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in 2011 with funding from 
Universidad Francisco Marroquín 



http://www.archive.org/details/historiadelaprovinOOfrayguat 



BIBLIOTLoA "GOATHEMALA" 
de la Sociedad de Geografía e Historia 

VOLUMEN II 



HISTORIA 

DE LA 

PROVINCIA DE SAN VICENTE 
DE CHIAPA Y GUATEMALA 

DE LA ORDEN DE PREDICADORES 

COMPUESTA POR EL R. P. PRED. GEN. 

FRAY FRANCISCO X1MENEZ 

HIJO DE LA MISMA PROVINCIA 
De orden de N. Rmo. P. M. G. Fr. Antonio Cloché 



PRÓLOGO DEL 



BR. JORGE DEL VALLE MATHEU. 

De la Sociedad de Geografía e Historia 
de Guatemala. 



TOMO II 




GUATEMALA, CENTRO AMÉRICA 
DICIEMBRE DE 1930 



068969' 



v 



E1200-2m2c-12-30 



IMPRESO EN LA TIPOGRAFÍA NACIONAL. — GUATEMALA, CENTRO - AMERICA 



CWE 

972.81 

X 7 
v. 2. 



¿*- 







Facsímile sacado de un documento de 1719, que se conserva 
en el Archivo Colonial de Guatemala. (J. A. V. C.) 



PROLOGO 




Consideraciones sociológicas sobre el primer tomo de la HISTORIA 
DE LA PROVINCIA DE SAN VICENTE DE CHIAPA Y GUATEMALA DE 
LA ORDEN DE PREDICADORES. COMPUESTA POR EL R. P. PRED. 
GEN. FRAY FRANCISCO XIMENEZ HIJO DE LA MISMA PROVINCIA. 






Conferencia pronunciada en la Sociedad de "Geografía 
e Historip de Guatemala", el dia 15 de marzo de 1930. 




Honorable Junta Directiva. 



Señoras y señores. 



8 



4 



^ 



Pertenecer a una sociedad científica cualquiera, es motivo de honda 
satisfacción; pero ser miembro de la que propugna los estudios básicos en 
el conocimiento de nuestra sociología indoamericana, representa una fiesta 
espiritual. En ella me encuentro ahora que ingreso a la benemérita Sociedad 
de Geografía e Historia de Guatemala, y lo declaro lleno de gozo. 

Siempre he creído que la investigación histórica, en todo país, y prin- 
cipalmente en el que tiene reducido abolengo cultural, como el nuestro, es 
fuente prodigiosa de sugerencias, vale decir, de orientaciones, y por eso tie- 
ne un particular encanto para mí: de tal magnitud, que hubiera querido 
hablar en esta ocasión memorable sobre la importancia de la Historia, tema 
que creen manoseado quienes no penetran todavía en las nuevas rutas de 
aquella disciplina. Sin embargo, el motivo que paso a relatar me decidió a 
ofrecer un trabajo distinto, sobre el primer tomo de la Historia de la Pro- 
vincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, escrita a principios del siglo 
XVIII por el Padre Ximénez. 

Cuando pude leer esta joya bibliográfica que hizo editar la digna So- 
ciedad de Geografía e Historia, noté inmediatamente que faltaba la parte 
final, y que, por consiguiente, la obra era incompleta. Como tal publicación 
había sido tomada de la copia que hizo el señor don Juan Gavarrete, en el 



III 



lapso comprendido entre 1848 y 1875, según dice el distinguido Vicepresidente 
de esta Sociedad, Licenciado don J. Antonio Villacorta C, en el prólogo del 
citado volumen, consulté en la Biblioteca Nacional aquella copia y pude cer- 
ciorarme de que adolecía del mismo defecto. Recordé, entonces, haber visto 
en el gabinete de estudio de mi antecesor José Cecilio del Valle, algunas 
hojas manuscritas muy antiguas que hasta ese momento no había podido 
identificar, y cuya redacción y tema eran análogos a los del libro de Ximé- 
nez, editado por la Sociedad de Geografía e Historia, que tenía en mis ma- 
nos; lleno de interés las consulté nuevamente, y al fin, con la natural ale- 
gría descubrí que formaban la parte final, absolutamente inédita, del primer 
tomo de la Historia de Ximénez. Esta parte final comprende la conclusión 
del capítulo LXXXI y el LXXXII, íntegro, titulado "Hace el Padre Fray Luis, 
viaje a España, y de allí por Nueva España a la Florida", donde se descri- 
ben las peripecias de Fray Luis Cáncer y su horrible muerte a manos de los 
naturales de la Florida, lo que hizo creer a los ambiciosos que solo por las 
armas podía someterse al natural. El Obispo las Casas refutó brillantemente 
esa opinión, diciendo que "nunca los indios hicieron mal a cristianos, sin 
que primero muchos agravios y daños incomparables hubiesen recibido 
de ellos". 

Hago constar que las páginas descubiertas, que contienen esto y mu- 
chas otras cosas importantísimas, son absolutamente autógrafas, lo cual com- 
probé gracias a un estudio de comparación entre la letra de ellas y la de 
otras producciones que Ximenez escribió con su puño y letra. 

Me permito ofrecer, pues, a la Sociedad de Geografía e Historia, co- 
mo una modesta ofrenda en el acto de mi ingreso a ella, la copia de dichas 
páginas, debidamente confrontada, que completará el primer volumen de la 
Biblioteca "Goathemala". 

No pretendo, al considerar el primer tomo de Ximénez, hacer una crí- 
tica extensa y detallada: quede esto para quien tenga conocimientos vastos 
de la historia precolombina y colonial de Centro América. Quiero tan solo 
considerar algunos puntos de importancia en la mejor apreciación de nues- 
tra Sociología. 

El Padre Ximénez, como todos los historiadores ilustres, refleja su 
época en la obra que escribió y debo comentar. Por eso, no se conforma en 
su totalidad con la idea de la Historia posteriormente expuesta por José Ce- 
cilio del Valle en la forma siguiente: La Historia de una nación es un curso 
de ciencias morales, políticas y económicas. Presenta el cuadro del país don- 
de se han unido los hombres para vivir en sociedad : indica su clima, aguas, 
vientos, producciones, etc. : descubre el origen primitivo del Estado : mani- 
fiesta las formas de gobierno que ha adoptado sucesivamente, las leyes 
que se han dictado o recibido, y las influencias de su sistema físico y político 
en la moralidad, ilustración y riqueza de los pueblos : desarrolla la cadena 
de sucesos derivados unos de otros y ligados todos entre sí, los progresos o 
retrocesos, las causas que dan impulso a los primeros o producen los se- 
gundos (1) 



(1) Obras de José Cecilio del Valle, compiladas por José del Valle y Jorge del Valle Matheu. 
Tomo /, Pág 110. 

IV 



Sin embargo, Ximénez tiene el mérito, aparte de otros muy relevantes, 
de haber descubierto y traducido el famoso manuscrito de Chichicastenango, 
lo que basta para enaltecer su memoria; y además dedujo conclusiones acer- 
tadas sobre la conquista de Guatemala, aunque de preferencia su pluma des- 
cribe y no analiza; afirmación que no es una censura al gran historiador, 
sino el panorama de su época, que como todas, determina ciertas corrientes 
en los pensadores. Por esa razón, el trabajo de quienes nos hallamos en otra 
época social, consiste en actualizar aquellas narraciones, interpretándolas y 
coloreándolas de acuerdo con una nueva verdad, tan relativa y mudable co- 
mo la que creyó seguir el ilustre dominico. 

El primer tomo de la historia aludida de Ximénez, comprende dos li- 
bros: en el primero se traduce la notable Biblia quiche, que es, según la 
valiosa opinión del sociólogo Bancroft, citada por el Licenciado Batres Jáure- 
gui, "el más rico legado cosmogónico del Nuevo Mundo". {i) Desde el capí- 
tulo XXII, dicha historia hace una crítica de esta Biblia, y en el XXXVIII em- 
pieza a describir la conquista de Guatemala, terminando el libro con la fun- 
dación de la ciudad de Santiago de los Caballeros en el Valle de Almolonga. 
El libro segundo se contrae a demostrar que los dominicos fueron los primeros 
evangelizadores en el Reino de Guatemala, y describe la escisión entre con- 
quistadores y religiosos: avaros y crueles los primeros; benéficos los segun- 
dos. Sin desconocer el gran valor de este libro, creo que es mayor el del pri- 
mero, que brinda al lector la psicología de los primitivos pobladores y due- 
ños de Guatemala, impresa en el Popol Vuh. 

De esta Biblia famosa, conozco varios estudios interpretativos, y sin 
embargo ninguno satisface las exigencias de la sociología moderna, que ex- 
plica la mentalidad de los grupos humanos como resultante de los medios de 
producción que poseen. En el Popol Vuh, encontramos la mentalidad indíge- 
na en todas sus múltiples manifestaciones; pero la no aplicación de aquella 
regla sociológica fundamental, impide encontrar la causa que la produjo, y, 
por ende, la visión plena del origen que tuvieron las costumbres, cultos y 
creencias indígenas. Hasta ahora, el Popol Vuh ha sido interpretado espiri- 
tual y religiosamente, mas no con un criterio económico. Pienso que esta 
última interpretación es la que más interesa al sociólogo, y voy a bosquejar 
algunos de sus aspectos, ya que no puedo tener pretensiones en un asunto 
superior a mis conocimientos. Desde luego, haré este trabajo dentro del 
tema que he pensado desarrollar. 

En primer término, se observa que los indígenas aplicaron ciertas le- 
yes hebreas y tuvieron conocimiento de la Biblia, como lo reconoce Ximénez, 
afirmando que es probable su origen hebreo. En realidad de verdad, esto se 
prestaría a un larguísimo comentario y debo apuntar nada más, para ceñir- 
me a la extensión de un discurso, que la marcada analogía entre la Biblia y 
el Popol Vuh pudo existir independiente del contacto hebreo-indígena, debido 
a las condiciones económicas similares de ambos pueblos, que produjeron 
movimientos anímicos parecidos. . . Esta es una simple y personal hipótesis, 
ya que no se ha ensayado todavía la interpretación económica de aquellos 



(2) 'Guatemala Literaria". Núm. 10. de í? de octubre de 1903, Pág. 419- 

V 



monumentos literarios. Lo que sí puede constatarse es la influencia de la 
naturaleza que rodeaba a los indígenas en las concepciones metafísicas del 
Popol Vuh. Terrenos quebrados y volcánicos, ríos, caminos tortuosos, selvas 
obscuras y hier áticas, van pasando ante los ojos en admirable desorden: el 
misterio de la naturaleza explica el misterio de la vida indígena, y los me- 
dios de producción indígena la justifican. El período económico en que se 
hallaba esta gente, era el de la caza y la pesca; los animales satisfacían sus 
necesidades en dos formas: como alimento y como servidor. Ved aquí 
la causa del culto de que hicieron objeto a los animales que desempeñaban la 
segunda función, y cómo la necesidad alimenticia les obligó a justificar la 
muerte de los que desempeñaban la primera, diciendo que sus dioses, es 
decir, ellos mismos, les ordenaron devorarlos porque no exaltaban la divini- 
dad. Se nota claramente que esta exigencia económica les hizo crear intér- 
pretes de su propia idiosincrasia: estos intérpretes fueron sus dioses; y los 
nombres que les dieron, confirman el influjo mesólo gico en la ideología pre- 
colombina de Guatemala: Ucub Caquix, dios del mal, quiere decir siete gua- 
camayas; Hunahpu, padre del anterior, quiere decir tirador de cerbatana; 
Cabracan, hijo del primero, es el nombre que daban al temblor de tierra y 
quiere decir dos pies, etc., etc. En general, todos los nombres de animales y 
cosas que se encuentran en el Popol Vuh, son propios de este país; y es que 
la naturaleza, aunque susceptible de modificación por la fuerza humana, 
influye directamente en la mentalidad social. Pero lo que demuestra con la 
mayor claridad el origen económico de su psicología es la creencia que tu- 
vieron de la formación del hombre: 

Los dioses hicieron primeramente a los animales, y como éstos no 
podían ensalzarlos, el enojo divino los destruyó. Después quisieron formar 
al hombre de barro, pero tampoco les satisfizo porque no tenía vida. Consul- 
taron entonces con dos viejos, abuelos del Sol y de la Luna, sobre el ma- 
terial que debían emplear en la formación del hombre, y estos venerables 
viejos, después de practicar sortilegios con granos de maíz, hicieron la si- 
guiente invocación: "Ea Sol, ea Luna: júntense y declaren si sería conve- 
niente que el Criador forme al hombre de palo, y si es éste el que ha de ser 
sustentado después de ser formado..." También inquirieron la opinión del 
corcho y del maíz, quienes respondieron que el material era excelente; y así 
el hombre fué hecho de palo. Mas todavía no era perfecto: crecía y se mul- 
tiplicaba sin conciencia ni talento, olvidando a su criador. Los dioses, llenos 
de ira, le mandaron cruelísimos castigos, "y así", dice el Popol Vuh, "fueron 
destruidos y todos aquestos hombres, quedando solo las señales de ellos que 
fueron los micos, que andan ahora por los montes, porque fueron hechos de 
palo por el Criador; y así el mico se parece al hombre porque es señal de 
otra gente que hubo sobre la tierra, la cual fué hecha de palo". Esta creen- 
cia es una revelación maravillosa: demuestra que los quichés fueron precur- 
sores de la discutida teoría de Darwin. 

Como el hombre había nacido imperfecto en los anteriores ensayos, 
pensaron los diosos utilizar en su formación otra materia: 4 animales les 
hicieron conocer un lugar paradisíaco, abundante en maíz, cacao y frutas; 
y tomando entonces algunas mazorcas del primero, formaron cuatro hom- 

VI 



La causa económica de estas creencias religiosas se ve muy clara: el 
maíz, alimento fundamental de los indígenas, hizo posible la vida: sin él, los 
hombres tuvieron una existencia deleznable, y por consiguiente, su descu- 
brimiento es la base del desarrollo precolombino de Guatemala. He aquí por- 
qué los indígenas no concibieron que sus dioses fabricaran un hombre per- 
fecto sin emplear el maíz; y, naturalmente, si otro hubiera sido su alimento 
principal, v. gr. el trigo, veríamos afirmar al Popol Vuh que el hombre fué 
hecho de harina. . . 

Tal la importancia del maíz en nuestra historia precolombina, que 
Vernon C. Allison, citado por el distinguido historiador y amigo, Licenciado 
Virgilio Rodríguez Beteta, manifiesta que la enorme producción de maíz en 
cierta época, determinó la civilización de los mayas, y la pequeña producción, 
su abatimiento; es decir: maíz abundante, civilización maya; maíz escaso, 
decadencia maya. (3) 

Hay que reconocer también la importancia del factor económico en las 
plegarias indígenas. No pedían bondad espiritual a sus dioses sino salud, 
lluvias que fertilizasen el suelo, buenas cosechas, y lo que contribuía en ge- 
neral a satisfacer sus necesidades económicas. Por eso, en el acto de los 
sacrificios, oraban llenos de fervor ante el supremo Dios y decían: "Señor, 
acuérdate de nosotros que somos tuyos, dadnos salud, dadnos hijos y pros- 
peridad para que tu pueblo se acreciente, dadnos agua y buenos temporales 
para nos mantener y que vivamos; óyenos nuestras peticiones, recibe nues- 
tras plegarias y ayudadnos contra nuestros enemigos, dadnos holganza y 
descanso". 

Los medios de producción que poseían los indígenas, rudimentarios 
aunque no primitivos, explican su régimen de propiedad privada, y éste, su 
constitución familiar. También explican los medios de producción aludidos, 
el rito sagrado de los sacrificios humanos: los indios no eran crueles: lo que 
ocurría era que su capital, deficiente y reducido, impedía una producción com- 
pleja y abundante: el hambre fué la consecuencia de todo esto, y originó el 
canibalismo, primero, y la esclavitud, después. Su moral, como la de todos 
los grupos humanos, arreglada a la economía colectiva, sancionó dichos pro- 
cedimientos, y por lo tanto, los indígenas obraron ceñidos al concepto del 
bien y fueron virtuosos. Sus hábitos familiares lo demuestran. El Padre 
Román, citado por Ximénez, dice refiriéndose a los niños indígenas: "Dor- 
mían en los portales no solo cuando hacían su ayuno, mas aún casi todo el 
año, porque no les era permitido tratar ni saber de los negocios de los casa- 
dos, ni aún sabían cuando habían de casarse hasta el tiempo que les presen- 
taban las mujeres porque eran muy sujetos y obedientes a sus padres y ma- t 
yores. Cuando estos mancebos iban a sus casas a ver a sus padres, tenían en 
cuenta que no hablasen los padres cosa que fuese menos honesta, porque 
los mozos y doncellas no oyesen alguna cosa de mal ejemplo y fuesen con- 
movidos a pecar o a deseo malo". Al respecto, mucho podían haber enseña- 
do los indígenas en moral y educación a los conquistadores españoles, por- 
que fueron éstos, a pesar de su cultura superior, quienes segaron en botón 



(3) "Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala", de marzo de 1929, Tomo V, 
Núm. 3, Pág. 251. 

VII 



el desenvolvimiento de los naturales, transformándolos por la fuerza y la 
rapiña. Ximénez lo reconoce lealmente, y dice refiriéndose a los que po- 
blaban "aquesta América": "fué tanta su rusticidad, respecto de nuestra 
policía, que llegaron a tenerlos por bestias e irracionales, aunque a la verdad 
no fué tanto el considerarlos tan brutos, cuanto depravada malicia de mu- 
chos de aquellos primeros conquistadores, como todas las historias vocean; 
que quisieron tomar motivos para saciar su codicia, de su simplicidad, cor- 
tedad y pusilanimidad ..." 

Los indígenas, antes de venir los españoles, temían justamente una 
invasión ultramarina porque habían sufrido otras, y la conquista les dio la 
razón: Los conquistadores no trataron de civilizarlos ni de destruirlos, sino 
de explotarlos salvajemente, y de aquí nació el horror y desconfianza de los 
indígenas a todo lo que fuese español, tan grande, dice Ximénez, que "por- 
que los ministros son españoles casi se puede decir que no creen lo que les 
dicen, poniéndolo siempre en duda; pero si otro indio como ellos les dice 
un disparate lo creen fijamente y corre entre ellos como si fuera mucha 
verdad; pero lo cierto es que son casi incapaces de ser ministros de la Igle- 
sia por sus ruines propiedades y natural inclinación a la embriaguez". En 
esto último, y en lo de las ruines propiedades, se equivoca el autor. Los in- 
dígenas no conocían el aguardiente de caña, sino la chicha, bebida mucho 
menos dañosa, y cuando rara vez se embriagaban era por un móvil religio- 
so. Oigamos al Padre Román, transcrito por Ximénez: "Si se emborracha- 
ban y bebían con exceso estas gentes, no lo hacían tanto por vicio, cuanto 
porque en esto creían que hacían un gran servicio a Dios, y así, el principal 
que se emborrachaba más era el Rey y los señores principales" . En lo que 
dice Ximénez de las ruines propiedades, de los indígenas, hay una marcada 
contradicción, ya que él mismo les reconoce muy bellas cualidades, por 
ejemplo las siguientes: "en su concierto, orden y Gobierno son muy forma- 
les, no se gasta entre ellos tanta quijotada, como entre nuestros españoles, que 
en teniendo cuatro reales ya no hay quien les hable: en viéndose con una 
varita ya son deidades; pero estos pobres aunque sean ricos, aunque sean 
alcaldes gastan la misma llaneza que los demás". 

¡Qué enaltecedores conceptos sobre esta raza que se cree inferior! 
Ved aquí al hombre sereno, afirmando en el siglo XVIII, lo que en el XX 
suele dudarse. 

Estas hermosas cualidades de los indígenas son fácilmente explicables 
fijándonos en su economía social: la naturaleza inculta y sugerente tuvo 
una intimidad enorme con aquellos hombres rústicos, amigos de los anima- 
les y de las plantas. . . Siendo lógico, entonces, que su espíritu fuese modes- 
to, respetuoso, y ajeno al egocentrismo europeo. 

En vista de esto, no se explica cómo Ximénez puede afirmar cate- 
góricamente que la divina providencia dispuso la escisión entre quichés y ca- 
chiqueles para que fuese posible la conquista. Lo que se observa es que hay 
poca unidad en algunos conceptos de la obra, ya que el autor, comprendien- 
do la crueldad empleada con los indígenas, no debió afirmar jamás que la 
conquista fuese obra providencial, aunque ella proporcionase un campo inex- 
piolado a los evangelizadores. 

VIII 



Sin embargo, ¡cuánta admiración produce la historia de Ximénez! 
En ella vemos la psicología indígena de remotas épocas: su brillante progreso 
y su degeneración después de la conquista; y tomando los datos que merecen 
crédito, y no los que impusieran al historiador su hábito y el siglo XVII, pue- 
do afirmar que es un guía de gran valor para el sociólogo que estudie a Cen- 
tro América. 

Manifiesta que la lengua quiche "es la principal que hubo en el Mun- 
do", lo cuál enaltece a Guatemala. Además, sus comentarios sobre la lucha 
entre el clero y los conquistadores, evidencian el origen de nuestra degenera- 
ción política. El conquistador, ansioso de oro y de explotación, y el religioso, 
principalmente el dominico, opuesto a tan ruines miras. De esta lucha da- 
tan nuestras desgracias, porque el indígena sufrió pacientemente después 
de infructuosas rebeldías, envenenando su alma con el acíbar de la mi- 
seria . . . 

Ni aún los vecinos de Guatemala estuvieron entonces libres de dis- 
gustos, provocándose así las residencias, que contribuyeron a empeorar la 
situación. Hablando de la que hizo Francisco de Orduña, dice Ximénez con 
mucho acierto: "No fué menos ruidosa la visita o residencia que aquese año 
de 1526 se hizo en esta ciudad por Francisco de Orduña, enviado por la Real 
Audiencia de Méjico a petición de los vecinos de Guatemala, a causa de las 
discordias que entre sí tenían nacidas de donde nacen todos los males, que 
es la codicia y la polilla de las Repúblicas que es no atender a la justicia dis- 
tributiva los que solo tienen el nombre de justicias. Esto procedía de que 
como el Adelantado don Pedro no les repartió a los que le ayudaron a ganar 
lo que tenía y quizás trabajado más que él, con igualdad lo que les pertenecía, 
ya de presas que tenían ellos por lícitas, ya los pueblos como Su Majestad 
había ordenado; había muchos quejosos, porque tomándose para sí los me- 
jores y mayores pueblos, a los demás les daba muchas veces lo inútil y que 
no tenía provecho ni sustancia. . ." Desde luego, con más razón y justicia se 
quejaban los infelices indígenas, explotados sin descanso, como se quejaron 
más tarde los criollos, porque eran los españoles y no ellos quienes sacaban 
provecho del natural, de la tierra y del comercio. ¿Qué iba a resultar de todo 
esto? La historia contemporánea de Guatemala tiene la palabra... 

Fijándonos en estas consideraciones, deducimos que la falta de uni- 
dad social que tanto daño ha causado a Guatemala, proviene de la ambición 
desenfrenada, causa netamente económica, y no de choques raciales o ideo- 
lógicos, como suele creerse. 

Los conquistadores españoles vinieron ávidos de oro y esclavos, y como 
los indígenas se encontraban en un período decadente de su evolución, fue- 
ron presa fácil. De tal manera, el espíritu de las dos razas no luchó: los in- 
dígenas defendieron tan solo su libertad y sus tierras, y así vemos que des- 

IX 



pues de sometidos, convivieron perfectamente y se mezclaron con los es- 
pañoles, apareciendo el mestizo. El choque racial supone la eliminación o 
aislamiento de una raza, como ocurrió en la conquista de los Estados Unidos 
de Norte América. Aquí, por el contrario, hubo compenetración de ambas. 
Se observa, pues, que la conquista de nuestros países no fué de raza contra 
raza: los españoles luchaban también entre sí por mezquinos intereses: la 
unión tampoco existía entre los indígenas, y los ejércitos conquistadores 
en d ran parte, eran ejércitos indígenas luchando contra indígenas. Ni si- 
quiera la prédica religiosa puede considerarse como encuentro racial, ya que 
los mismos conquistadores llegaron a odiar al clero cuando quiso oponerse a 
sus desmanes, y los indígenas veían con cierta simpatía a los religiosos, sus 
protectores.. Esto, lo que demuestra nada más, es que el interés económico 
priva aún sobre las ideas religiosas o morales. 

¿Dónde está el choque de razas entre un grupo que esclaviza y otro 
que defiende? Supóngase por un momento que los indígenas fuesen de 
raza blanca, ¿hubiera por esto variado el procedimiento de lucha en la con- 
quista? 

Siempre que una nación o un grupo de hombres desarrollan su acti- 
vidad para sojuzgar a pueblos débiles o bien para defender granjerias inmo- 
deradas, buscan la manera de darle todo el realce de justicia a su proceder, 
interpretando a su antojo ciertas palabras que por ese hecho ya no represen- 
tan nada: la principal de ellas es libertad. En la conquista, los que sometie- 
ron al indígena se creían dueños de "vidas y haciendas", y en tal carácter, 
oponerse a sus desmanes era, según ellos, atentatorio al libre usufructo de 
sus bienes. Posteriormente vemos que el pretexto de todas nuestras revo- 
luciones caudillistas, ha sido la libertad, comodín simpático, pero tan aleja- 
do de su significación, que casi se puede considerar como el arma de los ti- 
ranos. Así lo demuestra en una de sus bellísimas composiciones el notable 
fabulista guatemalteco (,,) Rafael García Goyena, al decir: 

Libertad, grita el Tigre, en todo caso 
para que por las plazas y las calles 
me pueda yo pasear sin embarazo. 
Libertad absoluta sin detalles, 
al mismo tiempo reclamaba el Oso 
para rugir por montes y por valles. 
Repite Libertad el cauteloso 
Jacal, poniendo su mirar ferino 
en el conejo débil y medroso. 
Tengamos libertad, dice el dañino 
Lobo para dejar la obscura gruta, 
y salir a las claras al camino. 
Demanda libertad la Zorra astuta, 
y que mueran el hombre y el Mastín 
para que pueda ser más absoluta. 



(4) Digo guatemalteco, porgue la Patria legal es secundaria cuando en ella no se ha formado el 
espíritu y el cerebro. 



Esa es la libertad, y seguirá siéndolo, como no se considere que signi- 
fica emancipación económica. 

De todas estas ligerísimas reflexiones, que otra persona más autori- 
zada que yo pude ampliar y completar, se deducen las sugerencias que pro- 
voca la Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, es- 
crita por el Padre Ximénez. 

La Sociedad de Geografía e Historia, al publicarla, ha prestado un 
nuevo e incalculable servicio a Guatemala y a todos los países indoameri- 
canos; y yo, al completar tan valiosa producción con las hojas autógrafas 
que descubrí, he contribuido modestamente a dicho servicio, lo que me llena 
de gozo. 

Quiero patentizar una vez más, en esta ocasión grata y solemne, la 
legítima alegría que experimento al considerarme socio de una entidad cuya 
labor benéfica sólo pueden negar los envidiosos o los necios. 

JORGE DEL VALLE MATHEU. 



En nota final del tomo anterior dijimos que el Capítulo LXXXI se 
hallaba incompleto en la copia de que nos servimos para su publicación. 
Gracias a la acuciosidad del Bachiller don Jorge del Valle Matheu, podemos 
ahora completar dicho Capítulo y publicar el LXXXII, con que Ximénes ter- 
minó el Libro II de su "Historia de la Provincia de Chiapa y Guatemala", 
documentos originales que dicho caballero encontró entre los papeles de su 
antecesor don José Cecilio del Valle y cuya copia entregó a la Junta Direc- 
tiva de la "Sociedad de Geografía e Historia" en el acto de su recepción 
como miembro activo de esta Corporación científica. 



Guatemala, marzo de 1930. 



/. ANTONIO VILLACORTA C, 

Vicepresidente de la Sociedad y encargado 
de la publicación del presente volumen. 



Continuación del Capítulo LXXXI del Libro II 



como se lo pagó, lo puede llegar a alcanzar; porque como todos los indios es- 
taban derramados en rancherías y la población mayor no llegaba a doscien- 
tos vecinos, eran las fatigas de los caminos y predicación mucho más dobla- 
das, andándolo todo y predicando sin cesar. 

El año de 37, como se ha dicho, fué cuando se abrió la puerta a la pre- 
dicación del Santo Evangelio de paz a la provincia de Tezulutlan, como que- 
da dicho arriba. Y habiendo despachado el cacique Don Juan a su hermano 
para que rogase a los padres que fuesen a su tierra, aunque vestidos de la 

XI 



simplicidad de palomas también se hallaban adornados de la prudencia de 
las serpientes, como mandó Jesucristo a sus apóstoles; y asi advertidos los 
religiosos, y temiendo de su fragilidad, no quisieron resolver la ida hasta que 
lo encomendaron a Dios por medio de muchas oraciones, ayunos y discipli- 
nas; lo cual hecho se resolvió que fuese uno solo, para que si fuese ardid 
para quitarles la vida no se arriesgase toda la mercadería en un lance. Esto 
resuelto, faltaba el determinar quien habia de ser el valiente Josué a quien 
Dios escojería para explorador de aquella tierra. E imitando a los apóstoles, 
después de muchas oraciones, ayunos y disciplinas — porque solo de este modo 
entendía su humildad que Dios les ayudaría y guiaría en sus acciones — lo 
remitieron a las suertes, y habiéndolas echado salió la suerte en este justo 
Matías o valiente Matatías, para que fuese el caudillo que primero pisase 
el suelo del enemigo y avasallase a Satanás, que se había apoderado del pue- 
blo de Dios redimido con su sangre; y viendo que en él había caído la 
suerte, se humilló más ante la divina Majestad por medio de la oración, mor- 
tificación y ayunos, suplicándole que sus deméritos no fuesen causa de que 
indignado Dios, cerrase la puerta de su misericordia a aquellas gentes, con 
que más fervorizado y fortificado con la obediencia que se lo mandó así 
para más mérito, expuesto a rendir la vida si menester fuese por la dilata- 
ción de la fe, tomó el camino de Zacapulas en compañía del hermano del ca- 
cique, experimentando en el camino las suavidades y misericordias de Dios, 
en el obsequio cariñoso de los que le acompañaban, continuos espías y ata- 
layas de todas sus acciones, pero como en todo el camino no dejase su cos- 
tumbre del ayuno, vigilias y oraciones con que instantemente pedía á Dios 
el buen suceso de su legacía, fue mucho crédito del Santo Evangelio, 
viendo cuan diferentes eran las obras de los ministros de Dios de las que 
habían oído de los españoles que tanto miedo y horror les habían puesto. 
Y si mucho fué el consuelo de su espíritu de ver el obsequio con que sus 
guías lo conducían, mucho mayor fue el que sintió cuando vio las fiestas 
y regocijos que hizo el cacique don Juan en su entrada, adornándole el ca- 
mino de arcos de flores, barriéndolo y regándolo de hojas de árboles verdes 
y de flores, con muchas danzas y bailes a su usanza, celebrando su venida 
con todos géneros de instrumentos y regocijos. 

Recibióle el cacique con toda veneración y reverencia, sin atreverse 
a levantar los ojos para mirar el rostro del Padre Fray Luis, respeto que 
guardaban con sus sacerdotes, afrenta cierta para nuestros católicos que coi_ 
tanto ultraje los trataban, fulminando causas y procesos contra ellos. Luego 
le mandó edificar una iglesia que se hizo con toda brevedad porque era poco 
el costo de los edificios de aquel tiempo, reduciéndose solo á unos horcones, 
cañas y lodo, y por techumbre un poco de paja. Y aderezado el lugar con 
la mayor decencia que se pudo y permitió el adorno que el Padre Fray Luis 
llevaba, celebró allí el Santo Sacrificio de la misa, cosa que no admiró poco 
y agradó mucho más al cacique, ver el aseo y limpieza con que se celebra 
aquel divino sacrificio, por ver la gran diferencia que había de los suyos 
á los nuestros: aquellos crueles y sangrientos, y ejecutados con toda inmun- 
dicia por unos sacerdotes inmundísimos, tiznados, sucios y llenos de toda 

XII 



asquerosidad; con lo cual más aficionado el cacique a la ley evangélica que 
luego le comenzó a predicar el Padre Fray Luis, determinó de recibir el santo 
sacramento del bautismo. Fué su entrada en aquella provincia por Agosto 
de este año dicho de 1537, y embelesado el Padre Fray Luis en la predica- 
ción del Santo evangelio, viendo cuan gratamente daban oídos el cacique 
y sus principales a su doctrina, y en darles a entender la seguridad con que 
podían venir á la iglesia, sin temor de que los españoles les molestasen en 
cosa, ni que serían encomendados a hombre alguno, sino que estarían debajo 
del yugo suave de los católicos Reyes. Y en instruir al cacique en los miste- 
rios de nuestra santa fe para bautizarlo, gastó hasta fines del mes de octubre. 
No era poco el cuidado que tenían sus hermanos en Guatemala, del 
suceso del Padre Fray Luis, cuyo buen éxito solicitaban ante Dios con con- 
tinuas oraciones, plegarias y todo género de mortificaciones. Bien consi- 
deraba el Padre Fray Luis este cuidado, y así, para no tenerlos más 
tiempo en aquella pena, determinó dar la vuelta a Guatemala a dar cuenta 
de su legacía, aunque con harto dolor de su corazón por haber de apartarse 
de aquellos hijuelos tan tiernos en la fe, que por el Evangelio había engen- 
drado para Jesucristo. Y llegado a Guatemala, no es decible el gozo que 
tuvieron de ver á su hermano sano y bueno, y con tan buenas nuevas, que pro- 
curaron celebrar con sacrificios, ofreciendo aquel banquete del ternero pin- 
güe del hijo de Dios, con hacimientos de gracias, cantando un tedeum 
laudamus todos llenos de lágrimas de gozo, de ver cómo el piadoso Señor ha- 
bía correspondido tan propicio a sus buenos deseos, para confusión de los 
que sentían que estas reducciones se habían de llevar por fuerza de armas. 
Y viendo cuan a las claras confirmaba Dios su doctrina que enseñó en su 
evangelio con la mansedumbre y paz con que debe predicarse, pues no es 
dable, ni puede caer en buen juicio, que la paz del Santo Evangelio pueda 
asentarse en corazones alterados y aterrorizados con la crueldad de la gue- 
rra, quiso luego ir a ver por sus ojos aquesta resurrección de Lázaro, hedion- 
do y podrido en la idolatría, el Padre Fray Bartolomé de las Casas y el Padre 
Fray Pedro de Ángulo, y el Padre Fray Luis quedó en Guatemala en la labor 
continua de la enseñanza de los indios, en compañía del Padre Fray Rodri- 
go de Ladrada, en cuyos empleos se ocupó con los demás religiosos, hacien- 
do sus entradas por turnos con todos los demás á la Provincia de la Verapaz, 
h? úa el mes de mayo de 1538, en que consultando el santo Obispo Marro- 
qum con nuestros religiosos el modo que se podía tener de enviar por reli- 
giosos de las dos órdenes de San Francisco y Santo Domingo a España," se 
resolvió que fuese el Padre Fray Bartolomé de las Casas, como más cursado 
en negocios de corte, y que llevase uno o dos compañeros. Y porque ido este 
con uno o con dos compañeros, quedaba otra vez la tierra invía e inacuosa, 
y que si se dejaba de la mano muy en breve se volvería a llenar de malezas, 
se dispuso que fuesen todos al capítulo que se había de celebrar en México 
por Agosto de aquese año a solicitar las licencias para que unos pasasen á 
España y otros trajesen compañeros para la obra de esta viña del Señor; 
y así se hizo, saliendo a 20 de Mayo de Guatemala el Padre Fray Bartolomé 
con el Padre Fray Rodrigo a dar cuenta de su viaje a sus hijos porque no 

XIII 



recibiesen alguna alteración y daño con su partida y que más útil les había de 
ser su ida que su quedada, como Jesucristo dijo a sus discípulos, y el Padre 
Fray Luis y el Padre Fray Pedro de Ángulo por los pueblos de Atitán, Tec- 
pán Guatemala, Tecpán Atitán, Tutunicapa, Quezaltenango y los demás, avi- 
sándoles lo mesmo para que no se alterasen con su partida, noticiándoles 
como iban a solicitar más compañeros para su bien y salud. Y así se eje- 
cutó juntándose todos en el camino a pié y con mil necesidades que pasaron 
en camino tan dilatado de más de 300 leguas, y por caminos tan ásperos, y 
despoblados. Llegados pues a México dieron cuenta al Prelado de lo que 
habían trabajado en la viña del Señor, confesándose con todo eso ciervos 
inútiles en conformidad de lo que manda Jesucristo en su Evangelio, con lo 
cual, y habiendo entendido el capítulo la gran sementera que tenían entre 
manos, y cuánto se necesitaba de obreros, dieron licencia al Padre Fray Bar- 
tolomé para que pasase a España llevando por compañeros al Padre Fray 
Luis y al Padre Fray Rodrigo de Ladrada; y viendo que quedaba solo para 
aquestas conversiones el Padre Fray Pedro de Ángulo, aunque se carecía 
mucho de ministros en México, estrecháronse cuanto pudieron y diéronle al 
Padre Fray Juan de Torres, y al Padre Fray Matías de Paz, que aunque mo- 
zos y de poco tiempo en la religión, daban grandes esperanzas con su gran 
virtud, de que serían grandes ministros del Evangelio, como el tiempo lo 
manifestó. Y no habiendo entonces coyuntura de embarcación para Espa- 
ña, por no perder tiempo, pasado el capítulo, dieron la vuelta a Guatemala, 
todos seis, esperando que hubiese mayor oportunidad por Puerto de Caba- 
llos, como la hubo. Y llegados a Guatemala a fines de aquese año de 38, 
fueron prosiguiendo su trabajo como antes con grandes medras de aques- 
ta cristiandad, hasta fines del año de 1539, en que habiendo navio que hicie- 
se viaje a Castilla en Puerto de Caballos, se embarcaron todos tres, Fray 
Bartolomé de las Casas, Fray Rodrigo de Ladrada y Fray Luis Cáncer, sin 
más matalotage ni aparejo que el de la providencia divina. Y llegados a Es- 
paña con próspero viaje a principios del año de 1540, luego se trató de los 
negocios que los llevaban, y el mayor, que era el alivio de aquestas pobres 
gentes, y los aumentos y creces de su Provincia de Tezulutlán, que como tra- 
bajo y fruto de sus sudores, la miraban con ojos de padre, de que dando 
cuenta a Su Majestad y del fruto que se había hecho y esperaba en ade- 
lante, no escaseó sus favores, antes a manos llenas les dio en las muchas 
cédulas que arriba quedan puestas. Y sucediendo la dilación del Padre Fray 
Bartolomé, como se ha dicho y más latamente se dirá en su vida, se deter- 
minó que viniese el Padre Fray Luis a traer los despachos y cédulas que 
Su Majestad había dado tan amplios para bien de aquesta cristiandad. Y 
resuelto que los religiosos franciscos que se habían juntado para esta Pro- 
vincia de Guatemala viniesen, se dispuso viniese juntamente con ellos el 
Padre Fray Luis Cáncer, como se ejecutó a principios de Febrero del año 
de 1541 ; y si los primeros fundadores de la Provincia del Santo nombre de 
Jesús de Guatemala, llegaron aquí con alguna noticia de estas lenguas, como 
dice el Padre Vásquez en su crónica, no las adquirieron en México, como 
su Padre dice que allá no había quien se los diese, porque todo lo que dice 

XIV 



es ficción como se le ha probado, y sin duda se la dio el Padre Fray Luis 
en el viaje, que como tan celoso de la salvación de las almas, viendo que 
venían a aquesta Provincia cuya lengua él sabía, no escasearía ni encubri- 
ría el talento que Dios le dio en la inteligencia de estas lenguas, por no caer 
en la maldición del que esconde el trigo en tiempo de necesidad, y gozar de 
la bendición que se promete a los que con franqueza lo reparten; y así no 
dudo que al Padre Fray Luis debieron aquellos Padres la lengua que su- 
pieron. 

Llegó el Padre Fray Luis a México con los demás religiosos de San 
Francisco por el mes de Mayo según buenos cómputos, pues si se embarca- 
ron en San Lucar, como dice nuestro Remesal, a principios de Febrero, no 
pudo ser sino que ya Abril estaba muy adelante cuando llegaron a la Ve- 
racruz, y así, por Mayo fué sin duda la llegada de todos a la ciudad de 
México. Allí presentó el Padre Fray Luis todos sus despachos en la Real 
Audiencia, y el Virrey, para que se les diese el pase en la Real Audiencia, 
con esto y negociar el Padre Fray Luis algunos indios cantores para 
su provincia de la Verapaz, aunque solo pudo conseguir algunos pocos 
que le dio un santo Gurdián junto a la ciudad de La Puebla. Tengo por 
sin duda que también haría compañía o sería muy poca la diferencia que 
se llevó con los religiosos de San Francisco, porque todos llegaron a Gua- 
temala después de la ruina de la ciudad ; aunque más creo que vinieron to- 
dos juntos, porque como negociados, aviados y dirijidos por negociación del 
Padre Fray Bartolomé de las Casas, que los despachó, y al Padre Fray Luis, 
no hay duda que como habían venido juntos en el viaje de la navegación co- 
mo profesores todos de tanta virtud y religión y hermandad de religiones, 
y como ya practicó el Padre Fray Luis en la tierra y en estos caminos, no 
se apartarían de tan buen director y guía como les había deparado Dios. Y 
profesándose tanta unión y hermandad entonces entre las dos familias, y 
siendo su preceptor en la lengua el Padre Fray Luis, no es dudable que 
todos vinieron juntos. 

Fue recibido el Padre Fray Luis de sus hermanos, el Padre Fray Pe- 
dro de Ángulo, Fray Juan de Torres y Fray Matías de Paz, con los mayores 
júbilos de alegría espiritual que humana lengua puede explicar, porque ade- 
más de ser uno que valía por muchos para la viña del Señor, y haberle 
Nuestro Señor comunicado tantos talentos de virtud y letras, porque fue 
de los más realzados de aquel tiempo, y haber sido el Alférez mayor de Je- 
sucristo, levantó banderas por el supremo Rey en la Provincia de la Vera- 
paz. Fué además de todo esto muy celebrada su venida por los despachos 
que traía del Emperador, aunque por entonces no se pudieron ejecutar, res- 
pecto de hallar muy inmutada y casi perdida la nueva cristiandad de la Vera- 
paz, respecto de que luego que llegó el Adelantado Don Pedro la vuelta de 
España por Septiembre de 1539 sin guardar respeto a la palabra real que es- 
taba empeñada a los indios de la Verapaz por el Licenciado Maldonado, de 
que no se encomendarían a persona alguna sino que serían de la corona real, 
encomendó el pueblo de Cobán a un Varahona, no dejándole a Su Majestad 
ni aquestos vasallos que no le había él conquistado, en que mostró más su des- 

XV 



lealtad al Rey, no dejándole ni permitiéndosele dejara ni un vasallo, a cuya 
causa se amotinaron los indios y estaban como de guerra, sin atreverse nadie 
i entrar en la Provincia, ni ellos querer acudir a su encomendero con servicio 
alguno. Temieron los religiosos que como autores de este negocio los ten- 
drían los indios por falsos y engañosos, y que lo que les habían prometido 
todo era fraude y engaño, y así, desde que los encomendaron no entraron 
allá los religiosos, aunque no apostataron ni dejaron la fe que habían reci- 
bido, y así enviaban indios a nuestros religiosos a Guatemala que aprendie- 
sen la doctrina y enseñados aquellos venían otros ; y aunque vinieron los des- 
pachos que se han dicho, no se pudo hacer cosa por la gran contradicción 
de los españoles que habían llevado muy a mal aquesta reducción de paz, 
por los intereses que entendían perder. Y así el Padre Fray Luis con los 
demás fueron prosiguiendo la obra de la enseñanza y doctrina de estos in- 
dios de las Provincias de Guatemala como antes, ayudándose de los reli- 
giosos franciscos que habían venido en tan dilatada viña. Pero fue Nues- 
tro Señor servido que viniesen nuevos despachos de Su Majestad, y en ellos 
las nuevas leyes que Su Majestad remitió al Padre Fray Pedro de Ángulo, 
que llegaron a Guatemala con los privilegios puestos arriba a los caciques, 
por el mes de Mayo de 1544; y pudiendo ya más bien comprobar su ver- 
dad para con aquellos indios, el Padre Fray Luis se fué luego al pueblo de 
Rabinal con el Padre Fray Juan de Torres, y desde allí envió embajada a 
los caciques y Señores de su venida y de los despachos que traía; y ha- 
biendo venido al reclamo de su pastor que los había sacado de las bocas de 
los lobos y certificados de la verdad y fidelidad que los religiosos profe- 
saban, lo recibieron con notables júbilos y alegrías, conque se iba adelan- 
tando más aquella cristiandad, penetrando aquellas montañas y reduciendo 
muchos pueblos que hoy se hallan incorporados en la ciudad de Cobán y los 
de San Pedro y San Juan Chamelco, reduciendo a su cacique Don Juan, 
que fue Gobernador de toda la Verapaz, cuyas hazañas merecían ser histo- 
riadas por pluma muy remontada, pero se irán haciendo memoria de algu- 
nas en el progreso de la Historia, porque se ha hecho mucho lugar en ella 
por su gran cristiandad y valor en que hizo ventaja a muy señalados ca- 
pitanes. 

En estos ejercicios y en la doctrina de las demás gentes, y ayudar a 
la fábrica del convento que se iba ya haciendo en Guatemala, gastó hasta 
fines del año de 1545, que viniendo el Padre Fray Tomás Casillas a Guatema- 
la á ver esta Provincia, y deseando enviar por religiosos a España para que 
ayudasen a tanto trabajo, no halló sujeto más á propósito para el caso, por- 
que además de su gran religión y letras era dotado de suma prudencia para 
saber gobernar los negocios ante tan gran Majestad como la del Señor en 
que era; Y así se lo llevó consigo para Chiapa, para de allí despacharlo. En 
Chiapa le halló su antiguo compañero el Señor Casas cuando volvió del viaje 
de Gracias á Dios, y como quien le tenía tan experimentado en el viaje que 
con su Señoría había hecho a España, aprobó el buen dictamen del Padre 
Vicario Fray Tomas Casillas, quien convocando á todos sus religiosos al Pue- 
blo de Chiapa, propúsoles la necesidad que tenían de ayuda de sus herma- 

XVI 



nos para poder tirar la red que ya parece se rompía por la multitud de pe- 
ces que se habían pescado, y otras cosas que les pareció convenir para la 
conservación de la compañía y bien de los indios ; y así, ofreciéndose enton- 
ces el viaje del Señor Obispo a la Junta de México, se fue con el Señor 
Obispo , habiéndole dado el Padre Vicario su bendición. 



CAPITULO LXXXII 

Hace el Padre Fray Luis viaje á España y de allí por Nueva España á 

La Florida. 

Llegado que fué en México el Padre Fray Luis en compañía del Señor 
Obispo, asistió en aquella Junta como tan buen letrado que era, pero dolíale 
el corazón, ver que no se trataba el punto principal de la libertad de los in- 
dios y que fuesen sacados de la miserable esclavitud en que estaban ; y aun- 
que el Señor Obispo se lo tenía en cuidado, fue mucha parte para con el 
Señor Obispo para que hablase con tanta resolución en aquel sermón que 
queda dicho arriba que tuvo delante del Virrey Don Antonio de Mendoza. 
Además de encomendar este negocio instantísimamente á Dios en muy fer- 
vientes oraciones, y concedida la licencia por el Señor Virrey y Visitador para 
que tratase el Señor Obispo este punto con los teólogos y juristas que se 
habían juntado, el Padre Fray Luis, como tan docto y experimentado por 
muchos años en las cosas de los conquistadores, mantuvo con gran tesón la 
justicia que asistía a aquestos pobres desvalidos y destituidos de todo am- 
paro, y fue mucha parte para que la Junta toda detestase la esclavitud de los 
indios y otras muchas demasías, de que resultó hacerse aquel memorial que 
se remitió a todas partes para el gobierno de los confesores en las confesio- 
nes de los conquistadores. Concluido un negocio tan grave y de tanta con- 
secuencia, é importante para la salud de tantas almas, tomando el Señor 
Obispo última resolución de pasar á España, le hizo compañía el Padre Fray 
Luis, llevando los mismos compañeros en este viaje que cuando salió de Gua- 
temala, permitiéndolo así Dios para consuelo de todos á quienes igualmente 
sugería el mismo espíritu de Dios de solicitar la salvación de las almas y el 
alivio de aquestos pobres. Embarcáronse todos en el puerto de la Veracruz 
á principios del año de 1547, yendo juntamente con ellos el Padre Fray Jor- 
dán de Piaponte, uno de los religiosos primeros que trajo el Padre Fray To- 
más Casillas y vinieron con el Señor Obispo, á quien el Virrey mandaba 
salir de la Nueva España por lo muy alto que resonaba la voz de aquel clarín 
del Evangelio contra los desórdenes de los conquistadores, gozando en esta 
vida el ser bienaventurado por verse perseguido por la justicia de aquestas 
pobres gentes. Todos cuatro llegaron con próspero viaje á España y diri- 
jiéndose á la Corte que entonces estaba en Valladolid, no hallaron en ella al 
Príncipe Don Felipe, pasaron á Monzón de Aragón á donde estaba Su Alteza, 
y se trataron los negocios que todos llevaban : el Señor Chis-ded, remedio de 

XVII 



tantos males ; y el Padre Fray Luis, de negociar religiosos que traer á la Pro- 
vincia de Guatemala, y lo demás que llevaba á su cargo. Estando tratando 
en esto con gran fervor, le interrumpió estos negocios el mayor que Dios 
le tenía prevenido : que regase con su sangre aquella tierra árida y seca de 
la Florida, para que pudiese fructificar, y darle la corona tan deseada del 
martirio, para cuya inteligencia es de saber: que la Provincia de la Florida 
es una misma tierra firme con la de la Nueva España, corriendo la vuelta al 
norte y va a acabar al cabo de Labrador. Tiene de frente á la isla de Cuba 
que le cae a la parte del oriente, y su principio es una punta de tierra que sa- 
le al mar, que se llama Cabeza de los mártires. Entre esta punta de los már- 
tires y la isla de Cuba corre la canal de Bahama, que es el desembocadero 
por donde los navios salen a mar ancha la vuelta de España. Corre la canal 
norte sur y deja a mano izquierda la tierra de la Florida. Descubrió aquesta 
tierra el año de 1512 Juan Ponce de León, quien perdido entre aquellas islas 
fue á dar allí la pascua de flores y así la llamó la Florida. Y pensando hallar 
allí grandes riquezas, fue á España y con intercesión de Nicolás de Ovando 
y de otros, consiguió el gobierno de la Florida, y para ir á aquel descubri- 
miento y conquista armó tres navios el año de 1515, y tocando en la isla que 
se llama de Guadalupe, echó alguna gente en tierra á hacer leña y agua, y 
saliendo los caribes que estaban en celada, los acometieron y mataron los 
más de los que habían salido á tierra, con este principio fue á la Florida y to- 
mando tierra y tratando de hacer una población, juntáronse los indios que 
son muy feroces, y dándole cruda guerra lo desbarataron matando á mu- 
chos, y con esto se retiró mal herido a Cuba, donde acabó su vida casi ra- 
biando del veneno que llevaba la flecha que le hirió, y así acabó él, y todo 
su caudal que había juntado como Dios sabe. 

Muerto Juan Ponce, pretendió aqueste gobierno y conquista un Her- 
nando de Soto, conquistador del Perú, de quien dice Remesal que era tan 
político, que enviando a dar cierta embajada Don Francisco Pizarro al Rey 
Atabaliba, se metió tanto con el caballo sobre él, que le dio con la cara del 
caballo al mismo Rey Atabaliba, á quien cupo además de la parte de solda- 
do de á caballo en el despojo de Atabaliba, que importó cincuenta y dos mil 
marcos de plata, y un millón y trescientos y veintiséis mil pesos de oro. Se 
alzó con el cogín que Atabaliba llevaba en la silla, todo bordado de riquísima 
pedrería. Como Don Francisco Pizarro con el tablón de oro de la silla, 
que pesó 25 mil castellanos de oro, y la parte que tocó al Hernando de Soto, 
fueron más de 50 mil pesos de oro. Este, pues, Hernando de Soto preten- 
dió aqueste gobierno, y conseguido, llevó consigo mucha gente, y no bastán- 
dole a su codicia tanto como tenía adquirido en el Perú, anduvo cinco años 
por toda aquella tierra buscando minas, juzgando hallar grandes tesoros; y 
exasperados los indios de los malos tratamientos, les dieron guerra á los es- 
pañoles, y lo que vinieron á hallar fué, el Soto y toda la más de su gente, la 
muerte; y los que escaparon de ella se quedaron entre los indios viviendo á 
su modo; y este fue el paradero de tanta soberbia y codicia. Llegó la nueva 
de la muerte de Hernando de Soto á España el año de 1544, y aunque veían 
cuan mal les había ido en aquella tierra á los dos antecedentes, no faltaron 

XVIII 



otros codiciosos que esto pretendiesen; pero noticiado el Rey y el Consejo 
de las maldades que habían obrado los dos que habían ido, no quiso dar esta 
conquista á ninguno de los pretensores, con que estuvo aquesto suspenso 
como tres años, guardándose aquesta gloriosa empresa para corona del Pa- 
dre Fray Luis, pues muriendo en ella fué su mayor gloria a diferencia de los 
que en ella habían muerto, que sus muertes fue afrenta é ignominia, por la 
causa que hubo para ellas. Sabiendo pues el santo Obispo Don Fray Bar- 
tolomé y el Padre Fray Luis las maldades que se habían obrado en aquella 
tierra, y lastimados de la perdición de tantas almas, se resolvieron ambos 
en que se pidiese aquesta reducción a Su Majestad, para hacerla de paz co- 
mo habían hecho la de Tezulutlán, cosa que agradó más á Su Majestad como 
tan católico, que la de las armas; y así, aceptando el partido, le dio luego to- 
dos los despachos necesarios para que el Virrey de la Nueva España Don 
Antonio de Mendoza le diese todo lo que fuese menester para el caso, y por 
si de la Provincia de Guatemala se ofreciese algo, también dio su cédula 
para el Presidente de. ella, que es del tenor siguiente : 

El Príncipe. Licenciado Cerrato, Presidente de la Audiencia Real de 
los confines. — Sabed : que nos, habernos encargado a Fray Luis Cáncer de 
la orden de Santo Domingo é á otros religiosos de ella, que vayan a las Pro- 
vincias de la Florida a procurar traer de paz, é al conocimiento de Nuestro 
Señor Dios á los naturales de ellas. E agora el dicho Fray Luis me ha hecho 
relación : que la gente que salió de las dichas Provincias de la Florida, que 
había llevado á ella el Adelantado Soto, sacó muchos indios de ella y están 
desparcidos en la Provincia de Guatemala, los cuales convenía que se vol- 
viesen a su tierra, así para que sirviesen de intérpretes en ella, como para 
otros efectos; é me suplicó se los mandase dar para los llevar consigo á las 
dichas Provincias; é porque como veis es justo que los dichos religiosos sean 
favorecidos en todo para que vayan á entender en lo susodicho, y parece 
que los dichos indios aprovecharían mucho yendo con ellos; yo vos mando 
que proveáis como los dichos indios que hubiere en la dicha Provincia de 
Guatemala de las dichas Provincias de la Florida, vayan con brevedad á 
México donde los dichos religiosos estarán, para que allí se los entreguen 
y lleven consigo. E daréis orden como se tomen a quienquiera que los tuviere, 
por cualquier título que sea, sobre lo cual llevados los dichos indios podrán 
seguir su justicia contra cualquier persona que tuviere título o contra nues- 
tro Fiscal. — Fecha en Alcalá de Henares á 28 días del mes de Diciembre 
de 1547. — Yo el Príncipe. — Por mandado de Su Alteza, Francisco de Ledesma 

Era esta diligencia muy precisa para el próspero suceso que se espe- 
raba en la Florida, porque uno de los mayores escándalos que se dio enton- 
ces, fue el grande agravio que se hizo á los naturales, herrándolos por escla- 
vos y vendiéndolos por tales en tierras y naciones extrañas, donde todos pe- 
recían miserablemente, y en donde esto se vio más, fué en Yucatán y en la 
Florida, porque como los adelantados no hallaron oro ni plata con qué repa- 
rar los gastos que habían hecho, hacían esclavos á los naturales que podían 
coger, vendiéndolos á tierras extrañas; y todo esto fué causa de que en 
partes no se admitiese la fe, y en otras partes muy mal, y también de des- 

XIX 



poblarse muchas provincias. Muchos de la Florida habian ido á parar á 
Guatemala, y como iban á hacer lo contrario de lo que habian hecho Juan 
Ponce y Hernando de Soto, se tuvo por cosa muy á propósito el restituir los 
cautivos que de allí se habían sacado. 

No era aquesta empresa para soldados bisónos, sino para soldados muy 
hechos á sufrir trabajos de hambres, sed y cansancio; y por esa causa no 
sacó de España religiosos para aquesta empresa, sino que sacadas las licen- 
cias necesarias del Rmo. Mo. Gl., para que acá los escogiese, se partió que- 
dando con el encargo de enviar religiosos á Guatemala, el Señor Obispo Don 
Fray Bartolomé, que como fundador y Padre de esta santa Provincia, siem- 
pre fué su procurador en España. Y el Padre Fray Luis se hizo a la vela y 
llegó á México mediado el año de 1548. Muchos fué los que halló el Padre 
Fray Luis en México ansiosos de ser escogidos para esta empresa; pero 
entre todos escogió al Padre Fray Gregorio de Beteta, religioso grave y an- 
tiguo hijo del convento de San Esteban de Salaman, á Fray Juan García y á 
Fray Diego de Tolosa, y un donado llamado Fuentes, todos personas de 
muy señalada virtud. Y dispuesto vagel y todo lo necesario por el Virrey 
en conformidad de lo que Su Majestad le mandó, se hicieron todos á la vela. 
En el camino exhortaba el Padre Fray Luis a sus compañeros a la prosecu- 
ción de la empresa, proponiéndoles á la vista los grandes premios que les 
esperaban de tan pequeños servicios. Trajo también el Padre Fray Luis 
noticia cierta é individual de todos los puertos de la Florida, y encargóles 
á los marineros que no aportasen á puerto alguno donde hubiesen estado los 
españoles, conociendo claramente que los hallarían de guerra, y sin dar oí- 
dos á lo que tan bien les estaban, los matarían, por considerarlos indignados 
de los muchos agravios que les habían hecho los españoles. 

Y llegando á la Florida conoció el Padre Fray Luis que el puerto que 
querían tomar, era de los que él huía y que les había encargado á los marine- 
ros que no llegasen á ellos. Les dijo que saliesen más arriba á otros puertos 
donde hubiese españoles para con eso irse introduciendo con los indios, de 
modo que conociesen el bien que les venía á buscar á sus montañas; pero los 
marineros no hubo remedio de sujetarse á lo que el Padre Fray Luis y los 
demás religiosos les instaban y aún requerían. Fué ya lance forzoso el 
obedecer á los marineros, y así, con gran confianza en Dios cuya causa tra- 
taban, salieron á tierra el Padre Fray Luis y el Padre Fray Diego de Tolosa 
y el hijo donado, teniendo por cierto que puestos en las manos de Dios, él 
guiaría las cosas como más conviniesen á su santo servicio. Y así dieron or- 
den á los demás religiosos que los aguardasen en el navio hasta que les avi- 
sasen de lo que se había de hacer, y con esto, rezando y encomendándose á 
Dios se entraron por una senda adelante, sin saber á donde los guiaba. Co 
mo los indios estaban tan escarmentados de lo que les había sucedido con 
otros navios españoles, apenas vieron llegar la vela y echar anclas, con ahu- 
madas dieron noticia á toda la tierra para que se pusiesen en arma para 
embarazar é impedir la entrada á los españoles. Los que primero acudieron 
fueron los vecinos de un pueblo cercano donde residía el cacique mayor, y 
encontrándose con los padres, sin hacer reparo en el traje y modo tan dis- 



XX 



tinto de los que los tenían agraviados, usando de su natural fiereza estimu- 
lada de la memoria de los males pasados, les quitaron luego la vida con gran- 
des alaridos y voces como ellos acostumbraban, y llevaron sus santos cadá- 
veres al cacique, que viendo que eran tan pocos y sin armas, le pesó que no 
se los hubiesen llevado vivos para hablarles. Y para memoria de este trofeo, 
los hizo desollar, y puso las pieles en su .casa; y las cabezas llenas de algo- 
dón en unos árboles, y de sus carnes hicieron un gran convite que celebraron 
con mucha fiesta. 

Habíase quedado en la tierra un paje de Hernando de Soto que para 
salvar la vida habíase acomodado á los usos de los indios, el cual viendo las 
ahumadas acudió á ver si había alguna forma de salir de aquella miseria, y 
pasando por casa del cacique vio las pieles y los hábitos, y conoció ser de 
religiosos, y afeóle al cacique el que los hubiesen muerto, diciéndole cómo 
aquellos eran los sacerdotes de Dios y que debía temer mucho un gran casti- 
go por haberles quitado la vida; Y les explicó cuan diferente modo de vida 
y de costumbres tenían estos de los demás españoles, con lo cual, atemori- 
zado el cacique, le pesó mucho más que no se los hubiesen llevado vivos, y 
mucho más le pesó al español no haberse halla luego para embarazar si pu- 
diese la muerte de los religiosos. Y con esto se vino al navio donde contó 
lo que había pasado, y pareciéndole al Padre Fray Gregorio de Beteta que 
con la plática del español se habría allanado la tierra, le suplicó se fuese con 
ellos y les enseñaría la lengua para tratar de la conversión de aquellas gen- 
tes; pero él, que había padecido muchísimos trabajos, y veía que había halla- 
do modo de salir de aquella mísera vida, no quiso; y viendo esto el Padre 
Fray Gregorio, y que los marineros daban prisa á salir de allí por miedo de 
los nortes, no pudo dejar de volverse á la Nueva España. 

No es decible el gusto y contentamiento que recibieron los adversa- 
rios del Señor Obispo Casas, que sentían que la predicación se había de 
hacer con las armas en la mano, que los podemos llamar herejes é invento- 
res de errores contra la doctrina del Evangelio, pues en eso condenan desde 
los apóstoles todos los mártires que derramaron su sangre por la dilatación 
del Santo Evangelio, y debían advertir que en el mismo Venerable Padre 
Fray Luis estaba condenada su falsa y herética doctrina; pues él fué, como 
se ha dicho, el que levantó el estandarte de la fe en la Provincia de Tezulu- 
tlán, y para mayor claridad, trasladaré aquí lo que dice Remesal, y la de- 
fensa que de este hecho hizo el Santo Obispo, refutando á los sectarios que 
impugnaban la verdad. — Dice pues : 

Sembráronse por toda la religión, en donde se disputó muy larga- 
mente, si el Padre Fray Luis Cáncer y sus compañeros habían sido verdade- 
ros mártires, y se resolvió que sí, por todas las razones que se requieren para 
el verdadero martirio; y á esta causa no se le hicieron más sufragios que al 
glorioso San Pedro Mártir, y desde aquel tiempo, todos los que hacen men- 
ción de esta historia los llaman mártires. Y Francisco López de Gomara, 
clérigo, con ser poco aficionado al Señor Obispo de Chiapa y al mismo Fray 
Luis Cáncer, con quien trató y comunicó mucho, y tuvo sus encuentros por 
ser defensor de la doctrina del Doctor Sepúlveda, aunque cuenta esta histo- 

XXI 



ria con harta desafición, y cómo riéndose y haciendo burla, que con solas 
palabras quisiese el Padre Fray Luis Cáncer convertir la Florida, como si 
los Santos Apóstoles hubieran de otro modo convertido el Mundo. Expresa- 
mente le llama mártir, porque no pudo negar verdad tan clara, dado que ne- 
gaba verdades más claras de fe, por lo que los hombres santos, graves y 
doctos determinaron en su tiempo. . 

De esta muerte del bienaventurado Fray Luis Cáncer y sus compañe- 
ros, sacaron grande argumento los que se preciaban de conquistadores, para 
decir que la fe se habia de predicar por armas ; porque de otra suerte no esta- 
ban seguros los predicadores del Evangelio, etc. Y exageraba esto mucho 
el Doctor Gines de Sepúlveda en el libro que escribió a este propósito, a lo 
cual le respondió el Señor Obispo de Chiapa, diciendo en el fin de su apo- 
logía: ítem, debíamos saber del hecho el Doctor, que nunca los indios hicie- 
ron mal á cristianos, sin que primero muchos agravios y daños incompara- 
bles hubiesen recibido de ellos, ni aún en el caso, jamás ofendieron á frailes 
que eran certificados de la diferencia del fin que pretenden los unos al que 
buscan los otros, porque son por la mayor parte de su naturaleza, pacíficos, 
mansuetísimos é inojios. ítem, debería de advertir el Doctor Muy Reve- 
rendo, que no es cosa razonable ni proporcionada con discreción, querer apa- 
ciguar y hacer camino para predicarles, yendo tiranos con ejército cruel y 
turbulento á los que están en excesiva mansedumbre, escandalizados, agra- 
viados y asombrados de los males y estragos que han padecido, sino de las 
más propinquas tierras ó provincias donde hay pueblos de españoles, -los 
religiosos por medio de indios pacíficos que ya conocen y tienen experien- 
cia y confianza de ellos, negociándolo como hicimos nosotros los frailes de 
Santo Domingo que desde Guatemala con esta industria trajimos la paz, y 
hemos convertido (a donde hay hoy a gloria de Dios maravillosa cristiandad, 
lo cual ignora el Muy Revendo Doctor) las Provincias que por esta causa 
mandó llamar el Príncipe, de la Verapaz, las cuales por las guerras injustas 
que les habían hecho los españoles, están con mucha razón y justicia braví- 
simas y alteradísimas, y el primero que entró en ellas y las apaciguó fue el 
bienaventurado Fray Luis que mataron en la Florida, de cuya muerte se quie- 
re ayudar el Reverendo Doctor Sepúlveda; pero aprovéchale poco porque 
aunque mataran á todos los frailes de Santo Domingo y á San Pablo con 
ellos, no se adquiriera un punto de derecho más del que antes había, que 
era ninguno contra los indios. La razón es porque en el puerto donde lo lle- 
varon los pecadores marineros, que debieron desviarlos de allí como iban 
avisados, han entrado y desembarcado cuatro armadas de crueles tiranos, 
que han perpetrado crueldades extrañas en los indios de aquellas tierras, y 
asombrado, escandalizado, é inficcionado mil leguas de tierra, por lo cual 
tienen justísima guerra hasta el día del juicio contra los españoles, y aún 
contra los cristianos; y no conociendo los religiosos, ni habiéndolos jamás 
visto, no habían de adivinar que eran evangelistas, mayormente yendo en 
compañía de aquellos que tantos males y iacturas les han hecho, eran en 
gestos y en vestidos y en barbas y en lenguas, semejantes; y veían comer y 
beber y reir como naturales amigos juntos. 

XXIJ 



Y si los marineros llevaran al dicho Padre Fray Luis á la parte donde 
aquí habíamos comunicado (en Valladolid, donde el Señor Obispo escribía 
aquella apología) y determinado, y el Santo llevaba delante de los ojos, no 
lo mataran, como parece que los otros religiosos, sus compañeros, requirieron 
al piloto que los pusiese más abajo o más arriba en otras provincias; y 
echando achaques que primero querían ir á tomar agua á la isla de Cuba, 
dio con ellos en la Nueva España, donde hacer otra cosa no pudieron; y 
pues que en otra provincia los mataron (aunque no los mataron), no es in- 
conveniente; porque otros mejores que ellos y que los que hay hoy en el 
mundo, mataron los infieles por la misma demanda. Y esto es disposición 
divina y decentísima, que mueran por el Evangelio algunos siervos suyos, 
porque más ayudan después de su muerte preciosa para la conversión de los 
infieles, que aún trabajando y sudando ayudar pudieran; y así esperamos en 
Dios que Fray Luis Cáncer que era gran siervo de Dios, ayuda y ayudará para 
la conversión y salud de aquellos que la muerte le dieron; porque como no 
sepan lo que hacen, y según su estimación no matan frailes ni siervos de 
Dios sino á sus enemigos capitales de quien tantos males recibieron. Dios, 
Nuestro Señor, les ha de mirar con ojos de misericordia por los méritos del 
felicísimo Fray Luis. 

Y esta es la recta vía divina y forma real de predicar el Evangelio, 
convertir las ánimas, por el mismo Dios establecida y aprobada; no la que 
el dicho Doctor persuade, contraria por toda ley divina, natural, razonable 
y humana, reprobada; y si con ella no se convirtieren los infieles de los in- 
dios en este año, convertirlos ha Dios que murió por ellos, el otro año, y si no 
de aquí á diez años; y no debe presumir el Doctor de ser más celoso que 
Dios, ni darse más prisa para convertir las ánimas, que se da Dios. Bástele 
al Señor Doctor que sea como Dios, pues Dios es Mo. y el discípulo, y por 
tanto conténtese Su Merced con persuadir esta vía y forma que instituyó 
Jesucristo Dios; y no intentar otra, que el Diablo inventó, y su imitador y 
apóstol Mahoma, con tantos latrocinios y derramamientos de sangre hu- 
mana, siguió. Y así parece estar engañado, cerca de lo que concierne al he- 
cho, el Muy Reverendo Doctor Sepúlveda. 

Hasta aquí, son palabras del Santo Obispo de Chiapa don Fray Bar- 
tolomé de las Casas, cuyo compañero había sido tantos años en la conver- 
sión de los indios de las Provincias de Guatemala y Verapaz, y por cuyo con- 
sejo y orden hizo la jornada de la Florida, tan dichosa para él y sus compa- 
ñeros; pues este año cogieron en ella los abundantísimos frutos de sus glo- 
riosos trabajos, padecidos por la dilatación del Santo Evangelio en la glo- 
riosa corona del martirio; dejándola regada con su sangre, clamando mejor 
que la de Abel, como la de Jesucristo á quien seguían, para que mejor flo- 

XXIII 



rccicse, como después floreció, en la fe católica; pues les había hecho á 
ellos reflorecer en los más amenos jardines de la gloria con la corona del 
martirio, con cuya corona quiero poner fin á aqueste libro 2 9 , pues queda 
tan bien coronado lo que en él se ha tratado de la entrada del Santo Evan- 
gelio en este Reino y Provincias de Guatemala, siendo corona suya y de 
aquesta Santa Provincia, el Padre Fray Luis, como su protomártir; siendo 
el primero que afirmó la verdad del Santo Evangelio con su sangre, y ya 
que no la logró en este Reino de Guatemala, porque convenía al crédito de 
la verdad divina que se supiese y viese claramente la verdad que tanto de- 
fendieron los hijos del orden de la verdad, los frailes de Santo Domingo, 
que la predicación no había de ser con el alboroto de las armas como la de 
Mahoma, sino con la espada de la palabra de Dios, que es de dos filos y 
corta cuanto quiere y como conviene. Lo llevó Dios por varios rodeos y ca- 
minos, como suele, para que con tan generosa sangre, que tanto se había 
fatigado en la conversión de los infieles, fecundase e hiciese florecer; y que 
con más razón se llamase después Florida, la tierra que tanto habían este- 
rilizado los españoles con sus grandes tiranías y crueldades, como que solo 
aquella sangre pudiese hacerla reflorecer, como él reflorece en los siglos 
para siempre, según piadosamente creemos. 



FIN DEL LIBRO II 



XXIV 



LIBRO IV 



DE LA HISTORIA DE LA PROVINCIA DE 
S. VICENTE DE CHIAPA Y GUATEMALA 



CAPITULO I 

Celébrase Capítulo Provincial en Guatemala; y muerte del M. R. P. Fray 

Lucas Gallego. 




AB1ENDOSE coronado gloriosamente el pasado siglo con el 
gobierno feliz de Ntro. esclarecido Padre Fr. Andrés del Valle, 
como se ha visto, no se nos promete menos feliz siglo en el 
principio que le dio la acertada elección de Provincial de aquesta 
Sta. provincia en la persona del M. R. P. Predicador General 
Fr. Rafael de Lujan, de quien queda dicho en la vida del limo, y Rmo. 
Don Fr. Juan de Córdova, que lo codició su gran virtud para que le 
sucediese en el oficio de Pastor de aquesta Iglesia de Guatemala, para que 
llevase adelante lo mucho que aquel Sto. Prelado habia edificado con su gran 
virtud y santidad, y ya que la Magestad Divina lo habia dotado de tan rele- 
vantes prendas con que se hacia merecedor de las mas supremas dignidades, 
no quiso Su Madre la Provincia privarle de lo que tan justamente se le 
debia, siendo el primer acreedor á la suprema prelacia; y así juntos los 
vocales en el Convento de Guatemala á los 20 de Enero de 1601, todos unáni- 
mes y conformes eligieron en Prior Provincial de la Provincia al M. R. P. 
Fr. Rafael de Lujan, confirmando tan acertada elección, como Definidores, 
los M. R. PP. Fr. Francisco de Zepeda, Fr. Juan de Aillon Prior de Sacapulas, 
Fr. Melchor Gómez, Prior de Chiapa y el P. Fr. Juan Manzano, Predicador 
General. 

También dio principio feliz aquesta Sta. Provincia á aqueste siglo, en 
la muerte feliz del P. Fr. Lucas Gallego, uno de los mejores frutos de Reli- 
gión y virtud que aquesta Sta. Provincia pudo ofrecer para la mesa del Su- 
premo Rey de la Gloria. Lléveselo Ntro. Señor sin duda para darle el pre- 
mio de sus muchos trabajos y señaladas virtudes, como dice el Padre Presen- 
tado Remesal, poco después del capítulo. Fué hijo del insigne Convento 
de S. Estevan de Salamanca, hombre de gran religión y virtud y celo del bien 
de las almas y observancia regular; y acompañaba lo uno y lo otro con muy 



aventajadas letras y con una prudencia y discreción grandísimas en las cosas 
de gobierno, siéndolo algunas veces en esta provincia, en que mostró todas 
aquestas buenas partes, por lo cual le pusieron el supremo de la provincia en 
la elección que se hizo en el Convento de Guatemala en 25 de Abril de 1587. 
Sucedió en el oficio al Sto, y Venerble. Padre Fr. Juan de Castro y fué bien 
menester todo el colmo de prendas para que llenara tan gran hueco. Ejercitó 
su oficio con mucha satisfacción de todos, asi Religiosos como seculares, 
siendo en todo un vivo ejemplo de santidad. Tanto se difundió la fama de 
su buen gobierno y de su virtud, que llegando por los años de 1594 y 95 á no- 
ticia del Rmo. Ministro General de la Orden, Fr. Hipólito María, y de la Ma- 
jestad de Filipo 2 9 el prudente, le cometieron el negocio mas grave que á 
la sason se ofrecía en Nueva España que era concluir la división de la pro- 
vincia de Oaxaca de la Orden de Sto. Domingo, de la de Santiago de Mégico 
en quien estaba incorporada desde que la Orden entró en la Nueva España. 

Había años que se trataba de esta división y dieron los RR. Generales 
pasados y el Rey N. S. autoridad al P. Fr. Domingo de Arzola Vicario Ge- 
neral y Visitador, por los años de 1580, para que la hiciese; pero como con 
su mucha prudencia conociese la dificultad del negocio, detúbose y no quiso 
tratar de él. Tomóle muy á pecho el P. Fr. Antonio de la Serna, hombre no- 
ble de Ciudad Real en Estremadura, hijo del Convento de Oaxaca, y sabiendo 
que era muerto en el Convento de Guadalupe o cerca de allí, otro Padre que 
venia á España con este mismo propósito, le succedió en los intentos. Vino, 
cobró los papeles viose con el Rmo. General de la Orden Fr. Hipólito María 
y hallándose en el Capítulo General que la Orden celebró en Venecia por la 
Pascua de Espíritu Santo de 1592, sacó allí la división de la provincia con tí- 
tulo de S. Hipólito Mártir de Oaxaca y nombró el Definitorio por primer 
Provincial al Padre Mtro. Fr. Francisco Ximenes, hijo del Convento de S. 
Pablo de Valladolid, gran Religioso y que había leído muchos años Teología 
asi en España como en el Colegio de S. Luis de la Puebla de los Angeles. 
Súpose luego la muerte de este buen Padre y el General cometió el segundo 
nombramiento al P. Maestro Fr. Diego de Chaves confesor del Rey Don Fe- 
lipe 2 <? y no le pudiendo hacer por su muerte, volvióse a remitir el nombrar 
Provincial de Oaxaca al P. Maestro Fr. Antonio de Cáceres que de Prior Pro- 
vincial de Salamanca el año antes lo habían hecho Confesor del Príncipe 
D. Felipe 3 9 . Este tan gran personage nombró por Provincial al P. Fr. 
Alonso de Vailló hijo de Sto. Domingo de Murcia, de aquesta Sta. Provincia, 
de quien adelante se hará mención. 

Los términos que se le señalaron á la nueva provincia de Oaxaca 
fueron todo el Obispado de Oaxaca; y como se quitaba una parte tan grande 
á la provincia de Mégico, sentíanlo mucho aquellos Padres porque los estre- 
chaban demasiado y había algunas diferencias por esta causa. Para com- 
ponerlas con el modo que era rason nombró el Rmo. General de la Orden al 
P. Fr. Lucas Gallego y padeció alguna fuerza en aceptar el oficio de Vicario 
General; pero al fin vino y señaló en la provincia cinco prioratos: el de Sto. 
Domingo de Oaxaca, Santiago Cuilapa : S. Pedro de Teguantepeque : Sto. 
Domingo de Yangüitlan y la Asunción de Ntra. Sra. de Tlaxisco, los cua- 
les prioratos dentro de muy poco tiempo se nombraron también por los ca- 
pítulos que la Provincia iba celebrando. 



Nombró juntamente o adjudicó á la nueva provincia treinta Vicarías 
que fueron: 1" S. Pedro de Etla; 2" S. Pablo de Oaxolotlan; 3" Zachila; 4" 
Omatlan; 5 9 Sta. Cruz; 6" Sta. Ana; 7 9 Ocotlan; 8 9 Las minas; 9 9 Sto. Tomas 
Xalieca; 10° Tetipac; U« Tlacachahaya; 12 9 Tentitlan; 13 9 Atulistuca. Están 
todas en el valle de Oaxaca. Entre la serranía 14 9 la villa alta de S. Ilde- 
fonso. 15" Santiago Chuapa; 16 9 Tolintepeque ; 17 9 Juquila; 18 9 Quezalte- 
peque; 19 9 Nejapa; 20 9 Ijustepeque; 21 9 Los Chontales; 22 9 Kquisistlan; 23 9 
Xalapa. En la Mixteca; 24 9 Achintla; 25 9 Xaltepeque; 26 9 Xilantongo; 27 9 
Nochistlan: 28 9 Las Almoloyas; 29 9 Tecomastlabaca ; 30 9 Xustlaba y faltan- 
do cuatro casas en la Mixteca alta que son Cuestlabaca, Teposulula, Texapa 
y Tomazulapa para cumplirse todos los términos de la provincia de Oaxaca 
porque en su Obispado hubo razones para que se quedaren en la provincia 
de Mégico. 

Hecho esto, que no fué negocio fácil, se pasó el P. Fr. Lucas Gallego 
á visitar la Provincia de Mégico en donde se hubo con no menor cordura 
y prudencia y celo del bien común que antes; pero no por eso dejó de tener 
sus murmuraciones, que un juez no puede agradar á todos; pero un cargo 
jamás se le hizo, que fué el recibir de mano de nadie, ni él ni su compañero, 
valor de un alfiler, ni hecho cosa por mas respeto que por lo que á su parecer 
era razón y justicia. Concluida la visita se volvió el P. Fr. Lucas Gallego á 
su Convento de Guatemala, á donde murió santamente como había vivido, 
porque el arte de morir bien es el vivir bien. Murió de edad de setenta años. 
La tabla de los difuntos de Guatemala dice de él : Fr. Lucas Gallego, Padre 
antiguo, supo muy bien la lengua de los indios, Provincial de esta provincia, 
Visitador de las dos de Nueva España, Mégico y Oaxaca, con las veces del 
Rmo. General, Religioso muy devoto y pió. 

Parece que Dios tenia aquesta nuestra Provincia como por almacigo 
para de ella sacar plantas para ilustrar á otras, pues como se ha visto, la de 
Manila de aquí sacó el que le dio el ser v fué su primer Provincial, el P. Fr. 
Juan de Castro: la de Oaxaca su primer Provincial el P. Fr. Alonso Vailló. 
como se dirá adelante; y el que le dio la forma, como se ha visto, en el P. 
Fr. Lucas Gallego, y la de Mégico quien la volviese á su primer estado, que 
fué el P. Fr. Lucas como se ha visto. La de S. Antonio del Nuevo Reyno en 
un Provincial tan Santo como el P. Francisco de Villasanta, como se dirá. 
Las de Quito y Lima en la ilustre santidad y egemplo con que tanto las ilustró 
el P. Fr. Cristóbal Pardane; y las de España, principalmente la de Andalu- 
cía, con la ilustre predicación del Smo. Rosario del P. Fr. Pedro de Ulloa, en 
estos tiempos; y otros muchos que han ilustrado otras muchas provincias. 
Con que sin duda se puede tener aquesta nuestra por madre feliz y alegre 
de tantos y tan ilustres hijos que no solo han ilustrado á su Madre sino á 
otras muchas. 

Este mismo año faltó á la provincia un gran Procurador de sus cau- 
sas y defensor de la justicia y favor de los indios y fué el P. Fr. Pedro de 
Villalobos, religioso de gran modestia como quien la habia enseñado siendo 
Maestro de novicios y que sin perderla jamas salia siempre con la razón que 
en los Tribunales pretendía, que en materia de pleito, es mucho de estimar 
y de alabar. Murió aqueste Padre en Guatemala. De él dicen las tablas de 
los difuntos de aquel Convento, "Fr. Pedro de Villalobos, padre antiguo, dili- 



gente procurador de las causas de la Orden en la Audiencia Real. Supo con 
perfección la lengua de los indios". Antes de aqueste religioso habia 
muerto en S. Salvador un P. antiguo y grave y de notable prudencia en el 
gobierno, que se llamaba Fr. Antonio de Palacios. Fué el primer Vicario que 
se nombró en la casa de Sonsonate en el Capitulo que se celebró en Gua- 
temala, año de 1572: fué en otro capitulo definidor; y siendo Prior de S. Sal- 
vador murió en aquella Sta. Casa. En el mismo año que este Padre fué al 
cielo piadosamente se cree que le acompañó otro P. su semejante, así en ser 
antiguo, en la Religión, como en el egercicio de la virtud y en ser también 
primer Vicario de Comitlan, nombrado por el Capítulo que se celebró en Ciu- 
dad Real, año de 1756 y siendo después Subprior de la misma Casa; le llevó 
para sí Ntro. Señor. Llamábase Fr. Alonso de S. Isidro y vino á la provin- 
cia desde el año de 1564 entre los Religiosos que trajo el limo. Sr. Don Fr. 
Tomás de Cárdenas, con que según buena cuenta sirvió á aquesta Sta. Pro- 
vincia 34 años, poco mas ó menos. 



CAPITULO II 

Muertes de algunos Religiosos; y Capítulo en el Convento de Sacapulas. 

Aqueste año de 602 murió en el Convento de Guatemala el P. Fr. Fran- 
cisco de Zepeda, Predicador General. Fué hijo aqueste bendito P. del Con- 
vento de Sto. Domingo de Murcia en la provincia de Andalucía; y sin duda 
vino á esta con el P. Fr. Alonso Vailló de quien se hará mención después. 
Luego se conoció el don de gobierno que Dios le habia dado, acompañado con 
mucha virtud; y así luego le ocupó la provincia en el gobierno de muchas 
casas y en especial en la de Sacapulas en donde trabajó mucho; y para que 
toda la provincia participase de su gran virtud y gobierno, lo hicieron Pro- 
vincial, cuyo oficio egercitó con toda paz y amor á los Religiosos. Fué sugeto 
de muy buenos portes y gracias naturales : entendía bien la música, que le 
importó para el tiempo que gastó entre los indios que fué con mucho ejemplo 
y abstinencia, aunque á las veces, por sus achaques, le fué preciso usar de 
alguna dispensación. Era Comisario del Sto. Oficio y sirvió este Sto. Tri- 
bunal con muchas veras. Tubo admirable sufrimiento en ocasiones que sin 
salir de los límites de la religión, se pudiera dar por sentido. Hísosele un 
cirro en un carrillo y descuidándose en curarle, le causó la muerte que fué 
muy egemplar y muy sentida de todos los Religiosos que perdieron en él 
un gran padre y de todos los hombres prudentes porque les faltó un igual. 
Nuestro Remesal dice que era hijo del convento de Sto. Domingo de Ocaña; 
pero el Sr. Monopoli que escribió su historia general según la relación que se 
le envió de cada Convento, lo pone entre los hijos ilustres que ha tenido el 
Convento de Sto. Domingo el Real de Murcia, y no podia aquel Convento sa- 
ber de tal Religioso que hubiese en esta provincia sino fuera hijo suyo. Dice 
pues tratando de la fundación de aquel convento : "tomó el hábito en esta 



casa el P. Fr. Francisco de Zepeda, fraile observantisimo, Provincial de la 
dicha provincia (a hablado de Fr. Alonso Urrillo hijo de la misma casa) de 
Guatemala donde vivió y murió con opinión de Santo". La tabla de los di- 
funtos de Guatemala dice de él : "Fr. Francisco de Zepeda Padre antiguo, 
Predicador General, Provincial de esta provincia, Comisario del Sto. Oficio, 
de admirable paciencia en los trabajos y de gran prudencia en el Gobierno. 
Supo dos lenguas de indios en cuya enseñanza gastó muchos años con gran 
trabajo y mayor fruto doctrinándoles con palabras y santas obras. Murió 
de 70 años el de 1602. 

El siguiente año que fué el de 1603 se tubo Capítulo en el Convento 
de Sto. Domingo de Sacapulas y fué el intermedio de Fr. Rafael de Lujan 
v en él fueron Definidores los M. R. PP. Fr. Pedro Megía Prior de la misma 
casa y el M. R. P. Fr. Andrés del Valle Predic. General, Fr. Juan Díaz Prior 
de Chiapa y Fr. Alonso García Prior de Comitan. En este Capítulo, ademas 
de muy santas y buenas ordenaciones que se hicieron para el buen gobierno 
de la Provincia, se hizo una declaración muy útil y conveniente sobre la 
Bula y constitución de S. Santd. Clemente VIII de largitione munerum para 
que supiesen en qué casos podían los Religiosos dar alguna cosa á los se- 
culares. 

El año siguiente de 1604 se llevó nuestro Sr. para sí dos Religiosos de 
esta provincia, de grande egemplo y virtud : el uno en el Convento de Ciudad 
Real, que se llamaba Fr. Andrés de Chaves. Supo este P. muy bien la lengua 
de los indios de Copanaguastla y subdito y Prelado de aquella casa, la admi- 
nistró con gran egemplo de vida ; pero en donde mas se mostró fué teniendo 
a cargo la casa de Novicios de Guatemala, enseñando á aquellos hermanos, 
plantas nuevas en la Religión, como la habían de tener y conservar todos los 
días de su vida. Fué de grande amor y caridad para con los pobres. El otro 
*se llamaba Fr. Bartolomé de Valencia. Cuando vino de Salamanca (que era 
hijo de aquella casa) le enviaron á Ciudad Real y comensó á predicar á los 
Españoles con muestra de que en breve tiempo sería grande hombre en el 
pulpito y acompañando su buena gracia con la virtud que comenzava, no 
dejava de hacer mucho fruto en las almas, mediante el favor de 
Dios; pero queriéndole coger de todos sus trabajos entre los indios, se fué 
á la provincia de los Zoques y vivió en el Convento de Tecpatlan mas de 
treinta años. Hiciéronle una vez Prior y no paró hasta que se le admitió la 
dejación del oficio. Supo con mucha perfección la lengua de aquella tierra 
y predicaba en ella tan acomodado al genio de los naturales, que confesaban 
que á quien mejor entendían y cuyas palabras se les pegaban mas al cora- 
zón eran las del P. Fr. Bartolomé de Valencia, y así hizo notable fruto en la 
cristiandad y reformación de costumbres. Fué muy pobre de espíritu y 
parece que le había pegado á lo poco que tenía en la celda que todo ello olía 
á santidad. Tubo una particular gracia de N. Señor que jamas persona de 
ningún estado que fuese se quejó de él ni le ofendió cosa que hiciese. Con 
todas estas buenas obras se apercibió para una bonísima muerte y estando 
cercano á ella entendieron los Padres que le hacían la recomendación del 
alma, que vio al demonio, porque con rostro y ademan de enojado le mandó 
que se fuese de allí interponiendo la autoridad y nombre de Dios. Prose- 
guían los Padres con la letanía y tubieron por cierto que los Santos que nom- 



braban los veía el enfermo ó algunos particulares devotos suyos por que la 
alegría del rostro y la viveza de los ojos lo daban bien á entender, y sobre 
todo el decir muchas veces el efermo : espérense, espérense, no se vayan, 
iremos todos juntos; y entiéndese que fué así porque teniendo el rostro 
sereno con un Jesús! dio el alma á su criador. 

En el Convento de Guatemala murió aqueste año Fr. Jacinto de Sa- 
lazar, subdiácono, de quien dicen las tablas de los difuntos que era de con- 
dición apacible y de grande ingenio en los estudios. Sin duda en breves días 
cogió el fruto de muchos trabajos; murió de 21 años. Otro Religioso murió 
en el mismo Convento, el P. Fr. Tomas de Paz que murió poco después de 
haber llegado á aquesta provincia. Fué gran Predicador, como dicen las 
tablas de los difuntos, en los Reynos de España : fué muy devoto y pió y lle- 
vóselo Dios sin duda luego, siendo de edad de 46 años, porque la malicia de 
la tierra no mudase su bondad. 

El año antes se había llevado Dios en la misma casa al Pade. Fr. To- 
mas de Aguilar, Padre antiguo, de admirable obediencia, que es lo que prin- 
cipalmente constituye un gran Religioso. Supo estremadamente la lengua 
de los indios y trabajó con ellos muchos años y murió de 85. También el 
P. Fr. Pedro de Céspedes que supo tres lenguas de indios y trabajó mucho 
en doctrinarlos y murió de 42 años de edad. El P. Fr. Tomas de Aguilar fué 
hijo de la casa de Guatemala y por ser de muy buen juicio y celo grande de 
la Religión, fué muchas veces Maestro de Novicios en aquella Sta. Casa, á 
quien sin duda pagó en buena crianza la que debía á aquella casa, como Dios 
le habrá pagado sus trabajos. 

Cumplido que fué el cuatriemio del M. R. P. Fr. Rafael de Lujan, se 
juntaron los Religiosos á quienes de derecho tocaba la elección de Provincial, 
en el Convento de Sto. Domigo de Ciudad Real y todos unánimes y confor- 
mes eligieron de Prior Provincial de esta provincia al M. R. P. Predicr. Geni. 

Fr. Juan Grande fué el gusto de todos por tal elección en 

que miraban una viva imagen de N. P. Sto. Domingo; pero de gran pesa- 
dumbre y congoja para el electo que repugnó cuanto pudo la elección que 
en él se habia hecho, que por último hubo de aceptar compelido de la obe- 
diencia. Fué la elección á 20 de Enero de 1605 y en el Capítulo fueron Defi- 
nidores los M. Rs. Ps. Fr. García de Loaisa, Prior de San Salvador, Fr. Gon- 
zalo Ximeno Prior de Coban, Fr. Pedro de Vargas, Prior de Chiapa de indios 
y Fr. Felipe de Sta. María Predicr. general. Hiciéronse en este Capítulo muy 
santas ordenaciones para el buen gobierno de esta provincia. 

Aqueste mismo año celebró la Religión toda, capítulo general por Pen- 
tecostés de aqueste año, en S. Pablo de Valladolid y lo hizo muy célebre el 
bautismo del príncipe Don Felipe Domingo en la misma pila en que fué bau- 
tizado N. P. Sto. Domingo. Pero parece que por otra parte fué de mucho 
sinsabor para el Rmo. General Fr. Gerónimo Xavierre, por las muchas cartas 
que de los Religiosos de aquesta Sta. Provincia había recibido, en que todos 
los mas pedían licencia para volverse á España, no se sabe el motivo ni se 
puede discurrir otro que ser tentación del demonio, para que desamparando 
aquestas pobres gentes sus maestros y capitanes hallasen fácil entrada á la 
perdición de los indios. A todos respondió en una carta de Valladolid que es 
del tenor siguiente: 



Magister Ordinis. Por el particular amor que tengo á esa provincia 
y las buenas informaciones que he tenido siempre del espíritu con que en 
ella se ha vivido y del servicio continuo que á N. Señor se ha hecho en la 
administración de las almas de los indios, he de sentir mucho cualquiera 
cosa que me informaren que sea contraria á esto; y así no puedo dejar de 
representar á Vuestras PP. y RR. el gran sentimiento que me ha causado 
el entender que en una obra tan de la gloria de Dios haya descontentos ni 
gente que trate de apartarse de lo que una vez ha comenzado con tan buen 
espíritu, ni de venir á España ni salir á otras provincias, no estimando en lo 
que es razón la ocacion que Dios les ha puesto para vivir y morir como hijos 
de Sto. Domingo en lo que tan propio es de nuestro Ministerio y vocación. 
Y así encargo á V. PP. y RR. cuan encarecidamente puedo que se quieten en 
esa provincia que en ella para todo lo que fuere de su consuelo, acudiré en 
cuanto pudiere. Válete et orate prome et sociis Deum. De Valladolid y No- 
viembre 24 de 1605. — Vestrarum Revenrentiarum et Paternitatum conservis 
in Domino. — Fr. Hieronimus Xaviefre Mag. Gen. Ord. Pred. 

Alcansó esta carta el fin con que el Rmo. General la escribía que fué 
la quietud y sosiego de los Religiosos de la provincia que antes andaban tan 
poco gustosos de estar en ella que se temía no se despoblase, y alguno la 
dejó sin el orden de sus Prelados que hasta hoy no ha parecido. Entiéndese 
que le saltearon los tigres en los montes de los Zoques que por allí tomaba 
su derrota para Yucatán y volverse á España. 



CAPITULO III 

De la reducción y conquista de los indios del Manché que comunmente 

llaman el Chol. 



Aqueste año de 1606, dice nuestro Remesa!, se dio fin al descubrimien- 
to, junta de pueblos y conversión de los indios del Manché, en que notable- 
mente se engaña porque aunque sea así que aquese año se hizo la reducción 
de muchos indios, como se dirá, ingiriendo la relación que pone de esta re- 
ducción; pero ha tenido tantos altos y bajos que hasta agora no se ha acabado 
y Dios sabe cuando se acabará; y porque es materia que hasta hoy se trata 
de ello, á lo menos por la parte del Peten, será bien para su mejor inteligen- 
cia hacer algún género de descripción de aquesta nación Chol, que es la que 
llaman del Manché para que se venga en mejor conocimiento para que se 
desvanezcan las quimeras que Don Juan de Villagutierra Sotomayor escribe 
en su historia de la Conquista del Itza, donde finge mas gentes y naciones 
que aun tiene todo aqueste reyno de Guatemala siendo todas las más quimé- 
ricas y levantadas de la cabeza del que le dio sus relaciones en que solo 
tiran a acreditar las hazañas de Don Martin de Urzua y desdorar á los de- 
mas; y aunque muy ilustres y merecedores de las honras que S. M. les hizo 
no necesitaba de levantar nuevas quimeras, como á su tiempo se verá cuando 



llegue el año en que aquello sucedió. Agora porque de aquí se hace coger el 
hilo de las conquistas del Chol, que se van dando la mano hasta, las del Itza, 
se hará una breve descripción para su mas clara noticia. 

La nación Chol en tiempo de su gentilidad estubo poblada en todas las 
tierras que hoy comprende Chiquimula de la Sierra, Esquipulas, Casaguas- 
tlan y todas aquellas montañas que están sobre el Golfo dulce y con el tiem- 
po estendieron algo ásia aquellas montañas que están de la otra parte del 
Golfo, y rio que se llama del Castillo, ásia la provincia de la Verapaz y mas 
á lo que hoy es el Peten; pero estos fueron pocos respecto de los muchos 
que comprendían las tierras dichas de Chiquimula, Casaguastlan y Esqui- 
pulas, de cuya nación chol se fundaron todos los pueblos que hoy son de los 
curatos de Chiquimula, Esquipulas y Casaguastlan, aunque algunos de ellos 
muy deteriorados el dia de hoy, ademas de los muchos indios que consumió 
la guerra que fué muy sangrienta por esta parte en el tiempo de la conquista 
por ser aqueste un reyno de mucha fuerza que es el que llamaron de Copan, 
como lo demuestran las grandes ruinas de sus edificios que no se ven tales 
en todas aquestas provincias. Sugetos y sojuzgados todos los que estaban 
como fuera de las espesuras de las montañas y fundados los pueblos de los 
tres Curatos dichos, quedaron separados los demás Choles que estaban en la 
parte del Golfo dulce que eran los menos y muy desparcídos por lo montuo- 
so de la tierra y lo inaccesible que fue el poder penetrar las montañas que 
están sobre el Golfo dulce, y solo se pudo reducir por nuestros Religiosos 
cuando se fué reduciendo la provincia de la Verapaz. Los que se hallaron en 
lo que se pudo penetrar por el Rio del Golfo dulce desde Tactic, Tucuru y Ta- 
majun hasta Polochic que ya era sobre el parage que es hoy el Castillo de una 
banda y otra juntándose aquellos pueblezuelos que juntó la santa memoria 
del Ve. Padre Fr. Domingo de Vico, quedándose las montañas que están á la 
parte de la Verapaz y propiamente ásia el pueblo de Cajabon sin poderse 
penetrar por entonces y solo se atravesaron muy abajo y ásia el mar en el 
viage que hizo el invicto D. Fernando Cortes cuando de el Peten salió al Rio 
del Golfo que ese camino fué ya muy abajo y aun allí fueron muy pocos los 
indios que topó como consta de Bernal Diaz del Castillo, que se halló en aque- 
lla jornada. Con que en la. . ., llamémosla así, que vino á hacer el camino que 
llevó Cortes del Peten al Golfo y el camino que hoy vá de Cajabon al Peten, 
que viene á quedar como triangular y cada uno de sus ángulos no llegará a 
8(F leguas, que todo es de montañas especísimas, fueron siempre pocos los 
indios que hubo de aquesta nación chol; y aunque quieren hacer muchas na- 
ciones y provincias, no es mas que una, que los varios nombres que les dan 
es solo de parcialidades ó familias que cada una suele no tener treinta perso- 
nas, y esta es la verdad como se ha visto claramente, y lo mas que se halló 
fué la nación ó parcialidad del Mopan que también era de muy poca gente y 
fué la que se halló en el camino que se hizo de Cahabon para el Peten y allí 
cerca los pueblos de Chocahan, May y Manché, todos de poca gente y lo mis- 
mo Salclax, Cancal y las rancherías de Campamac, Tuilá, Conté y Boloncot; 
y asi cuando se habla de aquestos indios choles y de el Manché se entiende 
desde aqueste camino que de Cahabon vá para el Peten, cayendo á la parte 
del Golfo dulce; porque de la parte de este camino al lado que llamaremos 
del Lacandon todo es despoblado y no se sabe que haya gente, aunque pro- 

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píamente no es para el Lacandon, sino para el despoblado que está entre el 
Lacandon y Peten. La otra parte de los Acalaes de que se ha hecho arriba 
mención, y de los Lacandones, caen ásia la parte del poniente del pueblo de 
Coban, muy distintos de aquestos choles, y ya de los Acalaes no hay memo- 
ria y solo de los Lacandones habrá alguna gente que fué la que conquistó 
cuando se conquisto el Itza, como se dirá adelante; y así advertidas aquestas 
noticias proseguiré la relación que dá el P. Presentado Remesal de las re- 
ducciones del Manché y es como sigue : 

El Manché una de las provincias de la Verapaz que había cerca de 
cuarenta años que se trataba de su conversión, porque en los tiempos pasa- 
dos algunos de los principales de estos indios vinieron al pueblo de Coban 
y el Sto. Obispo Don Fr. Tomas de Cárdenas y los Religiosos que vivían en 
el Convento los agasajaron y regalaron dándoles bujerías de Castilla para 
atraerlos á su amistad y tener por aquí entrada para predicarles el Sto. Evan- 
gelio ; con esto acudieron de allí adelante mas de ordinario al pueblo de 
Cajabon que estaba mas cercano á su tierra y los Religiosos los regalaban 
todo lo posible dándoles cosillas de Castilla de que mostraban tener gusto, 
como agujas, cuchillos, tijeras y cosas semejantes, haciéndoles siempre plá- 
ticas de Dios y proponiéndoles los misterios de la fé exortándoles con razo- 
nes mansas y amorosas á que la recibiesen y fuesen cristianos. Ellos res- 
pondían que se verían en ello y lo considerarían porque el haber de mudar 
ley y mas la que tenían de tiempo tan antiguo, era negocio de mucha consi- 
deración y que pedia mucho tiempo para mirarse y resolverse en él. Duró 
algunos años en ellos el dar esta respuesta, tanto que los Religiosos, en par- 
ticular el P. Fr. Diego Lázaro que tenia á cargo el pueblo de Cahabon, se 
cansaron de su irresolución y de la frialdad de sus respuestas y conociendo 
algún peligro en los indios cristianos si la comunicación de los idólatras fuese 
ordinaria con ellos, les dijeron á los gentiles que en ninguna manera vinie- 
sen, y á los cristianos de Cajabon les mandaron que no solo no fuesen allá 
pero que si los bárbaros viniesen á su lugar no les recibiesen ni admitiesen 
en sus casas y conversación. Hísose así y duró este decreto casi veinte años. 

En el de 1594 siendo Provincial el P. Fr. Francisco de Zepeda y Prior 
de Coban Fr. Pedro Megía, estando en Cajabon los PP. Fr. Pedro Martínez 
y Fr. Juan Esguerra, les digeroñ los alcaldes que unos indios del pueblo en 
unas huertas suyas lejos de allí, habían topado unos envoltorillos de cacao 
colgados de los árboles y que era señal que algunos indios estaban por aque- 
llos montes y querían comunicarse. Encargáronles los PP. que procurasen 
con mucho cuidado saber lo que era y s^> eran algunos indios gentiles los 
acariciasen y recibiesen con amor. Hiciéronle así los de Cajabon y el año 
siguiente p^r cuaresma estando los mismos PP. en S. Agustín, que está de 
Cajabon seis leguas, les escribieron los Alcaldes que estaban allí once indios 
del Manché. Partiéronse luego los PP. y hallaron los forasteros muy quie- 
tos y sosegados y aun se sosegaron mas con el regalo que los PP. les hacían 
y con algunas cosas que les dieron. Estubieron así cuatro o cinco dias en 
que los PP. les propusieron la fé animándolos á que la recibiesen. Respondié- 
ronles los indios con agrado y daban esperanzas de ser cristianos y con esto 
se volvieron á su tierra y los PP. á su Convento. 

11 



El principal de estos indios era un cacique señor del pueblo de Cucul, 
que se llama agora Chajal por llamarse asi el sitio donde le pasaron una 
jornada mas ásia Cajabon; llamábase el hombre Alracaham ; mostró siem- 
pre mucha gana de recibir el Sto. Evangelio, aunque lo dejó por temor de 
otros caciques sus vecinos mas poderosos que él. Estándose muriendo de- 
claró esta voluntad á su hijo Zelutahan y le mandó que recibiese la ley de 
Dios que los PP. de Sto. Domingo predicaban que el tubo siempre por muy 
Sta. y muy buena y que si el viviera la recibiera sin falta, porque no llevaba 
otro dolor de este mundo sino el no habella recibido, y que asi le pedia y 
rogaba la recibiese pospuesto cualquier temor, que Dios le haría muchas 
mercedes y le ayudaría por ello; y dicho esto murió. 

Después de esto volvieron algunas veces á Cajabon muchos de estos 
indios infieles y alargábanse á los pueblos de Coban, S. Juan y S. Pedro, y los 
Priores tenian gran cuidado de regalarlos y enviarles á visitar á sus tierras 
con algunos presentes de cosas que ellos estimaban, en particular sal, que 
no la hay en aquella tierra, y siempre volvian los mensageros muy contentos 
de las buenas muestras que daban de ser cristianos. 

En este estado estaba el negocio cuando vino por Obispo de la Verapaz 
el Sr. D. Juan Fernandez Rosillo y por las inquietudes que causó á los Religio- 
sos echándolos de su Convento se resfrió un poco la conversión de estos 
indios por el agua que echaron en el corazón de los predicadores algunas ra- 
zones de carne y sangre. Sosegáronse un poco las cosas y los Religiosos 
volvieron á tratar de este negocio con muchas veraz y los indios perdieron 
también un poco el miedo que de las rebueltas pasadas le habian cobrado 
muy grande y escandalizadose de oir que el Obispo trataba mal á los frai- 
les y los desterraba y por esto se abstubieron de tratar con los cristianos de 
Cajabon y volvieron á frecuentar la conversación y trato. Una vez estando 
el P. Fr. Juan Esguerra en Cajabon día de la Natividad de Ntra. Señora del 
año de 1596, que es la fiesta de aquel pueblo, estubieron allí veinte y dos de 
estos indios y se holgaron mucho de ver la procesión y fiesta y las danzas 
que hubo, y el Padre les acarició y regaló y les hizo una plática exortandolos 
á ser cristianos, de que siempre daban buenas esperanzas. En estas idas y 
venidas y pláticas se pasaron tres ó cuatro años, y el Obispo viendo la fre- 
cuencia de los indios y como á los mensageros que los Padres enviaban los 
recibian bien, pareciólo tomar aquel cargo por suyo y hacer aquella conver- 
sión, envió á los infieles dos ó tres mensageros del pueblo de Cajabon y 
entre ellos uno que sabia leer y escribir para que les declarase una carta que 
les enviaba y escribiese la respuesta. Lo que contenia la carta del Sr. Obis- 
po era darles á entender el amor y voluntad que le tenia en cuya muestra 
les enviaba unos machetes, cuchillos y otras cosillas : exortábales á que re- 
cibiesen la fé de Cristo Ntro. Señor y que para que se la predicasen les envia- 
ría clérigos de S. Pedro. Los bárbaros en recompensa de los cuchillos y 
machetes le enviaron cacao y achiote dándole las gracias por el amor y vo- 
luntad que les mostraba. Que en lo que tocaba á recibir la fé, ellos lo mi- 
rarían á su tiempo y que le rogaban no les enviase clérigos por que no los 
conocian ni sabian que gente era, ni los habian visto en su vida ni tampoco 
conocian á San Pedro : que á Sto. Domingo conocían y á sus Religiosos y 

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en particular al P. Fr. Lucas Gallego y que si hubiesen de ser cristianos, 
de mano de estos Padres lo querían ser. Esto se supo de los mismos indios 
que el Obispo envió con el recado. 

Vino en esta sazón por Presidente y Gobernador de la Provincia de 
Guatemala el Doctor Alonzo Criado de Castilla y como supo esta entrada 
y conversión, tomó la causa por muy propia é hizo instancia con el P. Fr. 
Andrés del Valle, que era entonces Provincial, y con el Prior de Coban es- 
cribiéndoles muy de ordinario y encargándoles se acudiese á la conversión 
de los indios con todo cuidado; y viendo el P. Fr. Juan de Esguerra la mucha 
instancia que el Presidente hacia y el gran servicio de Ntro. Señor que se 
interesaba, envió á rogar á los Caciques se viniesen á ver con él á Cajabon. 
Vinieron cuarenta indios y entre ellos algunos principales Caciques y otros 
que por ser viejos no pudieron venir enviaron en su lugar personas princi- 
pales con comisión de que todo lo que hiciesen darian por bueno. Estaba el 
P. Fr. Juan de Esguerra en el Golfo dulce y fué en su lugar á verse con los 
indios el Prior del Convento que les hizo muchas y muy santas pláticas y el 
Señor obró por medio de ellas en sus corazones y dieron todos palabra de 
ser cristianos, y de los mas principales que allí estaban nombró el Prior seis 
fiscales para seis iglesias que se habían de hacer en seis pueblos de donde 
los cuarenta indios se habían juntado. De todo esto se sacó testimonio por 
un Notario del Obispo y se le envió y el Prior dio luego aviso al Presidente 
que de lo hecho recibió mucho gusto, dio las gracias por ello y de nuevo 
volvió á encargar con encarecimiento la prosecución de tan Santa Obra. En- 
vió al Padre Fr. Juan de Esguerra para que repartiese entre los cuarenta 
indios que habían venido cuarenta hachas, cuarenta machetes y cuarenta 
sombreros, de suerte que á cada uno cupiese hacha, machete y sombrero. 
No se pudo repartir en esta ocasión, porque cuando el presente llegó ya los 
indios habían vuelto muchos días había y así se guardó para otro tiempo. 
Sucedió que estando el mismo Padre en Cajabon vinieron allí diez de los 
cuarenta que antes habían venido y á estos les dio á cada uno su hacha, ma- 
chete y sombrero y todo lo demás cumplimiento á la cantidad que el Presi- 
dente había enviado, envió con indios de Cajabon buenos cristianos á los 
caciques y principales de aquella tierra. 

Fué de importancia este presente porque con él se aficionaron mu- 
cho y perdieron el miedo que antes tenían que era grande, y de allí a adelan- 
te se dejaron tratar con afabilidad y seguridad; que hasta entonces estaban 
ariscos y con algún recelo. La estimación del presente fué á medida de la 
necesidad que tenían de lo que en él se les daba que eran hachas y machetes 
para sus labranzas y sementeras, porque todos los años rozan grandes mon- 
tes para hacerlas como es estilo en toda la Verapaz, y antes que al- 
canzasen las hachas de hierro pasaban mucho trabajo, porque cortaban 
los árboles con unas hachuelas de cobre que tardaban en cortar un árbol, 
aunque no fuese muy grande, un día entero ; y si eran mayores, tardaban 
tres y cuatro días, porque las hachuelas se les quebraban con mucha facili- 
dad ; y como han esperimentado la fuerza del hierro, precian mucho cual- 
quier herramienta y así estimaron estas hachas y machetes. 

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CAPITULO IV 

En que se prosigue la misma reducción del Manché. 

Habia mas de un año que no venían de estos indios cuando llegaron 
los diez, y estos vinieron porque el P. Fr. Juan de Esguerra les envió á decir 
que se viniesen y comunicasen como solían, habló con ellos mas de dos horas 
cosas de Dios, del Sto. Evangelio y de la suavidad de la ley de Jesucristo 
Ns. pidiéndoles que la recibiesen, y respondían con tanta frialdad, como los 
que estaban resfriados en el primer proposito de ser cristianos y todo era 
largas y decir que se verían. El Padre les trajo á la memoria la palabra que 
habían dado al Prior (de que mostraban estar arrepentidos) y que parecería 
mal no cumplirla; porque en dársela, se la dieron juntamente al Sumo Pon- 
tífice y al Rey en cuyo nombre se les había recibido y que estos eran grandes 
Señores y que recibirían muy mal que les quebrasen la palabra dada. A 
esto respondieron que ellos eran solos diez y que no podían dar otra res- 
puesta sino era con parecer y consentimiento de los caciques y la demás 
gente de los pueblos que era mucha. Replicábales el Padre que pues algunos 
de ellos eran caciques y los demás que no lo eran venían en nombre y con 
poder y comisión de los que allá quedaban, como se les habia enviado á de- 
cir, que respondiesen con resolución de sí ó de nó. Prosiguió el Padre su 
plática y tanto les dijo en confirmación de lo que pretendía, que al cabo les 
sacó ratificación de la palabra que tenían dada y con esto los despidió y se 
fueron muy contentos. La causa de haberse estos indios arrepentido fué 
que algunos malos cristianos les dijeron que la ley de Dios era muy dificul- 
tosa y muy pesada y que mirasen lo que hacían que luego en recibiéndola 
habían de entrar españoles en su tierra, que era gente muy cruel y los habían 
de tratar mal, á ellos y á sus hijos y mugeres y que les habían de cargar de 
tributos intolerables que no pudiesen pagar y servirse de ellos sacándolos 
de sus tierras y natural, llevándolos cargados muy lejos. (Esto era conse- 
cuencia de lo que los indios de la Verapaz habían esperimentado y visto en 
otros, como queda dicho arriba). Procuró el Padre averiguar quienes ha- 
bían sido los inquietadores con semejantes pláticas para hacerlos castigar 
y aunque hizo apretadas diligencias, no pudo sacar cosa en limpio. Conten- 
tóse con mandar en un sermón que nadie fuese á la tierra de estos indios sin 
particular licencia suya, so pena que seria castigado rigorosamente y así se 
hizo que no iba nadie sino los mensageros que el Padre enviaba y los que 
iban con licencia suya y esta muy recatada y dada solo á persona de quien 
tubiese mucha satisfacción que no haría daño con sus pláticas antes apro- 
vecharía con su buena conversación. Esto ha sido en todas partes la piedra 
del escándalo, y mucho mas en estas montañas, porque como los indios se 
comunican unos con otros y cuentan las tiranías de los Alcaldes mayores, 
no se quieren reducir de temor de que harán en ellos lo mesmo, que yo ase- 
guro que si tales Ministros de justicia no hubiera, muchas reducciones se 
hubieran hecho y las Provincias y vasallos de S. M. se hallaran muy flori- 
dos. Con esto y con prometer el Padre á los indios que no habian de entrar 

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Españoles en su tierra sino fuese con su gusto y que el Rey N. S. les habia 
de recibir bajo de su Real protección y amparo y defenderlos de todos cuan- 
tos los quisiesen agraviar. (Esto han prometido muchas veces los Religio- 
sos confiados en la piedad del Rey que así lo quiere; pero después se hallan 
muy atribulados porque sus Ministros no atienden á esto y se falta á todo) 
y que no se les habia de echar tributo por muchos años, se quietaron y so- 
segaron. 

El año de 1602 por el mes de junio estubieron determinados, el mismo 
Padre Fr. Juan de Esguerra y el Padre Fr. Salvador de San Cipriano de lle- 
garse á dar una vista á estos indios; y teniendo hecho el matalotage para el 
camino, fueron tantas las aguas y lo que los ríos crecieron y hay en el ca- 
mino cuatro muy caudalosos sin infinitos arroyos que en tiempo de invierno 
no se pueden pasar, que hubieron de dejar su jornada para mejor coyuntura. 
Llegóse el año de 1603 y el Presidente de Guatemala hacia mucha instancia 
con el Padre Fr. Rafael de Lujan que era Provincial, de que se acudiese de 
veraz á este negocio. Celebróse á principio de este año capítulo en el Con- 
vento de Sacapulas, como arriba se dijo; allí llegaron cartas muy encarecidas 
del Presidente acerca de la conversión del Manché, proponiendo al Provin- 
cial y Definidores este negocio como uno de aquellos en que era mas intere- 
sado el servicio de Dios y del Rey N. S. y el oficio propio de la Religión de 
Santo Domingo que otro ninguno de aquel tiempo. Con estas cartas se plati- 
có sobre el caso muy de propósito y los PP. Capitulares se dividieron en di- 
ferentes pareceres sobre la entrada de los Religiosos. Unos decían que era 
negocio dificultoso y peligroso ponerse los Religiosos entre aquella gente tan 
bárbara, que muy a su salvo les podían quitar la vida sin seguirse de ello 
ningún buen efecto. Traían en consecuencia o confirmación de su parecer la 
muerte del Santo Mártir Fr. Domingo de Vico y de su compañero Fray An- 
drés, según arriba queda referida; y para decir la verdad, este succeso te- 
nia muy acobardados los ánimos de los Religiosos que podían entrar en el 
Manché. Otros Capitulares facilitaban el negocio diciendo : que la gente 
era pacífica y que no se sabia que tubiesen guerras ni fuesen crueles como 
lo eran los Lacandones que habían muerto al P. Fr. Domingo de Vico y que 
así no habia que temer; cuanto y mas que siendo la causa tan de Dios, él 
daría ánimo y fuerzas á los Religiosos que entrasen y dispondría las cosas 
de suerte que fuese muy en servicio suyo todo lo que se hiciese. Prevaleció 
este parecer y por juntársele el Provincial, mandó allí luego al P. Fr. Juan 
de Esguerra que con la mayor brevedad que pudiese, llevando consigo otro 
compañero, entrase en la montaña. 

Fué muy obediente á este mandato tan santo y tan pió, el P. Fr. Juan, 
y así á los 25 de Abril siguiente en compañía del P. Fr. Salvador de San 
Cipriano, salió del pueblo de Cajabon y el primer dia de Mayo llegaron al 
primer pueblo de los infieles llamado Cucul. Es todo el camino de grandes 
montañas y el monte tan cerrado que con ser el temple caluroso y los soles 
muy grandes, no les daba pena el calor por la grande espesura de los árbo- 
les. Andubieron a pié lo mas del camino por ser la tierra muy fragosa. Antes 
de llegar al pueblo avisaron al cacique como venían : respondió que se hol- 
gaba mucho y que iba á recibirles. Así lo hizo y regaló á los Padres con todo 
lo que fué posible. Detubieronse allí seis dias y en ellos enviaron á los Ca- 

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ciques de los demás pueblos que se viniesen allí á ver con ellos : vinieron 
todos cinco en nombre de sus cinco pueblos y con todos ellos tubieron allí 
largas pláticas de la ley de Dios y abominación de la idolatría. Tubieron entre 
si los bárbaros largas consultas y acudieron á los Padres con algunas dificul- 
tades que se les ofrecían; y después que se satisficieron de todo, todos jun- 
tos vinieron y dieron palabra de ser cristianos y pidieron Maestros que les 
enseñasen la fé de Jesucristo entretando que los Padres volvían á bautizar- 
los; y con esto se despidieron los unos y los otros y los PP. se volvieron á 
Cajabon. 

Cuando los Padres llegaron á Cucul pusieron luego una cruz grande 
y al pueblo le llamaron S. Felipe tanto por haber entrado en día de este glo- 
rioso Apóstol, como por ser el nombre del Rey N. S. que tan servido era en la 
conversión de aquella gente. Al Cacique digeron que para cuando se bauti- 
zase se había de llamar Don Diego y él aceptó el nombre de tan buena gana, 
que luego comenzó á usar de él. Encargáronle que hiciese luego la iglesia 
y casa para los Padres y así lo hizo; y aunque se dio este mesmo cuidado á 
los demás, no se dieron tan buena maña. Luego que los Padres llegaron á 
Cajabon enviaron doce indios hombres de bien y buenos cristianos, dos á 
cada pueblo para que les enseñasen la doctrina entretanto que volvían á 
declarársela y á bautizar la gente. El Presidente de Guatemala dio para 
ayuda de esta entrada cuatrocientos tostones de tributos vacos que montan 
mil y seiscientos reales de Castilla, que por no se recibir cosa de los indios, 
antes sustentar los que se llevaron de Cajabon y ser los precios de las cosas 
del Verapaz excesivos, no bastaron y suplió el Convento lo que faltó aun 
para lo muy precisamente necesario. 

Habiendo escrito muchas veces el Presidente al Padre Fr. Juan de 
Esguerra que le trajese á Guatemala algunos de los indios infieles, para verlos 
y regalarlos y para que con esto los que estaban en los montes perdiesen el 
miedo que tenian á los Españoles viendo que de los muchos que habia en la 
Ciudad ninguno les hacia mal y con esto echasen de ver que no se pretendía 
sino su bien; persuadióles esto el P. Fr. Juan algunas veces y no lo pudo aca- 
bar con ellos. Hizo cierta ausencia á Guatemala sobre un negocio tocante á 
la Verapaz y entre tanto el P. Fr. Salvador de S. Cipriano les persuadió tanto 
á la jornada que la emprendieron y el dia de la Magdalena llegó á la Ciudad 
con el Cacique de Matzin y otros dos indios de su compañía. Fué mucho el 
contento que se recibió con ellos y cuando los Padres los llevaban por las 
calles no se podian valer de gente. En todas las casas que entraban los re- 
galaban y daban bugerias de Castilla, en particular se holgaron de verlos 
el Presidente y Oydores. El Presidente los regaló mucho y los vistió de seda 
y les dio vestidos y galas para sus mugeres y con esto los despidió y se fueron 
muy contentos, perdido el miedo que tenian á los Españoles. El buen trata- 
miento y regalo que á estos indios se les hizo, fué causa de que dando la bue- 
na nueva viniesen de allá otros seis indios, el mes de Octubre siguiente por 
1% fiesta de San Lucas. El uno era el Cacique del pueblo de Cucul, S. Felipe, 
como lo llamaran los Religiosos cuando llegaron á él. Otro era el Cacique 
del pueblo del Manché llamado Ahichichen, que cuando se bautizó se llamó 
Don Juan y en su compañía venían otros cuatro indios. Fué también el con- 
tento que en la Ciudad se recibió con ellos y el Presidente los vistió y regaló 

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como á los pasados, con que se volvieron muy contentos á su tierra. Para los 
gastos que el P. Fr. Salvador hizo en estos viajes, dio el Presidente de tributos 
vacos, trescientos tostones. 

Volvióse el P. Juan de Esguerra, concluidos sus negocios, á su Con- 
vento de Coban, y luego el año siguiente de 1604 á los 10 de febrero se par- 
tieron de Cajabon con su compañero el Padre Fr. Salvador de San Cipriano 
y después de haber andado seis días por aquellos montes, llegaron al pueblo 
de San Felipe ó Cucul. Allí se detubieron quince días en que catequizaron 
los indios, les declararon los sagrados misterios de la fé y bautizaron hasta 
cincuenta personas. El primero que se bautizó con mucho contento y rego- 
cijo y muestras de gran devoción, fué el Cacique tomando el nombre de Don 
Diego que ya se le había dado, y el sobrenombre de Castilla en memoria del 
Presidente. Hizoseles luego un gran sermón animándolos á la recistencia 
de las tentaciones del demonio, á la perseverancia en la fé y en la nueva vida 
comenzada. 

Hecho esto se partieron los Padres al pueblo del Manché, que es de 
mas número de gente y mayor que los demás. Tardaron tres dias en llegar 
por el mal camino que dicen que el mas malo de las indias no se iguala en 
malos y peligrosos pasos con este. Otro camino había, pero para tomarle era 
menester volver una jornada atrás, y por no dar este rodeo se determinaron 
los Padres de ir por allí, aunque los indios les decían que se habían de arre- 
pentir y no les pronosticaron lo que no fué. Media legua del pueblo de donde 
salieron toparon un rio tan caudaloso y tan grande que se dividía en seis 
brazos que cada uno hacia un rio muy crecido. Estubieron determinados de 
volverse y lo hicieran si los indios de Cajabon, que son animosos, ayudados 
de los del pueblo no hicieran en partes acomodadas seis puentes por donde 
todos pasaron muy sin peligro y el no detener tres cabalgaduras que lle- 
vaban, se tubo á mucho. Dos leguas mas adelante de este rio toparon un 
cerro que los indios llaman Vatunchú que quiere decir ídolo derecho, y éralo 
tanto la cuesta que apenas los Padres la podían subir á pie. En lo alto de 
este cerro habia un portillo por donde pasaba el camino y en medio de este 
portillo estaba una piedra cuadrada de hasta una vara en alto y en ella ha- 
llaron unas teas que se habían encendido y algunas gotas de sangre fresca; 
y deseando los Padres saber que fuese aquello lo preguntaron á los indios 
que llevaban consigo, y ellos digeron que á aquel cerro lo tenían los indios 
por cosa divina, como lo decía el nombre, y que en aquella piedra ofrecían 
sacrificio al cerro pidiéndole favor y ayuda contra los enemigos que pasasen 
por él. Preguntaron mas que ¿como estaba allí aquella sangre fresca y aque- 
llas teas recién quemadas, que quien podia haber hecho aquello? Súpose 
que los indios del Manché y de los otros pueblos que habia poco que pasa- 
ron por allí, lo habían hecho. La ocacion fué que así como los Padres lle- 
garon al pueblo de Cucul ó S. Felipe, enviaron á llamar á los demás pueblos 
que se llegasen á verse con ellos ; llegaron los Caciques y digeronles como ha- 
bían de ir á sus pueblos : que se estubiesen seguros y pacíficos, porque no 
iban á hacerles daño, sino por su bien y provecho. Ellos ponían dificultades á 
los Padres procurándoles disuadir la ida con los malos pasos y asperezas del 
camino ; y viendo que esto no bastaba, se volvieron á dar aviso que los Padres 
iban y al pasar del cerro hicieronle sacrificio como á mas poderoso que ellos 

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para estorbar la ida de los Padres. Porque aunque es verdad que habían 
dado la palabra de recibir la fé, aparecióles el Demonio visiblemente hacién- 
doles grandes amenazas si se bautizaban y con esto estaban muy amedren- 
tados, temían la ida de los Padres y por esto sacrificaron al cerro para que 
no los dejase pasar, cosa de que los Padres se rieron harto, tomando motivo 
de este desatino de ir platicando con los compañeros de las arterias con que 
el demonio engaña á los suyos. Tardaron tres días en pasar éste y otros 
malos pasos hasta llegar al pueblo del Manché; pero con el favor de N. Señor 
que los guiaba, de todo salieron bien; el último dia fué de buen camino 
y así respiraron un poco. 

Antes de llegar al pueblo enviaron á avisar como iban y admiráronse 
mucho los gentiles de que los Padres hubiesen pasado sin haberles succedido 
desgracia alguna, y con ser muchos los miedos que el demonio les habia 
puesto, recibieron á los religiosos con buen semblante. Tenían ya hecha la 
Yglesia y casa de los Padres, aunque todo pequeño y mal trazado. Allí estu- 
bieron seis días y el egercicio común era á la mañana y á la tarde declararles 
la doctrina cristiana y decirles como habían de guardar la ley de Dios en 
bautizándose. Con ser el pueblo grande, la gente que acudía era poca, por 
causa de los muchos temores que el demonio les habia puesto y por ellos no 
osaban vivir. Importó mucho, para quitarles estos embelecos, la afabilidad 
y amor con que los Padres los trataban, dándoles cosas de comer que ellos 
jamas habían gustado, cosillas de Castilla, espejuelos, agujas & y mantas 
de algodón que ellos usan tegidas de diversos colores, gala para aquella tie- 
rra, estraordinaria. Con estas caricias acudían ya mejor y multiplicáronse 
con un sermón que se les hizo de los engaños del demonio y la astucia que 
tenia en impedir la salud de las almas con fieros y amenazas que no puede 
poner en egecucion como ellos lo echaban de ver, por que estaba sugeto á la 
ley y voluntad del verdadero Dios cuyos ministros eran, que no le consenti- 
ría hacer daño ninguno á los que creyesen en él. Con esto se quietaron mu- 
cho y acudieron de mejor gana y cada dia mas gente. No se tubo esto por 
pequeña hazaña y asi contentándose los Padres por entonces con asegurar 
á los del Manché, se fueron al pueblo de Choc-ahau no habiendo por enton- 
ces bautizado mas que a un niño enfermo : y por entender que presto se 
salvaría por los méritos de la pasión de Cristo N. S. y las aguas del bautismo, 
le llamaron Salvador. De los mayores no bautizaron ninguno porque no esta- 
ban del todo enseñados y guardaron el egercicio de aquel Sto. Sacramento, 
puerta de los demás, para cuando estubiese la gente mas capaz por la noti- 
cia de las cosas de Dios. Desde el pueblo de Cucul ó S. Felipe á este del Man- 
ché caminando siempre al Norte por el camino que los Padres fueron (que 
después se descubrió otro mejor y de menos peligrosos pasos) hay quince 
leguas. 

El pueblo de Chocahan está del Manché tres leguas : vase siempre 
caminando al Poniente, buen camino y apacible; y todo por sombra por la 
espesura del monte: será pueblo de cien casas y no tiene mas el Manché, 
pero no parecen tantas por estar desparcidas. No vieron los Padres mas que 
la del Cacique, junto á ella habían hecho la Yglesia y casa en que se reco- 
giesen. El temor con que los recibieron fué mayor que en el otro pueblo y 
aunque mas lo procuraban disimular, se conocía mucho. No se detubieron 

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allí los Padres mas que el dia que llegaron y otro : en este tiempo se les predi- 
có tres veces declarándoles la doctrina. Los que acudieron fueron solo viejos 
que los otros no osaron ver á los Padres. En este pueblo, junto á la Yglesia, 
hallaron los Padres en una como plaza hecho un sacrificatorio de piedras 
y barro labrado toscamente, de hechura redonda y de una brazada de diá- 
metro. Aqui hacian sus sacrificios que eran quemar unas candelas de cera 
negra y teas; y algunas veces sacrificaban gallinas y otros pájaros; y asimis- 
mo se solian sacar sangre de la lengua, orejas, sienes, molledos de los brazos 
y otras partes. No se les hallaron Ídolos de piedra ni otra materia sólida 
aunque se hizo diligencia por haberlos ; y por esto preguntaron los Padres : 
que pues no tenían Ídolos ¿á quien ofrecían aquellos sacrificios? Respon- 
dieron : que á los montes y sierras muy fragosas y altas y á los pasos peligro- 
sos y encrucijadas de los caminos, y á los grandes remances de los rios, por- 
que entendían que por esto vivían y se multiplicaban y que de allí les venia 
todo su sustento y las cosas necesarias para la vida humana. Desengañá- 
ronlos los Padres de este error y recibieron bien las razones con que se lo 
refutaron. Persuadiéronles que deshiciesen el altar de los sacrificios y di- 
geron que sí, y el primero que comenzó a derribarle fué el Cacique. En nin- 
guna otra parte de toda aquella tierra toparon altar que fuera de considera- 
ción, aunque hallaron muchos por el camino que eran dos ó tres piedras 
toscas á raiz del suelo y un arco hecho de ojas de palma puesto como por 
retablo, y en aquellas piedras quemaban copal y hacian las ceremonias dichas. 
No estaban los de este pueblo de Chocahan bastantemente instruidos en las 
cosas de la fé y por esta causa los Padres no bautizaron ninguno de ellos, 
contentándose por entonces con las pláticas que les hicieron de que perseve- 
rasen en el buen propósito que tenían de ser cristianos prometiéndoles todo 
favor en el Señor, contra las tentaciones del demonio. De este pueblo se 
fueron los Padres al de Hixil que estará como dos leguas al medio día. Es 
pueblo de hasta doce casas, situado en la orilla de un rio que llaman Cacaen, 
tenían hecha casa para los Padres, la Iglesia estaba comenzada y acabáronla 
aquel dia con ayuda de los indios forasteros. Recibieron estos indios á los 
Religiosos con gran contento y alegría y mostraban mucha gana de ser cris- 
tianos y por momentos iban á su casa á que les enseñasen la doctrina. 
El Cacique agradó mucho á los Padres así por mostrar mas capacidad y 
razón que todos los demás, como por el gran deseo que mostró de ser cristia- 
no. Antes que los Padres llegasen á su lugar, que era el cuarto de este viaje, 
se fué á ver con ellos á los otros tres primeros por donde venían, pidiendo 
siempre indios que les enseñasen la doctrina, y con la misma demanda se fué 
á despedir del último pueblo cuando se volvían á Cajabon, tal era la gana que 
tenia él y su pueblo de que los bautizasen. En este pueblo estubieron el dia 
que llegaron y el dia siguiente y al tercero se partieron ; y este mismo orden 
guardaron en los pueblos que faltaban de andar; contentándose por esta pri- 
mera visita con ver la disposición de la tierra y sitios de los pueblos y con 
hacer que viendo los indios el amor y afabilidad con que los trataban, perdie- 
sen el miedo á los españoles y se asegurasen que no iban á hacerles mal. 

De este pueblo de Hixil fueron al de Matzin que era de treinta casas, 
donde era Cacique el que fué á Guatemala, á quien, como se dijo, el Presi- 
dente regaló y vistió, y estaban él y su gente muy agradecidos de esto y así 

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toda prisa se iba como ángel del cielo. De Ixvox caminaron cuatro leguas al 
poniente para llegar al pueblo de Yaxhá en donde los Padres fueron recibidos 
con mucho contento y alegria y la gente acudia á la doctrina y sermones 
con gran puntualidad y parecian mas dóciles y de mayor capacidad para 
recebir la fé que todos los demás que se habían visto y mostraron gran vo- 
luntad de ser cristianos. Este es el último pueblo de los que hasta entonces 
se sabian; será de hasta diez ó doce casas; aunque en él y en todos los 
demás se han descubierto otras muchas con cantidad de gente, porque cada 
casa es una familia con hijos, nueras y nietos, cuñados y parientes &. 

De aquí dieron los Padres la vuelta á Ca jabón, que les apretaba el 
tiempo de la cuaresma y haber de confesar á los pueblos de cristianos que 
administraban y por esto se detenían tan poco en estos últimos pueblos. Día 
y medio caminaron entre el oriente y medio día hasta encontrar el camino 
que vá Cucul ; y después lo que quedaba hasta llegar á Cajabon, caminaron 
casi al poniente. Llegaron á los 26 de Marzo habiendo salido del mesmo 
pueblo, como se dijo, á los 10 de febrero. En llegando dieron orden que 
fuesen indios de Cajabon á enseñar la doctrina y catecismo á los del monte. 
A enviarlos y á confesar el pueblo se quedó allí el P. Fr. Salvador; y el P. 
Fr. Juan de Esguerra pasó á Coban al mismo egercicio, con intención de lue- 
go en pasando la Pascua, dar la vuelta al Manché. 



CAPITULO V 

Prosigúese la misma reducción del Manché. 

