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Full text of "Historia de la Universidad de Oviedo y noticias de los establecimientos de enseñanza de su distrito"

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HISTORIA 



DEL 



DISTRITO UNIVERSITARIO DE OVIEDO 



HISTORIA 



DE LA 



UNIVERSIDAD DE OYIEDO 

Y NOTICIAS 

DE LOS ESTABLECIMIENTOS DE ENSEÑANZA 
DE SU DISTRITO 



FERMÍN CflHEliIiñ V SECÁDES 

Vicc Rector y Catedrática déla Universidad, 

Cronista de Oviedo, 

C. de la Real Academia Española 

y de las de la Historia, Nobles Artes de San Fernando, 

Buenas Letras de Sevilla y Barcelona, efe. 



SEGUNDA EDICIÓN. COSTEADA 

P03 D. EDUARDO DE LLANOS ALVAREZ DE LAS ASTURIAS 



;z^)ftfez. 



OVIEDO: 

IMPRENTA DE FLÓKEZ, GUSANO Y COMPAÑÍA 
Calle de San José, nüm. 6 

1903 



^dbuucS-IOfc'fO 




AL. LEOTOB 



«Fuera arrogancia, agena á mi carácter, comen- 
zar la publicación del presente trabajo sin francas y 
leales explicaciones, que debo al público. 

No busco vano aplauso colocando mi oscuro nom- 
bre en la primera página de este modesto libro; cum- 
plo imperioso deber, obedezco un cariñoso mandato 
cuando trazo la historia del Establecimiento litera- 
rio, donde tengo gratos recuerdos de mis mejores 
años, al que me ligan inolvidables tradiciones de fa- 
milia. Falto de ilustración y sin dotes necesarias 
para tal empresa, sí entusiasta por la historia de mi 
país, me vi honrado por el Illmo. Sr. Rector de esta 
Universidad, que me confió en 16 de Enero de 1873 
la difícil tarea de redactar esta obra con arreglo á 
la Circular de 6 de Abril de 1869- 

Ante la importancia de la comisión declinó la 
honra que se me confiaba; nuevas instancias vinie- 
ron á obligarme; y aceptó, con temor, el encargo de 
mi querido jefe y catedrático el Sr. D. León Sal- 
mean. Nunca me apenaron tanto mis escasas fuer- 
zas porque se trataba de mi primera obra literaria; ni 
con mas diligencia demandé luces del hombre docto 
y acierto de consumado escritor: pero nunca escribí 
con mas entusiasmo, si bien conocí, al terminar, lo 
que velaba mi ardor juvenil: que no responde, ni 
con mucho, este pobre libro á la merecida reputa- 
ción de la universitaria corporación ovetense. No me 
íaltó buena y decidida voluntad de mostrar mi afec- 
to á esta Escuela, cuando con empeño y afán in- 



VI 

vestigué archivos, consulté publicaciones y deman- 
dó consejos á hombres entendidos para narrar los 
anales del ilustre Claustro del que fui discípulo y 
enseguida el último de sus miembros. 

Las fuentes de datos varios, su índole, las obser- 
vaciones y el plan y método de su exposición me 
preocuparon, desde luego, cuando comencé la His- 
toria de la Universidad de Ornado y Noticias de los Esta- 
blecimientos de Enseñanza de su Distrito. 

En el Archivo de la Universidad, por diferentes 
vicisitudes no muy completo en sus primeros años, 
estaban los principales materiales esparcidos en nu- 
merosos documentos, actas, libros, legajos, impresos 
y piezas sueltas; algunas veces recurrí también á los 
de la Diputación provincial, Cabildo de la Basílica 
y Municipio de Oviedo, así como a diferentes perso- 
nas que con generoso desprendimiento me facilita- 
ron curiosos datos. 

Fué preciso ordenar tales elementos para tratar 
mejor de la Instrucción Pública asturiana, porque 
no pedía el Ministro de Fomento, dado el espíritu de 
su Circular, un resumen de efemérides ó colección de 
datos aislados que por su confusión y repetición 
para nada servirían. El pensamiento del Gobierno 
era y es conocer la historia de la Enseñanza nacio- 
nal, y es indudable que mal se consigue el intento 
acopiando fríamente apuntes, si no van acompaña- 
dos de naturales observaciones y comentarios para 
comprender la pública instrucción en pasados tiem- 
pos, á fin de apreciar mejor la vida moral de otros 
siglos, ya que muchos historiadores pasan en silen- 
cio la marcha que tuvo la española cultura. Y á la 
postre— si esto so hacía bien, como yo no pude con- 
seguir, — resultarán los progresos de la época actual 
criticada sin razón cuando se olvidan vicios y de- 
fectos de la pasada. 

Tuve presentes para el plan y concepto las histo- 
rias de las Universidades de Salamanca, Valencia 



VII 

Zaragoza y Santiago, escritas, respectivamente, por 
los Sres. Vidal y Diaz, Velasco y Santos, Borao y 
Viñas, sirviéndome de norte la gran obra «De la 
Instrucción Pública de España» por el distinguido 
literato D. Antonio Gil y Zarate. Trato los asuntos 
cronológicamente; pero no por separado los diez 
puntos de la Circular para no caer en repeticiones 
con la relación íntima que tienen entre sí y para no 
perder de vista la marcha histórica de la Universi- 
dad. Con el detenimiento posible me ocupo prime- 
ramente en esta Escuela y comprendo en la Segunda 
parte los Establecimientos de Enseñanza de su Dis- 
trito con artículos mas breves á fin de no abultar 
demasiado el presente volumen. En epígrafes de ca- 
pítulos se comprenden los temas de la Circular: Ori- 
gen y fundación de los establecimientos: Privile- 
gios, exenciones y honores; Estatutos; Estudios y li- 
bros de texto; Reformas pedagógicas; Alumnos; 
Rectores y Catedráticos; Medios materiales de ense- 
ñanza; Costumbres académicas. Cuanto allí no pue- 
den tener cabida va inserto en Apéndices. 

No terminaré estas explicaciones, sin que antes. 
á fuer de bien nacido, exprese públicamente mi gra- 
titud á cuantos vinieron en mi auxilio. Tal vez sin 
ellos no hubiera dado cima al trabajo, porque mu- 
cho debí á los Sres. D. Francisco Diaz Ordoñez, 
D. Máximo Fuertes Acevedo, D. Ciríaco Miguel Vi- 
gil (éste mi amado maestro en antigüedades astu- 
rianas) y al Magistral D. José María de Cós. En la 
biblioteca del primero encontré libros y manuscritos; 
en obras, desgraciadamente inéditas del segundo, 
tomé abundantes noticias de asturianos ilustres, 
pues tan cariñoso amigo todo lo puso á mi disposi- 
ción; y, por fin, no fueran fructuosas mis investiga- 
ciones en los archivos Provincial y Catedral sin el 
concurso de los otros dos. Del señor Rector, Secre- 
tario D. Manuel Gómez Calderón y mas personas 
tuve igual cooperación para llevar á cabo la presente 



VIII 

Historia. Consigno aquí mi reconocimiento y los se- 
ñalo á la estimación de mis paisanos. 

Recien salido de las aulas y en los albores de la 
vida, tengo la satisfacción de rendir á la Universi- 
dad, alma mater, pequeño homenaje de cariño entra- 
ñable, aunque no haya conseguido, mi intento. Tos- 
co artista, en el cuadro que pensé pintar solo indi- 
qué perfiles y allegué colores; pero mejor pincel ter- 
minará este lienzo bosquejado. Por eso dirijo á cuan- 
tos me leyeren aquellos versos de Horacio: 

Vive, vale; si quid novisti rectius istis 
candidas impertí; si non, his uterc niecum. 

Confiado en la indulgencia del público, pues solo 
vivirá con ella, sale á luz este libro, como capitulo 
de la brillante historia de mi provincia. Sea fiel tes- 
timonio de mi amor á las glorias asturianas, cuando 
demuestro al Rector y al Claustro que no rehuyo 
sus comisiones y que aun procuro llevarlas mas allá 
de lo que pudieran exigir á mi escaso saber.» 



Con estas sinceras manifestaciones, palabras mas 
ó menos, presenté al público (1S73) mi humilde y 
primera publicación (a) que fué acogida con inme- 
recida benevolencia, apreciada en términos lisonge- 
ros por el Rectorado ovetense (19 de Septiembre) 



k 



(a) Por obediencia filial á deseos, que dictaba la modestia, no pude men- 
cionar entre los auxiliares que entonces tuve, á mi padre amantísimo Sr. D. Be- 
nito Canella Meana (q. s. g. h.}. Mucho debí á sus luces y consejos, á su cono- 
cimiento del pasado de esta Escuela, á la que amorosamente sirvió muchos afios 
y á cuyo Claustro venían perteneciendo nuestros mayores. 

Fué mi Padre un asturiano entusiasta y, dotado de sólido y variado saber 
fué personalidad notoria desde la prensa, la escena, la cátedra y en cargos po- 
pulares del movimiento provincial, científico-literario, en el pasudo siglo. Entre 
sus producciones menciono aquí la excelente Memoria untveisittuia (Oviedo, 
i86x), el trabajo primero histórico de la Instrucción pública asturiana. 

La paternal memoria, inolvidable y gratísima, me impulsan á esta natural y 
hoy libre expresión de mi gratitud. 



muy especialmente por la Dirección general de Ins- 
trucción pública (30 de Diciembre), y por alcanzar 
después diploma y medalla de plata en la Exposición 
universal de Barcelona (1888). 

Agotada no mucho después y siendo muy raros 
los ejemplares, pensé en reimprimir, adicionada y re- 
formada, la presente «Historia». A ello me impulsa- 
ban mis sucesivos estudios ó investigaciones locales 
en la materia; la lectura de obras histórico-pedagó- 
gicas, como las generales de los Sres. La Fuente y 
Fernández Campa, la granadina del Sr. Montells, 
la colegial de Bolonia por los Sres. Borrajo y Giner 
(H) é interesantes libros sobro establecimientos es- 
pañoles y americanos deG.de Castro, Larrea, Flora- 
nes,Berges, Egaña, Merry, La Fuente (J. J.), Bachi- 
ller, Rojo, Castellanos, Icazbalceta, etc.; y otras 
consideraciones muy principales y apremiantes en 
los dias que vivimos, sedientos de regeneración, y 
cuando para la resolución del angustioso problema 
nacional todos ponen los ojos en la enseñanza \ r 
educación patria ¡todavía medio dormidas! Por todo 
esto pretendía reproducir estas modestas páginas, 
aunque sea muy pobre mi concurso á la empresa es- 
pañola que se acomete ahora, ya que no se empren- 
dió antes de la tremenda catástrofe. 

Mas el limitado presupuesto universitario, que 
llega á lo inverosímil para cubrir cargas y servicios 
docentes imperiosos, dificultaba esta segunda edición, 
que deseaba con empeño el Rector actual Sr. D. Fé- 
lix de Aramburu, y hoy se debe al patriotismo y al 
afecto particular de un asturiano benemérito. 

Es este el Sr. D. Eduardo de Llanos y Alvarez 
de las Asturias, nombre bien conocido en la Amé- 
rica española por el respeto que mereció en Chile y 
Perú y servicios allí prestados á los españoles en 
época crítica. Retirado hoy en Europa, el Sr. Lla- 
nos dedica sus afanes á la cultura popular: fundó 
una Escuela modelo en Corao (Cangas de Onís) don- 



X 

de tiene su nobilísima casa solariega, establecimien- 
to aquel organizado y regido con sumo acierto; vie- 
ne difundiendo en hojas y láminas conocimientos y 
asuntos de importancia y utilidad provinciales; y ha 
costeado publicaciones, como la Reseña histórica del 
Instituto de Jovéllanos de Gijón (de que fué alumno) 
por el Sr. Lama y los Orígenes y Estadv actual de su 
Biblioteca por F. Martínez Eiorza. 

Unido al Sr. Llanos por antigua amistad y la- 
zos de familia, quiso distinguirme también dispo- 
niendo y costeando esta segunda edición de la His- 
toria de la Universidad y Noticias de los Establecimientos 
de Enseñanza de su Distrito. Dejando aparte mi favor 
personal— -que sé agradecer y estimar profundamen- 
te — bien puedo asegurar y proclamar otro patrióti- 
co servicio mas del Sr. Llanos, generoso propaga- 
dor deja enseñanza, al difundir este libro; porque 
en sus páginas hay antecedentes y datos de la Ins- 
trucción pública asturiana de aj r er y de hoy, base 
segura, juntada con otras análogas regionales, para 
la reforma urgente con nuevos rumbos y moldes 
nuevos, que reclama lo porvenir, si ha de seguir Es- 
paña 

Y diré para terminar que aparece esta segunda 
edición como heraldo del 3 7 a cercano tercer cente- 
nario de nuestra Universidad, 1908, en que de nue- 
vo debe glorificarse la figura insigne de su funda- 
dor el Arzobispo U. Fernando de Valdés y Salas. 



Oviedo Enero 1903 



t 



PRIMEREARTE 

HISTORIA 

DE LA 

UNIVERSIDAD DE OYIEDO 



1 



CAPÍTULO PRELIMINAR 



La Instrucción pública en Asturias antes de la fundación de la Universidad de 
Oviedo. — Aislamiento topográfico de la provincia. — Los romanos y godos 
en ella.— Su estado después de la traslación de la Corte. — El antiguo clero 
del país y esfuerzos de los prelados para mejorar su condición.— Asturianos 
distinguidos en las letras durante los siglos xv y xvi. — La Imprenta en 
Oviedo. — Causas del atraso de Asturias, no obstante á que desde aquellos 
siglos ya se daba gran valor á la instrucción.— Movimiento moral de Espa- 
ña en el siglo xvi.— Las Universidades españolas.— Otros centros de ense- 
fianza. — Espíritu de fundación de establecimientos literarios. — El Inquisidor 
D. Fernando Valdés Salas. — Cuando otras obras pias, ultima en su testa- 
mento la erección de Colegios y de la Universidad de Oviedo. 



En el antiguo Principado de Asturias, hoy provincia de Ovie- 
do, no existía al fenecer el siglo xvi ningún establecimiento pú- 
blico y general destinado á instrucción y educación de sus natu- 
rales. Rodeado de altas montañas por la parte del Mediodía y al 
opuesto limite por las olas embrabecidas del mar Cantábrico, 
apenas los hijos de esta provincia tuvieron comunicación con 
otras comarcas. De aquí grandes inconvenientes para su cultura, 
y hasta las varias invasiones en tiempos antiguos no dejaron 
huellas duraderas en la región astur levantando su nivel moral. 

La ambición conquistadora del pueblo romano trajo á Apu- 
leyo á poner en Torres y sitios próximos de la costa las aras 
sextianas, trofeos de victoria, para llamar á Augusto señor de 
todo el mundo conocido tras de laborioso triunfo sobre astures 
y cántabros, descendientes de celtas, que cayeron vencidos, mas 
no domados, apellidando siempre libertad é independencia. De 
su dominación quedan valiosos recuerdos en explotaciones mi- 
neras, trabajos agrícolas, alguna construcción y el frecuente ha- 
llazgo de monedas pertenecientes al Imperio, otros objetos, lá- 
pidas varias, etc.; y también de la influencia latina quedó gallar- 
da muestra en voces y locuciones del bable ó dialecto asturiano. 



— 4 — 

Los primeros godos apenas dan señales de existencia en 
nuestro país hasta Sisebuto; y hay que ver á España vencida en 
Lago de Janda (Guadalete), roto él trono de sus reyes, para que 
los vencidos buscaran refugio en las montañas del Norte. Ellos 
trajeron, con los restos de la tremenda catástrofe, el aliento que 
les quedaba y con él la religión y reliquias, códigos y tradicio- 
nes, que en otro tiempo hicieron tan notables á los padres de los 
Concilios toledanos y condes palatinos. Extraño parece que 
herederos de tan esclarecidos varones, sabios autores de cáno- 
nes y leyes, no dejasen en Asturias señal de ilustración y no es- 
tableciesen aquí algo que semejase las escuelas de los Isidoros 
de Sevilla y Leandros de Toledo. A la defensa de la fé tendieron 
principalmente aquellos prelados que, huyendo de las huestes 
musulmanas, hallaron abrigo con su clero dentro del astur te- 
rritorio. Aquí permanecieron en años, adscritos á parroquias ru- 
rales para declarar existentes sus diócesis; y, por esto, pasado 
algún tiempo y constituida en corte, fué Oviedo llamada ciudad 
de los obispos, por los aquí residentes ó reunidos ya para con- 
sagración de templos ó para conciliares asambleas. 

Do quiera se habían levantado Iglesias y Monasterios (el P. 
Carballo menciona 109) por los reyes de la restaurada nacien- 
te monarquía, y aquellas santas moradas, centros de oración, 
fueron custodia de tesoros, códices y alhajas salvadas, cual figu- 
ran en generosas donaciones al templo mayor del Salvador y en 
construcciones embellecidas por oreses y labrantes peregrinos 
con arte propio tal, que llegó á llamarse «asturiano». 

Prosperó en santidad y doctrina la Iglesia de Asturias como 
lo revelan, primero las actas de sus Concilios, un dia considera- 
das apócrifas por la crítica hasta resultar vindicada su legitimi- 
dad por el P. Risco, y después la resistencia y victoria contra 
los heresiarcas Félix de Urgel y Elipando de Toledo. Los godos 
refugiados debieron enseñar la historia y la paleografía á los as- 
turianos, y escribieron en esta tierra códices como el del siglo 
vn, precioso libro canónico, que en Oviedo vio Morales; el famo- 
so de las «Etimologías o de San Isidoro; las Crónicas llamadas 
de Albeldense y de D. Alfonso III; y otros preciosos diplomas, 
que pertenecieron á la saqueada librería de la Catedral de Ovie- 
do, de la qué muchos de sus primores escriturarios andan dis- 



- 5 - 

persos por bibliotecas públicas y particulares con el sello y cruz 
angélicos de su procedencia. 

Mas luego desaparecieron tales elementos de cultura porque, 
al mismo tiempo que la reconquista dilataba el territorio cris- 
tiano, quedaba reducida y pobre la monarquía asturiana, absor- 
vida en 950 por la naciente leonesa y mas abandonada todavía 
cuando los reyes se asentaron en lugares importantes y lejanos 
para el alto fin de la restauración. 

El clero, que al cumplir su misión, llenaba también la de ci- 
vilizar la sociedad, cultivando y extendiendo artes y ciencias, 
fué desde aquella ocasión ignorante pareciendo que no queda- 
ban memorias y enseñanzas de tantos doctos prelados como 
habían residido en estas montañas. Volviera el país á primitivo 
estado de atraso si por sucesos diferentes no se hubiera comba- 
tido el mal. • 

Renació Asturias en el siglo xi con el régimen municipal que 
cimienta Alfonso VI con las cartas-pueblas de Oviedo y Aviles; 
debió sentir la influencia del Concilio de Coyanza en 1050 y en- 
seguida la de las altas dotes y espíritu gubernamental del gran 
Obispo D. Pelayo, el déla asamblea pacificadora de 1115; á 
continuación se removió y tuvo paz y administración con las re- 
gias visitas del Emperador D. Alfonso, D. Fernando II y las re- 
petidas de Alfonso IX, que consolidaron populares franquicias; 
mas y mejor sintió el gobierno de Alfonso el de las Partidas, que 
favoreció las «poblas» ó cabezas de concejo formando asi gru- 
pos de población mas adelantada á la sombra de leyes forales 
mientras los Señores y Casas monásticas crecían en poderío y 
con el Merino del Rey dictaban ordenanzas. El árbol de las ór- 
denes religiosas que, bajo las reglas benedictina en Oviedo, 
Obona, Corias, Cornellana y Celorio y la cisterciense en Valde- 
dios, Belmonte y Óseos, seguía frondoso, se aumentó con los de 
San Francisco de Oviedo, Tineo y Aviles, que asi vivían de la li- 
mosna popular como la devolvían en elemental instrucción; si 
bien en mayor ó menor escala, estas fundaciones tuvieron cáte- 
dras de Filosofía moral y Teología principalmente para sus novi- 
cios y postulantes. 

Cual en otras partes, debió comenzar á organizarse en Ovie- 
do algo de aquellas escuelas catedralicias, bajo el régimen de 



— 6 — 

prevendados especiales (maghter se/wlarum, maestrescuela) 
y en documento de 1261 de la Iglesia leonesa firma uno: G. Pe- 
tri, Magister scholarum ovetense et legionensi canónico. De 
esta enseñanza eclesiástica ovetense hay algunos datos. 

El virtuoso Obispo D. Fredolo; francés, estableció en 1280 
unas escuelas para enseñar liturgia á sus prevendados, previ- 
niendo la asistencia al Oficio Divino con imposición de penas al 
que no lo verificase en tres meses consecutivos. (1) Sin duda á 
tal enseñanza se refieren, en el Claustro de la Catedral, las lápi- 
das funerarias de Rodrigo, «Rector de las Escuelas» (año 1298); 
otras de Alfonso Jacco, «que tuvo el nombre y régimen de las 
escuelas» (año 1301); y ha desaparecido la citada por Tirso de 
Aviles en el tercer lienzo, que cubría el sepulcro de otro Ro- 
drigo, también «Rector de las Escuelas» fallecido en 1317. Es- 
casa noticia literaria tenemos del clero asturiano en tiempo si- 
guiente y hay que llegar al gobierno del insigne Obispo D. Gu- 
tierre de Toledo. 

Poderoso y rico, muy docto y reformador, fué este prelado 
que ganó para sí y sucesores el Señorío condal de Noreña, au- 
mentando las pingües rentas asignadas á la mitra; él ordenó el 
archivo-catedral y le docto de preciosos elementos para la histo- 
ria; en sus dias fué comprendida la provincia y diócesis, por él 
pacificadas, en «Principado de Asturias» para los herederos de 
la gran corona de Castilla y después de España; y él debió intere- 
sarse por la cultura de su sacerdocio al ser fundador en Sala- 
manca (á donde afluía entonces toda semilla de ilustración) del 
antiguo Colegio de Pan y Carbón, cuyos estatutos fundacionales 
conservados en el archivo de nuestra Basílica, disponían, entre 
otras cosas, para favorecer á la clase pobre que babía de tener 
la casa seis alumnos de la facultad de Cánones, naturales de la 
diócesis de Oviedo. El mencionado Monasterio de San Vicente 
de esta ciudad era otro centro de especial cultura y en la segun- 
da mitad de este siglo xiv le regia el Abad D. Diego, que dejó un 
Memorial de los sucesos y alteraciones de su tiempo, obra que 
se ha perdido y era estimable á juzgar por lo que de ella queda. 
Bajo la prelatura de D. Juan Arias del Villar, gran letrado, á fi- 



(i) Risco, España Sagrada; tomo 38, pág. 207. 



nes del siglo xv floreció en. Oviedo el Br. Gonzalo González Ca- 
ñamero, Abad de Tuñón, después Obispo de Cuenca, que dice 
Risco (1) fundó en Salamanca el Colegio de Santa María y To- 
dos los Santos, Uamaáo de Monte Olive, aunque, según el Sr. Vi- 
dal, fué solamente su primer Rector, y el Sr. La Fuente escribe 
que fué su bienhechor y á su nombre vinieron las bulas (2) D. Die- 
go Miguez de Vendaña, nombrado en nuestro episcopologio don 
Diego de Muros, pastor ilustrado y celosísimo, favoreció el esta- 
blecimiento de los hijos de Santo Domingo y con su senado ca- 
pitular dotó á principios del siglo xvi una cátedra de Moral en 
el convento ovetense del Rosario para mejorar con ¿religiosos 
de buena vida, letras y ejemplos» (3) el decaído pulpito de esta 
provincia. El mismo prelado en 1517 fundó en Salamanca el Co- 
legio Mayor de San Salvador de Oviedo, no pudiendo estable- 
cerle aquí por estar la instrucción pública tan atrasada, ó por 
oposición que le hizo el Cabildo y no existir Universidad á 
donde agregarle. El famoso cronista Ambrosio Morales, dice en 
so «Viaje», oque los canónigos de Covadonga vestían un hábito 
pobre y corto, común de los clérigos de Asturias, con un escapu- 
lario de lienzo blanco encima del sayo, poco ancho, y largo has- 
ta mas de la cinta»; y este desaliño pone bien claro su rudeza y 
apartamiento. (4) 

El Cabildo eclesiástico sostenía un preceptor popular de 
dramática y daba licencia á sus miembros para ir al t Estudio», 
el menguado que había en Oviedo, y para pasar á Salamanca ú 
otras escuelas, según consta en acuerdos capitulares. Esto no 
bastaba, ya en el siglo xvi, y aunque sea fingido el celebérrimo 
proceso y excomunión episcopal á los ratones y el alegato de és- 
tos f porque eran criaturas de Dios y no debían ser castigadas sin 
ser oídas» indica el gran atraso asturiano. El breve tiempo que 
rigió nuestra diócesis D. Fernando de Valdés y Salas, nuestro 
futuro bienhechor (y á cuyos grandes favores se dedica esta hu- 
milde Historia) fué punto de partida para ideas y cambios de en- 
señanza y, á su estímulo, probablemente se movieron otros, o De 



(s* Risco Es/. Sag.; tomo 39. pág. 75. 

(a) Vidal y Díaz, Memoria histórica de la Universidad de Salamanca; pág. 301. — La 
Fuente* Historia de las Universidades, Colegios y demás Establecimientos de Enseñanza de 
Es/ama; tomo a.° pág. 117. 

(3 » Risco, Es/. Sag.; tomo 39, pág. 103. 

(4) Morales Viaje santo, tít. 39 pág. 66. 



— 8-- 

estos celosos del bien público, fué el primero D. Andrés de Pra 
da, Abad de Tuñón, persona grave y recta, el cual por los años 
de 1568 intentó en Oviedo fundar un Colegio de la Compañía; y 
para este fin acudió á Roma por facultad y licencia de su Santi- 
dad para renunciar á favor de la Compañía su Abadía y otros 
préstamos y rentas eclesiásticas, que poseía, las cuales pudieran 
servir á la manutención y sustento de algunos Padres, que con 
su celo y virtud acudiesen á las necesidades espirituales, que en 
sus Paisanos conocía y lamentaba; pero tan santos deseos no 
llegaron á execución, por haberse ofrecido en Roma tantos re- 
paros y dificultades sobre la cesión de sus rentas á favor del 
ideado Colegio, que imposibilitaron la prosecución de la depen- 
dencia». Así refiere el P. Villafañe (1) el primer intento de es- 
cuela jesuítica. 

El referido atraso provincial y la falta de un centro de verda- 
dera y general enseñanza era grave daño para la salud de las 
almas y bienestar de esas míseras gentes, que se prolongó hasta 
que el Obispo D. Diego Aponte Quiñones se vio precisado en 
1585 á observar gran rigor en el examen de sacerdotes y de ca- 
pitulares, estableciendo para ellos unas enseñanzas en su pro- 
pio palacio. Y dice Risco: «sin embargo de haber alcanzado bu- 
la pontificia para este fin, no duró tan piadoso y útil estableci- 
miento por no haber hecho casa particular para estos clérigos y 
por no haber convenido el Cabildo en la erección del Seminario». 
Cuando mas adelante se pretendieron cátedras en la Universi- 
dad de Oviedo, el canónigo Domingo de Mier alegó sus estudios 
en Valladolid y Salamanca, y citando los nombres de sus maes- 
tros, alguno de los cuales debió ser asturiano, á juzgar por su 
apellido, dio noticias del colegio que fundara el Obispo Aponte, 
con mitad de colegiales graduados y buenos gramáticos la otra 
mitad. Entró en el primer lugar de los graduados, fué propósito 
con el cargo de leer casos morales y de presidir unas conferen- 
cias, pues otras las presidía él prelado por afición, y á estos 
actos dice que venían los hombres doctos de la ciudad y monas- 
terios (2). 



(j \ P. Juan de Villafañe: •Relación historien de la vida y virtudes de la Excma. senara 
doña Magdalena de VI loa, «Salamanca, 17231, pig. 241. 

(2) Archivo de la Universidad.— Papeles déla testamentaría del Sr. Arzobispo D. Fernán* 
do Valdés y Salas; fol. 141. 



— 9 — 

En Oviedo, como en la mayor parte de las diócesis de Espa- 
ña, hubo resistencia á la erección de seminarios que el Concilio 
deTrento había dispuesto como cosa urgente y necesaria, más 
mirando á la educación especial que á la instrucción del clero, 
que concurría á Universidades y Colegios. El Cabildo de Oviedo 
era exento, diGe el Sr. La Fuente, y dependía del Papa, no reco- 
nociendo apenas la autoridad del Obispo ni la del Metropolita- 
no y como el Papa estaba muy lejos, «pasaba lo que pasaba» 
cual en todos los establecimientos exentos. No justifica el eru- 
dito académico tales cargos, pues el canónigo lectoral propuso 
seminario en 1731 que no se erigió por falta de recursos; y la 
resistencia era general y popular, pues cuando, á petición de 
los comisionados del Cabildo, se trató en el Ayuntamiento ove- 
tense de la erección de un Seminario de Estudiantes, se acordó 
ono ser conveniente *. 

El Sr. D. Pedro Suárez fundó y dotó en 16 de Octubre de 
1593 el Colegio de San Pedro de los Verdes para sostener doce 
colegiales, que terminaran su carrera en la Universidad proyec- 
tada por el testamento del Aizobispo Valdés, que ya había falle- 
cido, siendo las becas de dirección del Cabildo y de provisión 
en las casas de Heredia y Rivera, de que descendía el canónigo 
fundador. 

Véase, pues, como aunque para el clero se llamaran, ya se 
necesitaban con premura unas Escuelas superiores en Oviedoi 
y cuan justo era el empeño que tenían los Obispos en su pronto 
establecimiento. No cesan en la empresa, y en 1600 D. Gonzalo 
Gutiérrez Mantilla escita á los testamentarios del ilustre creador 
de la Universidad ovetense á que abriesen pronto las enseñan- 
zas, perqué sus clérigos eran tan ignorantes y viciosos, que te- 
nía que proveer las iglesias ^en quienes no había ninguna sufi- 
ciencia. 

Cuadro tan poco halagüeño de un cuerpo tan respetable, in" 
dica también que sería mas lastimosa la condición de las otras 
clases de la sociedad, y mucho menor su ilustración y saber. 

No faltaron, sin embargo, durante los siglos xv y xvi algu- 
nos asturianos, que supieron distinguirse en las letras. «Juan de 
Oviedo» fué secretario del rey D. Enrique IV y «Alonso de Quin- 
tanillao Secretario de Hacienda de los Reyes Católicos, orga- 



— io- 
nizador de la Santa Hermandad y protector decidido de Cristo- 
bal Colón. El arcediano de Villaviciosa «Dr. Juan González 
Contreras» es autor del libro de la Purísima Concepción, com- 
puesto en 1439, y propuesto entonces al Concilio general de Ba 
silea con el fin.de promoverla solemne declaración de la Iglesia; 
y el «Dr. Rodrigo Alvarez de Noreñao fué reputado juriscon- 
sulto, á quien citan los contemporáneos por sus «Determinacio- 
nes». Mas tarde, en varios ramos científicos, brillaron no pocos 
hijos de esta provincia, como otros, antes y después, se distin- 
guieron en los consejos áulicos de los reyes. El presbítero «Al- 
fonso de Proaza», ardiente defensor de las doctrinas de Raimun- 
do Lulio, y su compañero y sucesor «Alfonso Ordoñez*, retóri- 
co y orador notable, lucían sus talentos en la Universidad de 
Valencia, ácuya ciudad ensalzaba Proaza en una elegante ora- 
ción latina, publicada en 1505, y en un celebrado romance. La 
ya dicha fundación dominicana, fuera de cercas de Oviedo, del 
Obispo Muros dio resultados muy excelentes, y de allí salieron 
reputados varones, que difundieron el cristianismo en América, 
como «Alfonsode Noreña» (1544) y «Pedro de Pravia» (1580). 
El jesuíta «Alvaro Alfonso» (1542) combatió los errores de Lu- 
tero; fueron jurisconsultos muy distinguidos «Miguel Cifuentes,» 
que hizo una edición del Ordenamiento Real y comentó las Le- 
yes de Toro (1536-1555); «Juan Hévia Bolaños» (1588) publicó 
laoCuriaFilípica» y «D.Alfonso Iñigo Valdés» (1588) fué también 
muy conocedor de la ciencia del derecho. Como escritores de 
historias no omitiremos al conocido cronista asturiano «Tirso 
de Aviles» y á «Fr. Alvaro de Rojas», autor de la Historia de 
dicho Convento ovetense del Rosario; y, por fin, cuando termina- 
ba el siglo, fueron notables por sus obras <«D. Martín Quirós 
Valdés», «D. Diego Valdéso, etc. (1) 

Y de mediados del siglo xvi data la introducción de la im- 
prenta en Oviedo, aunque fué como de paso. La clerecía de la 
diócesis suplicó en sínodo al Obispo D. Cristóbal de Rojas que 
reimprimiese el Breviario ovetense, pues eran muy raros los 
ejemplares y se iba perdiendo el rezo propio diocesano; y así 
debió ser llamado el impresor ambulante Agustín de Paz, que en 



(i) Fuertes A ce vedo, Bosquejo acerca dr l Estado que alcanzó á todas épo.\xs la. litera- 
tura en Asturias (Badajoz, 1885). 



Oviedo estampó en 1556 dicho Breviario y unas Constituciones 
capitulares, de que hay rarísimos ejemplares, y son de mérito. 
Un año después ya el impresor trabaja en Burgos, y el prodi- 
gioso arte no se asentó en nuestra ciudad hasta un siglo mas 
tarde. Es de advertir que hay noticia de impresores asturianos 
como Gonzalo Rodrigo de la Pasera (Monterrey, 1494) y Juan de 
Valdés (Barcelona, 1497j, que andaban errantes por diferentes 
provincias, como otros tipógrafos que imprimían para la Iglesia 
Catedral de Oviedo hojas sueltas en 1490 y 1520 con la rela- 
ción de reliquias y bula de indulgencias (1). 

Según se habrá notado, estaban los conocimientos reducidos 
á determinado círculo de personas, y la provincia en general, 
no participaba de esta cultura. Bien por apatía, aunque mas por 
falta de un foco de ilustración, como una Universidad ó una Aca- 
demia, fué cierto el atraso, fatalmente auxiliado merced al des- 
orden que en la administración del país introdujeron las bande- 
rías, no muy disminuidas por las Ordenanzas provinciales de 
Vega y de Acuña. Fué reducida la enseñanza y, cuando com- 
pleta, se limitó á algunos asturianos que, privilegiados por la 
fortuna ó de ingenio resuelto, pudieron con dificultad recibir en 
afamadas aulas la educación y carrera que no hallaban en su 
patria. Por eso daban gran importancia á los títulos académi- 
cos, hasta á los más inferiores, consignándolos con presunción 
en documentos y en inscripciones sepulcrales. Ejemplos tene- 
mos, como el de la lápida del Claustro de la Catedral, bajo la 
que descansa Frigión de Cifuentes, fallecido en 1485, é hijo del 
Rr. Juan de Gijón; así como consta que el concejo de Colunga 
fué visitado en 1558 por el o Magnífico o bachiller Liada, alcalde 
mayor del partido de Llanes. Y, sin embargo, con todas las an- 
teriores circunstancias, llama poderosamente la atención, que 
relativamente á la extensión del Principado, ocupaban algunos 
asturianos puestos elevados en las Iglesias, Tribunales y Con- 
sejos. 

¿Cuánto no se abulta la anterior triste pintura de nuestra 
postración pedagógica si la consideramos en el grandioso si- 
glo xvi, en el movimiento general de la nación? 

f i'- E*ta* ühiirns noticias de impresores asturianos, fuera de la provincia, son del erudito 
¿cadtmico Mr. K. Hatblcr en carta al Rector de la Universidad Sr. Aramburu. 



Por todos los ámbitos de la Península se había desarrollado 
y crecido el estudio de las ciencias, y la sabiduría de los espa- 
ñoles era vasta, profunda y poderosa. Ella daba impulso y diri- 
gía la fuerte voluntad que hacía del cetro de Castilla el arbitro 
considerado en los reinos mas florecientes de la Europa, cuando 
extendía su dominación mas allá de los mares en todo un mun. 
do nuevo. Esos ejércitos, que sostenían la corona de los Césares 
y que, á la sombra de los pendones de Castilla y Aragón, pe. 
leaban sin descanso y vencían cor gloria, no talaban y destruían 
los pueblos solamente por poder ilimitado y material, como en 
los siglos de la Edad Media.... pues el entendimiento humano, 
agitado profundamente en este siglo prodigioso, rompió con pa- 
sadas tradiciones y llamó cuanto existia á severa residencia y 
examen. Él levantó bandera en todas partes y emprendió una 
lucha mas tenaz para el bienestar de las generaciones venideras. 
Nadie desconoce hoy que fueron de menor importancia las glo- 
rias alcanzadas sitiando á Viena, saqueando á Roma, despeda- 
zando á Italia y humillando á Francia, que las conseguidas por 
la inteligencia para el común provecho de aquella época y de 
las sucesivas. Combatían mejor por el progreso los que estudia- 
ban en academias, propagaban los conocimientos por la impren- 
ta y, con elevadas miras y profundo acierto, discutían en Conci- 
lios sobre todos los ramos del saber. 

No fué España la que menos parte ha tomado en esta cruza- 
da gloriosa para la civilización del mundo. Solícitos y volunta- 
rios marcharon sus doctores y sus Obispos para demostrar que 
eran tan sabios los españoles, como políticos hombres de Es- 
tado y esclarecidos capitanes de la guerra. En contiendas y dis- 
cusiones, sobre todo en Trento, hicieron ver que nada de cuan- 
to entonces abarcaba la ciencia era ageno á los hijos de España 
en doctrina profunda y en la literatura amena. 

Y no podía ser otra cosa. En nación alguna, no obstante las 
consecuencias de su reconquista, se vio con tal empeño y deci- 
sión un afán de establecer Universidades para alimentar el ge- 
neral deseo de alcanzar los conocimientos y saber humanos. 
Apenas los Reyes Católicos tomaban asiento en los alcázares 
granadinos, cuando surgió una Universidad para instruir á los 
vencidos. Los reyes y magnates, los prelados y pueblos, to- 



— «3 — 
dos se apresuraban á levantar esos monumentos para cultivar la 

hispana inteligencia, harto fatigada por el peso de las armas. 
Tenían Universidad en el reino de León, Salamanca (.... 1243) 
Valladolid (.... 1346) y antes Palencia que conservó por poco 
tiempo su Estudio; en Castilla la Vieja, Avila (.... 1482-1504) y 
Osma (1554); en Castilla la Nueva, Alcalá (.... 1508), Sigüenza 
(.... 1472-1483), Toledo (.... 1520) y Almagro (..,. 1553); en 
los reinos de Andalucía, Secilla (.... 1472-1516), Granada 
(.... 1526) y Osuna (.... 1548); en Guipüzcoa, Oñate (.... 1542); 
en el reino de Galicia, Santiago (.... 1506 1544) y Monterrey 
(....) compitiendo la primera con la lusitana de Coimbra; en el 
reino de Aragón, renació la pretoriana de Sertorio en Huesca 
(.... 1354- 1461) y tuvo la de Zaragoza (1474-1574); en el Prin- 
cipado de Cataluña, las de Lérida (1300), Barcelona (1430), Ge- 
rona (1446), Tarragona (1572), Vich (1599); en las Baleares 
la luliana de Palma (1280-1626); en el reino de Valencia, la de 
Valencia (1411-1502), Gandía (1540) y Orihuela (1552). En es- 
tos establecimientos se ilustraban los españoles, cuando á todas 
partes llegaba el nombre de la Universidad de Salamanca que, 
con arrogante blasón omnia docendo, era el centro y la luz de 
todas ellas y competía en fama y esplendor con las mas eminen- 
tes de Europa (1). 

Y aun había otras enseñanzas para alimento intelectual de la 
generación de aquel siglo porque, si no en gran escala, muchas 
Ordenes religiosas de ciudades y pueblos importantes facilitaban 
instrucción en sus conventos. Había en las catedrales, como ya 

(i) Algunas de estas Escuela* tenían base conventual, y había también otros centros que 
llevaban el nombre de Universidades, aunque distaban de serlo, como Luchentc (M a 3^ Luccna 
'.*533). Oropcsa (158.), Sahagún (1534). Irache Í1605J, K«tella {...), Baeza U538J, Murcia 11565). 

Al lado de las Universidades se establecieron Colegios mayores y menores, que aumentaba 
el concurso de estudiantes, como los de San Bartoloi.ié (1401), Cuenca (1500), San Salvador de 
Oviedo (i5>7) y Fonseca^ (1521) en Salamanca; San Ildefonso (1500) en Alcalá de Henares; 
Santa Cruz (1484) en Valladolid; Santiago (1554) en Huesca; Sacrcmonte 11(05) cn O ranada, 
etc , etc. 

La de Oviedo fué fundada en 1565 é inaugurada en 1608. 

Después se establecieron las de Pamplona '1623^, de escasa vida; Tortosa (1645); Ccrvera, 
(ij\A) por supresión de las otras de Cataluña; la de San Cristóbal de Canarias (1744;) y la de 
Alcalá «c trasladó á Madrid eti 1836. 

Por las Ordenes religiosas principalmente, España abrió también en el siglo xvi Universida- 
des y Colegios numerosos cn sus dilatados dominios de América. Entre aquéllas mencionaremos 
las de México (issV, Chiapa (158 ;. Guadalajara (....) y Merida de Yucatán (....) cn el Vi- 
rreinato de Nueva España; tres cn Quito fi 563 -1623^, Caracas ^721 j, dos en Sar.ta Fé de Bo- 
gotá A595 íóioy y Taísima (. ..) cn el virreinato de Nueva Granada; las de Lima 11551-1570, 
Cuzco ^1598 ifo.2,/ t Hiiamanga ^1677./ y Chuquisaca (1772,/ en el del Perú; las de Córdoba (xb^J 
y Trinidad /'... ) cn Hítenos Aires; la de Santo Domingo f 16 .) en esta isla; y la de la Habana 
1 1670-1778'. En A>ia, la de Manila '1628;. 

^ No *on á teces exactas las fechas fundacionales de nuestras antiguas Universidades y Co- 
legios; y Us indicadas se refieren, según los casos, á la erección, bulas y cédulas de aprobación, 
apertura de estudios ó primeros estatutos. 



— 14 — 

se indicó, explicación de algunas materias por los maestre-es- 
cuela, lecloral y penitenciario, ya decaídas con la fundación de 
los centros universitarios, pues si algún prelado establecía Semi- 
nario para su diócesis, era con séquito escaso en España donde 
la pureza ortodoxa de la religión tanto resplandecía en las Uni- 
versidades. 

El estudio del laiin, llamado vulgarmente Gramática, desem- 
peñado por preceptores, capellanes y dómines, fué general á to- 
das las provincias, y sostenido por fundaciones, cabildos, ayunta- 
mientos y monasterios. Cuando se trataba de crear la Universi- 
dad ovetense, decía el Dean Asiego á los testamentarios del Ar- 
zobispo V^ldés, que en la capital pasaban de 600 los estudian- 
tes de latinidad, materia que abandonaban después por carecer 
de establecimiento donde completar la instrucción. Y en famosa 
novela, de popular lectura, á Gil Blas de Santillana su autor le 
hace natural de nuestra ciudad y educado con su tio el canóni- 
go Gil Pérez que, antes de mandarle á Salamanca, le llevó al 
Dr. Godinez, el mas hábil pedante que había en Oviedo, para 
aprender los clásicos griegos y latinos (1). 

En tal período, no se tenía por bueno á quien alcanzando 
altas dignidades ú opulentas riquezas no las consagraba á levan- 
tar un colegio ó á fundar un centro de enseñanza. Así se com- 
prende el gran siglo en el que la sabiduría de los españoles ca- 
minaba á la par de su poder, glorias marciales y maravillosos 
descubrimientos; porque en aquella época los noturalos de Es- 
paña, ó peleaban como soldados en los tercios vencedores de 
Francia é Italia, de Alemania y de América, ó asistían á los 
grandes Estudios literarios: eran todos, ó soldados ó estudiantes. 

Únicamente la región asturiana no había participado de se- 
mejante ventaja fundacional, y su numerosa población, de esca- 
sa fortuna, se conservaba en sensible ignorancia, no teniendo 
fuera délas Ordenes religiosas y escuelas de latín, un estableci- 
miento de Estudios generales. Tan lastimoso atraso en un país 
apartado y pobre, no podía subsistir; aislado topográficamente, 
necesitaba, según idea del gran Jovellanos, unir á la existencia 
propia, merecida á la naturaleza, la intelectual y moral, que se 
adquiere y constituye la vida de los pueblos. 



(i) Lesage— Gil B/as, cap. I. 



- i5 - 

Y así fué. La poderosa acción, que en los demás ángulos de 
la Península había agitado á los españoles, penetró, por fin, en 
Asturias bajo el patrocinio é influencia de uno de sus hijos más 
insignes, á quien la gratitud provincial recuerda con miles de 
bendiciones. 

ElIltmo. D. Fernando de Valdés, hijo de un Juan Fer- 
nández, según expresión de Tirso de Aviles, y de doña Mencía 
de Valdés, señores de la nobiliaria casa de Valdés en Salas, na- 
ció en esta villa en 1483. En 1512 fué colegial en el Viejo de 
San Bartolomé de Salamanca, donde terminó su carrera, desem- 
peñó el rectorado y recibió los grados en la facultad de cánones, 
de que fué también catedrático. Tuvo noticias el célebre carde- 
nal Cisneros de las buenas dotes del asturiano, y en 1516 1c 
nombró su familiar y dio una plaza de oidor en su Consejo de 
Gobernación, siendo Regente. Canónigo de Alcalá y Dean de 
Oviedo, visitó la Inquisición de Cuenca y gobernó el reino de 
Navarra, donde hizo las Ordenanzas, que por dilatados años ri- 
gieron aquel pais, recientemente agregado á la corona castella- 
na. El emperador Carlos V, que le conoció en Flandes en tratos 
sobre asuntos graves, le mandó á Portugal para representarle en 
las capitulaciones matrimoniales de la emperatriz doña Isabel. 
En 1524 fué de la general Inquisición y nombrado para elobis- 
pado de Helna (Cataluña); sin tomar posesión pasó al de Orense 
y en 1532 al de Oviedo y presidencia de la Real Chancillería de 
Valladolid. Gobernó la diócesis de León hasta 1540, ya elegido 
Obispo de Sigüenza y Presidente de Castilla. Seis años mas tar- 
de se vio elevado al arzobispado de Sevilla y al cargo de Inqui- 
sidor general por muerte del cardenal Loaisa, dejando entonces, 
á su instancia, la Presidencia del Consejo y entrando honorífi- 
camente en el de Estado. Nombrado Gobernador del reino mien- 
tras Felipe II se hallaba en Inglaterra, y siempre en gran estima 
del monarca por sus relevantes dotes, vivió hasta 1568 en que 
murió en Madrid abrumado de honores y de rentas. 

<«En todos sus puestos, escribe su primer biógrafo el Marqués 
de Alventos (1), conservó tal igualdad de ánimo como si no hu- 



i Historia del Colegio viejo de San Bartolomé mayor de la célebre Universidad de Sala- 
manca... primera parte escrita por el Huno. Sr. D. Francisco Ruiz de Vergar.* ,. corregida y 
¿umentada cu esta segunda edición por D. Joseph de Roxas, marqués, etc.. Madrid, por Andrés 
Ortega, 1766. — Tom. 1. págs. 236 a 273. — Diferentes escritores se han ocupado en D. Fernando 






— 16 — 

biera alcanzado dignidad. Fué parco en la comida, modesto en 
el vestido, severo en el semblante, sentencioso en la palabra, 
magnánimo en la limosna é inimitable dispensador de sus rique- 
zas, ya se atienda á la cantidad, ya al modo->. Mirando sus retra- 
tos, puede repetirse con el Sr. La Fuente, que se parecía mucho 
á Felipe II en el ceño severo y adusto, color cetrino, cara enju- 
ta, entradas en la frente y barba rala y cenicienta. 

Tal resulta la vida de quien arrancó la lepra de ignorancia á 
la misera gente asturiana; tal fué el animoso prelado en cuyos 
tiempos se arrastraba á los calabozos para martirizar en tor- 
mentos ó conducir al fuego á los acusados de secuaces á las 
nuevas doctrinas religiosas; así vivió el Arzobispo, hijo de estas 
montañas, que á sí mismo se llamaba acérrimo perseguidor de 
la herética pravedad, y á quien el oscuro y poderoso monarca 
ofrecía llevar el haz de leña para su propia sangre, si su sangre 
pecara. 

El Doctor Diego Yaldés, en su tratado de De dignitatc Reg- 
num Hixpanicr. juzgaba suficiente al Arzobispo, si pudiera ser 
dividido, para acabar con los trastornos que los grandes acon- 
tecimientos religiosos ocasionaban en Francia y en España. Pero 
¿de qué modo? preguntamos nosotros. 

No está en el espíritu de este trabajo, ni acriminar al tribu- 
nal, encarnado en días do intolerancia y en antiguas leyes espa- 
ñolas, ni denunciar abusos de la Inquisición. Escribimos historia 
del primer establecimiento de enseñanza de Asturias y, por coin- 
cidencia de ser inquisidor el fundador de esta Escuela, tratamos 
del Santo Oficio, donde desempeñó tan elevados puestos quien 
por ello ha sido calificado con apodos ignominiosos de tostón y 
de r/7. Pagó el Arzobispo Yaldés triste tributo á las preocupa- 
ciones religiosas y estrecha política de su siglo: llevado del fana- 
tismo de la época y de ciega intolerancia, que apenas compren- 
demos los que vivimos en libertad de conciencia, es cierto que 



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- 17 — 
ejerció con gran severidad su cargo inquisitorial. Suyos fueron 
los índices expurgatorios de Biblias efi 1554 y el general de li- 
bros de 1579, mas amplios que los dispuestos por la Universidad 
de Lovaina, á petición de Carlos V; y antes, en 1561, formó las 
férreas «Instrucciones de procedimiento inquisitorial»), que susti- 
tuyeron á las de Torquemada y Deza. Con alma apenada se re- 
cuerdan sus hogueras de 21 de Mayo y 8 de Octubre de 1559 en 
Valladolid, en 24 de Septiembre en Sevilla y la malhadada per- 
secución del virtuoso Arzobispo Carranza, encarcelado aquí 
varios años y muerto ejemplarmente en Roma (1). Mas no se 
puede menos de considerar que estos actos fueron consecuencia 
de aquel tiempo sombrío y receloso, cuando el apocamiento del 
ánimo no cultivado llevaba al extremo de que grandes y bajos, 
nobles y villanos, sabios é ignorantes, monarcas y vasallos, asis- 
tían con devoción incomprensible á los autos de fé, que la cari- 
dad de nuestros días recuerda con espanto y aquella vida teo- 
crática tenía por heroicos y santísimos. Apártense los ojos de 
fúnebres cuadros con escenas que la moral y la filosofía reprue- 
ban, y en parangón con ellas mírense otras elevadas y genero- 
sas, que realzan la figura del Inquisidor implacable. Compren- 
dió, sin embargo, que todo bien se alcanza por la caridad y la 
ciencia, y que los pueblos bendicen á cuantos las difunden y de- 
rraman su fortuna entre los menesterosos é hijos de la igno- 
rancia. 

Las pingües rentas y crecidos salarios del Arzobispo Valdés 
le hicieron tan rico y opulento que, á no constar de su última vo- 
luntad y fundaciones (2), se creería fabulosa la magnitud de sus 
riquezas. El Papa Paulo IV le concedió para mayor poder y faus- 
to de la Santa Inquisición una canongía en todas las Catedrales 
y Colegiatas de Castilla, León, Aragón y Canarias, á mas de cien 



(i) Insinúa el Sr. Li Fuente, en su Historia de las Univ:r$¡dndes, que el Sr. Valdés aspira- 
ba á la mitra de Toledo, que tenia el l J . Carranza. Fu -o muy discutido el proceso volun'.inoio de 
este Arzobi-pa, no examinado ni conocido todo hasta que lo fué por el sabio Mcncndez Pelayo cu 
sus Heterodoxos esfi iñtl-s «AUdrid, i83o, toni. II i. Indicase allí que el Sr. Yeldes y otros prela- 
dos se resintieron del t »le«l i 10 por sus censuras á I<h Oljisp^s no residentes; p¿ro por esto y por 
más es cierto el antagoniiiuo, «rencores, celos, envidias y malas pi>iones» entre los doi Mctropo- 
lítanos; y asi Carranza recusó y resistió á Valdó; 0.1 insistencia, que si un día, con gestiones 
en Roma por su sobrino I) Alv.ir» Val l.:., Dean do 0/iei>, lo^ró lacultade-i extraordinaria^ de 
Paulo IV y Pío IV para pro_*d_r coaira el Primido. eu otn» día, au -ique el rey y el Inquisidor 
*c resistieron, marcharla i l.i cinJad etor 1 ; pro.;c<.*d"» y pro:e*o, cuando San l'i > V ;v-á lo exi- 
gió y también que renunciare su eleva l-> earg > ci Inqut.iJ ir asturiano 

(2) En testamentos y cjJicüo* otjr.^r.l >* en Mi lnd ea 2 de Mayo de 1560 y 7 de Diciembre 
de 1568 ante el escribano Podro Rodriju:/ y nu:va menoría ó test miento ante Alonso de Dóriga. 



— i8 — 

mil ducados de oro sobre los frutos eclesiásticos. Prelado espa- 
ñol y del siglo xvi, era casi forzoso destinar su tesoro á erigir 
alguna obra en favor de la Religión y del Estado, y para que 
fuese digna de su nombre, hizo con autorización pontificia acer- 
tada distribución de sus caudales. Dejó, como cristiano, solem- 
nes aniversarios en las Iglesias Catedrales, cuya silla episcopal 
había obtenido, y fundó una Colegiata en el pueblo de su natura- 
leza con memorias por deudos y amigos y una misa diaria por la 
emperatriz D. a Isabel y el emperador Carlos V de quien fué 
testamentario; como hombre caritativo, levantó hospitales en Se- 
villa, Cuenca, Oviedo y Salas; como hijo de familia hidalga, 
arrimó crecidas rentas al primogénito de la casa; amante del 
país, abrió caminos por terreno áspero y fragoso, dotó doncellas 
de su concejo y auxilió á los labradores pobres, repartiéndoles 
cien bueyes anualmente; y, á título de gran señor, condonó cré- 
ditos, perdonó deudas y gratificó con largueza á los servidores. 
Pero, como dice Alventos, donde demostró su magnificencia, por 
donde aspiró á la corona de la inmortalidad, fué fundando el 
Colegio mayor de San Pelayo en Salamanca, y en Oviedo el 
de Huérfanas Recoletas, así como la Universidad, animado 
por los escelentes resultados del Colegio de San Gregorio, que 
ya había establecido aquí para el estudio de Gramática y Huma- 
nidades. 

Y si fué grande la significación del Sr. Valdés Salas, princi- 
palmente por los favores con que impulsó el progreso y renaci- 
miento de su patria, sus funerales y entierro revistieron un sello 
de grandeza inusitada y hasta después sus mortales despojos 
descansan en grandioso monumento, peregrina joya del arte na- 
cional. Su cadáver, metido en lujoso ataúd y dentro de una 
litera, cubierta de negros crespones y custodiada por muchas 
personas que llevaban hachas encendidas, fué traído con so- 
lemne pompa y aparato para ser sepultado en Salas. Precedía 
la cruz arzobispal, acompañada de D. Hernando de Salas, su 
hermano de padre, oidor del Consejo de Indias y arcediano de 
Granada, con otros cincuenta caballeros, dos aposentadores por 
el Consejo y la Inquisición, seis religiosos dominicos, seis fran- 
ciscanos y seis capellanes, que todos los días, antes de empren- 
A ™ la marcha, celebraban el oficio divino. Con toda esta comiti- 



— 19 — 

va llegó á Oviedo el cadáver en 29 de Diciembre de 1568; coloca- 
do á la entrada de la calle de la Platería, donde se recibe á los 
Prelados, vinieron en procesión el Obispo, Cabildo, las Parroquias 
y el Ayuntamiento con todo el pueblo, y el ataúd fué llevado por 
regidores hasta el crucero de la Catedral, donde se cantó un so- 
lemne oficio de difuntos y otro al siguiente día. Con la misma 
solemnidad y compañía siguieron á Salas, donde tuvo un gran 
recibimiento y se celebraron repetidas exequias. 

Sus restos fueron colocados en un bellísimo y suntuoso pan- 
teón de mármol blanco, mausoleo elegante y severo, armonioso 
en sus proporciones y admirable en su escultura. Está en la par- 
te del Evangelio de Santa María, la antigua Colegiata, hoy igle- 
sia parroquial, al lado de la capilla mayor, donde en nichos y 
bajo estatuas de mármol, descansan los afortunados padres del 
Arzobispo. 

Es el sepulcro uno de los mas bellos monumentos españoles, 
cuyo autor se escapó á la pericia de escritores y artistas como 
Jovellanos, Cean, Quedrado, Parcerisa, Juez-Sarmiento, Vigil y 
otros, creyendo que aquella suntuosa tumba de mármol blanco 
había venido de Italia, cuando tan elegantes y severas traza y 
talla fueron una creación de artista italiano; pero bajo su plan 
realizado por auxiliares españoles en marmóreos elementos de 
nuestra nación. El conocimiento de tal paternidad artística y 
grandiosa de Pompeyo Leoni fué de ayer al publicarse notable 
libro en Francia (1). 

Véase como la describe nuestro compañero el Sr. Vigil (don 
Ciríaco M.) o Sobre el pedestal resaltado con un gracioso y sen- 



{*} Les maiires italUns au service de la maison di Autriche. Leone Leoni, sculteur de 
Charles- quinto et Pompeo Leaetii, scuipteur de Philippe II; Par Rugen* Plon. Eaux -fortes de 
Pan i de Rat. París, 1887. En Asturias fué dado á conocer este notable libro por el Rector 
Sr. Arambiiru. 

La obra fué comenzada por Pompeyo Leoni hacia 1575, fecha de su contrato con los herede- 
ros y testamentarios, y cuaba acabada cuando el escultor dejó á Madrid para ir á Milán con su 
padre Ixronardo con encargos de Felipe II; pero estatuas y parte del monumento se hallaban 
en Aleas de Veleño, cerca de Guadal ajara, sitio de hermosas canteras marmóreas y alabastri- 
nas, y solamente quedaba por acordar el largo transporte á Salas por León, cuando apenas ha* 
bia comunicaciones en 1583. Se ajustaron en 1582 hasta 50 carretas de bueyes que habían de 
llevar cada una de 35 á 40 arrobas cabales de piedra pagando setenta y siete reales por carreta 
hasta Lt-ón, y si hasta Salas «parc«ie>e haber camino* un ducado mas por cada dos carros, pero 
siempre sin descargar los trozos, ya camino de León, ya de Burgos. 

Respecta al pago de la obra al escultor Leani, con>ta que recibió en 158a de Alonso de Dó- 
riga, secretario del consejo de la Inquisición, 185,858 maravedises por razón del tercio segundo 
del asient) de 6.500 ducados di 375 mr». que había tomado de Don Antonio Padilla, presidente 
del consejo de las Ordenes y de Don Diego de Valdés, abad de Ccncros, testamentarios del Ar- 
zobispo, según contrato de 1576- (Extractos de documentos publicados por Mr. Plon.) 



1 



— 20 — 

cilio entablamento y las armas de la casa de Valdés, se eleva un 
cuerpo adornado con cuatro columnas jónicas sin volutas en los 
capiteles; el cual forma dos resaltos sobre el centro de la fábrica. 
En el tablero del medio, más espacioso que los de los lados hay 
abierta una especie de ornacina donde se vé un excelente grupo 
que representa al Sr. Valdés, de capa pontifical, acompañado de 
tres diáconos puestos de rodillas junto á un reclinatorio en 
actitud de orar devotamente. Ocupa el testero de este nicho, cu- 
yo fondo es el mismo del monumento, un medallón en que se 
representa, de medio relieve, la Resurrección del Señor, como 
emblema de la inmortalidad; quedan á los lados, en los dos cuer- 
pos salientes y entre las columnas que los adornan, dos nichos 
con sus cascarones y pilastras: en el de la derecha está la Espe- 
ranza y en el de la izquierda la Caridad. Sobre la parte entrante 
de esta fábrica se eleva un atrio, cuyo nicho cobija la Teología 
oprimiendo á la Heregía, que aparece humildemente á sus pies 
con la máscara y los libros de sus errores. Las estatuas que repre- 
sentan la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza, co- 
ronan los resaltos del primer cuerpo, pareadas á uno y á otro 
lado del atrio; este termina con un frontoso triangular y dos an- 
gelitos cogidos de la cruz que le corona...» 

En el pedestal se lee extensa inscripción funeraria con ex- 
presión de los cargos y méritos del Arzobispo,* y se gravaron tam- 
bién conceptuosos dísticos en su loor. 

¡Cuánta belleza en el funerario monumento! 

Son pasmosa maravilla de cincel la estatua orante del Arzo- 
bispo-Inquisidor, acompañado de sus capellanes, retratos de ver- 
dad sorprendente, como las figuras teologales y cardinales del 
decorado agrupadas de dos en dos. «El conjunto, escribe mon- 
sieur Plon, evoca las tumbas de los Dux que Pompeyo había 
visto en su juventud. La construcción de los nichos con las figu- 
ras de la Esperanza y Caridad es semejante á la de Jacobo San- 
sovino en sus obras de Florencia y Venecia; la Caridad, grupo 
excelente, recuerda la composición veneciana del sepulcro de 
Juan Boncio en la iglesia de San Juan y San Pablo, muy espe- 
cialmente otra obra casi igual del mismo Sansovino en el mau- 
soleo del Dux Francisco Veniero en San Salvador; y las cuatro 
virtudes, colocadas á cada lado del ático, son asimismo francas 



inspiraciones del arte de Venecia. El grupo central del Sr. Val- 
dés con sus acompañantes indica cómo Leoni sabía imitar á Do- 
natello. El trozo más notable é interesante de la obra es el de la 
Fé pisando á la Heregía, que se retuerce sobre una pira, donde 
van á ser quemados con ella los libros condenados por el Santo 
Oficio; y, si por un instante hacemos abstracción del objeto ó de 
la glorificación de la Inquisición y estudiamos la composición en 
si misma, es preciso confesar que las bellezas son de primer or- 
den. La disposición del grupo pertenece á la escuela de Miguel 
Ángel, CDmo se ha visto en obras tan conocidas de Juan de Co- 
lonia y de Vicente Danti; pero, ¡cuan más superior ahoral Lo 
que aquí domina es el carácter profundo, impreso en los rasgos 
de la Fé, obra toda ella «leonardesca», cuya inspiración recuerda 
aquel movimiento de la cabeza con rostro dulce y triste á la vez 
del Cristo de la Cena. Hay que remontarse á Leonardo de Vinci 
para hallar, con toda la gracia en el realismo, el sentimiento inten- 
so de la piedad, unida á la aspiración tan sobrenatural y elevada 
hacíalo bello, porque aquí Pompeyo llegó á la meta de la mas 
alta concepción del poder del genio á qne había rendido culto». 
La obra de Salas, compite para honor y gloria de Asturias, con 
los mausoleos del Escorial y otros prodigios de Leoni. 

Considerando la gran figura del Inquisidor general y los 
beneficios que á manos llenas derramó al morir, exclama su 
biógrafo: o ¡Cuántos reyes habrán dominado el mundo, que no 
puedan igualar sus vanidades á los pensamientos y á las obras 
de este insigne prelado! Si los monarcas de España le honraron 
con dignidades y le colmaron de riquezas, en él la^ depositaron 
para que las derramase en beneficio de la causa universal.» 

Ciertamente: cualquiera que sea el fallo de la historia sobre 
la vida del arzobispo Valdés, siempre hallará un pueblo que ve- 
nera y respeta su nombre porque le ha sacado de vergonzosa 
postración; porque, en medio de esta región apartada, levantó 
un templo á la sabiduría y en el brilló la luz que iluminó su 
suelo y guió á sus hijos á conquistar un renombre tan ilustre 
por las letras cual en otro tiempo lo fué por su heroísmo en Lan- 
cia y Covadonga. 



I- .-■ J** J \ 



- 13 — 



CAPITULO PRIMERO 



Fundaciones de enseñanza pública por el Arzobispo Inquisidor Sr. Valdés Salas. — 
Los Colegios de San Pelayo en Salamanca y de San Gregorio en Oviedo. — 
Lentitud de los Testamentarios del Arzobispo en el cumplimiento de su últi- 
ma voluntad. — Sus consecuencias.— Proyecto de adjudicar la organización y 
régimen de la Universidad de Oviedo á la Compañía de Jesús. — Gestiones 
de la Junta general del Principado, Sr. Obispo, Cabildo Catedral y 
Ayuntamiento para la apertura universitaria. — Sus comisionados marchan 
á procurarla en la Corte. — El primogénito de la casa de Salas, sobrino-here- 
dero del Inquisidor, se opone á la fundación de la Universidad. — Opinión 
del Fiscal del Consejo.— Servicios del benemérito Deán ovetense Juan de 
Asiego. — Informes y peticiones. —Importantes autos de la Testamentaría 
creando la Escuela y dilaciones que opone el heredero del fundador. — 
No se le confiere el patronato que pide. — Bula pontificia y Real Cédula de 
erección de la Universidad de Oviedo. 



Ya en el tercio final de su vida, como últimamente en testa- 
mento, codicilo y memorias, se preocupó el Arzobispo Inquisidor 
Sr. Valdés Salas en las fundaciones de enseñanza para favore- 
cer á sus paisanos. 

Rigiendo la Iglesia de Oviedo trató del Colegio de San 
Gregorio en esta Ciudad cuya apertura se dilató, como después 
veremos, y por el mismo tiempo fundó el Colegio de San Pe- 
to/o, en Salamanca, según indicamos; y hemos tratar ahora de 
este establecimiento para enseguida proseguir nuestra relación, 
ya ceñida solamente á las Escuelas que el espléndido Sr. Valdés 
abrió en Asturias. 

Agregado á la gran Universidad de la Atenas española, qui- 
so erigir en 1543 y 1546 un Colegio mayor, á cuyo efecto alcan- 
zó Real cédula del Emperador Carlos V y bula pontificia de Pau- 
lo III. Opusiéronse á ello los otros Colegios mayores, como acos- 
tumbraban por celos de competencia y privilegios, alcanzando 
retención del Breve en el Consejo de Castilla; pero, como insis- 
tiera el poderoso Sr. Valdés con su pensamiento, de utilidad dis- 
cutible en Salamanca donde había tantas aulas, obtuvo nueva 

3 



— 24 — 

Bula del Papa y otra Real licencia en 1567, ya para un Colegio 
«menor», aunque con titulo de Insigne y varios privilegios, que 
hubieron de limitarse ante nueva reclamación de los demás Co- 
legios menores. Estos ú otros concitaron al Ayuntamiento sal- 
mantino para más dificultades cuando el Sr. Valdés, que ad- 
quirió varias casas en aquella ciudad, se dispuso á demolerlas 
con objeto de levantar el edificio colegial de San Pelayo; y, por 
fin, en 1577 quedó fundada la nueva liscucla en casa grandiosa, 
toda de piedra, trazada severamente y sin más adornos que el 
timbre heráldico del fundador. Tenía patio cerrado con galería 
alta y baja x formadas con columnas dóricas y arcos de medio 
punto en el interior. Fué la apertura después de 1604. 

El personal de este Colegio ovetense, en Salamanca, era tan 
numeroso y bien dotado como el de los Colegios mayores. Pri- 
meramente fueron veinticinco las becas de teólogos, canonistas 
y juristas, doce para naturales del Obispado de Oviedo, cuatro 
para los de Sevilla, dos para Sigüenza, otras dos para Orense, 
dos capellanes y tres regentes en teología, cánones y leyes. 
El Fundador asignó al Colegio diez mil ducados de renta, que 
todavía aumentó después, resultando que tenía doble que la gran 
Universidad á que estaba adscrito. Vestían los colegiales manto 
verde (que les dio nombre) y beca negra, colores de la Inquisi- 
ción, más después suprimieron el negro distintivo por verde, con 
autorización del Nuncio; y eran las plazas muy codiciadas, dice 
Garibay, por la autoridad de la casa y patrimonio que disfrutaba. 
Sus hijos ilustres fueron muchos. (1) 

De la supresión académica de este Colegio menor y desamor- 
tización de sus bienes aún quedan tres becas, y los alumnos, 
que las consiguen, pueden cursar cualquiera de las .carreras ó fa- 
cultades, establecidas en la Universidad de Salamanca, y tienen 
derecho á pensión de dos pesetas diarias, matrículas, títulos de 
Bachiller, Licenciado, Doctor y otras ventajas cuando alcanzan 
las notas exigidas al efecto. Los aspirantes á becarios han de ser 



(i) La Fucj.tc: I/is/orta de las Universidades, tom. II- 

En 1855, después de suprimido el Colegio de San Pelayo, ascendían los rendimientos de sus 
bienes á 229 fanegas y 40 cuartillos de uÍ£o y 6.434 reales y 18 maravedises en metálico. 
Cuando la guerra de la Independencia contra Francia sufrió el edificio gran deterioro y en su 
local se estableció jardín botánico de Salamanca. 

Véase á Vidal, Historia de la Universidad de Salamanca —Id. á Falcón, Salamanca ar- 
tística y Monumental, 



— 25 - 
mayores de catorce años de edad, pobres; y el orden de prela- 
ción para ser elegidos es: 1.° parientes del Uustrísimo señor Fun- 
dador; 2.° naturales del Principado de Asturias y los de las 
diócesis de Sevilla, Sigüenza y Orense; y 3.° hijos de naturales 
de Asturias. Los nombramientos son atribuciones de la Junta de 
los Colegios universitarios de Salamanca, á propuesta del Exce- 
lentísimo Sr. Duque de Berwick y de Alba, patrono del Colegio 
menor de San Pelayo como poseedor del título de Conde del 
Montijo, á cuya casa afluyeron los bienes, mayorazgo y honores 
de la antigua de Valdés, de Salas. (1) 

Vengamos ahora á las fundaciones de enseñanza en Astu- 
rias. 

Hay incertidumbre sobre la fecha de verdadera creación y 
apertura del Colegio de San Gregorio de Oviedo, vulgo de 
los Pardos, levantado en nuestra Ciudad, en el arrabal ó calle 
del Campo, cerca de la puerta también llamada así, abierta en 
las murallas, próxima á la de Socastiello, las dos tocando la 
Fortaleza (2); y el edificio, bajo el cubo del ovetense castillo, 
quedó formando esquina entre las calles de San Francisco (la 
del Campo, llamada después así por el cercano convento de 
Asís) y de la Lana (ahora de Mendizábal) donde hoy se levanta 
el suntuoso edificio del Banco Asturiano. 

Fué la primitiva fundación del gran bienhechor de Asturias 
ideada, al parecer, durante su prelatura ovetense (1532 á 1539) 
y en la que persistió en el último período de su existencia cuan- 
do encomendaba las fundaciones asturianas al Venerable Cabil- 
do de la Catedral. 

Entre los canónigos contábase entonces á D. Hernando de 
Valdés, hermano del Arzobispo, que fué el intermediario de esta 
negociación. Cuando el pontífice de Sevilla escribió al Cabildo 
en 1561, lo hizo también á su dicho hermano, dándole cuenta 
del proyecto de Colegio con idea cabal de toda la fundación: 

v Cuando diereis mi carta al Cabildo de la Iglesia de Oviedo, 



ft) Los anuncios y llamamientos se publican en la Gaceta de Madrid, Boletines oficiales 
de Salamanca y Oviedo y eclesiásticos de Sevilla, Sigüenza y Orense en el mes de Julio del 
año en que hay vacante, haciéndose las provisiones en el de Octubre. 

'a) Eran terrenos de la ciudad, pues 1). Alfonso XI por Real Cédula de 134a donó á 
Oviedo las casas que estaban junto á la muralla, cerca de la puerta del Campo y para que no 
causasen pcjjuicio á los muros, ordenó el Rey destilarlas y que sus materiales y huertas fuesen 
para la ciudad. Según Trcllc», los edificios eran de les confiscados al desgraciado D. Gonzalo 
Martínez, maestro de Alcántara. 



■ifp 



— 26 - 
les diréis que habiendo entendido por vuestra relación cómo 
e'Ios desean que la baena obra del Colegio de Oviedo y las otras 
dotaciones que coa la avada de Dios pienso dejar en aquella 
ciudad ven otras partes del Principado hayan efecto, y que para 
esto muestran buena voluntad de ayudar con su trabajo y cui- 
dado, y Le recibido mucho contentamiento de ello, porque que- 
riéndose ellos encargar de hacer cobrar y distribuir los juros y 
re ritas y hacienda, que para ello dejaré en el Principado de As- 
turias de !a manera «pe yo ordena:-.?. estaré muy cierto de que 
las dotaciones tendrán siempre due.V» y amparo con buen cum- 
plimiento y ejecución de ellas: y trata:? y comunicado con ello 
particularmente me dará aviso con ei priuero de lo que acuer- 
den y también de lo que les pareciera y será menester señalar 
desalan? para la ] e:s »na que ellos nombru-en. para la cobran- 
za y cuenta y buen recado de los juros y reñía-, y la orden que 
creyeran conveniente para que Laya buen recado en ponerse el 
«Huero, c -mo se fuere cobran .!:>. en una ¡ arte secura: y para que 
haya cuenta de lo que s: sacara para las dichas obras pías á los 
líe^r ,s que s- hu! ieren de proveer conforme á la urden que se 
dier*. p»:q :e en tenien Jo buena :>t ue-'u: de ellos se ponjra lue- 
go en efecto este negocio. 

< En el CoLgio se ha de dar de cerner á quince personas, 
que -on doce col*: piales y el Prever t ;»r principal, que ha de ser 
I Sector, con ot:*o preceptor o lie;»* ti lor y un familiar, y señalán- 
dose á diez mil maraveJises para ia comida de e-ada uno de és- 
tos caia af. .». se ro ]i:n sacar ia cunihi y salario para la mujer 
que tuviese car¿jo de ¡av;.r la r»»pa y : . :a un des¡*cnsero que 
Lubie-c de traer d- c raer yjz;ds;.::o. y dt¿de abura se podrá 
curr-7-ir el n .u.ero de I s de ce c.-lev'L'.les y familiar, y los que se 
hubiesen d»- recibir de nr.evn ror ' > menos han de saber leer 
bi-n i-*;n y la doctrina euistiana y qu: tengan habilidad y sean 
r ;bros y cristianos viejos, que no sean vecinos ni hijos de ve- 
cino de la ciu-ía J de Oviedo por el aparejo que tienen de poder- 
se mejor sustentar y \> >r otros buenos respetos, y para que ésto 
y en 1 . d r : ...s *,:• t » a á lo que se La de hacer en adelante se 
:a:ap »: • -»_•.. .«• mas larva instrucci- n y orlen: [odranse dar des- 
de Jue^j á los dichos colegiales sendas ropas ú sotanas de paño 
pardo de otro color con que anden en el Colegio y fuera de él. 



— 27 — 

«Que se entienda en comprar la casa de Diego de Salazar, 
que está junto al Colegio, en el mejor precio que fuera posible, 
y se me envíe relación de lo que está hecho en la casa y de lo 
que podrá costar de materiales y manos para que pueda apro- 
vechar para el propósito de los porcionistas y estudio con lo del 
Colegio, como está platicado, ó para otra cosa. En Madrid á 
quince de Octubre de mil quinientos y sesenta y un años.» 

Al Venerable Cabildo decía también el Arzobispo: 

«A los muy Reverendos y magníficos señores Deán y Cabil- 
do de la Santa Iglesia de Oviedo. Muy Reverendos y muy mag- 
níficos Señores: Con el canónigo Hernando de Valdés recibí la 
carta de V. m. y no hay para qué me dar gracias por lo que yo 
deseo emplearme en sus cosas, pues esta buena voluntad siem- 
pre la tuve y tengo en lo que tocase á esa Santa Iglesia y perso- 
nas de ella en general y particular. El canónigo me significó 
cuan de veras deseáis, señores, el bien de esa tierra y que en 
algunas dotaciones y memorias que, mediante la ayuda de Dios, 
tengo ordenado de dejar en ella tomarían parte del trabajo en la 
ejecución de ellas, y confiado en esto yo le he comunicado al- 
gunas cosas que dirá de mi parte, y teniendo respuesta de su 
voluntad las comenzaré luego á poner en efecto, porque encar- 
gándose de la protección y administración de esto personas de 
tanta bondad y autoridad yo estaré descansado en pensar que 
antes y después de mis días tendrán dueño éstas buenas obras: 
con que espero será servido nuestro Señor. Él guarde y prospe- 
re las muy Reverendas y muy magníficas personas de V. m. En 
Madrid á 15 de Octubre de 1501. Vt. fr. f hispalensis.» 

El primer edificio destinado á Colegio fué una casa modesta 
en la mencionada calle del Campo, pero los testamentarios del 
Arzobispo, los Consejeros, compraron después la casa de Diego 
de Salazar para hacer más capaz el establecimiento que datando, 
como queda dicho, de 1501, llevó la fecha de 1534, porque sin 
duda fué en este año cuando D. Fernando de Valdés y Salas 
proyectó primeramente favorecer con esta Escuela al Principa- 
do de Asturias como ensayo de la Universidad, que también se 
proponía. 

La fábrica, que nosotros alcanzamos, había sufrido grandes 
trasformaciones principalmente en su fachada, á principios 



- 28 - 

del siglo xviii y en los primeros años del xix. Muros do- 
bles, agregaciones, recortes, etc., se notaron en el derribo de 
1896, y argamasa, manipostería y trabajos de tres épocas dife- 
rentes. 

Ni de las actas del Cabildo, del Ayuntamiento y Univer- 
sidad de Oviedo resulta dato fijo para asegurar cuándo co- 
menzó á leerse en el Colegio de San Gregorio, llamado ele 
los pardos por el color de la beca colegial. 

Bajo el bello blasón arzobispal, que ostentaba en el frontis- 
picio, había también la fecha de 1557. No faltó quien indicase 
que las fechas señaladas de 1534 y 1557 manifestaban la pri- 
mera fundación de la Escuela, y la segunda la terminación del 
primer edificio; pero esto no se compadece con los datos y 
acuerdos capitulares que publicó el canónigo archivero bibliote- 
cario Sr. Sandoval. (1) 

La factura del bien labrado escudo indica su ejecución á 
mediados del siglo xvn, ya decaído el gusto del Renacimiento. 
La cartela que rodea el óvalo y el estilo todo indican obra dis- 
puesta y dirigida por alguno de los artistas, que aquí trajeron 
Domingo Moriera, Alonso de la Barcena, Juan de la Yucera y 
Bernardo de la Portilla, entendidos labrantes del edificio de la 
Universidad, bajo la dirección de Juan del Rivero, maestro de 
las obras de la Catedral de Salamanca, rematante á nombre de 
Rodrigo Gil en 1572 y 1575. Dicho escudo tiene gran semejanza 
en la disposición con otros que se ven en la Universidad. 

Si aquellos artistas ó sus discípulos fueron los que decoraron 
heráldicamente el Colegio, debió ser en la segunda obra ó am- 
pliación de la primitiva, porque ésta ya se había levantado antes 
del 1571, según consta de los libros municipales, pues en acta 
de 7 de Noviembre se trata de una carta dirigida por el antes 
Canónigo de Oviedo y entonces Consejero de S. M. D. Hernando 
de Salas al Cabildo, tratando del lugar donde había de levan- 
tarse la Universidad, á lo que nuestro antiguo Ayuntamiento de- 
signó que «el sitio señalado era en las espaldas del Colegio, 
que está hecho, ó delante del mismo en las huertas de Juan 
de Carrió. » 



(i) El Carbayón % periódico (Oviedo, 1895). 



— 29 — 

AI derribar dicho edificio de los Pardos se colocó el escudo 
(armas de Valdés, ó tres barras con las cruces de San Jorge) y 
las inscripciones que le acompañaban, en el vestíbulo de la Uni- 
versidad ovetense. 

Bajo la corona condal de los de Miranda, en que recayó el 
vínculo fundado por el Carnoso Arzobispo, está la siguiente ins- 
cripción, no fácil de reproducir aquí con exactitud por sus abre- 
viaturas y letras ligadas: 

NOBLISSM S. GREG COLEGUM 

ANTQUS OMNIBS OPS PATRIEAE 

AMOREM, MEMORIE SER 

VANS EX, ILL, RV DN FER 

DINAND, D VALDES FVN 

DATORIS, ANNO 1534 (1) 

Debajo se lee en caracteres de época posterior: 

F. DE VALDÉS ARCHIEPISCO- 
PUS HISPALENSIS. 

Sobre la puerta de arco, entrada principal del Colegio de 
San Gregorio, había otra piedra con este monograma de Jesús: 




en tipos que, ó pueden referirse al año de 1534, ó ser esta piedra, 
allí colocada modernamente, de la suprimida capilla del Esta- 
blecimiento, que se notó cuando el derribo, hacia la parte Norte. 
También se halló un relox de sol con números góticos y 



»x) Nobilísimo Colegio de San Gregorio, 

el más antiguo de los de la patria, 
que conserva el amor á la memoria 
del Excmo., limo, y Reverendísimo 
D. Fernando de Valdés, 
fundador. Año JSJ4> 



— 3° — 

restos de otras piedras labradas, un capitel, etc., con trozos de 
mas lápidas inscripcionales, difíciles de reconstituir. Parecen 
referirse á intermediarios en la construcción, primera dirección 
y reformas del Colegio; y con las abreviaturas, entonces usuales, 
se leen nombres como Fernando de llano, apellidos de queipo 
de llano, etc. 

La historia del Colegio se resume en los siguientes breves 
datos. 

El Arzobispo Valdés le señala en su testamento y codicilos 
de 1566 y 1568 la renta perpetua de 300 maravedises, sobre 
un juro de las alcabalas de Sevilla, á más del monte Naranco, 
en Oviedo, como otras rentas en esta ciudad y su concejo; pero 
es para su sostenimiento, porque la Escuela ya estaba abierta 
antes de la muerte del preclaro D. Fernando. 

La primera vida del Colegio inspiró mucho interés á los Re- 
gidores de Oviedo, pues en 1579, dice un extracto del erudito 
Sr. Vigil, que «en virtud de que no había maestros en el Colegio 
de la Ciudad (el de San Gregorio) donde se leía gramática y de 
los derechos excesivos que se cobraban á los estudiantes, se dis- 
puso escribir á los señores del Cabildo, como testamentarios del 
Obispo (Sr. Velasco) para que acudieran á su remedio.» 

Por motivos como éste, sin duda, se dictó una Real Cédula 
autorizando á los Consejeros testamentarios del Arzobispo para 
que formasen «Constituciones» de régimen del Colegio (8 de 
Mayo de 1604) y en aquel regio documento se hace referencia á 
una Bula pontificia para eregir en Oviedo el dicho gregoriano, 
que no se encuentra en el archivo universitario y que debió ser 
de alguno de los Papas de Paulo III, á Gregorio XIII, el que de 
buena gana dio la Bula universitaria. 

Un antiguo memorial de Sancho Inclán, diputado de la Junta 
general del Principado, habla de la dotación del Preceptor de 
latinidad, número de colegiales, pagos, abolición de ciertos de- 
rechos y de proyectos de dotación de los profesores. Cuando el 
Cabildo elevó á los Sres. Tejada y Boorques un informe acerca 
de la Universidad y Colegio, D. Hernando Valdés Osorio elevó 
á los mismos Consejeros otro memorial sobre gastos y racio- 
nes de esta última fundación. 

De menos categoría que la de la Universidad fué la casa colé- 



— 3i — 

gial, y asi se deduce de dos testimonios del Secretario de los 
Capitulares, que tanto interés manifestaron por el profesorado 
universitario. En uno de ellos (8 de Febrero de 1602) se oponen 
á que el Tesorero de la Iglesia Catedral D. Antonio González 
Arango fuese Rector de San Gregorio, y en el otro (10 del mis- 
mo mes y año) aceptan los prebendados diferentes lecturas en la 
Universidad; pero no pueden consentir en que el dicho Tesorero 
continúe siendo preceptor del Colegio por no ser decente á su 
cargo y dignidad. 

Aprobados los «Estatutos» del Colegio por el Supremo Con- 
sejo en 12 de Septiembre de 1612,— la Universidad se abrió 
antes, — se dispuso que fuesen doce las becas, provistas en jóve- 
nes de siete á catorce años, con la precisa circunstancia de ser 
naturales del Principado ó parientes del fundador, de buen li- 
nage, acreditando limpieza de sangre. 

Para su servicio había dos fámulos ó pensionistas y un co- 
cinero, lavandera y boticario, etc. Se abonaban 14 maravedises 
por cada colegial y familiar, y se les enseñaba Gramática latina 
y educación religiosa. 

Había un Rector, ordenado in sacris, con 50.000 marave- 
dises anuales, un Regente con cien ducados, un Repasador ó 
Ayudante con mil reales, y se abonaba real y medio al cape- 
llán por la misa, si al Rector no le fuera posible celebrar- 
la. El nombramiento de este personal era del Patrono de 
las fundaciones del Sr. Valdés Salas, á quien el Administra- 
dor del Colegio rendía cuenta de inversión de las rentas, y 
todos estaban sometidos á la inspección del Prelado ó de su 
Provisor, que examinaban las cualidades. 

Las lecciones eran públicas y podían asistir, como exlernos í 
todos los que deseasen aprender Gramática. El historiador astu- 
riano P. Carballo fué preceptor y más tarde Rector en los 
primeros años del siglo xvir, antes de ser jesuíta. De su tiempo 
es un expediente por el cual se prohibió que este maestro lleva- 
se 6 reales por la enseñanza del latin, declarada gratuita; y allí, 
entre varias diligencias, están la firma y una solicitud del autor 
de las Antigüedades de Asturias. 

En 1668, mientras la Ciudad construía el teatro del Fontán, 
se solicitó permiso de la Sra. Marquesa de Valdunquillo — que 



i 



— 32 — 
tenía el patronato—para que en el patio del Colegio represen- 
taran compañías de comediantes; y velando por la tranquilidad 
del Colegio, el Cabildo consiguió Real Provisión en 1678 para 
que la Ciudad no prosiguiese las obras de cárcel pública que 
disponía levantar cerca del Colegio San Pedro ó de los ver- 
des y del de San Gregorio ó de los pardos. Más se realizó 
la reforma, pues en 1703 «se dispuso la demolición del cubo 
del Real Castillo que mira al Campo de la Lana, ejecutándose 
el tramo de camino de junto al Colegio de los pardos (calle de 
Mendizábal) hasta incorporarlo con la calzada de los verdes 
(calle de Arguelles) » . 

Así continuó hasta la expulsión de los Jesuítas; pero ha- 
biéndose girado visita al Colegio, dio por resultado suspen- 
der el estudio de Latinidad y que sus preceptores se trasladaran 
alas Escuelas dé la Compañía de Jesús, disponiendo el Consejo 
General que el sueldo que aquéllos dejaban en San Gregorio 
sirviese de dotación al profesor de Lengua griega de la Univer- 
sidad, por lo que esta cátedra fué provista, en ocasiones, por el 
Patrono de la Escuela. 

En 1749 dictó auto favorable la Real Audiencia en una soli- 
citud del Doctor D. Ignacio Valdés, que pretendía para ante el 
Consejo de Castilla dotar el Colegio con Estudios mayores, á lo 
que se opuso la Ciudad por medio del regidor D.Juan de Faes 
para que no se hiciese gasto alguno, según consta de acuerdos 
municipales; sin duda por ser suficientes las Facultades de la 
Universidad. 

El Claustro pidió en 1796 que se nombrara una comisión 
para gestionar la superintendencia del Colegio. Siguió arrastran- 
do lánguida vida, pues en 1804 el Procurador general del 
Principado Menéndez de Luarca manifestó que, si bien estaba 
habitado solamente por el Rector y un fámulo por estar en sus- 
penso el pago de sus rentas, la casa estaba muy deteriorada y 
sería muy costoso habilitarla para cuartel. 

Desde aquella época á la de 1834, el Rector cuidaba de los 
colegiales, los más pensionistas, que mandaban sus padres para 
que asistiesen á la Universidad. 

Más adelante, al ocuparnos en la Segunda Enseñanza en 
Oviedo, hemos de narrar los últimos días de esta fundación y de 



— 33 — 

cómo se perdió el edificio del Colegio de San Gregorio, donde 
se pensó establecer el Instituto provincial. 

Concretemos ahora esta parte del presente libro á la erección 
y suerte de la Universidad ovetense. 

Con meditada previsión, el Inquisidor Valdés suplicó al Rey 
en el testamento que, en recompensa de sus leales servicios to- 
mase las fundaciones bajo su respetable protección. Ofreció el 
monarca su valioso amparo y vio con agrado recaer el nombra- 
miento de testamentarios en los licenciados Alonso Nuñez de 
Boorques, del Real Consejo y Cámara de la Santa Inquisición, 
y Juan de Tejada, del Supremo Consejo de Castilla. Era costum- 
bre, aunque bien fatal de aquellos tiempos y funesta práctica en 
negocios graves, someterlos á ciertos personajes acostumbrados 
á la tramitación lenta y perezosa de aquellas elevadas Corpora- 
ciones. Se abrió, asi, un Tribunal de testamentaría donde con 
embrollados y largos procedimientos se proporcionaban crecidas 
dietas á curiales, que intervenían en los asuntos del Sr. Val- 
dés. Ellos mermaban las rentas y convertían los administradores 
en provecho propio los rendimientos de las Obras pías. 

Como en cláusulas fundacionales se autorizaba á los alba- 
ceas Consejeros con poder absoluto de alterar, conmutar, modi- 
ficar y disminuir lo que les pareciese, usando los testamentarios 
de la amplia facultad determinaron en 1571 á ofrecer á la 
Compañía de Jesús que tomase á su cargo los estudios, Colegio 
y Universidad, comunicando tal acuerdo á San Francisco de 
Borja, General de la Orden, imitando en esta oferta á otra igual 
que había hecho la Ciudad de Valencia, deseando que la Com- 
pañía se encargase de su Universidad. Estimó el santo la honra 
y envió poder para recibir la fundación y organización de la Es- 
cuela universitaria de Oviedo con determinadas condiciones, en 
cuya virtud la aceptó el P. M. Provincial Gil González Dávila. 
Se hicieron las escrituras y obligaciones de una y otra parte, y 
así proseguía el negocio que, cuando se juzgaba concluido, se 
vio al mismo tiempo deshecho; porque «á la noticia de que 
la Compañía tenía en su poder la Universidad y sus estudios, 
fué tal la inundación de contradicciones que causó la continua 
lluvia de imposturas, testimonios y quejas de los que aborrecían 
la disposición segunda de los testamentarios del ilustrísimo Ar- 



— 34 — 

zobispo, acaso porque en la primera amavan sus intereses y 
fundaban sus conveniencias que, para que se deshiciese la tem- 
pestad, cesare la inundación y se serenase el cielo, juzgó la Com- 
pañía ser el más fácil y oportuno remedio sacrificar todo el 
derecho que había adquirido por el contrato al gusto, pasión ó 
mala voluntad de los contradictores; y así le cedió y se apartó 
libremente de proseguir el que ya llamavan pleyto» (1). Y esto 
dio lugar á la inmediata fundación del Colegio de San Matías, 
de la Compañia de Jesús, en Oviedo, por la virtuosa y espléndi- 
da viuda de D. Luis de Quijada, mayordomo del Emperador y 
ayo de Don Juan de Austria, instituto que tuvo importancia 
por su concurso á la instrucción pública en Asturias. 

El pensamiento primordial del Inquisidor parece que era la 
formación de sacerdotes ilustrados, deseo, á la verdad, muy 
atendible; pero el Cabildo y el Municipio, al concretarse á la 
Universidad en vasto informe sobre las fundaciones del Sr. Val- 
dés, decían, con oposición á los antecedentes de sus personas y 
representación, que para formar buenos clérigos ya felizmente 
se había instituido la Universidad de Alcalá y, por lo tanto, con- 
venían á este territorio otras enseñanzas. Contando con el estu- 
dio de Gramática del Colegio de San Gregorio, proponían el es- 
tablecimiento de cátedras de Retórica y Lengua griega, faculta- 
des de Artes, Leyes, Cánones y Teología; y al dictaminar sobre 
la dirección de la Escuela, añaden: —«Sólo Dios, Nuestro Señor, 
nos la dio (la Universidad) para remedio de muchas gentes de 
esta provincia, hará lo posible para verla efectuada, y que no se 
dé á los de la Compañía (la de Jesús) porque hay en esta ciudad 
más clérigos y frailes que ciudadanos, y con razón nos parece 
que no se sienten aquí más, mayormente tomando á su cargo la 
Universidad». Firman el Dean, Chantre y tres Canónigos con 
testimonio capitular en 1572. 

Con notable lentitud seguían los magistrados testamentarios 
interminables expedientes; años y años pasaban en gestiones, y 
á la sombra de tanta confusión seguía la testamentaría pagando 
salarios y disminuyendo los productos. No se abría el Estudio 



(i) P. Vülafañc: Relación histórica de la vida y virtudes de />.* Magdalena de Ulloa, 
pág. 242. 



- 35 - 
general, aunque se levantara el edificio, porque nada se hacía 
para dar en él las enseñanzas. 

No fallaba vivísimo interés en llevar á cabo tan principal 
elemento de dar lustre á la provincia con honra de sus hijos, y 
éstos nuevo esplendor á su patria por el camino de la ciencia. 
Geslionaba con solícito anhelo la Junta General del Principado, 
encarnación entonces de la administración y de nuestros vene- 
randos fueros; ella nombró enseguida comisionados para que en 
la Corte arreglasen el pronto establecimiento de la Universidad; 
hizo igual solicitud en diversas ocasiones y, todavía á principios 
de 1608, relataban sus gestiones Lope de Miranda, señor de Na- 
via y de Muros, pariente del fundador, y el P. Fr. Tomás de 
Sierra, Prior de Santo Domingo en esta ciudad, gran escritor y 
predicador que fué de Felipe III. (1) Por su parte gestionaba 
también el Prelado escribiendo, como queda dicho, á los testa- 
mentarios, y en las actas del Cabildo Catedral hay importantes 
acuerdos para lograr á Asturias la deseada Escuela. En unión 
con la Ciudad, representada por sus regidores Julián de Miranda 
y Pedro de Aviles y de la Provincia por Fernando Alvarez de la 
Rivera y Sancho de Inclán, nombró comisión para el asunto; y 
marchó su Deán D. Juan de Asiego, hombre de letras y celoso 
asturiano á la Corte (2), cuando el Municipio enviaba á Pedro 
Arguelles Meres y á Juan de Nora á excitar á los Consejeros. (3). 
Pasaban los primeros años del siglo xvn y daban escaso 
resultado tanta petición y tanto recurso, como de unes á otros 
se cruzaba, cuando los testamentarios escribieron al Obispo, Ca- 
bildo y Ayuntamiento en 1001 pidiendo dictamen sobre las cá- 
tedras y su dotación. (4) El Cuerpo Capitular, que ya en otra 
ocasión había informado con la Ciudad sobre las fundaciones 
del Sr. Valdés, presentó otro Memorial {que reiteró el Prelado) 



(t> Archivo de la Diputación provincial. Libros de actas: Juntas de 8 de Marzo de 1600, 
31 de Junio de 1603 y 10 Enero 1608. 

— «El Regidor de Oviedo y Alférez mayor de Lena D.Rodrigo Bernardo de Miranda «asistió 
en Madrid a diferentes negocios de esta provincia, y cu particular á que se fundase la Universi- 
dad, como >c consiguió, haciendo también que se pusiesen en ejercicio las demás fundaciones 
y obras pía* del limo. Sr. Valdés». ÍSoiar de la Casa de Olloniego por D. Felipe Bcr nal do de 
(^uirói —Madrid, (sin fecha ) 

—Tratando de la Casa de Sierra, parroquia de Santa Eulalia del Valle, se menciona al 
(hminico P. Sierra, diciendo «fué bienechor de Asturias, que le debe la Universidad», en 
Soticias históricas del Concejo de Carreño por González de Posada MS.> 

(?* Archivo de la Catedral de Oviedo; Libros de Actas de 1600 á 161 2: Cabildos de 3 de 
Marzo de 1600, 15 de Diciembre de 1601 y a de línero de 1602. 

(3) Archivo de la Universidad. Testamentaría del Arzobispo Valdés: fol. 50. 

(4) Id. id. fols. 18 y 19. 



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en 1602 comprendiendo un proyecto de Universidad, así como 

el Municipio escribió á los Sres. Boorques y Tejada para que 
estableciesen las enseñanzas á la mayor brevedad. Por su parte 
el Obispo instruyó al Deán; la Ciudad, Principado y Cabildo in- 
sistieron con losalbaceas; y otra vez les anunciaron pérdidas de 
bienes y de rentas. El Sr. Asiego no cejó un día y otro. (1) 

Este inolvidable prebendado, adelantándose á su época, re- 
sumió por si lo que entendía eran aspiraciones del Cabildo, Prin- 
cipado y Ciudad, y presentó razonable y elevado dictamen, no 
solamente sobre el régimen universitario y materias de sus es- 
tudios, sino respecto á lo que hoy se llaman Facultades mayo- 
res, muy en conformidad con el mencionado informe de 1572. 
Deseaba una provechosa latitud en la filosofía, porque, conside- 
rando, dice, que el Principado de Asturias es tierra marítima 
donde se usa la navegación, será muy conveniente al servicio 
de S. M. una cátedra de Matemáticas y otra de Física, así como 
una de Metafísica. No contenían esas enseñanzas los anteriores 
dictámenes y sorprende, bajo la firma de un eclesiástico del 
siglo xvrr, un pensamiento que los testamentarios calificaron de 
notable y aunque, desde luego dudaron seguirlo, posterior- 
mente lo siguieron en alguna parte. 

Crecían las quejas al ver desierto el edificio levantado, y 
aún continuaban los ejecutores con aquella lentitud que, sesen- 
ta años después de la muerte del Arzobispo, hizo escribir las 
siguientes palabras á un comisionado del Claustro y maestro de 
la Orden de San Francisco: v He gastado hasta los hábitos y, si 
no nos ponemos bajo el patrocinio del Rey N. S. y no damos en 
tierra con la testamentaría, nada se adelanta^ (2) 



(i) El Deán fue portador de una carta para los Consejeros Boorques y Tejada, que plan- 
teaban la Universidad de Oviedo, para que señalaran cátedra á los prebendados de oficio 
(Acta del Cabildo de 6 de Enero de 16021. Tan bien desempeñó su cometido, que en a de Agosto 
le propuso con interés el Principado para que volviese á Valladolíd y activase la apertura de la 
Universidad, y al asentir los canónigos hicieron picscntc que, por sus necesidades y baj.* de la* 
rentas, en la ausencia de Asiego no le darían salario pero le contarían las prebendas. No obs- 
tante, comisionado el Arcediano de IScnaventc para disponer la marcha del Deán, concertó que 
tuviese tres meses de licencia con 36 reales diarios para gastos, pagando la provincia 18, 9 la 
ciudad de Oviedo y 9 el Cabildo. (Acta de 8 de Agosto de 1603'. Cumplió su encargo con la 
diligencia, que ya hemos dicho, y en 6 de Diciembre mandó una carta asegurando que los tes- 
tamentarios del Arzobispo Yaldc* habían determinado abrir la Universidad para el próximo San 
Lúeas Engañaba!. le sus buenos deseos, pues en promesa quedó el ofrecimiento y fué necesa- 
rio, á petición del Municipio ovetense, prorrogar la li.encia por otro trimestre; pero retirándole 
sus dietas la Corporación Capitular. 'Acta de so de Diciembre). 

Vino el Deán y volvió á Vulladolid, y ;,1 ieti.ii ;.r 011a \iz en 3 de Maizo de 1605, dejaba 
encomendada su comisión al electo Obispo de Ov:tdo D .Juan Alv¿.icz de Caldas. Hizo aún 
otro* viajes y en todos ellos acosó á los testamentarios con memoriales y dictámenes. 

(2) Archivo de la Univer>idad: Testamentaria del Ai/obispo Valdés; folios 27, 37, 34, 36. 
49 á 52 y 5. 



- 37 — 
Otras deplorables causas contribuyeron poderosamente á ha- 
cer más reacios á los Consejeros albaceas. Opuso no pocas di- 
(icultades el sobrino del Inquisidor, D. Fernando de Valdés Oso- 
rio, primogénito de la casa de Salas y patrono de todas las fun- 
daciones, hombre rico y de importancia en la Corte donde, á la 
sombra del favor de su tío, era Gentil hombre de Cámara y boca 
del Rey. En 8 de Enero de 1604 habían acordado los testamen- 
tarios crear definitivamente la Universidad y Colegio de San Pe- 
layo, en Salamanca, pidiendo para ello las Cédulas Reales de 24 
de Mayo. Cayó entonces Valdés Osorio en la ruin y lastimosa 
tentación de oponerse á la última voluntad de quien le había 
elevado á importante posición; quiso destruir y aniquilar el pen- 
samiento más fecundo para el bien de su país, seguramente 
porque con las cuantiosas rentas de la fundación, creyó aumen- 
tar las suyas y con ellas elevarse á mayor y próspera grandeza. 
Halagado con tan vanidosa idea, expuso al Consejo la insu- 
ficiencia de los fondos para una Universidad con maestros y 
oficiales mal retribuidos; que la ciudad de Oviedo era uno de 
los lugares más caros del reino y á donde iban desde Castilla el 
pan, el vino y el paño; y que sus naturales saldrían con escaso 
saber. Indicaba que los asturianos pobres fuesen á Salamanca, 
donde serían pajes y criados; que asistiesen los ricos á Oñate, 
Santiago y Monterrey, y unos y otros á las cátedras benedicti- 
nas de San Vicente. Decía también, que con Gramática y Lec- 
tura de casos bastaba para ser eclesiástico; y, por último, que 
con las rentas mejor se sostendría el Colegio de Recoletas con- 
vertido en un convento de Monjas. ¡Qué pensamiento tan eleva- 
do! A continuación de este recurso escribió posteriormente, no 
sabemos quién, una dura nota, curiosa y acertada: «Este hom- 
fibre, con achaque de monjas, pensaba arañar las rentas de la 
«Universidad. Estas son las buenas obras que debe la Universi- 
dad á los patronos. Dios fué servido qne tan mal intento no 
¿tuviese efecto. Si el tonto ó mal intencionado viviera ahora, 
i vería si tenía fundamento ninguno lo que hablaba, y si tenía 
r más lustre con ser patrono de seis monjas, que con serlo de 
«una comunidad tan ilustre como la Universidad. Queda esto 
^escrito adfuíuram reí memoriam.* (1) 

(i) Archivo de la Universidad.— Testamentaría del Arzobispo Valdés; folios 56 y 62. 



i 



- 38- 

Hajo consideraciones más diferentes se oponía el Fiscal del 
Consejo. Apoyado en el excesivo número de las Universidades, 
veía inconvenientes en crear la de Oviedo; pero no descono- 
ciendo razones peculiares de localidad, pidió su establecimiento, 
aprobados que fuesen los Estatutos, reservando á la Corona la 
protección de las Escuelas, el nombramiento de Visitadores y la 
Real jurisdicción sobre los estudiantes legos. (1) 

Dudosa era aún la resolución y no se ultimara con éxito fa- 
vorable á no encontrarse en la Corte el animoso Deán Asiego, 
que seguía con indecible vigor el negocio de la Universidad. Ha- 
bía comprendido el gran beneficio que á su provincia cabía 
abriendo unos estudios, y con la firmeza de un carácter inque- 
brantable no desmayaba su interés ante la magnitud de los obs- 
táculos y gran poder de los contrarios. Pedía el nombramiento 
de Rector, Maestros y Oficiales, en lo sucesivo de elección del 
Claustro ad instar Salamanticam ct aliarían Vnivcrsita- 
rum, y la declaración de la soberanía y jurisdicción de aquel 
y del Cancelario para evitar parcialidades. Hablaba el infatiga- 
ble Deán con el lenguaje claro de la verdad, y así en 1605 des- 
cubrió á la Cámara la intención del sobrino del Fundador que, á 
pretexto del mayorazgo, puntualizaba solamente las rentas li- 
quidas para él. Era terrible la denuncia; pero cuando la sinceri- 
dad viene en apoyo de una causa su triunfo es seguro (2). 

Los testamentarios confirmaron el auto de 20 de Mayo de 
1604 acordando la creación y nombramientos de la Universi- 
dad: buscando nuevas dilaciones, pidió Valdés Osorio traslado 
de las cátedras y sueldos que pretendía otorgar; se opuso el 
Fiscal en 21 de Octubre, declarando que el Consejo podía esta- 
blecer y nombrar por sí en conformidad al poder del Arzobispo, 
pues no era razonable «que un caballero seglar de capa y espa- 
da nombrase los maestros de las ciencias, falto de suficiencia 
para saber quiénes eran doctos, y mayor aún este mal si la casa 
de Salas cayera en hembra.» (3) 

Así lo estimó la Cámara; se declaró al D. Fernando patrono 
de honor con nombramiento de los oficiales de la Escuela v se 



(1) Archivo de la Universidad.— Testamentaria del Arzobispo Valdós: folios 53 á 55. 
Íí) Id. id., folios 58, 81 , 84 y 86. 
I 1 ?} Id. id., folios 88, 8t>, 98 y 99- 



- 39 - 
dejó la elección de maestros á los estudiantes ó por ejercicios 
ante los primeros nombrados. Pidió el patrono revocación del 
auto; pero nada consiguió ante el incansable Deán, sin cuyos 
esfuerzos quizá no se planteara la deseada enseñanza. Hízose 
por ello acreedor al bien de la patria y á la gratitud de sus 
paisanos (1). 

Para completar los albaceas sus trabajos habían impetrado 
de la Santa Sede la Bula de erección, paso indispensable en- 
tonces y natural según el orden de aquellos tiempos. De buena 
gana la expidió Gregorio XIII en 15 de Octubre de 1574, con- 
firmando la Universidad de la populosa provincia de Asturias, 
con todos los privilegios, gracias y favores de la de Salamanca 
y otras de Castilla, si para ello daba el consentimiento su muy 
amado hijo Felipe III. Pasó la Bula por el Consejo y fué con- 
firmada la erección por Real Cédula de 18 de Mayo de 1604, en 
Gumiel de Mercado (2). 

Ya tomaba cuerpo el discutido y benéfico pensamiento del 
preclaro Valdés; y alborozada Asturias veía cercano el día su 
ventura suspirada, gozándose en la obra del antiguo estudiante 
salmantino, del amparador de las obras de Melchor Cano, del 
familiar é imitador del gran Cisneros. 



(x\ Archivo de la Universidad. — Testamentaria del Arzobispo Valdés: fols. 103, nfl á 
115.— Véase Apéndice I. 

(9) Id, id. fol. 20.— Véase Apíndicb II. 



41 — 



CAPÍTULO II 



Organización primitiva de la Universidad de Oviedo. —-Pretendientes, recomen- 
daciones y nombramiento de los primeros catedráticos. — Primitivos Esta- 
tutos.— Administración desastrosa de las Fundaciones y Obras pías del 
Arzobispo Valdés. — Cuenta de las rentas adjudicadas á la Universidad. — 
Comisario nombrado para plantearla. — Sus trabajos. —Posesión pública y 
apertura «olemne de la Escuela. — Reunión claustral. — Incorporaciones. — 
Primeros acuerdos para la marcha de la Universidad. — Época de la apari- 
ción de ésta. 

Obtenidas la Bula Pontificia y la Real licencia para la aper- 
tura de la Universidad ovetense, se trató de sus cátedras y del 
nombramiento de personas que las desempeñasen y se consu- 
mió gran tiempo con expedientes y recomendaciones; pues en 
tiempos pasados, como ahora, fué segura llave el favor para 
abrir las puertas más cerradas. Deseando los testamentarios que 
la elección de maestros o fuese cristianamente acertada y que se 
plantease la Universidad de manera que fuese ejemplo para más 
adelante», pidieron informes al Obispo, Deán, Cabildo, Ayunta- 
miento, Principado y á varias personas, cumpliendo unos y otros 
de diversa manera, mientras en Salamanca, Valladolid y Alcalá 
se fijaban edictos llamando á la provisión (1). 

El Prelado creía excesivo el número de cátedras y dudaba 
de bastante concurrencia para ellas, y sucesivamente recomen- 
dó al Licenciado Pedro García Selgas, al maestro Gerónimo Ga- 
marra, de Santo Domingo, á Fr. Tomás, Prior del mismo con- 
vento, o no obstante ser hijo de clérigo, lo cual no es cosa de 
momento, ñique pueda dañar», y á Fr. Diego Menéndez, así 
como para Rector y para más á Marañón de Espinosa. Re- 
mitió nota de varios sugetos, entre los que sentía no incluir al 
mejor jurista Licenciado Ciaño, enfermo de gota, y al Dr. Jove y 
Licenciado Hevia por ser de edad avanzada (2). 



h) Archivo de la Universidad.— Testamentaría del Arzobispo Valdés, fol. zi8 á 123. 
(2) Id» id. fols. 135 a 128 y 170. 



— 42 — 

El Gobernador propuso personal para las cátedras de leyes; 
para varias Facultades, el Ayuntamiento; y el Cabildo ofreció á 
sus prebendados y canónigos de oficio (1). El Provincial de do- 
minicos y el Inquisidor de Sevilla Sr. Llanos Valdés recomen- 
daron al maestro Menéndez; el Sr. Vigil de Quiñones (también 
Inquisidor) al Licenciado Bernardo de Heredia, canónigo de 
Oviedo y ex catedrático de Alcalá (2); y pidieron directamente 
plaza en la enseñanza otros que presentaron relación de méri- 
tos. Mateo de Torres era abogado de pobres de la cárcel de Ma- 
drid; Julián de Miranda, regidor y abogado en Oviedo, fué gra- 
duado en Toledo y nieto de una hermana del Sr. Arzobispo; el 
Canónigo Licenciado D. Domingo de Mier, de Llanes, ganó en 
Salamanca beneficio de 500 ducados y presentó la relación in- 
dicada en el capítulo anterior; el Doctoral Dr. Bonifaz trajo va- 
rios documentos; los suyos, el Magistral D. Juan Menéndez Co- 
tariella, de Langreo; el Dr. D. Juan Buiz del Villar, natural de 
esta ciudad, arcediano de Benavente por oposición en Roma; 
Luis Pardo y el maestro Pedro de Santo Tomás, de la tierra de 
Oviedo; éste, según propia confesión, había estudiado tantas Ar- 
tes y Teología que, cuando argumentaba, no había quien repli- 
case (3). En memorial, que comprende otros varios sugetos, 
están los dichos, asegurando no haber persona para Matemáti- 
cas (4). 

Con tales antecedentes los Testamentarios pudieron elegir 
los primeros catedráticos en 15 de Septiembre de 1607, reca- 
yendo sus nombramientos en los siguientes individuos: 

Para la Facultad de Teología: 

Cátedra de «Prima», á Fr. Diego Márquez, de la Orden de 
Santo Domingo; de ©Vísperas,» al P. Fr. Gerónimo de Gamarra, 



(t) A petición del Arcediano Marafion, por la Catedral se abonaron las horas de lectura á 
los prebendados, como si fuera en negocios de la Iglesia (Archivo de la Catedral, Cabildos de 16 
de Enero y i." de Febrero de 1609.) 

(*) Archivo de la Universidad — Testamentaria del Arzobispo Valdés, fols. 46, 129 á 136. 
Archivo de la Catedral: Libros de Actas. Cabildos de 1 ° de Febrero de 2602, 14 y 21 de Sep- 
tiembre y 2 de Octubre de 1605. 

(3) Archivo de la Universidad.— Testamentaría del Arzobispo Valdés, fols. 237, 139, 143 
á 252, 156, 164, 171, 179 y ajo. 

(4) Id id .luis. 242 y 277. Como ya manifestamos en el texto, escaseaban ¡os graduados 
en Asturias y, ror lo que toca á Oviedo, en la relación de los Jueces, Presidentes de su Justicia 
y Regimiento, figuran con titulo académico en el siglo x^i (según la relación publicada por 
D. Ciríaco M. Vigil el Br Solí* ^1521,/, Dr Avila ^1529,/, Br. Vinagre lid). Licenciado Cifucn- 
tes {i$vJ, Hr- Castillo ^1533^, Ldo. Ramírez ^542/ Br. Bucrres ^1548^, Br Villazón fi5«9.A 
Ldo. Moran f*^\J t Ldo- Avila ^2563^/. Ldo. Estrada fi5°5A Br. Loreuzana fistyj, Br. San 
Cloyo (\ 568,/, Ldo. Cuevas (2575), Ldo. Bucrres '1577), Ldo. Jovc (1579 , Ld°- Hevia I2587), 
Dr. Faes (2595); pero es de advertir que, ya establecida la Universidad, siguieron sin titulo 
académico la mayor parte de los Jueces ovetenses. 



— 43 — 

de la misma Orden; la de «Biblia», al Dr. D. Juan de Lezcano, 
canónigo, muy versado en lenguas; y la de «Teología Esco- 
lástica», á Fr. Gregorio de Críales, del convento de San Vicente. 
Para la de Cánones: 

La de o Prima», al Dr. Bonifaz; la de «Vísperas», al Arcedia- 
no Dr. Ruiz del Villar; la de «Decreto*, al Canónigo Licenciado 
Mier; la de o Sexto de Decretales», al Dr. Lorenzo Fernández 
Busto; y la de «Clementinas», al Licenciado Luis Gaicía (que 
fué después Obispo de Orense). 
Para la de Leyes: 

De «Prima», al Licenciado D. Gabriel Moran Bernaldo; la de 
c Vísperas», al Licenciado Cosme de Valdés, abogado con mu- 
cha reputación; la de o Digesto Viejo», al Licenciado D. Alonso 
de Solares, Regidor, hábil y de buen nombre; la de «Código», al 
Licenciado Cienfuegos, ex-Juez de la Ciudad; y la de «Instituta», 
al Licenciado Rodrigo de Peón. 
Para la de Artes: 

Los dominicos Fr. Pedro de Santo Tomás, el famoso ergo- 
tista, y Fr Jacinto de Tineo, lector de la Orden, célebre en vir- 
tudes y doctrina; el benedictino Fr. Cristóbal de Aresti, y el 
Magistral Menéndez de la Cotariega; la de Matemáticos, al 
Dr. Martín Sánchez, y la de Canto, al maestro de Capilla de la 
Catedral, que era Canónigo ó disfrutaba de un canonicato. 

Los mencionados licenciados se apresuraron á adquirir el 
título de Doctor antes de la apertura. 

Los albaceas habían formado ya estatutos para el buen go- 
bierno de la Universidad, que por ser los primitivos (26 de Oc- 
tubre de 1607) son llamados Estatutos Viejos. Están dispues- 
tos bajo las mismas bases de los de Salamanca y Alcalá, y los 
de la primera regían en ésta para casos omisos, pues fueron 
en algunos siglos la jurisprudencia académica de España. (1) 
Constan estos Estatutos de once títulos distribuidos de la 
manera siguiente: 

Trata el I del Héctor, Hombre grave de letras y de virtud, 
eclesiástico de representación fuera del círculo de los catedrá- 
ticos. Cargo gratuito y honorífico, estaba sujeto á elección anual, 

(i) Véase AránofCB III.— Archivo de la Universidad: En Claustro de 3 de Agosto de 1700 
>e recordó todavía con pérdida y privación de voto la observancia de estos Estatutos, cuyo 
cumplimiento se renovó por R. F. de 3 de Diciembre de 1701. 



— 44 — 

sin que primeramente pudiera ser reelegido hasta pasados dos; 
tenía grandes atribuciones y facultad de designar á un Vice- 
Rector para casos de ausencias duraderas. En otras Universi- 
dades había el «Cancelario» con carácter mixto de jurisdicción 
y de gobierno para ayudar al Rector; pero en su lugar existieron 
aquí dos Consiliarios nombrados por la Corporación en per- 
sonas de más de 25 años. Se huyó de aquella institución del 
Cancelario con sus exigencias avasalladoras, que tanto pertur- 
baron Ja vida académica en Salamanca; mas en reemplazo se 
creó posteriormente el cargo de Fiscal, que intervenía en todos 
los actos jurisdiccionales y económicos, denunciando abusos é 
informando en todo cuanto el Rector y Claustro pasaran á su dic- 
tamen. Como las Universidades, por lo que toca á su fuerza y 
autoridad, dieron grandísima importancia al poder y facultades 
de la Silla apostólica, ejercía las funciones fiscales, no un letra- 
do seglar, sino un eclesiástico ó al menos un ordenado de pri- 
ma tonsura, hasta que ya después pudo ser un graduado. 
Tuvo también algo de los antiguos cPrimicieros» de otras Es- 
cuelas. 

Se ocupa el título II del Claustro, formado por los doctores 
que tenían la obligación de asistir, bajo multa de dos reales 
para el Hospital, después de citados con cédula. Formaban un 
cuerpo teólogos, canonistas y legistas, y los artistas otro; ambos 
discutirían con modestia y autoridad, excusando el escándalo y 
guardando secreto en todo lo que hubiere perjuicio de tercero. 
Los acuerdos se tomaban por mayoría votando con formalidad, 
sin entrar ni salir; y se disponía gran cautela para nombrar co- 
misionados que saliesen de la provincia á negocios de la Uni- 
versidad. El portero permanecía fuera del local de la junta y 
ageno al Claustro; sólo entraba el Notario de la Escuela que 
redactaba el acta. 

Los títulos III, IV, V y VI se refieren á Cátedras y sueldos, 
Horas y extensión de la enseñanza, Profesorado, jura- 
mentos, visitas, sustitutos, multas y asuetos, Oposiciones 
y votación á cátedras. 

Los salarios de la Facultad de Artes eran: Las tres cátedras 
de Filosofía, 45.000 maravedises; la de Matemáticas, 18.750, y 
la de Canto, 6.000. 



— 45 - 

En Teología: La de Prima, 50.000; la de Vísperas, 30.000; 
la de Biblia, 20.000; la de Teología escolástica, 12.000. 

En Cánones: La de Prima, 56.250; la de Vísperas, 37.500; 
la de Decreto, 18.750; é igual sueldo la de Sexto, y la de Cíe- 
raentinas, 10.000. v 

En Leyes: La de Prima, 56.250; la de Vísperas, 36 500; la 
de Digesto Viejo y la de Código, 18.750 cada una; y la de Insti- 
tuía, 10.000. 

No eran las cátedras perpetuas ó vitalicias, y en un principio 
duraban cuatro años; el tiempo de «lectura» variaba según las 
épocas y estaciones y duraba una hora cada vez. Por lo que 
comprenden las asignaturas se vé cuan distintos de los presentes 
eran aquellos programas, método y textos; pero marchando en 
consonancia con una época, que daba más y mayor importancia 
á las ciencias especulativas que á las prácticas. Nuestros lecto- 
res no habrán extrañado la asignatura de Canto, pensamiento 
muy útil á cuantos se dedicaban á la Iglesia. 

Para la provisión de vacantes se fijaban edictos por el tér- 
mino de treinta días; se hacían los ejercicios ante el Claustro y 
estudiantes en la primera época; y se prohibía á los opositores 
negociaciones ó diligencias ilícitas para grangearse votos. 

El Rector, Oficiales y el Arca de la Universidad tenían dere- 
chos en estos ejercicios, satisfaciendo una tercera parte los hijos 
del Patrono y, á título de hermandad, los colegiales de San 
Pelayo de Salamanca á petición de Tirso de Valdés (1). 

Los estudiantes de 14 años de edad, que habían ganado un 
curso y constaban en matrícula, tenían el derecho de elegir, si 
pasaban de cincuenta, y si no, votaban los catedráticos solamen- 
te. Legistas y canonistas elegían unidos en sus carreras; para la 
soya y la de Artes los teólogos, pues en tutela de éstos estuvo 
siempre aquélla; y teólogos y artistas eran partícipes en votar la 
de Matemáticas y Canto. Como se vé, y nota La Fuente, la elec- 
ción de Rector y catedráticos dependía principalmente, y después 
totalmente, del Claustro, evitando «dejar los nombramientos y 
los intereses de la Universidad á la turbulenta, inesperta y 
sobornable clase estudiantil.» 



(0 Archivo de U Universidad.— Testamentaría del Arzobispo Valdés, fol. 79 y 180. 



- 46 - 

A estímulo y cumplimiento de sus deberes, los catedrá- 
ticos prestaban anualmente juramento y cada dos meses tenían 
visita del Rector (1;, que hacía información con los discípulos 
é imponía las correcciones necesarias. 

De las Matrículas, Cursos y Grados versan los títulos 
VII y VIII. 

:,. La matrícula académica se abría el día de San Lúeas y se 
ratificaba en San Martín, cuando el escolar juraba al Rector 
obediencia in licitis et honestis; presentaba el estudiante la 
cédula de Gramática latina y, examinado y aprobado para oir 
ciencias* pagaba un real al examinador y era inscrito. Para ga- 
nar curso bastaba asistir la mayor parte del año, y en cada cá- 
tedra la mayor parte de la hora; pero quien saliese antes que el 
catedrático, perdía aquella lección. Duraba el curso hasta el 8 
de Septiembre, cuyo período se dividía en dos años escolares: el 
primero, desde la apertura en Octubre hasta Pascua de Resu- 
rrección, y el segundo hasta la Natividad de la Virgen. 

