : dadnos de vuestro fuego, que no tenemos a afrenta el 
pediros fuego, pues somos todos, unos; pero ya no se entendían porque era 
otra lengua que hablaba Balanquitzé, Balamacab, Mahucutah y Yquibalam. 
¿Qué es esto que nos sucede? dijeron ellos, ¿no hablábamos todos una lengua 
cuandlo fuimos a Tulanzú? ¿Cómo nos hemos perdido y hemos sido enga- 
ñados? No es bueno esto que hemos hecho, pues tenemos un misimo origen 
y descendencia; y estando en esto se les apareció un demonio en la presencia 
de Balanquitzé y Balamacab, Mahucutah y Yquibalam y les dijo el mensajero 
del infierno ; aqueste es vuestro ídolo y el que os sustenta y esrte verdadera- 
mente es el que está en lugar de vuestro Criador y forma!dor. No deis de ese 
fuego a los pueblos hasta que lo consultéis con el ídolo Tohil y él os dirá si 
lo habéis de dar o no. Tenía aqueste demonio las alas coloradas como mur- 
ciélago y les dijo : yo soy mensajero de vuestro Criador, con lo cual se ensalsó 
el corazón del ídolo Tahil, Avilix y Hacavitz cuando oyeron esto al mensajero. 
Y ausentándose el mensajero llegaron los pueblos tiritando de frío, del gran 
granizo, y estando muy mustios refregándose las caras y las bocas por el 
grande frío, en esto llegaron unos ladrones a la presencia de Balanquitzé, 
Balamacab, Mahucutah y Yquibalán y les dijeron: ¿cómo no tienes piedad de 
nosotros que os estamos pidiendo un poco de fuego? ¿Por ventura no venía- 
mos de una misma casa? ¿No somos de una miisma patria? ¿No fuimos 
todos formados juntamente? Tened misericordia de nosotros. ¿Qué es lo 
que queréis que os demos para tener piedad de vosotros? ¿Queréis plata? 
os la daremos. No queremos plata, dijeron ellos, sino fuego, pues es menes- 
ter consultarlo con el ídolo Toh'l, dijeron Balamquitjzé y Balamjacab, Mahu- 
cutah y Yquibalam, y consultando con el ídolo decían: ¿qué daremos a estos 
pueblos que dicen tengamos misíericordia de ellos, darémosles el fuego que 
piden? A que respondió el ídolo Tohil; si quieren juntarse con vosotros y 
estar debajo de mi amparo dadles el fuego, y sino, no se los deis. Y habién- 
dole dicho esto a los pueblos dijeron elloa : está bien, nos juntaremos con voso- 
trosiy tendremos por nuestro ídolo al Tohil y estaremos debajo de su amparo, 
y tomando luego su fuego se calentaron. Otra tribu o parcialidad, hurtó el 
fuego del humo y estos eran de la casa de los Murciélagos, su ídolo se llamaba 
Chamalcam que era de los Cakchiqueles y tenía alas como murciélagos y 
pasándolos por el humo se llevó el fuego sin pedirlo sin quererse dar por 
vencidos los Cakchiquele» y solo se dieron por vencidos los pueblos que pidie- 
ron el fuego, prometiendo dar el costado y el sobaco para ser sacrificados y 
debajo de aquesta metáfora los significó el Tohil el modo cómo había de ser 
sacado el corazón para sacrificarlo. De allá de Tulanzú, trajeron la costum- 
bre de no comer sino ayunar siempre aguardando a que amaneciese y saliese 
el Sol; ívanse remudando a estar en atalaya de aquella grande estrella que 
se llamaba lucero o anunciador del Sol, estando siempre mirando al Oriente 
a d»nde estaba aquella estrella cuado estaban en Tulanzú, que es de a donde 

38 



vino este ídolo Toihil y no fué aquí a donde se fundó su Reyno, sino allá en 
Tulanzú cuando se le sujetaron los pueblos y sacrificaron su sangre a el Idole 
Tohil, sacada de su costado y sobaco. Y arrancándose de allá del Oriente les 
dijo el Tohil, no es aquí nuestra patria vamos a ver donde nos hemos de 
poblar y plantar. El ídolo Toihl hablaba con Balamquitzé y Balamacab Ma- 
hucutah y Yquibalam y les dijo el Tohil antes de partirse : den gracias tcdo.< 
y horadándose las orejas y los codos y atravesada con palos y aquesta £<a la 
señal de vuestro agradecimiento; y así lo ejecutaron tfodos y así lo pusieron eo 
su canto de Tulanzú. Al despedirse de Tulanzú fué grande el llanto que hicie- 
ron diciendo: ya no veremos aquí el amanecer del Sol y de la claridad y se 
fueron quedando muchos por los caminos y de lo£ pueblos no vinieron los que 
estaban durmiendo sino los que estaban velando y mirando el Lucero que era 
la señal del Sol y es^a estrella tenían por cierta señal del nacimiento del Sol: 
todos eran unos y de unas mismas caras cuando vinieron del Oriente, lo cual 
está muy lejos de aquí y llegando a un cerro alto junto a los Quichees con los 
pueblos tomaron su consejo y hicieron su consulta, y llámase aquel cerro ahora 
el cerro del mandato o aviso y señalándose allí aus Señoríos y nombres dije- 
ron : tú serás el Tanub y tú el Quiche y a los de Ylocab. tú te llamarás de Chi- 
locab y no se perderán aquestas tires parcialidades Quichees s'tio que todo« 
serán una misma cosa y seremos de un mismo sentir y parecer. 

Allí mismo fueron denominados así los Cakchiqueles, los Rabinales y 
los de Tziquinahá y allí se juntaron a aguardar que naciese el sol y se pusie 
ron a ver ed Lucero que es el que anuncia la venida del sol. Todos vinieran 
juntos de allá, sino que después se desparcieron, todos estaban muy tristes 
porque no tenían que comer y solamente olían con las narices las plantas con 
que les parecía que habían cornado. También está manifiesto y claro la pasa- 
da del mar cuando pagaron, porque dividiéndose las aguas pasaron por encima 
de unas piedras que estaban puestas en ringleras y se llama aquel camino 
"Piedras en ringlera". Estábanse en aquel cerro por falta de comida y bebida 
pues solamente probaban un trago de agua y un grano de maíz y asi se esta- 
ban sobre el monte del aviso o mandato y teniendo consigo al Tohil Avilix y 
a Acabix estaban en contiuo ayuno el Balanqu tzé. Balamacab. Machucutah 
y Yquibalam con sus^ mujeres Cahapalunhá. la mujer de Balamacab, Zumi- 
nihá, la mujer de Mahucutah, Caquixhá la mujer de Yquibalán. Aquí estaban 
todos en gran tristeza y ayunando en el tiemipo de la oscur'dad cuando les 
hablaron los ídolos a los cuatro y les dijeron : levantaos y v¿*monos de aquí y 
ponednos en parte oculta porque se acerca el tiemipo de la claridad. ¿Por ven- 
tura no será desgracia vuestra si nosotros fuésemos apresados y cautivos por 
los enemigos de aqueste edificio donde ahora nos tenéis y donde estamos tan 
respetados y venerados? Está bien, dijeron, ellos v¿imonos de aquí a buscar 
montes y barrancas donde esconder los ídolos y tomando al Avilix lo escondie- 
ron en una barranca llamada el escondidijo, esta barranca, esta es una monta- 
ña que se llama AviUx : allí quedó donde la puso Balamacab y poniéndolos en 
ringlera y cordillera el primero que qudó fué Hacavitz sobre un río grande 
llamado agua colorada y así se llama el cerro hasta ahora Hacavitz. y así mismo 
se quedó escondido el Avilix por el Mahucutah no en montaña sino en una 
loma raza; y viniendo después Balamacab escondió el ídolo Tohil en una 

39 



montaña que está ahora se llama Tohil y celebraron esta escondedura donde 
enguarda de aquesta barranca hay muchas culebras y víboras, muchos tigres 
y canties, Y luego se estuvieron juntos sin apartarse el Balanquitzé y 
Balamacab, Mahucutah y Yquibalán aguardando que amaneciese cerca del 
cerro llamado Hacabix y había pocia distancia de a donde estaban los ídolos 
de Tamob e Ylocab y se llamaba el cerno Amactam. Allí les amaneció a los 
pueblos junto al ídolo de Ylocab habiendo poca distancia, allí estaban todos 
los pueblos de Rabinal, Cakchiqueles y de Siquinahá con todos los demás 
pueblos chicos y grandes y todos se juntaron en uno a aguardar que amane- 
ciese con el Balanquité, Balamacab, Mahucutah y Yquibalán, mirando al luce- 
ro que estaba en el Orientie anunciando la venrda del Sol. Todos se hallaban 
muy trisrtes y melancólicos y estando así llorando decían : miserables de noso- 
tros que hemos venido hasta aquí con tantos trabajos a ver amanecer el Sol 
y no amanece. ¿Qué haremos ahora ausentes de nuesíra patria? No pueden 
sosegar nuestros corazones hasta ver que amanezca el Sol ; nuestros ídolos 
que nos han traído y acompañado están escondidos en las barrancas sin adorno 
alguno ni aparato, metidos éntrela hierba y los árboles, siendo cosa tan grande 
y prodigiosa; y allí están tirados y arrojados, solo Balanquitzé, Machucutah, 
Balamacab y Yquibalán los consolaban en aquestas aflicciones. 



CAPITULO XV 

De cómo amaneció y se vio la cara del Sol. 



En esta confusión estaban, cuando vieron salir al lucero anuncio y guia 
del Sol, con lo cual muy alborozados Balanquitzé y los otros dos ataron el copal 
o incienso que traían prevenidlo. Allá en Oriente dijeron: aqueste copal o 
incienso ha de servir después y así lo previnieron para cuando llegase el caso. 
El copal que traía Balanquitzé se liíamaba Mixtampam, el segundo que traía 
Balamacab Cabixtampam y solo aquestos tres traían inciensio y copal, y que- 
mando copal y bailando se fueron hacia donde nacía el Sol derramando lágri- 
mas de contento y de dulzura, y al punto que nació el Sol se alegraron todos 
los animales chicos y grandes y saliéndose todos a los arroyos y quebradas 
se subieron sobre las lomias mirando todos hacia donde nace el sol y cantaron 
todos y gritaron todos así los tigres como los leones ; y el primero que cantó 
fué el pájaro llamado Quelezá y alegrándose todos los animales las aves tein- 
dieron sus alas, el águila, el sope blanco y todos los demás pájaros chicos y 
grandes. Todos los Señores estaban de rodillas adorando al Sol con todos los 
demás pueblos y sus vasallos de Tamub, de Ylocab, los d^e Rabinal y Cakchi- 
queles, los de Ziquinahá y Tuhala, los de Uchabaha y Quihaha, los de Ahba- 
tená, y los de Yaquitepeuh y a todios los demás pueblos chicos y grandes y 
gentes que no son contables, a todos juntaniiente les amaneció y se secó luego 
la tierra por el Sol, el cual era así como lumibre cuando se manifestó y calen- 
taba y este secó todo el haz de la tierra, porque antes estaba toda húmeda y 

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cenagosa; y así como un hombre sube y crece así subió el Sol y no era muy 
fuerte su calor y solo manifestándose cuando nació quedó después su espejo 
y semejanza porque ciertamente no es aqueste sol que vemos. Esto dicen las 
tradiciones antiguas y luego se volvieron en piedra los ídolos Tohil, Abilix y 
Hacab tz y asimismo fueren los Idclor- del león del tigre, de ?a víbora, del cantí 
y del duende quedándose asidos de los mecates y los palos y asimi;>mo por 
todas partes se volvieron piedras todos los ídolos cuando naco el Sol, Luna. 
estrellas, porque sino fuera así quizás no pudiéramos e» ar aquí por los 
tigres, leones, víboras y duender. Grande fué la alegría de todos cuando 
amaneció el Sol, no eran grandes los hombres sino pequeños cuando esiuvie- 
ron en el cerro de Hacabix donde les amaneció, dorde quemaren el copil y 
bailaron, las caras hacia el Oriente de a donde vinieron y allá es su patria 
y de allá vinieron Balanquitzé y Balamacab, Mahucutah y Yquibalán y aques- 
tos eran sus nombres y así se multiplicaron y crecieron y allí fué su pueblo 
sobre el cerro cuando salió el sol, la luna y las estrellas y cuando les amaneció 
y les aclaró todo el haz de la tierra y allí tuvo principio el canto que se llama 
Camucu que cantaron en el llanto de su corazón y así lo dijeron en su canto: 
"Ay que nos perdimos en Tulanzú, nos desparcimos y allá' se quedaron nues- 
tros parientes y hermanos ; aquí ya vimos el sol, aquí ya nos amaneció". Así 
decían a sus comipañeros los de Yaquí y asimismo el Toh'l, el que cuida de loí 
de Yaquí, y se llaman Yolcuat, Quitzulcuat. Allá nos divid'mos en Tulanzú 
y esta fué nuestra salida cuando salimos todos juntos para acá. Esto decían 
y cantaban dentro de sí cuando se acordaban de sus pariente?, allá les ama- 
necio a los. de Yaquí que son los de Méjico, que así se llaman ahora y otra 
porción de gente se quedó allí en el Oriente que se llaman Tcpéu Oliman. 
Grande fué el dolor y pena sobre e' Ha'^abitz y 7s m-rmo lo hacen aquellos de 
Tanub e Ylocab. Otro pueblo quedó allá en la montaña llamado Dan; uno 
era el ídolo de las tres r;arcialidades del Quichée que es Toh 1 y casi es uno 
mi^mo con lo^s de Rabinal que es Toh, y así casi no se diferencia su lengua. 
Los Cakchiqueles tienen muy diferente ídolo, y así se diferencia su lengua el 
cual se llama Tzoízihá, Chimalcam, y como es su ídolo tomaron su nombre 
de S(U patria y parcialidtad y así se llaman Ahpozotzil Ahpoxá, y asimismo se 
les trocó su lengua cuando ve les dio su ídolo en Tulanzú y se dio por su 
orden el nombre a cada una de las tribua, conforme se le dio su ídolo. 



CAPITULO XVI 

De lo que pasó mientras estuvieron sobre el cerro. 



Estando todos juntos allí con Balamquitzé, Balamacab, Mahucutah y 
Yquibalán, estaban apesadumbrados por el Idclo Toh'l que lo tenían puesto 
sobre los zacatales. Yendo a ver a Tohil Avilix para saludarlo y darle gracias 
porque les había amanecido, hallaron la piedra toda horadada en la monta- 
ña, que solo por mila-^ro pudo hablar y llegando aquellos magnates con unos 

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dones muy tenues no les ofrecieron sino solo resino de pino y la que se llama- 
ba chacnoh y pericón y esto fué lo que quemaron ante el ídolo Tohil ; y enton- 
ces habló el Tohil dándoles documentos y dirección y dijeron ellos: aquí será 
nuestra patria, nosotros seremos tuyos y aquí será nuestra grandeza y majes- 
fiad por todos los pueblos; todos/ san tuyos y nosotros vuestros comtpañcTos en 
el camino. Y dijo el Tohil : cuidad de vuestro pueblo y nosotros también los 
doctrinaremos: no nos afrentéis ante el ipueblo cuando nos enojaremos. Y 
ellos p'dieron : no permitáis-, que seamos cogidos en. lazos y en redes, dadnos 
la paja y el zacaie desperdiciado, vendremos a ofrecerte el venado hembra 
y las hembras de los pájaros y solo nos quedará un poco de sangre para 
nosotros, oscureced la vista de los venados a vista de los lazos que les pusié- 
remos. Y dijo el Tohil: miirad por vosotros no sea que os digan donde esitá 
vuestro Tohil, no os mianif estéis a vosotros misimos mirad que es mucha vues- 
tra grandeza y que trabajen los pueblos y que traigan su sangre en nuestra 
presencia. Entonces empezaron a buscar a los venados hembras y las hem- 
bras de los pájaros para ir a ofrecer y los veían con^o a tres mancebos al 
Tohil y al Hacavitz y ofreciendo la sangre la ponían en la boca del Tohil ídolo, 
y hablaba la piedra y viéndose perseguidos los venados ya no habitaban en 
sus moradas, sino que se andaban por los cerros y solo comían tábanos y avis- 
pas y panales y no se supo de sus habitaciones, ni dónde estaban las hembras 
y sus hijos; y fundándose miudhos pueblos se juntaron los Calpules: cerca 
de los caminos pusieron sus poblaciones y despareciéndose Balanquitzé y 
Baiamacab, Machucutah y Yquiiabán no se sabía dónde aindaban y solo oían 
griitar por los cerros gatos de monte, lobos, tigres, leones y los remiedaban 
los pueblos y de esto estaban todos muy amedrentados. Todos decían: ¿qué 
será esto si nos querrán engañar o nos querrán hacer algún mal? ¿Qué será 
aqueste aullido de tigre y león cuiando ven la gente? Si nos querrán destruir 
y acabar y viendo ellos que cada día mataban hombres, los tigres y los leones, 
diieron: vamos ante el Tohil que nos dé fuerzas y valor y llegando les pusie- 
ron en las bocas de su sangre al Tohil, al Avil'x y Hacavitz y a la verdad no se 
veían piedras sino como tre& mancebos parecían los tres ídolos y poniéndoles 
su sangre se regocijaron mucho, el cual les dijo: esta señal os damos de que 
venceréis cuando les cogieres las colas y así os libraréis que de allá vino esta 
S'eñal, de Tulanzú, cuando nos cargasteis y entonces les fué dado el cuero que 
se llama patzilikih y la sangre que se untan y fué la sangre de sus espaldas 
que les dieron el Tohil, Avilix y Hacabix. 



CAPITULO XVII 

De cómo fueron hurtados los hombres por Balanquitzé, Baiamacab, 

Mancutah y Yquibalán. 

Empezó luego la destrucción de los pueblos porque estos los tomaban 
y los iban a sacrificar al ídolo Tohil y Avilix y echaban la sangre y las cabe- 
zas en los camines, de que pensaban que se los habían com'do los tigres y se 
afirmaban en esto porque veían a manera de huellas y pisadas de tigres aun- 

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que no se manifestaban. Ya iban muchos hombres muertos cuando lo echa- 
ron de ver y decían ellos: ¿si acaso serán el Tohil y Avilix los que entran aqui 
a buscar dónde están las casas de los capitanes? Seguiremos esias huellas, 
dijeron ellos cuando se juntaron a consultar sobre esto, y no podían seguir 
rastro a derechas, porque solo se manifestaban huellas de venados y de tigres 
pero vueltos al revés»; y andando en esto empezó a llover y aguar mucho y 
haciéndose mucho lodo no pudieron pasar adelante y lo dejaron y se alejaron 
de aquel cerro de a donde mataban a los homibres en el camino para sacrificar 
al ídiolo. Tohl, Avilix y Hacabit-z andaban como tres niños y así fueron vistos 
que se bañaban a la orilla de un río que se llamó manifestación del Tohil: 
muchas veces lo vieron los pueblos en el agua pero luego se les escondían y 
asimismo tuvieron noticia donde estaban el Balanquitzé, Balamacab. Mahu- 
cutah y Yquibalán y discurrieron el modo cómo fuesen muertos porque con- 
sumían los pueblos; y juntándose todos consultaron sobre lo que habían de 
hacer, y lo primiero que determinaron fué el ganar lal Tohil, al Av'lix y Haca- 
vitz y propusieron que si de aqueste modo proseguían los ídolos se destrui- 
ría la gente y vivirían en perpetua esclavitud. Quizás están enojados con 
nosotros y es menester modo con qué ganarles la voluntad o no. Somos 
nosotros muchos, decían unos, pues vamos en busca de ellos; otros no, sino 
que fueron de contrario parecer, y dijeron: lo que hemos de hacer es buscar 
dos doncellas hijas de señores las más hermosas y enviarlas como que van a 
lavar al río y quizás s>e aficionarán de ellas pues son mancebos, y de aqueste 
modo los rendiremos, Y escogiendo a dos de las más hermosas les dijeron anda 
al río como que vas a lavar y si salieren a voso:ros aquellos mancebos a hablar 
y a preguntaros quién sois decid que soi's hijas de señores y traed alguna 
señal cierta de que os han hablado y si acaso os solicitaren consentid. Esto 
les dijeron a las doncellas, que la una se llamaba Xtah y la otra Xpuch, y 
componiéndose ellas y aderezándose, se fueron las dos al río y denundándose 
se pusieron a beber; cada una estaba en su piedra lavando cuando llegaron el 
Tohil, Avilix y Hacavitz y haciendo ellos del disimulo hacían que no las mira- 
ban y ellas se avergonzaron algo y llegando a ellas les dijeron: ¿De a dónde 
sois? ¿Qué venís aquí a buscar a nuestro río? Y de ningún modo las. ape- 
teció el Tohil, Nosotras somos enviadas aquí por los señores que nos dijeron 
anda a ver la cara del Tohil, muchas veces lo vieron los pueblos y traednos 
señal cierta de que habéis estado con él. Esto respondieron ellas y aunque 
los pueblos querían que se juntaran con ellas, ellos no las apetecieron. Está 
bien dijeron ellos a Xtah v Xpuch : llevaréis señas ciertas de que habéis estado 
con nosotros- y dijeron a Balanquitzé y Balamacab y a Mahucutah. pintad 
en una manta una semejanza de lo que sois vosotros, para que aquestas don- 
cellas que están lavando la lleven a los señores. Y tomando ellos una manta 
o lienzo lo hicieron tres dobleces y Balanquitzé pintó el primero un tigre, y 
en el segundo doblez pintó Balamacab una águila y Mahucutah pintó mu- 
chos táJbanos y avispas y dando ellos el paño a las dos muchachas, les dijeron: 
Tomad aqueste paño y llevadlo a los señores y que esta es la s.eñal de nuestra 
palabra y decidles que ciertamente visteis y hablasteis a Tohil y dadles aques- 
tas tilmas, que se las vistan. Y dando ellas luego la vuelta las recibieron ellos, 
que las estaban aguardando y preguntando dijeron: ¿Visteis al Tohil? Sí los 

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vimos dijeron ellas. ¿Traes señas de haberlo visto? Aquestas tilmas que 
os traemos que dicen que os las pongáis. Y tomando ellos las mantas y ten- 
diéndolas vieron pintados tigres, águilas, tábanos y avispas y poniéndose la 
primera que tenia el tigre no hizo cosa alguna; pusiéronse la otra que tenia 
el águila y tampoco les hizo cosa; y poniéndose la otra luego le empezaron 
a picar por todo el cuerpo los tábanos y las avispas y no pudiéndolo tolerar 
el señor emipezó a dar gritos y se la desnudó a toda prisa. Y viéndose picado 
de los tábanos y avispas, empezó a reñir a las dos doncellas, ¿qué paños son 
estos que traes? ¿A dónde fuisteis por ellos demonios? Y de este modo 
fueron vencidos los pueblos ipor el Tohil porque deseaban que el Tohíl pecase 
con aquellas doncellas y que fuesen rameras; pero no tuvo efecto el que 
cayesien por los nahuales de hombres aquel Balanquitzé, Balamaoab, Mahu- 
tah y Yquibalán. Y juntándose a consultar otra vez todos los señores sobre 
lo que habían de hacer; dijeron: hemos de hacer por vencerlos y matarlos. 
¿No somos hombres nosotros? Nos armaremos de todas armas e iremos a 
pelear con ellos; y armándose todos luego salieron en busca de Balanquitzé, 
Balamacab, Mahucutah y Yquibalán; pero estos estaban fortificados en un 
cerro que se llamaba Hacabitz. Fran pccos los que estaban en la cumbre del 
cerro, pues sólo estaban los cuatro, sus mujeres e hijos y asi fué poco lo que 
habían fortificado, y toda la gente armada y muy adornada y los señores car- 
gados de gargantillas y de plata iban resueltos a matarlos a todos. Solo al 
ídolo Tohil lo saludaremos, decían ellos, y le serviremos, pero lo traeremos 
cautvvo. Pero el ídolo Tohil y los otros sabían lo que ihablaban y disponían 
entre sí, no habiendo dormido la gente desde que se armaron salieron a acome- 
ter el fuerte pensando entrarles aquella noche, miás no pudieron llegar más 
que a la mitad de la subida y allí se quedaron y luego fueron vencidos por 
los cuatro, porque es:ando todos en vela sin sientir se durmieron todos y 
viniendo Balanquitzé, Balamiacab, Mahucutah y Yquíbaláln les repelaron las- 
barbas y los ojos, les quitaron toda la plata y los chaldhigüites que llevaban 
en sus cuellos en castigo de su atrevimiento, y esto fué hecho en señal de la 
grandeza de los Quichees. Y des^pertando después empezaron a buscar sus 
cuentos y su plata y no hallaron cosa alguna. ¿Quiénes serán estos, dijeron 
ellos, que nos han repelado las barbas y nos han robado y quitado nuestros 
chalchigüites y nuestra tplata? Quizás sera aquel dcononio que unta a los 
hombres : ea que no, por eso les hemos de tener miedo, sino que les hemos de 
ganar su pueblo y hemos de cobrar nuestra iplata y nuestras cuentas. Todos 
los cuatro señores se estalban muy sosegados sobre el cerro porque sabían lo 
que habían de hacer: hicieron una muralla de laxitas pequeñas al rededor del 
pueblo y haciendo unas estatuas de trapos las pusieron sobre la muralla arma- 
das de escudos y flechas y las adornaron con los chalchigüites y plata que 
habían huríado a los pueblos y luego fueron a consultar al Tohil ¿si acaso 
éstos nos vencerán o matarán? No os dé cuidado, dijo él, que yo es':oy aquí 
y sé lo que he de hacer; traigan muchos tábanos» y avispas; y habiendo junta- 
do muchas (entraron los cuatro) llenaron entre los cuatro, cuatro calabasos 
de ellas y poniéndose los cuatro a la redonda del pueblo, porque estos tábanos 
y avispas son los que habían de hacer la guerra, y escondiéndose ellos vinie- 
ron las es^pías de los pueblos y dieron vista a las murallas, y viendo no más a 

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las estatuas que estaban meneando las flechas, avisaron como era muy poca 
la ^cnte que había, de que se alegraron mucho porque ellos eran infinitos y 
deseaban matar a Balanqu'tzc, Balamacab, Mahucutah y Yquibalán que 
estaban sobre el Cerro de Hacavitz. 

Allí estaban los cuatro con sus mujeres y sus hijo» cuando acometió 
infinita multitud de gente que venía en el Ejército y poniendo cerco al pueblo 
por todas partes, mormoyaban y j^ri^ahan. Silbando y dando muchas palma- 
das se llegaron a poner debajo del mismo pueblo porque no tenían miedo de 
aquellos cuatro Señores, quienes estaban atentos a todos los movimientos de 
toda la gente siin menearse; y habiendo subido todos muy alegres a la llanura 
del cerro, estaban para entar en la muralla y destapando los cuatro calabasos 
salieron los tábanos y las avispas que parecían humo y cargando sobre toda 
la gente se fueron derechos a los ojos, a la boca y a las narices, a los brazos 
y a las piernas mordiéndoles, por todas partes. Hervían los animalejos y se 
amontonaban sobre todos ellos los soldados: ¿Quién se ha de averiguar con 
estos demonios?, decían ellos. Y estando ya como embriagados y borrachos 
soltaron las flechas y los escudos* y todo se derramó por aquel suelo, y sacando 
Balarquitzé y los demás unos palos herían con ellos a su salvo, do murieron 
muchísimos de ellos y los demás se salvaron huyendo muriendo seles aquellos 
que perseguían a los cuatro, que los que de todo su corazón no los perse- 
guían no murieron sino que solo les picaron los tábanos. Y viéndose ellof 
en aques'e estado, les dijeron: no nos matéis que somos vuestros pobres. 
Está bien, dijeron ellos, y aunque sois dignos de muerte yo os perdono, pero 
habéis de ser tributarios para siemipre; y de aqueste modo fué la sujección 
de todos los pueblos por nuestros pr'meros padres. Y todo esto pasó estando 
ellosi sobre el Cerro de Hacavitz y acueste fué el primero donde fu?ron plan- 
tados y así se multiplicaron y tuvieron hijos e hijas y se aumentaron mucho. 
Sosegáronse mucho todos los pueblos, quedando sujetos todos; ya se hallaban 
cercanos a la muerte cuando aquesto sucedió. 



CAPITULO XVIII 

De la muerte de Balanquitzé y de los otros tres. 



Habiéndose ya llegado el fin de Balanquitzé y de los otros tres, trataron 
de disponer sus cosas y despedirse de sus hijos y de todos los demás de sus 
vasallos. Los hijos que tuvo aqueste Balanquitzé fueron dos, el uno se llamó 
Cocoauip y el otro Coacute y de estos descienden los de Nihaibab. Mihucutah 
solo tuvo un hijo el cual se llamó Coahau, sólo aquestos tres tuvieron hijos, 
porque el Yquibalán no tuvo hijo alguno; y estando todos juntos en uno y sin 
dolor ni enfermedad alguna, llamaron a sus hijos y estando todos juntos empe- 
zaron a cantar con un llanto muy tierno, cuyo llanto y canto se llamó camacú ; 
y despidiéndose de ellos les dijeron : Hijos, nosotros nos vamos y no volvere- 
mos y así atended mucho a lo que ahora os mandamos porque es cosa de mucha 

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estimación. No ha mucho que venisteis de aquella vuestra patria que esta 
muy lejos de aquí; y despidiéndose de cada una de sus mujeres les dijeron: 
Nosoiros nos vamos a nuestros pueblos, ya está dispuesto lo que ha de ser 
tocante al Señor de los venados, todo está) manifiesto en el cielo, ya nosotros 
hemos concluido con todo lo que ha estado a nuestro cargo, ya se ajustaron 
nuestros días, no nos olvidéis, mirad por vuestras cascas y vuestra patria, pla,n- 
taos y multiplicaos/ y volved a ver otra vez el lugar de a donde venimos. "Y 
despidiéndose de ellos con estas palabras les dijo: Esto os dejo en memoria 
y señal nuestra para que os acordéis de nosotros y en esto consistirá vuestra 
grandeza y señorío; y dándoles un envoltorio cerrado y cosido les dijo: Esto 
os dejo en prenda, muy tristes estamos por nuestra partida; y diciendo estas 
cosas se desaparecieron de sobre el Cerro de Hacav'tz. El envoltorio lo guar- 
daron y no «e abrió ni pud'o abrirse porque no se veía por donde estaba cosido 
y así se llamaba la grandeza encerrada o envuelta. Nunca más^ fueron vistos 
los cuatro ni saben qué se hicieron y solo supieron de su despedida y de la 
prenda que les dejó en memoria suya. 

Ellos quedaron muy tristes y llorosos de la ausencia de sus padres, y 
siempre s»e enternecían viendo el envoltorio que les dejó en memoria. Y 
luego dispusieron ellos entre el Demonio siendo Señores los de Cocauib y Ca- 
nisib, a quienes quedaron sujetos los pueblos, que ya no tenían grandeza 
alguna, sino que cargaban y servían. Allí se quedaron sus hijos en el Cerro 
die Hacavitz y allí se multiplicaron y de este modo fué el fin de aquellos cuatro 
Señores que vinieron del Oriente, de la otra parte del mar, los cuales son 
llamados los Venerados. 

Y habiéndose casado sus hijos, teniendo ya ellos descendencia estando 
ya muy viejos trataron tres de sus hijor* el cumiplir el mandato de sus padres 
y volverse allá de a donde se habían venido. Estos fueron Coca^b hijo de 
Palarouitzé, Coacutee, el hi^o de Balamacab y Coahau el hiio de Mahu- 
cu*ah y tomando su camáno para el Oriente parearon la mar con facilidad y 
cuando se desp'di^eron dijeron: no moriremos, sino que otra vez volveremos; 
y con esto se partieron y llegaron al Oriente a recibir su imperio. Llamá- 
base el Señor que entonces reinaba en el Oriente Nacxit el cual era muy po- 
deroso Señor y todo lo juzgaba él y luego el Señor los engrandediÓ y les dio 
los títulos de su Señoríos y les dio muchos dones y preseas y muchos chal- 
chigüites e instrumentos y dándoles la. forma del Reino les dio el trono y 
flautas. El cham cham, otra flauta tzicuil Cohtzicuil, holam, holonxpich, 
queh, macutax tat-tatam, cuz haz, cazccm, chiyom, haz tapalul con muchas 
figuras y chalchigüites. Todo aquesto trajeron de la otra parte del mar cuando 
volvieron. 

Y habiendo llegado a su pueblo de Hacabitz sie untaron todos los de 
Tamub e Ylocab con todos los demás pueblos y celebraron la venida de Co- 
caib, Coacut y Coahau y allí hicieron fiesta a su venida, de los de Rabinal, 
Cakchiqueles y los de Siquinahá y manifestaron y enseñaron a sus pueblos 
los despachos que traian de su Reino y las preseas que les había dado el 
Señor Nacxit en señal de su Señorío y Imperio, Allí se estaban en el Cerro 
de Hacavitz donde se hab'an multiplicado mucho y allí murieron las mujeres 
de Balanquitzé, Balamacab y Mahucutah y no cabiendo ya en aquel cerro en 

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donde estaban, buscaron otro paraje en donde habitar y poblar. No fueron 
con ables los parajes y cerros que poblaron y no cabiendo en Acabix otra vez, 
pasaron a poblar otros cuatro cerros que del nombre del uno se llamó Chiquix 
y tamibién se multiplicarom allí y casaron sus hios c hijas tomando solo por 
regalo lo que les daban por las hijas. Estaban quietos y pacíficos y habién- 
dose multiplicado, pasaron muchas familias y po^blaron los parajes llamados 
chichicat, humetaha, culb¿, cavinal y era infinita la gente y tenían a la vista 
el de Chiquix y ya eran muertos de viejos todos aquellos que habían ido al 
Oriente a recibir el Peino y el Imperio habiendo pasado muchos trabajos en 
el camino, Y habiendo vuelto a su pueblo siendo ellos abuelos y padres de 
los que habían y vivían pasaron al cerro llamado Ixmachí y allí hicieron 
edificios de cal y canto en la cuarta generación reinando Cotuha Xtayul. En 
el Reinado de éste, solo había tres casas grandes como grandes del Reino que 
eran: Conache, Belehebqueh y Calelahan. Aun todavía no habían llegado a 
las veinticuatro casas grandes que hubo después sino que solo eran aquestas 
tres, la una de Cauhiquib, otra de Nihaibab y olra de los Ahauquichee. Todos 
estos estaban allí en Yxmachí sin tener pleitos ni contienda, pasando su vida 
en gran tranquilidaid y paz : nio apeteqían grandezas sino que todos estaban 
contentos con lo que poseían; cuando envidiosos los de Ylocab, movieron 
guerra queriendo matar al Rey Cotuhá por tener ellos Rey aparte; pero su 
maldad se volvió contra ellos porque movieron la guerra y entraron en el 
primer pueblo con án^mo de acabar con los Quichees y reinar ellos solos; pero 
juntando gente el Rey Cotuhá cargó sobre ellos que fueron muy pocos los 
que se escaparon y de los que apresó Cotuhá sacrificó al ídolo y esta fué la 
paga de vu maldad. Muchos fueron los que se pusieron en esclavitud y ser- 
vidumbre entregándose ellos mismos por la guerra que habían movido y 
aqueste fué eil principio de las guierras y disensiones y el principio de sacrifi 
car los hombres ante el ídolo y con esta ocasión fortificaron el pueblo de Yx- 
machí, donde afirmaron su imiperio los Quichees, siendo ya mucha su poten- 
cia porque tenían muchos señoresi poderosos en su imperio debajo de su 
mandado y con eso empezaron a temer los pueblos porque veían que no po- 
dían prevalecer cotra la potencia y que los que cautivaban los llevaban por 
esclavos y los sacrificaban al ídolo. Estas tres casas grandes solo hubo en 
Ixmachí en tiempo del Rey Cotuhá y el Rey Xtayul y allí mismo empezaron 
a establecer los banquetes y comidas y bebidas cuando casaban a sus hijos 
e hijas. Allí se festejaban estas fiestas que salía todo de lo que les daban por 
sus hijas, celebraban en señal de la alegría que tenían de su propagación y 
de que se aumentaba la gente. Allí fué donde llamando otros siete calpules 
que tomaron; se engrandecieron las casas y se d'eron los renombres d'- 
ciendo : nosotros sernos los de Cabiqui : nosotos somos los de Nihaibab. 
nosotros los- de Ahauquiché, y ese fué el nombre que le pusieron los Quichees 
que es en donde están ahora los edificios" del Quiche. Y viendo allí el Rey 
Cucumatz que reinaba con él. vinieron todos* los demás señores y allí fabrica- 
ron todos sus casas poniendo en medio del pueblo la casa del ídolo y subiendo 
a mucha grandeza svu monarquía; y habiendo contiendas entre sí sobre los 
convites que hacían en los casamientos de sus hijos porque no daban bebida 
a todas las cabezas de nueve calpules, trataron de dividirse en veinticuatro 

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casas grandes. Aquesta división se hizo allí en Cumarcaaha que fué el pueblo 
que bendijo el señor Obispo don Francisco Marroquín, el cual se despobló 
después como est¿ hoy; y tomando todas estas casas entre sí los señores: 
los de Cabiquib hicieron nueve casas grandes y los de Níihahibab, otras nueve, 
los de Abauquiché y los de Zaquiqu'b dos nombrados de ellos cabezas de estas 
casas y multiplicándose de modo que eran muchos los vasallos que tocaban a 
cada uno de los señores y cabezas de calpul. 



CAPITULO XIX 

De las divisiones de las veinticuatro cabezas grandes y nombres de 
aquestas cabezas de aquestas casas. 

Habiendo determinado el dividir toda la gente y calpules, las repartie- 
ron en 24 casas grandes, como esitá dicho, dando nueve a los de Caviquib, y 
nueve a los de Nihahibab, cuatro a los de Ahauquichee y tres a los de Zaqui- 
quib; y acabada una de las parcialidades se le dio su cabeza y Señor que 
fuese como Señor de todos aquellos vasallos que le tocaban. Los Señores 
que se noimbraban cabezas de las tribus de Cabiquib son los siguientes: pri- 
mero, Ahpop Ahpop Camha; segundo, Ahtohil; tercero, Acucumaz ; cuarto, 
Ninchocoh; quinto, Popolvinacas ; sexto. Chifiuilolmet ; séptimo, Quehnay; 
octavo, Popolvinac Pahomtzalatz ; noveno, Neuchcamha. Los que se nom- 
braron cabezas de las tribus de Nihaibab, fueron estos: primero, Ahaucalel ; 
segunde, Abavah TzivJnac; tercero, Calecaniha; cuarto, Nehuchcamha; 
quinto, Ninchccohnihaib ; sexto, Ahauavilix; s^éptómo, Yacolatam ; octavo, 
Uzampopazacla'ol; noveno, Nimalolmet y Coltux. 

Los cuatro Señores cabezas de las tribus de Ahauquiché, se llamaban 
así: primero, Ahzicevínac; segundo, A'haulolmet; tercero, Ahauninchocoh ; 
cuarto, Ahauhacaviz. 

Los cabezas de las tribus de Zaquiquib se llamaban así: el primero, 
Zatuhá; el segundo, Calelzaquic y solo tenían una casa grande estos dos 
Señores. Fundadas aquestas* veinticuatro casas y repartidos todos los pue- 
blos entre ellos fué mucha la majestad y grandeza a que subió el Reino del 
Quiche y viniendo todos los pueblos se fabricó todo de cal y canto, se fabricó 
la casa del ídolo en medio del pueblo y luego las veinticuatro casas en que 
habían de vivir los veinticuatro Señores, trabajando solo los vasallos de cada 
uno. En esta fábrica multiplicáronse los vasallos en gran manera y asis- 
tiendo aquestos Señores en la corte del Quiche venían los vasallos a recibii 
órdenes y mandatos de sus Señores. No s«e ganaron todos estos puebles por 
batallas sino llevados de la grandeza y majestad de los Quichés y de los 
buenos trabamientos y de ver las maravillas que obraban los Señores y princi- 
palmente el Rey Cucumatz porque siete días se subía al cielo, otros siete baja- 
ba al infierno, otros siete días se estaba hecho culebra que ciertamente lo 
parecía, otros siete días se convertía en águila, otros siete días se convertía 

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en tigre, otros siete días se convertía en sangre cuajada y por cierto era 
mucho el respeto que se causaba con estas maravillas, delante de todos los 
Señores y de todos los de su Reino. Y oyendo aquestos prodigios los vasallos 
le tenía mucho miedo y no hizo todo esto porque hubiese un Rey por entero 
sino para darse a respetar de los pueblos. Tuvo mucha descendencia aques- 
te Rey de hijos y nietos, tuvo mucha grandeza y majestad, tuvo trono; fue 
engendrado ei que se llamó Tepepul, que fué la quinta generación! y asimismo 
hubo descendencia de los Señores grandes del Reino. 

La sexta generación tuvo dos. Reyes, el uno se llamaba Caquihac y e) 
otro Cavirimah. Estos hicieron muchas cosas grandes y ensalzaron todo el 
Reino del Quiche, porque a la verdad era poderoso y aquestos dividieron otra 
vez los pueblos y los pusieron a poca distancia unos de otros. En tiempo de 
estos tenían por vasallos a lor- Cakchiqueles, a los de Chuilá, los de Rabinal, 
los de Sacabahá, los de Zaculebab, los de Tutunicapa, los de Quezaltenango, 
los de Goathemala, los de Momostenango y juntándose estos se revelaron 
contra el Caquicab que reinaba y le hicieron guerra, pero el jungando sus 
gentes venció a los del Rabinal, a los Cakchiqueles y a lo9 de Zaculebab y 
venciéndolos quedaron todos sojuzgados y los pueblos que no acudían con los 
tributos los flechaban y castigaban. Fué mucha la valentía de Caviquibab 
y Cavirimab y tanto era su valor que parecía un rayo que daba en una piedra 
como se ve patentemente en un pueblo que destruyó en Colche donde hay 
un cerro tajado como si fuera tajado con una hacha y allá en la costa está 
otra que llaman Petayab que está a la via'a de todos los que pasan. Fué 
valientísimo y no le pudieron vencer ni matar y todos los pueblos le pagaban 
tributo. Trataron todos los Señores de amurallar el pueblo y llamando a 
todos sus vasallos- la cerraron y la amurallaron y dispusieron el poner vigías en 
las fronteras de los enemigos y fundaron en las alturas de los cerros a manera 
de pueblos y los fueron disponiendo en sus parajes teniéndolos como por mu- 
ralla y defensa y les dieron sus órdenes y mandatos, que si venían los enemi- 
gos luego avisaron para que juntando su gente acudiesen luego a la defensa; 
con que todos los hombres se enseñaron a flecheros y a guerreros para acudir 
a las batallas. Entonces se desparcieron los padres y abuelos de los Quichés 
en diferentes partes; pero no tenían ídolo diferente ni desmembraron del 
Reino sino que solo estaban y asistían en las fronteras para guardar el Reino. 
Entonces fueron desparcidos y puestos en sus parajes los de Chuilá. los de 
Chulimal, los de Zaquiá, los de Xoyabaj, Quieh, los de Chitemah, diez y ocho 
pueblos fueron los que se fudaron en las fronteras con los de Cabracam. Cha- 
chicac, Chihumahpú, con los de Zacualpa, los de Joyabah, los de Zacabha. 
los de Ahziyaha. los de Tutunicapa. los de Quezaltenango y los demás que 
fueron a la costa. Juntamente despacharon los dos Reyes Caqhicab y Caviri- 
mab, seis Señores de los grandes para que fueran como generales de las fron- 
teras : es'os fueron Ahpop. Apop Canha. Calel y Ahzicvinac; estos cuatro 
eran de Cahuiquib, el quinto era de los de Nihaib y el seis Achacyboy que 
era de los de Ahauquiché. Estos fueron a velar las guerras que se hacían en 
las fronteras y repartiéndose por los montes tenían sus capitanes con que 
hacían la guerra a los enemigos y todos, los que apresaban y cautivaban los 
traían ante los Reyes Cacquicab y Cavirimah y con aqueste ejercicio se hicie- 
ron valientes guerreros y muy diestros en el arco y en la flecha para que con 

4í H.deG-4 



más ánimo peleasen. Todos juntos los Señores dispusieron los premios que 
se habían de dar a los capitanes y ordenaron que todos ios capitanes fueran 
principales en su£ Chinamitales y que tuviesen asiento y trono en las juntas 
Esto fué así dispuesto y ordenado por los tres Calpules de Caniquíb Ylocab 
y Tamub cuando todos ellos nombraron a los caudillos y capitanes, cuya junta 
no se hizo aquí en el Quiche, sino en un cerro llamado Xebalax Xecam en. 
Chuhimal. Allí fué donde se nombraron los capitanes y caudillos de los va^ 
salios y se les entregó el cargo a los capitanes. También fueron allí nombra- 
(^os capitanes para la guarda del pueblo del Quiche para guarnecer sus mu- 
rallas : estos fueron Oalel Ahau, Calelraquic, Ucalei Achih para que con sus 
arcos y flechas defendiesein a los Quichees para que cerrasen el Quiche y les 
hiciesen muralla y lo mismo hicieron los de Tamub e YlocaJb nombrando capi- 
tanes de sus vasallos y nombrándolos para que guardasen las alturas de los 
cerros; y este fué el primcipio que hubo en todos los Calpules. 



CAPITULO XX 

De la casa del ídolo y de la oración que los Señores hacían allí. 



La casa grande del ídolo es allí llamada como la casa del Tohil, y este 
fué de los Cabiquib, y la casa del ídolo Abr'lix así fué dicha y es de los de Nia- 
haibab, y la casa de Hacavitz fué dicha así del ídolo Hacavitz que es de los de 
Ahauquiché. Tzutuchá que se ve en Cahbahu, fué el nombre de otro edificio 
que adoraron los^ Señores y todos los puebos ; y lo primero que hacían cuando 
iban a llevar los tributos o a ver al Rey, era llevarle su fruta y luego se le 
entregaban los tributos que le llevaban los pueblos y a este Señor sustentaban 
y mantenían todos los principales que ganaron los» pueblos. Eran muy pode- 
rosos estos Señores grandes Nahuales y adivinos; pero mucho más el Rey 
Cotuhá, Cucumatz, y asi mismo lo fué el Quicab Cacuzimalh y ellos sabían si 
había guerra, si había peste o hambre, todo lo veían y adivinaban y todo esto 
lo veían en el Libro que tenían que se llamaba el Libro del Común. 

No esitaban ocioso los Señores, sino que ayunaban muchas veces por sus 
vasallos y hacían muchas penitencias y oraciones ante el ídolo, y postrados 
ante el ídolo quemaban su copal : trece ayunaban y otaice estaban puestos en 
oración y quemaban el copal ante el ídolo Tohil. En aquel tiempo de estos 
ayunos y penitencias comían algunas frutas como zapotes, matasanos y joco- 
tes, sdn probar tortilla. Grande era el ayuno que hacían por sus vasallos en 
señal del dominio que tenían sobre sus vasallos ; en todos aquellos días no 
dormían con sus mujeres, ni llegaban a otra alguna, sino que de día y de 
noche se estaban en oración, llorando y pidiendo el bien de sus vasallos y de 
todo el Reino ; lo que decían ante el ídolo es la oración que se sigue : 

"Oh, tú hermosura del día, tú Huracán, tú Corazón del Cielo y de la 
tierra, tú dador de nuestra gloria y tú también, dador de nuestros hijos e 
hijas, mueve y vuelve hacia acá tu gloria y dá que vivan y se críen nuestros 

-™ . ' 50 " 



hijos e hijas y que se aumenten y multipliquen tus sustentadores y los que te 
invocan en el camino, en los ríos, en las barranca» debajo de los árboles y 
mecates, y dales sus hijos e hijas, no encuentren alguna desgracia e infortu- 
nio y ni sean engañados, no tropiecen ni caigan, ni sean juzgados por tribunal 
alguno. No caigan de lo alto abajo del camino, ni haya algún golpe en su 
presencia, pónles en buen camino y hermoso, no tengan infortunio ni des- 
gracia ¡ojalá y sean buenas sus costumbres de tus sustentados y alimenta- 
dos en tu presencia! Oh tú. Corazón del Cielo, corazón de la tierra, oh tú en- 
voltoria de gloria y magestad, tú Tohil, Avilix, Hacavitz, vientre del cielo, vien- 
tre de la tierra; oh tú que eres las cuatro esquinas de la tierra, haced que 
haya paz en tu presencia y de tu ídolo". Esta era la oración que hacían en la 
presencia del ídolo cuando ayunaban aquellos nueve, trece o diez y si«te hom- 
bras, llorando todos los días y noches sobre íkls vasallos, mujeres e hijos y este 
era el precio con que se compraba la claridad y los buenos sucesos, la oración 
y el ayuno y penitencia que allí se hacía, y con esta moneda se compraba el 
mando y Señorío de los Señores y Principales; y de dos en dos se seguían 
a llevar aquesta carga de los pueblos que tenían sobre sí. Uno fue el principio 
de todos los Quichees y así era uno mismo el estilo de todos y así lo hacían 
del mismo modo los de Tamub e Ylocab, con los de Rabinal y Cakchiqueles. 
los de Ziquinaha y Tuhalá y los de Ochahahá. No se envidiaban los dones, 
lo que les daba a cada uno su alimentador y sustentador, solo trataban de 
comer y beber; y así no fué devalde el Señorío que cargaron ni tampoco la 
sujeción que les tenían los pueblos. Todos ellos tributaban con piedras pre- 
ciosas, plata, chalchigüites y plumas verdes ; ya sabía cada pueblo lo que había 
de pagar en tributo. Grandemente enzalzaron la grandeza del Reino Quiche 
los dos Reyes Cotuhá y Cucumatz y Quicab Cavirimah ; estos fueron Señores 
muy valientes y esforzados y hicieron grandes hazañas y sujetaron muchas 
provincias y pueblos : todos les tributaban y fueron muy sentidas su? muertes. 
Este Cucumatz fué el principio de la grandeza del Reino y así él fué el prin- 
cipio de ser engrandecido el Reino del Quiche. 



CAPITULO XXI 

De la descendencia de los Reyes y de los demás Señores. 



Aquí se dará razón de toda la descendencia de los Reyes y Señores que 
descendieron de aquellos cuatro primeros Balanquitzé, Balamacab. Mahucuta 
y Yquibalam, que fueron los primeros padres y abuelos, de todos. Balanquitzé 
el primero y tronco de los de Caviquib ; Cocabib, segunda generación. Balam- 
conaché, tercera generación; Cotuha Ztayub. cuarta generación: Cucumatz 
Cotuhá el primero de los portentosos y quinta generación; Tepepul y Ztayub. 
sexta generación; Quicab, Cavirimah, fué el segundo de los potentosos, sép- 
tima generación; Tepepul Xtayub, octava generación; Tecumtepul. nona ge- 
neración; Raxaquicaun y Quicab, décima generación de los Reyes; Ucub Noh 

51 



Cuatepech, undécima generación de los Reyes; Oxibquekbeletzi, duodécima 
generación de los Reyesi; y estos reinaban cuando vino Alvarado, y fueron 
ahorcados per los españoles. Tecuntelpul tributaban a los» españoles y estos 
fueron la décima tercia generación de los Reyes. 

Don Juan Rojas y don Juan Cortez, la décima cuarta generación de los 
Reyes y aquestos fueron hijos de Tecuntepepul. Aquestas son las genera- 
ciones y descendencias del Reino de los Reyes del Quiche, que es la casa de 
Caniquib que descienden por línea recta de Balanquitzé. 

Ahora diremos de los nueve chinamitales y casas grandes que salieron 
de las de Caviquib y estos son los nombres de cada uno de los Señores gran- 
des : Ahau Ahpop Canhá, Sefor de una casa grande y se llamaba Tziquinahá. 

Nimcko coh canee, Señor de una casa grande. 

Ahau Ah toh^'l. Señor de una casa grande. 

Popolvinac, Chituy, Sefor de una casa grande, 

Lolmet quehnay. Señor de una casa grande. 

Popolvinac puhonrelatz Xcuxebá, Señor de una casa grande. 

Tepeu-yaqui, Señor de una casa grande. 

Estos son los nueve Chinamitales que salieron de los Caniquib, que 
descienden de Balanquizé, y todos estos tenían muchos vasallos debajo de sí. 

La descendencia de Balamacab fué otra y hubo la línea recta que se 
reputa por línea real y después» las casas grandes que de aquesta descenden- 
cia vino que es de la parcialidad de Nihaibab. 

Bslamacab el primer Abuelo y Padre. 

Coacul Coacutec, segunda generación. 

Cochachuh Cor'bahá, tercera generación. 

Beleheb quih, la cuarta generación. 

Cotuha, la quinta generación. 

Batyá, la sexta generación. 

Ztayul, la séptima generación. 

Cotuha, la octava generación del Reyno. 

Belehé quib, la nona generación del Reyno. 

Quema, la décima generación. 

Don Cristóval se llamó el que Reynó en tiempo de los Españoles. 

Don Pedro de Robles es el que Reyna ahora. 

Estos fueron todos los Señores que descendieron por la línea recta de 
Balamacab. Ahora se siguen los Señores grandes que sialieron de aquesta 
familia, que es la de Nihaibab, que tiodos son Señores de casas grandes : 

Ahaucatel, el primer Señor de los de Nihaibab, Señor de una casa 
grande. 

Ahau azic vinac. Señor de un casa grande. 

Ahancalel Canháj, Señor de una casa grande. 

Níma canha. Señor de una casa grande, 

Uchuch Camihá, Señor de una ca£(a grande. 

Ninchocobnihaib, Señor de una casa grande. 

Nimacanah, Señor de una casa grande. 

Ahau Abilix, Señor de una casa grande» • 

52 



Yacolatam, SerioT de una casa grande; y estas son las nueve casas 
í^randes que se dirigieron de la descendencia de Balamacab, que es la parcia- 
lidad de Niaibab, y tenía cada Señor de estos muchos vasallos debajo de sí. 

La descendencia de los^ de Ahauquichc, es en esta forma: su primer 
padre y abuelo fué Mahucutah y esta fué la primera generación. 

Coahau, la segunda generación. 

Caclacan, la tercera generación. 

Cocoson, la cuarta generación. 

Comacan, la quinta generación. 

Vecuha, le sexta generación. 

Cocamel, la séptima generación. 

Coyahacoh, la octava generación. 

Ninacbam, la nona generación. Estos fueron los señores y Reyes que 
hubo en la descendencia de los de Auquiché y su descendencia por línea 
recta. Ahora diremos los Señores qfué de aquesta famil a, salieron Señores 
de casas grandes, que solo fueron cuatro : Ahzicvinac, Señor de una casa gran- 
de. Lolmetahau, Señor de una casa grande, Nuichocoh, Señor de una casa 
grande. Acavitz, Señor de una casa grande. 

Estas tres casas grandes y descendencias se llamaban los tres grandes 
conv'tos perqué cada una de estas tires tribus se juntaban a hacer sus convites 
y sus fiestas, y es'os eran los que todo lo mandaban y cada una de aquestas 
juntas disponía y mandaba cuanto se ofrecía chico y grande. 

Estas son todas laa historias del Quiche y lo que allí ha pasado: hás3 
escrito ahora todo esito porque aunque antiguamente hubo libro donde todo 
esto constaba, se ha perdido y nq hay donde ver todo aquesto, y así se acabó 
todo lo tocante al Reino del Quichee, que se llamaba Sajita Cruz". (Aquí ter- 
mina el Popol-Vuh). 



CAPITULO XXII 

De algunas advertencias tocante a aquestas historias de !cs indios. 



Porque el principal cuidado del que escribe historias, debe ser el aten- 
der a la verdad de lo que se refiere, íÁn detenerse por pasiones, u otros moti- 
vos, a aprobar con argumentos lo que es solo de hecho, sin llevarse de pasión 
ni afecto alguno; por eso he determinado, el que todo lo que pudiere referir 
de ajeno marte valerme de ello, pues no hay duda que cualquiera que se deter- 
mina a escribir y principalmente historias, habrá examinado muy bien la 
verdad de cada^cosa; y siendo personas de tanta autoridad las que han escrito 
de aquesta América, no dudo que en cuanto en ellos estuvo, procuraron seguir 
la verdad, aunque no dejó de haber algún engaño en algunos por las cortas 
noticias que tuvieron, o malos informes de que se valieron, de que hubo mucho 
en aquellos principios por defender algunas causas injustas que procuraban 
mantener. 

53 



No hay duda que a algunos los llevó el afecto, o el deseo de engrande- 
cer su parte, queriéndola levantar a mayor grandeza, como le acontece a cierto 
historiador moderno, porque les han tocado en la parte de siu administración 
algunos pueblos sobresalientes, como es Tepam Guatemala, Atitán y Que- 
zaltenango, ha querido que estos fuesen la cabecera de aqueste Imperio y 
Reino de Guatemala, dejando entre las sombras del olvido lo que es tan 
público y claro en todo este Reino, que la cabeza y monarquía y corte de sus 
Reyes fué el Quichee, donde hasta el día de hoy se conserva la descendencia 
de sus Reyes que todos los indios conocen. Poco imiportaba esto, pero no es 
razón que se oscurezca la verdad ni aun en la cosa m,áfe mínima. ¿ Qué gran- 
deza se nos sigue de que la corte caliese en la parte que administramos? 
Ninguna, y solo nos podía llevar algún tanto haber sido la Religión de Predi- 
cadores la que redujo la corte y sus monarcas al conocimiento de Dios ; pero 
hacemos tan poco alarde de eso, que no tenemos más gloria que haber sido 
conocido Dios por medio de Religiosos, que es la mayor gloria que podemos 
tener; gloriarnos en el Señor como decía San Pablo. 

Volviendo, pues, a nuestro principal asunto, que es» el advertir y notar 
lo que estos indios escriben del tiempo de- la Gentilidad, ya habrá notado el 
lector si atentamente ha leído todas las historias, la grande noticia y expre- 
sión de los más principales misterios de nuestra santa fe católica; y aunque 
fe pudiera dudar de la verdad de aqueste papel, mi corta capacidad no admite 
duda, pues por la experiencia que tengo de largos años que administro en 
ambas naciomes Cakchiqueles y Quichees, conozco que aquestas historias son 
sacadas y trasladadas de las que ellos tenían del tiempo de su gentilidad para 
conservar sus errores, que hasta el día de hoy conservan, cuando no en la 
idolatría formal; aunque en muchas partes se sabe que dura, a lo menos en 
los muchos abusos que hasta hoy tienen y estilos que queda anotado en los 
márgenes de sus historias, como queda puesto arriba; y aunque don Francisco 
de Fuentes cita u^nos escritos de indios, son de muy poca autoridad respecto 
de ser escritos por indios particulares de otros pueblos, muchos años después 
de la conquista, sin más noticia para ello que las que entre los particulares 
estaban difundidas y estas otras son las originales de la Corte y que conserva- 
ban en su modo de escribir sus sumos Sacerdotes ; y así aunque lo más es 
quimera, se ha de tener por lo más auténtico tocante a lasi noticias de sus 
cosas en lo que llevan camino y concierto. 

Bien claramente dicen y declaran del misterio de la Trinidad Santísima, 
que son tres personas y un solo Dios, uno en esencia, y que este creó el cielo 
y la tierra sin atribuir ésto a otro alguno. Esto ea lo que mjás causa duda y 
espanto, que no habiendo tenido los hebreos conocimiento claro de todas tres 
personas divinas porque este soberano misterio no se entendió claramente 
hasta que vino Cristo Señor Nuestro al mundo. ¿De dónde pudieron tener 
estos bárbaros! en partes tan remotas esta noticia? Que tuviesen noticia de 
la creación, del diluvio, de la estrella de Jacob que profetizó Balam, de la 
pasada del Mar Bermejo y otras cosas que tocan y aun de la Encarnación 
del Verbo en una Virgen todo esto se hallaba en la Sagrada Escritura y los 
Profetas que aqueste Pueblo Hebreo tuvo y supo, ya eran instruidos en esta 
ley; mas del Soberano misterio de la Trinidad Satísima, solo me persuado a 

54 



lo que muchos dicen, que alguno de los Apóstoles vino a que estas partes, 
de que se hallan vestigios en muchos lugares, y memorias y señas que hay 
tas ciertas que son como evidencias, como refiere el señor Piedraita en su 
historia del nuevo Reino de Granada, el Muy Reverendo Padre M'^ Melcndez 
en su historia de la Provincia de San Juan Bautista del Perú y el Muy R. P. 
Fray Diego López Cogolludo en su historia de Yucatán y otros. 

Y si en la materia puede valer alguna conjetura, aqui tiene lugar la 
que dice el M. R. Padre M'^ Fray Antonio de Vieira, en un sermón del Espí- 
ritu Santo, donde dice que el Santo Apóstol Santo Tomás fue el que aquí 
predicó en esta América. En castigo de la incredulidad que tuvo de la resu- 
rrección gloriosa de su Maestro, le cupo en parte el predicar a gente tan incré- 
dula que hasiia el día de hoy al cabo de tantos años, no hay forma de acabar de 
radicarse en la fe andando siempre vacilan en si será a no será. A mí no me 
descuadra como sentir de tan gran Maestro, y con ella me afirmo en otra que 
yo hago sobre cuál sería el motivo de dar Dios aquesta América a la Nación 
Española y no a otra; y astrayendo de que como estos son tan fáciles de creer 
y no creer, si otra nación que no fuera la española que constante persiste en 
la fe, introdujera con facilidad otra cualquiera secta de las qué se profesan en 
Francia y Alemania, yo discurro que Dios dio aquestos indios a los españoles 
para que con su flema y torpeza fuese contrapeso al orgullo y viveza españo- 
la, porque es cierto que el mayor contrapeso que tenemosi los ministros, es 
lidiar con estas gentes tan opuestas al genio español. 

Esta noticia del misterio altíj'Jmo de la Tnnidad y de la Encarnación 
y otras, lo tuvieron otras naciones, como el Ilustrísimo señor don Fray 
Bartolomé de las Casas, Obiapo de Chiapa escribe, de quien lo sacaron, nues- 
tro Remesal en la historia de aquesta Provincia, el citado de la historia de 
Yucatán y el Maestro Fray Gerónimo Román en su República de los Indios, 
de quien me pareció trasladar aquí parte del Capítulo 2" anotando en lo que 
padece equivocación, dice, pues: (Fol. 129). 

"Tamibién tuvieron por Dios a la Santa Cruz aunque no sabían qué 
representase, porque en el Reino de Yucatán, en una Villa llamada Cozumel, 
había en un patio una cruz grande de piedra y cercada con muchas almenas, a 
la cual reverenciaban y tenían en mucho y venían a visitar de muchas partes 
y muy diversas: tenían esta figura para encomendarse a ella en tiempo de 
muy gran seca, de manera que le pedían agua cuando tenían necesidad; ofre- 
cíanle por sacrificios codornices, como adelante se dirá: tenían por memorias 
antiguas que pasando por aquellos tierras un hombre muy hermoso les dejó 
aquella señal para que se acordasen perpetuamente de él; otros dicen que les 
fué dicho que había muerto en ella uno más resplandeciente que el Sol, y así 
lo refiere P-' Mártir en sus Décadas : también tuvieron noticia de la Santísima 
Trinidad porque en el Obispado de Chiapa se halló cierta gente que tenían 
por Dios al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y que el Padre ac llamaba 
Vcona, el cual había criado los hombres y todas las cosas, el Hijo tenía por 
nombre Hacab, el cual nació de una doncella siempre virgen, llamada Chivi- 
rias, que está en el cielo con Dios; al Espíritu Santo nombraban Estruac Yco- 

55 



na, dicen que quiere decir el gran Padre de Hacab, qué es eí hijo que lo 
mató. ... y lo hizo azotar y puso una corona de espinas y que le puso tendidos 
los brazos en un palo, no entendiendo que estaba enclavado sino atado y así 
para lo significar tendía los brazos donde finalmente murió. Estuvo tres días 
muerto y al tercero tornó a vivir y se subió al cielo y que está allá con su 
Padre; y después de esio, que vino luego el Espíritu Santo que se llamaba 
Xtruac y hartó la tierra de todo lo que hubo menester. Todo esto dice el 
Obispo de Chiapa que supo de informaciones que tuvo en su Obispado (que 
se le remitieron de Campeche) y siendo preguntados que de a dónde tenían 
aquella noticia, respondieron que los Zochicas y Señores lo habían enseñado 
así y que de mano en mano ha'bía venido de padres a hijos. Asimi&mo se 
halló memoria de que vinieron veinte hom(bres y el principal se llamaba 
Colcolcam y que este era tenido por Dios de las fiebres o calenturas desde 
los. . . . otros eran Dioses contra el pecado, otros dos de los campos y hereda- 
des y otro que tenía cargo de enviar los truenos. Estos, dicen, que traían las 
ropas largas y por calzado sandalias, las barbas largas y grandes y descubier- 
tas las cabezas) : estos dicen que enseñaban a los homibres que se confesasen 
y ayunas'en y qjie ayunaban algunos pueblos los viernes señaladamente, lo 
cual hacían porque aquel día murió Hacab y aquel día tiene por nombre Himis, 
al cual honraban y reverenciaban por haber muerto en él Hacab. De estas 
noticias particulares no tenían noiicia los pueblos en común, mas los Señores 
y la gente principal tenían inteligencia y lo comunicaban con los demás; toda- 
vía el pueblo reverenciaba las tres personas, conviene a saber Ycona, Bacab y 
Xtruac y Achivirias madre de Bacab: y asimismo reverenciaban a la miadre de 
Chivirias que £« nombraba Xehen ; de manera que al Padre, al Hijo y al 
Espíritu Santo y Santa María Nuestra Señora con su bendita madre Santa 
Ana conocían aunque confusamente. Si esto es verdad sin duda nuestra 
sante fe y Religión fué publicada y predicada por aquella geníe. Algo hace 
esto ser verdad por hallarse en esta Provincia y Reino algunos edificios y 
letras o caracteres más particulares que en otrasi partes, 

"Tuvieron otro Dios famoso los indios principalmente en la Provincia 
de Guatemala a treinta leguas adelante a donde se llama la Verapaz, que 
entonces se decía Utatlán, De este Dios cuentan una cosa digna de admi- 
ración, y si supiéramos qué acaeció después de la Encarnación y Pasión de 
Cristo, todavía de cosa fabulosa la convirtiéramos en verdad; pero, sea lo que 
se fuese, ellos tienen que este Dios fué a hacer guerra al infierno y peleó 
con aquella infinidad de Diablos y los venció y prendió al Rey del infierno y 
otros muchos de los suyos y que volvió al mundo ; pero, llegando cerca de la 
tierra, el Rey del infierno, pidió que no lo sacase de su lugar y Xbalanqué 
(que así se llamaba este Dios) le dio un empellón, y lo volvió a su propio 
Reyno y le dijo : sea tuyo todo lo malo, sucio y feo. Y que viniendo vencedor 
Xbalanqué los de Guatemala y Verapaz no lo quisieron recibir con la honra 
que era varón y se fué a otra provincia donde fué recibido con muchas cere- 
monias y que de este vencedor del Diablo, tuvo origen de sacrificar hombres". 
Hasta aquí Fray Gerónimo Román en el lugar citado. 

56 



CAPITULO XXIII 

Donde se prosiguen las mesmas advertencias. 



Muchos son los misterios de Nuestra Santa fe Católica y del Testa- 
mento Viejo y Profecía que aquí toca; pero todo está tan lleno de errores y 
disparates y cuentos, que bien se echa ver ello, obra de quien fue, de aquel 
perversor de todo lo bueno : que tuvieron noticias de Dios y de sus misterios 
es cosa cierta como se ve en todo ello : que esto fuese por la predicación de 
algún Apóstol, es cosa muy verosímil, como queda dicho arriba; y lo más 
cierto que fué esto y juntamente las tradiciones que con.^ervaron del Pueblo 
Hebreo, de quien sin duda descienden, Y lo que yo he llegado a pensar en 
este caso es, que viendo por una parte la malicia de Satanás la guerra y ene- 
mistad que siempre tiene con su Criador, por lo cual procura siempre usurparle 
su gloria desde que le quiso quitarle su trono y asiento, y también lo que hallo 
en noticias antiguas, que previniendo el Demonio que había de llegar a estas 
partes la predicación del Santo Evangelio, les m'sturó entre todos aquellos 
misterios de las mentiras y varañas que allí están revueltas con los nombres 
de aquellas personas que allí introduce de Huhapú y Balanqué, que claramente 
no dice que estos eran Dios sino unos hombres como nosotros decimos Divinos 
como llamamos a los Sanios, que de la comunicación con Dios ya no parecían 
humanos y las cosas que hacían y obraban eran de Dios que por su medio las 
obraban para que cuando llegase la predicación se confundiese el Evangelio, 
viendo que hacía tanta alusión a aquellos de los que dice el Santo Evangelio, 
como fueron Cristo, María Señora Nuestra y los Santos Apóstoles y San Juan 
Bautista y los demás santos que les sucedieron, aquellos que referían sus 
histerias y mentiras, como se ve. Sucedió en aqueste Reyno poco después 
de conquistados, que oyendo las vidas de Cristo y de Nuestra Señora, de San 
Juan Bautis'ta y de Sam Pablo y otros que los Padres les enseñaban, se levantó 
un indio mejicano Pseudo profeta que enseñaba que Huhapú era Dios y que 
Hununapú era el hijo de Dios Xuchinquezali (que es mejicano) y Aquiexquic 
Santa María, Vaxaquicab San Juan Bautista, Huntihax San Pablo, con lo 
cual hubo tanta conmoción entre los indios que estuvo esto para perderse 
porque llegaron a imaginar que nuestro Santo Evangelio nada les decía de 
nuevo, que eso ya se lo sabían y se trabajó mucho en esto y aun todavía se 
trabaja y se trabajará, porque no hay forma de entrar en nuestra Santa fe a 
derechas, aunque en esto no hay que culpar a muchos, porque sobre ser gente 
rústica, de poco talento, faltos de letras y de enseñanza, por muchas partes no 
acaban de entender cómo es esto de la fe ; aunque por muchas partes (no 
acaban de entender cómo es esto de la fe) hay indios muy despiertos y donde 
se dajn a las letras aprovechan muy bien en ellas; pero ha sido tal la des- 
gracia de estos miserables que no cursan escuela. Si ellos tuvieran libro en 
su idioma en que leer los misterios de nuestra Santa Fe Católica y toda la 
doctrina cristiana explicada con estilo llano como la expl'có el Ve. Pe. y 
Apóstol de estas gentes Fray Domingo Vico en dos parles la una que empieza 
desde el Ser de Dios y la creación del mundo hasta la venida de Cristo y la 

57 



segunda desde Santa Ana y San Joaquín hasta el juicio final, obra verdade- 
ramente tan admiraJble que en nuestro idioma fuera admiración aun en los 
más doctos; escribió aqueste mesmo Ve. Pe. otros muchos tratados y oracio- 
nes devotos, pero aunque los escribió en las lenguas Cakchiqueles, Quiche y 
Zutuhil, Cacchí, Pocoman y Lacandón, como se dieron a la estampa 
aunque se procuró trasladarse, ha sido muy poco lo que se ha podido exiender 
y asi muy a puras penas se hallan de aquestos libros en tal o cual pueblo y 
eso oculto entre los maestros y fiscales. No fué solo aquesíte Ve. Pe. el que 
trabajó en escritos, que hubo otros muchos insignes escritores como fué el 
Ve. Pe. Fray Francisco de Víana en la lengua Pocomán, Fr. Dionisio de Zúñi- 
ga en las admirables obras que escribió en la mis^ma lengua, tradujo en la 
Quiche de la vida de Cristo y de la Virgen, tratado de oración, del Rosario y 
otros muchos devotos; pero no se han imipreso, y padecen el miismo defecto 
Otros muchos escribieron de quienes se hará mención adelante en el libro 
segundo, que cierto ha sido cosa lastimosa, que habiendo tantos arbitrios 
para con Su Majestad para todas las cosas de interés y otras que mejor 
fuera que no les hubieran dado, no ha habido uno que propusiese a Su Majes- 
tad se imiprimiesen de estos libros, que no dudo de la piedad de nuestros 
católicos Monarcas que no escusarán el gasto de cosa tan pía y santa y de 
que redundará tanto bien espiritual a sus vasallos, pues nunca excusa cosa 
alguna que conduzca a su íbien, como lo estamos mirando en las justificadas 
leyes que expide. 

Los Ministros Evangélicos bien lo han trabajado y lo trabajan; pero 
tienen tan poca ayuda y fomento de los Ministros de Su Majestad, que ni aun 
en el enseñar a leer cuatro muchachos para el coro, se puede conseguir; pues 
que si se les pide para reiparo de una igler-a aue narda su Majestad que se 
haiga a su costa, eso es imposible y cosa infinita; lo común es no conseguirse 
y si se hace es a costa de los pobres indios y si se consigue la cuarta parte 
de tributos por dos años y en esto y procuradores y escribanos, agente Fiscal 
y Oficiales Rs. se suele consumir la mayor parte o todo de lo que se ha de 
dar; a mi me sucedió pedir 30 tostones que estaban en la caja real de la comu- 
nidad de un pueblo que manda Su Majestad, que de esto si lo hay, se hagan 
los reparos de las iglesias y ornamentos. Eran para unos manteles que se 
carecía de ellosi en el altar, y en diligencias se gastarom 12 tostones, y faltaban 
tantas que viendo que todo se había de consumir en esto lo dejé y allá se per- 
derá como otras muchas cosas; esto es materia infinita y quebrarse la cabeza 
más que aprovechar y así mejor es dejarlo y pasar a otra cosa. 

No hay duda que lo inculto de aquestas gentes y su gran retiro de 
comunicar con los españoles es mucha parte de estar muy poco cultivados 
algunos de ellos y también aqueste modo de pueblos que para muchas partes 
hay desparcidos, que por pequeños, hay dos y tres y a veces hay seis y ocho 
pertenecientes a un mismo miniatro, a que no se puede acudir con aquel cui- 
dado que se requiere y continua doctrina que si estuvieran juntos en poblacio- 
nes raciona/bles, todos debajo de una mesma campana y a vista de su mesmo 
ministro, no hay duda sino que estuvieran mucho mejor; pero la maleza de 
la tierra y lo barrancoso es de tal calidad que sá se hallaba que para una pobla- 
ción buena o que tenga sus tierras para sus sementeras, no se hallan dos 
parajes de estos y de este modo, junto uno y otro, su natural tan corto y pusi- 

58 



lánime, la aversión que tienen al español y lo inculto de aquestas^ montañas 
produce un género de gente bien agreste y montaraz, y es cierto que si fuera 
dable que sus ministros y sacerdotes fueran de su mistma nación mucho más 
fruto se hiciera porque son de tal calidad estos y tanta la desconfianza que 
de los esipañoles tienen, que porque los ministros son españoles» casi se puede 
decir que no creen lo que les dicen poniéndolo siempre en duda; pero si otro 
indio como ellos les dice un disparate lo creen fijamente y corre entre ellos 
como si fuera mucha verdad; pero lo cierto es que son casi incapaces de £<er 
ministros de la Iglesia por sus ruines propiedades y natural inclinación a la 
embriaguez. 

Solo en lo que se conoce que están persistentes, no sabemos su interior, 
es en lo que se han criado, de creer en Cristo, su pasión, la Virgen Santísima 
y los demás misterios de fe; pero esto pienso que es más porque no oyen 
cüsa en contra que si 'a oyeran no dudo que entre ellcs se dif urdiera cual- 
quier error, como lo hemos visto en estos díías en la sublevación de la Provin- 
cia de los Zendales de aqueste Reino, de que se tratará a un tiempo; pero 
tienen eso bueno que con la misma facilidad que asienten, desienten de cual- 
quiera cosa; y así decía arriba que sin duda al dar aquestas indias a los espa- 
ñoles es por la firmeza que en ellos se ve en la fe católica porque a poseer esto 
otra Nación menosi firme, ya no se conociera de que color era la fe católica en 
aquesta América. 

De otros disparates y verdades que en estas historias se trata, diremos 
alguna cosa en los capítulos siguientes, como se fuere ofreciendo tratando 
de aqueste Reino y Monarquía. 



CAPITULO XXIV 

De la situación de aqueste Reino de Guatemala, y de la venida de 

aquestas gentes. 

Siempre es muy conveniente para venir en la entera noticia de la cosa, 
el dar alguna luz de lo que ello es, y más en historia de Provincia como esta; 
y así tuve por conveniente, el dar alguna luz de aqueste Reino que lo fué en 
su gentilidad, que se llamó Tepam-Guatemala, en la América Septentrional, 
que así se puede llamar respecto de lo que se llama meridional por estar por 
la parte de la línea por el Polo Antartico, esta de aquesta tierra firme, que 
lo es con la de la Nueva España, está de aquesta parte de la línea por el Polo 
Ártico, 

Corre todo aqueste Reino en muy dilatadas Provincias, casi de Oriente 
a Poniente por más de quinientas leguas, desde la raya que divide aqueste 
Reino de el de la Nueva España, que es el fin de las Provincias de Chiapa. 
hasta el fin de las Provincias* de Nicaragua, donde terminando en unas mon- 
tañas dilatadísimas va a dar con tierra firme de Panamá, en cuya inmediación 
hay muchos indios infieles de cuyas reducciones se trata por lo que llaman la 

59 



Talamanca, que es por la parte de Nicaragua que toca a este Reino y por la 
otra parte también que es la que mira a Panamji, como dice el M, R. P, M". 
Fray Juan Meléndez en las tres partes de su historia del Perú a donde toca 
aquello. 

Hállase todo aqueste Reino por los lados de su anchura, que por 
partes es mucha y por otras no tanto, aorillada a los dos mares por el uno el 
mar del Norte y el Océano y por la otra el mar que llaman del Sur. Aqueste 
no solo es abundante de todo género de pescados, aino tamlbién de muchas per- 
las y buenas que se cogen en la Provicia de Nicoya y en 'toda aquella costa e 
islas hasta Panamá. También se tiñe en axjuella cosita el Mío que llaman de 
caracol, cierta cosa de mucha estimación, llamado así perqué se tiñe con la 
baba que cierto caracol que allí se cría entre las piedras de aquella costa, 
arroja quedando por luego de color verde de esmeraldas y después poco a 
poco como se seca el humor o baba se pone de un morado tan agradable que 
tira o púrpura. Quizás serán estos los múrises que tanto se estimaron anti- 
guamente, con que se teñían las púrpuras de los reyes. Este caracol goza de 
las mismas influencias que la mar en los movimientos de la luna y así solo 
en la luna llena se tiñe porque entonces aJbunda en aquella babasa o humor 
que echa. Es eí<e hilo de caracol trato de muchos intereses, como mucho 
más el de las perlas, donde también abunda la tortuga de carey, cosa también 
de mucha estima. 

No es menos fecundo el otro Mar del Norte y toda su costa en abun- 
dancia de pescados y de las toriugas de carey que también aquí se pescan 
disformes en grandeza, así de aquestas como de las que se traen para el sus- 
tento de la ciudad de Guatemala y o'íras muchas partes, aunque más goza de 
esto y de los pescados del otro Mar del Sur por cogerlo más cerca. 

Hállase aqueste Reino tomando el asiento como en esta ciudad de 
Guatemala en la altura de quince o diez y seis grados de altura de Polo o 
lat'tud poco más o menos conforme se llega más a la parte equinocial, o la 
Darte del Norte, o Polo Ártico. 

Comiprende aquesta Gobernación de aqueste Reino, muchas y muy 
dilatadas provincias, teniendo en sí cuatro Gobiernos además del Supremo que 
está anexo a la Presidencia que los tres son Capitanías Generales fuera de 
la Presidencia que es sobre todas las provincias de Nicaragua que es Capi- 
tanía General, la de Costa Rica asimismo que es Capitanía General el Go- 
bierno de Comayagua que es también Capitanía General y esla y la de Nica- 
ragua son Obispados ambos a dos, el corregimiento de Nicoya, el Corregi- 
miento del Realejo, el Corregimiento de Sébaco, la alcaldía mayor de San Sal- 
vador que es una provincia muy dilatada, la T^lcaldía Mayor de la Villa 
de Sonsonate que es puerta del comercio con el Perú, sigúese por aquella 
costa el Corregimiento de Escuintla y se dá la mano con la Alcaldía mayor 
de Atitán y Tecpanatitán que es cosa muy dilatada y cion la de San A'nton'o 
Suchitepéquez, Provincia muy pingüe y abundante por la gran cosecha del 
cacao, con que confinando esta con el Gobierno de Soconusco que por aquella 
parte termina aqueste Reino y empieza el de la Nueva España confina tam- 
bién eíiíe Gobierijo de la Nueva España con la Alcaldía mayor de Chiapa 
porque es Obispado y comprende tres provincias, la de los Zoques, la de los 

60 



Zendales y la de los Zosiles y otras naciones más cortas. En esta Alcaldía 
mayor también termina la jurisdicción de aqueste Reino, espezando el de la 
Nueva España por el de Tehuantepeque y Tabasco, aunque este con pertenecer 
al Ob.spado de Campeche, su administración toca a aquesta Provincia de San 
Vicente de Chiapa de Guatemala de mi sagrado hábito. Linda aquesta Alcal- 
día mayor con la de Huehuetenango Provincia muy dilatada, y esta con la 
Alcaldía mayor de Quezaltenango, aunque esta no es tan extensa. Hacen 
raya la de Huehuetenango y la de Atitlán con la Provincia de Verapaz muy 
dilatada que antiguamente fué Obispado y después se suprimió y unió con 
este de Guatemala. Esta Provincia de Verapaz confina con el Corregimiento 
de Zacapa y éste con el de Chiquimula de la Sierra y éarte con el de Guazaca- 
pam, dejando todos estos últimos como en medio, y en riñon el Corregimiento 
del Valle de Guatemala siendo sus dos alcaldes uno seis meses y el otro otros 
seis meses» Corregidores del VaTe en cuyo centro viene a e?tar la ciudad de 
Guatemala, cabeza ilustre de todo aqueste Gobierno, de que después se hará 
especial mención en el Libro 2'? que lo merece lo ilustre de su Caballería y 
suntuoso de sus fábricas. 

En todas las mási de aquestas Provincias hay muy lindas villas y ciuda- 
des pobladas de muy buena gente e ilustre, así de la que desciende de sus 
conquistadores como de la que después ha ido viniendo por diferentes motivos 
y cargos; abunda todo aqueste Reino de muy nobles y copiosos fruto?, como 
son el añil que es mucho el que se coge, el achiote, el cacao, la vainilla, muchos 
minerales de cobre, hierro, plomo y plata y sobre todo de oro que es por mayor 
lo que abundan las tierras de Comayagua y Nicaragua, aunque por poca cura 
no se aprovechan de ella lo que pudieran, abundante de todos géneros de 
bastimentos y frutas que con poco se mantienen las familias porque todo está 
muy barato y abundante, abunda en zarza y otros frutos, que sería muy largo 
de contar, por lo cual ha sido aqueste Reino muy frecuentado y rico de comer- 
cios que podía competir con los rrrás opulentos, aunque el día de hoy por las 
calamidades de los tiempos se halla algo cor!o, más que mucho si los más 
ricos de Lima y Méjico se hallan tan atrasados. Todo procede de la cabeza 
que es España, y si esta se halla tan fatigada de calamidades y desdicha?, 
¡cómo pueden estar la& demás partes de este cuerpo de aquesta Monarquía? 

Muchas y muy varias naciones son las que habitan este Reino de los na- 
turales indios ffuyos, siendo menos o más pobladas las Provincias según son 
más o menos pingües y según mi's o menos padecieron de aquella asolación que 
se hizo en las conquistas, pues como dice el Ilustrísimo y Reverendísimo señor 
don Fray Bartolomé de las Caras, las Provincias de Nicaragua y Comayagua 
eran pobladísímas ; pero como dice Torquemada, libro 20. capítulo 68, en aque- 
llos principios mataron, quemaren y tomaron por esclavos más de cinco cuentas 
de indios, y hoy se hallan tan des'ertas que se anda mucho despoblado para lle- 
gar a un pequeño pueblo, pues aunque más algunos escritores quieran dorar 
las muchas crueldades que en aquel tiem,po se usaron, no lo han de poder oscu- 
recer; y aunque esto se callara, las D'edras de las ruinas y despoblados clama- 
ran. Ojalá y no hubiera s»'do así, que menos dolor sintieran muchos conquista- 
dores en su corazón a la hora de su muerte, como lo sintió el Adelantado don 
Pedro de Alvarado, cuando estando para morir, acordándose de los males que 
había hecho a tantos miserables, dando terribles suspiros y ayes, le preguntó un 

61 



su amigo : ¿ Qué es lo que más le duele? A que respondió : "El alma". Dichoso 
del que tuvo tiempo de arrepentirse y de los demás que se arrepintieron, y des- 
dichados de los que no tuvieron lugar de ello, o no lo supieron lograr. No es du- 
dable que fué terrible el azote que Dios les envió a aquestos miserables tan jus- 
tamente merecido por sius maldades, en estas guerras de la conquista, de que 
se sacó tan gran bien como se ve en el gran número de predestinados que 
su infinita piedad tenía escogidos en esta tan dilatada y poblada parte del 
mundo; pero tamibién es cierto que muchas veces Dios castiga para satis- 
facción de su justicia y que después echa el azote en el fuego como hizo con 
Atila que se intitulaba él mismo flagelum, Dei, azote de Dios, y después echó 
aqueste azote en el fuego de los infiernos, y ojalá no haya sido asi de los que 
trajeron su Santo Nomlbre aqueste mundo con tanto trabajo y agonía como 
pasaron en aquestas conquistas. Querer reducir las naciones de las gentes 
de este Reino a un principio, y este cual sea, es materia imíposible que solo 
Dios puede entender como fué aquesta propagación y extensión; pero lo que 
se tiene por más verosímil es que aquesta extensión vino del Pueblo Hebreo, 
como queda dicho arriba en el Capítulo 1^ de aqueste libro y que proceden de 
aquellas gentes que Salmanasar Rey de los Asirlos^ llevó cautivos a Babilonia 
entre cuyas gentes fueron todos los Cananeos, que no hay duda se revolvieron 
con los hebreos después que desampararon y dejaron al verdadero Dios. 
Estos todos que se mistaron, pues no hay noticia ya de estas gentes, y especial 
de los Filisteos que tenían aquella parte de la tierra prometida de£«pués que 
David los sujetó y le tributaron, ya después no se hace mención de aquestas 
gentes y fué la parte que quedó con Jeroboán cuando se abro con las diez 
tribus y se llamó Rey de Israel a diferencia de Roboán que se llamó Rey de 
Judá, con que no cabe dude que se misturó y se hizo una, idolatrando todos 
en aquellos ídolos que levantó Jeroboán, aunque totalmente no se extinguió 
en aquel Reino el conocimiento al verdadero Dios conservándose muchos pro- 
fetas del señor y así siempre estuvieron vivas las noticias de Dios verdadero, 
de los libro? de la ley, que es el Pentateuco, y los Profetas, y si se atiende al 
sagrado tex'o con esta gente parece que habla Dios al Capítulo 7.20 de Isaías 
cuando los condena a la esclavitud y cautividad que han de tener en Babilonia 
diciendo: In die übaradet Dominns innovacula conducta in his, quitrans Hu- 
mem sunt, in rege Assyriorum, caput et pilos pedum et barbam universan. En 
que parece nos pinta a estos^ lamipiños de barba y de bello como son todas las 
naciones de los indios, ni me parece va muy apartado de buen discurso el que 
anunciase el Profeta su calamidad y castigo, cuando en sentir de muchos 
anunció también su salud en aquella profecía : Ite angelí veloces ad gentem 
convulsam et dilaceratam : ad populum terribilem, postquem non est alins: 
ad genten expectatem et conculcatam. C. 18. V. 2, "Andad ángeles veloces a 
aquella gente que se halla hollada y desgarrada a aquel Pueblo terrible des- 
pués del cual no hay otro, a aquella gente que está esperando y conculcada". 
Entendiendo por aquellos ángeles veloces a los Predicadores : aqueste 
pueblo terrible, por su inmensidad, pues si se considera aquesta nación de 
aquestos indios es la más dilatada que se conoce, toda destrozada, destgarrada 
y conculcada por Satanás y sus sáitrapas y ministros que los mataban y sacri- 
ficaban comiéndose bárbaramente y con cruedades unos a otros; después de 
la cual ya no se halla otra, aunque en parte no se halla descubierto, en lo más 

62 



está ya descubierta, y lo que falta por descubrir, toda es la misma nacidbi. Y 
no hay duda que con aquellas gentes que salieron de Palestina se llevó Nabu- 
codoncsor otras muchas de sus contornos de los Héteos, Jebuseos, Amorreos 
con todas las demás gentes que dice el Capítulo décimo del Génesis que dcs^ 
cendieron de Can, hijo segundo de Noé, cuyos descendientes poblaron toda la 
tierra de Palestina, de cuyas gctes quedaron siempre reliquias, como consta 
del sagrado tes; amento y que se viniesen propagando como se propagaron en 
tanta manera que llenaron tanta infinidad de tierra como ocupan. 



CAPITULO XXV 

Donde se prosigue la misma materia de la propagación de los indios. 



Que sea aquesta nación o parte de ella, descendiente de Cham, hijo 
segundo de Noé, cuando no lo tenga por cierto, lo tengo por muy verosímil o 
probable, aque me inclinan algunas razones y congruemcias. 

La primera la dicha en el Capítulo pasado de haberse misturado los 
Israelitas con aquellas gentes que se llamaban Cananeos, descendientes de 
Cham que poseyeron a Palestina y sus contornos, y aunque esto no sucedió 
por luego, aunque no dejó de haber alguna mistura desde luego como consta 
del Libro de Ruth que era gentil y Sansón que casó con una mujer filistea 
idólatra, y Salomón que casó con hija de Faraón gentil; pero donde más hubo 
y esta mistura fué des-ipués que Israel se dio a la idolatría y fueron unos cdn 
los Filisteos, y siendo llevadas estas diez tribus cautivas, de a donde es lo 
más cierto que descienden estos indios, no hay duda que de todosí vinieron ; 
y de los descendientes de Cam que sean de las tribus de Israel, no pueden 
más claro decirlo cuando en sus historias dicen que son trece las tribus de 
quien descienden, pues así fué que fueron trece las tribus de Israel con la 
Sacerdotal que era la de Leví, que no se contaba, porque aunque fueron solo 
dbce los hijos de Jacob, que habían de corresponder estos Patriarcas a los 
doce Apóstoles hijos del mejor Jacob, consta del texto que de la tribu de Jos'eph 
se hicieron dos con que son trece para que sacada la Sacerdotal que no se 
había de contar, quedase la misteriosa del número perfecto, con que viniendo 
de Cam parte de aquestas gentes por los Cananeos que así se llamaban de 
Cam y de ellos "tierras de Canaam", paso a otra conjetura y discurso. 

Es cosa cierta entre católicos que no hay cosa alguna de las criadas 
donde no esté reluciendo quien fué su Criador y expresá'ndose el misterio Sa- 
cratísimo de la Trinidad Santísima, como autor de todo. Donde más reluce 
es en la fábr'ca del hombre como obra que le costó tantas atenciones como 
insinúa el texio sagrado y dícenlo todos los Santos Padres, y esto también 
brilla con maravillosos esmeros en las criaturas racionales de los ángeles y 
de los hombres, y como Dios no crió Demonios sino ángeles muy perfectos, 
parece que la misma fuerza de ser criaturas de aquellas tres Divinas personas 

63 



hizo que prevaricase el Ángel para que se dividiesen en tres clases : buenos, 
malos y medios que participaren de ambos que es el hombre, quedando en el 
medio para ser bueno si quiere y si quiere ser malo como en remedo de tres; 
que aunque no tiene la equiparación en el todo tiene en parte, y por eso parece 
que el Hijo a quien cabía el medio tomó nuestria carne y fué tenido por Demo- 
nio y por inicuo y por perverso y siendo maravilla la correspondencia para que 
reluciese aquel Soberano misterio trino en personas uno en esencia, que 
todas tres criasen uno de quien se propagase el género humano; y pudiendo 
criar a Eva, no lo hizo sino que la sacó de Adán como adunando en uno o en 
una esencia todas tres Divinas personas; y después en la reparación del Orbe 
de uno sal'eron tres que fué Noé con sus tres hijos para reparar el Orbe, 

Y de aquí nace o*aia admirable correspondencia, aqueste soberano 
Misterio, que fuesen tres en quien quedase otra vez la reparación del Orbe, 
que fueron Sem, Cham y Jafet; pero el segudo fué el maldito por su padre 
por aquella tan grande desvergüenza que cometió; y de aquí parece procedió 
el dividirse el mundo en tres géneros de gentes y en tres partes, unos pura- 
mente blancos, unos puramente negros y otros mixtos, que ni son blancos ni 
son negros sino que participan de ambos, como son todas estas gentes de los 
indios que empiezan desde la Tartaria, China, Japón. Camboja con todas las 
demás t' erras que puebli^n todos estos Reinos, siendo todos unos en color, ser 
lamipinos. y en costumbres; dando a los blancos la Europa, a los negros el 
África, a los mixtos el Asia donde cae la China, Japón y Tartaria que es la 
propia división del mundo, que esta de la América es añadidura y se debía 
contar por Asia por las gentes que le habitan como &on los gitanos, membrillo 
cocho como los indios, 

Y es cosa muy rcipa^able que fuese Cam el hijo de enmcdio el malo de 
quien descienden todos los cananeos que hemos dicho se mixturaron con los 
Hebreos, a quien maldijo uu padre Noé, diciendo : Máledictus Chañan, servas 
servorum erit fratribiis siiis. "Sea mlaldito Chanaam, y seri siervo de los 
siervos de sus hermanos". De ninguno otro se verifica aquesta maldición, 
como de aauestos 'rdios 'Qmq se ven tan suiuz^adcs y avasallados que son 
siervos.de los mismos siervos, pues no hay hombre por vil que sea, aunque 
sea un esclavo, que no los ultraje y maltrate, que es indecible la servidumbre 
en que se ven, aun de aquellos que tienen obligación de cuidar de su libertad; 
y si se atiende a la alegría que decíamos de ser tres y el de enmedio maldito, 
no él en todo rigor, sino su descendencia Máled'ctus Canaan, también se 
verifica de la segunda persona que no se desdeñó de tomar carne humana de 
la descendencia de Canaan aue fué Paab, mere+riz de Jericó, para que siendo 
maldito como dice San Prblo, nos redimáese de la maldición y haciéndose 
siervo de los siervos de sus hermanos, cuando vino a ministrar y lavar los 
pies a sus discípulos, siervos de Dios y de las demás personas sus hermanos, 
con que se cumiplió la maldición de Cam por la desvergüenza de Adam con su 
Padre Celestial que pagó Cristo. 

Esta es la proporción maravillosa que se halla de las gentes que se muí- 
tiphcarcn de los hijcs de Ncé, dardo la ura parte del mundo a los blancos, 
la otra a los negros, no siendo así porque el Sol los tuesta, como dicen algu- 
nos, pues se ve que el negro engendra negro, en España y la América, y el 

64 



español aunque esté en Angola engendra blancos ; sino para ostentar su gran- 
deza y poner el sello a todo el género humano como obras de sus manos; y 
la tercera parte de mixtos que ni son blancos ni negros sino medios, como Cam 
lo fué de sus hermanos el de en medio. 

Como se confundiesen sus lenguas*, como se ve entre esta gente tanta 
diversidad de ellas, bastantemente lo manifiestan en sus historias, que no 
saben como fué, ni nosotros tampoco sabemos cómo fue la diversidad de las 
lenguas que hay en el mundo, si no es por lo que dice el texto siagrado al Capí- 
tulo 11 del Génesis; que los confundió Dios en la torre de Babel para que no 
se entendiesen unos a otros. No dice el texto sagrado cuántas lenguas se 
dividieron; y aunque algunos dicen que en setenta y dos, no me parece pro- 
bable, pues solo lo que hoy esti¿' descubierto en aquesta América excede a las 
setenta y dos, porque no hay provincia que no tenga lengua diversa y solo en 
aqueste Reino de Guatemala que no es de los mayores, se reconocen más de 
treinta. Verdad es que no todas son diversas entre sí, sino que v. g. en un 
Reino hay uma lengua y ésta se ha corrompido de diversos modos en cada 
Provincia y aun en cada pueblo, como si dijésemos la lengua latina que dife- 
rentemente la corrompió el alemán, de otro modo el francés y de otro modo 
el italiano y de otro modo el esipañol y este de diferentes modos usa su co- 
rrupción en Castilla, en Galicia y en Portgual L", Asimismo se ve en este 
Re-lno de Guatemala la lengua Quiche que sea como madre y origen de las de 
aqueste Reino, conviniendo todas en la sim*plicidad de los términos, diversi- 
ficando en el modo de conjugar los verbos y declinar los nombres; pues de 
aquesta se reconocen las lenguas siguientes : la Cakchiquel. la Zutuhil, la 
Pocomán, la Poconchí, la Chol, la Muzbé huixil, la Chanoval, la Zozil. la 
Zendal. la Lacandón, la Mopán, la del Ytza, la de Campeche y otras de menores 
partidos y pueblos, abrazando tedas eíitas lenguas, que son hijas de *.a Quiche, 
mucha piarte y la más poblada de aqueste Reino. 

Tocante a aquesta lengua Quiche que es la que se habla en la Corte de 
este Reino e Imperio del Quiche no quiero omitir que, pues se ofrece ocasión 
lo que más de veinte años que practico aquesta lengua, a que me he aplicado 
con s^ingular cuidado con deseo grande de desentrañar sus más recónditos 
secretos, de que no hallé noticias de tantos como escribieron antes de tantas 
lenguas y aunque parezca jactancia, que no lo es, pues le doy las gracias al 
dador de todo, puedo decir que la he llegado a comprender como ninguno y no 
queriendo ocultar mi talento tal cual Dios me lo comunicó, he escrito tres 
tomos de a folio con el título de Tesoro de las lenguas Cakchiquel, Quiche y 
Tzutuhil, que son muy símbolas, habiendo considerado y contemplado tan 
grande orden y armonía en la que antes oía decir que es bárbara, tan grande 
propiedad en el decir, tan llegada a lo natural y propiedades de las cosas, que 
yo no me llego a persuadir sea aquesta lengua como alguna de las otras cuyas 
voces son signos ad placifum y raras son las que &on como signos naturales 
En esía lengua Quiche son como signos naturales con tal orden y correspon- 
dencia que no hallo otra lengua más ordenada ni aun tanto, de tal modo que 
me he llagado a persuadir que esta lengua es la principal que hubo en el 
mundo. Explicaréme, que cuando mis razones no concluyan evidentemente, 
porque en esto ya se ve que no se puede hallar evidencia, a lo menos parece 
que algún tanto probará mi conjetura; y para esto se ha de presuponer que 

65 H. de G -5 



Dios le influyó a Adán lengua en que hablase, pues consta del texto que habló, 
aunque no lo aprovechó como debía en dar las debidas gracias a Dios que le 
hizo tantos beneficios. Esta lengua según dicta la razón y casi nos lo per- 
suade la fe había de ser la más perfecta y propia, porque siendo para explicar 
los conceptos y las naturalezas de las cosas ya se deja entender que había de 
ser la más propia y natural para que Adán le pusiese el nombre a todas las 
cosas» y animales como se los puso y según sus propiedades, como dice Vgo 
sobre aqueste lugar '.qnid vocaret ea idem exquibus propietatibus éis impo- 
neret nomina. Esta lengua, es lo más común, que solo se conservó en los 
descendientes de Adán llegando hasta Abraham quien no es dudable que en 
él se conservó aquesta lengua y peregrinando éste y sus descendientes ya en 
Canaan donde se hablaba otra lengua, ya en Egipto que era otra, ya en la 
cautividad de Babilonia, recfbió tanto detrimento, que San Jerónimo para 
hacer la traducción oue hizo de la Biblia, hubo menester recurrir a todas estas 
lenguas para hayar las raices propias de los vocablos para darle su propiedad 
genuina que le correspondía al latín. 

Ahora, siendo la lengua que hablaba Adán la que le infundió Dios, había 
de ser la máfe perfecta. Estk perfección consiste en el mayor orden que había 
de tener como todas las demás cosas que Dios hizo, como dice el Espíritu 
Santo, y lo m(ás natural que en eso consiste también la mayor perfección de la 
cosa y de la lengua, como dice el autor del Tesoro de la lengua castellana, que 
aquellas son las voces más propias que por la figura onomatopeya, se llegan 
a lo naturad como aquesta voz rayo en aquella R fuerte parece denota aquel 
como rasgarse la nube que recoge y esta interjección dolentis "ay" es natural, 
y así si^n que la aprendan la pronuncian los niños y sin saber lo que es, como 
les es dulce, no prorrumpen en otra voz para significar su dolor. 

Las cosas mientras más mixturas tienen más se llegan a los elementos 
y éstos son más puros cuanto más» se les llegare de otra cosa; ahora las letras 
son los elementos de que se forman las voces, hablo no de los escritos sino 
articuladas y pronunciadas, mientras estas £<on menos son más propiamente 
elementos y son má^s naturales. Esto es lo que se halla en aquestas lenguas 
que todas sus sim'plicidades son de tan pocos elementos que todas son mono- 
sílabas, sean verbos, sean nombres con tal orden y concierto que se juega de 
las letras todas, sin faltar nada de su juego v. g, todas las cinco vocales cada 
una de por sá es vocablo que significa; antepon ahora todas las consonantes 
a las vocales ba, be, ca, ce, cha, che, etc., sic de coeteris, todos son términos 
c,í {ín'fí cativos ; shora a todas aquestas consonantes con las cinco vocales añá- 
dele todas las consonantes y di bab, beb, bib, cae, quec, quic, coc, etc. Ordé- 
nalo todo por el alfabeto y hallarás que no def cctúa en el orden ; trueca otra 
vez las consonantes que estaban al fin, al principio, y las del principio al fin 
y hallarás tal orden que no se pueda escogitar otro, ni lo puede haber en toda 
la naturaleza según las letras que conocemos. Esto no se puede ver tan claro 
aquí como en mis tablas que tengo puestas en la tercera parte de mi tesoro y 
en el primer tomo que es el vocabulario que empieza en lengua. De tal modo 
es^ aqueste orden, que en un medio cuarto de hora puede uno hablar y saber 
todas las sim'plicidades de la lengua, aunque no sus significados. El mesmo 
orden, guarda al componer de estas simplicidades los compuestos, participios 
y verbales que de el modo que es casi infinito componer uno, componen todos, 

66 



sin variar; pues ¿qué diré de lo propio de las voces? Aseguro y digo que son 
como naturales porque todas son como tomadas de las voces de los cantos, 
de los sonidos de las cosas y son tan propios en poner los nombres a cada cosa, 
que es cada nombre como definición de tal cosa. No se puede hacer aquí 
demostración tan por extenso como tengo hecha en mi arte sino lo propio del 
tiempo, como es que de los tres presente, pretérito y futuro, solo el presente 
es propio tiempo. Hasta eso lo significan en el mismo tiempo dándole im'per- 
fección siempre al que no es presente; a la mujer porque defectúa y su per- 
fección es el del hombre, le pone siempre su imperfección. El Sam es fai 
que es como intruso en la lengua latina y es impropio porque como este signi- 
fica el ser y este se presupone porque depone de todo cuanto se habla ha de 
presuponer ser así en la lengua hebrea no hay tal verbo ; hasta esa perfección 
tiene esta lengua en carecer de aqueste verbo, con que siendo aquesta lengua 
tan perfecta, en su orden, en lo natural que no hallo otra que tenga aquesta 
perfección ni la puede haber según los elementos que conocemos ¿cómo no 
me persuadiré que parece que en es-tos quichés quedó depositada la lengua 
primitiva? Quien quisiere ver esto probado en toda su latitud, vea mi arte 
Y diga si puede haiber otro orden fuera de aquel en toda la naturaleza. 



CAPITULO XXVI 

De la propagación y extensión de estas gentes. 



Cuidadoso se hallaba el Santo Patriarca Abraham, ya muy entrado en 
años de ver que no tenía su casia sucesión, y entre quejas y súplicas le decía 
a Dios que le prometía grandes mercedes : Ego vadamabsqae liberis. Ya yo 
me voy a la otra vida sin hijos. No te aflijas Abraham : mira al cielo y nume- 
ra las estrellas si puedes; así será tu descendencia. Saspice coelam et na- 
mera siellas si potes; sic erit semen tnnm. Y en otro capítulo: Multiplicaho 
semen tnnm sicat stellas coeli, etc. Multiplicaré tu descendencia como las 
estrellas del cielo y como las arenas que están en las orillas del mar. No 
merecía menos bendiciones, quien teniendo a solo su hijo Yraacen, quien tenía 
asegurada su descendencia, lo pone al sacrificio con tanta fe porque se lo 
manda Dios; y le cumplió tan a la letra la Majestad Soberana con tantas 
ventajas la promesa que en solo cuatro generaciones que sus descendientes 
(todos) estuvieron en Egipto, entrando solo ochenta personas se multiplica- 
ron tanto que cuando salieron solo de hombres aptos para la guerra, sin 
contar mujeres, niños ni viejos, fueron seiscientos tres mil y quinientos y 
cincuenta y aunque parece excesivo número, no era todavía el que había 
prometido Dios que había de ser como las estrellas del cielo y como las arenas 
del mar. Mucho se multiplicaron en la tierra de promisión; pero con guerras 
y calamidades hasta en tiempo de David que se contó el pueblo que se había 
aumentado poco mas de otros tantos, porque solo llegaban a un millón y tres- 
cientos mil que fué poco multiplico, respecto del prin^ero porque si aquel solo 

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con ochenta personas en cuatro siglos llegó a seiscientos mil, en siete genera- 
ciones que hubo desde la primera cuenta a la segunda, ya se ve lo que sube el 
multiplico. Casi en aqueste ser se conservó aqueste pueblo hasta que fué des- 
truido con cautividades y guerras ; y aunque es cierto que hay muchas de 
aquestas gentes desparcidas el día de hoy por diversas partes, no es tanto el 
número que llegue a equivaler a la multitud como las estrellas del cielo y las 
arenas del mar. 

Donde parece que se verifica aquesta bendición de Dios es en aquesta 
nación que es descendiente de aquel pueblo, pues se ha extendido tanto, que 
maravilla. De aquesta gente, sin duda, son los chinos, cuyo Reino es asombro 
ver lo infinito de su gentío: de esta gente sin duda son los japones también 
Reino de infinito gentío; el Reino de Canbaxa tan dilatado, como otros mu- 
chos que hay por el Oriente y aun aquesta gente se puede agregar parte de 
la Tartaria que confina con la China, pues se ve ser como ellos eran, confor- 
me los describe el maestro Fray Jerónimo Romján con estas palabras: "Están 
de la otra parte del monte Billio has^a donde el gran Alejandro pudo llegar. 
Estas son aquellas gentes que llama Hcmero las más buenas y de mayor justi- 
cia, porque viviendo en sus principios en regiones paupérrimias, no labraban 
los campos, ni curaban de regalos, porque solamente se mantenían de hierbas 
y frutas silvestres y de caza de fieras y de aves-; vestíanse de pieles de anima- 
les sin curtir, porque no echaban mano del regalo más de remediar su nece- 
sidad : no estimaban la plata y oro, perlas ni piedras preciosas en cosa alguna, 
ni menos se daban a juegos y a otros entretenimientosi ; más libres de preten- 
siones, vivían vida quieta y pacífica. Esto era causa de que no hubiese, plei- 
tos entre ellos ni fuesen necesarias leyes escritas con sangre, porque la ley 
natural los reprimía de hacer mal a sus vecinos y ninguno procuraba más que 
de m^antenerse y conservar sus cosas desnudos de malicia y codicia de lo que 
otro tenía". 

Ya este género de gente parece que pinta en el Capítulo 13 de aqueste 
libro, como allí queda anotado. Además de aquestas gentes tan infinitas 
sígnense en lo descubierto la& Islas Filipinas que no hay duda es mucha la 
gente que hay y en otros de aquellos contornos, pues emipezando a coger la 
infinidad de tierra, pues empieza en tierra de Fuego y se continúa hasta el 
Perú es cosa que no cabe guarismo en lo descubierto en aquel dilatado Reino ; 
y esto es nada respecto de lo que no está descubierto, rastreando solo algún 
rasgo nuestros religiosos en las entradas que han hecho en los indios de los 
Andes, cuyas relaciones refiere el Muy Reverendo Padre M" Fray Juan Me- 
léndez en su 3^ parte, etc. ¿Qué infinidad de gentes no se siguen después del 
Reino hacia Quito? Y hasta Santa Fe de Bogoíál en lo que está descubierto 
y en lo que no se ha penetrado más que las entradas que nuestros religiosos 
hicieron donde vieron por muestra de lo que allí está oculto muchas gentes. 
¿Qué no está vuelto detrás de Santa Marta y detrás de Cartagena? Mucho 
es lo que falta también desíde Santa Fe a Panamá, y de aquí ¿qué distancia 
hay hasta donde empieza aqueste Reino que no es de los mayores? ¿Qué 
infinidad de tierras no hay pobladas de infinitas gentes desde que empieza el 
Reino de Nueva España tantas leguas descubiertas como hasta la Nueva Viz^ 
caya, el nuevo Méjico, la nueva Galicia y lo que se sigue que es infinito hasta 

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dar vuelta a la Noruega? Compútese esto y lo mucho que va quedando en 
islas rerírsulas y bolsones; y se verá como de solo estos se verifica que son 
como las arenas del mar, hallándose entre tanta inmensidad de ^ente unos más 
hábiles que otros, unos más políticos que otros, unos más feroces que otros, 
unos como salvajes, o'ros como fieras, unos bien dispuestos. De todo hay 
entre tanta multitud de gente que entiendo que solo ésta compete en gentío 
con todas las del resto del orbe. 

Como viniesen y se extendiesen, es cosa que no admite duda, pues las 
vemos extendidas y que mucho había de ser por mar con que sin duda tuvie- 
ron el uso del navegar, pues lo pudieron aprender de la arca del diluvio; con 
que para esto no es menester recurrir a milagros, a que algunos ocurren de 
ángeles, e.c, pues no había necesidad. De los animales, sí se podía dudar; 
mas eso más será dar perlas pardas, que decir cosa que lleve camino de 
verdad. 