Cuando el año de 1604 se descubrió el puerto que llaman de Sto. To- 
más por haberse descubierto día de Sto. Tomas de Aquino, se descubrieron 
juntamente allí unos indios llamados Loquehuas que eran hasta doscientas 
y diez personas y estos eran de la misma nación Chol que queda dicho se 
estendia desde tierra de Esquipulas y Chiquimula hasta las montañas que 
estaban de la otra parte del rio del Golfo ; y estos indios estaban á las faldas 
de la cerrania de Esquipulas entre puerto de Caballos y el de Sto. Tomás 
que allí se llama la Caldera; y estando actualmente el P. Fr. Juan de Esgue- 
rra apercibiéndose para ir al Manché, el Provincial instado del Presidente le 
mandó dejar la jornada y que fuese á enseñar la fé y bautizar á estos indios 
Loquehuas que era mucho servicio de N. Señor. Fué en compañía del P. Fr. 
Francisco Roque y halló que no era menester su presencia porque el Sr. 
Obispo de Honduras desde su Catedral de Valladolid de Comayagua habia 
enviado un clérigo que se llamaba Juan de Zelaya el cual sin aguardar las 
circunstancias que se requieren y su Prelado le advirtió, tenia bautizados 
todos los indios con tan poca doctrina que apenas sabian las oraciones cuanto 
y mas entenderlas no solo lo que contienen pero ni aun el lenguage por ser 
en latin y en romance. Estos Loquehuas se poblaron en el lugar de Amatique 
que tiene su asiento tres leguas mas arriba del puerto de Sto. Tomas que 
se andan todas un rio arriba que entra en el puerto. Yo estube en él, dia de 

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la Natividad de Ntra. Señora del año de 1613 y entendí como estos indios 
Loquehuas viéndose fuera de su natural se murieron todos y aun para aca- 
barse los de Amatique faltaban pocos. Detubose aquí algunos meses el P. 
Fr. Juan administrando los sacramentos así á indios como á españoles y 
dando traza á la población que se procuraba hacer junto con el camino que 
se abrió desde allí para llevar las mercadurías á Guatemala sin subirlas por 
el Golfo dulce, cosa que no duró por la falta de mantenimientos para las 
cabalgaduras. Este camino era por las montañas que salen para Esquipulas 
y % Chiquimula y salió muy fragoso y de muchas montañas, en que aqueste 
Presidente Don Alonso Criado de Castilla gastó mucha hacienda Real y se 
malogró todo como yo he visto en papeles del archivo de la Ciudad de Gua- 
temala. 

Dio orden el P. Provincial Fr. Rafael de Lujan que aunque se ocu- 
pase el P. Fr. Juan de Esguerra en otra cosa, que no era la vuelta del Man- 
ché, no se quedase la segunda jornada, por lo mucho que importaba no soltar 
aquel negocio de la mano; y asi envió á ella al P, Fr. Salvador de S. Cipriano 
y al P. Fr. Alejo de Montes. Salieron estos Padres de Cajabon mediado el 
mes de Mayo de 1604 y sin detenerse en pueblo ninguno de los que antes 
habia, se fueron derechos al Manché. En este pueblo estubieron dos meses 
y medio y convino así por ser cabecera á quien los demás reconocen, y esta- 
ban á la mira para ver lo que viesen lo que estos hacían. En este tiempo pa- 
saron los Padres grandes trabajos y aflicciones porque los indios no se mos- 
traban tan gustosos de su estancia ni acudían á la doctrina y sermones con 
el cuidado que ellos quisieran; y viéndolos tan tibios, ó por mejor decir tan 
resfriados en el propósito de recibir la fé, no podían dejar de estar con mil 
temores y congojas. La causa de esta tibieza ó frialdad fué que el mesmo 
dia que el P. Fr. Alejo de Montes partió de Coban para juntarse en Cajabon 
con el P. Fr. Salvador de S. Cipriano a la gente del Manché se le aparecieron 
dos demonios en forma humana diciendoles que en ninguna manera reci- 
biesen á los PP. ni los creyesen ni se bautizasen porque todos habían de mo- 
rir. Los indios en hablandoles el demonio llamaron los demás pueblos para 
comunicar el oráculo y antes que todos se juntasen llegaron los PP. de lo 
cual ellos muy atajados y confusos. Entre los disparates que el demonio 
les dijo uno fué que si los PP. entraban en la tierra habían de salir mal de 
su grado sin zapatos ni sombreros ; y cuando los vieron llegar tan sanos y 
buenos sin temor ni miedo alguno, quedaron maravillados. Contaron el caso 
á los Padres y como se riesen de ello y se burlasen del demonio que tenia 
echadas grandes raices en los corazones de los indios, al tercero dia que los 
PP. llegaron fueron á ellos los principales del lugar y espresamente les di- 
jeron que se volviesen porque no tenían que darles de comer y tenían ham- 
bre; y respondieron los PP. que no querían que los sustentasen ni diesen cosa 
ninguna de comer: que ellos traían con que mantenerse y que darles tam- 
bién á ellos y que si el matalotage se les acabase, Dios los provena. Fueron- 
se con esto y volvieron el dia siguiente con ocacion de oír cantar un pájaro 
que estaba en un árbol cerca de la casa de los PP. y preguntáronles que por- 
qué se reía de ellos aquel pájaro? Digeronles los PP. si habían oído otra vez 
aquel pájaro, o si era esta la primera que le oían cantar? Nó, dijo uno, que 
siempre canta así por estos arboles. Pues si siempre canta así, digeron los 

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PP., por Q ué agora mas que nunca lo preguntáis? ni porqué agora mas que 
otras veces se ha de reir de vosotros? Con esta respuesta se fueron los in- 
dios y volvieron otro dia poniendo grandes temores á los PP. aconsejándoles 
que se fuesen por que sino, tenian por cierto que les habia de acontecer al- 
guna gran desgracia. Los PP. les digeron que no tenian miedo de cosa al- 
guna. Este mesmo dia por la tarde se juntó mucha gente en casa del Ca- 
cique; vieronles los indios compañeros de los PP. que acertaron á llegar 
por allí y los congregados sintieron que eran vistos, echaron á los forasteros 
con ademanes y palabras de cólera. Diose aviso de esta junta á los Padres 
que determinaros de ir allá, porque no presumieran cosa buena, el dia si- 
guiente digeron misa muy de mañana, tubieron los congregados aviso y 
cuando los Padres llegaron ya no habia sino algunas mugeres y cantidad de 
amacas colgadas de los árboles en que habian dormido los que faltaban. 
Viendo los indios el poco temor de los Padres y su mucha constancia en que- 
rer estar con ellos, comenzaron á quietarse y á no mostrarse tan ariscos 
como antes, de que los Padres cobraron alguna seguridad. 

En este tiempo sucedió que viniendo el Cacique de su casa, que estaba 
algo apartada, á los 9 de Junio, miércoles de la Octava del Espiritu Santo, 
alborotóse el ayre y en un punto se formó una especísima nube que despidió 
de si un grandísimo trueno que oyéndole derrepente el Cacique quedó fuera 
de sí desmayado y como muerto. Trageronle los suyos al pueblo á una casa 
que se habia labrado para él por estar mas cerca de su casa antigua y 
porque los PP. viesen por sus ojos el daño que les hacían con su presencia. 
Túbose por cierto que el formarse la nube, despedir de sí el trueno y el es- 
panto del Cacique que habia oído otros mayores, todo habia sido orden del 
demonio y que juntamente era traza suya un pavor y miedo tan grande que 
cayó en el corazón de todos los indios, que no habia persuadirles lo contra- 
rio, de que por haber recibido á los PP. y acogídoles en su lugar se habian 
de morir todos aquella noche, y así lo decían á voz en grito renegando de la 
cristiandad, llorando y lamentándose amargamente. En medio de este al- 
boroto se determinaron los PP. de ir á ver al Cacique: halláronle con gran- 
des vascas y haciendo unos gestos tan temerosos y feos que á todos causaba 
espanto. Estaba la casa llena de gente: allí su muger, hijos é hijas, sus 
deudos, los principales del pueblo y de los demás faltaban pocos. Pero no 
faltaba ninguno de los presentes y ausentes que no maldigese los PP. y su 
venida y las mugeres delante de ellos llamaban cobardes y viles á sus mari- 
dos porque no los mataban ó echaban del pueblo, pues tantos daños habían 
de traer á la tierra ; y si de hombres por confiados que estén en la misericor- 
dia de Dios, es temer, en esta ocasión tubieron los Padres harta aflicción de 
espíritu viéndose en peligro tan evidente de la vida. Fué N. Señor servido 
de ampararlos y nadie estendió la mano contra ellos ; antes les dieron lugar 
para que llegasen al enfermo. Asiéronle de los brazos, detubieronle la furia 
sosegáronle un poco y decíanle que fuese cristiano, que luego se le quitaría 
el mal. ¿Que cristiandad es esta que decís, respondieron por él los que allí 
estaban, no veis como sin ser cristiano se está muriendo porque os ha recibi- 
do? Desengañáronles los PP. de este error que el demonio les habia dicho, 
y entretanto hicieron traer un poco de vino con polvos de canela y se lo 
dieron a beber al cacique. De allí á un poco echaron de ver por el pulso que 

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se le habia mitigado el mal Allí como pudieron lo exhortaron á ser cristiano : 
bolvieronse los padres á su casa y los indios que se quedaron con el enfermo 
gastaron toda la noche en ciertos sacrificios y sahumerios al demonio por 
su salud. Gastáronla los PP. en oración pidiendo al Señor les amparase 
y diese salud á aquel enfermo si convenia para su salvación y para la con- 
versión de toda aquella gente ; y parece que el Señor los oyó porque el 
Cacique amaneció con notable mejoria y el pueblo muy quieto y sosegado; 
y pareciendo buena coyuntura volvió el P. Fr. Alejo de Montes á casa del 
Cacique y con buenas palabras los dejó á él y á todos sosegados. 

Este mismo dia que era diez de junio llegó un cacique á los PP. pi- 
diendo que le bautizasen, que queria ser cristiano. Recibiéronle muy bien y 
viendo que perseveraba en su propósito, le digeron que tragese á la gente 
de su casa para que se les enseñase la doctrina y ley de Dios que habian de 
recibir. Hízolo así, y cuando á esta gente se les decía y declaraba la doc- 
trina cristiana se quedaban algunos de los otros á oiría y parecía que gus- 
taban de ella. Con el egemplo de este Cacique se aseguraron un poco los 
indios y el Cacique principal ya bueno de su espanto, vino á pedir con mu- 
chas veras el bautismo. Digeronle los Padres muy gozosos que de muy bue- 
na gana; pero que les habia de decir primero los ídolos que tenia y mostrar 
los sacrificaderos. Prometió de hacerlo así y llevando en su compañía dos 
indios de Cajabon que acompañaban á los Padres, trajo dos incensarios de 
barro y unas piedras; porque como se ha dicho, estos indios no tenían ídolos 
de ninguna materia. Estas piedras é incensarios hicieron luego los Padres 
pedazos allí delante de ellos ; y desde entonces á la doctrina y sermones 
tenían mas oyentes de los que solían. Pero como esto aun no les habia 
arrancado del todo el culto del demonio del corazón, en estos dias concerta- 
ron un sacrificio y borrachera muy grande en honra suya y en aborrecimien- 
to de la fé en que los PP. vivían. Habíase de celebrar esta fiesta el mesmo 
dia que los Padres y toda la iglesia celebraba el Smo. Sacramento del Altar, 
que este año de 1604 cayó á 21 de junio, y en una casa que estaba no lejos 
de adonde los PP. vivían. Tubieron de esto noticia los Religiosos, fueron á 
ver el templo y halláronle tan negro y sucio como su dueño, que causaba 
asco el verle, lleno de basijas todo apropiado para la borrachera. Estaban 
dentro dos piedras en que los indios ofrecían sacrificios de humo al demonio 
y esto ponia el templo tan tisnado como cosa infernal. Juntaron los padres 
á los indios principales y afeáronles el caso y tomando ocacion del asco y su- 
ciedad del templo, les predicaron de la del demonio que con tales casas y 
cosas quiere ser servido y reverenciado ; contraponiendo la limpieza y curio- 
sidad del culto divino con que el verdadero Dios que ellos les predicaban es 
honrado, los avergonzaron de lo pasado y los animaron á lo porvenir que era 
la fé de Jesucristo N. S. la cual desde este día dio un rayo de su luz en los 
corazones de estos bárbaros y sin dilación quebraron las ollas de sus borra- 
cheras y pusieron fuego al templo que dispuesto con los sahumerios pasados, 
se abrazó en un punto, despidiendo de sí una llama y un humo tan espeso 
y negro como si se abriera una boca del infierno. Fué cosa maravillosa que 
estándose quemando llegó el P. Fr. Alejo de Montes, hecho mano de un 
pilar que estaba todo ardiendo y lo arrancó de la tierra para echarlo donde 
el fuego andaba mas furioso é hizolo sin recibir lesión ninguna, ni quemar- 

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se ni ensuciarse, cosa que causó gran admiración á los indios y aun á él 
mismo y á su compañero. No gustaron todos del incendio de el templo y los 
que se desagradaron de él, trataron por algunas horas de este dia de matar 
á los Padres; pero fué Dios serbido de aplacarlos. 

El mismo dia del Santísimo Sacramento señalado por los indios para 
ofrecer sacrificio al demonio, vinieron ellos mismos de su voluntad á ofrecer- 
se en sacrificio á Dios y pidieron á los PP. con mucha devoción que los bau- 
tizasen. Eran veinte y seis personas, todas principales y de cuenta, entre 
ellos el Cacique principal á quien sucedió el miedo del trueno. Estaban ya 
algo enseñados y acabaron de saber lo necesario en los dos dias siguientes; 
y el Domingo de la Octava de Corpus se bautizaron y en su compañía el Ca- 
cique forastero que antes de todos vino á pedir el bautismo, y este se llamó 
D. Diego. Viendo esto la demás gente, se apaciguaron mucho y acudían bien 
á la doctrina y sermones y así en el tiempo que allí se detubieron los Padres 
bautizaron mas de treinta personas, teniendo siempre cuidado de advertirles 
no creyesen al demonio en todo cuanto les digese contra la fé que habían 
recibido ni en los temores que les pusiese por lo mismo. Hecho esto, se fue- 
ron á los demás pueblos, que como habían estado á la mira y visto lo que 
en este había pasado y que ya eran cristianos, con facilidad recibieron la fé 
y se bautizaron los que estaban bastantemente enseñados. Los pueblos de 
Chocahan é Ixhoy no estubieron tan fáciles, y así por este como por falta 
de la enseñanza necesaria se quedaron por bautizar. 

En este estado quedó la conversión del Manché y duró por año y medio 
la ausencia de los Padres en aquella tierra, aunque siempre tenían cuidado 
de enviar indios de Cajabon, buenos cristianos y antiguos, para que anima- 
sen á los ya bautizados y les platicasen la doctrina para que no se les olvi- 
dase, y los apartasen de los ritos y ceremonias antiguas, si acaso quisiesen 
volver á ellas; y para que enseñasen la doctrina á los que estaban por bau- 
tizar. La causa de haberse dejado esta entrada por el tiempo dicho, fueron 
las pesadumbres que el demonio inventó entre los Clérigos que estaban en 
Coban y los Religiosos sobre quitarles la Yglesia, y fueron de manera los 
disgustos que los PP. pasaron en estos dias, que no solo dejaron la entrada 
del Manché, sino que aun estubieron muy determinados de dejar toda la 
provincia de la Verapaz. A tanto llegó la amargura en que los puso el Obis- 
po D. Juan Fernandes Rosillo con quitarles la iglesia y hacerles todo el mal- 
tratamiento que pudieran padecer en compañía de un tirano. Pasáronse aque- 
llas borrascas y no se pasaron los deseos que los PP. tenían de ver muy per- 
fectos cristianos á los indios del Manché, principalmente los dos que pri- 
mero los habian visitado que eran el P. Fr. Juan de Esguerra y Fr. Salvador 
de S. Cipriano; y así por el mes de julio de 1605 se aprestaron para volver 
á acabar lo que faltaba para hacerse la total conversión de aquella gente. 

Volvió á tratar de ella al principio del año de 1606 el P. Fr. Gonzalo 
Ximeno Prior de Coban y con harto trabajo por la mucha necesidad del 
Convento. Avió lo mejor que pudo al P. Fr. Salvador de S. Cipriano y al 
P. Fr. Bartolomé de Plaza. Salieron estos PP. de Cajabon á 10 de febrero: 
llegaron en tres dias á Chahal que es un sitio muy bueno y apacible á la ri- 
vera de un rio y habia sido antiguamente población de indios. Aqui hallaron 
los PP. al Cacique de Cucul o S. Felipe Don Diego de Castilla, que con toda 

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su gente habia venido á poblar allí y dejado el otro sitio de su pueblo an- 
tiguo que no era bueno. Detubieronse aqui los PP. dos meses ayudando á los 
indios á hacer sus casas y quietándolos y pacificándolos porque sobre la 
mudanza habian tenido muchas disensiones. En esta ocasión murió el Ca- 
cique D. Diego de Castilla estando á su cabecera el P. Fr. Salvador de S. 
Cipriano que testificó haber muerto el indio con muestras muy grandes de 
su salvación; y es de notar que permitió Ntro. Señor para que estos indios 
tubiesen la opinión que es justo, que el demonio es mentiroso, que habiendo- 
Íes dicho que si recibian los PP. y la fé que predicaban, se habían de morir 
todos; no permitió que desde que los PP. entraron en la tierra se muriesen 
tres ó cuatro indios con este Cacique y todos bautizados y con el Smo. Sa- 
cramento de la Extrema Unción, que fué gran motivo para que los bárbaros 
dejasen la gentilidad verlos ayudar con las cosas de Dios para la muerte y 
enterrarlos con tantos cantos y letanías, misas y responsos como la iglesia 
usa en semejantes actos. Pasaron los PP. al lugar de S. Pablo Yaxhá que 
está de éste un dia de camino : la gente de este pueblo habia casi dos años 
que estaba bautizada ; con todo eso se detuvieron los Padres algunos dias 
entendiendo en su doctrina y acudían á ella los indios con mucha gana y 
mostraban devoción en oiría. Aquí se descubrieron ocho casos con mucho 
número de gente que cuando los padres vinieron las dos veces pasadas, se 
escondieron por no ser cristianos. Tanto era el miedo que el demonio les 
puso en recibir la fé! Vinieron en esta ocasión á ver á los PP. y pedir el bau- 
tismo diciendo que querían hacer allí sus casas y milpas. Recibiéronse muy 
bien y con mucho amor y juntos con el lugar havian todos hasta veintiocho 
casas y ciento y treinta personas. 

De aquí salieron los PP. para Matzín, que se llama la advocación de la 
iglesia S. Jacinto, y detubieronse allí algunos dias. Aquí hallaron los Padres 
un Cacique llamado Chiquimul. Trató al principio con ellos de su conver- 
sión y que se quería bautizar y después con toda su gente que era buen 
número, se escondió por aquellos montes, de suerte que en mucho tiempo 
no se supo de él; solo dieron noticia de que era vivo, unos indios de Cajabon 
que el P. Fr. Juan de Esguerra envió al Manché á enseñar la doctrina, dán- 
dola juntamente de que por la conversación que con ellos tubo cuando le 
toparon, conocieron que mofaba y burlaba de la fé y de Dios no trayendo 
para esto mas que razones sensuales y bestiales, con las cuales no consentía 
que su gente ni otras se bautizasen. Este pues vino agora á verse con los 
PP., pidió el bautismo con mucha devoción, trajo toda su gente, enseñáronla, 
bautizóse y llamóse D. Juan y quedando incorporados en San Jacinto de 
Matzin darán esperanzas de ser buenos cristianos. 

De aquí fueron los PP. á Ixil llamado S. Vicente y según la costum- 
bre que tenían enseñaron los indios con pláticas y sermones ; y hallando de 
nuevo veinte y cuatro almas que bautizar, las doctrinaron y por medio del 
bautismo los pusieron en la Iglesia de Cristo N. S. Fueron de este pueblo 
á Choahau que es de mucho número de gente : no habia aquí ninguna bauti- 
zado como arriba se dijo; pero el dia que los PP. llegaron pidieron todos los 
principales el bautismo con mucha instancia, y este mismo dia les cortó el 
P. Fr. Salvador de San Cipriano los trenzados que fué la mayor mortifica- 
ción para ellos que se puede decir y la mayor muestra que pudieron dar de 

25 



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que pedían el bautismo de veras ; á causa de que todos los indios gentiles de 
estos montes dejan crecer el cabello y solamente lo cortan por sobre la frente 
á modo de las coletas que traían nuestros abuelos en Castilla : por la parte de 
atrás lo dejan crecer todo cuanto puede y esto trenzan con unas cintas de 
algodón que ellos hacen y en el remate dejan un hizopillo de los cabellos. 
Este trenzado es toda su gala: en él ponen flores y plumas de diferentes 
colores con que salen y parecen muy galanes. Andan con todo el cuerpo 
desnudo, escepto una venda con que se ciñen por la honestidad y aunque 
usan mantas de algodón conque se cubren es pocas veces. Las mugeres an- 
daban con el cabello largo tendido al aire: de la cintura abajo se cubren con 
unas mantas de algodón listadas de colores y no habia mas bestido ; escepto 
si algunas principales se cubrían la cabeza y pechos cuando salían en pú- 
blico con un paño blanco de algodón. Agora ya se ponen los hombres cami- 
sas y calzones, sombrero y mantas de colores y las mugeres naguas que sir- 
ven de saya y gueipil que es hábito como una sobrepelliz sin mangas con que 
se cubren muy honestamente del cuello abajo. Detubieronse aquí los padres 
algunos días enseñando la fé á estos indios para bautizarlos y en estando 
bastantemente enseñados los bautizaron y mas de doscientas personas re- 
cibieron el bautismo con tanta devoción y alegría, que testificó el P. Fr. 
Salvador Cipriano que en ningún pueblo vio tantas muestras de cristiandad. 
Pusieron á este lugar por nombre Na. Sa. de la Asunción. Salieron los Pa- 
dres de este pueblo para otro llamado Xecupin de que hasta entonces no se 
tenia noticia. En el punto que supo de él lo ofreció el P. Fr. Salvador a N. P. 
Sto. Domingo: llegaron los PP. y hallaron a los indios muy alegres de su 
venida y con muy buenos propósitos de ser cristianos ; y viendo tan buena 
ocacion comenzaron luego á doctrinarlos. Bautizaron los niños que fueron 
por todos treinta y ocho: los mayores se bautizaron dia de S. Juan Bautista. 
Preguntó el P. Fr. Salvador, casi en llegando, que como se quedan llamar? 
y dijeron que Domingo, y no se supo quien les dio tal nombre. Está este 
pueblo entre el de Chocahau y el de Manché, no muy lejos del uno y del 
otro. El número de casas que tiene no lo pudieron saber los PP. á causa 
de no estar todas descubiertas ni sabidas las familias. De allí fueron al 
Manché: estos estaban ya bautizados desde el otro viage ; con todo eso, ade- 
mas de los niños hallaron los PP. otros cuarenta y nueve que vinieron a 
pedir el bautismo y después de haberlos enseñado se los dieron. Volviéronse 
de allí á Ixovox que se llama S. José, porque aunque los PP. á la ida pasaron 
por allí, no bautizaron á ninguno dejándolo para esta ocacion. Hallaron 
muerto al Cacique del pueblo que era un buen indio y ayudó mucho á la 
conversión de los demás y por esto fué N. Señor servido que no muriese 
sin bautismo, porque estando espirando llegó un indio cristiano del pueblo 
de Yaxhá que sabia la forma y pidiendo el enfermo el bautismo lo bautizó. 
Todos los demás se bautizaron cuando los PP. volvieron, que fué gran núme- 
ro de ellos. 

Los pueblos que hasta el año de 1606 se descubrieron y se bautizó la 
gente de ellos, son: S. Felipe Chahal : S. Pablo Yaxhá: S. Jacinto Matzin: S. 
Vicente Ixil : Sta. María de la Asunción Chocahau: Sto. Domingo Xecupa- 
lon: S. Miguel Manché: S. José Ixbon, que por todos son ocho. Demás de 
estos, se tenia noticia de otros cinco que son: Yool : Zequischan : Noquischan 

26 



Mopan y Xocmo, que según se dio la relación son grandes y de mucho nú- 
mero de gente, para cuya conversión estaban muy dispuestos los PP. de Sto. 
Domingo de Coban y algunos accidentes han estorbado otra entrada en aque- 
llos lugares. Hace también mucha falta el P. Fr. Alejo de Montes, hijo de 
Huete, que el año pasado de 1616 murió en el Golfo dulce yendo á recibir 
unos Religiosos que se esperaban de España. Fué gran siervo de Ntro. Señor 
desde muy mozo, aunque no llegó á viejo: dio mucho ejemplo viviendo muy 
recatadamente, procurando que por su parte no se diese estorbo al Evange- 
lio. En el pueblo de Xocoló hizo las exequias de un Padre de S. Francisco 
de veinte que venian de España; y dentro de cinco dias los que restaban le 
pagaron en la misma moneda de esta otra parte donde están los almacenes, 
para que á un tan buen Religioso no le faltase el consuelo de una tan buena 
compañia á la hora de su muerte. Será N. Señor servido de continuar su 
espíritu en los Religiosos de esta provincia para esta y otras obras de su 
santo servicio; y si de la pasada se siguiere alguno al Rey N. S. es bien que 
sus Consejeros le adviertan para favorecer y animar á los Religiosos del 
Convento de Coban, que tanto procuran cumplir con sus Reales obligaciones, 
y darles tan buenas nuevas como para Su Mag. son la conversión de las al- 
mas y que todas las que tiene debajo de su corona conozcan al verdadero 
Dios. Hasta aquí Nuestro Remesal; los sucesos de aquestas reducciones se 
irán viendo adelante. 



CAPITULO VI 

Del P. Fr. Rodrigo de Ladrada, y Fr. Francisco Quezada y otros algunos 
Religiosos de aquesta santa Provincia. 

Ya que nuestra Provincia no hace memoria de uno de sus primeros 
fundadores y a quien sin duda debió mucho y tanto como al que mas no solo 
en la conversión de aquestas gentes, sino también en España cuando el Sr. 
D. Fr. Bartolomé de las Casas quedó allá, renunciada la mitra, hecho pro- 
curador de los indios y de aquesta Sta. Provincia; no es justo que de su 
persona tan sepultada en el olvido, no se haya de hacer alguna memoria 
aunque breve por la falta de noticias. Este es aquel grande emulador del 
celo de Elias. El Vene. Padre Fr. Rodrigo de Ladrada. Fué aqueste V. Padre 
hijo del Convento de la Isla Española, muy dado á la oración y á todo género 
de mortificación, penitencia y ayuno ; y así fué uno de los que pasaron á la 
Provincia de S. Juan Bautista del Perú y, según parece, allí le halló el Señor 
Casas cuando allá pasó á notificar los despachos Reales que llevó tocantes 
á la libertad de los indios ; y no pudo ser en otra parte respecto de que no 
habiendo llegado á Panamá de vuelta del Perú, se halla allí en Nicaragua 
el P. Fr. Rodrigo de Ladrada, donde trabajó con los demás Religiosos en la 
conversión de aquellas gentes.) Confrontaba mucho su santo celo con el del 
Sr. Bartolomé de las Casas en procurar el bien de los indios y así se con- 
glutinaron tanto entre sí sus dos ánimas que parece no les hacia ventaja la 

27 



amistad tan estrecha de Jonatas con David; y por eso cuando el Santo Obis- 
po D. Francisco Marroquin envió á rogar al Sr. Casas que se compadeciese 
de su soledad y le viniese á ayudar á tirar la red que tenia aquel grande 
pescador de almas, tan llena de todo genero de peces, acudiendo á sacarla 
á puerto de salvación y á la orilla firme de la gloria; el Sto. Fr. Bartolomé 
no quiso quedar sin parte faltando á su lado el Ve. Pe. Fr. Rodrigo y asi se 
vino con él á la Ciudad de Guatemala; Dichosa ella que llegó á tener en sí 
tan isignes varones que sin duda son los que con sus santas intercesiones la 
mantienen para que no se arruine con tantas amenazas como de la Divina 
Justicia tiene á la vista! Aquí se aplicó el Sto. viejo á la doctrina de los in- 
dios enseñándoles, no solo con su sana doctrina, sino lo que es mas, con su 
santa vida, siendo á todos, así indios como españoles un espejo de toda san- 
tidad y virtud y aunque su ardiente celo los hacia al parecer exasperar con 
las duras reprensiones que les daba sobre eí maltrato de aquestos misera- 
bles, su santa vida les contenia y reprimía mucho y asi lo veneraban mas de 
fuerza que de grado; que eso tiene la virtud, que se hace respetar aun de sus 
mayores enemigos. En esta labor trabajó desde el año de 1535 que entró 
en Guatemala hasta el de 1538 que como queda dicho se fueron para el 
Capítulo Mégico á sacar licencia para pasar á España con el Sr. D. Fr. 
Bartolomé á traer Religiosos para que trabajasen en esta miez que ya 
alveaba y estaba clamando la hoz. Y habiéndose dado la licencia y no habien- 
do coyuntura de embarcarse por la Veracruz, se volvió con los demás Reli- 
giosos á Guatemala á proseguir la labor comenzada hasta que hubiera opor- 
tunidad de embarcación. Todos estos viajes aunque de caminos tan áspe- 
ros y montuosos y llenos de lodos y de aguas los hizo á pié en cumplimien- 
to de lo que sus sagradas constituciones mandan, de que fué muy observante, 
sin aflojar un punto en su rigor y especialmente de ayunos y vestir lana 
aunque fuese tanto el trabajo, como era el de aquellos intratables caminos. 

A fines del año de 1539 hubo oportunidad de embarcarse para Espa- 
ña por Puerto de Caballos, sin duda fué en los navios en que había venido 
el Adelantado D. Pedro de Alvarado, aquel mesmo año. Llegaron á España 
á principios del año de 1540 donde el Sto. viejo padeció los trabajos que su 
Sto. compañero, y le servia de continuo despertador para que con mas vigi- 
lancia acudiese el Santo Obispo á solicitar el bien de aquestas gentes. Volvió 
con él el año de 1544 donde fué particionero de los infinitos trabajos que to- 
dos padecieron en aquel viage que queda referido, hasta llegar á Chiapa en 
donde prosiguieron con la persecución de los españoles ; y para poner algún 
remedio á tanto mal hubo de determinarse el Sr. D. Fr. Bartolomé de ir á 
solicitar el remedio á la Real Audiencia de Gracias á Dios en que el Ve. 
Padre padeció una de las mayores que jamas, en haberse de quedar y no 
acompañar á su grande amigo el señor Obispo, no tanto por su enfermedad, 
cuanto por no poder concurrir en aquellos negocios que se trataban del alivio 
de los indios é ir á espaciar su corazón é ensancharlo en la provincia de la 
Verapaz en que el Sto. viejo había trabajado tanto; pero trazándose después 
el viage para Mégico, para la Junta que se hizo para tomar asiento en tantas 
cosas, y después á España; hizo aqueste viage con notable gusto por el bien 
de sus prógimos para ayudar en cuanto pudiese á aquestos pobres huérfanos. 
Era tanto su celo y tan ardiente, que cuando se quedó en compañía del Sto. 

28 



Obispo en San Gregorio de Valladolid, cuando el Sto. Obispo se reconsiliaba 
con él que era algo sordo y hablaba recio, oían los Padres Colegiales que le 
decía algunas veces: Obispo, mirad que os vais al infierno, que no volvéis 
por éstos pobres indios como estáis obligado! Miren que aceyte de caridad 
aqueste, echado en el fuego del grandísimo celo de aquel Sto. Prelado, para 
que no levantase llamaradas de amor de sus prógimos que vía tan necesita- 
dos. Allí le hizo compañía y no le faltó hasta la última enfermedad. En 
Atocha viéndose ya el Sto. viejo solo, sin su querido y amante, se fué al 
Convento de S. Pablo de Valladolid donde acabó sus dias santamente como 
se cree de su santa vida y que iria a gozar muchas coronas de gloria por los 
trabajos tantos y tan grandes que habia pasado por la salud de sus prógimos. 
El P. Presentado Fr. Antonio Remesal hace aquesta breve memoria al fin 
de la vida del ilustrísimo Sr. Casas diciendo: "Su compañero el P. Fr. Rodri- 
go de Ladrada, a quien el P. Fr. Juan de Segovia en la historia de la Orden 
llama Elíseo, porque al Sr. Obispo dá siempre el nombre de Elias, se volvió 
á Valladolid y acabó santamente sus dias en el Convento de S. Pablo. Con- 
tóme el P. Fr. Luis de la Cruz, Padre antiguo que hizo oficios de cantor mu- 
chas veces en S. Estevan de Salamanca, y por este tiempo vivía en Valladolid 
que yendo una tarde de cuaresma á visitar los altares, entró en la capilla del 
Cristo y halló allí al P. Fr. Rodrigo de Ladrada; y preguntándole que hacia? 
respondió : estoyme desocupando para darme todo á Dios, y la ocupación 
que tenia era rezar el Oficio de difuntos". Hasta aquí Remesal (Libro 10. 
capo. 24). No se sabe que año ni que dia murió; pero poco importa que no se 
halle aquesta memoria en nuestros libros, cuando piadosamente podemos 
creer que se halla en las memorias de los libros de Dios donde sin duda se 
hallan escritos sus grandes méritos y trabajos para remunerarlos como acos- 
tumbra la magnificencia de tan gran Rey y Señor. 

También es bueno que no se olvide la buena memoria del P. Fr. Fran- 
cisco de Quezada, de que no se hace memoria en las Actas de aquesta Pro- 
vincia, de que parece que debió de morir fuera de ella ; aunque atendiendo 
al fervor con que se volvió de España, cuando se volvió allá, remordiéndole 
la conciencia de haber echado mano al arado y haber vuelto la cara atrás, 
me hace persuadir que murió en la provincia. Fué aqueste bendito Religio- 
so de la provincia de Andalucía é hijo del Convento de Ubeda y uno de los 
primeros que oyeron el bando que se echaba para juntar soldados para la 
guerra que se procuraba hacer al reyno de Satanás ; y así fué de los primeros 
escogidos y padeció con todos los demás Religiosos los trabajos intolerables 
de aquel tan repetido viage. Llegó á salvamento á Campeche y allí fue de los 
que se escogieron para que saliesen los primeros la vía de Tabasco y se halló 
en aquel conflicto cuando se ahogaron aquellos nueve Religiosos. El solo 
libró asido de los argollones de la proa de la barca ó por mejor decir de las 
aldabas de la Misericordia Divina que lo guardaba para muchas cosas de 
su sanio servicio. Fué tal aquel conflicto cual se deja entender de aquel nau- 
fragio. Bien se podía entender que con aqueste golpe conociese claramente 
que Dios lo tenia escogido para luz de aquestas gentes ; y así luego se aplicó 
á la inteligencia de la lengua de la provincia de Verapaz y se aplicó con 
todas veras á la doctrina y enseñanza de aquellos indios, edificándolos con 
su egemplo y Santa vida. Allí trabajó con mucho fruto hasta el año de 1553 

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que vinieron aquellos Religiosos que envió el Sr. Obispo Casas para aquesta 
labor y viendo el demonio la cruda y cruel guerra que se le iva dando en 
toda aquella provincia y que total mente iva ya arruinado su reyno donde 
habia imperado tantos años; trató con las astucias que suele y son muy di- 
fíciles de entender y mas cuando vienen con la solapa de mayor bien por 
donde ha hecho caer á muchos Justos; de inquietar al P. Fr. Francisco, que 
si á uno lo vencia esperaba su deprabada astucia ir desencajando y desqui- 
ciando las piedras de este Santuario. Consiguiólo y sin duda seria por uno de 
los caminos porque suele tentar á los que de España vienen, de parecerles 
que no se vive según la regla que profesaron en este género de administra- 
ciones y que mas bien guardarán su regla en un Convento recogido; y no 
reparan que aunque es verdad que hacen mucho al caso las paredes mate- 
riales de un Convento para el recogimiento, lo mas principal es poner guarda 
y tapiar las puertas de los sentidos que es por donde entra la muerte á sal- 
tear el ánima; ó seria otro desconsuelo de aqueste modo. Sea lo que fuese, 
que no lo dice nuestro Cronista, lo cierto fué que él se volvió en aquellos mis- 
mos navios á España, pero la Magestad soberana á quien sin duda desagra- 
daba aquesta fuga de su soldado y que dejase aquestos pequeñuelos sin par- 
tirles un pedazo de pan de doctrina que lo clamaban trasijados del hambre y 
necesidad, le manifestó en los sumos trabajos que le envió, cuan contra su 
voluntad era aquesta retirada, porque padeció tantas hambres y angustias en 
la mar que creo que, como otro Jonás, estubo para decir que lo arrojasen en 
el profundo si querían los demás escaparse, y asi determinó de volverse y 
topándose en España con otros hermanos que iban por Religiosos, trató de 
su vuelta y así vino con el P. Fr. Domingo de Ascona y comenzó con nuevo 
animo á trabajar en la provincia de la Verapaz y de Guatemala cuyas len- 
guas sabia muy bien. No es decible el gozo que en la provincia se tubo de 
su venida viendo como resucitado á su hermano que ya lo consideraban 
muerto. Tengo por cierto que dio fin á sus dias como fué el arrepentimien- 
to que mostró en haber dejado su provincia; aunque no se halla memoria en 
las actas de los capítulos en que se hace de los Religiosos difuntos, razón 
de donde ó cuando murió ; pero por ser uno de nuestros primeros fundado- 
es preciso no entregarlo al eterno olvido. 

Aqueste año de 1606 se llevó Dios á descansar de los infinitos trabajos 
en la labor de la viña del Señor en la provincia de los Zoques padecidos, al 
P. Fr. Antonio de Pamplona. Fué aqueste Religioso hijo de la ilustre casa de 
Salamanca y vino á aquesta provincia el año de 1554, asignado al Convento 
de Ciudad Real y luego lo enviaron á los Zoques porque como era, según 
testifica nuestro Cronista ,como Job vir simplex ac rectus ac timens Deum 
acompañando su gran bondad con muy buenas letras, les pareció apropósito 
para que edificase aquella nueva cristiandad que allí se iva fundando y fué 
tan acertado dictamen como insuflado de Dios, pues á aqueste bendito Padre 
debió aquella provincia todo el ser y lustre que tiene, y aquel Convento; 
porque aplicado luego al estudio de aquella lengua zoque la supo admirable- 
mente, con que enseñó y doctrinó mas que otro alguno en aquel Convento ; 
porque desde que el año de 1564 que hicieron Prior de Ciudad Real al P. 
Fr. Domingo de Lineo que era Vicario de aquella casa, lo hicieron Vicario en 
su lugar y lo fué siempre continuándolo en aquel oficio ; y cuando se erigió 

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en Priorato, lo hicieron Prior en atención á que él fué el todo en la ense- 
ñanza de los indios no solo en la doctrina sino en la música, ayudando Dios 
su santo celo de tal modo que sin saber dos puntos de canto llano, supo con 
admiración el canto de órgano y tocar todo género de instrumentos en que 
enseñó á los indios y hizo una muy buena música y coro. Juntó los pueblos 
de Tecpatlan y los demás de los Zoques y emprendió una obra que hasta 
hoy causa admiración, que fué hacer todo el convento y oficinas de bóbedas 
y medios cañones: obra de Romanos. Hisole también sus generales de artes 
y Teologia porque tubo por cierto que aquel Convento podia ser, andando el 
tiempo, casa de estudios. Y no hay duda que si los ánimos de los que hemos 
succedido á aquellos Alejandros fueran en algo como ellos, mucho mas se 
hiciera de lo que se hace; pero la lastima es que muchos no hacen sino comer 
en la mesa que hallaron puesta sin procurar el adelantamiento en cosa alguna. 
Bien abastecida se la dejó el Padre Fr. Antonio en mas de cincuenta años que 
trabajó en aquel Convento que le cayó en suerte para morar en él para siem- 
pre. Allí le cogió la muerte que vio muy gustoso habiendo recibido todos los 
Stos. Sacramentos y allí descansa en el Señor como piadosamente se cree 
que le remuneró con largueza tantos y tan exelentes trabajos. Fué muy sen- 
tida su muerte, no solo de sus hermanos, sino mucho mas de aquellos indios 
que lo tenian en lugar de Padre, que los habia engendrado para el señor. 
Fué el primer Predicar General que se instituyó por el Convento de Chiapa 
de indios y primer Prior que tubo la casa de Tecpatlan cuando se erigió en 
Priorato y fué Definidor en muchos capítulos como consta de las actas de 
aquesta Provincia. 

El año antes habia muerto en el Convento de Sacapulas el P. Predica- 
dor General Fr. Pedro Megia, Religioso muy prudente, muy paciente y 
celoso del bien de las almas, lo cual todo manifestó muy bien en el gobierno 
que tubo de muchas casas. Supo tres lenguas de indios y en ellas trabajó 
mucho en doctrinar y enseñar y mucho mas en su grande egemplo y santi- 
dad, dando muy buen olor de sus virtudes aquellas plantas tiernas. De el 
dicen las tablas de los difuntos estas palabras : "El Padre Fr. Pedro Megia 
Padre antiguo, predicador general, hizo muchas veces oficio de Prior; supo 
tres lenguas de los indios con que trabajó muchos años con doctrina y egem- 
plo de su santa vida; celosísimo de su bien. Murió de 64 años de edad el 
de 1605". 



CAPITULO VII 

Celébrase Capítulo: muerte del Provincial; y vuélvese a celebrar Capítulo 

el mismo año. 

A los 18 de Enero de 1607. tubo su Capítulo intermedio el M. R. P. 
Fr. Juan Manzano en el Convento de Sacapulas y fueron en él Definidores 
los M. R. PP. Fr. Andrés del Valle, Predicador General, Fr. Domingo de Al- 
derete, Prior de Sacapulas: Fr. Gonzalo de Buendia, Vicario de Ococingo ; 
y Fr. Agustín de Montes, Prior de Ciudad Real, donde se dispusieron muchas 
cosas para el buen gobierno de la provincia. 

31 



Poco después de pasado el Capítulo fué N. S. servido de llevarse para 
sí al Provincial en el Convento de Guatemala descargándolo de la carga que 
habia aceptado contra toda su voluntad. En la tabla del Convento de Gua- 
temala se hace un breve resumen de sus virtudes que fueron muy exelentes, 
por estas palabras. Fr. Juan Manzano, Padre antiguo, Predicador General. 
Provincial de esta provincia. En la humildad grande, en el cuerpo ángel, 
y en el espíritu apóstol: supo tres lenguas diferentes de los indios con quie- 
nes trabajó muchos años; no habiendo acabado el Oficio de Provincial que 
aceptó contra su voluntad, murió en el Señor de edad de 68 años el de 1607. 
Fué muchas veces Prior de los Conventos y Definidor en muchos Capítulos, 
donde manifestó muy bien su buen talento, religión y letras; y así no duda- 
ron poner sobre sus hombros el Gobierno superior de la Provincia, aunque 
no tubieron el gusto completo por llevárselo N. Señor empezando el tercer 
año de su provincialato. Por su muerte se juntaron los Religiosos en el Con- 
vento de Guatemala para darle succesor y á los 8 de julio de aqueste año 
salió electo en Prior General de aquesta Sta. Provincia el P. Fr. Alonzo Gar- 
cía, hijo de Ntra. Sra. de la Peña de Francia; y fueron Definidores los M. R. 
PP. Fr. Rafael de Lujan, Fr. Juan Días Prior de Ciudad Real, Fr. Juan de 
Ailon Predicador General y Fr. Juan Hernández, Prior de Tecpatlan. 

Aqueste mismo año de 1607 se llevó N. Señor para sí á descansar eter- 
namente como piadosamente se cree, al P. Fr. Alonzo de Mendoza, Padre 
Antiguo, de linage nobilísimo, que habia años que estaba en esta Provincia 
y tubo mucha gracia con Presidente y Oidores mientras trató los negocios 
de la Provincia. Fué hombre de gran caridad con los pobres y en quien res- 
plandeció mucho el celo del bien común. Murió en el Convento de Guatema- 
la de edad de 63 años de quien dicen las tablas de los difuntos de aquel Con- 
vento : "Fr. Alonso de Mendoza, Padre antiguo, de linage noble ; y mas ilustre 
por su gran virtud". 

Y aqueste mismo año falleció el P. Fr. Dionisio de Castro, hijo del Con- 
vento de S. Pablo de Sevilla en la provincia de la Andalucía, que fué uno 
de los mayores predicadores que en su tiempo hubo por estas partes y como 
sol las andubo é iluminó todo con su predicación; y así predicó en el Perú, 
Mégico y Oajaca; y últimamente ya viejo lo trajo N. Sr. á morir á aquesta 
provincia y casa de Guatemala, donde predicó mucho en grande aceptación de 
todos, que lo oían como oráculo. De él dicen las tablas del Convento de 
Guatemala: "Fr. Dionisio de Castro, Padre antiguo, predicó muchos años 
con gran fama y murió de 64 años". 

En el de 1608 se llevó N. Sr. en el Convento de Coban uno de los 
mas señalados Religiosos en virtud y letras, de aquellos tiempos ; y que mas 
trabajó en la doctrina de los indios Pocomchies de la Verapaz que son: S. 
Cristóbal, Sta. Cruz, Tactic, Tucurú y Tamahun. Este fué el P. Fr. Francisco 
de Viana. Era aqueste Religioso hijo del Convento de S. Estevan de Sala- 
manca y pasó á aquesta provincia el año de 1556 y luego, como dice nuestro 
Coronista, lo asignaron al Convento de Coban y aprendió la lengua de aquella 
provincia tan en breve y con tanta perfección que todos estaban admirados, 
y trabajó con gran fervor en aquella tierra. Allí vivió mas de cincuenta años, 
en que se dá bien á entender lo mucho que merecía con N. S. quien tanto le 
sirvió y también, entre indios tan pobres y en tierra tan áspera y desacomo- 

32 



dada para todo género de regalo y descanso. Fué Predicador General y De- 
finidor en algunos Capítulos : fué Prior de Sacapulas y siendo subdito y 
Prelado edificó lo mas y mejor del Convento de Coban donde descansa en el 
Señor. Compuso arte por donde se estudia la lengua pocomchí de la pro- 
vincia de la Verapaz. Escribió también en aquella lengua sermones de tiem- 
po y de Santos, de Cristo Sr. Ntro. y de la Virgen Sma. su Madre, los cuales 
tradujo en la lengua quiche el P. Fr. Dionisio de Zuñiga su discípulo en la 
lengua pocomchí, quien tenia al P. Fr. Francisco en tanta veneración que en 
los prólogos que hace á lo que de sus obras tradujo, en quiche, le llama á voca 
llena : mi Santo Padre y Maestro Fr. Francisco de Viana, porque no solo le 
debió la enseñanza en la lengua, sino en las muchas virtudes que aprendió 
de su Santo Padre y profesó con mucho esmero el P. Fr. Dionisio de Zuñiga, 
como se verá adelante. 

En el mesmo Convento de Coban se llevó Dios para sí en el mismo año 
al P. Fr. Francisco Roque, sacerdote moso; pero como las canas son el seso 
y cordura de cada uno, teniendo este Religioso mucho de lo uno y de lo otro, 
muy lleno de años lo llevó Ntro. Sr. En el mismo Convento de Coban murió 
por este tiempo siendo Prior de la Casa, el P. Fr. Gonzalo Ximeno, Padre 
antiguo y que había trabajado mucho con los indios de la Verapaz. Fué Lec- 
tor algunos años en el Convento de Guatemala donde no solo enseñó letras, 
sino mucha virtud y buen egemplo. Dio Ntro. Sr. algunas muestras de su 
bienaventuranza á los vivos que lo vieron morir con una tan egemplar muer- 
te que envidiaron todos. 

Siendo Prior de Sacapulas murió en Guatemala el P. Predicador Gene- 
ral Fr. Juan Hernández quien habia trabajado mucho con los indios de Copa- 
navastla siendo Vicario de aquella Casa, y con los de los Zoques cuando fué 
Prior de Tecpatlan; y en el mismo año hizo mucha falta en el Convento de 
Guatemala el Hermano Fr. Vicente de los Reyes que casi lo edificó todo como 
agora está; y dice el P. Presentado Remesal que después de su muerte, con 
haber harta necesidad de celdas, no ha habido quien prosiga el dormitorio 
que dejó comensado : no dice cuales; y seria por la pobreza del Convento el 
no poder acabarlo. Murió de edad de 80 años. De él dicen las tablas de los 
difuntos : que trabajó mucho en el edificio de aquella Sta. Casa, y asi es muy 
digno de memoria en ella y de que le encomienden á Dios. 



CAPITULO VIII 

Celébrase Capítulo Provincial; trátase de la fundación del Convento de 
Monjas de Sta. Catalina de Sena; y muertes de algunos Religiosos. 

A los 8 de Enero de aqueste año de 1609 tubo el P. Fr. Alonso García 
su Capítulo intermedio en el Convento de Comitlan. Fueron en él Defini- 
dores los M. R. PP. Fr. Andrés del Valle, Predicador General, Fr. Gonzalo de 
Buendia Vicario de Comitlan, Fr. Diego de Umbría Vicario de Ococingo y el 

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P. Fr. Pedro de Vargas. Tratóse en aqueste Capítulo de la fundación de un 
Convento de Monjas de la Orden, bajo del título de Sta. Catalina de Sena; 
y nombraron por Procurador de este negocio al Vene. P. Fr. Andrés del Va- 
lle. Luego empezó el Vene. Padre á hacer las diligencias como procurador 
diligente de cosa tan de Dios; pero luego salió el demonio á embarazarlo 
aunque no á cara descubierta, como acontece, sino con causas aparentes : 
Porque luego el Cavildo Sede vacante, pues acababa de morir el Sto. Obispo 
D. Fr. Juan Ramírez, se declaró en contra de aquesta Sta. Obra y contradijo 
la licencia que se le pedia. No así el Gobierno Superior que la dio con mu- 
cho gusto el Sr. Presidente que era entonces el Dr. Alonso Criado de Castilla, 
á 14 de Diciembre de 1609. Pero aunque el Cabildo contradijo al principio 
con el pretesto de haber yá otros dos conventos en la Ciudad, que eran, el de 
la Concepción y Sta. Catarina Mártir, aunque aqueste no tenia tomado sitio 
hubo de conceder la licencia á trece del mes de Marzo de 1610 años, y la fir- 
maron el Dean que era D. Felipe Ruiz del Corral, el Arcediano Estevan López, 
el Chantre Lucas Hurtado de Mendoza, el Tesorero D. Manuel de Carbajal, 
el Canónigo Sancho Nuñez, el Canónigo D. Lorenzo de Ayala y el Dr. Ro- 
drigo de Villegas. Movióse aquesta fábrica por el ayuda que bienhechores 
prometieron para ello. El primero fué Francisco de Morales, quien dio sus 
casas que son en frente de nuestro Convento, calle Real de por medio, para 
que en él fuese admitida una hija suya por monja de dicho Monasterio. 
Fabricó el Convento las Casas en forma de Convento, con su Yglesia, Claus- 
tro y oficinas y le añadió agua á la que tenia. También hubo otro bienhechor 
llamado Francisco Ximenes de los Ríos, vecino de Guatemala, el cual pro- 
metió quince mil pesos de que hizo escritura á 24 de Abril de 1613 y otra en 
8 de junio del mismo año en que daba otros cinco mil pesos, con que llegaba 
toda la cantidad á 20,000 ps. con cargo que fuese admitida su hija Da. Ana 
de los Ríos al habito y para fundadora de la Casa. Aceptóse este Convento 
por casa de la provincia en el Capítulo que se tubo en Guatemala á 17 de 
Enero de 1615. y según refiere el P. Presentado Remesal, se despachó por 
monjas á la Ciudad de Oaxaca. Pero dice que el demonio salió á embara- 
zarlo, con que se quedó la Casa hecha y asi se estubo por muchos años hasta 
que perdidas las esperanzas de que se llevase al fin que se deseaba, se vendió 
la casa á un secular, aunque con la clausula de que no pueda ser vendida 
á persona privilegiada y que volviendo el Convento la cantidad, se le devuel- 
va; sin duda porque si en algún tiempo volviese á tomar forma aquesta fun- 
dación, tener en donde hacerla cerca del Convento, con la casa que tenemos 
de Santa Rosa, que arriba queda dicho es muy bastante para que con nues- 
tro sagrado hábito se sirva á N. Señor como allí se sirve; y si la provincia 
ó algún bienhechor quisiera que hubiera Convento de clausura, allí lo podia 
hacer con mucha comodidad. 

En el Convento de Guatemala murió aqueste año el P. Fr. Juan de Vi- 
vas, Padre antiguo, calidad que, como dice el P. Presdo. Remesal, encierra en 
sí mucho de observancia religiosa, que á no haberla, no perseverara en la 
Provincia y no menos de aspereza de vida y. grandes y continuos trabajos 
en la administración de los naturales; y es bien que esto se advierta, dice, 
asi por nombrados, como por los que se han de nombrar. En las tablas de los 
difuntos se dice que supo tres lenguas de indios y que murió de 50 años. 

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Este mismo año murió en el Convento de Guatemala el P. Predicador 
General Fr. Felipe de Sta. Maria, muy conocido en toda la provincia por su 
religión, y por el buen talento que tenia para cosas de gobierno, el cual mos- 
tró en veces que fué Prior y Definidor en varios capítulos. Llegó á casi la 
edad decrépita porque el conocimiento de las letras se le olvidó y causaba 
admiración esto, tener entereza de razón en todo lo que hablaba y trataba. 
En las tablas de los difuntos se dice : "Fr. Felipe de Sta. Maria, Padre anti- 
guo, Predicador General, Prior de esta Casa y de otras de la provincia, varón 
docto y devoto. Murió de 73 años el de 1609". 

Por este tiempo, poco mas ó menos, murió en la provincia de Sta. Fé 
del nuevo reyno, un Religioso de aquesta provincia llamado Fr. Francisco 
de Villacinda. No se sabe en qué tiempo vino á aquesta provincia ni en que 
tiempo la dejó ni el motivo; solo hallo que en las Actas del P. Fr. Juan de 
Castro de su Capítulo que celebró el año de 1572 lo asigna al Convento de 
S. Salvador y allí le dá el título de Venerable. Y sin duda era mucha su 
virtud y venerabilidad, pues pasado á la provincia de Sta. Fé, no dudó aquella 
Sta. provincia elegirlo en Provincial el año de 1603, que fué el nono que tubo 
aquella Sta. Provincia; y cuando la adornaban tantos y tan ilustres sugetos, 
no hay duda que sobrepujaba á todos en letras y virtud, pues entre tantos 
beneméritos, este tubieron por el mayor. La mayor razón que hallo de sus 
esclarecidas virtudes es la de un testigo de mayor escepción que es el M. 
R. P. Maestro Melendez, quien en su historia de la Sta. Provincia de S. Juan 
B. del Perú (Melendez tomo l 9 Lib. 4 9 capo. 12) hablando de la Sta. Fé y 
de los sugetos señalados de ella dice: "El P. Maestro Fr. Francisco de Villa- 
cinda pasó á esta provincia de S. Antonino, de la de Guatemala (que comun- 
mente se llama de Santos, por los muchos que en ella ha habido) fué muy 
virtuoso, limosnero y penitente, blando, modesto, egemplar: fué provin- 
cial de esta provincia : pasó su última enfermedad en el suelo, sobre una 
estera; y aunque el mal le tenia desfallecido, después de recibidos los Santos 
Sacramentos, al sentir la venida tremenda de la muerte se alentó de ma- 
nera que se puso de rodillas con un crucifijo en las manos para recibirla y 
en esta postura entregó el alma y la vida en manos de aquel Señor. 



CAPITULO IX 

De la vida del último y Rmo. Sr. D. Fr. Juan Ramírez cuatro Obispo de 

Guatemala. 

Aunque no es del asunto principal de nuestra historia el dar cuenta 
de los Obispos que aquesta Sta. Iglesia de Guatemala ha tenido, todavía no 
se puede omitir la santa memoria del limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Juan Ramírez 
en buena correspondencia del mucho amor que le debimos y buenas obras 
que hizo á aquesta Sta. Provincia y santas memorias que en ella dejó para 
que viva siempre en nuestro agradecimiento la memoria de aquel á quien 
tanto debimos. Seguiré en todo, lo que escribe el P. Pdo. Remesal y añadiré 
otras cosas y noticias que hay de aqueste Sto. Prelado. 

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Dice pues: el Sr. D. Fr. Juan Ramírez era natural de la Rioja, de la 
villa de Morillo, vallicerca, de linage noble, porque los Ramirez de que toma 
su apellido propio, es cierto por historias y papeles antiguos, que son des- 
cendientes de los Reyes de Aragón. Recibió el hábito de Sto. Domingo en el 
Convento de Logroño, que por aquella devotísima imagen que tiene se llama 
Ntra. Sra. de Valenerna. Viéndole los PP. tan lindo natural como tenia, 
blando, amoroso, pacífico, bien hablado, obediente, sufrido y que como á 
quien Dios habia hecho merced de darle una buena alma, mostraba gran en- 
tendimiento y prudencia para conservar, perfeccionar y aumentar todos estos 
bienes de gracia y naturaleza, le enviaron á estudiar al Convento de S. Es- 
tevan de Salamanca, en donde con la diligencia de Religioso, no quedaron 
defraudados de su deseo, y cuando en aquella casa se supo que era Obispo 
yo soy testigo de lo mucho de bueno que los PP. antiguos que estudiaron con 
él, referían de su vida y costumbres ; y cuidado con el estudio, que le acompa- 
ñaba con una sinceridad estraña. Tenia muy suave voz y ningún año de los 
que alli estudió dejó de cantar ó el Evangelio Siber generationís Jessuchristi 
ia noche de Navidad ó los Reyes, ó la bendición del cirio pascual el Sábado 
Santo, porque todos confesaban que el oírle con aquella melodía les causa- 
ba notable devoción. Diósela Ntro. Señor de venir á estas partes á trabajar 
con los naturales de ellas, ocacionandola de oír á un Religioso que iba por 
frailes para la provincia de Megico, el gran servicio que á Dios se hacia en la 
doctrina y enseñanza de estos indios. Llegado á Mégico le envió el Prelado 
Mayor á la nación Misteca y con ser la lengua de esta gente dificultosa de 
aprehender por sus muchas equivocaciones, dentro de tres meses la depren- 
dió con tanta perfección que administró, predicó y confesó en ella. No le 
impedían estas ocupaciones el estudio escolástico, antes se daba tanto á él 
que parecía que todo lo demás era descanso y entretenimiento de este tra- 
bajo; y teniendo noticia de esto el P. Provincial de Mégico, le encomendó 
un acto para un Capítulo que se habia de celebrar en Yangüitlan, el cual 
tubo con muchas ventajas de bien. De adonde resultó tener aquel ingenio 
por perdido ocupándolo entre indios ; y para ganarle y emplearle en cosas 
mayores le asignó el Provincial al Convento de Mégico, con título de Lector 
de Artes. Tenia el Convento puestos los ojos para este oficio, para dársele 
al P. Fr. Andrés de Uvilla, hijo de la Casa, y ningún procurador hubo mayor 
que el P. Fr. Juan Ramirez, para que el P. Fr. Andrés lo hubiese, y en cam- 
bio se le dio á él la lección de Teología Moral que egercitó cerca de catorce 
años. Pero en muy breve tiempo salió tan consumado en esta facultad y tan 
fácil en la resolución de los casos por dificultosos y enredados que fuesen, 
que así el P. Maestro Fr. Pedro de Pravia, como todos los demás lectores del 
convento, en consultándoseles alguna cosa moral, se la remitían luego al 
P. Fr. Juan Ramirez y lo que él resolvía eso afirmaban ellos sin mas averi- 
guar ni leer, de lo que el decía que habia escrito. Con el celo que tenia del 
bien de las almas halló un género de gente en las Indias, y en mas número 
en Mégico, que no tenían Ministro determinado para su doctrina y enseñan- 
za que eran los negros, porque decía: á los españoles administran sus Curas 
ó los Religiosos que viven en sus pueblos : á los indios y mestizos, los mismos 
Religiosos; los negros son los que no tienen Ministros en la Cristiandad 
y los que menos saben del Evangelio por falta de quien se los enseñe. Para 

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remediar aqueste daño, cada dia en el espacio de tiempo que hay desde la 
Misa del alva á entrar los Religiosos en prima, juntaban los negros y negras, 
mulatos y mulatas en la Iglesia, subíase al pulpito y desde allí les enseñaba 
la doctrina cristiana, les predicaba y advertía de las cosas de su salvación, y 
viendo los amos el provecho de sus criados cuidaban que no faltasen de tan 
buen egercicio. Tenia sus hijos é hijas de confesión y si otra cualquiera per- 
sona que no conocía se llegaba á confesar con él, fuese de la calidad que fue- 
se, le habia de decir primero toda la doctrina cristiana, y si no la sabia muy 
bien, no le quería oír los pecados; y en este punto le succedió en Madrid 
un caso harto notable. Estaba confesando en la Capilla de Na. Sa. de Ato- 
cha, llegóse á confesar una señora principal con mucho aparato de dueñas, 
criadas y esclavos que llevaban el estrado conforme á su costumbre antigua; 
preguntóle el P. Fr. Juan la doctrina cristiana, la señora no la supo. No la 
quiso confesar, hizola levantar de sus pies; la muger corrida y avergonzada, 
enojóse contra él y en voz alta dijo palabras descompuestas, y el buen Padre 
que las oía y veía el alboroto de la gente, preguntaba con mucha mansedum- 
bre : qué dice aquella señora? Era muy devoto y muy observante de la Re- 
ligión: por rnuy grandes ocupaciones que tubiese jamas faltó de Maitines; 
solo estar con enfermedad le habia de dispensar. Mientras se decían los 
Salmos estaba siempre junto al atril : al himno Te Deum landamus en quien 
tenia particular devoción, se ponía en medio del Coro y á los laudes se venia 
á las sillas y allí se quedaba hasta acabar los Maitines esperando á tener su 
oración y tomar su disciplina. Levantábase á la Misa del Alva, oíala, ense- 
ñaba á los negros y quedábase en la Iglesia en un puesto acomodado donde 
la pudiese ver toda para oír desde allí todas las misas que se dijesen; y aun- 
que sobre esto le advertían los Prelados, su santa porfía los venció. Por no 
estar ocioso el tiempo que no oía misa, llevaba algún libro que mirar y co- 
rregir, porque era calificador de la Inquisición, y en no habiendo mas con- 
ventuales que dijesen misa, iva él y la decia. De Completas jamas faltó ni de 
nona el tiempo que la hay : habia de ser muy grande su necesidad cuando 
fuese á comer al hospicio, porque de ordinario iva al refectorio así á comer 
como á hacer colación que en su tiempo no era sino beber un poco de agua, 
que no sé si alcanzó los días en que fué Vicario Geni. Fr. Lucas Gallego que 
mandó dar un poco de pan á las colaciones de la Orden. Por esta austeridad 
conocida de todos, ninguno de sus hijos ni devotos lo regalaba, sabiendo 
que lo que se le enviaba ó no lo habia de comer ó recibir, que era lo mas 
cierto. Era tan poco entremetido en las cosas de casa, que eran viejas cuan- 
do él las llegaba á saber y si oía algo mientras se lababa las manos después 
de comer, preguntaba con mucha sinceridad, que causaba gusto á los demás : 
cuando fué eso? Nunca se podía persuadir que nadie hiciese mal ni habla- 
se con malicia y mucho menos con mentira. Para admitir ciertos religiosos 
á la orden por quienes rogaba el Dr. Villanueva, Presidente de la Audiencia 
de Mégico, se concertó el Vicario del Convento que esperasen que el P. Fr. 
Juan Ramírez que era Superior, estubiese ausente. Estúbolo y usando de la 
piedad que es razón en tales casos, el Vicario con los Padres de Consejo, 
hicieron lo que tenían determinado. Volvió el Superior y halló mas religiosos 
en casa, de los que dejó. Supo el caso y holgándose de la clemencia con que 
el Padre de familias recibió al hijo pródigo y por haberlos admitido sin las 

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ceremonias de la Orden, dio el dia siguiente pan y agua á los PP. que andu- 
bieron en el caso, que no eran menos graves que el P. Fr. Juan de Aguilar, 
Vicario, el P. Fr. Domingo de Aguinaga que habia sido provincial y el P. Fr. 
Vicente de las Casas que era antiquísimo. Levantóse el P. Fr. Juan Volante 
á hacerles las penitencias y por mas que le dijo y rogó por ellos, no hubo 
lugar. Acompañóles en el manjar comiendo pan y agua y allí delante de 
todos lloró tiernamente en la platica que les tubo sobre mesa. 

En la provincia de España hay gran memoria de lo que hizo el P. Fr. 
Tomás de Sta. Maria hijo de Salamanca, conocido por nombre del Provin- 
cial Santo, que fué Confesor de la Reyna Da. Maria muger de Felipe 2 9 que 
habiendo de tener Capítulo, á un Provincial publicamente lo riñó y reprendió 
sus faltas juzgando por necesario no disimular las culpas muy ligeras en que 
el que es Padre Común y ha de ser regla en todo lo que es reformación. Imi- 
tóle el P. Fr. Juan Ramírez en la misma ocacion y puesto; y teniendo al Pro- 
vincial delante le hizo una plática de corrección que cual seria, se echará 
de ver por el tema que son aquellas palabras de Jerusalem que se hallan en 
el Profeta Jeremías, como que las decía a Dios la provincia de Mégico. Vide 
Domine afflictionem mean, quonian erectus est inimicus, y no se le olvidó 
aqueste estilo que muy cercano á la muerte tubo otra á un subdito suyo en 
que tomó por tema: Quid gloriario in málitia quipotens es iniquitate? Porque 
fué hombre muy claro en manifestar sus sentimientos sin género de adula- 
ción ó engaño. Era humildísimo : ni el oficio de Lector, ni el grado de Pre- 
sentado que tenia ni el haber gobernado la Casa de Mégico asi con título de 
Suprior, como en ausencia del Prelado, le estorbaba el hacer oficio de Maes- 
tro de Novicios, ni de vestirse al altar para decir las Pascuas el Evangelio 
y en las misas nuevas de sus discípulos sino era padrino, ni de salir á decir 
el invitatorio cada y cuando que faltaba compañero, todo esto de su volun- 
tad, que en los egercicios humildes ordinarios, como el barrer la casa y otras 
cosas el era el primero, y en acudir á los confesonarios cada y cuando que el 
Sacristán lo llamaba, y por ocupado que estubiese en los estudios ó alguna 
visita de respeto, lo dejaba todo y decia que iva á salvar una ánima. 

Fué celosísimo del bien de los naturales y en particular defendía el 
modo de su jornal y apremiarlos á que trabajasen; sobre esta materia estudió 
y escribió mucho y lo decia en secreto, en público, en la celda, en el pulpito 
y en todas las ocasiones que entendía que podía aprovechar; y nunca quería 
absorber á quien tubiese indio de servicio ó de repartimiento hasta que lo 
dejase ir libre. Lo que tenia escrito en esta materia lo presentó en el sínodo 
de Mégico : respondiosele que aquellos señores lo mirarían despacio y pro- 
verian lo que fuese justicia, que entretanto le rogaban no tratase de aquella 
materia hasta que el Sínodo lo determinase. Respondióles : melius est obe- 
dire Deo quan huminibus y en el primer sermón que se le ofreció en la Ca- 
tedral, predicó lo que sentía y advirtió lo que debia hacer so pena de culpa; 
y teniéndosele esto también por culpa en el P. Fr. Juan, se quejó el Sínodo 
al Prior : mandósele por entonces que no predicase ; pero luego se le alzó 
la pena. Cierto caballero de Mégico tan principal que era del hábito de San- 
ti a &°> gran bienhechor de la casa de Sto. Domingo y notablemente aficiona- 
do al P. Fr. Juan Ramírez y por eso se confesaba con él, tenia unas minas 
fuera de Mégico. Para ver lo que era aquello y la seguridad que tenia de 

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conciencia aquel modo de hacienda, fué el P. Fr. Juan á verlas, y preguntado 
á la vuelta del caballero que estaba enfermo en la cama, que sentía? muy 
sin máscara le respondió : todo Señor lo he mirado y tanteado y veo que á 
VS. á sus hijos y hermanos se los lleva el diablo al infierno. No vé que es 
viejo? para qué quiere pagar para siempre por estos sus hijos? No gustó 
de esto el que lo oía y dijole : Ande de ay, que es un loco. Hizo el P. Fr. Juan 
de señas al compañero, que era el P. Fr. Alonso de Chavez que hoy es Prior 
de Teposcolula en la Misteca, el primero que tiene aquella casa, que se sa- 
liese fuera y los dos se quedaron platicando y llegó el negocio á voces que se 
oyeron acá afuera sobre el repartimiento de los indios y sobre el pagárseles 
el jornal. 

Este negocio y la injusticia que sentia en él, le sacó de la quietud de 
su celda y para justificar mas su intento que era el remedio de estos daños, 
pidió licencia al Prelado para andar toda la provincia y ver y notar el modo 
con que los Jueces, Corregidores, Alcaldes Mayores y vecinos de los pueblos 
se habian con los indios y el orden que tenían en servirse de ellos y pagar- 
les su jornal. Al fin de esta diligencia le succedió un caso raro y estraordi- 
nario que por andar de diferente modo en la voca de muchos, me pareció 
consultar á un testigo de vista que fue el P. Fr. Domingo Calderón, Prior que 
al presente es del Convento de Tlaxisco en la Mixteca, de donde me escribió 
á los 20 de Mayo de 1627 las palabras siguientes: 

"Saliendo de Tonmalá por el mes de Setiembre que llovia con grandes 
exeso, no pudiendo vadear un rio grande que dicho pueblo tiene, le hubimos 
de pasar por una puente de dos vigas no más, llendo delante á caballo el Sto. 
D. Fr. Juan Ramirez obispo, que entonces no lo era, y habiendo el pasado 
mas de la mitad de la puente y yo estando en medio, se espantó su caballo 
de un agugeron que vio, y haciéndose atrás con gran violencia, apartó al ca- 
ballo en que yo iva en la una viga y él quedó en la otra sin poderse menear 
y sin poder dejar de caer el uno de los dos. No recuerdo que él me digese que 
lo confesase, yo sí se lo dije pues era fuerza caer el uno de los dos en el rio y 
ahogarnos. Fué Dios servido que él cayese con caballo y todo: yo le vi la 
barriga al caballo y que cayó sobre él. Entonces me pude apear con el tiento 
que el lugar y ocasión pedia, á la parte que me dio lugar; y habiendo salido 
del peligro, comencé á dar voces á unos indios. Vinieron á ayudar á sa- 
carle : vi ir al caballo nadando á ratos y á ratos la fuerza del agua volteándo- 
le : siempre yo entendí iva asido á los estribos hecho pedazos, pues de la caída 
de mas de lanza y media en alto y el caballo encima, no se podia entender 
otra cosa. Al fin el caballo salió á nado un tiro de arcabuz de donde habia 
caído, con las alforjas en una mano revueltas sin faltar cosa de las que en 
ellas ivan, y lo mojado muy poco ó casi nada pues no hubo necesidad de 
sacarlo al sol. Estando confuso y dándole voces, me las dio él a mí y vol- 
viendo el rostro atraz le vi sin lesión alguna y llegándome á él bien tierno y 
con hartas lágrimas de gozo de verle sano y sin lesión ninguna me dijo : como 
los angeles le habian sacado, cuya memoria habia hecho en la misa que el 
habia dicho aquel dia. Y yo no la habia dicho y él sí y oído no se cuantas. 
Entonces le di yo nuestro hábito y el se quitó el suyo mojado, quedando 
yo con solo nuestra capa. Tornamos á subir á caballo llevando entre los dos 
los hábitos mojados atravesados para que se fuesen enjugando. Caminamos 

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aquel dia cinco leguas, llegamos á Guajapa muy bien mojados porque aquel 
dia nos llovió tres veces en el camino. Viniendo por el camino me contó 
el Santo otro caso que le habia Dios librado y me dijo: porque entiendo que 
callará y habiendo hallado talento en V. R. para callarle, quiero contar lo 
que en otra ocasión me succedió y fué que habiéndome dado un caballo en 
que fuese un camino, con mas brio de lo que mi persona pedia, yendo ca- 
mino entre Coyoacan y Jacajayá, dio con migo en el suelo y habiéndoseme 
engargantado el pié me llevaba arrastrando, y vi á la Virgen Maria que me 
sacó el pié del estrivo y el caballo partió como un viento dando brincos y 
saltos; y por haberme el Sto. varón pedido que no lo dijese, no lo he dicho 
hasta que V. R. escribió le avisase lo que habia sucedido en lo de la puente, 
y lo conté á los Padres de casa y agora lo escribo á V. R. y de su verdad pon- 
go á Dios por testigo ; y esto es mi Padre lo que pasó y no lo que otros han 
contado de mil maneras". Esto me escribió el P. Fr. Domingo Calderón 
acerca del caso de la puente. Escribiólo también el P. Fr. Juan Ramirez 
en una carta general á la nación mixteca pidiendo todos fuesen muy devotos 
de los Stos Angeles, pues por solo haberles hecho memoria en la Misa de 
aquel dia, le habian librado de un peligro tan grande. 

Concluida la diligencia de ver el tratamiento que los Jueces y los es- 
pañoles hacían á los indios y como los repartían para el servicio y lo mal 
que los pagaban, se determinó de venir á España para procurar el remedio 
de este daño. Salió de Mégico con su capa al hombro y el brebiario en la 
cinta sin mas resguardo que una cédula de noventa y cinco pesos que le ha- 
bian de dar en Sevilla para ir á Madrid. Llegó al puerto de la Vera-Cruz y 
no hallando navio para España, temiéndose que por venir en defensa de los 
indios no le revocasen las licencias si allí se detenia, se fué en una barca 
á Campeche. De Campeche volvió á la Habana y no teniéndose allí tampoco 
por seguro, si esperaba á la flota, se embarcó en uno de aviso quedando en 
manos de ingleses, fueron presos y despojados todo los que en él ivan. 

En este estado con tanto peligro de la vida estaba el P. Fr. Juan muy 
contento y aumentó el peligro con predicar á los hereges la obediencia del 
Papa, la necesidad de las obras penales y la real y verdadera asistencia del 
cuerpo y sangre de Cristo N. S. debajo de las especies sacramentales. Cosa 
maravillosa! Tan lejos estubo de que los hereges lo maltratasen ó quisiesen 
mal por esto, que antes le veneraban y respetaban y no huían de sus pláticas 
bien que no las creían, como S. Agustín cuando oía los sermones de S. Am- 
brosio. Lleváronle á Inglaterra y viendo su llaneza y casto modo de proce- 
der, lo enviaron libre á España fiados solo de su palabra que en pago del 
rescate suplicaría á S. M. enviase cierto caballero inglés que tenia preso en 
Sevilla. Llegó el P. Fr. Juan Ramirez á esta famosa ciudad y halló que por 
el mismo tiempo que en Inglaterra habia prometido su diligencia de soltar 
al preso, el Rey le dio libertad en España. Hallóse también ciego de unos 
fortísimos corrimientos que le causó la humedad del temple de Inglaterra. 
Acudió en este trabajo al que era remedio en todos los suyos, como lo habia 
esperimentado, que era la Sma. Virgen del Rosario, suplicóla que solamente 
le diese vista para poder decir misa los sábados : oyóle de tan buena gana la 
Madre de Dios y concedióle con tanta liberalidad la vista por que le supli- 
caba, que no solo le volvió en su grado la que habia perdido, sino que se la 

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dio al doble de la que tenia de antes que enfermase y por esta causa aunque 
muy viejo, nunca traia antiojos. Halló en la provincia de Andalucia al Rmo. 
General de la Orden Fr. Hipólito Maria y dándole cuenta de su intento y 
aprobándolo el Prelado, como santo y bueno, alcanzó de él grandes censuras 
contra los Religiosos que tenian obras con indios de repartimiento y obliga- 
ron al Convento de Mégico que tenia cantidad de ellos del pueblo de Hepe- 
tasco que acudían de muy buena gana á la obra dándoles un real y de comer 
y siendo muy necesarios á la casa, visto el precepto y descomunión del Rmo. 
con tanto rigor, alzaron de mano de ellos y después se venian los mismos 
á servir al Convento, á servir con libertad por el buen tratamiento que se les 
hacia y no se atrevió el Convento á recibirlos. Venian solamente las fiestas 
y de limosna comian en casa. 



CAPITULO X 

En que se prosigue la misma vida del limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Juan Ramírez. 

Llegó á Madrid el P. Fr. Juan Ramírez y comenzó á tratar los nego- 
cios de los indios por cuyo respeto salió de Mégico y para que S. M. los 
despachase le dio un memorial en estilo escolástico que está en mi poder 
y comienza "Advertencias del P. Fr. Juan Ramírez, Maestro en Sacra Theo- 
logia, sobre el servicio personal al cual son forzados y compelidos los indios 
de la Nueva España por los Visoreyes que en nombre de S. M. los gobiernan. 
Otro dio también, que se intituló: "Parecer del P. Maestro Fr. Juan Ramírez 
de la Orden de Predicadores de Sto. Domingo, sobre el servicio personal y 
repartimiento de los indios, dado al Consejo Real de las Indias en Madrid 
á 20 de Octubre del año de 1595. Preguntase si son lícitos los repartimientos 
que los Visoreyes &. Es tan docto y tan puesto en razón y justicia este pare- 
cer que lo aprobaron y firmaron el P. Maestro Fr. Tomás de Guzman, Pro- 
vincial de España, el P. Maestro Fr. Gerónimo de Almonacer, Prior de Ntra. 
Señora de Atocha, Catedrático jubilado de la Universidad de Alcalá, el P. 
Maestro Fr. Pedro Hernández, Regente del Colegio de S. Gregorio de Valla- 
dolid y Confesor del príncipe D. Felipe 3 9 Ntro. Señor, el P. Mtro. Fr. Domin- 
go Bañez, Catedrático de prima de Salamanca, y hallóse entonces en Madrid 
el P. Mtro. Fr. Pedro Arias, hombre doctísimo, Prior de S. Pablo de Sevilla, 
el P. Maestro Fr. Diego Peredo, Regente del Colegio de Sto. Tomas de Alca- 
lá, el P. Mtro. Fr. Francisco Dávila Consultor del Consejo Supremo de la 
Inquisición, el P. Fr. Diego de Alderete, Prior de Sto. Tomas de Madrid, el 
P. Fr. Diego Alvarez Presentado, Lector de S. Pablo de Valladolid. Estaban 
también á la sason en Madrid algunos Religiosos graves de las Indias, como 
eran el P. Mtro. Fr. Agustín Dávila, el P. Fr. Miguel de Benavides Obispo 
electo de la Nueva Segobia en Filipinas, el P. Fr. Juan Volante y el P. Fr. Es- 
teban de Sanabria, que por esperiencia conocían y sabían la razón y 
verdad con que estaban fundados los memoriales y los firmaron juntamen- 
te con los gravísimos y doctísimos Padres Maestros. 

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No fué esta diligencia ociosa ni lo que en ella se proponía al Rey y á 
su Consejo de las indias tan fuera de razón que no conociesen la mucha 
que tenia y la demasiada justicia en que se fundaba por parte de los natu- 
rales, cuyo Procurador hacia tan á su costa como quien habia padecido por 
este oficio muchos trabajos, conducido y obligado solo por la aventajada ca- 
ridad y amor de Dios y del prójimo que en él resplandecía, que otro poder, 
ni salario, ni ruego, ni persuasión, ni estipendio nunca pareció ni le hubo. 
Porque luego se despacharon grandes privilegios y provisiones en favor de 
los indios reformando el abuso de sus repartimientos y los agravios é injus- 
ticias de pagarles sus salarios. 

Tardó el P. Fr. Juan Ramirez cuatro años en el buen despacho de sus 
negocios y queriéndose volver á su provincia de Mégico con la pobreza y hu- 
mildad que habia salido de ella, le pareció al Rey N. S. honrar sus trabajos 
con la honra de su muy noble y muy religiosa persona; y estando vaco el 
Obispado de Guatemala por muerte del Sr. D. Fr. Gómez de Córdova y su 
coadjutor, le presentó al Sumo Pontifice para Obispo de Guatemala. Púsose 
mucho con él para que aceptase y los que fueron bastantes á calificar sus 
pareceres en orden al favor de los indios, siendo fraile y subdito, no lo eran 
para persuadirle que fuese Obispo y Prelado y tubiese hacienda con que su- 
plir y remediar su pobreza y autoridad : hubo de entrar la fuerza de la obe- 
diencia de por medio y con ello no pudo resistir. Aceptó el Obispado y estubo 
dos días llorando en su celda el peligro en que se habia puesto, que á duras 
penas le podian bajar á comer. Era esto el año de 1600 y tubo á buena ocasión 
el recien electo, ser el año del jubileo centenar de Roma para tener ocasión 
de ir á esta Ciudad, cabecera del mundo no tanto por lo que tubo de grandeza 
en tiempo de la gentilidad cuanto por lo que posee de dominio en la tierra 
otorgado por la silla de S. Pedro y sus sucesores vicarios de Cristo que du- 
rará en ella hasta el fin del mundo. Salió de Madrid á pié con solo su com- 
pañero y á pié andubo todo el camino con su capa al hombro y un lencezuelo 
en que llevaba una sola túnica y á mí me contó el P. Fr. Gabriel Ximenes, 
que este año es Provincial del nuevo Reyno, que de este talle le entró á 
tomar la bendición en el Convento de Graos en la falda de los montes Pi- 
rineos, y conociendo en su venerable rostro que no era Religioso ordinario, 
le hizo decir quien era y le detubo allí para que descansase algunos dias. 
Entró en ella y estubo en ella con admiración de toda la corte, lo uno por 
ver Obispo de indias que venia á los pies del Papa por la confirmación de 
su nombramiento, y lo otro por verle tan pobre y humilde como el fraile que 
mas lo es ó como los Obispos de la primitiva Iglesia. Sospechó el Consejo 
alguna novedad en este nuevo estilo y dio aviso al Embajador de Roma que 
habiendo sentido lo mismo que el Papa y los Cardenales significó al Rey 
y á sus Consejeros cuan bien habia parecido en Roma la santidad y virtud 
natural del Obispo de Guatemala y con esto se sosegaron y dieron por acer- 
tadísima la elección que su Magd. hizo en tal persona. Del mismo modo 
que fué á Roma volvió á España y con prometer poco la pobreza de su perso- 
na, le despojaron unos bandoleros en Cataluña quitándole unos anillos y 
el pectoral, que lo uno y lo otro era de harto poco precio. Dijome un Padre 
descalzo de Na. Sa. del Carmen que siendo Prelado en cierta casa, seis ú 
ocho leguas de Sevilla, le habia hospedado en ella bien fatigado y cansado 

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y deteniéndole casi por fuerza algunos dias porque respirase un poco y nunca 
acababa de decir cuan edificados dejó á los Religiosos con su santa sencillez 
y discreta humildad y estraordinaria devoción. Llegó á su Obispado y aunque 
podia dejar de contar su vida aquí, remitiéndome á lo que todos vieron, si 
Dios es servido, que con la impresión de este libro sus maravillosas obras 
salgan á luz, ellos se acabarán y morirán y lo que aquí se escribiere durará 
por lo menos, mas que los testigos de vista. 

No mudó el Obispo de estilo en su modo de proceder antiguo. La 
santa devoción de oir todas las misas que le era posible, la guardó siempre; 
y ademas de muchas misas que por estipendio mandaba decir por él á los 
Clérigos, pagaba á dos Capellanes que tenia, las que decían cada dia, por que 
fuesen por su intención. Tan amigo de los Religiosos de su Orden y de los 
demás, como de antes. A sus casas iva, á todos los visitaba, á todos quería, 
á todos daba limosna y á todos los metía en sus entrañas. Ivase algunos 
meses del año á vivir á Sto. Domingo: daba de limosna al Convento dos mil 
tostones por su gasto. En casa no hacia mas ruido ni daba mas pesadum- 
bre que un Religioso particular. Levantábase á las dos de la mañana á rezar 
maitines y por no hacer ruido en el dormitorio cuando iva á encender luz 
á la lámpara, no se ponía los zapatos. Si la lámpara estaba muerta, de la 
misma manera bajaba á tomar luz á la Iglesia y de camino andaba los alta- 
res. No olvidado de cuando en otros tiempos se le pasaban las noches ente- 
ras en la Yglesia como á mí me dijo el P. Fr. Alonso de Chavez, que arriba 
nombré de que él fué testigo porque yendo por su compañero á Na. Sra. de 
los Remedios cerca de Mégico, supo que todas las noches de los dias que allí 
se detubieron las gastó en oración delante de aquella Santa imagen. 

El estilo blando y amoroso con que trató siempre á los indios, lo guar- 
dó continuamente asi en la ciudad como en los lugares cuando iva visitando 
y aún el de las bestias, particularmente de la muía en que iva. Porque antes 
de ser Obispo iva una vez con los demás Lectores de Mégico á Escapuzalco, 
iva leyendo un libro ; como la muía sintió la rienda suelta ivase por los cam- 
pos. Un indio la volvió al camino y él con mucha admiración dijo á los com- 
pañeros : no he visto muía mas tonta en mi vida, que pudiendo ir por buen 
camino se mete en lodazales. Uno le dijo: ni yo he visto caballero en mi 
vida, con juicio, que pudiendo llevar el freno en la mano, deje ir la muía 
por donde se le antoje. No se enmendó con esta advertencia ó debiósele de 
olvidar porque siendo Obispo cuando iva de un pueblo á otro la muía lo 
llevaba por donde quería y muchas veces le mandaba quitar el freno para 
que fuese comiendo. Su casa era como la de un muy ordinario vecino: sólo 
tenia dos indizuelas que le servían : dos capellanes que no los ocupaba en 
nada, y no sé si había otra persona. Su ajuar y recámara se acababa en tres 
túnicas, unos tocadores y pañisuelos y dos hábitos de gerga; y á mí me dijo 
el P. Fr. Bartolomé de la Parra Religioso de Na. Sa. de la Merced, que es- 
tando en una visita de su Religión le esperaban un dia muchos á que bajase 
á comer : no venia y llamáronle ; asomóse á la ventana de la celda sin hábitos 
y preguntando como estaba asi, dijo : cuando di esta mañana mi hábito á 
aquel Religioso pobre que vino tan maltratado, pensé que el otro que tenia 
á labar estaba seco y hallando que está mojado no puedo salir de la celda 

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hasta que lo deje de estar. Vayan y coman que yo luego iré. Buscáronle luego 
hábitos entre los Religiosos mientras se secaban los suyos y bajáronle á 
comer. 

Las limosnas que daba, hallase por cuenta que exedieron en mas de 
la mitad á su renta. Las secretas fueron muchísimas y las que daba en can- 
tidad á conventos y congregaciones pobres en ocasiones particulares fueron 
muchas y muy copiosas, las públicas sabidas y determinadas eran cada se- 
mana trece tostones en honor de Cristo Señor Nuestro y sus doce apóstoles, 
á trece viudas pobres y nobles. Doce tostones á las Monjas de la Concepción: 
diez tostones al niñado, y hecha la cuenta de lo que montaba todo esto cada 
año hasta doce mil tostones que le valia su cuenta daba cada año de limosna 
Demás de esto puso ocho mil tostones á renta para que ocho Capellanes del 
Coro gosen de ella y le digan las misas que alcanza la renta. En S. Salvador 
puso otras Capellanías de dos mil tostones : otra de otros dos mil en el Hos- 
pital Real de Guatemala: otra en Sto. Domingo de mil tostones: otra en las 
Monjas de la Concepción de otros mil y otra en el Colegio Seminario de 
Guatemala de otros mil tostones y otra de otros tantos en el Niñado que es 
como un Colegio de doncellas recogidas. Dejó por patrón de todas las me- 
morias á Francisco de Xerez Serrano, vecino noble de Guatemala á quien 
debía la buena y fiel administración de su hacienda ; que si en otras manos 
no tan limpias cayera ni en libros de tanta verdad y puntualidad y en con- 
dición de tan buenos respetos, según la poca noticia que de su renta tenia el 
Sto. Obispo, en otra muy mayor no hubiera no digo yo para dar tantas li- 
mosnas, pero ni aun para comer con ser muy poco lo que en esto se gastaba. 
En el lugar donde nació dejó otra Capellanía de mil pesos; no sé si dejo por 
patrón de ella á su hermano ; y tengo duda en esto por lo mucho que el Obis- 
po se desapegó de sus deudos y parientes ; y fué tanto que viniéndole este 
mismo hermano á ver de Logroño á Guatemala, recibióle bien y mandó que 
se volviese luego, que su hacienda era de pobres y no de sus parientes y 
meramente le libró lo que habia gastado en venir y lo que podía gastar en 
volver, aunque entiendo que Francisco de Xerez, con voluntad interpretativa 
del Obispo, dio orden que le sobrase algo después de la jornada; pero esto no 
lo supo el Obispo. 

Tubose siempre por asignado á la provincia de Mégico y mientras fué 
Obispo, dijo las tres misas ordinarias por los Religiosos que morían en ella. 
Llególe el tiempo en que la provincia le pagase este cuidado haciendo otro 
tanto por él; y dándole el mal de la muerte en la ciudad de S. Salvador, dio 
su pectoral y anillos á unos Sacerdotes pobres que estaban con él y escribió 
con mucha prisa á Guatemala á su agente Francisco Xerez que todo lo que 
tubiese caido de renta lo diese luego de limosnas y hallándose cinco mil tos- 
tones y mas, lo repartió entre las mugeres nobles y pobres. Dieronle unos 
parasismos de que entendieron todos que espiraba, y vuelto en sí dijo : no 
tengan pena que hasta la víspera de Na. Sra. que es de aquí á tres días, no 
moriré. Mandó que no le embalsamasen ni ultrajasen su cuerpo porque mo- 
riría virgen; y esto en una ocasión muy apretada de cierto falso testimonio 
que un mal hombre, a quien el Obispo procuraba enmendar y corregir de 
sus vicios escandalosos, le levantó ; lo habia dicho el Obispo otra vez con 
juramento delante del P. Fr. Andrés del Valle y de otras personas de mucha 

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calidad; y el Ldo. Antonio Prieto de Villegas, Cura de Mazatenango, hizo 
cierta esperiencia con él en S. Antonio Suchitepequez en la costa, con oca- 
cion de una muger que pedia divorcio porque estaba doncella, y el testimo- 
nio con que honestísimamente probó ser así, dio fé de que el Obispo estaba 
virgen. 

Habia tenido ciertas pesadumbres con una Dignidad de su Iglesia 
que viéndole llano y humilde se le quiso atrever; y salió tan con las manos 
en la cabeza que hoy no se le han cerrado las descalabraduras, aunque no 
por eso deja de procurar encuentros. Por esto el Obispo á la hora de la muer- 
te protestó que para el paso en que estaba nunca le habia tenido mala volun- 
tad, ni los rigores que usó con él de cárceles, guardas, palabras, correccio- 
nes, avisos, recados, informaciones, notificaciones &. habian sido por quererle 
mal, ni por aborrecerle ; sino porque conociendo su natural osado, en Dios y 
en su conciencia entendió que aquello convenia para reprimirle y detenerle 
para que no se despeñase en otras ocasiones mayores, viendo que en la tierra 
donde estaba no se hacia resistencia á su osadia, ni sabia de disgusto ni tra- 
bajos, como quien hasta entonces habia caminado con la prosperidad de la 
fortuna y regalo y amparo de sus amigos y parientes. Murió el Sto. Obispo 
vispera de la Encarnación á 24 de Marzo, recibidos devotísimamente los 
Santos Sacramentos, con grandísima devoción y lágrimas, causando mucha 
devoción en ios que le vian dar el alma á su Criador con tanto miedo de su 
salvación, habiéndole servido tanto, como el lo habia dicho, de este año de 
1609 que se vá escribiendo. Habíase mandado enterrar en el Convento de 
Sto. Domingo y por cierta ocacion en que el Prior no estubo muy advertido, 
se mandó enterrar en la Yglesia Mayor, con orden de que no le sacasen de 
allí para ninguna parte. No se guardando el que dio de que no le embal- 
zamasen, le quisieron echar bálzamo en el cuerpo y no hubo remedio de 
poderle abrir la boca para que entrase una sola gota. Estaba todo el cuerpo 
tan tratable como si estubiera vivo y con no estar embalzamado, el año de 1615 
se abrió su sepultura y se halló tan entero como si lo acabasen de enterrar. 
Solo la punta de la nariz tiene un poco consumida, que para ser la tierra de 
S. Salvador tan caliente, se puede tener por milagro. 

Algunos atribuyen los vecinos de aquella Ciudad á este Sto. Obispo, 
que como los oí, los referiré. El Padre Gerónimo Mendo de Sosa, Cura de 
S. Salvador, escribió á Francisco de Xerez Serrano que habiendo grandísima 
falta de agua en toda aquella provincia y habiéndole pedido los vecinos de 
S. Salvador que se hiciese una procesión de sangre pidiendo á N. Señor les 
enviase agua para el remedio de tan gran necesidad, el dicho Padre les dijo 
que tenia que hacer el cabo de año por el Sr. Obispo y que lo hiciesen y pi- 
diesen en él á este santo fuese intercesor con Dios para que les remediase 
la necesidad que tenían, y vinieron todos en ello y señalaron el dia, dos días 
adelante, para que se le diese la vigilia y misa; y fué de suerte lo que llovió 
que para ir á la vigilia la vispera antes, no pudieron ir á la iglesia sino á ca- 
ballo y lloviendo el dia siguiente y otros muchos después, fué el total reme- 
dio de la necesidad de la tierra; y de aquí le ha cobrado la gente gran devo- 
ción y lo tienen por santo y asi lo nombran y como tal lo estiman y reveren- 
cian y han notado que después que está allí su cuerpo no ha habido temblor 
de consideración, siendo muy ordinarios los que destruían y asolaban la ciu- 

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dad. Una buena muger pobre vecina de S. Salvador que había muchos años 
que padecía enfermedad de sangre lluvia, sin duda con inspiración del cielo 
pidió una túnica de tres que tenia el Obispo y se hallaban en poder de sus 
criados: pusosela y luego al punto sanó. Tienese por muy cierto que sin duda 
fué por sus grandes méritos delante de Dios. Otras cosas se cuentan á este 
modo, que estando averiguadas y autorizadas no dejarán de salir á luz 
para gloria de Dios y de su siervo el Señor Don Fr. Juan Ramírez. Hasta 
aquí el Padre Presentado Remesal. 



CAPITULO XI 

De otras cosas tocantes al Sr. D. Fr. Juan Ramírez. 

No puede menos que notarse lo sucinto y breve que andubo el P. Pre- 
sentado Remesal en las noticias de tan santo Prelado y mas cuando se halló 
tan cercano á aquellos tiempos en que murió que vivían muchos testigos muy 
fidedignos de quiénes pudo tener muy singulares noticias. Las que hasta 
hoy se conservan de su grande sencillez es cosa que admira; pero siendo 
como sin duda son, ciertas las que arriba quedan dichas de la muía que se 
iva por do quería, no se harán estas otras dificultosas. Tan poco era el conoci- 
miento que tenia de la moneda y de lo que valia, que cuando á un criado suyo 
era menester hacerle de vestir, solía librar tan poca cantidad que ni para 
unos calzones podía alcanzar; y asi le pedían solo libranza para su mayor- 
domo. A cierto clérigo por un delito lo multó en quinientos tostones y afli- 
gido él de que no tenia de adonde tomarlos por ser pobre, le advirtió otro 
que sabia la sencillez del Obispo, que sin duda no sabia lo que se habia dicho, 
que los buscase prestados y se los llevase que sin duda se los habia de volver. 
Así fué, porque espantado el Santo Prelado de ver tanto dinero le dijo : yo 
no dije tanto, lo que dije fué esto y apartó cosa de dos ó tres tostones y le 
dijo que se llevase lo demás. Tal era su sencillez que se refiere que ni sabia 
si el color que las muías tienen es ó no natural ó si las teñían ; y asi se refiere 
que habiendo mandado que ningún clérigo andubiese en muía rucia ó tor- 
dilla, sin duda por lo que S. Vicente Ferrer, reprende en uno de sus sérme- 
nos, vio á un Clérigo en muía de este color y llamándolo le reprendió dicien- 
do : que como no obedecía á lo que habia mandado? á que se disculpó dicien- 
do : Señor, no he tenido con qué teñirla ; y preguntándole cuanto seria me- 
nester para teñirla de negro, le dio libranza para que la mandase teñir. Cosas 
parecen estas de un hombre insensato y no de un hombre de su talento y 
sus letras; pero quien considerare la suma sencilles de aquellos Santos del 
yermo y los casos tan raros que el Doctor Máximo refiere en esta materia, 
del que tomaba el hierro hecho ascua en las manos, del que le mandaron 
traer la luna, del que le mandaron regar el palo seco hasta que retoñara y la 
sencilles del que vio al niño en los brazos de la muger del herrero sin saber 
como nacían y se multiplicaban los hombres, no le causará admiración al 
que esto leyere; porque no hay cosa que mas lleve las atenciones de Dios 

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que esta santa simplicidad de los niños. En esta santa simplicidad á todos 
los examinaba de la Doctrina cristiana como Pastor que tenia á su cargo las 
ovejas de su Obispado y asi á todos los consideraba, fuesen chicos ó gran- 
des, señores ó plebeyos, como comprendidos en una misma obligación; y asi 
los dias de tabla en que asistia la Real Audiencia á la Catedral, le mandaba 
asi al Presidente como á los oidores le digesen la doctrina cristiana; y que- 
jándose de esto á S. M. les mandó á decir que pues eran cristianos que la 
digesen, que qué le habia de hacer á un Obispo Santo, que seria cosa de 
mucha edificación para el pueblo. De esto se le recrecieron tales disgustos 
que el Santo Obispo, que no sabia de otra cosa que de una santa paz, tomó 
por medio el quitarse de enmedio y retirarse á la Ciudad de S. Salvador sin 
querer mas volver á su Catedral, porque él no sabia ni queria saber de aquesta 
sabiduria del mundo que toda es necedad para Dios. Habíale quitado la 
renta á aquella Dignidad, con quien dice Remesal que tubo los sinsabores, 
y compadecido como padre de aquella oveja, desde S. Salvador escribió 
al Tesorero que se la diese que a Dios daria la cuenta de todo. Desdichados 
de los que se toman ocasión de la bondad del Prelado para abusar de ella, 
porque es muy recto el Juez que ha de volver por su reputación. 

En nuestro Convento fundó otras dos memorias, ademas de las que 
ha dicho el P. Presentado Remesal, la una de tres mil tostones de capellanía 
y la otra de dos mil para que se celebrase la fiesta de la Coronación de la 
Virgen Santísima el dia de S. Bartolomé, como se celebra, y es la misa muy 
solemne con procesión y sermón ; y ese dia se pone una tumba con sus cirios 
y candelas. Cuando se hizo la iglesia de San Salvador de nuevo, que habrá 
como sesenta años este de 1717, en la Capilla mayor al lado del Evangelio 
quedó un arco y en él colocaron sus huesos, ya que estaba disuelto el cuerpo, 
y les pusieron en cajón pequeño de madera, y allí han estado con mucha 
veneración y devoción del pueblo que continuamente se vale de su santa in- 
tercesión para con Dios en sus necesidades y así continuamente anda fuera 
su sombrero que desde que murió lo colocaron sobre su sepulcro y está 
al cabo de 108 años entero y bien tratado, que es mucho siendo de lana y en 
tierra caliente que no se halla deshecho en polilla, como en poco tiempo se 
vé allí que se consume cualquiera cosa de lana. Yo lo vi el año de 1698, 
siendo Prior de S. Salvador, con su forro de tafetán verde y solo tenia por 
un lado una señal de polilla y en lo demás muy bueno. Aseguran todos ge- 
neralmente que esperimentan los enfermos á quienes se lleva, mucho alivio 
en sus dolencias y así continuamente anda fuera y lo llevan los indios sacris- 
tanes á su pueblo que es el de Cuzcatansingo junto á la Ciudad y tienen gran 
fé con él para todas enfermedades y esperimentan el favor divino mediante 
la intercesión del Sto. Prelado. Yo desee saber como se hallaba el cuerpo ó 
huesos del bendito cadáver y le supliqué el año pasado de 1716 al Ldo. D. 
Francisco Romero en Guatemala, que abriese el sepulcro y me avisase para 
escribirlo en esta historia; y habiendo vuelto á Guatemala en este año de 
1717 y díchole como no habia hecho lo que me habia prometido, me respondió 
como el otro Cura y otros clérigos le aseguraron que no habia mucho que lo 
habían abierto, y que no estaban los huesos en el cajón sino que estaba 
vacío; y que se decía que nosotros teníamos sus huesos. Aseguro que no 
tengo tal noticia ni sé que se hayan hecho; sino es que haya sucedido con 

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éste santo cuerpo lo que las historias refieren del cuerpo del santo Fr. Luis 
Vero, compañero de S. Luis Beltran, que por no tratarlo con la veneración 
que se debia, lo ha ocultado Dios que no se sabe en donde está. En este pue- 
blo de Sto. Domingo Xenacoc, donde esto se escribe, hay la gran memoria de 
que el año de 1604 bendijo aquesta iglesia y las imágenes de la Virgen del 
Rosario del altar y de las procesiones y lo mismo las de N. P. Sto Domingo 
y la del Sto. Crucifijo que está en su altar, que no escaseaba el Sto. Prelado, 
como se acostumbra el dia de hoy, el acudir á la devoción de sus ovejas sin 
mas interés que el de cumplir con su obligación; y juntamente confirmó 129 
personas, y estando en el pueblo de S. Juan en visita, consagró las campanas 
de aquel pueblo y una de este, como todo consta de razones que se hallan en 
el libro antiguo de la cof radia del Smo. Rosario. 



CAPITULO XII 

Del P. Fr. Benito de Villacañas y otros religiosos que murieron aqueste año. 

Grande pena es no tener noticias individuales de tan ilustres héroes 
como han ilustrado aquesta santa provincia, y de sus lugares nativos y con- 
ventos, por la gran gloria que tubieran de tan ilustres hijos. Uno de estos 
de quien esto se lamenta es del Ve. Padre Fr. Benito de Villacañas, de quien 
solo dice nuestro Remesal lo que se sigue : "antes que llegase este tiempo, 
murieron en la provincia algunos Padres que hicieron gran falta en ella, co- 
mo fué el P. Fr. Benito de Villacañas que murió en el Convento de Guatema- 
la muy mayor de edad, jubilado de muchos y muy gloriosos trabajos que por 
el bien de las almas habia pasado en la provincia de Sacapulas y en esta de 
Guatemala. Fué muy puntual toda su vida en guardar nuestras sagradas 
constituciones : de gran sufrimiento y paciencia para oir y esperar á los 
indios que son espaciosos y flemáticos en su modo de proceder. De aqui fué 
ser tan amado y respetado de ellos como un santo del cielo. Aumentó mucho 
el culto divino en la iglesia, capillas, ornamentos, música y toda buena policia 
de los naturales. En Sacapulas edificó la puente tan necesaria al bien común 
de toda aquella tierra por ser el rio tan peligroso en tiempo de invierno : juntó 
todos los lugares que administraba el convento y á cada uno encargó un 
arco, ó á muchos pueblos uno, conforme eran, y él asistia continuamente á 
la obra; y en tiempo de cuaresma, en una chozuela alli cerca, estaba confe- 
sando á los que trabajaban: con una grande avenida se rompieron unos ar- 
cos y siendo Prior segunda vez el P. Fr. Bernardo de Oleza, los reedificó el 
año de 1616. Enseñó á los del pueblo de Cunen á sembrar trigo y dase muy 
bueno en aquella tierra; hizo otras cosas en bien y utilidad de aquella pro- 
vincia que son muy dignas de persona tan religiosa como lo era este Padre. 
Escribió arte y vocabulario de la lengua cacchiquel : un libro en esta misma 
lengua que intituló Succesus fidei Ortodoxe en que trata del conocimiento 

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de un solo Dios, como le hay, que es uno, que es trino, que prometió el Mesias 
á los patriarcas, que lo envió al mundo, de su encarnación, predicación, de los 
apóstoles, división de ellos después de la venida del Espíritu Santo. Escribió 
también en la misma lengua otro libro de sermones breves, así de santos, 
como de tiempo; y otro de milagros de Ntra. Señora y de los Santos". Hasta 
aquí Remesal. 

Escribió también en la lengua cacchiquel los dos libros de que se hizo 
mención arriba en la fundación del Beaterío de las Beatas indias : uno de la 
vida de Santa Catarina de Sena y otro de meditaciones y oraciones de la Sma. 
Pasión; por que él fué el autor, como se dijo arriba, de aquestos Beateríos 
que se fundaron en San Juan Sacatepequez y en Guatemala, que hoy perse- 
vera con mucha gloria y lauro de su autor, para lo cual él con limosnas que 
juntó compró el sitio que hoy tiene y lo fundó. Enseñándolas y dirigiéndolas 
á la virtud y con su santo celo y maravilloso egemplo y santa vida, las fué 
imponiendo en todo lo que era virtud y sacó insignes discipulas; y aunque 
no hubiera sacado otra que á la hermana Francisca de Sto. Domingo bastaba 
para honrarse mucho y para que mereciera muchas coronas de gloria. 

Administró muchos años los Sacatepequez que entonces eran San 
Juan y S. Pedro solo; que S. Raymundo fué mucho después fundado con in- 
dios de San Juan por Fr. Víctor de Carabajal. El fundó aqueste pueblo de 
Sto Domingo Xenacoc por ocacion, como dice el P. Presentado Remesal, de 
que un español se quería cojer aqueste sitio para estancia ó labor y perte- 
necía á los indios de San Pedro, y teniendo noticia que otro dia había de 
venir á tomar posesión de él, instado de los indios que no hallaron otro modo 
de defenderlo, sacó porción de gente del pueblo de S. Pedro y acudiendo 
todo él con paja y materiales para hacer casas é Iglesia, en una noche la for- 
maron y pusieron campana y fabricaron casas para los que habían de vivir 
aquí y á la mañana cuando vino el español, se halló con pueblo formado 
en el sitio que el habia apetecido, y de aqui ha crecido aqueste pueblo al paso 
que el de S. Pedro, de adonde son, se ha disminuido, que casi está hoy la 
colonia tan grande como su municipio. Esto debia de ser como por los años 
de 1580, poco mas ó menos, y el mismo P. Fr. Benito hizo la iglesia que se 
estrenó en el dia 15 de Setiembre de 1604 en que la bendijo el Sto. Obispo 
D. Fr. Juan Ramírez, como queda dicho. Es muy fuerte, toda de ladrillo 
y arquería y de muy buena mezcla y se dá á entender que tanta obra no se 
hizo en diez ni en quince años por ser el pueblo corto ; aunque lo que toca á 
la portada no se acabó por entonces hasta mucho después y se conoce bien 
porque es de obra muy tosca. También hizo aqueste Ve. Padre la iglesia de 
S. Pedro Sacatepequez que es como la de este de Sto. Domingo, y padeció 
el mesmo defecto de la portada, que es muy tosca. Otras muchas cosas hizo 
sin duda muy heroicas que por la injuria de los tiempos se han olvidado. La 
memoria que hacen las tablas de los difuntos de Guatemala es la siguiente: 
"Fr. Benito de Villacañas, Padre antiguo : supo perfectísimamente la lengua 
de los indios en cuya doctrina gastó muchos años : Religioso observantísimo 
y muy dado á la oración y contemplación. Murió de 73 años". No se sabe 
fijamente el año en que vino á la provincia; pero por las noticias que se 
hallan en las actas de ella, trabajó cincuenta años, poco mas ó menos, entre 
aquestas gentes, porque en las actas del limo. Sr. D. Fr. Tomas de Cárdenas 

49 



del año de 1568 se halla que lo asignan á Guatemala y debió de ser de Saca- 
pulas porque no hay noticia de que después que estubo en Guatemala otra 
vez fuese para aquel Convento, y ya como queda dicho, dejaba hecha la 
puente que no pudo ser cosa de un año ni de dos. 

Este mismo año murió en Coban el P. Fr. Juan de Esguerra, hijo del 
Convento de S. Pablo de Valladolid, gran apóstol de la Verapaz y el primero 
que anunció el nombre de Dios á los indios Choles y que abrió el camino 
para aquellas reducciones, como queda dicho arriba, andando todas aquellas 
montañas tan incultas con infinitos trabajos que padeció por el amor de 
Dios y bien de sus próximos. También estubo en las montañas del Golfo 
dulce á donde fué enviado á catequizar aquellos indios Toquehuas. No perdió 
el mérito ni el trabajo por haberle prevenido el Clérigo que habia remitido 
el Sr. Obispo de Honduras, pues como se vido, aunque los habia ya bautiza- 
do, el catecismo fué como se dijo, y asi los enseñó en su mesma lengua y 
trabajó alli en aquella epidemia administrando los Stos. Sacramentos. Murió 
sí, en su convento, después de haber sido Prior de él y después de haber en- 
señado y doctrinado mucho tiempo con doctrina y egemplo y sin duda, según 
se cree piadosamente, goza el premio de sus muchos trabajos, que no es 
dudable que al abrir la puerta de la reducción del Chol, Dios se la abriria 
muy grande en el Cielo. 

Por este tiempo, poco mas ó menos, murió en la religiosa provincia 
del Smo. Rosario de Filipinas, el Ve. Pe. Fr. Pedro de Ledesma, quien ha- 
biendo pasado á aquesta santa provincia á servir á N. Señor, en donde se 
dio á todo género de virtud y trabajó mucho en ella; y siendo necesario en- 
viar procurador á España, ninguno les pareció más apropósito, para que acre- 
ditase su santa provincia con su gran virtud. Estando allá, como refiere el 
Sr. Aduarte Libo. 1 Q Cap. 49, hicieron Obispo de la nueva Segovia al Sr. D. 
Fr. Miguel de Benavides, qué lo habia remitido su santa provincia para que 
llevase Religiosos á ella, y no olvidándose por ser Obispo, de su encargo, 
juntó muchos y trató de juntar mas, y sabiendo la grande necesidad que 
habia de ellos quiso enviar una buena escuadra por delante y ofrecióle su 
dicha al P. Fr. Pedro de Ledesma para que los trajese, como lo refiere el 
citado autor, por estas palabras : "Hallábase en Castilla el P. Fr. Pedro de 
Ledesma cuando habia de venir esta barcada que el buen Obispo enviaba y 
era muy apropósito para su Prelado, por ser padre anciano, venerable y que 
habia estado muchos años en Indias, en la muy religiosa provincia de Gua- 
temala y así sabia lo necesario para el viaje y era de condición apacible que 
es también de mucha importancia para lo que se pretendía. A este padre 
encargó el Sr. Obispo el traer los Religiosos que para esta provincia se ha- 
bían juntado, y el por ser muy inclinado á todo lo bueno aceptó el oficio de 
buena gana; aunque sabia que era muy penoso, no solo por haber de andar 
negociando por contadurías, que para quien sabe lo que es, no es menester 
decir mas; sino por haber de contentar á tantos religiosos en la mar que 
como primerizos van mariados, desgraciados y muy necesitados de quien 
les consuele, sufra y aliente, y para todo ello era muy apropósito el P. Fr. 
Pedro y los trajo con la comodidad posible las dos largas navegaciones que 
desde España á aquí se pasan, no reparando en el mucho trabajo que esto 
trae consigo, por servir á N. Señor y ayudar á la predicación y conversión de 

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los infieles, con que comenzó de nuevo á trabajar cuando habia de solicitar 
algún descanso por sus muchos trabajos en servicio de Dios y del prógimo 
que es el amor que tenia entrañado en su alma; y así renovándose como el 
águila generosa los trajo á todos en las alas de sus deseos de que se lograse 
su trabajo y se dilatase el Sto. Evangelio. En todos lo logró muy bien; pero 
con mucha especialidad el haber sido el que trajo á aquella Sta. provincia 
al glorioso protomartir del Japón Fr. Alonso Navarrete, cosa que tubo el mis- 
mo por grande beneficio y por tal refirió para tenerlo en su memoria delante 
de Dios para solicitar la recompensa, como el mismo escribió, estando para 
martirizarlo, en una carta al P. Fr. Miguel de S. Jacinto, por estas palabras: 
"Al P. Fr. Pedro de Ledesma, Dios le pague el haberme traído á las indias, 
que por ese camino vine á padecer por Cristo. Llegó con la barcada á Manila 
por julio del año de 1596 y allí sirviendo á N. Señor como lo habia hecho en 
esta santa provincia, acabó sus días felizmente para ser coronado en premio 
de sus gloriosos trabajos padecidos por Cristo, como piadosamente creemos. 
Acabó su oficio el P. Provincial Fr. Alonso García á 21 de Enero del 
año de 1611 y ese día se juntaron los PP. Capitulares en el Convento de Ciu- 
dad Real y unánimes y conformes eligieron en Prior Provincial de aquesta 
Sta. provincia al M. R. P. Predicador General Fr. Pedro de Vargas y confir- 
maron la elección como Definidores los M. R. PP. Fr. Rafael de Lujan Prior 
de Guatemala, Fr. García de Loaisa, Prior de Sacapulas: Fr. Melchor Gómez 
y Fr. Alonzo Hidalgo Vicario de Comitlan. Honró mucho el Sr. Obispo que era 
de Chiapa entonces el limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Tomas Blanes, de nuestro 
sagrado hábito, hijo del Convento de S. Pablo de Valladolid, al Capítulo; co- 
mo lo manifestó agradecida su provincia en las mismas actas, título Deum- 
tiationes por estas palabras : "Hacemos saber que el limo. Sr. Obispo de Chia- 
pa estubo presente en todo este nuestro Capítulo honrándole con su persona 
y mostrándonos amor de verdadero Padre y teniendo siempre delante de los 
ojos la gravedad de su hábito y religión como verdadero hijo de N. Glo- 
rioso Padre Sto. Domingo nos autorizó con su virtud y letras y con sus ser- 
mones. 



CAPITULO XIII 

Comienza la vida del Ve. P. Fr. Andrés del Valle. 



En este año de 1612 ofreció aquesta santa provincia la mas preciosa 
joya que tenia, para los tesoros de Dios, la rosa mas pura y lilio mas carneno 
para los jardines de la gloria; y aunque fué terrible golpe para toda ella, y 
aun para toda aquesta América, todavía se consuela nuestra piedad con que 
tenemos un patrono y padre ante el Divino acatamiento, que ruegue siem- 
pre por sus hijos y que sus santas intercesiones contendrán sus justas iras 
por nuestras culpas. Escribió la vida de aqueste estático Padre el M. R. P. 
Fr. Antonio de Molina, cuyas letras y virtud fueron tan notorias en toda 
aquesta santa provincia y aun en los Reynos de España, cuando fué por su 

51 



Procurador á las dos Curias. Dedicóla como á su patrona al primer fruto de 
la América, con ánimo de imprimirla, que no pudo, prevenido de la muerte, 
para que todo el mundo gozase de la fragancia que dieron sus maravillosas 
virtudes y rara penitencia ; y así no atreviéndose mi insuficiencia y cortedad á 
tocar, ni añadir, ni quitar, ni mudar cosa de lo que S. P. M. R. nos dejó es- 
crito como testigo de mayor escepcion y que fué muy cercano á aquellos 
tiempos. La pondré toda á la letra con su prólogo y dedicatoria para mas 
crédito y autoridad de lo que se escribe. Empieza, antes de la dedicatoria, 
con uno como epitafio o encomio que Teodoreto dijo en la vida del gran Cri- 
sóstomo, acomodándoselo á nuestro venerable héroe, que dice de esta manera : 

"Multce ac varice, Patri, renata in singulis, porsingulis mutationes. 
Rapitur quis injudicium? Advolated eo et Patronus et Pater. 
Fames vexat? Jam ex patrono in nutritionem trausformatur. 
Egrotat aliquis? Súbito nuntatur in medicum. 
Dolore aliquis concidit? Ecce noxocomi curatur. 
Solatium adhibet, si hospitis exipiendi 

Omnia factus benignus se exhibet. Theodoretus invita Chrisost. 
apud Phoscod. 273. 

DEDICATORIA Á SANTA ROSA 

A vuestras soberanas plantas, llega, soberana virgen, el que por tantos 
títulos es vuestro, este pequeño trabajo (que es el primero que he puesto 
en alguna perfección). Esto ofrezco, no como don ó presente, sino como 
paga forzosa de lo mucho que os debo : recibid mi afecto que es de serviros, 
suplicándoos que el favor que hasta aquí he recibido de vuestras manos, 
se continué y le halle á la hora de mi muerte. Pedidle á Dios me la dé buena, 
para que muriendo en gracia suya, camine á la vida eterna vuestro esclavo. — 
Fray Antonio de Molina. 

PRÓLOGO AL LECTOR 

La prodigiosa vida del Venerable P. Fr. Andrés del Valle pedia un es- 
critor grande y tal, cual lo merecen sus esclarecidas virtudes; pues la feliz 
y dichosa carrera de su vida fué tal, que merece por ella contarse entre los 
varones mas eminentes de su siglo y que mas honraron la religión y la igle- 
sia católica. Pero también los Santos tienen su fortuna, y lo es grande el 
nacer y morir en siglos donde haya varones eminentes que sepan dar noticia 
al mundo de sus virtudes. Falta es esta, que muchas acciones grandes de 
varones insignes se han entregado al olvido por falta de quien las escriba. 
Nacer en un siglo mas que en otro es fortuna, pues ocasiona el atrazarse ó 
adelantarse en la memoria de los hombres; porque aunque les baste á los 
Santos estar escritos en el libro de la vida donde se asientan de buena letra 
sus obras, para remunerarlas; pero quiere Dios también que la noticia de 
estas virtudes se comunique á los hombres para que entiendan que el ser 

52 



perfectos y santos lo pueden alcanzar todos ayudados de la gracia y que 
no es imposible la santidad á nuestra naturaleza aunque se halle tan tirani- 
zada de la culpa; que Elias, como dijo Santiago, era hombre de carne y san- 
gre, como los demás hombres, y con toda la fragilidad de su naturaleza tenia 
imperio sobre los mismos Cielos. Quiere Dios también que las virtudes de 
sus siervos se manifiesten al mundo para que el egemplo nos aliente á su 
imitación; y mal se podrán imitar virtudes ignoradas y hechos grandes, no 
conocidos. 

Hace un gran servicio á Dios quien se dedica á escribir las virtudes 
y vidas de los varones ilustres, justos y amigos de Dios, asi para honra suya, 
como para créditos de la gracia, pues llega á ser tan poderosa que á unos 
vasos frágiles de barro da virtud para obrar tantas maravillas. Aun á los 
autores profanos les reconoce el mundo esta deuda y dá muchas gracias por 
haber dejado escritas las hazañas de los hombres grandes que honraron é 
ilustraron sus siglos; y con ser asi que los sugetos de sus historias fueron 
gentiles, ágenos del conocimiento de Dios, con todo eso los que escribieron 
sus hechos, son alabados y se les reconoce el mundo deudor. Cuanto con 
mas razón se deben alabar los que sacan á luz las hazañas de los hombres 
grandes y amigos de Dios, y más cuando el fin que tienen en escribir no es 
otro que la honra y gloria de Dios ! 

Confieso que ha muchos dias que deseo ver escrita la vida portentosa 
del P. Fr. Andrés del Valle y los de esta Ciudad de Guatemala viven con los 
mesmos deseos porque aun duran en su memoria los hechos maravillosos 
y virtudes prodigiosas de su santa vida. Háme acabar dado siempre mi in- 
suficiencia y el entender que mi estilo mas ha de oscurecer que ilustrar su 
santidad, porque ingenuamente confieso que echo menos en mi el espiritu 
y energia que pide lo serio y grave de una historia donde tanto vá á decir la 
elocuencia de quien escribe. Pues los succesos que se cuentan de los San- 
tos se aventajan en la estimación de quien los oye según es el estilo con que 
se escriben : si las palabras son graves, admira el succeso ; y si las voces son 
bajas enfadan. Rernm majestatum evehunt stüus, dijo el Obispo de Alme- 
ría, D. José de la Cerda, evehit stüus nobilitasque vocum substantiae nobili- 
tati; famulatus exculenque Ungua perpulit asumptum. Quod si humili re- 
sitat idiomate vilescit granditas quam affatur. — De María et Deo Acad. 29. — 
Cosilíase la autoridad el que escribe con superior estilo y palabras graves, 
que por eso dice Filón judio que llamaron á Abraham Principe y Señor. 
Princips Dei est apnd nos. Génesis 23 nums. 6. Dando por razón el que sus 
palabras eran elocuentes y muy realzado el estilo en que hablaba. Ñeque 
enim sermonibus utebatur vulgaribus, sed Divinitatem quamdam prese- 
ferentibus. 

Para los que leen se hace dulce el trabajo cuando es grave el estilo y 
suave la historia. Con esta consideración he dejado de satisfacer á mis 
deseos, aguardando que otro tomase por su cuenta este trabajo. Mas vien- 
do que hasta ahora no ha habido quien lo tome á su cargo, lo he cogido por 
mi cuenta fiado en aquel Señor que sabe dar habla á los mudos y erudición 
á las lenguas de los niños; y cuando no consiga otra cosa sino que las no- 

53 



ticias que hay de su vida no se pierdan, esto solo bastará para que yo quede 
contento, que se me hiciera escrúpulo que por mi encogimiento se dejaran de 
publicar cosas tan dignas de saberse. 

Háme movido muchas cosas á tomar por mi cuenta este trabajo. La 
primera es servir en algo á esta provincia de quien soy indigno hijo. La se- 
gunda, que viven aun algunas personas que conocieron y comunicaron al 
P. Fr. Andrés, de quienes he procurado informarme de la verdad de lo que 
aqui escribo porque entendiendo que si aguardo mas tiempo se perderá la 
ocacion, pues los años que tienen son ya muchos. Y lo tercero que me mueve 
es estar en mi poder un libro del P. Fr. Juan Diaz, quien escribió la vida 
del P. Fr. Andrés, y se le debe entero crédito porque fué su discipulo, y lo 
trató familiarmente, y con haber salido este libro de mi poder y haber pasa- 
do grandes peregrinaciones, ha vuelto a mis manos. Asi mesmo, me ha mo- 
vido el haber venido á mis manos muchos libros de su mano, cilicios y dis- 
ciplinas, con que me persuado que son recuerdos para que escriba su vida, 
que es como se sigue. 



CAPITULO XIII 

Que es el primero. Del nacimiento y crianza del P. Fr. Andrés del Valle. 

Aquel gran Padre de familias, cuya naturaleza es bondad, y misericor- 
dia, á quien ni nuestras culpas han bastado para que no atienda á nuestro 
remedio, ni se olvida de nuestro socorro, como piadoso y misericordioso ; no 
olvidándose que es Padre, aunque nosotros hayamos perdido el ser de hijos 
por nuestras culpas, no queriendo la muerte del pecador, sino su conversión 
y enmienda para que viva eternamente en la gloria que compró á costa de 
su preciosisima sangre habiendo llegado el tiempo en que plugo á su Divina 
Misericordia que las luces del Evangelio pasasen á este Nuevo Mundo po- 
seido por largos años de las densas tinieblas de la infidelidad en la cual 
tubo su imperio el demonio, viviendo tan Señor absoluto de las infelices 
almas de sus habitantes que no se le perdia una sola, tan ciegos los tenia 
este universal enemigo con sus errores persuadiéndolos no habia otro Dios 
que él, á quien adorasen y sirviesen. Lastimado N. Dios de tanta perdición 
en las almas, envió á sus ministros los predicadores para que como obreros 
infatigables plantasen la viña celestial que diese copiosísimos frutos de 
santidad y virtud, desmontadola primero de las malesas de la idolatria que 
por tantos y por tan largps años habian criado hondas y profundas raices. 
Entre los muchos Ministros que pasaron á las Indias deseosos de dilatar el 
nombre de Cristo, fueron los Religiosos de N. Gran Padre Sto. Domingo, 
vasos escogidos por la mano de Dios para dilatar su nombre y comunicar 
las luces claras del Evangelio al gentilismo ; que como hijos legitimos de tan 
santo padre que vivia con sed ardiente de la salud de los prójimos, á imitación 
suya, como herederos de su espíritu, vivían ansiosos siempre del bien de las 

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almas cumpliendo con las obligaciones de su profesión que es predicar y 
enseñar. Pasaron en varias ocaciones y tiempo á las Indias, no llevados 
del amor de la plata y el oro, sino de la salvación de los hombres. Sentian 
ver este nuevo mundo tan tiranizado del demonio, lloraban tanta perdición 
de las almas, que habiéndolas criado Dios para el cielo y habiéndoles com- 
prado la gloria con el precio infinito de su sangre, llevados de la ciega ido- 
latria caminaban miserablemente al infierno donde padecerán eternamente 
la pena de su infidelidad. Uno de los que pasaron con estos deseos á las 
Indias fué el P. Fr. Andrés que es el sugeto de esta historia. 

Nació el P. Fr. Andrés en la Ciudad de Valladolid, Corte entonces del 
Emperador Carlos V el año de 1550. Fueron sus padres Pedro del Valle, 
natural de la Ciudad de Segovia y Catalina Marroquin, de las montañas de 
Oviedo. Ambos á dos honrados, nobles y muy grandes cristianos, que es 
lo que importa. Eran no muy ricos ni bien acomodados de bienes de for- 
tuna, pero muy temerosos de Dios, que para la educación de los hijos esta 
es la mejor hacienda; que la abundancia y sobra de regalo suele ser emba- 
raso á la buena crianza de los niños, pues entre delicias poco amor se cobra 
á la virtud que tanto huye del regalo. El temor de Dios y la buena crianza 
es la mejor hacienda que pueden grangear los padres á los hijos pues con 
ella los hacen grandes en el Reyno de los cielos y los dejan acomodados 
por eternidades con el mayorazgo de la vida eterna. La ocupación de Pedro 
del Valle era la de Abogado en la Real Cnancillería de Valladolid. Eran los 
dos devotísimos del apóstol S. Andrés y por la grande afición que al Santo 
tenian le pusieron su nombre en el bautismo el cual recibió en la parroquia 
de este Santo Apóstol en la dicha ciudad. Madrugó muy temprano en él 
la razón que como Dios lo escogió para sí tomó luego posesión de su alma 
y se veía claramente la gracia de Dios que le ilustraba pues en sus accio- 
nes todas daba muestras de la soberana luz que le asistía y aunque andu- 
bieron sus padres muy cuidadosos en su enseñanza, tuvieron poco que hacer 
porque ademas de ayudarle mucho el natural que era dócil, tenia á Dios por 
maestro, quien con habla interior le gobernaba y enseñaba lo que debía 
hacer á que obediente obedecía el niño no perdiendo sason ni tiempo dándo- 
se todo á Dios. No veía en sus padres cosa alguna que no fuese estímulo 
para andar mas aprisa en el camino de la perfección. Hubo un concurso 
de causas en la educación de este niño que en breve lo llevaron á una vir- 
tud muy subida : la gracia de Dios y su asistencia con tanta continuación 
que no le dejó de su mano jamas, como veremos en el discurso de su vida: 
su buen natural, que fué dócilísimo ; y el buen egemplo de sus padres que 
fué muy grande ayuda de costa para que corriera felizmente el camino de 
la perfección, pues se les imprime á los niños y les es de muy grande im- 
portancia, no ver en sus padres cosa que no huela á santidad y virtud, que 
de esta suerte habituándose desde niños á obrar bien, cobra fuerzas la vir- 
tud y obran con facilidad, y como han llevado el yugo desde lps principios 
no se hallan después sin el trabajo, que á los que no han tenido buena 
crianza les es tan formidable. Criaba Dios para santo á Fr. Andrés y así 
disponía los medios para este fin : las virtudes que en él mas se descubrieron 
primero fueron las del temor y amor de Dios, fiadores grandes para no perder 
la gracia, que toda nuestra perdición nace de perderle á Dios el miedo ó el 

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amor. Tenia siempre ante los ojos del alma presente á Dios sin perderlo 
jamas de vista, en cuya presencia andaba tan modesto que no se descom- 
ponía con la menor travesura, que Dios, como quien sabe los medios mas 
eficaces que llevan á la perfección, le mandó á Abraham que no se apartase 
-de sus ojos, andando siempre en su presencia para con este egercicio llegar 
á la cumbre de la perfección. Los pasos que daba el P. Fr. Andrés eran 
estos sin salir de los ojos divinos y asi se le lucia tanto en los progresos tan 
felices de su virtud. La oración y contemplación fué su perpetua compa- 
ñera, y como se dio á este santo egercicio tan temprano y lo continuó por 
tantos años salió tan gran contemplativo. La caridad con los pobres fué 
en él como connatural y parece que como otro Job la sacó del vientre de su 
madre : fué un perpetuo socorro á las necesidades agenas sin que hubiese 
estorbo que á él le retardase los fervorosos pasos de su caridad. 



CAPITULO XIV 

Que es el 2 9 . De los estudios del P. Fr. Andrés y como le faltaron sus 

padres. 

Luego que el Padre Fr. Andrés tubo edad para ir á la escuela lo envia- 
ron sus padres á ella porque aprendiese á leer y escribir, que en pocos meses 
supo con felicidad, porque ademas de ser su habilidad grande, el no diver- 
tirse á otra cosa le hizo saber luego el leer y escribir. Acabada esta ocupa- 
ción pasó á los estudios y en ellos aprovechó tanto como después mostró 
el tiempo, pues, como veremos, fué de los mayores teólogos de su siglo. No 
olvidó los egercicios de la oración ni faltó á la frecuencia de los templos por 
la ocupación del estudio, que quien sabe ocupar bien el tiempo, para todo le 
sobra. En este tiempo que estaba estudiando fué Dios servido de llevarse 
para sí a sus padres : quedó huérfano Fr. Andrés ; mas como tenia su con- 
fianza en mejor padre, que es el que está en los cielos : no fué en él tanto el 
sentimiento que le ocasionase volver un paso atraz de sus santos egercicios; 
antes bien se halló mas alegre viéndose á la sombre de mejor padre. Toma 
Dios muy por su cuenta á sus escogidos y entre los privilegios singulares de 
que gozan, es aquella paternal providencia, mostrándose Dios tan de veras 
padre suyo, y muchas veces este Señor quita á sus escogidos los padres tem- 
porales, para que no reconozcan otro que a él, de cuyas piadosas manos es- 
peren el socorro de sus necesidades, que por eso David se gloriaba tanto 
de verse yá sin padre ni madre, porque sabia que se mejoraba su suerte to- 
mándolo Dios con paternal providencia por hijo suyo. Era yá el P. Fr. An- 
drés de catorce años cuando murieron sus padres y en tan pocos años supo 
disponer sus cosas mucho mejor que otros muy ancianos. Despidióse de 
todo cuanto habia heredado y diólo de limosna á los pobres y se puso en 
camino para Santiago de Galicia, á visitar el cuerpo del Santo Patrón de las 
Españas Santiago Apóstol que como tesoro grande se deposita en aquella 
Ciudad ilustre. Caminando solo y á pié llegó á la Ciudad de Santiago y se 

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fué derecho á la Iglesia del santo Apóstol ante cuyo altar se postró, y llenos 
de lágrimas los ojos, con fervorosos suspiros pidió al santo lo tomase á su 
cuenta ayudándole en la presencia de Dios. Reconvinole con el patrón de 
España, de quien ha recibido esta nación singularísimos favores, y él como 
español tenia derecho á esperar el socorro de sus manos. Pidióle le alcan- 
zase de Dios le mostrase el camino mas de su agrado para emplearse todo 
en su servicio. Sobre este punto gastó muchas horas en la iglesia del santo 
Apóstol. Oyó Dios sus ruegos y el Apóstol se mostró grato á sus peticiones 
y luego sintió en su corazón unos fervorosos deseos de entrar en la Reli- 
gión de Santo Domingo; y viendo que estos deseos pulsaban su corazón fre- 
cuentemente, entendió ser voluntad de Dios el seguir este camino. Trató 
de ponerlo por obra y no halló embarazo alguno, pues ni padres, ni parientes 
ni hacienda alguna tenia que pudiese estorbarle tan santo propósito. Con 
mucho gusto emprendió el entrar en la religión y así se salió de la Ciudad de 
Santiago y se fué á la de la Coruña. 



CAPITULO XV 

Que es el tercero. Como el P. Fr. Andrés tomó hábito de la Orden y hizo 

profesión en ella. 

Salió de Santiago para la Coruña, pobre y á pié, aunque muy rica el 
alma de virtudes. Caminaba contento viéndose ya avisado del Cielo de la 
voluntad de Dios que era entrarse en la Religión de Sto. Domingo. Era la 
primera diligencia suya visitar los templos del lugar donde llegaba, y así 
habiendo entrado en la Coruña se fué derecho al Convento que la orden tiene 
en aquella Ciudad. No fué la primera diligencia para conseguir el hábito 
el ver al Prior del Convento y á los demás frailes, sino á Dios y á Sto. Do- 
mingo en cuya Iglesia gastó muchos dias en oración pidiendo á Dios con- 
tinuase aquellos mismos deseos que tenia de entrar en su casa, que el en- 
trar en la Religión no es negocio que se deba consultar con nuestros propios 
deseos, pues entrarse en ella por antojos y deseos naturales no más, trae 
grandes inconvenientes y se hecha de ver en lo poco que en ella se medra 
consultarlo es menester con .Dios en la oración, que como es amo y señor de 
casa menester es pedirle licencia. Conócese claramente cuando Dios llama 
á la Religión en los efectos que obra, pues se abraza luego la virtud y se le 
cobra grande amor y cariño ; y siendo Dios el que los escoge para su casa, 
les asiste y gobierna poniéndolos en ocasiones de su mayor servicio; que 
obrar de otra manera no es traerlos Dios á la Religión, sino entrarse ellos 
sin pedirle licencia. 