Se requería antes del grado de Bachiller en Artes, apro- 
bar tres años de Súmulas, Lógica y Filosofía; argüía un tri- 
bunal de cuatro examinadores y, hallando suficiente al aspi- 
rante, le daba licencia para entrar al bachillerato y oir Teo- 
logía. Correspondían tres reales á cada juez por derechos 
de examen, dos al notario y uno al bedel. Cuatro años se nece- 
sitaban en Teología y cinco en Cánones y Leyes. Los ejercicios 
se reducían á escribir una lección sobre un punto de estas facul- 
tades y, dada la aprobación, se pronunciaba breve discurso pi- 
diendo el grado, que concedía el catedrático ó maestro escogido 
por el alumno. El depósito consistía en treinta reales, cuatro 
para el notario por la expedición del título, cuatro al bedel y 
otros tantos al alguacil, ingresando el resto en el arca univer- 
sitaria. 

Recibían la licenciatura en Leyes y Cánones los bachilleres 
que acreditaban haber ganado cuatro años con pasante y, en 
atención á que consumieron más tiempo en Artes, tres se exi- 
gían á los teólogos, pudiendo el Claustro dispensar uno á los de 
reconocida suficiencia y también ¡cosas de aquellos tiempos! á 

(V ArvNiro d<r ta l*r>!vrrsivia.: .— Testamentan* del Arr:K>?.- W.J^, f.U ¿V r ?4* —Pri- 
mara xiaita ca »4 S«ptx<=ibr* io.x>. 



- 47 — 

los que fuesen nobles. Se votaba con habas blancas y negras; y 
los puntos ó cuestiones se sorteaban en las Decretales para los 
canonistas, en el Código para los legistas, y para los teólogos en 
el Maestro de las Sentencias. Los derechos consistían en dos- 
cientos cincuenta y cuatro reales. 

El Doctorado, último de los grados mayores, era simple- 
mente de honor; en su recepción se observaban las prácticas 
de los Estatutos y otras costumbres en que nos ocuparemos más 
adelante. 

El titulo IX se refiere á los Oficiales y dependientes. Su- 
bordinado al Rector estaba el Secretario ó Notario con 8.000 
maravedises de asignación y los derechos de matrículas, grados, 
claustros y jurisdicción académica. Debía ser (.hombre honrado, 
de conciencia legal y de buena pluma y nota,» no del Gremio 
y Claustro, forzosamente escribano público ó notario real de 
estos reinos por ser judiciales las más de sus diligencias y ac- 
tuaciones. Con igual sueldo, y también con propinas y derechos, 
había un bedel, que vigilaba la asistencia de los maestros, orden 
interior de las cátedras y comportamiento de los alumnos; un 
alguacil, con veinte ducados al año, y dentro de la Univer- 
sidad traía varacon casquillo; un portero, mozo de limpieza, 
con 4.000 mrs.; y un Mayordomo, administrador de las rentas, 
con la correspondiente fianza. 

En la Capilla, de que trata el título X, había dos Capellanes, 
que, con veinte ducados anuales, decían misa diaria en el esta- 
blecimiento, y un sacristán con 3.000 mrs. 

El titulo XI, de la Fábrica de la Unicersidad y Arca don- 
de se ha de echar el dinero que le competa, marcaba para 
gastos extraordinarios el sobrante de 36.552 maravedises anua- 
les, de los cuales aún se había de sacar el pequeñísimo salario 
del sacristán. El resto de tal partida, cubiertas las reparaciones, 
pleitos y más negocios, ingresaba con otros derechos en el arca 
de tres llaves que tenían el Rector y doctores más antiguos. 

Antes de pasar adelante, daremos ahora idea de los prime- 
ros recursos de nuestra Universidad que explicarán algunos acon- 
tecimientos que no tardaron en venir. Al sostenimiento de sus 
fundaciones dejó muy crecidas rentas el Inquisidor y hubo, al 
principio, para distribución y cuenta de las Obras pías varios 



- 48 - 

informes, dictámenes y proyectos que ofrecían alguna seguridad 
á los bienes. Mas no sucedió así. Si estos fueron numerosos, su- 
frieron detrimento grande con dietas á los Consejeros, gastos 
de la prolongada testamentaría y, sobre todo, con la escandalosa 
dilapidación por los Administradores y abusos del Patrono en la 
elección de legados. 

Conocieron los albaceas del Arzobispo que no eran suficien- 
tes los rendimientos adjudicados á la Universidad, dada la índo- 
le de las rentas sobre que estaban impuestos. Intentaron nuevas 
agregaciones de las Obras pías, excitados por el Deán Asiego* 
que, ante la importancia de la Escuela, sostenía que los ejecu- 
tores del testamento podían adjudicarla bienes de otras funda- 
ciones. Las protestas del sobrino del Fundador y reclama- 
ciones del Colegio mayor de San Pelayo de Salamanca impi- 
dieron el aumento acordado. 

Un administrador, D. Hernando de Valdés y Salas, herma- 
no del Arzobispo, miró el cargo con tal abandono, ó quizá con 
el pensamiento de su sobrino, que salió alcanzado ¡en 6.000,000 
de maravedises! Al dar cuenta de su comisión D. Pedro Boor- 
ques, participó á los Testamentarios que la esposa del adminis- 
trador Miranda había vendido el coto de Lindes y un regimiento 
de Lena á Francisco Bernaldo en mil ochocientos ducados y que 
el marido gaslara más de seis mil en innecesarios desmontes. 
«Tan mal las rentas, decía, que no se sabe de quién sonó. Otros 
varios fueron los alcances y débitos, dándose hasta el caso de 
que un Gaspar Espinosa, defensor de las Obras pías con 15.000 
maravedises, pidiera 7.000 que, según él, se le adeudaban (1). 

Tal adminisl ración dio lugar á quiebras y pérdidas conside- 
rables, que dilataron la erección de la Universidad. Para poner 
fin á tal desbarajuste, vino al país el escribano real Juan de 
Hita, de gran habilidad y práctica en estos asuntos y» con la im- 
portancia de la autoridad del Consejo, puso en cobro lo que iba 
en camino de perderse. Tuvo el entendido curial sus utilidades 
y ganancias, pues hasta el Cabildo le dio trescientos ducados 
para activar las diligencias (2). 



(x) Archivo de la Universidad. —Testamentaría del Arzobispo Valdés, fols. 5, r3, 33, 8a, 
90 i 97, 264, 273 y 304. 

(2 ¡ Archivo de la Catedral.— Libros de Actas. Cabildos de 27 de Abril de 1605. 



— 49 ~ 

La obra del edificio y su excesivo costo, consumió gran par- 
te de la herencia, de modo que, al abrirse al público, las rentas 
adjudicadas para su sostenimiento y dotación de los maestros y 
oficiales se reducía á un millón siete mil cuatrocientos setenta y 
siete maravedises, sobre imposiciones y arbitrios enagenados por 
la Corona, llamados «juros» en la historia lastimosa de las in- 
numerables y caducas deudas de España. Eran así: 

Sobre las alcabalas de la ciudad de Sevilla, la renta m «™w*¡«*. 

anual de 333.333 

Sobre aloja, barquillos y nieve de Sevilla 90.000 

Sobre alcabalas de la ciudad de Oviedo 250.000 

Sobre millones del mismo Principado y reino de León. 23.696 

Sobre las salinas de la villa de Aviles 199.480 

Sobre los puertos secos de Castilla 45.000 

Sobre las alcabalas de la ciudad de Avila 65.968 

Se acercaba el momento de la apertura, cuando los Albaceas 
en 28 de Enero de 1608 dieron encargo é instrucciones para 
plantearla al dicho Lie. D. Pedro de Boorques, sobrino de uno 
de los testamentarios y colegial del Mayor de Cuenca, en Sala- 
manca, que fué recibido en Oviedo con importancia inusitada y 
por todas las corporaciones agasajado y distinguido. 

Consultó el Sr. Boorques varios extremos á los Consejeros; 
la Cámara allanó dificultades relativas á los catedráticos de 
Artes y Leyes; tomaron posesión maestros y oficiales; se deter- 
minó su asiento en el Claustro por antigüedad; y, previas algunas 
disposiciones para la función religiosa (1), llegó por fin el sus- 
pirado día de la posesión pública y apertura solemne de la Uni- 
versidad. 

Se verificó la ceremonia con lujosa pompa en memorable 
fecha de 21 de Septiembre de 1608, en medio de alegría general, 
cuando de diversos puntos de la provincia acudía la gente á las 
ferias y jubileo de San Mateo, apóstol (2). 

La primera reunión del Claustro tuvo lugar en 22 de Sep- 
tiembre, bajo la presidencia del Rector interino el sabio doctor 
D. Alonso Marañón Espinosa. 



(i) Archivo de la Universidad.— Testamentaría del Arzobispo Valdéí, fols. 194, aa3 y 2^9 . 
Archivo de ia Catedral Libros de Acta*. Cabildo de 17 de Septiembre de 1608. 

Í2> Archivo de la Universidad — Testamentaría der Arzobispo Valdós, fol. 333 — Véase 
Apéndice IV. 



_ 5 o - 

Los hijos del país, los Canónigos de la Catedral y los Maestros 
de las Ordenes, doctores por otras Universidades, se apresura- 
ron á pedir á la ovetense su incorporación, que fué admitida tras 
maduro examen, aunque no sin falta de benevolencia por el nue- 
vo Claustro. Uno de los incorporados fué el comisario Boorques, 
á quien se recibió con dispensa de propinas prestando juramento 
de o ser defensor, donde quiera que se hallase, de la Universidad 
de Oviedo y de no ir ni venir contra las cosas de ella, más antes 
defenderla y ampararla siempre do quiera que se hallara.» 

En atentísima carta de 25 de Septiembre de 1608 la Cor- 
poración dio las más expresivas gracias á los Testamentarios 
por haber planteado la Escuela (1); con el comisionado intervi- 
no en otros nombramientos y cambios de cátedras (2); pidió in- 
formes al Prelado sobre el estudio de las de Leyes; y á los alba- 
ceas, por medio del Dr. Bustos Breceña, reclamó copia del testa- 
mento del Fundador, á quien, con ayuda del Cabildo, dedicó 
funerales solemnes en 5 de Noviembre (3). 

Así en tan apartado territorio se abrió un modesto asilo á las 
letras y, tras la noche de la ignorancia, apareció el día de la 
ciencia. Por ésta los hijos del país pudieron arribar mejor á las 
altas dignidades y fueron hombres de virtud, más generalmente 
cultos, amantes de la justicia y buenos repúblicos. La tardía 
época de la aparición de nuestra Escuela no fué aquella de tan- 
to renombre para las españolas. Eran los tiempos de Fe- 
lipe III, en que se oscurecía aquel sol de gloria que, reinados 
antes, lució para esta Nación, admirada por el mundo. Enton- 
ces comenzaba ya la decadencia de nuestras Universidades, en 
parte detenida por Carlos III en la centuria siguiente. Mucho, 
sin embargo, se debió á la constancia y aún á la fortuna, y 
opimos frutos se recogieron en las aulas ovetenses. 



de x6o8. 



(i) Archivo de la Universidad.— Testamentaria del Arzobispo Valdés, fol. «83. 

(2) Id id., fols. 246, 250, 258, 261, 267, 292, 299, 301, 303, 307, etc. 

(3) Id. id,, fols 368, 405 y 406.— Archivo de la Catedral. Cabildo de x.° de Noviembre 



- s« — 



CAPÍTULO III 



Concluye la intervención de los Testamentarios del Arzobispo Fundador en los 
asuntos de la Escuela. — Dificultades de los Jesuítas y de los Benedictinos. — 
El Maestrescuela de la Catedral de Oviedo pide la Jurisdición universita- 
ria. — Se organiza el Hospital de Estudiantes. — Primeros resultados de la 
Universidad. —La penuria del Tesoro nacional compromete sus caudales. — 
Escaseces del Establecimiento. — El certamen por el patronato diocesano de 
Santa Eulalia. — Fundación del Colegio de San José.— Reformas de los Esta- 
tutos viejos — Decadencia de las Universidades eápañolas á fines del si- 
glo xvn. — La de Oviedo en este período.— Estado de la enseñanza á causa 
de la corrupción literaria. — Certámenes literarios en las exequias de Feli- 
pe IV y en la institución de la Cofradía de Santa Eulalia. 



La primera época de nuestra Escuela está señalada por obs- 
táculos é inconvenientes varios, que salieron á su paso, aunque 
fueron dominados con diferentes recursos. 

Abiertas las aulas, para mengua de la libertad académica 
seguían los Consejeros, testamentarios del Arzobispo Fundador, 
con incesante ingerencia en las funciones claustrales, y perma- 
necía la Universidad bajo la tutela absorvedora de aquellos ma- 
gistrados. Aspiraba á la independencia y patrocinio real, de que 
gozaban otras, y no los hubiera alcanzado sin el despecho de un 
animoso fraile y maestro que, en plena corporación dio la voz 
de «¡abajo los Consejeros!» Alentado el Claustro, le dio cautelo- 
samente comisión para pasar á Madrid, alegando asuntos de 
la Orden, y se puso tal maña, ayudado de sus conventuales, que 
el Rey alzó la dependencia y el Padre recogió sus papeles, vol- 
viendo victorioso á Oviedo, donde dijo, al dar cuenta, que deja- 
ba empeñados en la Corte sus hábitos franciscanos (1). 

Mayores fueron otras dificultades. 



(i) Archivo de la Universidad.— Lib. de Actas —Claustro de x6 de Septiembre de x6«o. 









— 52 - 

Nació la primera de los hijos de San Ignacio de Loyola, sen- 
tidos de no tener participación en las cosas de esta Escuela, 
como en la de Valencia los del Colegio de San Pablo (1). Pre- 
textaban, que por el bien de Dios y de su Iglesia y provecho de 
los asturianos, tenían diferentes enseñanzas; que á la de Teolo- 
gía Moral asistían numerosos concurrentes y que éstos mar- 
chaban á la Universidad, donde con poco miramiento había 
aquella asignatura á la misma hora, naciendo con tal motivo la 
falta de asistencia á sus aulas. Con un simple cambio se atajó 
el incidente de los Jesuítas para ventilar negocio de mayor inte- 
rés von otra comunidad religiosa, la Orden de San Benito, en- 
tonces y después de muchísima importancia en Asturias. 

En su convento de Oviedo y so color de una Bula, que ase- 
guraba tener, daba grados mayores y leía públicamente á no po- 
cos estudiantes. En consistorio de nuestra Ciudad, el Abad bene- 
ríirtinu P. Marcilla participó en 1601 que S. S. el Papa Clemen- 
te VIII había accedido á la petición de la Congregación para 
instituir una Universidad donde ose leyesen ciencias y faculta- 
des,» y pidió á la Justicia y Regimiento se publicase el Breve 
para noticia de la Capital y Principado. La Ciudad no accedió, 
acordando que los tales estudios habían de ser t particulares» 
por carecer de autorización Real como ya tenía la Universidad 
establecida en Oviedo por el Arzobispo de Sevilla (2). El Mo- 
nasterio pretendía más y mantenía sus enseñanzas, aspirando 
á subidas prerrogativas aún después de 1608. Desautorizada la 
Universidad acudió al Consejo, y el Monarca, por Real Pro- 
visión de 30 de Mayo de 1689, dijo al Abad de San Vicente que, 
+ sí la Bula existía, era sin regio consentimiento y la presentase 
dentro de quince días bajo pena de 10.000 mrs. para la Cáma- 
ra. Salió á la defensa de su Orden el ilustre cronista Fr. Pruden- 
cio de Sandoval certificando brevemente, si no la existencia de 
la prerrogativa, al menos sus Estudios y la publicidad con que 
confería grados en Facultad (3). A la sombra del valimiento, 
eludieron los benedictinos la obediencia al augusto mandato y á 



} Historia de Li Universidad de Valencia por D. Miguel Velasco y Santos, cap. V. 
> Archivo del Ayuntamiento de Oviedo. — Libros de Acuerdos.— 22 de Agoslo y 10 de 
Septiembre de 1601. 

\j] Archivo de la Universidad. — Testamentaría del Arzobispo Valdés, fol, 47 y 48. 



- 53 — 
una Carta posterior que recibiera el Abad. Mas la Universidad 
pidió pronto reparo al notable daño y perjuicio que padecía y, 
trascurridos nueve años sin que los monjes presentasen el pri- 
vilegio, se expidió la sobre-carta de 9 de Abril de 1618 con im- 
posición de la dicha multa, costas del litigio y prohibición con- 
siguiente de conferir grados. 

Por entonces tomó posesión del patronato honorario el In- 
quisidor D. Juan de Llano Valdés, tutor y curador de D. Fran- 
cisco Valdés Ossorio; y nada consiguió el Maestrescuela de la 
Catedral, que pidió la jurisdicción universitaria, como en Sala- 
manca correspondía al canónigo de su oficio (1). 

Completando la obra universitaria se ultimó también y 
se inauguró el Hospital de Estudiantes, que la piedad y mu- 
nificencia del Inquisidor había dispuesto. En Madrid á 23 de 
Enero de 1614, los Consejeros albaceas Juan de Tejada y Martín 
Fernández Portocarrero (pues, sin duda, había fallecido Alonso 
Núñez de Boorques) dieron unas constituciones para el régimen 
del dicho Hospital, por auto ante el escribano Diego Bentosa. En 
ellas disponían que, con el cargo de director y padre espiri- 
tual, viviese allí con retribución uno de los capellanes de la 
Universidad, que correría con el gasto semanal del estableci- 
miento; con un sueldo conveniente establecían un enfermero, 
que habitaría con su familia; y recomendaban mucha diligencia 
y esmero á los administradores para distribuir los caudales que, 
dentro de un arca de tres llaves, se custodiaría cerca de la uni- 
versitaria en la sala claustral. En tal Hospital siempre resistie- 
ron curarse y. recogerse los estudiantes y fué, por lo tanto, sin 
importancia; su casa y rentas se agregaron al Colegio de Reco- 
letas en 1768; pero todavía recientemente en una casa, que se 
reedificó en la calle de Caveda (antes Estanco de Atrás), núme- 
ro 4, había la siguiente inscripción: 

ESTA CASA ES DE EL OS 
PITAL DE LA UNIBER 
SIDAD. 

Para su sostenimiento dejó el insigne Arzobispo 50.000 marave- 



(i) Archivo de la Universidad de Oviedo.— Testamentaría del Arzobispo Valdés, fol. 352 

y 390. 



- 54 — 

djses de renta á más de la cantidad destinada á la adquisición 
de solar y construcción del edificio (1). 

De este modo, con los indicados elementos, en plena autori- 
dad académica marchaba la Universidad de Oviedo, y ganosos 
de saber los hijos de Asturias y provincias vecinas concurrían 
á sus aulas. Causa admiración cómo fecundaba su entendimien- 
to la fundación reciente. No había trascurrido mucho mas de 
medio siglo de existencia, cuando ya se notaba gran cultura en 
el Clero y mucho lucimiento de los alumnos en oposiciones á 
curatos y prebendas. No fueron pocos los que obtuvieron en- 
segaida |>1uzí!h de la Inquisición, destinos de gran importancia 
en aquella * poca, al mismo tiempo que maestros y discípulos 
ocupaban algunas sedes episcopales y otras altas colocaciones. 

Y en trance estuvo de apagarse tan esplendoroso foco de 
provincial cultura por profunda crisis económica, que surgió de 
tan revueltos y apurados tiempos del descenso nacional. 

Con aquel millón 400.777 maravedises que, no mucho tiem- 
po después representaba, según liquidación oficial de las par- 
lidas testamentarias, la tenue suma de 31.897 reales, 24 mara- 
vedises, harto escasa para sostener una Universidad, vivía la 
nuestra, si no con fausto, al menos con lustre literario y prove- 
choso, merced al entusiasmo y patriótico desinterés del Claustro. 

Pero venían malos tiempos. 

Para mantener Felipe IV su exigua y aparente grandeza, con- 
sumía grandes caudales en desastrosas guerras y en frivolos 
festejos. Alimentando tan crecidos gastos se consumieron los 
recursos del Estado, no se pagaban los juros y se redujeron sus 
intereses, á excepción de los dedicados al culto. Como el regio 
Felipe eran los Lermas y los Olivares, sus medidas económicas 
y el -nint tiio y poder de nuestra España decadente. 

'ludo caminaba á la ruina y así marchaba la enseñanza, 
que silenciosa y exánime vivía postrada y sin aliento en la Uni- 
versidad de Oviedo. Felipe IV, sin embargo, dejó comprendidos 



i,á todas partes alcanzaba la bienhechora mano del Arzobispo Valdés y 

.'Miración, apunta Gil (íonzalez Dávila el siguiente dato: «Consta de sus 

iiUi n\ limosna», edificios públicos y servicio de sus reyes sin contar socorro? 

:.j había cuenta ni razón. 1380000 ducados!» Asombran, efectivamente, el 

iiiiM ti ícrosidad de tan henifico asturiano, como puede verse en la lectura de 

Acuella* depone ton es testamentarias donde comienza diciendo que «había sido mucho pecador 

y herrado cu ni mocedad.» 




- 55 - 
los juros de esta Escuela entre los de las rentas espirituales, 
mandando reintegrarla las annatas vencidas. Cumplióse la pro- 
mesa con lentitud y merma considerables y, por estas causas y 
jubilación de algunos maestros, hubo catedrático de Prima que 
apenas percibía cincuenta ducados. Llegó á tal extremo la re- 
ducción de dotaciones, que los Oficiales se guarecían en la casa- 
hospital de estudiantes, solicitando únicamente del Claustro 
algún auxilio para vestir con decencia. Aún después, cuando 
declinaba el siglo, pedía la Escuela que el Principado la favore- 
ciese con cartas para que S. M. mandase pagar los juros de sus 
Estudios (1). 

Así entre penurias y contratiempos pasó el primer siglo de 
la Universidad que, por otra parte, proporcionaba á Oviedo acti- 
vidad literaria de que antes carecía. 

En el año de 1639 la Santa Sede declaraba patrona de la Dió- 
cesis ovetense á Santa Eulalia de Mérida, y hubo lucidas fiestas 
con religiosos cultos, procesiones y diversiones profanas, éstas 
con cabalgatas y mascaradas, luminarias y fuegos, torneos y jue- 
gos de sortijas para nobles mantenedores y aventureros, danzas 
y toros. Una compañía de farsantes representó comedias de 
Monlalvan y Calderón fuera y dentro de la Iglesia Catedral; y 
«como no hubo lugar de componer comedias de Santa Eulalia» 
se improvisaron dos loas á propósito: una por un Jesuíta y otra 
por D. Juan de Noricga, Cura de Bobes. En la primera salió la 
Fama, concitando á la Iglesia, Principado, Ciudad y Universidad 
para regocijarse con el patronato de la virgen emeritense. Nues- 
tra Escuela respondía: 

No así arroyo balbuciente, 
deshecho en lenguas de plata, 
sus alborozos desata 
cuando nace de su fuente; 
como en dicha tan presente 
lenguas á lenguas añado; 
que mi raudal plateado, 
si á Eulalia por fuente admira, 
ya presumido se mira 
por mar de letras sagrado. 



'i) Archivo de la Diputación provincial.— Actas de la Junta general del Principado: 23 de 
Agosto de i68£. 



i 



-56- 

También manifestaba la Universidad: 

Yo, si más reciente en años, 
en afectos compitiendo 
con antiguas pretensiones 
he epilogado deseos. 
No menos reconocida, 
beneficiada no menos 
del patrocinio de Eulalia 
deudas son que las confieso. 

Y anunciaba especiales festejos de este modo: 

En puntos de ingenio yo 
daré cebo á los ingenios 
con poético certamen, 
que ofrece preciosos premios. 
Los que en la fuente Castalia 
beben cristales deshechos 
consagren versos á Eulalia, 
cristalinos, claros, tersos. 
Premiaré delgadas plumas 
y será su nombre eterno: 
pues nunca podrá el olvido 
hacer agravios groseros. 
Y después que en mi capilla 
rinda su senado al cielo, 
las gracias por tal Patrona 
con prevenidos acentos; 
Un alumno de los míos 
en estilo grave y lleno 
los parabienes dará 
á nuestro asturiano Centro. 
Ni fuegos me han de faltar, 
pues en amor arde el pecho, 
y es fuerza que de sus rayos 
se originen otros fuegos. 

Por las loas y composiciones presentadas al universitario cer- 
tamen poético para cantar las virtudes de la Santa Patro- 
na en ocho temas, se vé cómo decaía el estro y hermoso estilo 
de nuestra lírica. 

No pocos vates asturianos y forasteros acudieron á la justa 
y escribieron sus poesías en castellano y en latin, sir> que falla- 



- 57 ~ 
sen geroglificos y laberintos, haciendo todos gala de saber, erudi- 
ción y arte. Algunos hijos del país y de su Universidad escribie- 
ron en bable á la manera de González Reguera (Antón de Ma- 
rirrcfjuera, el príncipe de los poetas provinciales) que envió 
su obra en el dialecto asturiano. Se otorgaron numerosos pre- 
mios á los poetas, miembros en su mayor parte de las Órdenes 
religiosas de la Ciudad, algunos catedráticos y estudiantes, al- 
canzando dos lauros D. Tomás Serrano de Paz y cuatro su her- 
. mano el Br. Faustino, de familia muy distinguida en los anales 
universitarios (1). 

Y la enseñanza aumentaba también en Oviedo. 

El doctor D. Pedro Díaz Oseja, Arcediano de Villaviciosa en 
nuestra Catedral, fundó en 1662 el Colegio de San José. La mi- 
tad de los colegiales habían de ser de voz para el servicio de 
aquella Iglesia, otros estudiarían Lengua latina y Filosofía, 
y siendo aplicados les concedía la gracia de continuar en el Co- 
legio y seguir la carrera de Teología y Cánones en la Uni- 
versidad. 

En ésta hubo ya, durante el primer período, algunas altera- 
ciones en sus Estatutos. Se intentó por Real Cédula modo de 
que cesaran la forma de votar las cátedras y el apasionado juicio 
de los cursantes, disponiendo que el Rector, catedráticos y doc- 
tores votasen individualmente en pliego cerrado, agregándose al 
tribunal el Prelado y el Gobernador. A los que obtenían la cáte- 
dra de Vísperas y Prima se permitía la perpetuidad y, como el 
pago no alentaba el interesa oposición, continuaban tantos años 
en poder de sus maestros, llegando el abuso á las de Artes, cuya 
perpetuidad revocó la Real Cédula de 12 de Julio de 1683, de- 
clarando que fueran trienales. Las reclamaciones aquéllas ha- 
bían partido de los catedráticos de Prima de Cánones, Leyes, 
Teología y del de Vísperas de Cánones que pretendían perpetuar- 
la?, prolongar el Rectorado, variar oposiciones y votaciones y 



di «Relación de las fiestas hechas en la Ciudad de Oviedo en honor de Santa Eulalia de 
Mf rula por averia dado por Patrona al Principado de Asturias Nuestro Santo Padre Urbano VIH, 
■:?áicadas al llusirisimo Señor Don Antonio de Vnldés, Obispo de Oviedo, Conde de Noreña, 
*íel Con-* jo de Su M agesta d. Año MDCXXXIX.» 

\:\ P. Andrés Mendo, Rector del Colegio de San Matías de la Compañía de Jesús en Ovie- 
«i.. fué el autor de esta muy curiosa relación, que poseo, original c inédita, con su firma y la del 
Prelado. 

Véanse la* Memorias históricas de Asturias por González de Posada, pág. 71; y mi edición 
¿notada y aumentada de las Poesías selectas en dialecto asturiano, coleccionadas en 1839 por el 
labio Sr. Cavcda. (Oviedo, 1887). 



- 5* - 
otros cambios, como asi lo consiguieron en 1618, aunque ense- 
guida lo derogó en 1619 el rey Felipe III por reclamaciones tanto 
del obispo de León D. Juan de Llano Valdés, curador del joven 
D. Francisco de Valdés y Cardona, caballero de Santiago, pa 
trono de la Universidad y Obras pías del Arzobispo Valdés, como 
del mismo Claustro en oposición á los indicados maestros. Esto 
fue base para la reforma de Felipe V de que trataremos en su 
lugar. 

Eran cuestiones y asuntos interiores, intrigas de corpora- 
ción, que valen poco ante consideraciones de mus trascenden. 
i i:i. relativas al estado y cambios de la enseñanza y de las 
letras. 

Los últimos años del siglo xvn, verdadera antítesis délos 
que constituyeron el siglo de oro de nuestra literatura, fue- 
ron funestos á España, que de día á día declinaba. Llegó la 
ri;i á tan lastimoso estado de postración, cual parece imposi 
\ si la historia no presentase el triste cuadro nacional cuando 
imo monarca de la casa austríaca, en que se mira apagada 
a oscuridad de la ignorancia la aureola del saber que brilló 
en días de sus progenitores. 

ls causas de nuestro descenso son tan discutidas como va- 
ro es difícil no convenir en que la política austríaca más 
05 intereses dinásticos qn? los nacionales; que el absolu- 
► i Estaco absorvió la viíaiila.1 provincial y municipal; 
mentó el espíritu aventurero de raza en incesante afán 
erras y en ineentiro á emigraciones para lejanas tierras 
descubiertas ó dominadas. Se admitieron, con idea- 
fataK repetí ios errores econbmiej?, ya en la amortiza- 
extensa o intensa por el clero y la nobleza, ya dando toda 
rancia al oro mientras s? menospreciaba, siguiendo 
evV .:p:u i^iies. la pro:c>; vi d;-l comercio y el ejerci- 
artes nuvardeas, tenidas por viles y deshonrosas, ya por 
ai I.r; ciando el pueblo vivía abrumado por tributos 
I ^ro? y en la despoblación. Concurrieron también otras 
r.v ;.is, corno les al usos del iv.ier rvyio y nobiliario, 
e.bur.^ d: »;>:.:: so. ;al ¡r.aruer.lc.a en :\iti¡es diferen- 
; :r.e:;:o del e;>rcito llamando a ^nb? esv vida, que des- 
u*a o;r\>s carnes de traba; o y p^vrres-o, y otros hechos, 



- 59 - 
siempre repetidos en la historia y superiores á la voluntad hu- 
mana, con los que comenzamos á bajar y á bajar... siendo cada 
día más honda y cierta la decadencia de España, que el docto 
académico Sr. Canalejas llamó magnífica, sin duda porque/entre- 
verada con ella, todavía al seguir la pendiente tuvimos interva- 
los de gloria y figuras de gran relieve en todos los órdenes de 
cultura. 

Mal podían en aquellos tiempos sostener las Universidades el 
acrecentamiento antiguo, porque pesaba sobre ellas una fuerza 
que debilitaba y afligía la inteligencia de los españoles. Sala- 
manca y Alcalá no tenían y, lo que es peor aún, no podían tener 
aquellas lumbreras de ciencia que hicieron célebres las aulas 
donde resonó la voz de León y Arias Montano. 

La causa de tamaño mal dependió también de la institución 
del Santo Oficio, de tristes resultados para la nación, uncida á 
su yugo. Pudo el Rey con la Inquisición contener en lo exterior 
el pensamiento de los subditos y conservar en su pureza el dog- 
ma de la Iglesia, apartándolos de la guerra religiosa europea; 
pero también el Tribunal, estralimitándose de su verdadero obje- 
to, dificultó toda opinión libre, que tuvo en tal institución un 
enemigo tenaz, inflexible y poderoso. Ella alimentó en España al 
partido teocrático, y extravió al espíritu nacional en exclusiva di- 
rección con desdén para estudios útiles y prácticos que mejora- 
sen las necesidades materiales y fomentasen la riqueza pública 
de que tan necesitado estaba el país, pues, si no puede sostenerse 
en absoluto que la Inquisición ahogó la ciencia española, mal se 
puede defender que bajo ella vivió libre y lozana, ni mucho 
menos (1). Preciso fué, por consiguiente, que las Escuelas parti- 
cipasen de aquella influencia é intolerancia y de la de algunas 
Órdenes monásticas de donde salieron miembros principales 
de dicha Corporación. 

La Universidad de Oviedo estaba en esta época, como las 
demás de la nación, sujeta á «lecturas» de ciencias limitadas á 
un circulo, que no era dado traspasar, excluidos los buenos es- 
tudios del siglo anterior, bajo el influjo de poderosa é indeclina- 



fi) Véase á Llórente, Rodrigo. La Fuente, Azcánttc, Revilla, Luverde, Alta mira y otros 
escritores, historiadores de nuestra literatura y política, en sus trabajos sobre la Inquisición en E«- 
í*ña t habiendo tratado muy especialmente esta materia el doctísimo Sr. Mcnéndcz y Pela y o 
rn L". Ciencia española í polémicas, proyectos y bibliografía.) 



"M 



' Mr 



— 6o - 

ble autoridad. Dejáronse de enseñar las matemáticas porque á 
la muerte de su catedrático, médico de la ciudad, todos las igno- 
raban por creerlas inútiles y considerar únicamente provechoso 
el cultivo de la Teología, Cánones y Leyes. Perdidas y extravia- 
das las Humanidades por el péximo gusto que entonces domina- 
ba, no eran otra cosa que ridículo conjunto de las mayores ex-, 
travagancias. A los primores y bellezas de nuestra literatura, si 
guieron los extravíos que impusieron las Escuelas conceptista 
y culterana, difundiendo una expresión literaria artificiosa con 
estilo metafísico y exagerado hasta el absurdo; y este mal gusto. 
introducido en el lenguaje poético, infestó los escritos de di- 
dáctica y de los buenos hablistas, viniendo la prosa castellana 
á lamentable ruina. 

Para apreciar hasta qué punto llegó en Asturias la decaden- 
cia de las bellas letras, basta leer la relación de las exequias que 
á la muerte de Felipe IV celebró nuestra Escuela en los días ló 
á 19 de Noviembre de 1665. Habíale debido favor predilecto en 
la conservación de los juros, consideraba al Rey poeta como «a 
su restaurador ó segundo fundador», y quiso el Claustro «hacer 
presentes las lágrimas que por su sentimiento verdadero derra- 
man los ojos, los golpes que en un pasmo súbito faltan al cora- 
zón, que no se pueden evitar ni hacer patentes á la vista»; y dis- 
puso funerales después de los del Ayuntamiento «siendo, como 
dicen los filósofos, el término ci r/uo de esta pompa la Ciudad 
y el término ad qneni la Universidad formando una misma 
acción,» según expresiones del Claustro. 

Con lujo y solemnidad levantaron túmulos y tumba regios, 
cubrieron las paredes de negros paños con motes y alambicadas 
inscripciones alusivas á la muerte y «grandeza» del monarca, 
que perdió á Portugal y fué padre del hechizado Carlos; y hubo 
fúnebre y faustuosa procesión para las vísperas y oficio de di- 
funtos. Se abrió certamen público y se hizo un llamamiento á 
los ingenios montañeses que correspondieron con epicedios, 
elegías, epigramas, epitafios latinos y griegos, sonetos, décimas 
ó espinelas, redondillas y canciones ajustadas á estancias, pen- 
samientos y consonantes forzados, ofreciéndose variados galar- 
dones á los vencedores en este literario palenque. Es imposible 
concebir cómo á un acto por su naturaleza grave é imponente. 



h 



— 6i — 

convertía en bufonada el ceremonioso duelo por un monarca 
español. La sentencia del certamen se dio en forma de Real 
pragmática: «D. Apolo, por la gracia de Dios, emperador de la 
luz, rey de los signos, archiduque de los planetas, duque de las 
estrellas, marqués de los tiempos, conde de las serenidades, 
señor de Oriente y del Occidente, del Setentrión y del Mediodía, 
de las islas de Délos, de Tenedos, de Clasos, de las ciudades de 
Delfos, Patara, Tegyra, de los montes Helicor, Pimpla, Parnaso, 
Citheron, Pindó y Lentico, de las fuentes Calalona, Hiproereme, 
Aganipe, Helecona, señor en el mar y en la tierra, hizo saber 
«á la parte del venerable caballero D. Jorge Manrique, cónsul 
de los poetas lúgubres españoles, para que todos los poetas llo- 
ren en grandes trenos y demás cantos lúgubres; y las Academias 
hagan el sentimiento que suelen en semejantes actos de tristeza 
en la muerte del Príncipe mas dilecto suyo» etc. 

Fueron jueces el Arcediano de Villa viciosa Rector La Cone- 
ja, el Dr. D. Faustino Serrano de Paz, catedrático de Prima de 
Leyes, el Predicador P Uría, el Arcediano de Gordón D. Diego 
de Valdés Bango, el P. M. Fr. Plácido de Quirós, catedrático de 
Vísperas de Teología y Abad de San Vicente, y fué Secretario el 
Dr. y M. D. Manuel Serrano de Paz, autor de latino cartel de lla- 
mamiento, que pronunció además inaugural y altisonante ora- 
ción panegírica ó epitafio, rematada con referencias á la Odisea 
y esta octava: 

Esto cantaba Homero de su Aquiles 
y esto nuestra Academia de Felipe, 
convocando los cisnes juveniles 
á bañarse en las aguas de Aganipe: 
el Parnaso remoce sus abriles, 
el tiempo al aflo flores anticipe, 
para que asistan, cultas, no confusas 
á coronarle el coro de las musas. 

Los temas fueron varios: «Llanto por la muerte de S. M. en 
tiempo tan inoportuno», «Quejas contra la muerte por haber 
arrebatado tan temprano al Monarca», «Regio epitafio», «Vio- 
lencia de la muerte en no eximir á nadie», «Desconsuelo de Es- 
paña,© * Sentimientos y lágrimas justas», «Grandes é infinitas 
virtudes del difunto Príncipe,» y «Dos estrellas que precedieron, 
una al nacimiento y otra á la muerte del gran Rey.» 



— . 62 — 

Se otorgaron muchos premios y menciones. Alcanzó cinco 
el Dr. Francisco de la Pola Arguelles, arcediano de Benavente 
y catedrático de Decreto; tres D. Antonio de Valdés Ramírez, el 
Lie, Diego González Arguelles, rector del Colegio de San Gre- 
gorio, y el Lie. Antonio Alvarez; dos D. Tomás Serrano de Paz, 
catedrático de Prima de Cánones, que demostró su pericia en el 
griego, Lie, Juan Ordóñez, D. Jóse Muñiz Miranda, D. Dionisio 
H. de Güiros, PP. Fr. Pedro de Barcena, y Fr. Gerónimo Bazán, 
benedictinos, colegiales de San Vicente, D. Alvaro Dasmarinas 
Pu marino y el Lie. Tomás Núñez; uno D. Antonio de Llanes 
Campomanes, Lie. Pedro Alvarez de Navas, Dr. Diego de Sierra 
Valcarce, catedrático de «Vísperas de Leyes*, Dr. Toribio Sola- 
res, Francisco Arguelles Lorenzana, PP. Fr. Gregorio Ruiz y 
Benito de Loyola, benedictinos, colegial de Celorio, Lie. José 
de Salís, D, Gregorio Ramos de Posada, D. Tomás de la Cruz 
llenera, D. Felipe Bernaldo de Quirós, caballero de Santiago. 
Pedro Fernández Palacio, Juan González Paredes, D. Sebastián 
López de Castro, D. Antonio Menéndez, D. Alvaro de Nava, Mel- 
chor Rodríguez de Miranda, José Muñoz Miranda, Lie. Juan 
Conlreras y D. Francisco Antonio Bernaldo de güiros. Sus di- 
ferentes composiciones son interesantes datos para formar idea 
del lastimoso estado de nuestra literatura y de los extravíos de 
aquellos ingenios. De lo más aceptable son las espinelas donde 
se glosaba este texto: 

Si el Sol, que á nuestra región 
daba luces, hoy se ve 
en su ocaso; bien es qué 
noche bista el corazón. 

Para el último tema se pedía («relación de la pompa funeral 
universitaria.» Uno de los premiados, José Villamayor y Vivero 
describió las exequias dispuestas por 

La Universidad de Oviedo 
(sobre el elogio á su nombre, 
pues le afianzan sin riesgo 
sus Numas y sus Doctores ) 

Ulro, D. Juan de Contreras, escribió sobre lo mismo y en- 
salzando a nuestra Escuela, decía: 



_ 



- 63 - 
Academia, en que el Gobierno 
hallar podrá, si los busca, 
fértil copia de Licurgos, 
feliz cosecha de Numas; 
Academia, digo, madre 
de tales hijos fecunda, 
que ya por ellos con Grecia 
osa competir Asturias. 
Llega, y de sus ediñcios, 
al funesto son que escuchan, 
titubearon las torres, 
zozobraron las columnas. 
• 

En otro asunto se premiaron oGeroglíficos» alusivos á las 
grandes virtudes de Felipe IV por la Institución del Jubileo de las 
Cuarenta Horas, Defensa de la Pura Concepción de la Virgen, 
otras devociones y prendas, siendo laureados: el P. Fr. Ambro- 
sio Guerrero y los mencionados Pola Arguelles, Núñez y Mu- 
ñiz Miranda. 

El sermón de las honras no desmereció de la estrambótica 
llamada del dios D. Apolo; y era el orador catedrático de Prima 
en Teología y maestro de la Orden de predicadores de la ciu- 
dad, el R. P. Fr. Francisco de Uria. Pronunció su discurso en 
medio de escogido auditorio, pues estaban allí los caballeros del 
Principado, Obispo, Clero, Ayuntamiento, el Claustro con lar- 
go caperuzón negro y cola al rastro, en señal de riguroso luto, 
no faltando los estudiantes con manteos caídos y quitadas 
las toquillas de los sombreros. Y decía el campanudo orador, 
uno sin duda, de aquellos á quienes el P. Isla dedicó su famoso 
libro: o Hoy esta Universidad ilustre, de su mismo nombre alen- 
tada, de su obligación impelida y de su natural y leal afecto 
dulcemente obligada, para que no quede camino por donde no 
corra el llanto y para que no quede llanto que no busque singu. 
lar camino, llore todo el mundo y llore esta Universidad lastima- 
da. Y tocando el arma á las lágrimas y suspiros en certámenes y 
<:ompetencias tiernas, expone al sentimiento lo más florido de la 
juventud en sus hijos, lo más atento de la prudencia en la vene 
rabie ancianidad de sus decanos, doctores y maestros, ejerci- 
tando en sus endechas todas las lenguas; avivando en sus proe- 
zas todos los ingenios; dedicando á sus virtudes todas las habili- 



- 6 4 - 

dades; convidando á las tristes canciones todas las musas y 
consagrando á sus exequias todas las cátedras, para que, con- 
vertidas en túmulos, todos los artistas dispongan ya sus silogis- 
mos de sollozos, averigüen sus leyes, nombre y obligación y 
guie la Teología todo nuestro fervor. Aquí tiene el gramático 
asunto para las voces, el retórico para la elegancia, el lógico 
para el discurso, el filósofo para los afectos del corazón, el ju- 
rista para la constancia de la voluntad, la Sagrada Escritura 
para la firmeza de la fé y para el católico, en todo la Teología. 
Todo esto hay que llorar, todo esto hay que celebrar en la oca- 
sión presenten. De este modo entendía el catedrático Uría 
la forma y oposición de la oratoria eclesiástica más extraviada 
en otras partes, pues en la corte, ante el Rey, se predicó por 
entonces de Nuestra Señora de Covadonga en forma de alegato 
jurídico \\ cotí pruebas y réplicas forenses, se probaba por qué 
la Virgen del A use va había preferido aparecer y habitar de se- 
rrana en las agrestas montañas de Asturias. 

Las precedentes noticias son breve y sucinto extracto de 
muy curioso libro (1) que por falta de imprenta en Oviedo se 
estampó en Madrid precedido de singulares dedicatoria y carta 
del Claustro para la Reina Gobernadora. Pasó á la Corte en 
J 666 el P. M. Fr. Juan de Llano, de la Orden de Santo Domingo, 
priiniciem, catedrático y maestro más antiguo de la Universidad 
en audiencia especial, fué presentado á SS. MM. por el Conde 
i\v Miranda, duque de Peñaranda y patrono de la Universidad, 
acompañado por los caballeros asturianos Marqués de Valde- 
carzana y Conde de Toreno, formando vistosa^ comitiva en seis 
carrosas lujosas para entregar en el Real Palacio ejemplares de 
la Relación* La Reina D. R María los recibió cconel manto alto,» 
singularidad que notaron, pues en las demás audiencias desde 
la muerto del Rey recibía con el manto echado hasta la cinta, 
manifestando que «estimaba mucho la lealtad de la Universidad 
y se dalia por bien servida, » así como el niño Rey Carlos, que 
estaba nm su aya la Marquesa de los Vélez, acojió o con mucho 



i- as Exeqvias qvc en la mverte del Rey nvestro Señor D. Felipe Qvarto 

* Etpaña* y Emperador de las India» h.zo la Vniversidad de Oviedo en el 

, \ i . ,, —Ofrécela e.i la Real Mano de la Rey na nvestra señora doña Maria 

An,i Je AiiAlria, G^ueniadura dc*los Reynos La misma vr.iuersidad.— Ea Madrid. —Por Pablo 

\ I : ¡ 




- 6 5 - 

agradoo al representante del Claustro ovetense con sus linaju- 
dos y religiosos acompañantes. 

Corre parejas con el referido Certamen, otro también cele- 
brado en Oviedo dos años después para solemnizar la institu- 
ción de la Cofradía de Santa Eulalia de Mérida, patrona de la 
Diócesis; y fué dispuesto todo con grandes fiestas religiosas, pro- 
fanas y literarias. Estas fueron presididas por un tribunal com- 
puesto por el R. Obispo Sr. Espinóla, D. Carlos de Villamayor, 
gobernador del Principado, el Arcediano D. Fernando de Estra- 
da, el Regidor D. Sebastián de Vigil Bernardo y otro Regidor 
D. Alvaro Dasmarinas, como defensor y fiscal, funcionando de 
secretario el santiaguista D. Felipe Bernaldo de Quirós, literato 
distinguido en aquellos decaídos tiempos. 

Este escribió poética y altisonante oración panegírica lla- 
mando á los vates para cantar en ocho temas, con géneros dife- 
rentes, la vida, virtudes y milagros de la Santa, encendiendo la 
devoción provincial, y con otra composición cerró el certamen 
felicitando á los laureados, cuyas obras se publican en intere- 
sante libro regional (1). 

Entre la gente universitaria figuran los doctores Serrano 
de Paz (D. Faustino con cinco poesías, D. Manuel con cuatro y 
con una D. Tomás), D. Esteban González de Candamo y Hevia 
con tres, I). Antonio de Llanes Campomanes con dos y el arce- 
diano D. Andrés de Llanes Estrada con una. Siguen Lie. Melchor 
González de Naranco y Junco con dos y D. Francisco de la Pola 
Arguelles y Br. Pedro Palacios Arguelles con una. De la Orden 
benedictina, fueron los PP. Fr. Pedro de la Barcena y Fr. Diego 
Pérez de Castejón con cuatro composiciones cada uno, Fr. José 
Moro con tres, Fr. José de Artiaga, Fr. Benito de Armia con dos 
y Fr. Domingo Gutiérrez con una, perteneciendo estos dos últi- 
mos a 1 Colegio de Cornellana, así como obtuvo galardón ex- 
traordinario Sor Bernarda Arguelles, del Real de la Vega de 
Oviedo. Delcistersiense de Valdediós presentó tres obras Fr. Án- 
gel del Águila; y cuatro la Compañía de Jesús, sin revelar el 
nombre de los autores. De la Colegiata diocesana de Arbás se 



íi) •Certamen pr>¿:ic> á la glorios i Virgen y máriyr Santa Eulalia de Mérida, p.Uiona del 
Obispal.) y ciudad de Ouiedo y del Principado de Astvii.is, con el compendio de sv milagrosa 
v.<ia, p>r í). Felipe tícrnaldu de (Juirój y Ueuavides.— Con licencia. — Valladolid — Por Incs de 
Uredu. -Añu de 1667 — a. v * 



— 66 — 

distinguieron el canónigo Juan de San Pelayo y el abad D. Mar 
eos Bravo de la Serna, á quien llaman el «Marcial montañés, 
Garcilaso castellano y Terencio español.» Y entre otros autores 
de versos están: D. Dionisio Bernaldo de Quirós cinco veces; 
tres Jost* de Solís Valdés; y una D. Alvaro Dasmarinas, D. Gon- 
zalo de Peón Vigil, D. Antonio de Noriega, D. Bartolomé de la 
G randa, D. Ignacio de Granda Valdés, Lorenzo Palacio Vigil, 
D. Francisco de la Concha, D. Juan Ordoñez Campomanes, 
Francisco Arguelles, D. Benito Montes Vigil, D. Andrés de Villa- 
mayor y Vivero, D. Juan y D. Felipe Bernaldo de Quirós, D. Die- 
go Rato Hévia, Regidor D. Pedro de Valdés Prada, D. Alvaro 
Díaz de Miranda, D. Antonio González Candamo y Pedro Fer- 
nández de la Rivera. Las obras todas, unas premiadas y otras 
simplemente publicadas, acusan forzada inspiración, conceptuo- 
sa forma; y en algunas hay pujos de erudición en notas, aposti- 
llas y comentarios. 

Por tales «Relaciones» se puede juzgar del gusto literario 
que dominaba y deducir cuan embrollada é indigesta sería, 
bajo su influencia, la universitatía enseñanza. 

Pero una cuestión tan importante, y de tan directa relación 
con el objeto de esta historia, merece ser tratada separada- 
mente. 




-6 7 - 



CAPÍTULO IV 



Antiguos planes de estudios de las Universidades españolas.— Estado de la en- 
señanza en la de Oviedo durante el siglo xvii.— Facultad de Artes. — De 
Teología. — Influencia de las Órdedes religiosas. — Los Jesuítas logran entrar 
en el Magisterio. —Tomistas, Suaristas y Escotistas. — Sus disputas y desórde- 
nes.— Controversias llevadas con rigor á los actos académicos. — Inconve- 
nientes de aquel método.— Facultad de Cánones. — La de Leyes. — Conside- 
raciones generales sobre los estudios y enseñanzas. — Últimos años del 
siglo xvii. 



Ningún plan ó sistema seguro de estudio había primeramen- 
te en las Universidades nacionales, y era muy varia la enseñan* 
za, abandonada á la voluntad del Fundador ó de sus patronos y á 
los recursos. Dentro de una misma Universidad tampoco había un 
orden fijo de instrucción, estableciéndose diversas cátedras de 
autores diferentes, según el espíritu de escuela. Puede decirse 
que había libertad de enseñanza, aunque limitada y circunscrita 
á las ideas de la época respecto á los grandes maestros y sus 
libros, considerados en aquellos días como el último esfuerzo, el 
non plus ultra de la ciencia. Se sabía, pero no se examinaba; 
y con sumisión ciega é incondicional á determinadas doctrinas, 
se creaban banderías en el campo de las letras, engendradoras 
de rivalidades, odios y desórdenes estacionando la ilustración y, 
dentro de las Universidades, las Facultades y sus estudios. Mu- 
cho contribuyeron á ello el absolutismo del Estado y la prepon- 
derancia de la Iglesia para sostener su respectivo poder por 
la enseñanza, pues conocían perfectamente que instruyendo 
los hombres á su manera consigo los tenían y á sus fines los lle- 
vaban. Sucedía completamente lo mismo que en tiempos mo- 
dernos después de la secularización en que cuando la sociedad 
civil, ilustrada y progresiva, alcanzó la dirección de la enseñan- 



- 68 — 

88, desde entonces más completa y mejor reglamentada, recupe- 
ró la soberanía y aseguró la libertad. Ya no se sostiene la cien- 
cia en perenne statu quo. como cuando los maestros explica- 
ban únicamente la opinión de determinados autores ven algunos 
estatutos fc leía: o Ordenamos qne cada uno de los catedráticos 
tenga obligación de explicar en la materia que leyere la mente 
del autor titular: el catedrático de Aristóteles, la mente de Aris- 
tóteles, el catedrático de Santo Tomás, la mente de Santo To- 
más, el catedrático de Escoto, la mente de Escoto, y así los 
demás» (l). 

Concretemos más estos extremos en la Escuela de Oviedo. 

Comprendía la Facultad de Artes los estudios filosóficos y 
matemáticos. Considerados como preparatorios para las Facul- 
tados mayores, estuvieron poco adelantados y en escasa conside- 
ración porque se aspiraba á ser teólogo, jurista, médico, etc., 
pero difícilmente filósofo y matemático. Por otra parte, no debe 
ocultarse que conteniendo las Artes muchos de los estudios ac- 
tuales de Segunda Enseñanza, eran de gran cuidado en época re- 
celosa; nadie entraba de lleno en materia expuesta á tristes pe- 
ripecias, y pocos tenían valor para arrostrar graves consecuen- 
cias. 

Encerrados los artistas en perniciosa dialéctica, que venia de 
muy lejos, atormentaban la doctrina de Aristóteles con aquella 
gerga teológico escolástica á que la habían reducido el Jesuíta 
Rubio y el Kraciscano González de la Peña. Con fórmulas deter- 
minadas, explicaban los medios de alcanzar d pripri los acci- 
dentes de ta razón, precisando la verdad en el apretado círculo 
de un breve silogismo, atormentando frecuentemente en el lecho 
de Procusto ta misma razón que trataban de determinar. Llega- 
ron u familiarizarse con este método, y aún en el siglo pasado 
se ha visto el lucimiento conque algún Padre Maestro de las Ór- 
denes religiosas y teólogo consumado manejaba la argumenta- 
rían silogística con tanta rapidez y fortalecía sus razones con 
tan briosos ademanes y esfuerzos de pulmón, que al hombre de 
claro discurso parecía imposible pudiera concertarse en el padre 
disputador la condición reposada y necesaria para averiguar lo 



fri fiuÉrtucisn ful- tica rv Effiiñ<y, por D. Antonio Gil y Zarate, tomo II, cap, IV. 



- 6 9 - 

cierto. Aguzadas así las facultades intelectuales, cada regla, 
aún en la moral práctica, estaba sujeta á suspicaces y acalora- 
das controversias; defectuoso gimnasio que describe el novelista 
de Gil Blas de Santillana en los siguientes términos: «Apliquéme 
después á la lógica, que me enseñó á discurrir y á argumentar 
sin término. Gustábanme mucho las disputas y detenía á los que 
encontraba, conocidos ó no conocidos, para proponerles cues- 
tiones y argumentos. Topábame, á veces, con algunos manteis- 
tas que no apetecían otra cosa, y entonces era el oirnos disputar. 
¡Qué voces! ¡qué patadas! ¡qué gestos! ¡qué contorsiones! ¡qué 
espumarajos en las bocas! Más parecíamos energúmenos que 
filósofos» (l). 

Y no era posible introducir novedad alguna en tan vicioso 
sistema, pues habiéndose establecido en 1700 en Sevilla una 
Academia literaria á la que concurrían algunos holandeses agi- 
tando conclusiones de filosofía y de física experimental, sobre- 
cogida la Universidad hispalense, apellidó funesta una enseñan- 
za que, según ella, combatía las escuelas de Aristóteles y 
destruía las de Medicina. Dio la voz de alarma contra tamaño 
mal, apellidando hereges á los académicos, y apeló á todas las 
Universidades para que juntas cuadyuvasen á expulsar de estos 
reinos á los extranjeros innovadores. A su llamamiento corres- 
pondió muy solícita la Universidad de Oviedo elevando al Rey 
su petición en defensa de la de Sevilla. No creía entonces que, 
dentro de breves años y de su mismo gremio, aparecería otro 
innovador de más séquito sostenedor de iguales doctrinas, que 
predicaría al amparo de su cogulla y con la autoridad de cate- 
drático una cruzada contra las preocupaciones de la enseñanza. 
Para concluir la reseña de las Artes recordaremos lo que en 
el capítulo anterior hemos dicho de las Matemáticas, en cual 
estudio se cemprendían la Aritmética, Geometría, Geografía, 
Mecánica, Navegación, Astronomía, etc., conocimientos á los 
que permanecimos poco menos que indiferentes en el siglo xvi^ 
siglo de grandes inventos matemáticos. 

Explicando el dogma por igual sistema, era la Facultad de 
Teología un hervidero de contiendas como la de filosofía. Una 



(i) Gil Blas, cap. I. 






— "C — 

i **> ucúazxí <:c>rtA&\i\*, en on pc;bkú ,»>. más se aníeroo des 
á*u<io ¿*ta la* arrras *ie *a díalec-Crca y aquélla despojan- 
Wf A7% libertad á Ia¿ esf^-ulac iones fi!->eófica5- 
L* obra *te Pedro L/>rn:/ardo. coooeída por el *► Maestro de 
r/eiráas*, era ana i^impWz^jfk de los Sanios Padres, que 
rió ¡pan reputación desde el siglo xn hasta fines del pasa- 
k'ioo de*poé* el portentoso trabajo de .Santo Tomás íSumma 
r jí<fij j no tardó en publicarse el übro de Joan Duns, lla- 
u f>co!o. antes del de Suárez. Con otros escritos de menor 
mporfaneia, tal era el estado de la Teología cuando aparecie- 
tan I ni versídades, y los españoles, que podemos enorgulle- 
ce haber tenido ilustres teólogos en el siglo xvi, los ve- 
mm decaer cuando corría el xvn. 

Ijín Órdenes religiosas contribuyeron á lamentable pertur- 
ijn en la enseñanza. Las l'niversidades las habían resistido, 
i/o el Pontífice que la de París abriese sus puertas á los 
Dominicos y después entraron las otras Congregaciones, que no 
lardaron en ser eclipsadas por los Jesuítas. Hombres ilustrados, 
'Ji* ¡v 'arlados métodos, habilidosos y sabios llegaron á la cáte- 
dra |*or armas é instrumentos de poder. Varios en política, «ara- 
bldoaoi por naturaleza y desenfadados por costumbre», dice el 
Horno, tienen el vigoroso mecanismo de su regla para do 
minar Las Kscuelas los combatieron en esta aspiración; la Uni- 
Vüiwidad de Salamanca avisó á las demás en 1627 con escasos 
rcMtiüiiílos, pues poco á poco entraron formando Colegios de 
varia fortuna y nombre aquí, muy sobresalientes y completos 
i 'ii oIioh países. 

Kn todas las Universidades procuraban las Órdenes ocupar 
el Ministerio con laudables circunstancias y en Oviedo, como 
r - 1 1 oirás ciudades, las lecturas de Teología pertenecían á diver- 
nventos, que pagaban con privilegios y exenciones de 
congregación á quienes obtenían cátedra, no recibiendo de la 
I 'Diversidad más que propinas de los grados, pues acrecía su 
dotación en favor de los demás. Pero ¿qué tardaron en lie- 
\:n allí el espíritu de intolerancia y de ergotismo, su afán de 
disputa» y las sutilezas de embrollada dialéctica?.... ¡Con qué 
ptilulims tan elocuentes no describe estas luchas teológicas de 
las <)i tienes religiosas el obispo de Segorbe Fr. Alonso Cano! 



• - 7i — 
Los Padres benedictinos, los dominicos y los franciscanos 
entraron desde luego en el Magisterio ovetense, y únicamente 
á los de la Compañía de Jesús no se les dab$ participación. 
Mas con su constancia expusieron en 1655 la necesidad de 
turnar en Filosofía y lograron al fin su objeto, primero sin sala- 
rio y después con él, como enseguida lo alcanzaron en Alcalá 
por el favor que gozaban con la reina Gobernadora por medio 
de la influencia de su confesor el P. Nithard (1). 

Su venida completó el laberinto de los sistemas. Los Domi- 
nicos llevaban á las aulas las doctrinas del angélico Doctor, los 
Franciscanos sostenían la escuela del sutil Escoto y los Jesuítas 
eran del séquito Suarista; sólo los benedictinos, cuyos estudios 
han estado mejor dirigidos, eran eclécticos aceptando á San 
Anselmo, San Agustín y Santo Tomás. Suaristas, Tomistas y 
Escotistas, Jesuítas, Dominicos y Franciscanos reconocían en el 
fondo las teorías aristotélicas, y se distinguían en la aplicación 
en razón al punto de vista bajo el cual la miraban en su con- 
cordancia con los principios teológicos. No es de este momento 
referir sus diferentes conflictos y sus luchas tenaces; en Sala- 
manca, Valladolid, Valencia, Zaragoza y otras Universidades 
dejaron tristísimos recuerdos de sus contiendas literarias, lle- 
vadas á las calles y allí ventiladas por la fuerza. ¡Doloroso re- 
sultado de la intolerancia, no de amor puro á la ciencia é inves- 
tigación de la verdad, en que se afana constantemente la inteli- 
gencia humana! 

De las distintas opiniones de los catedráticos participaban 
los alumnos, pues, turnando aquéllos, llegaban éstos á ser parti- 
darios de la teoría que el azar les presentaba al ingreso en la 
carrera. Como los hábitos de escuela se arraigan fuertemente, no 
era posible la convición de la doctrina opuesta, y con la tenaci- 
dad de todos los secuaces había división profunda y lucha peren- 
ne sin transacción y sin descanso. Cada conclusión de las acade- 
mias, cada acto mayor era* un palenque desesperado y fatigoso. 
El argumentante abría paso á la contienda con el dilema obligado 
propositio tita falsa est, ergo non sostinenda; enseguida se 
empeñaba la disputa; y llevaban el calor de la argumentación 



(tí Historia de las Universidades, por La Fuente, tomo II. 



— 72 — 

en términos y modos tan excesixos, que estaba el lauro en razón 
de la congoja y cansancio de ambos contendientes al sostener 
escuelas encontradas, 

En los ejercicios para la recepción de grados aún iba más 
allá el esfuerzo, porque el candidato recibía una investidura 
que daba importancia a tal 6 cual doctrina. Como el tiempo del 
ejercicio era limitado, la prueba era excesiva, apasionada y 
tan rigurosa, que los adversarios asediaban al candidato y le 
ponían en tortura sin duelo ni compasión. Hubo ejemplar, con- 
servado por la tradición, de suspenderse el acto ó examen de 
capilla, porque rendido el aspirante por el aturdimiento y el ma- 
reo, quedaba exánime y sin fuerzas para continuar, tendido en el 
recinto, No eran las aulas universitarias el único sitio de con- 
troversia escolástica, pues bastaba que se defendiese en los con- 
venios una conclusión bajo determinada escuela, para que se 
anunciarían* palenque y los doctores de la Universidad y los 
monjes de los Monasterios acudiesen solícitos y dispuestos á 
combatir del modo más acalorado y violento. 

Alguien sostiene la excelencia de este método de enseñanza 
contra la evidencia de sus defectos; y así nos expresamos, por- 
que si con aquél hubo hombres exclarecidos y maestros doctos, 
lo deben á sus buenas disposiciones, no al régimen de tales es- 
tudios, Vemos con dolor, después de tanta división y contro- 
versia, de tanta vigilia y recogimiento, que no han quedado en 
la historia literaria de la Teología y Filosofía libros de general 
reputación y mérito universal, como expositores ó como dogmá- 
licos T escritos por teólogo español de aquella época. En el ca- 
tálogo de estas obras sólo se encuentra el gran trabajo De locis 
theologicis del ilustre Melchor Cano, libro que hoy conserva 
el elevado concepto de sus primeros años y cuyo autor se dolía, 
como el que más, del estado de la enseñanza; las otras produc- 
ciones se deben á extranjeros. Para probar al estudiante hay 
medios de mejores resultados, y por lo que toca al de nuestros 
días, fuera de la cátedra, en la profesión, en la prensa y en 
otros lugares es donde la juventud prueba el temple de sus ar- 
mas, puestas al servicio del progreso y de la regeneración de los 
pueblos (1). 

kü, Horno, Vid t r La Fuente, Campa, etc. 



"ateo,* la'?™*' 1 de '"<• ínJ'r ~c* 

Clero v *, Qe Ios 'etrados en e l * a V y ,a ecl esiástica, v 1« 
mÍr ^o 5 e^iniodei::' Í h0 f CanÓDÍC ° ^^ 1 

Tü ^o ^ 7 híbí do en ft,£^ 0nBento el civil, que Ho . 
^sas vari^, ad0su cí «»lo el J C,s " ero « en Alcalá. 
^a lbar X a h to De e S, ? üa, ^ribue^^- f»*»*» I. con es- 
famoso ZJ^Zn } Te ° log ^ ^o Gral t<>da3 partes - Lo que 
obr * de mucbfw' ° nde «^rdando lo? n ° 6D Cán °nesc 0D su 
<*«* -e 6a ^o n V" raCÍ<5n en h. Escueu anteri ° res ' P rodu Í° ™» 
**»• Para , ° t0nÍ0 ^ustin, V an <=' D0 obstan te los errores 
<^«/e s di " C0 T pIem ento se ¿Z^f*** Ba '"™, Berardi y 
* ec "*o a lla m T ñ °' Rai ^undo d.P !- r ° n máS tarde ,as J* 
eo el S i s }oZ F S ° lam ^ Se £,****• ot "> »bro sexto de 
<*»aa y ení, En Su ° r %e n tSíí °' y des P ué * las Oementina* 

sof <* y T^^V^^éJS C0Dfusí(in en esta Fa " 

idea « v e XD i,? \ aíamb icando el 2 Pernicioso de la Filo- 

^ndoTcn 0, ° t0d0 ^n oL P . 8amÍent °' osc "eciendo las 
5Í,0 ^ca y á T p nfa l nd0 <dí?7 d e ulteriores fines. C 0m 
^^onexcen P,ÍCació « YrlViJ^ ¡& tentación 
9°e briliarí P ,ODes honrojf ón> ° ayeron en absurdos Ti 
c aDO n^ a T°l en GI estu *° de e s r a aIgUD0S hombres «n¿S 
coí 'ades n'r Cüraron también C,eDCÍa (1) ' Los estudiante 
■fcaS f. rqUe ' COlM ° -e dei 8 ° ir * simultan ear ambas £? 

Pa^ n ye f es Co ^o arf dn "I" a<kgÍ0 acadélní <». «^ 
rar «eipe j a Facult»*? ° sm bueyes.» * ^^O- 

Si *? eo <-biad U a tad f 6 ^ de «- extravíos de , as » 

> t: r°*, Ios d --toresTfr; n e,sig,oxv "' ^ C^> 

tos, Nevaban díc- y let rados, más oue ñ~ \ a% fe«* 

^ ^ tanta trl^ im T Caminos ^eñanl a Í^C 

^auto^adas^re?^^ ""* de dife -tes y t *** 1* 
l!í JUnscon suIto s Si 61 estu dioy,loquees peor Ls Ut *>0 J> 
*****. y p re ^ « domeño en ,a ffi^ **£ 

fí <*p/rit u esoaiwf, tes P ertu daciones. *' ^t^ **' 

__ Panol marchó 1¡bremente 

• I — S «"»a. Golmayo. etc. 

L 



— 74 — 

la reconquista, creando á la sombra de la victoria una nueva 
sociedad á quien servían de cimiento para su organización reli- 
giosa, política y civil, las buenas reminiscencias del imperio 
godo con las alteraciones que aconsejaban las necesidades del 
momento y principios fundamentales de romana doctrina. Así 
durante cuatro siglos florecieron los Estados castellanos, antes 
de reaparecer exclusivas y preferentes las letras de aquella 
sociedad, que no pudo sostener el pese de tantas glorias y la ex- 
tensión de su poderío, reaparición seguida con entusiasmo por 
los amantes de las ciencias. Los hombres de estudio se entrega- 
ron ciegamente al culto de las doctrinas invasoras, abdicando 
su nacionalidad, y enervando aquella marcha natural que es- 
pontáneamente brotaba con vigor en nuestro suelo. Trajo la no- 
vedad trilles consecuencias, preludio de tanta confusión para lo 
porvenir y, aunque opuso el Clero tenaz y enérgica resistencia, 
tuvo que recibir las prácticas romanas, cuando, por el prolon- 
gado apartamiento de la Santa Sede, se pretestó purgar el rito 
godo y después el muzárabe, que tan pura é incólume conser- 
vaba la fe. Para perder toda esperanza se recibió con ardi- 
miento el derecho civil de los romanos. En parte alguna era su 
aparición más innecesaria que en España donde, aunque preva- 
lecía el Fuero Juzgo y en él entraba por mucho la legislación 
launa, en los tiempos á que nos referimos no tenía el derecho 
mas fuentes que las necesidades y conveniencias de actualidad. 
Los nuevos Concilios, Cortes nacientes, y la legislación de fue- 
ros y cartas pueblas se alejaban de la legislación goda y más 
aún de la romana. 

De aquí una larga y prolongada confusión, pues los juriscon- 
sultos y eruditos luchaban constantemente por la última, no 
obstante que la legislación regnícola continuaba en su primitiva 
tendencia á favor del romance, relegada el habla latina al sa- 
cerdocio y á los letrados. En vano el sabio Alfonso dio cima al 
proyecto más gigantesco de su tiempo formando en castellano 
la elegante compilación de leyes, más filosóficamente eruditas 
de la Edad Media, porque semejante autoridad, si fué admitida, 
cayó en desuso, pese á sus romanas imilaciones. Los hombres 
estudiosos lograron sobreponerse á sus contrarios; las Universi- 
dades dieron cabida al derecho romano, y éste tuvo el apoyo de 




- 75 - 
los monarcas, cuyo bello ideal era la soberanía que Triboniano 
y Ulpiano habían explicado. Las obras de Justiniano, el Código 
ó diferentes leyes, las Pandectos ó Digesto, respuestas de los 
jurisconsultos y decisiones imperiales, y la Instituía, principios 
elementales de legislación para la gente del foro, constituyeron 
la nueva Facultad en distribución y orden diversos. 

Pueden verse en los Estatutos viejos de la Universidad de 
Oviedo la manera y el método de su estudio. De las aulas pasa- 
ron al Tribunal, donde las leyes patrias fueron aplicadas por las 
doctrinas de los glosadores con gran fuerza de autoridad, intru- 
sión limitada á Bartolo y á Juan Andrés, so pena de perder la 
causa el litigante, el abogado el oficio y el suyo también el juez 
y escribano (1). Desde entonces ya no hubo legislación ni estu- 
dio posible, mas que el derecho romano de Irnerio, Búlgaro, 
Acursio y del jurisconsulto francés Cujacio, más eminente que 
sus maestros. Que el derecho patrio se había relegado, lo jus- 
tifican cuantos glosadores y comentaristas aparecieron en Espa- 
ña y, como queda dicho, en los Estatutos de la Universidad de 
Oviedo, formados por dos Consejeros de Castilla y sancionados 
por el Rey, nada hay que se refiera al derecho español. Código, 
Digesto viejo é Instituía son, en suma, los conocimientos de 
los que habían de administrar justicia y legislar en los Consejos. 
Y no se crea que la poca importancia de una escuela naciente y 
destinada al pequeño territorio de Asturias fuera causa de tan 
escasos estudios; pues en Salamanca, en la ínclita Salamanca, 
se enseñaba por método tan incompleto y vicioso como en 
Oviedo. El prurito de glosar y comentar confundía en vez de 
exclarecer y explicar, y en un sólo título se pasaba un año con 
mil y mil interpretaciones. ¿Necesitaremos indicar que á las Le- 
yes vinieron también los forzados recursos de la dialéctica, si- 
guiendo el espíritu que entonces dominaba...? 

De propósito nos hemos detenido en algunas consideraciones 
para dar una idea, siquiera sea aproximada, de la antigua en- 
señanza. 

Así vivimos en los últimos años del siglo xvn, cuando no ha 
mucho éramos admiración y pasmo del mundo por la guerra, 



1.1) Mesa, Se m per, Marina, etc. 



I 

- 76 



la ciencia y las artes. Con elocuentes frases lo expone el Sr. Gil 
y Zarate: «Causa lástima nuestFa patria cuando la consideramos 
á fines del siglo xrn. Perdida nuestra influencia política, venci- 
das nuestras armas, repartido nuestro imperio entre príncipes 
ambiciosos, despreciados en el orden intelectual, sin prestigio ni 
consideración alguna en Europa, nulos en el campo científico, 
infecundos en la industria, delirantes en literatura, extravagan- 
tes en las artes la decadencia es completa; y el nombre espa. 

Bol tan ilustre y venerado un tiempo, no se pronuncia mas que 
para servir de escarnio.» 



_ 



— 77 — 



CAPÍTULO V 



Siglo xviu. —Muerte de Carlos II y advenimiento de Felipe V.— Sigue la Uni- 
versidad el partido de este.— Favores que le debe y á los Consejeros Pa- 
ranza y Argandona.— Estatutos nuevos.— Penuria de la Universidad y arbi- 
trio provincial de medio real en fanega de sal, por protección de la Junta 
general del Principado.— Cambios, aumentos y creaciones en la enseñanza 
y personal. — Cátedra de Matemáticas. —Disposiciones de Felipe V, Fernan- 
do VI y Carlos III en favor de la Instrucción pública.— Expulsión de los 
Jesuítas.— Significación del P. Feijóo, catedrático de la Universidad o veten 
se.— Informe de 16 de Octubre 1767.— Leyes y Cánones.— Su Academia.— 
Facultad de Teología.— Controversias de seculares ó manteistas y regula- 
res.— Academias de Filosofía y Teología. — Innovaciones en el antiguo siste- 
ma de lecturas. — Examen y discusión de un libro de texto. — Consejeros di- 
rectores y Censores regios de las Universidades. 



Principiaba el siglo xviu con la extinción de la regia Casa 
de Austria en España. 

Juguete de ambiciosos cortesanos, Carlos II el Hechizado 
fué inconstante y fanático, retrato fiel de su reinado desastroso; 
murió en l.° de Noviembre de 1700 y recogió su disputada he- 
rencia el principe francés Duque de Anjou, con el nombre de 
Felipe V. 

No tenemos espacio para examinar aquí el cambio de dinas- 
tía y considerarla en relación con la cultura pública; más dire- 
mos con el erudito académico Sr. Cueto que, si con el nieto de 
Luis xiv no venía el esplendor del poder ni el iris de la paz, ve- 
nia, al menos, la luz de la esperanza. Aniquilado el país por el 
gobierno del último rey austríaco, tuvo con el primer Borbón 
mayor ensanche de relaciones con el extranjero, donde, por 
Felipe II estaba vedada la educación de los españoles (1). Aún 



Ui Pragmática de 22 de Noviembre de 1559; lcg. x. a , ttt. IV, lib. VIII, Nina. Ron. 



L 



- 7 8 - 

después de una represión de doscientos años hubo alguna re- 
sistencia á las reformas; pero, al fin, principiaron en el siglo xvm 
para ser ciertas y fecundas en el xix. 

Es sabido que en las guerras de sucesión siguió Asturias el 
partido de Felipe V, cuando con inusitado entusiasmo y decisión 
le proporcionó hombres, armas y dinero y rechazó insinuacio- 
nes del Archiduque por conducto del marqués de las Minas y 
conde de la Carzana. Con el cambio de dinastía presintió la Uni- 
versidad mejoras en su condición y abrazó la causa del animoso 
monarca francés con invariable lealtad, no obstante la incierta 
fortuna de los primeros años. A manera de hidalgo pobre ó de 
señor nuevo, se daba á sí misma el dictado de muy ilustre 
é insigne, y se atrevió á nombrar representante en las Cortes 
llamadas á prestar juramento de fidelidad al Rey, sin ver que la 
convocatoria se dirigía solamente á Salamanca, Valladolid y Al- 
calá, como Universidades mayores. 

Se propuso con tal homenage hallar propicio á S. M. en la 
confirmación de esta Escuela y la alcanzó en momentos críticos, 
mediando en ello el marqués de la Paranza y el consejero Ar- 
gandona, antiguos alumnos del Establecimiento. 

El tiempo, con su esperiencia, pedia la modificación de los 
Estatutos viejos, y por el Consejo de ,22 de Septiembre de 1707 
dio Felipe V los Nuevos, que no alcanzaron la consideración 
de los antiguos, pues se redujeron á reproducir y derogar en 
parte las apresuradas reformas de Felipe III. 

En lo sustancial no variaba la organización antigua del Esta- 
blecimiento como se nota comparando los respectivos títulos de 
ambos Estatutos. Los del animoso Rey francés fueron aclara- 
ciones y modificaciones de los primitivos, reducidas á los si- 
guientes extremos: reelección del Rector por otro año más; su- 
presión de las cátedras de Digesto viejo y de Código; aumento 
de multa á doctores no asistentes á Claustros; mudanza de horas 
para que los canonistas simultaneasen mejor sus estudios con 
los de leyes; celebración de conclusiones anuales por los maes- 
tros y doctores de la Escuela; sustitución temporal de catedrá- 
ticos y multas por falta de asistencia; perpetuidad de las cáte- 
dras de Prima y Vísperas siendo las demás cuatrienales con 
oposición ante el Rector y Claustro y votación también por los 



— 79 - 

oyentes que acrediten larga asistencisr, ceremonial de los grados 
mayores, principalmente para el acompañamiento, insignias y 
vejamen; sustitución del Notario-Secretario; acompañamiento 
del Rector por los oficiales é intervención rectoral en el nom- 
bramiento de éstos que hacia el Patrono; asistencia ¡que ingrata- 
mente había decaído! á los aniversarios por el ánima del Sr. Ar- 
zobispo fundador en Iglesia Catedral y Capilla universitaria, en 
donde los capellanes no celebraban las misas que debían, y se 
les recuerda, por lo que el Rector debía visitar la Capilla cuando 
las cátedras; distribución de las rentas y derechos de la Escuela 
por terceras partes para fiestas religiosas, conservación del 
edificio y gastos en pleitos y comisarios, disponiendo una pe- 
queña arca más para los derechos de grados; custodia bajo tres 
llaves del Archivo académico en la indicada Capilla con el ma- 
yor cuidado en la entrega y saca de papeles; cuentas anuales 
por el Redor y Diputados de Hacienda, asistiendo los oficiales; 
y creación del cargo de Primiciero con intervención en varias 
de las anteriores disposiciones y en otras ya indicadas en pági- 
nas precedentes. 

Estas indicaciones de los quince primeros títulos de estos 
Estatutos nuevos eran traslado de una Real Pragmática de Fe- 
lipe III á 12 de Julio de 1618, que ya hemos referido en la 
pág. 58; el título xvi se refiere al recibo y acatamiento de la 
regia disposición en apresurado y poco concurrido Claustro 
de 2 de Septiembre siguiente; el título xvn es otra Real Pragmá- 
tica de 17 de Mayo de 1619 del mencionado Felipe 111 dero- 
gando extremos anteriores por reclamación del Obispo leonés, 
curador del Patrono universitario, y de catedráticos. Finalmente, 
sobreponiéndose el Consejo á las intrigas personales y cuestio- 
nes locales del Claustro, inclinó el ánimo del Monarca para que 
reviviesen las Cartas y provisiones regias de 1618 y 1619, que 
son la parte sustancial de tales Estatutos nuevos. 

Continuaba la penuria de la Universidad, y ésta aprovechó 
el regio favor con ayuda de la Junta general del Principado 
solicitando en 1733 el arbitrio de medio real en fanega de la sal 
consumida en Asturias, concedido á la Catedral para reparar la 
bella torre gótica, arruinada en 1722; caducaba entonces (1730) 
y en vista de sus cortos medios, pedía ese rendimiento para 



V 



— 8o — 

restablecer cátedras, crear 'otras y dotar mejor las antiguas, que 
lo estaban muy pobremente. A las necesidades primeras acudió 
la Provincia con 6.000 reales, cuando, para apoyar la pretensión 
nombró comisarios y, con los del Claustro, hizo el arreglo, al- 
canzado que fué el arbitrio, por Reales Cartas de 22 de Octubre 
de 1734 y 16 de Julio de 1736. Fueron aquéllos D. José Bernal- 
do de Quirós, marqués de Campo-Sagrado, y D. Joaquín del 
Rivero, en ausencia del marqués de Ferrera, y por la Corpora- 
ción escolar los doctores D. Fernando de Quirós, catedrático de 
Decreto, y D. José Benito deViJJaverde, á cuyos esfuerzos coad- 
yuvó con probado patriotismo D. Ignacio Menéndez Valdés, á 
quien se recompensó por adelantos de fondos en la comisión 
á Madrid y otros gastos, proponiéndole al Real Consejo, por una 
vez y sin opositores (sic) para la cátedra de Teología de Regen- 
cia, sacándose á oposición las restantes (1). En vista de la 
real concesión, en 1737 se formó el reglamento para la distri- 
bución, y en él puede verse lo amenazada que á desaparecer es- 
tuvo la Universidad. 

En los razonamientos para la regia gracia se manifestaba que 
«la pretensión de la Universidad es de notoria utilidad al Prin- 
cipado, que se interesa su honor por los muchos varones ilus- 
tres que han ocupado las mitras y primeras togas de esta mo- 
narquía, que han debido su primera enseñanza á estas escuelas, 
y han aumentado el lustre y estimación de su patria; y siendo 
justo que se le continúe el origen y manantial de estas honras y 
conveniencias, y que se cultiven las ciencias y las artes á que 
nacen tan dispuestos los genios del pais, y siendo igualmente no- 
torio que el estado actual de las rentas de la Universidad no per- 
mite la continuación de la enseñanza, y que por falta de fondos 
para pedir la subsistencia de los catedráticos seria preciso ce- 
rrar las puertas de la Escuela». Y otra vez más recordaban que 
las rentas primitivas dejadas por el Arzobispo erector para las 
diez y seis cátedras fundacionales, mermadas en la testamenta- 
ria del Sr. Valdés hasta 44.000 reales de renta al año en juros, 
bajaran después á 1 i.000 reales, aunque en parte remedió el 
descenso el Rey Felipe IV en el año de 1645. ¡Qué temores no 



w\ Archiw 1 de !a Diputación provincial —Libros de Actas.— Juntas de 76 de Mayo de 
1 * 1 » , de n y 1* d* Mayo de i"»?o- de «4 de Febrero de 1752: tic >S de Mayo de 1733; de 39 
dr N;*«W**J* 1^34 y de 17 de Junio de 1739 



— 8i — 

embargaron los ánimos de los habitantes de Asturias con este 
peligro, funesto también para no pocos de León, Galicia, 
montañas de Burgos y Vizcaya, que asistían á las aulas ove- 
tenses! 

Otorgado el impuesto, á más de reservados los juros para 
la Fábrica, mejoró el plan de enseñanza y se dispuso un peque- 
ño aumento en los exiguos sueldos. Se crearon las cátedras lla- 
madas de «Regencia», de provisión cuatrienal, y en ellas se leyó 
Instituía de Justiniano á los legistas, á canonistas la de Derecho 
canónico y á teólogos la de Instituciones teológicas. 

La plantilla universitaria fué como sigue: 



Reales Mvs. 



Facultad de Teología 

Cátedra de <« Prima» (antes dotada con 2.696 

reales y 3 maravedises) á 

De «Vísperas», de 1.608 rs. y 15 marvs., á 
De «Escritura», de 1.073 rs. y 18 marvs., á 
De t Santo Tomás >, de 591 rs. y 6 marvs., á 
De «Regencia», (creada) 



2-753 
1.650 
1. 100 
800 
1.500 



Facultad de Cánones 



De «Prima», el mismo «alario antiguo de 

De «Vísperas», idem 

De «Decreto», idem 

De « Sexto», idem 



3.01 1 27 

2.010 18 

1.005 6 

1.005 6 



Facultad de Leyes 

De « Prima» , el mismo sueldo antiguo de . . 3011 27 

De «Vísperas», idem 2.019 *8 

De clnstituta», de 535 rs. y 28 marvs., á . . 800 

De «Regencia», (creada) 1.500 



Facultad de Artes 



De aSúmulas», el mismo sueldo antiguo de . 

De «Lógica», ídem 

De «Filosofía», idem 

De «Matemáticas», (restablecida) 

De «Cántico», ei mismo salario antiguo de . 



804 


6 


804 


6 


804 


6 


1.500 




301 


23 



i 



— 82 — 

Reales Afvs. 
Oficiales 

Secretario, de 535 rs., á 550 

Capellanes, el mismo salario antiguo de . . 735 3° 

Bedel, ídem 392 

Alguacil, idem 389 7 

Portero, idem 195 15 

Sacristán, por salario, vino y hostias. . . . 220 
Relojero, por salario, quiebras menores y re- 
partimientos 275 

Mayordomo (con intervención del Principado). 220 

Importaba el repartimiento 29.546 reales y 28 marvs., y del 
total á repartir de 34.826, resultaba un sobrante de 5.289 reales 
y 28 marvs., para cuya inversión se dieron disposiciones. 

En el indicado Reglamento, acordado por la comisión de 
diputados y catedráticos y aprobado por el Rey, se disponía 
también que la dotación de las dos cátedras trienales, una de 
Teología y otra de Instituía, fuese íntegra de 1.500 reales cada 
una si los catedráticos eran doctores ó licenciados, y la tercera 
parte hasta que se graduasen, con la obligación extraordinaria 
de presidir un acto menor cada tres semanas bajo multa de 
treinta reales para el bachiller ó graduado que le supliese; que 
dichas cátedras de Regencia de Teología serían alternas entre 
regulares y seculares, dándose gratificaciones y concediéndose 
gracias á los opositores por sus actos y auxilios á los trabajos 
académicos; que se impusiese á todos los catedráticos menores 
de sesenta años la obligación de un acto mayor bajo multa de 
cien reales y propina de sesenta á los actuantes, y que los gra- 
dos de bachiller fuesen con acuerdo del Claustro, precediendo 
el mismo orden é informe que en los de licenciado. 

Para mejor cumplimiento de esta disposición, veló por ellas 
la benemérita Junta de la Provincia, como por la duración, al- 
ternativa y dotación de las cátedras (1). 

Las Matemáticas, miradas con preferencia, fueron puestas á 
cargo del bibliotecario, que enseñaba Aritmética y Álgebra por 



(i ) Archivo de la Diputación provincial. — Actas.— Juntas de 6 y 22 de Junio de 1745. — Di- 
nutación de 8 de Marzo de 1741.— Juntas de xo y 15 de Junio de 174a y 6 de Junio de 1748. 



- 8 3 - 
el P. Tosca. En esta asignatura se interesaba el diputado D. José 
Tejero y más tarde, en 1749, entrometióse en ella un doctor 
elevando improcedente recurso al Principado. Por medio de un 
oficio, la Universidad participó al marqués de Campo-Sagra- 
do que dicho graduado se había opuesto á todo lo determinado 
en el Claustro, y con la mayor arntonía contestó á este la Pro- 
vincia que, lejos de suprimirse la cátedra de Matemáticas, se 
haría el último esfuerzo para la creación de dos (1). Cobró, pues, 
la Escuela más vigor y aliento cuando se reanimaron visible- 
mente sus Estudios. 

Felipe V y Fernando VI ayudaron, aunque tímidamente, al 
desarrollo literario y pedagógico, no creyéndose fuertes para 
vencer pronta y radicalmente tanto fanatismo y atraso contra 
los que luchaban sus ministros Macanaz, Campillo, Ensenada y 
otros. Del rey francés fueron varias disposiciones en materia de 
enseñanza, terminante recuerdo á los Claustros para que los 
maestros, profesores y estudiantes no hablasen ni disputasen 
dentro de los patios y aulas académicos sino en lengua latina 
como en las oposiciones á cátedras en que seria circunstancia 
especial tal predilección por la lengua erudita; determinó las 
ternas para el Magisterio y que en él nombramiento no se aten- 
diese al turno de teorías y sí al mérito de los opositores, votando 
en secreto los Consejeros. Su hijo Fernando protegió á literatos 
estudiosos, que crearon la escuela de crítica históHca, y á otros 
estudiosos que se inclinaron al Derecho patrio; y uno y otro mo- 
narca dictaron órdenes prohibitivas de impresión y circulación 
de libros sin real licencia, mientras que en el gobierno del pri- 
mero se fomentaban el regalismo y el jansenismo (2). 

Daba importancia á la Universidad de Oviedo la voz más au- 
torizada que, por muchos años, alcanzó el profesorado español. 
Era la del P. Feijóo que, como Bacon en Inglaterra y Descartes 
en Francia, fué en España el iniciador de gran revolución en 
las ideas y quien «encendió la antorcha de nueva filosofía». Este 
célebre benedictino recibió aquí los grados académicos, alcanzó 



(i) Archivo de la Diputación provincial.— Libros de Actas.— Juntas de ix de Junio de 1739 
ya8tk Abril de 1769. 

(a) Jansenismo y Regalismo en España, por el P. Manuel M. Migúele*. —fallado - 
lid, 1895). 



- 8 4 - 

cátedras y recorrió las categorías de su Facultad de Teología (1); 
derramó con sumo talento erudición variada y libre; combatió 
con aplauso general en obras leídas con avidez las preocupa- 
ciones del vulgo, y declaró guerra al atrasado plan de estudios 
para purgar de fútiles y locuaces fórmulas el infecundo método 
dialéctico. Al leer las obras de Feijóo debe considerarse el tiem- 
po en que se publicaron aquellas valientes y atrevidas doctri- 
nas, bien expuestas aunque en estilo dado al galicismo; hay 
que figurarse al monje innovador expuesto A persecuciones de 
que le salvó la protección del soberano. «La memoria de este 
varón ilustre, ha dicho Campomanes, será eterna entre nosotros 
en tanto que la nación sea ilustrada, y el tiempo en que ha vivi- 
do será siempre notable en los fastos de nuestra literatura. Efec- 
tivamente, concibió el proyecto, no menos atrevido que honroso 
de atajar el torrente de errores y preocupaciones que á España 
inundaba, y desde su reducida celda de Asturias se lanzó á lu- 
char contra la irrupción de malos escritores, que amenazaban 
dejar completamente yermos los campos del saber.» 

Estábamos en época de innovaciones. Es notable y luminoso 
el informe del Claustro ovetense de 16 de Octubre de 1767 con- 
testando á la orden del Consejo de 16 de Septiembre sobre pro- 
visión, número de cátedras, ejercicios de oposición, votación, 
libros de texto, estudio en las Facultades y mejora de las rentas. 
Había entonces cinco cátedras en Teología, cuatro perpetuas 
y una trienal; en Cañones, cuatro; en Leyes otras cuatro, pero 
trienal la de Instituta; y en Artes cinco con la de Matemáticas y 
Canto. El cuerpo académico manifestaba la conveniencia de 
crear varias de Regencia ó elementales, que abrazasen la cien- 
cia, con especialidad en la Facultad de Teología dogmática, 



(i) Existen en el Archivo de la Universidad, una Carta del Consejo de a6 de Septiembre 
de 1736 ordenando al Claustro que informe sobre una solicitud del P Feijóo para que se le 
permita hacer oposición, no obstante estar jubilado de la de Vísperas; una Real Provisión de 9 
de Noviembre del mismo año, accediendo á su pretensión; y otra en que se le concede jubilación 
de la Prima por R. P. de 13 de Mayo de 1739, Se conservan también otros documeutus y au- 
tógrafos del sabio benedictino, así como la cátedra que ocupó desde 1709 á 1764 en la Capilla- 
Paraninfo. 

La influencia de este célebre profesor ovetense en la enseñanza y cultura nacionales fue 
grande por el interés que despertaron sus obras. Entre otros estudios mencionaremos: «De lo 
que conviene quitar en las Súmulas», * De lo que conviene poner y quitar en la Lógica y Me- 
tafísica», y á este tenor muchas y variadas materias de que trata en sus Discursos y Cartas 
eruditas, como «Tiempo que pierden los estudiantes por la mala enseñanza*, «Aprobación de 
libros», «Arte de la Memoria», «Autoridad científica», «Dialéctica y Filosofía», «Lenguas», 
«Sistemas filosóficos», «Santo Tomás de Aqutno», etc., etc. Las polémicas de Feijóo impulsaron 
la refonva de los estudios medios en sentido esperimentalista. 



- 8 5 - 

siendo necesario que explicase el maestro señalando libro de 
texto, pues sujetándose á Estatutos se notaba poco aprovecha- 
miento y escaso alcance. Otro tanto sucedía en la de Cánones 
donde se aprendían escasos títulos, siendo infinitos los del De- 
creto, Sexto, Decretales, Concilios, especialmente el de Trento, 
que pasaban sin conocer y no se daba á la Disciplina especial 
de España consideración alguna particular, pues el derecho ca- 
nónico que se estudiaba era el general. En Leyes estaban años 
y años en la Instituía, sin saludar los elementos de nuestra le- 
gislación, como Nueva Recopilación de Castilla, Autos acorda- 
dos, Ordenamiento Real, Siete Partidas, Fuero Real, Fuero Juz- 
go, etc. y, por supuesto, sin asomo ni noticia de español dere- 
cho regional. Esta preterición del derecho nacional venía de 
lejos: concretamente de los Reyes D. Juan II y los Católicos, 
aunque éstos procuraron emendarlo en las leyes 1. a y 2. a de 
Toro; pero las Universidades y los más ilustres jurisconsultos 
siguieron con su predilección por el Derecho romano en las en- 
redadas «antinomias» y paradojas de que nos hablan Vázquez 
Menchaca y D. Nicolás Antonio, fruto de aquella extraña en- 
señanza jurídica, que describe Bermúdez de Beraza en su «Arte 
legal para el estudio de la Jurisprudencia», y acusan el académi- 
co Medina en una Representación, el Arzobispo Críales en Carta 
á Felipe IV, el Consejero Mora en una Memoria, en su letra muer- 
ta de los autos acordados de 1713 y 1741, pronto olvidados, 
Castro en los «Discursos críticos» y Ensenada en el proyecto de 
Código. Muchos documentos más prueban la ausencia del De- 
recho patrio de nuestras aulas durante tantos siglos, aunque 
otra cosa sostenga el Sr. La Fuente, sin que tuvieran importan- 
cia ni séquito contadas obras como las de Pichardo, Galindo, 
Torres y Pérez Valiente, que acometieron la referencia y com- 
paración con nuestras leyes y los estudiantes las comenzaban á 
conocer en Academias y pasantías particulares (1). Esto apre- 
mió más en Asturias desde que, no satisfaciendo los Corregido- 
res togados y la dificultosa intervención de la Chancillería de Va. 
lladolid, por Real Cédula de 30 de Julio de 1717 se estableció el 
Real Acuerdo y Audiencia del Principado, creándose un foro 



(i) De esta interesante materia hicimos especial estudio en nuestro discurso inaugural uní- 
verÁurío (Oviedo, 1877) reimpreso por la Revista de Trt'áuna/es (Madrid, 1878). 



- 86 — 

provincial y teniendo ya más ancho campo el ejercicio de la 
Abogacía, principalmente en Oviedo. Requerían los estudios de 
la dispersa legislación española mucho tiempo, aunque se podía 
explicar según distribución del Claustro, procurando para más 
ilustración, las oportunas concordancias con el derecho roma- 
no. («Empezando á estudiar asi, leemos en el Informe, se comen- 
zaría á saber y, en el orden de los Estatutos, el más aplicado 
nada sabe para ser letrado. En las leyes de Partida tiene presen- 
te V. A. (el Consejo) toda la sabiduría legal, y si estas leyes se 
explicasen por la impresión en 4.° es preciso aumentar otra cá- 
tedra para el repartimiento de tomos por el Claustro.» 

El anterior dictamen estaba pidiendo variaciones en la or- 
ganización de la Escuela, y alguna se llevó á cabo. Vino de 
aquí la instalación de una Academia para civilistas y canonistas, 
donde se disertaba sobre puntos teóricos de nuestra legislación 
y de la Iglesia se sustanciaban causas civiles y juicios canóni- 
cos. La fundó D. Luis Armiñán Cañedo, fiscal honorario de esta 
Audiencia y catedrático de Vísperas en la Facultad de Cánones, 
por lo qué agradecida la Academia acordó en 1765 pintar y co- 
locar en sitio de honor el retrato de este su primer presidente y 
maestro, en memoria de una institución provechosa de donde 
salieron distinguidos magistrados que aumentaron el lustre de 
la toga. La fundación de Armiñán fué notable. 

Envueltos los estudios teológicos en la infecunda controver- 
sia de encontrados maestros, eran no lugar de razonada discu- 
sión doctrinal y sí campo encarnizado que convertía las escue- 
las casi en un pugilato. Aumentábase la división porque los 
graduados seculares aspiraban á alternar con los regulares que, 
por juro de heredad, venían desempeñando las cátedras de tur- 
no, sucediendo Escoto á Santo Tomás y á ambos los congruistas 
de la Compañía. Los seculares ó o manteistas*, como se decía, 
los particulares y la Junta del Principado no consideraban en 
mucho á los Religiosos; pues, como escribía el P. Feijóo en in- 
forme que obra en el Archivo universitario, «con ser este país 
tan finamente católico no faltan en él, asimismo que en otros, 
quienes se esfuerzan (lo que no se puede recordar sin mucho 
dolor) á hacer aquí el nombre de fraile tan odioso ó por lo 
menos tan tedioso como lo es en Londres, Ginebra ó Berlín». 



- 8 7 - 
Los manteistas pidieron auxilio á la Junta General que, habien- 
do alcanzado el arbitrio de la sal, se creía con derecho á inter- 
venir en la Escuela y con especialidad en las cátedras de nueva 
creación. Dos doctores representaron allí sobre el agravio que 
se les infería desempeñando los Religiosos la Facultad de Teo- 
logía y pidieron se solicitase del monarca nuevo arreglo en la 
enseñanza. Ordenó el Regente presidente Sr. Berdeja se leyeran 
varios títulos de los Estatutos académicos y algunas leyes del 
Reino é indicó que, sin real licencia, no se tratase este asunto 
y ningún Vocal se propasase á interpretar la ley contentándose 
con obedecerla. Fué necesario recurrir auna votación, haciendo 
acuerdo el diputado gijonés Marqués de San Esteban del Mar, 
conviniendo en pedir permiso á S. M. para formar la Provincia 
un plan más conveniente al país. El Consejo 'desoyó la pre- 
tensión en vista de las razones del Reverendísimo P. Feijóo; pero 
la violenta expulsión de los hijos de San Ignacio de Loyola puso 
fin al turno perjudicial por Real Cédula de 24 de Diciembre 
de 1768. 

En Oviedo, cumpliendo muy ocultas disposiciones del conde 
de Aranda al Regente Sr. Beyan, se constituyó en arresto á los 
PP. y Colegiales de San Matías en la noche del 2 de Abril de 
1767, con aparato militar y extremadas medidas, haciéndo- 
les marchar custodiados en la madrugada, camino de Gijón 
donde fueron embarcados para el extranjero. Suceso fué y será 
este muy discutido en sus causas, procedimiento y resultados 
para la cultura (que por el momento se resintió) y no cabe dudar 
que dentro y fuera del Claustro ovetense, ya olvidada la antigua 
resistencia á los Jesuítas, fué sentido y reparado. La Diputación 
provincial suplicó por entonces se aplicasen á la dotación de 
cátedras los bienes de la Compañía (1) que más aprovecharon al 
Ayuntamiento de Oviedo, según veremos tratando de la Ins- 
trucción primaria. 

En Claustro de 2 de Diciembre de 1767 expusieron varios 
graduados teólogos y artistas que, establecidas academias de 
Filosofía y Teología en los conventos de la Ciudad, en el de 
Santo Domingo se habían suscitado banderías y escándalos de 



(i) Archivo de la Diputación provincial.— Libros de Actas.— Junta de J5 de Junio de 1757 
y Diputación de 20 de Agosto de 1767. 



- 88 - 
funestas consecuencias porque en ellas tomaba parte el pueblo 
y se había elegido presidente y, gemnisiarca á quienes no te- 
nían grado alguno; y, reconociendo la utilidad de tal institu- 
ción, se manifestó que la gran concurrencia en el Monasterio 
disminuiría abriendo otra Academia universitaria con regla- 
mento formado por el Claustro. Al discutir el proyecto se re- 
cordaron antecedentes (1); se dijo que los estudiantes habían 
faltado al respetable Prior y Académicos de Santo Domingo; y, al 
demandar una satisfacción para éstos, se opusieron los seglares 
protestando buena armonía y pidiendo que la Escuela protegiese 
á sus hijos contra siniestros informes. Hubo con este motivo 
acalorados incidentes; y el Sr. Canga, refiriéndose á una alusión 
del Dr. Villaverde sobre si el establecimiento admitiría desecha- 
dos, dijo: «que la Universidad no era Roma en mantillas para 
poblarse de espulsoso. Se vino á tomar acuerdo y, al abrogarse 
el Rector el derecho de dar la satisfacción, hubo protestas que 
fueron desatendidas abandonando sus autores el local de la se- 
sión. Por fin, á principios de 1769, se establecieron Academias 
de Teología y Filosofía con reglamento y directores para ambas 
Facultades ó escuelas, siendo de los Tomistas el Dr. D. Juan 
del Villar, deán de León, y el P. Gómez, franciscano, de los 
Escotistas. Los académicos bachilleres celebraron ejercicios 
y funciones con gran lucimiento, no siendo de olvidar el «diálo- 
go» que en obsequio de su Patrón representaron los Angélicos 
en Marzo de 1774. 

Pero el rasgo que más caracteriza el celo de los maestros 
de la Universidad fué la innovación realizada á mitad del 
siglo xvm acabando con el sistema de lecturas, como aque- 
llas se llamaban, porque los catedráticos eran lectores y leían 
sus explicaciones. Este insuficiente y atrasado método se redu- 
cía á un cuaderno en que llevaban anotados los puntos capita- 
les de su doctrina; el discípulo recapitulaba en el suyo la opi- 
nión del maestro, y aquel cuaderno, copia de otra copia donde 
se hacinaban sin concierto leyes romanas, decretales, glosas y 
glosadores, era tan poco provechoso como falto de seguridad 
para el alumno. Adoptaron pauta más segura sujetándose á 



(i) Archivo de la Universidad. —Libros de Actas.— Claustro' de 23 de Mayo de 1760 donde 
se leyó un dictamen del P. Carrera y del Dr. Armiñáu sobre análogo asunto. 



- 8 9 - 
libro de texto y explicaciones regulares, dejando de ser rutina- 
rios y casuistas. 

Para dar una idea de cómo se escogían y aprobaban estas 
obras de enseñanza, puede verse la discusión sobre las Institu- 
tiones Pkilosophia por Pedro Leridano (1). Los alumnos y 
sus padres se quejaron repetidamente á la Corporación de 
que nada adelantaban en Súmulas por aquel libro y, para cono- 
cer la razón de tal denuncia, excitó el Rector á los catedráticos 
teólogos á emitir su opinión. Manifestó el maestro Carrera que 
no era digno de un Cuerpo respetable y serio votar si convenía 
ó nó enseñar la Filosofía por un curso, no solamente descono- 
cido sino disfrazado y oculto en signos, á más de hallarse en él 
no pocas proposiciones falsas, algunas nada piadosas, otras 
escrupulosas y mal sonantes; y pedia se consultase á Salamanca 
para dejar un autor sin apego á los antiguos doctores, mientras 
tenía un método «perjudicial á la juventud con varios sistemas 
y doctrinas de modernos, que siempre, entre nosotros, se ha 
impugnado y reprobado». Fortalecía sus argumentos con citas 
y textos y exclamaba por último: «Tenemos la dicha de ser va- 
sallos de un Rey, que tiene por singular estima el glorioso re- 
nombre de católico y, como tales, debemos mirar con escrupu- 
loso reparo hasta los ápices menos puros en la religión y en el 
dogma, por lo que opino, salvo meliori, que desde el día se 
prohiba y que nada se ignove, Ínterin la Superioridad no mande 
enseñar por autores determinados»). Así opinó Carrera, en quien 
pesaba como una losa de plomo el amor á doctrinas añejas, la- 
tentes entonces al perder su predominio y prepararse á reñir 
batalla campal con las ideas modernas. Con él votaron algunos 
teólogos excluyendo á dicho autor que se discutía; otros, más 
moderados, lo aplazaban para un informe detenido; y á éstos 
se agregaron varios juristas. Algunos expusieron que no con- 
venía abandonar la elección del libro al Catedrático, porque 
se mezclarían afectos particulares en daño de la mejor enseñan, 
za; unos pocos quisieron consultar á la Real Cámara; y, entre 
tantas opiniones, vino á prevalecer la del Dr. Hevia, que protestó 
de nulo cualquier acuerdo para impedir la enseñanza por Len- 



to Archivo de la Universidad. —Libros de Actas. — Claustro de 26 de Abril de 1771. 



— 9o — 

daño, tenido por útil con licencia de S. M. y Señores del Consejo, 
auténtico testimonio de recomendación. Continuó la obra por 
aquel curso, autorizado el Catedrático para elegir en el si- 
guiente. 

Poco á poco se caminaba á mejor y amplio criterio y se re. 
conocía la necesidad de mejorar los embrollados y diversos 
planes de tales estudios. Bajo el influjo de las ideas entonces 
dominantes se siguió para lograrlo el procedimiento de la cen- 
tralización. 

Tendiendo á este sistema y á la unificación de los estable- 
cimientos de enseñanza, en 14 de Marzo de 1769 se creó para 
estos el cargo de Consejero-director, desempeñado por uno no 
procedente de la Universidad ó Colegio á que se le destinaba. 
Si bien con amplísimas atribuciones, vino la comisión á ser ho- 
norífica, ya por oposición que hallaron tales magistrados, ya por 
no ser fácil el encargo de investigar, dirigir, reformar estatutos, 
rentas, matrículas, oposiciones, cátedras, ejercicios, etc., de las 
Escuelas por medio de comunicaciones frecuentes con los Rec- 
tores y Claustros, de cuyos acuerdos debían enterarse minucio- 
samente. Desde antiguo arreglaban las cuestiones universitarias, 
primero los Consejeros albaceas y después el Protector, indi- 
viduo del Consejo de Castilla ó de plaza en la Cámara real; 
pero aquí fué general la medida. Así desempeñaron la dirección 
de la de Oviedo D. Francisco Mata Linares (1769), D. Blas Hi- 
nojosa(1780) y nuestro ilustre paisano D.Bernardo Riega (1803). 

Vinieron también los Censores regios en 6 de Septiembre 
de 1770 para velar principalmente los temas, conclusiones y 
ejercicios, que se defendiesen en las Universidades y pudieran 
ser contrarios á las extendidas regalías del Rey, leyes naciona- 
les, concordatos, etc., las doctrinas favorables al tiranicidio y 
regicidio ú otras semejantes de moral laxa y perniciosa; dispo- 
niéndose también con extremoso recelo que el Censor t revelara 
con particular cuidado las dedicatorias, así en la sustancia como 
en los dictados y ponderaciones, pues reduciéndose á imitar 
una carta en que se dirigen las teses al patrono, que se elige por 
Mecenas, es cosa ridicula declinar en alabanzas cansadas y en 
adulaciones manifiestas: método muy contrario á la simplicidad 
filosófica de un literato, que debe explicarse sin afectación y 



— 91 — 

con naturalidad en términos decentes y concisos». Cerca de la 
(Diversidad ovetense desempeñaba el cargo de Censor el Fiscal 
de la Real Audiencia. No estaba mal el consejo; y era el caso 
que el Censor había de procurar también hasta que la latinidad 
de las conclusiones fuera correcta y natural sin anfilologías ni 
oscuridades misteriosas. 

Después del empeño secular en mantener la lengua de los 
sabios, con olvido de la propia y popular, los esfuerzos resul- 
taban casi baldíos. 



— 93 — 



CAPITULO VI 



Mejoras en la Instrucción pública por los Ministros de Carlos III. — El Conde 
de Campomanes reformador de la Universidad de Oviedo.— Nueva organiza* 
ción de los estudios. — Plan de 1774 para la Escuela ovetense. - Oposición 
de algunos catedráticos. — Protección de la Junta General del Principado 
para el establecimiento de varias cátedras. — Facultad de Medicina fundada 
por el Obispo Sr. Pisador y acuerdos para ello del Claustro, Cabildo-Cate- 
dral, Ayuntamiento de Oviedo y la Provincia. — Escasos resultados de las 
nuevas aulas y su desaparición. — Extensión de la enseñanza, fuera de la 
Universidad, por las Ordenes religiosas. — Incorporación de estudios y ma- 
trículas diferentes. 



Tuvo Carlos III ilustrados ministros que, conocedores de las 
necesidades de los pueblos, miraron con interés el estado de la 
Instrucción pública. Preparando de antemano el camino, tuvo el 
Gobierno más directa y frecuente intervención en las Escuelas, 
españolas, que demandaban mudanza y arreglos en su modo de 
ser y desarrollo. 

La reforma de los estudios, como otras muchas de la admi- 
nistración, apareció muy principalmente cuando los canceles 
del Supremo Consejo de Castilla se abrieron al nuevo fiscal 
D. Pedro Rodríguez Campomanes, honra y prez de la provincia 
asturiana. Pronto con su vasta sabiduría avasalló la del Consejo 
y emprendió el arreglo de las Universidades con el concurso del 
célebre Floridablanca. «Campomanes vio los establecimientos 
caducos y desiguales los métodos de estudios, abandonadas las 
ciencias exactas y naturales, olvidadas las lenguas sabias de la 
antigüedad, divididos los profesores del dogma en necios, vanos 
y perjudiciales partidos, y absolutamente ignorados los princi- 
pios de la justicia universal, que unen entre sí las naciones di- 
versas del globo» (1). 



(i| Elogio del Excmo. Sr. Conde de Campomanes por el académico D. Vigente González 
Aroao; (tomo V. de la¿ Memorias de la Real Academia de la Historia). 



— 94 — 

Aunque con resistencia de los Claustros, el Consejo princi- 
pió los cambios académicos tras del plan del infortunado Olavi- 
de en 1769 para Sevilla. La orden de 28 de Noviembre de 1770 
pidió dictamen á las Corporaciones universitarias para suprimir, 
modificar ó crear asignaturas arreglándose á la mente del 
Fundador, y de esta manera se inició paulatina é indirecta- 
mente la gloriosa tarea de reorganizar y reconstituir los estudios 
españoles. De 1771 y 1772 son respectivamente los planes de 
Salamanca y Alcalá, no debiendo omitirse en estas páginas as- 
turianas que uno de los firmantes y de los que mas trabajaron 
en las reformas de la fundación del gran Cisneros fué el Viee- 
Rector, nuestro paisano D. Romualdo Món y Velarde, después 
insigne prelado. 

La actividad del Fiscal avivó el despacho remitiendo á la 
Corporación ovetense las bases de la de Alcalá, y desde aquí se 
mandaron otras bases ó constituciones dispuestas principalmen- 
te por el Catedrático D. Felipe Canga Arguelles que, modifica- 
das, no tardaron en convertirse en la Real Cédula ó Plan de 12 
de Abril de 1774 (1). Todo cuanto existía mejoraba por él. A la 
Universidad le dio la superintendencia general de los estudios 
de Latinidad en el Principado; con fondos de ios maestros del 
Colegio de San Gregorio, dotó las Cátedras de Lengua griega, de 
que se encargó el erudito traductor de Marco Aurelio; también 
organizó muy atinadamente las Matemáticas, y en las Artes des- 
terró la superchería de ciertas doctrinas, descartándolas por inúti- 
les. Se regularizó la carrera de Leyes y, sobre el estudio del De- 
reóho romano, estableció el Civil y Canónico con el de nuestras 
Leyes según los patrios y olvidados Códigos. La de Cánones, 
predilecta del sabio Conde, mejoró con obras para explicar el 
maestro y libros donde estudiar el discípulo. Los textos concilia- 
res, la Disciplina general de la Iglesia y particular de España, la 
Historia eclesiástica, los Concordatos y los recursos protectores, 
que constituían aquel broquel de hierro de las regalías de la co- 
rona, formaban el canonista á quien se recomendaba Van-Spen 
Engel y Lanceloto con mejor doctrina y método que Decretales y 



(i) «Plan de estudios de la Real Universidad de 0\i«.d<- nnr«'.td > -bscrw.r por lo? señ-rc-; 
del Real y Supremo Concejo de Castilla en \o> doce de Abiil de mu setecientos retenta y cunir - » 
y Reales Órdenes en este y otro* asuntos comunicad.»:»». — En la imprenta de Francisca Uu: 
Pedregal, impresor del Principad** y de e*U Universidad, MDCCiXXVH.— Véase Al Rxoicn V. 



- 95 — 

Clementinas. La organización de la Teología fué completa tam- 
bién, llegando á un estado que nunca había alcanzado. Se ini- 
ciaba su estudio en «Lugares teológicos» de Melchor Cano y 
en los tres años siguientes se daba un curso completo por Santo 
Tomás, suprimiendo las cuestiones filosóficas al mismo tiempo 
que dejaba ancho campo á maestros y discípulos con libertad 
para discurrir, defender y seguir su opinión particular, no estan- 
do reprobada por la Iglesia; y seguía la Sagrada Escritura, la 
Teología moral, Historia, Disciplina, Concilios generales, Lengua 
griega y Elocuencia sagrada. Para desempeñar estas Cátedras se 
recordó á los Prevendados de la Santa Iglesia Catedral la expli- 
cación de las anejas á sus oficios, y el maestro de la Orden de 
Santo Domingo, que disfrutaba la fundación del señor Obispo 
Muros, se trasladó á la Universidad. De igual modo en 1783 
dispuso el Consejo de Castilla, que el Canónigo Magistral de 
Oviedo prestase la enseñanza universitaria de Retórica y 
Poética. 

Al multiplicarse las Academias y establecerse también otras 
dominicales para los alumnos y explicaciones extraordinarias 
para los bachilleres, se impuso á los catedráticos la obligación 
de un acto mayor en cada curso pro numero cátedra y se 
estimulaba á los doctores á sostener otro pro unioersitale. 
El plan es un documento digno de meditación y aplauso, 
como puede verse por su lectura, y expresa el estado de 
la enseñanza en el último tercio del siglo xvm. Con tal re- 
forma y otras medidas complementarias sobre duración del 
curso, certificaciones de asistencia, multas, etc., creció tanto la 
enseñanza y alcanzaron tan superior concepto los estudiantes, 
que se elevó la Escuela á gran altura y con ella sus hijos, lle- 
gando hasta nuestros días la memoria de su reputación. 

Taa brillante resultado .se consiguió contra el intento de al- 
gunos catedráticos que, si no lograron su deseo, protestaron en 
el Claustro de 12 de Octubre del año 1774 contra el aumento 
de cátedras en la Universidad, cuyo brillo no deseaban con el 
entusiasmo que la Junta general del Principado, siempre desve- 
lada por el progreso y brillo de la Escuela asturiana. 

En 1776 la Representación provincial proyectó fundar una 
cátedra de Historia, y remitió al Conde de Campomanes el in- 



- 96 - 

forme de los comisarios; aconsejó éste que la dotase el Princi- 
pado y, como no tuviese fondos, se acordó solicitarla como ha- 
cía la Universidad. Mas los caballeros jóvenes y D. Carlos Sierra 
pidieron la inmediata enseñanza, Ínterin resolvía el Supremo 
Consejo y, pensando acceder á ello si consentía Campomanes, 
se aprobaron el plan y método del Br. Sierra. Hubo sesión para 
dotarla, reglamentarla y tratar con individuo del Claustro que 
explicaría Historia sagrada y profana, y no se llevó á cabo el 
pensamiento por creer mas útil, primero una academia de Dibu- 
jo, después una cátedra de Anatomía y enseguida una acade- 
mia de Agricultura (1). 

El árbol de ciencia cultivado en las aulas mayores de Oviedo 
carecía de la rama de Medicina, como se dijo entonces, y no tar- 
dó en tenerla hallando el bien en los males del Obispo Ilustrisi- 
mo Sr. D. Agustín González Pisador (2), cautivado por las bue- 
nas dotes de sus diocesanos. Ya en 1739 D. Juan D'Elgart, 
buen cirujano y anatómico francés (3), había representado á la 
Junta provincial acerca de la utilidad de una cátedra de 
Anatomía; y en 1769 se dio cuenta de Provisión ganada 
por el cirujano D. Dionisio Abadía ordenando que el Real 
Acuerdo y Audiencia oyendo á los diputados informase sobre 
la pretensión de establecer en esta ciudad una academia de 
Cirujía, que quedó sin realizarse por no haber recursos para 
sueldos y material. No obstante, en junta de 13 de Agosto de 
1781, se nombraron comisarios que con el Deán, Cabildo, 
Ayuntamiento y Universidad tratasen de establecer la Facultad 
de Medicina y Cirujía, explicadas por los médicos de la Ciudad 
y Capitulo Catedral, dándoles 2.000 reales destinados para la 
clase de Historia, sin efecto por muerte del catedrático. Tal 
pensaba aquella Corporación de buenos patricios que pedía á 
renglón seguido el beneplácito del sujeto de alto carácter, «con 

\i) Archivo de la Diputación provincial. — Junta general que principió en 28 de Abril 
de i7<Vj. — Diputaciones de 15 de Febrero de 1775, a de Agosto y 10 de Septiembre de 1777. — 
Diputacu n de 14 de Abril, Junta de 12 de Julio y Diputación de 73 de Noviembre de 177S. — 
Diputaciones de 12 de Junio y m de Julio de 1-70, de 10 de Julio y 22 de Diciembre de 17S0; 
y de «7 de Mayo, 14 de Julio y 27 de Octubre de 1774. 
vi 1 Vea-e ApÉnoick VI. 

1 \) Es de extrañar que no impulsara aquí la cn%cñanra académica de la Medicina el sabio 
D. Ga*par Casal, una de la* uu-ria* nudit.iS tic F*paña. que remidió en Oviedo desde 1720 
á i:ñi y fue muy .unigo del F. Feij<«\ tan d-ido igualmente a tale» c-tudios. t Véase mi biografía 
del IVctcr Ca*al, que precede a .a nueva edicun do su* MriKsruts de Historia HAturtti y 
me.ii.a de Astu9i.ix t reimpresas y anotadas p^ D. Arturo Buy na Alegre y D. Ra&tcl Sarande- 
se* Aívare/ <0\iedo, i»*x> con un pro!-¿" del Dr. Puiid«*. 



— 97 - 

quien cuenta el Principado en todas sus cosas»; personaje que 
no era otro que el doctísimo Presidente Gobernador del Conse- 
jo de Castilla (1). 

Con estos antecedentes, el inolvidable y benemérito Sr. Pi- 
sador, á quien tanto debió el progreso de Asturias, ofreció para 
crear dos cátedras de Medicina la cantidad de 5000 duros que, 
debiendo imponerse en el Banco de San Carlos, se consignaron 
en los Cinco Gremios de Madrid por mano del administrador de 
la Escuela. Era el ánimo del ilustrado Prelado no solamente la 
ampliación de la Universidad, sino también dotar al pueblo de 
mejores médicos, y las Corporaciones ovetenses convinieron en 
que los profesores del Cabildo y Municipio se encargasen de 
la enseñanza, retribuidos con 200 ducados, que percibiría la 
Escuela, según cláusula de escritura otorgada en 14 de Abril 
de 1785; y los sobrantes de diez años se reservarían para au- 
mentar dicho salario, y el resto, si lo hubiese, quedaba á dispo- 
sición del Claustro con objeto de crear nueva cátedra de Me- 
dicina, ó para otros fines convenientes (2). 

En 22 de Diciembre se solicitó la aprobación del Gobierno y, 
por Real Cédula de 9 de Mayo de 1786 la otorgó el Supremo 
Consejo de Castilla, admitiendo la generosa oferta del Licencia- 
do D. Francisco Roca, cirujano latino retirado del Ejército y 
titular de los Canónigos, de servir sin salario alguno la enseñan- 
za de Anatomía, mientras la Universidad arbitraba recursos 
para dotarla cumplidamente. Con esta pretensión acudieron á la 
Junta General el Obispo y la Universidad para que los estudian- 
tes se graduasen sin acudir á otros establecimientos, y alcanza- 
ron 1.000 reales para el Licenciado Roca, el cual dedicó un 
acto mayor á la Provincia que acordó obsequiarle y costeó la 
impresión. Dos años después los médicos catedráticos fueron 
doctores en medicina, con dispensa de propinas y derechos, 
fuera de los del arca y dependientes (3). 

Trató la Junta General de perpetuar la cátedra que fundara, 



- 98 - 

conviniendo con la Universidad en entregar al mayordomo la 
asignación, aumentada en 500 reales para rebajar faltas y mul- 
tas, si bien quedando á su arbitrio concurso y provisión. Muere 
Roca en 1790 y con aprobación del Consejo se nombró cate- 
drático interino, el cual ofreció á la Junta unas conclusiones 
que le valieron otra gratificación y después la propiedad del 
oficio. El Procurador general indicó al Rector la necesidad de 
disecciones anatómicas para mayor realce de un estudio, ya tan 
consultado y en vías de sufrir aumento, cuando el médico de 
frijón remitió un discurso sobre los adelantos de la Física y Me- 
dicina en Asturias y la conveniencia de crear una asignatura de 
Hipócrates. El catedrático de esta materia saldría por el Princi- 
pado á observar las epidemias y formar su plan curativo, más 
dicho trabajo, que para su aprobación é impresión pasó á la Fa- 
cultad universitaria, no dio ningún resultado (1). 