El modo como se fueron propagando ya se deja entender, y eso se sabe 
por cosa cierta que multiplicados en una parte, no cabiendo ya, pasaban por- 
ciones de gente adelante, como sabemos que lo hicieron los Godos Seitas y 
otras naciones que salieron del Septentrión : asimismo sabemos sucedió aquí 
con los indios Pocomanes y Ponconchíes, unos que habitan los pueblos que 
hoy hay cerca de Guatemala, que son Amatitlán, San Cristóbal, Petapa. Mixco, 
Pínula y Chinautla, y o'.ros que están en la Provincia de Verapaz que son San 
Cristóbal, Santa Cruz Tactic, Tucurú y Tamaum, que poco antes de la entrada 
de los españoles de aqueste Reino, se salieron porque ya no cabían en la 
Provincia de Cuscatlán que hoy se llama San Salvador. A fe que hoy cupie- 
ran esos y muchos más según está despoblada, según consta del pleito que los 
indios del pueblo de San Pedro Sacatepéquez tuvieron con los de Mixco sobre 
el derecho de unas tierras que llamaban Yamipuc, que yo he visto, el cual 
pleito se siguió aun viviendo el Conquistador Bernal Díaz del Castillo, que 
fue su encomendero, donde alegando de su derecho los de San Pedro, dicen 
que estos son advenedizos de la Provincia de Cu&catlán y que los situaron y 
les dieron tierras en que vivir a espaldas de ellos por no dar fuerza con esta 
gente al Rey de Tecpam Guatemala con quien estaban en guerras como se 
dirá adelante, cuando se trate como aqueste Reino se rebeló al Quiche, con- 
servándose la m.ás parte hasta hoy de aquestos indios Pocomanes en la Pro- 
v'ncia de Cuscatlán en !os puebles de Chalchuapa, Mita y otros muchos. 
También los< de Chiapa de Indios y los demás de su nación pasaron allá vinien- 
do en busca de tierras de la Provincia de Nicaragua donde se conserva lo 
demás de aquesta nación hasta hoy, de que se concluye evidentemente que 
aquesta extensión de aquestas gentes, vino de hacia el Perú por Quito a Santa 
Fe y a Panamá y de allí a Nicaragua hacia donde está hoy Guatemala y de 
aquí para el Reino de Méjico. 

Que estos mejicanos que poblaban el Reino de Méjico fuesen de hacia 
aquesta parte se ve claramente, pues desde Escuintla hasta San Salvador y 
más adelante hasta Nicaragua todo ello se habla mejicano y así la orilla y costa 
del mar del Sur; y estos no son venidos de hacia Méjico, que aun más dilatado 
considero aquestas tierras de aqueste mejicano de ar¿. que aun los que eran 

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puros mejicanos en Méjico, y lo que dice el Muy Reverendo Padre Torque- 
mada en este ¡particular y otros, téngolo por engaño conocido y se ve en la 
antigüedad de aqueste Imperio Quiche y Mejicano, que aqueste solo contaba 
nueve Reyes cuando vino Cortés y el del Quiche catorce, aunque algunos les 
dan veinticuatro Reyes, y señalan el tiempo de su monarquía por la duración 
de ochenta años, como dice Herrera, que el haberse llevado los mayores 
aplausos Méjico, no fué por ser el mayor Imperio, que mayor fué el del 
Quidhé, sino por haber sido el de los primeros triunfos de Cortés y haber cos- 
tado mucho el ganarlo por lo fuerte del lugar y ser la nación animosa y haber- 
se hecho la cabeza de estos Reinos y el haber sido la tierra más tratable y 
mejor que esta de Guatemala; y asi se ha ensalzado tanto este Reino cdn 
título de Nueva España, que a la verdad no era mucho lo que dominaba el 
Montezuma, pues se sabe que Tlascala era otro Reino aparte y no le obede- 
cía, antes le daba cruel guerra, y lo más de la Provincia de Oaxaca tampoco 
le obedecía, ni lo de Mechoacam ; con que quedaba bastantemente ceñido 
aqueste Reino y lo que dicen que a Montezuma le tributaiban hasta Nicaragua, 
como dice Torquemada y otros no lleva apariencia de verdad, pues se implica 
en sus mismos cómputos, pues si en tiempo del antecesor del Montezuma fué 
cuando dicen pasaron lo£> mejicanos hasta Nicaragua ¿cómo era dable que en 
cuarenta o cincuenta años se llegasen a propagar que llenasen Provincias tan 
* dilatadas y tan llenas de gentes como se ha dicho? Ya se ve que repugna a 
toda buena razón, pues se vio claro ser mucho más dilatada la nación meji- 
cana desde Escuintla hasta Nicaragua cuando entraron los españoles., que la 
que se halló en Méjico. Además que, como dice Torquemada, todos ellos 
pregonan su origen y principio de Tulam y lo mismo dicen los Quichés y que 
vinieron de hacia donde nace el Sol de que se conoce evidentemente ser la 
proipagación de las Provincias de Guatemala a las de Nueva España, y no las 
de allá para acá; y la misima naturaleza de la tierra lo persuade, porque si se les 
quiere dar principio de aquella parte que dice Torquemada de hacia el Norte 
que es para donde descaece la tierra de Nueva España, se hallará casi inhabi- 
table hasta donde está descubierto, por su demasiado destemple y tanto que 
como refiere Torquemada, Libro 5^, Capítulo 55, llegado a 43 grados y a todos 
enfermaron de modo que miuy pocos escaparon con la vida, y siendo cierto 
que aquel mar que navegaban era detrás de la tierra de Nueva España como 
a dar vuelta por la Europa por la parte de Norte y que lo mesmo se experi- 
menta por el otro lado de la mar del Norte, ge debe considerar que la tierra 
que se sigue de 43 grados para 90, es casi inhabitable, cuyos mares son inna- 
vegables, como lo han experimentado los que lo han intentado de la parte de 
Holanda y si por alguna parte podían haberse comunicado esas gentes para 
esta America había de ser por el cabo de Finibus Terrae y había de ser de las 
naciones septentrionales y siendo así y viniendo la propagación de aquí para 
Lima, China, etc., esto había de ser lo mesmo poblado y lo más las partes que 
eran para el septentrional y se halló lo contrario. Luego parece que lo más 
natural es que haya sido su propagación de aquesta parte de Guatemala para 
la de la Nueva España, porque aunque como algunos quieren haya sido de allí 
la propagación y aquesta tierra se va continuando de la Nueva España para 

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el Norte y caiga no muy lejos de la China, son los mares tan helados que no 
dan absolutamente lugar a navegarse. Y también lo que dice que los chapa- 
necos se fundaron allí para tener mansión cuando viniesen con las tribus, es 
tan cuento de viejas que no puede ser más y la ocasión de fundarse aquellos 
allí es la dicha arriba. 



CAPITULO XXVII 

Del principio de aqueste Reino del Quiche. 



Cuándo emipezá'se o tuviese su principio aquesta monarquía de los 
indios Quichées, no es fácil averiguarlo, porque cuidaron muy poco el escribir 
el tiempo que cada uno de sus Reyes reinaron y solo dicen los Reyes que hubo 
desde el tiemipo que ponen a Balanquitzé ; y desde éste y los otros tres dicen 
que son trece generaciones porque reinaba cuando vinieron los Españoles. 
Tecuntepepul que quiere decir amontonada grandeza y Majestad que ahor- 
holla o que hierve como el agua; pero dándole a cada uno de aquestos Reyes 
cuarenta años o algo más o menos de imperio, unos con otros, aunque algunos 
dan muchos años a cada Rey, vendrá a caer el principio de aqueste Reino 
como por los años de mil y cicuenta y cuatro del nacimiento de Cristo que 
vino a ser por los años de mil setecientos cuarenta y seis de su cautividad 
que sucedió el año sexto de Exequias Rey de Judá y el nono de Oseas Rey de 
Isrrael, pasando desde aquesta cautividad hasta la venida del Salvador al 
mundo seiscientos y noventa y dos años; y según la cuenta de Herrera sería 
su principio por los años de ochocientos de Cristo. 

Ya se considera que aunque ellos dan por primeros hombres desde la 
creación a Balanquitzé y los otros tres, es patraña con que los engañó Satanás 
o sus sátrapas, pues desde la creación del mundo a aquestos tiempos que ellos 
dicen pasaron tantas generaciones; y sabemos por fe, que lo enseña el texto 
sagrado, que el primer hombre que fué criado fué uno y este se llamó Adán, y 
así aunque cuentan desde el diluvio que fueron cuatro los hombres que que- 
daron no puede salir la cuenta. Lo que se puede colegir es que ellos cuentan 
desde que aqueste se hizo poderoso y se hizo Rey como en realidad lo ponen 
a él por tronco de la descendencia real. 

Para haberse de hacer aqueste poderoso y que se hubiese de llamar 
Rey. bien se deja descubrir que primero se irían aumentando las gentes y los 
indios que poblaron aqueste Reino, y que no podían ser por luego tan pode- 
rosos Señores y se ve claro en sus historias que dicen que primero fueron 
tres los Señores (los Señores) como grandes del Reino, como dice en el Capí- 
tulo 18 que fueron: Conache, Belehequeb y Calel Ahau y creciendo mucho en 
número fué cuando dividieron el Reino en veinticuatro grandes que eso dan 
a entender con veinticuatro casas grandes porque en los palacios y adoratorio 
del ídolo tenían cada uno de aquestos Señores su casa donde vivía y residía 
cuando se juntaban a sus fiestas y funciones, que lo demás del tiempo lo 
pasaban en sus casas que cada uno tenía en sus heredades y haciendas, que 

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fué el modo que los indios tuvieron de vivir en sus tierras y milpas y donde 
tenían sus sembrados, que jamás, si no es en muy rara parte , tuvieron pobla- 
ción en forma sino en un paraje donde hallaban oportunidad de tierras bue- 
nas-, que esto era regularmente en los bajíos, quebradas y tierras bajas. Vivía 
una familia Ochinamibab que ellos llamaban no todos juntos en uno sino cada 
uno en su milpa o sembrado yéndose tendiendo conforme se iban muliipli- 
cando y estos tenían su cabeza de toda aquella parentela, como la tienen hasta 
el día de hoy, y estos estaban sujetos a los señores o caciques principales que 
eran los grandes y por esto aqueste género de poblaje se llamaban amac que 
quiere decir como pierna de haraña, o que ha extendídose en ramos como 
piernas de haraña porque así estaban desparramados en las quebradas o tie- 
rras calientes porque como andaban desnudos, sin ropa, buscaban en el calor 
su abrigo, y porque en aquestos parajes se dan y producen mejor muchas 
cosas y frutas de que ellos se mantenían y el cacao y las cañas dulces y los 
zapotes y oirás coaas, dándose allí el maíz con más brevedad que en las tie- 
rras frías que además de lo desapasible de ellas son muy estériles de las 
frutas y cosas de que ellos pasaban, 

Balamquitzé, Primer Rey 

Aqueste primer Rey Balanquitzé que quiere decir tigre de risa o de risa 
mortífera como veneno que a todo hace aquel quí. Este parece que fué el 
que inventó el sacrificar hombres al ídolo Tohil, según dicen en sus historias, 
y este hurtaba los hombres y esto es de los indios extraños que aprendían, no 
de los propios, que fué el estilo general de todos los demás de los indios que 
sacrificaron hombres, el sacrificarlos de los cautivos o esclavos que cogían en 
la guerra o los que cogían en asaltos que hacían ñor asechanzas. 

Cocabib, 2^ Rey 

Este Rey reinó en el paraje o cerro que llaman Zmachí, que quire decir 
barbas de la cara y allí comenzaron a hacer de aquellos edificios de cal y 
canto, no fábricas como de templos, ni como de casasi grandes, sino como unos 
torreones, como se dirá adelante. De aqueste fué hijo Cocabib que quiere 
decir adorno fuerte, o que mucho se adorna. De este no se dice cosa de mo- 
mento sino aquel viaje que hizo a recibir su Reino y la investidura de rey de 
aquel Señor Naxit que estaba hacia donde el Sol salía. Sería sin duda, si es 
que fué así, algún Señor que reinaba hacia Comayagua o Nicaragua, que está 
hacia la parte donde nace el Sol, declinado hacia el Sur respecto de aquesta 
tierra ; y por eso continuamente dicen en sus historias y hasta hoy lo cantan 
así en sus bailes, diciendo : Chila párele balquih xopeutz, que quiere decir : 
de allá de a donde nace el Sol venimos; y lo mismo cantan los mejicanos hasta 
hoy, y así se concluye má(s evidentemente que de esta parte fué la propa- 
gación de los indios para Méjico y no de allá para acá, porque entonces es 
venir del Poniente para el Oriente, y de aquí van del Oriente para el Poniente 
para allá, sino es ya que aquestos querían decir que aquestos hacen memoria 
de la salida de nuestros primeros padres del Paraíso habitando antes a la 
parte oriental de Edén cerca del Paraíso, y después yéndose de allí hasta que 
llegaron a Hebrom y después) de Jerusalén que siempre fué salir del Oriente 

72 



para el Occidente, y del llanto continuo de Adán y Eva por haber perdido el 
Paraíso quedó aquel canto o llanto en sus descendientes de haber venido de 
la parte del Oriente. 

Balanconaché, Tercer Rey Quiche 

Aqueste Cacabib tuvo por hijo y heredero de su Reino a Balanconaché. 
que quiere decir: tigre de palo fuerte, liso y deleznable como lo es el palo 
bruñido y liso como lo ponían para su arcos y flechas y este también reinó 
en aquel paraje Zmachí. 

Cotuha Zttayub, IV Rey Quiche 

El cuarto Rey del Quiche se llamó Cotuha Zttayub que quiere decir 
casa de águila que oprime. De aqueste Rey no hay cosa memorable, sino que 
en su tiempo o en tiempo del Rey antecesor fué aquella erección de las veinti- 
cuatro grandes que dicen que se nombraron, entre quienes repartió la tierra 
toda; estos eran como grandes debajo de cuyo dominio y Señorío es':aban 
todos aquellos que eran cabezas- de cal/pul y este era el Gobierno que tenían : 
que aquellos grandes eran como consejeros, sin los cuales no se disponía 
cosa alguna y determinando ya el negocio, fuese de guerra, o de obra o de otra 
cosa que habían de contribuir; estos avisaban a las cabezas de familia, a 
cargo de estos estaba el avisar a los suyos de lo que se había mandado o dis- 
puesto y luego cada uno acudía con lo que le tocaba y la cabeza del calpul 
lo llevaba al Señor o llevaba la gente que le tocaba, gobernándose en todo 
con mucho concierto y orden, cuyo estilo has'a hoy lo guardan, como se dirá 
adelante, siendo estos cabezas de familia sus defensores. 

Cocntnatz Cotuha, V Rey Quiche 

Cocumatz Cotuha se llamó el Quinto Rey, que quiere decir : culebra 
fuerte casa de águila, sin duda porque aqueste Rey fué el primero de los que 
llama portentoso o milagroso, por las brujerías que dicen que hacía de trans- 
formarse en culebra, en águila y todo lo demás que dice el Capítulo 19. En 
tiempo de aqueste Rey fué la rebelión de los de Yllocab, que sujetó e hizo 
mudios esclavos que sacrificó al ídolo. 

También en tiemipo de aqueste Rey se pasaron del lugar que llamaron 
Zmachí al lugar que estaban cuando los es/pañoles entraron que se llama 
Cumarcaah, que quiere decir casa vieja o rancho apolillado. Aquí fué donde 
se hizo el adoratorio o casa que llaman del ídolo. Haremos aquí una breve 
descripción de aqueste edificio y con ella se vendrá en conocimiento de todas 
las demás que hay en varias partes. Están aquestos edificios fabricados sobre 
un cerro que todo él está circunvalado de una gran barranca, dejando solo 
un lado por donde solo se comunica este cerro con todo lo demás de la tierra; 
pero esta entrada es muy estrecha. En el plan que hace el cerro, en lo al'o, 
hay fabricadas en contorno y como haciendo plazuelas, las veinticuatro casas 
grandes que se ha dicho de los Señores ; cada una es como un cuarto grande 
elevado como dos varas de terraplén de lo llano del suelo. Este cuarto hacía 
su corredor y todo se cubría de techos de paja porque no habían alcanzado 

73 



el uso de la teja; hasta que vinieron los españoles. En estas plazuelas se 
hacían los grandes bailes que tenían en sus fieaitas y allí se emborrachaban 
delante del ídolo cuando se hacían los sacrificios. En medio de una de estas 
plazuelas se levanta un torreón macizo que va subiendo como en forma pira- 
midal, cuadrado, teniendo en cada uno de sus rostros su escalera y en las 
esquinas como estribo o bastión que fortalece la obra, también subiendo en 
disminución. Los escalones son muy angostos y estrechos, de modo que da 
horrror subir por ellos, que serán los que tiene cada escalera como treinta 
o cuarenta. Todo está' macizo de piedra y lodo, hecho y torteado todo de 
mezcla muy fina de cal y arena que hasta hoy persevera muy fuerte. En lo 
al 'o se colocaba el ídolo que se llamaba Tohil y estaba hecha arriba una cu- 
bierta de paja sostenida sobre unos pilares de la mJisma obra de piedra y lodo : 
a la mano izquierda, como vamos, aqueste torreón está levantado junto a él 
un paredón, como de dos varas de ancho y de alto como de vara y media, 
y en la punta levanta otra pared como de tres cuartas de espesor y de las 
mismas dos varas de ancho que es lo que el cimiento tiene de grueso y de alto 
como de tres varas y esta está llena de hoyos, que así se fabricó, y lo que 
indica es que allí se ataba el que se había de sacrificar atándolo fuertemente 
metiendo sogas por aquellos hoyos y así atado hacía rostro para donde estaba 
el ídolo, y abriéndolo cruelmente por el costado, que es lo que dicen sus hisito- 
rias que dieron los pueblos el costado y sobaco, abrían y le sacaban el cora- 
zón, que era lo que se oifrecía al ídolo, conservando el calor natural porque 
como estaba tan cerca no se ofrecía con la sangre antes que se enfriase. Do- 
m,ina aqueste torreón todos los patios y plazuelas que hacen las casas y así de 
todas partea era visto el ídolo : junto aqueste torreón, hace como un tanque 
grande teniendo sus bordos muy grandes de piedra y lodo con sus coronacio- 
nes o pirámides que todo lo rodean : son de bastante ancho que puede caber 
mucha gente que mliraban los juegos de peloia que allí se hacían que era el 
entretenimiento de los reyes y de los demás señores. Todo aqueste edificio, 
donde no se juntaban las casas, se cerraba de un cerco hecho de piedra y lodo 
que se llamaba Tzalam Coxitu-m, esto es tabla y hallado o cerca y así se llama 
todo este género de edificios, porque en muchas partes o las más, además de 
ser esta casa del ídolo, era como castillo y fortaleza donde se defendían de 
sus enemigos cuando les acometían y así esto se edificaba en las eminencias 
de los cerros de subidas muy agrias. De aqueste género de adoratorios se 
hallan muchos en varías partes o todas, y de este modo era el gran cü de 
Méjico donde tenían ídolo vichilobos y los que refieren las historias de Cam- 
peche. No eran templos como los nuestros y de aqueste mesmo modo los hay 
en el pueblo del Riabinal, donde está hoy fundado el pueblo ; es'íos edificios, 
dicen ellos, eran de los de Cobán y que ellos los ganaron porque estando ellos 
poblados en un lugar que se llamaba Tzamianich, que está' entre Cubulco y 
Xoyabah m,¿s de ocho leguas distante de este paraje, no una como dice Reme- 
sal, que ellos veían las tierras de los contornos y saliesen a colmenear, los co- 
gían los de Cobán y los sacrificaban y ofrecían a los ídolos que debieron de ser 
maichos porque eran muchos los torreones que allí hay muchos más que los 
del Quiche y juntándose loa de Rabinal les ganaron estas tierras y estos edifi- 
cios y esta es sin la guerra que tuvieron, como se dice en unos papeles anti- 

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guos, aunque no se dice con quien y de aqueste mismo modo son los edificios 
de los indios de Tecpam-Guatemala que tanto celebra el Muy Reverendo 
Padre jubilado Fray Francisco Vásquez en su crónica de la Provincia del Santo 
Nombre de Jesús de la Religión seráfica de esta Provincia, queriendo que 
para que obstenga su seráfica religión la corte de aqueste Reino y que por 
eso dice llaman a aquel pueblo Pa/tinamit, esto es, la Corte, y que era muy 
populoso; y engañóle mucho el deseo de aques'.a gloria vana porque Tinamit 
se llamaban todos aquestos géneros de poblaciones, y así se llamaba el del 
Quiche a diferencia de las poblaciones que &e han dicho arriba donde vivían 
en barrancas y a orillas de los ríos que se llamaban Amac. Lo que esto fue 
se dirá adelante cuando se diga cómo se rebelaron estos y alzaron contra el 
Rey del Quiche . Este mismo Rey fué el que levantó gente de guerra y 
empezó a poner fronteras contra los enemigos, haciendo de aquestos fuertes 
para defensa y refugio de los que estaban en fronteras. 



CAPITULO XXVIII 

Donde se prosigue la descendencia de los Reyes del Quiche. 



Tepepul Zttayul, VI Rey Quiche 

El sexto Rey que obtuvo aqueste Reino del Quiche, se llamó Tepepul 
Ztayul que quiere decir Majestuoso, fuerte y deleznable, como palo alizado, 
como dijimos arriba. Sin duda tuvo este nombre de majestuoso porque gozó 
del Reino en la mayor majestad que llegó a tener por haberlo ilustrado su 
padre en edificios y guerras que tuvo, con que a todos los sujetó y así gozó 
el Reino en paz. No se sabe cosa memorable de él, y así paso al que se sigue. 

Quicab Cavisimah, VII Rey Quiche 

El séptimo Rey que tuvieron, se llamó Quicab Cavisimah, que quiere 
decir de muchos brazos y que se adorna de puntas como de lanzas o saetas. 
Este, dicen, fué también portentoso como el Cucumatz y si fué como él sería 
gran brujo, porque esta era la grandeza que tenían y por donde se daban a 
respetar; por la hechisería, mediante la cual se transformaban en lo que que- 
rían y en los animales que se les^ antojaban, con que hacían mil maldades, 
como lo usan hasta el día de hoy en muchas partes, transformátidose en tigres 
y leones. Ya se ve que esto no es más que representación del demonio y por 
virtud del pacto matando a este animal que ellos llaman nahual, muere el 
indio recibiendo la mesma herida y en la misma parte que se le dio al animal. 
Este no fué portentoso en hazañas, porque discurro no fué en tiempo de aqueste 
Rey el levantamiento de los Cakchiqueles sino de su hijo; y si fué en su 
tiempo nada grande fué, pues no los pudo sujetar otra vez, y se quedaron 
alzados hasta la venida de los españoles. 

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Tepepul Ztayul, VIII Rey Quiche 

El octavo Rey que tuvieron los Quichés se llamó Tepepul Ztayul, 
Como su abuelo. De aqueste Rey tamlpoco hay memorias algunas de sus 
hechos y solo si fue en tiempo de aqueste Rey la sublevación de las Cakchi- 
queles. Lo memorable que hay de él es las fortalezas contra los indios Cak- 
chiqueles, de que se criaron después los indios de Xoyabah, Zacualpa y Sanio 
Tomás Chichicastenango y los demás, como se dice en el Capítulo 19. 

Comprendía todo aqueste Reino del Quiche, según se colige de las 
historias de ellos, dende Soconusco, San Antonio, todo lo que hoy tienen los 
Padres de San Francisco desde Quezaltenango, Solóla, Totonicapam, Atitán, 
que es la nación Zutuhil, todo el Cakchiquel que comprende todos estos sacate- 
péquez, lo que tocaba al Cacique de Sacapulas y sin duda tocaba también 
la Provincia de la Verapaz y por la similitud de las lenguas no hay duda que 
tocaba los Zotsiles y sendales de las Chiapas, porque aun estando divididos los 
Cakchíqueles, cuando entraron los españoles, fué mucha la gente que juntó 
el Rey del Quichée contra ellos y no podía juntar tanta gente y quedar todo 
tan poblado después de tantos como murieron, sino es teniendo mucha gente 
y tierra debajo de su dominio. 

La causa porque se levanáron los Cakchíqueles y negaron la obediencia al 
Reí del Quichée levantando Rey de su nación, no se sabe ; pero lo más cierto es 
que sería el deseo de la libertad y la amibi'ción del mandar. Ello fué cierto que 
en tiempo de aqueste Rey, o poco después, fué aqueste levantamiento, y levan- 
tando Rey de su nación Cakchiquel hizo su asiento en los montes que llaman 
de Tecpam Guatemala, hacia aquella parte de Comalapa, donde se ven aque- 
llos grandes edificios donde tenían a su ídolo, que tenía la figura de un mor- 
ciélago. Cómo se llamaron estos Reyes no hay noticia más de los que tuvie- 
ron presos los españoles como se verá después; lo que se sabe es que tuvieron 
cuatro Reyes hasta la entrada de los españoles, y como se hcdlaban acosados 
de las guerras que les daban los quichées por no venir otra vez a su dominio, 
hubieron de enviar aquella embajada que diremos después a Cortés dándole 
obediencia, como dicen algunos autores, aunque Bernal Díaz del Castillo, 
Capítulo 164, dice, que Cortés les envió a todos mensajes de paz y no quisie- 
ron sujetarse; pero cuan falsa y doblada fué la malicia, lo manifestó el tiempo 
después como a un tiecm)po diremos, sino es ya que aquella rebelión que le- 
vantaron fué provocados de la tiranía que usó con ellos Gonzalo de Alvarado, 
de que hace mención el Muy Reverendo Padre jubilado Fray Francisco Vás- 
quez en el Libro V de su Crónica. No duró mucho aqueste imperio del Cak- 
chiquel entero, puesTuego &e sublevó la parte que hoy se llaman los Sacate- 
péquez, que son San Lucas, San Santiago, Sumpango, San Pedro y San Juan 
Sacatepéquez y levantando otro Rey le llamaron Achicalel, que quiere decir 
el hombre o varón que está en grandeza o altura y puso el asiento de su Reino 
en el paraje que llaman Yampuc, sobre que fué el pleito ya dicho arriba que 
los de San Pedro tuvieron con los de Mixco, y tomando estos Cakchíqueles 
el modelo de los Quichées en defender sus tierras, pusieron indios en fronte- 
ras para defender sus tierras conta los de Tepam-Guatemala, y poniendo 
fuertes en los parajes en que hoy están San Juan, San Pedro, Santiago, San 
Lucas, Sumpango, como ellos mesmos dicen en los alegatos que hacen en 

76 



aquel pelito y por la cuenta los de Tepam-Guatcmala tenían su frontera donde 
hoy es Chimaltenango, o por allí cerca de Comalapa, de donde dice el citado 
autor que salieron los de Chimaltenango y por eso se llama aquel pueblo 
hoco, que es lo mismo que Pocob, porque en esta lengua la B y la P se con- 
vierten como decir Bub o Pub, la cerbatana: este Pocob o Bocob quiere decir: 
escundo porque lo eran estos en aquella frontera de Tepam-Giiatemala contra 
los de los Sacatepéquez ; pero allí debía de haber algún lugar libre y franco 
donde unos y otros comerciaban, y así se llamaba aquel paraje el tiangaesiílo, 
como se ve en los libros de Cabildo recién conquistado aqueste Reino de 
donde £iin duda proviene el mercado que hasta hoy se usa continuamente en 
aquel pueblo. 

Pocos reyes pudieron ya contar los de Sacatepéquez hasta la entrada 
de los españoles, que serían dos o cuando más tres; pero en ese tiem.po fue 
la venida de los Pocomanes de la Provincia de Cuxca'lán, o San Salvador, 
buscando tierras donde poblar porque ya no cabían en las suyas, y los Cakchi- 
queles de los Sacatepéquez les dieron las tierras que hoy tienen como a sus 
espaldas, no permitiendo que pasasen adelante y se juntasen con los de Tepam- 
Guatemala y con eso cobrasen má's fuerza; y esto es tan verdad que en aquel 
ple'to que he citado e examinado por la Real Audiencia y hallado ser así, 
mandó a los de Mixco que despoblasen el pueblo que ya habían fundado lla- 
mado San Francisco en las tierras de Yampuc y las dejasen libres a los de San 
Pedro de quienes eran legítimamente. 

Si entonces se rebeló la nación Zutuhil, de Atitlán, o no no lo sabré 
afirmar. El citado autor dice que era Reino aparte; pero yo no entiendo 
sino que era Señorío de los veinticuatro Señores que tenían a su cargo esta 
Nación, que es corta y además de eso está como metida entre los Quichées 
que se mantuvieron en la obediencia de su Rey Quichée y lo que yo colijo que 
í.ucedió, es que des'.ruído aqueste Reino cuando lo ganaron los españoles, los 
Señores se quedaron cada uno en su partido, que unos de grado y o. ros por 
fuerza, se fueron dando a la obediencia de Su Majestad, pues pocos años 
después se hallan los Caciques de Solóla y Totcnicapam, como poseyendo s'is 
Señoríos y ayudando al IlustrÍ£«mo señor don Pedro de Ángulo a las demás 
reducciones, como se dirá en el Libro 2"; y esto es lo que yo hallo por más 
probable y así tengo por cuentos de indios lo que el Capitá'n don Francisco 
de Fuentes dice en su segunda parte manuscrita de Guatemala, de que se 
rebeló el Zutuhul y robó las dos infantas del Quichée, pues no era dable que 
nación tan corta como la Zutuhil y tan dentro del Re'no Quchéc pudiese le- 
vantarse y mantenerse en Reino y Señorío separado. 

Tecumtepepul, IX Rey Quiche 

El nono Rey que tuvo aqueste Reino Qu'ché se llamó Tecumtepepul, 
esto es, grandeza y Majestad amontonada. De aqueste Rey no sabemos que 
hiciera hazañas algunas, más que conservar lo que le había quedado de Reino 
y manteniendo sus fronteras. 

77 



Vaxaquicam y quicab, X Rey Quiche 

El décimo Rey Quiche se llamó Vaxaquicam y quicab, que quiere decir 
ocho mecates, brazo de luna, o de chile; debía de ser valiente porque según lo 
que era, se denominaban y sin duda seguiría la guerra con sus enemigos 
alzados. 

Por los tiempos de aqueste Rey o del que se siguió fué aquel caso tan 
memorable para los indios Quiches, que hasta el día de hoy celebran en sus 
bailes, que no bailan otro en sus fiestas sino es este que llaman del quiche- 
vinac que quiere decir del Señor del Quiche, y pasó el caso de aquesta manera, 
según ellos mismos refieren en el mismo baile, que ya no lo hacen con tal 
superstición y brujería como antiguamente: 

Dicen que un indio del Rey de Tepam-Guatemala, y aun dicen que era 
su hijo, era gran brujo. Este se venía noche a los edificios del Quichée donde 
dormía el Rey y daba grandes ahullidos y voces diciéndole muchos baldones 
y oprobios al Rey, llamándole mamacaixon , viejo agrio y amargo y aun se 
añade que le decía Cutuhá (debía de ser por baldón porque Cutuhá fué mu- 
cho antes que se levantasen los de Guatemala) y viéndose baldonado el Rey 
y molestado de aquel brujo, llamó a los brujos que tenía y prometió grandes 
premios, y ofreciéndose uno que le debía- de exceder en este arte salió en su 
busca y topando con él y queriéndolo coger de un salto se iba a otro cerro, 
pero lo mismo hacía el Quiche, y siguiéndolo de aqueste modo mucha distan- 
cia lo hubo de aprender con mucho cuidado, porque los cordeles con que lo 
ataba los quebraba; y llegando a la presencia del Rey le hizo su acatamiento y 
le dijo el Rey que si él era el que daba gritos de noche, y díchdle que sí, díjole : 
pues ahora verás qué fiesia hacemos contigo. Y juntándose los Señores se 
formó un baile para celebrar la presa de aquel brujo y transformándose en 
águilas, leones y tigres, bailaban todos arañando al pobre indio, y esitando ya 
para sacrificarlo les dijo a todos y al Rey: Aguardad un poco y oíd lo que os 
quiero decir; sabed que ha de venir tiempo en que desesperéis por las cala- 
midades» que os han de sobrevenir y aqueste mamacaixon, también ha de morir, 
y sabed que unos hombres vestidos, no des.nudos como nosotros, de pies a 
cabeza y armados, estos han de ser unos homlbres muy terribles y crueles 
hijos de la teja; quizás será esto miañana o pasado mañana (esto es breve o 
cerca) ; y destruirán todos estos edificios y quedarán hechos habitación de 
lechuzas y de gatos de monte y cesará toda aquesta grandeza de aquesta corte, 
y habiendo dicho esto lo sacrificaron : ^que aquesto fuese profecía de la veni- 
da de los españoles, no hay duda que Dios permitió que se les anunciase por 
boca de aqueste brujo, como se escribe que en Campeche también profetizaron 
algunos de aquellos idólatras la predicación del Santo Evangelio, como se dirá 
adelante. Lo común que es aquesta historia y lo celebrada de ellos, no da 
lugar a dudar de su verdad ; esto sin duda fué ya cerca de la venida de los 
españoles, aunque no es cierto si fué en tiemipo de aqueste Rey o del que se 
siguió, que fué su hijo, que ya se les fué acercando su ruina; y así no es 
dudable que en la caída de los grandes reinos acontecen muchas cosas por 
permisión Divina aue anuncie su ruina. Asi sucederá en este Reino Quichée 
como sucedió en el Mejicano, como refiere Torquemada latamente en el pri- 
mer tomo de su Monarquía Indiana. 

^8 



I 



Vcuhnoh Cabaiepech, XI Rey del Qaichée 

El undécimo Rey que hubo en el Quiche se llamó Vcubnohcabatepech, 
esto es siete signos, porque este noh significa un signo como los nuestros del 
Sodíaco. Adornado de ajorcas o de argollas, porque aqueste Rey debió de 
usar de aqueste adorno. Tampoco de aqueste hay noticia de sus hechos, y así 
paso al que se sigue. 

Oxibquehhetehehzi, XII Rey Quiche 

El duodécimo Rey Quiche se llama Oxibquehbelehebzí, esto es tres 
venados, nueve perros y puede ser que de aquestos Reyes se toma£«en los 
nombres de los signos que ellos ponen en su calendario, como diremos adelan- 
te. Este era el que reinaba cuando vinieron los españoles y quien les dio la 
guerra, como £<e dirá adelante, y siendo cogido en la traición en que quería 
matar a los españoles fué quemado y puesto en su lugar su hijo Tccumte- 
pepul. 

Tecumtepepul, XIII Rey Quiche 

El décimo tercero Rey Quichée se llamó Tecumtepepul que ya está dicho 
que se llamó Grandeza amontonada y fué el que reinó ( si se puede llamar 
reinar debajo de tan duro yugo como le pusieron) después que fué quemado 
su padre por la traición que tenía dispuesta contra los españoles, como se dirá 
después. Este tuvo dos hijos que se bautizaron y el uno se llamó don Juan 
de Rojas y el menor don Juan Cortés, y tocándole al señor don Juan de Rojas 
el Reino, mandó su Majestad que se le asíignase una renta cuantiosa para que 
pa&ase con la decencia que pedía su rea^. persona, concediéndole muchos priv- 
legios que cuando bajare a Guatemala se le pus'ese palacio y despensa a costa 
de Su Majestad; y que si asistía en público con su adiencia Real tuviese su 
asiento inmediato a su Presidente de sala, atendiendo su Majestad a su naci- 
miento y al derecho natural que tenía a su Reino, mostrando su Majestad 
su gran cristiandad en la Cédula que despachó por aquellos tiempos sobre que 
todos los Caciques y Señores se mantuviesen en sus Señoríos, porque bien 
sabía Su Majestad que no podía despojarlos sin causa muy grave del Señorío 
que la naturaleza le dio. Pero los señores ministros poco cuidaron de eso 
porque solo prevalecía la tiranía, y tanto, que hasta una porción que tenía de 
esclavos se los querían qu<-!ar, lo cual pleitearon y vencieron el pleito en con- 
tradictorio juicio contra el Rey; y eso es lo único que hoy tienen de rentas sus 
descendientes, cuya línea se conserva en el pueblo de Santa Cruz del Quiche 
tan retirados que ni memoria hay de ellos ni sic hace. ¡Qué de estas cosas 
no han pasado en estas Indias aue por mas que Su Majestad mandó repetidas 
veces que los Señores naturales se quedasen con sus Señoríos de vasallos, 
como si fueran leales, a todos los han despojado. qi*€ ya casi rastro ha que 
dado de los Señores naturales; y a esto atribuyo el poco logro que Su Majes- 
tad tiene de estas Indias y que todo se le vuelve sal y agua, al Reino que anti- 
guamente era un puño y sin Indias, tenía potencia para mantener tantos 
años guerras hasta expeler a los moros de España, ofreciéndose en el mismo 
tiempo otras por otras parles; y hoy, con tanto oro y plata, como le va y le 

79 



ha ido de esta América, ni aun se puede defender, siempre empeñado y 
exhausto. No tiene Su Majestad la culpa que muy cristinamente ha obra- 
do sino SU9 malos ministros, unos que lo hurtan, otros que con celo y pru- 
dencia piensan que las rentas se enmantarán con quitarles lo que les 
tocaba, y no es sino polilla que meten en la Hacienda del Rey para que toda se 
consuma. 

Referiré aquí lo que me contó un religioso de todo crédito que se lla- 
maba el P, Gl. Fray Nicolás de Ovalle que todos conocimos. Era este reli- 
gioso hijo de don Antonio de Ovalle, Caballero conocido, descendiente de 
Gonzalo de Ovalle, de los más principales pobladores de Guatemala. Siendo 
aqueste caballero Corregidor de Solóla, en cuya jurisdicción cae el pueblo de 
Santa Cruz del Quiche, donde están los descendientes de los reyes que he 
dicho, su antecesor en el oficio había mandado que pagasen tributo y acudie- 
E.en a los tequios que acude la geníe más vil sin más motivo que darle gana. 
El pobre sin recurso sufrió y toleró tanto ultraje, hasta que encontrando este 
caballero don Antonio en el oficio, ocurrió a él, y le pidió que pasase los pape- 
les de sus privilegios y los viese para que enterado de su contenido le aten- 
diese y se les mandase guardar. Esto debió de ser a hora que el tal Caballero 
estaba acostado, porque tomándolos y diciendo que los vería, estuvo aguar- 
dando el tal señor la resulta. Metido que los hubo debajo de su colchón se 
olvidó -de tales papeles y estuvieron allí, más el Caballero s'emipre que se 
acostaba dos o tres días que tuvo allí los papeles, no podía tomar sueño, 
sintiendo como ruido debajo de la cama. De este modo pasó todo aqueste 
tiempo sin dormir y si acaso empezaba a dormitar, le parecía que lo desper- 
taban. Entró en gran cuidado de algún mal, hasta que acordándose de los 
papeles que allí tenía los sacó y los vio y despachó al tal Señor, y de allí ade- 
lante no siniáó otra cosa y durmió bien. Consideren iiasta dónde suele llegar 
la maldad de algunos Alcaldes Mayores, que aun Señor tal, que aunque £;ea 
indio es sangre real. Señor de tan grande Reino, no solo no se contentó en no 
atenderlo como debía, pues ni aun su criado merecía ser, lo quería meter en 
el tributo, y que tributase a quien de justicia se debía de tributar por sus 
vasallos, y en los oficios- más viles; y ya lo hubieran entablado muchos esto a 
no defenderlos los religiosos, que acatando su alto nacimiento lo atienden y 
veneran. Don Francisco de Fuentes en la segunda parte que escribió de la 
Historia de Guatemala pone veinticuatro reyes, porque siguió o no entendió 
los manuscritos que cita de agunos indios que no supieron bien cómo fué 
esta descendencia de los reyes; y se ve claro que se engañaron, o el dicho 
autor no entendió bien la lengua en que estaba escrita toda la historia de ellos, 
pues a los cuatro hermanos Balanqui'zé, Balanmacab y Yquivalán y Machu- 
cutah los pone en la descendencia real en diferentes) tiempos y cada uno reinó 
en diferente tiempo, lo cual no es así sino que todos fueron a un mismo tiem- 
po y del mayor que fué Balanquitzé vino la descendencia y línea de los reyes 
y de las otras líneas de Señores grandes, como se verá en la misma historia 
y descendencia, y no hay duda que la noticia más^ verídica de aquestas des- 
cendencias de los Ser eres, se había de conservar en la cabecera del Reino 
donde a cada uno se le daba su lugar y preeminencia. 

80 



I 



CAPITULO XXIX 

Del culto de Religión que hubo en aqueste Reino. 



Es cosa tan natural el que el hombre reconozca una Deidad Suprema, 
que por muy bruto que sea no lo puede dejar de reconocer porque natural- 
mente se inclina a su Hacedor, como a su primer principio; pero el daño 
está en que no aciertan si no es con luz de la fe a conocer el verdadero Dios, 
y como esto faltó en estas gentes, andaban dando por las piedras y los palos 
adorando cosas muy sucias y feas y varios ídolos que veneraban. El princi- 
pal ídolo que veneraban en aqueste Reino fué el ídolo Tohil, a quien daban 
culto y adoración ofreciéndole sacrificios, y aunque había otiX)s de las demás 
Provincias sujetas al Quiche, éste era el más principal; y para su culto y 
veneración tenían sus días festivos y sacrificios que ofrecían sus sacer- 
dotes, y aunque yo tengo muy noticias por lo que he sabido de ellos, 
hallo las más escritas por el muy Reverendo Padre Fray Jerónimo Román 
en su República de los Indios quien escribió relaciones muy ciertas que todos 
los religiosos y minis-tros enviaron a Su Majestad por su mandado, y tamJbién 
hallo otras de que ya no tenía noticia ; y aunque el muy Reverendo Padre Pre- 
dicador Fray Antonio Remesal en su historia de Guatemala no fué de sentir 
que se escribiese aqueste punto, por lo cual lo omitió privándonos de muy 
buenas noticias que podían dar mucha luz a los Ministros Evangélicos y 
mucha diversión a los curiosos, todavía teniéndolo yo por conveniente y vién- 
dolo impreso por tan graves maestros, quise trasladar a la letra lo que dice el 
Padre M. Román de aquesta Provincia y Reno de Guatemala y por 
el gusto que dará a los lectores; y sea el primero el Capítulo 15 de la Repú- 
blica de los Indios Occidentales, que dice así: 

"Dos maneras o diferencias de sacrificios tenían estas gentes de Gua- 
temala, unos generales que todo el pueblo y común ofrecían en las fiestas 
que celebraban, y otros particulares que cada vecino y persona particular 
ofrecía según su devoción y la necesidad que tenían : los universales sacri- 
ficios se ofrecían ordinariamente cuando venían las fiestas, las cuales había 
en unas Provincias cinco y en otras seis, o se ofrecían por necesidad parti- 
cular por uno de estos dos respectos, una vez por cada una habían de entrar 
en Consejo el Señor de la Provincia o pueblo con todoí* los Señores principa- 
les y trataban con el Sumo Pontífice y los demás sacerdotes de la fiesta que 
venía, o de la necesidad que ocurría. Allí se determinaba que se hiciesen 
sacrificios y de qué se habían de hacer; cuanto al tiempo y hora ha de hacer 
el sacrificio no lo determinaban ellos ni se atrevían, mas echaban suertes- y 
aquello que salía hacían y no más ni menos. Para echar estas suertes hacían 
esto; 'lamaban a su astrclof'o, rdivino o hechicero (3) y comun'cábanle la 
fiesta o necesidad y el sacrificio y pedían que echase siuertc, e hiciese sus 
diligencias para saber qué día fuese mejor y más dichoso para ofrecer sus 



(3) A estele llamaban Ahquih malol tzite malol ixim, esto es: el que adivina por el Sol o por ¿rans de 
maíz o tzite. — Ximenez. 

81 H. deG.-6 



sacrificios y cumplir con su devoción. El luego comenzaba a poner por obra 
sus hechicerías y embustes y declaraba cuál día era feliz y prósipero y pronun- 
ciábalo y daba sus razones para ello, y de tanta fuerza era lo que decía que no 
había que mudar un punto de lo que él determinaba. Sabido el día echaban 
los Sacerdotes la fiesta con su vigilia, y esto era que todos chicos y grandes se 
apartasen de dormir con mujeres, aunque fueran casados y duraba la vigilia 
setenta y ocho días, y a veces llegaba a ciento, según la necesidad y la fiesta 
la pedía. En todos estos días se sacrificaba derramando lodos sangre de sus 
brazos, pies, muslos, narices y orejas, lengua y de todos los miembros de su 
cuerpo y esto se hacía dos veces al día, y a la noche aponían incienso a sus 
Dioses. Después» lavábanse los Sacerdotes y así se continuaban sus peni- 
tencias y aparejo para entrar en la fiesta; pero cada vez que sacrificaban se 
tiznaban los hombres en común, no se bañaban (los homibres), mas tizná- 
banse, y aquello era como un cilicio y ornamento de penitencia. Ninguno dor- 
mía en su casa en este tiempo más que en ciertos portales* y casas que había 
cerca del templo hechas para este propósito. To-dos guardaban con gran rigor 
todas las cosas que se mandaban, porque si allende se quebraba alguna cosa 
pasaba por lá pena señalada. Tenían también gran temor que habían de ser 
muertos por mano de los Dioses o habían de padecer alguna infelicidad y así 
les acaecía muchas veces, o porque el Demonio (permitiéndolo Dios) les cau- 
saba la muerte con obras que para ello hacía para tenerlos máls devotos y 
ligados en aquella penitencia o ceremonia de su servicio, o porque la imagi- 
nación de haber cometido pecado solía ser tan vehemente que de pura tristeza 
se morían. Componían sus ídolos para estas fiestas con mucho oro y piedras 
y envolvíanles infinitas mantas ricamente labradas ; poníanles en unas 
andas y traíanlos en procesión con mucha reverencia acompañándolos con 
gran mJÚsica de atabales y otros instrumentos musicales de que ellos usaban y 
después* de andado por el pueblo, poníanlos en las plazas mayores, las cuales 
servían en el pueblo para el juego de pelota y allí delante de los Dioses juga- 
ban los Señores y principales la pelota y por hacer la fiesta en algunas partes 
sacaban los ídolos de los templos a donde habían estado desde el principio de 
la penitencia y allí les ofrecían sacrificios de poca costa, así de pájaros e 
inciensos. En otros pueblos no le sacrificaban sino en ciertas cuevas donde 
les tenían escondidos y allí les ofrecían sacrificios: en algunas partes también 
acostumbraban tener y guadar los ídolos en lugares muy escondidos porque 
así fuesen tenidos en reverencia mayor, porque tenían entendido que de 
verlos muchas veces, sucedía no reverenciarlos, ni estimarlos; lo otro porque 
los comprovinciales no se los hurtasen porque esta gente teníase grande envi- 
dia cuando entendían que había mejores ídolos en unas tierras que en otras y 
morían por hurtárselos y a esta causa los escondían. Tenían por coajutores 
a los hijos de los nobles y los parientes de los Señoresi cuando eran mancebos 
y sin casarse. Estos solos sabían donde estaban los ídolos y tenían cargo de 
guardarlos y llevaban las cosas que ofrecían los devotos por ofrenda: cuando 
determinaban que sacasen aquellos ídolos de aquellas honduras y cuevas 
para traerlos por el pueblo, estos mancebos nobles los traían a cuestas y 
parando de trecho en trecho les hacían sacrificio de las cosas que les daban. 
Teníanles aquellos días enrramados los aposentos y muy llenos de flores (los 

82 



aposentes), de manera que tcdo lo bueno era para aquel punto. El sumo 
Sacerdote que en algunas Provincias lo era el Rey y Sumo Señor, en tiempo 
de necesidadesi, solía estar cuatro y ocho meses y un año apartado y recogido 
y allí no comía más que grano de maíz seco por tostar y añadíanse algunas 
frutas; de manera que de todo punto le eran prohibidos cosa que llegase al 
fuego. Tampoco volvía a su casa desde el día en que empezaba la pe- 
nitencia hasta que la acababan ni menos conversaba con nadie. El lu- 
gar de su aposento era una chozuela muy chica cubierta de hojas ver- 
des, las cuales se las mudaban en marchitándose y era llamada la casa 
verde. Esta chozuela hacían en el monte junto al lugar donde estaban 
los ídolos. Aquí hacía penitencia muy áspera y tan cruel que parece cosa 
increíble. No se hacía esta áspera vida más que una vez mientras que vivía; 
todo el tiemipo que estaban recogidos hacían sacrificios de todas las cosas que 
podían ser habidas, salvo de hombres. Derramaba todos los días sangre de 
las orejas y de los demiáls miembros de su cuerpo hasta sangrarse del miem- 
bro viril, esta ofrenda y sacrificio ofrecían a los ídolos por todo el pueblo, como 
pastor que tomaba sobre sí todos los pecados de los subditos. Cuaiido.. se 
publicaba; como dije, la vigilia, aunque los Sacerdotes y casados se tizna^ban, 
los. mancebos se untaban un almagre colorado y porque eran diferentes de los 
casados, dábanles todo aquel tiempo por maestro y guía al hijo del Señor de 
la tierra y sino tenía hijo el deudo más cercano como fuera mancebo. Este 
tenía cargo de llamar a todos los muchachos de siete años arriba y repartíalos 
en cuadrillas y cada uno tenía su guía y adalid: juntábanlos a estos para qt^e 
trajesen leña porque en es^te tiempo se gastaba mucha en el templo. Dor- 
mían en los portales no solo cuando hacían su ayuno, mas aun casi todo el 
año, porque no les era permitido tratar ni saber de los negocios de los casa- 
dos, ni aun sabían cuándo habían de casarse hasta el tiempo que les presen- 
taban las mujeres porque eran muy sujetos y obedientes a sus padres > mayo- 
res. Cuando estos mancebos iban a sus< casas a ver a sus padres tenían ep 
cuenta que no hablasen los padres cosa que fuese menos honesta, porque, los 
mozos y doncellas no oyesen alguna cosa de mal ejemplo y fuesen conmovidos 
a pecar, o a deseo malo". 



CAPITULO XXX 

Que es el 18 de Fray Jerónimo Román; de la cuaresma que tenía la 

gente de Guatemala y de sus ayunos, de los sacrificios que hacían de 

hombres y cómo mataban a sus padres cuando estaban viejos. 

"Ya que los de aquesta Provincia sabían el tiempo cuando comenzaba la 
pascua y cuando se hacía el aparejo de ella, comenzaban su ayuno llamado 
Cuaresma (porque así entendemos nosotros el ayuno mayor que ellos hacían, 
como nosotros el cuadrages'mal), y esto se hacía con gran recogimiento de 
todos, así homibres como mujeres. Los hombresi iban al templo a orar, las 
mujeres quedaban en su casa para mirar por la familia. Cuando volvían del 

83 



templo, las mujeres los recibían con grande extrañcza porque ni les hablaban 
ni saludaban y así no hacían sino comer y volver al templo. Llegada la noche 
ya que eran las nueve o poco más, venían a casa no a dormir, más a llamar 
a la mujer e hijos. Si los niños eran ya grandecillos íbanse juntos a las faldas 
de los montes, y sino los había, a las encrucijadas de los caminos y allí comen- 
zaban los padres a sacrificarse y sacar sangre de muchas partes de su cuerpo 
con unas piedras y navajas» y enseñaban a los hijos a hacer lo mismo y decían- 
les que pidiesen a los Dioses, salud, buenos temporales y lluvias y las demás 
cosas necesarias para la vida humana; pero si los muchachos rehusaban con 
el miedo de herirse y sacar sangre, los padres los sajaban y herían por fuerza 
y esto hacían hasta hacerles perder el mdedo. Hecho esto, todos en común 
pedían a susí Dioses los favoreciesen y remediasen y ofreciendo lo que tenían 
así como pájaros, flores e incienso (tenían) cada noche mientras duraba su 
ayuno y penitencia, y el resto que les quedaba de la noche iban a sus estacio- 
nes, buscando lugares más acomodados, para pedir a sus Dioses de nuevo lo 
que tenían necesidad. Hechas estas estaciones, despedían a sus mujeres y 
mandábanlas que se volviesen a sus casas y con ellas sus hijos; pero si no 
los tenín, ellos las acomipañaban y llegando a la puerta se volvían el templo. 
Guardaban otra ceremonia al principio de la Cuaresma, y era que soltaban 
todos los esclavos que después habían de ser sacrificados, a los cuales daban 
r.bertad de esta manera, que a cada uno le echaban una argolla de oro, plata 
o cobre al pezcueso y pasábanle un palo por ella como chaveta, y dábanle 
cuatro hombres de guarda. Este andaba por todo el pueblo y en cada casa 
que quería entraba, y si quería comer con el Rey y con el grande o chico lo 
hacía y no se lo prohibían : solamente tenía de apremio que no podía salir 
del pueblo sin tener la argolla y la guarda de los hombres ; y todoa tenían 
cuenta de hacerles muy buen tratamiento y lo mesmo hacían a quien los guar- 
daba. Llegados los últimos días, que eran siete antes de la Pascua, juntaban 
a todos los que habían de ser sacrificados en una casa que para ello era dir^ 
puesta, la cual estaba junto al templo y allí todo aquel tiempo les daban de 
comer y de beber hasia emborracharlos y ya cuando no faltaban más que tres 
días, todo el pueblo se ejercitaba en barrer y aderezar los caminos y adornarlos ; 
de manera que a todo aquello que podía servir de reiprescntación de fiesta se 
aparajeban los capitanes y maestros que dijimos tener cargo de los muchachos 
y mancebos; mandaban traer a unos ramas, a otros hojas de pino para echar 
por el suelo, como echamos en España la juncia y espadañas. El postrero día, 
que era la víspera, barrían todos los aposentos del temiplo y los fuegos o bra- 
ceros quedaban muy limpios porque llevaban las cenizas a unos purificatorios 
o consumideros diputados para esto : todo el mundo se quitaba aquel tizne 
y lavánbanse de manera que quedaban muy limpios y vestíanse de sus mantas 
nuevas y limpias» y muy galanes, si era tiempo que estaban los trigos o maíces 
grandes, traían de aquellas mazorcas y poníanlas al rededor de los altares e 
ídolos; y si estaban secos los panes, también traían espigas. También traían 
muchos instrumentos musicales, demanera que no faltaba nada la víspera y 
todo lo necesario es'aba a punto. A la noche los hijos del Rey y de los otros 
Señores iban por ídolos donde los tenían escondidos y traíanlos con gran 
procesión por todas las calles y caminos y de trecho en trecho les ofrecían 

84 



aves y animales, flores y frutas, incienso y cosas olorosas, y como s<» iban 
allegando al pueblo los Dioses, venían algunos de aquellos mancebos a gran 
prisa y decíanle al Rey y a los demás Señores y Sacerdotes, que ya venían los 
Dioses y cuanto más venían acercándose, tanto más prisa se daban en avisar. 
Cuando ya venían junto a la ciudad o arrabales, salía el gran Sacerdote a los 
recibir muy acompañado de los otros Sacerdotes y ministros del culio Divino 
y en llegando a ellos le ofrecían sacrificios y entrando en el pueblo entraban 
callados y con mucho silencio y así iban al templo, y en entrando hacíanle al 
pueblo cierta señal para que supiese que ya el gran Dios estaba en su propio 
lugar. Todo lo que quedaba de la noche se gastaba en andar estaciones y 
visitar el templo, de manera que no se dormía nada de ella. Ya que habían 
asentado los ídolos en sus altares comenzaban a tañer los atambores y sonar 
las otras músicas y allí se hacían bailes y otros muchos regocijos y en estos 
ejercicios les tomaba el Alba. En amaneciendo todo el mundo se iba a casa 
y se lavaba y cada uno traía aves c incienso para sacrificar y dábanlo a los 
Sacerdotes para que ellos lo ofreciesen, y en tanto cada uno pedía al Dios con 
humildad lo que más tenía necesidad. Llegada la hora del gran sacrificio el 
gran Sacerdote se vestía de Pontifical, que era una capa cuya hechura yo no 
cabría describir, poníanse una corona de oro o de plata, o de otro metal, la 
cual estaba adornada de piedras preciosas, y así se ponía otras cosas el Pontí- 
fice que le hacían muy autorizado y vistoso: tenían muchas aparejadas unas 
andas, muy ricas con m,uchas joyas de oro, plata y pedrería y entre estas ri- 
quezas ponían muchas rosas de varios colores y m.uy aderezadas y componían 
al ídolo y poníanlo muy asentado en ellas y luego comenzaban a hacer la 
procesión por dentro del patio del templo y a donde había muchas invenciones 
de cantos, danzas y atabales y músicas y teníase tanto orden en que fuese con 
gran concierto que con ir infinidad de gente no había confusión, mas todos 
iban puestos en sus lugares. 

Acabada la procesión el ídolo paraba en un altar junio a la piedra a 
donde habían de sacrificar a los hombres, poníanse junto a ellos los atabales y 
ministriles, cantáJbanse aquí por gran pieza de tiempo las cosas antiguas que 
esta gente había hecho en tiempo de paz y guerra. En tanto que cantaban 
iba el Rey y los otros Señores al lugar donde estaban los esclavos y sacábanlos 
de en uno en uno y cada uno tomaba el suyo de los cabellos y lo traía delante 
del Supremo Dios, y venían diciendo a grandes voces: "Señor, acuérdate de 
nosotros que somos tuyos, dadnos salud, dadnos hijos y prosperidad para que 
tu pueblo se acreciente, dadnos agua y buenos temporales para nos mantener 
y que vivamos, óyenos nuestras peticiones, recibe nuestras plegarias y ayudad- 
nos contra nuestros enemigos, dadnos holganza y descanso". Todas estas 
peticiones y palabras iban diciendo, de manera que todo el pueblo lo oía; 
llegando al altar del sacrificio, estaba el Sacerdote Carnicero aparejado y el 
Señor le ponía la víctima en las manos y él con sus ministros guardando el 
orden que en otras Provincias se guardaba, sacaban el corazón y lo ofrecían 
il ídolo y el Sacerdote con tresi dedos, tomaba de aquella sangre y rociaba al 

85 . 



ídolo y luego echaba de aquella sangre contra el Sol, haciendo primero algunas 
ceremonias no de mucha importancia, y de esta manera andaba de ídolo en 
ídolo y de altar en altar, untándoles de aquella sangre. Ponían las cabezas de 
los sacrificados sobre unos palos en un cierto altar para esto solamente dedi- 
cado a donde se quedaban por algún tiemipo, el cual pasado los enterraban. 
Daban ealas gentes dos razones por que los empicotaban, la una era, porque 
estando así a vista de todos los Dioss, se acordasen de lo que les habían pedido 
y mirasen cómo les habían ofrecido gran sacrificio, la otra era porque viendo 
los homibres aquellas cabezas, considerasen cómo habían sido cortadas por 
los pecados de todos y también los dejaban allí para que el Rey de la tierra 
viendo tan gran sacrificio se conmoviese a aumentar la religión, para los 
enemigos, que les quisiesen hacer mal o guerra les temiesen cuando entendie- 
sen que si eran presos habían de pasar por la misma ley. Los cuerpos de los 
sacrificados eran cocidos y comíanse como carne santificada, las manos y los 
pies y otras- cosas delicadas presentáibanse al gran Sacerdote y al Rey como cosa 
más sabrosa; todo lo demás se distribuía por loa otros Sacerdotes y ministros 
del altar, porque a los del pueblo no les alcanzaba bocado. Aquel día era 
libertado para hacer grandes banquetes y borradheras y así se mataban infi- 
nitas aves, mucha caza, de suerte que todo género de comida que ellos tuviesen 
allá en uso la tenían presiente; vinos tenían muy diferentes, porque aunque 
no eran de uvas ellos tenían semillas de cosas de que los hacían de diversas 
maneras que tenían sus nombres de mejoría como acá los de Medina, Rivada- 
vi^, Toro y S. Martín, etc. Estos banquetes tanto mayores eran, cuanto lo 
eran las personas que los hacían. Hacían muchas danzas y bailes y otros 
juegos en presencia de los ídolos y dábanles a beber del vino más precioso 
que tenían remojándoles las bocas y las caras. Si se emborrachaban y 
bebían con exceso estas gentes, no lo hacían tanto ipor vicio, cuanto porque 
en esto creían que hacían un gran servicio a Dios y así el principal que se 
emborrachaba más era el Rey y los Señores iprincipales. Otros no se em- 
borrachaban, pero no era poque ellos fuesen de menos valer, sino porque 
ellos habían de gobernar la tierra y proveer en los negocios del reino mientras 
que el Rey estaba ocupado en aquella religión y se amborrachaba. Duraban 
aquestas fiestas tres y cinco y siete días según lo que ordenaban los Ministros 
y lo decían cuando se habían de comenzar. En estos días en cada tarde anda- 
ban en procesión con grandes cantos y músicas llevando al ídolo y ídolos por 
las calles y plazas, y adonde había lugar preminente hacían altares y ponían 
mesas y allí paraban, y como nosotros representamos farsas y autos, así 
ellos pugaban a la pelota delante de sus doses. El último día, cuando llega- 
ba la noche, cerraba de todo punto la fiesta y cada uno se iba a su casa, salvo 
los Ministros que asistían en el templo. Estos volvían a esconder losi ídolos 
y a servir como solían de ordinario. Esto es cuanto a las fiestas y sacrificios, 
pero otras cosas particulares tenían los de esta provincia en lo tocante a la 
religión, que de necesidad es bien que se sepan; y así en el capítulo siguiente 
lo trataremos, porque el lector no se canse tanto." 

86 



CAPITULO XXXI 

Que es el diez y nueve. - De los lugares a donde sacrificaban los de 

Guatemala, así como en fuentes, cerros, cuevas y debajo de los árboles. 

— Traen se otras cosas curiosas. 



"Como esta nación tenía gran cuidado de las cosas de Dios, procura- 
ban tener las estatuas de 'los ídolos, que ellos llamaban dioses, con gran 
reverencia y en diversos lugares para irse a encomendar a ellos- en sus necesi- 
dades. Así cuando labraban casas de nuevo (4) la media la dedicaban y con- 
sagraban al dios de las casas que llamaban CHAHALHA (esto es : guarda de 
la casa) y en aquella parte le tenían hecho su altar y £u lugar de hacer sacri- 
ficio, en el cual ponían incienso y mataban aves y otros animales. Ponían en 
las paredes la sangre que se sacaba y pegaban plumas alrededor (digo plumas 
ricas de las que nosotros usamos para las gorfas y sombreros) ; y en la puerta 
de la casa hacían lo mismo porque con aquello aseguraban que no entra- 
ría en casa cosa mala; y cuando cortaban la madera para hacer casas, hacían 
sacrificios al Dios de casa por ellas suplicándole que la casa para donde sé 
cortaba aquella madera, fuese dichosa y que en ella viviesen muchos días y 
con felicidad. Tenían asimismo sus oratorios» particulares donde acudían en 
Gus mayores trabajos que les sucedían, por la mayor parte los tenían en arbo- 
ledas muy espesas que la Escritura Sagrada llama Lucos, que también sacri- 
ficaban debajo de árboles muy espesos y copados, debajo de los cuales se acos- 
tumbraba a degollar y derramar sangra de varias partes de su cuerpo. Tam- 
bién sacrificaban en las fuentes, en especial cuando pedían hijos, y si halla- 
ban un árbol muy espeso que estuviese debajo de alguna fuente, tenían por 
lugar divino aquel tal, porque concurrían dos divinidades, así en el árbol 
como en la fuente. Hacían sacrificios en las cuevas y en los lugares oscuros 
y en las encrucijadas de los caminos y en las puntas de los cerros, y conforme 
a las peticiones que hacían así escogían los lugares. Tenían humilladores 
antes de entrar en aquellos lugares donde tenían hechas» unas capillas y allí 
había altares y ídolos; estos Oratorios se decían Mumatz y de estos había de 
trecho en trecho en los caminos a donde hacían sus oraciones y ofrecían sus 
sacrificios. En llegando al humilladero tomaban unas hierbas y dábanse con 
ellas en las piernas y escupían en ellas y poníanlas en el humilladero con una 
piedra encima. Esto decían ellos que era cosa saludable para desechar el 
cansancio y sentían luego fortaleza en las piernas (hoy usan, en hallándose 
cansados» del camino, azotarse con hortiga, que aquí se llama chichicaste, que 
es muy buena mortificación). Ofrecían allí algodón o cacao, o sal o pimientos 
o de las otras cosas que llevaban, y de aquello, como de cosa sagrada, no había 
nadie que osase tomar nada; y así se quedaba allí y se perdía. Cuando quiera 



(4) Tocante a esto tenían un abuso, que procuraban cuan Jo hacían una casa poner en los cimientos o 
tapias un cadáver para que guardara la casa; y tanto era el abuso en esto, que desbaratando yo en Santo Tomás 
Chichicastenango una pared del convento para hacer la sacristía, hallé la osamenta de un cadáver que allí habían 
puesto debajo del aguamanil de la sacristía antigua. Ya se ve que esto no lo pondría el Ministro, sino que ellos 
a escondidas lo pondrían para que cuidara aquella ohra.—Ximene*. 

87 



que caminando, les sucedía alguna adversidad y peligro, luego acudían a se 
encomendar a Dios (y sue dolían de sus pecados) y se confesaban a solas, y se 
dolían de sus pecados, llamándose pecadores. Si topaban algún tigre de los 
cuales abundan aquella tierra, luego se confesaban de sus pecados diciendo: 
tantos pecados he cometido, no me mates. Si caminaban muchos juntos se 
rentaban y decían, que aquel tigre era el pecado de alguno, y que el que allí 
iba culpado a aquel mataría. Acaeció cuando se comenzó la predicación del 
Santo Evangelio en ía Provincia de la Vfrapaz, que iba por el camino un 
hombre con su mujer y vieron un tigre y la mujer como ya estaba enseñada 
en la fe, comenzó a santiguarse y a decir la doctrina cristiana que en su len- 
gua llaman Tih (5), y como la mujer iba rezando siempre, díjole el marido: 
dá voc«& y deja el Tih. Maá ella no curaba de lo que decía su marido, mas 
perseveraba en rezar y en fin huyó el tigre, de lo cual quedaron muy contentos 
y fueron luego a los Padres Dominicos que predicaban por allí y diéronles de 
&us presentes pobres y contáronles el caso como había pasado, de lo cual die- 
ron gracias a Dios porque por la doctrina de la verdad, el Demonio perdió la 
fuerza que había puesto en aquel tigre. Tenían los demonios tan encarni- 
zados estos terribles animales, que luego que no les confesaban sus pecados 
los mataban, y así aquellos nuevamete convertidos a la fe con la flaqueza, 
algunas veces sí veían algún tigre, olvidados de la señal de la cruz se volvían 
a su antiíguo error y costumibre por lo cual los castigaba Dios. Así tenemos 
ejemplo de que en el mismo lugar donde acaeció lo que poco ha conté, como 
un tigre llegase a la puerta de una india y la tuviese cerrada, y haciendo ruido 
el tigre ella abrió pensando que fuese otro, y olvidándose de lo que le habían 
enseñado los religiosos, cuando vio el tigre dijo : Señor, no me mates que no 
tengo más que tres pecados; y permitiéndolo Dios porque no creyese que el 
animal tenía poder de librarla arremetió el tigre a ella y la despedazó. Cuando 
quiera que habían de comenzar alguna obra luego antemano hacían sacrificios 
y así cuando iba a cazar plumeas a los pájaros, la liga con que ios habían de 
tomar, la insesaban y la santificaban, creyendo que con aquello tenían más 
fuerza. Al tiempo que habían de sem]brar cualquiera sementera, lo primero 
que hacían era hacer sacrificios, y mataban algunas gallinas y la sangre espar- 
cían por los contornos de la heredad donde se había de sembrar. Estaban 
también ciertos días antes de sembrarse apartados de sus mujeres porque 
tenían por cosa escrupulosa dormir con la mujer e ir a sembrar; y así tenían 



(5) Tih se toma por la comida de carne, y tomándose por la enseñanza se dice: Tihobal, que es de Tihoh 
enseñar, y más propio: Ruchabal Dios la habla o lengua de Dios. 

Se han omitido muchas notas de Ximénez al Popol buj por carecer del todo de interés; todo aquello en 
que el espíritu de cuerpo, el amor a la orden de que era miembro y las rivalidades de los establecimientos 
monásticos, tan vivos en aquellos tiempos, hayan podido arrastrarle. Esto se nota especialmente al hablar de 
los Franciscanos y Jesuitas, como también de algunos Srcs. Obispos y particularmente del Sr. Alvarez de Toledo 
contra quienes nuestro cronista tenía una prevención exagerada. La presente copia se ha sacado de los volú- 
menes que existían en el Convento de Santo Domingo de esta capital y que en 1830 pasaron a la Biblioteca de la 
Universidad. Es importante advertir que dichos volúmenes no contienen el original de manos de Ximenez sino 
una copia sacada de aquél con mucho descuido e imperfección. De consiguiente, la actual, aunque confrontada 
con aquella cuidadosamente y corregida en todos aquellos lugares en que una y otra estaban indudablemente 
equivocadas; corre con aquellos defectos que solo habrían podido evitarse teniendo a la vista el verdadero 
original. Así pues, hay en ella muchos pasajes de sentido incompleto y oscuro, que se han dejado así, por no 
alterar arbitrariamente el texto. 

Además, la ortografía, de que carece por completo la copia que ha servido de original, va restablecida en 
la presente; y por lo que toca a la de las palabras indígenas y nombres propios de que el autor hace uso, se ha 
tenido cuidado de recurrir a las fuentes, cuando se ha podido tenerlas a la mano para restablecerla.— J. G. 

88 



I 



otras superticioncs y niñerías. En las huertas y arboledas, tenían algún ídolo 
al cual sacrificaban porque guardase aquellas frutas; cuando querían escardar 
los trigos ponían fuego e incienso a las cuatro partes de la heredad, y en 
medio (esto es al corazón de la tierra dedicado), y les pedían con mucha humil- 
dad que les guardasen aquellos panes hasta que los cogiesen. Cuando grana- 
ba, daban la primicia a los Sacerdotes o molíanlo y de la harina hacían engru- 
do y un pan al ídolo y piedra que estaba puesto en la heredad, o dábanlo para 
que lo comienzen algunos pobres viejos y enfermos. Hecho el agosto daban 
en grano sus diezmos; cuatro cosas pedían comunmente los de esta Provin- 
cia a sus Dioses, la una era la vida larga, y la salud, hijos y mantenimiento 
para pasar la vida; para la primera se enderezaban los sacrificios comunes, 
BUS penitencias para la salud, lo primero que hacían era hacer sacrificio «^ 
enviar codornices u otras aves de ciertos colores que ya eran aplicadas para 
la enfermedad y el Sacerdote las tomaba y sacrificaba, si era Señor el que 
demandaba la salud, siempre tenían al médico delante, el otro pueblo no; pero 
la mujer tomaba si el marido era el enfermo una manta u otra cosa de valor 
e iba con ella al médico y decíale : fulano vuestro hijo está malo, ruégoos 
mucho que lo visitéis y sin esperar que le respondiese algo le ponía delante 
lo que traía para darle, y así se despedía. El médico entonces, desembara- 
rándose de lo que tenía entre manos, iba a ver al enfermo y si la enfermedad 
era liviana, poníale unas hierbas y otras cosas de que él usaba para enfer- 
medades comunes; pero si era aguda y peligrosa decíale: tú algún pecado 
has cometido ; y tanto le apretaba en esto, que venía a decir forzado, lo que 
quizás hacía diez o veinte años que había hecho, y esto se tenía por medicina 
principal en las enfermedades peligrosas porque creían que echado el pecado 
fuera del alma quedaba el cuenpo aliviado ; y así de aquella antigua costum- 
bre ha quedado en la tierra otra muy santa y provechosa, y es que estando algu- 
no enfermo luego se acuda con la confesión, en tanto que muchas veces van 
cuarenta leguas a buscar sacerdotes; confesando pues, su pecado al médico, 
echaba el físico suertes sobre qué sacrificio haría, o de qué cosa, y aquello que 
allí se determinaba, aquello se hacía, porque eran sumamente obedientísimos 
a los médicos. Muchos viéndose en gran necesidad, hacían voto que si sana- 
ban, o eran librados del trabajo en que estaban sacrificarían un esclavo, y a 
veces un hijo o una hija, y lo mismo hacían cuando se veían cautivos, y en 
semejantes aprietos tenían por gran pecado no cumplir los votos, y así los 
cumplían o morían por cumlplitlos. Para conseguir y alcanzar hijos, cuando 
no los tenían, ofrecían muchos géneros de sacrificios, sacábanse mucha sangre 
de varias partes de sus cuerpos, sacrificaban muchas aves, hacían muchas 
promesas, llamaban médicos y a los sortillegos y hechiceros para que les 
diesen consejos para poder tener hijos y estos diabólicos hombres luego acu- 
dían con decir que por sus pecados no permitían los Dioses que tuvieran hijos 
ni hijas, y los mandaban hacer penitencia y lo que más acostumbraban a 
mandar era que apartasen cama, marido y mujer; por espacio de cuarenta o 
cincuenta días, que no comiesen cosa con &al, que comiesen el pan seco, o 
solo maíz, o que estuviesen tantos días en el campo metidos en alguna cueva, 
que les señalaban, que durmiesen sobre la tierra desnuda. Todo esto hacían 
porque sus Dioses re aplacacen y les diesen hijos y hechas todas estas cosas, 
les daban licencia para que volviesen a conversar con sus mujeres. Tanto 

89 



era el deseo de tener hijos, que ninguna cosa que les mandaban los médicos 
por grave que fuese les parecía dificultosa; y así el primer hijo que les nacía 
lo nombraban del ídolo que era dedicado al día del nacimiento y no querían 
darle el nombre de padre o madre. En naciéndoles el hijo o hija, mataban 
una gallina y la sacrificaban o se la enviaban al Sacerdote para que la sacrifi- 
case dando gracias a los Dioses por la criatura que les daba. Hacían en 
los nacimientos de sus hijos muchos convites y fiestas a los parientes, cuando 
lavaban la criatura ofrecían sacrificio de incienso y papagayos y este lavato- 
rio se hacía en alguna fuente fresca y muy clara y si no había fuente, en un río 
donde llevaba la mayor corriente, aquel día ofrecían a aquel río o fuente 
todos los vasos y cosas que habían servido a la mujer parida en el parto. 
Echaban suertes para ver qué día sería bueno para cortar el ombligo y hallado 
el día ponían la tripula sobre una espiga o mazorca de maíz, y con una navaja 
que no hubiese serbido, la cortaban y la navaja era echada en una fuente como 
co£ia bendita, la mazorca de maíz desgranábanla y sembráibanla si era tiempo 
y sino guardaban su grano para su tiempo y sembrándolo cultivándolo como 
cosa sagrada y espigado y molido hacían de aquella harina las primeras papas 
que daban al niño. Lo demás que había producido de aquellos granos eran 
para el Sacerdote; y aun eran tan superticiosos que guardaban de aquel trigo 
para cuando fuera grande el muchacho y lo semibrase. Cuando la criatura 
estaba para destetar, hacían gran fiesta los padres convidando a sus deudos y 
vecinos y hacían su sacrificio porque !o habían señalado para este efecto. 
Hacían también sacrificio cuando la criatura andaba a gatas y cuando comen- 
zaba a hablar. Cuando la primer vez lo trasquilaban y le cortaban los primeros 
cabellos hacían fiesta y tomaban los cabellos y quemábanlos a vueltas con el 
inciensio. El día en que nacía el niño o niña, era habido por toda la vida en 
gran solemnidad y festejábanlo con convites. La primera obra que hacían sus 
hijíos con sus manos la ofrecían a los Dioses. Laa mujeres daban mantas teji- 
das de sus manos y loa muchachos ballestas. Esias cosas las mismas cria- 
turas las llevaban a los Sacerdotes; llegados a ocho años eran puestas en el 
templo las niñas vivían en gran recogimiento hasta el tiempo de casarse. 
Estas, pues, son las costumlbres y ritos que tenían los de Guatemala acerca de 
los sacrificios y sus religión. 



CAPtTULO XXXll 

Que es el 7^ del Libro 2° de la gobernación que tuvieron los indios de 

Guatemala y otras Provincias. 



Entre los reinos que había muy extendidos en la Nueva España, fué el 
de Guatemala. Este Señorío tiene otro título acerca de algunos y llámase 
Utatlán, el cual está en la misma Provincia de Guatemala a lo alto de las mon- 
tañas. Su principio fueron cuatro hermanos; salieron de cerca de Méjico 
y llegando a esta tierra que a la sazón estaba despoblada, comenzaron a la- 
brarla y a cultivarla sin hallar quién se los desistiese. De estos cuatro por 

90 



fl 



ser el primero (Balanquitzé), de condición blanda y poco dispuesto para regir 
como el segundo hermano, el mando, y teniendo dos hijos mandó que el mayor' 
heredase y el segundo le sucediese, pero guardóse aqueste orden que por res- 
peto que tuviese autoridad el segundo, luego que el primero subió al Reino, 
mandó el padre que el segundo fuese Capitán y mandó por ley que si fuesen 
cuatro, que el primero reinase, el segundo fuese como Príncipe, el tercero Capi- 
tá'n General y el cuarto Capitán segundo, y que fnuerto el primero reinasen 
todos por su orden, si se alcanzasen en vida. Esto hizo él porque los que 
reinaban fuesen experimentados; tenía el Rey ciertos varones de gran autori- 
dad y opinión que eran como Oidores y conocían de todos los pleitos y nego- 
cios que se ofrecían : ellos cogían y guardaban las rentas reales y distribuían 
lo que era necesario para la mesa y gastos de la persona real y lo mismo para 
los hijos o hermanos del Rey. El asiento del Rey era notable porque tenía 
un docel de plumas riquísimas y sobre el guardapolvo o cielo, otros cielos de 
diversos colores., de manera que representaba gran majestad. El Príncipe, 
o el que le había de suceder tenía tres cielos y los demás hermanos o hijos a 
dos. Tenía en cada pueblo grande sus chacinerías con sus Oidores; pero no 
era muy grande la comisión que tenían porque de las cosasr arduas solo el Rey 
con aquel Consejo que andaba en su Corte conocía: los Oidores eran castigados 
cruelmente si eran hallados en faltas grandes, o tocantes a sus oficios, donde 
no siempre perseveraban haata la muerte en sus oficios y cuando moría alguno 
de ellos se tenía cuenta que el que era más antiguo fuese de más autoridad 
como se hace en nuestra España. Teníase cuenta que los ministros de jus- 
ticia comenzasen por bajos y menores cargos porque se ejercitasen en cosas 
pequeñas y se fuesen haciendo viejos, porque cuando llegasen a mayores 
cargos fuesen de gran edad. Tenía el Rey de esta Provincia otros reyes 
sujetos a sí y otros poderosos Señores, los cuales esperaban la confirmación 
de sus estados de él dicho Rey. No se diferenciaba el Rey de Guatemala o 
de Utatlán de los otros en el traje o ceremonias, sino en que él tenía horada- 
das las oreas y narices que se tenía por grandeza. Tenían en este Reino y 
en los demás sujetas, muchas leyes y graves, que para entre bárbaros eran 
buenas. 

Pr'meramente cuando algún Rey era tirano y cruel, aquellos que eran 
cabezas de familias así como los ricos y altos Señores comunicaban con las 
ciudades y Jueces del Reino los agravios y males que hacía el Rey y si se 
conformaban todos luego lo mataban y tomáljanle los hijos y mujer por cauti- 
vos y toda ía hacienda y riqueza se les confiscaban, y si las ciudades no con- 
venían en la conjuración, comunicábanlo con alguno de los mayores reyes y 
prometiéndole que si las ayudaban en la destrucción de su Rey le darían las 
mujeres e hijas de su Rey para esclavas. Si se aceptaba luego enviaba sus 
ejércitos y le hacía guerra y así muerto destruido criaban nuevo Rey. Cual- 
quiera señor o principal que persuadía que los vasallos no obedeciesen al rey 
tenía pena de muerte y daban el Estado a otro. 

Cualquiera que mataba a otro, moría por ello. 

El que adulteraba con la mujer del Señor, si era principal Señor moría 
por ello, y si era hombre común despeñábanlo. 

91 



Cualquiera que llegaba a esclava ajena, la pena era como pecuniaria, o 
daba otro tanto como la esclava valía, o compraba otra; pero si el Señor la 
quería y amaba el culpado llevaba mayor pena. 

El que hurtaba pagaba lo que hurtó y másile llevaban algo por la culpa; 
esta pena era para el Fisco real. 

Cualquiera ladrón que era incorregible, lo ahorcaban; pero primero lo 
denunciaban a sus parientes, y si decían que no, luego se ejecutaba la 
sentencia. 

Cualquiera que era condenado a mucrie, se le confiscaban los bienes 
y mujer e hijos y esclavos. 

El que era brujo quemábanlo. Era llamado este en su lengua Balan, 
que quiere decir tigre. 

Los que pecaban en el vicio de la carne, siendo solteros pagaban cierta 
cosa, pero morían si los acusaban los parientes porque se tenían por afrentados. 

Al que hurtaba cosas de los templos, despeñábanlo ; pero si era cosa 
liviana hacíanlo esclavo. 

El que armaba traición contra su Señor, o contra la República o des- 
cubría los. secretos de ella, o se pasaba a los enemigos perdía la vida cuando 
era hallado y confiscábanle los bienes; mujer e hijos quedaban por esclavos. 

Todos los que cautivaban en guerras, fuesen chicos o grandes, que- 
daban por esclavos. 

Cuando prendían en la guerra Señores principales, sacrificábanlos a 
los ídolos/ y después los comían para atemorizar a sus contrarios con esta 
crueldad. 

El vasallo que se iba de su Señor si lo alcanzaban matábanlo y la mujer 
e hijos quedaban por esclavos y la hacienda confiscada. 

Si alguno iba a cazar o pescar fuera de los términos de su lugar, si lo 
cogían con la caza en las manos quitábanscla, si era de la Provincia y amigos; 
pero £ii eran enemigos y que eran como fronteras, llevábanlos al Señor y man- 
dábanlos miatar, o mandábanlos llevar al sacrificio. 

El que iba a servir a casa de un Señor, todo aquello que se menosca- 
baba por su culpa, lo pagaba. 

Si alguno prestaba o ponía en encomienda o depósito algo, si el que lo 
recibía lo perdía, o menoscababa, habíalo de pagar. 

Si el padre u otro trataba casamiento del hijo o de la hija y después no 
quería, castigábanlo ásperamente porque en tal caso no se permitía que hubie- 
se engaño; y si acaso el esposo había dado alguna joya a la doncella, o otro 
cualquier pariente por resipesto del miatrimonio, luego lo restituían. 

La mujer después de dotada jamás volvía al poder del padre; más si 
moría el marido casábanla con el hermano del marido si lo había, y sino con 
el pariente más cercano. 

Cuando quiera que la mujer se huía y se iba con otro, o por rencillas 
se volvía en casa de los padres, requeríala el marido que volviese, y sino quería, 
él se podía casar luego con otra, porque en este caso las mujeres eran pode- 
rosas y eran libres. Algunos sufrían un año aguardándolas ; pero lo común 
era casarse luego porque no podían vivir sin mujeresi a causa de tener quien 
les guisase de comer, (porque era muy embarazoso el usar el moler y hacer 
el pan y otras cosas de que ellos se mantenían. 

92 



CAPITULO XXXIII 

Que es el octavo del Libro 2^: de la gobernación que tenían los de Ve- 
rapaz tocante a cosas curiosas y notables; y los de Yucatán, con otras 
gentes de aquellas Provincias. 



Por ser aquella Provincia que hoy se llama de la Vcrapaz y antigua- 
mente Tierra de gaerra, una de las Provincias de más consideración de aqueste 
Reino y la que se lleva la primacía sobre todas las demás por haber recibido 
la fe católica de paz, de mano de nuestros» religiosos, siendo esla Provincia la 
corona imperial con el título que tan justamente le dio Su Majestad del Em/pc- 
rador Carlos Quinto de gloriosa memoria a su principal ciudad de imperial, 
y la gloria y lustre de aquesta nuestra Provincia, de que se ha de hablar a pro- 
pósito, después; me pareció muy conveniente, el seguir aquí el Capítulo 8'' del 
Libro 2? de las Repúblicas de las Indias Occidentales para que ae tenga ya 
preven'da alguna noticia de aquesta Prov'nc'a para en lo de adelante; d'.ce 
pues : 

"Enlre las otras Provincias que hallamos conquistadas en la Nueva 
España por diligencia de nuestros españoles, es la que llaman de la Verapaz. 
Gobernábas.e esta nación por Rey y era poderosa, y así como Príncipe absoluto 
gobernaba su Reino libremente y a su albedrío y por esto tenían estas gentes 
sus leyes y costumbres distintas de los otros sus vecinos. Cuanto a lo primero 
después del Rey era la persona más principal, el Sacerdote mayor. Este oficio 
así como era grande, así también no se daba acaso ni por favor, antes había 
un linaje y familia de a donde salía, de la manera que acaecía entre los judíos 
que siemlpre era del tribu de Leví. Era electo es.e Pontífice de todo el pue- 
blo, y siempre se buscaba el mejor y el más bien acreditado de todo aquel 
linaje, los grandes Señores del Reiro y en el Palacio Real allí se trataba, 
cuanto a lo primero lo que hacía al culto Divino y denpués de la guerra y paz 
y lo demás tocante al buen gobierno de la República. Tenían tan gran cui- 
dado en que se acertase en todo que aun en las cosas pequeñas y de poca 
importancia entraban en consulta. También en este consejo (podemos decir 
Real), determinaban algunos pleitos y delitos graves, porque de los comunes, 
o'ros prepósitos» y Magistrados conocían de ellos. Tenían como pretorios, 
que eran nuestros Alcaldes de las calzadas, los cuales andaban por las Provin- 
cias visitando a los Jueces ordinarios y deshaciendo agravios. Tenían unos 
como alguaciles, que s-ervían de llamar y convocar el pueblo y andaban de 
casa en casa señalando el tríbulo que cada uno debía de pagar al Rey, o al 
Señor. También si alguna cosa se ordenaba en casa del Rey y su Corte para 
que viniese en noticia de todos, estos iban por toda la tierra y io publicaban 
pregonándolo. En lo tocante a las Rentas del Rey y Señores había este orden, 
que todo venía a un n:oriión y de allí le daban al Rey su parte, después daban 
a los Señores según cada uno era y después daban a los Oficiales y a quien 
el Rey les hacía mercedes. En las cosas de la guerra había tal orden que 
tenían sus capitanes perpe'.uos y e:^^cogidos entre muchos y eran famosos por 

93 



los hechos notables que habían hecho en su mocedad y juventud, y otros 
Capitanes menores y Sargentos. Había oficios señalados para llevar la ban- 
dera; tenían quienes llevasen las municionesi y la provisión y mantenimiento 
con sus Oficiales mayores que tenían cargo de mandar a cada uno lo que había 
de hacer; en fin, si yo quisiese volver a referir lo que queda dicho de la 
República Romana, podríalo hacer con señalar los Oficiales que tenían los 
Ejércitos de estos indios. Una cosa e& digna que se sepa de esta gente y 
es que cuando había alguna cosa particular en el Reino en el cual iba mucho 
en acertar, convocaban las personas más doctas y de experiencia que se halla- 
ban en aquel negocio; así como si era cosa de religión o guerra llamaban 
al gran Sacerdote y a los que en esto eran más curiosos o a los que muchos 
años habían capitaneado grandes Ejércitos, porque los tales llenos de experien- 
cias daban consejo cierto. Esta costumbre si se usase hoy no haría daño en 
nuestra Esipaña. Cuando querían los Reyes hacer guerra después de tratado 
entre los ded Consejo, no se salbía contra qufén ni contra qué Provincia, de 
manera que tomaban de esta manera a los enemigos descuidados mano sobre 
mano, y había tanto secreto en esto que era cosa maravillosa; en los pueblos 
populosos/ no compraban esclavos para sacrificar; mas quince días antes de 
la fiesta salía gran copia de guerreros y entraban en las fronteras de los ene- 
migos y hacían un rebato y cautivaban los que habían menester y volvíanse, 
y si traían más, daban sus- parte al Rey y los demás reipartían entre sí. Te- 
nían los Señores gran cuidado en que hubiesen grandes y muy solemnes y 
muy ricas ferias y mercados porque como concurren a ellas muchas cosas, 
los que carecen de algo, allí lo hallan y truecan con los que carecen de otras 
cosas necesarias: tenían sus ferias y lo que se vendía junto a los templos. El 
vender "y comprar es el trocar que es el miáis natural trato; daban maíz por 
frísoles y frisóles por cacao, traían sal por especies, que era el axí o chile; 
aunque en esta Provincia tenía otro nombre esta pimienta que es la que lla- 
mamos de Indias que acá se dá harto bien: también trocaban carnes y caza 
por otras cosasi de comer; conmutaban mantas de algodón por oro y por algu- 
nas hachuelas de cobre, y oro, por esmeraldas y turquezas y plumas : presidía 
en este mercado un Juez, el cual miraba que a nadie se hiciese agravio y 
tasaba los precios y él conocía de cualquier cosa que acaeciese en el mercado. 
En esta Provincia había mucha policía, porque allí habían plateros y pintores 
y maestros de labrar cosas de plumas: las mujeres sabían hilar, tejer y otras 
cosas que pertenecen a mujer: eran sus leyes muy buenas y santas, que si las 
quisiéramos comparar a muchas de las nuestras, no discreparíamos mucho. 
Cuanto a lo primero que prohibe la idolatría no hay que dudar sino que 
erraban, porque reverenciaban por Dios al que no lo era; pero su intención 
a la verdad en confusio no andaba buscando sino a aquel que les había dado 
el ser y sembrado e impreso en sus ánimas la lumbre con que lo buscasen y 
apetito con que lo deseasen y lo que acerca de los Dioses falsos hacían, en 
reverencia del verdadero Dios lo hacían aunque confusamente, lo cual se vio 
después, porque predicado el EvangeHo saUeron de su engaño luego en que 
estaban. Esto colígese de lo que atrás se dijo hablando de la religión, por 
entender que acertaban, no señalaron castigo a los que adoraban y reveren- 
ciaban los Dioses antes como cosa enseñada de sus sacerdotes, magos y adivi- 

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nos y guardada por sus leyes, era cosa y de gran sacrilegio salir un punto de 
lo que ya estaba introducido. Tenían por cosa perniciosa a los brujos y 
hechiceros que hacían daño con sus embustes porque los ahorcaban o daban 
garrote y principalmente cuando mataban o hechizaban algún Señor, hacién- 
dolo impotente o causándole alguna enfermedad. Cuanto a jurar y guardar 
fiestas y días santos ninguna pena tenían, lo uno porque no tenían jura- 
mentos. Cuanto a lo tercero no tenían días festivos ni feriados, porque aun- 
que se juntaban en uno a celebrar sus solemnidades no prohibían que tra- 
bajen en ellos. Cuanto al honrar padre y madre guardábanlo estrechamente 
como nosotros, porque los padres exhortaban y enseñaban con mucha dili- 
gencia a los hijos que honrasen al ipadre y a la madre y a ios Reyes y mayores 
de la tierra, y a los que se ensoberbecían contra los Señores queriendo alzar- 
les el homenaje y obediencia y que no les pagasen sus tributos, ahorcábanlos. 
Cuanto a lo que prohibe matar y no hacer injuria al prójimo, también lo guar- 
daban, porque si alguno mataba a otro, los que lo sabían luego lo denunciaban 
al Señor el cual preguntaba con diligencia quién era el muerto y el matador 
y la causa y quién se lo había mandado y si tuvo compañeros en ello, lo cual 
todo averiguado, enviaba luego sus ministros de justicia y dábanle luego 
garrote y asi moría porque mlataba. No se gastaba mucho tiempo en esto 
porque no había apelaciones ni dilaciones, sino que convencido, luego era 
castigado cruelmente porque allende que moría por ello le vendían los hijos 
y mujer y del precio que por ellos se daba llevaba el Fisco y Cámara del 
Señor cierta parte y todo lo demáfe se gastaba en comida y bebida conseje- 
ramente. Cuando riñendo unos con otros se herían, lo cual pocas veces acae- 
cía, en siendo avisado el Señor por la queja que daban los parientes enviaba 
un hueso o una hacha para denotar que él había de ser herido con aquellos 
instrumentos pues había hecho mal a otro. Entonces el malhechor enviaba 
rogadores y daba sus excusas para deshacer la culpa; pero el Juez o Señor 
mostraba mucho rigor, de manera que para sentenciarlo nunca respondía 
bien. Al cabo quedaba sentenciado a que diese cierta suma de plumas ricas 
o mantas, o cacao, lo cual era para el Fisco. El que mataba o hería a esclavo, 
no tenía ninguna pena, porque decían que aquella era hacienda suya y cual- 
quiera que matara a otro como fuese esclavo moría por ello y si el marido 
mataba a la mujer o por el contrario si la mujer mataba al marido, moría. 
En lo tocante al fornicio quedaban este orden, cuando uno decía a otro que 
había pecado o si le decían que ¿por qué le acaecía aquello? Si respondía: Por 
el pecado era entendido por el de la carne. Si algún mancebo conocía alguna 
doncella la pena era hacerlo casar con ella; pero si la doncella estaba despo- 
sada el esposo jamás volvía a ella, mas pedía su dote y lo que trajo y así se 
iban todos en paz. Si fornicaba con viuda o esclava pagaba cierta cantidad 
de plumas u otra cosa. El que adulteraba por la primera vez dábanle pena 
pecuniaria; pero si lo acostumbraba, moría por ello. La esclava que dormía 
con libre y dentro de su casa, achocábanle la cabeza con dos grandes piedras 
fuera del pueblo o la empalaban; y lo mismo hacían al hombre con quien 
pecó. Si el casado pecaba con viuda o casada castigábanlo una o dos veces 
con pena de plumas o de mantas; pero si no se enmendaba, tomaban a él y a 
ella y atábanles las manos atrás y colgábanlos de la cintura y con cierta hierba 

95 



muy hedionda les daban humo por las narices y después de muy bien chamus- 
cados y afrentados los soltaban persuadiéndolos a que se enmendasen. Sino 
querían ser buenos ahorcábanlos. Había en esto también una costumbre de 
parte de los maridos que si sentía que la mujer le hacía traición y conocían 
quién era el adúltero no querían denunciar de ellos, nxas tomaban un pájaro 
de los que eran para sacrificar y dábalo a la mujer y al adúltero y descíanles 
que fuesen a sacrificar al templo aquella ave y que se confesasen al estilo 
suyo, y así quedaba satisfecho el injuriado y tenían por persona Santa al que 
se contentaba con aquella venganza. El codiciar la mujer ajena y el hurto 
tampoco se permitía porque lo uno que era interior los padres tenían gran 
cuidado en que los mancebos fuesen muy templados y castos hasta casarse; 
en lo del hurto, si era poca cosa con restituir lo tomado y darle cierta pena 
pagaba, si era cosa de más cuantía pagaba al doble que hurtaba y así multi- 
plicaban la pena como era el valor de lo hurtado; mas el que no tenía con que 
pagar, vendíanlo por esclavo. Pocas veces mataban por ladrones; es verdad 
que el que hurtaba en poblado dábanle garrote. El levantar falso testimonio 
era cosa abominable entre estas gentes y lo mismo la mentira, y así a los 
niños los castigaban y amonestaban a que no hiciesen semejantes pecados 
porque eran muy feos. Si alguna mujer acusaba a algún hombre que la había 
forzado, no la creían (y hacían bien, y sino traslado a la justicia de Sancho 
Panza), sino traía testigos o alguna cosa de aquel hombre, así como el paño 
de manos, las bragas que ellos llamaban maxtel o la manta. Si esto traía 
era creída y sentenciaban al culpado; también cuando acusaban a los adúlte- 
ros y lo negaban les daban tormento de cuerda atándoles reciamente los brazos 
atrás" por los moyejos, y sino querían con todo eso confesar dábanle humo a 
narices. Esta m,esma pena dábanle a los ladrones que no querían confesar; 
en todo lo demás eran estas gentes muy bien enseñadas, persuadían mucho 
las virtudes mo-rales a los mozos y doncellas; y así parece que después que 
vinieron a la fe católica, como bien enseñados de sus padres, tomaron la 
Doctrina Santa con gran voluntad, como gente que no despreciaba la virtud". 



CAPITULO XXXIV 

Que es el 3° del Libro Tercero; de la manera que tenían en casarse los 
indjos, con otras cosas dignas de ser leídas. 

Habiendo de dar noticias de las costumbres de los indios de aqueste 
Reino, no quise omitir cosa de las que escribe el Muy Reverendo Padre Fray 
.Terc.n;n:o Fcn^án, porque además de ser cosa gustosa y divertida para los 
lectores también sirven para la clara inteligencia de los esftilos que hoy usan, 
pues hasía hoy perseveran en todos aquellos que fueron buenos y aun en 
muchos de aquellos que no eran tales, como se ve en lo que llevo anotado, y - 
también se verá anonado adelante; y aunque esto dice ser de los indios de la 
Verapaz es ccmún a tcdcs que de Icc'os estos lo escribió el limo. Casas, de a 
donde ha sacado todo lo que escribe tocante a estas cosas de los indios; y 
tocante a sus casamientos, prosigue en esta forma: 

96 



I 



"Cuanto a los casamientos y matrimonio de los indios, de la Verapaz, 
diremos algo con brevedad porque no se nos pase nada de aquello que hace 
al propósito de esta historia. 

"Cuanto a lo primero se casaban las mujeres con hombres de su linaje, 
más por línea de varón que por la de hembras, porque cfío estaba así intro- 
ducido. Los padres procuraban mujeres para sus hijos, de las hijas no pro- 
curaban porque a él le habían de venir a rogar por ellas. Si era persona de 
calidad el que se quería casar procuraba enviar tales mensajeros que les con- 
venía a su estado, y a quien se enviaba la embajada y suplicábale de que casase 
su hijo con su hija y ofrecíale presente; pero si no la quería dar, no recibía 
nada y escusándose despedía al que traía la embajada; pero si recibía el 
presente era indicio que había de hacerse el casamiento. Pasados algunos 
días enviaba de nuevo segunda embajada y con ella mayores, presentes, siem- 
pre le rogaba que casase su hijo con su hija y a la tercera vez le enviaba lo 
cierto del negocio y de allí adelante se trataban como a deudos les de la una ca- 
sa y la otra. Después aparejábanse las cosas necesarias a la boda y señalaban 
día cuando debía de l'evar la esposa a cara del marido. Cuando esto estaba ya 
concertado enviaba el suegro muchas mujeres ancianas y principales para que 
acompañasen a la desposada, la cual traían ciertos hombres pr hcipales acues- 
tas, aunque viniese diez y veinte leguas a casa del padre de la señora. Aquel 
día que la daban era muy solemne y principal y no había pariente pobre porque 
aderezaban gran comida y muchas diferencias de vinos que ellos sabían hacer 
y habían grandes bailes y cantores. Sacada de casa de su padre la novia y lle- 
vada a donde había de ir, ya que llegaba junto al pueblo a cierto lugar señalado 
salían ciertos hombres honrados enviados por el suegro y delante de la novia 
ofrecían cuatro o cinco veces incienso y codornices a sus Dioses, dándoles 
fíracias de la buena venida de la señora. Llegada a casa luego la ponían y 
asentaban en un tálamo bien aderezado y comenzaban grandes bailes y can- 
tares y otros regocijos muchos con que la fiesta era muy solemne. Si el 
casamiento era de Señor a Señora, venía otro principal Cacique y tomaba las 
manos de los desposados y juntábalos y tomaba los cabos de sus mantas y 
abábalas unas con otras, y hacían otras ceremonias que ellos hacían y amones- 
tábanlos que fuesen buenos casados y que agradecieran a Dios haberlos jun- 
tado para marido y mujer, A ]a ncrlhe dos mujeres honradas y viejas metían- 
les en una pieza y enseñábanles cómo habían de haberse en el matrimonio. 
En lo tocante al dote de los Señores los subditos y parientes contribuían, que 
era un hecho ya conocido, y hecho esto quedaban casados; esto es en cuanto 
a la boda de los Señores. La gente común, o iban los padres a buscar muje- 
res para sus hijos, o un hermano o pariente, y si el mozo no tenía padre ni tío, 
su Curador tenía ese cargo. Estos cuando iban a buscar la mujer, la primera 
vez llevaban lo que habían de dar en arroz y en señal de lo que el desposado 
tenía de hacienda, y cuando era el día que había de venir a casa del suegro 
la novia, la madre del desposado iba por la esposa, y traída, un hijo del pueblo 
los casaba y los amonestaba a que fuesen buenos casados. Comunmente 
estas gentes compraban la mujer y aquellos dones que llevaban eran el precio 
y aí'í la mujer jamás volvía a casa de sus padres, aunque enviudase, porque 
luego el hermano del muerto la tomaba por mujer, aunque él estuviese tam- 
bién casado, y si el hermano no era para ello, o no lo hacía, un pariente tenía 

97 H. de G.-7 



derecho a ella. Los hijos de tales mujeres no tenían por deudos a los tales 
abuelos ni a los demás deudos de las madres porque la cuenta de su parentesco 
venía por línea de varones y así no tenían impedimentos para avisarse con 
los parientes de sus madres; esto se entiende para contraer matrimonio, que 
en lo demás amábanse y queríanse unos a otros. Casábanse en todos los 
grados de consanguinidad en la manera dicha, porque por más hermana 
tenían la de ou linaje aunque fuera de remotísima sucesión de parientes, que 
casarse con la hija de su madre, con tal que no fuese de padre y madre, por- 
que entonces no se permitía; de modo que con media hermana muy gentil- 
mente bien se podían casar todos, con tal que no fuesen de la sucesión del 
padre: podíase casar también con las cuñadas que tuviesen hijas, o también 
!as madrastras, aunque esto no se hacia sino por ciertos respetos o causas; pero 
cuando se hiciese por querer las dos partes, sin otra cosa que hubiese de por 
medio, no había pena señalada contra ellas. Algunas veces se casaban mujeres 
libres con esclavos; pero los hijos que parían también quedaban por siervos. 
Cuando algunos hijos de Señores se casaban con doncellas muy pequeñas, 
los parientes de la desposada le daban una esclava para que gozase de ella 
hasta tanto que venía la edad para la desposada; pero los hijos que había de 
ella nunca subían a ser Señores, aunque no los tuviese de las mujeres legíti- 
mas porque era hijos de esdava. 

Cuando las mujere? eran halladas en adulterio, la primera vez eran co- 
rregidas de palabra y s^no se enmendaban repudiábanlas, y si era Señor, her- 
mano o pariente del Señor de la tierra, luego en dejándolas se podía casar con 
quien quisiese. Los vasal'os también hacían esto mismo muchas veces, pero te- 
nían un poco de mis, pacienc'a, porque los corregían dos o tres veces, y llama- 
ban a sus pariente para que los reprendieran de lo que hacían; pero si eran 
incorregible, denunciaban de ellos delante del Señor, el cual las mandaba com- 
parecer decante de sí y condenábalas a que fuesen esclavas y de allí adelante 
podía el marido servirse de ella como de esclava y también la podía vender. 
Esta misma pena se daba a las mujeres que no querían hacer vida con sus 
maridos, después que habían sido muchas veces corregidas. Verdad sea que 
cuando los maridos tenían hijos en ellas, mucho se disimulaba; pero no te- 
niéndolos no se les daba nada porque fuesen castigados". 



CAPITULO XXXV 

Que es el 8*^ del Libro 3^ de las ceremonias que hacían los indios en los 
enterramientos de sus muertos, con otras cosas dignas de ser sabidas. 



"Cuando los Señores Caciques de la Verapaz caían enfermos, lo primero 
en que se entendía era en juntar y llamar médicos. Esto no solo era entre 
aquellos Señores común cuando llegaban a lo extremo, o tenían alguna indis- 
posición aguda o peligrosa; m\as a cualquier ay (como acá solemos algunas 
veces decir) llamaban lo smédicos o físicos. Reverenciaban tanto a sus Seño- 

98 



res, que jamás se apartaban de sus presencias, así los curaban con suma 
diligencia. Sus medicinas eran de hierbas y oiros simples que ellos conocían 
y sabían. Aplicadas las medicinas, luego venía un hechicero, nigromántico o 
agorero que tenía cuenta con mirar las suertes para ver qué sacrificios harían 
que fuesen más agradables a los Dioses para que diesen salud a su Señor 
enfermo. Entonces sí mandaba el hechicero; hágase esto o el otro; luego se 
había de hacer. Ofrecían algunas veces pájaros de tal color, o tal naturaleza, 
otra vez sacrificaban animales, y tan ci'egos los tenía el Demonio, que manda- 
ban sacrificar hombres y mujeres y a veces vírgenes, y tal vez llegaba que 
había de ser de las máísi principales y en esto no había réplica, porque ello se 
había de hacer; y cuando la enfermedad era grande y la persona de mucha 
autoridad, mandaban los hechiceros o agoreros, que sacrificasen por su salud 
a su propio hijo, y en esto tamjpoco había réplica, ni dificultad. Algunas 
veces o las más eran los que morían los hijos de la& esclavas y cuando estos 
faltaban sacrificaban a los legítimos y no perdonaban al único; pero cuando 
llegaban a sacrificar hombres, era después que las diligencias humanas no 
bastaban. Hechas estaa diligencias y otras, mandaban al enfermo que con- 
fesase todos sus pecados, lo que estos indios confesaban comunmente era el 
pecado de la fornicación, o adulterio, porque esto era lo más grave que ellos 
tenían, porque aquello era con perjuicio de parte, o había pecado con alguna 
mujer libre, porque si era su esclava no se tenía por grave pecado porque la 
tenía a su uso y voluntad, como otra cualquiera cosa comprada, de manera que 
si se confesaban y decían seis pecados tengo, ya se entendían que eran de 
carne. También tenían por pecado quebrantar alguna de sus cuaresmas; 
pero no confesaban el haber comido fuera de hora, o más de lo que permitía 
el ayuno ; mas lo que era pecado aquí, era porque había dormido el castado 
con su mujer y había tenido cuenta con ella. Ya que el enfermo llegaba a la 
muerte, si era persona principal, la primera cosa que le ponían a la boca 
después de muerto, era una piedra preciosa; otras decían que no se la ponían 
después que morían, sino al tiempo que querían espirar, porque para eso le 
ponían aquella piedra que era para que recibiese su ánima; y en espirando 
luego le refregaban el rostro con ella livianamente. El ponerle aquella piedra 
en aquella coyuntura y tomarle aquel postrer espíritu o resuello era oficio de 
por sí y muy principal; de manera que en el pueblo el más noble lo había de 
hacer, y si era en casa del Rey o gran Señor, el más privado. La piedra era 
guardada con gran cuidado de la m]isma persona, por ello era tenido en gran 
reverencia de todos y a la piedra después solían en ciertos tiempos a ofrecer 
sacrificios. Muerto el Señor de la tierra, luego se despachaban mensajeros 
a todosi los pueblos sujetos, como lo hacían las demás Provincias, y también 
daban aviso a los demás Señores que eran amigos encomendándoles que 
acudiesen al enterramiento, porque hasta tantos días aguardaría el cuerpo. 
En este espacio de tiemipo que venían los Señores y vasallos, poníanlo en un 
lugar público asentado, porque así se enterraban en esta Provincia, los mora- 
dores de ella, y vestíanle vestiduras ricasi y preciosas, las cuales según su 
estado iba llevando desde que emipezaba a envejecer para mandar que cuando 
muriese se las pusiesen a cuestas y lo enterraran con ellas : viniendo el día 
del enterramiento, todos aquellos Señores traían joyas y otros dones y un 

99 



esclavo o esclava por lo menos y algunos traían lo uno y lo otro para sacri- 
ficar. Todas estas joyas las ponían sobre el muerio y después lo cubrían con 
muchas mantas y bien empañaco lo metían en una caja grande de p'edra de 
manera que él cupiese estando asentado o en cuclillas, que este era su común 
asentar. Después hacían la sepultura en tierra muy honda y grande y de allí 
metían el ataúd, o caja; pero no era llevado a enterrar a los Templos^ como en 
las otras Provincias, mas subíanlos a los cerros y a las cumbres de las sierras 
y allí era su sepulcro para siempre. En muriendo, luego mataban cuantos 
esclavos y esclavas tenían para su servicio para que fueran delante a aperejar 
posada para su amo, porque ya ellos creían que de lo mismo que habían ser- 
vido en el mundo, habían de servir en el otro. Cuando enterraban estos escla- 
vos sobre ellos ponían los instrumentos con que habían servido a sus amos: ; 
de manera que si era esclavo de labranza, allí había de ir la azada, arado y 
podadera, y así por consiguiente todos los demás. Metidos los esclavos en 
la sepultura con su amo, si algo sobraba de vacío enchíanlo de tierra e igualá- 
banla. Hecho esto levantaban un altar sobre de ella, de altor de un codo, de 
cal y piedra, sobre el cual se quemaba de ordinario mucho incienso y ofrecían 
sacrificios; la gente común que no tenía tanto caudal para hacer aquellas 
cajas, o ataúdes, hacían una sepultura grarde y ancha y después a un lado 
hacían una cueva y metían al difundo y asentábanlo, y def.pués volvían a 
cerrar la sepultura; pero el cuerpo no quedaba cubierto de la tierra. Estas 
ceremonias que he dicho que hacían con los difuntos se guardaban con los 
demás del pueblo, porque lo que los Señores hacían en honrar al difunto y 
asistir a sus honras y en lo de traer joyas y esclavos, con los dem:á!s hacían esto 
los deudos y parientes del muerto, los cuales traían joyas, esclavos y mantas 
y todo lo necesario". Hasta aquí el Maestro Fray Jerónimo Román en su 
República de aquestos» irdios. 