Aunque el P. Fr. Andrés habia sentido aquellos impulsos y hablas in- 
teriores que con ilustración del Cielo se le daba á entender era voluntad de 
Dios entrase en la Religión de Sto. Domingo, quiso probar su espíritu y tra- 
tar este negocio muy de veras con Dios. Acogióse de nuevo á la oración, 

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que es el tribunal mas seguro á donde se miran nuestras causas y con lágri- 
mas en los ojos pidió á Sto. Domingo lo admitiese en su casa contándolo en 
el número de sus hijos. Oyó Ntro. gran patriarca sus oraciones y suspiros 
salidos de lo interior de su alma, y confirmólo en sus deseos añadiendo 
nuevo fervor á sus ansias, de donde conoció ser voluntad de Dios el que 
entrase en la Religión; y de la presencia de Sto. Domingo se fué á la del 
Prior del Convento de la Coruña y puesto á sus pies de rodillas y con grande 
humildad, le pidió le admitiese al hábito de Sto. Domingo; y aunque tenia 
yá alguna esperiencia del sugeto y la mucha asistencia en la Iglesia y oración 
continua habia hecho reparar en él, consiliando el ánimo de los Religio- 
sos su modestia; con todo eso, siguiendo el estilo de la Religión, lo detubo 
algunos meses esperimentandolo de nuevo; y habiéndolo examinado y cono- 
ciendo su mucho talento, de que concibieron grandes esperanzas, fué reci- 
bido por votos y se le echó el hábito el año de 1567. Recibióle con regocijo 
increíble, viéndose ya libre de los riesgos del mundo y en la casa de Dios 
donde tanto medra quien de veras se aplica á servirle. Y aunque su mucha 
humildad le hacia persuadirse que era indigno de vestir un hábito tan santo 
que trajo la Madre de Dios del Cielo; esto mesmo ayudaba á su agradeci- 
miento teniéndose por dichosísimo en vestir el hábito de Sto. Domingo. En- 
tró en consideración consigo mismo y atendiendo á las grandes abligaciones 
que llamaba el hábito que vestía, propuso firmemente no hacer ni obrar cosa 
que manchase su esplendor y decoro, que á quien sabe ponderar las grandes 
obligaciones de su estado, el hábito es un continuo despertador que le está 
llamando al cumplimiento de ellas, y cuando no hubiese en los Religiosos 
otra cosa que los estimulase á la virtud, habia de bastar para esto el hábito 
que visten. Que los Romanos teniendo en su República los Candidatos, que 
era una dignidad cuya insigna era una ropa blanca, solo el vestido en ellos 
bastaba para obrar con tanto cuidado que era especie de sacrilegio teniendo 
aquel vestido obrar cosa que no fuese muy digna de alabanza; y si en unos 
gentiles ágenos del conocimiento de la verdad podia tanto una vestidura, 
cuanto mas debiera obrar con los Religiosos quienes con superiores luces sa- 
ben las obligaciones de su estado; pues siendo el hábito de mortificación, 
de candor y limpieza, debían vivir con atención á no hacer cosa que desdijese 
de la pureza del hábito que visten, porque aunque generalmente hablando, 
no es el hábito el que hace al monge; pero por el esterior se colige el interior, 
y se hace juicio de lo que pasa en el ánimo por lo que se vé en el cuerpo. 
Con esta atención estaba Fr. Andrés luego que se vio vestir el hábito de Sto. 
Domingo, entendiendo las muchas obligaciones én que se hallaba por haber- 
lo traído Dios á su casa. Fué su cuidado no salir un punto de la obediencia 
de su Maestro de novicios y el que tubo entonces, llevado de no sé que luz 
secreta, reconocía lo mucho que Dios habia de obrar en aquel novicio, y así 
como á tierra fértil, fecunda y de grandes esperanzas se esmeraba en labrar- 
la y cultivarla esperando con el tiempo colmadísimos frutos de virtud y san- 
tidad. Portóse en el año de noviciado como si hubiese muchos años que hu- 
biese frecuentado los claustros de la Religión, siendo admiración á todos que 
en pocos años mostraba una virtud muy anciana. Era grandísimo su recogi- 
miento y no salia de la celda menos que obligado de la obediencia. Que como 
es la celda la escala por donde se sube al Cielo, como dijo S. Bernardo, halla- 

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ba singular consuelo en su retiro, pues provocado de la soledad se daba á 
Dios en la oración gastando la mayor parte del tiempo en dulcísimos colo- 
quios con él, que le regalaba con continuas inspiraciones y le fortalecía el 
ánimo para llevar adelante aquellos grandes fervores con que emprendió la 
observancia regular. Aplicóse á los egercicios mas humildes y bajos que 
tienen en la Religión los de aquel estado y conociendo las poderosas fuerzas 
de la humildad que es la puerta para la perfección y la que como adalid 
conduce al alma egércitos numerosos de virtudes. Hizo particular estudio 
de adquirir esta virtud y para esto no se le ofrecia ocacion de egercitarla, que 
la omitiese. Era el primero en barrer los dormitorios, fregar los platos, en- 
cender las lámparas, y como tan desde los principios se dio con tanto cuidado 
á estos humildes egercicios, se habituó tanto á ellos, que aun siendo Provin- 
cial y después habiendo llegado á la mayor estimación que ningún hombre 
en su tiempo, no les dejaba; sino que como si estubiera aun en el año del 
noviciado se ocupaba en los Ministerios ínfimos y á que se aplican los mozos 
de cocina. En la obediencia fué singularísimo y como conocía que en esta 
virtud está todo el nervio de la Religión, la abrazó con singular cuidado. 
Lo primero que hizo fué sepultar su propia voluntad y no hacer otra cosa 
de lo que el Superior le mandaba. Esta virtud pide especial capítulo : davase 
bastante razón de lo que obró con ella y por ella. Pasóse el año del noviciado 
y llegando el tiempo de la profesión la hizo en manos del Prior de la Coru- 
ña con increíble gusto de todos. 



CAPITULO XVI 

Que es el 4 9 — De como el P. Fr. Andrés hizo profesión; y de sus estudios. 

Llegóse el tiempo de la profesión, como hemos visto, y habiéndose re- 
cibido por votos, profesó en manos del Prior de la Coruña; y si el hábito solo 
que vestía lo había puesto en la consideración de tan alto estado para medir 
sus obras con la dignidad que gozaba, agora que se veia ya ligado con los 
votos de castidad, obediencia y pobreza, fué mucho mayor su cuidado, cono- 
ciendo que eran mayores sus obligaciones. Conocía haberlo Dios llamado á 
una vida muy semejante á la de los ángeles en la cual habia de guardar toda 
pureza. Atendía á la obligación en que Dios lo habia puesto sacándolo del 
mundo y de sus tropiezos en que tantos peligran y hallándose tan obligado 
no cesaba de rendirle á Dios las gracias por tantos beneficios. Abrazó el 
estado de la Religión con todas sus fuerzas y viendo que el camino que habia 
de andar en la Religión es el que señalan sus leyes y estatutos, se dio con 
particular cuidado á leer y estudiar las constituciones, leyes y actas de Ca« 
pítulos para no salir un punto de lo que ellas ordenan. Gobernó sus acciones 
por las leyes de la Religión con tan gran cuidado que eran estatutos vivos sus 
obras. Los siete meses de ayunos que manda la orden desde Sta. Cruz de 
Setiembre hasta Pascua de Resureccion los guardó tan puntualmente que no 

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los quebrantó jamás ni comió, ni bebió fuera del refectorio t ni á otra hora 
que á la que la Orden señala. Su silencio fué grande y sus palabras tan me- 
didas, que no hablaba sino las necesarias y esas preguntado no mas. Su 
modestia era tal que obligaba ella sola á que los demás compañeros la tu- 
biesen. Jamas levantó los ojos del suelo, ni sacó las manos fuera del esca- 
pulario. Todas estas cosas eran recomendación de su virtud y obligaba á 
que se le tubiese tanto respeto, que en su presencia se portaban sus compa- 
ñeros como en la de su Maestro de novicios. Este respeto y veneración se 
le tubo toda la vida y su semblante solo, era una reprensión muda á cualquier 
descuido, pues, como veremos adelante, un grande Obispo de Guatemala, 
estando hablando en el dormitorio al verle le hizo la venia pidiendo perdón 
de su defecto. El tiempo que hubo de por medio desde su profesión hasta 
entrar á estudiar, gastó en leer las vidas de los Santos para imitar sus virtu- 
des, sin tener rato ocioso ni desocupado. Llegóse el tiempo de entrar á oir 
artes y Theologia y lo envió la Religión al Convento de Trianes casa donde 
florecen las letras y adonde ha tenido la Religión grandes Maestros. En ella 
tubo el P. Fr. Andrés por Lector de Teologia al P. Maestro Fr. Juan Marti- 
nez. Dióse á los estudios escolásticos con tan gran cuidado que á pocos dias 
dio muestras del grande talento que Dios le habia dado. Fuele fácil darse 
todo el estudio, porque ademas de ser su entendimiento grande y profundo 
y su memoria muy constante, su recogimiento en la celda era increible, no 
se divertia á otra cosa que á los libros; mas esta ocupación no le embarazaba 
para acudir á los demás egercicios que dispone la Orden, porque aunque 
es estilo en la Orden dispensar con los estudiantes en algunas horas del Coro, 
para que ese mas tiempo den al estudio, el P. Fr. Andrés no usó jamas de 
esa dispensación; sino que así acudía á las ocupaciones de la Comunidad, 
como si no tubiera que hacer en las generales. El ocupar también el tiempo 
y no perder de él un instante, le hizo acaudalar muchas noticias con que salió 
consumadísimo estudiante, no olvidando por los egercicios escolásticos la 
oración y contemplación á que tan de veras se dio desde los primeros años 
de su edad; antes conociendo que Dios es el mejor Maestro y que en la ora- 
ción se aprende mas brevemente que en los libros gastaba en esta grandes 
ratos. Habia leído lo que Sto. Tomas de Aquino decia : que lo que sabia, 
mas se lo debía á su oración que á sus estudios y por eso quiso también se- 
guirle en esto. Cuidó grandemente de la pureza de vida y costumbres y como 
la humildad y pureza del alma es la mayor disposición para la asistencia del 
Espíritu Santo quien alumbra, enseña y dá á conocer las verdades católicas, 
trabajó en grande manera por adquirirla sin perderla jamas y por estar tan 
asistido de Dios, tantos años enseñó y escribió con grandísimo acierto y con 
gran provecho de las almas. Salió con esto hombre de grandes esperanzas 
y de quien se prometía su provincia grandes honores; pero teníalo Dios des- 
tinado para maestro de este nuevo mundo, donde derramó las riquezas que 
habia acaudalado en España, pues, como veremos, en el Convento de Sto. Do- 
mingo de Guatemala leyó Teologia veinte y seis años. Acabados sus estudios 
en el Convento de Trianes, se fué al de la Coruña en donde se ordenó de 
sacerdote y cantó su primera misa, hasta pasar á las Indias. 

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CAPITULO XVII 

Que es el quinto. De la jornada que hizo el P. Fr. Andrés del Valle á 

las Indias. 



Dividióse la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la de 
Santiago de Mégico el año de 1550 siendo General de la Orden el Rmo. Mi- 
nistro General Fr. Francisco Romeo, quien despachó sus letras patentes se- 
parándola de la de México y luego en el Capitulo que se celebró en Sala- 
manca el año siguiente se aceptó y confirmó de nuevo en distinta provincia. 
Era una provincia todo lo que tocaba á la Nueva España y Guatemala, y los 
conventos que habia en Nicaragua pertenecían á la provincia de San Juan 
B. del Perú. Siendo, pues, tan dilatada y estendida no podia gobernarse bien 
ni acudirse a los negocios con la brebedad y presteza que piden, y mas ha- 
biendo de ir los Padres á los capítulos provinciales é intermedios, á pié con 
grande peligro de la salud y de la vida. Crecían los pueblos y con ellos los 
cuidados de los religiosos, por lo cual pidieron al General de la Orden la 
hiciese provincia distinta para que los negocios tubiesen breve resolución 
y espediente. Hízolo así y despachó sus letras patentes, las cuales refiere 
Fr. Antonio de Remesal en la historia de la provincia Lib. 20 cap. 6 9 . Fué 
su primer provincial con título de Vicario General el P. Fr. Tomas de la 
Torre, varón apostólico y muy grande hijo de N. Padre Sto. Domingo, que 
á su lado y entre sus primeros hijos pudieran lucir sus virtudes y mereci- 
mientos de muchas letras y santidad, gran despreciador de las honras del 
mundo. No quiso aceptar el Obispado de la Verapaz que le ofreció el Rey 
N. Sr. Felipe segundo. Este varón grande fué el que puso las primeras pie- 
dras del edificio espiritual de esta provincia y con su celo y cuidado flore- 
ció en su tiempo la observancia regular en tan superior grado que se mere- 
ció esta provincia el renombre de santa, porque así los sugetos como sus co- 
sas todas, mostraban de á legua la santidad de sus espíritus. Conoció haber- 
le puesto Dios en el oficio y empleo los talentos que le habia dado, acrecen- 
tando á fuerza de su trabajo otros muchos. Ivase dilatando el nombre de 
Cristo cada dia y los indios que acudían á pedir las saludables aguas del 
bautismo eran en grande número. Formábanse muchos pueblos que pedían 
forzosamente mas Ministros y no los habiendo en la tierra en aquel tiempo, 
era forzoso traerlos de España. Con esta ocasión pasaban á los Reynos de 
Castilla los procuradores de la provincia para conducirlos y entre otros que 
pasaron á Castilla con este fin fué el P. Fr. Juan de Villalva, apostólico varor» 
Discurrió por todos los Conventos de la Orden de la provincia de España 
ponderando con espíritu ardiente la ocacion que se ofrecía á los Religiosos 
de Santo Domingo para emplearse en los egercicios tan propios de su pro- 
fesión y estado que es de llevar almas al Cielo. Significó la grande necesi- 
dad que habia de Ministros evangélicos en las Indias, que la heredad del Se- 
ñor iva creciendo y las ovejas del rebaño de Cristo se iban aumentando, que 
no podia acudirse á la propagación de la fé sin Ministros que enseñasen y 
predicasen que vivían los indios recien convertidos con grande peligro de 
volverse á su infidelidad, por no haber quien los mantubiese en la religión 

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cristiana, pues por ser los Ministros pocos y el trabajo mucho padecían 
grandes quiebras en la salud y siendo el regalo poco ó ninguno se hallaba 
esta nueva Iglesia en grandisimo riesgo. Decía estas palabras tan llenas de 
caridad, celo y espíritu que inflamaba los corazones y los rendía y se ofrecían 
muy de corazón á padecer los grandes trabajos que ofrecía la conversión de 
los indios. En aquellos tiempos llegó al Convento de la Coruña el P. Fr. Juan 
de Villalba en donde á la sazón se hallaba el P. Fr. Andrés y oyendo las ra- 
zones de este religioso se le inflamó el corazón y ardiendo en vivos deseos 
de imitar en algo á su Santo Padre Sto. Domingo se determinó de pasar á las 
indias á derramar su sangre por Cristo. Nueva fué esta, si para el P. Fr. 
Juan de Villalva de singular gusto por el gran tesoro que conducia á las In- 
dias llevándose consigo al P. Fr. Andrés, de gran desconsuelo para los Padres 
de la Coruña, pues se les venia un hombre de tantas y tan grandes esperan- 
zas y de quien tantas honras se prometian. Hicieron con él muchas instan- 
cias para disuadirlo de tan santa determinación; pero como el fin que lo 
traia era tan alto y tan del servicio de Dios, no fué fácil disuadirle que de- 
sistiese de la jornada. Respondía constante ser aquella la voluntad de Dios, 
que no podia desear mejor ocasión que la que se le ofrecía en que servia á 
Dios y á su religión y á sus progimos : que el persuadirle lo contrario no era 
quererle ni estimarle, pues se le embarazaban las ocaciones de su mayor apro- 
vechamiento. Desde que le asignaron á la provincia de Guatemala hasta que 
se llegó el dia de salir de la Coruña se dio todo á la oración y contemplación, 
gastando la mayor parte del tiempo en referir las gracias debidas á Dios de 
las mercedes que le hacia. Pedíale gobernase sus pasos y acciones todas á 
su mayor servicio : instábale le socorriese con nuevas fuerzas para vivir cons- 
tante en el ministerio que venia á egercitar. Llegóse el dia que habia de 
salir de su Convento despidiéndose de sus hermanos, á que respondieron 
tiernos con dulces lágrimas y dándoles los últimos abrazos se despidió de 
ellos y caminando á pié y solo sin mas provisión que dos túnicas y el Bre- 
viario llegó á la Ciudad de Cádiz adonde halló juntos á todos los demás Re- 
ligiosos que estaban ya para hacerse á la vela. Juntos ya todos y congrega- 
dos en el puerto, el P. Fr. Juan de Villela les hizo una exhortación muy digna 
de un pecho apostólico. Encareció á los Religiosos lo que grangeaban em- 
prendiendo aquel penoso viage a reducir almas á Dios, grangeando tantas 
coronas de gloria cuantas fuesen las almas que trajesen al conocimiento de 
Cristo. Que no pusiesen la consideración en las riquezas de las Indias que 
tan crecidas las hace la fama, pues no se ordenaba aquella misión a buscar 
oro ni plata, sino almas para el Cielo : que las riquezas que se habian de bus- 
car eran las que nos dejó Santo Domingo en su testamento. Estas son hu- 
mildad, pobreza de espíritu y caridad con los prójimos. Que pusiesen los 
ojos en la caridad de Cristo Ntro. Bien que le trujo del Cielo á la tierra á 
convertir almas y llevarlas al Cielo. Que entendiesen que en la conversión 
de las almas que iban á hacer, no les esperaban comodidades algunas, sino 
muy grandes penalidades y fatigas, hambre, sed y desnudez ; que las ocacio- 
nes de pelear eran muchas y el enemigo fuerte y hacia cruda guerra á los 
Ministros que lo desposían de un imperio que habia poseído tantos años : 
que á la manera que Cristo envió á sus apostóles diciendo que ivan como ove- 
jas y corderos entre lobos, de esta mesma suerte se habia de ver ellos, perse- 

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guidos, angustiados y deshonrados. Pero que poniendo los ojos en el Cielo 
de á donde habia de venir la remuneración de los trabajos, todo era fácil 
y llevadero ; y así que no se desanimasen, sino que como valientes soldados 
de Cristo acometiesen fiando de Dios que les asistiría en sus necesidades y 
trabajos como lo tenia prometido. Oyeron los religiosos estas razones y 
ninguna causó la menor flaqueza en ninguno de ellos; antes con nuevos 
alientos se ofrecieron á los trabajos que les habia propuesto y recibiendo su 
santa bendición se hicieron á la vela el año de 1577. Fué feliz el viage y no 
tubieron en él cosa alguna que les perturbase; mas ¿qué mucho si sentian 
los elementos de la santidad de Fr. Andrés que venia en el navio y respetan- 
do su virtud obedecian rendidos, pues, como dice san Juan Crisóstomo, es 
gran cosa en una navegación ir en compañia de un santo, pues su asistencia 
sola basta á serenar las aguas como las del mar lo hicieron con S. Pablo 
cuando caminaba para Malta? Retineamus apud nos Sanctos, nec erit tem- 
pestas, erit serenitas ac tranquilitas. Con ser las penalidades de la navega- 
ción tan grandes y las descomodidades de una embarcación tantas, no por 
eso mudó estilo el P. Fr. Andrés, ni tomó ocacion "de ellas para vivir con 
menos rigor que en la celda de su Convento. El mesmo recogimiento guar- 
daba y el mesmo silencio, ni comió carne, ni vistió lienzo, ni dio el menor des- 
canso á su cuerpo ; antes bien como si se recelara de que en la navegación 
habia de perder algo de la austeridad que habia comenzado en la Religión, 
dobló las penitencias por entonces y se cargó de cilisios. Mostraba el cuer- 
po en el semblante del rostro el mal trato que le daba, saliale á la cara la pe- 
nitencia y lastimados los demás religiosos le pedian dispensase en algo de 
las asperezas y no se pudo acabar con él, y así usó la camisa de lana en los 
grandes calores del mar, á quien añadió nuevos cilicios, que á quien los veia 
ponia espanto. Lelgó el navio á Campeche en donde desembarcó el P. Fr. 
Andrés y pasaron luego que pudieron á esta provincia por la de Tabasco que 
está junto á la de Yucatán. Llegaron á la Ciudad Real de Chiapa dia siete 
de Noviembre del mismo año de 1577, en donde fueron recibidos como va- 
rones Apostólicos y predicadores evangélicos. Llegaron bien lastimados del 
camino que sobre ser áspero y las tierras de muy mal temperamento las an- 
daban á pié, mas con tan grande observancia que no se estrañaban los claus- 
tros de los conventos. A sus horas y tiempos rezaban los oficios divinos y 
cumplían con las demás ceremonias de la observancia según y como mejor 
daba lugar la incomodidad del camino. De aquí se repartieron los Religiosos 
para la provincia según lo pedia la necesidad de los pueblos. 



CAPITULO XVIII 

Que es 6 9 — De las primeras ocupaciones del P. Fr. Andrés luego que 
llegó á la provincia de Chiapa. 

Llegados que fueron los Religiosos á Chiapa, el Provincial Fr. Geró- 
nimo de San Vicente los repartió por los pueblos de la provincia que tenían 
muy grande necesidad. Al P. Fr. Andrés le cupo administrar los pueblos 

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de Sinacantlan que está dos leguas de Ciudad Real, con los demás anexos 
á aquella visita que son: Istapa y S. Lucas. Administrábalos entonces el P. 
Fr. Juan de Castro, aquel varón insigne, de gran virtud que pasó á fundar 
la provincia de Filipinas donde ha florecido y florece la observancia regular 
como en tiempo de Sto. Domingo nuestro padre. Este, pues, gran varón cui- 
daba de la administración de los Santos Sacramentos en estos pueblos, y aun- 
que estaba fuera del Convento y de los ojos de sus prelados, como tenia á 
Dios delante y se hallaba en su presencia y en la de Sto. Domingo, vivia como 
en la clausura mas austera y mas reformada : ni comia carne, ni vestia lienzo 
ni faltaba á la mas minima observancia de nuestras santas leyes; y aunque 
se hallase solo iba á Maytines al coro y los rezaba á media noche porque 
decia: que no era inconveniente el no tener compañia, pues David solo se 
levantaba á alabar á Dios á la media noche, y S. Pablo y Silas lo estaban 
también en la cárcel de noche y solos los dos alababan á Dios; y asi este 
mesmo estilo mandó se observase en la provincia de Filipinas. A este pues 
tubo por maestro el P. Fr. Andrés y tubo mucha ocacion de adelantarse mas 
en la virtud, que no hay duda que si el malo se mejora á vista del bueno, el 
virtuoso se adelanta y se hace mas perfecto á vista del santo y con este cuida- 
do en los principios de la Religión eran los Capitulos generales tan frecuen- 
tes que se celebraban cada dos años ; y aunque fuese tan penoso andar tantas 
leguas y estar casi siempre caminando, se celebraban por lo que mejoraban 
los espíritus, comunicando unos religiosos con otros, viendo y esperi- 
mentando los unos las santidad de los otros, y asi florecieron tanto 
aquellos primeros siglos porque andaban todos en una santa emulación 
y competencia celestial procurando adelantar mas y mas en la virtud por 
imitar á sus santos hermanos. Fué muy gran parte para caminar á 
la cumbre de la perfección el P. Fr. Andrés, el haber estado en com- 
pañia del P. Fr. Juan de Castro de quien pudo aprender mucho, supo 
la lengua Tzotzil en muy pocos dias, que la mano de Dios se ha mostrado muy 
liberal en esta parte con los que se han dado con veras á la administración 
de los indios, pues en pocos meses predican y confiesan en ella y la saben 
con tanta perfección que es admiración á los mismos naturales; y como sin 
su idioma no se puede obrar cosa que sea de algún fruto, acude Dios á darles 
inteligencia para unas lenguas tan bárbaras y tan fuera del estilo de las que 
están en uso. Súpola el P. Fr. Andrés con admiración y con muy gran pro- 
vecho de los indios. Dióse todo al bien de sus almas y por todos los caminos 
posibles buscó su remedio. Era incansable en el trabajo, ni aguas, ni soles, 
ni malos caminos retardaron jamas los fervorosísimos pasos de su caridad: 
vivia tan retirado y recogido como en la celda del Convento, y solo la admi- 
nistración de los Santos Sacramentos y el consuelo de los indios le obligaban 
á salir de casa; fuera de estas ocaciones jamas salió por via de recreación á 
ver el pueblo : no sabia otro camino que el de la celda á la Iglesia y de la Igle- 
sia á la celda. Ya hemos dicho que observaba en los pueblos el mesmo orden 
que en la celda del Convento. Levantábase puntualmente á media noche, re- 
zaba ante la imagen de Ntra. Sra. el oficio menor y luego en coro rezaba 
el oficio mayor y acabados los maitines tenia el cuarto de hora de oración. 
Si "acaso tenia compañero, entre los dos decían y rezaban el oficio divino y 
acabados los maitines y cuarto de hora de oración mental, se subia el com- 

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pañero á descansar y se quedaba Fr. Andrés en oración hasta el amanecer. 
La misa la decia con grande devoción y ternura tanto que obligaba á los in- 
dios á que estubiesen en ella atentos y devotos. Si alguna vez salió de la casa 
del pueblo para hacer alguna visita de respeto, era con su compañero, pues- 
tas las capas y capillas negras; y no habiendo compañero, jamas salia aunque 
la persona fuese de mucho respeto, teniendo por menor inconveniente que lo 
juzgasen por grosero, que no faltar en un solo punto á la observancia regu- 
lar; y siendo Provincial mandó rigorosísimamente que en las visitas y pue- 
blos de indios ningún religioso saliese fuera de casa sino fuese acompañado 
de otro religioso y con las éapas puestas, que con este cuidado cuando los 
Religiosos se vienen á los Conventos no estrañan los estilos y ceremonias de 
la Orden porque están hechos á guardarlos fuera de ella. 

Caminaba á pié en los pueblos, jamas andaba á caballo aunque el cami- 
no fuese fragosisimo ; y el que hay de Sinacantlan á Istapa es uno de los 
peores que hay en esta provincia, todo el camino no tiene llano alguno, todo 
lo mas, barrancas y piedras y con ser asi que es tan molesto y en particular en 
tiempo de aguas, lo andaba á pié siempre que lo pedia la necesidad* sin mas 
alivio que el de un báculo. 

Los mas de los domingos iva con segunda misa de un pueblo á otro 
y caminando para este de Istapa, como iva á pie y hambriento y falto de 
sueño, le faltaron las fuerzas y se desmayó en el camino. Los indios que lo 
acompañaban se afligieron por ver á su Padre en tan gran tribulación y cono- 
ciendo que la mucha flaqueza le habia ocasionado aquel desmayo, quisieron 
que se reparase con algún alimento: el P. Fr. Andrés no lo tenia ni jamas 
llevaba consigo cosa de comer, porque nunca se desayunaba; con que los 
indios le hubieron de dar una bebida que ellos usan en los caminos que lla- 
man potzol que se hace de maiz molido y se deshace en un poco de agua; 
y no habiendo un vaso ú otra cosa en que dárselo, hubieron de servirse de 
la copa de un sombrero de un indio, en el cual echando agua dehicieron la 
masa y dieronle á beber al P. Fr. Andrés, con que volvió en si ya con 
algunas fuerzas y pudo acabar el camino aunque bien desconsolado por no 
haber podido decir misa que era todo su consuelo. Acordábanle después el 
caso y el haber bebido en una basija tan desaseada y respondia que á él 
ie habia sabido muy bien y hecho muy gran provecho, que la necesidad no 
se para en aliños. Gastó entre los indios de estos pueblos siete años enteros 
en todo los cuales vivió con el estilo que hemos visto en que fué tan uniforme 
que no hacia un dia mas que otro porque sus egercicios eran los mesmos 
siempre. Llegóse el año de 1584 en el cual la obediencia le mandó dejase 
la administración de aquellos pueblos y se viniese á Guatemala. Hízolo así 
y se despidió de los indios con harto dolor de su corazón porque los amaba 
tiernamente y los indios sintieron su ida porque les faltaba en él padre y am- 
paro de todas sus necesidades que las pasan muchas y grandes y si el reli- 
gioso que los administra no les ayuda y defiende son muchas las violencias 
que padecen. 

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CAPITULO XIX 

Que es el T } — Como el P. Fr. Andrés vino á la Ciudad de Guatemala y de lo 

que en ella le succedió. 

Llegóse el año de 1586 y se celebró capítulo provincial en donde salió 
electo con general aclamación y gusto de todos el P. Fr. Alonso de Noreña, 
hijo del Convento de S. Pablo de Valladolid, varón verdaderamente grande, 
á quien Dios envió á estas provincias de Guatemala y Chiapa para bien uni- 
versal de las almas. Sus letras fueron muy grandes y su fama corrió por 
todas las provincias de la Nueva España de donde le venian cada dia con- 
sultas de materias gravísimas, teniendo todos su resolución por muy ajusta- 
da y segura. Entro en la Religión ya muy letrado por haber estudiado en el 
siglo derechos: en la Religión estudió Teología en la cual salió consumadí- 
simo y con uno y con otro estudio ayudó mucho á la conversión de los in- 
dios. Fué tan dado al estudio que jamas lo dejó ni por enfermedades ni por 
ocupaciones por grandes que fuesen y lo que mas es, ni por andar tantos y 
tas fragosos caminos como son los de esta provincia. Iva por el camino leyen- 
do, discurriendo ó meditando y luego que acababa la jornada se ponia á escri- 
bir lo que habia meditado y discurrido. Ocupación cierto, muy digna de ser 
alabada y engrandecida pues aun caminando con toda comodidad y descanso 
es muy de alabar no dejando el estudio; ¿con cuanta mas razón se debe ala- 
bar en quien caminaba á pié por unos caminos ásperos y con muchas incomo- 
didades como las del P. Fr. Alonso? Que San Juan Crisóstomo y S. Jerónimo 
engrandecen el amor á las divinas letras de aquel mayordomo de la Reyna 
Candace pues yendo en el carro iva estudiando : Tantus amor legis, divine 
que scientificefrit un etiam in vehículo legeret litteras sacras (Epíst. 203 ad 
Pazihin) y S. Juan Crisóstomo: Hoc enim modo iterfacienti non est facilú 
lectioni esse atentum, imo válde molestum, afamen dessiderium et ingens 
studium omnia obstáculo é medio anferens in lectione retinebat. (Homil, 35 
in gen.). Tan deseoso estaba de saber y estudiar para aprovechar a sí y á los 
otros que el año de 1568 fué de Guatemala á Mégico (que hay de camino 300 
leguas) á pié, á solo ver y trasladar los Breves y privilegios originales de la 
Religión que estaban en los archivos de los Conventos de Nuestros padres 
Sto. Domingo y San Francisco (a) y habiendo gobernado con gran pruden- 
cia y celo esta provincia de Guatemala ya cansado y fatigado de sus mu- 
chos años y achaques se retiró al Convento que la Orden tiene en Ciudad 
Real en la provincia de Chiapa, mas su retiro no fué para descansar, sino 
para continuar el tesón del estudio que hasta entonces habia tenido y fué tal, 
que asombra el oírlo solamente, de sobre los libros pasó á la sepultura : lle- 
góse la hora de la muerte pero no por eso hizo cama, bajó á la iglesia muy 
poco antes de morir y recibió el Divinísimo Sacramento del Altar con gran 
ternura y lágrimas, despidiéndose de recibirle otra vez en esta vida: vol- 



(a) Este escribe según el equivoco de Remesal. A los que fué el pleito de los pueblos, como se ha dicho 
arriva y de camino vido los breves. 

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vióse al pueblo é hizo un gran sermón lleno de fervor y espíritu ponderando 
cuan desengañada es esta vida y que solo se ha de aspirar a la eterna cuyos 
bienes son ciertos, duraderos y perpetuos : subióse á la celda á estudiar como 
acostumbraba, y conociendo que ya la vida se le iva acabando, pidió el Sto. 
Sacramento de la Extremaunción que recibió con increible devoción ayudan- 
do á los oficios de aquel acto tan tierno y respondiendo á todo. Habiéndola 
acabado de recibir, de ahí á un rato se volvió á levantar y se sentó á estudiar 
y á escribir. Dijo la hora en que habia de morir y queriendo el Religioso 
que le asistía llamar á los Padres para que le ayudasen á bien morir, dijo 
que no lo hiciesen porque le faltaban todavía tres horas para morir; y que 
aunque tenia mucha necesidad de oraciones, pero que no quería molestar 
á los Religiosos, que en siendo tiempo avisaría y fué así que un cuarto de 
hora antes de morir avisó al compañero para que llamase á los Padres para 
que le ayudasen á bien morir y á poco rato dio su espíritu á su Criador, de- 
jando á todos con muy grandes esperanzas de su salvación, que siendo Dios 
tan fiel en pagar lo que por él se hace, sin duda remuneraría tantas fatigas 
y trabajos llevados por su amor. La opinión que tubo no solo fué en estas 
provincias de la Nueva España, sino también en Castilla; y sabiendo el Rey 
cuanta era su virtud y cuantas sus letras, le hizo que gobernase el Obispado 
de Chiapa y le gobernó por espacio de siete años hasta que vino el Sr. D. 
Fr. Pedro de Feria, fraile de Sto. Domingo, por Obispo de Chiapa. Escri- 
bió muchos libros muy doctos y grandes que á haberse impreso7 hubieran 
sido de muy gran lustre para la Religión y de mucho provecho para el buen 
gobierno de las indias. 

Para la solemnidad del capítulo en que fué electo el P. Fr. Alonso de 
Noreña, fué forsoso sacar á Fr. Andrés del Valle para que viniese á susten- 
tar las conclusiones en el Capítulo. Hizo su viage con la pobreza y desco- 
modidad que siempre, á pié, con un báculo en la mano, con su capa y capilla 
no mas. Llegó á Guatemala por el mes de julio de 1579 á donde le espe- 
raban con muy grandes deseos de ver un hombre de quien tantas maravillas 
se contaban. Tubo las conclusiones con muy gran satisfacción de la pro- 
vincia porque sus letras eran aventajadísimas y conociendo las buenas partes 
que tenia lo hicieron lector de artes y comenzó á leerlas por el mes de Se- 
tiembre del año de 1580 y aunque las ocupaciones de la Cátedra parece le 
podían haber divertido algo y aflojar en el rigor de sus asperesas, no fué 
así, antes bien añadió nuevo rigor al que hasta entonces habia tenido. Do- 
bló las horas de oración y contemplación y acudía con tanta puntualidad al 
Coro á todas horas como si no tubiese otra ocupación. Era el primero en 
Maitines y acabados estos bajaba á la Iglesia á rezar con la comunidad de 
casa de novicios el oficio de Na. Sra. poniéndose no en lugar superior sino 
entre los hermanos, estilo que guardó toda su vida; y aun después, de Pro- 
vincial, se ponia á rezarlo entre los hermanos dando su lugar al Maestro de 
novicios. Enseñaba á los estudiantes no solo á ser doctos sino santos, sa- 
liendo de su presencia con los entendimientos ilustrados y con las volunta- 
des encendidas, siendo sus palabras dardos de fuego que abrazaban los co- 
razones. Acudían en aquellos tiempos á estudiar al Convento de Sto. Do- 
mingo los estudiantes de Guatemala y medraron con tan buen Maestro que 
muchos de ellos florecieron en santidad y letras, como después veremos. 

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Siendo así que sus letras eran tan grandes, jamas se conoció en él la menor 
sobervia y jactancia, antes sí una profunda humildad y abatimiento que con- 
fundía á los que le veían. Su encerramiento era notable, que no salía fuera 
de la celda sino era obligado de la obediencia ó forzado de la necesidad, y 
caridad con los prójimos. Acabados los Maitines de Na. Sa. se quedaba en 
oración hasta el amanecer que decia misa y después salía á la Yglesia á 
confesar á cuantos se le llegaban y conociendo la virtud, caridad y paciencia 
del sugeto eran muchísimos los que le buscaban y á todos recibía con igual 
caridad y cariño siempre con un rostro sereno y apacible no mostrando 
desagrado á ninguno. 

Siendo así que estas ocupaciones que hemos dicho parece que le ha- 
bían de ocupar todo el tiempo sin dejarle otro alguno para otros egercicios, 
no era así porque se daba todo á todos por todos caminos, y muy gran parte 
de tiempo gastaba en los sermones del pueblo y en este santo egercicio era 
incansable. Predicaba todos los Domingos y había día que predicaba dos 
y tres sermones juntos, cosa que parece increíble en un hombre de carne 
y sangre y tan falto de salud y de tan pocas fuerzas, pues las grandes peni- 
tencias que hacia le habían gastado mucho la salud, pero hallábase muy asis- 
tido de Dios y de su divina gracia y con tan buena ayuda no es mucho que 
acudiese á tanto. Que si los amigos de Dios, como dice Sofonias, han de 
servir á Dios con un hombro servient ei humero uno, porque su Magestad 
pone el otro, estando el trabajo tan bien repartido y cargando sobre tan 
fuertes hombros, claro es que habían de ser cumplidos los egercicios y muy 
cabales las ocupaciones. De esta suerte pasó el P. Fr. Andrés los dos años 
de artes de los cuales salió no menos docto y santo porque cuidó de adelan- 
tarse en la virtud y en las letras estudiando no solo en los libros sino en 
Cristo Crucificado, en cuya presencia gastaba las mas horas del dia y de la 
noche. 

Habiendo acabado de leer el curso de artes, se dedicó de nuevo á los 
egercicios de la obediencia, pareciendole que comía el pan de valde si por 
todos caminos no servia á la Religión. Hallábase el Prior de Guatemala Fr. 
Juan Vicente muy achacoso y falto de salud y con muy pocas fuerzas para 
acudir á las grandes cargas que trae el oficio de Prior y para suplir la falta 
que hacia, puso los ojos en el P. Fr. Andrés para hacerlo subprior del Con- 
vento y entregarle el gobierno, y aunque la edad del P. Fr. Andrés pasaba de 
los 35 años, con todo eso se hizo muy gran reparo en la edad para darle este 
oficio, que á la verdad es muy gran parte para el gobierno bueno de un Con- 
vento la edad sasonada y madura del sugeto que ha de gobernar, pues pide 
prudencia y esperiencia, que de ordinario vienen estas prendas con los años. 
Venció todas las dificultades que se ofrecieron su virtud, santidad y letras 
y con su cuidado se adelantó mucho la observancia regular : hallábase perso- 
nalmente á todas las ocupaciones de la comunidad y del Convento y todos los 
días visitaba las oficinas de la casa dos veces. Ponia muy gran cuidado en 
la comida de los Religiosos para que estubiese aseada y limpia y á tiempo ; 
porque aunque él era tan templado y mortificado, no por eso consentía que 
se faltase al regalo de la comunidad como no se excediesen los límites de la 
templanza. Conocía que las complexiones no eran iguales ni las fuerzas 
unas mismas y asi no regulaba á los otros por sí mesmo, sino por las necesi- 

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dades de cada uno. En lo que mas se esmeraba era en cuidar de los enfer- 
mos que como tenía tan encendido el corazón se holgaba de egercitar la vir- 
tud de la caridad con sus hermanos, no perdonando diligencia para acudirles 
con todo regalo, para que no por falta de este se atrasasen en la salud y se 
dilatase la convalecencia. No solo era su cuidado con los enfermos del con- 
vento sino también con los de fuera y con los pobres del siglo bajando perso- 
nalmente á la portería todos los dias á repartir la comida á los pobres y huér- 
fanos. En lo que mas cuidado ponia era en la limpieza y aseo de los altares 
y de la Iglesia, no permitiendo que hubiese el descuido mas ligero en esta 
parte y por ser tan amante del culto divino los oficios en el coro y en la 
iglesia se decían con grandísima gravedad y devoción, cuidando con vigilan- 
cia de las ceremonias y ritos de la Iglesia como quien conocía la grande 
importancia de este negocio, pues en ia Religión no hay ceremonia alguna, 
por pequeña que sea, supérflua, pues encierra cada una de ellas muy gran- 
des misterios y ayudan grandemente á la devoción y levantan el espíritu á 
Dios. Sobre todo puso muy gran cuidado en la observancia del silencio como 
quien tenia tanta esperiencia de lo que importa el guardarlo pues con él se 
conservan las virtudes del alma y se crian en la Religión buenos espíritus, 
escusando de muchas culpas, que hablando se cometen; que cuando no estu- 
bieran los libros llenos de la importancia del silencio, bastaba el ver cuan 
encargado está en nuestras santas leyes, no queriendo que en las celdas ten- 
gan otra ocupación que estudiar, rezar y meditar, no consintiendo que fuera 
de estas ocupaciones haya otras. Y cuando esto no bastara, era motivo ur- 
gentísimo ver en nuestro santísimo padre Sto. Domingo la observancia ri- 
gorosísima del silencio á quien no se lo pudo hacer quebrantar todo el in- 
fierno junto, pues á las horas del silencio no se daba caso que hablase una 
sola palabra aunque fuese de muchísima importancia y solo hablaba por se- 
ñas ; y aunque el demonio se le apareció en figura de fraile algunas veces 
solo por ver si podia hacerlo hablar, no lo pudo conseguir. Con este egemplo 
el P. Fr. Andrés y con el conocimiento que tenia de la importancia de esta 
virtud, era tan rigoroso que defectos de esta naturaleza jamas los disimulaba 
Tenían los Religiosos tan grande miedo que solo oír que se abría la puerta 
de su celda bastaba para que ninguno estubiese en el dormitorio. 



CAPITULO XX 

Que es el 8 9 — De la grande y fervorosa oración del P. Fr. Andrés. 

Es la oración la puerta para la perfección: en ella se comunica con 
Dios á solas, y de esta frecuente comunicación se engendra un nuevo amor 
en el alma de donde nace aquella tan grande confianza en los amigos de 
Dios para descubrirle sin recelo todas sus necesidades. Este ha sido el ca- 
mino que han andado todos los santos para llegar á ser perfectos y será 
milagro conservar la virtud y pureza de espíritu sin este santo egercicio que 
á no ser de tanta importancia, no fuera tan encarecido de los Santos ni tan 

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encargado de Cristo Sr. Ntro. quien dijo por S. Lucas que era muy impor- 
tante y necesario orar en todas ocasiones y tiempos; y cuando no fuera esta 
virtud la fortaleza en que se guardan seguras todas las demás virtudes, el 
hacerse por ella ciudadanos del cielo los que la egercitan, bastaba para ena- 
morarlos solicitándola por todos caminos. Conociendo el P. Fr. Andrés la 
importancia de esta virtud se dio á ella tan del todo y con tanto tezon que no 
parece habia nacido para otra cosa que para orar y contemplar. A esto en- 
derezó todos sus pasos y sus egercicios. Ayudábale mucho á este Santo eger- 
cicio aquella grande abstinencia en comer y dormir y llegó á hacerse tan 
señor de las potencias y sentidos que no hacian mas que lo que él queria. 
Tubo mucho que padecer en vencer y rendir el sueño enemigo cruel de las 
vigilias y oraciones ; pero ayudado de la gracia de Dios pudo tanto que sugetó 
á su cuerpo á que se contentase con solas dos horas y de estas solia cercenar 
muchas veces. Dormia vestido siempre sobre dos tablas lisas sirviéndole de 
almoada un áspero y duro tronco que mas servia de molestia que de descanso. 
La poca comida y bebida y la dura cama eran sus despertadores á la hora 
competente y señalada para la oración. De las veinte y cuatro horas, saca- 
das dos solas que daba al descanso del cuerpo, las veinte y dos daba á la 
oración y demás egercicios. Acabadas las completas se quedaba en la Igle- 
sia hasta dadas las ocho que subia á la celda y dormia hasta las diez ; y no 
era tan puntual el relox en dar la hora, como lo era el P. Fr. Andrés en levan- 
tarse á la oración de suerte que la disposición para los maitines eran dos 
horas enteras de oración. Acudia al coro á rezar á la media noche con la 
comunidad y bajando después á la Iglesia no salia de ella hasta que venia el 
dia. Entregábase tan del todo á este santo egercicio, que se enagenaba de 
los sentidos y del uso de ellos en tanto grado que aunque hubiese mucho 
ruido no le inquietaba ni divertia. Es cierto para notar lo que refiere de él 
el P. Fr. Juan Dias. Habia un gato en la iglesia, demasiadamente doméstico 
y estaba tan aquerenciado con el P. Fr. Andrés, que luego que bajaba á la 
iglesia se le llegaba y después que estaba en oración se le subia en el hombro 
á donde estaba durmiendo y sucedia muy de ordinario el saltar y volverse 
á subir sin que la inquietud del animalejo causase alguna en el santo. Hizole 
Dios muy grandes mercedes y favorecióle comunicándole cosas muy en bien 
de los prójimos como adelante diremos. Sabiendo la importancia de esta 
virtud, deseaba que todos se diesen á ella y tubiesen por especial empleo esta 
ocupación. No habia conversación que no se redujese á tratar de esta ma- 
teria y de su importancia : quisiera verlos á todos contemplativos para verlos 
aprovechados; y así en sus sermones era una materia esta en que gastaba 
muy grandes ratos. Ponderaba la necesidad que de ella tenian todos y como 
las fuerzas que habia perdido el espíritu, las recobraba esta virtud, vinién- 
donos la mayor parte de nuestros males del descuido de ella. Decía esto con 
palabras tan vivas y tan significativas que aficionaba á los hombres a esta 
virtud; y así tubo tantos hijos espirituales que salieron muy contemplativos. 
Esta santa ocupación se llevó la mayor parte de su vida, la oración lo trajo 
á la Religión y en ella guió sus pasos y compuso su vida hasta colocarlo en 
la gloria, como píamente creemos. Duró en ella con igual tezon y constancia 
siempre, sin que ocupaciones ni achaques, por grandes que fuesen, le obli- 
gasen á dispensar un punto. Caminando y andando en los ranchos tenia las 

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mismas horas de oración que en el Convento : vivia olvidadisimo de todo lo 
que es terrero y habiendo hallado este tesoro escondido ; se desposeyó de 
todo por grangearlo y aspirando siempre á la bienaventuranza, no salia de 
entre los coros de los ángeles adonde le tenia su profunda consideración 
mostrando en todas sus obras las riquezas de su espíritu que por espacio 
de tantos años habia acumulado; que si Dios á la primera entrada que hace 
en el alma la deja tan llena de riquezas del Cielo ¿cuales y cuantas serian 
las que en este espacio de mas de cincuenta y cinco años adquirió con el 
egercicio grande de la oración? Y mas no habiéndole jamas Dios desampara- 
do, pues le comunicó aquel don inestimable de la perseverancia en su gracia 
conservando por toda su vida la que recibió en las saludables aguas del bau- 
tismo. 



CAPITULO XXI 

Que es el 9 9 — De la profunda humilded y abatimiento del P. Fr. Andrés. 

Aunque la virtud y santidad del P. Fr. Andrés era tan grande como 
hemos visto y adelante veremos, con todo eso el concepto que de sí mesmo 
tenia era muy diferente del que tenían los otros porque no hacia el tanteo 
de su vida por el juicio de los hombres que es fácil, inconstante y muy sugeto 
á engaños. Miraba sus acciones á la luz de aquellos divinos ojos ante quie- 
nes ni aun los cielos están limpios, como decia Job ; y aunque el habitar 
Dios en una alma sea para llenarla de perfecciones, comunica también con 
ella aquella luz clarísima con cuyos rayos ven la máquina de imperfecciones 
de que están llenas, y están tan lejos los justos de ensoberbecerse por verse 
tan adelantados, que antes es en ellos mayor la confusión por verse tan fa- 
vorecidos, porque con la luz que les comunica el cielo ven y atienden la mise- 
ria de la naturaleza con mas inclinaciones poderosas para lo malo é inhábiles 
para todo lo bueno: miran las desdichas que causó el primer pecado dejando 
las almas tan débiles y flacas que no pueden tener por si un solo pensa- 
miento bueno. De aquí nace en los amigos de Dios aquella profunda humil- 
dad y abatimiento de sí mismos ; y con el recelo grande de la fragilidad de 
su naturaleza, viven en una perpetua desconfianza de sí mismos fiando solo 
del socorro del cielo que continuamente están pidiendo, por que saben que 
si Dios retirara los auxilios de su gracia, no ha de haber precipicio en que 
no caigan. 

Continuamente tenia los ojos vertiendo lágrimas el P. Fr. Andrés, llo- 
rando sus pecados y diciendo repetidas veces que no habia hecho obra buena 
en su vida : no se le caían de la imaginación las penas del infierno y de aquel 
horroroso lugar que crió Dios para tormento de los condenados, porque de- 
cia que sus culpas tenían muy merecidos aquellos tormentos. Llevado de esta 
vehemente consideración temblaba y salia fuera de sí y daba gritos, que era 
confusión para los demás ver á un hombre tan dado á Dios, con tanto mie- 
do. De aquí nacía aquella gran desconfianza de sus obras que ninguna le 
parecía hacer sino con muchísimas imperfecciones, y cuando le alababan 

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ó significaban tenerle en estimación se indignaba contra si mesmo y tomaba 
cruel venganza de su cuerpo castigándole como á malhechor. Ninguna cosa 
sentia mas que el oir alguna alabanza porque le pesaban tubiesen de él buen 
concepto, entendiendo él de sí mesmo, era el peor hombre del mundo. 

A imitación de nuestro gran padre Sto. Domingo pedia á Dios no des- 
truyese la ciudad donde entraba, por sus culpas ; porque le parecia eran tales 
que no las habia de poder sufrir la tierra. No habia cosa mas pública en el 
lugar que su santidad y los religiosos como le trataban tan de cerca y veian 
aquella vida tan penitente, hablaban continuamente de su virtud admirándo- 
se mas y mas cada dia de tanta constancia en las asperezas ; y con ser así 
que era tan cierto y constante en todo su santidad, jamas por mas que lo 
solicitaban pudieron oir de su boca una sola palabra con que insinuase algo 
de lo que pasaba en lo interior de su alma. El P. Fr. Jacinto del Castillo y 
Cárcamo fué su compañero de celda, amóle tiernamente el P. Fr. Andrés y 
con haberle comunicado tan de cerca, aunque procuró por varios modos que 
le dijese alguno de los favores que Dios le habia hecho, no lo pudo conseguir 
jamas; porque, ó no respondía cuando esto se le preguntaba ó mudaba la con- 
versación y de aquí ha nacido el haberse sabido tan poco de su vida por que 
su humildad tubo escondidos siempre aquellos favores que tan frecuente- 
mente le hacia el Cielo y lo que hay que admirar es que el esconderlos no era 
tanto por miedo y recelo de la vanagloria, sino porque sentia bajamente de 
sí mesmo avergonsandose se entendiese de él cosa buena cuando sentia de 
sí el ser tan malo. 

Hallábase el P. Fr. Andrés con una enfermedad bien penosa que le 
puso en muy grande aprieto, en ella no se quejaba tanto de los dolores del 
cuerpo, cuanto de las enfermedades del alma. Parecíale que estaba ya muy 
vecino á su muerte y que habia de ir á dar cuenta al Tribunal Divino. Con 
esta consideración lloraba tiernamente pidiendo sus oraciones á cuantos le 
entraban á ver. En esta enfermedad fué el P. Fr. Pedro de Montenegro, Pro- 
vincial que fué de esta provincia y viéndole tan desconsolado le dijo : que 
tubiese buen ánimo, que quien tantos años habia servido á Dios Ntro. Señor 
bien podía estar con mucha confianza de que le habia de ir á gozar. No sabré 
decir el enojo que recibió el Santo oyendo decir que habia muchos años que 
habia servido á Dios. Gritó, clamó, lloró y protestó ser la criatura mas indigna 
de cuantas habia en la tierra y dijo de sí tales cosas en orden á su desesti- 
mación, que á no constar de su santidad y virtud, bastaran aquellas razones 
que dijo para entender que era el peor hombre del mundo, y la vehemencia 
del sentimiento le aumentó los dolores que padecía; y aunque estos eran tan 
grandes fueron sin comparación mayores los de su corazón y oyéndose ala- 
bar y estimar como hombre santo. 

Cierre este capítulo un caso que le sucedió, que de esta materia fué 
de los últimos que le pasaron en vida. Llegóse la hora de su feliz y dichoso 
tránsito y después de haber recibido los Sacramentos confirióse entre los 
Padres seria buen acuerdo pedirle al P. Fr. Andrés dijese á la Comunidad 
para su edificación algunas de las mercedes que le habia hecho N. Señor 
pues se entendía que eran muchas y grandes. Habíale confesado muchos 
años el P. Fr. Juan de Santa María, Lector de Teología en el Convento. A 
este padre se encargó lo solicitase con el P. Fr. Andrés: parecióle poderlo 

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hacer sin recelo y con todo seguro, pues en el espacio de tantos años conoció 
no haber ofendido á Dios mortalmente, como lo declaró después de la muerte 
del santo. Llegóse á él en presencia de la Comunidad y pidióle que digese al- 
gunos favores de los muchos que le habia hecho Ntro. Señor, pues el decirlos 
en aquella hora que era la última de su vida, no podia correr riesgo la vani- 
dad ó vanagloria, antes bien seria para mayor gloria y honra de Dios, crédito 
del hábito y edificación del pueblo. Reconvinole con lo que Cristo S. Ntro. 
egemplar y regla de toda perfección habia mandado á sus discípulos que 
manifestasen sus obras heroicas al mundo para honra de Dios y edificación 
de los fieles. Oyendo estas razones el P. Fr. Andrés acudiéronle las lágrimas 
á los ojos y con ellas y con muchas voces mostró no haber tenido en su vida 
tanto sentimiento como el que le habia causado oirse tratar como santo 
y virtuoso y volviéndose al P. Fr. Juan de Santa Maria con una indignación 
santa le dijo: Vuestra Reverencia me deje por las entrañas de J. C. que es 
muy grande engaño el que padecen los que tienen de mi concepto de hombre 
virtuoso: no soy santo, ni lo he sido jamás, ni jamas he hecho cosa que sea 
buena en los ojos divinos. Aquí me hallo en esta cama aguardando cuando 
me llaman á dar cuenta de mi vida ante el Tribunal divino y considerando 
que no la puedo dar buena vivo muy receloso de mi salvación pues entiendo 
que mis pecados me han de llevar al infierno ; porque aunque conozco la 
grande misericordia de Dios y que por abrirme las puertas del cielo derra- 
mó su sangre, veo también que me he aprovechado mal del beneficio de la 
redención y despreciado aquella preciosa sangre que se derramó en precio 
de mis culpas. Estas fueron las palabras que dijo á los que le persuadían 
dijese las mercedes que le habia hecho Ntro. Señor; y aunque no dijo lo 
que ellos querían, dijo bastantísimamente y mostró cuan favorecido se ha- 
llaba de N. Señor, pues mostrar tanta humildad y abatimiento después de 
I una vida gastada toda tan en servicio de Dios ¿que podia ser sino favor 
grande suyo dándole á conocer lo poco que valen nuestras obras de suyo? 
¿que mayor favor que aquesta profunda humildad conociéndose y publicán- 
dose por el peor hombre del mundo? Este es favor grande del cielo: este es 
beneficio que viene de aquellas divinas manos, pues lo es grande tener á 
raya los Ímpetus de la carne y sangre tan engreída consigo misma que no pre- 
tende mas que su propia excelencia; que el varón de Dios siempre tiene en 
la memoria lo que Cristo dijo á sus apóstoles que dijesen eran siervos inútiles 
por muy bien que obrasen : Cum feceritis omnia que precepta sunt vobis, 
dicite: servi inútiles sumus. Luc. c. 7 n. 10 y no deben presumir de sí por- 
que es arresgarlo todo y el publicar de sí cosas graves suele ser ocacion de 
perderlas. Es enfermedad insensible la vanidad, que entra por los resquicios 
á roer las virtudes y aunque se pueda seguir muy grande edificación de ma- 
nifestarlas, suele ser esto con muy gran pérdida en quien las manifiesta; 
y por eso S. Pablo tenia tan gran cuidado en castigar su carne porque no se 
le entrase la vanidad al contar sus revelaciones. Castigo cor pus meum et 
redigo in servitutem ne dum áliís pradicaverim, ipse reprobus eficiar; y el 
publicar los favores del cielo solo lo hacen los Santos por especial instinto del 
Espíritu Santo quien les mueve á eso ; y cuando no sienten en sí esta mosion 
esconden los favores entendiendo que están mas seguros cuanto estubieren 
mas escondidos. 

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CAPITULO XXII 

Que es el décimo. En que se prosigue la misma materia. 

Del conocimiento que el justo tiene de si mesmo nace el estimar á los 
otros respetándoles y obedeciéndoles. Siempre juzga por mejores á los otros 
y siempre piensa de ellos bien. De aquí nace aquel rendimiento á los otros, 
aquel andar debajo de los pies de todos; según es la humildad, asi es el ren- 
dimiento. Hay sugetarse á los mayores: hay sugetarse á los iguales; y hay 
sugetarse también á los inferiores. El sugetarse y rendirse á los iguales no 
arguye pequeña humildad porque nuestra carne tan amiga de su propia 
exelencia quiere estar siempre superior y este tener tirantes las riendas al 
apetito desordenado de la soberbia es humildad muy grande ; pero sugetarse 
á los inferiores es el grado mas alto de esta virtud y la mayor perfección á 
que puede llegar. Esta la practicó Cristo Sr. Ntro. como maestro de toda 
perfección, pues no teniendo superior ni igual en cualquier rendimiento que 
hubiese de tener habia de ser al inferior y con ser asi que su Santisima Ma- 
dre y su Santo padre putativo eran tan superiores criaturas tan llenas de 
gracia y santidad, el sugetarse Cristo á ellas fué grandísima humildad, pues 
aunque tan santos, en fin eran criaturas y muy desiguales á Dios, que por 
eso S. Pablo queriendo engrandecer la grande humildad de Cristo, dijo pri- 
mero : que era igual al Padre, de un mismo ser y de una misma substancia 
para engrandecer el grande abatimiento que mostró vistiendo el trage de 
siervo, postrándose á los pies de los Apóstoles. 

Hemos visto el concepto que de si mesmo tenia el P. Fr. Andrés: cuan 
poco se estimaba, teniéndose por criatura indigna de pisar la tierra; pero 
quien de sí sentía tan bajamente ,hacia de los demás altísimo concepto, juz- 
gándolos á todos por buenos, teniéndose por indigno de su compañía. 

Fueron sus letras las mayores que vieron su siglo y bastaba para te- 
nerse en gran concepto verse consultado de todos, teniendo frecuentemente 
entre manos negocios gravísimos, siguiéndose su parecer con tan grande 
seguridad que no se halló haberse hecho contradicción á negocio que ajustase 
y á parecer que diese ; y en medio de tantas pruebas para vivir de su sabi- 
duría muy satisfecho, estaba tan humilde como pudiera el estudiante mas 
moderno. 

Es ordinario en los grandes ingenios tener una gallardía y viveza que 
en cuanto dicen hablan con energía y dan nueva alma á sus razones. Con 
este espíritu discurría el P. Fr. Andrés y en todos los actos era muy atendida 
su replica porque cuanto decia iva muy bien fundado ; y como es ordinario 
en las disputas el encenderse la sangre y calentarse la cólera en quien arguye, 
de á donde suelen ocacionarse algunos desabrimientos que comienzan con 
la disputa y en ella y con ella se acaban estos accidentes tan generales pa- 
decía el P. Fr. Andrés y aunque de su boca no salió jamas palabra que no 
fuese de edificación, porque era modestísimo en el hablar, hacia tanto es- 
crúpulo de haber levantado la voz y gritado ó de haber hecho algún ademan 
que tubiese visos de enojo, que como si hubiese hecho alguna acción escan- 
dalosa, luego que acababa el argumento se postraba en el suelo en venia y 

74 



pedia perdón á todos dejándolos con semejante acción confundidos mas que 
con la fuerza de sus razones ; y este era su estilo ordinario todas las veces que 
en las disputas habia algún ruidillo de los que suelen acontecer. Jamas 
porfió aunque tubiese muchisima razón y siempre se rindió al parecer age- 
no dando á entender siempre que era mas acertado cualquiera otro dictamen 
que el suyo. 

Si hubiéramos de discurrir por todas las materias y por los casos to- 
dos, siempre hallariamos que ponderar del P. Fr. Andrés en materia de hu- 
mildad, mas fuera querer dilatar esta historia á muy crecido volumen, porque 
conociendo la alteza de esta virtud y cuanto la amó el hijo de Dios, procuró 
por todas las vias imitarle. El mesmo iba á repartir la comida á los pobres 
de la porteria : los sábados cuando barren los Religiosos el Convento era el 
primero que salia con la escoba, ora fuese fraile particular, ora fuese siendo 
Prior ó Provincial. Después que acabó el oficio de Provincial se destinó a 
servir á los enfermos no solo cuidando de su regalo necesario, sino también 
personalmente sirviéndoles y llevándoles la comida con sus propias manos 
desde la cocina, asistiéndolos de noche, velándolos y haciendo los oficios del 
criado mas abatido. 

Cuando venian los Religiosos de fuera, por venir muchos á pié y ha- 
berse enlodado en el camino, era costumbre labarse los pies en el hospicio. 
A este egercicio se acomidió siempre siendo al que con mas cariño y amor 
acudia. 

Tan atento fué siempre de no disgustar á nadie que si alguna vez co- 
nocia haber dado ocasión á otro de algún leve desabrimiento, no descanzaba 
hasta haberle desenojado, procurando por cuantas vias pudiese dejarlo con- 
tento. 

Saliendo un dia del Convento con el P. Fr. Francisco Granobles, re- 
paró que este Religioso llevaba en la capa un corchete pequeño de plata, y 
como su pobreza era tanta aun aquella niñeria le parecia superfluidad en un 
religioso. Procuró cuanto pudo con el compañero quitarse de la capa aquella 
poca de plata y en orden á esto le dijo muchas cosas dictadas de su grande 
espiritu. Parecióle al Religioso demasiado escrúpulo y mostróse muy desa- 
brido en la reprehensión: conociólo el P. Fr Andrés y habiendo andado en 
los negocios á que iba estubo tan desasosegado, que abrevió cuanto pudo 
para volverse al Convento y habiendo llegado á la porteria le hizo la venia 
y le pidió muchisimas veces perdón. El compañero quedo espantado de ver 
demostración semejante y aunque le aseguró que no habia recibido pesa- 
dumbre con la reprehencion, con todo eso el P. Fr. Andrés prosiguió pidién- 
dole perdón y no quiso levantarse del suelo hasta que le hubiese perdonado; 
y levantándose del suelo abrazó al compañero una y muchas veces y cono- 
ciendo que estaba ya desenojado pudo ir con quietud á la celda. 

En otra ocasión fue llamado del siglo para un negocio de importancia 
en que se deseaba fuese su voto el primero para dar autoridad á lo que se 
consultaba; fué de los primeros votos por su estado, por sus letras y por sus 
canas. Dijo con la libertad de su espíritu lo que sentia : no fué muy del 
agrado del que llamó á la consulta el voto del P. Fr. Andrés; y como los po- 
derosos tienen por injuria el no darles gusto en todo aunque sea contra las 
leyes humanas y divinas, viendo que su parecer era tan encontrado con su 

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gusto, se irritó contra él y le trató asperísimamente de palabras, diciendolas 
bien indignas y feas. Sufrió el Padre con grande humildad su afrenta y 
como si hubiese hecho alguno agravio en decir la verdad y lo que sentia, se 
postró en tierra como pudiera ante su Prelado y le pidió perdón. No bastó 
tanta humildad y rendimiento en el Padre para que el Presidente que le 
habia llamado se aplacase, prosiguió en su enojo y cólera. Salióse el P. Fr. 
Andrés y viniendo al Convento fué tanto el escrúpulo que hizo de haber eno- 
jado al Sr. Presidente que pidió varias veces al Prelado que lo dejase ir para 
aplacarle, y á no habérselo embarazado los Prelados, hubiera otras muchas 
veces pedidole perdón para que se desenojase. Tan sensible era para él, que 
otro recibiese por ocasión suya la mas ligera pesadumbre y así que pudiera 
tenerse por segura, pues el enojo que se habia causado nacia de la malicia 
de quien le padecia, pues el hablar la verdad y lo que dicta la conciencia no 
puede tener asomos de culpa, su grande humildad le hacia tenerse siempre 
por culpado entendiendo de sí que ocacionaba cualesquiera disturbios. 



CAPITULO XXIII 

Que es el undécimo. De la grande obediencia del P. Fr. Andrés. 

Es la obediencia la que tiene el primer lugar en el estado religioso : 
ella es la puerta para las demás virtudes; y no hay felicidad que no venga 
á una comunidad en donde la obediencia florece, que como toda nuestra 
desdicha nos vino de la desobediencia del divino precepto de nuestros pri- 
meros padres, en pena de lo cual la carne se rebeló contra el espíritu y el 
apetito contra la razón, están las potencias tan rebeldes que aunque la vo- 
luntad esté reducida ellas están siempre repugnando ; y si el freno de la obe- 
diencia no las detiene, siempre caminan á su perdición. Es la propia volun- 
tad el principio y raiz de todos los males : el amor propio es el que ha traído 
al mundo á tanta ruina. Pues para componer tantos males y tantos desórde- 
nes es menester que se practique la obediencia; y si en todos estados es ne- 
cesaria esta virtud, lo es mucho mas en la Religión á donde se renuncia el 
querer y se sepulta la propia voluntad para gobernarse solo por la del su- 
perior. Muy repugnante es á la carne pero son muy crecidas las medras del 
que hace siempre la voluntad agena : corren muy por cuenta de Dios los 
aciertos de quien obedece, que como vé S. M. que por su amor renunciaron 
su propia voluntad, paga este sacrificio con que se acierte cuanto se obra, 
y si alguna vez el que obedece yerra, no corre esto por cuenta de quien obe- 
dece, sino por de quien manda. Gran dicha es la de los Religiosos en estar 
debajo de la obediencia pues cada paso que dan es de merecimiento, pues 
cuanto hacen lo obran por obediencia y el correr y beber, dormir y hablar 
lo hacen obedeciendo. Los que conocen este tesoro escondido venden cuanto 
tienen por comprarle y dan por él la joya de mas valor que es la propia vo- 
luntad y quedan tan ricos como quienes grangean los bienes celestiales en 
esta vida para gozar de tantos bienes como acarrea esta virtud, que uno de 

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ellos es aquella gran serenidad de la conciencia y paz del espiritu que so- 
brepuja todo sentido por que sabe que no tiene que dar cuenta de sus accio- 
nes pues las ha hecho por la obediencia de su regla y voluntad de sus supe- 
riores. ¡ Que mayor felicidad que aquesta ! 

Habiendo profesado el P. Fr. Andrés y puesto en manos de sus Prela- 
dos su propia voluntad vivió tan negado á su propio querer que no hizo cosa 
alguna que no fuese mandado y para cumplir exactamente con las obli- 
gaciones de su estado se dio con todo cuidado á leer las constituciones de la 
Orden para saber lo que habia de hacer y de lo que habia de huir: no le 
quedó acta ni ordenación de capitulo general ni de las demás ordenaciones 
de la provincia que no se enterase de ellas para no faltar á la cosa más 
mínima. Por ser el silencio una cosa tan grande en la Religión y tan encar- 
gada en nuestras leyes fué tan observante, que en las partes donde se prohi- 
be el hablar estaba como si estubiese muerto, siendo tan maravilloso su si- 
lencio, que no hablaba una sola palabra aunque fuese de muy grande im- 
portancia. Jamas supo que cosa era comer ni beber fuera del refectorio, 
ni hizo acción leve que no fuese precediendo la licencia del superior. Si 
le daban alguna limosna, para recibirla pedia primero licencia y asimesmo 
para darla. Jamas escogió compañero para salir fuera, sino que guardó á la 
letra lo que manda San Agustin en su regla que se salga fuera con quien el 
Prelado mandare ; y aunque el negocio fuese de mucha importancia y fuese 
importante su brevedad, menos que señalándole el Prelado el compañero, 
no salia fuera. Una cosa jamas se le mandó dos veces porque de la primera 
bastaba para que la pusiese por obra. La campana que llama á los Religiosos 
para los actos de comunidad, lo sacaba á él primero de la celda dejando la 
cosa que tenia entre manos en el mesmo estado en que le hallaba al oir la 
señal. Fué tan puntual en esto, que habiéndose llamado una vez á la Co- 
munidad, no oyó la campana y cuando bajó á la porteria halló á la Comu- 
nidad que le estaba aguardando, y con ser así que no habia sido culpable 
su detension, cuando vio que se habia tardado se postró en venia en presen- 
cia de todos pidiendo perdón de la tardanza; y lo que mas es, que ni enfer- 
medades, ni achaques, ni ocupaciones, por grandes que fuesen, bastaban 
para que faltase alguna vez á lo que le mandaban. No supo que fué comer 
carne jamas sino fué en su última enfermedad y para esto hubieron de 
mandárselo los Prelados, que á no ser así, ni en tantos achaques la hubiera 
comido. Tres veces fué Prior del Convento de Guatemala y una vez fué 
Provincial; y para cada vez fué menester que se atravesase la obediencia 
mandándoselo ; y á no habérselo mandado, no hubiera aceptado ninguna 
prelacia, porque teniendo tanto temor de la cuenta que habia de dar á Dios 
de su alma, no habia de querer encargarse de las agenas. Jamas desatendió 
á la persona que le mandaba la cosa, ora fuese el Prelado de la casa, ora fuese 
cualquier otro que estubiese en su lugar, obedecía con igual ánimo ; no solo 
siendo subdito obedecía, sino siendo Superior también, que aun en aquel 
estado no quería perder el mérito de obedecer. Habiendo caminado un dia 
diez y ocho leguas del peor camino que tiene esta provincia y habiendo en- 
trado en el Convento al entrar de la noche, en la cual era razón descansara 
algún rato de las grandes fatigas del camino, le vieron á maitines en el coro 
y habiéndose acabado, queriendo ir á la Yglesia á sus acostumbrados eger- 

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cicios, pareciendole á un religioso seria poca piedad el dejarle ir, con una 
osadia religiosa le dijo que no bajase; y el entonces le preguntó si se lo 
mandaba, á que respondió el P. Fr. Feliz de Mata: sí Padre, yo lo mando 
porque importa asi al bien de V. Rr. y de la Comunidad toda. Oyendo enton- 
ces el P. Fr. Andrés que se lo mandaban, odebeció y se retiró á la celda, si 
bien no a descansar, sino á orar hasta que vino el dia. 

Consultaba cada dia muchas cosas de su conciencia porque le fati- 
gaban grandes escrúpulos y aunque su sabiduria podia dar segura resolución 
á todo, no quería gobernarse solo por su parecer ni tampoco se quietaba con 
que le dijesen que podia hacer lo que consultaba, y así como le conocían se 
lo mandaban y solo de esta suerte se quietaba. Esta misma obediencia tubo 
á sus confesores y cuando el podia gobernar á los mayores espíritus por 
estar el suyo tan adelantado, no le parecía que obraba cosa buena que no 
fuese dispuesta por su Confesor y por eso era tan menudo con ellos que 
para cada cosa por mínima que fuese los consultaba. 

Cosa alguna se le mandó que la dejase de hacer aunque le sobrevi- 
nise cualquier accidente y fué en esto tan puntual que causaba asombro 
á quien le veía. Un domingo estaba para predicar y sucedió que al subir so- 
bre una silla á poner un libro en los estantes, cayó y se lastimó cruelmente 
hiriéndose en la cara : con lo penoso del golpe y la mucha sangre que le sa- 
lía de la herida llegó á desmayarse de suerte que fué necesario llevarlo á la 
cama en brazos ágenos porque ni aun dar un solo paso podia. Luego que lo 
curaron y volvió en sí comenzó á disponerse para ir á predicar. Rezelan- 
dose los Religiosos de que saliendo fuera se le había de pasmar la herida 
instáronle que se estubiese en la celda que el sermón cuando no se predi- 
case importaba poco. No se podia acabar con él que se quietase sin dar mas 
razón que el haberle mandado predicar aquel dia y que las cosas que encar- 
ga la obediencia no se habían de dejar por ningún accidente. Acudieron los 
Religiosos al prelado con esto y viniendo á su celda le mandó que se estu- 
biese en la cama, que se curase, que el sermón le predicaría que ya estaba 
encomendado. Con esta diligencia hubo de quietarse : quedóse en la cama 
curándose y en la cura se gastaron muchos días, siendo esta caída el principio 
del último achaque de que murió. 



CAPITULO XXIV 

Que es el 12° — De la grande y fervorosa caridad del P. Fr. Andrés 

para con los pobres. 

Es la caridad la reyna de las virtudes y de fuerzas tan poderosas que 
pudo traer á Dios del cielo á la tierra para remediar las necesidades del li- 
nage humano. Hace esta virtud muy fácil cualquier trabajo y las descomo- 
didades no se sienten por grandes que sean. Por esto decía S. Pablo que 
no había de haber cosa que lo apartase de la caridad de Cristo, porque ni 
hambres, ni sed, azotes, prisiones ni muertes habían de poder con él que 

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faltase al amor de Cristo y al de sus prójimos. De este amor nace el em- 
prender los Santos cosas imposibles á la flaqueza de la carne, porque el 
fuego que arde en sus pechos los lleva á vencer imposibles. Esta soberana 
virtud hizo su asiento en el corazón del P. Fr. Andrés y desde sus primeros 
años tomó posesión de su alma sin desampararla jamas. Inflamóse su pecho 
con el fuego del amor divino y ardia en un celo del bien de los prógimos en 
tanto grado que á la manera que aquel carro de Exequiel no paraba por la 
vehemencia del fuego que le impelia, de la misma suerte andaba el P. Fr. 
Andrés en un continuo movimiento empleado todo en la salud de sus prógi- 
mos. No habia necesidad corporal ó espiritual que él no socorriese ni llegó 
á sus oidos trabajo alguno que pudiéndolo remediar no lo hiciece, sin que 
le embarasen jamas enfermedades y achaques por grandes que fuesen. Acu- 
dian á él todos los del lugar á confesarse y consolarse con él porque esta- 
ban esperimentados que ninguno llegaba á él, que no saliese lleno de conso- 
lación, y por eso procuraban todos verle y comunicarle y por atender al bien 
de los que le buscaban, no se paró jamas en enfermedades ni achaques por- 
que aunque estubiera postradisimo salia a la iglesia á ver al que le buscaba 
y habiéndole consolado lo despedia. Solia predicar muy de ordinario y habia 
dia que predicaba tres sermones y aunque fuese el cansancio mucho no le 
embarazaba para hacer cualquier otra cosa que se ofreciese para el bien de 
sus prójimos, que como habia aprendido en la Escuela de nuestro soberano 
maestro Cristo que con hallarse tan cansado de las peregrinaciones y sermo- 
nes, no por eso dejó de tomar muy por su cuenta el trabajar y cansarse de 
nuevo para remediar á la Samaritana. Habia predicado un Domingo el P. 
Fr. Andrés en la Iglesia Catedral de Guatemala y al bajar halló que lo en- 
viaba a llamar una niña doncella que estaba en el Convento de la Concepción 
bien afligida y desconsolada porque sus padres la quedan sacar del Monas- 
terio para darle estado contra su voluntad porque la suya era de morir en la 
Religión; y aunque las lágrimas de la muchacha eran tantas y tan grandes 
los estremos que hacia, no" fueron parte para que la Abadesa la detubiese 
sin entregarla á sus padres, porque tenia orden del Obispo para que la diese 
cuando se la pidiesen. No halló otro recurso la niña que el de Fr. Andrés 
á quien envió á suplicar la fuese á ver. Desde el pulpito pasó á las Monjas 
y en la puerta halló que ya estaba para salir la niña. Postróse á los pies del 
P. Fr. Andrés y con nuevos llantos le pidió se doliese del trabajo en que se 
hallaba y no consintiese que la sacasen del Monasterio en donde queria vivir 
y perseverar toda la vida. Pidióles el P. Fr. Andrés á sus padres que le die- 
sen gusto á su hija pues lo que pedia era tan justo y puesto en razón y lo 
contrario era resistir la voluntad y vocación del Espíritu Santo. Como su au- 
toridad era tanta, no se atrevieron á contradecirle y le dijeron que dispusiese 
de su hija como mas conviniese. Con este beneplácito fué desde allí á ver al 
Señor Obispo Don Fr. Juan Cabezas que estaba á la sazón en el pueblo de 
San Pedro de las Huertas fuera de Guatemala; y á aquellas horas, cansado y 
molido se fué á pié y le suplicó diese licencia para que aquella niña se queda- 
se en el Convento, y habiéndolo conseguido se volvió sin dilación al Convento 
con orden para que la doncella se quedase, como lo hizo tomando el hábito 
y profesando ; y fué tanto lo que aprovechó en el Monasterio con la ense- 
ñanza de Fr. Andrés, que habia mucho que decir de sus virtudes si la historia 

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lo permitiera. Solo diré que informado el Sr. Don Fr. Juan Zapata de su 
gran virtud, la quiso hacer Abadeza de aquel Monasterio y se resistió tan 
poderosamente que le dijo que primero se iría á la cocina á servir como la 
mas vil criada, que aceptar el gobierno, quedando tan edificado el Señor 
Obispo de su grande humildad que no quiso descontentarla y asi la dejó en 
el retiro de su celda. 

En aquellos tiempos estaban las religiones del convento de la Concep- 
ción á cargo y cuidado de los Religiosos de Santo Domingo por cuya cuenta 
corda el administrarles los Sacramentos. Este cuidado se encargó al Padre 
Fr. Andrés y aunque sus muchas ocupaciones no parece le dejaban lugar 
para esta ocupación, que parece que pedia todo el tiempo, con todo eso, el 
deseo que tenia de hacer bien á todos, le hizo admitirla y la ocacion que se 
le ofrecia para emplearse en la salud de las almas que el tanto deseaba, 
tomó muy de veras esta ocupación y no se estendia á solo decirles misa y ad- 
ministrarles los sacramentos, sino que las favorecia por todos caminos. Todos 
los dias las veia y las consolaba, predicaba muy de ordinario en la Yglesia 
y las pláticas espirituales eran frecuentísimas, de donde nació florecer tanto 
la virtud en aquel Monasterio porque con el cuidado de él estaban fervo- 
rosísimas. La oración en las Monjas era muy continua, la asistencia en el 
coro á todas horas que hasta hoy en dia dura : el cuidado que tenia con las 
enfermas era increíble, ayudándolas en lo temporal cuanto era posible y 
exhortándolas á la paciencia y tolerancia de sus achaques, ayudando á bien 
morir á todas las que pasaban de esta vida mortal á la eterna no dejando de 
la mano este negocio por cansado y fatigado que estubiese. 

No era parte para embarazarle la caridad con los prógimos cualquiera 
riesgo y peligro que se le presentase y como se atravesase salvar una alma 
y sacarla de los lazos del demonio, tenia á gran felicidad padecer cualquier 
trabajo. Hallábase en Guatemala un hombre ya muy á lo último de una 
grave enfermedad, ya no se le buscaba la salud del cuerpo, porque esta era 
imposible por ser el achaque mortal, solo la del alma solicitaban por medio 
de los sacramentos. Había llegado el enfermo ya á lo último y llegó á tener 
tan profunda melancolía que estaba como desesperado, tan rebelde en tratar 
las cosas de su conciencia que de ninguna cuidaba menos que de esta; y 
como si el recibir los Sacramentos y hacer testamento fuese cosa que le acele- 
rase la muerte, asi escusaba el recibirlos teniendo por injuria el oir decir 
que se confesase. Llamaron al médico y habiendo visto que su achaque no 
tenia remedio le dijo que no habia para su dolencia mas medicina que la 
del cielo, que confesase y dispusiese sus cosas porque sin remedio se moria. 
Tanto se irritó de oir esto que mandó que al médico lo metiesen en la cárcel. 
A su muger que le persuadía lo mismo le tiró con un plato y quería hacerla 
pedazos. Viendo los de su casa el riesgo grande en que se hallaba su Señor, 
hubieron de valerse del P. Fr. Andrés á quien vinieron á llamar al Convento. 
Digéronle el estado en que se hallaba y aunque lo sucedido pudiera causarle 
algún recelo, su caridad vencia todas las dificultades. Fué á casa del en- 
fermo y al entrar por sus puertas comensó Dios á llover misericordias mu- 
dándose tan del todo el enfermo que de león bravo se convirtió en mansísimo 
cordero. Con aquel espíritu ardiente que acostumbraba le significó la gra- 
vedad del negocio á que venia que no era otro que el de su salvación la cual 

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estaba muy en contingencia por la rebeldia que mostraba en confesarse y 
disponerse. Ponderóle lo mucho que perdia con la rebeldia que mostraba 
pues de ella nacia el morir como pagano sin fe de la otra vida y que tal pa- 
recia quien no queria recibir los sacramentos que eran los instrumentos de 
la redención y los que nos llevaban á la vida eterna y que si el mas moderado 
cristiano los recibia en sana salud muchas veces, no habia para qué escusarse 
en una hora en que tan forzoso era el recibirlos. Fueron sus palabras zaetas 
encendidas que hirieron el corazón del doliente y oyéndolas se desató en 
lágrimas y procuró desde aquella hora con tantas veras su salvación, que no 
trató de otra cosa. Dispúsose á una confesión general que hizo con el P. Fr. 
Andrés y habiendo dado muy grandes muestras de arrepentimiento falleció 
dejando á todos con muy grandes esperanzas de s,u salvación. 



CAPITULO XXV 

Que es el 13. En que se prosigue la misma materia. 

No hallaban menos lugar en su pecho las necesidades del espiritu que 
las del cuerpo. Para estas procuraba desembarazarse y determinaba y se- 
ñalaba ciertos dias para socorrerlas ; y aunque era en él muy común y ordi- 
nario socorrer á muchos pobres dándoles muy crecidas limosnas, las de los 
enfermos de los hospitales le debian singularísimo cuidado. Tenia señala- 
dos dias en que les visitaba y asistia, considerando que la necesidad y po- 
breza de algunos los llevaba á los Hospitales por no tener como ni con qué 
curarse en sus casas, ponia muy gran cuidado en acudirles con cuanto po- 
dia y alcanzaba ; y á la verdad era mucho lo que les daba porque como cono- 
cían en la ciudad su gran caridad y celo para con los pobres, por sus manos 
se repartían muchísimas limosnas. Estaba en aquel tiempo el Hospital de 
Santiago de Guatemala bien desacomodado y padecían muy grandes necesi- 
dades los enfermos porque aunque la magnificencia de nuestros Reyes daba 
como siempre para todo lo que era menester, no habia hombre en la piscina 
que con amor y caridad cuidase de los enfermos hasta que se remedió esta 
falta con haber traído Dios á esta ciudad los hijos del gran patriarca S. Juan 
de Dios que en prosecución de su profesión, é imitación de su Santo Padre se 
emplean en bien de los enfermos. A este pues venia y siempre con muy 
grandes socorros y uno por uno visitaba á los enfermos, los limpiaba y por 
sus mesmas manos les hacia las camas y daba de comer y beber: No paraba 
solo en aliviarles las necesidades del cuerpo, queria también cuanto le fuese 
posible curarles las dolencias del alma y asi los exhortaba al amor de Dios, 
al arrepentimiento de sus culpas, persuadíales á que se confesasen, oíalos de 
penitencia á cuantos querían sin cansarse jamas^ni mostrar el menor desa- 
brimiento en cuantas impertinencias tenían, que con los achaques tienen 
muchas. Con estas santas visitas se remediaban muchísimos daños porque 
los enfermos con tan celestial doctrina mejoraban sus vidas, reformaban sus 
conciencias y conociendo que muchas veces los achaques del cuerpo nacen 

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de las enfermedades del alma, se curaban de estas para sanar de las otras. 
Con tan grande bien que recibían los enfermos del P. Fr. Andrés vivian siem- 
pre muy deseosos de verlo y el entrar por las enfermerías era ver entrar un 
ángel por las puertas pues cada visita suya era un gran rato de salud y esta 
parece la llevaba consigo. Succedió entre otras veces que fué á visitarlos, 
hallar á un enfermo bien de peligro con el vientre muy hinchado por habérse- 
le quedado una purga en el estómago cuatro dias habia. Estaba el enfermo 
desasosegado y con gran recelo de perder la vida: llegóse á el el P. Fr. Andrés 
y habiéndole consolado, le puso el escapulario en el vientre le dijo un Evan- 
gelio y despidiéndose de él se fué al Convento. A pocos dias vio el P. Fr. 
Juan Dias á este hombre en el Convento y preguntóle como estaba tan alen- 
tado y fuerte habiéndole visto poco antes en tanto peligro? A que respondió 
diciendo : que desde el punto que el padre Fr. Andrés le habia puesto el esca- 
pulario y dichole el evangelio, se habia sentido mejor y con tantas fuerzas 
que pudo salir luego del Hospital. 

Para el Hospital de San Alejo tenia el Padre también sus dias aunque 
eran aquí mas frecuentes sus visitas por ser las necesidades mayores. Fun- 
dóse este Hospital solo para curar indios : quien le fundó fué aquel apostóli- 
co varón Fr. Matías de Paz y lo fundó avisado del Cielo por las demostra- 
ciones que hizo Dios con él dándose por muy servido de la piedad que usa- 
ba con los indios. Cuando se comenzó á fundar Guatemala en el sitio que 
hoy tiene, con la priesa que daban los vecinos á los indios trabajadores pade- 
cían grandes trabajos y tantos que muchas veces perdían la vida. Enferma- 
ban muchos y no tenían donde recogerse porque entonces ni aun casas habia 
para los vecinos: con el trabajo, las enfermedades y grandes incomodidades 
morían muchos : veía estas lastimas Fr. Matías de Paz y las sentía gravísi- 
mamente, con que andaba por las calles de Guatemala buscando indios enfer- 
mos y traíalos al Convento en donde los curaba y regalaba según era la po- 
sibilidad de la casa en aquel tiempo. Andando en estas santas ocupaciones 
halló á un indio enfermo en la calle y lo cogió sobre sus hombros y lo cargó 
y llevó hasta donde pudiese curarlo y regalarlo. Ivan en seguimiento suyo 
muchos admirados de lo que veían, pues veían, todos que llevaba car- 
gado un Cristo Crucificado. Cuando llegó á la casa y que hubo acomo- 
dado al enfermo, le preguntaron los que lo habían venido siguiendo, que 
donde estaba el Cristo que habia traído ? A que respondió que no habia traído 
mas que á un pobre indio llagado y enfermo. Con esto que oyó el P. Fr. 
Matías llegó á conocer se daba Dios por muy servido de que cuidase de los 
indios enfermos y trató de fundar un Hospital que está pegado al Convento 
y tiene por advocación al glorioso S. Alejo. Aquí dispuso hacer una casa con 
sus salas de enfermería, buscóle rentas y de las propias del Convento de 
Guatemala se señaló una porción para sustento de los enfermos. Desde 
aquel tiempo hasta los de agora se han curado indios en esta casa y hoy en 
dia está muy adelantada la caridad en ella porque su administración está á 
cargo de los PP. de S. Juan de Dios que entraron en el año de 1668. A este 
hospital iva muchas veces el P. Fr. Andrés porque veia las necesidades cuan 
grandes eran las de aquellos enfermos, por que á la verdad son los indios la 
gente mas desdichada y miserable que tiene el mundo, y si con todos se debe 
usar de misericordia; pero con estos principalísimamente por que su pobreza 

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es la mayor que se conoce y como es gente tan sin regalo, convalecen de una 
enfermedad con grandísima dificultad por la poca comodidad que tienen. 
Cuando entraba á esta enfermería no sabré decir el contento que recibía el 
P. Fr. Andrés : amábalos á todos como si cada uno fuera hijo de sus entra- 
ñas y aunque estubiesen las camas desaseadas y llenas de mal olor, no por 
eso dejaba de servirlos con grandísimo cuidado. Uno á uno les iva visitando, 
dándoles con sus manos la comida, limpiándoles el sudor del rostro y ayu- 
dándolos y consolándoles en cuanto le era posible. Confesábalos, exhortá- 
balos y dejándoles muy grandes socorros se despedía. 

Ademas del cuidado de visitar los enfermos de los Hospitales, le tenia 
muy grande de ver y visitar los demás que se hallaban en la ciudad, que 
como era Padre espiritual de tantos hijos, tenia á muchos de quien acordarse, 
y obraba Dios grandes maravillas por los méritos de su siervo. 

Salió en una ocasión á ver y visitar á Pedro de Lira, Regidor que fué 
de Guatemala, familiar del Santo Oficio, hijo de confesión suyo y amantí- 
simo y muy gran bienhechor del Convento de Santo Domingo. Asi que este 
caballero le vio junto a sí, se alegró sobremanera porque como tenia tan alto 
concepto de su santidad, esperaba del Cielo grandes mercedes por su inter- 
cesión. Sentóse en la cama el Padre y comenzó á consolar al enfermo : es- 
tubieron como cosa de media hora tratando de cosas del Cielo, que nunca 
supo hablar de otra materia: pidióle el enfermo le dijese un Evangelio: dí- 
joselo el Padre y luego se sintió sin dilación alguna con alientos. Viéndose 
con salud tan repentina dijoselo á Fr. Andrés y como entendía que por sus 
oraciones había comenzado a cobrar salud, sintió gravemente el P. este su- 
ceso y no hizo otra cosa que encoger los hombros y despedirse. A dos días 
estubo Pedro de Lira con tan entera salud que fué al Convento de Santo Do- 
mingo á darle á Dios las gracias por la salud recibida. 

Para las cárceles tenia también dias señalados en los cuales asistía 
á visitar á los presos, llevándoles muy grandes socorros, para lo cual esti- 
laba guardar en poder del Procurador del Convento cuanto le enviaban del 
siglo ; y como en sí no gastó cosa alguna por su grande abstinencia, todo lo 
que era regalo de conservas, dulces, chocolate, biscochos & lo iva guardando 
hasta que llegaba el tiempo y ocacion de repartirlos. Ningún encarcelado 
hubo que no recibiese algún favor de Fr. Andrés, unos socorriéndoles con di- 
neros, otros agenciando sus negocios con los jueces, de suerte que era padre 
general de todos, no viendo en ellos necesidad que no remediase conforme á 
la posibilidad que tenia. 

Pero adonde era su cuidado grande, era en los que estaban senten- 
ciados a muerte. En estos empleaba las fuerzas de la caridad, asistiéndolos, 
consolándolos y ayudándolos sin cansarse jamas. A los calabozos se entra- 
ba y estaba en ellos muchísimo tiempo, padeciendo las descomodidades de 
semejantes lugares por aliviar y consolar á los que se hallaban en ellos. 

Succedió el hallarse dos caballeros presos por gravísimos delitos: uno 
y otro habían hecho dos muertes. El uno conoció por la calidad del delito 
que había de perder la vida, como succedió. Estubo con grandísimo rigor en 
la cárcel, en un calabozo, por espacio de nueve meses, en todos los cuales 
le asistió el P. Fr. Andrés con tan gran cuidado y tanto amor, que no se pasó 
dia sin que le visitase, siempre persuadiéndole al arrepentimiento de su 

83 



culpa. Leyósele la sentencia de muerte en que le condenaban á ser degollado 
y con ser tan horrorosa la muerte y solo el oiría nombrar causa tanto miedo, 
con la frecuente comunicación del P. Fr. Andrés estaba tan deseoso de ca- 
minar al Cielo, que tubo en poco la vida del cuerpo y solo atendió á cuidar 
de la vida del alma, tan de veras tomó el disponerse para morir, que los mu- 
chos dias que estubo en el calabozo ayunó á pan y agua y tomaba las mas de 
las noches una disciplina hasta derramar sangre. En todo este tiempo no se 
quitó la barba ni se mudó ropa limpia, sino que como entró en la cárcel, asi 
salió para el suplicio. No atendió á mas que á desenojar á Dios para lo cual 
se dio á la oración con grandísimo fervor : hizo una confesión general con el 
P. Fr. Andrés y se señaló una hora todos los dias para esto. Cuanto mas se 
acercaba á la muerte mayor era el cuidado en el Padre en animarle. Asistió- 
le hasta la última hora en que espiró degollado en un cadalso en la plaza de 
esta Ciudad de Guatemala. 

El segundo caballero á quien degollaron fué por haber muerto á un 
tio suyo llamado Alonzo de Contreras. Habiendo hecho la muerte se retiró 
al Convento de Sto. Domingo de Guatemala en donde estubo mucho tiempo 
dando grandes muestras de arrepentimiento. Era devotísimo de la Madre 
de Dios cuyo Rosario rezaba todos los dias, confesaba y comulgaba con mu- 
cha frecuencia. Eran sus padres espirituales el P. Fr. Andrés y el P. Fr. 
Benito de Villacañas, varón verdaderamente apostólico de quien se dará 
alguna noticia en esta historia. Deseoso este caballero de escapar la vida, 
se salió una noche aunque no tan en secreto que no llegase á los oídos de 
la muger del difunto, quien con deseos de vengar la muerte de su marido 
no dejó piedra por mover; y sabiendo que caminaba asia la provincia de Co- 
mayagua, envió en su alcance á quien le prendiese. Retiróse el caballero á 
una Iglesia de un pueblo de indios sabiendo que le buscaban para prenderlo : 
sacáronle por engaños de la Yglesia y cuando le vieron fuera lo prendieron 
y lo tragerón á la cárcel de Corte de Guatemala. 

La iglesia pedia al preso y para esto usó de las diligencias que suele 
en semejantes casos: hubo entre dicho y cesación á divinis por muchos dias; 
de todo lo cual no se siguió otro efecto que irritarse los Jueces, asi porque 
el muerto era Oidor de esta Real Audiencia y pariente muy cercano del Pre- 
sidente de ella, como porque la muger del difunto pedia con grandísimas ins- 
tancias la muerte del agresor; y aunque este era sobrino de la muger podía 
con ella mas el deseo de la venganza que la fuerza de la mesma sangre. Tan 
deseosa estaba de verle muerto que por horas clamaba en los tribunales pi- 
diendo que le quitasen la vida, y por haber sospechado que se quería salir 
huyendo de la cárcel, le hizo doblar las prisiones y guardas. Tantas instan- 
cias hizo, que se vieron obligados los Jueces á sentenciar de muerte al delin- 
cuente en vista. Sabida la sentencia que se habia dado, se procuró por todos 
caminos con la muger que lo perdonase, pues solo de ella pendía la muerte 
ó vida del agresor. Sobre este punto se gastó mucho tiempo procurando cada 
cual ablandar su dureza, y era vana cualquier otra diligencia porque la viuda 
estaba dura y terca sin querer ablandarse, respondiendo siempre que si nó 
degollaban al agresor, se iría ella á la cárcel y en ella se egecutaria la senten- 
cia que en el matador. Valiéronse algunas personas piadosas del P. Fr. An- 
drés para que solicitase con la muger perdonase á su enemigo. Ofrecióse de 

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buena gana á hacerlo : salió de casa llevando consigo una imagen de Cristo 
Crucificado, y llegando a la casa dióle á entender á lo que se ordenaba su 
ida, que era á pedirle perdonase al que le habia quitado la vida á su marido. 
Gastó en esto muy grande rato persuadiéndola por cuantos modos le fué 
posible y negándose á todo la muger estaba constante en su primer propósito. 
Viendo que no obraban nada para con la muger sus razones, se hincó de ro- 
dillas y sacando debajo de la capa la imagen de Cristo Crucificado, comenzó 
á derramar copiosas lágrimas. Dijole que aprendiese de aquel Señor que en 
la Cátedra de la cruz estaba dando lecciones de misericordia y clemencia, 
siendo la suya tanta que por librar á los hombres de la muerte habia él per- 
dido la vida; y en la cruz hallándose rodeado de tantos tormentos habia con 
especialidad rogado á su Eterno Padre pidiéndole perdón para sus enemi- 
gos : que si deseaba que Dios le perdonase sus culpas, perdonase ella el 
agravio que le habian hecho, pues con esta acción tan heroica obligaria á 
Dios mucho y en el mundo cobraria crédito de misericordiosa y clemente : 
que en que el delincuente muriese no conseguia mas que cumplir el deseo de 
venganza sin otro fruto alguno. En orden á este punto gastó muy largo tiempo 
el P. Fr. Andrés y por último hubo de alcanzar de la muger el que le perdo- 
nase y llamándose un Escribano se otorgó el perdón y lo firmó, si bien ya lo 
hizo tarde porque cuando se llevó á la Real Audiencia el perdón del delin- 
cuente, ya estaba sentenciado en revista. Leyósele la sentencia de muerte 
al caballero y oyóla con grandísima paciencia y sufrimiento. Desde este pun- 
to el P. Fr. Andrés tomó muy por su cuenta el asistirle y ayudarle: hizo una 
confesión general de todos sus pecados y el dia que hubo de salir al cadalso 
le pidió á Fr. Andrés no le dejase porque en aquel trance tan rigoroso necesi- 
taba de su asistencia porque temía mucho la muerte. Hizolo así el Padre 
y acompañándolo hasta el lugar del suplicio, le animó y consoló y signifi- 
cándole cuan satisfactoria era aquel género de muerte por sus culpas, llegó 
se á él y púsole las manos en la garganta y cobró con esto grandísimo con- 
suelo y fortaleza y con ella aguardó el golpe del cuchillo. Asistióle á reco- 
mendar el alma derramando hartas lágrimas. 

Mostróse después el enojo de Dios contra esta muger y castigó el Cie- 
lo su pertinacia y dureza y desde aquella hora hasta que murió no tubo un 
rato de gusto. Fueronsele muriendo todos los de su casa, sus criados, pa- 
rientes y esclavos y solo ella quedó con vida para que padeciese el tormento 
viendo morir á sus ojos á los suyos. Fuésele acabando la hacienda que era 
mucha y llegó á estado de tanta miseria y desdicha que no alcanzaba siquiera 
para comer y solo tenia la comida que se reparte en la portería del Convento 
de Sto. Domingo, que estos fueron los frutos de su indignación. 

Aunque se ha dicho con tanta especialidad lo que pasó con estos dos 
caballeros, no solo ellos fueron á quienes asistió el P. Fr. Andrés por que 
su cuidado y su caridad era general para todos y ninguno fué condenado á 
muerte en su tiempo que no le asistiese y ayudase hasta el lugar del suplicio 
porque su caridad no se limitó á uno ó a otro, sino que era general y común 
para todos. 

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CAPITULO XXVI 



Que es el décimo cuarto. De la fervorosa predicación del Padre Fr. Andrés. 

Es una de las obras de misericordia enseñar al que no sabe sacándole 
de la ignorancia y ceguedad en que vive, dándole luz para que vea el camino 
de la verdad que ha de seguir; que á esto se ordenó la venida de Ntro. Reden- 
tor al mundo, á alumbrar á los que estaban en tinieblas poniéndoles delante 
la luz para que viesen donde ponian los pies y no se precipitasen. Para 
esto es la doctrina y sabiduría, a esto se ordenan los estudios sagrados para 
que se dé luz á los pueblos. Muchas causas deben concurrir en el que es 
perfecto predicador y quiere hacer su oficio muy al gusto de Dios ; y aunque 
la sabiduría tenga tan gran lugar en este oficio pues como dijo S. Gerónimo 
la santa rusticidad aprovecha solo á quien la tiene y quien no sabe no puede 
sacar á otros de sus yerros : Pero no es el todo de esta facultad la sabiduría 
humana: mucho caudal es menester y sobre todo, de lo que mas necesita un 
predicador es de un amor grande de Dios con que se inflame su corazón 
causando con él un gran deseo de reducir almas á Dios. Este amor es el 
que da á los hombres palabras eficasísimas para persuadir y hacer mas 
frutos un corazón abrazado en amor de Dios que el retórico mas aventajado. 
Sto. Domingo nuestro padre, aunque era Maestro de tantas letras no atribuía 
á ellas las grandezas que predicaba, sino al amor de Dios que en su pecho 
ardia; y asi preguntado por un clérigo que en que libro habia estudiado tantas 
lindezas como predicaba? le respondió que el libro de la caridad y amor 
de Dios. Y aquel gran varón y apostólico Padre el Maestro Juan de Avila 
preguntándole un discípulo suyo como se haría gran predicador? le respon- 
dió : que amando mucho á nuestro Señor por que este amor es el que mi- 
nistra razones y dá palabras eficaces para persuadir. Ordinariamente cuan- 
do hay vehementes deseos de alcanzar una cosa, los mesmos deseos minis- 
tran razones y palabras para persuadir; y así el Predicador que desea apro- 
vechar ha de ir al pulpito con deseos de ganar una alma para Dios, y con 
estos deseos tienen grande eficacia sus razones. De este grande amor que 
se tiene á Dios nace el mirar tanto por su honra, deseando que todos le sirvan 
y le amen. De aquí nace el sentimiento grande que se tiene por las culpas, 
viendo que por ellas se pierde la gracia (que monta mas que todos los tesoros 
del mundo) y se pierde la gloria, se aumenta el reyno del pecado, se dismi- 
nuye el rebaño de Cristo; y con esta consideración procura por cuantas vias 
le son posibles traer á los oyentes al conocimiento de la verdad que pretende ; 
y cuando vé y considera lo que por la culpa se pierde, llora y gime y derrama 
copiosísimas lágrimas. Mucho de esto veremos en el Maestro de los predi- 
cadores, el Apóstol S. Pablo quien arreaba á sus hijos espirituales, como lo 
dicen sus cartas que todas ellas están llenas y publican el amor que ardia en 
su pecho. Este amor lo hizo andar tantas tierras, mudar tantos climas, y 
peregrinar tantas regiones, solo por adquirir hijos espirituales y asentar en 
pilos el reyno de Dios. Este amor levantaba de junto su estilo, á cuya ele- 
gancia nunca llegó la de Demostenes y Cicerón que fueron los príncipes de 

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la elocuencia. De este amor nacían aquellas lágrimas tan continuas que, co- 
mo el mesmo cuenta, en una carta suya, por espacio de tres años no dejó de 
llorar; y así queriendo que los demás predicadores hiciesen fruto grangean- 
do almas para Dios, les decia que le imitacen á él como él procuraba imi- 
tar á Cristo. 

Todas estas cosas que de fuerza han de concurrir para hacer grande 
á un predicador, las tubo el siervo de Dios Fr. Andrés en supremo grado; 
porque el amor de Dios, como hemos visto, fué grande. De donde nació ser 
tan fervoroso y activo el que tenia á los progimos, deseando la salud y la 
salvación de todos. De aquí nacia el subir al pulpito siempre puestos los 
ojos en Dios, á quien solo pretendía agradar y servir. Soltaba en el pulpito 
las velas de su elocuencia que era grande y así mudas sus razones con el fue- 
go de su pecho, eran tantas que abrazaban los corazones humanos. Tenían 
de él los eyentes el concepto mayor que alcanzó ningún hombre en su siglo : 
sabían su recogimiento, su aspereza de vida, sus grandes penitencias, su 
fervorosa y continua oración y todas estas cosas eran cartas de recomendación 
para recibir sus palabras como venidas del Cielo y dichas por la boca de un 
ángel. Oíanle en el pulpito y al mesmo tiempo veían las paredes de la Ygle- 
sia regadas con su sangre y ésta daba tan grande crédito á lo que decia, que 
no decia palabra que no fuese de grande fruto, y se iban tras él todos los de 
la ciudad espantados de su aspereza, como en tiempo del Bautista se despo- 
blaban las ciudades por ver á un hombre tan eficaz en sus palabras. 

Del deseo que tenia de que aprovechasen todos, nacia el enviar sus 
palabras acompañadas de copiosísimas lágrimas. Eran muy frecuentes las 
suyas en el pulpito, que como hijo del gran Patriarca Domingo le imitaba 
en esto; pues de nuestro Sto. padre y patriarca nos dicen sus historias que 
de ordinario predicaban al pueblo con las lágrimas en los ojos y á su imi- 
tación derramó muchas y con mucha frecuencia el P. Fr. Andrés, de donde 
nacia el convertirse tantos mejorando de estado y vida; que no hay duda que 
son mas poderosas las lágrimas para persuadir que las palabras y S. Ber- 
nardo aconseja que el predicador que pretende hacer fruto ha de predicar 
mas con lágrimas que con razones. La voz del predicador ha de ser como 
la de la tórtola quien despide gemidos en vez de cantos y cuando estos se 
oyen, es señal muy cierta de gran cosecha de espíritu. 

Y como no basta el decir las cosas una vez u otra, porque fácilmente 
se olvidan los hombres de lo que oyen, y vuelven á sus vicios primeros ; el 
siervo de Dios continuaba el egercicio de la predicación con tanto tezon que 
parecía incansable : había semana de seis sermones y muchas veces predica- 
ba en un solo dia dos y tres sermones, que en un hombre que tenia tan ren- 
didas las fuerzas y tan acabadas con la penitencia, parecía milagro el poder 
predicar tanto. Treinta y seis años fueron los que gastó en la Ciudad de 
Guatemala en este egercicio sin descanzar un punto ni aflojar jamas. Siendo 
Prior del Convento, que lo fué tres veces, tenia todos los viernes capítulo á 
los religiosos y en ellos gastaba el mismo tiempo que en los demás sermones, 
y con ser así que en hombre tan ocupado, pues era padre común de todos á 
quien acudían con todas sus necesidades y en esto gastaba mucha parte del 
tiempo, con todo eso jamas le faltó lugar para los sermones, dándose con 
tantas veras á este egercicio, que no parece se divertía á otras ocupaciones. 

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El lenguaje (que no es la parte menos principal del predicador) era 
casto y muy propio y por eso muy elegante. No ponia mucho cuidado en la 
exornación de las razones, peinando el estilo, cosa muy ordinaria en los que 
pretenden solo la aceptación del pueblo. Miraba solo lo principal que era la 
enseñanza de los fieles y la enmienda de sus vidas y con esta atención decia 
aquellas palabras que le ministraba su espiritu, y aunque era tan docto y 
tan profundo, con atención al auditorio templaba las luces de su ingenio y 
abatia las alas de su sabiduria dando la doctrina conforme á la capacidad de 
los oyentes á similacion de S. Pablo que á los de Corinto dijo: que no les 
habia dado pan con corteza, sino leche, porque no estaban aun dispuestos ; 
significando con esta metáfora que una misma doctrina no es para todos. 

Duran aun sus libros, que son muchos, todos llenos de sabiduria, 
abundantísimos de escritura y de Santos Padres, y lo que mas importa, llenos 
de celestial doctrina y espiritu divino que en aquella letra muerta están di- 
ciendo cuanto era el fuego del orador que los predicaba. 

En el Convento de Religiosas de la Concepción fué donde predice) con 
muchísima frecuencia porque las amaba con ternura. Tenia en ellas mu- 
chas hijas espirituales que aficionadas á su santidad habían puesto en sus 
manos la dirección de su vida, y para que fuesen creciendo cada dia en la 
virtud, las egercitaba en sus pláticas continuamente. Oíanle las Santas Re- 
ligiosas con grandísima atención y con muy grandes deseos de su aprove- 
chamiento y con este mesmo las persuadía el siervo de Dios á la imitación de 
Cristo. Predicaba con tan alto espiritu que se inmutaba causando en todos 
grandísimo espanto y afirmaron muchísimos de los que le oyeron, que al 
fervorizarse en los sermones parecía que despedía estrellas por la boca. 



CAPITULO XXVII 

Que es el 15 9 — De las graneles persecuciones con que el demonio fatigó 

al P. Fr. Andrés. 

A tanta guerra como el P. Fr. Andrés hacia al demonio no podia dejar 
de mostrarse agraviado, pues sin hacerle mal alguno se tiene muy en cuidado 
esta infernal criatura hacerlo á todos, que á esto le lleva su mala inclinación 
que como es criatura obstinada en el mal y enemigo declarado de Dios, lo es 
de todo los que le sirven. Veía y esperimentaba en Fr. Andrés la innocencia 
de su vida, el fervor de su oración, el rigor de su penitencia, y considerando 
que habia gastado en valde el tiempo que habia que le perseguía sin haberle 
hecho caer en culpa mortal, mirábale con ojos dañadísimos deseando por 
todos caminos hacerle guerra. Añadíase á esto el verse desposeído de tantas 
almas como le habia quitado, así con su doctrina, como con el egemplo de 
su vida. Muchas ofensas de Dios que él tenia trazadas se las habia embara- 
zado é impedido : veía el fruto de sus sermones ; y cómo cada dia eran me- 
nos los que ofendían á Dios. De aquí tomó ocacion para declarar la guerra 

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contra este siervo de Dios; por cuantos caminos podia le desasosegaba é in- 
quietaba á todas horas pero nunca salió de las refriegas menos que aver- 
gonzado y corrido, y eran en valde sus astucias porque siempre salió vence- 
dor este siervo de Dios ; y aunque la esperiencia le podia tener desengañado 
nunca perdió del todo las esperanzas de rendirle, que como tan porfiado 
nunca desiste y siempre le parece que ha de conseguir algo de su astucia. 
Ya que no podia traerlo á su voluntad, procuró estorbarle los santos eger- 
cicios de la oración, ya con ruidos, ya con inquietudes; y pasó tan adelante 
su odio que llegó á arrastrarlo y maltratarlo fieramente, como adelante ve- 
remos. 

Era el lugar más frecuente de su oración la capilla de Sta. Catarina 
de Sena : después de haber visitado los altares de la Yglesia, la mayor parte 
de la noche que quedaba la gastaba ante el altar de esta seráfica virgen. 
Solia llevar consigo á la Yglesia uno de los religiosos que le asistían, queria 
tiernamente al P. Fr. Jacinto de Cárcamo, era su Benjamin y fué muy grande 
heredero de su espíritu. A este religioso llevó consigo una noche y habiendo 
visitado los altares, se quedaron por largo rato en la capilla de Sta. Catarina, 
comensó luego el demonio á desasosegarlo y para esto comenzó con grande 
ruido sobre la bóbeda y fué creciendo de suerte que parece había encima 
de la bóbeda una grande tropa de caballos. El P. Fr. Jacinto como no estaba 
acostumbrado a estos ruidos, concibió grandísimo miedo y sabiendo quien 
lo causaba fué mucho mayor su pavor. Llegó al P. F. Andrés para favo- 
recerse y conociendo el siervo de Dios el miedo de su compañero, lo sacó 
de la Iglesia hasta la puerta de la Sacristía y de allí le dijo se fuese á 
recoger á la casa de novicios, y viéndose solo Fr. Jacinto se le dobló el 
miedo y confesaba no haberle tenido tan grande en toda su vida, y con ser 
así que no hay mas espacio para llegar al noviciado que el de la escalera de 
la Sacristía, se le hiso como de mil leguas, tal era el miedo que le había cau- 
sado tan mala vecindad como la del demonio. El P. Fr. Andrés se volvió á 
la Iglesia á continuar su oración, que como soldado fuerte le daba poco 
cuidado la inquietud del demonio, que como decia el Abad S. Antonio, ponen 
gran miedo al demonio las vigilias de los contemplativos y se burlan de sus 
astucias los que se arman con la oración. Esta inquietud no fué una vez 
sola sino muchas ; pero de todas ellas no sacó el demonio mas que salir 
corrido, 

Las persecuciones del demonio no llegan á mas que á lo que llega 
la licencia que Dios le da, como sabemos que lo hizo con el Santo Job á 
quien persiguió este enemigo unas veces en la hacienda, otras en los hijos 
y otras en el cuerpo, según la licencia que de Dios tenia. Suele su Magestad 
para mayor gloria de sus santos el ponerlos en manos del demonio para que 
este se confunda viendo su fortaleza y a estos se les aumenta la corona por 
su constancia. Tubo su licencia este enemigo para maltratar á su siervo 
en el cuerpo haciéndole el mal posible; y como fué esta vez sola, á lo que 
sabemos, quiso lograrla viendo si podia de una vez acabar con quien tanta 
pesadumbre le daba. Hallábase una noche el siervo de Dios en la Yglesia 
en oración, en la capilla de las once mil vírgenes, que es la que hoy se llama 
de Sto. Domingo Soriano : hallábase también al mesmo tiempo en la Yglesia 
un religioso lego llamado Fr. Alvaro de Sena, hombre muy religioso y con- 

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témplativo que gastó muchos años en cuidar de los pobres de la portería. 
Este religioso vido que estando todas las lamparas ardiendo por estar recien 
atizadas, á un mesmo tiempo se apagaron todas y luego comenzó á oír tan 
grande ruido en la capilla donde estaba el P. Fr. Andrés. No paró la perse- 
cución del demonio en iquietarle solamente, sino que lo sacó de donde estaba 
y lo comenzó á arrastrar y llevándolo de una capilla en otra gastó muy gran 
rato en esta persecución y hacia tan gran ruido que parecía que arrastraban 
un cuero. Fué muy grande el daño que le hizo por que apesar que era el 
P. Fr. Andrés muy sufrido y que no se quejaba jamas, fueron esta vez los 
dolores tales, que no pudo reprimir la voz con el sufrimiento y comenzó á 
quejarse con muchísima lástima quedando de los golpes muy maltratado y 
enfermo; si bien no sacó el demonio de esto, mas que nueva confusión y 
vergüenza porque no le pudo ocacionar la menor impaciencia. 

Aunque veia que sacaba poco fruto de sus persecuciones, y de todas 
ellas salió siempre corrido, nunca salió escarmentado ; y á la manera que 
habiendo tentado á Cristo sin conseguir cosa alguna, dice San Lucas que se 
guardó para otra ocacion, la cual fué, como quiere S. Atanacio, la hora de la 
muerte ; de la misma manera se hubo con este Padre que cargó toda la fuer- 
za en perseguirle y desasosegarle á la hora de la muerte. Reselaba este 
siervo de Dios aquesta hora última, porque aunque habia servido á Nuestro 
Señor tantos años, siempre se hallaba en su aprecio muy atrasado y muy te- 
meroso del juicio divino. No se le caia de la imaginación la cuenta que habia 
de dar á Dios de su vida. Estando ya en lo último de sus dias, el antecedente 
á su muerte, se llegó á él y como padre de mentiras dijole muchas y levan- 
tóle mil falsedades: queriale persuadir que habia jurado el Nombre de Dios 
y con ser asi que siempre que nombraba el Dulcísimo Nombre de Jesús, 
era con grandísima ternura y veneración, no tubo empacho de argüirle en 
materia en que habia de ser tan fácilmente convencido. Fué discurriendo 
por todos los pecados y quería este enemigo que en todos ellos hubiese caído 
este siervo de Dios. Los religiosos que estaban afuera oian clara y distinta- 
mente las voces del P. Fr. Andrés que decía : yo no he jurado, yo no he hecho 
tal pecado, es mentira lo que se me imputa ; y á cada vez que decia esto repe- 
tía el Santísimo Nombre de Jesús diciendo: Sit nomen Domini benedictum; 
que con esto lo desterró y lo dejó. 



CAPITULO XXVIII 

Que es el 16. Del espíritu de profesia que tubo el Padre Fr. Andrés. 

Crece con el amor la amistad y uno y otro se adelanta con la comuni- 
cación, que por eso encargan tanto los Santos la frecuencia de la oración y 
contemplación porque en ella considerando las perfecciones de Dios nos 
aficionamos á su bondad y este amor nos hace repetir la comunicación con 
él, de adonde nace la amistad. Por aquí la han grangeado los Santos, y los 
que han sido grandes amigos de Dios por este camino lo han sido ; y siendo 

90 



ley entre los amigos no tener cosa oculta, dándose parte de sus negocios, 
comunicándose sus mayores secretos, quiere Dios hacer lo mesmo con los 
justos y quiere por aquí mostrar que es verdadero amigo comunicando á los 
que son suyos muchos de sus grandes secretos; y así dijo que no podia, 
siendo amigo de Abraham dejar de comunicarle lo que habia determinado ha- 
cer contra Sodoma y aquellas ciudades nefandas; tanto se deja llevar Dios 
de la amistad de los suyos, que se estrecha á las leyes de la amistad humana 
y hace caso de reputación el no decirles lo que más oculto tiene en su pecho 
pues en esto consiste la mayor demostración de la amistad como Cristo dijo 
á sus apostóles que ya no les llamada hermanos sino amigos por haberles 
comunicado las cosas mas escondidas que su padre le habia revelado. 

Ya hemos dicho la frecuente oración de Fr. Andrés del Valle y como 
gastó la mayor parte de su vida en este santo egercicio; y como estaba con 
Dios á todas horas, como tan de casa y amigo le comunicaba Su Megestad 
muchas para el bien de las almas que gobernaba. 

Era cosa muy corriente entre los que le trataban que conocia el interior 
de cada uno y ora fuese por contarles ser esto cierto, ora fuese por tener de 
su virtud tan alto concepto, vivian con grandisimo cuidado, no poniéndose 
á sus ojos menos que habiéndose confesado por parecerles les conocia el es- 
tado de su conciencia y veia todos sus pecados. Uno entre otros que en- 
tendían esto fué el Señor Don Fr. Gómez de Córdova Obispo de Guatemala, 
que viendo al P. Fr. Andrés le solía decir muchas veces: quíteseme de delante 
P. Fr. Andrés porque pienso que me está viendo mis pecados. Don Alonso de 
Lievana Corregidor del valle de Guatemala decía : que no se atrevía á poner 
delante del P. Fr. Andrés menos que habiendo confesado porque de otra suer- 
te parecía le decía todas sus culpas. 

Acudía, como hemos dicho, al Convento de las Monjas de la Concep- 
ción á confesar las religiosas; instruíalas en la observancia de sus reglas y 
para esto eran muy frecuentes sus pláticas y sermones, procurando siempre 
evitasen las visitas inútiles de seglares escusando las conversaciones y en- 
tretenimientos de que no se sigue mas que relajación de su estado. 

Succedió que una vez unas Religiosas tenían una visita en una de las 
rejas de la portería y procuraron entretenerse y divertirse cantando aquella 
tarde, pasando lo mas de ella en recreación honesta. Una de las religiosas 
que asistieron, por regocijar la visita se determinó á bailar y lo hizo fiada en 
que era parte oculta y secreta donde esto se hacia; y aunque procuró que 
esto se hiciese con todo secreto sin que saliese á fuera de la reja, luego á 
poco rato vino Fr. Andrés al Convento y llamó á la monja á quien reprendió 
con aspereza por haber bailado y distraidose con aquella liviandad, pues lo 
era en una muger que trataba de espíritu; y no habiendo habido ni lugar 
ni tiempo de podérselo decir ni como por haber sido tan secreto el caso, se 
dieron á entender que lo conocia con luz muy superior y se escusaron de 
hacer otra cosa en adelante que fuese digna de reprensión entendiendo que 
lo habia de saber Fr. Andrés no fiándose de lo secreto del lugar porque por 
muy oculto que fuese lo habia de saber. 

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Lo que dio á entender bien que Dios le revelaba las cosas, fué un caso 
bien sabido y constante entre todos cuantos le conocian y fué asi : estaba el 
P. Fr. Andrés en la Yglesia en oración entre las once y doce de la noche y 
á aquellas horas se subió á la celda del Padre Prior del Convento y le pidió 
licencia para ir fuera porque importaba al bien de una alma. Diósela el Prior 
y salió con su compeñero y se encaminó ásia la Chácara, que es una hacienda 
del Convento que está á las espaldas de él. Fuese entrando hasta entrarse 
en una estrechura que está entre dos cerros, la noche era oscura, el camino 
penoso y poco usado y la oscuridad le hacia mas dificultoso de andar : fué 
entrando en la montaña y en lo mas retirado y oculto de ella halló á un hom- 
bre que estaba con el cordel á la garganta amarrando yá el un cabo de él 
para ahorcarse de un árbol. Oyó este hombre el ruido y aunque de cerca, 
no por eso dejó de proseguir en su desapiadada determinación. En esto lle- 
gó el P. Fr. Andrés y con toda presteza le cortó el cordel con un cuchillo y 
sacándolo de allí le comenzó á hacer una plática y sermón llena de fervor y 
espíritu. Encarecióle grandisimamente el pecado de desesperación de que se 
ofende Dios tanto, pues pretende poner límite á su misericordia que es infi- 
nita y dispuesta á perdonar los mayores pecados del mundo : afeóle su obsti- 
nada determinación pues por ella tomaba el infierno por sus propias manos, 
adonde habia de estar eternamente en compañía de los Demonios á no haber 
sido tanta la clemencia de Dios llevándolo á él para que lo librase de aquella 
muerte desesperada. Fueron tan vivas y tan ardientes estas palabras que 
ablandaron el corazón del hombre de suerte que llenándosele los ojos de lá- 
grimas se le postró á sus pies pidiendo perdón de sus culpas y rogándole 
encarecidamente intercediese con Dios para que le perdonase. Sacólo del 
monte y se vino con él hasta el cementerio del Convento y todo el tiempo 
que tardaron en el camino lo gastó el P. Fr. Andrés en persuadir al hombre 
el arrepentimiento de sus culpas, y mostrólo el hombre en las muchas lágri- 
mas que derramó por el camino. Llegados que fueron al cementerio del Con- 
vento se sentó el P. Fr. Andrés en la peaña de la Cruz adonde estubo confe- 
sando al hombre hasta que dieron las doce, y habiéndolo exhortado de nuevo 
á penitencia, se la dio saludable encargándole el secreto de aquel caso. Esta 
desesperación en este hombre que le obligó á hacer una cosa tan detestable, 
nació de haber perdido á los naipes todo cuanto tenia ; y como otro Judas 
después de haber perdido el dinero, quiso también perder el alma; que 
estos y otros semejantes son los efectos que causa el juego que el mundo 
llama entretenimiento, que no es sino peste de la República, cuchillo de las 
virtudes y verdugo de las haciendas. Despedido el hombre, como hemos 
dicho, se entró el P. Fr. Andrés en el Convento y se subió al Coro por haber 
tocado á Maitines; pero el Prior del Convento concibió gran misterio de la 
salida del P. Fr. Andrés, por no haberle dicho adonde iba á aquellas horas 
como lo acostumbraba hacer las demás veces que salía afuera, y así hubo 
de mandar al compañero por obediencia le digese lo que habia pasado, sin 
dejar circunstancia alguna de las que habían succedido. Entonces le dijo el 
Religioso todo lo que habia pasado. 

En otra ocacion succedió otro caso de no menos admiración que aques- 
te. Vivía en el Convento de Ntro. Padre S. Francisco de Guatemala un re- 
ligioso de aquesta orden llamado Fr. Miguel Estreller, varón grande y con- 

92 



tcmplativo. Comunicábanse aquestos dos grandes varones frecuentemente 
y dábanse cuenta el uno al otro de sus egercicios y vida. En una ocacion 
succedió que el P. Fr. Andrés escribió un papel al P. Fr. Miguel Estreller y 
llamando á un estudiante se lo dio para que se lo llevase y le trajese la res- 
puesta; y como la fama de estos dos varones era tan grande y estaban reci- 
bidos generalmente por santos, llevado de la curiosidad quiso ver lo que 
habia en el papel y con este deseo lo abrió ; pero alióse luego confuso 
porque lo halló blanco, sin letra alguna. Cerrólo y fuese al Convento de San 
Francisco y dióle el papel al P. Fr. Miguel Estreller, el cual, antes de abrirlo, 
reprendió ásperamente al estudiante diciendole cuan vana habia sido su 
curiosidad, pues por ella se habia arrojado á abrir un papel contra la fideli- 
dad que debia tener en semejantes ocaciones. Leyólo y habiendo respon- 
dido dio el papel y el que lo llevaba iva bien confuso de lo que habia succe- 
dido, pues no sabiendo otro que él su curiosidad, halló saberla yá aqueste 
gran religioso. Venido al convento con la respuesto lo recibió el P. Fr. An- 
drés con la mesma aspereza que el otro, diciendole las mesmas razones y 
reprendiéndole su vana curiosidad. Todos estos casos dan bien á entender 
el conocimiento que tenia el P. Fr. Andrés de las cosas secretas y que ma- 
nifestaba bien el revelárselas Dios, pues siendo tan ocultas no podia saberlas 
a no manifestárselas Su Magestad. 



CAPITULO XXIX 

Que es el 11 9 — De la grande opinión de Santidad y virtud que tubo el P. 
Fr. Andrés todo el tiempo que vivió. 

Aunque como dice el Espíritu Santo solo Dios es quien pondera los 
espíritus y aprecia los quilates de la virtud de sus siervos, porque esta es 
empresa solo de su infinito conocimiento como dice David: scratare corde 
et renes Deus. Con todo eso se permite al juicio y conocimiento de los hom- 
bres tantear la santidad de los sugetos, porque habiéndoles mandado Cristo 
á sus discípulos que hiciesen con perfección sus obras á los ojos de los hom- 
bres para que viéndolas diesen honra á Dios y gloria, fuerza es que los hom- 
bres conozcan la santidad de los sugetos para glorificarle en sus Santos. 
No tiene pequeña parte la estimación que se tiene de la virtud de un Santo 
para que se tenga por tal, pues el ser voz común y el conspirar todos en dar 
á uno nombre de Santo arguye mucha virtud en aquel á quien todos ala- 
ban y mas si por mucho tiempo le ven constante en la virtud, que no es fácil 
no siendo verdadera el que dure, saberse si es cierta ó nó. 

La opinión de la santidad que tubo viviendo el P. Fr. Andrés fué tal 
que habia menester retirarse muchas veces por huir las aclamaciones de su 
virtud. Decia la misa al alva, á puerta cerrada, por huir el concurso de los 
que solo por verlo iban á la Yglesia á recibir su bendición, teniéndose por 
i muy dichoso el que le besaba la mano y alcansaba su bendición; y aunque 
es muy gran prueba de su santidad y virtud el ser común en todos esta bue- 

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na opinión, pero no es de tanta importancia por ser el vulgo el que mas 
fácilmente se engaña dejándose llevar de la voz común sin mas informa- 
ción que el oir llamar santo, lo que mas hace al caso para entender era la 
virtud de este gran siervo de Dios según la fama que se tenia, es el concepto 
que de ella formaron los hombres más doctos, graves y espirituales- de su 
tiempo, que como la comunicación de estos con Dios es tan frecuente conocen 
muy bien los que tienen su verdadero espiritu, habré de poner aqui una 
breve relación de los sugetos graves que mas estimación hicieron del siervo 
de Dios, y aunque sea digresión pido se me sufra pues hace tan al caso de 
lo que voy escribiendo. 

Entre los hombres de mas suposición y de mayor crédito que esti- 
maron a Fr. Andrés, fué uno el Señor Don Fr. Gómez de Cordova, tercer 
Obispo de Guatemala hombre grande é incomparable, de tan grande vir- 
tud y santidad que tubo la calificación del P. Fr. Andrés del Valle que pre- 
dicando en sus honras dijo: que la tiara de S. Pedro estubiera en él muy 
bien empleada, pues su virtud le hacia merecedor de esta honra. 

Fué este gran varón nobilísimo de nacimiento, de la casa de los duques 
de Sesa, nieto del Gran Capitán Gonzalo Fernandez de Córdova, de cuyas 
hazañas están llenas las historias ; y aunque su claro linage le pudiera mo- 
ver á grandes esperanzas en el siglo, pudo con él mas el amor de Cristo por 
quien lo dejó todo por la pobreza religiosa. Tomó el hábito en un Convento 
de la Religión del Doctor Máximo S. Gerónimo que está junto á la Ciudad 
de Córdova, en ella hizo profesión y salió muy imitador de su santo Padre, 
muy dado á la oración y contemplación y observante mucho de su santo 
y sagrado instituto. Llevado de la gran fama de su virtud el Rey Filipo 2 9 
lo presentó al Sumo Pontífice para Obispo de Guatemala, que como estaba 
aquella Iglesia tan en sus principios y la fé tan recien plantada en estas re- 
giones, eran menester hombres de toda santidad y espiritu para que la Reli- 
gión Católica tubiese grandes progresos. Era muy grande el recogimiento del 
Sr. D. Fr. Gómez y como tan amante de la soledad y el retiro, reusó todo lo 
posible el aceptar carga tan pesada y tan opuesta al sosiego que pide la con- 
templación; pero pospuso su sosiego al bien público y compelido de los ruegos 
de sus parientes hubo de aceptar la dignidad. Entró en su Yglesia no con 
otro fin que el de adelantar la honra y gloria de Dios, y conociendo como 
prudente, que el mejor medio para la reformación es conocer el Prelado por 
su persona y las de su familia, hizo una vida reformadísima no habiendo en 
él ni en sus criados cosa alguna reprensible. Fué grande su pobreza sin que 
en la Dignidad Episcopal se echase menos aquella que habia guardado en 
el Monasterio á donde se habia criado. Su casa era un monasterio cerrado 
sin que le obligase á abrir las puertas otra cosa que los negocios que se 
ofrecian á que era preciso acudir como Prelado. Fué en humildad grande y 
tan amante de los indios que los trataba como si fuera padre de cada uno de 
ellos. Era forzoso tratar su persona con algún lustre por razón de su dig- 
nidad y por esta razón tubo el competente al puesto que ocupaba ; pero 
siempre su animo pobre y amante de la pobreza religiosa como lo decian los 
vestidos pobres y remendados que usaba como cuando estaba en el Monas- 
terio ; y siendo con todos blando y benigno era rígido y áspero con sigo mis- 

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mo, muy penitente y mortificado. Dormia las mas noches en el suelo ves- 
tido y la cama de seda que tenía servia á la autoridad solamente, no al regalo 
de que siempre fué enemigo, y confesaban constantemente sus criados que 
se pasaban seis meses sin hacerla porque solo los ladrillos le servian de 
colchón. No tenia mas que dos hábitos pobres y remendados : andaba siem- 
pre cargado de silicios; sus disciplinas eran muy frecuentes hasta derramar 
sangre que compañaba con gran copia de lágrimas y suspiros : su casa podia 
competir con el Monasterio mas reformado, pues el silencio era como en los 
claustros mas austeros. En la visita de su Obispado se portó con grandísimo 
egemplo, y recelaba de sí mesmo tanto que huia las ocaciones como si tubiera 
pocos años, sin que consistiese que muger alguna de la calidad que fuese 
le hablase estando solo : las limosnas que daba exedian á su renta, dábalas 
todos los dias en su casa, y el sábado en honra de la Madre de Dios con 
grandísima abundancia. Desde su casa se llevaba á las de las mugeres po- 
bres pan y carne para todos los dias y aliviando con tanta magnificencia las 
necesidades del cuerpo escusaba muchas ofenzas de Dios que suele ocacio- 
nar la pobreza. De esta suerte entró gobernando su Yglesia y perseveró en 
este género de gobierno con santo tezon y constancia sin descaecer un punto 
hasta la hora de su muerte. Era su santa vida una reprehencion muda que 
obligaba á los demás a que reformasen las suyas. Halló alguna profanidad 
en los vestidos de los eclesiásticos y consiguió verlos reformados : con gran- 
dísima suavidad y blandura desterró las sotanas de seda, y los vestidos inte- 
riores no permitió que fuesen sino muy honestos. Succedió estar una vez 
en una ventana de su palacio, de las que caen á la plaza y estando entre las 
celosías sin ser visto, pasó un clérigo y descubrió unas medias de seda y unos 
calzones de lana, mandóle llamar y díjole: que si se atrevía á hacer lo que 
él hiciere? Respondió el Clérigo que conforme fuese lo que S. Sria. hiciese, 
respondería si podia ó nó hacerlo, y diciendo esto se levantó el Obispo los 
hábitos y mostró unas medias de gerga bastas y humildes y unos calzones 
de paño pobres, rotos y remendados y sin mas advertencia que esta fué el 
sacerdote corregido y enmendado y con el egemplo de su Santo Obispo mudó 
vestidos y se redujo á un traje muy honesto y vivió muchos años después 
con mucho egemplo de todos. 

Gobernando esta Yglesia de Guatemala se celebró el Concilio Megica- 
no á que acudieron todos los Obispos sufragáneos. Uno de los que se ha- 
llaron fué el Sr. D. Fr. Gómez de Córdova. En el Concilio que han impreso 

en Mégico el año de se pone por Obispo de Guatemala á D. Fr. 

García que es un error de imprenta intolerable, porque no ha habido tal 
Obispo en esta Yglesia como se vé que estando todos por su orden y sus re- 
tratos en la sala del Cabildo, no hay tal Fr. García, con que no puedo enten- 
der qué fuese la causa que pudo ocacionar tal error en poner a Fr. García 
por D. Fr. Gómez de Córdova. 