Por Real urden de i de Octubre de 1797 se dispuso que 
desde el curso de 1799 no se admitiese al grado ni reválida de 
médico á quien no acreditase haber cursado dos años de Medici- 
na práctica en el Colegio de Madrid ó en otros señalados del 
reino. Era ciertamente muy limitada la enseñanza de Oviedo, re- 
ducida á Instituciones médicas, Aforismos y Anatomía; y además 
no pudo ser reformada, pues la quiebra de los Cinco Gremios 
envolvió en su ruina el capital del Sr. Pisador, y la Real orden 
de 22 de Enero de 1780 estableció la Medicina y Cirujía en ins- 
titutos especiales suprimiéndola en las Universidades, á excep- 
ción de la de Santiago. La Junta del Principado representó con- 
tra la regía orden, el catedrático de Anatomía quiso establecer 
una academia tcórico-práctica en un hospital, el Claustro infor- 
mó sobre la enseñanza médica en 1802 y, tres años más tarde, 
aun pretendía asistir á los grados el Dr. D. Manuel María Re- 
conco, como excedente que percibía sueldo vitalicio, según una 
cláusula de la fundación. Estos fueron los últimos acuerdos 
sobre tales estudios, y únicamente en 1804, al nombrar el Go- 
bierno una Junta liquidadora de los Cinco Gremios, percibió 



L 



U) Archiva ilc U Diputación provincial — Libros de Actas de 25 de Octubre de 1787; 15 de 
Febrtn' y 14 de Jutio de 1788.— Junta de 13 de Agosto y Diputación de i.° de Diciembre de 
i ¡mío. — DlttutiKWCUÉl de 7 de Julio de 1791 y 4 y 28 de Enero de 1704. — Junta de 13 de Agosto 
y Diputación de 31 de Octubre de 1796. — Archivo de la Universidad.— Claustro de 10 de Fe- 
brero de íjljHj 



- 99 — 

nuestra Escuela la cantidad de 6.238 reales por la asignación 
del benéfico Prelado (1). 

Tal fué la breve vida de la Facultad de Medicina; á su 
desaparición quedó la Universidad con sus primitivas y refor- 
madas enseñanzas de Artes y Teología, Cánones y Leyes. 

Las dos primeras tenían también aulas en ios Colegios reli- 
giosos de Oviedo de San Vicente, San Francisco y de Jesús ó 
de benedictinos, franciscanos y jesuítas. Fuera de la capital 
igualmente funcionaban las casas de Obona, Corias, Cornellana 
y Celorio de los primeros, en Tineo y Aviles de los segundos 
con más aquí los Mercenarios, y otro tanto acontecía con los 
monasterios bernardos de Valdediós, Belmonte y Villanueva de 
Óseos. Ya los mencionamos en la página 5, y hemos de manifes- 
tar ahora que los «lectores» religiosos prestaban su enseñanza 
á la manera universitaria con análogos actos y ejercicios, se- 
gún el ya referido método pedagógico y con el criterio de la 
respectiva escuela filosófico-teológica. En la Ciudad iban estu- 
diantes y maestros de una parte á otra, desde la Universidad al 
Convento ó viceversa, como también á la Catedral, donde se 
«leía Moral», y el estudio era incesante aunque ceñido al régi- 
men académico indicado. 

Mientras, sin exámenes, la probanza de curso ó «año» era 
cosa sencillísima (con simples cedulitas ó diminutos atestados 
de los Catedráticos ó Maestros, manifestando que el estudiante 
había asistido á su cátedra oficial, colegial ó pasantía de San 
Lúeas á Junio) la incorporación de matrículas ofreció dificulta- 
des en un principio, dada la rivalidad de nuestra Escuela con 
Comunidades como San Vicente y San Matías que primeramente 
tantos obstáculos la pusieron en su marcha. Hubo más tarde dis- 
posiciones sobre este asunto (R. O. de 16 de Septiembre de 1767) 
aunque ya se había acordado admitir al grado de bachiller en 
Artes á los cursantes en conventos de la capital y de fuera de 
ella, siempre que se matriculasen en la Universidad. No faltó 
quien se opusiera á tal restricción esperando mandato del Con- 
sejo sobre el particular, mientras otros doctores se negaban á 
admitir á cuantos no se inscribiesen en Secretaría, la que debe- 



til Archivo de la Universidad — Claustro de 31 de Octubre de' 1797. —Archivo de la Di- 
putación provincial. •'Diputaciones de 23 de Enero y 24 de Febrero de 180*. 



— IOO — 

ría participarlo á los monasterios, según se hacía en Salamanca. 
Y decían también: «que siendo pública y notoria la deser- 
ción que hacían los profesores (alumnos), en especial los de 
Filosofía de los estudios de la Universidad, pasándose á las au- 
las de los Regulares donde era pública su concurrencia des- 
amparando el primer establecimiento literario de la provincia 
con poca nota de sus catedráticos, que por su mérito son ele- 
gidos por S. M., si hiciese saber á los conventos que, como es- 
taba prevenido, no diesen enseñanza á las horas de la Univer- 
sidad.» 

Fué el ^cuerdo contrario á este justísimo deseo por ser los 
votantes en su mayor parte eclesiásticos y frailes y, días des- 
pués, se previno que sólo fueran de abono las certificaciones de 
los Lectores conventuales de esta ciudad que en los tres años úl- 
timos pasaban nota de los asistentes á sus academias. Estos 
cursos ganados en Seminarios y Comunidades, fueron prohibi- 
dos por Real cédula de 11 de Marzo de 1771, de igual manera 
que por Real orden de 15 de Febrero de 1772 se decretó no 
fueran aprobados los que no se matriculasen ó anualmente no 
revalidasen su matrícula, según el capítulo 14 de la Cédula de 
Felipe IV dada en 2 de Octubre de 1646. Pero tras de unas ór- 
denes vinieron otras, y más en la instabilidad de la administra- 
ción de España siempre tan movediza en materias de enseñan- 
za; por Carta del Consejo, 4 de Febrero de 1781, se admitieron 
á incorporación todos los cursos de Artes ganados en los Semi- 
narios conciliares, Colegios y Conventos en que hubiese maes- 
tros con dos lecciones diarias; después se habilitaron las ense- 
ñanzas de todos los establecimientos de los puntos donde no 
hubiese Universidades (aunque esta medida fué revocada 
en 1789); y, por fin, vinieron distintas disposiciones privilegian- 
do á San Isidro de Madrid, El Escorial, San Fulgencio de Mur- 
cia, Astorga, San Pedro de Cáceres, etc., según consta de varios 
acuerdos claustrales acusando los decretos recibidos (1). 

En 1796 el Ayuntamiento de Cangas de Tineo hizo presente 
á la Universidad que las monjas dominicas de aquella villa pa- 



to Archivo de la Universidad. — Claustros de 22 de Julio de 1748; a de Diciembre de 1767; 
16 de Abril de 1771; 13 de Marzo de 1772; 28 de Julio de 1781 y 4 de Abril de 1783. — Es de 
advertir que de un siglo á esta parte ha cambiado por completo el significado de la palabra 
profesor, que entonces indicaba discípulo ó alumno. 



— ioi — 

gabán un lector de Artes (probablemente donde en su juventud 
Caropomanes enseñó Humanidades, Filosofía é Instituía) y soli- 
citaban incorporación de los estudios, exención de sorteos y 
otras gracias, cuya petición fué negada por el Claustro. Más 
afortunados los conventos de San Francisco de Tineo y Obona, 
que acudieron al Principado en demanda de protección para 
sus clases de Gramática, Filosofía y Teología, alcanzaron las 
exenciones que determina el capítulo general de Mantua (J). 

Sigamos en capítulo aparte con otras memorias universita- 
rias del siglo xvin. 



(t) Archivo de la Universidad.— Claustro de 5 de Febrero de 1796.— Archivo tic la Dipu- 
ucióa.— Juma de i.° de Mayo de 1799 y Diputación de 17 de Junio de 1800. 



— t03 — 



CAPÍTULO VII 



Organización de la antigua enseñanza universitaria.— Disposiciones sobre pro* 
visión y duración de las cátedras. — Academias y ejercicios en las diferentes 
Facultades.— Incidentes de estas instituciones, principalmente en las de Le- 
yes y Teología. — Estudios privados con pasantías.— Retroceso en la enseñan- 
za de la legislación. — El Colegio de Abogados de Oviedo. — Libros de texto 
y medios materiales de enseñanza. — Varios acuerdos claustrales y especiales 
sobre días de asueto, adelanto de vacaciones y traslado de ferias. — Estado 
económico de la Universidad ovetense en el último tercio del siglo xviii, y 
proyecte para mejorar y ampliar las enseñanzas con beneficios de la Dióce- 
sis. — Progreso de Asturias en este período. — Aspiraciones de entonces á 
nuevo plan de estudios para la Universidad de Oviedo. 



Si el siglo xvii fué como de ensayo y organización de la Uni- 
versidad ovetense, ya en el xviii remediadas ó salvadas las 
crisis económicas y otros obstáculos, aquélla se nos presenta 
como cuerpo de vigorosa vida académica, de importancia grande 
y utilidad indiscutible para el progreso regional, siendo una ins- 
titución por la que se interesaban á porfía las Corporaciones del 
país y todos los naturales de éste. Ser maestro ó estudiante de 
nuestra Escuela era en Asturias señal de distinción y medio 
adecuado para prosperar. 

Referidas quedan las vicisitudes del Magisterio: los primeros 
nombramientos por el albaceazgo arzobispal; las elecciones su- 
cesivas á tenor de los Estatutos Viejos y Nuevos; las corrientes 
de ideas encontradas, aquí como en otras Escuelas, sobre si ha- 
bían de ser las cátedras temporales, según también pidieron las 
Cortes de Castilla en Valladolid, ó si perpetuas como galardón 
más definitivo y de vitalicio carácter profesional después de ios 
penosos ejercicios para alcanzarlas. La política centralizadora 
del Supremo Consejo llamó á sí la definitiva designación de 

8 



— lo4 — 

maestros, principalmente en tiempos de Carlos III y con carácter 
general cuando se abolió el turno de teorías ó escuelas fomen- 
tadas por las Órdenes religiosas (1). 

Dictáronse diferentes leyes (2) para la provisión de cátedras, 
recomendando el mayor mérito, aptitud y circunstancias de los 
opositores, en » términos de rigurosa justicia» (ya lejanos aque- 
llos días en que mal se condenaban y corregían postergaciones, 
sobornos y banderias que reinaban en oposiciones); disponiendo 
que sin omisión alguna se sacasen á concurso las cátedras de 
todas las rniversidades (3); designando jueces ó comisarios para 
juzgar los ejercicios y formar las trincas (siendo varios los pre- 
ceptos á este objeto); ordenando informes de cada uno de los 
opositores en expedientes elevados al Consejo de Castilla; y or- 
ganizando los ascensos á las categorías del Magisterio, cuyas cá- 
tedras habían de proveerse y servir en calidad de perpetuas ú 
temporales (de cuadrienio y trienio) conforme al respectivo mé- 
todo observado en las Universidades. La tendencia doctoral ca- 
minaba á la perpetuidad. 

Variando la duración de las cátedras varió el modo de as- 
pirar á las mismas, y la «oposición) fué acto muy frecuente y 
meritorio constituyendo el de opositor un titulo literario de 
valia (4). En esta, como en otras Universidades, se observó des- 
do antiguo el Real decreto de 1661, que prevenía en la provi- 
sión di 1 cátedras el informe en pliego cerrado de los Doctores, 
señor Obispo y ilobeniador.de la provincia para elevar la terna 
de los beneméritos. Siguió por mucho tiempo esta costumbre y 
mas tarde la de Salamanca, hasta que en 1771 se dio cuenta de 



ti) ti R. P, M. Fr. Kclipc Carrera, después de estudios cu Salamanca y Alba de Torroe*, 
h¡,- li Cloí de Prima >' Regen ce de los Kstudios en el Convento ovetense de San Francisco, reci- 
biendo lo* grados de Licenciado y Uocior teólogo tu 1733 en nuestra Universidad. Fué aquí 
Subtitulo, QpO*itov y Catedrático; y cuando en 17*9 presentó relación de méritos para «leer de 
r>po lición fcXpusa :■! Lbii-ttf- -asimismo manifiesta que is el único escotista graduado de 
Poctu! y Opswtor i cá tedia* dn Teología; que lodcs les cMcdiáticcs de cuantas cátedras de 
Teología y Artes hajf en e*U Universidad son ahora tomista* y jesuítas, sin que haya escotista 
l-h ninguna de ¿Ui 

(íj I*ye* 7 i 36 de I úi o. , a , Üb. 8 de la Nma. Ron. 
) Con la Üoivtttidad de Salamanca se mencionan las de Valladolid, Santiago, Oviedo, 
Sevilla, Granada, Zatogtxia, Huesca» Ccrvera y Valencia para fijar edictos llamando al concurrí 
ü cpo»Ick»n de dUedr.u. 

(4) El erudita Bibliotecario de la Universidad, D. Aquilino Suárez Barcena, de grata me- 
moria» colrcci""" cu varios tomos Las Relaciones y hojas de méritos y servicios (cu su mayoría 
impreca*) de ¿17 opo*¡tjre* A cátedras pertenecientes en su gran numero al siglo xvih. liuárdan- 
*c tn el Anihlw universitario c*t i* documento*, que asi aportan datos curiosos para bíbiogra- 
fia* de a-luriLtiikPT dÍ4l¡rtgUÍdoKi Ctune contienen noticia* muy interesantes sobre la pasada cr^n- 
ftiuctótl de U ftfwriifciiu, m.uuin amplia y libre de acreditar los estudios, y muy principal:. tente 
reipcetu a opóilcioBrcfc, De- allí resulta que muchos graduados pasaron la vida en funcionen de 
opositores coniúiiioí. 




— tos - 
la Real cédula de 17 de Enero creando las regencias (cátedras 
de ingreso) en las todas Universidades, sin perjuicio de los pro- 
pietarios á quienes al mismo tiempo se prohibía pasar y mudar 
de una á otra Facultad. Los opositores deberían tener cursados 
tres años después del grado de bachiller; pero, como no tarda- 
ron las cátedras en perpetuarse, ya fueron menos penosos y más 
llevaderos los requisitos y ejercicios ante tres jueces del con- 
curso que formaba las trincas leyendo cada opositor por espa- 
cio de hora completa y argumentando con los otros durante 
media. Entonces, como ahora y como por desgracia será siem- 
pre, en ocasiones se lastimaban derechos adquiridos, como cuan- 
do el Dr. Canga Arguelles obtuvo por Real cédula la propiedad 
de una cátedra con perjuicio del canónigo Sr. Ruiz, el cual pro- 
testó con diferentes consideraciones, precedidas del siguiente cu- 
rioso preámbulo, digno de ser conocido: «Que no obstante el 
obedecimiento que hace de lo provehido por el Real Consejo, á 
quien ciegamente obedece en todas sus justas y arregladas de- 
terminaciones ya que su suprema autoridad invoca la Real Per- 
sona, no embaraza ni impide esta que se haga representación á 
las Reales resoluciones de S. M. suspendiendo su cumplimiento 
hasta que, enterado de ellas, delibere lo que fuese de su agrado, 
pues como Padre supremo de la patria no solo debe atender al 
bien particular de los individuos, sino con mayor razón al co- 
mún de todos ellos, y las representaciones que miran á este fin 
no pueden ni deben estimarse por oposición á la Majestad, por- 
que reducir la potestad de los reyes y emperadores, no es atri- 
buir defectos á la soberanía, si mayor perfección... Y como esta 
consideración permite se dispute de la tal potestad con el res- 
pelo debido, y esta opinión es la más corriente, según los mejo- 
res autores, propone confiado varias razones sobre el asunto...» 
Asi con valentía defendió el individuo sus derechos, y más tra- 
tándose de un puesto de consideración como era una cátedra, 
cuyos honores, prerrogativas y hasta el salario, aunque dismi- 
nuido, alcanzaban á quien se jubilaba por falta de salud ó exce- 
so de edad (1). Otras veces las oposiciones daban origen á liti- 

(n Archivo de la Universidad. — Claustros de 16 de Octubre de 1767; 7 de Febrero de 1770; 
f de Febrero, 7 de Agosto y 15 de Octubre de 1771; 2 de Mayo de 1772; 14 de Noviembre y a 
tic Diciembre de 1774; 15 de Febrero de 1777 y 2 de Abril de 1781. Recuérdese también el 
nombramiento de catedrático del Dr. D. Ignacio Mcnéndez Valdés, que mencionamos en la 
pagina 50. 



— io6 — 

gios y reclamaciones entre los opositores, que acudían al Real 
Consejo de Castilla (1) contra los Claustros y jueces, entendien- 
do en estos y otros expedientes ciertos ministros, que por ello 
se les llamaba *catedreros.» 

Al lado de la cátedra se colocó la Academia como com- 
plemento y manifestación práctica de aquélla. Mencionadas 
quedan en el capitulo precedente la meritoria de «Leyeso, del 
Dr. Armiñan, y las de «Teología» ó del angélico doctor y <«de Fi- 
losofía» del doctor sutil organizadas con especiales reglamentos 
en que se mencionan los cargos directivos de protector, direc- 
tor, gimnesiarca ó vicepresidente, consiliario, moderante, teso- 
rero, fiscal y spcretario con distinta función en los actos mayores 
donde era mérito ser continuo asistente yarguyente, mucho más 
cuando se presidía y defendía á turno, leyendo y argumentan- 
do de pronto, imprimiéndose en casos extraordinarios las con- 
clusiones. De la Academia teológica surgió otra «Academia de 
Teología inóralo, establecida en la Universidad en 1790 y des- 
pués trasladada al palacio episcopal, como la Filosófica tuvo una 
derivación especial con la «de Especulativa») en 1787. La Aca- 
demia de Leyes se ramificó en Academia de Cánones y más tarde 
tomó aquélla los nombres «de ambos Derechos», «de Ju- 
risprudencia teórica», «de Derecho público y privado-); y en 
ellas, además de los indicados cargos directivos, los inscritos 
figuraban en sesiones con los de juez, fiscal, relator, oidor de- 
cano, correjidor, provisor, abogado, etc., funciones que no se 
olvidan de consignar los interesados en certificaciones de méri- 
tos y servicios (2). No deben olvidarse los actos académicos en 
asabatinasfl ó ejercicios literarios que se usaban los sábados 
entre los estudiantes á fin de acostumbrarse á defender con- 
clusiones, 



I ti Entre Dtroi t::i*o*, recordaremos las siguiente*: 
Por <.L I>rn:tir I*. Francisco de la Culga (»ic) Arguelles, Catedrático de Filosofía de la l'ni- 
vrr*idad de Ovii-dn Robre la oposición que tiene hecha á la Sustitución de la Cátedra de Prima 
de TcMlojíin-. — Inip tri Oviedo (sin año) 10 hoj. ful. — .Estampa de la Virgen, por Cabera. — 
Firmad" por el I Ir. Iludía ■ 

Ki muy curiosa uttt Alegación del Dr. D. Fernando Quirós y Valdés pidiendo se le elija 
catedrático de l'rim i de Ltyes y se excluya por enfermo y otras causas á D. José de Granda 
Vjddu*. catedrático de Víperas. No tiene fecha y está en las Relaciones de méritos de gradua- 
do-i y oprwtorc-o de la I Hiversidad coleccionadas por el Sr. Suárez Barcena. 

Mi Iji** acactemiai jurídicas tuvieron vidu muy activa á partir de la fundación inolvidable 
del Dr- Arruinan a -jiiícii wyudó el llr. L) José Antonio García Hcvia y Noriega, primer gimne 
siarcn. El catedrátñtt D, Felipe Ignacio Canga Arguelles, ponente, con loi doctores Hoyles 
Coíío, Estrada y Noriegtt, del plan de 1774 en la comisión universitaria, fué también el autor de 
la» «Ordenanza* para el gobierno escolástico y político de las Academias de Leyes y Cánones». 



k» 



— 107 — 

Como las academias universitarias eran las conventuales, 
pues, además de la dicha teológico-dominicana, hubo una esco- 
lástica desde 1756 con Pasos y Conferencias de Artes y Teolo- 
gía en el Convento de San Francisco y desde igual fecha otra 
análoga en el Colegio ovetense de San Matías de los hijos de 
San Ignacio. A éstas y á aquéllas concurrían, como ya dijimos, 
Maestros y Escolares de la Universidad como los Padres y Cole- 
giales religiosos asistían á los actos académicos de nuestra Es- 
cuela, viviendo así manteistas y regulares en incesante comer- 
cio científico y en el continuo batallar dialéctico de aquellos 
tiempos. 

Las Academias de la Universidad eran dirigidas por el Di- 
rector, nombrado por el Claustro, y el Gemnisiarca, votado por 
los académicos, ambos cargos con pequeña gratificación. Dentro 
de aquéllos hubo diferentes y notables sucesos, siendo de no 
poca importancia la queja de los bachilleres á la Junta general 
del Principado, que venía ejerciendo un protectorado ó tutela 
universitaria, al pedir nulidad de asignación del gemnisiarca y 
oficios de la Academia, de la que con agravio fueron des- 
pedidos en 1783; nombró la Provincia sus comisarios y se 
arregló la cuestión amigablemente, pues, según la enseñanza de 
entonces, eran indispensables las Academias, como se manifiesta 
en un informe sobre el restablecimiento de la de Práctica forense, 
á principios del siglo xix (1). 

Mas el acontecimiento académico principal pasó en 1799-de 
esta manera: el Br. Oviedo y Portal propuso en la Academia de 
Leyes el siguiente tema para la discusión: o Jesucristo en la mo- 
ral de su Evangelio nada mas hizo que sublimar los preceptos 
de la Filosofía. » Causó extrañeza, escándalo y temor la tal pro- 
posición, y unánime el Claustro acordó que los doctores Palacio 
y Larauño con el Rector tomasen, consultada la Universidad de 
Valladolid, la providencia oportuna extendiéndola después para 
lo sucesivo. La # presión no se hizo esperar; al Br. Oviedo se le 
obligó á defender un tema contrario que había de entregar al 
Director de la Academia; más, cuando su nueva disertación, pre- 



íi) Archivo de la Uiiivcrsídnd. — Claustros de i. 1 de Diciembre de 1780; 33 de Octubre dé 
178»; 23 de Octubre de 1796 y »o de Diciembre de 1800.— Archivo de la Diputación provincial. 
—Diputaciones de ao de Diciembre de 1783 y 14 de Marao de 17S4.— Junta de j 3 de Agosto de 

17S4. 



nar 



— 108 — 
sentó una papeleta del Dr. Caunedo que, al votar, dijo sostenía 
la verdadera inteligencia de la conclusión con diferentes citas 
de Pedro Daniel Huet, Bergier, Sánchez, Santo Tomás, etc. El 
incidente fué objeto de graves controversias, y el joven teólogo 
pidió para Claustro extraordinario la explicación de su voto de 
no refular por herétfca una proposición, defendida por varios 
autores. Aunque algunos querían explicación incontinenti, se 
aplazó )a cuestión para otro día, pues varios graduados, que 
con el tiempo fueron á las Cortes de Cádiz, manifestaban gran- 
des deseos de nir á Caunedo mientras, evitando una cuestión 
resbaladiza, otros teólogos templados se daban ya por satisfe- 
chos. Hubo reparos, sin embargo, cuando leyó la apología de la 
cuestión, por mas que salvara como depresivas las palabras 
«nada mas hizo*; y en la sesión siguiente se leyeron unas comu- 
nicaciones del Prelado que, alarmado por el suceso, intervenía 
en un asunto académico de tanta relación con el dogma. 

Decía así el Obispo: «Acaban de comunicarme formalmente 
que en el Claustro, congregado el sábado próximo 9 del corrien- 
te, el Dr, D. José Caunedo, clérigo de prima corona, catedrático 
de Filosofía y opositor á los beneficios curados de mi diócesis, 
había leído un escrito formado para vindicar cierto dictamen 
suyo cu un piiuln muy serio de religión; que este papel ha sido 
oído con mucha nota y disgusto de algunos teólogos de concep- 
to del mismo Claustro; que en su consecuencia se había forma- 
do una diputación para examinarle y que en el día estaba ya pu- 
blicado este suceso y el objeto de aquel escrito entre la juven- 
tud de la misma Universidad y aun entre muchas personas de 
esla capilal dr mi diócesis, con riesgo de un daño gravísimo á 
su religión y Imcnafé. Y no debiendo yo en este caso desenten- 
derme de las obligaciones de mi carácter, como del empeño en 
que me pone una delación tan grave y que tanto excita el cargo 
mas especial de mi ministerio, cual es de velar por la pureza y 
conservación del sagrado depósito de la fé y separar de la grey 
que Jesucristo me ha confiado todo peligrro de contagio cance- 
roso de la mala doctrina, no puedo menos de decir á V. S. se 
sirva disponer se me pase el insinuado papel original, como 
igualmente cualesquiera copia que se haya sacado, para exami- 
narle con la autoridad que me compete y tomar por mi parte, 



— 109 — 

en su vista, las providencias que hallare por conveniente en las 
actuales circunstancias. Dios, etc., 22 de Marzo. Juan, Obispo 
de Oviedo.» 

Lacónica y mas terminante fué la comunicación del 15 de 
Mayo, y varios doctores reunidos en Ángulo hubieron de remi- 
tirle los documentos pedidos. Mas como esta resolución era gra- 
ve y no tomada en Claustro, hubo larga discusión cuando éste 
se reunió para proclamar no debió acordarse la pronta en- 
trega de aquellos escritos, pendientes del dictamen de una co- 
misión. Defendió el Sr. Palacio el acuerdo del Ángulo, del que 
pidió testimonio el Sr. Hévia y Noriega, después personaje noto- 
rio como consejero y testamentario de Fernando VII; se puso á 
discusión el dictamen de los comisarios sobre las ideas del 
Dr. Caunedo; y, en su vista, se acordó ejecutar la providencia 
del Claustro respecto al Br. Oviedo y que Caunedo reformase 
su papel en cuanto había autores casuistas que enseñaban aque- 
lla proposición, que ni él ni otro alguno podían enseñar en 
esta Universidad ni aún como probable, en público ni en secreto. 
Se archivaron los informes y los graduados modernos hubieron 
de conformarse con lo resuelto contra el Br. Oviedo, absteniéndo- 
se respecto al Dr. Caunedo, cuya proposición fué entonces co- 
nocida en toda España y en algunas partes de Europa (1). 

Para mayor lucimiento de las Academias y de todos los ac- 
tos en que la Teología tomaba parte, propusieron los de esta 
Facultad que en los sorteos de conclusiones, que se hacían por 
el Maestro de las Sentencias, alternase el Catecismo de San 
Pío V. Se pasó á dictamen de los directores de las Acade- 
mias, según sus escuelas, y así lo acordaron manifestando la 
conveniencia de introducir en estas aulas una alternativa que 
mejoraba la instrucción del eclesiástico con el interesante cate- 
cismo acordado en Trento, que encerraba lo mas selecto en or- 
den al dogma y moral cristiana. Y decían: «La Universidad tie- 
ne interés en que sus alumnos hagan conocer en los concursos 
y oposiciones el buen método que se observa en nuestros estu- 
dios: el cuidado y esmero con que se procura educar á la juven- 
tud para que pueda servir á la República en aquellos ramos á 

(i) Archivo de la Universidad.— Claustro de 19 de Mayo de 1799. 



— no- 
que se la destina y para que se conozca que la Universidad ha 
mirado y mira siempre por la instrucción literaria de sus hi- 
jos.* (1) 

Se vivía en plena libertad de enseñanza, y ésta, además de 
en las aulas universitarias y conventuales, se completaba en 
Pasantías privadas, que abrieron en sus casas principalmente 
para estudios jurídicos diferentes doctores y catedráticos. A ellas 
concurrían no pocos estudiantes á fin de prepararse y repa- 
sar las materias de las Facultades de Leyes y Cánones, te- 
niendo también en las moradas de los Maestros útiles liceos 6 
academias particulares, que alcanzaron concepto y estimación 
claustrales á juzgar por varias certificaciones de aquella época. 
Tales fueron las cátedras domésticas de D. Alonso Marcos de 
Llanos y Arguelles en 1751; de D. Juan Pérez Villamil en 177a; 
del Deán 1). Manuel Carro en 1777; de D. Eugenio Manuel Alva- 
rez Caballero en 1776; de D. Manuel M. Acebedo en 1780; de 
D. Felipe Ignacio Canga Arguelles en 1781; de D. José Alvarez 
Rojo en 1786; de D. Alonso Canella y Gutiérrez en 1796; de 
D. Antonio Piquero Arguelles en 1797, etc., etc. Estos y otros 
maestros son los que importaron y comenzaron á difundir los 
libros de Derecho patrio de Asso y De Manuel, Maymó y Ribés, 
Danvila, Berni y Cátala, Franckenau ó Cortés, Cortines, Febrero, 
Cornejo, Rodríguez Fonseca y, sobre todos, los de Pavorde Sala, 
íjue fueron más tarde texto preferente. 

Si, en general, los Consejeros de Carlos III y aún de Car- 
los IV iniciaron avances y fin de corruptelas pedagógicas, entre- 
veraron sus disposiciones y reformas con medidas restrictivas 
respecto á libros y periódicos y, por lo que toca á importante 
materia de enseñanza jurídica, fué del segundo de estos monar- 
cas la extinción de las cátedras de Derecho público, del Natural 
y do i ¡entes en 1794, dispuesta en la Universidad de Granada y 
extensiva á las demás. Si en Oviedo no había tan útil enseñan- 
za, ya los Maestros se referían con amplitud á estas materias en 
sus explicaciones, por lo que, aquí se dejó sentir ley tan perjudi- 
cial ruando los estudios jurídicos seguían nuevo rumbo en el 
examen de la legislación patria y de sus fundamentos, que en 



i 



e U Uiuvcrsid.t.l. — Clauitro de 13 de Euer.» de 1Ü00. 



nuestra provincia era indispensable después de la erección de la 
Real Audiencia territorial y de la fundación del ilustre Colegio 
de Abogados de Oviedo. 

Débese esta institución á los Catedráticos D. Francisco de 
ílranda Valdés, D. Pedro Ruiz Villar, D. Felipe Villaverde, don 
Blas José de Faes, D. José Hevia y Noriega y D. Felipe Canga 
Arguelles; á los Doctores D. Bernardo Estrada Valvidares, don 
Andrés Arguelles Meres y D. Ramón de Hevia y Miranda; y á los 
Licenciados D. Juan de Pedrosa Rubio, D. Andrés Rodríguez 
Valdés, D.. Antonio Fernández déla Llana, D. Matías Fernández 
de Prado, D. Benito Gutiérrez Jove, D. Emeterio Cacho, D. José 
Conejares y D. Eugenio Manuel Alvarez Caballero, que obtuvie- 
ron la Real Provisión fundacional de 29 de Agosto de 1775. El 
Colegio ovetense de Abogados, que puede considerarse institu- 
ción filial de nuestra Universidad, en su Sala claustral vino con- 
gregándose, celebrando sesiones y tomando acuerdos durante 
más de medio siglo, siendo los colegiales alumnos de estas aulas 
y en muchas ocasiones los catedráticos ejercieron el decanato, 
habiendo así estrecha hermandad entre ambas instituciones. La 
nueva determinó más el cambio y dirección al estudio de las 
leyes nacionales que, como en todas partes, aquí se dejaba sen- 
tir contra inveteradas resistencias de los viejos maestros, que 
trabajosamente se referían en sus .explicaciones á las leyes de 
Toro, de la Nueva Recopilación y de otros cuerpos legales. 

Abolido el sistema de lecturas y sustituido por los libros 
«le texto (1), desde antes de reformas comenzadas en 1770, ya 
liemos visto el examen que de estos se hacía, dando ocasión á 
informes discutidos á veces con fuego y á dictámenes, donde 
brillan ideas muy particulares sobre ciertas materias, ya refu- 
tando la doctrina de algún autor ó sustituyendo uno á otro, 
bien alterando su método, cuand:) no se prohibía su estudio y 
explicación. Con frecuencia se consultaba á Salamanca y á Va- 
Hadolid y, oído el parecer de estas Universidades mayores, se 



(i) Al disponer el Rey Sabio en el título XX XI de la Partida Segunda, de qué manera 
•deben los maestros mostrar á los escolara los saberes», «leyendo los libros, faciéndolo entender 
tn mejor que ellos pudieren», dispuso t tnibién que en los «Estudios» hubiese libreros «cstaciu- 
runos de buenos libros legibles, verdaderos de texto y glosa- c«»n permiso del Rector y coa ta^a 
» ■ .Kticrdo con el Claustr j. 

En Estatuto» universitarios y en la Novísima Recopilación Libio YlIIy se recomiendan 
y prohiben diferentes libros de texto, Cj.\ su tasa umbi»; i y otras disp jsieione*. 



— 112 — 

hacían diferentes cambios como el Lacini por Cantalapiedra en 
Sagrada Escritura, en Cánones el Selvagio y Lackis por Lance- 
Joto, siendo muy de notar el curioso y razonado examen que 
dd P. Jaquier se hizo á propuesta del Dr. Caunedo (1). 

Por lo que loca á medios materiales de enseñanza no fueron 
ni muy buenos ni muy sobrados tanto en las asignaturas de Ar- 
tes que los necesitaban, como en las breves enseñanzas de Me- 
dicina (2), pues en las Facultades de Teología, Leyes y Cánones, 
cuando más se precisaban buenos libros y ediciones caras en 
la Biblioteca ó librería universitaria, de que hablaremos en su 
lugar. Toscos y sencillísimos fueron los primeros instrumentos 
de la cátedra de Matemáticas, que á su cuidado tenía el bibliote- 
cario, y al acrecentarlos por R. O. de 9 de Febrero de 1765 se 
mandó al Regente de la Audiencia, presidente de la Junta gene- 
ral del Principado, que para la compra de algunas máquinas as- 
tronómicas se asesorase de los Doctores D. Andrés Carlos de 
Prada y del P. M + Fr. Bernardo Carasa. Con el tiempo se au- 
mentó el material, que fué pobre y embrionario, dado el atraso 
en que estaba la enseñanza esperimental, por una parte, y aten- 
diendo, por otra, á que la penuria de la Escuela no permitía la 
adquisición de importantes medios, aunque es digno de mención 
el rico monetario procedente del Colegio de Jesuítas y que 
desapareció después. Por estas escaseces no estableció en 1780 
la Academia de Dibujo y Perspectiva (3). 

Larga sería nuestra tarea si diésemos cuenta de tantos y tan- 
tos acuerdos del Claustro durante el siglo xvm con muchos 
asuntos y reformas de que hicimos mérito; pero no debe omi- 
tirse que, en 178Ü hizo una proposición el Dr. San Pedro para 
aumentar la importancia del Establecimiento, estribando toda 
ella en la extensión y aumento de la autoridad escolástica; en 
1783, 1784 y 179i la Universidad se interesó, á petición de FlO- 



fi) Archivo de I» Universidad.— Claustros de 12 de Junio de 1776; 32 de Julio, 7 y 21 de 
Agobio de 179R >■ 99 de Agotto cte [802. 

la) Archivo d*i hi U ni ve r>idnd. — Claustros de 13 de Septiembre de 1777 y 10 de Julio 
de [7S0, 

trsid.id,— Claustros de 13 de Septiembre de 1777 y 10 de Julio 
de 178*5 — No cuneta que para Ui l~ acuitad de Medicina, que tuvo aquí modesta vid«\ se establecie- 
ren clínica* en lni hospitales de la ciudad, aunque es probable. Respecto á la adquisición de 
instrumental médico, no hay dnios en el Archivo universitario; pero 110 debía tenerlo el nuevo 
Estudio cuando el cirujano ovetense D. Francisco Rodríguez solicitaba del Municipio en 24 de 
Julio de i??? I;i ¡idqukkión de tina silla de Heistcr para parturientas y una máquina fumigato- 
ria necesaria para varia* enfermedades. 



— n3 — 

ridablanca, en la beatificación del V. Palafox; dio comisión á 
dos doctores para buscar sitio y edificar una cárcel de estudian- 
tes, que requería el abuso del Fuero académico; y acordó hacer 
rogativas por la paz con Francia (1). 

Los asuetos ó dias de vacación fueron también objeto de 
providencias. En los Estatutos Viejos están marcados los dias en 
que no había lectura, sin contar aquellos de ejercicios de los Gra- 
dos de licenciado y doctor, que se redujeron después. Mas tarde 
hubo asueto en 23 y 28 de Enero; 3 de Febrero por la tarde; 7 
y 17 de Marzo; 25 de Abril; 2 y 25 de Noviembre; los cuatro de 
Carnestolendas; desde el 23 de Diciembre al 7 de Enero; desde 
el viernes de Dolores hasta el martes de Pascua, etc., quedan- 
do, por lo tanto, como dias lectivos 143 en esta forma: Enero, 
1M; Febrero, 19; Marzo, 13; Abril, 17; Mayo, 19; Junio, 12; Oc- 
tubre, 9; Noviembre, 21; y Diciembre, 15; durando las vacacio- 
nes del verano desde el 18 de Junio hasta el 18 de Octubre. 

Era grande el descanso, y en 1794 hubo proposición para 
disminuirle porque aumentaba con diferentes acontecimientos 
casuales. Una diputación de la Junta general del Principado se 
presentó al Claustro en 1795 manifestando la necesidad de ade- 
lantar el punto en razón de varias dificultades, corno alojar al 
lucimiento de nobles, carestía de los alimentos, proximidad de 
las ferias y la fácil ocasión á reyertas entre soldados y estudian- 
tes. Fué preciso concederlo, y en 1797 y 1798 también por el su- 
bido precio de artículos de primera necesidad, alojamiento de 
tropas, mercado de la Ascensión y la reunión de la Asamblea 
provincial en 1799. En el primero de estos tres últimos años, el 
Juez 1.° de Oviedo pasó al Claustro esta comunicación:.. «Siendo 
la baratura ó carestía de los granos en esta capital la que dá 
tono ó arreglo á los mercados de la provincia, ya que la influen- 
cia de la opinión en estas cosas nace mas bien del temor que de 
la esperanza, atendiendo mas á lo que falta que á lo que existe; 
para precaver que la común aprensión anticipe y abulte los ho- 
rrores de la necesidad, exigen las circunstancias evitar en tiem- 
po cuanto pueda contribuir á desviar las tristes resultas de ésta. 
V como la baratura de los granos en los pueblos es precisa en 



<i) Archivo de la U.m'oixld.id. -Clá:i»tr>; do 5 do M iy o de 17S3; 5 Je Jir.no de 1784; 
'¡cAj'mo de 1785 y i." de AgosU de 1795. 



- 114 — 

proporción de los menos consumidores, á efecto de conseguirlo 

en esta ciudad, ó á lo menos que no incrementen su precio 

espero se sirva (el Claustro), en obsequio de la causa común, 
acordar desde luego, dispensar á los oyentes de esa Real Uni- 
versidad, dándoles libertad para que puedan restituirse á sus 
casas, declarando concluido el curso.» Este y otros casos preci- 
saron á que la Diputación provincial expresara al Consejo el 
perjuicio de adelantar las vacaciones y consentir tantos días de 
asueto (1). 

Las ferias que en esta ciudad se celebran por la Ascensión 
y Todos los Santos, se extendían antes á la calle de la Picota 
(hoy de la Universidad) y en 1771 el Claustro indicó al Munici- 
pio los perjuicios de tal costumbre. En el año siguiente las 
trasladó el Ayuntamiento con gran provecho de la quietud que 
debe reinar cerca de las escuelas (2). 

De nuevo en este período surgieron apremios de recursos 
porque las necesidades, que llevan consigo los cambios y las 
aspiraciones sucesivas de los tiempos, debilitaron el estado eco- 
nómico universitario, no obstante las medidas que se tomaron 
desde 1769. 

El Consejo de Castilla, donde tuvimos valimiento por miem- 
bros asturianos y por hijos agradecidos de las aulas ovetenses, 
ordenó á la Universidad repetidas veces, principalmente en 1767 
y 1771, que propusiera los arbitrios que juzgara oportunos para 
el efecto; y considerando «que el verdadero y pronto fondo de 
los estudios consiste en las rentas eclesiásticas, adoptó (el Con- 
sejo) como el medio más conforme á derecho y más útil al Es- 
tado la aplicación y agregación de préstamos y beneficios sim- 
ples» y lo avisó al Claustro remitiendo el asunto á la Real Cá- 
mara. Esta se ayudó al caso y en 16 de Noviembre del di- 
cho 1774, dirigió una Real orden al Obispo de Oviedo o para 
que, enterado de la renta de la Universidad, informase de lo que 
convendría aumentar para dotación de cada cátedra y salario 
de dependientes, proponiendo un plan con expresión de cuáles 



t 



(i) Archivo de la Universidad.— Claustros de 25 de Enero de 1794; 2 de Junio de 1795; 
10 de Mayo de 1797-, 26 de Abril de 1798 y 17 de Abril de 1799.— Archivo de la Diputación 
provincial.— Libros de actas: Junta de i. w de Mayo de 17.J9 y Diputación de 10 de Entr > 
de xS^o. 

12) Archivo de la Universidad. — Claustros de 6 de Julio de 17S1 y 4 de Febrero de i782. 



-115- 
y cuantos beneficios incongruos, préstamos y capellanías de la 
Diócesis se podían y debían agregar, sin perjuicio de la Iglesia, 
á la Universidad, y en qué consistiría anualmente el producto de 
dichas piezas, extendiendo la unióir á cualquiera otra preben- 
da, etc.» El Consejero-Director recordó al Prelado de la Dióce- 
sis que ejecutara las órdenes dadas para la reunión y extinción 
de beneficios simples, agregándolos á la Escuela; y siendo insu- 
ficiente tal medida, proponía la Corporación que se pensionase 
la mitra en 4.000 ducados y los préstamos de algunos curatos, 
reduciéndolos á vicarías como en Santiago, ó se concediese un 
crecido arbitrio en cada libra de tabaco que se consumiese en 
la provincia. 

El Prelado formó el plan de dotación, manifestó que falta- 
ban más de aquella suma para dotar las cátedras, y creyó im- 
practicable la indicada agregación beneficiaría aún sumando la 
de la dignidad de Prior de la S. I. C, mientras juzgaba más con- 
veniente la supresión y aplicación de la Abadía y Colegiata de 
Santa María de Arbás del Puerto de Pajares. Así lo estimó la 
Real Cámara. La Universidad recurrió á la Corte y, después de 
otras gestiones en 1777 y 1783, pidió á la Junta general del Prin- 
cipado que la ayudase en sus pretensiones y á terminar el largo 
expediente de la urgente adjudicación de bienes de la dicha Co- 
legiata. En 1776 el alto Cuerpo dictó auto para mejor pro- 
veer acordando se visitase la Abadía; encargo que por R. D. 
de 6 de Febrero de 1787 se cometió al Chantre de la Cate- 
dral ovetense Dr. D. Jacinto Díaz de Miranda, sabio catedrático 
de la Universidad, que cumplió su misión con celo y acierto. 
Redactó luminoso informe donde, después de compendiosa re- 
seña histórica de la Escuela, sus primeros recursos funda- 
cionales, arbitrios sucesivos y principalmente los facilitados 
por la provincia en 1736, manifestaba la precaria situación del 
Magisterio, oque no tenía con qué sustentarse la mitad del año 
sin destinarse á la abogacía, curatos .y otros ejercicios que, 
siéndoles indispensables para vivir, les apartaba de la seria y 
constante aplicación á la enseñanza»; aducía el recargo de tra- 
bajo después de la reforma de estudios de 1774, llamada de 
Campomanes, y que era indispensable nueva dotación á los ca- 
tedráticos para que «libres de la necesidad de buscar su sustento 



-lió- 
se puedan dedicar al estudio de las Lenguas, Ciencias exactas y 
otros conocimientos difíciles y menos frecuentados, aunque muy 
necesarios y muy útiles para la necesidad espiritual y temporal 
de estos reinos, y especialmente de Asturias». A continuación 
expone la situación de la Colegiata de Arbás, su origen y funda- 
ción, donaciones regias, agregación del hospital, rentas, juris- 
dicciones espiritual y temporal de su Abad y Cabildo, falta de 
residencia, vida y costumbres censurables de los capitulares, 
haciendo sobre esto una tristísima pintura de los abusos y rela- 
jación á que había llegado la fundación piadosa; cargos tre- 
mendos, y más en la boca y pluma de un sacerdote virtuoso é 
ilustradísimo. Razona, para contraste, la importancia de la Uni- 
versidad, bienes que reportaba y beneficios mayores que podían 
esperarse, y dice: 

«Tiempo hace que el Obispado de Oviedo es el que roas abunda de pastore- 
sabios y celosos que se esmeran á competencia en el Ministerio de su desempe- 
ño, tomando la debida instrucción en la Universidad, que suple las veces de el 
Seminario Conciliar, y crió muchos sujetos que han servido y sirven á los Seño- 
res Reyes en varios empleos á que fueron ensalzados, y no le faltaron Cate- 
dráticos que con sus escritos ilustrasen la nación, entre los que cuenta señalada- 
mente al Maestro Feijóo. Es en el día la Universidad un teatro ó escuela publica 
donde hay cátedras de lengua Griega, Filosofía, Teología, escolástica y moral. 
Concilios, Sagrada Escritura, Leyes, Cánones, Medicina, Anatomía y de Mate- 
máticas, y en donde, por medio de una dotación competente, fácilmente se pu- 
diera establecer la enseñanza de derecho económico de gentes, y natural de len- 
guas orientales, Física experimental, Química y Botánica y otras ciencias exac- 
tas, cuyos conocimientos son tan útiles y necesarios para dar valor á la prodi- 
giosa variedad de producciones de el país y hacer ricos á sus naturales. Por todo 
esto la Universidad es uno de los objetos más útiles á la Religión y al Estado, y 
cuya conservación interesa sumamente á los naturales de Asturias y provincias 
inmediatas, que de otra suerte volverían á sumergirse en la más profunda igno- 
rancia porque se hallan encerrados dentro de ásperas montañas y sin medios, 
por su pobreza, para salir á adquirir las ciencias que necesitan á otras Universida- 
des, distando de la ciudad de Oviedo, la más inmediata de ellas, más de cuaren- 
ta lenguas. Los Santos Pontífices reconociendo su utilidad, la igualaron en privi- 
legios con la de Salamanca, y los Señores Reyes en premio de los servicios la 
recibieron bajo de su especial protección, aumentaron sus fondos y aún manda- 
ron que se recopilasen sus Privilegios en la primera impresión de la Leyes; y el 
Supremo Consejo de Castilla y la Real Cámara reconocieron por urgentísima y 
de interés público á la Iglesia y al Estado la causa de la dotación de dicha Uni- 
versidad, como que de ella depende su conservación. El establecimiento de las 
Universidades fué sin duda alguna uno do los medios de que se valió la Divina 



k 



— Im- 
providencia pira conservir la pureza de la Doctrina en su Iglesia y, á su imita- 
ción, es una de las máximas políticas para mantener la quietud pública en el 
Reino, porque una enseñanza temprana, uniforme y acomodada á la naturaleza 
y principios de el Gobierno, no puede menos de producir la firmeza y felicidad 
de éste. Para dudar de la utilidad moral y política de las Universidades es me- 
nester olvidar que son la base fundamental de toda la política nacional; no cono- 
cer el bien que pueden producir, y cegarse por no ver los gloriosos esfuerzos 
que hicieron nuestros Monarcas para conseguir por medio de la restauración de 
las letras la feliz reparación de la Monarquía. Al contrario, la Abadía y Colegia- 
ta de Arbás cuando no sea perjudicial por la relajación de la Disciplina ecle- 
siástica, sacrilega usurpación de la potestad espiritual, empello de eximirse de la 
jurisdicción diocesana y servir de padrasto á los dos Obispos confinantes de 
Oviedo y León, por la apresión y pleitos en que envuelven á los vecinos del con- 
cejo y, finalmente, por la ignorancia criminal y escandalosa vida y costumbres 
de los canónigos, es á lo menos inútil, porque, á la verdad, ¿qué cosa puede ser 
más que la nunca trajo provecho alguno? 9 

Y demostrando que la fundación abacial no se había distin- 
guido por ninguna cosa provechosa ni memorable; que oLras 
habían sido abolidas con buen acierto por necesidades análogas 
á la de que se trataba, fundaba la conveniencia de suprimir la 
de Arbás atendiendo á preceptos de derecho natural, eclesiásti- ' 
co, disciplinario y positivo, que reforzaba con textos legales; y 
terminaba insistiendo en los proyectos de la Real Cámara ó en 
la imposición de una pensión de 7.000 ducados sobre la Mitra 
de Oviedo opara completar la dotación conveniente de un Estu- 
dio general que comprenda, además de las cátedras propuestas 
por el Rvdo. Obispo en su Plan, las correspondientes á cursos 
de Matemáticas, Medicino, Ciencias exactas y demás conoci- 
mientos necesarios para el bien espiritual y temporal del país y 
del reino como también propios de la ilustración del siglo y de 
la magnificencia de nuestro augusto soberano, para que por 
acción tan gloriosa y reservada al feliz reinado de Carlos IV le 
llenen siempre de bendiciones la Ciudad y Universidad de Ovie- 
do con el Principado de Asturias») (1). Otra vez más durmió un 
expediente útil y apremiante en los Centros oficiales de Madrid; 



(i) Archivo de la Universidad. 

En la Biblioteca del Instituto de Jovcllanos de Gijón se guarda en la interesante Colección 
de Manuscritos de su in«igne fundador otra copia literal del luminoso informe del Dr. Diaz Mi- 
randa.— (Véase el Catálogo de aquellos documentos por D.Julio Somoza. en impresión acordada 
por el Rectorado y costeada por el Excmo. Sr. D. José de Posada Herrera.— Oviedo, 1883). 

Kn esta época de apuros de la Escuela ovetense gestionó el celebre Jovellanos para alcan- 
zar los recurso» necesario*. — «¿Quién más trabajó por dotar la Universidad?* escribía el bene- 
mérito asturiano á su buen amigo el Sr. González de Posada, desde Gijón, á 30 de Mayo de 1799. 



t 



— us- 
ía Universidad y la Junta General continuaron sus gestiones 
desde 1788 sin alcanzar nada, porque de nuevo habían renacido 
en altas regiones ciertas influencias con recelo político á deter- 
minadas enseñanzas; los beneméritos maestros ovetenses siguie- 
ron viviendo en el mayor ahogo, sin abandonar su puesto de 
honor; y la Provincia y el Claustro aún seguían sus demanda^ 
pidiendo en 1799 y 1800 que, cuando menos, se pagasen en 
metálico los intereses de los ya famosos juros universitarios. 

Las aspiraciones al engrandecimiento de nuestra Escuela, re- 
formando su organismo primitivo con más recursos, nuevas ten- 
dencias y amplitud para mayor nivel moral del país, eran como 
eco y resultado de profundos cambios que se operaban en todos 
los órdenes sociales dentro de la provincia. 

Otra era ya la administración rotos los antiguos moldes de 
gobierno del Principado, pues, no obstante el carácter severo y 
curialesco del Real Acuerdo y Audiencia x alguno de sus Regen- 
tes, gobernadores también de la provincia con extensas atribu- 
ciones, dejaron duradera memoria, como el aragonés D. Isidoro 
tul de Jaz (1719 á 1755) al poner mano en todos los servicios 
públicos, cortar corruptela, acometer empresas de muy grata 
memoria y proyectar otras Ordenanzas. 

La subida de Campomanes al poderoso Consejo de Castilla, 
sus benéficas ideas de reformas morales y materiales, el aliento 
y protección á sus paisanos, á quienes puso en cargos preemi- 
nentes, y su intervención atinada en ios viejos institutos civiles 
y eclesiásticos de la región, produjo una vida de actividad y de 
relaciones con el centro nacional, del que vivíamos apartados, y 
señaló nueva orientación á Asturias. La fijó más y más el gran 
Jovelhmos cuando por su destierro, encubierto en una comisión, 
regresó al amado y nativo rincón, viajó por estos valles y mon- 
tanas de uno á otro extremo y los estudió con detenimiento, lle- 
vando a tedas partes su levantado espíritu de observación, del 
que fueron surgiendo la necesidad de cambios, abolición de ru- 
tinas, conveniencia de nuevos hábitos y más acertada dirección 
á nuestras ideas y fuerzas. Ya en el seno de la Sociedad Eco- 
nómica de Anudes del País, creada en Oviedo en 1784J y nutrida 
principalmente con perenal universitario, discurrió un día sobre 
los ukhíos de procurar la felicidad dei Principado y otro acerca 



- 119 — 

del estudio de las ciencias útiles, determinando un programa de 
reorganización, que llevó á todas las comarcas cuando las visitó 
escudriñando su pasado con estudio de diplomas y monumentos 
desconocidos, al par que consideraba su presente rutinario y 
aconsejaba otros rumbos para lo porvenir. La ultimación de la 
carretera de Castilla, la explotación minera, el Instituto de Gijón 
con extensas miras, el proyecto de una Academia provincial y 
mil propósitos más que campean en discursos, cartas y en los 
deseados o Diarios», señalan en el insigne Jovellanos ai bienhe- 
chor principal de nuestra tierra, como fué en España modelo y 
tipo de ciudadanos virtuosos y patriotas. Supo rodearse aquí de 
personas de prestigio, útiles, clarividentes y de independencia, 
de buenos asturianos amantes del progreso, contenido en lo ge- 
neral por recelosa política á fines del siglo xvm. De esta suerte, 
el autor del «Informe sobre la Ley Agraria» abrió el surco se- 
ñalado por el escritor brioso del «Fomento de la Industria po- 
pular» y del «Tratado de la Regalía de Amortización»; allí el 
ilustre gijonés arrojó las semillas; y así á los dos ministros dé- 
bense abundantes frutos recogidos más tarde. 

Uno y otro buscaron auxiliares en la Universidad y en la 
Junta General del Principado porque sus miembros eran perso- 
nalidades salientes de todos los concejos, y en el Claustro do- 
cente figuraban además como catedráticos y doctores los pre- 
bendados del Cabildo Catedral y los Abades y Maestros de 
Monasterios poderosos, con quienes también se contó para 
innovaciones que se acometieron ó indicaron entonces, figuran- 
do asimismo en este movimiento el inolvidable y generoso Obispo 
Sr. González Pisador. 

La Agricultura, Industria y Comercio se movieron y agitaron 
más, viéndose protegidas y consideradas; la Imprenta tuvo asien- 
to en Oviedo con auxilios, provincial, universitario y municipal; 
se abrió la enseñanza de Dibujo, tan deseada; aumentáronse las 
Escuelas de primeras letras; se amplió la después llamada Se- 
gunda Enseñanza; y por estos medios progresaron cultura y ri- 
queza asturianas, que tuvieron manifestación y auxiliares valio- 
sos. Tanto y más se debió también á inmigración francesa 
de perseguidos por la Revolución, que aportó á nuestra tierra 
gente de mérito, principalmente ilustrados sacerdotes; á las in- 

9 



vestigaciones históricas de los eruditos P. Risco y Dr. Torres 
Ubeda, realizadas en aquella época (1); á un Foro respetable 
por sus doctos letrados; á un grupo de innovadores de todas cla- 
ses como Cueto, el malogrado Berbeo, Caunedo Cuevillas, 
Peón, Cónsul, Puente, González Reguera, Toreno (D. José Joa- 
quín) y otros Socios de la Económica; á los poetas del bable; á 
Martínez Marina (ausente de la patria, pero viviendo en ella por 
sus colaboradores); y, á este tenor, se sumaron otras fuerzas, 
conspirando á la obra de una Asturias nueva. 

Y la parte principal de esta agitación partía naturalmente de 
la Universidad ovetense, cuyos miembros (salvo resistencias de 
siempre en determinadas parcialidades) aspiraban á más refor- 
mas, aún recientes las ya reseñadas y con tanto trabajo y esca- 
sez sostenidas. De este deseo son expresión elocuente la carta 
dirigida en 1795 al Sr. D. Juan Antonio Pastor, fiscal del Conse- 
jo de Castilla (antes fiscal en Oviedo y colaborador de Campo- 
manes desde 1773 á 1788) por el catedrático Dr. D. Antonio 
Fernández de Prado, y el discurso del Di. D. Andrés Ángel de 
la Vega, también maestro, pronunciado en 1798 cuando las 
fiestas universitarias dedicadas á Jovellanos. 

Manifestaba el primero «que el estudio del Derecho civil de 
los romanos, según se enseñaba en esta Universidad, no sola- 
mente era inútil sino perjudicial á los jóvenes que se dedica- 
ban á él caún después del plan ovetense de 1774 con la refe- 
rencia y comparación que recomendaba con el Derecho na- 
cional. »> 

< Alimentados, dice, los alumnos con unas doctrinas en que se ocupan cons- 
tantemente por cq>acio de cuatro año<. las cobran tanto cariño é inclinación, 
que miran con desden y desprecio las del Rein:>. sin que aproveche cosa alguna 
las advertencias, que de vi\a \o: se its haga, «obre la variación de nuestras Le- 
jes ^en que trabajo no poco, aunque sin íruto en la Cátedra que estoy regen- 
tando . siguiéndose de aquí que. al cal o de su carrera escolástica, no tienen el 
menor conocimiento de la Legislación de España, ni de la historia del derecho 



r 



i»» CooocU * c* d trjiKnj? del cn;J ':.-» P. M. 2?«>t : no Fr. Mar riel Risco, tomos 37, 38 y 
tg de Ix ¿J/aCt S'^c.:j.:. rcla-:> >a *.» I> x«r>U y pr.\i:c a Je \_H.edo. 

F- l>r. l> i"Cv! . A' j>*¿s¿^ IV r res l:<\i. . (S.^'U- Je la l ~:>er>idad de Zaragoza y gra- 
duado cj G-V .-. re fi » • r >c;c. >c y .; ;~ Ru. vi- .:u: * ci 1751 paia visitar todos lo* 
archines .:«.. O". >'\c^ v << : tri*--. r a a H -:. *• » w'v^ a-:.. Je Lsoaí-j. halñcndo rec on ocido la 
librería v e.v . •«•••■» Je 1- Cax::^ > ».e .a M :ra C .-- ¿.:\ B-^sierv<.i< cepias y extractos; re- 
dacto ei Cata- c-" J' O..",»» w^rc í-.;c :.;a> '?«•*, rc^ • . .c traslade numeroso de i u?cri pob- 
res anti^va.» ».c. Fr. ic.jv^^. a:o*.v : ,c^.as osi.¿ , \.iras ce t ¿». case< colecciono menedas ha- 
lladas ea ei jvu>; y o«;Ttb;.yo cu i-untantes sa;crÍA.e> a ¡a Paiev^rra'ia nacional. 



— 121 — 

tan indispensable para* adquirirla, habiendo consumido un tiempo muy precioso 
en superfluidades, cuestiones vanas, y en un estudio al fin proscripto por núes* 
tras Leyes, porque por éstas solamente deben decidir los pleitos y cuestiones 
los Jueces y Magistrados, á cuyos cargos únicamente podrán aspirar los profe- 
sores de esta Facultad. Este amor y añción, que han tomado los jóvenes desde 
su principio A las Leyes de los Romanos, da motivo á que sean muy raros los 
que asisten á la Cátedra de prima de Leyes, en donde se enseñan las Recopila- 
das, cuya asignatura no entiendo que pueda ser de mucha utilidad porque ni se 
estudian por principios, ni sobre ellas se hace la crítica debida. Ellas están en 
castellano, y si el Catedrático no las ilustra manifestando á sus discípulos el 
motivo y ocasión de su establecimiento, su justicia, extensión que tienen en el 
concepto de sus comentadores, si se hallan iguales decisiones ó contrarias en 
los Cuerpos de nuestra legislación desde el Fuero Juzgo, si fueron establecidas 
en Cortes, si por Pragmática, como se formaban en los Concilios de la Na- 
ción, etc., ninguna otra instrucción adquieren más que la que podían lograr en 
su estudio privado» (i). 

Sigue razonando la necesidad de estudiar directamente el 
Derecho español con citas autorizadas de cuantos reclamaron 
esta enseñanza; y después el mismo Dr. Prado transmitió la 
carta al Sr. Jovellanos, que se apresuró á contestarle con otra 
magistral, cual todas las suyas, sobre el método de estudios en 
Derecho. Condena el empleo de la lengua latina para ello, 
mientras recomienda la Gramática castellana, Lógica, Geome- 
tría y Física esperimental para hablar y discurrir bien; después 
señala el paso «natural» al estudio del derecho social ó público 
universal; y, «no teniendo al Derecho romano como necesario 
al jurisconsulto español» en estudios elementales de cátedra, 
pasa á señalar el plan de estudios del Derecho patrio, doliéndose 
de la carencia de libros clásicos á este objeto. Para la Historia 
jurídica recomienda la Sacne The miel i s Hispana: Arcano, de 
Cortés, los prólogos de los doctores Asso y Manuel al Fuero 
viejo, Ordenamiento de Alcalá é Instituciones de Castilla, las 
Cartas de Mayans al Dr. Berny y del P. Burriel al Licdo. Ama- 

(i) E&te deficiente y extraviado estudio en una Facultad de Leyes españolas era general en 
la nación, aunque sostenga otra opinión el Sr. D. Vicente de La Fuente. Por lo que toca á la 
Univeriidad de Oviedo, pudiéramos prrscntar muchas pruebas más de las del texto en éste y 
capitulo* precedentes. Véanse los 'Apuntes biográficos de D.José Rodríguez Busto, con relación 
de las vicisitudes políticas y el análisis critico legal de varios hechos importantes que le ocurrie- 
ran y de los que fué víctima, etc. (Madrid, 1856)». Fs una interesante autobiografía escrita por 
aquel ¡ntergérrimo y benemérito magistrado, digna de ser lcida; y al objeto de la presente histo- 
ria hace relación detenida de su carrtra en Oviedo, (1793 á 1802) con estudio deficiente de filoso- 
fía, más incompleto de la jurisprudencia civil y canónica, y trabajos en las Academias domini- 
cales que describe. El cuadro que presenta de las Facultades de Leyes y Cánones es expresivo, 
aunque también denuncia la influencia de la revolución francesa, que se dejaba sentir «sin que 
pudiesen impedir ese torrente las medidas activas y eficaces de los gobiernos absolutos.» 



— 122 — 

ya; antes de las Instituciones civiles requiere el conocimiento 
de la Constitución (acerca de la que diserta) y del Derecho po- 
lítico, difícil por falta de libros, necesitando acudir al estudio de 
la Partida Segunda, adicionada con elementos dispersos en 
nuestros archivos; y, por último, ya dentro de los elementos de 
nuestro Derecho, deseaba una publicación española á estilo de 
la francesa de Domat, pudiendo servir de base ó materiales 
para ello las concordancias de Jiménez, las dichas Instituciones 
de Asso y Manuel y un cuidadoso estudio de las leyes de Par- 
tida y Recopilación (lj. 

Cuando la exaltación de Jovellanos al Ministerio de Gracia 
y Justicia, el Dr. Vega recordó en notable oración la sabiduría 
y merecimientos de aquel varón insigne, complaciéndose par- 
ticularmente en sus ideas y reformas sobre disciplina y estudios 
al redactar el Reglamento literario é institucional del Colegio 
salmantino de Calatrava; y exclamaba: 

«¡Plan admirable y deseado! Ven á este liceo, habla en nom- 
bre del sabio que te formó; sé tu mismo la prueba de su sabidu- 
ría y el tributo que le rindamos; sé el premio de su autor, diri- 
giendo á nuestros jóvenes desde hoy, mejorando sus estudios, 
haciendo florecer las ciencias en un país donde pueden cogerse 
abundantes frutos entregándole todo á la utilidad pública para 
que solo has salido á luz.» \ 

Llegamos al siglo xix; pero, antes de dejar el xvm, vamos á 
insistir más en éste y á enterar á nuestros lectores de antiguas 
costumbres y sucesos, que darán á conocer con detalles otros 
aspectos de la pasada Instrucción pública y en particular en la 
Universidad de Oviedo. 



(i\ Pe la c*rta del Dr. Prado > Oviedo y ti de Pícierr.brc de 1795' al Fiscal Pastor circu- 
laron mucha* copia* en la proxincin, y por la importancia del asunto no se hiro esperar la con- 
testación de Jovellano* «Gijon 17 de UicicirUe de dicho año*. 

Otro lWtor de nuestra Vinversidad, P Juan N. San Miguel escribió también al célebre 
asturiano disertando acerca de la* I eye<* e«pafii'¡.i<, y aquel !e c».itc-to con una notabilísima 
carta sobre el •Origen y autoridad Ic^al de nuestros Código»» {Gijou, 19 de Junio de ^97) con 
opiniones que le cncargt consultar con el I)r. Vega. 



- 123 — 



CAPITULO VIII 



Antigua vida académica y usos y costumbres universitarios en Oviedo. — Estu- 
dio y Universidad, Claustro y Gremio.— Insignias y distintivos académi- 
cos.— Fuero escolar; su ejercicio, vicisitudes y casos en nuestra Escuela. — 
Las «cadenas» y la «pedrera». — Varias manifestaciones de exención relati- 
vas al servicio militar y uso del papel sellado. — Estudiantes; su antigua con- 
dición; traje escolar; la Tuna y otras manifestaciones de la vida estudiantil. 

— Solemnidades para los grados. — El Bachillerato. — Examen de Abogacía. 

— La Licenciatura; procesión ó paseo claustrales; ejercicios y examen; cena; 
votación; juramentos é investidura del Licenciado.— Análogas ceremonias 
en el grado de Doctor; actos públicos; atributos doctorales; investidura, ju- 
ramento y borla; discursos y vejámenes ó gallos.— Colocación de los invita, 
dos. — Depósito, propinas y otros gastos de los graduandos. — Reclamaciones 
contra su exceso por la Junta general del Principado.— Concesión de grados 
de honor á ilustres personalidades (I\ Cádiz, Campomancs, Jovellanos, Pé- 
rez Villamil, Hevia, etc.) — Los tz/tor^r.— Demostraciones de alegría en oca- 
sión de ascensos de los Maestros é hijos de la Universidad (P. Feijóo, Cnm- 
pomanes, Jovellanos, etc.)— Celebración de fiestas religiosas y profanas ordi- 
narias y extraordinarias. — Actos solemnes del Claustro en natalicios, juras, 
matrimonios y lutos regios.— Otros homenajes religiosos y profanos acorda- 
dos por la Corporación (P. Feijóo, Obispo Pisador). — El Patrono.— Elec- 
ciones de cargos y aperturas de curso.— Armas y sello universitarios. 



En el Código inmortal del Rey Sabio llamábase, como es 
sabido, c Estudio general» á la escuela superior de Artes y Fa- 
cultades, nombre que se unió primeramente y se vio reemplaza- 
do después con el de «Universidad», por ser el instituto público 
de enseñanza donde con autoridad regia y pontificia se daban 
enseñanzas superiores de Ciencias y Letras para la colación de 
grados en aquellas Facultades existentes al terminar la Edad Me- 
dia y comenzar la moderna. En documentos de nuestros monar- 
cas, dirigidos á tales Escuelas, se lee: «á Vos la Universidad del 

estudio de » donde se desprende que el Rey no distinguía la 

universidad y Estudio como cosas distintas, pareciendo por esto 






— 124 — 
que la primera era la colectividad (ayuntamiento, que decía la 
Partida Segunda) constituida por doctores, maestros y estudian- 
tes; y es más aceptable esta opinión que la del Sr. Gil y Zara- 
te cuando distingue de las clases de estudios, según la aproba- 
ción de la Corona ó de la Santa Sede. En la Bula y en la Real 
Cédula de erección de nuestra Escuela, el Papa Gregorio XIII la 
llama «Universidad de Estudio general» y el Rey Felipe III 
simplemente «Universidad.» 

Nacidas las Universidades durante la Edad Media en los 
Claustros de las Catedrales y favorecidas por la Iglesia, que 
procuró retener bajo su tutela y dirección las aulas públicas, 
tuvieron éstas mayor ó menor. concepto y organización clerica- 
les, y dieron á las Juntas de doctores y maestros el nombre de 
«Claustros» por el sitio donde se reunían. El coetáneo espíritu 
gremial llegó á las Universidades y, junto al Claustro surgió el 
Gremio, llamándose asi al cuerpo de doctores y catedráticos, 
si bien los catedráticos que no eran doctores no formaban parte 
del Claustro y menos del Gremio. En éste académico había 
toda la gerarquía gremial: aprendiz (estudiante)/ oficial (Bachi- 
ller ó pasante), maestro (Licenciado ó Doctor) con el correspon- 
diente examen para pasar de uno á otro grado; y de igual ma- 
nera que únicamente los maestros manuales podían tener tienda 
ó taller abiertos, también solamente podían enseñar los licencia- 
dos, doctores ó maestros intelectuales. Los Rectores hacían el 
oficio de Priores ó Prebostes del Gremio universitario que, para 
mayor semejanza con el Gremio mecánico, tenía carácter de Co- 
fradía ó hermandad por los auxilios que se debían sus miem- 
bros, sufragios, funciones religiosas, patronato sagrado, etc. 

Con todas las dichas circunstancias, similares á las de los 
centros análogos de España, llamábase el nuestro en libros y 
documentos oficiales Insigne Claustro, Estudio General y 
Universidad de Oviedo y sus miembros se decían: «Dr. D. N. N. 
del Gremio y Claustro de... etc.» 

Constituían la Corporación académica distintos oficios en 
varia gerarquía; el Rector, que era á la vez Juez Conservador 
Real y Apostólico de las Escuelas; el Vice-Rector; el Primiciero, 
con altas atribuciones administrativo-económicas; los Consilia- 
rios 6 miembros consultivos; los Claveros ó Interventores de 



— 125- 

Arca y Archivo; el Fiscal; los Catedráticos, Doctores y Maestros 
que se sentaban por orden de antigüedad en claustros ó en án- 
gulos (pequeñas reuniones para acuerdos urgentes) colocándose 
en este orden, canonistas, legistas, teólogos, médicos y artistas ó 
filósofos; los bachilleres y estudiantes; y, por último, los ofi- 
ciales y dependientes como el Secretario ó Notario Real y 
Apostólico, Maestro de ceremonias, Bedel, Mayordomo, Capella- 
nes, Impresor, Alguacil, Sacristán, Relojero y Portero-barrende- 
ro; más aún de los señalados por los Estatutos Viejos y Nuevos 
que marcan las respectivas atribuciones y servicios de unos, 
mientras otros se rigieron por acuerdos claustrales. 

Los miembros académicos del Claustro llevaban en reunio- 
nes solemnes y públicas las insignias de sus respectivos grados, 
principalmente los licenciados y doctores que ostentaban la 
muceta, esclavina de seda ó raso sobre pecho y espalda, de los 
colores verde, rojo, blanco, amarillo ó azul, según las Faculta- 
des de Cánones, Leyes, Teología, Medicina y Artes de su Licen- 
ciatura, mientras los Doctores cubrían la cabeza con la borla, 
llamada asi por el botón de seda filamentoso, fijo en el centro 
superior del bonete ó birrete y cuyos hilos se esparcían alrede- 
dor cayendo por los bordes (1). Los eclesiásticos y frailes traían 
las insignias sobre sus hábitos; los Oidores graduados de la Real 
Audiencia las llevaban sobre la toga, modernamente extendi- 
da al Magisterio; y los militares y cuantos tenían uso de uni- 
forme por su dignidad, caballería ó maestranza, llevaban sola- 
mente el birrete en la mano (2). Era corriente el traje talar y 
siempre capa ó manteo en los catedráticos seglares, á quienes 
por regias disposiciones de 1773 y 1797 se les permitía yestir 
libremente de seda en la calle cuando se marcaban los vestidos 
de los escolares. 

Los oficiales, ministros y dependientes también tenían sus 
distintivos propios. El Secretario, Bedel y Alguacil vistieron. pri- 
meramente con golilla y, al fin, los dos primeros el trage escolás- 
tico, después militar y negro, que conservó el Maestro de cere- 



(x> Iji borla doctoral fue distintivo de subido mérito y privilegios en aqmllo* siglo*, den 
tro y fuera de las aulas; en la Iglesia, donde se asimilaba al bonete para la cobo tura, y delante 
He los Reyes y altas Corporaciones. Todavía, en 4 de Agosto de 1858, cuando la Reina Doña 
Isabel 11 visitó la Universidad, significó al Rector que el Claustro «en uso de tus antiguos 
privilegios podía cubrirse.» 

la) Archivo de la Universidad.— Claustro de 25 de Agosto de 1780. 



— 126 — 

monias, cambiado últimamente en frac, abandonando la espada, 
pero no la chupa y el calzón. La autoridad del Bedel (el o men- 
sajero de los escolares», que menciona el Rey Sabio para anun- 
ciar las fiestas por mandado del mayoral— el Rector, — anunciar 
libros, señalar punto de Ayuntamiento (ó Claustro, etc.) era 
grande y alguna vez desempeñó este cargo un sacerdote que 
con recomendación académica obtenía curato cuando no me- 
jor colocación, siempre apremiante por su mezquina dotación 
y paupérrimo hospedaje en la casa del Hospital de estudiantes. 
Caminaba á la cabeza del Claustro llevando maza de plata, 
levantada dentro de la Universidad y sobre el brazo al salir 
por las calles, donde sólo levantaban esta insignia los maceros 
de la Ciudad. El Maestro de ceremonias llevaba alto bastón y el 
Alguacil una vara, «más dentro de la Universidad y en la pe- 
drera.» 

Aunque dotadas con pobreza las Escuelas, se procuraban 
vida de ostentación y alcanzaron consideración grande y mu- 
chas distinciones públicas porque, á porfía, Reyes y Pontífices 
las distinguieron con privilegios é inmunidades; ó bien unas 
Universidades tomaban por sí y ante sí las preeminencias con 
que se honraban otras por Bulas y Pragmáticas. El tiempo abo- 
naba después el uso y el abuso. 

Esto aconteció aquí por lo que toca al llamado fuero acadé- 
mico, poder privilegiado de la Universidad para conocer en cau- 
sas civiles y eclesiásticas de todos sus miembros. Este favor 
tuvo base y principio en el famoso Código alfonsino, al tratar «de 
los Estudios en que se aprenden los saberes é de los maestros 
é de los escolares», clasificando las enseñanzas, disponiéndolas 
en sitios alegres, abundantes y seguros; y conceder honores 
y distinciones al Magisterio, principalmente al jurídico, á cuyos 
individuos nombra «maestros») por antonomasia, considera como 
caballeros y señores de leyes con honras de Condes, y dispone 
sean acatados por jueces y servidores regios y estén exentos 
de tributos. Entre aquellas leyes (1) están, como es sabido, las 
primeras manifestaciones de tal fuero académico, repitiendo 
excepciones concedidas por San Fernando á las aulas salman- 



(i) Leyes del tit. XXXI de la Partida Segunda, principalmente las leyes 7 y 8. 



— 127 — 

tinas; y, si en un comienzo únicamente asoma el fuero civil, en- 
seguida se extiende también al criminal ó «pleito de sangre*. La 
ingerencia pontificia en nuestras escuelas dio á éstas carácter, 
respetabilidad y alcance eclesiásticos; y ya desde entonces el 
fuero se arraigó y extendió con más vigor enfrente del derecho 
común para ser por sí mismo origen de excesos y conflictos, y 
más cuando las franquicias, exenciones y libertades compren- 
dieron á doctores y estudiantes, á sus dependientes y familiares, 
ú gentes extrañas de todas clases, que se apresuraban á ma- 
tricularse en las cátedras, sin otro objeto que el de sustraer de 
la Real Jurisdicción ordinaria el conocimiento de sus causas, 
jurando obedecer al Rector en licitts et honestis et de Jideli- 
ler e.rercendo. Los Reyes Católicos y Carlos III adoptaron va- 
rias medidas para atajar este desorden (1) que llegó hasta el 
siglo XIX. 

Como la Bula de erección de la Universidad de Oviedo ex- 
tendía á ésta los «privilegios indultos, inmunidades, prerrogati- 
vas, exenciones, favores, libertades, facultades y gracias» de la 
Tniversidad de Salamanca, prolongáronse á las aulas ovetenses 
las leyes recopiladas torales dictadas para la Atenas española, 
si bien en nuestra Ciudad no alcanzó el Maestrescuela las am- 
plias atribuciones como á orillas del Tormes las tuvo dentro y 
fuera de aquella Universidad famosa. 

El territorio del Fuero académico era el del edificio de la 
Universidad y sitios próximos, señalado aquél por las cadenas, 
y éste por la pedrera, postes y poyos. La pedrera, así llamado 
vulgarmente el enlosado que rodea la Universidad por sus fa- 
chadas del N. y E., fué trabajada en 1609, si bien después su- 
frió varias restauraciones. De la misma época son las cadenas 
de hierro dispuestas á entrambos lados de la puerta principal, 
que ya se mencionan en un memorial de Sancho Inclán (2), y 
fueron restauradas en el siglo xviu imitando las que existían 
ala entrada de la Catedral. Como los postes y poyos, las cade- 
nas jurisdiccionales marcaban en Oviedo, como en Salamanca, 



• i) Leyes del tit. Ví, líb.VIII de la Novísima Recopilación. 

Son obras notables relativas al Fuero académico, la* de D. Alfonso de Escobar (Madrid, 
í6 43) y P. Andrés Mendo, S. J. (Salamanca, 1655), y en el extranjero gozaron de reputación 
Rcbuffó y Hildendorp 

ti) Véase Capítulo, III, pág. 53. 



— 128 — 

Alcalá y otras Escuelas, la «exedra» del territorio exento. El afo- 
rado escolar revolvedor ó perseguido por el Corregidor, Juez ó 
sus rondas, quedaba inmune en llegando á los férreos eslabo- 
nes (1). 

Tenía asimismo el Rector-Juez, Conservador apostólico y 
real, gran autoridad con fuero académico personal, que daba 
un poder fuertísimo á la Corporación literaria; pues, además de 
la Real jurisdicción civil y criminal respecto á profesores, gra- 
duados, escolares, oficiales y ministros de la Escuela, estaba ar- 
mado por Bula pontificia ccn la espiritual y de conciencia para 
fulminar excomunión contra el que la desconociese, arma pode- 
rosísima entonces, que hacía irresistible sus facultades sobre 
todos los matriculados, mientras no renunciasen el fuero por 
cambio de estado. Y no se crea que los Rectores hacían uso 
prudente y eran parcos en aplicar el poder espiritual de que es- 
taban adornados, porque hubo ocasión en que, si el Ayunta- 
miento de la Ribera de Arriba en el derrame de una contribu- 
ción impuso diez maravedises á un tal Fernández de Lavara, 
antes estudiante y á la sazón veedor de la Perera, éste creyén- 
dose atropellado en su fuero, acudió al Rector que, usando de 
su autoridad, expidió despacho y fulminó excomunión mayor 
latee sententiez contra el Municipio que, al fin, eximió al Lava- 
ra del mencionado impuesto (2). 

Al poder teocrático de aquellos tiempos eran permitidos 
abusos como el contenido en tal censura de excomunión; y 
otros semejantes formaron piedra de toque para hacerse obede- 
cer y temer el Rector. En funciones de tal y en 22 de Marzo 
de 1639 ¿no excomulgó el Vice-Rector al Teniente-Gobernador 
del Principado porque, siendo doctor, no quiso asistir á Claus- 
tro para tratar de asuntos de la Universidad? 

Celosos Rector y Claustro de tal autoridad, no consentían 
nada que pública ó privadamente pudiera debilitarla, cuales- 
quiera que fuesen la causa é individuos de donde partiesen los 
obstáculos. Asi, cuando un Catedrático, á quien se obligó á lo- 
mar el grado de Doctor, pronunció en el acto público para 
desahogo de su despecho palabras «fuera del camino de lo líci- 



«i) Historia de las l'Hktrsitiades por La Fuente. —Tomo II. 
(2) Véase ApAndicb VII. 



— 129 — 

toi como se expresa en el acta, en el momento mismo se pro- 
cedió contra su persona y, suspendiendo la investidura, se le 
constituyó en prisión con grilletes y se le privó por cuatro años 
de la cátedra y emolumentos de grados, con la imposición de 
las costas procesales. 

Y entre muchos casos merece citarse, respecto á competen- 
cia, el de D. Francisco Dorado, médico del Cabildo Catedral, 
cuando preso en el castillo-fortaleza por el Juez ordinario de la 
Ciudad en 1712, fué de allí arrancado por el Rector Castañón 
en virtud de su jurisdicción académica y llevado á la Universi- 
dad, donde aquel ilustrado facultativo había recibido grados 
mayores. 

Son también interesantes las disposiciones siguientes que 
figuran como adicción á nuestros códigos (1). 

Por autos acordados del Consejo y consiguientes órdenes 
de 11 de Marzo y 7 de Mayo de 1722, á representación del Rec- 
tor y Claustro de la Universidad de Oviedo hecha con motivo 
de que, habiéndose preso por la Real Audiencia á un estudiante 
matriculado en aquélla y despachado el Rector letras inhibito- 
rias, se introdujo por el Fiscal recurso de fuerza de conocer y 
proceder y se declaró: hacerla sin embargo de los ejemplares 
que había en contrario de haber tomado el Rector conocimiento 
de otras tales causas en virtud del Fuero escolástico; se mandó 
que dicha Real Audiencia, en los recursos de fuerza y demás 
competencias de jurisdicción que en adelante se ofreciesen, se 
arreglase á lo prevenido en la Bula de erección de la Universidad 
y Real privilegio y los observase cumpliendo y guardando los 
fueros, libertades y prerrogativas que, conforme á dicha Bula y 
privilegio, le pertenecían, como se guardaban á las Universidades 
de Salamanca, Valladolid y Alcalá. 

Por otro auto de 4 de Julio de 17(54, á representación de la 
misma Audiencia de Asturias insistiendo en que el Rector de la 
Universidad parecía no tener jurisdicción en los estudiantes le- 
gos por haber quedado reservado en S. M. el mismo privilegio, 
se mandó que el Tribunal observase y guardase á los graduados 
y matriculados su fuero escolástico y al Rector la jurisdicción 

(i) Notas i la Ley G.\ tít VI, lib. VIII de la Novísima Recopilación relativa al uso de la 
/irisdicción escolástica y personas que deben gozar de su fuero y conservatorio. 



— jo- 
para conocer en sus causas y negocios á excepción de las que 
la Corona ó el Consejo estimaren ya por su gravedad ó otra 
causa ser de su especial Real providencia; y debía tomar cono- 
cimiento en virtud de la reserva del privilegio, la que había de 
entenderse para semejantes casos; con declaración, que en cau- 
sas de legos, las apelaciones debían ser para el Tribunal Real 
superior correspondiente, igualmente que en los asuntos de go- 
bierno de Universidad serían al Consejo por pertenecer á la po- 
testad civil y proceder el Juez académico de Oviedo con juris- 
dicción regia en ellos; y por lo mismo no procedía en esas dos 
clases de negocios el recurso de fuerza. 

Mas en el mismo año de 1764 pidió el Fiscal del Consejo re- 
lación ordenada de los fueros universitarios, y alcanzaron un 
perpetuo silencio sobre la cuestión el Comisario de la Escuela 
en Madrid y el de la Junta General, que nunca decayó en su 
interés por el Claustro. El Consejo acordó en 27 de Enero de 
1776 «que los profesores y estudiantes legos matriculados en la 
Universidad de Oviedo no admitiesen cesiones fraudulentas en 
fuero que gozan sin impedimento ni estorbo de la Real Audien 
cia y sus Fiscales; que las causas graves y dudosas las confe 
rencien entre sí, por escrito ó palabra, el Fiscal de la misma Au 
diencia y el Rector de la Escuela sin formar competencias; que 
respecto á las apelaciones de los procedimientos de éste se tu 
viese en cuenta la providencia de 1.° de Agosto de 1764 que 
elevó al Consejo las correspondientes al gobierno interior y po- 
lítico de la Universidad y remitió á la Audiencia las demás entre 
alumnos legos matriculados; y que el Rector obrase en virtud 
de jurisdicción real y de ningún modo de la apostólica, prohi- 
biendo que en semejantes causas fulminase censuras en sus des- 
pachos, por ser opuesto á las leyes de la nación y al Santo Con- 
cilio de Trento». No obstante tales recomendaciones y la Real 
Provisión (1) concediendo fuero activo á los Rectores, hubo 
frecuentes competencias con el Tribunal ordinario por razón 
del fuero académico, que se fué restringiendo durante el si 
glo xvm por sucesos de Salamanca y Alcalá, hasta cesar tal 
anacronismo con los cambios, que hemos de reseñar en el 
siglo XIX. 

(z) Archivo de la Universidad.— Claustro de ia de Febrero de 1776. 



— i3i — 

Estaban libres del servicio militar los estudiantes que, con- 
forme á la ley 18, título 7.°, libro 1.° de la Recopilación, goza- 
ban ciertas exenciones «haviendo de haver hecho un curso en- 
tero, estudiar de continuo, entrar en las Escuelas de las Univer- 
sidades aprovadas y no en conventos ni colegios, y oir dos lec- 
ciones cada día, con tal que hayan de hacer constar su aprove- 
chamiento en las ciencias y humanidades en que versan por 
certificación de sus cathedráticos, visitada del Rector de la Uni- 
versidad.» 

Cuando una comisión de la Junta General del Principado 
solicitó del Claustro un donativo para la formación de un Regi- 
miento de Nobles en 1794, aquél, atendiendo ú que sus prerro- 
gativas le eximían de sorteos, dio con entusiasmo 20.000 reales 
de los 4-6.000 que tenía en el arca, y altamente honroso fué el 
recibimiento que hizo la Provincia á los maestros portadores de 
la ofrenda. Más el Gobierno declaró comprendidos en el sorteo 
de nobles á los catedráticos, doctores, graduados y alumnos; y 
como la Corporación representara contra la medida, el Rey la 
volvió á decretar correspondiendo á la Universidad el cupo 
de 101 por ser 712 los matriculados. Para zanjar diferencias 
se acordó una suscripción á fin de poner voluntarios sustitutos, 
ayudando la Universidad á los pobres y prefiriendo á los apli- 
cados. 

Por Real cédula se extendió y generalizó en 1795 el uso del 
papel sellado, y el Claustro acordó no hacer innovaciones en el 
particular y no contestar á los oficios del Tesoro y Contador 
de Hacienda. La Audiencia del territorio ordenó el reintegro 
del papel con sello en los juicios académicos y que el Secretario 
no diese testimonios en pliego comúp, como hacia desde anti- 
guo; más considerando tal orden depresiva de sus fueros y 
preeminencias, la Universidad consultó á las Mayores, enviando 
á Madrid un comisionado especial para gestionar con el Protec- 
tor de la Escuela. Este y otros privilegios sufrieron con posterio- 
ridad la suerte de otras muchas disposiciones de la administra- 
ción pública (1). 



(r) Archivo de la Diputación provincial— Diputación de x.° de Mayo de 1764— Archivo 
¿e la Universidad.— Claustros de 12 de Febrero de 1776, n de Diciembre de 1794 y 28 de 
Abril, 30 de Mayo» a de Junio y 28 de Julio de 1765. 



— 132 — 

Tal era la respetable Corporación académica. Veamos ahora 
lo que fué el Cuerpo escolar. 

Clase periódica y emigradora era durante la mayor parte 
del año núcleo y nervio principales en los pueblos que tenían 
Universidad como Oviedo. Por la época en que apareció nuestra 
Escuela no fué la figura del estudiante ovetense aquel tipo do 
noso y singular, que retrataron á maravilla el gran Cervantes en 
«La Tía fingida», el maestro Espinel en «La vida del escuden» 
Obregón», Quevedo en «El Buscón ó Gran Tacaño», Alemán en 
oGuzmán de Alfarache» y, á este tenor, otros escritores, porque 
aquel «Estudiante de Salamanca» de Espronceda ya no es cua 
dre fidedigno; pero todavía nuestro escolar mostró en los si 
glos xvn, xviii y primer tercio del xix la filiación rigurosa del 
antiguo estudiante español. 

Dejando ahora su influencia corporativa de cuando aquí 
intervino por breve tiempo en la votación de catedráticos y su 
partido en aulas y academias por las teorías que alimentaron 
las Órdenes religiosas, la vida externa estudiantil, presidida por 
espíritu de apretada unión, ofreció no poco que decir y cou 
siderar en nuestra Ciudad. 

Como gente moza, alegre y dispuesta siempre á jarana y al- 
borotos, no eran los estudiantes muy partidarios de la calma. 
Valientes por sí y escudados por inmunidades y fueros, son sa- 
bidos sus atrevimientos y populares sus calaveradas. Anudado? 
por vigoroso compañerismo, vestían el clásico manteo, (que los 
teólogos de Urbano V preceptuaron á los parisienses en el 
siglo xiv) prenda que á todos igualaba, de singular estima según 
era más vieja y denotaba mayor antigüedad; y desde 1770 prin- 
cipalmente, cuando los clérigos dejaron el bonete por el sombre 
ro, también ellos siguieron la innovación levantando las alas y 
haciéndole de tres pieos después de las providencias á que die 
ron lugar los motines, desde el de Esquiiache. Las leyes reco- 
piladas de espíritu suntuario reglamentaron más el traje, clase? 
de paños y otros detalles, mientras autorizaban á los escolares 
para pedir limosna y los hacían libres en ciertos préstamos (1). 

Se reunían en pandillas y banderías divididos, á las veces, 



líb. i<x 



Xcx.v>m¿ Rcc-pLacun. I.c\e< K-, i\\. ::, lih. i': 7.*, t¡L 39, üb. 7.°; y i.', lit. o 



— 133 — 
por provincias y concejos. Riñas, amores, juegos y otros desór- 
denes llegaron á ser frecuentes, y más lo hubieran sido á no 
atajarles la severa autoridad del Sr. Rector, que se extendía 
hasta los actos ajenos á la vida escolástica y se veía metido en 
competencias con las autoridades locales cuando acudían éstas 
y aquél para apaciguar tumultos y se lanzaban de una á otra 
parte las voces de «¡favor ala Universidad!») «¡favor á la Ciu- 
dad!») y «¡favor al Rey! o dando ocasión á causas criminales, al- 
gunas muy curiosas, que obran en el archivo de la Escuela. Jó- 
venes, y por ende ligeros y dados á la galantería, llevaron su 
tentación á las rejas de un convento de monjas de esta capital, 
ya por inclinación á las reglares, ya por alguna vocación si nó 
forzada cuando menos tibia; y á más de los autos correspondien- 
tes fué necesario para detenerles que apareciese en el tablón de 
edictos la excomunión mayor latte sententice, que sino atajó, 
contuvo el escándalo. Asi se explica cómo se fortalecían aque- 
llas Corporaciones literarias protegidas por la dicha jurisdicción 
privilegiada, debilitando el poder real, prontas siempre á la 
creación de conflictos y reclamaciones para sostener prácticas 
abusivas. 

De esta manera en pueblos universitarios se crearon divi- 
siones hostiles, bandos perennes entre los habitantes de la po- 
blación y los estudiantes, siempre en lucha, siempre dando 
campo á perturbaciones, alcanzadas en Oviedo todavía en el 
siglo xix bajo la denominación de la polaina y la sotana, ori- 
ginadas, las más de las veces, por fútiles pretextos. La sociedad 
de aquellos tiempos estaba organizada para ello. 

Los hijos del pueblo eran los de «la polaina», que en paseos, 
grandes fiestas y romerías, en la «danza prima» de la plaza, en 
el patio y «cazuela» del teatro, contendían con estudiantes por 
cualquier motivo y no fueron las menos veces por preferencias 
de las hijas de Eva, viniéndose los galanes á manos después de 
provocarse con dichos y coplas desde el uno al otro bando. 

Decían los paisanos: 

Hoy llevarán c sotana > 

los de Sotana, 
que aguardan en el Campo 

los de Polaina. 



- 134 — 

Y replicaban los estudiantes: 

Que esperen y no huyan 

los de Polaina, 
que allá van presurosos 

los de Sotana, (i) 

No fué aquí siempre precisa y continua la sopa de los con- 
ventos, pues ni la matrícula era tan excesiva, ni tan pobres los 
estudiantes. En algunas ocasiones, sin embargo, repartían la 
sopa los frailes de San Francisco, esperando los estudiantes es- 
cotistas, bajo el extenso y frondoso Carbayón, al lego reparti 
dor, que por orden de antigüedad distribuía las raciones; y, 
una vez consumidas éstas, las cazuelas se guardaban en «teno- 
bias y través de los hórreos» del próximo Campo de la Lana. Les 
tomistas recibían el socorro del Convento de Santo Domingo y 
aguardaban en el «Campillín» la hora del reparto, bajando por 
estrecha calleja y entraban por la puerta del carro al patio que 
precedía A la cocina (2). Otros estudiantes tenían casa donde ser 
pajes ó acompañantes y además posadas de baratísimo pupilage, 
más barato aún cuando traían las provisiones ó carraca, reno, 
vadas periódicamente por la amorosa y ausente madre. Ya viene, 
pues, de muy antiguo la patrona, típica personalidad aneja 
siempre á la vida estudiantil; vida, como hemos dicho, llena de 
peripecias y por todos deseada, no obstante prohibiciones y vi- 
gilancias. 

En 1709 escribió el Claustro á su Protector cómo convendría 
sacar de la población una compañía de cómicos, por el grave 
daño que causaban sus distracciones. El Consejo no consideró 
tan perjudicial la presencia de la farsa, diversión pública y vo- 
luntaria; pero, en atención á que la continua asistencia podía 
ocasionar gastos y abandono en el estudio, dio orden al Regente 
de la Audiencia y al Rector para que vigilasen sobre este punto 



fi« Cfr\:*<t, no\e!.* do co-tumhres cveter«e^ por P.Joé R. MeJendreras < Oviedo, 1866 1 . 
r^ H.iIma también Ci ra< p;.»s en t'.i\cr de e^t:.d\irte«, como la< de />«<«, fundada en 1*36 
por 1>. Gutierre Hern—do de ijuirc*. «.K>{.o de Tr. «ca'j, y « ira de Rojas, por el IIu<in<imo 
Sr D. IYor/> de Ri ja-*, en iñ.n en el inUm > «..»:.cejc .a de O-l.era iRihadeseHa) por el Présbite- 
r~ D. lYdr» lí : ^alcí <r it->i , 'a de ( '; . ..v, en v w « j <r el C\ r. r^-irio del Peni D. Antonio 
lí..r\-.\ V.ild»-*. I- Je J\.'*:t <Ir!ic~t<t p r ti A'üi'.z I» Juan l* ...neo en 1726; la de 7 a * tV 
,1 '.iiíO p r I> Pitrel .\h:n: o y I\>.ida en if>4 .1 de .'•<••*'-»*•* Carreíio> por ei Préster 
ro IV Mjiuk'. (*.iraa Heres en 174a, la de ür» «j \C»ttJ¡t5j por D. Toribio González de 
llardo y >u muier O.* M.ina de Je>u<. y alguna mi>. 



— «35 — 
y los alumnos solamente asistiesen los domingos y días festivos 
con permiso del superior, perdiendo fuero quien desobedeciese. 
Otras veces eran ellos los actores (1). Y se dictaron también 
más órdenes de no fumar, //• á la tuna, salir á horas de vela, 
frecuentar ciertas tertulias de mucha confianza, etc., inspeccio- 
nándolo el Rector, acompañado de paje, bedel y alguacil en la 
nocturna ronda, siendo en ocasiones burlada su vigilancia (por 
venalidad de los dependientes, según la crónica tradicional) y 
acontecía no alcanzar su fin, imponiendo serios castigos si los es- 
tudiantes eran sorprendidos en centros pecaminosos, en gari- 
tos y rincones, donde se manejaba el mugriento y desencuader- 
nado libro de las cuarenta hojas, en desvencijados billares, ó 
en sitios de los alrededores por piras ó huidas de cátedra. 

Desde los («pipiólos» y «corbateros» ó filósofos, que eran 
como los reclutas ó novicios, hasta los estudiantes veteranos 
había una graduación singularísima con graciosos cambiantes, 
y más distinguiendo por Facultades. El legista era el estudiante 
tipo de inquietud y aventuras; el teólogo, más tranquilo y traba- 
jado por el penoso estudio, daba, á veces, no poco que hacer y 
decir y más cuando colgaba los hábitos; el canonista era figura 
anfibia; y el médico pasó por aquí muy rápido sin dejar la 
memoria que en otras partes. 

Para unos y otros hubo que habilitar, según queda indicado, 
local académico de reclusión, y no bastó; porque en 1707 se 
ofició al Corregidor San Pedro para que permitiese al Rector 
poner en el Real Castillo ó Fortaleza á cursantes presos que ha- 
bían cometido delitos, por no resultar segura la cárcel de la Es- 
cuela. El virtuoso Magistral Sr. Menéndez de Luarca en 1779 
y el edificante P. Cádiz en 1795 dieron fervorosos ejercicios 
con abundante fruto á los escolares; pero la gente moza, reno- 
vada en cursos sucesivos, continuaba siéndola misma. Muy serio 
fué un conflicto en el mismo año de 1795, cuando por disputas 
y algo más en una danza dentro del Campo de San Francisco, 
el Juez de la Ciud&d prendió á un estudiante, que le quisieron 



(\\ Archivo de la Universidad.— Claustros de 25 de Diciembre de 1756, so de Octubre 
de 1769, 15 Mayo de 1791, 4 de Mayo de 1795, etc. 

— •Cancionero* populare*» de Lafuente Alcántara, Machado, Marín, etc. 

— Los Españoles pintados por si n:ismos, por varios autores (Madrid, 1851). 

— Rt cuerdos drl Tiempo viejo, por D. José Zorrilla. 

IO 



- i 3 6 - 
arrebatar los compañeros, sin lograr meterle dentro de las cade- 
nas del fuero al pasar camino de la cárcel. El Rector visitó al 
Regente para amparar á su aforado; el Regente dio conocimien 
to del suceso nada menos que al Consejo do Castilla; y se redo- 
blaron rondas, admoniciones y medidas de todas clases para 
aquietar los juveniles ánimos, que en muchas veces más, antes 
y después de 1800 y 1801 dentro y fuera del teatro, tuvieron en 
inquietud constante al pacífico vecindario ovetense. 

Finalmente, por sabida se tiene la parte que los estudian- 
tes tomaron en tumultos populares y en acontecimientos políti- 
cos en 1702, 1766, 1808 y 1820. 

Aún ayer, los últimos que alcanzaron aquella vida, preñada 
de sucesos y de impresiones, se deleitaban con el recuerdo de 
tales tiempos; la musa popular de los cantares conmemora 
y alude todavía á episodios, que entonces debieron ser frecuen- 
tes; y la historia anecdótica guarda mil lances y cuentos chisto- 
sos y epigramáticos. Corren de boca en boca los requiebros del 
estudiante á la novia y las quejas de ésta cuando aquél, 

en viniendo San Lucas, 
tú que le viste 

¿Quién no sabe de las animadas comparsas que de pueblo 
en pueblo y de calle en calle explotaban los bolsillos ajenos, 
merced á la desacorde música de guitarras, ílautas y violi- 
nes? ¿Quién no se complace en modernas resurrecciones de an- 
tiguas Tunas con el atrevido postulante ó o moscón» y los elás- 
ticos pandereteros que saltan y giran golpeando el pergamino 
con manos, pies, rodillas, codos y cabeza? ¿Quién ignora atracti- 
vos y penurias de aquella truanesca vida?... Ya las leyes al- 
fonsinas trataron de revueltas estudiantiles, rondas y serenatas. 

Palpable es la diferencia de los estudiantes de entonces y 
los de después; bien que se dice en vieja máxima, piden diversos 
tiempos costumbres diferentes; pero siempre las memorias de 
los anos estudiantiles refrescan el alma con las dulces auras de 
la primavera de la vida y son manantial inagotable de emocio- 
nes: trisles cuando se evoca el nombre de camaradas que des- 
aparecieron prematuramente; gratísimos cuando se encuentra a 
otros en la senda de la vida ó se presencian los triunfos de com- 



— »37 — 

pañeros que llegaron á los primeros puestos del Estado y de las 
letras. Desgraciadamente son más los que desaparecen ó veje- 
tan oscurecidos, quedándose por el camino, que los que llegan 
á la cumbre. Ya lo escribió periodista ilustre: Dios ha limitado el 
número de los que señala con la marca sublime del genio. 

Veamos ahora en otros aspectos aquella antigua vida univer- 
sitaria. 

La solemnidad con que se conferían los grados mayores, re- 
tratan el pasado académico con sus curiosas ceremonias y rigu- 
rosos ejercicios literarios. Aprobadas las Facultades, los certifi- 
cados de «lecturas» y «cursoso eran llave para adquirir estima- 
do titulo. 

Era el primero el de Bachiller en Artes, al que seguía el su- 
perior de las Facultades mayores. 

Al reseñar los primeros Estatutos indicamos las circunstan- 
cias de los respectivos bachilleratos, que constituían el grado ini- 
cial que los ministros de Carlos III llamaron («importante© cuan- 
do reglamentaron estos y más ejercicios académicos y ordenaron 
sobre sus cursos, requisitos, reválidas é incorporaciones (1); pero 
la solemnidad era modesta. Presentaba el estudiante un memorial 
al Claustro y acreditaba su puntual asistencia á oir y leer con 
certificados de los catedráticos y testimonio del bedel, y una vez 
admitido al grado, se presentaba ante el Tribunal de tres docto- 
res y padrino; en breve arenga solicitaba la gracia, explicaba su 
punto de la Facultad desde la cátedra, contestando también á las 
objecciones, y después recibía el título pagando derechos y pro- 
pinas. 

Los bachilleres en leyes ya se acondicionaban para el ejer- 
cicio de la abogocía, principalmente desde la reglamentación 
por Carlos IV del antiguo examen que, ante los Reales Consejos 
y Audiencia, habían dispuesto los Reyes Católicos. Después del 
grado de Bachiller se exigieron cuatro años de estudios de leyes 
del Reino en las Universidades en que hubiera estas enseñanzas, 
pudiendo ser dos de Cánones, justificando además pasantía con 
letrados y asistencia á los tribunales. Había examen ante los 
Oidores y en algún tiempo se encargó preguntar especialmente 

(i) Novísima Recopilación. — Leyes 8 i 14, tit. 8, lib. 8. 



— 138 — 
sobre las leyes y capítulos de Corregidores, por si los abogados 
aspiraban á estos cargos (1). 

Al bachillerato seguían los grados mayores, á Claustro ple- 
no, de Licenciado y Doctor, que coronaban la carrera académica. 

Las primitivas formalidades están en los Viejos y Nuevos 
Estatutos; y no bastando sus prescripciones, se hicieron los 
reglamentos de 1750 y 1781 que contienen detalladamente los 
rasgos característicos de aquellas ceremoniosas costumbres es- 
colásticas (2). 

He aquí cómo se celebraba y obtenía la Licenciatura ó 
«licencia» para enseñar. 

Los ministros y oficiales de la Escuela, precedidos de chiri- 
mías y atambor concurrían á casa del catedrático Decano de la 
respectiva Facultad para buscar al Graduando y Rector, y en la 
casa de éste se formaba el Claustro. Allí principiaba el vistoso 
paseo á caballo por la Ciudad, comprendiendo siempre á Cima- 
devilla y la Plaza Mayor viniendo después á la Universidad, 
llevando la Corporación el siguiente orden: abría el paso el al- 
guacil entre músicos y estudiantes, seguía el bedel con maza 
antes del capellán moderno y el impresor, á continuación mar- 
chaban el capellán antiguo y el mayordomo y, á la cabeza de 
las dos filas del Claustro, figuraban el Secretario-notario y el 
Fiscal (3). Entraba la Corporación en la Sala grande general de 
Cánones. El Decano padrino subía á la cátedra; el Rector se 
sentaba bajo el dosel y retrato del Fundador, y á su lado el in- 
dividuo más antiguo del Claustro con el candidato, siguiendo los 
doctores por su antigüedad, colocándose el bachiller que argüía 
cerca de la puerta en otra cátedra elevada. Ante la presidencia 
rectoral había una mesa con libros y códigos para evacuar las 
cuas y un reloj de arena para medir la duración del acto. 

Principiaba el acto con el ejercicio, llamado primeramente 
Quod libeto y después Repetición pública, cuyo temase saca- 
ba ante el Rector, Padrino, Secretario, Bachiller y Consiliarios, 



(i) Novísima Recopilación. —Leyes i.* y a. a , lit. aa lib. V. 

la) Archivo de la Universidad.— Claustros de 4 de Marzo de 1750 y 5 de Marzo de 1781. 

^3) Archivo de la Universidad.— Claustro de a6 de Marzo y a6 de Mayo de 1737.— Por 
muerte de Fausto Antonio Plaza el Claustro, en 11 de Enero de 1750, nombró su impresora 
D. Francisco D«'az {Pedregal, cuyos hijos y nietos han desempeñado su cargo y noble arle con 
mucha aceptación y nombre en la provincia. 



— 139 — 

á quienes se pasaba impreso en seda del color de la Facultad, 
y en papel á los convidados y dependientes (1). 

Al medio de la lección, de memoria, que duraba una hora, 
había el cedat ó salutación al Salvador, á la Virgen, á los Reyes 
y al Fundador, durante la cual todos permanecían cubiertos y 
sentados á excepción del Graduando. Cuando el presidente to- 
caba la campanilla sonaban la chirimía y demás instrumentos, 
tornaba el Claustro al paseo acompañando al Rector á su vi- 
vienda, y después los ministros y oficiales al Decano y Graduan- 
do á la suya respectiva. Ültimamente no había paseos en los 
grados de Licenciado. A las doce de la mañana del día de la 
repetición, el tambor y clarín de la Ciudad tocaban ante las 
puertas mayor de la Universidad, del Rector, Decano y aspiran- 
te, y acompañados éstos por algunos dependientes se dirigían á 
las tres y media de la tarde á la Escuela, donde á las cuatro ba- 
jaba el Claustro á la cátedra de actos mayores. Desde este ejer- 
cicio al de capilla mediaban nueve días, término dado al bachi- 
ller más antiguo que quisiera graduarse antes, para lo cual se 
fijaba un edicto. 

El día del examen había el mismo acompañamiento desde la 
casa del Rector, en hora diferente según la estación y acuerdos, 
vistiendo la muceta el Decano y tres graduados examinadores. 
El acompañamiento del graduando á la capilla de San Gregorio 
era después de los argumentos á las seis de la tarde en invierno 
y á las siete en verano, no permitiéndole más que una persona 
en su compañía. 

Durante este tiempo se servía la cena ó refresco á los doc- 
tores y secretario. Componíase aquélla de «una ensalada, un 
asado de las mejores aves, cabrito en su época, ternera y pos- 
tres con dulces de rajadillo, pasteles y otras hojaldras», ó un 
azucarillo, agua rosada y una libra de dulces para los gra- 
duados y secretario; pero un cuarterón á los dependientes, á 
quienes se dio propina en compensación de la cena; y es de notar 



(f) En esta ó parecida redacción y simplificada desde la intervención de los Censores 
regios: 

Pro l' cent, grad in .... facúltate obtinendo hac in regis Univ. Ovet. corr.m ej'ittd. j<i- 
•//Vfi/. D D. ac Mag. publican dicct oratiotwm li. D.. .. Theximq secuentem (. . . . . J. 

>A B. D Públici praPug. sitó auspiziis sin prtedilect Patrini D. D. D i n facúltate 

Ofcain. Dü korc post nterid, Anno D. N. J. MDCC. ...» 

Y eran análogas las conclusiones impuestas para oposiciones ó actos por cátedras. 



— 140 — 

que en ésta había mesa aparte para los pajes y socios regulares. 
Era costosa tal costumbre y llamada la atención del Claustro 
sobre el particular, acordó que, habiendo un reglamento para el 
caso, el exceso era voluntario y fuera de sus atribuciones si 
bien en lo sucesivo se daría una nota al graduando. Este llevó 
la cena á su casa, más los doctores lo prohibieron disponiendo 
que el Primiciero diera una colación con 300 reales que satis 
faría el candidato, descontando de las propinas el exceso que 
fuera necesario. Posteriormente se redujo á una ensalada, dos 
huevos pasados por agua, un ave del tiempo para cada doctor, 
fruta, queso, pan y vino de Castilla, por más que algunos opina 
sen por el antiguo obsequio de los dulces (t). 

Terminados refresco ó cena, se cerraban las puertas exterio- 
res de la Universidad no permitiéndose la entrada más que á 
los criados del Rector y de graduados, que traían los faroles para 
acompañarlos, mientras el Primiciero y los dependientes ronda- 
ban el Claustro bajo. Como en todas las ceremonias del grado, 
se tocaban las campanas antes y después de salir del ejercicio 
y el pueblo esperaba con impaciencia el tercer repique, que 
anunciaba la aprobación, antes de la cual, en una mesa y en el 
centro de la capilla, se colocaban dos velas encendidas con un 
Crucifijo y los Evangelios, y detrás se sentaban en un banco el 
candidato con el padrino que le auxiliaba en los argumentos y 
preguntas. 

Concluidas éstas, el Decano sacaba al aspirante del recinto 
y volvía á entrar con el Secretario. Este con el Sar^to Cristo 
y el Libro Sagrado tomaba juramento á los doctores (por preve- 
nirlo el Reglamento y un acuerdo especial del Claustro) para que 
no se admitiese recurso ninguno sobre aprobación, reprobación ó 
levantamiento de alguna R. Llenado este requisito, repartía las 
argentinas medallas con las A A y RR, y al salir del local, ce- 
rraba puerta y cancel. Comenzaban á votar depositando las 
medallas en las ánforas de plata, que eran llevadas enseguida al 
Rector para que con dos examinadores antiguos hiciese el es- 
crutinio (2). Sin embargo de tal acuerdo, aconteció que e/ 



(i) Archivo de la Universidad. — Claustro de 10 de Octubre de 1770. 

12» ídem ídem. — Claustros de 19 de Septiembre de 1770 y 9 de Julio de 17S5. 



■^» ' 



— 141 — 
Br. D. José Fuster Lorenzo, después de jurar y recibir el grado 
de Licenciado en Teología o vindicó su honor por la Rque había 
resultado en la elección y examen de capilla»; y entonces los 
doctores oyeron á los jueces, y éstos «aseguraron que Fuster 
había hecho el ejercicio con el mayor lucimiento sin la más 
leve falta y que la R pudo proceder por equívoco al echar en 
el cántaro las tarjetas de plata que entonces se estrenaban»; y 
por los brillantes antecedentes delD. José («casaron por equívo- 
co y erróneo el voto de la /?», acordando expedirle certificacio- 
nes nomine discrepante (1). 

Aunque estaba dispuesto que hasta el día siguiente del exa- 
men no se digese al pretendiente el resultado, para que en caso 
de no aceptar el grado por alguna consideración lo participase 
el bedel á los doctoreé, siempre salía el padrino á buscar al 
ahijado y el Rector le decía su aprobación. 

El día de la investidura se hacía el acompañamiento ó paseo 
con iguales formalidades y, cuando fué suprimido, bajaba el 
Claustro desde la Sala de Actos á la Capilla, donde el candidato 
prestaba los juramentos ante el Secretario. Saliendo la Corpora- 
ción al patio de la Escuela ocupaba amplio sitial dispuesto á 
propósito; pedia el aspirante el grado y le recibía de manos del 
Héctor, á quien acompañaban todos á casa, una vez terminado 
el acto, antes que al Decano y al nuevo Licenciado. Ya éste en 
su morada, obsequiaba á cuantos acudían á felicitarle y muchos 
llegaban para recibir gratificaciones. 

El juramento y promesas comprendían varios extremos, mo- 
dificados y adicionados según los tiempos: la fidelidad y obe- 
diencia á S. S. el Papa N. N. y sucesores en la Silla de San Pe- 
dro como al Rey y Reina N. N. N. N. príncipes invictísimos; la de- 
fensa á toda costa del honor, reverencia, libertad y privilegios de 
la Universidad de Oviedo (alma mater) y de todos sus miem- 
bros, no yendo contra su Rector, Doctores, ni Maestros ni demás 
personas presentes y futuras de la Escuela, ni contra la repúbli- 
ca de la Ciudad, antes bien favoreciéndoles cuanto fuese posible 
en lo referente á su honra y utilidad; cumplir con todo celo y 
diligencia, favor y patrocinio, dentro y fuera de la Universidad 



ít) Archivo de la Universidad.— Claustro de ax de Mayo de 1772. 



- I 4 2 - 

en cargos y dignidades que se ocuparen, cuanto fuese convenien- 
te al Claustro y éste necesitara ó requiriese; la observancia ex- 
trema en todo y para todo de las Constituciones y estatutos vi- 
gentes ó futuros de la Universidad y también los cánones y de- 
cretos del Concilio de Trento; no promover, defender ni enseñar 
directa ó indirectamente cuestión alguna contra la autoridad y 
regalías de la Corona de España (según la R. P. de 6 de Sep- 
tiembre de 1770); asimismo enseñar siempre la doctrina del Con- 
cilio de Constanza en la sesión XV y sus declaraciones contra 
el tiranicidio y regicidio, procurando que aquélla fuese observada 
rigurosamente, sin admitir jamás opiniones opuestas ni afines 
como probables; leer y regir las cátedras á que fuere llamado 
en caso de necesidad, sin exigir mayor salario que el asignado; 
no figurar nunca en las sociedades secretas prohibidas por la 
ley, ni admitir el absurdo principio de que el pueblo puede mu- 
dar á su voluntad la forma de gobierno; y mantener y abrazar 
como piadoso y conforme al culto y recta razón, ya se predica- 
se, enseñase ó disputase pública ó privadamente, la doctrina 
que afirma que la gloriosa Virgen María, Madre de Dios, no es- 
tuvo nunca sujeta en virtud de gracia divina al pecado original 
y que fué santa é inmaculada siempre desdo el primer instante 
de su animación, según la Bula de Alejandro VIL De esta suerte, 
con la santidad del juramento en épocas de creencias firmes, 
de unidad religiosa y también de sucesivos recelos políticos, se 
ligaba á los graduados á las autoridades pontificia y regia, pro. 
greso de la Universidad y fraternidad académica. 

El grado supremo del Doctorado se disponía con análogas 
y más lujosas ceremonias que en la Licenciatura. 

La víspera del grado doctoral se celebraba por la tarde el 
paseo á caballo, sin que aparezca en qué año terminó tal cos- 
tumbre, siguiendo la procesión de á pié, pues la escalera para 
montar aún existía en 1844 en el zaguán de la puerta principal, 
frente á la Capilla. «En atención á que con las continuas lluvias, 
aún en el verano, rara vez se conseguía buen piso»», se propuso 
en 1771 celebrarle en coche o ya que había bastantes en el lu- 
gar»; pero siempre hubo dificultad para disponer de carruajes, 
y así no duró mucho la medida. En 1835 cesó el paseo por com- 
pleto cuando el derribo de la torre del Ayuntamiento, efectúan- 



- Mi - 

dose otro desde la Sala de Claustros hasta el tablado que se po- 
nía en el patio universitario con dosel, bancos y colgaduras. Se 
levantaba á cuatro pies (Je altura en lodo lo largo de la crugía 
que mira á la puerta principal desde las dos columnas que 
forman esquina ó ángulo, y se entraba por cerca de la puerta 
del antiguo paraninfo, hoy cátedra de conferencias. Los doctores 
llevaban sus respectivas insignias y el candidato, que vestía ba- 
landrán sobre la sotana, tenía en mano el bonete negro y se 
colocaba en pié al lado de la barandilla frente al dosel. Los 
dos estudiantes que argüían se sentaban en taburetes en la co- 
lumna del centro, y entonces principiaba aquel simulacro de 
ejercicio donde cada arguyente, al probar la menor, daba una 
patada y la música principiaba tocando últimamente el rondó 
de la Vestal. 

El día de la investidura concurría el Claustro con igual 
solemnidad que en el anterior ejercicio, y en asientos frente al 
dosel se sentaban el Secretario y el estudiante de la «gratulato- 
ria* hasta que con posterioridad varió la ritualidad. A las once 
de la mañana bajaba el Cuerpo académico con el graduando, 
que ya vestía la muceta; dos estudiantes conducían la borla, el 
libro y el anillo en bandejas de plata y entre los dependientes 
venía el bachiller encargado de la laudatoria. El aspirante pedía 
el <rrado en oración latina; acompañado por el Padrino y Secre- 
tario juraba de rodillas ante el Rector, que le concedía la borla; 
y el Padrino sentado entregaba el libro y el anillo al nuevo doc- 
tor, que permanecía arrodillado oyendo otra oración latina sobre 
la importancia del grado y deberes que le imponía. 

Era el juramento análogo al prestado ante la Cruz con la 
mano sobre los Evangelios cuando la Licenciatura, y cláusu- 
las cuya redacción se fué variando, adicionando ó suprimiendo 
extremos: como el especial dispuesto para los teólogos contra la 
escuela y autores jesuíticos; la limitación general de gastos doc- 
torales conforme á la tasa Clementina; en el primer tercio del si- 
glo xix, uno especial dedicado al Rey y ala Constitución; y había 
una adición general de no dispensar en tocio ni en parte los in- 
dicados juramentos universitarios. La entrega de los símbolos 
doctorales se hacía con fórmulas conceptuosas y de antemano 
marcadas, ya al presentar y cubrir al graduando con el bonete 



— 144 — 

«laureado, viejo y venerable distintivo del Magisterio como coro- 
na de estudios y méritos»; al ofrecerle el libro abierto y cerrado 
para «enseñar, difundir y adelantar la ciencia con acatamiento 
y veneración á doctrinas de los antiguos Maestros»; y al ponerle 
el anillo, como «emblema del privilegio de firmar y sellar los es- 
critos, consultas y censuras de la ciencia y profesión de *, al 

mismo tiempo que le ofrecían unos guantes, «símbolo de la pu- 
reza que debía brillar en las acciones del Doctor (1)». Decíase 
la protestación de la Fé, conforme á la fórmula de Pío IV, con 
el símbolo de aquélla y su continuación Apostólicas el eccle- 
siasticas quoque Traditiones; y toda la dicha ritualidad si- 
guió observándose hasta 1847, al centralizarse los grados doc- 
torales en Madrid. Cuando por breve tiempo desde 1870 se res- 
tablecieron en Oviedo, fueron simplificadas aquellas ceremonias 
á tenor de las formalidades conservadas hasta 1868 en la Li- 
cenciatura en que se hacía igualmente la protestación de Fé ca- 
tólica, acto suprimido después de la Constitución de 1869, que 
proclamó la libertad religiosa. Seguía el abrazo á los nuevos 
compañeros; tomaba asiento el nuevo doctor después del gra- 
duado más moderno; y el Primiciero arrojaba guantes al públi- 
co, que variaron en número, según acuerdos, reduciéndose á 
seis pares en 1771 en beneficio de la librería (2). 

Y después tenía lugar una costumbre curiosa. Como la in- 
vestidura del grado de doctor era el complemento de la ciencia, 
y la edad en que generalmente se recibía era de juventud á la 
que tanto halaga el lucimiento y ostentación de los actos públi- 
cos, pues la inteligencia humana flaquea no pocas veces, en- 
tonces mismo el graduado más reciente se dirigía al candidato 
á quien manoseaba á su sabor, dejándole en ridiculo ante el 
público, que esperaba con ansiedad y recibía con risas y aplau- 
sos las ocurrencias más desatinadas. Ya se ponían de manifiesto 
los defectos físicos y morales, ya los lances juveniles y, si á 
mano venía, los de sus padres, abuelos y parientes, no Omitien- 



te Desde las primeras investiduras cayó aqui en desuso la ceremonia, continuada en 
otras Universidades (siguiendo el espíritu de las leyes alfoiifinas, que otorgaban nobleza al Ma- 
gisterio) de armar Caballero al nuevo Doctor, entregándole espada, cinturón, espuelas y guan- 
tes, quedando aqui estos últimos non tantem in sigttum ordinis equcstrii, sino en el concepto 
dicho en el texto. 

(2) Archivo de la Universidad.- Claustro de 4 de Febrero 1771, 12 de Junio de 179S 
y 8 de Julio de 1835. Se dice. 



— I4S — 

dose frecuentemente el que figurase el ama del cura, si aconte- 
cía ser sobrino ó pariente de un párroco el graduando ó si éste 
lo era, ó Padre maestro de alguna Orden religiosa. Tal fué el 
acto chavacano é improcedente, llamado («vejamen») por los Es- 
tatutos y generalmente designado con el nombre de gallos. 

¿De dónde venía una práctica tan extraña? En los honores 
antiguos del triunfo se cantaban sátiras y epigramas á los dignos 
de aquella distinción en Roma, y bien pudo de aquí pasar tal 
costumbre á las Universidades en un acto, verdadero triunfo 
literario de una persona. No solamente se refería al graduando, 
sino que se extendía á diferentes individuos, como indicamos, y 
hasta en la venia para pronunciar las diatribas en que consistía 
el vejamen. Manifiesta el Sr. Borao que el famoso satírico Rabe- 
lais «instituyó un particular ceremonial para la recepción del 
bachillerato en Montpellicr, en que el candidato sufría una ca- 
rrera de puñadas, á título de juvenil despedida, mientras pasaba 
de la Sala de Actos al cónclave, en donde se hacía lo mismo 
por los profesores». De la Universidad de Granada se publicó 
recientemente un vejamen tomado de un códice colombino por 
nuestro inolvidable y paternal amigo el sabio D. Aureliano Fer- 
nández Guerra y Orbe, ornamento de las Academias españolas 
Esta dirigido por el Dr. Salcedo á D. Alonso de Salazar en 1598, 
y en su final se dice: «todo lo dicho hasta aquí, señores, ha sido 
muy violento para cumplir con el antiguo y pesado Estatuto de 
nuestra Universidad, que así como violento no puede ser dura- 
ble (1)». Efectivamente, fué decayendo poco á poco compren- 
diendo que no era digno de un acto serio y solemne. 

El Dr. Prado propuso en J7ÍJ5 la supresión de paseos y (ja- 
llos «que si fueron necesarios en tiempos bárbaros (sic) debe 
el Claustro reformarlos para acomodarse á los nuestros*, aña- 
diendo que diversiones tan burlescas eran impropias de la Corpo- 
ración y degradantes de la autoridad ó cuerpo que las toleraba. 
En 17% se acordó acceder á lo propuesto, previa aprobación 
del Consejo, que sostuvo los vejámenes por Real Provisión de 
20 de Octubre de 1755, y pronunciar en su lugar una oración 



>i) Mistaría de ¿i Vnivn-iid.ui u- Ztragvzx, por I>. Gerónimo \l<> rao.— Artículo IV.— \r- 
chivo deb Universidad— Claustros de 9 de Noviembre de 1795 y 11 de Knero de «796.— Wasc 
AriADics VIII. 