Otros muchos disparates y ceremonias uaaron y usan el día de hoy en 
sus entierros y muertes de los suyos. Antiguamente se enterraban en las 
milpas y heredades y además de joyas y otras cosas que les ponían en sus 
sepulturas, les ponían ollas, jarros, piedras de moler y los trastos o instru- 
mentos con que ellos trabajaban y der<pués de enterrados levantaban unos 
montones de tierra más o míenos conforme era la grandeza del indio. En otras 
partes, como en el Rabinal, ponían unos montones de lajas, y como esto lo 
hacían en las mismas tierras de sus sementeras, lasi llenaron de piedras que 
hoy tienen bien que hacer sus descendientes en trabajar por quitar estas pie- 
dras; y el luto que usaban era untarse de tierra amarilla, de a donde tomó el 
nombre málcam el viudo que quiere decir, el untado de amarillo, y este era 
el luto de sus tristezas. Hasta el día de hoy conservan muchos abusos, porque 
para morir Cos ponen enfrente de da puerta de la casa porque dicen que con 
eso saldrá derecha el ánim^a: otros les están refregando la cara y tapando la 
boca cuando agoniza; y de este modo hacen tres mil disparates, Cuario 
lo llevan a enterrar, si el ministro no es avisado, le meten tortillas, machete 
y hacha para que vaya a trabajar ^Vá; las manos aunque las traen atadas en el 
entierro, en la fosa puestos, se las desatan. A los niños les ponen juguetes 
para que allá jueguen. Si hay peste dicen que Dios tiene alguna obra y ha 
menester gente. Dicen que el camino que llevan es muy largo y que así 

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tardan mucho en llegar a donde van, por lo cual sus hijos no quieren decir 
sus misas aunque tengan con qué hasta que hayan pasado días; y en orden a 
esto me sucedió pocos días ha en este pueblo donde administro al presente, 
que es Sanio Domingo Xenacoc, del Valle de Guatemala, que yendo a confe- 
sar a un viejo, m« dijo : que el quería que lo llevasen a la Iglesáa para recibir 
el viático, porque él había ayudado a hacer la portada siendo muchacho; lo 
que yo colegí de esto es que lo que intentaba era que lo viera la portada que 
él había ayudado y rogase por él a Dios, o algo de esto fué lo que él intentó. 
Díjome también que no le dijesen tan luego su misa, porque como estaba tan 
viejo no podía llegar luego a la presencia de Dios; y oyendo esto no me que- 
braba la cabeza poco con él, dábdole a entender como era aquel viaje para 
sacarlo de su disparate. No sé sti lo creyó de todo su corazón, lo que yo le 
dije; de estas cosas tienen un millón; pero yo entiendo que con todas estas 
imperfecciones, nos hacen muchas ventajas y que solo son errores nacidos- 
de su gran pusilaminidad y gran cortedad de talento, porque son pusilánimes 
sobre manera; y así de todo cuanto hay tienen miedo, aunque sea de una hoja 
de árbol, conforme les dijo Dios- a los Israelitas que les había de suceder, que 
del sonido solo de una hoja de árbol, habían de huir como de la espada. Bien 
claro se ha verificado en estos miserables : cuanto padecen y cuanto callan 
y aunque no lleven con alegría la rapiña que de sus pobres bienes todos hacen 
como sus ascendientes y pariente? los hebreos, todavía Dios les tiene nume- 
rados todos sus cabellos y dará a cada uno el galardón o castigo según sus 
obras. 



CAPITULO XXXVI 

Del modo que tenían de contar su año, y de otras cosas curiosas. 



No fueron tan bárbaros esíos indios, como pensaron algunos, que no 
tuvieron la observancia del movimiento del Sol para dividir sus tiempos. 
Conocieron muy bien y alcanzaron que el año tenía 365 días, aunque no alcan- 
zaron la sobra de seis horas, o casi, cada año, por lo cual es necesario poner 
el día inteicalar o de viscxío. La división de mes o de semana o como quisie- 
ren llamar, iban muy diferentes de nosotros. El Muy Reverendo Padre M'- 
Romáin, en el Liibro 1^, Capítulo 10 de la "RepúbUca de los Indios", dice: 
que loc^ mej'canos dividían por meses y estos era de veinte días y las semanas 
de trece cada una y que sobraban cinco días a los' cuales llamaban baldíos; y 
en este cómputo entiendo que todos estes reinos van conformes; pero señala 
otros Señores o signos de cada día, aunque tamibién son nombres y animales 
y otras cosas. El año de estos empezaba a 21 de febrero, y este era como el 
día de año nuevo. Este día tiene este signo Imox, que dice envidia del nieto, 
y hacen alusión a la envidia de Humbaiz y Hunchoben a Hunhapú y Xbalan- 
qué, porque este nieto es de mujer, no de hombre, como allí se dice : el segundo 
día. que correspondía al día 22 &U signo es ic que es lana o chile: el tercero que 
correspondía al día 23 es Achál, su significado es casa; el cuarto que corres- 

101 



pondía al día 24 era Cat, este en Quiche es la red del maíz; pero dice que su 
significado es lagarto: el quinto Can, esto es, amarillo; pero su significado 
es culebra; debe de sier el Canti que es mordedura amarilla porque es muy 
venenosa y mortífera, culebra muy venenosa, corresponde al día 25 : el sexto 
que corresponde al día 26 es Camey que quiere decir : toma con el diente o 
muerde; era nomlbre de un Señor del infierno su significado dice es la 
muerte; el séptimo que corresponde al día 27, Queh, venado : el octavo que 
corresponde al día 28, el Canel, dice que su significado es conejo: el noveno 
que corresponde al día 1^ de marzo es Toh, este era el nombre del ídolo, este 
significa paja; pero aquí su significado es aguacero: el décimo que corres- 
ponde al día 2 es Tzi, perro : el 11 que corresponde al día 3 es Batz, nombre de 
aquel qué se volvió mico ; y así unos que hay muy fieros con unas barbas lar- 
gas en la Verapaz, se llaman Baty; y el hilado : el 12 que corresponde al día 4 
es Ci, diente: el 13 que corresponde al día 5, es Ah, esto es ntaíz tierno que no 
ha azasonado y caña: el 14 que corresiponde al día 6 es Balam, tigre; el 15, 
que corresponde al día 7 es Tziquin, pájaro: el 16 que corresponde al día 8 
es Ahmac, el pecador, y dicen que su significado es el buho: el 17 que corres- 
ponde al día 9, es Noh que es llenar y cierta goma, dice que su significado es 
el temple: el 18 que corresponde al día 10, es Tihax que quiere decir muerte 
rasgando, su significado dice que es el cuchillo de pedernal, el décimo noveno 
que corresponde al día 11, es Caoc, su significado dice que es lluvia: el 20, que 
corresponde al 12 esi Hunhapú, que es aquel que dicen bajó al infierno y 
venció a loa Señores de él; y cumplido aqueste número vuelven a empezar 
hasta dar vuelta a ajustar 360 días, dando a cada uno el bien o el mal que a 
ellos se les antoja, señalando si es buen día o malo para el que nacía en él; 
y así por aquí veían sus adivinos el día en que el niño nacía y según eín le 
pronosticaban lo que había de suceder. Los otros cinco días de diferencia 
llamaban días cerrados y que no tienen dueño y cumplido todo el número 
volvían a empezar su año otra vez con el mismo orden. Tamibién iban divi- 
diendo de trece en trece días, que eran como semanas, mas no señalaban fiesta 
alguna, ni día, como decir lunes o martes, etc. 

Aquesite calendario o pronóstico dicen en él que lo compusieron doce 
viejos en once noches en el monte. Todo él está lleno de supersticiones y 
por él se gobiernan hasta hoy en muchos pueblos ; pero esto muy a escondidas. 
Luego que el día nace van a ver al M*? que entiende de esto y ve el da en que 
nace y qué le pronostica, y si es malo dicen ellos que haga esto o aquello o 
que le saquen sangre de tal parte del cuerpo con que se corregirá aquella ma- 
lignidad de aquel signo ; y así es menester velar mucho sobre esto, aunque 
a la verdad todo ello no tiene fundamento, sino que como son tan tímidos, 
temen a Dios, porque saben que los puede castigar y temen al Diablo porque 
saben que hace mal; aunque no acaban de entender que este no puede más 
que lo que Dios le permite. 

La ley de la circuncición tamHén la guardaron estos indios de que se 
concluye evidentemente que descienden del pueblo hebreo y aunque (F 
Jerón, Román, "Rep. Ind.", Libro 2^, c.) el Padre Fray Jerónimo Román dice 
no es argumento evidente porque otras gentes también usaron el circunci- 
darse que no descendían de los Hebreos, junta aquesta ceremonia con todo lo 

102 



I 



que se ha dicho de sus historias y de su modo de gobierno y lo que después 
diremos de sus vestiduras, es para mí argumento muy concluyente. En que 
forma o a cuántos días de nacidas las criaturas hiciesen esta ceremonia no 
se sabe y así paso a lo que toca a sus vestidos. Estos eran tan pocos que casi 
no se pueden llamar tales, pues lo más era estar desnudos con unas vandas 
que cubrían sus partes vergonzosas y lo más que ellos tenían para adorno era 
labrarse todo el cuerpo y pintarse mil figuras, lo cual hacían con la punta de 
una lanzeta de pedernal muy aguda y echándose carbón, como hacen los 
moros, se pintaban todos; y lo que los adornaba y tenían ellos por gala y la 
usan hasta el día de hoy es su tilma que es una capa cuadrada como mandó 
Dios a los indios que la usaran, como confita del sagrado texto, y muchos de 
ellos la usan con aquella fimbria que mandaba Dios que se pusiesen en las 
orillas de los cuatro ángulos; pero don Francisco de Fuentes en la segunda 
parte de su historia manuscrita de Guatemala trae dibujado el traje de que 
usaban los indios en su gentilidad y poniendo a los maseguales, que es la 
plebe, desnudos, a los Señores los pone muy bien adornados de calones y 
camisas anchos, como hoy lo usan y sus tilmas/ o con sus capas cuadradas, y 
la señoras sus enaguas muy cumplidas como se ve que las usan hoy en la 
Provincia de la Verapaz y sus güipiles o camisetas muy labradas; pero esto no 
tiene asomo de probabilidad. 

El Gobierno que acá estos indios tuvieron y tienen, según alcanza mi 
corto entender, fué el más acertado y m^ejor que puede haber porque aunque 
fué monárquico no lo fué puro, por lo cual se libraron de muchos inconve- 
nientes que suele acarrear este género de Gobierno, porque si el Monarca 
no es muy bueno todo es tiranía, y aunque lo sea como se ha de valer de 
ministro suele padecer el pueblo por estos lo que no quisiera el Príncipe. El 
Gobierno popular ya se ve que e?» disparatado, el Gobierno por república es 
muy bueno porque lo gobiernan hombres de la primera jerarquía, pero por 
falta de cabeza suele padecer algunas quiebras; y así no hay duda que el 
Gobierno mixto de monárquico y aristocrático es el mejor porque gobernando 
los más principales Señores del pueblo con su monarca ni ellos pueden des- 
mandarse a lo que no deben, ni el Príncipe tampoco puede usar de tiranía 
con el dominio absoluto porque tiene el freno del Consejo de los Señores y 
grandes que como lo son y no han de pasar a máls, se contentan con su estado. 
Los Gobernadores y Consejeros no, porque como aspiran a más, o contemt)o- 
rizan con el gusto del Príncipe porque los suban, o destruyen al pueblo por 
atesorar: mucho hay escrito sobre esto y muchos han dicho muchas cosas 
eruditas y lo trata latamente el M"? Fray Juan Márquez en su "Gobernador 
Cristiano", donde se puede ver, que este no es lugar de disputas, y así paso 
a expresar este modo de Gobierno. 

El Gobierno que tenían era éste ; había un Rey Supremo del Reino que 
se sucedía de padres a hijos, como está dicho, y aunque no era tan absoluto, se 
le guardaba tanto decoro y respeto que lo tenían cuasi por deidad. Este tenía 
los 24 Señores que se han dicho que eran los grandes del Reino, con estos 
consultaba y confería todas las- cosas, chicas o grandes, y con el parecer de la 
mayor parte se ejecutaba. Estos veinticuatro Señores como tenían repartidos 
en sí todo el Reino cada uno era Señor de una parte de él a quien conocían 

103 



como a tal todos los pueblos de su distrito. A estos acudían todos los Señores 
de cada pueblo que cada uno tenía su Cacique y éate era como cabeza de 
aquel pueblo ; pero no era tan absoluto que para todo lo que se había de hacer 
y ordenar, según los Señores grandes mandaban, lo pudiesen ejecutar por sí, 
sino que éste juntaba las cabezas de las familias a quienes daba cuenta de 
todo y con acuerdo de todos se ejecutaba. Si eran tributos estas cabezas de 
familias juntaba cada uno lo que le tocaba y junto con lo que a los demás 
tocaba, lo llevaba a aquel Cacique principal y ésie con su Señor grande al 
Rey y en todo había su cuenta y razón. Por este orden si había pleito con 
alguno, o alguEo delinquía en algo se llamaba la cabeza de! Chinamital a quien 
tocaba y este era su defensor para que no padeciese agravio ningún inferior, 
de suerte que por muy desvalido y pobre que fuese el indio tenía tanta defensa 
como el más poderoso y rico. 

A este msmo modo se gobiernan el día de hoy, porque aunque tienen 
Alcaldes por su Majestad y Gobernadores en muchas partes, en habiendo 
queja contra alguno que ha delinquido se llaman las cabezas de sus Chinamj- 
tales y allí delante de ellos-, se sigue la probanza contra el reo, todo verbal- 
mente, y visfta la justificación del caso se precede a la ejecución del castigo sin 
más escritos, ni autos ni más enredos de Escribanos y Procuradores, con que 
son castigados lor» delitos y no se destruyen las partes (¡oh dichosos indios si 
en el todo pudierais seguir este modo de justicia!) porque si un indio cae 
en manos de la justicia allí es la perdición de los pobres de autos y traslados 
y faramayas hasta que destruyen al pobre y el delito 9e suele quedar como se 
estaba porque la causa solo se suele seguir mientras hay jugo y en secándolo 
lo dejan morir al pobre en la cárcel todo esto tan contra la mente piadosa de 
nuestros católicos Reyes como lo muestran las justificadas leyes que sobre 
esto tiene expedidas ; pero se usa tan poco de ellas que antes suele ser su des- 
trucción. Para las cosas y obras cue corcurren con sus pueblos tampoco !os 
Alcaldes son absolutos sino que se llaman a los principales y juntos todos 
confieren la materia que no son tan rústicos que no conozcan lo que les con- 
viene y resueltos, sie ven qué medios se han menester y se determina lo que ha 
de dar cada uno del pueblo y cada cabeza de Calpul recoge lo que toca, ponien- 
do él primero lo que a él le toca, y lo mifmo a los Alcaldes, de suerte que 
todos van por un rasero y con la misma igualdad ; salvo si son muy pobres, que 
tamibi'én atienden a eso, y cada uno dá cuenta de los que no han contribuido 
y la causa, y de ente modo hacen sus cosas y las obras de Iglesias, y las ador- 
nan muy bien; que en todo esto son magnánimos y son afrenta de los españo- 
les, y lo que se ve es que los lugares que son de españoles aunque sean de 
mucho trato y comercio y haya caudales muy crecidos sus» Iglesias, la más 
suntuosa no llega a la m|á)s pobre de Indios en retablos, plata labrada y orna- 
mentos, que es cosa de maravilla ver a un indio que ni tiene camisa y dá 
cuanto tiene para una cosa sagrada y especialmente en la devoción que mues- 
tran de mandar decir misas, que viene un indio con tres o cuatro tostones- a 
mandar decir una misa que quizás no vale otro tanío cuanto tiene. Pues ¿qué 
diré de el repartir de sus cargos y cargas? Es cosa que ni la ¿ente de mayor 
talento tuviera más orden en todo, los oficios de Alcades con todos los demás 
hasta el más ínfimo han de ir por sus turnos en todos los Calpules cargando 

104 



todos igualmente el honor o el trabajo, sin que nadie se excuse, porque antes 
de año nuevo se juntan todos estos cabezas con las justicias que son y allí se 
van nombrando todos sin que alguno quede agraviado, hasta el que ha de 
acarrear agua y leña para el mesón, y hasta los que han de barrer la plaza, con 
tanto orden y concierto que es maravilla, y no hay cargar a un Calpul m¿«s de 
lo que le toca, porque el cabeza lo defiende y se ha de salir con ello. 

Solo se ve algún desorden en esto donde gobiernan Alcaldes mayores, 
en lo que toca a Alcaldes, porque como ellos no atienden más que a sus inte- 
reses ponen a quienes se les antoja, contra leyes Rs. a quienes les parecen son 
más a propósito para sus granjerias de que se originan los daños que se han 
experimentado en todos tiempos y los que ahora se vieron en la Provincia de 
los Zendales; pero en lo demás que no se mete el Alcalde mayor van con el 
mismo orden y concierto teniendo mucho que aprender los españoles de estos 
indios rústicos. 

Pues si es trabajo de la comunidad o de la Iglesia, todos acuden por su 
orden sin gravar más a unos que a otros. Los que tienen algunos oficios como 
sacristanes, cantores y otros, éstos están reservados de otros tequios y trabajos 
porque aquel es su tequio con que se contrapesan con esto todos los cargos. 

No acaso dije que esta República de los Indios fué y es la más bien 
gobernada que ha habido porque aqueste mesmo género de Gobierno fué el 
que tuvieron los Hebreos y siendo dado por Dios no podemos menos de decir 
que es el mejor, pero dicen los letrados que ¿cómo se ha de defender la verdad 
y ampararse a cada uno en su justicia, sino se actúa? ¿Cómo ha de constar 
sino se mira con muy maduro juicio lo que dice Justiniano, lo que dice Bartolo 
y Baldo? Mejor fuera que atendieran y miraran lo que Dios manda, como 
lo miraban los judíos en sus puertas, sin autos ni traslados, ni notificaciones, 
y con eso se obrara la justicia como allí se guardaba. ¿Qué piensan los Jue- 
ces, los Abogados, los Procuradores, los Escribanos que todos cuan':os daños 
recibieren las partes aun del tiempo que se dilatan por sus omisiones, por 
sus malicias, por sus s»3bornos por sus trampas legales no están obligados a 
restituirlos? Se engañan, todo lo deben restituir hasta el últ'mo cuadrante: 
aprendan de aquestos indios los muy vanos de Letrados, de Doctores, los que 
andan con la ley en la gorra no para seguirla sino para magnificarse. 

Algunos defectos tienen aquesi'os indios porque son hombres, aunque 
hay hombres tan necios que solo porque son indios desdichados no quieren 
que tengan defecto alguno; pero bien considerado son pecados veniales res- 
pecto de los españoles. Todos sus pecados se reducen a que fornicó alguna 
vez, pero eso lo cometió con tanto recelo que si lo hizo una vez o dos con una 
mujer, no vuelve a ella, si no es raro, porque si llegan a saber algo, ya saben 
que han de ser castigados. Si hurtan, más son hurtos de muchachos que de 
un hombre por maravilla se ve hurto de consecuencia en esta gente : el matar 
jamás, y así es todo lo dem¿s o muy rara vez porque hallan tan acosados de su 
pobreza y de cargas que les echan, no sus justicias, que apenas les dejan tiempo 
para pensar cosa mala. Ellos a la verdad son pecadores de ocasión y así si 
la hallan no la pierden porque no saben cuándo se verán en otra. Si hallan 
carne en viernes no la excusan, porque Dios sabe si la hallarán para la Pascua 
Y de es»te modo son sus cosas de ellos como de muchachos en estas raterías, 

105 



y así dijo muy bien el que dijo que eran niños con barbas ; pero en su ¿oncierto, 
orden y Gobierno son muy formales, no se gasta entre ellos tanta quijotada, 
como entre nuestros españoles, que en teniendo cuatro reales ya no hay quién 
les hable : en viéndose con una varita ya son deidades ; pero estos pobres 
aunque sean ricos, aunque sean Alcaldes gastan la misma llaneza que los 
demás. 



CAPITULO XXXVII 

De los presagios que tuvieron estas gentes de la venida del Santo 

Evangelio y de los españoles. 



Ya próximo a la muerte el Santo Patriarca Jacob como desterrado y 
peregrino, llamó a sus hijos los doce Patriarcas para darles su última bendi- 
ción y vaticinarle a cada uno sius progresos y su fin. Llegado al Patriarca 
Judas le pronosticó la primacía sobre todos sus hermano- y que había de 
obtener el cetro que se había de entregar y hacer mansión para siempre en el 
que había de ser supremo Rey y Monarca a quien todas las Monarquías le 
habían de rendir vasallaje y este Supremo Rey dice el Santo Patriarca ha 
de ser la expectación de aquellas gentes ; de a donde nacieron los' continuos 
clamores de todos aquellos santos Profetas. Con este anhelo y deseo parece 
se quedaron aquellas tribus que siendo llevadas en captividad no gozaron de 
aquella luz que dijo el Profeta Isaías que había amanecido a aquellos que se 
hallaban en la región de las tinieblas y la muerte. Siempre parece se queda- 
ron en aqueste deseo y clamor cuando ya desparramados por tan dilatadas 
tierras clamaban por el nacimiento de aquel Sol de que era anuncio aquella 
estrella o lucero. Amanecióles luego a los que se hallaron m>á« cerca, previ- 
nierdo su Santís'mo nacimiento en las almas de aquella preñez de la semilla 
de la fe con los anuncios de su venida y que ya se llagaba el tiempo de con- 
solar a tantos desconsolados como estaban de asiento en las tinieblas de la 
oscuridad, porque cosa tan maravillosa y portentosa no podía menoa de preve- 
nirse muchos días antes preparando los ánimos de las gentes para hospedar 
a tanta luz como venía amaneciendo a los captivos. 

En estas mismas tinieblas* se hallaba toda aquesta gente descansando y 
clamando que les amaneciese la verdadera luz que esa sin duda buscaban en 
sentir del Maestro Fray Jerónimo Román, que queda puesto arriba, y así no 
olvidaron las grandes memorias de Dios Trino y uno, de la creación del hom- 
bre, del diluvio, con todo lo demás que queda dicho arriba en sus historias, 
siendo tan generales estas noticias que lo mismo sintieron los indios de Santa 
Fe, como dice el señor Piedrahita. Lo mismo todos los de la Nueva España 
como dice Román y Torquemada, donde trae lo que escribió el Ilustrísimo y 
Reverendísimo señor don Fray Bartolomé de las Casas como quien procuró 
desentrañar todas las noticias de los tiempos antiguos de los indios ; y siendo 
esto tan común a todos no trasunto lo que dice del señor Casas, solo si lo 

106 



particular que allí refiere le noticiaron ciertos religiosos por estas palabras 
del lugar citado. Otro caso contó un religioso muy conocido por verdadero 
siervo de Dios y Fraile de an Francisco llamado Fray Francisco Gómez, que 
por ser todavía vivo y muy viejo pierde la memoria que en esta historia se 
debía a sus fieles y largos trabajos en la viña del Señor; y es que viniendo 
él de Guatemala en compañía del varón Santo Fray Monro de Escalona pasan- 
do por el pueblo de Nejapa de la Provincia de Oaxaca, el Vicario de aquel 
Convento que es de la orden de Santo Domingo les mostró unos papeles pin- 
tados que habían sacado de unas pinturas antiquísimas hechas en unos cueros 
largos rosillos y muy ahumados, donde estaban tres o cuatro cosas tocantes a 
nuestra fe y eran la madre de nues^tra Señora y tres hermanas hijas suyas que 
las tenían por Santas y la que representaba a Nuestra Señora estaba con el 
cabello cogido al modo que lo cogen y atan las indias y en el nudo que tienen 
atrás tenía metida una cruz pequeña por la cual se daba a entender que era 
más santa y que de aquella había de nacer un gran Profeta que había de venir 
del cielo y lo había de parir sin ayuntamiento de varón quedando ella virgen, 
y aqueste gran Profeta los de su pueblo lo habían de perseguir y querer mal 
y lo habían de matar crucificándolo en una cruz y así estaba pintado crucifi- 
cado y tenía atadas las manos y los pies en la cruz sin clavos. Estaban también 
pintado el artículo de la Resurrección, como había de resucitar y subir al 
cielo. Decían estos Padres Dominicos que hallaron estos cueros entre unos 
indios que vivían en la costa hacia la Mar del Sur, los cuales contaron que 
sus antepasados les dejaron aquella memoria. 

Otro religioso (prosigue el mismo), llamado Fray Diego de Mercado, 
padre grave que ha «ido definidor de esta Provincia del Santo Evangelio y 
uno de los más ejemplares y penitentes de los de estos tiempos, contó y dio 
firmado de su nombre, que en años atrás platicando con un indio viejo otomi 
de más de setenta años sobre las cosas de nuestra fe, le dijo como ellos en su 
antigua edad tenían un libro que venía sucesivamente de padres a hijos en 
las personas grandes que para lo guardar y enseñar tenían dedicados. En 
este libro tenían escrita doctrinas en dos columnas por todas las planas del 
libro y entre columna y columna estaba pintado Cristo crucificado con rostro 
como enojado y así decían ellos que reñía Dios y las hojas volvían con reven- 
cia no con la mano sino con una varilla que para ello tenían hecha y guardá- 
banla con el mismo libro; y preguntándole eate religioso al indio, de lo que 
contenía aquel libro en su doctrina, no le supo dar cuenta en particular más 
que le respondió que si aquel libro no se hubiera perdido, viera como la doc- 
trina que él les enseñaba y predicaba era toda una misma y que el libro se 
pudrió debajo de tierra donde lo enterraron los que lo guardaban cuando 
vinieron los españoles. También le dijo que tuvieron noticia de la destruc- 
ción del diluvio y que solas siete personas se salvaron en el Arca y todas las 
demás perecieron con todos los animales y aves excepto las que allí se salva- 
ron. Tuvieron también noticias de la embajada que hizo el Ángel a Nuestra 
Señora por una metáfora diciendo que una cosa muy blanca como pluma de 
ave cayó del cielo y una Virgen se abajó y la cogió y metió en su vientre y 
quedó preñada; pero no sabían decir qué se hizo lo que parió. Lo que estos 
dijeron del diluvio atestiguaron también en Guatemala los indios Achíes 

107 



(Cakchiqucles), afirmando que lo tenían pintado entre otras sus antiguallas. 
las cuales todos los Frailes con el espíritu y celo que llevaban de destruir la 
idolatría, í^e las quitaron y las quemaron teniéndolas por sospechosas. 

También se halló que en algunas Provincias de aquesta Nueva España, 
como era en la Totonaca, esperaban la venida del Hijo del Gran Dios (que 
era el Sol), al mundo y decían que había de venir para renovarlo en todas las 
cosas, aunque es'.o no lo tenían ni interpretaban en lo espiritual sino en lo 
temporal y terreno como decir que con su venida los panes habían de ser más 
purifícadosi y sustanciales y las frutas más sabrosas y de mayor virtud, que 
la vida de los hombres había de ser más larga y todo lo demás según esta 
mejoría; y para alcanzar esta venida del Hijo del gran Dios celebraban y 
ofrecían a cierto tiempo del año, un sacrificio de diez y ocho personas, hom- 
bres y mujeres, animándolos y amonestándolos que tuviesen a buena dicha el 
ser mensajeros de la República que los enviaba al gran D'os para pedirle y 
suplicarle tuviese por bien de enviarles a su hijo para que los librase de tantas 
miserias y angustias mayormente de aquella obligación y cautiverio de sacri- 
ficar hombres que tenían, que como en otra parte se dijo, lo llevaban por 
terrible y pesada carga y les era intolerable tormento y dolor y lo hacían cum- 
pliendo el mandato de sus falaos Dioses por el temor grande que les tenían. 
Con lo que dice es'e Cronista, no se hará tan increíble lo que el Muy Reve- 
rendo Padre Fray Diego Cogolludo refiere en su historia de Yucatán por estas 
palabras : 

"Profecía de Patzin-y-axunchan Sacerdote gentil de Yucatán, este 
indio llamado Patzin-y-axunchan siendo idólatra gentil habló a los suyos de 
esta suerte : "Hecha fué la palabra de Dios robre la tierra, la .cual esperad que 
ella vendrá, que sus sacerdotes os la traerán; aprended sus palabras y predi- 
cación; bien aventurados los que la recibieren. ¡ Oytralanos ! aborreced a 
vuestros Dioses, olvidadlos que ya £^>n finibles, adorad todos al Dios de la 
verdad que eíii poderoso en toda parte que es criador de todas las cosas." 

Profecía de Nahanpech gran Sacerdote en Yucatán. Antes que refiera 
las palabras de este idólatra, digo que parece que la providencia divina no 
solo guía la salvación de las almas a que tenga efecto, pero parece observar 
uniformidad en el darse a conocer a los hombres. Reveló la venida del Verbo 
en carne humana sin determinar tiempo asegurando la edad en que había de 
alumbrar con su luz soberana, como lo uno y lo otro se ve en la Sagrada Escri- 
tura. Manifestóse a estos naturales en la profecía antecedente sin determi- 
nación de tiempo, ahora por la boca de este gentil £e señala que dijo así : en 
el día que más alumbrase el sol por la misericordia del Omnipotente, vendrán 
de aquí a cuatro edades, los que han de traer la nueva de Dios. Con gran 
efecto os encomiendo esperéis (¡Oytralanos!), vuestros huéspedes que son 
los padres- de la tierra cuando vengan." 

Profecía de Ahcukil-chel Sacerdote antiguo de Yucatán. "En el fin de 
la edad presente, los que ignoráis las cosas futuras ¿qué pensáis que suce- 
derá'? Sabed que vendrán de toda parte del Norte y del Oriente tales cosas 
por nuestros n:ales, que les pedéis tener por presentes; y os digo que en la 
edad novena ningún Sacerdote ni profeta os declarará la escritura que gene- 
ralmente ignoráis". 

108 



Profecía de otro sacerdote gentil llamado Ah Na Puctun. "En la última 
edad, se^ún está determn?.do, habrá fin el culto de Dioses vanos y el mundo 
será purificado con fuego. El que esto viere será llamado bienaventurado s» 
con dolor llorare sus pecados". 

Profecía de Chilam Balam gran Sacerdote de Tiscacayón, canich en 
Mani. "En el fin de la tercia décima edad, es'ando en su pujanza Itza y la 
ciudad nombrada Tancaíh (que está entre Yacman y Tichaquillo que hoy se 
llama Ychpaa que es fortaleza y castillo), verdrá la señal de un Dios que está 
en las alturas y la cruz se manifestará ya al mundo, con la cual fué alumbrado 
el mundo, con la cual fué alumbrado el Orbe. Habrá división entre las volun- 
tades cuando esta señal sea traída en tiempo venidero : los hombres sacerdo- 
tes antes de llegar una legua y a un cuarto de legua no más, veréis la Cruz que 
se os aparecerá y es a manera de polo a polo. Cesará el culto de vanos Diosea 
y vuestro padre viene ¡ Oitralanos !, ya viene vues'ro hermano, ¡ otantunitos !, 
recibir a vuestros huéspedes barbados del Oriente, que vienen a traer la señal 
de Diorí. Dios es que nos v'ene manso y piadoso, ya viene el tiempo de nuestra 
vida, no tenéis que temer del mundo. Tú eres Dios único, que nos criaste 
piadoso, buenas son las palabras de Dios, ea enzalsemos su señal en alto, 
enzalsemosi para adorarla y venerar la Cruz : hemos de enzalsar en oposición 
de la mentira se aparece hoy en contra del Árbol primero del mundo. Hoy 
es hecha al mundo demostración. Señal es esta de un Dios de las alturas: está 
adorado o gente itraalana: adorémosla con la volun^'ad recta; adoremos al que 
es Dios nuestro y verdadero Dios recib-'ó la ralabra del Dos verdadero, que 
del cíe^o veré e! cue o? habla. Ccbrad juicio y per los de Itza loe» que 
creyeren serán alumbrados en la verdad que está por venir; mirad si os 
importa lo que yo os digo, advierto y encargo, yo vuestro intérprete y maestro 
de crédito Balam por nombre; y con esto he acabado de decir lo que Dios 
verdadero rne mandó, para que lo oiga el mundo". 

Si todo esto es verdad, como por tal lo tengo, pues no puedo persua- 
dirme a qué autor tan clásico se moviese a escribirlo, niño es después de muy 
bien averiguado, lo cual confirma nue&'ro Remiesal en su "Historia de Gua- 
temala" y Torquemada ya citado arriba, no será increíble lo que el mismo 
autor en su "Historia de Yucatán" dice que cuando entraron los españoles 
hallaron cruces; y en especial una de piedra relevada en ella una imagen de 
Cristo Redentor nuestro crucificado, la cual esíá en nuestro Convento de 
Mérida y a quien veneraban los indios, y más adelante, dice: En medio del 
patio que hace el Claustro de nuestro Convento de la ciudad de Mérida hay 
una cruz de piedra que será del grueso de una sesma por cada parte de los 
cuatro lados y cerno una vara de l?rgo y se echa de ver estar su longitud 
quebrada y faltarle algún pedazo : tiene sacado de medio relieve en la misma 
piedra una imagen de un Santo Crucificado como de media vara de largo; 
entiéndese haber s.ído una de las que en tiempo de la infidelidad de los indios 
se hallaron en la Isla de Cozumel, etc., pero en el Libro 10, Capítulo 2*^, cita a 
Bernal Díaz del Castillo que fué testigo de vista; y lo que dice es que a otra 
parte de los ídolos tenían unas señales como a manera de cruces y lo más 
valido entre estos autores es que la Cruz que líuvieron fué hecha de cal y que 
la tuvieron por el Dios del agua a quien ofrecían sacrificios de codornices. 

109 



Pero sobre todas las señales que refiere Torquemada también Libro 2^, Capí- 
tulo 90, es la que refiere el Capítulo 91 de la hermana de Motezuma llamada 
Papam : que habiendo muerto de una gran enfermedad y siendo enterrada 
en unos baños, al tercero día fué hallada en una grada sentada del mismo 
baño, y haciéndose llevar a la cama envió a llamar a su hermano el Motezuma 
y le refirió lo que había visto en la otra vida : como llevada de /c mano de un 
mancebo muy hermoso vio un río y que por él venían muchos navios con gen- 
tes de diferentes trajes y barbados / r^ue aquellos habían de señorear aquella 
tierra y que cuando se publicase el bautismo se bautizase y que teniendo el 
Motezuma estos casos por delirios, no hizo caso. E^ta vivió retirada hasta ser 
ganado México y se bautizó y se llamó D' María Papam, y que vivió en aquella 
parte de Tlateculco. 

También usaban como bautismo aquestos indios en el lavatorio que 
digimo? arriba y en otro que dice el Padre CogoUudo en su "Historia de Cam- 
peche" y Remezal en su "Historia de Guatemala", que hacían con ciertas cere- 
monias con que entendían quedar el niño santificado, donde dice también que 
entre las gentes de Cam'peche se halló el que había confesión vocal, y sería sin 
duda al modo que queda dicho arriba, que tenían todos estos indios que con- 
fesaban sus pecados. 

No hay duda que todos estos pronósticos y preludios de la predicación 
del Santo Evangelio fué disposición del Altísimo para que hiciesen el concepto 
que debían de la predicación del Santo Evangelio y que no tuviesen escusa 
al recibirlo; pero como £«u Majestad soberana por sus altos juicios dispuso que 
fuese la primera entrada con tantos escándalos y estruendos de armas, muer- 
tes, robos y lo demás que pondera nuestro Fray Alonzo de Norcña en una 
respuesí'a que dá de una consulta que hicieron los padres de Méjico tocante 
a las confesiones de esitos naturales, fué tan grande la confusión de todos, 
que no tuvieron lugar de ver las profecías para recibir la salud de sus almas 
con toda paz, como conviene; a que se allega que como en aquellos principios 
no hubo ministros más que un Capellán de un Ejército, que supiese sus len- 
guas y le£< predicase en ellas enterándose de sus cosas para que se viese la 
consonancia de nuestros misterios y sujetarse al yugo suave de Cristo. Viósc 
esto claro en la reducción de la Provincia de la Verapaz que hicieron nuestros 
religiosos de que se tratará adelante, que como se hizo con sosiego, enterados 
los padres de su idioma y especulando con cuidado todas sus cosas y tradi- 
ciones con todo rendimiento se sujetaron y admitieron la ley evangélica sin 
repugnancia conservándose en ella hasta el día de hoy sin haberse reconocido 
jamás por la misericordia Divina que hayan vuelto al vómito de sus idola- 
trías, lo cual no se pudo conseguir antes por armas porque no es este el modo 
que mandó Cristo Señor Nuestro a sus apóstoles sino el de la mansedumbre 
con que no hay duda que se atrazó mucho entonces y se atraza mucho ahora 
en llevándolo por este camino tan contrario al Evangelio. 

110 



CAPITULO XXXVIII 

De la conquista por armas de aqueste Reino de Guatemala. 



Llegada que fué aquella plenitud de tiempo ya previsto en aquella eter- 
nidad, en que movidas aquellas entrañas de misericordia que no quiere perez- 
can loa hombres, en que aquestas gentes les había amanecido el Sol de justi- 
cia, Cristo, movió y conmovió todas las gentes, como hizo en la primera venida, 
con un instrumento -tan fútil y flaco como un hombre que fué Colom, sin más 
certidumbre que las líneas que tiraba su idea para descubrir nuevos mundos, 
cosa tan increíble a tantos; pero como era Dios el que hacía aquesta conmo- 
ción para que llegase la luz de la fe a aquestos miserables, lo increíble se hizo 
creedero, lo imiposible posible en aquellos dos sin segundo don Fernando el 
Quinto y doña Isabel su consorte, dignos de que jamás olvide la nación espa- 
ñola aquestas coronas de su Reino por el celo de dilatar el Santo Evangelio 
que ardía en sus corazones» abrasados en Dios sin más respetos a dominios 
ni a riquezas que fuese Dios conocido y alabado de todaí:< sus criaturas. Hízo- 
se el descubrimiento de la Isla Española y prosiguióse en las demás islas cir- 
cunvecinas, sin más esperanza de derra; pero como ya todo lo tenía Dios 
movido no paró aqueste movimiento superior en los audaces pechos españoles 
hasta descubrir la tierra firme. Varias vistas le dieron pero nadie pudo en 
ellas fijar el pie por estar reservado ese trofeo para aquel ángel veloz del inv'c- 
to Don Fernando Cortés a quien parece vaticinó San Juan en su Apocalipsis 
que echando del mar el un pie en la tierra como columna fuerte, de tal modo 
lo afirmó, que parece que levantada la mano al cielo, juraba por el que vive 
en los siglos de los siglos que crió el cielo y lo que hay en él que ya no había 
más tiempo de dilación sino que en la voz de la trompeta del séptimo Ángel 
se perfeccionara y consumara el misí'erio de Dios como por Evangelio por sus 
Profetas, Tan fuerte, y firmemente puso y afirmó su pie en la tierra que no 
pudieron las mayores potencias de los mayores monarcas ni aún toda la 
potencia infernal contra quien peleaba, hacerle dar un paso atrás de a donde 
había afirmado el pie. Rindióse al fin toda aquella potencia Mejicana a las 
plartes de Cortés pana qre las pusiera a los del mayor monarca, a quien 
doblando la cerviz tantas coronas,, fuesen preciosas piedras que adornasen 
la mayor corona de los monarcas españoles. 

Rindióse la imperial de Méjico, rindióse su último Rey Vatemuz a 13 de 
agosto del año de 1521, en día martes aciago para tan poderoso Rey; pero más 
aciago para el Rey de toda la soberbia, satanás, porque allí perdió el imperio 
que tantos años había obtenido sfobre esta miserable gente teniéndolos en tan 
tiránica esclavitud. 

Tan grande fué el sonido que hizo la sujeción del Imperio Mejicano y 
sus monarcas por el invicto Cortés, que resonando por toda la tierra se llenó 
de terror y espanto y es cienio que si entonces con el horror que habían cobrado 
los indios de las hazañas de Cortési, se va penetrando todas las tierras, todo se 
hubiera avasallado y rendido. Una de las partes a donde resonó aqueste eco 

111 



fué en la Provincia de Guatemala, donde reinaban los tiranos que se habian 
alzado contra su Señor y Rey el de Utatlán o Quiche, y hallándose fatigados 
con la guerra cruel que les daba como tiranos, pensaron el evadir aquesta 
molesitía con hacerse amigos de los españoles que se hallaban triunfantes en 
Méjico; máxima que siguieron muchos pueblos y Provincias dándose de paz 
a Cortés porque los defendiese de las opresiones en que estaban de tiranos. 
Esta fué la máxima de los Reyes de Tecpán-Guatemala y aqueste fué el mo- 
tivo que tuvo aqueste Rey para la embajada que, como dice Remesal, fué a 
f'n de 1522, y hal'árdo?o a Cortés en el Puerto de Vera-Cruz le dieron la 
obediencia y ofrecieron un presente de oro y plumas. Agasajólos Cortés y 
les prometió el buen tratamiento que merecían por venir de su voluntad a 
sujetarse al dominio de la Majestad del Emperador Don Carlos V^ y despi- 
diéndolos con agrado les dio en retorno algunas cosas de Castilla que ellos esti- 
maron en mj¿s que su oro y plumas, sin duda por la novedad a que son muy 
inclinados y ser cosa que relumbra el vidrio, cosa que mucho les agrada; y si 
hemos de esitar a lo que un testigo de vista como Bernal Díaz del Castillo dice 
en el Capítulo 164, esta provincia no envió tales embajadores, pues si los 
hubiera enviado no dijera: "Y tuvo noticia (esto es Fernando Cortés), que en 
la Provincia de Guatemala había recios pueblos de mucha gente e que había 
minas, acordó de la enviar a conquistar y poblar a Pedro de Alvarado, e aun el 
mismo Cortés había enviado a rogar a aquella Provincia que viniesen de paz 
e no quisieron venir". Estasi son sus palabras, con que sin duda no fueron 
los de Guatemala; y si fueron, solo se puede decir que fueron los de Gua- 
temala y que el rogar que fueran sería a los Quichés y a los de los Sacatepé- 
quez. Y aunque dice nuestro Remezal en el lugar citado que el Rey de los 
Mejicanos había sujetado esta Provincia, no hay duda que padeció engaño, 
pues además de no haber tal tradición entre estas gentes, había de haber 
pasado primero ^'odo el Reino del Quiche y sujetándolo para pasar a Gua- 
temala, lo cual es cierto que jamás fuese sujeto a Rey ninguno, y si ambos 
Reinos el del Quiche y el de Guatemala fueron fws tributarios, no guerrearan 
entre sí como guerreaban. Aquesto solo se funda, según colijo, que quisieron 
engrandecer tanto el Imperio Mejicano que lo quisieron hacer Señor absoluto 
de toda aquesta tierra firme, lo cual consta ser falso, pues ni aún era Señor 
de una Repúbhca que junto a sí tenía que era la de TI ase al a ; y cuando a esta 
tan cercana no la podía sujetar ni al Rey de Mechocam, como se ha dicho, ni 
a otras Provincias o Monarcas, como consta de Torauemada y Castillo; menos 
podría sujetar un Reino tan poderoso como el del Quicheé y tan dir/tanfe, pues 
dista de una a ora parte más de trescientas leguas de tierras muy ásperas 
y dobladas^. 

Abierta aquesta puerta que se le ofrecía a Fernando Cortés del dominio 
de aqueste Reino de Guatemala, que era entrada para las dilatadas Provincias 
de las Chiapas, Reino del Quiche y lo infinito y dilatado hasta la Provincia 
de Nicaragua, fué trazando el modo como se hiciese esta reducción que tanto 
importaba y por hallarse sumamente embarazado con la poca gente que tenía, 
en reducir las Provincias y pueblos que cada día se revelaban, no pudo ajus- 
farlo hasta fines del año de 1523, que echando mano del Capití^ don Pedro de 
Alvarado, cuyo valor y talento para semejantes empleos tenía bien experi- 

112 



mentado, le nombró por su Teniente para aquesta expedición, dándole la 
mayor cantidad de gente que se pudo según las necesidades que se le ofrecían 
cada día y juntando toda la más gente que pudo Fernando Cortés para c£'.a 
empresa le dio a don Pedro de Alvarado sobre trescientos soldados y entre 
ellos ciento y veinte escopeteros y ballesteros y más de ciento y treinta y cinco 
de 3 caballo, cuatro tiros y mucha pólvora y un artillero que se decía fulano 
de Usagre y sobre doscientos Tlascaltecos y Cho'utecos y cien mejicanos que 
iban sobresalientes". Son palabras formales de Castillo que fué testigo de 
vista, a que debemos dar más crédito que al que por acomodar el texto de 
Gedeón dijo que solo eran 200 soldados. 



CAPITULO XXXIX 

De la salida de don Pedro de Alvarado de Méjico y venida para la 

conquista de Guatemala. 



Junta y apercibida la gente que Cortés le dio a don Pedro de Alvarado 
para aques'ta conquista, dice Bernal Díaz del Castillo al Capítulo 164 que con 
ciertas lenguas e clérigos que le dio e mandó que les predicasen y los procu- 
rase atraer de paz y esto es lo que dice en el original que lo vició el Padre Fray 
Alonzo Román cuando lo dio a la estampa añadié/ndole todo lo que dice de el 
Padre Fray Bartolomé de Olmedo, que no vino a aquesta conquisa; y así todos 
los lugares que en aqueste Capítulo hace mención de aqueste religioso ?on 
falsos, como asimismo son falsos los Religiosos Franciscanos que el Muy 
Reverendo Padre Jubilado Fray Francisco Vásquez refiere en su Crónica de 
la Provincia del Santo Nombre de Jesús de Guatemala, historia la más llena 
de falsedades y calumnias que hasta ahora se ha dado a la estampa. (;omo lo 
tengo latamente probado en las varias notas que he trabajado sobre aquesta 
Crónica; y aunque acuerdo no se pueden refutar tantas fah>cdades con la 
extensión que allí se prueban, a lo menos será preciso desvanecerlas aunque 
con la brevedad que pide una historia; como asimismo las falsedades que por 
su par^e escribió su grande amigo don Francisco de Fuente? en su historia 
manuscrita que intitula: "Recordación Florida del Reino de Guatemala", y 
así no tenga a molestia el lector algunas digresiones que será preciso hacer 
en muchas partes para demostrar la falsedad de aquestos dos amibos y las 
calumnias que inventan y quimeras contra aquesta mi Santa Provincia. Pero 
quien m¿'s desenfrenadamente corrió la pluma fué nuestro Padre J'ubilado 
siendo nuestro mayor enemigo, aún siendo núes ro más allegado, que eso más 
le debemos a su P. M. R. que nos haya dado motivo de tanto sentimiento, 
mediante tanta calumnia y falsedad, padeciendo juntamente la nota de la 
maldad que solo han ejecutado los enemigos de la Iglesia para introducir 
sus falsedades y fué (como lo tiene ya jurado el M. R. R. Maestro Fray Mi- 
guel de Velasco uno de los aprobantes), el haber dado un libro a aprobar y 
haber impreso otro lleno de mil falsedades y calumnias contra mi Sagrada 

113 H.dcG. 8 



Religión de Predicadores y los sujetos más condecorados y más dignos de 
eíerna memoria de aquesta mi Provincia de San Vicente de Chiapa y Gua- 
temala; y asi no tenga a molestia el lector algunas impugnaciones, que será 
preciso en def ení'a de nuestro honor ; y asi prosiguiendo el hilo de mi historia 
digo : que habiendo dado Don Fernando Cortés las instrucciones convenientes 
para aquesfia expedición empezó su marcha saliendo de Méj'co el día trece 
de noviembre de mil quinientos veintitrés y la dirigió a apaciguar los indios de 
Tustepeque que estaban de guerra y se había hecho fuerte en unos peñoles 
y se habían rebelado contra el Señor de Teguantepeque por haberse hecho 
vasallos del Rey de Castilla. Tardó don Pedro un mes en llegar a estos peño- 
les, pero aunque hicieron alguna resistencia, con facilidad los rindió ; y pasan- 
do de allí a Teguantepeque y refrescardo allí a su gente paeó de a lí a la Pro- 
vincia de Soconuzco que a la cuenta de Castilla sería por Pascua de Navidad 
o principios del año de 1524. Estaba aquesta Provincia entonces muy poblada 
de gente y con muy buenos pueblos, como el mismo Castillo testifica (en los 
Capítulos que añade al fin de su primer original), que la vio el año de 1526; 
pero se dieron tal prisa en el destruirla los Gobernadores que hubo en ella, y 
es especial un Villaquirán que hubo allí mismo, que el año de 1568, cuando 
aquello escribía, de quince mil vecinos que tenía, constaba en aquel año de 
mil vecinos cuando más. 

No era mi intención tomar en boca ninguna de es>':as tiranías de los 
conquistadores con los miserables indios, ni inquietar los huesos de los que 
ya duermen, quiera su Divina Majestad sea el sueño del eterno descanso; 
pero viendo lo que nuesro Padre Jubilado Fray Francisco Vásquez en toda 
su crónica, su amigo don Francisco de Fuentes, en las dos partes de su "Re- 
cordación Florida", el señor Consejero don Juan Fernando Pizarro en su 
primera parte de loa "Varones Ilustres" y otros, que por borrar las manchas 
en que tanto se macularon muchos de los primeros conquistadores (no todos 
ni era bien que tal se dijera, pues hubo muchos muy buenos ca'ólicos entre 
quienes reluce el sin s'egundo Marqués del Valle don Fernando Cortés, en 
cuya ilustre casa persevera sin duda la gran cristiandad con que hizo las con- 
quistas), quieren notar de falso y de hombre iliterato y cruel, y enemigo de la 
nación española al limo. Señor Las Casas solo porque publicó las verdades de 
lo que en Amér-'ca pasaba en los memoriales que dio a Su Majestad en defensa 
de aquestos miserables desvalidos, quedándonos. Dios vida cuando tratemos 
de la de aqueste Ilustrísimo Principe y de los demás aue fueron !as columnas 
que so£'tuvieron en peso a todo aqueste nuevo mundo para que no se viera 
trasladado al túmulo de su ruina desde las mantillas de su nacimiento, díganme 
ahora los citados autores si es verdad lo que el Ilustrísdmo Señor Casas infor- 
mó en su memorial de la destrucción de las Indias. 

Habiendo llegado a Soconuzco, como dice Castillo, no fué menester 
sacar la espada porque se dieron de paz por vasallos de Su Majestad ofre- 
ciendo un presente de oro. El P. Pd*? Remezal no vio aques'te original de 
Cast'llo ni en su tiempo había salido el impreso y así atribuye a aque£'ta 
guerra la destrucción grande de Soconuzco cuando en el Libro 1", Capítulo 
2*?, número 1, dice: "Corrió Pedro de Alvarado con su Ejército toda la tierra 
como un rayo, sujetando la mayor parte de ella por armas y lo demás por 

114 



miedo que en todos les causó muy grande el estrago que hizo en Soconuzco 
como se echa de ver en las ruinas que se muestran en la entrada de esta Pro- 

viñeta; y no es de maravillar la equivocación de Rcmczal viendo la grande 
destrucción, que no pudo menos que atribuirlo al furor de la guerra; pero si 
reparara con menos piedad y modestia con que itrató aquestas* cosas que hubo 
católicos cristianos que hicieron la guerra al modo que de Judas canta la 
Iglesia cuando dice : qui per pacem deduxit faceré bellum como se irá viendo 
de alííiiros no lo atribuirá a aquel furor siró a la tiranía conque después 
de haberse dado de paz se trataron aquestos miserables, valiéndose del ósculo 
de la paz, tan amada de todos hasta de las fieras, para obrar lo que después 
se dirá. La reducción de Soconuzco fué sin duda por el mes de enero, con 
cuyo buen principio trataron de ipasar adelante la costa del Mar del Sur a la 
Provincia de Zapotitlán llamada hoy San Antonio; pero apenas pusieron los 
pies en la tierra, noticiado ya el Rey de Utatlán, que es el que hoy se dice 
Santa Cruz del Quiche (dándole aqueste título, el Ilustrísimo y Reverendís'mo 
Señor Don Francisco Marroquín cuando por el año de 1539 estuvo en aquella 
Corte y bendiciendo el paraje, colocó y levantó el estandarse de la fe signo de 
Nuestra Redención., en el mismo lugar en que tantosi años había reinado el 
Príncipe de las tinieblas en aquel ídolo Tohil en señal de trofeo y vencimiento). 
Este Rey del Quicheé que reinaba entonces llamado Bdehehfzi-oxib queh, que 
quiere decir nueve perros tres venador, no Tecuntepepul, como engañados de 
falsas relaciones dicen nuestro Padre Vásquez y su amigo Don Francisco de 
Fuentes, con las noticias que tuvo de sus' fronteras y espías juntando su 
gente en mucha cantidad, que en estas primeras batallas no se saben los que 
fueron, puso escolta muy crecida en el paso de un río muy peligroso que está 
a la entrada de la Provincia de Zapotitlán, llamado Zamalá, no como dice 
el citado Fuentes, Tzalamá, que este es otro muy distante de ese que está en 
la Provincia de la Verapaz dicho así de el tablón de agua que hace en aquel 
paraje de que tomó el nombre el pueblo que allí se fundó; y aquel otro quiere 
decir agna peloteada o golpeada por lo muy rápido y violento de su corriente 
con que vene precipitado de las serranías d'e Quezaltenango. 

En el tránsito de aqueste río Tzamalá se había juntado mucho número 
de indios guerreros para impedirles el paso para su Reino. El paso era muy 
peligroso y es'forzándose los valientes españoles, hicieron todo esfuerzo por 
ganar la puente, la cual pasada aunque con mucho peligro por ser muy angos- 
ta, disponiendo sus escuadrones que consi'abaii solo poco más de 300 soldados, 
entre los cuales había ciento y veinte escopeteros y ballesteros, con más otros 
ciento y treinta y cinco de a caballo y poco más de ciento tlastaltecos y cholu- 
tecos y poco más de doscientos mejicanos, que todo aquel Ejército constaría de 
800 hombres ; y disponiendo sus gentes acome.ían con valor a los- grandes 
escuadrones de indios que como no acostumbrados a ver lo aventajado de las 
armas españolas, acometieron con gran furia y gritería y perseverando perti- 
naces en la pelea, duró mucho el conseguir la victoria que declarada por parte 
de los csipañole?, se manifestó muy sangrienta de una y otra parte, porque 
de la parte de los indios fué mucha la mortandad y de la nuestra dice el 
citado Castillo, cuya relación vamos siguiendo según el original, que quedaron 
muchos heridos de los cuales murieron algunos después, de las heridas. No 

115 



aflojaron los indioS' con esta rota, antes juni.ándose otros muchos más de toda 
la Provincia de Zapotitlán, que es la que hoy se llama de San Antonio, acome- 
tieron con tanta pertinacia y porfía, que dice Castillo, que no los podían apar- 
tar de sí los nuestros porque venían con resolución firme de vencer o morir ; 
pero viendo tanto estrago como en ellos se hacía con la mosquetería y artille- 
ría por venir todos atropados de montón, como ellos acostiumbraban s'empre 
pelear ,hubieron de tomar otro acuerdo pidiendo pases a los españoles, que 
se las concedieron de buena gana, lo uno por cumplir con las órdenes que les 
había dado don Fernando Cortés, que procurasen atraerlos a la paz, y lo otro 
que se hallaban sumamente fatigados; con que parece quedó sojuzgada aque- 
lla Provicia de San Antonio. Pero esto fué sin duda apretados de la necesi- 
dad, porque siendo aquesta Provincia del Rey de Utatlán, quien había enviado 
sus Ejercites para aquesta defensa, no podían ellos afirmar la paz segura, y 
segrjn se vio después fué ardid para dar tiempo a que se juntaran mayores 
poderes para dar guerra a los españoles. Fueron aquestas victorias según 
se pueden conjeturar per el tiempo y la distancia de los parajes a fin de 
enero o a principios de febrero del año de 1524. 

Pero considerando que poco o nada se había hecho en haberse conse- 
guido aquellas victorias de una parte tan inferior de aquesta monarquía del 
Quicheé, trataron de enderezar su marcha contra la cabeza de este Re^no, 
que era Utatlán, y para ello se dirigieron a la parte de Quezaltenango, pueblo 
grande y numeroso, aunque no tanto como quiere Fuentes que tuviese dentro 
de sí, 80,000 indios de pelea, lo cual repugna toda buena razón, porque para 
eso había de ser población de más de medio millón de gendo, y no hay memo- 
rias que fuese tan numeroso jamás aqueste pueblo ni es de decir que estu- 
viesen juntafi todas l?s fuerzas del Peino pues dice después cuando la rebelión 
que ya todo estaba sojuzgado y desaparecidas las fuerzas del Reino tenía el 
mismo número de guerreros ; y si af«í fuera poco tenían que temer del motín 
que se levantó después teniendo 80 000 guerreros de ayuda Habiendo pues 
tomado voz a la parte que estaba aqueste numeroso pueblo, empezaron su 
marcha trepai^do la gran cuesta que soibe a las inminencias de la Sierra de 
Quezaltenango y Olintepeque, llamado por otros Xequiquel, que quiere decir 
debajo del Valle y lo mismo suena el otro nombre mejicano. que es Cerro del 
Valle, no debajo de la sangre como quiere Fuentes, por la que allí se derramó, 
no entiendo aquestas etimologías. 

Ya advertidos los indios y sagaces dispusieron el hacerles mayores aco- 
metimientos al Ejército español, viliéndcre para ello de lo fragoso del puesto 
y juntándose ihuchos escuadrones de guerreros y haciendo muchas embos- 
cadas en aquella^' barrancas y montañas apretaron mucho al Ejército español, 
que no pudiéndose aprovechar de su caballería, hacía mucho má's peligrosos 
los combates; pero teniendo pie con pie, como dice Casi'illo, tan valerosamente 
los indios con los españoles, que tuvieron la victoria muchas veces por muy 
dudosa, teniendo varios- reencuentros en la cuesta que hoy se llama de Santa 
María de Jesús; pero ayudados de los escopeteros y ballesteros, de los rode- 
leros que los tapaban y encubrían de la multitud de flechas y piedras que 
sobre ello£^ llovían y hallando los indios la oportunidad de ciertas barrancas 

116 



que hay en aquella subida, se ponían en celada y haciendo que huían se los 
llevaban así celados en su alcance hasta que caían en las emboscadas de que 
necesitaba de todo su valor y maña para librarse de ellas-. De este modo 
fueron peleando haciendo el último esfuerzo por que ya se hallaban en término 
de que ha-bían de vencer o mprir, con toda la fatiga que se deja entender, 
continuamente peleando y cuesta arriba, llegaron a un portezuelo, donde halla- 
ron, dice Castillo, a una india gorda con un perro sacrificado de los que ellos 
tenían que no sabía ladrar y era buena carne para comer que no se hallan el 
día de hoy. Sin duda quería valerse de aquesta hechicería para contra los 
que no podían vencer por fuerzas y no lo que dice Fuentes que era publicar 
la guerra cruel hasta morir o vencer, porque esforzados con aquesta ceremo- 
nia diabólica que sin duda fué a su ídolo o Dios de la guerra, cobraron tanta 
osadía que no dudaron cuatro o seis indios sujetar un caballo y traerlo al 
suelo; pero como ya les ípermitía el terreno valerse más bien de la velocidad 
de los caballos, quedaban miserablemente atropellados, muertos y despeda- 
zados, porque corriendo desapoderadamente puesta la lanza en ristre era 
miserable espectáculo ver todo aquel campo lleno de indios muertos y estro- 
peados. Pero reforzando los indios sus escuadras con nuevos socorros mantu- 
vieron la batalla con tesón sin reconocer la victoria por mucho espacio de 
tiempo, meiHéndose tan bárbaramente por las' armas que quedaban hechos 
despojos de la muerte; mas no descaeciendo la furia de la obstinada pelea, 
tra*ó Don Pedro de darles una carga ceirada de mosquetería con que fué 
notable el estrago que en ellos se hizo, que aterrorizados de tan inevitable 
ruina, trataron de retirarse; mas para tratar de propósito del modo que ten- 
drían en vencerlos, que con ánimo de desistir de su porfía. Remirados los 
indios ya derrotados para volverse a rehacer, dejaron a nuestro Ejército un 
poco reposar, que se mantuvo tres días en el campo sin ir a poblado, los cuales 
pasados se fueron a la población que eran las cas>as de los Caciques de Que- 
zaltenango donde tenían su adoratorio y su ídolo, y apenas habían allí des- 
cansado cuando le dieron noticia sus espías como venía sobre él mucho poder 
de guerreros no de dos hiquipiles, como dice el impreso, que eso está borrado 
en el original y corregido, y saliéndose Don Pedro con todo su Ejército a lo 
llano halláronse luego cargados de los enemigos con tal furia que se vieron 
muy atribulados y fué necesario valerse de todo su valor para no quedar ven- 
cidos de tanta multitud. Mucha fué la ayuda que en esie lance tuvieron en 
la caballería que como en lugar llano podían correr y ofender más a sus 
salvo. Quedó en fin la victoria por los nuestros a costa de muchas vidas que 
dejaron los enemigos rendidos y entre ellos de algunos indios principales y 
caudillos de algunos pueblos, como dice Castillo, y de muchas' y peligrosas 
heridas que sacaron nuestros soldados. Esta es puntualísimamente la rela- 
ción de Castillo que tengo por muy ajustada a toda verdad, porque aunque no 
se halló en ella, vivió muchos años después- en Guatemala con los Conquista- 
dores y siguió la relación que de aquestas conquislas dejó escrita Gonzalo de 
Alvarado; y así tengo por fábula las añadiduras que a aquesta batalla le ponen 
Vásquez y su amigo Don Francisco de Fuentes, como s»e probará en el Capí- 
tulo siguiente. 

117 



CAPITULO XL 

Donde se desvanecen ciertas quimeras inventadas por nuestro Padre 
Jubilado Vásquez en su crónica y su amigo Don Francisco de Fuentes 

en su "Recordación Florida". 



La primera quimera que se ofrezca y que Nuestro Padre Váquez trae 
en su Crónica, Libro V, Capitulo 1*^, CoL 2*, donde apenas dá por vencida la 
batalla que hemos dicho de Quezaltenango, faltando tanto como se verá para 
sujetar aquestos indios y todo lo demás del Reino que no se acabó en muchos 
años, dice a renglón seguido : "Luego que se intermitió tanto bélico furor 
empezaron su conquista espiritual los hijos del ante signado de la Iglesia mi 
gran Padre San Francisco". Ni aun fingir sabe sw paternidad, porque ya que 
intentaba levantar esta quimera de estos primeros evangelizadores Fray Fran- 
cisco de Pontazar y Fray Juan de Torres, había de haber procurado introdu- 
cirlos con la gente que salió de Méjico con Alvarado y haber refutado a Cas- 
tillo, que dice, como queda apuntado arriba, que con ciertos clérigos e lenguas 
que le dio Cortés, no dice ni menciona Franciscano alguno y no salía de 
repente sin haberles tomado en boca en todo el viaje; lahora de repente los 
pone ya catequizando los cuatro Caciques y que estando emperrados en la 
prisión sin querer comer, que estos dos religiosos se encerraron con ellos y el 
Intérprete Nihaib que era de los indios de Quezaltenango, que se había hecho 
a vanda de los españoles, y que los redujeron y bautizaron y les dieron unos 
bonetes colorados' y que estos trajeron de paz a los indios de Quezaltenango. 
Lo primero que no le haga fuerza a Su Paternidad que un indio en cosa de 
veinte días que allí estuvieron supiese la lengua que jamás había oído, que hoy 
ni muchos años bastan para que un indio crecido la sepa. Lo segundo ¿en 
ese corto tiemjpo se catequizaron haciéndose capaces de toda la doctrina y sus 
misterios para poderse bautizar? Además, no sé comunicaron las noticias 
de historia entre sí Su Paternidad y Don Francisco de Fuentes, como el mismo 
confiesa en su segunda parte, pues como aqueste dice allí, al Folio 375 a la 
vuelta, que estos cuatro Caciques no fueron apresados en batalla sino que las 
espías los encontraron de madrugada que venían a embregarse de su voluntad; 
y que tratando después de ser cristianos los redujeron a la fe los dos Capella- 
nes del Ejército, que eran el Padre Juan Godínes, que fué el primer Cura y 
primer Deán de Guatemala, y el Padre Juan Díaz ; y que no hubo tales Fran- 
ciscanos en el mundo y para ello cita el manurcrito de Xecul titubado Ahpop 
Queham, Folio 15. Ya ve su Paternidad cómo esto es muy falso ¿no vio en 
Torquemada que es' uno de los polos en que dice que estriba su historia. Libro 
15, Capítulo 12, que cuando vinieron Fray Martín de Valencia y sus once 
compañeros solo había en toda la Nueva España los tres Flamencos Fray Juan 
Tecto, Fray Juan de Aora, que ese mismo año de 24 fueron con Cor.és al 
viaje de las Hibueras y murieron ahogados en el Cabo de San Antonio y Fray 
Pedro de Gante, lego, que se quedó en Méjico ; y dice que hubo otros dos que 
no sabe quiénes fueron? Y así Su Paternidad sin duda se los tomó para sí 

118 



Y les dio sus nombres, llamándoles Fray Francisco Pontazar y al otro Fray 
Juan de Torres, que no pudo hallar Torquemada con toda su vigilancia en 
todo el mundo. Tan sin noticia de lo que escribe procede Su Paternidad, que 
a estos siendo españoles, después los transforma en flamencos. Libro 1'', Capí- 
tulo 4", con tanta im(plicación, como querer que en 14 días que hubo desde el 
día 10 de mayo de 1522 en que dio el Señor Adriano VI aquella bula en Zara- 
goza, hasta él día 24 que el Emperador salió de Bruselas para España, llegase 
la bula a Flandes y se despachasen Flamencos, no advirtiendo que en el ma- 
nuscribo que hizo el Padre Fray Francisco de Figueroá por mandado del Señor 
Gonza^a para la historia que escribía no hace miemoria de tales religiosos, 
que si tal hubieran habido no podía menos de saberlo, pues conoció a los 
santos fundadores, y era a tiempo que lo escribió que aun vivía uno ; y Fray 
Juan de Torres lo pone en Totonicapam el año de 1563 donde dice que se 
hallan firmas suyas ese año, y no advierte que es^te es el Fray Juan de Torres 
dominico, que dice su Torquemada, Libro 19, Capítulo 14, que trajo Fray Pedro 
de Ángulo de Méjico el año de 15S8 y lo misnxo Remezal y lo del Padre Fray 
Pedro Betanzos. Y la causa de hallarse firmas suyas en Tonoticapam, aquese 
año, fué que como nosotros doctrinamos aquesos pueblos, se hallan firmas 
suyas y de otros frayles dominicos en ese y otros muchos pueblos, como se le 
probará adelante. 

Dice también nuestro Padre Vásquez que esta victoria se ganó víspera 
de Espíritu Santo a 14 de mayo, lo cual no tiene apariencia de verdad por el 
cómiputo que se le ha ido ajusfando, de que resulta que no pudo aer esta victo- 
ria sino por principios del mes de marzo o a mediados, cuando más, y se 
convence con lo que dice Diego Reynoso en sus escriitos de noticias de aquellos 
tiempos (que fué un indio que el Señor Marroquín llevó del pueblo de Uta- 
tlán y enseñó a leer y escribir) que la conquista del Quicheé que hizo Don 
Pedro de Alvarado fué a principios de abril por la Semana Santa de ese año 
de 24, por estas palabras: "Chupam ic abril Caztahibal pascua ta xculum 
Donadiu ah labal varalquiché", que quiere decir : en el mes de abril por Pas- 
cna de Resurrección vino Donadiu (que es Alvarado), a guerrear aquí al 
Quiche; y más delante: "Chupam Pascua ta, Xporos tinamit taxacaah aha 
uarem taxtanepatan rumal ronohel amac xquipatanih chiquibah cammam 
cacahau paqueché", que quiere decir: en la Cuaresma vino Donadiu Capitán 
de la guerra aquí en el Quiche, y entonces se quemó el pueblo o ciudad y se 
acabó el Reino y dejaron de tributar los pueblos el tributo que habían dado a 
nuestros Padres y Abuelos; y esta noticia de este testigosi ocultar de todo ésto, 
es conforme al juicio que se puede formar de aqueste viaje porque saliendo a 
13 de noviembre de 1523 de Méjico, fueron a los peñoles y estuvieron en esto 
un mes, y descansando unos días en Tehuantepeque, fué la entrada de Soco- 
nuzco donde no hubo guerras. En hacer paces y pasar, que serán como cua- 
renta leguas, tardarían todo el mes de enero: las guerras de San Antonio 
según se colige de Castilo no duraron mes entero : la ida a Quezaltenango, 
que es de diez o doce leguas, no tardaron cuatro días y estarían detenidos en 
Quezaltenango en guerras y lo demás un mes, con que llegarían a Sam'a 
Cruz a fines de marzo o principios de abril por Semana Santa, cuando gana- 
ron el Quiche; y sin duda a eso atendió el señor Marroquín cuando le dio el 

119 



título de la Cruz el haber sido la Semana Santa o viernes santo la entrada allí, 
como en la Veracruz el haber llegado allí el viernes de la Cruz nuestros espa- 
ñoles; y es: fuerza que Vásquez convenga en ese cómputo, porque de ser a 
14 de mayo la victoria de Quezaltenango no tenía ya tiempo para hacer la 
conquista del Reino del Quicheé y ir a Tecpán-Guatemala a asegurar las paces 
con su Rey y ir después* a hacer la conquisrta de Atitán y después la de Es- 
cuin'a con toda aquella comarca y volver a dar asiento a la ciudad al Valle de 
Almolonga antes de Santiago, porque es cosa muy cierta como consta de Cas- 
tillo que todo esto se hizo antes de fundar a Guatemala; con que no lleva 
apariencia de verdad todo lo que Vásquez dice, como muy latamente lo tengo 
probado en las notas a su Crónica. Menos apariencia de verdad tiene lo que 
uno y otro autor dice de que en esa batalla murió el Rey del Quiche trans- 
formado en águila, como dice uno, o en quetzal como dice o»:ro, porque como 
consta de las mismas historias de los Reyes del Quiche puestos arriba, el Rey 
que dio la guerra a los españoles se llamaba Oxibquehbelchebtzí, como se ha 
dicho arriba, y Teci-mtepepul, que es el que dicen que fué su hijo y a quien 
don Pedro dio el Reino después de haber quemado a su padre, como se dirá 
adelante, y éste pagó tributo a los españoles, como allí dicen ellos mismos; y 
si hubiera sido eso así, no lo hubiera callado Castillo, pues refiere los que 
murieron en las batallas y la muerte del Rey cuando lo quemaron. Ese cuento 
de aquese aguilucho o águila, dicen los Arguetas que sus antepasados fueron 
los de la hazaña, y en memoria de eso guardan un lanzón antguo lleno de 
moho que dicen ser la sangre de aquesa ¿águila; y si hubo algo de aquesas 
tragedias, no fué Alvarado el que las ejecutó; ni menos de aquese quetzal, 
como dice Fuentes, tomó el nombre el pueblo de Quezaltenango que es meji- 
cano, que quiere decir Valle de quetzales, porque allí como en todas las mon- 
taras altasi se crían esos pájaros cerro sie ve hasta el día de hoy en todas las 
montañas altas y montuosas y aquí lo tenemos a la vista en este monte que 
en Guatemala llaman Rexón, nombre de aqueste pájaro quetzal en estas len- 
guas, que allí se crían. Es muy diferente el paraje y sitio de Quezal'Jenango 
que el de Xelahuh; Quezaltenango se llamaba el sitio antiguo donde ellos 
tenían sus edificios; Xelahuh, a donde se mudó y por eso es más conocido 
aqueste pueblo de los indios por este nombre, que por el de Quezaltenango. 
No se puede pas-ar en blanco la circunstancia que con todo cuidado nota 
Fuentes, 1^ parte. Libro 2*^, Capítulo 1^, cuando habiendo referido cómo cayó 
muerto aquel gran Quetzal, que dice dijo Don Pedro, que no había visto otro 
semejante en la Nueva España, donde tales aves no se hallan, prosigue : donde 
le acometieron dos perros que eran del General don Pedro de Alvarado (llama 
esta circunstarcia de haber solo dos perros en todo el Ejército a la adverten- 
cia y recuerdo cristiano del Reverendísimo Obispo de Chiapa, Casas). Esta 
falsedad que no refiere Castillo, ni de Quetzal, ni de perros, solo discurro la 
inventó para tirar su mordiscada al Ilustrísimo señor Casas por lo que repre- 
sentó en sus memoriales de la inhumana crueldad que ejecutaban con estos 
miserables cebando perros en la carne humana de los indios para que con 
más ferocidad acometiesen haciendo estragos en estos desnudos que refiere 

120 



Remezal, Libro 6", Capítulo 20, número 6 de aquel caso tan espantoso que 
manifestó Dios por un ministro de su divina justicia el lugar de la carnicería 
humana y el texón donde se degollaban y descuartizaban los indios para echar 
a sus perros y los demás indios que comían carne humana y pues el Ilustrísi- 
mo señor Casas y Remezal no quisieron publicar determinadamente el lugar 
ni las personas que cometían semejante inhumanidad, ahora el señor Fuentes 
como si fuera su juguete el Ilustrísimo Casas, levanta esta quimera para 
valdonar al Venerable Obispo de falso impostor de semejante maldad. Sepa 
su merced, sino lo sabe, que hasta el día de hoy se conserva aqueste padrón 
de aquesta infamia en dos taxones de carnicería en la ciudad Real de Chiapa 
por juicios justos de Dios, conservando sobrenaturalmente sin duda estas 
fábricas en tierra que son tan poco duraderas, sin haber habido hasta ahora 
quién haya tenido advertencia de arrazar tal sentina de crueldad. Así me lo 
aseguró habérselo afirmado un vecino anciano de Chiapa de españoles, el 
Muy Reverendo Padre Fray José de Parga, Predicador General y actual Prior 
de nuestro Convento de Guatemala individuándole este testigo que el un 
aposento es^á junto al Convento de la Merced y el otro en casa de otro vecino 
que me nombró y no me acuerdo de su nombre, estando hasta ahora allí arri- 
mados los trozos de palo que servían de tajones, costumbre impía muy exten- 
dida entre los conquistadores de este Reino por ser la mayor ayuda que tenían 
en las guerras la de los perros, por lo cual los procuraban cebar en las carnes 
de aquestos miserables, y para eso era aquella multitud de perros que el 
mismo autor refiere se mandó por un Cabildo que se tuviesen amarrados y 
no se soltasen hasta la noche. Todas estas porquerías, que no se les puede 
dar o'ro nombre, estaba muy excusado el revolveríais, pero pues con tan poco 
miramiento solo por hacer alarde de cuatro Bachillerías y de quien se verifi- 
cara mejor que del señor Casas, que en su vida se les dirá* quién fué, lo que 
dice llevado de sus pasiones y respetos don Fray Prudencio de Sandoval en 
la vida de Carlos Quinto, Folio 524, que cita a don Fernando Pizarro en el 
Capítulo último de las alabanzas de España, observación iiltima. por eMas 
palabras, y lo peer es que los de la mesma nación con no saber latín, quieren 
henchir el mundo de libros suyos y ajenos sin saber cómo se escriben, ni 
cómo se ha de buscar y encaminar la verdad que el oficio de cronista pide. 
Muy bien le cuadra todo a aqueste autor de la ''Recordación Florida" que 
mejor le podrá cuadrar el título de ensalada de todas hierbas porque así tiran- 
do más a Farmacopea, que a apariencia de historia, con que muy satisfecho de 
su trabajo remitió la primera parte al Real y Supremo Consejo de las Indias 
para que se concediese licencia para imprimirla, y viendo que tocaba más a 
boticario que a historia lo suprimió; pero porque han quedado sus manuscri- 
tos de unas en otras manos, y ahora nuevamerte sa.ió a luz el otro que espero 
en Dios que se mande recoger por el Santo Oficio por las cosas tan escanda- 
losas y mal sonantes que contiene del Padre Jubilado Vásquez, con otras mil 
imposturas y calumnias contra el Ilustrísimo Casas y Remezal; y así es fuerza 
resolver aquestas pisinas para satisfacer a la honra y crédito de tan Ilustres 
varones ofendidos. 

121 



CAPITULO XLI 

Cómo don Pedro de Alvarado partió para la Corte del Rey Quiche; y 
de la conquista de aqueste Reino. 



Viéndose, pues, los indios tan inferiores en fuerzas y que sus arcos, 
flecihas, macanas y vara to£ifiada con que sie habían dado a temer de sus enemi- 
gos y sojuzgado a muchos, no eran bastantes a prevalecer contra lo aventajado 
de las armas españolas, pues siempre que se habían tomado con ellas, habían 
quedado desbaratados; procurando valerse de las astucias, conferida entre 
todos los señores interesados su defensa, la trazaron por medio de una paz 
fingida que le ofrecieron a don Pedro de Alvarado haciéndole su presente de 
oro para ver reconocido el desordenado amor de este metal, causa de tantas 
injusticias como se obraron en la América, de que están llenas las historias, 
bastando para ejemplares por ahora los acervos tormentos que le dieron a 
Guatemuz Rey de Méjico, la muerte tan cruel del Rey de Bogotá y la muerte 
lastimosa de Atabaliba Rey del Perú, bastando solo aquestas tiranías y cruel- 
dades para que no se canse de clamar ante la piedad de los católicos Reyes de 
España, la ardiente caridad del padre de aqueste nuevo mundo, el ilustrísimo 
señor Casas renombre que tan justamente le aplica el Licenciado Juan de 
Castellanos (elegía de los varones ilustres de Cubagua, Canto 2*?, Folio 288), 
y de todos los demás religiosos dominicos Elíseos de aqueste grande Elias de 
aqueste nuevo mundo. La traza fué para sacar a don Pedro de Alvarado 
de aquella fortaleza de Quezaltenango, de a donde hacía continuas salidas, 
logrando continuadas presas de indios, y el llevarlo a la gran ciudad de Uta- 
tláJn que por ser el sitio breve para tanta casería estaban muy juntas las casas, 
que siendo todas de paja seca y tiempo de verano, estaría má's. dispuesta para 
arder, y pegando fuego a un tiempo por muchas partes acometer al mismo 
tiempo la multitud de guerreros que disponían se emboscasen dentro de la 
barranca que en (todo su contorno les sirve de profundo foso ; disponiendo que 
fuese esto de noche para que causase más confusión. No se espanten de que 
a este ardid no le dé nombre de alevosía y traición, pues defendían el Señorío 
que les había dado la naturaleza del modo que sus cortas fuerzas alcanzaban 
contra armas tan desiguales, no alcanzando con su cortedad ser contra el 
derecho natural valerse de la paz para poder hacer la guerra, pues hombres 
más capaces como fueron los españoles así lo hicieron, como adelante se dirá, 
y no saber ni alcanzar el gran bien que les llevaban para que se salvasen por 
medio de la fe católica, pues aunque se les harían los requerimientos que no 
consta de Castillo, que Su Majestad mandaba, había menester otras mayo- 
res capacidades y más tiempo para poderlo entender; y así yo no culparé 
mucho estando en buena doctrina aqueste hecho del Rey Quiche que quieren 
llamar alevosía. 

Conforme lo discurrieron así trataron de ponerlo por obra y juntas sus 
gentes y prevenidos en lo que se había de hacer, comiparecieron los Señores 
de parte del Rey de Utatián con un presente de oro demandándole perdón de 

122 



lo hecho y suplicándole a don Pedro que los recibiera a la paz que prometían 
guardar. No es decible el guato que recibió él y todo el Ejercito de estas nue- 
vas, teniéndose ya por Señores pacíficos de aquel tan poderoso Reino. Suplí- 
carón a don Pedro que quisiese ir a su ciudad y corte donde su Rey los espe- 
raba para atenderlos y regalarlos en señal de la firme paz que con él querían 
asentar porque allá como en Corte tendría mils. oportunidad de manifestar su 
buena voluntad. No le desagradó a don Pedro y los demás las súplica pues 
parece que procedía de corazones humillados; y así dispuso su viaje con toda 
brevedad para! la corte de Utatlán. Tardó sin duda en el camino a lo menos 
dos días por haber de una a otra parte más de doce leguas y de ásperas cerra- 
nías, y más haciendo la maraha con el embarazo de bagaje, enfermos y presad 
que se habían hecho. Llegó sobre tarde a la Corte recibiendo sin duda mucho 
placer del solemne recibimiento que se le hizo por su Rey Oxibquehbeleheltzí 
y de los demás cortesanos y juntamente con la hermosura del sitio, pues 
además de lo hermoso de sus Tañadas manifestaba un hermoso país la vista 
de sus terrenos y fábricas suntuosas. Entró don Pedro dentro de la ciudad 
muy contento sin presumir la salagarda que le tenían urdida, aunque no dejó 
de recelarse viéndose metido en lugar tan fuerte, y no teniendo más que dos 
puertas que la una llevaba a la otra, y la primera tenía una escala de veinti- 
cinco gradas y guiando esta a la segunda es^taba una calza'da aquesta muy des- 
hecha y maltratada. No podían los Caciques y su Rey encubrir la malicia que 
encerraban en su corazón, manifestándolo en su rostro y en el mal aparejo de 
cernida; mas todo aquesto y ver la ciudad desembarazada de mujeres y gente 
menuda no era bastante a desperiar a don Pedro dormido en su confianza, 
para que velando sobre su peligro no mirase por sí y por los que tenía a su 
cargo; pero fué la Majestad de Dios servido que de la ruina de este imperio 
quería, castigando sus abominaciones, sacar el fruto de su Santa pasión, que 
movió el ánimo de un indio de Quezaltenango que le avisó del peligro que le 
amenazaba y así luego por ser ya tarde trató de salirse a tierra llana y despe- 
jada, dejando aquel lugar tan peligroso en que le había metido su inarvertida 
confianza; y por no mostrar cobardía ni recelo, tomó el pretexto de que como 
los caballos estaban acostumbrados a pacer sueltos en el campo, no habiendo 
comodidad en la ciudad por lo estrecho de las calles le era preciso salirse afuera 
y avisando a su Ejército el peligro en que se hallaban y que para aquella noche 
estaba dispuesta la fatal tragedia para quitarles a todos las vidas entre la con- 
fusión del humo y de las llamas. Grande fué la prisa que todos se d'eron a 
salir a camlpaña limpia y descombrada y si en los rostros manifestaban el 
Rey y los Señores la trampa que le tenían armada, mucho más manifestaron 
el sentimiento que ihicieron, viendo que se les iba la caza y que no podían 
lograr su ardid. 

Puestos ya en lugar seguro todos, declaró don Pedro y manifestó la in- 
dignación que contra ellos tenía por el ardid con que les querían quitar la vida 
y afeando al Rey su mal propósito, de que debajo de asentada paz maquinase 
su ruina, para tomarlos más a su salvo, lo mandó quemar, dice Castillo, lo 
cual fué luego ejecutado. Caso es este bien ejemplar y lastimoso y un índice 
demostrativo de lo poco que hay que fiar en las prosperidades y grandezas 
mundanas al ver a un Rey tan poderoso en el día mismo que se hallaba 

123 



ensalzado en el trono de su grandeza y majestad debajo del docel de tres cielos, 
que en ese mismo día se halle entregado a la voracidad de las llamas y vuelta 
en cenizas teda la grandeza y majestad. 

Bien pudo llamar aquí al Capitán don Francisco de Fuentes la atención 
cr'stiana que cito arriba, Libro V-, Capítulo V-, contra el señor Casas y como se 
valió de la mentira de su Castillo, el impreso, para desvanecer lo que se dice de 
la blasfemia de Doña Beatriz (como se dirá! adelante), valerse aquí de la 
falcedad que aquí ingiere el P. M, Remón, de que Fray Bartolomé de Olmedo, 
rogó a don Pedro de Alvar ado le diese término para ver si podía reducir a la 
fe católica a este Rey, para que ya que perdía el Reino con la vida temporal, no 
perdiese la eterna, y que habiéndosele concedido lo redujo y bautizó; y pidién- 
dole que no lo quemase, lo hizo así dándole garrote, con que hubiera dorado 
algún tanto aquesta tiranía y crueldad de don Pedro de Alvarado, que no 
contentándose con quitarle la vida y el Reino que le dio la ley de la natura- 
leza, le qu'tó la vida eterna que le díó con su sangre la Majestad de Cristo vida 
nuestra, sino que de propósito se pone en este lugar a decir, contradiciendo al 
M" Remón por esto que le anadió : 'No consta de todo el Capítulo 162 del origi- 
nal Borrador de mi Castillo, que el Rey al tiempo de morir sp redujese a nues- 
tra Santa Fe Católica, ni que recibiese el bautismo, ni menos que se le diesen 
por el Adelantado don Pedro de Alvarado tres días de término para instruirse 
en los misterios de nuestra religión ca'ólica, ni que se conmutase la sentencia 
pues a la ejecución de ella, no hubo intermisión de tiempo". Aquí había de 
llamar a la atención y no manifestar tan a las claras aquesta tiranía y crueldad 
a lo divino y humano y considerar si serían justos y con razón aquellos clamores 
de aquellos informes que presentó el señor Casas a Su Majestad sobre tales 
tiranías y sobre esto levantar su merced el grito contra el señor Casas a don 
Francisco Pizarro. Por qué no lo alegó también para contra don Pedro de 
Alvarado en la vida de Fernando Cor'és, acerca de que habiéndolo dejado por 
cabo de la gente que quedaba en guarda de Motezuma cuando fué contra 
Panfilo de Narváez que habiéndole los principales señores de Méjico pedí- 
dole licencia para un bale que querían hacer en cierta fiesta, llevado de la 
cod'cia de las joyas con que estaban adornados, les acometió como lo dice 
aqueste autor por estas ¡palabras : Tanto era el corage de los indios contra los 
españoles, ocasionado de las muertes que don Pedro de Alvarado y otros espa- 
ñoles dieron a muchos indios principales mejicanos, cuando celebraban unas 
fiestas por quitarles las joyas y oro que traían". Este fué uno de los hechos 
que más costó a los españoles y de los más torpes suyos de cuantos sucedieron 
en aquellos Reinos (originados de la raíz de todos los males), y el que les 
causó como se discurrirá en el discurso de esta vida tantos daños. Estos 
fueron el alboroto de Méjico por el cual se salieron huyendo de los españoles 
en cuya fuga perdieron tantos la vida y el tesoro que llevaban y la mucha 
sangre que costó el restaurar lo perdido. También le pudo llamar la atención 
lo que el mismo autor dice de don Pedro sobre la armada en que fué a intro- 
ducirse en las conquistas del Perú ; estas cosas le debían de haber llevado la 
atención y haber sido causa del levantamiento de los indios de Tecpán-Gua- 
temala, como se dirá adelante, por la tiranía con que les quería sacar el oro sin 
tenerlo, que este fué el que les impuso el pecho de los doscientos mancebos 

124 



que les tributasen doscientos cañutillos de oro cada semana y no Gonzalo de 
Alvarado que estaba lejos de Guatemala, como se dirá, porque este pueblo 
fué de los que se cogió para si don Pedro con otros muchos muy grandes. 

Muerto que fué el Rey Bcl.ehetzi oxiqueh, como se ha dicho, dio el 
Reino y Señorío a su hijo Tecuntepepul y esta es la recia línea de los Reyes 
del Quidhé, como consta de su misma genealogía y descendencia como queda 
puesto arriba, y el equivocarse Fuentes y otros en estas descendencias es que 
a los Señores y Reyes, además del nombre propio le ponían otro después de 
alabanza o vituperio según sus obras y solía ser más conocido, como hoy se 
usa por el malo o buen nombre, que por el suyo propio. Estilo que se ve 
aun en nuestros Monarcas y los extraños, pues diciendo los católicos Reyes 
se entienden Don Fernando y Doña Isabel y así de otros como aqueste Cacique 
que estuvo preso que no fué el Rey Xequechul que quiere decir hedor de 
orines, sin duda por haber quedado vencido. Luego que don Pedro hizo jus- 
ticia del Rey del modo que se ha dicho, empezó a dar con los escuadrones de 
gente que esitaban prevenidos en las emboscadas, apresándoles tanto que los 
hubo de desbaratar y fué prosiguiendo la conquista y reducción de los demás 
pueblos que todos eran fortalezas y fronteras, como fué Totonicapa, Solóla, 
Chichicastenango y Xoyabaj, que todos tenían gente de guarnición por ser 
fronteras las más contra los Cakchiqueles, con quienes estaban en guerras 
por providencia Divina, con lo cual se le embarazaban muchas fuerzas al Rey 
de Utatlán, porque de no haber sido de este modo y si los dos Reyes del Quiche 
V Carh'oi^eles estuvieran unidos y juntasen sus fuerzas, no sé como hubieran 
podido prevalecer tan pocos españoles contra tan grandes poderes; pero la 
Majestad soberana Gobernador y dispositor Supremo, iba disponiendo estas 
causas segundas para sacar el bien que se ha visto en la reducción de aqueste 
nuevo mundo; y así dispuso su altísima providencia la enemistad tan grande 
ente Tlascaltecos y Mejicanos, para que el invencible Cortés pudiese con tan 
pocos españoles sujetar y reducir tan gran potencia como tenía Montezuma, 
y por lo mismo dispuso su altísima Providencia las guerras y discensiones 
entre Atabaliba y su hermano. Reyes del Perú para que Pizarro con tan poca 
gente sujetase tan poderosa Monarquía. 

Gastó algunos díast Don Pedro en ir pacificando y sojuzgando la Provin- 
cia del Quicheé, porque muchos pueblos, aunque daban la obedienc'a. eran 
forzados de la necesidad y no era voluntaria; y como a esto se llegaba el ver 
que lo que máís les tiraba y arrastraba a los españoles era la codicia de buscar 
oro, por lo cual recibían muchas molestias y agravios, se volvían a rebelar a 
cuya causa pensaban que era aquel el caso en que podían lícitamente hacer 
esclavos a los que se rebelaban, pero estaba muy lejos de ser aquesto lícito, 
ni ser aqueste el caso en que Su Majestad permitió el que se hiciesen esclavos 
a los indios. Mas no obstante con la conciencia militar que no es sino muy 
ajustada la ensancharon e hicieron muchos esclavos hombres y mujeres, dice 
Castillo, y pagaron el Real Quinto. Cuan bien hechos fueron estos y otros 
muchos, lo mostró el suceso cuando informado Su Majestad de estas cosas los 
mandó poner en libertad sobre que hubo tantos escándalos y hasta ahora no 
dejan de roerle los huesos al Ilustrísimo Casas y a los Frayles de San'.o Do- 
mingo por la constancia con que defendieron esta causa tan de Dios pues era 

125 



de los pobres más desvalidos que el mundo tenía. Fué tan espantoso y escan- 
daloso el caso acontecido con el Rey de Utatlán que retumbando por las mon- 
tañas que ihoy llaman de Santa Polonia llegó el retumbo a los oídos del Rey 
Zinacam de la otra parte de aquellas montañas del Quiche en su gran Corte y 
ciudad de Tecpam^Guatemala quien oía, esp'antado del terrible castigo ejecu- 
tado en la persona del Rey del Quiche temiendo otro franto en su persona, o 
sea que como esta enemistad tan grande envejecida con el Rey del Quiche 
como tirano y levantado con la parte del Cakchiquel, por lo cual estaba en 
continuas guerras, por complacer al que había destruido a su enemigo, pre- 
cipitado e inconsiderado, trató de enviarle embajada solicitando su amistad 
y ofreciéndole su Reino y todas sus fuerzas para acabar de destruir a sus 
enemigos, no previniendo que Dios no quería dejar sin castigo su rebeldía, 
se prevenía otiro castigo más prolongado como se verij adelante. Como lo 
pensó lo puso en ejecución con un buen presente de oro que no había parte 
donde no había llegado que más le arrastraba el apetito de este metal que el 
bien de la salvación de las almas, como dice muy bien el señor Piedrahita: 
"Que si les. preguntarán a estos hombres que a título de qué toleraban tantos 
trabajos, como padecieron en estas conquistas, respondieran que por la dilata- 
ción de la fe" ; pero en nada menos que en esto pensaban siendo su mira solo 
ía codicia de juntar oro. Recibió Don Pedro de Alvarado con muy buen 
semblante y agrado a los mensajeros del Rey Zinacam viendo cómo se le iban 
asegurando las tierras que tenía conquistadas y se le abría la puerta para con 
más facilidad sujetar todo lo demás de aquellas provincias y por asegurarse 
del ánimo del Rey Zinacam, le envió a pedir 2,000 hombres que abriesen los 
caminos que son muy ásperos y montuosos los que hay de la Corte de Utatlán 
a Tecpán-Guatemala. 

Luego le despachó el Rey Zinacam toda la gente que le pidió, soldados y 
¡gastadores, enviándole mucha copia de bastimentos al camino ; y no advertía 
aqueste inconsiderado Rey que iba metiendo en su seno el viborezno que le 
había de roer las entrañas y quitarle la vida; mas el Supremo Rector del 
üniversí^, que todo con su sabiduría lo gobierna, íbale disiponiendo su castigo 
tan justamente merecido a aqueste tirano, que de Cacique y de uno de los 
veinticuatro Señores y grandes vasallos del Rey del Quiche se había levantado 
y negado la obediencia erigiendo Reino aparte con todo lo que hoy se llama 
los Sacatepéquez. Y aqueste Zinacam era el cuarto Rey que contaban los 
Cakchiqueles ; pero a este se le rebeló también la parte de los Sacatepéquez 
poco antes de la venida de los esipañoles levantando Reino y trono separado 
en lo que llaman Yampuc, que es tierras del pueblo de San Pedro Saca'epé- 
quez, a quienes también halló don Pedro envueltos en guerras entre sí, con lo 
cual hallándose todos con. pocas fuerzas trataron de darse todos de paz viendo 
que el Rey de Utatlá'n con más poder no pudo prevalecer contra las armas 
castellanas. 

Entró Don Pedro con muchos aplausos en la Corte de Tecpán-Gua- 
temala situada en el lugar donde se muestran sus ruinas no muy lejos de el 
lugar donde está hoy fundado este pueblo de este nombre; no en el lugar de 
Sacuaipa junto a Almolonga, como imagnó Don Francisco de Fuentes, 1* 
Parte, Libro 3^, Capítulo 1^, trayendo la etimología de Guatemala con la violen- 

126 



cia que acostumbra los términos de la lengua, por no saberla, como su amigo 
el P. Vásquez, queriendo que Guatemala quiere decir pedo de leche, que es el 
que comunmente llaman hierbamala, que si esta razón valiera, en todos estos 
contornos en más de doce leguas de Guatemala se podía decir que fué aquesta 
Corte pues en toda ella se cría. Eatc es nombre corrompido, como otros mu- 
chos, por los Españoles, que como consta de escritos antiguos su nombre es 
Cuahutimal, que quiere decir fuente que como sangrada arroja un betiin con 
que se untaban en sus tristezas, de a donde se llama el viudo malcam, el 
untado de este betún amarillo, que era su luto; y el llamar hoy Sacualpa al 
lugar que dice junto a Almolonga es por la fábrica antigua de la ciudad que 
estuvo allí y esta ciudad como se puede ver en todos los escritos antiguamente 
no se llama Guatemala, sino Santiago de la Provincia de Guatemala que es la 
que era Corte del Rey Sinacam, y por la corruptela común llaman hoy a esta 
ciudad Guatemala; sino que por sacar alguna novedad y meterse a disputar, 
y que se entienda que sabía diaputar levantó la quimera de aqueste capítulo 
1^ del Libro 3*?. 

Corriendo la noticia por todos los pueblos de la comarca de la ruina del 
Rey Quiche y que Don Pedro se hallaba ya en Tecpán-Guatemala, muchos 
pueblos que se hallaban ya molestados de otros m¿s poderosos y otros que no 
podían hacer resistencia, se vinieron a ofrecer de paz; pero los de Tecpán- 
Guatemala no se aseguraban de la potencia del Reino del Quiche a causa de 
haber quedado ura buena parte entera que era la que se Tama Tzutuchil con 
otros muchos pueblos de la nación Quiche que se continúan para la costa del 
Mar del Sur, y no sosegando su ánimo hasta ver del todo acabado aquel Impe- 
rio, le dijeron a Alvarado como no muy lejos de allí estaban muchos indios» en 
una gran laguna, y que eran de muy recio natural, y para que viese su sober- 
bia no se le habían venido a rendir ni dar la obediencia sabiendo que estaban 
allí. Era aquesta, parte del Reino del Quiche y tocaba a uno de los veinticua- 
tro Señores grandes ; y aunque ganaron la Corte quedóse aqueste Señor con 
otros a quienes tocaba lo demás de la nación Quiche separados sin manifes- 
tarse, y así se engañan los dos amigos Fuentes y Vásquez en decir que aqueste 
Sutohil era Reino aparte y que tuvo muy crudas guerras con el Rey del 
Quiche ; que no era gente aquesta que pudiera tenerse con la potencia del 
Quiche, siendo muy corta Nación, ni menos entiendo que pudiesen tener dis- 
turbios sobre el Señorío de la laguna pues no se halla en ella cosa de que se 
pudiesen utilizar fuera de unos pescaditos tan chiquitos que no son más que 
escamas. 

Con la noticia que Don Pedro tuvo de estos pueblos», les despachó men- 
sajeros para que viniesen de paz y que serían muy bien recibidos; pero ellos, 
poco experimentados en lo que eran las armas españolas y pensando que en 
su islotillo que Castillo llama peñol, estaban muy seguros despreciando la 
embajada maltrataron a los mensajeros. Despacharon segunda y tercera 
vez otros correos e hicieron lo mismo con ellos, y viendo Alvarado su rebeldía, 
trató de ir en persona a sujetarlos y tomando sobre ciento y cuarenta solda^ 
dos, entre escopeteros y ballesteros, veinte de a caballo y dos mil guatemaltecos, 
marchó para Atitán y llegando cerca de la laguna les volvió a requerir con la 
paz, y la resipuesta fué responderles con sus flechas y acercándose a la laguna 

127 



más, le salieron al encuentro dos escuadrones de indios con quienes' se trabó 
la escaramuza. Mantuvieron un poco la pelea; pero hallándose inferiores 
en la fuerza de las armaos se pusieron luego en huida retiráfndose al peñol 
donde pensaban poder resistir o estar seguros de los españoles, pero arro- 
jándose tras ellos Alvarado con su gente luego les entró el peñol donde fué 
mucha la mortandad y hubiera sido mucha más, dice Castillo, sino que arro- 
jándose al agua salieron a la tierra firme a nado escondiéndose y ocultándose 
en maizales y huertas de cacao, con que quedó el pueblo del Peñol expues- 
to al saco de sus enemigos; y saliéndose de allí a tierra llana donde habían 
muchos maizales, durmieron allí aquella noche y otro día fueron al pueblo de 
Atitlán que halló despoblado. Mandó correr la tierra y trayendo presos a los 
Caciques, les requirió con la paz y que no venía a hacerles mal sino a que 
diesen la obediencia al Rey de España, como habían hecho todos los demás 
pueblos; que si admitían la paz, les daría a sus prisioneros; con lo cual des- 
pachados los Caciques fueron, y convocando a todos los demás Caciques, vinie- 
ron a dar la obediencia trayendo un gran presente de oro, que ya sabían que 
era este el más suave lenitivo; y dejándolos quietos y debajo del dominio de 
Su Majestad, dio la vuelta para Tecp¿n-Guatemala, dejando alguna gen':e de 
guarnición para que les sirviese de freno y no ne volviesen a sublevar como 
había dejado también en la parte del Quiche en Olintepcque a su hermano 
Gonzalo de Alvarado con genf'e para tener sujetos a los Quiches como consta 
de Castillo, Capítulo. . . . , y no a Juan de León Cardona como quieren los dos 
amigos, pues como el mismo declara en una información que el Cabildo de 
Guatemala hizo contra nosotros y está en el archivo de la ciudad, que citare- 
mos adelante, este no fué de ios Conquistadores sino de los primeros po- 
bladores. 

Aquí añade el M*? Remón en el impreso de Castillo ciertos bautismos 
que dice hizo el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, lo cual no se halla en 
original, ni que se bautizase indio alguno; y así aquello que trata de eso, es 
apócrifo. 

Entre los pueblos que vinieron a rendírsele a Don Pedro, dice Castillo, 
fueron unos de la costa del Mar del Sur, quejándose de los agravios que reci- 
bían de los mejicanos de la nación Pipil y en especial de los del pueblo de 
Escuintepeque que los embarazaban a venir a dar la obediencia; y tomando 
razón Don Pedro de la par':e hacia a donde estaba aquesta población, se puso 
en marcha con toda la demás gente y la ayuda que tomó de los guatemaltecos ; 
y sin enviarles mensaje de paz alguno, fué marchando para Escuinta con gran 
silencio y llegando de mañanita a la población, dio repentinamente en ellos 
en que hizo terrible matanza y carnicería, tanta y tan cruelmente que el mismo 
Castillo, que en muchar. partes saca la espada en defensa de los Conquista- 
dores por lo que de ellos se escribe tocante a sus tiranías y crueldades, aquí 
no pudo menos que levantar el grito y lamentar lo que en esta conquista de 
Estcuintla se ejecutó, por estas palabras: "Dá una mañana sobre ellos, en que 
se hizo mucho daño y presa, que valiera más que nunca se hiciera, sino con- 
forme a jufjticia, que fué mal hecho y no conforme a lo que Su Majestad 
mandó". Esto con todo lo demás, podía el señor Capitán Francisco Fuentes 

128 



reducir a la memoria para no columniar tan impíamente al Ilustrísi-mo Señor 
Casas, de falso y cruel contra los Conqusitadores. No fué sino muy pío y 
misericordioso en procurar el sacarlos de* su mal estado y ponerlos en camino 
de salvación, como dice el citado Don Juan de Castellanos. 



CAPITULO XLII 

De la llegada de los españoles al Valle de Guatemala, llamado Almo- 
longa; y del asiento que allí se tomó para fundar la Ciudad de Santiago 

de los Caballeros. 



1524. — Desde que Don Pedro de Alvarado entró en la Provincia de Gua- 
temala, que* se denomina así de la cabecera de ella que era la Corte llamada 
TecpamrGuatemala, que quiere decir: casa del Rey de Guatemala, no sobre el 
palo de leche como lo inventó Fuentes, ihicieron allí alto los españoles, asi por 
la comodidad que entonces tenían allí en la Corte del Rey teniéndolos hospeda- 
dos con todo reigalo y asistencia dándoles la gente que necesitaban para las 
correrías y entradas que hacían la tierra adentro, como también porque no co- 
nocían otro mejor paraje en qué poder habitar; pero como fuesen penetrando 
la tierra más, y especialmente cuando la entrada de Escuintla, que sin duda fué 
por el Valle de Aimolonga, hicieron alto en él; y determinando hacer una 
población como les había ordenado el Capitán General Cortés para que fuese 
plaza de armas para cualquier acontecimiento, determinaron tomar sitio en 
aquel lugar que les pareció muy ameno por la abundancia de pastos y de agua 
y cercanía de las montañas, llevados de la hermosura de sus volcanes, que a 
la verdad es una de las cosas maravillosas que se ven en toda aquesta América. 
No fundaron la ciudad en la Corte del Rey Zinacam porque es lugar muy 
barrancoso y de subidas muy agrias porque siempre los indios buscaron estos 
lugares fuertes para hacer sus fortalezas para que les ayudase el lugar a la 
def enza que sus cortas fuerzas no alcanzaban ; pero aunque determinaron los 
Conquistadores dar principio a su ciudad en el sitio de Aimolonga, fué con el 
miramiento de que solo fuese por entonces-, de prestado, para que si hallasen 
otro lugar que les ofreciese mejores comodidades dejar este y tomar aquel. 
Esta resolución fué a causa de no estar bien enterados en la tierra, y a la 
verdad bien mirados muy pocos se hallaron en esta Provincia más a propósito 
que este Valle de Guatemala, porque aunque hay otros, como después el año 
de 27, se especularon de propósito para asentar fijamente la ciudad, si están 
sobrados de agua están faltos de otras cosas que se han menester para la ma- 
nutención de una ciudad ; y fuera del padrastro que es a la ciudad el Volcán de 
Fuego con los repetidos sobresaltos que dá a los vecinos, no puede ser mejor 
el paraje ni más abundante ni fértil de todo. Pero sin duda fué disposición 
del Altísimo para que tuviesen los vecinos de Guatemala aqueste despertador 
de la divina justicia, para que no se desenfrenasen tanto en ofenderle. El 

129 H. deG.-9 



lugar donde estuvo primero la ciudad, no podía ser mejor ni más fértil ni 
abundante de todos géneros/ de frutos, como se ve hasta el día de hoy, que 
apenas se deseara fruta alguna, o flores de la tierra o de España en cualquier 
tiempo del año, que allí no se hallen, con un río bastantemente caudaloso para 
molinos y otros menesteres a cuyas márgenes se fundó la ciudad ; y otras 
muchas aguas que les bajan de las montañas, que se pueden conducir a aquel 
paraje, como se condujeron para hacer huertas y fuentes de aguas muy bue- 
nas que nacen en el mismo paraje; gozando de oampíña llana y despejada en 
que poderse extender cuanto quisiesen la población, de que en parte hoy 
carecen hallábdose extredha por la parte del barrio de Santo Domingo, el 
Manché y el Chí'pilapa. Solo se reconoce en el Valle de Almolonga ser muy 
continuos los vientos que corren como en cañada por entre los dos volcanes ; 
pero esto que a algunos delicados parece mal es sin duda una de las mejores 
cosas de aquel sitio, porque con esos vientos se reconoce mucha sanidad en 
aquel paraje que no se experimenta en el sitio que hoy goza, antes sí se reco- 
noce mucha epidemia de flucciones como aquí se dice. 

No era aquí la Corte de Zinacam como quiere Fuentes, ni el lugar ofre- 
cía oportunidad para hacer sus fortalezas, porque para ello buscaron siempre 
cerros muy empinados y de subidas muy ásperas o lugares circumbalados de 
barrancos muy profundos para estar defendidos como se ve hasta hoy en todos 
ellos, ni menos había poblaciones de indios más que algunos desparramados 
al modo que ellos viyían, que era qUe solo en las cabeceras o lugares de for- 
taleza habitaban los Reyes y Caciques, y todo el demás/ resto de la gente 
de£(parcidos en quebradas, vegas, ríos, etc., en donde tenían comodidad de 
hacer sus milperías y sembrados como cada parentela o calpul en un paraje 
más o menos extendido conforme era mayor o menor el gentío de tal calpul 
o parentela a cuya población llamaban Amac que es pueblo pequeño extendido 
como están las piernas de las arañas, de que toman la similitud para darle 
aqueste nomibre, a diferencia de la cabecera o población que los Señores habi- 
taban, que llamaban Tinamit que quiere decir: Ciudad o Corte y los otros, 
como si dijéramos aldeas; y solo se sabe que los indios que había en aqueste 
Valle eran los de Pancam cuyo territorio se extendía hacia la parte de la 
ciudad que es ahora, como desde la plaza mayor que es ahora, hasta el Con- 
vento de Nuestra Señora de las Mercedes, subiendo para arriba hacia nuestro 
Convento, según se colige de un Cabildo que está en el Libro tercero que 
dicp: Que por cuanto a los indios de Pacán se les ha tomado parte de sus 
tierras para la fundación de la nueva ciudad se busque donde poderles recom- 
pensar £(us tierras. Estos de Pacán se incorporaron en el pueblo de Jocote- 
nango y así hasta el día de hoy en muchos pueblos distantes nombran a Gua- 
temala Pacam del nombre del paraje en que se fundó; y otros Panchoy que 
quiere decir en la laguna, no como interpreta Fuentes, diciendo la Laguna 
grande, que no era sino pequeña la que se hacía en la parie que hoy llaman 
barrio del Tortuguero. 

Pues como los Conquistadores como verdaderos españoles tuvies^en 
firme su esperanza en su Santo Patrón, que lo es de toda España, Santiago, 
que tanto se ha señalado en favorecerlos en todos tiempos y que debajo de sti 
patrocinio y amparo se podían esiperar muy felices progresos, se determiaarQn 

130 



a ofrecer al Santo Apóstol la primicia de aqueste Reino, que era aquesta 
ciudad ; y hallándose ya próximos a su día no dudaron aguardar para con más 
facilidad dar principio aquesta fundación ; no como dice Fuentes que el 
mismo día del Santo entraron en el sitio, porque si aquese mismo día cele- 
braron la festividad del Santo en el paraje y se dijo misa ¿cómo era dable 
que ese día llegasen marcihando y se hiciese lugar y ramada para celebrar 
como se hizo? Ni menos tiene apariencia de verdad lo que dice, que en la 
calle de los mercaderes ese día yendo marchando al lugar de Almolonga, se 
les apareció el Santo Apóstol viéndolo todos visiblemente, pues no hallará 
Cabildo, ni instrumento que tal refiera; siendo así que era preciso, si tal hu- 
biera sucedido, se hiciera memoria en los' Cabildos que de esto tratan y más 
el de aquese mesmo día y no toma tal en boca. Además que si la llegada 
a aqueste Valle fué de vuelta de la conquista de Escuintla, como se colige del 
mismo Castillo ¿habían de dar vuelta por sobre el mismo Volcán de Fuego 
para traer la marcha de parte del Norte los que venían de la banda del Sur? 
Si estuvo en esa calle puesta esa pequeña imagen, sería por alguna particular 
devoción que tendría al Santo el dueño de aquesa casa, como se ve mucho 
de esto en todas las ciudades de los españoles, así en España, como en la 
América. 

Determinando hacer asiento y dar principio a la ciudad en aquel Valle 
de Almolonga hicieron sus ranchos y ramadas para poder abrigarse de las 
injurias y rigores de las aguas, que era el tiempo de ellos, mientras se hallaba 
lugar más apropósito para darle asiento más permanente a la ciudad, quedan- 
do en la ocasión como en mansión en aquel lugar; y dispuesta tamibién la 
ramada o jacal que había de servir de primera Iglesia. Amaneció el día del 
Santo Apóstol, que según dice Remeza!, amaneció alegre y placentero sin duda 
convidándolos a que permaneciesen en aquel sitio y que conociesen lo benévolo 
de su cielo y al mismo paso amanecieron todos sus vecinos y moradores todos 
de fiesta y gala aunque en su traje militar, resonando las cajas y pífanos, 
retumbando lo» montes de agua y fuego y retornando los ecos, así las voces 
de los clarines como las espantosas voces de la artillería y de los mosquetes, 
acabando de causar maravilla y espanto a todos los indios, ver cómo aquellos 
mismos instrumentos que eran de la fatal muerte y estrago, al mismo paso lo 
eran del festejo y alegría. No se regocijaba menos el viento céfiro, manso, que 
suavemente corría por la cañada que hacían aquellos dos promontorios con 
el humo que despedía de las bocas de fuego, que también festivo se desple- 
gaba y extendía haciendo olas con las banderas que tremolaban. Con todo 
aqueste festejo y armonioso estruendo en forma de marcha, se enderezaron a 
la Iglesia, donde con toda devoción se ofició la misa por ellos mismos que 
cantó el primero en todo el Padre Juan Godínez que siendo el Capellán 
del Ejército, fué el primer Cura de Guatemala y su primer Deán permane- 
ciendo hasta el día de hoy su memoria piadosa en las memorias de misas que 
dejó establecidas de que son Patronos los Priores» del Convento nuestro de 
Guatemala, nombrando cada año Capellanes que las rezen siendo también el 
primero que aunció el nomibre de Dios a aquestas bárbaras gentes en compa- 
ñía del Padre Juan Díaz. 