Habiendo sido llamado y convocado para el Consilio Megicano salió 
de esta Ciudad con la mesma humildad y pobreza que gastaba en su Obispa- 
do. No se usaban carrozas en Guatemala en aquel tiempo, y así andaba el 
Obispo en una muía vieja y con una gualdrapa pobre y humilde, y con ella 
entró á la Ciudad de Mégico á donde llegó primero que él la fama de su san- 
tidad y virtud, que por ella fué recibido como Obispo de la primitiva Yglesia 

95 



Llevó consigo solo dos criados y la recámara era no de Obispo rico sino de 
fraile pobre. Lo primero que hizo en entrando en aquella gran Ciudad, fué 
visitar al Smo. Sacramento. Asistió todo el tiempo que duró el Consilio y 
ayudó mucho su gran cristiandad y celo para las materias que se trataron 
y obró mucho con la opinión que tenia con los Padres del Consilio y fué 
su voto el mas seguido y su resolución la mas practicada. Habiéndose con- 
cluido los negocios todos, se volvió á su Obispado y habiéndole visitado todo, 
por el año de 1598 le dio la última enfermedad de que murió. Cogióle el 
achaque en la hermita de Na. Sra. de los Remedios que el fundó por la gran 
devoción que tenia á la Reyna de los Angeles : allí le vicitaron y asistieron 
todo género de personas y de todos estados, pero ninguna cosa mas 
estimaba que verse rodeado de pobres : el verlos junto á si era el alivio de sus 
males; y aunque los vecinos de Guatemala se esmeraban en regalarle y ser- 
virle, no quería comer cosa alguna sino lo que le llevaban los pobres. De 
esta hermita lo llevaron á las Casas Episcopales en donde se le agravó el 
achaque : estando ya muy cercano á su muerte se llegó á él una muger pobre 
á pedirle una limosna, y no hallándose con otra cosa que con un vaso de 
plata en donde estaba un jarave, se lo dio para que remediase sus necesi- 
dades, dando muchas gracias á Dios de que en aquella hora le visitase por 
medio de sus pobres. Recibió los Sacramentos con gran ternura, devoción 
y lágrimas, habiendo pedido primero perdón á todos, que fué un espectácu- 
lo tan tierno que no lo pudieron ver sin muchas lágrimas. La noche antes 
de su muerte, aunque la enfermedad era tan penosa, no obstante que lo tenia 
tan quebrantado y postrado, se levantó de la cama y como pudo se puso de 
rodillas delante de un crucifijo y se dio una terrible disciplina hasta derra- 
mar sangre para tenerle propicio habiéndole de dar cuenta de sí y de sus 
ovejas el dia siguiente. Cuando se estaba azotando eran tantos los suspiros 
y sollozos que daba, que se oían por la casa toda y decía esclamando: ¡Ah 
Don Gomes que has de dar cuenta de tu alma y de todas las que tienes á tu 
cargo, mañana. Succedieron algunas cosas notables en su muerte : ocho días 
antes se reparo que un buho negro venia por la calle que viene de la Merced 
á la plaza y al volver de la esquina del Palacio episcopal desaparecía. Al 
tiempo de morir tembló fuertemente la tierra. Había dispuesto en su tes- 
tamento que enterrasen su cuerpo en la Yglesia de Sto. Domingo en la Ca- 
pilla de Na. Sa. del Rosario de plata, por la gran devoción que tubo á esta 
Soberana Reyna. Sintió el Cabildo Eclesiástico esta determinación y ya 
que no pudieron conseguir de él viviendo el que mudase de entierro y se 
quedase en la Yglesia Catedral entre los demás Obispos, dispusieron hurtar 
el cuerpo y esconderlo como lo hicieron de hecho. Hubo muy gran pleito 
entre la Religión de Santo Domingo y la Catedral de Guatemala sobre el 
cuerpo : la Real Audiencia sentenció en favor de la Religión mandándole 
enterrarse en el Convento pues así lo habia mandado el difunto. Después de 
haber manifestado el cuerpo estando disponiéndose el entierro, lo volvieron 
á esconder y volviéronse á renovar los pleitos, hasta que personalmente vi- 
nieron los Señores de la Real Audiencia y sacaron el cuerpo y se llevó al 
Convento de Sto. Domingo y se enterró en la Capilla de Na. Sa. del Rosario 
donde está hasta hoy con un retrato suyo de bulto muy propio. Predicó á sus 
honras el P. Fr. Andrés y lo primero que dijo en el sermón fué que no se 

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admirase ninguno de los pleitos que habia tenido la Religión con la Santa 
Yglesia Catedral porque la reliquia era tal, que se podia honrar con ella, la 
mayor iglesia del Mundo. Esto se ha dicho brevemente de este gran varón 
para que se vea cuanta era la virtud del P. F. Andrés, pues un varón tan gran- 
de lo veneraba como á santo, con muy grandes demostraciones, como se verá 

Tenia tanta veneración y respeto como pudiera á su Maestro de novi- 
cios, de lo cual es buena prueba el caso que se sigue. Acudia al Convento 
de Sto. Domingo frecuentemente y se estaba muchos dias con los Religiosos 
comunicando con grandísimo amor y llaneza como si fuera un fraile particu- 
lar del mesmo hábito. Una entre otras que se halló en la casa succedió que 
venia por el dormitorio, donde debe ser grande el silencio, hablando con el 
P. Fr. Juan de Aillon, lector entonces de Teologia en el Convento, á este mes- 
mo tiempo asomó por el dormitorio el P. Fr. Andrés del Valle que era Prior 
entonces del Convento, y luego que lo vio el santo Obispo se postró en tierra 
haciendo la venida con la mesma humildad que otro cualquiera religioso y le 
dijo: Padre Prior pequé, perdóneme V. R. que he quebrantado el silencio en 
el dormitorio en donde está prohibido el hablar. El religioso que venia acom- 
pañándolo hizo lo mesmo ; llegóse entonces Fr. Andrés y habiendo levantado 
al Obispo se le postró en tierra y hincado de rodillas le besó la mano pidién- 
dole no hiciese tales excesos con quien era tan hijo suyo. Habiéndose levan- 
tado le dijo al P. P. Fr. Andrés: Padre Prior, aunque soy Obispo, no he de-¡ 
jado de ser fraile y conozco muy bien la veneración y respeto que se debe 
tener á los dormitorios tan consagrados al silencio: yo me enmendaré y to- 
maré esta noche una disciplina; que haria sin duda como lo dijo, pues era 
muy penitente y rígido consigo mismo. Con estas demostraciones se hecha 
de ver así la humildad del Obispo, como el concepto que habia hecho de la 
santidad de Fr. Andrés, pues le pareció justo hacer la venia por haber faltado 
al silencio á sus ojos. 

Jamas habló el Obispo de Fr. Andrés, que no fuese con el nombre de 
santo ; y ya se sabia que cuando el decia el Santo Fraile, se entendía de Fr. 
Andrés del Valle. Hablábale con grandísima humildad y reverencia y le 
solia decir : quíteseme de delante que me avergüenzo, porque pienso que me 
está leyendo todos mis pecados. 

Habiéndosele dedicado unas conclusiones de Teologia, fué por parte 
de la Religión Fr. Andrés á asistir al acto, que fué en el Convento de San 
Francisco. El tiempo que hubo antes de comenzar las conclusiones, lo gastó 
en la Yglesia en oración y la continuó de suerte que no oyó la señal para en- 
trar y estando todos ya en el general echó menos el Obispo al P. Fr. Andrés 
y no quiso que se comenzasen las conclusiones hasta que él viniese. Fueronle 
á buscar y no hallándole volvieron á decir que no parecía ni le hallaban : 
volvió el Obispo y dijo busquenle en la Iglesia y le hallarán elevado en ora- 
ción. Fué así porque le vieron que estaba ante una imagen de Cristo Cru- 
cificado y tan atento y tan elevado que fué menester darle muchas voces 
para que oyese. 

Era devotísimo el Obispo de las animas del purgatorio y las misas que 
mandaba decir por ellas eran muchísimas y todas quería que corriesen por 
cuenta del P. Fr. Andrés y las que le dio en diferentes veces pasaron de seis 

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mil; y sucedía quedarse sin un solo real por darle para misas por las almas 
del purgatorio, que una vez succedió decirselo asi al P. Fr. Victor de Carava- 
jal yendo en su compañia. 

En la ultima enfermedad de que murió, andaba visitando la provincia 
el P. Fr. Andrés y uno de los mayores desconsuelos del Obispo era el no te- 
nerlo presente para que le ayudase á la hora de la muerte que tanto el temia 
y para donde deben ser los mejores amigos. Hallábase Fr. Andrés en el Con- 
vento de S. Salvador que está distante de Guatemala cincuenta leguas: no 
mostraba otra pena el Obispo sino el no tener junto á sí al P. Fr. Andrés, cla- 
mó á Dios muchas veces pidiéndole que no le quitase la vida sino estando 
él presente : oyó el Cielo sus voces y una mañana se entró por las puertas del 
Convento sin aguardarlo por entonces los Religiosos, que fué cosa que los 
admiró. Luego inmediatamente se fué á ver al Obispo á quien halló sentado 
junto á la cama aguardándole y llegando Fr. Andrés é hincándose de rodi- 
llas para besarle la mano y recibir su bendición, al mesmo tiempo se hincó 
el Obispo pidiéndole la suya y estubieron largo rato en esa santa porfía, 
sobre quien había de bendecir á quien, y prevaleció la humildad del Santo 
Obispo pues recibió la bendición de Fr. Andrés y habiéndosela dado en el 
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y de Santo Domingo, se 
estubieron muy grande rato hablando solos cosas del Cielo. Asistióle en su 
enfermedad todo el tiempo que duró, hasta que se llegó la hora de entregar 
su espíritu en manos de Dios. 



CAPITULO XXX 

Que es el 28. — En que se prosigue la misma materia. Dase noticia de la 
persona de D. Fr. Juan Ramírez Obispo de Guatemala. 

Fué D. Fr. Juan Ramírez quien trató mas de cerca al P. Fr. Andrés del 
Valle como quien vivía con él meses enteros, teniendo muy larga esperiencia 
de su grande y prolija oración y de sus grandes penitencias; y aunque por 
ser religioso del mesmo hábito pudiera entenderse que procediese como apa- 
sionado, mas no permitía esto la santidad del uno y del otro. Porque como 
dijo S. Gregorio Nacianzeno hablando de las virtudes de una hermana á 
quien traté de puertas adentro de mí icasa; pero no por ser domésticas las 
cosas de que trato, faltaré á la verdad que debo, sino que por ser cosas dignas 
de alabanza las que obraba las haré públicas para engrandecerlas. No pier- 
den los sugetos por ser engrandecidos de otros de la mesma profesión; an- 
tes bien corren sus obras con mucha certidumbre porque tratándose de cerca 
y esperimentandose cada dia son testigos oculares de lo mucho que Dios obra 
por ellos. Veía el Sr D. Fr. Juan Ramírez la abstinencia, la pobreza, morti- 
ficación y silencio del P. Fr. Andrés y como quien le trataba tan de cerca 
conocía lo profundo de su humildad, lo ardiente de su caridad, la constan- 
cia de su virtud, con que es muy grande argumento de la virtud de Fr. Andrés 
el aprecio y estimación que de él hizo el Obispo D. Fr. Juan Ramírez, de 
quien daremos alguna noticia brevemente. 

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Fué este gran varón natural de la Ciudad de JVLurillo en la provincia 
de la Rioja: tomó el hábito en el Convento de Logroño de la Orden de Sto. 
Domingo, llevado de la devoción de santa imagen que está en aquella ca- 
sa que llaman Na. Sa. de Valcuerna. Habiendo profesado lo envió 
la orden á estudiar al Convento de Salamanca de donde salió tan aprove- 
chado como se vido, pues leyó Teologia en el Convento de Mégico por espa- 
cio de veinte y cuatro años : vino de España con aquellos deseos que venian 
aquellos religiosos que todos se encaminaban á la conversión de los infieles. 
Aprendió con grandísima facilidad la lengua mixteca y en tres meses estubo 
para poder predicar y enseñar á los indios. Fué observantisimo de nuestras 
sagradas constituciones y amantísimo de las santas leyes de la Religión: 
siguió el coro con tezon tan grande que jamas faltaba de las horas canónicas, 
siempre asistió á Maytines y á Nona en tiempo que la habia á la una y á 
Jas Completas y Salve de la Madre de Dios sobre tarde, sin querer usar de 
las dispensas que le concedia la Orden por ser Lector de Teologia; y aunque 
los negocios que le ocupaban el tiempo eran muchos, pues eran los de la 
Santa inquisición, de donde era Consultor y de ordinario tenia libros que leer 
y registrar, aplicóse con mucho amor á enseñar y predicar á los negros mula- 
tos y mestizos ; y daba por razón, que este género de gente no tenia Ministros 
destinados para su enseñanza, porque los españoles tenian en la Ciudad sus 
Curas y Párrocos, los indios tenian sus Ministros, solo los negros y mulatos 
carecian de quien los enseñase y en esta atención se dedicó con todo cuidado 
á predicarles y enseñarles para lo cual escogia el tiempo de la madrugada 
que para ellos era el mas desembarazado. A aquellas horas se bajaba á la 
Yglesia y después de haber dicho misa se subia al pulpito y les predicaba 
en aquel estilo competente á la capacidad de tales oyentes. Reconocieron 
los amos de esta gente el gran provecho que hacia la doctrina de Fr. Juan 
Ramirez y por eso cuidaban mucho de que no faltasen de la Yglesia á aque- 
llas horas. Lo principal que les enseñaba era la doctrina Cristiana recono- 
ciendo la falta tan grande que suele haber entre esta gente en esta materia, 
pues aunque sean crecidos y grandes suelen ignorar mucho de lo que deben 
saber para cumplir con la obligación de cristianos. 

Y en esto de que supiesen todos la doctrina cristiana era rigorosísimo, 
y cuando se ponia á confesar, cualquier persona que se llegaba á sus pies 
la habia de decir toda primero y si no la sabia la hacia levantar sin quererla 
confesar; y fué tan cuidadoso que, siendo Obispo, los dias que predicaba 
la hacia decir al pueblo y la repetía él desde el pulpito, cosa que tubieron 
muchos por áspera y dura y juzgaban á desden del auditorio y escribiendo 
á España quejándose del estilo del Obispo, les fué respondido que le sufrie- 
sen pues era hombre santo. 

El estilo que gastó en la religión fué el que tienen y deben tener los 
grandes religiosos y que viven con cuidado de la observancia de sus leyes. 
Jamas comió fuera del refectorio ni probó carne sino en casos de enfermedad. 
Era asimismo muy penitente y se diciplinaba todas las noches : después de 
muy largo tiempo de oración y siendo Obispo guardó el mismo estilo. 

Fué un varón sencillísimo y en quien no cupo malicia alguna y como 
otro Natanael, de quien dijo Cristo que no tenia doblez no se persuadía 
jamas* que le engañaban ni que le mentían, de donde nacía amar á todos 

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con ternísima caridad. Fué desinteresado en cuanto obró, que jamas quiso 
recibir regalo alguno de las hijas de confesión y volvia lo que le enviaban, 
agradeciéndolo primero respondia que mejor seria darlo á los pobres. 

Como fue siempre tan pobre, no se halló á tener dineros y le embara- 
zaban cantidades grandes, de suerte que no sabia contarlas, y por pequeño 
bulto que hiciese el dinero le parecía una suma grande. Sobre este punto le 
succedieron cosas dignas de saberse para que por ellas se conociese la can- 
didez de su ánimo. 

Echó una condenación á un clérigo y trayendo el dinero cabal en que 
le habia condenado, violo y pareciendole muy grande cantidad lo que le traían, 
diciendo que él no le habia condenado en tanto y sacando unos pocos reales, 
le volvió todo lo demás al que lo habia traído. Otra vez mandó dar de vestir 
á un hombre y pidiéndole todo el dinero que se habia de gastar en el vestido 
dijo que era mucha cantidad y que no tenia para gastar tanto. Al que le 
mandaban dar el vestido era sagaz y astuto y valióse de la candidez del Obis- 
po y le dijo que le mandase dar tantas varas de paño, tantas de Rúan & que 
todo montó mucho mas de lo que habia pedido primero, y concedió el Obis- 
po pareciendole cosa muy moderada y muy desigual al dinero que al prin- 
cipio habia pedido. 

Parece cosa muy opuesta esta candidez á la gran capacidad que tenia 
y á sus muchas letras y parece un género de simplezas que desdice mucho 
de un hombre que habia muchos años que cursaba las escuelas ; pero estas 
cosas no las hemos de medir con las letras, sino con la candidez del ánimo 
que suele ser tanta en algunos que juzgan á los otros por sí mesmos y como 
ellos no saben engañar á otros, se persuaden que no hay quien á ellos los 
engañe. 

Buen egemplo de esta verdad es el de los Gabaonitas con Jozué, quie- 
nes engañosamente le obligaron á que jurase con ellos amistad perpetua 
y siendo así que era hombre tan esperto en los ardides de la guerra, fué 
vencido de la sagacidad y astucia de los Gabaonitas, persuadiéndole que ha- 
bían andado muy largas jornadas por verle, siendo así que eran del paiz ve- 
cino. Era candido Josué y benigno y como el no sabia engañar, no se persua- 
dió que podían mentirle. San Ambrosio favorece grandemente la candidez 
y sencillez de Josué y dice que por ella fué engañado sin que aqueste engaño 
pueda perjudicar su grande entereza, porque como los santos no saben men- 
tir ni engañar miden por su ánimo el de los otros y así se creen fácilmente, 
sea esto disculpa de la candidez de este gran varón y alabemos su virtud pues 
sin duda lo era grande juzgar bien de todos. 

Vivía en los Conventos muy retirado para él el mayor Convento lo 
mismo que los desiertos de Egipto, porque en medio de los concursos esta- 
ba como si estubiese solo. Jamas preguntó por lo que pasaba en la ciudad 
ni en el Convento y cuando las cosas llegaban á su noticia, las tenían ya ol- 
vidadas otros. 

Pero en medio de esta candidez de ánimo tuvo un pecho varonil y un 
corazón grande y nunca sufrió cosa que le pareciese ofenza de Dios. Siendo 
prelado era observantísimo y cuidaba de la observancia regular con el cui- 
dado mayor del mundo sin que se ahorrase con persona alguna fuera de la 
calidad que fuese. Ausentóse una vez del Convento y cuando vino á 1-a casa 

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halló que se había hecho una cosa que parece habían aguardado á que él 
se fuese para hacerla, fiados en que su sencillez pasada por ello. Reparó 
en lo que veia y hallando era contra lo que la orden dispone, á los que lo 
habían hecho que eran personas graves les dio pan y agua, pero no quiso 
dejarles de acompañar en la penitencia, y así comió el pan y agua aquel día. 
Fué acérrimo defensor de los indios y sobre relevarlos de las cargas 
insufribles que les ponían los Corregidores y Alcaldes Mayores trabajó mu- 
chísimo. Escribió sobre esta materia muchos tratados y dio varias adver- 
tencias á las personas que podían remediarlo. No se fió solo de lo que oía 
que pasaba con los indios y así quiso andar toda la provincia de Mégico para 
ver por sus ojos y esperimentar lo que le habían dicho acerca de las estor- 
ciones que les hacían, y viendo lo que pasaba se le angustió el corazón y con 
un celo grande quiso buscar el remedio para lo cual se dispuso á hacer un 
viage á España. Llegó á la Vera Cruz y no hallando embarcación para Es- 
paña, en una lancha se embarcó para Campeche, de allí pasó á la Habana 
y en un navio de aviso salió para España y dio en manos de los ingleses, y 
su santo celo y el deseo que tenia de que todos se redujesen á Dios le hacia 
predicar á los hereges ingleses como puediera á los Católicos de la Nueva Es- 
paña, persuadiéndoles la necesidad de buenas obras y sacramentos, y aun- 
que esto pudiera ocasionar á los hereges el que lo matasen, con todo eso co- 
nocieron la candidez y sencillez del hombre y le sobrellevaron sin hacerle 
jamas daño alguno. Lleváronle á Londres donde estubo prisionero algunos 
meses. Enfermó tan gravemente de los ojos, que tubo casi del todo perdida 
la vista sin poder ya decir misa. Acudió á la Reyna de los Angeles á quien 
pidió le diese la vista siquiera para decir misa los sábados en honra suya : 
oyóle la Madre de Dios y volviósela tan entera y clara que no la volvió á 
perder jamas y después aunque muv viejo no usaba de anteojos. Habiendo 
ya cobrado salud, le dieron licencia para que se fuese á España y sin mas 
seguro que el de su palabra le dejaron ir libre, solo pidieron en retorno á un 
caballero ingles que estaba prisionero en Cádiz. Cuando llegó á España halló 
al General de la Orden, Fr. Hipólito María á quien informó de los nego- 
cios á que iva á aquella Corte, y en lo que pudo ayudarle el General lo ayu- 
dó y mandó que los indios que trabajaban en el Convento de Mégico no pa- 
sasen adelante, con que hubo de cesar la obra por entonces, porque obede- 
ciendo los Religiosos el mandato de su Prelado despidieron á los indios to- 
dos; si bien ellos instaron en que querían trabajar de limosna contentándose 
con sola la comida. Cuatro años enteros gastó en España en los negocios 
á que habia ido y aunque las necesidades que padecía eran tantas y tan 
grandes, no por eso se resfrió la caridad de su pecho, sino que sin perder 
ocacion alguna trabajó cuanto pudo por relevar á los indios de los trabajos 
que padecían. Vio varias veces al Rey nuestro Señor á quien informó así 
de palabra como por escrito de todo cuanto pasaba en la Nueva España. 
Oyólo el Rey con mucho amor y afabilidad y conociendo su santo celo dio 
gran crédito á sus informes y despachó sus cédulas para que en todo fuesen 
favorecidos los indios. Habiéndose ajustado todos los negocios á que habia 
ido, quiso volverse á Mégico, pero no quiso Dios que volviese sino muy hon- 
rado. Reconoció el Rey su santo celo, su gran cristiandad y caridad, vir- 
tudes muy propias de un Obispo, y así lo presentó á Su Santidad para Obis- 

101 



po de Guatemala por muerte de Don Fr. Gómez de Córdova. Padecióse mu- 
cho con él para que aceptase la dignidad, que quien sabe las obligaciones 
de un Obispo y lo que es dar cuenta de las almas que tiene á su cargo, no 
se arroja tan fácilmente á recibir las dignidades tan pretendidas de otros. 
Atravesóse la obediencia á que no pudo resistir y habiendo aceptado estubo 
dos dias enteros llorando sin querer comer ni pasar vocado aquellos dias. 
Fué aquesta dichosa elección el año del Señor de 1600 que fue el del Jubileo 
centenar de Roma y con aquesta ocacion quiso pasar á ver aquella santa Ciu- 
dad y adorar sus reliquias y negociar sus bulas. Fué á pié sin mas que su bácu, 
lo, breviario y una talega en que llevaba un habito y un vestido interior : con 
toda esta pobreza y humildad entró á ver á Su Santidad, que entonces lo era 
Clemente VIII. Admiróse y con muy justa razón de ver á un Obispo de indias 
que iba por sus bulas á pié hasta Roma, con tanta pobreza y con tanta humil- 
dad. Holgóse mucho el Pontifice de ver un hombre tan candido y sencillo 
y dio muchas gracias á Dios de que daba tales pastores á su Yglesia. Dióle 
el Pontífice por su mano propia una Cruz que tenia al pecho que era del 
madero de la cruz en que murió crucificado San Pedro, la cual goza hoy el 
Convento de Sto. Domingo de Guatemala. Volviendo de Roma para Espa- 
ña dio en manos de unos salteadores los cuales tubieron poco que quitarle, 
y no se estendió el hurto mas que al pectoral y al anillo episcopal que llevaba 
como insignias de su dignidad. 

Llegado que fué á su Yglesia la gobernó con grandísimo egemplo. La 
mesma pobreza que guardó en el Monasterio, tubo siendo Obispo : no tenia 
mas criados que dos indizuelos : toda su familia se reducía á dos capellanes 
que fuera de la misa que decían, no se ocupaban en otra cosa ; oía iodos los 
dias cuantas misas podia, estilo que tubo en la Religión, pues habiéndola 
el dicho, salia á la Yglesia a oír cuantas se decían. Amó y estimó á los re- 
ligiosos con ternura fomentándoles y ayudándoles, para la propagación de 
la fé en los pueblos que tenían á sü cargo. A los de su orden quiso como 
á hermanos suyos, siempre tubo el amor á su hábito como cuando le ves- 
tía en el Monasterio y no se hallaba sin sus hermanos los frailes y así por 
tiempos se iba al Convento de Guatemala á vivir y se estaba entre ellos 
muchos dias; y porque su asistencia no fuese molesta á la Comunidad, vivia 
con su compañero solamente sin querer que le asistiesen con aquella aten- 
ción y frecuencia que cuando iba á las fiestas ó á otras funciones públicas. 
No olvidaba en estas ocaciones el estilo que habia guardado en el Monasterio 
y así se levantaba á Maitines y después de acabados bajaba a la Yglesia 
á oración y visitaba todos los altares. 

Las limosnas que daba eran crecidísimas y que exedian el numero de 
sus rentas. Al Convento de Sto. Domingo daba mil pesos todos los años por 
lo que se pudiera haber gastado con su persona el tiempo que estaba en él 
entre año. En nombre de los doce Apóstoles y Jesucristo Señor Ntro. daba 
una limosna señalada de trece tostones. En fin, es constante que todas las 
rentas las gastaba en dar limosna á los pobres sin que hiciese otra cosa 
alguna de ella porque se despegó de sus parientes de suerte que no les dio 
cosa alguna sino con muchísima moderación, y á un hermano suyo que vino 
de España á verle no le quiso dar mas dinero del que habia gastado en el 
camino y lo que era bastante para volverse otra vez á España. 

102 



Era devotísimo de la Madre de Dios y con los Angeles tenia singula- 
rísima devoción, especialmente con el de su guarda. Decia la misa de los 
Angeles muchas veces por acudir á la devoción que les tenia. Mostráron- 
seie muy favorables estos celestiales espíritus en muchas ocasiones que lo 
libraron de muchísimos peligros, siendo milagro conocido el haber salido 
con vida de ellos. Andando por los pueblos de la provincia de Mégico in- 
formándose del trato que se daba á los indios para informar al Rey como he- 
mos dicho ; succedió pasar un rio candaloso y profundo : pasó por una puen- 
te que se componía de solas dos vigas y á pocos pasos se espantó la cabal- 
gadura en que iba y cayendo en el rio de mas de pica y media de alto. Iba 
en su compañía el P. Fr. Domingo Calderón el cual veia en el rio el caballo 
boca arriba sin descubrir á Fr. Juan que había caído, y estando esta suerte 
muy gran rato le vio salir un tiro de arcabus mas allá de adonde había caído 
y le halló con un ánimo sereno, sin mostrar susto alguno y le dijo á su com- 
pañero como los ángeles le habían sacado porque aquel día con especialidad 
les había hecho memoria en la misa; y con esta ocasión le contó otro 
caso no menos prodigiososo que este y fué que yendo en un caballo brioso 
se asombró y lo derribó llevándolo arrastrado muy gran trecho por habérsele 
metido la garganta del pié en el estribo. Llamó en esta ocacion á la Madre 
y Reyna de misericordia y visiblemente bajó á ayudarle quitándole ella 
misma con sus mismas manos el pié que estaba trabado en el estribo, que- 
dando libre y sin lesión alguna. Esto contó el Obispo al P. Fr. Domingo por 
que él vido por sus ojos el caso milagroso de haber salido con vida habien- 
do caido de la puente después de haber estado tanto tiempo debajo del agua, 
que en la gran verdad, santidad y virtud de Fr. Juan Ramírez no cabe la mas 
leve sospecha. El P. Fr. Antonio Remesal que escribió la historia de la 
provincia de Guatemala, deseoso de saber la verdad del caso como habia pa- 
sado, escribió al P. Fr. Domingo Calderón para que como testigo de vista le 
dijese lo que habia pasado, y le respondió lo que se ha dicho; y añadió jura- 
mento solemne como consta de la misma carta que de verbo ad verbum puso 
en la misma historia que escribió. 

Andando visitando su Obispado le dio el mal de la muerte y conocién- 
dolo el Santo Obispo la primera diligencia que hizo fué escribir á Guatemala 
para que se repartiese de limosna todo cuanto hubiese caído de sus rentas 
hasta entonces, y se hallaron cinco mil tostones que todos se repartieron á 
pobres necesitados ; y lleno de tan santas obras, habiendo recibido todos los 
sacramentos, entregó su espíritu á su Criador en la Ciudad de S. Salvador 
año de 1609. 

Este varón incomparable, sugeto de tanta virtud y letras, hizo la esti- 
mación que se debia del P. Fr. Andrés, fiando de él los negocios mas impor- 
tantes de su Obispado. Muchas de las limosnas que hacia las repartía por 
manos de Fr. Andrés y aunque le llevaba al Convento el amor que tenia á su 
Religión, ninguna cosa le movía para estarse tanto tiempo como tener mas 
ocacion de tratar con él. Era testigo de las largas diciplinas que se daba y 
estando en el coro rezando las oia y las atendía admirándose siempre de 
tanto rigor con que trataba su cuerpo. 

103 



Habiendo acabado de provincial el Fr. Andrés, quiso la provincia en- 
viarle á España para que tratase en el Consejo los negocios de la provincia 
y para que trajese Religiosos á ella, y aunque la causa era justa y la provin- 
cia habia puesto en él los ojos para la felicidad de los negocios que tenia, el 
Sr. D. Fr. Juan Ramirez se opuso á esta determinación rogando muchas ve- 
ces á los Prelados no hiciesen tal cosa porque seria dejar huérfana á la pro- 
vincia y á él le faltaba un hombre á quien fiaba los negocios mas graves 
que se le ofrecian, con que la Religión hubo de dar gusto al Obispo y se 
quedó Fr. Andrés con harto consuelo de los de la ciudad por que habian 
concebido gran desconsuelo generalmente todos por ser el padre común 
de cuantos se hallaban en el lugar. 



CAPITULO XXXI 

Que es el 19. — De otros muchos casos que succedieron al P. Fr. Andrés. 

Esta estimación que hemos visto se hacia del P. Fr. Andrés no era 
solo fuera de los claustros ; de puertas adentro tenia la mesma veneración. 
Todos los Religiosos hacian de él la estimación que merecian sus grandes 
virtudes, amábanle tiernamente y al paso que le amaban le temian y le tenian 
tan singular respeto que á sus ojos no habia quien se descompusiese á la 
menor palabra, ni hiciese la acción menos religiosa. Mas obraba en el Con- 
vento la presencia de Fr. Andrés que el cuidado y vigilancia de todos los Pre-j 
lados juntos. El sonar la puerta de su celda bastaba á retirar los Religiosos 
del dormitorio y si lo sentian que andaba ó pasaba por las celdas no se atre- 
vían á salir sin mucha ocacion y con muy grande causa ; y no porque el fuese 
áspero ni rígido en las palabras, sino porque su semblante solo componía y 
refrenaba á los frailes. 

Succedió en el Convento que un Provincial mandó que después de 
haberse dicho el oficio de Ntra. Señora en la Yglesia después de Maitines, 
los hermanos de casa de novicios que eran estudiantes se subiesen á la celda 
á estudiar la lección de Artes o Theologia hasta dadas las tres, como es cos- 
tumbre en toda la Religión. Mucho sintió el P. Fr. Andrés esto, pareciendole 
que mas habian de aprovechar en la oración que en los libros, no pudo estor- 
bar el que esto se dispusiese porque era orden superior, con que discurrió 
una traza para que sin faltar á la obediencia los religiosos estudiantes con- 
tinuasen la oración hasta dadas las tres de la mañana. Luego que acababa 
de decir el oficio menor con la casa de novicios se subia arriba y se ponia 
á pasear por el dormitorio donde estaba la puerta de la casa de novicios y 
con solo saber los hermanos que el P. Fr. Andrés estaba allí ninguno se atre- 
vía á entrar, con lo cual se bajaban otra vez á la Yglesia á continuar la ora- 
ción hasta la hora señalada, y para que no se faltase á esta, tomaba el P. el 
cuidado y trabajo de estarse en aquel dormitorio hasta las tres de la mañana. 



Mientras el P. vivió en la provincia y en el Convento de Guatemala 
(donde gastó la mayor parte de su vida) nunca hizo falta alguna el Prelado 
porque la persona del P. Fr. Andrés con su autoridad suplia en su ausencia 
y era su modestia tal que solo verla bastaba á que todos estubiesen atentos 
á cumplir sus obligaciones. 

Corrió la fama de su santidad y virtud por todas las indias y el buen 
olor de sus obras llegó á las regiones mas remotas de donde venian traidos 
del deseo de verle. Un hombre vino á Guatemala solo por verle y tratarle 
y no hallando ocacion para hacerlo como el quisiera y deseaba, se detubo 
en la ciudad por espacio de nueve meses hasta que consiguió el verle y ha- 
blarle y viniendo de visitar los Hospitales se le echó á los pies y con cuanta 
veneración pudo se los quiso besar, cosa que fué para él de grandísimo dolor 
por lo que tenia la acción de veneración y respeto. Reprendió al hombre 
amorosamente y con breves razones lo consoló y despidió, y el hombre se 
fué mas que contento pareciendole haber alcanzado una cosa grande solo 
con haber hablado al P. Fr. Andrés y recibido su santa bendición. 

El desear ver á los santos, en unos es curiosidad, en otros amor y en 
otros deseos de aprovechar, que los que se guian á Cristo nuestro señor unos 
lo hacian por curiosidad, otros por interés y los menos por el provecho de 
sus almas. Los deseos de Herodes por ver á Cristo eran muy grandes y na- 
dan solo de curiosidad, por verle no mas; y cuando lo tubo á sus ojos lo 
despreció porque los deseos no eran de aprovecharse sino de entretenerse. 
No todos los que deseaban ver y comunicar á Fr. Andrés era con un mesmo 
fin. En unos eran deseos de enmendar la vida y mejorar de costumbres, en 
otros era vana curiosidad no mas de por ver á un hombre grande de quien 
tantas maravillas se contaban, y aunque al llegarse le mostraban todos en lo 
esterior mucha devoción, conocia el P. quienes le buscaban con buenos de- 
seos y quienes nó, y así admitía á unos con amor y despedía á otros con 
desabrimiento. Un hombre vino una vez solo con ánimo de verle y hablarle, 
buscóle en el Convento y díjole un religioso que se aguardase un poco hasta 
la hora de vísperas que entonces saldría de su celda para ir al Coro. Con 
esto se estubo el hombre en el Claustro cerca de la celda del P. Fr. Andrés 
y saliendo para ir al Coro y viendo al hombre que le aguardaba, á toda prisa 
se cubrió el rostro con la Capilla y alijerando el paso se fué á vísperas, no 
dando lugar ni antes ni después para que le viese ó hablase. 

Otra vez succedió que un Oidor de la Audiencia de Guatemala se mos- 
tró muy deseoso de tratarle con familiaridad y para esto buscó ocaciones 
como verle y le significó muy grandes deseos de querer confesarse con él. 
Para esto repitió muchas visitas y en una de ellas le declaró su pensamiento 
diciendole quería que le admitiese por su hijo de penitencia porque quería 
fiar su conciencia de su espíritu. Escusose Fr. Andrés alegando algunas ra- 
zones que le parecían bastantes : el oidor continuó su demanda y admirado 
de que no hiciese con él lo que hacia con otros muchos á quienes confesaba 
y dirijia, le preguntó que por qué no lo quería admitir por su hijo de confe- 
sión cuando era padre de todos? A que le respondió Fr. Andrés: porque 
V. Merced no ha de hacer lo que yo le ordenare, ni yo tampoco tengo de 
hacer lo que V. Merced quisiere. Con esto el Oidor se desengañó y trató mas 
de querer ser su penitente. 

105 



CAPITULO XXXII 

Que es el 20. De las grandes y continuas vigilias del P. Fr. Andrés. 

Todos aquellos santos á quienes Dios ha dado conocimiento de la. 
importancia de la oración, han escogido el tiempo de la noche para este santo 
egercicio por ser el mas acomodado para darse á Dios todos, porque con el 
silencio de la noche están las potencias recogidas sin que los obgetos las per- 
turben, y asi como se hallan desembarazadas dánse á este santo egercicio con 
mas gusto por la grande comodidad que ofrece el silencio de la noche. Esta 
lección dejó Cristo á sus discípulos, que de El escribe S. Lucas que gastaba 
las noches en hacer oración. De nuestro gran Padre Sto. Domingo refiere 
su historia que gastaba las noches enteras en la Iglesia, que como hallaba 
tanto consuelo en comunicar con Dios, pareciendole corto el tiempo del dia, 
daba también el de la noche, lección que debemos aprender del ruiseñor, 
como dice S. Máximo, el cual alabando al Criador no solo canta de dia, sino 
también de noche, que aunque irracional conoce las obligaciones en que se 
halla á su Hacedor y para retornarle los agradecimientos en alabanzas, pare- 
ciendole espacio corto el del dia, coge muy gran parte de la noche. Quoniamad 
dicendas laudes, sola dies non sufficit, nocturna spatia pervigili decurrit 
cantinela. Ya hemos visto en lo que hemos escrito de la vida de este gran va- 
ron, su fervorosa oración y su continuación en ella por tantos años sin que 
le embarazase para este santo egercicio ni ocupación ni enfermedad alguna 
por grave que fuese. No salia de la Yglesia de noche y convidado del silencio, 
se daba tan del todo á Dios que no se acordaba de otra cosa. Era forzoso dar 
algún alivio al cuerpo para sustentar la vida, mas el sueño era tan corto que 
apenas llegaba á dos horas, pero con tanta penitencia, que mas era mortifi- 
cación que descanso, porque su cama se reducía á dos tablas lisas y un 
áspero y duro tronco. No se desnudaba jamas para acostarse, vestido y 
calzado se recostaba, solo porque la hora señalada para la oración le cogiese 
prevenido, pareciendole que el tiempo que pudiera gastar en vestirse y cal- 
zarse lo quitaba á la oración, de que hacia grande escrúpulo ; y como andan- 
do los hijos de Israel por el desierto llevando consigo el arca del testamento, 
al tiempo de descanzar el pueblo paraba el arca y mandaba Dios que aque- 
llos palos que servían de cargarla no se le quitasen solo para que al hacer 
señal la nube no se detubiesen ni aun aquel breve espacio que se podía gas- 
tar en introducir los palos por los anillos. Tan prontos quiere Dios á sus 
siervos en los egercicios de la oración y meditación; asi con este cuidado 
se acostaba vestido el P. Fr. Andrés y el dar las diez y levantarse era una 
misma cosa. 

Mas no es tan de admirar esta vigilancia y presteza en acudir á la ora- 
ción, sino que aun la mas ligera falta en esto le parecía crimen horrendo y 
así se castigaba lo que le parecía defecto, como si hubiera cometido atroz 
delito. 

106 



Jamas faltó de Maitines á media noche, pero sobrevínole una enferme- 
dad de los oídos de la cual quedó tan del todo sordo que no oía campanas, 
ni las tablas ni otra señal alguna ; con que le mandaba al Religioso que dis- 
pertaba á media noche que entrase á la celda y le despertase. Succedió que 
una noche al tiempo de tocar á Maitines el Religioso se olvidó de llamar á 
Fr. Andrés ó de propósito no lo quiso hacer por considerarle enfermo : fué la 
Comunidad a Maitines, y Fr. Andrés como tan hecho á estar despierto á 
aquellas horas estubo esperando á que le llamasen. Reconoció por la dila- 
ción que ya era pasada la hora y levantóse y fuese al Coro al tiempo que ya 
venia la Comunidad de decir Maitines. Viendo el P. Fr. Andrés que se había 
quedado sin asistir aquella noche en el Coro, mostró gravísimo sentimiento 
y se quejó á todos los Religiosos diciendoles que había sido poca piedad en 
ellos el no llamarle. Bajóse á la Yglesia y llamó á un Religioso llamado Fr. 
Pedro Mártir y le mandó subiese al Coro y trajese el Breviario en que se 
habían rezado Maitines y las candelas que habían ardido mientras se de- 
cían. En tanto que el Religioso fué y vino del Coro estubo Fr. Andrés arri- 
mado al altar de la antigua llorando. Volvió el Religioso y habiendo encen- 
dido las candelas y dispuesto el Breviario para rezar llamó al P. Fr. Andrés 
que aun proseguía en su llanto, y no se padeció poco para que dejase de 
llorar. En fin enjugó las lágrimas y comenzó á rezar los Maitines, y habién- 
dolos acabado se retiró á la Capilla de Sta. Catarina de Sena en donde se dio 
una larga y cruel disciplina; y aunque todas las noches las tomaba recias, 
la de esta noche fué tan desusada que se asombraron todos los que se halla- 
ban en la Yglesia y dice el P. Fr. Juan Díaz (que fué uno de los que se ha- 
llaron entonces en la Yglesia) que asemejaban los azotes que se daba el 
P. Fr. Andrés, á los golpes grandes de una hacha cuando se hiende un trozo. 
De esta suerte continuo los azotes por espacio de dos horas enteras usando 
de varios instrumentos para por todos caminos maltratar su miserable cuer- 
po : con igual tezon continuó los azotes sin descanzar ni descaecer en ninguno, 
de suerte que los últimos igualaron á los primeros, y cesó en la rigorosa di- 
ciplina porque reconoció que venia el dia; que á no desear fuese su peniten- 
cia secreta, traza llevaba de azotarse muchas horas. Este mesmo rigor gastó 
con su miserable cuerpo las otras dos noches siguientes y por tres días en- 
teros no comió ni bebió, sino que se le fué todo en llorar y gemir sin hallar 
consuelo alguno. Los Religiosos, aunque estaban tan acostumbrados á oír 
las penitencias de Fr. Andrés, estrañaron estas noches el demasiado rigor, 
y conocieron había salido muy fuera de lo ordinario. Aunque siempre era 
grande la tristeza que mostró, en aquellos días era tanta que lastimaba; 
á cuantos le veían, sin que hubiese ninguno que tubiese ánimo para hablarle 
una sola palabra. De esta suerte castigaba este Padre las culpas que á el 
le parecía que lo eran, siendo consigo mismo tan cruel como pudiera el mas 
desapiadado verdugo. Tanto sintió el faltar á rezar los Maitines de noche, 
que aunque el quedarse de ellos sin licencia y sin necesidad fuese culpa; 
mas es tan ligera que se castiga en la religión con un castigo muy moderado. 
Mas miraba las cosas este Padre á otras luces y hacia así muy diferentes 
juicio de las faltas, del que se hace muy ordinariamente. 

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CAPITULO XXXIII 

Que es el 21. — Del grande sentimiento que Fr. Andrés mostraba por los 
pecados, y de las muchas lágrimas que derramaba por ellos. 

Como si la vida del P. Fr. Andrés la hubiese gastado en ofender á 
Dios y fueran necesarias muchas lágrimas para limpiar las manchas del 
alma, asi las derramaba continuamente siendo sus ojos dos fuentes peren- 
nes que de noche y de dia estaban despidiendo copiosas lágrimas. Fué su 
vida concertadísima sin que en los muchos años que vivió se desmandase 
á ofender á Dios mortalmente, y los pecados veniales (que son inevitables) 
fueron en él ligerísimos ; y con todo eso no cesaba de llorar á todas horas. 
Era muy grande el amor que tenia á Dios y le dolia el verle ofendido, y esto 
era lo que le sacaba las lágrimas á los ojos á todas horas. Era su ordinaria 
meditación las penas del infierno y con la consideración estaba mirando 
aquellos horrorosos lugares en donde tantos padecen sin esperanza de re- 
medio. Considerábase así mismo hombre flaco y que podia pecar y por esto 
ir al infierno, y esta consideración sola lo sacaba fuera de sí y le causaba 
tan espantoso miedo que temblaba; y como si ya se hallara padeciendo sin 
remedio alguno, así se desconsolaba. Una vez entró á verle el P. Fr. Jacinto 
de Cárcamo que fué su querido y regalado hijo, y hallólo triste y descon- 
solado, hecho un mar de lágrimas que le corrían por el rostro hasta bajar al 
suelo. Preguntóle la causa de su sentimiento y el porqué lloraba tanto, á 
que respondió diciendo : Déjeme llorar Padre que tengo justísimas causas' 
para ello, pues soy grande pecador y no sé la suerte que me ha de caber: no 
sé si me condenaré, porque aunque fio de la misericordia de Dios y de los 
méritos de su Hijo, también considero la grandeza de su justicia y que mis 
culpas merecen las penas eternas del infierno. A todas horas, en todos luga- 
res y tiempos traia la consideración en aquellas penas y era tanto el miedo 
que concebía, que sin poder hacer otra cosa se bañaba en lágrimas para con 
ellas apagar la grandeza de su fuego. En la Yglesia le hallaban las mas 
veces llorando y la causa era siempre el considerar el fuego terrible del in- 
fierno. No hacia otra cosa que procurar desenojar á Dios por este camino 
y se consideraba tan lleno de culpas que por instantes esperaba un grande 
castigo del Cielo. A Dios le pedia muchas veces no destruyese la Ciudad de 
Guatemala por sus culpas y cuando por sus méritos la libraba Dios de mu- 
chas calamidades y sus oraciones eran las que lo detenían para no castigar- 
la; con todo eso, el bajísimo concepto que de sí tenia le obligaba á mostrarse 
tan doloroso y triste ante la Magestad de Dios. Mostróse en esto hijo de 
nuestro padre Sto. Domingo, el cual todas las veces que entraba en alguna 
ciudad, á las puertas de ella se arrodillaba y pedia á Dios encarecidamente 
no destruyese aquella ciudad por entrar un tan gran pecador en ella. 

No hacia cosa alguna en donde no entrase el llanto, ora comiese, ora, 
bebiese ora predicase, siempre era con las lágrimas en los ojos y como otro 
David que ó estando en la cama, ó en la mesa llenaba de lágrimas el pan ó el 
lecho, así nuestro padre Fr. Andrés. En el confesionario era dónde con mas 
copia lloraba ora para ayudar á llorar las culpas á los penitentes, ora para pro- 

108 



vocarlos al sentimiento, que pocas veces llegaron ó dejaron de ser eficaces. 
Pues sus lágrimas movian á los penitentes á que las derramasen y mostrasen 
con ellas el dolor de sus culpas. En el pulpito asimismo al fervorizarse y 
ponderar las ofenzas de Dios lloraba y gemia ablandando con eso la dureza 
de los que le oian. Todos los años que vivió los pasó siempre llorando y no 
debemos admirarnos menos de aqueste grande varón, que de Sto. Domingo, 
de quien dice S. Antonio que no sabe como habia yá en un cuerpo humano 
humor para ministrar á tantas lágrimas, que por grande que sea el dolor aun 
no llegan estas á significarle por ser limitadas y no pasar adelante por no 
haber ya humor de que formarse, que de los vecinos de Siseleg viéndose sa- 
queados de los Amalecitas lloraron su desgracia con tanto tezon que les fal- 
taron lágrimas para esplicar su sentimiento y cesaron en su llanto porque les 
faltaron lágrimas y nó por faltarles el dolor; mas en nuestro padre Sto. Do- 
mingo y Fr. Andrés del Valle andubieron las lágrimas á un andar con el 
dolor: siempre se hallaron aquejados del sentimiento de las ofenzas de Dios, 
y siempre tubieron lágrimas que derramar. 



CAPITULO XXXIV 

Que es el 22. — De la grande abstinencia del P. Fr. Andrés. 

Entre los hombres de mayor abstinencia que celebran las historias 
bien puede contarse el P. Fr. Andrés del Valle; y no solo puede dársele lugar 
entre ellos, sino contarse entre los primeros porque hablando sin encareci- 
miento ninguno de cuantos celebran las historias le hace ventaja alguna. 
A cada paso nos encontramos con hombres mortificados, negados á comer 
y á beber, en quienes parece que la vida se sustenta mas por milagro del 
Cielo que por beneficio de la naturaleza. A Elias lo sustentó el Cielo con 
solo un pan y un vaso de agua por espacio de cuarenta dias : de Sta. Cata- 
rina de Sena el sustento ordinario eran las especies Sacramentales ; y en 
nuestros dias nos dio Dios aquel asombro de la gracia, la virgen Sta. Rosa 
de Sta. María cuyo sustento eran cinco pepitas de naranja y cuando mas se 
regalaba comia un poco de mal pan mojado en vinagre que ella con gracia 
decia eran sus gaspachos. La abstinencia de Sto. Domingo es bien conocida, 
de quien dice su vida que era tan puntual en guardar los ayunos que no los 
quebrantaba ni aun en las mas graves enfermedades : San Enrique Suson es 
bien conocido en el mundo por su abstinencia, que parece increible que un 
hombre que tanto habia menester las fuerzas las tubiese con tan rara abs- 
tinencia; mas Dios sustenta á los Santos de un modo muy diferente del con 
que sustenta á los demás hombres, que David dijo que los sustenta con; 
hambre ut cdat eos in fame, que asi quiere Estéfano Cantuariense que se 
entienda este lugar, por que el sustentar con comida y bebida á los vivientes 
es cosa muy corriente en su providencia. Sustentarlos con la mesma hambre 
es el milagro y muy ordinario en Dios para con sus amigos. Escribiremos lo 
que sabemos de la vida de Fr. Andrés y por ello se verá que no es encare- 

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cimiento decir que puede hombrear con los mayores Santos de la Yglesia; 
y aunque toda su vida es muy espantosa, en lo que toca á su abstinencia es 
tan rara que faltan palabras á la ponderación : solo puede servir su absti- 
nencia para admirarla, que para imitarla es imposible. 

Los siete meses que se cuentan desde la Exaltación de la Cruz hasta 
Pascua de Resurrección los guardaba tan á la letra y con el rigor que man- 
dan las Constituciones de la Orden, que no faltaba á su observancia en la 
cosa mas mínima ni estando enfermo, ni caminando aunque fuesen 
jornadas de doce ó quince leguas. Ocupación ninguna por trabajos a que 
fuese no bastó para que dispensase en el rigor de los ayunos : todas las fies- 
tas de los Apóstoles, las de Cristo Sr. Nuestro, las de la virgen Nuestra Se- 
ñora y las de los Santos de la Orden las ayunaba a pan y agua: fuera del¡ 
refectorio no comió ni bebió jamas. Una vez sola comia, pero era muy poco 
y en muy pequeña cantidad. Fuera de estas fiestas dichas, tenia otras de 
sus Santos devotos en cuya reverencia la vispera ayunaba á pan y agua. Los 
veinte años antes que muriese con ser los mas penosos por haber tenido 
en ellos gravísimas enfermedades, casi todos ellos se pasó comiendo solo 
pan y agua; y con ser así que su abstinencia era tan ordinaria y con tanto 
rigor, tenia fuera de los dias ya dichos, otros muchos en los cuales se abste- 
nía de comer y beber y se castigaba con una hambre indecible. Unos de estos 
eran los de la Semana Santa y en reverencia de la pasión y muerte de Cristo 
se abstenía de comer y beber en todos aquellos dias de suerte que en todos 
ellos no comía bocado alguno, y esto observaron los Religiosos muchísimas 
veces y pareciendoles ser imposible que un hombre se pudiera pasar tantos 
dias sin comer, hicieron la esperiencia muchas veces y hallaron que al pan 
que le daban á medio día le quitaba una pequeña corteza y la mascaba no 
mas, por dar á entender que comia, y después de haberla mascado la arro- 
jaba debajo de la mesa; y los platos de comida que le daban los levantaban 
tan llenos y enteros como se los ponían. Quien mas cuidado ponía en hacer 
esperiencia de la abstinencia del P. Fr. Andrés fué el hermano Fr. Alonso de 
San Jacinto que fué muchos años refitolero, y este afirmaba haber observado 
que en ninguno de los dias de la Semana Santa comia ni bebía. 

Y aunque sea tan para ponderar la abstinencia en el comer, es mas 
para admirar la que tenia en el beber. Aquí falta la ponderación y no hay 
palabras para esplicar debidamente lo que pasaba en esta materia. Aunque 
se abrazase de sed y estubiese ardiendo de calor no se le vio probar una sola 
gota de agua. A medio dia en el refectorio bebia muy poca y con grandísima 
templanza, y fuera de esta hora en otra ocacion alguna no la probó con ser 
así que con la falta de la sangre crece la sed y derramando tanta todos los 
dias con las tres disciplinas que se daba, no por eso la bebia. Lo que hacia 
era que después de haberse disciplinado se llegaba á las pilas de agua bendita 
donde metia las manos y se refrescaba contentándose solamente con este 
pequeño alivio. Si veía arroyos cuando caminaba, lo mas que hacia era 
ponerse a ver el agua que corría y cuando mucho se enjaguaba la boca no 
mas. Tenia la boca seca y los labios rotos y hendidos de puro secos y para 
engañar la sed que padecía de parte de noche, se ponía en los resquicios de 
las puertas de la Yglesia por donde entra el aire sutil y delgado y abria la 
boca para recibir aquel aire fresco. Esto no era aliviar la sed sino aumen- 

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tarla, porque el aire le hendía la boca de nuevo y le lastimaba mas las fauces 
quedando menos tratables con la sequedad, que todo era nuevo martirio. 
Vino no lo probó jamas, y siendo Provincial y saliendo á visitar la provincia 
mandó que le diesen un frasquillo pequeño que haria hasta tres cuartillos por 
si acaso se le ofreciese alguna necesidad; y habiendo visitado toda la pro- 
vincia la volvió al refitolero con el mesmo vino que le habían dado sin haber 
gastado de él un solo trago. 

Como tenia el cuerpo tan enseñado á la abstinencia cualquier ligero 
alimento que comiese lo estrañaba el estómago y le salía luego á la cara. 
Solia los dias festivos como las Pascuas y días de Santo Domingo en honra 
de la fiesta comer alguna cosa, como de San Ambrosio se cuenta que ayu- 
nando todos los dias dispensaba los sábados y los Domingos y las fiestas de 
los mas célebres mártires de la Yglesia. Así lo hacia el P. Fr. Andrés, comia 
alguna cosa mas y bebia; pero luego se le ponía el rostro encendido y en 
el color se le veía la dispensación que había hecho de su aspereza. Tan he- 
chos estaban los del Convento á ver su mortificación y abstinencia que si 
le veían comer alguna cosa en los dias referidos, se tenia á cosa nueva y es- 
traña. Estando una vez en el refectorio asistiendo con la comunidad á la hora 
de cenar, dieron á los Religiosos algunas lechugas : cogió Fr. Andrés la que 
le cupo y se puso muy despacio á picarla y á hacer de ella una ensalada. 
De suerte arrebató la atención de todos esta novedad que dejaron de comer 
solo por ver lo que hacia : después de haberla picado y echádole aceite y vi- 
nagre la envió á un Religioso de los que estaban en la mesa, con que cesó la 
admiración en los que pensaban que quería comer. 

Pero aunque se negaba la bebida con el estremo que hemos visto, quiso 
aumentar mas la mortificación y lo que hacia para esto era tener en su celda 
dos ó tres alcarrazas de agua aseadas y limpias y con muy grande cuidado 
todos los dias las lababa y limpiaba y llenándolas de agua las ponía á enfriar 
al sereno con el cuidado que pudiera el hombre mas aficionado á este ele- 
mento. Gustaba mucho de ver beber á los demás Religiosos y para ellos 
ponia todo este cuidado en enfriar el agua. 

Ibanle á ver algunos religiosos de casa de novicios, sus discípulos, á 
quienes amaba tiernamente y con aquellas entrañas de ángel los recibía y 
acariciaba con grandísimas demostraciones de amor: dábales alguna cosa 
que comiesen y luego el mismo les daba el agua para que bebiesen y viendo 
beber á los hermanos abria la boca sediento como quien con grande ansia 
buscaba el agua. Habiendo bebido todos pedia le echasen una poca de agua 
en las manos sin hacer otra cosa, pero, era cosa de notar que al echarle el 
agua en las manos se le venian las lágrimas á los ojos porque se le iba la 
consideración á las penas del infierno y á la grande sed que padecían los 
condenados en aquellas terribles penas, y con esta consideración pasaba á 
ponderar las penas de los condenados y la gran sed que padecían en los in- 
fiernos. ¿ Qué dieran los condenados (decía llorando) por beber una sola 
gota de agua? La mas- asquerosa y sucia fuera para ellos el licor mas suave 
y mejor del mundo. Dilatábase en esta consideración por muy gran rato y 
con aquel espíritu ardiente traia la gran sed que padecía el rico avariento 
que para mitigarla le parecía bastante una gota de agua. Con estas celes- 
tiales palabras los enviaba edificados y asombrados de su grande abstinen- 

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cia y el se quedaba continuando sus lágrimas y suspiros por muy gran rato. 
Esto hacia, no una vez sola, sino muchas, y siempre remataba la conversación 
con tratar de las penas del infierno y de la sed de los condenados. Acordá- 
base también de la gran sed que tubo Cristo en la Cruz que la manifestó di- 
ciendo : que tenia sed ; y pareciale cosa indigna que padeciendo el Redentor 
sed muy ardiente, el no la padeciese también. 

Disimuló siempre esta tan cruel penitencia dando por razón no mas, 
el que le habia de hacer mal el agua si la bebia ; y no era sino que habia 
determinado no darle al cuerpo este alivio y lo cumplió tan varonilmente co- 
mo hemos visto y adelante veremos. Predicaba continuamente y en el tiem- 
po de la cuaresma eran con mas frecuencia sus sermones, porque habia dia 
que predicaba dos y tres veces. Su mucha debilidad y flaqueza y el grande 
cansancio le causaban un sudor muy copioso y este llamaba mas recia- 
mente la sed ; pero si esta necesidad tan urgente le podia obligar á que be- 
biese ; antes bien el dia que habia de predicar sobre tarde, se negaba total- 
mente la comida y la bebida; y acabando de predicar, al pié del pulpito se 
quitaba la capa para asistir con los Religiosos á la Salve de la Madre de Dios 
y después de acabada y visitados los altares lo mas que hacia para tomar 
algún alivio era mudarse la túnica de lana y los silicios poniéndose otros de 
nuevo, no menos áspero; y luego tomaba alguna cosa de comer en muy poca 
cantidad. 

Cinco años antes que muriese le regaló Ntro. Sr. con muy grandes 
achaques y enfermedades y como estas le cogian tan quebrantado con las 
grandes penitencias que hacia le llegaron á rendir de suerte que le faltaron 
del todo las fuerzas ; mas no por eso desmayó en sus acostumbrados egerci- 
cios porque no mudó cama ni usó de regalo alguno, antes bien se mostró 
entonces mas abstinente que nunca y el P. Fr. Jacinto de Cárcamo que le 
asistia en esta enfermedad observó muchas veces que se le pasaban ocho y 
diez dias sin comer ni beber cosa alguna. Esto solo bastaba á detroncar un 
gigante y sin mas enfermedad que la falta de alimento hubiera perdido la 
vida á no conservársela Dios milagrosamente, porque no hay fuerzas en la 
naturaleza para conservar la vida sin comer ni beber; y mas en un cuerpo 
tan quebrantado. Fué esta enfermedad la última que tubo y de la que murió 
y conociendo se le llegaba el fin de la vida queria mostrarse mas imitador 
de Cristo. 

Ya hemos dicho el rigor con que se negó el agua no bebiendo mas que 
una vez al dia y eso en muy pequeña cantidad contentándose tan solamente 
con enjaguarse la boca; mas después ni aun ese alivio quiso dar á su cuerpo. 
Tres meses antes de morir ordenaron los médicos lo llevasen á tierra ca- 
liente pensando que con mudar de temple se le alivianan sus achaques. Or- 
denaron que lo llevasen al pueblo de Escuintla que está á ocho o nueve leguas 
de Guatemala. Lleváronle sus queridos hijos Fr. Jacinto de Cárcamo y el 
P. Fr. José de Santa Maria. Hay en este camino muy lindos arroyos de muy 
lindas aguas, claras y transparentes : es la tierra calidísima y por eso muy 
ocacionada á beber por la grande sed que causa su calor. A cualquiera de 
estos arroyos que llegaba hacía parar la silla en que lo llegaban y les decia 
á los Religiosos que bebiesen : volvía el agua á sacarle las lagrimas de los 
ojos y le traía á la memoria las penas del infierno y rogándole los Religio- 

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sos que siquiera se enjaguase la boca pues no le podia hacer mal, nunca lo 
pudieron alcanzar de él. Lo mas que hacia era tomar un vaso lleno de agua 
y tenerlo un rato en las manos refrescándolas y con esto solo se contentaba 
sin querer hacer otra cosa alguna. 



CAPITULO XXXV 

Que es el 23. — De la admirable y portentosa penitencia del P. Fr. Andrés 

del Valle. 

Aunque lo dicho en el Capitulo antecedente bastaba para ponderación 
de su grande penitencia, pues no es menos la de matarse de hambre que la 
de derramar la sangre, pues como dijo Jeremias mejor es morir á manos del 
cuchillo que de la hambre; con todo eso por no confundir unas cosas con 
otras, he querido hacer Capitulo especial de su penitencia, no para que se 
imite, que esto es imposible, sino para que se admire, y se vea hasta donde 
llega un hombre ayudado de las fuerzas de la gracia. Aqui quisiera yo la 
elocuencia de Demóstenes y el espíritu de S. Juan Crisóstomo para ponderar 
debidamente lo que la materia merece. Dá horror el oirlo y espanto el con- 
siderarlo y no cabe en las palabras el rigor de su penitencia. De S. Juan 
Bautista escriben los Evangelistas que traia á raiz de las carnes una piel ás- 
pera y dura de camello y que se sustentaba solo con lagostas y miel silvestre 
y sube S. Juan Crisóstomo esta penitencia, que llega á decir que no sabe 
como habia sufrido un cuerpo tal penitencia. Erat enim mirabile humano in 
corpore tantam videre tólerantiam. Y con ser asi que la paciencia de Job 
fué tan grande y tanta la constancia en sus trabajos ; parece que mostró ren- 
dirse al dolor; quejándose que no tenia la fortaleza de las piedras, ni la cons- 
tancia de su carne era como la del bronce. Las mesmas quejas pudiera dar 
el cuerpo de Fr. Andrés pues aun siendo de bronce se hubiera rendido á 
tantos golpes continuados por tantos años, siendo tan rigoroso consigo mis- 
mo en los últimos años como en los primeros ; y si las penitencias que hacia 
Fr. Andrés del Valle fueran en castigo de sus culpas y se desease hallar un 
verdugo que le castigase, ninguno pudiera hallarse para verdugo como él 
para sí mismo. Ponderación que hizo S. León Papa hablando de Judas aun- 
que á otro propósito, diciendo : Mérito Ubi tua poena conmissa est quia in 
supplicium tuum nemo te sevior inveniri potuit. Ni el mas cruel tirano, ni 
el mas desapiadado verdugo pudiera tratar á Fr. Andrés como él se trataba 
á sí mismo. Desde los catorce años hasta que murió, tubo guerra sangrien- 
ta con su cuerpo y sin darle treguas ni dejarle descansar un solo dia, antes 
bien como si cada dia le tubiera menos sugeto, así procuraba hacerle guerra 
para rendirle. No es posible entender como podia vivir quien asi se trataba, 
porque siendo tan continuas las heridas, era mucho no acabársele la vida, y 
la sangre que derramaba todas las noches siendo tanta habíale de hacer gran 
falta. Con que se deja entender que la vida que vivía era milagrosa porque 
en una naturaleza flaca y tan quebrantada no habia fuerzas para tantos y tan 

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continuos trabajos. Mas quiso Dios conservarlo vivo contra el curso ordina- 
rio de la naturaleza para que viesen las poderosas fuerzas de la gracia, que 
esta sola y la virtud divina le tenian en pié, que á no tener tales fiadores 
con menos rigor hubiera perdido la vida. Era el lugar ordinario de sus di- 
ciplinas la capilla de Santa Catarina de Sena, su gran devota, y como tenia 
en ella un dechado de espantosa penitencia, con el egemplo á los ojos de 
esta gloriosa virgen se esforzaba Fr. Andrés para la suya. Por muchos años 
duró la sangre en las paredes de esta capilla, bastando ella sola á conservar 
la memoria con veneración de cuantos le conocieron y trataron. También 
la capilla de las once mil vírgenes (que es hoy la de Sto. Domingo Soriano) 
era el lugar mas ordinario en que se azotaba. Era grandísimo devoto de 
aquestas vírgenes y en reverencia suya no habia dia que no hiciese alguna 
cosa de particular devoción. 

El silicio le era tan ordinario y continuo que jamas se lo quitaba del 
cuerpo, aunque fuese estando muy enfermo ; y si al guna vez se lo quitaba 
era para mudarse otro mas ó menos áspero según era la ocurrencia de los 
tiempos; y los dias solemnes de las fiestas de Cristo y su Madre, Apóstoles 
y Santos de la Orden eran sus mayores galas y con añadir nueva aspereza 
á sus penitencias celebraba las fiestas. No eran silicios ordinarios, sino tan 
grandes que bajaban de la cintura y algunos de ellos llegaban hasta las ro- 
dillas, bien ásperos y recios, tejidos de cerdas de caballo : aun duran todavía 
algunos: uno tiene el P. Fr. Pedro de Zarate de estraña grandeza, es como un 
jubón muy grande. Hacíalos con arte y disposición que pudiera diciplinarse 
sin quitárselos, abríalos por las espaldas y dejábales una portañuela de que 
pendían dos cintas con las cuales la levantaba ó dejaba caer, y después de 
haberse azotado, sobre la llaga fresca bajaba la portañuela y las cerdas pe- 
netrantes y agudas se le entraban por las carnes lastimándole de nuevo. 
Silicios de esta forma eran hasta una docena, mas ó menos ásperos como 
hemos dicho, para usar de ellos según las ocurrencias de las fiestas, que las 
celebraba con grandísima devoción. En estos días eran las diciplinas mas lar- 
gas, la sangre que derramaba con mas abundancia, la oración se dilataba á 
mas tiempo que el ordinario. 

Una noche víspera de S. Vicente Ferrer, gran devoto del P. Fr. An- 
drés, guardando el estilo que tenia en semejantes fiestas, dilató las dicipli- 
nas por mas tiempo del que solía : fueron los azotes tales, tan recios y dura- 
ron por tanto tiempo que oyéndolos el Prelado y reparando en el demasiado 
rigor que habia tenido aquella noche, se le hizo escrúpulo el que pasase 
adelante. Bajóse á la Yglesia adonde le halló bien desangrado y ya desma- 
yado y sin fuerzas : riñóle ásperamente el Prelado diciendole que las peni- 
tencias no habían de ser tan rigorosas que quitasen la vida : que solo habían 
de ser para domar la carne; y que las que él hacia eran para matarse. Oyó 
Fr. Andrés la reprensión con grande humildad y le pidió perdón al Prela- 
do de lo que habia hecho, diciendo que en honra de tanta fiesta era bien aña- 
dir alguna mas aspereza y pues se anadia solemnidad á la fiesta, seria bien 
añadir algún mas rigor á las diciplinas. Con esto cesó por entonces; mas 
no por eso dejó de guardar este mesmo rigor en las fiestas, según era la so- 
lemnidad del dia. 

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También usaba silicios de oja de lata: de estos tenia cuatro de mas 
y menos aspereza. De estos usaba la Semana Santa y en consideración de 
los dolores y tormentos que sufrió el hijo de Dios por nuestras culpas, aque- 
llos dias él queria también padecer á su imitación grandes dolores. Para esto 
usaba de estos rallos de oja de lata y se los ponia, y al quitárselos se traian 
la carne consigo. Don Ambrosio Diaz del Castillo lo fué á visitar un Sábado 
Santo á darle las Pascuas y halló que se acababa de quitar un silicio de estos 
y notó que estaba lleno de sangre, y asimesmo notó que tenia pegada alguna 
carne; que solo esto basta para prueba de los grandes dolores que sentiria 
al quitárselos. 

A imitación de Ntro. Padre Santo Domingo trajo siempre á raiz de las 
carnes una cadena de hierro sin quitársela jamas y con el tiempo se le fué 
entrando tan adentro que se habia pegado á la misma carne y en una enfer- 
medad que tubo, que fué de la que murió, le mandaron los médicos que se la 
quitase y se padeció harto con él para que lo hiciese y solo mandándoselo 
el Prelado lo hubo de hacer. Quitosela, mas esto no fué dispensar en el rigor 
porque inventó su industria una nueva penitencia que supliese la de la ca- 
dena y lo que hizo fué buscar un cuero crudo, duro y bronco del cual hizo 
una grande faja que se ciñó á las carnes lastimadas y heridas y asiéndolo 
con un cincho de yerro lo apretó reciamente, con lo cual quedó en el mismo 
martirio que le causaba la cadena de hierro. 



CAPITULO XXXVI 

Que es el 24. — En que se prosiguen las penitencias del P. Fr. Andrés. 

Lo que hasta aquí hemos dicho de las penitencias del P. Fr. Andrés 
dá bastante muestra de la grande aspereza y rigor con que maltrataba su las- 
timado cuerpo; mas no se contentó solo con las referidas, que como sediento 
é hidrópico andaba buscando nuevos modos como mortificarse. Cada dia 
inventaba nuevos tormentos y después de haberlos hallado no le parecían tan 
rigorosos como el se habia imaginado, de donde nacia buscar cada dia nue- 
vos modos y trazas para nuevos martirios. 

Tenia muchas diciplinas, todas diferentes : yo he visto algunas y se 
muestran hoy como preciosas reliquias : no solo causa devoción el ver en ellas 
aun viva la sangre, sino asombro y espanto como podia un cuerpo humano 
sufrir tales tormentos. Confieso de mí que me causa horror y no hago mas 
que encoger los hombros y decir que solo la mano de Dios era poderosa para 
conservar vivo á un hombre que tal penitencia hacia. Una diciplina está hoy 
en poder del Maestro Don Manuel de Lira, que no se puede mirar sin ad- 
miración y espanto. Es de alambre grueso, componíase de treinta y tres ra- 
males en honra de los treinta y tres años de Cristo Señor Nuestro, mas la de- 
voción le ha quitado algunos y hoy tiene solo diez y ocho ramales. La em- 
puñadura grande y gruesa, aforrada en gamuza. De esta salen dos ca- 
denillas grandes de que penden dos abrojos ó rosetas muy grandes con las 

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cuales después de haberse azotado con esta diciplina se daba con estos 
abrojos ó rosetas para que saliese la sangre. Esta diciplina por muerte del 
Padre Fr. Andrés vino á manos del Regidor Pedro de Lira familiar del Santo 
Oficio, su hijo de confesión y gran devoto suyo: háse conservado entre sus 
hijos con grandísima estimación, como lo merece tan preciosa reliquia. 

Tenia asimesmo otra diciplina de cadenillas de hierro, tan grande 
y pesada que eran menester ambas manos para usar de ella. De esta pendia 
un grande abrojo de acero con el cual se picaba la sangre que habia llamado 
las cadenillas de hierro. 

Otras díciplinas tenia ordinarias, tegidas de hilo, que son las que or- 
dinariamente usan los religiosos ó las demás personas que acostumbran azo- 
tarse, de las cuales me ha cabido en suerte una con unas rosetas pequeñas 
en las cuales vive aun reciente la sangre. Eran del Dr. Don Pedro del Cas- 
tillo Dean de la Catedral de Guatemala y dicipulo del P. Fr. Andrés, de las 
cuales hacia estimación como quien habia esperimentado la santidad del que 
la usaba, y se valia para encomendarse á Dios y á Fr. Andrés en sus nece- 
sidades y enfermedades. 

No parezca tiempo mal empleado el que se ha gastado en contar uno 
por uno los instrumentos de la penitencia del P. Fr. Andrés pues por ello se 
sacará su rigor, pues siendo todos ellos tan crueles y usándolos todos los 
dias se colige el grande rigor con que se trataba y no se le pasó noche alguna 
que no usase algunos de ellos variandolos según las ocurrencias, como hemos 
dicho. Todas las noches tomaba tres diciplinas y con el mesmo orden que 
se cuenta de N. P. Sto. Domingo: la primera era por las ánimas del purga- 
torio para que se aplacase Dios y las sacase de aquellos acerbos tormentos 
y las llevase á gozar de su gloria. La segunda era por los que estaban en 
pecado mortal para que Dios los volviese á sí y los sacase de tan miserable 
estado. Aquí era donde cargaba la mano para aplacar á Dios y quitarle su 
enojo é indignación; y como el deseo de la salvación de las almas era tan 
grande, sentía ver tanto número de perdidos apartados de Dios, sugetos al 
pecado y debajo del dominio del demonio : lloraba y gemía con abundantes 
lágrimas por aplacar á Dios que con tanta razón se muestra irritado, teniendo 
á menos dolor sufrir él tantos tormentos, que no ver en los hombres tantas 
ofensas cometidas contra Dios. 

La tercera y última diciplina era por sus culpas, porque se consideraba 
indigno de estar en la presencia de Dios, y crecían en su aprecio tanto sus 
culpas que le parecían pequeñas las penas del infierno para castigo de ellas. 
Era continua en él la consideración de las penas del infierno, como hemos 
dicho muchas veces, y como concebía aquel lugar tan horroroso y tan acer- 
bos sus tormentos, procuraba á fuerza de lágrimas y sangre apagar sus lla- 
mas. Nunca le pareció tener á Dios aplacado : cada dia le parecía que lo 
tenia mas ofendido y para desenojarle doblaba los golpes durando en las di- 
ciplinas muchas horas. No se le pasó noche alguna que no usase de este 
rigor, pareciendole que si á Apeles no parecía lograr el dia sino era pintando 
algo de nuevo corriendo con el pincel nuevas lineas; y Alejandro que juz- 
gaba que habia perdido el dia en que no habia hecho algún beneficio, así 
consideraba que serian sus dias si se le pasasen sin alguna penitencia. No 
eran las suyas, líneas que forma el pincel corriendo blandamente por el lien- 

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zo, sino zúleos que abria en sus espaldas con la fuerza del hierro. Benefi- 
cios eran los que hacia en cuantos azotes se daba, pues para sí ganaba in- 
marcesibles coronas de gloria y para los hombres alcanzaba enmienda de 
sus pecados. Mostrólo bien la esperiencia pues por medio de las oracio- 
nes y penitencias del P. Fr. Andrés sacó Dios á muchos de grandes culpas. 

Succedió un caso que confirma muy bien lo que vamos diciendo. Ha- 
bía un caballero en Guatemala que hallándose en mala amistad con una mu- 
ger se fué á verla una noche valiéndose para esto de la oscuridad y silencio 
que ella ofrecía. Acertó su buena suerte á pasar por el cementerio del Con- 
vento á tiempo que se estaba azotando en la Iglesia el P. Fr. Andrés. El 
ruido de cadenas y azotes y en aquel lugar que de ordinario son horrorosos, 
le causó al hombre muy grande asombro y espanto ; pero pudiendo con él 
mas sus deprabados intentos, vencieron el miedo y pretendió pasar adelante. 
Conoció que los golpes eran en la misma Yglesia de Sto. Domingo y fuese 
acercando poco á poco á la puerta de suerte que oyó los golpes de la diciplina 
y en los sollosos y gemidos conoció la voz de Fr. Andrés que era el que se 
estaba azotando á aquellas horas. Tanto pudieron aquellos azotes y lágrimas 
que ablandaron la dureza del corazón del caballero que con ostinacion había 
continuado por muchos dias en ofender á Dios. Cargó la consideración en 
lo que veia y esperimentaba y conociendo cuan diferente habia sido su vida 
que la del P. Fr. Andrés, discurrió que si un varón tan ajustado derramaba 
tantas lágrimas y sangre no habiendo jamas ofendido á Dios, solo porque se 
aplacase su Magestad ; no seria bien llevar adelante su mala vida sino en- 
mendarla y mirar mas por su alma haciendo penitencia pues la merecian sus 
culpas. Esta consideración bastó para hacerlo volver á su casa y fué tan 
eficaz que desde allí se despidió de tan mala compañía y amistad, no vol- 
viendo en toda su vida á comunicar semejante muger. Por este mismo ca- 
mino se han enmendado muchas vidas y se han impedido muy grandes ofen- 
sas de Dios, que aunque los santos siempre procuran que sus penitencias 
sean secretas y no salgan á lo público, quiere Dios salgan á fuera para im- 
pedir ofensas suyas. Este mismo caso se refiere en la vida del P. Mtro. Fr. 
Luis de Granada, de quien se dice que siendo colegial de S. Gregorio en la 
ciudad de Valladolid, dos mancebos oyeron que se estaba azotando y bastó 
esto para no pasar adelante en sus depravados intentos. 

Este y otros muchos casos acontecieron con las penitencias de Fr. 
Andrés, que conociendo Dios los encendidos deseos de que todos se enmen- 
dasen, daba gratos oídos á sus oraciones, lágrimas y diciplinas no pasándose 
golpe sin fruto. No tienen menos lugar sus penitencias que sus enferme- 
dades, que como gustaba de padecer le enviaba el Cielo cada dia ocasiones 
de atormentarse. Los cinco años últimos de su vida fueron tales y de tan 
grande rigor que podían suplir por muchos de aspereza. No quedó enfer- 
medad que no le aflijiese, ni dolor que no le aquejase. A un mesmo tiempo 
le atormentaban cruelmente el dolor de la hijada, un tumor grande en el 
higado, una inchazon en las ingles á que se anadia un recio dolor de orina 
porque se le atravesaban piedras grandes y le apretaban tanto que algunas 
veces le obligaban á arrastrase por el suelo, y con estar tan debilitado, tan 
flaco y sin fuerzas con tantas enfermedades, en llegando á las penitencias 
parecia otro hombre y mostrábase sano y robusto. A tanto llegó el rigor 

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de disciplinarse que despedía de si muy mal olor causado de la sangre po- 
drida, poniéndose algunas veces en la llaga un ladrillo. Reprendióle muchas 
veces el P. Fr. Jacinto de Cárcamo, al cual respondia unas veces que se en- 
mendada; otras decia que pues por sus achaques no podia hacer otras pe- 
nitencias en honra de los Santos, que le dejase diciplinar y esto encargándole 
el secreto, que solo de este Religioso se fiaba como de hijo querido. Poco 
le parecia el diciplinarse hallándose tan lleno de achaques tan graves y tan 
penosos: poco le parecia el no comer los mas dias sino solo pan y agua; y 
poco el pasarse ocho ó diez dias sin comer ni beber un solo bocado ; mas 
conociendo lo que Dios merece ser amado poco nos debe parecer cuanto 
hiciéremos en su servicio y en satisfacción de nuestras culpas. 



CAPITULO XXXVII 

Que es el 25. — De la elección que se hizo de Provincial en la persona del P. 
Fr. Andrés y del estilo que guardó en visitar la provincia de Guatemala. 

Fundóse esta provincia de Guatemala con la observancia mayor que 
las provincias mas reformadas que la orden tiene, causa por donde se me- 
reció el renombre de Santa. Asi la han llamado siempre y los Generales de 
la Orden la han honrado con este titulo porque la humildad de sus religio- 
sos, la pobreza en su vestido, la llaneza de los Prelados, la afabilidad de los 
religiosos y la gran caridad que han tenido unos con otros y con los estra- 
ños admitiéndolos y acariciándolos como hijos propios, ha sido la causa para 
que haya grangeado esta opinión. Fundóla aquel gran varón, Apóstol de 
este nuevo mundo, Fr. Domingo de Betanzos : siguiéronle otros muchos no 
inferiores á él en el espiritu. Los primeros varones que á ella vinieron fue- 
ron verdaderamente Apostólicos herederos del celo ardiente de Santo Domin- 
go é imitadores de su espiritu de pobreza y penitencia. Estos trajeron á esta 
provincia la Religión, fundáronla con grande estrechez y penitencia, grande 
humildad y pobreza. No habia cosa en aquellos dichosos tiempos que no olie- 
se á santidad : pasó de estos á los demás que vinieron y por largos años fué 
floreciendo aquella primera observancia. Su mayor cuidado fué siempre el 
fiar el gobierno de quien se entendiese que llevaría adelante la observancia 
regular. No entró en muchos años la ambición y deseo de gobernar : fueron 
siempre las elecciones pacíficas, agenas de todos respetos humanos, no se 
tenia otro fin que la honra y gloria de Dios y Su Magestad la favorecia y Sto. 
Domingo le habia echado su bendición porque en ella veia á sus verdaderos 
hijos, herederos de su espíritu. El año de 1551 se separó de la provincia de 
Nueva España y se hizo provincia aparte : fué su primer provincial Fr. Tomas 
de la Torre, varón en quien concurrieron todas las partes para hacer un gran 
Prelado, era docto, santo, discreto y muy prudente. Trabajó en su tiempo 
cuanto pudo para que la observancia echase hondas raices : mostró cuanto 
pudo que no venían los Predicadores á buscar oro ni plata, sino almas para 

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Dios á imitación de S. Pablo que decia Non quero vestra sed vos. Conoció 
que la pobreza evangélica habia de ser el mayor egemplo para aficionar á 
los indios á la doctrina que les predicaban, por lo cual procuró que en todas 
ías cosas se mostrase pobreza : no se consentian muías, ni caballos, ni alha- 
jas en las celdas: visitaba la provincia á pié; y este mismo estilo guardaron 
aquellos primeros padres. En fin todo cuanto hizo fué para dejar la pro- 
vincia en estado que la regular observancia floreciese en muchos años. Fue- 
se continuando este mismo estilo y el cuidado de poner en los oficios suge- 
tos de espíritu, santidad y letras: todos eran recogidísimos y santísimos. Por 
los años de 1597 concurrieron todos los Padres á hacer Provincial por haber 
acabado su oficio el P. Fr. Francisco de Zepeda: habia entonces, sugetos muy 
grandes y doctos y en cualquiera de ellos estaría muy bien empleada la dig- 
nidad de Provincial; pero entre todos era Fr. Andrés del Valle el Saúl que 
descollaba sobre todos. Era su santidad muy conocida: su virtud muy es- 
perimentadá : habia dado muestras de su gran gobierno en tres veces que 
habia sido Prior del Convento de Guatemala; todos estos méritos negociaron 
sin dificultad la elección para el P. Fr. Andrés, á que se añadió la grande 
autoridad del P. Fr. Francisco de Zepeda que no decia otra cosa al tratar de 
hacer la elección de Provincial sino hagamos, hagamos al Santo Fr. Andrés. 
Con esto se juntaron los vocales en la Ciudad Real de Chiapa y unánimes y 
conformes dieron los votos todos al P. Fr. Andrés. Fué muy bien recibida 
de todos su elección y muy regocijada; el que menos contento salió de ella 
fué el P. Fr. Andrés viendo los cuidados que se le añadían con las nuevas 
obligaciones que se le acrecentaban. Fué para él este dia el mas triste que 
tubo toda su vida, que como le fatigaba el considerar habia de dar cuenta á 
Dios de sí, le parecía no la podía dar buena viendo que habia de dar cuenta 
de tantas almas como tomaba á su cargo se le dobló el sentimiento por verse 
con una carga muy desigual á sus hombros. Solo recibe con gusto las dig- 
nidades quien entra en ellas sin considerar el riesgo á que se pone. Llévale 
la afición aquel esplendor esterior de la dignidad, sin reparar en los grandes 
peligros á que se sujeta. El tener el primer lugar, el hallarse respetado de 
todos, venerado y servido, es el cebo que los engaña y cuando se ven con una 
carga tan pesada gimen por verse tan oprimidos. Los que han tomado el 
pulso á las dignidades y saben el riesgo que traen consigo las rehusan y por 
escusarlas se retiran á los montes teniendo á menos inconveniente el vivir 
entre fieras que estar mandando á hombres. Bien conoció estos riesgos Fr. 
Andrés del Valle; pero consolóle que en aquel puesto lo ponia la obediencia, 
y como las cosas de la Provincia estaban en su primitiva observancia cada 
religioso era Prelado de sí mismo, con que esto le animó á recibir el oficio. 
En él no mudó de estilo : con la misma humildad y llaneza que se portaba 
siendo subdito, se hubo siendo Provincial: no habia en él diferencia alguna 
de los demás religiosos sino en el lugar que forzosamente habia de tener por 
Prelado, que en los oficios de humildad era el primero. Fué grande su desin- 
terés porque lo fué su pobreza, todas sus alhajas decían muy bien con la 
pobreza de su espíritu, hasta en los pañuelos de narices quiso guardarla ri- 
gorosamente no queriendo traerlos de otra cosa que manta ruin y basta. 
Cuatro años enteros gobernó y hubiera gobernado otras muchas veces á no 

119 



haber muerto pocos meses después de Provincial ( + ) porque reconocieron 
los Religiosos lo acertado de su gobierno y consideraron que si á aquel paso 
la gobernaba muchos años no tubiera su provincia que envidiar á la mas 
observante de toda la Orden. En todos sus cuatro años andubo á pié sin 
mas alivio que el de un báculo á que se arrimaba. Siempre iva con la capa y 
capilla puesta aunque fuese por montañas y lugares despoblados : toda su 
recámara se reducia á un par de túnicas para mudarse y unos cilicios y ca- 
denas que siempre llevó consigo donde quiera que fuese porque en los eger- 
cicios de penitencia no dispensó jamas, y ora fuese en los montes, en los 
despoblados y en los ranchos se diciplinaba de la mesma manera que cuando 
estaba en el Convento no llevó cargas y la mayor que llevaba consigo, no 
pasaba de media docena de libros : tampoco llevaba criado porque no era 
menester, pues ni aun para hacer la cama era necesario pues no tenia otra 
que la dureza del suelo ó unas tablas, y esta donde quiera la hallaba hecha : 
siempre iva con el Rosario en la mano alabando á la Reyna de los cielos 
imitando á Sto. Domingo quien entretenía los caminos con cantar himnos y 
otras oraciones celestiales. Jamas consintió que le sacasen á los caminos 
cosa de regalo por ser cosa superflua á quien de ordinario comia pan y agua. 
Con andar á pié y estar siempre tan quebrantado, no dejó convento por visi- 
tar y no se contentaba con visitar cada año una vez ; según era la necesidad 
que se ofrecia en cada Convento asi le visitaba, y como no ocasionaba gasto 
ninguno para sí, para su compañero ni sus criados, iva con frecuencia á los 
conventos. Solo para él era la pena, pues no recibia mas que cansancio y 
pena con las descomodidades de tantos y tan penosos caminos que muchas 
veces andaba descalzo y así tenia los pies llagados y corriendo sangre mu- 
chas veces. Las jornadas por grandes que fuesen y de muy malos caminos 
siempre las andaba á pié sin querer valerse de cabalgadura jamas ni aún 
para los malos pasos; y aunque hubiese de ser la jornada de doce ó catorce 
leguas no por eso faltaba al rigor grande de sus ayunos, ni porque le sobre- 
viniese muy grande cansancio ni por achaque jamas probó bocado alguno 
de comida. 

Son los caminos de las provincia de Guatemala los mas ásperos que 
se conocen en estas provincias de la Nueva España y el que hay desde 
Guatemala hasta Sacualpa es el peor del mundo por los grandes y profundos 
barrancos: es una jornada esta que la temen todos los que la han de pasar 
por ser penosísima (a). Esta la andaba el P. Fr. Andrés de un golpe y el dia 
que salia de Guatemala llegaba al pueblo de Sacualpa. Saliendo para la pro- 
vincia de Chiapa en una de estas cuestas cercanas al rancho de teja se des- 
mayó : llevaba consigo un religioso lego llamado Fr. Juan Pardo y cono- 
ciendo que su desmayo nacia de debilidad y flaqueza por sus ayunos y peni- 
tencias, le pidió con encarecimiento que tomase un bocado de conserva y un 
trago de vino, y no lo pudo con él : instólo muchas veces diciendole que tenia 
muy delgados los pulsos y que sin duda alguna moriria si no se desayunase, 
aun con ponerle la muerte á los ojos no quiso comer ni beber y lo que le dijo 
al Religioso fué: Hermano, si me muriere, me enterrarán; no tenga pena> 



( + ) En esto padece engaño porque murió doce años después de haber acabado.— P. Ximenes 
(a) Serán unas veinte leguas. Ximenes 

120 



alguna aunque me vea tan enfermo. Socorrióle el Cielo milagrosamente y se 
recobró y tomando algún aliento volvió á proseguir su jornada que es de 
veinte y ocho leguas del peor camino de toda la provincia. Habiéndola aca- 
bado se volvió al compañero y le dijo: ¿Vé hermano como no me he muerto? 
No está la salud ni las fuerzas vinculadas al comer y beber: sabe Dios sin ello 
darlas muy recias cuando son para su servicio. 

No avisaba á los Conventos cuando iva á visitarlos : siempre huyó la 
vana ostentación que algunos llaman autoridad: á la hora que llegaba se 
entraba sin avisar y si llegaba de noche tocaba la campana de la portería, 
ívase á la Yglesia, recibia la bendición de la Comunidad, visitaba á los en- 
fermos y acabado esto se iva al coro en donde se estaba en oración toda la 
noche. 

Con esta vida tan egemplar y con esta humildad y pobreza hizo gran- 
dísimo fruto no solo en los frailes de la provincia, sino en los de afuera de 
la Religión. Iva entrando una vez en la provincia de Chiapa y en unos lla- 
nos grandes que hay desde un pueblo llamado Güistla hasta otro llamado 
Aquespala que es el primero de aquella provincia se encontró con el Rmo. P. 
Comisario de la orden N. P. S. Francisco. No hizo mucho reparo el Comi- 
sario porque no vio mas que dos frailes á pié con sus capas y sus báculos. 
Habiéndolos pasado reparó en estos dos religiosos admirado de verlos ir á 
pié con tanta humildad y pobreza. Preguntó quienes eran y le fué respondido 
que era el Provincial de Sto. Domingo que iva á Chiapa: digeronle que era Fr. 
Andrés del Valle, entonces volvió el Comisario las riendas á la muía y se fué 
á alcanzar á Fr. Andrés y apeándose se le hincó de rodillas y le besó la mano 
pidiéndole perdón por andar á caballo. Levantólo del suelo Fr. Andrés con no 
menos humildad y le dijo no tenia para que correrse de andar á muía por 
aquellos caminos pues la aspereza de ellos no pedia andar de otra suerte y 
que el andar él á pié era no mas de por no saber andar á caballo y concluyó 
diciendole : Tanto se sirve á Dios de que yo ande á pié, como de que V. P. ande 
á caballo: mis fuerzas sufren el poder ir como voy y las de V. P. nó. Con esta 
humildad encubrió su grande y prodigiosa penitencia y el Comisario se des- 
pidió de él admirado de tanto egemplo y confirmó ser verdad lo que tantas 
veces habia oído decir de su santidad y virtud. 

Andando por los caminos de la provincia rezaba el oficio divino á las 
mismas horas y tiempos que le parecía lo rezaban en el Convento de Gua- 
temala, sin anteponerlas ni posponerlas por razón del camino. Succedió una 
vez ir con su compañero, que lo era el P. Fr. Feliz de Mata. Habían andado 
unos grandes llanos, pasaron adelante y llegaron á unas grandes montañas 
y al subirlas comenzó á rezar las horas canónicas. Dijole el P. Fr. Felis : me- 
jor hubiera sido haber rezado las horas en estos llanos que hemos pasado, 
pues habia mas comodidad y veníamos con menos pena y cansancio. A que 
respondió Fr. Andrés diciendo : bien veo que hubiéramos rezado con mas co- 
modidad en el llano; pero á estas horas estarán rezando las horas canónicas 
en el Convento y así será bien acompañar á la Comunidad en el Coro. 

Volviendo de visitar la provincia de Chiapa salió del pueblo de Sacual- 
pa para Guatemala. Es la joranda de diez y ocho leguas y del peor camino 
que hay en la provincia como dejamos dicho. Llegó al Convento á las diez 
de la noche y viéndole los Religiosos tan cansado y molido le rogaron que 

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descansase. Juzgaron que lo haría como se lo habían pedido, entendiendo 
que se quedaría de Maitines, y habiéndose levantado los Religiosos á media 
noche cuando fueron al dormitorio á rezar el oficio de María Sma. hallaron 
en él á Fr. Andrés puesto en pié aguardando á comenzar el oficio de Ntra. 
Señora. Después pasó con la Comunidad al Coro y asistió á los Maitines 
que fueron largos por ser de feria, en pié sin querer sentarse, y después de 
acabados quiso proseguir sus penitencias acostumbradas y lo hiciera á no 
decirle el P. Fr. Felis de Mata que se recogiese, que ya lo que hacia era teme- 
ridad y parecia que quena matarse, con que se hubo de recoger y hubo de 
obedecer retirándose á su celda por entonces. 

En los ranchos guardaba el mismo estilo que en los Conventos para 
rezar el oficio divino. Levantábase á media noche y en pié decia primero 
el oficio de Ntra. Sra. y luego el oficio mayor y después la oración acostum- 
brada. De suerte que en los caminos estaba como si estubiera en los claus- 
tros, sin perder jamas la menor ceremonia ni faltar al tiempo acostumbrado 
en que la Comunidad reza. Siendo también Prior de Guatemala, que lo 
fué tres veces, diferentes, fué incansable en el cumplimiento de sus obli- 
gaciones. El mismo decia todas las misas cantadas de las fiestas dobles y 
por su mano daba la comunión á los Religiosos en los tiempos que la Orden 
tiene señalados para esto. El oficio menor de Ntra. Sra. lo rezaba todos 
los dias que no eran de obligación y lo rezaba en la celda puesto en pié y con 
las mismas ceremonias que en el Coro. * 

Ademas del Rosario de Na. Sa. tenia otras devociones y cada dia re- 
zaba mil Ave Marías cabales que rezaba despacio y con devoción no parece 
que quedaba lugar para hacer otra cosa. A las once mil vírgenes de quienes 
era gran devoto rezaba cada dia una cantidad de Ave Marías y Padre Nues- 
tros y tenia hecha la cuenta de suerte que salia á cada virgen un padre nues- 
tro y un Ave María. También rezaba todos los dias el oficio entero de N. P. S. 
Francisco de quien era gran devoto, (a) 



CAPITULO XXXVIII 

Que es el 26. — En que se prosigue la forma de su Gobierno; y de un caso 
notable que le succedió al entrar en la provincia de Chiapa. 

No ordenaba sus visitas á solo el bien de la Religión, sino al de los 
indios, queriendo que los tratasen como á hijos de las entrañas, pues lo son 
de los Religiosos y como gente tan flaca y pobre y tan sin defenza, los de- 
fendió en cuanto pudo prohibiendo rigorosamente que los molestasen. No 
permitió que fuesen vejados ni consentia que los cargasen demasiado. Con- 
tentábase con que sustentasen á los Religiosos pobremente y según su cor- 



(a) Teniendo el día 1440 minutos y pudiéndose a lo más rezar 3 Aves Marías en cada minuto resulta que 
necesitaba el P. Valle solo por la devoción de las once mil vírgenes, 2666 minutos, es decir mas de diez dias. 
Semejantes invensiones perjudican gravemente los intereses y el honor de la Religión y están muy lejos de 
edificar al lector. N. del C. 

122 



tedad, que es mucha. Atendía á cuan precioso les era el tiempo pues lo mas 
gastan en los beneficios públicos con que el que les queda para mirar por 
sus casas y sustentarlas, sembrar sus milpas y buscar para pagar sus tribu- 
tos, es muy poco ; y así quería que gozasen de él sin que se les ocupase sino 
era en lo muy preciso y necesario. Fué cuidadosísimo del Culto divino: en 
esto ponía grandísimo cuidado no permitiendo desaseo en las Yglesias : fué 
muy vigilante en que se supiese la doctrina cristiana. No permitía que los 
Religiosos saliesen á pasear por los pueblos, y si acaso era preciso salir de 
casa, ordenaba que fuese de la mesma manera que se sale del Convento, con 
capa y capilla y con el compañero ; que no habiéndolo, no permitía se saliese 
Era puntualísimo en responder á las cartas que le escribían de negocios de 
importancia. Donde quiera que le cogía la carta, respondía á ella para que 
el negocio se concluyese luego y para que el indio correo no se detubiese, 
de que se le siguiese mala obra. 

En las consultas que hacía dejaba votar libremente y que cada uno 
digese su parecer según le dictaba su conciencia sin querer mostrar cual 
fuese el suyo hasta tanto que todos hubiesen votado, por no obligarlos á que 
por respeto suyo se dejase de seguir lo que cada uno entendía que era razón, 
en lo que mostraba mucho su gran cristiandad ; pues suelen algunos Prelados 
hacer autoridad de que todos vengan en su parecer mostrando gran senti- 
miento de que se disienta de lo que el propone. Tenia un ánimo grande, 
constante y fuerte y en medio de su grande humildad mostraba grandísimo 
valor; y en siendo la causa de Dios no le hacían torcer su dictamen cuantos 
respetos humanos se podían atravesar. Con ser asi que sus letras eran tan- 
tas y tan conocidas, no se fiaba jamas de su propio dictamen y los negocios 
graves los estudiaba muchas veces, escribía las cosas con todas sus circuns- 
tancias, con todas las razones en pro y en contra y habiéndole constado la 
verdad la resolvía y no se contentaba con esto sino que lo consultaba con los 
hombres mas doctos y cuando tenia su parecer y aprobación se quietaba. 

Fué vigilantísimo en cuidar de los enfermos : siendo subdito se apli- 
caba á cuidar de ellos, como hemos visto, llevado de su grande caridad; 
siendo Prelado, por la obligación del oficio, que es de padre y pastor y debe 
mirar por los subditos enfermos que no tienen otro padre á quien volver los 
ojos. No perdonaba gasto alguno para su curación, todo cuanto regalo era 
posible buscaba y solicitaba para darles y todos los dias los visitaba y con- 
solaba. Hubo en su tiempo grandísima falta de vino en la Ciudad y no se 
hallaba sino por subidísimo precio y por andar tan caro y no hallarse fácil- 
mente se vio el Prior de Guatemala obligado á quitarlo á los enfermos. Lle- 
gó á oídos del P. Fr. Andrés y recibió grandísimo enojo y no consintió que 
se les dejase de dar á los enfermos el vino necesario y llegó á decir que no 
habiendo en la casa dinero para comprar vino, se vendiesen los cálices y 
demás plata de Sacristía para acudir á la necesidad de los enfermos que 
en semejantes gastos muy bien parece se haga con hombres necesitados que 
el tesoro de Cristo también parece en las manos de los pobres, como en el 
adorno de la Yglesia. 

En medio de ser tan cuidadoso con los enfermos y no perdonando gas- 
to alguno para su regalo, era para consigo tan austero y tan menudo que 
no causó su persona el menor gasto á convento alguno, ni en su persona ni 

123 



en criados, porque jamas los tubo. No cobró contribuciones de ningún Con- 
vento y yo con todo cuidado he registrado el libro del Convento de Gua- 
temala y en todo el gasto que corresponde al tiempo de su provincialato no 
he hallado gasto alguno en su persona. La misma comida se le daba que á 
los demás sin consentir escepcion alguna. Una vez le trajeron unas mojarras 
á la mesa, preguntó si las habia para toda la Comunidad y respondiéndole 
que nó, no las quiso comer y mandó que se diesen á los pobres de la porteria. 
Su celda era como las demás del Convento sin diferencia alguna, pobre y 
estrecha. 

Para los caminos llevaba consigo un indio de S. Lucas, alto y corpu- 
lento solo para que lo pasase en los rios y su lio, muy medrado el indio con 
tan santa compañia por que era muy gran cristiano. Succedió pues que en 
una de las visitas de Chiapa llegó al rio de Aquespala y hallólo solo y sin 
quien lo pasase porque como nunca avisaba el dia que llegaba, no se hacia 
prevención alguna, no habia canoeros en el rio ni modo de pasarle. El indio 
que llevaba de S. Lucas no llegó á tiempo y haciéndose tarde quiso pasarlo 
por donde está el rio mas tendido y ancho que será como cuarenta ó cin- 
cuenta pasos del lugar por donde pasaba canoa. Descálzase Fr. Andrés, su 
compañero no se atrevió á pasar pareciendole muy arresgado por ser el rio 
muy rápido y caudaloso. Fr. Andrés con una muy grande confianza en Dios 
se entró en el raudal y fue caminando con muy gran sosiego y sin recelo nin- 
guno. Mas ¿qué mucho que entrase con tanto seguro llevando consigo á 
Cristo Crucificado? por que el compañero que se quedó de esta otra parte del 
rio vio y notó que al tiempo de pasarlo llevaba en las espaldas á Cristo cru- 
cificado y como Dios prometió por Isaias favorecer á sus siervos pasando 
con ellos los rios Cum pertransieris per aguas tecum ero et flumina non ope- 
rient te quiso mostrar en esta ocasión que lo era suyo muy grande Fr. Andrés 
del Valle y asi quiso favorecerlo con estas demostraciones. Este caso no 
habia llegado a mi noticia ni la tenia de él por que no la trae la vida que 
escribió el P. Fr. Juan Dias. Súpelo de un religioso de la orden de N. P. S. 
Francisco porque hablando yo con algunos religiosos de esta orden y di- 
ciendoles como estaba escribiendo la vida de Fr. Andrés del Valle me dijeron 
que el P. Fr. Francisco Alonso muy gran siervo de Dios y muy observante 
habia estado refiriendo algunas cosas notables de la vida de Fr. Andrés del 
Valle entre las cuales habia contado el caso referido. Con esto que supe 
fui á buscarle para que me diese algunas noticias de su vida; diómelas muy 
grandes, pero de las que ya yo sabia y tenia escritas. Refirióme este caso 
de habérsele visto la imagen de Cristo Crucificado á las espaldas ; y como se 
refiere otro semejante á este del P. Fr. Matias de Paz, entendí que se equi- 
vocaba. Dígeselo, y me respondió que no es nuevo en Dios hacer un mismo 
favor á diferentes Santos, que cada dia vemos que lo hace S. Magestad. 
Díjome mas: que este caso se lo habia oído referir muchísimas veces al P. 

Fr de Sotomayor (así el original). Provincial que fué de la orden de 

N. P. S. Francisco, contemporáneo del P. Fr. Andrés. Asimesmo me dijo 
que se habia hallado presente á la translación de sus huesos que se hizo 
magníficamente por orden del Sr. D. Fr. Juan Zapata Obispo de Guatemala 
y que el predicador que hizo el sermón en la translación que fué el P. M. 
Fr. Francisco de Zeballos, entre las cosas prodigiosas que habia referido 

124 



una de ellas había sido el caso ya dicho. Dentro de ocho dias murió el 
Religioso de N. P. S. Francisco que me dijo todo esto, que cierto que tube 
á gran dicha el ir á visitarle, que á no haberme él dado esta noticia, se pasara 
en silencio una cosa tan maravillosa y que tanto acredita la vida y santidad 
del P. Fr. Andrés. No se puede poner la menor duda en el caso referido, 
pues las personas que lo refirieron eran muy virtuosas y de muchas letras 
y no habian de fingir milagros, que es un género de blasfemia y muy ageno 
de hombres religiosos. Pruébase la certidumbre de este caso por haberse 
dicho publicamente en el sermón de sus honras y por un dicípulo suyo de 
muchas y muy grandes letras, que lo conoció y trató y no había de decir 
cosa alguna de la cual le podían desmentir todos los del auditorio ; que para 
prueba de la certidumbre de los milagros que refiere el P. Fr. Luis de Grana- 
da en el Símbolo de la fé dice haberse predicado en público y dice estas pa- 
labras : quien habrá que pueda sospechar que un hombre de tanta autoridad 
y santidad, en presencia de un tan grande auditorio y de tantos testigos, 
había de decir una cosa que á no ser verdadera todos cuantos presentes esta- 
ban dieron voces y no faltara mas que apedrearle? Sim. de la fé 2* Parte, 15 9 
exelencia de la fé. Ni tampoco se puede dudar por no andar este succeso 
en la historia, pues no todas las vidas de los santos salen en sus principios 
tan cabales que no se les vaya añadiendo mucho con el tiempo, por que las 
noticias de que se compone una historia las dan diversos sugetos con quie- 
nes pasaron las cosas ó á cuyas noticias vinieron, y como dice S. Agustin, los 
milagros por magníficos que sean apenas se saben en el mesmo lugar donde 
se hacen y aunque los que los han visto los refieran, apenas se creen ; pero 
no por eso dejan de ser verdaderos y ciertos. 



CAPITULO XXXIX 

Que es el 27. — De los ejercicios del P. Fr. Andrés después que acabó de 

ser provincial. 

Acabó el oficio de Provincial el P. Fr. Andrés mas no para descanzar 
ni entregarse al ocio : faltóle el oficio, mas no las ocupaciones : mucho mas 
humilde quedó después de haber acabado el oficio, que lo estaba antes de 
entrar en él. Aplicóse muy de veras entonces á cuidar de los enfermos y 
cuando este oficio lo tiene en la Religión un religioso lego, quiso el egercitar- 
le aunque se hallaba en un puesto tan superior, porque como dijo Cristo: el 
que tiene el lugar superior se ha de aplicar á servir. Qui major es vestrum, 
ipse sit minister vester. Asimismo recibió el cargo de Maestro de novicios 
que como este oficio sea en la provincia y en toda la Religión el de mayor 
confianza, débese dar á persona de conocida virtud, pues de la educación de 
; la juventud depende todo el bien de la Religión. Con esta atención la orden 
le encargó la educación de los mancebos de casa de novicios y se les lucia 
bien pues salieron todos los que él crió tan grandes varones como quienes 
se habian criado en tan grande escuela. Habiendo gastado en estos eger- 

125 



cicios mucho tiempo, quiso para hacerlos mejor desembarazarse y desha- 
ciéndose de las cosas que tenia en la celda para que hallándose mas pobre 
estubiese mas ágil para servir á la Religión. El tiempo que estubo en ella 
vivió con grandísima pobreza no teniendo en su celda mas que unas pobres 
sillas para que se sentasen los que iban a verle, porque para sí nunca gastó 
semejante asiento y solo usaba de una banquilla pequeña en que se sentaba. 
Tenia asimismo algunas imágenes de algunos Santos sus devotos. Lo que 
si tenia en abundancia eran libros de todas las facultades que son alhajas 
indispensables en los que frecuentan la cátedra y el pulpito, y como le con- 
sultaban de tantas partes era forzoso tener muchos libros de qué echar 
mano en que estudiar los casos que se ofrecían. Entró en grandísimo escrú- 
pulo si acaso en el modo de haber habido y adquirido los libros que tenia 
pudiese haber alguna cosa que le obligase á restitución y aunque no se des- 
cubría resquicio para el menor recelo pues todas cuantas cosas tenia hasta 
la mas mínima la habia habido con licencia de los Prelados, era tan me- 
nudo en las cosas de su conciencia que para quietarse hubo de pedir nueva 
licencia á los Prelados. Jamás en las almonedas de los Religiosos se aplicó 
para sí cosa alguna por mínima que fuese, pues lo que podía hacer como 
Prelado. Solo una vez tomó para si un agnus dei que estaba en un relicario 
de madera y habiendo acabado su oficio, al Prior del Convento le pidió li- 
cencia para tenerlo en su poder y no contento con esto volvió á pedir nueva 
licencia al Provincial Fr. Alonso García y con estas diligencias hubo de 
quietarse pareciendole que solo de esta manera podia estar seguro. Para 
salir de escrúpulo lo que hizo fué hacer una memoria y poner en orden 
todos los libros que tenia por las letras del A. B. C. conforme los nombres 
de los autores, notando y advirtiendo cuanto le habia costado cada libro, de 
quien lo habia comprado y en qué estaba encuadernado : lo mismo hizo 
de todos los demás papeles sueltos y manuscritos declarándolos con distin- 
ción, diciendo cuales eran de su letra y cuales de letra agena : lo mismo hizo 
con las imágenes diciendo de quien las habia habido, cuales eran dadas, 
cuales compradas y de quien y justamente la equivalencia que se le habia 
hecho en el precio de ellas y si acaso no se acordaba como habia habido 
alguna cosa de estas, decia con distinción, no me acuerdo, como lo hube, 
debílo de comprar. Después para mayor claridad escribió en la memoria las 
siguientes palabras : De la memoria propuesta, hecha lo mejor que yo he 
podido, se saca que todos los libros que tengo ad usum con licencia de los 
Prelados, son hábiles de cuatro modos o vias: primero comprados, segundo 
dados, graciosamente, tercero trocados por otros o por otras cosas que yo da- 
ba, cuarto de otros que yo tenia que eran nuestros por no tener rótulos de 
cuyos eran ni acordarme yo como los habia habido ni si eran nuestros, todo 
lo cual se puede ver difusamente en dicha memoria porque en ella he puesto 
la claridad que he podido. Con todo eso, me parece advertir algunas cosas 
aquí en particular de cada uno de estos modos como he habido los libros re- 
mitiéndome en lo demás ala memoria propuesta. 

Habiendo hecho la memoria de todo lo que tenia la puso en manos de 
los Prelados para que la viesen y registrasen y le digesen si en el modo de 
haber habido algunas habia algún escrúpulo que le obligase a restituir; y 
asimesmo les pidió que á cada convento se le volviesen los libros que se le 

126 



habían aplicado, y se quietó con asegurarle los Prelados que tenia los libros 
y las demás cosas con muy buena conciencia, porque los Prelados le dieron 
siempre licencia para tenerlas. 

Desde que empezó á egercer el oficio de Provincial andubo con este 
escrúpulo deseando siempre verse libre de él porque le afligia notablemente; 
y así el último año de su provincialato escribió una carta al Subprior de Ciu- 
dad Real sobre algunos puntos de esta materia, por donde se verá cuan me- 
nudo era en las cosas de su conciencia. La carta la escribió al P. Fr. Juan 
Longo, que es como sigue : 

Grafía & Pax Christi &. Dias ha que se me ha ofrecido lo que aquí 
escribo y por que al presente ha remanecido una ¡cosa que me *dá pena y es- 
crúpulo, me ha parecido no dilatallo sino escribillo á V. R. para que lo trate 
con los PP. y en Jo que hubiere lugar me hagan caridad no considerándolo 
como que soy provincial sino como un particular, que por eso lo quería de- 
jar hasta acabar mi oficio; mas como me dá pena el escrúpulo, lo escribo 
agora. 

Estando en ese Convento hube algunos libros que me dieron y otros 
que yo hube, de todos los cuáles me parece que pedí licencia al P. Fr. Alonzo 
de Noreña, en común; aunque no creo le dije el número en particular y me 
parece que me los aplicó todos; solamente me dijo que los Bercerios que 
están en la librería de esa casa (que también los tenia yo) que pues no eran 
tan necesarios, que los pusiese en ella, y los demás me los aplicó y me quitó 
el escrúpulo. *Así me ha parecido y no entiendo que ni en los que el Con- 
vento me dio y los que yo hube me dijo que pertenecen al Convento. Des- 
pués, cuando vine aquí, me deshice de ellos y de otros que yo tenia y pro- 
curé la Biblia Regia que allá envié y creo costó 300 ts. en dinero y no sé si 
dije algunas Misas para su cumplimiento, de suerte que creo que puse yo 
, algo y creo que buena parte y todo lo hice no mas que por servir á ese Con- 
vento y también porque ya me deshacía de los libros, embiar allá la parte 
de los que pilla había habido y me habían hecho merced, aunque creo que fue 
mas lo que ella costó y que como he dicho puse buena parte á mi parecer, 
que como ha mucho tiempo no me acuerdo. Con todo, me quedaron algunos 
aunque pocos que allá nube y dame pena y escrúpulo por haber hecho al- 
gunos trueques y andar ¡en si puedo ó no puedo disponer de ellos, y asi me 
l ha parecido escribir esta á V. R. para que si [ le pareciere tratar esto con los 
Padres de Consejo ó con todos ó con ¡os que á V. R. le pareciere, de que si me 
quisieren hacer charidad de me los aplicar fiel todo sin jzondicion ninguna para 
que pueda yo disponer de ellos á mi voluntad con licencia del Prelado, yo 
la recibiré muy grande y estaré con alguna quietud. Y esto no lo pido como 
Provincial (que si el escrúpulo y pena no me inquietara, yo lo dejara para 
cuando acabara el oficio) sino como un Religioso que ha estado en ese Con- 
vento asignado. Ni tampoco traigo á la memoria la Biblia que envié, para 
obligar á ello, porque solo lo digo por decir que la hube de algunos libros 
que allá hube y me dieron y otros quizá nuestros, como he dicho, sino que 
solo me haga esa caridad por solo este respeto; y asi V. R. lo trate con los 
Padres que le pareciere y amore Christi me responda lo que digeren y si 
digeren que nó, avíseme V. R. lo que quiere que se haga de ellos, porque yo 
quisiera estar sin escrúpulo y con quietud. Los libros son los siguientes: las 

127 



obras de Soto en tres tomos y en el uno está lo de Natura et gratia y lo de 
legendo secretum : una primera parte de Molina, esta la hube por algunos 
libros de los que tube allá ó compré de alguno: ittem, una parte de Enriquez 
de Sacramentis que también hube acá como la de Molina: un vocabulario de 
Antonio que también hube acá trocado por otro que hube allá y no tan bue- 
no: cuatro Cuerpos de los Sermones del P. Fr. Luis de Granada que faltan' 
las dominicas post Trinitaten y un Refense contra Lutherum. Este con loa 
sermones de Fr. Luis había yo puesto en la librería de este Convento porque 
no los había, como otras que allí ¡puse, aunque el P. Fr. Lope siendo Provin- 
cial me los mandó volver todos porque le pareció tenia yo necesidad de ellos 
y así entiendo que en su lugar por haberlos habido yo allá, que me los dieron 
en el Convento, haría yo alguna equidad, cuando hube la Biblia Regia que 
allá envié, de ¡los libros nuestros. ítem. Almonacir sobre los Cantares ha sido 
trueque de otros que allá hube por ellos y así en todos tenia puesto: Pertene- 
cen á Chiapa de españoles. Estos son los que tengo en memoria y están 
bien tratados y algunos' nuevos ó casi nuevos. Después de esto, pensando 
que no había mas de los que tocaban á ese Convento, remaneció otro escrú- 
pulo que me ha dado pena por el cual -me moví á escribir, esta, y es que 
mirando unos Agustinos que tengo buenos, decía el primer tomo de ellos: 
Estos Agustinos costaron cien tostones, pertenecen á Guatemala, y á Chiapa; 
los setenta tostones á ese Convento. Que debieron de salir de algunos libros 
de los que allá hube Deus scit, y los cuarenta de este de Guatemala; yo en- 
tiendo eran de este Convento, he dicho ochenta misas por él y después acá 
vi el letrero que un religioso me lo advirtió y así me díó harta pena por no 
haberlo visto. No siento que yo tenga otro libro de los que allá hube, ni me 
dieron en ese Convento mas de los aquí dichos: para esto escribo esta, para 
que si los PP. de ese Convento me quisieren hacer caridad de ellos y que 
en todo disponga como propíos como de los que yo tengo, recibiré caridad; 
y para que los PP. lo vean y lo consideren, gustaré de que no reparen en la 
Biblia que envié ni en que soy Provincial ni en que el P. Fr. Alonso de No- 
reña me parece me los aplicó, sino que quitadas todas estas consideraciones 
y otras cualesquiera y considerándolo como si todos los libros fueran de 
ese Convento y yo los hubiese habido de cosa suya y perteneciesen á él y 
que los tengo sin licencia y todo lo demás que se me pudiere cargar, con 
todas estas consideraciones >yean si me pueden hacer charidad de ellos como 
si de nuevo me los diesen y que sea de su voluntad y muy de voluntad y de 
consentimiento de todos porque querría estar sin escrúpulo; y no gustando 
de ello V. R. me avise y lo mismo pido si por el tiempo que allá estube asig- 
nado soy en cargo de otra cosa, aunque cuando compré la Biblia y la envié 
allá hube esta consideración y no quisiera andar en esta pena y escrúpulo; 
y así amore Xpti. V. R. lo trate allá y aguarde á que vengan los PP. si á 
V . R.le pareciere y digeren ¡de no avisándome V. R. haré de tos libros lo que, 
allá pareciere ó los enviaré. En lo que se me ha dado siendo Provincial no sé 
si ha habido alguna demasía, quizás será mucho mas de lo que yo habré ha- 
bido menester ; como es 'unos chiquihuitesy una \f razada y lo demás bien creo, 
lo tendrá V. R. y todos los PP. por bien; con (todo eso ¡querría me quitasen en 
todo el escrúpulo y de todo me avise V. R. lo que allá pareciere y venga el 
sí o el no en esta carta en la hoja siguiente y perdone V. R. que he sido algo 

128 



prolijo pero el escrúpulo no da lugar á mas. A los PP. saludes. N. Señor 
guarde á V. R. en su gracia. De este Convento de N. P. Sto. Domingo de 
Guatemala á 26 de Agosto de 1600. — Fr. Andrés del Valle. 

Muchas y muy grandes cosas se nos ofrecen qué considerar en esta 
carta para por ellas entender cuan rigoroso era en ajustar las cosas de su 
conciencia y cuan menudo, pues cosas de tan poca monta le daban tanto 
cuidado, y con tener licencia de tantos Prelados aun no se satisfacia. Por 
aqui se verá cuanto miraba por los bienes de los Conventos no queriendo 
quitar á ninguno cosa que fuese suya. Veremos la grande equidad y justicia 
que guardaba encareciendo en su carta que no se atendiese á que era Pro- 
vincial para que los Religiosos digesen su parecer libremente sin atención 
á respetos humanos. Asi mesmo veremos su grande humildad pues no ha- 
biéndole dado el Convento de Ciudad Real siendo Provincial mas que unos 
chiquihuites y una frazada, cosa tan poca y de tan pequeño valor, decia 
haberle dado mas de lo que había menester, pero para un corazón tan pobre 
como el suyo cualquiera poquedad le parecia demasia. 

Despachó luego la carta al Convento de Ciudad Real y viéndola los 
PP. tan llena de escrúpulos y desconsuelos, se juntaron todos á Consejo has- 
ta un religioso lego llamado Fr. Pedro de Santa María, y unánimes y con- 
formes digeron que los libros eran bien habidos y si necesario fuese se los 
daban de nuevo para que dispusiese de ellos como de cosa propia. Con esta 
respuesta se sosegó su espíritu y se quietó para disponer sin embarazo al- 
guno de las cosas que tenía en la celda. 

Alcanzada de nuevo la licencia de los Prelados para disponer de las 
cosas que tenía en la celda, por la misma memoria que habia hecho y pre- 
sentado, hizo que los Religiosos avaluasen los libros y los pusiesen en el 
precio competente y al tiempo de venderse volvió de nuevo a entrar de nue- 
vo en escrúpulo por los libros que de Ciudad Real le habían dado y ni con 
la licencia de Prelados ni con la donación de los PP. de aquel Convento se 
sosegó y así envió tantos libros cuantos le pareció que bastaban á igualar el 
número de los que de allí habia sacado y al convento de Guatemala dio y 
volvió otro gran número de libros que se le habían aplicado, y asi con esta 
diligencia pudo quietarse y comenzó á vender los libros entre los Religiosos 
y se vendieron luego porque á porfía venían á comprarlos por tener cosa 
suya para estimarla y venerarla como reliquia. Habiéndose vendido todo 
cuanto tenia en la celda ningún dinero de lo que montó el almoneda quiso 
que quedase ni entrase en su poder sino que se puso en el depósito común 
del Convento y desde allí se repartió en esta forma : mil y quinientos tosto- 
nes envió al Convento de la Coruña de limosna y por haber allí tomado el 
hábito : para el Convento de Guatemala dejó otros mil y quinientos de los 
cuales sacó seiscientos tostones que envió á España para que se tragesen 
unos tafetanes para la Yglesia del Convento que sirvieron muchos años hasta 
que el P. Fr. Jacinto Cuartero hizo la colgadura del Claustro que ha servido 
hasta este año de 1677 en que se está haciendo la nueva para la Yglesia. 

Habiéndose ya deshecho de todo cuanto tenia, como hemos visto, vol- 
vió de nuevo á fatigarle otro escrúpulo que lo trajo algo inquieto y fué si 
acaso cuando administró los pueblos de Sinacantlan é Iztapa les habia sido 
encargo de alguna cosa, y quiso satisfacerlos para que no le quedase re- 

129 



mordimiento ninguno; y así envió de limosna al pueblo de Sinacantlan una 
palia y unos corporales, al pueblo de Iztapa unas crismeras de plata, al pue- 
blo de S. Dionisio Totolapa otras crismeras de plata; á las milpas de S. Fe- 
lipe envió unos corporales. No obstante en desinterés, fidelidad y cristian- 
dad, le parecia no estar bastantemente descargado y así andaba cada dia 
con nuevos escrúpulos ; y como habia estado en Guatemala tantos años y 
en ellos habia sido Prior del Convento por tres veces, le pareció que le era 
en cargo al Convento y que le habían dado mas de lo necesario, y así para 
no verse con otro escrúpulo dio de limosna al Convento de Guatemala 200 
tostones y yo he leído la cláusula en el libro de recibo que dice asi ; "En 16 
de Setiembre de 1608 dio el P. Fr. Andrés del Valle 200 tostones de limosna 
al Convento y por si acaso habia algún escrúpulo de alguna cosa por des- 
cargarse. 



CAPITULO XL 

Que es el 28. — De lo que succedió al P. Fr. Andrés hasta la última enferme- 
dad de que murió. 

Habiendo dispuesto todas sus cosas como se ha dicho en el Capítulo 
pasado, hallándose yá con el ánimo quieto y tranquilo, cobró nuevo gusto 
viéndose en la pobresa que tanto deseaba. Con los libros despidió muchos 
de los cuidados que acarrean y habiendo gastado tantos años en aprovechar 
á otros, quiso los que le quedaban gastarlos consigo mismo, y todo el tiempo 
que hasta allí habia gastado en el estudio de la Teología Escolástica lo dio á 
la oración y contemplación y así se gastaba los dias y las noches en este santo 
egercicio. Mas no le duró mucho este gusto porque la Religión se hubo de 
valer de su persona para hacerlo Prior del Convento de Guatemala, que el 
año de 1603 fué electo con harto sentimiento suyo por verse con muchos 
cuidados y obligado á acudir forzosamente á las obligaciones del cargo que 
tanto tiempo se llevan. Mas los religiosos no se hallaban sin él y hubo de 
negarse á su quietud y sociego por no faltar al bien público; pero acabado 
el oficio volvió á aquella gran soledad y retiro que habia comenzado cuando 
se deshizo de toda su celda. Dióse con mas continuación á la oración dispo- 
niéndose para la hora de la muerte que sentía ya muy vecina. En estas ocu- 
paciones gastó todo lo que le duró la vida, sin salir de entre los coros de 
los Angeles en cuya compañía se hallaba á todas horas alabando y engran- 
desiendo á Dios, y con haber llegado sus penitencias al sumo rigor que se, 
puede pensar, halló nuevo modo como aumentarlas. Fué su retiro encerra- 
miento notable considerando no mas aquella hora de que pende la vida ó 
muerte eterna. Habia sido su continua meditación, como hemos visto, la 
de las penas del infierno y aquel fuego voraz y tremendo lo tenia tan pre- 
sente, que de la consideración salía fuera de sí y le provocaba á derramar 
muchas lágrimas. Decia misa todos los dias aunque muy de mañana por 
evitar el gran concurso de gente que solo venia por oírsela y recibir su 
bendición. 

130 



En estos loables egercicios le cogió la última enfermedad que fue lar- 
ga y prolija porque le duró casi cinco años enteros en los cuales parece que 
se conjuraron todos los achaques para perseguirle. Fué recia la calentura 
que le fatigó todo este tiempo con tan dura obstinación que no le dio treguas 
un dia tan solo : el dolor de la orina era vehementísimo por las grandes pie- 
dras que se le atravezaban de cuyos dolores le nacian unas ansias como de 
muerte; pero todos estos dolores y tormentos los reparaba en el escudo de la 
paciencia siendo su sufrimiento tanto que no admite ponderación. Traia 
continuamente en la boca aquellas palabras de S. Agustin tan repetidas de 
los Santos en sus trabajos : Domine, hic ure, hic seca, hic non parcas ut in 
aternum parcas. Poco le parecia cuanto padecia y así le pedia á Dios nue- 
vos dolores y nuevos tormentos y como si los achaques por sí no fuesen tan 
bastantes y tan penosos á atormentarle de nuevo, quiso atormentarse mas 
y fué su penitencia mayor que nunca porque se le pasaban los ocho y los 
diez días sin comer un solo bocado ni permitir á su boca el alivio de enja- 
guarse siquiera con un poco de agua. La cama, aunque en tan recia enfer- 
medad, fué la mesma que siempre, dos tablas lisas y un trozo por cabecera, 
los sicilios los mas ásperos y rigorosos sin dejar de ponérselos un dia si- 
quiera, á que añadió una cadena de hierro que se trabajó harto para quitár- 
sela después de muerto (a), que guardaron los que se la quitaron como pre- 
ciosa reliquia y con mas estimación que si fuera de oro de muy subidos qui- 
lates; siendo muy para notar que para arrancársela después de muerto des- 
pidió el cadáver mucha sangre, tan hecha estaba á salir de aquel cuerpo, que 
aun después de muerto no quiso dejar de brotar. 

Habíale pedido á Dios muchas veces con muy grandes instancias le 
afligiese en esta vida sin levantar jamas el asóte, que los favores y regalos 
los guardase para la otra; y como libraba Dios la corona de la gloría que le 
prevenía, en sus grandes trabajos ; dióle gusto en esto enviandole tantos que 
solo él que estaba tan asistido de su gracia, podía sufrirlos. De esta suerte 
fué Dios purificándole en el fuego de la tribulación y salió su virtud como 
el oro mas fino y de mas subidos quilates, con que pudo pasar su pureza á 
los alcázares celestiales á entregarse con los mayores santos que celebra la 
Yglesia. 



CAPITULO XLI 

Que es el 29. — Del feliz y dichoso tránsito del P. Fr. Andrés. 

Ninguna cosa desean tanto los amigos de Dios como la muerte para- 
dero común de todos con la cual se dá fin á los trabajos y miserias de esta 
vida para gustar los descansos eternos. Miran esta vida como destierro de 
aquella patria celestial para que fuimos criados de donde nace vivir suspi- 
rando siempre para alcanzar la libertad que tan oprimida se halla en este 



(a) Arriba dice que se la quitó por mandado de los Prelados y que en su lugar se puso un cuero seco 

Nota del P. Ximenez. 

131 



cautiverio. Conocen con aquella grande luz que comunica el cielo los gran- 
des peligros de aquesta vida, sus grandes miserias y los riesgos á que se ven 
sugetos á todas horas. La consideración de todas estas cosas les son estimu- 
lo para solo aspirar á la eterna. Estos eran los deseos del Apóstol S. Pablo, 
que mostró muchas veces diciendo: deseo desatarme para estar con Cristo. 
Habrá quién me librara de la muerte de este cuerpo? Que como en esta vida 
no habia tenido mas que trabajos y persecuciones y habia ya gustado de 
las dulzuras eternas, quena cambiar los trabajos de esta vida por los des- 
cansos de la otra. 

Vivió continuamente el P. Fr. Andrés suspirando por su Dios cual 
siervo sediento que desea las corrientes de las aguas, anhelaba por aquella 
patria celestial ásia donde habia encaminado los pasos todos los dias de su 
vida. Llegóse el fin tan deseado por la Magestad de Dios oyó sus ruegos 
y quiso que tan larga peregrinación y tan llena de trabajos se acabase. Habia 
cuarenta y ocho años que vivia en la Religión, que pasaba la mas trabajada 
vida que decirse puede porque en todos ellos fué mártir, quiso el Padre de 
las lumbres darle juntos los deleites que por su amor habia dejado en esta 
vida y quiso sentarlo á su mesa y franquearle las delicias que el tiene guar- 
dadas á sus escogidos. Tenianle ya las penitencias y los achaques tan aca- 
bado que parecia un cadáver vivo, no teniendo mas que la piel sobre los 
huesos. Fueronle apretando las enfermedades tanto que hubieron de ren- 
dirle aquellas fuerzas mas que de gigante y le obligaron á hacer cama. Por 
aqui conoció que estaba ya cerca su muerte y asi no trató de mirar por la 
salud del cuerpo sino por la del alma. Viéndose ya tan en los últimos dias 
procuró darse todo á Dios sin consentir que se le hiciesen visitas con fre- 
cuencia para con el silencio y retiro ordenar la cuenta que habia de dar á 
su Dios, que aunque su vida habia sido tan ajustada y su confianza en los 
méritos de J. C. tan grande, no perdía aquel grande miedo de la justicia 
divina que le acompañó toda la vida. Recibió el sacramento de la Eucaristía 
con aquella devoción y ternura con que lo habia recibido tantas veces en 
vida á que añadió entonces envuelto en lágrimas la despedida de aquel pan 
de vida eterna aguardando á gustarlo en la gloria. Pidió á todos perdón 
con humildad y rendimiento y como es costumbre en la religión acudieron 
todos á aquella hora y ninguno hubo que pudiese ver paso tan tierno sin 
derramar lágrimas considerando que se les iba el Padre y el Maestro á 
quien habian amado con tanta ternura. 

En ocasión que andaban todos tan llorosos y tiernos, solo aquel ene- 
migo del linage humano andaba rabioso y enojado y picado de ver que en 
espacio de tantos años como le duró la vida no habia podido rendirle hacién- 
dolo caer en culpa alguna mortal. Quiso pues entonces probar de nuevo sus 
fuerzas y parecióle que las demasiadas vigilias, las largas enfermedades y 
otros accidentes le tendrían turbado el juicio y la razón menos entera y quiso 
imponerle falsos crímenes y culpas que nunca cayeron en su imaginación. 
Persuadióle el demonio que habia jurado muchas veces y que habia mentido, 
dio voces Fr. Andrés y oyeron todos que decía: yo no he jurado en toda mi 
vida, yo no he mentido. ¿Y como habia de haber jurado quien siempre re- 
verenció el Dulcísimo Nombre de Jesús sin decirlo jamas que no fuese con 
gran ternura de corazón y con grandes lágrimas en los ojos? Los religiosos 

132 






que estaban fuera que eran el P. Fr. Gabriel de Salazar, Fr. Jacinto de Cár- 
camo y Fr. Francisco Granobles fueron á ver si queria algo, y lo que les res- 
pondió por diversas veces fué que le dejasen solo pues ya no era tiempo 
de hablar con hombres sino con Dios. Con esto lo dejaron solo y volvieron 
á oir de nuevo las mesmas razones que antes. Pidió que lo dejasen solo y 
como sabia que habian de importar poco las diligencias de los médicos, 
ahorró de este cuidado y lo dio todo á Dios sin hacer otra cosa aquellos dias 
que llamar continuamente á Dios, á su Madre Sma. á N. P. Sto. Domingo y á 
N. P. San Francisco y á todos los demás Santos de su devoción: con ellos 
eran sus coloquios y sus conversaciones : prueba grande de su virtud, pues 
no tubo en aquella hora que tratar con hombres sino con Dios. Que S. 
Ambrosio pondera la grande Santidad del patriarca Jacob porque á la hora 
de la muerte el mas tiempo gastó en hablar con Dios. Dicat nunc a liquis 
non beatum Jacob cum in ipsis mortis diebus esset qui plura cum Deo quam 
cum hominibus coloquio, miscebat. D. Jacob fiib. S. Cap. 9. 

Pero aunque se le hacia tan duro el recibir visitas le fue preciso dis- 
pensar en su retiro y recogimiento por recebir á sus hijos que le iban á besar 
la mano y recibir su última bendición. Acudian a porfia todos los de Gua- 
temala desde el mayor al menor teniéndose por muy dichoso el que alcan- 
zaba á verle, besarle la mano y recibir su bendición. Habiéndola dado á 
todos en cuanto pudo, volvió á pedir le dejasen solo en el cual tiempo tendió 
ías velas de la consideración dándose todo á la de la vida eterna que tan 
cercana tenia. Dos dias antes de su dichosa muerte habiendo rezado todas 
sus devociones que eran las mil ave Marías á la Reyna de los Angeles, á las 
once mil vírgenes, el oficio de N. P. S. Francisco, después del oficio divino de 
aquel dia, llamó á su grande y querido hijo para que rezase con él los Maiti- 
nes del dia siguiente. Eran las ocho de la noche y aunque tan quebrantado 
y tan sin fuerzas, comenzó el oficio menor de Ntra. Sra : rezó los maitines 
y habiendo dicho el Te Deum laudamus entero, al llegar al versículo Ora 
pro nobis Sancta Deigenitris se le quitó el habla. Estas fueron las últimas 
palabras que dijo en esta vida aqueste gran siervo de Dios; y es para muy 
notado el fin que tubo en su peregrinación, que como toda la vida gastó en 
alabanzas de esta soberana Reyna, dispuso el cielo que acabase alabándola, 
aue de David advierte la escritura sagrada que acabó la vida con unas pa- 
labras que fueron las últimas que habló engrandeciendo á Dios, que como 
fué este gran Rey tan insigne cantor de las maravillas de Dios, quiso dejar- 
nos el Espíritu Santo advertido aue remató su vida alabando en testimonio 
de que toda ella la había gastado engrandeciéndole, De esta suerte duró 
hasta el dia siguiente en que murió. Corrió la voz por la Ciudad toda, avisan- 
do del estado en que se hallaba el P. Fr. Andrés, y á porfia venían todos á 
verle. De todas las religiones vinieron á hallarse en su muerte y fueron los 
primeros los hijos del seráfico San Francisco su gran devoto, que quiso pa- 
garle la devoción que le tubo disponiendo muriese en los brazos de sus hi- 
jos. Todos cuantos se hallaban presentes, vertían copiosas lágrimas de sen- 
timiento, que aunque la confianza que tenían de que iva á gozar de Dios 
pudiera templar el sentimiento; pero el verse huérfanos sin tal padre y 
maestro les doblaba el dolor. Hizose el oficio de la recomendación del alma 

133 



y con el rostro sereno y apacible al tiempo de decir aquellas palabras en que 
se llaman á los Santos para que socorran en aquella agonia al alma, dio 
su espíritu al Criador. 

Poco tubo la muerte que hacer en su cuerpo porque ni le enflaque- 
ció ni le mudó el color, porque el habia hecho en la vida con sus rigurosas 
penitencias cuanto podia hacer la muerte, porque viviendo estaba tan árido, 
flaco y seco como un cuerpo difunto. Súpose por la Ciudad su muerte y 
acudieron tantos al Convento que se llenaron los dormitorios y los claustros 
todos, y como es ordinario en la muerte de los justos darles todos alabanzas 
porque ya entonces se dicen sin riesgo, todos á una voz le aclamaron santo 
repitiendo esto muchas veces sin hablar de otra cosa que de su portentosa 
vida y de su admirable penitencia. Apenas hubo muerto cuando todos á 
porfia echaron mano de lo que hallaban en la celda, que conocidamente ha- 
bia sido de Fr. Andrés venerándolo como á preciosa reliquia; y no conten- 
tándose con haber llevado la almohada, las medias de lana y otras menu- 
dencias, pasó á tanto su devoción que habiéndole ya vestido el hábito y la 
capa para ponerlo en el féretro, le rasgaron todas las vestiduras sin dejar 
le cosa alguna, que fué necesario volver á ponerle hábito y capa segunda 
vez ; y ni esto bastó porque crecia la devoción y el concurso y cada uno que- 
ría llevar para si alguna pequeña reliquia, con que sin ser parte los Reli- 
giosos para impedirlo, lo desnudaron segunda vez de suerte que fué nece- 
sario vestirle otro hábito, y pasaron tan adelante que habiéndole quitado á 
pedazos el hábito, le quitaron muy gran parte de los cabellos del cerquillo 
y otro religioso llegó á cortarle la yema de un dedo de la mano y de la 
herida corrió sangre á vista de todos con admiración de los que se hallaban 
presentes. El M. R. P. Provincial de la Merced aunque procuró hallarse 
á su muerte, no lo consiguió, y llegó ya tarde mostrando gran sentimiento 
de no haber alcanzado alguna cosa del P. Fr. Andrés para venerarla por 
reliquia, y mostrando su sentimiento á un Religioso del Convento llamado 
Fr. José de Sta. María le dio las tigeras de despavilar y las agradeció en 
tanto estremo, que le dio en retorno al Religioso la mejor lámina que tenia 
en su celda, aunque el Religioso cortés y atento no la quiso recibir. 