-i 4 6- 

en honor de las ciencias y sus profesores. Cuando los paseos, se 
restableció el vejamen en 1801 continuando hasta 1826. 

Para mejor conocimiento se insertan en apéndice parte de 
unos Quilos, suprimiendo lo que no se puede dar á la estampa 
por contener algunas frases libres, no obstante ser revisados, 
como todos, primero por una comisión del Claustro y después 
por un censor ad koc. 

Terminados los gallos^ el bachiller pronunciaba la laudato- 
ria en honor del reciente doctor y éste en 1812 y 1820 otra en 
honor de la Constitución así como en 1814 y 1824 en honor del 
Rey, antes de volver el Claustro á la Sala de Actos. Por último, 
se repicaban las campanas, tocaba la música en los intermedios 
de los actos indicados, y el nuevo doctor obsequiaba con esplén- 
didas onces, comidas, refrescos y regalos á graduados, invitados 
y_ á todo el mundo además de la cena de Estatutos. 

En época de luto por los Reyes se hacían los ejercicios sin 
pompa ni solemnidad, trayendo los doctores la muceta negra. 

Había también diferentes formalidades, según los funciona- 
rios que asistían. Cuando el Obispo de la diócesis concurría á 
grados y oposiciones, se le daba especial lugar en sillón delante 
del Rector, o quien políticamente podía ceder la campanilla á 
Su llustrísima». A su entrada y salida del establecimiento se to- 
caban las campanas, y era recibido y despedido por una comi- 
sión de cuatro doctores; pero los demás le saludaban desde su 
asiento sin levantarse. Si á los mismos actos venía el Regente 
de la Real Audiencia, ocupaba el asiento del antiguo Goberna- 
dor del Principado á la derecha del «magnífico» Rector con los 
Oidores al lado; pero éstos, si no asistía el Regente, se coloca- 
ban después del Decano con preferencia al Provisor y Prelados 
de las Comunidades, á quienes seguían los Colegiales ma- 
yo res. 

El Primiciero y el Maestro de ceremonias cuidaban de que 
ocupasen los sitios respectivos las personas dichas y los con- 
vidados, generalmente Jueces de la Ciudad, Capitulares de la 
Santa Iglesia, Regidores, Caballeros, etc. Los asientos destinados 
á los religiosos eran ocupados por Maestros y demás oficios de 
las Comunidades, procurando dicho Primiciero colocar bancos 
bajos para sus socios y colegiales. A los Bachilleres les estaba 






— 147 - 

prohibido asistir á ocupar su puesto al frente ó testero de la pre- 
sidencia, no llevando el bonete como distintivo. 

Al pretender uno de los grados, se depositaban 3.000 reales 
para gastos académicos solamente. Deducida de esta cantidad 
la parte del arca, propinas y aumento de ocho reales álos pobres 
oficiales por la cena y los estipendios de músicos, el residuo se 
dividía y prorrateaba entre los doctores que hubiesen presencia- 
do el examen de capilla y demás ejercicios. Dobles derechos 
correspondían al Rector y Padrino, tres ducados al Doctor «ga- 
Ilista» y otros tantos al Primiciero, si fuese de la Facultad del 
graduante, aunque obligado á hacer la distribución con el Secre- 
tario. Todos juraban no perdonar propinas con pena de abonar 
el duplo para el arca y responsabilidad en el fuero interno, más 
se devolvía el dinero generalmente hasta que se pagaron los ho- 
norarios en chocolate: al Rector y Decano 12 libras, 6 á cada 
doctor, 3 al Primiciero y 3 al Secretario, prohibiendo bajo santa 
obediencia la devolución, solamente permitida con chocolate 
comprado y nunca con el recibido. Destinábanse 320 reales 
para la librería; y ya queda dicho que los Colegiales de San 
Pelayo de Salamanca tenían depósito y. derechos menores (1). 
Había otros gastos extraordinarios y hasta supérfluos que 
duplicaban con exceso los mencionados, aunque, para evitar 
cuantos podían comprometer las familias haciendo el laureado 
ostentación de la borla, estaban prohibidas las libreas á los 
acompañantes, corridas de toros y comidas y colaciones públi- 
cas. ¿Pero qué mucho si eran aquellos grados deseado término 
en la carrera del saber, honores entonces muy considerados 
porque eran tan difícilmente adquiridos? A 40.0X) reales llega- 
ron los gastos en Salamanca en época más barata que la pre- 
sente, y llevado este afán de grados á las posesiones españolas 
en América, ascendieron allí á 10.000 duros! (2). 

La Junta General del Principado representó al Rector y al 
Reai Consejo los perjuicios que ocasionaba la cena; pidió más 
tarde que se aminorase el costo de las investiduras consultan- 



(t) Archivo de la Universidad.— Claustros de 4 de Febrero de 1771, J7 de Octubre de 
1783 y 4 de Abril de 1783.— Testamentaria del Arzobispo Valdés, folio 183. 

<2 l Ana tes universitarios del Perú, por D. José Gregorio Paz Soldán.— Lima. 186a. — 
Coni prende el primer tomo la Universidad de San Marcos de Lima, y el segundo las cinco res • 
tantea de aquella República, Arequipa, Huamanga (Ayacucho), Cuzco, Puno y Trujillo.— Estu- 
dias jurídicos en Buenos Aires. («Gaceta del Notariado». — 1879, núm. 36). 



r 



— 148 — 
do á Salamanca y á Valladolid, y combatió el aumento de pro- 
pinas y juramento de no perdonarlas sin diferencia de pobres, 
acordando que sus comisarios tratasen esta cuestión con el 
Claustro. En 1777 volvió á sus representaciones la Diputación, 
en vista de haber contestado la Universidad no ser excesivo el 
importe de los grados y sí menores al de todos los demás esta- 
blecimientos de algún renombre, conviniendo, por otra parte, á 
su decoro no hacerlos comunmente accesibles. No pasados dos 
años, otra vez intentó el Principado conseguir la rebaja de gas- 
tos, que ascendían á más de 6.000 reales (y á 1.000 ducados en 
alguna ocasión) entre depósitos, propinas, regalos, cenas, re- 
frescos, etc., nombrándose en la Escuela una comisión que exa- 
minara detenidamente el caso. Con acuerdos anteriores á la vis- 
ta y en particular con el de la Junta de Hacienda de 27 de No- 
viembre de aquel año, se discutió acaloradamente por todos de- 
fendiéndose la costumbre antigua, que se demostró no ser cara, 
atendiendo á la dignidad é importancia de la investidura (1). 

En justificación del lauro académico y como ejecutoria cien- 
tífica se entregaba á los graduados títulos latinos expresivos del 
nombre, naturaleza, buena vida y costumbres, estudios, etc., del 
bachiller, licenciado ó doctor, pues muchos se detenían en el 
primero ó segundo grado; en el documento constaba la votación 
obtenida de simple approbatus (por mayoría) ó de nomine dis- 
crepante, y muy principalmente se repetían las fórmulas y pro- 
mesas juradas en que se mezclaban con los dogmas de la Reli- 
gión determinados principios de política circunstancial que se 
pretendía considerar al igual ó poco menos que aquellos dogmas; 
y finalmente el Secretario-notario refrendaba el diploma al lado 
de la firma recloral y sello grande de la Universidad (2). 

De este modo se verificaba una ceremonia que daba tanto 
carácler á la vida académica de aquella época. Ultimo honor á 
que aspiraba un estudiante, era recomendación del todo necesa- 
ria para la cátedra y muy atendible para pretender y obtener 
buenos destinos. 

Fué también el doctorado una distinción que la Universidad 



(1) Archivo de la Universidad. — Claustros de 7 de Agosto de 1771, 12 de Octubre de 1774 
y 11 de Diciembre de 1779. — Archivo de la Diputación. — Juntas de 20 de Febrero de 1772 y 15 
ele Julio de 1775 y Diputación de 16 de Febrero de 1777. 

¡jq \ty.i-v AvéNDiCE IX. 



'J ** 



- 149- 
otorgaba honoríficamente á hombres ilustres, á sus hijos predi- 
lectos, y á respetables personajes á quien estaba obligada por 
protección y señalados favores. A instancia del egregio Campo - 
manes, á quien en 1770 consideró la Escuela Doctor y Maestro 
de su Claustro y Gremio, se concedió la borla en Cánones al 
Iltmo. Sr. D. Miguel María de Nava, Presidente interino del Con- 
sejo en 1783, remitiéndole las insignias, y poco después en am- 
bos derechos al arzobispo Llanes. En 1795 se dio la de Teología 
al hoy V. P. Cádiz, cuya ciencia, palabra y virtud tenían edifica- 
da la ciudad de Oviedo, á donde acudían gentes de toda la pro- 
vincia para escucharle, siendo de un mérito singular las oracio- 
nes latinas que con tal motivo leyeron en el solemne acto el 
agraciado y padrino (1). 

Hallándose en Gijón el insigne Jovellanos fué nombrado 
Embajador de Rusia en 1797 y, al disponer el Claustro que una 
comisión de su seno le felicitase, ésta, llenó su cometido lleván- 
dole las insignias de doctor. Contestó agradecido el célebre gijo- 
nés dirigiendo á la Corporación universitaria muy afectuosa 
carta: «Cuyo escrito, dice el acta, habiendo sido oído con gozo 
singular y complacencia de todo el Cuerpo, se acordó unánime- 
mente se archivara y custodiase original entre los papeles más 
apreciables de la Universidad, para conservar, por este modo, 
un monumento tan ilustre y de tanta gloria y honor para la Es- 
cuela.» 

Decía asi la carta: 

«Gijón 11 de Noviembre de 1797.— Muy señores míos: lie tenido el honor 
de recibir la distinguida enhorabuena y la decorosa expresión con que V. SS. 
por un efecto de generosidad, han querido honrarme con motivo de mi promo- 
ción á la embajada de Rusia, habiendo presentado los señores doctores Méndez 
Vigo y Vélez Cosío las insignias del doctorado en ambos derechos y el testimo- 
nio de la honrosa acta de 3 del anterior en que fueron servidos acordarla. Estos 
mismos señores habrán manifestado á V. SS. la sincera satisfacción y el alto 



ix t Orationes coram ovetcnsi academiac senatti habitae X Kalcnd Maias ann. MDCCXCV 
pro publica inaugurationc licenciat. ct doct. in Sacra Theologia R. P. M. F. Didaci Camatio 
Rivadencira, alias Cádiz. Strictissimac Capuccinorum Faemiliae l'rovinciac Baticanae, Con ció- 
natoris Apostolici in universa Hispania, cuius mirabilem doctrinam ct communiter perillustri* 
hac Civitas. ct precipue cclebris Academia jucunde dcsmtarumt. Sumptibm ejusdem Rcgiae 
Universitaria typis mandatac. Ovcti ex typographia L). Francisci Díaz Pedregal. Anno 
MDCCX.CV». — Contiene también la laudatoria del padrino Dr. D. Juan Méndez de Vígo, Ca- 
nóuigo y Arcediano de Gordón en la Catedral, la gratularía del P. Misionero, y aparece en las 
actas que pronunció otra el Br. D. Sebastián Casadoyro, á quien se dieron «decentes hábitos, 
chupa, calzón y dos camisas.» 



— 150- 
aprecio con que he admitido tan decorosa distinción, la más grata que puede 
hacerse á un hombre que hasta ahora no ha acertado á aspirar á otras, que la> 
que distribuye la opinión pública en la carrera de las letras. Para acreditar más 
bien este aprecio y mi profundo respeto al sabio Cuerpo que me lo dispensó, 
he querido recibir este honor en el seno del Real Instituto Asturiano, deseoso 
de perpetuar en él la memoria del beneficio con que V. SS. se han dignado dis- 
tinguir á su Promotor, así como la de mi íntimo reconocimiento, y también 
para sellar con este solemne acto la unión de los dos cuerpos, que erigidos 
en beneficio público y consagrados á la instrucción de la juventud asturiana, se 
deben aquel amor que corresponde á la voluntad de sus objetos. 

Réstame, ahora, renovar a* V. SS. este testimonio de mi gratitud y de mi 
respeto, así como el más vivo deseo de promover con todas mis fuerzas el bien 
y la gloria de esa Real Universidad, no como hasta aquí, por un voluntario es- 
tímulo de mi inclinación, sino por la dulce y honrosa obligación de su hijo 
adoptivo. Ii. L. M. de V. SS. su más rendido afecto individuo, Dr. D. Gaspar tic 
Jov ¿llanos. — Sr. Rector y Claustro de la Universidad de Oviedo > 

Iguales grados de honor concedió el Establecimiento á hijos 
de sus aulas promovidos á los más altos puestos del país, 
que en su generalidad habían recibido aquí grado de bachi- 
ller. Nombrado Regente de Oviedo D. Juan Pérez Villamil, de 
cuyo cargo no tomó posesión en 171)8 por haber sido nombrado 
Fiscal del Consejo de la Guerra, el Claustro le llamó su doctor 
en Leyes; y en Cánones en 1799 á D. Gabriel Hevia Noriega, 
Consejero supernumerario de la Suprema y General Inquisi- 
ción (1). 

Otra de las costumbres escolares de más boga ó señal de re- 
gocijo escolar era el ¡citor! que, antepuesto al nombre de algún 
doctor, catedrático ó estudiante y consignado en altos é indele- 
bles caracteres en las paredes del establecimiento ó de otros 
edificios de la capital, demostraba aprobación y aplauso para 
quien por su ciencia sobresalía en brillante ejercicio de oposi- 
ción académica, ó era como heraldo de colocación prestigiosa 
merecedora de aquella extraordinaria aclamación. No hay noti- 
cia exacta sobre el particular, y otro tanto manifiesta el Sr. Vi- 
dal y Díaz en su «Historia de la Universidad salmantina», por 
cuyo estimable libro se sabe «que también se daba el nombre 
de vítor al cartel ó tabla en que se escribía algún breve elogio 



(x) Archivo de la Universidad. — Claustros 27 de Kncro de 1700, de 18 ue Junio y ».* de 
Diciembre de T783, 19, 21 y 26 de Abril de 1795, 3 de Noviembre de 1797, 26 de Abril de 1798 
y 17 de Junio de 1799. 



-151- 
de los hijos predilectos de la Universidad, que se exponía al 
público, y que cuando ocurría algún suceso, que merecía tal 
función, se reunían los estudiantes y llevando el vítor desde 
el Establecimiento á la casa del laureado, le obsequiaban con 
alguna serenata y le aclamaban con entusiasmo». Diferentes 
citares escritos con tinta negra y encarnada cubrían antes las 
paredes de nuestra Escuela, y unos desaparecieron no pudiendo 
resistir al tiempo y á la intemperie, aunque la tinta roja estaba 
compuesta «con sangre de vaca mezclada en aceite común». Aún 
hoy en la fachada del E. se distinguen casi borrados los nom- 
bres de los doctores «Gregorio Rato Caso», «Juan de Cienfue- 
gos» y «doctor Cangas», y en la parroquial de San Isidoro 
*Dr. D. J. Dorado Carreño» y «Dr. Joseph Dorado, cathedrático 
de philosofía» entre otros oscuros é inteligibles, como en el in- 
greso de la iglesia del exconvento de Santo Domingo se leen 
más vítores de «Dr. D.Francisco Dorado, médico de esta S. Igle- 
sia, cathedrático de Philosophia» y de su hijo «Dr. D. Joseph 
Dorado, cathedrático», ambos contendientes con el P. Feijóo 
en las polémicas médicas (1). Por resoluciones del Consejo 
de 29 de Septiembre y 27 de Octubre de 1757 se prohibieron los 
vítores, toros y festejos ruidosos con motivo de promociones 
de catedráticos y maestros á superiores dignidades, reduciéndo- 
los á dentro de las Escuelas y sus iglesias. 

Cuando terminaba una sesión ó Claustro en que se daba 
cuenta de que alguno de sus individuos ó antiguo alumno de la 
Universidad había sido promovido á un alto puesto de la Iglesia 
ó del Estado, se acordaba gran repique de campanas y se dispo- 
nía, á veces, funciones religiosas y profanas con iluminación y 
música en casos especiales, como cuando el Doctor D. Antonio 
Ibáñez, arzobispo de Zaragoza, ascendió á Presidente del Con- 
sejo de Castilla en 16Ü0; á Feijóo se le concedieron los hono- 
res del Consejo Real en 1748; por D. Alonso de Llanes, obispo 
de Segovia, que al ser promovido en 1783 al Arzobispado de 
Sevilla escribió al Claustro la más efusiva y amorosa carta ofre- 



(x) Dice González Posada en sus Xoticias históricas del Concejo de Carreño fMSJ: 
«De la parroquia de Pcrlora fue natural el Dr. Busto, catedrático de la Universidad de 

Oviedo á principios del siglo xviii, el cual aún tenía un vítor en letras de oro el año 1760 en 

que fui allí á estudiar Súmulas. » 

II 



-15*- 

ciéndose con deseos de emular allí al insigne fundador Val des 
en beneficio y progreso de Asturias; por Campomanes al ser ele- 
vado en 1783 á la presidencia interina y en 1789 á la defini- 
tiva del Consejo de Castilla; en 1792 cuando Canga Arguelles, el 
antiguo y celoso catedrático, llegó á fiscal del mismo alto 
Cuerpo; en 1798 por Jovellanos al ser nombrado ministro de 
Gracia y Justicia; y en otros casos, que sería prolijo enumerar, 
por los muchos hijos que honran esta Escuela, á la cual ofrecían 
siempre sus destinos en atentas comunicaciones guardadas en 
el Archivo (1). 

En la última promoción de Campomanes y concesión de la 
gran cruz de Carlos III al «hijo y padre de la Universidad», des- 
pués de tributar gracias al Todo Poderoso por «tan insigne be- 
neficio», se dispusieron en 17 de Septiembre repique de campa- 
nas, músicas, iluminación en la torre y patio, orquestas, cancio- 
nes, etc., acordando más festejos, que se celebraron en Febrero 
df 1 17ÍH). En el día 3, por la tarde, hubo gran sesión claustral en 
la Capilla donde dijo elegante oración latina el Dr. y M. Fr. Ge- 
rónimo Galindo, benedictino y catedrático de Teología, con más 
nueva y vistosa iluminación después poniéndose el retrato 
de S. E. bajo dosel, ante el que cantaban dos coros «gozando 
mucho los nobles y plebe». Al siguiente día se celebró Te-Deum 
y misa de gracias por los prebendados de la Catedral y cate- 
dráticos Arcediano Francos, Magistral Canella y Canónigo Lugo, 
y se represento «en los magníficos salones de la Casa» el drama 
alegórico Triunfo del Mérito de D. Alonso de Arango con 
música de D. Luis Blanco, profesor de la Iglesia Catedral, y 
especial decoración universitaria. En sucesiva jornada de feste- 
jos y alegrías hubo otra representación de la comedia seria «de 
Alberto I de Alemania con rasgos de justicia y premios al 
mérito por las guerras, letras é industrias», asistiendo la más 
distinguida concurrencia recibida y obsequiada por los señores 
García del Busto, Menéndez Noriega, Arguelles Meres y Fernán- 



íj) A rchiio de W Universidad.— Claustros de ti de Agosto de 1690, 6 de Diciembre de 
T74&, |> de Diciembre de 1783, xx de Septiembre y 4 de Noviembre de 1789, 6 de Septiembre 
*te i?9 3 t 3 1 tít 18 y 21 de Noviembre de 1797 y 26 de Abril y 19 de Octubre de 1798. 

En virtud de mu carta del consejero D. Ramón de Noriega, el Claustro acordó grande? 
funcione* en 10 de Marto de 1792 para celebrar el ascenso del Sr. Acedo Rico á la presidencia 
del y» decaído Consejo de Castilla. 



— 153- 
dez de Prado, doctores del Claustro, que dispuso repetir las fun- 
ciones en los días 6 y 7 para que «también disfrutase el pue- 
blo* (1). A todas precedía una introducción en verso endecasíla- 
bo, repartida en pliego suelto, en que la Sabiduría ensalzaba á 
Campomanes: 

Esta pompa que veis, nobles oyentes, 
este aparato del mayor contento, 
obsequios son que al mérito dedica 
y á la heroica virtud este Lyceo. 



Por él trabaja el labrador seguro 
y de su afán el merecido precio 
libre recoge; libre el negociante 
surca el golfo por él, y largo premio 
trae al sudor del mísero artesano 
desde uno y otro polo contrapuesto. 
Por él la alma virtud fué respetada; 
temida la justicia, y por él fueron 
el vicio y el error precipitados 
con la ignorancia al tenebroso Averno. 
¿Quién como él, con mano poderosa, 
la inocencia amparó? ¿Quién tan severo 
persiguió la calumnia, asegurando 
de la verdad los sacrosantos fueros? 
¿Ni quién mejor del Trono y del Estado, 
fijó el honor, sostuvo los derechos? 
Sí, nobles asturianos, esta gloria 
también os debe España, y si otro tiempo 
cuando salía del Alar ve yugo 
su culto y libertad debió al esfuerzo 
de vuestros Padres, hoy contenta y libre 
de otro funesto y duro cautiverio, 
de su poder y su menguada gloria 
llama restaurador á un hijo vuestro. 



Los públicos regocijos dispuestos para celebrar la feliz ele- 
vación del virtuoso Jovellanos, antiguo alumno por breve tiem- 
po y favorecedor después (2) al Ministerio de Gracia y Justicia, 



(i> La Universidad se disponía á imprimir la Relación de estas fiestas, y no se hizo porque 
fe adelantó el Memorial literario (Madrid, Febrero de 1790, pág. 212) publicando un extracto. 

(2) Arcbivo de la Universidad.— Claustro de 1781 cuando el expediente de dotación de 
«"¿ledras. 



— 154 — 

fueron solemnes y especiales como nunca. En 13 de Noviembre 
de 1797 se anunció la fausta nueva con el tradicional repique 
de campanas mientras la música del Batallón provincial reco- 
rrió las calles, y por la noche se iluminó la Universidad con 
sumo gusto, como los graduados lo hicieron en sus casas, pro- 
longándose la velada con más música, cánticos y vivas al Mi- 
nistro. Los verdaderos festejos se dilataron por los muchos pre- 
parativos hasta el 12 de Mayo y duraron ocho dias más. Con 
desuno á la sala claustral se encargó al pintor ovetense Fran- 
cisco Hevia un retrato del sapientísimo gijonés; se dispuso gran- 
de y alusivo transparente en el ingreso de esta Escuela con de- 
dicatoria A la felicidad de la Patria en la elevación de su 
amado hijo Jooellanos entre las figuras de la Justicia, Paz, 
Providencia y Buena Fé, apareciendo también Minerva coro- 
nando al integérrimo Ministro mientras la Fama proclamaba sus 
virtudes y desaparecían precipitados la Envidia, Error, Sober- 
bia y Pereza; é hizo todo el mejor efecto cuando la majestuosa 
iluminación hasta bien entrada la media noche, gozando el pue- 
blo con los artificiales fuegos, conciertos musicales y cantos 
alusivos. Otro dia fueron solemnísimos el Te-Deum y sacrificio 
de gracias al Cielo con reserva de S. D. M. y misa cantada por 
los D. Arias Flórez, Méndez Vigo y Velez Cosió. En el patio se 
celebró la mas concurrida sesión claustral donde el cursante 
D. José M. García del Busto (el patriota ovetense de 1808) recitó 
poética introducción al acto, mientras los doctores Alvarez Te- 
rrero y San Miguel descubrían los retratos del Fundador y del 
gran Magistrado, antes que el Dr. Vega Infanzón leyese el notable 
discurso en que ensalzó la ciencia y virtud del ejemplar asturia- 
no, sus muchos servicios á la patria, su amor al progreso nacio- 
nal y su afán y sus desvelos por la pública instrucción, objeto 
de su ardor constante, resultando asi una oración de subido al- 
cance y más en aquellos tiempos. En otro dia se dio una comida 
abundante á los pobres y á los presos; por la noche se repre- 
sentó el drama Premio á la Sabiduría con música de D. José 
Ferrer, organista de la Iglesia Mayor y coros de D. Juan Paez, 
maestro de Capilla, repitiéndose la obra tres noches, alternando 
con la aplaudida comedia pastoril Camacho el Rico, de Me- 
léndez Valdés; y antes de las funciones teatrales ejecutadas por 



— 155- 
estudiantes recitó una introducción el cursante D. Ángel Vallejo, 
más tarde Ministro de Estado. El dia 19 hubo el más vistoso pa- 
seo claustral por las calles de Oviedo con escolta de tropas, que 
hacia salvas, y en medio de la Corporación iban ocho niños re- 
presentando de dos en dos la Ciencia, Agricultura, Artes y Co- 
mercio, llegando todos al patio de la Universidad, en cuyo cen- 
tro y sobre artístico pedestal cercada por otros grupos emble- 
máticos, se elevaba la estatua de Jovino coronado y la ins- 
cripción siguiente: 

VIRTUTI ET SAPIENTAE 

ÜASPARI JOVE-LLANOS GEGIONENSI. 

ASTURUM DELIC1IS. 

HISPANORUM SPEI. 

MONUMENTUM HOC AMOR1S 

STUDIOSAE 1UVENTUTI EXEMPLAR 

ERIGÍ. IUSSIT 

OVETENSE LICOEUM 

XIV. CAL. IUN 

ANN SALUT CIOlDCCXCVIII. 

Así fué la primera estatua erigida al célebre asturiano, alre- 
dedor de la que bailaron los bien dispuestos niños y cantaron 
con letra de González Villarmil, racionero del Real Instituto As- 
turiano, y música de Laralegui, organista de la Catedral (1). De 
propósito nos hemos detenido en estas fiestas porque son ex- 
presión de ideas y esperanzas que entonces alimentó la Univer- 
sidad de Oviedo. 

Conforme á los Estatutos viejos se celebraban diariamente 
en la capilla una ó dos misas por los capellanes; y funciones re- 
ligiosas en días de la Asunción de la Virgen, San Lúeas, San Mar- 
tín, Santos Doctores de la Iglesia (la de San Ambrosio fué dotada 
con un censo por el Doctor D. Diego Sánchez Escandón y Noriega 
en 1685) y Santa Catalina, única que aún subsiste. Antes se con- 
memoraba con mayor solemnidad, corriendo la misa cantada á 
cargo de los canónigos Doctores con todo el servicio de la Cate- 



(«) Vcasc « Noticia de los públicos regocijos con que la Real Universidad literaria de 
Oviedo celebró la feliz elevación de su hijo el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jovc-Llanos 
Caballero del orden de Alcántara, del Supremo Consejo de Castilla, Embajador en la Corte de 
Rusia: á la Secretaria de listado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia de España é In- 
dias, dedicada al mismo Excmo. Señor. En Oviedo. Por el impresor de la misma Univrrsidad.» 
íLe precede una carta dedicatoria dirijida al Sr. Jovellanos). Oviedo 1798, 88 páginas. 



-i 5 6- 

dral, siendo el orador miembro del Cabildo ó del Claustro, 
mientras se disponían fiestas profanas por los estudiantes, re- 
presentando frecuentemente comedias en el patio del Estable- 
cimiento ó disponiendo iluminaciones y serenatas, que llegaron 
hasta los inolvidables días escolares del autor de este modesto 
übro (1), 

En tal festividad el Rector costeaba una cena para los doc- 
tores y dependientes, cambiada después por un refresco al 
Claustro, á cayos individuos se daban dos libras de conserva ó 
confitura y un frasco de vino de Ribadavia, así como una me- 
rienda de pemiles y vino á los oficiales. Cambió el refresco, se- 
gún las épocas y los gustos, y últimamente se dio propina á los 
ministros, sirviendo aguas compuestas y chocolate á los docto- 
res, que, ú. su vez, por San Maitín, daban una comida al pre- 
sidente (2). 

En natalicios, juras, matrimonios y lutos regios también se 
hacían demostraciones de alegría y duelo, según los casos. Que- 
da hecha relación de las exequias por Felipe IV, y ahora dire- 
mos que con el Principado y Ciudad se asoció el Claustro á las 
fiestas ofktiales en actos de proclamar al apocado niño Car- 
los U y en sus dos estériles matrimonios. Cuando la muerte del 
último rey austríaco hubo dificultades y excusas para túmulo, 
misas, sermón, etc., por la penuria de los fondos universitarios 
y el Doctor Dorado no pudo pronunciar el panegírico porque 
vestía hábito de la Orden Tercera con voló que había hecho para 
toda la vida (5). Al advenimiento de Felipe V hizo la Universi- 
dad, al lado de la Provincia, manifestaciones expresivas de su 
adhesión al nuevo monarca, auxiliándole también cuanlo pudo, 
nutriendo con alumnos voluntarios el personal de oficiales y sol- 
dados del Regimiento de Asturias, que mandó el Vizconde de 



[i\ «El Sr. Tcdi-o Ruiz, comisario nombrado por l.i Universidad, solicitó los bancos dtl 
Municipio patí lai comedias que habían determinado representar en las próximas vacaciones 
& honor y culto de la píori osa Santa Catalin.i; y por el nuevo privilegio que el Claustro mere- 
ciera de ¿v M..; 1 1 l i d i r.- 1 » d i ■ concurrir á las funciones los scnoies regidores que gustaran». Acta mu 
nicipn) de 17 dt Diciembre de 1756. (Colección históricodif>Lunaticn d/l Ayuntamiento de Oi'ie- 
tff, por IX t¡. M. Vigil). 

! í) Archivo de U Universidad. — Claustros de 3, to, 10, 18 y 3 de Noviembre respectiva- 
mente de lo* años 1654, 1666, 1786, 1796 y 1803. 

(31 En la discusión claustral para estos funerales, se oyeron estas palabras: 
— "E* materia de sacristanes decir una misa por el Rey Nuestro Señor:- 
Reconvino el Rector al P. M. Fr. Pedro de Santo To\ia> y c»te <e cv.jusó m,inift.st.v.'' j 
*qiít *u dicho ya era anicrior, y había pasado, dirigido al compañero próxima y no á S Seño- 
ría ni al DÉltUro. ■ 1 Clan 1 tro de 17 de Noviembre de 1700/. 



I 



— 157 — 

Puerto, después famoso y sabio Marqués de Santa Cruz de Mar- 
cenado. Lloró la muerte de Luis I y en 1746 la del animoso Fe- 
lipe, su padre, que por segunda vez había tomado las riendas 
del Gobierno; celebró el advenimiento de Fernando VI como 
deploró los fines de su reinado de paz y de esperanzas, pre- 
cursor del de Carlos III, la era de nuestro progreso, después in- 
terrumpido. En estas y otras ocasiones dispuso el Claustro fies- 
tas religiosas en su capilla y músicas en el patio, cuando no en- 
viaba además comisiones á la corte, recibiendo en alguna ocasión 
orden de no hacerlo y que bastaba testimonio del acuerdo claus- 
tral ó su asociación á los festejes y ceremonias de la Junta Ge- 
neral del Principado, por cuyo conducto recibía frecuentemente 
los avisos. Fueron notorias las fiestas de la Universidad cuando 
el natalicio de los Infantes gemelos Carlos y Felipe de Borbón 
y ajuste de la paz con la Gran Bretaña en 1783 y en la procla- 
mación de Carlos IV en 1790. 

Aparte de las diversas funciones religiosas de que se hizo 
mérito, no es de omitir que la antigua hermandad claustral dis- 
ponía honras fúnebres primeramente con sermón y elogio en 
los casos de fallecimiento de sus catedráticos, maestros y doc- 
tores residentes en la ciudad, y después con más sencillez ade- 
más del oficio general de difuntos, que se decía en el mes de No- 
viembre. Fueron singulares y solemnísimos los dispuestos cuan- 
do la muerte del insigne favorecedor de la Universidad é inolvi- 
dable Obispo Sr. Pisador en 1791, así como en 1794 por el ce- 
lebérrimo catedrático P. Feijóo (1). Antes, por uno y por otro 
se acordaron rogativas para alcanzar su salud, y también se pe- 
dían favores al Cielo en días de angustia nacional como cuando 
la guerra con Francia en dicho año de 1794. 

(xt — «Oración fúnebre que en las solemnes exequias consagradas por la Universidad de 
Oviedo á la tierna y piadosa memoria M. O R. N. de el 111. Sr. D. Agustín González Pisador, 
Obispo... etc . dixo el Dr. D. Rodrigo Valdcs Alas, de el gremio y Claustro de Teología de la 
dicha Universidad, catedrático de Filosofía, que h:»y en ella, arcipreste de el partido de Pilona, 
cura párroco de la de San Pedro de Villamnyor y apoderado de todos los» párrocos y clero 
de este obispado, congregados en sínodo diocesano, etc. Con licencia: en Oviedo, año de 
MDCCXC1: por D. Francisco Diaz Pedregal, impresor de este Principado y su Universidad y 
socio de Mérito de la Real Sociedad de el*. 

— «Oración fúnebre que en las solemnes exequias que la Universidad de Oviedo consagró el 
día 77 de Noviembre de este año de 1794 á la inmortal memoria del ilustrisimo y Reverendísimo 
Sr. U. J. Benito Gerónimo Feijóo y Montenegro, del Consejo de S M y catedrático de Prima 
jubilado en cMa, dixo el Sr. Doct. D. Alonso Francos Arango, colegial mayor que fué en el 
mayor del Arzobispo de la Universidad de Salamanca y en ella cathedrático de Philosopia, 
Canónigo Magistral de la Santa Iglesia de Tuy, visitador y examinador synodal de aqnel Obis 
pado y al presente Canónigo Magistral y Dignidad Maestreescuela de la Santa Iglesia de Ovie- 
do, examinador sinodal de este Obispado y calificador de la Suprema y general Inquisición. — En 
Oviedo por Francisco Diaz Pedregal. — Año de 1765». 



-i 5 8- 

Además de estos homenajes religiosos, en oíros profanos con- 
venía la corporación académica; ya saludaba á los alumnos 
distinguidos en sus ascensos ó ya felicitaba periódicamente el 
año nuevo y Pascuas al Presidente del Consejo de Castilla, á 
los Consejeros Catedrero ó Superintendente y Director, al Pa- 
trono, á los Cancelarios y Rectores de las Universidades mayo- 
res y á aquellos hijos predilectos colocados en altas dignidades; 
asi como en Oviedo al Gobernador del Principado, al R. Obispo 
(notando en 1678 que no las había devuelto), al Regente de la 
Real Audiencia, al Juez de la Ciudad y á los Abades y Priores 
de Monasterios y Conventos de la capital y provincia. 

También las Autoridades superiores, que llegaban á la Capi- 
tal, se anunciaban y ofrecían al Claustro en atentas cartas, que 
este contestaba con deferencia suma ó enviaba comisarios para 
saludarles. El Cabildo Catedral se apresuraba siempre á invitar 
al Claustro para que sus Doctores, canonistas y teólogos, so 
opusieran á las vacantes canongías de oficio, y también nuestra 
Escuela daba cartas de recomendación á sus hijos cuando mar- 
chaban á otros cabildos ó Universidades para tomar parte en los 
actos de oposición. 

Otra personalidad notoria con relación á la Universidad de 
Oviedo fué su Patrono, el representante déla familia de Valdés- 
Salas y sucesores, á quienes en el largo y dispendioso juicio de 
la testamentaría del Arzobispo D. Fernando se les adjudicó el 
Patronato mermado y honorífico. Como apretadamente se mos- 
tró el sobrino del Fundador espléndido, así se condujeron los 
sucesores porque no resultaron de gran relieve sus actos de ge- 
nerosidad y protección hacia la Escuela. Titulábanse (entre otros 
honores y prerrogativas) tales patronos, solus el irisolidum 
de las memorias, patronatos y obras pías del llustrisimo Inquisi- 
dor en la iglesia de Santa María de Salas, Universidad y Colegio 
de San Gregorio en Oviedo y del de San Pelayo en Salamanca, 
hospital de Uelmonte, alféreces mayores de la villa y concejo de 
Salas etc.; pero, es de advertir, que en la Universidad solamente 
les correspondían los nombramientos de Catedrático de Lengua 
griega (por derivación colegial), de Secretario, Bedel, Capella- 
nes, Sacristán y Portero en condiciones conseguidas do ios 
primeros testamentarios; que asi limitaron tales prerrogativas 



-159- 

universitarias con previsora adivinanza (1). El mayorazgo de los 
Valdés Osorio y Valdés Cardona se unió y confundió sucesiva- 
mente, entre otros vínculos y privilegios de los Acevedo, Ló- 
pez de Zúñiga, Alvarez de Toledo, Portocarrero, Filz-James y 
Estuart, con los marquesados de Mirallo y Valdunquillo, conda- 
dos de Miranda y Montijo, ducados de Peñaranda, Montoro, 
Bervik y Alba, etc., éstos últimamente. Las relaciones de la Uni- 
versidad y los Pairónos variaron entre cordiales y de prevención 
ó reserva por parte de aquélla, particularmente en casos de in- 
gerencia de los segundos, que tomaban posesión enviando sus 
apoderados al Claustro; éste los recibía «sin salir del cancel 
de la sala», los sentaba entre los doctores y los despedía ense- 
guida sin salir de la estancia. En 1676 el Claustro denegó á la 
Ciudad el permiso solicitado para representar comedias dentro 
del patio en la festividad de Santa Eulalia, porque la Patrona ha- 
bía comunicado la muerte de sus hijos y estaba la Universidad 
de luto; dos años después preguntaba el Patrono sobre la censu- 
rable conducta del Rector del Colegio gregoriano y se le res- 
pondió que era buena; y, cuando se daba cuenta de la defunción 
de los titulados, al acordar honras fúnebres, se advertía que 
era sin ejemplar. Pretendieron una vez remover al Secretario 
claustral y nombrar á un criado, que llegó y presentó el titulo, 
mas no alcanzó posesión porque la Universidad no consintió en 
la remoción de un buen empleado mostrándose dispuesta á de- 
• tenderse ante el Real Consejo; se aquientó así el procer nom- 
brador, que mas tarde designó para secretario con futura suce- 
sión á la muerte de aquél, á sustituto del que aquí funcionaba. 
Lo mismo hizo con otros dependientes en varias ocasiones de- 
signando su remplazo para lo porvenir, haciendo hereditario 
de este modo el oficio de dependientes, que pasaba de padres á 
hijos ó á deudos próximos. En uno y otros casos el Patrono, se- 
ñor de la casa de Valdés de Salas, enviaba los títulos á conoci- 
miento y conformidad del Claustro para ser copiados al pié de 
las actas, siendo de advertir que en algunos oficios se nombra- 
ba á mujeres como en 1747 á María y Dorotea Cadrecha, que 
pusieron con la correspondiente fianza á personas idóneas para 



íi) Vea<c Capitulo I, pág. 38. 



— i6o — 

desempeñar los cargos en que no podían entrar por inconve- 
nientes del sexo. 

Como se vé, la verdadera intervención patronal era modes- 
ta, reducida á designar tales dependientes, que tenían escasa con- 
sideración y vivían míseramente. Bedel, Fiscal, Capellanes, Al- 
guacil, Sacristán y Relojero se quejaron que en agasajos ú obse- 
quios de la Corporación y grados tenían sitio y mesa aparte, 
cuando por antigua costumbre y posesión refrescaban dentro de 
la sala claustral, y aspiraron á la primitiva confusión; pero se 
les negó un día y otro, y únicamente después se permitió á los 
capellanes aunque con debida separación en los asientos. Ade- 
más en épocas de penuria académica, que fué repetida, vivieron 
estos oficiales en apuro grande y necesidad mayor, pues en oca- 
siones representaron sobre la desnudez y el hambre en que vi- 
vían, pidiendo al Claustro limosna de ropas ó algo del salario 
atrasado para poder subsistir y presentarse. 

Estos eran los nombramientos que hacía el Patrono que, con 
más acierto aunque el derecho fuera discutible, representó al 
Claustro para reintegrar á los colegiales de San Gregorio en la 
posesión y costumbre viejas, que se les había negado, de sentar- 
se en los bancos doctorales pero el Cuerpo universitario apeló 
al Consejo en asunto de tan poca monta mientras no hizo debida 
consideración á muy atinada observación del mismo Patrono 
cuando éste, extralimitándose, se quejó de que se quisiera cam 
biar una cátedra de Matemáticas por otra de Moral. Y es que 
nunca se quiso admitir más patronato que el honorífico ( 1). 

El gobierno de la Universidad estaba en el Claustro, princi- 
palmente en el Rector y demás cargos académicos. 

En 1 1 de Noviembre se verificaba la elección rectoral en la 
Capilla del Establecimiento, de advocación de San Gregorio. Se 
leían los Estatutos Viejos y Nuevos en lo referente á la designa- 
ción de oficios; los asistentes juraban su observancia ante la Cruz 
y los Evangelios, el Sr. Rector saliente pronunciaba breves pala- 
bras solicitando que se le dispensaran las faltas que pudiera ha- 
ber cometido en el ejercicio de su autoridad y terminaba propo- 
niendo para sucesor entre los individuos del Claustro, que lo 



! 



(i) Archivo de la Universidad. — Claustros diferentes en 1676, 1678, i6q6, 1699, 1700, 17S3. 

1784, 1738. 1790 y 1783- 



— 161 - 

pudieran ser, ó entre los Prevendados del Cabildo Catedral que 
lo fueron- continuamente, porque aquí no podía ser Rector un 
estudiante como en otras Universidades, si bien lo propuso uno 
de los Rectores (1), que no fué seguido. El catedrático decano ó 
graduado más antiguo daba las gracias al Jefe cesante por el 
celo y amor con que había desempeñado el cargo y le suplicaba 
continuase por un año más, cosa que sucedía alguna vez previas 
excusas que dictaba la modestia. La designación fué en varias 
ocasiones por unanimidad ó en concordia; pero cuando se hacía 
elección era ésta secreta, debiendo alcanzar mayoría canónica 
el elegido. Designado éste, pasaban dos doctores á felicitarle 
y acompañarle al Claustro, micnlras seguían las elecciones de 
los otros cargos de Primiciero, Consiliarios, Claveros, Examina- 
dores de Latinidad y de Artes, Revisores de cédulas de curso y 
de Conclusiones para grados, Directores de Academias y Protec- 
tor del Colegio de Santa Catalina de Huérfanas recoletas, de pa- 
tronato del Claustro, etc. Después entraba en la Capilla el Rector 
electo precedido de los oficiales y ministros con los comisarios de 
enhorabuena, daba las gracias y prestaba el juramento de «usar 
y ejercer el empleo guardando en todo el servicio de Dios, bien 
de esta Universidad y estudiantes de ella y la fiel observancia 
de sus Estatutos) (2;. Después se le acompañaba á su casa con 
toda solemnidad precedido de sus pajes, porque el Claustro los 
impuso á los Rectores como de su continuo acompañamiento 
para más realce del puesto. 

El Rector nombraba libremente al Vice-Rector en casos de 
ausencia continuada, y entonces el propuesto juraba el cargo, 
con las mismas formalidades que el propietario. 

Uno y otro daban la orden para la citación y convocatoria á 
Claustros, recomendando la asistencia pena preciti, multas 
para el Arca y, á veces, conminando con excomunión; se indi- 
caba el asunto del Claustro, y el bedel daba fe de haber citado 
nominalim. 

Con frecuencia en las reuniones claustrales fué objeto de 
contiendas el concurso, la sustitución y la jubilación de cáte- 
dras; pero mucho también la designación de comisarios para 



-i) Archivo de la Universidad. — Claustro de 10 de Noviembre de X674. 
12 1 Véase Apéndice X. 



— 162 — 

la Corte (donde había además un Agente de negocios gratificado) 
en asuntos de importancia para la Universidad como lo fueron 
los tan frecuentes apremios económicos y necesidad de dotar 
decorosamente las cátedras. 

En 1783 fué propuesto el Dr. Canga-Arguelles con viva opo- 
sición del Dr. Francos: porque Campomanes no quería comisiona- 
dos «pues bastaba su persona», y así tal viaje, no indicado en 
la convocatoria, podía esperar á ser consultado con el Conde 
«por no ser puñalada de picaro»; pero, sí se acordaba, dejando 
á salvo las buegas dotes del doctor propuesto, mejor era, dijo, 
elegir á un Regular benedictino que en Madrid tendría casa é in- 
fluencia de su Orden, bastándole pocas dietas para gastos. Más 
Canga-Arguelles fué nombrado y meses después dio cuenta de 
su acertado cometido (visita de la Abadía de Arbás, reforma de 
las Academias, cátedra del Magistral en la Universidad, arreglo 
de los Colegios dé San Gregorio y de Recoletas, ampliación del 
fuero escolástico, abogacía de los Doctores en la Audiencia sin 
examen, etc.) aprobándose sus gestiones, que debería ultimar al 
regresar á Madrid (porque había obtenido cargo en la magistra- 
tura), pudiendo disponer como quisiera cde los doce jamo- 
nes» (sic) dejados en poder del Agente; y se acordó darle por 
ahora, con el importe de la cuenta de gastos y data, doscientos 
doblones de gratificación. Entonces fueron de oir las protestas 
de los Doctores Faes, Francos y Prado diciendo, entre otras co- 
sas, que el comisionado había ido á Madrid para lograr la fisca- 
lía de la Audiencia de Zaragoza «en que se ocuparía lo más del 
tiempo». Y la cuenta y suplemento generoso fueron pagados 
pur aquel Claustro que, días después, acordaba «tomar parte en 
la rifa de unas casas en Madrid», adquiriendo treinta suertes, 
quince para la Universidad y quince para el Colegio de Huérfa- 
nas (1). 

Corriendo el año de 1795, otro comisionado elegido por el 
Claustro, Dr. Torres, dio cuenta de sus gestiones en asuntos 
análogos á los de 1783 y también del Seminario mandado esta- 
blecer en el edificio de la Compañía de Jesús de Oviedo. La 
cuenta de gastos era de 3.602 reales y la de las dietas.de 77.548, 



(i) Archivo de la Universidad. — Claustros tic 21 de Febrero, 26 de Marzo y x.° de 
Abril de 1784. 



-i6 3 - 

por cuyas sumas había recibido 12.072, resultando subido 
alcance que donaba al Claustro; y, aunque éste lo estimó 
en expresivo voto de gracias, trató de recompensarle, en vista 
del fondo sobrante de 20.000 reales que había en el Arca, 
con 15.000, consignándose que era bien poco para una co- 
misión de más de seis años, cuando tan generosamente había 
sido correspondido el Sr. Canga por una ausencia de seis 
meses (1). El Sr. Torres volvió á Madrid y, como su colega, 
allá quedó desempeñando alto cargo; porque, cifras aparte, 
fueron dos magistrados de subido mérito y profunda ciencia. 
Más los dichos datos son elocuentes para los que $icen que 
«todo tiempo pasado fué mejor.» 

Sesión pública y muy solemne del Claustro era la de la aper- 
tura de curso por San Lucas, congregada la Corporación, á falta 
del moderno Paraninfo, en la cátedra de término de Cánones, 
á donde entraba precedida del tambor y clarín de la Ciudad, 
amenizando el acto bien la Capilla de la Catedral ó la música 
del Regimiento provincial. Un doctor pronunciaba elocuente 
oración latina y después el Rector daba por comenzado el nue- 
vo año académico; y acompañado de catedráticos y de la bulli- 
ciosa estudiantina, que ocupaba el patio y crugías del edificio, se 
trasladaba á la Capilla para oir todos la Misa, después de la qué 
el Secretario pasaba con antigua cruz de plata y el sagrado libro 
ante el reclinatorio rectoral y allí los catedráticos y sustitutos 
prestaban el juramento de bcne legcndo. 

Para mayor realce del acto ofreció el Rector en 1792 un 
doblón de á ocho al más adelantado estudiante que en la aper- 
tura pronunciase una oración panegírica de las cosas de esta 
Universidad y varones que la ilustraron. No era idea del todo 
innecesaria; pero fué irrealizable cuando se contestó que, por no 
haber catedrático de Retórica, no sabían los estudiantes llenar 
su cometido á la altura de la Corporación y, por otro lado, ca- 
recía de recursos para continuar la costumbre. Uno y otro he- 
cho se prestan á no muy halagüeños comentarios. 

También en este acto el Rector recibía y devolvía al Secre- 
tario el sello de la Universidad. Bajo el sombrero, cruz y cordo- 



(t) Archivo de la Universidad.— Claustro de 16 de Marzo de 1795. 



— 164 — " 

nes arzobispales representaba el escudo heráldico de los Valdés 
(en campo de plata, tres barras azules con diez cruces de San 
Jorge de Inglaterra) y al rededor se leía esla inscripción: St'gi- 
l/um Roque Cniversitatis Ocetrnsis. 



t 



-i6 S - 



CAPÍTULO IX 



Siglo XIX. — El ministro universal Godoy.— Plan ele Estudios de 1807. — Nece- 
sidad de recursos para la Universidad de Oviedo y arbitrio provincial sobre 
el vino. — Revolución de 1808.— El Claustro y los Estudiantes ovetenses en 
el alzamiento provincial y guerra de la Independencia.— Restauración de la 
Enseñanza en 18 1 2.— Libertad de Fernando VII y reacción de 18 14. — Visi- 
ta decretada contra la Universidad de Oviedo. — Se retrocede al pian 
de 1774. —Grave incidente rectoral.— Disposiciones económicas. — Espíritu 
liberal de la Escuela en 1820. — Plan de enseñanza en 1821. — Nueva reac- 
ción en 1823. — Sus resultados. — Plan de 1824. — Director universitario. — 
Intentos de restablecer las cátedras de Medicina.— Clausura de las Univer- 
sidades.— Fundación de la Cátedra de Religión por el Sr. Pérez Villamil. — 
Reinado de Isabel II.— Guerra civil é intolerancia. — Vicisitudes de la ense- 
ñanza. —Recursos. — Ultimas manifestaciones del Patronato universitario. — 
Reformas en 1836.— Apoyo á la Universidad por la Sociedad Económica de 
Amigos del País de Asturias. —Mejora la condición del profesorado.— Inno- 
vaciones universitarias — Cátedras y Academias. — Libros de texto. — Rentas 
de la Universidad cuando la centralización económica. — Arreglo de la Fa- 
cultad de Leyes en 1842. — Reglamento interior de la Universidad y otras 
disposiciones en 1843. 



En la medida del tiempo llega su turno al siglo xix, el de 
las grandes reformas y trascendentales acontecimientos, en 
que la Instrucción pública tomó prodigioso vuelo perfeccionán- 
dose cada vez más como las otras instituciones sociales. Años 
fueron de lucha y controversia, de agitación y revoluciones para 
alcanzar, por fin, frutos sazonados después de tantos y tan costo- 
sos sacrificios de nuestros padres. 

Regía aparentemente los dominios de España el débil Car- 
los IV, entregado á su favorito y ministro universal D. Manuel 
Godoy, figura discutida en su encumbramiento singular, en 
su capacidad insegura, en sus acto$ extraños de onnímodo po- 
der. La historia imparcial le acusa de gravísimos errores políti- 



— 1*66 — 

eos, de tremendos abusos de mando y de las más injustas perse- 
cuciones á tantas ilustres personalidades del país y á benemé- 
ritos magistrados, sin detenerse ante la virtud y la inocencia 
como sucedió con Jovellanos. Doctos escritores, sin embargo, 
rehabilitan en parte la significación del llamado Príncipe de la 
Uüz, examinando con datos no muy conocidos ciertos sucesos 
para demostrar que durante sus muchos años de Gobierno pro- 
tegió y levantó á literatos distinguidos y se interesó por refor- 
mas nulos en la enseñanza. Le cupo ciertamente una época muy 
eombatkla y vacilante, unas veces propensa al amplio criterio de 
apremiantes reformas y otras veces inclinada al retroceso y al 
molde viejo de gobierno; pero todo sin firmeza y con voluntad 
caprichosa, porque así en unos días se aprisionaba á la prensa 
como en otros, cual nota un juicioso pensador, se publicaban y 
encarecían el tratado de la Regalía de Amortización, el proyecto 
de la Ley Agraria, el ensayo sobre la antigua legislación de Cas- 
tilla, las de Foronda, las doctrinas económicas de Cabarrús, las 
obras de Asso y de Manuel, de Sempere y Villamil, de Salas y 
Mendoza, de Garriga y Camino; ó las traducciones de Domat y 
de Walel, de Filangieri y Pastoret, de Smith y Canard, Millot y 
Mably, de Berardi y Cabalario. 

Al mismo tiempo se habilitaban los estudios que los seglares 
hicieran en conventos para recibir grados, y poco después se pu- 
blicaba aquella asombrosa tarifa de («gracias al sacar» en que 
se dispensaban cursos para grados mayores y menores, ó se con- 
cedían conmutaciones de facultades, habilitación para oposicio- 
nes^ dispensas para grado ele, pagando determinadas cantidades; 
disposición esta muy extraña que, para atenuación de la del 
Privado, se repitió en años de libertad (1). 

Referido queda que al terminar el siglo xvín la Universidad 
de Oviedo pedía solemnemente nuevo plan de enseñanzas ape- 
nas pasados cinco lustros desde que regía la reforma de Cam- 
pomanes. Ya entonces se comenzaba á andar muy de prisa. 

Avecinábanse grandiosos sucesos cuando nuestra Escuela 
vio colmados sus deseos y apareció el Plan de 12 de Julio de 
1HÜ7, que ocupó detenidamente al Claustro. Esta nueva ley, fa- 



{t) Tarifas de 13 de Mayo de 1801 y 3 de Junio de x8aa. 



■ 



-i6 7 - 

mosa en los anales de la Instrucción Pública, acusada de inno- 
vadora y de funesta, apenas tuvo vida, pues el levantamiento y 
guerra cuando la invasión francesa y las variaciones y aconteci- 
mientos sucesivos impidieron desconocer los resultados de aquel 
cambio, que refrendaba el entonces llamado apicaro Caballero» 
ministro de Gracia y Justicia, muy partidario en sus buenos 
tiempos del célebre favorito. 

La reforma era en verdad provechosa, y así lo entendieron los 
doctores ovetenses tratando de su inmediato establecimiento 
con el aumento de cátedras consiguiente para el qué no bastaban 
los recursos consegidos, renovadas que fueron en 1802 las ya 
dichas gestiones de 1799 y 1800 con acuerdo una vez más de 
la benemérita Junta general del Principado. D. Antonio Noriega 
de Bada, Tesorero mayor del Reino, participó en 1807 la suspi- 
rada concesión de un arbitrio de 16 maravedises en cántara de 
vino que se introdujera por puertos secos y mojados de la pro- 
vincia, servicio que reiteró aquel diligente asturiano cuando se 
propagaron voces en contra del tributo, porque «es para mí, escri- 
bía, de la mayor satisfación todo lo que contribuya á propagar 
las laces de mi país y á la conservación ilustre de Cuerpo litera- 
rio tan respetable »> . Se ordenó también á la Provincia por ges- 
tiones del Tesorero asturiano que entregase á la Universidad 
cuanto hubiere percibido por el dicho arbitrio desde 1803, mien- 
tras el Gobierno reclamaba noticias acerca del personal, mate- 
rial y rentas de la Escuela para organizar mejor el cambio; 
este había de hacerse cual en 1736 por comisión mixta de dipu- 
tados y catedráticos, siendo aquellos en 1807 el Marqués de Cam- 
posagrado con D. Ignacio Noriega y estos D. Francisco Busto 
con D. Felipe Vázquez. Y todavía se pretendían más recursos 
con la adjudicación del priorato de la Catedral, capellanía de 
San Ildefonso, otros beneficios simples, pensión perpetua sobre 
la Mitra etc. para aceptar y desarrollar el Plan innovador de 
Caballero discrepando en detalles la comisión informadora (1). 
Mas todo, quedó en proyectos. 

La revolución de J808 con la invasión francesa produjo en 
la ciudad de Oviedo el grito unánime de ¡atrás el extranjero! y 



(i) Histeria de las Universidades: tom. IV. 

12 



i 



— i68 — , 

los estudiantes y catedráticos de su Escuela contribuyeron con 
entusiasmo á la atrevida resolución de la provincia que, la pri- 
mera de España, retó al coloso de Europa, al genio de guerra. 
Escribe el Sr. La Fuente (1) que los escolares de Santiago, To- 
ledo y Valladolid fueron los que más se distinguieron en la glo- 
riosa guerra de la Independencia; pero sin atenuar en nada sus 
sacrificios y arranque de patriotismo, refiere también la historia 
(2) el ardor y decisión con que nuestros maestros y cursante? 
fueron el alma del movimiento asturiano, cuando con ardor y 
valentía dirigido el pueblo por Santa Cruz, Toreno, Peñalva, 
Busto, Miranda, Llano Ponte y otros animosos patriotas gritaron 
¡á las armas! para arrojar al atrevido invasor de la Península. 
Un hijo y doctor de la Universidad ovetense, el insigne Pérez 
Villamil, fué quien dictó el famoso bando del Alcalde de Mósto- 
les tras del eterno día 2 de Mayo, bando que, apenas recibido con 
otras correspondencias en la capital del Principado, fué la chispa 
que incendió é hizo explotar aquí el santo fuego de la patria com- 
primido por los gobernantes. 

Ante la conmoción popular del 9 de Mayo en la capital astu- 
riana, donde los estudiantes con Piquero, Riego, San Miguel, Val- 
dés (después Generales) y otros tuvieron parte principalísima, el 
Claustro «no quiso deliberar», permitió hacer por encima de 
rondas y consejos rectorales y más de severas ordenes de la po- 
derosa Audiencia, que trasmitía los mandatos de Murat á fin de 
que los escolares marchasen á sus casas (3). Los catedráticos, 
miembros algunos de la Junta general del Principado, como Bus- 
to, Vázquez, Canella, Rivera, Vega, Fernández San Miguel, Ce- 
lleruelo y otros conspiraban con el Juez patriota, y ellos y otros 
maestros formaron la Junta Soberana de Asturias, que retó á 
Napoleón y levantó el Ejército asturiano en los últimos días de 
aquel inolvidable mes de Mayo. La Universidad quedó converti- 
da en cuartel y en almacenes; de sus exhaustos fondos, que su- 
maban 18.575 reales, entregó 1.500 parala tropa y 1000 el pau- 
pérrimo Colegio de Huérfanas recoletas; á petición de Alvarez 



1 



(i) Toreno, Canga Arguelles y Arteche en sus «Historias de la Guerra de la Independen- 
cia». , 

Memorias del levantamiento de Asturias en ¡SoS por D. Ramón Alvarez Valdés (Ovie- 
do 1889). 

(a) Véase apéndice XII. 

(3) Archivo de la Universidad: Claustros de 9, 10, 13, 21 y 31 de Mayo de 1808. 



— 169 — 

Acevedo, Capitán General del ejército provincial, acordó con- 
siderar como presentes en las cátedras á la mayoría de estudian- 
tes que ya formaban entre los oficiales y soldados batallando con 
oí audaz y poderoso enemigo de la patria; y si pudo celebrar 
solemne Tedeum por victorias en 1809, ya la Corporación no 
pudo más, porque se vio sin casa, maestros y alumnos. Aquella 
fué objeto del saqueo por las tropas insaciables de Ney, Bonet y 
otros caudillos franceses, que allí se acuartelaron; había perdido 
sus libros, medios de enseñanza y alhajas (1); los catedráticos, 
bien andaban errantes con la Junta Gobernadora ó residían en 
comandancias y alarmas del país, mientras otros figuraban en 
la insigne y nacional Asamblea de Cádiz; y por decreto de 30 de 
Abril de 1810 se habían suspendido los estudios públicos, que se 
abrieron por otro de 1811, autorizado en Cádiz por el ilustre 
Muñoz Torrero, cuando se prestó juramento al Rey cautivo y 
obediencia á las Cortes extraordinarias. (2) Más no era posible 
la asistencia de los cursantes, que peleaban sin descanso contra 
las fuerzas napoleónicas. 

Hasta 1812 no se restableció la enseñanza, y el disperso Claus- 
tro se congregó entonces comisionando á los catedráticos Prado 
y Canella, Cabal y Bances, P. Galindo y Estrada para gestionar 
con la Junta Soberana el arreglo de la Universidad arruinada, 
orden y cobranza de sus rentas, devolución de muchos objetos 
sustraídos y organización de los estudios. Enseguida con el be- 
nemérito Vice-Rector Dr. Bobes, párroco de San Julián de los Pra- 
dos, se reunió para jurar la Constitución en solemne ceremonia 
á la que asistieron los doctores y licenciados de la Ciudad y radio 
de cinco leguas, autoridades y convidados en traje de gala, de- 
mostrando su adhesión á la ley fundamental del Estado y su ale- 
gría por tan fausto suceso. Al terminar aquel año se anunció la 
apertura con arreglo al plan de 1807; pero escaso tiempo subsis- 
tió la orden por los acontecimientos que sobrevinieron (3). 



(i*. Tenia la Universidad completo movüiario, ricos cortinajes y efectos para el decorado, 
escogida librería y preciosa colección numismática, además de bien repleto servicio de plata 
para los actos académicos Los ornamentos de la Capilla eran también valiosos, acrecentados 
durante do* siglo», á partir del Claustro de i.° de Octubre de 1608 cuando se nombró sacristán 
con obligación de presentar fianza por 2.000 ducados, que, valían las alhajas para el culto. Todo 
fue objeto de la rapiña del extranjero y de traidores. 

(a) Archivo de la Universidad.— Claustro de ax de Junio de 181X. 

(3) Id Id. —Claustros de 9 de Marzo de 3, 4 y 35 de Agosto y de 3, 4 y 8 de Sep- 
tiembre de 1812. 



— 170 — 
Justo es confesar que la gran mayoría del pueblo español 
no estaba á la altura del profundo cambio que significaba la obra 
nobilísima de los insignes legisladores, tal vez demasiado radi- 
cal por tanto; mas la necesidad de la reforma era grande en un 
pueblo atrasado moral y materialmente. Los interesados en el 
antiguo régimen concitaron á muchos en su favor y explotaron á 
las turbas y á la plebe ignorante cuando la libertad del ingrato 
Fernando VII, pretendiendo con insensatez borrar del tiempo y 
del pensamiento los días y las ideas de bienhechora libertad á 
fin de comenzar aquella insensata reacción, que llevó la conster- 
nación y el luto del uno al otro extremo de España. 

El Claustro Ovetense se vio atajado en sus buenas disposi- 
ciones. 

En 1814 se buscó el origen de la tendencia liberal en la ins- 
trucción de las Universidades, y en 1815 se fulminó acusación 
contra la de Oviedo y otros centros docentes, que «abrigaban, 
sostenían y propagaban opiniones perniciosas á la Religión y al 
Rey, inductivas de subversión á las legítimas potestades, que han 
cundido tanto, que exigen pronto remedio á fin de estirparlas*. 
Para la visita de esta Universidad se comisionó á dos eclesiásti- 
cos, ambos graduados y del Gremio de la misma, los que si la 
han defendido y no espulsaron á los maestros según se les pre- 
venía, siendo como eran de la parcialidad de la corte, descarga- 
ron su ira sobre las obras de texto, sacrificando la ciencia en 
aras de la reacción política. Entonces se dio el escándalo de su- 
primir por innecesario el estudio de las Matemáticas, reducidas 
á la útil cuanto inofensiva enseñanza de la Aritmética con al- 
gunas nociones del Algebra; entonces á libros de indudable mé- 
rito se les sustituyó por otros de preferida significación ultra- 
montana (1). 

La corporación académica felicitó al Rey por su libertad, co- 
misionando á doctores en la Corte, Sres. Méndez de Vigo, Pé- 
rez Villamil, Torres Cónsul y García San Pedro; se vio obligada 
á otros actos populares á la sazón é hizo donativos á la Corona 
condonando los intereses de los juros; y cuando intentaba plan- 
tear modificado con algún acierto aquel proyecto de Caballero 



(i) Archivo de la Universidad.— Claustros de 13 de Abril y 19 de Diciembre de 1815.— 
Véase Apéndice XI. 



— I7i — 

dictado en vísperas de la invasión revolucionaria de Francia, se 
lo estorbó el intolerante espíritu del absolutismo manifiesto en las 
disposiciones de la regia visita. 

Después de haber estraido la savia del árbol, que alimenta- 
ra e hiciera hombres á los mismos visitadores, se propuso nuevo 
método desandando él camino de progreso y retrocediendo aquí 
(con aviso del Director Consejero Riega) al plan de 1774, bueno 
al comenzar el último tercio del siglo xvmé insuficiente ya muy 
andado el primer tercio del xix. Todo al mismo tiempo que se 
anunciaba un plan nuevo y general encargado á una comisión 
en que figuraban los asturianos D. Manuel de Hevia y Noriega y 
D. Juan de Tineo (1). 

Un grave incidente perturbó más ía división latente en el 
cuerpo doctoral. El Rector Sr. Díaz-Miranda se vio desacatado 
y presentó la dimisión de su cargo porque un graduado armado 
de cuchillo le amenazó por la noche en su casa para que dimi- 
tiera el puesto, mientras los escolares lo denunciaban también al 
Claustro; y se formó ruidoso expediente con la suspensión del 
atrevido doctor, aunque el suceso resultó después exagerado é 
hijo de la pasión política (no por eso menos censurable) en el 
sobreseimiento por el Tribunal superior del territorio (2). 

En medio de tantas dificultades de nuevo habría aparecido 
el apuro económico. La Universidad manifestó á la Junta Ge- 
neral del Principado la carencia absoluta de recursos y más es- 
tablecida que fuese la anunciada contribución directa, desapa- 
reciendo los arbitrios de que vivía, cuando necesitaba 350.000 
reales; y así esperábase la atendiese con aquella suma y ade- 
más se la ayudase para que la Hacienda nacional la indemniza- 
ra de cuanto había dejado de percibir desde 1808 á 1812. La 
Provincia, siempre bien dispuesta en favor de nuestra Escue- 
la, representó al Gobierno manifestando ser aqui «indispensa- 
ble aún para el bien déla nación o una Universidad bien dotada 
con aquella cantidad y otros recursos, como pensiones sobre la 
mitra, renta.de la canongía destinada antes á la Inquisición, al- 
gunos beneficios simples etc. El Intendente trabajó en análogo 

•¡embredcTgirí di híu^^T ™* 1 ™ de "3 dc Abril * a 5 Mayo, .8 Octubre yaSNn- 
Noviembre 1818.' y 5 de Agosto dc 1815; 29 dc Julio, 13 Noviembie 1817 y 5 y «7 

(a) Id. id.-CláuMros de 8 dc Mayo dc 18x7 y x6 de Febrero y 24 dc Octubre dc 18x9. 



— 172- 

sentido, más los recursos no aparecieron y fué así muy lánguida 
la nueva vida de la Escuela (1). 

Nada importó la Real Provisión de 21 de Junio de 1817 dan- 
do instrucciones para crear algunas cátedras y entre ellas una 
de'Medicina práctica, dotación de otras y gratificación á depen- 
dientes, etc., porque mientras era compatible el profesorado con 
las canongias no se consentía con la profesión de abogado. Se 
adjudicaron también á la Universidad algunos beneficios en Ga- 
licia, León y Astorga, de los cuales no se logró por desgracia 
entrar en posesión, pues todo el interés de los ministros y 
consejeros estaba en otras medidas y en tomar precauciones 
para ahogar las ideas regeneradoras. ¡Lamentable intolerancia 
y triste ceguedad las de aquellos gobernantes! 

A todo accedía el Rey; pero, antes que diesen resultado algu- 
no sus propósitos, se oyó en la Universidad la voz de Riego, y 
para responderle los alumnos salieron de las aulas y en el atrio 
mismo, á presencia de sus maestros, proclamó el mas audaz, 
D. Francisco Villamil, la Constitución de 1812, que victorearon 
todos. El cuerpo escolar fué el núcleo de aquel movimiento po- 
pular de Oviedo. Con atrevimiento y entusiasmo juveniles con- 
tribuyó principalmente al alzamiento liberal, adhesión del ejérci- 
to, y reconocimiento de la Junta revolucionaria (compuesta en su 
mayoría por gente del Claustro, Celleruelo, Díaz Laviada, Rodrí- 
guez Busto, González Rio y Rodríguez Valdós) alistándose en la 
Milicia nacional ó en la especial «Compañía de Literarios*, que 
se dispusieron á combatir con las fuerzas restauradoras. Fueron 
desoídos ofrecimientos de vacación que hicieron la Audiencia y 
Claustro; dentro de la Universidad tuvieron instrucción oficiales 
y clases de los nuevos batallones; se permitió con debilidad la 
asistencia á cátedra con uniforme de milicianos; dieron ense- 
ñanza de la nueva Constitución los catedráticos Busto, Canella y 
Tames de que después pudieron lamentarse; acordáronse dona- 
tivos alas víctimas de Cádiz; se pensó en el plan de 1807 to- 
mándose disposiones para ello, como enseguida para el otro que 
se anunciaba (2); se envió ardorosa felicitación á las Corte?. 

(i) Archivo de la Universidad.— Claustros de 19 de Abril di 1814, iS de A^oiSn y 7 de 
Diciembre de 1819. 

(21 id. id.— Clatiitos de 26 de A;;><to y 23 de Octubre de 1.120; 28 d'Julio de 1821; y 
1 de Eiero de 1823. 



— «73 — 

donde los representantes asturianos miraron como amantes 
hijos por la Universidad y levantaron su categoría; y si el Claus- 
tro, dividido en el fondo, no figuró en las «demostraciones públi- 
cas de gratitud y regocijo» con motivo de la venida del infortu- 
nado Riego, los escolares le recibieron en triunfo (1), no mucho 
antes de salir los que figuraban como nacionales en persecución 
de las facciones, levantadas en algunos puntos de la provincia, 
«sin imputarles falta académica por el tiempo que inviertan en 
servicio tan interesante á la patria» (2;. No cabe ocultar que al- 
gunos de los llamados «blancos* ó realistas fueron molestados, 
como el P. M. Fr. Tomás Marino, patriota decidido cuando la 
guerra de la Independencia, que acreditó en 1826 «cómo en la 
época constitucional fué muchas veces acusado á los Tribunales 
revolucionarios y sentenciado á destierro; buscado largo tiempo 
para ser alevosamente asesinado por individuos de asociaciones 
nocturnas; preso y escandalosamente llevado entre bayonetas y 
canciones irritantes desde la prisión de Oviedo á la cárcel de 
Gijón y allí embarcado para la Coruña, padeciendo mucho en la 
travesía y en el puerto gallego al verse vejado por un populacho 
insensato». Aunque algo recargadas las escenas, bien indican la 
intolerancia que presidió en aquellas épocas, cuando la enseñan- 
za se vio servida por catedráticos interinos y el Ayuntamiento 
de Oviedo se interesaba por la Universidad con medidas para 
su conservación, como hicieron otros municipios en represen- 
taciones al Gobierno inclinándole á su sostenimiento y mayor 
realce. 

Poco duró este sistema político, que fué como la Instruc- 
ción Pública, agitado y turbulento. La nueva organización de 
los estudios se basó en los trabajos de la Comisión de 1813, pu- 
blicándose el plan de 1821, plan grandioso y general, comparado 
con aquella enseñanza de las antiguas Universidades cuyo triste 
cuadro presentaba el Dr. Lumbreras al inaugurar la de Madrid. 



(t> Archivo de ¡a Universidad.— Claustros de ao, de Febrero, 1 y 22 de Marzo, 13, ai y 34 
de Abril, 26 de Julio y 13 de Septiembre de 1820 y j6 de Marro de 1821. 

En el periódico ovetense El Carbayón (1885) publiqué la sentencia á que se refiere el texto 
dictado por la Audiencia de Oviedo y la lista de lo» literarios. Su uniforme en un principio solo 
tenia de militar el correaje negro; pero después de la jura del Rey vistieron casaca corta de paño 
azul turquí, pantalón de igual color y franja azul celeste; sombrero tricornio con cucarda verde 
y encarnada; y en la cintura llevaban una faja de tafetán y borlas verdes. Su gzfc fué el Doc- 
tor D. Pedro Alvarez Cclleruclo. 

{2) Archivo de la Universidad.— Claustro de 14 de Marzo de 1823. 



— 174 — 

La Universidad ascendió en la reforma á la categoría de pri- 
mer orden; pero sufrió grave detrimento en sus rentas, porque 
los nuevos impuestos afectaron á los arbitrios sobre la sal y vino 
que la sostenían. 

De nuevo la ignorancia y el despotismo se entronizaron en 
España, y la reacción de 1823 ejerció en nuestra Escuela la ma- 
yor persecución ¿intolerancia. Sin votación, se impone el Rector 
de los últimos años de absolutismo; y en los primeros dias, de un 
golpe y sin respeto, se decretó la expulsión de veinte y seis cate- 
dráticos y doctores y de todo cursante que hubiera sido nacional 
ó afecto al régimen constitucional. Abrió tribunales secretos de 
purificación que excluían á todo alumno tildado de parcial, ó 
que lo hubiesen sido su padre, hermanos y parientes. ¿Y el 
Claustro de entonces? Acordó suntuoso panteón y celebró lujosos 
funerales por el desgraciado Br. Lamuño, jete de una partida de 
realistas en 1822, que fué capturado y tristemente ejecutado en 
Oviedo, cuando la tenacidad política nada perdonaba, cegada 
por el mal comprendido entusiasmo. Como al que más, me duelen 
de todo corazón las víctimas de nuestras discordias, pero ¿la 
memoria de tan desventurado joven debió servir de pretesto para 
hacer alarde de odio contra «un puñado de cobardes, desleales 
y perjuros españoles que levantaron el sedicioso grito de libertad 
en 1820,» como se decía en el sermón entonces pronunciado? 
Puestos en balanza fiel, ¿cuánto no pesarían los sacrificios que 
la violencia del absolutismo hizo, sin compasión, en diferentes 
épocas? No es este el lugar de entrar en más detalles, pero mil y 
mil consideraciones pudieron atajar al R. P. M. Fr. José Pinera 
en su exagerado discurso reñido en todas sus páginas con la cari- 
dad evangélica. Y para mayor honor del desventurado Lamuño 
«benemérito hijo, primer mártir de la lealtad asturiana,» al decir 
de aquel Claustro, se dispuso éste á e regirle «un monumento á 
costa de la misma Universidad en el sitio que ocupó el patíbulo 
en que sufrió el martirio» (1). 



íi r R. C* de ai de Julia de 1834. — Archivo de la Universidad: Claustro de 31 de Julio 7 y 
*i d* Octubre* *9 de Noviembre y G dé Diciembre de 1823, 13 de Abril, it y 27 de Agosto y 
11 de Noviembre de 1BJ4. 7 de Mayo y 14 de Diciembre de 1825. y 12 de Enero de 1827. 

'Relación histórico- fúnebre, que hace hi Real Universidad de Oviedo de las exequias que ce- 
lebró en sü capilla á la infanta mu cric de mí hijo el bachiller cu ar.'bos derechos L). Alejandro 
Roces La muño h y oración que se dijo cu ellas. —La publícala misma Real Universidad. — Con 
licencia,— Oviedo —Oficina de Pedregal y (Jonip — 1824 » 



— 175 — 
Aciagos fueron aquellos dias caminando por la pendiente de 
una reacción sin igual como se deduce de las actas claustrales 
y de los entonces incoados expedientes de tan apasionada perse- 
cución contra los llamados «negros*. Ciego é impotente ante la 
historia, el funesto y tornadizo Fernando pretendió otra vez 
borrar los años constitucionales y, á su vez, sumisos los cuerpos 
oficiales y la masa indocta tomaron y aplaudieron acuerdos de 
implacable intolerancia. El Claustro destinó fondos para vestua- 
rio de los realistas y se pidió á S. M. no disminuyese el número; 
asociándose á la petición de los Cabildos cordobeses, representó 
á la Regencia sobre «lo perjudiciales que eran las Cámaras»; fué 
al paseo triunfal por las calles con retrato del Rey á quien feli- 
citó en Madrid por los doctores universitarios, Consejero Pérez 
Villamil, el Fiscal D. José Hevia y el Capellán de Honor Sama; 
se anularon cursos y grados obtenidos durante el Gobierno revo- 
lucionario; favoreció la apertura de los juicios de impurificación 
para despojar de sus cargos á los maestros é impedir la ma- 
tricula de los jóvenes liberales; exigió aquellos especiales jura- 
mentos en grados y posesiones; y vio sin protesta cómo se abría 
un proceso para levantar muchas veces el patíbulo y destinar 
á presidios africanos á los entusiastas cursantes de 1820. Por 
sentencia de 1827 fueron condenados á morir en garrote, entre 
otros el Dr. Celleruelo y los estudiantes D. Francisco Pérez Villa- 
mil, D. Ramón Tuñón de Bandujo, D. Bernardo Corripio y D. Ma- 
nuel Rodríguez Valentín, así como sentenciados á varios años de 
presidio en Ceuta D. Bernardo Escudero, D. Pedro José Pidal, 
1). Ramón González Llanos, D. Pedro Balbin con veintitrés 
compañeros; más pudieron salvarse emigrados unos en el extran- 
jero y escondidos otros en apartadas provincias, no librándose 
los menos comprometidos, sujetos á dura prisión en la fortaleza 
de Oviedo, de grandes sufrimientos y amenazas á su vida por el 
populacho dispuesto á sacrificarlos en la misma cárcel, debiendo 
la salvación á dignísimos magistrados, cuyo proceder tanto distó 



También se publicó entonce?: «Monologo. La última hora de D. Alejandro Roces Lamuno, 
luchiütrr en Sagrado* Cañones.— Con licencia. En Oviedo en la oficina de I). Fermín PiicLí. 
ín 1833». Firma la dedicatoria a D." Vicenta Roces La muño (hermana) el Capellán N. F. O. y 
* ¿lude al Fiscal de la causa, condiscípulo de la victima que falleció algunos dias después á causa 
de enfermedad, de lo que intentaron s-icar partido los devotos de la reacción. 



— 176 — 

del que manifestaron sus colegas. Apartemos la vista de seme- 
jantes cuadros. 

El plan de Instrucción Pública, que en 1824 saliera de la 
misma pluma de quien buscando una mitra ensalzara en 1814 
la Constitución y escelencias de su sistema, legitimó aquellos 
actos. Fué su autor el P. M. Martinez, de gran crédito en la Orden 
de la Merced, y sirvió de instrumento para oponerse al progreso, 
siguiendo las ideas de aquel monarca veleidoso, que había pro- 
metido marchar el primero por la senda constitucional. Si las 
leyes pudieran contra el sentimiento general, ninguna más dies- 
tramente concertada se ha publicado; ninguna con más arte se 
propuso encaminar á maestros y discípulos á la idea, puramente 
política, del gobierno, autor de aquella reforma «pobre, atrasada 
y ruino como la calificó Menéndez Pelayo. Catedráticos, libros 
de texto, trajes clericales, juntas de censura, listas inversas, visitas 
domiciliarias, pláticas religiosas, confesiones, comuniones y ju- 
ramentos en la recepción de grados, formaban una red de la que 
nadie salía, y los encargados de su ejecución en parte alguna fue- 
ron tan solícitos para cumplirla con la mayor y más rígida es- 
crupulosidad que en Oviedo, cuando fué nombrado Consejero 
Director el docto D. José Cabanilles, que por su antigua residen- 
cia y afecciones en la provincia, se interesó por nuestra Escuela 
aunque nada pudo hacer por los perseguidos. 

Entonces, como en el siglo xvi, se vio que numerosos astu- 
rianos marchaban á otros Establecimientos y buscaban leja- 
nas y más tolerantes Universidades, porque continuaba sospecho- 
sa la nuestra y en aquella reglamentada vida de exajerada 
tirantez y de sombrío color político, que obligaron á los corifeos 
aquejarse del Regente de la Audiencia, porque censuraba con 
demasiado rigor las conclusiones para grados y actos. Cuando la 
Repetición pública del D. Rodríguez Arango en 1828, todas las 
imprentas de la ciudad se negaron á estamparlas por temor de 
serias consecuencias, una vez que carecían del pase del Fiscal 
de la Audiencia, Censor Regio de la Universidad, y no llevaban 
revisión de tres catedráticos antiguos, según el artículo 22 del 
severo Plan de estudios. En 1829 se dictó sentencia episcopal 
absolutoria á favor de D. Diego Fernández Ladreda por su pro- 
posición relativa al matrimonio, cuando el grado de doctor, cali 



* 



— 177 — 

licada de herética y escandalosa por el Colegio de Teología; pero 
fué después que el graduado y su padrino D. Pedro Fernández 
Villaverde, declararon haber obrado sin reflexión y con premura, 
retractándose del todo con adhesión á las doctrinas de la Iglesia 
para ser declarados libres de la nota de herejía, no sin otras ad- 
vertencias y consejos para qué en un acto público del Claustro 
hicieran (como así lo verificaron) las mismas declaraciones y pro- 
testas. Poco menos sucedió dias después con reparos y adverten- 
cias á la arenga del Dr. Busto cuando nuevo grado doctoral del en- 
causado; y otros casos pudieran citarse de las extremadas medi- 
das que entonces se tomaban (1). 

Moribunda por falta de sus propios recursos, había quedado 
ia llamada Facultad de Medicina (2) organizada rápidamente en 
los últimos años del siglo xvni. No llegó después, aunque se in- 
tentó con reiteración, á tomar nueva y vigorosa vida desde 1817 
á 1825. Cuando el nombramiento de un sustituto de Medicina 
práctica, se hizo saber á los médicos de la Ciudad y del Cabildo 
que tenían expedita la enseñanza de sus respectivas cátedras en 
los mismos términos que cuando la suspensión de 1806, aunque 
observó el Dr. Vázquez que estas enseñanzas estaban suprimidas, 
no siendo en Salamanca y Valencia, y no las mencionaba el Plan 
de 1774 mandado restablecer en Oviedo. Algunos estudiantes 
pretendieron matrícula y, si el Claustro se mostró bien dispuesto, 
enseguida le salieron al paso dificultades para renovar las aulas 
médicas de Prima y Vísperas, debidas al insigne Obispo Sr. Pisa- 
dor y la de Anatomía sostenida por la Junta general del Princi- 
pado, cerradas cuando se estableció el Protomedicato. No obs- 
tante, otra vez se ofició al Cabildo y al Municipio que se mostraron 
propicios; se nombró sustitutos de catedráticos á sus médicos y 
hasta se incorporaren estudios seguidos en Salamanca; pero 
no pudo prevalecer tal enseñanza, que arrastró lánguida vida 
para desaparecer por completo poco antes de morir el funesto 
Fernando (3). 



Ir» Archivo de la Universidad.— Cláustroi de 15 de Julta de 1828, 20 y 31 de Agosto y 12 
de Octubre de iS2q 

I2) Veise Capitulo VII 

(31 Archivo de U Universidad —Claustros de 22 de Agosto y t.* de Ojtnhrc d>: 1F07; 13 
de Noviembre y 6 de Diciembre de 1817; 17 do Noviembre de 181S; 6 y 16 de Febrero, 5 de 
Agosto y 18 de Octubre de 1810; 12 de Junio de 1820; ¿¿ de Enero y o de Octubre de 1824; y 
11 de Diciembre de 1825, etc. 



- i 7 8 - 

Otras enseñanzas tenían preferencia para los secuaces de la 
política entonces dominante. 

Así los estudios de la ovetense Escuela se aumentaron á la 
sazón con una cátedra especial que fundó D. Juan Pérez Villa- 
mil. En 1819 acudió al Consejo de Castilla el antiguo Regente 
del Reino pidiendo autorización para destinar parte de sus bie- 
nes en beneficio de un establecimiento del Estado, y prefiriendo 
la Universidad asturiana donde había seguido su carrera litera- 
ria. Pensaba crear una cátedra de «Fundamentos de nuestra ver- 
dadera Religión Católica, Apostólica, Romana» para los escola- 
res que, dedicados á otros estudios, olvidaban las ligeras nocio- 
nes aprendidas en Astete, Ripalda y Fleuri, obligando á todos 
los bachilleres á cursar esta materia sin aumento de año esco- 
lar antes de la licenciatura ó doctorado. Las ocurrencias políti- 
cas suspendieron el proyecto y, falleciendo Villamil en 1824, 
quedó encargado de su cumplimiento D. Manuel Cancio, conta- 
dor de Sisas de la H. Villa. Este volvió al Consejo con igual pre- 
hensión que el fundador y fué autorizado para cumplir su pensa- 
miento de acuerdo con la Universidad y Obispo de Oviedo. 
Nombró aquella su comisión, compuesta de los doctores D. Juan 
de la Cruz Ceruelo y P. M. Fr. José Saez, de la Orden de San 
Benito, que con el heredero fideicomisario establecieron la en- 
señanza en la facultad de Teología bajo varias condiciones. 
Para su dotación y subsistencia fueron adjudicadas varias casas 
y tierras en Móstoles, exentas del quince por ciento de amorti- 
zación, y destinadas á monasterios pobres, iglesias, etc., caso de 
separarlas de su objeto; la cátedra se otorgaría por oposición á 
persona de vida ejemplar, costumbres intachables y de treinta y 
seis á cuarenta años de edad; el libro de texto sería de autor 
muy católico, señalándose por el pronto la obra del P. Antonio 
Walsech, dominicano, en la tradución latina Oe fundamentis 
rcligionis et de fontibus impietatis, ocupándose de la for- 
mación de un compendio el catedrático; y que este tuviera 400 
ducados de asignación y 100 de administrador, consumiendo el 
sobrante en raparos de las fincas, parientes pobres del Sr. Villa- 
mil y gratificación al dicho profesor (l) 



i 



\t\ Archivo úc lü Univemtlad.— Claustros de 30 de Diciembre de 18 19; it de Enero de 
p; xf de Agoito y t úc Octubre de iKim; 5 de Septiembre de 1825; y 15 de Marzo de 1828 



— 179 — 
Continuaba mientras tanto la política recelosa y tirante ini- 
ciada en 1824 aunque fué suavizándose un tanto en los últimos 
años del Rey; pero catedráticos, doctores y estudiantes hacían 
constar en los documentos universitarios «que eran adictos á los 
derechos de la Real Persona en cuya atención habían sido puri- 
ficados en primera y segunda instancia», ó bien que o no habían 
sido nacionales ni bajo ningún titulo pertenecido al llamado Go- 
bierno constitucional, estando así purificados y que, en prueba de 
su buena conducta religiosa, moral y política habían merecido 
como estudiantes ú opositores el correspondiente atestado». A 
qué tomar aquella extraña medida de cerrar las Universidades 
desde 1830 á 1832 y dispersar á la juventud abandonándola á 
una enseñanza privada para la que entonces no había prepara- 
ción? Y ¿de qué sirvió tanta persecución, tanta severidad y tan- 
ta vigilancia? Ni libros, ni maestros, ni juramentos, ni censuras 
impidieron que, al albor de nuevas tendencias, los estudiantes, 
renovando el sentimiento liberal de 1820, plantaran en su tri- 
cornio la cucarda azul-cristina, símbolo de generosa idea, que 
brotó á impulso de la presión cuando murió Fernando VII y 
doña Cristina de Borbón fué Reina Gobernadora por su hija 
D. a Isabel II. 

Aunque personas duramente maltratadas y perseguidas tu- 
vieron influencia en el cambio político de 1834, no hubo la ex- 
tremada violencia que en el anterior régimen, aunque si intole- 
rancia y malestar por la agitación continua de los ánimos. El 
Rector fué llamado por la autoridad militar á León; el Goberna- 
dor de Oviedo, General Isidro, acusó por desafectos y procesó á 
varios doctores, llegándose después en igual medida hasta á al- 
gunos dependientes; al dictar el Gobierno la R. O. de 31 de Ju- 
lio de 1834, reclamando «sincera y cordial adhesión y fidelidad» 
bajo pena de separación, el Claustro acordó «quedar enterado»; 
y un día se negó á suscripciones para la Milicia nacional, como 
otro ofreció descuento para la guerra y donativos para los pri- 



En el archivo se guarda primorosa copia de la escritura de la fundación, esta cátedra de 
Religión otorgada en n de Abril de 1S25 por el testamentario Cancio ante el escribano D. Juan 
Antonio Urraza, de Madrid. 

Menguada fué la suerte de la Universidad con los bienes que gencrosaMenlc la dejó el vir- 
tuoso y sabio Pérez Villamil. 

Véase Apéndice XII. 



— i8o — 

sioneros (1). Hubo, sin embargo, en la Universidad disciplina y 
prudencia para conseguir el orden posible y la tranquilidad aca- 
démica mientras duraron la desastrosa guerra civil y el cólera. 
Por el articulo 4.° de la R. O. de i de Enero de 1834 se modifi- 
có el sistema de impresiones y se declararon libres de licencia 
las memorias y proposiciones de las Escuelas y Cuerpos científi- 
cos dándose varios tolerantes decretos que auguraban excelen- 
tes resultados. 

Con las calamidades de la guerra intestina vinieron otra? 
muchas de orden civil con la profunda división política del país 
y los frecuentes «pronunciamientos») ó cambios de situación á 
cuyo compás la Instrucción Pública viene siendo objeto de ince- 
santes reformas, teniendo los diferentas planes vida efímera, 
modificándose sin descanso por Leyes, Reales Decretos y nume- 
rosas Reales Ordenes, Reglamentos y Circulares, que hicieron 
un laberinto de la Legislación académica principalmente á par- 
tir de la tercera época constitucional, sin rumbo fijo y alternado 
el criterio fundamental de las reformas, reduciéndose muchas 
veces á páginas de la Gaceta, porque á la teoría no responde 
un criterio práctico, ni menos los medios económicos indispen- 
sables en función tan costosa como la enseñanza. 

Así pasó (y pasa) á la Universidad de Oviedo repitiéndose su 
carencia de recursos y las dificultades para obtenerlos, cuando 
se dictaban innovaciones y ensanches á su organización. AI apa- 
recer el plan de 1821 descendía el arbitrio de la sal, aunque re- 
cibió de la Provincia una suma de 78.000 reales que procedía 
de tal tributo muy oscilante, como lo fué también el del vino, por 
lo que el ilustre Jefe político D. José Caveda representaba celo- 
samente al Gobierno y reclamaba fondos del Tesorocentral para 
dotar las cátedras universitarias, al mismo tiempo que el Claus- 
tro manifestaba «que pues parte de los diezmos se destinaba en 
otras partes al auxilio y sostenimiento de los Seminarios Conci- 
liares, procedía tratar de esto con el Jefe político y dirigirse al 
Ministerio porque en esta diócesis de Oviedo se daban en suUni- 



i 



(i) Archivo de la Universidad. — Claustros de 29 de Enero de 1833; 12 de Diciembre de 1834, 
i.°dc Junio, 25 de Septiembre, 26 y 10 de Octubre, 3 y 14 de Noviembre de 1835, y 20 de Ene- 
ro y 3 de Julio de 1836 



— 181 — 

versidad las enseñanzas eclesiásticas» (1). Ya entonces estaba en 
auge la política desamortizados; se caminaba á nueva y más 
económica forma de tributación y á centralización administrati- 
va, tan precipitada como extremosa; y el Estado reclamaba su 
propio imperio en la función pedagógica para también mejor com- 
batir á la reacción y á la insistencia de aquellas clases, que la 
amparaban y se resistían á entrar en nueva vida de progreso. 
Había ya acontecido esto cuando la guerra de la independencia, 
y de igual manera la reforma recobró vigor cuando la enconada 
contienda civil. 

De la época antigua era asimismo el patronato universitario. 
Desde su origen, según queda referido, fué honorífico y extraño 
á la vida propia del Claustro, porque estaba reducido al asiento 
doctoral, que se le concedía, y en lo demás limitado al nombra- 
miento de personal administrativo, dependientes y á relaciones 
de etiqueta en determinados casos. En 1815 participó el Patrono 
que había sido nombrado Mayordomo mayor del Rey y se le dio 
cortés enhorabuena; pero desde la revolución de 1820 cambiaron 
las relaciones entre la Escuela y la casa patronal. Se consignó 
entonces que, siendo nacional la Universidad y á cargo del Esta- 
do ya debía concluir toda otra ingerencia y cesar la casa de Miran- 
da en el nombramiento de los dependientes; y, sí en 1823 se con- 
sintió en nombramientos de Secretario y Maestro de ceremonias, 
no asi tres años más tarde cuando se desestimó su manifestación 
de seguir designando los subalternos sin satisfacer sus nuevos 
sueldos, como se hacía en análogos centros. No se avino á ello 
el Patronato, que protestó de usar de su derecho donde corres- 
pondiera y de representar á S. M. solicitando el edificio de la 
Universidad ó su justo valor... El Consejo Supremo reclamó in- 
forme al Claustro é insistió aquel en su demanda, como después 
el apoderado condal en la provincia pidió en 1830 posesión 
de sus prerrogativas, siguiendo durante cinco años varias ma- 
nifestaciones de una á otra parte. Expresaban las del Claustro 
que, según antecedentes antiguos y disposiciones modernas, le 
haría distinguido recibimiento en la primera vez que se presen- 
tase, con lugar de preferencia después del decano cuando asis- 



«:) Archivo de la Universidad.— Claustros de 9 de Mayo de 1821; 27 de Julio de 282a; 3 de 
Enero de 1833; y 24 de Septiembre y 24 Octubre de 1824. 



— 182— 

tiere, dándose por enterado á este efecto, siempre que se lo par- 
ticipasen los sucesores al comenzar en el patronato, más no en 
los nombramientos, que habían cesado por diferentes modernas 
RR. 00. A ello se avino en 1835, el representante y no se con- 
sintió aquí al año siguiente en el nombramiento de Secretario he- 
cho por el Patrono porque, según la legislación vigente, «corres- 
pondía ó S. M. á propuesta del Claustro» (1). 

En orden más principal y pedagógico tuvo éste nuevo rumbo, 
desde las reformas de 1836 por el plan «general» de Estudios 
de 4 de Agosto de aquel año con que reemplazaba al vetusto de 
1824- la situación entonces presidida por el famoso literato Du- 
que de Riva^. Ofrecía las novedades consiguientes en todos los 
ramos de la instrucción y régimen de sus corporaciones, des- 
envolviéndose por lo que se refiere á la Segunda y «Tercera» 
enseñanzas en el Arreglo provisional de 26 de Octubre del mismo 
1836 y en disposiciones complementarias de 1837 sobre matrícu- 
las, examen y grados; pero no pudo desenvolverse aquella radi- 
cal reforma, flor de un día en la Gaceta, que adoleció del vicio 
de la imprevisión como ha acontecido tantas veces. 

En favor de la Universidad ovetense gestionaron entonces 
cerca del Doctor Conde de Toreno, que ocupaba preminente 
lugar en la política española, sus compañeros Sres.Mata Vigil y 
Fernández San Miguel; y después trató el Claustro de la difícil 
manera de desenvolver el nuevo plan (2), que fué provechoso en 
esta Escuela porque mejoró el estudio de Matemáticas, amplió el 
teórico de la Física con lecciones esperimentales y creó cáte- 
dras de Historia general y de Literatura para los de Filosofía, in- 
troduciendo en la facultad de Leyes el estudio de la Economía 
política. 

Como se careciese de estos maestros y medios para su dota- 



(O Archivo de la Universidad — Claustros de 18 de Octubre de 1815; 24 de Enero de 1812; 
18 de Octubre de 1823: 8 de Abril, 18 de Junio y 25 de Octubre de 1826; 14 de Marzo y 16 de 
Abril de 1827; 17 de Febrero de 1S28; as de Febrero de 1S30; 14 y 22 de Mayo y 10 de Junio 
de 1835 y 5 de Febrero de 1836. 

Uno de los últimos nombramientos patronales fué de 26 de Julio de 181$. Decía el titulo, 
«nombro portero con 50 ducados al año á Benito Granda en atención á los méritos de su padre 
Nicolás y abuelos, y mando al Rector que le guarde todas las honras y preeminencias que le per- 
tenecen». Hasta 1861 que fué destinado á servir en el Instituto, que está en el minino edificio de 
la Universidad, fué Benito portero y bedel de la Casa, muy querido de catedráticos y estudian- 
te*, correspondiendo al entrañable amor que profesaba al Establecimiento. Su tipíco carácter 
escolar fué objeto de famosa semblanza en el periódico estudiantil El Invhnio, gracioso artículo 
del malogrado Antonio Arango. El popular Benito falleció en 1873. 

(2) Archivo de la Universidad.— 20 de Julio y 17 de Noviembre de 1835 y 15 de Noviembre 
de 1836. 



— le- 
sión, tuvo valioso apoyo en una corporación provincial mantene- 
dora del espíritu innovador que la habían infundido sus inspira- 
dores y directores Campomames y Jovellanos; fué la Sociedad 
Económica de Amigos del País de Asturias. Desde 1832 había 
alcanzado el benemérito Cuerpo cátedras industriales emana- 
das del Conservatorio de Artes (donde fué doctísimo profesor el 
asturiano D. Antonio Gutiérrez) y, bajo la dirección del Rector 
Sr. Mata Vigil, una comisión mixta compuesta de los docto- 
res Alvarez Arenas, P. Caso, García Cónsul, Blanco y de los 
socios D. Telesforo Cónsul y D. Francisco Julián Sierra deter- 
minó trasladar al edificio universitario las cátedras económicas 
bajo las siguientes bases: 

Primera: que los señores Catedráticos de Economía Política, Matemáticas y 
Química de la Sociedad pasarían provisionalmente á dar sus enseñanzas á la 
Universidad, acomodándola de manera que en lo posible se llenase el objeto 
para que fueron nombrados y lo que se pedía en el nuevo plan de estudios pro- 
visional vigente. 

Segunda: que la dirección de dichas cátedras continuase, como está preve- 
nido, por la misma Sociedad Económica. 

Tercera: que los gastos de traslacción de los enseres de las cátedras de Ma- 
temáticas y Química se harán por cuenta de la Universidad, y la misma destinará 
también algunas sumas para los gastos de la enseñanza esperimental, á que 
también contribuirá la Sociedad. 

Cuarta: las cátedras tendrán una doble matrícula: una en la Universidad 
para sus alumnos y otra por la Sociedad para los suyos. 

Quinta: las horas de enseñanza como los locales para esplicar, lo acomoda- 
rán loa señores Catedráticos de acuerdo con el Claustro (i). 

Justo es, pues, hacer mención de tales profesores que con 
celo y desinterés aceptaron tan penoso encargo: enseñó «Mate- 
máticas y Dibujo», D. José de Posada Herrera; «Física y Quími- 
ca», D. León Salmean; y sucesivamente «Economia política» 
D. Antonio Oviedo y Portal, D. Ramón Valdés y D. Benito Ca- 
nella Meana. Muy principalmente el Sr. Salmean inició y ase- 
guró afición é inclinaciones á los estudios experimentales y co- 
menzó á formar gabinete de máquinas y laboratorio de ensayos 
aquí poco menos que desconocidos. La Sociedad Económica hizo 
grandes esfuerzos para obtener material de enseñanza y otro 



(t) Archivo de la Universidad.— Claustro de 29 de Noviembre de 1836. 
— Archivo de la Sociedad Económica.— Acta de 5 de Diciembre de 1836. 



13 



— 184 - 

tanto el Claustro (1), que apenas tenía más que una máquina 
neumática y otra eléctrica, muy buenas entonces, y obtuvo del 
Instituto de Gijón otros instrumentos, allí sin uso y en pésimo 
estado por los azares que habían perseguido á la fundación de 
Jovellanos. 

Mas la guerra civil con la amenaza de invasiones y desaso- 
siego interior no favorecía el desarrollo pedagógico aunque se 
había mejorado la condición del profesorado con los sueldos, 
que continuó en adelante, pues los catedráticos de 1841 volvie- 
ron á recibir íntegra la dotación que les señalaba el plan de 1824 
y de la que no disfrutaban desde, 1829 porque se retenía en el 
arca universitaria; continuaban los Prebendados de la Catedral 
con sus cátedras, aunque ya no todas; en la facultad de Leyes 
se recomendó en 1838 al profesor de Derecho político que espli- 
case la Constitución para que los estudiantes se penetrasen de 
su espíritu y fundamento; se procuró dar vida más activa á las 
Academias de las Facultades que tenían buenos reglamentos y 
estaban dirigidas por excelentes Moderantes, últimamente cate- 
dráticos; y respecto á libros de Texto para Filosofía, Leyes, 
Cánones y Teología hubo criterio más amplio y se recibieron los 
mas nuevos y adelantados, sin aquellos reparos de principio 
de siglo ni menos los de la visita de 1815, porque en 1839 ya se 
aceptábanlas mejores obras nacionales y extranjeras (2). 

Esta y mas innovaciones del nuevo reinado merecen especial 
mención. Respecto ol traje escolar fueron suprimidos en 1835 la 
sotana y manteo antiguos, prendas clásicas de igualdad en la 
clase estudiantil, disponiéndose que loscursantes asistiesen á las 
aulas ele levita ó frac, á su arbitrio, capa y sombrero de copa 
alta, y los graduados como les acomodase y sus atenciones lo 
permitiesen (3). En disposición de mas trascendencia dos años 
después se suprimieron en todos los ejercicios académicos las 
fórmulas silogísticas nada menos que «por ser repugnantes al es- 
tado actual de la civilización», quedando los argumentos reduci- 



1 



(i) Archivo ííe b Universidad.— En Angtúo de 15 de Noviembre de 1815 cedió el Dr. Pe- 
tera iH[ücll¿id. do* cxcclcnte-i mi'|iJnns. que había adquirido en la testamentaría del antiguo Rec- 
tor y Director de 3a I'J nii«. l 1). Uernardino A de Sierra, por la suma de 320 reales, aunque 

vxiüaa iná* de 4,000 cad i una, Clin*tro-i de ix de Julio de 1834 y 31 de Enero de 1837 

tu Arrhivi] d^ la Uiiiveriidnil— Claustros de 23 de Septiembre, 8 y 18 de Noviembre de 
1%31> i£ de Uciului- de 1837, ia tic Enero de 1838 y 13 de Octubre de 1839. 

j.\> Archiva de la Un 1 vsr ^ídad,— Claustro de 16 de Octubic de 1735. 



- 18 5 - 

dos ú. preguntas, y se permitió ejercitar en lengua latina ó espa- 
ñola ó. elección de los graduandos (1). Todo lo antiguo ib^ des- 
apareciendo y mas lo secundario de formas arcaicas. 

La concurrencia de alumnos sufrió una baja considerable, 
pues al abrirse la matrícula en 1836 faltaba casi la mitad de 
los alumnos inscritos en 1835. Tan súbito abandono se quiso 
justificar en la abolición del antiquísimo manteo, trage econó* 
mico, popular y característico de los estudiantes de España, co- 
mo también en el aumento de derechos de matrícula (20 reales) 
y de grados. Y otras eran las causas. A las cuatro quintas par- 
tes de los teólogos, hijos de labradores, se les cerraba la carrera 
porque, suspendida la facultad de conferir órdenes, de adjudicar 
capellanías y de provisión de curatos no tenían aquellos porve- 
nir. Otro tanto sucedía á los canonistas, al mismo tiempo que 
para los de Jurisprudencia disminuían considerablemente los ne- 
gocios forenses con el establecimiento de juzgados de primera 
instancia. Agregúese á esto que habiéndose suprimido el fuero 
académico, eximidor del servicio de las armas á bachilleres 
y tonsurados (2) los estudiantes asturianos, muchos de escasa 
fortuna, no podían sufragar tales gastos sin esperanza de com- 
pensación á sus sacrificios. Pero corrían tiempos muy azarosos 
y hubo que llegar hasta medidas escepcionales que, por otra 
parte, eran ya necesarias. De aqui vino aquella relativa deca- 
dencia universitaria de que se lamentaba el celoso Rector señor 
Mata Vigil (3) porque se vivía en un estado incierto y poco ha- 
lagüeño para las profesiones literarias; las reformas eran tran- 
sitorias y provisionales; y este carácter tuvo el arreglo 1836 
como otras disposiciones complementarias sobre sustituciones de 
cátedras, programas, contabilidad, etc., en medio de carencia 
de recursos. Siempre la pobreza en la casa de la ciencia. 

De todos era ya conocido el lastimoso estado económico de 
las Escuelas, pues, cuando la Nación se incautó de sus bienes 
para administrarlos por su cuenta, la precaria situación de la 
Universidad de Oviedo era la siguiente, como consta del «Re- 



tí) A rcfcivo de la Universidad. — Claustro de 2 de Mayo de 1837. 

(3) Cesaron las exenciones de sorteo y facilidad de poner sustitutos á los estudiantes 
•quintos* y concluyeron también aquellos cambios y abusos de años de carrera militar por años 
académicos, que fué cosa ce rricnte en muchos acuerdos claustrales desde la guerra de la Inde- 
pendencia hasta la guerra civil inclusive. 

(3) Archivo de la Universidad.— Claustro de 24 de Octubre de 1838 



— i86 — 

sumen de propiedades, rentas, censos y' demás derechos de los 
establecimientos literarios españoles»: 



i 



RENTAS QUE SE PAGAN AL 
CORRIENTE 

Valor Renta 
capital anual 


RENTAS NO CORRIENTES AUNQUE 
SCN COBRADLES 

Valor Renta 
capital. anual 


RENTAS 

Valor 
capital 


INCOBRARt.RS 

Renta 
anual 


293,707 


9,573 


154,319,16 


1,514 


J» 


16,843,16 



Y como la necesidad es muchas veces causa de discordia, en 
Oviedo apareció ésta y por Orden de 3 de Mayo de 1842 de la 
Dirección general de Estudios, se nombró visitador de la Es- 
cuela al Jefe superior político de la provincia para aclarar cier- 
tas desavenencias entre el Rector y Claustro, pidiéndole el co- 
nocimiento de las causas y origen de las discordias para estir- 
parlas. Se le autorizaba para indagar las intrigas, enredos, espí- 
ritu de partido ó padrinazgo entre catedráticos y también para 
tomar medidas perentorias, que no fueron de mucha trascen- 
dencia. 

Era resultado de la división local, de las diferencias políti- 
cas y de la lucha enconada, que venía de lejos, como queda re- 
ferido; de encontrados sentimientos, que se agitaron más durante 
la guerra civil y trascendían á las corporaciones como el Ayun- 
tamiento, Cabildo Catedral, Sociedad Económica y Claustro 
Universitario, cuyos doctores y maestros figurabau en aquellas 
tanto de uno como del otro partido. En el pueblo reinaban tam- 
bién separaciones vivas de opinión con cierta trascendencia 
religiosa en días en que había pasado por aquí el protestante 
Jorge Barrow; cuando todo se discutía con viveza después de las 
invasiones de fuerzas del Pretendiente, se había conmovido la 
diócesis con la división del Cabildo y clero por el nombramien- 
to del Obispo electo Sr. Pérez de Necochea como Vicario capi- 
tular y Gobernador, dando origen á la famosa «causa eclesiás- 
tica» y á dos muy discutidos libros en 1840 á ella referentes; y 
cuando vinieron á continuación las intolerancias de la Junta 
provincial y las varias disposiciones del reformista ministro se- 
ñor Alonso, el admirador y editor de Campomanes. 

Un decreto de 1.° de Octubre de 181-2, dado por el Regente 
" *>, refundió en una Facultad de Jurisprudencia las dos 



h: 



-i8 7 - 

de Leyes y Cánones, y en ella se hacía detenidamente durante 
diez cursos el estudio del derecho patrio, que aquí puede decirse 
no apareció hasta 1802. Las enseñanzas eran estas: «Prolegó- 
menos del Derecho; Elementos de Historia y de Derecho roma- 
no»»; — «Elementos de Historia y de Derecho Civil y Mercantil de 
España»; — «Elementos de Derecho Penal, de Procedimientos y 
de Derecho Administrativo»; — o Elementos de Historia y de De- 
recho Canónico»^; -o Códigos civiles españoles, el de Comercio 
y los de Materia criminal»; — «Historia y Disciplina eclesiástica 
general, especial de España y Colecciones canónicas»; — «Dere- 
cho Político Constitucional con aplicación á España, y Econo- 
mía política»; — o Derecho Natural y de Gentes, Tratados y rela- 
ciones diplomáticas de España»; — y o Principios generales de le- 
gislación, Legislación universal comparada, Codificación»). 

La enseñanza y su parte material recibieron impulso debido 
al celo del Sr. Alvarez Arenas, Rector en el trieno de 1843, 
pues con activa solicitud introdujo variaciones muy convenien- 
tes para fomentar los estudios, como preparación de radical 
reforma universitaria punto de partida para el progreso de la en- 
señanza. El preparó para el Gobierno interior del Claustro ove- 
tense, el Reglamento discutido y aprobado en 1.° de Enero de 
1814 con las obligaciones del Claustro general, Rector, Doctores 
Secretario, Bedel, Portero y reglas para el recibimiento de au- 
toridades y otros asuntos interesantes, á los que ya no respon- 
dían los anticuados y desconocidos acuerdos de los antiguos 
libros de actas ó claustros (1). 

De todas suertes el estado de la enseñanza pública en Ovie- 
do, como en el resto de España, dejaba mucho que desear. Tris- 
te, pero cierto, es el cuadro pintado por el Sr. Gil y Zarate ex- 
presando la postración de las Universidades españolas antes de 
la obra por siempre memorable de un estadista asturiano. 
Fué el plan de 1845. 



(iJ «Reglamento intciior del Claustro de la Universidad de Oviedo.— Imprenta de don 
1". Pedregal, impresor de la Universidad, 1844» - «Instrucción que determina las obligaciones del 
Héctor, Decano y Empleados de la Universidad de Oviedo en la administracicn económica de 
cíte Establecimiento literario .— (H"ja suelta, sin pié de imprenta; pero fué estampada en la an- 
terior en j S48J. 



-r- —."«■* 



-189- 



CAPÍTÜLO X 



Reforma de las Universidades por el Ministro Sr. Pidal en 1 84$. — Modificacio- 
nes posteriores. — Revolución de 1868. — La Restauración. — Alteraciones di- 
ferentes de los Estudios en la Universidad de Oviedo, segitn los frecuentes 
cambios de legislación escolar. — Facultades de Filosofía y de Filosofía y Le- 
tras: su desaparición. — Facultad de Ciencias; sus servicios á la provincia; su- 
presión y renovación. — Facultad de Teología; supresión, restablecimiento y 
terminación. — Facultad de Jurisprudencia; sus vicisitudes hasta la actual de 
Derecho; el Doctorado; antigua Escuela del Notariado. — Otras indicaciones 
sobre la enseñanza universitaria ovetense.— Matrícula. — Cátedras y Acade- 
mias. — Disciplina. — Libros- de Texto; programas y cuestionarios; métodos. 
— Exámenes. —Premios y Pensiones. — Material de Enseñanza. — Bibliotecas 
de Facultad.— Gabinete de Física.— Laboratorio de Química — Antiguo Jar- 
dín Botánico. — Observatorio astronómico,— Donativos. — Organización y per- 
sonal administrativos. — Presupuesto. — Consideraciones. 



No se ha pretendido en este humilde libro escribir la histo- 
ria de la Instrucción pública española, porque, según su título, 
en propósito más limitado se intenta solamente bosquejar ligero 
cuadro con las vicisitudes de la pública enseñanza en Asturias. 
Por tanto no cabe detenerse aquí en la trascendental obra del 
sabio Ministro D. Pedro José Pidal, que en el famoso Plan de 
1W5 reformó radicalmente las Universidades españolas, consu- 
mando la empresa iniciada en los tiempos de Carlos III y prose- 
guida al compás de las alteraciones nacionales en la primera 
mitad del siglo xix. 

La ley refrendada por el Sr. Pidal ha sido muy discutida res- 
pecto á su intención, á su alcance y resultados; pero no debe 
dudarse de su bondad y eficacia y de ser expresión de progreso 
cierto para la cultura del país detenida y enredada en las mallas 
de disposiciones parciales y en la lucha no apagada do contra- 
rios bandos. Dícese del insigne reformador que no llevaba tan 
lejos su pensamiento como supone el Sr. Gil y Zarate, historia- 



_ 190 — 

dor del plan, y que él entendió de otra manera las bases funda- 
mentales del mismo ó secularización y libertad de la enseñanza, 
gratuidad de la misma y centralización administrativa de sus 
organismos. Ciertamente que la secularización ya venia de más 
lejos, del Ministro Roda, deshaciendo los Colegios mayores, y de 
los planes de 1807, 1821 y 1836, cuyo espíritu, mejorado, se si- 
guió por el Ministro asturiano, que en los otros principios dio 
cuerpo y vida á las ideas de los partidos victoriosos en la guerra 
civil, procurando también imitar y seguir las reformas francesas 
en su desenvolvimiento y reglamentación, apartándose bastante 
de la tradición universitaria española. Más no cabía hacer otra 
cosa ante la decadencia de nuestras aulas, pues era urgente sa- 
carlas de su postración como se justifica en el notabilísimo 
preámbulo del plan, que fué seguido por disposiciones comple- 
mentarias y reglamento de Septiembre de 1845. 

Abarca las diversas clases de enseñanza, secundaria, mayor, 
superior y especial; sus varios establecimientos públicos ó priva- 
dos; el profesorado de Regentes y catedráticos mejor dotados; y 
todo bien desenvuelto en reglas detalladas extremando el ex- 
píritu burocrático, centralizador y autoritario, que desde enton- 
ces va unido á todas las reformas académicas. 

Sin razón ni motivo y con ese afán de tejer y destejer en la 
Administración española, la obra de 1845 fué modificada por si- 
guientes ministros en 1847 por el Sr. Pastor Díaz, en 1850 por 
el Sr. Seijas Lozano y en 1852 por el Sr. González Romero, que 
no mejoraron con sus planes y respectivos reglamentos la dicha 
del Sr. Pidal y se limitaron á detalles y alteraciones de escasa 
trascendencia, particularmente en la enseñanza universitaria. 
Carácter más amplio y organización más completa tuvo de nue- 
vo la Instrucción Pública con la ley famosa de 1857 debida al 
ilustre Ministro de Fomento Sr. Moyano, desenvolviendo la obra 
de una comisión por él elegida al efecto y de la que formaron 
parte dos antiguos catedráticos de la Escuela ovetense, señores 
D. José de Posada Herrera y D. Francisco de Tames Hevia. Aun- 
que no exenta de lunares esta obra ecléctica, tuvo más acepta- 
ción y duración que las anteriores y es como un resumen de to- 
do lo hecho hasta entonces desarrollado bajo los principios doc- 
trinarios del partido imperante. Y, sin embargo, fué sospechosa 



tal ley, no pasados dos lustros, y en ella puso mano el Ministro y 
docto catedrático Sr. Catalina cuando aquellos 23 decretos de 
extremoso sentido reaccionario con que pretendió refrenar la 
marcha progresiva de las cátedras y guiar la enseñanza á los 
unes de aquella intolerante situación política, precursora de la 
Revolución. 

El alzamiento nacional de Septiembre de 1 868 sacudió al 
país de un modo radical cambiando las instituciones sóbrela 
base firme de las doctrinas democráticas. En primer término y 
entre las más importantes se proclamó la «libertad de ense- 
ñanza», que fué clibre en todos sus grados cualesquiera que fue- 
re su clase) á partir del Decreto de 21 de Octubre, que derogó 
las reformas del Sr. Catalina y restableció con sucesivas modifi- 
caciones la obra del Sr. Moyano para llegar á ser la legislación 
escolar un enmarañado conjunto de disposiciones parciales. 

Y todo porque en aquellos años de continua agitación políti- 
ca y guerras civiles, bajo el Gobierno provisional, Monarquía 
de la casa de Saboya y la República faltaron sosiego y concierto 
(como siguen faltando) paro obra seria, fundamental, progresiva 
y digna por la que suspira la nación. Hubo, si, intentos gene- 
rosos y pasos de avance respecto á la enseñanza, y ésta pudo di- 
fundirse sin aquellas trabas, un día y otro puestas por las situa- 
ciones políticas anteriores á 1868. Desde entonces tendió la Uni- 
versidad á nueva vida de exteriorización social y á mas influen- 
cia pública por encima de secundaria misión en el otorgamiento 
de diplomas y títulos. 

Siguieron iguales propósitos cuando la situación de 1874 y 
mas desde la restauración del Rey Alfonso XII á quien, bajo la re- 
gencia de su madre la Reina viuda D. a María Cristina de Habsbur- 
go, sucedió su hijo D. Alfonso XIII, monarca actual, declarado 
mayor de edad en 1902. 

Ni para compendiar siquiera, á partir de las disposiciones del 
ministro Conde de Toreno, hay espacio en estas páginas enume- 
rando las muchas disposiciones en el ramo de la Instrucción ni 
los varios proyectos intentados con objeto de unificarla y des- 
envolverla, cual se ha procurado con proyectos de ley, bases y 
comisiones á fin de lograr uno ó varios códigos académicos don- 
de se fomente la enseñanza á la manera que, con mayor ven- 



— 192— 

tura, lo han conseguido otros pueblos. Dentro de las reformas 
fragmentarias con que se vienen verificando los cambios, recti- 
ficándose unos á otros, deben mencionarse aquí, como conti- 
nuadoras de los planes generales y R. D. de 1842, aquellas mo- 
dificaciones que en más ó en menos afectaron á la Escuela ove- 
tense como los RR.D D.de 1880, 1883 y 1884, refrendados por 
los Ministros Sres. Lasala, Gainazo, Marqués de Sardoaly Pidal 
y Mon (D. Alejandre) siendo vigente el último, modificado en 
parte por el Sr. García Alix, primer ministro de Instrucción Pú- 
blica y Bellas Artes, en 1900. 

A tenor de las disposiciones que van citadas cambió el cua- 
dro de enseñanzas de la Universidad de Oviedo, moldeada en la 
organización general impuesta á todas las subsistentes por el 
primer Marqués de Pidal. En 1845 conservó los estudios de Fi- 
losofía, Jurisprudencia (leyes y cánones) y Teología; perdió estos 
últimos en 1852, y los recuperó en 1857 cuando cambió los de 
Filosofía por los llamados de Filosofía y Letras y de Ciencias, que 
desaparecieron en seguida; en 1867 quedó la Universidad redu- 
cida á una mera Escuela de Derecho Civil, que unió al Canónico 
de 1868; y en 1895 de nuevo abrió de aulas para las Ciencias 
exactas. 

La Facultad de Filosofía, continuadora de la antigua de 
Artes, estaba constituida desde 1845 de un periodo elemental ó 
segunda enseñanza (bachillerato) y de otro de Ampliación, subdi- 
vidido en dos secciones de Letras y Ciencias como preparación 
para determinadas carreras. 

En la reforma inmediata del Sr. Pastor Díaz (ya separados 
los Institutos) fueron cuatro las secciones en dos grupos de Lite- 
ratura y Ciencias filosóficas, y de Ciencias físico-matemáticas y 
Ciencias naturales, cambiando las filosóficas por la Adminis- 
tración en los decretos de los Sres. Leijas Lozano y Romero. 
Ahora bien, del período propio de Facultad no tuvo Oviedo to- 
da la plantilla del profesorado, que pedía la reforma, y se dio 
la enseñanza uniendo diferentes asignaturas y otorgándose algu- 
nos grados de un modo precipitado. Predominaban los estudios 
especulativos, históricos, literarios y filológicos, apartados aque- 
llos de la estrechez y escasas miras á que les había reducido la 
dialéctica escolástica, tomando el nombre de Facultad de Fi- 



w 



— 193 — 

losofia y Letras en 1857, separada de la de Ciencias, y aquí 
se autorizó solamente el grado de bachiller siendo necesario 
para terminar la carrera recurrir á la Universidad Central. 
Esta medida contribuyó á disminuir la matrícula que, por otra 
parte, nunca fué numerosa, viviendo á favor de la simultanei- 
dad, y porque determinadas asignaturas se cursaban en año 
preparatorio para Derecho. Ofrecía á sus cursantes escasas colo- 
caciones, pues mirando la ciencia bajo un fin práctico y econó- 
mico, ni el profesorado se juzgó aliciente bastante, ni los desti- 
nos en Archivos y Bibliotecas se creyeron suficiente recompensa; 
más en verdad que la permanencia de la facultad en Oviedo 
levantó el gusto literario, inició los estudios filosóficos y propagó 
el conocimiento de las lenguas sabias. Nunca pudo su profeso- 
rado completarse con catedráticos propietarios, como prescribía 
la ley, teniendo que recurrir á encargados y auxiliares que lle- 
naron muy cumplidamente su cometido. Obedeciendo las órde- 
nes de la Superioridad, el Decano Sr. Delgado remitió en 1860 
un informe sobre el orden y método de tales estudios, lenguísti- 
cos, literarios, históricos y filosóficos con muy atinadas observa- 
ciones ante el cuadro limitado, que aquí tenían tales enseñanzas, 
desaparecidas, sin razón ni motivo cuando la reforma del señor 
Catalina. 

Los estudios de Ciencias habían tenido buen auxilio con las- 
cátedras experimentales de la Sociedad Económica de Amigos 
del País, que sirvieron de única base universitaria cuando la ley 
de 1845 las dio carácter académico. Desde 1845 á 1852 no fal- 
taron alumnos matriculados en esta enseñanza donde, en gene- 
ral, fué escasa la concurrencia, aunque se simultaneaba con las 
otras carreras y servía de preparación para las de Medicina y 
Farmacia. Descendió la matrícula cuando exigiéndose ciertos 
requisitos no los alcanzaban los artesanos, industriales, propie- 
tarios, mecánicos, telegrafistas y otros á quienes eran útiles 
aquellos conocimientos. De nada sirvió que la ley de 1857 las 
diese mas importancia elevándolas á Facultad independiente 
desde una Sección en ía de Filosofía, porque, si solamente se 
atiende al número de estudiantes, tuvo lánguida vida hasta el 
decreto de 1860 en que fueron suprimidos en esta Universidad, 
quedando los más de los profesores agregados, en comisión, al 



— 194 — 

Instituto provincial, donde continuaron prestando grandes ser- 
vicios á Asturias. 