131 



Sentada que fué la primer piedra Crisío en el Santo Sacrificio de la 
misa, y puesta aquesta piedra angular, trataron de darle asiento a la piedra 
inconcusa de su Santo Apóstol; y con razón, pues no podía ser otra la piedra 
que se asentase sino la que se trababa y venía por la fe y la sangre que se 
había ofrecido en el sacrificio para unir estas dos piedras, pues era una misma 
por la afinidad del parentesco ; y así saliendo todos y tomando la voz el primer ] 
caudillo, todos aclamaron al Santo Patrón por su Patrono, a voces, pidiendo e 
implorando su auxilio ; y así pasando de lo divino a lo humano, concluido aques- 
te acto, para dar formia a aquesta República se fueron al lugar señalado para 
Cabildo para señalar cabeza a aqueste místico cuerpo que se hallaba congre- 
gdo y así quel mismo día dice el Escribano, dándole el título de Villa, Pedro 
de Alvar ado, Teniente de Gobernador y Capitán General de don Fernando 
Cortés por los poderes y autoridad que de Su Majestad tiene, dijo : Que nom- 
braba e nombró por primeros Alcaldes de la Villa de Santiago a Diego de Rojas 
y Baltazar de Mendoza y por sus primeros Regidores a Don Pedro Portoca- 
rrero, Hernán Carrillo, Juan Pérez de Ardón y a Domingo de Suvarrieta y por 
Alguacil Mayor a Gonzalo de Alvarado, dio el oficio de Cura al Padre Juan 
Godínez y el de Sacristán a Reynosa y tomando posesión los dichos Alcaldes 
de sus varas y haciendo el juramento necesario, empezaron a usar de su 
autoridad para la física y real posesión del mando y pusieron tara y costo a 
todas las cosas de comer y de bastimento; y festejándose aquel día con carre- 
ras y otros regocijos y los tres siguientes, al cuarto que fué viernes 29 de julio 
se escribieron en el libro de Cabildo todos los que gustaron quedar por vecinos 
de la Villa para poder gozar de los fueros y excepciones de tales vecinos. 
Quíselos poner aquí todos conforme los pone el Padre Reverendo Remezal 
que es» lo mismo que se halla en los mismos libros de Cabildo, que he regis- 
trado, no porque dudase de la verdad de aqueste autor, sino para comprobar \ 
las muchas falsedades que el Padre jubilado Vásquez ha sacado en esta Cró- 
nica que !ha escrito de su Provincia del Santo Nombre de Jesús, como se ha 
dicho arriba, y será muy bien paner la nómina de aquellos primeros vecinos 
en aquesta nuestra ¡historia para que permanezca su memoria entre nosotros 
por el bien que muchos de ellos nos hicieron, que es como se sigue : 



Diego de Rojas Alcalde. 

Baltazar de Mendoza, id. 

D. Pedro Portocarrero Regidor. 

Juan Pérez Dardón, id. 

Hernán Carrillo, id. 

Reguera, P*? Gómez. 

Juan Pérez, Banme. González. 

Juan González de Güelva. 

Gaspar Polanco. 

Alonzo Cano. 

Juan de Alcántara. 

Alonzo Martín Asturiano. 

Alonzo Gómez Pastrana. 

Reynosa Sacristán. 

Juan Martín Granado. 



Alonzo Gallego. 
Bartme. Gómez. 
Diego Díaz y otro Diego Díaz, 
Juan Vásquez, 
Gaspar Luis Olguin. 
Julián. 

Juan González. 
Cristo val Ruiz. 
Rodrigo Pino. 
Hernando Pizarro. 
Hernando Alvarado Monroy. 
García de Aguilar. 
Gaspar Arias, 

Alonzo de Ojeda, este es otro Alon- 
zo de Ojeda muy distinto del que 



132 



J 



juz^a Don Francisco de Fuentes, 

bien pudo no equivocarse pues ha- 
bía leído los varones ilustres de 

Don Juan Fernando Pizarro. 

Diego Gonzáliez. 

Alonzo Soltero. 

Alonzo González Nájera. 

Juan Gallego. 

Juan Ginovez. 

Juan de San Sebastián. 

Juan Griego, Bartme. González. 

Cristóval de Mafra. 

Pedro Franc*?, Cristóbal Marín. 

Pedro. Sirgado. 

Pedro de Sn. Esitevan. 

Juan del Valle. 

Diego Quijada. 

Hernando de Andrada Veintemilla. 

Franc' López de Marchena. 

Fraric^ de Horduña. 

Pedro González Montecinas. 

Martín de la Amézquita. 
I Juan de Valdiviezo. 
( Miguel Quinteros. 

Alvaro Alonzo Nortes. 

Gonzalo de Solís. 
, Francisco de Chávez. 
I Bernardo de Oviedo. 

Pedro de Aragón. 

Pedro Abarca. 



Juan de Ortega. 

Francisco Rodríguez. 

Diego de Salvatierra. 

Juan de Carmona. 

Esteban de Aponte. 

Diego González Herrero. 

Ignacio de Bobadüla. 

Diego Franco. 

Francisco Domínguez. 

Pedro Moreno. 

Alonzo Hernández de Zafra. 

Pedro Gutiérrez. 

Diego de Usagre. 

Juan Moreno, García Dá^ralos. 

Mármol, P*?. Alonz*? del Portillo. 

Pedro de Olmas, Diego Poncc. 

Alonzo Gutiérrez de Badajoz, 

Pedro de Sequeita. 

Juan de Verazteguí. 

Juanes de Fuente Rabia. 

Juan de Escobar. 

Lozano, Isidro de Mayorga. 

Juan de Navas. 

Diego López de Toledo. 

Diego de Aguilar. 

Martín Rodríguez. 

Cristóbal de Salvatierra Salinas. 

Alonzo de Salvatierra 

Paladinas 

Venancio. 



Otros muchos vecinos se hicieron escribir en los Libros de Cabildo, 
cuando Don Pedro de Alvarado se asentó por vecino en el mes de agosto de 
1526, cuando se fué para España, que no es justo se omitan sus nombres aun- 
que de sus descendencias no hay ya memorias, para que se conserve siquiera 
la noticia de los muy ilustres vecinos con que se fundó la muy noble y leal 
Ciudad de Guatemala, los cuales son como se sigue: 



El Señor Capitán General Baltazar 

de Mendoza, Alcalde Gonzalo de 

Ovalle. 

Francisco de Arévalo, Regidor. 

Hernando de Alvarado, Regidor. 

Gonzalo de Al*?., Alguacil Mayor. 

Reguera Ximenes. 

Antón Martín Salinas, Juan Medel, 

Juan Alvarez Portuguez. 



Juan Moreno, 
Diego Díaz. 
Francisco López. 
Andrés Lazo. 

Alonzo de Medina Solís, Mayor- 
domo. 

Juan Rodríguez. 
Juan Vásquez. 
Diego Rojas, 



133 



Don Pedro, Don Rodrigo Dardón, Cristóbal Rodríguez. 

Cueto, Ulloa, Becerra, Carrillo, Ze- Cristóbal de Robledo, 

peda, Biscarruta, Monroy, Francis- Diego González Hierro, 

co, Juan Martín Gaspar Arias. Pedro de Mendoza. 

Cristóbal de Salvatierra. Diego de Sta. Clara Calvete. 

Andrés Ulloa Pereda. Pedro Moreno. 

Estos vecinos se escribieron en la ocasión que volviendo Don Pedro de 
Alvarado de Honduras de verse con Cortés, trataba de pasar a Méjico para 
verse con el Visitador que había venido y tratando de llevarse a los Alcaldes 
que eran actuales de aquel año, nombró en su lugar a Don Pedro Portocarrero 
y a Hernáki Carrillo a quienes hizo Tenientes de Capitán General por su 
ausencia y como tales se nombran en Cabildo de 4 de enero de 1527 que fué 
el estilo que tuvo el Adelantado en sus ausencias, nom^brar a los Alcaldes por 
sus Tenientes y así no lleva apariencia de verdad lo que dice Fuentes y Vás- 
quez en muchas partes, que en el viaje de Higueras quedóse por Teniente 
Gonzalo de Alvarado, porque este como dice Castillo, Capítulo 191, y se traerá 
más de propósito adelanta, estaba con la gente que estaba en Olintepeque 
para que los indios no se sublevasen; y también nuestro Remezal padeció 
equivocación en el Teniente que dejó en Guatemala en aqueste viaje diciendo 
que había dejado a Jorge de Alvarado, que este se había quedado en Méjico 
respecto de haber casado allá con la hija de Alonzo de Estrada el Tesorero y 
éste fué el que se halló con Cortés en el recibimiento del Visitador Luis Ponce 
y por escribir Jorge de Alivarado, escribieron Pedro de Alvarado y así repara 
muy bien Remezal en el lugar citado que no pudo ser que Don Pedro se halla- 
se en aquese recibimiento en aquese año que era el de 1526 a 2 de julio, estan- 
do Alvarado por agosto en Guatemala. Luego que él llegó a Méjico nombró 
a Jorge de Alvarado por su Teniente General con intervención y aprobación 
de su suegro Alonzo de Estrada en quien recaía el Gobierno de la Nueva 
España y vino con ese nombramiento a Guatemala y fué recibido por tal 
Teniente a 20 de marzo de 1527. 

De aqueste viaje de Don Pedro de Alvarado en esta ocasión que fué, 
se concluye evidentemente que la sublevación de los indios que dice Fuentes 
en muchas partes, no fué tan general como la pondera, y por lo que toca a este 
de Guatemala, fué solo los de Tecpam-Guatemala; porque si todo el Reino 
estuviera levantado, no era reputación suya dejarlo todo perdido e irse y 
llevarse sobre ochenta soldados en que iba Bernal Díaz del Castillo, Luis 
Marín, y otros Capitanes de muaho nombre, sino que lo natural era que pro- 
curase su pacificación, primero ; porque de nó, era terrible cargo este contra 
su persona y mucho mayor contra su crédito. Se concluye ser esto muy falso 
con mucha má^s claridad por lo que Fuentes dice a la £>egunda parte, que Don Ij 
Pedro Portocarrero con mucha gente que apenas pudo pasar para Quezal- 
tenan^o sino a fuerza de muchas batallas aue tuvo Dor el rancho de Totoni- 
capam, y más adelante, las cuales según pondera fueron muy sangrientas, y 
siendo tanta la gente que llevaba, y Alvarado con ochenta hombres, pasó 
seguro sin reencuentro, como dice Castillo ; y así toda aquesa sublevación 

134 



de la parte del Quidhé téngola por fabulosa e inventada de su cabeza, por una 
gran falsedad que allí refiere diciendo que se nombró Oabo de la caballería 
a Luis Duvois y esto pasaba y sucedió a fin del año de 1526, y como consta 
de las mismas probanzas de Luis Duvois que paran en poder de Don Jos-é 
de Avalos y de la Cerda como descendiente suyo, que el vino a Guatemala con 
Don Pedro de Alvarado que lo trajo consigo el año de 1530 y si esto es verdad 
por tan auténtico y jurídico y que la historia cita al margen de Gonzalo de 
Alvarado que trata de estas conquistas y vio Castillo como dice el Capítulo 
164 se perdió como el mismo Fuentes confiesa y que aunque hizo muchas 
diligencias no la pudo hallar, se concluye con evidencia que todo aquesto es 
falso, que la sublevación solo en esto de Guatemala fue de los indios de 
Tecpam-Guatemala por las estorciones que recibían de Don Pedro de Almia- 
rado y de sus ministros o cobradores en su ausencia sobre el oro que les pedía. 
De la certeza de estos Cabildos que se tuvieron en Guatemala en el 
lugar de Almolonga se convence otra falsedad que inventó Vásquez de que 
por el levantamiento de los indios que fué el año de 26 fatigados ya y no 
pudiendo tolerar más la guerra de los indios, se fueron a Quezaltenango y 
despoblaron la ciudad, porque no se toma tal cosa en boca en los libros de 
Cabildo yendo consecutivos los Cabildos en aquel primer Libro que llega hasta 
mayo de 1530 sin interrumpirse y consta de los Cabildos citados que se tuvie- 
ron en Guatemala; y más se afirma con lo que dice su muy amigo Don Fran- 
cisco Fuentes en su primera parte, tratando del Valle de Guatemala, que solo 
un pueblo se levantó en los Sacatepéquez que es Sumpango y los demás esta- 
ban en paz y que por el mes de agosto de ese año de 1526 salió Don Pedro 
Portocarrero con alguna gente y en término de menos de ocho días los sujetó 
y que la demás gente estaba en Guatemala y que tal no se despobló. Son 
tantas las falsedades, como se irán viendo de aquesta Crónica y el ningún 
orden que lleva, que a la verdad yo no le tomo pies ni cabeza; pero no es 
mucho que mi corto talento se ofusque con aqueste libro que no merece sino 
el título de Libro de Caballerías, porque tal desorden no £>e verá en historias, 
y uno de ellos es aqueste de poner aquesta mancha tan fea de que de miedo 
de los indios desipoblaron la ciudad los Conquistadores, pero esto es cuando 
la quiere engrandecer. No es esta de las mayores, que otras muchas se 
verán adelante; ahora puede su Paternidad hacer recordación de lo que dice, 
porque se conozca el engaño que se padece por la ponzoña que derramaron 
algunos malsines contra todos los Conquistadores. Ya se ha visto y se verá 
mucho mejor adelante que el Ilustrísimo Señor Casas es el malsín que dice, 
y se verá quién es el que padece engaño y el que derrama ponzoña. ¡Miren 
qué hndo modo de honrar a su patria levantándole tan grandes calumnias y 
mandhas tan feas, como decir que todos se fueron huyendo a Olintepeque a 
donde estaba parte de la gente! Por esto y otras infinitas inconsecuencias 
que he advertido y notado en aquesta Crónica, y porque conocí mucho y traté 
al muy Reverendo Padre Lector jubilado. Fray Francisco Vásquez y por la 
mucha religión, modestia y letras que en su Paternidad conocí, me ha hecho 

135 



notable fuerza que tal dejase escrito; y para sondarlo que había en aquesta 
materia procuré ver al Muy Reverendo Padre M*? Fray Miguel de Velázco de 
mi sagrada religión, cuyas letras y talento fueron notorios en todo aqueste 
Reino,, quien dio su aprobación a aquella Crónica a dos de junio de 1690, esto 
es, veinte y cuatro años antes que se diese a la imprenta y más de diez des- 
pués, de la muerte de su autor, y le hice cargo de cómo su Paternidad había 
aprobado cosas tan ajenas de la verdad y tantas calumnias como contenían 
aquellos escritos en desdoro de nuestra Provincia cuyo cargo le hice en el 
Pu (Aquí concluye el original). 



136 



fe 



LIBRO II 

Del principio de la criátiandad de este Reyno 
de Guatemala, hasta la fundación de esta Pro- 
vincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala 



CAPITULO I 

De la pacificación de aqueste Rey no de Guatemala. 



Grande es el esfuerzo que hace el Capitán don Francisco de Fuentes 
en varios lugares de su primera y segunda parte de su Recordación Florida, 
en probar que no fueron los Frailes dominicos los primeros que doctrinaron 
y fundaron Convento en este Reyno de Guatemala, llevando por asunto, que 
los primeros que doctrinaron fueron los señores clérigos ; lo cual si se atiende 
a los primeros ministros que del Santo Evangelio entraron en este Reyno 
de Guatemala, no hay duda fueron los señores clérigos los primeros que 
aquí entraron, pues vino por Capellán del Ejército el Padre Juan Godí- 
nez que fué el prin^er Cura de Guatemala y primer Deán de la Santa Iglesia 
y por su Ayudante o Coadjutor el Padre Juan Díaz, y que estos como Minis- 
tros de Dios no podrían menos de asistirles el celo de la salvación de las almas 
ya que en todas las ocasiones que se ofrecieron de párvulos, enfermos y 
adultos que tocados de la poderosa mano de Dios daban oídos gratos a la voz 
de su Pastor, ejercitarían su ministerio evangélico por medio de las lenguas 
e intérpretes que dice Castillo le dio Cortés a Don Pedro para aquesta expedi- 
ción; pero que de propósito doctrinasen pueblos, no tenemos noticia alguna, 
ni era dable que en tal se pudiesen ejercitar respecto de andar continua- 
mente en las conquistas hechos Capellanes para las cosas que se ofrecían a 
cada paso muy peligrosas de muertes y heridos en los conquistadores; y 
aunque consta de otros que hubo el año de 1535 — siempre uno o dos estaban 
en Guatemala, otro pasó a San Salvador y los demás andaban en las guerras 
con los conquistadores, quejándose siempre de la falta que había de Minis- 
tros, como consta de muchos Cabildos; pero si se toma aquesta reducción 
desde que se tomó de propósito la enseñanza de aquestas gentes, tuvo su 
principio en los Frayles de Santo Domingo a quienes debe casi todo aqueste 
Reyno la fe católica que profesa como se irá viendo adelante. 

Y por Co que toca al empeño segundo de este autor, de que los prime- 
ros que fundaron Convento en Guatemala fueron los Padres de Nuestra 
Señora de las Mercedes, se verá maiy comprobado y claramente ser malicia 
suya, con instrumentos muy auténticos que tuvo en sus manos y que solo le 
llevó el encono que tenía contra los Frayles dominicos, por haber sido éstos 
los que sacaron de las uñas y dientes de los Lobos carniceros, como dice el 

139 



Ilustrísimo señor Marroquín en una carta escrita a la ciudad de Guatemala 
que se pondrá en su propio lugar a aquestos pobres y desvalidos polluelos, 
para que no los acabasen de desgarrar, como descendiente de los que ejecu- 
taron aquestas crueldades, pensando que los Frayles dominicos fueron la 
causa de que hayan quedado tan pobres y miserables los descendientes de 
aquellos y se hallen bus familias tan apagados y extinguidas ; y no advierte 
que aquesto procede, lo uno de ios justos juicios de Dios, por haber sido la 
hacienda que aquellos tuvieron tan injustamente ad'quiridia, como dice el 
mismo señor Marroquin en Ca carta citada arriba, y que siendo de aqueste 
modo era fuerza que se cumipliese la sentencia del Epíritu Santo que prefiere 
por estas palabras: alii dividnmt propria et difiores finnt, cdii, rapinmt aliena 
et semper in egestafe snntt: "unos dividen y reparten sus bienes y con esto 
se hacen ricos y poderosos ; otros arrebatan lo ajeno y siempre están en pobreza 
y mendiguez ; verdad tan patente y manifiesta a los ojos de todos, que cada día 
estamos viendo cosas raras y ejemplares de lo uno y de lo otro. Sea ejemplo 
por todos lo primero aquel bendito hombre llamado Fiallo que en nues- 
tros días acabó los suyos santamente en la ciudad de Oajaca, y aquel Santo 
Arzobispo de Méjico que también en nuestros días pasó a mejor vida 
llamado Ceixax a quienes por más que daban, más les aumentaba Dios 
los bienes multiplicándoselos Dios a porfías en competencia de su prodigalidad 
santa con que los dos las tiraban a consumir, quedando Dios siempre vence- 
dor, porque no podía quedar alcanzado de cuentas el que su mismo nombre 
publica la liberalidad y siendo Dios adando de lo que da, y de los segundos 
sean ejemplos los muchos que cada día vemos de los que han tenido cargos 
de justicia en estas partes, que acabando sus cargos con muy crecidos cauda- 
les, dentro de breves días los vemos tan pobres y necesitados, que andan a 
pedir limosna acabando tan miserablemente que a no estar de por medio la 
piedad cristiana que los entierra de limosna, ni quien les abriese la sepul- 
tura hubiera; lo cual y lo que ha sucedido en los descendíJentes de los con- 
quistadores, téngoCo a suma misericordia divina ipara ponerlos en carrera de 
salvación y en estado que con solo arrepentirse y dolerse de lo hecho, puedan 
alcanzar ser dignos de tanto bien, porque si conservaran con sus bienes 
mal habidos, era menester mucho más, que era restituir lo mal habido, cosa 
tan difícil en aquel que ya ha convertido los bienes ajenos en carne y sangre, 
como es difícil que un camello entre por el ojo de una aguja, como dijo el 
Soberano Maestro, por otra parte se ve a todos los que gozan de rentas por 
los méritos de sus ascendientes, ser tan para poco, atenidos solo a lo que 
los indios les contribuyen, que no gastan su vida más que en un continuo 
ocio y destruimiento de juegos, sin tener actividad para solicitar con Su 
Majestad la prolongación de la merced por otras vidas, y así vacando, como 
Su Majestad no tiene solo a que atender a saber si aquestos o los otros que 
se hallan en la América, tiene méritos, no puede recompensarlos; que si 
acudieran, no hay duda que Su Majestad los atendiera que es muy piadoso 
y justiciero y le hará justicia a quien la mereciere; pero atenerse solo a 
milagros, no los hace Dios sin necesidad. Todo esto digo por lo que el citado 
Autor clama en sus dos partes a que no se atiende a los grandes méritos de 

140 



los conquistadores y ponderando la suma pobreza en que se hallan, hicieran 
diligencia, fueran para más, ro se envilecieran como lo estamos viendo con 
casamientos tan desiguales y con garitas de juegos, metidos y hechos unos 
y tratándose como iguales con negros, indios y mulatos que de otro modo 
fueran atendidos. 

No es menor el empeño que a su cargo toma el amigo, el Padre jubilado 
Vásquez, ©1 quitarnos la gloria de haber s'do Frailes de Santo Domingo los 
primeros Evangelizadores de aqueste Reyno, claudicando no solo de aqueste 
pie, sino también del descendiente de conquistadores, como su amigo Fuentes; 
y asi no £o!o tira a quitar aquesta palma de nuestras manos, sino también 
a quitarnos nuestro honor, tratándonos de perros, sin razón, con demasiada 
audacia; y tanta es la que usa y tanto el descaro con que ultraja al Ilustrí- 
simo Señor Casas, a nuestro Cronista Remezal y a todos aquellos apostólicos 
varones fundadores de aquesta nuestra Santa Provincia, que no digo yo un 
católico cristiano que nos mirara con desafecto, pero el enemigo más decla- 
rado de la Yglesia no usara de tales términos y falsas impo&turas calumnián- 
donos de perseguidores de nuestros hermanos, con tanta exageración que 
llegue a afirmar que no pudiendo tolerar nuestra persecución, se salieron 
huyendo de la ciudad abandonando su Convento ; y si esto fuera o tuviera 
alguna apariencia de verdad o alguna probabilidad, parece tuviera alguna 
excusa, aunque nunca dejara de ser notado que ahora tocase a las cosas 
olvidadas y pasadas; pero sobre ser falso, como se le irá probando, son 
tantas las falsiedades que va alegando y ios instrumentos que va falsificando 
y autores que va torcieLdo y ocultando la verdad de lo que dicen que no 
hiciera más el hombre más perdido y asi será, forzoso lo uno para que se 
aclare la verdad de lo que dicen los instrumentos más auténticos y autores 
más clásicos, y lo otro para defender nuestro honor y reputación, dilatarnos 
algo en estos puntos hasta que desbaratados y arruinados estos escollos, 
podamos con más sinceridad y verdad proceder en los progresos y hazañas 
de aquesta mi Sta. Provincia en aqueste Reyno de Guatemala. 



CAPITULO II 

En que se aclara la verdad que contiene la venida de los fréiiles 

Franciscanos, que nuestro Padre Vázquez dice en su Crónica, a 

aqueste Reino de Guatemala. 

Año 1524 

A la mitad del Capitulo 2*?, Libro 1^, sale con un hablativo absoluto 
que siendo el asunto de aquel Capítulo, debía haberlo propuesto desde su 
título. Dice pues, sea condnsión del asunto de este Capítulo, el manifestar 
al mundo, pues es patente a Dios, que Religiosos hijos de San Francisco y no 
otro alguno de otra Religión, fueron los primeros evangelizadores y ministros 
del Evangelio y bautismo en estos Reynos y riñon de Guatemala. Los ante- 
cedentes de aquesta conclusión tan grave, son los más vanos y fútiles que se 

141 



pueden escojitar, y me admira que un padre lector jubilado emplease sus 
grandes letras en aquestas quimeras. Dice pues, Fo. 3, Col. es muy verosímil 
y casi indubitable que pasase a vuelta de los Españoles que a aquesta con- 
quista venían sino todos, algunos, y que pasasen a Guatemala. A Fo. 19 Col. 
2* que podemos tener por sin duda: de estas trae muchas en el discurso de 
aquesta historia, que ya se ve qué conclusión se inferirá de aquestos antece- 
dentes ; y pues no ha menester esto mL^ refutación que ello mismo, paso a 
otra premisa. 

Este es un Catálogo que va haciendo de Religiosos Franciscanos que en 
diferentes tiempos estuvieron en diferentes partes de aquesta América, y el 
primero que entra en el Catálogo es Fray Pedro Melgarejo, que dice Castillo 
al Capítulo 143, que vino a traer unas buias de comiposición ; y este dice 
allí mismo que dentro de breves meses se volvió bien puesto a España, y así 
esto nada prueba. Los segundos que trae son los dos que dice vinieron con 
Don Pedro de Alvarado ; y de estos ya se ha dicho arriba como son apócrifos 
e inventados de Su paternidad, con que tamipoco hacen al caso; de Fray 
Juan de Tecto y Fray Juan de Aora, que fueron con Cortés al viaje de las 
Higueras y se ahogaron en Cabo de San Antón el año de 1524, con que tam- 
poco prueba cosa alguna con eso. Otro que trae Fo. 20, Col. 1^ que dice vino 
con Diego López Salcedo, Gobernador de Honduras, que ni saJbe como se 
llama, tampoco le hace al caso, que aquel Religioso fuese a Honduras. Tam- 
bién mete en el Catálogo a Fray Diego Altamirano que era pariente de Cortés, 
Este estaba en Méjico el año de 1525, de allí fué por mar a hacer volver a 
Cortés de Honduras para Méjico, y de allí se fué a España, con que con esto 
tampoco prueba cosa alguna; pero en el que hace más fuerza es en Fray 
Toribio de Motolinea a Foio. 20, columna 1*, por estas palabras : mas quien 
directamente entra en el Catálogo de misioneros evangélicos del Orden será- 
fico en este Reyno y Riñon de estas Provincias, es el venerable muy docto y 
ejemplar Religioso el Reverendo Padre Fray Toribio de Motolinea que por 
los años de 1528 y el siguiente etc. cierto que no sé que m'e diga de esta venida 
y de las falsedades que aquí envuelve porque es tanta la barahunda que 
mete, que no sé por dónde emipezar; pero harélo como m;i corto talento al- 
canzare. Dice que este Religioso vino aquí el año de 1528 y que se fué a 
Nicaragua y que de allá volvió a fines del año de 1529 que estuvo aquí y que 
compulsado de la palabra que había dado a los de Guatemala vino a fundar 
Convento y que totaió sitio que pidió Gaspar Arias, y que fundó y que estuvo 
aquí el año de 1530, y que predicó aquella cuaresma, y que estuvo amistado 
y componiendo las enemistades que los conquistadores tenían entre sí, y que 
perseveró hasta que predicó el día de Santiago a 25 de julio, y que en cele- 
bración del sermón se corrió un toro el día de Santiago, y que después se 
fué ; esto es en resumen lo que en muy dilatadas falsedades dice de la estada 
de este Religioso en Guatemala y que fundó Convento. Lo primero se 
prueba con el mismo Vázquez ser falsa aquesta fundación del Convento de 
Guatemala, porque diciendo unas veces que se fundó y otras no. unas veces 
le echa la culpa a lo>s Españoles que con sus disturbios no dieron lugar a ello, 
otras que los indios que alborotados, cuyo antecedente tomó de Torquemada, 
que dice: No sé que fundasen los Conventos de la Orden o porque los Con- 
quistadores susodichos no lo consintieron (y esto es contra Su Paternidad que 

142 



ha dicho que los instaron para que fundasen) por no tener test gos de sus 
cosas, o porque los indios andaban alborotados ; (y esto había sido el año de 
25 y 26 en que se redujeron, de que se concluye que si algunos tuvieron la 
culpa fueron los Españoles, porque ya los indios tres años antes estaban 
sosegados) concluye Vásquez con estas palabras: es verdad que de parte de 
los Españoles Caballeros y vecinos se les instaba a que fundasen Conventos, 
el Señor Marroqnin les persuadía lo mismo; pero fué poco dichosa mi Patria 
en aquellos tiempos, porque en aquellos primeros años de su conquista y en 
muchos después, jamás faltaron disturbios, afanes, pasiones e inquietudes, 
que a veces tuvieron la tierra en lance de perderla: qué mayor aprieto que 
dar a tos Españoles tan cruda y tupida guerra los indios, que les obligaron a 
desalojar la ciudad que habitaban en el sitio antiguo, y retirarse faltos de 
fuerzas para resistir a los indios, a los de Quezaltenango; luego de aqueste 
lugar y de los demás se concluye cvidcntem>entc que tal Convento no se 
fundó, pues no Ihabía tal ciudad en qué se fundase y consiguientemente es 
falso lo que dice de que Gaspar Arias lo fundó y que por eso se le dio por 
Su Majestad un Regimiento perpetuo; y se conoce la falsedad, que en todos 
los libros de Cabildos no consta que fuese tal Regidor. Lo segundo se prueba 
la falsedad del mismo Torquemada citado arriba, que no se fundaron tales 
Conventos, con el Cabildo que cita de 20 de julio de 1530 que dice se pidió 
sitio para una Ermita de Nuestra Señora de la Concepción, que tal no dice sino 
de Nuestra Señora de los Remicdios, y dice que al margen se escribe, primer 
Convento de San Francisco, lo cu«al es falso que tal no dice, sino solo la 
Ermita de Nuestra Señora que es la de los Remedios que habían prometido 
en el Cabildo de 22 de noviemíbre de 1527, como se verá adelante cuando se 
trate del sitio y asiento que tomó la ciudad aquese año. 

Pruébase también con su amigo Don Francisco de Fuentes, después 
de haber dicho que los primeros que fundaron Convento en Guatemala, que 
fué el año de 1538, los Padres de la Merced, dice estas palabras, hablando de 
los Padres de San Francisco : "mas como quiera que estas religiones por el 
propio mérito que en ellas consiguen, pretendan compitiéndose la antelación 
y preferencia por la antigüedad de cada una, en que se debe estar a los libros 
de Cabildo que son en lo auténtico lo más seguro, autorizado y cierto de aque- 
llos tiempos en que eran los Cabildos el Tribunal más superior y en donde no 
solo estaba radicada toda la real jurisdicción sino quien con su expreso 
consentimiento daba el sitio para la fábrica y todo el fomento para el pre- 
tenso de estas Religiones, no hay otros testigos que aseguren y afirmen lo que 
llevamos dicho". No se halla Cabildo alguno que tome en boca Convento de 
San Francisco hasta 2 de junio de 1542 de que concluye su amigo que no 
hubo tal Convento de San Francisco, cuando dice Vázquez y más ade.ante 
"que. vino Fray Toríbio enviado de Fr. Jacobo de Testera siendo Comisario 
General de aquesta Nueva España", que fué el año de 44 cuando trajo aqueste 
cargo de el Capítulo General de Mantua; item el mlismo Vázquez confiesa no 
hallar memoria de Fray Toribio ni de otro Religioso alguno hasta el año de 
1544; luego es muy falso todo lo que dice de aquesta venida y su Torquemada 
Libro 19, Capítulo 14 tratando de su Provincia y sin fundación dice, no se 
podía acudir por aquel tiempo de esta Provincia del Santo Evangelio, a todas 
partes porque como eran tantas las gentes de su doctrina, por muchos que 

143 



los Ministros fuesen, no eran suficientes ni bastantes a satisfacer, mayor- 
mente que en aquellos años no eran muchos y estaban aguardando de Casti- 
lla socorro. Por esta causa no le daban al Reyno de Guatemala pero fué 
la Majestad de Dios servida que cuando los unos y los tros estaban en su 
mayor angustia y trabajo sintiendo la necesidad de Ministros Coadjutores 
que tenían, vino el Padre Fray Jacobo de Testera del Capítulo General de 
Mantua y trajo la comisión de estas Indias y ciento y cincuenta Frailes (que 
son los que ya hemos dicho haberse solicitado por la Majestad del Emperador 
Carlos V de gloriosa memoria) y cuando llegó a esta Provincia del Santo 
Evangelio, envió con su comisión al Padre Fray Toribio de Motolinea a la 
dicha Provincia de Guatemala con doce compañeros, todos de la Provincia 
de Santiago, como ya queda dicho". Esto que cita es al Capítulo 13 del 
mismo libro en que se trata de la fundación de la Provincia de Yucatán, 
donde dice: recién vuelto del Capítulo General de Mantua por Comisario 
general el Padre Fray Jacobo de Testera (que es el mismo que siendo Custodio 
entró con cinco compañeros en aquella Provincia) envió (ú dicho Fr. Toribio a 
Guatemala con doce Frailes de los que había traído, que para este efecto había 
traído de la Provincia de Santiago, que es la de Salamanca, de los cuales el 
dicho Fray Toribio, llegado a Guatemala y proveído todo lo que convenía para 
aquella tierra, envió desde allí a los dichos a Yucatán. El mismo Torquemada 
en la vida de Fray Toribio, no hace memoria de otra venida a Guatemala que 
esta del año de 1544 en que vino con los Religiosos, ni en el libro que dejó escri- 
to de sus peregrinaciones, tamjpoco toman en boca otra venida más que esta y 
de aquí pasó a Nicaragua la ver los Reiligiosos extranjeros que supo estaban allí, 
y dejados otros muchos lugares que se le podían alegar y autoridades baste 
por muchas las del citado Torquemada tratando de la fundación de la ciudad 
de los ángeles que solicitaron Religiosos de su Orden, que dice : "A 16 del mes 
de abril del año de 1530 en la infra octava de Pascua de Resurrección 
y día de Santo Toribio, Obispo de Astorga, limpiaron d sitio y echaron los 
cordeles por un oficial albañil que se halló presente, después de haberse dicho 
misa, que fué la primera que allí se dijo por el Padre Fray Toribio de Motoli- 
nea, en cuya presencia se hizo la traza^ etc." Y esto dice Torquemada, lo sacó 
de los escritos de Fray Toribio, con que siendo esto verdad, como lo es, no lleva 
apariencias de verdad lo que Vázquez dice que vino el año de 28 que pasó a 
Nicaragua (que esa ida fué después del año de 1544), que volvió a Guatemala 
a fines del año 29 que estuvo aquí el de 30 y que predicando aquella Cuaresma 
y se continuó aquí haciendo amistades con ios Españoles hasta el día 25 de 
julio en que predicó día de Santiago, ni que hubo toro que se corriese por la 
solemnidad del sermón, sino por la fiesta del Santo Apóstol, en conformidad 
de lo que al Santo tenían prometido en el Cabildo de 22 de noviembre de 1527 
de la fundación de la ciudad, donde dicen que celebrarán su día con toros, 
cuando los haya; y así en el Cabildo de 20 de julio de 1530, dicen: que porque 
el lunes siguiente es la fiesta del Santo Apóstol se corra un toro, el cual man- 
daron comprar del Hato de Vacas de Barreda. 

De los instrumentos y autores citados contra la falsedad de su conclu- 
sión y su improbabilidad; y ahora para que vea la malicia con que su Pater- 
nidad escribió ocultando los testimonios de autores verídicos y los instrumen- 
tos auténticos, con que se prueba la conclusión contraria, de que no fueron 



los Padres de San Francisco, sino los Fraylcs Dominicos los primeros anuncia- 
dores del Santo Evangelio en este Reyno de Guatemala, será preciso el ale- 
jarlos, para que desembarazados de estos tropezones se proceda con más fun- 
damento y claridad. 

Y sea el primero que desvanezca su conclusión fantástica solo inventada 
de Su Paternidad, el polo de su historia en que dice que estriva su Crónica, 
que es Torquemada, que tratando de la fundación de aquesta su Provincia de 
Guatemala dice lo siguiente: "La Provincia de Guatemala cae doscientas y 
cincuenta leguas de Méjico, entre el Oriente y m^ío día, es mucha tierra y 
doblada, aunque de poca gente, pero ella en sí muy templada, fértil y abun- 
dante de mantenimientos. Hubo en esta Provincia, primero Religiosos del 
Glorioso Patriarca Santo Domingo, que de los de San Francisco porque el año 
de 1538 siendo Provincial de esta de Méjico el Padre Fray Pedro Delgado, 
eligió algunos de sus Religiosos que fueren a fundarla, los cuales se llamaban 
Fray Pedro de Ángulo, que después fué Obispo de la Verapaz, Fray Juan de 
Torres, Fray Matías de Paz y otros (que allí menciona). Estos benditos Reli- 
giosos fundaron la Provincia de Guatemala, aunque su principal nombre es 
Chiapa". Dale la primacía a los Frayles Dominicos, no haciendo en este 
lugar mención más que de aquesta venida del año de 1538; pues ¿qué será 
cuando con el mismo Vázquez y otros instrum'entos se le pruebe la venida 
y estada en Guatemala desde el año de 35? Y con la autoridad del mismo 
Torquemada, quien en otro lugar dice tratando de la venida de los Religiosos 
Dominicos a la Nueva España. En el Reyno de Guatemala, que es parte de 
esta Nueva España, tienen otra Provincia, la cual con esta de Méjico, fundó 
el Padre Fray Domingo de Betanzos en grande observancia, porque fué hom- 
bre austerísimo en el rigor de la penitencia, en su propia persona ejemplar y 
maestro de toda virtud y por ser tal, se ocupó siempre en plantar su Religión 
en la guiarda de las costumbres y ceremonias santas en que había comenzado 
en el principio de su fundación, en tiempo de su Padre Santo Domingo". La 
venida del Padre Fray Domingo de Betanzos, como consta de su vida y de 
Remezal, fué el año de 1529, trayendo la autoridad, del Señor Obispo de 
Méjico, de Provisor y Vicario general en este Distrito de Guatemala y como 
tal visitó su Iglesia y puso Cura dándole nombramiento al Padre Antonio Loza- 
no de la ciudad de San Salvador, como consta de Cabildo de aquella ciudad 
de 17 de marzo de 1530, de que tengo sacado testimonio, que he puesto en 
nuestro Archivo y que nuestro Padre Vázquez no quiere hacerse cargo de lo 
que dice Remezal, Libro y Capítulo citados, y tomando sitio para Convento 
hizo su casilla de vivienda y su Iglesia de horcones, cañas, lodo y paja, que es 
lo que se llamó Convento, tan pobre en tanta manera que quedando lo demás 
desocupado hizo su huerta y tanque de agua para su riego haciendo aquestas 
obras y la tangía por sus propias manos; y para que se vea que no hablamos 
de memoria como nuestro Padre Vázquez y también para comprobar la humil- 
dad de aquesta primera piedra y fundamento de aquesta Santa Provincia, he 
de trasladar aquí la petición del Padre Fray Bartolomé de las Casas que vio su 
Paternidad en el libro de cartas a la ciudad que trasladó su amigo Fuentes en 
su historia, la cual es como se sigue: May magníficos Señores. Fray Barto- 
lomé de las Casas, Vicario de esta casa de Santo Domingo de esta ciudad de 
Guatemala, suplica a vuestras mercedes y dice: que por cuanto él y los Frayles 

145 H. de G.-IO 



de dicha casa estando ausentes, habiendo ido al Capítulo Provincial que se 
celebró en la ciudad de Méjico de la dicha Orden, se entraron ciertos vecinos 
de esta ciudad en el sitio de dicho Monasterio y dentro de los límites de él 
sin licencia sembraron sementeras y hicieron casas o chozas para sus indios a 
manera de milpa o estancia, usurpando las tierras de dicho Monasterio como 
parece al presente y es a todos público y manifiesto, porque los límites del 
sitio dicho están y son en esta ciudad a todos notorios por una parte la cerca 
que tienen al presente y por otra la que han tenido y se le han derribado no 
estando los religiosos presentes y por la otra parte los sauces, estanques y 
sequías que el Padre Fray Domingo de Betanzos con sus manos hizo como es 
notorio a vuestras mercedes, suplico manden con pena salir a cualesquiera 
personas que se les hayan entrado en la tierra de dicho sitio y Monasterio y 
se la dejen libre y desembarazada quitando las dichas mieses, milpas o estan- 
cias o lo que son, porque se tiene el dicho Monasterio por agraviado de ello; 
y Vuestras mercedes manden poner límites claros y señalados con su autoridad 
para que todos sepan las dichas tierras y los demás pertenecientes a dicho 
Monasterio; asimismo a vuestras mercedes suplico, que porque el dicho Mo- 
nasterio está asentado en lugar húmedo y enfermo, querría pasar en lugar 
más alto y nías cercano a la ciudad, así por la sanidad de los Frailes como por 
consuelo de los vecinos y haya más aparejos para la doctrina de estas gentes 
naturales; que vuestras mercedes sean muy servidas y pluga con su autoridad, 
de señalar el lugar más conveniente para lo susodicho, porque desde luego 
quiere entender en ello, en todo lo cual vuestras mercedes harán servicio a 
Dios y así y a los Religiosos de dicho Monasterio, como lo que así y a sus oficios 
pertenece — Fray Bartolomé de las Casas, — Y a la vuelta de la petición dicen 
los decretos. — - Fray Bartolomé de las Casas a 5 de setiembre de 1539 años. 
Que lo vean Antonio de Solazar y Juan de Chávez y declaren como se deba 
de hacer y rubrican; fueron, y en 10 de setiembre acordaron, se deje para 
otro Cabildo, y rubricaron. En 16 de setiembre de dicho año se les dio el 
sitio y púsoseles estaca a la esquina de arriba y va hasta lo de Luis Vivar, y 
hasta la esquina del mismo Monasterio que está hacia la ciudad, con todo lo 
demás que tenía de antes. 

Con que se ve claro que cuando vino el Padre Fray Domiingo de Betanzos 
tomó sitio para Convento, y hizo con sus manos el tanque y la asequia; pero 
como entonces no había más forma de fabricar que era horcones, lodo y paja, 
se ciñeron a aquella cortedad, y todo lo demás era ¡huerta o campo para cuando 
hubise oportunidad y modo de fabricar en él, Convento en forma. También 
se colige de aquesta petición, que la enseñanza de los indios que en la ciudad 
había pertenecido a los Religiosos Dominicos, a causa de saber ellos la lengua 
a que nunca se aplicaron los clérigos, como ni hasta ahora se aplican, de que se 
concluye ser falso lo que el Padre Vázquez dice del Padre Fray Diego Ordóñez 
que trabajó con los cachiqueles que tenían los conquistadores por esclavos de 
los que fueron en la rebelión y también porque aqueste Religioso no supo 
lengua, como dice Torquemada en su vida por estas palabras "dióse más a la 
predicación de los Españoles que a aprender lengua de los indios y esto porque 
no le dejaban con muchos negocios con que lo ocupaban". Y Torquemada 
conoció muy bien a aqueste Religioso que murió de 117 años, y si, como dice 
Fuentes en el lugar citado arriba, el instrumento más auténtico de aquellos 

146 



tiempos son los libros de Cabildo, en el segundo que empieza por mayo de 
1530 hay siete determinaciones o sesiones en que hacen mlemorias de Con- 
vento de Santo Domingo que trae Remeza! ; y Vázquez, ni su amigo Fuentes 
hicieron caso de aquestas memorias porque tiraron a ocultar las que hubiese 
de Frayles de Santo Domingo y así saqué testimonio de todos siete Cabildos 
por ante Don Juan de Ulloa Escribano de Cabildo que son como se siguen "A 5 
de julio de 1531 Luis de Vivar pide al Cabildo una tierra, que en trueco de 
ella dejará una huerta que tiene cabe Santo Domingo. A 4 de noviem^bre de 
1534. Francisco de Chávez por su petición pidió al Cabildo un pedazo de tierra 
que está cabe de Santo Domingo. A 18 de marzo de 1536 se dice en Cabildo 
que los dichos Señores, visto que en el ejido de esta ciudad que está junto a 
Santo Domingo, ihay hechas huertas, etc. A 16 de julio de 1538 se dan solares 
en la calle que va derecho a Santo Domingo, A 18 de setiembre del mismo 
año se dice que el camino que pasa por el arroyo abajo de Santo Domingo, en la 
tierra de Juan de Aragón, está dañado e no va por do solía, etc. 

En 24 de octubre del m)ismo año Juan de Beas pidió solar a la parte de 
Santo Domingo y diósele y el mismo día se dio solar a Sancho de Barahona 
para edificar casa a la parte de Santo Domingo; y en 25 de junio de 1539 en 
Cabildo, Luis de Vivar dijo, que entre la casa de Sancho de Barahona y Santo 
Domingo hay un solar, etc. 

Bastantes Cabildos me parece que son aquestos para probar que hubo 
siempre Convento de Santo Domingo en Guatemala y en todo aqueste tiempo 
ni más adelante hasta 2 de junio de 1544 no se hallará memoria de Convento 
de San Francisco, y aunque había muchos más instrumentos que poder citar 
en comprobación de haber sido nuestro Convento mucho más antiguo que otro 
alguno, y que fueron los Padres Dominicos los primeros que predicaron el 
Santo Evangelio en 'este Reyno de Guatemala, los omito por ahora porque se 
han de ofrecer en otras partes en el progreso de esta historia y se traerán en 
sus propios lugares; y así concluiré este Capítulo con una Cédula Real para 
que el Rey eche el sello en confirmación de nuestra conclusión y reprobación 
de la contraria, que dice así : 

"El Rey — Presidente de la Real Audiencia de los confines que reside en 
la Provincia de Guatemala. — Ya sabéis que la Religión de Santo Domingo ha 
30 años que entró en esa Provincia a la conversión y reducción de los naturales 
de ella, y que después acá siempre ha trabajado con mucho fruto en la conver- 
sión de esas gentes, y que la Orden de San Francisco no ha más de 15 años 
que fué a esas tierras, y que de algunos días a esta parte ha habido entre la 
una y la otra alguna desconfianza sobre los sitios de las casas y en qué parte 
han de doctrinar los unos y los otros, y sobre otras cosas, lo cual además del 
estorbo que es a la conversión de los naturales de esas partes, se siguen otros 
inconvenientes en que Dios Nuestro Señor es servido ; y para evitar las dife- 
rencias que al presente hay entre la una orden y la otra, convenía que mandá- 
semos que los Religiosos de una Orden no se entrometan a visitar donde la^ 
otra hubiere visitado y administrado los Santos Sacramentos, habiendo como- 
didad ancha donde los unos y los otros se podrán ocupar y que los indios de 
los unos pueblos que visita la una Orden no fuesen a oír misa ni a recibir los 
Santos Sacramentos a las casas de la otra Orden, porque se evitarían muchas 
confusiones y fraudes, porque, como veis, no conviene que entre la una Orden 

147 



y la otra ¿haya diferencia alguna sino toda conformidad, os encargo e mando 
que por ahora entre tanto que por Nos otra cosa se ordena y manda, 
proveáis como en el Distrito donde una Orden hubiere entrado primero a 
doctrinar y administrar Sacramentos, no entren los Religiosos de otra Orden 
a entender en la dicha doctrina ni hagan allí Monasterios, y se de orden que 
los indios que hubiere en el Distrito donde la una Ord'en tiene casa, no vayan 
ni pasen al Distrito de la otra Orden a recibir los Sacramentos por los muchos 
fraudes que podía haber. Fecha en Valladolid a V del mes de marzo de 1558 
años. — La Princesa. — Por mandado de Su Majestad, su Yla, en su nombre, 
Juan de S amano". 

Está aquesta Cédula original en nuestro archivo y es la sesenta y dos de 
nuestro Protocolo. Esta Cédula fué expedida con ©1 motivo de haberse alzado 
los Padres de San Francisco con todos los pueblos que hoy administran de las 
naciones Quiche, Cachiquel y Zutuchil, como se dirá adelante. Ahora quiten 
del año de 1558 en que la Cédula se expidió 30 años que dice Su Majestad que 
había que nosotros habíamos entrado a doctrinar y resulta el año de 1528, para 
29, que fué cuando vino el Venerable Padre Fray Domingo de Betanzos, 
como se ha dicho. Y a aquel mismo número, quiten quince años que dicen 
que habían entrado los Padres de San Francisco, resulta que de 42 a 43 sus 
Religiosos entraron en Guatemala comb se le probará adelante, o a fines del 
año de 41 para 42 ; con que es muy falsa la conclusión del Padre Vázquez, que 
los Religiosos de San Francisco fueron los primeros anunciadores del Evan- 
gelio en este Reyno die Guatemala, sino los Frayles de Santo Domingo, veamos 
si de este modo acaba su Paternidad de entender esta verdad, que dice que 
nosotros no hemos querido saber. 



CAPITULO III 

De la prosecución de la conquista y levantamiento de los indios 

de Tepan-Guatemala. 

Año 1526 

Desipués que fijaron el pie en las rancherías que habían hecho en el 
Va!le de Almolongia con nombre de ciudad portátil, porque solo le duró el 
nombre de Villa que le dieron al principio 18 días, tomándose el de ciudad sin 
facultad Real ; aunque después le confirmó el Rey aqueste título, añadiéndole 
el de muy noble y leal por su privilegio real que se guarda en el Cabildo. Pro- 
siguieron sus entradas y correrías por la parte de Escuinta y costa del mar 
del Sur sujetando los pueblos de la nación Pipil, que son mejicanos, adelan- 
tándose en todo el año de 1525 por los Izalcos hasta entrar en la Provincia de ^ 
Cuscatáín, llamada San Salvador, aunque no se acabó de reducir aquese año ni Ib 
en seis más adelante, como consta de las probanzas de Luis Dubois que vino ™ 
con Alvar ado de España el año de 30 y se halló en las conquistas de lo que 
faltaba que reducir; pero a la Villa de San Salvador ya se le había dado asiento 
y noimbre aquese año de 25, como consta del primer libro de Cabildo que se 
tuvo a 6 de mayo de 1525, en que dice Don Pedro de Alvarado : "Que por cuanto 

148 



Diego Holguín que es Regidor se ha ido a la Villa de San Salvador, donde es 
Alcalde, que por tanto, nombra en su lugar de Regidor a Francisco de Arcvalo, 
de que se concluye ser muy ageno de toda verdad lo que dice Vázquez que la 
última victoria fué a 6 de agosto die 1526, y entonces por ser ese día de la 
Transfiguración se dedicó al Salvador, pues como se ve en este Cabildo a 6 
de miayo de 1525 ya se había dedicado al Salvador; y que ese año de 25 se 
hubiese hecho aquesa conquista, se colige de que aquese año fue electo en 
Regidor Diego Holguín y después fué aquella dedicación al Salvador. Aunque 
las conquistas proseguían por aquella parte, no dejaba de atenderse a ir sose- 
gando la cercanía que todos se iban dando de paz sujetando la cerviz al suave 
yugo del Evangelio y obediencia de los católicos Reyes de España, como se 
sujetó el Rey de los Sacatepéquez, llamado Achicalel, que tenia su corte en el 
paraje que llaman Yampuc o los Agíales, que hoy poseen los indios naturales 
del pueblo de San Pedro Sacatepéquez, como consta de la ejecutoria del pleito 
que tuvieron los de San Pedro con los indios del pueblo de Mixco, que se 
litigó en la audiencia, en tiempo de Bernal Díaz del Castillo su Encomendero; 
y así es muy siniestro todo lo que Don Francisco de Fuentes escribe sobre 
aquesta guerra de Mixco, y que Petapa era Señorío absoluto, y que Mixco 
estaba fundado donde está hoy el trapiche de hacer azúcar de Andrés Catalán 
y Rosa; pues consta de la miesma ejecutoria que estos poco antes vinieron de 
la Provincia de San Salvador, y es así que allí se ve parte de aquesta nación 
en todos los pueblos que hay hacia Chalchuapa y Mita, y que los de los Saca- 
tepéquez les dieron las tierras que tenían como a las espaldas respecto de 
Tepán Guatemala con cuyo Rey estaban en guerras y por no darle fuerzas 
contra sí, los detuvieron y les dieron aquellas tierras donde poblasen, y así se 
ve que están ; y si el pueblo de Mixco hubiera estado donde dicen, no lo tuvie- 
ran a espaldas sino afrentados hacia la parte de San Martín para Comalapa 
y Tepán Guatemala, que era contra quienes guerreaban los de los Sacatepé- 
quez ; y se conoce miás la falsedad porque dice alií que los de Chinauta vinieron 
en ayuda de los de Mixco cuando los tenían cercados los Españoles en el peñol, 
porque Chinauta es pueblo muy moderno fundado mucho después de la 
conquista por indios milperos del pueblo de Mixco de a donde son oriundos, y 
asimismo no lleva camino lo que dice que del paraje del Trapiche dicho los 
pasaron al sitio que tienen, pues se ve estar todos los Sacatepéquez de por 
medio y no es creíble estuviesen tan separados de todos los demás de su 
nación que son Pínula, Petapa, Amatitlán y San Cristóbal. 

Por este año de 1526 sucedió en Guatemala un desmán que pudo haber 
sido causa de haber vuelto a perderse este Reyno, porque como escribe Don 
Francisco de Fuentes, "había pensado el Rey Sinacán de Tepam Guatemala 
cuando se ofreció de paz, que aquello de entrar los Españoles en sus tierras no 
pasaba de una amistad cortezana y común para que cada uno se tuviese lo que 
era suyo, y usara libremjente de su gobierno; pero como se vio privado de 
su dominio y que Don Pedro de Alvarado se lo mandaba todo y era dueño de 
►os países, pasando también a mandarlo a él, cayó en la cuenta de su ligereza 
y fácil determinación; pero pasó disimulando dos años". Bien sensible fué 
aqueste golpe para el Rey Sinacam, y aunque grande, pues su facilidad y 
ligereza y el deseo de ver destruido al Rey del Quiche, lo había movido a 
semejante resolución, lo más sensible fué lo que. vio padecer a sus vasallos, 

149 



porque no contentándose aquella insaciable codicia de oro con las grandes 
cuadrillas que le daban a Don Pedro de Alvarado, de quien era aqueste pueblo 
que andaban cogiendo oro en los lavaderos, inventó la ambición, que es raíz 
de todos los males, como dice San Pablo, el pedir que le diesen doscientos 
muchadhos solteros cada semiana y que cada uno de ellos le había de dar un 
castellano de oro, y sino lo accübalaban, lo habían de ajustar los Caporales o 
Capitanes que les daban aquestos muchachos. Esto dice Fuentes; pero su 
amigo Vázquez aprieta más aquesta tiranía, diciendo : "Impuso al numeroso 
pueblo de Patinamiit un irregular tributo que cada día cuatrocientos mucha^ 
chos y otras tantas muchachas, so pena de quedar esclavos, le diesen un cañu- 
tillo de oro lavado, del tamaño del dedo menique. Hiciéronlo algunos días 
recogiendo todo el oro que rezagado tenían y pagando el inicuo tributo ; má's 
no bastando al entero de lo mandado, por más que descarriados anduviesen 
lavando oro los mancebos y mozas en las faldas de un cerro llamado Chachhal, 
que quiere decir lavadero en su gentilidad, lavaban algún oro; y en el paraje 
llamado Puaquil, que quiere decir plateado o dorado, yendo el codicioso caba- 
llero a cobrar lo que los pobres indios no debían, los trató mal de palabra y de 
obra, amenazándolos de muerte y diciéndoles que no pensasen había él venido 
a otra cosa entre tales perros que a llevar oro a España y que si no le traían 
todo el oro y plata que tenían, les haría que lo conociesen. Los pobres indios 
hicieron juntar entre todos todo el oro y plata que tenían quitándolo a todos los 
naturales para la entrega". Esto refiere Vázquez que yo no sé con qué cara 
saca a luz del mundo aquesto cuando trata de malsines al Ilustrísimo Señor 
Casas y a todos los Religiosos Dominicos, él y su amigo Fuentes porque am- 
paraban a los miserables indios desvalidos de todo humano socorro, de tales 
tiranías, debiendo considerar que si de aqueste modo se trataba a un Rey que 
los recibe de paz y los favorece tanto y los ayuda con todas sus fuerzas y 
caudal para reducir y sujetar a todo el Reyno, ¿qué se usaría con los que había 
sojuzgado por fuerza? Y si esto usaba el caudillo de quien era aquese pueblo, 
¿qué usarían los que no tenían a su cargo la defensa y manutención de lo 
ganado sino que tiraban a acaudalar? Que esta intención de aqueste inicuo 
tributo no fué de otro que de Don Pedro, no hay que dudarlo, pues era suyo el 
pueblo; y así quien se había de atrever a semejante maldad, y si fué Gonzalo 
de Alvarado a esto iría como Recaudador de su hermano, aunque lo dificulto 
piorque como dice Castillo a éste lo había dejado por caudillo de la gente que 
había quedado en Olintepeque para tener sujetos a los quichees. 

Y es mucho de notar, para que se vea el gran celo que les asistía de la 
propagación de la fe católica, que no se hace memoria jamás de que aqueste 
Rey lo procurasen reducir a la fe y que se bautizase ni cuando los recibió de 
paz y les hizo tanto bien, para recompensarle los bienes temporales que les 
daba con los celestiales ni menos en 16 años que lo tuvieron en prisiones hasta 
que Don Pedro se lo llevó en aquella armada en que él se perdió el año de 
41, pues siempre se nombra por los citados autores y por los libros de Cabildo 
por el nombre de Zinacam que era el nombre de su gentilidad. Esta hazaña 
la pueden juntar con la que se ha dicho arriba de haber quemado al Rey de 
Utatlán sin procurar su salvación. Despechado el Rey Zinacam por aquestas 
tiranías que hacían con sus vasallos que continuamente le clamaban por la 
libertad que les había quitado por sus pasiones, aguardó coyuntura para poner 

■ - I 



remedio a tanto mal, la cual le ofreció la ausencia que hizo Don Pedro d« 
Alvarado de Guatemala por ocasión de ir a verse con Cortés que supo estaba 
en la Provincia de Honduras, no a conquistar, como dice Fuentes en la vida 
de Don Pedro que había ido a guerrear con Pedrarias Dávüa y a echar la gente 
que había entrado en San Salvador, que esto fue el año de 29 como consta del 
hbro de Cabildo, y a esto fué Francisco de Orduña Juez de residencia de Don 
Pedro que se hallaba en Guatemala cuando Don Pedro estaba en España. 
Salió, Don Pedro de Guatemala ya entrado el año de 26, porque a 6 de enero 
consta de Cabildo, que se tuvo aquese día, que no había sahdo y estaba en la 
ciudad ; salió llevando consigo alguna gente y porque la tierra no estaba todavía 
sojuzgada, no se sabe, ni consta qué camino llevó; pero lo más cierto es que 
llevó el de la costa para San Salvador; porque era scylo por donde andaba la 
conquista, porque la parte de Esquipulas consta de Cabildo de 25 de setiembre 
del año de 1529 que no estaba reducido, que es por donde va el camino derecho, 
y valiéndose de..esta ocasión y la coyuntura que se les ofrecía de hallarse la 
gente toda dividida, parte en la conquista de San Salvador; parte que llevó Don 
Pedro, parte que estaba en Olintepeque, con que no podía ser mucha la que 
había quedado en las rancherías de Almolonga. Aquí dice Don Francico 
Fuentes que co-nvocando el Rey Zinacam al Rey del Quiche Zequechul, a los 
Casiques de los Sacatepéquez y Pocomanes hasta la Provincia de San Sal- 
vador, todos se pusieron en armas para sacudir el pesado yugo del dominio 
Españcl, más yo entiendo que en esto se engañó mucho, y que sí convocó a 
lodos los que dice no se levantaron todos, pues como se verá, la parte del 
Quiche no se levantó ni hubo tal Rey Zequechul en el Quiche. Ese sería al- 
gún Casique poderoso del Cacchiquel, o de otra parte, porque el Rey que quemó 
Alvarado se llamaba Oxibqueh Belechebtzi. Este fué padre de Tecumteppul a 
quien dio el Cacicazgo Don Pedro y tributó a ios españoles y este fué el Padre 
de Don Juan de Rojas y de Don Juan Cortés ; con que no lleva camino lo que 
dice de los Sacatepéquez, de que se levantó un pueblo, aunque no dice cuál. 
Lo que consta de Castillo es lo que toca a Petapa para adelante, aunque en- 
tiendo que toda aquesta parte hacia a Jalpatagua y Jumay todavía no se había 
conquistado, y así no se les puede atribuir culpa en esto y solo los de Tepam 
Guatemala con algunos de sus vasallos fueron los que se levantaron, tan pocos 
que no dio cuidado, pues Don Pedro de Alvarado vuelto a Guatemala a fines 
de agosto de aquese año, les envió embajada de paz y viendo que no querían 
venir se pasó para Méjico y dejó a sus Tenientes encargada aquesta pacifica- 
cación. Oiganseüo a Castillo que se halló en todo ello, porque con su autori- 
dad como testigo de vista, se desvanecerán algunas quimeras que inventó Vás- 
quez en su Crónica. Dice, pues, después de haber referido lo que les pasó 
en las barrancas de Petapa: "Pasamos a dormir a la ciudad (esta es Tecpam 
Guatemala, que era la ciudad de los Caciques y del Rey; no Almolonga. como 
dice Fuentes) y estaban los aposentos y las casas con tan buenos edificios, en 
fin como de caciques que mandaban la tierra y las Provincias comarcanas, y 
de allí nos salimos a lo llano (bien se declara que estaban estas casas entre 
barrancas, como se ha dicho que tenían su Corte aquestos indios) y estuvimos 
en él diez días, porque el Pedro de Alvarado envió dos veces a llamarlos de paz 
a los de Guatemala y a otros pueblos que estaban en aquella comarca y hasta 
ver su respuesta aguardamos los días que he dicho, y de que no quisieron 

151 



Venir ninguno de ellos fuimos pot nuestras jornadas largas, sin parar, a donde 
Pedro de Aílvarado había dejado su Ejército porque estaba todo de guerra (en 
este tránsito de Tecpam Guatemala a Olintepeque no hubo embarazo de guerra 
para Alvarado y los suyos; y aisí se colige que la parte del Quiche y Solóla no 
se había levantado) y estaba en él por Capitán un hermano que se decía 
Gonzalo de Alvarado (de que se ve claro que con esta gente no quedó Juan de 
León Cardona, como dice Vázquez, en afirmar que estaban en Quezalten'ango) 
y estuvimos descansando ciertos días y luego fuimos a Soconusco y desde allí, 
etc. Y más adelante : "pues como veníamos sobre ochenta soldados y entre 
ellos Pedro de Alvarado y llegamos a un pueKo que se dice Chalco, desde 
allí enviamos a hacer saber a Cortés como habíamos de entrar en Méjico o.tro 
día, etc." Lo primero se ve la falsedad de la noticia historial de Vázquez en 
que afirma que Don Pedro de Alvarado lo sujetó, pues bien claro dice que 
viendo que no venían a su llamado se fué sin aguardar más que los diez días 
y se pasó para Méjico . Lo segundo si Alvarado los hubiera sojuzgado fuera 
en esos días. Esto se empezó como dice el mismo Vázquez a fines de agosto, 
luego hubiera sido como a principios de setiembre; luego no pudo ser a 22 
de noviemibre como quiere para que en memoria de aquesa victoria se saque el 
pendón de la conquista día de Santa CeciUa a 22 de noviembre, que es sobre 
que toma la dem^anda contra Remezal, porque dice que el sacarse el pendón 
ese día, no es en memoria de alguna victoria que ese día se ganase ; sino porque 
en ese día se dio asiento a la ciudad ; y lo peor es que ahora 22 años tuvo cara 
aqueste autor para predicarlo públicamente en ese día delante de toda la 
ciudad. Menos descaminado va su amigo Fuentes en decir que aqueste pendón 
se sacaba día de Santiago como patrón y que ofreciéndose la jura del Rey Don 
Felipe II se sacó el día 26 de julio y que viendo que no se había hecho el 
alarde que tocaJba a la ciudad, se trasladó al día 22 de noviemibre y que por 
eso quedó aquese estilo establecido aquese día, aunque también es otra qui- 
mera como suya, que bien se ha visto en los libros de Cabildo, como esa costum- 
bre se estableció desde que aquese día se dio asiento a la ciudad, como se verá 
a su tiempo ; pero tampoco lleva camino aqueste autor como se ve claro, 
y para que se vea la inconsecuencia con que proceden estos dos historiadores, 
he de referir las palabras de Fuentes que son como se siguen: 

"Rebelados por el año de 1527 (y no fué sino el de 26) los Reyes Zina^ 
cam y Xequechul pasando por ello de la claridad del Trono a las tinieblas 
de una grandísima prisión por aquel particular motivo de la codicia del 
Teniente General Gonzalo de Alvarado, vicio tan contagioso que aun despre- 
ciado deja vinculado el fracaso en quien alguna vez se dejó vencer de su 
tiranía, y así este abriendo las manos a recibir de todos para los indios, las 
extendió a todo el extremo de impiedad y coecho, imitándole otros Goberna- 
dores y Tenientes en las demás Provincias ; y después de haber enflaquecido, 
empobrecido y arruinado a los caciques, los dejaron en tan limitado dominio, 
que de su estado se prometían y aseguraban ser más fantástica que verdadera 
su dignidad, pues conocían que el halago y el dejarlos en aqueCla débil y frágil 



152 



I 



potestad, era con fin de obligarlos a descubrir nuevos tesoros de lo que ocul- 
taban y hasta hoy se niegan a la noticia. Este conocimiento y consideración 
los ponía en pensamiento de ocultarse en las montañas y los bosques, dejando 
aqueíllas fantasmas de Señorío y potestad de farsantes para que el ajamiento 
de sus personas y el sueño de lo que fueron antes, no despertase al ruido de 
su desgracia" Y a la vuelta de la misma hoja dice que estas prisiones se ejecu- 
taron solo por indicios y falsas disposiciones y lo confirma con unas palabras 
que sacó del mismo manuscrito de Gonzalo de Alvarado, de quien, dice que 
solo escribió aquesta conquista por paliar sus maldades, las cuales dicen asá: 
"Cuando todos los indicios y disposiciones no afirmaran la a'evosa premedi- 
tada de los caciques y Señores, qué más evidente prueba puede afirmarlos que 
la que tienen producida los de su estirpe y los mayores y principales de ellos 
Zinacam y Xequechul, Reyes de Utatlán y Cacchiquel que aun están presos 
por su infidelidad y corre peligro nuestro sociego y nuestras vidas mientras no 
nos reparemos con su ruina o con su muerte, pues el odio que todos tienen a la 
Nación Española lo manifiestan y traen patente en sus semblantes". 

Y prosiguiendo más adelante y refiriendo como les querían quitar las 
vidas a estos dos Caciques, dice que ciertos Conquistadores (que no dejaría 
de haber buenos, entre tantos malos) y entre ellos Gonzalo de Ovalle los 
defendieron diciendo, que era injusticlia, pues solo eran falsos testimonios que 
indios ruines les habían levantado, y que se les debía guardar la palabra que 
se les había dado, y decían: si al que procuró recuperar sus estados no se le 
dio título de traidor en Europa ¿pues qué derecho establecerá nuestra pasión, 
que estos lo sean en las Indias, ni qué ley podrá favorecer la resolución de 
quitar las vidas a estos miserables Caciques por una sosphecha imaginaria? 
Si acaso averiguáramos que tenían algunas Escuadras prevenidas, y esta 
evidente prueba nos advirtiera nuestro riesgo, entonces que duda sería culpable 
el no aspirar al escape de su furia en el furor y lance de una bataf-la?, pero 
porque dicen que conspiran contra nosotros viendo encontra de este imaginarío 
informe, su rendimiento y tolerancia, etc. No sé con qué cara sacan a luz 
aquestas antilogias aquestos dos autores, pues de ellos mismos se colige, ser 
todo una quim^era cuanto escriben de aqueste levantamiento y batallas y vic- 
torias día de Santa Cecilia, pues solo se puede tener por cierto que esto no fué 
máís que retirarse a buscar en las asperezas alivio a tanta tiranía como pon- 
deran, ni menos sé con qué cara tienen audacia para calumniar al Ilustrísimo 
Señor Casas y a los Frayles Dominicos que defendían a aquestos pobres desva- 
lidos de tantas tiranías ; y con lo que más adelante escribe de Don Pedro de 
A-lvarado, de los muchos indios que mató en la fábrica de sus navios y los 
muchos pueblos grandes y pequeños que arrazó, sobre que dice informaron a 
Su Majestad los Oficiales Reales, y porque el Ilustrísimo Casas informó esto 
mismo fué un malvado ¿puede escojitarse más deprabada malicia y encono 
contra aquesta mitora sagrada y otras tales y contra todos los Frayíes Domi- 
nicos que defendían aquestos pobres que según ello iva, sino levantara Dios 
el espíritu de aquestos Danieles en defensa de la inocencia, no hubiera ya 
rastro de aquesta inocente Susana, según sus falsas calumnias. 

153 



CAPITULO IV 



De la ida de Don Pedro de Alvarado a España y de lo que allá negoció. 

Año 1526 

Desde mediado el año de 1525 había deseado Don Pedro de Alvarado 
el ir a la ciudad de Méjico para desde allí partirse para España a procurar sus 
ascensos y sus mjedras con el Emperador, que los tenia mjuy bien merecidos ; 
pero teniendo noticia de las alteraciones que había en la Nueva España, causa- 
das de la ambición de mandar, fue suspendiendo su viaje, y por el mes de agos- 
to trató de disponer su partida, aunque todavía no la pudo poner en efecto, y a 
los cuatro del mjes de octubre trató en Cabildo el negocio de su partida y 
porque su án'mo era el que el gobierno quedase en los alcaldes, como quedó, 
nomlDró y puso por alcalde al que le pareció más de su satisfacción, y así 
nombró a Pedro de Valdivieso ; pero todav'ía recelando el ir a Méjico por las 
grandes alteraciones que allá había, siendo la mayor guerra contra Don Fer^ 
liando Cortés y todos sus amigos, y siendo uno de elCos y no el mienor Don 
Pedro, receló algún daño, y así se detenía hasta tener noticia de haber vuelto 
de Méjico el Gobernador Cortés. En estas dilaciones andaba, cuando supo 
como a Cortés lo tenía en los confines de su Gobierno, que como las t' erras 
estaban por conquistar y no se sabía con fijeza de cada paraje, no sabía Don 
Pedro como Honduras estaba en los confines de esta Provincia, y ya sea por no 
ser notado de desleal, o por el grande amor que a Cortés tenía, o por uno y 
otro, sabiendo que estaba en muchos trabajos, hubo de partirse para Hondu- 
ras bien escO'ltado de gente a principios del año de 1526; pero por mucha prisa 
que se dio, que no pudo ser mucha por hacer el viaje por rumbo no conocido 
y por tierras de enemigos, no pudo llegar a tiem/po de verse con Cortés porque 
ya se había partido para la Nueva España, con esto y haberse encontrado con 
el Capitán Luis Marín y Bernal Díaz del Castillo y otros soldados amigos y 
conocidos de la conquista de Méjico volviendo por la Provincia de Cuscatlá!n 
que estaba de guerra, o por mejor decir no conquistada, en donde tuvieron 
algunos reencuentros con los indios en la Provincia que hoy llaman San 
Miguel y aunque sobre buscar bastimentos le mataron un soldado llamado 
Nicuesa y hirieron a otros que a no ser socorridos, también perecieran; por 
venir de prisa se quedaron sin castigo como todo lo refiere el mismo Castillo 
largamente al Capítulo 192 de que se convence ser muy falso lo que Vázquez 
dice que en este viaje sojuzgó Alvarado esta Provincia, que fué la última 
victoria a 6 de agosto como se ha dicho arriba, pues si por no dilatarse dejó 
aquellos pueblos que se llamaban los chaparrastiques sin castigo, mucho menos 
podría detenerse en sojuzgar Provincias tan dilatadas y después lo de los 
Peñoles de Jalpatagua, que dice Fuentes, que no fué ese año como consta del 
mismo libro de Cabildo, donde dicen que se dan por servidos los solares de 
seis que murieron en aquestos Peñoles y entre ellos Fernando de Alvarado 
y mandan que se les den para que hagan bien por sus almias. Solo en las 
barrancas de Petapa, que es la Sierra de Canales tuvieron reencuentros, como 
dice Castillo en el lugar citado, y llegándose a Almolonga a mediado del mes 
de agosto, dispuso su viaje Don Pedro y para el sociego de la tierra y llevarse 
consigo los Alcaldes que eran actuales en la ciudad para los negocios que 

154 



i 



representó en Cabildo de utilidad de la ciudad, nombró otros que quedaron 
con el Gobierno todo y fueron Don Pedro Portocarrero y Hernán Carrillo, a 
quienes nombró por sus Tenientes Generales y como tales se nombran en 
Cabildo de 4 de enero de 1527. No nomibró por ahora a Jorge de Alvarado 
por su Teniente, porque como queda dicho, estaba en Méjico, en que parece se 
equivocó Remezal pensando que ahora lo dejó nombrado; y saliendo con su 
gente quiso de camino sosegar al Rey Sinacam y a sus principales y llegando 
a la ciudad o Corte la halló despoblada, porque los indios, como se ha dicho, 
se habían hecho al monte, por librarse de las gtandes tiranías que con ellos 
se usaban ; pero temiendo Don Pedro no le sucediese algún desmán por estar 
metidos entre barrancos como le iva a suceder en la Corte de Utatlán, se salió 
a lo llano como queda dicho con Carrillo y haciendo allí sus ramadas y sus 
chozas, estuvieron aguardando diez días enviándoles mensajeros de paz; pero 
ellos o temerosos del castigo que temían rigoroso, o por no poder soportar la 
carga de los inicuos tributos teniendo por menos mal estarse viviendo entre 
fieras que son más humanas que tales hombres con fieras (y ojalá fueran como 
ellas en la crueldad que no se extiende a más que a llenar su vientre, en que 
exceden tales hombres a las fieras pues nunca se sacia la codicia) no quisieron 
venir y viendo Don Pedro que se dilataba su viaje tan deseado, no se quiso 
detener dejando la empresa a la prudencia y sagacidad de sus Tenientes y 
él se fué por el camino de Olintepeque donde estuvo por Cabo y Capitán de 
la gente de guarnición su hermano Gonzalo de Alvarado y descansando allí 
unos días, tomando el camino de Soconusco fué a Teguantepeque y de allí a 
Méjico, con deseo de ver al Juez que había venido a residenciar a Cortés, 
llamado Luis Ponce de León, a quien ya hallaron difunto, pasando a besar la 
mano al que había quedado en su lugar llamado Marcos de Aguilar haciendo 
su diligencia para comiponer todas sus pretensiones; pero hallaron no tener 
poder para lo que todos pretendían, y así Don Pedro se resolvió el partirse 
para España; y fueron todos muy bien recibidos de Cortés y de los demáfe sus 
conmilitones en tantos trabajos y guerras. 

Estando resuelto a partirse para España Don Pedro de Alvarado compu- 
so con el Licenciado Marcos de Aguilar el nombrar por su Teniente General a 
su hermano Jorge y aprobándolo el Gobernador, vino Jorge de Alvarado de 
Méjico y presentó su nombramiento en Cabildo a 20 de marzo de 1527, con 
que cesó el nomibramiento hecho en los dos Alcaldes. Mucha era la fama que 
se había difundido en la Nueva España de las dilatadas y poderosas provincias 
que había sujetado el valeroso brazo de Don Pedro; y viendo por sus ojos la 
ostentación y grandeza de su acompañamiento y séquito no podían menos que 
creerlo rico y poderoso de aquestas Provincias, lo fértil y abundante de ellas 
de todo género de alimentos y de muy ricos frutos y minerales para saciarse 
la codicia humana, si es que se puede saciar de riquezas, y en todo a la verdad 
no se engañaban, así aqueste Reyno no hubiera sido tan desgraciado en pleitos 
y discordias que han sido causa de la venida de tantos Jueces pesquisidores 
que lo han asolado sin remediarse cosa alguna, sino mayores enconos; pero 
aquesta ha sido plaga que ha perseguido a aqueste miserable Reyno desde sus 
niñeces y la cuna de su nacimiento, como se verá después. Solo de doctrina 
y enseñanza la \hallaban que eran muy pocos y aun nada, dos solos Señores 
clérigos que había en todas aquestas Provincias que residían en Guatemala, 

155 



uno como Cura y otro que salía con la gente a las conquistas ; y así Don Pedro 
de Alvarado viendo la oportunidad de doce Religiosos Dominicos que poco 
antes habían llegado a Méjico en comipañía del Visitador Luis Ponce, comuni- 
caba con ellos esta neoesídad instándoles que antes que se embarasasen en la 
Nueva España todos en las reducciones, era ibueno pasasen algunos a fundar 
a Guatemala, con quien trataba esto más frecuentemente era con el Venerable 
Padre Fray Domingo Betanzos, a quien conocía desde la isla Española, con 
quien dispuso las cosas de su conciencia para el viaje que pretendía para 
Eispaña, con quien dice Rem^al que se confesó generalmente y aunque de lo 
que pasó en la confesión no se sabe nada, pero que se supo la penitencia que 
le impuso que fué que diese un temo de terciopelo o dam,asco a la Iglesia 
de Santiago de su ciudad, la cual él no cuniplió en todos los días de su vida. 
Aunque como se ha dicho se platicaba e instaba Don Pedro para que viniesen 
a Guatemala algunos de los Religiosos, no se pudo efectuar cosa alguna 
respecto de que de doce que eran los que habían venido, enfermando todos 
los más, fué nuestro Señor servido de llevarse piara sí los cuatro, dándose por 
bien servido de sus trabajos y afanes hasta aqueEa hora padecidos, para 
darles la recompensa de ellos y del gran celo de la conversión de las almas, 
que solo aqueste deseo les había hecho olvidar a su Padre y Madre, que eran 
los Conventos y Pro vir cías que los habían reengendrado y criado; y de los 
demás solo cuatro estaban buenos y de esos era el Venerable Fray Tomás 
Ortiz que viendo tan menoscabado su pequeño rebaño, trataba de volver a 
España a conducir más operarios para aquesta grande sementera y los enfer- 
mos estaban resueltos a volverse a España a buscar la salud que dos no halla- 
ron, encontrándolos la muerte en el camino. 

Con esta determinación trataron todos de aprestarse para su viaje a 
España animados del mucho amor que les mostraba Don Pedro de Aivarado 
a los Religiosos prometiendo el ayudarlos y socorrerlos en el camino y con 
esto más solicito Don Pedro componía lo necesario para su partida que se 
ejecutó haciéndose a la vela del Puerto deia Veracruz por el mies de febrero 
de 1527, quedando solo en Méjico el Venerable Padre Fray Domingo de 
Betanzos con solo Fray Gonzalo Lucero Diácono, y Fray Vicente de las Casas 
novicio; y ya que el viaje de Don Pedro había sido en bonanza sin tormenta, 
la padeció terrible lue>go que llegó a la Corte porque halando algunos enemi- 
gos, en especial que se le declaró uno que lo puso en mucho aprieto. Este fué 
Gonzalo Mejía que trataba los negocios de la Nueva España, el cual presentó 
un memorial en el Consejo diciendo : Que Pedro de Alvarado había hecho 
muchos extragos y que en ellos hubo gran cantidad de oro, plata, perlas y 
otras cosas, así de lo que presentaban los indios, como de lo que se hallaba en 
los pueblos que se tomiaban, y que debiéndose repartir con los que iban en su 
compañía como se pregonaba al tiempo que habían de entrar y según uso de 
guerra, no solamente no dio su parte a nadie pero ni aún el Tesorero Real lo 
que pertenecía al Fisco, sino que todo lo escondía, y que por esta forma tuvo 
más de cien mil pesos que pertenecían al Fisco del Rey y a los conquistadores, 
y que había venido a España sin dar a nadie lo que le tocaba, ni dar residencia 
del tiempo que había sido Teniente de Gobernador y Capitán General, en el 
cual oficio hizo muchos agravios e injusticias; todo lo cual dijo que constaba 
de cartas e informaciones. 

156 



I 



Por virtud de este memorial y de los demás papeles se mandó a los 
Oficiales de la casa de la Contratación de Sevilla, que apremiasen a Don Pedro 
de Alvarado para que diese fianzas de hacer residencias y estar a derecho y 
pagar lo juzgado así en la Corte como en la Nueva España y que no las dando 
se le embargase de su hacienda hasta cantidad de 15 mil ducados. 

Grande fué el aprieto en que se vio Don Pedro de Alvarado con tan 
terrible demanda y de parte poderosa y no le era muy fácil en España hacer 
probanza de lo contrario; pero quiso su buena dicha que teniendo entrada con 
el Secretario del César, Francisco de los Cobos, quien cobrándole aficclón, con 
la mucha cabida y gracia que tenía con Su Majestad, lo alano todo y compuso 
mucho más a su placer que el podía desear; y así se le dio luego el hábito de 
Santiago y le hicieron la merced de Gobernador y Capitán General de la 
ciudad de Guatemala y sus Provincias, sujeto inmediatamente al Rey, con 
quinientos y setenta y dos mil quinientos maravedís de salario y se firmaron 
los despachos en Burgos a los diez y ocho días de diciembre de 1529 y des- 
embargada toda su hacienda, casó el Secretarlo Francisco de los Cobos a Don 
Pedro con Doña Francisca de la Cueva, natural de Uveda, dama de grande 
hermosura y prudencia. 



CAPITULO V 

Tómase de propósito para la|Ciudad 

Año 1527 

Como el asiento que se tomó de la ciudad el año de 1524 en el Valle de 
AImo!onga era solo de prestado, mientras se hallaba lugar más apropósito y de 
conveniencia para todo, vivían en él entre tanto como los hijos de Isrrael en el 
desierto en barracas y pabellones que aquí se comiponían de pajas y de rama- 
das, y así estaban con el ánimo de levantar el vuelo de aquel sitio en hallando 
otro más cómodo ; por lo cual no se trataba de hacer casas ni viviendas y de 
disponer la población en el modo conveniente para una bien ordenada Repú- 
blica. Algunos parajes ihabían visto en el discurso de estos tres años que 
aquí residieron, que según el genio de cada uno, a cada cual le parecía muy 
acomodado y conveniente y deseando el salir del estado de peregrinos y vian- 
dantes y reconocer segura y fija morada este año de 1527 lo trató esto con más 
calor el Teniente de Gobernador Jorge de Alvarado, y propuso en CabUdo 
a los 28 de octubre de este año : "qne era bien e convenía al servicio de Su 
Majestad y a la paz y sosiego e poTcía de estas partes que se asiente la ciudad 
de Santiago en traza de pueblo y se den vecindades y so' ares y caballerías a los 
que de ella quisieren ser vecinos, e que para hacer esto, se busque en es*a 
Provincia el sitio mjás conveniente para dicho asiento, en el cual concurran las 
calidades y especialidades que se requieren e suelen concurrir en los asientos 
de los otros pueblos de españoles de las Islas de Nueva España"; y para quitar 
confusiones se señalaron dos sitios sobre en que se había de votar, el uno fué 
aqueste en que se hallaban, que no les parecía miuy mal, así su temperamento 
como la fertilidad y apero de materiales en su cercanía para las fábricas y 

157 



tener abundancia de aguas, así de las que allí nacen, como de los ríos que 
tenían cerca, como tamibién de los que podían conducir para fuentes a aqueste 
paraje. El otro fué el Tianguecíllo, que llamaron, que está junto a Chimalte- 
nango porque allí tenían feria libre todos aquestos indios en tiem^po de la 
gentilidad, y señalaron las personas que habían de hacer inspección cuidadosa 
de uno y otro sitio, a quienes se les tomó juramento de que procederían en el 
caso, sin afecto ni desafecto, diciendo en conciencia lo que sentían, 

Y habiéndose juntado para tomar las declaraciones a los que se les 
había mandado hacer la vista de ojos, en Cabildo que se tuvo a los veintiuno 
de noviembre de dicho año, el primero que votó y dio su parecer fué Hernando 
de Alvarado (de que se conoce claramente engañarse mucho Fuentes en las 
batallas que arriba se dijeron que tuvo Don Pedro con los del Peñol de Jalpa- 
tagua, porque en aquesta guerra murió aqueste Hernando de Alvarado, con 
que no pudo ser aquella giuerra aquel año de 26, sino el de 1528, como consta 
del libro de Cabildo citado) el cual dijo: "Que so cargo del juramento que 
hizo que él ha visto amibos a dos sitios, este del Valle y el del Tianguesillo, que 
le parece que el del Tianguesillo es el mejor para asentar a esta ciudad por las 
razones siguientes; y habiendo propuesto sus razones fueron votando los 
demás a quienes se les mandó que informasen sobre este punto, y durante 
aqueste día por largo tiempo aqueste Cab'ldo y no acabando de votar todos, 
se dejó la determinación para el día siguiente 22 de dicho mes, que era el de 
Santa Cecilia, en que habían de dar todos sus pareceres; prevaleció la parte 
de los que sintieron que se fundase en el paraje en que estaba del Valle de 
Almolonga, con lo cual tojpiando la última resolución el Teniente y conformán- 
dose con la mayor parte de los votos, sacó un papel y mandó al Escribano que 
lo asentase en el libro de Cabildo que decía: "E yo por virtud de los poderes 
que tengo de los Gobernadores de Su Majestad, con acuerdo y parecer de los 
Alcaldes y Regidores que están presentes, asiento y pueblo aquí en este sitio 
la ciudad de Santiago, el cual sitio es Provincia de Guatemala. 

"Primeramente ante todas cosas mardo que se haga la traza de la 
ciudad, poniendo las calles Norte, Sur, Este, Oeste. Otrosí mando, que en 
medio de la traza sean señalados cuatro solares en cuatro calles en ella incor- 
porados por plaza de la dicha ciudad". 

"Otro sí mando, que sean señalados dos solares junto a la plaza en 
lugar más conveniente donde la Iglesia sea edificada, la cual sea de la advo- 
cación de Santiago, el cual tomamos y escojemos por nuestro Patrón y aboga- 
do y prometo de le solemnizar y festejar su día con le hacer decir misa y 
vísperas solemnes, conforme a la tierra y al aparejo de ella, y más que le 
regocijaremos con toros, cuando les haya, y con juegos de cañas y otros 
placeres". 

"Otro sí mando, que se señale un s tio para un Hospital, donde los 
pobres e peregrinos sean socorridos y curados, el cual tenga por nombre y 
advocación el Hospital de la mrsericordia". 

"ítem mando que se señale un sitio, cual convenga para una capilla y 
adorator'o que contenga, y haya por nombre Nuestra Señora de los Remedios". 

"Otro sí mando, que se señale un sitio, cual convenga, donde a suplica- 
ción de esta ciudad Su Majestad mande hacer una fortaleza, o su Gober- 
nador en su real nombre, para la guarda y seguridad de la dicha ciudad". 

158 



"Otro sí mando que junto a la plaza sean señalados cuatro solares, el 
uno para casa de Cabildo y el otro para cárcel pública y los otros para propios 
de la ciudad". 

"Señalados los sitios o solares desuso contenidos, mando que los demás 
solares sean repartidos para ]os vecinos que son o fueren de la dicha ciudad 
como y de la manera que se haya hecho en las ciudades e Villas y lugares que 
en esta Nueva España están pobladas de españoles, no excediendo ni traspa- 
sando la orden acostumbrada. — Jorge de Alvarado". 

De intento he trasuntado todas las determinaciones de aqueste Cabildo 
porque se vea claro lo que arriba queda advertido de la malicia con que nuestro 
Padre Vázquez escribe, queriendo que aquesta Ermita de Nuestra Señora de 
ios Remedios, sea su Convento de San Francisco, porque como no se pudo en 
un día ni muchos hacer todo lo que aquí se dispuso, sucedió que no habiéndose 
puesto en obra ni la Erm}'ta ni el Hospital hasta el año de 1530, este año, a 
20 de jul:o, pidieron algunas personas devotas de la Virgen se les señalase 
el sitio para hacer su Ermita que estaba prometida, y no diciendo el Cabildo 
más que ciertas personas, su paternidad añade Religiosos para introducir su 
quimera, y no diciéndose a la margen más que la Hermita de N. S. S. P. añadió 
que está escrito primier Convento de San Francisco, lo cual no se halla en el 
libro, y así hube de sacar testimonio de aquesta falsedad; y luego a 9 de 
noviembre, en otro Cabildo de aquel mismo año, se pide por otras personas 
que se les señalase el. sitio para hacer el Hospital para fundar en él la Cofradía 
de Nuestra Señora, la cual fué de la Misericordia, como consta de las escri- 
turas que paran en el Hospital Real de Guatemala, pasándose aquesta Co- 
fradía con el Hospital cuando la ciudad se mudó el año de 1541 y allí se 
halla memoria de esta Cofradía hasta el año de 1557 en los dichos instrumen- 
tos, de haber vendido al terrasgo unas tierras que tenía aquesta Cofradía a 
los indios de la Magdalena, de las milpas altas, en 40 pesos; sobre que este 
presente año de 1716 han tenido litigio el Hospital Real contra aquestos indios, 
y Nuestro Padre Vázquez dice que aqueste pedimento fué para alargar el sitio 
interpretando el nomíbre de Hospital en el de Hospicio. 

Lo que tocó á la fortaleza, nunca se hizo, o porque no se pudo y se fué 
dejando así, o porque no fué menester, ni hay memoria de tal fortaleza; y se 
infiere de lo que dice el mismo Fuentes que habiéndose presentado Eugenio 
Moscoso con nomibramiento de Su Majestad de Alcaide de la fortaleza para 
que se le diese el asiento que como a tal se le debía en Cabildo, se le respondió 
que en presentando testimonio de estar en posesión de tal fortaleza, sería 
admitido, porque cerno no la había no podía tomar posesión de ella; que a 
haberla, luego hubiera tomado posesión de ella. 

Bien se vio en el discurso de este Cabildo de 22 de noviembre de 1527 
que en todo él no se trata de conquista ni de victoria aquese día, ni de sacar el 
pendón en tal día, sino solo de dar asiento a la ciudad, y quedando en la 
ciudad aquesta memoria de que en día de Santa Cecilia se le había dado 
asiento, se confundió la noticia con el transcurso de los años, pensando que 
aquese día se había ganado, pues consta que aquí no había que ganar, pues 
no hubo población alguna; y aunque la hubiera, como dice Fuentes, no hubo 
guerra porque se dieran de paz; y así queriendo el año de 1557 hacer en 
Guatenrala la misma ceremonia que se hace en Méjico día de San Hipólito 

159 



porque ese día se rindió la ciudad, juntos en Cabildo a treinta de julio con la 
ocasión que les excitó la especie de que a 26 del mismo mes se habían levantado 
pendones por la Majestad del Rey Felipe II dijeron (dice el Secretario) que 
por cuanto "por loable costium(bre en todas las ciudades e provincias principa- 
les de estos Reynos de indios, en memoria del- día en que fué ganada la tal 
ciudad, y porque esta Provincia de Guatemala mediante la voluntad de Dios 
Nuestro Señor, se ¿ano el día de Santa Cecilia, conviene se haga lo mismo 
en esta ciudad y se hiciese Ordenanza en forma y en evla se contenga el orden 
que en el sacar el pendón se ha de guardar y las fiestas que se han de hacer, 
e se lleva a consultar a la Real Audiencia". 

Consultóse sobre esto a la Real Audiencia, y se resolvió que se saque, 
y se hiciese la ordenanza a 1*^ de setiembre del mismo año de 57, en que 
mandan que lo saque el Regidor miás antiguo y así sucesivamente cada año 
conforme se fueren siguiendo en antigüedades, y que por cuanto aquese año lo 
habían sacado los Regidores más antiguos, que eran Francisco López y Don 
Francisco de la Cueva en la jura del Rey, que lo saque el que se sigue, que 
es el Capitán Bernal Díaz del Casti'lo. Ya se ha visto, por lo que queda escrito, 
como en aquese día, ni hubo ni pudo haber función señalada de victoria : no 
la de Quezaitenango que fué por marzo: no Ja de Utatlán que fué por abril; 
no la entrada en Tecpam Guatemala, que fué por fines d'e abril o principios de 
mayo; no la entrada en el sitio de Almolonga, que fué por julio; ni menos la 
restauración de Tecpam Guatemala, que si fué por armas, como quiere Váz- 
quez en su noticia historial, fué a últimos de setiembre, ni menos la sujeción 
del pueblo que dice Fuentes se sujetó en los Sacatepéquez que se había levan- 
tado, porque eso dice el mesmo, fué últ^'mos de set'embre; luego se infiere 
claramente que es muy falsa la noticia historial de Vázquez y que muy falsa- 
mente calumnia a Remezal porque dice que este pendón no se saca en memo- 
ria de alguna victoria que aquese día se ganase. 

Hácese aquesta reseña en Guatemala todos los años este día con mucho 
lucimiento, saliendo la víspera en paseo a caballo el que saca el pendón, acom- 
pañándole el Señor Presidente como Capitán General, los señores Alcaldes y 
Regidores y todo lo más ilustre de la nobleza de aquesta ilustre República; 
y juntamente viene a la función una compañía de indios mejicanos de los de 
Almolonga armados, en memoria de que ellos ayudaron a conquistar a aqueste 
Reyno, por lo cual son exentos de pagar tributo, como todos los demás, con 
que hacen la marcha muy lucida; y vueltos a la Santa Iglesia Catedral y canta- 
das vísperas se vuelve el pendón al Cabildo que está enarbolado hasta otro día* 
que se lleva a la Iglesia y se canta una misa muy solemne, y hay sermón, que» 
como se ha dicho, ahora 20 años, lo predicó nuestro Padre Vázquez en que 
metió todos las quimeras que después escribió, con que dejó muy desabrido a 
todo el auditorio, así por lo prolijo y molesto, como por haber dicho cosas tan 
opuestas a lo que todos sabían. : ; -- ^ -; ./: 

160 



CAt^ITULO VI 



De los disturbios y discordias que hubo en la Ciudad de Guatemala y 
venida del Visitador Francisco de Orduña. 

Años 1528-1529 

Parece que desde sus primeros años ha seguido aquesta plaga a aquesta 
ilustre República, de la poca conformidad y unión que ha habido entre sus 
vecinos, como lo han mostrado las ocasiones muchas que se han ofrecido de 
Ministros que se han despachado a residencias y pesquisas. Son su total 
ruina y polilla, de las Repúblicas y que menos mal les sería el pasar, como 
pudieran algunos agravios y sin razones que juzgan haber recibido de los su- 
periores que regularmente se fundan en agravios imaginados, que no verse 
todos destruidos. Bien lo manifestó el que vino a aquesta ciudad el año de 
1615 contra el Presidente Conde de la Gomera, que puso a la ciudad en térmi- 
nos de su ruina, llegando a tanto los escándalos que fueron tan grandes, que 
llegaron a término de ponerse entredicho en la ciudad que duró desde el jueves 
Santo en la noche hasta todo el viernes Santo, y llegando a oídos de Su Majes- 
tad estos y otros escándalos y del modo que todo se había enlazado, halló por 
medio más conveniente el que se pusiese a todo silencio, y- que todos los papeles 
tocantes a esta visita se encerrasen en una caja de tres llaves y se depositase en 
nuestro Convento de Guatemala donde estuvo hasta el año de 1700 en que ya 
hecha polilla ella y todos los papeles se halló destruida en el aposento donde 
se guardaba, con que no quedó memoria de tanto enredo, que es la misma 
providencia que Su Majestad dio a los enredos que motivó otro Visitador que 
entró aquí a primero de enero del año de 1700 quien también puso a esta Repú- 
blica en términos de su perdición como todos vimos la Semana Santa de ese 
mismo año, poniéndose también entredicho el lunes Santo a la ciudad, siendo 
tan grande ya la confusión de cosas que se levantaron por este Visitador que 
habiendo Su Majestad enviado a concluirlas al Licenciado Don José de Espi- 
noza de los Monteros, su Oidor de la Real Audiencia de Méjico, mandó que 
todos los papeles de estos cuentos se encerrasen y se llevasen en cajas y se 
guardasen en la Real Caja en donde estáln quitados de la publicidad de los 
oficios de Cámara. 

No fué menos ruidosa la visita o residencia que aquese año de 1526 
se hizo en esta ciudad por Francisco de Orduña, enviado por la Real Audiencia 
de Méjico a petición de los vecinos de Guatemala, a causa de las discordias 
que entre sí tenían nacidas de donde nacen todos los males, que es la codicia y 
la polilla de las Repúblicas que es no atender a la justicia distributiva los que 
solo tienen el nomibre de justicias. Esto procedía de que como el Adelantado 
Don Pedro no les repartió a los que le ayudaron a ganar lo que tenía y quizás 
trabajado más que él, con igualdad lo que les pertenecía, ya de presas que 
tenían ellos por lícitas, ya los pueblos como Su Majestad había ordenado; 
había muchos quejosos, porque tomándose para sí los mejores y mayores 
pueblos, a los demás les daba muchas veces lo inútil y que no tenía provecho ni 
sustancia, aunque muchas veces no procedía esta desigualdad de culpa del 
Gobernador, sino de la prisa y molestia que le daban porque les señalase 

161 H.deG.-ll 



pueblos, pidiendo muchas veces los que aún no estaban conquistados, no 
sabJendo lo que eran sino por noticias vagas y llegado el caso se hallaban que 
no era cosa de fundamento y así se hallaban fustirados. Otros eran preferidos 
a los beneméritos, como hoy sucede, los amigos o parientes y paniaguados que 
no lo trabajaron, dejando a los que lo habían afanado a un lado; y otras a 
quien lo pagaba muy bien. De todos estos desórdenes ha habido muchos en 
todos tiempos, pero en aquellos fué con demasiado exceso porque como enton- 
ces reinaba más la codicia, tuvo más lugar el desconcierto, habiendo mucho de 
esto en Guatemala que ejecutó Don Pedro de Alvarado y llevó adelante su 
hermano Jorge. Fueron muchas las quejas que de ellos se escribieron a la 
Real Audiencia de Méjico, que compuesta de Ministros del mismo jaez, como 
cuentan las historias, despacharon por Juez de residencia a Francisco de 
Orduña y tengo por cierto no ser este el mismo que se había escrito por vecino 
de Guatemala dos años antes, porque no cae en razón que nomlbrase por minis- 
tro de residencia a uno de los mismos quejosos y delatores, aunque según 
las cosas de aquellos tiempos no es muy duro de creer. Entró pues, en Gua- 
temala y presentó sus despachos a catorce días del mes de agosto de aqueste 
año de 1529 que recogiendo las varas, así del Teniente General Jorge de Alva- 
rado, como las de los Alcaldes, tomándose la del Teniente para sí, pasó a 
nombrar otros Alcaldes de su devoción o de su confianza. Empezó luego a 
ejercer la rapiña porque halló Ja materia bien dispuesta de enemistades entre 
los interesados, con que destruyendo a unos y a otros, dentro de breve cayeron 
todos en la necedad de haber pedido tal Juez de residencia. Llevó aqueste el 
rumbo muy contrario de muchos que benefician la veta de aquesta mina, que 
se valen del beneficio de la solapa y mostrando solo la piel de oveja, encubren 
debajo la propiedad de lobos rampantes, porque lo llevó por la vía de la fuerza 
y la violencia, cosa la más sensible a un hombre sangre en el ojo, como lo 
eran todos aquestos vecinos como soldados valersos, que si hubiera modo en 
esta rapiña, fuera más tolerable o menos sensible; pero que la ejecutase con 
tanto descaro y desvergüenza era cosa intolerable. 

Llegó en estos días nueva a la ciudad como Martín de Astete Capitán 
de Pedrarias Dávila, Gobernador de Nicaragua y Tierra firme, se había entra- 
do con gente de armas hasta la Provincia de San Salvador, con ánimo de 
apoderarse de aquella Provincia juzgando tocar al Gobierno de Pedrarias y 
como buen soldado juntando luego la gente que pudo Orduña, fué luego para 
aquella Provincia donde ajustándose con buenos medios de paz dejó la Pro- 
vincia a cuya era. Vuelto que fué a la ciudad compareció en el Cabiido Gaspar 
Artas, que según declara en su escrito, venía de la conquista de Uspantán que 
era uno de los Alcaldes depuestos y juzgando ser solo aquella suspensión de 
vara mientras se le tomaba la residencia, representó de su derecho y que a sus 
créditos tocaba el pedir restitución de su vara, pues no resultaba cargo alguno 
contra él. Fué tanta la cólera que tomó contra Gaspar Arias, el Visitador que 
levantándose del lugar que obtenía como cabeza de aquel Cabildo, lo cogió de 
la ropilla por la parte del pecho dándole fuertes enviones, arrojándolo fuera 
del Cabildo. Acción fué aquesta de tanto exceso que acabó de llenar y colmar 
la paciencia y sufrimiento de los vecinos tan honrados y bien nacidos, viendo 
del modo que eran ultrajados. Era aqueste hombre sumamente arrebatado y 
soberbio, dice Remezal, que por esta acción tan descompasada se le detuvo 

. 162 



el hábito de Santiago 2 años enteros, y dice que la misma cólera, pocos años 
había que le había costado a un nieto suyo más de veinte mil pesos, y que 
esto se lo había contado con mucho consuelo suyo, porque decía se parecía a 
su abuelo. 

Pasaron con este azote que Dios les había enviado a los vecinos de Gua- 
temala en castigo de sus discordias y discenciones hasta 11 de abril de 1530 
que vuelto Don Pedro de España, con el Gobierno de este Reyno cesó el del 
Visitador, ante quien se presentó el Procurador de la ciudad llamado Gonzalo 
Ortiz diciendo "que no lo dejasen salir de la ciudad hasta dar residencia y satis- 
facer los muchos daños, desafueros e desaguisados y molestias hechas a los 
vecinos de esta ciudad, a unos quitándoles los indios forcible y poderosamente 
y dándolos a otros, como tratándolos mal de palabra afrentándoles sus perso- 
nas con muchas e feas palabras e deshonestas, y otros poniéndoles mano en 
ellos con mucha ira y riguridad, pidiendo las tales personas justicia, e no 
queriéndolas oír y otras muchas cosas que los vecinos han recibido de el, de lo 
cual piensan pedir justicia". Esto pedía el Procurador, pero él viendo la poca 
que le asistía, trató de apelar a la fuga con que se ausentó y hasta ahora no sé 
que hayan sido satisfechos las partes ; castigo muy bien empleado, pues podían 
escarmentar que jamás quedan bien los agraviados ni los que agravian con 
semejantes Jueces, quedando unos y otros bien lastimados^ Su Majestad 
bien desea el remedio de los males y procura poner ministros para ello, pero 
es la desdicha tal, que puestos en el cargo hay tan pocos que acierten a hacerlo 
bien, unos por su codicia, otros por su soberbia, cumpliéndose regularmente 
el proverbio honores mutant homines, que en todos se verifica el otro prover- 
bio, que dice, el vencido vencido y vencedor perdido. 



CAPITULO VII 

De los primeros Religiosos dominicos quevinieron a la Nueva España; y 
de la venida del Venerable Padre Fray Domingo de Betanzos a Guatemala. 

Año 1529 

Van tan enlazados y coligados los sucesos, los de las Religiones con los 
de las Repúblicas y vecinos, que no es posible dejar e dar noticia de unos para 
la clara inteligencia de los otros; y así ha sido preciso para encadenar la fun- 
dación de aquesta mi Santa Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, 
dar primero luz de aqueste Reyno y República refiriendo algunos de sus 
sucesos, para que sean como fundamento y cimiento de aquesta mística fábrica. 
Y así esto presupuesto digo, que luego que fué ganada la gran ciudad de Méjico 
procuró el invicto Cortés ponerlo en noticia de su Rey y Señor, todo lo acae- 
cido, y mirando aqueste Nuevo mundo que había sujetado a los pies del mayor 
Monarca como obra de sus manos producida, a fuerza de sus afanes, desvelos, 
sudor y sangre y mirándolo también como católico cristiano de que tanto se 
preció en todos tiempos y ocasiones, por lo cual parece ha prosperado Dios 
su ilustre casa sobre todas las de aquellos que fueron caudillos de esta Amé- 
rica, entre las cosas que con más instancia pidió a su Majestad, fué que le 

163 



enviase Religiosos de todas Ordenes por parecerle aquellos los ministros más 
adecuados para la reducción de aquestas gentes, que siendo tan párvulos en 
todas sus cosas, nuás han menester madres que los alimenten con la leche 
dulce del cariño y los fomente con el calor de su amparo y defensa, que de 
padres que les den pan con corteza que ellos no pueden digerir por su peque- 
nez, y asi se ha experim,entado siempre aqueste tan acertado dictamen de Don 
Fernando Cortés pues se ve por la experiencia cuanto más bien medrados se 
hallan aquestos párvulos colgados de los pechos de sus madres que sujetos al 
dominio de sus padres; pero aunque fué tan justa y piadosa la petición del 
Márquez y debía atenderse a ella, el Ministro que entonces gobernaba las 
cosas de Indias, llevóle más el odio y enemistad que tenía con el Márquez que 
las obligaciones de su estado y las que sobre sus hombros había cargado el 
Católico Monarca para descargo de su conciencia real, y así abandonando el 
cuidado de enviar miníistros evangélicos aplicóse todo a la persecución de 
Cortés ; pero desembarazado el cargo por su retiro, que se le mandó intimar, 
tomólo al suyo por mandado del César, el Eminentísimo Señor Cardenal Loaiza 
que como a quien tenía a cargo el descargar !a conciencia del César en el 
confesionario, procuró descargarla también en el puesto, y así d'spuso que 
luego se aprestasen dos escuadras valerosas, sacadas de los más valerosos 
campos de la Iglesia que son las dos exclarecídas familias de menores y domini- 
cos. No quiso por luego arriesgar las mayores fuerzas, sino qu/e de cada 
familia saliesen dos exploradores a que fuesen y considerasen la tierra de 
promisión que se anunciaba, como en tiempo de Moisés, o como doce apóstoles, 
semilla que arrojó el Supremo Padre de familias a aqueste mundo nuevo, 
como al mundo viejo arrojó aquellas doce columnas de que se difundió la fe 
en toda la tierra. Así con aquestos doce que aun en realidad eran 24 como 
los del Apocalipsis, que venían a hacer que todas las coronas de la América 
se rindiesen a los pies del Cordero, no eran miá*s que doce por la unión y la 
estrechez con que aquestas dos sagradas religiosas familias se enlazan entre sí 
en caridad fraterna. Llamábase el caudillo que conducía a aquella grey al 
desierto de aquestas incultas tierras Fray Martín de Valencia varón a todas 
luces santo y el de la nuestra Fray Tomás Ortiz que habiendo ido con el Padre 
Fray Antonio Montccinos, que había ido a negocios graves que se le ofrecieron 
a su Provincia de Santa Cruz de la isla Española, y así como ya prácticos en 
navegaciones y las cosas de estas tierras, se hubo de nombrar por Vicario de 
nuestros Religiosos al referido Fr. Tomás Ortiz quien aprestando su partida 
como buen caudillo, solisitaba la limosna que el Católico Monarca había libra- 
do, de cien ducados a cada Relig'oso de las dos familias, para ornamentos y 
libranza para que acá- se diesen ochocientos. Ya todo estaba aprestado y de 
próximo el emlbarque, cuando ofreciéndose en aquellos días las grandes dudas 
que se trataban de resolver sobre las repetidas quejas del mal trato de aquestos 
naturales, queriendo el Cardenal acertar en negocio de tanta importancia por 
lo mucho que importaba a la seguridad de la conciencia del César, no se quería 
resolver sin preceder muy ajustada información que quería hacer con personas 
de ciencia y conciencia y experiencia de estas partes; y pareciéndole al Carde- 
nal que la persona del Padre Fray Tomás era muy a propósito para el caso, lo 
envió a llamar y viendo él que se dilataba la partida sustituyó su autoridad 
en el Padre Fray Antonio de Montéanos para que condujese el rebaño en 

164 



m \ 



compañía de nuestros hermanos los Franciscanos, que como tales habían dis- 
puesto hacer de las dos una comunidad y pasar a expensas comunes a unos y 
a otros, dándoles orden que en la Isla Española le aguardasen. Hiciéronsc a 
la ve'a y con próspero viaje llegaron con mucha hermandad a la Isla de Santo 
Domingo ; y quedándose allí nuestros Religiosos, según el orden de su Vicario, 
los de nuestro Padre San Francisco que no tenían embarazo, prosiguieron su 
viaje y llegando a la Veracruz, pasaron a la ciudad de Méjico, donde llegaron 
a 13 de mayo de 1524, siendo muy bien recibidos y hospedados de sus Reli- 
giosos, que ya estaban allí dos españoles y tres flamencos, que son los que se 
han dicho arriba; aunque de los españoles dice Remezal que no ha sabido sus 
nombres, como tampoco los supo Torquemada, como queda anotado. 

Detúvose Fray Tomás Ortiz en España más de lo que él pensó, y así 
tuvo allí todo el año de mil quinientos veinticinco, y ofreciéndose la coyuntura 
de la venida de Luis Ponce que venía a tomar residencia a Don Fernando 
Cortés, no quiso perder esta ocasión de buena embarcación y así aprestándose 
para la jornada, pidió licencia al Supremo Consejo de las Indias para traer 
en su compañía otros siete Religiosos, y conseguida, juntó los cuatro de las 
Provincias de España y los otros tres de la de la Andalucía, que con estos y los 
que había enviado por delante le parecía bastante número para dar princ'pio 
a la labor de la conversión de estas gentes, y haciéndose a la vela a dos de 
febrero del año de 1526 en el Puerto de San Lucar en comipañía de Luis Ponce 
corriéronles buenas brisas y así llegaron con brevedad a la Isla Española, con 
ánimo de juntar allí todo su rebaño y pasar adelante; pero ya hallólo muy 
menoscabado, porque de los doce, los tres habían muerto y de los nueve habían 
muchos muy desalentados para proseguir su viaje, amedrentados de los ruidos 
de la Nueva España que tantos escándalos causaron; y juntando los que se 
pudieron allegar salió de Santo Domingo y en 18 días de navegación tomaron 
Puerto en la Nueva España, Al Licenciado Don Luis Ponce le pareció impor- 
tar al expediente de los negocios que llevaba a cargo, correr la posta y entró 
en México a 2 de julio y los Religiosos después, porque no llevaban precisión 
Fuéronse a hospedar al Convento que ya tenían nuestros hermanos los Fran- 
ciscanos, donde fueron caritativamente tratados del Venerable Padre Fray 
Martín de Valencia y de todos los demás Religiosos, hasta que tomando sitio S€ 
hizo modo de vivienda. 