Succedió esta dichosa muerte el año del Señor de 1612 por el mes de 
Setiembre á tiempo que en el Convento se celebraba magnificamente y con 
grande regocijo la beatificación de S. Luis Beltran. La solemnidad de la 
fiesta pedia forsosamente que se repicase y las campanas hicieron demos- 
tración del grande gusto que se tenia viendo ya un hijo de Sto. Domingo 
puesto en el Catálogo de los Santos, la muerte del P. Fr. Andrés pedia hi- 
ciese el sentimiento debido, en que se hubieron de alternar los repiques y 
los dobles; aunque el P. Guardian del Convento de N. P. S. Francisco dijo 
que bien podian repicar por Fray Andrés del Valle como se repica por S. 
Luis Beltran, pues fueron tan parecidos en la vida, en las penitencias y en 
la muerte, razones que dieron a entender bastantemente el altísimo con- 
cepto que se tenia de su santidad; y el tiempo que estubo en la Yglesia hasta 
enterrarlo fué al lado de S. Luis Beltran, y todos los predicadores de aquel 
novenario, en los discursos de sus sermones, trataron muy á la larga de las 
virtudes del P. Fr. Andrés haciendo comparación de su vida con la de el 
Sto. Fr. Luis Beltran, que la pudieron hacer sin ninguna dificultad porque 

134 



hablando con toda verdad una y otra vida fueron parecidísimas y muy confor- 
mes ambas en la penitencia. Solo el Prior del Convento de Guatemala no 
se halló presente á la muerte del P. Fr. Andrés: éralo entonces el P. Fr. 
Garcia de Loaisa, hijo del Convento de Guatemala : hallábase en la cama 
con muy graves achaques de que murió, y sintió harto el no poderse hallar 
á su cabecera para despedirse de tan buen padre y maestro. Pidió le lle- 
vasen alguna cosa suya para reliquia y cúpole una almohada que tomó con 
grandísima devoción y lágrimas, y arrimándosela al pecho la hubo así mu- 
chos dias sin querer dejarla. Llamóle á voces santo y bienaventurado y pi- 
diéndole con instancia su favor para morir en gracia de Dios, la que consi- 
guió, á lo que piadosamente debemos entender, porque dentro de muy pocos 
dias murió dejando á todos muy grandes esperanzas de su salvación. 



CAPITULO XLII 

Que es el 30. — Del solemne entierro que se hizo al P. Fr. Andrés. 

No es pequeño argumento de la santidad de un sugeto la honra que se 
le hace en su entierro, porque no hay que dudar que en concurrir todos gene- 
ralmente á celebrar un entierro de un hombre justo, de quien todos unifor- 
memente tienen grande concepto, es señal que la virtud era grande, pues 
todos á una voz la aprueban. Escribiendo el P. Maestro Fr. Luis de Granada 
la vida del Maestro Juan de Avila, llegando á la conversión de S. Juan de 
Dios, hace argumento de su santidad por la solemnidad de su entierro. Son 
muy dignas de notar sus palabras. Y por eso (dice) no me escandalizan estos 
estremos que se vieron en ¡S. Juan de Dios, mayormente siguiéndose después 
de esto una santidad tan grande como fué la de \su vida, testificada con la 
solemnidad admirable con que toda la Ciudad de Granada y todas las Orde- 
nes se juntaron a celebrar su enterramiento. 3 p. Cap. 3. 8. 7. Ya hemos vis- 
to la admirable vida del P. Fr. Andrés que toda ella es un argumento efi- 
cacísimo que prueba la alteza de su santidad y virtud, con la grande solem- 
nidad con que se enterró su cadáver se acabará de conocer la grandeza de 
aquella. 

Padecióse mucho y se gastó mucho tiempo para disponer su cuerpo 
y colocarlo en las andas para sacarlo á la Yglesia, á causa de ser tan grande 
el concurso y llegar a porfía todos á besarle las manos y pies y tocar rosarios. 
Juzgóse que seria buen medio llevarle luego á la Yglesia para que se des- 
embarazasen los claustros y dormitorios de la mucha gente que los ocupaba : 
dieron orden de sacarlo de la celda que estaba en el claustro y los Religiosos 
de N. P. S. Francisco fueron los primeros que lo tomaron en hombros y 
al tiempo de sacarlo ya por la puerta de la celda, llegó el Conde de la Go- 
mera Presidente de Guatemala con toda la Real Audiencia y tomaron el 
cuerpo para cargarlo, mas no era posible dar paso por la mucha gente que 
se habia juntado no siendo posible que se abriese camino para llevarlo á la 
Yglesia porque todos querían ver el cuerpo, besarle los pies y las manos y 

135 



tocar rosarios ; por lo cual fué preciso volverlo á la celda en donde estubo 
hasta las ocho de la noche. No obstante esta diligencia no se pudo evitar 
el concurso, aguardando todos á que le sacasen y se temió no quisiera entrar 
por fuerza á la celda y asi la cerraron por dentro y fuera quedándose en 
guarda del cuerpo muchos Religiosos hasta que siendo ya muy tarde hubo 
de irse la gente toda y pudieron entonces bajar el cuerpo á la Yglesia, y lo 
pusieron en la capilla mayor junto á S. Luis Beltran. No se pudo escusar 
el que alguna gente de nota se quedase en la Yglesia porque lo pidieron con 
grandes instancias. Entre los que se quedaron fueron su grande amigo Pe- 
dro de Lira Regidor de Guatemala que estubo en vela toda la noche derra- 
mando muchas lágrimas y pidiendo á Fr. Andrés hiciese también el oficio 
de Padre como lo habia hecho acá en la tierra. Entró también á ver y velar 
el cuerpo don Pedro Lazo de la Vega, Caballero del hábito de Calatrava, \ 
Alcalde ordinario de Guatemala, con su muger y familia. Llevaba esta se- 
ñora en los brazos un niño hijo suyo pequeñito, y cuando es tan natural en 
los niños huir de los muertos, en este fué muy al contrario por que de los 
brazos de su madre se abalanzó al féretro donde estaba el cuerpo y abriendo 
los brazos le estrechó muchas veces con increible alegria y le besó las manos 
y cara, cosa que vieron todos con grandísimo espanto, pues no podia ser cosa 
natural que un niño de un año hiciese tales demostraciones de reverencia 
y devoción, que estas solo caben en hombres de juicio y de mucho seso. No 
quitó los ojos del cuerpo mientras estubo junto á él ni hizo acción alguna 
en que no mostrase mucha devoción y respeto. 

Aquella noche lo retrató Pedro de Liendo pintor insigne, que solo en 
el féretro dejo verse bien el rostro, porque viviendo fué imposible, ya por 
su natural modestia y traer siempre la capilla puesta ó por deslumhrar el 
cuidado de quien queria retratarle, no poniéndose jamas en disposición que 
pudieran verle. (*) 

Amaneció el dia siguiente que fué el cuarto del novenario de S. Luis 
Beltran y predicando el P. Maestro Fr. Francisco Zeballos, dicípulo del P. 
Fr. Andrés, gastó muy grande parte del sermón en sus alabanzas. Dijo co- 
sas dignas de admiración y la que mas asombró fué que dijo que en espacio 
de 62 años que habia vivido, jamas pecó mortalmente ni perdió la gracia 
bautismal. 

Dispúsose el entierro para las dos de la tarde á que acudió todo el 
lugar de Guatemala y muchos de los de fuera vinieron á hallarse en el en- 
tierro. Hizose el mas solemne que con persona alguna se habia visto hasta 
entonces, porque sin ser convidados asistieron el Presidente y Oidores de 
la Real Audiencia, entrambos Cabildos eclesiástico y secular, el clero y las 
religiosas todas, sin que en el lugar quedase persona alguna que no fuese 
á la Yglesia. No se pasó menos trabajo para llevarlo á la sepultura que 
hubo para bajarlo á la Yglesia, según era el concurso; y con haber tan poco 
trecho del lugar donde estaba el cuerpo al altar mayor que fué donde se 
enterró al lado del Evangelio no se pudo pasar por muy grande rato, porque 
al levantarlo para ponerlo en la sepultura fué tal la conmoción del pueblo y 
las voces y lágrimas llegándose al cuerpo á tocar Rosarios y á querer cor- 



(*) Este retrato está en el Convento de Ccmitáa.— N. del P. Ximenez. 

136 



tarle los hábitos, llamándole muchas veces santo y bienaventurado, que no 
se podia romper por entre la gente que era mucha; y fué tal el ansia del 
pueblo por tocarle y quitarle alguna parte del hábito para reliquias, que se 
avalanzó de nuevo al féretro y sin ser parte para impedirlo los Sres. Presi- 
dente y Oidores que lo cargaban, le quitaron un costado al ataúd que era de 
rejas y á porfia se llegaron á llevar cada cual alguna pequeña reliquia, y te- 
miéndose no se hiciese lo mesmo con el cuerpo hicieron lugar á fuerza de 
brazos para pasar á enterrarlo. Pusiéronlo en la fosa que se habia hecho 
en la peaña del altar mayor, donde estubo algunos años con grande venera- 
ción del pueblo, acudiendo todos á valerse de su intercesión para con Dios. 
De esta suerte honró la Magestad Divina la santidad del P. Fr. Andrés del 
Valle : con estas demostraciones públicas quiso dar á entender que su alma 
habia subido á las eternas moradas á descansar de aquella multitud de tra- 
bajos que padeció por su amor en esta vida, y aunque viviendo tubo la opi- 
nión de santidad que hemos visto, fué creciendo mas y mas cada dia, porque 
sentian la eficacia de sus ruegos todos los que se valian de su intercesión, 
alcanzando salud en sus enfermedades y alivio en todos sus trabajos. De 
sus hábitos y alhajas pobres que tenia se hicieron reliquias y se veneraron 
como tales. En la sacristía del Convento de Guatemala alcancé yo un es- 
capulario suyo que se sacaba para los enfermos y salió tantas veces de 
casa, que se hubo de perder, que no lo he visto mas. No tienen menos venera- 
ción otras muchas cosas suyas que aun duran con igual estimación. En sus 
principios obró Dios por este su gran siervo muchos milagros y los obra por 
su intercesión cada dia. Algunos retratos suyos han quedado y todos muy pro- 
pios y parecidos : el que está en la sacristia del Convento es muy parecido ; 
y otro está en el pueblo de Sinacantlan, que aun dura en aquellos indios la 
veneración á su santo padre : en el Convento de Comitan hay otro y en al- 
gunas casas de Guatemala hay algunos que se tienen en gran reverencia. 



CAPITULO XLIII 

Que es el 31. — De la solemene translación que se hizo de su cuerpo de su 
primer sepultura, a la Capilla de Sto. Tomas de Aquino, 

Estubo el cuerpo de Fr. Andrés del Valle en su primera sepultura des- 
de el año de 1612 en que murió, hasta el de 1626 en que se trasladó. Con- 
curría la gente de la Ciudad á su sepultura, y Dios viendo la fé de los que se 
valian de sus oraciones, condecendia con sus ruegos obrando algunos mila- 
gros. Iva creciendo cada dia mas la devoción por lo cual determinó la Ciu- 
dad pedir al Provincial del Convento diese licencia para que se hiciese un 
nicho en la misma capilla mayor al lado del Evangelio para que allí se co- 
locasen los huesos y estubiese con mayor devoción y reverencia que en su 
primera sepultura. Vino en persona á tratar este negocio Martin de Villela; 
no tubo lugar por entonces, con lo que se quedó así disponiéndolo Ntro. Se- 
ñor por que guardaba esta honra para que se hiciese por orden y disposición 

Í37 



del limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Juan de Sandoval y Zapata Obispo de Guatemala. 
Este gran prelado fué amantísimo de la Religión de N. P. Sto. Domingo y 
amaba á sus hijos con el amor que pudiera si vistiera su hábito. Supo las 
grandezas que se contaban del P. Fr. Andrés: estaba aun fresca la noticia 
de su vida : no estaba enjuta la sangre que por tantas veces habia derrama- 
do y con ella regado las paredes de la Yglesia: todos los de la Ciudad se le 
mostraban sentidos de que á un varón de santidad tan conocida no se le 
hiciese alguna demostración para testimonio de su grande virtud. Estas no- 
ticias, estos clamores juntos con la grande estimación que hacia el P. Fr. 
Andrés y el amor grande á la orden de Sto. Domingo, le obligaron á que tra- 
tase con instancia de sacar los huesos del P. Fr. Andrés, de su primera se- 
pultura y levantarlos á mejor sepulcro. Las prendas grandes de este incom- 
parable varón piden que no las pasemos en silencio, y asi de paso diremos 
algo de lo que toca á su vida. 

Fué este gran prelado de ilustrísimo linage : nació en la Ciudad de 
Mégico, tomó el hábito en el Convento de la orden de S. Agustin de la misma 
Ciudad, dieronle los estudios que acostumbra la Religión, en que salió tan 
aprovechado, que después ocupó las cátedras de artes y teologia. Pasó á 
España en donde dio muestras de su gran talento ; y obligado de sus mu- 
chas prendas el Rey Filipo 3 9 lo presentó al Papa para Obispo de Chiapa. 
Gobernó aquella Yglesia con grandísima prudencia, era de un natural pací- 
fico, de donde nacia el ser generalmente amado y querido de todos. De la 
Yglesia de Chiapa pasó á la de Guatemala que gobernó con no menos pru- 
dencia. Floreció en todo género de virtudes y principalmente en la caridad 
y misericordia con los pobres, que esta es virtud muy propia de los Obispos. 
Fué pobrísimo porque daba todo cuanto tenia sin reservar cosa alguna, lle- 
gó á dar hasta las mismas camisas y demás ropa blanca. Sucedía el querer 
dar limosna y no hallar qué, por que todo lo habia dado : tenia un real de á 
ocho endosado que se ponia en la fuente que tenia en el brazo, y queriendo 
dar limosna á un pobre y buscándola no se halló en toda su casa un real y se 
hubo de quitar el patacón de la fuente para darlo. Le reñía su Mayordomo 
muchas veces diciendole diese limosna con atención á su renta que no era 
tanta como su liberalidad y aunque le prometía enmendarse, cada día que- 
brantaba el propósito que hacia. No habia en su casa cosa segura de plata 
cuando no tenia de que dar limosna, porque daba los candeleros. Una noche 
entró una muger á pedirle un socorro y no halló que darle y lo que hizo fué 
quitar la candela del candelero y este se lo dio á la muger, diciendole que 
remediase su necesidad. Dio voces á sus criados para que le trajesen un 
candelero y no fué fácil hallarlo porque como los daba cada dia, no habia 
sobra en casa de esta alhaja. Fué pobre de corazón y espíritu y deseaba 
morir pobre y se lo pedia á Dios muchas veces : habia un hombre en su 
tiempo, llamado Francisco de Valderrama, muy gran cristiano y muy cari- 
tativo : este se dedicó á pedir limosna para los pobres de la cárcel y para 
los que morían sin dejar para su entierro: dábale el Obispo muchas veces, 
oyóle una noche que venia pidiendo á voces como solia, salió á la ventana 
y diole una muy copiosa. Viendo su liberalidad el Valderrama, le dijo como 
en profecía: Sí de esta suerte dá V. S. limosna, habréla de pedir también 
para su entierro. Enternecióse oyendo esto el Obispo y mostrando grandes 

138 



deseos de morir pobre le dijo : ojalá que yo fuera tan dichoso que me ente- 
rraran de limosna! Concedióselo el Cielo, porque murió de suerte que fué 
necesario enterrarlo de limosna. Predicó en sus honras su grande, aficionado 
y amigo el Maestro Fr. Francisco de Ceballos : discurrió largamente por sus 
virtudes : dilatoso en las exelencias de su caridad ardiente, y llegando al 
caso de cuando se quedó con la candela en la mano para socorrer con el 
candelero á la muger que le pedia limosna, trajo aquel lugar de S. Gregorio : 
Lucernas quipe in manibus tenemus cum perbona o pera proximus nostris\ 
lucis exempla demonstramno. Que siendo los Obispos sucesores de los 
Apóstoles á quienes honró Cristo con el nombre de Luz muestran bien sus 
resplandores egercitando la caridad, socorriendo con ella las necesidades 
de los pobres. Fué principe amabilísimo, son sus memorias dulces como las 
de Josias de quien la Escritura habla con palabras afectuosas y tiernas. 
Quizo el Cielo mostrar que nunca se le pegó á las manos el oro ni la plata 
pues las tenia blanquísimas siendo de rostro muy moreno, de suerte que 
las manos no parecían de aquel rostro, ni el rostro de aquellas manos. 

Este varón eminente é incomparable hizo el aprecio y estimación de- 
bida de la Santidad del P. Fr. Andrés y deseaba que se le diese sepultura 
mas honrosa que la que tenia, porque aunque la que se le dio á los princi- 
pios fué muy privilegiada por ser en la peaña del altar mayor, cosa que no 
se habia hecho con otro religioso, pero quiso hacer mas célebre la memoria 
del P. Fr. Andrés con elevar su cuerpo en la capilla del angélico Doctor Sto. 
Tomas de Aquino, que es la primera del cuerpo de la Yglesia al lado del Evan- 
gelio en donde se labró un nicho para colocarlo. No aguardó el Obispo D. Fr. 
Juan Zapata el que la Religión le pidiese esta honorífica traslación, él mes- 
mo fué el que la solicitó y agenció y habiéndose señalado el día vino con todo 
secreto al Convento con sus Capellanes y Secretarios y habiéndose cerrado 
las puertas de la Yglesia para que no entrase el Concurso de la gente, se pro- 
cedió á abrir la sepultura. Cogieron dos azadones desde los PP. mas graves 
del Convento que fueron el Mtro. Fr. Francisco de Zeballos y el Mtro. Fr. 
Jacinto de Cabanas y con muchísima devoción fueron quitando los ladrillos 
y sacando la tierra hasta dar con el cajón donde estaban los huesos que 
hallaron solos, dislocados y sin carne alguna. Fueronlos sacando y de las 
manos de estos dos PP. Maestros, pasaron á las del Sr. Obispo que uno á 
uno los iva recibiendo y besando con gran devoción y ternura y con muchas 
lágrimas y á su imitación todos los que asistían lloraban devotos y tiernos, 
que como los mas que se hallaban entonces habían conocido al P. Fr. Andrés 
y habían sido testigos de su penitencia y santa vida, habia en ellos muy gran- 
des motivos para la devoción y lágrimas. Sacaron la cabeza desnuda de la 
carne y cabellos que la cubrían y al estarla mirando el Obispo, reparó que 
los sesos estaban enteros y frescos como cuando estaba vivo, cosa que vie- 
ron todos con asombro y espanto por no poder ser cosa natural al respecto 
de ser lo primero que se corrompe por ser una cosa tan tierna y tan deligada; 
y así como cosa sobrenatural y milagrosa quiso el Sr. Obispo que se autori- 
sase y se tomase por fé y testimonio para que constase jurídicamente una 
cosa tan rara; y después de mas de sesenta años de su muerte aun se con- 
servaron enteros y frescos como diré después, que ha querido el Cielo con 
esta demostración declarar los pensamientos del Cielo que tubo el P. Fr. 

139 



Andrés y no se atrevió la tierra á consumir y acabar cosa que pertenecia al 
Cielo, que descubriéndose los huesos de S. Antonio de Padua, hallándolos 
todos hechos despojos de la muerte, se halló que la lengua estaba entera, 
fresca y reciente y dijo S. Buenaventura que habia sido disposición del cielo 
que se conservase sin corrupción su lengua en testimonio de los grandes em- 
pleos que tubo viviendo, que no fueron otros que alabar á Dios y engran- 
decerlo. La Escritura Santa advierte que murió Moyses con la entereza de 
sus miembros, sin caérsele diente, ni túrbasele los ojos, ni la lengua, todo 
lo cual dice Ruperto que lo hizo el Cielo en testimonio de que de su boca no 
salió palabra alguna que no fuese para honra y gloria de Dios. Esto mesmo 
podemos entender que hizo Dios con Fr. Andrés conservándole entero y 
frescos los sesos en testimonio de la pureza de sus pensamientos. 

Pusieron los huesos todos en un cajón forrado en terciopelo negro con 
franjones de oro y se colocaron en el cuerpo de la Capilla Mayor desde donde 
se habian de llevar al lugar donde debian ponerse. Corrió la voz por el lugar 
de que se trasladaban los huesos del P. Fr. Andrés y concurrió la gente con 
la mesma devoción que al entierro. Hallóse en esta translación la Real Au- 
diencia con su Presidente y Oidores, los dos cabildos, todas las Religiones: 
celebró aquel dia la misa de pontifical el Sr. Don Fr. Juan Zapata, predicó 
el sermón el Maestro Fr. Francisco de Zeballos, discurrió por sus virtudes, 
por su abstinencia, mortificación y penitencia é hizo un breve epilogo de su 
vida que es lo que hemos escrito. Acabado el sermón y la misa se comenzó 
una procesión solemne : llevaron en sus hombros los huesos el Presidente y 
Oidores y se colocaron en la Capilla de Sto. Tomas de Aquino y sobre el 
sepulcro que estaba en alto y elevado se puso su retrato, que es el que está 
hoy en la sacristia, y en la peaña se grabó esta inscripción ó epitafio que 
hizo la devoción del Maestro Fr. Francisco Cevallos. 

Clarissimo ac precestantissimo virtutum ac literarum exemplari, R. 
adm. P. Fr. Andrae fiel Valle hunis álmae Provintice quondam (Provinciali 
dignissimo, suce profesionis integerrimo observatori ; charitatis eximice, al- 
tissimae humilitatis et poenitentice incredibilis acérrimo sectatori; hunis 
novae vinece infatigabili operario, otii pernitiei pugi debelatori; Coenobium 
istud hoc locelum pía devotione dicavit. Is supra viginti annis in Sacrae 
Theólogice pralectione transastis, rebusque Conventus cui Üriplici biennio 
sanctissime prafuit, ad melioremf rugen redactis, migravit é mortali vita ut 
pie creditur ad aeternam anno á Xpto. fiaio 1612 — cetatis suce sexagésimo se- 
cundo, elevatae sunt exuvice nutu Illmi: ac Bini. Magistri Dmni. Fritris. 
Joannis de Sandobal et Zapata Pastorías pervigilis anno Dni: 1626. quarto 
nonas septembris. — Que en nuestro vulgar castellano quiere decir asi: 

Al clarísimo y aventajadísimo egemplar de letras y [virtud el Muy 
R* P. Fr. Andrés del Valle Provincial ¡dignísimo que fué de esta provincia 
Santa, integerrimo observador de su profesión, de grandísima caridad, de 
altísima humanidad y penitencia increíble acérrimo seguidor, de esta nueva 
viña incansable obrero y continuo guerrero del pernicioso ocio. Este con- 
vento con piadosa devoción le dedicó este pequeño sepulcro. Pasados veinte 
y seis años que gastó en leer Teología y en ordenar las cosas del Convento, 
del cual fué Prior por tres veces, para pasarlas á mejor fruto, pasó de esta 

140 



mortal vida á la eterna, como se cree piadosamente, el año de 1612. Fueron 
trasladados sus huesos por orden ídel Sr. Miro. D. Fr. Juan de Sandoval y 
Zapata, Pastor vigilantísimo, el año de 1626 á cuatro de Setiembre. 

En este lugar donde se colocaron entonces duraron con grande vene- 
ración del pueblo hasta el año de 1653, porque se empezó á labrar el medio 
cañón del cuerpo de la Yglesia y fué necesario abrir paso en la capilla de 
Sto. Tomas para la conducción de los materiales de la fabrica. Abrióse la 
puerta por el mesmo lugar donde estaban sus huesos y así fué forzoso pa- 
sarlos de allí á otro lugar. Yo me hallé presente el dia que se sacaron, que 
era hermano de la casa de Novicios: bajo la comunidad toda con Preste y 
Ministros: era Prior del Convento el P. Fr. Juan del Campo la segunda vez 
que lo fué; sacáronse y lleváronse con grande solemnidad y devoción á la 
sacristía y puestos ya en un cajón que se hizo aforrado de tafetán negro, 
se pusieron en una alacena pequeña en donde se guardan los cálices y cor- 
porales. Allí estubieron algún tiempo y reconociéndose que no estaban con 
la seguridad que se debia, se pasaron al oratorio de la Sacristía y están de- 
bajo del altar que allí está de S. Pedro Mártir. Aqui se conservan hasta 
hoy en dia quiera su divina magestad que no nos olvidemos de tan gran 
varón y que no tengan sus reliquias en nuestros tiempos menos veneración 
que en los pasados. 

En esta translación ó depósito de sus huesos que se hizo el año de 
1653, se hallaron algunos Religiosos dicípulos del P. Fr. Andrés que fueron 
el P. Fr. Luis de Cárcamo, Fr. Luis de Morales, Fr. Francisco de Cetina. Al 
tiempo de pasar sus huesos de un lugar á otro se supo como un Religioso 
llamado Fr. Domingo de Montufar había sacado la calavera y puesto otra 
en su lugar; y aunque se hicieron algunas diligencias para que se volviese, 
no fueron bastantes, y á lo que entiendo el Religioso se quedó con ella; y 
el año de cincuenta y siete me mostró un Religioso en un papel, sesos de la 
calavera del P. Fr. Andrés. Una cosa me contó un hombre que está vivo 
hoy á quien he tratado con mucha familiaridad, y es que el dia que se saca- 
ron los huesos de la capilla de Sto. Tomás, fué al ataúd y sacó uno grande 
que era la muñeca de una mano, llevólo á su casa y procuró ponerlo en 
lugar decente, y este mesmo dia un perro de su mesma casa al cual había 
criado, le embistió con grande corage y furor y le cogió la muñeca del brazo 
derecho y se la mordió y magulló y el conociendo que aquello era castigo 
por haber hurtado aquel hueso lo volvió á poner en el cajón de donde lo 
había sacado. 

Aun está Dios obrando maravillas por los méritos de su siervo y quie- 
ro contar dos casos aquí que me los han referido dos Religiosos á quienes han 
succedido. El uno me dijo que siendo novicio se halló con un vehementí- 
simo dolor de estómago estando en el oratorio de la sacristía y acordándose 
que estaban allí los huesos del P. Fr. Andrés se encomendó muy de veras 
á él y el rezó un Padre Ntro. y un Ave María y antes de levantarse del lugar 
donde estaba, se le quitó el dolor. El otro Religioso me dijo que se hallaba 
con un grande dolor de muelas y saliendo á hacer á la Yglesia el oficio de 
Acólito cogió un poco de cera y la puso en el altar donde están sus reliquias 
después de haber acabado de acolitar cogió la cera y la tubo en la boca con 
lo cual se le quitó el dolor de muelas. 

141 



CAPITULO XLIV 

Que es el treinta y dos. — De la noticia que se dio a la Orden toda de la 

santidad del P. Fr. Andrés. 

Es estilo muy antiguo en la Religión y muy loable, en los Capitulos así 
particulares de provincia, como generales de toda la Religión, dar noticia de 
los religiosos que en ella mueren con opinión de santidad y virtud, para con 
el egemplo provocar á los demás religiosos á la imitación de las virtudes, 
y así mesmo para dar gracias á Dios por los beneficios que hace á la Reli- 
gión honrándola con tan esclarecidos hijos. De los capítulos particulares 
de las provincias pasan las noticias á los Capítulos generales y de estos á 
toda la Religión. Tres años después de la muerte del P. Fr. Andrés se cele- 
bró capítulo General en la ciudad de Bolonia, año de 1615 : en él se dá no- 
ticia á toda la Religión de la gran virtud del P. Fr. Andrés y por ser un 
resumen y epilogo de su vida toda, quierola poner aquí con las mismas pa- 
labras que se refieren en las actas de aquel Capítulo que son como sigue : 

En la provincia de Chiapa, en las indias Occidentales, entre los pa- 
dres sacerdotes, murió en grande opinión de santidad en el Convento de 
Sto. Domingo de Guatemala el P. Fr. Andrés del Valle de buena memoria, 
natural de Valladolid, hijo de hábito de la provincia de España; Predicador 
General, Provincial de la misma provincia, de S. Vicente. De el cual se tubo 
noticia que por mas de veinte años continuos guardó perfectísimamente nues- 
tras sagradas constituciones aun en las cosas mínimas, y en este tiempo 
ayunó todas las cuaresmas á pan y agua, pasándosele muchos dias sin co- 
mer: Cuando caminaba jamas quebró el ayuno no solo con comida, pero ni 
aun con una gota de agua. Las noches enteras las pasaba sin dormir ocu- 
pado en la oración, y en ellas tomaba tres diciplinas hasta derramar sangre. 
Leyó veintiocho años Theologia. Acabando el oficio ¡de Provincial recibió 
el de Maestro de novicios y usando este muy humilde varón, lleno de Dios, 
de otros mas dificultosos y humildes egercicios, andaba continuamente de- 
bajo de los pies de sus hermanos. Ninguna cosa le daba pías pena que el 
entender que le tenían por bueno, porque entonces estaba mas contento 
cuando sabia que era desestimado, y de aquí procedía que por huir el con- 
curso de la gente que acudía á oír ,sn misa como de Santo, la decía muy de 
mañana antes de que se abriesen las puertas de la Yglesia. Estando cercano 
á su muerte para pasar á mejor vida acudieron á el muchas personas princi- 
pales, religiosos de todas las órdenes, y gran parte de la gente común, á que 
les echase la bendición. No le pudieron enterrar en dos dias y por dos ve- 
ces lo vistieron porque el pueblo le quitaba los hábitos para reliquias. A 
petición de muchos y con mucha honra está sepultado junto al { áltar mayor. 
Es común opinión que en vida y en muerte obró Dios muchos milagros por 
él. La memoria de este bienaventurado varón será siempre con bendiciones 
y alabanzas. Estas son las palabras de las actas del Capítulo general de 
Bolonia que es en breve cuanto hemos dicho en el discurso de su vida. Des- 
pués en el Martirologio particular de varones ilustres que ha tenido la orden 
y están puestos al fin de la Calenda, se pone al P. Fr. Andrés por varón de 
insigne virtud y santidad, con estas palabras: 

142 



Fr. Andreas á Valle, filius Provincia Hispania, in provincia S. Vicentii 
de Chiapa admirabili ac rara abstinentia ennitait. Viginíi et amplius amo- 
rum spatio íntegri etiam in minimis suí ínstituti \leges observaba. Jotidem 
quadragesimas solo pane et aqua confecit, pluresque dies absque ullo cibo 
transegit, noctes oratonibus vacans feré ducebat insomnes. His singulis no~ 
tibus duro flagelo usqae ad sangainis effusionem se afligebat. Omnium 
acclamatione et copiosissimis lachrimis ejus funus celebratinm est, cujus 
santitatem miracula illustrarant. 

En este elogio se dice que dos veces se azotaba todas las noches, que 
fué ó yerro de imprenta ú olvido de quien lo escribió, porque en el capitulo 
de Bolonia de donde este elogio se sacó dice que tres veces tomaba diciplina 
todas las noches hasta derramar sangre : esto mesmo dice la historia y esto 
es lo mas cierto. Hasta aquí llega la vida y muerte de este varón incompara- 
ble y digno de eterna memoria. Bien veo y conozco que la cortedad mia 
ha sido tanta, que en vez de realzar sus virtudes y sus obras, las ha dejado 
muy atrás en la ponderación y estimación. No he podido mas ni tengo caudal 
para escribir de otra suerte. A quien esto leyere digo que me disculpe pues 
mi intención no ha sido otra que dar alguna noticia de las excelencias de este 
gran padre para que se sepa que tal le tubo esta provincia, y lastimado de que 
ya se ivan olvidando sus cosas tomé la pluma para escribirlas. Reciba Dios 
y Sto. Domingo este trabajo, el cual sea para mayor honra y gloria suya. 
Acábela de escribir miércoles en la noche, dia diez y siete de febrero de mil 
seiscientos setenta y siete". 

Nuestro Remesal (Lib. 11 cap. 24) en la corta noticia que nos dejó de 
aqueste insigne varón, dice: "Constame que de parte de la Ciudad de Gua- 
temala vino al Convento al fin del año de 1614 Martin de Villela Alcalde or- 
dinario á pedir al Padre Provincial diese licencia para que al lado del Evan- 
gelio se hiciese un nicho y allí se pusiese con decencia el cuerpo del P. Fr. 
Andrés, en honra de la Religión y en consuelo de la ciudad que tanto le 
estima y venera a su sarta memoria; y no se le dio lugar para ello dispo- 
niéndolo ari Ntio. Señor como dando por ocioso el favor y honra del mundo 
para quien es honrado y estimado en el Cielo". Hasta aquí Remesal que lo 
discurre muy bien; pero también quiere Su divina Magestad que sus amigos 
sean honrados en la tierra como El los honra en el Cielo y que nos valgamos 
de ellos en nuestras necesidades y nó que esté tan olvidada su memoria que 
solo se acuerden de él para levantar mil quimeras é inventar profesias que 
no constan, como se ha visto, en su vida por su gran silencio; como es aque- 
lla de que profetizó que la plaza grande de Guatemala se habia de ver rega- 
da con sangre de muchos mártires; y también que todo lo que es hoy Gua- 
temala habia de ser laguna por que se habia de hundir toda la Ciudad, le- 
vantando aquestas falcedades para apoyar sus quimeras los inventores de 
las muchas que levantaron este año pasado de 1717 con los grandes terre- 
motos que hubo dia de San Miguel como en su lugar se dirá. Bien quiere 
Dios que sus amigos sean honrados y asi los ilustra con tantas maravillas; 
pero lleva muy mal que se les impute lo que no es, y se inventen mentiras 

143 



que eso es propio del demonio. Mejor fuera que se acordaran de aqueste 
gran Patrón que tiene esta Ciudad ante Dios para valerse de su intercesión 
que quizá, y sin quizá, se apiadara de aquesta miserable República en medio 
de tantos azotes como la afligen tantos años ha; y aun si digo que desde 
que faltó este Moyses de Guatemala, no me parece que diré mal. 



CAPITULO XLV 

Celébrase Capítulo en Sacapulas y muertes de algunos Religiosos. Año 

de 1613. 

A los trece del mes de Enero de 1613 se celebró capitulo en el Con- 
vento de Sto. Domingo Sacapulas, que fué el intermedio de N. P. Fr. Pedro 
de Vargas y en él fueron Definidores los M. Rs. Ps. Fr. Alonso Garcia Prior 
de Ciudad Real, Fr. Diego de Cantos Prior de Coban, Fr. Bernardo de Oleza 
Prior de Sacapulas y Fr. Alonso Guirao Prior de Chiapa de indios. 

En aqueste Capitulo se confirmó la elección hecha de Prior de Sto. Do- 
mingo de Guatemala en la persona del P. Fr. Juan de Aillon, cosa inusitada 
en la Religión, porque la elección de Prior de cualquier Convento le toca 
peculiarmente al Provincial el confirmarla. En aqueste definitorio se confir- 
mó esta elección porque habiendo muerto poco antes el Padre Fr. Garcia 
de Loaisa, Prior que era de dicho Convento de Guatemala, llegó la elección 
al Provincial estando en el mesmo Capítulo, y como entonces el Provincial 
no puede disponer cosa por sí solo mientras está junto el definitorio, por- 
que todos entonces son comprelados, esa fué la causa de confirmarse aquesta 
elección en aquel Capítulo. Hallábase en el Capítulo el P. Fr. Juan de 
Aillon y asi le mandan que luego acepte el oficio de Prior de Guatemala. 

Ordenáronse en este capítulo muchas cosas y muy buenas tocantes 
al buen gobierno de la provincia y en especial porque los Sres. Obispos pre- 
testaban para pretender visitar á los Religiosos en las administraciones que 
los Prelados no cuidaban de ver y visitar los Religiosos, que porque no hu- 
biera en esto motivo alguno de queja en los Sres. Obispos, que por estar 
lejos el Prior de Guatemala de los pueblos de Rabinal, Cubulco y Tsalamá 
para que el Prior de aquel Convento los visitase, que estos pueblos pertene- 
ciesen al Convento de Sacapulas y que el Prior de aquel Convento los vi- 
sitase y viese si habia algún defecto, y desde entonces se separaron aquellos 
pueblos de la Casa de Guatemala á donde tocaban. Esta queja que los Sres. 
Obispos pretestaban no tenia mas fundamento que el anhelo grande que 
tenían de supeditar á los Religiosos, no por que hubiese defecto alguno, que 
si lo hay es de tan poca substancia que no es defecto, y luego los Prelados 
lo enmiendan, pero por no dar ocacion á queja alguna dispuso la provincia 
esto de aqueste modo. 

144 



Y porque la mudanza de los tiempos y la necesidad de habitar en 
tan malos temperamentos parece que habia alargado la licencia de vestir 
lienzo sin mucha necesidad, se mandó que dentro de cuatro dias de la no- 
ticia de aquella ordenación, todos los que tubiesen tal licencia se manifesta- 
sen á los Prelados para que vista y examinada la causa se viese si era sufi- 
ciente para vestir ó no lienzo, cosa que siempre ha visto la Provincia con 
mucho rigor y si no es con muy justificada causa, no lo permite. 

También parece que algunas personas poco afectas á la Religión bus- 
caban tropiezos en que ofenderse imponiéndoles nota de ambiciosos por 
las haciendas que ivan criando en conformidad de la facultad que habia 
dado el Sto. Consilio de Trento por causa del resfrio de los fieles católicos 
en sus limosnas, de que se mantenian las Religiones mendicantes; y asi, que- 
riendo la provincia quitar aquestos estorbos de escándalo que se querian 
tomar por su mala voluntad aunque con mucho detrimento suyo pues no te- 
nian mas socorro que las cortas limosnas de los pobres indios, mandaron que 
no fundasen haciendas algunas de nuevo y que si hallaban modo, que ven- 
diesen las que tenian los Conventos. Estas y otras pesadumbres nos han 
acarreado siempre aquestas administraciones que tenemos de los indios, que 
si con otros ojos se mirara aquesta materia, se viera lo poco que nuestras 
administraciones pueden gravar las conciencias de los Prelados Superiores; 
pero aqueste desordenado apetito de nuestra depravada voluntad de ser 
mas y querer ser dioses, que contragimos de nuestro padre Adán, si la razón 
no lo morigera, no se saciará ni con el mando y subyugación de todo el 
mundo. 

Denunciáronse en aqueste Capítulo las muertes de algunos Religio- 
sos muy señalados en virtud y el primero fué el Ve. P. Fr. Andrés del Valle, 
de quien dice que aunque está muerto, pero su memoria vivirá para siempre 
con la bendición eterna como arriba queda dicho en su vida. El segundo 
fué el P. Predicador General Fr. Garcia de Loaisa, Prior actual del mismo 
Convento de Guatemala, varón muy egemplar y de gran gobierno y así fué 
definidor en el Capítulo general que se celebró en Ciudad Real el año de 
1597 en que fué electo el Ve. Pe. Fr. Andrés del Valle y en el que se celebró 
el año de 1605 en el mismo Convento de Ciudad Real en que fué electo el P. 
Fr. Juan Manzano y en el que se celebró en el mismo Convento el año de 
1611 en que fué electo el P. Fr. Pedro Vargas. Murió cercano el Capítulto 
y la elección que se hizo fué ya junto el Capítulo y la confirmó el Definitorio 
como se ha dicho arriba. 

En lo que se mandó fuera de actas para toda la provincia se ordenó 
una cosa muy bien mirada y que si esta y otra cosas tales se guardaran, 
como es justo, se conservara mas indemne nuestra inmunidad y no la atro- 
pellaran, como la atropellan, los señores Obispos en grave detrimento de 
la regular observancia, y fué que en todos los conventos en que tenemos 
sagrarios y hay administración se ponga el depósito de la administración en 
otro altar fuera del altar mayor en donde ha de estar nuestro sagrario que 
es el que ha de visitar nuestro provincial cuando visita el tal Convento que 
es el nuestro, y que el Sr. Obispo cuando visita lo haga en el de la adminis- 
tración y no se intrometa con el nuestro ; y esto que parece que es una niñe- 

145 



ria lo es para quien no tiene el celo de su Religión (a) como debe, que si lo 
tubiera, viera como es la cosa mas grande de la Religión y donde mas se 
manifiesta el privilegio exención de los Sres. Obispos que nos tiene conce- 
dido la Sede Apostólica, teniendo sagrario aparte para sacramentar á los Re- 
ligiosos su Prelado como su Cura que es, en que no tiene que ver el Sr. 
Obispo en cosa alguna; y por no haber puesto el cuidado que debe en la 
defensa y manutención de aqueste y de todos los demás privilegios con que 
la Sta. Sede nos ha ennoblecido por lo que á la Sta. Yglesia hemos servido, 
casi hoy nos hallamos subyugados á los Sres. Obispos que casi les quieren 
tener atadas las manos á los Prelados para obrar lo que ven que conviene al 
buen gobierno de su provincia. 

1614 

En este año de 14 se dio principio á la gran discordia y pleito que 
hubo en la Ciudad de Guatemala y duró hasta el año de 20, en que viendo 
S. M. tanto enredo y quimera como en semejantes ocaciones se suele levan- 
tar y mas cuando el Ministro no es como se requiere para la averiguación 
de tales cosas, mandó que todos los autos se recogiesen y se metiesen en una 
arca y se cerrase con tres llaves y se depositase en nuestro Convento de 
Guatemala y que á todo se le echase tierra ; que suele ser el medio mas con- 
veniente que se suele tomar en tales casos por que no hay otro que cortar 
de aqueste modo el nudo tan ciego y enredado que se hace en aquestas pes- 
quisas, las mas veces por la ambición y codicia de los jueces que envian para 
ello, y las menos por falta de pericia, como lo vimos en nuestros dias con 
otro visitador, como se dirá en su lugar. Todo parece que tubo principio en 
alguna codicia que demostró el Conde de la Gomera por lo cual no debia de 
administrar la justicia con la rectitud que su M. quiere, de que tomaron 
ocacion de sindicarlo el Dr. Araque Oidor que era de la Real Audiencia, y sin 
duda mas fué llevado de su cólera por lo que le debia ir á la mano en sus 
desafueros, que con la mano de Ministro de S. M. los hizo terribles, desbali- 
jando correos y oprimiendo á todos hasta llegar á forzar á una Sra. principal 
violentamente, que no quería condescender con su torpeza. Este y otros ta- 
les concitaron á muchos que sirvieron de testigos calumniándole muchas co- 
sas de que se descargó muy bien, como he visto en papeles de aquel tiempo ; 
antes si, puso notables tachas á los testigos, como fué á uno que siendo mu- 
lato y herrero quería que le diese una encomienda de indios y por que no 
se la dio era su enemigo, y otro que no nombro por el crédito de sus decen- 
dientes, que era tan cabiloso y amigo de pleitos, que los compraba por tener 
que pleitear. Las cosas se enconaron de tal calidad que llegaron á términos, 
el Dr. Araque y otros sus allegados de querer oprimir á la Autoridad excma. 
mandando prender á un Clérigo por que notificaba una censura que el 
Obispo mandaba notificar á los que ivan en la procesión de la Sta. Ve- 
racruz por cosas que le pareció convenir, el mismo Jueves Santo yendo en 
la procesión, y sobre prender al dicho Clérigo se puso entredicho en la Ciu- 



(a) No es por cierto niñería, puesto que es una grave ofensa á la unidad eclesiástica y caridad cristiana, 
la que asi semejantes puerilidades le hace el falso espíritu de Corporación. 

146 



dad aquella noche y el Viernes Santo, cosa de grandísimo escándalo ; toman- 
do por motivo aquestos Sres. Ministros que el tal Clérigo notificó la censura 
delante de la Real Audiencia. En fin, ello llegó á términos de tantos enre- 
des que S. M. hubo de tomar aqueste medio de que todos los papeles se 
encerrasen y no se tratase mas de aquellos cuentos; y esto succede muchas 
veces porque como cada cual quiere justicia y no por su casa, se van enla- 
zando las cosas, los respetos y dependencias de tal modo que si el Juez no 
es como debe, y sobre todo limpio de manos, todo se echa á perder y no hay 
mas remedio que cortar el nudo y poner silencio á todos; y este fué el medio 
que S. M. tomó entonces, tan acertado para poner paz entre todos. 



CAPITULO XLVI 

Capítulo en Guatemala y elección de Provincial 1615. 

Habiendo cumplido su cuadriemio N. M. R. P. Fr. Pedro de Vargas, 
con mucha satisfacción de toda la provincia se juntó á elegir cabeza y cele- 
brar capítulo provincial en el Convento de N. P. Sto. Domingo de Guatemala; 
y todos unánimes y conformes eligieron en prior provincial de aquesta Sta. 
Provincia á N. M. R. P. Fr. Agustín de Montes, con universal gozo de toda 
ella porque le quedaba padre, y verdadero, en lugar del que le faltaba. Con- 
firmaron la elección como definidores de aqueste Capítulo los M. R. PP. 
Fr. Juan Dias Predicador General y Prior de Ciudad Real, Fr. Luis Saenz 
Prior de Coban, Fr. Juan de Verasatagui Prior de Tecpatlan y Fr. Juan de 
Ayllon Predicador general. 

Dispusiéronse en aqueste Capítulo muchas^ y muy santas leyes para 
el buen gobierno de aquesta provincia ; y entre ellas se mandó que de ningún 
modo se admitiese en ella Religioso alguno de agena provincia por los mu- 
chos inconvenientes que se habían esperimentado ; y estos siempre se espe- 
rimentan y los hemos visto en nuestros días, porque no es posible que Re- 
ligioso que deja su Convento y provincia nativa y se salga vagando por las 
agenas asiente el pié á derechas ni en esta ni en otra provincia. Bien podía 
aquesta nuestra reparar en esto para no admitir tantos, que todo lleva su 
poco de sal en recibirlos y mas si son de España; pero luego lo pagan de 
contado porque ó dan un buen disgusto al Prelado con alguna travesura, ó 
los ponen en grandísimos empeños para que los acomoden con muy grave 
detrimento de sus conciencias. Bien se podía reparar en cosa tan grave y 
de tanto momento y á costa de poco costo traer religiosos como se han 
traído siempre de las Provincias de España que vienen con la bendición de 
Dios y de sus Prelados y no entran en la provincia saltando bardas, sino por 
la puerta de la obediencia que son los superiores. 

147 



También se encargó mucho el cuidado que se debia poner en exami- 
nar y probar al que de nuevo se le hubiese de encargar cura de almas, y 
con mucha razón por ser el mas alto ministerio que se puede encomendar 
y que no vá en ello menos que la salvación de muchas almas ; y asi no es ne- 
gocio que se pueda encomendar á poco mas ó menos, sino es siendo antes 
muy bien examinado no solo en buenas letras sino en muy buenas y santas 
costumbres. Es arte de las artes, dice S. Gregorio, y asi ha menester de 
Maestro muy aprobado. 

En aqueste capitulo se aceptó por casa de la orden el Convento que 
se habia fundado de Sta. Catalina de Sena; pero como no se consiguió que 
las monjas viniesen de Oaxaca, no llegó el caso de verse poblado, como 
queda dicho arriba, y se quedó de aquesa manera hasta el dia de hoy. Tam- 
bién se erigió en casa de Priorato la de Comitlan que solo era Vicaria, y se 
le dio por primer Prior al P. Fr. Juan Ximeno. 

Encargóse mucho en aqueste Definitorio al Provincial electo, que 
castigase severisimamente como á dextructores Ordinis á los que propala- 
sen las cosas graves de la Religión á los seculares ; y con razón se debe cas- 
tigar con gran rigor, pues es sin duda destrucción del estado Regular la 
propalacion de lo que dentro de nuestros claustaros pasa; y esto es regular- 
mente causado de los que no son hijos de la provincia que era uno de los 
motivos que la provincia tubo para mandar que no se admitiesen los vaga- 
mundos, que como gente poco afecta á la diciplina regular, no puede tole- 
rar que haya orden y concierto en las cosas, porque si así es, ellos se que- 
darán arrimados sin que se les haga caso; y así procuran el desorden y des- 
concierto valiéndose de seculares y personas poderosas para que se empe- 
ñen por ellos para que los acomoden en lo que vaca. Aquesta perniciosa 
ambición solo se puede atajar en su raiz, y no dándoles entrada en la Pro- 
vincia no embarazan que los hijos de ella y los beneméritos ocupen los 
puestos, quienes mirándola como madre la ilustran y honran con sus bue- 
nos procederes. 

De algunos Religiosos se hace memoria en aqueste Capítulo que se 
llevó Ntro. Señor para Sí que trabajaron y lo sirvieron en ella; pero por 
no hallar razones autenticas de los especiales trabajos de cada uno, será 
fuerza pasarlos en silencio, menos del que se sigue por haber sido muy se- 
ñalado. 



CAPITULO XLVII 

Del Padre Fr. Pedro Lorenzo Año de 1616. 

Entre los varones que mas ilustraron aquesta Santa provincia, fue 
uno el P. Fr. Pedro Lorenzo, que por este tiempo, poco mas ó menos, se lo 
llevó á descansar N. Señor y á darle el premio de sus grandes trabajos y 
virtudes, que son tales que hasta el dia de hoy no se han olvidado ni se ol- 
vidarán entre los indios del Palenque, pueblo cercano á la provincia de Ta- 
basco adonde enseñó y doctrinó y cuyo lugar le dio N. Señor para su descan- 

148 






so para que allí aguardase la universal resurrección. Fué aqueste bendito 
padre, hijo de la insigne casa de S. Estevan de Salamanca y vino á aquesta 
provincia el año de 1560, á tiempo que se acababa de hacer la elección de pro- 
vincial en el Convento de Chiapa la Real en que fué electo el P. Fr. Alonso 
de Villalba. Cúpole en suerte el ir al Convento de Ciudad Real, ó por me- 
jor decir, fué suerte de muchos que aqueste bendito padre fuese á aquella 
casa para que aprendiese aquella lengua Tzotzil y Tzeldal y con ella apro- 
vechase á tantos. Salió eminente en ella y predicaba, confesaba y adminis- 
traba los santos sacramentos con mucho amor y caridad á aquestas gentes 
trayendolas como madre piadosa, metidos en sus entrañas llenas de piedad 
para con aquestos pobres y amamantándolos con la leche de su doctrina 
celestial, con lo cual no es decible el amor que le cobraron todos los indios 
que le conocieron, teniéndose por dichosos los que alcanzaban á oir su san- 
ta doctrina. 

En esto se entretubo el bendito religioso, lleno su pecho de amor de 
Dios y ardiendo en celo de la salvación de las almas, cuando acometió una 
hazaña la mas heroica que se puede pensar, que aunque arriba queda dicha 
en su propio tiempo en que succedió, será fuerza volverla á poner aquí de 
relación del P. Fr. Tomas de la Torre que la escribe como testigo de vista. 
Dice pues : 

"Este año por cuaresma hizo Fr. Pedro Lorenzo una valentía, la ma- 
yor que hombre ha hecho y que á iodos nos tyuso en gran turbación, aunque 
Dios que vio sus buenos deseos, estorbó ¡eZ mal que todos temíamos; y fué 
que como los de Pochutla.se volviéronla reformar ¡después de las guerras arri- 
ba dichas, comenzaron á ser temidos de todos los ¡comarcanos, y teniendo 
el Padre que los males irían adelante y mo se ^podrían remediar ¡sino con gran- 
des daños; de los de guerra y de los de paz tomó consigo algunos indios con- 
vertidos y uno que se había huido de allá de Pochuta, y fuese asía allá con 
hasta diez indios entre los compañeros y tlamenes; y una jornada de Pochu- 
tla envió á aquel que de allá había venido, á dar noticia de su yida, de lo 
cual recibió gran turbación Cham-ahhoal el Sr. de aquella gente; pero olvi- 
dado de su ferocidad todo su iemor era de como hablaría al Padre, porque 
estos infieles luego temen su muerte de cualquier semejante caso, como 
Manué judio dijo á su mugen visto hemos al Señor, morir tenemos. El men- 
sagero diz que dijo tales cosas que yo cierto holgara que fueran así, y de 
saberlas relatar. ¿Porqué, dice, temes de ver al mensagero de Dios? Estos 
santos que no buscan ni quieren nada en la ¡tierra, todo su deseo está en 
el cielo, allá tienen su corazón y por eso vienen acá y no temen la muerte 
porque por ella van al descanso. Estos son los que conciertan la tierra y los 
que ponen en camino á los Reyes 'y á fas Señores y ¡si los jueces que yienen 
hacen algo que no deben, estos 'se lo contradicen. Estos son Padres de los 
indios y procuran en todo su bien. Con estas razones del Catecúmeno se 
esforzó el Cacique y luego envió á recibir al Padre con mucha comida y una 
canoa para que entrase en la isla que está enmedio de la laguna, y él y todas 
sus mugeres estubieron mirando tcomo venia y lo salió á recibir á una sala 
cerca de la puerta de su casa. Y el Padre estubo allí tres días predicándoles 

149 



y tratando con ellos su salida de allí; y [estando ya concertada la salida, le- 
vantáronse unos malos hombres con un ¡Principal y contradi geronlo y aun 
trataron de comerse al Padre el día siguiente diciendo que había sido <muy 
atrevido en entrar allá. Pero como el Cacique lo supo, habló al Padre di- 
ciendo que no temiese: que, ¿como era posible matar los hombres á Dios? 
¿que como era posible tapar los ojos al sol que á todos alumbra? ¿que como 
era posible poner manos los hombres en su salvador? Y luego mandó guar- 
dar al padre y velállo con tantos atabales y cantos que él pasó sin dormir, 
y cargándole todos los flámenes de comida para él y ¡para todos, los despidió 
prometiendo que daria orden en su salida asía esta tierra donde sin temor 
pudiesen los \Padres tratar con .ellos; y así se despidió el Padre de él y de 
todos, y esta parte de la laguna halló que le tenia el Cacique gran cantidad 
de comida y de indios que le viniesen pescando hasta llegar á tierra de paz, 
que eran seis jornadas despobladas.. Todos los españoles estaban con gran 
turbación teniendo casi por cierta su muerte y teniendo de ella otros graves 
daños; y en acabándolo de encomendar en Capítulo por muerto, (por las nue- 
vas que habían llegado entonces de su muerte) llegó 'él bueno jy sano. No 
aconsejaré yo á nadie semejantes caridades porque tierra en medio \se ha 
de tratar con estos hermanos ¡que están ^escandalizados de los 'españoles. No 
digo con arcabuces, que esa es '-nueva manera de predicar y publicar el 
Evangelio. No digo sino tierra \en medio y -tomando rehenes de ellos de sus 
hijos, como los Padres lo sabemos hacer: Pero \él Padre Fr. Pedro dice que 
tubo bastantes razones para spensar ¡que servia á Dios en la jornada. Lo que 
en el caso succediere, se escribirá". 

Hasta aquí nuestro Cronista; y no es dudable que Dios le manifes- 
taría su voluntad en este caso, ó por revelación ó por impulso y mosion su- 
perior, pues no habiendo sido así, hubiera sido arrojo, temeridad y soberbia 
que sin duda hubiera castigado Dios que aborrece tal vicio ; y el efecto ma- 
nifestó ser cosa movida de arriba, como se vé en lo que prosigue adelante 
nuestro Cronista por estas palabras : 

Por cuaresma de este mismo año (esto es de 1564) se vinieron casi 
todos los indios de Pochutla de paz y Jos fueron á recibir tos Padres Fr. Pe- 
dro de la Cruz y Fr. Pedro Lorenzo y los asentaron en Ococingo \donde al 
presente están ya aun bautizados algunos { de ellos. No 'se ,pudo acabar con 
Landecho (este era el Presidente) que les diese algo para su mantenimiento 
porque no se tornasen á su tierra por no tener aun milpas; y fuera justo, 
pues tanto había el Rey ¡gastado por conquistallos y no había podido; y asi 
los han sustentado los Religiosos con harto {trabajo y con pesadumbre de 
tos pueblos comarcanos; y como no quiso hacer limosna de lo ageno, como 
deb f 'a, permitió Dios justamente que con rigor de justic : a y con escnmnniones 
pereciesen todos su* bienes y se los tomasen. Hasta aquí nuestro cronista. 

Habiéndome encargado aquesta obra los superiores solicité por mano 
de Ntro. P. Presentado Fr. Gabriel de Artiga, Provincial que era actualmen- 
te, que encargase al Vicario Provincial de la provincia de Chiapa el R. P. 
Fr. Pedro Marcelino para que solicitase del Cura del Palenque las noticias 
mas auténticas que se pudieran adquirir, de las cosas del P. Fr. Pedro Lo- 
renzo ; y la carta que le escribió tocante á ello la remitió, que es la que se 
pone en el capítulo siguiente. 

150 



CAPITULO XLVIII 

Que contiene la carta que escribió D. José Francisco Moreno de las memorias 
que habia en el pueblo del Palenque, del P. Fr. Pedro Lorenzo. 

Muy R. P. mió y Vico. Provincial. — Siento en el alma el no hallarme 
en el Palenque para hacer con mas individualidad la relación de los vene- 
rables hechos y prodigios que nos dejó el V. P. Predicador Fr. Pedro Lorenzo 
conquistador y misionero apostólico de los pueblos del Palenque y de los 
rios, que como verdadero hijo de N. P. Sto. Domingo dejó ilustradas aquellas 
pobres almas con lo fervoroso de su espíritu y desnudez de todo lo que es 
humano y apetecible á la humana naturaleza, pues á una voz quiso dejar en 
sus hijos sus operaciones escritas en sus almas y no en papeles. Pues ha- 
biendo yo hecho algunas diligencias en los libros antiguos, no he hallado 
cosa en todos ellos mas que un espíritu caritativo, no solo de lo espiritual, 
sino de todo aquello que conducía á los menesteres para lo común de sus 
hijos los Palencanos, como hasta el día de hoy duran tres campanas y el 
hierro de las hostias que dicen que es Romano, herramientas de carpintería, 
sin otras muchas cosas que con la invasión del ingles han perecido que su 
gran caridad les trajo de España á donde dicen los viejos que fue dos veces 
por ellos con ocacion de agregarlos á la provincia de Guatemala ; y para prue- 
ba de su gran virtud despidiéndose de sus hijos palencanos para dicha derro- 
ta, llorando estos su amable ausencia y partida de tan apostólico varón, dicen 
que les dijo por consuelo que la señal que tendrían para saber si vivía ó 
era difunto seria que un arroyo donde se proveen de agua se secaría y si lo 
veían quererse secar era señal de hallarse muy enfermo, como de facto succe- 
dio que se vino á ver el dicho arroyo ya para secarse por algunos dias, adonde 
ya le lloraban difunto y dentro de breve tiempo, volvió á su antiguo ser con- 
forme estaba y dentro de breves dias llegó el venerable Padre de vuelta de 
España, y preguntándole de sus trabajos les dijo que se habia hallado muy 
á los fines de su vida en la mar, y que Dios le concedió la vida, y se verificó 
el don de profesia que Dios le habia dado ; y les entregó todo lo que llevo 
dicho, muy amorosamente". 

"Y para tan grande don era fuerza que le acompañasen grandes vir- 
tudes. Estas dicen que eran en sumo grado en particular la de su santo 
instituto de la salvación de las almas por medio de la predicación y buen 
egemplo. Nos digeron varias personas, asi españoles como indios, cuando 
fuimos á misión el año de 1703 el P. Lector Fr. Antonio de Jesús, alias Arpi- 
des, misionero apostólico del Sr. S. Francisco y yo al dicho Palenque y á 
los Rios, que el dicho V. P. Fr. Pedro Lorenzo era un varón apostólico que 
el solo se iva á los montes a buscar las almas perdidas en sus antiguas ido- 
latrías y que no llevaba mas tren que su persona y un poco de pozol en una 
red como suelen hacer los indios y su breviario y su continuo caminar era 
así, y que en cierta parte habia un arroyo por donde pasaba en donde habia 
una pequeña laja y que hoy dia se ve ser crecida peña que sirve de puente 

151 



para pasar dicho arroyo. Esto me dijo un español que dicho año vivia en 
los rios de Usumacinta que seria al parecer como de setenta años y que su 
padre se lo dijo, que habia conocido al Vene. Padre. 

"Contome este también, llamado Quintero, con otros que hallándose 
el Ve. Padre con algunas persecuciones, sin afirmarse si eran por los Reli- 
giosos u otras personas, que los de un pueblo lo tenian ocultado en un monte 
y los de otro lo denunciaron á donde lo prendieron, y el dicho pueblo lo casti- 
gó Dios de tal forma que muy pocos han quedado el dia de hoy y siempre an- 
dan y han andado arrastrando. Presumo haber sido dicho contratiempo por 
ocacion de quimera que se levantó de que por arte diabólico daba tres misas 
en un dia en longitud de veintiocho leguas que habrá del Palenque á Tepe- 
titlan, Macuspaná y Aguacapa que son pueblos de la provincia de Tabasco. 
Lo mismo dicen que hacia desde el dicho Palenque á Túmbala y Tila que 
hay el mismo camino. Asimismo me digeron los indios Palencanos que suc- 
cedia muchas veces que andando su administración, llover con gran dema- 
cia y el Padre no mojarse ni el indio tayacán por el camino que ivan". 

"Y era tan vigilante pastor en el gobierno de sus ovejas que hasta 
hoy dia duran en poder de los Palencanos el gobierno con que se habian 
de gobernar con suma curiosidad escrito en cuatro idiomas, las ordenanzas 
reales, la fórmula de hacer testamentos, peticiones y exortaciones espiritua- 
les para ayudar á bien morir; y fuera de esto dejóles muy grandes partidas 
de ganado con sus estancias formadas, encargándoles siempre la unión y 
hermandad con los indios de Tepetitlan de la provincia de Tabasco. Dejóles 
su testamento con muy buena limosna, el cual, dicen, que un Padre se los 
quitó juntamente con el dinero que les dejó; no dicen si fué clérigo ó reli- 
gioso de su orden. En su abstienencia dicen los indios que su continuo sus- 
tento eran yerbas y palmitos azados y que muy raras veces comia carne. Su 
pobreza rarísima; pues no se halla hoy mas prendas suyas que un Señor 
Cruficicado". 

"El dia y hora de su muerte no lo he podido hallar, solo que está ente- 
rrado en medio de la Yglesia en el arca toral, adonde los indios tienen su 
tarima, á modo de tumba, adonde desde que murió (que según la última 
firma suya fué el año de 1577) han estado los indios encendiéndole candelas 
de dia y de noche. Por donde algunos Señores Curas recelándose de que 
dicha veneración no fuese alguna superstición, pasaron á desvanecerles de 
dicha veneración y llegando uno á quitarles las candelas y tumba con algu- 
na cólera, dicen que dicho Cura se llenó de lepra y asi murió con ella. Otro 
llegando con mas ahinco á querer descubrir el cuerpo, que fué como unos 
treinta años, fué y mandó cabar la sepultura y no halló mas que una bola de 
cal y sintiendo también mal de su devoción los disuadió de que prosiguiesen 
con su buena fe; y volviéndose este Padre para Túmbala, me contó este 
indio, que en una sabana lo arrastró la muía y lo lastimó muy bien, por 
donde ellos coligieron haber sido castigo del Ve. Padre. Es tanta la fé que 
tienen con él que en todas las aflixiones no tienen mas recurso que el de 
su amparo ; y ha succedido en ocaciones venir el azote de Dios en el cha- 
pulin, castigo que hemos esperimentado bastantes años, é ir ellos á encender 
sus candelas en su sepultura y tocar las campanas é irse el chapulin. Dige>» 

152 



ronme dos religiosos de S. Francisco ahora tres años estando el pueblo del 
Palenque en la provincia de los rios jurisdicción de Tabasco refugiados por 
el levantamiento de los Zendales, adonde quisieron mudar domicilio y dejar 
el que les dio su Ve. Conquistador, que uno de los cabezas principales puso 
una cruz en el lugar en que se habían de poblar y luego se fué al pueblo 
y murió con dos hijos suyos. Uno de ellos dijo, estando para morir, que el 
Santo padre, que así le nombran, estaba muy enojado con ellos por que le 
habían dejado su cuerpo y la Yglesia estaba ya llena de monte. En este con- 
tratiempo, me contaron personas españolas, que habiéndose dejado una ima- 
gen única del Ve. Padre, de Sra. Sta. Ana en el Palenque, estando ellos en 
Bancan vinieron para llevársela y no pudieron moverla de su lugar con fuer- 
zas ningunas, y viniendo cierto indio á quemar el pueblo para ya quedarse 
en dicha jurisdicción, dicen que vieron en el lugar ó hermita donde estaba 
Sra. Sta. Ana, una bola de fuego que atemorizó á dicho incendiario y á los 
pocos que había en el pueblo. Por donde he colegido haber sido demostra- 
ciones todas de aquel siervo de Dios, porque si mucho trabajo le costó al 
Ve. Padre el entregar el Palenque á esta provincia, no me costó menos el 
volverlos á traer á su lugar á donde los pobló, por que en seis meses que 
estube pidiendo justicia en los dos Tribunales, en ninguno hallé audiencia 
y espeliendome de todo refugio en Tabasco yendoles á dar posesión del lugar 
á donde se poblasen, les mudó el Sr. y pidieron sus Santos y ornamentos y 
se volvieron á su pueblo, donde discurro haber sido moción de Dios por las 
oraciones y méritos de este siervo suyo de quien me valí para que si convenia 
que volviesen les moviesen sus corazones y si no, que yo me hallaba muy 
conforme en que se quedasen en los Rios". 

"Esta es la noticia que he podido adquirir de las operaciones de 
aqueste siervo de Dios en el corto tiempo que los he administrado ; y por 
ser los indios tan desmemoriados no dan mas latitud en las admirables 
virtudes de su gran padre — Vtra. Paternidad M. R. me perdonará las faltas 
en la colación de las razones sino van en sus lugares. Dios gue. á V. P. mu- 
chos años. — Túmbala y Noviembre 12 de 1715. — B. L. M. de V. P. su Capellán 
y siervo. — Don Joseph Francisco Moreno". 

Digo yo Juan Antonio Narvaez que certifico haber oído lo mismo de 
la Relación ante-escrita que hace el Ldo. D. Joseph Francisco ¡Moreno Cura 
beneficiado del partido de Túmbala, de las virtudes del Ve. Padre Fr. Pedro 
Lorenzo, que en tiempo de diez años que les administré les oí á los indios mas 
viejos lo mismo, con aditamento que les dejó á dichos indios del Palenque 
tanto números de ganado vacuno como consta de una certificación que está 
en el libro dé baptismos del Palenque certificado por Don Cristóbal de Mo- 
rales, beneficiado que fué de dicho pueblo y haber llegado á darse á dos 
reales por cabeza de ganado y \no haber para ello compradores. Esta es la 
verdad de lo que he oido y porque conste lo firmé en el pueblo de Petalcingo 
en 13 de Noviembre de 1715 años. — Juan Antonio Narvaez. 

Esta es la relación mar verdadera que pude adquirir de las grandes 
virtudes y singulares trabajos de aqueste gran varón de quien en la provincia 
están olvidadas sus memorias y tanto que ni en las actas se hace memoria 
de su muerte, y lo que yo colijo por lo que dice la carta de sus persecuciones y 

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el hecho puesto arriba de meterse en las montañas sin haber avisado á los 
Superiores que arrebatado del celo de la salvación de las almas que no podia 
ser sino con moción superior, lo consideraron como ageno de la Religión, y 
como no murió en convento alguno, así miraron esto aquellos padres como 
cosa fuera de la Religión, ni hay memoria de que los pueblos de los Rios, 
Túmbala, Tila y los demás que nombra corriesen por cuenta de la Religión, 
siendo así que consta de esta relación que fueron reducciones suyas. Ni se 
puede creer que por no ser con gusto de la Religión el andar en aquestas 
conversiones fuese del desagrado de Dios, pues un varón de tan relevante 
virtud y religión no se habia de apartar del mandato superior de sus Prela- 
dos sino es con orden mas superior y que la tendría de Dios y de su Sto. pa- 
triarca y eso nos dá a entender en la respuesta que refiere el P. Fr. Tomas 
de la Torre que dio haciéndole el cargo de haberse entrado sin mas orden á 
reducir á los indios de Pochuta, que tubo bastantes motivos para haber hecho 
lo que hizo; y así no es creíble que tan espiritual varón se habia de dejar lle- 
var solo de su parecer y asi entiendo que lo debemos creer pues vemos los 
buenos efectos y de tanto servicio y agrado de Dios que tubieron sus opera- 
ciones arrebatadas é imprudentes al parecer del juicio humano. Y me confir- 
ma en esta sospecha de que lo tubieron como fraile fugitivo ó secuestrado, el 
ver que no hallo memoria alguna de que la Religión lo ocupase en cargo 
alguno, ni asignación, ni mudanza de uno á otro convento, como se halla de 
todos los demás en las actas de los Capítulos; pero poco importa que estu- 
biese borrado de la memoria de los hombres si estaba tan presente en la de 
Dios, ni que los hombres no le honrasen, pues tiene á Dios que le honra en 
los prodigios que continuamente obra por su intercesión y lo está manifestan- 
do en la continua memoria que hace en la veneración que continuamente le 
hacen aquellos indios del Palenque con continuas luces de día y de noche, 
lo cual no puede ser sino cosa superior considerando quienes son los que 
mantienen aquesta memoria, que no es gente capaz ni entendida y que lo 
conoció y vio sus santas obras, sino una gente incapaz y tosca y tan desme- 
moriada que hoy no se acuerda del beneficio que ayer se le hizo y natural- 
mente desagradecida como se vé en todos ellos y en todas partes que 
habiendo recibido infinito beneficios de aquellos apostólicos varones, de 
ninguno hacen memoria ni la tiene en parte alguna y solo aquesta se conserva 
y mantiene con tanto fervor que ademas de las luces continuas, como dice 
la relación, me consta que la mejor obtención que tiene el Cura es de la 
ofrenda de cacao y otras cosas que continuamente ofrecen en su sepulcro 
los indios, que es cosa muy notable y que no puede ser sino con dispensación 
divina para que patentemente vean ensalsado como amigo del Supremo Rey 
al que querían ver destruido y que conozcan que si no estubo sugeto á lo 
que los hombres querían no seguía voluntad propia sino que la tenia muy 

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sugcta y subordinada á los primeros á quienes la sugetó por la profesión 
que era á Dios Omnipotente primeramente á la Virgen Sma. y á su glorioso 
Patriarca, porque de no haber sido asi ¿como hubiera sido posible por acto 
humano ni maleficio de culpa haberle dado Dios tanta gracia para haber 
reducido tantos infieles al conocimiento del verdadero Dios? El mesmo 
hecho que refiere la relación de no haber podido mover la imagen de su 
gran devota Sta. Ana sin duda manifiesta la grande obediencia que á su 
nieto el Redentor y á su gloriosa hija Sta. Maria tubo y que no quiso faltar 
de honrar sus huesos; y lo mismo sin duda manifestó la Divina Omnipo- 
tencia en la repentina mundanza de los indios en volverse á su pueblo para 
que no faltase aquella honra que Dios quiere que le hagan á quien tanto 
honró y glorificó el divino Nombre en atraer tantas gentes á su conocimiento 
y á su fé. — El ilmo. y Rmo. Sr, D. Fr. Francisco Nuñez de la Vega obispo de 
Chiapas á quien tocan aquellos pueblos, solicitó con grandes veras al que le 
diesen los indios sus Venerables reliquias para llevarlas á Ciudad Real por- 
que, como se ha visto no están en el sepulcro y se presume con muchos fun- 
damentos que las tienen ocultas porque no se les hurten, y no pudo conse- 
guirlo de ellos haciéndoles notables promesas y ni aun una batehuela de ma- 
dera que conservan en que el Ve. Padre se lababa las manos la pudo conse- 
guir. Sea Dios loado para siempre que asi manifiesta sus primores á los pe- 
queñuelos y los esconde de los sabios y de los grandes : sin duda asi lo quie- 
re su infinita grandeza para sacar honor y gloria de los niños y los párvulos 
que son aquestos indios ; y sin duda no permite vengan aquestas venerables 
reliquias á nuestro poder para que no las echemos en olvido como otras mu- 
chas que tenemos en nuestro poder, como las del Santo Fr. Andrés del Valle, 
del Ve. Padre Fr. Domingo Vico, el Sr. D. Pedro de Ángulo y otras de quie- 
nes no se hace caso alguno. Hace punto en este lugar la venerable memoria 
de aqueste padre por entender que por aqueste tiempo fué su muerte feliz, 
aunque el Beneficiado en su relación entiende haber sido por los años de 
1577; y si fué así, poco vá en que vaya aquí pues no se sabe cosa fija del 
año y dia de su muerte, como la de otros. 

Y parece se confirma que la provincia nunca quiso tomar en sí aques- 
tos pueblos que el Ve. Padre redujo porque en las actas del Capítulo inter- 
medio del P. Fr. Gerónimo de S. Vicente que se tubo en Coban á 19 de 
Enero de 1578 se acepta la casa y Vicaria de Ozulutlan que es allí cerca en 
Tabasco y señalando otros pueblos á aquella Vicaria ni hacen memoria de 
alguno de estos ni del Ve. Padre que los redujo; y así me confirmo en que 
esto no lo miró la Religión como cosa que le tocaba y asi lo tomaron los 
clérigos como hoy lo tienen, y si ello fué así, no dudo que tubieron razones 
como hombres prudentes, á lo menos en su estimación, para hacer lo que 
hicieron, y que si no las tubieron, á lo menos no les faltó la razón de que no 
fuese aquello egemplar para que otro que no tubiese en el gobierno superior 
que tubo el P. Fr. Pedro Lorenzo engañado de falso celo cometiese algún 
notable hierro. , I , i 

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CAPITULO XLIX 

Celébrase Capítulo en el Convento de Tecpatlan y escríbese del P. Fr. 

Alfonso de Vailló. 

Aunque se habia determinado que el capítulo intermedio se celebrase 
á 21 de Enero del año de 1617, debieron de tener aquellos PP. motivo justo 
para anticiparlo y lo celebraron el último dia de Diciembre de aqueste año 
de 1616 en el Convento de Tecpatlan, que en el Convento no hubo mudanza 
y fueron en él definidores los M. R. PP. Fr. Pedro de Vargas, Fr. Alonso 
García Prior de Tecpatlan, Fr. Alonso Guirao Prior de Guatemala y Fr. 
Melchor Gómez predicador general. Este Capítulo fué el intermedio de 
Fr. Agustín de Montes y en él, á egemplo de su antecesor, renunció la predi- 
catura general en manos de los Definidores para que la diesen á quien qui- 
siesen. Pusiéronse en aqueste Capítulo muchas y muy buenas ordenaciones 
para el buen gobierno de la provincia, que por la brevedad se omiten. 

En aqueste capítulo se hizo memoria del fin glorioso del P. Fr. Alonso 
Vailló, varón, á la verdad, muy singular y que honró mucho aquesta Sta. pro- 
vincia con su grande virtud y letras y también con el singular don de go- 
bierno de que fué dotado, por lo cual no solo aquesta provincia le ocupó en 
puestos y prelacias, sino que se echó mano de él para que diese el ser á la 
provincia de Oajaca siendo su primer provincial. Fué aqueste religioso hijo 
del Convento de Sto. Domingo de Murcia en la provincia de Andalucía y fué 
uno de los seis primeros y escogidos soldados que el limo. Sr. D. Fr. Barto- 
lomé de las Casas escogió para que viniese en socorro de los que aquí pe- 
leaban las batallas del Sr. Llegó á aquesta Sta. provincia cuando mas nece- 
sitada estaba de ayuda para tanto como habia que trabajar que fué el año 
de 1553 en compañía del limo. Sr. D. Fr. Tomas de Cárdenas y la religión 
le señaló para plaza de armas la provincia de la Verapaz adonde se aplicó 
con todas veras á la doctrina y enseñanza de aquellas gentes y de las que 
de nuevo se ivan reduciendo al aprisco de la Yglesia. En aquesta viña trabajó 
sin salir de ella hasta que la religión sacó aquesta luz de debajo del celemín 
de su humildad para colocarla en el candelero de la prelacia para que diese 
luz á todos, sacándolo para Vicario del Convento de Sacapulas en el Capítulo 
que se celebró en Ciudad Real el año de 1560, aunque ya antes habia comen- 
zado á desparcir las luces de su gran talento en el Capítulo que la provincia 
celebró en el Convento de Coban el año de 1558 que fué el intermedio de 
Fr. Domingo de Ara donde fué Definidor y coadyubó con sus letras y buen 
talento á las santas ordenaciones que allí se hicieron para que la provincia 
fuera en crecimiento; y acabado su oficio con los créditos que se esperaban, 
lo asignó la provincia en el Capítulo siguiente al Convento de Guatemala 
en compañía de Fr. Tomas de Cárdenas como uno de los hombres mas seña- 
lados de la provincia para que en aquella Corte del Reyno ilustrasen su 
provincia con sus grandes virtudes y letras, que esta era la mira en aque- 
llos tiempos de aquellos Venerbs. Padres, y así, como hombre señalado fué 

156 



remitido á aquella Corte donde ilustró mucho nuestro instituto con la pre- 
dicación y enseñanza acreditándola con sus grandes virtudes. Allí perse- 
veró hasta el año de 1566 que la Religión lo envió al Convento de Copana- 
guastla para que allí también hiciese manifestación de las luces de su doc- 
trina. No he podido saber la causa porqué aqueste Ve. Padre se fué de 
aquesta provincia ni á cual se pasó : debió de ser á la de Mégico como des- 
pues lo hizo otra vez, serian desconsuelos que suele Dios permitir á sus que- 
ridos para proverlos y darles en qué merecer. Ello es cierto que estubo 
fuera de la provincia por que en el Capítulo provincial que se celebró en el 
Convento de Ciudad Real á 22 de Enero de 1576 en que fué electo el P. Fr. 
Gerónimo de San Vicente, en el título: istce sunt assignationes: dice: AcejH 
tomus in nostram Provintiam B. P. Fr. Alphonsum Vailló asignantes eum irí 
domum Scti. Dominisi de Tecpatlan, cuidamus in Vicarium, sapientes Aucto- 
ritate. Apostólica quidquid deest. — Recibimos y aceptamos en esta nuestra 
provincia al Ve. Padre Fr. Alonso Vailló asignándolo á la casa de Sto. Do- 
mingo de Tecpatlan á quien se lo damos en Vicario supliendo con autoridad 
apostólica si tiene algún defecto. Tan grande debia de ser el crédito que te- 
nia que no quisieron que fuese aceptado en la provincia sino es con algún 
cargo de gobierno. Tal era su don de gobierno, que habiéndose de celebrar 
el Capitulo intermedio en el Convento de Coban el año de 1578 lo eligieron 
en Prior de aquella casa para que en todo no hubiese falta alguna ; y en él lo 
eligieron Definidor y lo fué en aquel Capítulo para que con sus letras, vir- 
tud y esperiencia ayudase á disponer las cosas convenientes al buen gobier- 
no y manutención de la provincia para que decaeciese de la regular ob- 
servancia. 

Después de esto, según parece y consta de Remesal (Lib. I 9 Cap. 16) 
y de las Crónicas de la Religión del Sr. Mazopoli (Tomo 4 9 fol. 84) debió de 
tener otros desconsuelos el Ve. P. y se pasó á la provincia de México, y esti- 
mando, como era razón, sus buenas prendas, y en especial el don de go- 
bierno, le hicieron Prior del Convento de S. Pablo de Oaxaca y fué el cuar- 
to-décimo Prior que tubo aquella casa y se le siguió á D. Fr. Domingo de Sala- 
zar Obispo de Filipinas, que no es poco crédito de su persona el haber sucedi- 
do en aquel cargo á tan ilustre varón. De allí le hicieron Prior del Convento 
de Teguantepeque, una de las primeras casas y mas bien acreditada de la 
provincia de Oaxaca. Trataban por aquel tiempo los PP. de la provincia de 
Oaxaca que se dividiese de la de Mégico y se erigiese en provincia aparte 
por los inconvenientes y razones que tenían para ello, y favoreciendo este 
dictamen como el mas acertado el P. Fr. Alonso Vailló una de las primeras 
personas sino era la principal que aquesto deseaba, los PP. de Mégico, que 
no gustaban de aquesta división, viendo que la mucha autoridad del Padre 
Fr. Alonso seria mucho contrapeso para que este negocio se concluyese lo 
despidieron de la provincia ; y no queriendo volver á la suya propia que era 
aquesta, quizá teniendo rubor de volverse á refugiar á la casa que dos veces 
habia dejado y que podía ser notado de sedicioso é inquieto, trató de volverse 
á la suya nativa de Andalucía á acabar sus días en paz y recogimiento ; pero 
como escrupulizando de tener aqueste tan gran talento enterrado en la tierra 
del olvido y que se les podía tomar cuenta de no haber grangeado con él 

157 



pues para eso se lo había enviado Dios desde el otro mundo, le hicieron 
Prior del Convento que aquella provincia tiene en la Ciudad de Oran, el cual 
es perpetuo, que por serlo y estar ultramarino y lejos de los Prelados Supe- 
riores no pueden menos de procurar poner allí persona muy señalada. Tal 
lo era nuestro V. P. Fr. Alonso, por lo cual echaron mano de él para aquel 
empleo. De Oran volvió el P. Fr. Alonso á la Corte de Madrid á solicitar 
negocios tocantes á su Convento de Oran y fué esto en ocacion que habién- 
dose solicitado la división de la provincia de Oaxaca de la de Mégico en el 
Capítulo general que la orden tubo en Venecia y conseguídolo con el título 
de S. Hipólito Mártir y nombrado por primer Provincial al Maestro Fr. Fran- 
cisco Ximenez hermano del Convento de S. Pablo de Valladolid que había 
leido muchos años Teología así en España como en el Colegio de San Luis 
de la Puebla de los Angeles y sabiéndose luego la muerte de este Religioso 
el General de la Orden cometió el segundo nombramiento al M. Fr. Diego 
de Chavez confesor de la Magestad del Rey Filipo lio. que no hizo por 
haber muerto breve. Volvió el General á remitir el nombramiento al M. Fr. 
Antonio de Cáceres confesor del Príncipe Don Felipe IIIo. y habiendo cono- 
cido las grandes prendas del P. Fr. Alonso Vailló y su gran talento y religión 
para fundamentar y establecer una provincia en toda virtud y religión para 
su mejor perpetuidad, nombró según la facultad que tenia, al P. Fr. Alonso 
Vailló llevándoselo Ntro. Señor á la vista para que no andubiese vacilando 
y buscando lo mejor entre tantos esclarecidos sugetos como tenia á la vista 
en las provincias de España. Aceptó el bendito Padre el nuevo cargo sacrifi- 
cándose á la obediencia, no valiéndose de sus muchos años y hallarse tan 
cansado en tantas peregrinaciones y trabajos, para escusarse de emprender 
tan larga jornada como navegar otra vez á las indias y acometer una em- 
presa tan ardua y que tenia tanta contradicción. Aceptó su cargo dia de 
San Miguel á 29 de Setiembre del año de 1593 y de allí á un año por el mes 
de Setiembre de 1594 entró en su provincia de Oaxaca y celebró su primer 
capítulo por el mes de Abril de 1595 y fueron sus primeros definidores los 
M. R. PP. Fr. Domingo de la Cruz Prior del mismo Convento de Oaxaca don- 
de se celebraba el Capítulo, Fr. Martin de Zarate Vicario de Oaxolotitlan, 
Fr. Antonio de la Cerna Vicario de Cuilapa, y Fr. Marcos Benito Vicario de 
Nejapa, y echóse el Capítulo futuro que habia de ser de su intermedio para 
26 de Abril de 1596 para el Convento de S. Pedro de Etla. 

Bien se deja entender cuan buen fundamento dio á aquella santa pro- 
vincia pues tanto ha florecido en virtud y letras, que aunque bien dispuesta 
y rica de buenos materiales para que se levantase un buen edificio y sun- 
tuoso, no se le debe lo menos al artífice que lo dispone; antes es lo mas para 
que salga á todas luces excelso, lucido y hermoso como salió el de aquesta 
santa provincia. Muy ricas piedras halló en ella y buenos aparejos para la 
suntuosa fábrica, y así disponiéndolos con su buen talento la perpetuó, como 
se ha visto. Acabó su oficio de Provincial con mucha loa el P. Fr. Alonso 
á los 29 de Setiembre de 1597 y hasta los 19 de abril de 1598 fué Vicario 
General de la provincia el P. Fr. Martin de Zarate, que ese dia se tubo el 
primer capítulo de elección en que fué electo el P. Fr. Antonio de la Serna. 
Desde aquí no se tiene mas noticia del P. Fr. Alonso Vailló, si se quedó 

158 



después en Oaxaca algunos años ó se volvió luego á esta provincia, porque 
hasta aqueste capitulo Provincial que se celebró últimos de Diciembre de 
1616, que se dice, en el Convento de Tecpatlan, murió el P. Fr. Alonso Vailló 
y solo se halla una nota al margen de la historia original de Fr. Tomas de 
la Torre que dice, donde se trata de aqueste insigne varón, este año de 1613 
vive el P. Fr Alonso Vailló; y así nuestro Remesal lo alcanzó vivo y pudo 
saberlo todo de su boca y muchas noticias antiguas, pues estubo en la pro- 
vincia desde el año de 1553, que hasta el de 1616 que murió hacen 61 años, 
que teniendo á lo menos treinta años cuando á la provincia vino, murió 
de edad de mas de noventa años en santa vegez dando su ánima al Criador 
en el Convento de Tecpatlan, de adonde podemos creer que voló su alma al 
Cielo á gozar de la corona de tantos trabajos y servicios hechos por Dios y 
sus prógimos; porque cierto, según se puede colegir de estas noticias, fue- 
ron muchos y muy gloriosos, y también fué de mucho crédito á aquesta pro- 
vincia el que un hijo de ella fuese su primer Prelado, pudiendo tenerse por 
madre muy feliz de muchos hijos en las dos provincias de Filipinas y Oaxa- 
ca que han como nacido de sus entrañas. 



CAPITULO L 

Celebrase Capítulo provincial en Ciudad Real. 

Habiendo cumplido su oficio de provincial N. M. R. P. Fr. Agustín de 
Montes, con mucho crédito por su santo gobierno, se juntó la provincia á 
rifarle succesor, en el Convento de Ciudad Real de Chiapa, y á los 17 de 
Enero de 1619 salió electo en Prior provincial, con general gusto de todos, 
el estático varón y á todas luces devoto y pió Fr. Alonso Guirao, hombre por 
cierto de mucha oración y de muy alta contemplación y muy mortificado. 
Confirmaron su elección como definidores los M. Rs. Ps. Fr. Urban de Re- 
venga Prior de Coban, Fr. Luis Saenz Prior de Chiapa de indios, Fr. Domin- 
go Vidal Prior de Comitan y Predicador general y Fr. Pedro Alvarez Sub 
Prior del mismo Convento. 

Hicieronse en este capítulo muy buenas y santas leyes, así por lo que 
tocaba al gobierno monástico de la provincia, como también para el desem- 
peño de la obligación que sobre si tiene de la Administración de los indios, 
entre las cuales fué volver á mandar de nuevo lo que siempre se mandaba 
de que los Priores de los Conventos visitasen, cada uno en su partido, á los 
Religiosos que estaban en visitas y administración de indios y viesen como 
vivían y como administraban los Santos Sacramentos y también si estaban 
instruidos los indios en la doctrina cristiana y viese los ornamentos y su aseo 
y esto lo hiciese cada año para que cuando el Provincial fuese á la visita de 
aquel Convento le diese cuenta de todo para que pusiese el remedio conve- 
niente en lo que hubiese necesidad; y aquí se añadió de nuevo que para 

159 



aquesta visita saliese el Ministro del pueblo y no estubiese presente para que 
no hubiesen miedo los indios de declarar lo que fuese conveniente. Cosa 
era aquesta cierto de mucha importancia y que si los Sres. Obispos no mi- 
rasen mas á su autoridad y jurisdicción que al bien de sus ovejas y descargo 
de sus conciencias, por lo que á nosotros tocaba la tenian tan descargada 
que entiendo no tubieran que dar cuenta á Dios de muchos cargos que se 
han echado encima por haber procurado destruir aqueste buen gobierno. 
No por eso se les quitaba su autoridad y jurisdicción en visitar y enterarse 
si se cumplia como se debia el oficio de Párroco y que fuesen á confirmar 
á sus ovejas, pero era mas conveniente que como en las Ciudades y parro- 
quias tienen á los Religiosos por sus coadjutores para que prediquen y con- 
fiesen al pueblo, tubiesen á los Prelados de las Religiones como sus coadju- 
tores para que mas despacio y como quienes conocen mas de cerca á sus 
subditos y lo que cada uno podrá hacer, los visitasen, corrigiesen y enmen- 
dasen mas despacio por si mesmos, y no fiando estas cosas tan graves á 
Secretarios codiciosos y criados ambiciosos y sin conocimiento de lo sugetos 
y tan deprisa como se hace y con tanto gravamen de los pobres Curas, que 
es cierto que se ha vuelto intolerable la visita de algunos Prelados tan os- 
tentosos y ambiciosos de pompas, que fuera mas conveniente que tales visi- 
tas no se hicieran, como la esperiencia lo muestra, que no que se viera el 
Santo Nombre de Dios tan blasfemado de las muchas cargas que se han im- 
puesto sobre aquestos miserables y los Curas. No por esto es mi ánimo con- 
denar á todos los Prelados, que cierto que los hemos visto en nuestros dias 
y continuamente se ven muchos muy santos y justos que desean todos los 
Curas que continuamente los visitaran, sintiendo mucho su ausencia, cuanto 
de otros desean que nunca vayan á visita, y si van luego al punto pasaran 
adelante. De todo se halla en la Yglesia de Dios por nuestras culpas y por 
eso trajo el Soberano Maestro aquella parábola de la red á que asemeja 
aqueste Cielo de la Yglesia militante, que está llena de peces malos y buenos ; 
pero es mucho de temer cuando la red se saque afuera y será cosa espan- 
tosa ver como se irán apartando los malos de los buenos y aquellos se arro- 
jarán y estos se recogerán con mucho cuidado para ponerlos en la mesa 
del Supremo Rey, que le serán plato muy sabroso, cuanto los otros de mucho 
sinsabor y amargura y mucho mas si ellos por su omisión ó descuido hubie- 
ren sido causa de la perdición de otros, como principalmente succede en los 
que gobiernan.... (siguen reflexiones sin importancia). 

En aqueste Capítulo de su elección renunció N. M. R. P. Fr. Alonso 
Guirao en manos del definitorio el grado que tan dignamente obtenia de 
Predicador general. Cosa de muchisima edificación para toda la provincia 
y en que manifestó á todos el desapego grande que tenia á los honores y 
puestos, y que solamente forzado pudo arrostrar á echar sobre sí el «peso 
grande del gobierno que tenia por muy desigual á sus fuerzas, y que mas 
quisiera gozar de sus coloquios con Dios un rato que todo el tiempo de su 
prelacia, lugar que los mas justos y santos han tenido por muy peligroso, 

160 



En aqueste capítulo se hizo memoria de los Religiosos que habian 
muerto desde el Capítulo pasado, entre los cuales fué uno muy señalado y 
que habia trabajado en la doctrina de los indios que fué el P. P. Geni. Fr. 
Juan del Val que murió y está enterrado en el Convento de Guatemala, en 
donde habia trabajado en la doctrina de los indios cachiqueles y allí en com- 
pañía de sus hermanos aguarda la universal resurrección. 

También se hizo memoria lastimosa de la muerte del P. P. Geni. Fr. 
Diego de Cantos y de todos los Religiosos que traia de España para aquesta 
provincia que perecieron en una tormenta que tubieron en la mar y por 
todos se mandó que cada uno digese veinte y cinco misas. Fué muy notable 
la pérdida y asi muy sentida, tanto por los Religiosos que traia que hacían 
mucha falta, como también por la de su Vicario el P. Fr. Diego, sugeto que 
ilustraba mucho con su religiosidad y letras no solo esta santa provincia, sino 
también la Religión toda, y asi echó mano de él la provincia para muchos 
empleos de Prioratos y lo era de Coban cuando fué electo definidor en el 
capítulo provincial que se celebró en el Convento de Sto. Domingo de Saca- 
pulas á 19 de Enero de 1613 en que fué electo N. P. Fr. Pedro de Vargas, 
y después para su Definidor y Procurador General para los Reynos de Es- 
paña, de adonde viniendo con una muy buena compañía de soldados para 
el socorro de aquesta provincia, padeció naufragio con toda su comitiva y 
podemos creer piadosamente que habiendo recibido Dios sus buenos y fer- 
vorosos deseos de servirle en esta viña, los admitió como ya trabajados y les 
adelantó como tan liberal la paga en la corona de la gloria. 



CAPITULO LI 

En que comienza la vida del hermano Fr. Pedro dé Santa María 

La prodigiosa vida de aqueste ilustre varón nos dejó escrita con otras 
el M. R. P. Mtro. Fr. Antonio de Molina, aunque no tan copiosamente como 
sus virtudes merecían, por las causas que su Paternidad dice en la intro- 
ducción ; y así siguiendo en todo las pisadas de tan vigilante inspector de las 
noticias de aquesta Santa provincia, y para no deslucir cosa tan grande con 
mi corto estilo, la pondré toda á la letra como S. P. la trae que es como se 
sigue : 

Después de la vida de Fr. Andrés del Valle tiene su lugar la de Fr. 
Pedro de Sta. Maria, asi por lo prodigioso de ella, como por haber sido hijo 
de su espíritu y haberla escrito el mesmo Fr. Pedro por orden que tubo del 
P. Fr. Andrés del Valle a quien comunicaba las cosas de su conciencia y los 
favores que le hacia el Cielo, y después de largas esperiencias que tubo el P. 
Fr. Andrés del espíritu de Fr. Pedro y conociendo que era de Dios, no quiso 
que tantas cosas que le habia comunicado el Cielo quedasen olvidadas, y asi 
le mandó por obediencia que las escribiese. Hízolo así Fr. Pedro cumplien- 
do lo que se le habia mandado y poniendo por escrito todo lo que le habia 

161 



succedido, los favores que le habia hecho el Cielo, las persecuciones, las 
persecuciones y molestias del demonio, con otros muchos succesos dignos de 
saberse (de que recibió singularísima pesadumbre el demonio). Le amena- 
zó y juró que le habia de romper los papeles en que estaban escritas sus 
cosas que le habian pasado. Succedió asi como el demonio se lo habia pro- 
metido, porque después de muerto, registrando estos papeles el Provincial 
que era entonces, viendo en ellos nombres de muchas personas que estaban 
vivas, parecióle inconveniente el que se supiesen y descubriesen y tomó por 
medio para que no se infamasen algunos, el romper y quemar los papeles. 
los otros dio á un religioso que aunque docto, entendía poco de materias de 
espíritu, y viendo tantos favores que le habia hecho el Cielo, dijo que aun 
para Santa Catalina de Sena eran muchos y muy grandes, y sin mas averi- 
guación que esta los rompió y quemó, como si la mano de Dios se abreviase 
para no comunicar las exelencias de la virtud y los tesoros de su gracia á 
quien fuere servido, pues no aceptando personas, se esmera en favorecer á 
unos, dejando á otros, sin que en la naturaleza haya, principio para merecer 
mas unos que otros, que siendo Dios el autor de todo dá sus dones á quien 
es servido, que quien á la vara de Moyses comunicó virtud para obrar tan- 
tas maravillas, le queda la mano Ubre para comunicar sus favores á quien 
fuere servido. Para con Dios todos los hombres son iguales; los estados de 
los hombres del mundo no corren así á los ojos de Dios. £1 que menos me- 
rece en los ojos del mundo, merece mas con Dios, y si en la Religión prefie- 
ren los hombres grandes y de puestos, mas á los ojos de Dios corren con 
ventajas las virtudes, la pureza de la vida, la mortificación y la penitencia; 
y como esto tiene principio en la gracia únicamente, esta la dá Dios según el 
juicio de su altísima providencia. Digo esto por haberme parecido cosa in- 
digna el haber roto y quemado los papeles aquel religioso grave y docto sin 
haber tenido mas motivo que la exelencia de los favores del Cielo y la desi- 
gualdad del estado^ de Fr. Pedro que solo era de fraile lego arrinconado en 
una cocina, como si para esto nos faltaran egemplos en las Divinas letras 
é historias de los Santos. A Amos lo sacó Dios de los valles de Tecué; donde 
apacentaba unas ovejas y le anunció altísimos misterios de que hoy goza 
la Yglesia en las profecías que dejó escritas, y ha sido estilo de Dios el co- 
municar sus mayores secretos á hombres desechados y abatidos para con- 
fundir con esos. la soberbia de los mas entendidos, como dijo S. Pablo, in- 
firma mundi elegit at fortia qaceqae confnnderet. Y Cristo N. S. viendo á 
los fariseos tan vanos y soberbios por sus letras y á sus dicipulos tan aven- 
tajados en las virtudes por su humildad y abatimiento, dio gracias á su Eter- 
no Padre por haber escondido de los unos sus misterios y reveládolos á los 
otros que eran humildes y pobres, dando por razón no mas que la voluntad de 
Dios: Esta impiedad y celo indiscreto, por no llamarle envidia, de este re- 
ligioso hizo que se perdiesen muchas cosas memorables dignas de saberse 
de las que habia escrito Fr. Pedro de Sta. Maria. de su vida y succesos : pero 
Dios que no permitió el que tantas y tan grandes cosas quedasen sin saberse. 
dispuso el que las escribiese su confesor como hombre que le habia comu- 
nicado y tratado muchos años y sabia lo que los papeles contenian. Diez 
años se pasaron desde la muerte de Fr. Pedro hasta que se volvió á escribir 

162 



su vida; y fué la ocacion que el año de 1629 mandó el General de la orden 
á todas las provincias que se escribiesen las vidas de los Religiosos que en 
ellas habian muerto con opinión de santidad y virtud, encargando á los Pre- 
lados pusiesen en esto todo cuidado y vigilancia. Con esta ocacion el Re- 
ligioso que le habia confesado y gobernado el espíritu por muchos años, 
tomó la pluma para escribir cuanto sabia de la vida y virtudes de Fr. Pedro 
de Santa Maria y asimesmo todas las revelaciones y favores que le habia 
hecho el Cielo y que él habia escrito de su mesma mano, que aunque el Rey 
Joaquin rompió y quemó las profesias de Jeremias de la destrucción de 
Jerusalem y captividad del pueblo, supo Dios revelarlas de nuevo y escri- 
birlas por mano de Barur para que no quedasen sepultadas en el olvido. Ha 
muchos años que las virtudes de Fr. Pedro están sin saberse porque el cua- 
derno de su vida escrita por el P. P. Geni. Fr. Pedro Mártir está en poder de 
un secular llamado Don Gabriel de Avendaño. Este le hube yo á las manos 
á fuerza de diligencias que hice y en ella vide que merece mas ainas el 
nombre de Apocalipsis que de historia, porque toda ella es revelaciones y 
visiones y para que no quedase sepultada en el olvido* tomé el trabajo de 
buscarla y ordenarla y escribirla para juntarla con las otras vidas de los Reli- 
giosos de esta provincia de S. Vicente de Chiapa y Guatemala en donde ha 
habido varones insignes y dignos de eterna memoria; pero les ha succedido 
lo que comunmente succede á los muertos que es olvidarlos como dije el 
Eclesiastes en el Capítulo 9 9 : Mortin nihil noveruntamplíus, nec habent ultra 
mercedem, quia oblivioni tradita est memoria corum. Y como muertos no 
tienen voz para quejarse de que no hay quien se duela de ellos, ni tienen 
quien los saque de la sepultura donde los ha puesto el olvido como dijo S. 
Jerónimo : Doleos, procor, de morttrui oblivioni daño, qui cunprissent no- 
mines, honinem habere son clemant. Doliendome yo de que un hombre tan 
grande y de tanto crédito para aquesta provincia estubiese olvidado, he tra- 
bajado por escribir en breve su vida, que es la que se sigue. 

Fué la patria de Fr. Pedro de Sta. María la Ciudad de Burgos: no he 
sabido hasta ahora el nombre de sus padres ; colígese de la virtud de tan 
gran hijo el que serian cristianos y temerosos de Dios y que á su hijo le 
educarían en amor y temor de Dios, porque desde niño fué muy dado á los 
egercicios de la virtud : No sabemos tampoco el apellido de sus padres, por 
que el no usó mas que el de Fr. Pedro de Santa Maria. Amanecióle muy 
temprano la luz de la gracia y le previno el Señor con bendiciones de dul- 
cedumbre : aun en muy tiernos años le regaló el Cielo con singularísimos 
favores. Estubo pocos años en Burgos, en la casa de sus padres, por que 
un tio suyo, hermano de su padre, que estaba en Lerma le llevó consigo á 
aquella tierra. Aquí fué en donde el Cielo comenzó á derramar sobre él 
bendiciones, pues se le abrió y vio muchas cosas que allí habia. Estando una 
vez fuera de las puertas de la Ciudad junto al rio en compañía de otros mu- 
chachos de su edad entreteniéndose, levantó acaso los ojos al Cielo y vio 
patente á Cristo Redentor Nuestro y á los sagrados Apóstoles con las insig- 
nias de sus martirios. No hizo en aquella edad el juicio que pedia aquella 
visión ó revelación por que la edad no le ayudaba, y como si para todos los 
demás hubiese Dios hecho aquel favor, llamó á todos los demás niños sus 

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compañeros para que viesen la visión y como no la veian, reianse de él, y 
él se afligia demasiado oyéndolos decir no vian cosa alguna. El solo la 
gozó y estubo muy gran rato viéndola y gozándola. Después que entró en 
edad competente para discurrir y formar juicio de lo via, se acordaba de 
esta visión y la tubo siempre en la memoria como principio de todo su bien. 
Comenzó muy temprano á gozar de las delicias del Cielo y fuéle muy fácil 
adelantarse mucho en la virtud con tan buenas ayudas de costa. De aquí 
nació aficionarse á las cosas del cielo y no hallarse sino era tratando siempre 
de Dios y con Dios, y así se habituó á estar siempre en la Yglesia pasando 
en ella las mas noches en oración. Los años primeros de su edad pasó en 
estos egercicios y aunque secular, en medio de las ocaciones del mundo 
guardó gran pureza, como pudiera en el Monasterio mas encerrado. Desea- 
ba mucho tomar estado en que sirviese á Dios si bien no se determinaba en 
cual habia de gastar su vida. Con estos pensamientos iva y venia muchas 
veces encomendando á Dios negocio que tanto importaba hasta que le des- 
cubrió el cielo lo que habia de hacer en esta materia. 



CAPITULO LII 

De como Fr. Pedro vino a la Religión y tomó el hábito 

Deseaba Fr. Pedro, como hemos dicho, entrar en alguna Religión 
para en ella servir á Dios conforme á sus deseos. Era muy caritativo y aman- 
tísimo de los pobres, llevábanle el corazón las necesidades que via en ellos 
y eso le parecía muy conforme á sus deseos el entrar á servir en el Hospital 
del Espíritu Santo que está en la Ciudad de Baeza. Alli le dieron el hábito 
y aunque no habia profesado servia en los ministerios del Hospital como 
los Religiosos ancianos. Salia de casa aunque era novicio y tenia á su cuen- 
ta llevar todos los dias la comida á las amas que criaban los niños huérfanos 
que echaban á las puertas de aquella casa. En esto se ocupó algunos meses, 
mas aunque le agradaba el egercicio y las obras de caridad en que se anda- 
ba y eran muy conformes á su piedad, le desagradaba andar continuamente 
fuera de casa, pues lo hacia todos los dias. Via que andaba metido en las 
mismas ocaciones de que antes se habia retirado y (aqui está roto) del Hos- 
pital. Porque aunque solicitó el ver si podia reducirse á estar en la casa sin 
salir de ella, conoció no ser posible porque los niños de que se cuidaba 
estaban fuera de casa y no habia siempre otro á quien mandar y asi se de- 
terminó á dejar el Hospital. Confesábase entonces con un religioso del Con- 
vento de S. Pablo de Baeza á quien significó sus desconsuelos por verse 

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cada dia fuera de casa que le era demasiadamente penoso. Parecióle que le 
estaria mejor entrar en la Religión de Sto. Domingo pues en ella tendria mu- 
cha ocacion también de hacer mucho bien á los pobres. Alabóle sus intentos 
el Confesor y asi se fueron ambos á ver al Prior del Convento. Reparó en 
que traia aquel hábito de el Hospital y que seria materia de queja el darle 
el hábito vistiendo antes otro, y asi le dijo: hermano, aquí corremos en amis- 
tad con vuestro Prelado y asi mientras trageredes ese hábito, no os he de 
dar el de Sto. Domingo que me pides. Si vos vinierades sin hábito, yo os 
recibiera en casa. Con esto Fr. Pedro se fué al Hospital en donde dejó el 
hábito que traia y de secular se fué al convento y recibió el de la orden con 
grande contento suyo, y después de haber hecho profesión se estubo siete 
años continuos en aquella casa sirviendo á los pobres de la porteria y con 
mas amor y cuidado á los Religiosos enfermos. Llegó en aquella ocasión 
á visitar aquel Convento el Provincial de la Andalucia y viendo en Fr. "Pedro 
tanta virtud, tanta piedad y caridad con los pobres, determinó llevarlo al 
Convento de San Pablo de Sevilla porque deseaba tener un religioso de su 
satisfacción que cuidase los enfermos y como vio y esperimentó tanta cari- 
dad en Fr. Pedro le asignó á aquel Convento en donde estubo algunos años 
sirviendo á los enfermos. De allí le sacaron para llevarle á una granja que 
tiene el Convento de S. Pablo de Sevilla llamada Lebrena, (roto) compañero 
y ayudase al Religioso lego que allí estaba, á quien obedecía como á su Maes- 
tro de novicios sin dejar, por hallarse fuera del Convento, los egercicios de 
la clausura, ayudando el tiempo que la Orden dispone y haciendo las de- 
mas cosas conforme á las obligaciones de su estado. Hizo siempre guerra 
declarada al ocio como á polilla de las virtudes, y así no se hallaba un punto 
ocioso por lo cual después de haber acudido á los menesteres de la hacienda, 
el tiempo que le quedaba procuraba emplearlo y gastarlo bien y asi se entre- 
tenia en sembrar y platar arboles y un hermoso crucero de Naranjos que 
hay en aquella hacienda lo plantó él por sus manos. En donde quiera que 
estaba guardaba el mesmo estilo buscando siempre en qué entretenerse y asi 
andaba siempre atento en los conventos donde estaba, viendo si habia que 
hacer y disponer ; y si acaso habia en el claustro algún ladrillo arrancado 
lo componía y ajustaba y asimesmo en todas las partes que habia que hacer 
y reparar acudía con gran diligencia. Era incansble en el trabajo y parecían 
sus miembros de bronce y con ser así que era débil por su grande abstinen- 
cia y mortificaciones continuas, para el trabajo se hallaba muy recio y con 
gastar todo el dia trabajando, á la noche trabajaba como si hubiera descan- 
sado todo el dia. Fué su ocupación también tocar á Maitines y despertar 
á los Religiosos á media noche y este cuidado lo tubo por espacio de treinta 
y siete años, en diversos conventos que estubo. Dormía muy poco y su 
sueño era no mas de tres horas y todo lo restante de la noche lo gastaba en 
oración, como lo diremos en el Capítulo siguiente. 

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CAPITULO Lili 

De la grande y fervorosa oración de Fr. Pedro . 

Como trajo Dios tan temprano para si á Fr. Pedro y le previno con 
bendiciones de dulzura, como dijo Daniel hablando del justo, acudió Dios á 
ser su maestro y con secretas inspiraciones le puso en el camino (aquí está 
roto el original) todo los Santos caminan a Dios. Desde niño muy pequeño 
tubo amor á esta virtud y estaba grandes ratos en las Yglesias. Por esto 
huia el bullicio y amaba el retiro como lugar acomodadisimo para darse á 
Dios sin estorbo. Después que tomó el hábito fué su sustento la oración 
y contemplación gastando las noches en ella en la Yglesia, sin que ocupa- 
ciones por grandes que fuesen bastasen para que dispensase en ella. Era 
su continua oración la del Rosario de Maria Sma. y cada noche lo rezaba 
todo entero ocho veces y una parte de él en pié puesto en cruz, que es una 
grande mortificación. Acabado este egercicio que duraba mucho tiempo, 
salia de la Yglesia y se iba al Capítulo de donde sacaba una Cruz de madera 
grande, y poniéndosela sobre los hombros visitaba los altares del Claustro 
que son cuatro y después se volvía á la Yglesia á la capilla de Na. Sra. del 
Rosario en donde gastaba todo el tiempo que quedaba hasta el amanecer 
en oración en dulcísimos coloquios con la Reyna de los Angeles ; y recibía 
su alma gran alegría y contento hallándose en la presencia de María Sma. 
y así prorrumpía en alabanzas de esta soberana Reyna diciendole mil re- 
quiebros y bailando delante de ella por muy grande rato. Creciendo su 
confianza con los favores que le hacia esta Señora, le decía muchas veces : 
Mirad Señora que habéis de hacer lo que os pido. Habeislo de hacer por 
que os lo pide Fr. Pedro de Sta. Maria vuestro devoto. Y después de can- 
tado y hablado con tanta ternura á Maria Sma. se desataba en lágrimas y 
sollozos pidiéndole mil veces perdón de haberle hablado con tanta llaneza. 

Era cosa muy para admirar; lo que le succedia al ponerse en oración 
en la Yglesia, y era que desde su rostro al altar mayor había una luz tan 
grande y tan crecida que ofuscaba la luz de la lampara, de suerte que no se 
vía; y no había en otra parte aquesta luz, porque el mesmo Fr. Pedro advir- 
tiendo esta novedad muchas veces (aqui esta roto) el resto de la Yglesia á 
oscuras, queriendo el Cieto con esta señal sensible dar á entender cuan de 
su agrado era su oración dándole por señal aquella luz del cielo que le 
alujnbraba, que es lo que dice el Eclesiástico C. 50 Beatus qui in itstis versa- 
tus bonis; qui ponit illa in corde suo sapiens erit semper; i si emin hae facerit 
úd omnia valebit, quia lux Dei vestigium ejese est. Era la luz del Cielo 
una señaf por donde se conocía que el que oraba en la Yglesia era Fr. Pedro. 

Era singularísima la devoción que tenia con el misterio del nacimien- 
to. Derretíase, solo con acordarse de aquel paso tan tierno y tan lleno de 
dulzuras, que, como dice y canta la Yglesia el dia del nacimiento de Cristo, 
aquel día manan los cielos miel y todo es dulzura, suavidad y recreó para el 
espíritu. Conocíase esto en Fr. Pedro porque aquel dia salia fuera de sí y 

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io celebraba con grandísimas demostraciones de regocijo. Asi que tocaban á 
Maitines, considerando en aquella hora á Cristo en el pesebre reciennacido, 
daba gritos de contento y andaba de puerta en puerta de las celdas de los re- 
ligiosos, llamándolos y convidándolos á celebrar en los maitines el naci- 
miento de Cristo. Prevenia para aquella hora, tambores y flautas y otros ins- 
trumentos pastoriles que avivasen la memoria para acordarse de la dicha 
que gozaron los pastores viendo á Cristo en un establo. Acudía* á maitines 
con grandísima devoción y acabados todos los oficios se bajaba á la Ygle- 
sia á bailar delante de la Madre de Dios y tenia para entonces estudiados mu- 
chos versos llenos de devoción y espíritu que cantaba en presencia del pue- 
blo y tenia convidados á muchos para que le ayudasen á alabar á la Madre 
de Dios respondiendo á los versos que él iva diciendo, de que recibía el 
auditorio singularísimo gusto, edificándose todos y aumentando su devo- 
ción por ver cuan grande y fervorosa era la de Fr. Pedro. No solo en la 
noche del nacimiento era este regocijo ,sino que duraba por todo (aqui está 
roto) de cantar y de bailar. 

Pagóle N. Señor esta devoción con un singular favor y fué que una 
noche de navidad estando contemplando en el nacimiento de Cristo, fue arre- 
batado en espíritu y lo lleve) Dios al portal de Belem adonde vido la pobre- 
za con que nació Cristo Sr. Ntro. y viendo á la madre de Dios con su pre- 
cioso hijo en los brazos, se lo pidió y lo tubo muy gran rato en los suyos 
comunicándole aquel Sr. singularísimos consuelos; y después de haberlo 
tenido en sus manos muy gran rato, en que le dio muchísimos abrazos, se le 
devolvió á su Madre. Volvió en sí del arrobamiento y quedó tan lleno de 
consuelo su espíritu que no se hartaba de llorar de gozo. Esto se halló es- 
crito de la mesma letra de Fr. Pedro y decía no haberle succedido esto una 
vez sola, sino muchas. Como andaba tan absorto y tan lleno de consuelos 
del Cielo y tan enamorado de la Reyna de los Angeles, no encontraba jamas 
imagen suya que no se parase á mirarla y contemplarla con ternura. La 
imagen de Ntra. Sra. que está en el Dormitorio donde reza la comunidad el 
oficio menor, la visitaba continuamente y jamas pasó por delante de ella 
que no se llegase á besarle el pié, y de la continuación estaba señalado de 
las muchas veces que Fr. Pedro se llegaba á besarlo. Sintiendo el demonio 
tanta devoción y tan continua le espantó una vez con una voz muy terrible, 
diciendole : Hermano Fr. Pedro, en qué han de parar tantos besos? De que 
quedó el religioso atemorizado por mucho rato hasta que vino á conocer que 
era cosa del demonio ; y sin hacer caso de él, pasó adelante con su devoción 
y lo mesmo hacia con todas las imágenes que veía y encontraba, que jamas 
pasó por delante de ellas, que no fuese haciéndoles una profunda reverencia 
y besándolas. Una era de madera, grande, estaba junto á la Sacristía en el 
Convento de Ciudad Real y todas cuantas veces pasaba por delante de ella, 
nacia oración y la besaba. 

Era de un animo sencillo y candido y á las imágenes de la Madre de 
Dios que había en los conventos de la provincia, cuando sabia que ivan re- 
ligiosos, les enviaba saludes como pudiera á otras personas vivas; y esto ha- 
cia singularísimamente con la imagen del Rosario que está en el Conventó 
de Coban en la provincia de la Verapaz, á quien enviaba grandes recaudos 

167 



con los religiosos diciendo que en seis años que habia estado en aquel Con- 
vento, le habia hecho aquella Señora muy grandes mercedes ; y asi queria 
mostrar su agradecimiento en enviarla á saludar en su nombre. 

Cuando salia por los Conventos de Chiapa á recoger la limosna para 
dar á los pobres, los Religiosos ya sabian que en la celda en que habia de 
vivir le abian de poner una imagen de Ntra. Señora, por que si nó no habia 
de poder estar en la celda ni dormir. Suecedió una vez que en el Convento 
de Copanaguastla se descuidaron en ponérsela; y la noche estando ya para 
acostarse después de haber vuelto de la Iglesia halló que estaba en su celda 
la imagen del Rosario del Convento de Ciudad Real. Adoróla con devoción 
y en su presencia rezó todas sus devociones y despertando después á la 
mañana vio que no estaba allí la imagen, porque solo por consolarlo aquella 
noche se le apareció en la celda. 



CAPITULO LIV 

De la grande caridad de Fr. Pedro 

Fué inclinadísimo á esta grande virtu'd desde pequeño y según su 
posibilidad socorría las necesidades de los pobres, y no teniendo que darles 
les ayudaba en lo que podia. Egercitó su caridad en la Religión con los en- 
fermos del convento, á quienes acudia con amor increible; y como la cari- 
dad tiene por efecto hacer de uno muchos, haciéndose el que la tiene todo 
para todos, como dice San Pablo, omnia ómnibus factus sum: no le quedó 
(aqui esta roto) cesitados. Pasó á las indias en compañía de los religiosos 
que venían á predicar el Evangelio á estas partes. Su primera asignación 
asi que llegó á esta provincia de Guatemala, fué en el Convento de Coban 
donde estubo seis años enteros. El convento, como es de pocos religiosos, 
no tenia mucho que hacer en él Fr. Pedro y por no faltar á su caridad dio en 
cuidar mucho de los indios. Salia por el pueblo á visitar los enfermos y 
los curaba y el mesmo les hacia las medicinas. De ordinario usaba de un 
ungüento solo para todas las enfermedades y acudia Dios milagrosamente 
sanando los enfermos y el mesmo Fr. Pedro se admiraba diciendo que no 
sabia como aquel ungüento sanaba todas las enfermedades no teniendo vir- 
tud para ello ; mas la caridad lo hacia todo y lo que faltaba á la medicina 
lo suplía esta virtud exelente. Después de haber estado en la Verapaz pasó 
asignado al Convento de Ciudad Real en la provincia de Chiapa en donde 
gastó el resto de su vida y adonde recibió los mayores favores del Cielo. 
Allí tendió las velas á su caridad y misericordia : era padre general de todos 
los pobres, grandes y pequeños, sin que hubiese necesidad alguna que sa- 
biéndola él, dejase de remediarla. Recogía limosna por todos los Conven- 
tos de aquella provincia y él personalmente iva de Convento en Convento pi- 
diéndola y traía mucha cantidad de maiz, frijoles y chile con otras cosas que 
guardaba en una despensa para ir dando á los pobres de la Ciudad. Como 

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conocían su grande caridad, de todas partes le enviaban limosnas que re- 
partiese y el fué el que puso en costumbre en el Convento de Ciudad Real 
repartir limosna los viernes fuera de la que se hace todos los dias de la 
comida que sobra del refectorio. Tenia con licencia de los prelados, canti- 
dad de dinero en la celda para dar á los pobres, que eran muchos los que 
venian á él ; y por mucho que daba tenia siempre que dar sin que jamas le 
faltase, porque Dios le multiplicaba la limosna milagrosamente. Halla 
(aquí está roto) tenia el mais que daba de limosna y llegó un religioso á 
verle, que era su confesor y á quien comunicaba los favores que le hacia el 
Cielo, y viendo tanto maiz en la despensa le dijo : Bueno está, Fr. Pedro el 
montón de maiz, mucha limosna tienen los pobres. A lo que le respondió di- 
ciendo : Gracias á Dios (que era su común modo de hablar) por mi cuenta 
he dado mucho mas maiz de lo que encerré, y con todo eso aun se está el 
montón entero, como el primer dia. 

Como Dios lo tenia en aquella Ciudad para padre general de todos 
los pobres, no queria que necesidad alguna se dejase de socorrer por su 
mano, ora se supiese, ora no se socorriese en su nombre. Succedió que 
estubo un hombre enfermo en una cama por espacio de seis meses, sin que 
la enfermedad de este pobre llegase á su noticia; y con todo eso acudió 
todos los dias á visitarle y socorrerle por medio de su Ángel de guarda, á lo 
que se puede entender; porque habiéndose levantado de la enfermedad el 
hombre, se fué al Convento á rendirle á Fr. Pedro las gracias del grande 
cuidado en visitarle todas las noches acudiendo á su necesidad con muy 
grandes socorros. Admiróse de esto Fr. Pedro por que ni aun de su achaque 
habia sabido ; pero el hombre instó y se afirmó en que todas las noches ha- 
bía ido á visitarle entrando en su aposento por una ventana, estándose con 
él mucho rato consolándolo ; de que quedó admirado Fr. Pedro, dando á Dios 
muchas gracias de que lo tomase á él por instrumento para socorrer las ne- 
cesidades de los pobres enfermos. 

Es la caridad benigna y muy sufrida, como dice S. Pablo, y se conoce 
el que la tiene en el sufrimiento y tolerancia en las impertinencias repetidas 
de los pobres. Aunque le pidiesen limosna muchas veces no se exasperaba; 
sino con entrañas de caridad acudía á cuanto le pedían. Es la Ciuda Real 
de Chiapa pobre de ordinario, falta de médico, en ella nunca ha habido bo- 
tica y de adonde se provee la Ciudad de medicamentos es de (roto) que sa- 
ben hacer algunas medicinas, como hoy (roto) las monjas en aquella Ciudad. 
Tenia Fr. Pedro este cuidado en aquel tiempo y conociendo la gran penuria 
que se pasaba en las medicinas, se aplicó á hacerlas; y con este cuidado bus- 
caba hierbas medicinales y otros simples de que componia las medicinas que 
se ofrecian. Como sabian su caridad le enviaban de toda aquella provincia á 
pedir las medicinas necesarias y muchas veces ^solían venir muchas cartas 
á un tiempo pidiendo muchísimas cosas y menudencias; y dando las car- 
tas á los religiosos para que se las leyesen, enfadándose ellos de tantas menu- 
dencias é impertinencias, el con rostro sereno y apacible les decia : Gracias á 
Dios. Vuélvame V. R. otra vez á leer esa carta que pienso que tengo cuanto^ 
me piden y lo daré de muy buena gana. Fué constante cosa en todos los que 
le conocieron y trataron que no tenia ocacion de mayor gusto que cuando le 

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pedían una cosa, tenerla para darla y remediar la necesidad que se le repre- j 
sentaba. Fué padre común de todos: á todos amaba con entrañable afecto: j 
hacia él solo casi los oficios todos que pertenecen á los religiosos legos : era i 
enfermero, sacristán, portero, hortelano, boticario; siendo útil no solo al 
Convento donde asistia, sino á toda la Comunidad teniendo cuenta con todas 
las casas de pobres y ricos, porque para su grande caridad, en todas partes 
hallaba como egercitarla. A los religiosos enfermos visitaba todos los dias 
y curaba, estándose con ellos muy gran parte de la noche porque no se les 
faltase en la menor cosa. 

Es la devoción que se tiene con las ánimas del purgatorio, la mas acep- 
ta á Dios, de cuantas se practican en 'la Yglesia. En ella no se egercita una 
virtud sola, todas las obras de misericordia juntas se hacen con (roto) por- 
que ademas de ser las penas terribles, el no poderse ellas ayudar, por no 
estar en estado de merecer, es el mayor motivo que puede tener nuestra mi- . 
sericordia para ayudarlas; y por eso es en la Yglesia tan frecuente esta 
devoción y como no se acaba el número de estas necesidades, es bien que 
estén en pie estas limosnas. 

Ademas de ser grande la caridad de Fr. Pedro, como sabia cuanto pa- 
decían las ánimas por comunicárselo ellas, se dolia notablemente de sus 
trabajos y andaba continuamente solicitando oraciones y sufragios para sa- 
carlas de ellos; y así sus oraciones, que eran largas y continuas, eran por las 
ánimas del purgatorio, y sus ayunos y penitencias eran en orden á aliviarlas 
de los tormentos que padecían. Puso Dios á Fr. Pedro para socorro de todas 
ellas y así le frecuentaban á visitarlo y le significaban con lástima las penas 
que padecían. No quedaba religioso ni persona alguna á quien no pidiese 
misas y oraciones y al Prior del Convento instaba en casos de necesidades 
á que se hiciesen oraciones comunes por las almas de los difuntos. Vinieron 
muchas veces á verle á su celda : dábanle parte de los tormentos que pade- 
cían; y aunque fueron muchísimos los casos que en esta materia le succedie- 
ron, que todos los dejó escritos de su letra, el nombrar las personas con sus 
propios nombres obligó á los Prelados á romperlos ; pero quedaron muchos 
y de ellos escribiré algunos y sea el primero este : 

Habia en el Convento de Ciudad Real en la provincia de Chiapa un 
religioso lego llamado Fr. Bartolomé Hidalgo, hombre muy observante, muy 
dado á la oración y por eso muy retirado. Era mucho su encerramiento: ja- 
mas comunicaba con los seglares y con los frailes muy poco, sino era en las 
cosas que la obediencia le mandaba. Jamás salia fuera de casa sino era 
acompañando á algún religioso. Este cuidaba de la cocina y habiendo dado 
el recaudo para la comida se entraba en la casa de novicios, que estaba 
sola y gastaba (roto) municaba muy familiarmente Fr. (roto) el que prime- 
ro muriese diese cuenta al otro del estado en que se hallaba. Quien murió 
primero fué Fr. Bartolomé y aguardándole Fr. Pedro para que le avisase del 
estado en que se hallaba, según el concierto hecho, se pasaron dos meses en- 
teros sin que se le apareciese, de que recibía grandísima pena Fr. Pedro. Es- 
tos dos meses hizo por él grandes penitencias y al cabo de ellos, estando ha- 

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riendo oración en el coro de la Yglesia se le apareció y le conoció luego con 
grande alegria le dijo: Hermano Fr. Bartolomé ¿que se ha hecho estos dos 
meses que ha que murió, que no le he visto? ¿En donde ha estado este tiem- 
po. A lo que respondió diciendo ; que habia estado en el purgatorio por mu- 
chas cosas de que acá no hacia caso; y despidiéndose de él, le dijo que se 
quedase en paz, que él se iva á gozar de Dios; de lo que quedó Fr. Pedro 
contentísimo. 

En otra ocacion se le apareció una muger á quien él por el aspecto 
conocia muy bien. Apareciósele en grandísimos tormentos y el mayor que 
padecía era una sed ardentísima. Postróse en el suelo en ademan de beber 
un poco de agua que estaba derramada. Pidióle con encarecimiento que ro- 
gase á Dios por ella. Hizolo así, y saliendo del purgatorio le vino á dar las 
gracias del beneficio que le habia hecho. 

Estando otra vez en su celda de noche, sintió gran ruido de perros, 
que parecía ivan en pos de alguna persona. Por entonces no hizo reparo; 
pero viendo que aquel ruido se continuaba todas las noches y á la mesma 
hora, siempre de una mesma manera, entró en cuidado, si acaso era algu- 
na ánima del purgatorio que venia á hablarle. Con este cuidado estubo mu- 
chos días en oración rogando á Dios por ella y estando en la Yglesia ha- 
ciendo oración una noche, se le apareció una muger que habia muerto en 
la ciudad de Chiapa. Díjole como estaba en terribles penas por no haberse 
satis (roto) gasen á la persona á quien se debían. Hizo la diligencia con sus 
parientes ; y tenia con ellos Fr. Pedro tanto crédito, que luego al punto se 
dio el dinero y se pagó lo que se debía y la difunta se fué á gozar de Dios, 
porque no volvió mas el ruido ni Fr. Pedro la vio otra vez. Muchas cosas le 
succedieron de estas, que por ser en la mesma materia y con las mesmas cir- 
cunstancias, no las refiero por no causar enfado. Lo común en Fr. Pedro 
era encomendar á Dios las ánimas del purgatorio : era hombre animosísimo 
y de ordinario se ponia en los lugares oscuros y horrorosos por ver si alguna 
se llegaba á verle ; y si oyendo ruido vía que no lo hablaban, solicitaba su 
remedio de las oraciones y sacrificios de los sacerdotes. 

Solíale revelar Dios el estado de algunas almas que estaban en peca- 
do mortal y por las demostraciones que vía, conocia el riesgo en que se ha- 
llaban y procuraba con gran cuidado su remedio. Estando una vez recosta- 
do en su cama, á deshora de la noche sintió un grande tropel de demonios 
que entraban por su celda que llevaban arrastrando á un hombre que aun 
vivia y el muy bien conocia. Entraron dándole muchos golpes de los cuales 
traía el rostro hinchado y llena de sangre la boca. Afligióse Fr. Pedro de 
ver aquel espectáculo y díjoles á los demonios: como enemigos de Dios te- 
neis atrevimiento de tratar de esta manera á este hombre. A que respon- 
dieron diciendo que era ya suyo y se lo habían entregado á su voluntad. En- 
tonces les dijo Fr. Pedro: pues yo fiado en la misericordia de Dios y mis- 
terios del Smo. Rosario os lo tengo de quitar. A que respondieron otra vez 
diciendo : que no habia de poder hacerlo porque aquel hombre era suyo y 
se les habia entregado y diciendo esto cargaron otra vez con el hombre y 
desaparecieron. Quedó desde entonces afligidísimo viendo el estado en que 
aquel se hallaba, aunque fiaba mucho de la misericordia que se habia de 

171 



enmendar y reducir. Tomó entonces muy por su cuenta el encomendarlo á 
Dios : hizo que (roto) habia visto en la visión pasada. Pudieron mucho con 
el hombre las palabras de Fr. Pedro y enmendó desde entonces su vida de 
suerte que cuando murió le dijo á un religioso que sabia el caso, que tenia 
muy gran confianza en Dios de que se habia salvado, porque habia vivido 
con mucha cuenta y á la hora de la muerte habia recibido los Sacramentos 
todos, con muy grandes señales de arrepentimiento. 

Vivia en la Ciudad de Chiapas un Sr. Obispo, y muy grande pastor 
que vivia con harto egemplo de sus ovejas. Este comunicaba con Fr. Pedro 
familiarmente y hacia tanta estimación de su virtud que después de muerto 
sacaba un papel suyo escrito todo de su letra y firmado de su nombre y 
besándolo decia : Sancta Pater ora pro me. Concertáronse los dos, el Sr. 
Obispo y Fr. Pedro, no solo de encomendarse á Dios, sino también de satis- 
facer el uno por el otro. Al cabo de algunos dias se sintió Fr. Pedro muy 
enfermo y con vehementísimos dolores en las piernas, de calidad que le tu- 
bieron en la cama y en ella no podia menearse sino era ayudado de otros. 
Una noche se sintió tan dolorido de las piernas que sentándose en la cama 
las hubo de descubrir y las halló todas llenas de candelillas y que el fuego 
de ellas era lo que le quemaba y le causaba el dolor que padecia. Volvióse 
á Dios y le dijo : Es posible Señor que tales dolores me envías? Y oyó una 
voz que le dijo: quien te mete á ti en satisfacer por culpas agenas? Quitó 
las candelas todas y preguntándole el Religioso á quien contó esto, que 
se habian hecho las candelas? no dijo mas sino que el que las puso se las 
volvió á llevar. Este caso de este Sr. Obispo me acuerdo de habérselo oído 
contar al P. Fr. Luis de Cárcamo que fué mi Maestro de novicios y por esto 
se rompieron los papeles que este religioso dejó escritos de su mesma letra 
(roto) que le quemaban las piernas á Fr. Pedro eran las que se daban en las 
confirmaciones en los pueblos de los indios que en esto debía de haber algún 
abuso y debia de hallarse culpado el Obispo. Después de muerto Fr. Pedro, 
llevándole los papeles que habia él escrito, como se halló allí nombrado por 
su nombre y escrita su culpa, sintió tanto el caso que rompió los papeles. 
De esto me acuerdo que me contó el P. Fr. Luis de Cárcamo que conoció al 
Obispo y al hermano Fr. Pedro de Sta. María; y pues se ha ofrecido tratar 
de esta materia, diré una cosa que succedió en el pueblo de S. Martin Xilo- 
tepeque que está en el valle de Guatemala. Estando en este pueblo con- 
firmando este Sr. Obispo, conoció que entre las candelas que traían los in- 
dios, una era muy diferente de las que sus criados llevaban para vender, y 
viendo y conociendo que no era de aquellas que él habia llevado se enojó 
terriblemente y mandó llamar al Religioso que administraba el pueblo y le 
dijo que ¿quien era el que habia vendido aquella candela? Por aquí se verá 
lo que en esto pasaba y la injusticia tan grande que se pretendía hacer prohi- 
biendo el que otros vendiesen candelas sino sus criados. Estos son unos 
abusos notables y argullen gran codicia y así no es mucho que las candelas 
del Obispo le diesen á Fr. Pedro tan terribles dolores. 

172 



CAPITULO LV 

De la gran pureza y castidad de Fr Pedro 



Es la castidad la fragua de las virtudes. Ninguna de estas tiene su 
lugar cuando falta la pureza, que como Dios es tan puro ninguno puede 
acercarse á El, menos que con mucha limpiesa de alma y cuerpo; y como 
para ser santo es preciso darse de continua á la contemplación, mientras no 
hay limpieza no puede haber contemplación porque esta se fomenta de es- 
piritus muy puros. Fué siempre Fr. Pedro amantísimo de esta celestial vir- 
tud (roto) á conservarla que no trabajaba mucho (roto) porque ademas de 
ser su complexión templada, fueron pocos los estímulos que padecía; y 
aunque el demonio trabajaba para destruirla, fué trabajo perdido por que 
nunca le hizo caer en el menor pensamiento sensual, y asi solia decir, dando 
á Dios las gracias por el favor que en esta parte le había hecho, que jamas 
había llegado á muger ni había tenido mal trato con ellas, si que había pro- 
curado huir de ellas como de peste ó contagio. Evitó siempre las ocasiones de 
hablar con mugeres, cuanto pudo, y una de las razones que tubo para dejar 
el hábito que habia recibido en el hospital del Espíritu Santo de la Ciudad de 
Baeza, fué por que le hacían salir fuera de casa á llevar las raciones á las 
amas que criaban á los niños del hospital y en el camino encontraba muge- 
res muchas veces y no quería que tan repetidas ocasiones le hiciesen caer. Era 
muy hermoso de rostro y muy bien dispuesto y agraciado y esto le ocacionó 
algunos lances pesados, pues aficionándose de él algunas mugeres procu- 
raron solicitar su amistad y vez hubo que yendo desde Sevilla á Burgos á 
ver á su madre, en el camino encontró con dos mugeres de mal vivir y le 
arrebató la una de ellas y lo llevó á un mesón y se desasió de ella con fuerza 
habiéndose visto en muy grande aprieto. Dos mugeres solicitaron muchas 
veces el verlo y tratarlo para atraerlo á sus amores livianos y aguardaron 
á que bajase á la noche á cerrar las puertas del Convento: entonces ellas 
teniéndole solo le persuadieron á que cumpliese sus deshonestos deseos : des- 
pidiólas muchas veces con buenas palabras de edificación y desengaño y 
habiéndose ido le representaba el demonio el deleite con tanta fuerza y 
viveza que se llegaba á ver en grandísimas congojas; mas él advertido para 
quitarle las fuerzas á la carne que tanta guerra (roto) se iva á la Yglesia y 
desnudándose hasta la cintura se abría á azotes las espaldas hasta derramar 
la sangre; y no contento con eso se tendía en el suelo y la llaga reciente la 
refregaba con los ladrillos que por estar tan fríos le causaba nuevos dolores, 
mas con ellos templaba el ardor de la carne. De estas luchas tubo muchas, 
mas siempre salió vencedor con el favor de Dios y el demonio mas corrido 
y Fr. Pedro cada dia mas esforzado. 