Aunque fué tan fugaz el primer periodo de la Facultad de 
Ciencias en la Universidad de Oviedo fueron grandes las utilida- 
des que prestó á la provincia. Ella despertó la industria minera 
asturiana analizando gratuitamente el cinabrio, los plomos ar- 
gentíferos, la calamina, el cobre y, particularmente, los hierros 
y carbones de nuestras cuencas. A instancia de los Gobernado- 
res y Diputación provincial se conocieron las aguas minerales 
del país y con especialidad la de sus casas balnearias; el Muni- 
cipio de Oviedo tuvo calificadas las aguas potables de la pobla- 
ción; los Hospitales y Cárceles apelaron también al análisis para 
precaverse de toda adulteración en los alimentos; el Gobierno 
eclesiástico utilizó las ciencias esperimentales sobre las sustan- 
cias destinadas al culto; y los Tribunales de justicia hallaron, en 
la respuesta á sus exhortos, modo de esclarecer ciertas cuestio- 
nes y de probar muchos hechos por medio de operaciones de 
reacción, toxicológicas y esperimentales. 

Brevemente, en la Memoria universitaria de 1858 á 1860, se 
reseñan otros trabajos de aquellos catedráticos. El Decano señor 
Salmean sorprendió por medio de la acción química la falsifica- 
ción de un vale de crecida suma, dificultad insuperable al simple 
criterio legal. El mismo profesor, destinado á la enseñanza de 
Física, fué el primero en nuestras Universidades que se dedicó 
á los importantes trabajos de las Observaciones meteorológicas, 
que, desde entonces, imprimió y publicó facilitando interesantes 
datos á la prensa y al público para e) conocimiento físico del 
clima y útiles aplicaciones á la agricultura. El catedrático de 
Química Sr. Bonnet y Bonfill, observando las varias algas marinas 
que salen á nuestras costas, hizo conocer su riqueza estrayendo 
de ellas el yodo, trabajo considerado por el Gobierno como un 
mérito en la carrera de tan entendido maestro. El Sr. Luanco 
estrajo del orujo de la manzana gas de alumbrado, de cuyo des- 
cubrimiento se ocupó la prensa de Francia, y además publicó 
una «Memoria sobre la elaboración de la sidra», como bebida al- 
cohólica que representa una considerable riqueza en el país. El 
profesor de Historia natural Sr. Pastor, López obtuvo el premio 
del concurso anunciado en 1852 por la Academia nacional 



— 195 — 
de Ciencias, por su «Memoria Geognóstieo agrícola de la pro- 
vincia de Asturias»; y posteriormente publicó unos «Ensayos sobre 
la Fauna Asturiana», y varios artículos acerca de la florescencia 
de los árboles. El que le sucedió, D. Luis Pérez Minguez, conti- 
nuó iguales publicaciones; la supresión de la Facultad le sorpren- 
dió en sus trabajos de la Flora de Asturias y poco después publicó 
el Manual del «Agricultor asturiano», sosteniendo en los periódi- 
cos sus observaciones y estudios. Con tales profesores trabajó el 
célebre Schulz. 

En 1860 fué la de Oviedo la primera Universidad de España 
que, por medio del péndulo de Mr. Foucault, demostró el movi- 
miento rotatorio de la tierra con el aparato colocado en la capi- 
lla del Establecimiento, donde los Sres. Salmean y Terrero hi- 
cieron los mas bellos experimentos ante numerosa y escogida 
concurrencia. Para mejor conocimiento de los asistentes se re- 
partió un impreso con todas las necesarias esplicaciones, y fué 
muy notable este suceso, del que se ocuparon con elogio la pren- 
sa de la corte y provincias. Y en 1902 se repitió en París, comu- 
nicando el telégrafo y prensa franceses aquella novedad... 

Los útiles de tal facultad se aprovecharon para el Instituto. 
Sus dispersos catedráticos se reunieron en esta capital cuando 
el notable eclipse de sol de 18 de Julio de 1860 para las obser- 
vaciones realizadas en el Jardín Botánico, y acaso en ninguna 
otra comarca de España se hicieron tan acertadas y dignas de 
ser tantas veces citadas en varios trabajos astronómicos. 

El movimiento industrial, fabril y agrícola, que hoy agita al 
antiguo Principado, reclamaba un día y otro el restablecimiento 
de una facultad que dio tan felices resultados, teniendo también 
ahora mas aliciente y mejor porvenir que antes los que se dedi- 
quen á las ciencias exactas, físicas y naturales cuyo estudio, por 
lindóle especial, tanto necesita del auxilio y medios del Estado. 
Esto se debió al entusiasmo y celo del sabio Rector Sr. Aram- 
buru, que recabó el patriótico concurso de la Diputación pro- 
vincial (sucesora en buena ley de aquella antigua Junta General 
á la que tanto debió la Universidad) y del Ayuntamiento de 
Oviedo, que por mitad sufragan dichas enseñanzas. De esta suer- 
te se restauró en Oviedo la Facultad (Sección) de Ciencias Fisico- 
matemáticas por R. O. de 9 de Julio de 1895. 



— 196 — 

Comprendió desde luego los estudios de las asignaturas si- 
guientes: «Análisis matemático» (1.° y 2.° curso), «Geometría 
analítica», «Cosmografía», o Física o, «Química general», «Zoo- 
logía», «Mineralogía y Botánica» y «Dibujo lineal y topográfico*. 
Encargáronse interinamente del desempeño de estas asignaturas 
los catedráticos del Instituto Sres. Jimeno, Martin Ayuso, el au- 
xiliar Sr. Iraola, los Arquitectos Sres. La Guardia y Bellido y el 
Sr. Redondo, único profesor interino que continua por haberse 
suprimido la asignatura de «Dibujo lineal y topográfico» convir- 
tiéndose en la de o Dibujo geométrico y artístico», que solo de un 
modo provisional ha sido establecida hasta dar lugar á que los 
alumnos la traigan aprobada del Instituto. Fué después designado 
definitivamente por concurso el personal de auxiliares, entre Jos 
que han figurado los Sres. Nacher y Barras; hoy siguen los se- 
ñores Molina, Martínez y Fernández Castillo, y fué también con- 
siderado como auxiliar el ex-ayudante nombrado por oposición 
Sr. Entio. Sucesivamente fué nombrado el personal de numera- 
rios, algunos ya trasladados á otras Universidades como los 
Sres. Izquierdo, Hernández y Aparicio, continuando ahora los 
Sres. Urios, Mur y Ainsa, Fernández Echavarría y Rioja. Con 
motivo de la reforma de los Estudios de Ciencias por R. D. de 4 
de Agosto de 1900 y siguiente R. 0. de 28 de Septiembre se su- 
primió la asignatura de oCosmografía y Física del Globo» de que 
era catedrático numerario al Sr. Fernández Echavarría, y hallán- 
dose entonces vacantes las de («Análisis matemático» (1.° y 2.° 
curso) se le nombró catedrático de la de primer curso, desempe- 
ñando la de segundo como acumulada. Así mismo al Sr. Mur, 
catedrático de «Geometría métrica y geometría analítica», y al 
Sr. Rioja que lo era de «Zoología general» y de « Mineralogía y 
Botánica» se les consideró como catedráticos de una de lasde su 
cargo desempeñando la otra en concepto de acumulada. Supri- 
mióse la asignatura de «Dibujo lineal y topográfico», y se esta- 
blecieron las ociases prácticas» en las diversas asignaturas. 

Muy de sentir es que, correspondiendo á los esfuerzos de la 
Diputación y Ayuntamiento de Oviedo, el Estado no organice de 
un modo completo los estudios de Ciencias en la Universidad 
ovetense, pues en esta provincia, muy especialmente, son de in- 
mediata aplicación los conocimientos fisíco-matemáticos. Debe, 



— 197 - 

así, completarse tal facultad, con mas Secciones de las ciencias 
exactas, físicas, químicas y naturales, que tanto pueden auxiliar 
al moderno movimiento industrial y agrícola de Asturias. 

La Facultad de Artes (dividida después en las de Filosofía y 
Ciencias, literarias y exactas, que quedan reseñadas) daba su 
principal contingente para la Facultad de Teología en la an- 
tigua vida universitaria. Su organización y enseñanzas primeras 
pueden verseen los Estatutos viejos y en el plan de 1774, y así 
continuó hasta las reformas del siglo pasado alcanzado su cua- 
dro más completo en la organización del Sr. Pidal en 1845, 
pues fueron cercenadas y agrupadas las materias en los cambios 
de 1847 á 1850. Después de un curso preparatorio de Literatura 
y composición latina, Literatura española y ampliación de Filo- 
sofía, la carrera teológica abarcaba ocho cursos con las asigna- 
turas de «Fundamentos de la Religión», «Lugares Teológicos», 
«Sagrada Escritura», «Teología dogmática, especulativa y prác- 
tica», «Teología Moral», «Oratoria Sagrada», «Historia é Insti- 
tuciones de Derecho Canónico.», «Historia eclesiástica general y 
particular de España», «Influencia del Cristianismo en la Socie- 
dad civil», «Disciplina general de la Iglesia y particular de Es- 
paña», «Colecciones canónicas» (alguna de estas materias se 
cursaban en la sección de Cánones de la Facultad de Jurispru- 
dencia) «Lengua griega» y «Lengua hebrea». 

Desde la creación de la Escuela fué tal Facultad el nervio de 
mas vida en su existencia y era en su bjason literario el cuartel 
mas notable. Había mejorado completamente la condición mo- 
ral de la provincia, trasformando é ilustrando su clero, y con 
esta consideración, cuando fué suprimida por R. D. de 21 de Ma- 
yo de 1852, la Diputación provincial, el Ayuntamiento de Ovie- 
do y el Claustro universitario acudieron al Gobierno pidiendo 
su reposición, que fué alcanzada con el art. 13 de la ley de 
1857. Mas habían variado las circunstancias, y el segundo perío- 
do de las cieucias teológicas en Oviedo no fué, ni con mucho, 
tan feliz como el primero, ya por la escasez de alumnos ya por 
el vicioso arreglo déla Facultad, cuya organización estaba apla- 
zada. Su programa, determinado conforme al Reglamento de 28 
de Septiembre de 1851, no era el suficiente ni lo fué con la di- 
cha ley de 1857, que no hizo novedad en los estudios esperando 



— 198 — 

el planteamiento definitivo de los Seminarios Conciliares; y hasta 
al personal de la carrera compuesto de auxiliares y encargado? 
de reconocida capacidad, faltábale el requisito de la propiedad 
y de la estabilidad, que tanto convienen á la enseñanza y real- 
zan la importancia académica de una Facultad. Aun así hubo al- 
gunas mudanzas hasta que, por R. D. de 19 de Julio de 1867, 
fué suprimida difinitivamente la Facultad de Teología y fueron 
declarados cesantes los sustitutos, quedando excedente el cate- 
drático numerario Sr. Fernández Cardin. En los primitivos tiem- 
pos fué numerosa la matrícula dé esta enseñanza. Pais pobre y 
de mucha población el de Asturias, que necesita numeroso clero 
parroquial y que contaba además con muchos beneficios ecle- 
siásticos, dio cursantes teólogos á la sombra de privilegios y 
esenciones. Cuando éstas cesaron y se estableció el Seminario 
diocesano ovetense; cuando en éste fué menos costosa la matrí- 
cula y se encontraron los seminaristas con requisitos y trabas 
para cursar y graduarse en la Teología universitaria (1) dismi- 
' nuyó la concurrencia, no obstante la justa reputación que en la 
provincia y fuera de ella alcanzaron los teólogos de la Universi- 
dad de Oviedo, de donde, como queda escrito, salió un clero in- 
teligente y virtuoso. 

Si cierta y relativa importancia de las Escuelas está en la 
extensión de los estudios y en el número de sus Facultades, es 
indudable que la de Oviedo descendía, por mas que en sus otras 
enseñanzas se mantuviese á la altura de su crédito antiguo, co- 
mo aconteció con las jurídicas. 

En los planes de 184-5 é inmediatos se conservó en este Es- 
tablecimiento la Facultad de Jurisprudencia de 1842 con el 
estudio del Derecho civil y Canónico, que formaron dos seccio- 
nes en 1857, de nuevo refundidas en 1858 en una de Derecho 
civil y canónico adjudicada á Oviedo; pero no lp otra del Admi- 
nistrativa. Hasta casi ayer fué con pequeña interrupción la ense- 
ñanza aquí principal bajo la dirección durante muchos años 
del ilustrado Decano y antiguo catedrático D. Juan D. de 



(i i En las vigentes cnnstitnciones sinodales ovetenses se prohibe á todos los sácerdottss 
con recuerdo de la excomunión canónica, que se matriculen, cursen ó sufran exáivencs de Juris, 
prudencia, Física y Química, Filosofía y Letras y Medicina en las Universidades seculares, si no 
obtienen previo permiso de la Silla apostólica {Sinódo diocesano de Oviedo celebrado en 18S0. — 
Madrid i887). 



L. 



-*9$- 

Aramburu. Celoso por mas completa instrucción en tal Facultad, 
elevó al Gobierno dos autorizados informes en 1859 y 1861 so- 
bre las reformas que, á su juicio, debían introducirse en los 
estudios jurídicos. Consideraba muy escaso el tiempo destinado á 
«Derecho Civil, Común y Foral español», que pudiera ampliarse 
reduciendo á uno los dos años del «Derecho romano», porque sin 
desconocer la grandísima importancia y filosofía de esta asigna- 
tura, es indudable, decía, que muchas de sus materias hijas de 
sutilezas de escuela no pueden aplicarse á nuestro estado social, 
que va creando condiciones legales inexplicables por la muerta 
civilización de aquel imperio poderoso, mientras que por varias 
causas y la implantación del nuevo sistema hipotecario se modi- 
ficaba todo el Derecho Civil, cuya enseñanza debía extenderse en 
mas cursos. Y, á este tenor, aconsejaba otros atinados cambios, 
que se han realizado modernamente. 

La reforma del ministro Sr. Catalina en 1866, de nuevo di- 
vidió la Facultad jurídica en tres secciones de «Derecho civil», 
«Canónico» y «Administrativo» dejando en Oviedo tan solo la 
primera, y en su más mínimum espresión el cuadro pedagógico 
ovetense, que vino á ser de una «particularidad» en vez de 
Universidad; pero aquel plan reaccionario, que en otros extre- 
mos tuvo determinados aciertos, fué inmediatamente derogado 
cuando la Revolución de Septiembre, restableciéndose la orga- 
nización déla Facultad de Derecho como venía siendo desde la 
reforma del Sr. Moyano 

En 25 de Octubre de 1868 se decretó el programa de Liber- 
tad de Enseñanza, y en el artículo 41 se organizó la Facultad de 
Derecho en las dos antiguas secciones de «Civil y * Canónico» y 
de «Administrativo». Volvió la Escuela á tomar nuevo vigor y 
mascón el establecimiento del doctorado, de años atrás existente 
en Madrid con desmedido espíritu centralizador. 

Recordando la protección que la antigua Junta general del 
Principado dispensará siempre á la Universidad, allí acudió ésta 
deseando nueva creación de la Facultad de Filosofía y Letras y 
estudios del Doctorado en Derecho con arreglo al artículo 20 
del Decreto de 14 de Enero, limitándose á esta última pretensión, 
cuando fué suprimido el grado de bachiller en Letras. En Octubre 
de 1870 accedió la provincia, no obstante la penuria de su 

14 



— 200 — 



caja exhausta por mil atenciones y, en particular, con la crea- 
ción del batallón de Covadonga, que fuéá Ultramar á combatir 
por la integridad del territorio. No sacadas á oposición las cá- 
tedras del doctorado, la Diputación satisfacía una gratificación á 
los profesores que esplicaban «Filosofía del Derecho», («Legisla- 
ción comparada» é «Historia de la Iglesia». Siguió esta enseñan- 
za todavía hasta 1875 en que la política restauradora fue tam- 
bién modificando nuestros Centros de enseñanza, volviendo al 
patrón de la ley de 1857 del que no se apartó mucho la modifi- 
cación de 1880, si bien ya se caminaba á más completa y mejor 
ordenada organización de dicha facultad. 

Antes de pasar adelante se debe reseñar aquí la antigua «Es- 
cuela especial del Notariado». 

Con el nombre de «Estudios superiores» se estableció en 
Oviedo en 1844 bajo la dependencia é inspección de la Audien- 
cia territorial. Incorporados á la Universidad por R. D. de 20 de 
Agosto de 1851, tuvieron consideración académica; suprimidos 
en 1855, volvieron á aparecer en 1857; y determinó la R. O. de 
29 de Abril de 1862 que sus profesores reconocieran como Di- 
rector y Secretario al Decano y Secretario de Derecho, sujetán- 
dose al régimen interior de esta Facultad. Los cuatro años, que 
prescribía el R.-D. de 23 de Septiembre de 1857 fueron reduci- 
dos á dos, uno teórico y otro práctico, introduciéndose alteracio- 
nes en los programas de 20 de Septiembre de 1858. Los dos cur- 
sos eran insuficientes para adquirir la conveniente instrucción; 
pues habiendo necesidad de ocupar la mayor parte del tiempo 
en los estudios teóricos, «Nociones de Derecho Civil, Mercantil 
y Penal de España», no quedaba el necesario para tratar con 
amplitud y detenimiento la «Práctica de la Redacción de instru- 
mentos públicos y Procedimientos judiciales». Cuando menos, y 
á parte de otros mas estensos conocimientos jurídicos, debió or- 
denarse, y no privadamente y sin formalidad, un adecuado cono- 
cimiento de la Paleografía nacional y someter á los alumnos á 
su examen en los ejercicios finales de la carrera, á fin de cercio- 
rarse de que poseían este conocimiento interesante. La dicha 
R. O. de 18G2 determinó la forma en que habían de redactarse los 
expedientes y celebrarse los exámenes de reválida para el ejer- 
cicio de la Fé pública. En el primer periodo de la Escuela nota- 



rial fué de consideración el número de estudiantes; pero en el 
segundo, preciso es confesar que es muy escaso. No se necesita- ! 

ha al principio más preparación que la de instrucción primaria, y i 

después se requirió el grado de bachiller; antes había fácil coló- ! 

cación, una vez terminada la carrera; y más tarde fueron necesa- 
rios otros requisitos y cultura para tal profesión respetable, de- 
seada y lucrativa. . 

Esto se consiguió desde la reforma de 1883 en que de una 
manera acertada y más completa se determinó toda enseñanza ju- 
rídica formando una sola Facultad de Derecho en que se refun- 
dieron las Secciones, unidas un día y otro día separadas, pre- 
sentando también las materias con la debida distinción, vi- 
niendo al cuadro de la Facultad otras indebidamente olvidadas 
hasta entonces y que no debían seguir preteridas dado el progre- 
so que los tiempos modernos imprimieron á tales estudios. Basta 
enumerar las asignaturas distribuidas en seis cursos para com- 
prender cuanto más aceptable era la nueva distribución de tan 
importante Facultad, reduciéndose el programa de los Derechos 
Romano y Canónico y dando entrada al Derecho Internacional 
al mismo tiempo que se separaban el Derecho Mercantil y Penal 
que, sin razón alguna, se enseñaban juntos en un mismo año. 
Fueron estas las materias: «Principios de Derecho Natural», 
«Historia general del Derecho Español», «Economía política y 
estadística » ; — « Derecho Romano » , « Derecho eclesiástico general 
y particular de España»), «Hacienda Pública»; — «Derecho Civil 
Español, Común y Foral» (primer curso), «Derecho Político, 
Administrativo y Nociones de lo Contencioso» (primer curso), 
«Derecho Penal» y ((Procedimiento Criminal»; — «Derecho Civil 
Español, Común y Foral» (segundo curso), «Derecho Político y 
Administrativo y Nociones de lo Contencioso») (segundo curso), 
(Derecho Internacional Público»; — «Derecho Civil Español, Co- 
mercio y Foral (tercer curso), («Derecho Mercantil de España y 
de las principales naciones de Europa y América», «Derecho 
Procesal Español, Civil y Administrativo»;— «Derecho Interna- 
cional Privado» y «Teoría y Práctica de la redacción de instru- 
mentos públicos y actuaciones judiciales»). 

No es de olvidar que al estudio de Facultad viene precedien- 
do un curso preparatorio tomado de otra Facultad, innecesario á 






— 20i — 

nuestro modo de ver, si la Segunda Enseñanza tuviera la exten- 
sión y organización debidas. Cuando la precedente reforma áA 
Ministro Sr. Gamazo se dispuso otra preparación con estas tre- 
asignaturas: «Ampliación déla Psicología y Nociones de Ontolo- 
gía y Cosmología», «Reseña histórica de las principales tran- 
formaciones sociales y/políticas de los pueblos europeos» y «Li- 
teratura Española y Nociones de Bibliografía y Literatura juiía\ 
cas de España». Entonces también y muy atinadamente se supri- 
mieron las modestas Escuelas del Notariado, requiriéndose para 
el titulo de aptitud de Fé pública más conocimientos por medio 
de las asignaturas de Derecho Romano, Canónico, Civil, Polüi- 
co, Administrativo y Mercantil de España, Internacional Priva- 
do y la Redacción de instrumentos y actuaciones públicas. 

A esta nueva plantilla, recibida con aplauso, se ajustó en 
Oviedo la Facultad de Derecho. No tuvo vida la innovación de 
Enero de 188í que, en realidad no variaba sustancialmenle el 
plan anterior, si bien impuso á los alumnos la conveniente obli 
gación de aprobar la ^Medicina legal»; y fué reemplazado por h 
de 14 de Agosto del mismo año, que redujo á dos los cursos do 
Derecho Civil Español y en otros dj5 agrupó los Procedimiento? 
•bajóla denominación de «Derecho procesal Civil, Penal, Canó- 
nico y Administrativo y Teoría Práctica de Redacción de insfru 
mentos públicos». Siguió y signe englobada la carrera del No- 
tariado en la Facultad de Derecho y cambió el año preparatorio 
con las asignaturas de «Metafísica», «Literatura general y Espa- 
ñola» é «Historia crítica de España»), que son de la Facultad de 
Filosofía y Letras. Por último, por R O. de 2 de Agosto de 190) 
el Ministro Sr. García Alix modificó una vez mis el plan de 
estudios de la Facultad de Derecho, que constará en lo sucesivo 
(hasta que se dicte otra reforma) de dos Secciones, una de Dere- 
cho y otra de Ciencias Sociales, esta por ahora únicamente en 
la Universidad de Madrid llamada Central. En aquella quedó su 
primido el estudio de la Estadística; la de Derecho Político com 
prende el «Derecho Político Español comparado con el del 
Extranjero»; y la de «Derecho Administrativo» constituye una 
enseñanza independiente del anterior. Fué plausible tal refor- 
ma aunque, detenida por obstáculos económicos, no llevó (como 
procedía) la nueva Sección á todas las Universidades con sus 



— 203 — 
mportantes estudios de Antropología, Etica, Estadística, Derecho 
^omún de España comparado con el Foral, Estudios superiores 
le Derecho Penal y Antropología Criminal, Sociología, Historia 
le las doctrinas económicas, Asociaciones mercantiles é indus- 
iriales é Historia de la Iglesia y del Derecho Canónico. 

Y para terminar estas noticias relativas á la Facultad de 
Derecho, liemos de mencionar aquí los trabajos que se le enco- 
mendaron por el Gobierno; uno relativo á la conveniencia de 
establecer tribunales de Comercio en primera y segunda instan- 
cia con proyecto de su organización y bases, y otros relativos al 
problema de los foros, tan importante en Galicia y Asturias. En 
su día se elevaron á la Superioridad los correspondientes infor- 
mes en que fueron ponentes los catedráticos Sres. Aramburu 
[D. Juan D.) Ordóñez y Escandón, Manzano, Buylla, Ureña, 
Berjano, Jove y el autor de este libro (1). 

En otro orden de consideraciones sobre la enseñanza uni- 
versitaria ovetense, tan solo preceden en estas páginas alguna 
indicación breve porque no hay espacio para más. 

Los datos relativos á la estadística de matricula y concu- 
rrencia van aparte; pero aquella es tan solo punto de partida 
para otras conclusiones, porque si siempre es de considerar el 
número, más importa saber las consecuencias. Y que el estableci- 
miento de la Universidad mejoró considerablemente la cultura 
intelectual y moral de la provincia, es un hecho que salta á la 
vista con los prósperos resultados que ha dado en todos tiempos. 
Xo ha sido muy numerosa su matrícula, ya por la dificultad en 
viajes y comunicaciones, existiendo fuera de Asturias escuelas 
de completas enseñanzas, (además de causas apuntadas en el 
capitulo precedente), ya por las modernas reformas con la división 
de la enseñanza oficial y libre y los subidos derechos de inscrip- 
ción, académicos, títulos, etc. (2). También la juventud toma 
otras direcciones y carreras: milicia, ingeniería, industria, co- 
mercio, agricultura, bellas artes y profesiones para las que se 
han abierto centros docentes de que antes se carecía en Espa- 
ña. Es de considerar además el número de jóvenes que cursa 
en el extranjero y el de los que marchan á América. 



'i) Archivo de la Universidad.— Claustros de la Facultad de Derecho de i.° de Junio 
¿c I&7-»; 1 8 de Julio de 1881 y 5 de Diciembre de 1885. 
íj) Véase Apéndice XIII. 



— 204 — 

Las distintas cátedras de nuestra Escuela fueron natural 
mente las exigidas por los planes y cambios tan repetidos de la 
enseñanza; y frecuentemente hubo cátedras acumuladas á cargo 
de un mismo profesor ó encomendadas á auxiliares y sustitutos 
retribuidos ó gratuitos. Por ejemplo, en Ciencias una vez se auto 
rizó la matricula y curso de «Organografía y Fisiología vegeta 
les», que explicó el docto médico D. Agustín María Acevedo; en 
oirás hubo proyectos y oomienzos de varias cátedras libres que 
autoriza la ley, y en algún tiempo se dieron lecciones de «Medi- 
cina legal» por el Sr. Buylla (D. Arturo), y de «Lenguas trance 
sa, inglesa y alemana» por D. Julián Orbón, etc. 

Las reformas de los estudios mantuvieron las antiguas Acá 
demias con las naturales modificaciones, y así sucedió en lo? 
reglamentos de 1845, 1847 y 1857. Cesaron poco después tan 
útiles gimnasios, que los estudiantes restablecieron voluntaria 
mente con Academias, que en 1866 y 1868 presidieron Jo? 
catedráticos. Sres. Rodríguez Campillo y Piernas, teniendo más 
vida la organizada en 1879 dirigida sucesivamente por lo? 
profesores Sres. Ureña, Manzano y Buylla y que mantuvo inte- 
resante publicación jurídica, el Boletín- Revista, quincenal, des- 
de Abril de 1882 á Noviembre de 1 884. El R. D. de 1884 restableció 
las Academias oficiales de Derecho que, bajo la acción directiva 
del Claustro, siguieron durante cuatro cursos y dieron excelente? 
resultados (1). 

Ni en las cátedras ni en las instituciones académicas hubo 
nunca falta grave de disciplina, y en contadas ocasiones se 
reunió el Consejo claustral, creado por la Ley de 1845 y subáis- 



íi) De las Academias de 1879 y 1884 son también estas publicaciones: 

—"Reglamento orgánico de la Academia», (Oviedo, i88o>. 

—«Memoria de los Trabajos académicos en 1879 a 1880*, por D. Erneito Castro L:»j>mi 
cherc (Oviedo, 1880 1. 

— Discurso del Sr, Urcña: «Nacimiento y desaparición de los Eitados hispano mu,ulniar.c? , 
{Oviedo. 1880L 

—Discurso del Sr. Buylla: «El Economista Flore/ Estrada y sus doctrinas», (Oviedo, 1SS0J. 

— «Memoria de los Trabajos académicos en 1880 á 1881», por D. Juan Fernández Llana, 
(Oviedo, 1881). 

—«Memoria» del Vice- Presidente D. Manuel González Pérez 

—Discurso del Vite- Presidente D.Crisanto Posada. «Derecho de Extradición», fOviedo, iSSj'i 

— «Reglamento déla Academia de Derecho-, (Oviedo, 1884). 

— Discurso inaugural del curso de 1884 á 1S85 por el catedrático D. Juan Rodrigue? Ami- 
go: 'Significación católica de España», (Oviedo, 1884 :. 

El Claustro de nuestra Universidad ha sido siempre sostenedor principal cuando no 
iniciador de Academias, Ateneos, Círculos, Conferencias, etc., establecidas en Oviedo. Lo Rk 
tnres facilitaron locales y medios, y sus directores y presidentes fucro:i catedráticos y alumno 
distinguidos de la Casa; pero estos centros no han sido de gran importancia, ni en Asturias s. 
lian conocido los notables Liceos de otras provincias, como en Cataluña, Valencia y Andalucía. 

Fué importante la Academia de Legislación teóricopráctica fundada en 1841 por L>. Liu< 



— 205 — 
lente por disposiciones posteriores, para entender en faltas di- 
versas, principalmente de los escolares. También por no ser 
numerosa la matrícula y por ser más fácil la vigilancia, no se 
ha resentido el orden académico ni fueron repetidas las faltas 
colectivas de asistencia y protesta, generalmente para adelantar 
las ya crecidas vacaciones ó por otros motivos especiales, que 
crearon un estado anómalo universitario como desde los últimos 
dias de 1884 hasta los primeros de 1886 en que fué repuesto el 
queridísimo Jefe (1). El cambio desde la excesiva reglamentación 
antigua á la radical, reforma iniciada por los decretos de Octu- 
bre de 1888, fué muy grande, y otra vez más se tocaron los 
resultados de las extremas modificaciones de nuestra Adminis- 
tración sin el paso gradual y preparatorio qae siempre es con- 
veniente. Por mil causas, que no es del caso referir, es lo cierto 
que ha decaído el respeto al principio de autoridad principal- 
mente en la forma externa, que siempre es importante; más, justo 
es confesar, que se marca una reacción sobre este extremo y más 
en los Centros de enseñanza donde la suavidad antes que el rigor, 
el afecto antes que la severidad y la unión y compenetración de 
maestros y discípulos son los medios más adecuados para man- 
tener disciplina. Urge conservar incesante y firme el amor al 
Irabajo y al estudio, la asistencia á las aulas con devoción á la 
Universidad por la significación moral que esta tiene y por el fin 
educador que persigue además del instructivo. Así no serán ne- 
cesarios ni frecuentes los acuerdos claustrales disciplinarios, 
y bajo la respetable autoridad del Rector, levantada por dis- 
posiciones superiores de 1886, 1894 y 1900 entre otras, pro- 
fesores y alumnos marcharán unidos en íntimo consorcio, pro- 
curando y consiguiendo la paz, bajo cuyo imperio se cultiva y 



R. Camaleño, en cuya Junta directiva figuraban los universitarios D. Juan D. de Arambum y 
i). Benito Candía Meana, siendo académicos los catedráticos, licenciados y bachilleres de nues- 
tra Universidad. 

En el bienio (1854-56) se fundó el Ateneo científico-literario, que presidió el Dr. Cellcruclo, 
siendo principales socios catedrático.* y alumnos universitarios, entre otros los Srcs. Uorbolla y 
Caso, que refundieron en notables folletos sus respectivos criterios ¡»obrc la «Soberanía nacional». 
De la Universidad pasó el Ateneo al local de la Orden tercera, y tuvo cátedra» y discusiones de 
Derecho, Economía, Literatura, Agricultura, etc., en que comenzaron á distinguirse los señores 
Estrada, Pedregal, Laverdc, Fernández Rojas, etc. 

De igual manera tuvo la Universidad importante participación en centros de cultura poste- 
riores como los do la «Juventud católica», «Juventud republicana», «Academia de Santo Tenias», 
•Conferencias del Casino», estas principalmente á cargo de catedráticos, etc. 

En 190-1 los estudiantes han establecido la Unión Jiscoltir. 

(0 Archivo de la Universidad.— Claustros de 9 de Diciembre de 1880; 27 de Noviembre, 4 
y 23 de Diciembre de 1884 y 17 de Enero de 1894. — Claustros de la Facultad de Derecho de 38 
<i< Febrero y 5 de Diciembre de 1885; 37 de Enero de 1886 (reposición solemnísima del Rector 
Sr. Salmean); xx de Diciembre de 1S91 y 13 de Diciembre de 1895, etc. 



— 206 — 

prospera la ciencia. Cesarán colectivas y hasta tumultuosas ma- 
nifestaciones de la clase estudiantil, que son un desprestigio na- 
cional, registrado por la prensa, cuando los alumnos «se toman* 
ó adelantan las «vacaciones sin considerar los excesivos dias de 
descanso y asueto, que consignan los reglamentos académicos. 
Deben cesar esas tristes é inmotivadas «huelgas escolares» repa- 
rando la juventud de las Universidades y Establecimientos docen- 
tes el ejemplo de jóvenes obreros, desoldados mozos y de tantos 
y tantos obedientes á las leyes; pues en aquel caso la impunidad 
corriente entristece á quien bien la considera, porque el obrero 
que no trabaja queda sin comer, el soldado que deserta es se- 
veramente castigado, y... Si hemos de levantarnos de nuestra pos- 
tración después del complejo desastre nacional, otra debe ser la 
conducta de esa juventud florida de nuestras aulas (1). 

En el orden pedagógico tuvo siempre gran importancia y 
trascendencia la cuestión de los libros de texto, mejor dicho, su 
imposición á catedráticos y alumnos. Quedan indicados cambios 
y severas órdenes de pasados tiempos á la sombra y en prove- 
cho de determinadas situaciones políticas, y es curioso advertir 
que Calomarde y el Duque de Rivas coincidían en sus reformas 
de 1824 y 1836, dejando libros y programas á la aprobación de 
las respectivas Facultades, mientras los redactores del arreglo 
provisional del mismo año 1836 facultaban á los catedráticos 
para elegir el libro ó libros de texto más convenientes ó no ele- 
gir ninguno (excepto en las Facultades de Jurisprudencia y 
Teología) pudiendo hacer sus explicaciones orales ó por medio 
de cuadernos. Esta libertad se consintió en el plan de 18i5 para 
los estudios del Doctorado; pero en los de Facultad se impuso la 
elección de libros de texto entre la lista de los aprobados por el 
Consejo de Instrucción Pública, revisable cada tres años, con 
seis autores por asignatura. La lista no fué limitada en 1857, 
las reservas de 1866 pasaron enseguida, y todo cesó desde la 
Revolución de 1868 en que fué libre la elección ó no (de libros) 
por los profesores con oportunos anuncios en cuadros al comen- 
zar el curso. Como para los textos, hubo mayor ó menor respe- 
to á programas, debiendo consignarse que, salvo en contadas 



(i) «Huelgas escolares' : artículo del catedrático Sr. Scla en la Revista fioj>nlar (Año I). 



— 207 — 

excepciones, tuvo siempre el catedrático la libertad necesaria en 
su cátedra. Una fué la letra de la ley y, por su ineficacia, otros 
fueron el espíritu y la práctica del Magisterio y la tolerancia de 
Gobiernos, Rectores y Claustros hasta la libertad actual. En 1843, 
la meritoria iniciativa de la Universidad de Barcelona publi- 
cando al principiar el año académico los programas y cuadernos 
razonados de las enseñanzas de las Facultades, motivó una orden 
general por la Dirección de Estudios, que la Universidad de 
Oviedo se apresuró á cumplir. Imprimió razonados progra- 
mas con señalamiento de textos y obras de consulta para 1844 
á 1845 en las asignaturas de Filosofía, Matemáticas, Química, 
Historia, Literatura, ocho años de Jurisprudencia y siete de 
Sagrada Teología, que contienen observaciones acerca de méto- 
dos, libros, citas, explicaciones, extensión de ciertas mate- 
rias, etc., etc., por los profesores propietarios ó auxiliares á la 
sazón Sres. Fernández Cardín (I.), Salmean, Rodríguez Val- 
dés (F.), en Filosofía; Fernández Cuevas, Casero, Fernández La- 
dreda, Luis Blanco, Aramburu, Alvarez Arenas y Estrada, en 
Jurisprudencia; Fernández Castañón, Fernández Cardín (F.), Cou- 
der, S. Quintanilla, Rodríguez Valdés (P.) Fernández de Lavara 
y Piquero, en Teología. Otro tanto aconteció en el curso de 1847 
á 1848 (aunque únicamente se imprimieron programas) para el 
Instituto de segunda enseñanza, agregado á la Universidad, y en 
esta los de la Sección de Filosofía ó Física, Literatura latina, la 
General y Española, Ampliación de la Filosofía y su Historia, 
y Economía Política por los Sres. Salmean, Guisasola, Puente, 
Armesto y Prado; los de Jurisprudencia ó de Derecho Ro- 
mano (l.° y 2.° curso), Derecho público y administrativo, Histo- 
ria del Derecho español y Derecho civil, penal y mercantil, 
Derecho canónico, Colecciones canónicas, Oratoria forense y 
Práctica forense por los Sres. Casero, Cuevas, Prado, Aramburu, 
Luis Blanco, Piquero, Estrada y Arenas. La disposición resultó 
impracticable económicamente (el caso de siempre en nuestras 
reformas); cayó en desuso y alguna vez se continuó aisladamente 
y por cuenta de los catedráticos (1) si bien, además, el progreso 



(i) De los Sres. Alvarez Amandi, Afaba. Bjylli, G. Posada, Díaz Ordoñcz Calabrug. 
Jove, d autor de este libro, etc., de las aUgnitura* de Metafísica, Literatura, Economía política, 
Derecho político y administrativo, Disciplina eclesiástica, Derecho civil, Derech> político Admi- 
nistrativo y de Ampliación del Derecho civil y C0JÍ505 cipañoleá. 



— - 208 — 

pedagógico trajo modernamente otra provechosa norma en ma- 
teria de plan, programas, cuestionarios ymétodos de enseñanza. 

Durante el largo período en que fué preceptiva ó usual la 
designación y anuncio de los libros de texto, figuraron sucesi- 
vamente en los cuadros de la Universidad de Oviedo, los si- 
guientes: 

En la antigua Facultad de Teología: 

«Lugares Teológicos»: Cano, Juenin. 

«Instituciones»: Perrone, Sunma de Santo Tomás, Berti, Biluart. Marín, 
Compendio salmanticense, Baylli, Lar raga. 

«Sagrada escritura » : Janssens, Lamy y Wouters. 

¿Oratoria sagradaí: Muñoz Cárnica, P. Antonio á S. Joscpho y Martínez 
Sanz. 

En las de Filosofía y Filosofía y Letras. 

«Matemáticas»: Vallejo. 

«Química aplicada á las artes: Dumas. 

«Física»: Beudant. 

«Moral»: Martel. 

«Religión»: Para de Janjas. 

«Literatura general y española»: Gil y Zarate, Campillo, Cano, Fillol, Mu- 
darra, Ue villa, Afaba. 

«Literaturas griega y latinas: Marín, Díaz, González Andrés, Villar, Ber- 
gens de las Casas y Bardon. 

«Geografía*: Anchoriz, Bustamante y Palacio. 

«Historia Universal»: generalmente las explicaciones de los profesores y 
Castro. 

«Historia de España*: Ranera, Colmeiro, Moreno Espinosa, Altamira, 

> Metafísica»: Servant Beauvais, Arbolí, Gutiérrez, Mendive. 

«Lengua hebrea*: García Blanco y Biblia hebraica de Leipsickc. 

En Ciencias: 

«Aritmética, Algebra, Geometría métrica y analítica y Trigonometría»: Ci- 
rode, Giménez Rueda, Lazzeri, Vega, Serret, Brior, G. Palíela, Cortázar. Tole- 
do, Villafane, Ronche y Combercuse, y Logaritmos de Callet y de Skron. 

(•Física»: Ganot, (traducción de Monlau D. José) Lozano. 

• Historia natural »: Rivera, Bolívar, Quiroga. 

«Zoología»: Edwars, Calderón, Segovia y Carriles. 

«Mineralogía»: Beudant, Naranjo, Calderón. 

«Botánica?: Girardin, Bolívar y Calderón. 

«Química»: Lessaigne y Regnault (traducción de Verdú). Bonilla. 

En Derecho Civil tj Canónico. 

«•Prolegómenos»: Miguel, La Serna. 

«Derecho Natural»: Prisco, Taparelli, Mendive, Giner, Roeder. 




— 209 — 
«Derecho romano»: Vinnio, Ileinecio, La Serna, Ortolan, Pastor, Van Weter. 
«Historia general del Derecho»: Marina y Cepeda, Semperc, Antequera, 
Morató, Hinojosa. 

c Derecho Civil español, común, forab: Sala, Gorosabel, La Serna, Montal- 
van, Viso, Morató, Falcon, Código. 

-¿Derecho penal»: La Serna, Pacheco, Aramburu (J). Silvela, Rueda, Arambu- 
' ru U') y Pessina. 

«Derecho mercantil?: Lasso, Martí Eixalá y Duran, Manzano; Código. 
«Ampliación del Derecho civil >: Febrero y Goyona, Gutiérrez, Sánchez 
Román. 

«Derecho político y administrativos: Colmeiro, Santamaría, Ferian, Meyer, 
G. Posada. 

uKconoraía política»: Flórez Estrada, Ochoa, Carreras González, Garnier. 
Piernas, Neuman, Buy lia. 
«Estadística»: Piernas. 
««Hacienda pública»: Piernas 

c Derecho canónico»: Barardi, Lancelloto, Devoti, Van-Spen, Selvagio, La- 
ckis, Cabalado Golmayo, Walter, Manjón, Iuséu. 
«Disciplina de la Iglesia»: Aguirre, Salazar. 

«Teoría de los procedimientos»: Casielles y Olivares, Tapia, Gutiérrez, Las- 
pra T La Sarna y Montalvan, ürtiz de Zúñiga, Lastres. 
«Oratoria Forense: Sainz de Andino. 

«Derecho Internacional público»: Olivart, Torres Campos, Neuman y Blunt- 
sehli, Martens. 

«Derecho Internacional privado»)-. Torres Campos, Asser, Prida. 

En la Escuela del Xotariado fueron los textos: 

Zúniga. Lasso, Cara van tes. Zarzoso, etc. 

Continuó la designación y anuncio de libros de texto en los 
últimos cursos del siglo pasado hasta el R. D. de 6 de Julio de 
1900, precursor de la ley de 1.° de Febrero de 1901 por la que 
se declara que la adquisición de aquellos libros no es obligatoria 
para los alumnos, los cuales podrán estudiar ert los por ellos ele- 
gidos, siempre que adquieran los conocimientos que constitu- 
yen la respectiva asignatura con arreglo al cuestionario oficial; 
y la disposición se confirmó más en el II. D. de 12 de Abril 
de 1901, con extremos cumplidos desde entonces por los respec- 
tivos Claustros de las Facultades de Derecho y Ciencias exis- 
tentes en esta Universidad. 

Esta reíorma, acertada en nuestro humilde entender, estaba 
intimamente enlazada con la de los programas modificando 
también el examen académico, para que cese de ser considerado 
como fin, cuando no es más que un medio en la enseñanza; y era 



y es necesario afirmar esto en la organización de los estableci- 
mientos de enseñanza, mirando al mayor progreso déla cátedra 
oficial. A este objeto se dispuso encomendar al Consejo de Ins- 
trucción Pública, que determinase por medio de un cuestionario 
general el fin, carácter y extensión de cada materia de las in- 
cluidas en el plan de estudios con propósito de que no se desna- 
turalice su exposición y no resulte duplicada ú omitida una en- 
señanza. Cada profesor desenvolverá el contenido de la asignatu- 
ra y redactará programa con plena libertad de método y doctrina 
con sujección al indicado cuestionario. 

Se dictó éste para los grados; pero quedó en suspenso hasta 
nueva revisión por R. O. de 16 de Marzo de 1903. En la oveten- 
se Facultad de Derecho, ya antes se había modificado el cues- 
tionario antiguo (1) conforme al que se celebraban los dichos 
ejercicios de grados, ahora con solemnidad privada desde la 
innovación de 1868, al suprimir cuanto quedaba de las antiguas 
solemnes investiduras que, con ritualidad mermada, aunque 
todavía aparatosa, venían practicándose desde el plan de 18+5 y 
leyes posteriores. Ultimo resto de aquellas antiguas ceremonias 
académicas, fué el sencillo rilual determinado para el bachille- 
rato en 1832; y desde la ley de 1845 las fórmulas para licencia- 
turas y doctorados se redujeron á la reunión aparatosa de los 
Claustros, presentación del candidato por el Doctor padrino, 
discurso doctrinal del graduando, los varios juramentos (con 
profesión de fé) de defensa de la Religión católica y del misterio 
de la Inmaculada Concepción de la Virgen, obediencia á la 
Constitución, fidelidad al Rey y cumplimiento de las obligacio- 
nes del grado, cuyas insignias se recibían de manos del señor 
Rector. 

Si el cambio pedagógico del siglo xvm, relativo á los méto- 
dos de enseñanza superior, fué plausible (2), el realizado á fines 
del siglo xix lo será también en la historia de la enseñanza, pues 
no han de ser las aulas meras escuelas profesionales cuando de- 
ben tener muy principalmente fin educador, adquirir con él firme 



( i) Archivo de la Universidad —Claustros de la Facultad de Derecho de 9 de Octubre 
de 1888 y 5 de Febrero de 1892. En este último se aprobó el cuestionario confeccionado pox el 
autor de este libro. ^ 

(2) Véase pág. 88. 



— 211 — 

y amplia cultura, y sentido profundo de la ciencia para mejor 
caminar con espíritu progresivo en las respectivas profesiones. 
Otro debe ser, pues, el procedimiento moderno de enseñanza y, 
áéste propósito, otro viene siendo el nuevo rumbo comenzado á 
seguir en nuestra Universidad. No se han de apuntar aquí las 
respectivas innovaciones en las cátedras de Derecho y de Cien- 
cias, pues fuera muy prolijo; y apuntado queda en otra publica- 
ción con indicaciones respecto á las enseñanzas teóricas y 
prácticas, á los trabajos de profesores y alumnos, saliéndose de 
antiguas rutinas por investigaciones y ejercicios diferentes den- 
tro y fuera de la cátedra, que dan y han de seguir dando los 
mejores resultados (1) por la ciencia y para la ciencia, combi- 
nando la explicación del maestro, la doctrina de autores, la co- 
municación incesante del profesor y discípulo, bajo amplio 
criterio y tareas de propio esfuerzo, con todas las manifesta- 
ciones posibles y variadas en prácticas adecuadas al objeto de 
cada asignatura. 

Por fin, ya no es el examen con sus notas y calificaciones la 
aspiración casi única del estudiante, porque el de la enseñanza 
oficial debe ser examinado incesantemente por sus ejercicios en 
la cátedra, y únicamente restan para el alumno de enseñanza 
libre, mientras se excojitan otros medios, ejercicios adecuados 
que alejen en lo posible las contingencias del azar y de la 
suerte, ciega y propicia en ocasiones á preparaciones rápidas ó 
superficiales. A estos levantados propósitos se dieron reciente- 
mente, desde el R. D. de 28 de Julio de 1900, varias disposicio- 
nes sobre exámenes de ingreso en Facultad, de curso de asigna- 
turas y para los grados; más un día se dictaron y en otro se 
rectificaron ó suspendieron (2; porque nunca acaba el tejer y 
destejer en la legislación escolar. 

Realzando y haciendo de más ventaja y provecho las prime- 
ras y honrosas calificaciones de examen alcanzadas por los 
alumnos, se reemplazaron las antiguas medallas y adjudicación 



(i) En los Anales de l.i Universidad de Oviedo. — Año I, 1901 —(Oviedo, 1902) pueden 
verse las notas sobre nuevos procedimiento* de enseñanza en las Facultades de Derecho y Cien- 
cia» de nuestra Escuela, y compararse con las indicadas en el texto, relativas á 1844 y años 
sucesivos, para mejor comprender los progreso* en Metodogia universitaria. 

W\ R. D. de 12 de Abril, R. O. de 20 del mismo mes y Reglamento de 10 de Mayo de 
xooi; R. D. de 25 de Abril de 1902; R, U. de 6 de Diciembre de 1901 y R. O. de 12 de Sep- 
tiembre de zoos). 



de libros (1) por matrículas de honor y gratuitas que, como era de 
justicia, se han extendido recientemente de los alumnos oficiales 
á los libres. Timbre de honor del'asluriano Conde de Toreno, 
ministro de Fomento, fué el R. D. dado en Gijón á 10 de Agosto 
de 1877 estableciendo cierto número de pensiones otorgadas 
previa oposición á los alumnos pobres y distinguidos de las fa- 
cultades universitarias, nobilísima disposición bajo cuyo amparo 
han podido proseguir estudios no pocos escolares de subido mé- 
rito; y mejor todavía al ser ampliada por el ministro Sr. Conde 
de Romanones en el R. D. de 18 de Julio de 1901 disponiendo 
la concesión de pensiones para ampliar sus estudios en el 
Extranjero á los alumnos que hayan dado mayores pruebas de 
capacidad y aprovechamiento y las confirmen en debida oposi- 
ción. Dos jóvenes graduados con los más brillantes antecedentes 
académicos obtuvieron en 1901 y 1902 las pensiones correspon- 
dientes á nuestra Facultad de Derecho, y fueron D. Leopoldo 
Palacios Morini, alumno ovetense y D. José Castillejo Duarte, 
de la Universidad de Madrid, donde, á la vez, alcanzó también 
pensión D. Manuel Miguel y Traviesas que había cursado los estu- 
dios de Derecho en Oviedo. 

Destinando una parte de la cantidad recaudada por «dere- 
chos académicos» (que reemplazó al antiguo segundo plazo del 
pago de matrículas) se pudo mejorar y aumentar el material ó 
medios auxiliares de enseñanza por el dicho R. D. de 1877 del 
Sr. Conde de Toreno con sus Instrucciones complementarias. 

Este fué el origen de la «Biblioteca especial ele la Facul- 
tad de Derecho de Oviedo», institución que viene a ser como 
complementaria de la Provincial-Universitaria por la índole pe- 
culiar de su contenido, ya que ésta no puede enriquecer el suyo 
con su tan limitada consignación, que debe repartir con diferen- 
tes y más amplias necesidades. La Biblioteca jurídica ovetense 
fué planteada por el antiguo Rector Sr. Salmean con el Decano 
Sr. Fernández Cuevas, auxiliados por una comisión de los Cate- 



di La adjudicación de recompensa constituyó en ocasiones un especial acto académico, 
como el reseñado en el folleto — «Solemne distribución de premios adjudicados por la Universi- 
dad de Oviedo, en conformidad ú la R. O. de 19 de Mayo último. — (Uviedo, 1848J». Contiene 
también los discursos del Rector Sr. Mata Vigil, l>ecano Sr. Arenas y alumr.o premiado, don 
José Fernández Valdés 

Después los premios se repartieron en la solemne apertura de los cursos académicos. A 
continuación de los discursos de 1857, se in?crta la oración de gracias del alumno D. José 
González Alegre Alvarcz. 




— 213- 

draticos Sres. Vallina, Alvarez Amandi, Buylla, Ureña y el autor 
de estas páginas, en 1879 nombrado Bibliotecario, cargo que 
dejó en 1884 después de los primeros trabajos de organización, 
siendo reemplazado por el catedrático Sr. G. Posada. 

Sucesivamente fué aplicándose para la «Biblioteca de la Fa- 
cultad» parte de los derechos académicos destinados á material 
científico, aunque en ocasiones la Dirección general de I. P. au- 
xilió también con otros libramientos extraordinarios, y una par- 
tida especial en el presupuesto del Ministerio, antes de dos mil 
pesetas y ahora de mil. Los Decanos Sres. Barrio, Estrada, Aram- 
buru y el actual Sr. Buylla han mirado siempre con marcado 
interés el progreso de esta Biblioteca, enriquecida además con 
donativos por los señores profesores y particulares, como el 
editor Sr. Lázaro y otro importante del Sr. Ordoñez Escandón, 
catedrático de Derecho Canónico, que en 1887 favoreció gene- 
rosamente al Claustro con la cesión de 1250 pesetas para la ad- 
quisición de obras. También se debe aumento al profesor señor 
Vallina y á remesas de publicaciones por centros nacionales y 
extranjeros. 

Bien aplicados dichos elementos, cuenta hoy la «Biblioteca 
especial» de la Facultad de Derecho con más de mil volúmenes 
y folletos, dato que prueba la importancia de tan útil dependen- 
cia. Esto se demuestra mejor teniendo á la vista los dos «Catá- 
logos» impresos en 1889 y 1892 por acuerdo del Claustro, otro 
próximo á imprimirse, y todos formados por el docto profesor 
y celoso bibliotecario actual Sr. Posada, que en los años que 
lleva al frente de la nueva institución ha realizado meritorios 
trabajos para ponerla en su brillante y presente estado, en par- 
ticular para seguir, en cooperación de los miembros del Claus- 
tro, el rápido é incesante movimiento bibliográfico de la época 
moderna. 

El caudal principal de la «Biblioteca» es, como fácilmente se 
comprende, relativo á las ciencias morales y políticas, que el 
Sr. Posada distribuye y clasifica en relación con las asignaturas 
de la Facultad de Derecho. En ocasiones agrupa algunas for- 
mando secciones, ampliando los títulos de éstas para compren- 
der las obras en que se trata de materias afines á la asignatura 
respectiva, añadiendo, para que la obra sea más completa y útil 






I 



— 214 — 

en la consulta, dos secciones mas: una pedagógica y otra de 
asuntos varios. En esta forma: 

Filosofía; Literatura; Historia Universal, Historias particu- 
lares; Historia de España; Enciclopedia Jurídica; Filosofía del 
Derecho; Derecho Romano; Historia General del Derecho; His- 
toria del Derecho Español; Derecho Canónico; Disciplina é His 
loria de la Iglesia; Derecho Civil; Derecho Mercantil; Sociología; 
Economía Política y Estadística; Hacienda Pública; Política: 
Derecho Político; Derecho Constitucional, Derecho Administra- 
tivo; Derecho Penal; Derecho Internacional público y privado; 
Derecho Procesal; Enseñanza; y Materias varias. 

En todas estas secciones, y merced á los pedidos de los pro- 
fesores^ figuran las obras y revistas más notables y los nombren- 
de los publicistas más ilustres, que marchan á la cabeza del mo- 
vimiento intelectual de nuestro siglo en los principales pueblos 
de Europa y América. Por este concepto y con relación á la 
época contemporánea es interesante la «Biblioteca especial» de 
la Facultad de Derecho. 

Los medios materiales de la Sección de Ciencias proceden 
en su mayor número de la antigua Facultad, que por R. O. de 
1.° de Julio de 1861 se dedicaron al Instituto. Eran entonces 
notables, y podían compararse con los de otras Escuelas, los 
g&bmttes de Física, Química c Historia natural, y el 
desaparecido Jardín Botánico. 

En páginas anteriores (1) quedan mencionadas las máquinas 
y apáralos para el estudio de la Física, escasos é inútiles restos 
de los adquiridos en 1807 y 1815 cuando se estableció la ense- 
ñanza experimental, las pocas que se trasladaron en 1836 pro- 
cedentes de la cátedra de Física y Química aplicadas á las artes 
desde 1 la Sociedad Económica de Amigos del País y desde Gijón, 
así uomo en 1844 encargó otras el Claustro para fomentar dicho 
estudio. En 1845 se habilitó el local necesario y, dada la esca- 
sez de recursos, se acomodó el Gabinete en muy reducido espacio 
en que hoy se encuentra. Alli está la colección de máquinas 
re mil ¡da por el gobierno en 1846 y las que con posterioridad se 
adquirieron por el Sr. Salmean, principalmente cuando estaba 



11) Vcaac pág. 184. 



— 215 — 

ai frente de la asignatura, y después por los profesores del Ins- 
tituto Sres. Ceruclo y Frades. Se hallan colocadas con estre- 
chez y no representan, á primera vista, las quinientas pró- 
ximamente repartidas en balanzas, pesas de latón y de platino 
(colecciones), medidas de superficie y capacidad, mecánica, 
neupmalismo, hidrodinámica, hidrostática, compresión, solidifi- 
cación, meteorología, calórico, electricidad, magnetismo, elec- 
tro-magnetismo, galvanismo, acústica, óplica, etc., etc. (1). 

Restablecidos los estudios de Facultad de Ciencias en 1895, 
los gabinetes y museos se utilizan en común con el Instituto. 
Kl de Física se amplió á poco de la creación de la Sección, bajo 
la dirección del catedrático Sr. Urios (con cargo á un presupuesto 
extraordinario, pues la cantidad de 14.000 pesetas anuales que 
satisfacen las corporaciones provincial y municipal apenas son 
suficientes para el personal) y el profesor Sr. Aparicio dirigió la 
limpieza, compostura y ordenación de los aparatos. En la actua- 
lidad, el catedrático del Instituto Sr. Brañas sigue en estos tra- 
bajos y, de acuerdo con la Facultad, ha instalado un cuadro de 
distribución de electricidad á que contribuye la Sección. Como 
los recursos de ésta son escasos, solamente ha podido adquirirse 
algún aparato con cargo á los derechos de clases prácticas, que 
satisfacen los alumnos; y cuando se realice la anunciada separa- 
ción de la Universidad é Instituto se impondrá una verdadera 
distribución y el aumento respectivo de loe instrumentos. 

Antes de 1845 se había construido un Laboratorio de Quí- 
mica, que ya entonces se estudiaba en elementos. Tomando 
después otras proporciones, fué indispensable reformar lo hecho 
para acomodarlo al provechoso aumento que se daba á esta 
asignatura. Construyéronse nuevos hogares y hornillos fijos, y 
el Gobierno remitió otros portátiles de magnesita, retortas de 
porcelana, barro y hierro; matraces sublimatorias, recipientes, 
alargaderas y provetas; copas y toda clase de útiles de cristal; 
crisoles de barro, de platino y de plata; balanza alemana de 
gran precisión y otra de trasporte; cajas de reactivos y soplete 
por el sistema de Plattner; otra caja para la via húmeda, así 



(i* En la interesante Memoria universitaria (Oviedo 1861) redactada por el antiguo Secre- 
tario Sr. 1). Benito Canella Mcana, nuestro querido padre, pueden verte curiosas noticias de 
•:>tc y demás gabinetes y museos, su trabajoso origen y desenvolvimiento, completándose aquellas 
por la* Memoria* dei Instituto, principalmente en las del Sr. González Frades (1877 á 1880). 

15 



— 2IÓ — 

como colecciones de productos químicos. De todo cuanto > 
consideró preciso se abasteció á este departamento en número 
suficiente para atender á las necesidades de las operaciones, fo- 
mentándose después los medios, según los adelantos de la cien 
cia, de modo que el laboratorio de esta Universidad pudo com- 
petir con los demás de Distrito. Cuando se trató de la Facultad 
de Ciencias se apuntaron los servicios de los profesores con ?u¿ 
estudios y ensayos, y, ahora, al hablar de la Química, recorda- 
remos otra vez el infatigable celo que en sus trabajos mostraron 
los Sres. Bonnet y Luanco, de que es buena prueba el resultado 
de sus tareas. A la clausura de esta enseñanza, en las propor- 
ciones en que antes se hacía, quedaron registrados bajo inventa- 
rio doscientos cuarenta frascos, que contienen otros tantos 
productos químicos orgánicos 6 inorgánicos. Los catedráticos 
Sr. G. Frades, del Instituto, y últimamente el Sr. l'rios con e! 
ayudante Sr. Enlío hicieron en este departamento algunas mo- 
dificaciones y contadas adquisiciones con cambio de procedí 
miento; pero resultó el local reducido y en excasas condicione- 
para las debidas enseñanzas y prácticas. 

El gabinete de Historia natural tuvo su origen en 1846 cuan- 
do casualmente residía en una de las poblaciones de la costa un 
extranjero que, poseyendo con perfección el arte de la Taxider- 
mia, se dedicaba á la disección de animales. Por indicación del 
Héctor Sr. Mala Vigil, el Sr. D. José Sarandeses se trasladó á su 
lado y de aquellas lecciones sacó todo el provecho que acredita 
el mérito de sus obras, á las que perteneced la mayor parte de 
las del actual Museo. La novedad aficionó á estos trabajos á va- 
rios alumnos, con lo cual, y con la circunstancia de haberse en- 
cargado de sustituir la asignatura una persona de los conocimien- 
tos y mérito del Sr. D.. Amalio Maestre, Ingeniero de minas del % 
distrito, se echaron los fundamentos del gabinete. Ocupa casi 
todo el lienzo de O. de la Universidad y en elegante estantería 
están colocados cuantos objetos posee de Mineralogía y Zoología; 
pero ha tenido que dividirse recientemente para habilitar allí 
una cátedra de estas asignaturas. 

Es bastante completa la colección de minerales, en número 
de 700 próximamente, antes clasificados por el sistema Beudant, 
teniendo además una excelente colección de fósiles y rocas y 



- 217- 

magniücos aerolitos, recogidos en 1866 en el momento de su 
descensión, muy notables por su magnitud y peso. En Zoolo- 
gía contiene varios esqueletos, no pocos mamíferos, bastantes 
aves de Europa, Asia y América, algunos peces, reptiles, colec- 
ciones de insectos, y otras de conchas; pero faltan aveces repre- 
sentación de tipos enteros de animales y vegetales, y se deterio- 
raron ejemplares por la acción del tiempo y otras causas. El 
Instituto procuró su acrecentimiento, que después sufrió parali- 
zación porque no se facilitaron medios al catedrático Sr. Gime- 
no. Vuelta la Sección de Ciencias, los auxiliares Sres. Nacher y 
Barras emprendieron el arreglo de esta dependencia, que se 
continuó con mayor intensidad en la sección de Mineralogía 
por el Sr. Martínez, hasta dejar ordenada la colección respec- 
tiva. Desde su venida, el Sr. Riojaha trabajado constantemente 
con aquel en la clasificación de los ejemplares, que era á veces 
falsa por cambio de etiquetas ó deficiente, habiéndose hecho re- 
visar para ello los de la colección conquiliológica por el espe- 
cialista español catedrático de Madrid Sr. Hidalgo; y se han 
ordenado las diversas colecciones, que se van catalogando al 
mismo tiempo, y se han completado con animales marinos, com- 
prados en Ñapóles, y otros terrestres con cargo á los derechos 
de clases prácticas, y algunos al importe de un donativo anóni- 
mo procedente de Valladolid. 

Un gabinete tan rico y comparable con los más provistos de 
provincia fué debido en su mayor parte, después de las consig- 
naciones del Gobierno é interés de los Rectores y catedrático 
Sr. Pérez Minguez, á la generosidad nunca desmentida de los 
asturianos, hijos de la Escuela. En un álbum están consignados 
los nombres de los que se han distinguido por sus donativos y, 
en la imposibilidad de citarlos todos, es de justicia recordar 
á algunos. El ingeniero francés Adriano Paillete, inolvidable 
promotor con D. Guillermo Schultz de la minería provincial, los 
Sres. D. Lorenzo Nicolás Quintana, D. Manuel García Barzana- 
llana y D. Francisco Agustín Méndez Vigo hicieron importantí- 
simos regalos, y varios asturianos residentes en Cuba mandaron 
diferentes objetos, adquiridos por suscripción que ascendió 
á 1,089 duros. Otros enriquecieron también el gabinete, y son 
dignos de la gratitud como los Sres. Marqueses de Camposagra- 



— siS — 

do y de San Esteban del Mar t D. José Cavcda, D, Domina 
Alvarez Arenas, D. Antonio Eseosura Hcvia. D. León SaJtncm, 
D. Pedro María Villaverdc, D. Ignacio González Olivares, do»! 
Salustio González Rcgueral, D. Benito Canella Mcana, D. Ignaci> 
Méndez Vigo, D. Juan Posada Herrén D. Carlos Meras, D. lio* 
nito Macuá, D. Laureano Fernández Cuevas, D. Ventura Beltriu . 
D. Eugenio Menéndez Valdés, D. Remigio Salomón, D. Paulina 
Carriedo, D. Pedro Fernández Caneja, el General D. Francisco 
de B. Canella, el Coronel Padin, D. Ricardo Acebal, D. Rafan 
Altamira, los vecinos de Ladines en Sobrescobio, ele , etc., y en 
alguna ocasión, quien escribe este pobre libro. 

Para conciliar las necesidades pedagógicas de los dos centros 
docentes, se ha empezado, en buen acuerdo con el catedrático 
del Instituto Sr. Gimeno, á establecer dentro del local la separa- 
ción de colecciones para una y otra Escuela; y así para la Uni- 
versidad se han dispuesto las siguientes colecciones: en Geología 
y Mineralogía, una de minerales ordenados según Tscherrnafc. 
separando los ejemplares demasiado repetidos para trabajos de 
alumnos en el laboratorio, y otro de rocas según la clasificación 
de Geikie, haciéndose los catálogos de ambas; además, otra de 
fósiles. En Zoología se han podido formar colecciones de proto- 
zoos, celentéreos, equinodermos, gusanos, con adquisición de 
ejemplares á cargo de un donativo especial y donación de otros 
por parte del Ingeniero Sr. Orueta, tan amigo y favorecedor de 
nuestra Universidad, y del catedrático Sr. Rioja, que los ha se- 
parado de sus colecciones particulares, y son ejemplares reco- 
gidos por él, el auxiliar y los alumnos en las excursiones. Se 
han formado nuevas colecciones de artrópodos (dejando las 
existentes para el Instituto) con ejemplares recogidos en la forma 
antes indicada y con donativos importantes de los Sres. Bolívar, 
catedrático en Madrid, y Boscá de Valencia. Se adquirieron tam- 
bién los moluscos para ser de nuevo determinados por el especia- 
lista español Sr. Hidalgo, en Madrid, y después de su devolución 
se han ordenado como los otros tipos del reino animal, por cla- 
ses, haciéndose los respectivos catálogos de estas colecciones y 
de algunos ejemplares de moluscoideos y tunicados. En los ver- 
tebrados, en los que se ha incluido una piel de Ornitorinco, regalo 
del Sr. Calzada, se ha empezado una revisión para destruir los 



— 219 — 

completamente estropeados por la polilla, operación en que se 
continua. 

Para las clases prácticas se ha hecho una instalación de 
2 i puestos, contando para ello con las partidas ó ingresos de 10 
pesetas, que cada alumno oficial satisface á este fin al matricu- 
larse como también por los libres que han solicitado su admi- 
sión; con algunos trabajos pagados á cargo de la pequeña asig- 
nación anual de 1.000 pesetas entre Diputación y Ayuntamiento; 
con material de otras cátedras y con mas adquirido acredito. Se 
halla dividida la clase en cuatro secciones, en cada una de las que 
han ocupado sitio 56 alumnos, encargándose de dos de ellas el 
catedrático y de otras dos el auxiliar. Cada sección se halla pro- 
vista de un microscopio de observación (sistema Zeiss, Chevalier 
v olvos) otro idem de disección, un soplete y una serie de reac- 
tivos, líquidos y utensilios diversos comunes á todos los alumnos 
independientemente de los de uso de cada uno que, con los pro- 
ductos de su trabajo, guarda en su respectivo cajón. Finalmente, 
y gracias al valioso donativo hecho á la Universidad por D. Ra- 
fael Calzada, se han podido destinar unas 3.CÜ0 pesetas á la ad- 
quisición del mejor modelo de microscopios del sistema Zeiss, 
wn objetivos apocromáticos y oculares compensadores, aparato 
para dibujar á la cámara clara y micrómetros, y asimismo á la 
«lo un microtomo para hacer las secciones microscópicas (1). 
Kstos aparatos, una estufa de Mayer para incluir los objetos que 
han de ser seccionados con el microtomo, una «tournet» de Mine- 
ralogía, que cede el Instituto, y un aparato micro fotográfico, pres- 
tado por el Sr. Orueta, mientras se adquiera otro constituyen el 
material que manejan bajo la dirección del Profesor y Auxiliar. 



(tí Con ír.tima complacencia consigno aquí el importante donrtivo de mi cordial amipo 
IX Rafael Calzada, de Navia, reputado abogado y escritor en la República Argentina, donde 
Mcur gritando grandes servicios á España. Al visitar cu 4 de Noviembre rio jyola Univcrsi- 
**'l, roe preguntó con amoroso interés por su estado y necesidades y al saber !;«» dificultades 
>• íúV por falta de recursos, que habíamos solicitado en recientes circulares, me entregó una 
■ rJ'-n contra un banquero ovotcn.«c por valer de chico n.il pesetas con expresiva carta para el 
b.". Reolor manifestando también en ella, que »su cspo«a la Sra. D." Celina González, deseen- 
'.k-ntt de asturianos y amante de este suelo, se asociaba con la mayor satisfacción á esta modesta 
ffroida». 

La gcncrosiJad del Sr. Calzada fué profundamente agradecí. la por el Claustro, que considera 
•ililn>irc hijo de sus ai:las, como protector de la Casa. A ella volvió meses después el di-tin- 
v .Jo favorecedor, obsequiado con humilde pero efusivo banquete donde se pronunciaron 
•Vctiectrs decursos por el esplendido donante, Rector Aramburu y Decano liuylla, ¿cardándose 
1 K-y el retrato del Dr. Calzada en la Iconoteca universitario-provincial. 

Con el importante donativo de mi fraternal compañero se adquirieron el aparato mencionado 
'¡"itcxtj y libros, y se costeó la impresión del primer tomo de --í/w/rí l'nivet sitarías, junta- 
re c a otro giro «ie 500 pc«cta* p">r la benemérita A^o«;ia.;ión patriótica c<parV>la de Buenos- 



— 220 — 

Para el estudio de la Botánica se Procuró la Universidad el 
correspondiente Jardín. Acudieron al Ayuntamiento de Oviedo 
el Sr. Rector Mata Vigil y el Vice-Direclor de la Sociedad Eco- 
nómica D. Manuel Prado Tobia, pidiendo el campo que había 
pertenecido al destruido convento de San Francisco y que la 
municipalidad había adquirido detrás def edificio, convertido 
entonces en Hospital; y vieron cumplido su objeto, cuando en 
1846, accediendo la Ciudad á sus deseos, á propuesta de los 
concejales D. José Coll, D. Ramón Valdésy D. Victoriano Ar- 
guelles, concedió en foro perpetuo el sitio solicitado por el ca- 
non anual de 1.000 reales. Por vía de indemnización se destina- 
ban 800 para el establecimiento benéfico, que antes se aprove- 
chaba de dicho campo, 200 para obras en dicho Jardín y, entre 
otrqs condiciones, había la de colocar una elegante verja de 
hierro en la tapia que separaba el mencionado prado del fron- 
doso campo de San Francisco, delicioso esparcimiento de los 
ovetenses. 

Desde entonces se trabajó para trasformar aquel sitio y, en 
poco tiempo, venciendo muchos obstáculos se estableció el Jar- 
dín Botánico que, llenando los objetos de la enseñanza, consti- 
tuyó con el tiempo un bello recreo y ornato de la población, 
después que en diferentes años se hicieron no pocas obras de 
invernáculos, caseta, pozo, etc. Estaba dividido en tres secciones: 
una destinada á semillero de árboles y plantas herbáceas, otra 
compuesta de plantas de adorno, y la tercera y principal com- 
prendía las escuelas botánicas. Las plantas del Mediodía de esta 
última sección, estaban distribuidas según el sistema de Linneo, 
las del Norte por el método de Jussieu; y todas tenían su eti- 
queta numerada, que correspondía al catálogo que obraba en po- 
der del profesor. 

Correspondientes áeste ramo de la ciencia, vinieron al gabi- 
nete y jardín universitarios una colección de maderas de la Isla 
de Cuba y de Filipinas, donada por los Sres. Fernández Villa- 
verde y Méndez Vigo; plantas de Baleares y Guipúzcoa remi- 
tidas por nuestro padre D. Benito Canella Meana; un herbario 
compuesto de 1.162 especies, recogidas en los alrededores de 
Madrid por el malogrado alumno D. Eduardo Carreño, y otro 
precioso de Asturias en el que colocaban las plantas que el celo- 



— 221 — 

>o catedrático Sr. Pérez Minguez recogía sobre la base de las 
obtenidas por el famoso D. Benito Pérez (a) el «botánico». Casi 
perdidos tan notables elementos, se ha comenzado á formar aho- 
ra un herbario con ejemplares recogidos por el Auxiliar y alum- 
nos. 

En 1859, 1868 y 1870 pidió la Corporación municipal el es- 
tablecimiento de la verja divisoria, cuando la Universidad y el 
Instituto, por más deseos que tenían de efectuar la obra, care- 
cían de los recursos procedentes del exhausto Tesoro del Esta- 
do, que de día en día mermaba su presupuesto. Ninguna consi- 
deración fué posible á detener una medida que, escudada en el 
cMnbellecimiento del parque, se realizó con el derribo déla tapia 
on 1871. El Jardín Botánico se convirtió en parte integrante del 
campo de San Francisco que, ciertamente, se hermoseó en es- 
tremo, cuando se quitaba á la enseñanza uno de sus más pre- 
ciados medios de instrucción, en donde tanto se había trabajado 
y tantos caudales se habían invertido. El Rectorado y el Cuerpo 
académico vieron con sentimiento este suceso que, retardado, 
hubiera podido verificarse de otra manera mas beneficiosa para 
Oviedo y su Universidad é Instituto. 

Para los trabajos del primitivo profesorado de Ciencias se 
habilitó un cuarto accesorio al gabinete de Historia natural, 
donde se hacían las disecaciones y los estudios de clasificación 
con la caja-neceser y otros instrumentos reactivos, cápsulas y 
utensilios; además se reunió una biblioteca especial, compuesta 
de algunas obras relativas á estas ciencias naturales y de la 
colección de láminas de M. Aquilcs Conté, etc.; pero moderna- 
mente se destinó este local para un modesto museo de Agricultu- 
ra de esta asignatura de la Segunda Enseñanza. 

Aunque no forma parte integrante de la Sección de Ciencias 
ni está el Observatorio astronómico rigurosamente compren- 
dido en la enseñanza que antecede, se trata aquí de este Cen- 
tro porque su fundación se debe á ilustre catedrático de Cien- 
das, que le organizó y dirigió muchos años, siguió después á 
cargo de sus sucesores y continúa en la Universidad. 

Kl Gobierno recomendó á los Rectores en R. 0. de 30 de Mar- 
zo de 1864 para que estimulasen á los profesores de Física hacia 
lo* trabajos meteorológicos. La falta de aparatos de precisión 



impedía que se planteasen en Oviedo; pero el catedrático d*m 
León Salmean venció con celo no pocos obstáculos y, carecien- 
do de local en donde hacer las observaciones, colocó los instru- 
mentos en varios sitios de la Escuela y sus dependencias, lo- 
grando dar principio á la publicación de datos en Enero de 
1831. El resultado fué tan favorable, que alcanzaron por su 
exactitud y buen orden ser apreciadas y consultadas por el Ob- 
servatorio astronómico de Madrid, Comisión del Mapa geológico 
y Junta general de Estadística, que las reprodujeron en sus pu- 
blicaciones, como también la Academia de Ciencias, que nombró 
individuo correspondiente al Sr. Salmean. 

Entonces el Rector Sr. A. Arenas pidió á la Superioridad 
más instrumentos; y, al girar después como Consejero de Instruc- 
ción pública la visita de este Distrito universitario, dio lugar pro 
ferentc en su informe á las observaciones meteorológicas, pro- 
puso la construcción del Observatorio, acompañó su plano y pre- 
supuesto y pidió que, para levantarle, se utilizasen los fondos que 
la Universidad tenía en títulos de la Deuda. El Gobierno aprobó 
tan útil pensamiento en R. O. de 30 de Septiembre de 1859, y el 
arquitecto provincial D. Luis Céspedes levantó el correspondien- 
te plano, proponiendo la construcción de la actual torre en el 
sitio que ocupaba el antiguo campanario-espadaña de la Univer- 
sidad, desechando la idea, por otros abrigada, de establecerle en 
el Jardín Botánico. Formado el presupuesto, sin ningún resul- 
tado se realizaron diferentes subastas, hasta el remate en 180 [ 
por 64.600 reales. Aun así no se terminaron los trabajos; en 1807 
se hizo un presupuesto adicional de 1.890 escudos, y se concluyó 
la torre-observatorio en el siguiente año colocando en ella los 
aparatos é instrumentos de observación, así como el reloj del 
Establecimiento. 

Por la ley de 5 de Junio de 1859 se dispusieron que los tra- 
bajos meteorológicos continuasen bajo la dirección de la Junta 
general de listadtelica, y para darles la conveniente organización 
se espidió el 11. D, de 1 1 de Marzo de 1860 por el cual se esta- 
blecían 22 estaciones, una de ellas en esta capital. Se ordenó 
que las observaciones consistiesen en el conocimiento déla tem- 
peratura, presión atmosférico, rsLado higrométrico del aire, di- 
y fuerza de Im vientos*, lluvia y meteoros fáciles de ob- 



- 223 — 

servar, etc., y que se encargasen de ellas los catedráticos de Fí- 
sica de las Universidades é Institutos con su ayudante, donde lo 
hubiese, como lo fué aquí D. Máximo Fuertes Accvcdo, docto 
escritor asturiano. Al cesar el Sr. Salmean en 1866, el Observa- 
torio astronómico siguió á cargo de los catedráticos de Segunda 
Enseñanza y Facultad Srcs. Terrero, Ceruelo, G. Fradcs, Mén- 
dez, Aparicio y Trios; y este continua al frente de los trabajos 
del importante centro que son: 

l.' 1 Determinación de la altura barométrica conveniente- 
mente reducida á 0.° y corregida á las nueVe de la mañana y á 
las tres de la larde para deducir la altura media diurna y la osci- 
lación; 2. a Inspección de los termómetros, máximas al sol y som- 
bra y mininas á la sombra y reflector correspondientes al día 
anterior, para deducir la temperatura media, oscilación termo- 
mótrica, y diferencias mutuas entre las máximas y mínimas; 
3. a Apreciación de los grados psicrométricos para el cálculo de 
la humedad relativa, á las nueve de la mañana y á las tres de la 
tarde; 4. a A estas mismas horas, dirección y fuerza aproximada 
del viento, milímetros de evaporización y de lluvia y número 
relativo de nubes desde O al 10 y estado del cielq; 5. a Diario 
meteorológico para indicar el carácter más dominante del día. 
Por telégrafo remiten todos los dias al Observatorio central, los 
principales datos apuntados en la observación de las nueve de la 
mañana. 

Tiene el Observatorio ovetense, que hoy depende del Astro- 
nómico y Meteorológico de Madrid, instrumentos y aparatos ne- 
cesarios para su objeto, y cuenta con los termómetros, baróme- 
tros, atnómetros, termometógrafos, dinanómetros, pluviómetros, 
psicómetros, etc., perfeccionados, según el estado actual de la 
ciencia de las mejores invenciones y sistemas de Fortin, Bunlcn, 
Fastre, Pixii, Saussure, Barrow, Casella, Philips, Winckelman, 
Rutherford, Damcll, Peltier, Hobinson, etc., y libros de consulta 
como los de Daguin, Ganol, Hoefer, Swars, Frcssenius, Lelaunay, 
Liáis, Garcet, ¡vemtz, Sechi, Flammarion, etc. A continuación de 
las Memorias universitarias y del Instituto, se han publicado in- 
teresantes trabajos y resúmenes (l ). 

(rl Vedi» se prú.opn! r.ertr. la- [>;i!>!:> tcion ••< ik! Sr Salmw:i y <-".. l'r.idc*. E*tc pubiú •'•••» 
•SU w.i int^rC'.a-ite f >!lel >; • Iv>t.» ló-i moto ir. I. -„\ « <ic Ovifita -Resúmc-no» £01101.1 lo» wo. '.,«, 
Üj*vrvat-¡ont * realizad 1+ dj>dc 1 "> 5 1 poc- lilis .k .il¿m.t* noii^ia-. hUtiuicis- . 



— 224 — 

Y resla hacer alguna breve indicación, después de lo dicho 
acerca del aspecto académico y pedagógico de Ja Universidad 
asturiana, sobre su actual carácter y organización adminis- 
trativos. 

Bien se sabe que, desde la influencia rcga lisia del siglo xyiii 
y de cierta corriente autoritaria en parle del siglo xix, cambió 
la significación de la Universidad, principalmente en sus rela- 
ciones con el Poder, perdiendo aquella libertad é independencia 
que, bajo la mente del fundador, la caracterizaron en su primera 
época. El cambio fué más evidente desde la reforma de 1845 y 
disposiciones posteriores hasla la Revolución de Septiembre 
de 1868; y después la trasformación quedó á medio camino, 
disponiéndose ahora á proseguirla y á recuperar bien entendida 
autonomía. Desde el plan-tipo del ilustre primer Marques de Pt 
dal, dictado en eco y correspondencia á doctrinarias y centraliza- 
doras ideas francesas, tuvo la Universidad detallada y severa re- 
glamentación y otro fué desde entonces el alcance de la autori- 
dad rectoral, diferentes y mermadas las atribuciones del amplio 
Claustro de doctores y maestros, otros los cuerpos consultivos 
académicos y muy diferentes los estatutos directivos de la juven- 
tud escolar. Bajo patrón de igualdad y con vida sujeta a reglas 
poco flexibles, la Escuela universitaria tuvo en el aspecto exter- 
no marcado carácter oficial y burocrático, y servicios adminis- 
trativos muy complicados los funcionarios encargados del régi- 
men de la pública instrucción. 

No es de estas páginas demostrar con citas de innumerables 
disposiciones cuanto se ha legislado respecto á las modernas 
funciones del Rector, Vice-Rector, Decanos, Consejo universita- 
rio, Secretaría general, etc. No hay siquiera espacio en pági- 
nas de índole local para considerar la actual significación de los 
Claustros ordinarios ó de catedráticos propiamente tales de ca- 
da-facultad, ni de los Claustros, extraordinario y electo senato- 
rial, convocados á solemnidades académicas y elecciones para 
el representante universitario en la alta Cámara, reuniones á 
lasque vienen los jefes de establecimientos docentes del Distrito 
con los doctores incorporados; pero ya sin derechos y prerro* 
gativas de los del antiguo Gremio y Claustro con aquel carácter 
tradicional y de comunidad. Sobre tal organización se anuncian 



i 



-w— r.*- 



— 225 — 
reformas, que pudieran ser de gran utilidad, si se desenvuelven 
con acierto. 

Por lo que toca á la significación del catedrático, nadie 
ignora que desde la organización de 1845, después que el Estado 
en virtud de las leyes amortizadoras se incautó de los bienes 
de la Instrucción Pública (1), pasaron las Universidades á depen- 
dencia y administración oficiales y fué el profesorado supe- 
rior carrera honrosa de seguro porvenir. Ya no se ven aquellos 
casos de penuria y de pobreza de maestros de las antiguas 
Facultades, aunque los actuales, por las exigencias de la vida 
moderna, hacen compatible el profesorado con otras profesiones 
y trabajos. La importancia de los Claustros académicos crece á 
medida que es mayor la instrucción y el trabajo de sus miembros 
en pueblos deseosos de saber; porque cuando aumenta el des- 
arrollo de la enseñanza, cada día es más mayor la considera- 
ción de los Cuerpos que la propagan en medio de respeto gene- 
ral y de la proLección, á veces no efectiva, de los gobernantes. 
Ya también no está la Enseñanza y su personal dependiendo de 
extraños departamentos ministeriales, como antes de Goberna- 
ción y d3 Gracia y Justicia, ni siquiera del de Fomento donde 
permaneció mucho tiempo, y sí del especial de Instrucción Pú- 
blica y Bellas Artes, anunciado en 1886 y recientemente creado 
por la ley de 31 de Marzo y R. D. de 18 de Abril de 1900. 

Como todas las demás de la nación, la Escuela ovetense tie- 
ne Secretaría general con escaso personal para sus asuntos y los 
de la Instrucción pública del Distrito. En respectivo lugar se 
apuntan las consideraciones que, dentro del Claustro, tenía el 
antiguo Secretario, que hoy es destino inamovible de considera- 
ción, responsabilidad y hasta técnico con no escaso trabajo y re- 
tribución aumentada en sucesivos ascensos por el plan de 1845, 
ley de 1857 y disposiciones posteriores. La ley especial de 1895 
levanta y reglamenta las condiciones de aptitud, elección y 
propuesta del Claustro del Secretario y empleados á sus ór- 
denes.. 



•i} Asi aconteció con los fundacionales primeros de la Universidad Ovetense y con los pro- 
ci dente? después de antiguos arbitrios provinciales, donativos y legados posteriores como 1 1 de 
Viilamil etc. De liquidaciones arreglos y depósitos modvrnos se trató en Claustros de 13 de Junio 
tic 1S7'», 17 de Febrero de iSSo, .'j de Febrero de 1SS0, 15 de Noviembre de 1S90 y 15 de Mar- 
7<j, 14 de Abril y 13 Mayo de iSoj. 



— 226 — 

No deja de ser importante tarea la especial de redactar y pu- 
blicar estensas Memorias- anuarios desde 1858, con minuciosas 
noticias del personal, libros, medios de enseñanza, estadísticas 
de matrículas y exámenes, grados, títulos, diversos establecimien- 
tos de instrucción etc.; publicaciones que se resienten de extre- 
mado carácter oficial y administrativo sobre el importante peda- 
gógico, aunque modernamente, se inicia otra dirección más aca- 
démica y acertada á estas publicaciones, (1) si han de servir de 
estudio, de aplicación y utilidad como toda obra de orden cien- 
tífico-estadístico. 

Hay en la Universidad varios dependientes para su servicio; 
un Conserje ó Bedel mayor, dos Bedeles, dos Porteros y tres 
mozos de limpieza, estos últimos míseramente dotados. 

El presupuesto universitario se presta á interesantes y tristes 
consideraciones; pero como las cifras son por si bien elocuentes, 
la simple lectura del siguiente estado, ha de sugerir á todo lector 
el convencimiento de la vida apretada y pobre que trabajosa- 
mente arrastra nuestra Escuela, quizá como ninguna otra de sus 
hermanas 

Véase el siguiente cuadro de 



(i) El primero de c>los trabajos fue el siguiente. — 'Memoria acerca del estado de la en- 
señanza en la Universidad de Oviedo y en los establecimientos del Distrito de la misma en los 
años de 1858 á 1860 y Anuario de 1860 á 1861, precedidos de reseñas históricas. —(Oviedo, 
Imp. y lit. de Brid, Regadera yComp.-Enero 1864*.— Fué redactada, como ya se dijo, por el un 
tiguo Secretario del Establecimiento 1"). Benito Canclla Mcana, nuestro querido padre, y contie- 
ne estudios y consideraciones sobre las diversas enseñanzas, por lo que fué muy elogiada cuando 
su aparición. 

M Secretario D. Miguel Fernández y Fernández, que prestó tan buenos servicios á la Uni- 
versidad, publicó otros seis volúmenes con l.ts «Memorias- de los cursos 1860— 6t;=i8ói — 63; -- 
1862— 63; — 1863— 64;-- 1864— 65¡ — i865— 66; -1866— ó;- (Oviedo, imp. de Brid, Regadera y 
Comp. de Brid y Regadera, 18Ó2, 1863, iS6 4l 1865, 1866, 18Ó7 y 1868). 

Del celoso Secretario D. Manuel Gómez Calderón son las «Memorias» de los cursos 1S76 — 77; 
= 1885—86;= 1886—87;-- 1887— 88;---i838— 89; --1889 — oo;--i89o— 91; — 1891— 9a. La primera 
contiene reseñas históricas de los establecimientos y apéndices interesantes, como también estos 
últimos la de 1887 — 88. Las otras son principalmente estadísticas. 

El Secretario actual I). José Quevedo y G. Llanos es autor de las -Memorias* del curso de 
1S9S— 99 con apéndices bien escritos y de interés pedagógico y la estadística de 19.V»— or 

Han quedado sin publicar -zt, Memorias; las de nueve cu: sos comprendidos de iF'¿7 a itj^; 
och .« ó desde 1877 a 1^5; seis ó de 16 ~,i a 1803; y el de i¿ou a u/w. 



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— 228 — 

Para que por la profesión y cargo de quien esto escribe no 
se pueda ni suponer siquiera el más lejano móvil de interés per- 
sonal, únicamente se llama aquí la atención de todo lector que 
sepa la complicada y costosa vida de los centros de enseñanza. 
(si han de responder á las exigencias pedagógicas de la moderna 
instrucción y á los muchos gastos de índole administrativa) so- 
bre las cifras inverosímiles relativas al material científico, ordi- 
nario y de oficina, con las que es humanamente imposible todo 

buen servicio La dotación de algunos empleados de Secreta 

ría y de los últimos dependientes es, ademas de increíble, ver 
gonzusa; pero no menos cierta, 

Un día y otro los Rectores han reclamado de la Superioridad 
el urgente remedio á este mísero estado; y el Sfc Arambum íos 
acusó además en la prensa y en el Parlamento con su pluma y 
palabra prestigiosas. 

Y el remedio no ¡legó..,; no hay recursos ni un puñado de 
pesetas, que esto significa, mientras hay en los presupuestos 
partidas especiales y de utilidad muy discutible. 



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— 229 — 



CAPÍTULO XI 



Manifestaciones varias de la Universidad de Oviedo en el siglo xix. — Sucesos 
políticos. — Elecciones senatoriales. — Visitas regias y de ilustres personalida- 
des. — Visitas de inspección. — Acuerdos claustrales relativos á favorecedores 
é hijos distinguidos déla Escuela. — Proyecto de estatua al fundador seSor 
Arzobispo-Inquisidor D. Fernando de Valdés y Salas. — Concurrencia de la 
Universidad asturiana á Exposiciones, Congresos, Centenarios, Certámenes, 
etc. — Relaciones de la Universidad con las Hispanoamericanas y Extran- 
jeras. — Instituciones complementarias. — Escuela práctica de Estudios jurídi- 
cos y sociales. — Colonias escolares de vacaciones. — Excursiones escolares. — 
Extensión universitaria. — Clases populares. — Publicaciones académicas; Dis- 
cursos inaugurales; Anales, etc.— Significación provincial de la Universidad 
de Oviedo.— Los antiguos alumnos.— Estado actual.— Noticias y descripción 
del edificio universitario. — Siglo xx y centenario III. — Aspiraciones. 



Como se reseñaron en capítulo precedente, relativo al si- 
glo xvín, diversas manifestaciones de la Universidad de Oviedo 
en tal periodo, debe hacerse otro tanto con relación al siglo pa- 
sado, para que al menos en el apuntamiento de hechos resulte 
más completa esta reseña histórica, humilde por ser mía y como 
su autor desprovista de galas literarias. 

Apuntado queda el agitado movimiento político del siglo xix 
dentro del Principado de Asturias y de su influencia natural en 
la marcha de su Universidad. 

La proclamación de la Reina D. a Isabel II se verificó en 
Oviedo con entusiásticos festejos, á los que se asoció el Claustro 
universitario, que dispuso solenjnes funciones muy principales 
en el programa ovetense de 1833. Al rayar el alba del 17 de Di- 
ciembre se anunció la fiesta académica con salvas de cañonazos 
por la goleta Isabel II que, tripulada por gijoneses alumnos 
del Real Instituto Asturiano, «había arribado» á la Capital, y 
enarboláronse en la torre-espadaña de la Escuela las banderas 
de España y Sicilia, Francia é Inglaterra, aliadas de España. Se 



— ¿30 - 

celebró en la capilla misa oficiada por tres doctores y se cant< 
solemne Te-Deum ante el Claustro 6 invitados; y por la noche 
se celebró fastuosa procesión académica con los retratos de las 
Reinas hija y madre, entonando algunos estudiantes el himno: 

En hora felice 
la estrella de Italia, 
traspuesta la Calía, 
á España alumbró, etc. 

mientras todos los demás alumnos repelían el coro: 

Cantemos, astures, 
el día de gloria 
«jue en la fiel historia 
eterno será. 

Y todos victoreaban, unos á Isabel II y otros á la Reina Go- 
bernadora. La iluminación fué de mucho gusto y en las ventanas 
del edificio aparecían en trasparentes los retratos de las reinas 
españolas. En el patio se había improvisado bello jardín con 
fuente central de altos surtidores oprimidos por el tridente de ía 
estatua de Neptuno. El retrato de la Reina niña, objeto de tantas 
esperanzas, estaba en una de las galerías inferiores sobre lujoso 
trono, mientras en las interiores ventanas había nuevos cuadros 
y trasparentes con alegorías de las facultades de Artes, Teolo- 
gía, Cánones y Leyes. Tocaban la orquesta y capilla de la Cate- 
dral; el barco gijonés repetía las salvas; los fuegos artificiales se 
sucedían sin descanso; en la cátedra de grados se improvisó un 
baile; y duraron los festejos hasta bien entrado el día siguiente, 
cuando se arriaron las banderas de la torre y se despedía la regia 
goleta á cuyo comandante obsequiaron los estudiantes con her- 
mosa corona de flores del jardín universitario. Antes, cuando en 
vistosas comitivas la Ciudad y el Principado pasaron por la an- 
tigua calle de la Picota al castillo-fortaleza para levantar pendo- 
nes de «Castilla y Oviedo», «Castilla y Asturias» (tres veces 
repetidos) «por la Reina Nuestra Señora D. a Isabel II», el Claustro 
universitario vestido de gran ceremonia saludó desde un tablado 
sobre la «pedrera» de la Escuela, como en iguales ocasiones an- 
teriores. Ciudad y Provincia hicieron alto en tanto que la Capi- 
lla de la Catedral entonaba, al son de la orquesta, el himno raen- 



— 231 — 

cionado alusivo á la ceremonia, escrito por uno de los cursantes 
de Leyes (1). 

Vino la guerra civil con todos sus horrores y, bajo el estruen- 
do de las armas, el Claustro juró otra vez mas la Constitución 
de 1812 con el aparato de 1820 y al mismo tiempo fidelidad á 
la joven y combatida Soberana (2); y otro tanto se hizo con la 
Constitución de 1837, que remplazó á la de Cádiz (3). 

En 1839 lució el sol de paz tras del convenio de Vergara, y la 
l'mvcrsidad comisionó á sus doctores D. Juan Nepomuceno San 
Miguel, D. Agustín Arguelles, D. José Canga Arguelles, D. Pablo 
Mata Vigil, D. Alejandro Mon y D. Alvaro Flórez Estrada para 
felicitar á la Reina (4) representación de la patria desbastada. * 

Cuando los acontecimientos de 1840, la Junta local política 
no fué tolerante con algunos catedráticos; el Claustro se asoció 
á las felicitaciones ofrecidas al General Espartero, Regente del 
Weino, y dos años después reconoció ala Junta provincial de 1843 
no mucho antes de acQrdar funciones por la mayoría de edad de 
Isabel 11 y nuevo juramento de adhesión á esta Señora (5). 
En 1857 se dispusieron también festejos por el nacimiento del 
Principe de Asturias (6). 

Promulgado, como expresión de la Revolución de 1868, el 
Código político de 1869 y dispuesto el juramento de su obser- 
vancia para continuar en cargos públicos, se repitió en los Claus- 
tros la antigua separación de maestros que, por su conciencia 
digna de respeto, no asintieron á confesión semejante; y en Ovie- 
do se dio este caso con algún profesor (7). En otro género 
de recelos, si bien bajo la presión de la guerra civil de nuevo 
resucitada, se llegó al extremo de procesar á profesor dignísimo 
interpretando apretadamente ciertas manifestaciones del Discur- 
so inaugural (8). 

Realizada la Restauración monárquica y proclamado Rey 



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<i) Véase la «Relación de las públicas demostraciones de alegría con que la Ciudad de 
Oviedo y el Principado de Asturias celebraron la Real proclamación de la Reina Nuestra Señora 
H. k Isabel II —Oviedo, 1834. — Imp. del Principado». 

1 2) Archivo de la Universidad. — Claustro de 26 de Agosto de 1836. 

<3» Id. id.— Claustro de 2a de Julio de 1837. 

'4) Id. id. — Claustro de n de Noviembre de 1839. 

(5"» Id. id.— Claustros de 8 de Octubre de 1840; de 17 de Maye de 1841; de 15 de Julio, 
?4 de Noviembre y 1." de Diciembre de 1843. 

16) Id. id. — Claustro de 20 de Diciembre de 1857. 

{7) Id. Id. — Expediente del Dr. D. Francisco Fernández Cardin. 

18) Id. id.— Claustro de 3 de Octubre de 1874.— Expediente y cansa al Dr. D. Faustino A. 
del Manzano. 




D. Alfonso XII, el Claustro se asoció á funciones y actos públ 
eos con este motivo (1). En días después no faltó docto miembr 
de la Corporación académica que protestara del sentido y e: 
tensión del 11 I), de 2íi de Febrero de 1875 y Circular siguienl 
derogatorios de la legislación de libertad de enseñanza de 186 
al resucitar, respecto á textos, programas y doctrinas de cátedn 
prescripciones de la ley de 1857 y Reglamento de 1859, que y 
do encajaban en el espíritu pedagógico moderno (2). Justo e 
confesar que la política restauradora fué enseguida más tolefant 
y amplia y no se registraron en los anales universitarios restrk 
ciones semejantes, porque de otra índole fueron las molestia 
del Claustro en 1SSíT> (¿pie quedaron compensadas por su defer 
sa en la Prensa, en el Parlamento y en el Foro); y, apenas naci 
dos, no prosperaron reparos oficiosos á un artículo debido á h 
pluma de finado catedrático, célebre crítico (3). 

Los regios matrimonios de Alfonso XII, la prematura muerh 
de la hermosa é inteligente Reina Mercedes y los atentados frus 
lados felizmente contra el Monarca fueron objeto de varios 
acuerdos claustrales (i) asi de complacencia como de pena, por 
que el dolor y la alegría viven en unión y hermandad presidiendo 
la existencia. De igual manera la Universidad contribuyó ala sus 
eripciún patriótica en días temerosos de la patria, olvidada en su 
justicia [lorias naciones de Europa, cuando el violento ataque y 
el atropello inicuo de la ensoberbecida potencia americana (5). 
En otro orden de expresiones exteriores de nuestra Universi- 
dad, debe apuntarse aquí su manifestación en Madrid al par de 
otros centros de cultura del país. Cuando cesó la regia Regencia, 
al ser declarado mayor de edad en 1902 el Rey D. Alfonso XIII, 
á tenor de lo dispuesto en el precepto constitucional, se dispu- 
sieron homenajes y fiestas con motivo del fausto suceso. Fué 
uno de aquellos actos la presencia á Madrid de comisiones délas 



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con b pivirstíi de O Juié M. Fíerrt: 

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30 de Octubre rtt 1900 En d primen 
¿jado O. Manuel Dtaj Pedregali dcí\> 
tivo, aQutfdániioia también coloca 1 <-l 
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'4l Archivo de !■■> Ua¡ ventilad., - 
de 187&, y ji de Diciembre de 1879, 

tsí Archivo da la Universidad. - 



- 1 , li -.1 ■ ■- ilc 11, 12 y 23 de Enero de 1875. 
li.i ■ ; ni- ^míenlos coleccionados por M. Ruiz de Quevcdo, 
•., dimi-i maniti* y suspensos.— «Madrid, 1876); pág. XVI, 
1- y Hurtado, catedrático de Economía política en Oviedo. 

• L I .ti i-it - de Facultad de 27 de Septiembre de 1887 y de 
1 m iJ L-pii-n voto de gracia* al cx-ministro y reputado abo- 

tu ■ í\c\ Cláltitro ante el Tribunal Contencioso Administra- 
; Lid 1 lie i.in ilustre hijo de la Escuela en la Iconoteca 

(Je 16 de Enero, 27 de Junio y 26 de Octubre 

-CULitflru de 4 de Mayo de 1898. 




-233- 
Universidades y principales instituciones científico-literarias de 
España, celebrándose solemne festival académico ante SS. MM. y 
AA., representando entonces á la Escuela de Oviedo y su Dis- 
trito el Rector Sr. Aramburu, los catedráticos Sres. Berjano, 
Jove, Urios, Mur, Rioja, otros miembros y alumnos de los esta- 
blecimientos docentes, leyendo el primero una hermosa oración, 
esmaltada de citas y consideraciones, en que se condensaba el 
pasado y timbres de la antigua Universidad asturiana y sus tra- 
bajos de cultura para ser una Universidad moderna (1). 

De mas alcance y permanencia tuvo/y tiene el Distrito uni- 
versitario otra consideración, consagrada en la Constitución de 
1876 al' reconocer principalmente parala alta Cámara la repre- 
sentación del elemento social ó colectivo por medio de especial 
régimen electoral, como el organizado en la ley de 8 de Febrero 
de 1877 y disposiciones complementarias; y en su virtud elige 
la Universidad (sus claustros de catedráticos, doctores inscriptos 
y jefes de los Establecimientos) un senador. Desde las fechas in- 
dicadas se han celebrado doce elecciones; y, en tributo á la ver- 
dad, debe decirse que, no obstante de tratarse aquí como en 
otras parles, de cuerpo electoral reducido y culto, ni el sufragio 
se mostró activo ni la presión oficial dejó de presentarse en el 
Claustro, repitiéndose así la atonía y debilidad electorales,, 
que tan tristemente aquejan á nuestra nación. El mal fué general, 
salvo excepciones de fechas y lugares; el instituto electoral 
selecto, que debiera ser espejo y modelo en la materia, ofreció 
en los distritos académicos abstenciones y complacencias; no 
tuvo ó se le impidió en una ú otra forma que tuviera impulso 
propio para designar candidatos «suyos» con programa ó si- 
quiera orientación en cuestiones de Instrucción pública ó con tal 
significación científica, que esta bastara por si sola para la elec- 
ción merecida. No proceden aquí otras consideraciones porque 
al fin tiene la cuestión aspecto personal, demasiado vivo, y fue- 
ron los senadores Universitarios de Oviedo personalidades res- 
petables é ilustres, y, si algunos ágenos á la Casa, todos distin- 
guidos por buenos servicios al pais. Los nombres y los sufragios 

h\ Archivo de ia Universidad. — Claustro de 26 de Abril de 1902. 

Véase el interesante folleto:— «Ministerio de I. P y B. A. Discursos leídos el día 24 de 
Mayo de 1902 en el solemne Festival Académico celebrado en la Biblioteca y Museos Naeiona* 
le* con motivo de la entrada en la mayor edad de S. M« el Rey D. Alfonso XIII». — Madrid Im- 
prenta de los Hijos de M. G. Hernández.— 1902). 




— 234 — 

obtenidos evitan decir aquí más; ellos indican las luchas so.- 
nidas en determinadas elecciones; pero felizmente, A la postre, 
acierto del Claustro ovetense ha resultado eligiendo, como } 
aclamación, á su querido y celoso Rector Sr. AramburiK í-t¡ 
ciencia, palabra y escritos le hicieron merecedor, con aplau* 
dentro y fuera de la Universidad, de la senatorial y acadéim 
investidura. Su ya repetida elección responde bien al pens 
miento orgánico, que se persiguió en la composición del Señad 

Las elecciones de Senador por este Distrito universitai 
fueron las siguientes: 

5 de Abril de 1877. — Excmo. Sr. D. Alejandro Olivan: o 
tuvo 25 votos. 

3 de, Mayo de 1879. —Excmo. Sr. D. Lorenzo Nicolás Qui 
tana: id, 29 id. 

2 de Septiembre de 1881.— El mismo: id. 39 id. 

8 de Mayo de 1884.— El mismo: id. 29 id. 

25 de Abril de 1886. — Excmo. Sr. D.Francisco ValdésyMói 
barón de Covadonga, elegido por 27 id., obteniendo 21 id. < 
Sr. Dr. D, José González Alegre y Alvarez. 

15de Febrero de 1891.— Excmo. Sr. Barón de Covadonga: 24 ic 

19 de Marzo de 1893. -Excmo. Sr. Dr. D. Marcelino Menér 
dess Pelayo: 38 id. 

20 de Abril de 1896.— Excmo. Sr. Dr. D. Marcelino Menén 
dez Pelayo, elegido por 11 id., obteniendo 10 id. D. Juan Uña. 

10 de Abril de 1898.— Excmo. Sr. Dr. D. Marcelino Menénde 
Pelayo, por 27 id., obteniendo 22 id. el Illmo. Sr. D. Juan Uña. 

30 de Abril de 1899.— Excmo. Sr. Dr. D. Nicolás Suárez In 
clan: elegido 34 id. 

2 de Junio de 1901.— Excmo. Sr. Dr. D. Félix P. de Arambu 
rn: id. 15 id. 

10 de Mayo de 1903.— El mismo: 42 id. 

(Jira representación universitaria es la dispuesta por reciente 
organizador] del Líeal Consejo de Instrucción, habiendo sido 
nombrados consejeros correspondientes del Distrito academice 
de Oviedo el Rector Sr. Aramburu y los catedráticos Sres. Alva- 
res Buylla, decano, y González Posada. 

Tratando de otros sucesos memorables en la vida de nuestra 
Universidad figuran aquí en primer término las visitas regias. 



Después que Carlos I arribara casualmente á Villaviciosa en 
1517 ningún monarca español ni persona de la real familia visi" 
taron á la provincia de Oviedo hasta el presente siglo, y no ha 
muchos años. Fué la primera la reina Madre D. a Cristina de Bor- 
bón, que en 12 de Julio de 1852 visitó la Universidad, acompa- 
ñada de su segundo esposo el duque de Kiansares é hijos, vinien- 
do espresamente desde el palacio de Contrueces, en Gijón, don- 
de residían. Enfermo el Rector y ausentes muchos profesores, 
que disfrutaban de vacaciones, recibió á la reina Gobernadora 
el Decano Sr. Aramburu que, saludando á S. M. en nombre del 
Claustro, la acompañó en la Universidad, elegantemente adorna- 
da para recibir á la que en 1832 dio orden de abrir los estudios 
dos años seguidos cerrados por mandato de Fernando VII (1). 

Los Infantes duques de Montpensier también visitaron el Es- 
tablecimiento en 13 de Junio de 1857, presidiendo la Corpora- 
ción el Rector Sr. Alvarez Arenas. Los gabinetes de Ciencias 
Naturales, la Riblioteca y otros departamentos fueron vistos con 
agrado por los Infantes, demostrando varios y profundos conoci- 
mientos el hijo del Rey de Francia. Durante su permanencia 
en Oviedo concurrieron con frecuencia al Jardín Botánico y 
el Rector acompañó al Sr. Duque cuando este hizo una escur- 
s\ón á las antiguas y bellas basílicas de San Miguel de Lino y 
Santa María de Naranco. 

En 1861, para recuerdo de las visitas de D. a Cristina de Bor- 
bón y sus hijos los duques de Montpensier, se colocó en el ves- 
tíbulo del edificio, á un lado del arco de ingreso, esta lápida: 

D. O. M. 

(¿UAM CHRISTINA, 

FERDINANDI REGÍS OLIM CONJUX 

IV ID. JUL. MDCCCL1I 

IPS1USQUE FILIA LOA1SA FEROINANDA 

UNA CUM VIRO DUCE DE MONTPENSIER 

IDIB. JUN. MDCCCLVII 

DIGNABAN TUR INVISERE; 

NUNC MEMOR ACADEMIA 

UTRUMQUB DIEM FESTUM PLAUSU RECENSURA, 

MARCHIONE DE ZAFRA RECTORE, 

1N TANTOS HOSriTES 

GRATI ANIMI SÍGNIFICATIONIS INTERPRETE, 

PERPETUO INSCRIB1T. 

OVETI MDCCCLXI. 



• v ij Archivo de la Universidad.— Claustro general de i8;a. Se recibió con jubilo la orden 
fomunicada por S. E. la Inspección general de Instrucción Pública al Sr. Rector, juiz de estu- 
diar, é inmediatamente fué trasladada á los Jueces, Arciprestes y Curas de la provincia para co- 
nocimiento de los cursantes. 



— 236 — 

En 1858 doña Isabel II vino á Asturias en compañía de 
esposo el Rey D, Francisco y sus hijos los l rifan Ma 

Isabel y D. Alfonso, entonces Príncipe de Asi la I "ni v 

sidad de Oviedo celebró su venida con grandes y üui 

naciones. Cuando en 4 de Agosto visitaron la Escuela, adoren 
el establecimiento con esquisito gusto y elegancia, v el t ¡láttÉ 
general, presidido por el Redor Sr Martin San/ lo p 

sentes el Ministro de botado y personajes palatinos recibió ú. I 
Monarcas, acompañándolos á lodos los departamentos del ed 
db, que vieron coa satisfacción las Reales p< Doña I¿ 

bel II mandó cubrirse al Claustro, enuso de antiguos privili 
después del besamanos tu vo lugar un refresco. Levantó; 
acta minuciosa de tal visita que, firmada en Madrid en 3 de Ma 
de IKóív fué encuadernada con esmero y guardada en el Archí 1 
del Establecimiento (1). 

Para conmemorar esta visita se erigió un monumento eti 
centro del patio principal Tiene por remate el broncead* 
de la Reina, fundido en la Fábrica nacional de Traína, y en el ma 
móreo pedestal se ostentan en la parte de E. las armas de Esp 
ña, en la de 0. las de Asturias y al S< las de la I universidad, leyr v i 
dose al N., frente u la puerta principal, la siguiente inscripción 

EL1SAHKI lí 

HlSPANiARUS k í O J N A I 

uVtl'KNSO ACADEMM.M 

I'RJDIK NONAS 4DG0ST1 ASHí MDCCCLVU1 

JPíVISENTI 

COMíTANTE KF.r*ro CONjr i 

MON L¡MEN TU M HUC 

KAO I £ T 1 R ü m o K I* o 

CtfR AVIT FX5TFJ RH j .1 M 

También cuando su breve excursión por la proviu< 
1872 el Rey D. Amadeo I de Saboya vino á la universidad. Coi 
una comisión de catedráticos, el Rector Sr* Salmean le salud 
en Gijón, le acompaño en su visita al Instituto de Jovellano 
y presidió el Claustro ovetense cuando visitó la Universid 
15 de Agosto, Vio el Rey los diferentes departamentos de 1¡ 
Escuela, decorados como en análogas ocasiones, y demosl 

lij Este dQCUffl • *t piiMica en la primera Mc:n ria uní*..: 

P.ira conocimiento de otaoj icu«r<f< n< -i ■- p&t i 

lírtsunic libte - > Viaje tic SV M M v A A 

4v Ditri de U Ra<k y Diluid 



— 237 — 

tisf acción por el lisonjero estado de la enseñanza, siendo despe- 
dido con el mismo ceremonial de la entrada. 

En 15 de Julio dé 1877 fué la visita del Rey D. Alfonso XII 
acompañado de su hermana la señora Princesa de Asturias, de 
los ministros de Fomento, el asturiano Sr. Conde de Toreno, de 
Gracia y Justicia y de Marina con dignatarios de la Corte y las 
primeras autoridades de la Provincia. Fueron recibidos por el 
Claustro extraordinario presidido por el Rector Sr. Salmean, que 
saludó al Monarca y Princesa con expresiva oración de bienve- 
nida. Con fácil palabra contestó S. M. al discurso rectoral: re- 
cordó las gloriosas tradiciones y timbres históricos del Principa- 
do de Asturias, conmemoró sus ilustres hijos los reyes Pelayoy 
sucesores, á Feijóo, Campomanes, Jovellanos y pantos otros 
eminentes en Ciencias y Letras; dijo qué, terminada felizmen- 
te la campaña de la guerra, era indispensable emprender la de 
la paz, que consiste en el desarrollo del trabajo en todas las es- 
feras de la actividad humana, para borrar las huellas de la lucha 
devastadora y desenvolver los gérmenes de la prosperidad na- 
c\oi\al, anhelo constante de su pensamiento: que para tan noble 
y patriótica tarca contaba seguro el ilustrado concurso del pro- 
fesorado español; y concluyó exhortando á los miembros del 
ovetense Claustro á que continuasen estimulando á la juventud 
con el ejemplo de aquellos dignos compatricios y encaminándo- 
la por la senda del honor, para que en su día pueda contribuir al 
progreso y engrandecimiento de la amada patria. La Corte hizo 
detenida visita á todos los departamentos de la Casa (1). 

En lápida conmemorativa se colocó en el vestíbulo de la Uni- 
versidad la inscripción siguiente: (2). 

D. O. M. 

ADEPHONSO XII 

II1SPANIARUM REGÍ. 

SOROR1QUE EL1SABET 

ASTURICARUM PRINC1PATUS PR/ESlDI. 

OVETENSEM ACAÜEMIAM 

JD1B JUL. MDCCCLXXVII 

1N VIS ERE DIO NATIS. 

RECTOR MAGISTRORUMQUE ORDO 

HOC GRAT1 ANIMl MONUMKNTUM 

1N TANTI DIEI MEMORIAM 

PERLIBENTER DICAVERE. 

OVETI MDCCCLXXVII. 

(i) Archivo dcla Universidad.— Claustro de 15 de Julio de 1877, acta publicada coinoapcu- 
&ce de la Memoria universitaria, impresa en 1878. 

(2) Cuando se conmemore en marmórea lápida la visita del Rey D. Alfonso XIII será oca* 
«ón de subsanar con análogo recuerdo, la del rey D. Amadeo I, injustamente olvidado. 



aj8 - 

La reciente ultima visita fué del Rey D, Alfonso Mil 
hermano político el Sr. Príncipe de Asturias, consorir, tO I** ■" 
nana del ti de agosto de 1902 concurriendo también el asluriai 
Ministro de Agricultura y Oteas Públicas, Excmo. Sr I» Féñ 
Suatez facían. Presidió al Claustro el Rector Sr, Arambui 
se dirigió a hs Ueales personas mu elocuente buen diseurs 
que agradeció el joven monarca» pasando seguidamente * 
acompañamiento á ver las dependencias universitaria 
recuerdo de su rápida estancia se dedicaron A S. M 
piares encuadernados de la primera edición de esta "Historia 
y del tomo primero de los c*Anales Universitario?*. El rey ofr< 
ció, al examinar el Museo de Historia Matura!, un ejenipi 
perdiz, que cazaría con tal objeto, para reemplazar el deteriora 
do que había reparado en el Gabinete 1 1 ) 

De mas visitas oficíales cabe hacer también especial mcn< 

En 1845 fué visitador regio el .lefe político de la provioci: 
Sr. Rui/ Cermeño para plantear las reformas del nuevo plan rh 
estudios del ministro Sr. Pidal; en 1858 La de inspección 
Consejero ponente del. P, Sr. Alvares Arenas, antiguo Ri 
en 1876 y 1880 verificaron otra visita análoga loa Inspe 
generales Sres. D. Manuel Colmetro y I), Alfredo Adolfi 
mus: y en 1H85 vino á formar desagradable r infructuoso expc 
diente el Sr Campillo (2). 

Notorias fueron otras visitas de ilustres personalidades: En 
1H77 las del estadista español I 'residente del Consejo de Minia* 
tros Sr, Cánovas del Castillo, y días después la del anti 
drático de la Escuela Sr, D, José de Posada Herrera, p 
ala sazón, del Congreso de los Diputados, quien se complació i> 
cordando antiguas memorias de alumno y profesor en estas au- 
las; en 18781a del sapientísimo filósofo y Cardenal Arzobispo 
Fr. Ceferino González, hijo de Asturias; en IKSU la del celoso 
Director general ele Instrucción pública Sr Cárdenas; en issj 
las del ministro de Fomento Sr, Alvareda, que suscribió la me 
morable circular de 3 de Marzo de 1881, mantenedora ; 



i) Arthnü de la LTnivenidad. — OáuUro de 6 tli; Ajf^íio Je i -j >j t j 

r.,¡v.r.;i,,r. • de < YvV ■' 

la i Am;1- 

rjcmbí r: de M.ivii de 1885* 



— 239 — 

fueros de la cátedra, y del senador universitario Sr. Quintana, in- 
cansable defensor de los intereses provinciales; en 1883 la del 
inmortal poeta Zorrilla; en 1884, la del Ministro de Fomento 
Sr. Pidal y Mon, obsequiado por el Claustro con expresivo ban- 
quete; y en 1889 la del Sr. Salmerón, ex-presidente del Poder 
ejecutivo de la República (1). 

Tratando de personalidades ilustres, otras memorias regis- 
tran los libros claustrales en honor de los hijos distinguidos de 
la Tniversidad en el siglo xix, ya en ocasión de sus merecidos 
ascensos ó concesión de grados de honor como lambién de fúne- 
bres disposiciones cuando su muerte. Se deben recordar, cual 
.se hizo tratando de época anterior. 

Con alborozado y tradicional repique de campanas, función 
de iglesia, iluminaciones y otros festejos, según los casos, se ce- 
lebró la elevación de antiguos escolares y maestros, que la es- 
cribían con afectuoso ofrecimiento al Claustro. En 1801 por el 
Sr. Torres Cónsul, nombrado Teniente Gobernador de Madrid; 
en 1805 por el ex-Rector Sr. llevia y Noriega (D. Francisco), in- 
quisidor de Sevilla y después Secretario del Patriarca-Inquisidor; 
en 1807 por el Sr. Pérez Villamil, auditor general del Consejo 
supremo del Almirantazgo y mas tarde Secretario con voto del 
Consejo de Estado; en 1808 por el patriota Sr. Alvarez Acevedo, 
ministro de la Real Audiencia y Jefe político provincial en cir- 
cunstancias difíciles; en 1815, por el Sr. Hevia y Noriega (D. José), 
Regente de Granada, Fiscal togado del Consejo de Guerra y Ma- 
rina y Consejero de Castilla, elevado en 1833 á Camarista; por 
el Sr. Fernández San Miguel (D. Juan N), agente fiscal y después 
Consejero del Supremo en 1831; y por el General Ministro mar- 
qués de Camposagrado, muy favorecedor de la Universidad; en 
1816 por D. Bartolomé Cienfuegos, Obispo de Mondoñedo; en 
1HH5 por el ministro y después Presidente del Consejo Sr. Conde 
de Toreno; en 1836 por el Sr. Valdés Busto, presentado para el 
Obispado deTarazóna; en 1838 por los Sres. Món y Héctor Mata 
Vigil, ministro* de Hacienda y de Gracia y Justicia; en 1841 por 
el divino Arguelles, elevado á la Regia tutoría; en 1844 por Pi- 



'il Archivo de l.i L"n¡vcr-»i l.td.— Cl;tu>iro; de -í y iS do Avr ><1»i tic 1677, 'Je >(> de Orii.'ue 
*'■* 1*78, 4 de Ago-ao de 18S0 íL 15 de Julio y 20 d; S;,. Sembré de i'-'^.z >' 4 de Ag j>to de 1^4. 

Li Academia de Jurisprudencia celebro vel.1d.1s e.i 1) ;ior de 1-is celebres poetas Zorrilla y 
Ku¡/ Aguilera. 



da I (D. Pedro José), ministro, y después en oirás ocasione! 
también por el St\ Uón; en iK5í ai General Duque de S 
gucl t cuando el movimiento polílieo de aquel año; en 1 
los Sres, Posada, Herrera y Fernández Negrete como en oi 
fechas en que fueron Consejeros de la Corona; en este mis 
ano por el ex-Reetor Sr + Alvares Arenas, nombrado Coi 
ponente de Instrucción pública, & quien el Claustro oír 
recuerdo de intimo afecto un bastón de mando (1), ntimmne: 
aquellos exteriores acuerdos de alegría y satisfacción unjveí 
fueron reemplazados por expresivos telegramas y cartas dp enJ 
rabuena a los antiguos alumnos y distinguidos acunan* 
cados en los primeros cargos del Estado y de Ja Iglesia, i 
los Srcs r Lnzcoili, Lorenzana, Barzanallanas, Pedregal. Toreí 
Ruíz Gomes, Tidal (A), Sánchez Bastillo, Marqués de Pida I, M 
qnés de Te verga, S.nárez Inclau (L*. K. y D, F.), obispos Güi 
sola, etc., etc. 

La concesión de grados honorarios de doctor fue Lambí 
acordada en la püsada centuria- En 1815 se otorgó el doctoral 
en Cánones al Consejero D. José Hcvt¡) y Noi 
título é insignias ana comisión dr Doctores, I< 
lello y Fernández San Miguel que á la sazón estaban en Madri 
en 1H21 se desestimó, como desusada, una propuesta es< olar j 
diendo la elevación al doctorado del Sr Plores Jotrada, y 
Claustro acordó otra suya otorgando al gran economista el do 
torado de ambos Derechos en atención *á sus servicios, cienci 
patriotismo y padecimientos» (2). El regreso de D, Agustín A 
güolles si la tierra nativa, después de tanl de auseí; 

tantos lauros en la tribuna gaditana, de tantas persecuciones 
sufrimientos y de tantos méritos en el regio consejo, fué oí 



itj Archivo de L» Viiíversidad. — Claustro» de si de Diclrrid i 
Abril de 1807, ia de Octubre de iSoS. iz de Üutubft de i^i?: 73 de F«bi 
lo y 18 de Nnvícmbre de iéSi$; 10 de Noviembre de iBj^ 13 de ft*ar*ú * 
E3 de Mano de 1834; 16 de AUil de iB>6; jo de Fnero, jo m 
i8>B; ?7 de Juli" y 28 de Agüito de 1841; o de Mayo de 1044; *& de Abril de t 
hrc de i$¿3; y en crtnu ocaiÍo<t<e* por carta* y oh. 
. 1 ] c >í de \i-- inten 
ttti CMoatro ile La Facultad de Derecho dt- 1- de ÍlLuto de i&ía> 
al pe;, - rornnncióo de4 »ran poela Laft>poamor, gloria de A»'- 

Ar:imburu »e iiiri.i;M. ^ 11 i:v^m>i\ .. vin.i ..i ejt mihísiro Sr, Romen. I 

nl*i Vj á propuesta u ordo 3,i relebratíotí dt nurt gi 

:. en le ünivetíidad a la iiue *c invierta al cfleísre hijo de Navia y al 5-. 
vcrtUirl 

líthjva .: t : I —Claustro de 17 de Enera d* 

— Mm U*í veces he pedida eti libro- y pcHi 

11 Klérer Bitmdj, r.hid;ido* en d £*»< 1 terki - 



— 241 — 

de memorables acuerdos universitarios en 1822 cuando el Arísli- 
des español llegó á Oviedo. Mejor que en la concisa relación del 
libro claustral se refiere esta investidura en notable libro bio- 
gráfico: 

«Se distinguió la Universidad en obsequio del Sr. Arguelles. 
Pasó una diputación de su seno á felicitarle, y aquella misma 
nocho celebró claustro pleno en casa del Rector, donde se acor- 
dó inferirle el grado de doctoren ambos Derechos, lo mismo que 
úl los Sres. D. Francisco Martínez Marina y D. Lorenzo Rivera, 
diputados á cortes de 1820 y 1821, al Sr. D. José Canga Argue- 
lles, ex-ministró, nombrado para la de 1822 y 1823, y al Sr. don 
Manuel María Acevedo, jefe político de la provincia. Al Sr. Conde 
de Toreno se le confirió el grado de Doctor en Leyes. 