Pero anduvo tan desgraciada aquesta tierra en aquellos tiempos o 
principios, por ocultos juicios del Altísimo, que se descompuso aquesta escua- 
dra de valerosos soldados, muriendo unos y enfermando otros ; como se ha 
dicho arriba, a cuya causa determinó el infatigable Padre Fray Tomás Ortiz 
dar la vuelta a España para levantar más gente para aquesta conquista espiri- 
tual, como lo ejecutó en compañía de Don Pedro llegando a España y tratando 
de juntar Religiosos para aquestas nuevas conversiones. Estaban ya juntos 
cuarenta valientes y esforzados soldados; pero ofreciéndose en aquella coyun 
tura las grandes tierras que se habían descubierto en Santa Marta y otras 
Provincias de que iba por Gobernador García de Lerma y Enrique Alfinguer 
que iba a lo de Venezuela y que fuese por Prelado de los de Santa Marta Fray 
Tomás Ortiz y con los de Venezuela el Padre Fray Antonio de Montecinos 
que había vuelto a España por Religiosos para la Isla Española, dándole a cada 
uno el título de Protector de los indios, oficio muy honroso, y que en aquellas 

165 



Provincias y tiempos, se daba a los Señores Obispos, pero de poco les sirvió 
esta comisión para que no hiciesen los destrozos que refieren las historias en 
aquellas Provincias, tan pobladas en aquellos tiempos, y tan desiertas en estos. 
Fué disposición esta del eminentísimo Señor Cardenal porque viniesen ya 
algunos ya prá'cticos en estas partes, haciéndose cargo de enviar Religiosos a 
la Nueva España, donde no hacía falta el Padre Fray Tomás Ortiz, pues estaba 
en ella el Padre Fray Domingo de Betanzos ; y habiéndose hecho cargo de esto 
su Eminencia, encargó el cuidado de juntarlos y conducirlos al Padre Fray 
Vicente de Santa María hijo del Covento de San Esteban de Salamanca, en 
quien concurrían las partes de letras, virtud y prudencia, requisitos para 
semejante empleo. Fué instituido por nuestro Reverendísimo Maestro Gene- 
ral en Vicario general de los Religiosos confirmado por la Santidad de Clemen- 
te VII para que los gobernase por mar y tierra, en España y en Indias, donde 
quiera que estuviese; y dando el Señor Emperador todo lo necesario juntó 
veinticuatro Religiosos que llegaron a S. Lucar a embarcarse a principios del 
año de 1528 y aguar^dando allí oportunidad de embarcación, fué pasando el 
tiempo de modo que hubieron de venir en compañía de Don Pedro de Alva- 
rado, quien presentando sus despachos a 26 de mayo en la casa de la Contra- 
tación, se le dio pase sin ponerle embarazo alguno respecto de mandarle así 
el César por el favor del Secretario Cobos, y también por haber hecho asiento 
de que a su costa haría una armada para descubrir las islas de la Especería, 
cosa que se deseaba muy mucho (que plugiese a Dios, nunca se le hubiesen 
hecho tales ¡armiadas, pues no se siguió de ellas otra cosa que la destrucción 
de los indios de la Provincia de San Salvador y otras partes y su misma ruina). 
Embarcados todos a principios del mes de julio, llegaron todos juntos al 
Puerto de la Veracruz por el mes de octubre, aunque muy maltratados de las 
tormentas que habían padecido en la mar, por cuya causa llegaron los Religio- 
sos muy maltratados al Puerto y dejando el Padre Fray Vicente allí los 16 
mientras se recuperaban en la salud, se partió con los otros siete camino de 
Méjico. No es decible el gran consuelo que con su llegada recibió el Venerable 
Padre Fray Domingo de Betanzos, pues veía que con la llegada de este Escua- 
drón se le aliviaban las penas de su cargo y de la soledad que había padecido 
y juntamente veía asegurado el establecimiento de su sagrada Religión en la 
América para la dilatación de la fe y conversión de estas gentes. Con estos 
odio que allí llegaron y los que allí ise hallaban se componía una comunidad 
muy lucida para aquellos tiempos, y así acordaron por consejo del Padre Fray 
Domingo de Betanzos, que juntos todos eligiesen una cabeza y Prelado que 
lo fuese del Convento de Méjico, y haciéndose así, salió electo el mismo Fray 
Vicente de Santa María, con que con esto se descargó del oficio de Comisario 
del Santo Oficio que entonces era anexo al Prelado de la casa de Méjico, 
porque habiéndosele dado este cargo con casi plenaria autoridad de Inquisidor 
al Padre Fray Pedro de Córdova por el Cardenal Adriano, siendo inquisidor 
general de España, por su nDuerte se cometió a la Real Audiencia de Santo 
Domingo, quien lo cometió al Venerable Padre Fray Martín de Valencia por 
haberse adelantado a los Padres Dominicos que quedaron en la Isla Española 
mientras que llegaban; y así luego que llegó el Padre Fray Tomás Ortíz lo 

166 



tomó a su car¿o y por su ausencia quedó con el el Padre Fray Domingo d« 
Betanzos que ejercitó con mucha loa con que habiéndosele elejido en Prelado 
el Padre Fray Vicente de Santa María se hizo cargo de la Comisaría que le 
tocaba por tal Prelado. 

Hallábase ya en Méjico el Adelantado Don Pedro de Alvarado viudo 
de su mujer Doña Francisca de la Cueva, que se la llevó Dios para sí en el 
Puerto de la Veracruz sin duda maltratada del muy penoso viaje que habían 
traído, y hallando la oportunidad de la venida de tantos Religiosos volvió a 
la primera instancia con el Padre Fray Domingo de Betanzos de que viniese 
a fundar Convento de su Orden a Guatemala. No le desagradó la propuesta 
porque era muy celoso de la extensión de su religión sagrada para utilidad de 
las almas, a que se llegó el gran cuidado que acompañaba aquel Santo Prelado 
primer Obispo de Méjico Don Fray Juan de Zumarraga, de la Iglesia de Gua- 
temala que estaba a su cargo, y deseaba tener allí persona de su satisfacción 
para que tuviese cuidado de aquella cristiandad ; y no hallando persona más 
de su confianza que el Padre Fray Domingo de Betanzos, pues como dice Tor- 
quemada, fué tanta la que hizo de este Venerable Padre que no deseaba otra 
cosa en esta vida comjO morir en sus manos, como se lo concedió Nuestro Señor 
por modo raro porque habiéndole venido el palio de Arzobispo y hallándose 
perplejo en si lo aceptaría o no, no quiso tomar resolución sin consultarlo 
primero con su grande amigo Betanzos, quien hallándose en un pueblo llamado 
Tepetaoslloc, a oc'ho leguas de Méjico, no lo quiso llamar, sino que el Santo 
Obispo, aunque tan cargado de años y de achaques, fué allá saliendo de 
Méjico víspera de Pascua de Espíritu Santo después de media noche, y dióse 
tanta prisa a caminar en un jumento que tenía, que llegó a las nueve de la 
mañana al pueblo. Diéronle a hora de comer un poco de vino, que no quiso 
beber, aunque tenía mucha necesidad, a causa de que sabía que los Religiosos 
no lo habían de beber, y no quiso en esto ser singular. Estuvo allí cuatro días 
confiriendo sus dudas con su grande amigo y en ellos confirmó 14,500 perso- 
nas. Dióle el jueves su mal de horina que lo apretó tanto que le fue fuerza 
volverse a Méjico trayendo consigo a su grande amigo Betanzos y agraván- 
dosele el accidente recibió los Santos Sacramentos; y aunque la vida de 
aqueste Santo Prelado fué tal cual lo testificaron autores muy fidedignos, una 
hora antes de morir prorrumipió en estas notables palabras : "j Oh Padres, cuan 
diferente es verse el hombre en el artículo de la muerte a hablar de ella!" 
Con que entregó su ánimia en manos de su Criador y en los brazos de su grande 
amigo Fray Domingo, que tanto había deseado y suplicado al Señor. 

Pues queriendo descargar su conciencia de la cuenta como quien sabía 
que la había dar muy extrecha de su grey, rogó al Padre Fray Domingo que 
viniese a Guatemala con el oficio de Provisor, Juez y Vicario General de este 
Reyno, quien por ayudar a su amigo y condescender a los repet dos ruegos del 
Adelantado, tomó el trabajo de aqueste largo camino que habiéndolo de hacer 
a pie con su compañero, estilo indispensable de aquellos tienxpos y mucho más 
en este penitente varón, determinó llevar la delantera al Adelantado y su 
grande comitiva. Determinó, pues, su jornada a fines del año de 28 o prin- 
cipios del de 29, caminando siempre a pie y muchas veces descalso, comiendo 
poco, y lo más frutas silvestres, y durmiendo en el campo con otras muchas 
asperezas. 

167 



CAPITULO VIII 

De la vuelta de Don Pedro de Alvarado de España y principio que se 

dio á la casa de Guatemala. 

Año 1529 

Bien pensó el Adelantado Don Pedro seguir luego al Padre Fray Domin- 
go en su viaje a Guatemala; pero como se le habían hecho en España algunos 
cargos que más se le disimiularon que borraron, por el favor de Francisco de 
los Cobos, se le renovaron en Méjico por orden que para ello se tuvo en 
Méjico hasta que constase lo que debía a Su Majestad de los Rs. quintos y lo 
pagase, y llegando poco después la Real Audiencia que Su Majestad mandó 
fundar en la Nueva España prosiguieron en este mlismo cargo contra Don 
Pedro respecto de un Capitulo que venía en su instrucción que decía: "Sabréis 
también si es verdad, que cuando Pedro de Alvarado estuvo en Guatemala no 
hubo buen recaudo en la cobranza de los quintos y no se acudió al Tesorero, 
con lo que a ellos pertenecía". 

De que se ve claro que la detención de Don Pedro en Méjico, no fué 
por defender la justicia de Cortés, como dice Fuentes, ni estaba ello en estado 
que Don Pedro pudiese hacer nada en esto sino procurando salir bien de 
los cargos que se le hacían sobre los Reales quintos. Viendo pues los Ofs. Rs. 
de Guatemala, que venían en compañía de Don Pedro de España, que era ya 
mucha dilación la de ©1 Adelantado trataron de venirse a poner recaudo en 
las cosas de su oficio, como lo hicieron quedando Don Pedro de Alvarado 
envuelto en sus cargos y procurando dar satisfacción de ellos. Antes que los 
Oficiales Reales, llegó el Padre Fray Domingo de Betanzos a Guatemala, donde 
fué muy bien recibido de todos, porque muchos de ellos eran testigos de su 
virtud y religión desde la Is.a Española; con que luego la nijlsma ciudad 'le 
ofreció sitio para que edificase Convento, el cual escogió algo apartado de la 
ciudad, por estar apartado del bullicio, por la gran inclinación que tuvo desde 
mozo, como se ve en su vida, a la vida eremítica y sohtaria. Allí edificó una 
Iglesia y casa, buena para los materiales que aquel tiempo ofrecía, que eran 
cuatro horcones, unas cañas embarradas de lodo por tapias, que en esta tierra 
llaman bajareque, y la cubierta y techumbre de paja, y para que en algún 
modo remedase aquello al desierto, habiendo trazado la Iglesia y casa de 
vivienda, compartió lo que había de ser huerta, en donde por sus manos, como 
consta de la petición de Fray Bartolomé de las Casas, puesta arriba, fabricó el 
tanque y la asequia de agua que se tomaba de la que se había conducido a la 
ciudad del río que se llama del Pensativo, con que se regaban las huertas que 
estaban junto de La ciudad; y para ponerlo más a su genio y devoción sembró 
árboles de sauces, con cuya frescura y amenidad recreaba el Venerable Padre 
su espíritu con soberana contemplación y a imitación de aquellos santos Varo- 
nes que celebra San Jerónimo de los anacoretas del desierto. 

Era grande su atractivo y agudo el anzuelo en que a todos los apresaba 
de su profunda humildad que se hace respetar aún de la más ardiente ira, 
como dice el Espíritu Santo, y así todos le acudieron con sus limosnas, con que 

168 



pudo poner alguna forma en la clausura, cercando de tapias la casa y adornar 
su Iglesia de ornamientos para el divino culto. No recibió estas temporalidades 
devalde, que las pagó muy aventajadamente, en muy buena moneda de sacri- 
ficios, oraciones, sermones y pláticas que continuamiente les hacia. 

Pertenecía entonces aqueste Reyno, como queda dicho, al Obispado de 
Méjico, y dió'le el Santo Obispo toda su autoridad episcopal, haciéndole su 
Vicario para visitar las Iglesias, distribuir plata para cálices y ornamentos, 
levantar Iglesias y erigirlas en Parroquias y quitar y poner en ellas Curas y 
Sacerdotes que las sirviesen y administrasen, y obligar con censuras y entre- 
dichos a los inobedientes y rebeldes a sus mandamientos; con cuya autoridad 
visitó aquella Iglesia de Guatemala y hallándola muy destituida de lo necesario 
para el divino culto y tratando del remedio con los Alcaldes y Regidores, 
hallaron que se podía aquesto remediar sin gravábien de los vecinos, pues había 
diezmos caídos de que Su Majestad mandaba que se proveyesen estas nece- 
sidades, y así dispuso que la ciudad lo demandase a los Oficiales Reales como 
se hizo. 

Con la misma autoridad que tenía, nombró Cura para la Villa de San 
Salvador, al Padre Antonio González Lozano, como consta del libro de Cabildo 
de aquella ciudad, de que tengo sacado testimonio, a causa de que el Padre 
Vázquez, quiere confundir aquestas noticias y oscurecerlas, como otras muchas, 
para establecer su soñada conclusión ; y así será bien trasladarlo aquí como lo 
trae Remezal : "Túbose el Cabildo a 17 de junio de 1530. "Este dicho día, 
mes y año susodicho, en presencia de m|í el Escribano en el dicho Cabildo, 
juntos y congregados los dichos Señores, Teniente y Capitán, Justicia y Regi- 
dores de la dicha Villa, juntos e congregados, unánimes y conformes dijeron: 
que por cuanto ellos han visto e les fué presentado un nombramiento e provi- 
sión por el Padre Fray Domingo de Betanzos a ellos enviado, para que 
admitan e reciban al Padre Antonio González Lozano, como Cura de esta Villa, 
en que por ello les munda so pena de excomunión y que por tal le reciban y 
usen con él, que aconsejándose todos ellos con el dicho Señor Capitán, que 
le recibían e recibieron al dicho Antonio González Lozano por tal Cura de la 
dicha Villa y Yglesia, que están prestos de le dar favor e ayuda que para ello 
necesidad haya, y le admitían y admitieron en todo cuanto de derecho podían 
e deben e no más, en ayende el dicho Señor Capitán dijo: que él lo recibía e 
recibió por tai, e le admitía e admitió asimismo al dicho oficio de Cura ; e todo 
lo pidieron por fe e testimonio e firmaron de sus nombres e por mandado 
de los dichos Señores yo el dicho Escribano notifiqué a Francisco Herná^ndez 
se diese por despedido de Cura de la dicha Villa. — Luis de Moscos© y los 
Regidores". 

No fué menos celoso el Padre Fray Domingo déla salvación de las almas 
que tanto peligraba en la esclavitud y maltratamiento de los indios, que los 
demás de su sagrado hábito, que fueron los primeros que defendieron esta 
materia y la mantuvieron con el Ilustrísimo Casas hasta la fin, a costa de 
grandísimos trabajos y persecuciones, como se irá viendo en el progreso de 
aquesta historia; y así no dejaba en todas las ocasiones que se ofrecían, de 
sermones y pláticas y confesiones, el procurar sacar de el mal estado en que 
estaban los comprendidos en estas culpas de injusticia y agravios de tercera 
persona en que estaban incluidos los de quitar la libertad a los indios, el modo 

169 



de hacerlos esclavos tan contra justicia y derecho natural, el servirse de ellos 
sin paga, el no darles lo necesario en salud y enfermedad y otras cosas de este 
modo ; pero como el interés y la codicia tenían echadas tan profundas raíces 
y les había endurecido y encallado las conciencias, era muy poco el fruto que 
de sus sermones sacaba, por el mal uso y costumbre introducida y malas inte- 
ligencias de perversos letrados; pero quiso la Majestad Divina que en aquella 
ocasión llegase a sus manos un traslado autorizado de las instrucciones que 
Su Majestad daba a sus Ministros, que aunque ahora no vinieron en fuerza 
de leyes, como después salieron de allí ha trece años, manifestaban claramente 
el deseo y voluntad de Su Majestad en el alivio de estos miserables y estas 
eran las resoluciones primeras que se tomaron cuando el Cardenal Goberna- 
dor de España miando detener al Padre Fray Tomás Ortiz. Con ellas confirmó 
el Padre Fray Domingo su doctrina y manifestó que no era inventada de su 
cabeza, de las cuales apuntaré algunas para que se vea la justificación de 
nuestros Católicos Monarcas y la ninguna que asistía a los que estaban com- 
prendidos en ello, que son como se siguen, que están en el libro de Cabildo. 

"Parece que en la Nueva España los indios por todo derecho, y razón 
deben ser libres enteramfente y que no son obligados a otro servicio personal 
más que a las otras personas libres de estos Reynos, etc. 

"Otro sí parece que los indios no se encomienden desde aquí adelante a 
ningunas personas, e que todas las encomiendas hechas se quiten luego, y los 
dichos indios no sean dadlos a los españoles so este ni otro título, ni para que 
los sirvan, ni posean por vía de repartimiento, ni en otra manera, por la expe- 
riencia que se tiene de las grandes crueldades, excesivos trabajos y falta de 
mantenimientos y maltratamiento que les han hecho y hacen sufrir, siendo 
hombres libres ; donde resulta acabamiento y consumisión de los dichos indios 
y despoblación de la tierra, como se ha hecho en la Española". 

"Otro sí parece que al presente, hasta que los dichos indios se vayan 
instruyendo en la fe y vayan tomando más buenas costumbre y algún entendi- 
miento y uso de vivir en alguna policía, Su Majestad no los debe dar por 
vasallos a otras personas perpetuamente ni temporalmente, porque se debe 
creer que sería traerlos a la misma servidum|bre y perdición que ahora padecen 
o a otra peor, y no se debe hacer fundamento de las ordenanzas, prohibiciones 
y penas que se hiciesen en favor de los indios, pues la experiencia nos muestra 
que las que hasta hoy están ordenadas son muy buenas y ninguna se ha guar- 
dado ni basta prohibimiento para excusar los dichos maltratamientos poniendo 
a los dichos indios debajo de los otros particulares que no sea el Rey". 

"ítem por evitar los daños y engaños que en esto ha habido, se debe 
proveer que de aquí adelante no se hierre ningún indio por esclavo, y que los 
que hasta aquí están herrados se visiten y se sepa si ha habido engaño en su 
servidumbre, ni puedan vender sus hijos, deudos ni criados ni puedan indu- 
cirles servidumbre". 

Va poniendo otras ordenanzas e instirucciones muy útiles y necesarias 
y acaba la última diciendo lo que pueden acerca de esto las audiencias y dice : 
"Por manera que en todo han de tener facultad de mudar o añadir, escepto 
en lo que toca a la libertad de los indios y a que no sean encomendados ni 

170 



apremiados a servir como personas sin libertad, porque como este sea contra 
derecho Divino y humano y no se pueda hacer sin pecado, Su Majestad no lo 
debe permitir, mayormiente viendo las muertes y consumación de indios que 
de ellos se ha causado hasta ahora". 

Esta destrucción de indios es tan verdadera como lo demostrarán las 
islas a todos, que siendo de tan numerosos gentios cuando Colón las descubrió, 
en menos de cuarenta años no se hallaban ya indios en ellas, y lo mismo se 
ha visto en otras muchas partes que si Dios no permite por su misericordia 
que sacasen la cara los Frayles de Santo Domingo y se levantase aquel valiente 
Aod, salvador de aquestas gentes, que usando de ambas manos como diestras, 
puso en libertad aquestas gentes sacándolas de la esclavitud del cruel Eglon, 
ya no hubiera memoria de estas gentes como no la hay en todas aquellas 
islas. 

De lo dicho en este Capitulo y de los instrumentos citados se convence 
la malicia con que Don Francisco Fuentes procede en sus historias manuscritas, 
cuando para darle la primacía a la Religión de Nuestra Señora de la Merced 
en Guatemala, dice, que no se hallará Cabildo en que no se trate de fundación 
de Convento de Santo Domingo, y pudiera advertir que ni lo hallará de San 
Francisco, ni de la Merced, porque en los libros de Cabildo nunca se escribió 
aqueso, ni en la traza antigua, ni en la nueva de la ciudad, ni menos hallará 
Cabildo que tome en boca Convento de la Merced hasta el año de 42 y lo mismo 
del de San Francisco ; pero del nuestro bien vio los siete Cabildos que se le 
citaron ajustando el cómputo del viaje del Padre Fray Domingo de Betanzos, 
de su viaje a España, para probar que no estuvo aquí hasta el año de 38 ; y 
pudiera haber advertido que su estada fué antes de ir a España el año de 29 
y que después no estuvo aquí otra vez, y vio muy bien que la petición que está 
citada arriba, del Señor Casas, que fué el año de 39, habla del Padre Fray 
Domingo, como que ha mucho tiempo que aquí estuvo, pues si él sembró los 
sauces y ya eran árboles grandes, ya había tiempo que había pasado eso. 



CAPITULO IX 

De la entrada de Don Pedro de Alvarado en Guatemala y vuelta del 
Padre Fray Domingo de Betanzos a la Nueva España. 

Año 1529 

Muy cerca de año y medio se detuvo el Adelantado en Méjico sin 
poderse desemibarazar de las demandas que le ponían, hasta que dando con- 
clusión a ellas, hubo de tomar su viaje para Guatemala ya entrado el año de 
1530; pero a aqueste mismo tiempo le había llegado mandato del Padre Fray 
Vicente de Santa María, al Padre Fray Domingo para que sin excusa alguna, 
dejando cualquiera ocupación que tuviese entre manos, se fuese luego para 
Méjico, La causa de esta llamada con tanta precisión del Padre Fray Domin- 
go de Betanzos, fué la grande novedad que se intentó de que la casa de Méjico 
y todo lo demás fuese y perteneciese a la Provinc.a de Santa Cruz de la Isla 
Española para lo cual remitieron Religiosos, Prior para la casa de Méjico 

171 



y Vicario Provincial, aunque Torqucmada dice que Provincial a Fray Tomás de 
Berlanga, que depués fué Obispo de Panamá, y para que se tomase Corte en 
esto y que la de Méjico fuese Provincia aparte de la de Santa Cruz, se había 
dispuesto fuese el Padre Fray Domingo en quien hallaron más relevantes pren- 
das de virtud y letras que en otro, para aqueste negocio. Grande fué el senti- 
miento de toda la ciudad luego que tuvo noticia que era llamado de la obedien- 
cia, y solicitaban con toda instancia que se quedase, que todos suplicarían al 
Prelado que suspendiese ©1 mandato; pero él, verdadero Religioso, como sabía 
que en este voto estaba fundamentada toda la málquina misteriosa de la Reli- 
gión, no pudo menos que condescender, sin querer obedecer a las súplicas de 
todos. No sentía menos el ver que había de dejar sola aquella casa o choza 
de su desierto en que tanto se había imipregnado su espíritu y que se atrazaba el 
dilatarse los sarmientos de la Religión Dominica que tanto anhelaba, quisiera 
dejar a su compañero que se llamaba Fray Francisco de Mayorga ; pero lo atajó 
el verlo mozo y planta nueva en el jardín de Domingo, que trayéndolo recién 
profeso cuando vino lo iba criando a incrementos de su Santa doctrina. Esto y 
no ser Sacerdote y el no atreverse a ir solo, que se tenía por sacrilegio en aque- 
llos tiempos, le obligó a lleváirselo consigo. Cerró con esto su casa y encargó 
las llaves al Padre Juan Godínez Cura de la Parroquial de Santiago y a un 
devoto secular dejó encargado que le acabase de cerrar el cerco y de unos 
adobes que dejaba dispusiese unas celditas o tugurios para que pudiesen habi- 
tar los Religiosos que pensaba enviar; luego, con lo cual, se despidió de la 
ciudad y tomó su camino para Méjico con hartas lágrimas de todos los que lo 
veneraban como a verdadero Padre y a la verdad lo era de todos, y prosiguió su 
camino a píe como había venido pidiendo limosna para poderse mantener en 
tan largo viaje. 

No es decible la pena que tuvo el Adelantado, cuando encontrándole en 
el camino supo de su vuelta para Méjico, por venir muy consolado que en el 
Padre Fray Domingo tendría todo cdivio en sus penas, ni fué menos las mues- 
tras de sentimientos que dio el Licenciado Don Francisco Marroquín, Padre 
que fué de aquesta nobilísima ciudad. Porque confrontaban los espíritus, 
con brevedad se enlazaron y dándose lob anos y los otros cuentas de sus suce- 
sos, el Padre Fray Domingo instruyó al Mo. Marroquín en el modo como se 
había de portar en las confesiones de los españoles según las nuevas orde- 
nanzas que habían venido, saliendo tan gran Mo. y seguidor de la sentencia 
y parecer de los Fraylés de Santo Domingo, cual lo mostró en el tiempo ade- 
lante, como se verá. 

Con aquestas breves vistas se despidieron siguiendo cada uno su derro- 
ta y llevándola el Adelantado para la ciudad de Guatemala llegó con brevedad 
a ella, donde fué recibido con las aclamaciones y festejos que sus hazañas 
merecían y con el gozo que se deja entender, porque con su llegada esperaban 
que cesase el Visitador Orduña en sus tiranías, que los tenía muy lastimados a 
todos, así amigos como a enemigos; y a los 11 del mes de abril presentó sus 
despachos en Cabildo que luego fueron obedecidos y haciendo el juramento 
necesario, luego fué admitido por Gobernador de aqueste Reyno, Trajo Don 
Pedro en su compañía muchos caballeros y de ilustre sangre para ilustrar su 
tierra, que suya se podía llamar, pues la había ganado con su sangre, y para 
irlos acomodando en la que la tierra ofreciese ; y entre los que vinieron uno 

172 - 



de los mi's ilustres fué Luis Dubois caballero de altísimo naxri miento, íiamen- 
co, y como tal le servía al Señor Emperador Carlos V que sobre no sé qué 
travesura de mozo, temiendo la indignación del César, se ausentó y se vino con 
Don Pedro aqueste año. Mucho sintió su ausencia y solicitando por su 
persona sabiendo que se hallaba en esta América, despachó sus cartas al 
Virrey de la Nueva España y a otros Gobernadores, para que fuese atendido 
como a criado suyo y se le diese cierta renta como todo consta de sus probanzas 
que paran en poder de sus descendientes de' quien hay ilustre propagación 
en esta ciudad de Guatemala y San Salvador donde asistió a sus conquistas 
este mismo año de 30, con que se ve claro que va muy ajeno de verdad Don 
Francisco de Fuentes cuando pone a aqueste caballero gobernando la Caba- 
llería en las bata las que finge en la rebelión del Rey Sinacán el año de 1526. 

Trajo también en su compañía Don Pedro de Alvarado al Santo varón 
y a todas luces grande el Licenciado Don Francisco Marroquín, en que parece 
que la Providencia del Altísimo guió sus acciones para que en este singular 
varón recompensase a Guatemala y a todas sus Provincias, cuantas quiebras 
le podía haber causado; y a quien queriendo ensalzar le nombró a 3 de junio 
de aqueste año, por Cura de la Iglesia Parroquial; pero aunque merecedor de 
este y mayores puestos, como se verá, obró aquí el Adelantado desatentada- 
mente y contra derecho, pues no era de su jurisdicción hacer y nombrar Curas; 
y así como buen letrado que era aqueste Santo varón ocurrió a quien tocaba 
esto, que era el Obispo de Méjico, para que lo subsanase nombrándolo junta- 
mente su Provisor Juez y Vicario Ecco. de esto de Guatemala, los cuales 
títulos presentó en Cabildo a 2 de setiembre del año de 1533. 

De lo dicho se colige la gana de calumniar que tenía nuestro Padre 
Vázquez a nuestro Remezal, cuando lo nota de poco inteligente en el uso del 
Rea:l Patronato, pues debió advertir su Paternidad, que entonces no se usaba, 
como ahora se usa, sino que los Señores Obispos nombraban sin intervención 
de Patrón alguno, como lo pudo ver en el nombramiento que hizo el Padre 
Fray Domingo de Bentanzos para San Salvador con la autoridad que tenía 
Episcopal y lo mismo pudo entender en la erección de aquesta Iglesia de Gua- 
temala que hizo el mismo Señor Marroquín en Méjico a 20 de octubre de 1537 
en el párrafo que empieza Sed quia animarnm Cura, en donde retiene en sí la 
autoridad de nombrar Curas de las Parroquias; y también debía advertir que si 
el Real Patronato se practicara entonces, como ahora, había de ser presentando 
al Prelado Ecco, tres sujetos y nombrando de el'os el patrón, lo cual no hubo 
aquí; con que podía haber excusado esta calumnia para no haber caído en esta 
nota tan grande de ignorancia. 

Ha^ló el Adelantado la tierra en grandísima turbación, porque además 
de los bandos que se habían levantado de unos contra otros por los que vino el 
Juez de residencia Francisco Orduña, esle con sus desafueros los había tanto 
enconado que cada día iba la guerra civil en mayores crecimientos, y para 
poner algún corte en aquestas diferencias, quitó los Alcaldes que eran hechura 
de Francisco de Orduña y puso otros ai parecer independientes, si es que se 
podían hallar entre tanta turbulencia, y publicó bando pena de la vida que no 
se hablase palabra en las cosas pasadas, con lo cual parece se puso algún 
sosiego a tan terrible tormenta, con lo cuad empezó otra mayor contra los 
pobres indios con la armada que trató de fabricar para ir en busca de las islas 

173 



de la Especiería como había prometido a Su Majestad; y así luego que llegó 
empezó a descubrir astilleros, sacar maderas, fabricar jarcias, acarrear fierro, 
sacar brea, conducir piezas de artillería, pero todo esto a costa de los pobres 
indios sacándolos de sus patrias y llevándolos a partes muy remotas. Bien se 
deja entender que trabajo sería para aquestos miserables, desnudos, en tierras 
extrañas, sin tener quien les hiciera una tortilla, hambrientos, sobrados de 
mucho traibajo, los mandones crueles que no los dejaban descansar, que parece 
que es plaga la de esta tierra, sea español o mestizo, y mientras más ruin y de 
más baja suerte más tirano, que en teniendo un poquito de mando o una varita, 
no son decibles las tiranías que usan con estas miserables gentes. Esto es el 
día de hoy habiendo tantos que los miren y defiendan y que ellos están un poco 
más despiertos y sacudidos, pues ¿qué sería cuando estaban sin defensa huma- 
na, amilanados y cobardes al ver los estragos que en ellos se hacía? Dejólo a 
la consideración piadosa, pues la misma ciudad en carta que escribe a Su 
Majestad, que se pondrá adelante, dice que más necesidad tiene la tierra de 
ayuda que de hacer en ella armadas, y así lo confiesa, como se ha dicho, el 
mismo Don Francisco como queda citado, que mató muchos indios con hacer 
navios y despobló muchos pueblos muy numerosos, que es lo mismo que 
representó en sus memoriales a Su Majestad el Señor Casas para el remedio; 
y es cosa muy notable como les ciega a algunos el afecto o desafecto, que ca- 
lumnien al Señor Casas porque esto lo dijo solo con el fin de que se remediase, 
y ellos con el fin solo de detracción lo pueden decir y publicar. 

Ocho velas fueron las que fabricó ; entre chicas y grandes ; consideren 
que costarían de trabajo a los flacos hombres que las cargaron. Dejémoslo 
aprestando su armada, niiientras refiero como nuestros Religiosos vinieron 
a Guatemala segunda vez. 



CAPITULO X 



De la venida á Guatemala de los P. P. Fray Bartolomé de las Casas y 
Fray Pedro de Ángulo, Fray Luis Canser y Fray Rodrigo de Ladrada. 

Años 1534-1535 

Como por los años de 1530 empezase a correr la voz de las grandes con- 
quistas del Reyno del Perú, hechas por los desgraciados Capitanes Francisco 
Pizarro y Diego de Almagro, y concurriendo mucha gente a la fama de sus 
riquezas, luego se le ofreció a la caridad ferviente del Padre Fray Bartolomé 
de las Casas, que siempre ardía en la defensa de estos pobres su gran celo, 
que los conquistadores de Lim.a y del Reyno del Perú no serían más piadosos 
que lo habían sido los de la Nueva España, Santa Marta y otras partes; y 
previniendo el m^al que podría sobrevenir de su dilación, con licencia de sus 
Prelados se aprestó luego para pasar a España, siéndole tampoco molestos 
aquestos viajes por la causa referida, por entender hacia la de D:os, que no 
sentía la penalidad de ellos como si fuera de un pequeño arroyo. No extraña- 
ban en la Corte verlo Religiosos tan celoso, dando memoriales a favor de aques- 
tos miserables, los que lo habían visto clérigo muy reformado en los mismos 

174 



empleos; y viendo lo justificado de la causa que defendía, ganó con brevedad 
una Cédu'a para Francisco Pizarro y Diego de Almagro, en que se les mandaba, 
como a Capitanes de aqueKa conquista, que ni ellos ni sus Capitanes inferiores 
hiciesen ni pudiesen hacer esclavo a ningún natural de aquellas partes, por 
ninguna vía ni manera, ni por razón, ni condición alguna; sino que vencidos y 
sujetos a la corona real de Castilla los dejasen en su libertad como vasallos 
suyos libres y Señores de sí mismos y sus bienes y haciendas, como lo eran 
los moradores y vecinos de Castilla y de otras partes sujetos al Rey. Con 
aqueste despacho se volvió muy gustoso el Padre Fray Bartolomé de ^as Casas 
siendo muy bien recibido de los Religiosos de su hábito, pues veían que traba- 
jaba por todos, en lo que todos tanto deseaban, que era el ayudar a aquestos 
pobres desvalidos de todo favor humano. 

Fué su llegada a tiemipo que se acababa de celebrar Capítulo Provincial 
en la isla Española y aceptando en él, como casa de la Provincia de Santa Cruz 
el Convento de Santo Domingo de Méjico, diéronle por primer Prior al Padre 
Fray Francisco de San Miguel y embarcándose con algunos Religiosos para 
venir a Méjico, trajo consigo al Padre Fray Bartolomé de las Casas con ánimo 
de darle compañeros para que pasase al Perú, no solo a que notificase la Real 
Cédula sino para poner juntamente en ejecución cierta facultad que llevaba 
para fundar allá Conventos de la Orden en aquellas Provincias a la sazón 
sujetas a la de Santa Cruz, porque ya el Padre Fray Regina-do de Peraza tena 
allá Religiosos con que se podía esto hacer. Llegado que fué a Méjico se trató 
luego del viaje del Perú y para ello se le dieron dos compañeros, el uno Padre 
anciano y de muy relevantes prendas de letras y virtudes llamado Fray Bemar- 
dino de Minaya, y el otro un Padre Sacerdote moro llamado Fray Pedro de 
Santa María y Ángulo, que tanta parte tiene en esta historia por haber sido 
una de las piedras fundamentales de esta Provincia, apóstol de aquestas 
gentes, y que más convirtió y bautizó, y la columna más firme en sufrir y 
tolerar trabajos y malos tratos de cristianos. 

Salieron aquestos Religiosos de Méjico para el Perú, dice Remezal, a 
principios del año de 1531 y habiéndose de embarcar en el Realejo, Puerto de 
aquesta Gobernación, les fué fuerza el pasar por Guatemala. Aposentáronse 
en el Convento de Santo Domingo que había un año que estaba despoblado, 
causándoles mucha lástima aquellas paredes desiertas en tierra tan necesitada 
de predicación y doctrina. A la voz de que habc'a Frayles en el Convento de 
Santo Domingo, acudió toda la ciudad a verlos y a saber la causa de su venida; 
pero cuando se encontraron con el Padre Fray Barto'omé de las Casas conti- 
nuo Fiscal de los Conquistadores, se les aguó el contento que llevaban, porque 
entendieron que traía algunas Cédulas y provisiones Reales contra ellos, que 
el servicio de los esclavos no les tenía muy seguras las conc.encias y de cual- 
quier aire se temían. Con todo eso, como discretos, dismularon y mostraron 
gusto con tan honrados huéspedes. Mucho mayor y con más exceso sin disi- 
mulación ni fingimiento alguno el Licenciado Francisco Marroquín, Cura de 
la Parroquial de aquella ciudad, que como tan letrado y buen crisfano deseoso 
del bien de los naturales se holgara 'harto que saliesen ciertos los miedos de 
sus feligreses; en el discurso de la conversación supo el viaje de los Padres al 
Perú a fundar Convento y predicar en la tierra y como no dijeron más, todos 
se convertían en ruegos y plegarias que se quedasen allí en donde ya tenían 

175 



Convento fundado y la tierra sosegada y pacífica (cosa que aun no se había 
alcanzado en el Perú) y con mucha necesidad de doctrina. Instaba miJs en 
esto el Padre Cura, no entendiendo cuan imposibilitados iban los Padres de 
darle gusto. Súpose esto en la ciudad y contentáronse con detenerlos quince 
días en que el Padre Fray Bernardino de Minaya les predicó tres sermones de 
grande espíritu y devoción ; y de cuanto fruto hayan sido lo vi es'crito (dice 
Remezal de quien traslado ésto) en un memorial de letra del Obispo Marro- 
quín, y apresurando su viaje dejaron el Convento tan solo como lo hallaron, 
habiendo sido muy regalados y abastecidos para el camino de toda la gente 
noble de la ciudad". 

Fueron su camino al Puerto del Realejo, donde hallaron oportunidad de 
pasaje, que con solo veinticuatro horas de detención se hicieron a la vela, lo 
cual no les hubiera sucedido muy a gusto a decir la comisión que llevaban, 
porque como la mayor granjeria y trato de aquellos tiempos era la de los escla- 
vos, no permitieran llevar en su compañía a quien les iba a quitar sus inte- 
reses y ganancias. Llegados al Perú notificaron sus Cédulas a los dos Capi- 
tanes que luego obedecieron sin contradicción; y por manifestarse obedientes 
vasallos de Su Majestad, añadieron penas a las que Su Majestad imponía en 
sus Cédulas, y conferido con el Padre Maestro Fray Vicente de Valverde, varón 
doctísimo y de gran virtud, y con e' Padre Fray Reginaldo de Peraza, Vicario 
General de los Religiosos Dominicos que había en el Perú, el negocio de las 
fundaciones de los Conventos, viendo que la tierra estaba alterada y que no 
había el sosiego que era menester para la predicación del Santo Evangelio, 
fueron de parecer que por entonces se excusase fundar Convento y que entre 
tanto que hubiese oportunidad, se volviesen a la isla Española o a la Nueva 
España. Con esto trató de dar la vuelta y adjuntándosele algunos Religiosos 
de los que allá había, algo descontentos de aquestas alteraciones, se embar- 
caron todos para Panamá, de a donde pasaron al cabo de algunos días al 
Puerto del Realejo que es en la Provincia de Nicaragua. 

Desde el año antes había Su Majestad nombrado por Obispo de Nicara- 
gua a Don D"ego Alvarez Osorio, Chantre de la Iglesia de Nuestra Señora de 
la Antigua del Darién, Caba'lcro noble, pero mucho más pior sus letras y 
virtud, y entre los Capítulos de instrucción que le dio el Emperador, uno fué 
que procurase fundar un Convento de Santo Domingo para que los Religiosos 
doctrinaran toda aquella térra, que al cabo de tantos años que estaban con- 
quistadas aquiellas gentes estaban en su gentilidad como el primer día; y 
ofreciéndose aquesta ocasión de la vuelta de aquestos Religiosos, rogó al Padre 
Bartolomé de las Casas que pues todo era servir a Dios y que en la is;a 
Española y Méjico hab/ía ya tantos ministros, que fundasen aUí Conventos y 
que allí podían aguardar a que se sosegase el Perú. Condescendieron de muy 
buena gana a lo que con tantas veras se les pedía y fundaron casa de la Orden 
en la ciudad de León a donde el Obispo residía a quien dieron por Patrono 
y titular a San Pablo para que como Doctor de las gentes y que máís que todos 
los demás Apóstoles trabajó en la reducción de los gentiles, les favoreciese en 
aquella tan santa obra de la instrucción de aquellos infieles. Poblóse entonces 
el Convento déla Concepción de Granada que antes habían emipezado a fundar 
Religiosos de San Francisco, que no se sabe quiénes fueron, ni por qué causa 
se ausentaron y lo dejaron, aunque nuestro Padre Vázquez dice que este lo 

176 



fundó Fray Toribio de Motolinea, y cita para ello a Rcmczal, Libro 10, Caipí- 
tulo 4", y a la historia manuscrita de aquesta Provincia que lo dicen expresa- 
mente, en que claramente faltan a la verdad pues solamente dice uno y otro 
autor que aquel Convento fué de Padres Franciscanos y que nuestros Reli- 
giosos lo habitaron después, y como está ya dicho y probado con Torquemada, 
este Religioso no fué a Nicaragua hasta el año de 45 y este Convento estaba 
ya. fundado el año de 1531, con que no tiene apariencias de verdad lo que Su 
Paternidad dice. 

Aprendieron luego nuestros Religiosos la lengua de la tierra y el Padre 
Fray Pedro de Ángulo que sabía la Mejicana, que se habla en muchas partes 
de aquella Provincia, con que se empezó a hacer con mucho fervor la obra del 
Señor; y el Padre Fray Bernardino de Minaya se volvió a Méjico quedando 
los demás aprovechando a aquellas gentes. Aquestos dos Conventos quedaron 
por de la Provincia de San Juan Bautista del Perú por haberse fundado con 
Religiosos que de alia vinieron, aunque después, el año de 1551, cuando esta 
Provincia se crió en tal en el Capitulo General de Salamanca se le agregaron 
a ella y sucedió lo que adelante se dirá. 

Hallábase por este tiempo el Santo Obispo Don Francisco Marroquin 
muy afligido por el nuevo cargo de Pastor de las Ovejas de aqueste Reyno de 
Guatemala que la Majestad del Emperador había puesto sobre sus homaros, 
como se dirá adelante, sin tener Coadjutores sin los cuales era imposible aten- 
der al beneficio de su grey, que son los Religiosos que en todos los Obispados 
llevan el peso del día y de el estío. Solicitaba su vigilancia algún camino de 
poderlos adquirir y aifrecióle su santo celo los Religiosos nuestros que estaban 
en Nicaragua y no omitiendo diligencia alguna para no tener cuenta que dar 
de su descuido al Supremo Pastor, escribió con miicho rendimiento al Padre 
Fray Bartolomé de las Casas significándole su necesidad y suplicándole se 
compartiesen ios compañeros en la labor de la una y otra viña. No dudó su 
confianza el tener buen despacho en su súplica por haber conocido cuando le 
comunicó en Guatemala, el ardi^ente celo del Padre Fray Bartolomé, de la 
salvación de las almas, pues el que con tanto afán y trabajo solicitaba la liber- 
tad del cuerpo de aquestos pobres, no era dudable que con mucho mayor celo 
procuraría la libertad de sus almas esclavizadas de Satanás. Como lo esperó 
así lo consiguió, pues no pudiéndose negar aquella madre piadosa de aquestas 
gentes a tan justo pedimento, hubo de condescender con el pedimento y súpli- 
ca del Señor Obispo Marroquin, a quien, entre tanto como le debe este Reyno, 
no es la menor el haber traído a su costa las dos ilustres familias de Sant» 
Domingo y San Francisco que tanto lo ennoblecen e ilustran como se irá 
viendo en ei progreso de aquesta historia muy latamente. 

Pusiénrose luego en camino para Guatemala el Padre Fray Bartolomé 
de las Casas, el Padre Fray Pedro de Ángulo y el Padre Fray Luis Cáncer, que 
fueron las primeras piedras que se asentaron en las zanjas que había abierto el 
Venerable Padre Fray Domingo de Betanzos, piedras de tanta magnitud, fir- 
meza y solidez cuales las mostró el tiempo adelante, pues la una fué Obispo 
de Chiapa, la otra Obispo de Verapaz y la otra aunque desgarrada por el marti- 
rio que padeció es la Florida, pero entera según cree la piedad cristiana 
que se conserva y se conservará para siempre colocada en las murallas de la 
celestial Jerusalén. Siguióles luego el Venerable Padre Fray Rodrigo de 

177 H. de G.-12 



Ladrada, que desde que se unió con el Sañor Casas en Guatemala del Perú 
de a donde vino, nunca más se separaron hasta la muerte, siendo su compañero 
indisoluble en todos sus trabajos y peregrinaciones que hizo. Desde aquesta 
llegada a Guatemala para iluminarla como soles, nunca se ausentaron ni 
causaron sombras de tinieblas desde aquesta entrada el año de 1535, no faltan 
do de aquesta estirpe ínclita de los Recabitas que ilustrasen aquesta República 
de Guatemala por haber obedecido al gran Joyadas Padre de aqueste Reyno, 
como se irá viendo ; y aunque nuestra antigüedad en esta República y Reyno 
de Guatemala, no se quiera contar como la cuenta Su Majestad en la Cédula 
citada del año de 1538 en que entraron aquestos valientes héroes y aquestos 
cuatro de la fama, no se la puede oscurecer la malicia de la calumnia y la 
ma'a voluntad de aquestos escritores modernos con la falsedad de sus quime- 
ras, el haber sido aqueste año de 1535. 



CAPITULO XI 

Del viage que Don Pedro de Alvarado hizo al Perú, y de la erección de 
aquesta Yglesia de Guatemala de Parroquial en Catedral. 

Año 1535 

¡ Qué dificultades no atropella la codicia, pues llega hasta abandonar el 
alma, vendiéndola por tan ruin precio como el de los haberes temporales, la 
que fué su precio las mayores riquezas del Cielo ! Esta lleva al hombre, negando 
a su padre y madre y a su amada y dulce patria hasta los fines últimos de la 
tierra. Esta trajo a los mds de los españoles a estas partes y pocos y muy 
pocos se hallarán que los trajese el deseo de la dilatación de la fe, pudiéndose 
a todos los más hacer la pregunta que el Señor Piedrahita dice : que si se les 
preguntara a García de Serna por qué emprendía tantas veces a fuego y 
sangre esta guerra, quien duda que respondiese que por la resistencia que 
hallaba en los indios para admitir la ley evangélica? Siendo así que ni se les 
predicaba ni se les había predicado. ¿Quién duda que aquesto mismo nos 
respondiera Don Pedro de Alvarado, y si se les preguntara ¿qué para que era 
tanto aparato de naos como disponía? Sin duda, respiondiera que para descu- 
brir nuevas tierras en que se dilatase la fe. Esto pretestaba y esto era lo que 
representaba cuando estaba tan engolfado en la fábrica de aquestos ocho 
navios; pero ya después de acabados, declaró su ánimo que era querer entrar 
a la parte de las grandes riquezas que se publicaban del Perú, Declarado 
aqueste intento, fuese llevados de la envidia, o ya deseo del servicio del Rey, 
o temor que no quedase la tierra desarmada, pues aunque los indios estaban 
ya sujetos, se estaban en su gentilidad y se podía temer alguna sublevación, 
viendo la tierra sin gente, se le opusieron los Ofs, Rs. de Su Majestad, repre- 
sentándole Jos graves inconvenientes que podían resultar de aqueste viaje. 
Dieron cuenta a la Real Audiencia de Méjico para que pusiese remedio en ello, 
y considerados los inconvenientes y el que se había de seguir de meterse en 
conquista ajena, le mandaron suspender aquel viaje; pero aunque se lo noti- 
ficaron las provisiones, suplicando de ellas se hizo a la vela y saliendo por el 

178: 



mar del Sur adelante tocó en Nicaragua donde apresó dos navios que se 
aderezaban alli para llevar gente a Pizarro y armas, y tomando los más caba- 
llos que pudo desembarcó en Puerto Viejo y caminando hacia Quito, metióse 
en unos montes muy espesos, donde pensaron morir todos de sed; pero fue 
nuestro Señor servido de proveerles de ciertas cañas llenas de agua. Aquí 
padecieron muchas necesidades, de suerte que hubieron de valerse de los caba- 
llos para comer; estaba entonces el volcán de Quito que causaba horror y 
miedo, bramando y arrojando mucha cantidad de fuego y ceniza: toparon con 
unas sierras altísimas que aunque estaban debajo de la equinoccial estaban 
llenas de nieve, donde al pasarla se helaron setenta personas, y las demás 
dieron gracias a Dios de poder escapar; y teniendo Francisco Pizarro noticia 
de la venida de Alvarado despachó gente para que le resistiese la entrada y 
orden para que si quisiese venir a concierto fuese admitido ; pero quiso nuestro 
Señor que sobre el río Liribam'ba, estando los dos campos para darse la batalla 
clamaron los dos campos paz, paz, y haciendo treguas para aquel día y aquella 
nocíhe, se concertó Don Pedro con los Comisarios de Pizarro que se le diesen 
a Alvarado por toda aquella flota cien mil pesos de buen oro y que se apartase 
de la pretensa de querer entrar en aquella conquista. 

Aceptó Don Pedro el partido por no ser tan rica tierra como le habían 
dicho. Concertados de este modo mandó entregar la armada y se fué a ver 
con Pizarro quien le pagó puntualísimamente, y aunque algunos le aconse- 
jaron a Pizarro que no le pagase sino que lo prendiese y remitiese a España 
por haber entrado con mano poderosa, él como caballero no lo quiso hacer, 
antes le dio muy buenas preseas. Por esta gente que Don Pedro llevó de 
Guatemala, dice Don Francisco Fuentes, que se ennobleció mucho el Reyno 
del Perú y aunque no dudo fuese así porque fueron muy buenos caballeros con 
el Adelantado, también dice Don Juan Fernando Pizarro en sus varones 
Ilustres que fomentaron mucho los disturbios del Perú. Dio con esto la vutíta 
a Guatemala, que fué según se puede colegir a fines de aqueste año de 1535. 

Había ya informado Don Pedro de Alvarado en España lo dilatado de 
estas Provincias y lo distantes que están de Méjico y que así convendría erigir 
aquesta en Catedral para que habiendo Pastor a la vista que vea la necesidad 
de sus ovejas ocurra a ello como quien ha de dar cuenta de todas, y así cuida- 
doso el Consejo en la persona que sería má)s conveniente, vacilaba porque no 
hay duda deque si Dios asiste a Su Majestad en la elección que hace de aques- 
tos Supremos Prelados, en quienes consiste principalmente el bien o el mal del 
rebaño, parece que en aquelos tiempos lo asistía con mucha más especiahdad 
para el acierto de aquellos Santos Prelados que fundaron aquesta cristiandad, 
no siendo Padres que parece que explican no sé qué género de despego, sino 
madres piadosas de aquestos párvulos, fomentándolos y abrigándolos al calor 
de sus entrañas piadosas para que no acabasen con estos pobres los que solo 
atendían a su destrucción, dándoseles en aquellos tiempos el título de defen- 
sores de estos indios para que con su grande autoridad reprimiesen las tiranías 
aunque muchas veces no les valía como lo significa con justas lamentaciones 
el Señor Marroquín en una carta escrita a la ciudad de Guatemala que a su 
tiempo se pondrá. 

179 



Con este cuidado estaba aquel Supremo Senado cuando se les ofreció 
el que tenían a la vista que solo su aspecto manifestaba su gran virtud y 
religión, y por lo que se conmunicaba, sus muy realzadas letras que estudió en 
aquel emporio de ellas, la Universidad de Salamanca. Este era el Padre Fray 
Domingo de Betanzos, que como se ha dicho iba a negocios graves a España 
y poniéndolo en noticia del Católico Monarca que agradándole la propuesta, 
porque ya le había comunicado, le dio luego el nombramiento de primer Obispo 
de Guatemiala. Terrible fué aqueste golpe para el Venerable Padre porque no 
tenía de sí concepto que pudiese regir una manada de cabras, cuanto más un 
rebaño tan dilatado de ovejas de Cristo redimidas con su sangre, y así esforzán- 
dose su cortedad a sentir más bajamíente de sí, se resolvió en no aceptar. 
Andaban en aquellos tiempos a despreciar las mitras, porque las mitras anda- 
ban a.buscar los sujetos ; anduvieran a buscarlas las mitras y no anduvieran tan 
desipreciados. Otro Religioso tal y sin duda del mismo espíritu, dice Torque- 
mada que fué nombrado para esta Iglesia de Guatemala, por estas palabras: 
"Envióíe al Padre Fray Francisco Ximenes el Em;perador para ser primer 
Obispo de Guatemala; más por quedar en el estado humilde que había elegido 
de Frayle menor no quiso aceptar". Este fué uno de los doce apostólicos varo- 
nes que vinieron con el Venerable Padre Fray Martín de Valenc'a a la Nueva 
España año de 1524; no hay duda que así sería; pero no se sabe cual de los 
dos fué en primer lugar electo, aunque según la santidad de vida de los dos, 
cada cual «puede ser el primero sin poderse dejar de notar aquí de paso, la 
maravillosa unión de aquestas dos familias en esta Provincia de Guatemala, 
tan hermanadas y unidas que si entran los prim,eros fundadores, solo son 
cuatro de cada familia y que lo solicitase a los Padres de San Francisco un 
Frayle Dominico, y se da la mitra a uno y no la admite ni tampoco el otro, 
que no puede ser todo esto tan acaso que no sea digno de mucha consideración. 
Y que salga ahora nuestro Padre Vázquez procurando introducir rencillas y 
discordias. 

Habiendo reconocido el Adelantado el gran talento, virtud y letras del 
Licenciado Don Francisco Marroquín, informó también acerca de ello cuando 
escribió acerca de erigir aquesta Iglesia en Catedral, que bien se conoció que 
no se engañó en cosa, antes parece que fué impulso superior el haber dado 
noticia de Su Majestad de tan esclarecido sujeto para que las cosas se guiasen 
al mayor servicio de Dios y bien de aqueste Reyno, para que el que lo había 
empezado a plantar desde su principio, lo prosiguiese hasta ponerlo en la per- 
fección que lo dejó; pues recibiendo una materia embrión, como era aquesta 
de este Reyno de Guatemala, la fuese formando y reformando y perfeccio- 
nándola en sus partes para que la dejase en la hermosura que se ve; y así el 
Supremo Consejo de las Indias viendo la repulsa de los dos primeros nombra- 
dos y lo mucho que se dilitaba el remedio que tanto se necesitaba, con los 
buenos informes que allá había, echó mano del Licenciado Marroquín para que 
estuviese pronto y no se dilatase el remiedio si hubiera de venir de otra parte 
y así le nombró en primer Prelado de aquesta Iglesia Su Majestad y cuan 
acertada haya sido aquesta elección lo manifestaron maravillosas operaciones 
de aqueste Santo Prelado. Hízose aqueste nombramiento a fines del año de 

180 



1533 y las bulas se despacharon en Roma por la Santidad de Paulo III a 18 
del mes de diciembre de 1534 y con ellas la Cédula del Emperador. Gobernaba 
aquesta Iglesia desde que llegaron hasta que se consagró, como Gobernador 
del Obispado. 

No fué aqueste Santo Prelado menos vigilante en procurar saber la 
lengua de sus ovejas que en todas las demás cosas de su oficio y ministerio 
pastoral ; y siendo entonces la cosa más dificil que se puede entender, por ser 
cosa tan oscura y a que ninguno (había abierto camino, fué tal su aplicación y 
ayudado del Espíritu Santo, rompió aqueste caos de confusión de aquestas 
lenguas, y así lo redujo a algún género de método o arte, que aunque por 
entonces no se pudo perfeccionar, no hay duda que fué obra de gran trabajo 
porque merece grandísima loa, y también hubo de formar un género de cate- 
cismo, que aunque por entonces sacó algunas imperfecciones, después se fué 
corrigiendo como se fué penetrando los secretos y propiedades de estas len- 
guas, el cual después en mucha perfección dio a la estampa el año de 1556, 
como se puede ver en el mismo; y en el prólogo que parte de él trae nuestro 
Remezal, advierte a los que no tuvieron tanta comprensión, de la grande obli- 
gación de un Prelado, cu¿n agradable es a Dios el emplearse en estas obras 
que parecen indignas de semejantes Prelados diciendo : "Por ventura parecerá 
alguna cosa digna de menosprecio que los Prelados (los cuales por la altura de 
su dignidad suelen estar ocupados en negocios graves y de importancia) se 
ocupen en cosas bajas y que solamente son coaptadas para la información 
de los niños, aunque si bien se mira, más soez y baja cosa es no abajarse a las 
cosas semejantes, o por mejor decir levantarse, pues que es el tal enseñamiento 
la médula de nuestra Santa fe católica y de nuestra sagrada Religión, etc. 
i Oh Santo y Venerable Padre, oh bendito entre todos los Prelados pues no 
tienes abajera antes sí a mucha gloria el ejercitarte en estas cosas que otros 
tienen por indignas de su dignidad ; pero si bien lo miraran esta indignidad 
fuera su mayor ensalzamiento. ¿Y qué ensalzó tanto a aquel Santo Prelado 
primera mitra de Méjico, el Ilustrísimo Sumarraga, a quien los ignorantes 
llamaban oprobio de Prelados? No otra cosa, que aqueste anonadarse a seme- 
janza del hijo de Dios, que para peder llegar a la cumbre de la perfección 
aplicóse antes a servir que a ser servido y adorado. Aquesta gloria de haber 
sido aqueste Prelado Santo el primero que rompió aquestas mares de aquestas 
lenguas, y de haber hecho el catecismo para instruir en la fe aquestas gentes 
y aquesta palma que se llevó capitaneando a todos los que después de él tanto 
la han ilustrado, e empeña nuestro Padre Vázquez con todas sus fuerzas el 
arrebatarla de sus sacratísimas manos y darla a un hijo de su Religión, pero 
tan sin tiempo, que quiso Dios que con la prisa que le dio a que h'ciera el 
arte y el catecísimo, se hiciera increíble su quimera, pues apenas llegó cuando 
ya se le manda hacer el arte y el catecismo. No hay duda que trabajó mucho 
el Padre Fray Pedro Betanzos; pero fué después que ya iba vencida mucha 
dificultad en entender aquestas lenguas, como otros muchos lo han hecho, con 
mucho acierto. No hay duda, no hay cosa alguna en que no quiera llevarse 
la primacía para su sagrada Religión, como si tuviese necesidad su sagrado 
hábito de falsas honras; deje su Paternidad cada cosa a quien le toca; no le 
quite ni arrebate a aqueste Santo Prelado la gloria y alabanza que se le debe 
por tan insigne obra. Más fundamento podíamos tener nosotros, para decir 

181 



que nuestro Fray Domingo de Betanzos abriría aqueste camino oscuro, pues 
se debe presumir que su gran celo de la salvación de las almas le haría 
aplicarse a su inteligencia, y más cuando venía a edhar los primeros funda- 
mentos de aquesta Provincia para la doctrina de aquestas gentes, y que algo 
podía haber alcanzado en m;ás de un año ; pero por no hallarse nada auténtico 
tocante a esto, lo omitimos, dándole la primacía a quien se debe, que es al 
Ilustrísimo señor Marroquín y confesar que a aqueste Santo Prelado debe la 
Religión Dominica los prímieros rudimentos de estas lenguas, porque luego 
que llegaron aquí nuestros Religiosos que no vinieron a andarse peregrinando, 
como nuestro Padre dice de los suyos que finge, procuraron enterarse con 
todas veras en el idioma más común que es la lengua Cacchiquel, que dándose 
esta la mano con las demás, después les fué fácil el irlas comprendiendo todas, 
y para esta Caccihiquel tomando aqueste Santo Prelado el trabajo de enseñar 
a los Religiosos lo que sabía, les fué instruyendo y enseñando para con más 
facilidad y brevedad se tratase de la reducción de aquestas gentes, como se 
hizo, porque con el gran cuidado que ponían en el estudio de la lengua, ser 
capaces y hombres todos de letras, y con tan buen Mo. y el mejor que les 
asistía como a los Apóstoles para que supiesen las lenguas, salieron tan consu- 
mados maestros cual lo manifestó el suceso que se tratará adelante cuando se 
trate de la reducción de la Verapaz con lo cual empezaron a visitar toda la 
tierra, repartiendo y dando el pan de la doctrina que había ya once años que 
lo estaban clamando y muriéndose de hambre por no haber quien se lo par- 
tiese y repartiese. Mucha era la miez que se le ofrecía y estaba ya para segar 
pero eran muy pocos los obreros para tanta sementera y mientras el Soberano 
Padre de familias usando de su infinita piedad enviaba más obreros, procuraba 
cada uno hacerse muchos, buscando modo y traza de poder estar en todas 
partes porque todo lo que hoy tienen los Padres de San Francisco y nosotros 
en las lenguas quidhé y cacchiquel y sutuhil, todo lo redujeron aquellos Santos 
varones y para poder asistir en todas partes, andaban continuamente predi- 
cando, repartiéndose por partidos, valiéndose de los más fieles indios que 
hallaban y doctrinados éstos poxiían a uno en cada pueblo o muchos conforme 
la cantidad de la gente, que juntándolos a ciertas horas les iban enseñando la 
doctrina y todo lo que los Padres les enseñaban, y de este modo les iban ac- 
tuando en la fe para que estando capaces se pudieran ir bautizando. No es 
dudable que entre tanta multitud hubiese algunos más pertinaces y rebeldes, 
y que como más poseídos del Demonio se retirarían a los montes; no puede 
negarse que habría muahos defectos de estos, pero eran irremediables por ser 
tan pocos los ministros no dejando el Señor Obispo de ayudar y mucho ya 
con su autoridad ya con su doctrina. Bien se deja entender lo que trabajarían 
aquellos santos varones en toda aquesta reducción que sólo siendo unos espí- 
ritus tan relevantes y tan fortalecidos de Dios podían llevar tan terrible carga 
sobre sus hombros. 

No eran solo estas las fatigas que oprimían a aquellos hombres de 
gigantes, mucho mayores eran las que sus entrañas piadosas padecían al ver 
el mal trato de estos miseraibles y la esclavitud tan tirana en que los tenían 
muertos de hambre, desollados a azotes, al sol, al agua, al frío, desnudos en 
carnes, que siquiera con que cubrirse no les daban aquellos tiranos que se 
Uamalban Señores, y sobre defender a estos inocentes reducidos a una escla- 

182 



vitud inicua, estaban en continua guerra con los españoles; pero como verda- 
deros hijos del mastin de la Iglesia, nunca dejaban de ladrar y vocear en el 
pulpito dándoles voces ipara que volviesen del camino errado que llevaban 
al de su salvación ; pero era tanto el odio que contra sí se concitaron que temie- 
ron algún alboroto en la ciudad y así cesó el Padre Fray Bartolomé de las 
Casas en su predicación, procurando aprovechar el tiempo en quienes daban 
gratos oídos a su enseñanza, que harta vergüenza era que cristianos católicos, 
hijos de cristianos viejos y caballeros, cerrasen tan fuertemente los oídos a lo 
que también les estaba, como salir de sus culpas y que les negasen la limosna 
que de puerta en puerta pedían para su sustento; y que unos indios bárbaros 
idólatras tan mansa y pacíficamente sujetasen el cuello al yugo suave del 
Evangelio y de su másma miseria, que quizás eUos se quedaban en ayunas, 
socorriesen a los Padres, como todo se verá en una carta que el Ilustrísimo 
Señor Obispo escribió al Cabildo de la ciudad y en otros instrumentos que se 
irán trayendo. 

No era menor la batalla que padecían aquellos santos varones acerca del 
modo tan inicuo que tenian de hacer la guerra tan contra ley divina y humana 
tan contra lo que mandó Cristo vida nuestra, como contra lo que Su Santidad 
y los piadosísimos Reyes de España tenían mandado continuamente. Clama- 
ban ya en el pulpito, ya en pláticas, sin dejar de vocear porque las pareció 
tiempo aquel en que creían que a ellos decía Dios lo que mandó al Profeta : 
"Clama, ne ceses, quasi tuba exalta vocen tuam et anuntia poparlo meo pecata 
eorum, et dommi Jacob scelera corum". "Clama no ceses, levanta tu voz 
como trompeta y anuncia a mí Pueblo sus pecados y a la casa de Jacob sus 
maldades". Lo que resultó que aquesta predicación de que la fe no se había de 
introducir con armas y la (portentosa conversión de la Provincia de la Verapaz, 
es cosa que ha menester contarla muy despacio para que se den las gracias a 
Dios muy debidas como autor de todo lo bueno ; y así será preciso tratarlo en 
capítulo aparte; pero antes es preciso dar alguna noticia del segundo viaje que 
Don Pedro de Alvarado hizo a España, por ser aqueste su propio lugar. 

CAPITULO XII 

Del segundo viage que el adelantado Dn. Pedro hizo a los Reynos 
de Castilla, y principio de la reducción de la Provincia de la 

Verapaz o Tezulotlán. 

Año 1536 

Mediante las capitulaciones que el Adelantado hizo con la Majestad 
Cesárea, de que fabricaría a su costa una armada para descubrir las islas de 
la Especería, el favor del Secretario Francisco de los Cobos, hubo de componer 
sus cosas con Su Majestad, y como cosa que tanto deseaba el Cesar el descu- 
brimiento de aquestas islas y que se les buscase camino por sus mares, escribió 
a su Real Audiencia diese todo el fomento necesario para la expedición de la 
armada. Fabricó Don Pedro una de ocho vajeles. como se ha dicho, y sabiendo 
la Real Audiencia la derrota que llevaba de los Reyes del Perú, le mandó 

183 



no fuese allá por los inconvenientes dichos lo uno, y lo otro por ser contra 
lo que tenía capitulado con el Rey; pero él, que le estimulaba la fama de las 
riquezas de Lima, valióse de la trampa legal que es tan común del obedecer y 
suplicar y levando anclas se ihizo a la vela. Mucho sintió la Real Audiencia 
aqueste modo de proceder y sobre todo el faltar a lo capitulado con su Majes- 
tad en cosa de tanta consecuencia y que tanto lo había encargado ; y así, luego 
que supieron que había dado vuelta de los Reynos del Perú, trataron de en- 
viarle a tomar residencia y hacerle aqueste cargo de la armada que era el 
mayor, para lo cual fué nombrado el Licenciado Alonzo de Maldonado, Oidor 
de la Real Audiencia de Méjico, Juez recto y buen letrado. Esto se procuró 
hacer con mucho secreto, de modo que el Adelantado no lo entendiese; pero 
por mucho secreto que se guardó no dejó de alcanzar a saber en Guateanala 
Alvaro de Paz, que era mayordomo del Adelantado, quien noticiando al 
Adelantado y del cargo grande que le venía a hacer de no haber hecho la 
armada que había capitulado con Su Majestad, y viendo el Adelantado que no 
era posible el descargarse de este cargo, hubo por mejor acuerdo el ausen- 
tarse antes que llegase el Juez y se fué, como dicen, a cencerros tapados sin 
saberlo persona alguna a la Provincia de Honduras y de allí a Puerto de Caba- 
llos, que debía de haber allí embarcación en la ocasión, pues de allí se fué para 
España, y porque sin duda se tuvo por fuga su ausencia, desde Puerto de 
Caballos escribió a la ciudad diciendo de no haberse despedido y avisado de su 
viaje respecto de la prisa con que le fué preciso salir a componer con Don 
Francisco de Montejo la diferencia que tenían de la gobernación de Hondu- 
ras ; que no iba huido, sino con licencia que tenía de la Nueva España, y que le 
era preciso el pasar a España sobre la dependencia con Montejo; todo aquesto 
consta de la carta dicha escrita en esta ocasión desde Puerto de Caballos a la 
ciudad, que hasta hoy se guarda allí, en cuyo archivo la he visto. 

Llegó el Juez, Licenciado Alonso de Maldonado a 10 de mayo de 1536 
y no hallando al Adelantado habiendo tomado la posesión del Gobierno, em- 
bargó toda la hacienda y los pueblos del Adelantado. Viendo esto Alvaro de 
Paz, como su mayordomo y apoderado, con su hacienda y empeñándose y como 
pudo empezó a tratar de poner en planta la armada, porque este era el mayor 
cargo y solo dando cum^plimáento a ello podía salir con bien de aquesta resi^ 
dencia, y así empeñándose y adeudándose el mismo Alvaro de Paz, puso trece 
naos en el Puerto de Iztapa dentro de breve tiempo y remitiéndole testimonio 
de ello a España satisfizo aqueste cargo que era el principal, con lo cual pudo 
el Adelantado comiponer sus cosas con el César. Todo esto consta de la 
probanza del mismo Alvaro de Paz que para en poder de los Avalos y Cerdas 
sus descendientes, de que se conoce ser sin fundamento la queja que forma 
Vázquez por el Adelantado de que le quitó el bastón cosa que él no pudo tolerar 
y que hallándose aquí sin recurso, se fué a España a buscarlo, porque la causa 
de su ida fué la que se ha dicho y él no aguardó al Visitador en Guatemala, y 
si a alguno le quitó el bastón fué a Gonzalo de Alvarado, que fué a quien 
dejó por su Teniente. Llegó como se ha dicho el Licenciado Alonso de Mal- 
donado a Guatemala a 10 de mayo del dicho año de 1536 y aprendiendo el 
Gobierno de ella, fué procediendo a la residencia del Adelantado, y juntamente 
atendió con mucho desvelo a acabar de pacificar la tierra que por algunas 

184 



partes estaba todavía alterada, y este es el mismo que vino después por Gobcr. 
nador de Guatemala el año de 1542 por la muerte de Alvarado y el que fué 
primer Presidente de los confiíues. 

No cesaban nuestros Religiosos de clamar sobre el modo con que la 
guerra se hacía, y más que todos aquel perpetuo Fiscal de maldades, el Padre 
Fray Bartolomé de las Casas, quien en aquellos días escribió aquel tratado tan 
admirable que intituló De único vocationis modo; pero aunque éste se publicó, 
reíanse los conquistadores de la Provincia de Guatemala y vecinos de la ciudad 
de Santiago, de aqueste tratado ; y mucho más de su autor cuando en pláticas 
y sermones trataba de ello, no creyendo que los indios pudiesen ser llevados 
por bien y que se pudiesen reducir por razones a recibir la fe, y mucho más era 
mofado en tratando del mal estado en que estaban por tener en esclavitud 
tirana a los indios y que estaban obligados a la restitución de todo. Bien lo 
manifestaron en la carta que la ciudad escribe a su Majestad que se pondrá 
después, cuya intención deprabada en el contesto de la carta bien la maní 
fiestan, que era que Su Majestad se diese por sentido del Padre Fray Barto 
lomé de las Casas y a lo menos que no le hiciera caso y le diera de man 3 
cuando no pasara a otra demostración ; pero los engañó tanto su malicia, que 
claramente lo vieron ellos mismos (honrado con la mitra de Chiapa por ello, 7 
aunque no vinieran en concierto (dice Remezal) con los vecinos de Guatemala 
que si hacía lo que decía y ponía en práctica lo que decía en este negocio, y 
con palabras solas y persuasiones del entendimiento y voluntad, convirtiese, 
los indios de Tezulutlán, y los redujese al gremio de la Iglesia, haciéndolos 
perseverar en nuestra Religión cristiana; ellos dejarían las armas, se darían 
por soldados y capitanes injustos, enviarían libre los esclavos, restituirían ¡o 
ganado en la guerra y harían todo aquello a que por su libro eran condenado*;. 
Todavía por curiosidad le pidieron y rogaron que procurase acabar una 
empresa de tanto servicio de Dios y de que tanta gloría sacaría para su persona, 
como el traer los indios a la fe con solas palabras; y todo esto se persuadían 
que con el mal suceso que había de tener si escapaba con la vida, escarmen- 
taría para adelante y dejaría de molestarlos en pláticas y sermones y reñirles 
el modo que tenían de sujetar a los indios. 

Tenía (prosigue el citado autor), el Padre Fray Bartolomé de las Casas, 
una confianza grandísima en el Señor que defendió, publicando y enseñando 
y persuadiendo la doctrina pacífica y mansa del Santo Evangelio, que no la 
desampararía al tiempo que la había o hubiese de poner en ejecución para 
dejarle corrido y afrentado en las bocas y entendimiento de quien tenía aquel 
modo de proceder por desatino y locura; y juntamente estaba persuadido que 
cuando no saliese con la empresa o que los indios no le quisiesen oír o por 
causa de tal embajada le quitasen la vida, que aquello no sería por falta del 
Evangelio ni por falta ni engaño que en él hubiese, sino por justo juicio de 
Dios, y quizás mayor bien suyo, como era llevarle de esta vida a la otra con la 
aureola y corona de martirio. 

Con todas estas consideraciones se ofrecía de su voluntad a los vecinos 
de la ciudad de Santiago lo especulativo De único vocationis modo y de sus plá- 
ticas y sermones en que persuadía que la fe se había de enseñar por amor y 
con razones que persuadiesen al entendimiento y obras que aficionasen I i 
voluntad de la Religión cristiana aun de la gente mas bárbara del mund,-). 

185 



Y porque en el tiempo que el Padre Fray Bartolomé de las Casas hizo 
este ofrecimiento, que fué a principios del año de 1537, no había otra tierra 
por conquistar por estas Provincias cercanas a Guatemala, sino la de Tezulu- 
tlán tan montuosa, lluviosa y áspera, como ella misma lo está demostrando, 
donde casi todo el añ'o llueve, la gente que la habitaba era e!l coco de los espa- 
ñoles, porque tres veces la habían acometido y otras tantas le habían vuelto 
las espaldas, y asi la teníian por gente feroz e imposible de domar y sujetar 
como habían hecho de las demás naciones y así laj llamaban tierra de guerra. 
A esta Provincia y gente se ofreció a ir el Padre Fray Bartolomé de las Casas 
y hacer que sus habitadores voluntan amiente se hiciesen vasallos del Rey de 
Ks^ aíia y le tributasen y que recibiesen la fe católica sólo con la palabra de Dios. 

No pidió el Padre Fray Bartolomé para la ejecución de aquesta obra 
cosa alguna de la tierra, porque como intentaba hacerla del modo que el Evan- 
gelio manda, que es la misima espada de la palabra de Dios, cuchilla de dos 
filos, procuró hacerla como verdadero imitador de !os Apóstoles y siguiendo las 
pisadas de los Apóstoles, quienes sin más armas que estas sujetaron todo el 
mundo al yugo del Evangelio, sólo pidió él y los demá^s compañeros Oo que 
otros detestaron, que fué eil que los dejasen solos. Esto fué ante el Gober- 
nador Alonso de Maldonado para que en nombre del Rey les asegurase que no 
había de entrar en aquellja Provincia español alguno, lo cual concedió empe- 
ñando la palabra Real lo cual aprobó la Real Audiencia de Méjico por su Real 
provisión en que inserta el despacho que está original en nuestro Archivo, y 
después la Maij estad del Señor Emperador la aprobó dando la provisión Real 
en que inserta uno y otro y así para que "e vean todos pondré a la letra la 
misma provisión del Emperador para que se vea todo con claridad. 



CAPITULO XIII 



Donde se prosigue la reducción de la provincia de Tezulotlán. 

Don Carlos por la Divina clemencia Emperador semper Augusto, Rey 
de. Alemania e Doña Juana su madre y el mismo Don Carlos por la gracia de 
Dios, Reyes de Castilla, de Aragón, de las dos Cicilias, etc. A vos los que sois 
o fueredes oficiales nuestros, Gobernadores de la Provincia de Guatemala, 
Chiapa e Honduras; a vuestro lugar Teniente; e otras cualesquier dichas 
justicias de las dichas Provincias e a todas e cualesquier personas de cuales- 
quier estado e condición que sean, a quien lo en esta nuestra carta contenido 
toca e atañe, salud e gracia. Sépades: que Nos mandamos dar e dimos para 
vos una nuestra carta e provís'ón Real, sellada con nuestro sello e librada del 
nuestro Presidente y Oidores de la audiencia real de la Nueva España, su tenor 
de la cual este que se sigue. 

Don Carlos por la Divina clemenciía, etc. a vos a quienes fueres nuestro 
Gobernador de la Provincia de Guatemala e a vuestros lugar Tenientes e a 
otros cualesquier nuestras justicias de la dicha nuestra Provincia, a todos e 
cualesquier personas de cualquier estado e condición que sean, a quien lo en 

186 



esta nuestra carta toca e atañe salud e gracia. Sépades que el Licenciado 
Maldonado, Oidor de la Nuestra Audiencia de Méjico c Gobernador de dicha 
Provincia acatando ser cumplidero al servicio de Dios nuestro Señor e nuestro 
e a lia pro e utilidad e acrescentamiento e conservación de los natura' es de 
dicha Provincia, que no están de paz, ni han venido a darnos la sujección como 
vasallos nuestros, que son, para que con más facilidad vengan a ello y en 
conocimiento de nuestra santa fe católica, tomó cierto asiento y concierto con 
el Padre Fray Bartolomé de las Casas del Orden de Predicadores el tenor del 
cual es este que se sigue. Yo el Licenciado Alonso de Maldonado Gobernador 
de esta ciudad e Provincia de Guatemiala por su Majestad digo: que por cuanto 
vos Fray Bartolomé de las Casas Vicario de la casa de Santo Domingo que 
está en esta ciudad, con los Religiosos que aquí están con vos, os habéis movido 
por servir a Dios Nuestro Señor y por la salud de las almas y por servir tam- 
bién a Su Majestad, a entender y trabajar en que ciertas Provincias de indios 
naturales que están dentro y en los confines de esta Gobernación, que no están 
en la obediencia del Rey Nuestro Señor, ni conversan con los españoles, antes 
están aleados, bravos e de guerra sin que ningún español ose ir por donde 
ellos andan, vengan de paz, e los queréis asegurar e pacificar a traer a la 
sujección e dominio real e que conozcan a Su Majestad por Señor, para que 
sean instruidos en nuestra Santa fe catórca y se les pred que la doctrina por 
vosotros y por los otros Religiosos que en é lo hubieren de entender, y para 
esto me disteis parte de esto para que yo lo tuviese por bien ; y porque teméis 
que después que vos traigáis los dichos indios e Provincias de paz y a:l servicio 
del Rey que si se encomendasen a españoles que serían maltratados, como lo 
suelen hacer, y estorbados que no recibiesen la fe y doctrina cristiana, y por 
tanto me requeristeis de parte de Dios y de Su Majestad que si yo en su Real 
no-mbre os prometiese e certificase que todas las Provincias e indios de ellas 
que trujeredes de paz e a sujección de su Majestad los pondría en su Real 
cabeza e nos los encomendaría a ninguno español, que os poniades en ello y 
los asegurariades y trabajarlades con todas vuestras fuerzas a los traer a los 
susodichos ; y que si esto no os prometiese que no entenderiades en ello, porque 
decís que no esperáis sacar fruto ninguno ni los poder traer a que sean cris- 
tianos, ni a que sean dotados de buenas costumbres ; y por que esta es obra de 
muy señalado servicio y gloria de Dios para Su Majestad y bien y salvación de 
los naturales indios de estas Provincias y es manifiesto que Su Majestad no 
desea más otra cosa que estas gentes infieles sean cristianas y se conviertan 
a Dios ; 

Por ende yo os prometo e doy mi palabra en nombre y de parte de Su 
Majestad por los potderes reales que tengo, que asegurando vos o cualquiera 
de vos. Los Religiosos que al presente estáis, que sois el Padre Fray Bartolomé 
de las Casas y Fray Rodrigo de Ladrada y Fray Pedro de Ángulo que trayendo 
con vuestra industria y cuidado cualesquier Provincias e indios de el as. todos 
o su parte que caen dentro de los límites de esta mi gobernación, que por Su 
Majestad tengo, a que estén de paz e que reconozcan por Señor a Su Majestad, 
que le sirvan con los tributos moderados que según la facultad de sus personas 
e pobre hacienda que tienen puedan buenamente dar en oro si en la misma 
tierra lo hubiere o en algodón o maíz o en otra cualquiera cosa que tuvieren 
o ellos entre sí granjearen y acostumbren a contratar, que yo desde aquí por 

187 



los poderes que de Su Majestad tengo y en su Real Nombre los pongo todos 
los que aseguraredes y todas las provincias de ellos en cabeza de Su Majestad 
para que le sirvan como sus vasallos y que no los daré a persona ninguna ni a 
ningún español, ahora ni en ningún tiempo y mandaré que ningún español 
les moleste ni vaya a ellos ni a sus tierras so graves penas por término de cinco 
años, porque no les alboroten ni escandalicen ni estorven a vuestra predica- 
ción, ni a ellos en su conversión, sino fuere que yo en persona vaya cuando a 
vosotros os pareciere, que vosotros vais conmigo, porque yo deseo en eso cum- 
plir la voluntad de Dios y de Su Majestad, ayudaros en cuanto fuere a mi 
posible que hagáis el íruio en los naturales de estas tierras que andáis haciendo 
para traerlos ail conocimiento de Dios y servicio de Su Majestad, de lo cual 
Su Majestad se tendrá por muy servido de vuestros trabajos e industria; e 
que los dichos cinco años se comiencen a contar desde el mes que vosotros 
entráredes en la misma Provincia y tierras de los que hoy están alzados y que 
no entre en cuenta los días que estuvieredes en los confines de las tales Provin- 
cias de a donde habéis de coimenzar a hacer vuestro concierto con ellos e a 
IOS industriar e informar para asegurarlos; y porque to^do lo dicho cumpliré y 
guardaré como dicho es y ayende de esto lo escribiré a Su Majestad y a Su 
Reail Consejo de las Indias, como al Señor Vicerey de la Nueva España que lo 
tengan por bien y acepten y confirmen como dicho es, firmé de mi nombre 
esta Cédu3a en nombre de Su Majestad que es fecha a 2 días del mes de 
m'ayo de 1537. 

D'go que haré lo arriba contenido e lo cumpliré hasta tanto que de el!o 
dé noticia a Su Majestad y en ello provea lo que más a su servicio convenga, 
e que los cinco años se entiendan en cuanto al entrar españoles en lias dichas 
tierras y que el dicho término de los cinco años se resuelva por el tiempo que 
a Sus Reverencias y a mí pareciere. El Licenciado Alonso de MaMonado. 
El cual visto por el nuestro Viso-Rey, Presidente e Oidores de las dicha Nuestna 
A.udiencia y ser cumplidero al servicio de Nuestro Señor y nuestro, efectuarse 
lo en el contenido fué acordado que debíamos dar esta nuestra carta para vos 
en la dicha razón, e Nos tuvimos, lo por bien por lo cual vos mandamos a todos 
y a cada uno de vos que veáis el dicho asiento que así tomó el dicho Licenciado 
Maldonado, nuestro Oidor y lo guardé's y cumpláis como en él se contiene, 
e contra él tenor y forma en el contenido no vais ni paséis por manera alguna 
hasta que por vos otra cosa se provea e mande, so pena de la nuestra merced 
-e de destierro perpetuo de esa Provincia e de esta Nueva España e de perdi- 
mento de la mitad de vuestros bienes para nuestra Cámara a cada uno que lo 
contrario hiciere, e mandamos que esta nuestra carta e provisión sea pregonada 
públicamente en esa ciudad e Provincra para que venga en noticia de todos e 
nadie pueda pretender ignorancia, de como esta nuestra carta fuere notificada 
e la cumplieredes e obedecieredes mandamos sola dicha pena a cualquier nues- 
tro Escribano que para esto fuere llamado o al que vos la mostraredes, dé testi- 
monio signado con su signo porque Nos sepamos en como se cumple nuestro 
mandado. Dada en la ciudad de Méjico en seis días del anes de febrero de 
1539 años. — Yo Juan Baera de Herrera, Escribano mayor de la Audiencia Real 
de la Nueva Espiaña e Gobernación de ella por su Majestad la hice escribir 
por su mandado, con acuerdo del Presidente e Oidores de la Real Audiencia, 
Don Antonio de Mendoza, el Licenciado Ceinos, el Licenciado Loaiza, el Licen- 

188 



ciado Tejada. Registrada, Juan de León. Por chanciller, Agustín Guerrero. 
E porque nuestra voluntad es, que lo contenido en La dicha provisión haya 
cumplimiento vos mandamos que la veáis e la guardéis y cumpláis en todo c 
por todo, como en ella se contiene, en contra el tenor e forma de e!la ni de 
lo en ella contenido no vais ni paséis ni consintáis ir ni pasar en manera 
alguna so las penas en la dicha nuestra carta y provisión, suso incorporadas, 
contenidos con más cincuenta mil maravedís para la dicha nuestra Cámara a 
cada uno de vos que lo contrario hiciere, e guardándola e cumpliéndola dejéis 
e consintáis a los dichos Friay Bartolomé de las Casas y Fray Pedro Ángulo y 
Fray Rodrigo de Ladrada e a sus compañeros e a cualquiera de ellos a los 
Religiosos de su Orden que ellos enviaren ; hacer y cumplir en todos los 
límites de esas gobernaciones en los indios que estuvieren de guerra lo en la 
dicha provisión contenido sin que en eMo les pong\ais impedimento alguno. 
Dada en la Villa de Madrid, a 14 del mes de noviembre de 1540 años. — Fray 
Garcías, Cardinalis hispalensis. Yo Pedro de los Cobos, Secretario de la 
Católica y Cesárea Majestad la hice escribir por su mandado. — El Gobernador 
en su nombre. — ^El Doctor Beltrán, Episcopus hispalensis. — Doctor Bemal. — 
El Licenciado Gutiérrez Velázquez. — E ahora por parte del Obispo de la dicha 
Provincia de Chíapa, nos ha sido hecha relación que lo más del tiempo de los 
cinco años en que por lias dichas nuestras cartas estaba mandado que ningún 
español fuese a ios pueblos de ios indios alzados de guerra, ni a sus tierras 
porque no los alborotasen en la predicación e conversión, es pasado e que 
convenía ai servicio de Dios Nuestro Señor e bien de los dichos indios que 
se prorogase el dicho término para que se pudiese efectuar o conseguir el fruto 
en ello comenzado a hacer, e nos fué suplicado lo mandásemos prorrogar el 
tiempo qué fuéseimos servidos, durante el cual guardásedes e cumpliésedes lo 
contenido en la dicha nuestra carta y sobre carta y como la nuestra merced 
fuese, lo cual visto por los de nuestro Consejo Real de las Indias, fué acorda- 
do que debíamos mandar dar esta nuestra ciarta en la dicha razón, e nos tuví- 
moslo por bien, por lo cual prorrogamos e alargamos el término de los dichos 
cinco años en la dicha nuestra carta, y sobre carta suso incorporada, contenido, 
por otros cinco años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el 
día que se cumpliere dicho término ; e por la presente mando que durante el 
término de los dichos cinco años de esta prorrogación guardéis y cumpláis la 
dicha nuestra carta o sobre carta en todo y por todo como en ellas se contiene ; 
y contra ei tenor y forma de ellas ni de lo en e^as contenido, no vais, ni paséis 
ni consintáis ir ni pasar en manera alguna, so las penas en ellas contenidas, 
con más de cien mil maraved's piara nuestra Cámara a cada uno de vos que 
lo contrario hiciere. Dada en la Villa de Madrid a quince días del mes de 
enero de mil quinientos y cuarenta y siete años. — Yo el Rey. — Yo Juan de 
Samano Secretario de su Católica y Real Majestad lo hice escribir por man- 
dado de Su Alteza". 

He puesto toda la Cédula Real porque adelante nos ha de servir por 
lo que toca a la Cédula que despachó el Eminentísimo Cardenal Loaisa y la del 
Emperador en que están todas insertas. Bien se echa de ver que esta promesa 
que el Padre Fray Bartolomé de las Casas y los demás Padres hicieron, no 
pudo ser sino con impulso superior en que la Majestad Divina quería mani- 
festar la verdad de su Evangelio ; pero tomado aqueste asiento los Padres con 

189 



el Gobernador, no sie atuvieron a milagros, que bien sabían que Dios no los 
había de hacer sin necesidad, y así considerando su pequenez y que no fuera 
acaso que Dios por sus culpas, que las consideraban muy grandes, los tubiese 
por indignos de tan gran legacía como el llevar su Santo nombre a los gentiles, 
procuraron disponerse con oraciones y ayunos para que Dios se sirviese de 
alumbrarles el modo más conveniente para hacer esta reducción. ¿Cómo 
había de faltar su misericordia y providencia infinita a los que por la defenza 
de su honra y su verdad habían empeñado sus palabras en su nombre? No 
era posible; pues tiene prometido al que tuviere tanta fe como un grano de 
mostaza que ha de trastornar los montes. Con la confianza de esta Divina 
palabra se atrevieron a empeñar la suya por escrito prometiendo trastornar y 
revolver aquellos montes y montañas de la Provincia de Tezulutlán; no duda- 
ban el conseguirlo; lo que no acertaban era <^í modo como esto se había de 
ejecutar, porque prevenidos de la prudencia que ha de servir de gobernarlle 
en tales lances, advertían que no era conveniente entrarse de repente por 
aquellas tierras que estaban alteradas con las entradas que habían intentado 
los conquistadores por dos veces y los tendrían por espías ; ni menos enviarles 
legacía por conocer el genio mudable y fácil de aquestas gentes y que sí no es 
muy asegurados y que por sus ojos vean, y palpen las cosas con sus manos, 
no se persuaden. En medio de aquestas maquinaciones no dejaban de impor- 
tunar a Dios con oraciones, ruegos y lágrimas, con que les ofreció un medio 
cual suele su providencia ofrecerlo, valiéndose de instrumentos flacos para 
avasallar y rendr la mayor potencia. 

Este fué el poner en la lengua de la tierra que se habla en Sacapulas y 
Cobán con alguna poca de diferencia que hasta entonces no sabían, la cual 
todos sabían ya muy bien con la dirección y enseñanza del Veneraible Obispo 
Marroquín (que se hallaba en la ocasión en Méjico en ocasión de haberse ido 
a consagrar, que se hizo a los 8 de abril de aqueste año, a quien dieron también 
parte de aqueste negocio grave y a sus prelados para que les diese su bendi- 
ción, como lo hizo el Venerable Padre Fray Domingo de Betanzos que era a la 
ocasión Provincial) los misterios de la fe desde la creación del mundo, caída 
de nuestros Padres y toda la vida de Cristo y su pasión y muerte que toleró por 
redimir al hombre que se hallaba esclavo de la culpa, en un metro y conso- 
nancia y cadencia a modo de versos obra la más singular que se puede pensar 
y que sólo alumbrados por ell Espíritu Santo lo pudieron hacer con toda per- 
fección, como se ve en ella que hasta hoy la tienen todos estos indios de memo- 
ria y la cantan en todos los días de misterio según lo que toca a aquel día; y 
cogiendo cuatro indios mercaderes de los que andan al trato entre ellos, cosa 
muy usada en tiempo de la gentilidad y en aquel tiempo no prohibida que 
entrasen en los pueblos no conquistados mercaderes de las tierras conquis- 
tadas, por medio de los cuales ellos sabían lo que pasaba entre los españoles, 
y aún los que estaban descontentos del yugo pesado de los españoles, o ya 
por los males que les hacían o por su malignidad, por medio de aquellos se 
comunicaban, como consta de cierta información que se hizo el año de 1544 
que se traerá después. 

A estos los acariciaron para que con fidelidad hiciesen aquesta legacía 
a quienes les enseñaron todas aquellas trobas que habían hecho en la lengua 
y ellos que naturalmente son inclinados a aqueste género de cantos por usarlos 

190 



en tiempo de su gentilidad en sus fiestas, en que relataban sucesos pasados, 
las aprendieron con mucho contento suyo y las cantaban al son del instru- 
mento que eLilos llaman Tum, añadiéndole sonaxas y cascabeles, cosa que a 
ellos les alarma mucho; y estando bien instruidos en lo que habían de hacer 
les dieron algunas buherías de Castilla para que adornasen más sus tiendas 
y de aqueste modo Los despacharon por el mes de agosto de aqueste año de 
1537 a tierra de SacapuCas que era parte del Reyno del Quiche y se quedó sin 
conquistar aquella rinconada retirá'ndose su cacique que era uno de los 24 
Señores grandes del Reyno del Quiche y de la misma sangre real a lo más 
fragoso de aquellas t'erras y esto fué asi sin duda porque en donde están los 
edificios que es sobre él río de Sacapulas antes de llegar al pueblo (pertene- 
cen a la parcialidad de San Francisco que los redujo a la fe católica con los de 
Santo Tomás Fray Gonzalo Méndez del Orden religiosa de nuestro Padre San 
Francisco) (1), hubiera encontrado con ellos Gaspar Arias cuando el año de 
1529 fué a dar guerra a los indios de Uspantán, como se dice en el primer libro 
de Cabildo; con que sin duda ellos se retiraron después de la ruina del Reyno 
Quiche hacia las caídas del río grande de SacapuCas, que están detrás del 
pueblo de Sacaba já. 

Entraron los mercaderes en el pueblo de Sacapuias y fuéronse a posar 
a casa del cacique que era el esitilo de ellos en su gentilidad y saludándole hicié- 
ronle su regalo según su uso, para lo cual los mismos religiosos les habían 
dado con qué los hiciesen. Eran conocidos del Cacique porque continuaban 
aquellos países con sus mercancías y tendiendo sus tiendas luego acudieron 
muchos a la novedad de la mercancía. Cayó la tarde y recogiendo sus tiendas 
pidieron un tum diciendo querían alegrar un poco al señor y traído y tocado 
sus cascabeles y sonajas se empezó el canto al son de aquellos instrumentos. 
Los indios que son muy amigos de estos festejos luego acudieron a la novedad 
del regocijo, empezaron a cantar lo que los padres les habían enseñado de 
los m'sterios de fe haciendo' es novedad todo lo que oían y no sabían qué 
historias eran aqueJüas. Causaba todo esto grande admiración al Cacique y a 
todos los demás indios principales y mazeguales que habían acudido a aqueste 
festejo, y mucho más el oi'r que muchas cosas de las que allí se tocaban, en 
sus historias las decían de otro modo; y preguntados por el Cacique que a 
dónde habían aprendido aquellos cantos, les dijeron que aquello les habían 
enseñado unos Padres que eran los Sacerdotes de los cristianos, dándoles las 
señas de su hábito, costumbres y modo de viv'r. y como vieron que esto no 
convenía con las costumbres y las obras de los cristianos que les habían dicho, 
mucho más se maravillaban. 

Quedóse el Cacique con esta confusión por entonces, más como la 
Divina misericordia iba ya péirticipando de su gracia para que aquellos mise- 
rables cautivos de Satanás recibiesen la paz del Santo Evangelio para sacarles 
de aquella esclavitud en que estaban, le movía la curiosidad a él y a los demás 
para pedirles que repitiesen una y muchas veces aquellas historias. Oía la 
voz de su dueño aquella noble criatura hecha a su imagen y semejanza y quería 
ya con anhdo dejar a aquel adúltero padre que la había tenido engañada tantos 



(1) Estas palabras surrayadas se hallan al mareen del orig nal escritas de mano de Ximenes y no ícm- 
parte del testo. 

191 



siglos y así se regocijaba y deleitaba en aquella suave y dulce voz que la 
llamaba por aquellas bocas toscas; y movido sin duda ya de emosión superior 
el Cacique les pedía que les explicasen aquellas cosas, a que ellos no supieron 
dar razón sino que aquello tocaba el explicarlo a aquellos Padres que lo 
tenían por oficio ; y ya preso del lazo del Divino amor, que ya lo tenía cogido 
en su anzuelo y rendido a sus saetas que le disparaba al alma, se le encendía 
más el deseo de saber de aquellas cosas, y así les preguntó si aqueíll'os Padres 
querían ir a su pueblo a enseñarle aquellos misterios, a que ellos respondieron, 
porque ya iban industriados en todo, que los Padres eran tan buenos que no 
dudaban que si ellos los enviasen a llamar, vendrían luego ; y animándose 
con ésto el Cacique se det^erminó a despachar a su hermano a Santiago de 
Guatemala a rogar a los Padres que fuesen a su pueblo. Despachólo con los 
mercaderes quienes les habían asegurado no tenían que tener temor de que 
se le hiciese mal alguno. Dióle a su hermano un presente que llevase a los 
Padres a su usanza y otros indios para que le acompañasen en el camino e 
instrucción que viese y considerase todo cuanto había y especialmente el modo 
de vivir de los Padres que tanto le habían alabado los mercaderes, que era lo 
que más fuerza le hacía por lo que había oído de los españoiles. 

No dejaban entre tanto los Padres de rogar continuamente a Dios por 
el buen suceso de los miercaderes, en quienes tenían puestas sus esperanzas, 
que Dios por medio de aquellos indios les habría de abrir camino para salir 
de su empeño. Quiso ya Dios consolar a sus siervos que se hallaban notable- 
mente angustiados, no fuera cosa que por sus deméritos no se cerrasen las 
bocas de los que abominaban este modo de predicar la fe a aquestos indios : 
llególes la noticia de la venida de sus mensajeros y con ella como venía el 
hermano del Cacique de Sacapulas con ellos. No es decible el gozo espiritual 
que recibieron sus almas al oír aquestas nuevas, pues ya conocían que el 
Supremo Padre de Familias no los había de dejar padecer confusión y afrenta 
a los que esperaron en él, y así fueron luego a rendirle las gracias por tan 
grande beneficio. Llegaron los mercaderes y dieron razón de su legacía y 
cómo el Cacique Señor de Sacapulas enviaba a su hermano para que les roga- 
sen fuesen a su tierra. Habló el embajador dando razón de su venida como era 
a irles sirviendo por el camino, que así se lo había mandado su hermano 
ofreciéndoles el presente que les traían. Agradecieron selo mucho en su propio 
idioma que sabíian, cosa que atraía mucho a estas gentes di ver que las habla- 
ban en su lengua, que era una de los cosas porque ellos tenían poco amor a 
los españoles. Diéronle palabra de ir ailá y para cumplirla y no arrojarse 
precipitadamente porque no hubiese debajo de aquella paz alguna solapa, se 
dispuso que fuesen soi!o uno como explorador de la tierra y del camino de los 
indios. Todos querían llevarse aquella palma, o ya del triunfo o de la corona 
del martirio; y así se hubo de remitir a las suertes, que hubo de caer en el 
Padre Fray Luis Cáncer que le tenía Dios prevenida la aureola, pero no aquí 
sino en la Florida como se d'rá a su tiempo, para aquesta ocasión le tenía la 
de ser el primero que pisase la tierra de paz que no pudieron los españoles de 
guerra. Dispuesta su partida, que poco tuvo que disponer de avíos temporales, 
sólo se previno de los del cielo de ayunos y oraciones, ayudándole a hacer la 
mochila sus hernr^anos con la promesa de no dejar de socorrerlo con sus sacri- 
ficios y oraciones y penitencias. Diéronle al hermano del Cacique en retorno 

192 

m 



del presente, otro de buherías de Castilla ; y a él y a sus compañeros después 
de haberíos bien regalado, según su pobreza permitía, también les dieron de 
las mismas cosillas, con que los despidieron muy contentos. Fué muy atendido 
y mirado el Padre Fray Luis por el camino, del Cacique y los demás, admirando 
cada día miáis aquel género de vida y hábito tan diverso y distinto del de todos 
los demás españoles que habían visto y oído ; pero cuando llegaron a tierra de 
Sacapulas fueron mucho mayores las demostraciones de festejos que hizo el 
Cacique saliéndole a recibir, habiéndole prevenido barrerle el suelo y regárselo 
de hojas y flores y haciendo arcos de uno y otro a su modo y usanza que usan 
hasta hoy en las grandes festividades. Recibió el Cacique al Padre Fray Luis 
con mucha humildad no osáfndole mirar a la cara, como si ya previniese que 
aquellos habían de ser sus redentores que los habían de sacar a puerto de 
claridad de aquellas tinieblas oscuras en que estaban de su gentilidad. Salu- 
dólo el Padre Fray Luis con mucho cariño y ofrecióle el presente que le 
llevaba, cosa que tuvo en mucha estimación el Cacique y pidióle el Religioso 
que le mandara hacer una Iglesia o Ermita en que poder celebrar, lo cual 
luego fué puesto en ejecución. Comenzó con ésto el Padre Fray Luis su predi- 
cación, explicando todos aquellos misterios que tanta armonía les habían 
hecho : decía misa en que notaba el aseo y limpieza con que se hacía aquel divi- 
no sacrificio, tan diferente en todo de la crueldad y inmundicia con que sus 
Sacerdotes celebraban los suyos y ccumo veía el Padre Fray Luis como todo 
le agradaba al Cacique y sobre todo la rectitud de nuestra ley que en muchas 
cosas concernía con la suya en que guardaban muchos o los más de nuestros 
preceptos, sólo guiados de la luz de la razón que inclina a ellos, apretaba más 
el Padre Fray Luis y persistía el persuadir al Cacique el que se apartase de 
dar culto ^ aquelflos leños y piedras y se convirtiese a dárselos a quien debía. 
Gastó en esto algunos días en que fué labrando y penetrando la saeta del amor 
Divino con sus auxilios y llegando a la última disposición aquel Divino fuego, 
encendió y levantó ULamarada en el corazón del Cacique, quien enterado de la 
verdad que aquellos ídolos eran figura de Satanás su cruel y mortal enemigo 
a quien engañados tantos siglos le habían tributado cultos y adoraciones con 
tanto despendió y ruina de sus almas, los echó por tierra e hizo pedazos y lo 
mismo hicieron muchos principales indios a su ejemplo y propuso hacerse 
cristiano y recibir el agua del Santo bautismo, con lo cual el Padre Fray Luis 
muy alegre en el Señor y dándole gracias por tan señalados beneficios se 
resolvió la dar vuelta y registrar toda aquella comarca y visitar los pueblos 
sujetos al Cacique como lo ejecutó para poder llevar noticia de toda la tierra; 
y habiéndola considerado toda como aquellos dos exploradores de Jericó y 
visto la docilidad de la gente y cuan miansos los hallaba y dispuestos para poder 
arraigar el grano del Evangelio en aquella tierra que prometía ciento por uno, 
y considerando el gran cuidado en que estarían sus hermanos del suceso que 
habría tenido su hermano Fray Luis, se determinó a dar la vuelta a Guatemala 
como lo hizo. No es decible el contento que recibieron el Padre Fray Barto- 
lomé de las Casas y los demás, viendo ya la puerta abierta de la misericordia 
Divina en que claramente conocieron que la mano de Dios estaba con ellos, y 
así le rindieron las gracias reconociendo a Dios por autor de todo lo bueijo y 
principalmente de aquella obra, pues sólo él les pudo inspirar semejante 
medio para la reducción de aquellas gentes. Cuanto fué el gozo espiritual 

193 H. de G.-13 



que los benditos Padres tuvieron de esta victoria que se prometían muy cum- 
plida de Satanás, tanta mayor fué la rabia de muchos españoles opuestos a las 
verdades del Santo Evangelio que les predicaban los Religiosos, porque movi- 
dos de Satanás que como enemigo cruel del género humano no pretendía en 
estas conquistas sino el acabamiento de estas gentes en su infelicidad y infide- 
lidad para no perderlo todo, los movía por la consideración de la utilidad que 
perdían de los despojos que podrían coger de esclavos que hacían y enco- 
miendas y utilidades que perdían si de paz se sujetaban los indios; y si era 
mucho el odio que mostraban a los Religiosos por la defensa que hacían de 
estos miserables y doctrina que les predicaban tan contraria a sus obras, mucho 
mayor fué de aflili en adelante como lo mostraron en los escritos infamatorios 
que hicieron contra los Religiosos e informaciones para remitir a Su Majestad 
para que no les diese crédito en nada como se verá adelante. 

Mientras el Padre Fray Luis vino para Guatemala, trató el Cacique 
Don Juan, que así se llamó en el bautismo que recibió, sin duda de mano del 
Padre Fray Luis Cáncer, trató de efectuar un casamiento que tenía apuntado 
de su hermano que fué a traer al Padre Fray Luis, con una hija del señor de 
Cobán que era lo que propiamente se decía tierra de guerra para lo cual se 
previnieron los banquetes y festejos como acostumbraban en semejantes casa- 
mientos de Señores. Estilaban cuando así se hacían casamientos de un 
Señorío a otro, al pasar un río grande que divide las dos jurisdicciones que es 
el de Sacapulas, hacer ciertos sacrificios y ofrendas de aves y papagayos; y 
como ya estaba desengañado Don Juan que todo aquella era superstición dia- 
bólica que ya había detestado y adjurado en el bautisimo, envió a decir al 
Señor de Cobán que se efectuase el casamiento tratado ; pero que le hiciese 
gusto de que aquellos sacrificios y ofrendas no se hiciesen respecto de ser 
malos. Mucho se alteró el Señor de Cobán con esta noticia; y pensando que 
ya se había hecho a la vanda de los españoles de que a él podía resultar daño 
por su cercanía, quiso declararle la guerra; pero informado como no habían 
entrado en su tierra españoles se aplacó y se efectuó el casamiento. 

Con ei grande alboroso que los Padres tuvieron del buen suceso con 
la conversión de aquel Cacique, se inquietaron todos a querer ir a trabajar en 
aquella labor que ya miraban como obra de sus fatigas y retirarse allí donde 
con máis sosiego harían la obra del Señor y dejar todos los demás pueblos que 
habían empezado a doctrinar porque no es decible la contradicción que tenían 
de los mismos que debían solicitar su cristiandad, pues para eso les habían 
encomendado, pues los querían tener tan esclavizados que eil rato que se 
gastaba en su enseñanza, lo tenían por perdido y que se les defraudaba mucho 
interés; pero considerando lo que llevaban plantado en esta tierra inculta y 
las malezas que llevaban ya arrancadas de estas breñas y que si lo dejaban se 
volvería a llenar todo de monte, se resolvieron en que sólo dos fueran a lo de 
Sacapulas y otros dos quedasen en el cultivo de aquesta heredad del Señor. 
Estos fueron el Padre Fray Luis Cáncer y el Padre Fray Rodrigo de Ladrada^ 
tomando para sí el Padre Vicario que lo era de la Casa de Santo Domingo desde 
el año antes de treinta y seis el Padre Fray Bartolomé de las Casas y el Padre 
Fray Pedro de Ángulo el cargo de ir a tierras de Sacapulas, Era esto a fines 
de octubre y poniéndose en camino aqu^ios dos apóstoles de estas gentes, 
llegaron a Sacapulas, a donde el Cacique los recibió con muestras de mucho 

194 



amor y humildad, aunque no dejaba de haber alguna inquietud entre sus 
vasallos por ver que su Señor había dado de mano a sus Dioses que veneraban 
sus antepasados ; pero era movido de los Sacerdotes a quienes tomaba Satanás 
por instrumento de estas cosas, que pretendiendo en esto o echar de su 
dominio a su propio Señor, que era Dios, o que esto se hiciese con las armas 
para lograr el maldito sus granjerias en la perdición de aquellas almas. Habían 
quemado la Yglesita que habían hecho al Padre Fray Luis; pero esforzándose 
el Cacique, expuesto antes a morir que a dejar la fe que había recibido, volvió 
otra vez a reedificar la Yglesita que como solo constaba de unos palos, cañas 
y paja, no era cosa de niucho trabajo. En ella decían imisa los Religiosos y 
en el campo predicaban a la mucha gente que concurría, que movidos los más 
de curiosidad, quedaban presos en el anzuelo de la fe, con que iba tomando 
cuerpo aquella cristiandad y fomentando el Cacique con su ejemplo y poder 
cuanto podía. Habiendo gastado allí muchos días en que más y más se iba 
aumentando el número de ios creyentes, quiso el Padre Fray Bartolomé descu. 
brir más tierra a ver lo que les ofrecía aquel territorio y proponiéndoselo al 
Cacique, se lo contradecía diciendo que temía no le quitasen la vida los de la 
tierra de guerra que eran los de Cobán; pero como esa ya la tenían ofrecida a 
Dios y estaban resignados en que la voluntad Divina hiciese lo que más le 
agradace no repararon en aqueste inconveniente y conviniéndose el Cacique 
con su gusto los dejó ir dándole para su guarda setenta hombres de los más 
valientes que tenía, encargándoles mucho que mirasen por la salud de los 
Padres, advirtiéndoles que la suya quedaba en prendas de cualquier mal que 
les sucediese, y porque los guardas fuesen sin ningún cuidado él se hizo cargo 
de sus casas y familias, con lo cuali se partieron muy contentos asistiendo a 
los Religiosos con todo esmero y cuidado. Enviaban mensajeros a los pueblos 
para a donde iban guiados de sus guardas y en todos los salían a recibir con 
mucho agrado ; de este modo dando vuelta a lo más de la tierra se volvieron a 
casia de su Cacique ya entrado él año de 1538. 

Había también penetrado el Padre Fray Bartolomé y su compañero por 
la parte de Sacapulas lo que está hacia la parte de San Andrés Sacabajá y 
Cubulco o Nimcabul que ellos llaman, y hasta lo de Tzamanied, que era donde 
estaban los indios de Rabinal que está como ocho leguas o más de a donde 
está hoy el pueblo de Rabinal. En Tzamaniel tenían ellos sus edificios o casa 
del ídolo y hallando los Religiosos todas aquestas gentes desparcidas por que- 
bradas y barrancos como todos ellos estaban, y no teniendo aquí el embarazo 
que tenían en los pueblos conquistados de los españoles, la contradicción y 
repugnancia que hacían porque no se juntasen muchos pueblos pequeños en 
uno grande por sus intereses particulares, lo cual se remedió el tiempo adelante 
por las diligencias que hizo el Padre Fray Bartolomé de las Casas como se 
dirá a su tiempo, trataron con el Cacique la grande dificultad que era el estar 
todos desparcidos en pequeños pueblos, aún estos muy derramados entre sí, 
para el ministerio de que fuesen bien doctrinados y enseñados así en la fe 
católica como en policía racional. Agradóle al Cacique aqueste modo porque 
era hombre de clara capacidad y alcanzaba y penetraba bien las razones que se 
le proponían, con lo cual se trató de poner esto en planta y se dispuso que se 
empezase esto a ejecutar por la parte del Rabinal que teniendo sus casas 
y adoratorios en unos lugares muy ásperos que están en lo interior de la 



montaña, que está entre Cubulco y Joyabaj, habiendo hallado aquella llanada 
tan espaciosa donde está hoy la población, lugar muy ameno por sus ríos 
y arboledas donde ellos tenían sus huertas de cacao que hasta allí y aún hast?. 
lo que hoy se llama el Valle de Urran estaban extendidos, se trató de hacer la 
población en aquel llano. Era aquesta nación de Rabinal de mucha gente y 
así se fundó un pueblo muy numeroso. Constaba aquesta nación de muchos 
caciques inferiores y sólo doce que venían hacer cabezas de doce pueblos 
se juntaron allí. Tuvo su dificultad esto y no convinieron todos en aquesta 
traslación, por lo cual algunos de los caciques se salieron de al'lí con su gente 
y después se pasaron al pueblo de San Lucas que está junto a la ciudad de 
Guatemala, aunque hoy está' aqueste puebüo muy acabado por las muchas 
epidemias que han padecido. Habiéndose recogido los de Rabinal en el lugar 
que hoy está, se trató de la parte de Cubulco el sacarlos y juntar todos los 
pueblos que tocaban a esta nación, al lugar donde hoy se hallan, porque esta- 
ban muy arrinconados en las montañas que llaman Miau y Nimcubul hacia la 
parte que tira hacia donde está hoy Cunen y Uspantán con lo que se fué 
tomando forma en aquesta reducción. 