173 



CAPITULO LVI 

De las grandes tentaciones del demonio y persecuciones grandes que le hizo 

Desde los primeros años de su vida comenzó el demonio á perseguir 
á Fr. Pedro, que como tubo en él poca parte, vivió siempre rabioso de no 
haberle podido hacer caer, alguna vez. No fueron persecuciones interiores 
ó las que llaman sugestiones; eran sensibles y que se percibian por los sen- 
tidos y llegó tantas veces en forma terrible á tentarle que ya con la conti- 
nuación tenia perdido el miedo. En el Coro del Convento de Baeza y en el 
de S. Pablo de Sevilla cuando tenia su oración de parte de noche, procuraba 
el demonio inquietarlo unas veces tocándole las campanillas, otras ojeándo- 
le los libros muy aprisa para inquietarlo y divertirlo. El no entendia ser 
esto ardid del demonio, sino que pensaba que era cosa humana : atribuíalo 
á que la gente del Convento le iba á inquietar por hacerle burla, hasta que 
se desengañó y vino á entender que era traza del demonio porque yendo 
por una calle vio mucha gente junta á causa de que estaban viendo una 
muger endemoniada, la cual asi que vido á Fr. Pedro, dando grandes risadas 
dijo : ahí viene el motilón que baila delante de la coronada y yo le hago el 
son con las campanillas. A lo que respondió Fr. Pedro: ¿Vos sois? Yo os co- 
noceré en lo de adelante y me guardaré de vos. Este inquietarle y desaso- 
segarle (roto) salia de la celda para alguna de las partes (roto) ponia delan- 
te ya en una forma, ya en otra, pero siempre horrible y feo; mas ya Fr. Pe- 
dro por la continuación le habia perdido el miedo. Cuando iva á tocar Mai- 
tines le quitaba la soga de la mano burlándose de él y llevándola ya á una, 
ya á otra parte. 

En la Verapaz, en el Convento de Coban á donde estubo seis años, pa- 
deció terribles tormentos porque las mas noches lo sacaba el demonio de la 
celda y lo arrojaba por los claustros maltratándolo en estremo y luego lo 
volvia á la cama. Otras veces se le ponia encima apretándole en la cama y 
lo sentia tan pesado que no podia rodearse. En Chiapa estando en la capi- 
lla mayor se entraron por la puerta á deshora de la noche gran tropa de 
monos negros y horribles : uno de ellos andubo tan atrevido que se le subió 
encima y le sintió tan pesado, que hubo de agobiarlo hasta el suelo y los 
otros se estubieron á la redonda haciéndole visages y burlas; mas de todo 
salian burlados porque él quedaba mas devoto y atento. 

Cuando andaba los claustros de Ciudad Real visitando los altares con 
aquella Cruz que llevaba en los hombros, sentia la cruz tan pesada que no 
podia con ella y conociendo que era el demonio, con la diciplina que lleva- 
ba en las manos lo auyentaba. Otra vez estando en el coro en oración, se 
le llegaron dos perros grandes y terribles amagándole á embestirle y oyó 
una vos con que los provocaban á morderle; pero como estaba ya acostum- 
brado á estas tentaciones no se inmutaba y así quedándose tan sereno como 
antes, les dijo: pues no me tengo de ir ni dejar la oración por mas que me 

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ladréis. Con esto lo dejaron yéndose bien avergonzados. En otra ocasión pa- 
sando por un dormitorio vio dos negros feroces que le aguardaban con unas 
alabardas para embestirle : asustóse con lo terrible de la amenaza (roto) endo 
en sí cobró ánimo y pasó delante de ellos sin hacer caso alguno y desapare- 
cieron. Despertando una vez á Maitines un religioso vio que un perro dis- 
forme negro iva por delante de él asustóse el religioso y tubo notable mie- 
do ; y acabados los Maitines para volverse á su celda se acercó á Fr. Pedro 
y le dijo: Fr. Pedro, mucho miedo tengo por lo que he visto, dígame si podré 
pasar por el dormitorio para irme á la celda? A lo que le respondió : Vaya 
V. R. seguro, que no es esta tentación contra V. R. sino contra mi: Cuando 
estaba en la Yglesia encendiendo la lámpara estaba tan atrevido el demonio, 
que aun en presencia del pueblo le embarazaba que le atizase ó encendiese 
y le quitaba muchas veces de las manos las tijeras. Finalmente este común 
enemigo persiguió á este religioso todos los dias, á todas horas y en todos 
tiempos y decia Fr. Pedro, viendo la continuación en perseguirle, que era 
muy bobo y simple el demonio y no sabia lo que se hacia y que donde pen- 
saba ganar perdia porque de sus tentaciones nunca sacó sino el que Fr. 
Pedro viviese con mucho cuidado, aumentándosele la devoción y oración co- 
mo quien tenia delante de si á un enemigo que sabia le habia de acusar de- 
lante de Dios de cualquer descuido que tubiese ; y aunque estando en oración 
era muy ordinario menear el techo y dejarle caer delante piedras y terrones, 
no por eso se sobresaltaba ni dejaba la oración. 

Cierre este capítulo un caso notable en que padeció terribles tormen- 
tos por espacio de seis meses. Estaba una noche leyendo en el Contemptus 
Mundi para disponerse á la oración. Leyó cuan acerbos eran los tormentos 
del purgatorio y atemorizado con esta consideración se puso en oración y le 
pidió á Dios le librase de ellos y se los diese á padecer en esta vida. Otorgóle 
N. S. la petición y dióle á padecer terribles tormentos y asi venia un demo- 
nio dos veces cada día y poniéndole en la cama y atándole reciamente de 
forma que no se pudiese rodear, le abría la boca y con una cuchara le daba 
á beber una escudilla de materias podridas y hediondas, una vez después de 
comer y otra á la noche. Sentía en la boca Fr. Pedro este asco y queriendo 
lanzar para aliviarse, no podía por lo recio de su estómago y porque Dios 
lo quería así para mas atormentarle, con que apretado del asco de aquella 
podre, no habiendo con que labarse solía en la Yglesia llegarse á las pilas 
del agua bendita para enjaguarse y ni esto bastaba porque como se disponía 
aquello para que padeciese se le quedaban los ascos que le atormentaban 
terriblemente. 

Otras muchas veces se le apareció el demonio en varias figuras y re- 
presentaciones pretendiendo siempre engañarle para rendirle y viendo que 
ya le habia conocido y que ora fuese en forma de negro, de perro ú de mono 
siempre se descubrían sus engaños, quiso ver si mudado de formas le en- 
gañaba y asi se le apareció muchas veces en forma de la Reyna de los Angeles 
Na. Sa., pero al paso que repetía el demonio sus astucias, el Cielo multipli- 
caba sus asistencias y le comunicaba tanta luz para distinguir las visiones 
y revelaciones, que jamas, á honra y gloria de Dios, fué engañado. Muchas 

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Veces acometió á engañarle en forma de Religioso de la orden, otras veces 
venia con hábito de S. Francisco, otras con hábito de la Merced, mas luego 
era conocido y le decia : Enemigo de Dios, mira que ya te conosco y no me 
has de engañar. Y con esto luego desaparecía. 



CAPITULO LVII 

De los graneles favores que recibió Fr. Pedro, de Cristo Sr. N., de su Madre 

Sma. y de los Santos 

Desde muy niño, como vimos atrás, comenzó el Cielo á favorecerle con 
revelaciones y visiones y fueron tan continuas las de Dios, de su Madre Sma, 
y de los Santos, que la mayor parte de su vida podemos decir que la gastó 
con ellos, por que á cada paso se encontraba ya con Cristo, ya con la Reyna 
de los Angeles, ya con los apóstoles ya con los Santos de la Orden, con las 
once mil virgenes sus singularísimas devotas. Estas visiones las escribió él 
como le iban succediendo, aunque con un estilo muy humilde. Como se ha 
de tener tanta atención con revelaciones por los engaños que acaecen, por 
las astucias del demonio, se tubo muy gran cuidado con las de Fr. Pedro y 
se examinaron muy despacio, y el P. Fr. Andrés del Valle estudió la materia 
y ademas de ser hombre tan docto y versado en las de espíritu, se fué en 
esta parte con grandísimo tiento y después de larga oración y de mucho es- 
tudio hubo de determinarse á que las cosas que via Fr. Pedro eran guiadas 
por el Cielo, porque de todas las revelaciones salia mas humilde, mas confuso 
y mas aprovechado que es la señal mayor para conocer sus revelaciones de 
Dios y el mesmo Fr. Pedro conocía cuando eran de Dios y cuando del de- 
monio, porque luego descubría sus engaños. Muchas de las cosas que le 
pasaron se perdieron y no ha quedado de ellas memoria porque, como hemos 
dicho, se rompieron todos los papeles que de su letra se hallaron escritos. 
Los que quedaron fueron pocos, aunque bien notables y dignos de saberse 
Ya dijimos tratando de su gran devoción en celebrar la fiesta del nacimiento 
de Cristo como le habia llevado en espiritu al portal de Belem adonde vido 
la pobreza con que nació, y como mereció tener en sus brazos al niño recien- 
nacido por favor especial de su Sma. Madre. Esta señora le favoreció mu- 
chas veces en su vida regalándole con visitas y atendiendo á su devoción 
y grandes deseos. De Ciudad Real iva la imagen del Rosario y la via en su 
celda y andando por los caminos cuando salia á pedir limosna para los 
pobres. 

Habia hecho un vestido muy hermoso a la virgen que ponia en el 
nacimiento y asimesmo á la virgen del Rosario que sacan los domingos del 
mes en la procesión que se hace por los claustros, habia dado un Rosario 
de ámbar muy hermoso y parejo. Succedió pues, que una noche estando 
durmiendo vio á Sto. Domingo N. Padre que se llegó á él mandándole que 

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cogiese la capa y le acompañase para ir á ver á la Reyna de los Angeles. 
Salió en compañia suya y llegaron á unos palacios de increible hermosura 
y después de haber subido unas escaleras entraron en una sala grande y 
hermosa en la cual le mandó se quedase mientras él entraba adentro á ver 
y hablar, con Na. Señora. Después de haber entrado y hablado un rato vol- 
vió á salir fuera y le dijo á Fr. Pedro que entrase porque Na. Sra. queria 
verle y hablarle. Entró adentro y vio á la Reyna de los Angeles cercada 
de resplandores y con mucha magestad y aunque estubo hablando con ella 
un rato no pudo acordarse de lo que habia hablado; pero en lo que reparó 
fué en que habia visto vestida á Na. Sra. con el vestido que él le habia hecho 
y puesto en el cuello el Rosario de ámbar que él le habia dado, entendiendo 
por esta visión que se habia agradado Na. Sra. de su devoción y de la li- 
mosna que habia hecho á su imagen. 

Habia recogido algunas gruesas limosnas que personas devotas le 
habian dado y trató de hacer una custodia grande y hermosa para sacar el 
cuerpo de Cristo en procesión el dia de Corpus. Hizola hermosa y rica y 
de grandisimo costo, que hoy dura y está en el Convento de Ciudad Real. 
Asimesmo hizo unos ciriales dorados y unos tafetanes para la Yglesia, que 
todo ello costó quince mil pesos. Acabada la custodia, que se hizo en Gua- 
temala, se puso en camino desde Chiapas para llevarla consigo. Viniendo 
por el camino con ella llegaron él y su compañero á un pueblo de indios que 
se llama Chiantla donde está una imagen devotisima de Na. Sra. Después 
de haber hecho oración y pedidole á aquella Señora buen suceso en su via- 
ge, estando recostado en su cama á la noche vio entrar á Sto. Domingo N. 
Padre, á San Pedro Mártir, Sto. Tomas de Aquino, S. Vicente Ferrer, S. Ray- 
mundo y S. Jacinto á darle las gracias del cuidado que tenia por el aumento 
del culto Divino y adorno de la Yglesia y mandó Sto. Domingo á Sto. Tomas 
que en su nombre le agradeciese el cuidado que habia tenido en hacerle la 
custodia. Hizolo Sto. Tomas con palabras muy significativas en las cuales 
mostraba su agradecimiento y habiéndole consolado, desaparecieron. Esta 
no fué visión imaginaria, sino que la percibió con los sentidos y los vido con 
los ojos, y quedó tan contento y con tanto alborozo que sin reparar en lo 
que hacia llamó al compañero para que viniese á ver a Sto. Domingo y á los 
Santos de la Orden. 

Estando otra vez en el pueblo de Copainalá en la provincia de los Zo- 
ques vio en el remate del retablo una imagen de Dios Padre á quien se afi- 
cionó tiernamente: bajó á la Yglesia muchas veces á hacer oración y siem- 
pre fué delante de esta imagen. Quedóse dormido en la Yglesia y en sue- 
ños vio que bajaba Dios Padre y se le ponia en las manos y asimesmo él le 
salia al encuentro á recibirle. Túbolo mucho rato en las manos adorándolo 
con devoción y habiéndose vuelto la imagen dispertó del sueño y se halló 
con un olor fragantísimo en las manos que le duró por muchos dias. 

Enfermó una vez del achaque de la gota que le tubo bien apretado 
por mas de dos meses en la cama con dolores vehementisimos : recibia estos 
regalos del cielo con grandísima paciencia y decia que con los achaques le 
ponia Dios grillos para no desmandarse. En esta enfermedad recibió singu- 
lares favores del Cielo. Una vez durante el achaque bajó Cristo S. N. tra- 

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yendo en su compañía á los doce Apóstoles, estubo gran rato en su celda 
consolándole y Fr. Pedro agradeciéndole el haberle regalado con aquel acha- 
que tan penoso; mas no quiso pedirle lo sanase. Desapareció esta visión y 
luego inmediatamente comenzó otra, porque entró luego á visitarle So. Do- 
mingo N. P. y preguntándole como le iva con su dolencia respondió que 
muchas veces bien, porque en ella se hallaba regalado con las continuas con- 
solaciones del Cielo y con las visitas de Cristo y de su Madre Sma. Habien- 
do desaparecido Sto. Domingo á la mañana se halló sano y bueno y con 
grandes fuerzas, que fué de admiración á los Religiosos porque el dia antes 
le habian tenido muy malo. Lo mismo le succedió con las once mil vírgenes, 
que vinieron á consolarle á la celda en sus enfermedades ; y decía el haberlas 
conocido á todas, que como eran tan frecuentes sus visitas no era mucho 
que las conociese á todas y supiese sus nombres. 

Otra vez estando en el coro de Ciudad Real vio á Cristo Ntro. Bien 
y á su Sma. Madre en las sillas de enmedio y viéndolos se arrodilló á ado- 
rarlos. 

S. Francisco N. P. también le favoreció pues tubo una vez una visión 
de que se halló en un convento suyo entre gran número de Religiosos, y en 
el refectorio vio sentado á S. Franco, en el lugar superior y lo llamó y sentó 
junto á sí para que comiese. 



CAPITULO LVIII 

De la muerte de Fr. Pedro de Sta. María y de su entierro 

Deseaba Fr. Pedro acabar con esta vida caduca y perecedera para 
gozar de Dios que es el fin á que aspiran los Santos todos, y como se ha- 
llaba tan regalado en vida con las visitas de Cristo y su Madre Sma. quería 
ir á verlos en la gloria con el seguro de no poder perderlos jamas. Conti- 
nuamente le pedia á Dios con lágrimas lo sacase de aqueste captiverio, y oyó 
una vez que le dijo que presto acabaría con la vida y se le cumplirían sus 
deseos. De ochenta y cuatro años era cuando murió : no hizo cama porque 
no tubo achaque que á esto le obligase ; andaba sí quebrado de salud, porque 
como el trabajo era mucho y las penitencias que hacia tan crueles, fuesele 
gastando la salud, mas no de calidad qe. se rindiese. Domingo cuarto de 
cuaresma ó de los cinco panes que fué á 29 de Marzo de 1620 fué su dichosa 
muerte habiendo ese mesmo dia bajado á la Iglesia a comulgar y después de 
regalado con este eucarístico pan subióse al coro a la oración que acostum- 
braba y habiendo asistido á la misa mayor al volverse a la celda le dio un des- 
mayo grandísimo. Conocióse por pulso que se le acababa la vida y ha- 
biendo recibido el sacramento de la Estrema Unción, dio su espíritu en 
manos de su Criador. Súpose en la Ciudad su muerte y con sentimiento ge- 

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neral fueron todos á llorar á su padre sintiendo toda la falta que les habia 
de hacer. Como era tanta la devoción de la Ciudad y veneraban tanto su vir- 
tud pidieron los dos Cabildos de ella que no se enterrase en el Capitulo con 
los demás Religiosos, sino en la Yglesia pública donde todos se consolasen 
viendo su sepultura. Y asi se hizo habiéndosele hecho el mas solemne entie- 
rro que permite la posibilidad de la Ciudad, fué enterrado su cuerpo en la 
Capilla del Rosario, donde está hasta hoy con harta veneración del pueblo. 

En los papeles que tube de su vida hallé escrito un caso notable y fué 
que siendo Religioso y viviendo en el Convento de S. Pablo de Sevilla pidió 
licencia al Prelado para ir á ver á su madre á la Ciudad de Burgos: llegó 
á su casa y no le conoció su Madre porque habia muchos años que faltaba 
de su casa y no sabia si era Religioso, y como él se afirmase que era su ver- 
dadero hijo y que la conocia como á quien lo habia parido, ella dijo que no 
lo habia de creer mientras no viese una señal que habia de tener en las es- 
paldas. Desnudóle y conoció y vido la señal que decia y quedó tan gososa y 
fuera de si que llevada del contento de ver á su hijo que tenia ya por muer- 
to, se salió de casa á dar aviso á sus parientes. Volvió con ellos y recibie- 
ron igual contento de verle. Dos dias solo duro este contento porque al ter- 
cero dia murió la madre del gusto, y habiéndola enterrado se volvió á su Con- 
vento de S. Pablo y dentro de pocos dias se pasó á las indias en compañia de 
otros Religiosos que vinieron á la provincia. 

Algunas cosas mas he sabido después que escribí la vida de este Re- 
ligioso, que me las comunicó un Religioso morador del Convento de Ciudad 
Real por mas de diez años, y en este tiempo conoció, vido y trató á muchas 
personas de las que alcanzaron á Fr. Pedro de Sta. Maria. Dijome como 
habia sabido de los que le habian conocido que habiendo estado Fr. Pedro en 
esta provincia se desconsoló y le pareció que estaña en España con mas quie- 
tud y asi pidiendo licencia se volvió y llegando á Sevilla halló en la portería 
del Convento á aquel gran padre de pobres Fr. Pablo de Sta. Maria Reli- 
gioso lego é hijo de aquel Convento (1) Conocíanse por haberse visto y tra- 
tado antes y ser muy conformes en los espíritus y viendo que se habia vuelto 
sin mas causa que no hallarse en las indias le reprendió y le instó en que 
se volviese otra vez á esta provincia diciendole : Hermano Fr. Pedro, Dios 
escogió al hermano para la provincia de Chiapa y á mi para la portería de 
S. Pablo. Y con esta ocasión se volvió á la provincia y fué á Ciudad Real á 
donde tanto floreció su santidad. 

Asi mesmo le refirieron otras muchas personas de la Ciudad y entre 
ellas D. Melchor de Solórzano hombre ya muy anciano que habia comuni- 
cado mucho á Fr. Pedro, que era tanto el imperio que tenia sobre todos los 
caballeros de Ciudad Real que gobernaba la hacienda de todos y disponía de 
ella como si fuese suya propia. Dotó muchísimas doncellas y remediólas 
dándoles con qué se casasen, y el estilo que tenia era, cuando llegaban á él á 






(1 ) Y natural de Ecija mi patria baptisado en la Parroquia de Santiago. N. de Ximenez. 

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pedirle remedio para alguna huérfana, el irse á algún hombre rico y pedirle 
la cantidad que habia menester, ninguno le negaba cosa que pidiese y asi 
podia obrar tantos beneficios en pro de los pobres. La Ciudad estaba enton- 
ces muy rica y opulenta, las rentas de los pueblos las gozaban aquellos ca- 
balleros y tenian como hacer crecidas limosnas, el Convento estaba tam- 
bién muy abundante y tanto que podia sostener veinticuatro Religiosos den- 
tro de los claustros de la casa sin contar entre estos los que estaban en la 
administración de los pueblos. Todo se ha ido acabando y la Ciudad se ha 
destruido con las repetidas inundaciones, con pleitos de unos con otros, por 
lo cual está muy pobre y muy corta la tierra y los vecinos de ella la van 
dejando y viniéndose á Guatemala. 

Desde que se enterró su cuerpo en la peaña del altar de Na. Sa. del 
Rosario no se ha sabido mas de él; ni se ha visto si está entero o nó, porque 
ninguno ha querido curiosamente saberlo. Algunos religiosos hubo que yo 
conoci, que desearon ver como estaba y habiendo bajado á la Yglesia y te- 
niendo ya el azadón en las manos se hallaban tan atemorizados, que lo de- 
jaban sin pasar adelante. De esta suerte está hasta hoy; Dios sabe lo que 
tiene dispuesto. 

A mis manos vino una carta de Fr. Pedro que la hube de un Religioso 
llamado Fr. José del Castillo que murió en Guatemala y habiéndole yo asis- 
tido en su enfermedad y confesándole antes de morir, me dio todas sus 
reliquias y entre los papeles de que hacia grande estimación tenia ésta carta 
firmada de su nombre en que da razón de cuanto le habia costado la custo- 
dia que hizo. Por el estilo se verá la simplicidad del hombre. Dice pues asi: 

Jesús, María y Joseph sean con Vs. Ms. y los tenga de su mano y 
les dé su gracia. Amen. Esta .escribo cierto con mucho contento por haber 
sabido de la salud de Vs. Ms. Dios se la de muy cumplida como yo se lo 
deseo Amen. También la escribo ¡de mi mano porque me parece se holga- 
ran Vs. Ms. de ver estos letrones y borrones y estas razones tan redondas. 
Bien se podrá cierto decir por mí que ¡aunque 'estube en la Corte, no entró 
la Corte en mí ni yo en \sus cosas. Aquí vino Plaza y trajo los dones de 
Vs. Ms. que fué la marlota y el capellar y el copal y <seis tostones para seis 
misas. Con todo esto vino el corazón de Vs. Ms. que es mas que todo. Dios 
lo reciba todo y pague á V. Ms. que si hará, que es muy buen pagador: yo 
lo enseñé á los Padres y todos lo agradecen mucho y dan las gracias á V. Ms. 
las misas luego se dijeron y yo las oí por V. Ms. y ¡por D. Manuel y no he 
perdido mi devoción que ai todos los encomiendo á Dios. Hoy lleva Plaza las 
semillas que trage de Guatemala; ya trage la Custodia y la vio Plaza, él dirá 
lo que es: costóme seis mil y quinientos tostones, pero no la daría por doce 
mil ya me daban mas de mil de ganancia luego, y á \Dios l las gracias, ya he 
pagado los cuatro mil sin salir nada del depósito, todo se ha buscado de li- 
mosna y por eso ruego al Sr. Gobernador que si acaso hubiere por allá al- 
guna limosna ó restitución que se pueda aplicar á \esto, todo es para servi- 
cio de Dios. Esta carta es para todos y cierto mas me holgara de ver á Vs. 
Ms. que de escribirles. A la Sra. Da. Isabel que Dios la haga muy dichosa y 
bienaventurada y por caridad que me encomiende á Dios y el nos lleve al Cie- 
lo. Amen. Hijo de Vs. Ms. que todo su bien desea. — Fr. Pedro de Sta. María. 

180 



Y porque no quede cosa por escribir de este varón aunque vaya sin 
el orden debido, diré lo que hallé escrito también de él, y fué que estando en 
la Verapaz, servia al Sr. Obispo D. Fr. Tomas de Cárdenas, que habiendo ser- 
vido muchos años en esta provincia predicando el Evangelio y doctrinando á 
los indios andando aquellos caminos á pié, lo hicieron obispo de la Vera- 
paz y se hubo en aquella dignidad como un fraile particular. Acudia á mai- 
tines, decia las calendas y acudia á todo lo que acudian los demás Religiosos. 
Llegadose la hora de la muerte de este gran pastor volvióse á la pared y ha- 
blando en voz que todos le oyan le decia mil ternuras á la Reyna de los An- 
geles; y viendo Fr. Pedro que estaba tan cerca Ntra. Señora, le dijo al Obispo : 
Rueguele V. S. Señor por mi; Hizolo asi el Obispo y dijole á Ntra. Sra. que 
se acordase de aquel Religioso pues tanto le habia servido, á lo que le res- 
pondió la virgen que ella tenia mucho cuidado de Fr. Pedro, de lo cual quedó 
muy consolado. 

Dos años después de muerto Fr. Pedro de Sta. María se dio noticia de 
su muerte en el capitulo que se celebró en el Convento de Sacapulas, á la pro- 
vincia; y se escribió, cierto, con palabras muy ponderativas de su virtud 
y de la opinión de santidad con que murió, que no se dan semejantes elogios 
sino á Religiosos de virtud conocidísima. Dicen pues las palabras de esta 
manera : 

In Conventu Civitatis Regalis obiit Fr. Petrus de Sta. María, laicus, 
qui fuit vir simplex et rectus: pater pauperum veré misericors, et Sanctissi- 
ma. Dei parae admodum devotus. Obit cum magna opinione sanctitatis, in 
cujus funere magnus fuit concursus civitatis, ingente que egenorum lachri- 
mae patrem suum ac pastorem deploratium, cujus supelectilia sen reliquiae 
viri coelestis inter pios fideles divissa fuere. 

En nuestro castellano dicen asi: 

"En el Convento de Ciudad Real murió Fr. Pedro de Sta. María, lego, 
el cual fué varón simple y recto, padre de los pobres, verdaderamente mise- 
ricordioso y devotisimo de la Madre de Dios. Murió con grande opinión de 
santidad y en su entierro fué muy grande el concurso de la Ciudad toda 
y fueron grandes las lágrimas de los pobres que le lloraban llamándole Pas- 
tor y Padre. Sus alhajas ó reliquias de aquel varón celestial se repartieron 
entre los fieles piadosos y devotos". 

Solas estas palabras acreditan cuanto he escrito de este varón celestial 
y se reconoce heroica fué su virtud, pues mereció de la gravedad de un 
capitulo y de hombres tan doctos y santos como en él se hallaron elogios 
tan grandes. 

Acabé de escribir esta vida de Fr. Pedro de Sta. María en el pueblo 
de Jocotenango viernes en la noche dia diez y siete de Setiembre en que 
rezamos del Nombre de María Santisima. — Fr. Antonio de Molina. 

181 



CAPITULO LIX 

Celebrase Capitulo en el Convento de Sto. Domingo de Sacapula 

A los 22 de Enero del año de 1621 se juntaron los Padres graves y á 
quienes toca de derecho concurrir á los Capítulos provinciales en el Con- 
vento de Sto. Domingo de Sacapula, que fué el intermedio de Fr. Alonso 
Guirao, y en él fueron definidores Fr. Rafael de Lujan, Fr. Alonso Garcia, 
Fr. Bernardo de Desa Prior de Sacapulas y Fr. Juan de Verasategui Prior de 
Tecpatlan. Ordenáronse en aqueste Capítulo muchas y muy buenas cosas 
para el buen gobierno de la provincia; y entre todas reluce mucho aquella 
exortacion ó admonición que se hace á la provincia toda, del mutuo amor 
que entre todos debe haber y aquella fraterna caridad que es basa y funda- 
mento de todo lo bueno, como enseña S. Pablo; no porque hubiese resfrio, 
sino que como allí se hace memoria, era la cosa que mas tenia en la boca el 
dicipulo amado y la lección continua que á sus dicipulos leía porque tenia 
que ella sola bastaba para que se mantubiese el edificio místico de la Yglesia. 

También aquí se renovó otra vez la ordenación de que los prelados de 
los conventos visiten con mucho cuidado los pueblos y les individualiza las 
cosas que han de escudriñar y pesquisar porque en cosa de tanto momento 
no hubiese descuido alguno. Y asimesmo se ordenó lo que manda el ritual 
Romano y esta tan generalmente olvidado, que el agua para el Sto. Bautis- 
mo se bendiga el Sábado Santo y el de Pentecostés, cosa de mucha gravedad 
y que no se mira con la circunspección que se debe, ni los Prelados supe- 
riores reparan en eso en sus visitas y que se debe observar con todo rigor 
como advierto en el tratado que pocos días ha, hice del Perfecto Párroco. 

Ni tenga alguno estas cosas por agenas de aquesta historia, que co- 
mo es eclesiástica y á ella toquen primariamente las cosas de la Yglesia, 
se deben advertir aquestas cosas que á ello tocan y asi se ponen muchas 
cosas que tocan asi á los sacramentos y administración como á su gobierno 
monástico para los tiempos venideros y para que se sepa el buen celo de 
aquellos santos varones. 

En aqueste Capítulo provincial tubieron principio muchas cosas bue- 
nas que se guardan el dia de hoy y durarán para siempre. La primera la 
procesión con ramos benditos de S. Pedro Mártir en su dia. La segunda 
que en el prefacio y en la oración del dia del Rosario se digese : in solemnitate 
Smi Rosari, y también la octava de Santiago, y cantarse la letanía de la 
Virgen Sma. los sábados, de adonde se difundió esta devoción también fuera 
de la Religión; y también la contribución que los Conventos de la provincia 
dan al Convento donde se celebra el Capítulo provisional para los gastos de 
capítulo, que antes no era necesario respecto de que personas devotas 
daban muchas limosnas para aquestos gastos; pero como la devoción se fué 

182 



resfriando y faltaron, fué necesario dar aquesta providencia, y aqueste 
mismo resfrio fué la causa de haber concedido el Sto. Consilio de Trento 
que las Religiones Mendicantes pudiesen tener haciendas en común para 
poderse mantener. También se dispuso que los despachos de la provincia, 
que van autorizados con su sello, los subscribiese y autorizase el Secretario 
de ella. 

También en este capítulo se instituyó el primer Regente de los Estu- 
dios porque antes el Lector de Teología mas antigua hacia oficio de Re- 
gente, y el primero que se instituyó fué el P. Fr. Pedro de Vargas que había 
sido Provincial. En aqueste capitulo se hizo memoria del fallecimiento de 
algunos religiosos ; y entre ellos dos muy señalados. El uno en el Convento 
de Coban que fué el P. Fr. Salvador de S. Cipriano, desde adonde lo llamó 
Dios para darle, según piadosamente creemos, la corona de sus grandes tra- 
bajos en la reducción de los indios del Manché que quedan referidos en el 
Capitulo 3 9 y los siguientes de aqueste libro 4 9 en que trabajó por la exal- 
tación de la Santa fé católica en las entradas que hizo, cuyos pasos tenia 
numerados Dios para remunerarlos con la larguesa que acostumbra la mag- 
nificencia divina. 

El otro fué el que arriba queda dicho en el Convento de Ciudad Real 
que fué el Hermano Fr. Pedro de Sta. María, de quien pone aqueste párrafo 
en su loor que es un apéndice de su vida : In nostro Conventu Civitatis Re-' 
gális obiit Fr. Petrus de Sta. María, laicus, qui fuit vír simplex et rectus, 
pater pamperum, veré misericors, et Sacratissimae Dei parae admodum de- 
votus. Obiit máxima opinione Sanctitatis, in cujus fuñera magnus fuit con- 
cursus civitatis, ingentes que egenorum la chrima patrem suum de pasto- 
rem deplorantes . . . cujus supellectilia et reliquiae ex vestís inter populi fide- 
les diviesa fuere. 

También se hace aquí memoria de la muerte del P. Fr. Diego de Cantos 
y de toda la demás barcada que venia de España para aquesta provincia, que 
perecieron en las naos de Honduras que venían con la flota, de una terrible 
tempestad que les dio el dia 29 de Agosto de 1616; y se les aplicaron todas las 
misas que en dos años sobrasen en la provincia después de haber dado 
cumplimiento á las de obligación. Sufragio muy debido, por cierto pues habia 
perdido la vida por servir á aquesta Santa provincia. Fué aqueste Padre Fr. 
Diego de Cantos hijo del Convento de S. Pablo de Sevilla: habia servido 
mucho á aquesta provincia y siendo hombre para mucho y que podia parecer 
en cualquier Curia por su gran religión y buenas letras, lo envió la provin- 
cia por su procurador y para que tragese Religiosos, como traía una muy 
lucida barcada; pero no tubo la dicha su provincia de gozar de ellos, porque 
pagado Ntro. Señor de su buen deseo, se dio por satisfecho y los llevó á des- 
cansar sacándolos de los naufragios de aqueste mundo ; y sin duda tubo 
muy señalada corona Fr. Diego de Cantos muriendo por dar cumplimiento 
á la obediencia como su soberano Maestro. 

183 




CAPITULO LX 

Celébrase Capitulo en Chiapa de indios. Venida de Vicario General y 
elección del M. R. P. Fr. Juan Ximeno 

A los 20 del mes de Enero de 1623 se juntaron los vocales en el Con- 
vento de Sto. Domingo de Guatemala á dar succesor al P. Fr. Alonso Gui- 
rao por haber dado fin al curso de su carrera con la loa que se deja enten- 
der de un varón tan estático y devoto ; y todos concurrieron en la persona 
del P. Fr. Alonso Garcia por hallar en él las prendas requisitas para que lle- 
nase el gran hueco que dejaba su antecesor. Confirmaron su elección como 
definidores los M. Rs. Ps. Fr. Pedro de Vargas padre de provincia, Fr. Luis 
Escudero predicador general y Prior de Guatemala, Fr. Pedro Alvarez predi- 
cador general y Prior de Ciudad Real y Fr. Juan Alonso predicador general 
y Prior de Chiapa de indios. 

Dispusiéronse en aqueste capitulo muchas y muy santas leyes y en- 
tre ellas, la de mandar que los pueblos de los Cendales que se habian adju- 
dicado al Convento de Ococingo, se devolviesen y restituyesen al Convento 
de Ciudad Real porque padecia mucha necesidad por falta de aquellos 
pueblos. 

También se ordenó que no pudiesen los Priores absolver á los Sub- 
priores de sus Conventos cuando ya instaba hacer el escrutinio que se habia 
de remitir al Capitulo provincial; y esto se entendiese desde el dia de Todos 
Santos en adelante. 

Aqueste mismo año, yendo visitando su provincia N. M. R. P. Fr. 
Alonso Garcia, fue Ntro. Sr. servido de llamarlo para si en el Convento de 
Ciudad Real; que fué el primer año de su provincialato dejando á la pro- 
vincia huérfana y llorosa por la falta de tan gran Padre. Cuando vino de 
España lo puso la abediencia en el pueblo y Convento de Chiapa de indios, 
cuya lengua supo con mucha perfección y administró en ella muchos años 
predicando y confesando con mucho fruto de aquellos indios; y queriendo 
la Orden servirse de él en los Ministerios de la Religión, lo ocupó en varios 
Prioratos y asi lo fué en el Convento de Ciudad Real y otros y fué dos veces 
definidor, la una en el capitulo del año de 1613 y la otra en el del año de 1621 
y últimamente para que mas lucieran sus resplandores lo puso la provincia 
en el candelero mas eminente del gobierno aqueste año, y lo arrebató la 
muerte dejando á todos á escuras y en tinieblas; pero creemos piadosamente 
que fué para mejorarlo en mas alto puesto por sus esclarecidas virtudes. 

Hizose en este capitulo memoria de las muertes de algunos religio- 
sos y entre ellos del P. Fr. Juan Diaz predicador general, que fué prelado 
en muchos Conventos y entre ellos lo fué de Ciudad Real y también por su 
buen talento y religión y buenas letras lo eligió la provincia en definidor 
de ella en Capitulo que se celebró en Guatemala, que fué el año de 1615, y 
lleno de méritos y virtudes lo llevó Dios al eterno descanso. Fué hijo de 
Ntra. Sra. de la Peña de Francia como queda dicho arriba en su primera 
elección de provincial. 

184 



Por muerte de N. P. Fr. Alonso García se juntaron los vocales en el 
Convento de Comitlan para donde estaba echado el Capítulo siguiente y á los 
20 de Enero de 1624 salió con común aclamación electo en Prior provincial 
de aquesta provincia N. M. R. P. predicador general Fr. Pedro Alvarez, y 
confirmaron su elección como Definidores los M. R. Ps. Fr. Jacinto Caba- 
nas Prior de Sacapulas, Fr. Antonio de Ochoa Prior de Tecpatlan, Fr. Mel- 
chor Gómez predicador general y Fr. Alonso Hidalgo Predr. general. Hirié- 
ronse en este Capitulo muchas y muy santas ordenaciones tocante al culto di- 
vino y otras entre las cuales es la de hincarse de rodillas al primer verso de 
Ave maris stella, y á aquellas palabras de la Salve Eia ergo adovocata &. En 
este capítulo se erigió en Vicaria la casa de S. Sebastian del pueblo de Chiapa 
con subordinación al Prior del Convento y que no tenga mas autoridad que 
la que el Prior le quisiere conferir ; pero aquesta Vicaria no subsistió y solo 
es casa donde reside uno de los dos Curas que tiene aquel pueblo para que 
acuda á las confesiones que de noche se ofrecen para que el convento no se 
abra de noche, porque en él reside el otro cura que acude de dia á la admi- 
nistración. 

En aqueste capítulo se hizo memoria de las muertes de algunos Reli- 
giosos que desde el Capitulo pasado á este fallecieron, y. entre ellos el mas 
señalado después del Provincial, fué el P. Fr. Pedro de Vargas, padre de 
provincia que falleció en el Convento de Guatemala. Había aqueste V. P. 
leído muchos años Teología en el Convento de Guatemala por cuyos tra- 
bajos le habían dado el título de predicador general que era el premio que 
entonces se daba por la Cátedra por no haber Magisterios y estos lo eran, 
como dicen nuestras constituciones ; y aunque hoy hay el premio de las letras 
que son los magisterios, no por eso dejan de ser magisterios las predicaturas 
generales, pues son los magisterios que se dan por premio de haber leído la 
Escritura Sagrada y espositiva en la Cátedra del Espíritu Santo, como el otro 
es premio de la Cátedra de Teología escolástica, y aunque por una y otra 
cátedra era muy benemérito de aqueste grado su humildad le compelió á re- 
nunciarlo como lo renunció en su Capítulo intermedio y aunque sin grado 
y padre de provincia no se desdeñó de ser regente y volver otra vez á las 
escuelas á trabajar por servir á la Religión. En aqueste santo egercicio y 
en el de predicar y confesar le llamó el Señor á la puerta, que muy contento 
respondió á su Señor que le llamaba por que tenia muy bien ajustadas sus 
cuentas, y asi es creíble que fué á gozar del premio que dá Dios á sus sier- 
vos fieles. 

I CAPITULO LXI 

Celébrase Capitulo en Guatemala y elección del P. Fr. Alonso García. 

Otro Capitulo en Comitlan 

A los 23 del mes de Enero del año de 1626 se juntaron los vocales en 
el Convento de Chiapa de la Real Corona á celebrar capitulo, como estaba 
echado á aquel Convento desde el Capitulo pasado de Comitlan y fué el 

185 



intermedio de N. P. Fr. Pedro Alvarez. Fueron en él definidores los M. Rs. 
Ps. Fr. Juan Bautista Prior de Ciudad Real, Fr. Bartolomé de Castellanos 
Prior de S. Salvador, Fr. Luis Sáenz predicador general prior del mismo 
Convento y Fr. Pedro de Montenegro Prior de Coban. 

En este capitulo se aceptó el acta del Capitulo general de Roma de 
1583 y la del general de la misma Roma de 1589 para poder señalar Maestros 
y presentados, porque hasta entonces la provincia no habia tenido ni querido 
admitir mas que los grados de Predicadores Generales ; y según aquestas 
ordenaciones, esposiciones dice el título expositiones, para los grados de 
Maestro en Sagr. Teologia, cuatro que fueron: el P. Fr. Alonso Guirao padre 
que era de provincia, Fr. Francisco Zevallos que era Prior actualmente de 
Guatemala y regente de los estudios, Fr. Juan de Aillon predicador general 
y Fr. Jacinto de Cabanas que era Lector de Teologia y todos estas la habian 
leido muchos años y estaban en aptitud de poder ser ya Maestros. Para las 
prelaturas espusieron á otros cuatro que fueron Fr. Luis Sáenz prior de 
Chiapa de indios, y predicador general, Fr. Juan Bautista prior de Ciudad 
Real, Fr. Domingo de Aldana lector de Teologia y Fr. Diego Gómez ; y para 
presentados por el pulpito promovieron á Fr. Bartolomé de Castellanos prior 
de S. Salvador y á Fr. Pedro Mártir que habian trabajado muchos años en 
la predicación del Sto. Evangelio. 

Ordenáronse en aqueste Capítulo muchas cosas muy convenientes al 
estado regular y al bien de las almas, entre lo cual es aquella ordenación qxie 
siempre se ha observado de que ningún religioso sea examinado para predi- 
car y confesar sino es en los Conventos de Guatemala y Ciudad Real en 
donde siempre hay religiosos muy suficientes para poder examinar. Reno- 
váronse las ordenaciones antiguas de visitar los Priores los pueblos de los 
indios para ver como se administraba y otras. La Vicaria de San Jacinto 
de Ococingo se redujo á un Vicario que estubiese sugeto al Prior de Ciudad 
Real porque como se ha dicho arriba los pueblos de los Zendales se le de- 
volbieron al Convento de Ciudad Real. 

En aqueste capitulo se hizo memoria de los Religiosos que habian fa- 
llecido en la provincia desde el Capítulo pasado, entre los cuales murieron 
en el Convento de Chiapa de indios dos que fueron el M. R. P. Fr. Juan Alon- 
zo y el predicador general Fr. Melchor Gomes que trabajaron muchos años 
en la enseñanza de aquellos indios cuya lengua supieron muy bien y dejaron 
en ella muchos escritos para aprovechamiento de los venideros. Fueron De- 
finidores en varios capítulos y Prelados de muchos conventos porque fueron 
hombres de muy buen gobierno y mucha religión. Otros fallecieron en otras 
partes que por no saberse cosa especial de ellos, no se escribe. 

El año siguiente de 1627 llegó á aquesta nuestra provincia el M. R. 
P. Fr. Jacinto de Joces, hijo del Convento de S. Pablo de Sevilla, Vicario Ge- 
neral y visitador de todas las provincias de la Nueva España. Varón de sin- 
gular virtud, religión y letras, escogido tal por N. Rmo. Ministro General 
para que en su nombre viniese á visitar, como otro David, á sus hermanos 
enviado de su padre á ver si peleaban con rectitud las batallas del Señor. 
Poco tubo que hacer en esta provincia ó nada porque ella fué siempre fiscal 
de sí misma procurando como prudente y sabia, arrancar la hyervesilla mala 

186 



entre el dorado trigo antes que echase hondas raices, y asi se conservó siem- 
pre muy limpia aquesta era y labor del Señor. Visitó toda la provincia aques- 
te año de 1627 y por el mes de Noviembre visitó el Convento de Guatemala 
de donde se partió luego con los demás vocales para el de Ciudad Real adon- 
de estaba echado el Capítulo siguiente, para hallarse en él y confirmar la 
elección de Provincial que se habia de hacer á 15 de Enero de 1628. 

Acabado el cuadriemio del M. R. P. Fr. Pedro Alvarez y juntos los 
vocales en el Convento de Ciudad Real con asistencia del M. R. P. Fr. Ja- 
cinto de Joces Vicario General, salió electo en Prior provincial de aquesta 
Sta. Provincia el M. R. P. Fr. Juan Ximeno Predicador General, varón muy 
religioso y observante, y confirmó la elección con la autoridad del Rmo. Mi- 
nistro General, el Vicario General Fr. Jacinto de Joces y fueron definidores 
los muy Rs. Ps. Fr. Agustín de Montes Prior de Ciudad Real, Fr. Jacinto de 
Cabanas Prior de Guatemala, Fr. Ygnacio de Pina Prior de Chiapa de indios 
y Fr. Francisco de Zevallos Presentado y Lector de Teología del Convento 
de Guatemala. 

Con la asistencia del Vicario General que era hombre muy religioso 
y pió se establecieron muchas santas ordenanzas para el régimen de la 
provincia y se procuraron adelantar las reducciones del Manché que aun- 
que no se habían dejado ni dejaron nunca desde los tiempos dichos arriba, 
agora se procuraron adelantar, y porque ya habia número de pueblos y asi 
para que pudiesen asistir con mas forma y vigilancia se erigió en Vicaria 
con título de S. Miguel del Manché y se le dio por primer Vicario á Fr. 
Francisco Moran varón muy celoso de la conversión de las almas y que 
habia trabajado muchos años en aquellas conversiones, y se le agregaron 
á aquesta Vicaria los pueblos de Ca jabón y S. Agustín que eran los mas 
cercanos ya de cristianos antiguos para que con la ayuda de estos se le diese 
calor á aquesta conversión; y en lugar de aquestos dos pueblos que se le 
quitaron al Convento de Coban, se le adjudicaron los de Rabinal y Cubulco 
y desde entonces comenzó á correr esta reducción por sí sola sin depen- 
dencia de otro prelado mas que el superior. No es decible lo que en esto se 
ha trabajado, como se irá viendo en lo de adelante, y lo que á la provincia 
le ha costado. 

También en aqueste capitulo se erigió en casa de Priorato la Vicaria 
de Copanaguastla y se le señaló por primer Prior á Fr. Pedro de S. Raymun- 
do y le dieron por primer Predicador General á Fr. Pedro Mártir. Denunciá- 
ronse en aqueste capítulo los nombres de los que habían fallecido desde el 
Capítulo pasado á este, para que los encomendasen á Dios; entre los cuales 
fué uno muy notable y que trabajó muchos años en la predicación y ense- 
ñanza de los indios cacchiqueles de S. Juan, S. Pedro y Xenacoc en los Sa- 
catepequez, donde por los años de 1610 fundó el pueblo de S. Raymundo de 
las Casillas, porque observando como buen ministro que muchos indios que 
llaman del Pahayu, que tanto han dado que hacer á los ministros reales, 
por aquella parte en que está fundado hoy dicho pueblo estaban lejos del de 
San Juan para que acudiesen á oir misa y ser doctrinados como se debe, lo 
representó el P. Fr. Víctor de Caraba jal con santo celo á la Real Audiencia 
quien mando al Corregidor del Valle que fuese en comisión de la Real Au- 

187 



diencia y sacase aquellos indios y los poblase en aquel parage que también 
es camino para la provincia de Verapaz, como se hizo y se les dio la posesión 
del sitio y se fundó aquel pueblo con la advocación de San Raymundo y en- 
traron á probarlo como ochenta familias ; que ya no me acuerdo individual- 
mente del número ni del año, y por haber muchos que ley los papeles de la 
fundación, pero poca será la diferencia. 



CAPITULO LXII 

De algunas cosas que es menester llevar notadas para lo qe se tratare de la 
reducción del Manché y Conquista del Peten Itza 

Por cuanto una historia que escribió D. Juan de Villagutierre, abogado 
y relator que fué de la Real Cnancillería de Valladolid, que trata de la reduc- 
ción y conquista del Itza, está llena de muchos yerros y muy notables, es- 
pecialmente tocante á las distancias y parages que en aquellas montañas 
corresponden al reyno de Guatemala, que se demostró fué con malicia de 
quien suministró las noticias, como todos vimos en el tiempo en que esas 
conquistas se hicieron, mas por calumniar las operaciones de los Ministros 
de Guatemala que por hablar verdad ; entiendo que es muy preciso poner 
aqui algunas advertencias para inteligencia mas clara de lo que toca á la 
reducción del Manché que ha hecho aquesta Santa provincia y de lo que 
adelante se tratará de las conquistas del Itza en que tanta parte tubieron tam- 
bién los hijos de la Religión Dominicana pues en ella derramaron su sangre 
para regar aquella tierra inculta y que pudiese fructificar. 

Y sea lo primero, la noticia que trae (Libro l c> Cap. 9) por estas pa- 
labras : Salió de la Ciudad de Mérida con otros conquistadores el Capitán 
Francisco Tamayo Pacheco en demanda de la provincia de Acatan &, y con- 
tinua diciendo que la sugetaron aunque duró poco su sugecion y después 
dieron sobre los indios gentiles de nación Lacandones y por ser tan gue- 
rreros y feroces no los pudieron sugetar ni por aquella parte ni por la de 
el Reyno de Guatemala, todo lo cual no puede tener apariencia de verdad. 
Que el Capitán Francisco Pacheco conquistase saliendo de Mérida, á los in- 
dios Acaláes, no puede ser, porque ademas de haber de por medio mas de 
doscientas leguas están en el intermedio todos los indios itzaes que fueron 
los que se conquistaron por el General Ursúa y muchos despoblados y lagu- 
nas y rios impertransibles por aquella parte, como todo se vio cuando en 
la conquista del Lacandon y del Itza se traginó toda aquella tierra, que no 
fué dable el pasar del Lacandon para Itza, ni para todas aquellas partes que 
están á la banda de Campeche, por estar de por medio infinidad de Mon- 
tañas incultas, bajios, rios, lagunas y barrancos y Campeche totalmente al 
Norte y el Lacandon y Acalan, que llama, totalmente al sur; y este muy cer- 
ca de Coban, que solo habrá de una á otra parte treinta leguas cuando mas, 

188 



y cercanos á los lacandones como veinte leguas á la parte del poniente res- 
pecto de Acala ; y este y el Lacandon están como á las caidas que van ha- 
ciendo los montes de los Cuchumatanes de la provincia de Guatemala, que 
distan mas de doscientas leguas de Campeche, porque este como península 
se entra en la mar y por toda aquella parte se difunde mucho, y en todas 
aquellas montañas cogiendo la cordillera desde Tabasco á la laguna de Tér- 
minos y de allí derecho al Itza y de este á la costa del mar del Norte, dando 
vuelta al Golfo Dulce y por rio á la provincia de Verapaz, son pocos los 
indios que se hallan en todo aquel ámbito ; y la nación mas numerosa que se 
halla es la de los Ahitzáes; que por mas que en sus memoriales, por engrande- 
cer sus hazañas, la aumentan, no llega á cuatro mil indios. Que las demás na- 
ciones que vá aumentando de Mopanes y otros suelen ser de 200 personas 
y otras de 50 ; que tengo entendido que en el ámbito de todas aquellas mon- 
tañas como lo he demarcado, no se hallarán diez mil indios llegando toda 
la circunferencia del ámbito á mas de 700 leguas. La mas numerosa que 
se halla después de la del Itza es la nación Chol y habiendo casi penetrado 
toda la montaña donde ellos habitan, nunca se han podido juntar ni cuatro 
mil en el distrito de mucha tierra, porque como montañas tan incultas, aques- 
ta nación que fué muy numerosa y poderosa, no habitó por aquella parte de 
aquellas montañas, sino poca gente agreste, que lo principal, como ya queda 
notado, fué lo que componía el imperio de Copan, de que se hallan pobla- 
dos los pueblos de la Alcaldía Mayor de Chiquimula y la de Zacapa, que son 
muchos pueblos y todos habitan fuera de aquellas montañas, que están 
conjuntas á lo que se llama Esquipulas donde tenían la cabecera de su rey- 
no los Choles y por aquellas montañas que miran al Golfo dulce se quedaron 
desparramados los Choles que son los que se han reducido que llaman del 
Manché; y asi lo que aqueste historiador dice de haber conquistado Acalan, 
tengolo por fábula. Otro Acalan junto á Campeche puede ser que hubiese (a) 
y ese seria el que conquistó aquese Capitán,, pero á donde martirizaron al Sto. 
Fr. Domingo de Vico no es posible, como lo viera patentemente si hubiera 
andando el autor por estas partes y visto y cotejadolo todo como yo lo he 
cotejado y sabido de las personas que lo han visto, y pudiera haberlo visto 
en los mapas y con eso no lo hubieran engañado. 

Todo lo demás que prosigue en aquel Capítulo de la guerra que se 
dio á los Lacandones va muchas leguas de distancia de lo que toca al Itza 
y todo es tomado de nuestro Remesal, quien lo sacó de la historia de Fr. 
Tomas de la Torre, como queda visto arriba en el Libro 3 9 . 

Lo que trae aqueste autor al Libo. I 9 capo. 11 párrafo: Hicieron re- 
seña & es un desatino, ni tal dice Remesal de donde lo sacó, que de Comi- 
tlan pasasen á Guatemala y de allí volviesen á Comitlan para entrar á Oco- 
cingo como se puede ver en el mapa; porque si el egército salió de Guatema- 
la y caminó cien leguas para ir á Comitlan que está ya cerca de la montaña á 



(a) Y lo habia efectivamente según testimonio de Bernal Dias y Herrera; y á este y nó á Acalan de 
Verapaz debe referirse lo que dice Villagutierre J. G. 

189 



donde iban ¿para qué habían de volver aquesas cien leguas á hacer aquese 
alarde á Guatemala y volver otra vez á Comitan? Esto lo tomó de Remesal 
pero lo trabucó por no tener noticia de los parages. 

En el Libo. 3. Capito. 2 9 párrafo : Al siguiente año & en que dice que 
entró el P. Maestro Gallegos á los Ahxoyes, no es así; porque estos Ahxoyes 
ya se habían sacado, como se verá adelante cuando se trate de su hallazgo. 

En el mesmo Libo. Capito. 3 9 párrafo : No hay Certeza &. Adelante 
se tratará de aquesta entrada de Don Diego Ordoñez y cuando fué y el en- 
gaño que usó con S. Magd. para conseguir el oficio de Ciudad Real, ni tam- 
poco hizo su entrada por los Ríos como dice, sino por Ococingo. 

En el mesmo Libo. Capo. 5 9 párrafo: Hasta este parage. Es muy falso 
que en aquel parage que dice hubiese nunca indios de la Verapaz porque 
está de por medio todo el Lacandon y el rio grande de Sacapulas á donde no 
llegaron jamas los indios de la Verapaz sino solo hasta las salinas como se 
puede ver en el mapa. 

En el mesmo libro Cap. 7 9 párrafo: Por el año de 1689 & lo que dice 
que Don Juan de Mendoza pidió la conquista de los Lacandones, no es 
asi. Lo que pedia era la de la Talamanca donde habia trabajado, que es 
cosa muy distante del Lacandon, y lo que dice adelante de que la entrada 
se mandó que se hiciese por tres partes, es por lo que toca al Chol y La- 
candon y no por lo que toca á la Talamanca. 

En el mesmo libro Cap. 10 9 párrafo: Mas de mediado el año de 1692 
&, dice que se recibian noticias de invasiones de los infieles, y no hubo al- 
guna por aquestos tiempos; y la entrada de los PP. Misioneros Fr. Melchor 
López y Fr. Antonio Margil á las montañas, después se dirá como fué y el 
fruto que se hizo. 

En el Capo. 2 9 del Libro 4 9 confunde á Don Juan Gerónimo Megia 
poniéndolo por Corregidor de Huehuetenango, siéndolo de Quezaltenan- 
go, que es el mismo que dice en el párrafo siguiente. 

En el Cap. 4 del libro 4 9 párrafo: La causa &, no puede haber sido 
aquella la causa, que lo contrario le habían informado en la junta que ha- 
bia hecho el Maestro Fr. Agustín Cano el P. Fr. José Ángel Cenoyo y el 
P. Pred. Geni. Fr. José Delgado, prácticos de aquellas montañas y que las 
habían penetrado. Lo cierto fué el desafecto con que miraba á los frailes 
Dominicos por haberlos favorecido tanto Don Fernando López de Ursino, 
quien lo vino á residenciar en los cargos que se le hacian. 

En el Cap. 5 9 del Lib. 4 9 dice que la gente de Tabasco se incorporó 
con el egército en Huehuetenango ; y no fué así, ni habia necesidad de que 
andubiesen y desandubiesen mas de 60 leguas 

En el Cap. 8 9 del Lib. 4 9 todo lo que allí trae del Capitán Juan Dias 
de Velasco y los demás que con él fueron, es engaño ; que no fueron á Co- 
mitlan, que eso fuera ir y retroceder mas de doscientas leguas. La marcha 
la tomó Juan Dias con los suyos desde Guatemala y yo los hospedé en S. 
Pedro Sacatepequez donde era Ministro entonces. 

En el Capitulo 12 9 del Lib. 4 9 el rio que le pareció de Ococingo, no lo 
era sino cosa muy distinta. Ese rio se iva á juntar con el Rio Tuhalá que es el 
de Sacapulas. 

190 



Lo que refiere al Capito. 9 9 del Lib. 5 9 de que ya iva la apertura del 
camino de la parte de Campeche tan cerca que se llegaban á ver las sierras 
de Guatemala que es una sierra muy alta y por arriba llana á modo de 
prada, dista tanto de la verdad como aquel parage de Guatemala; que son 
mas de 200 leguas, que siendo tierra baja la de Yucatán y entre esta y la de 
Guatemala mediando tantas montañas y serranias muy altas, es imposible 
que tal se viese. Ya veo y confieso que estas falsedades no las inventó el 
autor sino los que hacian los autos á medida de su conveniencia como vemos 
que siempre succede, para ganar premios, y asi omito por agora el anotar 
otras cosas de mayor peso, reservándolo para cuando se escriba de aquestas 
conquistas del Itza con relaciones muy verídicas y mas auténticas que estas 
de que se valió el Ldo. Villagutierre para escribir aquestas cosas. 



CAPITULO LXIII 

De la destrucción del pueblo de Copanaguastla y mudanza de aquel 
Convento al pueblo de Tzotzocoltenango 

Aunque todos los pecados los deteste Dios y los aborrezca, pero el que 
mas aborrece Su Divina Magestad es el de la idolatria, y en esta aun hay 
una mas detestable que otra como lo manifiesta el mismo Espiritu Sto. al 
Cap. 50 del Eclesiástico en aquella metáfora de las tres gentes que aborre- 
ce que son los que habitan el monte Seir, á los Filisteos y mucho mas que 
estos dos, á la gente necia que habita en Siquem, y dando la causa Corne- 
lio dice: Quia cum Deo vero israelitarum ; colebat idóla assiriorum, porque 
juntamente con el Dios verdadero de los israelitas, adoraban al dios de los 
Assirios, siendo cosa tan de su desagrado, que lamentando al que tiene 
corazón doblado, quisiera que fuera de una vez cálido ó frígido. Tal fué el 
pecado de los vecinos de Copanaguastla según se colige de las noticias anti- 
guas, que doblaban al mismo tiempo las rodillas al verdadero Dios y á su 
Madre Santísima y al ídolo de sus antepasados. No fué por falta de 
doctrina el haber perseverado ó caido en aquesta culpa, pues les dio Dios 
por maestros que les enseñasen el camino de la verdad á los mas señala- 
dos que tubo aquesta santa provincia: á un Fr. Tomas Casillas, á un Fr. 
Domingo de Ara, á un Fr. Gerónimo de S. Vicente y á un Fr. Pedro de la 
Cruz, con otros muchos de los que atrás queda hecha memoria, que les en- 
señaron el verdadero camino de la gloria, no solo con su maravillosa doc- 
trina, sino lo que es mas, con su santísima vida, como se ha visto ; pero 
pues, se parecieron á los de Betzaida y Corazain en su incredulidad, fué 
muy justo se les parecieran en su ruina. 

Fué aqueste pueblo como el paraíso del Señor así en su mucho gen- 
tío como también en su amenidad y fertilidad y así con mas aventajado cui- 
dado se dieron á su cultivo aquellos agrícolas celestiales y al mismo paso 
les llevaba las mayores atenciones y apetecían su habitación no solo para 

191 



esta vida, sino también para siempre ; y asi fué aquesta casa de S. Vicente 
de Copanaguastla uno de los mayores depósitos de toda la provincia, sin- 
gulares varones que aguardan allí la universal resurrección. La causa prin- 
cipal á que todos atribuyen la justa indignación de Dios contra esta gente 
miserable, fué el que para darle culto á su ídolo ó demonio en que idola- 
traban pusieron detras de la Sma. imagen del Rosario al ídolo para que 
afectando ir á visitar la Sta. imagen poder ellos ofrecer con mas libertad 
y desahogo sus zaumerios al demonio que tenían á las espaldas del retablo 
de la Soberana Señora. Asi perseveró mucho tiempo, á lo que se pudo 
colegir: era mucha la frecuencia del pueblo á aquel altar y al mesmo paso 
era mucho el consuelo de los Religiosos ver, á lo que entendían, como se 
acogían al único asilo de piedad, María Sma., y ser aquesta frecuencia al 
tiempo que azotaba la Divina justicia aquella miserable gente con una peste 
continuada que á toda prisa los acababa, les daba mayor confianza de que 
habia de aplacarse la Divina justicia, mas no correspondiendo el efecto á 
tanta frecuencia de visitar todo el pueblo aquel altar, era cosa que á todos 
los traía sumamente afligidos. Quiso pues su Magestad Divina manifestar 
á los Ministros la raiz de su justa indignación y asi permitió que estando 
un Religioso en la Yglesia en parte oculta en oración, viese á una india 
que no debia de saber lo del ídolo que con gran fervor y esclamaciones 
pedia á la Señora remedio para muchos males que le afligían. Teníala cerca 
y podia oír sus clamores, cuando vio que se llegó a ella un indio ó el demo- 
nio en su figura y le dijo: ¿Que lloras? ¿que te aflige? Si alguna necesidad 
tienes no la pidas á esta imagen sino á nuestro antiguo Dios cuya imagen 
está colocada detras de aquese retablo, que este es el que siempre nos ha 
favorecido. Oyendo el Religioso estas sacrilegas palabras, no es decible 
el dolor que atravesó su alma y avisando á los demás Religiosos lo que 
pasaba, fueron y sacaron el simulacro de Satanás y convocando al pueblo 
y reprendiéndole su idolatría, lo hicieron cenizas y las desparramaron por, 
todo el campo. No cesó por eso la peste ni volvió la espada de la Divina 
Justicia porque sin duda aunque se les quitó el ídolo, no debieron echar 
fuera de sus corazones la falsa creencia, dándole en ellos culto como antes, 
y asi, ya que se les habia quebrado el simulacro, se les puso a la vista en la 
figura y forma que nos lo pintan las divinas letras, de toro feroz, pues suc- 
cedio que un Jueves Santo estando todo el pueblo en los Divinos oficios, se 
entró en figura de un toro negro en la Yglesia dando bramidos ; pero como 
no podia egecutar otra cosa de lo que se le permitía por el Supremo Señor 
y Creador suyo, no hizo daño alguno ni en la gente ni en los Ministros del 
altar, contentándose toda en brabeza solo con causar aquel breve sobresal- 
to, aunque no seria para los suyos sino de mucho consuelo. 

No fueron solo aquestas culpas, aunque tan abominables, las que 
movieron á la Divina Justicia contra aquella miserable gente, que otras 
habia que los llevaban á lo último de la perdición; entre las cuales era una 
que no queriendo casarse las doncellas y no pudien'do tolerar el poder de 
la carne se hacían preñadas y las criaturas las ahogaban sin el agua del 
santo baptismo, porque no se publicasen sus delitos. Mucho sentían los Re- 
ligiosos estos males y los reprendían continuamente, pero no habia reme- 

192 



dio en la enmienda; y asi dando de mano á las amonestaciones secretas, 
viendo que tan público era el pecado, hubieron ya de reprenderlo en lo pú- 
blico y les digeron que no dudasen que la Divina justicia tornada venganza 
de tan execrables delitos y que la que les pronosticaban por impedir la 
propagación humana con no quererse casar las doncellas y ahogar las cria- 
turas sin bautismo impidiendo la propagación espiritual, era que Dios los 
acabaña y destruida á todos, borrándolos de la haz de la tierra como á 
otros sodomitas. Asi fué, porque no desistiendo de sus maldades fué Dios 
continuando la peste de modo que de un pueblo tan numeroso y de tanto 
gentio llegaron á tanta diminución que entendiendo ellos que mudando de 
sitio escaparían de la muerte (como si la Divina justicia no los pudiese ha- 
llar á doquiera que se fuesen) trataron de mudarse y para ello compare- 
cieron en el Superior Gobierno ante el Conde de la Gomera, año de 1617, 
pidiendo licencia para mudar de sitio; pero como los Religiosos sabian que 
no tenia la culpa el lugar, sino sus pecados, lo procuraron embarazar; y 
dando cuenta de todo al Conde, dio su despacho en Guatemala a 24 de Octu- 
bre de 1617 prohibiendo la dicha mudanza. Predicábanles continuamente 
los Religiosos el origen de su ruina, pero no debia de haber enmienda; y asi 
fué prosiguiendo la peste y acabándolos de modo que de allí á doce años 
hallándose ya solo el Convento en un despoblado por no haber quedado 
ya mas que diez indios, poco mas ó menos, dieron cuenta al Provincial quien 
juntando su consejo en el Convento de N. P. Sto. Domingo de Guatemala, 
determinó que se pasase aquel Convento al lugar de Tzotzocoltenango en 
la misma provincia de los Llanos donde estaba Copanaguastla, para de alli 
acudir á la administración de los pueblos que aquel Convento tenia. El 
orden se lo despachó el Provincial N. P. Fr. Juan Ximeno por estas pala- 
bras que son un Capítulo de carta de la que escribió desde el pueblo de 
Aquespala al Prior de aquel Convento. 

Ya V. R. habrá sabido como en Guatemala recibí la de V. R. y pase 
en consulta lo que me pedían de la mudanza del Convento, y yo por auto- 
ridad Apostólica lo mudo á Tzotzocoltenango adonde V. R. puede traer todo 
lo que pertenece al Convento y lo ponga en forma de Priorato &. De Aques- 
pala y febrero 3 de 1629 años. — Fr. Juan Ximeno Prior Provincial. Desde 
aqueste año de 29 se comenzó á hacer la traslación del Convento y ponerse 
la casa de Tzotzocoltenango, que era visita, en forma de Convento hasta 
que en el Capítulo provincial que se tubo en Guatemala en el año de 1632 
se hizo aquesta traslación en forma mas jurídica, en donde se dice: Trans- 
ferimus Conventum nostrum S. Vincen. de Copanaguastla, ad opidum de 
Tzotzocoltenango subtitulo Conventus Sancta Crucis cum ómnibus gratii et 
privilegiis quibus gandere solent Ecclesia Collegiata nostra Ordinis. 

Con aquesta resolución del Capítulo dieron cuenta, Provincial y De- 
finidores, como era debido, al Sr. Vice Patrono que lo era entonces D. Die- 
go de Acuña para que aprobase la translación, como lo aprobó, y con esto 
quedó de una vez por casa conventual y colegial la de Tzotzocoltenango; 
y aunque se trasladó todo lo que tocaba á Convento, no se trasladó lo que 
tocaba á Yglesia y sus ornamentos que todo aquesto quedó allí por haber 
todavía alguna gente, aunque poca, para irles á administrar los Stos. Sa- 

193 



cramentos, hasta el año de 1645 en que no habiendo quedado mas que ocho 
indios, todo lo que tocó á la Yglesia se pasó al Convento de Tzotzocoltenan- 
go y juntamente las campanas, donde estubieron hasta el año de 1659 que 
el Sr. D. Fr. Mauro de Tovar las hizo llevar á la Catedral de Ciudad Real 
como consta del recibo que para en la caja del depósito del convento de 
Comitlan, adonde se agregó este Convento de Tzotzocoltenango en el tiempo 
que se dirá adelante. 

No era este pueblo de Tzotzocoltenango, adonde se pasó el de Copa- 
naguastla, muy grande; pero no era tan pequeño como agora se reconoce 
después que á él se pasó el Convento y la Milagrosa imagen de la Sma. 
Virgen del Rosario de que se tratará en el Capitulo siguiente, que es una de 
las cosas mas notables que se advierten en todo aqueste reyno de Guatema- 
la que los lugares donde se manifiesta la Divina Misericordia por medio de 
algunas imágenes santas y milagrosas se ven destruidos y aniquilados. Asi 
se vé el pueblo de Chiantla al pié de los Cuchumatanes en donde se venera 
aquella Sma. Señora tan portentosa : asi se vé el pueblo de Esquipulas en 
la jurisdicción de Chiquimula de la sierra donde se venera aquella mila- 
grosisima imagen de Cristo S. N. Crucificado. Asimesmo se vé la de 
Na. Sra. del Viejo y la de Ostuma y de otras muchas partes y asimesmo se 
vé en aqueste pueblo de Tzotzocoltenango que después que aquella divina 
Señora se pasó allí se ha ido acabando el pueblo de modo que hoy se halla 
muy corto y se teme que le succeda lo mismo que á Copanaguastla ¡ O y no 
permita Dios que sea la causa de la destrucción de aqueste y los demás 
pueblos dichos, por los pecados de los de Copanaguastla ! pues aunque solo 
eran ocho indios los que habian quedado cuando se pasó la Santa imagen á 
Tzotzocoltenango y se pasaron juntamente con la Señora, luego dentro de 
breve se acabaron que no quedó señal de tal gente, con que claramente vieron 
que no tenia la culpa el lugar de su ruyna sino sus culpas. Bien lo ha ma- 
nifestado la Divina justicia muchas veces que ha castigado con epidemias 
muchos lugares y pueblos en nuestros días, donde se ha visto embrabe- 
serse la peste en un pueblo y no tocar mas que á los indios y no á los ladi- 
nos que suele haber muchos en ellos; y aunque se salgan á otras partes y 
vivan en otros pueblos en que no haya la tal peste, á los que son de aquel 
pueblo apestado les dá como si estubieran en él, como se vio en aqueste 
pueblo de Chimaltenango, donde esto se escribe, y en el de Quezaltenango 
y otros, que les daba el mismo accidente de que morian los de su pueblo 
aunque se hallaban en otros. 



CAPITULO LXIV 

a 

De la milagrosa imagen de Na- Sa. del Rosario de Tzotzocoltenango, que 
comunmente llaman de Copanaguastla 

Entre las alhajas de la Yglesia de Copanaguastla que se pasaron á la 
de Yglesia de Tzotzocoltenango, una fué la imagen de la Virgen del Rosario 
que aunque era hermosísima, devota y muy agraciada, por causa de tener 

194 



aquella Yglesia la suya, la pusieron por entonces en la sacristía donde estubo 
por mucho tiempo sin aquel culto y veneración que se merecía tan soberana 
imagen, aunque siempre con aquel respeto que se hacia tener lo magestuo- 
so de su rostro, hasta que queriendo la Magestad Divina usar de sus mise- 
ricordias y manifestar al mundo el gran tesoro que se escondía en aquella 
sacristía, permitió por el año de 1666 que el Prior de aquel Convento Fr. 
Martin de Herrera enfermase gravemente de unas llagas á que no halló 
la medicina humana remedio, aunque lo solicitó por todas vias ; y hallán- 
dose sin remedio humano ocurrió al divino por medio de la Madre de la 
salud María Sra. Ntra. Oró con viva fé ante aquesta Sma. imagen y to- 
mando del polvo que á los pies de la Sra. había, se lo aplicó á las llagas y 
luego comenzó á sentir mejoría consiguiendo muy brevemente perfecta 
salud. De aqui se comenzó á levantar tanto la devoción de aquesta Sma. 
Señora que ha sido el amparo de todas aquellas comarcas y el refugio de 
todos en todas sus necesidades, y sacando á luz aquel divino tesoro se colocó 
en la Yglesia en el altar mayor en un suntuoso retablo con muy buenas es- 
pejeras de cristal que sierran su nicho de adonde no sale sino es en algún 
caso muy grave y de muy estrecha necesidad. Hállase autenticado este mi- 
lagro y los que se pondrán después por el mismo padre Fr. Martin de He- 
rrera en el libro antiguo de la cofradía del Smo. Rosario á fojas 220 ha- 
ciéndose cronista de las maravillas de la Señora en señal de agradeci- 
miento del beneficio recebido ; y si se hubiera tenido cuidado después de 
autenticar los prodigios y maravillas que la Divina bondad ha obrado por 
medio de aquesta Sta. Imagen, hicieran una muy dilatada relación, y así 
me contentaré, para honra y gloria de Dios y de su bendita Madre, con 
referir los que dejó autenticados dicho Religioso que con el ya referi- 
do son 21. 

El 2 9 milagro, dice, fué de un niño del pueblo de Pínula, de nueve á 
diez años, que en la primera fiesta que se le hizo á aquesta Señora divina, 
lo echaron muerto sus padres á los pies de aquesta imagen y lo resucitó. 

El 3 9 fué que Nicolás Gomera mulato de Ciudad Real se vino á echar 
á los pies de esta Divina Señora y por su intercesión fue sano. 

A un muchacho de Ciudad Real llamado Diego, de edad de 12 años 
lo trageron sus padres en una silla, cojo, ciego y manco. Echáronlo á los 
pies de esta Divina imagen y sanó. 

Una india muger del fiscal de S. Bartolomé llamado Juan de la Cruz, 
habia de 10 a 11 años que tenia mal de corazón y oyendo las maravillas 
de esta imagen soberana, se vino á echar á sus pies y quedó sana. 

Otra india del pueblo de S. Bartolomé hallándose tullida y tan mala 
de los pechos que se temia del cáncer, postrándose ante esta Sma. imagen 
sanó. 

Una india del pueblo de Totolapa que estaba mala de los ojos y con 
dolores gravísimos, viniéndose á postrar á los pies de esta Señora fué sana 
y buena. 

Un indio del pueblo de Güitatan hallándose entecado y solo con la 
armazón de los huesos, vino con un hijo suyo á los pies de esta Señora y 
sanó. 

195 



Miguel Sánchez del pueblo de Comitlan, vino á la fiesta de esta Se- 
ñora, con muletas, y echándose á los pies de esta Sma. imagen quedó sano. 

Una muger de dicho pueblo española, llamada Juana de Espinosa, 
hallándose para morir, y recibidos los Sacramentos, se encomendó á esta 
imagen Sma. y quedó sana. 

Un indio de Comitlan vino á la fiesta de aquesta Señora divina, to- 
talmente ciego, y encomendándose á esta Señora se le restituyó la vista. 

A una muger de Tzotzocoltenango, mulata, que estaba sin habla le 
aplicaron una reliquia de esta Señora, y luego que se la pusieron en el 
pecho, habló. 

A una señora del pueblo de Chiapa llamada Da. Ana del Pozo, ha- 
llándose con una hinchazón peligrosa en el vientre y mal de corazón que 
prometió é hizo una novena a la Sma. Señora, cumplida esta volvió sana. 

Un religioso hermano de dicha Sra. llamado Fr. José del Pozo vino 
a los pies de esta Sma. imagen con graves dolores de pies y manos y sanó. 

En el pueblo de Tzotzocoltenango se hallaba una muger española sin 
poder parir y muy á peligro; y encomendándose á esta Sra. parió. 

En el pueblo de Huehuetenango se hallaba un muchacho de siete á 
ocho años con una carnocidad en un ojo sin que hubiese remedio que sir- 
viera; encomendándolo sus padres á la Señora y sanó. 

D. José Valenzuela vecino de Ciudad Real sanó de un tullimiento 
postrándose ante esta divina Señora. 

En una peste que hubo en Tzozocoltenango con tenebrosidad horren- 
da de aires, pidiendo al P. Prior que lo era el dicho Fr. Martin de Herrera que 
se bajase la Sma. imagen, cesó todo. 

Un hombre de Ciudad Real español á quien se le habia vuelto el rostro 
al cerebro, viniendo á los pies de esta Sra. sanó. 

Domingo de Peña, vecino de Ciudad Real, habiendo venido á la fiesta 
de esta Sta. imagen, tullido, volvió sano dejando las muletas en la Yglesia. 

En el pueblo de Xuchiapa el año de 1672 habiendo ido una india con 
un hijo suyo al rio y dejadolo apartado, llegó un lagarto y se lo llevó. No 
pudiendo socorrerlo la madre se fué á la Yglesia en que estaba una ima- 
gen de Na. Sa. en demanda para esta divina imagen y postrada á sus pies 
clamó á Su Magestad; y volviéndose al rio halló á su hijo en el mismo lugar 
en que el lagarto lo habia cogido. 

Un religioso de N. P. Francisco de la provincia de Yucatán hallándose 
con unas llagas malignas y crueles dolores, encomendándose á esta Sra. sanó. 

Una muger, criada de un beneficiado de Yucatán, se hallaba ya con 
los Stos. Sacramentos recibidos y sin esperanza de vida por no poder parir, 
y llevándole la imagen que en la ocacion llegó á la demanda, parió luego y 
al dia siguiente fué por sus pies á rendir las gracias á la Yglesia. 

Un mulato del pueblo de Tonalá, de la provincia de Tabasco, llamado 
Pedro de Solis, habiendo cinco años que se hallaba tullido y sin poderse po- 
ner á caballo, hecha promesa de venir á hacer novena á esta imagen Sma. 
se pudo poner á caballo y habiendo llegado con dos hijos suyos, al entrar en 
la Yglesia cayó con las muletas y cumplida la novena volvió á su casa sano, 
dejando en el altar las muletas. 

196 



El R. P. Fr. Francisco Bonilla siendo Cura de Oxchuc, vino tullido en 
una silla á hacer novena á esta santa imagen ; y habiendo salido entre dos 
sacristanes á cantarle una misa el sábado con harto trabajo, al Domingo 
siguiente se halló sano y bueno. 

Por el mes de Agosto de 1699 un indio chiapaneco llamado Gabriel 
Sánchez que se hallaba en Tzozocoltenango tullido de mas de un año, de 
manera que no podia andar sino con intenso dolor y trabajo, con unas flores 
que cogió del altar de Na. Sra. untadas con viva fe en los pies, quedó sano y 
bueno viniendo á referirlo el mismo al R. P. Tomas Martinez Cura de dicho 
pueblo. 

Un vecino de Tzozocoltenango llamado Pedro Nolasco Alvarez hallán- 
dose con una maligna llaga en una pierna con muchas bocas, hizo promesa 
á la Sma. Virgen de ir á traerle á Guatemala la pólvora para su fiesta con 
cuya promesa se halló para ponerse á caballo y hacer el viage, de que se 
volvió á abrir la llaga en Guatemala con tanta vehemencia, que embarazán- 
dole los médicos la vuelta, le egecutó confiado en la Señora y llegó á su casa 
bueno presentándose ante el R. P. Fr. Tomas Martinez Cura de dicho pue- 
blo, quien como testigo de vista lo testifica así. 

Estos son los milagros de aquesta divina Señora que en el dicho libro 
se hallan autenticados por diferentes Ministros, que los que el descuido y 
omisión ha dejado de autenticar son infinitos, pues cada dia esperimentan 
sus misericordias los que afligidos se acogen á su asilo y amparo. 

La fiesta principal que á aquesta Sma. Señora se celebra es el dia 2 
de febrero, dia de su purificación santísima, no porque su advocación sea 
de ese santo misterio, sino del Smo. Rosario, como se ha dicho, sino porque 
como consta del libro antiguo de aquella cofradía y su erección, fué aquese 
mismo dia en que se dio principio y esto fué por los años de 1561 diez años 
antes de que se le señalase dia al Smo. Rosario, y asi quedó en costumbre 
celebrar aquese dia su fiesta que se hace con grandísimo concurso de todas 
aquellas provincias y concurrencia de la cofradía de S. Nicolás de Tolentino 
del pueblo de Comitlan que baja con su devota imagen del Sto. á la celebra- 
ción de la Señora. Tubo aquesto su principio de que por los años de 1668 
envió la Divina justicia una terrible peste sobre el pueblo de Comitlan, de 
modo que se juzgó que se acabase todo el pueblo muriendo cada dia 20 y 30 
personas. Ocurrieron con plegarias á su patrón S. Sebastian, pero no se 
aplacaba la Divina justicia hasta que inspirados de Dios hicieron novenas á 
una imagen del glorioso S. Nicolás de Tolentino que estaba muy olvidada en 
aquella Yglesia y fué Dios servido que desde aquel dia cesó la peste que no 
murió mas persona en todo él, y agradecidos los vecinos de tan gran favor 
conseguido por su santa intercesión lo juraron por su 2 9 patrono y con auto- 
ridad del ordinario le erigieron Cofradía y para ella y su altar consiguieron 
de la santidad de Inocencio XI muchas gracias y privilegios y para que la 
fiesta de su santo patrón se celebrase con mayor suntuosidad, se convinieron 
con los vecinos del pueblo de Tzozocoltenango para que asistiendo la cofra- 
día de S. Nicolás de Tolentino del pueblo de Comitlan á la celebración dé 
la fiesta de la Virgen Sma. del Rosario de Copanaguastla el dia 2 de febrero, 
hiciesen lo mismo los vecinos y cofrades de la Virgen Sma. de Tzozocolte- 

197 



nango en la fiesta de S. Nicolás asistiendo con la imagen de Maria Sma. 
que se saca en las procesiones, como se hace con grande alegria de espíritu 
y regocijo de todos los que concurren á la fiesta de Maria Sma.. Nuestra 
divina estrella y aurora del Divino sol de justicia. Alli pues, se venera aquel 
relicario del Divino Verbo y aquella apoteca de sus Divinas misericordias 
de que gozan todos los que se valen de su santa intercesión. ¡Quiera la D. 
Magestad se conserven los vecinos de aquel pueblo en su santa gracia para 
que no esperimenten el riguroso cuchillo de la Divina justicia como lo espe- 
rimentaron aquellos miserables de Copanaguastla ! 



CAPITULO LXV 

De otras imágenes prodigiosas que se hallan en el Convento de Comitlan, 
y la destrucción de otros pueblos de aquella provincia de los Llanos 

Ya que nos hallamos dentro de los términos de este priorato de Co- 
mitan á que hoy pertenece así el pueblo de Tzozocoltenango, como todo lo 
que se llama provincia de los Llanos, no será razón que se omita la Ve. me- 
moria de otras devotas imágenes que alli mesmo se veneran, como también 
la destrucción de otros pueblos de la misma provincia de los Llanos. Y to- 
cante á las sagradas imágenes, la primera que se ofrece es la de nuestro 
Redentor Jesucristo crucificado que se halla en la sacristía de dicho Con- 
vento de Comitlan : es muy devota y hermosa y que causa mucha devoción, 
y tanto que estando antes en el Capítulo y queriéndola poner mas pública la 
pasaron á la Sacristía en donde estubo muchos años al cabo de los cuales 
pensó el R. P. Prior que era del Convento Fr. Antonio de Rodenas y el Cura 
que lo era Fr. José Vasquez, que fue por los años de 1687 poner aquella santa 
imagen en lugar mas publico en donde de todos fuese venerada y asi dis- 
pusieron ponerla en la Yglesia en el altar del Cristo y trocarla por la que en 
el altar estaba y llevar esta á la Sacristía por no ser tan devota. Fueron los 
dichos, Prior y Cura, con otros que llamaron en su ayuda, pero aunque hi- 
cieron muchas diligencias por bajarla, no les fué posible el quitarla de aquel 
lugar y viendo la imposibilidad desistieron de su intento venerando y aca- 
tando los divinos juicios ; y alli se venera hasta el dia de hoy. 

Otra imagen hay en aquel Convento que es de nuestro glorioso pa- 
triarca Sto. Domingo que como titular de aquella casa está colocada en el 
retablo mayor, sobre el Sagrario. Esta pues es tradición constante y hoy lo 
refiere un vecino de mucho crédito llamado José Gómez Coronado que así 
lo oyó siendo muchacho, á muchos vecinos de aquel pueblo, que por los años 
de 1662 poco mas ó menos, la estrella que tiene el glorioso Padre en la frente, 
por muchos dias arrojó de si maravillosos resplandores que no se pudo menos 
de creer que fuesen del Cielo, respecto de su brillo tan claro que no podían 
proceder en lo natural del dorado de la estrella que tiene dicha imagen en 

198 



la frente ; y aunque esto no tenga la comprobación que se requiere, no se 
hace increible que la Divina Magestad manifestase aqui, lo que muchas ve- 
ces ha manifestado asi en vida como en muerte en las imágenes del Sto. 
Patriarca, que es la estrella matutina que alumbra á la iglesia Católica en me- 
dio de las tinieblas oscuras de los pecados de sus hijos; y asi lo querria ma- 
nifestar en aquesta ocacion como lo ha manifestado en otras muchas. 

Tocante á los pueblos que en aquesta provincia de los Llanos se han 
destruido son muchos y algunos grandes; y es cosa muy notable que todos 
ó los mas han sido los que se hallaban en la parte baja de aquella provincia 
y ademas de la Divina justicia que parece que persiguió á aquellos misera- 
bles hasta que los acabó, también se puede atribuir á la causa natural del 
mal parage, pues todo lo mas es cenagoso y ya se sabe que calor y hume- 
dad es principio de corrupción; y asi parece que lo podemos discurrir res- 
pecto de que los pueblos que se hallan en lugares mas altos y secos no solo 
se han destruido ni disminuido, antes si se han aumentado mucho como se vé 
en el de S. Bartolomé Tzoyatitan, Comitan y otros, y todos los que ha cogido 
el lugar bajo son los que en todo ó en parte se han destruido, y de estos el 
que primero podemos contar es el de Sacuapa á quien antiguamente llama- 
ban Tecpacuapa que en lengua megicana quiere decir Casa del Rey de la 
Cuapa y comunmente le llamaban la gran cuapa por su mucho gentio y gran- 
de población. Este totalmente se llegó á acabar y á no quedar viviente, el 
año de 1680. El lugar de aqueste pueblo es muy pantanoso y aun que de 
aquí pudo proceder su ruina, no la atribuyen sino á un desacato que se dice 
tubieron como brutos con su santo patrón y titular que era el glorioso Sto. 
Tomas de Aquino, lo cual se refiere en esta forma: que estando la imagen 
del Sto. Doctor ya deslustrada del tiempo, la quisieron renovar, y para ello 
llamaron á un pintor que la renovase y habiendo éste pedido á los indios 
que le tragesen unos cántaros de agua para labarle la pintura antigua para 
que asentase la nueva, no quisieron ellos hacerlo diciendo que mejor era 
llevar la imagen al rio y echarla allí para que se remojase; y cogiéndola con 
mucha algazara como ellos hacen en cosas de burlas, fueron y la arrojaron 
en el rio como si fuera otro cualquier palo tosco diciendo que Santo cuya 
festividad caia por cuaresma en que solo pescado y nó carne se comia, que 
santo podía ser? y desde aqueste dia se embrabeció tan terrible peste en aquel 
pueblo, que no paró hasta que totalmente lo acabó como lo ven todos los 
que pasan, por ser camino Real, con harto dolor y desconsuelo porque es 
mucho el camino despoblado que hay desde Tzozocoltenango hasta Escuinte- 
nango en cuya mediación estaba aqueste pueblo ; y aunque por los años de 
1691 el Oidor D. José de Escals cuando fué por visitador de aquellas provin- 
cias, lo procuró poblar otra vez, para alivio de los caminantes, fué de tan 
mala gente, como la que halló mas metida en vicios y amancebamientos con 
mugeres mundanas y hombres facinerosos, que mas parece que tiró á fun- 
dar una mancebía ó escuela de Satanás, que pueblo de cristianos católicos 
y asi quiso Dios que tubiese el logro, pues apenas volvió las espaldas dicho 
Oidor, que no hizo mas que llegar á Güistla de los jiotes, cuando cada uno se 
fué para sus querencias quedando aquel lugar, como antes estaba, desierto. 
Pero agora el año de 1713 se ha vuelto á poblar por orden del Presidente 

199 



Don Toribio Cosío con algunas familias que desterró de los indios culpados 
en el levantamiento de la provincia de los Zendales, como se dirá adelante, 
aunque no en el mismo sitio sino como una legua apartado del antiguo y con 
el título de Na. Sra. de la Encarnación ¡Quiera Dios que persevere! 

También se destruyó totalmente, que no ha quedado memoria de él, el 
pueblo de Teculuta que era anexo del pueblo de Copanaguastla, que por los 
años de 1640 ya se habia acabado todo y era como rama de Copanaguastla; 
en que parece se verifica lo que arriba decíamos, que en dando la peste en 
un pueblo, también se lleva á los que son de alli naturales aunque se hallen 
en otra parte. 

Otro pueblo que se aniquiló y acabó por los años de 1665 que se llama- 
ba Tzitalá que era anexo de Tzozocoltenango. Este sufría la influencia de 
aquel mal terreno pantanoso, como asimesmo otro que también era anexo 
de Tzozocoltenago que se acabó totalmente por el año de 1698, llamado Chai- 
chitan, y por los mismos años se acabó otro que también era anexo de Tzozo- 
coltenango llamado Tzacualpa. Todos aquestos pueblos estaban en aquellos 
contornos de Tzozocoltenango y en aquel suelo pantanoso, por lo que no es 
mucho que se fuesen acabando como se acabaron. 

Puede alguno reparar y decir que ¿como si se repara que todo aquello 
es lugar pantanoso y por eso malsano para la conservación de los indios no 
los han procurado sacar á otros lugares mejores? A que digo, que es ma- 
teria tan imposible conseguir aquesto con ellos, y mas si es para juntarlos 
con otros indios, que mas bien se dejarán morir que mudarse á otra parte, 
aunque vean por sus ojos sus propios daños; y mas se hace aquesto pon- 
derable al ver que ellos no tienen casas suntuosas sino unos bujios que 
en un dia los hacen, ni menos tienen alhajas que les embarazen el transpor- 
te de una parte á otra, por que son como el caracol, que todo su ajuar lo 
llevan consigo y juntamente, su casa; y no obstante es tanto el amor que le 
tienen al barranco y al cerro ó monte donde nacieron, que mas bien deja- 
ran la vida que el lugar, y si los mudan, como ha succedido algunas veces, 
mas breve se acaban; y asi tan justamente tiene S. M. prevenido por rela- 
ciones de los Religiosos que tanto conocieron su natural, que no se haga 
mudanza de indios de una á otra parte de ningún modo, sino es que sea 
con causas urgentísimas; y asi se ha visto en el pueblo de Aquespala primero 
de la provincia de los Llanos que por no haber quedado en él mas que 8 ó 
10 indios y ser allí muy necesarios por ser camino real y mucho el despo- 
blado se trageron á él por orden del Superior Gobierno 20 familias del pue- 
blo de Chiquimucelo y otras de los Zendales de los menos culpados en la 
sublevación y ya todos se han acabado en seis años no lográndose el fin que 
se pretendía. Lo mismo ha succedido en la reducción de los indios Lacando- 
nes de que se tratará después, que siendo muchos en su tierra y naturaleza, 
por temerse de ellos que se volvieran á su idolatría, los trageron junto al 
rio de Aquespala y allí los fundaron, y se disminuyeron de modo que cuan- 
do los quisieron pasar al rancho de S. Ramón para beneficio de aquel des- 
poblado ya faltaron muchos y en este parage no existen ni 50 familias, y 
sin duda alli se acabaran todos. 

200 



Otros pueblos hay en aquella provincia de los Llanos que por la mis- 
ma causa se hallan muy deteriorados, como son Istapilla y Pinula del Curato 
de Zoyatitlan, y allí se acabó el pueblo de Sta. Lucia y los pocos que habian 
quedado se juntaron en el pueblo de dicho de Zoyatitlan. Los pueblos de Hui- 
tatlan y Comalapa del Curato de Chiquimucelo también se hallan mu,y aca- 
bados. Los de Coneta y Aquespala del Curato de Escuintenango se hallan 
del mismo modo y lo mismo el pueblo de Ostutla del Curato de Acalá ya está 
totalmente destruido por los infinitos murciélagos y mosquitos, plaga muy 
general en aquestas partes en lugares calientes y húmedos y que solo ellos 
han destruido muchas gentes como á los Egipcios y asi no es de maravillar 
se diga que los mosquitos hayan producido tal efecto, pues solo quien ha 
esperimentado esta plaga, puede saber lo que ella es. 



CAPITULO LXVI 

Que trata de algunas cosas succedidas en aqueste año de 1630 

Aunque en aqueste año de 30 tocaba hacer Capítulo intermedio, sé 
omitió, por quedar asi dispuesto en el Capítulo provincial que el año pasado 
de 1628 se celebró en el Convento de Ciudad Real donde presidió el Miro. 
Fr. Jacinto de Joces Vicario general, donde se dice que .el capítulo que se 
sigue ha de ser de elección en el Convento de Guatemala á 17 de Enero de 
1632 porque por causas justas que tiene el Capitulo omite la junta inter- 
media y asi se omitió. 

Pasando pues á otras cosas que succedieron aqueste año, digo que du- 
rante él murió en Yucatán el Arzobispo de Mira D. Fr. Angelo María Reli- 
gioso Dominico el cual llegó á esta Ciudad de Guatemala á 26 de Marzo de 
1628. Aposentóse en el Convento de Na. Sra. de las Mercedes y no se sabe 
la causa por que no se hospedó en su convento de Sto. Domingo porque todo 
fué misterioso, sin saber á qué se dirigió su venida á aquestas partes. En- 
viólo la Santidad de Urbano VIII y aunque algunas veces le preguntaban á 
que se dirigía su venida, lo que respondía era que su nombre lo decía : Mira, 
que venia á mirar; y lo que se pudo colegir fué que lo envió Su Santidad 
para que viese el estado de esta Yglesia americana. Desembarcó en la vi- 
lla de Sonsonate y de allí pasó á Guatemala y entró en ella el día y año di- 
chos, y á l 9 de Mayo del mismo consagró la imagen de Ntra. Sra. de las 
Mercedes que tienen en su altar mayor de aquel Convento. Predicó algunas 
veces en latin porque no podía en la lengua castellana por ser italiano. De 
aqui pasó á Chiapa y en Chiapa de indios consagró la imagen de Na. Sra. del 
Rosario y de allí fué á Campeche en donde murió aqueste año. Fué hombre 
muy parco en comer y especialmente en la cena que solo era un pollito muy 
tierno que casi no tubiera plumas : fué también muy melancólico y de tal 
modo que comía y le ponían la mesa en donde se le antojaba, unas veces en 
Ja huerta y otras en el Claustro. 

201 



En este mismo año llegó á esta Ciudad la nueva del nacimiento de 
nuestro príncipe Don Baltazar Carlos heredero que habia de ser de todos 
los estados de la Corona de España sino se lo hubiera llevado su Magestad 
Divina para que reinase en mejores reinos. Era Presidente en la ocacion 
Don Diego de Acuña quien tomó la posesión de este gobierno á 21 de Abril 
de 1627. Esmeróse aquesta noble República en hacer fiestas como suele su 
lealtad, al nacimiento de su principe y las celebró con mucha grandeza el 
lunes que se contaron 16 de Setiembre de aqueste año de 30. Y aunque po- 
dian sus vecinos contentarse con las que la Ciudad habia hecho, no quiso 
la fineza y lealtad de los mercaderes del barrio de Sto. Domingo, los mas 
poderosos de la República, sino que hicieron sus fiestas el dia de San Lucas 
18 de Octubre de aqueste año, á mucha mas costa y por eso con mucho mas 
lucimiento. Hubo muchas representaciones, y entre otras ademas de los 
dos Reyes que salieron el Emperador Carlos V y Francisco I de Francia, sa- 
lieron los tres reyes Magos los doce de la fama y los dos de la vida airada; 
que eran dos muy gordos y flemáticos. Las galas fueron de lo mas lucido 
que se ha visto en aquesta noble Ciudad, donde no se debe pasar en silencio 
lo singular de aqueste barrio de Santo Domingo, que aunque toda la Ciu- 
dad es muy señalada en nobleza y lealtad á sus principes, no sé que ventaja 
hace aqueste barrio que siempre se señala mas que los otros, como se ha 
visto en cuantas ocaciones se han ofrecido de disencion ya entre republica- 
nos ya entre ministros de S. M. siempre aqueste barrio mantiene la parte 
mas sana de la lealtad á su principe y á sus Ministros ; que aunque no hu- 
biera hecho otra cosa en todos los tiempos,, sino la de mantenerse en la Ciu- 
dad todos los vecinos de aqueste barrio cuando todos la desampararon en 
aquellos terremotos de que se hará mención, en el dia de San Miguel, el año 
que se escribirá de 1717, bastaba solo para levantar mucho de punto su leal- 
tad, siendo solo aqueste barrio el que quedó entero sin hacer fuga, cuando 
todo el resto de los ciudadanos la desampararon, sino es tal ó cual, ponién- 
dola á riesgo de perderse con la menor invasión que le hubieran hecho los 
indios, enemigos siempre de los españoles, al lado de su cabeza Presidente 
y Gobernador de todo el Reyno Don Francisco de Rivas ; en que no solo 
manifestaron su valor, sino también la lealtad á su Rey y patria, era cosa 
muy digna de grandes recomendaciones. 

1631. — Por aqueste año de 1631 fué la destrucción de los pueblos de 
San Andrés Polochic y Sta. Catarina Xocoló en el mesmo rio del Castillo del 
golfo Dulce adonde los habia reducido el santo Padre Fr. Domingo de Vico. 
Compónese aqueste rio de dos que son los principales y ambos tienen una 
mesma cabecera que es el rancho que llaman de Patal, como se entra para 
el pueblo de Tactic. Formase el un brazo que baja por los pueblos de Tucurú 
y Tamahun, de muchos arroyos que bajan de todas aquellas montañas, y el 
otro es el que llaman rio de Coban que tiene su cabecera en la misma mon- 
taña y pasando á Cahabon va caminando como al oriente hasta que se en- 
cuentra con el otro brazo y ambos hacen el rio afamado del Golfo dulce que 
es muy caudaloso y entran por él enbarcaciones bastantemente grandes has- 
ta la laguna que llaman, adonde está fundado el Castillo diez y ocho leguas 
de la mar, tierra adentro. Por aqueste rio subió el invencible Márquez del 

202 



Valle Don Fernando Cortez cuando hizo aquel viaje tan mentado como tra- 
bajoso por las tierras del Ahitza para Honduras y vino á salir á aqueste rio 
ya que entra en la mar y halló alli fundada aquella villa que se llamó San 

' Gil de Buenavista y hallando á aquellos vecinos mas para morir que para vi- 
vir y que lo mesmo estaban todos los de su egército, subió aqueste rio arriba 
en busca de bastimentos y topó con las poblazones que se refiere en aquel 

| viage ; y aunque alli no se dice si llego á los encuentros de los dos rios y cual 
tomó, tengo por mas verosimil que tomó el brazo que llaman de Cajabon 

; que es el mas caudaloso y el que estaba mas poblado de la nación Chol con 

: quienes peleó y de quienes hubo los bastimentos que condujo ; y me afirmo 
en ello porque de aquesta gente fué la que redujo el V. P. Fr. Domingo de 

L Vico y fundó aquellos dos pueblos de S. Andrés Polochic y Sta. Catarina 
Xocoló que el V. P. administró y mantubo en la fé que les habia predicado; 
y alli en aquel rio, que lo navegaba frecuentemente andando en aquellas 
reducciones fue cuando se le apareció y consoló en aquella tormenta y le 
dijo que no moriria entonces, sino otro dia como aquel, que fué vispera de 
S. Andrés su gran devoto. Después de aqueste apostólico varón se siguieron 
otros que continuaron las reducciones de los indios choles que estaban por 
todas aquellas montañas y entre ellos fué el V. P. Fr. Francisco de Viana 
quien agregaba los que convertia á los pueblos de Tucurú y Tamajun y á los 
que no podian reducir á que viviesen en poblado sino en sus milperias, en- 
traba el Ministro de aquellos pueblos á ciertos tiempos del año y les ad- 
ministraba los santos sacramentos. Todo lo que toca á aquel rio del Golfo 
es muy enfermizo como hasta hoy se esperimenta en el Castillo y en los in- 

I dios que alli cerca se han poblado, como los de Amatique y otros que se han 

t agregado allí que todos se han acabado, ya de invasiones de enemigos, ya 
de enfermedades y así se acabaron los dos pueblos de Polochic y Xocoló que 

i á no haber sido aquello tan enfermiso para todos por aquella parte se hu- 
biera con mas facilidad conseguido la reducción de los Choles ; pero es todo 
tan enfermiso originado de la mucha humedad en lugares tan calientes que 
ni gente alguna ha quedado por aquellos contornos, y aquesa fué la causa 
de la destrucciones de aquellos pueblos. 

Por aqueste mismo tiempo succedió que los indios que el V. P. Fr. Pe- 
dro Lorenzo habia sacado de Pochutla con la ayuda de Dios, como arriba 
queda dicho y los pobló en el pueblo de Ococingo, se alborotaron y trataron 

i de volverse como perros al vómito de sus idolatrías á los montes, hicieron 
fuga y se desparramaron por diversas partes. Afligiéronse los Religiosos en 
gran manera y trataban de ir en su busca y sacarlos de la boca del lovo 
infernal y haciendo diligencia del rumbo que habían cogido, para seguirlos, 
vieron de repente que todos venían huyendo por diversas partes á favorecerse 
del pueblo y de la Yglesia. Quedaron todos admirados de ver aquella fuga 
en que venían, porque á la verdad venían huyendo ; y preguntándoles que 
de qué huían, confesaron que habiendo cogido diversos rumbos para que 
no los hallasen si los buscaban, en todas partes en que se hallaban, salió un 
religioso dominico con un azote que los hizo volver mas que de paso á su 

203 



pueblo; y lo que los padres coligieron fué que el glorioso S. Jacinto titular 
de aquel pueblo habia sido el que los habia azotado para que no se perdiesen 
aquellos sus encomendados y se volviesen á su amparo y protección. 

Los del pueblo de Bachahon que también los sacó el P. Fr. Pedro 
Lorenzo y los fundó alli, desde que los sacó nunca han intentado fuga, 
antes si se mostraron muy leales cuando el año de 1586 entro á la reduc- 
ción del Lacandon Juan de Morales Villavicencio por orden de la Real Au- 
diencia, porque como prácticos de aquellas montañas los envió por esplora- 
dores de la laguna del Lacandon lo cual hicieron con mucha fidelidad. Hi- 
zose aquesta entrada después de la que hizo el Ldo. Pedro Ramirez de Qui- 
ñonez que queda dicha arriba, pero lo mismo consiguió aqueste Capitán que 
el dicho Sr. Oidor que fué venirse como se fué, sin conseguir la reducción 
de aquellos indios; y aquestas, con las que se pondrán después, son las no- 
ticias de que se valieron cuando se trató de la reducción de los Ahitzaes y 
Lacandones D. Jacinto de Barrios y los demás, para intentar hacer la entra- 
da por el pueblo de Ococingo, que fué muy disparatada, y pudo advertir que 
asi la entrada del Sr. Oidor como aquesta de que hablamos, se hicieron por 
el pueblo de Comitlan por aquel despoblado, y este pueblo viene á estar en- 
frente, norte sur de la laguna que llaman del Lacandon, que por aquestas 
invasiones se retiraron asia las caidas de los pueblos de la sierra de Saca- 
pulas, y alli los hallaron en la entrada que hizo Don Jacinto de Barrios en 
el año de 1695 como se dirá adelante. 



CAPITULO LXVII 

De las muertes de algunos religiosos, y de una peste que hubo en la 

Cidad de Guatemala 

En el Convento de Guatemala murió aqueste año con general senti- 
miento de todos el M. R. P. Fr. Agustin Montes, provincial que habia sido 
de aquesta santa provincia, el cual después de haber gobernado muchos 
conventos con mucha religión y virtud y habiendo sido definidor de algunos 
Capítulos descubriendo el buen talento que Dios le habia dado para el go- 
bierno, lo eligió la provincia en su Prelado superior en el Capitulo que tubo 
en el Convento de Guatemala á 17 de Enero de 1615 años. Aplicóse con todas 
veras al gobierno y dio de sí maravilloso egemplo que tubieron bien que 
imitar sus subditos; y aqueste año lo llevó la Magestad Divina á descansar 
y á darle según piadosamente entendemos, el premio de sus trabajos en la 
gloria. 

También se llevó Dios para sí al R. P. Maestro Alonso Cervantes, va- 
ron de singular virtud y egemplo. Fué aqueste Religioso natural de la Ciu- 
dad de Gracias á Dios y hijo de Rodrigo de Escobar y de Isabel de Cervantes, 
tomó el hábito en el Convento de Guatemala y en él hizo profesión en ma- 

204 



nos de Fr. Juan de Santisteban, Prior de dicho Convento, á 3 de julio del 
año de 1583. En aquel Convento fué Cantor mas de cuarenta años sin que 
faltase jamas á los Maytines á media noche y al oficio menor que se dice des- 
pués, sino es por grave enfermedad. Jamas salió del Convento mas que á 
la administración de los Stos. Sacramentos en el barrio de la Candelaria de 
adonde fué Ministro muchos años porque sabia muy bien la lengua megi- 
cana; pero á la Ciudad jamas salia sino era el Viernes Santo al entierro de 
Cristo N. S. Administró y doctrinó á estos indios con notable egemplo y lo 
mismo era en el Convento. Era su parentela muy noble, de los Cervantes 
de Gracias á Dios y jamas sus parientes le pidieron cosa alguna; y lo que 
mas es, tres sobrinas que tubo muy virtuosas, porque Dios que habia traido 
á Fr. Alonso á la religión para que se retirase de todo lo que es carne y san- 
gre, las proveyó de modo que no tubieron necesidad de su tio y asi él se 
hallaba mas ligero para seguir el camino de la virtud. Fué muy estimado 
de todos por su señalada virtud ; pero el que mas la apreciaba era el Santo 
Fr. Andrés del Valle que como maestro de ella conocia todos los quilates de 
la de Fr. Alonso Cervantes; y habiendo recibido muy devotamente los Stos. 
Sacramentos lo llevó Dios á descansar para que le alabase en la gloria quien 
por tantos años le habia alavado en la tierra. 

Fr. Pedro Lanchares. Fue procurador muchos años del Convento de 
Guatemala en cuyo oficio trabajó mucho y con grande vigilancia y cuidado 
en procurar los bienes de la comunidad en que se mostró muy celoso y muy 
fiel, y asi lo conservaron muchos años en aquel oficio de tanta fidelidad y 
cuidado, de que dio siempre muy buenas cuentas. No es dudable pues que 
tubo de Dios el premio correspondiente á su vigilancia en cuidar los bienes 
de los pobres religiosos para que no descaeciesen. Murió en este mismo 
año y Convento de Guatemala donde está sepultado. 

En el convento de Sacapula se llevó N. S. para sí al M. R. P. Fr. Ra- 
fael de Lujan, uno de los sugetos que mas han honrado aquesta provincia, 
asi en su virtud como en sus letras y gobierno, manifestando en el mismo as- 
pecto y composición de su persona los muchos dones que en él habia Dios 
depositado, porque en su cuerpo y habla mostrava grande señorio sin afec- 
tación alguna. Ocupóle la orden en el gobierno y prelacia de muchos con- 
ventos y por último lo eligió en cabeza de toda la provincia el dia de S. Se- 
bastian de 1601. No era del cuerpo del Capítulo y lo eligieron al tiempo que 
estaba predicando del santo mártir en su parroquia de Guatemala. Gober- 
nó con grande acierto que parece que fué singular en este don de gobierno 
aqueste religioso, por lo que fué muy estimado de los Sres. Obispos de Gua- 
temala y con especialidad del limo, y Revmo. Sr. Don Fr. Gomes de Córdova, 
¡espejo que pudo ser de prelados, quien tubo tanta satisfacción de su persona 
'que le nombró Gobernador del Obispado por su enfermedad y queriendo des- 
cargar en él toda su conciencia suplicó á la M. S. del Rey Filipo II se lo diese 
por su Obispo Coadjutor para que tomase de una vez el cargo tan pesado del 
gobierno de sus obejas y para que quedase succesor tal. Bien entendió S. M. 
lo justificado de su petición por la gran satisfacción que tenia de la san- 
tidad de aquel Prelado, mas por no dar aquel egemplar que podia abrir la 
puerta á la ambición y á la succesion de los beneficios eclesiásticos y mas lo 

205 



de tan superior gerarquia, no quiso condescender; y aunque no lo pudo con- 
seguir aquel santo prelado quedóle el consuelo que no habia omitido dili- 
gencia alguna que pudiese conducir al bien de su rebaño. Desempeñó con su 
gran talento y religión la obligación en que lo puso la satisfacción de aquel 
santo Prelado gobernando el Obispado sin queja, que no es poco, aunque no 
sé si sin envidia, que aquesta no pudo faltar en la emulación tan antigua que 
se vé de la clerecia asi las sagradas religiones que las tienen por tan inca- 
paces de gobierno en la Sta. Yglesia que llegan á negar lo mismo que sus 
mesmos ojos ven. No es nuevo lo que se vé al presente que en tres sagradas 
religiones que hoy hay en aqueste Obispado de Guatemala que cada una se 
compone de mas de doscientos religiosos donde se hallan tantos Maestros 
y lectores, tantos predicadores de fama y tantos catedráticos y hombres tan 
señalados que tanto honran la Católica Yglesia, no se halla sugeto apto para 
que haga lo que un clérigo que ni latin sabe hace, que es visitar el Obispado 
en conformidad de lo que S. M. manda en Cédula novísima, que no pudiendo 
el Prelado Diocesano visitar por su persona, lo haga por medio de sugeto 
de la misma Religión á quien se visita, resolución tan santa como piadosa 
para que los defectos, si los hubiere, no salgan de su religión; pero no solo 
se atropella todo por el mismo que lo debia defender, siquiera por el honor 
del hábito que viste á quien le debe todo su ser y la dignidad en que se vé 
sino que despacha Clérigos declarados enemigos de las sagradas religiones, 
no solo á inquirir, sino lo que es mas á imputar culpas que ni por el pensa- 
miento se cometen, cosa cierto lastimosa y que no puede menos que provocar 
la justa venganza de la Divina Magestad y que merecen tales exesos. Bien 
pudo ser que la emulación carcomida se consumiese viendo gobernar á aques- 
ta Yglesia un Religioso, pero no tubo que calumniarle cosa alguna á la grande 
rectitud y justicia de este religioso ; y si del primero que gobernó aquesta 
Yglesia de Guatemala por el limo. S. R. D. Fr. Juan de Zumárraga Arzobispo 
de Mégico, que fué el Sto. Fr. Domingo de Betanzos, dijo aquel santo Pre- 
lado D. Francisco Marroquin que tenia á gloria el haber succedido en aquel 
cargo á aquel santo religioso por sus heroicas virtudes, celo santo de la jus- 
ticia y desapego de todo interés; no se podia menos gozar el que lo succe- 
dió en aqueste cargo á N. V. P. Fr. Rafael de Lujan, por muerte de aquel 
santo prelado recayó el gobierno en el Cabildo sede vacante. 

Siendo Prior de Guatemala dio principio á la hacienda que aquel 
Convento tiene de hacer azúcar, llamada S. Gerónimo, que se puede decir 
que es la única finca que aquel Convento tiene de provecho para ayudar 
á su manutension. El la fundó y trajo los primeros cobres para ella de fon- 
dos y los demás aperos desde la Ciudad de Sevilla en España y se los re- 
mitió Pedro de Mendoza el correspondiente que aquesta provincia tenia allá 
para la Cobranza de sus jiros y agencias de sus negocios; y no se puede 
negar que continuamente tiene cuidado de velar sobre esta hacienda aques- 
te santo fundador, porque los golpes y atrasos que ha tenido sin duda hu- 
bieran arrasado otra cualquiera mas bien fundamentada. Pero se esperi- 
menta en esta no sé que cosa especial tocante á su conservación, que cuan- 
do se teme que de una vez se acabe, vuelve otra vez á levantarse y á 
volver en sí, de manera que no es dudable el especial patriotismo asi de 

206 



N. S. Patriarca y de su Sto. Patrono S. Gerónimo, sino también de su santo 
fundador que lleno de méritos y años se retiró al Convento de Sacapulas 
para aprender á morir quien también habia sabido vivir, porque por mas 
que se estudie aquesta materia mas tiene que saber cada dia, y aunque el 
buen vivir y ajustado modo de obrar todo es preparación para una buena 
muerte, no obstante si esto es entre el tráfago de las cosas de aquesta vida, 
mucho es lo que se deja de aprender, y no hay mejor general que el que se 
halla retirado de los bullicios del mundo y se estudia con quietud y sosie- 
go, empezando á gozar en esta vida de las delicias de la eterna. A esto mi- 
ró aqueste bendito Religioso y así se retiró á aquel Convento donde en paz 
acabó sus dias habiendo recibido los Santos Sacramentos y esperamos, se- 
gún la fé que tenemos, que goza de eterno descanso en la gloria por sus 
señaladas virtudes y trabajos padecidos en servicio de aquesta santa Yglesia 
de Guatemala y su provincia. 

Aqueste año de 1631 fué fatalísimo, no solo á aquesta provincia por 
haberle quitado Dios unas columnas tan fuertes como las que se han dicho 
en los Religiosos que fallecieron, sino también para toda la Ciudad y Reyno 
por una peste tan cruel con que la Divina justicia lo afligió, que murió in- 
finita gente en todas partes. Acudieron á quien solo puede dar el auxilio, 
que es Dios, é hicieronse novenas á todas las imágenes de devoción que tenia 
la Ciudad y hasta de Maria Sma. de Concepción de Ciudad vieja de Almo- 
longa se trajo á Guatemala el dia 14 de Noviembre de aqueste año. Murió 
mucha gente no solo en la Ciudad sino en todos los pueblos del contorno 
y en todas las provincias cayó este divino azote para que fuera mas sensi- 
ble sobre muchos trabajos que afligieron aqueste Reyno, no siendo el me- 
nor la muerte de su santo Prelado y pastor D. Fr. Juan de Sandoval y Za- 
pata, vigilantísimo prelado y sumamente limosnero y tanto que no poseía 
un solo real que no lo diese de limosna. Hallándose pues aqueste pobre 
rebaño sin pastor que lo consolase y ayudase á llevar sus cuitas, no son 
decibles las necesidades que se pasaron en aquella Ciudad de Guatemala. 
Murió aqueste santo prelado á 12 de Enero del año pasado de 1630 y no 
es dudable que goza ante Dios el premio de su grande caridad y vigilancia 
con que apacentó su rebaño. 



CAPITULO LXVIII 

Celebrase Capitulo provincial en Guatemala: muertes de algunos Religiosos; 
y alzamiento de los indios del Manché 

1632 

A 17 dias del mes de Enero de 1632 se celebró capítulo de elección de 
Provincial en el Convento de N. P. Sto. Domingo de Guatemala y en él 
salió electo el M. R. P. M. Fr. Jacinto de Cabanas y confirmaron la elec- 
ción como definidores los M. Rs. Ps. Fr. Crisostomo de Lorenzana, Prior 

207 



que era de la misma Casa de Guatemala, Fr. Pedro de Molina Prior de 
Coban, Fr. Bartolomé de Castellanos, Prior de Sacapulas, y el presentado 
y predicador general Fr. Luis Saenz. En aquesta elección hubo algunas 
circunstancias por las cuales aunque se habia dado al Provincial la pose- 
sión pacífica de la provincia, renunció el Provincialato en manos de N. 
Rmo. Ministro General y se le admitió y la gobernó asi dos años, poco mas. 
En aqueste capitulo se aceptaron las cuatro Predicadores generales á título 
de lengua de indios que N. Rmo. General habia concedido á aquesta santa 
provincia y se dieron é instituyeron en ellas al R. P. Fr. Pedro de Molina 
definidor de este Capítulo, y se le señaló el Convento de Coban, otra al 
R. P. Fr. Francisco de Toro y se le señaló el Convento de Tecpatlan, y otro 
fué el R. Fr. Pedro de S. Raymundo y se le señaló el Convento de Tzozo- 
coltenango. A la otra no se le señaló Convento ni sugeto en aqueste ca- 
pítulo, donde es de advertir que las predicaturas generales que se dan á 
título de lenguas de los indios, también deben pertenecer á Conventos. 

En aqueste Capítulo se volvió á erigir en Vicaria el Convento de S. 
Jacinto de Ococingo y se le dio por primer Vicario al M. R. P. presentado 
y predicador general Fr. Luis Saenz. También se erigió en Convento, ti- 
tulo de Vicaria el de S. Juan Amatitlan y se le dio por primer Vicario al 
M. R. P. Maestro Fr. Pedro de Montenegro. También se trasladó en toda 
forma según nuestras leyes el Convento de Copanaguastla al pueblo de 
Tzozocoltenango como queda dicho arriba. También se hizo la translación 
de la Vicaria de S. Miguel Manché al pueblo de Cahabon, que parece que 
ya se anunciaba que habia de succeder el año siguiente de la perdida de 
todos aquellos indios como adelante se dirá; pero parece que la translación 
no se hizo tan luego porque todavía perseveraba allí cuando el levantamien- 
to, que fué el año siguiente de 633 y asi se perdió todo lo que tenia aquella 
Vicaria. 

En aqueste capitulo se hizo memoria de los religiosos difuntos que 
habían fallecido desde el Capitulo pasado á este y ademas de los cuatro de 
que arriba se hizo memoria de quienes se supo el año en que murieron, se 
hizo también del P. Fr. Luis Montero y del P. Fr. Mateo del Mármol origina- 
rio de Guatemala hijo de Gerónimo Nuñez y Ana Cevallos el cual hizo su 
profesión en manos del Ve. P. Fr. Andrés del Valle á 29 de Noviembre de 
1598, de Fr. Francisco Colantes, de Fr. Luis Ochoa natural de Ciudad Real 
de Chiapa, hijo de Rodrigo de la Tobilla y de Da. Juana de Ochoa y Mendoza, 
hizo profesión en manos del R. P. Subprior Fr. Pedro Martínez á 7 de Enero 
de 1624, murió en la flor de su edad, con que cortó las esperanzas que daba. 
De Fr. Lucas Morales Religioso lego, que profesó en manos del Ve. P. Fr. 
Andrés del Valle á 11 de junio de 1604, y del hermano Fr. Diego de S. Jacin- 
to también lego. Todos estos murieron en el Convento de Guatemala. 

En el Convento de Ciudad Real murieron Fr. Juan de Poveda y Fr. 
Sebastian de Sta. Maria, religioso lego. Era natural este último, de Calahorra 
y profesó en manos del R. P. Fr. Jacinto de Cabanas en el Convento de Gua- 
temala. 

208 



En el Convento de Chiapa de indios murió el P. Fr. Francisco Quintero 
hijo del Convento de Guatemala donde profesó á veinte de Marzo de 1583 
en manos del R. P. Prior Fr. Juan de Santistevan, era natural de la Ciudad 
de Moguer en los reynos de España, fué hijo de Francisco Quintero y de 
Juana Dominguez. También murió Fr. Domingo de la Cerda sacerdote. 

En el Convento de Tzozocoltenango murió el P. Fr. Pedro Ruiz electo 
Vicario de S. Miguel Manché y en el Convento mismo del Manché murió 
el R. P. Fr. Raymundo Gutiérrez. Murió trabajando en aquellas reduccio- 
nes, sin duda estará gozando el premio de sus afanes trabajos y fatigas que 
pasó en aquellas montañas incultas y mas con aquellos indios tan infieles á 
Dios y al mundo. 

1633 

La conquista y reducción del Manché que se comenzó por los años de 
1596 y se concluyó, en cuanto á fundar los pueblos, el año de 1606, como 
queda dicho, llegó á tanto aumento que tenian los PP. mas de 6000 almas 
reducidas á N. Sta. Fé Católica repartidas en los pueblos siguientes: S. Bar- 
tolomé Amia, Santiago Axpeten, Sto. Tomas de Aquino, Sta. Cruz Aputú, 
Na. Sa. del Rosario, S. Jacinto Yaxapeten, Sta. Catalina de Sena, S. Lucas 
Yaxjá y S. Francisco Xocmó, que eran por todos nueve pueblos á donde se 
ivan incorporando muchos indios que en todo aquel tiempo que hubo desde 
el año de 1606 hasta el presente se ivan reduciendo de diferentes rancherías, 
de modo que viendo ya aquello tan aumentado lo erigieron en Vicaria con 
el titulo de S. Miguel como queda dicho arriba, con vos y voto en los capítu- 
los provinciales. Administró aquellos pueblos, ademas de los que se han di- 
cho arriba, el P. Fr. Gabriel de Salazar hombre docto y de vida inculpable 
que fué cantor muchos años en el Convento de Guatemala y por su nobleza 
y buenos portes lo hizo calificador el Sto. Tribunal de la Inquisición y des- 
pués se aplicó con todas veras á aquestas reducciones y supo la lengua de 
aquellos Choles con eminencia; y el año de 1618 le aplicaron para su com- 
pañero y para que aprendiese aquella lengua al P. Fr. Francisco Moran que 
acababa de llegar de España en la barcada que vino aquel año y con la 
buena doctrina, virtud y religión del P. Fr. Gabriel de Salazar salió un exe- 
lente dicipulo porque halló aquel su fervor tan bien dispuesto que pudo im- 
primir en él otra imagen de su santo celo de la salvación de las almas. No 
fueron solo aquestos dos Religiosos los que en aquellos años trabajaban, sino 
también N. M. R. P. Fr. Alonso Guirao siendo provincial, entrando no solo 
á visitar á sus hermanos sino también a llevar el pondus de la batalla : el 
P. Fr. Pedro Ruiz Vicario que fué del Manché; Fr. Juan de Rueda: Fr. 
Juan de Ochoa; y Fr. Jacinto de S. Isidro. Eran menester muchos operarios 
porque ademas de ser nueve los pueblos que habia que administrar y que 
como plantas nuevas necesitaban continuo riego para que no se marchitasen, 
andaban continuamente los lebreles de Domingo monteando aquellas espe- 
suras, sacando de rastros á los que se alejaban de su bien, ya hallaban una 
ranchería, ya dos o mas y las ivan agasajando y atrayendo para el aprisco, 
con lo cual los pueblos ivan cada dia en mas crecimiento. De aqueste modo 
ivan caminando por lo dilatado de aquellas incultas breñas ¿que no pade- 
cieron de trabajos ya por caminos que abrían á fuerza de sus brazos, por 

209 



lagunas, ciénegas y rios? ¿que de hambres y cansancios? ¿que de desnudeces 
y desabrigos andando á pie secándoseles la poca y mala ropa en el cuerpo 
por estar casi todo el año alli lloviendo? No hay lengua que lo pueda esplicar, 
y solo aquel señor que todo lo apuntaba en su libro de cuenta y razón para 
retribuirlo, lo puede llegar á alcanzar; y aunque todo aquesto era mucho, 
todavia era mayor el trabajo cuando hallando una rancheria trataban de re- 
ducir á sus habitantes, esto es si no se huian, perdiéndose asi todo el trabajo. 
Este era el mayor y solo podrá comprender algo de lo que seria quien co- 
nozca á aquestas gentes tan agenas de toda razón y tan inclinadas á vivir 
en los montes entre las fieras, que muchas veces era mas fácil reducir á 
estas que á aquellos ; pero la caridad ardiente con que estos santos varones 
los buscaban para retribuirlos á su Dueño y Señor y sacarlos del que los 
tenia tiranizados, todo lo vencia y todo lo toleraba, á que se seguia después 
el haberlos de alimentar y bestir los Religiosos hasta que ellos ivan tomando 
forma de gentes en los pueblos. Lo que en esto gastó aquesta Santa provin- 
cia, no es contable; por que S. M. solo pagaba el Sínodo de los Religiosos con 
el cual, ni para la mitad de lo que necesitaban para sus personas alcanzaba 
porque todo se llevaba por mas de 150 leguas de acarreo y todo lo que era 
necesario lo suplía la Provincia y los Religiosos particulares que con sus li- 
mosnas ayudaban aquestas reducciones. Con aquestos afanes y trabajos fue- 
ron penetrando hasta el Mopan, que es rama de los de Ahitza y también has- 
ta los mesmos Ahitzáes que se llamaban Axica; y hallándose yá, al parecer, 
quietos y sosegados y pareciendole al P. Fr. Francisco Moran de que ya era 
tiempo de que S. M. se posesionase de aquellos pueblos para quien los ha- 
bían juntado á costa de tantos gastos y trabajos los Religiosos, por los años 
de 1628 llamó al Alcalde Mayor de la Verapaz, que á la sason lo era Juan 
Santiago de Velasco, para que en nombre de S. M. tomase posesión de aque- 
llos pueblos como lo hizo tomando la primera que fué de S. Franco. Xocmó 
en 3 de Diciembre de dicho año y de los demás, los dias siguientes. 

Mucho sentían los indios del Ahitza y Mopan que se acercasen tanto 
los Religiosos á sus tierras y como gente feroz y mas atrevida que los Choles, 
á quienes estos tienen mucho miedo, no dejaban de inquietarles y asi se 
huian algunos de los pueblos. Sentíalo mucho el P. Fr. Francisco de Moran 
que era el que se hallaba entonces allí por haber enfermado el P. Fr. Ga- 
briel de Zalazar, y con deseo de recuperar sus ovejas y de ganar algo mas, 
salió á las montañas y habiendo reducido á muchos y ganado á otros, se 
venia como otro Abraham triunfante del enemigo, quien no pudiéndolo su- 
frir conmovió á mas de mil indios quienes acometiendo á deshora de la no- 
che sobre todos, mataron algunos y se llevaron la presa. Esto succedió el 
año anterior, de 1632 aun habiendo escolta de soldados, porque viendo la 
inquietud que causaban los indios de Axica fronteros ya de aquestos pue- 
blos reducidos envió el Presidente, que entonces lo era Don Diego de Acu- 
ña, como veinte hombres pagados y por cabo de ellos á Don Martin Alfonso 
de la Tobilla alcalde Mayor que había sido de la Verapaz ; pero en aquesta 
refriega referida murieron dos españoles y otros de los indios amigos, con 
cuya victoria ensoberbecidos lo sindios gentiles trataron de juntarse mas 
de tres mil y dar de improviso sobre el pueblo donde estaba la guarnición 

210 



y matar los soldados y al P. Fr. Francisco Moran autor de aquellas redu- 
ciones. Como lo pensaron asi lo pusieron en egecucion y por la cuaresma 
de aqueste año de 1633 al amanecer acometieron el pueblo. Los españoles 
que habia, á quienes tomaron descuidados, se huyeron al monte sin armas 
porque todas las dejaron, al P. Fr. Francisco avisó una india vieja y se salió 
con dos indizuelos y discurriendo que lo habian de buscar por el camino 
que va á Cahabon se salió y subió en el monte á un árbol muy copado en don- 
de estubo todo aquel dia y aunque lo buscaron los indios para matarlo y estu- 
bieron debajo del árbol, quiso Dios que no lo viesen, ocultando á su siervo 
como á David en la cueva, porque le guardaba para cosas grandes. Con esto 
los indios apoderados de todo quemaron el pueblo y se llevaron cuanto habia 
en la Yglesia y casa de los padres y todo lo profanaron, llevándose también 
á los indios los que se auyentaron y volvieron á sus apostasias. 

Sintieron aqueste desmán los Religiosos como se deja entender, vien- 
do perdidas aquellas almas en la reincidencia de sus apostasias, malogrados 

¡ los inmensos trabajos con que los habian reducido al gremio de la Yglesia 
é hicieron varias entradas en las montañas por distintas partes así aquel 
mismo año de 1633 como los siguientes de 34 y 35 sin que pudiesen hallar 

: rastro del parage ó parages donde se habian retirado aquellos indios, como 
si se los hubiera tragado la tierra. No es esto mucho para quien conoce la 
aspereza de aquellas montañas y los ardides que les enseña el demonio 
para esconderse entre aquellas breñas especísimas, montes y barrancas y 

i mas en una provincia de tierras tan dilatadas como las del Chol. 

Viendo los PP. y en especial el P. Fr. Gabriel de Salazar que se ha- 
bian pasado tres años sin conseguir que se volviesen á congregar los indios, 
ni aun sin saber ciertamente donde estaban, después de tantas diligencias, 
presento un memorial á la Real Audiencia que será bien ponerlo á la letra 
porque en él hay cosas muy notables y que pueden servir en los tiempos 
venideros; aunque será preciso anotarlo y esplicarlo en algunas partes para 
que no se padesca equivocación en lo que dice el P. Fr. Gabriel, y aunque 
aqueste memorial se presentó el año de 1636, es preciso ponerlo en aqueste 
lugar para que no se corte el hilo de este levantaminto y sublevación de los 
indios Choles. 



CAPITULO LXIX 

Donde se pone á la letra el memorial que presentó el P. Fr. Gabriel de Salazar 
á la Real Audiencia sobre la reducción de los indios choles 

Muy Poderoso Señor — Fr. Gabriel de Salazar del Orden de Predica- 
dores, Capellán de V. A. Prior actual del Convento de mi padre Sto. Domin- 
go de Coban en la Verapaz, en nombre de dicho Convento y de toda la pro- 
vincia de S. Vicente de Guatemala y Chiapa, presenta este memorial á F s A. 

211 



Mas ha de 50 años que los Religiosos de este Convento de Coban des- 
cubrieron los indios infieles que detras de esta provincia de la Verapaz es- 
tan, y con excesivos trabajos los redugeron á la fé y bautizaron una parte de 
ellos que se llaman del Manché, otra los de Yol y Xocomo, cuyas tierras por 
una parte lindan con el Golfo dulce y costa de Bacalar y por la otra confinan 
con Campeche, Champoton y rios que desaguan en la laguna de términos, Cos- 
ta de Yucatán. — Fueron estos indios ya convertidos, inconstantes en la fé y 
fáciles de volverse á su idolatría y asi apostataron y se huyeron todos y nos 
dieron grandísimo trabajo en buscarlos muchas veces; y no solo esto, sino 
que si algunos se quedaban con los Religiosos cuidando de ser cristianos, 
venían á matarlos, quemaban los pueblos, robaban las Yglesias y última- 
mente robaron el Convento de S. Miguel Manché, y se llevaron tres cam- 
panas, Cruz de plata, Custodia, cinco cálices, jarros y vinageras de plata. 
Hicieron pedasos los ornamentos quemaron la Yglesia, Convento y en él 
los libros, bienes y alhajas de los Religiosos, que solo un cáliz escapó y un 
recado para decir Misa que estaba en otro pueblo, y en fin este año los que 
habían quedado se han huido también y escondido, que no han quedado 
seis personas ó ya por miedo de las (amenazas de sus compañeros ó por su 
mal natural. Hemos hecho muchas diligencias y entradas y nos hemos can- 
sado en valde porque no parecen en todos sus sitios antiguos del Manché 
y hanme dado noticia que los mas de ellos están retirados á unas tierras 
que corresponden á esta banda de Coban que mira jal Norte cerca de los si- 
tios y tierras que llaman de los indios de S. Marcos á donde sus parientes 
antiguos martirizaron al P. Fr. Domingo de Vico Prior de Coban, insigne 
Mártir y santísimo varón que tubo revelación y certeza del día en que le 
iban á martirizar. Azaltearonle á la puerta de la Yglesia una mañana al 
reír del dia y juntamente con él á dos niños de nueve á diez años, indios 
de Coban, que habían ido con el mártir para ayudarle á misa. A estos dos 
niños sacaron los corazones y los sacrificaron allí luego y al santo le corta- 
ron la cabeza y se la llevaron, cuyo cuerpo y santas reliquias \estan ente- 
rradas en este Convento de Coban. Llevaba este santo varón un compañe- 
ro sacerdote llamado Fr. Andrés de Sta. María que se venia asía Coban y 
lo alcanzaron cuatro ó cinco leguas mas acá y en el camino lo 'mataron tam- 
bién abriéndole la cabeza con golpes de hachas y macanas. Fuera de estos 
santos varones han muerto otros dos en esta demanda, el uno fué el padre 
Fr. Juan Esguerra que de picadura de una ¡culebra, estando en sus pueblos, 
cobró grandes enfermedades de que vino á morir de ella, el otro fué su 
compañero el P. Fr. Gonzalo Ximeno \á quien dicen por cierto dieron bebe- 
dizo los indios y trayendole muy malo del Manché murió con todos los Sa- 
cramentos debajo de un árbol en el camino ¡diciendo al espirar unos versos 
latinos muy elegantes que el había compuesto á la Virgen Sma. Madre de 
Dios, de quien fué muy devoto. A estos apostólicos varones succedió el P. 
Fr. Alejo de Montes que trabajó con grande ánimo y espíritu: murió san- 
tamente en su ministerio. Luego ¡entré yo, habrá ¡cabales diez y nueve años, 
y de allí á cuatro años de mi entrada, por ser los pueblos ocho, me dieron 
por compañero al P. Fr. Francisco Moran á quien yo enseñé la lengua y la 
supo muy bien. Llegamos á tener seis mil almas bautizadas y noticia de 

212 



otras muchas poblaciones y muy grandes que hay adelante de estas tierras 
por lo cual pedimos mas ayudantes y los M. Rs. Priores Provinciales nos 
dieron por compañeros á los PP. Fr. Juan de Rueda, Fr. Juan de Ochoa, Fr. 
Jacinto de S. Ildefonso y al R. P. Fr. Pedro Ruiz que murió en el pueblo de 
Yaxhá del Manché siendo Vicario, y todos saben la lengua materna. Lo 
malo que agora hay es que todos los indios se han huido y desbaratado. 