»Una diputación pasóá comunicar lo acordado á D. Agus- 
tín y al Jefe político que eran los solos, que se hallaban en Ovie- 
do, por si gustaban recibir el grado con la pompa y ceremonia 
acostumbradas. Mas los interesados contestaron: que, agrade- 
ciendo infinito la honra que les hacia el Claustro de la Universi- 
dad, esperaban se les dispensase de recibir el grado con la so- 
lemnidad del caso, añadiendo Arguelles: que tendría gran satis- 
facción el presentarse al Claustro privadamente, si posible fuera. 
» Accediendo este á sus deseos se reunió, en efecto, al día 
siguiente; y habiendo mandado una diputación de cuatro indivi- 
duos de su seno salir á recibir á los Sres. Arguelles y Acevedo, se 
presentaron estos, y el Rector les puso en la posesión de su gra- 
do de Doctores. Concluido el acto, sentáronse entre los Decanos, 
se dirigieron las arengas y hubo los abrazos, que en tales casos 
se acostumbran. 

«Terminado el acto, bajaron todos los doctores á la cátedra 
de Vísperas, ocupada ya por una numerosa y escogida concu- 
rrencia. Gozoso Arguelles y lleno de emoción, al verse rodeado 
de tantos amigos y antiguos condiscípulos, les dirigió la palabra 
y en un breve discurso, recordó que en aquellas aulas había pa- 
sado sus mejores años. Haciendo una reseña de los trastornos 
que había experimentado desde aquellos tiempos la nación, en- 
careció las ventajas que resultaban de la libertad bien entendida 
y de la puntual y exacta obediencia déla Constitución política 
de la Monarquía; concluyendo por exhortar á la juventud á que 



— 2^2 — 

aprovechando la nueva era que abría al sabe) ma líber 

se dedicase incesantemente al estudio para & din útil 

SU pütri:i 

Tomó la palabra para contestarle 0. Tomás Joaquín ! 

da. cursante en Jurisprudencia; le felicitó en nombre de s 
compañeros, y felicito no menos al país por aer cuna del I 
cu de la libertad; Con cuyas palabras terminó la eeremor 
liendo de la Universidad Arguelle* y el Jefe político entre infii 
Los aplausos con un lucido acompañamiento, que les coa do jo 
su casa* (1) 

Kn glorificación de otro doctor esclarecido también ton 
Claustro parte activa. En 1810 y 1861 intervino en el expedie 
le de beatificación del famoso P, Cádiz, y ¡se asoció á la soleuin 
dad religiosa del Cabildo Catedral en 1894 cuando el virtuoso 
elocuente capuchino Eaé canonizado porS, S< Le<>n XIII (1 u 

De igual malicia, en días de luto mostróse la Universida 
abatida y apenada cuando la muerte Je arrebataba a sus liíj*3 
preclaros y favorecedoi 

En 1802 falleció el egregio Conde de Campo manea fi «juie 
la Escuela debió su reforma con generosos alientos en 177' 
otras ocasiones; que tuvo para su progreso y el adelanto d 
maestros y alomóos el amor de un padre diligentísimo; y<j» 
miraba á estas aulas como »cosa suya», según repelí;: 
misionados de la Provincia y del Claustro enviados 
Auus hacia <|ue el famoso lujode Tinco arrastraba vida oscura 1 
retirada, debilitado en sus antiguas energías y muy comp!a< 
con el satélite que entonces brillaba en los consejos y hasta ei 
la Cámara de los reyes ¡pero su muerte revivió aletargados sentí 
miento* de gratitud en corazones asturianos, y la corporactáj 
universitaria le dedicó suntuosos funerales á la manera de lo; 




i 

- I .i IjttidAtorin <i. : l 1 1 1 ; r si i r 

Cljiüütms <fe i.o> ti y 12 «le Febrero de 1S31. Kn 1 
IX Agustín Arfftelle* pudiera ^er elector en Madrid, ya que |jitr ~u \< 

1,7 *c le otiíidió uu precióte LÍluia, qi 
galanJu mi nouihk- uil.i-: iiciitírifico y remitiendo con c&pre»ivn dedicatoria un rjetm 

, . n hUtiiricodc La Refoim* coniUtucíím&l , 
■Hiuoñ* iJt.i levanta quemo, jucr» y t* Efpa&a*, [I 

y 35 di: Junio tic l8)0), 

FJ - U.iMin dal 

madre, poi hahei 
kr írnluiIVC y |c 

de .•c , • de J11I 



— 243- 

del Obispo Pisador», colgando de negro toda la capilla, vistiendo 
lo? doctores las insignias de luto, doblando las campanas en va- 
rios días y oficiando en la fúnebre misa los doctores mas distin- 
guidos: el limo. Sr. D. José Palacios, del consejo de S M., digni- 
dad en la Catedral y Provisor de la diócesis con los canónigos 
I). José Agustín de Lago, magistral, y D. Sebastián de Cosió (1). 
En 1811, entre el fragor de la guerra y el desconcierto pro- 
vincial, una vez más injustamente perseguido el célebre Jovella- 
nos, arrojado por la tempestad de los mares y la tormenta polí- 
tica, murió en el pequeño pueblo de Puerto de Vega cerca de 
Xavia,y tuvo allí los primeros funerales y sepultura provisional; á 
las exequias y sepelio concurrió en nombre de la Junta Sobera- 
na de Asturias, á la sazón en Castropol, su vocal el Doctor Ca- 
nella, catedrático de la Universidad, especialmente con este 
carácter, á más de la amistad que había tenido al virtuoso pa- 
tricio. Cerradas Escuela y Capilla (convertidas en cuartel y 
almacenes) en 1812 y disperso el Claustro, su representación 
más numerosa concurrió después á los funerales dispuestos en 
sufragio del sapientísimo asturiano en la ovetense Iglesia cate- 
dral (2). 

En repetidos acuerdos, ultimados en 1828, la Corporación 
dispuso exequias por el generoso hijo y protector de la Univer- 
sidad el Regente del Reino Sr. Pérez Villamil, recordando el 
amor que le tuviera en vida y el desprendimiento con que la fa- 
voreció en muerte (3); en el mismo año por el Consejero Torres 
Cónsul y el Dr. Venayas, también benéficos para la casa Uni- 
versitaria y su Riblioteca (4); en 1836 por el Doctor Rivera (5); 
y en 1866 por el primer Marqués de Pidal, el reformador de la 
Instrucción pública española (6). 



'ij Archivo de la Universidad.— Claustros de 22 dz Mayo, 18 de Noviembre y 1 y a de 
I)¡ciembre de 180?. 

(2) Archivo de la Universidad. — Claustro de 9 de Febrero de 18 r 2. 

(3) Id. id.— Claustros de 1." de Mar/o de 1824 y 24 de Octubre y 12 de Diciembre de 
i8í3. 

Vcáse • Discurso que en las solemnes exequias de la Real Universidad de Oviedo, á la memo- 
ria de su bienhechor el excelentísimo Sr. D. Juan Pérez Villamil, fundador de una cátedra de 
Religión en la misma, dixo el R. I'. M. Fr. Manuel de Caso, catedrático de Teología y moderan- 
te de Oratoria* —Con licencias necesarias. — Oviedo en la oficina de la viuda de Prieto. — 1829. 

(4) Archivo de la Universidad. — Claustros de 15 y 26 de Marro de 1828 
(5» Id. id.— Claustro de 26 de Agosto tle 1836. 

• 6) id. id.— En 6 de Febrero de 1866 se celebraron suntuoso* funerales por el Dr. D. Pe- 
dro José Pidal y la Exenta. Sra. Marquesa viudi de Pidal dirigió al Claustro muy sentida carta 
de gtatitud. 




— 244 — 

Las rutas claustrales registran igualmente más fúneb» 
iierdoq. 

Eo 1sí:í para traer a la Capilla de la Universidad lo- 
ni. átales del célebre P. Feijóo, que yacen en la ex-lgtesifl 
cal de San Vicente, hoy parroquial de la Corte, iniciando Mf 
de un panteón académico, que algunos quieren iniciar, 
lauto fuera posible, con H traslade a Oviedo del bellísimí I 
mentó de Salas doné el fundador esclarecido Ar/ 

Inquisidor Valdés; en 18Sít ofreciendo homenaje funerario, de 

j capilla, cuando la traslación á Oviedo de lOa rest 
Obispo del Ton-Kin, V. Fr, Melchor Sampedro* el proto-mart 
asturiano, que antea habia recibido en llareelona poi 
de sus doctores Luanco, Bas, Rubio, Torl Lie. Rodi 

Latin; en 1890 cuando se trató de análoga traslación icn qn 
debe inaistírse) délas cencas del doctísimo Martínez Marín: 
que descansa en Zai , en 1894 ordenando en sufragi 

riel asturiano Cardenal arzobispo Vr. Zeferino González ew 
quias solemnísimas y otro acuerdo para imprimir especial pübl 
cacion, que no pudo realizarse (1). 

Casi de ayer fueron análogas disposiciones. También en 1891 
falleció el reputado catedrático D. Guillermo Estrada VHlai 
notorio por su sabiduría en la cátedra, en la tribuna ven la 
sa, varón di stinado & prominentes cargos y lucimiento, si su txst 
deslía no lo hubiera estorbado. Profesábamosie Olíal cariño lo 
compa ñeros, muchos antiguos discípulos, y cuando su pcrdid; 
sen t lilísima se lomaron amorosos acuerdos en honra mcrecidí 
desús despojos, y llegando también al Parlamento y al Trono ei 
Earor de SU familia í2)< No mucho después, en 1901, su 
Claustro otra pérdida de gran valia con la prematura muerli 
del profesor D, Leopoldo G, Alas, inteligencia poderosa, 
de las plumas más prestigiosas de la España del siglo xix 
Maestro de profundo espíritu pedagógico, ora nial, EIÓso 

fo y economista, severo crítico en todos los géneros literarios 
que avasallaba con dilatado saber, novelista y periodista rncnh 
simo, que lodo ésto y mus fué el célebre Clarín, ornamento di 

it] Aíeíiivii de la Univpriifi^d— Cliuitfii* de a a de Noviembre de 1&43; »j-r 
»j d. Íü¡ de i} de Mayo de i&qq; y de JO de N -.-i ii iiiIitc de tSf>4 

fa) Archivo dt la ' Dkicmt/re de 1894 1 ti 



-245- 

la Universidad asturiana (1). A su duelo se asociaron enseguida 
con telegramas y cartas las firmas mas notorias de la política, de 
la enseñanza y de las letras; el entierro fué como una explosión 
de dolor; el municipio ovetense, al que había pertenecido Alas, 
propuso un monumento á la memoria del docto escritor y dio su 
nombre ü la calle en que había vivido muchos años. El Claustro 
colocó el retrato del ilustre miembro en la iconoteca; avivó con 
gestiones la merecida concesión por las Cortes de una pensión 
extraordinaria á la viuda é hijos; le dedicó el discurso inaugural 
del curso siguiente y página especial en los «Anales Universita- 
rios» con notables trabajos, donde el Decano Sr. tíuylla y el pro- 
fesor Sr. Altamira revivieron la figura del malogrado polígrafo; 
y, por último, compañeros y alumnos costearon rtiarmórea lápida 
en la aula núm. 8, descubierta con expresiva solemnidad aca- 
démica: 

En esta cátedra explicó 

el insigne maestro y publicista 

Leopoldo Alas 

1883— 1901 

RECUERDO CARIÑOSO DE SUS DISCÍPULOS 

Uno de los últimos discursos del inolvidable Leopoldo Alas 
había sido en la solemne velada dispuesta por el Claustro, cuan- 
do la muerte del gran poeta y pensador Campoamor, en el teatro 
ovetense (que lleva el nombre del autor de la l)oloras y á pro- 
puesta de Clarín) conmoviendo al público con la efusiva ora- 
ción que entonces pronunció, recibida con nutridos aplausos 
como las del Rector Sr. Aramburu y catedráticos Altamira y 
Melquíades Al varez (2;. 

Como se vé por las anteriores manifestaciones, la Universi- 
dad de Oviedo procuró responder con gratitud y admiración á 
los servicios y merecimientos de sus hijos. De manera más inde- 
leble tomó nobles acuerdos en 1867, con la siguiente expresiva 
lápida de reconocimiento, que puso en el vestíbulo, dedicada al 
espléndido Fundador y al animoso Deán Asiego, que aseguró la 



(t) Archivo de la Universidad. — Claustros de 26 de Noviembre de 1901 y 28 de Febrero 
de 1902. 

—Anales de la Universidad de Oviedo. —(Oviedo 1902). 

(2) Archivo de la Universidad.— Claustros de 15 y 21 de Febrero de 1901. 




— 2\<% — 

a fundacional; al P. Frijón, gloria de estas 
protector Campomnnes: 

!■_ O. W. 
ÍMCSTM ADMoMM AfiCMlKPfóCOI 

KERlilNAM"' VAlliFS i' l SAI, A?, 
MrxíFRM jrují S STtí Di O Jt UN Atij \ 
JOAN NJ DE ASI, 
t.ANt>L>KNTJÜ JAM IHV INSTITUÍ! STItKtfUO > 
ÍIlt£DtCTO 1'EljOO, 
KRROKi II l N K GRASSAKIITíM |)RP 

AIMAH VEHI'I Al ls « C'LTtUtl II 

ii KKQ1 i LriÉSACtlS I. L herís MtUlTO KACiSTBO, 
COlfl M DJ 
t-rltjentj Kfct;ii PATRUQI i rulIS VINDIC1 
DISCIPLINA 1UH Al* si KM UN I *Qi B fcl>AI CLORI 
A»! UIA 
INT1 

HOC Musiwiks M \J il'i I 

i \ Li 

\ máa aspira el Claustro, haciendo suya la obligación de . 
tniiíis á la gratísima memoria del Arzobispo de Sevilla, ¡mpul 
dov de la cultura provincial y dispensador aquí y en i 
nea de múltiples beneficios v obi El antiguo proyecto 

mas adecuado recuerdo estatua rr ib al magnifico Prelado Fon< 
dor. es de esperar que se realice ahora por el ¡ni ntusi 

nvodei Rector Sr, Araraburu, habiéndose ya acudido á lo 
Poderes del Estado y estando en estudio loa medios de 
o! ciclado monumento al hijo insigne do Salas* 

Los diputados asturianos I). Manuel Pedregal 
0. Julián t ¡aria San Miguel, D. Ventura Ülavarriela, D. 
ílro fcfon y Martínez, D. José Mana Gelleruelo, D. Alejan 
ilal y Món y el antiguo catedrático D, Matías Barrio y Süer pj 
sentaron al Congreso en 6 de Junio de 1894 un proyecto 
en que «asociándose al noble pensamiento riel Rector j Profeí 
res de la Universidad ele Oviedo, que se proponen erigir un bus 
colosal ni fundador de aquella ilustre Escuela* en el centro d 
edificio, construido á sus expensas, pedían la concesión del bro 
ce necesario- En sesión del día 12 apoyó la [imposición i 
Pedregal, qnfe fué nombrado para la comisión informadora ( 
Unión de los dichos diputados Srcs. Barrio, Món y San 
con loa Srea D. Rafael Prieto y D* Faustino Rodriguen San P 
dro; al dictamen, fecha del día 25, se presentó una enmienda i 
[os diputados I), Félix Suárez Inclán, IX José lióme/ Pelayí 



— 247 — 

D. Julián Suárez Inclán, D. Ferhando Ceballos, D. Manuel Iranzo 
Benedicto, D. Emilio Díaz Moreu y D. Alfonso Flórez, para que 
el busto del fundador fuese colocado en la Plaza de Riego de 
Oviedo, cerca de la Universidad; el Congreso aprobó el proyecto 
primitivo en 15 de Febrero de 1895 y fué remitido al Senado. 
La alta Cámara nombró tres días después la comisión dictami- 
nado ra, compuesta por los senadores Sres. D. José García Bar- 
zanallana, presidente, D. Manuel González Longoria, D. Fermin 
Hernández Iglesia, D. José de la Torre Villanueva y D. Plácido 
Jove Hevia, vizconde de Campo-Grande, secretario, que presen- 
taron dictamen favorable el día 20, aprobando sin debate el 22 
y votado definitivamente el 23 de Febrero. En su virtud se pro- 
mulgó la siguiente ley: 

DON ALFONSO XIII, por !a gracia de Dios y la Constitución Rey de Es- 
paña, y en su nombre y durante su menor edad la Reina Regente del Reino; 

A todos ios que la presente vieren y entendieren; sabed: que las Cortes han 
decretado y nos sancionado lo siguiente: 

Artículo i.° Se concede á la Universidad de Oviedo el bronce necesario 
para fundir un busto semicolosal del fundador Sr. D. Fernando Valdés, que se 
habrá de colocar en el centro del edificio construido á sus expensas y destinado 
ala enseñanza universitaria. 

Artículo 2.° £1 Sr. Ministro de la Guerra señalará la cantidad de bronce 
que se haya de extraer de una de las fábricas del Estado para cumplir lo dis- 
puesto en el artículo precedente. 
Por tanto; 

Mandamos á todos los Tribunales, Justicias, Jefes, Gobernadores y demás 
Autoridades, así civiles como militares y eclesiásticas, de cualquier clase y dig- 
nidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la presente ley en todas 
sus partes. 

Dado en Palacio á veinticinco de Marzo de mil ochocientos noventa y cinco. 
-YO LA REINA REGENTE.— El Presidente del Consejo de Ministros, Anto- 
nio Cánovas del Castillo. 

Una comisión universitaria tiene á su cargo cuanto se refiera 
á este asunto (1) y es de esperar que, al celebrarse el ya próxi- 
mo tercer centenario de la Universidad se levante la debida es- 
tatua del Arzobispo Valdés en el centro de la casa por él ofre- 
cida á la cultura de su patria. 

Y avanzando en relación de más noticias y manifestaciones 
universitarias, es ocasión de consignar ahora la presencia de 



íx) Archivo de la Universidad.— Claustro de «o de Abril de 1895 constituyendo la Comi- 
sión especial los catedráticos Sres. Buylla, Jove y el autor de esta Historia. 

17 




— 24S — 

nuestra Escuela y su participación en determinados actos 

coa y sucesos memorables como en Exposiciones, Congrí 
Asambleas diferentes, fiestas de Centenarios v Certámenes 

tifico-Ülerarios, celebrados dentro y fuera de España 

En 1877 hubo en Lugo de Galicia una Exposición 1 1 
su Junta organizadora acordó que en el Jurado calificador 
ra representación la Universidad asturiana; y t d este efect 
nombrado por el Claustro el Dr. D. Pedro U, Rodríguez V 
antiguo catedrático de Teología y, ala sazón, Dignidad de 
lia S< I. Catedral, Cuando los Concursos universales de Pai 
isTs y 1900 acudió nuestra Universidad enviando libros y I 
¡os de los ceñiros del Distrito, imprimiendo eo la primera 
un catálogo explicativo en lenguas castellana, francesa, ingl 
alemana, y donó después la cnlerru-n bibliográfica A las B 
tecas nacional de Francia y de la Facultad de Derecho de I 
que en lisonjeras frases mencionaron tal obsequio en «Ú 
monas. A la primera Exposición Universal de España, celet 
en Barcelona en 1888, enviaron igualmente sus libros los 
dráticos ovetenses, que obtuvieron medallas de plata y bror 
por ultimo, la Universidad reunió publicaciones y elemento 
dagúgicos de los Establecimientos de Oviedo y León, 
exhibidos en la memorable Exposición regional át 
1899, mereciendo especial diploma (1), 

Los Congresos americanistas de Madrid en Irttft y de Hi 
en 1898 designaron por su delegado en Asturias al aulor « 
presente Historia; para el Congreso Jurídico dispi 

en 1886 por la Real Academia matritense de Legisle 
risprudencia, el Claustro ovetense eligió por sus represento 
¿ los catedráticos Sr, Barrio y a quien escribí 
Lerviniendü los dos en aquellos trabajos y votaciones; y de 
manera intervinieron en el Congreso pedagógico híspano p 
gucs americano de 1892, en Madrid, los profesores S: 
sada y Sela corno el Sr. Hiles en análoga Asamblea ei 
leraria, que se celebraron á la sazón conmemorando el dése 
miento de América por los españoles, En la primera cong 

fcl Archivo tk la UflivenUlnd — Uia«i mlw« Y •» de Diciembre 

de i? de relwero y i \ de Bfayo d* = »d de io de Abril J. 

VtUt el folíelo:— «El Oiwrito uní vertftaño de Ovkdo tn u K*. 
en rig» Halieto* Históricas y Catálogo., [Oviedo. Est, tip* de A + Brid, f$gg, 



— 249 — 

ción se discutió el tema «Modos como pueden contribuir las 
Universidades á la cultura general» y por unanimidad fué apro- 
bada la ponencia del Sr. Sela (1). No fué posible enviar repre- 
sentación personal al Congreso internacional de la Enseñanza 
superior, reunido en París en Julio de 1900, mas el ovetense 
Rector Sr. Aramburu figuró entre los Vicepresidentes y en se- 
sión pública fueron leídos trabajos de sus profesores sobre las 
modernas instituciones complementarias de nuestra Universi- 
dad. Al reciente Congreso económico social ibero-americano, ce- 
lebrado en Madrid en 1900, concurrió la Universidad; el Rector 
Sr. Aramburu fué también designado como uno de los Vicepre- 
sidentes de la Asamblea; el Sr. Alas lo fué de la sección de Le- 
tras y Artes y quien esto refiere de la de Jurisprudencia y Legis- 
lación, mientras otros colegas tomaban parte activa en propo- 
siciones, ponencias y comisiones (2). 

En honor del Rvmo. P. M. Feijóo, en 1876 se celebró un 
certamen literario en Orense, conmemorando el segundo cente- 
nario natalicio del polígrafo benedictino que, vivió, enseñó y 
murió en Oviedo, á cuyo pueblo y Universidad tuvo por patria y 
madre de adopción. El docto Jurado gallego otorgó valiosos pre- 
mios á los autores de poesías en honor de Galicia y su preclaro 
hijo y, después de varias dificultades, hubo empate respecto al 
mérito y premio para el autor del mejor c Estudio critico de las 
obras del R. P. M. Fray Benito Gerónimo Feijóoo. Acordó enton- 
ces aquel tribunal encomendar el fallo al Claustro de la Univer- 
sidad de Oviedo y aceptado por éste tan difícil encargo, no elu- 
dible por la Corporación á que había pertenecido el sapientísi- 
mo monje, eligió una comisión de su seno (Dres. Penzol Lavan- 
dera, Alvarez de la Viña y Polo; Catedráticos, Fernández Cardín, 
Vallina, Díaz-Ordoñez, Alvarez Araandi, Aramburu, Buylla, Ro- 
dríguez Arango, Alvarez del Manzano y quien esto escribe), que 
examinó en sesiones generales y parciales los dos Estudios críti- 
cos, que le fueron remitidos, y propuso por mayoría de votos la 



(*) Archivo de la Universidad.— Claustro de la Facultad de Derecho de »o de Septiembre 
de 1 886 y general de 34 de Noviembre de 189a. 

Véase el interesante libro:— * Congreso pedológico hispano portugués- americano, reunido 
en Madrid en el mes de Octubre de 1892: Preliminares; actas; resúmenes». (Madrid, 1894). 

(a» «Proposiciones que presentan al Congreso hispa no-americano algunos Catedráticos de 
la Universidad de Oviedo». (Oviedo— 1900). Suscriben jos Sres. Aramburu, Buylla, Alas, Posa- 
da, Jo ve, Sela, Altamira, Alvarez y el autor de esta Historia. 

Vcáse «Anales de la Universidad de Oviedo». (Año I).— 1901; pág. 3897 siguientes. 



adjudicación del accésit al trabajo, que después resultó ser c 
de la insigne escritora D. 1 Emilia Pardo Unzan 1 1 1. 

Con inusitadas fiestas nacionales se celebró años despué 
tercer centenario del inmortal Calderón de la Barca, glor 
escena española; y para representar á la Universidad i 
las solemnidades de Madrid, el Claustro designó ú los Si 
José de Posada Herrera, D. Juan Alvares Lorenzunn, D, Mai 
Pedregal y Cañedo, I). Estanislao Suórez Inclan, D. Julián Ga 
San Miguel, D. Lorenzo Nicolás Quintana, D. Plácido 
Hevia, D. Acisclo F* Vallin y D. Florencio Rodríguez Val 
tos que basta citar el nombre para saber sus ü 
míenlos. 

Las fiestas de Oviedo fueron organizadas por los cátedra ti 
de la universidad <* Instituto Sres, Campillo, Aramburu, Huy 
Polo, Gómez y Quiroga con los redactores de la excelente i 
Distü dt Asturias, y se verificaron en los días 21 y 25 J 
de 1881- Una estudiantina clasica, á la usanza de los tiern] 
calderonianos, recorrió la poblar ion tocando y canta mió 
himno compuesto tul ¡toe: hubo velada animadísima en la L 
versidad adornada con gusto y vestida de suntuosos tapices, i^ 
facilitó la casa condal de Nava; se otorgaron premios a los au 
res laureados en temas anunciados por los Claustros de la D 
versidad y del Instituto, Colegio de Abogados, Sociedad Ecoi 
mica de Amigos del País, Academias de Bellas Artes y d< 1 
lacjón y Jurisprudencia y Redacción de El Carbayüi 
lemne sesión publica, que presidió el Héctor Sr. Salmean, í 
coronado el busto del celebérrimo poeta por un coro de bella 
mas niñas ovetenses (2), 

Consagrando una vez más la gloria inmarcesible del gr 

fil Archiva de la Ufttróttidíid,— Cláu*tit)t de $% de Octubre y at de Noviembre de t&ji 
Seaioiíe* del jurad ■ Ovetense en j de Diciembre de iHjú, j.¿ d^ Enero y 5 de ] 

— Memoria de la Universidad de Oviedo de itfH % 1S77. 

-♦Kívcím del Certamen literario celebrado en Óreme el din 8 de Octubre de 1 ¡ 
de! R, t\ M. Kr. Benito 1 rfi Feífóo' lürenfe, 187?), 

L¿ ntínórtA dd Tribu 1.1I ovetett*e 4 en e¡ta o¿«*i 1 
lia y el autor del nrctfrñie Ubro, ürapujo para el .. ■ . -,'..iili", tin 

I») Aichivu de la Universidad — Clüu+troi de By u dt- Febrero, 23 y 25 de M ■ 
—El MUincíi cvij,iord¡n.T,r;o de la Rtvítta dt Aitnrtut publío 
fasta - literarios dnpue*ttj* eon 1 ,1 

poi d Sr. Campillo.— * Poeija Utín«> i*»r I,i...i«l..¡ — ■: • por QnLrog 1 

por Alvarcí Amandi;- ifoc-iia- ten b-il.!- , t\ Cvn ■-■■>. El ■■:.■ ■'• i d* Cftl 
i.., p \v. ,],,,- »Poc*U« per 1\ Carave*; — • Epíiodio militar 

tSu taoesíl premiad*] pot ti barón de Obcrcad- lcíé asturiana de L 

autut ■ &•*< 

1 L Diputación provincial contribuyó á los gaste» de catas funcione. 



-251- 

Cristobal Colón en el cuarto centenario del maravilloso descu- 
brimiento del Nuevo Mundo, España congregó en su capital y 
corte á los hermanos pueblos latinos, mostrándoles entonces las 
memorias y preseas de su obra civilizadora, en tiempos de sus 
nunca vistos poderío y progreso, y reunió también en aquel re- 
cinto á la representación de sus centros de enseñanza y cultura. 
;<)uién dijera entonces que pocos años después, en contra de la 
nación generosa y, como ninguna, fecunda madre, habían de 
concitarse la ingratitud, la injusticia y la fuerza para despojarla 
del resto de aquel imperio por ella colonizado y engrandeci- 
do....! Precedida de sus maceros y bedeles y del pendón univer- 
sitario, á Madrid acudió en 1892 la Universidad asturiana por 
comisión de sus alumnos y de los mencionados profesores seño- 
res G. Posada, Sela y Giles para fraternizar con sus hermanos 
de España, Portugal y América (1). 

Y últimamente en ocasión de celebrar la Universidad de Va- 
lencia el también centenario cuarto de su definitiva organización 
(después de los primitivos Estudios dispuestos por el Rey Jaime, 
el Obispo Gastón y los Jurados) la Escuela ovetense concurrió á 
las fraternales fiestas, celebradas en la ciudad de las flores, y á 
su memorable Asamblea universitaria. Para ello comisionó á los 
catedráticos Sres. Sela y Alvarez (D. Melquíades) extendiendo la 
representación á los profesores valentinos Sres. Soler, Calabuig 
vGestoso, que antes lo habían sido en Oviedo (2). El Sr. Alvarez, 
gloria ya de la tribuna española, pronunció allí elocuentísimo 
discurso abrillantando con esmaltes y cambiantes de su pala- 
bra los ideales de la moderna Enseñanza, y el Sr. Sela fué po- 
nente con su reconocida autoridad pedagógica del tema 1.°, dis- 
cutido por aquel Congreso académico, para determinar el «fin y 
organización de las Universidades» votándose con unanimidad 
las siguientes conclusiones por él propuestas (3): 

I a Las Universidades deben proponerse: 

A). El cultivo de la ciencia pura por medio de la más alta y desinteresada 



<0 Archivo de la Universidad. — Claustro de 24 de Noviembre de 1893. 

b) Id. ¡d. de 1 de Octubre y 8 de Noviembre de 190a. Se acordó la impresión de la ra- 
lada ponencia del Sr. Sela. 

íjí «Conclusiones aprobad is por la Asamblea Universitaria celebrada en Valencia en los 
iUv 17 al 31 de Octubre de 1902» (Valencia — Est. tip. Domcnechí.— Fué también ponente el 
Sr. Torres Campo», catedrático de Granada 

-•Asamblea Universitaria de Valencia. — Octubre de 190a — Tema i.°: Fin y organización 
¿«jas Universidades, ponencia leida por D. Aniceto Sela, catedrático de la Universidad de 
Vtáedo». ^Oviedo. — Imp La Económica). 






— 252 — 
investigación» siguiendo de cerca el movimiento científico del m 
tomando parte activa en el. 

£)> La preparación de los alumnos para el desempeño de las pro íes* 
correspondientes á las Facultades y las Escuelas especiales. 

Cjt La elevación del nivel moral é intelectual det paft, por medio 4 
educación completa de los alumnos, que han de constituirse en fieles conü 
dores de la o Vira universitaria; por la difusión de lo miento* de im 

gación y de la cultura general entre los que no pueden concurrir á la 
por su concurso en todas las empresas de acción social. 

2 É * Se organizarán sobre las siguientes bases: 

A\* Formarán parte de la Universidad torfts las Facultades y I\ 
peciales del orden civil consagradas ¡i la enseñanza llamada superior. 

Bj, Serán personas jurídicas á los efectos del Código civil. 

C). Se les concederá autonomía para el régimen de su vida propia, ci 
científico y en lo económico, bajo h inspección del EsUdo, gobernándose po 
Asamblea universitaria, en que tendrán particqiacton lo» estudiantes; el Ciíu 
general, compuesto de los profesores y los doctores adventos, mediante cíe 
condiciones; las Juntas de profesores de cada Facultad ó Escuela, y el Con 
universitario; eligiendo las autoridades académicas ti interviniendo en U ciec< 
de los profesores, 

D). Las Facultarles y Escuelas e>pecíaL"i que constituyen la (Jai vertí 
serán personas jurídicas á los efectos del Código civil, en eui 
asuntos; se regirán por sus Juntas de profesores y s« decano ó director, y gt 
rán de autonomía dentro de la organización general de las Universidad*:* y 
bordinadas á ella, 

E). Mantendrán relaciones directa* con lo* demii grados y órdenes di 
enseñanza, 

Los Certámenes poéticos que, bajo los auspicios u con la 
lervención principal de la Universidad, se celebraron en el s¡( 
xvii, no se repitieron en la siguiente centuria, aunque en pri^ 
do concurso se eligieron las loas y odas para las fiestas di 
pomanes y Jovellanos, En el último tercio del siglo pas 
surgieron en Oviedo y provincia Juegos llórales y Certamen 
científico-literarios, y, sí no las dispuso el Claustro Universitar 
á ellas contribuyó, ya por sus miembros, como justadores, ó 
por acuerdos oliciales tomando activa parte en los intelectual 
concursos y señalando al efecto temas y premios suy 

Al llamamiento de la academia «Juventud Católica», en 1S1 
acudieron y fueron laureados los Sres. Jo ve y Alvarez Aman 
como en 1872 los Sres. Aramburu y Jove, que no mache di 
pnés obtuvieron cátedra en nuestra Escuela, Referido queda 
Certamen poético y científico-literario dispuesto pur la fnirer 



— 253- 
lad en 1881 cuando el centenario del insigne autor de «La vida 
^s sueño» ; y en diferentes años en que, para las fiestas ovetenses 
de San Mateo, organizó desde 1883 iguales concursos la Socie- 
dad económica de Amigos del País, el Claustro se asoció á la no- 
ble contienda. En el primer año ofreció su galardón al mejor 
«Estudio biográlico-crítico de los Jurisconsultos de Asturias»), 
obteniendo el premio el erudito historiador provincial D. Máxi- 
mo Fuentes Acevedo, uno de los primeros nombres de la litera- 
tura del Principado; y, anunciado premio en otros años para re- 
compensar un trabajo con «Examen histórico-crítico del derecho 
municipal asturiano», quedó desierto el concurso á tema tan im- 
portante. Cuando en 1891 se levantó en Gijón por suscripción 
nacional la estatua, tantos años debida al autor del («Informe so- 
bre la Lev agraria», entre otros actos y fiestas solemnísimas fué 
muy principal el certamen poético y científico-literario á que se 
asociaron y contribuyeron los mas ilustres centros académicos de 
España, señalando temas y otorgando premios, como lo hizo la 
Universidad asturiana en justo honor á su hijo y doctor esclare- 
cido. Quedó, por desgracia, desierto el tema claustral: «Breve 
Memoria acerca de las ideas y criterio de Jovellanos en la orga- 
nización de los estudios universitarios, particularmente en sus 
Facultades de Leyes y Cánones» (1). En los juegos .florales dis- 
puestos por el Ayuntamiento de Oviedo para sus fiestas de Sep- 
tiembre de 1900 y 1901, en el primero fué elocuente mantene- 
dor el Rector Sr. Aramburu, alcanzando la flor natural en una y 
otra fecha dos alumnos muy distinguidos de nuestra escuela: en 
aquella D. Bernardo Acevedo, que por otras obras y lauros repe- 
tidos en iguales juntas es ya «Maestre en Gay Saber»; y en la 
última el catedrático D. Armando Miranda y Palacio, vate de 
inspiración delicadísima (2). También el Claustro ha intervenido 
principalmente en recientes certámenes de la «Unión Escolar». 
Otra exteriorización importantísima de nuestra Universidad 



(ij Archivo de la Universidad- — Claustros de 8 y xi de Febrero y 73 y 7$ de Mayo de 
1S81; de 18 de Junio y 23 de Septiembre de 1883.— (Claustros de la Facultad de Derecho de ao 
teXbñl de 1887 y 10 de Abril de 1 888. —(Claustro general de 10 de Enero de 1891. 

(ai [Triste coincidencia! Cuando se imprimen estas líneas, llega hasta mi la dolorosa noti- 
cia de la muerte de este fraternal compañero en ya lejanos y juveniles años, asi en las aulas 
universitarias como en periódicos ovetenses. En el cementerio de Lugo de Galicia, duerme el 
sueño eterno mi querido Armando, el inspirado poeta asturiano, enamorado fideli-imo de la fie- 
rrina, autor de la oda hermosa A la Torre de la Catedral de Oviedo, que mereció el pensa- 
miento de oro en 1901, cuando tuvo para mi hogat y para mí, favor, honra y cariño inolvida- 
H«. E, P. D. 



— 254- 
eslá en las relaciones, que inició y procura sostener con las he 
manas Universidades hispanoamericanas, así como con le 
principales centros docentes de Europa. 

Este antiguo pensamiento, que tuve el honor de manifestí 
en diferentes ocasiones, tomó cuerpo y efectividad á propues 
del catedrático Sr + G. Posada en 1900 secundado por el señ( 
Altamira, y fué desenvuelto por dichos señores, Rector Sr. Arar 
buru y Decano Sr. Huylla en comisión de que también forra 
parte. En su virtud, se redactaron expresivas comunicaciones 
circulares á las Escuelas americanas y á las Colonias españole 
de los Estados hisnano-americanos; á las primeras, para establ 
cer una relación cada vez más íntima entre la madre España 
los pueblos, que antes fueron sus virreinatos y gobiernos coí< 
niales, saludando i sus establecimientos de enseñanza superic 
en nombre do la comunidad de raza y fraternidad intelectua 
ofreciéndose á ellas para el planteamiento de un cambio efectiv 
de servicios, como el de sus publicaciones corporativas de cí 
rácter científico, impresión de una Revista en que figurasen la 
firmas de los profesores de Oviedo y de sus colegas americano 
etc.; y íi las segundas, pidiendo su concurso y auxilios para me 
jor desenvolver, no ya solamente las enseñanzas oficiales, sin 
las complementarias, creadas por el ovetense Claustro á fin d 
ensanchar y extender los fines instructivos y educativos d 
la moderna Tuiversidad, ya que no bastan los recursos de si 
propio presupuesto. Solicitamos aquellos generosos auxilios 
para destinarlos, como se dice en la carta, pura y exelusivamen 
te á gastos materiales de las diversas fundaciones de la Univer 
s?idad, tales corno compra de aparatos para las lecciones prácti 
cas, y de libros, mapas fotográficos, etc.; instalación de gabrnc 
les para investigaciones científicas y mejoramiento de los lo 
cales que actualmente se utilizan al efecto; impresión de pro 
gramas y lisias bibliográficas que se reparten gratis á los oyen 
tes; excursiones con grupos de alumnos; viajes de profesores í 
localidades distintas con el objeto de dar conferencias; publica 
ción de una Revista de la Universidad (como la propuesta poi 
el catedrático Sr. Jove y Bravo); y gratificaciones á especialista* 
extranjeros ó nacionales, llamados para explicar cursos breves 
sin que en ningún caso hayan de destinarse al pago del personal 



-255 - 
docente de Oviedo, que ha prestado hasta ahora y seguirá pres- 
tando su esfuerzo de manera totalmente desinteresada (l). 

Hay anuncios y esperanzas de persistente comunicación en- 
tre la Universidad ovetense y las hispanas de la América, ya 
manifiesta por cartas y envíos de las de Caracas, Lima, Cara- 
baho, Asunción, Guatemala, Buenos Aires, México, Quito, Mon- 
tevideo, Venezuela, Habana, etc.; así como los centros coloniales 
de nuestros compatriotas, rauéstranse bien dispuestos en cartas 
de D. Rafael Calzada, en la Argentina, y D. Telesforo García, en 
la antigua Nueva España. 

De i^ual manera ha procurado el Claustro la debida corres- 
pondencia y relación con los centros universitarios del Extranje- 
ro; y, unas veces solicitado y otras por propia iniciativa, no ha 
perdido ocasión de mostrar al gran público los resultados de su 
obra constante. Invitada nuestra Universidad á la conmemora- 
ción del 8.° centenario de la de Bolonia en 1888, después al de 
la de Edimburgo y últimamente al de Galileo en la de Padua, ha 
estado representada en el primero por el profesor Sr. G. Posada 
como antes en una de las fiestas que, al cerrar el curso, celebró la 
anligua Universidad de Oxford, habiendo sido nuestros delega- 
dos objeto de delicadísimas atenciones nunca bastante agrade- 
cidas. Prueba de esta comunicación fraternal pedagógica son 
las obras y publicaciones, que se reciben de aquellos doctos 
centros de Lisboa, Coimbra, Oporto, París, Burdeos, Tolosa, 
Atenas, Junsbruck, Praga, Pisa, Padua, Genova, Berlín, Was- 
hington, Yedo, etc., á que se procura corresponder con las pu- 
blicaciones asturianas (2). Ya la Universidad de hoy no puede 
vivir aislada como la de ayer. 

Son base principal en esta exteriorización de la de Oviedo, 
los nuevos rumbos, que sigue ahora con interés constante y 



ft ) Archivo de la Universidad.— Cláu$tros de 25 de Junio de 1900, x6 de Enero de 1001 
y a8 de Febrero de 190a. 

— Estas Circulares, de Julio de 1900 reproducidas en los Anales de li Universidad — 
lOviedo-i9D3J fueron insertan de orden del Excina Sr. Ministro de Instrucción pública, en la 
Gaceta de Madrid, precedidas de laudatoria R. O. 

(a» Archivo de l.i U uversidatl.— Claustro* de la Facultad de Derecho de 10 de Abril y 25 
de Septiembre de 1888 y de 24 de Noviembre de 1902. 

— En la Memoria universitaria de Oviedo (1887-1888.' se publican los documentos relativos 
al cenienario de la Universidad de Rolonia y de la asistencia del Sr. G Posada. 

— Es ocasión de consignar aquí que por gestiones del Rector Sr. Aramburu, el Ministerio de 
E>tado h.i concedido recientemente á nuestra Universidad una bec 1 en el Colegio e->|>.nV>l <Ie 
San Clemente de Bolonia, fundado por el Cardenal Albornoz; y fué adjudicada al alumno don 
Benito Buylla y Lozana (Claustro de 7 de Agosto de 1902}. De esta manera se renovó la presen- 
cia de estudiantes ovetenses en la famosa Escuela italiana, efectiva en siglos anteriores. 



— 256 — 
creciente, saliendo de sus aulas y del círculo trazado al cuadro 
de asignaturas oficiales para dilatar la enseñanza, lanío por lo 
que toca á las materias, y atañe á maestros y discípulos, como por 
lo que se refiere á otros fines pedagógicos. 

Así surgieron las Instituciones complementarias organizadas 
por el Claustro académico-ovetense. 

La * Escuela práctica de Estudios jurídicos y sociales* 
aneja á la Facultad de Derecho, fué creada en 1895 por acuerdo 
del Claustro y aprobada por la Superioridad. Su organización 
responde al tipo de los seminarios alemanes y de la *Ecole 
pratiqíie deshautes etudes*, de Paris. Comprende tres secciones; 
de Política y Sociología, de Cuestiones internacionales y de His- 
toria del Derecho, dirigidas por Jos catedráticos Sres. Buy lia, 
Posada, Sela y Altamira. En todas ellas y alternando en leccio- 
nes semanales hacen los alumnos oficíales y libres trabajos de 
investigación personal y de crítica, que Jes despiertan y adies- 
tran en los procedimientos de la ciencia rigurosa. La «Escuela 
práctica»? está formada por número limitado de estudiantes, que 
asisten voluntariamente y voluntariamente trabajan en el estu- 
dio de cuestiones histórico-jurídicas, económicas, sociológicas y 
políticas, hacen examen crítico de libros y se ocupan también en 
trabajos monográficos de obreros, según la Escuela de Le Play y 
Maroussem. Es una institución complemento de la cátedra, que 
no es lugar el mas adecuado para trabajos «especiales», repo- 
sados y detenidos con procedimientos como el empleado en esta 
Escuela. Sentados maestros y discípulos en la Biblioteca de la 
Facultad de Derecho, uno de los profesores ó de los alumnos 
inicia el trabajo con una exposición del tema, resumen del libro 
ó articulo, é inmediatamente se conversa acerca de él con entera 
familiaridad, procurando huir de todo dogmatismo, evacuando, 
cuando sea posible, toda cita, teniendo á la vista mapas murales 
y atlas, si el asunto lo requiere; encargando á éste ó aquél alum- 
no las ampliaciones necesarias, la compulsa de tal ó cual docu- 
mento, etc. De todas las reuniones redacta un alumno una rese- 
ña, cuya lectura suele servir de punto de partida en tarca del 
día inmediato (1). 

(i) Véanse en Aituleí de ta r*twrrj¡idnd di Ovíeér* figos) niá*f¡otlctas dt? c*ta ¡ml¡tucii>u 
¡mr d Sr. G. Picada, un dbcurso allí pronunciada per c\ Sr. Aranihuru y resumen de los jiriuci- 
pales trabajos y monografías realizado* por la 'Escuda práctica'. 






— 257 — 
Las Colonias escolares de vacaciones, noble y útilísima 
fundación del filántropo suizo Mr. Bion, fueron establecidas en 
Oviedo desde 1895 para los alumnos de las escuelas primarias, 
y aplicables á los universitarios, en el pueblo ó balneario de Sa- 
linas, cerca de Aviles, (y se pretende extenderlas á lugares de 
montaña), bajo la dirección de uno ó más profesores, sirviendo 
de centro para excursiones por la provincia, rica en hermosos 
paisajes llenos de frondosidad y de accidentes. 

Estas Colonias, pensamiento y obra benéficos que encajan 
perfectamente en la función social de la moderna Universidad, 
están arraigados en los pueblos adelantados de Europa y han 
sido difundidos en España por el Museo Pedagógico Nacional 
que dirige el señor Cossío, dando ya en varias provincias los 
mas satisfactorios resultados con objetivos médico y educador 
en favor de niños y jóvenes, principalmente enfermizos y ne- 
cesitados, entre la clase pobre. Durante un plazo mayor ó menor 
según los casos y recursos, viven y gozan de vida libre, higié- 
nica, con descanso y ejercicios compensados, baños, sana y 
abundante alimentación, obteniéndose al fin de la temporada 
beneficios evidentes en el estado fisiológico y moral de los colo- 
nos, que viven bajo la dirección del maestro, porque la Co- 
lonia viene á ser también como la prolongación de la Escuela 
en días de recreo y esparcimiento especiales. Iniciaron entre 
nosotros esta filantrópica empresa los profesores Sres. Buylla, 
G. Posada y Sela, y enseguida la hizo suya el Claustro consti- 
tuyendo una Junta de Colonias escolares de que forman parte 
el Rector, Vice-Rector, varios catedráticos, los representantes 
de la Diputación provincial, Ayuntamiento, Obispado y magis- 
terio público de Oviedo. El Director general de Instrucción pú- 
blica Sr. Vincenti ayudó con una subvención de aquel departa- 
mento, que han repetido los Ministros y Subsecretarios sucesi- 
vos del ramo; otro tanto hicieron la Diputación provincial y el 
Municipio ovetense; y así mismo contribuyen con una suscripción 
anual profesores y particulares. 

Designado como residencia el dicho pueblo de Salinas y al- 
quilada la casa, se adquirió el ajuar por generoso adelanto del 
entonces Secretario de la Universidad Sr. Gómez Calderón; fue- 
ron elegidos los jóvenes colonos, de acuerdo con sus padres, y 



— 258 — 
reconocidos por ilustrados médicos, extendiéndose la hoja antro- 
pológica de los niños. Tras de alegre viaje y después vida inuy 
variada, todos los años se notan los mas satisfactorios resultados 
físicos, intelectuales y morales, pudiendo nuestra empresa ser 
comparada con las principales de España y otras del extranjero, 
Mucho se debe ala atinada gestión de los Directores D* Juan 
Antonio Fandiño y D. Adolfo Fernández Villaverde, distinguidos 
maestros, que con amoroso celo vienen teniendo á su cargo las 
expediciones <íe Oviedo, San Martín del Rey Aurelio, Langreo y 
Laviana en Colonias hasta ahora marítimas, mas con proyectos 
de realizar otras alpinas, como la ya iniciada por valiosos auxilia- 
res de Gijón y Laviana á fin de llevar sus colonos á Arbas de 
Pajares y Breza de Peñamayor. La Universidad üene el propó- 
sito de levantar modesto edificio en la costa y otro en la monta* 
ña para lo que se ha comenzado á reunir recursos como los ya 
donados por la Real Compañía asturiana í>n Arnao de Castri- 
llón (1). Fuera de desear ahora que á esta obra de caridad y de 
regeneración contribuyeran y ayudaran todas las personas, 
amantes del engrandecimiento de la patria, que es madre de 
todos y le interesan mucho los pobres, los débiles y ios igno- 
rantes. 

Y en estos pensamientos de difundir la acción docente de la 
Universidad para que la cátedra oficial no sea patrimonio exclu- 
sivo de estudiantes matriculados, tomó cuerpo y surgió vigorosa 
en Oviedo la principal institución, que divulga y dilata la ense- 
ñanza, antes intentada en otras formas y lugares muy principal- 
mente por los ovetenses catedráticos (2). 

El Sr. Alas, recogiendo importantes consideraciones de la 
oración inaugural del curso de 1898-99 leída por el Sr. Altamira, 
y teniendo en cuenta los trabajos que en todas partes, fuera de 
España, se realizan en favor de la cultura popular, propuso al 
Claustro que emprendiese la obra útilísima de la llamada Ex- 
tensión Universitaria. Apoyada por los Sres. Rector, Sela, 
Mur y Altamira la moción del Sr. Alas, y aceptada por uuaiii- 



íx) Véanse en Anales de la Universidad de Ovicda (íytn \ con indicaciones generales del 
Sr. G. Posada y una interesante Memoria del Sr. Fandiño. E^ii pendiente de publicación de \m 
del Sr. F. Villavcrde. 

— Archivo de la Universidad.— Claustro de 17 de Febrero de 1895. 

— Véase «Memoria universitaria de Oviedo» del curso de iBg&-gy. 

(2) Veásc la nota de las páginas precedentes 304 y 205. 



— 259- 
midad, se discutió respecto del título que debía darse á estos 
trabajos, prevaleciendo la idea de conservar aquel con que han 
sido planteados en Inglaterra («University extensión»), en las 
Universidades populares francesas, y adoptados en la mayor 
parte de las naciones. A propuesta del Sr. Rector, se constituyó 
la Junta especial de la Extensión de que formarían parte cuan- 
tas personas de dentro ó de fuera de la Universidad cooperasen 
á ella; y para organizar todos los trabajos primeros se nombró 
una Comisión compuesta de los Sres. Buylla, Urios, Altamira é 
Izquierdo y de quien esto escribe. Esta acordó enseguida invitar 
á los Claustros del Seminario conciliar de esta Diócesis, del Ins- 
tituto ovetense de Segunda Enseñanza y de las Escuelas Norma- 
les, como á muchas personas de la capital y provincia, abogados, 
sacerdotes, ingenieros, arquitectos, militares, médicos, maestros, 
etc., etc., que por virtud de sus conocimientos y aptitudes, pue- 
dan explicar conferencias, cursos breves, etc., dentro ó fuera de 
la Universidad; y con las adhesiones de varios se formó el pro. 
grama de las conferencias y enseñanzas del primer curso. Quien 
redacta este libro tuvo la honra, á título de Vice-Rector, de inau- 
gurar la Extensión Universitaria de Oviedo en 15 de Noviembre 
de 1898, pronunciando con tal motivo breve discurso sobre la 
importancia y utilidad de la nueva institución de cultura con sus 
progresos en el Extranjero y los propósitos de ahora en Oviedo 
ya que entonces no se pudo escuchar la elocuente palabra del 
Rector Sr. Aramburu, ausente en Italia, como representante de 
España en la Conferencia internacional antianarquista de Roma. 
Reseñar ahora las conferencias de vulgarización de conoci- 
mientos científicos, cursos de estudios superiores y breves, y tra- 
bajos diferentes durante cinco años de nuestra Extensión univer- 
sitaria, alargaría con exceso estas páginas ceñidas á rápidas noti- 
cias. Baste indicar el variado cuadro de materias, el lugar de las 
cátedras y los muchos profesores. Fueron las enseñanzas de His- 
toria general y local, Arqueología, Música, Zoología, Cosmología, 
Agricultura, Química, Higiene, Sociología, Filosofía, Arte de 
construcción, Economía, Geografía y Viajes; Derecho, Matemáti- 
cas, Moral, Industrias general y provincial, Biografía, Crítica, 
Meteorología, Sanidad, Física, Micografía, Comercio, etc., etc.; — 
hubo cátedras principalmente en la Universidad, por la noche, 



— 2ÓO — 

y, fuera de ella: en la Escuela de Artes y Oficios, Cámara d 
Comercio é Industria, Centro Obrero de Oviedo y en el de Tn 
bia; en el Instituto de Jovellanos (donde se ba organizado tan 
bien la gijonesa Extensión universitaria en íntimo consorcio co 
la ovetense) y en el Círculo Mercantil é Industrial, Centros Obn 
ros y Centro de Sociedades Obreras, Casino federal, Asociació 
musical, Colegio pericial mercantil, Ateneo Casino Obrero d 
Gijón; en la Sociedad Obrera Industrial y Centros Obreros d 
Aviles y Salinas; en el Ateneo-Casino Obrero y Centro Obrer 
de la Felguera (Langreo); en los Círculos de Labradores y Arte 
sanos y Republicano de Mieres; y en la Asociación de Defens; 
y Fomento del Comercio y de la Industria de Fiilbao; — y fueroi 
profesores los Sres. Altamira, Martín Ayuso, Pbro. Bayón, Ala: 
(L.i, Fernández Echevarría, Fernández (M.), Mur, Sela, Redond< 
(l. F\). Fusada, Clavería, Alvarez (M.), Aramburu, Labra, Rioja 
Qchoa, Huylla (A., A. y B.), Jove, Rivera, Beltran, Aparicio 
[Miro. Cejador, Torre, Orueta, Moliner, Gutiérrez (J. de A.), Entío. 
Martínez, Alvarez Casariego (J.), Marqués de Valero de Urna, 
Cabanas, Urios, Arias de Velasco, Adellac, Albornoz, Diz Tira- 
do, Acebal, y el autor de este libro (1). En Gijón profesaron los 
Sres. Orueta, Escalera CU.), Miranda, Andellac, Merediz, los cita- 
dos caíedráticos de Oviedo y otras distinguidas personas de 
aquella tan floreciente localidad. / 

Las cátedras y conferencias fueron y son orales, así como 
experimentales cuando el asunto y materia lo requieren. En este 
punió, como los recursos son muy escasos, no fallaron colabora- 
res que facilitaron aparatos y elementos para la mejor enseñan- 
za, ya Centros corporativos como la Escuela de Capataces de 
Minas de Mieres, el Colegio de PP. Jesuítas de Gijón, la Socie- 
dad popular Ovetense, la Comisión provincial de Monumentos 
históricos y artísticos, etc., ya particulares, como D. Domingo 
Orueta, D. Policarpo Herrero, D. Plácido S. Bravo, D. Luis Mu- 
ñí/ Miranda, D. Victorino Alvargonzález, etc. 



f 



íil Arcliivo de la Universidad.— Claustro de 15 de Octubre de 1898 y el libro de actos de 
hi Junta »íe Extensión universitaria, redactadas por el Secretario Sr. Sela, á cuyo celo y trabajo 
ínciifitableí tanto deben la organización y vida de la Institución. 

Véanse en los Anales Universitarios sus notables «Memorias* de los cinco primeros cursos 
de la /-li ■ffitstfot , redactadas por el mismo Profesor, que son modelos en esta clase de trabajos 
y contienen ideas y consideraciones pedagógicas de verdadero espíritu práctico. 

— Mein' iia de la Universidad de Oviedo del curso de 1898 á 1899. 



— 2ÓI — 

También se iniciaron Excursiones escolares, que han de 
proporcionar ventajas; y ya se notan en las establecidas Faculta- 
des de la Universidad para alumnos oficiales y se notarán en 
cuantos á ellas quieran agregarse, porque á todos comprenden 
los nuevos y prácticos métodos pedagógicos para vulgarización 
de los conocimientos humanos y su experimentación (1). Son 
aquellas «excursiones, que decía el Rector de la Escuela hispa- 
lense Sr. Morís y Vallin, antiguo alumno de Oviedo, con exten- 
sión amplísima, desde la visita al monumento artístico é históri- 
co hasta la visita al taller, á la fábrica, á las obras de la indus- 
tria, á los laboratorios, á los jardines, á los establecimientos 
mercantiles y bancarios, á los establecimientos administrativos, 
para apreciar en ellos de cerca su marcha y vida legal; á las bi- 
bliotecas, los archivos y los museos, para estudiar el códice, el 
monumento legislativo y el carácter y frutos de una escuela ar- 
tística; al Instituto, á la Escuela especial, á la Normal y á la Es- 
cuela primaria como medio de una verdadera y sólida ense- 
ñanza ^. 

Además de las lecciones explicadas en la Extensión uni- 
versitaria, siguiendo la evolución de esta en todas partes, se 
inauguraron en 1901 Clases populares, que podrán constituir 
con el tiempo base de una modesta Universidad popular, sobre 
el modelo de las extranjeras y especialmente de Francia. Son los 
obreros quienes principalmente aprovechan esta creación; pero 
sus puertas están abiertas á cuantos se inscriban sin distinción 
de clase, sexo, ni posición social. Se diferencian de las confe- 
rencias ante público anónimo, diferente y variable, porque es- 
tas Clases tienen carácter más familiar, y así más educativo y 
de mas permanente acción durante un curso entero, ó cursillos 
sobre los mismos alumnos. En cuanto al programa de enseñan- 
zas, se procuró en los dos años pasados no duplicar las estable- 
cidas oficialmente en los Institutos generales y técnicos y se, Han 
limitado á un primer grupo de materias, preferentemente lasque 
no se estudian en otra parte, como Economía, Historia de la Ci- 
vilización, Lengua y Literatura castellanas, Cosmografía, Cien- 



(i) 'Recuérdese lo indicado en la pág. an. 

— Anales de la' Universidad de Oviedo (ioot).— págs. 179 y siguientes. 



— 2Ó2 — 

cias Naturales, Educación cívica y Derecho Usual que explica 
ron los Sres. Buylla (A.), Altamira, Beltrán, Buy lia (B ), Posad: 
Jovo, Martínez y el redactor de esta Resena histórico univeí 
sitaria. 

De esta suerte pretende la Universidad recuperar y extende 
su verdadera misión; abandona antigua vida estacionaría par 
andar y llegar al corazón del país, lanzando en el á todos vier 
tos semillas de cultura popular y de educación nacional (ya qu 
el problema social es un problema de educación) y deja de se 
mera oficina de enseñanza ó centro de confección de vano 
títulos académicos. La Extensión universitaria será, faftf 
ideas de libertad amplia, tolerancia y neutralidad doctrinales 
noble desinterés, como extensa Universidad popular para edu 
car al niño, enseñar al joven é instruir al adulto. Los obstáculo 
son grandes mientras á la institución falten recursos y medio 
materiales, entusiasmo más general, hábito y constancia en I; 
asistencia y su encauce en las costumbres públicas. Fallan: di 
arriba, los generosos protectores que se ven en otros países; di 
en medio, más concurso y ayuda patrióticos; y de abajo, mayoi 
esfuerzo y mas impaciencia populares por eí propio adelanta 
miento. En Oviedo se han tocado y siguen tocándose algunas de 
estas dificultades, ya personales, ya económicas, que lentamente 
se van venciendo, sin que falten colaboradores generosos; perc 
debieran venir muchos más y venir pronto. 

Complemento de la Extensión en sus varias manifestaciones 
es la publicidad de trabajos, como extractos y programas délas 
conferencias, cátedras y prácticas. En parte se ha procurado 
llenar este extremo, ya por resúmenes, que publican los principa- 
les periódicos de la provincia, ya por lirada de hojas que se re- 
parten al público; pero, como esto es dispendioso, falta no poco 
por lograr para sostener en el pueblo una constante, viva, circu- 
lante y propagadora serie de publicaciones universitarias, ade- 
cuadas á su objeto de extensión popular de la cultura á senie^ 
janza de los syllabus extranjeros. El ensayo es deficiente, mas 
no se olvide que la empresa está comenzando. 

Hasta ahora la publicidad universitaria fué escasa bajo eJ 
aspecto corporativo y se manifestó únicamente en ocasiones so- 
lemnes, mas bien con finalidad histórica del momento que con 



— 263 — 
carácter pedagógico ó instructivo (1). Los discursos inaugúra- 
les del curso son casi de ayer, pues fueron acordados de una 
manera fija por el plan de 1825 con disposiciones para su im- 
presión y circulación, encargándose primeramente á los Mode- 
rantes de Oratoria y mas tarde por turno á todos los profesores; 
después se ordenó la impresión de programas y su razonamien- 
to, que cayó en desuso (2); durante algunos años hubo también 
discursos de recepción, cuando los catedráticos ingresaban en 
el Claustro, siendo contestados por otro compañero; el Regla- 
mento general para la Administración y régimen de la Instruc- 
ción pública dispuso la redacción de la Memoria anual del 
Distrito universitario (3); y en algunas ocasiones se imprimieron 
últimamente discursos de graduandos en la licenciatura y 
doctorado (4). A poco más \¡» estado reducido lo que pudiéramos 
llamar «bibliografía universitario-ovetense». 

Merecen especial mención los discursos inaugurales en las 
fechas y por los autores siguientes, desarrollando los temas que 
también se indican: 

— 1825, R. P. M. Fr. Manuel de Caso: cCáracter é importancia de la voca- 
ción en las diferentes carreras universitarias >. 

— 1826, el mismo: «Importancia del Magisterio». 

— 1828, el mismo: «Influencia de la instrucción y educación en las eos* 
tumb res». 

— 1829, el mismo: «Necesidad del estudio». 
— 1830, el mismo: «De la Sabiduría». 

— 1832, el mismo: <Medios para alcanzar la Sabiduría». 



(1) Me refiero únicamente á los trabajos impresos, mencionados en las notas y páginas 64, 
54, 104, 106, 12a, 149, 153, »55i x S7i *74* »75i «871 a°4» 3<>5» *<>7, *"# »*»i *»3. «6* «38, «43» 
249 y 251. 

la) Véase pág. 207. 

(31 Id. pág. 226 y las respectivas notas de la Segunda parte de esta Historia referentes ¿ 
oíros Establecimientos de Knscñanza del Distrito. 

(4.'. En el Archivar-universitario y en los expedientes de los interesados se guardan manus- 
critas diferentes tesis en grados de Licenciados desde 1845, y de Doctor en el breve periodo en 
que de 1869 á 1875 en que se restauró en Oviedo el grado superior. Con estos trabajos, infor- 
mo claústrale*, discursos de apertura y otras publicaciones de catedráticos pudiera formarse una 
interesante «bibliografía universitaria» mediante clasificaciones regionales porel Cuerpo de archi* 
veros y bibliotecarios. De aquellos grados se imprimieron en Oviedo los siguientes discursos: 

De Lictii£iatnm: 

— 1859, IK Gonzalo Casta ñon: «El progreso en la penalidad». 
—1863, D Indalecio Corujcdo: «Origen y fundamento del Derecho». 

— 1 864 D. Mariano M. Valdés: «Constitución política y civil de Roma pagana con la de 
las sociedades cristianas y modernas». 

De Doctorado: 

—1871, D. Luis G. Valdés: «Examen critico de la Constitución democrática en 1859». 

—1871, D. Severo Rivcro: «Tecria del derecho divino como fundamento del Estado». 

—1872, D. Sccundino Torre: «Antiguas Cortes de Castilla». 

—1874. D. Jesiís de Alvaré: «Naturaleza y extensión de la Patria potestad». 

—1874, D. E. González del Valle: «De la propiedad literaria». 

l8 



— 264 — 
— 18331 "D. Víctor Díaz Ordofiez: cldeade las ciencias é importancia de 
estudios de Filosofía, Cánones, Leyes y Teología « (i). 

— 1834, el mismo: «De la Elocuencia». 
— 1835, D. Carlos Fernández Cuevas: «Deberes del hombre en la Socia 

é importancia de la Jurisprudencia para su cumplimiento u. 
— 1836, el mismo: «De lo verdadero y de lo utíU. 

— 1844, D.José Fernández Castafión: «De la Sahiduriai. 

— 1845. D. Manuel Prado y Tobía: c Vicisitudes históricas de la Instrucci 
Pública española y significación é importancia del nuevo plan*. 

— 1846, D.Juan Domingo de Aramburu y Arregui: «La sana moral im 
pensable para ser sabio». 

— 1847, D.José Puente Villanúa: «Porvenir de las ciencias *. 
— 1848, D. Juan Lozano: «Los errores que originan algunos sistemas fil> 

fíeos modernos». 

— 1849, D. Victoriano Guisasola: «Armonía de la religión y de la ciencia 

— 1850, D. Carlos Fernández Cuevas: «Las costumbres y la instrucción c 
mo fundamentos délas sociedades*. 

— 1851, D. Niceto Jaraba: tLa gloria y grande; 1 de lo* pueblos en reí 
ción con su ciencia». 

— 1852, D. Tomás Rivero: «Importancia y utilidad de las Matemáticas». 

— 1853, D. Patricio Palacio: Tendencias de las ciencias y servicios quepu* 
tan á las sociedades». 

— 1854, Sr. Puente Villanúa: «Causas que dificulran los esfuerzos de la e* 
se fianza». 

— 185$, D. Claudio Polo: «Poder y desarrollo de la ciencia*. 
— 1856, D. Luis Pérez Minguez: «Ventajas del saber é inconvenientes de h 

ignorancia». 

— 1857, D.José María Anchoriz: «Vida de Feijóo y juicio crítico de sus 
obrasw. 

— 1858, D. Francisco Fernández Cardín: * La sobriedad científicas. 
— 1859, D. Francisco de B. Estrada: «Necesidad é importancia de la ciencia 
y de la enseñanza como medio de propagación >, 
[xi§j5¡fr ?! — 1860, D. Ramón Armesto: •'So hay verdadera civilización en algunos m< 

.-. M2.í a cesos del siglo xix por falta de conocimiento y observancia de la moral evan- 

gélica». 

— 1861, Sr. Fernández Cardín: «Sabiduría del humilladm, 
^, , — 1862, D. Guillermo Estrada Villaverdei i-Servícios prestados ala cienck 

¿£± por la Iglesia t. 

— 1863, Sr. Armesto: «Influencia de la facultad de Filosofía y Letras en las 
de Derecho y Teología». 

— 1864, Sr. Fernández Cardín: «La razón cristiana, levanta la inteligcnciiy 
salva la sociedad». 



(1) Hasta este año se redactaron los discursos en lengua latina» comenzando á seres ^- 
tcllano desde 1834 á propuesta del moderante Dr. D. Víctor Djaí Ürdoíki. En vario* alM f*"" 
motivos de la guerra y otras dificultades, no se pronunciaron ó no se publicaron dUcur&Oi mtt* 
guralcs; pero si desde 1845 sin interrupción. 



— 265 — 

— 1 865, D. Ildefonso Guerra: «Influencia de la Iglesia sobre el Estado». 

— 1866, D.José Campillo: cPeligros en algunas tendencias de los estudios 
filosóficos modernos>. 

— 1867, D. Francisco Díaz Ordofiez: «Necesidad actual del estudio de la 
Jurisprudencia romana >. 

— 1868, D. Diego Fernández Ladreda: «Legitimación en general y en espe- 
cial la de por subsiguiente matrimonio». 

— 1869, Sr. Campillo: iLey de Unidad en la Historia y exposición délas 
escuelas históricas». 

— 1870, D. José María Piernas Hurtado: «La Propiedad según el Derecho, la 
Economía política y la Historia». 

— ^871, D. Félix Aramburu Zuloaga: «Concepto, fin, acción y funciones del 
Estado y su relación con las restantes esferas de la vida». 

— 1872, D. Juan Pablo Pérez de Lara: «Bancos hipotecarios». 
— 1873, D. Francisco F. Barmés: «Ideas religioso-morales». 

— 1874, D. Faustino A. del Manzano: < El Notariado ante la Filosofía y la 
Historia >. 

— 1875, Sr. Campillo: t Origen y tendencia de la Estética como medio de 
determinar la verdadera esencia de la belleza». 

— 1876, D. Víctor Díaz Ordofiez: «Del Derecho canónico en su relación con 
las varias ramas del Derecho». 

— 1877, D. Fermín Canella Secades: «De la enseñanza del Derecho civil es- 
pañol, estado actual y necesidad de su ampliación y reformas». 

— 1878, D. Justo A. Amandi: «La elocuencia forense en Roma». 

— 1879, D. Adolfo A. Buylla: «De los socialistas de cátedra (Der Kathtder- 
Soctalismus) » . 

— 1880, D. I. Faustino Vallina: «Antecedentes y consecuencias de la revo- 
lución religiosa de Europa en el siglo xvi». 

— 1881, D. Rafael Ureña: «Antigua filiación de la teoría correccionalista y 
origen de la ciencia jurídico- penal». 

— 1882, D. Hipólito Casas y G. de Andino: * Representación de D. Alfon- 
so x el Sabio en el desenvolvimiento de nuestra cultura nacional; carácter lite- 
rario de sus producciones y de aquellas en que intervino». 

— 1883, D.Juan R. Arango: «Estudio comparativo de 1 i ley de Enjuicia- 
miento Civil vigente y la anterior». 

— 1884, D. Adolfo G. Posada: «De la enseñanza del Derecho». 

— 1885, D. Gerardo Berjano: «De la Historia general del Derecho». 

— 1886, Sr. Canella Secades: «La Iconoteca asturiano-universitaria». 

— 1887, D. Rogelio Jove y Bravo: «La fuerza que determina las transforma- 
ciones del Estado es el derecho individual». 

— 1888, Sr. Vallina: «Crítica de la Historia de la civilización ibérica por el 
historiador portugués Oliveira Martins y de su examen por el escritor español 
Sr. Valera». 

— 1889, U- Eduardo Serrano: «Principios generales del Derecho procesal, 
civil y penal; importancia, naturaleza, extensión y límite de esta ciencia». 

— 1890, D. José Giles Rubio: «Origen y desarrollo de la novela picaresca». 



— 2 66 - 

— 1891, D. Leopoldo G. Alas: «El utilitarismo en la enseñanza» (y er 
exhordio recuerda al malogrado alumno Evaristo Cía reía Paz). 

— 1892, U. Aniceto Sela: «Concepto de la Universidadi. 

— 1893, Sr. Vallina: *I-a casa de Austria en España». 

— 1894, Sr. Díaz Ordoñcz: «El cristianismo descifra el enigma del muí 
antiguo y los cismas y herejías acrisolaron la Iglesia» . 

— 1895, Sr. lierjano: < Diferencias más importantes en materias de suces 
testamentaria entre el Código civil y las legislaciones de Aragón, Navarr 
Cataluña». 

— 1896, D. Armando G. Rúa: «La ley del progreso en la edad antigua | 
ticularmente en Roma». 

— 1897, Sr. Urios: <Nuevas teorías de la Química». 

— 1898, D. Rafael Altamira: x Misión de la Universidad en la obra prese 
de reforma interna y de restauración del crédito nacional en el exterior o. 

— 1899, D. Leopoldo Afaba: «Supremacía de Cervantes como uovelist 
errores del estudio tropológlco sobre D. Quijote de la Mancha». 

— 1900, D. José Mur Ainsa: «Principios fundamentales de la Geometría» 
— 1901, Sr. Buylla: «Necrología y significación de Leopoldo Alas». 
— 1902, D.José Rioja: -.Conocimiento del ciclo evolutivo compitió de 
parásitos que originan en el hombre las llamadas fiebres palúdicas». 

— 1903, Sr. Díaz-Ordoñez: «Fr. Domingo Soto y su libro De Justttic et^un 




Los discursos en actos solemnes de recepción y posesión ( 
los catedráticos numerarios al ingresar en el Claustro, eran co 
testados con otro trabajo por un colega á nombre de la respectiv 
Facultad; pero, por dificultades económicas aquí y en otras pa 
tes, se suprimieron estas publicaciones académicas. Corrcspoi 
dientes tx la Facultad de Derecho se verificaron en Oviedo e 
1861 las recepciones de D. Guillermo Estrada Villaverde, qu 
fué contestado por D. Manuel Rosón Lorenzana, y la de D. Dieg 
Fernández Ladreda, en la que el Sr. Estrada llevó la voz de 
Claustro, (1); ven la de Filosofía y Letras en 1862 y J86H, 1¡ 
de D. Martin Villar y García á quien contestó D. Ramón Armes 
to, y la de D. Pablo Gil y Gil contestado por el Sr. Villar (2). 



(i i Disertó el Sr. Estrada en la importancia del Derecho canónico y el Sr. Rosón en h 
Jurisdicción eclesiástica — La reseña histórica de los Códigos españoles formó las tareas dclof 
Sres Ladreda y Estrada. « 

(2) El discur.-o del Sr Villar ver«a acerca de los Cánticos de Moisés, David y Cántico de 
los Cánticos, que, con otra* consideraciones, explanó el Sr. A rm esto —El catedrático Sr. Gil 
demostró que, las libertades políticas de Aragón fueron cau-a principal de su explcnilor en la 
Edad Media, é hizo elocuente elogio de aquel país el indicado Sr. Villar. 

En reciente Llau-tru de 9 de Mayo de i)~>_\. se .solicitó del Gobierno la publicación de J.i 
«Memoria» redactada por el Catedrático Nr. Alt.unin como lMegado do nuestra Universidad y 
del Ministerio de Instrucción publica en el «Congrego internacional de Ciencias históricas', cele- 
brado en Roma en el pre-eute año, d>nj_ aquí pterscató notable* trabajos y tuvo distinguidu* 
puestos. Sirva esta nota como adicción al texto de las precedentes ná^ín.-is 340 y «e. 

En los Anales de la Universidad de Oviedo (Año 11-1903) en peema, se jn¿erta un entelo 



— 267 — 
Y uno y otro día notaba el Claustro universitario la necesi- 
dad y conveniencia de medios de publicidad, naciendo de aquí 
las proposiciones de los profesores Sres. Altamira y G. Posada, 
que respondían tan perfectamente á los nuevos rumbos de* la 
Corporación y al ensanche de su misión instructora y educado- 
ra (1). Comenzó así la publicación de los Anales de la Uni- 
versidad de Oviedo, á semejanza de los análogos en Escuelas 
de otros paises (como Chile, que periódicamente nos envía los 
voluminosos suyos); y cuando esto se escribe van publicados dos 
interesantes volúmenes ovetenses — 190Í y 1003 — con trabajos 
históricos, científicos, pedagógicos, bibliográficos, etc., de cate- 
dráticos y alumnos en las cátedras oficiales é instituciones com- 
plementarias de que se hizo mención en la nueva marcha de 
nuestra Universidad. Libros son estos de gran utilidad, propios 
para extender y cambiar relaciones docentes y, por ello, de mé- 
rito en que no insisto, por tratarse de una obra de nuestra Es- 
cuela; pero si hé de manifestar que para su tan conveniente im- 
presión, á falta de recursos que nos niega el pobre presupuesto 
oficial, tuvimos medios por el generoso donativo de D. Rafael 
Calzada y después con la Asociación patriótico española de 
Huenos Aires (2). Por la publicación de los Anales quedó en 
suspenso el pensamiento de una Revista universitaria, que 
proyectó el catedrático Sr. Jove Bravo (3), para reflejo y expre- 
sión del movimiento científico-literario y pedagógico de Asturias, 
porque con frecuencia necesitó el Claustro de un órgano seme- 
jante para los estudios y trabajos de sus miembros y de ilustres 
colaboradores, como cuando invitó á los doctos hispanófilos 
D. Rodolfo Beer y D. Arturo Farincllí, al primero en ocasión del 
descubrimiento del palimpsesto en la Catedral de León, que con- 
tenía un fragmento del Epítome de las Instituciones de Gayo (4); 
pero no llegaron á venir estos dos eruditos escritores. 



'!<- e<ta Delegación y sigue la publicación de notas sobre los procedimientos de en?cíianza por 
'"i profesores, :uvctt;gacioncs y actos délos alun nos cu nuestras cátedras y K: aula práctica, 
indicado» en la pág. 2ti y nota i. 1 Dicho volumen contendrá también lo* resúmenes de la. 
Asamblea de Valencia, trabajos de los pensionados, memoria de las Instituciones complementa- 
riaj de la Universidad, apéndices, etc., como continuación de las malcrías del tomo I. (Véanse 
h< anteriores páginas >i2, 245, 251, 756, 258, 260 y 261). 

:n Archivo de la Universidad.— Claustros de 17 de Febrero y 16 de Marzo de 1899 y de 
»6 de Enero de 190T. 

[3) Véase páginas 219 y 255. 

•3! Archivo de la Uni Tersidad.— Claustro de 26 de Noviembre de 1901. 

(4) Id. id.— Claustro de Facultad de ix de Octubre de 2887 y general de 16 de Enero 
de 190X. 



— 268 — 

Y el Principado ha visto siempre con entusiasmo y simpa! 
todo cuanto se refiere al progreso y significación de su princip 
Escuela, la Universidad asturiana. No porque en la ctierrim 
se -agite y prospere malsano y egoísta regionalismo con quim 
ricos ensueños contra lo que una historia común de triunfos 
caídas ha consagrado para siempre, antes al contrario, «pensa 
do aquí todos en la prosperidad de la patria pequeña por am< 
ala patria grande o. Amase aquí la región y estimanse profund; 
mente el sello que en ella pusieron los siglos, el arte, la fiist* 
ria, el dulce hablar (bable), los usos y costumbres patriarcales 
y las manifestaciones todas del pueblo astur y cántabro herma 
nados y fundidos; pero están abiertos alma y corazón, cabeza 
sentimiento á la ley del progreso, á la fecunda ley de amor y her 
mandad que la misma historia y secular derecho público pusir 
ron entre todas las regiones de la madre España. 

La Universidad es asturiana por su nacimiento y vida; pera 
hasta donde sea posible, pretende llevar vigora lodos vientos de 
la patria española y, más allá, comunicándose con los ceñiros 
adelantados y prósperos de tierras extrañas, y abrazando con fra- 
ternal afecto á las de aquella América, siempre moralmente nues- 
tra por encima de violencias, injusticias é ingratitudes. Con venido 
esto, nada quita á la significación provincial de la Universidad 
de Oviedo. 

Nació de la munificencia de un insigne Prelado asturiano y 
todo el país con sus instituciones más alias esperaron y vieron 
en ella el faro de su adelantamiento. La c Junta general», encar* 
nación de nuestros venerandos fueros y libertades, se consagro 
un día y otro á sostenerla Universidad; el poderoso Cabildo de la 
Iglesia mayor consideró también á la Escuela como hija predi- 
lecta; el Municipio ovetense vio en estas aulas el foco explendo- 
roso de progreso local; y unos y otros se consagraron á sostener 
la obra del Arzobispo Valdés. Para su Universidad, Asturias 
impuso arbitrios y soportó gavetas, que compensaran las perdi- 
das rentas fundacionales, a fin de no cerrar las cátedras, asilo ác 
la juventud de sus comarcas; por ella salip de atraso secular y 
se procuró la ansiada cultura; y áella volviólos ojos en momen- 
tos solemnes y en críticos dias, tornándose la mansión tranquila 
de Minerva en ruidoso asilo de los hijos de Marte. 




— 269 — 
De sus aulas salió el sabio y heroico Marcenado al frente de 
tos «cangrejos! y en el recinto escolar fué el al islam ie rito y jura 
del temido Tercio asturiano; un siglo después, graduados y estu- 
diantes fueron los capitanes y soldados principales del ejército 
provincia], cuando pronta y airada Asturias se dispuso á recha- 
zar la invasión extranjera de Í808; sus doctores y catedráticos 
brillaron en el gobierno soberano regional cuando la nación 
quedó huérfana de reyes; maestros y discípulos propagaron las 
auras de libertad y se alzaron en épocas de opresor gobierno; y, 
ayer cuando á la intestina guerra envió la provincia los «Volun- 
tarios de Covadonga» y «del Principado» en defensa de la integri- 
dad nacional, en la Universidad fueron despedidos los soldados 
de nuestra tierra. 

Al tratar del renacimiento asturiano Campomanesy Jovella- 
nos buscaron en el Claustro universitario sus más conspicuos 
auxiliares; la representación de la provincia en el Parlamento 
siempre fué confiada á los hijos de esta Escuela y la mayor y 
mejor parte de los Senadores y Diputados asturianos fueron an- 
tiguos estudiantes ovetenses; el ilustrado Foro del territorio se 
nutrió de nuestras cátedras; de ellas salieron los insignes repú : 
blicos que llenaron la España del siglo xix, los estadistas Ar- 
guelles, Toreno y Pidal, los primeros hacendistas Canga-Argüe- 
lles y Mon, el economista Flórez Estrada, Martínez Marina el 
sapientísimo, Posada Herrera consumado en la administración, 
Lorcnzana el gigante de la prensa, Inguanzo y Cienfuegos lum- 
breras de la Iglesia, Valdés, Riego y San Miguel príncipes de la 
milicia y tantos otros que, con el suyo, levantaron el nombre de 
la Universidad. Es verdaderamente notable el número de perso- 
nalidades distinguidas, procedentes de estas cátedras ó con ella 
relacionadas, que ya reconocía el rey Felipe V o con la expe- 
riencia de togas que se hallan en los tribunales de estos reinos 
y de las armas que florecían en'la milicia, (jebiendo unos y otros 
sus principios á la enseñanza de esa Escuela, con cuya luz des- 
collaron tan aventajadas habilidades, como tropezaba la expe- 
riencia á cada paso» (1). 

Si los Cuerpos morales, especialmente los científicos, viven 



\x) Real Cédula dirigida á la Universidad en 92 de Octubre de 1774. 
-Véase AriNoics XIV. 



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— 270 — 

y adquieren títulos á la gratitud de ia patria por los servicia? 
las obras de sus hijos, ¿cómo negar á la Universidad o veten: 
justo galardón y bien ganada nombradla, por sus insignes v 
roñes? 

Los modernos alientos de Industria y trabajo del Principad 
tuvieron ensayos y consejos en los gabinetes escolares; rumbo 
cauce el actual movimiento obrero; y colaboración asidua tud 
clase de centros é instituciones oficiales y particulares de Asli 
rias. La prensa provincial, eco y directora de la opinión, eJt 
mentó poderoso y reflejo de la publica cultura, palenque de di; 
cusión fecunda, debió y debe su auge á profesores y estudiante 
de la Universidad desde el primer periódico asturiano Itasla lo 
diarios presentes, como o La Gaceta de Oviedo* (I8ír8-180f¿ 
o El Correo militar y político del Principado* Castrupol, (1810) 
«El Observador» (1813); «El Conciliador de la Nación y de 
Rey* (1820); a El Ciudadano» (1820); «El Momo» y *Cartas di 
Minerva» (1821) con polémicas de las Academias universitarias; 
cEl Nalón» (1842); «El Sin Nombre» (1845); *&] Asturiano* 
(1850); «El Álbum de la Juventud» (185:3); «El Centinela* y *K! 
Nalón» (1854); «La Verdad», Gijún (1854); «El Paro Asturia- 
no» (1856); «La Revista Universal o, (í I ijón, 185G); 41.a Tradi- 
ción» (1857); «Revista de Asturias» (1858;; *El Porvenir» (18níM; 
«El Invierno», periódico estudiantil (1859); «La Joven Astu- 
rias» (1862); «El Anunciador») 1866); «El Eco de Aviles* (1866]: 
«El Apolo» (1866); «La Estación* (lKBtfj; «El Constituyente» 
(1868); «La Unidad* (1868); <EJ Eco de Asturias* fl3üS); -El 
Oriente de Asturias», Llanes(lRBft); *EI Hfidfeal» (1871); uEI Na- 
raneo», periódico de primera enseñanza (1870); «La Revista, tic 
Asturias», segunda vez (1878); «El Carbayón* (1879); *E1 Occi- 
dente de Asturias», Cangas de Tinco (1882); a La Crónica d<3 
Luarcao (1882); «La Cruz de la Victoria* (1888); «El Correo Je 
Asturias» (1890); «La Opinión de Asturias», (1892); i&l Noro- 
este», Gijón (1897); «El Nalón n, Muros de Pravia (1897); 'El 
Progreso de Asturias» (1901); etc., ele,; y otros muchos, pues 
falta espacio para mencionarlos todos (1), 



• (1) «Noticias históricas de la Prensa perindi Ática de Aiturau, pt»t f>. Mü\tmn fuicrlr* Avi 
vedo». (Oviedo. Irap. de Solis— 1868— Folletín de F.l 1'un* Asturt'itttfl /, 

No es fácil publicar aquí una relación compltrLi de periodista» asturiano^ hijos *te \a [di- 
versidad de Oviedo, donde figurarían los nombre* Je Ai: e vedo, Canetla Gutiérrcr, l\ Fr, MU», 



H 



— 271 — 
En todo esto y en mas estriba la significación asturiana de la 
Tniversidad de Oviedo, dentro del deber nacional y déla misión 
general intelectual de toda institución docente. Por aquella 
muy en especialmente atraídos, tuvo la Escuela en muchas oca- 
siones el auxilio y apoyo de sus hijos: ya para sostenerla y con- 
servarla al tratarse alguna vez de su supresión por razones de 
mal entendida economía (1); ya para dotarla de medios de en- 
señanza enriqueciendo sus museos y material de enseñanza con 
generosos donativos; ó ya, como ahora, por medio de más per-: 
manente y propio auxilio, con gran oportunidad hoy que las 
necesidades corporativas son mayores así como menores los re- 
cursos que da el Estado. Me refiero al pensamiento de un anti- 
guo y distinguido discípulo tratando dé constituir una Asocia- 
ción de antiguos Alumnos ele la Universidad con el fin de 
auxiliar moral y materialmente á esta en sus empresas relacio- 
nadas con la educación nacional (2); idea nobilísima, tanto de 
amor y gratitud en su origen como de patriotismo y utilidad en 
su objeto. 

Si la Asociación llega á realizarse y acuden en favor de la 
alma mater los antiguos hijos, ha de mejorar en gran escala el 
estado actual de la Universidad ovetense debiendo á la adorme- 
cida sino indiferente iniciativa privada, lo que la del Estado, 



San Miguel, Villarmil, Pilal (F. J), Albucrne, Fernández Poja, Llanos (R.), Lorcnzana, Ortíz, 
Palacio*. Bravo, Vigil, Infanzón, Canella Meana, Timón, Puente Villanucva, Achucarro, Caso, 
Castaño, Estrada Fuerte*, Laverdc. Carrizo, Oviedo, Marino, Arango, Escalera, Ca«tañon, 
Vlartavio, Rcnducles, Ponte, Amandi, González Solí*. Concha, Valledor, Ladreda Vallina, 
Campoainor. Bustillo, Reíl, Cantón, Posada, Quintana. Escosura, Doriga, Pedregal, Corugedo, 
Sánchez Calvo, Barcena, Uria, Montequtn, Pérez Mingucz, Salmean, Pello, Moutoto, Murtas, 
San Julián, Agosti, Gonzilez Alegre, Buyha, Labra, Lago, Prada, Rayón, Salinas, Aramburu, 
Moran, Nevé, Canella Sccudes, Alfaro, Cuesta, Guisasola, Llana, Valdés, Alarcón, Alvarez, 
García Caveda, Balbín, Ceña), Acebil, l'olledo, l'rieto, Polo, Rocl, Ochoa, Alas, Tuero, Me- 
néndej Pidal, Menéndez de Luarca, Escudero, Carrcño, Celleruclo, Fernández Llana, Pola, 
Jove, Méndez de Vigo, Serrano, San Pedro, Sampil, Canel y muchos y muchos más. 

íi) Kn 1830 los Ayuntamientos de la provincia elevaron instancia al Gobierno pidiendo la 
conservación de la Universidad. 

En otra* ocasiones principalmente en 1865 y 1S66, hicieron otro tanto los municipios astu* 
nanos, principalmente el de Oviedo con un notable documento redactado por el reputado aboga- 
do 1). Pedro González Valdés. — Entonces el entusiasta ovetense Excmo. Sr. 1). Anselmo <¡. del 
Valle y Fernández Roccí, residente en la Habana, ofreció cubrir el déficit que ia escuela causa- 
se en los presupuestos; y, á ene tenor, otro.* asturianos ilustres trabajaron en aquella época 
ydtspuéi, como D. José González Alugre y Alvarez, por la conservación de la Universidad. 

(2) El Excmo. Sr. D. Ramón Prieto y Pazos cx-alcalde, y V ¡ce- presidente de la Diputa- 
ción provincial de Oviedo, trabaja por dar efectividad y cuerpo á U Asociación de los antiguos 
Muramos de la Universidad, bajo las siguientes bases: 

•Podrán pertenecerá !a Asociación todo.-» los que hubieren cursado con cualquier carácter en 
la Universidad. — Los socios se comprometen á contribuir á los fines de la Asociación con una 
cuota anual de cinco pesetas. — La A«o:iación ofrecerá la presidencia honoraria ni Sr. Rector tic 
la Universidad y solicitará del mismo domicilio en la cas.i liniversitar'a. — Regirá la Asociación 
una Junta directiva elegi Ja por la A->ambLa de los socios. — La Junta DinetLa podrá d -clarar 
miembros protectores de la Asociación á las perdonas qr.e presten servicios importantes á la Aso- 
ciación ó á la Universidad.- Si llegar*, a disolverse la Asociación, los fondos de que disponga 
después de satisfechas las atencioues sociales, serán entregados á la Universidad*. 






— 2*1* — 

también inactiva, cercena ó dificulta. Hállase compuesta por 
plantilla oficial (enseñanza de la cátedra) de la Facultad i 
Derecho y Secciones de Filosofía y Letras y de Ciencias, esta i 
tima sostenida por la Diputación provincia! y el Ayuntamien 
de Oviedo (1) y por las Instituciones complementarias de educ 
ción y enseñanza, (Escursiones escolares, Escuela práctica de e 
tudios jurídicos y sociales, Extensión universitaria, Clases pop 
lares yColonias escolares) aunque rejuvenecida y ampliada por 
reforma del método y la extensión social de su actividad acad 
mica. Toca en su marcha principales dificultades económicas, qu 
ya se indican y hasta estrechez y limitación muy grandes asi e 
el material como en el edificio que ocupa. 

Fuera este suficiente para la Universidad, mas no para cor 
tener también al Instituto general y técnico provincial y la Bi 
blioteca provincial que se hallan en el mismo recinto, contri 
toda conveniencia. 

El edificio de la Universidad Ovetense fué levantado poce 
tiempo después déla muerte de su Fundador esclarecido en Í5fi8 

Su hermano el Sr. D. Hernando de Salas, de! consejo de 
S. M. antiguo canónigo de Oviedo escribió en 1571 á la Justi- 
cia y Regimiento de la Ciudad para que se designase sitio con* 
veniente donde construir el edificio universitario, y la corpora- 
ción nombró enseguida un comisionado para tratarlo con los del 
poderoso Cabildo Catedral, á quien e! Sr. Valdés confiara mm 
principalmente sus fundaciones, Con la premura que el caso 
referia se contestó «que el sitio señalado era en las espaldas del 
Colegio, que está hecho, ó delante del mismo en las huertas de 
Juan el Correo» (2); esto es, detrás del Colegio de San Gregorio 
ó de los Pardos, donde hoy está el Banco Asturiano, ó, á su fren* 
te en el solar actual. Aun hubo oíros pareceres: en sitio «de lo pú- 
blico, el de la Magdalena (del Campo) hacia el reguero, cerca de 
Santa Clara» además de los mencionados «en terreno de parti- 
culares, el que está debajo del Colegio que hizo el Sr. Arzobis- 
po ó el de enfrente, considerado más acomodado y conveníen* 
te»>. Este fué elegido (3) en la antigua calle del Campo, camino 

(i) Véase pág. 195. 

(2) Véase pág. 25. — Archivo del Ayuntamiento de Oviedo.— Acta* municipales de j y * 
de Noviembre de 1571. 

¡3) Id. id. de 9 de Julio de 1572. 

— Véase Colección histérico-diplomática del Ayuntamiento de Oviedo por D, Cínico Mi* 
guel Vigil. ( Oviedo, 1889. 



— 273 — 
del destruido convento de San Francisco, bajo la muralla y dando 
otro frente á la antes llamada calle de las Mercedes, de Silleros 
y de la Picola, hoy de la Universidad. 

Imitadores de Juan de Herrera y oriundos, como él, de estas 
montañas, recorrían entonces el Principado aplicando ásus tra- 
bajos arquitectónicos la grata simplicidad de aquel, los maestros 
Gonzalo de Guemes Bracamonte, Juan de la Pedriza, Juan de Ca- 
jigal, Feraando de Huerta, Juan de Ri vero, etc. El primero se 
distinguió en los trazos y planos de la Universidad, que ejecutó 
el ultimo, Kivero, natural de León y maestro de obras de la cate- 
dral de Salamanca (1). 

Por escritura pública otorgada en 1572 ante el escribano 
de Oviedo D. Alonso de Heredia se remató la importante obra 
c de las Escuelas y Universidad») á favor de Rodrigo Gil, quien 
nombró por encargado y representante suyo al dicho Rivero por 
contrato de 10 de Julio de 1575. En 14 de Abril de i 584 Domin- 
go Mortera y Alonso de la Barcena ajustaron la labra y asiento 
de columnas, bases, dinteles, cornisas y antepechos; Andrés de 
la Vara y Alonso Cerdeño contrataron en 15 del mismo mes el 
arrastre de todas las vigas de castaño, que el maestro tenía cor- 
tadas y reunidas en la próxima parroquia de San Claudio; en 13 
de Abril de 1585, Juan de la Zucera ajustó 27 columnas de nue- 
ve pies de largo y un pie y dos dedos de grueso, 28 dinteles de 
seis pies y dos dedos, 28 antepsehos de cinco pies y dos de- 
dos: en precio todo de 34.000 maravedís, puesto, bien desbastado, 
en el patio de las Escuelas; en 15 de Abril de id., Bernardo de 
Va Portilla, de Trasmiera, remató todas las cornisas del palio 
bajo, 29 bases, 29 chapiteles y 29 co'lumnas, con la condición de 
que la piedra había de ser blanca de cercana cantera de Colloto; 
en 6 de Julio de 1587 Juan del Palacio remató 600 varas de bal- 
dosas de tres pies de largo, uno y medio de ancho y medio de 
grueso, todas ellas de la cantera del inmediato concejo y pueblo 
de Tudela; en 13 de Abril de 1596 Juan de Pantones, carpinte- 
ro, ajustó toda la obra de carpintería de los dos frentes de orien- 
te y mediodía en el patio alto, y Fernando Noriega la de los. 



(i) — Noticias de los arquitectos y (i-: la Arquitectura en Zfv/.i// 1 por Ll.iguno, adicionada 
por Ccan Ber mudez (Madrid— Enero 30 - 1829. 

— La Arquitectura greco-romana en Asturias por Fortunato de Selgas (Revista de Astu- 
rias-Oviedo — x 882 ) . 



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—374- 

lienzos del norte y occidente; y, por último, el enlosado exlerio 
con un ancho de doce pies y loa asientos, con dos cadenas d 
hierro á derecha ¿izquierda de la puerta principal, que había t 
recorrer las cuatro calles que circundaban al edilkio, corrió 
cargo del maestro Rodrigo Gil (1). 

A Bracamonte y á Rivero débense, pues, [os trazos del seveí 
y clásico edificio con algunos resabios platerescos, de robustas 
aunque poco elevadas magesluosas fachadas, que contrastan en 
la elegante arquería interior. 

Tiene el Establecimiento IfiO pies (50,15 metros) por cad 
una de sus fachadas, que forman un cuadro perfecto. La decors 
ción de las que corresponden a las caites de San Francisco 
antigua de la Picota son graves y sencillas. Consisten en un í*J 
calo de proporcionada altura en el punto mas alto, que form; 
con el desnudo de los muros un retallo de un cuarto de ph 
(0,069 metros), que cubre un salón de perfil gracioso con escc 
lente efecto. Sobre dicho zócalo se elevan los muros hasta la 
cornisa de coronación, que termina la obra en sus lisas fachadas, 
sin más ornamento que la hermosa y bien labrada cantería, y 
sin otra interrupción que los huecos de las puertas en los úni- 
cos pisos bajo y principal. Las estrechas ventanas son nueve en 
el lienzo del N. y once en el de E. unas y otras con alféizar in- 
terior y esteriormente. Al 0. y S. no había mas que piso bajo; 
pero se terminó el alto de manipostería en 17ííf> con fondos de 
la herencia del Brigadier Solis para colocar la Biblioteca y otras 
dependencias, bajo plano y obras que dirigió el ilustre arquitec- 
to asturiano D. Manuel Reguera González. 

La puerta principal en la calle de San Francisco está bien 
entendida, es espaciosa y de buenas proporciones y ia realza la 
guarnición moldada, que adorna las cambas y dintel; pero lo 
que más contribuye al agradable efecto de esta puerta es el in- 
tercolumnio que la decora. Es de dos esbeltas y íigeras ccluov 
ñas dóricas istri&das, un poco más altas de lo que requieren 
las proporciones del orden, apoyadas en cnntrapilastras. Su en- 
tablamento es propio con triglifos y metopas, sobre el que apa- 



(1) — Archivo notarial de Protocolos de Oviedo. 

— La construcción del edificio para el Colegio de Huérfana* KeculttA*. de parí ornen I ó Hfliwr- 
sita rio, obligó á cerrar la calle ó callejón, qnc daba á la del Campo u üan frraAt&euj terrado 
una puerta que por allí daba también entrada á la Universidad. 



— 275 — 
recen descansar, en el piso principal, las armas familiares del 
Sr. Valdés Salas (1), repetidas al lado de la ventana del centro - 
con guarniciones moldadas y coronadas por un frontón curvo 
bajo el que está una escultura que, aunque sin ningún parecido 
con el Fundador, á él, al menos, se quiso aludir representando 
un Arzobispo de pontifical. La puerta del E., no tiene más 
adorno que estar en medio de un pequeño resalto que hace el 
muro, formando un grupo central, cuyo resalto, está por hiladas 
de almohadillado que siguen las líneas de las hiladas generales 
y las dovelas del cerramiento de la puerta y ventana del piso 
principal, que está entre dos escudos universitarios. La dicha 
cornisa de coronación dá tono, unidad y carácter dórico al edi- 
ficio, y tiene, por lo tanto, el alquitrave y cornisa dóricos con 
metopas y triglifos circulares. 

Él interior es claro, alegre y desahogado, con espacioso patio 
al que se baja desde la fachada del E. por una suave escalera de 
dos tiros, á causa del alto nivel de la calle de la Universidad. 
Sus cuatro crujías están formadas por ocho columnas dóricas 
en cada uno de los lados y sobre sus capiteles arrancan siete 
arcos de medio punto, con la archivolta del orden, coronados 
con sencilla cornisa alquitrabada, cuya corona sirve de imposta 
al piso principal. Este se halla decorado con orden jónico, 
que coge toda su altura, con la circunstancia que, además de las 
columnas, que cargan á plomo de las de planta baja, carga otro 
peso á plomo de la clave de arcos, en los siete del lienzo del 
0. del patío. Lo mismo sucedía con los otros tres; pero al abrigar 
las altas galerías y habilitarlas para oficinas, cátedras y salas se 
han quitado las columnas centrales y de sillería, dejando en 
medio ventanas antepechadas. En el lienzo del N. existe entre 
las columnas un antepecho general de sillería y los cuatro 
eslán coronados con una ligera cornisa que, si no corresponde 
al orden, contribuye con sus buenos perfiles y la acertada pro- 
porción de 'ambos pisos á hacer de más agradable efecto la de- 
coración del patio. 

'i) Son de cuatro cuarteles bajo el sombrero, cruz y cordón arzobispales: un castillo con 
un \eón sobre s*.i* almenas ÍStilas )\ en campo blanco, tres barras azule* con diez cruces de San 
Jorge de Inglaterra ( VaM¿¡ )\ tres barras verde* en campo colorado, f Li-ino )\ en azul y dentro 
tic una orla con la« cruces de San Andrés cinco flore* de li> oro y una espada plateada metida 
en un I uncí colorado. ' Doña Palla y Ponte). 

Las armas ó escudo universitario iValdéO se hallan también sobre elegantes cartelas en las 
esquinas del edificio, análogas al antiguo del Colegio de los Pardos. (Véase pág. 29). 




Los cuatro lienzos de éste forman otros tantos eláusti 
espaciosos en el piso bajo; á estas galerías abren las puertas 
las nulas, y la del 0. está el emboque de la espaciosa escale 
principal (1), 

Como era natural, por consecuencia ineludible de los lie 
pos, se hicieron en la Universidad varias obras desde su fund 
ción para conservar y restaurar eí edificio destinándose pa 
ello diferentes sumas desde los Estatutos Viejos, En el últin 
tercio del siglo xvni comenzaron muchas de reparación y dec 
rado, como la Sala de actos mayores en 1770, el patio en 17 H 
las cátedras en 1789, y no pocas se efectuaron á principios di 
siglo pasado; pero las que cambiaron completamente la EscueJ 
datan de 1843. Hasta entonces tuvieron menores exigencias la 
enseñanzas y el gobierno de la casa, bastando. Jos ingresos de 
arca á cubrir, á veces con desabogo, todas las necesidades di 
la antigua vida académica; más las novedades posteriormente 
introducidas obligaron á grandes innovaciones para dar cabidí 
ú varias dependencias y hacer más agradable el aspecto severo 
y triste del primitivo Establecimiento. ¿Qué diferencia, sino, en 
tre las antiguas aulas y las modernas? Estaban reducidas aque- 
llas á la elevada cátedra, donde se colocaba el maestro, negra f 
sombría por los años, con un tosco respaldo de madera; partien- 
do de la escalerilla que le servía de ascenso, iban arrimadas á 
la pared unos asientos fijos de tabla y atravesados en el centro 
los largos y estrechos bancos de álamo, lustrosos por el roce y 
laa flexibles, que el alumno del centro, sirviéndole de apoyo la 
punía del pié, hacía que sus compañeros se columpiasen blanda- 
mente en el asiento. 

En el trenio rectoral de 1843 comenzóla renovación univer- 
sitaria el animoso Sr. Arenas destinando á ella cerca de un mi- 
llón de reales procedentes de rentas fundacionales, ingresos y 
derechos académicos. Asi pudo acometer y realizar obras de 
mucha importancia, renovando los atrios interior y exterior y las 
galería^ cubriendo de cielorasos los tránsitos y salones, dando 
al edificio, en una palabra, un aspecto agradable y aseado bo- 
rrando injurias del tiempo, vestigios de guerra y de impropios 



(i) Madnx." "Diccionario gcoíjráficc-htstóríco-E.'átMitaLko de España y sus posesiona tk 
Ultramar-.— Tomo X1L— M-idr¡dj 1&49- 



— 277 — 
destinos de almacenes, hospital, cuartel, etc, (1) preparando la 
Casa para la exigencia y cambios con el plan de 1845. 

Afortunadamente recayó el nombramiento \ de Rector en el 
Sr. D. Pablo Mata Vigil, persona que reunía, al aprecio y simpa- 
tía general, una elevada representación, el más infatigable celo y 
el mayor acierto para dar impulso y desarrollo á la nueva ley. 
Interesado por él nombre de la Escuela en la que por largos 
años había sido profesor y jefe de reconocido mérito, no perdo- 
nó medio ni sacrificio personal para mejorarla. Siguiendo el 
impulso, que había iniciado el Sr. Arenas, si no cambió la forma 
del edificio le acomodó á las nuevas necesidades y le embelleció 
agradablemente. Se arreglaron las oficinas rectorales y de secre- 
taría, se dividieron en dos las aulas grandes, construyéndose 
asientos de forma circular para los estudiantes y levantando 
otro sitial para el catedrático, respetando el antiguo de Feijóo; se 
ensancharon las ventanas, se trasformó la Sala de actos mayo- 
res, se crearon los gabinetes, se adquirió mucho material de en- 
señanza, etc., etc. Respetado de maestros y amado por los alum- 
nos, fué su muerte dolorosa pérdida para el Establecimiento. 

Volvió otra vez al Rectorado el antiguo catedrático Sr. Al» 
varez Arenas, cuyas dotes de inteligencia y carácter con su en- 
trañable cariño á la casa hicieron no decayese el espíritu de 
bienhechoras reformas, porque dispuso el arreglo de la sala 
claustral, habilitó local para la enseñanza del Notariado y siguió 
con más obras. 

Los Rectores sucesivos las continuaron, como la escalera in- 
dependiente para la antigua Secretaria, que hoy ocupa el Insti- 
tuto, eh tiempos del Sr. Martín Sanz; la pared de canto labrado 
entre el patio exterior de la Universidad y la plazuela de Riego 
con puerta exterior á esta (2) y la transformación del Paraninfo 
decorado por el excelente pintor Sr. Diana con alegorías acadé- 
micas, sonde la jefatura del Sr. Marqués de "Zafra; y, á este tenor 
otras obras continuas en el edificio y sus dependencias. Mas las 
principales fueron ultimadas por el Sr. D. León Salmean, profe- 
sor docto de la facultad de Ciencias. Muy estimado de sus com- 



(i) Archivo de la Universidad. —Claustros de 20 de Septiembre de 1833, 25 de Septiembre 
de 1834 y 4 de Febrero, 31 de Muyo y 21 de Diciembre de 1835. 

h) Archivo de la Universidad. -Entre otros acuerdo* relativo! á Cata pretendida servidum- 
bre 300 los acuerdos de 12 de Junio de 18 16, 13 de Noviembre de 1887 y 22 de Abril de 1818. 



— 278 — 

pañeros y muy querido por los estudiantes, su ascenso al rec 
rado fué día de inolvidable jubilo y prenda segura sli celosa 
lividad para el progreso y nombre de ia enseñanza en esta L 
versidad, á la que profesaba el mas acendrado afecto. Bajo 
mando se trasformó el edificio porque gestionó con incansal 
afán la adquisición de fondos ordinarios y extraordinarios, y i 
durante veinte años de su mando paternal rehizo el estable 
miento. Ultimó la Torre -observatorio; embaldosó de nuevo 
patio, los claustros exteriores y la antigua ;< pedrera*; reno 
por completo la vieja cubrición y tejados dejando espacios 
desvanes con tres escaleras independientes de que antes se c 
recia; hizo bella escalera principal, dedos tiros de ida y vuel 
toda de excelente piedra, con balaustrada de mármol y canee 
de hierro en remplazo de la vieja ascensión primitiva, dejand 
bien dispuestos y decorados paredes y recuadros para alegoría; 
pinturas é inscripciones que proyectaba; dotó de nuevo morí/fe 
rio todas las dependencias, cuyos gastados y negros pisos sustj 
tuyo también por nuevos tillados; decoró las cátedras dotando 
las de nuevos bancos conforme á los últimos adelantos pedagú 
gicos; gestionó y realizó la compra de la huerta del O para en 
sanche del establecimiento y defensa de sus luces; y aún dispusr 
mas obras y procuró adquisición de cuadros, libros varios, pe- 
diendo decirse que casi dejó un edificio rejuvenecido total me/i 
te cuando cesó en la jefatura académica (1), Amó á la Escuela 
como á su casa propia, y aún enfermo, rendido por los año*\ 
visitó diariamente mientras humanamente pudo á su querida 

Universidad y puede decirse que murió pensando en ella 

¡Sirvan estas pobres líneas, que escribo conmovido, como testimo- 
nio de afecto y gratitud ¡i mi maestro y jefe, por quien escribí 
la primera edición de este humilde libro, y el fué también quien 
me asoció después á su inolvidable gestión universitaria. 

Tuvo el respetable Sr. Salmean dignísimo continuador en el 



(i) Grandes fueron «us dcsvel* * itnu y oiro año para mejorar y engrandecer la LTnivírwíbd 
en favor de la que acudió incesantemente á la Superioridad y á las silurianos influyentes. Formu- 
ló un plan de reformas, partiendo de la se^n melón del latfltuto "Clá'L'rtro* de 5 de Abril de 
1877 y 21 de Noviembre de 1881I con doi DomltioMSi u «a de los Srcs, Campillo y Djüi urdiría, 
y otra de lo* Sres. Aramburu • F), AK,.n / Am:mri¡ y Buylh y tu Ja-¡ do-, une ti huimí iU" 
contarme; procuró el concurso de lo* Sres. Po&ad;i Herrcia, Toreuo, Quintana, Barón de Crt»* 
donga, Fernández Vallín y mas 1 Claustro* diados los de 23 de Marzo y 23 AgO>tci de i$8^ II 
de Octubre de 1887 y 8 de Febrero y lo de Abril de iKSÜfj cte., tic, pues seiiü muy pioiijii Ij 
tarea de mencionar todas las gcsliouts del benemérito Sr. Salmeas y acuerdo!, dnuigrata lauda 
bajo au presidencia. 



— 279 — 
sabio catedrático Sr. D. Félix P. de Aramburu, Rector actual, 
que, desde fines de 1888, con heredado y personal cariño á la 
Universidad, prosiguió la labor meritoria de su antecesor con 
mejoras sucesivas, que igualmente han de hacer memorable su 
mando. Dispuso el cercado y arreglo de la huerta y la construc- 
ción allí de necesario almacén; el ensanche, apertura y enrejado 
de las ventanas de cátedras y capilla, que fué decorada y desti- 
nada á Paraninfo sin perder su importante y tradicional desti- 
no; afianzamiento con viguetas y columnas de la crugía del E.; 
habilitación de aulas para los estudios de Ciencias y del despacho 
rectoral con más luces; construcción de nuevos retretes; servi- 
cio de alumbrado eléctrico; hizo nueva escalera de ingreso por 
la calle de la Picota, etc.; y todo ruchando con indecibles difi- 
cultades. No es la menor la del misero presupuesto, que imposi- 
bilita al Sr. Aramburu para poner la. parte material de la Uni- 
versidad con independencia y á la altura del progreso moral 
que ha conseguido bajo su régimen (1). Lazos de amistad frater- 
nal, nacida en la infancia, acrecentada en las aulas y sellada ahora 
en muchos años de magisterio y de puesto á sus inmediatas órde- 
nes, me impiden decir más del Sr. Aramburu, cuyos altos mereci- 
mientos son, por otra parte, bien conocidos, no ya solamente 
en Asturias sino dentro y fuera de España. 

Actualmente está el edificio distribuido de la siguiente forma: 
en el piso bajo, la Capilla-Paraninfo, las aulas de la Universidad 
é Instituto, (que son reducidas por la división de las amplias an- 
tiguas) la portería, el antiguo Paraninfo destinado hoy á cátedras 
y Sala de conferencias de la c Extensión universitaria»; y en el 
piso alto, aulas y gabinetes de Física, Química é Historia Na- 
tural de la Sección de Ciencias é Instituto, la Dirección y Se- 
cretaría de éste, con la Secretaría general, Rectorado, (2) Salas 
Claustral é Iconoteca asturiana y de Juntas de la Facultad de De- 
recho con su Librería especial y la Biblioteca provincial universi- 
taria. En el extremo N. O. se alza la Torre Estación meteorológica 



(i) Archivo de la Universidad.--Cláustros de 7 de Mario y 5 de Mayo de 1903, con 
Acuerdos y apremiantes gestiones de orden económico en relación con los de la Asamblea uni- 
versitaria de Valencia. 

(a> En el despacho rectoral se conservan, por generosa donación, la escribanía que sirvió 
para firmar en Cuba la p-z llamada del Zanjón, remitida desde Nuevitas en 1879 por D. Etel- 
v'mo Martínez, de Llanera; y una tabaquera, de uso del insigne repúblico el divino Arguelles, 
regalo del cx-alcaldc oveteusc y antiguo alumno, Excmo. Sr. D. José Longoria Carbajal. 

19 



— 28o — 

con el reloj moderno, que reemplazó al primitivo de H" 
sonoras campanas, 

La capilla osla á la izquierda de! vestíbulo, entre < 
esquina cfciN. U. y es de buenas proporciones, cubierta A 
veda de punto. El altar, de privilegio perpetuo desde 1 7Híi t i 
las elides de San Gregorio el Magno, tí quien está dedi 
las de Santa Catalina, San Antonio de Pádua, Sao Fram 
Asís y San Juan Bautista, con más San l'edro y San Pabío j 
Evangelistas San Lucas y San Juan en gnicios ves cutí 

ara y los santos íl), K¡ retablo fue trabajado por Juan de De 
cuando las primeras obras de habilitación de la tln¡ve¡ - 
ganó por ¿1 25 501 reales, aunque Domingo Montciv 
albañü de la ciudad, denunció varías fallas en la úbt 
oeiieta, «pie separa la bóveda de loa lienzos, se lee la «gtiie 

rípción qtie rodea todo el templo: 

Dft ESTAS ESCUELAS V UNIVERSIDAD HA SIDO FUNDADO* V DOTAHOR 
Ii.IMO Ski. Ü. FkkPíANDO DE VALPbá, DE GLORIOSA MEMORIA, HIJO D* 

Fernánubk de VaLdís v ni doña Mrncía dk Vald&í, %e$ 

de Salas. Akzohisi'u &* Sevilla, Presidente del Suprrmo Coks 

ESTOS REINOS Í lN*jl '1MDOR GENERAL EN ELLuS, KRLK3I0SG Y VJGtl U 
FENSOK DE LA fi CATÓLICA V SEVERÍS1M0 PERSEGUIDOR DÉLA HERÉTICA Pl 
VEDAD. MURIÓ Año di: 156Ü COMENZÓSE A LEER KN ÉSTAI KSCUELAS EL A 
DE 1608. PRIMER PATRONO DE ELLAS EL Hk, D, J VaLI 

DSnfilO, «AflAlLEKÜ DÍL ILÁUJTO DB Sa SOCA!' 

Rey D. FRLtFl Ilf, V LO SON rERFÉTUOS LOS SUCESORES EN 
lasa de Salas. 

Por último, ya se dijo, que para el buen servicio del temp 
se entregó al Claustro numerosa plata, ornamentos y 
que desaparecieron en su totalidad cuando en la guerra 
Independencia los franceses convirtieron en cuartel 
ció (2) El pulpito antiguo fué reemplazado por el venera: 
tial del sapientísimo catedrático benedictino con esta ioscripcií 

I Ai Í1 

tLTMO, V KMO. P. MTRO, 
FR. BENITO J IEIJÜO 
1709-1764 



i'i'i ^ Archivo tic la. Universidad —TevUimiL .mi ..I. I Ai 

— Cl1 fililí" ífl 1«'" ■: 
ño!,, obtuvo de SS, el Papa León Xül un eMitu 
Fm fie c* que, c i Tcr&áo* y comulfudír», visita «¡en la ':;». 
pera* li,i*u la |mc ta\ del Sol, en cada mi 1 -Ir b* frsimdiide* de 
1 '■ -i- ' ) I* MatM, TmUiImcii ha coi ■ 

I' m 5r. A Kítialdini» artuHkpu de Kcradtu y Nü 1 
m-im a la UnKcr*id*d. 
(?) AtctiivM de la L-«ivi:r>idr*d.— Tes lamen tana del Arzobispo Valí 
Vea*c pág* 155. 




— 28l — 

• De las dependencias del piso alto ya se hizo mérito tratando 
de los gabinetes y museos para las enseñanzas de Ciencias. 

La galería, qué precede á las oficinas universitarias está de- ' 
corada por cuadros, que del ministerio de Fomento obtuvo el 
Héctor Salmean y son los siguientes: 

De autores desconocidos: San Antonio de Padua, un san- 
to Crucifijo Prematatense, Sacra Familia, Jesús aprisio- 
nado, San Juan Bautista, la Virgen y el Niño Jesús, La 
comida del Fariseo, Jesucristo y San Pedro, dos Obispos, 
dos Santos Religiosos un Santo heroico, y Minerva; El 
Bautismo de la Virgen y la Concepción, por Gilarte; un 
país, de escuela Flamenca; Reinaldo burlando los encantos 
de Armida y Herminia huyendo de Polifermo, por Gordia- 
no; El Maná, por Escalante; San Antonio, por Herrera el 
viejo; dos Religiosos benedictinos, por Ricci; San Francisco 
de Asís, por Zurbarán; San Jerónimo, por Ribera; y Últimos 
momentos de Felipe II en el JEscorial, por Esquivel- 
' Para decorado de la escalera principal, el Rector Sr. Aram- 
buru obtuvo el cuadro histórico de grandes dimensiones, debido 
al pincel laureado del profesor asturiano D. José Uría y Uría, 
representando el dramático episodio del alzamiento provincial 
de 1808 cuando las turbas populares pretendieron sacrificar en 
el campo de San Francisco de Oviedo al poeta Melendez Val- 
des, consejero Mon y los coroneles Filzgerald y Ladrón de Gue- 
vara, como comisionados ó partidarios del duque de Berg y go- 
bierno intruso, y fueron libertados de la muerte por el Cabildo 
Catedral, en procesión, y frailes franciscanos que calmaron las 
iras de los patriotas. 

De la «Biblioteca provincial universitaria» se tratará á ca- 
pítulo aparte; y nespecto del «Archivo») cabe decir que está hoy 
confiado al Cuerpo facultativo especial. Urge ultimar su ordena- 
ción y clasificación y terminar también los índices, con uno es- 
pecial de la interesante antigua vida académica, cuyos principa- 
lea documentos deberán publicarse en las «Memorias» y «Ana- 
les» comenzados. Al Rector Sr. Salmean débese haber salvado 
las primitivas actas y papeles de mérito cuya encuademación y 
arreglo procuró con interés especial. 

Por último, es hoy dependencia notable, pasando á ser como 



'V; v 



ífr-; 



— a** — 
una institución provincial, ¡a «Iconoteca asturianu-uní versilari 

galería de retratos de hijos ilustres de la Universidad 6 prn\ 
cía, sus favorecedores y personas distinguidas dignas de e 
honor. Esta colección de retratos, algunos de escaso mérito 
tístico, débense principalmente al tantas veces mencionado 
ñor Salmean que, desde 1874 con un donativo del Sr, Gonzá 
del Valle, pues entonces solo había los retratos del Areobfc 
Fundador, Campomanes, Jovellanos, P, Feijóo, Brigadier Solí 
Rector Mata Vigil, se dedicó tan celoso Jefe á enriquecer la h 
noteca con numerosos lienzos (1) que obtuvo por ges! iones in 
sanies y donativos particulares, dejando también guía é índit 
ciones para la continuación de este Musco iconográfico astur 
no, proseguido con interés por el Rector Ararnburu. 

Su complemento y manifestación en acto solemne sería u\ 
fiesta adecuada entre otras, que deben verificarse on fecha ya i 
lejana del tercer centenario universitario, celebrando la entrm 
y nuevos rumbos de cultura del siglo xx; debiendo también ost: 
ya erigido para aquellos solemnes días de 1908 el monuuicnl 
estatuario proyectado, que la gratitud pública dedica á la menn 
ria inmarcesible del munífico D. Fernando Valdés v Salaí 
En peregrinación de amor visitarán los asturianos en el puebl 
nativo del Arzobispo insigne la egregia sepultura cincelada po 
el maravilloso Leoni; en certamen extraordinario podrá presen 
tarse como un balance de las fuerzas morales y materiales aslu 
rianas, el progreso y manifestaciones salientes de ciencia, litera fu 
ra, industria, agricultura y comercio del país á partir de las fun 
daciones del gran Prelado; desde la primaria escuela hasta h 
mas superior institución instructiva y educativa de Asturias, ves 
tiran de gala, y mejor, si para entonces ya pueden manifestarse 
renovadas y reproducidas en vida progresiva y propia de verda 
dera enseñanza. 



,£G1 



íi) Véase mi «Discurso inaugural del c\ít*o de tSSfi 87a, fQvicdo. imp. de Rrid: iSf 
donde se de? cribe esta Iconoteca con reseña bio£rá tí Cf>- bibliográfica de luí a^uriuno* itiislH">. 

Algún visitante de e.«ta galería dice; 'Noson todos loi que Cátiu, ni cuan todas los quí 
son». 

Se buscan, para adquirir copias, Ilu relr-ito* del Deán AsL*£j y de] Regente Pém Vil '■'■ 
mil, y *c hacen gestiones á fi.i de cj, seguir Ini del Auobí#p<i Orü.'da y iná* Prelado*; d* 7;Vj4i 
dt Aviles, Carvallo y otros escritores; di: tai Préndenles del Consejo de CaAlítlsi, Mniquetdc b 
Paronz.%, Riega, l). Arias Man y VtÍArdt t /í Rmn >n éé f\nm¿i y Stfa, y alta*, Cortejen* 1 
Ministros; de los Generales Abura/, Trema ñts t CirttfHfg94 t "LucHr* t loi Mi*drz de f'igv y nw 
ilustres militares; de miembros distinguido; de I m Ordt-iiüi 1Iciicd¡-:tñM, Dominicana, Frantho 1 
na y Compañía di Jesii;, y otro.» asturfAiui*, notorig-i p.ir^u* tBftintcSmlíatfOS. 