,Fué aqueste año de 1537 muy feliz para aqueste Reyno y Obispado de 
Guatemala porque en él, a 6 de abril, consagró en Méjico ell Ilustrísimo Señoi 
Don Fray Juan de Zumárraga al Ilustrísimo Don Francisco Marroquín Padre 
y madre de todo aqueste Obispado y del de Chiapa el tiempo que estuvo unido 
a lo de Guatemala. Detúvose en la ciudad de Méjico casi todo aqueste año 
por los muchos y graves negocios que se le ofrecieron y asimismo hizo allí 
la erección de aquesta Yglesia que firmó a 20 de octubre de 1537. Fué su 
erección de números muy competentes de dignidades y canongías pues todos 
llegaban al número de 15, fuera de raciones y medias raciones y otros minis- 
tros; pero por no alcanzar la renta a tanto número, no llega; pero muy bastante 
es a componer un Cabildo muy ilustre y muy decente a la majestad de una 
Santa Catedral como es la de Guatemala. 

En la vida del Padre Fray Francisco de Colmenar, Libro 3^?, Capítulo 19, 
dice nuestro Padre Vázquez una proposición muy escandalosa y otra notable- 
mente faüsa, y todo en desdoro de aqueste ilustre Prelado. La primera es 
afirmar que cuando dicho Padre se dio a la predicación del Evangelio entre 
estas gentes que fué el año de 1544 no había indios bautisados y si algunos 
había, que habían sido violentamente y que aqueste Religioso los fué reconci- 
liando con la Yglesia. Además de probárseüe la falsedad de ello con el m'smo 
que ha dicho en muchas partes que sus Religiosos que finge vinieron desde el 
año de 24 bautizaron muchos, y que estuvieron bien bautizados; esto así 
dicho es una proposición miuy escandalosa contra el Señor Marroquín y contra 
tales y tan celosos ministros, así nuestros, como suyos que doctrinaron y bauti- 
zaron muchos ; y no había de permitir tan Santo Prelado que de este modo 
sin doctrina ni catecismo, siendo Prelado tan vigilante que continuamente 
andaba en su Obispado visitando y celando las conversaciones, que a no verse 
claramente en su crónica que no lleva fundamento en todo lo que dice y sólo 
un hombre muy falto de talento pudo escribir tal crónica, era digno de que 
luego se quemara por esto y otras cosas tales y que fuera este libro numerado 
entre los de los herejes enemigos de la Yglesia. 

196 



La falsedad es que afirma en el mismo lugar que en toda la Nueva 
España se confirió el Santo Sacramento del bautismo en solo agua, lo cual 
dice no sucedió en esto de Guatemala, porque como el Ilustrísimo Señor 
Marroquín se consagró desde el año de 1537 y fué tan pronto en la ejecución 
de su oficio, luego dio providencia a todo; luego si la providencia que dio 
fué después que se consagró di año de 1537, luego todos los bautismos que ha 
dicho en su crónica que se hicieron antes, sólo en agua se confirieron. No 
quiero gastar el tiempo aquí en impugnar lo que tan latamente lo he hecho en 
mi tratado de los Ladrillos, aunque no de todo porque todo es menester anotar- 
lo, pues debía advertir que muchos años antes del de 37 hubo Obispo en Méjico 
y en Tlascalá;' que consagraron óleos de a donde esto se proveía, dado que no 
se usase desde el año de 34 de la concesión de consagrar óleos, y asi es todo 
su libro lleno de implicaciones y falsedades. 



CAPITULO XIV 

De la vuelta de los Padres de Tierra guerra; y Capítulo Provincial de 
Méjico, que es el primero que toca a esta Provincia de Guatemala. 

Entrado ya el año de 1538 quisieron los Padres que estaban en tierra 
de guerra dar vuelta a Guatemala y traer consigo al Cacique Don Juan para 
que viese el Gobernador de Guatemala la primicia de sus trabajos y regocijarse 
con el Ilustrísimo Señor Obispo que como Padre de aquesta cristiandad fué 
el día más festivo de los que tuvo en su vida, viendo aquella reducción pacifica 
hecha como manda el Evangelio, que por gloriarse más en el Señor, fué él 
mismo en persona a verlo por sus ojos, convidando al Gobernador que se 
olgó da hacerle compañía, como se dirá, en el año de 39, Para ello envió a 
llamar al Padre Fray Rodrigo de Ladrada para que quedase en aque la labor 
mientras los dos Religiosos venían a Guatemala. Hallábase el Padre Fray 
Rodrigo predicando por el partido de Atitán y Tecpam Atitán, que ya tenían 
reducidos a la fe los Religiosos Dominicos, y sabiendo el Cacique Don Juan 
de Atitán y Don Jorge de Tecpam Atitán y Don Miguel de Chichicastenango 
la ida del Padre Fray Rodrigo a la tierra de Sacapulas, Rabinal, y como hab'an 
recibido la fe católica, siendo como estos eran de los veinticuatro Señores 
grandes del Reyno del Quiche con los Caciques de Sacapulas, Rabinal y Cobán, 
y que habían sido amigos todos entre sí como vasallos de un mismo Señor en 
tiempo de su gentilidad, y que había tantos años que no se habían visto ni 
comunicado, quisieron hacerle compañía al Padre Fray Rodrigo de que mucho 
se alegró por lo mucho que importaba al crédito de los Religiosos y consiguien- 
temente del Santo Evangelio con aquestos testigos de tan superior jerarquía, 
de como no se pretendía otra cosa de ellos ni los Padres deseaban más oro ni 
más plata que su bien y salvación. Fueron estos Caciques como personas tan 
principales acompañados de otros principales sus vasallos que juntos con el 
Cacique de Rabinal Don Gaspar, todos fueron mucha parte para que se alla- 
nase la tierra de guerra que es hoy la Verapaz como consta de las Cédulas 

197 



que se traerán después. Habiendo llegado el Padre Fray Rodrigo a Sacapulas, 
salieron los Padres Fray Bartolomé de las Casas y Fray Pedro de Ángulo como 
otros Josué y Calet trayendo el racimo fértil del Cacique Don Juan para que 
todos viesen, asi el pueblo de la ciudad de Santiago de la Provincia de 
Guatemala, como los dos caudillos del Gobernador y el sumo Sacerdote la 
fertilidad que prometía la tierra que tales frutos ofrecía. Llegados que fueron 
se celebró tan feliz hallazgo, como era justo, de los dos Magistrados y de los que 
bien sentían de aquesta conversión, no faltando quien se abrazase de corage 
viendo que aquí se le defraudaban las conveniencias que quizás no merecía. 
Aquí se equivoca Remezal diciendo que se halló en este recibimiento y festejo 
el Adelantado Don Pedro de Alvarado, lo cual no fué así, porque como queda 
dicho, él se fué de Guatemala para los Reynos de España desde el año de 
1536, como queda dicho, porque como no vio la probanza de Alvaro de Paz 
de a donde consta su ida cuando fué, no es mucho que se equivocase, que no 
es posible a un historiador saberlo todo y mucho más cuando son cosas que han 
pasado muchos años antes. 

Llegaron, pues, los Religiosos con el Cacique a la ciudad y fueron a su 
Convento y dando parte de todo al señor Obispo y Gobernador, luego acudie- 
ron a darle la enhorabuena de tan feliz suceso y a complacerse cada uno por 
la parte que en ello tenía y juntamente a visitar al Cacique que aunque es 
indio no desmerecía el que tales personajes lo honrasen, pues no podía ninguno 
decir que era mejor que el indio por su sangre, y también para que se satis- 
faciese y quietase su ánimo si algo estaba mal asentado con los españoles y 
viese por sus ojos no ser tan feroces los españoles como les habían mentido 
allá en su retiro. Dispúsose que saliese el Cacique a pasear la ciudad y para 
atraerlo más y aficcionarlo a nuestras cosas, dispusieron el Gobernador y 
Señor Obispo acompañarle y que viese la ciudad y sus tiendas con todo lo 
demás que ya engrandecía a aquesta República, dando orden el Gobernador 
que si se aficionase de algo se lo diesen, que él quedaba a la satisfacción, y 
fué cosa notable dice Remezal, la gravedad y circunspección con que se portó 
Don Juan en este paseo, no demostrando hacer caso de muchas cosas de valor 
que le ofrecían con liberalidad por más que le importunaban a que lo recibiese 
y sólo dio muestra de aficionarse de una imagen de María Señora Nuestra por 
la atención con que la miraba, que luego se la ofrecieron. Mostró el Cacique 
mucho gozo de la dádiva que recibió de rodillas de manos del Señor Obispo. 
Acabado el paseo y festejo de'l Cacique se estuvo algunos días en nuestro 
Convento y regalados todos los que le acompañaban con cosas de Castilla, 
trataron de dar la vuelta para su tierra con^o lo ejecutaron y con él el Padre 
Fray Bartolomé de las Casas. Para proseguir su labor la tierra adentro, fueron 
penetrando la tierra de Cobán y sus contornos que se dilata mucho aquella 
nación Cacchi y con la ayuda de los Caciques referidos, que ellos mismos 
contaban lo bien que les había ido con los Padres y con cuanto amor y caridad 
los trataban y como los defendían de sus encomenderos, que les estaría muy 
bien abrazar la fe católica, y más quitados de tener otro Señor que el Rey por 
el concierto que se había hecho de que no se darían a persona alguna. Con 
este seguro y ser ella gente dócil y de menos supersticiones que la otra, como 
dice Fray Jerónimo Román, sacado de la Historia Apologética que escribió el 
mismo Padre Fray Bartolomé de las Casas ; con lo cual se fué allanando todo lo 

198 



que mira a Cobán que son muchas parcialidades y pueblos, aunque por enton- 
ces no se pudo acabar de reducir todo por los inconvenientes que se fueron 
ofreciendo y sobre todo, el mayor fué Don Pedro de Alvarado cuando volvió de 
España, haber puesto en encomienda aqueste pueblo de Cobán, cosa que fue 
un milagro no haberse perdido aquella cristiandad como se dirá adelante; lo 
que por entonces suspendió y cortó el hilo a aquestos progresos, aunque poco 
lo atrasó por el buen pensamiento que se le ofreció entonces al Señor Obispo 
Don Francisco Marroquín de enviar por ministros Religiosos a España porque 
considerando lo dilatado de su Obispado que comprendía todo lo que hay de 
Guatemala y Chiapa y los pocos ministros que tenía en todo el, parece que 
aunque los cuatro que había se hacían muchos, era sólo en esto de Guatemala 
estando todo lo de Chiapa desierto y lo mismo lo de San Salvador y otras 
partes ; lo cual le traía en continuo desvelo ; y aunque cuando estuvo en Méjico 
tuvo ánimo de pasar a España a traer Religiosos para su Obispado, como lo 
dice en carta escrita a la ciudad de Guatemala que se guarda en su archivo, 
lo cual no pudo poner en ejecución por estar la mar llena de corsarios y faltarle 
los medios, como allí dice, todavía recogiendo lo poco que le había quedado, 
lo remitió a Juan Galvarro procurador que había enviado la ciudad a España 
a ciertos negocios para que le negociase algunos Religiosos, y aunque en su 
carta no dice más que esas palabras : "Y porque mi intención y propósito que 
me llevaba a Castilla no quedase del todo frustrado, dejo proveído y envío mi 
poder y lo que me queda a Juan Galvarro para que a mi costa envíe todos los 
Religiosos que pudiere y les pague flete y matalotage, aunque para esto otros 
tienen más obligación más por lo que cabe, quiero hacer lo que en mí es, aun- 
que me quede sin cornado que vale más que ser condenado, etc." 

Nuestro Padre Vásquez, no sé con qué fundamento, quiere que este 
enviar por Religiosos que no dice si Dominicos y Franciscanos, dice que fué 
sólo enviar por Frayles Franciscanos y que Juan Galvarro envió los primeros 
que vinieron, lo cual es falso porque aunque es verdad que envió el poder a 
Juan Galvarro para esto, no lo negoció ól porque se vino antes que recibiese el 
poder y así consta de cartas que la ciudad escribe a sus apoderados en España, 
como el año de 39 ya se había venido Juan Galvarro como se verá adelante; 
y así quien los negoció fué el Señor Casas, como se verá, de que consta que no 
tiene fundamento en todo lo que su Paternidad escribe. 

Con este deseo que tenía el Señor Marroquín de traer Ministros para 
su Obispado, solicitólos en Méjico y no lo pudo conseguir de San Francisco, 
porque como dice Torquemada muchos más que fueran no bastaban para lo 
que tenían entre manos, y que así no se podían dar al Reyno de Guatemala. 
Sólo pudo conseguir traer dos Religiosos mercedarios que fueron los Padres 
Fray Juan Zambrano y Fray Marcos Pérez Dardón que fueron los primeros 
fundadores del Convento de Guatemala, aunque parece por un Cabildo que se 
tuvo a diez de noviembre de mil quinientos treinta y nueve que se habían ido, 
y a lo que se puede colegir, a fundar el Convento de ciudad Real con algunos 
otros Religiosos que vinieron y hallaron allí nuestros Religiosos el año de 
1545; en el cual Cabüdo dice que el Padre Fray Marcos Dardón había venido 
a poblar su Convento y que estaba despoblado, y con sólo aquesta noticia que 
Don Francisco de Fuentes halló en Remezal, que esto es del Convento de 
Ciudad Real y no otra cosa, se empeña en quitar la primacía que tiene la orden 

199 



y hallando tantos instrumentos en contra de él y a nuestro favor no se da por 
entendido. Esto es querer meterse a cronista de lo que no sabe ni entiende, 
pues sólo porque supo hacer unos malos versos, se quiso su necedad meter 
a lo que no entendía. ¿Qué mayor necedad que decir y majar que entre las 
calamidades que padeció Guatemala una fué la predicación de Fray Bartolomé 
de las Casas y después que queriéndose ir a España contra ellos que se salió 
él disimuladamente de Guatemala el año de 1538 con pretexto de ir al Capitulo 
Provincial y que allí se estuvo juntando materias para escribir contra los 
conquistadores y de allí se fué a España? Y que a reglón seguido traiga la 
petición puesta arriba que presentó en Cabildo como Vicario del Convento a 
5 de setiembre die 1539 y luejgo traiga la carta que la ciudad le dio de favor 
escrita por novien>bre de 1539? Todo esto no podía ser sino estando en 
Guatemala, ¿puede ser más crasa ignorancia? Y así lo dejo sin hacerle más 
caso a sus necedades y paso a lo que más importa. 

El buen pensamiento que se le ofreció a aqueste Santo Prelado, fué el 
buscar modo y traza cómo traer Religiosos de las dos familias de Santo Domin- 
go y de San Francisco para poblar esto de ministros, que aunque otros tenían 
más obligación de solicitarlo, como dice en su carta que eran los conquista- 
dores, que comían y bebían y jugaban a costa del sudor de aquestos pobres 
con el cargo de su enseñanza y doctrina, poco cuidado les daba eso, antes 
hubo muchos, como queda dicho, que lo embarazaban cuando los Religiosos lo 
querían hacer de caridad, porque no se les defraudase aquel tiempo de sus 
granjerias; pero no atendiendo a esto aqueste Santo Prelado sino a salvarse 
a sí y a su grey, vacilaba en esto, teniéndolo sin sociego. Bien se le ofrecía 
que sería muy conveniente que fuese alguno de los Religiosos que había, pero 
le atajaba el que cualquiera que fuera hacía notabilísima falta, porque cada 
uno valía por veinte y si éste había de llevar compañero era la falta más 
notable y para ver si se podía descubrir camino, porque ya debía de haber 
perdido las esperanzas de los poderes que había enviado a Juan Galvarro por 
las noticias que había de su vuelta, sino es que ya había venido, por tener 
alguna esperanza en él no estuviera con tanto cuidado sobre este negocio ; y 
así envió a llamar al Padre Fray Bartolomé de las Casas a la Verapaz con 
mucha instancia. Vino luego porque aunque no era su Prelado le veneraba 
como a Padre por su grande ce>lo de la salvación de las almas y juntos los 
cuatro Religiosos les propuso el gran cuidado que le asistía de la falta de 
Ministros que tenía y que deseaba enviar persona a su costa que le trajese 
los que pudiese de las dos Religiones ; pidióles que encomendasen este negocio 
a Dios y que de allí a tres días se resolvería lo que había de ser. No podía 
errarlo, pues lo ponía en las manos de Dios ; asi lo hicieron los Religiosos y 
después de misas y oraciones juntos para resolver en la materia, le dijeron 
que lo más acertado era que tomase aqueste negocio a su cargo el Padre Fray 
Bartolomé, que como tan cursado en viajes por la mar y harto de negociar en 
la Corte como más experimentado lo dirigiría mejor. No deseaba otra cosa, 
más no lo osaba proponer; abrazó la propuesta y aviarlo con todo cuanto 
pudiese para este viaje. Antes de aqueste concierto tenían determinado 
fuesen dos al Capítulo que se había de celebrar en Méjico por el mes de 
agosto, que siendo de elección de Provincias era preciso asistiese el Padre 
Fray Bartolomé porque era Vicario con título de Prior de la Casa de Gua- 

200 



I 



témala y dar allí cuenta de lo obrado y negociar otros Religiosos que les ayuda- 
sen. Con esto se aprestaron los dos Religiosos Fray Bartolomé de las Casas, 
Vicario, y Fray Pedro de Ángulo, que es lo que tengo por más cierto que no 
lo que dice Remezal, que todos cuatro fueron para Méjico con ánimo de 
que conseguida la licencia para ir el Padre Fray Bartolomé se fuese con los 
dos compañeros Fray Rodrigo de Ladrada y Fray Luis Cáncer, lo cual dis- 
currió ser así Remezal por no haber visto la carta de la ciudad que se pondrá 
después y la petición del Padre Fray Bartolomé puesta arriba, porque no es 
creíble que totalmente dejasen toda aquesta cristiandad sin ministro y más 
la reducción de la Verapaz que era trabajo todo suyo ; y el decir en la petición 
que por haber quedado sola la casa cuando fueron al Capítulo a Méjico, no 
hay duda de que quedó sola porque unos fueron al Capítulo de Méjico y otros 
irían a las reducciones, y así se quedó sola y entonces se entraron y se estuvie- 
vieron en nuestro sitio, los que se habían metido, aunque los Religiosos ya 
habían venido, aguardando a que por bien y sin htigio se lo dejasen libre, y 
como estaban los Religiosos tan malquistos no se atreverían a que les hiciesen 
un desaire hasta que hallarían ocasión de que se les hiciese justicia porque 
como se dirá, los Religiosos vinieron a fines del año de 1538 y esta petición 
no se presentó hasta 5 de septiembre de 1539, luego algo se temieron pues no 
reclamaron o a lo menos viendo que no bastaban buenos modos de que siempre 
usaron ejercitando la virtud de la paciencia que bien necesaria fué en aquellos 
tiempos como decía San Pablo, se volvieron de la fuerza. Sea como fuere 
ello es cierto que este año de 38 no fué el Padre Fray Bartolomé a España. 
Puesta ya a punto su partida la ejecutaron a 20 de mayo de este año 
saliendo de Guatemala con ánimo de dar una vista y consolar a sus hijos que 
habían reengradado con el bautismo porque con su ausencia no se inquietasen 
al oír a los Padres que iban para Méjico; pero sabiendo que era por su bien, 
de ir a traer más Religiosos que les ayudasen, les rindieron muchas veces 
las gracias por el trabajo que querían tomar por su bien y habiéndolos sose- 
gado se despidieron no sin lágrimas de los unos y de los otros, ni es de 
maravillar que todos manifestasen por los ojos lo que en el corazón tenían de 
amor a sus hijos y de voluntad a sus Padres, todas eran lálgrimas de dolor 
unos porque.se apartaban de ellos, otros porque se alejaban sus padres con el 
miedo de no volverlos a ver. Dióles el Cacique Don Juan gente que acompa- 
ñase a los Religiosos hasta Chiapas; la casa de Guatemala, dice Remezal, 
quedó cerrada aunque no se le haría de nuevas, que así quedaba cuando los 
Religiosos se iban a predicar por las pueblos, en esta ocasión quedó encargada 
a un buen hombre llamado Agustín de Salablanca que tomando después d 
hábito fué el primer hijo que tuvo aquesta Provincia. 

Llegaron los Religiosos a Méjico bien cansados, que bien se deja en- 
tender cual llegarían después de haber andado más de 300 leguas a pie sin 
más provisión que la de ir atenidos a las limosnas que les daban. Fueron reci- 
bidos con notables júbilos de sus hermanos, que todos eran conocidos, pero 
mucho más del Provincial que acababa, el Venerable Padre Fray Domingo de 

201 



Betanzos, que como el había abierto las zanjas del edificio que se iba levan- 
tando de la cristiandad de este Reyno, fué cosa de mucho gozo suyo espiritual 
el oír el grande fruto que se iba haciendo en estas gentes, y mucho máis la 
conversión maravillosa de la Verapaz. Celebróse el Capítulo a los 26 de 
agosto de este año de 1538. Hízose la elección en la Venerable persona del 
Padre Fray Pedro Delgado, con general aceptación de toda la Provincia por 
sus aventajadas prendas de virtud y letras. Era hijo del Convento de San 
Esteban de Salamanca, y fueron sus definidores el Padre Maestro Fray 
Domingo de la Cruz, Fray Hernando de Oviedo, Fray Gonzalo de Santo Do- 
mingo y Fray Juan López de Castellanos. 

De los negocios más graves que se trataron en aquel Capítulo fueron los 
de Guatemala, lo uno tocante a la licencia para ir a España Fray Bartolomé 
de las Casas y los dos compañeros que pedía, que eran el Padre Fray Rodrigo 
de Ladrada y Fray Luis Cáncer, y sobre ser dos, quedaba lo de Guatemala muy 
destituido de Ministros, y así era preciso acudir al otro pedimento de que se 
les diesen y aunque todo tenía mucha dificultad por los pocos Religiosos que 
había para tanto como tenían a que acudir, viendo la importancia de los dos 
negocios se hubieron de conceder dándole la licencia al Padre Fray Bartolomé 
y a los dos compañeros y consignando para Guatemala seis Religiosos, cuatro 
Sacerdotes y dos coristas, estos fueron Fray Matías de Paz y Fray Juan de 
Torres que uno y otro fueron sujetos muy señalados en esta Provincia, como 
se verá en el progreso de aquesta historia. Dice Remezal que entones hicie- 
ron Vicario de la Casa de Santo Domingo de Guatemala al Padre Fray Pedro 
de Ángulo, pero en la petición presentada en Cabildo a 7 de setiembre de 
1539, puesta arriba, se dice Fray Bartolomé de las Casas, Vicario de la Casa 
de Santo Domingo ; debió de ser que no teniendo oportunidad de embarcación 
entonces se volvió a Guatemala y se le dio después el título de Vicario que 
sin duda tuvo hasta que se fué a España por Puerto de Caballos no por la 
Veracruz, como dice Fuentes, y después fué Vicario el Padre Fray Pedro de 
Ángulo. 

No puedo dejar de notar aquí la suma malicia de nuestro Reverendo 
Padre Vázquez, lo uno que viendo lo mismo en su Torquemada que en nuestro 
Remezal, tocante a la venida de aquestos Religiosos este año de 1538, total- 
mente lo niega antes. Libro 1*^, Capítulo 13, Folio 68, Columna 2^ trae la cita 
de Remezal del Capítulo 18 del Libro 3^ donde dice que volvieron aquellos y 
otros seis el mismo año; siendo bueno Remezal para citarlo cuando se van, y 
no ser bueno para citarlo cuando vuelven. De la misma malicia usa su amigo 
Don Francisco de Fuentes en este y otros muchos lugares, queriendo el uno 
establecer sólo Frayles Franciscanos y el otro Mercedarios no pudiendo con- 
tener el odio y mala voluntad que tiene a los Frayles de Santo Domingo y prin- 
cipalmente al Señor Casas que esa herencia y mayorazgo debieron de heredar 
los dos de sus abuelos los conquistadores ya que no heredaron dinero ni 
haciendas que no pudieron porque como todo fué tan mal habido se deshizo 
todo como la sal en el agua. 

202 



i 



CAPITULO XV 



De la fundación del Convento de nuestra Señora de las Mercedes. 

Año 1538 

Como queda dicho arriba, el Señor Obispo Marroquín cuando vino de 
consagrarse de Méjico, trajo de Méjico a los dos Religiosos de la Merced 
que fueron el Padre Fray Juan Zambrano y el Padre Fray Marcos Dardón 
para ayudarse de ellos en aquestas reducciones, y así tomado el sitio y hecha 
su casilla de vivienda fué su Convento en aumento, y el año de 1539 Fray 
Marcos Dardón pasó por Comendador a Chiapa a poblar aquel Convento que 
se había despoblado a donde bautizó muchos indios aunque con poco reparo 
del Catecismo, por lo cual tuvo algunas pesadumbres con el Señor Casas 
cuando vino por Obispo de aquel Obispado, llevando a mal, y con razón, aquel 
modo de bautizar (Cabildo de 10 de noviembre de 1539 que está en los libros 
de Ciudad Real). Quedó por Comendador de la Casa de Guatemala el Padre 
Fray Juan Zambrano, aunque lo pasaban con mucha pobreza, como consta de 
unas peticiones presentadas en Cabildo el año de 1539 y 40, en que piden se 
les acuda con las limosnas que por los indios se les hacía de ocote para 
poder rezar los maitines respecto de no tener candelas ni aceite ni con que 
comprarlo. No se debieron de aplicar a saber aquesta lengua de aquesta 
Provincia y esa debió de ser la causa de no haberles dado pueblos en todos 
estos alrededores de Guatemala, porque a haberla sabido, no hay duda que 
se les hubieran dado, porque no había cosa que más anhelase el Señor 
Marroquín que tener ministros para doctrinar a sus feligreses; y para negociar 
de su Majestad alguna limosna para fabricar su casa se puso en camino para 
España el Padre Fray Juan Zambrano, como consta de una carta que el Cabildo 
escribe a Su Majestad que dice: "S. C. C. M. El Padre Fray Juan de Zam- 
brano, del Orden de Nuestra Señora de la Merced, vino a esta tierra habrá 
cuatro años e pobló en esta ciudad una casa con harto trabajo, porque somos 
pocos y no muy ricos, aunque siempre la hemos ayudado y ayudamos con 
nuestras limosnas así para la obra de la casa como para su sustento. El va 
a besar los pies de Vuestra Majestad suplicarle le ayude con su limosna 
para ayuda de acabar una casa que está haciendo para su perpetuidad : la obra 
es muy buena, etc.", de Guatemala a 4 de febrero de mil quinientos cuarenta 
años". 

La casa no quedó sola porque habían venido otros Religiosos y había 
dado hábitos el Padre Fray Juan, de que se infiere ser muy falso lo que Váz- 
quez dice, que uno se había ido a fundar a Chiapa y otro a Gracias a Dios, sólo 
por desparcir todos los Religiosos de Guatemala y que no hubiese má's que 
Franciscanos cuando la ruina de Guatemala el año de 1541, los cuales no ha- 
bían venido todavía, arrebatando a todos su estada en Guatemala para tomár- 
sela para sus Frayles, Cuando la ciudad se pasó al sitio que hoy tiene, se mandó 
que todos los que tenían solar en el sitio antiguo, lo dejasen para ejidos de la 
ciudad y que se les daría sitio en la traza nueva, y no viniendo los Religiosos en 
este partido, no les dieron sitio y así no entraron en la ciudad hasta que por 
intercesión del Señor Obispo un vecino llamado AÜonso Alvarez les dio el sitio 
que a él le había cabido en el sitio nuevo con cargo de ciertas misas que hasta 

203 



hoy se le dicen. Quedáronse con esto con el sitio ant'guo, el cual dieron a 
unos indios de Almollonga que hasta hoy lo poseen sus descendientes, con 
el cargo de dar y contribuir unos ramilletes de flores en el día que se celebra 
nuestra Señora de las Mercedes, que es el día de Nav dad de la Virgen, como 
hasta el día de hoy líos traen; y sabiendo todo esto muy bien nuestro Padre 
Vázquez inventa las quimeras que inventa por oscurecer aquestas noticias y 
dice nuestro Remezal que en aquellos principios autorizaban mucho aqueste 
Convento los Padres Fray Juan de Zarate y Fray Francisco de Almaraz. 
Tomaron después a su cargo los pueblos de los Partidos que están en los 
Cuchumatanes hasta Chiantla, Aguacatán y Huehuetenango, porque aunque 
los Religiosos Dominicos habían reducido a todos aquesos pueblos, como consta 
de la ejecutoria que negociaron los Rs. Dominicos al Cacique de los Sacate- 
péquez por haber ayudado y sido mucha parte para que todas aquellas mon- 
tañas que son asperísimas se redujesen, y de la carta que se pondrá adei^ante 
de la fundación de Sacapulas en que el Señor Obispo quería que fundásemos 
aquel Convento en Aguacatán, que entonces era pueblo muy numeroso y hoy 
muy acabado y de que la imagen tan milagrosa de Chiantla la llevasen allí 
los Frayles Dominicos que la mandaron hacer al mismo Oficicd que hizo la 
que está en nuestro Convento de Guatema'a que llaman de la antigua. 

Ha florecido siempre aquesta casa en mucha virtud y letras y la han 
honrado muchos y esclarecidos sujetos en cátedra y pulpito, que además de 
los que la fama publica de lo antiguo que no alcancé, he conocido muchos y 
muy sobresalientes ; pero aunque no es de nuestra cuenta el escribir de expro- 
feso de aquesta santa Provincia no quiero omitir por lo que honrará aquestos 
mis varones la gloriosa memoria del Venerable Padre M" Fray Diego de la 
Cerda, hijo de la Casa de Guatemala y natural de la misma ciudad de las 
más ilustres familias de ella por los singulares portentos que hubo en su sin- 
gular martirio contenido en una carta que un Religioso Carmelita escribió a 
su Maestro general, de 22 de marzo de 1676 que dice así: "Reverendo Padre 
Nj — Rindo con la debida obediencia que debo, las inaccesibles gracias de 
haber permitido el Sumo Hacedor de todo, saliese del tirano poder del Baja 
Abdabá, bárbaro dueño nuestro como el primer valido en Constantinopla de 
Ahmaometo, gran Señor de tantas opulentas como dilatadas coronas, de cuya 
excelsa Corte salí por medio del Santo celo y eficases como piadosas diligen- 
cias de vuestra Reverendma. a 13 de febrero de este año con próspero viaje 
llegando a esta ciudad de Argel donde quedo esperando la próxima ocasión de 
embarcarme para que postrados a los pies de V* Reverencia, mis labios repitan 
muy lato mis agradecidos reconocimientos ; y en tanto que con el favor de 
Dios parta, pues, es preciso participar a vuestra Reverencia la noticia de mi 
llegada para el trueque de Selim por quien voy cambiado y a quien espero 
llegará cuanto antes interpuesta la solicitud de vuestra Reverendísima. No 
puedo omitir eil dar la expresa cuenta de la mayor novedad que en aquella 
dilatada Monarquía previenen los anuales ni el dilatado volumen de los dila- 
tados siglos como de el lastimoso y admirable que paso en defensa de nuestra 
ley el muy Reverendo Padre Maestro Fray Diego de la Cerda, Religioso de 
Nuestra Señora de la Merced en la Provincia de Guatemala, Venerable, Santí- 
simo, como docto varón en todas letras, de cuyo caso fui testigo ocular que 
acaeció y pasó de esta forma: 

204 



En el día nueve de febrero entre las tres y cuatro de la tarde sobrevino 
sobre aquella imperial y dilatada Corte un huracán de viento y un torbell.no 
de graniso y agua tan espeso y recio que en el espacio de cuatro horas y tres 
cuartos que tuvo de duración, inundó sus caites en seis codos de altura deso- 
lando muchos y muy celebrados ed'ficios en que perecieron 419 familias de sus 
naturales, y habiéndose aplacado a las ocho de la noche, a las ocho y tres 
minutos se serenó el celo, apareciéndose en é' por la parte del Poniente dos 
admirables como pavorosos cometas que en encontrados aspectos se miraban, 
siendo la que miraba o ocupaba la parte hacia el Poniente su figuración al 
modo de lo de una serpiente con rostro humano; pero muy sañudo, la cabeza 
de un color encendido amarillo, la longitud del cuerpo verde y sus extre- 
rnos infer'ores negros, con cinco flechas en su horrorosa boca; y la de la parte 
del Poniente con cabeza de león, de su matiz mismo, el cuerpo rojo y los 
extremos resplandecientes al modo de la luz cual a exalación comunican los 
astros, con un puñal a la diestra mano; cuya aparición causó general pavor 
en todos los naturales de aquella cort^ como de los afligidos cristianos que 
debajo de su poder tirano padecen, temiendo como católicos su general runa 
Y la indignada justicia del Altísimio, creciendo mucho más el confuso recelo 
cuando con formidable estruendo de batalla, que tuvo princ'pio a la una y ses 
minutos de la noche, vieron ocularmente a las cinco de la mañana en punto, 
formar una Td una con otra tan sañuda, que no parecía sino que los celestes 
ejes se desunían o que se desgarraba el firmamento, durante la militar como 
sañuda lucha hasta las siete y tres minutos de la mañana, en cuyo punto quedó 
vencida y precipitada la que estaba de parte del Oriente, en que despidiendo 
de sí un g'obo de fuego en forma de rayo que llegó al centro de la comiún 
madre y extendiéndose por ella derribó y áso.ó dos capiteles del Serra'lo del 
Gran Señor y toda la parte que miraba a Oriente de su Mayor Mesquita con 
el palacio de Mustafá Selim general de sus armas y otros muchos y varios 
edificios así de Bajaes como de políticos y plebeyos, pereciendo en su fatal 
incendio nueve mil trescientas y ochenta familias cuya general lamentación 
era una grima, quedando como vencedora y Señora del estrelado ve^o en su 
lugar la que estaba al Poniente, concediéndose a la vista humana hasta que 
en mullido lecho de perlas le dá sagrado 'echo al Sol de Calpe con cuya rara 
admiración, después de larga suspensión del Gran Señor, mandó convocar a su 
Real Alcázar a todos los morabitos o papaces de su Corte, a quienes ellos 
veneraban como oráculos, pidiéndoles que le declarasen la denotación o indi- 
cación de aquellos efectos, en que discurrieron con tanta variedad, que más 
obró en creces la confusión de su Monarca que en desatarle sus cobardes 
dudas. Unos dijeron que era significación de alteraciones en sus imperios, 
conspirándose algunos de sus Visires a negarle obediencia y vasallaje: otros 
que amenazaba detrimento fatal a sus armadas por armas de extranjeras 
regiones, con pérdida de vida o libertad a su persona regia. A cuyo senti- 
miento fué tan grave la bárbara indignación suya que les mandó colgar de sus 
almenas, como con efecto fué ejecutado así; y hallándole con lo estraño de sus 

205 



vanas melancolías uno de los Belenbeis que le asisten, le dio noticia de la gran 
matemática y de la docta experiencia de un religioso anciano que estaba en su 
poder captivo, y que si gustaba de verle, sólo aquel le persuadía le daría la 
solución que requería la ya engendrada tristeza suya. Mandó que le llamasen 
y fué nuestro V. Fr. Diego a su presencia a ocasión que había llegado a la 
fama de este inopinado suceso Anduli Sofor natural de la Persia, y tan cursado 
en la astronómica, como en la mágica y convocados todos en su real presencia 
le mandó a nuestro V. P. hablar primero, a quien con toda humildad, como 
acierto le pronosticó por menor sus denotaciones diciendo como peligraba su 
vida en una batalla y que había de ser a manos de extranjero Príncipe con 
quien haría antes liga uno de los levantados reyes de su dominio siendo 
en cinco superiores coronas suyas la alteración de su rebelada inobediencia, 
a que le contradijo Abdalá por lisonjear su gracia, obrando con la magia 
aparentes denotaciones en los círculos que formó en un espejo; y como el 
Venerable Padre Fray Diego conociese por su virtud ser obrado con diabólica 
arte, lo manifestó así al gran Señor diciendo arrebatado del fervor Divino y 
ce!o de nuestra Santa fe : Sí obras como dices por propia ciencia y por favor 
que dices te comunica el cielo, has de aqueste pequeñp escapulario que me 
quito del pecho, una flor y serás creído. A que Abdalá se le mostró omiso, a 
que respondió : Has tú primero, para que te creamos, que el sol se pare, 
que hable una ave u otra señal de que eres ayudado de Dios a ver si tiene 
poder j)ara ello. En esta ocasión, iban a darle sepultura a un paje del gran 
Señor y muy querido suyo, de que le entraron a dar noticia, viéndolo el Vene- 
rable varón, dijo : traedie aiquí, y baste por señal resucitarle. Y apenas lo 
hicieron, cuando puestos los ojos en Dios con viva fe le mandó que en nombre 
de Jesús se levantase, a cuya inspiración e imperiosa voz obedeció el cadáver, 
diciendo : Sólo tu ley es la verdadera y el Señor que adoráis todo poderoso. A 
cuyo portento quedó mudo Abdalá el gran Señor admirado y todo aquel noblí- 
simo auditorio suspenso, de que resultó bautizarse de secreto cuatro bajaez 
y nueve Genízaros ; pero no fué con tanto que no llegase a oídos del tirano 
Monarca que viendo sus conversiones con sañudo poder mandó despedazar a 
nuestro Venerable Padre en cuatro potros como instrumento de ellos, donde 
consiguió la merecida corona de mártir y el a'ltísimo premio que le esperaba. 
Esto es en suma los sucesos de aquella Corte. Perdone Vuestra Reverencia 
lo dilatado, cuya vida guarde Dios felices años, etc. — Argel veintidós de marzo 
de 1676. Reverendísimo Padre. Besa la mano de Vuestra Reverendísima, 
Fr, Juan de Lescano". 

.-ioh^. Parece que desde su iprofesión se le pronosticó la corona del martirio, 
pues como es estilo en aquella Sagrada Religión escribir su profesión en su 
libro para que en todos tiempos conste, se halló su nombre puesto en la partida 
con tirita colorada, siendo todo lo demás de tinta negra y común. Los acaeci- 
mientos de su vida y como fué llevado cautivo a aquella imperial ciudad, no 
son de mi cuenta y así los omito. :? .:; -; ■ -i :;«: 

206 



CAPITULO XVI 



De la vuelta de Castilla de Don Pedro de Alvarado y del viage que allá 
hizo el Padre Fray Bartolomé de las Casas con Fray Rodrigo de Ladrada 

y Fray Luis Cáncer. 

Año 1538 

Con los buenos despachos que Alvaro de Paz remitió al Adelantado a 
España, tocante a su residencia y al principal cargo que se le hacía de la 
armada para ir a descubrir por la banda del Poniente 'as Islas de la Especiería, 
del testimonio que le remitió de haberse hecho, pudo ajustar sus cosas con el 
César, ayudado del favor del Secretario Cobos, con que consiguió aún mucho 
más de lo que deseaba, pues además de haberse negociado una dispensación 
tan irregular como el que casase con Don Pedro, Doña Beatriz de la Cueva, 
hermana de Doña Francisca con quien vino casado la primera vez que de 
Castilla vino y murió en el Puerto de la Veracruz, como queda dicho; la cual 
dispensación negoció el mismo Emperador interponiendo su favor para con 
Su Santidad, negoció también prolongación de su Gobierno y el ser Adelantado 
en todo lo que descubriese de nuevo ; pero temiéndose de la rectitud del Licen- 
ciado Maldonado que atento a los cargos que le había averiguado en la resi- 
dencia, no le quería admitir en su oficio, ganó Cédula de Su Majestad fecha en 
Valladolid a 22 días del mes de octubre de 1538 en que expresamente le 
manda que le entregue el Gobierno, no obstante los cargos de la residencia; con 
lo cual se hizo a la ve! a con tres navios gruesos y trescientos Alcabuceros y 
otra mucha gente que consigo trajo y a su esposa Doña Beatriz y veinte 
Señoras doncellas, que casó algunas con los conquistadores, de las cuales doce 
murieron desgraciadamente con la Señora, como se verá adelante, consta todo 
de carta que escribió al Cabildo de Guatemala, su fecha en Puerto de Caballos 
a 4 de abril de 1539, donde pide mucha cantidad de indios para su trasporte 
y el de todo su carruage que traía que como entonces no había bestias de carga 
para estas cosas, los miserables indios suplían la falta. Voz fué esta de su 
venida que ihizo tanto eco en los oídos de los miserables indios hostigados de lo 
que con ellos había hecho en la primera armada, que como cuando una gran 
bandada de pájaros se levanta espantada y asustada retirándose a las espe- 
suras a buscar refugio, así fueren ellos, en especial los que sus armadas había 
dejado vivos en la Provincia de San Salvador. Tanto deb'a de ser el embarazo 
que trajo, que no pudo ejecutar su venida a Guatemala dilatándose muchos 
meses, pues estando a 4 de abril, no entró en Guatemala hasta el 16 del mes 
de septiembre, donde dejándole desembarazado el Gobierno el Visitador, tomó 
posesión de él para emipezar de nuevo otros siete años que el Rey le daba de 
Gobierno, aunque no gozó ni dos años de él. En estos navios s'n duda se 
debió de ir el Padre Fray Bartolomé de las Casas y sus compañeros a España, 
porque es cierto que por este Puerto se embarcó aqueste mismo año y sin 
duda aquestos navios o alguno de eilos hizo viaje de vuelta para España, cuya 
ida es preciso referir en este año como sucedió porque no nos ponga la nota 
que a Remesal puso Don Francisco de Fuentes, diciendo que cierto autor que 
escribe por anales se pasó del año de 38 al de 40 porque no tuvo que decir 

207 



del año de 39, de que prueba que no había Convento nuestro en Guatemala, y 
cierto que no sé como ponderar la necedad de aqueste autor cuando a folio 163 
del mismo libro pone la petición del Padre Fray Bartolomé de las Casas, 
puesta arriba, presentada al Cabildo, como Vicario, que dice que es, de la 
Casa de Santo Domingo de Guatemala, y este suceso es de 5 de septiembre 
de 1539 hasta 16 de aqueste mes se concluyó el que se les volviese el sitio que 
les habían quitado y mucho más para mudar 'a vivienda a lugar más sano. 

A los sucesos de aqueste año toca la carta que Don Francisco de Fuentes 
Vxó en el Cabildo de la ciudad a Su Majestad cuando el Padre Fray Bartolomé 
salió para España, su fecha a 11 de noviembre de 1539, que pondremos en su 
vida por herrarle tanto ccn lo mismo que la ciudad le quería deshonrar. 

Y a los sucesos de aqueste año pertenece aquel viaje que se refiere en 
la información que vio el mismo Fuentes hecha contra nosotros el año de 44 
que cita Remesal, Libro 1*^, Capítulo 3^, que dice el séptimo testigo que es el 
Arcediano Don Francisco Peralta que era muy nuestro enemigo que por tal 
lo llamaron a esta información, y a la tercera pregunta dice : "Que habrá como 
seis años que fué él a la Provincia con el Señor Obispo y el Gobernador Alonso 
Maldonado que llevó gente para conquistar el Lacandón y que no pudo". Este 
viaje fué porque llevando todos a mal el que se fuese reduciendo la tierra de 
paz por las utilidades que perdían, trató, no obstante el as'iento que había 
tomado con nuestros Religiosos, de proseguir aquello por guerra, no obstante 
que había visto cómo nuestros Religiosos lo iban reduciendo de paz, contrav- 
niendo a la palabra Real que había dado en nombre de Su Majestad; y así 
permitió nuestro Señor que no pudiesen hacer nada, antes lo atrazó todo, por 
lo cual no pudiendo tolerar tal maldad Fray Bartolomé de las Casas, se la 
reprendió públicamente en el pulpito, com.o dice el último testigo de la dicha 
información que es Juan de León Cardona ; pero aunque cesó el Gobernador 
en esto como vino aquel año el Adelantado y fa'tando a la otra capitulación 
de que no serían encomendados los indios que de este modo se redujesen, sino 
que se pondrían en cabeza de Su Majestad, dando el pueblo de Cobán en 
encomienda a Barahona como dice el mismo Arcediano a la cuarta pregunta, 
y después se encomendó a la mujer de Juan Rodríguez, como declara el undé- 
cimo testigo llamado Hernando Díaz de Molina a la cuarta pregunta, por lo 
cual los ind os de Cobán viendo se les había faltado a lo pactado, se levantaron 
y no quisieron dar el servicio que los encoipienderos habían establecido, ni 
tributos; y aunque todos los más de los testigos declaran que los Padres 
Dominicos no entraban allá porque los matarían, lo que pasaba era que no 
querían los Religiosos entrar de recelo que no los matasen pensando que los 
habían engañado en 'o que con ellos se había pactado; pero ellos anduvieron 
fan fieles a lo que habían prometido, que enviaban seis indios de Cobán a los 
Padres para que aprendiesen la doctrina, y habiéndola estos aprendido, se iban 
éstos y ven^'an otros seis, y de este modo se fueron remudando hasta que vino 
la Real Cédula puesta arriba el año de 1544, que luego que se hallaron bien 
asegurados de los Gobernadores para que no prosiguiese aquella maldad, 

208 



luego fueron dos Religiosos al pueKo de Rabínal que había estado sosegado 
y de allí enviaron mensajeros a Cobán, con que asegurados los indios entraron 
los Padres, como todo esto consta de la declaración del undécimo testigo y de 
otros muchos con que puede Fuentes ver si había Frayles en Guatemala y 
Convento, pues halCó allí mismo el dicho del nono testigo que es el Canónigo 
Pedro Fernández quien a la primera pregunta dice : "Que conoce al dicho Fray 
Pedro de Ángulo e a los demás Frayles del Convento de Santo Domingo de 
ocho años a esta parte". Con qué Frayles y Convento había mucho antes que 
hubiese mercedarios, y lo mismo puede advertir el Padre Vázquez, pues vio 
aquesta información cuando Su Paternidad y a su amigo se les abrió el 
Archivo secreto de las tres llaves, como a mí se me abrió también y la vi, la 
cual contiene otras muchas noticias que no le son muy favorables a los dos, 
porque les desbaratan las quimeras, y así no quieren tomar en boca aqueste 
instrumento que por no ser más molesto no les voy citando; y así baste esto 
por ahora, que si adelante se ofreciere se traeráti. Con que podrá ver ahora 
el Señor Fuentes si hay noticias del año de 39, que comprueban que mucho 
antes había Convento de Santo Domingo y Religiosos, En el año de 44 se 
dará razón del motivo de aquesta información que se hizo contra nosotros, 
ahora baste saber, como lo declara el Arcediano Don Francisco Peralta, que 
este año de 39 estuvo el Señor Obispo Marroquín en Cobán con el Gobernador, 
que ya este año estaba eso de paz; y suspendida la reducción por la causa 
dicha no se prosiguió hasta el año de 1544, que harta vergüenza es y afrenta del 
nombre cristiano que les ha de arrastrar tanto la codicia que abandonen la 
salvación de las almas. ¿Qué cuenta darían a Dios los que fueron causa de 
esto y de las almas que en ese tiempo se perdieron? Y lo que se atraso esta 
reducción que iba viento en popa, y que después se trabajó mucho en ponerla 
en corriente; con lo cual me parece queda bastantemente refutada la malicia 
de Fuentes que en muchas partes dice que nosotros tuvimos la culpa de que 
todo aquello y todo lo demás que quedó, no se conquistase, pues si hubiera 
sido por guerra todo se hubiera allanado, pues se ha visto que antes que 
nuestros Frayles entraran, tres veces entraron y acometieron los españoles 
y otras tantas se volvieron con las manos en la cabeza; y el año de 39 como 
declara el Arcediano, entró el Gobernador Alonso de Maldonado con muchos 
soldados y muchos indios que convocó, entre los cuales fueron los cuatro 
Caciques que habían ayudado a nuestros Religiosos antes con sus gentes y no 
hizo cosa, porque dice que los Lacandones estaban fuertes ; y fué permisión 
de Dios que así le sucediese por infiel a la palabra que había dado. 

Salió el Padre Fray Bartolomé de las Casas de la ciudad de Santiago de 
Guatemala a fines del año de 1539 llevando en su compañía, a los Padres Fray 
Rodrigo de Ladrada y Fray Luis Cáncer, porque el uno volviese luego con los 
despachos que se sacasen para el alivio de los indios, porque pedía mucha 
precisión la grande opresión en que los tenían los españoles y llegaron con 
mucha brevedad a España a principios del año de 1540 ayudando Nuestro 
Señor sus buenos deseos de ayudar a aquestos pobres. 

209 H. deG.-14 



CAPITULO XVII 

Llega el Padre Fray Bartolomé de las Casas a España, y de las 

cosas que allá negoció. 

Por ausencia del Padre Fray Bartolomé de las Casas, quedó por Vicario 
de la Casa y Convento de Santo Domingo de Guatemala el Padre Fray Pedro 
de Ángulo. No hizo falta la fortaleza del Padre Fray Bartolomé de las Casas 
para resistir las contradicciones que se ofrecían con los vecinos, todo originado 
de la dureza con que no querían poner en libertad a los indios y esclavos mal 
habidos y las haciendas mal adquiridas, a cuya causa no les querían confesar 
como la ciudad misma dice en una carta que escribe a Su Majestad con el 
mismo Padre Fray Bartolomé de las Casas, fecha a once de noviembre de 1539 
que se pondrá en su vida; y no era sola esta la contradicción que se padecía 
sino la de no querer los amos que los indios que tenían en servicio y en la 
esclavitud acudiesen a la doctrina y a ser enseñados por nuestros Religiosos 
que tenían la doctrina a su cargo, como consta de la petición del Padre Fray 
Bartolomié puesta arriba, porque solo se atendía por aquellos cristianos a su 
utilidad y conveniencia en aquestos servicios y esclavitudes, s.n darles siquiera 
en recompensa la salud de sus almas, ya que ni el vestido ni la comida les 
daban por su servicio, no bastando para esto la autoridad del Santo Obispo 
que padecía continuas desazones por estas cosas; de modo que le trataron con 
mucho descomedimiento y desvergüenza, tratándolo de condenado, llegando 
a tanto la demasía, que no pudiéndolo tolerar su gran mansedumbre, teniendo 
noticia de tan grandes desacatos en el pueblo de Esquintepeque donde andaba 
en visita escribió la carta siguiente al Cabildo, que está en el Primer Libro de 
Cabildo de cartas a la ciudad. 

"Magníficos Señores. Por carta de esa ciudad he sabido del alboroto y 
escábdalo que ha nacido de la venida a visitar estas pobres gentes, y pongo 
por testigo a Dios que no miento ni quería mentir, y que todas las tazaciones 
que se han hecho hasta la hora presente, según las más no merecen dar a sus 
dueños ni aun agua; de todo lo cual creo verdaderamente se debe entera 
restitución, plegué a Dios se halle medio y remedio para el descargo; si ya 
que se merece la dicha tazación y con justo título se llevase, digo que por mi 
consagración y salvación que vale más, juzgo haber ido contra los naturales 
en favor de los Encomenderos en cada tazación en más de la cuarta parte; y 
por que de esto tengo testigos, a ellos me remito, que uno de ellos soy yo y en 
mi conciencia que no tengo pasión ni afición, ni hay porque ni para qué. Esta 
es la razón entiendo que ese pueblo tiene para se quejar, pues si nos acor- 
damos del tiemipo pasado y todos están ricos, ¿qué ha sido la causa sino callar 
yo como ruin Prelado y Pastor y Protector, viendo que se comían los Lobos mis 
ovejas y yo me estaba holgando y callando? De esto no se me debe nada 
cuanto a Dios, pues él me lo tiene de pedir. 

"Palabras feas y desvergonzadas me escriben, que dicen, y de esto mu- 
cha culpa tienen vuestras mercedes, aunque yo sea ruin, soy Prelado y Pastor y 
Padre de todos, y háceme de tener mucho acatamiento y reverencia como 

2ie 



verdaderos hijos a Padre y mucho más; y aún me dicen que se han dicho 
palabras muy escandalosas, cada uno mire lo que dice y la lengua este queda, 
que en semejantes alborotos y comunidades métense ipalabras que suenan mal 
acaso de fe y los que las dicen dan a entender que sienten mal, lo cual es 
peligroso, y aunque mis injurias yo las perdono, que no es razón pues soy 
vuestro Padre y Pastor, las de nuestro Dios no será razón queden sin castigo. 
Escribo esto a vuestras mercedes como a cabeza de todo ese cuerpo tan enfer- 
mo de que yo tengo tanta lástima, que si yo con mi muerte lo pudiese remediar 
la tuviese por muy buena. Estoy tan asombrado y temeroso de la perdición 
de las conciencias que juzgo ser llegado el cuarto pecado que dice el Profeta 
que no se convertirá' Dios a los pecadores. Grande plaga es que seamos lle- 
gados a tiempo que no se quiera oir la palabra de Dios : parece que se cumple 
en esto el dicho de Cristo : "Quitárseos ha el Reyno de Dios y darse a la gente 
que hiciere fruto"; y tamibién lo que dice en otro lugar: "Si os predico las 
verdades porque me creéis? Plegué a Dios que no diga de él lo que decía de 
los fariseos : "En vuestros pecados moriréis". Escríbeme ese Santo varón, 
que por tal lo tengo, que deja de predicar por no dar ocasión a que alguno se 
desconcierte : hele escrito e rogado que predique y ¡ guay del que se desman- 
dare ! que por malos pecados le valdría más la muerte ; ya que no quieren oírlo 
le pido por merced que predique a las paredes, por ventura alguna tendrá 
oídos", 

"Para semejantes alborotos que nacen de avaricia y codicia que es lazo 
de Satanás y para templar y castigar los alborotadores, que son crucificadores 
de Cristo, son las justicias y cabildos, elegidos por Dios digo, ¿qué será si 
vuestras mercedes sois parte o consentidores de lo dicho? Para este caso el re- 
medio yo no lo sé por ahora, más que encomendar a Dios, y ponerme en oración 
y suplicarle de todo corazón me alumbre a mí para lo que debo hacer y a vues- 
tras mercedes para bien regir el pueblo y salvar vuestras ánimas, cuyas magni- 
ficas personas prospere nuestro Señor como deseo. De Esquintepeque a 13 
de marzo de 1538 años. De vuestras mercedes. — Orador. — Episcopus. — 'Gua- 
temalens". 

La ocasión que hubo para aquesta sedición y demacía que tuvieron sus 
ovejas con aqueste Santo Prelado, fué que habiendo Su Majestad tenido 
noticia de la exorbitancia de tributos que los indios pagaban a sus encomen- 
deros, mandó la Reyna Gobernadora por su Cédula al Obispo y Gobemadoí 
de Guatemala, que juntos con otras personas de conciencia se juntasen en la 
Yglesia Catedral y cantasen una misa al Espíritu Santo para que les alumbrase 
mejor en lo que se había de hacer, y luego se fuese procediendo en ver lo que 
cada pueblo pagaba y le daba de servicios a sus amos y cómo se doctrinaban 
y que tazasen toda la tierra y que pagasen buenamente lo que pudiesen en los 
frutos que ellos tenían, o como les fuese de más comodidad; y juntos el Señor 
Obispo con el Gobernador y Maestre-Escuela Pedro Martín, y el Canónigo 
Jorge de Medina y cantada la misa del Espíritu Santo se fué haciendo la visita, 
y hallóse tanta exorbitancia en lo que pagaban, que habiéndose hecho de 
rebaja en esto de Guatemala, como dice Don Francisco de Fuentes, de más de 
noventa mil castellanos de oro, y siendo tanta la rebaja afirma y jura el Señor 
Obispo por su consagración y salvación de su a'ma, que se ha hecho la tazación 
contra los indios y en favor de los Encomenderos en más de la cuarta parte, 

211 



y viendo cuan mal cumplían todos ellos a lo que estaban obligados en la ense- 
ñanza de todos sus encomenderos, pues con ese cargo se les d'eron, dice que 
ni agua merecen que se les dé. Los alborotos y escándalos, bien los dice el 
Señor Ob'spo en la carta, y si esto era contra este Santo Prelado que era 
Padre de todos y cuando no por su dignidad por su persona virtud y letras, 
merecía ser tan respetado que solo era ejecutor de lo que mandaba el Rey ¿qué 
sería contra los Religiosos pobres que eran los que defendían esta causa y los 
que la solicitaban con tantas veras? Llegó a tanto, que ya cerraban las bocas 
los mastines de la Yglesia y pues la cerraba aquel infatigable pregonero del 
Evangelio ¿cuál sería el temor de que se sublevasen? Tal fué la pertinacia, 
desgarro y atrevimiento, que hubo en esto, que aun en aquella junta grande 
que hubo en Méjico ipor mandado de Su Majestad de los Prelados de la Nueva 
España, como se dirá a su tem'po al principio de la Junta les pareció conve- 
niente no tratar de aquestas cosas, tem'endo la sublevación de la Nueva 
España, como dice el mismo Señor Marroquín en carta escrita de aquella 
misma ciudad. 

En esta guerra dejó el Padre Fray Bartolomé al Padre Fray Pedro de 
Ángulo ; pero no hizo falta el valiente caudillo Moisés para acabar de poner 
en la posesión de su libertad al Pueblo de Dios, sacándolo de la dura servi- 
dumbre de Faraón, que quedó su fuerte sucesor Josué que postró y derrocó 
por tierra las más fuertes murallas de Jericó con todos sus enemigos. Grande 
fué la fortaleza de aquesta piedra de Pedro contra quien no pudo prevalecer 
todo el infierno conjurado contra él, negáíndole el sustento del cuerpo que tan 
de justicia se le debía, como decía San Pablo pidiéndolo de puerta en puerta 
por amor de Dios ; pero si la impiedad y tiranía le tenía cerradas las puertas 
para que entre cristianos se le negase el sustento para mantener la vida, preve- 
nido tenía Dios en los desiertos a estos cuervos desechados de los indios para 
que los apasentase aqueste celoso y valiente Elias con todo su ipcqueño rebaño, 
siendo tanta la Providencia divina que les sobraba para ellos y aun para otros 
treinta más que hubiese, con ío que 'os indios les daban, ccmo declara el 
séptimo testigo que jura en la información citada arriba, llamado Miguel de 
Ureña en la cuarta pregunta: "Y que así se lo ha oído decir al mismo Padre 
Fray Pedro Ángulo" y todos los testigos convienen en que es mucho lo que 
los indios les llevan a los Religiosos, de maíz, miel, cera y huevos con otras 
muchísimas cosas, cosa por cierto afrentosa para los que se tenían por católicos 
cristianos, que con luz clara de lo que manda el Evangelio y con conocimiento 
de lo que son los ministros de Dios y cuanto bien espiritual les traían, los 
traten de aqueste modo y que unos infieles y neófitos que ayer empezaron a 
oír él Evangel'o y tan rudos que los tuvieron por bestias, de aqueste modo 
veneren, atiendan y socorran a los ministros del Evangelio, sin haber visto en 
ellos más milagros que los de su vida inculpable y el desinterés y despego de 
las cosas temporales. 

Bien se deja entender con las fatigas que iría componiendo cuatro 
adobes y cañas para ir formando vivienda y forma de Convento, porque aunque 
desde el año de 29, como queda dicho, el Venerable Padre Fray Domingo de 
Betansos tomó sitio, que según se puede colegir fué comprado y no dado por 
la ciudad, porque en el Cabildo que se tuvo a 24 de setiembre de 1529 se 
manda que no se vendan los Solares ni las tierras a los Conventos, no sea que 

212 



compren muchas y se hagan dueños de ellas, y no habiendo a la sazón más 
Monasterio que el de Santo Domingo, debió de proceder de que el Padre Fray 
Domingo compró algo para su Convento o para fundarlo, y si en ellas fundó 
algunas celdillas fué en lugar húmedo y poco sano, por lo cual pidió el Padre 
Fray Bartolomé algo de más sitio de la parte de arriba para ir fundando su 
Monasterio. Esto quedó a cargo del Padre Fray Pedro, como Vicario que 
quedó de la casa, quien hizo tan poco en la fábrica de su Convento por ia 
grave contradice ón y desayuda que tenía en los vecinos, que apenas tenía 
sacados los cimientos de su Yglesia, cuando la ruina de la ciudad, que pasán- 
dose a otro sitio se quedaron hechos, como se ve hasta el día de hoy en aquel 
mismo lugar. 

Ben conocido tenía el cuidado del Padre Fray Bartolomé de las Casas 
y su grande actividad el Señor Obispo Marroquín cuando le hizo el encargo 
de ir a negociar Religiosos de las dos órdenes a España y más cediendo en 
pro y utilidad de aquellas gentes, pues apenas llegó a Castil'a a principios del 
año de 40 cuando significando en el Supremo Consejo la causa de su ida, 
luego se le dio licencia para que pasasen; y puesto en noticia del Provincial 
de la Provincia de Santiago de la Religión Franciscana notificando sus letras 
patentes en sus Conventos, luego se ofrecieron seis Religiosos y muy aprobados 
en la virtud, que fueron solos los que les pareció por entonces que viniesen 
como exploradores de esta tierra, porque como no parecieron allá letras ni 
cartas de los Prelados de iMéjico tocante a pedir Religiosos, sino solo el pedi- 
mento del Obispo y solicitación de un Religioso de ajena rdigión, que no debie- 
ron tener por estraño pues era su hermano, no se determinaron a que fueran 
más de cinco Sacerdotes y un Religioso lego. Los nombres de estos primeros 
apostólicos varones que fueron los primeros Religiosos Franciscanos que entra- 
ron en estas Provincias de Guatemaa, fueron Fray Alonso de las Heras, 
Fray Diego Ordónez, Fray Diego Albete, Fray Gonzaio Méndez y el Re'igioso 
lego Fray Francisco de VaMeras, Bien pensó el Padre Fray Bartolomé poder 
dar presto la vuelta en los negocios de su encargo, y así luego trató de que se 
juntasen los Religiosos Franciscanos y ios nuestros porque él había de hacer 
los gastos por parte del Señor Ob'spo de Guatemala y traerlos juntos con los 
nuestros y así apretó luego en el Consejo representando los desórdenes que 
había y el remedio que era preciso poner y así representando poner todo lo 
que se ofrecía, fué bien despachado por el Cardenal Gobernador de España, 
cuyas Reales Cédulas quise ponerlas todas aquí juntas pues aqueste año se 
negociaron todas. Lo primero que representó fué el mal aparejo que había 
en la doctrina de los indios y principalmente con los esclavos que tenían en i as 
mnas y en la ciudad, no permitiéndoles ni dándoles lugar a que fuesen ense- 
ñados y así despachó la Cédula siguiente dirigida al Gobernador y al Obispo: 
"El Rey — ^Mi Gobernador de la Provincia de Guatemala y Reverendo in 
Christo, Padre Obispo de la dicha Provincia. — Yo soy informado de que en 
la instrucción de los indios de esa Provincia en las cosas de nuestra Santa 
le católica, no se pone aquel'a diligencia que conviene para su salvación y 
descargo de las conciencias de las personas a quienes sirven; por ende yo os 
mando y encargo que luego deis orden como en cada uno de los pueblos de esa 
Provincia se señale hora determinada todos los días en la cual se junten todos 
os irdics, así esclavos cerro libres, y los negros que hubiere dentro de los 

213 



pueblos, a oír la doctrina e proveáis de persona que tenga cuidado de se la 
enseñar e compeláis a todos los vecinos de ellos que envíen sus indios y negros 
a aprender la doctrina sin los impedir ni ocupar en otra cosa hasta tanto que 
la hayan sabido, so la pena que os pareciere. 

Asi mismo proveáis como los indios y negros que andan fuera de los 
pueblos en los días de trabajo sean doctrinados por la misma Orden las 
fiestas cuando a los pueblos vienen, e para todos los otros que viven en pueblos, 
o estancias fuera de población de cristianos proveáis por la mejor manera que 
os pareciere y fuere conveniente como sean también enseñados y para ello 
haya persona en cada pueblo que tenga cuidado. 

Y vos Reverendo Obispo, a quien esto más incumbe tendréis especial 
cuidado de ello y avisarnos heis si algo fuere necesario que nos mandaremos 
proveer para que esto mejor se guarde; y póngase en efecto y entiéndase 
que los que han de ir a la doctrina cada día son los indios y negros que sirven 
en las casas ordinarimente sin salir al campo a trabajar, y los que anduvieren 
en el campo los domingos e fiestas de guardar, y el tiempo que ellos han de 
ocupar en esto ha de ser una hora, antes más que menos, la cual sea que no 
impida al servicio de su amo, e los que le pareciere que tienen ya aprendido 
lo necesario no les apremiaréis más a la dicha doctrina, procurando los domin- 
gos e fiestas vengan los unos y los otros a oír misa. Fecha en Madrid a nueve 
días del mes de enero de mil quinientos y cuarenta años. — Fray García, Carde- 
nalis Hispalems. — ^Por mandado de Su Majestad, — ^El Gobernador en su nom- 
bre. — Juan de S amano". 

Bien se deja entender de lo contenido en esta Cédula que ella fué con- 
seguida por informe del Señor Obispo o de los Religiosos, o de unos y otros, 
que no podían meter por camino a los dueños de los indios para su enseñanza 
y el gran desorden que en esto había, pues no podía el Señor Obispo con todo 
BU poder traerlos a lo que era justo. 

Y como cosa que requería mucho remedio por el peligro en que dejaba 
la Provincia de la Verapaz, por la guerra que había movido el Licenciado 
Maldonado, contra el asiento tomado, y haber encomendado Don Pedro de 
Alvarado los pueblos a españoles por lo cual se habían sublevado, además 
de la Cédula puesta arriba en que está inclusa la provisión Real de la audien- 
cia de Méjico aprovando el concierto que hizo con el Licenciado Maldonado 
la cual se despachó a 14 de noviembre de 1540 sacó otra tocante a la misma 
Provincia su fecha en 11 de octubre de 1540 que es como se sigue: "Don Carlos, 
etc. A vos los nuestros Gobernadores de las Provincias de Guatemala, Chia- 
pas e Honduras e a vuestro lugar Teniente e a esia3 e otras cualesquiera justi- 
cias de las dichas Provincias e a otras cualesquiera personas de cualesquier 
estado e condición que sean o a quien lo contenido en esta nuestra carta toca 
e tañe, e a cada uno de cualesquier de vos a quienes esta nuestra carta fuere 
mostrada o su traslado firmado de Escribano público o de ello supieredes 
en cualquier manera — Salud e gracia — Sépades que Fray Bartolomé de las 
Casas de la Orden de Santo Domingo nos ha hecho relación que él y Fray 
Pedro de Ángulo y otros Religiosos de su orden han entendido por vía de paz 
y persuasión de traer en nuestro servicio y conocimiento de nuestra Santa fe 
Católica a los naturales que por la parte de esas Provincias de Guatemala se 
llaman de Tezulután y han trabajado en ello hasta que ciertos principales de 

214 i 



las Provincias vinieron a verse con ellos en un pueblo de paz que él y los 
dichos Religiosos con celo de servir a nuestro Señor ofreciéndose a todo 
martirio, quieren proseguir lo que han comenzado en procurar con predicación 
c persuación convertir a los indios de dichas Provincias e de otras que confi- 
nan con eÜlas a traerlas a nuestro servicio e conversión de los cristianos, con 
tanto que en lo que ellos asi entendieren de traerlos de paz ninguna persona 
entre en ella ipor vía de guerra ni otra manera rii contratación alguna, ni 
envíen negros, ni indio, ni español por mar ni por tierra por tiempo de cinco 
años, e nos suplicó lo mandásemos así proveer e vos mandásemos que vosotros 
no le pusiésedes en ello impedimento alguno, antes les favoreciésedes e ayuda- 
redes para ello so graves penas que para edlo vos mandásemos poner, o como la 
mi merced fuese, lo cual visto por los de nuestro Consejo de las Indias consi- 
derando el gran servicio que en esto se puede hacer a nuestro Señor, e bien de 
los naturales de esas Provincias, fué acordado de que debíamos mandar dar 
esta nuestra carta en la dicha razón, e nos tuvímoslo por bien, por lo cual 
queremos e mandamos que en lo que pacificaren el dicho Fray Bartolomé 
de las Casas e Fray Pedro de Ángulo e los otros Religiosos de su Orden estan- 
do en ello y en lo que trataren de pacificar en los límites e confines de esas 
Provincias por término de cinco años no entre ninguna ni alguna persona a 
hacer guerra ni a saltear ni a escandalizar ni a alborotar los dichos indios, ni 
por vía de comercio, ni otra manera alguna dentro de los dichos límites de 
vuestras gobernaciones en todo lo que de guerra estuviere, so pena de que el 
que lo contrario hiciere sea perpetuamente desterrado de la Provincia donde 
viviere e de todas las Islas e Indias del mar Occeano e de perdimiento de la 
mitad de sus bienes para nuestra Cámara, las cuales vos las dichas justicias 
ejecutad en sus personas e bienes; e si antes de los cinco años el Padre Fray 
Bartolomé de las Casas e Fray Pedro de Ángulo e los dichos Religiosos de la 
dicha Orden vieren que se debe imponer algún tributo en algunos de los 
indios que trajeren de paz e les pareciere que conviene que se envíe persona 
que los coja, preveréis vosotros los dichos Gobernadores a cualquiera de vos en 
cuyo límite estuviere la Provincia que así hubieren conquistado, de enviar 
persona cual convenga para que los cobre, tenga cuenta e razón de ellos, e 
porque lo susodicho sea público e notorio a todos e ninguno de ellos pueda 
pretender ignorancia, mandamos que esta nuestra carta sea pregonada en las 
gradas de la ciudad de Sevilla y en las ciudades de Méjico e' Santiago de 
Guatemala y en la ciudad de Ciudad Real de Chiapa, en la Villa de Tabasco 
y en la Ciudad de Gracias a Dios y en la Villa de San Pedro y en la Ciudad 
de Trujillo por pregonero e ante Escribano público. Dada en Madrid a 17 
días del mes de octubre de 1540 años. — Fray García, Cardenalis Hispalems. 
— Yo Pedro de los Cobos Secretario de sus Cesáreas y Católicas Majestades 
la fise escribir por su mandado, — El Gobernador en su nombre. — El Dr. Beltrán 
Episcopus lacencis. — «El Dr. Bernal. — El Licenciado Gutiérrez. — Velásquez. — 
Registrada, — Ochoa. — De Layanda, — Por Chanciller, — Blas de Saavedra". 
Esta fué la Cédula que causó tanto escándalo el año de 44 adelante, 
sobre que se hizo la información contra nosotros que se ha citado, y si como 
se prohibió que por término de cinco años no entrasen allí españoles, se hubiera 
mandado que no entraran jamás, yo aseguro que se hallara aquella Provincia 
muy florida y muy adelantada y no hubieran experimentado las tiranías y 

215 



maldades que con ellos han hecho y están haciendo de que yo soy testigo que 
ha sido milagro de Dios que los haya contenido que no se hayan sublevado, 
que a no tener tanto amor a la fe católica y a los Religiosos que los mantienen, 
no sé que hubiera sido, viéndose estos arrastrados y ultrajados por su defensa; 
pero ya esto lo tenemos de nuestra cosecha desde la fundación de aquesta 
Provincia. 

No se olvidó el Padre Fray Bartolomé de las Casas del agradecimiento 
en que estaba a los cuatro Caciques Don Juan de Atitlán, Don Jorge de Tec- 
pán atitlán, Don Miguel de Chichicastenango, Don Gaspar de Rabinal, quienes 
con su autoridad y exhortaciones ayudaron a la reducción de la Provincia de 
Verapaz, para que Su Majestad les atendiese; que no por ser indios son inca- 
paces de remuneración sus servicios, le informó de lo que habían trabajado 
en ello y la piedad de nuestros católicos Monarcas que nada dejan sin premio 
(Así no fueran falsos muchos que se les representan, y otras veces de servicios 
que merecían por ellos que los hicieran cuartos, que se los representan por 
méritos hurtando con astucia el premio a quien se debe) quiso mostrar su 
agradecimiento escribiendo a cada uno en (particular lo obligado que se hallaba 
y que procuraría el recompensarles, como lo hizo después, como veremos el 
año de 1544. Pondremos la carta escrita al uno que es Don Juan de Atitlán 
que los mesmos son los demás y de la misma fecha sin tener más que el 
nombre mudado, dice pues: 

"El Rey. Don Juan Principal del pueblo de Atitlán que es en la Provincia 
de Guatemala. Por relación de Bartolomé de las Casas he sido informado que 
habéis trabajado en pacificar y traer de paz los naturales de las Provincias de 
Tezulután que estaban de guerra y el favor y ayuda que para ello habéis dado 
al dicho Fray Bartolomé de las Casas y a Fray Pedro de Ángulo y a los otros 
Religiosos que en ello han entendido, lo cual os agradezco y tengo en servicio, 
y así os encargo lo continuéis hasta que del todo los naturales de dichas Pro- 
vincias vengan en conocimiento de nuestra Santa fe Católica y estén debajo 
de nuestro yugo y servicio como vasallos nuestros, y cuando los dichos Fray 
Bartolomé de las Casas o Fray Pedro de Ángulo o cualquiera de sus compa- 
ñeros hubieren de entrar en las dichas Provincias que asi están de guerra, 
entréis juntamente con ellos e llevéis con vos las personas y principales con 
quien habéis entendido hasta ahora en la dicha pacificación, teniendo por 
cierto que así como de lo que me habéis servido, como de lo que adelante me 
sirviéredes, tendré memoria para vos hacer la merced que hubiere lugar; y 
asi enviamos a mandar a nuestro Gobernador de esa Provincia y al Obispo de 
ella, que os favorescan e no consientan ni den lugar que se os impongan 
servicios inmoderados. Madrid a 17 de octubre de 1540 años. — Fray García 
Cardinalis Hispalems. Por mandado de Su Majestad el Gobernador en su 
nombre — Juan de Samano". — Las dos Cédulas que aquí cita para el Gober- 
nador y el Obispo, para que favorescan a estos Caciques son las fechas de 
enero de 1541 pero porque vayan ordenadas estas Cédulas será bien poner 
aquí en este lugar la del Gobernador que lo mismo es la del Obispo, que 
dice así : 

"El Rey, Nuestro Gobernador de la Provincia de Guatemala o vuestro 
lugar Teniente de dicho oficio, o otras cualesquier justicias de ella a quien esta 
mi Cédula fuere mostrada, sabed : que yo he sido informado que Don Juan 

216 



Gobernador del pueblo de Atitlán y D. Jorge principal del pueblo de Tecpan- 
Atitlán, y Don Miguel principal del pueblo de Chichicastenango y Don 
Gaspar principail del pueblo de Tequisistján, juntamente coa Fr. Bartolomé 
de las Casas y Fray Pedro de Ángulo, han trabajado en traer de paz a los 
naturales de las Provincias de Tezulután, que están en guerra, a los cuales 
dichos principales les he mandado escribir encargándoles que juntamente con 
los dichos Religiosos o con cualquiera de ellos entren en las dichas Provincias 
que asi están de guerra, y procuren traer de paz a los naturales de ellas, c 
porque podría ser que alguno de vosotros quisiese impedir o impidiesen a los 
dichos Caciques que no fuesen a entender en lo susodicho, lo cual sería causa 
de que se dejase de efectuar una obra tan buena, yo vos mando que si los dichos 
Caciques de su voluntad quisieren ir a entender en la dicha pacificación, los 
dejéis y consintáis ir libremente sin que en eilo les pongáis, ni consintáis poner 
embarazo, ni impedimento alguno ; antes si les ayudéis y favorezcáis én lo que 
se les ofreciere para el viaje, que en ello me serviréis. Fecha en Taiavera a 28 
días del mes de enero de 1541. — Fray Garcías, Cardinalis Hispalems. — Por 
mandado de Su Majestad. — El Gobernador en su nombre. — Juan de Samano". 

Todo lo tenía presente aquel Argos del Padre Fray Bartolomé de las 
Casas, no sólo la reducción, sino también el ponerlos en toda po.icía cristiana, 
para lo cual se le ofreció llevar indios de Méjico de los que ya estaban indus- 
triados, no solo en gobierno y canturía de las Yglesias, sino también Oficiales 
de los Oficios mecánicos para formar una República bien concertada, no 
contentándose su santo celo sólo con haberlos traído al conocimiento de Dios, 
sino también llevando la obra hasta el cabo, ponerlos en todo buen concierto ; 
y así pidió a Su Majestad otra Cédula para el Virrey de la Nueva España para 
poder sacar de allí los indios que se quisieran venir con los Religiosos a la 
Provincia de Verapaz y otra para el Provincial de San Francisco de la Religión 
Seráfica para poder sacar cantores, y aunque el Padre Fray Bartolomé no 
pudo negociar esto por lo que se dirá adelante, lo agenció y llevó a debido 
efecto el Padre Fray Luis Cáncer uno de sus dos compañeros que llevó 
consigo, quien trajo los despachos el año de 41 como se dirá. Las Cédulas 
son como se sigue : 

"Don Antonio de Mendoza nuestro Viso-Rey e Gobernador de la Nueva 
España e Presidente de la Chancillería Real que en ella reside. Fray Barto- 
lomé de las Casas y Fray Rodrigo de Ladrada y Fray Pedro de Ángulo de la 
Orden de Santo Domingo, me han hecho relación que para entender en la 
conversión y pacificación de las Provincias de Tezulutlán que son en la 
Provincia de Guatemala e de otras a ellas comarcanas, de que se han encar- 
gado, tienen necesidad de algunos indios de los de esa tierra, e me suplicaron 
que les dejasedes llevar todos los indios que se quisiesen ir consigo o con 
a'guno de ellos de su voluntad, aunque estuviesen en la Yglesia o Monasterio 
o casa de Religión, y aunque fuesen Oficiales de cualquier oficio que 
fuesen o como la mi merced fuese, por ende yo vos encargo e mando que 
veáis lo susodicho e proveáis lo que conviene al servicio de Dios Nues- 
tro Señor e nuestro e bien de los naturales de esa tierra. — Fecha en 
Madrid en 17 días del mes de octubre de 1540 años. — Fray García Cardenalis 
Hispalems. — Por mandado de Su Majestad. — El Gobernador en su nombre. — 
Pedro de los Cobos. — ^El Rey, Venerable Provincial de la Orden de San Fran- 

217 



cisco de la Nueva España, o a vuestro V'? general, sabed : que Fray Bartolomé 
de ias Casas e Fray Rodrigo de Ladrada e Fr. Pedro de Ángulo y otros Reli- 
giosos de su Orden con celo de servir a Dios Nuestro Señor, quieren procurar 
con predicación y persuación de traer de paz a nuestro servicio y obediencia 
y conocimiento de nuestra Santa fe católica, los indios de la Provincia de 
Tezulutlán que son en la Provincia de Guatemala y de otras a ellas coman- 
canas, los cuales nos han hecho información que por poder mejor efectuar lo 
susodicho habrían menester algunos indios que supiesen tañer ministriles, 
altos e chirimías, sacabuches o flautas e algunos cantores de los que hay en 
los Monasterios de vuestra Orden de esa Provincia porque con la música 
podrían más brevemente atraer a los indios de dichas Provincias al conoci- 
miento de nuestra Santa fe, y me suplicaron vos mandase escribir para que se 
lo diese, o como la mi merced fuere, e porque como veis, si lo susodicho 
se efectuare Dios Nuestro Señor e nos seríamos de ello muy servidos ; por 
ende yo vos encargo e mando que los indios cantores que supieren tañer 
ministriles e chirimías e sacabuches e flautas que hubiere en los Monasterios 
de esa Provincia, deis a los dichos Fray Bartolomé de las Casas e Fray Rodrigo 
de Ladrada y Fray Pedro de Ángulo e cualquiera de ellos los que os parecieren 
que pueden aprovechar para que vayan con ellos a entender en la dicha pacifi- 
cación que en ello me serviréis. — Fecho en la Villa de Madrid a 17 días 
del mes de octubre de 1540 años. — Fray Garcías Cardenalis Hispalems. — Por 
mandado de Su Majestad el Gobernador en su nombre, — Juan de Samano". 

El que tenía a todos los indios en su corazón para solicitarles todo bien 
espiritual y temporal, no podía olvidarse de uno tan grande para uno y otro 
que era el que se juntasen en pueblos en forma de República para que viviendo 
en policía cristiana fuesen bien regidos y enseñados, y como ya había experi- 
mentado esto en los pueblos que había juntado en la Verapaz de Rabinal y 
otros, como queda dicho, y por otra parte considerarse el natural de los indios 
tan poco sociables y ser tan amigos de vivir solos en los montes y que los 
españoles los avivan a esto por sus intereses, no queriendo que se juntasen 
con otros porque les parecía que les perdían; dio también cuenta de esto el 
Padre Fray Bartolomé de las Casas, representando las utilidades que se 
seguían de juntarse en poblaciones foimadas y los daños que se seguían de lo 
contrario, lo cual visto por el Real Consejo de las Indios despachó a su soli- 
citud la Cédula siguiente : 

"El Rey Nuestro Gobernador de la Provincia de Guatemala e Ro. in 
cristo Obispo Dn, Francisco Marroquín de la dicha Provincia. Ya sabéis como 
e porqué fuimos informados que para que los indios de esa Provincia pudiesen 
ser industriados en las cosas de nuestra Santa fe católica, convenía juntarse 
porque dis que esa Provincia es la mayor parte de esa tierra e muy áspera y 
fragosa, que está una casa de otra a mucha distancia, a cuya causa sino se 
juntaban no podían ser doctrinados, e que para el remedio de eUo convenía 
que se llamasen a todo los principales indios y se les diese a entender cuan 
conveniente cosa sería el juntarse; y porque esto no se podría hacer sin que les 
alzase el servicio y tributo que daban a sus amos, era necesario el que se 
mandase suspender el dicho servicio por el tiempo necesario, vos enviamos 
a mandar que en los lugares donde viese del que había comodidad para que 
los dichos indios se pudiesen juntar y ellos lo tuviesen por bien, proveyésedes 

218 



se efectuase lo susodicho sin hacerles premia alguna; y por eso somos infor- 
mados que a causa de se os haber mandado que no apremiásedcs a los dichos 
indios a que hiciesen lo susodicho, no lo habéis puesto en efecto porque os 
parece que sin ser apremiados no se puede hacer, y que para que mejor se 
pudiese efectuar convenía que los dichos indios fuesen reservados de que no 
diesen tributos más de lo necesario por un año, o por el tiempo que pareciese 
y que los indios que no lo quisiesen hacer, se les pusiese pena por ello, e 
pudiesen ser sacados de a donde quiera que estuvieran, e visto por nuestro 
Consejo de las Indias queriendo proveer en ello fué acordado que debía mandar 
dar esta mi Cédula para Vos ; e yo túvelo por bien, porque vos mando que veáis 
lo susodicho y ambos juntamente procuréis poco a poco por la mejor vía que 
pudiéredes que los dichos indios se junten en las partes que vosotros viéredes 
que hay comodidad para ello. — Fecha en la Villa de Madrid a 10 días del mes 
de junio de 1540 años. — Fray García Cardenalis Hispalems — Por mandado 
de Su Majestad. — ^El Gobernador en su nombre. — Juan de Sanamo". 

Otras dos Cédulas dio su Majestad a 14 de noviembre de 1540 para los 
Gobernadores de Guatemala, Chiapa y Honduras para que no impidan a los 
indios Mejicanos y Tlascaltecos que se quisieren ir con los Religiosos a la 
Provincia de Tezulutlá'n y la otra de 17 de octubre del mismo año a los mismos 
para que pidiendo algunos españoles para aquella Provincia se le den hombres 
temerosos de Dios, no escaseando los católicos monarcas a aqueste esforzado 
David, tan cortado a la medida de su corazón piadoso, con que querían como 
católicos fuesen tratados con toda humanidad para aficionarlos a la fe cató- 
lica y a su yugo suave y que los otros suyos no hacían efecto por no descubrir 
resquicio la dureza de sus frentes para rendir aqueste monstruoso gigante 
de la codicia que dominaba a toda aquesta América, porque aunque sea verdad 
que en aquellos tiempos dio Dios en aquesta América varones apostólicos y 
Prelados verdaderamente sucesores de los Apóstoles, no se hallaba entre todos 
ninguno tan fiel y valeroso como aqueste David valiente para entrar y salir y 
cumplir lo mandado de Su Rey y Señor. Unos temían, otros no sabían, 
otros no podían ladrar por la presa que tenían tomada en las bocas de las 
dádivas, y estos eran los más culpados, pues habiendo enviado Su Majestad 
para que pusiesen esta Monarquía en concierto, ellos con sus tiranías y codi- 
cias e injusticias eran los que los ponían en mayor desconcierto, otros deses- 
peraban del remedio y así callaban ; pero el Padre Fray Bartolomé de las Casas 
y todos sus secuases los Frayles Dominicos especialmente los de aquesta 
Provincia, no cesaban de ladrar porque tenían las bocas desembarazadas, tanto 
que aquellos primeros Religiosos, así los de Guatemala como los de la primera 
bareada, en Campeche y en Tabasco se condenaron a morir de hambre por 
no admitir la comida que con buena voluntad les daban aquellos vecinos, aun- 
que así lo conocían, por no verse después como corridos de haberles recibido 
el beneficio y diciéndoles con libertad lo que sentían de sus tiranías y temie- 
ron que aquel bocado aunque dado por Dios les tapase la boca de sus ladri- 
dos, como se verá adelante. A ninguno debe Su Majestad aqueste dilatado 
imperio como a todos los Religiosos y en especial a los Dominicos; pero con 
más singularidad aquesta Provincia de Chiapa y Guatemala; porque si los 
Conquistadores lo ganaron con tanto afán y trabajo que no se niegan, los que 
fueron llevados de la codicia no merecen aplauso, los que de la dilatación de la 

219 



fe, lo dejaron todo tan destrozado come- .js primeros que fué muchísimo más 
el trabajo de juntar aqueste cuerpo reducido a menudas piezas que el haberlo 
ganado. ¿ Qué trabajo no costó a los ministros sosegar aquestas gentes, atraer- 
las, acariciarlas, sacándolas de los montes y cavernas donde el espanto del 
estrago los había metido? ¿Qué no costó el que se llegasen a persuadir que 
no se pretendía de ellos sino su salvación? ¿Qué no costó a esta mi Provincia 
la defensa de estos naturales y ponerlos en libertad? ¿Qué hambres, qué 
caminos, qué mares no pasaron, y ultrajes, afrentas y baldones no sufrieron? 
Pero porque este argumento se irá declarando por extenso en toda aquesta 
historia donde se ver¿ que puros hombres con fuerzas humanas no pudieran 
vencer ni triunfar, como todo lo vencieron, no me dilato más en esto ; y así 
sólo digo que conociendo la piedad innata del Señor Emperador, la del Príncipe 
Don Felipe su glorioso hijo y la del Cardenal su Gobernador, le abrieron las 
puertas de sus armerías al Padre Fray Bartolomé de sus Reales Cédu'as para 
que pudiese pelear, rendir y avasallar aquese monstruo insaciable de la codicia 
con todas estas Cédulas y otras muchas más que se irán trayendo," que todas 
se hallan originales en nuestro archivo. 



CAPITULO XVIII 



Delavenida de los primeros Religiosos de Nuestro Padre San Francisco 
á este Rey no de Guatemala, y muerte desgraciada del Adelantado 

Don Pedro de Alvarado 

Año I54J 

Fué tan notable aqueste año de 41 para aqueste reino de Guatemala por 
los grandes acontecimientos que en él sobrevinieron a esta República, que 
dice nuestro Remezal que si su historia hubiese de tener 2'' parte, desde aquí 
la comenzara, como que historiaba desde aquí de otra cosa nueva, muy dife- 
rente de la antigua; y así empieza libro en este año; pero como mi asunto 
principal no es la historia de alqueste Reyno, aunque incidenter para la clari- 
dad de la historia de mi Provincia, trato algunas de sus cosas, no empiezo 
aquí libro sino capítulo, que por no darle principio con desgracias y fatali- 
dades, le daré con la grande felicidad que tuvo en que aqueste año tuviese su 
origen la Santa Provincia del Santo Nombre de Jesús que tanto ha ilustrado 
esta República con los esclarecidos sujetos que la han ilustrado en letras y 
Santidad y que tanto ha aprovechado toda ella en bienes espirituales, que 
han procedido y todos han sacado de tan rico mineral. 

Nuestro Padre juvilado Fray Francisco Vázquez en la Crónica que 
escribió de su Santa Provincia con que tanto la deslustró por sus infinitas 
falsedades, se emipeña con todas sus fuerzas, en decir, aunque no lo prueba, 
ni en todo ni en parte, que su Religión fué aquí la primera. Poco nos hiciera 
eso al caso, ni nos quitara de nuestro lustre, que así fuera, como no nos quitó 
cosa, que fuese ella la primera que entró en Méjico y en Manila de ver la 
falsedad y malicia con que procede adulterando instrumentos. Mucho he 

220 



hecho en algunas ocasiones el advertir en sus falsedades, y porque aqueste 
asunto de historia no es para refutar tanta maldad, lo he hecho en libro aparte 
que- pondré al fin de aquesta historia, y aquí solo se toca de paso lo que se 
ofrece, y asi tocante aquesta venida de sus primeros fundadores que quiere 
que sea el año de 1540 para que se hallen en el miserable estrago de 
Guatemala por aquellos cuentos que allí mete y novelas de libros de 
Caballería, no citando para ello más autoridad que la suya, fundado solo 
en que dice Torquemada y el manuscrito de su Provincia, que salieron de sus 
Provincias el año de 39; pero no dicen cuándo llegaron que era lo que había- 
mos menester; y ello bien pudo suceder que por cartas que escribiría el Señor 
Obispo Marroquín se tratase de eso allá y que sa'iendo de sus Provincias 
de Santiago aquese año no se embarcaron hasta el año de 41, como dice Reme- 
zal, a quien nada le iba ni le venía que ese u otro año hubiesen venido, a quien 
debemos dar más crédito que a su Paternidad, pues llegó a alcanzar a uno de 
sus Santos fundadores que fué el Padre Fray Diego Ordóñez, y, como él 
mismo dice, solicitó las noticias más verídicas que 'había en su Convento con 
les Religiosos que alcanzaron a todos los fundadores; y así dejando eso como 
noticia que no tiene fundamento pues ninguno trae para contradecir a Reme- 
zal, ni razón ni cosa que lo valga, paso a lo que hace al caso. Con todo cuidado 
andaba e' Padre Fray Bartolomé de las Casas disponiendo las cosas de su 
viaje, y solicitados y conseguidos todos los despachos referidos y otros muchos 
más, solicitaba el juntar Religiosos para traer consigo le llegó mandato del 
Cardenal Gobernador de España para que se detuviese. La causa de esta 
detención fué que habiendo llegado a oídos de Su Majestad los muchos cía 
mores y memoriales de las cosas que pasaban en la América presentados por 
el Procurador de los indios el Padre Fray Bartolomé de las Casas ; (porque 
como no era sólo hablar por hablar como algunos historiadores modernos 
estilan, sino que todo lo probaba con testimonios muy auténticos y test gos muy 
fidedignos y de toda excepción y libres de toda pasión como el Señor Marro 
quín y las mismas quejas habían llegado de otros Santos Prelados como el 
Señor Sumarraga y otros buenos Reiigiosos como dice Torquemada), con estas 
noticias el piadoso Emperador env'ó a mandar que se hiciese una junta de los 
hombres de míis letras que tenía en sus consejos para que se viesen estas 
cosas y se dispusiese lo más conveniente para bien de aquestos naturales y 
seguridad de las conciencias de los españoles que tan gravadas estaban, y 
como el Padre Fray Bartolomé era el que más sabía de ésto y e' que lo 
solicitaba, lo mandó detener para que se hallara en esta Junta, para que se 
informasen mejor les que lo habían de determinar, y entendiendo que esta 
detención fuese de se s u ocho meses determinó que no viniesen los Religiosos 
Dominicos por traerlos él mismo que estaba nombrado Vicario General; pero 
los Religiosos Franciscanos que no tenían embarazo y hacfan acá mucha falta, 
dispuso que pasasen; y para aviarlos, como quien era su Procurador por el 
Señor Obispo, pasó a Sevilla a negociar juntamente las limosnas que les daba 
Su Majestad para sus aVios que el os como nuevos en estas cosas no entendían ; 
y juntamente d'spuso el que pasase uno de sus compañeros, que fué el Padre 
Fray Luis Cáncer para que trajese todos los despachos de Tezulutlán por Ío 
muy necesarios que eran para que aquella cristiandad no se perdiese y llegando 
a Sevi'Ia hizo pregonar el despacho que traía tocante a que no entrasen 

221 



españoles en la Provincia de Tezulutlán que mandaba Su Majestad se noti- 
ficase primero en Sevilla, lo cual se hizo como consta de la notificación que está 
en el original, un viernes veintiuno de enero de este año de 1541 y dice el 
Escribano que es a pedimento de Fray Bartolomé de las Casas, Fray Rodrigo 
de Ladrada y Fray Luis Cáncer. 

Y de este modo aviados los Religiosos Franciscanos y Fray Luis Cáncer 
que vino juntamente con ellos a traer los despachos que se habían negociado; 
y lo más temprano qué se pudieron embarcar según aquestos cómputos fué 
a principios del mes de febrero, con que su llegada a la Verapaz sería a prin- 
cipios de abril o mayo, que siendo así no pudo ser lo que Vázquez dice que 
aquella Cuaresma estuvieron en Méjico donde dice que trabajaron mucho, ni 
aunque esto fuese el año de 40, como él quiere, porque su viaje lo pone por el 
mismo tiempo donde dice que se detuvieron en Méjico por las aguas que 
entraron y allí estudiaron lengua. Todo esto es una quimera porque sólo la 
lengua mejicana podían aprender allí donde dice que se detuvieron hasta 
principios de octubre de a donde salieron todos seis y enfermando a la prin^er 
jornada el Comisario que los traía Fray Alonso de Casaseca murió, y eligiendo 
entre ellos uno que los gobernase en conformidad de la Bula del Papa 
Adriano que dio en Barcelona a 10 de mayo de 1522, pasaron" a Gua- 
temala donde dice que llegaron a 11 de noviembre haciendo gran mis- 
terio de que llegasen ese día que era de San Martín. Son tantas las 
quimeras que ensarta en este recibimiento, tan ajenas de la modestia 
de aquellos Religiosos varones apostólicos, que fuera cosa muy prolija el refu- 
tarlas; baste saber que como llegaron a la ciudad de Santiago a tiempo que 
todo estaba arruinado con la tormenta que había sucedido y determinando ya 
mudarse a otro sitio, allí se acomodaron en la Ermita de Nuestra Señora de los 
Remedios, y lo más cierto es en el Hospital como su paternidad dice, sin saber 
lo que se dice, cuando escribe : A los principios en aquel salón o chilote a mane- 
ra de enfermería de Hospital, alí se hospedaron mientras se hacían modo de 
vivienda en la traza nueva de la ciudad, y esta es la verdad que hubo en toda 
aquesta venida de estos Religiosos que no se hallaron en la ruina de Gua- 
temala, que si tal hubiera sido y suced'-do las muchas quimeras que Su Pater- 
nidad inventa dando de mano a los autores clásicos como Torquemada que 
escribió todo aqueste suceso tomándolo de los escritos del Padre Fray Toribio 
de Mortolínea, como él mismo dice a Herrera y a Gomara, que de allí mismo 
tomó estas cosas, a Remezal que alcanzó personas que se hallaren en esto, 
siguiendo las consejas de María del Castillo una vieja aturdida que vivía en 
el (pueblo de Almolonga, que dice se lo oyó contar a su madre y ésta a su 
abuela pero que no se acordaba cómo se llamaba su bisabuela. Ya se ve entre 
hombres de talento que puede valer este dicho dado que sea así, cuando hay 
autores clásicos y casi oculares como fué el Padre Fray Toribio, que estuvo en 
Guatemala el año de 1544 cuando todo estaba reciente; y así todo eso se ha 
de tener por apócrifo y libros de Caballerías. 

Con aquestos Religiosos vino el Padre Fray Luis Cáncer a traer todos 
los despachos, el cual pasó a Méjico a presentarlos en la Real Audiencia para 
que se les diese el pase necesario, y se mandasen poner en ejecución; y para 
negociar los indios oficiales y cantores que había de traer para la Provincia de 
Tezulutlán, donde se deseaba poner todo orden de Repúblicas. Con esto se 

222 



detuvo hasta hallarse en el Capítulo Provincial que se había de celebrar el 
día 23 de agosto de aquel año, para negociar algunos Religiosos que viniesen 
ayudar a esta Provincia de Guatemala mientras llegaban los que traía el Padre 
Fray Bartolomé de las Casas. Fué electo en este Capítulo que es el segundo 
que toca a esta Provincia de Guatemala el Muy Reverendo Padre Fray Domin- 
go de la Cruz, varón de mucha virtud y letras, ihijo del Convento de Santa Cruz 
de Segovia; fueron definidores en él, el Venerable Padre Fray Domingo de 
Betanzos, el Padre Fray Pedro Delgado que acababa de ser Provincial, el Padre 
Pdo Fray Andrés de Moguer y el Padre Fray Diego Ximenes. 

Cojióle en México al Padre Fray Luis CáVicer y a los Religiosos Fran- 
ciscanos la nueva lastimosa de la muerte del Adelantado Don Pedro de Alva- 
rado, principio y primer eslabón de la cadena de desgracias que fueron sobre- 
viniendo a la Ciudad de Santiago de Guatemala, la cual pasó de esta manera. 
Habiendo vuelto de España con el ajuste que había tomado con el César, de ir 
a descubrir por la banda del Poniente las Islas de la Especiería, llegó a Gua- 
temala a 16 del mes de septiembre de 1539, como queda dicho. Fué disipo- 
niendo su viaje porque ya estaba hecha la armada de trece bajeles entre chicos 
y grandes por su proveedor y mayordomo Alvaro de Paz. Gastóse en esto 
infinita suma de plata y oro, como dice Castillo, que no bastándole lo que había 
traído del Perú, lo que le rendían todos sus pueblos y el mucho oro que le 
recogían sus cuadrillas, hubo de tomar sobre sí fiada mucha hacienda de mer- 
caderes, cuyas grandes dependencias no se pudo después pagar con todo lo 
que tenía. Tardó en aprestarse para aqueste largo viaje desde que vino hasta 
mediado de 1540 en que salió de Guatemala llevando consigo a los dos Caci- 
ques Zinacán y Zequechul inicuamente despojados como se ha dicho, de sus 
Señoríos. Esta añadidura llevaba el desgraciado Caballero sobre la grande 
carga de muertes y daños hechos a indios como dice Fuentes y representó 
el Padre Fray Bartolomé de las Casas en el Consejo Real de Indias. En aquel 
viaje perecieron aquestos dos desgraciados Caciques, bien se deja entender 
con qué miseria los que se habían visto Señores de tan poderosas Monarquías. 
No podía, con tan grande carga como sobre sí llevaba aquesta armada, tener 
buen logro porque algún día había de volver sobre sí la divina justicia para 
vengar sus agravios, que aunque pensaban que dormía, estaba muy vigilante 
esperando él que faltaba al colmo de la malicia. Salió del Puerto de Acajutla 
con toda su armada a principios del mes de junio, y sin contraste ni desgracia 
que se sepa, llegó al Puerto de la Purificación del Reyno de Mechoacán para 
rehacerse allí de cosas que había menester, lo cual sabido por Don Antonio de 
Mendoza Virrey de la Nueva España y entrándole codicia de aquel viaje, tuvo 
sus capitulaciones con Don Pedro para entrar a la parte, y ajustados y estando 
ya para partirse, le llegó carta de Cristóbal de Oñate, como dice Castillo, o de 
Diego López de Zúñiga, como dice Remezal, en que le daba cuenta del grande 
aprieto en que se hallaba en unos peñoles cercado de muchos indios que le da- 
ban cruel guerra y que si se perdía aquella facción, que corría muchg riesgo 
toda la Nueva España. Acudió luego al socorro con parte de la gente y estando 
peleando con los enemigos en la eminencia de un cerro, se le deslizó un cabaüo 
a un soldado que se hallaba en lugar superior, y viniendo dando vueltas 
fel caballo despeñado encontró con Don Pedro y cogiéndolo de encuentro, lo 
llevó la cuesta abajo, de que quedó sumamente maltratado; esto sucedió la 

223 



mañana de San Juan. Remeza! dice que viendo venir el caballo se apeó y 
apartó a un lado con presteza y donde pensó hallar seguridad allí haló su 
muerte porque topando el caballo en una piedra rebatió a la parte donde se 
había favorecido el Adelantado y a'lí se lo llevó rodando. No hay lugar seguro 
cuando la Divina Justicia busca al pecador para tomar venganza; sea de una 
o de otra m.anera, él quedó tan molido y maltratado que luego trataron de 
llevarlo donde pudiese ser curado y con mucha brevedad fué llevado a la 
ciudad de Guadalajara, donde agravándosele más el accidente y conociendo 
se le acercaba su muerte, con muchas lágrimas recibió los Sacramentos y por 
no estar para hacer testaimento, dio su poder al Señor Obispo Marroquín y 
a otros para que lo hiciesen por él, que es la cosa má's acertada que pudo hacer 
porque el Señor Obispo, como tan católico y muy su amigo, le correspondió 
muy bien y le pagó el haberlo traído en su compañía con haberle dispuesto 
sus cosas muy bien para el descargo de su conciencia. Todo el tiempo que le 
duró la vida, todo fué dar gemidos y sollozos y pensando algunos que era del 
dolor del cuerpo, le preguntaban, qué era lo que más le dolía, y él con mucho 
arrepentimiento decia que el alma, sin duda por los daños que había causado a 
tantos; dichoso de él, que le dio Dios tiempo de arrepentirse de ello. Pasando 
adelante del accidente, entregó el alma al Criador el día 29 de junio que era de 
su Santo San Pedro, como dice Torquemada que es lo cierto no lo que dice 
Fuentes ni Vázquez que el día 5 de julio, pues pudieron advertir que si de esa 
fecha es la carta del V'rrey Don Antonio de Mendoza, escrita de Méjico que 
está en el segundo Libro de Cabildo en que dá noticia a la ciudad de la desgracia 
cien leguas más adelante de Méjico, no pod'a en el mismo día en que murió 
el Adelantado saberlo en Méjico y escribir la carta ese mismo día cinco de 
julio. Con su muerte se destrozó toda la armada y todo se perd'ó; llegada la 
nueva a Méj co a cuatro o a cinco de julio escribió el Virrey a la ciudad y al 
Señor Obispo el pésame de la muerte del Adelantado y dando orden de lo que 
se había de hacer, la cual sacada del mismo libro como la traslada Remezal, 
dice así: "Magníficos y nobles Señores. Por carta que he escrito así al 
Señor Obispo de esa Provincia como a Don Francisco de la Cueva, Goberna- 
dor e Teniente de ella, sabréis como Dios Nuestro Señor fué servido de llevarse 
a su Gloria al Señor Adelantado Alvarado y el suceso de ella de que no poca 
pena he sentido, como era razón, y tanto como si fuera mi propio hermano; y 
pues él le dejó por su Teniente de Gobernador, por la confianza que de él 
tenía y no menos tengo yo de su persona y hasta que Su Majestad otra cosa 
sea servido de proveer, le tendréis por tal Gobernador, e así os lo encargo 
e mando de parte de Su Majestad, que os conforméis con él para que esa 
Provírcia esté bien gcbernaKÍa y en toda paz y sosiego sin haber novedad 
alguna y mostréis en ésto el deseo que tenéis de servir a Su Majestad como 
sus leales vasallos y que m'*ran el bien y perpetuación de esa gobernación. 
Tengo ipor cierto que lo haréis y de lo que viéredes que conviene proveerse y 
escribiese a Su Majestad, me haréis relación (porque así se hará, y a la Señora 
Doña Beatriz la tened y acatad como es justo porque en esto serviré's a Su 
Majestad y a mí me echaréis encargo para favorecer esa ciudad en lo que 
pudiere. — N. S. Vas. magníficas personas guarde. — De Méjico a 5 de julo 
de 1541. — A lo que S. S. mandaredes. — ^Don Antonio de Mendoza". 

224 . 



• No es decible el sentimiento que en la ciudad se hizo con esta nueva tan 
desgraciada, así el Señor Obispo como todos los vecinos; pero quien con 
mayores estremos la lloró fué su esposa Doña Beatriz de la Cueva, y con razón 
por tan gran pérdida, pero aunque grande, no la mayor que le pudiera sobre- 
venir como inconsideradamente dijo sin duda arrebatada de la fuerza del 
dolor y oyendo decir que el lugar donde sucedió la desgracia se decía las 
Sierras negras, mandó teñir toda la casa de negro qu« lo pudo hacer a poca 
costa con el lodo negro de los pozos que hoy llaman de San Lucas Ychanzuch, 
y teñido todo de negro hasta los tejados, ella se metió en un aposento muy 
oscuro sin querer ver luz ni de una ventana, ni comió, ni durmió en algunos 
días, ni permitía que la tratasen de consuelo, de que según se colige desvane- 
cida la cabeza dijo el disparate que se refiere, que consolándola, dijo: "¿Por 
ventura tiene Dios mas mal que hacerme después de haberme quitado al 
Adelantado, mi Señor?" Y porque los dos amigos Vázquez y Fuentes en este 
caso y todo el de la ruina se esmeraron mucho en desmentir a Remezal calum- 
niándole de inventor de esta blasfemia, de lo de la vaca negra y otras cosas, 
en que se conoce la malicia deprabada de estos dos autores herederos del odio 
y enemistad de sus antepasados contra el hábito de Santo Domingo, he de 
escribir todo aqueste fatal suceso, trasladándolo de Torquemada, qu-e es aun 
más de lo que dice Remezal, quien anduvo muy corto en esta historia; con 
advertencia que leyendo Vázquez en el dicho Torquemada que él y Gomara 
sacáronlo de la blasfemia de Doña Beatriz y lo demás, de lo que dejó escrito 
Fray Toribio de Motolínea su alumno y padre, quiere hacer autor de esto a 
Remezal, y viendo uno y otro, que defienden la verdad del original de Castillo, 
que la defenza que hace el impreso a- favor de Doña Beatriz, es falsamente 
introducida por el M"? Remón, que tal no se halla en el original, ahora uno y 
otro olvidan aqueste original; y así, como he dicho, lo he de trasladar de Tor- 
quemada que estuvo en Guatemala muchos años después de esta calamidad, 
y cuando no hubiera estado, dice que lo que escribe lo saca de las relaciones 
de Fray Toribio que estuvo en Guatemala tres años después de la ruina, que 
aún no se había acabado de pasar la ciudad al sitio nuevo. Dice, pues, hablan- 
do de las cosas que irritaron la Divina Justicia: "Ocupadísimo andaba este 
Santo fundador en la conversión de los indios y fundación de su Provincia de 
Guatemala, cuando hizo Dios un castigo en los mismos que conquist-aron 
!a tierra, de los más ejemplares y espantosos que los siglos han oído, y es fuerza 
se sepa la causa de él, por justificar la de Dios que quiso castigar pecados 
tan escandalosos y atroces, como estos hombres habían cometido, tantos robos, 
muertes, crueldades y tiranías con que despoblaron muchas tierras y mataron 
muchos inocentes y al mismo Rey, Caciques y Señores de la tierra, quemaron 
en vivas llamas, destruyeron toda la Provincia de Cuscatlán (esta es San 
Salvador), y gran parte de la costa del Mar del Sur, y quemaron y mataron 
más de cinco cientos de indios todos (o los más), sin recibir el bautismo y sin 
conocimiento de Dios ; esto es en diez y seis años que duraron. Estas cosas 
y otras mudhas que de intento callo, sucedieron siendo él (Alvarado), Capitán 
y caudillo que gobernaba la tierra con título de Adelantado y plegué a Dios 
haya tenido misericordia de su alma y se haya contentado con el ejemplar 
castigo que hizo de él en esta vida porque murió atropellado de un caballo, y 
preguntándole qué le dolía, respondió siempre "que el alma". Este Adelan- 

225 H. de G.-15 



tado con su gente tan llenos de oro y riquezas como cargados de pecados y 
abominaciones, después de haber hecho sangrienta guerra a los indios, se 
volvieron a gozar de su paz a Guatemala, donde fundaron la Ciudad de San- 
tiago, la cual apenas se había acabado cuando en venganza de sus fundadores 
la" destruyó Dios con un diluvio tan horroroso y espantable como si a porfía 
se conjurara el cielo y la tierra contra esta gente y su ciudad, y así el día de 
Nuestra Señora de Setiembre, etc." Después se proseguirá lo demás con 
el mismo autor ; ahora es menester referir lo que sucedió tocante al Gobierno 
que aunque tan triste y llorosa la Señora Doña Beatriz tuvo forma y modo, 
contraviniendo a lo que mandaba el Virrey, que la jurasen y recibiesen por 
Gobernadora, excediendo su ambición a sus lágrimas, y cumplido el funeral 
del Adelantado el día ocho de setiembre, llamó a su casa al Obispo, a los 
Alcaldes y Regidores y trató con ellos la materia sobre que la eligiesen a ella, 
y diesen estos autos últimos de aqueste segundo libro de Cabildo porque él 
se acabó con la ciudad como del mismo consta. 