La entrada para este santo ministerio vá por los últimos pueblos cris- 
tianos de Sta. Maria Cahabon y S. Agustín Lanquin, que estos indios tra- 
bajaron muy bien en acompañar á los Ministros riel Sto. Evangelio. Agora 
es necesario se haga por este pueblo de Coban. Yo pedí al Alcalde Mayor 
Don Juan Ponce de León me diese indios y avíos para esta entrada como 
se daban por el de Cajbon sin haber en ello diferencia, pues tenemos cédu- 
las de S. M. en el archivo de este Convento en que manda no se nos niegue 
el tal avio y socorro y cartas en que nos encarga siempre cuidemos de estas 
entradas y conversión de estos indios de la Verapaz; mas como no están 
acostumbrados en este pueblo de Coban á esto, se me respondió que lo co- 
municase con Ve. A. en su 'Real acuerdo y que si se le mandaba dar, acu- 
diría con mucho gusto pues vía que era servicio de Dios y de S. M. 

Las razones que me han movido ¡á hacer esta entrada bien se deja 
entender que la primera es reducir á estas almas perdidas y cumplir con 
mis obligaciones pues soy Prior de este Convento y ser yo el que bapticé 
tantos de los que digo se han huido, que como me conocen será fácil el 
atraerlos otra vez á la fé y servicio de Dios. 

La segunda razón es que me mueve un gran servicio que á S. M. en 
esto se le puede hacer, porque por la parte que yo he de ir a buscar á estos 
indios es muy fácil el pasar adelante y bajar por el camino y rios que yo 
sé y llegar á desembarcar á la laguna de Términos y tierras de Yucatán. Este 
camino se ha intentado abrir dos veces, la primera vez fui yo en compañía 
de un hermano lego llamado Fr. Juan Pardo y cuatro esclavos del Conven- 
to de Guatemala los cuales me dio el M. R. PP. y M. Fr. Alonso Guirao que 
me hicieran compañía por si acaso los indios como pusilamines se me vol- 
vían del camino, no me quedase solo en el monte. Hicieronme entonces los 
indios de Coban una pesada burla que fué el año de 1626 estando yo ya en 
medio del camino hechas canoas y aviados para nuestra embarcación, yo 
esperaba me llevasen de Coban biscocho, tasajo, frijoles y otras cosas de 
matalotage, y los indios temerosos de que seria cierto abrirse el camino, 
por no trabajar después en él, hicieron una junta y dijeron: No llevemos 
esta provisión y comida y con eso no pasará el P. adelante que el hambre 
le hará volver, y asi lo hicieron, que después de haber esperado muchos dias 
nos avisó un Religioso que no nos querían llevar la provisión y que nos 
volviésemos y asi lo hubimos de hacer con harto dolor. Dios se lo haya 
perdonado á quien tal consejo les dio. Aqueste punto Señor es el motivo 
mas principal por qué pido el amparo de V. A. porque una vez puesto en 
camino y peligroso no me hagan otra burla semejante. 

213 



En la 2* vez que se intentó abrir este camino después de la noticia 
que á S. M. di de él, publicándose el viage, quisieron ser tantos servidores 
interesados en el negoció que con el achaque de que ellos irían guardando 
á los Religiosos no les succediese alguna desgracia con los indios de gue- 
rra (como si nosotros no supiésemos entrar y salir cada dia solos, á Dios 
gracias, que nos ha guardado tantos años y confio en su Divina Magd. me 
guardará en esta entrada también) pidieron que fuese una escuadra de sol- 
dados. Concedióseles hasta treinta, y en estos treinta hubo nombramiento 
de Teniente General, Maese de Campo, Sargento Mayor y menores capita- 
nes, alferes, cabos de escuadra, que apenas llegaron donde yo llegué la yez 
primera. Hicieron alto, comiéronse las gallinas que llevaban, gasiaronle á 
S. M. su real haber y se volvieron sin razón para volverse, ni ocasión de 
enemigos ni otro riesgo, sin solo temer tomar un poco fie trabajo ó padecer 
alguna hambre; y como el Religioso que iva delante de ellos guiandolos 
esplorase la tierra diez leguas mas allá y les digese que pasasen adelante, 
que ivan bien y tenia ya el } rio grande donde se habían de embarcar, y que 
si no querían pasar adelante le diesen una petaca de biscocho no mas, que 
él y cuatro soldados que á ello se ofrecían, querían pasar adelante, no quiso 
concederlo el Teniente general, antes puso pena de traidor al Rey. Todos 
se volvieron y dicen que lo hizo por que ya que él no iva, no quería que otro 
fuese adelante porque no se hiciese tan notoria su cobardía y asi se quedó 
este segundo descubrimiento. 

La tercera razón es por los grandes provechos que de abrirse este ca- 
mino redundarán: Primeramente hago notorio á V. A. como han pedido mu- 
chas veces el Cabildo, nobles y plebeyos de la Ciudad de Mérida cabeza de 
Yucatán, que S. M. mande á los Gobernadores de Yucatán abran este cami- 
no por tierra á la provincia de Guatemala y han venido Cédulas muy apre- 
tadas y se han hecho promesas en nombre del Rey nuestro Señor al que le 
abriese ó diese noticia del tal camino, y aunque algunos particulares lo han 
intentado no han podido salir con ello. Sospechase que es la causa que los 
gobernadores no pongan calor en ello ni ayudan, porque saben que la ra- 
zón porqué S. M. gusta de abrir camino es para \que luego que le haya y 
sea andable por tierra, pues es notoria su cercanía, mande que el gobierno 
de Yucatán pertenezca y esté sugeto á esta Real Chancilleria de Guatemala 
y no á la de Mégico porque no pueden los Yucatecos pobres acudir con sus 
quejas, negocios y apelaciones á Mégico por haber como hay larga embar- 
cación y peligrosa y grandes costas del largo camino y esta es la razón 
porque se está asi. Negocio es este, Señor, que por sola esta razón debe 
V. A. acudirme y animarme con su amparo para esta empresa, pues esta 
Real Chancilleria es en esto tan interesada y el remedio y consuelo de los 
pobres tan notorio que no padecerá su justicia pudiendo recurrir fácilmen- 
te á esta Ciudad de Guatemala. 

Sigúese mas otro bien muy grande á estas tierras pobres de la Vera- 
paz y Sacapulas que no tienen salidas á ninguna parte sino que estamos 
en ellas enjaulados, y que por el camino que se entra por el mesmo se ha de 
salir; y habiendo comunicación con Yucatán, asi el pliego Real que tantas 
veces se ha perdido, como qualquier nueva de enemigos y avisos, vendrán 

214 



con seguridad y en breve tiempo: las mercaderías y trato enriquecerá esta 
tierra; y estos hermanos se entretendrán en algo que son muy haraganes 
y no saben buscar la vida, ni aun hacer milpas; y á este bien se sigue otro 
interés, que las tierras que están entre esta de Verapaz y Yucatán sobre 
Campeche, son tierras de cacao y Achiote al modo de las de Tabasco que es 
una misma cordillera y se están baldías porque con el miedo de los alcaldes 
indios no se atreven estos á irlas á culticar y sembrar; y asegurado el ca- t 
mino serán de grandísimo provecho y tan buenas y mejores son huertas de 
cacao y achiote que minas de oro y plata, pues estas consumen á los indios 
y las otras los sustentan. 

Otra cosa es digna de advertir y no es de menos importancia. Sien- 
do alcalde Mayor en esta provincia Juan Santiago de Velasco, legua y me- 
dia no mas de aquestas poblazones de Coban y S. Pedro Carcha nos cogie- 
ron los indios Lacandones de que voy hablando, en unas milpas trece perso- 
nas y entre ellas dos niños de teta á quienes luego allí sacaron los corazones 
y sacrificaron como tienen de costumbre y se fueron sin que nadie les si- 
guiese ni se hiciese demostración alguna de nuestra parte. A esta burla 
estamos sugetos á que todas las veces que quisieren la hagan y que muy 
pocos de los infieles bastarán para espantar todos estos pueblos y nos pue- 
den robar las Yglesias y cautivar mucha gente, en particular mugeres y 
niños y asi estamos en notable peligro; pero como este viage se haga y este 
camino se descubra se irá sabiendo de todos los que hay escondidos a una\ 
y otra parte del camino y fácilmente se reducíeran, que si no se dieren por 
bien después verá V. A. lo que convendrá y se les pondrá freno de mas cer- 
ca con armas o castigo que bien merecido lo tienen, y los que se cogieren 
serán puestos de jornada en jornada en poblazones en el camino Real para 
aviso de los pasageros y correos. 

Sigúese mas otro provecho: que las fragatas y barcos de la Veracruz, 
Habana, Campeche, Cartagena y otros puntos de la mesma manera que en- 
tran por el rio de Tabasco, entran por estos ríos que desaguan en la Lagu- 
na de términos y con mucha mas comodidad por haber mas fondo y en la 
boca haber tres palmas mas ó \cuatro de agua de los que hay en la boca de 
Tabasco á dicho de todos los pilotos y ser estos rios muy caudalosos y son- 
dables y de ninguna corriente ni raudal; y me obligo á que á los cinco dias 
de camino de Coban pondré las fragatas y no solo este camino de Coban, 
sino que ofrezco á su Magd. por otro rio que yo sé, abrir camino que vaya 
á dar á los Zendales y tierras de Ococingo y Comitan, que también tengo 
noticia de estos parages y se harán en estos dos parages puertos donde 
desembarquen las mercaderías de que se sigue haber almo j ar i f argos y Rea- 
les derechos é interés para el haber Real. También doy noticia á V. A. de¡ 
unas salinas que á cinco dias de camino de Coban hay, muy buenas, á 
orillas del rio por donde yo voy, que se hacen de riachuelos salobres en un 
sitio llano que los indios llaman Nueve cerrillos qué será cosa de grande 
utilidad por estar en disposición de poderse labrar con grande comodidad 
y se podran arrendar para el haber Real. Yo confio en Dios y en su bondad 
infinita, se han de poblar de españoles aquellas tierras y alargarse muchas 
leguas esta jurisdicción, porque de poco acá he sabido de cierto que al mes- 

215 



mo rio por donde yo voy sale una boca de un estero por donde se vá á la 
isla del gran pueblo del Ahitza que son los indios que en años pasados ha- 
biéndolos ya sugetado el Capitán Mirones por la parte de Yucatán, como el 
y sus soldados se descuidasen y no velasen ni tubiesen el cuerpo de guar- 
dia teniendo por acabada la conquista, estando durmiendo todos una noche 
viendo los indios su descuido y seguridad les quitaron los arcabuces, es- 
padas, lanzas y otras armas sin que lo sintiesen y luego rodearon la casa y 
dieron en ellos con armas y alaridos y como los españoles no hallasen con 
qué defenderse, fueron muertos todos y los religiosos de mi gran Padre S. 
Francisco con ellos. También en esto hay otro interés, que sabiendo el ca- 
mino para esta isla se podran agregar estos tributarios al Real haber, que 
son muchos y de grandes poblazones, como los mesmos españoles que han\ 
estado allá lo cuentan. En esta isla está la cabeza de nuestro mártir Fr. Do- 
mingo de Vico y espero en Dios que pues con sangre de sus mártires quiso 
establecer y fundar esta Yglesia, nos han de ayudar en esta empresa. 

Después de dar noticia á V. A. de lo dicho, pido se me concedan las 
cosas siguientes. La primera que nos deje á los Religiosos solos hacer esta 
entrada sin secular alguno, salvo mis criados que llevaré, que parece permi- 
sión de Dios que en habiendo soldados todo succede mal como la esperiencia 
lo ha enseñado en estos últimos años. Con la paz en la boca nos manda 
Cristo N. Bien, vamos á predicar su evangelio y así es justo se haga, que si 
después de entrados nosotros no se hiciere hacienda podra V. A. ordenar- 
lo que mas convenga, y yo daré aviso de todo, que desde enmedio del ca- 
mino despacharé el \un aviso y desde la boca del rio y laguna, si Dios me 
dejare llegar allá, el otro. 

Lo segundo que se nos dé un mandamiento en conformidad de las 
Reales Cédulas que tenemos, mandando á las Justicias se nos den indios 
para ayuda de hacer dos canoas y llevar el matalotage, solos dos dias de ca- 
mino de Coban, de tierra segura y en donde hoy en dia tienen estos indios 
cristianos, milpas y cacaotales y van cada dia; que desde alli los volveré sin 
detenerlos ni quince dias, que de todo lo demás del camino yo sé que es. 
por agua. 

Lo tercero que ya aquesta Real audiencia me ha concedido otra vez 
se les prometa á los indios de S. Marcos, que son 35 vecinos, que si ayudan 
á esta entrada como me ayudaron la otra vez con bogadores y guias, pues 
saben estas tierras muy bien, se les restituirán sus tierras perdidas y se les 
dará su sitio antiguo para poblar en él como antes en sus cacaotales. Estos 
indios Sr.: son muy necesarios en aquellas tierras y ayudan mucho á los 
Ministros del Sto. Evangelio, y desean se efectúe este viage por este in- 
terés dicho. 

Lo cuarto, que la doctrina que se nos dá á este Convento por la 
entrada del Manché, en cada un año, por la entrada del Manché de caja 
Real, pues es la misma empresa, se nos dé siempre pues no cesamos de 
nuestro egercicio. 

216 



Lo quinto que pido es: que en premio de este descubrimiento en nom- 
bre de S. M. se nos prometa á este Convento de Coban, atento á que el 
mismo Convento, como consta de una carta conventual firmada de todos 
los Religiosos de él escrita al Capitulo que se celebra en Sacapulas este 
año á 4 del mes que viene, prometa hacerme la costa y aviarme sin que 
S. M. ponga de su Real Haber cosa ninguna, que de la misma ma- 
nera que los primeros descubridores del camino del Golfo dulce se les 
dio en las mercaderías y bodegaje renta del pasage, de la misma manera en 
el que yo abriré se nos dará en la parte que yo fundare en este camino 
donde las fragatas descarguen, y esto sea en cualquiera parte que se pon- 
ga el parage aunque se mude ó mejore sitio después; y que en ningún tiem- 
po se nos pueda enagenar y juntamente con esta merced de tres ó cuatro 
leguas de buena tierra para fundar una estancia de ganado para la Comu- 
nidad de mi Convento y sustento de los Religiosos que en esta administra- 
ción se ocupan. Suplico á V. A. acuda á obra tan santa, servicio de Dios 
N. Sr. y remedio de aquellas almas, y que juntamente S. M. será servido en 
esto y acabemos de sacar á luz aquestas gentes escondidas en estos montes 
como salteadores de cristianos que casi todos tos años hacen daño en las 
tierras convecinas. — Dios N. S. guarde á V. A. — Fecha en Coban en 20 dias 
del mes de Diciembre de 1636 años. — Humilde Capellán de V. A. — Fr. Ga- 
briel de Solazar. 



CAPITULO LXX 

Donde se ponen algunas advertencias tocantes á este memorial 

En la primera clausula dice : Mas ha de cincuenta años que los Re- 
ligiosos de este Convento de Coban descubrieron los indios infieles que es- 
tán detras de esta provincia de la Verapaz y con exesivos trabajos los redu- 
geron &. Nota que no habla de la reducción de los Choles que se hizo desde» 
el año de 1596 hasta el de 1606 sino de las reducciones y descubrimientos 
antecedentes de los indios infieles confinantes con la Verapaz ; pues por lo 
que toca á la provincia del Lacandon habia mas de ochenta años cuando 
escribió este memorial el año de 636, que les habia descubierto el V. P. Fr. 
Domingo de Vico y los otros Padres por los años de 1553; y por lo que toca 
á los Choles por aquella parte de Ca jabón se habian descubierto y tratado 
de su reducción á lo menos desde el tiempo del Sr. D. Fr. Tomas de Cár- 
denas y del P. Fr. Lucas Gallego por los años de 1574 y asi es verdad que 
habia mas de 50 años que se trataba de aquella reducción, y que en partes 
estaban reducidos. 

Nótase también que aqui habla de todas las naciones que median 
entre Guatemala y el reyno de Campeche como si fuera una sola nación 
Chol siendo asi que son tres y muy distintas, la Chol, la del Ahitza y Lacan- 

217 



don, donde se conoce que en tiempo de este padre no se tenia tan espresa 
noticia de lo que contienen estas montañas que median entre Guatemala 
y Yucatán. 

Nota lo tercero, que dice de los indios choles convertidos, que fue- 
ron fáciles é inconstantes en la fé y les dieron mucho trabajo en buscarlos 
muchas veces; de donde se colige que no solo el año dicho de 1633 sino tam- 
bién en los años antecedentes cada dia se huian dando grandisimo trabajo en 
volver á buscarlos. Estas tierras de Coban que miran al norte no pertene- 
cen al Chol sino á la provincia del Lacandon donde no se habian de retirar 
los indios Choles y asi la noticia no fué cierta y nacia de no distinguir á los 
Choles de los Lacandones ; y esto es menester advertirlo con cuidado para 
lo que hemos de decir después á su tiempo de la entrada de D. Diego Or- 
doñez de Villaquirán por el pueblo de Ococingo. 

Notase lo 4 9 que dice que le cortaron la cabeza al santo Vico; lo 
contrario dice Remesal y ciertamente que la cabeza de este bendito padre 
estubo en Coban y agora está en Guatemala. Al P. Fr. Andrés dice que lo 
mataron abriéndole la cabeza con golpes de hachas y de macanas. El pre- 
sentado Remesal dice que murió hecho un erizo de flechas; y todo fué asi 
porque habiéndole azaeteado y no muriendo con las flechas, le acabaron 
con golpes de hachas y palos en la cabeza. 

Lo 5 9 se advierte que desde el principio de estas reducciones los in- 
dios de Cajabon han sido los fidelísimos compañeros, coadjutores de los 
Padres y todo su consuelo y alivio en aquellas montañas y desamparos, 
donde estoy cierto que ningún padre de cuantos han entrado hubiera salido 
con vida sino fuera por la ayuda de los indios de Cajabon que con indecible 
caridad los asisten. 

La 6* nota es este viage que emprendía el Padre Fr. Gabriel por el 
pueblo de Coban y navegando por el rio aunque pudiese ser que fuese útil 
para otros fines como para descubrir los indios que están por aquella mon- 
taña y mas pasado el Itza á quien coge cerca para los indios que están mas 
abajo en derechura del pueblo de Tila y Tunbalá, que es lo mas fácil des- 
cubrirlos navegando este rio que es el de Sacapulas y después se llama de 
S. Pedro al salir á la laguna de términos. Mas para los fines que intenta- 
ba, de buscar á los choles y de hallar por allí camino para Campeche con 
comunicación de esta provincia y aquella, desembarque de navios y conduc- 
ción de ropa y del haber Real, para todo esto es totalmente inútil como lo 
ha mostrado la esperiencia. Advierto esto por que no succeda con este 
papel lo que con algunas minas viejas, que los aficionados dicen aqui hubo 
mina, y caban de nuevo sin advertir que el que primero la cabo, no la dejó 
por buena. Este camino se ha intentado muchas veces y nunca se ha con- 
seguido. 

Nota lo 7 9 que la comunicación de aqueste reyno con el de Yuca- 
tan sera muy útil pero nunca podra ser por camino á Coban y si lo fuere 
será muy fragoso y doblado, que el camino que se dice abrió ó picó D. Pe- 
dro Zubiaur (ViUagutierre Lib. 9 cap. 5 Q ) por donde salió á S. Agustin y 
que solo tenia desde aquel pueblo á la laguna 35 leguas, fue mucha falcedad. 
Lo uno porque si saliera á S. Agustin como dice, es casi lo mismo que sa- 

218 



lir á Cajabon y si hubiera salido á Coban ó á S. Pedro fueran mas de 50 le- 
guas y de caminos muy agrios por las muchas serranias que hay por alli; y si 
nó ¿como el mismo Piloto que picó aqueste camino no pudo nunca dar con él 
en tanto tiempo como lo andubo buscando? Lo cierto es que en este hecho 
faltaron á la verdad el Capitán y el Piloto y después echaron la culpa al 
Alcalde Mayor D. Diego Pacheco que si en otras cosas fué culpable, en 
esta lo fueron ellos. El camino que se puede abrir de Coban ó S. Pedro 
para la laguna del Itza será mas derecho, no hay duda porque no decae 
como Cajabon para la parte del Oriente como aqueste pueblo carga para 
aquella parte sino para la del norte y es adonde está casi la laguna del 
Ahitza respecto de Coban y S. Pedro. 

Lo 8 9 nota : los indios lacandones cogieron trece personas &. Esta es 
la primera hostilidad por esta parte de que se tiene noticia hicieron los 
Lacandones después de la guerra que les dio el Cacique D. Juan de Cha- 
melco en el año de 1559. 

Notase lo 9 9 que la noticia que trae de que el Capitán Francisco Mi- 
rones habia conquistado los Hitzaes y que se rebelaron y los mataron, se 
la dieron falsa. Aqueste caso lo refiere Villagutierra (lib. 2 caps. 9 y 10) 
y el P. Fr. Juan López Cogolludo (Lib. 10 cap. 3) que estas muertes succe- 
dieron en el pueblo de Zaclum en la montaña de la Pimienta, el cual habia 
juntado el P. Fr. Diego Delgado de indios apóstatas y luego entró la codi- 
cia de aqueste Francisco Mirones y ajustado con el Gobernador de Yuca- 
tan en las ganancias que habian de tener en esto, levantó gente con pretexto 
de la reducción de los itzaes y se puso en este pueblo de Zaclum donde 
molestó á los recien convertidos con varios tratos de modo que temiendo 
el P. Fr. Diego Delgado el succeso que después se verificó se pasó á los 
itzaes y viniendo á asistir á aquel pueblo el P. Fr. Juan Enriquez y no pu- 
diendo ya tolerar los indios la tirania de los Españoles, dia de la Purifica- 
ción del año de 1624 estando todos en la Yglesia en misa y sin armas los 
acometieron los indios y al Capitán Francisco Mirones lo ataron á un palo 
en la Yglesia y lo mismo al Religioso que estaba diciendo misa y con la daga 
del Capitán les abrió los pechos un indio Sacerdote de los Ídolos llamado 
Ahquinpol y les arrancó los corazones y á todos los españoles los mataron, 
que este es el paradero de aquestas conquistas que se hacen por utilidad 
y logro y no por Dios ; y esta tirania mesma de estos tratos y comercios ha 
sido causa de mucha perdida de almas y lo fué también de la rebelión de 
los indios Choles que se dirá después en tiempo que gobernaba la Vera- 
paz Olivera. También tubo alguna parte en esta de que tratamos aqueste 
año de 1633 como lo dice claramente el P. Fr. Gabriel en aqueste memorial, 
que entrando soldados, no se logra cosa de provecho. 

Lo décimo nota : que dice que el Convento de Coban se obliga á ha- 
cer todos los gastos de aquesta entrada. Lo mismo habia hecho no solo 
el Convento de Coban sino la provincia en todas las entradas que se ha- 
bian hecho y en la manutención de los Religiosos en las montañas y lo mis- 
mo se ha hecho hasta agora, en que la Provincia tiene gastada gran suma 
de dinero, que en esto gastan los Religiosos lo que les sobra y aun lo que 
no les sobra, no en hacer depósitos crecidos como se ha calumniado en estos 

219 



dias á las Religiones en el pleito que hoy pende y nos ha puesto la clerecia 
de los Curatos; y no en sillas bordadas, jaeces y profanidades en lo que 
como vemos, gastan los Sres. Clérigos el patrimonio de Cristo, no el de S. 
Pedro, porque no lo tiene. 

Lo último nota : que dice que estos indios escondidos en las monta- 
ñas son salteadores que casi todos los años hacen daño en las tierras cir- 
eunvencias de los cristianos. Ya está notado arriba que aquella presa de 
trece personas que hicieron junto á Coban los Lacandones fué la primera 
hostilidad de que tenemos noticia y no sabemos que por este tiempo en que 
se escribió este memorial hiciesen otros daños, si bien todos los años por el 
tiempo de la cuaresma se decia que salian los indios Lacandones de sus 
tierras para hacer hostilidades en los pueblos de los cristianos quienes so- 
lian por el tiempo dicho huirse de sus pueblos diciendo que venian Lacan- 
dones, ó ya que fuese verdad ó ya fuese invención de los indios porque sien- 
do tan frecuentes estos alborotos muy pocas veces llegaron á verlos ni me- 
nos á hacer hostilidades sino fué en la dicha ocacion y en otras dos ó tres que 
se mencionaran á su tiempo. Con que lo que se dice en este memorial que 
los Lacandones casi todos los años hacian daño en los pueblos de los cris- 
tianos debe entenderse según la voz y fama común de los indios, no en la 
realidad y estas voces fueron tan comunes que aun en nuestros tiempos 
duraba aqueste engaño con tanto esfuerzo que nadie osaba decir lo con- 
trario. En el pueblo de Ococingo era cosa ya sabida que todos los años 
el Jueves Santo en la noche se alborotaban y se recogian á la Yglesia di- 
ciendo que venian Lacandones y que andaban ya dentro del pueblo, y aun- 
que los padres hicieron varias diligencias para coger algún Lacandon, nun- 
ca lo llegaron á ver ni hallaban rastro de posibilidad. En algunos pueblos 
succedió coger á unos indios que alborotaban á la gente como Lacandones 
y eran mozos del mismo pueblo que por hacer burla se ponian como Lacan- 
dones desnudos y ambijados. En otra ocacion le succedió al Padre Fr. Ra- 
món de Figueroa que vive aqueste año de 1720 siendo Ministro en la sierra 
de Sacapulas que hallándose solo en el pueblo de Cotzal se le alborotaron 
los indios dando voces que venian ya los Lacandones y sin mas funda- 
mento que la voz se salieron todos huyendo del pueblo y quedando el dicho 
Padre solo en su casa con un muchacho y por último todo fué voz sin fun- 
damento. Por esta causa tienen los indios del pueblo de Chajul que es el 
último de la sierra de Sacapulas y el mas espuesto á estas invasiones por ser 
mas cercano á los Lacandones, algunos arcabuces de los cuales se aprove- 
chaban cuando habia aquestas voces, tomándolos, cargándolos sin bala y 
disparando tres ó cuatro tiros al aire, y con esto se desvanecía la voz de 
Lacandones ora fuesen fingidos, ora verdaderos; pero ya el dia de hoy des- 
pués que se hizo la conquista por D. Jacinto de Barrios que se dirá después, 
ya ha cesado todo esto porque sacaron yá de aquellos parages los Lacan- 
dones que habia que solo fué un pueblo razonable y dos rancherias, no mas. 

No por esto niego que algunas veces salieron á hacer hostilidades, 
ya por una parte, ya por otra. En los autos de la entrada que Juan de Mo- 
rales Villavicencio hizo á los Lacandones por el pueblo de Comitlan por 
orden de la Real Audiencia el año de 1586 se halla que el dia 14 de Abril 

220 



de dicho año yendo en seguimiento de los Lacandones que se habian huido 
del peñol que estaba en la Laguna, hallaron á un niño de cinco años sacrifi- 
cado, el pecho abierto al travez, los pies quemados y el brazo izquierdo des- 
de la muñeca al codo descarnado y solo el hueso, y fué conocido por un in- 
dio llamado Pedro Pechechil el cual dijo que se llamaba Alonso y que era 
hija de Diego Baptista natural del pueblo de Aquespala y que era de los 
que se habian llevado los lacandones de una estancia que el año antes ha- 
bian destruido cerca de Coneta, que hasta alli salian á hacer hostilidades, 
y estos eran otros Lacandones de la laguna que entró el Ldo. Ramirez como 
arriba queda dicho. A quien aquestos autos se hace relación como el dia 
21 de Abril de aqueste año con ánimo de esplorar la tierra el dicho capitán 
Morales se embarcó en unas canoas y salió por el desaguadero de la la- 
guna al rio de que se ha hecho mención de Sacapulas, y alli le llama Ixlean, 
y dice que navegando rio abajo llegaron á una grande estrechura y raudal 
muy violento de modo que no pudieron pasar adelante por que sin duda 
peligrarían; y queriendo pasar por tierra, no pudieron ni por un lado ni 
por otro, por lo inaccesible de los peñascos. Este es un salto de los mu- 
chos que este rio hace, como otro que dicen tiene en la mediación de las 
tierras de Coban y Lacandon, que las peñas tanto se estrechan que hacen 
como puente y el rio vá profundísimo y muy violento. Esto escribo porque 
puede ser que aquesta noticia sirva en algún tiempo. 

En el año de 1664 llegaron los indios Lacandones á las milperias del 
pueblo de Chajul y en una hallaron á una india con una criatura de pecho : 
la india huyó y dejó la criatura, vino corriendo al pueblo y se pusieron los 
indios en arma, llegaron á la milpa que distaba cuatro leguas del pueblo, pero 
cuando llegaron ya los indios habian huido y hallaron que á la criatura la ha- 
bian sacrificado abriéndole el pecho y sacándole el corazón. En esta misma 
ocacion, buscando á los Lacandones, hallaron en el monte una flecha atra- 
vesada de parte á parte en un roble tan grueso que escasamente lo podria 
abarcar un hombre. Admiráronse los indios y por cosa maravillosa corta- 
ron el roble y llevaron el tronco al pueblo con la zaeta atravesada para que 
lo viesen los PP. que la vieron y admiraron el arte del demonio por cuya 
í mano pudieron solamente atravesar el roble con una caña débil. 

Mas airoso fué el caso que succedió por los años de 1678 poco mas 
ó menos. Llegaron unos veinte indios Lacandones á las milperias de los 
indios de Coban donde acaso estaban dos muchachos de catorce á diez y 

¡ seis años. Los Lacandones que venían á escondidas apresaron al un mu- 
chacho y el otro echó á correr y aunque lo siguieron no lo pudieron alcan- 

I zar y llegando al pueblo entró dando voces : Lacandones, Lacandones. Esto 
fué á tiempo que todo el pueblo estaba en misa, alborotóse la gente y echa- 
ron á huir; mas un indio llamado Pedro Cal, á quien dice el R. P. Fr. Agus- 
tín Cano que escribe esto, que conoció, sabiendo donde estaban los Lacan- 
dones cogió su machete y sin mas armas fué en seguimiento de los Lacan- 
dones con otros seis ó siete que le quisieron acompañar. Llegaron á las 
milpas, mas ya los Lacandones se habian ido, y reconocido el rastro por 
donde ivan, los fué siguiendo todo aquel dia y aquella noche hasta que otro 
dia por la mañana dio con ellos en un parage donde se habian quedado á 

221 



dormir y asi que los descubrió, sacando su machete se arrojó á ellos y sa- 
liendole al encuentro el Capitán le acometió con tan buen aire que de un 
machetazo lo trajo muerto á sus pies y haciendo cara á los demás él y los 
suyos mataron seis ó siete Lacandones y los demás echaron á huir. Halla- 
ron los de Coban atado á un palo al indizuelo que habian apresado y lo 
tenian con una vestidura á modo de dalmática hecha de cortezas de árbo- 
les y con varias pinturas. No le habian hecho los Lacandones otro mal 
sino haberlo atado y tenerlo asi toda la noche ; aunque el indizuelo decia 
que mas habia sentido un cariño que le habian hecho, de darle á comer un 
modo de tamal embutido en un chile tan ardiente, que aun estando acos- 
tumbrado al chile, no lo habia podido tolerar. Trajo el indio Pedro Cal al 
indizuelo al pueblo y la cabeza del indio Capitán que era monstruosa de 
grande y feisima, porque el indio era como un gigante y todos los indios 
volvieron muy cargados con los despojos de los Lacandones, con sus ar- 
cos, flechas y algunas mantas, y sobre todo, volvieron todos sanos y sin 
lesión alguna. Dijo después el indizuelo que el haberle puesto aquella 
vestidura como dalmática que entendia que era para sacrificarlo á sus ído- 
los. Refirió también otra cosa bien particular que aquella misma mañana 
poco antes que llegasen los indios de Coban á descubrir á los Lacandones, 
salió de la montaña un león herido por el vientre y con las tripas, arrastran- 
do y pasó por entre los Lacandones y se metió por la otra parte de la monta- 
ña y que el capitán de los Lacandones se afligió mucho de ver aquello y le 
preguntaba al león que quien lo habia herido, y de esta manera fué siguien- 
do un tanto al león hasta que se embreñó por aquellas montañas ; y que 
acabado de succeder esto apareció Pedro Cal con sus compañeros y hubo 
la batalla con los Lacandones, como esta dicho. Cosas son estas de bruje- 
rias, mas refiérese por particularidad y para que se vean las patrañas con 
que el demonio engaña á estos miserables. 

En otra ocacion se llevaron los indios Lacandones á otro indizuelo 
del pueblo de Chajul y lo tubieron muchos años consigo hasta que siendo 
ya ¿rande se volvió á su pueblo y con grandes trabajos se volvió á su casa 
y decia que habia caminado treinta dias y demarcó el camino de esta ma- 
nera : que vino caminando á orillas de un rio muy grande que es el de Sa- 
capulas y que dejo dos rios grandes que le entraban y que al tercero que 
encontró lo siguió y que de ese modo llegó á los pueblos de la Sierra. Este 
ya se ve que no vino en derechura sino haciendo grandes rodeos y así tardó 
tanto; que si hubiera caminado derecho lo mas que hubiera tardado fuera 
cuatro ú cinco dias que en esos hubiera andado cuarenta ó cincuenta le- 
guas que es lo mas de distará del último pueblo de la sierra de Sacapulas 
el sitio de Lacandon donde los halló Don Jacinto de Barrios. 

Volviendo al memorial que ante la Real Audiencia presentó el P. 
Fr. Gabriel de Salazar no se sabe lo que se determinó pero lo que se sabe 
es que por el año de 637 siguiente entró por aquellas montañas y no hallan- 
do rastro de los indios Choles que buscaba, volvió á entrar por el pueblo de 
Cajabon, de cuyos viages contrajo los achaques de que murió como se dirá 
adelante en su vida. 

222 



CAPITULO LXXI 

Junta en Sacapulas, muerte del P. Fr. Feliz de Mata y venida del Presidente 
Don Alvaro de Quiñonez Osorio. 

A los 16 de Enero de este año de 1634 tubo su junta el M. R. P. Fr. 
Jacinto de Cabanas en el Convento de Sacapulas y de ascenso y consenti- 
miento de los Padres que concurrieron, se hicieron algunas ordenaciones 
para el buen gobierno de la provincia y se admitió la Bula de la Santidad 
de Urbano VIII en que suspende todos los privilegios de los Prelados Re- 
gulares y otros ; pero después se concedieron otra vez ; y asignaron el futu- 
ro capitulo al Convento de Guatemala para el dia nueve de Enero de 1636; 
pero á causa de habérsele admitido la renuncia vino creado el M. R. P. 
Fr. Pedro de Montenegro, como se dirá en el año de 35 y no se tubo aquel 
capitulo el año de 36 como estaba echado. 

Este año perdió aquesta provincia grandes columnas; pero la que 
mas descollaba en la manutención de la observancia regular fué la del 
P. Fr. Feliz de Mata. Fué aqueste Religioso hijo del Convento de Ocaña 
en la provincia de Castilla y pasó á aquesta Santa provincia donde vivió 
cuarenta años. Poco habitó en pueblos de indios aunque supo su lengua; 
lo mas de su vida lo gastó en el Convento de Guatemala que era como su 
centro. Fué tan observante de nuestras sagradas leyes y constituciones 
que para ponderar su observancia el P. Maestro Fr. Juan de Xibaja varón 
santisimo, decia: que era la Constitución animada. Las guardó al pie de 
la letra, como están escritas, no comió carne en estos cuarenta años, ni co- 
mió ni bebió jamas fuera del refectorio. Era continua su oración y lo mas 
ordinario era orar bocalmente, ya el Rosario, ya otro gran número de ora- 
ciones. Fué compañero del Sto. Fr. Andrés del Valle y con él visitó la pro- 
! vincia á pié con grande humildad y pobreza, de quien aprendió la grande 
observancia que tubo viviendo. Era grande arquitecto y los ratos que le 
sobraban de las ocupaciones del Coro, los ocupaba en hacer cosas de pin- 
tura y escultura. El Sto. Cristo que está en el crucero colateral del altar 
mayor es de su mano y lo hizo de corazón de caña de maiz y para su mayor 
fortaleza lo aforró en lienzo. Hizolo abultado entendiendo que aquella ma- 
teria de que se habia hecho enjugada con el tiempo y llegaria á una pro- 
porción mediana. Con esta imagen ha tenido mucha devoción el pueblo 
y se sacaba en la procesión del Viernes santo y salia con grande veneración 
Pesa muy poco por ser el corazón de la caña muy ligero, y al hacer aquesta 
imagen se dispuso ponerle un pié sobre otro como de ordinario están las 
imágenes de Cristo S. N. Crucificado, y por dos veces hallaron que habia 
quitado el pié que estaba encima del otro y asi se quedó como agora está 
clavado con los clavos. Asimesmo succedió que el brazo izquierdo se le 
halló suelto ásia abajo y fué necesario mudarle la postura del clavo y po- 
nérselo en otro agujero como está hoy y asi tiene la mano agujereada en 
dos partes. Este Señor se puso en el retablo que se mudó habrá catorce 

223 



años, el cual se comenzó con 500 ps. que dio de limosna Da. Felipa de 
Segura y después se hizo otro mas suntuoso que es el que hoy tiene. Tam- 
bién es obra de Fr. Feliz de Mata la portada de la Yglesia nuestra y la pila 
del Claustro del convento, que la hizo el año de 1618 que es cosa muy her- 
mosa y vistosa. Esto y otras cosas que en el Convento hizo fué á costa del 
limosnas que juntaba. 

Fué Fr. Feliz de Mata hombre austerisimo y parcísimo en el comer 
y beber: jamas bebió chocolate ni consentia que en su tiempo siendo Maes- 
tro de novicios, que lo fué. muchos años, lo bebiesen los hermanos de casa 
de novicios ; y en orden á esto le succedió" un caso muy particular y fué 
que huyendo los hermanos de casa de novicios del P. Fr. Feliz y deseando 
beber un poco de chocolate con algún sosiego, no hallaron lugar mas oculto 
y escondido que la bóbeda donde entierran á los Religiosos. Alli se fueron 
después de lección antes de la misa mayor y un mulato Sacristán llamado 
Angelo que á escondidas llevaba agua caliente algunas veces, llevó á la 
bóbeda un perol de agua caliente y comenzaron todos á disponer su choco- 
late; y estandolo bebiendo, pensando que estaban muy seguros, digeron 
unos á otros: ¿Donde estará el Calvo? (Llamábanle asi por serlo demasiada- 
mente) y respondieron de adentro de la bóbeda : Aquí está el calvo. Asom- 
bráronse todos entendiendo que era voz de algún difunto y algunos caye- 
ron como muertos. En esto salió el P. Fr. Feliz de adentro de la bóbeda 
donde estaba no se sabe si escondido ú haciendo oración para coger en el 
hurto á los novicios ; que no se sabe como pudo tener noticia de lo que se 
habia hecho con tanto secreto. Dormia siempre vestido y era puntualí- 
simo en levantarse á Maitines y procuraba estar en pié antes de las doce 
de la noche para que si acaso el Religioso velador se dormia, llamarlo el. 
Muchas veces se quedaba á dormir el poco sueño que dormia, en el coro y 
los fuelles del órgano le servian de colchones. Después de maintines se 
quedaba en oración en la Yglesia y en ella tomaba una áspera diciplina. 
Usaba de diversas formas de cilicios para mortificar su carne y entre ellos, 
de una cruz de latón llena de púas que traia en el pecho. Esta estubo en la 
sacristia sobre la pila del agua bendita y de alli desapareció, cosa poco ad- 
vertida pues no repararon que esas cosas son mas codiciadas que el oro y 
las piedras preciosas y que fué poner aquel tesoro en público para que lo 
hurtasen. Fué Prior del Convento de Guatemala que gobernó santamente 
y no lo fué de otros conventos por no salir de Guatemala donde murió por 
el mes de Abril de 1634 habiendo recibido con mucha devoción todos los 
Santos Sacramentos y alli descanza aguardando la universal resurrección 
mientras goza en el Cielo el premio de sus grandes virtudes. 

224 



También se llevó Dios aqueste año al P. Fr. Pedro de Montoya quien 
trabajó muchos años en la doctrina y enseñanza de los indios Zoques con 
mucha religión y virtud y con grande ege^mplo de aquellos párvulos y mu- 
rió en el Convento de Tecpatlan con mucho desconsuelo de todos los Reli- 
giosos é indios por que todos lo veneraban como padre. 

En aqueste año de 634 entró en esta Ciudad de Guatemala por Pre- 
sidente de la Real Audiencia Don Alvaro de Quiñones Osorio que de Pre- 
sidente que habia sido de la Audiencia de Panamá pasó á este gobierno 
y estando en él le vino el título de Márquez de Lorenzana. Fué hombre de 
muy gran talento y capacidad y de grande espedicion en los despachos sin 
retardarlos aunque estubiese comiendo porque dejando de comer, en un 
canto de la mesa los firmaba y lo mesmo hacia estando en la cama. Cuan- 
do salia á pasear llevaba en el coche recado de escribir para despachar 
cualquier negocio que se ofreciese. Dejó muy buen nombre en esta tierra 
que gobernó hasta el año de 1642 en que entró á gobernar Don Diego de 
Avendaño. Habiendo acabado su oficio el Márquez de Lorenzana se vol- 
vió á España y á vista de Panamá se ahogó él y toda su casa con muger, 
hijos y criados. Dicese que pudo escapar la vida y que no quiso, diciendo 
que habia de perecer donde perecia su hacienda; mas no otorgo esto por 
cierto porque era muy grande su capacidad y cristiandad y el amor de la 
vida no repara en pérdida de hacienda. 

Fué hombre que estimó mucho las letras é hizo muy grande aprecio 
de los que las profesaban : fué amigo de juntar dineros, como lo son todos los 
que gobiernan, por esta causa en los pulpitos era reprendido de los predi- 
cadores, mas por mucho que le digeran nunca se enojó con ellos, diciendo 
que ellos hacian su oficio. 

Sus cartas y despachos se guardaban con grande estimación y se te- 
man por norma y dechado para hacer los que se ofrecian; é hizo un dis- 
curso sobre la perdición de España, muy erudito. Esta retratado muy al 
vivo en muchas partes : en nuestro Convento de Guatemala está en un 
cuadro donde S. Raymundo le está dando el hábito á S. Pedro Nolasco, que 
está en la porteria; y está también en Na. Sra. de la Merced en un cuadro 
del entierro de S. Pedro Nolasco con su hijo Don Ordoño vestido de Re- 
ligioso Mercedario. 

El año de 1640 gobernando aqueste caballero entró el enemigo en el 
Golfo é hizo muchos estragos. Llevóse mucha hacienda que habia en las 
bodegas: mataron á Don Sancho de Guinea y á Juan Bautista de Guz- 
man y á Fr. Diego de Villamayor del Orden de N. P. Sto. Domingo. Sabida 
la nueva salió el Márquez de Guatemala por el mes de Mayo y tras él sa- 
lieron hasta cuatrocientos hombres y en el pueblo de S. Lucas se hizo lista 
de toda la gente. Estubose alli el Márquez hasta quince dias y no se re- 
medió cosa porque el enemigo entra como ladrón, diciendo y haciendo, y 
cuando llega la nueva ya está hecho el daño y aunque se quiera remediar, 
no se puede. 

225 



CAPITULO LXXII 

Celébrase junta en el Convento de Guatemala, y muerte de algunos 

Religiosos. 

Por causa de la renunciación que habia hecho del provincialato el 
M. Fr. Jacinto de Cabanas, vino creado de Roma, con Autoridad apostólica, 
en provincial de aquesta Santa provincia, N. M. R. P. M. Fr. Pedro Alva- 
rez de Montenegro y asi no hubo capitulo de elección sino una junta ó 
congregación que se reunió en el Convento de Guatemala á 26 del mes 
de Enero de 1635. En ella concurrieron los M. Rs. Ps. Fr. Luis Saenz Prior 
del mismo Convento, Fr. Jacinto de Cabanas, Ministro y Padre de Provin- 
cia, Fr. Alonso Guirao, id. Fr. Francisco Zevallos Maestro, Fr. Jorge de Al- 
varado Prior de S. Salvador, Fr. Bartolomé de Castellanos Presentado y 
Prior de Coban, Fr. Juan Bautista Presentado y Prior de Sacapulas. En 
estas juntas no se elegian definidores sino que todos juntos hacian una 
junta que tenia fuerza de Capitulo en conformidad de lo mandado en Roma 
en el Capitulo general de Nuestro Rmo. Padre Fr. Nicolás Rodulfo. 

En este Capitulo ó Congregación se estinguió la Vicaria de S. Mi- 
guel Manché á causa de haberse huido todos los indios, como se ha dicho, 
aunque con la mira de las entradas que se ivan haciendo se señaló al Ministro 
que fuese del pueblo de Ca jabón con el titulo de Vicario sugeto al Prior 
de Coban. Mandóse en este capitulo que todos los dias festivos se digese 
la letania de la Virgen Sma. por las necesidades de aquesta provincia y 
principalmente por la convercion de los Choles y que se hiciese la procesión 
de difuntos en todos los pueblos de indios, del modo que se hace en el con- 
vento de Guatemala, devoción muy acepta á los ojos de Dios y que es 
lástima que se omita por el sufragio que en ella tienen las benditas ánimas. 
Otras muchas cosas se mandaron, asi para el buen gobierno de la provin- 
cia, como para utilidad de los indios,, cosa que siempre ha mirado con mu- 
cho esmero aquesta santa provincia. Ademas de los Religiosos de que se 
ha hecho mención arriba que se llevó Dios en el cuadriemio pasado en este 
capitulo se mencionaron los siguientes : 

El P. Fr. Urban de Revenga hijo del Convento de Guatemala, fué hi- 
jo de Mateo de Revenga y de Petrona Contreras é hizo profesión en manos 
del P. Fr. Andrés del Valle siendo Superior á 4 de Diciembre de 1589 y 
fué natural de la villa de Cobarrubias en los reynos de España, fué Vi- 
cario de la Villa de Sonsonate y le cogió la muerte en este Convento de 
Guatemala, que murió alegre, habiendo recibido los Santos Sacramentos. 

El M. R. P. M. Fr. Juan de Aillon fué natural del lugar de Madri- 
galejos en Castilla é hijo de Rodrigo de Aillon y de Maria del Corral. Tomó 
el hábito en este Convento de Guatemala é hizo profesión en él á 8 de Di- 
ciembre de 1571 en manos del P. Fr. Juan de Castro Prior que era de dicho 
Convento. Fué hombre de muchas letras y leyó en el mismo Convento Ar- 
tes y Theologia, siendo de los primeros maestros que esta Provincia tubo. 

226 



Supo la lengua Cachiqucl y en ella administró algunos años siendo mozo 
y aun en la vegez no escusaba ayudar á sus hermanos cuando la obediencia 
se lo mandaba. Fué insigne predicador y siguió la carrera del pulpito con 
mucho aprovechamiento de los fieles : era muy fácil y agraciado y asi era 
muy frecuente en predicar: fué muy grande religioso, celoso de la obser- 
vancia oponiéndose con brio á cualquier cosa en que mirase relajación. Ce- 
rró el último de sus dias habiendo recibido los santos sacramentos en este 
convento de Guatemala con general sentimiento de toda la Ciudad de quien 
era muy querido asi por sus buenas letras como por su virtud. 

También murieron en el Convento de Guatemala los RR. PP. Fr. Juan 
de S. Pablo y Fr. José de Alarcon sacerdotes y el hermano Fr. Juan Pardo 
Religioso lego que trabajó mucho con los PP. en las reducciones de los 
Choles : en la gloria habrá tenido el premio de sus trabajos. En el Con- 
vento de Ciudad Real murió N. M. R. P. Fr. Juan Ximeno predicador ge- 
neral y Padre de provincia : era andaluz y habiendo venido en una barcada 
á esta provincia se volvió á España; pero no se sosegó hasta que volvió á 
la que Dios le habia llamado para doctrinar á aquestos pobres indios. En 
el año de 1628 lo hicieron provincial en el capitulo que se tubo aquese año 
en Ciudad Real y en el precidió el Vicario General Fr. Jacinto de Hoces 
como queda dicho. Tubo muchos trabajos en su provincialato y al cabo de 
él vino casada su elección por algunos defectos que habia tenido. Reti- 
róse á Ciudad Real donde le cogió la muerte lleno y cargado de trabajos, 
pero agora piadosamente creemos que goza de eterno descanso. También 
murió el hermano Fr. Jacinto de Ortega religioso lego. En el convento 
de Coban murieron Fr. Pedro de Aponte y Fr. Antonio de Noriega Sacer- 
dotes : en Tecpatlan Fr. Domingo Aguado y Fr. Juan Gutiérrez Sacerdotes; 
y en Chiapa de indios Fr. Ignacio de Pina, Fr. Domingo Ramos y Fr. Juan 
de Montfort Sacerdotes y Padres antiguos que trabajaron en las lenguas 
de lo sindios. En Comitlan Fr. Gerónimo de Guenera, Sacerdote; en el 
Convento de Ococingo N. M. R. P. Fr. Pedro Alvarez que fué electo en Pro- 
vincial por sus aventajadas prendas en el año de 1624 y en su Capitulo 
intermedio renunció la predicatura general que tan justamente obtenia. 
Fué definidor en muchos Capítulos y Prior de muchos Conventos y por 
último Provincial: retirado en el Convento de Ococingo le hallo la muerte 
bien dispuesto para tan terrible lance y lleno de méritos. También murió 
en aquel Convento después de haber trabajado mucho con los indios Zen- 
dales, Fr. Tomas de Rocolano. Echóse el Capítulo siguiente para el Con- 
vento de Sacapulas donde comunmente se hacia los capítulos intermedios, 
por estar en medio de toda la provincia, para el dia 27 de Enero de 1637. 

En este año de 1636 se llevó Dios para si al P. Fr. Dionisio de Zú- 
ñiga infatigable ministro de indios é incansable escritor de las lenguas qui- 
che y pocomchí que supo con admiración. Fue natural de aquesta ciudad 
de Guatemala hijo de Mateo de Zuñiga y de Doña María Marroquin, tomó 
el hábito en nuestro Convento y en él hizo profesión en manos del P. Fr. 
Juan de Ayllon siendo Superior en dicho Convento á 7 de Enero de 1597. 
Dedicóse á la lengua Pocomchí de la Verapaz y tubo por Maestro al Sto. 
Fr. Francisco de Viana á quien le bebió el espíritu y celo de la salvación 

227 



de las almas, y lo tubo en tanta veneración como quien lo conocia tan de 
cerca que nunca lo nombra sino es diciendo mi santo padre Fr. Francisca 
de Víana. Todas las obras que el dicho santo padre escribió en el Pocom- 
chí las tradujo el P. Fr. Dionisio de Zuñiga al quiche y otras muchas mas 
obra insignes que escritas en nuestra lengua o en la latina fueran de mu- 
cha utilidad en la Yglesia de Dios. Yo confieso que tenia mucho deleite 
en leerlas, que las tube mientras fui ministro en Rabinal, para donde dice 
que las escribia con la mira de que el Religioso que se aplica á la lengua 
quiche se egercite en ella y merezca la aprobación del Ministro de dicho 
pueblo que siempre es un Padre anciano á cuyo cargo está la conducta y 
administración de aquel. ¡Ojala que aqueste estilo se guardara! Que no 
es cosa decente se ponga en la administración al que no está muy bien dici- 
plinado en tan alto ministerio. Escribió el P. Fr. Dionisio un volumen muy 
grande que es Vocabulario de la lengua Pocomchi que llama Mare Mag- 
num y con razón porque es un mar de adonde tienen bien que sacar los 
que quieren aprender. En él trae muchos chistes por que fué muy gracio- 
so y agudo y lo mismo hizo en un arte que escribió de la lengua quiche. 
Trabajó mucho en las administraciones con grande celo de la salvación 
de las almas. Murió en el Convento de Coban recibidos los santos sacra- 
mentos y sin duda goza de la corona que mereció por tantos trabajos y es- 
critos en servicio de la Sta. Yglesia. 

Habiase nombrado en el Capitulo ó Congregación del año de 1635 
por Definidor para el Capitulo General y procurador para los Reynos de 
España al que habia acabado de Provincial el M. R. P. M. Fr. Jacinto de 
Cabanas, pero habiéndose dilatado por falta de embarcación, le cogió la 
muerte para mas dilatado viage en el Convento de la Puebla de los Ange- 
les ; y en su lugar fué nombrado por la provincia en Definidor y Procurador 
el P. Fr. Francisco Moran que luego se puso en camino y pasó á España y 
dio cuanta á su Magd. de lo succedido en los pueblos del Chol y estándose 
arbitrando en el Real Consejo el modo en que se debia hacer otra vez la 
reducción, salió un caballero llamado Don Diego Ordoñez de Villaquiran, 
del hábito de Calatrava, con quien el P. Fr. Francisco habia comunicado es- 
tas cosas, ofreciendo á S. M. hacer otra reducción á su costa y que en ella 
gastada treinta mil pesos. Admitiósele la propuesta con promesa de ha- 
cerle crecidas mercedes si lo consiguiese y para ello se le dio la Alcaldia 
Mayor de Ciudad Real ; pero como no era su ánimo mas que conseguir el 
oficio para utilizarse y no tenia intención de cumplir lo prometido, no hizo 
cosa, como se dirá á su tiempo y todo consta de una información que hizo 
el mismo P. Fr. Francisco Moran el año de 1644. 

228 



CAPITULO LXXIII 

Celébrase congregación intermedia en el Convento de Sacapulas: muertes de 

algunos Religiosos y tras cosas 

A los 5 del mes de Enero de 1637 se juntaron los RR. PP. de aquesta 
provincia en el Convento de Sacapulas á celebrar su junta intermedia, á 
donde con el Provincial que lo era el P. Fr. Pedro de Montenegro concu- 
rrieron los M. R. PP. Fr. Bartolomé de Castellanos Presentado y Prior de 
aquel mismo Convento, Fr. Francisco de Zevallos, Maestro Fr. Rodrigo de 
Urola Prior de Guatemala, Fr. Diego Gómez Presentdo. y Prior de Ciudad 
Real, Fr. Gabriel de Salazar Prior de Coban, Fr. Juan Bautista Presentdo. 
y Prior de Zozocoltenango y Fr. Luis de Cárcamo Prior de Comitlan. Hi- 
riéronse en aquesta junta muy buenas ordenaciones y entre ellas una que 
no se debió de poner en efecto que ha sido causa de olvidarse totalmente 
la buena memoria de muchos Padres antiguos, que fué el que se renovasen 
aquellas tablas antiguas en todos los Conventos, de los Religiosos que mo- 
rían en cada uno, con las virtudes en que mas habian resplandecido. Esto 
si se puso en egecucion se debió de dejar otra vez, lo que ha sido causa de 
que se haya perdido la memoria de muchos Religiosos y que agora haga tan- 
ta falta para escribir de cada uno como se debia. En aquesta junta se vol- 
vieron al Convento de Guatemala los tres pueblos de Rabinal Cubulco y 
Tzalamá que se habian agregado al Convento de Coban. Señalóse el Ca- 
pítulo futuro que habia de ser de elección para el dia 6 de Noviembre de 
1638 en el Convento de Guatemala. 

En aqueste Capítulo se hizo memoria de los Religiosos que en la 
provincia habian fallecido desde el Capítulo pasado á este, y en primer 
lugar se dice que en el Convento de Guatemala murió N. M. R. P. M. Fr. 
Jacinto de Cabanas, habiendo muerto en la Puebla de viage para los Rey- 
nos de España, porque pertenecía á aquel Convento. Fr. Francisco de la 
Guardia sacerdote y padre antiguo : Fr. Salvador de Ocampo predicador ge- 
neral; y Fr. Agustín Crespo religioso lego. En el Convento de S. Salvador 
Fr. Diego de Guzman sacerdote y padre antiguo; natural de la Ciudad de 
S. Salvador hijo de D. Gaspar Nuñez de Guzman y de Da. Inés de Sala- 
zar, hizo profesión en el Convento de Guatemala en manos del Prior Fr. 
Juan de Aillon á 3 de mayo de 1613, fué muy buen lengua mejicana y en 
ella administró y doctrinó á los indios de aquella provincia. En el Con- 
vento de Coban Fr. Dionisio de Zúñiga de quien ya se trató arriba. En el 
Convento de Zozocoltenango Fr. Sebastian Rodríguez Sacerdote y padre an- 
tiguo. En Sacapulas Fr. Juan Vidal Sacerdote y padre antiguo. En Tecpa- 
tlan Fr. Juan Cervantes sacerdote y padre antiguo, fué natural de Gua- 
temala hijo de Juan López y Lucia de Salvatierra, tomó el hábito en aques- 

229 



ta casa de Guatemala donde hizo profesión á 3 de Mayo de 1613 en ma- 
nos del Prior Fr. Juan de Aillon. En Chiapa de indios Fr. Juan Garzón 
sacerdote y padre antiguo. En la villa de Sonsonate Fr. Andrés Márquez 
natural de Guatemala hijo de Gerónimo Márquez y de Da. Isabel de Ri- 
vera, hizo profesión en manos del Prior Fr. Francisco Zevallos á 5 de ju- 
nio de 1626. En el Convento de Ococingo Fr. Bartolomé Guerrero tam- 
bién natural de Guatemala que en aquel Convento tomó el hábito é hizo pro- 
fesión á 11 de junio de 1604 en manos del P. Fr. Andrés del Valle siendo 
Prior de aquel Convento. Fué hijo de Bartolomé Guerrero y de Catarina 
Sánchez. En el Convento de Amatitlan Fr. Pedro de Molina sacerdote y 
padre antiguo y Predicador general; también murió alli Fr. Lucas Gon- 
zález siendo vicario del mismo Convento. 

Aqueste mismo año de 1637 vinieron los Religiosos de S. Juan de 
Dios padre de pobres, á fundar á aquesta Ciudad de Guatemala y se les 
adjudicó el Hospital Real que tienen en Administración y de aqui se ha 
estendi4o aquesta sagrada Religión en cumplimiento de su instituto, la tie- 
rra adentro en las villas de Sonsonate, Comayagua y Nicaragua, con mu- 
cho loor suyo por el cumplimiento de su caritativo instituto. 

Informada la S. Congregación de Propaganda fide de lo que habia 
trabajado en las reducciones del Chol el P. Fr. Francisco Moran y de su 
ardiente celo en quererlas proseguir en beneficio de aquellas almas perdi- 
das para traerlas al conocimiento del verdadero Dios, le dio el titulo de 
Misionero Apostólico del Manché, como refiere Fontana el año 1637 por 
estas palabras: Eodem die (scilicet lia. marfii) Sacra Congregatio Appos- 
iolium Missionarium ad regionem del Manché in Occidentalibus indiis ínter 
Goatemalam, et Yucatam litam destinabit P. Fr. Franciscum Moran ut 
gentiles illos per sacram verbi Divini evangelizatronem ad Christianam fi- 
dem vocaret. Esto fué sin duda negociación suya para que nadie le pusie- 
ra embarazo para darse totalmente á aquestas Conversiones, por que el 
celo de la conversión de las almas le comia continuamente y deseaba ren- 
dir la vida en aqueste santo ministerio, que era tanto que aun estando ya 
"muy cercano á la muerte con la mucha vejez y achaques que habia con- 
traido en aquellas montañas, hallándose en el ingenio del Rosario, que él 
habia comprado siendo Prior de Guatemala, oyendo decir que se trataba 
de entrar en aquellas montañas, luego se vino a Guatemala para entrar él 
sin acobardarle sus muchos años y enfermedades y los infinitos trabajos 
que el mismo habia esperimentado por muchos años que en aquellas mon- 
tañas se pasan; lo cual no siendo así, se quedó en el Convento donde breve 
acabó sus dias como se dirá adelante. 

230 



CAPITULO LXXIV 

Celébrase Capítulo en Guatemala. — Venida de Vicario provincial y muerte 

de algunos religiosos. 

Nuestro Rmo. Padre General Fr. Nicolás Rodulfo con el amor pa- 
ternal que á toda su sagrada Religión tenia y celo de la observancia regu- 
lar, haciendo dia de las vigilias de la noche oscura no descansaba en andar 
principalmente de aquesta parte tan remota de la América adonde no po- 
dia asistir por su persona, para que el enemigo común no hiciese algún 
acometimiento que le destruyese su grey, determino buscar persona tal que 
la visitase que no hiciese falta la suya propia y reparase las quiebras que 
las injurias de los tiempos pudieran haber causado ; y fué tan acertada la 
elección del sugeto, que fué el Mtro. Fr. Juan de Valdespino, que á los que 
no le conocieron se hace manifesta su gran religión, celo de la honra de 
Dios, y crédito de su sagrado hábito, viendo las admirables ordenaciones 
que dejó en la visita que hizo del Convento de Guatemala, pues todas ellas 
están respirando devoción y ternura. Llegó á esta Sta. provincia el año óz 
1638 en que se habia de hacer elección de provincial á 6 de Noviembre de 
aquel año como se habia dispuesto en la Congregación que se tubo á 5 de 
Enero del año pasado de 37 en el-Convento de Sacapulas. Juntáronse los' 
vocales á su tiempo y con suma paz y alegria, presidiendo la elección el 
mismo Vicario General y visitador, salió electo N. M. R. Predicr. General 
Fr. Crisostomo de Lorenzana gran celador de la observancia regular sien- 
do definidores en el capitulo los M. R. PP. Fr. Francisco Zevallos, Fr. Pe- 
dro de Velasco Predicr. Geni, y Prior de Tecpatlan, Fr. Pedro de S. Raymun- 
do Predicr. Gnl y Fr. Tomas Guerra Vicario de Sonsonate. 

En este capitulo la Vicaria de Ococingo se erigió en Priorato y se 
le dio por primer Prior al R. P. Lector de Teologia Fr. Antonio Melendez 
y desde aqueste tiempo quedó hecha casa de voto en capítulo con todas las 
gracias y prerrogativas que los demás conventos gozan. Lo mismo se hizo 
con la vicaria de S. Juan Amantan y se le dio por primer Prior al R. P. 
Fr. Francisco Moran y de aquí colijo alguna equivocación en el viage qué 
dicho Padre hizo á España (que queda dicho fué el año pasado de 36) por- 
que el de treinta y siete, como queda dicho, fue cuando la Sagr. Congre- 
gación lo nombró Misionero Apostólico á 11 de Marzo, y la capitulación 
que hizo S. M. con Don Oiego Ordoñez de Villaquiran se firmó á 29 de 
Marzo de 1639 y según consta de la misma petición dicho P. Fr. Pedro Mo- 
ran se halló en Madrid cuando se firmo aquesta capitulación con que no es 
dable que pudiese estar en Guatemala aqueste año ; sino es ya que lo eligie- 
sen estando ausente como succedió con el P. Fr. Domingo de Ascona que en 
uno de los viages que hizo á España, cuando volvió se halló hecho Prior de 
Coban, y asi cada uno haga el juicio que le pareciere que á mi no me toca 
mas que referir lo que hallo en instrumentos auténticos. 

231 



También en aqueste capitulo se le señaló una predicatura general 
por la lengua chol, que habia de durar por toda su vida, aunque después 
se concedió dicha predicatura general de privilegio á la Provincia para 
que la obtubiese el que hubiese trabajado diez años en la conversión de 
los indios choles, y asi la obtuvo el R. P. Fr. José Delgado hasta que murió.' 
Hoy está ocupada por Religioso que ni ha visto el Chol y aunque es con 
patente de Ntro. Rmo. yo estoy en que es subrepticia por no haberle ha- 
blado con claridad tocante á aqueste grado y asi en el consejo que se 
tubo para admitirla fui de contrario sentir, pues dándose por premio de 
haber asistido á las reducciones del Chol, como la misma patente espresa; 
y no habiendo visto tal Chol y ademas de eso estar baldado, de hora para 
que en tal pueda entender jamas no sé como se pudo graduar en tal grado; 
Y lo peor es que ya lo han hecho de alternativa porque habiéndosele dado 
esta á un criollo que la obtiene, se pidió otra demás para uno de España; 
como también está dada el dia de hoy. Los Superiores sabrán como es 
eso. que á mi no me toca sentenciar en la materia sino solo referir los suc- 
cesos de los tiempos. 

En aqueste capítulo se aceptó lo que á petición de la misma provin- 
cia habia ordenado Ntro. Rmo. de que en los Conventos de Vicaria no se ; 
eligiesen compañeros para el Capítulo provincial, y á sí mesmo se mandó 
que los Conventos que no tienen cinco Religiosos fuera del Prior dentro 
de sus claustros no pudiesen elegir compañero para el Capítulo provincial; 
También aqui, no sé con que motivo, hicieron todos renuncia de sus grados 1 
de presentados y maestros, á los pies de Ntro. Rmo. General para que en 
ellos dispusiese lo que mejor le pareciese que convenia, la cual resolución 
se votó por todo el Capítulo, esto es por todos los vocales que habían con- 
currido, por votos secretos, y debió de ser, según se puede colegir de las 
actas del mesmo capítulo, que desde que se concedieron aquestos grados 
de Presentados y Maestros á titulo de lección. En leyendo el tiempo que 
se debía se tenían por tales Maestros y no debían de obtener patentes dé 
Ntro. Rmo. por que allí mesmo se dice después de hacer las renuncias en 
manos de Su Reverendísima: "Empero, porque el R. P. Fr. Francisco de 
Zevallos Definidor de este capitulo, ha leído por muchos años la filosofía 
y por discurso de veinte y seis años continuos ha predicado á los españoles 1 
y á los indios, cuya lengua sabe muy bien, y por otras causas, y también 
porque obtubo letras patentes de N. Rmo. P. M. Fr. Serafino Sico antes 
General de nuestra orden, desde el año de 1626, en las cuales á petición de 
la provincia lo instituye el primer Baccalaureo y Regente de estos estudios 
generales, y otros derechos de que goza; rogamos, como de facto ruega 
toda esta provincia aqui congregada que si le pareciere justo á S. Rma. le 
conceda aqueste lugar y grado". 

En aqueste Capítulo se hizo memoria de los religiosos difuntos que 
desde el Capítulo pasado habían muerto en la provincia, y asi será justo 
que nosotros la hagamos en aquesta historia. En el Convento de Guatema- 
la murió el P. Domingo de Torres Sacerdote y padre antiguo: en el Con- 
vento de Ciudad Real murió Fr. Francisco López, Sacerdote y padre anti- 
guo; y Fr. Agustín Triguillos subdiacono. Era aqueste religioso natural de 

232 



Sevilla en la Andalucía hijo de Francisco Triguillos y de Margarita Cacha- 
chola, é hizo profesión en el Convento de Guatemala en manos del M. R. 
P. Fr. Alonso Guirao á 7 de Octubre de 1629. En el Convento de Zozocol- 
tenango el R. P. Fr. Jacinto de Paz padre antiguo: fué aqueste religioso na- 
tural de Guatemala hijo de José de Paz y de Doña Gerónima Dubois, de 
las mas ilustres familias que ha tenido aquesta República: profesó en el 
Convento de Guatemala en manos del provincial que lo era el santo Fr. 
Andrés del Valle á 28 de junio de 1597. En el Convento de Tecpatlan el 
¡P. Fr. Feliz de Barrientos padre antiguo; y en el de Ococingo el P. Fr. 
Juan Novela, padre antiguo. 

Asignóse en este Capítulo la junta intermedia para el Convento de 
Comitlan para 12 de junio de 1641 y el Capítulo provincial para el Con- 
vento de Guatemala para el dia 27 de enero de 1643 y esto lo dispuso asi 
el Vicario General con autoridad Apostólica que tenia para que los Capí- 
tulos se volviesen á celebrar en el mes de Enero como era de costumbre de 
la provincia, declarando que cumplidos los cuatro años del gobierno del pro- 
vincial electo, que se cumplían por Noviembre de 1642, el tiempo que fal- 
taba hasta la elección, que era de mas de dos meses, Gobernase el Prior 
de la casa de Guatemala como Vicario general con toda autoridad como 
si fuese provincial, hasta la elección futura. 

Acabado el Capítulo visitó el Rmo. Vicario general el Convento de 
Guatemala, donde dejó santísimas ordenaciones, como de su grande espí- 
ritu y religión, que siempre habían de estar muy presentes á los ojos de 
todos y procurar su observancia que no dudo que les había de comunicar 

i á todos y hacerlos participantes de su grande espíritu. 

En aqueste año de 1639 se llevó N. Sr. para sí al M. R. P. M. Fr. 
Francisco de Zevallos. Fué natural de aquesta Ciudad de Guatemala é hijo 

i de Don Sancho de Zevallos y de Doña Leonor de la Rúa : crióse en el Co- 
legio Seminario de esta Ciudad y de allí se vino á tomar el hábito en nues- 
tro Convento dando de mano á todo lo que le prometía su alto nacimiento 
é hizo profesión en él á 17 de Enero de 1603 en manos del R. P. Subprior 

í Fr. Agustín de Montes. Fué de agudísimo ingenio y asi aprovechó mucho 
con el Maestro que tubo que fué el santo Fr. Andrés del Valle de quien no 
solo aprendió las buenas letras que profesó, sino mucha virtud. Leyó artes 

í y Teología muchos años no solo en el Convento sino en la Universidad (que 
era el Colegio de Sto. Tomas que tenia privilegio de Universidad) donde 
leyó mas de 18 años y en ella se graduó de Doctor. Fué insigne predicador 
y muy agraciado, era de muy afable condición y por sus relevantes prendas 
fué muy querido de los Sres. Obispos Presidentes y Oidores y generalmen- 
te fué amado de todos, en especial de los indios cuya lengua supo muy bien 
y predicó mucho en ella que fué la Cachiquel, del valle de Guatemala. Co- 
mo habia sido dicipulo del santo Fr. Andrés del Valle sabia muy bien las 
cosas de su vida y virtudes y asi predicó en sus honras y predicó con admi- 
rable gracia sus virtudes. Fué Prior de Guatemala dos veces y la segunda 
que lo era aqueste año de 1639 se lo llevó Dios para darle, según piadosa- 
mente entendemos, el premio de sus trabajos. Su muerte fué muy sen- 
tida de todos porque generalmente era amado. 

233 



Por muerte del R. P. Fr. Francisco Zevallos fué electo en Prior de 
Guatemala el P. Predicr. Geni. Fr. Juan Bautista que habiendo sido Prior 
de Ciudad Real y Definidor del Capitulo provincial que se celebró el año de 
1626 y descubierto su gran talento, fué electo Prior de aquel Convento que 
es el principal, y murió, según parece de las actas, electo en el Convento de 
Zozocoltenango, antes de venir al Priorato. Fué hijo aqueste religioso, de 
Juan Bautista Pinelo y de Doña Catarina Farfan naturales de la Ciudad de 
Sevilla en Andalucia y tomó el hábito en este Convento de Guatemala en 
donde hizo profesión á 3 de julio de 1558 en manos del Prior Fr. Tomas de 
Cárdenas que después fué Obispo de la Verapaz. Fué Religioso muy ob- 
servante de nuestras sagradas constituciones. 

Aunque no es de nuestra historia, no dejaré de hacer memoria de un 
Escribano que aqueste año de 1640 se llevó Dios para sí, siquiera por cosa 
singular que se hallase hombre de aqueste oficio de conciencia tan estrecha. 
Llamábase Pedro de Cabiedes que merecia vivir muchísimos años para que 
enseñase cristiandad á los Escribanos. Fué un hombre tan ajustado á los 
aranceles que no exedió ni en un solo maravedí de lo que está tazado á 
cada instrumento, y como aquestos derechos están tazados por maravediz 
y en aquesta tierra no hay de esta moneda, cuando le pagaban sus derechos 
volvía en cacao el exceso que habia de un real ó de medio. Fué muy cele- 
brada su memoria y muy alavada su grande cristiandad, pero de ninguno 
imitada; antes si procuran llevar cuanto pueden á mas de lo que les toca 
de derechos, con que destruyen á los pobres. Mucho se nota aquesto en 
los Escribanos y mucho mas se debia notar en los Notarios de la Yglesia 
y Juzgado Eclesiástico, según estamos viendo, que si aquellos son tiranos, 
estos les exeden en tercio y quinto, llevando no solo derechos crecidos pero 
indebidos. Allá lo verán al ajuste de cuentas. 



CAPITULO LXXV 

Celebrase junta intermedia en el Convento de Guatemala; y muertes de 

algunos Religiosos. 



Aunque aquesta junta intermedia se habia echado en el Capítulo pro 
vincial pasado para el Convento de Comitlan, por causas justas que hubo 
se trasladó para el de Guatemala á donde se juntaron los Padres á 12 de 
Enero de 1641. Concurrieron á la junta Fr. Jacinto Cuartero, predicr. ge- 
neral y Prior de Guatemala, Fr. Pedro de Montenegro padre de provincia, 
Fr. Jacinto de Cárcamo Prior de. S. Salvador, Fr. Antonio del Castillo Pritfr 
de Coban, Fr. Pedro de S. Raymundo pred. geni, y Prior de Zozocoltenan- 
go, Fr. Tomas Guerra Prior de Tecpatlan, Fr. Jacinto Portas Prior de Chiapa 
de indios, Fr. Francisco Moran pred. geni, y Prior de Amatitlan. 

234 






Hicieronse en esta junta muy buenas y santas ordenaciones asi para 
el buen gobierno de la provincia como para el bien de los indios, cuya uti- 
lidad, asi temporal como espiritual siempre ha mirado esta provincia con 
mucho esmero y vigilancia; y aqui se declaró la duda que habia en la an- 
tigüedad de la precedencia del Convento de Zozocoltenango al de Tecpatlan 
por haber sido aqueste después erigido en Convento y aquel le precedió con 
el titulo de Vicaria, y por esta misma razón dicen debe preceder el Convento 
de S. Salvador al de Coban. 

Los religiosos de quienes se hace memoria en aqueste capítulo que 
fallecieron desde el Capítulo provincial á este, son los siguientes. En el 
Convento de Guatemala Fr. Tomas Chorruca sacerdote, Fr. Juan de Serral- 
de padre antiguo, Fr. Domingo de Escobar padre antiguo, Fr. Pedro de 
Omaña, predicador general, Fr. Luis Quepo sacerdote y el hermano Juan 
de Marsilla lego, el cual tomó el hábito de religioso lego de mas de cien 
años y no se le denegó por ser hombre lo uno robusto y lo otro deseoso de 
retirarse del mundo. Murió de mas de ciento veinte años, hallóse en la 
batalla naval (a) y conoció á S. Ygnacio de Loyola. Fué hermano de An- 
drés de Marsilla y de Da. Luisa Montoya é hizo profesión á 9 de Enero de 
1626 años en manos del P. Fr. Francisco Zevallos en el Convento de Gua- 
temala. Fué hombre de caudal y que tubo muy buenas haciendas y minas 
en la provincia de S. Miguel en S. Salvador; y ajustadas sus dependencias 
se retiró del mundo y lo dejó todo al Convento de Guatemala donde murió 
aqueste año de 1641. En el Convento de Ciudad Real murió el P. Fr. Alejo 
de Peréa padre antiguo : fué hijo de Franco, de Peréa y de Maria Sta. Cruz 
é hizo profesión por el Convento de Tecpatlan en manos del santo Fr. An- 
drés del Valle siendo suprior de este convento de Guatemala á 26 de Se- 
tiembie de 1603, y Fr. Lorenzo del Valle sacerdote. En el Convento de S< 
Salvador Fr. Gerónimo Muñoz padre antiguo. En el Convento de Coban 
Fr. Alonso Novillo padre antiguo. En el Convento de Sacapula Fr. Diego 
Gómez pred. gen. y Prior del mesmo Convento. En el de Zozocoltenango 
Fr. Juan Bautista Prior de Guatemala de quien se ha dicho arriba. En el 
de Tecpatlan Fr. Juan de Ibarrosa padre antiguo y Fr. Francisco de Rosas, 
sacerdote. En el Convento de Chiapa de indios Fr. Domingo de Robles 
Padre antiguo, Fr. Antonio Mongas sacerdote, Fr. Felipe Xara, sacerdote y 
Fr. Juan de Sto. Domingo Religioso lego. Este fué hijo de Guatemala y natu- 
ral de Triana, sus padres fueron Marcos Pérez é Inés Pérez, hizo profesión 
en aqueste Convento de Guatemala en manos del santo varón Fr. Andrés 
» del Valle siendo provincial á 9 de julio de 1600. En el Convento de Comitlan 
, Fr. Domingo Serrano natural de Guatemala, hijo de Manuel Serrano y 
de Beatriz Manuel, naturales de Portugal. Hizo profesión en el Convento 
de Guatemala en manos de Fr. Alonzo del Castillo Suprior del mesmo Con- 
vento ; y también fué natural de Guatemala Fr. Francisco de Leiva hijo de 
Juan Tomas de Leiva y de Izabel Rodríguez ,tomó el hábito en nuestro 
; Convento é hizo profesión en manos del Maestro Fr. Jacinto de Cabanas 
á 5 de Setiembre de 1627. 

235 



En aqueste año de 1641 después de Capítulo nos despojó la muerte de 
la mejor presea que tenia aquesta provincia que fué el P. Fr. Alonso Guirao, 
varón estático y que parece que no era de aqueste mundo. Fué hijo del 
Convento de Salamanca y sobrino del maestro Fr. Rafael de la Torre insig- 
ne escritor y provincial que fué de la provincia de España. Vino mozo á 
aquesta provincia, lo hicieron Lector de artes y habiendo acabado su lectura, 
lo hicieron Prior de Coban. Aunque no peinaba canas las tenia muy blan- 
cas en su buen juicio; pero teniéndose por indigno de gobernar y ser cabeza 
de sus hermanos el que se juzgaba por su humildad á los pies de todos, no 
quiso admitir el Priorato, antes se metió á Sacristán del Convento de Gua- 
temala por estar mas á mano y desocupado para darse á la oración á que 
era muy dado y rezar el Rosario de la Virgen Sma. de quien fué muy de- 
voto. Dióle en aqueste santo egercicio el deseo de ser fraile cartujo para 
de una vez apartarse de la tierra y darse á Dios, y con aqueste ánimo se 
volvió á España y no consiguiendo aqueste su deseo, se fué á su Convento 
de Salamanca á donde consiguió el mismo egercicio de Sacristán mayor; 
y estando una vez cortando hostias y entrando á decir misa el Maestro Fr. 
Gregorio Ramos viéndolo en aquel egercicio le dijo: No fuera mejor estar 
en Indias convirtiendo y bautizando indios, que nó aquí, cortando hostias? 
Hiriéronle tanto estas palabras que determinó volverse é ir á Filipinas y 
embarcóse en la flota con otros Religiosos que ivan á aquella provincia 
y llegando á Mágico encontró con el Ldo. Alvar Gómez de Abanuza que ha- 
bia sido Oidor en Guatemala y le conocia muy bien y dijole que para qué 
andaba mudando provincias? que se volviese á Guatemala; y habiéndolo 
persuadido, que no fué menester mucho porque amaba mucho á su pro- 
vincia y era de un natural suave, el mesmo Oidor le negoció el que se vol- 
viese y lo avió para el camino. Llegó siendo Provincial el P. Fr. Juan 
Manzano y así su vuelta fué por los años de 1606 ó 1607, quien lo hizo su 
compañero y después leyó Teología en Guatemala en donde no solo les leia 
la Escolástica, sino mas la Mística, que era su mayor estudio, en que sacó 
muy aventajados dicipulos. Llegó á obtener el grado de Maestro y de tanto 
crédito que habiéndole hecho Definidor en el capitulo del año de 1613, 
en el que se celebró en Ciudad Real á 17 de Enero de 1619 fué electo en 
Provincial. Su elección se tubo por nula porque el Vicario General que 
precidió aquella elección, que era el P. Fr. Pedro de Vargas hombre de ar- 
dentísimo celo y de grandísima observancia, anuló algunos votos por cau- 
sas que tubo para ello, y aun al Suprior del Convento lo recluyó en la celda 
por haber dado de cenar á la Comunidad un viernes ; y queriendo hacer pro- 
vincial al P. Fr. Juan de Sta. Maria aunque gran Religioso, por ser mozo 
se opuso á los electores diciendo : Dennos canas. Por último salió electo el 
P. Fr. Alonso Guirao, despachóse procurador á España por lo succedido en 
la elección, que fué el P. Fr. Pedro de Tornamora que murió en la Mi- 
nerva, y nunca vino la resolución; aunque habiendo venido el Vicario Ge- 
neral Fr. Jacinto de Joces é informado de todo, la tubo por nula y asi le 
dijo que renunciase su voto en aquella elección que se hacia por la nulidad 
que podia causar su voto. Hizolo asi el muy humilde Padre porque no 
quería mas que su quietud para la oración, pero no obstante quedó por Pa- 

236 



dre de Provincia hasta que viniese la resolución de Roma, que nunca vino. 
Después de ser Provincial fue Prior de Guatemala; cargo que egercitó con 
mucho crédito por su señalada virtud por lo cual era muy amado de toda 
la gente principal, de Presidente y Oidores pero mucho mas del Santo 
Obispo de Guatemala D. Fr. Juan de Sandoval y Zapata con quien tenia 
santos y devotos coloquios, que de aquella fuente del mar insondable de la 
Yglesia, Agustino, sacó mucho de lo que en sus soliloquios de la Divina 
Bondad, confesando su humildad en la dedicatoria que hizo de aquesta 
devota obra á aquel Principe: Sed et in hoc opúsculo (le dice hablando con 
aquel santo principe) tua protectioni subjecto aliquot áltior est conceptus 
fateor ínter legendum agnosces quos ipse quandoque nobis de spiritualibus 
sermonem agentibus me dementer, sapienter et pie docuisti. Non enim 
semel aut bis de ejus modi altissimis colloquti sumus, menisnique quando- 
que tuis et perdoctis et ignitis verbis cor meuf tepiclum adeo accendi ut in 
lachrimarum inbrem meas ipse comprimerem prosilirem quod in causa essé 
solebat ut sepius avidiusque tuam per venerabilem presentians (qua et mea 
intellectus inscitia instrueretur et cordís duritia mollesceret) adirem. Es 
aqueste libro que compuso aqueste devoto padre, intitulado Soliloquios dé 
la Divina Bondad, la cosa mas devota y tierna que los hombres podian tener 
en las manos, que no es dudable sino que el corazón mas duro se habia de 
deshacer en lágrimas de ternura. Contiene aquel libro un oficio también 
muy devoto de la Suma Bondad de Dios y una salutación por todas las 
letras de la palabra Bondad de gran devoción, con su himno, antifonas y 
salmos muy acomodados al intento, con que no hay duda que habrá hecho 
mucho fruto en todos los que hubieren tenido la dicha de leer aqueste libro. 
Compuso también un ofrecimiento del Smo. Rosario, de que era muy devoto 
y siempre estaba con su Rosario en la mano y todo el tiempo que tenia des- 
ocupado estaba en oración ante Na. Sra. del Rosario y el Smo. Sacramento 
contemplando aquella Divina Bondad por todos sus atributos en lo que 
gastó toda su vida y la acabó santamente para ir á ver por sus mesmos 
ojos aquella infinita bondad; y finalmente acabó aqueste año en el Con- 
vento de Guatemala el curso de su carrera con grandisima opinión de 
hombre santo. Hicieronsele grandes exequias y en ellas predicó sus ad- 
mirables virtudes el R. P. Fr. Pedro de la Revilla Guardian de Guatemala. 
Fué muy sentida su muerte de todo género de personas porque era general- 
mente amado de todos por su gran mansedumbre y humildad. Tan apaci- 
ble ejra su rostro como lo era su alma, donde parece que tenia impresa algu- 
na luz de aquella Divina Bondad, que como tan difusiva de sí, no podia me- 
nos de estar difundida en el alma del P. Fr. Alonso, de cuya divina fuente 
le dimanaba aquel gran fervor y continua contemplación de la Bondad Di- 
vina que tanto espresó en su libro queriendo que todos la amasen y reveren- 
ciasen. Era mediano de cuerpo, de rostro apacible y de ojos azules, siempre 
con una sonrisa que á todos agradaba. Trabajó mucho en adelantar las ha- 
ciendas del Convento de Guatemala y cuando fué Prior nunca bebió chocola- 
te ni se desayunó porque estaba como connaturalizado con el ayuno. Obser- 
vaba los ayunos de la Orden con mucho cuidado y el silencio, como quien 
sabia que es el muro del alma para que el enemigo no la asalte, y como era 

237 



tan amigo del retiro le tiró mucho el retirársela la Cartuja, pero como lo te- 
nia Dios destinado para padre de aquesta provincia, no quiso que se quedase 
oculta aquella luz sino que se manifestase al mundo como se manifestó 
para utilidad de tantos á quienes iluminó con su santa vida y doctrina. 

No fué menor el golpe que esta provincia llevó en la muerte de otro 
hijo que le quitó la Parca cruel que fué el Padre Fr. Alonso Hidalgo. Fué 
natural de aquesta Ciudad de Guatemala é hijo de Blas Hidalgo de Sierra 
de la gran Canaria y de Da. Francisca Suarez natural de la Ciudad de Se- 
villa, de los primeros republicanos y mas acomodados que tubo la Ciudad 
de Guatemala. En sus tiempos y como tales dejaron una memoria de 
misas ó Capellania en nuestro convento de Guatemala, de once mil tos- 
tones, aunque mucho está ya deteriorado el dia de hoy, por habérsele qui- 
tado los terrazgos del Aguacaliente sobre que estaba parte de ellos y parte 
de los terrazgos de S. Pedro de las Huertas que se han deteriorado. A todos 
los bienes de fortuna que Dios habia dado á sus padres dio de mano Fr. t 
Alonso por seguir desnudo á Christo desnudo y asi tomó el hábito en núes- ; 
tro Convento de Guatemala y en él profesó en manos del Prior de aquel 
Convento Fr. Lope de Montoya á 23 de Setiembre de 1585. Aprovechó mu- 
cho en las facultades de Artes y Teologia á que se aplicó con mucho es- ¡ 
mero y aunque tubo nombramiento de Lector nunca leyó porque descubrió i 
muy gran talento para las lenguas de los indios y asi las supo casi todas las ' 
que tiene la provincia y administra y en esta doctrina y enseñanza gastó i 
toda su vida, que no es menos agradable á la Divina Magestad. Fué Prior i 
de muchos Conventos que á todo se estendia su gran talento y siéndolo de 
Comitan el año de 1611 fué definidor de aquel Capítulo provincial. Tubo 
algunas pesadumbres con el P. Fr. Agustín de Montes siendo Provincial 
y sobre ello fué á España. No se sabe sabré qué fueron los disgustos que 
aun entre hombres justos permite la Divina Majestad algunos sinsabores 
por sus inescrutables juicios. Fué muy celoso de la honra de Dios y de la i 
Religión y muy observante de sus leyes. También con los demás dones le 
adornó la Divina Magd. con el de voz y asi fué muy buen cantor, que á 
todo se aplicaba, á lo que la Orden quería y gustaba, ya al coro, ya á ar- 
güir, ya á predicar, ya á administrar, que de todo cogió sin duda el fruto que 
la Divina Bondad le daria en el premio correspondiente á sus fatigas. Co- 
gióle la última hora en el Convento de Guatemala en donde habiendo reci- 
bido los últimos sacramentos muy devotamente dio su alma al Criador. En 
el Capítulo que se celebró en Guatemala á 9 de Noviembre del año siguien- 
te de 642 se hace mención de este bendito Religioso por estas palabras: 
R. P. F. Ildefonso Hidalgo, Sacerdos et Pater antiguos, Pred. Gens. vír re- 
ligiosus et exemplaris ac Religionis Celator, omniforme idiomate indorunt 
hujus nostrae Provintia aprime instructus et in administrandis eaurum 
animis usquead serium cum lande exercitatus. 

No se puede dejar de hacer aquí memoria de un bienhechor nuestro 
para siquiera pagarle en esto lo mucho que le debió el Convento de Gua- 
temala. Llamóse Miguel Matheo, procurador de los del número de la Real 
Audiencia. Hizo con mucho cuidado y afecto las causas de la Religión y en 
la cobranza de los censos del Convento que tubo mucho tiempo á su cargo. 

238 



' 



Fundó en él una memoria de misas y por fin de sus dias dejó al Convento 
'por heredero de todos sus bienes, que era hombre acomodado y con ello 
; casi se hizo la Capilla Mayor y Crucero que tiene nuestra Yglesia de Gua- 
temala, que es de los mas hermosos que tiene la Ciudad aunque en los 
terremotos que hubo el año de 717 cayó el cimborrio é hizo mucho estrago en 
los cuatro cañones del crucero; pero ya, á Dios gracias, se halla reparado, 
como se dirá á su tiempo. 



CAPITULO LXXVI 

Viage del P. Fr. Francisco Moran por la montaña á Campeche; y celebración 
de Capítulo provincial en Guatemala. Muertes de algunos Religiosos 

y otras cosas. 

Por aqueste sin duda fué la entrada que el P. Fr. Francisco Moran 
hizo á la montaña en busca de sus ovejas perdidas, que como á verdadero 
Padre y que tantas fatigas le habian costado, le dolia el corazón al ver su 
perdición. Entró el P. Gabriel de Salazar y no los halló por aquella parte 
que le habian dicho, con que determinó el P. Fr. Francisco Moran, acabado 
su oficio de Prior de Amatitan, hacer una entrada en aquellas montañas 
á ver si descubria aquella oveja perdida. Entró y sin recelo ni miedo fué 
penetrandola toda fué atravesándola, por que no hallaba á sus hijos, hasta 
que llegó á la Costa de Bacalar que es de la bahia que llaman de la Asencion 
y subiendo la costa arriba llegó á la villa de Salamanca de la provincia de 
Campeche y aunque halló algunos indios en aquel camino fué siempre pa- 
sando adelante como esplorador para descubrir la tierra á ver lo que ofrecia 
de frutos ; y si en aquesta ocacion ni se vá derecho de sur á norte, sino que 
carga un poco al poniente, hubiera dado con la nación de los Ahitzaes que 
tanto daño habian causado á aquellos indios Choles alborotándolos. Pasó, 
ya que se vio en aquella jurisdicción de Campeche, á ver al Obispo de 
aquella provincia Don Gonzalo de Salazar, quien lo agasajó muy bien y le 
hizo muchas honras, porque era muy piadoso y vigilantísimo pastor y era 
muy solicito de la salvación de las almas y asi hacia mucho aprecio de los 
que se dedicaban á este santo ministerio, y habiendo estado allí y sabido 
lo que habia pasado en las reducciones de los indios itzaes y como habian 
muerto al P. Fr. Diego Delgado y á otros españoles dio la vuelta á la pro- 
vincia no queriendo como prudente arrojarse temerariamente á perder la 
vida sin provecho ni logro de aquellas reducciones. Aguardábale por dispo- 
sición Divina la Superior prelacia de aquesta santa provincia como á otro 
Aaron, echando mano de él la provincia por que aunque pequeño de cuerpo, 
descollaba en las virtudes sobre todos sus hermanos, y viendo que era dis- 
posición Divina arrimó el hombro á la carga para llevarla con gusto pues 
era voluntad de Dios. 

239 



Aunque en el Capítulo que se tubo en Guatemala el año de 1638 que 
presidió el Vicario Geni. Fr. de Valdespino, se echó este capitulo de elec- 
ción para el mes de Enero de 1643 y se había mandado que cumplido el 
cuadrdemio del P. Fr. Crisóstomo de Lorenzana gobernase el Prior de 
Guatemala hasta el Capítulo, por causas justas que hubo de celebrar lue- 
go que cumplió sus cuatro años el provincial y asi se celebró á 8 de Noviem- 
bre de 1642. En él salió electo con general gusto de todos el P. Fr. Francis- 
co Moran, Misionero Apostólico del Manché, en quien pusieron los ojos 
todos por haber dado tan buena cuenta de todo lo que la Religión le habia 
encomendado hasta entonces como fué la reducción de los Choles, viage 
á España á los negocios de aquesta provincia, traída de una muy lucida 
barcada y priorato de Amatitan, procurando en todo el aumento de la Re- 
ligión asi en lo temporal como en lo espiritual, y asi siendo Prior compró 
para aquel Convento de Amatitlan aquel Ingenio de hacer azúcar que si 
se hubiera cuidado como se debia no hay duda que fuera una finca de 
mucho útil para aquel Convento y aunque lo ha sido no se ha tenido el logro 
que del se pudiera por mal administrado. Fueron definidores en aqueste 
Capítulo los M. RR. PP. Fr. Luis de Cárcamo Prior de S. Salvador, Fr. 
Alonso de Liévana prior de Zozocoltenango, Fr. Domingo Velasco prior de 
Comitan y Fr. Jacinto Cuartero predicador general. 

Hicieronse en este Capítulo muy santas ordenaciones y la primera 
fué que en la festividad del Smo. Rosario y en toda la octava, después de la 
Salve se cante la antífona Magne Pater Seta. Dominise como quien fué el 
autor del Sto. Rosario. También se mandó que ningún Religioso andubiese 
en carroza, cosa muy justa y puesta en razón, pues causa mucha deformi- 
dad que un pobre que lo es por voto solemne ande como si fuera un hombre 
muy rico y poderoso, y mucho mas cuando nuestras leyes como tales po- 
bres mandan que andemos á pié aun por caminos largos y malos, por lo 
que no puede dejar de ser muy notable que para andar dentro de la Ciudad, 
andemos muy encarrozados, de que no es dudable se dá mucho escándalo. 

Como en el Capítulo que se celebró el año de 1638 se habían re- 
nunciado todos los Magisterios y Presentaturas á título de elección ante 
Su Reverendma. volvió la provincia á su antiguo estado de premiar los tra- 
bajos de la Cátedra y Pulpito con el grado de Predicador general y ojalá 
se hubiera asi mantenido y con eso no se pusieran estos grados, pues son 
como de Maestros, en sugetos indignos como los hemos visto, pues son y 
deben llamarse Maestros como nuestras sagradas leyes los nombran por- 
que leen la Teología escrituraria, que no es de menos importancia que la 
escolástica, en la Cátedra de Espíritu Santo, y quizá con mucha utilidad de 
los fieles ; y asi pues con estos grados no mas, se fundó esta provincia y 
fué el premio de tan grandes maestros como ella tubo. Con ellos se pudo 
haber conservado y quiza hubiera tenido menos muestras de ambición, que 
mirando á eso, con tanto rendimiento hicieron todos la renuncia que se 
ha dicho, y así corrió hasta los tiempos que se dirá adelante; y por que 
se esperimentaron algunos inconvenientes de no haberse celebrado el Capí- 
tulo por el mes de Enero, como estaba dispuesto, agora se mando que el que 
siguiese de elección que habia de ser, se celebrase por el mes de Enero de 

240 



1647 pero que el Provincial que cumplia sus cuatro años á ocho de Noviem- 
bre de 1646, que durase la autoridad y gobernase como tal Provincial hasta 
el día 12 de Enero de 1647 que era para cuando se echaba la elección futura. 

Como por la esploracion que el P. Provincial habia hecho de la mon- 
taña de los Choles viese que por entonces no habia oportunidad de tratar 
de la reducción, ocupó la gran religión del P. Fr. Gabriel de Zalazar en la 
crianza de los novicios y coristas porque no sabia dicho padre estar ocioso 
y asi volvió á su antiguo cgercicJo dial coro en que tanto sirvió á N. Señor. 
Los Religiosos de que en aqueste Capítulo se hizo memoria que habian 
pasado de aquesta vida trabajosa al descanso eterno, como se cree piado- 
samente, fueron los siguientes ; ademas de los dos que arriba quedan pues- 
tos en el año de 1641. En el Convento de Guatemala al R. P. Fr. Domingo 
de Aldana, lector que habia sido muchos años de Teologia y Predicador ge- 
neral, Fr. Antonio Megia, padre antiguo, Fr. Pedro Alvornoz que habia leido 
Teologia, Fr. Juan de Aillon, padre antiguo, Fr. Francisco de los Angeles 
religioso lego, Fr. Domingo de Santa Maria también lego, fué aqueste re- 
ligioso natural de Miranda de Duero en España, hijo de Sebastian Rodrí- 
guez y de Beatriz González : tomó el hábito en el Convento de Guatemala 
y en él hizo profesión en manos del M. R. P. Fr. Francisco de Zevallos á 
11 de Setiembre de 1625 años. Fr. Domingo de S. Antonio y Fr. Pedro de 
Herrera, lego; fué este último natural de Guatemala hijo de Luis de He- 
rrera y de Ana López, tomó el hábito para Religioso lego en el Convento 
de Guatemala é hizo su profesión en manos del M. R. P. Fr. Rafael de 
Lujan á 20 de Octubre de 1610, fué muy paciente y caritativo con los pobres 
en el oficio de portero que egercitó muchos años en dicho Convento y por 
tener espejos de caridad en qué mirarse continuamente, con limosnas que 
juntó hizo pintar los dos cuadros que están en la esquina del claustro de 
Guatemala que mira á la porteria, de los dos padres de pobres Fr. Pablo 
de Sta. Maria y Fr. Pedro Eborense y otro que está en la misma porteria 
de un religioso lego que padeció martirio. Fué varón muy egemplar y obser- 
vante de nuestras sagradas leyes y asi lo mantuvieron toda su vida en este 
ministerio, donde conviene mucho que esté un tal religioso porque es lo pri- 
mero con que se encuentra el que viene al Convento y asi es menester que 
sea tal para que siquiera sea aquella muestra, crédito de lo que debe ser la 
Comunidad que está adentro. Murió á 29 de julio de 1642. 

En el Convento de Coban murió Fr. Fernando Chacón sacerdote. Fué 
aqueste Religioso natural de Valencia é hijo de Fernando Chacón y de Iza- 
bel Gómez, tomó el hábito en este Convento de Guatemala y en él hizo su 
profesión en manos del Prior Fr. Crisostomo de Lorenzana á 20 de Abril 
de 1633. En el Convento de Zozocoltenango Fr. Alonso de la Trinidad, re- 
ligioso lego. En el Convento de Ococingo Fr. Juan Ruiz padre antiguo. En 
el Convento de Amatitlan Fr. José de Nives Subprior actual que era de aquel 
Convento : fué aqueste Religioso natural de Guatemala é hijo de Urban 
de Nieves y de Maria del Corral : tomó el hábito en el Convento de Gua- 
temala y en él hizo profesión en manos del Prior Fr. Crisostomo de Loren- 
zana á 27 de Setiembre de 1626. 

241 



Asignóse la futura Congregación intermedia para el Convento de Za- 
capulas el dia 14 de Enero de 1645. 

No tendrá á mal el lector que aqui ingiera las muertes de otros va- 
rones ilustres, aunque no sean religiosos, pues es historia Eclesiástica y 
otras cosas y memorias que será bien que queden á la posteridad para 
que su recuerdo se perpetué y sea dechado á los que quisieren aprovechar- 
se de estos egemplos; y asi digo que á 5 de julio de aqueste año de 42 se 
llevó Dios al descanso eterno á un vecino de aquesta Ciudad llamado Fran- 
cisco de Valderrama, á quien llamaron el Bufón porque era muy gracioso 
y entre todas sus gracias tubo una que fué del agrado de Dios, que fué de 
muy caritativo con los pobres de la Cárcel para quienes pedia limosna de 
puerta en puerta y con ella los sustentaba. Entiendo que era esta una de 
las obras de caridad mas aceptas á los ojos de Dios, que se puede hacer, 
porque cierto que no se puede ponderar el desamparo que allí padecen 
aquellos pobres; y hablo como testigo de vista por haber asistido allí á dis- 
poner á dos ajusticiados que habian de ahorcar, que cuando les dije á lo 
que iva y empecé á animarlos para el suplicio que les esperaba, porque to- 
davía no se les había leído la sentencia, me digeron que por menos mal 
tenían perder la vida que tolerar las grandes necesidades que alli habian 
padecido el tiempo que los habian detenido, y lo mismo supe que pasaban 
muchos de los que alli estaban y que siempre es asi; cosa que me condolió 
tanto que aquellos días que allí estube procuré en el modo que tube soco- 
rrer aquellas necesidades, y á las personas que podía las procuraba de allí 
adelante persuadir á que la limosna que hacían la enviasen á la cárcel, que 
alli se padecía mucha necesidad. ¡ O jueces y que estrecha cuenta os espera 
por la impiedad con que dilatáis las causas de los pobres, que por cosas que 
pudieran estar ajustadas en uno ó dos meses los dilatáis años enteros ! ¡ O 
procuradores de pobres que con tanto cuidado cobráis el salario que el pia- 
doso Rey os dá para que defendáis á los pobres, si con el mesmo cuidado 
no procuráis las causas de vuestros encomendados y si por vuestra causa 
y omisión padecen dos muertes ó dos penas una de hambre y necesidad y 
otra por su delito ! y qué terrible pena os espera á unos y a otros ! Pues este 
buen hombre tenia aquesta devoción con que procuraba aliviar las necesi- 
dades de aquellos pobres, consiguiendo por una parte las alabanzas Divi- 
nas en las gracias que le daban por aquel socorro, y por otra obiando los 
votos, reniegos y blasfemias que aquellos pobres despiden de si, sin duda 
afligidos de su necesidad. Otra caridad egercitaba aqueste buen hombre 
que era pedir limosna para enterrar á los pobres y mandar decirles misas, 
cosa también muy* acepta á los ojos de Dios. A este pues queriendo sin 
duda según es su misericordia darle lugar con Lázaro el pobre, pues tanto 
habia cuidado de ellos, le dio una enfermedad de que quedó valdado de 
modo que no podia trabajar para sustentarse y asi pedia limosna, acabando 
de esta manera su vida santamente para ir con Lázaro mendigo á gozar del 
descanso en el seno de Abraham. 

242 



Aqueste mismo año á 12 de Diciembre entró en la Ciudad de Gua- 
temala el Presidente D. Diego de Avendaño, que fué un hombre muy cris- 
tiano y desinteresado, sin que se le conociese el menor asomo de codicia 
que se puede tener á maravilla que haya un gobernador en las Indias que 
no sea codicioso. Fué Oidor de Megico, de Granada y de Valladolid y de 
alli vino á aqueste reyno para presidente y lo fué hasta 2 de Agosto del año 
de 1649 que murió. Sepúltesele en el Convento de N. P. S. Francisco en 
la porteria donde se vé su estatua muy al natural sobre su sepulcro. Fué 
muy apacible y piadoso y al mesmo paso era hombre brioso cuando era 
menester. Hubo un Oidor maldiciente en su tiempo que pretendia hacer 
burla de él por verlo tan pacífico : disimuló algún tiempo por ver si se co- 
rregía, y viendo que su paciencia mas lo empeoraba, habiéndole probado 
un cohecho, la privó de la garnacha ; y él viéndose sin ella se retiró á la 
Hermita de los Remedios donde estubo algunos años. El Consejo Real apro- 
bó lo hecho por el Presidente y asi no volvió á aquesta Andiencia de Gua- 
temala, hasta que al cabo de algunos años lo enviaron á la de Guadala- 
jara desde donde vino para esta de Guatemala. Si aquesta peste del cohe- 
cho, como mata y quita la vida de las almas, quitara también la del cuerpo 
¡que pocos jueces habrían de vivir y como la justicia andubiera mas dere- 
cha de lo que anda, y como no se vieran las monstruosidades que se ven ! 



CAPITULO LXXVI 

Succesos de Guatemala y muerte de algunos vecinos de ella. — Este 
Capítulo está duplicado en el original 

En aqueste año de 1643 quisieron algunos vellacos darle la bienve- 
nida al Presidente D. Diego de Avendaño y fingieron que el Holandez habia 
entrado por el puerto de Iztapa, que es el mas vecino á la Ciudad. Fué 
de noche, tocóse á rebato y como la Ciudad está hecha á tanta paz y nunca 
se le ha visto en ella la cara al enemigo, creyendo fácilmente el enredo 
fué mayor la confusión. Alistóse luego gente y fueron hasta el puerto y no 
se halló rastro de tal enemigo. Si fué mucho el gusto que tubieron porque 
fuese falsa la nueva, no fué menor la indignación de todos por el susto que 
habían recibido. No se pudo saber de donde nació esto y asi no se pudo 
castigar á los culpables como merecía su delito. 

A 17 de Mayo de aqueste año se llevó Dios á Cristoval de Salazar 
siendo Alcalde de Guatemala. Fué hombre muy dichoso en la mucha ha- 
cienda é hijos que Dios le dio, que la conservaron y adelantaron en su 
descendencia la mas dilatada que ha tenido Guatemala, la cual ha ocupado 
los principales puestos de ella asi en lo secular como en lo Eclesiástico. Tu- 
bo dos hijos Clérigos, el uno llamado D. Estevan de Salazar que fué Cura 
de Guazacapan y de la S. Y. Catedral, fué hombre muy escrupuloso y muy 
egemplar, caritativo y limosnero, y toda su hacienda la gastó en obras pías. 

243 



Siendo Canónigo de Guatemala hizo un frontal de plata que hoy tiene la 
Sta. Yglesia. Murió el año de 1673 y dejó todo lo que tenia, para obras pias : 
al morir se le apareció Sta. Rosa como el mesmo lo dijo á su Confesor al 
tiempo de verla. Su hermano D. Antonio de Salazar que fué Maestrees- 
cuela y Provisor del Obispado fue también hombre muy egemplar; dióle 
Dios mucha hacienda, pero también la empleó en beneficiar á pobres y 
dotó cinco sobrinas huérfanas que tenia. Dio la lámpara de plata que está 
en el altar mayor de las monjas de Sta. Teresa, con el retablo y otras mu- 
chas limosnas. Fué aquesta casa muy devota del Patriarca S. Joseph cuya 
fiesta celebraban con mucha devoción y al Sto. Patriarca le atribuyen todas 
sus felicidades. 

Cristoval de Salazar comenzó la obra de la Yglesia de Sta. Catarina, 
convento de monjas, y la prosiguió su muger Da. Leonor y la acabó y fué 
de aquesta suerte. Alonso de Cuellar vecino de Mégico murió en Gua- 
temala y dejó su hacienda para obras pias y por ser su albacea á Cristoval de 
Salazar, el cual la aplicó para hacer la Yglesia de las monjas de Sta. Ca- 
tarina. Murió antes de acabarse y la prosiguió su muger Da. Leonor de 
Sosa y habiéndose acabado la hacienda de Alonso de Cuellar, prosiguió 
la obra á su costa. Costó esta 36,000 ps. y aunque en el Teatro de las indias 
dice el Dr. Gil Gonzales Dávila que se gastaron 20,000 ps. lo mas cierto 
es que 36,000 porque asi lo dejó apuntado el Maestro Fr. Antonio de Mo- 
lina cuyos apuntamientos voy siguiendo en todo esto y afirma que lo supo 
de voca de la misma Sra. Da. Leonor, á quien dice debió mucho favor. 
Acabóse la fábrica el año de 1647 y á 25 de Setiembre se estrenó y se trajo 
el Smo. Sacramento de la Catedral y se colocó en la Yglesia: duraron las 
fiestas ocho dias y cada dia con misa muy solemne y sermón, con muchas 
luminarias é invenciones de pólvora. Este Convento estubo antes en donde 
agora está el de S. Agustin y se mudó de allí por ser muy húmedo y malsano. 

También murió aqueste año á 12 de Julio el Dr. Nicolás Toledo. 
Fué hombre muy docto, gran teólogo y predicador; pero le siguió la des- 
gracia que suele seguir á los tales de mal premiados por menos entremeti- 
dos y pretendientes. Nunca dejaba los libros que era su mayor diversión: 
tubo muchas gracias naturales y entre ellas la de pintar de iluminación en 
que solia entretenerse. Suyas fueron unas palabras de la consagración que 
estubieron en nuestra Yglesia de Guatemala en el altar mayor, con toda 
la orla pintada de pájaros y flores. Fué hombre muy egemplar y acabó san- 
tamente el curso de su vida. 

Por el mes de febrero de aqueste año murió en nuestro Convento de 
Guatemala Fr. Matias de Revolorio, hombre candido y muy sencillo, que 
de él se podia decir que era verdadero israelita en quien no se halló en- 
gaño : Fué natural de Guatemala é hijo de Fernando Alvarez de Revolorio 
y de Ana Ximenez. Tomó el hábito é hizo profesión en dicho Convento en 
manos del Prior Fr. Luis Escudero á 6 de Abril de 1623. 

El dia 18 de febrero de aqueste año de 1644 en el Convento de Gua- 
temala se llevó Dios para sí al P. Fr. Jacinto Cuartero, navarro de nación. 
Dotólo Dios de un gran talento para el gobierno, y asi lo ocupó la provincia 
en muchos oficios : enviólo á los Reynos de España á los negocios, aunque 

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fué poco dichoso en ellos, que no es siempre culpa del procurador no ne- 
gociar bien. Administró el ingenio de S. Gerónimo muy en sus niñeces y 
lo hizo crecer mucho con su cuidado. Fué Prior en el Convento de Gua- 
temala donde hizo la campana grande, la cruz de piedra que está en el 
cementerio que se puso tan fija que no ha caido en tan grandes terremotos 
que ha habido y en especial los del año de 1717. Hizo las puertas de la 
Yglesia y la colgadura de tafetán de Granada para el claustro ; que ya no 
sirve por estar todo él puesto de cuadros. Miraba mucho por los bienes de 
la Comunidad y asi parece que se los multiplicaba Dios. Fué hombre 
muy observante de la religión y muy celador de ella y recibidos los Stos Sa- 
cramentos murió con mucho egemplo en aqueste Convento de Guatemala. 

En el mismo año y convento murió Fr. Tomas de la Cruz natural de 
Guatemala. Fué hijo de Pedro Dias de Cuellar y de Ana Ziancas : tomó 
el hábito en el Convento de Guatemala y en él hizo profesión en manos del 
Subprior Fr. Ygnacio de Pina á 14 de junio de 1620. Fué hombre egempla- 
risimo y de vida muy pura, ministro de indios desde que se ordenó hasta 
que murió y supo las lenguas Cachiquel y Quiche con grandísima perfec- 
ción. Sus papeles, que escribió mucho de sermones, se tienen en grande 
estimación : fué muy pobre y obediente y asi tubo una muerte muy dichosa. 
No se le caia de la voca la antifona de Sto. Domingo Magne Pater: poco 
antes de morir se puso á comer un bocado de pan con un poco de conserva 
y no pudiéndolo tragar lo sacó de la boca y lo puso en la servilleta y la dobló 
diciendo que ya no era tiempo de comer. Llamó al Religioso que lo asistia 
que se llamaba Fr. José de Lara y le dijo que llamase á los padres para que 
le recomendasen el alma, y al entrar los Religiosos en su celda les dijo : 
Padres míos encomiéndenme á Dios porque ya estoy en sus manos; y to- 
mando en la suyas un crucifijo dio su espiritu al Sr. á quien con tanta fi- 
delidad habia servido en cuidar y doctrinar á sus pequeñuelos los indios 
á quienes administró con la piedad de madre amantisima de sus hijos. 

Aqueste mismo año á 17 de Setiembre entró en Guatemala el limo. 
Rmo. Sr. Obispo Dr. D. Bartolomé González Soltero y gobernó aquesta igle- 
sia hasta el año de 1650 que á 25 de Enero se lo llevó Ntro. Señor. En 
tiempo de aqueste Sr. Obispo fué la sugecion de los Religiosos á recibir 
la colcacicn canónica de mano de los Sres. Obispos, de que se han se- 
guido tantos daños asi al estado regular como á la misma administración. 
Solo quien lo ha experimentado y ha visto con cuidado todo lo antiguo para 
hacer aquesta obra, conoce algo de lo que es. No tubo la culpa aqueste 
santo Prelado, sino la instancia que S. M. hacia sobre la egecucion de esta 
materia, que apurado por los Sres. Obispos apretó sobre ello hasta que se 
egecutó. A Dios ha dado la cuenta el que ha sido causa de tantos males, 
pues aunque no podemos dudar del buen celo que á algunos Prelados asis- 
tida, tampoco se puede dudar de la ambición de otros por tener mas que 
mandar, y unos y otros pudieron haber considerado la santidad de los pri- 
mitivos obispos y lo escrupuloso que fueron en todo y que vian por sus 
ojos lo que pasaba y como administraban las sagradas Religiones y con 
eso se hubieran sosegado en sus escrúpulos y quizá si hubieran considerado 
bien la materia hubieran sentido lo contrario de lo que sintieron. En fin 

245 



aqueste santo Prelado puso en egecucion la colación canónica y señaló en 
este Obispado todos los que habian de ser Curatos y los que Coadjutorías 
con mucho acuerdo y madurez de modo que no fuera tan gravosa la sugecion, 
porque como no tiró á la ambición á que otros han tirado, después, é intereses 
que buscan mas que el bien de sus ovejas, como lo estamos viendo aquestos 
años en que estamos, lo dispuso todo con mucha suavidad y por la nota que 
pudo haber de si fué mala voluntad contra las Religiones lo que obró, se 
compurgó á la hora de su muerte diciendo que por el estado en que estaba, 
que no le habia llevado otra cosa mas que las apretadas órdenes de S. M. y 
asi lo creyeron todos los que habian esperimentado su gran virtud y desin- 
terez. No visitó su obispado porque estubo siempre muy enfermo y viejo y 
no por eso se puede decir que velaba sobre sus ovejas, que fué muy buen 
pastor y vigilante, sino que como no era amigo de trasquilar como los que 
vemos hoy, no despachaba visitadores uno sobre otro, como lo estamos es- 
perimentando, que ya no hay modo de soportar tantas visitas. Murió con 
muy buenas disposiciones y asi tenemos por muy cierto que se fué á gozar 
de Dios este Sto. Prelado. Dejó muchas cosas á la Sta. I. Catedral y no tiene 
alhaja de consideración que no la diese él á su esposa para su buen adorno, 
aunque ya con el transcurso del tiempo está ya todo olvidado. 

En aqueste mismo año de 44 viendo nuestro padre Fr. Francisco Mo- 
ran que el alcalde Mayor de Ciudad Real D. Diego Ordoñez de Villaquiran 
no trataba de dar cumplimiento á lo que habia pactado con S. M. tocante 
á la reducción de los indios Choles, y que por mas diligencias que habia 
hecho con él no se daba por entendido, porque como su propuesta no fué 
mas que para conseguir el oficio, esto conseguido no trató de otra cosa; 
para dar cuenta á S. M. de lo que pasaba y para que le constase que no era 
omisión nuestra, se hubo de presentar ante D. Alonso de Silva y Salazar 
alcalde ordinario de la Ciudad de Guatemala para que le recibiese infor- 
mación de todo lo que habia pasado y diligencias que habia hecho con él 
para dar cuenta á S. M. La información está muy plena y de testigos de 
primera excepción, como era el mismo que habia sido Alcalde Mayor que 
fué á tomar posesión de los pueblos de los Choles en nombre de S. M. 
como queda dicho, y otros testigos tales, de vista de todo. En la petición 
refiere todo el caso de la reducción y alzamiento y lo que propuso á S. M. 
en el Consejo de las indias cuando estubo en España, y como D. Diego 
Ordoñez prometió hacer la reducción á su costa, y como habiendo venido 
no trató de ella y como él le habia instado sobre ello, y como después de 
ser Provincial fué á las Chiapas en persona á comunicar con el mismo el 
modo que en ello se habia de tener para la entrada y á los tiempos en que 
se habia de hacer, como quien habia entrado muchas veces en aquella mon- 
taña ; y habiendo ido al Convento de Ococingo que confina con las monta- 
ñas del Lacandon y ofrecidole su persona y religiosos de la Provincia y los 
bienes de los Conventos, á nada dio oidos ni quiso convenir en nada. Hizo 
la información muy plena y dio con ella en el Consejo por lo cual la debia 
de venir alguna reprensión, porque después hizo la entrada mas por cum- 
plimiento que por otra cosa, y asi no hizo mas que entrar dos jornadas á la 
montaña y de allí no pasó : al parage á donde llegó llamó El Próspero con 

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que dio ocacion de muchos yerros que después se han cometido en aquesta 
entrada; y pensando algunos escritores que toparon después estas noticias 
confusas, que habia hecho algo ú poblado algún lugar, le llaman la Ciudad 
del Prospero y no fué sino un rancho que allí hizo por entonces y no hubo 
mas, y se volvió como se dirá á su tiempo. 



CAPITULO LXXVII 

Celébrase junta intermedia en el Convento de Guatemala; y muertes de 

algunos Religiosos. 

A los 14 del mes de Enero de aqueste año de 1645 celebró N. P. Fr. 
Francisco Moran su junta intermedia en el Convento de Guatemala. Con- 
currieron á ella los PP. Fr. Crisóstomo de Lorenzana Padre de provincia, 
Fr. Pedro de Montenegro padre de provincia, Fr. José Gutiérrez Prior de 
S. Salvador, Fr. Diego de Guzman Prior de Coban, Fr. Pedro de Lira pre- 
dicador geni, y Prior de Sacapulas, Fr. Jacinto de Garrido Lector de Teolo- 
gia y Prior de Zozocoltenango, Fr. Pedro de la Cruz Prior de Tecpatan, Fr. 
Ambrosio de Solórzano Prior de Chiapa de indios, Fr. Pedro de Antezana 
Subprior de Guatemala, Fr. Luis de Morales Predicador General, Fr. Pedro 
de S. Raymundo Pred. geni. Fr. Rodrigo de Ureza Lector de Teologia y 
pred. geni, y Fr. Juan de Quiñonez pred. geni. 

Hicieronse muy santas y buenas ordenanzas en aqueste Capitulo y 
muy dignas de que se guardasen y observasen siempre, como fué la de los 
exámenes muy rigorosos para dar el hábito y que no se le diese á ninguno 
que tubiese origen de indio que se llaman mestizos ; y que los Priores cuan- 
do van á visitar á los Ministros de los pueblos, vean las Cofradias del Smo. 
Rosario y procuren su aumento. 

Los Religiosos de quienes en aqueste Capitulo se hizo memoria por 
haber muerto desde el Capitulo pasado, son los siguientes: en el Convento 
de Guatemala Fr. Matias Alvarez padre antiguo de quien ya se hizo me- 
moria arriba, Fr. Jacinto de Lozada religioso lego. Fué aqueste religioso 
natural de Guatemala é hijo de Luis de Figueroa y de Inés Lozada: tomó 
el hábito en el Convento de Guatemala y llamóse Fr. Jacinto de S. Vicente, 
hizo profesión en manos del Prior Fr. Luis Escudero á 6 de Abril de 1623. 
Fr. Juan de Sta. Maria Religioso lego. En el Convento de Ciudad Real el 
padre Fr. Pedro Mártir, predicador general, natural de Guatemala é hijo 
de Gerónimo Muñoz de Málaga y de Ana Ceballos, tomó el hábito en esta 
Ciudad é hizo su profesión en manos del Sto. Fr. Andrés del Valle siendo 
Provincial, á 4 de Agosto de 1599 : fué muy buen religioso, humilde y do- 
tado de muy buenas prendas asi naturales como adquiridas, porque era 
de muy linda cara y cuerpo, muy buen cantor y Teólogo y exelente predi- 
cador. Desde niño fué muy virtuoso y recogido y asi lo continuó toda su 
vida que parece que nació con él el ser religioso pues sus padres desde niño 

247 



lo criaron con el hábito de la orden y el se portaba como tal. Tubo la ora- 
ción latina en el Capítulo del P. Fr. Alonso Garcia en Ciudad Real y agra- 
dó tanto que los Padres lo pidieron al Provincial y asi se quedó allá y no 
hubo forma de traerlo á leer artes y Teologia aunque le daban Cátedras. 
Hicieronlo Subprior de Guatemala y lo fué poco tiempo porque suspiraba 
por sus Chiapas. Tubo conclusiones mucho tiempo y con los Sres. Obis- 
pos Dn. Fr. Tomas Blanes y D. Fr. Juan Zapata. Era fácil en la predica- 
ción y muy elegante en el decir, amado de todos por sus exelentes prendas, 
que como se ha dicho acompañó con una profunda humildad sobre la que 
levantó un grande edificio de virtudes, de que se puede creer goza el pre- 
mio en el Cielo. También murió en este Convento Fr. Jacinto Juárez padre 
antiguo. En el Convento de S. Salvador murió Fr. Bartolomé de Castella- 
nos pred. geni, fué natural de Guatemala c hijo de Bartolomé Castellanos 
y de Da. Catalina Valdez y Cárcamo : tomó el habito en el Convento de 
Guatemala é hizo su profesión en manos de Fr. Rafael de Lujan en 15 de 
Setiembre de 1611, fué definidor y Prior en muchos Conventos y siempre 
dio muy buena cuenta de los oficios que se le encargaron. También murió 
Fr. Bartolomé del Castillo en el Convento de Sacapulas murió Fr. Andrés 
de Valera, padre antiguo, natural de la Ciudad de Zamora é hijo de Anto- 
nio Pérez y de Inés Valera, tomó el hábito en el Convento de Guatemala 
y en él' hizo profesión en manos de Fr. Rafael Lujan á 8 de febrero de 
1601. En Tecpatan murió Fr. Francisco de Toro predcr. geni. En el Con- 
vento de Zozocoltenango murió Fr. Luis Saenz pred. geni, fué muchas ve- 
ces definidor y Prior de muchos conventos, porque fue religioso de muy 
buenas letras y virtud y muy apto para el gobierno de cuyo don lo habia 
adornado Ntro. Señor. En el Convento de Chiapa de indios Fr. Pedro 
Pacheco padre antiguo ; y en el Convento de Ococingo Fr. Juan Ruiz padre 
antiguo y Fr. Bartolomé Temporal padre antiguo. 

Para memoria de los venideros y desengaño de lo que son los bienes 
terrenos y por qué fué nuestro bienhechor, me será fuerza referir la muerte 
de Antonio Justiniano que fué aqueste año de 1645. Era Ginovez de nación 
y fué el hombre mas poderoso que ha tenido aquesta Ciudad de Guatema- 
la; y tanto que para ponderar la riqueza de uno se decía es un Justiniano. Y 
con eso fué un hombre muy piadoso y compasivo y asi jamas egecutó á 
persona alguna que le debiese, y aunque el crédito fuese de mucha cantidad 
no se desdeñaba de recibir á cuenta un solo peso que se le diese. Enterróse 
en la capilla de la asunción de Ntra. Sra. cuyo patronato habia comprado 
en nuestros Conventos en donde dejó una memoria y capellanía. Otro 
hermano tubo llamado Tobías Justiniano, fue también hombre poderoso 
aunque no tanto como su hermano. Este tubo dos hijos llamado el uno 
D. Francisco Justiniano y el otro P. Antonio, ambos nacidos en Guatemala. 
El Don Francisco pasó á España en donde habiéndose puesto el hábito de 
Santiago obtuvo el oficio de Alguacil mayor del Consejo de Indias que eger- 
citó muchos años. El otro hermano D. Antonio Justiniano fué alcalde Mayor 
de S. Salvador y después se puso hábito de Santiago y murió desgraciada- 
mente de una apoplegia el año de 1658 á 27 de Noviembre. 

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El Antonio María Justiniano tubo solo un hijo heredero de toda su 
hacienda y se llamó D. Nicolás Justiniano. Pasó á España con toda su 
hacienda en donde habiendo estado muchos años y puestose hábito de 
Calatrava, el año de 1660 por Noviembre llegó á Trujillo con un navio car- 
gado de hacienda, vino á esta Ciudad de Guatemala en donde tubo muy 
malos succesos, porque le prendieron en el Cavildo donde estubo muchos 
dias y le embargaron toda la hacienda. Salió de la cárcel dando fianzas 
y volviéndose á España, en sus costas encontró con catorce embarcaciones 
moras y habiendo peleado se escapó de ellas, mas la nao dio en unos arre- 
cifes y se maltrató mucho y le robaron lo mas que tenia porque con la pelea 
habia quedado casi sin gente y así le pudieron robar muy á su salvo. La 
hacienda que quedó padeció menos naufragios, porque de las resultas de los 
pleitos de Guatemala en el Consejo de Indias se determinó que se le em- 
bargase la que llevaba, con que dio fin y cabo la mayor hacienda que han 
tenido las indias. Por muerte de D. Francisco su primo, entró D. Nicolás 
á ser Alguacil Mayor del Consejo de Indias y en el acabó aunque muy po- 
bre. Hoy no se quien representa su derecho para aquel oficio, que para 
lo demás de la hacienda no es menester que haya heredero. Juan Antonio 
Justiniano murió á 22 de Abril de dicho año y como se ha dicho, se enterró 
en su capilla de la Asunción en nuestra Yglesia y alli está su estatua muy 
al natural. 

También aqueste mismo año á 21 de febrero murió otro bienhechor 
nuestro y á quien debe el ser la Real Universidad de Guatemala, llamado 
Pedro Crespo Xuarez que fué correo mayor y Regidor de Guatemala y al- 
guacil Mayor de la Sta. Ynquisicion, hombre muy poderoso y pió y asi supo 
disponer bien de su hacienda. Murió sin hijos y asi lo dejó todo para 
obras pias : al Convento nuestro dejó diez mil pesos de limosna y otros diez 
mil de Capellanías que se rezan en la Capilla del Smo. Rosario, y para 
memoria y reconocimiento el R. P. Fr. Juan del Campo siendo Prior de 
Guatemala puso una loza en un pilar de dicha Capilla, que hasta hoy perse- 
vera, en que hace memoria de las limosnas que dejó al Convento. Dejó 
otros catorce mil pesos para que se negociase la Universidad de Guatemala, 
dejó renta para las cátedras y destinó una de ellas para la Religión de Sto. 
Domingo para que siempre la leyese un Religioso Dominico. Dejó por 
sus albaceas al Prior Del Convento y á Juan de Minuesa y duró mas de 
treinta años en erigirse la Universidad por la contradicción que hizo el Co- 
legio de la Compañía de Jesús; y para que no se entendiese que el solicitar 
la Religión la erección de la Universidad era por el interés de la Cátedra, 
la renunció en manos de su Mgd. para que la diese á quien quisiese, porque 
las diligencias que se hacian eran solo por cumplir con lo que habia man- 
dado el dicho correo mayor y por atender al lustre de la Ciudad. Ya estaba 
la Religión cansada y con ningunas esperanzas de conseguir la tal Univer- 
sidad cuando fué N. Sr. servido que á 21 de Octubre de 1676 llegó la nueva 
á esta Ciudad de la merced que S. M. le habia hecho en conceder la Uni- 
versidad y fué de las primeras que hizo cuando entró á gobernar. Estaban 
los PP. de la Compañía persuadidos de que no se habia de conceder la tal 
Universidad, y para disuadir á los que la solicitaban dieron á su Colegio 

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nombre de Universidad Pontificia y Regia y asi lo decian en todas las 
conclusiones que se defendian; y en los últimos años desde el de 62 hasta el 
de 76 dieron grados de Doctores, que antes no daban sino de Maestros, y 
el año en que vino la concesión de la Universidad se esforzaron todo lo po- 
sible en celebrar su inicio con toda la solemnidad que en las Universida- 
des se acostumbra y así lo tubo el Doctor Nicolás Roldan subiendo á la 
Cátedra con muceta y borlas de Doctor. Esto fué el dia de S. Lucas á 18 
de Octubre y el dia 22 como se ha dicho llevó á todos los Padres á festejar 
el inicio á un molino que tenia que llamaron de Contiño y estando en la 
fiesta y meriende entró el correo con la nueva de la erección de la Univer- 
sidad con que se volvió de hieles el convite. Dióse luego orden á disponer 
toda la fábrica para que tubiese generales y lo demás conveniente para Uni- 
versidad. Adelante se dirá cuando empezaron las Cátedras. 



CAPITULO LXXVIII 

En que se trata de las entradas que hi¿o á las montañas D. Diego Ordoñez 

de Villaquiran. 

Por quitar las equivocaciones que se hallan en la historia que escri- 
bió D. Juan de Villagutierre de la conquista del Ahitza y en la del M. R. 
P. Fr. Diego Cogolludo de Yucatán (*) que aunque no padece yerro en lo 
que escribe puede causarlo porque se confunde la entrada que Su Paterni- 
dad refiere al pueblo de Nokhan por el pueblo de Tenocique ; es menester 
que se trate aquesto mas de propósito de lo que arriba queda tratado ; y 
asi digo que lo que escribió Villagutierre de que aunque no se sabe cuando 
fué aquesta entrada de aqueste caballero y que lo cierto es que fué por el 
pueblo de Tenocique, es menester que se advierta que fueron dos sus en- 
tradas á la montaña, la una á instancias del P. Fr. Francisco Moran, como 
se ha dicho arriba, y lo mas cierto es que fué compelido por el Real Con- 
sejo de las indias por la obligación que habia hecho con S. M. y que en ella 
habia de gastar 30,000 ps. como consta de la información que pidió se le 
recibiese el dicho P. Fr. Francisco Moran que arriba queda dicho y la tengo 
original en mi poder, con que dio cuenta á S. M. de que resultó embargarle 
su renta y quedar depositada en la Real Caja de una encomienda que tenia 
en el pueblo de Mita en la provincia de Guatemala. Con esto se esforzó 
y juntando alguna gente salió del pueblo de Ococingo según se puede 
colegir el año de 1644 que era ya á los fines de su gobierno. Llegó quince 
leguas adentro de la Montaña, que todo es despoblado é hizo alto en un 
parage que llamó el Próspero para allí fundar su titulo de Adelantado que 



(*) Villagutierre fols. 165 y 166-Cogolludo Lib. 12 cap. 2<? et. segus. 

250 



habia ajustado con su Magd. De allí, según aparece en un diario que hi- 
cieron tres soldados que se dirá adelante, envió alguna gente á esplorar la 
tierra y no hallando habitante alguno, trató de salirse. Ni era dable que 
hallase sino es muy adentro mas de 60 leguas como se. vido en la entrada 
que habia hecho el Ldo. Ramirez y en la que hizo D. Juan de Morales 
que se han tocado arriba. Con esto hecho bando bajo pena de la vida que 
, todos se volviesen : sintieron mal de aquesta retirada los soldados mismos 
! del Adelantado del Próspero viendo que no venian bien estos nombres á 
i quien se retiraba; pero hubieron de obedecer á su Capitán y Alcalde Mayor 
que podria egecutar la pena que imponia, sin apelación. No obstante un 
). Alférez, un Sargento y un soldado de la compañia se determinaron á pasar 
. adelante sin que su Capitán lo entendiese y cogiendo algún matalotage de 
i mais pasaron adelante acompañándolos un indio de Ococingo de los de la 
nación de Pochutla que habia sacado el P. Fr. Pedro Lorenzo, práctico de 
aquellas montañas llamado Francisco Cortez, y fueron penetrando aquellas 
\ montañas é hicieron un diario de todo lo que ivan viendo y de lo que les 
iva succediendo, del cual diario dieron un tanto al indio Cortez á petición 
suya y el mismo indio se lo mostró original en el pueblo de Ococingo á 
N. M. R. P. Fr. Agustin Cano siendo Provincial de aquesta provincia, y de 
: él sacó un traslado simple firmado del P. Fr. Bartolomé Ximenez y aqueste 
traslado lo dio al Presidente D. Jacinto de Barrios cuando trató de aquella 
entrada que hizo por el pueblo de Ococingo el año de 1695, de que se tra- 
tará á su tiempo, para disuadirlo de ella porque constaba que por aquella 
parte no habia indios algunos ; aunque no bastó y de ello tubo el logro que á 
su tiempo se dirá. 

Lo que en aquel diario se contenia eran todos los parages por donde 
habían andado un mes entero perdidos sin bastimentos, porque brevemen- 
te se les acabaron los pocos que llevaron consigo, sin encontrar gente ni 
señal de ella, sino pasando riscos, peñascos, ciénegas, esteros, rios, monta- 
ñas y solo dos cosas notables se refieren en el dicho diario, la una fué que 
una tarde mucho antes de anochecer fueron tantos los murciélagos que 
cargaron sobre ellos que se les oscureció la luz del dia y pasaron aquella 
noche con gran temor de que los murciélagos les hiciesen algún grave 
daño ; la otra es mas estraña y que sin duda fué obra del demonio : dicen 
que hallaron en una cueva de peña viva formado un lagarto monstruosísimo 
hecho de barro fresco y tan reciente que estaba todavía el barro blando que 
podia amasársele y formar otras figuras, y que tenia algunas flores del 
monte puestas en el barro blando. Admiráronse mucho de aquello porque 
en todo aquel territorio no habia barro de aquella calidad y por estar tan 
fresco y no hallar señal de que hubiesen llegado hombres á aquella cueva. 
Sin duda fué obra de brujería. 