En el Apéndice XIV figuran con * lo* isturi&tttM distflfuidas, cuyo* retratos estin üdwJ 1 
mente en la Iconoteca. 



-28 3 - 

CumpHdas se vean también las justas aspiraciones de la 
Universidad logrando personalidad vigorosa, siendo ley y régi- 
men la «autonomía universitaria» anunciada en el proyecto del 
ministro Sr. García Alix, desenvuelto en base amplia tanto en la 
esfera científica y docente como en la económica (1). Al llama- 
miento de la Universidad española responderán quizá mejor las 
fuerzas vivas nacionales; adecuados organismos, en consonancias 
con ideas y deseos modernos, desenvolverían el progreso moral 
para suspirada regeneración, que por ese camino principalmen- 
te puede conseguirse; la región tendrá los medios de cultura en 
dirección de sus inmediatas y características necesidades y as- 
piraciones; y á la labor, bajo rigorismo oficial de plantilla, po- 
drán sustituir trabajo y estudio mas hondos y entusiastas, libres 
y vivificadores. 

Asi vive la Universidad de Oviedo esperando un cambio ra- 
dical en el régimen y gobierno de la Instrucción pública. Foco y 
encarnación de cultura local y general, aspira á continuar su 
historia. 

La Universidad de Oviedo no ha tenido, es verdad, una épo- 
ca grande y gloriosa, como otras célebres Escuelas de Europa; 
pero llenó cumplidamente una modesta existencia, impulsando 
la actividad intelectual de Asturias y regiones inmediatas. El 
tiempo, al pasar de siglo en siglo su inexorable fevista, la halló 
siempre en primera fila en el estado de la enseñanza, mientras 
han desaparecido otros cuerpos docentes que, al nacer el de 
Oviedo, disfrutaban de superior y merecido concepto. La Univer- 
sidad asturiana, aunque reducida á limitado territorio y cerce- 
nada en su antiguo cuadro fundacional, tiene hoy como en pasa- 
dos días el crédito y esplendor que á sus aulas dieron muchos 
hijos, que se abrieron paso en todas partes por claro talento y 
sentido práctico. 

Trabajemos todos por dias venturosos para la Escuela astu- 
riana, que han de lucir si el mezquino é impotente sentimiento 
de mal entendida economía no ajusta el ancho campo de la 



1 1) Archivo de la Universidad —Claustros de a, 9 y 26 de Octubre de iqoo para el estudio 
del proyecto de ley, y notas redactadas al efecto por los Sres. Diazürdoñcs y Sela. En ios 
Anales de la Un roen ida d ^Oviedo, 190a) se publicó el dictamen del Claustro ó ponencia del 
catedrático D. Aniceto Sela. 



i\- 



flf. 



Instrucción pública al estrecho recinto de las casillas de un p 
supuesto mecánico, poco meditado y, por lo tanto, eslérih 

No se apague, no, en la Universidad de Oviedb el fuego ¡ 
grado de la ciencia, que encendieron el generoso Váleles y 
animoso Asiego; que fomentaron Feijóo y Campomanes, Pk 
dor y Víllamil; y que avivo el primer Marqués de Pidal cuando 
moderna renovación de la Enseñanza, 



íí> 



I 



SEGUIDA PARTE 



NOTICIAS 

DE LOS 

ESTABLECIMIENTOS DE ENSEÑANZA 

EN FL 

DISTRITO UNIVERSITARIO 

DE OYIEDO 










* 




CAPÍTULO PRIMERO 



Observación sobre el plan de este libro.— El Distrito universitario de Oviedo; 
su demarcación primera y la actual; Estudios y Centros oficiales de Instruc- 
ción que comprende. — La Segunda Enseñanza; su concepto, — Antiguas cá- 
tedras asturianas y leonesas de Latinidad y Humanidades; Últimos datos del 
Colegio universitario de San Gregorio de los Pardos. — Enseñanzas, Pro- 
yectos y planes de Estudios secundarios ó preparatorios en el siglo xvm y 
primera mitad del xix. — Instituto provincial de Oviedo; su separación de la 
V Diversidad; organización; material de enseñanzas; presupuestos; necesidad 
de local propio. — Instituto provincial de León; su creación; medios de ense- 
ñanza; presupuestos.— Estudios de Segunda enseñanza en el Instituto* de 
Gijón; su creación moderna y carácter del Establecimiento; matrícula y re- 
cursos. —Institutos locales suprimidos de Casariego de Tapia (Oviedo) y de 
Ponferrada (León); noticias históricas y consideraciones acerca de la supre- 
sión.— Antiguos Institutos libres de León y Astorga (León) y Llanes (Oviedo). 
— Colegios particulares de Segunda enseñanza incorporados á los Institutos 
oficiales. — Referencia al Instituto de Santander. — Libros de texto en los 
indicados Institutos.— Matrícula. — Inspección. — Múltipley variada legislación 
de Segunda enseñanza y necesidad de un plan orgánico estable. 



Dispuso la Circular ministerial de 6 de Abril de 1869 (en 
cuya virtud me encargó el Rector Sr. Salmean escribir en 1872 
la presente obra, ahora ampliada y reformada) que se redactase 
primeramente la «Historia de la Universidad de Oviedo» (núme- 
ros 1 al 9.°) y se reúnan al final «Noticias de las Cátedras y Es- 
cuelas, que hayan existido en el distrito universitario, ya depen- 
dieran ó no de la Universidad» (número 10.°). Esto explica el plan 
seguido; pues, de otra suerte, diferente hubiera sido el orden 
lógico y hasta oficial del libro, distribuyendo las materias en la 
graduación propia de la Instrucción pública: «Enseñanza prima- 
ria» ó fundamental (de Párvulos, Elemental, Superior, de Adul- 
tos ó ampliada profesional, y la propia de Mujeres); «General ó 
Segunda»; y «Especial ó Facultativa»; que asi resulta más sim- 
plificada la conocida clasificación de la Ley de 1857. 

Roto por el mandato ministerial el plan, que debió seguirse 



- 2- 

en estas páginas, en orden inverso comprenden 
parte datos varios de los róstanlos Centros d 
Distrito universitario ovetense. 

Surgió éste por la Orden de 29 de Abril de 1841 ñisp< 
qm lodos los Establecimiento- y Colegios de la Provin 
Oviedo se dirigiesen a la Superioridad por conducto del Etoeh 
rado. El plan de 1815, que dividió á la Península un Distrito 
académicos, comprendió en el de Oviedo esta Provincia i 
de León y Santander; pero el de 1860 i á Santandt 

unió al de Yalladolid sin motivo fundamental para ello, ptsi 
por la proximidad y otras consideración natural 

histórica la distribución del ilustre primer Marqués de PSdal 

Santander y Oviedo bou dos provincias hermana:- 
fueron asttires y cántabros, a Lo que tira al mar, ( 
P, Flórez, se decía después de los moros Asturias incluya 
Santander y Laredo; y las montañas que hay d< 
hasta el mar eran llamadas por los antiguos Asturias di- Tra? 
miera i,í). Sabido es que la parte occidental de Santan 
llamó y se llama Asturias de Santularia. La unión m&s intima 
del «Principado* y de la ^Montaña* ó sea de tas dos 
fué pensamiento patriótico, que movió Ja pluma del docto La 
verde Ruiz, y escribía: illn misino ruarlas baña, una n 
cordillera las separa de Castilla; su topografía agricultura, pro 
duelos vegetales y minerales son idénticos; análogas sus 
trias; análogos sus trajes, y muchos usos y costumbre-: no b&\ 
solución de cunlinuidad entre ellas, ni por la disposición de 
terreno, ni por la manera de ser de sus pueblos; nadir al pasa) 
la barca de Inquera cree entrar en un país distinto ch 
acaba de recorrer como nos sucede cuando trasponemos kn 
puertos de Heinosa y de Pajares* (2). Abogaba el sabio cátedra 
tico con argumentos hisb sociales para hermanar i 

más á Santander y Oviedo en todo genero de divisiones a* i 
trntivas; \\ respecto ¡t la académica, existen (¿oy otr- 
tradícíonalea y los de proximidad entre Asturias y la 



( i) Es/ttñti Sagrada, truno XXV I, 

<jj EJcctfvwnenle, no obstante la í diferente* tti visión es histérica* y »dnum 
el siglo xvj 14. -■: uoniprciíde en mapai, hiütoría», dtadonimen 
nielle, L_i Martmícre. ete-}. bajo Isi dtuomii .Uthtim 

i.'cay.i. Piran - y ■■! m.ir. 



— a»9 — 

unidas ahora, cual no sucedía en 1850, por cómodas carreteras 
y el actual ferro-carril de la costa. 

Los estudios y centros oficiales de instrucción, que comprende 
el actual distrito universitario de Oviedo, son: 
Universidad de Oviedo. 

Institutos provinciales de 2. a Enseñanza de Oviedo, 
León y Gijón. 

Escuela de Veterinaria de León. 
Escuelas de Artes é Industrias de Gijón y Oviedo. 
Escuela de Comercio de Gijón. 
Escuelas normales de maestros de Oviedo y León. 
Escuelas normales de maestras de Oviedo y León. 
Escuelas de Instrucción primaria de Oviedo y León. 
Y pues que la Circular, tantas veces mencionada, también 
pide noticias de otras Escuelas que no dependan de la Universi- 
dad, igualmente se han de comprender en esta segunda parte 
datos varios de otros diferentes Centros de Enseñanza é Instruc- 
ción existentes en el Distrito. 

Si no se llamó hasta el siglo pasado «Segunda Enseñanza» 
la intermedia (entre la primaria y universitaria) ó preparatoria 
no puede decirse que ésta se debe al siglo xix más que de una 
manera externa ó más reglamentada. Para la Segunda Enseñanza 
parece haberse escrito aquel concepto de la Ley alfonsina: «Di- 
zen Estudio general en que ay Maestros de las Artes assi como 
Gramática e de la Lógica e de la Retórica e de Arismética e de 
Geometría e de Astrología...» Y más adelante: «Pero si para to- 
das las sciencias non pudiessen auer Maestro, abonda que aya 
de Gramática e de Lógica e de Retórica...» (1); y á continuación 
se mencionan las Escuelas primarias y universitarias. 

Las cátedras de Artes de las Universidades mayores y meno- 
res, las de muchos antiguos Colegios, Conventos y posteriores 
Seminarios eran de Segunda enseñanza ó de Gramática, Huma- 
nidades y Filosofía elemental; y muy especialmente en los últi- 
mos siglos, los de D. a María de Aragón y de San Isidro delMadrid, 
los de Calatayud, Monforte, Huesca, Zaragoza, Guadalajara, etc., 
principalmente de Jesuítas. 

(i; Leyes i y 2, tit. XXXI, Part, II. 



Entonces, como después y ahora, fueron y son preciaos losi 
tudios secundarios como complemento de la ¡nst 
ni y grado de mas amplia cultura, así conio de preparado 
cialparu profesiones y carinas varias ¿i fin de que el individ 
se instruya y eduque completamente. Cuando las es 
meras progresen en grados sucesivos y ron lodos los 
tjue se requieren en un cambio total de una enseñanza rica 
pera (posible, en tiempos lejanos todavía) pudiera enloni 
cutirse y variar el concepto de la enseñanza segunda. En 
pHsados sus materias fueron de una necesidad previa para i 
gresaren I;»- íniversidades, aunque también en algunasdi 
(en más ó en menos y en la moderna de Ce r ven 
comprendían las enseñanzas do Arles, no muy di 
las de los modernos Institutos. Era la continuación de los lejai* 
frihio (gramática, w lialéctica) y cuadrivio (ariii 

geometría, música, astronomía); enseñanzas preparatorias 
centros eclesiásticos y estudios generales para i n gres 
en las Facultades (teología, cánones, leyes y medicina). 

Primeramente las aulas de Latinidad se extendieron por t 

partes baja la denominación «de dramática» á ca: 
respectivo «Dómine ¡ tipo genuinamente español de que ni 
escritores hicieron cumplida pintura, como Tirso de Molina e 
Marta la Piadosa^ Que vedo en el ilumine de <a y 

P, Isla en el de Villamandos. Eran salvo honrosas exeep 
maestros famélicos, sentenciudos, pedantes, de guste estragan 
y crueles con pálmela y zurriago, que llenaron toda Es| 
que murieron casi ayer con la variación de libros de te 
castellano, antiguamente sin razón postergados, pues de latir 
m&tica castellana nadie se acordaba. Asi pudo escnbu D. Ferro: 
Caballero: «¿Qué teólogo, qué jurisconsulto, qué canonista, <p 
médico tía existido en nuestro país, a quien no haya i 
Dómine fas primera- lecciones de hablar y escribir corred 
mente? ¿qué tribunal, qué universidad, que pulpito, qu< 
qué botica puede evanecerse de no haber pagado tribal 
dispensable Dómine? o (t) 

Dolíase Navarrete de Ja existencia de treinta y ibis I 




1 i! — 'Lm *t¿itñt*Ín piHttufot ;' > 3 ptii varias 



— 29' -i 

dades y mas de cuatro mil Estudios de Gramática, «daño que 
cada día va cundiendo», porque muchas personas procuraban 
eximirse con ellos de cuidados y trabajos, que tuvieron y profe- 
saron sus padres, y muchos también por falta de aptitud queda- 
ban mendigando (1). Como la ignorancia de España en los si- 
glos medios fué muy grande, extensiva hasta el Clero que era la 
gente nías culta, primeramente en ayuda de éste, que fué muy 
numeroso, y después en favor de la juventud, que llenó las mu- 
chas Universidades, para unos, y para otros se crearon las escue- 
las de latinidad. Dispuso así el concilio de Valladolid en 1228 
que « todos los beneficiados que non saben f a blar latín, sacados 
los vieyos,*que sean costreñidos que aprendan, ét que no les den 
los beneficios hasta que no sepan hablar latín»; y en materia 
atváloga recuérdese lo que ya se dijo aun de tiempos posteriores 
en las presentes páginas (2). Por el predominio de los estudios 
universitarios en libros y lecturas latinos, la lengua del Lacio 
fué la única que se consideró digna de ser usada en las aulas y 
se miró con desdén el romance ó castellano, relegado al vulgo y 
á la literatura amena, cuando desde los siglos medios estaba el 
idioma nacional bien dispuesto para ser aquella lengua literaria 
con que brillaron tan esclarecidos escritores. De ello se quejaron 
Morales, Fr. Luis de León y mas; pero nada sirvió para atajar se- 
mejante tendencia que llegó hasta ayer. No entendieron nues- 
• tros mayores, que no parece natural enseñarlas ciencias en una 
lengua estraña cuando los idiomas no son solamente un instru- 
mento de expresión sino de concepción y análisis respecto de 
nuestras ideas. 

Reglamentando y conteniendo tantas aulas latinas, desparra- 
madas en provincias (desde los Reyes Católicos en aumento por 
afición general de aristocracia y pueblo) fueron Felipe IV y Fer- 
nando VI quienes dictaron leyes acerca de las localidades que de- 
bían sostenerlas y con qué dotación (3). Referido queda (4) lo que 
acontecía en Oviedo con tantos estudiantes de latinidad en el si- 
glo xvi. La Ciudad habilitó en 1557 un local en el Hospital de 



li)~ * Conservación de Monarquías y Discurso: políticas sobre la gran consulta que el Con-r 
sejo hixo al Señor Rey D. Felipe III, por el Licenciado Pedro Fernández Navarrete (Discurso 46). 
\i) Véanse página ó y siguientes. 
«3) Leyes i. K y a. n , lib. 8, Libro 2. de la Nina Ron. 
(4) Véase páginas 14. 



— 2>}2 — 

Santiago para estos escolares; y el Obispo D, Jerónimo 
tasco señaló entonces salario perpetuo al dómine que lej 
gratuitamente ú los jóvenes ovetens 
sostenía el Cabildo de la Catedral, cargo que di 
15S9 -I I -r Onhx, ¡i í|uitMi se daban 10, 000 mará ved 
ruados de la prévenda «le Maestrescuela 
un | o en Pesoz, Con el establecimiento del ' 

Sao Gregorio por el limo. Sr. Valdé f 1) so or 

jor la l enseñanza en institución que la Junta general del I'ri: 
pado protegió, gestionando & su favor con el Rey a peti 
la Universidad en I65í), para wno perder las Ires 
gramática» y en 1743 para recuperar los juros fundaciona 
de estas materias intermedias (2); nías que hubo queja* 
esto (3)', E\ arreglo vino principalmente y enseguida con 
tense O San Matías de la Compañía de Jesús, ptai 

desde 1578 y años siguientes < i). <jiic tuvo cátedras y erm 
matrícula de Latinidad y Humanidades, al priti 
sistemática con la Universidad y su Colegio de los 
intervinieron además los Jesuítas en exámenes y nonnbramien 
de dómines v preceptores para pueblos y villas, salidos muc) 
ele sus aulas ovetenses Esteban estas organizadas en caí 
de i mínimos * con pasantes de los niños ó princij « fin 

ensañarlos con ejercicios prácticos, antes de libros como el 
\vU' deNebrija, basta \n> declinaciones inclusive y el 5 
r/ftitt. atolladero ó puente de los asnos tan difícil de pas 
los escolares; de imenores , que leían ha supifl 

v principios de sintaxis y composición; de u medíanos*, tu 
;i vaneados en estos dos últimos puntos, comenzando 
].,osn«li:i; y de * mayores*, que terminaban el tratado pro 
medían y componían versos ¡ aprendían estilos A v 
ciaban en la lengua griega y basta cu la hebrea, que mas f 
eaenlemcnte se cursaban cuando la Teología. Expulsados p 
Carlos lil los Hijos de San Ignacio, el Ayuntamiento de 1 Ivie 
fué principalmente favorecido con sus edificios y alguoi 



; 1) Véase páftma i 5 y *¡ijii¡' 

dí b Dipuucíóp ptovíncíol. Dípuüi riuucí d« 7 1 

t5Í Víate páginas jo y 3*. 
I Id» págíun 34. 






— 293 — 

tas,, aunque ej patronato y nombramiento de las cátedras de 
«♦menores» fué del Regente de la Audiencia y el de «mayores» 
(Sintaxis, Prosodia y Retórica) lo fué del Rector y Claustro de 
la Universidad, por la traslación de los Profesores del Colegio de 
los Pardos, y anualmente nombraban también «Examinadores 
de latinidad» para el ingreso de los estudiantes en Facultad. Dá- 
banse aquejla en su local de la plaza del Fontán, en la que, á 
fines del siglo xvín, intervenía el Claustro universitario con su- 
jección á las leyes y privilegios de la Real Academia greco-lati- 
na de Madrid y después según Reglamento de 1825 ordenando 
las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanidades (1). 

No había villa ni pueblo de importancia en Asturias sin cá- 
tedra de latin, ya pagada por la Justicia y Regimiento, ó particu- 
larmente por los vecinos con módicas retribuciones, ó bien de- 
bidas á piadosas fundaciones, á mas de las que sostenían los 
párrocos y sus coadjutores, las Ordenes religiosas benedictina, 
eisterciense, franciscana y dominicana en sus monasterios y con- 
ventos (2), y en Oviedo además los Colegios de los Verdes y de 
San José (3). 

Pueden aducirse, como ejemplo, los siguientes datos. 
Tuvo Gijón bien atendidas y sostenidas cátedras de latini- 
dad, una dotada por D. Miguel Cifuentes con 72 fanegas; y si 
allí no se estableció centro eclesiástico que las favoreciera, de 
esto se trató en 1670 cuando del traslado del monasterio bene- 
dictino de Villanueva de Cangas de Onís á la villa, siendo una 
de las bases «que la Religión había de poner Colegio ó Estudio 
con los profesores necesarios, que bien lo necesitaba una po- 
blación que pasaba de 4000 almas». (4) 

El municipio de Aviles subvencionaba también un profesor 
de Latin y Humanidades; y resulta, entre otras noticias, que so- 
licitaba el Licenciado Guyena en 1670 se le aumentara el sala- 



(i) Véase páginas 3a, 87 y 261. 

—Archivo del Ayuntamiento de Oviedo. — Acuerdos de 1772, 1774, 1785 impresión de 
una obra de O. Francisco Rubiera, catedrático de Sintaxis y otros, á consecuencia de la expul- 
sión de Jo* Jesuítas. Debe mencionarse por curioso el de 28 de Noviembre de 1798 para regalar 
•chupa, calzón, dos camisas sombrero, medias y rapato* á D. Ramón I 'alacio Vigtl, pasante de 
los estudios 4« latinidad», que importaron 389 reales y 25 maravedís. 

- Archivo de la Universidad —Claustros de 12 de Noviembre de 1817 y de 9 de Marzo 
de 1826. 

12) Id. páginas 5, 7, y 99. 

(3) 14. página 9 y 57. 

(4) Historia de la Villa de Gijón por D. Estanislao Rcnducles Llanos i Gijón, 1867). 



- 294 — 

rio do H<t din -ados por testar subido el precio de loa roani 

miento?*, aunque también cobraba un es l i pendió de h 

nos. Cuando el nombramiento de estos m¡ 

oficial de competencia «ti certamen público, dial - 

Br. Lorenza na para que se examinase en el Colegio 

xputeada que fué la Compañía de Jesús, so ¿Hipase 
moa del siglo xxi» que «el preceptor de Gramática y olma 
bes 1). Manuel do la Cruz concurriese con los demás pretendí 
leso oposiciones el consistorio^ jmos había nombrado p« 
inteligentes para discutir eoo ellos en lengua latina ¡1). 

En Aller corrió suerte desdichada la fundación de Él 
mérito hijo el Brigadier D, Lorenzo Solís (de quien se trat 

adelante describiendo la Biblioteca provincial) qu* 
testamento eo Sao Juan de Dlloa— México, 1761 — , dejó 12-< 
escudo?; para tin estudio de Gramática en Murías de Santi 
y. i iniciado en I739i de patronato de sangre d< 4fej y \m 

Amplio edificio, Los vecinos ayudaron con su trabajo y inate| 
les pura levantar en 1772 la llamada «Colegí ata o, bajo plfl 
los maestros- Reguera, Pruncda y Solís; duro poco el entable 
mienlo, no h mimado del lodo en I7íir> aun con la inlen 
del Regente de la Audiencia, y fueron desapareciendo ma 

discípulos y hasta laCOUStfOCCiÓñ»., 

ETujS natural de El Franco D. lilas J, Sarmiento Castrillon 
■nf uegos, alguacil mayor del Tribunal del Santo Oficá 
Inquisición, que fundó la obra pía do San Juan úo Pereadoa 
levanW buen edificio, boy en ruinas, para Colegio-Semiba 
con rentas además para sostener maestro de Gramática latti 
pensiones para parientes, etc.; y redactó de bu puño y u 
1757 un hermoso reglamento (2) 

En Coaña la obra pía de Villaoondide sostenía un domi 
retribuido cotí i .200 reales. 

El de Grado fué establecido en 1713 por D. Juan Cicnftieg 
Arguelles 

En Llanes, el antiguo estudio de la villa estaba á cargo h 
cuenlemente de uno de sus beneficiados; y D, Agustín de la O 



Miguel [Madrid, i 
//^imiv yat (fuer/Vi jHJr D, M .are clin o KcrnÁiicIcz y \ ■ . ift^J, 



— 295- 

eha Díaz costeó una cátedra latina en el pueblo de la Borbolla, 
Es también antigua la de Onís, debida á D. José Villoría y 
D, a Isabel de Castro, 

El Alférez Real D. Juan Blanco» de Lozana en Pilona, señaló 
desde el Parral (México) en 1726 la suma de 82.300 pesos para 
fundar en Asturias conventos^ capellanías y escuelas, por lo que 
su aliácea Si\ Hoyos Calderón estableció, de acuerdo con el 
Consejo de Castilla, la obra pía de Pilona con cuatro capellanes, 
dos para la enseñanza de Latinidad y Teología moral etc.; y, sí la 
fundación vino á menos, ha sido recientemente restaurada por 
sus patronos loa Sres. Marqueses de Vistalegre D. a Presentación 
de Tineo y Un quera y su esposo el catedrático de la Universi- 
dad Central y antes de Oviedo D. José Piernas y Hurtado, 

Alies (Valle alto de Peñamellera) debió su cátedra de Latini- 
dad desde 1775 al limo Sr. D. Domingo de Mier Trespalacios. 

En el Seminario de Primera Educación, establecimiento no- 
table y que desgraciadamente duró poco, fundado en 1815 en la 
Vega de Bívadeo por el limo. Sr, D. Jacinto Valledor y Presno, 
obispo de Osma, y ampliado por D. García Ramón Valledor y 
Presno, era cátedra principal la de Gramática latina, continua- 
ción de la antigua en aquella localidad de la dilatada obispalía. 

Casi ayer fundáronse todavía cátedras de latinidad enTeverga 
porD, Antonio González Quintana, que construyó y dotó el Cole- 
gio de Fresnedo, y enNavia por D. José Pérez y García, quebizo 
otro tanto con el de VÜlapedre* Y en otro orden, pueden citarse 
los Seminarios conciliares mayor de Oviedo y menor de Valde- 
dios (Villaviciosa). 

Como en Asturias, sucedió lo mismo en la provincia de León 
ensillos pasados porque su clero creó y sostuvo cátedras latinas 
en villas y parroquias principales, y también las casas religiosas 
de los benedictinos de Sahagun, monasterio famoso, San Claudio 
de León, Espina reda y Montes; los bernardos de Sandoval y Ca- 
rroeedo; los franciscanos de León, Sahagun, Astorga y Villafran- 
cd: los dominicos de León y Astorga; y los agustinos de Sahagun 
yPonferrada y Valderas; los jesuítas de León y Villafranca, con 
estudios también de Filosofía y Teología en algunas. 

Otras de aquellas enseñanzas debiéronse á los municipios, 
fundaciones benéficas y prelados. 




— 296 — 

En la Bañeza era reputada su preceptoria de latinidad y; 
tes de 1624, dotada con 4.100 reales de propios y módicas j 
buciones; en Villamanín sucedía poco menos; la San Féli 
Torio (Garrafe) con estudios de Humanidades fué fundad 
1738 por D. Francisco Gutiérrez de Castilla, abogado de Gi 
da, dejando por patronos á los señores Penitenciario y Doc 
de León; la de Lois de Salamón lo fué por D. Jerónimo R 
guez Castañón en 1740; y ya se mencionarán enseguida lo; 
minarios conciliares de León y Astorga, el Colegio seminan 
Valderas y el deVillafranca, que tuvieron naturalmente cate 
de latín, aquí dos, de mayores y menores, dotadas con 200 y 
ducados (1). 

Avanzando á esferas superiores de la enseñanza, sabk 
que existían también en las antiguas Universidades, mayor 
menores, y en Colegios á ellas incorporados, algunas cate 
de aquellas materias siguientes á la Gramática Latina, ya 
el nombre de Retórica, ya con el vago de Humanidades (Iil 
rtíores Htterce) (2), estudios intermedios ó de preparación 
1 1 ingreso en las Facultades, comprendiéndose también trat 
de dichas materias en la de Artes, que era como Facultad d< 
gando orden ó de entrada (3). 

A este fin respondieron principales enseñanzas del menci 
do ovetense Colegio de San Gregorio ó de los Pardos en el ¡ 
xvi, también algunas otras monásticas y muy principalm 
desde el xvn las del mencionado Colegio jesuítico de San 
tías. En unas y otras aulas se formaron maestros y huuu 
las distinguidos como el P. Carballo, el Chantre Díaz Mira 
Menéndez Carreño, Oviedo y Portal, el erudito González LI¡ 
etc. La suerte última del viejo Colegio de las becas parda: 
poco halagüeña para la Universidad. 

En 1815 se reconoció la escasa importancia del estab 
miento desde últimos del siglo anterior, y el Claustro univ 
Uriose proponía darle más vida y consideración, aumentam 



íi> Con un estudio detenido de actas municipales, át Juntas de Beneficencia y de I 
cipítida y embrollada desamortización pudieran resultar datos muy curiosos respecto d i 
"tras enseñanzas. Trabajo propio será de quien escriba una verdadera «Historia de la I 
•n pública de España» 

(21 — * Historia de Lis Universidades, Colegios y demás Establecimientos de Eus'múí 
/.r/ítña por D. Vicente de La Fuente (Madrid, 1884—1839, tomos lí y IV). 

{3) Véanse los Estatutos (llamados viejos! de la Universidad.— Apéndice III. 




— 297 — 
sueldo del director y genles de su servicio, después del gran es- 
fuerzo que había hecho en 1746 reedificando el Colegio, siendo 
su Rector y Administrador celoso el Dr. D. Ignacio Menéndez 
Valdés. No pudo llevarse á efecto la reforma y, á consecuencia 
de la clausura de la Universidad, cesó en 1830 la concurren- 
cia de colegiales, aunque no su admisión; en 1836 era Rector 
D. Joaquín Benayas, canónigo; y cuando los acontecimientos polí- 
ticos de entonces, el ayuntamiento de Oviedo se posesionó del 
edificio destinándole á cuartel de Milicia nacional, cuya medida 
interina fué aprobada en R. 0. de 10 de Febrero de 1836. Allí 
continuaron los Nacionales hasta su disolución en 1844, en que 
el Municipio, conforme lo prevenido en dicha R. O., le entregó en 
Marzo del mismo año á la Comisión Superior de Instrucción 
primaria con destino á Escuela Normal de Maestros. Así las 
cosas, el Patrono señor Duque de Berwik y Alba acudió al Go- 
bierno quejándose del despojo que había cometido este Ayunta- 
miento, alegando inexactamente que sus causantes siempre ha- 
bían poseído quieta* y pacíficamente el Colegio; y reclamó su 
reintegro y devolución. Entonces se publicaba el plan de 1845 
y se proyectaba establecer en él la Casa-pensión, que toda pro- 
vincia había de sostener para alumnos internos de Segunda En- 
señanza, que fuesen de corta edad, llegándose á levantar el pla- 
no y á formar el presupuesto. Mediaron diversas contestaciones 
entre el Señor Duque y el Ministerio de la Gobernación sóbrelos 
términos y concepto para el destino ó arrendamiento del edifi- 
cio, ya para Escuela Normal ó ya para Colegio-pensión; y des- 
pués de haber aceptado aquél las condiciones, que se le impusie- 
ron en R. O. de 31 de Mayo de 1846 aunque con la de que se le 
reconociese como dueño, recayó la resolución de 13 de Junio 
del propio año, que malamente se ha considerado como título 
bastante para extender los derechos del antiguo Patrono. Enton- 
ces, el señor Rector Mata Vigil excitó al procer haciéndole 
presente el origen y objeto de la fundación y la utilidad que la 
reforma colegial reportaría á Asturias, continuando destinado á 
los benéficos fines de la ilustración, y obligándose á que la pro- 
vincia sostendría en el nuevo Centro cierto número de internos 
nombrados por él, como en representación viva de su patronato. 
Nada se consiguió. El Duque prefirió que el Colegio de San Gre- 



- 398 - 
gorio sirviese de habitación á sus apoderados en 
que las oficinas sobrantes se diesen en inquilinato. 

Mas era ya apremiante la necesidad de un local p;*ra el 
titulo de Segunda enseñanza, que hoy, sin holgura de ningiin 
ñero y en extremo reducido, vive en la universidad, confuí 
dos los estudiantes d*- ambos establecimientos con muchos 
convenientes morales y materiales, a disgusto de lodos 
amantes de la Instrucción publica. Pensando en éíh 
Sr. Martín Sana llamó ft wfcinen todos los anteceden* 
timó una vez mas que no asistía al señor Duque un derecho 
caz para retenerle, y en 18 de Marzo de 1860 remití- - 
rioridad un luminoso expediente solicitando la revocación 
dicha tt. O. de cestón. Apoyado en sólidas razonen j esalarec 
do su parecer con ios de la Facultad de Derecho, Cláüs 
Instituto, Gobernador civil y Consejo provincial y en no pe 
documentos, era de gran peso por el derecho que demostw 
Informado favorablemente & esta Escuela, como no se fu 
nos^por los Consejos de Instrucción pública y de Estado, nu 
se logró resolución definitiva, algunas veces anunciada; sin 
se sepa el motivo, siendo unas la justicia y la ley, japlicíod 
lo mismo a! pobre que al opulento magnate. 

El Fundador todo lo legó * para el Colegio, colegiales, sus 
rederos y subcesores* y, no dejando ninguna reserva i 
del Patrono, claro estaque el Colegio de San Gregorio debía 
para la Instrucción pública como otras muchas erecciones 
mejantes, que se adjudicaron á los institutos de Segunda ei 
fianza en virtud de RR. 00, como las de 13 do Octubre d 
y 12 de Mayo de 1849. ¿Qué hizo la casa patronal cuan I 
tado sé incautó del Colegio de San Pelayo de Salamanca, deol 
casas y obras pías del Inquisidor, y cuando cesó en su 
de nombrar los dependientes de la Universidad de Oviedo? 
por suerte, sin derecho demostrado ante los Tribunales \ 
tudde una declaración meramente gubernativa y poco espite 
adquirió la propiedad del Colegio de los Pardos, ¿no traer* 
reconocimiento consecuencias para lo porvenir? El Fun<¡ 
nombro heredero al Patrono, antes bien le dio la carga de ri 
por la conservación de sus benéficos legados en favor de la¡ 
tración de sus paisanos; y asi, ¿quién mejor cumplía la voliui 



— 299 ~ 

del Arzobispo Valdés, el Gobierno estableciendo una enseñanza 
ó el Duque destinando el edificio en cuestión á su propio pro- 
vecho? Si, considerado como dueño, hizo arriendo con la Comi- 
sión de Instrucción primaria, ¿se deduce que era propietario? 
¿todo el qué arrienda lo hace en virtud de derechos de dominio? 
Estas y mas razones que resolvían en favor de la Universidad de 
Oviedo el expediente incoado, quedaron por responder, no obs- 
tante ser repetidas veces recordadas á la Administración pública. 
Después... previa información posesoria, el Colegio y huerta de 
los antiguos Pardos fueron inscritos en el Registro de la Propie- 
dad de Oviedo á favor de los Sres. Herederos de la casa ducal 
patronal en 1874 y 1893, y el Claustro perdió ya toda esperan- 
za (1). No mucho después los herederos de Alba vendieron huer- 
ta y edificio colegiales en crecida suma (¿á qué referir más deta- 
lles?) y el nuevo dueño derribó Colegio y dependencias, vendienr 
do otra vez el extenso solar con destino al suntuoso Banco As- 
turiano, que allí se levantó por encima y frente ala Universidad. 
Antes, deferente á una indicación mía, donó al Claustro las sen- 
das piedras con el escudo arzobispal-universitario y la inscrip- 
ción de. la erección, que el Rector Sr. Aramburu dispuso colocar 
en el ingreso de nuestra Escuela cuyos miembros tanto hicieron 
por la casa becaria. El timbre heráldico y el epígrafe se sal- 
varon de ser picados y aprovechados para manipostería; allí 
están, y parece que repiten y recuerdan aquellas palabras que 
mano desconocida trazó en un documento antiguo del Archivo: 
«Estas son las buenas obras que debe la Universidad á los 
Patronos». 

Y prosigo ahora con las comenzadas noticias de enseñanzas 
secundarias. 

Campomanes se ensayó en su juventud poniendo cátedra de 
Humanidades en Cangas de Tineo, que todavía sostenían en 
1796 las monjas dominicas de aquella villa (2). 

En la ciudad de León tuvo la Compañía de Jesús afamado 
Colegio desde 1572 á 1767 con cátedras análogas á las oveten- 



fi; Archivo déla Universidad. — Testamentaría del Arzobispo Valdés. Folios 7, 37, 43, 45, 
4<>. 75i >' 354.— Claustros de 7 de Octubre de 1776, 24 de Octubre de 1787, 11 de Abril de 1796, 
3 de Septiembre de 1715, otros y el de -28 de Abril de 1895 

—Véase pág. 29. 

{2) Véase pág. 100 



— Zoo — 

ses de Primeras letras, Latín, Humanidades y Teología 1110 
bajo el conocido método de Raíiú Studiovum, Según las «C 
las ánnuas» fué notable el número, calidad y adelantos de ' 
colegiales leoneses, y allí fueron sabios maestros los VV. Líaea 
La Puente y los PP. Salazar y Lugo, 

En la misma provincia fué notorio el Colegio sominn rio 
San Mateo de Valderas, fundado en 1737 por el carmelita ¡ 
Mateo Panduro y Víllafañe, Catedrático de Salamanca, Califi 
dor de la Suprema Inquisición y Obispo de Poparan (Col o mi) 
y de la Paz (Solivia), que lo dejó encomendado á los patror 
mayorazgo de Villoría de Orbigo y párroco de San Claudio 
aquella Villa, Tuvo cátedras de Latinidad, Matemáticas, Filo 
fía y Teología dogmática con becas de gracia para parienl 
otras de oposición y de preferencia para los pobres pilón 
Valderas y del Obispado. Fernando VII le agregó primei 
Universidad de Valladolid y después á la de Oviedo. 

D. Gaspar de Robles, vecino de Villafranea, costeó allí á 
nes del siglo xvi un gran edificio, que donó con todoa sus i* 
nes á la Compañía de Jesús á fin de establecer escuelas 
ría, de Latinidad y de Retórica, para pobres principalmente, 
nombró patrono al mayorazgo de los Cayanesde Gorullón. Cus 
do la extinción de los Jesuítas, tuvo diferente organización 
1769 como Seminario de Educación con las cátedras de Laüi 
dad, comprendiéndolas Humanidades Se daba a éstos díferer 
extensión en los varios centros de su enseñanza tendiendo a i 
cluir materias comprendidas hoy en la Segunda. 

Al tratar Carlos III en 1768 de los Seminarios, reunía ■ 
éstos los estudios de Latín, Humanidades y Ciencias con ciai 
independencia del establecimiento conciliar y con carácter inü 
medio ó de genera! cultura; y lo mismo aconteció en 17H(> al i 
organizarías cátedras de Artes de Salamanca (1). 

Dicho queda en la primera parle el carácter movido de l 
aspiraciones y cambios del siglo xvni en todos los órdenes 
la vida antigua y principalmente en enseñanza. 

En Asturias no tuvo desarrollo la do las Matemáticas, que 
perspicaz Doctor Asiego deseaba para su patria cuando la fu 

ti) Ley *.* ut, U libra I y ley it til VIII, lik VUI d* u Nina, K m 



— 3ci - 

dación de la Universidad; y, en lo general, no dio frutos extraor- 
dinarios ni tuvo también gran preferencia en otros Centros, 
antes se la miró con recelo hasta bien entrado el pasado siglo (1) 
aun después del empuje en la reforma de la Universidad por 
Campomanes y de la notable fundación gijonesa de Jovellanos. 

Desde 1754 se pensó en esludios de Agricultura. Pedía el be- 
nemérito Regente Sr. Gil de Jaz que se fomentase; en 1759 la- 
mentaba la memorable Junta General del Principado los muchos 
males por la emigración de mozos á Castilla y lo crecido de 
los tributos, pidiéndose informes á la Coruña; en 1774 se pensó, 
como remedio principal, en Academia y cátedra agrícolas alis- 
tándose como académicos el Regente, varios diputados, docto- 
res y personas notorias de la provincia; y, como siempre, se pi- 
dió al Conde de Campomanes formase las Ordenanzas después 
de recibir con aprecio su innovador y útilísimo libro de la «In- 
dustria popular». Tan laudable idea, que había de desarrollarse 
en la Universidad con estudios elementales y populares, no lle- 
gó á realizarse, como en 1822 la cátedra de Agricultura de la 
Vega de Rivadeo, que había de trasladarse á Oviedo igualando 
al catedrático D. Ramón Reguero á los de las Facultades (2). Si- 
guieron después proyectos varios de Granja agrícola, Estación 
agraria, Cabana modelo etc., en la Sociedad Económica, Conse- 
jo provincial de Agricultura, Industria y Comercio, y en la pren- 
sa, y, no realizados, asi se resienten de rutinarias y atrasadas las 
labores en nuestros valles y montañas, si bien el estudio agra- 
rio se va abriendo lento paso modernamente en escuelas prima- 
rias, secundarias y normales, como ya se verá. 

El proyecto de cátedra de Historia queda referido (3), é indi- 
cado el pensamiento de Academia de Dibujo y Perspectiva, que 
ideó la Junta General desde 1775 y consultó, cual era costum- 
bre, con el hijo insigne de Tineo, siguiendo gestiones hasta 
1787 por comisión del conde de Peñalva; pero la realización se 



1 1) Véanse páginas 36, 94, 112, 160 y ¡jo. 

(2) Id. pág. 96. 

—Archivo de la Diputación provincial.- Juntas de ir de Junio de 1754, 28 d» Abril y 28 
de Juliu de 1769; Diputaciones de 27 de Mayo, 30 de Junio y 14 de Julio de 1774; y Juntas de 
1$ de Julio de 1775, 10 de Enero de 1776 y xó de Febrero de 1777. 

—Archivo de la Universidad.- Claustro de 11 de Octubre de 182a. 

(31 Véase pág. 95. 



— 302 — 

debió á la iniciativa particular del pintor Sr. Cónsul tres ai 
después (1). 

Ciertamente que con la expulsión de los Jesuítas se resir 
la enseñanza de Humanidades, pues los maestros que los re< 
plazaron apresuradamente no podían en su mayor parte com 
tir con aquéllos en conocimientos, asiduidad y práctica; p 
con los bienes y rentas se dotaron no pocos estudios y se cr 
ron otros, como el Real Seminario de Vergara en 1701* (p 
mi de inolvidables recuerdos porque cursé en sus aulas y c< 
gio de internos). En remedio de Asturias vino con cdo y sabi 
ría el célebre ministro y siguieron incesantemente los benefie 
y protección del Gobernador del Consejo de Castilla. Asegí 
la cátedra de Retórica y Poética; ensancháronse otros estud 
con miras y conceptos nuevos, cual en los proyectos de H 
por el Sr. Diaz Miranda (2), oficial y privadamente; y de esta d 
ñera comenzó el estudio de Lengua francesa. Hasta bien i 
trado el siglo xix, no fué muy común el conocimiento de 
lenguas vivas extranjeras, y ninguna su enseñanza. Para 
Hospital de Peregrinos ó de San Juan de Oviedo tuvo el Cal 
do Catedral confesores, que hablaban francés, italiano y «al; 
ñas otras lenguas», á quienes, según acuerdos de 1684, so 
gratificaba con 50 ducados, 6 fanegas de pan, habitación, can 
leña, estipendio de misas, médico y botica. En 1699, por < 
función del Licenciado Riaño, que desempeñaba el cargo, te i 
licitó el Licenciado D. Bernardo Lameo, natural del reino de 
landa; en 1729 hizo otro tanto D. Francisco Povisor, natural 
Rohan, que conocía varios idiomas; y en 1761 el Cabildo esc 
bió á Madrid, Salamanca y Santiago para traer un clérigo 
lenguas francesa y alemana, á quien se le darían 200 ducadi 
casa, leña y demás conveniencias. Kn 1783 tenia el benefi* 
D. Nicolás Trelles, asturiano, mencionado por el docto vía 
ro inglés Townsend (3). En 1784 ya había en Oviedo enseñan 
particular de Lengua francesa, según certificados de mérito; 



(i) Archivo déla Diputación provincial.— Junta de 15 de Julio di* 1775 y Diputaciout 
10 de Julio de 1780 y 17 de Febrero de 1783. 

(2) Véanse páginas 95, 117 y 119. 

(3) Discurso en la apertura del curso de 1902 á 1903 cu d Seminario conciliar de Ov. 
por el Dr. D. Arturo de Sandoval, canónigo etc. (Oviedo, 1901), 

—Véanse mis Estudios asturianos ó Carta/u ?y os d" .hittri<rt r (Oviedo, iSflft, 1 , 



— 303~ 

servicios académicos; en 1788 Mr. F. Affre era el director de 
una «asamblea» ó academia; y en 1799 lo acredita el malogrado 
Dr. Vega, uno de los jóvenes que asistían á la enseñanza «de un 
francés de mérito» establecido en la capital. Los eclesiásticos y 
otros emigrados de la Revolución de Francia, se establecieron 
en casas acomodadas ó fueron protegidos por el Sr. Obispo, y 
ellos difundieron no poco y ayudaron á la enseñanza del fran- 
cés, como el ilustrado D. Francisco Barthelemy, entre otros, 
huésped de D. Francisco Caveda en Villaviciosa, donde á éste y 
á su hermana D. a Rita, escritores, al médico Madiedo y á mas 
enseñó lenguas francesa é inglesa, haciendo en Gijóu otro tanto 
D. Juan Lesparda, escogido para Bibliotecario y maestro de rudi- 
mentos de estos idiomas por el gran Jovellanos cuando promovió 
las aulas gijonesas; y allí el insigne patricio dio breve tiempo 
lecciones de Francés (1). El conocimiento del inglés fué mas ex- 
cepcional y tardío, aunque en algunos puntos supieron adquirirle, 
como cosa extraordinaria, algunos jóvenes estudiosos, cual el 
después célebre D. Agustín Arguelles en Rivadesella. 

Mencionada queda la carta del catedrático ovetense Dr. Pra- 
do al Fiscal del Consejo Sr. Pastor en 1795, que refleja el estado 
de los estudios de Artes entre nosotros, á tenor del plan de Cam- 
pomanes, y se manifiesta que en 1790 «mandó el Consejo que en 
esta Universidad, á ejemplo de la de Salamanca, se enseñase el 
curso de Filosofía por el autor más análogo, para mejor instruc- 
ción y progreso de las Matemáticas y Medicina, cuya orden aún 
no se ha cumplido, sin embargo de haberse pedido su observan- 
cia por un graduado». Dichos están también los consejos de 
Jovellanos al mismo Sr. Prado y el discurso de 1797 del Doctor 
Vega, este pidiendo plan de estudios más en consonancia con 
aquellos años en que terminaba el siglo xvm y nacía el xix (2). 

Ya en este, aunque no planteado por consecuencia de la 
guerra inmediata, el plan de Caballero en 1807 daba orden y 
regularidad á la enseñanza y más importancia á los estudios 
matemáticos y físicos. No se realizaron por causas bien sabidas 
los grandes propósitos de los legisladores de Cádiz en materia 
de enseñanza é instrucción públicas; y, cuando la reacción, quedó 



itl Véase mi Discurso necrológico: D. José Cavcda y Naves. (Oviedo. x88a). 
la) V<'*anse páginas 120 y siguientes y 154. 



- JQ4 — 

archivado i ! proyecto do plan de 1813 debido pri napalm 
coronado Quintana que, antre otras reformas, prov 
Universidades de provincia para estudios de Segunda Bi 
fianza o, cuya deficiencia antigua señaló en el nota! 
bulo. Se retrocedió al pían de I77í en Oviedo, ó ño\ 
rieron los PP de Jesús a su Colegio de Sari 
en 1815 se restableció la Compañía en España, que i 
cfsmO habían mejorado, merced a. su extendida organizad 
métodos de enseñanza en relación con los progresos de la 
fias y letras, A sus cátedras de otras localidades acudió tsui 
rosa juventud, ^ran parte de ella distinguida después 
formas políticas contra loque esperaba el receloso y rutin: 
gobierno de Fernando VII, que los buscó entonces para í.*alü£ 
de lo pasado y firme oposición a novedades. 

Expresión pedaf lovimieoto libeml de 182< 

piando 1H¡>1, basado en muchas partes en el proyecta d« 
intentandb de nuevo las I Diversidades provinciales, Hal 
dos Universidades en Oviedo, la antigoa 6 I Diversidad de Efl 
nansa Tercera j |a de Segunda Enseñanza; ésta 
Gramática castellana y Lengua latina; a, CrOnoloj 

Literatura é Historia; Matemáticas puras, Física, Química, Mi 
ralogía y Geología, Botánica y Agricultura y Zoología; I 
Gramática general, Economía política y estadística, Moral y 
recbo natural, y Derecho político y Constitución; y debía tei 
además Biblioteca pública, escuela de Dibujo, laboral 
Química, gabinete de Física, de Historia natural, de productos 
dustrialcs y Modelos de maquinas, Jardín botánico 
tinado para la Agricultura práctica. 

El progreso iniciado era grande y acertados loa métodos 
enseñan/a: pero se paralizó el movimiento con reacción ini 
diata y su plan literario de estudios ó arreglo general de 1^ 
que, aparte de su rigorismo hasta ridículo y de pobres y aira 
das disposiciones en algunos puntos, tenía preceptos 
por encima del fanatismo e intransigencia que le dictare 
Humanidades y Lenguas anunció próxima reforma, aunque 
galo mientras tanto la Gramática latina *en castellano» por 
franciscano P. Carrillo, la Poética de Sánchez y la B 
P. Colonia, así como parala mermada Filosoíía loa libros 



— 305 - 
P. Jacquier y Guevara. Enseguida apareció el «Reglamento ge- 
neral para las Escuelas de Latinidad y Colegios de Humanida- 
des de 1825», limitando aquellas, bajo la intervención de la Aca- 
demia greco-latina, y señalando las materias de los segundos: 
Primeras letras y Latinidad; Lógica, Metafísica y Etica; Historia, 
Geografía y Cronología; Literatura ó arte de hablar en prosa y 
verso; Lengua griega; Matemáticas puras; Historia natural; Física 
y Química; Lengua francesa é italiana; Dibujo; Música, Baile y 
Esgrima (1). El cuadro era bueno; pero no así el desarrollo y su 
práctica, pues entonces y en años después se confundieron y 
entreveraron en Instrucción pública, así el deseo de acierto y es- 
píritu filosófico positivo y expansivo á veces, como las pasiones 
políticas, la persecución, las impurificaciones y un retroceso in- 
comprensible en magisterio, métodos y libros de texto. 

Muerto el tristemente notorio Fernando VII, ya en los prime- 
ros y bonancibles días de la Reina Gobernadora por Isabel II, 
el Ayuntamiento de Oviedo ayudó á la deseada reforma de los 
estudios públicos facilitando aulas para las enseñanzas de Geo- 
metría, Mecánica, Química y Delincación que, de acuerdo con el 
Real Conservatorio de Artes y su director D. Juan López Peñal- 
ver, planteaba la Sociedad Económica de Amigos del País de 
Asturias. Fueron enseguida los elementos con que se pudo des- 
envolver mejor aquí el plan de 1836 debido al procer ministro 
autor del «D. Alvaro» (2i. La «Instrucción secundaria pública») 
se dividía en elemental y superior; aquella en establecimientos 
que denominaba «Institutos» (constitución, regla que prescribe 
formas y métodos varios) como D. Gaspar Melchor de Jovellanos 
había llamado al «asturiano» en Gijón, obra de más felices di- 
recciones que debieron continuarse para el renacimiento de la 
nación; y la suparior extendiendo las materias elementales con 
más rudimentos de las políticas. El plan del Duque de Rivas 
nació y murió; no se plantearon en Oviedo los dos Institutos, 
que aquí correspondían, ni en León el elemental, mientras la 



(i) Fn la Impccción general, creada en 1826 figuraban los asturianos D. Juan Tinco y don 
Gabriel de Hevia y Noriega. 

- Historia filosófica de la íjtsti uaicn publica d? £sfaña porD.J. M. Sánchez de la Campa. 
(Burgos— 1874) Tomo II. 

(ai Véase pag. 183. 

(3! RR. OO. de J2 de Abril de 1843 y 14 de Octubre de 1844 de los ministros Srcs. To- 
rres Salonot y Marques de Peñaflorida. 










— 3 o6 — 

fundación gijonesa, ya desfigarada, sufría protunda crisis. 
segunda enseñanza, se dijo en el Arreglo provisional del inie 
año de 1836, que se conoce con el nombre de Filosofía en 
Universidades, se distribuirá en tros cursos académicos*. D 
nueve años el llamado «arreglo» en los también llamados Ir 
tutos, favoreciéndolos á expensas de los alumnos externos 
Seminarios conciliares, donde, decía la disposición oficial, 
por aferramiento á sus antiguos estudios escolásticos, ya por 
ta de medios, no se enseñan con la debida latitud las cien* 
físico-matemáticas en que se hace consistir ahora principalme 
los estudios filosóficos»; y determinaba masías enseñanzas c 
forme al dicho Arreglo (1). Véase nota 3 de la página anterio 

A la nueva organización se oponían los obstáculos trad* 
nales y viejas preocupaciones de siempre en favor de los se 
lares estudios universitarios; pero Jas autoridades provincia 
trabajan por establecer y organizar de acuerdo con losReclOi 
los nuevos Institutos de Segunda enseñanza, corao lo ges 
naron en Oviedo y León los jefes políticos D. Juan HuízCernií 
y el asturiano D. Francisco García del Busto. 

El plan de 1845 fué la piedra fundamental donde descaí 
para lo sucesivo la Enseñanza secundaria, pues todo cuanto 
hizo después fué en relación con aquella memorable obra 
primer Marqués de Pidal, secundado por el Sr. Gil y Zarate 
Los Institutos eran de 1. a clase ó superior con la Segunda en 
ñanza elemental y asignaturas de ampliación; de td. 6 clase ó í 
mental; y de 3. a ó con esta incompleta. El cuadro original ce 
prendía cinco cursos con eslas malcrías distribuidas en una ó 
más asignaturas: Gramática castellana, Lengua latina, Cale 
aritmético, Geometría, Geografía, Mitología é Historia genei 
Moral y Religión, Historia de España, Lengua francesa, Aritr 
tica, Algebra y Geometría, Física, Química é Historia natura 
Dibujo (éste como voluntario). Todo este cuadro fué variandi 
través de frecuentes reformas. 

El Instituto de Oviedo fué entonces superior por las en 
ñanzas universitarias de la Facultad de Filosofía de que dep 
dio, en virtud del plan de 1845, hasta 1817» en que ya tuvoexist 



\2) Véanse páginas 189 y 192. 



3m 



— 307 — 
cia oficial separada de la Universidad, principalmente desde los 
Reglamentos de 1858 y 1859, bajo la dirección del bondadoso é 
inolvidable D. Ángel Paez, después canónigo, llamado en Oviedo 
popularmente «D. Angelín». Siguió las vicisitudes y organiza- 
ción de todos los de su clase de España, quedando á cargo de la 
Diputación provincial en 1866 y volviendo á la del Estado en 
1886, aunque la Excma. Diputación provincial siempre satisfizo 
su contingente con la mayor exactitud, acordando también la 
elevación de sueldos en 1877 á tenor de lo antes dispuesto por 
el ministro señor Echegaray. 

Fué adquiriéndose el material de enseñanza necesario, pri- 
mero aprovechándose del de la Universidad y después teniéndolo 
propio, pues el ministro Sr. Pidal atendió con interés á la Escue- 
la y á las peticiones del Rector Sr. Mata Vigil. Suprimidos que 
fueron los estudios de la Facultad de Ciencias, pasaron al Insti- 
Vwto sus gabinetes de Física, laboratorio de Química, museo de 
Historia Natural y Jardín Botánico (1) desde 1861 y creándose 
los de las asignaturas de Geografía y Matemáticas (en éste se 
conserva un eclímetro que perteneció al célebre arquitecto don 
Ventura Rodríguez) todos lentamente con pocos elementos y al- 
gún donativo hasta 1877 en que se obtuvieron no pocos recur- 
sos con los derechos académicos creados por el ministro Conde 
de Toreno. Lo mismo aconteció con la Biblioteca especial, 
creada en 1862, y acrecentada desde la indicada fecha de 1877. 
Tuvo en 1885 el establecimiento un donativo importante remiti- 
do desde Jaén por el docto asturiano Comandante de Infantería 
retirado Sr. D. Elias García Tuñón y Bernaldo de Quirós, acadé- 
mico correspondiente de la Real de la Historia y autor de esti- 
mables trabajos de erudición, compuesto por un monetario for- 
mado por 21 estuches conteniendo: varias monedas antiguas en 
su mayoría de cobre y algunas de plata; una pequeña estatua de 
Mercurio, en un pedestal de bronce; un alfiler romano; dos pen- 
dientes celtíberos; un cuchillo; un broche romano; dos sortijas, 
una de plata y otra de cobre; dos platillos de barro; dos esta- 
tuitas; un hacha de bronce; tres hachas de piedra; dos medallo- 
nes de cobre con busto; un brazalete; un lacrimatorio; una es- 



(x) Véanse páginas 2x4 y siguientes. 




- 3°8 — 
tatuita muy antigua de piedra; una base de alabastro fioam 
calada; y una cimera de casco rom ano. 

Los Estudios tuvieron aquellos aumentos, reducciones y a 
paciones (pie dispuso la variable legislación del ramo. Por b 
tiempo tuvo enseñanzas del Magisterio primario en 1867: se? 
la cátedra de «Fisiología é Higiene» en 1868; la de «AgrícuItJ 
en 1870, formándose desde entonces un gabinete agronón 
en 1893 la asignatura de ^Gimnástica higiénica» tan conver 
te y que no lia tenido local y medios que necesita; desde el 
mo año sucedió otro tanto con la de ^Dibujo*, que ante 
daba en la Escuela provincial de Bellas artes de la capital; y, 
último con acuerdo de la Diputación provincial se estableció 
tes, en 1889, la enseñanza de la Taquigrafía, que duró va ríos ¿ 
y debiera volverá rcstablccerío. 

El EL D< de 1901 del Ministro Si\ Conde de Romarn 
transformó al Instituto en ¿General y Técnico» con las va 
enseñanzas, que dilataron el campo de la instrucción secur 
ria con algunas novedades aceptables; pero no dotadas te 
con los recursos y elementos que se necesitan, Por este le 
fallas de base y medios, flaquean y mueren muchas reforn 
Aquellas fueron: 1. a Estudios generales de letras, arte 
ciencias con cuyos conocimientos se obtiene el titulo de Bai 
11er, de prel ación para del ei minados estudios superiores; 
Estudios elementales y superiores drl Magisterio de 1. a i 
señan ¿a; pero las Escuelas de Maestros y Maestras conserva 
su unidad orgánica; 3.*: Estudios elementales di Agricuitu 
para la obtención Jcl título de o Práctico agronómico* y «Pe 
agrimensor*; L a : Estudios elementales de * Industrias, en 
dos los Institutos; para obtener el certificado de * Práctico ind 
trial», necesario para el ingreso en las Escuelas superiores 
Industrias de varias localidades; o, n : Estudios demoniales 
Comercio^ para obtener el diploma de «Contador mercantil 
de ingreso en las Escuelas superiores de Comercio de varias lo 
lidades; 0. a ; Estudios elementales de Bellas Artes, necesai 
para entrada en las Escuelas Superiores de Bellas Arles y 
las Superiores de Artes industriales, de diferentes localidad 
y 7. a : Estudios (confeiencias y clases prácticas) en e.seue 
elementales nocturnas para obreros. 



w m * 



— 309 - 
La situación económica del Institato ovetense fué siempre 
desahogada. Los ingresos en 1857 fueron: 9.200 pesetas pro- 
ducto de matrículas y títulos, 14.002'98 por consignación del 
Estado, total: 23.202'98; y los gastos del personal importaron la 
misma suma. En 1881 fueron los ingresos, 15.624 pesetas por 
matriculas y títulos, 4.835*50 por consignación, de 24.453 por 
la de la Diputación provincial, haciendo un total de 44.912 J 91. 
En su último presupuesto del 1902 importaban los «Ingresos» 
79.204'5O pesetas, descompuestas en las siguientes cifras: 

En papel de pagos al Estado 23.013 ptas. 

En timbres y pólizas de todas clases. . . . 4.114 » 

En metálico 52.137'50 

y, es de advertir, que la subvención de la Diputación provincial 
ascendió á 37.370'50 pesetas. 

Los «Gastoso importaron 74.494 pesetas, descompuestos en 
las siguientes sumas: 

Personal: por sueldos, quinquenios y gratifica- 
ciones del académico y sueldos del adminis- 
trativo 69.894 ptas. 

Material de Enseñanza 3.650 » 

Id. de oficina. 950 » 

Dichas sumas se prestan á no pocas reflexiones. 
Sigue el Instituto de Oviedo careciendo de local propio y 
ocupa parte del edificio de la Universidad: en la planta baja tres 
aulas, cuatro para las enseñanzas de Geografía é Historia, Len- 
guas, Matemáticas y Dibujo y otra para Gimnástica, todas redu- 
cidas y la última oscura y sin condiciones higiénicos; en la 
planta principal, dos para Física y Química, Historia Natural, 
Agricultura y Técnica, como los Gabinetes en común con lá 
Sección Universitaria de Ciencias; y sigue la sala de Juntas 
de Profesores, Dirección y Oficinas de Secretaria, todas habita- 
ciones de paso excepto el reducido despacho del Director. Uno 
y otro día, durante mas de medio siglo, se ha reclamado contra 
esta situación antipedagógica en todos sus conceptos. El Recto- 
rado, la Dirección del Instituto y la Prensa representaron ince- 
santemente contra esta situación insostenible, después que en 
mal hora el Estado cedió á la propiedad particular el Colegio 
universitario de San Gregorio de los Pardos con su huerta, si- 



— 3»' 

líos donde debieron establecerse el Instituto y Colegio de» 
proyectos do 1846. La Superioridad dictó diferentes RB 
disponiendo la separación de los dos Centros de ens< 
guicron las gestiones, bobo proyectos, se pensó en los palacio 

tenses del Duque del Parque y Marqués de Vista Alegre, qn 
m enage&aron por módicas sumas; y últimamente se trató de 

onvento de Sanio Domingo con acuerdos del Obispado, D 
pulaciún provincial y I kn turado; perú la cuestión sigue sin rt 
solver, si bien, cuando escribo estas páginas, se habla de ante 
proyectos que tienen en estudio celosos representantes de la Pro 
Viuda. Condenso en breves líneas el trabajo y los do< OC 
naces de t&ntoa B0OS, mientras en capitales y localidades d 
008 importancia que Oviedo y de Instílalos, que no alcanzan íí 
matricula y significación Sel ovetense, ya se batí íevantai 
demos y amplios edificios dedicados a la Segunda enseñanza 
aun donde no habla los inconvenientes morales, mal 
económicos que en este punto se tocan todos los días en la Cá 
pital de Asturias con la confusión y eslrefehez de la Un i ve i 
é Instituto y de .sus alumnos. Urge, y cada día más, resolver la 
cuestión, pues no se comprende como no se ba solucionado ana 
aspiración tan constante y justa (1)* 

¡l\ Instituto ¡trocí aria I de Segunda enseñanza de l 
debe su origen a las gestiones que en 1846 llevaron á caliólos 
Excelentísimos Srcs. D. Juan Píñan, TX Segundo Sierra Pain- 
Me\\ diputados ft Corles y Senadores, que fueron lujos amantes 
de su provincia, y del celoso funcionario provincial D, Jof 



(i) Pnra ma» noticia» relativas til Instituto provincial de Oviedo deben tef can.uli 
t Mrmorfdj y fitmiat •ttMftltfs 

L¿t* de if^.j^-,, i píirr- ñi ¡ -= tKAi -6* ; ^= rS6» 63; -t8G^64;=T&Si- 
i ¡v'.; í..&;^í8ó8-6u y 1870-71 por el Directo i I'. Rstfoel Oitíi frfoaiuffei ia. 

La* de 1871-7^— 1B72-73, =^873-74. = 187^75*=/ 1S75 •?'.' por cJ Secretario D, Ulpfamü¿ 
HÜ.-7- Calderón* 

I.i dt 1676*77 par el Serreta río I>* Juan Ljn¡r»ip*> 

I 14 de 1877 78: -T678-7y ;^ 1879-80;^= iB&o-Si.— 1881 Sa;— iBSa 8 j t z=:i 883*84;— i* ¡ 
TBBseÉ;=iB86 87; = 7»S8 7 '-íl8i— 188889;= j8B,j 90 ¡=iE^d r el' Sccrct,, 

1 ajÍI < 3ont¿lea Fradtí. 

La de iBfla-93 por el Secretario D. jo-¡é María Cn-i¡lhi. 

1 ti de iSy3-94;^:i8^ 95;=í895 96.=i8oé-97;^i897 98,— y 1B98 99 por D. Lui* M 

Ij de rH 1^900 por D. Marcelino I iraáiMUí y 1 tninéti. 
Y la a de 1900 fl p»r O 1 fanciüco J. t}.irr¡e»> 

Son muy 00 m pitia* Us de 18 60 Oí por el Sr. ¡JUi Monasterio y la* de r 
- 1 Si GüOiáJes r radei, 

mi lÚtínu k pirUi idice un interesante trabajo acerca del Grifmpd 

fk> tff ¿>S rtítti.n'ii Eitlufreí iff S?£tártJ,t fHU&mtZQ fti el í raí Unto ftf L>PttH» por 

Quito , 

A continuación di lai Mtméria* se publican [01 dalo* de la E*t:ición metearoltigjcji , 
Salmean, CemcLo, Fr,idu t Méndc*, ele. 



-3H - 
cobar secundadas por la Excma. Diputación provincial, el Muy 
Ilustre Ayuntamiento de aquella capital y el Jefe político don 
Francisco G. de! Busto. 

La memoria de este hecho se perpetuó en lápida de blanco 
mármol en que se lee la siguiente inscripción: 

Al patriotismo y al celo [lustrado 
con que nhocurarojí la apertura de este instituto 
los señores 
Busto — Pijíak — Escobar, 
año 18Í6, Segundo Sierra Pambley. 

El día 10 de Octubre de 1846 se verificó la inauguración 
bajo la presidencia del St\ García del Busto con asistencia de 
las autoridades y corporaciones- El acto tuvo lugar en el Semi- 
nario Conciliar de San Froilan y el Claustro de Catedráticos era 
compuesto de los Sres. D. Francisco del Valle, religioso domini- 
co, canónigo que fué de la Iglesia Catedral, natural de aquella 
provincia y reputado humanista, D. Aquilino Rueda, D, Domin- 
go Alvarez y D. Natalio San Román, encargados respectivamen- 
te de las asignaturas de Retórica y Poética, Matemáticas, Latín 
y Religión y Moral, únicas que en aquel curso se plantearon (1). 
Organizadas estas enseñanzas, según el sistema entonces vi- 
gente, se instalaron sus aulas en la planta baja del edificio mo- 
numental de San Marcos, ex-eonvento de Caballeros-canónigos 
regulares de la Orden de Santiago, Allí continuó el Instituto 
hasta 1855 en que se trasladó al ex»colegio de PP. Escolapios, 
por gestiones y medidas del limo. Sr D. Patricio Azcárate, Go- 
bernador de la provincia, hijo también de León y bien conocido 
cu España como político y escritor 

En el decurso del año 18Í7 al de 1848 completáronse los 
estudios del Bachillerato, nombrándose los profesores para dar 
la enseñanza de las asignaturas de Geografía é Historia, Fran- 
ees, Psicología, Lógica y Ética, Historia Natural, Física y Quf* 
mica. En 1859 se inauguró la de Dibujo lineal y de adorno 
Creación debida á la iniciativa de la Junta de Instrucción públi- 
ca; también entonces la Excma. Diputación provincial consignó 
en sus presupuestos la cantidad necesaria para elestablecimien* 



(j ( Xüilciaí que debo A b atención del aqttin] Director Sr. Diní-Jímcnc*. 










- 312 - 

to de un cátedra de Agricultura, enseñanza que, con el nomb 
de ('Nociones teórico prácticas de Ajirienlhira, eomODZO a dar 
en Abril de 1860; y al año siguiente», aparecieron consiitmd 
los estudios periciales para la obtención del título de AgrímetUK 
Fué de sentir la desaparición de estos estudios en Is71. 

El Instituto leonés tuvo las vicisitudes y vari 
demás de su «lase en España* y la Escuela elemental de 
Industrias, agregada al Instituto por gestiones del Diputad 
Fernando Merino* entusiasta leonés, ceso recientemente en L90 
Posee no escaso material científico; los Gabinetes de ; 

nina é Historia Natural se enriquecieron con tus aparato) 
objetos que fueron de los PP. de la Compañía de Jesús y de i 
Seminario central, establecido en San Marcos, que el Gobíen 
provisional concedió en 18f¡tt al Instituto, y con los que 
prOCürfl principalmente por las disposiciones del Ministro Tm 
DO de 1877. También tiene los útiles concernientes á b 
fianza de Matemáticas, Geografía é Historia con lo mas indi 
pensable para una sólida instrucción; y desde el dicho año d 
1S77 funciona un Laboratorio químico asneóla La Es 
meteorológica dala de 18&G, y en 1874 comenzó la Bibliotí 
pecial del Establecí miento. 

La situación económica de éste desde su fundación 
prende de los siguientes datos: 

En 1818 el producto de matrículas, grados é incorpora 
ascendió á 3,095 pesetas y el arbitrio de un real en 
de sal tque se aplicaba entonces) a 8.161*25 
11. 256 '2 6; los gastos fueron 18 158 pesetas por personal 
$29*50 por material, total 18.880*50 pesetas, resultando un áí 
ficit de 7.624*25 pesetas cubiertas por la Provincia, 

En 1H75 los ingresos fueron: existencia di .mterio 

>; pesetas, 1.124'oü por matrículas y grados y 31*020 si 
plidas por la Diputación provincial; los gastos ascendí* 
82 250 de persooal, 3.18975 de material, total 8 

quedando de existencia para el ano siguiente 513' 
seta 

El presupuesto de 1901 de la última Memoria publicada eoífl 
prende «Ingresos» por 81,876*37 pesetas, sumadas las siguiente 
cifras; 



— 313 — 

En papel de pagos al Estado 26.092 ptas. 

En timbres y pólizas 2.260 » 

En metálico. . , 53.524'37 t 

Siendo de advertir que la subvención de la Diputación pro- 
vincial ascendió á 37.803 pesetas. 

Los gastos ascendieron á 54.264'77 pesetas por los concep- 
tos siguientes: 

Personal académico administrativo . . 49.920*57 ptas. 

Material científico y oficinas 4.344'20 » 

Quien deseara mas datos del Instituto de León podrá con- 
sultar las excelentes Memorias anuales publicadas por su Di- 
rección y Secretaría (1). 

En el capitulo siguiente se ha de tratar con toda la extensión 
posible en estas páginas de la por siempre memorable funda- 
ción de Jovellanos, y ahora solamente se comprenden aquí bre- 
ves noticias del moderno Instituto de Segunda Enseñanza 
de Gijón, establecido en el antiguo «Asturiano» de caracterís- 
tica y diferente significación. Cuando en mal hora se cerraron 
las apenas abiertas cátedras industriales de la Escuela gijonesa, 
se pensó en aumentar enseñanzas y el Rector de la Universi- 
dad, jefe del distrito, y el diputado á Cortes Sr. Cápua gestiona- 
ron á tal efecto. Propuso el primero así al Ayuntamiento de la 
villa como á la Dirección, crear cá lo menos un Instituto lo- 
cal y legalizar la situación de aquella Escuela en lo respectivo 
á los Estudios de Segunda Enseñanza y Aplicación», para que 
«con mengua de la época y mucho más de aquella población 
no desapareciese hasta el último vestigio de la benéfica institu- 
ción con que honró á su pueblo el insigne Jovellanos». Hubo 
dificultades económicas por parte del Municipio y de la Diputa- 



íi) Las de los cursos 1858-59 y 1859-60; — i86o-6i;s=x86x-6a;— 1862-63 y 1863-64 por el Di- 
rector D. Aquilino Rueda. 

Las de 1864-65;=/ de 1865-66 por el Vicc-Director D. Romualdo Tcjerina. 

Las de i86ó-67;=i867-68; = i868-69; — 186970 y 1870-71 por el Director D. Vicente Andrés 
y Andrés. - 

Lai de i87i-7a;=y 187273 por el Secretario D. José de Castro y Pulido. 

Las de i873-74;=i874-75; = i875-76;=i876-77;--i877-78 (con discurso del Sr. Gobernador 
Civil D. Ricardo Puente y Breñas i ;=y 1878-79 por el Secretario D. Policarpo Mingóte. 

Las de i879-8o;=y 1880-81 por el Secretario D. Hipólito Casas. 

Las de i88i-82;=y 1882-83 por el Secretario D.Juan Eloy Diaz Jiménez. 

Las de 1883-84; -i884-85; = i88s-86; -1886 87;— 188788;— 1888 89; = i889 9o;=x89o-9i;= 
1891-9?;— y 1892-93 por el Secretario D. Valentín Acevcdo Calleja. 

Las de 1893-94 ;— 1 894 95;-^i89596;^=iS96 97;— y 1897-98 por el Secretario D. Pedro Ga- 
lapo. 

Y las de x899-9oo;=iooo-oi;^=x9oi-oa;=:y 1902-03 por el Secretario D. Felipe de la Garza. 






- 3¡4 - 
ción provincial para aumentos de cátedras de Enseñanza gen* 
ral ó secundaria, estableciéndose, por último, con escaso seta 
to los dos primeros años ó cursos de ésta, no sin que el Directo» 
Sr. Menéndez Duarte (uno de los primeros alumnos de aquel 1 
ilustre Casa, muy querido del Fundador por sus aventajada- 
disposiciones y maestro allí participante de todas las vicisitud* 
que entorpecieron la marcha progresiva del Establecimiento i 
manifestase su oposición contraria a estudios ede poca utií 
para los ramos de riqueza que está llamada a desarrollar ¿Uffi 
rías*, sin compensar también el sacrificio que al pueblo se ío 
pusiera, mientras prefería los esludios propios de la pritiR 
fundación, industriales, para cuyo fomento allí proponía qu ; 
fuesen de matrícula gratuita y con todo género de facilídu 
des (1). Mas por R. O. de 28 de Julio de 1863 se establecieron 
los indicados dos cursos primeros de Segunda Knseñanza, ba*=* 
del Instituto local. 

En !a reforma, con retroceso, de esla Instrucción por el mi- 
nistro Sr. Oro vio en 1866, dividida en dos períodos, el Di redor 
de entonces Si\ CienfuegosJovellanos procuró el eslablecimien 
to del primer período ó de dos cursos (Gramáticas castellana y la- 
tina y oiro de Retórica y Poética co til ¡miando los ejercicios de 
análisis, traducción y composición latinas, que no había plan- 
teado el Promotor) y asi siguió hasta los plausibles decretos de 
Octubre de 1868 por el Sr. Ruiz Zorrilla con autorización á los 
Ayuntamientos y Diputaciones para fundar y sostener estableci- 
mientos docentes. Muy principalmente se preocupó el ministro 
reformador en la Segunda Enseñanza, entonces («desnaturaliza- 
da, cohibida, retrocedida mas de dos siglos, preparando a los 
jóvenes solo para estudiar teología ó entender algún autor esco- 
lástico» y, dándole su propio concepto, no solamente ocomo 
serie de estudios preparatorios») sino como («ampliación á la 
instrucción primera y educación necesaria a los ciudadanos*, 
modificó el plan viejo bajo dos sistemas, uno con algunos cam- 
bios del sistema tradicional, aunque sobre la base del latin, y 

(i i Véanse * Breves CDnsideracioncs sobre la creación de un Instituto local» en la Memoria 
del curso de 1S60-Ó1. 

En la «Memoria universitaria de 0\icdo> (1861} escrita por mi docto p;<drc el entonces Se- 
ere ario át\ Pi-trito, I) lignito Cundía, hay interesantes trabajos suyos relativos al Instituto de 
Joví llanos y do su primitivo carácter (.páginas 87, ioj y siguientes) e inserta además ti articulo 
que publicó cu El Porvenir d.> Asturtis, cundí las supresiones (que calificó de «desgracia 
provincial» • de característicos y útiles estudios en las aulas gijonesas. 



~ 3i5 — 
otro mas innovador y técnico. El Ayuntamiento gijonés, que por 
la patriótica obra de Jovellanos siempre se mostró bien dis- 
puesto, ante el injusto olvido del Estado, á toda clase de sacrifi- 
cios, decidió sostener toda la Segunda Enseñanza; pero eligió 
el sistema antiguo al plantear completo el Instituto local, por 
«cuyo acierto > tuvo felicitación del reducido Claustro. Este fué 
nutrido primeramente con profesores sustitutos y después con 
mas numerarios, éstos de corta permanencia en la localidad por 
la escasa dotación, que allí tenían, mientras eran mayores los 
sueldos y más las ventajas en otros Institutos. 

i-Insensiblemente, y sin proceder un plan fijo ni una regla á 
que sujetarse, fué modificándose poco á poco la plantilla del 
personal», como dice el diligente historiador del Instituto señor 
Lama y Lefia, y por la indicada movilidad del magisterio hubo 
que recurrir frecuentemente á interinidades, en virtud de lo qué, 
eon R. O. de 21 de Julio de 1880, se reformó la plantilla encar- 
gando á cada catedrático, el desempeño de dos asignaturas dia- 
rias con 3.000 pesetas de sueldo, comprendiendo también las de 
Náutica y Estudios de Aplicación, de que se tratará en su lugar. 
Asi continuaron los Secundarios en el establecimiento, que ya 
llevaba desde 1865 el glorioso nombre de Jovellanos, hasta que 
para procurar en sus aulas mayor ingreso de alumnos, imposibi- 
litados de concurrir á ellas por el carácter de Instituto local, se 
le habilitó para admitir matrícula privada, doméstica y libre y se 
dictó, por gestiones patrióticas de los señores Conde de Revillagi- 
jedo y Fernández Vallín, el R. D. de 22 de Mayo de 1892 deter- 
minando que en lo sucesivo tendría el establecimiento «todos 
los efectos académicos y el carácter, consideraciones y prerro- 
gativas que tienen los Institutos provinciales, conservando 
su organización actual (la plantilla reducida) y corriendo como 
hasta ahora su sostenimiento á cargo del municipio de Gijón». 
Siempre el Estado negando recursos á la fundación trascenden- 
tal del inmortal Jovino! 

Aún asi no tuvo la concurrencia y vigor esperados y que re- 
quirió la reforma de 1901 al trasformar los Institutos generales; 
y otra vez mas el Ilustre Ayuntamiento de Gijón manifestó su 
patriotismo y amor al Instituto, entonces con mas acierto que 
en 1868, porque el plan del ministro Sr. Conde de Romanones 



comprendía varias enseñanzas, mas semejantes ú las que 
Promotor recomendaba para el Real Asturiano. Asi, bien dota- 
do el magisterio desde 1900 y enseguida con plantilla completa, 
por R. D. de 29 de Noviembre de 1901 de nuevo o fué elevada 6 
provincial la categoría del Instituto de Jovellanos*, y como tal 
pasó á General y Técnico, ahora como todos los de su clase re 
formados y cercenados en 1903 por el ministro Sr. BugallaL 

Los medios materiales de enseñanza del Insülutogijonéssori 
suficientes en varios ramos, compitiendo con las de Establecí 
mientos similares, si bien, por estar en el mismo recinto, 
aprovecha de los adquiridos para las otras Enseñanzas ttjúvella 
nistas*,que le arrebataron con injusticia notoria; pero vasueesi 
vamente aumentando aquel caudal científico, ya que en el artísti- 
co tiene todo un tesoro. La matrícula de los Esludios secundarios 
fué hasta ahora reducida por el antiguo carácter local del Esta- 
blecimiento; mas, con su nueva categoría y el crecimiento de la 
cada día mas floreciente villa de (Jijón,, habrá de aumentar na- 
turalmente, si bien lo de concurrencia es accidental porque es 
siempre principal la índole de las enseñanzas que allí debieron 
sostenerse y propagarse. 

Hasta aquí solamente se ha tratado de ia Secundaria, moder- 
namente implantada f sostenida por el Ayuntamiento con lo 
poco que ya queda de las cátedras allí peculiares, Habrá de 
apreciarse mejor el interés municipal y sus dispendios en pájíí- 
ñas posteriores de historia interesante y apenadora del Institu- 
to Asturiano que, gracias al Consistorio gijones, sigue abierto 
aunque con el dicho carácter. Alguna vez el Estado, como en 
1878 y 1885, le concedió subvenciones excepcionales de 12*500 
y 9.000 pesetas o costeó la terminación del edificio; pero, en lo 
demás, sus principales recursos vinieron y vienen del presupues- 
to local. El corriente de 1903 del Instituto se descompone en 
las siguientes partidas de «Gastos»: Personal de los Estudios ge- 
nerales, 73.000 peseta?; Personal de Estudios de Aplicación y He 
Náutica, 10,500; Personal administrativo, 9,250; y Materia f h 
4.6G0; total, 1)7.000 pesetas. Son «Ingresos»: Por matriculas y lí* 
tulos 12,000 pesetas; Subvención de la Exorna. Diputación provin- 
cial de Oviedo, 6.800; total, 18.800; y el «déficit*, á cubrir por 
el Ilustre Ayuntamiento de (Üjón, importa 78.*ilO pesetas 






-3"7 — 
Existieron en el Distrito universitario los Institutos locales 
de Tapia y Ponferrada. 

He aquí la breve historia del primero. 
D. Fernando Fernández Casariego nació en Tapia, 1794, en 
el seno de modesta familia; y muy joven dejó el pueblo para de- 
dicarse al comercio de lienzos en Madrid, donde prosperó lle- 
gando á ser una de las primeras firmas de la banca de la Corte 
desde 1840. Desempeñó los cargos de Prior del Tribunal de Co- 
mercio, Consejero del Banco de España y de otras sociedades y, 
contra su voluntad y humilde carácter, se vio colmado de me- 
recidos honores y distinciones, como las grandes bandas de Isa- 
bel la Católica y de María Victoria, senaduría vitalicia y los títu- 
los nobiliarios de Marqués de Casariego y Vizconde de Tapia. 
Tan benemérito asturiano falleció en 1874, después de dispen- 
sar grandes beneficios á su provincia y pueblo nativo, que le de- 
bió independencia municipal, centros oficiales, la edificación de 
la casa consistorial y magníficas Escuelas, la construcción de un 
murallón contra la arena, y puerto, etc., disponiéndose también 
á levantar espacioso y bien dotado hospital; pero, entonces, el 
concejo y todo el partido pidieron, creyéndolo mas beneficioso 
al país, la creación de un Instituto local incorporado á la Uni- 
versidad de Oviedo, el cual impulsaría la cultura general y fa- 
vorecería á los jóvenes de extensa comarca de mas de 30.000 
almas de población en el occidente de Asturias. 

Así lo hizo presente al Gobierno el Sr. Casariego, ofreciendo 
construir el edificio y dotarle con la renta necesaria; y en R. 0. 
de 16 de Junio do 1865 se concedió la oportuna autorización 
con gracias al Fundador disponiendo que el Rector de la Uni- 
versidad de Oviedo ultimase la creación; por otra R. 0. de 22 
de Marzo de 1867 fueron aprobadas las condiciones bajo las 
cuales el bienhechor proponía la donación;y, en 24 de Abril del 
mismo año, fué autorizado el municipio de Tapia para aceptar- 
las á nombre del Común. 

En escritura otorgada en Tapia ante el notario D. Antonio 
de Murías y Pasaron á 1.° de Diciembre del mismo 1867, el abo- 
gado D. Manuel García de Vior, ex diputado provincial y á Cor- 
tes y ex-gobernador civil de la Provincia, por virtud del poder 
especial del Fundador formalizó á favor del Ayuntamiento la do- 



\ 



- 3 ts~ 
nación del edificio y de una inscripción intransferible de la 
Deuda consolidada, señalada con el número 37.085, en la que 
se reconocía á favor de la expresada Corporación para dotación 
del Establecimiento la suma de LOOO.ÜGÜ de pesetas de capitaí 
y 30.000 de renta, Comprendíase, asimismo, en la donación los 
muebles para oficinas, biblioteca, enseñanza de Dibujo, y délas 
aulas, costeados todos por el Fundador. No siendo la voluntad 
del mismo, al hacer este beneficio á su país natal, renunciar en 
absoluto el dominio á favor del A yunta mié uto ni del Común ní 
menos á favor del Estado, sino en tanio que se cumpliesen la- 
condiciones de la donación, sin que de ningún modo ni por na- 
die se pudiese alterar su destino, se reservaba el derecho para 
sí y sus herederos de revertir é incautarse de nuevo así del viu 
(icio como de la renta en el caso quc> por disposición superioi 
ó por fuerza mayor, se dejasen de destinar al objeto exclusivo 
para que la donación fué hecha. Se reservaba asimismo el dere- 
cho de visitar el Establecimiento para ver si se cumplían los fi- 
nes fundacionales; siendo además su voluntad que el Rector de 
la Universidad de Oviedo inspeccionase la legitima inversión de 
la renta y obligase al Ayuntamiento á desuñarla completa y 
puntualmente á la dotación del Instituto; y, por último, para el 
caso de que hubiere sobrantes, después de cubiertas las necesi- 
dades ordinarias de los estudios generales de Segunda Enseñan- 
za, quería se empleasen, según acordasen el Fundador ó sus he- 
rederos, el Director del Instituto y el Ayuntamiento de Tapia, 
con la superior aprobación del Rector de la Universidad y del 
Gobierno. 

El edificio fué construido bajo la dirección y planos del ar- 
quitecto D. Juan M. Yanez y Rodríguez Trelles. La fachada es de 
líneas elegantes y esmerada ornamentación con tres lapidas su- 
periores de bien bruñido mármol. Una en el centro indica el 
destino de la casa: 

Instituto de Segunda Enseñanza 

De las colocadas sobre los dos balcones laterales, en una 
histórica se lee: 

Edificado kx 1806 v 67, Año 34 del Hei\aoo de í). n Isabel ii 
y la otra votiva dice: 



i 



~ 3>9 - 

Fernando Fernández Casariego en señal de afecto 

á la juventud estudiosa 

Sobre el descanso de la ancha y clara escalera se gravó la 
significativa aclamación de gratitud popular: 

Salve al Fundador 

En el centro del edificio hay un atrio de doce arcos, tres por 
cada lado, que corresponden á la galería del piso; al medio día 
se puso la capilla dedicada á la Purísima Concepción de la Vir- 
gen, San José y San Fernando. Están en la planta baja las cá- 
tedras de Física y Química, el laboratorio, las de Geografía é 
Historia con su menaje y tres aulas mas para cátedras que no 
requieren material científico, y otras dependencias; las de la 
planta principal se destinaron á oficinas de Secretaría y Direc- 
ción, salón de actos públicos, cátedras de Matemáticas y Dibu- 
jo, de Historia Natural con su modesto Museo y la Biblioteca; 
y el piso segundo se distribuyó en habitaciones de los depen- 
dientes. 

La inauguración del Instituto fué en 17 de Septiembre de' 
1867 y, cubiertas por oposición las cátedras de sus estudios, se 
desarrolló el Establecimiento durante 35 años. Las aulas de 
Matemáticas, Geografía, Física y Química y la Biblioteca tenían 
algunos medios de instrucción, mas no los suficientes; todos los 
años se hacían nuevos adquisiciones ó se recibían donativos de 
personas ilustradas; y el Fundador atendía con solícita protec- 
ción al Instituto, el deseado Establecimiento con que hizo mu- 
cho bien á sus paisanos y connaturales. Es probable que la fun- 
dación pudo ser mas acertada y práctica con estudios elemen- 
tales de Agricultura é Industria ó de Comercio y de la moderna 
Náutica, ó un Seminario análogo y mas completo que el inicia- 
do en la Vega de Rivadeo en 1815. 

Bajo la acertada dirección del Dr. D. Antonio González Tol 
y Cancio (cuyo celo, amor y desvelos por el establecimiento nun- 
ca serán bastante elogiados) y la cooperación que le prestó el 
profesorado, el Instituto local de Casariego de Tapia dio en su 
principio resultados que podían satisfacer al Promotor gene- 



r 



— 3 £c — 

roso, si bien después se resintió la disciplina de asistencia y 
hubo deficiencias pedagógicas, que señaló el catedrático D, Ani- 
ceto Sela cuando por delegación del Rectorada giró tina visita 
de inspección al Establecimienlo en 1895 y redactó * Me moría- 
muy interesante y práctica, olvidada en la Superioridad. 

La marcha económica fué en los comienzos desahogada ofre- 
ciendo hasta un sobrante en los presupuestos de varios años; 
pero no sucedió lo mismo al mermar principales ingresos d^ 
la renta por las conversiones y ¡arreglos! de la Hacienda nach. 
nal. Mientras pudo veló por aquellos intereses et entendido Fui- 
dador y sus próximos deudos D. Fernando y D. Francisco Per*-.- 
Casariego; pero después faltó el generoso Marqués y fue muy 
considerable la merma de los réditos, rebajados en dos terceras 
partes desde la ley de 1875 aunque con ofrecimientos y esperan 
zas de volver al valor de la primitiva emisión en futuros tiempos 

normales que no llegaron. Con orden y economía se habían 

vencido consecuencias de descuentos y suspensiones de pagos; 
se procuraron ahorros con interinidades de personal, sí bien re- 
sintiéndose alguna enseñanza; se redujo la plantilla con cátedras 
dobles 'á cada profesor numerario en 1802; y todo fuéinsuficicn^ 
te para levantar al Instituto de su lánguida vida, que inspiraba 
peligros anunciados ya por los Sres. Fernandez Buján, secreta- 
rio, y Tol y Cancio, director, (1) hace bastantes años para Irisle 
realidad cuando se escriben estas páginas. Ya no fué posible sos 
tenfer un verdadero presupuesto de gastos; ni tener completo y 
regularmente dotado el magisterio, cuyo personal fué de movi- 
miento incesante, siendo come» de paso el Instituto de Tapia, pues 
los Catedráticos aspiraban á mejorar su situación allí insoste- 
nible, de sueldo escaso, trabajo dobie y sin los alicientes de de- 
rechos pasivos y otras ventajas en centros de enseñanza análo- 
ga, no pudiendo aquí realizarse el aumento y nivelación de suel- 
dos dispuestos por R. O. de 21 de Julio de 1900. kl Estado se 
cruzó antes y entonces de bracos, cuando era el causante de la 
crisis del Instituto de Casariego, porque de sus disposiciones eco- 
nómicas vino la depreciación de los valores públicos con que el 
benéfico tapíense había favorecido ü su pueblo. Surgió el dilema, 

(i) Mentoritis de! Instituto de Lasariegc de /«//a, ^Oviedo Imp, de Una 1B76 y 1877}. 



- 321 — 

que expresó el Sr. Sela: ó mermar sueldos y enseñanzas (con lo 
que la Instilación no respondía á sus fines) ó equipararle á los de 
su clase en todo (lo que no era fácil por no ser suficientes los re- 
cursos, que había cercenado la Ley). Sin resolver el problema, 
siguió la fundación sin variación ni cambios, por los términos 
de la escritura donataria, ya en un grupo escolar con todos los 
grados de la Instrucción primaria de donde saldrían alumnos 
educados con menos pretensiones pero más solidez que muchos 
bachilleres; ya en escuela de Artes y Oficios, ó de Comercio 
y Náutica, ó de Agricultura, mas en consonancia con la región, 
según proponía el Sr. Sela; ó ya también en Colegio completo de 
Segunda enseñanza, cual los de Santoña fundado por el Marqués 
de Manzanedo, el de Cée (Coruña) debido al Sr. Blanco de Le- 
na, etc. por no citar otras benéficas y análogas creaciones. Nada 
de esto se intentó para modificar y salvar la de Tapia, cuando 
\as leyes de Beneficencia particular dan medios para ello, y 
cuando el Estado, en primer término como promotor del conflic- 
to, la Provincia, el concejo de Tapia y los limítrofes Ayuntamien- 
tos interesados debieron hacerlo sin excusa alguna, de acuerdo 
con la familia del fundador y en honra y justicia para su nom- 
bre generoso. 

Siguió la crisis, no solucionada por aquellos elementos, y 
el Instituto de Tapia quedó suprimido, como oficial, por R. Ü. de 
25 de Octubre de 1901 en relación con el de 17 de Agosto ante- 
rior, y convertido en Colegio. En su consecuencia, entendieron 
. los señores Herederos del Fundador Marqués de Casariego que 
adquirían por ello la reversión á su favor del edificio y capital 
fundacional y asi lo solicitaron del Ministerio de Instrucción Pú- 
blica, el que, de acuerdo con el Consejo de Estado, declaró en 
R. O. de f> de Mayo de 1903 se significase al Alcalde de Tapia 
que tno había inconveniente» en otorgar la escritura de rever- 
sión á favor de los indicados herederos. Así fué. Gestionaron en 
contrario el Rector Sr. Aramburu desde su cargo académico y 
en el Senado; el Claustro universitario (1); la Junta provincial de 
Beneficencia (2); los Ayuntamientos de Tapia y próximos; y el 



ix) Archivo de la r.iiversid.id. - Clá-i*tr> ár. 10 de Mayo de x.y>i. 

• 7) La Junta provín;i.d de Hj i »fi :'mcu p irtii-nl.tr represento al Ministro de ).* Goberna- 
ción tcm¡tiend<) extenso y razónalo Í!if>rme, cuya redicción me encargo y ultime, en 7 de 
Juli') de 1903. 



— 323 — 

respetable Director del Instituto, que se Iiabía desvelado por ia 
fundación durante treinta y seis años de trabajos y OTcrifieiúÉ 
excepcionales. Nada se alcanzó,..,..,. 

Asi, por una disposición administrativa desapareció uiij 
fundación importante, que "debió sostenerse y verificarlo el FL¿ 
lado, pues el Instituto seguía y podía seguir entonces «con cj 
objeto exclusivo para que la donación fué hecha» ; el nombí«- 
importaba poco porque el de «Instituto* tiene amplio significad 
El poder ministerial no podía verificar allí cambios, cuando vti 
ningún modo ni por nadie se podía alterar el objeto y destina 
del Instituto, según la escritura fundacional, sí bienes verdad 
que destino y objeto podían seguir como Colegio, La reversión 
fué hecha, porque de tal manera se manifestaron entonces la mi 
sión tutelar y el protectorado del Estado cuando no había ca- 
ducado la fundación de Tapia, Ante semejante desamparo ofi- 
cial, después que la misma Administración pública cercena fun- 
daciones o por sus órdenes se extinguen contratos y se modifican 
leyes ¿qué confianza han de tener los ciudadanos generosos para 
fomentar la enseñanza y acometer obras benéficas?...... (1). 

También el Instituto local de Pan/errada alcanzó men- 
guada suerte, y resultaron atajados desprendimientos y entusias- 
mos de amantes hijos de la localidad, aunque al final salvaron 
et conflicto con relativa fortuna comparada con la tenida hasta 
ahora por los tapíenses. 

Aquella institución ó Escuela de Segunda Enseñanza turo 
por base la generosidad del benemérito IX Diego Antonio Gótfáfr 
lez y (ion ¡sales;, nacido en Ponferrada en 1793. Este buen pafri- 



{t) Para mas ¡(oticia* del Instituto de Caía riego de Tapia pueden consultarle las Mtmn- 
riiti anua le*. 

!jí* de lo* carias de 1867 ■&$[ -ittofl -69;— y ifióo 70 por el Director D, Antonio G. Tol y 
Can cío. 

Lar* de lo* cursos de 187 1-7*;= [B7J-73; =ri87j-74^=y 1874-75 por el Stqrctafío D, Justo At- 
varer Amandi. 

La de 1875-7* P or f ' Secretario D. Vicente Fernández Pujan. 

La* de lo* tur«w 1 6 76- 7 7 -^ y 1B&9-EI3 (cúh datos también de los ctííilro cut*'>* de 1876 a 
i8S¡0 jíor el Director Sr. G. Tol. 

Lb del curso de tflqj ^4 [con datos de tos nueve curso» de 1EB3 á 1893) por el Secretar ¡o 
D. Manuel Pa* y Sabuco, 

La«, de los curéosde 1893- 54.-- y 181^4 05 por el Secretario D, Eulogio Se rifan. 

Y La del curso 1835-96 por el Secretario D, Cándido 5ay*, 

A continuación de la Memoria de 1871 se publica el discurso del Catedrático D. Ju.*r, £1 
v,,rrr Vega* Aceren de »K] hombre bajo r| aspecto metafiñfiCK, 

Y en Ja de 1873 la 'Necrología del fundador Marque* deCa*ariego- por el Sr. A, Amamt: 
Kn h del Sr. í'a/ se Iii«crtan do* decursos del distinguido alumno D. Manuel Vvivuttitij 

Méndez; uno relativo al antiguo reino de Per 5 La y oiro que versa sobre U ijtifu; r tanda de ú 
Lengua francesa y los estudios de Filosofía en la Segunda Enseñan», 



- 3*3- 
cío siguió ios estudios de medicina en Valladolid, ejerció la pro- 
fesión en el pueblo nativo, respetado y querido de todos por su 
iencia, virtud y sufrimientos familiares hasta su muerte en 1870; 
y, á la desgracia de verse completamente solo en los últimos 
años de si] ancianidad, deben muchos ponferradenses ios comien- 
zos de sus carreras y profesiones. Su testamento de 1864 y dis- 
posiciones complementarias de 1869 y 1870 expresan bien sus 
nobles sentimientos y deseos. 

c Considerando, dice, que mi caudal ha sido formado en todo lo que va de 
siglo por mis padres, madrasta, hermana y cuñado; por mi esposa, su madre y 
tíos; por mi hijo I). Manuel y por mi á fuer de privaciones y desvelos, de asi- 
duo trabajo y continuo sutrimiento, quiero que luzca por el tiempo y espacio 
que \o permitan los hombres, del modo siguiente»: 

Después de las disposiciones religiosas continua : 

«» Considerando que los Religiosos del Convento de San Agustín daban cáte- 
dras de Latinidad, de Filosofía y de Moral, estudios que eran los preparativos 
para carreras mayores; y que muchos hijos de Ponfe/rada y de los pueblos co- 
marcanos si llegaron á ser curas, abogados y concluyeron otras carreras, como 
yo la de medicina, brillando muchos en el foro, en la magistratura y en las más 
altas dignidades de la Iglesia, lo debieron y debimos á los estudios del Conven- 
to de San Agustín de esta villa; y considerando que, al poco tiempo de la supre- 
sión del convento, no quedó en esta villa más instrucción que la primaria, vién- 
dose los padres de familia imposibilitados «le dar carrera á sus hijos por los in- 
finitos gastos que tienen precisión de hacer yá los que no pueden arribar, sin 
saber que hacer con ellos en una edad tan solo propia para el estudio, que- 
dándose en la ignorancia y el olvido muchos talentos, tal vez genios privilegia- 
dos, destinados por la Providencia a sobresalir en las ciencias > 

Enseguida instituye las cátedras de Latín y Matemáticas y 
posteriormente de Humanidades, y más adelante dice: 

cTeraiéndome que con el tiempo la Lengua latina será un estudio de adorno 
y solo necesaria para la Teología; y abrigando la dulce esperanza de que el Go- 
bierno, tan pronto como las atenciones del Estado lo permitan, ha de extender 
la Instrucción publica á las capitales de partido, cuando menos, si llegase á es- 
tablecer cátedras de Latinidad y Matemáticas, pagadas de fondos del Estado, pro- 
vinciales ó municipales, quiero que la Junta local de Instrucción ponga otras cá- 
tedras en vez de aquéllas... > 

A las que primero y principalmente fundaba señaló el sueldo 
de 2.000 pesetas, y designaba para la de Matemáticas ó cualquie- 
ra de las otras dos, á su elección, á D. Silverio Méndez Rodrí- 
guez, natural de Villaquinta, Orense. El capital invertido en valo- 



- 3*4 - 

res del litado, después de cumplir varios legados (entre oíros 
uuo para dar instrucción y útiles con que ejercer un oficio, a su 
elección, a todos los liijos de un pariente muy lejano de su c^ 
posa, úoicos que pudieran llamarse deudos) ascendió á trescien 
tas mi! pesetas nominales (í). 

Este fué el comienzo para la futura creación del Instituto, 
que se debió, no mucho después, á los desvelos y sacrificios & 
otro buen hijo do Ponferrada, el limo. Sr, D, Isidro Rueda y LA 
pez, ex-alcaide y ex diputado provincial, hombre de legitima y 
recta influencia, qyc supo dar acertada dirección y cumplimí* 
á la voluntad última del Sr« Gonzálezy á la Junta encardada - 
su ejecución para dotar al Vienao de mas amplío centro de cu! 
tura secundaria. Pensó en encargar la enseñanza á una comí* 
nidad religiosa; consultó con D, Nicolás María Rívero que, en 
último término, opinó por los PP. Escolapios y con ellos gestío 
nú sin resultado; y, finalmente, ayudado por el entusiasta cate- 
drático de Madrid D. Manuel María Joséde Caldo, llego á organi- 
zar un Instituto libre. En esta forma se inauguró en 18 de Octu- 
bre de 1870 con escogido magisterio. 

Las reformas de 187i hacían difícil su continuación; pero el 
temple del Sr. Rueda no se arredró ante obstáculos oficiales y 
logró que el establecimiento se convirtiese en «Instituto local de 
Segunda Enseñanza» con pleno carácter oficial. Es digno de men- 
ción que entre otras dificultades, salidas al paso del entusiasta 
Director, estaba el derecho del expresado D. Silverio Méndea 
nombrado profesor por el Sr, González; y el Ministerio de Fo- 
mento no podía aceplar tal medio para provisión de cátedras, 
Entonces, el Sr. Méndez se apresuró á renunciar solemnemen* 
te á su derecho incontestable de cátedra y sueldo á ella anejo, 
fiara qué, por su parte, no hubiese obstáculo alguno á la reor- 
ganización oficial del Instituto. Rasgo fué de desprendimien- 
to digno de loa, porque el generoso y docto profesor distaba 
mucho de tener desahogada posición; era heredero, según el tos* 
tamento, de parte del capital fundacional en el caso de incauta- 
ción por el Estado, y de Lodo se apartó entonces y después de* 



(i) Ya en época antigua, otro D. Diego González, regidor perpetuo de Ponferrada fundó 
otra institución docente donando bienes, que ventaban 300 di!cndn« r ó ln<? PP, Agustinos con la 
obligación «de tener con sus profesores cátedras da Gramática y Aritmética*. HA Aymii.imkn^ 
percibia en 1837, á raíz de la desamortización, 3.300 reales .1 rumie.. 



-325- 
dicándose á modesto cargo oficial y á la penosa enseñanza priva- 
da en Madrid para no ser nunca impedimento á la marcha del 
Instituto y á la «institución» que le siguió. Hermoso contraste 
ofrece el desinterés del Sr. Méndez con el proceder de otros en 
casos análogos. 

Ya como libre y principalmente como «local», el Instituto 
de Ponferradase desenvolvió floreciente, porque todos conjura- 
ron allí ú su sostenimiento. La Corporación municipal hizo obras 
en el edificio, ex-convento de PP. agustinos, y subvencionó las 
enseñanzas en sus presupuestos; el vecindario ayudó con sus- 
cripciones y repetidos anticipos, no pocos condonados; la So- 
ciedad del Teatro hizo una donación importante y otra igual se 
recibió del Ministerio una vez; fué muy breve la subvención de 
la Diputación provincial y de algunos municipios vecinos; y 
siguieron siempre los esfuerzos morales y económicos del en- 
tusiasta Sr. Rueda y convecinos. Mientras tanto el Estado, 
agoviado por desgracias y guerras, no pagaba los intereses del 
principal ingreso ó renta de la fundación, é imponía al capi- 
tal mermas considerables con impuestos y los llamados arre- 
gios... El entusiasmo de la villa luchó contra las varias y cre- 
cientes crisis económicas, secundando con el mayor desinterés 
el trabajo indecible del repetido Sr. Rueda, á quien, cerno á los 
demás Directores, ayudaron los Excmos. Sres. D. León Salmean, 
Rector del distrito, D. Antonio Valdés, magistrado del Tribunal 
Supremo de Justicia, D. Anastasio Alvarez, D. Pedro N. Au- 
nóles, D. Manuel Colmeiro y el Marqués de Retortillo como 
D. Fausto E. Agosti y otros. 

Falto de los recursos necesarios, que se le cercenaron, el 
Instituto de Ponferrada no pudo subsistir con la plantilla y or- 
ganizaciones oficiales, cesando con este carácter y fué converti- 
do en Colegio, ya antes iniciado, que aprovecha las rentas de- 
crecidas de las donadas por el Sr. González y los medios pedagó- 
gicos que se habían juntado. Los elementos precisos para las 
cátedras de Letras y los aparatos, máquinas é instrumentos ne- 
cesarios para las de la sección de Ciencias se adquirieron unos 
con rentas de la fundación y fondos del Ayuntamiento, y no po- 
cos por donativos de personas ilustradas, teniendo ya el Institu- 
to escojido material científico; pero lo que debe llamar la aten- 



ción es la formación de la Biblioteca que, merced á la iniduti 
va y generosidad particular, se elevó á mas *í + 0GO volumen* 1 ? 
resultado de donaciones diferentes, como las del mencionan. 
Sr. Méndez Rodríguez, el farmacéutico D. Mateo Garza y mí 
cjue fuera prolijo apuntar. 

Las Memorias anuales (1) son en ésle y otros extremos ik 
«ron enseñanza en honor de aquella iniciativa privada, tan ador- 
mida en España, y también de triste consideración al ver \>< i 
didos tanto desprendimiento y esfuerzo tanto, sin alajo ni ;• 
medio por el Estado. Aquellos rasgos de patriotismo resulta roa 
ineficaces y T como todos los lujo* de la localidad, se dolía ei 
ne mérito Sr. Rueda, fallecido ya octogenario en días cerca; 
á los en que pe escriben estas noticias. Había dedicado much*? 
y muchos arios á continuar la obra del Sr. González y á la or 
gamzaeión y sostenimiento de su «único hijo», como llamaba 
ai Instituto, al que también pensó en nombrar su heredero, sí d 
Estado no le hubiese suprimido, pasando así toda su fortuna, no 
escasa, al Hospital de Pon ferrada.... ¡Dichosos los pueblos que 
tienen tales hijos! (2). 

En 11 de Octubre de 1872 el Exemo. Sr. Rector Jefe del Dis- 
trito Universitario autorizó el establecimiento del Instituto libre 
de León, que bajo la dirección de D. Antonio Moheda, se inaugu- 
ró en 3 de Noviembre con Estudios de Segunda Enseñanza y los 
de Aplicación á la industria y al Comercio. En Ifi de Agosto 
varios vecinos lo habían solicitado del Ilustre Municipio y ésta 
aprobó la creación con arreglo al Decreto de 15 de Enero de 
1809, Dos meses después se formó el presupuesto de Ingresos y 






íi) Véase el 'Discurso de inauguración» en 187a y la • Memoria* del curso de 1070-71 por 
el Director L>. Isidro Rueda, 

Lat de los curso* de 1871 jaj^^s^;— y 1373-74 por el Secretario D. Silverto McncLi 
Rodríguez, 

l,as de los de i$jfjy f ?zi&j5-jGi--t9i?&7?;— 1877 78;— y 1878-79 por el Secretario D. Lean- 
dro M, ■* -SílVBH. 

Las de i 05 de iBj9'Ho;z y iSüo-Üi por el Secretario l>. Benito Sane he í Martina. 

1.a de 18&1-&2 por el Secretarte D- Ignacio Amalo 

1.a de iSS*-S3íí*y 1BB3IÜ4 por el Secretario i>, Futrim Süarex. 

La de iñÉt 5i=j por el Directur D. Leandro M> &ilvjtn. 

La de iftfl5-H6 por el O i rector D. Ignacio Aré val o. 

V la de i£Érj-fl7 por el Speretfliio D t Andrés i.ioriíiler 

A continuación de 3a de 1871 71 *l publica un decurso acerca del poeta -dramático »AUr 
cón> por el catedrático D, Enrique Gil ríe Roble*, y al final de la de ieHs-Sj otro del prafc*"-" 
D. Mariano Amador, cuyo tema fué: •Detarrollfl de la IHitrttcdófl publica*. 

(a) Me facilita rao datos y noticia* diferente* del Instituto de Ptmferrada los Sre=. D. Va 
letttin Acevedu Calleja , antiguo catedrático de aquel Entable cimiento, despurt de I^eon y a hura 
de Oviedo, y 1 1. Enrique Hernández, ilustrado farmacéutico de agüella villa, d >]uieit« cito) 
muy agradecido, 



f 



— 327 — 
gastos, resultando un déficit de 200 pesetas; y se hizo constar 
que los profesores, movidos por su amor á la instrucción públi- 
ca, obtendrían solamente una pequeña gratificación de produc- 
tos líquidos de los derechos académicos, aunque el principal ob- 
jetivo fué dar gratis la enseñanza á las familias pobres para lo 
que el Ayuntamiento creó doce plazas de gracia. Además la fun- 
dación se extendió á las asignaturas de Aplicación para que, sin 
salir de la localidad, pudieran los jóvenes alcanzar los títulos de 
Perito agrónomo, mecánico, químico y mercantil (1). De esta 
suerte, una ciudad de escasa población como León, tuvo dos 
Institutos de Segunda Enseñanza; este libre y ampliado funcionó 
solamente hasta 1874. 

Antes se había establecido el asturicense, un tanto más am- 
plio en propósitos; pero también tuvo breve vida. 

Para cursar los estudios de Segunda Enseñanza, del Notaria- 
do y los necesarios para el título de Perito mecánico, acordó el 
Municipio de Astorga crear un establecimiento público, previa la 
autorización que, en 6 de Octubre de 1869, solicitó del Rectora- 
do de Oviedo. Atendiendo á su existencia y conservación, formó 
el presupuesto correspondiente y se señalaron 7.000 pesetas 
para sueldos, 2.400 para empleados y dependientes y 1.600 para 
material, calculando el ingreso de matrículas de 6.003 á 7.000 y 
ofreciendo el resto de fondos municipales. Nombrando Director 
el Sr. D. Pelayo González, Dean de la Santa Iglesia Catedral y 
después Obispo de Cuenca, se inauguró el Instituto libre de 
Astorga en el curso de 1869 á 1870; pero en este mismo año 
cesaron las carreras de Notarios y de Mecánicos, quedando los 
estudios secundarios á cargo del Vice-Director Sr. Castellanos. 
Hasta que el Ayuntamiento se procuró en los años sucesivos los 
medios materiales que requieren las asignaturas de Geografía, 
Física, Química, Historia Natural etc., para su mejor explica- 
ción, el señor Obispo D. Fernando Arguelles Miranda facilitó los 
aparatos necesarios del Seminario Conciliar, que por aquella 
época tenia escasa matrícula para la enseñanza eclesiástica. El 
ingeniero D. Carlos A. Castro donó generosamente una colección 



{i\ Véanse: 

—Discurso de la inauguración del Instituto municipal de León por el Director D. Antonio 
M aliada y Melcón.— (León 1873). 

—Memoria del Curso de 2873*74 por el Secretario D. Tomás Mallo López. 

22 



— 3^8 — 

de 200 minerales, la Corporación municipal y Claustro adqij 
rieron otros objetos, se comenzó á formar una Biblioteca y * 
establecimiento funcionó hasta 29 de Septiembre de 1874 por 
consecuencia del D. de 29 de Junio del mismo año (1) pasando 
el archivo al Instituto oficial de León cual se hizo también con v\ 
del libre legionense, 

El Instituto de Manes, establecido en el convento do 
Encarnación de aquella villa, apenas vivió por aquella época 
como «libre» y poco después se transformó en Colegio. 

Y aquí es el lugar propio para tratar brevemente de la ense- 
ñanza colegial, con internado, privada, que reapareció con ín 
tención en la última mitad del siglo pasado. 

El Colegio es anliguo entre nosotros, aplicado principalraeiiU 
á estudios de los llamados de Artes y, aún de los de Facultada - 
mayores, estando adscritos á las Universidades, como los de San 
Ildefonso en Alcalá, Sania Cruz en Vailadolid, oíros muchos en 
diferentes ciudades, en Salamanca también varios, entre ellos el 
viejo de San Bartolomé y, para no citar todos los de la Atenas 
española, baste nombrar los asturianos por fundación y prerro- 
gativas denominados de «Pan y Carbón », «Todos los Santos »\ 
«tSanSalvadorde Oviedo* y «San Pelayo*. Aquí en nuestra ciu- 
dad tuvimos los ya dichos de *San Gregorio», <San Pedro w y 
«San José» aquel desaparecido y estos dos úl limos agregados 
ahora al Seminario Conciliar ó Iglesia Catedral (2), 

Los Colegios tuvieron época de apogeo y de pronta decít; 
deneia en estudios, concesión de becas y reglamentaciones inter- 
nas, haciendo de ellos triste pintura, a íinesdel siglo xviu, el ilus- 
trado Pérez Bayer. Por R C. de 1768 se intentó su reforma, ge- 
neralmente sin los frutos que se esperaron, creando casas de 
pensión en los edificios de la suprimida Compañía de Jesús con 
su Director y profesores escolares de primeras letras y asigna- 
turas de Humanidades y Ciencias; otro tanto aconteció con las 
RR, CC, de 1771 para reformar losanliguos Colegios universita- 
rios, hasta que, dando elevación mas práctica ú. las enseñanzas, 



íif V¿a$c I ai yUm&rias del fnatétuto de Astenia: 

— L«t de i B 70 71 por ti Direcior Líe. D, Pelayo Gonzíh-/, 

— La* de j 871-7?^ y 1B73-7J po r t | Vice- Director D r Eugenio Castellanos. 

t«; Vcaiue paginas o, ;, 9, a 3j 35 y 57, 



É 



— 3^9 - 
lograron vigor otras fundaciones como las del Real Seminario 
de Vergara y más (1). 

Muertos los viejos Colegios, quedaron algunos de estos últi- 
mos y varios tornaron para la Segunda Enseñanza á cargo de 
los PP. Jesuítas cuando su restauración en 1815. Después, el 
plan de 1824 apenas los nombra porque se preparaba el men- 
cionado Reglamento especial de los de Humanidades, que se 
desarrollaron mal y sirvieron al establecimiento de varios por 
empresas particulares, cuya desaparición no fué muy sentida en 
general. La reforma del Duque de Rivas en 1836 reglamenta la 
creación de establecimientos privados de Instrucción secunda* 
ría, permitida á todo español con ciertos requisitos; los ensanchó 
el plan de 1845 del Marqués de Pidal con los Colegips Reales de 
alumnos internos, sostenidos por el Estado, como el que se pro- 
vecto establecer en San Gregorio de los Pardos en Oviedo (2), 
además de los privados, dirigidos y sostenidos, bajo bases deter- 
minadas por particulares «con el título de Colegios, Liceos ó 
cualquiera otro, aunque ninguno podía usar el de Instituto». La 
ley del ministro Sr. Moyano en 1857 dispuso que en el mismo eáU 
ficio de los Institutos oficiales ó á sus inmediaciones se estable- 
cieran Colegios donde, por una módica retribución, se recibie- 
ran alumnos internos en establecimientos á cargo del Estado, 
Provincia ó Municipio con renta de viejas fundaciones análogas 
y alguna beca de gracia; y hasta se pensó en iguales para la En- 
señanza superior, aparte de las reglas para aquellos privados 
costeados por particulares, sociedades y corporaciones bajo cier- 
tos preceptos. Más detalles se dieron en Reglamento de 1858; en 
otro de 1861 se quiso organizar mejor tales Colegios de Segun- 
da Enseñanza exponiendo la necesidad de estas instituciones; y, 
por último, la reforma del Marqués de Orovio en 1866 con su 
reglamento de 1867 sabido es<jue tuvo carácter propio de aque- 
llas circunstancias políticas que determinaron la revolución de 
1868. Entonces su organización se moldeó, suprimiendo trabas 
antiguas, en principios de libertad de Enseñanza, expresada en- 
seguida en los preceptos constitucionales de 1869 y 1876. 
Desde las primeras disposiciones citadas, creáronse en Astu- 



to Véanse págs. 289 y 302. 
(a) Id. página 297. 



— 3J°- 
rias y León varios centros privados, incorporados & sus luül 
tos provinciales, y basta tos Seminarios Conciliai 
ron desde antiguo para estos efectos* 

Merecen mencionarse los Colegios de Ooiedo: el 
Salvador» dirigido en 1848 por D. Leonardo Garda Infan/* 
I) .losó Posada Huerta; la Casa pensión «de San Juan» en l 
por D. Felipe y D. Claudio Polo y D, Tomás Rivera; la acre* 
da i Escuela poHm&ticao ó colegio hispano americano ast&b 
dos en 1866 por D. Diego Terrero (1) que en lí Dlimí 

D. Rafael Díaz Agüeiia; el «de Covudonga» en 1871 por li < 
los y D. Esteban Viguri; el tiHisp&no-CUhano» en 1 87 1 ¡ 
José Campillo; la «Academia cientilieo-lileraria* en I 3 
D, Lllpiaiio Gómez, D. Castor Alvarez y el aulor de esl 
sucesivamente varios á cargo de D. Angél Rodríguez 
D, Candido Alonso, D. Julián Bascarán, 1), Manuel Vazqiií 
otros que siento no recordar (2). 

No es fácil también lisia completa de tos estable 
Asturias; pero en estos últimos años figuraban los Cok 
Al laude. 18&5 4 <de San Andrés* dirigido por D. José Otero 
en Aviles, La Merced*, 1*71, por D, Castor Alvarez 
nuado con crédito por D, Domingo Alvarez; en ( 
Qnis, 1878, <>de Coyadoügao sucesivamente por D, Arito 
Sanche? Otero, D, Leandro García Ceñal y Iv José Go 
Sánchez;— en Cangas de Tinco, 18i>2, por los l*P> Domini 
en Corias; y en la villa, IS7X, porD. Dan [rigtiez Aran 

D, Francisco Trapiello, D. José María Ürdax, D. Luis, D, Ral 
y D, Alberto Martínez;— en Colanga se p. 
con la base de la antigua cátedra de latinidad fundada en 17 
porD, Francisco Lué González; -en Cudtttero 3 I89í 
Dionisio» por iniciativa del generoso D. Hernardo Roví 
facilitó local y subvención anual para la Junta de Insli 
popular con estudios de Segunda Enseñanza, Comercio, pre] 
ración para Artes y Oficios y Escuela primaria dirigidos por d 



U) D. Diego Terrero y Pírea anti 
giudo catL'drtiíc i y amor de notabtn obra» lie Materna tkai, inicio cu Qi 
tadón e-cpéd.d d* *lwmi 

Kwi dt»pu& muy :■■ í.;li¡-ul i I . Al idcmia i 
i'* Alai Urcíü, " Fsrttatidq A S H imiy w y l» kk .. 
ArgüeMcir I j l . ".i - \,.. -, <ttc. 

I3í I lümcotoi y Memona* y proveeos, de muclioi de 

CU diferentes ;mü»íii < hiedo. 



— 33" - 
Ángel Riesgo; — en Gtjón es muy importante y se halla insta- 
lado en magnífico edificio, 1894, el «de la Concepción» de PP. 
Jesuítas, que han dirigido sucesivamente los PP. Landa, Vinuc- 
sa y Recalde;— en Grado, 1877, porD. Matías García Solano, y 
el «de San José», 1892, por D. Sotero Blanco, D. Emilio G. Es- 
trada y D. Román Rodríguez;— en Langreo, 1892, «de San 
Luis Gonzaga» -por D. Juan M. Alvarez y D. Aurelio Delbrouck; — 
en Pola de Laolana, 1891, el «de Santa María del Otero» por 
D. Sotero Blanco;- en Mieres, 1892, porD. Antonio Aguirre;— 
en Muros, 1889, «de la Asunción» por D. Marcelino G. Gonzá- 
lez, D. Luis Ruiz Carneado, D. Ricardo G. Rubiera y D. Alberto 
Diaz; — en Infesto, 1896, «de Santo Tomás» por D. Sergio Diez 
y D. Hugo Miranda, y la enseñanza de los dos primeros cursos 
en la Obra-pia del Alférez Blanco, mejorada por los actuales pa- 
tronos Marqueses de Vistalegre (1) á cargo de los capellanes de 
la Colegiata D. Waldo Rodríguez Pineda y D. Prudencio Diaz 
González; — en Pracia, 1880, «de los Cabos» por D. Camilo 
Suarez, «del Carmen» por D. Cándido Suarez y el «de San 
Luis» por D. Eulogio Suarez;— en Rivadesella, de «El Ángel», 
1877, por D. Eduardo Cámprubi, D. Valentín González Llerandi 
y D. Bautista Caravera, y el de 1895 por D. Ramón G. Carcedo; — 
en Pola de Siero, 1880, de «El Carmen» porD. Germán R, A ve- 
llo;— en Tinco, en 1888, por Q. Liborio Rico, y en 1896 «de San 
Francisco») por D. Andrés G. Blanco; -en Luarca, «La Con- 
cepción» y «Santa Eulalia» y otros desde 1879 por D. Luciano 
Bances, D. José Ahuja, D. Conrado Paslur, D. Ceferino Rodrí- 
guez, D. Germán R. Avello, D. Leonardo Infanzón, D. Manuel 
Albornoz, ele; — en IJanés, el «de la Encarnación*, continua- 
ción del breve Instituto libre en buen edificio, inaugurado en 
1873 por el Director D. Miguel Montilla á quien siguieron don 
Manuel Pardo, D. Juan Risc'o, D. Antonio Vázquez y D. Emilio 
Sagarminaga estando en la actualidad á cargo de los PP. Agus- 
tinos, asi como en los primeros trabajos para su creación en 
1862 se pensó encomendarle á los PP. Escolapios reunidos que 
fueron los fondos suficientes, procurados por una subvención 
del cincuenta por ciento de la Diputación provincial y una sus- 



(x) Véase pág. 295. 