"En la; Ciudad dé Santiago de la Provincia de Guatemala, viernes, en 
nueve días delmes de setiembre año del Señor de 1541, los magníficos Seño- 
res Gonzalo Ortiz, Alcalde e Cristóbal de Salvatierra, Alcaldes Ordinarios por 
Su Majestad e Antonio de Salazar e el Comendador Francisco Zurrilla Conta- ' 
dor de Su Majestad, e Franco. López, e Juan Pérez Dardón, e Bartolomé 
Marroquín Regidores en esta ciudad, por ante mí Antonio de Morales, Escri- 
bano público de Cabildo juntos en su acuerdo dijeron: que a su noticia es 
venido que el Adelantado Don Pedro de Alvarado, Gobernador en esta Provin- 
cia y sus Coiparcas, es fallecido de esta presente vida e que esta tierra e 
gobernación tiene necesidad de Gobernador para las cosas que Su Majestad 
en,carga a sus Gobernadores e por que asi les parece que conviene al servicio 
de Dios Nuestro Señor e de Su Majestad, e bien conservación de la tierra, e 
por ende platicando en ello dijeron que debían señalar persona que tenga 
esta Gobernación en nombre de Su Majestad, pues que esta ciudad es cabeza 
de esta gobernación y en ella se acostumbran a recibir a los Gobernadores de 
Su Majestad y aquí recibidos es visto serlo en los demás pueblos de está 
Gobernación e Gobiernan en toda la Gobernación libremente. E platicandcí 
cerca, de que persona lo encargaran que convenga al servicio de Dios e Su 
Majestad, había e hubo pareceres diversos, e con que bien platicado e consul- 
tado con el Prelado de esta Provincia, les pareció que lo más seguro e más 
pacífico e lo que más convenía era que la Señora Doña Beatriz de la Cueva 
mujer que fué del Adelantado Don Pedro de Alvarado, se le encomendase y 
encargase esta Gobernación para que ella en nombre de Su Majestad la Gober- 
nase hasta tanto que Su Majestad provea de su Gobernador, salvo Gonzalo 
Ortiz, Alcalde susodicho, que fué en voto y parecer contrario, diciendo : "Aquí 
se quedó en blanco medía hoja, como dice Remezal y prosigue después: "E 
visto, por los demás Señores Alcaldes e Regidores susodichos, que los más 
votos como parece es en que la Señora Doña Beatriz de la Cueva se le encargue 
esta Gobernación pasó por acuerdo e Cabildo que se haga e por ende todos 
juntos por ante mí el dicho Escribano fueron a la& casas de la Señora Doña 

226 



Beatriz de la Cueva donde estaba a la sazón retraída e le hicieron saber lo 
por ellos acordado, e que le pedían les diese respuesta e consentimiento 
porque así les pareció qu,; convenía al servicio de Dios Nuestro Señor e de Su 
Majestad e pacificación de los españoles e naturales de aquesta Gobernación." 
"E luego la Señora Doña Beatriz de la Cueva rindiéndoles las gracias 
que les daba por el dicho noirubramiento e acuerdo que para que ella gobierne 
aquesta Provincia e tierra, habían hecho, dijo : que ello lo aceptaba, y aceptó 
con intención 7 celo de servir a Su Majestad en ello, en lugar del Adelantado 
Don Pedro de Alvarado su marido que es en gloria". 

"E luego los dichos Señores Alcaldes e Regidores susodichos por pre- 
sencia de^ Señor Obispo de esta Provincia e del Licenciado Don Francisco dé 
la Cueva, dijeron: que ellos todos la elegían y nombraban en nombre de Su 
Majestad por tal Gobernadora de esta Provincia e Gobernación hasta tanto 
que Su Majestad provea acerca de la Gobernación lo que más a su servicio 
convenga, e que todos la obedecerán e guardarán sus mandatos, como manda- 
mientos de Su Majestad, hasta tanto que Su Majestad les provea de Gober- 
nador según su Real servicio sea". 

"E luego la dicha Señora Doña Beatriz de la Cueva juró sobre la Cruz 
de la vara de la Gobernación en forma de derecho que guardará e cumplirá 
las cosas siguientes". 

Y prosiguiendo luego nombra por Teniente a su primo Don Francisco 
de la Cueva e acaba: "Su Señoría lo firmó de su nonibre y le entregó la vara 
de justicia de Su Majestad que Su Señoría tenía en la mano, y el dicho Licen- 
ciado Don Francisco de la Cueva la recibió. — La sin ventura D* Beatriz. — Pasó 
ante mí. — ^Antonio de Morales, Escribano Público y del Consejo". 

Aquí nota Remezal una cosa particular que se haya en esta firma, y es 
que está en dos renglones en el primero dice : la sin ventara y en el segundo 
Doña Beatriz y este está toda el rayado, con una raya que aún excede al renglón 
como que borró su nombre y solo quiso se leyese la sin ventura; y es así como 
lo dice porque lo he visto, y aquí dice Fuentes que Remezal por manifestar la 
desesperación de Doña Beatriz dice que entintó la firma y echó un borrón, 
porque meneándose la mesa entonces cayó aquese borrón en que dice lo que 
quiere por no decirle que miente, que lo que dice Remezal es que echó una 
raya como así es de que tengo sacado testimonio para hacer patente al mundo 
sus falsedades y mentiras; y aunque hubiera sido borrón, ¿no me dirá quién 
le contó que él lo vio, que entonces se le meneó la mesa? Es una raya hecha 
muy de propósito. Si fué por desesperación no lo dice Remezal, que parece 
que él y su amigo lo han tomado por su juguete, bien pudieran haber apren- 
dido los dos a escribir con verdad de Remezal; pero, ¿cómo habían de apren- 
der si está uno y otro reñido con ella? Y luego el Padre Vázquez se pone a 
dar documentos de las obligaciones del buen historiador, la primera dice que 
ha de ser tratar verdad y nada trata menos que eso y esa salva que allí hace es 
para contar una de las mayores falsedades que trata en su crónica. 

Con estos Cabildos y nombramiento de Gobernadora cerró aquel día 
nueve tan lleno de errores, como anunciando la fatalidad que le amenazaba 
a la ciudad la más terrible que se ha visto en los siglos, la cual se escribirá en 
el capítulo siguiente, tomándolo de Torquemada. 

227- 



CAPITULO XIX 



De la terrible y espantosa ruina de la Ciudad de Guatemala. 

Año 1541 

Llegó la nueva de la muerte de este caballero a Guatemala a principios 
de setiembre de este año de 1541, con cuya muerte se dice que hizo 
esta Señora Doña Beatriz grandes estremos luego que la supo y dijo cosas 
muy de loca. Mandó teñir su casa luego por dentro y por fuera, lloraba mucho 
y no comía, ni dormía, ni quería consuelo ninguno ; si alguna persona movida 
de su dolor la consolaba, dicen que respondía, que ya Dios no tenía más mal 
que hacerle (palabras de blasfemia y de mujer inconsiderada y que parece ser 
dicha sin razón y sin sentido y muy desatinadamente, y pareció muy mal a 
todos, como era razón que lo pareciera) ; pero en medio de aquellos llantos y 
tristezas entró en el regimiento y se hizo jurar por Gobernadora (desvarío y 
presunción de mujer y cosa nueva entre españoles de Indias). Hizo las honras 
de su difunto, pomiposamente y con grandes llantos y lutos; comenzáronse el 
mismo día de Navidad de Nuestra Señora, jueves a ocho de este mismo mes 
de setiembre, y este año fueron en la Nueva España las aguas muy grandes 
(según el Padre Fray Toribio cuya relación voy siguiendo), y este mes de 
setiembre mucho más continuas. Comenzó, pues a llover día de Nuestra 
Señora y llovió reciamente aquel y otros dos días siguientes que fueron viernes 
y sábado, y este dicho sábado, que fué a 10 de este dicho mes de setiembre, a 
las dos horas de la noche, bajó de la Sierra o volcán, en cuyas laderas estaba 
fundada la ciudad, una muy grande avenida, porque como la lluvia fué mucha y 
había muchos días que corría, traía tras de sí mucha tierra; íbanse haciendo 
grandes quebradas y hoyas por donde acanalaba el agua, y como mucha parte 
de aquella Sierra es una arena gruesa y negra o parda y entre aquella arena 
hay también grandes piedras peladas y guijarreñas muy grandes y crecidas, 
y como la lluvia robaba la tierra, moviólas y trájolas tras sí y con esta tem- 
pestad comenzaron a venir muchas por la Sierra abajo y como unas daban en 
otras, arrancábanse y caían tedas y traíanse consigo muchos árboles que la 
misma agua arrancaba (que los hay muy grandes en esta Sierra, que es de 
muy hermosa arboleda), y la fuerza del agua que bajaba de lo alto con tanta 
piedra y maderos que consigo traía, acanaló el agua por una de aquellas que- 
bradas con tanta furia e ímpetu que parecía un río muy caudaloso que había 
salido de madre. La noche era muy oscura y el aire que corría muy furioso y 
recio y parece que todo el mundo se acababa y que se hundía la tierra. 

Era tanta la fuerza y golpe de agua que parecían las piedras y árboles 
que traía unos corchos sobre-aguados, y toda esta agua vino sobre la ciudad, 
siendo una de las primeras casas en que dio, la del Adelantado Don Pedro, y 
llevóse del primer encuentro las paredes de la huerta con muchos naranjos y 
árboles que en ella había; y derribó otros aposentos de la casa, y a esta hora 
(con el grande ruido) se había levantado de su cama Doña Beatriz de la Cueva 
mujer de Pedro de Alvarado, y saliendo de la Cámara donde estaba, pasóse a 
un Oratorio que tenía cerca, con otras once mujeres y subióse encima del 
altar, abrazóse con una imagen y encomendóse a Dios. Los hombres que 
había en casa ya se habían levantado, y queriendo llegar al favor de las muje- 

228 



res, no pudieron porque las fuerzas del agua los llevaba y llamando a otras 
mujeres y doncellas que faltaban en otro aposento, salieron para irse al Orato- 
rio; pero arrebatólas la fuerza de la corriente y llevóselas consigo. Estas 
personas eran s ete y las tres se aihogaron y las cuatro se escaparon que las 
echó la tormenta fuera de la ciudad poco trecho, las cuales se hallaron el día 
s-guiente arrojadas del agua en diversos lugares del campo ya casi muertas. 
Pero volviendo a la furia con que el agua fué creciendo; dicen que subió muy 
alta en esta desgraciada casa y la derribó cayendo primero aqudla Cámara 
y Capilla donde se había entrado a favorecer Doña Beatriz y ahogóla con las 
otras diez criadas que habían entrado con ella. Fué muy desgraciada porque 
si se hubiera estado queda en la Cámara donde estaba y dormía, no muriera 
que no se cayó por tener mejores cimientos que las otras; más buscando la 
vida halló la muerte. Túvose a milagro que quedase en pie el aposento donde 
había salido para no dormir y haberse caído el Oratorio donde pensaba librarse, 
y este milagro lo atribuían a lo que había dicho y hecho. Todos son secretos 
de nuestro gran Dios, y dicen nuestras lenguas lo que sienten nuestros juicios 
unos escapan por huir del peligro, otros mueren como esta Señora hizo (y su 
marido) que había llorado y sentido demasiadamente la muerte del Adelantado 
su marido y deseaba morir juntamente con él (como es costumbre decir de 
los casados) ; pero venidos al punto del morir, no hay quien no s'enta la 
muerte; al contrario aconteció a esta Señora que al Profeta Elias, etc. 

En la misma casa murieron indios (además de las 11 mujeres con Doña 
Beatriz), y era tanta el agua, que arrancaba las casas por los cimientos y las 
llevaba enteras por aquella ladera abajo. Murieron muchos españoles y de 
algunas casas en que n^urieron, murió, marido, mujer e hijos y todos los indios 
criados y esclavos ; de otras, la mitad de la gente de estos, algunos que perecie- 
ron fueron enterrados, otros muchos ni vivos ni muertos no parecieron; de 
otras casas unos escapaban y otros morían, en especial aquellos que los cogían 
debajo las casas que se caían, otros que el agua los arrebataba y ahogaba, otros 
llevándolos el agua iban a parar sobre algunas casas, otros que se asían de 
los árboles y en ellos escaipaban y otros que subidos en maderos se dejaban 
llevar del agua y cuando se tendían en lo llano se libraban de aquel peligro. 

El número de los difuntos (según se pudo mejor contar), fueron seis- 
cientos indios y muchos españoles, y de estos más fueron mujeres porque como 
cada uno buscaba su remedio y sa],ían fuera de las casas a socorrer la vida y 
la noche era tan oscura, quedábanse los niños sin favor de sus padres; y casa 
hubo donde murieron cuarenta personas y casa donde cincuenta. Piedras 
hubo en esta grande avenida tan grandes como grandes cuevas y otras como 
caravelas, y verlas ahora por aquellos lugares (como yo las he visto) parece 
cosa increíble por su mucho peso y grandeza; quedó la mitad de la ciudad 
llena de estas piedras y de arena y cieno y en partes más alto que una lanza; 
perdiéronse y ahogáronse muchos caballos y otros ganados y preseas de mucho 
valor. 

Dicen que vieron andar por la plaza y calles una vaca por medio de 
todas las calles en el agua, con un cuerno quebrado y en el otro una zoga 
arrastrando, que arremetía a los que iban a socorrer a la casa de Doña Beatriz 
y a un español que porfiaba, lo atropello dos veces y no pensó escapar de sus 
pies y del cieno ; otro español estaba caído en tierra con su mujer y encima de 

229 



amibos una gran viga y que pasó por allí un negro no conocido y que le rogaron 
que les quitara la viga de encima y ayudase a levantar; el negro preguntó si 
era Morales el caído, y como le dijo que sí, alzó la viga y sacó al marido y 
volvió a dejar el madero sobre la mujer y dejóla ahogar y fuese corriendo el 
negro por el agua y lodo ; y afirmaba este español que no podía ser otro sino 
el Demonio porque le vio ir por la calle adelante como si fuera por suelo muy 
enjuto, lo cual parecía imposible, porque había más de dos estados de cieno y 
lodo, sin el agua; esto bien pudo ser aunque con el miedo todo se mira al 
revés. Tuvieron creído muchos que aquel negro era el demonio (como lo 
afirma el español que lo sacó debajo del madero), y dice Gomara que la vaca 
(según decían), era una Agustina mujer de cierto Capitán hija de una que por 
alcahueta y hechicera azotaron en Córdova la cual había hechizado allí en 
Guatemala a don Pedro Portocarrero, porque le dejaba siendo su amiga, y el 
Don Pedro la traía siempre a cuestas o a las ancas cuando iba a caballo y 
decía que no se podía librar de aquella carga y fantasma y estando enfermo 
y ya para morir porfiaba que sanaría si Agustina lo viese, más nunca ella quiso 
por el enojo grande que de él tenía o por deshacer aquella mala fama. 

Esta es toda la relación que de aqueste fracaso hace Torquemada ; ahora 
pueden ver los dos amigos si es Remezalel que dice de la vaca y de la Agustina 
y otras cosas que le quieren contradecir, sin más motivo que el quererlo decir 
de sus cabezas. Bien pudieran advertir que a quien calumnian es a quien 
escribió ésto primero, que fué el Padre Fray Toribio su Santo Padre, que fué 
el primero que lo dejó escrito, de quien todos lo 'han sacado con las blasfe- 
mias de Doña Beatriz ; este Religioso estuvo aquí en Guatemala el año de 
1544, cuando vino a traer los doce Religiosos como queda dicho y fué muy 
curioso y amigo de investigarlo todo; y así dice Torquemada al capítulo si- 
guiente que, como él escribió, en sus peregrinaciones, dio vuelta a todo el 
volcán por verlo por todas partes, y dejó escrito todo lo que vio y anduvo y los 
viajes que hizo y solo se halló escrito este viaje del año de 44, de que más se 
concluye ser ficciones de Vázquez los demás viajes que refiere a Guatemala; 
y ellas son tales y tan desatinadas, que aunque su amigo Fuentes no le quiere 
pasar por eUas y solo le confiesa una, que es la que se ha dicho ; miren que 
buenos fundamentos tienen para decir lo que dice. 

Antes que empezase la inundación, dice Remesal, y consta de los Libros 
de Cabildo, empezó una tormenta de rayos que causó gran pavor y al mismo 
tiempo el volcán de Fuego echaba espantosas llamas, arrojando por sus costa- 
dos ríos de fuego. A esto se juntó lo que causó la mayor ruina, que fué un te- 
rremoto con terrijbles bramidos y retumbos que daba el volcán de fuego tan 
espantables que sólo aquestas cosas eran bastantes a morirse los hombres 
de miedo y de pavor; a las dos horas después de media noche para amanecer 
el domingo once de setiembre, empezó el primer temblor y terremoto de la 
tierra, tan grande y tan espantoso que no se acordaba nadie haber visto tal, 
dando tales saltos el volcán a cuya falda estaba la ciudad que parecía que se 
quería arrancar de la tierra. Con este terremoto despertó toda la gente que 
fué sin duda aviso de Dios para que le pidiesen misericordia, y habiendo salido 
todos despavoridos a los patios y calles aunque estaba lloviendo, tembló segun- 
da vez con más fuerza. Con un bramido que dio el volcán como si fuera 
trueno, cayeron todos despavoridos, sin sentido, sin saber nadie de sí; sintie- 

230 



ron después otro gran temblor de tierra a tiempo que ya venía el agua despe- 
ñándose, trayéndose árboles y piedras con que acabó de arrazar aquella parte 
de la ciudad, que estaba hacia la llanada, que hoy son Potreros tras de San 
Lázaro, porque la inundación vino detrás áe. San Pedro de las Huertas, a la 
parte que mira a la Ciudad Vieja, y allí se ve la gran barranca que debió de 
hacer el agua, y bajando como bajó a la parte má's baja de la ciudad que estaba 
ya sobre el río que llaman de la Magdalena, hizo el estrago que hizo y fue asá 
sin duda porque nuestro Convento y el de la Merced y la Catedral que estaban 
más de la parte de San Miguel, que llaman de Sacualpa, no peligraron más 
que el daño que tuvieron de los terremotos. / 

Muchos han discurrido muchas veces, sobre de a dónde o cómo vino 
tanta agua junta para que hiciese tanto estrago; más yo que he considerado 
cómo está el volcán y lo que he visto en esta tierra, me persuado a dos cosas, 
o que fué agua que se fué represando en su eminencia con la continuación de 
las aguas y rompió de golpe, porque arriba en su cima hace una gran plaza 
como rejoya y no pudo subir de abajo porque no se le halla concavidad ninguna 
porque todo él es macizo como se ve allá arriba; o que fué alguna gran manga 
de agua que allí se derramó y calló de golpe, y esto me asienta más, porque por 
dos veces lo he visto ; la una el año de 1710, siendo Cura de Rabinal que vi que 
como a la una del día caía tanta agua en una rinconada de montaña de adonde 
baja el riachuelo del pueblo que no era aguacero sino río caudalosísimo que 
bajaba. No duró ésto más que hasta cerca de las dos ; fuíme al río por ver que 
creciente hacía aquello y poco después de las dos empezó a crecer con tanta 
furia que dentro de breve tiempo se había levantado más de cuatro varas en 
alto llenando toda la quebrada que es bastantemente ancha y no bajó hasta 
la oración que empezó a sosegar; pero hasta otro día a la misma hora no 
acabó de volver el riachuelo a sus mismas corrientes y ordinarias aguas. 

Otra fué el año de 1688 que vine de España a 5 de mayo estando 
corriendo toros en festejo de la venida por Presidente de la Real Audiencia 
de Don Jacinto de Barrios Leal, que entre tres y cuatro de la tarde empezó 
a llover en la rinconada que llaman de San Mateo y siendo tan pocas las ver- 
tientes que de aquel lado vienen, en la Chácara, no se veía má's que garuar y 
a las cuatro bajó tanta agua que hacía un río muy caudaloso, tanto que yendo 
ya explayado por donde está la Ermita de las Animas la llegó a cubrir, teniendo 
más de dos picas en alto del campo de la Chácara; se hizo un mar y bajando 
sobre la ciudad, se dividió aquella gran avenida por muchas partes, que si toda 
llega junta, no hay duda que hace mucho estrago, y no obstante sucedieron 
muchas desgracias en casas que halló algo flacas y murieron algunas personas, 
de suerte que con esto que he visto, me persuado a que fué alguna gran manga 
de agua que se derramó sobre el volcán la que se hizo todo aquel estrago. 

Ya se puede considerar aquella ciudad hecha un teatro que pregonaba 
la justicia Divina y un espectáculo de miserias: unos muertos y otros maltra- 
tados, cual pie, cual brazo quebrado y cual mayugadas las costillas; y los que 
se hallaban libres de ésto -por la piedad Divina qué asombrados y atónitos 
estarían llorando todos ya la mujer al marido muerto, ya el marido la mujer 
que se había llevado la avenida, ya uno ya otro viendo a sus hijos cadáveres ; 
considérelo cualquiera si habría lugar para las quimeras que sobre esto levanta 
nuestro Padre Vázquez que no las ideara el hombre más incapaz de que el 

331 



Cura más cercano consumió eH Sacramento al oportuno tiempo de la urgencia. 
Yo no sé cuál fué este tiempo oportuno, sobre ser todo repentino cuando más 
dormidos estaban; que se formaron cuatro precesiones de cuerpos muertos 
que fueron a las cuatro Yglesias que se le vienen a la cabeza, que en las cuatro 
partes a un tiempo se empezaron cuatro vigilias muy solemnes, cuando se ha 
visto la Cédula puesta arriba para traer cantores de Méjico, porque aquí no los 
había; que las personas principales iban en ataúdes y los demás en tablas; 
que a cada uno se le abrió sepultura, y otras cosas que me da vergüenza el 
decirlas, cuando en aquel día ni en el siguiente se pudieron sacar los cuerpos 
debajo de las ruinas, porque ni había quien lo hiciera porque cada uno tenía 
su mal que llorar. Todo ello es cosa la más disparatada que yo he visto y así 
no he visto personas de todas esferas que no abomine de su crónica. Amane- 
ció todo funesto aquel día, no sólo por el espectáculo lastimoso que era ver 
tanto estrago, sino porque no cesaba de llover, ni la tierra les daba sociego 
porque cada instante los sobresaltaba con sus movimientos, que no cesó en 
muchos días ; ¡ qué lástima no causaría ver aquel escuadrón de niñas doncellas 
con S'U Capitana Doña Beatriz que habían dejado sus padres y patrias, tan 
lastimosamente malogradas debajo de aquellas ruinas! Ver que tres días 
había que había tomado el Gobierno de la tierra la sin ventura Doña Beatriz 
para ser trasladada de la cuna de su Gobierno a la sepultura, ¡qué lástima no 
causaría ver aquella tan ilustre casa llena de trofeos de sus hazañas y de 
tanta potencia y grandeza, que se daba a envidiar a todo el mundo tendiendo 
líneas visuales para penetrar nuevos mundos, en setenta y cinco días toda 
reducida a pavezas, no quedando máis memoria de toda aquesta máquina, que 
la que se ve el día de hoy de aquel campo que dice : aquí fué Troya. Ni de la 
estirpe de los dos consortes quedó memoria, más que de la de Doña Leonor 
que hubo Don Pedro en la hija de Hizotencal Cacique de Táscala, que casó 
con Don Francisco de la Cueva de cuya línea hay descendencia tan atenuada 
y apagada como la vemos en los Guzmanes. No le quedó a esta Señora cosa 
alguna de su Padre, ni aún una almena ni aún un día de repartimiento, que 
parece que en la desdichada Señora castigó Dios d pecado de su Padre, de 
no haberle dejado al Rey ni un pueblo ni un indio, aunque muchas veces lo 
reclamaron los Oficiales Rs. que señalasen algunos pueblos a su Majestad, 
prevaleció la codicia y aunque blasonaban tanto de haberle ganado estas 
tierras a Su Majestad, lo cierto es que no las habían ganado sino para hacerse 
Señores absolutos de ellas; daño fué aqueste que cundió por todas partes, 
como dice Castillo, que si le hubieran dejado al Rey la quinta parte de otro 
modo se hubieran mirado los servicios de los Encomenderos, que no hay duda 
fueran dignos de grandes recompensas; y así mandó Su Majestad que todos 
los pueblos que vacaran por muerte del Adelantado, se pusiesen en su corona, 
con que Su Majestad mejoró mucho su partido que eran muchos y los mejores. 
Doña Beatriz de la Cueva fué sepultada con las demás Señoras en la 
Yglesia Catedral, y allí estuvieron muchos tiempos, hasta que Doña Leonor de 
Alvarado hija del Adelantado hizo dos sepulcros en la Yglesia Catedral nueva 
el uno para enterrar los huesos del Adelantado que hizo traer del pueblo de 
Tiripatí donde fué enterrado, juntamente con los de Doña Beatriz que hizo 
trasladar de la Catedral antigua con mucha pompa y los juntó en un sepulcro 
a los que habían tenido semejantes fines en la desgracia, como dice Remezal, 

232 



que lo supo de personas que lo vieron; y en el otro scjpulcro se mandó enterrar 
la dicha Doña Leonor con su marido Don Francisco de la Cueva y ambos se 
pusieron en la Capilla de San Pedro en la Catedral antigua del sitio nuevo, 
aunque cuando se hizo la Catedral nueva por Don Sebastián Alvarcz Alfonso 
se quitaron, y no se volvieron a poner, con que se ha oscurecido la memoria 
de aqueste insigne varón que merecía eternizarse en esta ciudad por haber sido 
el que le dio el ser; cosa por cierto muy mal mirada. Los cuerpos de las otras 
Señoras se estuvieron en la Yglesia primitiva hasta que el año de 1580 se hizo 
el Convento, que hoy tienen los Padres de San Francisco en la ciudad vieja 
y se trasladaron a su Yglesia, donde están con el epitafio que les pusieron, 
siendo muy ajeno de toda la verdad lo que Vázquez dice que cuando murieron 
fueron enterrados en su Convento, pues tal Convento no había, como lo tengo 
probado en las notas que escribo sobre su crónica; y muy bien claro dice el 
epitafio que allí fueron trasladados. 



CAPÍTULO XX 

De como la Ciudad se mudó al sitio que hoy tiene; y venida del Padre 
Fray Luis Cáncer y principio del Convento de Guatemala. 

o 1541 

Aterrorizados los vecinos del suceso pasado, viendo cuan mal los trataba 
aquel lugar que primero escogieron para asiento de la ciudad, habiendo traba- 
jado cinco días en sacar los cuerpos de los que habían quedado sepultados 
debajo de la ruina y recaudar las cosas que se pudieron hallar, resueltos en no 
quedar en aquel sitio sino pasarse a otro que les hiciese mejor hospedaje, 
como si pudieran huir de la Divina justicia a donde quiera que fueran, como 
dijo David: ¿Qnó ibo a spírita tno- ¿Et quó a facie taa fag'.am? Si ascen- 
dero in coelam, tn illic es: si descendero in infernnm, ades. . . . Psm. CXXXVIII. 
¿A dónde me iré huyendo de tu espíritu y a dónde me huiré de tu presencia? 
Si me subiere al' Cielo, tú estáis allí; si me bajare al infierno, tú estás presente. 
De modo que a donde quiera que fueran siempre estaban en su presencia. El 
mejor refugio que podían buscar, de tal modo que no hay otro, es el que les 
aconsejó el Licenciado Vega, Cura de la Ciudad de San Salvador, clérigo de 
muy señalada virtud a sus feligreses cuando en semejante conflicto de haberse 
arruinado la ciudad por los grandes terremotos que hubo cuando el año de 
1650 reventó el volcán y juntando Cabildo abierto para mudar la ciudad, él 
reservó su voto para el último, y habiendo todos votado lo que les pareció a 
cada uno más conveniente, siguiéndose ya su parecer dijo : Mi sent r es que 
enmendemos las vidas porque se aplaque la Divina justicia porque si le tene- 
mos indignada, a donde quiera que fuéremos le hemos de encontrar para el 
castigo; con lo cual cesaron del intento de mudar la ciudad. Lo mismo se les 
podía decir a los de la junta de Guatemala, que no habían querido dar oídos a 
la predicación de su pastor y de los Padres Dominicos que continuamente les 
daban con el Profeta: Quiesciie agere perversa; discite henefacere. Cap. 1^ 
V. 16. "Descansad un poco de obrar perversamente y aprended a obrar bien". 

233 



Esto era lo que habían de haber mirado primero, que sus maldades y tiranías 
que obraban con aquellos miserables indios los habían llevado a aquel castigo ; 
pero tan ajenos estaban de caer en aquesta cuenta que no caían en el mayor 
inconveniente. 

En fin, con estos pensamientos sólo a lo humano sin levantar la consi- 
deración a la mano que estaba en lo alto con el azote levantado, se juntaron 
en la Yglesia Catedral, que era la que había escapado con menos daño, aunque 
amenazando ruina por muchas partes, el día 16 del mismo mes de setiembre 
y todos de un acuerdo nombraron por sus Gobernadores, mientras Su Majestad 
disponía otra cosa al Ilustrísimo Señor Obispo y a Don Francisco de la Cueva, 
y aunque el Señor Obispo declaró su voluntad de no ser tal Gobernador, toda- 
vía hubo de admitir porque miraba aquella República como Padre, que lo fué 
siempre de ella, lo cual importó mucho para que con su autoridad y paternales 
entrañas fuera suavizando a los que estaban resueltos a despoblar la ciudad, 
que eran todos los más, y habiendo quedado tan mai parada la ciudad que 
donde no llegó la avenida el terremoto la había puesto tal que era menester 
edificarla de nuevo, que se pasase a otro sitio más seguro, y habiéndose consi- 
derado muchos parajes a dos de octubre de este año se resolvió que se mudase 
al Valle de Chimaltenango, pero haciendo descripción de todos los parajes que 
había en estos contornos y vistos todos los motivos de conveniencia y descon- 
veniencia por cierto cosmógrafo que se hallaba en Guatemala, presentó un 
escrito muy largo en Cabildo, en que concluyó que el mejor paraje que él 
hallaba para asentar la ciudad era el Valle del Tuerto, que es como quien va 
mirando lo que va cogiendo a la ciudad como mirando al Oriente y concluidos 
con sus razones el di a 22 de octubre, se tomó la última resolución de que se 
fundase en el sitio que hoy está, comprendiendo hoy tres sitios o parajes, el 
uno se llama el sitio del Tuerto que es lo que va cogiendo la ciudad, como mi- 
rando al Oriente lo que está sobre mano derecha, el otro se llama de Pamcán, 
que es lo que está a la mano izquierda hasta el Cerro que llaman de la joya 
que quiere decir en lo amarillo porque aquella tierra lo es de que se saca 
mucha por ser la mejor para fábricas, esto era de los indios que llamaban 
de Pamcán, que es parte de los de Jocotenango, a quienes se les recompesaron 
estas tierras por otras como consta de los libros de Cabildo, el tercero se 
llamaba Panchoy, esto es en la laguna por la que se formaba de las vertientes 
de los cerros y del río del Pensativo que se derramaba derecho por donde 
está la ciudad y es lo que hoy se llamea Tortuguero, de la plaza para abajo, 
que dándole desagüe se pudo ir fabricando todo aquel sitio que hasta hoy es 
muy húmedo ; y así la ciudad de Guatemala conserva hasta hoy los nombres 
primitivos de Pamcán y de Panchoy. Dista aqueste sitio nuevo del antiguo, 
media legua corta; pero aunque huyeron entonces de otra ruina e inundación, 
no por eso ha dejado de hacer recuerdo la Divina piedad de que no están 
seguros de justicia por dos veces, la una que refiere Castillo en que estuvo 
la ciudad en su tiempo para perderse con otra inundación que vino de la 
misma parte que bajó la dicha del año de 1680 que vi yo que es por la parte del 
Oriente; querrá Dios que sirvan aquestos recuerdos para la enmienda. 

Tomada ya la última resolución se pregonó en la ciudad para que llegase 
a noticia de todos, y porque todo aquel sitio donde la ciudad se había de fundar 
tenía dueños se trató de comprarlos, y así se mandó que todos los que tenían 

234 



solares en el sitio antiguo, los dejasen para propios de la dudad pues se les 
había de dar acá lo mismo en tierras que la ciudad compraba, y que así que 
fuesen ocurriendo para que se les fuesen señalando solares en la traza nueva; 
pero aunque en el principio se mostraron muy fervorosos en salir de aqud 
lugar, olvidándoseles la tribulación pasada emipezaron a aflojar; o porque ya 
estaban allí bien hallados o por falta de posible para fabricar de nuevo; pero 
premiándoles con fuerza, hubieron de ir saliendo al sitio nuevo y para poder 
ocurrir a unos y a otros en la administración el Señor Obispo fabricó en un 
solar suyo una Ermita, que es la que hoy se llama de Santa Lucía a donde 
colocó al Divinísimo y sirvió de Yglesia Catedral y Parroquial, mientras se 
hacía Yglesia en la traza nueva; y así el Venerable Cabildo hace hasta hoy la 
fiesta de la Santa en su día por haberlo dejado el Señor Marroquín al Cabildo, 
Estaba aquesta Ermita casi en el medio de los sitios para acudir a entre ambas 
partes, aunque hoy por haber crecido tanto la ciudad por aquella parte está 
ya casi contigua a las últimas casas. 

No olvidado el Santo Obispo Marroquín de los beneficios que había 
recibido del Adelantado y que le había dejado encargado el descargo de su 
ánima, no habiendo bienes del Adelantado porque era más lo que debía, 
doscientos pesos que había mandado en el testamento que otorgó por él, que 
se le diesen al Monasterio a do fuese enterrado los sacó de sus bienes y los 
pagó con má^s otros mil pesos de oro de minas que mandó se impusiesen a 
renta para una Capellanía de misas por su ánima de que dejó por patrono al 
Venerable Deán y Cabildo de la Santa Yglesia, y atendiendo más al descargo 
de la conciencia del Adelantado, aunque los bienes no alcanzaban a cubrir sus 
dependencias, puso en libertad a los esclavos todos del Adelantado y los pobló 
en la misma Labor del Adelantado que la compró el mismo Señor Obispo en 
almoneda pública que es toda la parcialidad de Ultateca y parte de la otra 
Cacchiquel que es el pueblo de Jacaltenango (y según ei Padre Vásquez, el 
pueblo también de Santa María de Jesús) y para que se vea con que justicia 
fueron hechos estos esclavos y todos los demás, sí defendían con justicia esta 
materia los Fraylcs Dominicos y si obraban en justicia en no quererlos absol- 
ver, he de trasladar la Cláusula del testamento dicho que habla de esto, que 
es como se sigue : 

"Por cuanto el dicho Adelantado dejó en el Valle, términos de esta 
ciudad, una labranza de tierras donde están muchos esclavos casados con sus 
mujeres e hijos, y a mí me consta no se haber hecho esclavos con recta 
conciencia, porque en los años primeros de la población de la dicha labranza 
el Adelantado llamó a los Señores principales de los demás pueblos que el 
dicho Adelantado tenía en encomienda e les hizo cierta plática e les pidió a cada 
Señor de cada pueblo que les diesen tantas casas como sus principales para las 
poner e juntar en la dicha labranza, ios cuales como le tuviesen por Señor e 
haberlos el conquistado, se las dieron así como las pidieron y se herraron por 
esclavos los más de ellos sin preceder otro examen, e para descargo de la 
conciencia del dicho Adelantado y conforme lo que yo tenía con él comunicado 
e platicado e lo que sabía de su voluntad, digo : que dejo por libres a todos los 
indios esclavos que están en la dicha labranza de milpa e a sus mujeres e 
hijos, etc. — ítem, por cuanto el dicho Adelantado que haya gloria, dejó muchos 
esclavos sacando oro en las minas, de lo cual llevó mucha carga para su ánima 

235 



por les haber pedido a los indios que tuvo en encomienda y habérselos dado 
de la misma manera contenida en la Cédula antes de esta, lo cual yo muchas 
veces se lo dije y asi él lio conoció y por tener tantas deudas, como dejó, no 
osaba hacer lo que convenía a su conciencia, e siempre el dicho Adelantado me 
decía que cuando se viese sin deudas, dejaría libres a los dichos esclavos, y 
por me constar lo susodicho, como me consta y descargar la conciencia del 
dicho Adelantado, como la descargo, digo : que en nombre del dicho Adelantado 
como cosa que tanto conviene a la salvación de su alma dejo por libres a 
todos los indios esclavos hombres y mujeres y sus hijos que así andan a sacar 
oro, etc." 

Y si esto hacía el que tenía a cargo la justicia, ¿qué harían todos los 
demás con su ejemplo? Necedad es harto grande de los que calumnian la 
defensa de esta causa habiendo leído todo esto y lo demás que pasó. 

Desmontado, pues, el sitio donde la ciudad se había de mudar y ten- 
didas las líneas y cordeles para la traza de ella. Leste, Oeste, Norte y Sur, 
como ella está, se dio asiento a la Santa Yglesia Catedral, que era el centro de 
donde habían de salir las demás líneas; señalóse la plaza. Cabildo y Cárcel y 
el Palacio Episcopal donde es hoy el Palacio de los Presidentes, que lo dó 
después el Señor Marroquín, para que en él se fundase la Real Audiencia 
cuando se pasó a Guatemala, y dando sitio para el Hospital y Ermita de 
Nuestra Señora de los Remedios del mismo modo que la fundó Jorge de 
Alvarado el año de 27 ; y de allí se procedió a señalar solares de los vecinos, 
señalando y dando a nuestro Convento, como tan antiguo vecino y al de 
Nuestro Padre San Francisco que acababa de llegar, cuatro solares a cada uno 
y no más que los tomasen en la parte que les pareciese más a propósito en 
su modo de vivir. El Padre Fray Pedro de Ángulo como Vicario que era de 
la casa de Santo Domingo escogió en la parte de arriba algo apartado de la 
ciudad por excusar embarazos con los vecinos que lo miraban tan mal. Los 
Padres de San Francisco escogieron en la parte que hoy están y ésto es lo que 
se dice en la Cédula que se dio de los solares cuando dice: "Dénsele solares 
a escogencia que escojan el sitio donde les pareciere; no como el Padre Vás- 
quez la interpreta, no dos ni cuatro, ni doce sino todos los que quisieren tomar. 
Los que a nosotros nos dieron fueron sólo lo que comprende el Cementerio 
nuestro, que todo lo demias es comprado, hasta el sitio que hoy tiene la Univer- 
sidad, como consta de las escrituras, y aunque en Cabildo de 22 de julio de 
1542, representó el Padre Vicario Fray Pedro de Ángulo la cortedad del sitio 
y que le hiciesen merced de otros cuatro solares, como estaba tan malquisto, 
no se lo quisieron conceder. 

Llegó por aqueste tiempo a Guatenmla el Padre Fray Luis Cánser, tra- 
yendo consigo otros tres Religiosos que le dieron en Méjico para que ayudasen 
a los que acá estaban, mientras venían los que traía el Padre Fray Bartolomé 
de las Casas. Trajo también algunos músicos que le dio un Santo Guardián 
de junto a la Puebla de los Angeles ; y sobre todo, lo que alegró mucho al Padre 
Vicario de Guatemala, fueron los despachos que traía del Emperador tocante 
a la Provincia de Tezulután; pero aunque venían prevenidos con otra Cédula 
de la misma fecha de las demás de 11 de octubre de 1540, en que mandaba Su 
Majestad que se obedeciesen sin réplica, porque como siempre sucede en 
estas partes, no siendo el despacho a gusto de los que mandan, con decir que 



236 



J 



obedecen ; pero que suplican, todo lo emplastan ; se había negociado aquesta 
otra Cédula a prevensión; pero todo no sirvió de cosa por entonces, respecto 
de que no se quitaba la causa que emibarazaba mucho el proseguir aquella 
reducción, que era estar aquello ya encomendado, y mientras no se cumpliese 
aquesta Capitulación de que se pusiesen estos pueblos en la Corona Real, no 
se querían los indios dar y asi esto se suspendió hasta el año de cuarenta y 
cuatro, como se verá. 

Fueron muy celebradas las cartas que Su Majestad erfvió a los cuatro 
Caciques en que les dá las gracias de su mucha cristiandad y del servicio que 
han hecho a Dios y a Su Real' persona en ayudar a los Religiosos en la reduc- 
ción de la Provincia de Tezulután. Cesa es que no se puede pasar en silencio, 
la suma malicia y falsedad con que el Padre Vásquez escribe aquellas quimeras 
que refiere de la hazaña del Padre Fray Gonzalo Méndez en haber reducido 
a los Tzutuhiles y Atitlán y el Padre Fray Alonso Alvate los de Solóla, ha- 
biendo visto estas Cédulas en Remezal y originales en nuestro Archivo, pues 
esas hazañas que refiere fueron después que estos Padres vin'eron que fué el 
año de 1541 y aunque fuera el de 40 como su Paternidad quiere, su entrada dice 
que fué a 11 de noviembre y estas Cédulas son dadas en España a 17 de 
octubre del año de 40„ que es a 25 días antes que sus Religiosos entrasen en 
Guatemala, y en ellas se dice que son ya cristianos y que ayudaron a Fray 
Bartolomé de las Casas y a los demás, que se fué a España el año de 39; luego 
no lleva fundamento su Paternidad en cosa ninguna en lo que escribe y pasa 
de falsedad escribir estas cosas habiendo visto estos instrumentos. Luego 
que les fué dado el sitio, fueron los propios Religiosos juntando los materiales 
que su pobreza permitía, de adobes, caña y paja y casi por sus manos hicieron 
unos bajíos en que poderse recoger, huyendo cuanto podían el tener embarazos 
con los españo'es; pero era tal la misericordia de Dios en ayudarles a los Reli- 
g'osos en sus trabajos y tribulaciones, que ya que los españoles en todo les 
desfavorecían enviaba Dios a manadas a los pobres indios que los socorriesen 
y ayudasen en sus trabajos ofreciéndose de su propia voluntad a trabajar en 
la obra de la pobre casa. Era el M*? mayor el Padre Fray Matías de Paz, como 
él mismo declara en una información: que él echó con sus manos los cimien- 
tos del Convento. Esta declaración fué el año de 1568 sobre la cuarta funeral 
que se pretendía cobrar a los Religiosos; con cuyo ejemplo movidos los indios 
acudieron de todos aquestos contornos no sólo los maseguales sino los prin- 
cipales y Señores, de que mucho se abrazaban los españoles, como e'los mis- 
mos confiesan en la información citada que contra nosotros hicieron el año de 
1544, que con toda voluntad acudían a todo lo que a los Frayles se les ofrecía 
y que a sus amos no había forma de que hiciesen cosa a'guna sino es con 
mucho apremio, en que ellos mismos salían condenados y convenc'dos en lo 
que los mismos Religiosos les decían y predicaban, que debían ser llevados 
con blanduras, no con la tiranía que los trataban. No es decible la agonía que 
pasaron aquellos Santos Padres nuestros primeros fundadores que sólo llenos 
del Espíritu de fortaleza del Señor pudieron no desmayar; pero como en 
estas fatigas no buscaban para sí otra cosa que el galardón que esperaban, así 
dando de mano a todo lo terreno no aspiraban más que a las cosas celestiales 

237 



que por aquel cansino se les ofrecían en abundancia. Tieni,po es ya en que 
volvamos a ver lo que el gran Padre de todo aqueste Nuevo mundo y princi- 
palmente de aquesta Provincia, trataba para su bien en España; y asi dejare- 
mos en su labor a aquestos Santos Ministros hasta su tiempo. 



CAPITULO XXI 



De las juntas que Su Magestad hizo para el buen Gobierno de aqueste 
nuevo Mundo, y nuevas leyes que formó. 

Año 1541 

Muchas fueron las Juntas que por orden de ios católicos Reyes se 
hicieron desde el año de 1512 en que los Religiosos Dominicos empezaron a 
sacar la cara en defensa de estos miserables desvalidos ; y es cierto que si 
desde entonces se hubiera puesto el rigor y apremio que después se puso, no se 
vieran tan desiertas como se ven todas aquellas Islas de Barlovento y otras 
muchas partes, tan desiertas de moradores que ni memoria se halla ya de 
quiénes fueron, aunque estaban habitadas de numerosísimos gentíos cuando 
los españoles en ellas entraron; pero fué tal la desgracia de aquellos pobres, 
que reinó tanto la codicia en aquellos tiempos, que no se topaba con Ministro 
por más celoso que les paraciese a los católicos Reyes, que no mostrase luego la 
flaqueza de aqueste vicio infame y causase más daño que lo que hacían mu- 
chos particulares; veneno que había cundido tanto, que aunque tenía cogidos 
a los primeros Ministros, y así se conoció que lo que llegó a conseguir el Padre 
Fray Bartolomé de las Casas no fué cosa de hombre si la diestra del Altísimo 
no íe ayudase. De nada servían las muchas órdenes que daban los Reyes sino 
se hallaban Ministros que lo supiesen observar y si alguno se mostraba algo 
receloso, luego se hallaba amenazado de muerte o tan calumniado impután- 
dole mil malda;des a que daban crédito sus patronos que eran los más podero- 
sos en el 'Mundo, que luego daban con todo a la banda, y así muchos por no 
verse en estos lances de afrentas, callaban y contemporizaban en todo, con que 
no había freno a tanto desorden. 

La primera Junta que se hizo para remediar los daños de la América 
y que no se destruyese, fué en Burgos en vida de los católicos Reyes Don 
Fernando y Doña Isabel, las cuales se prosiguieron después en Madrid, en 
Valladolid, en Aranda de Duero, en Zaragoza, en Barcelona y esto pasó 
en lo.s años de 1516 y diez y ocho y diez y nueve y el de veinte en la 
Coruña, el de veintiséis en Granada y el de veintinueve en Barcelona y 
en todas estas Juntas, que todas eran de los mayores Teólogos y letra- 
dos que había en España, así de clérigos como de Religiosos y juristas, 
se condenó el maltratamiento de los indios y el estilo de que usaban los espa-' 
ñoles para con ellos y se daban justas y Santas leyes para su remedíoV pero 
fó distante de las tierras y la libertad de las conciencias que^se prítctícá¥á Y^ 
la codicia que no daba lugar a que se mirase con la piedad que convenía "esf a' 
materia, todo era despachar mandatos al aire; y coma por principios del" áñ<SF 
dé -40 llegase el P adíe Fray Bartolomé a España con el encargo^ del Señor- 

238 



Obispo Marroquín y hubiese experimentado los daños que en estas Provin- 
cias de Guatemala recibían los indios, volvía a renovar sus clamores que tantas 
veces habían resonado en los oídos piadosos de nuestros católicos Monarcas, 
comenzó a tratar con el Consejo de Indias del remedio de los grandes daños 
que todas en general padecían y principalmente las Provincias de Guatemala, 
Honduras y las anexas a ellas y comarcanas, corriendo abajo las que están 
entre los dos mares que se llaman Tierra firme y el Perú, y que se enviasen a 
estas partes Jueces Reales que residiesen de asiento en ellas para obligar a los 
españoles a que guardasen lo que el Rey mandaba. Halló este arbitrio buena 
acogida en el Cardenal de Sevilla Don Fray García de Loaiza, Presidente de 
Indias y en todos los demás del Consejo que deseaiban el bien de aquestas 
partes y que el cristianísimo Emperador cumpliese con la obligación que tenia, 
y para determinar lo que se había de hacer con más acuerdo y madurez, todo el 
año de 41 y este de 42 los gastaron en Juntas y en consultas de letrados y 
personas que hubiesen estado en las Indias informaíndose de todas y tomando 
de ellos el parecer que convenía, y no sólo se informaban de voz y de palabra 
en los Estrados de Consejo y salas y en sus estudios y retretes y en las conclu- 
siones y disputas públicas que continuamente por su orden se tenían, sino que 
lo disputado y determinado lo pedían por escrito y lo guardaban para medi- 
tarlo y resolverlo ; y así en estos tres años se hicieron grandes memoriales en 
esta materia, y cada Doctor y Maestro la ordenaba como mejor le parecía que 
se daría a entender, y así unos escribieron en prosa común, unos por diálogos, 
por preguntas y respuestas, y otros en estilo escolástico por vía de conclusio- 
nes, con sus pruebas y conclusiones y soluciones de los argumentos en contra- 
rio y de estas tres maneras he visto (dice Remezal a quien traslado en esto), 
papeles de aquellos tiempos compuestos por los maestros del Orden de Santo 
Domingo que tomaba más a pecho el descargo de la conciencia del César 
que otros ningunos. 

El que más se alargó en esta parte fué nuestro buen Padre Fray Barto- 
lomé de las Casas el cual en estilo claro hizo un largo memorial de los reme- 
dios que Su Majestad podía y debía poner para los daños que padecían las 
Indias y para que se perpetuasen en la Real Corona: de estos remedios el mis- 
mo Padre cita dieciséis; no se sabe si fueron más, y llegando al octavo, dice: 
"Que entre todos los demás era el más principal y sustancial, porque sin él 
todos los otros no valían nada por enderezarse a éste, como medios a su propio 
fin". En él dice va más e importa al Rey que nadie pueda expresar, y va 
tanto que no va menos que perder todas las Indias o ser Señor de las gentes de 
ellas; y encarecido el remedio, le da luego diciendo al cristianísimo Emperador 
con quien va hablando : que vuestra Majestad ordene y mande y constituya con 
la dicha majestad y solemnidad en solemnes Cortes por sus pragmáticas san- 
ciones y leyes reales que todos los indios que hay en toda las Indias, así los 
ya sujetos como los de aquí adelante se sujetaren se pongan y reduzcan e 
incorporen en la Real Corona de Castilla y León en cabeza de vuestra Majes- 
tad, como subditos y vasallos libres que son, y ningunos estén encomendados 
a. cristianos españoles, antes sea inviolable constitución y real, que ni ahora 
ni en ningún tiemjpo jamás perpetuamente, puedan ser sacados ni enajenaddsb 

239 



de la dicha Corona Real ni dados a nadie por vasallos ni encomendados, ni 
dados en feudo, ni encomienda, ni en depósito ni por otro ningún título, ni 
modo, etc. 

Presentó éste y otros memoriales en la Junta que para esto se había 
mandado juntar que es cierto que si se hubiera seguido este dictamen, de que 
todo se hiciese un cuerpo de hacienda Real y de ella en sus mismas cajas se 
librase y consignase a ca^da uno de los que lo merecían, pues era cosa muy jus- 
ta, el prem'o y el galardón ^a quienes lo habían trabajado, la renta que a Su 
Majestad pareciese según sus méritos, aunque fuera mucho menos de lo que 
a muchos se les dio, enliendo salieran más bien parados, porque en cobranzas 
y un retazo aquí y otro allí, se va !o máls y muchas veces acontece al pobre en- 
comendero no tener forma de irlo a cobrar y los indios, como no los apremian, 
no se les da cosa alguna y no los pagan ; con que lo pierden ellos y no lo utiliza 
el Rey como se está viendo a cada paso ; pero esto traía muchos inconvenientes 
también, que para cobrarlo de la Real Caja constara en diligencias y regalías 
casi lo que ello importaba, como todo el mundo lo está padeciendo, pues si es 
tributo que han de cobrar los Alcaldes mayores, son tantas las maldades que 
en ésto pasan, que es cosa de nunca acabar, y así lo cierto es lo que dice el 
Señor Montenegro, que mientras más leyes se hacen peor está a todos; y 
mucho peor a los indios ahora que se ha puesto en planta el que las Comuni- 
dades de los pueblos se pongan en la Real Caja, por la noticia que Su Majestad 
tuvo, de que los Alcaldes mayores las disipaban con lo cual se acabaron de 
perder porque decir que de allí se ha de sacar un medio, es cosa que no tiene 
fin, porque más se gasta en diligencias, que lo que ello es; y soy testigo de 
ello, y así los miserables indios lo han perdido de una vez, que es cosa bien 
lastimosa. Lo cierto del caso es que en faltando la ley primera que es la de 
Dios, de nada sirven cuantas leyes se pusieren; el temor del Señor, dice el 
Profeta; es el principio de la sabiduría y en faltando éste, como por la mayor 
parte vemos que falta, en los m'instros de justic'a, solo la ley de la codicia 
es la que prevalece y sóüo sirven las leyes que la favorecen y todas las que 
favorecen al prójimo se abandonan. 

Las leyes que en aquella Junta se establecieron fueron santísimas. 
¡Así se guardaran todas! pero porque son trabajo y desvedo del Padre Fray 
Bartolomé se pondrán en su vida ,con todas las demás cosas heroicas que hizo ; 
ahora sólo resta saber que por su influjo e instancia se erigió la Real Audien- 
cia y Chancillería que hoy reside en Guatemala: por informe del mismo Padre 
Fray Bartolomé se le dio la Presidencia al Licenciado Alonso de Maldonado, 
Oidor de Méjico, que había venido a tomar la residencia del Adelantado, y el 
mismo que este año por su muerte vino a gobernar aqueste Reyno, que aquí 
le halló la noticia. Parecíale bien al Padre Fray Bartolomé cuando se trató 
de la reducción de la Verapaz; pero engañóle su buen corazón, porque otra 
cosa muy al revez tenía en su mente, como lo demostró después en su Presi- 
dencia. Firmó aquellas leyes el Emperador en Barcelona a 22 de noviembre 
de 1542 y conociendo el gran celo del Padre Fray Pedro de Ángulo, del alivio 
de aquestos pobres, el Padre Fray Bartolomé puso en noticia de Su Majestad 
esto para que se sirviese de enviárselas haciéndolo celador de elas; y el piado- 
so Monarca, que no deseaba otra cosa sino su cumplimiento, no se desdignó su 
grandeza de remitírselas y la Cédula siguiente: .. . . 

240 



"El Rey. — Devoto Padre Fr. Pedro de Ángulo Vicario del Monasterio 
de Guatemala, de la Orden de Santo Domingo, sabed : que porque fuimos 
informados, que había necesidad de ordenar y proveer algunas cosas que 
convenían a la buena gobernación de las Indias y buen tratamiento de los 
naturales de ellas, con mucha deliberación y acuerdo mandamos hacer ciertas 
ordenanzas sobre ello, de las cuales algunos traslados con ésta, impresos, os 
enviamos para que las veáis y repartáis por los Monasterios y Religiosos que 
os pareciere y por ellas os conste de nuestra voluntad y procuréis que las 
entiendan los naturales de esas partes para cuyo beneficio principalmente las 
mandamos hacer: mucho os ruego y encargo que pues todo lo en ellas proveído 
como veréis, va enderezado al servicio de Dios y conservación, libertad y 
buena gobernación de los indios, que es lo que vos y los otros Religiosos de 
esa orden, según estamos bien informados, hasta ahora tanto habéis deseado 
y procurado, trabajéis con toda diligencia cuanto en vos fuere, que estas 
nuestras leyes se guarden y cumplan encargando siempre a los nuestros Viso 
Reyes, Presidentes e Oidores y a todas las demás justicias que en esas partes 
hubiere, que así lo hagan y avisando cuando supiéredes que no se guardan 
en algunas Provincias o pueblos, para que lo remedien que provean; y si viére- 
des que en la ejecución y cumplimiento de ello hay negligencia alguna, avisar- 
nos heis con brevedad para que nos lo mandemos proveer, como conviene, en 
lo cual ayende que haréis cosa digna de vuestra profesión y hálbito y conforme 
al buen celo que siempre habéis tenido al bien de esas partes, nos teméis de 
ello por servido. — Fecha en Barcelona a primero del mes de mayo de mil ^ 
quinientos y cuarenta y tres años. — Yo el Rey. — Por mandado de Su Majestad. 
— Juan de Samano". No es decible el consuelo que recibió el Padre Fray 
Pedro de Ángulo con estas ordenanzas, pues además de ver que ya se les 
acercaba a estos pobres su redención de la esclavitud en que estaban, cosa que 
tantas oraciones y gemidos les costaba ante Dios, como también por ver que 
con esto cobraría créditos de verídico para con aquesta gente tan incrédula 
de lo que continuamente les predicaba a los indios animándolos a la tolerancia 
que el Padre Fray Bartolomé les había de poner en libertad y así que lo 
encomendasen a Dios, teniendo por muy cierto que los clamores de estos 
miserables habían de hacer inclinar los cielos y que bajase la misericordia a 
ponerlos en libertad, cosa que les causó tanto escándalo a los vecinos de 
Guatemala, que como si fuera un sacrilegio hicieron información de ello, 
poniendo pregunta especial en aquella información citada arriba, que si sabían 
que Fray Pedro de Ángulo decía a los indios que encomendasen a Dios a Fray 
Bartolomé de las Casas, en que todos contestan que es así. ¡ O ciegos de vuestra 
codicia y más ciegos que los f ariceos ! ¡O, y qué bien se le podía aplicar el 
Capítulo 3*^ del Profeta Baruc y preguntarles: ¿dónde están ahora aquellos 
poderosos con la multitud de oro y pla-ta que juntaron? Todos perecieron y 
ya no hay memoria de ellos". Bien al contrario lo experimentaron aquellas 
parteras de Egipto, que por usar de piedad con aquellos pobres esclavos que 
se hallaban en la servidumbre de Faraón, les levantó casas y permanecieron 
sus descendencias ; lo cual no se ve en aquestas partes, donde totalmente se 
ven estinguidas todas las cosas de aquellos Conquistadores. Llegada que fué 
a la ciudad de Méjico la noticia de la ruina de la ciudad de Santiago y las 
elecciones que habían hecho de gobernadores, al Señor Virrey Don Antonio 

241 H. deG-16 



de Mendoza; como a quien tocaba, nombró por Gobernador de aqueste Reyno 
al mismo que lo había gobernado antes, cuando vino a tomar la residencia de 
el Adelantado, el Licenciado Alonso de Maldonado, Oidor de la Real Audiencia 
de Méjico, para que la gobernase mientras que Su Majestad proveía de 
Gobernador; el cual vino y tomó posesión del Gobierno a diez de mayo de 
1542, y aquí le cogió la noticia de como estaba nombrado por primer Presi- 
dente de la Audiencia Real que estaba mandada fundar en este Reyno. 



CAPITULO XXII 



De como el Padre Fray Bartolomé de las Casas fué nombrado Obispo 
de la Ciudad de Chiapa y lo demás que hizo en España. 

Año 1543 

Con mucho contento y alegría de sü corazón se hallaba el Padre Fray 
Bartolomé de las Casas estos días en Barcelona, a donde fué a dar las gracias 
al Invictísimo Emperador por la promulgación de las leyes nuevas, porque en 
ellas cogía el fruto de muchos años de trabajo de cuerpo y a-ma: de alma, de 
compasión y lástima, aflixión y lágrimas que por largo tiempo le habían 
causado los maltratamientos, cautiverios y muertes de los indios, ayunos, vigi- 
lias, estudios, disputas y escritos que en su defensa y amparo había hecho; de 
cuerpo, jornadas tan largas por mar, como haber pasado todo el Océano 
hasta aquel día doce veces por este respecto y por tierra haber ido cuatro 
Veces de más de las que anduvo toda España desde Valladolid a Alemania a 
verse con el Emperador con infinitas descomodidades, de pobreza, hambre, 
sed, cansancio, y peligros grandísimos de la vida, por andar entre herejes, y 
cuando no estaba con ellos, como en España, andaba corrido, mofado, afren- 
tado, perseguido, ensartado y calumniado de los Procuradores y agentes de los 
indianos. ¿ Qué de veces en ausencia dieron memoriales contra él y en presencia 
lo desmintieron diciendo él la verdad? ¿Cuántas veces oyó palabras pesadí- 
simas y cuántas le amenazaron con la muerte? ¿Qué de veces le hurtaron 
aquellos en quienes teiiía más confianza, y le faltaron a la palabra los que 
tenía por nxás fieles amigos, solicitados y sobornados por los que no lo eran? 
V aun todo esto se pudiera sufrir si los Jueces delante de quienes pedía jus- 
ticia, le favorecieran todas veces, que las más mostraban seño y mal rostro, le 
despedían con desdén y se daban por ofendidos de que les viese, y no hay 
más ponderar los sucesos de este Santo varón, que ellos dan bien a entender 
en tan peligrosa contienda, como tuvo por tan largos años hecho Capitán de 
la verdad y justicia, amor de Dios y deLprójimo, contra los que tenían el bando 
contrario, y muchas veces lo más falso tiene más razones aparentes por sí y 
más valedores y defensores que lo verdadero. De todos estos trabajos cogía 
el Padre Fray Bartolomé el fruto de las nuevas leyes, que para ninguna de ellas 
había dejado de hacer su diligencia y hecho tratado particular, porque aque- 
llos diez y seis remedios que arriba quedan referidos y de los que sólo se puso 
el octavo y se dejaron las veinte razones con que le probó, por estas impresas, 
eran como arbitrios con sus pruebas de lo que se promulgó después ; y así en 

i .' . : k 242 



aquel siglo aquestas leyes se atribuyeron al Padre de las Casas y en este no se 
le quita esta gloria de los favorecidos por ellas, que estando yo (dice Remezal 
a quien se traslada), día de la Navidad de Nuestra Señora del año de 1616 en la 
Vicaría de los Almolayas lo más escondido y apartado de la Misteca alta, en 
el lugar que asisten los Religiosos que se llama Amaba, que quiere decir 
secreto, que es la fiesta principal del pueblo, cantaban los indios en sus bailes 
esta historia y decían : "El Obispo trajo las leyes, démosle gracias por ello, etc.", 
y sobre todo en ver ya nombrados los ejecutores de ellas, así para Guatemala, 
como para el Perú y Nueva España, y no era menor el alegría de su alma que 
cuando, como dice Isaías, se regocijan los cegadores al coger de las mieses 
o los soldados vencedores al repartir despojos de los enemigos vencidos. 

Y estando ocupadísimo en dar gracias a nuestro Señor y los varones 
justos y de santa intención, dándoselas a él por la perseverancia que había 
tenido en llevar una tal obra hasta el fin, se turbó todo su contento y se acabó 
todo su regocijo y paró todo en tristeza y lágrimas y suspiros, llegándole un 
domingo en la tarde el Secretario Francisco de los Cobos a darle la Cédula de 
Obispo del Cusco y a pedirle encarecidamente de parte del Emperador que la 
aceptase, y recibió aquesta noticia como sentencia de la más cruel muerte. 
Resolvió en un instante mil pensamientos de insuficiencia; pero como era 
discreto, disimuló la alteración y con palabras muy corteses hizo la estimación 
que se debía de tal merced ; má^s no quiso admitir la Cédula excusándose con 
que era hijo de obediencia y que era forzoso comunicarlo primero con sus 
prelados. No dijo cosa de esto el Padre Fray Bartolomé, aunque luego se 
publicó en la Corte que el Padre Fray Bartolomé no quería ser Obispo y así 
se salió de la Corte, con que el Obispado se dio al Maestro Fray Juan Solano 
de la misma Orden, hijo de Salamanca, natural de Archidona, de cuyas haza- 
ñas están llenas las historias. No obstante esto se tuvo por cosa muy conve- 
niente por los del Real Consejo de las Indias en poner en dignidad al Padre 
Fray Bartolomé para que, pues él había sido la causa principal de aquellas 
leyes, con su autoridad las hiciese guardar. 

Habíase erigido en Catedral la Yglesia de Ciudad Real de Chiapa y se 
habían dado las bulas por la Santidad de Paulo III al Licenciado Don Juan 
de Arteaga, Frayle del hábito de Santiago, que fué a quien nombró Su Majes- 
tad e hizo la erección en Sevilla a 15 de febrero de 1541 ya para embarcarse; 
y llegando enfermo al Puerto de la Veracruz pasó a la Puebla, donde apretán- 
dole unas calenturas recias se levantó una noche con rabia de la sed a una 
ventana donde tenían puestas vasijas con agua, y por coger una de agua simple, 
cogió una que tenía solimán y bebiendo de aquel tósigo murió allí a los 8 de 
septiembre de aquel año y fué enterrado en la Puebla. Cuando el Padre Fray 
Bartolomé desechó el Obispado del Cusco, aún no estaba proveído el de Chiapa 
y luego se les ofreció a los del Consejo Real el ponerlo en aquel Obispado, 
para que allí fuese freno con las nuevas leyes a los españoles de aquellas Pro- 
vincias que estaban muy lejos de la Audiencia que se mandaba fundar, y nom- 
brándole Su Majestad quiso hacer la misma repugnancia pasada; pero po- 
niéndole en grave cargo de conciencia el no admitir, por el bien que perderían 
los indios con su favor, los Padres M. M. del Colegio de San Gregorio de 
Valladolid a quienes tenía por sus oráculos, hubo de doblar la cerviz al yugo 
que Dios le ponía. 

243 



No se elevó su espíritu humilde por verse ensalzado a la cumbre de tan 
alta dignidad de Obispo, para que, considerando la grande obligación en que 
le habían puesto y la grande necesidad que había de ministros en su Obispado, 
pues ningunos había como lo había visto por sus ojos, no fuese en persona al 
Capítulo Provincial que la Provincia de España celebraba aquel año en la 
ciudad de Toledo, en una de las Dominicales de Resurrección, significó su 
necesidad al Definitorio, pidiendo con humildad se le concediesen Religiosos 
para poder llevar su Obispado y suplir al de Guatemala, porque sólo en los de 
BU sagrado hábito confiaba que tendrían valor para vencer las batallas que se 
les habían de ofrecer en la ejecución de las nuevas leyes. En este mismo año 
tuvo su Capítulo intermedio la Provincia de Méjico, y en él se nombró Vicario 
de la Casa de Guatemala al Padre Fray Pedro de Ángulo porque viendo lo 
mucho que crecía aquella cristiandad, con su buen celo lo fueron prolongando 
en el oficio de Vicario. Era en esta sazón Maestro General de la Orden de 
Santo Domingo Fray Alberto de Casaus, o de las Casas, deudo muy cercano del 
Señor Obispo Casas ; y así por este respeto, como por el bien de las almas, le 
concedió muy amplias licencias para traer todos los Religiosos que quisiese. 
Gastó el Señor Obispo lo restante de aqueste año en enviar por sus bulas a 
Roma y en ir juntando los Religiosos que le quisieron seguir, haciéndose él 
mismo el Procurador de todos, como se verá. Dejemos ahora al Señor Obispo, 
que bien tiene que hacer en disponer su viaje y el de los Religiosos, y demos 
una vuelta a Guatemala. 



CAPITULO XXIII 

De las tribulaciones y trabajos que se padecían en Guatemala por 
el año de mil quinientos y cuarenta y cuatro. 

Cuanto aqueste año fué feliz para aqueste Reyno de Guatemala porque 
en él se dio principio a la Real Audiencia para que pusiese en ejecución las 
nuevas leyes de la libertad de los indios, y porque en él dieron principio a su 
viaje aquellos valientes héroes que dieron forma aquesta Santa Provincia y 
llevaron hasta el cabo el poner en libertad a los indios, tanto fué de turbulento 
para los Religiosos que asistían en Guatemala, porque habiendo llegado las 
Cédulas que arriba se pusieron para bien de la cristiandad de la Provincia de 
Tezulutlán y no habiéndose podido poner en ejecución por hallarlo todo tan 
revuelto con la destrucción de la ciudad y persistir en el embarazo de estar 
los pueblos encomendados, por entonces no se trató de ello; pero despachán- 
dose nuevos privilegios a los Caciques arriba mencionados de Atitán, Tecpán^ 
Atitáii y Chichicastenango y Rabinal en que Su Majestad les prometía debajo 
de su palabra real que no serían encomendados a persona alguna, sino que 
siempre estarían incorporados en Su Real Corona y concediéndole a cada uno 
de ellos escudos de armas y librándoles de ser pecheros y tributarios a ellos 
y todos sus descendientes, les pareció a los Padres que ya era tiempo de poder 
sacar la cara, Ppndráse un privilegio de uno para que por él se venga en 

244 



conocimiento de los demás ; el privilegio para el Cacique Don Juan de Tecpán- 
Atitán para que no pueda ser encomendado su pueblo a persona alguna, es 
como se sigue : 

"Don Carlos por la Divina Clemencia, etc. Por cuanto por parte de vof 
Don Jorge Cacique de los pueblos de Tecpán Atitán se nos ha hecho relación 
que bien sabíamos como vos nos habíades servido en procurar juntamente 
con Fray Pedro de Ángulo y otros Religiosos de la Orden de Santo Domingo 
en traer de paz y en conocimiento de nuestra Santa fe católica a los naturales 
de las Provincias de Tezulután e Lacandón e sus comarcanas, e que así tenia- 
des voluntad de lo hacer hasla que del tado los dichos naturales estuviesen 
debajo de nuestro yugo e Señorío Real, e nos suplicasteis que en remuneración 
de los dichos vuestros servicios vos hiciésemos merced que ahora ni en ningún 
tiempo vos ni los dichos pueblos vuestros, no fuésedes enajenados ni apar- 
tados de nuestra Corona Real ni puestos en sujeción ni de otra ninguna per- 
sona de cualquier estado e condición que fuese por ninguna causa ni razón, 
e nos por vos hacer merced, tovímoslo por bien; por ende por la presente 
prometemos por nuestra fe e palabra Real que ahora ni en ningún tiempo, 
Nos ni los Reyes que después vinieren, no enajenaremos ni apartarernos de 
nuestra Corona Real a vos ni a vuestros sucesores, ni los dichos pueblos de 
Tepán Atitán; y para que de ello vos seáis cierto, vos mandamos dar este 
privilegio firmado de mí el Rey y refrendado de nuestro infrascripto Secre- 
tario e sellado con nuestro Sello. Dada en la ciudad de Barcelona a primero 
del mes de mayo de mil quinientos y cuarenta y tres años. — Yo el Rey. — ^Yo 
Juan de Samano Secretario de la Cesáreas y Católicas Majestades, la fice 
escribir por su mandado. — ^Fray García Cardenalis Hispalensis Epíscopus 
Conchens. — ^El Doctor Bernal. — El Licenciado Gregorio López. — El Licenciado 
Salmerón. — La cual mandamos sacar por duplicado de los nuestros Libros de 
las Indias en la Villa de Valladolid a 23 días de enero de 1544 años. — Yo el Rey 
— Yo Juan de Samano Secretario de sus Cesáreas y Católicas Majestades la 
fice escribir por mandado de Su AJteza". 

El privilegio de hidalguía del Cacique Don Miguel es como se sigue: 
"Don Carlos por la Divina clemencia, etc. Por cuanto Nos somos 
informados que vos Don Miguel Cacique de los pueblos de Chichicastenango, 
que está en la Provincia de Guatemala, nos "habéis servido en lo que se ha 
ofrecido especialmente en procurar juntamente con el Padre Fr. Pedro de 
Ángulo y otros Religiosos de la Orden de Santo Domingo, en traer de paz a 
nuestro servicio y en conocimiento de nuestra Santa fe Católica a los natu- 
rales de las Provincias de Tezulután e Lacandón ; e Nos acatando lo dicho, e a 
que sois leal y fiel vasallo nuestro e buen cristiano, para que vos e vuestros 
descendientes seáis más honrados (y otros Caciques se animen a Nos servir) 
nuestra merced e voluntad es de os dar por armas un Escudo que esté en él un 
Castillo de oro, que de los homenajes de él salgan dos alas de Ángel de oro, 
y del otro homenaje de enmedio salga de lo alto de él una vara de plata con 
una cruz al cabo con un estandarte colorado y una cruz verde orleada de oro, 
todo en campo azul y por orla ocho letras azules que dicen Ave María en campo 
de plata y por divisa un yelmo cerrado con su royo y por divisa la dicha bandera 
con sus trasoletes e dependencia e follajes de colorado y oro; y por ende por 
la presente queremos y mandamos que podáU poner a traer por vuestras armas 

245 



conocidas, las dichas armas de que se hace mención, en un escrito tal como el 
que aquí está figurado y pintado, las cuales vos damos por vuestras armas 
conocidas, e queremos y es nuestro amor e voluntad que vos e vuestros hijos 
e los descendientes de ellos e de cada uno de ellos las usareis y tengáis y podáis 
traer por vuestras, reputarlas y poner en las casas y ventanas de los dichos 
vuestros hijos y descendientes de ellos y de cada uno de ellos y en las otras 
partes que por vos y ellos hiciéredes y por bien tuviéredes ; y por esta nuestra 
carta o por su traslado signado de Escribano público e rogamos al Ilustrisimo 
Príncipe Don Felipe nuestro muy caro e muy amado nieto e hijo y mandamos 
a los infantes nuestros muy caros hijos y hermanos e a los Prelados Duques, 
Marqueses, Condes ricos hombres, Maestros de las Ordenes, primeros Comen- 
dadores y Subcomendadores, Alcaides de los Castillos e Casas fuertes e a los dé 
nuestros Consejos Presidentes y Oidores, Alcaldes e Alguaciles de nuestra 
Corte e Chancillerías e a todos los residentes e habitantes, veinticuatro Regi- 
dores jurados. Caballeros, Hidalgos y hombres buenos de todas las ciudades, 
villas e lugares de los dichos nuestros Reynos e Señoríos de las dichas nues- 
tras Indias e tierra firme del mar occeano así a los que son. ..." Lo que se 
sigue efstá borrado y sólo se puede leer: Valladolid, 23 de enero de 1544, — "Yo 
Juan de Samano, Secretario de las Cesáreas y Católicas Majestades la hice 
sacar por mandado de Su Alteza". 

Había venido con los primeros despachos una Cédula al Padre Fray 
Pedro de Ángulo encargándole la continuación de la pacificación de la tierra 
de guerra, a causa de la detención del Padre Fray Bartolomé de las Casas, 
que es como se sigue: 

"El Rey. — Fray Pedro de Ángulo ; por relación de Fray Bartolomé de las 
Casas he sido informado de lo que habéis trabajado en pacificar e atraer de 
paz los naturales de las Provincias de Tezulutlán que están en guerra, lo cual 
os agradezco y tengo en servicio y así os encargo lo continuéis hasta que del 
todo los naturales de la dichas Provincias de Tezulutlán, vengan en conocí-, 
miento de nuestra Santa fe Católica y estén debajo nuestro yugo e Señorío 
como vasallos nuestros; y porque el dicho Fray Bartolomé de las Casas se 
detendrá por acá algunos días y no podrá ir tan presto a ayudar en esta buena 
obra, por servicio nuestro; que en tanto que él va, vos entendáis en ello con 
los otros Religiosos que con vos hubieren de ir, que con esta vos mandamos 
enviar ciertos despachos que ha parecido que conviene para proseguir en 
dicha pacificación. — De Madrid a 17 de octubre de 1540 años. — Fray Garcías 
Cardinalis Hispalensis. — Por mandado de Su Majestad el Gobernador en su 
nombre. — Pedro de los Cobos". 

Con todos aquestos resguardos que en tres veces habían recibido, le 
pareció ya tiempo al Padre Fray Pedro de Ángulo de poder ya salir a Campaña 
y desafiar al enemigo pues se hallaba ya con armas tan superiores, y así hizo 
lo primero pregonar la Cédula Real con cajas y clarines, como Su Majestad 
mandaba para que ningún español pudiese entrar en toda la tierra de Tezulu- 
tlán, y hecho ésto, aunque no debía, pues había Gobernador en la tierra, pre- 
sentó por solo atención en el Cabildo los privilegios de los cuatro Caciques así 
para que no pudiesen ser encomendados, como los de sus escudos de armas, 
como consta de Cabildo que se tuvo a nueve de junio que dice así: "Este día 
ante los dichos Señores en el dicho Cabildo Fray Pedro de Ángulo mostró 

246 



ante sus mercedes ciertos privilegios de merced de Su Majestad en que parece 
que Su Majestad hace merced a ciertos Caciques de los naturales de los repar- 
timientos de esta ciudad, que tengan armas, las cuales vienen señaladas en 
dichos privilegios, las cuales están escritas en pergamino y el dicho Fray 
Pedro dijo: que él trae a mostrar dichos privilegios porque Su Majestad le 
ha escrito los dé para quien son y los informé en ellos e em las cosas de nuestra 
santa fe católica e que él así lo quiere facer". 

No es creíble la rabia que se apoderó de aquellos caballeros, viendo 
que se les salían de las uñas aquestos pueblos y Caciques y todo lo de la 
Verapaz y así montando en cólera le quitaron los privilegios al Padre Fray 
Pedro de Ángulo y los encerraron en su archivo en que manifestaban cuan 
leales vasallos de Su Majestad eran y obedientes a sus mandatos. Habiendo 
quitado los privilegios trataron como poder embarazar su cumplimiento para 
no perder los esclavos y los pueblos que tenían en servidumbre y los que espe- 
raban coger y sugerióles el Demonio el medio de hacer una información contra 
los Religiosos y contra los Caciques, y para ello amasado el cuento entre el 
Alcalde Juan de Espinal y el Procurador y los aliados, que todos bien se conoce 
en sus deposiciones la pasión y odio contra los Religiosos por la defensa de 
los indios, se presentó Juan García de Madrid ante el dicho Alcalde Ordinario 
con una petición muy larga en que calumniando de sediciosos a los Religiosos 
y levantándoles mil quimeras presentó un interrogatorio muy largo de diez 
preguntas todo dispuesto según su pasión. Lo má's sustancial contra los 
Caciques es que es gente vil y baja sin honra que andan desnudos, que se 
sientan en el suelo y otras cosas a este tenor, cosas todas que cedían en mayor 
descrédito suyo de ellos y qué pregonaban la maldad con que habían tratado a 
estos pobres, pues siendo así que en su gentilidad y cuando se dieron por vasa* 
líos de Su Majestad estaban muy portados y adornados, como se dijo arriba, y 
acatados de sus vasallos de tal modo los habían aniquilado que ni camisa les 
habían dejado, ni dominio alguno en sus vasallos, trayéndolos arrastrados como 
si fueran unos perros. En esta información se verificó patentemente, lo que 
dijo el Profeta del malo : Lacum aperuit et efodit eam et incidif in foveam 
qnam fecit: converfeinr dolor ejns in capnt ejus et in verticen ipsius iniqnitas 
ejns descendet. 

"Abrió un lago y lo cabo y cayó en la misma fosa que había hecho; 
convertiráse su dolor en su misma cabeza y su iniquidad lo bañará de pies a 
cabeza". Así sucedió a estos hombres que lo mismo en que procuraban des- 
acreditar a estos Caciques e a los Religiosos, ellos mismos quedaban condena- 
dos : ponderaban su desnudez habiéndoles ellos desnudado ; ponderaban su 
abatimiento habiéndolos ellos abatido, ponderaban que se sentaban en el 
suelo, no habiéndoles ellos dejado otro lugar de su trono. Del Padre Fray 
Pedro se preguntaba si sabían que era enemigo de los españoles y que les 
tenía odio, siendo ellos los que lo aborrecían porque les reprendía sus malda- 
des; que si los indios les traían de comer, negándoselo ellos que les podía sei*vir 
de confusión que unos bárbaros gentiles con lumbre sólo de su corta razón 
alcanzacen la obligación de las obras de misericordia y que ellos que blaso- 
naban de cristianos viejos las ignorasen ; preguntábase si los Caciques y Seño- 
res de la tierra daban libertad a sus esclavos que tenían del tiempo de la 
gentilidad por la predicación de los Religiosos, harta vergüenza era que obede- 

247 



ciesen unos neófitos y gentiles a los Padres que les decían que era aquello malo, 
y que ellos tan caballeros y leales vasallos de Su Majestad, ni a Dios ni al 
Rey que lo mandaba obedecían. Todos los testigos demuestran bien su 
ponzoña en sentirse todos agraviados porque tratando ellos con tiranía a los 
esclavos se les huían y se les iban muchos a favorecer de los Padres que los 
amparaban como a pobres desvalidos y por esto, por no perder los esclavos, 
estaban muy enconados todos estos testigos contra los Religiosos, que fueron 
doce y entre ellos que es lo más lamentable metido el Señor Arcediano Don 
Francisco de Peralta y el señor Canónigo Pedro Fernández, hablando en laa 
declaraciones con la mayor desenvoltura, que ni el hombre más desalmado, 
pues no preguntándoles cosa de que si sonsacaban indias hermosas navorias 
para casarlas con indios de su servicio y si sabían o no sabían, habla con tanto 
desgarvo que bien se conoce el tamaño que tenia cada letra de las pocas que 
tenía. Notificóse todo aqueste papasal al Padre Fray Pedro de Ángulo y hallan* 
dose inocente de todo y usando su acostumbrada prudencia, que bien tuvo en 
aquellos tiempos en que ejercitarla respondió que no tenía qué decir a todo 
aquello, que a Su Majestad respondería. No sabemos en qué pararon con 
esta información, si la enviaron a la Audiencia de Gracias a Dios, como en ella 
se dice. Ella estaba ya cerrada y sellada como para enviarla y se abrió des- 
pués o se la devolvió la Real Audiencia. 

Con estos despachos luego el Padre Fray Pedro de Ángulo trató de la 
reducción de la Verapaz y despachó al Padre Fray Juan de Torres con otro 
compañero al pueblo del Rabinal, que siempre había estado de paz, para que 
enviando desde allí a llamar a los Caciques de Cobán les hiciese notorios los 
despachos, con que certificados los indios de la verdad y de lo que Su Majes- 
tad mandaba, luego se dieron y rindieron al yugo de la fe católica y del Rey, 
con que se fué prosiguiendo aquella cristiandad con mucha facilidad, aunque 
antes que se redujese estuvieron para. . . . 

En este año se dio principio a la Real Audiencia que hoy reside en la 
ciudad de Guatemala porque erigida como se ha dicho el año de 43, se nom- 
braron por primeros Oidores de ella a los Ledos. Diego de Herrera, Pedro 
Ramírez de Quiñónez y Juan Rogel. Mandóse fundar en la Villa de la Con- 
cepción de Comayagua, con título de Vñla de Valladolid ; pero hallando que la 
Villa estaba muy corta y sin vecindad, determinaron pasarse a la ciudad de 
Gracias a Dios a donde dieron principio a la primera audiencia, viernes 16 
de mayo de este año de 1544. Luego se le notificó una Cédula Real que traían 
a Don Francisco Montejo quitándole el título que tenía de Gobernador de 
Yucatán, Honduras Hibueras y Chiapas porque este título «e le aplicaba a la 
Real Audiencia que se fundaba. 

Dada ya razón, aunque breve de la fundación de la Real Audiencia por 
no ser de nuestro propósito, es menester dar vuelta a España a ver los traba- 
jos que la Majestad Divina llovió sobre aquellas primeras columnas que levan- 
taron y pusieron en perfección la fábrica elevada de aquesta Santa Provincia 
y cuan justo fué el título que se le dio de Sta, sobre todas las de nuestra 
Sagrada Religión, empezando sus batallas desde el primer día que se pusieron 
en camino para venir a este Reyno, donde tantas coronas les tenía la bondad 
Divina preparadas y así parece que desde luego empezó a cocerles en el 
horno de las tribulaciones para ponerlos como piedras durísimas, como dice el 

248 



Profeta, para que así pudiesen resistir los terribles golpes y persecuciones que 
les estaban prevenides en estas tierras. En tcxio este viaje iremos trasladando 
lo que nos dejó escrito el historiador que se señaló por aquellos primeros Padres 
que escribiese todas las cosas, que como testigo de vista, se le debe todo crédito 
y el estilo llano y sincero con que lo escribe, acredita mucho su verdad porque 
aunque el Padre Fray Antonio Remezal por no ser tan prolijo, omitió mucho 
de lo que en esta historia manuscrita se contiene, no me pareció conveniente 
omitir cosa de ella por la grande edificación que serál a los lectores, y mucho 
más a los Religiosos de aquesta Santa Provincia, viendo y atendiendo y consi- 
derando de la cantera de que fueron cortadas las piedras de que mantienen el 
místico edificio de aquesta Santa Provincia. El método que seguiremos será 
el proceder por Capítulos como hasta aquí, embebiendo en un Capítulo dos o 
tres conforme ofreciere su dilación, apuntando al margen el Capítulo que es 
de la historia manuscrita, que se conserva en nuestro Archivo, como uno de 
los instrumentos más auténticos que comprueban nuestra nobleza y Hidalguía 
a lo de Dios, siendo esta la mayor ejecutoria en que se conservan nuestras 
mayores hazañas, llamo nuestras como herederos que somos de nuestros legí- 
timos padres ganadas y conseguidas en el contradictorio juicio de los hombres. 



CAPITULO XXIV 



De la primera salida que hicieron nuestros Religiosos de casa de San 
Estevan de Salamanca, hasta la Lagunilla. 

Año 1544 

Sábado 12 de enero de 1544, levantámonos de mañana y dijimos misa 
todos los Sacerdotes. Después nosotros con mucha parte del Convento can- 
tamos una misa muy solemne en casa de Novicios donde todos nos habíamos 
criado y al fin de ella comulgaron todos los que de nuestra Compañía no 
eran Sacerdotes; y después que el Prelado que dijo la misa, hizo la absolución 
general, nos llevaron a la hospedería donde nos dieron muy bien de comer. 
Acabada la comida comenzámonos a despedir de todos con tantas lágrimas y 
sollozos que no se pueden explicar porque no quedó Religioso de los que salían 
y de los que quedaban que no derramasen muchas lágrimas ; de modo que no 
podíamos hablarnos ni decir nada, que los sollozos cortaban y atajaban las 
palabras. Querían los Prelados que los Religiosos del Convento se entrasen 
a comer; pero no nos podíamos ipartir los unos de los otros. Estaban allí 
el maestro de Novicios, que nos crió a todos, y los demás viejos de la casa 
llorando como niños, húmedas sus canas con lágrimas porque el amor no les 
dejaba hacer otra cosa, encomendábannos que rogásemos a Dios por ellos 
que los hiciese dignos de servirlo en tal empresa como traíamos entre manos, 
encargábannos que les escribiésemos lo que nos sucediese y si había en las 
Indias lo que allá nos contaban de ellas, rogábannos que siempre tuviésemos 
delante de los ojos el deseo que nos movía a hacer aquel viaje y que procu- 
rásemos hacerlo como verdaderos hijos de Santo Domingo, o por mejor decir, 
como Apóstoles de Jesucristo, que siempre oyesen buenas nuevas de nosotros 

249 



porque no sabían haber salido de aquella casa gente que tanta falta hiciese 
ni haber pasado a las Indias compañía de que tanta confianza se tuviese que 
habían de hacer algo. Con estas palabras y con otras semejantes nos despi- 
dieron aquellos benditos Padres y hermanos y amigos nuestros que nos criaron 
y con quienes nos criamos y nuestros discípulos e hijos que nosotros criába- 
mos y enseñábamos, la memoria de los cuales todos tuvimos y tenemos en 
nuestros corazones y por cuyas oraciones nos ha librado Dios de infinitos 
trabajos sin dejarnos siempre ni apartar su misericordia de nosotros. Los 
que salimos de Salamanca fuimos los siguientes, cuyos nombres pondré 
juntamente con sus Oficios : Fr. Tomás Casillas, Suprior de aquella casa, el 
cual también iva por Vicario de todos los Religiosos que pasasen en nuestra 
compañía, Fray Tomás de Latorre que entonces era Lector de Filosofía, Fray 
Domingo de Ara que vino allí para ir con nosotros desde el Convento de Galis- 
teo donde era Superior, Fray Jerónimo de San Vicente que tenían para maestro 
de Novicios y era compañero del Santo varón Fray Domingo de San Pedro que 
entonces era y había grandes tiempos que había sido Maestro de Novicios en 
aquella casa. Fray Vicente Núñcz bien conocido en toda la Provincia por la 
voz excelente que tenia. Fray Domingo de Arzona Colegial, Fray Martín de 
la Fuente Colegial, Fray Jorge de León Colegial, Fray Pedro Calvo, todos estos 
eran Sacerdotes ; Fray Pedro de la Cruz Diácono y Colegial del Convento como 
los demás. Fray Juan Carrión, Fray Diego Calderón también Diáconos, Fray 
Juan Díaz y Fray Pedro Rubio, legos : vino también allí para ir con nosotros 
Fray Jerónimo de Ciudad Rodrigo Padre antiguo en la orden y en todo virtud 
de humildad especialmente y de quien sin escrúpulo se puede decir aquello 
del Evangelio Vir israelita is qno dohis non esf, etc. Salió también con nos- 
otros Fray Diego de la Magdalena, hijo del Convento de San Pablo de Sevilla 
que entonces era Colegial del Colegio de Salamanca y lector de lógica en el 
Convento ; salimos todos a pie con nuestros báculos en las manos, y así veni- 
mos hasta Sevilla: nuestras capas llevábamos en los hombros, los libros había- 
mos enviado ya a Sevilla: llevábamos solamente dos asnillos muy ruines, en 
el uno iba Fray Domingo Ara que iba cuartanario, en el otro iban las túnicas; 
llevábamos tambiém una jaca ruineja en que llevábamos pan, vino y queso para 
comer y algunas otras cosillas que nos daban. Pareció al Padre Fray Fran- 
cisco y a otros Padres que comiésemos carne siempre hasta llegar a las Indias 
porque no adoleciésemos en el camino y nos defraudásemos en el fin de 
nuestro viaje. Mucho se holgaron los que así nos veían ir y por las posadas y 
pueblos quedaban muy edificados, porque procurábamos darles buen ejemplo 
predicando, confesando y guardando la disciplina y recogimiento que en 
mesones era posible; holgábanse también de ver tantos Religiosos juntos y 
así nos daban muchas limosnas y todos nos salían a ver por donde pasábamos. 
El día que salimos de Salamanca, no anduvimos más que dos leguas, 
así por salir tarde como porque veníamos lastimados y tristes y nos deteníamos 
en volver a mirar nuestra casa y aquella ciudad en que habíamos gastado lo 
mejor de la vida, no haciendo cuenta de ver aquello otra vez ; llegamos a dormir 
a un pueblo que se llama Almozáraves donde hallamos un caballero de Sala- 
manca que se llamaba Francisco de Herrera; recibiónos con poca caridad y 
agrado, diciendo que veníamos por allí errados y que no era aquel el camino 
y otras cosas semejantes. Su mujer nos hizo muchas ofertas; pero no nos dio 

250 



más que una cama para el enfermo y cebada para las bestias; los demás dor- 
mimos tras del fuego de ellos en unos camaranchones de los labradores y cada 
uno como podía. Hasta este pueblo vinieron dos amigos señalados, que fueron 
el Padre Fray Juan de Córdova y Fr. Juan de Avila Lector en el Convento, 
trajéronnos buena cena de muchos vesugos y otras cosas y sirviéronnos con 
mucha caridad hasta acarrear la leña a cuestas con que nos calentásemos. 
También nos dieron al día siguiente muy bien de comer porque nos amaban 
mucho y era aquélla la última muestra que nos habían de dar de su amor. 
Aquí se ordenó que siempre en llegando a los pueblos fuésemos a la Yglesia 
y que cada noche dijésemos el completorio cantado y da salve en procesión y 
estuviésemos un rato en oración, como se hace en los Conventos, y que hubiese 
hebdomadario que dijese toda la semana misa por la Compañía, y señalaron 
confesores y sacristán y que escribiese todas las cosas más notables que nos 
acaeciesen y brevemente sumase nuestro camino. Aquí predicó el Padre Pdo. 
aquel día, que era domingo, y tomó por tema: In mari vía tna, et semitce tace 
in aqnis multis. . . . bien conveniente a nuestro camino que por mar y por 
tierra fué por aguas. Después de comer nos partimos de este lugar y aquellos 
dos Padres fueron aún otra media legua con nosotros, porque era apartarse 
de nosotros como apartarse el alma del cuerpo ; finalmente con muy muchas 
lágrimas partimos de ellos, plegué a Dios que vivamos juntos en la gloria para 
siempre. Dio el Padre Pdo. muchos paños de narices a los Religiosos, y así 
se volvió con su compañero y nosotros nos fuimos nuestro camino. Desde 
a poco perdimos el camino por ir por donde el Padre Vicario quería, que pen- 
sando acertar, nos metió en un monte donde anduvimos descaminados un 
rato; pero como estos yerros por la obediencia suelen acertar, buenos y sanos 
Qegamos aquella noche a los mesones que llaman de las siete carreras : a ruego 
de los huéspedes que decían nunca oír las cosas de la Iglesia cantamos tras el 
fuego el Salmo in exitu, con que aun nos acordábamos de las lágrimas que en 
aquella salida habíamos derramado : el lunes de mañana fuimos a decir misa 
a un pueblezuelo que se llama Calsadilla, fuimos a comer a otro pueblo que se 
llama Frandes, donde tuvimos pasatiempo con el huésped que nos decía lo que 
él pensaba cuando veía ir los Frayles a lección en Salamanca: decía las exce- 
lencias de aquel su pueblo y cuantas personas señaladas en letras habían de allí 
salido y como entonces los que estudiaban de allí bebían ciencia, como buey 
agua, y otras cosas semejantes. En acabando de comer nos partimos y fui- 
mos a dormir a otro pueblo que llaman el Endrinal; llovía mucho y había 
muchos lodos y arroyos, pero íbamos con suma alegría cantando letanías y a 
imitación de nuestro Padre Santo Domingo en voz alta Veni Creafor Spirifas 
y Avemaristella : llegamos al pueblo y dichas completas y la salve nos fuimos 
a la posada donde después de cenar llegó un precepto del Provincial, que hasta 
que supimos lo que era nos dio mucha turbación, creyendo que él había de 
llamar a alguno de nosotros porque como se alcanzó la licencia para algunos 
con mucha dificultad siempre estábamos con temor que la habían de revocar. 
Hubo muchos acuerdos sobre cómo o quién lo leería pero desde que lo abri- 
mos cayónos en mucha grac'a y holgámonos mucho : (los encargaba su salud 
y les dispensaba comer carne y vestir lienso) : otro día de mañana dicha misa 
nos partimos para Valdefuentes donde llegamos muy mojados y cansados. 
Salieron muchos a pedir limosna; pero entre todos no trajeron sino un huevo 

251 



y una blanca y tres o cuatro pcdacitos de pan; pero por la bondad de Nuestro 
Señor no nos faltó de comer y buen fuego que era lo que más habíamos menes- 
ter. Decíannos aquí que no nos partiésemos, porque ipor lo mucho que había 
llovido no podríamos pasar un río que está en el camino ni nosotros por el vado, 
ni las bestias por la puente; pero como nos era forzado partimos, determina- 
mos ir a dormir una legua de allí a la calsada por el camino de las puentes 
y llegamos a ellas, vimos que era verdad lo que nos habían dicho, porque las 
puentes, que eran dos, aún no estaban aderezadas y igualadas con la rivera, 
solamente estaban cerrados los arcos. Como no había otro remedio dijo el 
Padre Vicario que pasásemos las bestias acuestas, no lo hubo dicho cuando 
estaba hecho aunque con trabajo, unos las pasaron a ellas, otros las albardas, 
aunque sólo el Padre Fray Vicente la pasó con solemnidad porque se enalbar- 
dó él para pasarla por sobre la puente diciendo : Ut jnmentnm factus sum 
apud fe. Pasadas las puentes fuimos nuestro camino que estaba lleno de agua 
y de arroyos : entre los demás había uno muy grande, algunos se mojaron muy 
bien buscando por donde lo pasarían mejor: a los demás nos pasó a cuestas 
el Padre Fray Pedro Calvo con toda alegría y devoción, porque tenía fuerzas 
y deseos bastantes para todo aquello : buscando por donde pasar los arroyos 
nos anocheció; en el camino había tanto lodo que no podíamos pasar; pero 
ívamos con tanta alegría y placer que poníamos en plática si nos quedaba algo 
para el Cielo, pues acá nos daba Dios tanta alegría y consolación. Llegamos 
tan tarde que no se pudo haber la llave de la Yglesia para entrar, y así hecha 
oración a la puerta nos fuimos a descansar a la posada. Otro día de mañana 
tomamos nuestro camino para la Villa de Monte-Mayor, porque no quisimos 
ir por Baños, que es el camino real por no pasar a pie el río que llaman Cuerpo 
de hombre. Envió el Padre Vicario al Padre Fray Diego de la Magdalena y 
a Fray Domingo de Ascona para que hiciesen saber al Marqués de nuestra 
venida, y luego que llegamos a la Yglesia vino allí el Marqués y la Marquesa 
y dijimos una misa cantada bien solemnemente. Grandemente íbamos cansa- 
dos cuando aquí llegamos, porque aunque el camino era poco, estaba tan malo 
de lodos y callónos tanta agua encima, que bastaba para quebrantar otros 
cuerpos más recios y más acostumbrados a semejantes trabajos que los 
nuestros ; y así nuestro clementísimo Señor nos quiso aquí recrear y consolar, 
mediante la magnificencia de estos Señores marqueses que sin duda las 
caridades que nos hicieron y la gracia con que se hicieron no se puede decir 
con palabras. Deseando estos Señores recrearnos, no nos quisieron hospedar 
en su Palacio, sino en una casa de placer que estaba allí junto que solamente 
tenía una sala baja y otra alta y un verjel; venida la hora del comer pusieron 
un aparador de plata y las mesas cubiertas de seda con sus manteles y pañi- 
suelos ricos y la comida digna de Marqueses y muy demasiada para estómagos 
tan estrechos; sirviéronnos de tantos platos y por tanta orden y con tanta 
crianza que el día y los demás que allí estuvimos como si fuéramos el Empe- 
rador, no miraban aquellos Señores nuestros pies cuales iban, ni nuestros 
vestidos, sino con todas sus fuerzas y posibilidad honraron a Dios en nos- 
otros y lo hospedaron en nuestras personas; y no solo la comida era de Mar- 
queses pero la bebida era extremada, así en las vasijas hermosas, como en la 
diferencia de los vinos adobados con no sé qué especies. No quiso comer la 
Marquesa hasta que supo que habíamos comido y mandaba a sus criados que 

252 



nos sirviesen sin voces diciendo que ©stáíbamos acostumbrados a sociego y 
quietud. Ella tenía cuidado de todo hasta de que no nos faltasen cuatro 
braseros en la sala que no quería que fuesen de carbón porque no nos hicieran 
mal a las cabezas. En acabando de comer fuimos a Palacio y así los Marque- 
ses como el mayorazgo Don Juan de Silva, como toda su casa, mostraban 
tanta alegría con nosotros como si de todos fuéramos hermanos y hubiera 
muchos añas que no nos hubiéramos visto ; y aunque habíamos comido bien, 
nos hicieron hacer colación. A la tarde nos venimos a la Yglesia y dijimos 
completas cantadas con la salve en procesión. Como lo supieron los Señores 
Marqueses fueron luego a la Yglesia con todos sus hijos y así hubimos de tor- 
nar a decir la salve por satisfacer a su devoción. El día siguiente que era día de 
San Antonio, dijimos una misa solemne con Ministros y predicó Fray Tomás 
de la Torre. Después de comer fuimos todos a Palacio a dar placer a aquellos 
Señores con nuestra vista decíannos los Marqueses: ¡Ay! que alegres vcás 
Padres a tantos trabajos, ¡ay! qué hnen morir sería en tal compañía. Hac!«ai 
que todos nos sentásemos alrededor de ella y no se hartaba de vernos; digo 
todas estas menudencias para que por ellas se entienda el amor de estos seño- 
res a la Orden y a esta Compañía. Hiciéronnos aquel día merendar todos en 
Palacio con el Señor Mayorazgo. Después a la tarde los Marqueses con todos 
sus hijos c hijas y nosotros nos fuimos a la Iglesia a completas. Suplicamos 
a la Señora Marques-a que nos mandase dar colación y no de cenar porque nos 
hacía mal tantos manjares, y así nos envió muy buena colación pero sin quitar 
nada de la cena acostumbrada. Este día nos quisiéramos ir después de comer, 
pero no nos dejaron aquellos Señores. A la tarde después de comlpletas impor- 
tunamos al Padre Vicario que se fuese a despedir de ellos ; pero no quisieron 
que nos fuésemos en ninguna manera, diciendo que los arroyos iban muy cre- 
cidos y que no hacía tiempo para salir de casa. Aquel día nos envió la Mar- 
quesa por limosna de la misa cinco ducados; el día siguiente acabado de 
cantar la misa nos envió la Marquesa fanega y media de nueces porque nos 
sintió amigos de ellas y dos quesos y muchos tasajos de jabalíes y mucho pan 
y tras esto mucha comida. En acabando de comer fuimos todos a Palacio 
puestos a punto de caminar, mostraron estos Señores cuan sin ficción hacían 
lo que hacían; y así nos rogaron que ya que no queríamos parar más allí que 
fuésemos por un pueblo suyo que se llama Lagunilla una legua de allí; y que 
no saliésemos de allí hasta no saber que tales iban los arroyos; y mandó el 
Señor Marqués que nos proveyesen de todo lo necesario y que nos diesen todo 
el vino e higos que quisiésemos para el camino, porque todo esto lo hay muy 
bueno en aquel pueblo. De la Marqueza nos despedimos como de nuestra 
madre, y así nos decía palabras como de madre, diciendo que la dejábamos en 
soledad y otras palabras que sería largo de contar. El Marqués y su hijo 
salieron con nostros llorando y todos sus criados. Salía todo el pueblo a mirar- 
nos y echábamos mil bendiciones ; encomendáronnos mucho estos Señores 
que no les olvidásemos y que recibirían gran merced en que siempre les escri- 
biésemos desde las Indias, de como nos iva. Aquí quisimos vender el un 
asno ; pero no nos daban por él con todo su aparejo, más que dos reales y 
medio; pareciónos que debía pasar adelante, llegamos a la Lagunilla, dijimos 
completas y salve. Decían los Labradores que ni habían visto ni esperaban 
ver cosa semejante; preguntáronnos que si llevábamos algún cabestro que nos 

253 



guiase en el camino de las Indias y otras muchas cosas; los Alcaldes y todo el 
Pueblo hicieron lo que el Señor Marqués les mandó muy cumplidamente y con 
toda voluntad; el día siguiente dijimos misa de Nuestra Señora, de la cual 
no faltó persona; allí vendimos el asno con todo su aparejo en cinco reales 
y se dieron luego por una bestia en que fuese el enfermo hasta Galisteo. 
Tomlada provisión para Cl camino, nos partimos de la tierra del Señor Marqués 
de Monte-Mayor, con propósito de ser siempre agradecidos al amor que por 
las obras nos mostró él y toda su casa. 



CAPITULO XXV 



Salen de la Lagunilla y se prosigue el viage hasta llegar a Mérida. 

Año 1544 

Salidos de la Lagunilla fuimos cuatro leguas a un pueblo que se llama 
el Guijo. Mucho nos holgamos todos de ver aquellos campos tan hermosos que 
se descubren al salir de Castilla la vieja, y al asomar a Estremadura tendimos 
los ojos por aquella semejanza del Cielo, porque a la verdad aquella tierra 
estaba entonces muy fresca, andaban bandadas de venados por aquellos sotos 
del Duque de Alba, cruzaban por el camino junto a nosotros dándonos mucho 
placer, venimos cogiendo espárragos y regocijándonos, holgábamos también 
mucho de ver una hermosa puente que está junto al pueblo ; pero con todo esto 
llegamos muy molidos y cansados a la posada donde cenamos y dormimos en 
las camas que allí nos dieron, que eran como solían duras y ruines, 
caían muchas goteras tanto que algunos decían si podrían decir misa 
por el agua que les había dado en el rostro y en la boca. Mucho nos 
servía y ayudaba Fray Jerónimo de Ciudad Rodrigo, que aunque el más 
viejo era nuestro Procurador y con todo ejemplo y hablando a los huéspedes 
muy bajito los molía por lo que convenía para regalarnos. Allí estuvimos hasta 
después de comer, dijimos todos misa y predicó el Padre Fray Diego de la 
Magdalena y a él y a todos los que pidieron limosna por el pueblo se la dieron 
en abundancia. Después fuimos a dormir a un pueblo que se llama Santa 
Cruz; así por ver allí al Señor Obispo de Coria, como porque es camino más 
enjuto y de menos arroyos; pasamos por un pueblo que llaman Santibáñez 
donde el pueblo nos salía a mirar y nos echaban muchas bendiciones. De 
aquí se ofreció un hombre ir con nosotros para guiarnos en el mal paso de un 
mal arroyo, y aunque nos guió bien, no lo pudimos pasar a pie; algunos lo 
pasaron en la jaca, aunque cansada y muy flaca, a otros nos pasó a cuestas 
Fray Pedro Calvo con la caridad que lo solía hacer. Allí nos anocheció y porque 
aun nos quedaban un gran rato de camino, envió adelante el Padre Vicario a 
Fray Diego de la Magdalena y a Fray Tomás de la Torre para que hablasen al 
Señor Obispo ; perdieron el camino y por la grande agua que hacía y los gran- 
des lodos que había, nunca llegaron al pueblo, sino que acaso toparon un pastor 
por aquellos montes que los guió. Nunca pudieron hablar al señor Obispo 
por ser muy noche; pero mandó que a todos les diesen y los aposentasen en el 
pueblo. Llegaron los demás muy fatigados y enlodados y molidos de muchas 

2S4 



caídas que habían dado. Con todo €so dijimos la salve y hecha oración nos 
fuimos a cenar en casa de un hermano de los ReHgiosos descalzos de San Fran- 
cisco. Holgámonos mucho con la llanesa que aquellos benditos Padres le tenían 
mostrada, llamábannos a todos hermanos y servíannos con toda llanesa y cari- 
dad de mucho pan y vino y de todo lo que él tenía. Después fuimos todos a las 
posadas que nos tenían señaladas y la nuestra fué muy buena, tuvimos un 
huespede tan viejo y caritativo que a nuestros compañeros y a mí nos lavó 
los pies y nos dio sus zapatos y nos enjugó los nuestros y después nos hizo 
beber y nos dio buena cena. El día siguiente comió el Padre Vicario y Fray 
Diego de la Magdalena con el Señor Obispo y los demás en casa de nuestro 
hermano. Después vino el Señor Obispo a nuestra posada y se holgó familia- 
rísimamente con nosotros porque muchos lo conocimos desde que era Maestre- 
Escuela en Salamanca y era muy aficionado a la Orden. Hablaba con nuestro 
hermano por darnos placer y reñíale porque nos llamaba Hermanos siendo 
Sacerdotes y traíale a la memoria cual lo había parado el M*? Fr. Domingo 
Galindo porque lo llamaba hermano. No permitió el Señor Obispo que nos 
partiésemos hasta otro día después de. comer. Otro día nos dio dos ducados 
de limosna y escribió al Cura de Monte-Hermoso que nos hospedase bien y 
diónos tanta provisión ipara el camino que duró días; y así nos despedimos de 
Su Señoría y de nuestro hermano, el cual salió un rato con nosotros y diciendo 
que le encomendásemos mucho a los hermanos de Galisteo se volvió a su casa. 
Desde que salimos de Santa Cruz hasta que llegamos a Monte-Hermoso no 
hizo sino llover, especialmente desde el pueblo que llaman Aceituno. Perdimos 
entonces el miedo de pasar arroyos sin quitar caisas ni zapatos porque todo el 
camino era una mar. El Padre Vicario nos quiso allí enseñar a pasar los 
arroyos sin mojar los pies; pero no pudo porque él salió del arroyo mojado 
el cuerpo y la cabeza. Envió delante el Padre Vicario al Padre Fray Domingo 
Ascona y a Fray Pedro Calvo con la carta del Cura; pero ni hallaron Cura ni 
Alcalde, ni nadie a quien se encomendar. Llegamos pues, a Monte-Hermoso 
muy sucios y enlodados, porque muchos habíamos caído en el lodo y más 
mojados que nunca. A la oración no pudimos reposar en»la Yglesia por las 
muchas goteras que había. Tampoco podíamos estar en el Mesón por la mis- 
ma causa y por ser muy estrecho, fuimos por el pueblo a buscar posadas; y 
aunque llovía a cántaros no hubo quien nos la diese; y así muchos se volvieron 
al Mesón. Fueron Fray Tomás de la Torre y Fray Martín de la Fuente a casa 
de uno que se decía nuestro hermano; pero aun no permitió que estuviésemos 
de la puerta adentro mientras escampaba: amenazáronlo con el juicio que- 
riendo sacudir el polvo, o por mejor decir el lodo de sus pies; pero él no hizo 
caso de eso y matándose la vieja su mujer por ello decíale él : caUad que porque 
ya no los podéis servir los hemos dejado y ahora queréis que tornen? Y así 
se fueron sin hallar rostro de caridad. En unas casas decían que se fuesen 
al mesón, en otras que para que salían con tal tiempo del Monasterio, al cabo 
toparon con dos buenos hombres, el uno se llamaba Martín García, el otro 
Gil Hernández que ofrecieron posada para cuatro que nos hicieron buen 
hopedaje, aunque al principio estaban sahareños; pero enseñábamosles los 
mandamientos y así nos admitieron a la lumbre y después nos mandaron hacer 
cama, y después ya les dábamos con un palo a los que no sabían los manda- 
mientos y nos dieron que llevásemos para almorzar y nos hicieron mucha cari- 

255 



dad. Preguntó Gil Hernández si íbamos a echar Bulas a las Indias y como 
le respondimos que no, pensé dijo, que como el Rey está pobre que los enviaba 
a echarle bulas: ios que no estuvieron en estas posadas lo pasaron muy mal 
especialmente el Padre Vicario y otros que durmieron en un pajar. Otro día 
por la mañana tom^amos nuestro camino para Galisteo, y al principio del cami- 
no se pasa un gran rio por barcas, el barquero viendo a su parecer una gente 
tan honrada fué con mucho placer a pasarnos las barcas porque a su cuenta 
tenía ocho maravedís de cada uno sin lo que de gracia esperaba ; pero otra cosa 
pensaba nuestro Procurador Fray Jerónimo, al cabo del río encaüló la barca y 
el barquero deseándonos contentar pasó algunos a cuestas y echaron también 
fuera las bestias y con ésto se aHgó la barca de manera que todos salimos 
enjutos. Entonces se llegó nuestro Procurador al barquero y díjole, hermano 
Dios os pague vuestra buena caridad, tomad esa hogasa que la merecéis y 
nosotros rogaremos a Dios por vos. Como esto vio el barquero comenzó a 
pedir sus derechos, muy aincadamente : respondióle el Procurador que éramos 
pobres y mendincantes y que no tenía derechos. Entonces comenzó el bar- 
quero a dar voces y llamarnos de bellacos y otras cosas con que amanzó algo 
su cólera y decía que si a solas viniéramos que él o nosotros quedáramos allí; 
nosotros no le respondimos nada, y así se volvió diciendo que nos había de 
citar delante del Alcalde mayor de Galisteo ; poco nos prestó haber pasado el 
río sin mojarnos, porque llovió tanto y habían tantos arroyos que tuvimos 
trabajo en llegar a Galisteo a nuestro Monasterio que allí tenemos. 