Por último se dice en aquel diario que habiendo caminado un mes 
por aquellas montañas y viendo que ya perecían de hambre sustentándose 
solo con frutas silvestres y carne de micos, trataron de coger algún pue- 
blo de cristianos y asi declinaron para la parte de Tabasco que les pareció 
seria mas fácil y menos peligroso para no dar en manos del Alcalde Ma- 
yor, que no volver á Ococingo ; y que habiendo caminado diez días fueron 

251 



á dar al pueblo de Tenozic. Alli descansaron algunos dias porque hallaron 
siquiera casas en qué albergarse, mas el pueblo estaba solo porque los po- 
cos habitadores que habia, habian ido á sus milpas y á buscar qué comer 
en otros pueblos porque se padecia grande hambre en dicho pueblo de Te- 
nozic y asi hubieron de salir ellos también á buscarlo en otros pueblos para 
remediar su necesidad. Por aqui se conoce cuan falso es lo que dice el 
citado Villagutierre de que aquesta entrada fué por Tenozic, pues por alli 
fué la salida de los soldados que con él habian ido y quisieron proseguir lo 
comenzado por el mismo Alcalde Mayor D. Diego Ordoñez ; y asi no fué tan 
sin fundamento la retirada de aqueste caballero, pues no descubrieron sus 
esploradores gente ni pueblo alguno por estar los indios muy retirados de 
aquellos parages mas de 60 leguas. Porque después que el santo Fr. Pedro 
Lorenzo penetró en aquellas montañas después de la entrada del Ldo. Ra- 
mirez que se ha dicho, y sacado los indios de Pochutla que agregó á Oco- 
cingo y los Bachajones que fundó en el pueblo de Bachajon y los de Tila 
y Túmbala y principalmente los del Palenque en donde está sepultado, como 
se ha dicho, no se hallaron mas indios por todo aquel costado de los Zenda- 
les, sino fueron los de la laguna del Lacandon que halló fundados en su 
peñón que es como isla, Don Juan de Morales Villavicencio en la entrada 
que hizo de orden de la Real Audiencia por el mes de Marzo de 1586 cuyos 
autos originales paran en nuestro archivo de Guatemala y en ellos consta 
que habiendo ellos quemado el pueblo y el dicho Capitán taladoles todas 
sus milpas y habiéndose salido al pueblo de Ococingo y enviando después 
á 18 de Noviembre de aquel año esploradores que fuesen á ver si habian 
vuelto á fundar los indios en su peñol, no hallaron rastro de ellos ni las 
milpas resembradas, sino todo desamparado y desierto; y parece que vién- 
dose perseguidos aquestos indios se retiraron arriba enfrente del Peten 
á las caidas de las montañas de los Cuchumatanes, porque alli los halló el 
dicho Presidente D. Jacinto de Barrios Leal en la entrada referida; y se con- 
firma ser asi porque en todo aquel viage desde que entró por el Próspero 
hasta llegar al pueblo de Lacandon á las caidas de los Cuchumatanes no 
se halló rastro de indios ni á un lado ni á otro, ni en una laguna muy gran- 
de que descubrieron hallaron cosa alguna, se concluye que por aquesta parte 
no hay mas que lo que queda dicho. 

Volviendo ahora á lo que resta que contar de aqueste caballero, pa- 
rece que se le hizo cargo de no haber dado cumplimiento á lo que habia 
prometido á S. M.; y él, acabado su oficio y para su descargo, ó para ale- 
gar méritos, como otros muchos hacen, quiso emprender la entrada el año 
de 1646 por el pueblo de Tenozic que es de la jurisdicción de Tabasco y no 
toca á Chiapa, y entrar por el pueblo de Nohhaá á los demás circunvecinos 
cuya historia refiere el P. Cogolludo en el lugar citado. Dice que habia 
juntado algunos indios y los habia poblado, á quienes catequisó un Reli- 
gioso doctrinero de aquesta provincia, y en ella no hay tal memoria de 
poblazon de aquese tiempo, aunque se tiene memoria de todas las que hay. 
El pueblo de Nohhaá que dice, no se sabe ni lo declara si el dicho D. Diego 
Ordoñez lo habia pacificado, y si él lo apaciguó es muy reparable que les 
pusiese aquel mestizo Bilbao para que los catequizase y no les pusiera Mi- 

252 



nístro eclesiástico; y en fin, lo que de todo cuanto refiere el P. Cogolludo 
de aquella conquista que llama del Reyno del Próspero en aquellos cinco 
capítulos, se conoce que todo fué una quimera de D. Diego de Ordoñez 
para cumplir con su Magd. ó para alegar méritos con el fin de conseguir 
otros gobiernos que es lo común y lo que hacen todos y aun muchas veces 
todo lo fingen aunque ceda en descrédito de otros, como lo hizo D. Sebastian 
de Olivera en la Verapaz con lo que consiguió la Alcaldia Mayor de Quezal- 
tenango, sobre que no merecia sino muy severo castigo por lo mal que alli 
obró ; y otro caballero que hoy vive que habiendo obrado una maldad en 
la villa de Sonsonate se le premió con la Capitania del Peten y habiendo 
alli obrado las peores en deservicio de ambas Magestades se le dio la Al- 
caldia Mayor de Verapaz y habiéndolas obrado alli execrables, que ni un 
luterano, hoy se halla premiado con la de S. Antonio. Asi parece que obra- 
ba aqueste caballero y aun parece que estaba algo dementado en el nombra- 
miento de Abad que hizo en Padre Comisario, que eso solo le toca á S. M. 
nombrarlo. Véase todo lo que alli se refiere y se verá el fundamento que tuvo 
aqueste caballero. El murió luego y todo se acabó. Dios lo haya perdonado. 



CAPITULO LXXIX 



Muertes de varones justos y celebrase Capítulo provincial- 
No me parece que será fuera de proposito hacer memoria en aqueste 
año en que vamos, de dos varones justos á quienes todos tubieron por ami- 
gos de Dios, y pues, según, piadosamente creemos, están escritos en el li- 
bro de la vida, no será fuera del caso que los escribamos en el nuestro. El 
uno se llamó Fr. Juan Melón religioso lego de N. P. S. Francisco, varón de 
muy rara virtud ; y una de las cosas en que parece que mas resplandeció fué 
en el espíritu de profesia, y para que se vea referiré una cosa que pasó dia de 
nuestro P. S. Francisco. Había en Guatemala una muger llamada Maria 
de Escobar á quien llamaron comunmente la sempiterna, muger pobre aun- 
que muy buena cristiana, la cual estando preñada de un hijo suyo que se 
llamó José tubo antojo de comer un poco de enzalada y un poco de queza- 
dilla, y acordándose que en la comida de S. Francisco habria de esto, fué 
á la portería del Convento siendo portero Fr. Juan Melón. Hallóla cerrada 
y después que comieron los Religiosos salió á repartir la comida á los po- 
bres. Abrió la puerta y salió Fr. Juan con dos quezadillas en la mano y 
dijo á la muger: Hija, aqui tiene las quezadillas: la ensalada ya la traen, 
de que la muger quedó espantada porque su deseo y antojo ella sola lo sa- 
bia. Revelóle Dios el dia de su muerte y el dia antes de que muriese estan- 
do sentado en la portería le dijo al Padre Fr. Sebastian de Arroyo de mi sa- 
grada religión, á quien todos conocimos que entonces era estudiante : Niño 
encomiéndame á Dios, rézame un Padre Nuestro y una Ave Maria que ma- 
ñana he de morir. Y fué asi, que como lo dijo murió con gran opinión de 

253 



santidad y antes de enterrarlo muchos del pueblo le cortaron los hábitos 
por reliquias. Fueron muchas sus virtudes y no dudo que los coronistas 
de su Provincia las escribirán por estenso, como es justo, que aqui por no 
meter la hoz en mies agena no me esplayo mas, dando esta breve noticia 
por ir adornando este mi ramillete de otras flores de afuera para mayor 
lucimiento ; y por eso haré también memoria aunque breve de otra flor muy 
hermosa que cortó la parca á 11 de Octubre de aqueste año de 1646 que 
fué el P. Alvaro Arias Ravanal, clérigo presbítero, hombre egemplarisimo 
y que fué de mucha edificación en Guatemala. Vivió santamente cum- 
pliendo con las obligaciones de su estado. 

En aqueste año de 1647 hubo en Guatemala una peste terrible que 
se llevó mucha gente. Fué tanta la que murió que ya no habia donde en- 
terrarla en las Yglesias, de modo que ofreciéndose en la S. Y. Catedral abrir 
una sepultura y buscando un lugar que les pareció que alli no habria ente- 
rrada otra persona, hallaron un cuerpo reciente, de modo que con gran 
trabajo hubo donde se pudiese abrir. Duró aquesta peste desde Enero 
hasta Marzo : hicieronse las diligencias cristianas que la piedad acostumbra 
en estas ocaciones para aplacar la ira Divina, á saber novenarios y rogati- 
vas. Era de modo que salia el viático por la mañana y no volvia sino hasta 
la noche y en el camino se remudaban los sacerdotes para administrarlo. 
El Ylmo. y Rmo. Sr. D. Bartolomé Soltero acudia á su oficio de pastor 
muy vigilante, repartió gran suma de limosnas y él personalmente iva á las 
casas de los pobres á distribuirla y consolar á los enfermos. Hizose proce- 
sión de sangre en que sacaron el Sto. Cristo de la Yglesia Catedral, salien- 
do en ella descalzo el Sr. Obispo : en nuestro Convento tubo lugar un no- 
venario á la Virgen Sma. del Rosario y el dia 24 de febrero se hizo una 
procesión con la imagen de plata que es devotísima y muy milagrosa, predi- 
có el P. Fr. Juan de Mesquita insigne orador á quien acababan de hacer 
Provincial aquel mes de Enero antecedente, lo hizo con grande espiritu y 
conmovió mucho á penitencia y dolor de los pecados para que la Divina 
justicia se aplacase. 

Cumplido el tiempo del gobierno de N. M. R. P. Fr. Francisco Moran 
que fué de cuatro años dos meses, y cuatro dias, que se habia prolongado 
por causa de que los capítulos se celebrasen por el mes de Enero por las 
muchas incomodidas que tiene su celebración en otro tiempo del año juntos 
los Padres vocales en el Convento de Guatemala eligieron con común gus- 
to de todos al R. P. Fr. Juan de Mezquita Profesor de Sagrada Teología por 
haberla leido, que era el título que se les daba por haberse renunciado los 
Magisterios como se ha dicho. Fueron definidores los muy Rs. PP. Fr. Juan 
del Campo, Predicador General y Prior de Guatemala, Fr. Luis de Mora- 
les Predic. General, Fr. Pedro de S. Raymundo y Fr. Francisco Morzillo 
Predicadores Generales. 

En aqueste capitulo se aceptó la Bula de la Santidad de Urbano VIII 
y letras patentes de N. Rmo. Ministro General para que se pusiese en prác- 
tica la alternativa de los nacidos en Indias y los nacidos en España y de- 
convenio de ambas partes quedó asentado que en el Provincial se alternase 
y que esta elección fuese por la nación de España y la que se siguiese fuese 

254 



por los nacidos en indias y que la misma alternativa se observase en los tres 
Conventos de Guatemala, Ciudad Real y Chiapa de indios y que en los 
demás Conventos no fuese con ese rigor sino que succediesen los Priores 
unos á otros según conviniese para la utilidad de los Conventos; y la mesma 
alternativa se habia de guardar en los grados y que los que fuesen vacando 
se fuesen proveyendo de modo que se pusiesen iguales, tantos de una parte 
como de otra. Muchas y muy santas ordenaciones se hicieron en este Capi- 
tulo según ocurrían los accidentes del tiempo ; y también se declaró en el 
título Declaraciones que los Conventos no elijiesen compañeros para que se 
escusase el gasto y embarazo de los caminos para los ayios, escepto el com- 
pañero del Prior de Guatemala, y en este se guarda la alternativa; aunque 
agora de nuevo desde que se pusieron los estudios en Ciudad Real se elige 
allí compañero, como se dirá adelante. 

Por haberse concedido en el Capítulo general de Roma, año de 1644 
que aquesta provincia pudiese tener grados de Maestros y Presentados asi 
por la Cátedra como por el pulpito y después habiéndose suspendido la tal 
concesión, el mismo General hasta que la provincia lo pidiese y haber des- 
pachado sus letras patentes S. Rma. tocante á aqueste punto, valiéndose 
de su benignidad que demuestra en sus letras patentes le postulan los 
sugetos que habia aptos para obtener los Magisterios y Presentaturas; pero 
porque esto lo revocó después el año de 1652 el Rmo. Ministro General 
Fr. Juan B. de Morinis no se hace aqui mas mención hasta el tiempo en 
que aquesto quedó asentado, y de aqui procede que en muchas partes se 
hallen algunos sugetos con el título de Maestros y en otras nó, por que 
fueron asi llamados el tiempo que lo obtubieron y cuando fueron despoja- 
dos se les dejó de llamar con ese título. 

Los Religiosos difuntos de que se hizo mención en este capitulo son 
los siguientes. En el Convento de Guatemala el R. P. Fr. Pedro Ramírez 
P. General: fué natural de Trugillo en Honduras é hijo de Gaspar Ramírez 
y de Melchora Reyes naturales de la Ciudad de Sevilla: tomó el hábito en 
este Convento de Guatemala y en el hizo profesión en manos del M. R. P. 
Prior Fr. Agustín Montes á 26 de Mayo de 1629: era de singular ingenio, 
gran gramático y aprovechó en las Artes y Teología mas que todos sus 
condicipulos y asi leyó la gramática artes y Teología con mucho aplauso 
y crédito de hombre sapientísimo. Tubo algunos disgustos con el P. Fr. 
Jacinto de Cabanas sobre que fué á Roma y de allá vino constituido Lector 
de Teología : fué insigne Predicador c hizo mucho fruto con sus sermones 
no solo entre los Españoles sino también entre los indios cachiqueles cuya 
lengua supo muy bien. Compuso un libro de sermones de todas las Do- 
minicas de Trinidad que el habia predicado y lo dedicó al Ylmo. y Rmo. 
Sr. D. Bartolomé González Soltero; pero fué desgraciado porque el Sr. 
Obispo vivió poco y no se imprimió y el libro pasó á la Compañía. Mu- 
rió á los 35 años de su edad, poco más ó menos, con que cortó el hilo á las 
muchas esperanzas que de tal sugeto se habían concebido : fué muy obser- 
vante y religioso, muy sincero y apacible y asi fué muy amado de todos. 
Al margen de su profesión se lee esta nota: Obiit sincerus et sapientissimus 
vír, que en dos palabras esplica mucho. Fué predicador general y se le dá 

255 



eí título de Profesor de Sagr. Teología. También murió Fr. Francisco Gra- 
nobles, padre antiguo, natural de la Ciudad de Guatemala é hijo de Juan 
de Granobles y de Ysabel Rodríguez. Tomó el hábito en el Convento de 
Guatemala y en él hizo profesión en manos del R. P. Vicario Fr. Agustín de 
Montes año de 1604, Fr. Juan Nuñez padre antiguo, Fr. Francisco Catalán 
sacerdote. En el Convento de S. Salvador murió Fr. Andrés del Castillo pa- 
dre antiguo. En el Convento de Coban murió Fr. Jacinto de S. Yldefonso 
padre antiguo. En el Convento de Chiapa de indios Fr. Ambrosio de So- 
lorzano Prior del mismo Convento, y Fr. Alonso Ortiz predicador General. 
Fué aqueste religioso natural de Guatemala é hijo de Alonso Ortiz y de 
Inés Rodríguez, tomó el hábito en el Convento de Guatemala y allí hizo 
profesión en manos del R. P. Prior Fr. García de Loaisa á 9 de febrero de 
1602. Fr. Pedro Pacheco padre antiguo. En el Convento de Ococingo Fr. 
Juan Duque Prior del mismo Convento, y Fr. Antonio Melendez asimismo 
Prior de dicho Convento. En el de Tecpatlan Fr. Bartolomé del Águila 
padre antiguo. En el Convento de Sonsonate Fr. Agustín de Villafuerte 
natural de Ciudad Real é hijo de Gonzalo Rodríguez de Villafuerte y de 
de Da. Paula Aduza, que tomó el hábito é hizo profesión en el Convento 
de Guatemala en manos del R. PP. Fr. Alonso Guirao á 30 de Setiem- 
bre de 1615. 

Echóse la junta intermedia futura para el Convento de Zacapulas 
para el dia 16 de Enero de 1649 aunque después no se tubo allí, sino en 
Guatemala, y el capítulo futuro de elección se echó para 14 de Enero de 
1651 al Convento de Guatemala. 



CAPITULO LXXX 

Muerte desgraciada del P. Fr. Nicolás de Riofrio y de otras personas; y 
Consejo para asentar los Capítulos intermedios 

En nuestro convento de Guatemala hicieron los PP. antiguos un 
tanque grande y profundo en la huerta que servia de recreación á los Reli- 
giosos cuando á ella se iban á recrear, el cual después se cegó y se procu- 
ró perder, lo uno por aquesta desgracia, y lo otro por la gran molestia, in- 
quietud y gasto que se causaba con querer cada dia los Sres. Oidores y otras 
personas tales con pretesto de divertirse, que hubiese meriendas y franca- 
chelas, cosa que no podía tolerar la pobreza del Convento. En aqueste tan- 
que, pues, lunes 24 del mes de Abril de aqueste año de 1648 yéndose á 
bañar en él el R. P. Fr. Nicolás de Riofrio se ahogó, no se sabe si fue de 
calambre ó como fué; y echándole menos el martes y buscándole, hallaron 
sus hábitos y reliquias en el borde del tanque, lo vaciaron y hallaron asi- 
mismo el cuerpo en el fondo. Era hijo del Convento de Segovia y natural 
de la misma Ciudad, tenia exelentísima letra y suyas son las dos oraciones 
que están en la Sacristía de Guatemala para antes y después de la Comu- 

256 



nion. Era en estremo curioso y hombre recogido, muy buen predicador 
aunque desabrido en decir y se entretenia en los ratos que tenia desocupa- 
dos en hacer muchas curiosidades. No bebia chocolate ni se desayunaba: 
nunca se acomodó á administrar indios y asi estubo siempre en el convento 
de Guatemala donde sirvió mucho á nuestro Señor en el confesionario y 
pulpito. La noche que murió, refiere el R. P. Fr. Antonio de Molina en sus 
apuntamientos, que estando su madre y su padre parlando con sus herma- 
nos, dieron un golpe terrible en la tabla del escaño en que estaba sentada, 
Da. Francisca de Estrada de la primera nobleza de aquella Ciudad. Tomó 
el hábito é hizo profesión en el Convento de Guatemala en manos del R. 
P. Prior Fr. Juan de Ayllon á 9 de febrero de 1614, Fr. Pedro de Sta. Cata- 
rina Padre antiguo natural de Guatemala é hijo de Pedro Ibarguren y de 
Maria de Gragui, viscamos, que tomó el hábito é hizo profesión en el Con- 
vento de Guatemala en manos del R. P. Prior Fr. Andrés del Valle á 11 
de junio de 1604, y Fr. Cristóbal de Zetina padre antiguo también natural 
de Guatemala é hijo de Miguel de Zetina bienhechor y devoto nuestro y 
por la parte de abajo, de que hubo mucho miedo, y sabiendo al dia siguien- 
te su muerte se persuadió de que el P. Fr. Nicolás habia sido el del golpe 
porque era muy de su casa y confesaba á toda su familia, y que se tubo 
mucho cuidado en encomendarlo á Dios. También refiere el mismo P. 
Maestro Fr. Antonio de Molina que siendo él de casa de novicios el año 
de 1654 seis años después de su muerte, estando él con otros compañeros 
parlando en la comunidad del noviciado que tiene una ventana grande que 
cae á la huerta y dá vista al tanque, oyeron ásia aquella parte unas voces 
muy lastimeras que pedian confesión á toda prisa y preguntándole quien 
era, respondió : yo soy Nicolás que por mis pecados estoy aqai. Fueron á 
aquella hora, que era de noche, á llamar al Maestro de novicios que lo era 
el P. Fr. Luis de Cárcamo y desde su ventana vio y percibió las voces, pero no 
se hizo mas diligencia que encomendarlo á Dios, en quien podemos espe- 
rar, según su misericordia que la tendria de él y que le dio la muerte que 
le convendria, para su salvación, porque no es argumento de bien ó mal 
morir, ser de aqueste ó de aquel modo que infinitos casos se han visto y 
constan de las historias de muchos que se han salvado con muertes desas- 
tradas; y por todos vaste lo que se refiere de nuestro Ve. Fr. Jordán, suc- 
cesor en el Generalato de N. P. Sto. Domingo, que murió ahogado y mu- 
chas veces hizo N. Señor manifestación de su gloria en la que le habia dado 
á el V. Fr. Jordán; y muchos que con todos sus sacramentos se han con- 
denado ; y asi no se puede llamar muerte desastrada aquesta, sino tan so- 
lamente para nuestra cortedad y poco alcance que en estas materias te- 
nemos. 

No se puede omitir en este lugar la memoria de Sebastian López que 
murió aqui en Guatemala á 22 de junio de aqueste año con ciento once de 
edad y con tantos años estaba tan gordo y entero como si fuera mozo. Fun- 
dó aqueste una Capellania de 1500 pesos para que todos los dias de fiesta 
se le digese una misa en el altar de S. José que estaba en la porteria de 
Nra. Sa. de las Mercedes, que era suyo. De aqueste hace memoria el Mtro. 
Gil González Dávila en el Teatro de las Indias hablando de la Yglesia de 

257 



Guatemala. Tubo aqueste caballero un hijo religioso de Na. Sa. de la 
Merced, llamado Fr. José Monroy que murió el año de 1675 á quien debió 
su Religión muchas y muy buenas obras, porque ademas de haberla hon- 
rado con sus letras y religión, le aumentó mucho los bienes temporales. 
Predicó mas de 3000 sermones; y el año de 76 siguiente á su muerte sacaron 
su cuerpo entero de la sepultura donde le habian enterrado. Dios le tenga 
en su reino. 

También aqueste año á 13 de Octubre murió el Oidor D. Alonso de 
Castro, bien pobre y desdichadamente; dejó muger é hijos que vinieron á 
muchas desdichas. La muger perdió el juicio, las hijas procuraron casarlas 
y todas murieron pobres, y una desgraciadamente porque se ahorcó en Gra- 
nada. A un hijo suyo llamado D. Alonso lo mataron en Mégico. ¡No sé que 
desgracia es esta de los Oidores, dice el P. Mtro. Fr. Antonio de Molina 
de quien son aquestos apuntamientos, que en muriendo ellos llueven desgra- 
cias sobre sus hijos y quedan por puertas; de que tenemos muchisimos 
cgemplares! No he visto hijo de Oidor, logrado. Con mas razón lo digera 
si viera lo que actualmente está pasando con hijos de tres Oidores que aquí 
conocimos todos, y lo que le pasa á la muger de uno que está actualmente 
en este pueblo de Chimaltenango donde escribo esto. Con mucha mas 
razón se admirara de ver la desgracia que á sus hijos sigue. 

En aqueste año de 48 se asentó en Consejo que se tubo á 23 de Se- 
tiembre, según lo dispuesto por el capítulo general de Valencia celebrado 
el año pasado de 47, los que habian de ser de la junta ó capitulo intermedio, 
porque como se ha visto hasta agora, al principio se elegian cuatro defini- 
dores de los vocales y después, por el Capítulo general de Roma el año de 
29 se redujo á una junta y agora lo redujo aqueste Capítulo general á lo 
mismo, dándole fuerza de Capítulo provincial en todo lo que en ella se 
dispusiese y en conformidad de que manda que solo sean doce los de la 
junta, de los Padres mas antiguos de la Provincia, y que estos los señale 
el Consejo de la misma provincia y que señalados no esté en potestad del 
Provincial mudarlos y los que señalaron fueron los Padres de provincia 
que habia, los cuatro Priores de Guatemala, Ciudad Real, S. Salvador y 
Coban y luego para el ajuste dos padres Lectores de Teología que hubieran 
leido lo que la constitución manda y siendo juntamente Predicadores gene- 
rales, y en segundo lugar los cuatro padres mas antiguos de hábito y si su 
Rma. confirmare los grados de Maestros que se le está suplicado que en- 
tren los Padres Maestros. Por entonces no se concedieron los Magiste- 
rios y asi quedó aqueste punto hasta que se hizo la concesión, que enton- 
ces entraron los Padres de provincia que habia, cuatro Padres Maestros, 
cuatro priores arriba dichos y ajuste á doce de los Predicadores generales 
mas antiguos, y aqueste es el estilo que esta Provincia guarda hasta hoy 
y todos son definidores y tienen lugar, voz y voto en todos aquellos ocho 
dias que dura la junta intermedia que tiene la misma fuerza que el Capí- 
tulo provincial. 

258 



CAPITULO LXXXI 

Celébrase Junta intermedia en el Convento de Guatemala, lo que de ella 
resultó; y muertes de algunos Religiosos y de otras personas 

Aunque en el Capítulo antecedente se habia señalado la junta inter- 
media para el Convento de Sacapulas, por causas justas que hubo se tras- 
ladó al de Guatemala en donde á los 16 dias del mes de Enero de aqueste 
año de 1649 se juntaron según el acta del capitulo General de Valencia del 
año pasado de 47 el Provincial Fr. Juan de Mesquita, Fr. Francisco Mor- 
cillo Predicador General y Prior de Guatemala Fr. Pedro de Montenegro 
Maestro y Padre de Provincia, Fr. Crisóstomo de Lorenzana Padre de Pro- 
vincia, Fr. Francisco Moran Predicador General y Padre de Provincia, Fr. 
Andrés de la Tobilla Prior de Ciudad Real, Fr. Melchor de Saavedra Prior 
de S. Salvador, Fr. Tomas Guerra Predic. Geni, y Prior de Coban, Fr. An- 
tonio de Ochoa Pred. Geni. Fr. Pedro Velasco Pred. Geni. Fr. Bartolomé 
Rodriguez Pred. Geni. Fr. Luis de Morales Pred. Geni. Fr. Rodrigo de Urúa 
Pred. Geni, y Regente de estudios. Este fué el Definitorio que se juntó 
que parece que fué el mas grave que en la provincia se ha juntado pues 
á el concurrieron tres Padres de provincia y de los mas señalados que ha 
tenido en virtud y celo de la Religión y aunque no hubo Maestros mas que 
uno, pero en los Preds. Gens. habia lectores que podían ser Maestros por- 
que aquel grado era entonces el que se señalaba por premio y aqueste es- 
taba quitado de la provincia. Los cuatro priores también eran de las perso- 
nas mas señaladas en celo de la Religión. Esto advierto para que no cause 
tanta deformidad la resolución que tan graves padres tomaron como se dirá 
después. 

Hicieronse en aquesta Congregación muy santas leyes para el buen 
gobierno espiritual y aprovechamiento de los indios y porque los Religiosos 
que asistían en la Vicaria de Ozolotlan, que pertenecía al Convento de Ciu- 
dad Real no sufragaban en las elecciones de aquel Convento, se declaró 
la injuria que se les hacia estando privados de voto por asistir allí á la doc- 
trina de los indios, y asi se mandó al Prior de Tecpatlan que cuando hubie- 
sen de venir á votar á Ciudad Real supliese allí de Religiosos de su Con- 
vento para que no hubiese falta en aquella administración. También en 
aquesta Congregación se mandó pasar el Convento de Sacapula al pueblo 
de Sta. Cruz del Quiche y aunque los padres dicen que la materia la han 
considerado bien, bien pudo ser que las razones que entonces tubieron fue- 
sen mas graves y urgentes; pero lo que se ha esperimentado es que siendo 
el pueblo, como es, cada dia se ha ido acabando mas y el día de hoy se 
halla sumamente atrazado y destruido que casi está el Convento en el cam- 
po, y lo de Sacapulas se ha mantenido; y lo que mas es que aquella prime- 
ra doctrina que de aquellos primitivos varones apostólicos mamaron la han 
mantenido con tanto tesón que hasta el dia de hoy están clamando por su 
Convento y continuamente están peleando con el Ministro que se guarden 
todas las ceremonias de Convento y que se toque á comer y lo demás como 

259 



si fuese convento y de muy buena gana gastan la cera que hallan mejor 
de la de Castilla para el culto Divino permaneciendo la Capilla y Música 
como si fuera una catedral. Infinitas veces han clamado á los Provinciales que 
les vuelvan su convento y no se ha podido conseguir. Lo que por entonces 
se hizo para sosegarlos fué hacer á aquella casa Vicaria de voz y voto, 
y con esto se sosegaron; pero como según se dirá adelante quedase aquello 
hecho pueblo de visita, han vuelto al mismo desasosiego clamando por su 
Convento y consideradolo la provincia la suma cortedad del pueblo de Sta. 
Cruz y cuan gravoso le es aquel convento por su cortedad, se dio cuenta á 
S. M. quien por su Real Cédula mandó se pasase al pueblo de Sto. Tomas 
Chichicastenango y no se ha puesto en egecucion, no sé por que motivos 
ni es fácil alcanzarlos. Los Superiores á quienes toca sabrán la causa, lo 
cierto es que aquellos pobres indios se hallan muy gravados y cada dia se 
vá esperimentando mas ruina en aquel pueblezuelo. También en aquesta 
junta se erigió en Vicaria la Casa de Rabinal y se le adjudicó el pueblo 
de Cubulco y diósele por primer Vicario al R. P. Fr. Diego de Rivera con voz 
y voto en los capítulos provinciales. 

Los Religiosos difuntos de quienes en este capítulo se hizo memo- 
ria para que se encomendasen á Dios fueron los siguientes. En el Con- 
vento de Guatemala el P. Fr. Raymundo de los Reyes, padre antiguo, na- 
tural de Guatemala é hijo de Francisco de Morera y de Maria González. 
Tomó el hábito é hizo profesión en el Convento de Guatemala en manos 
del R. P. Fr. Agustín de Montes á 26 de Enero de 1603 : Fr. Pedro de Lira 
Predicador General, natural de Guatemala é hijo de Pedro de Lira y de 
Maria de Ayala tomó el hábito é hizo profesión en dicho Convento en ma- 
nos del R. P. Fr. Alonso García á 31 de Agosto de 1608 : Fr. Juan de Rueda 
padre antiguo y Predcr. Geni. En el Convento de Coban Fr. Felipe Sán- 
chez lego. En el Convento de Tecpatlan Fr. Miguel Deza Subprior del mis- 
mo, natural de Guatemala é hijo de Gonzalo Muñoz y de Maria Deza. To- 
mó el hábito en aquel convento é hizo profesión en manos del R. P. Fr. 
Alonzo Guirao á 30 de Setiembre de 1615. En el Convento de Chiapa de 
indios Fr. Domingo de Almanza Subprior y Fr. Juan Guerra Lector. En 
el Convento de Comitan Fr. Tomas Velasquez padre antiguo y Fr. Diego de 
Villamar sacerdote. Señalóse el Capítulo de lección como se habia señalado 
en Capítulo Provincial. 

En aquesta junta se tomó la resolución mas estraña que en la Reli- 
gión de Sto. Domingo se habia visto, como muy bien lo pondera nuestro Rmo. 
P. Mtro. Fr. Juan B. de Morinis sobre aqueste caso diciendo : La verdad es, 
Padres, que la Junta ha hecho una novedad que la han estrañado y sentido* 
los mayores sugetos de esta Curia, admirando que esa provincia cuya obe- 
diencia era egemplo á otras, haya dado principio á lo que nunca se ha visto 
en la Religión. La resolución fué que habiendo deposiciones de algunos 
exesos que el Pronvincial cometía, se nombraron jueces para la averigua-, 
cion y lo que de ello resultó fué suspenderlo y nombrar un Vicario General' 
para que gobernase la Provincia, que fué el R. P. Fr. Pedro de Montenegro 
padre de Provincia, cómo se egecutó. Las causas que he visto en el proceso 
que se guarda en nuestro archivo de Guatemala, fueron tan leves que sin 

260 



duda fué exeso la suspensión del Provincial determinada por la Junta. Los 
sugetos que lo egecutaron fueron de tanto lustre y crédito como se verá en 
lo que Nuestro Rmo. dice, la acción terrible, pues qué se puede decir de 
aquesto? Lo que Ntro. Rmo. dice y la disculpa que dá, que es en gran lustre 
de aquesta provincia, Su Rma. satisfaga por sus palabras que son como si- 
gue : He advertido que muchos de los jueces son muy temerosos de Dios 
y celosos de la observancia regular y que los delitos que se imputaron al R. 
P. Fr. Juan de Mesquita, si en otra parte algunos de ellos se pudieron disi- 
mular, en esa Sta. Provincia son escandalosos. No me ha parecido usar del 
rigor que determinó la consulta contentándose solo con dar la supension 
por nula; aunque si fuesen otros los sugetos y fuera en otra provincia, tu- 
bieran un castigo egemplar, como lo haré en cualquiera que semejante 
acción hiciere. Dada ¡por nula la suspensión, no ha <f altado quien diga resti- 
tuyera al Provinciálato al R.P. Fr. Juan de Mesquita; mas no me ha parecido 
conveniente, lo primero por la paz y quietud de la provincia, lo segundo por- 
que no quede sin castigo la ocacion que dio dicho Padre Fr. Juan de Mes- 
quita con sus acciones, que aunque no tienen pena ¡t?e suspensión ni absolu- 
ción y si hay alguna, no está .bastantemente probada, no deja de ser muy 
culpable contra nuestras leyes y contra las santas costumbres de esa nuestra 
provincia. Es cierto que no se puede decir mas en abono del buen nombre 
que aquesta provincial tubo para con nuestros Rmos. Generales y para con 
todo el mundo y el crédito que los que á la junta concurrieron tenian y con 
razón porque eran verdaderos hijos de Sto. Domingo, celadores de su religión 
y aunque los cargos por sí eran leves, en esta santa provincia se reputaron 
por muy graves. Recibió el Provincial aqueste golpe como hijo de Sto. Do- 
mingo porque á la verdad si tubo algunos descuidos no fueron de malicia 
sino de demasiada bondad de ánimo ; y como la bondad en los Prelados si 
es desordenada y demasiada no puede ser cosa mas mala, asi se hizo caso 
de ellos como cometidos con depravada malicia. Retiróse á su celda en donde 
vivió lo restante de su vida muy egemplarmente hasta que acabó su carrera 
como se dirá adelante. Ni menos trató de su defensa como verdadero humil- 
de y aprovechándose del gran talento que Dios le dio y de sus muchas letras 
conoció que aquello lo encaminaba Dios N. S. para su bien á que está siem- 
pre atento apartándonos de los lasos y tropiezos que nos pueden ser emba- 
razos á la salvación, y del mismo modo no formó queja de alguno, antes á sí 
se hecho toda la culpa y que su castigo era muy bien merecido por sus hie- 
rros ; con que del veneno hizo triaca de vida contra la venenosa ssrpiente 
que le habia de procurar morder. 

Aqueste mismo año á 28 de febrero se llevó N. S. á su eterno descanso 
para dárselo en premio de tantas fatigas, á la columna mas fuerte y al após- 
tol, que asi se puede llamar, del Manché, el R. P. Fr. Gabriel de Salazar. Fué 
aqueste religioso hijo del Convento de Na. Sa. de Atocha en la provincia de 
Castilla y el gran deseo que tenia de la salvación de las almas y conversión 

261 



de los infieles al conocimiento del verdadero Dios, lo trajo á aquesta provin- 
cia, aunque la obediencia no lo aplicó desde luego á este ministerio, por ser 
por entonces mas necesario para que acaudillase á los que alaban á Dios 
en el Coro en que fué muy diestro y excelente músico. En aqueste oficio de 
ángel gastó algunos años en que dejó muy diestros Maestros y con esto se 
puso con licencia de los Prelados á las conversiones del Manché donde tanto 
se aplicó a aquel idioma y á aquel santo ministerio que después fué insigne 
Maestro en uno y en otro de singulares dicipulos que sacó de aquesta grande 
escuela y entre ellos el mas señalado fué N. P. Fr. Francisco Moran de quien 
se ha dicho alguna cosa de su ardentisimo celo de la salvación de las almas y 
conversión á nuestra santa fé católica de los gentiles, quien entró en su com- 
pañía, como queda dicho, el año de 1618 que vino de España. En aqueste 
santo ministerio gastó muchos años hasta que por permisión Divina, sin que 
alcancemos sus altísimos juicios, se perdió aquella conversión y apostataron 
aquellos miserables de la fe que habian recibido en el santo bautismo ; y aun- 
que fueron muchas las penas y fatigas que aqueste bendito Padre padeció 
asi en sus reducciones como en su manutención, como de hambre, sed, can- 
sancio, andando de dia y de noche, á pié, por aquellas montañas, ciénegas, 
lagunas, rios, barrancas para haberlos de reducir y los que pasó cuando el 
levantamiento y tantos peligros de la vida como pasó en medio de aquellos 
bárbaros infieles y poco menos que bestias por su gran rusticidad, no fueron 
cosa en comparación de las aflixiones de su alma y dolor interior de su co- 
razón de ver perdida aquella viña del Señor y conculcada por las bestias in- 
fernales, asi por la perdición de aquellas almas que con tantas fatigas, á 
imitación de su Maestro J. C. habia sacado de las fauces del demonio, como 
por ver blasfemado el santo Nombre de Dios y que como perros habian vuel- 
to al vómito de sus idolatrías. No se le puso delante la ingratitud de aquellos 
indios que atendiendo solo á lo que le debian de amor y cariño, fuera de los 
bienes temporales, era mucho y muchísimo mas lo que habia mostrado para 
con ellos las entrañas de madre, de madre piadosa, sino que solo atento á la 
salvación de aquellos pobres engañados de Satanás sin hacer caso de la vida 
del cuerpo porque aquellos sus hijos que habia reengendrado para Cristo la 
consiguiesen en sus almas, se metió por aquellos montes como fuera de si, 
clamando y dándoles voces como verdadero pastor para que volbiesen al re- 
dil seguro de Ntra. Madre Yglesia; pero ellos ya llevados del rubor de 
haber cometido tan gran delito y llenos de miedo de sus vecinos los Ahitzáes 
que fueron los que los alborotaron, amenazándoles de muerte si no se huian 
y prometiéndoles su favor para que hiciesen lo que hicieron, se escondieron 
en lo mas recóndito de aquellas montañas, según se ha visto, asia la costa de 
la mar de modo que no se pudo dar con ellos mas que con algunos pocos que 
agregaron al parage de S. Lucas Zalac; y viendo la Religión que el P. Fr. Ga- 

262 



bríel era para mucho y que no era bien que estubiese desocupado lo hicieron 
Prior de Coban para que sirviese á la Religión en ese oficio de tanta confian- 
za. Pero no sosegando su espiritu que se hallaba atribulado por la pérdida de 
sus hijos, no omitia cuidado para saber de ellos y buscarlos; y habiendo tenido 
noticia que se habian retirado asia la parte del norte de Coban hacia el rio 
de Sacapulas, se presentó ante la Real Audiencia con aquel memorial que 
arriba quedó dicho, y aunque por entonces no surtió efecto su entrada, la 
egecutó después como se ha dicho, con ingentisimos trabajos y penetrando 
todas aquellas montañas; pero no quiso Dios que encontrase con sus ovejas 
para volverlas al aprisco que á buen seguro que no dejara su piedad de conse- 
guirlo. No por eso desistió de su pretensión antes prosiguió en aqueste mismo 
egercicio todo el resto de su vida fuera de que la Religión le ocupó en los 
Prioratos de Coban, como se ha dicho, Ciudad Real y Ococingo y su priorato 
de Guatemala y el oficio de cantor, en ninguno de los cuales tenia descanzo 
estudiando varias lenguas que supo con admiración para poder socorrer á 
sus prógimos, como fueron la Quiche, Cacchiquel, Pocoman, Pocomchi, Zen- 
dal, Tzotzil, Cacchi y la Chol de las montañas, que son ocho fuera de la latina 
y castellana. También se ocupaba en enseñar á los indios la música de can- 
to llano y canto de órgano en que sacó exelentes dicipulos. Fué devotísimo de 
la Virgen Sma. y de su Smo. Rosario en cuyo loor compuso un libro muy 
devoto, como también muchos oficios de misas, visperas y otras obras por 
punto en que adiestró á los indios. Fué insigne orador, muy agraciado y á 
todos atraia con natural alegria con que se le hacian suaves tantos trabajos; 
pero no pudiendo la naturaleza soportar tanto maltrato como dio á su mise- 
rable cuerpo de mortificaciones, ayunos y penalidades por aquellas monta- 
ñas, lloviendole siempre que apenas se le secaba la ropa en el cuerpo aunque 
alentaba su espíritu con mucha oración; vino á rendirse la carne á tantas 
enfermedades como contrajo en aquellas humedades y por último alivió al 
espiritu en el Convento de Rabínal habiendo recibido muy devotamente los 
Stos. Sacramentos, el día y año referido. Fué su muerte muy sentida de 
todos porque sus relevantes prendas le hicieron muy estimado de los Sres. 
Obispos y Presidentes y de todo lo mas ilustre de Guatemala y de los pobres 
por su gran caridad con ellos dándoles cuanto podía de limosna. Entre las 
habilidades naturales que tenía, una era la de escribir libros de coro y asi 
escribió el libro de que usa nuestro Convento de Guatemala del oficio todo 
entero de N. P. Sto. Domingo, obra ciertamente muy curiosa asi en la letra 
como en lo iluminado y ajuste del punto. Muchos fueron los trabajos que 
toleró por la conversión de los infieles y por servir á Dios y á la Religión y asi 
no es dudable que son muy realzadas las coronas de que goza en el Cielo 
porque sin duda se puede llamar el primer Apóstol del Manché, porque aun- 
que antes habían trabajado en aquellas reducciones tantos y tan excelentes 
varones, ninguno hasta entonces con tanto tesón y trabajos; y asi se levanta 
con la primacía de aquestas reducciones. 

263 



CAPITULO LXXXII 

Muerte de algunos Religiosos y de otras personas. 

En aqueste mismo año á 28 se llevó Dios para si á Fr. Diego de Guz- 
man, natural de la Ciudad de Guatemala é hijo de D. Diego de Guzman y 
de Da. Maria de Loaisa. Tomó el hábito en el Convento de Guatemala y en 
él hizo profesión en manos del P. Prior Fr. Francisco Zevallos á 9 de Agosto 
de 1626. Fué religioso muy observante y trabajador: el fué el que hizo la 
Yglesia de S. Agustin. Tzumpango en el valle de Guatemala en que trabajó 
sobre manera porque ademas de ser una fábrica muy suntuosa de tres na- 
ves y artesón, conforme era menester para lo numeroso de aquel pueblo, 
á causa de ser muy barrancozo y de hacerse la Yglesia en una ladera, se 
trabajó al doble para igualar aquel sitio y poder hacer cementerio y casa de 
vivienda, de tal modo que la mitad es como de bajos y la mitad como de 
altos siendo toda igual, á causa de lo barrancoso, y asi esta la Yglesia del lado 
del norte como metida en la tierra y por el otro lado del cementerio se bajan 
muchas gradas y escaleras todo de ladrillo y mamposteria de piedra; y el 
mismo metió el agua é hizo las pilas que estubieron antiguamente al pié del 
cementerio en la plaza, para socorro de aquel pueblo que padece mucho 
cuando le falta el agua. Aunque agora cuatro años se ha hecho una pila 
muy hermosa en medio de la plaza con mayor aseo que la hermosea mucho, 
fué obra que se hizo á solicitud del R. P. Presentado Predr. Geni. Fr. Se- 
bastian de Rivas ; y aunque la fábrica de la Yglesia era muy fuerte, á causa 
de estar en ladera padeció casi total ruina en la portada, techo y capilla 
mayor en los terremotos que hubo noche de S. Miguel del año de 1717 de 
modo que agora la está acabando de derrivar el R. P. Presdo. y Predr. Geni. 
Fr. José de Parga para levantarla de nuevo. Estaba acabando de celebrar 
las fiestas del estreno de la Yglesia el P. Fr. Diego de Guzman cuando le dio 
el mal de la muerte y en breves dias se lo llevó N. S. á descansar del gran 
trabajo que habia tenido en edificarle su casa y asi es muy creible que luego 
le praparó mansión y habitación en el Cielo en premio de su aplicación y celo. 

A 23 de Agosto de aqueste mismo año se llevó Dios, según se cree pia- 
dosamente, al eterno descanso, en el Convento de Guatemala, al P. Fr. Cris- 
tóbal de Ochoa. Fué hombre muy entero y al parecer de rígida condición 
pero no era sino gran celo que tenia de la Religión : fué muy observante y 
recogido y asi llevaba á mal cualquier cosa que le parecia no ser muy ajustada 
á religión y observancia. Llamáronle el Cristero porque entre otras muchas 
habilidades que tenia una era la de hacer imágenes de Cristo S. N. y de 
otros santos muy perfectos en lo que gastaba los ratos que las ocupaciones 
religiosas le daban lugar, y como era tan devoto y tenia por lo mismo tan 
impresa la imagen del santo que se proponia hacer, la egecutaba y sacaba 
muy perfecta. En el pueblo de Jalapa, dice Fr. Antonio de Molina en sus 
apuntaciones, que vio una imagen de San Cristóbal muy hermosa y bien 
acabada que estaba sobre el sagrario, y que en el capitulo de nuestro Con- 
vento de Guatemala estaba otra imagen muy devota de N. P. Sto. Domingo 

264 



(aunque hoy no está) la que hizo en cumplimiento de una promesa hecha 
porque al pasar por una puente de palos de un rio muy peligroso cayó de 
la muía y lo llevó arrastrando en cuyo acto llamó en su ayuda á su Sto. padre 
y nuestro Sto. Domingo quien lo libró del riesgo. Murió como se ha dicho, 
en el Convento de Guatemala habiendo recibido con mucha devoción los 
Stos. Sacramentos y no hay duda que iria á gozar con los prototipos de los 
santos cuyas imágenes hizo tan devotas, de la gloria eterna. 

En este mismo año murió el P. Juan de Vera presbitero, Cura de la 
Sta. Catedral que pareciendo en su porte un pobre mendigo le hallaron des- 
pués de su muerte mas de siete mil pesos en trapos y medias viejas; cosa 
muy escandalosa para un sacerdote y mas siendo Cura, que, sacada su con- 
grua sustentación, todo lo demás es de los pobres ¡Ojala y no lo imite otro 
porque es materia de mucho riezgo ; aunque por esto no lo condeno porque 
á solo Dios le es permitido el juicio final de cada uno. Todo lo heredaron 
unas sobrinas pobres que tenia y sin duda asi lo permitió Dios para que 
aquellas pobres se remediaran. 

También es fuerza hacer memoria de Andrés de Molina que se lo 
llevó Dios á 10 de Diciembre de aqueste año, por haber servido diez y ocho 
á la Virgen de la Soledad de nuestro Convento de Guatemala. Fué hombre 
de singulares fuerzas pues llegó á quebrar cuatro herraduras juntas y á 
detener una rueda de ingenio; y para desengaño de los hombres y para que 
conozcan que por mas fuerzas que tengan no es menester mas que un leve 
soplo para deshacerse, murió casi de repente de habérsele torcido una tripa. 
Hubo dos hijos en la Religión, el uno llamado Fr. Andrés de Molina y el 
otro Fr. Antonio de Molina que fué Maestro y gran religioso y observante 
y murió en Cádiz habiendo ido por procurador de aquesta provincia, como 
se dirá á su tiempo. 

A 2 de Agosto de aqueste año se llevó Dios para si al Presidente D. 
Diego de Avendaño. Enterróse en S. Francisco en la portería como se vé 
en su estatua que está sobre su sepulcro. Ya queda dicho arriba de su de- 
sinterés y agora digo para prueba de lo mismo que habiendo mandado hacer 
en Quezaltenango dos escritorios con sus mesas y queriendo obsequiarle 
el Corregidor de aquel partido con pagar las hechuras, no lo consintió sino 
que las pagó el con su dinero ; y habiendo venido un navio del Perú el dueño 
lo regaló con unas pasas, aceytunas y vino, y no lo quiso recibir. El fué el 
que abrió las bocas de las minas de azogue del Almadén en España de adon- 
de tubo el ascenso á esta presidencia y se le mandó en su escudo de armas 
siete bocas de minas por la que abrió. 

Por cerrar con aqueste año este libro cuarto, es fuerza hacer memoria 
de algunas personas que se llevó Dios aqueste año, y la primera fué el limo, 
y Rmo. Sr. D. Bartolomé González Soltero Obispo de Guatemala, Prelado 
á todas luces excelso, santo y limosnero, como arriba queda notado, que 
verdaderamente se pudo levantar con el renombre de padre de pobres. El 
segundo fué el Dean de la Sta. Yglesia Catedral el Dr. Ambrosio Dias del 
Castillo hijo de D. Francisco del Castillo y nieto del gran conquistador Bernal 
Dias del Castillo, que si su alto nacimiento le elevaba, mucho mas le elevó 
y sublimó su gran virtud y literatura. Varón de grande egemplo y asi todos 

265 



le tenían gran respeto : estudió en nuestro Convento de Guatemala y fué 
dicipulo del Sto. Fr. Andrés del Valle y asi era, lo uno, acérrimo defensor de 
la doctrina tomistica y tal su devoción al Sto. Doctor Sto. Tomas y á sus 
obras que se dice de él que en su casa las tenia con lámpara encendida con- 
tinuamente, y lo otro, gran pregonero de las virtudes del Sto. Fr. Andrés del 
Valle que como su dicipulo alcanzó mucho de sus virtudes y penitencias, y asi 
solia decir que tres hombres portentosos en penitencia habia en la Yglesia 
de Dios, el uno N. P. Sto. Domingo, el 2 9 Fr. Enrique Suson y el 3 9 el Sto. 
Fr. Andrés del Valle. Enterróse en la Sta. Catedral honrando con sus ceni- 
zas en muerte a quien tanto habia honrado en vida pésame no tener noticias 
mas ciertas de sus singulares virtudes, que hasta hoy se tienen en la memo- 
ria de los hombres, para con ellas ilustrar aquesta obra y á que le sirviese de 
esmalte para que tubiese algún lucimiento y se honrasen con la memoria 
santa de quien tanto nos honró en su vida. 

En este año de 1650 empezó á celebrarse el Sto. entierro de Cristo con 
mucho solemnidad la cual se ha ido continuando de modo que es hoy la 
procesión mas devota que tiene la Ciudad de Guatemala, la cual han procu- 
rado adelantar con gran fervor los Mayordomos que se han seguido, entre 
los cuales el que mas la aumentó fué el Capitán Alonso Gil Moreno hombre 
muy devoto y pió; y quien hizo el retablo suntuoso que hoy tiene aquella 
capilla y el sepulcro de carey y plata con vidrieras de cristal y muchas cosas 
de las que sirven aqueste dia. Es la Ciudad de Guatemala y su Cabildo como 
patrona de aquesta cofradia y al primer Alcalde le toca sacar el estandarte, 
al segundo la campanilla y las insignias de la Pasión las sacaban los Capitu- 
lares con sus lobas de tafetán doble negro, pero disminuyéndose el Cabildo 
se dispuso que Religiosos graves interpoladamente con los Sres. Capitulares 
sacasen las Santas insignias; mas para mayor lucimiento y veneración se 
dispuso que cada insignia la sacase un ángel de estatura entera en sus andas 
muy ricamente adornado y cada uno de los gremios de los oficios mecánicos 
compone un ángel y lo saca muy acompañado de luces, que siendo como 
veinte los Angeles, hacen lo mas del cuerpo de la procesión y la hacen lucir 
con mucho esmero y grandeza. 

Desde la Bula de Clemente VII tubo principio aquesta cofradia y en- 
tierro de Cristo S. N. y se hacia antes el descendimiento y se predicaba en 
él saliendo después la procesión; pero en la competencia que hubo con los 
PP. de S. Francisco el año de 1595 se compusieron en que el descendimiento 
se hiciese en el Convento de N. P. S. Francisco y sacasen su procesión á las 
tres de la tarde y solo por el atrio y que la nuestra saliese como habia salido 
siempre por las calles de Guatemala. Quedóse en aquesto y aunque la pro- 
cesión era muy devota, como pia, por ser del entierro de la persona mas rica 
y poderosa que por nosotros se hizo pobre y menesterosa, no tenia aquella 
grandeza y lucimiento que acto tan pió y religioso pedia entre católicos, has- 
ta que siendo aqueste año Mayordomo Antonio de Rizo criollo de Oaxaca 
procuró su gran devoción alentar el fervor de los fieles y que se hiciese el 
Sto. entierro con mucha pompa y acompañamiento de luces y para alentar 
la devoción se empezó á establecer que se predicase antes de la procesión 
y aqueste año dio principio á ello el mayor orador que en aquellos tiempos 

266 



tubo aquesta provincia que fué el M. R. P. Fr. Antonio Baños tomando por 
tema aquel verso del salmo 4 9 Beatus qui inteligit super ege num et paupe* 
rum, tema muy propio de aquel asunto por que si Cristo S. N. canonizó al 
que piadoso se muestra con el pobre, no es dudoso que tendrá muchos grados 
de gloria el que lo es con el mayor pobre que hubo jamas en el mundo siendo 
Sr, de todo y tanto que ni donde reclinar su cabeza tubo y en el mayor des- 
amparo cuando todos los suyos le dieron de mano. Aqueste buen hombre 
alentó cuanto pudo la devoción de los fieles y tanto se ha continuado que 
dificulto que el dia de hoy haya procesión en la Cristiandad que le exeda 
porque concurriendo á ella todo lo mas lucido de la Ciudad, ya con la mucha 
cera, ya con la mucha penitencia que sale, ya con la multitud de Angeles 
adornados á las maravillas con mucha honestidad con sus lobas negras ya 
con todo lo demás de que se compone cerrándose con una escuadra de sol- 
dados con su centurión, componen el mas solemne y devoto espectáculo que 
se puede ver en la cristiandad ; que al ver la magestad de aquel entierro y la 
devotísima imagen de Cristo S. N. difunto en el sepulcro, no hay hombre 
por mas distraido que sea que no se compunja llenándosele los ojos de lá- 
grimas de dolor y ternura por que no puede menos que recordarle aquel es- 
pectáculo de aparato y de la vida muerta por sus culpas que moverle á 
compasión y dolor viendo que sus culpas fueron la causa de tanta lástima. 
En cuya contemplación será justo que suspendamos y cortemos el hilo de 
aquesta historia dándole fin al libro 4 9 para proseguir con libro nuevo pues 
aquí hizo mención el gobierno de aquesta santa provincia trocándose en el 
de la alternativa, y asi con ella se dará principio al libro 5 Q siguiente. 



Adición que deberá ponerse en el capítulo 7 9 de este libro 
al fin del párrafo donde se refiere la muerte de Fr. 
Francisco de Viana. 

"En un cuadernito muy antiguo que es de la letra de aqueste venera- 
ble Padre están unos apuntamientos que dejó, que no quiero omitir por la 
memoria venerable de tan santo religioso. Dice pues: 

El coco de S. Miguel Tucurub se sembró en el año de 1583 y el de 
Sta. Catarina en el año de 1584 en fin de Noviembre, un año el uno después 
del otro, y las palmas el año de 1585. Yo lo sembré á gloria de Dios.— Fr. 
Francisco de Viana. 

El hoyo que se abrió en S. Cristóbal por un temblor fué el año de 1590 
dia de año nuevo á la media noche, poco mas ó menos. — Fr. Freo, de Viana. 

El pueblo de Polochic se pasó á Chiantum, donde agora está, el año 
de 1592 en Marzo, Abril y mayo.— Fr. Franco, de Viana. 

Jesús, Maria y José.— Yo vine á esta provincia de Guatemala en 23 
de Marzo de 1556 siendo provincial el M. Fr. Tomas de la Torre y luego vine 
aqui asignado á Coban con un P. que se llamaba Fr. Gerónimo de Peralta, 
que venimos juntos de Castilla: yo he estado en este Convento todo este 

267 



tiempo si no fueron tres años y medio que estube asignado en Guatemala. 
En el tiempo que he estado en esta provincia y convento de la Verapaz he 
escrito algunas obras y libros en la lengua que tomé al principio, que se dice 
Pocomchi, cuya cabeza principal es el pueblo de Tucurub que en la infi- 
delidad de esta provincia era cabeza y primado de toda ella; pues los libros 
que yo a gloria de Dios he escrito en la dicha lengua son los siguientes : tras- 
ladé una doctrina que habia escrito el P. Fr. Domingo de Vico, ésta luego 
el primer año que vine: mas, traduje de la lengua Cachi en esta de Pocomchi: 
el Evangelio de S. Mateo y el Paraizo terrenal y unos adagios y los adverbios 
que habia escrito el P. Fr. Domingo de Vico en Cachi: mas traduje un cua- 
dernillo de la crianza que también hizo el P. Fr. Domingo de Vico. Los que 
yo he escrito con mi pobre ingenio, poca habilidad y menos saber, aunque 
solo por el celo de Dios y bien de las almas y alguna ayuda de los Religiosos 
que hubieren de tomar la lengua, son los siguientes : un arte de lengua : dos 
vocabularios, uno en pliego entero, otro en cuarto : dos confesionarios, uno 
para los indios que sepan confesarse y el otro para el Sacerdote, que sepa lo 
que le ha de preguntar : otro libro de los Evangelios de todo el año puestos en 
la lengua: las meditaciones de S. Agustin vueltas en pocomchi, casi todos los 
Capitulos : las vidas de los Santos, que se dice Flos Sanctorum en dos cuer- 
pos : un tratado intitulado Vita Christi de los Misterios de nuestra Fé Ca- 
tólica : un catecismo de preguntas principales de la fé y un tratadillo de oir 
misa y los versos de S. Gregorio, las oraciones de Sta. Brígida, algunos can- 
tares y el Te Deum laudamus : un tratado de Quatuor Novissimis: un trata- 
dillo intitulado de justicia para los Alcaldes: un libro de milagros de Na. Sra. 
unos del Sto. Rosario y otros que Na. Sra. ha hecho á sus devotos y unas 
oraciones á N. S. Jesucristo y otras á la Sacratísima Virgen Madre suya tra- 
ducidas en Pocomchi, sacadas del P. Fr. Luis de Granada: un tratado de 
la vida de Na. Sra. intitulado Vita Maria Virginis: parte de una doctrina cris- 
tiana que se perdió el libro donde estaba escrita la una parte ; y lo que hoy 
he trasladado del P. Fr. Diego de la Cruz que supo esta lengua Pocomchi. — 
Año de 1599. — Todo lo susodicho y lo demás que pareciere escrito de mi le- 
tra, y si algo escribiere de aqui adelante, yo y todo está sugeto á la correc- 
ción de la Sta. Madre Yglesia agora y siempre, en 9 de julio de 1599. — Fr. 
Franco, de Viana. 

Jesús. — Los algibes de este Convento de Sto. Domingo de Coban de la 
Verapaz, se hicieron el uno junto á la cocina, año de 1558, el otro el año de 
1560, á gloria de Dios y servicio y ayuda del Convento. Se hicieron vendo 
yo Sub Prior y Vicario en el dicho Convento. — Fr. Franco, de Viana". 

En el mesmo cuaderno se halla añadido de Fr. Francisco de Roque 
y de su amantísimo hijo y dicipulo Fr. Dionisio de Zuñiga, lo siguiente: 

"ítem mas, escribió el dicho Padre un cuerpo de sermones ad Adventu 
usque ad Pascha exclusive. Tiene mucha doctrina que con solo él se pueden 
predicar otros muchos sermones haciéndole una tabla de las materias que 
contiene; y tiene comenzado el segundo tomo de Tempore que ha de ser de 
mucha utilidad, hoy 20 de Enero de 1608. — Fr. Franco. Roque; y en ese mis- 
mo año murió el Venerable Padre. 



Todo lo que escribió el M. Vene. P. Fr. Francisco de Viana, que es de 
su propio trabajo, es todo lo que se puede desear de buena lengua y estilo 
y cualquiera que por sus escritos estudiare y predicare, será muy buen len- 
gua Pocomchí. Los cuadernos contenidos en la tabla atrás que están seña- 
lados al margen con esta señal (ojo), que son tres, no son compuestos por 
él (como allí se dice) sino traducidos de la lengua Cacchí en esta de Pocom- 
chí y no los tradujo el P. Fr. Francisco de Viana (que no supo aquella len- 
gua) sino que por orden suya los tradugeron indios Maestros y fiscales que 
sabian ambas lenguas y quien quiera que por aquellos escritos estudiare y 
predicare será pestífero lengua, porque el de aquellos cuadernos es pestilen- 
cial lenguage y asi no hay para que vellos habiendo tanto tan bueno y de 
tan elegante lenguage escrito del muy Vene, y religioso padre Fr. Francisco 
de Viana doctísimo en esta lengua pocomchí y muy espiritual en todos sus 
escritos ; y aunque algunos le notan de que usa de muchos sinónimos, ponien- 
do tres y cuatro y muchas veces cinco, pareciendoles que bastaban dos y 
se enfadan en pasando de este número, digo que en ley de retórica asi habia 
de ser; mas el poner muchos sinónimos lo hizo mas para enseñar lengua que 
para decillos en sermones y asi el que estudiare por los dichos escritos y 
topare alguna ringlera de sinónimos, véalos no mas que para aprendellos y 
no los diga todos en sus sermones sino un par de ellos no mas, y dejar los 
demás de decir y no de estudiallos. Este Vene, y piadoso P. Fr. Franco, de 
Viana murió vigilia de S. Mateo del año de 1608 siendo de ochenta años de 
edad, poco mas ó menos, y habiendo trabajado gloriosamente en esta tierra 
y provincia cincuenta y dos años, y como otro Vene, y Sto. Simeón cantó el 
i cántico del Nunc dimitís Ve. y en acabándolo de cantar dio su espíritu al Sr. 
volando al Cielo desde mis brazos sobre los cuales estaba recostado ; y antes 
de que perdiese el sentido le pedí se acordase de mí delante de N. Señor 
cuando se viese con él en su gloria y juntando las manos y alzando los ojos 
al Cielo me respondió que si la misericordia de Dios le llevaba allá que sí 
haría; y asi espero y creo piadosamente según su vida que vivió y muerte 
que tubo, que está gozando de Dios y reynando con él y de mí acordándose 
como me lo dejó prometido. — Fr. Dionisio de Zuñiga". 



Marzo 19 de 1867. 

(Rubrica de D. Juan Gavarrete que copió este libro de su original 
terminando su trabajo en el año citado). 



Nota al folio 46 vto. 

(a) Esto se escribe según el equívoco de Remesal. A lo que fué, fué al 
pleito de los pueblos, como se ha dicho arriba, y de camino vido los Breves. — 
Ximenes. 

FIN DEL LIBRO IV 



269 



.."■ 



LIBRO V 

DE LA HISTORIA DE GUATEMALA 






CAPITULO I 

1651 

Celébrase capítulo general en el Convento de Guatemala. — Muertes de 
algunos Religiosos; y terremoto de Guatemala. 




IEN ANOS cabales habían corrido desde que aquesta santa 
provincia se habia erigido en el Capítulo general que, como 
se ha dicho, se celebró en Salamanca el año de 1551 hasta 
este que vá corriendo de 1651, en que continuada y suce- 
sivamente todos los Provinciales que la habian gobernado 
habian sido venidos de las provincias de España, sin que hubiese entrado 
alguno de los nacidos en esta tierra, de los que llaman criollos. Si fué ó 
nó aceptación de personas, solo Dios lo sabe, pero si hubo algo de eso, no 
hay duda de que fué cosa muy perniciosa y muy del desagrado de Dios, lo 
cual no podemos juzgar que fuese así porque en todo aqueste tiempo de cien 
años hubo muchísimos sugetos que por sus relevantes prendas ocuparon 
muchos puestos de Prioratos de toda la provincia y Definiciones de los Ca- 
pítulos y muchísimos que obtuvieron muchos grados así de Maestros como 
de Presentados y Predicadores Generales, como se ha visto en el progreso 
de aquesta historia, echando mano la provincia de los muchos sugetos muy 
beneméritos y religiosos que tubo de la nación criolla, para todos los oficios y 
grados de la Religión. Y asi no hablaron verdad los que procuraban en el 
Real Consejo de las indias el pase de la Bula de Su Santidad tocante á la 
alternativa cuando alegaron que totalmente estaban escluidos los criollos 
de los puestos de la provincia y sus honores. Solo en el Provincialato no 
habia sido electo alguno de esta nación : la causa, Dios solo la sabe, como 
queda dicho; pero como el M. R. P. Fr. Francisco Morcillo fuese á España 
y á Roma é impetrase ante S. S. la bula de la Alternativa y se mandase po- 
ner en egecucion aqueste año de 51 ajustando el siglo, como se ha dicho, de 
la erección de la provincia en la elección que se hizo á los 14 de Enero de 
1651, en cumplimiento de la Bula de alternativa, salió electo con general 

273 



aplauso de todos, el muy religioso y observante padre Fr. Jacinto de Cárca- 
mo ó del Castillo, hermano que era del Doctor Ambrosio Diaz del Castillo 
y nieto del nunca bien alabado Bernal Diaz del Castillo. Era en la ocacion 
el sugeto mas señalado en virtud y aun en letras que en aquel tiempo tenia 
aquesta provincia de su nación, y asi mereció ser la primicia del mayor agra- 
do de la Divina Magestad que se dio en aquel elevado puesto. Habialo criado 
á los pechos de su gran virtud, religión, penitencia y letras el Santo P. Fr. 
Andrés del Valle y lo quena como al hijo mas señalado con las señales de 
su santo padre y como tal lo amaba y veneraba toda la provincia; y asi por 
refrescar en él las memorias tiernas de aquel santo varón, habiendo de ser 
provincial por su nación, todos á una pusieron en él los ojos con esperanza 
cierta de que seria viva imagen de su santo padre, y que gobernada la pro- 
vincia con la santidad y religión que el la gobernó, como ya habia dado mues- 
tras en los prioratos que habia obtenido en la provincia, por cuyo buen go- 
bierno y buenas letras le habia la provincia honrado con el grado de Predi- 
cador general que entonces era el de mayor estimación por no haber ma- 
gisterios. 

Fueron electos en definidores por la nación de España el M. R. P. P. 
General Fr. José Gutiérrez Prior de Guatemala, el M. R. P. P. Geni, y Prior 
de Provincia Fr. Francisco Moran; y por los padres criollos, el M. R. P. P. G. 
Fr. Antonio de Sto. Tomas Prior de S. Salvador y el M. R. P. Fr. Antonio 
Xiron Prior de Tzotzocoltenango. 

Hicieronse en aqueste Capítulo muy buenas y santas ordenaciones y 
en el se trató la materia de grados de Maestros y Presentados por la Cátedra 
respecto de haber escrito N. M. R. M. General que la Provincia lo pidiese, 
y en esa conformidad habiendo tenido su acuerdo sobre ello pareció convenir 
así para lustre nuestro respecto de que en las otras dos provincias de S. 
Franco, y Na. Sa. de las Mercedes habia tales grados y honores para los 
que habían leido y para que nuestra escuela, pues era de estudios generales, 
convendría que hubiese tales honores, y asi de nuevo se le propusieron á 
N. Rmo. los sugetos que habían hecho todos los actos positivos para los Ma- 
gisterios y presentaturas; y aunque por entonces se mantubo N. Rmo General 
Fr. Juan B. de Morinis en no concederlo, instando la Provincia en el Capitulo 
Provincial que se celebró en el año de 1655 en que fué la segunda elección 
de N. P. Fr. Francisco Moran, se hubo de conseguir aunque después se 
aumentaron mas del número que entonces concedió, que fueron cuatro. 

Sigúese la lista de los PP. difuntos de que se hizo mención en este 
capitulo. "Fué aqueste año de 651 muy trabajoso para aquesta ciudad de 
Guatemala y toda su comarca, aunque muy dichosa pues sin duda previno 
la Divina piedad antídoto á la Divina justicia, que amenazaba terrible á 
aquesta miserable República; y fué el caso que habiendo llegado á Guatema- 
la la noticia de aquella maravillosa visión de la Emperatriz de los Cielos Ma. 
Sma. Sa. Na. á el Maestro Petronio en que le manifestó cuan del agrado de 
su Smo. hijo seria que se estableciese la devoción del Smo. Rosario por ho- 
ras, que es lo que comunmente se dicen Horas del Rosario, para que conti- 
nuamente le alabasen los fieles con aquesta santa devoción del Rosario que 
tanto le agrada, dispusieron los Capellanes é hijos de Maria Sa. Na. esta- 

274 



blecer aquesta santa devoción en aquella Ciudad de Guatemala para que 
continuamente orando la Divina justicia, que siempre parece estar amena- 
zando con terremotos y otras calamidades, se templase; y para dar noticia 
á los fieles de aquesta santa y tan útil devoción se dispuso hacer una solem- 
ne procesión á la S. Y. Catedral desde nuestro Convento llevando la imagen 
devotísima y milagrosa de plata. Determinóse el dia que fué el 12 de fe- 
brero de aqueste año, que fué de Sexagésima: hizose con gran concurso y de- 
voción de los fieles y predicó en la Catedral N. M. R. P. Fr. Juan de Mez- 
quita con grande espíritu y devoción como lo hacia siempre, porque fue 
varón Apostólico y mucho mas se realzó con el golpe con que lo abatieron de 
la silla de la prelacia. Fué sobremanera lo que movió á los fieles á abrazar 
aquesta devoción de modo que desde que la procesión volvió acabada la fun- 
ción en la Catedral y se colocó la Señora en la Capilla Mayor para que los 
fieles satisfaciesen su devoción mientras se colocaba otra vez en su capilla, 
fué grande el concurso de todo género de gente y de todos sexos, eclesiás- 
ticos y seculares, nobles y plebeyos que acudieron á pedir cada uno su hora, 
con que desde aquel dia se comenzó el Rosario continuo que sin duda fué el 
refrigerio que templó la ardiente ira Divina, como luego se manifestó ; por- 
que continuando los fieles en sus horas y en hacer continuamente oración 
ante la soberana imagen de la Reyna de los Angeles en la Capilla Mayor de 
nuestra Yglesia donde estaba para colocarla con gran solemnidad en su ca- 
pilla como estaba dispuesto aquel Domingo siguiente de Quincuagésima, 
cuando el Sábado entre 12 y 1 del dia 18 de aquel mes de febrero, víspera 
de la Quincuagésima, vino tan gran terremoto que parecía que el mundo 
se acababa y que se hundían los montes, con tanto terror y espanto que no 
hubo alma nacida que no se saliese á favorecer al descampado. La Virgen 
Sma. del Rosario que estaba en su trono estubo ya para caer y aun acudiendo 
un Religioso llamado Fr. Estevan de Lois se temió caer con la Santa imagen, 
pero el se tubo fuertemente para mas seguridad suya debajo de aquella gran 
fábrica de nuestra Yglesia, que no temió colgado, de tal aldaba. Lastimó mu- 
cho todos los edificios, asi de los Conventos como de casas particulares y 
continuándose aquestos terremotos por discurso de veinte dias, no hubo 
persona que se atreviese a dormir debajo de techo, sino que todas hicieron 
ranchillos en las plazas y calles, donde habitaban de dia y de noche, en que 
se padecieron muchas necesidades y desdichas. Sacaron á Na. Sra. á la pla- 
zuela de nuestro Convento y allí le armaron un jacalillo con tapices y gua- 
dameciles (que entonces habia muchos y hoy no se halla uno) y alli de dia 
ni de noche faltaba gente rezando Rosarios á la Virgen Sma. poniéndola por 
intercesora ante la Divina Clemencia. 

Viendo la Ciudad tanta calamidad y que los temblores no sosegaban 
sino que por horas venian unos mayores que otros, determinaron con maduro 
acuerdo el jurar á la Madre de Misericordia por abogada de los terremotos, 
jurándosele hacerle fiesta todos los años el domingo inmediato al dia 18 de 
febrero, que fué en el que empezaron, como lo hicieron, y el dia que se hizo 
la promesa fué muy festivo y entonces se determinó colocar la Santa imagen 
con mucha solemnidad, como se hizo y predicó el M. R. P. M. Fr. Antonio 
Baños con singular espíritu y devoción con que hizo mucho fruto en todo 

275 



su auditorio y movió á todos á dolor y á arrepentimiento de sus culpas. Co- 
mo aquestos terremotos vinieron á tiempo de estarse repartiendo las horas 
del Rosario perpetuo, fué mayor la Conmoción de los fieles en tomar horas 
todos, conociendo claramente que mediante aquella santa devoción y la 
interposición de la Reyna de los Angeles se habia contentado la Divina jus- 
ticia con solo aquel amago, y con esto se estableció que todos los dias se re- 
zase el Santo Rosario á la oración, y se repicaba para que los fieles acudie- 
sen, tomando aquesto á su cargo el R. P. P. Fr. Francisco de León; pero el 
demonio, como tan interesado en que se resfrie ó se perturbe aquesta santa 
devoción, procuró que se perturbase por medio de una maldita muger á quien 
sugirió que hurtase la lámpara de la capilla de Santa Catarina, que le fué 
fácil por estar toda la gente vueltas las caras ásia la capilla del Rosario ; y 
aunque pareció y se descubrió el ladrón, se hubo de disponer que el Rosario 
público se rezase sobre tarde, como hasta agora se hace, y aunque el principio 
hubo mucho fervor en los fieles y acudian muchos, pero después se fueron 
resfriando y solo cinco ó seis dice el P. Fr. Antonio de Molina que perseve- 
raron, los que nombra y yo también quiero nombrar como el lo refiere por- 
que todos conocimos á uno de ellos que continuó en esta Santa devoción hasta 
su muerte, siendo ya de muy crecida edad, que fué Don Diego de Quiroga 
padre de un religioso nuestro, Fr. José de Quiroga, y de otro religioso fran- 
cisco. El otro fué un Alfaro, barbero, que solo faltó una vez en el discurso 
de veinte años: otro fué un viejo que llamaron el Guardian que no faltó has- 
ta su muerte: otro fué el Capitán Juan López de Lambur y otros dos mas. 
Succedieron en aquestos terremotos muchas cosas raras que refiere el dicho 
P. Molina, como fué que en casa de D. Gerónimo de Barahona estaba una 
muía muy braba en la caballeriza y haciendo fuerza, espantada al ruido del 
terremoto, quebró el cabestro y depuesta su natural fiereza, se vino á fa- 
vorecer á la gente que en el patio estaba arrodillada pidiendo á Dios miseri- 
cordia. Otra negra que habia hecho un ranchillo en su corral arrimado á 
una tapia, en que se recogia y abrigaba, llegando á pedir limosna un religio- 
so franciscano, como acostumbran, al salir á darle limosna se le cayó la 
tapia sobre el ranchillo, que la hubiera oprimido y muerto sin duda y la li- 
bró N. Señor mediante aquella obra de calidad que egercitaba con los po- 
bres. En toda la Ciudad se padeció mucha penuria de agua porque se que- 
braron las cañerias, todo fueron calamidades y trabajos. Lo mismo fué en 
los demás terremotos de que hay memoria en esta Ciudad, como fué uno 
dia de S. Felipe, otro dia de S. Jacinto, otro día de Sta. Eulalia á 12 de fe- 
brero de 1689 que todos vimos, y otro dia de N. glorioso P. Sto. Domingo del 
año de 1691. Mucho daño causaron aquestos terremotos como lo vimos por 
los que hubo la noche de S. Miguel y dias siguientes del año de 1717 sobre- 
pujaron á todos con notables excesos como á su tiempo se dirá cuando lle- 
guemos al dicho año. Aquellas sí que fueron desdichas y calamidades que 
no sé si la Divina justicia las enviara tales á aquesta afligida República. 

276 



CAPITULO II 

Muerte de algunos religiosos y otros sucesos de la Provincia. 



Muerte de Fr. Juan Diaz ; y de Fr. Gabriel de Sto. Tomás en el Con- 
vento de Guatemala. De Fr. Pedro de S. Raymundo en Comitan y de Fr. 
Pedro de Hoyos en Ciudad Real. 

Barcada que vino este año. — Muerte del Hermo. Alonso de S. Jacinto 
en el Convento de Guatemala. Año de 1652. 

"Fué notable aqueste año de 52 y de muchas calamidades por las mu- 
chas aguas en todo este reyno de Guatemala, pero mucho mas en la pro- 
vincia de Chiapa, en Ciudad Real y Chiapa de indios, donde parece que la 
Divina justicia queria volver á destruir aquella tierra como en tiempo de Noé 
con otro universal diluvio. Fueron aqueste año las aguas exesivas y como 
por el mes de Setiembre son mas copiosas en aquesta tierra, con exceso fue- 
ron en la provincia de Chiapa; y la Ciudad Real como se halla situada en 
un valle todo circunvalado de altas montañas asi las muchas vertientes que 
allí ocurren como el rio que aunque no es muy caudaloso las continuas lluvias 
los sacaron de madre. No tiene mas desagüe todo aquel valle que unos 
sumideros abiertos entre unas piedras que la Altisima Providencia puso al 
pié de una serrania para que todo aquel valle no quedase hecho una laguna 
y corriendo por debajo de tierra va á salir el agua mas de seis leguas ade- 
lante junto al pueblo de S. Lucas que es visita de Totojapa. Estos desagües 
á dos de Octubre de aqueste año se taparon con la mucha basura y árboles 
que traia la avenida con que fué creciendo el agua al tesón que las nubes 
descargaban, que parece se habian roto las cataratas del Cielo. Empezó á 
subir el agua ya entrada la noche y así fué mucho mayor la confusión. No se 
pudo reparar el daño abriendo los sumideros como se hace en semejantes 
ocaciones, y llenándose todo el valle llegó hasta la Ciudad. Ya el agua llegaba 
cerca del convento de las Monjas y se trataba de sacarlas y llevarlas á nues- 
tro convento para lo cual se habia desocupado toda la vivienda alta quedando 
la baja de refectorio y capítulo para los Religiosos. Era en esta ocasión Al- 
calde Mayor por S. M. de aquella provincia Don Alonso de Vargas Zapata, 
caballero de la Orden de Santiago, el cual viendo el peligro de la Ciudad 
trabajó mucho por remediar los daños que por momentos crecían como el 
agua que iva creciendo. Llegó á subir de manera que se andaba en canoas 
por la ciudad y como crecía el agua se dificultaba mas el remedio por estar 
los sumideros muy profundos, hasta que vinieron indios busos del pueblo de 
Chiapa á abrir los hoyos en que se pasó mucho trabajo por ser mucha la ba- 
sura con que se habian tapado y porque habia muchos y muy grandes árboles 
que era muy dificultoso el sacarlos. Este mesmo caso con las mesmas cricuns- 
tancias succedió en la mesma Ciudad el año de 1676 por el mes de junio 
y fueron tan generales las aguas en Guatemala no se pudo celebrar el dia 
octavo del Corpus y en Ciudad Real se celebró el dia cantando el Salmo Mi- 
serere. Temieron mas esta inundación que otras porque el agua subió mas 

277 



que otras veces. Hay sobre el puente del rio una cruz grande que tendrá 
como seis varas de alto, y creció tanto el agua que la tapó toda: fuese el 
agua tendiendo por aquellos llanos y subiendo para la Ciudad hasta llegar 
al Convento de Na. Sra. de la Merced aunque no entró adentro ; y aqui se em- 
barcaban y desembarcaban los que ivan á abrir los sumideros y solo faltó 
una vara para que llegase el agua a las cercas del Convento de las Monjas. 
Alvorotóse la gente del pueblo viendo que á toda prisa iva creciendo el agua 
y trataron de aplacar á la Divina justicia y se fueron al Convento nuestro 
cargados de Cruces, diciplinandose y pidieron al P. Prior que lo era Fr. Mi- 
guel Preciado que sacase la imagen de la Virgen Sma. del Rosario en proce- 
sión por la ciudad y mientras esto se disponia entraron en Cabildo asi los 
Regidores de la Ciudad como los Sres. Prevendados de la Sta. Yglesia Ca- 
tedral para disponer que se sacasen las monjas de su Convento y se llevasen 
al de Sto. Domingo, que es la parte mas alta de toda la Ciudad y nunca se 
ha visto que haya llegado allí el agua, y se determinó aquel mesmo dia que 
era el 9 del mes de junio, que si á las tres de la tarde no se minoraba el agua 
ni dejaba de llover que se llevasen al Convento de Sto. Domingo y el Prior 
de este desembarazó todas las celdas altas para las Religiosas y en dos 
puertas por donde se entra al Claustro alto se pusieron de la parte de aden- 
tro armellas para que las Monjas cerrasen y abriesen cuando fuese menes- 
ter. Como la Ciudad se iva anegando á toda prisa, las Monjas y los demás 
vecinos ivan enviando al Convento las cosas que tenian en sus casas y fué 
tanto lo que enviaron que ya no habia donde ponerlo. Ordenóse la procesión 
en que salió la Madre de Dios dej Rosario acompañada de todo el pueblo 
y Religiosos en la cual fueron todos descalzos no solo por aplacar á Dios con 
estas demostraciones de dolor, sino porque el agua era tanta por las calles 
que en partes daba hasta la rodillas y así ivan los religiosos con los hábitos 
levantados para poder andar y lloviendo á cántaros llevaron á la Madre de 
Dios á la Catedral donde se rezó el Rosario á voces, de alli fueron al Con- 
vento de las Monjas adonde aquellas santas religiosas recibieron á la Sobe- 
rana Señora no con cantos de alegría sino con lágrimas y suspiros. Todo 
era una notable confusión de voces, llantos, gemidos y lástimas que causaba 
gran ternura ver á aquellas santas mugeres tan aflijidas. Allí se volvió á 
rezar el Rosario y de allí pasó la procesión al Convento de nuestro P. S. Fran- 
cisco adonde se volvió á rezar el Rosario con el mesmo orden que en las de- 
mas Yglesias : de allí se volvieron á la Sta. Catedral adonde salieron los Ca- 
nónigos descalsos á recibir á la soberana imagen, estubo allí mientras se 
resaba el Rosario y querían que allí se quedase la Sta. Imagen, sobre que 
hubo protestas, demandas y respuestas y no viniendo en ello el P. Prior del 
Convento la sacaron para llevarla á él y llegando á nuestro atrio como á las 
dos de la tarde cansados y molidos y todos hechos una agua por que no cesa- 

278 



ba de llover, volvieron á la Santa imagen ásia el campo que estaba hecho un 
mar y con su soberano aspecto la estrella del mar serenó tanta tormenta ce- 
sando luego el agua y rompiéndose las nubes y se manifestó el sol resplande- 
ciente, de que recibió notable alegría toda la gente y dieron infinitas gracias 
a la Madre de misericordia por el soberano influjo con que entercedió ante el 
Divino sol de justicia Cristo manifestándolo propicio y benévolo en los ra- 
yos de aquel sol material que los rayaba después de tantos dias que se ha- 
llaba encapotado de nubes y de lluvias. Fueron las aguas menguando y el 
lugar se fué desaguando con que respiraron de tanta congoja como á todos 
tenia oprimidos los corazones. El Convento de Sto. Domingo hizo muy gran- 
des limosnas al pueblo y remedió muchas necesidades porque Dios por su 
infinita piedad quiso que el P. Prior habia hecho muchas provisiones de 
maiz, harina, gallinas y otras cosas con que hubo para remediar las muchas 
necesidades que entonces se padecieron. El P. Fr. Tomas de Valcarcel mos- 
tró no solo su grande espíritu y zelo, sino su gran caridad porque ademas de 
exortar al pueblo á penitencia, acudió con muchísimas limosnas y fueron 
muchas las que hizo el Convento entonces, porque toda la Ciudad estaba 
en la Yglesia nuestra velando y asistiendo á la Madre de Dios de noche y 
de dia, y del Convento se proveían de lo necesario porque de sus casas no 
podían ni habia como porque muchas se vinieron al suelo y arruinaron del 
todo. Muchas de ellas eran de paja y entrándose el agua levantando el te- 
cho ó cubierta lo llevaba á otras partes muy distantes. Duró el llover mu- 
chos días sin cesar ni por un Ave María: todos estaban persuadidos de que si 
de aquel modo continuaba la lluvia se acabaría de anegar toda la Ciudad 
como era fuerza que asi succediese porque siendo tanta la que caía y no 
teniendo modo de desaguar era fuerza que todo aquel valle y la Ciudad se 
volviese laguna, pero la mejor arca del testamento fué el refugio en aquel 
diluvio para que se salvasen los que á ella se acogieron. El limo. Sr. Obispo 
Don Marcos Brabo de la Serna que en la ocacion era Obispo de aquella Ygle- 
sia no se halló en la Ciudad porque estaba visitando la provincia de Soco- 
nuzco en donde se halló aislado de la inundación por haber crecido mucho 
los rios de aquella provincia; pero cuando el tiempo le dio lugar vino á la 
Ciudad donde halló cerrados y perdidos los caminos por las muchas aguas 
y la halló muy arruinada, buscó mucho maiz é hizo muchas limosnas. Es- 
tá aquesta Ciudad muy amenazada del Cielo con aquestas inundaciones y 
no hay invierno que sea abundante de aguas que no se tema alguna ruina. 
Cuando se ven en estos aprietos claman á Dios, pero pasado aquel lance 
olvidan los propósitos y se vuelven luego á sus pleitos que tienen consumida 
aquella ciudad. Ha padecido muchas calamidades y desdichas y se atribuye 
al poco ó ningún respeto que se tiene á los Sacerdotes, mas no es mucho 
cuando á varios Sres. Obispos los han ultrajado desde el primero que fué 
el limo, y Rmo. Sr. D. Juan Bartolomé de las Casas, Dominico, hasta el limo. 
Sr. D. Fr. Francisco Nuñez también Dominico; y así no es de maravillar 
que padezca aquella pobre Ciudad tantas calamidades. 

279 



CAPITULO III 

Prosiguen las inundaciones de la provincia de Chiapa, y de una luz que 
se ve en la Ciudad de Guatemala. 



Si grandes fueron los conflictos en que se vio la Ciudad Real de Chia- 
pa en aqueste año de 652, no fueron menores los estragos que esperimentó 
lo restante de la provincia, y en especial el pueblo de Chiapa de Indios, can- 
sados también de otro padrastro que tiene, su caudaloso río, que como el de 
Ciudad Real está sugeto á aquellos sumideros que se ha dicho en el capitulo 
pasado. Aqueste está ceñido á la salida angosta del abra que hacen dos emi- 
nentes cerros concediéndole solo una angosta salida desde donde se preci- 
pita todo aquel gran rio, y como es angosto el portillo que tiene en aquel 
lugar, lo cierran los muchos árboles y broza que trae en las grandes avenidas 
y asi detenidas sus corrientes rebalza de modo que anega el pueblo de 
Chiapa que está situado á sus orillas. Empezó á crecer á fines de Setiem- 
bre hasta primero de Octubre de aqueste año de 52, mas no tanto que se 
imaginase que llegase á lo que llegó, y asi los Religiosos se estaban en su 
Convento que se halla situado sobre el mesmo rio, aunque en alto. Los ve- 
cinos todos estaban también en sus casas sin recelo de lo que les amena- 
zaba, hasta que el dia 2 de Octubre comenzó á crecer con tanta fuerza que 
se entró por el pueblo y por las casas y primero que en otras partes en el 
Convento y cuando avisaron á los Religiosos ya el agua se habia entrado por 
las puertas del Convento y fué necesario sacar á los Religiosos en hombros 
de indios y se pasaron á la Casa de S. Sebastian á donde reside el Cura que 
administra de noche en aquel pueblo que es el sitio mas alto de él, donde 
estubieron hasta que bajó el rio, y solo se quedó en el Convento por inad- 
vertencia el P. Fr. Juan Delgado, viejo y enfermo. Este se fué al Coro y 
aunque dio voces diciendo muchas veces : misericordia, misericordia, no fué 
posible concedérsela aquella noche hasta el dia siguiente por la mañana 
que lo sacaron. Llegó a subir el agua hasta la llave del Sagrario del Altar 
mayor y fué necesario el dia 3 de Octubre entrar en una canoa á sacar al 
Divinísimo Sacramento y habiéndose abierto el Sagrario se halló que las 
aguas solo habian llegado á igualar con los labios del vaso en que estaba 
el cuerpo sacramentado de Cristo Sr. N. sin haber entrado adentro conte- 
niéndose en los límites que les puso la Divina Omnipotencia, cosa que se 
tubo á maravilla que hasta aquel punto llegasen sin pasar adelante, como 
teniendo respeto á su Criador; y para memoria de este succeso y que en los 
tiempos venideros se supiese hasta donde habia llegado el agua, se corrió una 
cinta al rededor de toda la Yglesia señalando hasta donde habia llegado el rio. 
Andábase por la plaza del pueblo en canoas y la que sirve de pasar á los pasa- 
geros se ataba á la picota de la plaza. Todo aquel barrio ó calpul de S. Ja- 
cinto que está delante del Convento á la parte del Norte, por ser la parte 
mas baja del pueblo se arruinó: todo el cuarto de la portería del Convento 
se vino abajo que fué necesario reedificarlo después sacándolo de cimientos. 

280 



Era Prior entonces de aquella casa el P. Fr. Juan Rodríguez natural de Can- 
gas de Tineo y pasada la inundación puso luego por obra la reedificación del 
Convento diciendo muchas veces que pues le habian entregado Convento 
entero y bueno, lo habia él de entregar como se lo dieron, aunque por ser 
mucha la obra no la pudo acabar en su tiempo. Mostró aqueste bendito 
Religioso su ardiente caridad en aqueste trabajo socorriendo muchas ne- 
! cesidades y aunque los menos cabos de las haciendas del Convento fueron 
muy grandes, su buen gobierno y ardiente caridad hacia que todo sobrase. 
En el pueblo de Chiapas no hubo muerte alguna de gente sino solo ruinas 
de casas y muerte de animales domésticos, como puercos y gallinas. En los 
campos sí se padecieron grandes trabajos y hubo muchas desgracias por- 
que como fué tan de aprisa no hubo como remediar el daño. 

En los Zoques también en el pueblo de Tecpatlan fué la avenida muy 
grande de que recibió mucho daño el pueblo porque se llevó muy gran 
parte de las casas. La hacienda de cacao del Convento de Ciudad Real que 
está en Tabasco padeció la mesma fortuna y se perdieron diez mil arboles 
de cacao por haber entrado el rio en ellos y llenadolos de arena con que 
quedando enterrados no fueron mas de provecho; pero á diligencias del P. 
Fr. Andrés de Molina se repuso aqueste daño plantando veinte mil arboles. 

En Copainalá las crecientes se llevaron dos calpules y se ahogaron 
muchas personas y del mesmo modo fue en muchas partes de aquella pro- 
vincia donde succedieron muchas desgracias porque las aguas fueron gene- 
rales y todos los rios y quebradas crecieron con que fué mucho el daño; y 
por acabar con aquestas inundaciones, que parece causará hastio á los lec- 
tores, para consuelo suyo y para que alaben á Dios, referiré lo que succe- 
dió el año de 1672, en el mesmo pueblo de Chiapa de indios donde si al pa- 
recer con disfraz y no á las claras manifestó el agua insensible la obedien- 
cia á su Creador en no pasar del bordo del vaso del Divinísimo Señor, á las 
claras y sin reboso lo manifestó á vista de todos en aquesta ocacion, porque 
comenzando á crecer el rio y entrándose ya por las casas del barrio de S. 
Jacinto como habia hecho otras veces, clamaron los indios al Prior que se 
hiciese una procesión y se sacase al Divinísimo Sacramento. Determinóse 
así por acudir á la devoción y fé de los indios que esperaban que á tan divina 
presencia se contendrían las violentas corrientes : hízose así y para ello se 
puso un altar en la calle que vá en derecho del Convento de las mas cerca- 
nas al rio ; pero aqueste fué entrando tan adentro á toda prisa que se vieron 
obligados á pasar el altar á otra parte mas alta. Allí se hizo la procesión y 
cuando llegó ya el agua habia llegado hasta allí, de modo que los que se ha- 
bian hincado para adorar al Smo. Cuerpo de Cristo sacramentado se muda- 
ron á otra parte por no mojarse y llegando el Preste con el vaso que era el 
Subprior del Convento el Predr. N. general Fr. Antonio de Miranda y sa- 
cando la hostia y manifestándola al pueblo, volvió con ella para las aguas 
que ya casi le daban á los pies y apenas con la sagrada hostia hizo una cruz 
bendiciendo las aguas ¡ o maravillas del Altísimo ! Apenas hubieron puesto 
á su vista aquel Divino Maná que cayó del cielo, cuando al punto viéndolo 
todos se humillaron y formando una ola como haciendo la salva á su Criador, 

281 



humillando su altiva y soberbia serviz, en un momento se vio el agua reti- 
rada del lugar á donde habia llegado mas de seis varas y bajando á toda 
reduciéndose á su antigua madre, que todos absortos y maravillados de lo 
prisa dio otra ola y se retiró otro tanto y de este modo bajó con tanta prisa 
que veian se deshacian en alabanzas del Criador á quien sin duda bende- 
cían las aguas; y lo mas maravilloso fué que sin que dejase de llover, como 
llovía continuamente dia y noche, bajase el rio sin que en él se conociese 
ya creciente. Con tan patente prodigio se afirmó y confirmó tanto la fé de 
la presencia fícica y real de Cristo S. N. debajo de las especies de pan y vino 
en todas aquellas gentes y vecinos de aquel pueblo que cuando sale aqueste 
soberano Sr. en público en algunas festividades y principalmente en la fiesta 
del Corpus, no es decible el festejo y alegria que todos muestran y con los 
singulares regocijos con que lo celebran que no hay persona chica ni grande 
que no procure demostrar su fé y devoción con alguna demostración festiva, 
que dificulto que haya parte en toda la cristiandad que mas demuestre su 
devoción con aqueste Divino y Augusto Sacramento. Bien puede ser que 
los sobrepujen en costos y ostentas festivas; pero no en demostraciones de- 
votas, y asi el dia del Corpus es el mas festivo y alegre que se vé en aquel 
pueblo haciendo muchisimas invenciones de raras ideas para solemnizar 
aquel dia y continuamente se van cada dia fervorizando mas con ver que des- 
de entonces nunca mas ha llegado el rio a subir como otras veces, atribu- 
yéndolo á prodigio y precepto que le puso la Divina Omnipotencia que aun- 
que por entonces no se autenticó aqueste prodigio como se debia, después 
por los años de 1712 por mandado de Fr. Pedro Marcelino Vicario Provincial 
de la provincia de Chiapa hizo información de ello con muchos testigos de 
vista el P. Fr. Manuel de Luis, Cura doctrinero de Chiapa, quien asimismo 
certifica haberlo asi hallado escrito en papeles del M. R. P. Fr. Alonso de 
Carrasquilla y de Fr. Antonio de Miranda, quienes se hallaron presentes y 
el mismo P. Fr. Antonio fué el que sacó al Divinísimo en aquella ocacion y 
que tiene en su poder un sermón predicado en aquella lengua, de aqueste 
caso por el dicho Padre Carrasquilla. 

En aqueste mismo quiero poner la noticia de una luz portentosa 
que se vé en aquesta Ciudad de Guatemala de noche sin saber, que cosa 
sea, que á todos pone admiración tan común noticia entre todos, que yo 
aunque no la he visto no pongo duda en ello, lo uno porque todos afirman 
haberla visto y por lo que en sus apuntamientos nos dejó escrito el P. M. 
Fr. Antonio de Molina que para que se venga en conocimiento de lo que es, 
trasladaré aquí lo que tocante á esto nos dejó escrito un hombre de tanto 
crédito. Dice pues: á este año pertenece una cosa notable y es una luz que 
comenzó á salir por este tiempo de que puedo dar noticia por haberla visto 
no una sino muchas veces, en espacio de seis años. La vez primera que la 
vimos cuantos estábamos en el Noviciado fué por el mes de Diciembre de 
este año de 1652 que iva por la calle de las Beatas indias que va á la Chácara 
del Convento. Esta luz entonces no nos causó admiración ni hicimos reparo 
en lo que podia ser porque fué á las 7 de la noche cuando la vimos. Era 
una luz muy grande como de una hacha de cuatro pavüos, encaminóse asia 

282 



el campo en el cual andubo discurriendo de unas partes á otras. La segunda 
noche que salió fué de unas casas pequeñas que están junto á la chácara, 
con el mesmo resplandor que la noche anterior, fuese ásia el campo y dis- 
currió con variedad de unas partes á otras como la noche antecedente. Ya 
entonces hicimos mas reparo, pero no tanto como después: fué continuan- 
do el salir todas las noches aunque no tan de cerca como aquestas dos no- 
ches primeras : veiamosla en el campo, que iva y venia de unas partes á 
otras con grandísima celeridad y presteza. De esta suerte se fué continuan- 
do el ver esta luz en el campo de la Chácara por todos los primeros meses 
del año de 1653 hasta Mayo que comenzaron las aguas porque entonces aca- 
bamos de conocer que esta luz no podia ser natural porque solia estar llo- 
viendo con muchísima fuerza y la luz no se apagaba sino que se estaba con 
los mismos resplandores ; mas lo que mas admiraba era que se dividía en 
tres partes y la una se entraba por aquel rincón de la pedrera, la otra se iva 
asia el pueblo de S. Juan Gascón y la otra se quedaba en el campo de la 
Chácara y después de haber andado asi apartadas en un instante se volvían 
á juntar y se hacia una luz sola. Otras veces se dividían quedándose en el 
mismo campo y andaban saltando y entretegiendose las unas con las otras 
y esto en la mayor fuerza de las aguas. Estaba por este tiempo en la chácara 
Fr. Simón Pérez religioso lego y viendo aquesta luz tan estraordinaria quiso 
ir á ver lo que era y con dos españoles que tenia en su compañía fué á verla 
y por mucho que andubieron no pudieron verla cerca porque siempre se les 
alejaba, y la tubieron siempre á distancia como de tres cuadras; todas las 
noches de la semana veíamos esta luz. Avisamos al P. Mtro. de Novicios 
que era el P. Fr. Luis de Cárcamo de lo que pasaba, y hacia burla no querien- 
do darnos crédito; y un año, que me parece fué el de 655, segundo viernes 
de cuaresma la estábamos viendo los hermanos de la Casa de Novicios, que 
por haber estado la luz esta noche muy diferente de las otras noches nos 
juntamos todos viendo lo que pasaba, venia en esta ocacion el P. Mtro. de 
Novicios visitando las celdas y aunque lo vimos venir no nos quisimos reco- 
ger aguardándolo para que viese aquesta luz y se desengañase y creyese lo 
que no habia creído tantas veces; y no parece sino que la luz advirtió que 
la veia el Maestro y hizo tales cosas que creyó cuanto le habíamos dicho, 
porque no solo se dividió en tres partes, sino en mas de doce entretegien- 
dose unas con otras hacían una danza corriendo muy aprisa y á veces derra- 
mándose por todas partes y luego juntándose y haciéndose una. Luego co- 
menzó á tenderse por el campo que parece se quemaba todo el suelo donde 
ellas estaban y nos parecía que andaban unas como sombras por allí y que 
saltaban, aunque esto nunca pudimos percibirlo de suerte que lo pudiésemos 
afirmar que lo habíamos visto, aunque á todos nos parecía que andaban allí 
aquellas sombras. Como esto se iva continuando sin descaecer aquella noche 
nos fuimos á recoger y cesó desde entonces de salir aquella luz que en siete 
meses no volvió á salir mas; pero pasados estos volvió de nuevo á la Chá- 
cara como de antes á hacer las mesmas cabriolas juntándose y dividiéndose 
muchas veces, y una vez llegó á acercarse tanto que nos pareció que estaba 
sobre las paredes de la huerta del Convento. El año que yo salí del novi- 

283 



ciado, que fué el de 657 por el mes de Setiembre la dejé saliendo regularmen- 
?e de noche, aunque no todas, pero cada semana aparecia dos ó tres veces. 
Cuando vine á leer artes el año de 1660 aun se continuaba; pero después 
acá ha mudado de camino y el año de 671 la vieron muchos que venia sa- 
liendo del cerro de Sto. Domingo y bajando via recta por la plazuela de la 
Candelaria y por la calle de los Mercaderes encaminándose asia S. Francisco 
y los que la aguardaban á ver de cerca no pudieron porque al llegar dos cua- 
dras antes de los que la esperaban se desparecía pero la veian venir por el 
aire levantada hasta el tejado de las casas. Uno de los que vieron esto fué el 
P. Presentado. Fr. Manuel González que estaba en casa de su madre en aque- 
lla cuadra junto á S. Francisco, pero otras personas de la Ciudad la han 
visto por el aire. Qué es lo que aquesto pueda ser ó qué signifique, yo no 
lo alcanzo". A todo lo cual añade N. R. P. Fr. Agustin Cano, que prosiguió 
aquestos apuntamientos, lo siguiente : "Estas luces se vieron muchas veces 
hasta el año de 1670, yo las vi y cuantos estábamos en este convento, y en la 
casa de novicios las vieron. Algunas veces se acercaban tanto que las via- 
mos desde la ventana del noviciado sobre los naranjos de la huerta. Lo 
mas cierto es que eran brujas porque de esto hay muchos indicios y entre 
otros el que vivia en la chácara en una casa cuya puerta caia al campo de 
la Chácara, una muger llamada por mal nombre la brugita y ella hacia alarde 
de este nombre aunque nadie pensaba que lo era, hasta que la prendieron 
por la Sta. Inquisición y alli la castigaron ó por bruja ó por embustera". Has- 
ta aquí N. P. Mtro. Fr. Agustin Cano: bien puede ser brugeria pero lo cierto 
es que ello todavia dura y muchos la han visto á aquesta luz y mucha es la 
brugeria que en nuestros dias se ha visto en Guatemala y casos muy raros 
de aquesta maldita arte y mucho se ha castigado y aun no ha sido todo lo 
que se sabe. Dios lo remedie, como puede. 



CAPITULO IV 

Celébrase congregación intermedia en el Convento de Guatemala y 

muerte de algunos religiosos. 

Capítulo intermedio, celebrado en Guata, á 18 de Enero de 1653 

"Por instancias de los indios del pueblo de Sacapulas que habían sen- 
tido mucho que se quitase de allí el Convento y se pasase al pueblo de Sta. 
Cruz, se hubo de erigir en Vicaria con título de Priorato con voz y voto aque- 
lla casa y se le dio por primer Vicario al P. Fr. José de Arce y se le señalaron 
los pueblos de la Sierra y S. Miguel y Cunen por anexos y desde entonces 
quedó otra vez en Convento hasta el tiempo que se dirá adelante". 

"Fué aqueste año de 53 muy trabajoso para el Reyno de Guatemala 
por la baja de la moneda á causa de que se halló haber entrado mucha por- 
ción de moneda de plata con mucha mas liga que la que la ley dispone y 

284 



asi se mandó que los pesos de á 8 reales valiesen solamente 6 y los de á 
cuatro que valiesen 3 reales y asi tubieron mucha pérdida los que se halla- 
ron con mucha plata y pagaron justos por pecadores. Publicóse aquesta 
rebaja á 17 de Mayo de aqueste año y de este modo corrió la moneda algún 
tiempo hasta que hallando convenir que aquesta moneda se estinguiese, se 
mandó que no corriese, que es la que llamaron moclona y los dueños por no 
perder su plata la fundieron en barras y otros hicieron plata labrada y solo 

j corrieron los reales de á dos hasta que el año de 1663 se mandó que no co- 

■ rriesen hasta que se reconociesen los que estaban alterados y aquesos se 
resellasen y corriesen, que son los que el dia de hoy se hallan con una co- 

] roña; y porque las rentas Reales de S. M. solo se llevaban en pesos de á 

; ocho reales y no se hallaban por haberles quitado el valor á los que llamaron 
mociones y de las nuevas fábricas habia todavia pocos, se mandó que se 
llevasen aunque fuese en reales de á dos como se hizo y así se empezó á 
esperimentar mucha falta de plata para los comercios y los navios que ve- 
nian al Golfo llevaban de la plata fundida de los mociones porque no ha- 
bia otra". 

" No se puede dejar de hacer memoria de un señalado sugeto 

y de relevante virtud que aqueste año se fué sin duda á gozar de Dios, de 
quien hace mención en sus apuntamientos el P. Fr. Antonio de Molina, que 
fué el P. Alonso Sánchez, Clérigo sacerdote á quien llamaron comunmente el 
Santo, no le conocian por otro nombre. Fué virtuosísimo desde muchacho 

, y dio muchas muestras de su perfección. Nació en el pueblo de San Juan 
Nagualapa en la provincia de S. Antonio Suchitepequez en donde le ordenó 
de Sacerdote el limo. Sr. D. Fr. Juan Ramírez Obispo de Guatemala andan- 

| do en visita de aquella provincia quien penetró la gran virtud de aquel insig- 
ne varón, pues oponiéndose algunos á que lo ordenasen porque era algo gan- 
gozo, dijo el Obispo: -Ojalá tubiera yo muchos de estos á quien ordenar! 
Salió cierto el juicio que el Sr. Obispo habia hecho del P. Alonso Sánchez 
porque fué un hombre egemplarísimo y de grande edificación para todos. 
Vivió toda su vida en un cerro que hoy llaman de Chipilapa detras del Con- 

f vento de monjas de la Concepción. Allí pasó toda su vida con grandísima po- 
breza, no tenia en su pequeña casita mas que dos tablas cubiertas con una 
estera en que dormía, una silla de palo y un cordel en que colgaba su sotana 
cuando se acostada. Todos los días visitaba todas las Yglesias de Guatema- 
la, donde estaba un rato haciendo oración y lo ordinario era acabar á las doce 
del dia este egercicio. Los viernes era mas larga esta estación porque visi- 
taba el Calvario, las cruces todas que están fuera del lugar y las hermitas. 
Siempre andaba con los ojos bajos, puestos en el suelo, no recibió jamas la 
limosna sino de una misa sola y dicha una, recibía otra, si se la daban, fué 
desinteresadísimo y nunca consintió que le trabajasen de valde en su casa. 
Un albañil le echó suelo en ella, pagábale su trabajo y no queriendo recibir 
el dinero el oficial, le dijo que desbarataría todo lo que habia trabajado antes 
que dejar de pagarle. Nunca tubo criado y una india su vecina acudía á 
calentarle agua para su chocolate. Andando una vez las estaciones que acos- 
tumbraba, antes de acabarlas comenzó á andar muy aprisa para su casa de 
suerte que repararon todos los que lo veían en la prisa que llevaba. Llegó 

285 



á su casa y halló que á las espaldas se estaba ahorcando un negro que se 
llamaba Chirinola, campanero de la Catedral : quitóle el laso y con él le 
ató las manos y lo azotó y castigado lo despidió. Fué muy estimado de los 
señores Obispos y lo convidaban á comer muchas veces. Cuando murió lo 
trajo D. Antonio Justiniano á su casa para hacerle el entierro y al llegar á 
las Monjas de la Concepción estaban repicando porque pasaba el Smo. Sa- 
cramento y cuando pasó por el Cementerio de nuestro Convento de Sto. Do- 
migno estaban repicando también por una criatura que la Comunidad esta- 
ba esperando para enterrar. El año de 1669 cuando se derribó la Catedral 
para hacerla de nuevo estaba su cuerpo entero". 

A 23 de agosto de este año murió Fr. Estevan de Castañeda, Doctrine- 
ro de S. Pedro de las Huertas y autor de un Vocabulario Cachiquel muy 
recomendado. 

En este año de 1654 entró el Presidente y Gobernador de estas pro- 
vincias D. Fernando de Altamirano y Velasco, Conde de Santiago, criollo de 
Mégico. Trajo consigo mucha familia y á su hijo de Adelantado y cuatro 
nietos. Buscaron todos muchísimo dinero, si licita ó ilícitamente Dios lo sa- 
be, á quien dio la cuenta breve porque no gobernó mas que dos años y murió 
el de 1657 Martes Santo y se enterró el Sábado Santo 31 del mes de Marzo. 
Entró á gobernar dia de la Ascención del Señor : la primera función que hizo 
fué la Jura de la Concepción en 30 de Agosto de aqueste año en el Convento 
de S. Francisco, en donde los Caballeros de hábito juraron defender á capa 
y espada hasta derramar la sangre la Concepción de la Madre de Dios. Hizo- 
se un novenario en el dicho Convento y se puso un trono muy alto y en la 
cima al Apóstol Santiago : guarnecióse la bóveda de platos de plata y de 
otras piezas muy curiosas las cuales se pegaron con brea, pero calentóse la 
plata y se derritió la brea y un dia del omtavario al tiempo de la Misa se 
desprendió un gran pedazo y se vino abajo derribando cuanto topaba por 
delante. Con lo primero que topó fué con Santiago que lo trajo al suelo. 
Cuando vino á gobernar aqueste caballero aquestas provincias, tenia ya 
ochenta años, pero en medio de tanta edad conservaba grandes brios y se 
mantubo en su autoridad con grandisimo respeto. Todo el tiempo que estubo 
en Guatemala no se desmandó el Sr. Obispo de Chiapa, á lo que se desman- 
dó después de su muerte, como se dirá en el capítulo siguiente. 



CAPITULO V 

Venida del limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Mauro Tobar al Obispado de Chiapa 
y competencias que tubo con los Religiosos. 

Aqueste año dé 1654 comenzó la grande persecución que aquesta santa 
provincia padeció por mas de veinte años con la entrada en Ciudad Real á 
gobernar aquel Obispado, del limo, y Rmo. Sr. D. Fr. Mauro de Tobar, de 
la ínclita Religión de S. Benito, el cual de Obispo de Caracas pasó á aquella 

286 



Yglesía de Chiapas por los grandes pleitos que tubo en aquel Obispado. 
Doce años gobernó la Yglesia de Chiapa porque entró en Ciudad Real á 11 
de Noviembre de aqueste año y murió á 3 del mismo mes del año de 1666, 
que fué el en que yo naci, veinte dias después de su muerte. En todos aques- 
tos doce años trajo á la provincia tan inquieta que no se pasó dia sin pleito 
alguno. Era el buen Obispo naturalmente inquieto y con quien comenzó 
los pleitos fué con su mesma Religión (que parece que es lo mismo que hoy 
dos está succediendo en aquesta persecución que actualmente estamos pa- 
deciendo como á su tiempo se dirá), y siendo Abad de Valladolid pasó á Roma 
á pleitear el Generalato de su Religión por decir que le tocaba á él. Pasó á 
las indias por Obispo de Caracas en donde publicamente azotó por Jas calles 
á una señora llamada Da. Elvira y á una hija suya porque se halló que la 
hija estaba amancebada con un cuñado suyo sabiéndolo la misma madre y 
consintiéndolo ; y aunque el caso pedia grandísimo castigo siendo cierto, por 
que después los parientes pleitearon contra el tal Sr. Obispo y salieron con 
el pleito y probaron como habia sido falso y por eso mandó S. M. que se 
le volviese el Crédito á la Sra. paseándola por las calles públicas, excedió 
en el modo, lo uno porque llevando azotando á Da. Elvira hizo que la pasa- 
sen por la calle del Convento de Monjas en donde tenia una hija Religiosa 
no s.' endo de las calles acostumbradas, y la otra porque llevando en el paseo 
á la dicha Sra. Da. Elvira como habia mandado S. M. para restituirle su 
honor, asomado á sus ventanas cuando pasó, dicen que á gritos delante de 
todo el gentio daba voces diciendo : esta honra es otra nueva coraza. Por 
estas cosas S. M. tubo á bien de pasarlo de aquel Obispado al de Chiapa en 
donde hizo cosas execrables, hablando con desprecio de la Religión y des- 
honrando á los Sacerdotes, que no sé que autoridad tienen algunos Sres. 
Obispos sobre la honra de los Religiosos que tan lisa y llanamente los des- 
honran publicamente por los Tribunales como lo estamos esperimentando 
hoy y lo esperimentó esta provincia en tiempo del Sr. Villalpando, lo ha es- 
perimentado la nuestra de Oajaca con el Sr. Maldonado, la de Yucatán y 
Guadalajara y otras muchas que apenas se hallará parte en la América 
donde no hayan corrido la mesma tormenta las sagradas Religiones y en 
ninguna parte la Clerecia &. Era tanto lo que gustaba de pleitos este Santo 
prelado que decia que se le refrescaba la sangre con ellos. El año de 655 
alteró de modo las cosas de Chiapa de indios que no pudiendo ya tolerar sus 
temeridades los Religiosos se huyeron dos y los puso por públicos escomul- 
gados. El año de 56 vino á pleitear en persona á la Rl. Audiencia y entró en 
Guatemala á 15 de Setiembre y estubo en ella hasta 26 de diciembre de 1657. 
Fué su venida con la mira de tener á la Real Audiencia á su devoción, pero 
no pudo conseguirlo, y esa fué la misericordia que nos manifestó la Divi- 
na Bondad en medio de tantos azotes, el conservarse aquel Supr. tribunal 
inflexible en hacerle siempre cara á sus temeridades defendiendo la justicia 
que nos asistía, en nombre de S. M. como á sus mas leales vasallos y fieles 
servidores de los dos Monarcas de Cielo y tierra. Exediose tanto á sí mismo 
aqueste buen Prelado en los desacatos que no dudó presentar muchos* escri- 
tos y muy escandalosos en la Real audiencia contra tan superiores Minis- 

287 



tros sin respeto alguno á lo que representaban, que no hallando otro medio 
la prudencia de aquel Supr. Tribunal mandó con graves penas que no se 
admitiese escrito suyo en la Audiencia, para ovbiar por aqueste camino el 
peligro del precipicio á que los queria llevar; y para que se tenga alguna 
noticia de como fueron succediendo las cosas y lo precipitadamente que ca- 
minó aqueste Sto. Prelado haré una breve narración de los acaecimientos 
de sus tiempos sacadas las noticias de los mesmos papeles originales que 
se conservan en los archivos, donde se guardan las noticias de sus opera- 
ciones; que aunque no fuera sino porque aquestas cosas quedan públicas 
para los venideros podian los Sres. Obispos obrar con mas recato en sus 
gobiernos para que no quedasen padrones de desdoro á la posteridad; y para 
ir y proceder con mas orden empesaré poniendo á la letra el escrito que 
presentó ante S. Señoria lima, el año de 1659 N. M. R. P. Predicador Geni. 
Fr. Francisco Morcillo que es como se sigue : 

Ylmo. y Rmo. Sr. — Fr. Francisco Morcillo Presentado, y Predr. Geni. 
Provincial de la Orden de mi P. Sto. Domingo en estas provincias de S. Vi- 
cente de Chiapa y Guatemala & digo: que habiendo sido electo y confirmado 
en este oficio en el Capítulo que se celebró por el mes de Enero de este año, 
mi mayor y primer cuidado ha sido y es dar el debido cumplimiento al Real 
Patronato y Cédulas Reales y autos de vista y revista de la Rl. Audiencia de 
Guatemala que disponen la forma que se debe tener en la presentación de los 
Religiosos de mi Orden y modo que han de guardar en la administración de 
los Stos. Sacramentos á los indios vecinos y naturales de los pueblos que están 
á nuestro cargo, y habiendo ajustado esta materia puntualmente como lo 
manda S. M. con el Obispo de Guatemala, he venido personalmente á este 
Obispado de V. S.Y. á dar el mismo cumplimiento cuanto fuere de mi parte y 
obligación y estoy pronto y llano á cumplir y obedecer los mandatos y órde- 
nes de V. S. Y .; y para mayor inteligencia de esta materia y que todo conste 
con toda claridad donde convenga, digno Sr. Ylmo. y Rmo. que es así, que 
por el año pasado de 1650 se sujetaron los Religiosos de mi orden á los Sres. 
Obispos en cumplimiento de los mandatos de S. M. en cuanto al oficio de 
Curas restrictamente y se tomó asiento con el Ylmo. Sr. D. Fr. Domingo 
Ramírez de Arellano antecesor de V. S. Ylma. y se dividieron y repartieron 
los pueblos que son á nuestro cargo en este Obispado formando de ellos 
quince curatos, dando á cada uno de ellos el número de pueblos y de indios 
que pareció mas conveniente y se examinaron y aprobaron por dicho Sr. 
Obispo y los examinadores Sinodales cuarenta y cinco Religiosos de mi or- 
den, así en la suficiencia de Curas como en los lenguas del partido para que 
se habían de presentar, y de aquestos cuarenta y cinco Religiosos se hicie- 
ron quince presentaciones para quince curatos poniendo en cada una tres 
sugetos hábiles y suficientes y se remitieron á tos Sres. de la Real Audien- 
cia de Guatemala en quien estaba el gobierno \Stiperior y quien representa- 
ba el Real Patronasgo y por parte del dicho Sr. Obispo se envió con estas 
presentaciones una carta á manera de informe firmada de su nombre dando 
cuenta' del asiento y forma que en esto se había tomado, informando que 
si se aprobasen y pasasen como se remitían se aseguraba la conciencia 

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Real y la suya y serian servidas ambas Majestades; y vistas dichas presen- 
taciones en la Real Audiencia de Guatemala los aprobaron por auto pro- 
veído ante D. Diego de Escobar Escribano de Cámara y Mayor de goberna- 
ción en 12 dias del mes de Diciembre de 1650 años, e hicieron nombramien- 
to de quince Curas doctrineros eligiendo de cada nómina el que iva en pri- 
mer lugar y se mandaron despachar los títulos necesarios pagando la me- 
sada que por razón de ellos se debía á S. M. y con estos títulos y nombramien- 
tos se rogó y encargó á dicho Sr. Obispo les diese la colación y canónica 
institución como se hizo; y en esta forma y manera se comenzó y prosiguió 
la administración de los Stos. Sacramentos proveyendo mi Religión de otros 
religiosos examinados y aprobados que ayudasen á los doctrineros ó por 
el mucho numero de indios ó por las distancias de los pueblos de tal "mane- 
ra que no faltase cumplido pasto espiritual á los indios, y con suma paz y 
quietud se fué prosiguiendo. 

Y habiendo venido V. S. Y. por Obispo de este Obispado se hizo por 
parte de todos nuestros Religiosos, Prelados y Subditos, Curas doctrineros y 
los que no lo eran el debido reconocimiento y rendimiento como siempre le 
tendremos, y en cumplimiento del Real Patronato, por haberse muerto algu- 
nos doctrineros se hicieron por mi antecesor presentaciones de nuevos sugetos 
examinados y aprobados en la suficiencia y en la lengua en que habían de 
administrar, y señalando en cada una de las nuevas presentaciones los 
mesmos pueblos y números de indios que había tenido el difunto doctrine- 
ro y Cura su antecesor y hechas estas presentaciones ante el Sr. Conde de 
Santiago Gobernador y Capitán General de estas provincias y Presidente de 
la Real Audiencia de Guatemala y cotejándolas S. Sria. con ios nombra- 
mientos primeros que están guardados en el oficio de D. Diego de Escobar 
Escribano de Cámara y reconociendo que ivan ajustados, hizo nominación 
de los Religiosos que ivan presentados en primer lugar y les mandó despa- 
char sus títulos y que con ellos, pagada la mesada, acudiesen á V. S. Y. á 
quien en nombre de S. M. rogó y encargó les diese la colación y canónica 
institución al P. Fr. Miguel Ramírez en el Priorato de Ococingo, por muer- 
te del P. Fr. Mateo García, para los pueblos de Bachajon, Tuquinquis, Cí- 
tala, Chilum y Yajalum, y al P. Fr. Bartolomé de Cárdenas en el Priorato 
de Comitan por muerte del P. Fr. Antonio Gómez, para los pueblos del Prio- 
rato de Comitlan y sus anexos con el pueblo de Zapáluta que es cercano al 
de Comitan menos de 3 leguas. 

Estas nóminas y títulos recibió V. S. Y. viniendo estos Religiosos á su- 
plicar se les diese la colación y canónica institución y V. S. Y. nc fué servido 
de darla á uno ni otro, antes retubo en sí los títulos que traían sin volvérselos 
diciendo que tenia que informar sbore ello á los Sres. de la Rl. Au- 
diencia y al Sr. Presidente como con efecto por diversos escritos se informó 
sin que de nuestra parte se hiciera diligencia por escrito sobre esta materia 
aguardando con paciencia lo que se nos mandase y proveyendo siempre á 
que no faltasen en los pueblos Ministros idóneos y suficientes para la admi- 
nistración de los Stos. Sacramentos á nuestros hijos los indios, hasta que 
en V de Agosto del año pasado de 1656 se proveyó un auto por el Sr. Presi- 

289 



dente Conde de Santiago con comunicación de los Sres. de la Real Audien- 
cia en su Real acuerdo de justicia que comprende este auto cuanto se puede 
decir en esta materia y asi se inserta aqui á la letra, que es como se sigue: 

Auto. "D. Fernando de Altamirano y Velasco, Caballero del Orden de 
Santiago, Conde de Santiago, del Consejo de S. M. Gobernador y Capitán 
General de las provincias de Guatemala, Presidente de la Audiencia y Real 
Chancilleria que en ella reside &. Por cuanto por el año pasado de 1650 
gobernando en vacante los Sres. Presidente y Oidores de esta Real Audien- 
cia se hicieron en este gobierno superior ciertos autos en razón de las pre- 
sentaciones fechas por lo tocante al Real Patrimonio á los PP. doctrineros 
de la Orden del glorioso Sto. Domingo para la doctrina y administración 
de los Stos. Sacramentos á los indios naturales y vecinos de algunos pue- 
blos de la provincia de Chiapa, é yo en virtud del Real Patronato por el mes 
de Mayo pasado de este presente año elegí y nombre para la doctrina y ad- 
ministración de los Stos. Sacramentos á los naturales de los pueblos de la 
provincia de Chiapa algunos Religiosos de la Orden de Sto. Domingo que 
fueron propuestos y nominados en primer lugar de las nóminas dadas por 
el R. P. Fr. Francisco Moran Prior Provl. de dicha orden entre las cuales 
fué el P. Fr. Miguel Ramírez para la doctrina y administración de los Stos. 
Sacramentos á los indios vecinos y naturales de los pueblos de Bachajon, 
Táquinhuis, Cítala, Chihum y Yajalum del Priorato de Ococingo, lengua 
Zendal y al P. Fr. Bartolomé de Cárdenas para la doctrina de los pueblos 
del Priorato de Comitlan y sus anexos y el de Zapaluta, lengua Coxoh y Zen- 
dal, los cuáles constó fueron examinados y aprobados por el R. Sr. D. Fr. 
Domingo Ramírez de Arellano siendo Obispo del Obispado de Chiapa y los 
examinadores sinodales por el mes de Noviembre de dicho año de 1650 y 
en veinte y cinco de junio, nueve y doce de julio de este presente año el R. 
Sr. D. Fr. Mauro de Tobar obispo del Obispado de Chiapa me escribió cartas 
é hizo informe en razón de las presentaciones y que hice de dichos Religiosos 
para las doctrinas referidas, refiriendo causas y escusandose de no darles la 
colación y canónica institución en cumplimiento de dichas presentaciones 
por lo que toca al Rl. Patronato y que no les es posible acudir como deben por 
ser mucha la cantidad de indios que hay en dichos pueblos y estar muy dis- 
tantes los unos de los otros y que los Religiosos que hay en las doctrinas de 
aquel Obispado coadjutores y ayudantes de los PP. doctrineros presentados 
por el Rl. Patronato también no los pueden tener y que á estos debe visitar 
el Sr. Obispo; y el Capitán D. Alonso de Vargas Zapata y Lujan, Caballero 
de la Orden de Santiago, Alcalde Mayor de aquella provincia, en carta de 
dicho día nueve de julio me hizo informe cerca de lo que pasó en la confe- 
rencia y junta que tubieron el Sr. Obispo y el R. P. Fr. Francisco Moran 
Prior provincial de dicha Religión cuyas cartas é informe y otros papeles 
mandé juntar y poner con los autos de las presentaciones que en este Gobo. 
Supr. se hicieron en dicho año de 50 para algunas de las doctrinas de aque- 
lla provincia y se llevaron al Sr. Fiscal, y habiéndose llevado dio cierta res- 
puesta con vista de la cual y de los demás autos, para mejor proveer mande 
se pusiesen las nóminas que dicho R. P. Provincial había remitido para el 

290 



nombramiento y presentación de algunos Religiosos de algunas doctrinas 
y un tanto de la Real Cédula fecha en Madrid a 15 de junio del año pasado 
de 1654, en que S. M. manda se cumplan y ejecuten las Cédulas del patro- 
nato Real y que todo ajustado se trújese. Púsose lo uno y lo otro y con vista 
de ello y de los autos, habiéndolo comunicado con los Sres. Presidente y Oi- 
dores de esta Real Audiencia estando en el Real acuerdo de justicia, proveí 
el auto del tenor siguiente: 

Auto. En la Ciudad de Santiago de Guatemala en 28 dias del mes 
de Julio de 1656 años S. S. el Sr. D. Fernando Altamirano y Velasco, Caba- 
llero del Orden de Santiago, Conde de Santiago, Presidente de esta Real 
Audiencia Gobernador y Capitán general de su distrito habiendo visto los 
autos fechos por el año pasado de 1650 por los Sres. Presidente y Oidores 
de esta Real Audiencia en quien estubo el gobierno Supr. de este distrito 
en razón de las presentaciones fechas en lo tocante al Real Patronato á los 
PP. doctrineros de la Orden de Sto. Domingo para la doctrina y administra- 
ción de los Stos. Sacramentos á los indios vecinos y natural de algunos pue- 
blos de la provincia de Chiapa y las cartas del R. Sr. D. Fr. Mauro de To- 
bar Obispo de aquel Obispado, de 25 de junio, 9 y 12 de este presente mes 
de julio é informes que hace en razón de las presentaciones que S. S. el 
Sr. Presidente ha hecho del P. Fr. Miguel Ramírez Religioso de la Orden 
de Sto. Domingo para la doctrina y administración de los Stos. Sacramen- 
tos a los indios naturales y vecinos de los pueblos de Bachajon, Taquinhuis, 
Cítala, Chilum y Yajálum del Priorato de Ococingo, lengua Zendál, y al P. 
Fr. Bartolomé de Cárdenas de la dicha Orden para la doctrina de los pueblos 
del Priorato de Comitan y sus anexos y de Zapaluta, lengua Coxon y Zendál, 
y causas que el Sr. Obispo refiere escudándose de no darles la colación y 
canónica institución en cumplimiento de dichas presentaciones por lo que 
toca al Rl. Patronato y que no les es posible acudir como deben por ser 
mucha la cantidad de indios que hay en dichos pueblos y estar muy distantes 
los unos de los otros y que los Religiosos que hay en las doctrinas de aquel 
Obispado, Coadjutores y ayudantes de los PP. Doctrineros presentados por 
el Real Patronato también no los pueden tener y que á estos debe visitar 
el Sr. Obispo, y lo que á S. S. del Sr. Presidente informa el Capitán D. Alon- 
so de Vargas Zapata y Lujan, Caballero del Orden de Santiago, Alcalde Ma- 
yor de aquella provincia en carta de dicho dia 9 de Julio cerca de lo que pasó 
en la conferencia y junta que tubieron el Sr. Obispo y el R. P. Provincial Fr. 
Franco. Moran y lo que sobre todo dice el Sr. Fiscal, habiéndolo comunicado 
S. Sria. con los Sres. Presidente y Oidores de esta Real Audiencia estando 
en el Real acuerdo de justicia, dijo: que mandaba y mandó se despachen 
los recaudos necesarios por ruego y encargo para que el R. Sr. Obispo de 
la provincia de Chiapa sin embargo de lo que representa por las cartas é 
informes, luego sin dilación alguna en cumplimiento de lo dispuesto y man- 
dado por el Real Patronato y Cédulas que en esto disponen y presentaciones 
de S. Sria, ha hecho de los Religiosos de la Orden de Sto. Domingo para 
la doctrina y administración de los Stos. Sacramentos á los indios vecinos y 
naturales de los pueblos de dicha provincia, les dé y haga dar la colación y 

291 



canónica institución de las doctrinas para que han sido presentados pues 
están examinados y aprobados en debida forma según las Reales Cédulas, 
con apercibimiento que se procederá á lo que mas hubiere lugar; y asi lo 
proveyó y firmó S. Sria. — El Conde de Santiago. — Antemi. — D. Diego de Es- 
cobar. — Y para que lo proveído tenga debido efecto, por el presente ruego 
y encargo al R. Sr. D. Fr. Mauro de Tobar Obispo de Chiapa del Consejo de 
S. M. vea el auto por mí proveído, que de suso vá incorporado, y lo guarde, 
cumpla y egecute puntualmente según y como en el se contiene y declara 
sin contravenir á su tenor y forma en manera alguna ni hacer en contrario 
con apercivimiento que se procederá á lo que mas hubiere lugar. — Fecho en 
la Ciudad de Guatemala en primero de Agosto de mil seiscientos cincuenta 
y seis años. — Por mandado de Su Sria. — Don Diego de Escobar". 

Este auto Sr. limo, se hizo notorio á S.S. Ylma. por el dicho Alcalde 
Mayor y todavía ni entonces ni después acá no se han dado ni dan estas ca- 
nónicas á los sobredichos PP. antes otras dos que se despacharon para los 
PP. Fr. Tomas de Peralta para el pueblo de Tecpatlan y Cachula y Fr. Rodri- 
go de Valcarcet para Acalá y sus anexos, aunque se presentaron con los títulos 
del Patrón Real ante V. S. Y. no se les dio, é hizo lo que con los demás que 
fué quedarse con los títulos y nombramientos enviando con Dios á los sobre- 
dichos Padres así presentados que se volvieron con el desconsuelo que se deja 
considerar y dieron á mi antecesor de lo succedido y de como había quedá- 
dose V. S. Y. con los títulos y dando diferentes respuestas, con lo cual no se 
dá cumplimiento al Real Patronato ni mas está en mi mano de lo hecho como 
tampoco lo está el mudar, añadir ni quitar nuevos Curas doctrineros y tam- 
poco darles mas ó menos pueblos de indios de los que ya una vez fueron 
señalados y asignados por el Sr. Obispo antecesor de V. S. Y. confirmados 
por el Gobo. Superior y dando como se ha dado y yo doy los Religiosos ne- 
cesarios é idóneos para que ayuden cuando es necesario á los que tienen los 
títulos y canónicas, y esto lo ha visto y lo verá V. S. Y. en las visitas que 
hiciere, y cosa constante es que no se mudan ni alteran los Curatos que ya 
una vez se señalaron en el distrito de esta Real Audiencia ni se hallará ha- 
ber tal mudanza aunque sean muchos los pueblos y el número de indios que 
tubieren cada Curato, ni tal ha habido en este su Obispado de V. S. Y. como 
se reconoce en los Curatos que ocupan Clérigos pues el Curato de Tila que 
siempre ha sidt) solo, contiene los pueblos de Tila, Túmbala, Petalíngo y el 
Palenque que en las distancias es de mas de 30 leguas de largo y de los peo- 
res caminos de este reino y se hablan dos lenguas y tienen estos cuatro pue- 
blos un solo Cura y en ellos hay 860 tributarios que reducidos á buen com- 
puto será el número de indios mas de 3000 almas, y esta cuenta está hecha 
por los padrones nuevos que hoy corren con verdad cristiana, y á este 
tono hay mas ó menos otros Curatos en este Obispado sin que en él se halla 
hecho jamas mudanza contentándose los Sres. Obispos con que tengan los 
Curas quien los ayude y esto ni ha faltado ni faltará por nuestra parte. 

292 



A V. S. I. pido y suplico se sirva de que esta materia se ajuste volvién- 
donos los títulos de las presentaciones fechas por el Patronato Real dando 
las colaciones y canónicas á los en ellas nominados para que luego se pase 
á presentar los demás que faltan ó mandar lo que fuere servido pues una 
y mil veces digo que estoy pronto á cumplir con mi obligación y presentar 
sugetos para que nomine el Sr. Presidente; pero todo para no dando V. S. Y. 
las canónicas. 

Otro si digo, que pues de lo referido se verifica no ser en mis manos 
hacer mas de lo hecho ni ser á mas obligado y por no faltar á la administra- 
ción hay en los partidos Religiosos sin canónicas, mande V. S. Y. dar licen- 
cia á los que hoy están para que prosigan en la administración sin escrúpulo 
de conciencia en tanto que se acaban de ajustar estas materias, porque estoy 
con temor; y los Religiosos lo están, de haber oido repetir muchas veces á 
V. S. Y. que viven en mal estado y no pueden administrar y que es nulo 
cuanto obran; y si dejan los pueblos y los indios solos, bien se vé el escán- 
dalo que causará y el desconsuelo de los indios y que S. M. se dará por muy 
deservido; y si por no dar V. S. Y. las canónicas y que le está suplicado y con 
recelo de que les venga algún daño se retiraren los Religiosos á sus Con- 
ventos, protesto delante de Dios N. S. no tener culpa en esto y una y mil 
veces puesto á los pies de V. S. Y. le vuelvo á suplicar por la sangre de Je- 
suscrito se sirva de dar las dichas colaciones y canónicas instituciones á los 
cuatro padres que han traído los títulos, ó dar ó negar por escrito licencia 
á los PP. que administran para que lo hagan con buena conciencia hasta que 
se ajusten estas materias, pues no está en nuestra mano hacer mas de lo 
que va referido, que si no paso á presentar los demás Curatos que están 
vacos es por temer ha de succeder lo mismo pues de necesidad han de ve- 
nir con los mismos pueblos y número de indios que tubieron sus antecesores; 
y asimismo suplico á V . S. Y. mande alzar los embargos de doctrinas y sus- 
tentos que tiene embargados, mas ha de dos años, pues es cosa dura que 
no faltando de nuestra parte á lo que somos obligados, se nos detengan tanto 
tiempo los estipendios. 

Otro sí suplico á V. S. Y. informe al Gobierno Supr. lo que mas fuere 
servida en orden á la división de Curatos y distancia de los pueblos ó lo mas 
que convenga en cumplimiento del auto de 20 de Diciembre de 1657 que se 
le hizo notorio á V. S. Y. en la Ciudad de Guatemala y se han pasado diez 
y siete meses y ni se hace este informe ni las canónicas se dan y todo está 
parado y todo embargado; y solo no para ni parará el tener Religiosos que 
administren con toda puntualidad y si en contra de todo lo sobre dicho hu- 
biere algún mandato estoy llano y pronto á cumplirle y juro en forma la 
verdad que contiene este escrito y protesto lo que convenga y de su tenor 
á la letra y de lo que á él se proveyere suplico á V. S. Y. me lo mande dar 
por testimonio ; pido justicia & y presento testimonio auténtico de los quince 
Curatos que el año de 1650 fueron señalados y nominados por los señores 
de la Real Audiencia con asenso del Sr. Obispo antecesor de V. S. Y. — 
Capellán de V. S. Y. — Fr. Francisco Morcillo Provincial de Sto. Domingo. 

293 



CAPITULO VI 

En que se prosigue la misma materia del pasado. 

pero sea lo que fuere, lo que suceedió fué que moviéndolo Dios 

(al Obispo de Chiapa) se humanó tanto al escrito del Provincial, no pudiendo 
su generoso pecho resistirse a tanta súplica y rendimiento, que respondió por 
escrito una carta tan humana al Provincial que no quiero omitir el ponerla 
para que se vea como la verdad eterna lo enseñó cuando dijo que eran doce 
las horas del dia, que es como se sigue : 

Rdo. Padre Provincial. — V. P. R. se sale con cuanto me manda asi 
por su persona como por la del P. Fr. Eugenio, que yo no me he sabido re- 
sistir aunque yo no sé