Llegados a nuestra casa de Galisteo fuimos bien recibidos del Padre 
Prior porque ayende de la obligación de la Orden era de nuestra casa de 
Salamanca y amigo particular de todos y condiscípulo y contemporáneo de 
algunos. Decía que éramos muchos y que no nos había de tener más de una 
noche como gitanos. El Padre Vicario le pedía algo porque no nos fuésemos 
luego y allí pasábamos tiempo. Estuvimos allí desde el miércoles hasta el 
sábado después de almorzar: agotamos la casa que ni le dejamos conserva ni 
cosa del mundo ; el sábado nos despedimos de todos aquellos Padres amigos 
y conocidos con muchas lágrimas y sentimiento. Salidos de Galisteo llovió 
tan brabamente sobre nosotros que en breve nos caló toda la ropa, y así no 
pudimos pasar aquel día de un pueblo que se llama Holguera dos leguas de 
Galisteo. Posamos en este pueblo en casa de dos hermanos que se llamaban 
Adán y Eva, y ellos nos regalaron como a personas que padecíamos por su 
pecado y que íbamos a remediar el daño que ellos hicieron; venían todos a 
vernos como suelen ir a ver un vestiglo o una fiera u otra cosa semejante, 
tanto que nos daban pena y los echábamos con desgracia; pero respondían 
que los dejásemos ver lo que nunca habían visto. Allí hallamos a un Padre 
descalso de San Francisco ; el cual vino allí y nos sirvió a la mesa con mucha 
caridad, aunque no quisimos; a la tarde dijimos completas y salve con conten- 
taniiento del pueblo. El día siguiente dijimos la misa mayor, el Padre des- 
calso y nosotros la oficiamos y predicó Fray Diego de la Magdalena ; después 
vinieron los Alcaldes y nos llevaron seis panes y un gran cántaro de vino de 
parte de todo el Consejo; y por el pueblo, se allegó también mucha limosna. 
Al salir del pueblo salían todos a mirarnos, holgábanse de vernos ir así conser- 
tados sabiendo que íbamos a predicar a las Indias y echábannos mil bendicio- 
nes y encomendábanse en nuestras oraciones. Veníamos este día dos leguas 

256 



al Cañaveral mojados, aunque no mucho. A la entrada del pueblo nos dieron 
una gran grita; pero nosotros callamos y a nada respondimos. Quisimos 
decir completas cantadas coano solíamos; pero el Clérigo dijo que callásemos 
y que no alborotásemos el pueblo, que rezásemos en silencio cuanto quisié- 
semos. Después de un poco dijo que cantásemos completas y holgó él mucho 
de oírlas. Este día topamos unos regueros y el uno nos dijo una palabra 
deshonesta y como el Padre Vicario se la reprendiese y viesen después en el 
Mesón a una gente tan mosa y tan honesta en todo, edificáronse en gran 
manera y ellos y otros regueros que estaban por allí nos hicieron limosna y 
entre sí pensando sus bestias decían que éramos unos Santos y que no habían 
visto gente de aquella manera. Iban delante de nosotros diciendo tantas cosas 
por aquellos lugares que les ponían deseo de vemos. El día siguiente llovía 
tanto que no pensamos salir de allí; pero en fin determinamos salir aunque 
tarde y llevamos una guía para poder ir por la calzada de los Romanos por 
evitar lodos y arroyos, aunque se rodea mucho yendo por allí. Con mucho 
miedo íbamos de las barcas de Alconeta porque por el pasage pelaban allí a 
los que pasaban, y a la verdad los ríos iban tan crecidos y furiosos que no era 
de espantar ; pero no hubimos llegado, cuando nos habían pasado de la primera 
barcada con toda presteza, y con mucha crianza nos despidieron diciendo, 
nos dieran limosna si tuvieran, que esto hicieron por los regueros porque los 
tales se los habían dicho : al pasage de la segunda llovía a cántaros, de suerte 
que no había cosa en nuestro cuerpo enjuta. Los barqueros lo hicieron bien, que 
no sólo nos pasaron con toda diligencia; pero aun subieron la barca río arñba 
hasta pasarnos de nn arroyo grande que entraba allí en el río, que poco ade- 
lante habíamos de pasar. Allí hubimos hambre y sed porque los ríos iban 
hechos lodo por las grandes crecientes; quedábannos tres leguas que andar, las 
cuales anduvimos con gran trabajo y cansancio y gran parte de ellas de noche. 
A la entrada del pueblo estaba un grande arroyo y pasámoslo con ayuda de 
Fray Pedro Calvo que fué al pueblo y trajo lumbre para poderlo pasar y así 
llegamos a alcanzar de Cáseres más cansados que nunca y hallamos en todo 
muy mal aparejo y así en la comida como en la cena padecimos trabajo y así 
nos partimos de mañana y muy cansados y molidos llegamos a la Villa de 
Cá'seres. 

En aquel pueblo se edificaba entonces un Monasterio de la Orden. 
Hallamos allí cuatro o cinco Religiosos, el Vicario nos recibió con toda devo- 
ción y religión. Por la pobreza de la casa no dio lugar a que nos regalasen 
como nosotros lo habíamos menester. No había en casa donde durmiese tanta 
gente y así nos llevaron a dormir a una casa del Arcediano de Placencia y allá 
nos fueron a recrear y lavar y allí nos tenían buenas camas en que durmié- 
semos porque lo habíamos bien menester. Otro día después que almorzamos y 
dijimos misa fuimos cuatro leguas a un pueíblo llamado Aldea el Cano. Llega- 
mos a este pueblo muy mojados con todo eso dijimos nuestras completas como 
solíamos ; dormimos en dos camas que allí nos hizo el Padre Vicario a los más 
ruines y los demás Religiosos durmieron en un pajar; llovíase mucho y así 
pasaron muy mala noche y con mucho frío. El día siguiente teníamos muy 
larga jornada que eran muy grandes cinco leguas hasta un pueblo que llaman 
Aljucen : hiciéronsenos mayores por los muchos arroyos que no basta memoria 
para acordarse de ellos y nadie se espante por lo que tantas veces repito de las 

257 H. de G.-17 



aguas y arroyos, porque fueron tantas que no se acuerdan en España habei 
visto año de tantas aguas. Fuimos este día a comer a las ventas de las Herre- 
rías muy cansados y hambrientos; pero no solamente la casa se llovía toda 
pero la sartén hacía tantas goteras en el fuego que no se pudieron guisar unos 
huevos. Pasamos a la segunda venta, donde por ahorrar de vianda nos hizo 
nuestro Procurador una sopa en ajo que sólo nuestra hambre bastaba para 
entrar en ella. Salidos de la venta se pasa un mal arroyo, y aunque sea menu- 
dencia quiero contar una cosa por ser graciosa. Quiso pasar Fray Diego de la 
Magdalena el arroyo sin mojarse y púsose Fray Pedro Calvo en medio para 
que estrivando en él, saltase de la otra parte; y al tiempo de saltar asiósele la 
saya de una mata, y así cayó de espaldas en el agua tiró tanto de Fray Pedro 
que lo hubo de derribar en el arroyo ; y así salieron muy mojados. Fué cosa de 
ver y de reír y quien no se riere por no conocer a los que cayeron, aprenda de 
este caso como ha de saltar arroyos. Ya dije arriba, cómo traíamos a Fray Do- 
mingo de Ara enfermo, con todo eso quiso venir a las Indias porque había gran- 
des tiempos que lo 'había deseado y siempre se lo habían estorbado y holgamos 
todos el traerlo aunque con el trabajo que nos podía dar con su enfermedad por 
el descanso y ayuda que esperáíbamos de su salud, pero diónos poco trabajo por- 
que Fray Domingo de Arcona lo tomó todo sobre sí y lo sirvió con toda cari- 
dad. Desde la Lagunilla se fué derecho a Galisteo, donde lo hallamos. Allí lo 
dejamos porque aquel día era día de cuartana, quedó con él un donado de la 
Orden de San Francisco que la Abadera de el Corpus Cristi de Salamanca, 
hermana del Padre Vicario enviaba con nosotros para que nos sirviese, cuyas 
historias si se hubiesen de contar henchirían un libro porque era muy regaña- 
dor y las bestias que traía le hacían salir de seso. Llegaron el Padre Fray 
Domingo y el donado a Cáseres al tiempo que ya nos partíamos y porque 
también aquel día era de cuartana dejámoslo allí y a Fray Domingo de Ascona 
con él y desde allí se fueron juntos el uno en el asnillo y el otro a pie hasta 
Al j usen donde nos juntamos otra vez. Proveyónos Dios en este pueblo una 
viuda mesonera muy buena y que nunca acababa de llorar a su marido. Como 
oyó de los regueros nuestra forma determinó de nos hospedar y como vio venir 
a Fray Domingo delante, hízolo ir a su casa, hizo muy buena lumbre : como 
nosotros llegamos fuese luego a la Yglesia y pidiónos un responso por su 
marido, cantámoslo con toda solemnidad; luego nos recibió la vieja con toda 
devoción y ella y un cuñado suyo de su condición nos hospedaron y sirvieron 
y nos buscaron camas y nos regalaron como lo habíamos menester. Otro día 
cantamos una misa y confesamos algunas personas y pedíannos tantos res- 
ponsos que nos mataban, y como no quisimos tomar nada por ellos, llegados 
a casa vinieron muchos a traernos limosna, unos pan, otros huevos, otros uvas, 
otros aceitunas, cada uno con lo que tenía y entre los demás vino una viejecita 
con un racimo de uvas diciendo que no tenía otra cosa sino aquello, que la 
perdonásemos y recibiésemos aquello por amor de Dios. En este pueblo no 
había a la sazón Clérigo y así nos rogaron que quedásemos allí para hacer la 
fiesta de Nuestra Señora, el día siguiente: holgamos de ello porque nos pare- 
cía que en aquel pueblecito lo podríamos celebrar mejor que en Mérida, Allí, 

258 



pues, hicimos la fiesta de la Purificación con gran solemnidad : hicimos pro- 
cesión y bendijimos y ofrecimos las candedas y en el pueblo nos hicieron mu- 
chas limosnas y nosotros los consolamos mucho y especialmente Fray Diego 
de la Magdalena que les predicó la víspera de Nuesitra Señora. Tarde llegó 
allí un Obispo de aniKo que de presto confirmó a los niños y se fué; vino con 
él un Clérigo Cura de un pueblo que llaman CarrascaJejo, un cuarto de legua 
de allí, y dijéronle tantas cosas de nosotros los de aquel pueblo, que le rogó al 
Padre Vicario que le enviase dos Religiosos que predicasen día de Nuestra 
Señora : él se lo prometió y aún que todos iríamos el día de Nuestra Señora 
en la tarde a su pueblo y predicaríamos el día siguiente. El se fué muy alegre 
y edificado de nosotros y la cabeza llena de loas vanas que de nosotros allí 
había oído y luego envió el Padre Vicario a los dos Frayles Fray Domingos, 
para que Fray Domingo Ascona esperase allí su calentura; después de haberles 
predicado la tarde de Nuestra Señora aunque llovía nos partimos para Carras- 
calejo, el Clérigo y los Alcaldes nos recibieron y hospedaron bien y nos dieron 
largamente de cenar y muy buenas posadas. Estando allí llegó el Vicario de 
Mérida, que es Clérigo del Orden de Santiago, el cual dijo el domingo la misa 
y los Religiosos la oficiamos y Fray Tomás de la Torre predicó y el Clérigo 
nos regaló tanto como los de su estado lo saben hacer cuando quieren, y él 
y toda su casa mostraron que nos servían con todas sus entrañas y no por cum- 
plir y parece que en todo concurría Dios particularmente y proveía su mise- 
ricordia que de nuestra parte no hubiese cosa por donde pareciésemos indignos 
de lo que de nosotros se hacía. Antes que de aquí partiésemos, nos alcanzó 
un Hidalgo llamado Gregorio de Pesquera compañero antiguo del Señor Obispo 
de Ch'apa que primero anduvo entre los conquistadores de las Indias y después 
se volvió a Dios y padeció muchos trabajos por los indios en compañía del 
Señor Obispo ; a éste enviaba el mismo Señor Obispo para que nos acompañase 
y sirviese; traíanos cartas del Príncipe nuestro Señor así para nosotros como 
para el Provincial de la Andalucía, como para todos los Priores donde pensa- 
ban que llegaríamos por las cuales encargaba a todos que nos hospedasen y 
regalasen como a cosa suya. Traía también otras muchas cartas para el Viso- 
Rey de Méjico y para los Oficiales de la contratación y de ios puertos y ciuda- 
des donde llegásemos por las cuales nos encomendaba a todos y mandaba que 
nos diesen ornamentos, fletes, matalotages y curasen a su costa los enfermos 
y nos proveyesen de bestias para el camino y de todo lo que hubiésemos menes- 
ter. Mucho nos holgamos con tan buenas nuevas y dimos muchas gracias a 
Nuestro Señor por parecemos que él guiaba nuestro camino y tenía cargo de 
nos proveer de lo que entonces nosotros no echábamos menos y nos hiciera 
gran falta después, si nuestro buen Dios no nos previniera en bendiciones de 
dulzuras. Con estas buenas nuevas determinamos llegar aquel día a Mérida: 
el Clérigo nos dio tres reales y todo el pueblo nos dio muchas limosnas y 
todos nos despidieron con mil bendiciones, rogando a Dios que nos guardase 
y acompañase, y así venimos aquel día a Mérida lloviendo a cántaros sobre 
nosotros, y los malos arroyos pasamos con ayuda de Fray Pedro Calvo y el 
Vicario de Mérida se vino luego tras de nosotros y nos guió en el camino. 

259 



CAPITULO XXVI 

Donde se prosigue el viaje desde Mérida hasta la llegada a la 

ciudad de Sevilla. 

Año 1544 

El Vicario de Mérida nos guió a una buena posada y en llegando nos 
envió pan y vino, que era lo que más habíamos menester; envíenoslo con Juan 
Hurtado, negro suyo, gran amigo de Predicadores y muy tentado por predicar 
y asi nos predicó luego allí un sermón de la Cananea de que no nos holgamos 
poco. Allí comenzamos a conocer la buena cristiandad de Pesquera y su 
mucha humildad porque es cierto excedía a la nuestra. Este es Pesquera el 
que inventó los Colegios de niños pobres : hizo muchos así en España como en 
las Indias ; de donde han salido muchos bienes y estorbádose muchos pecados. 
El agua que llovía era tanta que el río de Mérida no se podía pasar ni aún 
por la puente y así nos fué preciso el detenernos allí el día siguiente y holga- 
mos mucho por remendar los zapatos y lavar la ropa y ver las cosas antiguas 
de aquella ciudad. Viendo Pesquera el tiempo tan recio que hacía y que 
pudiera ser que los navios estuvieran ya para partirse, comenzó a buscar 
bestias en que viniésemos de allí a Sevilla y el Padre Vicario lo estorbó, de 
parecer de algunos Religiosos. Otros viendo el tiempo tan trabajoso y los 
caminos tan malos, quisieron que se buscaran bestias y mostraron algún des- 
mayo y así el Padre Vicario tornó a mandar que se buscaran bestias pero 
todos mostraron recibir tanta pena de ello que los flacos también se confun- 
dieron y no quisieron que aquel buen principio se desdorara ; y así el martes 
salimos todos a pie de Mérida y allí cesaron las aguas y aquel día hizo la tarde 
alegre y clara que quedaron los que habían desmayado, bien confusos. Vimos 
a la salida aquella gran puente de la ciudad y el río iba como un mar, con lo 
cual se hermoseaba la puente mucho ; holgamos de verla todos y dimos gracias 
al Señor. Fuimos aquel día a dormir a Almandralejo, cuatro leguas de allí, 
y no pensábamos que hacíamos poco según estaban los caminos, porque el 
lodo nos llegaba a la rodilla y algunas veces se nos quedaba el zapato ; pero no 
podíamos ir sin zapatos por los muchos cardos y espinas que había y el lodo 
es de tan mala digestión que como con dientes trababa de los zapatos. Uno 
decía: "¡Ay que me atollo! ayúdenme". Otro: "¡Ay que se me queda el 
zapato!", que era lástima vernos ir; y así hallábamos por el camino muchos 
zapatos de los pasajeros y los caballos tenían que hacer en poder salir. Si este 
día lloviera no creo que pudiéramos llegar al pueblo; como llegamos al pueblo 
comenzaron a ir muchachos tras nosotros cuantos había en el pueblo y por 
las calles nos decían infinitas cosas aquellos labradores, unos nos preguntaban 
que si íbamos a Capitulo, otros si se había despoblado algún Monasterio, otros 
otras cosas. Pesquera nos tenía ya hospedados en casa de un Hidalgo que se 
llama Ortiz por conocimiento de un hermano que tiene en las Indias, el cual 
nos recibió y hospedó muy bien y con toda caridad nos sirvió él y todos sus 
criados: en su casa nos dio una cama que tenía veintidós pies de ancho y 
fuera de su casa nos proveyó de otras ; por la mañana después que algunos 
dijeron misa nos dio a todos bien de almorzar y salió un rato con nosotros y 
encomendándQnos>. Dio? s§ v^lyió a su casa. Hízonos muy buen día y siem- 

260 - 



prc hasta Sevilla nos hizo muy buen tiempo, de suerte que no nos mojamos; 
pero del lodo del día pasado, teníamos los zapatos y los pies como descoyun- 
tados, que no nos podíamos tener y por ser el camino muy lodoso fuimos por 
unos rodeos, con que nos cansamos más; pero todos fuimos enjutos sino fué 
Fray Juan Carrión que con ser pesado era amigo de saltar los arroyos y asi 
se enlodaba el cuerpo donde nosotros no mojálbamos los pies. El Padre Vicario 
y Fray Vicente iban este día delante y toparon dos culebras grandes, las cuales 
mató bien aseadamente Fray Vicente y cuando llegamos las vimos muertas. 
Fuimos este día tres leguas a dormir a un lugar que llaman La Fuente, el 
maestre donde no fuimos poco acompañados de muchachos, de manera que 
no cabían en la Yglesia a las completas. Había aquí un muy buen órgano en 
que se empleó muy bien Fray Diego Calderón. Tuvimos aquí gran abundancia 
de leche y fuénos bien menester para poder dormir según teníamos las camas. 
Otro día fuimos dos leguas a la Villa de Zafra, donde tenemos una casita de 
nuestra Orden que se labraba ahora, muy pobre. Hay aquí también un 
Monasterio de Santa Clara muy rico donde estaba por Vicario un gran amigo 
del Padre Vicario. Este rogó al Vicario de nuestra casa que nos enviase, en 
llegando, a posar a Santa Clara y hízolo así y así nos fuimos a aqucUa casa de 
Siervos y Siervas de Dios. Las monjas nos tenían una comida aderezada 
como ellas lo saben hacer y como nosotros lo habíamos menester, aunque no 
tomábamos tanto sabor en ello como en ver como nuestro Señor nos regalaba 
y a todos estados de gente, tomaba por instrumentos; y también nos holgá- 
bamos ver la caridad con que aquellos siervos y siervas de Dios nos servían. 
Después de comer envió él Padre Vicario a Fray Tomás de la Torre y Fray 
Vicente Núñez a la Puebla de Sancho Pérez que está cerca de allí para que 
se despidiesen del Padre y deudos de Fray Vicente. Hicieron aquella tarde las 
monjas gran fiesta a los Religiosos y diéronles muy mejor cena que había sido 
la comida y después muchas y muy buenas colaciones, que nos duraron hasta 
Sevilla, y el Padre Vicario de las Monjas proveyó de muy buenas camas y otro 
día nos despidió con mucha caridad. Los otros dos Religiosos llegaron a la 
Puebla y consolaron mucho a los deudos de Fray Vicente porque sentían mu- 
cho su ida a donde no pensaban verlo más. 

El viernes de mañana nos juntamos todos en la Puebla de Sancho Pérez 
y los deudos de Fray Vicente tenían aderezado un muy solemne almuerzo, el 
cual hicimos nosotros comida porque era viernes y porque él lo podía 
hacer. Después de comer volvió aquel Padre las espaldas a su viejo Padre 
y a sus queridas hermanas y a todos sus deudos porque no bastaron todas sus 
lágrimas a lo ablandar para que se quedase. Este día venimos dos leguas hasta 
un lugar que se llama Calsadilla donde antes que fuésemos a la Yglesia andu- 
vimos buscando posadas; pero no las pudimos hallar. Estaba allí el Prior 
de San Marcos de León que andaba visitando las Yglesias de aquel Maestraz- 
go y fuímoslo a visitar; pero él nos habló con poca gracia y poca caridad y 
mucha gravedad. No se meneó de la silla ni llegó la mano al bonete, ni nos 
hizo cortesía ninguna; caímos de dónde nacía esto y fuimos a la Yglesia y 
estuvimos un rato en oración y desde a poco vino Pesquera con tan buen reca- 
do de Posadas cuanto no habíamos tenido desde que salimos de Monte-Mayor. 
Allí hallamos a un Frayle de la Orden ascrípto, vestido de jerga y morador de 
aquel Pueblo y él hospedó a dos en su casa y todos estuvieron bien proveídos 

261 



de camas y de colación. Otro día de mañana, hecha oración, fuimos a decir 
misa y a almorzar una legua de allí a un lugar que llaman Fuente de Cantos, 
Los hermanos legos se pasaron adelante con las bestias sin decirnos nada, con 
lo cual nos dieron mal almuerzo, temiendo no hubiesen atollado donde no 
pudiesen salir tan presto. Aquí nos era la gente muy importuna porque se 
arrogaban y metían hasta donde comíamos los hombres barbados y viejos y se 
estaban allí mirándonos sin que se quisiesen ir por nada que les dijéramos 
porque decían que los dejásemos ver tantos Frayles juntos, lo cual no habían 
visto. Aquí vinieron unos muy sabios seglares que habían estado en las Indias 
y entre otras cosas que nos aconsejaron una fué que no dijésemos ni enseñá- 
semos a los indios que Dios había muerto, sino que era muy valiente y esfor- 
zado y que dá muchos bienes temporales y otras locuras semejantes fuera de 
la piedad cristiana. Después de comer salimos de este pueblo y fuimos tres 
leguas adelante a otro que llaman Monasterio; no sentimos el camino porque 
íbamos cantando salmos e himnos con grande alegría y aún las vísperas can- 
tamos por aquel camino, lo más de ellas : hallamos al pueblo entredicho y 
echamos fuera una beata contra quien estaba, y así cantamos salve. Hallamos 
aquí dos Clérigos muy ihonrados, aunque mozos, que nos proveyeron de muy 
buenas camas con mucha alegría. Había venido allí un Clérigo de otro pueblo 
a predicar; pero quisieron que predicase un Frayle, y así predicó Fray Diego 
de la Magdalena y los demás oficiaron la misa. Después de comer fuimos 
a un pueblo que llaman Realejo, llegamos noche y no hallamos posadas donde 
dormir. Cenamos en un pobre Mesón, y después el Padre Vicario envió cuatro 
Religiosos a unas posadas que se hallaron : él con los demás durmieron con 
harto trabajo en un pajar; aunque la posada era ruin costó muy cara porque 
los ratones royeron un Testamento Nuevo y comieron unos buenos registros de 
un Breviario de Fray Pedro de la Cruz. Creo que no querría Dios que trajé- 
semos cosa curiosa; los dos de aquellos cuatro dormimos en casa del Cura. 
Era viejo y muy gordo, diónos bien de beber y en todo nos hizo buena compañía. 
Después dormimos todos en su cama, y a buen seguro que no hubiéramos frío 
aunque durmiéramos sin ropa. El nos dio tanta materia de risa que no pensa- 
mos podernos despedir de él con la gravedad que era necesaria. Por la mañana 
no fuimos a la Yglesia que estaba muy a trasmano ; pero no quedamos sin pena 
aunque fué pecuniaria. Fuimos aquel día a comer a una venta, allí comimos 
en un prado con gran placer; pero quedósenos allí olvidado un queso muy 
bueno de los que nos dio la Marquesa. Fuimos a dormir a un lugar que 
llaman Almadén, camino muy apacible de arroyos, donde por doce maravedís 
de pan dio nuestro Procurador un real de a dos; la lástima que a él le quedó 
y los mensajeros que él envió a el que se lo vendió, desde el camino y desde 
Sevilla, no se escribe, y si se hubiera de contar todo lo que a él le acaeció y 
cuan quietamente pedía y regateaba y guardaba, fuera nunca acabar porque 
sin duda era simplísimo y el más guardoso que he visto. Sólo un cuento suyo 
diré aquí, de muchos que le acaecieron ; contprónos en una venta un poco de 
vino y ya que nos habíamos salido, parecióle a la ventera que quedaba enga- 
ñada y salió tras él diciendo : Padre, Padre. Volvióse él muy despacio di- 
ciendo : Deo gracias hermana: Dios algo dé más. Esto dijo él tan mansa- 
mente y tan sin malicia y tan naturalmente que nos hizo reír hartos días todas 
las veces que nos acordábamos de ello. Salidos el martes de Almadén fuimos 

262 

.J 



cinco leguas a Castilblanco : hacía tan grande sol como si fuera por el mes de 
mayo; andada una legua, almorzamos en una venta un poco de pan, que aun- 
que muy negro y duro, no nos sabía también la comida en Salamanca como 
aquel pan; andadas tres leguas fuimos tres leguas a otra venta donde no 
hallamos nada que comer; pero nuestro Procurador hizo una sopa en ajo que 
con salza de hambre nos fue muy sabrosa. Allí comenzamos a hallar palmitos 
por el camino; pero aunque nos costaba trabajo el sacarlos, los Padres que no 
los habían comido decían que no eran buenos. Llega.mos apuestas del sol a 
Puebla y todos nos preguntaban si era verdad que se había anegado el Con- 
vento ; y de esto trataba toda la gente entre sí. Mientras nosotros estuvimos 
en la Yglesia nunca los hermanos legos pudieron descubrir una posada ni en 
mesón, ni fuera: después se ofreció el Sacristán del Pueblo a buscarnos posa- 
das y halló para algunos en los mesones y para los demá's en casas de vecinos. 
Un mesonero dio lugar que en su casa cenásemos; pero no había qué hasta que 
llegó la provisión de Ntros. Estada la casa donde cenamos, muy lejos de las 
posadas en que habíamos de dormir, de las cua'es no sabíamos más que el 
nombre que nos escribió el Sacristán ; pero uno de los huéspedes nos fué a 
buscar y nos guió de suerte que no durmiésemos todos o en la calle o en el 
ejido : guiándonos este buen hombre, fuimos al un mesón que estaba aplazado 
y hallamos a otros acostados en nuestras camas ; fuimos al otro y hallámoslo 
cerrado, y después que llamamos mucho respondiéronos lo que en el Evangelio 
se responde a los que llaman tarde, conviene a saber : No sé qnién sois. El 
Padre Vicario estaba tan penado de ésto y desabrido que no sabía qué se decir, 
ni qué se hacer, por no tener donde meter a los Religiosos. Finalmente fuimos 
a la casa de un hermano de los Frayles de San Francisco y él dio posada para 
seis Religiosos y recaudó para las bestezuelas : hizo con su pobreza toda cari- 
dad y a la mañana nos despidió a todos con toda devoción. Pesquera se había 
adelantado para ver en qué disposición estaban los navios porque la gente que 
topábamos nos daba diferentes nuevas, y aquí nos encontró un hombre que 
enviaba con cartas y una bestia para que el Padre Vicario se adelantase, pero 
no quiso dejarnos ni había para qué y mandó ir a Fray Tomás de la Torre en 
el caballo porque traía un pie bien hinchado y malo del trabajo del camino 
y sólo él fué cabalgando tres leguas hasta Alcalá del Río. En todo este camino, 
aunque todos habían pasado muchos trabajos y muchos soles y se les abrían 
los pies de las ampollas que traían, especialmente pasaron gran trabajo en 
esto el Padre Vicario y Fray Diego Calderón. Causaba ésto, ayende de ser el ca- 
mino largo, el caminar con zapatos y con aguas, porque como se secaban cada 
noche al fuego, a la mañana estaban como cuernos y lastimábannos mucho 
los pies; pero Fray Pedro Calvo nos curaba a todos y aún a las bestias también 
y la caridad le enseñaba a hacer lo que nunca había hecho ni aprendido. Fray 
Domingo de Ara cuartanario todo el camino fué cabalgando; en Alcalá del 
Río comimos, y aunque el Padre Vicario quisiera regalar a todos aquellos 
Padres Castellanos; pero no se halló más que un buen Sábalo para esto: por 
este pueblo se pasa el Guadalquivir por barcas y aunque no nos querían pasar 
sin pagar y pasamos sobre esto muchas cosas; pero todavía les hicimos que 
nos guardasen nuestros privilegios. Mucho temíamos de ir todos a nuestra casa 
que se llama San Pablo, porque como aquel Monasterio es tan frecuentado y 
aun molestado de la gente que va y viene a las Indias pensamos que recibiesen 

263 



pesadumbre con nosotros por ser muchos y así mandó el Padre Vicario que 
Fray Diego de la Magdalena y otro se quedasen en San Jerónimo y cuatro 
Religiosos se fuesen a Santo Domingo de Portacelí, que es casa de la Orden 
fuera de los muros de Sevilla, los demás nos fuimos a San Pablo, también en- 
viamos a Fray Diego a San Jerónimo, aunque era hijo de aquel Monasterio de 
San Pablo, porque aunque traía licencia del Provincial de Castilla y esta te- 
míamos que no se la darían porque pasar a Indias necesitaba licencia del 
Provincial de Andalucía, porque éste había ido al Colegio de Salamanca por 
aquesta casa y era muy hábil y estaba muy docto y así recibieron gran pena 
de su ida porque quisieran encomendarle el estudio de aquella casa y pasóse 
en fin gran trabajo en haberle licencia, y fué necesario que el señor Obispo diC 
Chiapa haciese que el Príncipe Nuestro Señor escribiese al Padre Provincial 
de la Andalucía para que le diese licencia y así se la dio e íbamos muy con- 
tentos de su compañía por su bondad, aunque después sucedió lo que des- 
pués oiréis. A la entrada de Sevilla vendió nuestro Procurador la una beste- 
zuela antes que llegásemos a la ciudad : llegamos de noche a casa y luego 
topamos a Pesquera que nos aguardaba y él nos guió a la Portería. 



CAPITULO XXVII 



De la estada en Sevilla hasta que se embarcaron en San Lucas 

Año 1544 

El Padre Provincial de la Andalucía estaba visitando el Colegio de Santo 
Tomás, que es de la Orden y está) en aquella ciudad. Estaba con el Prior de 
San Pablo y como supieron de nuestra venida holgaron de ello : antes que 
llegásemos envió el Padre Provincial a mandar que todos los huéspedes que 
estaban^ en San Pablo se fuesen y dejasen lugar para los de las Indias. El 
Superior del Convento nos recibió con toda caridad y alegría y hizo todo buen 
tratamiento y le pesó porque no fuimos todos allá, pareciéndole que no había- 
mos confiado de su caridad, y todos los Religiosos se holgaron mucho con nos- 
otros y nos regalaron y sirvieron. Aposentáronnos en la enfermería, porque 
la hospedería aún no estaba desembarazada, y el enfermero que era un Fraylc 
lego, santo y devoto, la tenía limpia y aseada y las camas todas aderezadas y 
oliendo todas a saumerio ; y mientras allí estuvimos nos sirvió con toda caridad, 
y cada noche nos daba colación y mostraba querernos dar las entrañas. Lo 
mismo hacían todos los Religiosos, unos más que otros; hallamos ser mentira 
lo que ya teníamos creído por los muchos que nos lo habían dicho, conviene a 
saber que nuestro Monasterio de Palma se había anegado y que el río se había 
llevado algunos de los Cartujos de Sevilla y así pensaban por los caminos que 
éramos de los que se habían escapado de la tormenta o que íbamos a poblar 
aquel Monasterio que el río había despoblado; pero las aguas habían sido 
tantas y las crecidas tan grandes que daban lugar a que se fabricasen muchas 
mentiras ; pero esto fué verdad, que dentro de Sevilla andaban barcos y dentro 
de nuestra huerta habían andado y entonces había tanta agua que podían 
andar, y así estaba allí mucha gente echándolas fuera y en barcas iban por las 

264 



haradas a tomar el pan que venía de Utrera, cosa jamás vista: en lo de los 
navios hallamos mal recado de navios que no esperaban que se aviaran tan 
presto y las Cédulas del Príncipe para que nos diesen dineros para fletes y 
matalotages no vinieron claras y así el Padre Vicario se vio en mucha aflixión 
y hubo de enviar un correo a la Corte que trajo otros mejores recados. Halla- 
mos también que nuestros libros, que los habían traído regueros, habían coa 
las aguas recibido mucho detrimento y para hacer los regueros sus tercios 
habíanlos desliado de como se los habíamos dado y así los Cuadernos que 
llevábamos, que 'habíannos costado m£ls trabajo que los libros, se habían des- 
baratado y hallamos al principio mal recado ; pero hacíamos cuenta que íbamos 
a las Indias y que llegaríamos ricos si llegásemos con el pellejo, y con esto 
no sentíamos otras pérdidas. Estuvimos en Sevilla con todo regalo y buen 
tratamiento hasta el domingo siguiente que era de Sexagésima y holgamos de 
ver las cosas notables de Sevilla, la Yglesia mayor, las casas del Rey, los Monas- 
terios y las otras cosas notables que convidan a alabar a Dios ; y viendo el Padre 
Provincial que nuestra partida se dilataba, lo cual suele acarrear muchos des- 
manes a las compañías de Religiosos que pasan a Indias porque se cansan allí 
muchos y se arrepienten del camino porque pocas cosas ven y oyen que no 
sean más para retraerlos que para incitarlos a venir, determinó el Padre Pro- 
vincial de repartirnos y depositarnos por los Conventos comarcanos para que 
aquella Cuaresma la pasásemos con algún sosiego de espíritu y ayudásemos 
a los Conventos en lo que pudiésemos, y aunque pasaron hartas cosas y sucedió 
una historia a cada uno, yo los haré a todos iguales y poco o nada contaré de 
las cosas que pasaron hasta que todos nos juntamos otra vez. 

En Sevilla quedó el Padre Vicario y Fray Jerónimo de Ciudad Rodrigo 
y algunos otros para entender en el matalotage, el cual hicieron muy largo y 
muy cumplido, compraron ornamentos, colchoncillos, camisas, pescado, aceite, 
vino, garbanzos, arroz, conservas, muchas vasijas de cobre así como cántaros, 
ollas, sartenes, aceiteras, jeringas, vino, biscocho y otras muchas cosas que 
son necesarias para la mar y para después de llegados a tierra; y por dilatarse 
la partida se perdió mucho del matalotage y otro se dañó, pasáronse en esto 
muchos trabajos y molestias que no se pueden escribir, solamente las siente 
quien las pasa. Los oficiales de la contratación eran propicios, pero cada cosa 
que daban costaba muchos trabajos y sudores y la prudencia y graciosa con- 
versación del Padre Vicario y la infatigable paciencia del Padre Fray Jerónimo 
alcanzaban muchas cosas que otros no las pudieran alcanzar. También quedó 
en Sevilla Fray Domingo de Ara muy doliente y trabajado, que se temió 
harto que no podría pasar acáj, aunque habíamos pensado que las mudanzas 
de las tierras lo hubieran sanado ; en Santo Domingo de Portaceli quedó Fray 
Pedro Calvo donde se dio mucho a la Astrología y hizo muchos astrolabios sin 
haberlo aprendido y salió en todo esto bien docto. A Carmona fueron Fray 
Juay Carrión y Fray Pedro Rubio dosde sirvieron como negros a aquella Casa 
y dieron buen ejemplo. Fray Pedro pedía por las calles limosna en un asnillo 
y así les pesó a todos cuando se fueron. Salieron juntos de SevUla, Dominica 
de Sexagésima, en la tarde. Fray Tomás de la Torre y Fray Martín de la Fuente 
y Fray Domingo de Ascona para San Lucar de Barrameda, Fray Jerónimo 
de San Vicente y Fray Pedro de la Cruz para Jerez, Fray Jorge de León para 
Rota, fué con ellos Fray Diego de la Magdalena para ver a su madre en Jerez 

265 



y volverse luego para predicar la Cuaresma en Sevilla. También fué con ellos 
un Fray Luis del Convento de San Lucas : llevaron cartas del Provincial para 
los Prelados, que las del Príncipe nos las quisimos dar más de al Provincial y 
al Prior de San Pablo. Entraron en un barco de un buen hombre, que no sola- 
mente no renegaba, pero ni aún juraba, que es mucho para persona de aquel 
oficio. Pasaron mala noche porque subía la marea, y el viento no les ayu- 
daba, y así no anduvieron más que tres leguas hasta Coria donde se registra 
todo lo que va en los barcos. Allí esperaron la mañana que dio fin a una mala 
noche que llevaron por la primera. Salieron eh tierra y aderezaron de comer 
aunque llevaban de lo que del Convento les habían dado, mucho pan, vino, 
higos y aceitunas. Salieron de Coria con buen tiempo, a las veces rastrando 
el barco desde la orilla por las calmas que hacía, iban aquel río abajo mirando 
aquellos tan hermosos campos, pártese desde a poco el río en tres pedazos y 
hace dos islas de hermosos pastos. Había gran número de ganado muerto 
en aquellas riberas que se ahogó con las grandes crecientes del Río que tendía 
por aquellas islas y campos : los Religiosos decían en el barco las horas en 
común y no permitían que nadie de los que al.í iban jurase, ni hablase cosa 
mala; y así iban todos edificados de ellos. Desde a poco vieron a un hombre 
ahogado de la parte de la isla, y salieron todos así Frayles como seglares a ente- 
rrarlo ; solamente quedaron a guardar el barco los barqueros ; y Fray Luis el de 
San Lucar se quedó a guardar el jato. Los Frayles dijeron el oficio de finados 
y cantaron un responso y los seglares lo enterraron y le pusieron encima una 
cruz y con hacer ellos lo mismo y tanto como los seglares, daban por ello mil 
loores a Dios y decían que debían siempre rogar a Dios por los que fundasen 
Ordenes y Monasterios porque sin Frayles decían que el mundo no valía nada 
y que ya fuera perdido. Hízoles después tan buen tiempo que en tres horas 
llegaron al Puerto de San Lucar que era una legua de la Villa, no osaron ir más 
por barco porque era ya noche y hacía grandes olas, y se les andaba la cabeza 
a algunos : quedáronse a dormir aquella noche en una venta que estaba allí 
donde les hicieron mucha caridad ; a la mañanita se fueron aquella playa abajo 
hasta el Convento. Espantados de ver la mar los que no la habían visto, con- 
templaban el camino por donde habían de ir y aunque parecía llano y sin lodos, 
todavía lo temían más que al pasado. El Vicario del Convento Fray Antonio 
de Contreras, aunque era hijo del Convento de Córdova, era criado en Sala- 
manca : los recibió muy bien y los trató con toda caridad como si fueran más 
que hermanos ; y Fray Luis que era el todo de aquella casa les hizo siempre 
todo regalo y buen tratamiento, y ellos lo merecían porqe Fray Tomás predi- 
caba siempre y él y los demás confesaban todo el día y seguían el coro y tenían 
cargo de la Casa y trabajaba cada uno más que dos conventuales y así los 
amaban y querían mucho no solamente los Frayles pero los seglares y los 
Duques que estaban allí. Los demás se fueron a Jerez donde fueron bien 
recibidos y tan bien quistos de toda la casa que no se despidieron de ella con 
menos lágrimas de todos que de Santisteban de Salamanca. Allí se ordenó de 
misa Fray Pedro de la Cruz y la cantó con gran solemnidad y regocijo de toda 
la casa y de toda la ciudad, sin hallarse en ella ninguno de nosotros, porque no 
pudimos; y sin saber de la misa nueva fué a Jerez Fray Tomás de la Torre al 
otro día después de la fiesta y después lo enviaron otra vez a predicar a las 
fiestas del Espíritu Santo mientras los Predicadores eran idos a Capítulo, y con 

266 



i 



1 



estos achaques se visitaban y consolaban los que estaban allí cerca. A Fray 
Jorge se le hacía de mal ir sólo hasta Rota y así fué Fray Martín con él y 
pagóle Dios su caridad deparándole otro compañero con quien volvió hasta 
San Lucar. En Jerez estaba un Religioso natural de allí, hijo de aquella casa 
que se llamaba Fray Luis de Cuenca. Este había deseado mucho venir a las 
Indias y se había dos veces embarcado y la tormenta lo volvía a España, y 
siendo maestro de Novicios en Córdova supo de nuestra ida a las Ind as y 
pareciéndole que Dios lo había guardado para aquella ocasión, pidió licencia 
y fué a Toledo al fin del Capítulo, donde se concluyó nuestra venida. Allí trató 
él y concertó la suya y volvíase a Jerez a esperarnos y tcomo« supo nuestra venida 
y supo lo que pasaba holgóse en gran manera y recibió a los Religiosos como 
a ángeles y luego se partió para ver a todos los demás, llevándoles cuanto él 
podía para suplir todas las necesidades, y después fué a Sevilla y fué gran 
ayuda al Padre Vicario, porque aunque era hombre de edad y pasado, era fer- 
ventísimo de espíritu y trabajaba más que tres negros y por consolar a un 
Religioso rodeaba todo el mundo. Mucho holgamos de tan buena compañía 
y fué parte para traer a otros Piadres que vinieron de la Andalucía. Después 
a pocos días vinieron otras manadas de Religiosos a Sevilla, la principal fué 
la de Valladolid que fueron Fray Agustín de la Hinojosa, hombre muy docto 
y para mucho, y Fray Juan Cabrera, Fray Dionicio Bertallido, Fray Alonso de 
Villalba, Fray Alonso de Villafante, Fray Alonso de Noreña Portillo, Diácono. 
Gran placer se recibió con su venida y Fray Agustín con Fray Tomás de San 
Juan fué a San Lucar depositado, y allí ifueron confesores de las Monjas, 
Fray Agustín y Fray Tomás de la Torre; y Fray Alonso de Villalba que era 
hombre también docto quedó para predicar en Sevilla; a los demás, parte 
enviaron a Rota, parte a Alcalá de los Gazules, parte también quedaron en 
Sevilla, en San Pablo y en Santo Domingo de Portaceli y en Regina Angelorum 
que también es de la Orden; y de la misma manera se repartieron los demás 
que cada día venían de Castilla y de la Andalucía También vino desde a poco 
el Señor Obispo electo de Chiapa que allí en San Pablo se consagró Dominico 
inpasioné. Vino con el Santo viejo Fray Rodrigo de Ladrada su compañero, 
Largo sería de contar el contentamiento que todos los Religiosos dieron 
a los Prelados y Frayles de las casas donde estuvieron repartids y cuan sin 
pesadumbre conversaron entre ellos, sirviendo al Señor y a la Orden de día 
y de noche, cada uno en el oficio que le encomendaban. Con ser muchos los 
que quedaron en Sevilla ninguna pesadumbre se recibió con ellos, porque los 
legos y mancebos servían humildemente la casa en lo que les mandaban, los 
demás confesaban de noche y de día, así en la Cuaresma como en un jubileo, 
así los que estaban en San Pablo, como los que estaban en los otros Conventos 
Fray Diego de la Magdalena ayende de predicar leía Teología y puso en con- 
cierto el estudio de aquella casa, así de Teología como de las artes. Había tam- 
bién sobrevenido Fray Alonso de Villalba docto y gracioso predicador y otras 
muchos de su calidad y sirvieron y honraron mucho la casa. La mismo hizo 
Fray Vicente Núñez que era de las suaves y agraciadas voces que entonces 
había en Sevilla: toda se venía a oírlo y los Genoveses ofrecían muy gran 
limosna a la Casa porque el Padre quedase allí. Lo mismo fué de Fray Diego 
Calderón porque era nom'brado músico de tecla, y todos holgaban de oírlos, 
y allí y en otras partes fué importunado que se quedase; pero muy diferentes 

267 



eran los deseos de todos. En San Lucar, también, como arriba dije, predicaba 
Fray Tomás de la Torre, y él y sus compañeros fueron allí muy queridos y 
amados, asi de los Frayles como de las Monjas, como también del Duque y 
de todos los seglares ; en Alcalá de los Gacules predicaron Fray Vicente Ferrer, 
y allí también cantó misa Fray Felipe del Castillo que era de la Compañía: 
todos ellos eran tales que el Prior no sabía qué placer les hacer. En Jerez leyó 
las nímulas Fray Pedro de la Cruz ; y Fray Jerónimo fué aquella Cuaresma a 
predicar a una Villa que llam'an Puerto Real y hizo allí mucho provecho y 
aunque todos los de la Compañía que allí estaban, eran amados de todos; pero 
especílalmente estos dos Padres lo eran por su Religión y virtud y por su buen 
ejemplo que allí dieron; lo mismo fué de los de Rota y de todos los demás, 
tanto que yo no sé decir lo que de todos ellos decían los que en aquellas casas 
moraban. El Padre Fray Tomás Casillas tenía tanta autoridad en San Pablo 
como el Prior, y ningún Prelado de casa trataba nada con los Frayles sino por 
BU mano y él tenía licencia para enviarlos fuera de casa y para enviarlos a la 
enfermería y para todo como si fuera Prelado superior de aquella casa; y es 
de saber que venía nombrado por Vicario de todos los Frayles que pasasen a 
indias de la Provincia de Castilla hasta presentarlos al Provincial de las Indias, 
salvo si el Vicario General de las Indias, que a la slazón era el Provincial de 
Andalucía no ordenase otra cosa y así pudiera él en Sevilla acabar su oficio; 
pero viéndolo persona Religiosa y bastante, acordó de parecer del Señor 
Obispo, de instituirlo por Vicario General de todos los Frayles que pasasen 
en aquella Compañía y de los que residiesen en las Provincias de Guatemala y 
de Nicaragua y Honduras, y mandó a todos los Provinciales de las Indias que 
no se entrometiesen con él ni con sus Religiosos sobre los cuales le daba auto- 
ridad cumplida. Esto iba bien guiado así si el Provincial de la Andalucía no 
acabase tan presto su oficio ; pero por acabar muy en breve, nacieron de aquí 
algunas dudas y escrúpulos; muy más llano hubiera sido que se viniera por 
Vicario de los de Castilla por institución del Provincial de Castilla y por Vica- 
rio de los de Andalucía por institución del Provincial de aquella Provincia, pero 
somos hombres y no caemos en todas las cosas. Allá en España donde están 
los Prelados y toda la Autoridad de la Orden hecho Vicario General nuestro 
Padre Fray Tomás Casillas, viendo que la partida se dilataba, pasada la 
Cuaresm^a, determinó visitar a sus hijos y hermanos para consolarlos y ani- 
marlos, y así fué a San Lucar donde fué recibido con notable alegría de todos 
los que estaban allí. Después que descansó allí dos díias, tomó consigo a Fray 
Tomás de La Torre, juntamente con Fray Vicente Núñez que había venido con 
él de Sevilla, y fueron a Rota a ver a los que allí estaban. Fueron en el 
camino a comer a un Monasterio de Agustinos que se lama N. S. de Regla, 
donde hallaron por Prior a un amigo y conocido en el estudio en Salamanca, el 
cual los recibió y trató con gran placer y alegría y no los dejó ir: aquel día 
siguiente que era la invención de la Cruz hicieron gran fiesta en aquella casa 
y predicó Fray Tomás de la Torre y después de comer se partieron. Estaba allí 
muy indignado Fray Vicente con aquellos Religiosos porque jamás cayó en que 
eran Agustinos, sino que por la conformidad del hábito los tuvo por de la Orden 
y como veía otras ceremonias en algo diferentes parecíale muy mal, y por 
cuanto vio y nos oyó hablar no cayó de su imaginación sino todo le parecía 
algaravía hasta que un Religioso lo desengañó. En Rota hallamos los compañe- 

268 



ros buenos y de ellos y de los demás fueron bien recibidos, y estaban quejosos 
del Padre Vicario porque no les había enviado más Frayles, tan contentos esta- 
ban de los que allí habían tenido porque eran doctos y virtuosos y de gran 
simplicidad. Aquí determinaron ir a ver la isla y ciudad de Cádiz así por ver, 
como por buscar algunas cositas necesarias para el viaje y fueron el Padre 
Vicario y sus compañeros y Fray Jorge de León y aunque por mar no hay más 
que tres leguas pasaron mil de más quebrantos porque todos escepto el Padre 
Vicario se marearon y revesaron infinito y tuvieron como dicen el alma entre 
los dientes y gustaron allí lo que a la larga por la mar habían de padecer. Con 
todo eso no desmayaron en sus propósitos. Llegados a Cádiz el Padre Vicario 
los regaló lo m'ejor que pudo, después de comer vieron las cosas antiguas de 
aquella ciudad, y así como aquellas albersas grandes que Hércules o Hispam 
hicieron para en que se allegase el agua que había de entrar en la ciudad, que 
al presente son corrales de toros y vacas y aquel gran teatro de Hércules 
y un antiquísimo letrero; y el Teatro ahora es Huerta. Vieron la Estatua de 
Hércules, mucho holgaron ver todas estas antigüedades y el Puerto a batiente 
de la mar y aquella tierra tan nombrada en el mundo y aquellas artillerías y 
todo lo demás que hay que ver en aquella isla. A la tarde entraron en un 
bergantín y con buen tiempo en obra de media hora vieron el Puerto de Santa 
María. Holgaron de ver aquel pueblo trazado y ordenado por calles, cual no 
creo haber otro en España. Allí también por veinticinco maravedís dan de 
comer a uso de Flandes muchos y buenos manjares y de beber sin tasa, tan 
aseada y limpiamente como en casa de un honrado caballero se podía dar. A 
la ida de Cádiz topamos un mancebo que se les juntó y de ellos nunca se 
apartó, antes los sirvió de gracia todos aquellos días con entera voluntad y toda 
alegría y parece habérselo Dios deparado en tales tierras y a tales tiempos. 
Después de haber dicho otro día misa y comido y visto aquel pueblo se pasó 
a Jerez el Padre Vicario con su compañero, y Fray Tomás y Fray Jorge se 
volvieron a Rota, de donde se fué después Fray Tomás a San Lucar y también 
a la vuelta le hicieron en Regla gran caridad. En Jerez fueron bien recibidos 
el Padre Vicario y su compañero, de todos, especialmente de los de la Compa- 
ñía y después tomó allí a Fray Agustín que por la muchedumbre de los hués- 
pedes que había en San Lucar, hiabía ido a Jerez con un compañero, y a Fray 
Jerónimo y a Fray Pedro de la Cruz; y Fray Vicente Núñez fué a ver a los 
que estaban en Alcalá de los Gazules y en el camino estaba un mal riacillo 
pero Dios les depiaró, como solía, a un buen hombre que los pasó a todos a 
cuestas. Decíanle muchas cosas los que le veían y hacían burla de él; pero él 
hacía burla de ellos y con gran alegría llegó al fin su buen propósito. Visto 
esto todos los Religiosos y consolados, determinó el Padre Vicario volver a 
Sevilla porque ya se acercaba el tiempo de la partida y todos o los más navios 
habían bajado al lugiar; grande fué la alegría que el Padre Vicario recibió, 
viendo el deseo que todos los Religiosos tenían de proseguir aquellos Santos 
propósitos que nuestro Señor les había dado, y muy edificado de ver la bondad 
de todos y la quietud con que servían todos al Señor y cuan dados eran a la 
oración y cuan contentos y edificados estaban todos de ellos y cuánta lástima 
mostraban de todas las cosas de que se fuesen de aquella Provincia una ma- 

269 



nada de gente tan escogida; otras muchas cosas acaecieron en estos tiempos, 
que nuestros particulares amigos holgaron de saber; pero las dichas bastan 
para saber en común qué entendidos en aquellos días que sería cosa muy 
trabajosa y prolija a quererlas contar todas. 

Pasó muchos trabajos el Padre Vicario hasta llegar a Sevilla; pero 
consolóse con hallar los compañeros buenos y por bullir la partida y consolar 
a algunos que lo habían menester, determinó de bajar a todos los Frayles que 
estaban en Sevilla a la Villa y Puerto de San Lucar de Barranceda y así se 
despidieron con mucho lamor de aquellos Santos Monasterios donde habían 
estado y recibido muchas caridades. Domingo en la tarde salieron de Sevilla 
y con gran trabajo llegaron el miércoles día de San Bernabé después de m'sa 
mayor : iban veinte Religiosos : mirábanlos los que estaban en San Lucar desde 
las ventas como venían aquella playa abajo, y holgábanse como si vieran 
venir ángeles ; no bastó a explicar la alegría con que fueron recibidos de sus 
hermanos porque era grande el deseo que tenían de los ver y aunque en casa 
era poco el aparejo, hospedáronlos lo mejor que pudieron con entrañas muy 
cumplidas y deseos de les regalar. El día siguiente era la fiesta del Santí- 
simo Sacramento, la cual con la venida de los Religiosos se hizo muy más 
solemne; fueron a ellos los Religiosos de todos los Monasterios, y el Duque 
procuró se hiciera con gran solemnidad y así lo fué de las solemnes proce- 
siones que hemos visto y todos nos holgamos mucho. El viernes siguiente 
quisieron los Señores Duques que todos fuésemos a decir una misa cantada. 
Creo que por curiosidad de oír cantar a Fray Vicente y tañer a Fray Diego, 
tanto como por devoción, y así fuimos todos, y después nos envió el Duque 
una vaca para hacer cesinas y 28 arrobas de vino y la Duquesa, 30 reales para 
misas. Poco era para lo mucho que ellos tenían y para lo que nosotros había- 
mos menester; pero esto rogamos a nuestro Señor que les pague. Aquí se 
halló entonces Fray Domingo de Guzmán, hermano del Duque según la carne 
y nuestro, según el hábito, y amigo y conocido de muchos de nosotros y nos 
hizo mucho regalo y caridad. El sábado siguiente fué el Padre Vicario a Jerez 
a cosas que se ofrecieron y llevó consigo a Fray Vicente para honrar en casa 
la fiesta del Santísimo Sacramento y por agra:decer en algo la caridad que en 
aquella casa nos había hecho, y pasada la fiesta se volvió luego. Desde a poco 
se volvió Fray Luis de Cuenca y trajo ocho arrobas de vino tinto y blanco y 
cada día iba y venía cargado siempre como una aveja, porque jamás se can- 
saba de trabajar y servir y aprovechar a la Comunidad y tenía gracia parti- 
cular en pedir. En este medio tiempo se iban cada día juntando los que 
faltaban de nuestra Compañía y de allí volvieron atrás algunos, alsí de Casti- 
lla como de la Andalucía; pero pues hasta ahora no los hemos nombrado ni 
hecho particular mención de ellos no hay para que hacerla ahora. Vino tam- 
bién desde a poco la Señora Virreyna de la Isla de Santo Domingo, que se 
decía haber sido alguna causa de la tardanza su venida y los visitadores de 
los navios, lo cual nos dio confianza que nuestra partida sería en breve. El 
Señor Obispo ayende de los muchos y grandes trabajos que padeció en la 
corte padeció otros muchos en Sevilla, procurando poner en libertad todos los 
indios esclavos que allí se hallaron y en otras cosas de esta calidad que dejaron 
su nombre en perpetuo odio de los indianos que allí vivían y allegándose el 
tiempo de la partida se vino a San Lucar con el cual nos holgamos todos en 

270 



gran manera aunque por la estrechura de la casa y muchedumbre de huespedes 
posó en casa de un seglar; el Señor Duque nos vino a visitar y se holgó mucho 
como nosotros y nos mostró mucha voluntad y nos hizo limosna y aycnde de 
lo sobre dicho, nos dio otra vaca y otras veintiocho arrobas de vino y veinti- 
cuatro fanegas de trigo y la Duquesa nos enviaba dineros para misas y en todo 
nos ayudaban ellos y toda la Villa y los Monasterios. Venían de los Conventos 
comarcanos a ver esta Compañía tan pobre y tan nombrada y todos daban 
gracias a Dios de verla; pero nuestra ida se dilataba de día en día que cuasi 
perdimos la esperanza de nos partir hasta el fin de agosto, porque decían 
nunca haber salido armada del Puerto por tal tiempo y ayudaba a creerlo ver 
que ordinariamente o hacía calmas o vientos contrarios a las salidas y estorbos 
que cada día nacían y a nosotros nos atormentaban y desabrían. En este 
mismo tiempo hubo Capítulo Provincial en la Andulacía y el Padre Provincial 
acabó allí su oficio de Provincial y de Vicario de las Indias, según se cree, 
y consiguientemente acabó nuestro Vicario ; pero nosotros estábamos tan 
vosales en aquellas cosas y tan deseosos de servir a Dios que los más no lo 
echá/bamos de ver y los que miraban en ello eran muy superficialmente dicien- 
do : que en las Indias había Prelados. En esto vino nueva que era venida la 
confirmación del nuevo Provincial que lo instituyó el General por Vicario 
General de las Indias ; pareció al Señor Obispo que a los Padres más antiguos 
que era bien enviarle a suplicar que confírmase todo lo que el Vicario pasado 
había ordenado ; respondió que aun no era venida su confirmación ni podía 
hacer nada; pero pues el Vicario pasado había ordenado aquello en tiempo 
que lo pudo ordenar, que todavía duraba y era Vicario el Padre Fray Tomás 
Casillas; lo mismo dijo un Maestro en Teología que se halló entonces con el 
Provincial electo; y el Vicario de San Lucar, que era hombre docto y antiguo 
en las cosas de Prelacia sentía lo mismo y tuvo Capítulo a los Religiosos y les 
declaró esto y aseguró mucho ; pero ahora vemos cómo todos se engañaron 
mucho, porque si el Vicario acabó, todo se acabó con él, lo que él instituyó; 
pero aunque todos lo daban por acabado y él no trataba ya cosa ninguna pare- 
cía haber algunas dudas en las letras del General, porque instituía por Vicario 
a Fray Vicente Calvo Provincial y así no era cierto si instituía a la dignidad 
o a la persona y por esta razón se convencieron otros más que por las demás. 
Finalmente todos se asentaron en que el Padre Fray Tomás era Vicario General 
de los que pasaban en Indias, He querido decir esto para aviso de los que 
pasaren a Indias a donde no están a manos los Prelados Ordinarios superiores, 
que miren bien lo que de allá traen, y también para que se vea la gran bondad 
de esta Compañía que aunque hubo estas dudas y escrúpulos, con tanta pron- 
titud y simplicidad obedecieron al indubitado General de la Orden por mar y 
por tierra y en cosas leves y en cosas ásperas que se ofrecieron, como verda- 
deros siervos de Dios e hijos de nuestro Padre Santo Domingo. En estas cosas 
se pasaron días; ya el tiempo no era apto para nos poder embarcar, porque 
todos decían ser cosa muy peligrosa por las calmas que en aquel tiempo hay 
Y así parecía que nos metíamos a morirnos de sed y de hambre en la mar con 
todo esto a 8 de junio dijeron que la flota estaba a punto, que nos aparejásemos 
para embarcarnos, pero no a los mayores, que debía hacerse así; y así nos apa- 
rejamos para embarcarnos como para morirnos. Confesámonos todos y diji- 
mos la misa mayor, dijo el Padre Vicario, del Epírítu Santo y comulgó a los 

271 



que no eran Sacerdotes. El Padre Vicario de aquella casa tuvo Capítulo y los 
animó a todos y consoló mucho. Dijéronnos después que no nos podíamos 
embarcar hasta otro día. El otro día antes que amaneciese nos levantamos 
y dijimos misa los que pudimos y ya que íbamos vino otra nueva que no nos 
podíamos embarcar. Con esto nos traían como a locos y el Padre Vicario estaba 
que no sabía de sí yendo de acá para acuyá. Callo aquí mil trabajos y tra.gos 
que él y todos bebimos,, que ni en casa ni en la playa pudimos reposar un 
credo y con la prisa que se había de llevar el hato que se había de embarcar 
entonces. 



CAPITULO XXVIII 

De lo que les pasó a los religiosos desde que se embarcaron hasta que 
llegaron a la isla de la Gomera. 

Año 1544 

Plugo ya a nuestro Señor que miércoles por la mañana, a nueve de julio 
de 1544, a cabo de medio año que salimos de Salamanca, con gran prisa y 
corriendo, entramos entre los bateles y de allí en los navios, en el que teníamos 
fletado todos los que hasta entonces perseveraron en la Compañía, con gran 
lástima de todos, porque el tiempo no era ya conveniente para navegar porque 
la flota estaba ya aderezada y a punto. Iban veintisiete navios entre naos 
gruesas y caravelas y un galeón de armiada; los que nos embarcamos son los 
siguientes : primeramente el Reverendísimo Señor Obispo Fray Bartolomé 
de las Casas, Obispo de Chiapa, con gran consolación y gloria, por ver que 
había enviado y llevaba consigo el remedio de las Indias en muchas leyes y 
provisiones del Rey que había alcanzado y desbaratado el Consejo de las 
Indias y echado de él a los indignos y alcanzado que entrasen los que lo mere- 
cían; y que llevaba poderes y provisiones para hacer libertar a todos los escla- 
vos, y puesto Audiencias Reales y otras muchas cosas de contar y declarar a 
quien no sabe las cosas de las Indias ; y sobre todo que había sacado una 
compañía tan grande de Religiosos cual nunca de nuestra Orden había salido 
para Indias. También se embarcaron con él algunos Clérigos y otra gente 
que llevaba y Fray Tomás de las Casillas Vicario General, y Fray Rodrigo de 
Ladrada, Santo viejo hijo del Monasterio y isla de Santo Domingo y compa- 
ñero antiguo del Señor Obispo y particionero de todos sus trabajos; Fray 
Jerónimo de Ciudad Rodrigo, de la Peña de Francia, Fray Pedro de la Vega 
de la Vera de Placencia, Fray Jordán de Piamonte de Santo Domingo de Jerez 
y muy acepto Predicador en la Provincia de Andalucía, Fray Luis de Cuenca 
de Jerez y Maestro de Novicios de San P^blo de Córdova, Fray Agustín de la 
Hinojosa hombre docto y al presente lector en el Colegio de Valladolid herma- 
no de Salamanca, Fray Diego de la Magdalena, Fray Dionisio Bertabillo de 
Valladolid y Fray Tomás de la Torre, Fray Domingo de Ara y Fray Vicente 
Ferrer de Valencia que al presente moraba en Placencia, Fray Tomás de San 
Juan, de Salamanca, Fray Alonso de Villalba de Valladolid y lector en el 
Colegio, Fray Jerónimo de San Vicente, Fray Domingo de Vico de Ubeda, Fray 

272 



/Viiguel de Frías, de Toro, Fray Francisco de Quezada, de Rosa, Fray Felipe 
del Castillo, de Avila, Fray Domingo de Ascona, Fray Vicente Núñei, Fray 
Miguel Duarte, de Estela, que al presente moraba en Córdova, Fray Juan 
Guerrero de Córdova, Fray Ambrocio Villarejo de Galisteo, Fray Martin de la 
Fuent?, Fray Cristóbal Pardavé de León, Fray Jorge de León, Fray Francisco 
de Pina, de Burgos, Fray Andrés Alvarez, de Méjico, Fray Pedro de los Reyes, 
de Galisteo, Fray Pedro de la Cruz, de Salamanca y estaba curándose en su 
tierra y sabiendo que nos partíamos vino sin despedirse de sus parientes, y 
aunque venía malo, sanó bien en la mar, Fray Pedro Calvo, Fray Diego Her- 
nández, estos eran Sacerdotes; los siguientes eran Diáconos, Fray Baltazar 
de los Reyes, de Maesa, Fray Domingo de Loyola, de Méjico, Fray Alonso 
Portillo Noreña, de VaUadolid, Fray Juan Cardón, Fray Diego Calderón; los 
siguientes eran legos, Fray Pedro Martín, de Madrid, Fray Alonso de la Cruz, 
de Toledo, Fray Juan Díaz, de Salamanca y Fray Pedro Rubio, Fray Mateo 
Hernández de Toro, todos estos íbamos en un navio con otros muchos seglares 
pasajeros. La Señora Virreyna pidió importunamente dos Sacerdotes que 
fuesen en su navio y aunque con gran dificultad en fin se dieron a Fray Juan 
Cabrera de Córdova que moraba al presente en VaUadolid, y Fray Alonso de 
Villasante de VaUadolid y Vicario que era de aquella casa. Iba también con 
ella Fray Antonio de Toledo, Religioso de la Orden y hermano de la Virreyna 
y así fueron muy regalados y servidos ; iba también en esta compañía, aunque 
no en nuestra nao, el Padre Prior de la Isla y ciudad de Santo Domingo, 
íbamos en el barco cantando letanías y otras oraciones y con tanta alegría nos 
desterramos de nuestras tierras con propósito de no volver a ellas, como 
suelen volver a sus tierras los que muchos años han andado desterrados y reci- 
bidos con gran gozo aquellos trabajos porque esperábamos por ellos gran gozo 
en los cielos y en la tierra. Entrados en el navio estuvimos allí aquel día 
abrazándonos de calor : al día siguiente con un muy poquito viento alzamos 
velas porque decían los marineros que entrados en alta mar con cualquier 
viento navegaríamos : aquel día salieron todas las naos de aquella trabajosa 
y peligrosa barra en San Lucar, sólo la nuestra se quedó en medio de la barra 
y del peligro, ponían la culpa al piloto de tierra; pero no la tenía sino nuestros 
marineros qué llevaban la nao mal lastrada y toda la carga la llevaba arriba. 
Así que la armada salió aquel día tres leguas y nosotros nos quedamos en la 
barra enfrente de la Villa padeciendo un día que fué buen principio de nues- 
tros trabajos y peligros. Como vieron quedar aquel navio desde la Villa 
pensaron que le había sucedido algo, y luego el Duque envió un barco a decir- 
nos con la pena que estaba él y la Duquesa y que si eran menester barcos para 
sacar el navio de la barra que vendrían : los marineros locos y en sus cosas 
soberbios no quisieron ayuda, envió el Capitán de la armada un vatel hacién- 
donos saber que no nos aguardaría sino un día o dos, puesto que fuésemos en 
conserva pues nos tomaba en el Puerto donde nos podíamos quedar. El Piloto 
y dueño del navio que se llamaba Pedro de Ibarra fué a dar razón de sí y a 
quejarse del Piloto de tierra que según la costumbre de allí sacan los navios 
de la barra. Pasamos tan gran calor aquellos dos días que no lo sabré explicar, 
sentíamoslo mucho porque salíamos de salas muy regaladas, y porque la brea 
del navio ardía y porque iba mucha gente pretendió el Padre Vicario llevarnos 
a todos juntos por pensar que así iríamos más consolados y los unos nos servi- 

273 H,d«G.-l8 



riamos a los otros y pasaríaimos con menos matalotage, y fué un gran yerro 
porque dos o tres frayles son en cada navio servidos, regalados y honrados y 
aunque no lleven nada son los mejores proveidos, y alli por cierto nos trataban 
como a negros y nos hacian a los más bajar a dormir debajo de cubierta como 
negros y andábamos sentados y echados por los suelos, pisados muchas veces, 
no los hábitos, sino las barbas y las bocas, sin que nos tuviesen reverencia 
ninguna, por ser todos Frayles y con otros trabajos y enojos que nos dieron que 
no sé explicar. El primer día cantamos completas; pero por la molestia que 
dábamos no dijimos el segundo día más que la salve, y las horas cada uno las 
rezaba cuando podía y se amañaba. 

El día siguiente que fué viernes a once de julio alzamos velas y coa 
ojos muy secos perdimos de vista a nuestra España, El viento era bueno, 
aunque poco. En breve nos dio la mar a entender que no era allí la habitación 
de los hombres y todos caímos almareados como muertos, que no bastara el 
mundo a hacernos mudar de un lugar; solamente quedaron en pie el Padre 
Vicario y otros tres; pero tales estaban los tres que no podían hacer nada, 
sólo el Padre Vicario nos servía a todos y nos ponía basines y almojias para 
vomitar que no se daba a manos ni se ipodía valer. Iban en nuestra compañía 
cuatro o cinco mancebos seglares con deseos de pasar a servir a Dios en las 
Indias que nos solían servir y ayudar; pero también ellos iban caídos y necesi- 
tados de ser servidos, no había remedio de hacernos comer bocado, aunque 
íbamos desmayados, pero gana de beber no faltaba; no se puede imaginar 
Hosipital más sucio y de mus gemidos que aquel : unos iban debajo de cubierta 
cociéndose vivos, otros asándose al sol sobre cubierta, echados por los suelos, 
pisados y hollados y sucios que no hay palabras con que lo explicar, y aunque 
al cabo de algunos días iban volviendo algunos en sí, pero no de arte que 
pudiesen servir a los otros que iban malos. El Señor Obisipo dio las gallinas 
que llevaba para que comieran los enfermos, porque nosotros no llevábamos 
ningunas y un clérigo que iba por Maestrescuela a Chiapa ayudaba a servir 
al Padre Vicario. El mayor tormento que sentíamos era en rezar las horas y 
con todo eso las decíamos como podíamos, tarde y mal, pero no las osábamos 
dejar de rezar; pero en común no se dijo nada sino la salve. La noche antes 
que desembarcásemos en la Gomera íbamos descalzos y sin sayas y el esca- 
pulario nos quitáramos si pudiéramos ; era la mayor lástima del mundo vernos 
y no había quien nos pudiese consolar por ser tantos. Andaban cuando salimos 
de España las guerras muy encendidas entre España y Francia y salimos con 
gran temor de Franceses y aquel día en la tarde vieron los que pudieron alzar 
cabeza diez y seis velas; temieron no fuesen franceses y toda aquella noche es- 
tuvo la armada con grande temor, aunque los contrarios lo debieron de tener 
mayor por nosotros mas ; pero a la mañana no apareció nada, y así creímos ser 
armada que venía de las Indias. Aquel día echamos a la mar coles, lechugas, rá- 
banos de que haibían cargado pensando que se podían comer. A la noche nos so- 
segaban los estómagos y no rebesáibamos, pero pasábamos especialmente de- 
bajo de cubierta un calor que no se puede explicar. El sábado de mañana vie- 
ron un barco grande y creyendo que era espía de franceses fué un navio tras 
él; el barco comenzó a huir, tiróle el navio un tiro y luego el barco amainó las 
velas y conociendo ser españoles dejáronlo ir en paz. Los naos que oyeron el 
tiro pensaron que habían dado en franceses y que los navios se bombardeaban 



274 



i 



y como oímos debajo de cubierta el ruido de sacar armas, túrbamenos mucho 
y súbitamente sanamos y dijimos una letanía y aún algunos nos confesamos; 
otros hacían burla. Como supimos que no era nada, tornamos a nuestro mal 
acostumbrado y luego caímos como nos estábamos; después de ésto no hubo 
más ruido ninguno, y porque los que no saben de la mar entiendan algo de 
lo que en ella se padece, especialmente a los principios, diré algunas cosas que 
a los que han entrado en ellas son manifiestas; primeramente el navio es una 
cárcel muy estrecha y muy fuerte de donde nadie puede huir aunque lo lleve 
grillos ni cadenas y tan crueil que no hace diferencia entre los presos, igual- 
mente los trata y estrecha a todos : es grande la estrechura y ahogamiento y 
calor, la cama es el suelo comunmente, alguros llevan algunos colchoncillos, 
nosotros los llevábamos muy pobres, pequeños y duros, llenos de lanada perro, 
y unas mantas de lana de cabra en extremo pobres. Hay más en el navio 
mucho vómito y mala disposición que van como fuera de sí y muy desabridos, 
unos más tiempo que otros y algunos siempre : hay muy pocas ganas de comer 
y arrostránse mal las cosas dulces, la sed que se padece es increíble, acres- 
ciéntaia ser la comida biscochos y cosas saladas, la bebida es medida medio 
azumbre de agua cada día, vino lo bebe quien lo lleva: hay infinitos piojos que 
comen a los hombres vivos y la ropa no se puede lavar porque la corta el agua 
de la mar; hay mal olor especialmente debajo de cubierta, intolerable en 
todo el navio cuando anda la bomba y anda más o menos veces según el navio 
va bueno o malo ; en el que menos anda es cuatro o cinco veces al día, aquella 
es para echar fuera el agua que entra en el navio, es muy hedionda. Estos y 
otros muchos trabajos son muy comunes en el navio; pero nosotros los senti- 
mos más por ser muy estraños de los que habíamos acostumbrado : llégase a 
esto cuando hay salud no tener donde etudiar ni recogerse un poco y estar 
siempre sentados que no hay donde se pasear; todo se ha de hacer sentados 
o echados, o algún poco en pie, sobre todo es traer siempre la muerte a los 
ojos y no distar de ella más que el grueso de una tabla pegada a otra con pez 
Los de nuestra Compañía que nunca alzaron cabeza por la mar fueron Fray 
Luis de Cuenca, Fray Martín de la Fuente, Fray Jerónimo de San Vicente, 
Fray Francisco Quezada, Fray Pedro Calvo, Fray Diego Calderón y Fray Pedro 
Mártir; estos fueron siempre enfermos y en trabajo mientras duró la nave- 
gación; los demás volvieron en sí unos más presto y mejor que otros: Fray 
Domingo de Ara que en tierra pasó grandes dolencias hasta embarcarse, sanó 
y fué bueno por la mar y también Fray Tomás de San Juan y Fray Diego 
Hernández que habían padecido grandes dolencias. 

Ya arriba apunté cómo nuestra nao iba mal lastrada, lo cual nos puso 
en tanto peligro y causó tantos trabajos que ni yo los sabré decir ni los enten- 
derán los que no saben las cosas de la mar. No solamente nos vimos en peli- 
gro de muerte, de la cual nos libró Dios bien maravillosamente; como la nao 
iba mal lastreada, que es vacía de abajo y cargada en lo alto, comenzó a tras- 
tornarse y no así como quiera sino que iba al un bordo cubierto de agua y a 
las veces echaba la nao de barriga que llegaba el agua hasta la mitad de la 
cubierta y nadaban unos barriles que iban a bordo; para pasar de popa a proa 
tenían unas maromas atadas y asidos a ellas pasaban. No se podía guisar 
nada, ni era de provecho la mitad del navio y los que iban echados al través de 
la nao iban cuasi en pie; pensaron remediar algo con echar debajo de cubierta 

275 



los tiros de artillería y otras cosas; pero no aprovechaba nada. Finalmente 
nosotros fuimos desde el domingo después que embarcamos hasta el Puerto 
en un continuo finamiento, los que iban en las otras naos hacían cada día 
oración por nosotros, y muchas veces, especialmente dos, nos echaron la bendi- 
ción, porque pensaron que el navio iba a fondo. Archuleta, Capitán General, 
venía dos veces al día con su galeón junto a nosotros, para ver como iba la 
nao y trató de atarla con maromas a la suya pero los marineros que en esto 
son superbísimos, no lo consintieron; no se trató de pasarnos a otros navios 
porque éramos muchos y los navios cargados de gente y nosotros no apretába- 
mos en ello porque ni entendíamos de veras el peligro ni veíamos aparejo para 
ello. Los que lo entendieron fueron los pilotos de los otros navios que visi- 
taron después el nuestro y se espantaron después como se escapó, y así cuando 
llegamos a tierra todos nos daban el parabién de las vidas; nosotros íbamos 
tales cuales podréis bien pensar; pero de veras no entendíamos el peligro, ni 
nos podíamos persuadir que nuestro buen Dios nos había de ahogar para que 
dijesen las gentes ubi est Deus Corum. Decían los españoles indianos que 
iban en aquella armada que nuestros pecados y los del Obispo que destruía las 
Indias, causaban aquellos males; pero en el tiempo que no se esperaba pro- 
veyó Dios del mejor temporal que jamás en tal tiempo se vio, que parecía cosa 
maravillosa : los marineros iban espantados y ellos y todos decían que Dios no 
lo podía mejorar; otros decían disparates; un Frayle de San Francisco que iba 
en otro navio decía a los que decían mal de nosotros, que por nosotros hacía 
aquel tiempo, y que nosotros dábamos vida a la armada y que si nos quitasen 
las velas saldríamos a salvamento. Otros decían que los ángeles soplaban 
las velas y que no era viento natural, y cada uno hablaba según lo que de 
nosotros sentía. Los marineros nos echaban la culpa de su gran descuido, 
quejándose de nuestros lechoncillos y así nos echaron, según se dijo, muchos 
alimentos a la mar y nos quebraron una tinaja de agua y cada día nos faltaban 
cosas; pero éstos no eran todos, que algunos nos servían y reverenciaban, 
Otros nos daban voces a cada credo : Frayles acá, Frayles acuyá y nos 
hacían venir como a negros debajo de cubierta e ir almacenados contra donde 
dependían el navio ; por lastre de él. Veníamos con ésto y con las dolencias 
y mareamiento, tan molidos y podridos y fatigados, que no lo sé ni sabré decir : 
ya entonces se entendió cuan gran yerro fué traernos a todos juntos en un 
navio, que aún los que llevan m^ercadería la dividen en diferentes navios, para 
que si algo se pierde se salve alguna cosa. Con esto la armada no podía andar 
y los navios todos no caminaban sino con una vela que llaman trinquete y las 
tres partes de el día estaban amainadas las velas de todos, y así con gran mo- 
lestia de todos tardamos doce días donde llegáramos en cuatro, según el 
maravilloso tiemipo que nos hizo. Sucedió cuasi en los postreros días que el 
un navio de los otros perdió el timón o gobernalle sin el cual no podía andar 
y corría gran peligro y así ya no era del todo contra nosotros la congoja, por- 
que mientras la armada esperab?. aquel navio cojo, nosotros nos adelantá- 
bamos y aunque nos pasaban en breve pero tornaban a esperar el navio liciado 
y así los tornábamos a pasar y así pasábamos el trabajo de nuestro camino. 



276 



I 



CAPITULO XXIX 

De la llegada y estada en la Ysla la Gomera. 
Año 1544 

Sucedió en una de estas veces que nos adelantamos, que nuestro navio 
con alegría grande descubrió tierra sábado de mañana, a 19 de julio, y aunque 
era bien deseada, muchos no se persuadieron y no se levantaron a verla hasta 
la tarde. La tierra que vimos fué una isla de las Canarias afortunadamente 
que se llama Tenerife. Es esta isla de muy linda vista y parece ser porque 
tiene una sierra, la más alta que yo había visto, y es aguzada a manera de 
una linda pina. En gran manera nos holgamos y dimos gracias a Nuestro Señor 
de verla : por haber habido acuerdo entre los pilotos parecióles que no debía- 
mos tomar allí Puerto porque es dificultoso de tomar y por andar allí la mar 
muy alta no se podía adovar la nao que perdió el timón, y así navegamos todo 
aquel día a la vista de aquella hermosa isla. El domingo de mañana amane- 
cimos junto a la isla que llaman de la Gomera, el puerto de la cual aunque es 
bueno pero es pequeño, y nuestros marineros con ir los postreros, quisieron 
tomar la delantera y tendidas todas las velas con grande atrevimiento iban 
a pasarse delante y travo la Gavia con la de otro navio que nos puso en trabajo 
Y aprieto y hubo pérdida de sogas y de la otra jarcia no se había desasido de 
ésta cuando llegó otra de la otra parte y con grandes palancas procuraban que 
no se juntasen con la nuestra ; pero con harta pérdida de nuestra parte, porque 
cortaban de nuestra nao cuanto podían y era menester. Apenas se había 
deshecho de esta cuando llegó por otra parte una caravela y metió la entena 
por las escalas de nuestra gavia mayor y así hubieron de cortar mucho de 
ellas. Con esto andaba tan gran grita y voces que era miedo estar allí y no 
sabíamos dónde nos meter. En esto salieron muchos barcos a sacar la gente 
y mandónos el Padre Vicario saltar en tierra, lo cual hicimos de muy buena 
gana. Espantónos Fray Luis y Fray Francisco de Quezada que saltaron tan 
vivos y sueltos como si no tuvieran mal ninguno con venir hasta aquel punto 
como muertos y Fray Francisco con un lío a cuestas, que una bestesuela tenía 
harto que llevar y todos finalni^ente nos hallamos bien dispuestos para salir. 
Salieron primero Fray Luis de Cuenca y Fray Agustín áo la Hinojosa, y fueron 
a suplicar a la Condesa nos mandase aposentar, porque no estaba allí el Conde, 
y en San Francisco no había lugar y era una casilla de dos o tres Frayles muy 
pobres; la Condesa nos mandó aposentar en la Yglesia porque en una fortalc- 
cilla que también señaló había también poco lugar para tantos. Saltados en 
tierra apenas nos podíamos tener porque nos parecía que el suelo andaba y 
veníamos muy flacos. Luego nos fuimos a la Yglesia a dar gracias a nuestro 
Señor por las mercedes que nos había hecho en dejarnos salir de tan gran 
trabajo y peligro. Luego tras nosotros salieron los seglares diciendo que en 
viéndonos fuera temieron el peligro de ser perdido? porque antes no temían 
por verse entre tanto siervo de Dios. Llegados a la Yglesia dijeron misa 
tres o cuatro que pudieron y entre tanto que nos traían de comer, nos prove- 
yeron de comida y buena bebida los vecinos en cuyas casas entramos con otras 
necesidades. 

277 



Mucho nos holgamos con el buen aposento que teníamos en la Yglesia 
porque estaba muy a nuestro propósito. Era muy buena Yglesia, tenia un 
corral muy bueno con unas frescas parras llenas de muy buenas uvas y un 
poco de buena agua, unas secretas, y nosotros hicimos allí en el corral un 
hornillo para guisar de comer. No estaba allí el Clérigo y Vicario de aquella 
Yglesia a la sazón y como vino desde a poco y nos halló allí aposentados y no 
por su mano, pesóle mucho y hablónos ásperamente diciendo que él era Vicario 
de aquella Yglesia y que la Condesa mandáíse en su casa, y otras cosas que 
aunque eran así, se debieran entonces disimular. Respondímosle lo mejor 
que pudimos y quedó satisfecho, aunque no mucho, parecíale que el pueblo se 
holgaba de vernos y oír de nosotros los oficios y dábannos limosna y esto quizás 
les causaba algún desabrimiento; padecimos aquí trabajo que lo era bien 
grande no tener el regalo que habíamos menester; durónos más de cuatro días 
escupir sal con beber sin taza y sin medida. Hacen unos vientos tan bravos 
en aquesta isla que parece querer levantar las sierras, especialmente de noche 
Es tierra alta de grandes sierras y tierra vermeja y de pocos árboles y buenas 
aguas, hay abundancia de uvas las cuales ya vendimiaban, los higos comen- 
zaban entonces, hay muchos membrillos y palmitos, muy grandes venados y 
asnos sardescos, que los toman con perros por los montes ; las vacas son peque- 
ñitas, la principal carne es de cabra, hay muchas y de mejor comer y más 
sanas: sálanlas y hacen unos que llaman tozinetes, que son mejores que tozi- 
nos. Está esta isla poblada por la mayor parte, de portugueses. Los antiguos 
habitadores de ella estsín ya mezclados con los españoles, aunque ellos entre 
sí se conocen y distinguen; mientras aquí estuvimos, nos hicieron muchas 
limosnas. La Virreyna nos enviaba cada día un carnero, y el Señor Obispo de 
Chiapa nos daba otro ; la Condesa estaba pobre y con todo eso también nos hizo 
limosna y nos envió uvas y conserva de batatas, que es fruta de Indias, y otras 
cositas. El clérigo nos dio a veces hartos desabrimientos y una fiesta estu- 
vimos cuarenta y ocho Frayles que arriba ya nombré y el Obispo también en 
unas vísperas, y no quiso que las dijésemos nosotros sino él se las cantó con 
dos que le ayudaban. Esto le afearon mucho el pueblo, especialmente el 
descomedimiento con el Obispo, y así desde allí concedió que cantásemos la 
misa y lo que quisiésemíps, aunque de mala gana y dándonos desabrimiento : 
nuestra principal ocupación en diez días que allí estuvimos, fué procurar des- 
cansar aunque trabajos no faltaban; predicamos los días que el clérigo quería 
y algunas veces se quedó el sermón estudiado porque no quiso que predicá- 
semos. No nos quería dar mucha entrada diciendo que entrábamos pidiendo 
misericordia y después detendíamos por justicia, y porque este Padre tuvo 
aquí alguna ocasión para decirlo, no le quiero poner mucha culpa. Teníamos 
entre día y de noche la Yglesia cerrada, como si fuera Monasterio, y aunque 
él vertía haciéndole llarnar y él molestábase: no salíamos de la Yglesia, sino 
fueron algunos a lavar los hábitos y túnicas de todos a un arroyo, y pocas 
tardes nos asomábamos a un terreno para ver la mar, siempre estábamos ence- 
rrados porque no nos dejaban salir ni tampoco nos matábamos por ello. Tam- 
bién confesamos mucha gente y allí comenzamos a dar muestras de quién 
habíamos de ser en confesiones de algunos: en estas y otras cosas semejantes 
y en proveer el navio de agua y carne nos ocupamos aquellos días y en apare 
jarnos con nuestro Señor para embarcarnos otra vez. 



278 



I 



Nosotros habíamos venido taies por venir juntos, que por ninguna cosa 
nos tornáramos a juntar allí y traíamos cogido tanto miedo a aquel navio que 
pensábamos ser homicidas de nosotros mismos si allí nos metíamos; y asi 
rogamos al Padre Vicario que diese otra orden a nuestro viaje. Como los 
marineros supieron ésto echaron por lastre de su nao seis barcos de piedras y 
echaron fuera algunas cajas y cosas de mercadería y requirieron al Vicario 
que no sacase de allí a ningún Frayle, sino, que pagaría el flete de vacío por- 
que el navio estaba bastantemente para navegar. Pasáronse en esto grandes 
trabajos y enojos y el Capitán General no sabía dónde declinar porque le 
afligía el Piloto de nuestra nao y de otra parte veía la razón que nosotros 
teníamos y el peligro en que nosotros habíamos estado, y la Virreyna juraba 
de volverse a España y quejarse del Capitán al Rey por ver como nos trataban 
y el Obispo y todos eran por nosotros : el otro que ya que el navio se viese y 
que si estaba bueno que entrásemos en él, y que si no que le pagásemos y toda 
la Yglesia andaba llena de voces y requerimientos, especialmente a la partida. 
La Virreyna se ofrecía a pagalle, con todo ésto no se acababa de dar corte y 
dejadas aparte muchas molestias nuestras y de todos, se determinó que salie- 
sen diez y nueve Frayles y para entrar los otros se hicieron muchas diligencias 
para ver si el navio iba bueno y tomaron juramento a trece pilotos y todos 
dijeron que iba bastante bueno. Sacados los Frayles no hallamos navio 
donde los quisiesen, lo uno porque llevaban mucha gente, lo otro porque nues- 
tro Piloto lleva:ba los recaudos para que le pagasen a él en Santo Domingo y 
los otros pensaban que nos habían de pasar debalde, y por esto no querían 
recibirnos; pero después de muchos enojos nos recibieron como el Capitán 
mandaba y así quedamos veintisiete para ir en nuestro navio y los diez y nueve 
se repartieron en tres navios y una caravela. Fueron por Vicario Fray Jeró- 
nimo de Ciudad Rodrigo y Fray Agustín, Fray Diego de la Magdalena y Fray 
Dionisio de Bertabillo, el Padre Vicario repartió con ellos de la carne y vino y 
vinagre, de suerte que a nosotros faltó y a algunos de ellos sobró. Al tiempo 
de la partida como vio el Sacristán que no le habíamos tomado de las uvas de 
la Yglesia diónos licencia para que cogiésemos algunas; pero apenas había 
subido un mozo a la parra, cuando desde la calle lo habían descalabrado y hubo 
gran ruido sobre ello y aún nos afrentaron de palabra y ninguna excusa nos 
querían escuchar sino todo era voces; pero después conocieron su culpa y se 
humillaron y nos pidieron perdón. Ya con estas cosas estálbamos enfadados 
de estar en aquella Yglesia y así casi de noche nos fuimos a embarcar. 
Aquí a esta isla vinieron Frayles nuestros de las islas cercanas como supieron 
que veníamos, y nos hicieron gran caridad y nos dijeron como sabían de nues- 
tra venida días había y tenían aderezada su casa pensando que fuéramos a 
tomar puerto allá. Al tiempo de alzar las velas supimos como la nao en que 
entró Fray Diego de la Magdalena y sus compañeros no iba derecha a Santo 
Domingo, sino que había de llegar a la isla de Borriquen que llaman de Puerto 
Rico; y aunque lo sentimos en el alma; pero supímoslo a tiempo que no lo 
pudimos remediar. 

279 



CAPITULO XXX 

Salida de los Religiosos de la Gomera y llegada a la Ysla 

de Santo Domingo. 
Año 1544 

El día siguiente después que embarcamos, que fué miércoles a 30 de 
julio por la mañana, con próspero viento salimos del Puerto de la Gomera y 
nuestra nao iba muy buena y muy más ligera que otras, tanto que casi sin 
velas caminábamos más que otras que llevaban tendidas todas sus velas. En 
comenzando a navegar caímos todos como muertos que no quedó en pie ni el 
Vicario ni otro : comunmente se marean pero saliendo de estas islas, más que 
de España, porque como entran mucho en las uvas y frutas y beben mucho 
por la abstinencia pasada, sienten más la mar; pero como el cuerpo está ya 
purgado de la otra navegación, en echando aquellas uvas y aguas, vuelven 
otra vez sobre sí, y así a los dos o tres días íbamos casi todos buenos. A otros 
les duró más la mala disposición ; pero no llegó a lo de la primera vez y los que 
arriba que no alzaron cabeza, aún iban mejores, porque aquí el tiempo que 
corría era maravilloso que no lo podíamos desear mejor y así caminá¿bam,os 
con gran placer y todos los oficiales de la nao nos honraban y servian, aunque 
no faltaba en que se mostrasen marineros y siempre llevaban propósito de 
hacernos pagar los fletes como si allí fueran todos los Frayles. Según el 
tiempo hacía en 24 días pensaban que llegaríamos a las islas de Santo Domingo, 
pero venían en aquella armada unas caravelas que con viento en popa nave- 
gaban mal, y así nos dieron gran fatiga y trabajo porque cada día las está- 
bamos aguardando : en estando para ello comenzamos a entrar en concierto y 
comíamos juntos con lección y decíamos cada día misa en secreto, y los domin- 
gos y fiestas las cantábamos y había sermón a todo el navio, y cada nodhe 
cantábamos la salve. El día de nuestro Padre hicimos gran fiesta y todo el 
navio se alegró, tiraron muchos tiros de artillería y Nuestro Señor suplió 
con mucha consolación la que parece que quitaba el no decir misa ni hallarnos 
en Monasterio aquel día. También hubo gran fiesta el siguiente porque la 
nao se llamaba "San Salvador". Holgábamos cuando veíamos alguna avecita 
porque nos parecía señal de tierra y algunas veces veíamos matas de yervas 
nadar por el agua ; aunque dicen que aquellas se crían en peñas debajo del agua. 
Muchas veces se juntaban algunos navios y nos saludábamos los unos a los 
otros y veíamos a nuestros hermanos y sabíamos de ellos, .y todos íbamos 
buenos ; de la Capitana cayó un hombre y no lo pudieron remediar. En nuestro 
navio nos barrenaron una pipa de agua; pero no permitimos que se hiciese 
justicia de los malhechores y aquello estorbó otros hurtillos que cada día se 
hacían. No es cosa de contar todas estas menudencias, estas basten para dar 
algunos avisos a los que hubieren de navegar. Con estas cosas pasamos nuestro 
camino unas veces llorando y otras cantando el rosario, salmos e himnos, aquí 
tres, acuyá seis. Los seglares tañendo guitarra y cantando romances, y cada 
uno a su modo, visitábanos Nuestro Señor con gran consolación y muchos 
se iban en un rincón en oración, otros leyendo en libros y hartos llorando 
arroyos de lágrimas que Nuestro Señor les daba especialmente de noche, cuan. 



280 



I 



do el tumulto de la gente cesaba: aquí rumiá'bamos aquel versículo: Qai des- 
cendunt more in navihns facientes operationem in oquis multis, ipsi viderani 
mirabilia Dei, y aquel : Mirahiles el ationes morís. Cuando hay sosiego y 
salud levanta el amor en gran manera el corazón a Dios. En la comida se 
padecía trabajo porque comunmente era muy poca, creo que era buena parte 
de la causa poderse allí aderzar mal; para muchos un poco de tozino nos 
daban por las mañanas y al medio día un poco de cecina cocida y un poco de 
queso, lo mismo a la noche, mucho menos era cada comida que un par de 
huevos, la sed que se padece es increíble, nosotros bebíamos harto más que 
la ración aunque tazado; y con ser gente vcrzada a templanza nos secábamos 
¿qué harían los demás? Algunos seglares en dándoles la ración se la bebían 
y estaban secos hasta otro día. Otros la guardaban para sus tiempos, y algu- 
nos no dejaban la botijuela de la mano y quien nos daba una vez de agua nos 
hacía ricos, a la pobre gente común no hay quien le dé nada; causa esta sed 
la calidad de la vianda y el gran ca'or que allí se pasa y el saber que ha d« 
haber taza. Esperando las caravelas que andaban poco, nos alcanzaron las 
calmas día de San Bernardo a veinte de agosto, y en dos o tres días no andu- 
vimos paso, antes los seglares se echaban a nadar y se andaban a placer alre- 
dedor del navio, y los marineros pescaban tiburones que comíamos todos, y 
aunque nos decían que era mala cosa, los comíamos todos de muy buena gana, 
no tienen otro mal sino ser algo recios, como es pescado grande. La mar 
estaba como en leche y el navio no se meneaba de un lugar, ardían las tablas 
y jarcias con el gran calor, y con la pes crecían en gran manera la sed y acor- 
tábamos la ración del agua por ver que no andábamos. Otros cuatro o cinco 
días, ni bien hubo viento, ni bien hubo calma y a las veces corría un ventc- 
zuelo contrario ; tomaban el altura y todos los pilotos de la armada decían que 
ya estábamos en tierra, y un día nos hicieron levantar de la mesa al regocijo 
que hicieron, pensando que la habían visto y desde a tres días dijéramos nos- 
otros con los demás que la habíamos visto ; pero todo era después nada y 
quedamos muy tristes. A 26 de agosto a puestas del sol tiraron tiros las naos 
delanteras y creyendo que nos querían decir que ya habían visto tierra amai- 
naron las velas y aquella noche no osamos caminar por no dar en tierra al 
través. 

Aquella noche dormimos a placer, creyendo que estibamos cerca de 
tierra, y otro día por la mañana apenas vimos detrás de nosotros a la isla que 
llaman la Deseada, la cual dejábamos sobre mano derecha y hallámonos 
junto a una isla que llaman Marigalante, que es la más linda tierra y más 
fresca que jamás vimos. Si yo fuera el descubridor de aquella isla pensara 
sin duda era el Paraíso terrenal por su gran hermosura. Está esta isla y las 
demás de por allí debajo de la Tórrida-zona y así es azá^ calorosa aunque no 
inhabitable. Antes fueron estas islas las más pobladas del mundo; pero las 
más de ellas asolaron con su insaciable codicia y su inaudita crueldad y tira- 
nía los españoles. Estuvimos medio día junto a esta isla, y un paso no andu- 
vimos con calma y así nos hartamos de verla. Así esta como Marigalante, 
como otras muchas de aquellas islas, aún se están pobladas de sus antiguos 
pobladores que llaman caribes, usan flechas y mortales yervas, con que nin- 
guno Se les escapa, y como ellos son muy sueltos y andan desnudos y la tierra 
es cerrada de arboleda y yerva y usan de aquellas armas crueles, son Señores 

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de sus tierras. Muchos Religiosos compadecidos de ellos deseaban que Dios 
les echase allí para remedio de aquellas almas que se pierden tan sin remedio. 
A la tarde con un poco de viento pasamos a la vista de los islas, que dejamos a 
la mano derecha, a la una llaman Guadalupe y es grande, a la otra llaman los 
Frayles, ésta es toda de montecitos y por eso la llamaron asi; creo yo es tan 
hermosa y fresca, que convida a dar gracias a nuestro Señor, y comunmente 
todas estas islas lo son, fresquísimas y muy verdes todas, y en todo tiempo, 
aunque axjuella frescura no es tanta andando por ellas porque son grandes yer- 
vasales y matorrales. Este día sacó la Capitana sus banderas y sacó toda su 
gente por el navio concertada y tiró muchos tiros, que nos dio placer de verlo. 
Mucho se espantaban los marineros de que en el Golfo donde en este tiempo 
suele haber calmas, tuviésemos tan próspero viento, y entre las islas donde 
jamás suele faltar, padeciésemos nosotros trabajos de calmas; y así tardamos 
mudho más de lo que pensamos hasta llegar a la Isla de Santo Domingo, Con 
gran trabajo de calor y sed íbamos por aquí, por las calmas que hacía, y el 
viento comunmente era casi contrario cuando alguno hacía, pero templábalo 
nuestro Señor con la vista de aquellas hermosas islas. Yendo así un domingo 
en la tarde fuimos a pasar por un lugar que los marineros llaman el pasage 
y entre unas hermosas islas, una está a la mano izquierda que llaman Santa 
Cruz y a la derecha están muchas que llaman las Vírgenes ; y por medio de ellas 
pasan los navios que está en medio de aquella canal una alta y poderosa peña 
blanca, que podrá tener hasta 100 pasos en contorno, puesta por la mano del 
que crió todas las cosas. Parece desde lejos un hermoso navio que navega 
tendidas todas las velas. Mucho nos holgamos de ver todo esto y dimos 
gracias al que para esto dispuso aquello así. La noche siguiente y el lunes y 
el martes estuvimos en calma con gran sed y calor y gran fatiga, y estábamos 
ya a vista de la isla de San Juan de Puerto Rico. Este martes nos hallamos 
juntos con la nao de Fray Agustín, y supimos como él y otros dos iban mal 
dispuestos y pidiéronnos vino y otras cosas de refresco y pasaron a nado dos 
mancebos para los llevar pero no se las dimos porque quisiéronselas ir a llevar 
a otros dos mancebos de los pasajeros de nuestro navio con la respuesta de la 
carta que los otros habían traído. El Padre Vicario les envió una botija muy 
grande de vino y otra botija con pasas y almendras y otras cositas; echáronse 
pues aquellos dos hombres a nado llevando un cabo de un cordel y yendo 
nadando sopló un poco de viento y apartó mucho los navios, estando los hom- 
bres en el medio camino. Sin duda nos vimos bien penados ; temiendo que 
aquellos hombres perecieran' pero socorriéronlos del otro navio ec'hándoles 
unas vigotas atadas a sogas y así ayudados llegaron al navio y ataron un cordel 
al cabo del que llevaban y tiramos nosotros y trajímoslo a nuestra nao y atá- 
mosle las botijas y así las pasaron al otro navio. Después se volvieron a juntar 
las naos y se pasaron los que de la nuestra habían salido contando de la angus- 
tia en que se habían visto. El miércoles en la tarde llegamos en par de la 
ciudad de San Juan de Puerto Rico y pasamos a vista de nuestro Convento 
que está fuera de la ciudad y es muy blanco y hermoso; desde allí se apar- 
taron de nosotros las naos y caravelas que iban allí guiadas y aun otras muchas 
porque se les había muerto mucha gente, otra también porque hacía mucha 
agua, y así no quedaron en nuestra armada sino fueron 12 naos y una caravela 
y algunas con gran necesidad de agua, y parecióle al General que no la debía- 

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mos tamar allí sino pasar al Puerto de San Germán, que es en aquella misma 
isla, 35 leguas más adelante y así caminábamos costeando aquella hermosa 
isla y bendiciendo al que la crió que cierto su hermosura es tanta, que ni 
España, ni con pincel no se puede pintar; lo mismo es de las otras. 

Iban de muy mala gana algunos Pilotos a San Germán por parecerles 
que Santo Domingo estaba cerca y porque algunos no sabían aquel Puerto 
especiamente los de nuestra nao, aunque el Puerto es tan grande que pueden 
estar 10,000 navios en él, por lo cual vienen allí muchas veces franceses y 
roban y queman un pueblezuelo de españoles que allí está y los españoles se 
escapan yéndose al monte hasta que los franceses se van. El viernes no 
quisieron llegarse al Puerto por las razones didhas y luego faltó la marea que 
los marineros llaman embate; c] viernes bien de noche echamos las áncoras 
bien lejos de tierra y de los otros navios que estaban surtos junto de tierra. 
Otro día de mañana echaron fuera el batel y sa'taron en tierra el Padre Vicario 
y el viejo Fray Rodrigo y alguna gente del navio, también salieron algunos 
Padres de los otros navios y algunos se volvieron al navio a comer por ver el 
mal aliño que había en tierra; de los nuestros que volvieron a la noche diré 
lo que supe de aquella tierra. Dicen que hay un pueb'ezuelo de españoles, 
pequeño, tienen las casas de tablas y la Yglesia también, hay una casita de 
nuestra Orden también muy pobre, de tablas, donde hallaron dos Religiosos 
y el uno enfermo ; no tuvieron que les dar de comer sino casavé y ají y algunas 
frutas de la tierra; Fray Rodrigo que conocía el manjar entró en él; el Vicario 
volvió al navio muerto de hambre; trajéronnos de las frutas de la tierra, entre 
las cuales la más principal es la pina y aunque todos los españoles e indios la 
loan y precian, nosotros no la pudimos meter en la boca porque su olor y sabor 
nos pareció de melones pasados de maduros y asedos al sol; trajéronnos 
también plátanos; son una fruta larga comunmente de un palmo, algunos 
menores, otros mayores, son casi como la muñeca de gordos y en los estremos 
casi parecen morsillas atadas, y cuando están muy maduros lo parecen también 
así en el color corneo en estar algo conservados, tienen un cuero a modo de 
carnero : desnúdaseles f ájcilmente, quedan dentro blancos que tiran a amari- 
llos. Es una muy gentil fruta cruda y azada y en cansuela y guisada y como 
quiera, estos pasados son como muy gentiles higos pasados; pero al principio 
éranos fruta muy asquerosa, parecía en la boca como ungüento, o cosa de 
botica; trajéronnos también guayabas, son verdes que tiran a amarillas, son 
como duraznos llenas dentro de granulas que se tragan sin quebrar, y aunque 
es buena fruta en las islas españolas, pero a los que vienen de Castilla les 
yede a chinches y les parece abominación comerlas. Trajeron también bata- 
tas, éstas son raíces que se crían debajo de la tierra como nabos, algunas son 
blancas, otras coloradas, cómense asadas y cosidas, tienen el sabor en nada 
diferentes a castañas asadas y cocidas, así nos supieron bien: el casaví es el 
pan común de esta tierra y de raíz de unas matas como delentiscos, aunque 
no lo parecen en la hoja y aquellas ramas siembran y arraigan y echan mazorca 
debajo de tierra y aquella mazorca es ponzoña que mata; pero mójanlo y cx- 
prímenlo y el zumo aunque crudo es ponzoña, pero con unos cocimientos 
hacen miel de ellos y vinagre; sacado el sumo, queda como acerraduras de 
tablas y después de curadas échanlas en un gran plato de barro sobre el fuego 
y finalmente se cuaja y se hace como una tabla no muy fácil de quebrar si 

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es reciente, si es delgado es pasadero mojado en leche o en cocina y algunos 
lo tienen por manjar excelente; pero como la gente común lo come duro y 
grueso es como quien masca acerraduras de tabla, si lo mojan es tolerable, 
ello es muy ruin comida y hincha mucho y sustenta poco; este es el pan de 
esta tierra y la comida de los naturales de ella era de este pan con axi, que 
llaman en Castilla pimienta de las indias desleída en agua y aun con esta 
pasan los españoles que no tienen más, aunque ya tienen tanta carne que no 
vale una vaca más que un ducado, que es el valor del cuero. Esto se queda 
dicho para la isla de Santo Domingo; con lo que más nos holgamos fué con 
mucha agua, que trajeron tanta, que bebíamos sin taza y nos labávamos con 
ella el rostro y dábamos a los que no tenían. Luego aquella noche alzaron 
velas y navegamos hasta el lunes en la noche y por no osar tomar Puerto estu- 
vimos sin velas. Otro día venido el embate o marea proseguimos : primera- 
mente nos pusimos a la boca del gran río de la ciudad e isla de Santo Domingo, 
o la española por otro nombre. Después que entramos y pasamos de la 
fortaleza y saludamos la tierra, con muchos tiros, como es costumbre, se vio 
la nao en gran peligro dé dar al través y hacerse pedazos, si Dios no pusiera 
su mano de por medio, porque iba a envestir en una roca y con gran fuerza 
del gobernalle la volvieron a gran prisa; después iba a envestir con la Capi- 
tana; pero subieron con gran prisa una vela y así se apartaron de nosotros. 
Esto acaecía por ser los postreros y querer los oficiales de nuestra nao ponerse 
en el mejor lugar. 



CAPITULO XXXI 



Llegada de nuestros Religiosos a la Isla de Santo Domingo y estada allí. 

Martes á 9 de Setiembre de 1544 á cabo de cuarenta y tres días que 
embarcamos en la Gomera, saltamos en tierra en la Ciudad de Santo Domin- 
go en la isla Española, y antes que saltásemos en tierra vino al navio, el su- 
perior de nuestra casa, que se llamaba Fray Antonio de León, hombre docto y 
zeloso, asi de la Religión como del bien de las Yndias y de sus naturales cono- 
cido nuestro porque habia estado meses en Salamanca informándose de 
dudas acerca de las cosas de esta tierra; y asi nos holgamos con él en estremo. 
Salidos todos en tierra fuimos todos en procesión á nuestra casa y al camino 
salió á recibir al Obispo y á nosotros, el Obispo de la isla de Puerto rico y otra 
mucha gente y llegados a la Puerta de nuestra casa comenzamos un Te Deum 
Laudamus. Luego salió allí el Padre Provincial de aquellas islas y el Prior de 
aquella Casa que se habia adelantado y todo el Convento, y hecha oración y 
tomada la bendición, abrazamos a nuestros hermanos y holgamonos de verlos. 
El Provincial nos recibió con gran caridad, y á muchos Frailes les quitó las 
zeldas y á otros les echó compañeros y asi nos aposentó a todos y muchas 
VGces nos sirvió á la mesa y fuera el Padre Superior nos labó los pies y nos 
regaló mucho y muchos días al principio el mismo servia á la mesa. El 
Padre Provincial mandó que todos comisiemos carne y dispensó también en los 
ayunos que luego entraron, porque veníamos muy necesitados de la mar, 

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Las camas eran ruines, porque no era mas que una tabla con una estera de 
eneas o espadañas encima y nose acostumbraba otra cama en aquella tierra 
ni en todas las indias entre nuestros hermanos y la causa de esto fué que 
como ya se habían promulgado las leyes de la libertad de los Esclavos, nó po- 
dian ver los españoles al Obispo mas que al Demonio, y conocíanlo ya en 
aquella tierra y sabían lo que siempre había tratado y trataba, porque siendo 
él Clérigo y gran favorecedor de los indios se metió Fraile en aquella casa y 
por venir nosotros en su compañía también nos mostraban mal rostro y no 
nos querían dar de comer y aun la comida del Convento por estar nosotros 
allí se había con dificultad, y asi se quiso ir el Señor Obispo á San Francisco, 
sino que alia concurría la misma razón ; después se ablandaron algo para con 
nosotros. Esta fué la causa que no tuvimos en aquella Ysla el regalo que ha- 
bíamos menester; especialmente al principio pensamos que la Virreyna nos 
hiciera mucho bien; pero aunque había sido mas que Reyna de aquella tierra 
y los mejores de ella eran sus criados, como ahora venia viuda y pobre y sus 
hijos no estaban allí y su hacienda estaba perdida, halló grandes lacerias y 
trabajos y casi por amor de Dios la mantenían; pero ella era tan cristiana que 
lo sabía todo sufrir con buen rostro. El Presidente de la Audiencia que se 
llamaba el Licenciado Cerrato, de quien después se hará mas mención, nos 
visitó luego, porque era grande amigo del Obispo y conocido del Padre Vica- 
rio y asi concertó lo que tocaba a los fletes muy á nuestro contento y consertó 
los Pilotos entre si, de suerte que todo paró en bien aunque el de nuestra nao 
armó grandes pleitos ; pero tuvo por bien de cortarlos y de ser nuestro amigo y 
visitarnos muchas veces él y todos los suyos, aunque el Piloto había jurado 
de no entrar en Monasterio en su vida. Este Monasterio de esta isla es muy 
religioso y fué fundado de Santísimos hombres de España, especialmente de 
Fray Pedro de Córdova de quien habrá memorias mientras esta Ysla durare 
y allí se criaron muchos y muy grandes Religiosos de gran virtud y santidad 
y hasta hoy hay mucha por cierto en aquella casa, aunque aquellos Santos va- 
rones primeros y segundos son ya acabados. Tiene muy buenos edificios y 
sacristía bien adornada y los amigos de pobreza que la orden ha tenido no so- 
lamente en sus personas pero en la Comunidad y en los edificios y ornamen- 
tos, tiene también buena huerta y hermosa vista de mar y de tierra; y aun- 
que en la comida se pasaba trabajo, con la recreación espiritual no sentíamos 
tanto la fatiga del cuerpo ; padécese en esta tierra gran sudor y calor de día 
y de noche durmiendo y velando y asi andan comunmente todos hambrientos 
por mucho que coman, porque la comida ya dije mas hincha que harta. Mu- 
chas cosas nos acaecieron aquí que por evitar prolijidad dejaré de contar; so- 
lamente diré algunas, mas porque no parezca qe. queda vacia la historia, que 
por ser cosas notables. Algunos días nos proveyó el Convento de todo lo ne- 
cesario y siempre nos dieron cuanto pudieron; pero como nosotros eramos 
cincuenta y dos personas sin el Obispo y su gente y las hmosnas eran pocas 
padecían los del gasto necesidad y asi nos hubimos de aprovechar del vino y 
harina y de otras cosas que traíamos para entremeter con g1 casabi y con otros 
manjares que no conocíamos; pero viendo que se nos acababa la provisión y 
uun quedaba buena parte del camino, acordó el Padre Vicario con el Padre 
Prior que un Fraile suyo y otro nuestro pidiesen siempre lo que habíamos me- 

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nester y ellos por si buscasen para sí, y como Fray Luís á quien cabían estas co- 
sas en suerte, era tan diligente y ya de nosotros se tenia noticia asi en el coro 
como en el pulpito, como en todo ayudábamos razonablemente; pareció tam- 
bién al Señor Obispo y al Padre Provincial y a todos que cada día hubiese 
una conclusión y asi la hubo desde que entraron los ayunos y era de lo tocante 
a las guerras y a la libertad de los indios esclavos, en que el Presidente enten- 
día con gran cuidado y con gran ánimo y contradicción de todo el mundo 
porque la gente de Yndias son dura cervicis y no muy buenos obedientes. 
Nosotros teníamos los generales