— 332 — 

cripción en la villa, en toda España y América {que ri 
689.840 reales) y un legado de 100.000 pesetas del gene 
llanisco D. Nemesio Sobrino (1); — en Villariciosa el <c: 
Concepción» en ei Seminario menor de Valdedios estable 
1863 por el entonces Obispo de Oviedo y después Cárdena 
zobispo de Toledo D. Juan Ignacio Moreno, dirigido sucesivaí 
te porD, Victorio Cuervo, D. Cipriano Robledo, Q, Luis Alvs 
D. Raimundo Vitorero, D, Eugenio Junqu era 1 D. Baldomeri 
clan, D. Herminio Hería, D. Salustiano Villazón, D. Claudi 
Vega, D. Luciano Garcia y D. Vicente S> Coronas; y en la \ 
el tan reputado «de San Francisco a organizado en 1875 p< 
malogrado escritor y pedagogo asturiano D. Joaquín (Jarcia 
veda, que formó un establecimiento modelo y muy record 
seguido después á cargo de D. Rafael Cangas Valdés, D 1 
Ramírez y D, Ceferino González (2), creándose posteriora* 
otro «de San José» por D. Manuel G. Fernández, D. Manuel 
nández Diez y D. Juan Risco.— De estos Colegios asturianos, 
mas no tenían alumnos internos, y actualmente gozan algu 
subvención municipal, como el de Aoitésde 1.5UÜ pesetas 
Cangas de Tinco, 1.000; de Aliares, 6.500 y 2,000 fiara lo 
de Pilona, 2,000; de Tinco, 2.000; de Laurea, 2.500; y 
Preceptorias de Latinidad, de Peonza, 125 pesetas para al 
ler de casa; de Pola de $icro f 1*000 con cargo al profesor 
pellán de misa de medio día; y de Vega de Ri vadeo j 500 
setas. 

En la provincia de León se han establecido los síguiei 
Colegios de Segunda Enseñanza:— en Astorga, 1885, diri^ 
por D. José Carceda y D. Luis Luengo;— en La Baiteza, 1$ 
por D. Toribio Moro; -en Ponfrrrada, 18S7, por Ü. Eliseo í 
nández García, sobre la base del suprimido instituto de los se 
res González y Rueda;— en Valencia de D, Juan, 18H5, e 




(i> Véase Memoria dejan gestiones para =1 Colegio de Llanca. Ulviedii. i86j). 

— Reglamento del Colegio de < l Encarnación de Llanes* par D, Mtguel Mantilla. í 1 
dolid, 1874^, 

—Velada liicrario-mmicat celebrada en 26 de Agosto de 1800 en boíir>r de 1? Kau¿t¡u 
briuo Vt*z. > Llants, 1 H-j.-.i. 

(aj Vcajje el libro donde coleccione Ariicntos, DÍMtltWQ9\ Vtítftt y fcewrtéo* drjn. 
Oarria Ca*xda. (Oviedo, 1866) precedidos de la íiiLpráucion y biografía, que escribí culi 
del fraternal y doctísimo amigo. Su obra docente cu VirUvicins-i será memorable. 

— A*i Segunda HttMHatitu, discurso de apetiuj.i del Colegiu de Vtllavk¡o£u por J- G 
Caveda* (Oviedo, 1S76J con apéndice» y datos estadísticos. 

— El Deber y ti Trabajo t idem, por el miamo en 1878* 



— 333 — 

cargo de los PP. Agustinos;— en Va hieras, centro de la Tierra 
de Campos, 1876, por D. Félix González;— y en Villaf ranea 
fiel Vi orzo, 1882, por D. Santiago Heydk de las Heras y don 
Willevaldo Robledo. También los municipios leoneses otorgaron 
subvenciones para ayudar la vida de estos establecimientos: al 
do Astorga, 2.000 pesetas; al de la Bailesa, 1.600; al de Va- 
lencta, 2.000; y al de Valdcras, 1.500 

En general, bien puede decirse que lá organización y medios 
de los Colegios dejan bastante que desear; pero llenan importan- 
te cometido y ayudan relativamente á la cultura, aunque en las 
condiciones poco halagüeñas y progresivas cual aquella se fo : 
menta y desarrolla en España. Resulta así deíiciente la instruc- 
ción siendo la enseñanza de estos centros, con y sin internado, 
un problema tan difícil de resolver como es urgente la solución 
referente á su organización interna y externa, su alcance, y la de- 
bida intervención del Estado al desenvolver la libertad de Ense- 
ñanza. Los Colegios de Asturias han estado incorporados al Ins- 
tituto provincial de Oviedo, único con tal carácter desde 1845 
hasta que recientemente tuvo igual declaración el de Jovellanos 
de Gijón, dándose entonces el R. D. de 30 de Mayo de 1901 con 
demarcación territorial para cada uno, confirmado por otro de 29 
de Noviembre adjudicando á la Escuela Gijonesa los centros en- 
clavados en los partidos judiciales más importantes, por lo que 
reclamó la Ovetense perjudicada en su antigua significación é 
intereses, dándose demarcación nueva por R. D. de 1.° de Enero 
de 1902 que no satisfizo á la primera. Hubo sobre esto dificulta- 
des varias en traslados de matrículas, que el Rectorado dirimió; 
y estas desagradables diferencias han desaparecido ahora que se 
ha declarado libre la incorporación colegial á los Institutos. 

Dicho queda que el Provincial de Santander, perteneció 
desde 1845 á 1850 al Distrito Universitario de Oviedo (1) y por 
este breve período debe ser comprendido en la presente Reseña 
histórica. Su creación con el nombre de Instituto Cantábrico data 
de 1839 y, como el de San Sebastián de la misma época, fué re- 
medo del famoso Asturiano de Gijón, contribuyendo á su esta- 
blecimiento el Ayuntamiento con 7.500 pesetas, la Junta de Co- 



tí) Véase pág. 228. 



- 334 — 

mercio con 6,000, la Diputación provincial co 
del edificio en el solar del convenio de Santa Clara y una ■ 
dad igual al déficit, aplicándose edemas al \o las 

las del antiguo Seminario cántabro, cesado en 1808, 
dones, memorias y obras pías de la pn de ei 

tas las cátedras de latinidad de los Jesuítas y gastus de In¿ 
< /iún primaria) y los derechos académicos. Ten • rita I 

cuela de Dibujo y otra de Náutica. El Instituto de Santaoti 
transformó después, como los demás de la Nacida, con Jas 
sivas reformas del ramo, que no fueron pocas. 

En los muchos años en que fueron pre< 
Universidades, libros de texto en loa Instituios, ya intci 
señalados primeramente por el Gobierno y cu fcpoca posl 
por los respectivos Claustros o los Catedrático 
gumía Enseñanza, corrientes en el Distrito de Oviedo, fu 
los siguientes en las asignaturas que se indican: 

Ora '/i>rtiut Castellana. — Real Academia Espa Ajo 1 » . 

Lengua Latina.- Raimundo Migad, Gómci • 
Ganadles CaUada, Canillo, Guapo, Stttfki, Conmberan, Jímenei, Loun» La 
Franco, Ruiz de la Pelia, Sardan, Colecciones de C íkíi] y de U 

Escolapios; diccionarios de Valhuena, Marqués de Morante y Miguel. 

Lengua Gtitg a.— Ortega, Crai, G, Andrés, 

Lengua Francesa. — tierges de las ' riellas, tienot, La ver 

la, Gaspar, Ferrer, Modino, Siler, Sales, Ramón, Cu 
dizabal, Ayuso. 

1— Palacio, Berdejo, Qutroga, Moreno l 
Morelo, Mingóte, Sinobas. 

Historia de /: <fmhi , — Ranera , López Amarante, Cid, Rivera 
PicatQstc, Moreno Espinosn, Catado, Gongora, Arteco, liehrnn. 

ffohvia ( "rtiz't'ntiL — PaJ ai i o , Rivera, C sstn i airante) A 

bió, Sales, Moreno Espinosa. Sánchez Casado, Mingóte. 

Literatura.— Jovellanos (continuado por Lespardat y Villarmtl y en e<1 
posterior por Jainn\ Gil y Zarate, Coll y Velii, Rios, Polo, Casado, Cam 
Casas, Garza, Terradí líos, Arpa. 

Psieo/agia, Lógica y Etica*— Monlau, Rey y Heredia. J- 
Ortl y Lara, Masferrer, Polo Peirolón, Elízalde, Gutierre*, Sand 
Bessoo, Olmo* 

Religión y Moral, -Mam, Bacía Manilo, Nowailhic, Pintón, Fie 
Rio, Sánchez , 

Derecho Usual. — Candía y Acevedo. 

Matemáticas. — torta/. ar, Valliny Bustíllo, Fernando* Cardfn,Tej 
Mallo , Rubio j Gavilán, Sánchez, Sabrás, Zorzano, Lasala, Váícjuct Q 




- 335- 
Fisica y Quíutica.— Rico y Santisteban, G. Valledor, Chavarri, G. Frades, 
Vicufia, I^uanco, Fuertes Acevedo, Lozano, Felití, López, Gómez, Marcolain, 
Araujo. 

Ifisloj-ia Natural,— Pérez Minguez, Galdo, Ramos, Rivera, Gómez, Pereda, 
Albiñana, Jimeao^Picatoste, Pérez Márquez. 

Fisiología é Higitnt. - Pérez Minguez, Pereda, Hidalgo, Jiménez, Fernández 
Navarro. 

Agricultura é Industria. — Tunón, G. Frades, Blanco, Echegaray, Arce, Pi- 
ñuela, Otero, Botija, Pombo, Avela, Vidaurt, Galo, Tortosa, Ayuso, Mcneses, 
Muneros. 

Dibujos. -Yillanueva, Borrcll, Pilar y Morales, Capo, Calvo, Giol y Soldé- 
villa, Cortázar, Garnier. 

Gimnástica . — Sá nchez So m oa n o . 

No es este lugar para crítica pedagógica de tales libros, ni 
tratar de su extensión y precio (sobre lo que se lamentan también 
los extranjeros) aunque ya pasó el tiempo de la tasa y, por otra 
parte, no es tan fácil conseguir compendios completos, metódicos 
y claros. Hay excepciones laudables. 

En los citados Centros, públicos y privados de Segunda En- 
señanza, fué aumentando de año en año la matrícula cual se 
apreciará por los cuadros estadísticos (1) porque en una y otra 
dirección y en menor escala con propósitos de general cultura, 
una numerosa juventud acude á los Institutos; y este hecho de 
gran transcendencia pública debiera llamar más y más la aten- 
ción de nuestros gobernantes á la organización imperiosa, que 
requiere este grado de enseñanza. Esto aparte, de que no es la 
mayor ó menor matrícula buen barómetro de los Establecimien- 
tos docentes, ni menos deben ser considerados como fuente de in- 
greso para el Erario nacional: lo que conviene aquilatar con su- 
mo cuidado es el resultado, ya general ó ya particular, de la cul- 
tura y educación adquirida en ellos. 

Medio conducente á este objeto y manera de apreciar el des- 
envolvimiento educativo es la inspección superior de estas 
escuelas secundarias. Alguna vez se ha manifestado en el Distri- 
to, como cuando la presencia de los Consejeros de I. P. señores 
Alvarez Arenas, Colmeiro y Camús, en otras ocasiones por los 
Sres. Rectores como el Marqués de Zafra, ó por Catedráticos de 
Facultad como los Sres. Salmean en Santander, Sela en Tapia y 



(x) Véase Apéndice XIII. 




-336- 

Aramburu en las provincias de Oviedo y Leóo. Esta última 
vechosa inspección fué la creada por R. O. de 4 de ]\1arz 
1882 para los Institutos por medio de propuesta unipersfona 
Ministerio de los claustros universitarios, En 1882 y 1883 e 
Oviedo presentó á la Superioridad (1) el nombramiento del 
tonces Catedrático y hoy Redor Sr. Aramburu, que realizó t 
nida visita á las cátedras asturianas y leonesas de Segunda E 
ñanza y redactó después «Memoria» muy notable, archivad 
el Ministerio. Enseguida se suprimió tal Inspección, pues f 
reforma ó institución dura entre nosotros? 

De todo lo expuesto se deduce el estado interino y de i 
fusión legislativa con que eslá organizada la Enseñanza segu 
en España en su concepto, alcance y, principalmente, en su 
ganización variable y alterada con lanía frecuencia en la Oí 
ta de Madrid. 

El tiempo pasa sin la urgente transformación de las escui 
tradicionales en escuelas modernas, dilucidando de una vez < 
de los aspectos de la Segunda Enseñanza conviene seguir ei 
los llamados o clásico» y «técnico»; aquel con principales c 
dras de lenguas muertas y conocimientos literarios, mientras 
el segundo, predomina el estudio de las lenguas vivas y de 
ciencias físico-naturales con su aplicación; y es de advertir i 
hoy los países cultos, que van ú la cabeza de la cultura y < 
dan á la instrucción más completa forma educativa, liendei 
conciliar ambos extremos á tenor de corrientes inglesas, al t] 
mo tiempo que en Inglaterra se reacciona de la cultura prii 
pálmente física á la principalmente intelectual Ciertamente t 
España no puedo competir ahora con esos pueblos adelantad 
más procede consignar que también en tales naciones hay q 
jas de la deficiente enseñanza de su bachillerato oficial, sier 
más adelantada la enseñanza en Colegios privados que la de 
Institutos y Liceos. 

En Francia, por ejemplo, resulta como en España, donde, c 
pues de varios cursos de lengua latina, la mayoría de los ah 
nos no llegan á comprenderla ni traducirla mientras tanto c 
olvidan la lengua propia y toman un barniz apenas percepü 

(i) Archivo de la Universidad.— Claustras de 14 de M:ir/ze» de iflBa y de iB de Junii 
1883. 



. —337 — 

de francés é inglés enseñados por profesores nacionales, y no es 
muy completo el estudio de otras materias. En Colegios de la 
poderosa y rica Inglaterra es bien sabido cómo se emplea el 
sistema de la bifurcación, con una sección primera de conoci- 
mientos generales (Lenguas vivas, Geografía, Historia, Matemá- 
ticas, Ciencias físico-químicas y naturales, Comercio, Coloniza-, 
ción, Dibujo) y otra sección de conocimientos especiales (Len- 
guas muertas, Letras, Ciencias, etc.,) más son allí numerosos 
los Centros en que se atiende la enseñanza llamada clásica cual 
también en el Norte de América siguiendo' hasta ahora á la an- 
tigua Metrópoli; y ambos, á su vez, tienden á la enseñanza mo- 
derna. Hay sobre este punto mucha confusión en todas partes, 
hasta en Alemania en sus Escuelas y Colegios (Gimnasios), sien- 
do redundante decir cómo están dotados personal y material 
pedagógicos en tales países, si bien resulta frecuentemente que 
son más apropósito para gente rica, aunque en filantrópicas ins- 
tituciones particulares y populares, de que aquí carecemos, se 
sale al paso de esta dificultad. 

Para ayudar á un cambio español de la Enseñanza Segunda 
privadamente se creó en 1878 la denominada Institución Libre 
de Enseñanza que, por desgracia, no prosperó como debía, aun- 
que subsiste su espíritu avisador y práctico en el sabio maestro 
D. Francisco Giner con otros profesores y en el importantísimo 
«Boletín» que publica tan notable Centro. 

No hay en este libro espacio para exponer en él doctrina y 
noticias relativas al verdadero concepto con que, según la opi- 
nión de autorizados pedagogos, dabiera reformarse y desenvol- 
verse la Segunda Enseñanza entre nosotros, resolviendo el pro- 
blema ó dirección entre la antigua ó la nueva y aun con otra 
tercera, llamada i-integral», de más alcance que la moderna. Y 
conviniendo todos en sustituir la antigua «instrucción» por «edu- 
cación» que desenvuelva armónicamente todas las facultades, 
preséntase aceptable el siguiente plan de la Segunda Enseñan- 
za con estudios adecuados para los conocimientos que debe 
comprender. Son: a) Educación intelectual: Preceptiva literaria 
y Textos de la Lengua nacional y Nociones de la latina, Francés 
é Inglés, Geografía, Historia de España é Historia Universal, 
Matemáticas, Física, Química, Fisiología, Historia Natural, Téc- 



-33*~ 

nica industrial, Psicología y Lógica; h) Educación moral: 1 
gión y Moral, Derecho Usual; c^ Educación Física, Gímnás 
Higiene, Trabajos manuales; y ú) Educación artística; Díbnj 

La enunciación de tales estudios evita todo razonami 
respecto á su necesidad é importancia con armonía, que i 
perseguirse, délos conocimientos literarios y científicos sir 
cesidad de bifurcación, que hace incompleta la enseñanza 
neral fundamental. Tocante á su organización, ya todos coi 
nen en el ingreso dentro de edad adecuada, no de niños sin 
arrollo físico ni intelectual y sí después que los alumnos hí 
dominado la Enseñanza primaria, elemental y superior; 
mismo en la reforma de la vida escotar con adecuada dísli 
ción del tiempo para el Irabajo y descanso, dedicando hora 
la mañana ú la enseñanza intelectual y moral, las úc la tan 
la parte física y artística, y las primeras horas de las largas 
ches de invierno á preparar trabajos del siguiente día. El pi 
sorado, probado en su respectiva ciencia, en conocimientos d 
Pedagogía general y especial y en sn aptitud práctica, sen 
maestros dignos de este nombre en comunicación intima y 
ternal con los discípulos. Claro es que muchas de estas re¿ 
alcanzan á todos los ordenes de la Enseñanza pública y 
vada(l). 

¿Qué se ha hecho en España para afirmar esta aspirac 
pedagógica con relación á nuestros Institutos? amontonar re 
mas y cambios puramente legislativos y además sin medios c 
nómicos en material y personal para tales reformas. Y conví< 
enumerarlas, aun á riesgo de prolijidad: 

Plan de enseñanza intermedia ó secundaria, que fnrm 
el Consejo de Instrucción Pública por R. O. de 14 de Octubre 
1844 suscrita por el Ministro Sr. Pida!, y no tuvo aplicac 
á consecuencia del inmediato de 1845 del mismo Ministro i 
los programas de 181(5, obra del Director Sr. Gií de Zarate 
de 1847, por el Sr. Pastor Diaz;— de 1819, por el Sr. Br. 
MuriIlo;--de 1850, por el Sr. Seijas Lozano; y todos con 
respectivos reglamentos y la especial Junta agregada en el i 
mo de dichos años;— de 1852, el Plan Regí amento del Sr, G 




(i) Véase, entre otros mucho* libros extranjeros y algunos HMflokt,, d interesante 
Enseñanza en ?t siglo A^por Kíeardo Becerro de üengoa. (Madrid» 1899-1900;. 



— 339 — 

zález Romero;— de 1857, la importante Ley del Sr. Moyano;— 
de 1858 y 1861, del Sr. Busto, marqués de Corvera;-de 1866, 
del Marqués de Orovio;-de 1868, del Sr. Ruiz Zorrilla;— de 
1873, los proyectos del Sr. Chao; — de 1874, el arreglo del señor 
Navarro Rodrigo; -de 1880, del Sr. Lasala;— de 1885, disposicio- 
nes generales del Sr. Pidal (D. A.) con tendencia derogada en 
1886 por el Sr. Montero Rios (1);— de 1893, el Proyecto del se- 
ñor Moret;-— en 1894, las organizaciones de los Sres. Groizard y 
Puigcerver, anuladas en 1895 por el Sr. Bosch; -de 1898, la del 
Sr. Gamazo, modificada en 1898 por el Marqués de Pidal que, 
á su vez, fué reformada por el Sr. García Alix; — y en 1901 la 
amplia organización del Sr. Conde de Romanones (2), que ha 
sido cambiada y simplificada en 1903 por el Sr. Bugallal, cuan- 
do se imprimen estas líneas 

Si se hubiese realizado, con alguna modificación, el pensa- 
miento del Sr. Chao, se hubiera adelantado España á aplaudidas 
y posteriores reformas del Extranjero ó tendríamos un puesto 
cerca de países adelantados habiendo sido ley el proyecto del 
Sri Moret, plan á la vez clásico y moderno, íntegro y sin bifur- 
cación. Aceptaba ésta, el de los Sres. Groizard y Puigcerver, mix- 
to clasico-moderno, pero más clásico que técnico; y sin ella era 
el del Sr. Gamazo de amplio alcance, literario y científico á la 
vez porque, aparte de la reforma Sr. Orovio, ninguna de las 
mencionadas fué clásica en España á partir de la del sabio pri- 
mer Marqués de Pidal. 

De todas suertes, urge determinar de una vez el verdadero 
concepto y alcance de la Segunda Enseñanza; pero, como debe - 
hacerse en relación con el plan total, seguiremos con proyectos 
de las diferentes situaciones políticas sin abordar el problema 
vital y nacional de un plan general de enseñanza. 



(i) R. D. de 5 de Febrero de i885 derogando el de 18 de Agosto de 18S5 con sin disposí- 
cioncj complementarias sobre enseñanza libre suprimiendo lo* establecimientos de Segunda En- 
señanza * asimilados», restableciendo Ioí Rs. Ds. de ao de Julio y 29 de Septiembre de 1874 ele- 
vados a leyes por la de 27 de Diciembre de 1876. 

^a) Véase pág. 308. 



— 34i — 



CAPÍTULO II 



Enseñanzas especiales. — Jovellanos y el Real Instituto Asturiano de Gijón. — 
Obstáculos de localidad.— Pensamiento fundacional.— Establecimiento, orga- 
nización y primeros resultados de la Escuela*. — Vicisitudes hasta la prisión 
del Promotor. — Reformas y disminución de ensefianzas. — Tentativas de res- 
tauración y muerte de Jovellanos. — Segunda época del Instituto. — Crisis. — 
Visita de Canga- Arguelles. — Los directores Sánchez y Menéndez. — Escuela 
especial y estudios de Minería. — Protección de Caveda. — Escuelas elemental 
y superior industrial. — Su lamentable desaparición.— Estudios de Aplicación 
á la Industria y al Comercio. - Ley de Monumento á Jovellanos y su inefica- 
cia. — Subsistencia é importancia de la primitiva Escuela de Náutica. — Vici- 
situdes de estas aulas y estado actual. — Medios materiales de Enseñanza .del 
Instituto Asturiano de Jovellanos. — Libros de texto. — Renta y recursos su- 
cesivos. — Matrícula. — Noticias del edificio. —Observaciones. 

Las diferentes Enseñanzas que la tan reformada y alterada 
ley de 1857 distinguía y llamaba «Superiores» y «Profesionales^ 
reciben también el nombre común de «Especiales», todas com- 
prendidas en el moderno y extensivo concepto de la «Universi- 
dad» ó amplia Escuela del general saber. Así ha de abarcar el 
presente capítulo (sin sujección extricta á rigurosa clasificación 
administrativa) noticias y datos de centros oficiales diferentes, 
ya extinguidos ó subsistentes en Asturias y León, que son espe- 
ciales en relación con el hasta ahora cuadro docente universita- 
rio de las tradicionales Facultades y además posteriores en con- 
tenido y aplicación á Jas materias comprendidas en la llamada 
Segunda Enseñanza ó General, de que se hizo relación en el 
capitulo que antecede (1). 

Y por su historia y trascendencia merece el primer lugar 
la desaparecida Escuela Gijonesa, con aulas cerradas en hora 
aciaga para la cultura y bien públicos. 

Fueron obra del inmortal Jovellanos, figura grandiosa en la 
historia nacional y de gran relieve en el desarrollo de la pública 



(i) Aun así. no comprendemos en el Capitulo las Escuelas Normales, que han de aparecer 
en siguiente capitulo por íu estrecha relación con la Primera Enseñanza. 



— 342 — 

enseñanza en su natural y completo concepto educador. Nc 
camente se comprueba la significación esta con la fnnd. 
asturiana, sino por estudios y propagandas incesantes con i 
tos de profunda ciencia y anhelo práctico, ya impresos ó i 
tos; más de tal mérito todos, que hoy, después de mas de un 
tienen preceptos y aplicaciones de gran vigor y exhuberante 
Cuando esto se considera, suben al punto la admiración y í 
ñeza al no ver figurar el insigne magistrado en la dHistoiia 
Instrucción pública de España» por el Sr, Gil y Zarate, ni p 
notable Instituto de Gijón ni por sus brillantísimos trabaje 
dagógicos; omisión imperdonable, que hace desmerecer m 
un libro tan interesante por otros aspectos; y olro tanto su 
con el titulado pomposamente «Historia filosófica de la Iris 
ción pública en España») por Sánchez de la Campa. Este si 
ciona al virtuoso Jovino; pero, como de pasada, sin hac 
cargo que tan ilustre asturiano significo y aun significa la ne 
dad de cambio en el rumbo de las Escuelas publicas, demos 
dolo con su institución y con sus obras de enseñanza esím 
numerosas que parece, dice Cean, no haber tenido oíro est 
ni otra ocupación tan principal en toda su existencia (1). 

La vida de Jovellanos fué la vida de los grandes mcrecín 
tos y de los más inmerecidos infortunios- 
Nació en Gijón, en 1741; estudió allí, en Oviedo, en Av. 
en Alcalá; fué juez y oidor en Sevilla; magistrado en Ma< 
miembro de la Real Junta de Comercio y Minas, del Consoj 
las Ordenes militares, del de Estado y de Castilla; eleclo cu 
jador de Rusia, ministro de Gracia y Justicia; y, finalmente, 




i\) De suma importancia y con un acabado conocimiento de la materia bou los e^cj 
estudio* de Jovellanos sobre Instrucción Publica, pudknik citarle aquí leu sifui^nies: 

-Estado de la Sociedad médico-hispalense y estudio de la Medicina en su Lniver-uí 
•Reglamento literario ó institucional del Colegio de Calairava en Salamanca»-—* Ordena: 
'Oración inaugural»; "Noticia-; «Curso de Humanidad^ Castellanas»; * Tratado de anilí: 
Discurso»; 'Oración sobre la necesidad de unir el c-tuilio de la Literatura ni de las Cien 
«Programas, Discurso* sóbrela Geografía histórica"; cíe, del Real Instituí.} Asturiano,— * 
al ovetense Dr. I'rado sobre el Método de estudiar el Derecho cspatioE*.— ■Exposición :i\ f 
pe de la Paz como respuesta á los once puntos de I. 1'. en E^juím im< se le consultaron de F 
— «Método para perfeccionarse en el estudio de la Teología*.— * Memoria sobre I, P. ó tr 
teórico- práctico de la Enseñanza para Escuelas y Colegio* cte nint^-.— ^Base* para U fbrir 
de un plan general de I. P. (como individuo de la Junta ¡soberana cerrlraE de Gobierno) cíe 

Y aun quedan inéditos, masó menos completos, o tro* trabajos y apHttfctf,. horradoreü 
como «Diálogo filosófico acerca del saber, estudiar y discurrir;» ^Estudio de las lengu 
i. a y ¿. a Enseñanza»; «La Versión en la Latinidad»; » ['credibilidad humana y nbjcio 
Instrucción respecto de ella»; «Conversaciones sobre I. P. (con interlocutores de las varia* 
siones)»; «Impedimentos para la I. P.;» «Apuntamiento! para la Historia de U I. P.)* -Infl 
la I P. en la prosperidad social». — «Tratado de las obligaciones del Hombre, de Cicerón 1 



-343- 

cal de la Junta Central al comienzo de la guerra y revolución de 
España en 1808 y 1809. 

En estos, más cargos y comisiones probó su celo por el 
bien público y su vasto saber: en León arregló la biblioteca de 
San Marcos; en Salamanca reorganizó con nuevo plan Jos co- 
legios de las Ordenes; en Santander y Vizcaya informó sobre los 
montes y minas; en Asturias activó y terminó la carretera de 
Castilla, fomentó la explotación carbonífera y las obras del puer- 
to y promovió y estableció en Gijón el «Instituto Asturiano». 

Ah! entretanto no le concedieron reposo «la envidia, la am- 
bición, los privados intereses y el furor de los malvados». 

En 1720 fué desterrado simuladamente de la Corte por am- 
parar á Cabarrús en la cuestión del Banco 7 de San Carlos, fal- 
tándole! entonces á Jovellanos hasta el apoyo de Campomanes; 
pero en siete años dio cima con el acierto y desinterés de siem- 
pre á útilísimas empresas. Elevado al ministerio en 1797, fué 
víctima de su credulidad y honradez y, tras de sufrir asechanzas 
contra su vida, se conjuraron inútilmente para perderle y desho- 
norarle la nulidad del Rey, la desenvoltura de la Reina, la trai- 
ción del valido, la intriga de aduladores palaciegos y el resenti- 
miento de los inquisidores. Vuelto á su casa, nuevamente le azo- 
tó la desgracia con que en vano pretendieron hundirle los gober- t 
nantes de Madrid, que semejaban á enemigos de la patria. Los 
envidiosos de las virtudes y grandeza de Jovellanos (la pluma se 
resiste á escribirlo) hasta en Gijón y en Oviedo tuvieron para su 
afrenta espías, denunciadores y esbirros preparando las soñadas 
causas por las que el sapientísimo asturiano, tratado como un 
criminal, fué preso ignominiosamente y encerrado en 1801 en 
prisiones de Mallorca para aprender el Catecismo. Ya libre, 
ya prisionero siguió estudiando y escribiendo en todos los géne- 
ros del humano saber. 

La suspirada libertad, otorgada mezquinamente siete años 
después, fué consagrada por el eximio patricio á la santa causa 
de España, desdeñando los halagos de Napoleón y rechazando 
ofrecimientos de doctos afrancesados, «que cesaron de ser sus 
amigos cuando dejaron de serlo de la patria»; pero aceptando 
con sus trabajos y peligros la representación de Asturias en la 
Junta Central, huyendo con ella y volviendo á Sevilla, teatro un 

23 



- 344- 

diadc amores y amistades entrañables, Alli ti brilil 

dotes de gobierno y, al concluir la gloriosa lana, 
aplausos de los buenos, te acibararon otra ¡alan 

envidia que persiguieron á los Centrales, La tempestad le ; 
á las playas de Galicia pata ser blanco de nuevo- insultos 
tranquilo eo su conciencia y fuerte ante el dolor, eo la pi 
.Muros escribió la Defensa de (n Junta, ^ ora ció 
nía, la más patética, liorna y vigorosa del idioma españolo 

¿Y le reserve) todavía su infeliz estrella el consuelo de 
entre los suyos, dedicando sus últimos alientos a la [>] 
de su Gíjón idolatrada y de la juventud asturiana pa 
abrió nuevos derroteros? No, Los Franceses habían saq 
petidas veces la provincia; dudaba .(ovina si le <pi 
reclinar su cabeza, é iba á buscar en su casa desolada un /*/ 
ru defabes&; no cobraba sueldo y había agotad 

i;tmn que para salir de Cftdiz habí 
sus servidores. Exhausto de recursos, Jo* olíanos arril 
Agosto al tlugartn del alma y otra M/ abrió las p 
instituto; mas tomaron loa fn ,quB le arrojaron <I* 

benditos lares, huyó en frágil nave juguete de las ola 
tempestad, que parecían concitadas con los enemigos, Des 
de mil angustias se salvó, con amigos 
gio, y en la hospitalaria caso de Trelles Osorio {Puerto fie V 
en Xavía de Asturias, al llegarlas primeras horas Hela noclu 
27 de Noviembre de 1811, entregó al Creador su alma, tesoí 
y ir tu des v acrisoladas valerosamente en el martirio. 

Tal fué el fundador »Ii I instituto A ro, escuela m 

y la primera de España en dirección práctica 
diferente de los posteriores llamados de Segunda Enseñaos 
más la tradicional- en centros que llevaron aquel nombre d 
1839 principiando por el de fiuadalajara, enseguida 

m y torios desde el plan de 1845. 

Véase ahora la'obra jovellanista (1). 

El primer pensamiento, exteriorizado, fué en Oviedo i 



Oí l' 
Lann y F. : L. V, s¡¡ 

retar O Juit ) ClUtlIl ' y h« ÜÚ > GOfleQd I I I <r.Jj dt 

■ 






— 345 — ' 

de Abril de 1781 en el Discurso dirigido á la Real Sociedad 
Económica de Amigos del País de Asturias sobre los «Medios de 
promover la felicidad del Principado», cuando decía: «sobre 
todo convendría que se promuevan en Asturias, los buenos estu- 
dios especialmente el de aquellas ciencias que se llaman útiles, 
por lo mucho que contribuyen á la felicidad de los Estados: tales 
son las Matemáticas, la Historia natural, la Física, la Química, la 
Mineralogía, la Metalurgia, la Economía civil. Sin ellas nunca 
podrán perfeccionar debidamente la agricultura, las artes y ofi- 
cios ni el comercio*. Y un año después, en 6 de Mayo, presi- 
diendo aquella doctísima corporación, leyó otro discurso sobre 
la «Necesidad de cultivar en Asturias el estudio de las Ciencias 
naturales» exponiendo con maravillosa elocuencia la importan- 
cia de tales conocimientos «los medios de atraerlos á esta pro- 
vincia y arraigarlos en ella o al proponer el envío de dos aprove- 
chados jóvenes al Seminario de Vergara, á costa de una suscrip- 
ción pública para estudiar aquellas materias, que habían de am- 
pliar y perfeccionar seguidamente en el extranjero y, á su térmi- 
no, venir á enseñarlas á nuestra tierra. 

Ocasión más concreta en este novilísimo pensamiento se 
presentó al hijo preclaro de Gijón cuando en 1789 tuvo que in- 
formar la instancia de D. Juan B. González Llanos para el fo- 
mento y explotación de minas de carbón por este asturiano des- 
cubiertas en Langreo y Siero; y ya en su favorable dictamen, 
proponía D. Gaspar la creación de una Escuela de Matemáticas, 
Física y Mineralogía y con un complemento de Escuela de Náuti- 
ca. Nuevamente sobre estos extremos informó Jovellanos en 
1791 de acuerdo con el docto ingeniero Sr. Casado de Torres. 

En su consecuencia se dictaron la RR. CC. de 24 de Agosto y 
11 de Septiembre de 1792 para promover tales enseñanzas con 
objeto de difundir «los conocimientos científicos, que son abso- 
lutamente necesarios para el laboreo y beneficio de las minas, 
y para formar pilotos, que dirijan las naves», encomendándole 
la organización ya que era «suyo el pensamiento»>,al que debían 
prestar apoyo las autoridades asturianas. En RR. 00. de 28 de 
Noviembre y 12 de Diciembre del mismo año se determina y 
aprueba la fundación de tales enseñanzas, encargando á Jovella- 
nos el plan y estatutos y señalando el establecimiento en Gijón 






- 346- 

al aceptar el generoso ofrecimiento de casa y magisterio p 
Capitán de Navio D. Francisco de Paula Jovellanos, herr 
del Promotor. Ea expresiva carta éste lo participo al Ay 
miento gijonés: 

«Señores justicia y Regimiento de la M, N. villa tic Cijón. — Muy * 
míos: Por la copia adjunta verán V, SS< la resolución tomad» por S* M. * 
U de los informes, que dirigí á su Keal mano en el ftflo pasado, acerca di 
blecer en esta villa una Escuela de Matemáticas, Fínica y Náutica, y dotar 
una renta de 50.000 reales anuales; y sitndo bien notorias las ventajas rj 
mejante Establecí miento promete a nuestro país, lo pongo en noticia de l 
muy complacido de haber tenido una ocasión tan oportuna de acreditar ; 
villi y á todo el Principado el amur que les profeso y el interés que tomo 
bien y su gloria —Nuestro Señor guarde á V. SS. muchos años, -{Jijón 
Biciemhre de 1792. — 11. L, M. de V, SS. su mas atento seguro servidor.- 
Gaspar Melchor de Jovel lanas». 

Dificultades de índole especial salieron al paso del Si\ J 
llanos en «guerrillas», como este las califico, del espíritu eei 
lízador y de los siempre repetidos y poco medüados celos d 
calidad, si es que también no había de por medio alarma in 
dada sobre alcance de la nueva Escuela, que se establecía 
un espíritu bien diferente del tradicional y anticuado de núes 
Universidades, donde ejercían gran influjo los autoritarios 
montos, que hasta entonces monopolizaban la vida publica. 

El Ministro de Marina y llaylió Sr. Frey D. Antonio de 
des, comunicó la fundación del Real Instituto Asturiano al 
verendo Obispo, Diputación provincial y Ayuntamiento de 
do + Respecto al primero no sé de su oposición más que lo ui 
feslado popel mismo Jovellanos en carta al Sr* González P< 
da: «Sé que ha sido locado (el Obispo) como todos los de 
(Oviedo) de la punta de Escuela y que en su casa se fragua 
algunos recursos contra ellao, (l). La Diputación provincial ( 
misión permanente de la Junta General y compuesta de los 
ñores Regente, Toreno, Rivera, López (irado y Flúrez) acó 
contestar que «se representase al Sr. Ministro y Supremo C 
sejo— si se tuviese por conveniente— á fin deque el Esíabl 
miento se haga en esta Ciudad, como antes de ahora se había 
licitado, exponiendo las muchas, justas y muy poderosas raao 



<i) Carta de 4 de Mnrzo de 1783 al Sr, G. Posada. 



— 347- 

que existían al Principado para esta solicitud». En el ayunta- 
miento de Oviedo, después de la lectura ministerial, se acordó 
consultar á Jovellanos por los muy pocos regidores asistentes á 
la sesión, no sin que hubiese expresivas y razonadas observa- 
ciones al asunto. Dijo entonces el Sr. Carreño, encargado de es- 
cribir al Sr. Jovellanos, oque no podía persuadirse, que S. M. haya 
resuelto fijar en Gijón la Escuela sin pleno Conocimiento y razo- 
nes, ni tampoco á que los estudios, que se han de dar allí fuesen 
conciliables con los de la Universidad, pues desde luego los es- 
tudios de Náutica están mejor situados en puerto de mar y de 
ellos es inseparable el de las Matemáticas, por lo que la reunión 
de los demás estudios no era otra cosa que el complemento de 
la misma Escuela, mientras la Universidad ya tenía cátedra de 
Matemáticas á la que fácilmente se podía añadir otra de Física 
experimental, mientras que la Química y Mineralogía no pare- 
cían necesarias á la Universidad ni álos estudios que se enseñan 
en ella*. El Sr. Villaverde añadió que asi á primera vista pare- 
cían que era más interesante al bien público establecer tales en- 
señanzas en Oviedo, no era de dictamen se resistiese su estable- 
cimiento en Gijón sin que antes se oyese al Sr. Jovellanos y que 
bien estarían las enseñanzas de Náutica en Gijón y otras en 
Oviedo »\ Pocos días después se leyó la contestación del Sr. Jo- 
vellanos á la Justicia y Regimiento de Oviedo y distaron mucho 
nuestros ediles de resistencia tenaz ó apasionada, pues el Sr. Es- 
Irada, si opinó por representar respecto al proyecto, había de ser 
«satisfaciendo, como se puede muy bien, á cuanto expone (Jove- 
llanos) y al interés público y al de la provincia, pues en lo demás 
lo tiene por oportuno y conveniente»; y el Sr. Villaverde mani- 
festó «que al elegante y erudito papel del Sr. Jovellanos solo con- 
venía en que la Escuela de Náutica debía establecerse en Gijón y 
que las otras no están bien bajo la dirección de la Universidad; 
pero que estas estarían mejor en esta Ciudad, ya en la casa que 
fué de los expulsos (la Compañía de Jesús) ó ya en alguna aula 
áe la Universidad, sin que por eso quedasen sujetas al gobierno 
de ella». En acuerdos universitarios solo hay á este punto refe- 
rencias un año después respecto al establecimiento de las nuevas 
cátedras, que se solicita fundar y dotar en la villa de Gijón, para 
«escribir á nombre del Claustro todas las cartas de recomendación 



— 34* - 

que tengan por conveniente (¡os doctores comisionados e<Bus 
Prado)* y más tarde, cuando el Sr. Jovellanos anunció en car 
Rectoría próxima apertura del Instituto se acordó únicam 
«que SS le contestase». 

De propósito nos hemos detenido en estas noticias o vete 
(1) sin haber encontrado las «Representaciones*) elevadas á 
drid, para dar luces á este incidente enojoso de oposición inir 
cida al pensamiento nobilísimo del ilustre Ministro, que r 
tenía de reparable en tiempo, lugar y fin. Son muy humano? 
diferentes puntos de vista de todo asunto, y era natural qu 
Oviedo se deseasen enseñanzas de ciencias (no las de Nám 
cuando el mismo Jovellanos en su dicho discurso de 1782 
ponía que los pensionados á Vergara podían hacer los estu 
de Matemáticas en esta Capital. Lo de traer aquilas enseñar 
de pilotos era risible «porque mejor estarían en Tazones*, ct 
decía Jovellanos, y era ridículo que a los caciques de O vi 
quisieran cátedras de Náutica en secano», como graciosarru 
escribe elSr, Lafuente. De todas suertes, aún sin la R. O. de í 
Mayo de 1793 para que Diputación, Ayuntamiento y Universi 
«no moviesen disputas que retardasen la plantificación de la 
cueSa deGijón» n ia oposición fué y debió ser flor de un dia, a 
que á D. Gaspar le molestase mucho cual se deduce de sus 
mitables cartas; más seguramente tratándose de «nuestra 1 
versidad» como la llamaba en su carta á Carreno; porque am; 
•á la Escuela donde había estudiado y á la que había ser vi 
porque en ella tenía doctores y maestros que opinaban com< 
y Je llamaron á su seno; porque trataba de hacer dos cení 
hermanos (2) aunque con finalidad diferente; porque adívin; 
que el alma mater había de hacer justicia á su ideal pedag 
co y enviaría á sus maestros como Vega, San Miguel, Prs 
etc, á las solemnidades escolares de Gijón. Pero ¿cómo extra 
opiniones contrarias, aunque sea en esté punto de un bien píi 
co, cuando en la misma patria del gran gijonés se escribían 
aquella incalificable delación secreta el ataque más durísi 




(i) Archivo de U Diputación provincial; Diputación de iS de Diciembre de 179*. 
— Archivo del Ayuntamiento de Oviedo; Actav de ta de Diciembre y 4 de Enero de 
— Archivti de U Universidad: Claustras de 4 de Marzo y 6 de Diciembre de 1793. 
Íj) Véase pags, 117 (nota), 118 a taz, 149, *57 (nota) y siguiente*. 



— 349 — 

contra el ^Instituto y sus enseñanzas y hasta la duda más rastrera 
contra la purísima inversión de caudales por el integérrimo Mi- 
nistro...? 

En R. 0. de 15 de Noviembre de 1793 se aprobó definitiva- 
mente el establecimiento del Real Instituto Asturiano. 

¿Cuál era el pensamiento del Sr. Jovellanos? Deseando nueva 
dirección á los estadios nacionales, que en las Universidades es- 
taban reducidos á las Leyes, Cánones y Teología, ansiaba dar 
merecida importancia á las ciencias naturales y experimentales 
para el mejor progreso de la industria y navegación; quería pro- 
curar esos conocimientos útiles que prometían un porvenir econó- 
mico. En comunicación dirigida al Ministerio en 22 de Julio de 
1793 se deduce que su objeto era que el (Instituto pudiera, á la 
larga, servir á la educación de aquella parte de la nobleza de 
Asturias que se destinara á la profesión de las armas (1) y aun 
de toda la gente acomodada que no siguiera la Iglesia ó la Ma- 
gistratura. La enseñanza reunida de las ciencias exactas y natu- 
rales, presenta á la Instrucción de la juventud no solo los cono- 
cimientos mas agradables, sino también los más provechosos 
para perfeccionar su espíritu y mejorar su educación». Las «Re- 
flexiones.» en que fundamentó la creación del Instituto Asturiano 
y las «Ordenanzas» atinadísimas que supo darle en 1793, la 
«Oración» inaugural de! siguiente año, los «Discursos») que pro- 
nunció en aquellas aulas en repetidas ocasiones, y sus preciosas 
«cartas» entre otras á los ministros Valdés, Lángara y Cornel, 
académico Vargas Poncc, al docto amigo Magistral Posada y á 
varios asturianos reflejan su pensamiento de enseñanza verda- 
deramente científico y nueva dirección de cátedras públicas. 
Bajo el modesto titulo de Escuela de Náutica y Mineralogía, su 
plan era vastísimo, como se infiere también de una carta que en 
1800 escribió al dicho prebendado ü. Carlos González de Posa- 
da: t...Ah! si viera V. á lo que aspiro! No menos que á formar un 
modelo de aquella instrucción literaria, que necesita la nación 
para ser instruida en aquella especie de conocimientos, que ha 
despreciado hasta aquí, y poderle decir un día ó á su gobierno: 



(i) Cuando l:t reapertura del Instituto en x8ir se ofreció un curso de 'Principios de Técni- 
ca, Fortificación y Artillería», ya, según unos, para ayudar á futuras contingencias bélicas como 
las que Asturias sufrió ea la guerra de la Independencia, ó ya para base, según otros, de una 
academia militar facultativa. 



— 350 — 

¿Quieres ser verdaderamente sabia? Reforma las Universid 
erige en cada provincia un Instituto como este; protege li 
tras y los literatos, y volverás á ser lo que fuiste un día, h 
mera nación del mundo sabio*. Mejor está la idea de Ja fi 
ción en la inscripción de trasparentes cuando las función 
la apertura: 

* CARLOS. IV, 

PROTECTOR. DE» LAS- CIENCIAS. 

PADRE. Y. DELICIA. DE. SUS. 

PUEBLOS. 

FUNDA. EN, ASTURIAS, 

Y. E5TABLECE. EN* GljON. 

UN. INSTITUTO. DE. NÁUTICA, 

Y. MINERALOGÍA* 

PARA. ENSEÑAR. LAS. CIENCIAS. 

EXACTAS. Y, NATURALES, 
PARA. CRIAR. DIESTROS. TI LOTOS. 

Y. HÁBILES. MINEROS, 

PARA. SACAR. DEL. SENO. DE, LOS. 

MONTES. EL. CARBÓN. MINERAL. 

PARA. CONDUCIRLO. EN. 

NUESTRAS. NAV*:?. Á. TODAS 

LAS. NACIONES. 

El escudo del Instituto indica también en expresiva aleg 
el pensamiento fundacional del Promotor, que le diseñó. Es 
tido: el Pelayo de las armas gijonesas en un cuartel; en el 
una pirámide sobre cuya base se lee matemáticas así conu 
la cúspide náutica mientras un genio escribe con un estile 
neralogía sobre el monumento; y en la orla aparece el le 
Quid verum, Quid utile(l). 

La apertura de la Escuela se celebró con loda pompa i 
de Enero de 1794, y en aquel acto solemne nacieron grande 
peranzas de aquella bienhechora creación (2). 

Los estudios planteados se dividieron en principales y a 

(i) No acertó el Sr. La Fuente en la Historia dr /n* Unrvcrsidtidrs etc. Humo IV, | 
199) en suponer que el pensamiento de Jovellftftos respondía a la ^corriente* de entono 
echaba á las Universidades y en especial á teólogo* y JltNátn la culpa de la holgazanería 
tual é ingénita de España. Los estudios, antecedentes é ¡deas de Joveilnnoi erati otros; cotí 
día que las Universidades no eran lo que debí ui de Mt y , ...aiin im son toda tía. 

ii) Véase: 

—Relación de la apertura de la Gaceta de Madrid dd i t de Febrero íie 1704 

— «Noticia del Real Instituto Asturiano, dedicada ni Principe niu?s[r<, urrtor por m:i 
Excmo. Sr. D. Antonio Valdcs —(Oviedo— Aflo M UCCXCVj,— Var 1>. francisco Diar 
gal) — Contiene la dedicatoria, relación de la apertura trabajen de preparación, discurso 
ñor Jovcllanos, oda del Sr. Villarmil, otros sucedo* y apéndice* con duLUwuitoi y órdenes. 



— 35i — 
sorios. De los primeros; dos años ó cursos de Matemáticas (Arit- 
mética, Geometría, Trigonometría, Algebra, Mecánica é Hidro- 
dinámica); otro de Náutica (Cosmografía, Astronomía, Navega- 
ción y Maniobras); y tres para Mineralogía (Física, Química, Mi- 
neralogía teórica y práctica). Y de los segundos: un curso de Di- 
bujo natural y Rudimentos de Francés é Inglés; otro de Dibujo 
científico y Ejercicios de versión de aquellas lenguas; y otro 
curso de Dibujo hidrográfico. Estas enseñanzas se fueron plan- 
teando sucesivamente aunque no se consiguieron las de Mine- 
ralogía. 

Los ilustrados individuos, que componían la dirección y el 

profesorado en el momento de la apertura, eran los siguientes: 

Director: D. Francisco de Paula de Jovellanos, comendador de 

Aguilarejo en la Orden de Santiago, capitán de navio en la Real 

Armada, alférez mayor y regidor perpetuo de la villa de Gijón; 

profesor de Matemáticas, D. Diego Cayón, segundo piloto de la 

Real Armada; de Náutica, D. José Hermida, primer piloto y al- 

iérez de fragata; de Lenguas inglesa y francesa y Bibliotecario 

D.Juan Lespardat; Racionario, D. Ramón González Villarmil; y 

auxiliares interinos de Matemáticas y Dibujo, D. José Alvargon- 

zález Zarracina y D. Ángel Pérez. 

Los alumnos matriculados en el primer curso fueron 50. 
Para la enseñanza de las Matemáticas Jovellanos tomó valiosos 
consejos del sabio asturiano D. Agustín Pedrayes, profesor repu- 
tado de esta ciencia, comisionado español con Ciscar para la 
asamblea internacional del nuevo Sistema decimal de pesos y 
medidas, que se hallaba retirado en su patria, Lastres (1). 

Desde el primer curso consolidáronse las esperanzas abriga, 
das por inteligentes patriotas al simple anuncio del pensamiento 
pedagógico-jovellanista. Los primeros exámenes fueron brillan- 
tes y el magisterio rivalizó en celo y competencia, si bien hubo 
que hacer en él necesarios cambios. Las Ordenanzas señalaban 
cinco ejercicios de prueba: de «aprobación» para aquilatar el 
mérito de cada alumno ante el Tribunal académico y en acto 
público; la «graduación» para adjudicar recompensas á los más 



(») Por f-liz coincidencia, también otro atturnno ilustre, hijo de Aviles, el Teniente Gene- 
ra! de Ingenieros D. Pedro de Lucncc impulsó los estudios de Matemáticas en ei siglo xvm co- 
mo director de Academias militate* de Ctrcclona y Madrid y autor de notables obras. Véase su 
biografía por el General y académico D.Julián Suárez Inclán. (Madrid, 1903). 







- 35*- 
distinguidos; de «oposición* para aspirar á miembro del ma* 
rio como profesor ó bien auxiliar; y de * ejercicio» para obl 
los náuticos el título de pilólo. Había «certámenes» con ej 
cios científico-literarios en días solemnes, y de ellos da nolíc 
insigne Jovellanos en «Cartas» y «Diarios», siendo notorio « 
1795 para colocar el retrato de Carlos IV y del Ministro de 
riña Sr. Valdés (1). Igualmente se dispusieron «pensiones» . 
modernamente se han resucitado como novedad) cual Jas < 
gadas en 1797 á los aprovechados alumnos D.José Alvargo 
lez Zarracina y D. Timoteo Alvarez Veriña; al primero ] 
completar sus estudios en Segovía al lado del químico 
Luis Proust y al segundo para pasar al Extranjero á íiíi de 
quirir conocimientos mineralógicos, de cuyos progresos d 
cuenta, años después al Director del Establecimiento, refirió 
su estancia en París y proyectos de seguir á Inglaterra y Ale 
nia. Realizaba Jovellanos el proyecto ofrecido ¿i la Eeonón 
Asturiana en 1782, ya que ricos paisanos estuvieron fcotütl 
muy parcos á contribuir apensiones análogas recomendadas 
el gijonés insigne. Era reducida la casa, que generosamente ha 
donado el Alférez mayor de íujón; y D. íiaspar, que vivía e 
para el Instituto, pensó en acometer nuevo edificio, míent 
asistía á las aulas, inspeccionaba á los profesores, daba poi 
mismo enseñanzas, abría la Escuela primaria de Sia. Doradla 
y disponía cátedras de Humanidades castellanas en 17ÍM>. 
Geografía é Historia en 1799 y de Física experimental tiltil 
mente. Procuraba en todas partes medios y recursos para 
mentar su obra patriótica, de la que se separó con pena ;_ r t:n 
cuando fué llamado á Madrid en 17N7 para los consejos de 
Corona en el Ministerio de Gracia y Justicia, del que fué exlio 
rado pronto al triunfar intrigas y asechanzas cortesanas, 

Mas, como por ley humana no hay dicha duradera, neg 
nubes obscurecieron alguna voz el cielo sereno al que eontín 
mente alzaba los ojos el virtuoso magistrado; nubes precurso 
de la tempestad, que después cslallósubreGijóny Asturias ai 
batándonos al más glorioso desús hijos. En una ocasión recia 



(i,/ Con este motivo los alumnos del Instituto representaran la escena ó toa AY a^rut 
miento, que se imprimió en Oviedo en tirada de 50 ejcín piarte 

(2) Se tratará de esta Escuela en d capítulo de la Instrucción primaría. 



— 353 — 
Jovellanos libros científicos extranjeros indispensables á las en- 
señanzas, nuevas en España, que había planteado; pero para su 
introducción era preciso contar con trámites de la Inquisición y 
solicitó la oportuna licencia del leonés Inquisidor general Car- 
denal Lorenzana. Este se la negó «porque había buenas obras de 
entonces españolas sin recurrir á los extraños y los libros prohi- 
bidos habían corrompido á estudiantes y catedráticos de Univer- 
sidades»; respuesta que el Promotor calificó de «monumento de 
barbarie» y cuyo espíritu no olvidó el futuro Ministro en conse- 
jos á la Corona contra el Santo Oficio. O tro .día, un Comisario 
de éste, párroco de Somió, se introdujo en la librería (todavía 
privada) del Establecimiento y hubo agrias recriminaciones. Y 
surgieron, por último, delaciones ¡de Asturias! y recelos de Ma- 
drid, que dieron con el patriota Ministro en el destierro y prisión 

de Mallorca El Instituto quedó sin padre, huérfano. 

Su ausencia se hizo sentir de seguida y por R. O. de 23 de 
Octubre de 1803 se dispuso: «que se suprima el Instituto Astu- 
riano, estableciendo en Gijón una Escuela de Náutica á seme- 
janza de las demás del Reino». Se le quitaron recursos, se sus- 
pendieron las obras del edificio y tuvo el Establecimiento vida 
más limitada, no obstante los desvelos del Director Cienfuegos, 
de los profesores Cayón, Villamil, Alvarez, García Arguelles, 
Alvargonzález, Fernández Prieto y Tineo. Entre tanto el inocente 
desterrado y cautivo durante siete años pensaba continuamente 
en su Escuela amadísima, celado además por esbirros de la Corte 
para no comunicarse con sus Maestros y amigos. Alcanzada 
la libertad con la caida del Privado y Revolución de 1808, al 
Instituto volvió los ojos y á su recinto quiso tornar presuroso; 
pero se lo estorbaron arduos deberes para con la patria oprimi- 
da, hasta que, cumplida su misión en la Junta Central, desde- 
ñando encumbrados puestos y honores de unos y de otros, todo 
lo dejó para de nuevo velar por la suerte «del huérfano, que con- 
sideraba identificado á su existencia». Solicitó Jovellanos su re- 
tiro para Asturias con cargo de promover nuevamente la explota- 
ción y comercio carbonero y perfeccionar el Real Instituto Astu- 
riano («señaladamente, decía, para restablecerá su estado primi- 
tivo aquel importantísimo establecimiento, que el rencor de sus 
ruines enemigos persiguió y casi destruyó en sus ausencias». Así 






-354- 

le fué concedido porK, O. de 2 do Febrero de 1810, sí bfa 
desgracia y persecuciones no pudo llegar á su Gijún basl 
de un año después. 

Dirigió al Ministro Itardaxi y A/ seol 

sobre el restablecimiento de enseñanzas y, á lin de ptoa 
cursos deque por apremios y deeastn a de La gaerffl 
erario público, dirigió en Agosto de 1K11 la siguiente aloe 

js paisanos: 

t& SC&JCtÓN volun TAHA*-" D, Gaspar Melchor de Jovellmi 
iíc Atturift» Encargado por S, M. de restablecer y perfeccionar el Rea 
Luía Asturiano, rjiíc vosotros habéis víalo nacer y morir, he reconocido j 
mente su citado, visto eofl i Etttmftable dolor los estragos que una Urga s< 
tristes circunstancias y acaecimientos ha caucado en él. Arrancado efe 
vosotros por la n lismo, los enemigos de mi nombre emp< 

su ruina, y los de nuestra patria la Consumaron. La dotación del I 
mentó de que viví*, fué notablemente me[< cn-eflanzns en parte 

midas, en parte alteradas; su biblioteca e entregada al piUagc. 

suri .|iiíiii>, instrumentos y titile*, robados o deteriorados; y hasta L 
drieras y paredes del edificio rotas ó asquerosamente manchadas por loa ) 
ros T que últimamente le invadieron y profanaron l^ra reparar tai. 
se necesita tiem¡ Id fondos! pero reparar lo mas esencial p 

blecimiento de la enseñan/a no es difícil, y parece indispensable. '\ 
el auxilio del Gobierno en favor de un establecimiento, que le merece Ja m 
talada protección» Vb espero - ; pero entretanto tin¡ ! 

tros. Si mis cortan facultades lo permitiesen, yo consagraría I 
ellas a c*te objeto, ijue ha sido en otro tiempo y es hoy el primero y tu; 
diente de mis desvelos; pero haré por RU bien rodo aquello que me 

j>Mí sueldo, que era antes de 134,000 reales, se halla hoy reducid 
Yo los repartiré con los que defienden á la patria y los que la ilustran. í 
el próximo mes una cuarta paite de este sueldo queda cedi 
para Lo* gustos de nuestro ejército, y otra cuarta parle acrecerá á U doti 
del Instituto, para nuc sos digí es, que cihoi 11 se prestan I 

generosidad á dar gratuitamente la enseñanza, sean algún día recompensad 

» Acudkl T pues, oh nobles y generosos asturianos, al socorrí 
cimiento en que no hay uno de vosotros que no deba interesarse lUftfftQCft 
enseñanza de las primeras letras, Humanidades castellanas, Dtbají 
cas, Geografía c Historia y Ciencias Náuticas continuara ó se aluna en el 

no, en La forma que os anunciaré, Vuestros hijos, hermano- 
pueden venir á recibirla aquí, ¡Qué ventaja tan preciosa no les ofrece un* 
cae uní literaria tan ordenada y completa! Cuando no os mueva 
vuestro persona] interés, muévaos ¡i lo menos el de mies 
ñ\\u>nad que la instrucción publica es L primera fuente de la pi 
los pueblo*; que la nación no -olo necesita de defensores val 






— 355- 
>íén de defensores instruidos: que los jóvenes destinados á la profesión de las 
armaLS, única carrera abierta hoy al honor y al provecho, pueden recibir aquí 
todob los conocimientos que la perfeccionan. Si me ayudarais, yo procuraré 
alegar á las enseñanzas del Instituto las que no abrazó hasta aquí, y la educa- 
ción de nuestra preciosa juventud volverá á ser, como lo fué en otro tiempo, el 
continuo, el mas tierno objeto de mis desvelos. Los dignos generales, que man- 
dan nuestro ejército y provincia, nuestra junta superior y primeras autoridades, 
ofrecen protegerla. Yo guiaré los primeros pasos de los alumnos; yo los dirigiré 
en sus estudios; yo velaré sobre sus progresos; yo los miraré, los cuidaré no solo 
con el celo de promotor, sino también con el amor y solicitud de padre. A esto 
solo he vuelto entre vosotros, después de tan larga ausencia, y á esto consagra- 
ré el resto que me ha quedado de fuerzas, después de tantas persecuciones y 
trabajos. Ayudadme, pues, en tan patriótico designio, y haced en beneficio de 
tan recomendable establecimiento algún pequeño sacrificio proporcionado á 
vuestras facultades. 

«Acudid a resucitarle. Sus dignos maestros y yo volveremos á inspirarle el 
primer soplo de vida; acudid vosotros á nutrir su infancia para que sea algún 
día la gloria de la patria, y vuestra». i 

Escaso debió ser el resultado de esta alocución por el estado 
de la provincia; pero los entusiastas gijoneses realizaron otra 
suscripción local, llamada «de los vidrios rotos», para reparar 
daños causados por la tropa francesa en el edificio del Instituto. 
El venerable Promotor era incesantemente aplaudido y para 
su empresa, como para difusión de sus doctrinas salvadoras de 
Instrucción, todos le ofrecían su concurso. Por especial significa- 
ción deben reproducirse aquí las cartas de felicitación á Jovella- 
nos por la Universidad de Oviedo y la respuesta del varón escla- 
recido: documentos elocuentes en forma, fondo y tendencias pe- 
dagógicas y de hermandad éntrelos dos principales establecimien- 
tos docentes de Asturias. 

Decía así la Escuela ovetense: 

Excmo. Sr. — Una de las satisfacciones mas dulces que prueba la Universidad 
literaria de Oviedo con la libertad del Principado, es considerar á V. E. resti- 
tuido felizmente á los Pueblos, que merecieron siempre su predilección, y verle 
de nuevo ocupado en restaurar el templo de la sabiduría reducido casi á escom- 
bros por las calamidades pasadas. En tanto que las plagas de la guerra hacen 
verter á la humanidad lágrimas desangre, V. E. le prepara ya los medios más 
eficaces para consolarla y enjugar su llanto. La Universidad lo advierte gozosa; 
y recogerá una gran parte de los frutos opimos que produzca la constante labo- 
riosidad de V. E. brillando con las nuevas luces que por ellas van á difundirse 
por todas partes. Obscurecida largo tiempo entre las tinieblas del escolasticismo 
y aherrojada con las cadenas de la preocupación, se esforzó varias veces á bus- 



- 35* - 

caria cliuidad y sacudir el yugo que ía oprimía, Sus tentativa*, no pro*! 
hasta ahora lodo el resultado apetecido; pero dirigidas y auxiliadas en J 
íítO por las fuerzas poderosas y conocimientos eminentes de V. E,, can 
dercín til vez d los deseos de los Doctores y Maestros. Esto csper» el C 
cuando trata de restablecer sus ntudi ¡^providencias del Gobíi 

>. ¡311.10 tenemos el honor de manifestar en su nombre á V. E cornil 
á GijÓO para felicitarle por su regreso al Principado, como lo ocre 
mopio adjunto. La Universidad, considerando, siempre a V. E. el in 
ilustre y benemérito de su gremio, te tributa por nuestro débil mh 
respetos de su mayor aprecio y reconocimiento, — Excroo, Sr, — Oijón 6 *!< 
bre de 1S1 1* — A nombre de la Reul Universidad de Oviedo, ^Manuel jfy> 
chez ¡'artfK—jfftim Ntf»&rntHaiú San MigtítL 

Y respondió D, Gaspar: 

.Señorea Doctores D. Joseph Sánchez Fano y D, Juan Nepomiiceno Fen 
de San Miguel. — La satisiacción qoe el ilustre Claustro de ntiestm Uníve 
ha Wf) digna nmnifesUime por medio de V, SS^ con motivo 

vuelta a esta mí antigua residencia, y las honrosas expresiones con que V. 
han realizado esta demostración, son para mi tanto mas estimables, cuan 
miro como una consecuencia de la bondad con cjue este sabio Cuerpo i 
mirado y tratado antes y después de agregarme á la lista de sus íl 
con la cual he querido recompensar, mas bien que nu curto mérito* la ai 
inclín ación <[ue le profeso, y mi celo por los progresos de 1h instruí 
Tero aquel, con que el sabio Claustro ^ prepara en el día á mejor** la cn« 
? a de las ciencias especulativas, y 6 rf mimar sus antiguos métodos, empen 
y más. así mi gratitud como mis deseos de concurrir en todo cuanto pueda, 
gro de un designio ian recomendable y digno de su sabiduría. Por unto, 
traa trato de restablecer y perfeccionar en c^te Real Instituto los estudios 
Decientes á h filosofía práctica, tendré la mayor satisfacción en íjue el Oí 
me ayude con su** \u< co en este intento, como sinceramente se lo i 

para que promovida y difundida por nuestros acordes esfuerzos la ensenan, 
bliea en indos los ramos que abram, tenga nuestra nfligida patria el Cor 
de ver que de vino y otro establecimiento sale nuestra preciosa juventud i 
nada asi en los artes de Ja guerra, con que ha de vencer á los ú r 

que la combaten, como en las de la paz. que debe :scr el más glorioso 
de ^Lts tiempos. — N tro. Sr. etc. -Gix6n, 9 de Octubre de iSl I, — J* ¿/ (t) 

Restablecida la enseñanza con algunos antiguos profesi 
Gayón, Cendres, Fernández (C), Martínez Marina (M) y T 
(K) se pensó en la apertura para el 20 de Koviembn 
pero la nueva invasión de los franceses, que otra vez enli 
ron al ptllage el Instituto, desbarató tan lisonjeros pkií 
llanos se vio en la necesidad de emigrar y dejó a Gijón pe 

(t) El docta jovelJanirtn Sr, Somera publicó por primera vci «las notables Ofcitai ti 



— 357 — 
tima vez, pues, como queda dicho, la traidora muerte le sorpren- 
dió en el Puerto de Vega pocos días después. Dejó así esta vida 
el que fué modelo de ciudadanos, el que sacrificándose con 
austera virtud por el bien público, pospuso su tranquilidad al 
bienestar de la nación. Pálido resumen de su vida es la inscrip- 
ción redactada por los célebres literatos Quintana y Gallego 
para la piedra sepulcral de la tumba gijonesa: 

Magistrado, ministro, padre de la pXtr^ia, 
no menos respetable por sus virtudes 
que admirable por su talento; urbano, recto, íntegro, 
celoso promovedor de la cultura y del adelanto de su país; 
literato, orador, poeta, jurisconsulto, filósofo, economista 
distinguido en todos géneros, en muchos eminente 
honra principal de españa mientras vivió 
y eterna gloria de su provincia y de su familia. 

Con la muerte de Jovellanos (1) principia la segunda época 
del Instituto Asturiano cuando, vueltas á abrir las aulas en 1812, 
se procuraron recursos para componer el edificio y dar mas es- 
tabilidad á'los modestos sueldos del personal escaso. Aquella 
época de reacción no fué propicia á la obra de Jovino. 

En 1820 el Instituto fué apellidado «Nacional» y con verda- 
dera extrañeza no fué citado ni fomentado en el Reglamento ge- 
neral de Instrucción Pública, decretado por las Cortes en 1821; 
también, mientras el magisterio era «impurificado» en la into- 
leraucia y persecución políticas de aquella época, otro tanto 
aconteció con el Plan literario de estudios de 1824; y nada se 
hizo tampoco en el General de estudios de 1836 cuando eí Go- 
bierno (art. 43) había de designar los pueblos donde establecer 



íi) Pojo después de la muerte del eximio patricio, su admirador y amigo cordial el erudito 
magistral de Tarragona dispuso colocar sobre mármol en una plancha de cobre el siguiente re- 
cuerdo á la entrada antigua Biblioteca del Instituto: 



D. o. M. 

GASP. MBLCH. F. F. 
lOVINO. DB. PLAÑÍS. 
OMNIB. HONOR. IN 
REPVB. SVA. FVNCTO 
RBG. ASTVR. 1NSTIT. 
PROMOTOR!. 
CAROL. GONZ. DB. PAVSATA. 

ÓPTIMO. AM1CO 
IX. 11 A C. AVLA. PONÍ. IUSSIT. 



«Deo Óptimo Máximo. Carlos González de Posada hizo poner la presente inscripción en 
e«ta aula para honrar la memoria de su mejor amigo Gaspar Melchor, hijo de Francisco Jove- 
llanos, Promotor del Real Instituto asturiano, muerto» lleno de merecimientos, en su patria». 



• 






-35*- 
Escuelas especiales. Venia D. Julián Vclarde siendo directoi 
los estudios, que entonces existían: Náutica, Matemáticas, 
guas, francesa é inglesa, Geografía, Humanidades, Dibujo, 
que las últimas cesaron en seguida por rniíerte de sos cated 
eos y carencia de fondos. Así, con lánguida vida y amenazt 
continua ruina, siguió la creación del gran Jovellanos, que h 
pasado á cargo del ministerio de la Gobernación en 1H32 d 
el de Marina de quien dependía. 

El Alcalde gijonés Sr Valdés Fano y el Director Velardí 
bian interesado en 1834 al Ministro asturiano D< José Cz 
Arguelles para el establecimiento y organización de cáted 
principalmente una de Química aplicada á la industria del 
bón de piedra, ya concedida en 1832, mientras D, Joaquín 
ría Suarez, Subdelegado de Fomento en Oviedo, había elc\ 
en 22 de Febrero de Í834 un luminoso informe proponiend 
Secretario de Estado y del Fomento general del Reino la vi 
del Sr. Canga Arguelles, que fué dispuesta por H. O. de 1^ 
Marzo siguiente; mas también quedó paralizada por el inmed 
nombramiento de Consejero Real á favor del J5r, Cangas. Cu¡ 
años pasaron en diligencias y gestiones de los Alcaldes de 
jón Sres. Cabo y Acebal, Director Sr. Prieto y del Sr. Ga 
Rivero, Presidenle de la Sociedad Económica de Gijón, En 
que por otra R. O. de 28 de Julio de 1838 se autorizó al se 
Canga Arguelles para verificar la visita por medio de su 
D. Felipe, intendente de Hacienda. Inmediatamente cum 
éste su cometido, remitiendo á su señor padre una detall 
Memoria acerca del estado y crisis del Establecimiento, 
cuyos elementos pudo D. José redactar su informe, que er 
de Enero de 1839 elevó al Gobierno en un trabajo por to 
conceptos brillantísimo. Aconteció lo de siempre; durmió 
Memoria entre los papeles ministeriales y apenas se dispusÍE 
paliativos cuando el Alcalde Sr, García Sala otra vez reclam 
ante el Trono y Visitador solicitando cátedras de Mineralo 

tantas veces pedidas como negadas (1). 

t 

(i) Véase en el periódico El Centonar fo tt?l I mí iluto {numero ühíco. Cijón 7 de E111 
1894) mi artículo «Jovcllanos y Canga Arguelles», 

Es un resumen del expediente de U VUiía cu el (orno LXXX éc Monumento d^ :.. \ 
teca del Instituto, del que per bondad de mi amigo el £ü. Somoza poico una exacta, detall 
primorosa copia. - 

£1 Sr. Lama y Leña publicó el informe del Subdelegado Sr. Suarez. 




— 359- 
Habían resultado ineficaces las patrióticas gestiones del se- 
ñor Ganga Arguelles y era grande el abatimiento del Instituto 
cuando su docto y celoso Director D. Victoriano Sánchez y 
Fuentes elevó en 18 de Abril de 1845 apremiante Memoria al 
Ministro asturiano D. Pedro José Pidal, que se apresuró por 
U. O. de 28 de Abril á dar nueva vida y reformar la Escuela 
*con el carácter especial que le corresponde, decía, y crear en 
él Vas enseñanzas que de más inmediata utilidad puedan ser 
para el fomento industrial de esa provincia por ser este el obje- 
to primitivo del referido Instituto y no el de preparar á los jó- 
venes para las carreras literarias, lo cual pueden fácilmente 
conseguir en esa Universidad, para lo qué el antiguo Instituto 
Asturiano tomará el nombre de Escuela especial, conforme á 
^u destino, y para que no se confunda en sus atribuciones con 
\os Institutos destinados á la enseñanza de Filosofía». Se orga- 
nizaban las cátedras de Náutica, Matemáticas (3 cursos) Física, 
Quimica aplicada á las artes, Geografía é Historia, Geometría 
subterránea, Lenguas Francesa é Inglesa y Dibujos lineal, geomé- 
trico y natural. El benemérito Sr. Sánchez inauguraba solemne- 
mente las nuevas enseñanzas; pero desconfiaba de su firmeza 
«en una época de agitación en que todo cambia y es inseguro»; 
ensalzaba su carácter é importancia por ser «el útil sistema de 
educación, que se proponía y á que aspiró con más celo y ardor 
que fortuna el digno Promotor»; recordaba las recomendacio- 
nes de aquel hombre grande y pródigo, que hablaba cuando aún 
no se habían sentido los grandes adelantos del siglo xix; y en- 
salzaba la industria carbonera que debieron levantar á Gijón y 
ala provincia. ¿«Qué sucedería hoy, exclamaba, si el Instituto hu- 
biese procurado á nuestro pueblo el sistema de educación que tra- 
zó y empezó á darle el virtuoso Protector?» Y terminaba diciendo: 
«el polvo de aquella alma grande está siempre entre nosotros 
sin perder del todo la virtud que animaba al cuerpo que acabó. 
Es el privilegio del genio y de la inteligencia, que nunca muere 
para las sociedades. Erigid un monumento digno de su grande 
mérito. Elevad en el punto más culminante de explotación una 
estatua, que muestre á las generaciones venideras la imagen del 
hombre á quien se debe tan grande beneficio para que, sirviendo 



24 



de recompensa a sus virtudes abra la senda en la posten 
otros que le imiten (1)». 

No tardo en aparecer otra R. 0. de 15 de Noviembre de 
también suscrita por el Sr. Pidal, crean rio una Escuela te 
práctica de minería en (Jijón y Langreo con enseñanzas te< 
en Ja primera villa y prácticas en la segunda. El pensan 
del ilustre Ministro asturiano era genuínamonte jovella 
pero no pasó de ser una aspiración porgue, según manife 
el Sr. Sánchez á la Dirección General de I. 1*. en 18 \1 *];i 
fianza no experimentó desarrollo* y seguía el Instituto * 
eslado de decadencia*, confirmándose asi aquella descodl 
del sabio jefe y maestro de las aulas gijonesas, que aún j 
repetir lo mismo siete años después. 

Por R. D. de 20 de Mayo de 1855 creando las Escueh 
dustriales, se dio el carácter de Escuela elementa! con am 
ción á las cátedras gijonesaa con estudios de Gramática gei 
y castellana, Aritmétien, Algebra, (í come Iría, Trigonometría 
na, Geometría descriptiva. Elemento- de Mecánica, Fisi< 
Química, Prácticas de Agrimensura y de levantamiento de 
nos y Dibujos lineal, de adorno y topográfico; pero otra vez 
continuaron las antiguas y mermadas enseñanzas hasta que 
fi D. de 10 de Septiembre de 1 830 futí elevada la Escuela 
mental de Industria á Profesional, suceso fausto debido ai 
nistro Collado, como también se decretóla ampliación y me 
de la plantilla del personal con los elementos de Laboratorio, 
bínete de ciencias y material necesario para los nuevos itnpor 
lísimos estudios (2) + 

El Instituto Asturiano debió tal ensanche al amor y pro 
ciÓO de un antiguo alumno, el sabio escritor asturiano D. J 
Caveda, á la sazón Director general de Agricultura, Imltislr: 
Comercio, que ya antes, como Jefe político de la provincia. 




(0 Vi}¡^e, *Qrácié* itHHt£mr*f prcuiuiieLidá en el ;<ctn Je apertura del Curio de Cíe 
ideo mal i mal ii::is ert l:i Escuela Ejp*cfct de í~¡¡ <j r*i* rl üi,i a d- Septiembre de 1^4^ p^r *lí í 
tur IV Vjciuriifftu S.i-ith'-i. HÍíjóü: Irnp de 1'. 1> imfcgo Cresa y ild ¡mjWc*oí Albreti¡ ^-V 

El Ü.iire ait uriana y cacdrluct» t!tl ( rví.toii0 d c A*Wi O Antonio Gutierre 

pac») deipue* en Madrid Furn gdicivrt dr m* tirt.iiiJr trabajo di Sr, S¿(n:hrE p precedida (k 
ve prttiogfl *uyf» siictcji ele la \mp®x%¿nú* de la mi?v& euatTíjn/.i K1 de los poefa lr^bnjb-« 
Ütu* L |ti*tm»tu, dwtidc út L y.npttnde eiiid u *ubrt la fuente dü Pr 'snm^r. 

i j V, ,<<- ul fiííctuj 

— *En téteif í'-f.it? de 1* apertura dt 1 nuevo ctir*o académico de la Esdtela £«ptrci:il. 
lívnl LoMÍtuto A-.iLíriiMHs — Ucdie.idn á |o4 teñotfet Oi rector y Profe*wc* de dicho E*EablrcÍi 
to. — » (Üijún s* u de Noviembre de iüííj, imp. y líb. de N. S, C. á cargo de L. Gonzák/J 

Cüaiiene uaa inspirada pQeái^gtimJüda iUu recuerdo ájovino», y uu Himno*. '* 



-36i — 
bía favorecido al Establecimiento procurando recursos para su 
subsistencia. Mas estos y otros esfuerzos se estrellaron contra 
la siniestra estrella de la Casa, porque, ni un momento después 
de los primeros años de su apertura, hubo para la obra meritísi- 
ma y social de Jovellanos la protección que de consuno pedían 
el propósito de aquellas aulas y la memoria patriótica del gijo- 
nés esclarecido. En 1860 faltó á la Escuela Industrial superior 
de Gijón el auxilio de la Diputación provincial y del Ayunta- 
miento de la villa con la subvención á que les obligaba la Ley 
de 1857 y, sin decisivo y suficiente apoyo en las altas regiones 
oficiales, apenas creadas desaparecieron unas enseñanzas que 
debieron ser el más firme sosten del progreso asturiano. 

Al Sr. Sánchez había sucedido en la dirección el Sr. Ren- 
dueles Jo ve y éste fué quien con honda pena presenció la clau- 
sura de las suspiradas cátedras. «Permítaseme, decía al Recto- 
rado ovetense, como buen asturiano amante de los adelantos 
morales y materiales de este privilegiado suelo, donde la natu- 
raleza se manifiesta pródiga en dones y la mano del hombre tan 
pausada para remover los obstáculos que se oponen á su de- 
sarrollo; permítaseme, repito, lamentar la desaparición y la 
poca vida que ha tenido la Escuela Superior de Industria de e3ta 
villa; tanto más de lamentar este acontecimiento porque vino á 
realizarse en las circunstancias menos á propósito para la pro- 
vincia, que vé el vuelo que su industria adquiere. Era, pues, este 
motivo muy justo para ambicionar un establecimiento que pro- 
porcione inteligentes operarios y hábiles ingenieros, que la con- 
dugesen por camino seguro y enseñasen á explotar un sinnúme- 
ro de industrias y fabricaciones, que tienen elementos para acli- 
matarse en este suelo y hoy las cubre el manto del olvidó y de 
la ignorancia. Para que prevaleciese este sentimiento aún 
había una razón muy poderosa, corno es el que ya no existe 
ningún establecimiento de su clase en todo el N de España» (1). 
Expresivas son las anteriores manifestaciones del Sr. Rendue- 
les (D. Alfonso) uno de los mas antiguos profesores y primeros 
alumnos del Instituto, á quien el mismo Jovellanos se complacía 
en reconocer las mas felices disposiciones. Fué reemplazado 



(z) Archivo de la Universidad. «Instituto y Memorias de Gijón*. 



— 361 — 

por D, Miguel Menéndez y Duarte con las mismas singu 
circunstancias, el cual tuvo á su cargo la dirección de la 
fianza completa de Náutica y de la elemental do Indti- 
quede esta última fué forzoso suspender alguna de las ai 
turas por traslación de sus catedráticos. 

Por R, 0. de 25 de Marzo de 1#62 se pidieron noti< 
ca de los recursos con que pudiera contarse para dar 
y desarrollo al Establecimiento; y, habiendo ofrecido 90.00 
les la Excma* Diputación provincial é igual cantidad el A y 
miento de (¡ijón, se dispuso, por otra lí O. do 30 de Aj 
se estableciesen los a Estudios elementales de aplicación a 
mercio y k la Industria ». Fueron aprobados la plantilla del 
sonal y el presupuesto de estas enseñanzas; se Ij>/<> eslfl 
desta reforma con plantilla especial aprovechando los serv 
del magisterio de Náutica; y debe consignarse que el Inspé 
de Telégrafos D + Andrés de Cápua contribuyó con soh 
á esta mejora, como á las de los primeros años de Estudios | 
rales, ya mencionados. El resultado distó de ser líson 
y por apuros económicos municipal^, considerando que t 
estudios de Aplicación eran, por la escasa concurrencia de al 
nos, si no inútiles, los menos provechosos para la localit 
acordó en 1866 suprimirlos, si bien para honra del Ayuntara 
to, dice el Sr + Lamas, continuaron talos enseñanzas; pero 
frieron modificaciones y subsistieron con principal auxilio 
personal de Estudios generales ó Instituto de Segunda I 
zn, creado en la forma referida (1) y, á nuestro humilde col 
der, con dudosa propiedad si se considera, lo que no debe f 
darse, el espíritu pedagógico de Jovellanos en este punto. E 
fué discutido en varias ocasiones. 

Ya entonces había cambiado de nombre el EstableWnm 
cuando, en nuevo y perpetuo testimonio de gratitud nacional 
diputado á Cortes por Gijón D, Andrés Cápua presentó la ] 
posición Monumento á Jovellanos y, secundado en el C 
greso y Senado por los Sre*, Benavides, Posada Herrera, Ní 
da!, Campoamor, Jovc Ilevia, Suárez Inclan, Quintana, (üsb 
Moreno, Bubt, Hoyos, Tumos He vía, Sánchez Silva, Smi 



(ij Véase pigs. 313 ¡i 31 A, 



-363 — 
Deza, Sevilla, Olivan, Egaña y García Barzanallana, dio por re- 
sultado *la ley siguiente: 

cDoña Isabel II, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía 
Española, Reina de las Espafias. A todos los que la presente vieren y entendie- 
ren, sabed: que las Cortes han decretado y Nos sancionado lo siguiente: 

* Artículo i.° Para honrar y perpetuar la memoria de D. Gaspar Melchor 
de Jovellanos se levantará una estatua semicolosal de bronce en el punto de la 
villa de Oijón que el Gobierno de S. M. considere mas conveniente. La Real 
Academia Española determinará la inscripción que haya de ponerse en este 
monumento. 

*Art. 2. El Instituto de Gijón se denominará en lo sucesivo de Jovellanos, 
Art. 3.0 El Gobierno de S. M. establecerá en el Instituto de Jovellanos 
las enseñanzas que, según los progresos de la época presente, correspondan me- 
jor á la realización del pensamiento del fundador, oyendo al Real Consejo de 
Instrucción pública. 

*>Art. 4. El Ministro de Fomento i n ¿luirá en el presupuesto general del 
Estado las cantidades necesarias para la ejecución y cumplimiento de la pre- 
sente ley. 

»Por tanto: 

> Mandamos á todos los tribunales, justicias, jefes, gobernadores y demás 
autoridades, así civiles como militares y eclesiásticas de cualquier clase y dig- 
nidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la presente ley en to- 
das sus partes. 

«Dado en San Ildefonso á 4 de Julio de 1865.— Yo LA Reina.— El Ministro 
de Fomento, Antonio Aguilar y Correa». 

Dicho sea con el respeto debido, la anterior Ley fué como 
flor de un día, una página más en la Gaceta porque, sal- 
vo el artículo 2.°, de poco ó nada ha servido para la Escuela de 
Gijón; y el monumento se debió á un acuerdo del Ayunta- 
miento gijonés en 1880 como protesta al olvido del Estado; 
y, si hoy se levanta la estatua de Jovellanos en su afortunada 
patria, se debe principalmente á los desvelos de amantes gijone- 
ses como D. Acisclo Fernández Vallin y D. Hilario Nava y Ca- 
veda, en particular á los sacrificios y desprendimiento del 
primero, llevando á cabo la suscripción española é hispano- 
americana para fundir la estatua de bronce con que el laureado 
artista catalán Fuxá representó al sapientísimo autor del Informe 
de la Ley agraria y Promotor del Instituto (1). 



/'i» Véase mi artículo en «Jovellanos y su Estatua» en La Ilustración Espalóla y Ameri- 
cana de 8 de Agosto de 1897. 

— En aquellos días se publicó el folleto Jovellanos y la Pública Instrucción ]>or Manuel 
García y Molina-Martell. (Gijón lmp. del Comercio, 1891). En este trabajo, muy breve parala 
extensión del tema, no se apreció bien el equivocado rumbo dado al Instituto desde 1866. 






— 364 — 

Y antes de pasar adelante deben mencionarse coma del 
complemento de una reseña de esta Escuela i 
con que fué honrada: de Isabel II y Real familia en 18 
de Amadeo I en 1872, de Alfonso XII y Princee 
María Isabel en 1878, del mismo monarca, su augusta Espo* 
las Infantas D." Muría Isabel y D. a Eulalia en 1H8Í, y de A 11 
so XIII, su Madre la Reina Regente y Hermana en 1900 I 
estará también notar, que cuantas ilustres pcrsunalida- 
España pasaron por Gijón se complacieron visitando al It 
y admirando las memorias que en él se conservan de su pre< 
ro promovedor. 

En 1894 se cumplió el centenario de la Escuela gíjontt 
hubo solemnes funcione* po[ miares celebrando; una rea fnAs 
memoria inmarcesible del asturiano celebérrimo; y el Muí 
gijonés dispuso la acuñación de una medalla conmean 
recuerdo plausible, aunque su ejecución distó mucho de los f» 
inores artísticos que merecía el varón insigne, estudioso c 
dorde las bellas arles {lj< Dos corporaciones académica 
didas, celebraron principalmente la memorable fecha, que pí 
petuaron en mármol con el siguiente epígrafe, debi 
drático historiador Sr, Lama y Leña: 

PRESTANTÍSIMO VIRO 

D. Gas par i Mfxchjoíu piJovku.4 

BfcGAI¿S ASTVR1C1 (JIM Pí ASI! HÍ&TfTVTORI* 

EIVSDEM MOIjERATORIS AC ALV \1NI 

II \ N'C LA1HDEM 

JN TAMO VIRO GR ATI ANIMI AR^VMKN T\ || 

JN CENTESSJMO SVoE CüJíSTlT UTIONJS AKXG 

sci lpkni>\ y 

4TQJYI ii ir. :ni i-ixiivM 

c\ hArvnt 

VII, lOTi lANVAlíII, ANNíi. UDCCOÍCIY 



h) Anverso: 

ÜUBtO éc J<>\>.\ 

El Ihttirt AyuHtttmÍ*nte y VÍUñ dr frijén, ésa 

t ,1/ílHftI. 

Reverso 

Fu hads principal del Inttílutu. ttgú» el pdrjiíti*« proyect* «3*.: A 
l,i orla, la leyenda: Cemiritarfo d* í* fitHtintiá* títi Rtat /. 
campo o área, esta ©ira: firimtr InsíitnUí Kjjutüol Vi! 

I*a medalla d de cobra i\r So milímetro* <i : diain 
Mariin¿/ y estampada en lo* tflltoretdc Manuel BJbee, 

i y) *AÍ muy ¡lu^rre varón O Gaspar Mcklint de fovetfanet, fuiHfmlot del 1 
.;iiiti. Los pro: Júranos del mismo, mandaron r»cuLp¡r y cdocer mpkt <■■ 

i « de gratitud á tan fitau varón, <:n el 
/*• 

LBt*ri*5i pAf, 35B.— T*»Uíéq «l peitód 
111 e mor ó dicha fecha c m un ira bey o especial, reíais vn al Inútil ■< 

Mm ocrttkract, llevad., trocido al gran JovelUiim y i -*u Escueta., hice l- • 

periódico* y revistas de Asturias y Madrid. 



— 365- 

Aquellas dos corporaciones fueron el Instituto de Segunda 
enseñanza de Jovellanos y la Escuela de Náutica, primitiva, 
característica enseñanza del antiguo Real Instituto Asturiano, 
tlijón había pedido su Establecimiento en 1787 áraiz del Decre- 
to del Baylió Sr. Valdés mandando erigir escuelas de Náuti- 
ca en todos los puertos habilitados de la nación. Jovellanos la 
habia obtenido para su pueblo nativo y para Asturias, y la había 
puesto, dice en sus «Reflexiones», «bajo la inmediata depen- 
dencia del Ministro de Marina porque la enseñanza de la Náuti- 
í*a, que es uno de sus primeros objetos, le pertenece exclusiva- 
mente y la Mineralogía es solo un accesorio de ella». Había de 
tener siempre á su frente un hábil oficial de la Real Armada» 
y -r.cn el primer Establecimiento los profesores de Matemáticas 
\ Náutica se podrán elegir entre los pilotos». Así sucedió duran- 
te no pocos años, y el Promotor explicaba á sus paisanos la 
ciencia y dominio del mar cuando les decía: «¿Queréis entrega- 
ros al terrible Occéano, que brama á vuestra vista? La sabiduría 
levantará sobre sus abismos una morada firme y segura y os en- 
señará á conducirle á los extremos de la tierra. Ella pondrá en 
vuestra mano la llave de los vientos y haciéndoos leer en el 
cielo los rumbos que debéis seguir sobre las ondas, os enseñará 
á triunfar de peligros y tempestades. Mientras el astro del día 
alumbrare los climas que están bajo vuestros pies, os mostrará 
la estrella de los navegantes, velando sobre vuestras cabezas; 
y, si las tinieblas la robaren á vuestros ojos, pondrá en vuestra 
mano un instrumento débil, pero maravilloso, que os señalará 
continuamente los polos sobre que gira el mundo. Y, si tal vez 
el deseo de fama y nombradia hinchase vuestros corazones, 
así también subiréis á la gloria inmortal que ilustra los nombres 
célebres de Colón y Magallanes, deKook y Malespina». 

Terminados por los alumnos los dichos estudios náuticos se 
verificaba el indicado último ejercicio al que concurrían los ca- 
pitanes ó pilotos de la localidad, que presenciaban el riguroso 
examen, calificado por el profesor de Náutica y los asistentes 
peritos por mayoría do votos, para extender después al aspiran- 
te aprobado el correspondiente título con todas las solemnida- 
des del caso. Y es curiosa, como nota local, la que indicaba el 
Promotor escribiendo al Sr. González Posada en 1796: «Hemos 



- 366 — 

examinado á los primeros discípulos de la a en! 

cuales brillan los de Candas:. Es, por cierto notable, que 
Luaneo vencen tanto en aglicadóo corno son ven 
tracíón y expresión de los de Candan y Gijdu 

Cuando la extraña supresión de] bstitqto Asturiano en 
queriendo horrar la huella luminosa de Jo?flHa 
en ligón (aunque ya lo estaba) una Escuela .i- 
te á las demás del reino» y enseguida ge estorbí 
cuitando y disminuyendo los recursos para el soatenim 
desoyendo gestionen de su Director el Brigadier Valdés, au 
enseguida el Director general de la Armad Le 

procuró dotarlo de los n más necesarios j con al 

mejora en la dotación del personal en 180 
subsistir, aunque pasando por las crisis do la ausencia 
llanos, guerra de la Independencia y suc 
hasta 1832 en que se la separó del Ministerio de Marina 
dola dependiente del de lo Interior, per rliguo pr 

gio de la exención de quinr 

cite de eiimeoea de pilólos. Kn el esl mj i 

tuto Asturiano á mediados del si 

Náutica sl eterizando la Casq ¡um pie con dula m 

cula, y cuando el Director Sr. Sánchez re| dnvi 

8r. ttdal para -<^^\v con bu propio espíritu la fundación de 
vellanos, ¡ratificaba el restablecimiento do las enseñanzas de 
guas vivas por necesidad que de ellas tienen los que « 
carrera náutica, aunque eran pocos porque «solo 
uno que otro joven de la costa Ikm? interés en uiali 
la Escuela*, 

En 1857 se acordó el régimen para esta á tenor del R. D 
20 de Septiembre de L860, li o de 7 de Enero de 1851 v 
giamento de estadios de Jo de Septiembre de e* 
Al ser el Instituto declarado Escuela Especial v Pro 
los términos del Plan y Reglamento de 1855, se detei i 
servar en ella la enseñanza de la Náutica que tenía 
fin se ajusto también la plantilla del personal, entero 
da, por lo qué, cuando la supresión inmediata de 
industriales, al quedar subsistente la Escuela de Pilol 
petaron i su magisterio los venta adquiridos, I 



— 367 — 

e Ua manifestó especial interés el Director Sr. Cienfuegos Jove- 
Hanos procurando su adelantamiento moral y materiíjl en ges- 
tiones tanto más meritorias cuando, es de advertir, que por en- 
tonces coexistían ocho escuelas análogas en la costa cantábrica; 
pero tan celosa gestión fué coincidiendo con el Decreto de 30 de 
Junio de 1869 por el qué las Escuelas de Náutica dejaron de ser 
sostenidas por el Estado. Tal era para Gijón el doloroso incum- 
plimiento de la ley de 1865. Hubieran desaparecido tan antiguas 
v genuinas enseñanzas del Instituto de Jovellanos, si no lo hu- 
bieran atajado el desinterés y generoso entusiasmo de los profe- 
sores al ofrecerse para continuaren sus cátedras sin retribución, 
determinando entonces *cl Gobierno, por Orden de 19 de Agosto 
del mismo 1869, la aceptación de tan patriótica oferta, «debien- 
do comunicarse á la mayor brevedad si la Diputación provincial 
ó el Ayuntamiento de Gijón se encargaban del sostenimiento de 
la Escuela sin perjuicio de lo que en su día se acordase » (1). 

El Municipio gijonés aceptó entonces, aunque con carácter de 
interinidad, el sostenimiento del Instituto de Jovellanos (Segunda 
Enseñanza) y de la Escuela de Náutica con un presupuesto de 
plantilla reducida y agrupada, y así continuaron las aulas náuti- 
cas con el carácter de profesionales principalmente para los 
derechos de su profesorado, hasta la última reforma de am- 
pliación, por R. 0. de 29 de Septiembre de 1897, alcan- 
zada por la activa solicitud del Ingeniero industrial y Direc- 
tor D. Justo del Castillo, tan amante del Establecimiento, para 
el que consiguió la aplicación del R. D. de 11 de Julio de dicho 
año, dictado para la Escuela de Sevilla, corriendo á cargo del 
Ayuntamiento la sufragación de gastos, pues otra vez más el Es- 
tado se olvidó de cuanto se ofrece en la repetida Ley, llamada del 
Monumento á Jovellanos... Al considerar estas crisis del Instituto 
Asturiano, á la vez que pasan los años sin ser debidamente am- 
parado ni comprendido el espíritu pedagógico-reformador del 
gran patricio, por el Ministerio de Instrucción Pública parece que 

(ij Apareció en n'iii.*!lo? d¿.»« el f «'.loto. M'inir;i /v/ tipoy» di' l-i ciuserv rc/'Ui del Instituía 
de Jovellanos en Gijón (Gijon. imp. de C Lidrclt, 1869) y irat.i ck- las miras dd Promotor del 
Instituto Asturiano, vicisitudes do es ti* y priiuip thn.Ue de la o >aserv.i<:ión de la Escuela de 
Náutica. 

Las alteraciones del Instit.n A>t:u¡.t:i> y su dccidoncia en ciert r» rp">'is fucion muy dis- 
cutidas en la prensa, como por oí r-.-sp-.-t *ble í). H-rnirJo E ■>!..» i oro c-i 1S77. 

Tuvo poca importancia otr.> f<»!i<-io- 

La decadencia d*l Instituto de J'jvjIImos de (Jijón d^de hice :.lguuo» años í apuntes de 
actualidad; por un aficionado á las letras ((Jijón, 1886). 



- tfñ - 
toáavfa tienen triste virtualidad aquellos del Pw 

cuando e ! Sr, Posada 

Establecimiento el nuevo Ministro, atioqi 

pre í cubiértode riesgos. Ciertamente que pa¡ 
para ser loque v<< quisiera aún necesita de 

protección; pero también es cierto que 
sin rila Líbrele Dios <!*' ser ¡ 

A trayí iones que sufrió I hle íurui 

n\iit\ dotarle de loselementos, m 
para Ins varias enseñanzas allí establecí' 1 iotnr 

primeramente de una Biblioteca de ci< nata 

un Laboratorio de Qufmk bínete y 

lección de instrumentos y máquinas ii i 
.-I surtido «.le muebles y ütilf - de la 
adquiriendo como se pudo con el atnoro 
líanos en ^u i rccurso d 

ríanos y <\r tan verdaderos ami 
Posada; pero mucho de lo reunido en el | 
eional fue objeto 'Ir la rapiña IVunccsa, lo que difícilmente 
siguió reponer Jo 1 
1811, <|u»' le interrumpió la muerte, ' • 

■ u<- mo.d< sto porque loa mermados recursos no perra 
cosa v, si cuando el establecimiento ú 
Industria, el Gobierno ;■ la ■ onstrm 

ratorio químico y formación del Gabinete de h 
tídmo ensegui la desapareciei y otn 

siguió el InsLitulo con la difícil vida que tW 1 leu 
dando vestigios da la protecciún dispensada p 
v Cayeda, No es fácil y además fuera prolijo poner aquí na 
lación drl nctatei 
indotados que i &tán en i 

aefianza en punto al material Inn indispensable i 
Memorias anuales del Instituto <2) conliei 



i 

>.-[ Directo! O. Miguel M 



— 369 — 
Iquisiciones sucesivas de estos medios materiales de instruc- 
ón indicándose allí el buen resultado de las disposiciones dic- 
idas para tal materia por el Ministro Sr. Toreno. Allí pueden 
orse los elementos con que cuentan las cátedras de Geografía 
de Matemáticas; el estado del Gabinete de Física con los ele4 
nentos más precisos pera la Estación local meteorológica (ini- 
k iada y en muchos años á cargo del profesor D. Alfonso Fernán- 
lez Vallin); lo decaído del de Mecánica industrial; los aparatos, 
utensilios y productos de que se pudo dotar al de Química; el 
de Mineralogía clasificado en su principio por el método de Du- 
irenoy; el de Zoología, sin importancia; el Jardín botánico prin- 
cipiado y desaparecido con el nuevo destino de la Huerta adya- 
cente, alguna vez en pteligro de ser enagenada; y relativamente 
más nutrido el museo de Pilotaje con sus variados instrumentos, 
atlas, telégrafo marino de Prida, construcciones navales, y en el 
techo del aula especial se dispuso pintar al óleo un planisferio 
con las estrellas visibles sobre el horizonte de Gijón. En otroor- 
úen tiene el Instituto de Jovellanos una verdadera riqueza con 
^u Biblioteca y la Colección de bocetos de pintores célebres, 
que han de ser reseñados más adelante en capítulo aparte. 

Durante largo período en que á la enseñanza se determina- 
ron en una,ú otra forma libros de texto para estudio y guia de 
la enseñanza, los seguidos en las aulas de Náutica, Industria y 
Comercio de Gijón fueron los siguientes (1). 



Las de los cursos 186667; — 1867-68=)' 1868-69 por el Director D. José Cienfucgos Jovellanos. 

I-a de 1869-70 por el Director D. Francisco J. Junquera Plá. 

I -as de 1870-71 y de 18717.Í por el Vio<.- Di rector D. Juan .Junquera Huergo. 

La» de i872-73;~i873-74;=i874 75;— 1875 ?ó; = y 187Ó-/7 por el Director D. Luciano Ciar* 
na Renducles 

Las de 1877-78; — 1878-79; — 187Q 80; - 18S0 81;— 1881-82; -y 188a á 18S6, comprendiendo 
ca e^ta los cursos intermedios, por el Secretario D. Jcsii-? Mcnéndez Acebal. 

La de 18S6-87 por el Secretario D. Felipe de ia Garza. 

La de (887-88 por el Secretario D. Canuto Ortiz de Zarate. 

I.J de 1888-89 por el Secretario D Jo-e López D>>nga. 

La de 1889-90 por el Secretario D Vicente I'olo Pérez. 

Lt de 1890-91; -y 1891 9a por el Secretario D. Enrique Miranda. 

Las de 1892 93; -1893-94; -i8o4-Q5;--i895 f>6; "1890-97; .—1897.98: _ iPyS-yy;- 1^99 'V-'o; - 
:>oooi;— y 1901-0-2 por el Secretario X>. Rafael Lama y Leña. 

La* de los Sres. Rctidueles Jove, primera del Si. Meaéndcz Duartc y la del Sr. Junquera 
Harreo responden al espíritu jovellanUta. 

En la primera del Sr C¡ciifue¿o< se pub'ica un interesante apéndice con el análisis cualita- 
tivo y cuantitativo de 47 aguas potables en fuentes del concejo de (.Jijón y 68 del resto de As- 
tariai. 

A continuación de la segund i Memoria del Sr. Miranda *c imprimió un Discurso del Vico- 
Director D Manuel (Jarcia y M >l¡:'.a Mari- 11 aicrcí de la Se. furnia K.i*cuan/a. 

—Véanse: «Discursos. Menoría y I» evj K-_s«.ña de la Velada li:er:.ri.4iiiu>ir.tl celebrada cu 
bt'Y.v de D. CJaspar Melchor dv* J nc!l m >■; e:i 7 íL* .\^>>to ú>- i c .i c m notivo de la erección 
«fe su estatua, por d Instituto de que es titul.-.i, auxiliado de la bNcml.i de Artc> y Uricin-. !).,j > 
U presidencia del JItmo. Sr. D. Félix de Ar.tin'uiru, l< :cí<»r de la UiiivcisiJad de Oviedo. V(Ji- 
jcn. imp de Torre, 1891). 

U> Recuérdense los de la Segunda Enseñanza, páginas 334 y 335. 



— 370 - 

A tit mi i ka. G<w¡ ttt f& , / > igt w« m c/t tu r a ti 'línea y 7 
! ernández V'a J J i n , VásqUtl 

[«don, Verdejo, Man retí. 
Tt ig&mm ¿i* i a tij ¡ n a , ( Fertiáncl e* , C 

cha, Men-dotu.. 

Ft i /V « i Q« /w/f tf ■ K ico S« n 1 1 ¡ i a . 

Múémt* industrien Alafre, Oe£tuaty< Afilio. 

Química i. faj ftrftt: Wigocr, Wurte. 

CrÉfígrfl/Ta y Bffffffitfifa indmtrhí y c(wm<i(\f: Rada J>tL 

<!m¿tí<a mercantil y Teneduría de iiéfvs: Labrador, Casiano. 
Préctit* dt Cenfoétfidád y Cwrtspmtdtuei&i G oí! leo, En 
Economía petitk* y ntlh Allcr, Cartiallu. I 

.v,í fftiM±\ "ut: OHcndortf, Laverdüre. 

• i¡. i. ictiJlu, Cornelias, Sadler. 

Dihujü ítntal; Vtllltiuevi ilurdcaux* 

IHfotfo i.- 

Déénfü Itiifa vgréfim To fi ík> i M o ral c s ., K u i d a v c st y Ca i la s del Pe | »óí 1 
gráfico, 

n/¿ ¡miustihil: Proyectes varios. 

Enumerando áfibra las reñías y recursos su* 
Ututo Asturiano, bien puede decirse que en la primera ép< 
bieron y bajaron en relación con la consideración 
la persecución injusta <!<■ Jovellanoa; y después d h 
corrientes de Gobierno y administración, que así compren 
seguíala la [dea jovollanista como la di ban 5 dan al 

El primer fondo fundacional fué i\ 
año, separados de la renta de aguardientes del l 
cíal de Oviedo; en 1790 se doló la cátedra de tía » i 

ría coa ¡ WOre* adosdel Pondo de lemporaltdade 

extinguida Compañía de Jesús; y por entono irneni 

bien [a consignación del Instituto con 30,000 anual* 
mitras de Toledo y Cuenca y el beneficio dr 
Murcia, aunque solamente después fué efeelWn la 
12 CKX^ reales anuales sobro el Obispado de Cuencí 
expedida en 20 de Octubre de 1800 por S. S. Pió Vil 1 
del destierro y prisión de Jovellanos en 1801 ya ¿e pa( 
poca exactitud y por tercios la renta del Hospicio do Ov 
para conjurar esta primera crisis económica el Director 



tt) Publica su tfadueCÍ6fl el Sr. \maa v | 



- 37i — 
lier Sr. Valdés Bazán y profesores elevaron sentidas instancias 
4 regio privado Principe de la Paz, llamándole al efecto su pro- 
tector y rogándole permitiera colocar su retrato en el salón 
principal del Establecimiento, que pedían acogiera bajo su am- 
paro poderoso; vana súplica al adversario de Jovino porque en- 
seguida se suprimió la benéfica renta asturiana, disponiéndose 
que la Escuela de Náutica se sostendría con 30.000 reales sobre 
las mitras mencionadas, cuando en su mayor parte eran iluso- 
rias (la toledana se anuló en 1804 y la murciana fué ineficaz) 
además de los quebrantos que sufría la pequeña parte cobra- 
ble. El Sr. Gil de Lemus, Director de Marina, protejió los estu- 
dios náuticos y se debió á su intervención el nuevo auxilio de 
medio maravedís primeramente y después dos maravedís en 
cuartillo de aguardiente y licores consumidos en el Principado 
dictándose # al efecto las RR. 00. de 29 de Agosto y 30 de No- 
viembre de 1805 para lograr tal arbitrio, que rendía 18.000 
reales anuales próximamente. La guerra contra Francia mermó 
vi impidió estos recursos y, si para remediarlo con las RR. 00. 
de 9 de Marzo de 1813 y 15 de Marzo de 1816, se concedió el 
medio por ciento de avería en las aduanas de Asturias, cuyo 
rendimiento no pasó de 14.000 reales por año, también se su- 
primió en 1817 la dicha renta sobre temporalidades de los je- 
suítas ya repuestos. De esta suerte, los apuros fueron siempre 
grandes y no se pudieron vencer cuando la R. O. de 9 de Fe- 
brero de 1840, debida á gestiones del Visitador Sr. Canga Ar- 
guelles, á fin de que el Instituto percibiera de la Hacienda provin- 
cial cuatro reales en carga de avellanas, la Diputación propu- 
siera otros arbitrios destinados á la cátedra de Mineralogía, y el 
Ayuntamiento gijonés «los medios suficientes para el monumento 
que debía levantarse delante del Instituto para perpetuar la me- 
moria del ilustre fundador». 

Cuando las reformas iniciadas y no proseguidas, creándose 
por R. 0. de 28 de Abril de 1855 la «Escuela especial de Gijón» 
se disponía que la suma de 108.500 reales, á que ascendían los 
gastos de personal y material, se satisfarían con arbitrios en- 
tonces vigentes y el importe de los derechos de matrícula, cu- 
briéndose el déficit á cargo del producto del impuesto provincial 
de veinte maravedís encantara de vino; pero tales elementos 



-37*- 

eran oscilantes é inseguros, según manifestaba el a 
torSr. S en 1847, co&sfdera&dci la variación 

ntO de loa arbitrios y manifestando también qtie no 
r menor él presupuesto de gastos calculado dos sita 
el sobrante era asaz pequeño, y menos ron la partid 
al material de enseñanza y edificio, Al crearse en i 
• uoia profesional», el Estado contribuía con 3UÜ0Ü rea 
sumará l^s ya referidos y va riabies gravámenes, y eo el e 

ano ya lialua déficit superior É I -la 5Uma una vea de 

de &7.81 3 reales, que existían en las ato 

r] presupuesto de 1866-57. Creada que fué seguidametil 

:¡ Superior industrial en 1857, ya se dijo comod 
en I sr.i i por dificultades económicas porque ni la I hpi 
provincial <lr Oviedo ni el Ayuntamiento de GijÓn pudtf 
(Huir en sus presupuestos la torcera parte del fe la E 
que ascendía ó nías de 20< i 000 
las enseñanzas gijonesas por el sacrificio siempre era 
sino jovellanisla se impuso aquel Muni* 
desaparecidos ó transformados los arbitrios asturianos, b 
tacíón provincial acordó subvencionar al Ioí le Gl, 

(jarda referido, con suma variable; de 3.000 j 
ejemplo, eo 1872-78 aumentadas a 6.800 pesetas en é3 
puesto actual áínqueel Estado, como repetidan 
cho, contribuya con subvención permanente por no I 
tableeido con su carácter propio la* enseñanzas ofrec 
i.i v de 1885. 

llanta 1901, en que varió la categoría dellnstítu 
llanos, los Ingresos académicos fueron muy i 
minución de estudios \ reducida matrícula (2) siendo título 
ñor para et Ayuntamiento de Gijón la dispensa de < 

iripcidn y académicos, que en algunas oes otorga 

ahílanos pobres; y lia de manifestarse aqui que lósese 
sobresalientes gozan allí también de otra ventaja. En 1 
Colonia gijoi la Habana, presidida por Gaff 

varez, acordó destinar 1.000 duros oro para fundar un | 
de 250 pesetas anuales, depositándose aquella suma ene 



(i) x ir6. 

{f\ v. i xm. 






— 373 — 

co de España en renta perpetua del cuatro por ciento, denomi- • 
nándose «Jovellanos-Habana» aquella recompensa, que desde 
entonces alcanza todos los años en el Instituto al alumno más 
distinguido por su aplicación, aprovechamiento y conducta, á 
«lección de la Junta de Profesores, entre los aspirantes de las 
secciones de Segunda Enseñanza y Estudios de aplicación y de 
Náutica (1). 

Y esta rápida reseña histórica del Instituto no puede cerrar- 
le sin algunas interesantes noticias relativas al ediíicio del Real 
Instituto Asturiano, hoy de Jovellanos. 

Ya en 1793 pensó Jovellanos en que podía ser insuficiente 
la casa que había ofrecido su hermano el Comendador de Agui- 
larejo, benemérito primer Director, y en 1797 se decidió á em- 
prender un nuevo edificio. Al efecto obtuvo del Ayuntamiento 
el solar necesario en lí de Mayo; por H. O. de 19 de Julio al- 
canzó un auxilio de 60.000 reales por una vez, tomados de los 
Fondos de las empresas del Nalón y minas carboneras de Lan- 
^rreo, pagaderos á razón do 5.000 reales mensuales, y enseguida 
se le otorgaron 200.000 reales del uno por ciento de averías; 
inició una suscripción éntrelos asturianos patriotas residentes 
en España y América; y encomendó el proyecto á nuestro ilustre 
paisano Villanueva. 

La colocación déla primera piedra se verificó con gran so- 
lemnidad el 12 de Noviembre de 1797: el Promotor pronunció 
un aplaudido discurso, se cantó un Te Dea m y hubo espléndi- 
do refresco en el Municipio, mientras el pueblo se entretenía 
con las cucañas, volatines, corridas de patos, cuadrillas, etc., 
sin que faltaran iluminaciones y fuegos artificiales por la no- 
che cuando un magnífico baile en casa de los señores de Jove- 
llanos (2). La continuación de los trabajos y sus adelantos están 
consignados en varias cartas de aquel hombre extraordinario; 
al finalizar el año de 1798 decía á los Sres. Quintana y Pedro- 
sa: «En medio de esto se trabaja y adelanta en la nueva casa á 
que deba trasladarse el Instituto. No será ni demasiado grande, 



(,i) I«a colonia g¡jonC"4.i de la Habana autorizó al ilustre gijon« ; s D. Acisclo Fernández Va- 
llin par.i recibir y organizar e>ta fundación del premio «Jovellano* Habana» y asi lo hizo, como 
consta de las Memorias del Establecimiento, impresas en 1891 y 189,2. 

12) Véase: 

— Noticia de las fiestas de Gijón del \i y 13 de Noviembre de 1797 con motivo de colocar 
1¿ primera piedra del Instituto en la Gaceta de Madrid de 28 de Noviembre de 1797. 




— 374- 

ni muy magnífica, pero sí un edificio noble y 1 ' piar 

hecho f oj el 3. M D. Juan de VilLaonei 

aaoj pero por macho que nos hay 
dos tic esta obra, trino que tí OOBte 

dos con que contara guro y que se acercan 

realas. Espero, no obstante, que no faltarán medios, por 
nna obra tuyo beneficio se extiende á toda la Dación o. A 
pío do 179B daba estas otras noticias ü su am 
Sr, Posada: «¡Si viera V. qué caí ect&dá | 

(¡lato, £1 plan de Villanueva lodo ya faera de ciroiei 
bella sin ser magnífica, con gran I 
(jiie si l ■•• ida se recabará y si no, no, l '. 

aun fallan por mi cálculo para bu conclusión 
reales y que, sin embargo, cuento con elti ce locan 

l;i- cuestas de América prometen mucho, muí ho 
t8Q0 daba cuenta de loe adelantos al arquitecto 
ciosidad é loten imprende ser solí 

a aquella prodigiosa inteligencia lanío 

istancia. I liabío alean/ 

subvención del Nalón y, si bien dudaba del apo; 
terminar la obra, confiaba al mismo tiempo* en la genen 
de sos paisanos como ib cía es< • al Sr < i 

sada: iCm todOj pudiera n una cuesta qui 

América con la ^Noticia del instituto», que acaso podrlam 

irla en nuestros días, Lo* ¡meros paisj 

i jJmnKt, tu is mandaron 10.000 rc¡ por qué no i 

con la beneficencia pública? la encuentran los frailea 
tenerse, ¿y no la bailara un Establecimiento d< 
Asi esperaba D, (laspur, ú cuya autorizada voz y nol 
sitos respondían los liijus de Asturia 
partes. Fueron en América entusiastas e 
ta D< Jttau de Cabo y D. Santiago González AraDgo, en la 
na; D Francisco A. Quintana y D.Juan N* Pedresa, en 

I) José Soarez y D. Francisco Valdepares, en Bo' 
el favorecedor de l¿\ aronel de ejército en Lima 

del Real Tribunal de Minería D* José Robledo y Colun 
Perú; 1) Pedro de Alonso Día?;, administrador general d 
zuda, primer marqués de Santa Cruz de Inguan/* 



— 375 - 
lábrales, gran patriota que donó también al Rey Carlos III un 
navio de guerra completo y equipado, desde México; y otros bue- 
nos asturianos en diferentes puntos, enviando sumas de conside- 
rae\óu los dos últimos opulentos paisanos. Buscaba Jove- 
llanos el concurso de todos escribiendo á las personas de po- 
sición y en elevados cargos para que le ayudasen en 'aquella 
empresa de bien público. Entre éstos figuró el Cardenal Loren- 
zo, que no resultó se mostrara propicio, y también el Obispo de 
Lvi£0, D. Felipe Pelaez Caunedo, que hubo de responder con 
desabrida carta de fútiles escusas y consejos, no merecidos 
por el gijonés dechado de virtud y sabiduría; pero éste se apre- 
suró á dar severa lección al prelado asturiano en la sabida varo- 
na epístola, enérgica y nutrida de profundas advertencias para 
que cotra vez no fuese ingrato con su patria y desconocido con 
los amigos, ni cayese en tentación de ser desatento con quien 
podía tachárselo tan franca y justamente como Jovellanos». Al 
arquitecto Villanueva, influyente en la corte, á los ministros 
Cornel y Lángara acudió igualmente D. Gaspar para sostener 
la subvención del gobierno (1) y evitar se suspendiesen las obras 
fcu el ansiado edificio, lo que fué un hecho poco después de su 
destierro y cautiverio en Bellver de Mallorca. 

No lo fué enseguida por la protección del Sr. Gil de Lemus, 
disponiendo el pago de dos anualidades atrasadas de la canali- 
zación del Nalón, reanudándose los trabajos hasta la altura del 
primer piso en cuya forma no avanzó más, comenzó á cubrirse, 
y en 1807 se trasladaron las enseñanzas á la incompleta casa 
de Villanueva, pues su proyecto, grande y sencillo, nunca se lle- 
vó á efecto. Importaron las obras 615.892 reales, y se cumplieron 
los augurios del Promotor en 1797: «Se ejecutará la primera 
parte y quedará la segunda para la posteridad». Llegó ésta en 
1885 siendo Director del Instituto el Sr. García Rendueles (2) 
que, secundado por el diputado á cortes Sr. Conde de Revillagi- 
jedo, lo solicitó del Ministro de Fomento D. Alejandro Pidal y 
Món mostrándose este bien dispuesto á la terminación del edi- 



(i) A las p?rsonas indicadas en el texto, dirijió Jovellanos muy notables carta?, que pue- 
den verse en la colección de sus obras ilustradas por Nocedal, tomo L de la «Biblioteca de Auto* 
re* «pañoles» de Rivadencyra. 

(a) Siendo Director L). Luciano García Rendueles realizó importante suscripción gijonesa 
para recomponer la antigua torre del Instituto y colocar en ella un reloj. 

25 



-37*5 — 
fieio, bajo nuevos planos á cargo del arquitecto Sr, Maree 
zá, encomendando también á D. Andrés Pidal la visita d< 
blecimienlo para informar sobre las enseñanzas allí esl 
das y necesidad de nuevos estudios en relación con las 
ses locales y provinciales. Una vez más nada se hizo sobi 
pero sí fué ampliado el edificio, modificado en su traza \ 
va j\ por fin, en 1888 se adjudicaron las obras a D, Cali: 
vargonzáiez, que las terminó en 1892 importando I 
setas. Pudo y debió ser oirá la terminación del Instituto. 

El edificio, de gran solidez y severidad, ocupa un per 
de 2,116 metros cuadrados conteniendo pfanla baja, prini 
segunda, esta última, como las construcciones del jardín, 
nadas á la Escuela de Artes y Oficios, según Se dirá en 
pitulo siguiente, Los departamentos "de la planta baja está 
tinados á salón de estadio, Escuela primaria de Sania D* 
cátedras de Comercio, Física, Mecánica, Laboratorio de i 
cu, fjimnasio, salón de actos solemnes il) etc.; v en i 
principal están las cátedras de Matemáticas, Geografía, I 
Latín y Castellano, Historia Natural con su Gabinete, C 
grafía, Depósito bidrográfico, la Biblioteca, sala de Boceto 
de Profesores, Dirección, Secretaría, etc. En la salida á la 1 
se construyó pobre y reducida capilla, que do llegó á habí 
para el culto, ni resulta propia para descanso de las ve: 
dfl9 cenizas del eximio Promotor, que siguen en la pan- 
de San Pedro. E! quería dormir el sueno eterno 
cuela que fué la aspiración constante de su trabajada 

como disponía en su testamento de 1705: <• y 56 me 

«en aquel sitio, contiguo al Instituto, después de bendito 
tfcado. Estará descansando mi corazón cerca de la substit 
í que le ocupa, y los frutos de la enseüanza serán mi me, 
ifragio*. 

Tal es la breve historia del antiguo Real Instituto asti 
en que se desveló el gran Jpvino, Le tocaron tiempos acci 



1 1 1 Km Bft< ü* p»rt»1HCf*m >e hallan colocado* io> icLrato* al óleo del Re 
cípc de Afltttrift] 1>. Fernanda, Hjytfo O. Frey Antonio Val 
ro» D, Felipe C;iitg4 Arguelles y U- Jo*¿ C.ived;». üencrni S.m Miguel, el 
íwoa Di JwiH Miguel Indán Valdé*. el Conde tic Toreno, D. EaUtitiIno fm 
tijidnr dé Gijtin.— En k nía de Profesora* hay otrtrt retraíala üpái y t I 
rr^ I irisindei V«llir*, Cunde de ReviÜagijedü, Director IX Miguel Mcuévdea Uñarle y 
rectora D. Alonso Fernández Vallin y D* Juan Junquera Huergo* 



— 377 — 

dos y en la revuelta pública se torció después el espíritu funda- 
cional con insistencia desconsoladora. Siguiendo la «mente» del 
Promotor (1), en Asturias toda y más allá de Asturias otro fuera 
el foco potente y siempre brillante, que alumbrara nuestro pro- 
greso material y otra también la dirección mejor encauzada de 
la moderna educación pública. Fué el primer Instituto, norte de 
un rumbo no seguido. 

En las contadas épocas que, con mas ó menos vigor, guió 
la rclí» jcHP^llanista, las ventajas que proporcionó al país son 
bien conocidas. La Escuela de Náutica ha facilitado carrera á 
gran número de alumnos, que han debido á la profesión de Pilo- 
to so bienestar; ella ha estimulado á los dueños de capitales pa- 
ralizados, convirtiéndolos en armadores; ella ha contribuido al 
aumento de buques en nuestras costas y á que se estableciesen 
relaciones directas con América y las Antillas. El comercio 
floreció, como consecuencia de estos adelantos, con personal in- 
teligente de peritos mercantiles, industriales y químicos; las 
artes y oficios recibieron muy útil amplitud, pues siendo acce- 
sible la matrícula á todas las clases, fué general la asistencia al 
Instituto; y como el estudio délas Matemáticas y del Dibujo sir- 
ven de auxiliares tan poderosos á todo trabajo, la perfección se 
echa de ver en las obras de Gijón, desde el mas humilde arte- 
facto hasta la construcción de los edificios. 

Ya lo decía en 1838 la Real Sociedad Económica de Ami- 
gos del País de Gijón: «Los niños que salen de esta Escuela, 
(Santa Doradía) bien instruidos en la lectura y escritura y en las 
primeras reglas del arte de contar, toman afecto al Estableci- 
miento y pasan la mayor parte, sin salir de él, al estudio de las 
Matemáticas y demás cosas que aquí se enseñan. De lo que re- 
sulta, que muchos artesanos del pueblo llevan á los talleres bue- 
nas ideas de Geometría y Dibujo, tan útiles para la perfección 



íi> Aún incluyendo al erudito Ccan Bcrmudez, amigo íntimo y conocido biógrafo de Jove- 
llanos, bien puede afirmarse que el escritor más saturado de las ideas y significación del gran 
jijones es D.Julio Sotnoza y García Sala, autor de celebradas obras jovellanistas: — «Catálogo 
de manuscrito* é impreíos notables del Instituto». 'Oviedo, 1883);— «Cosiquines de la mió Quin- 
tana»... (Oviedo, 1884); ■ Jovellanos; nuevos datos para su biografía». (Madrid, X8S5 ; «Las 
amarguras de Jovellanos» (Gijón, 1889»;— «Escritos inéditos de Jovellanos». {Barcelona, 1891); 
# —«Inventario de un jovellanista»; (premiado por la Biblioteca Nacional é impreso. á expensas 
Ac\ Estado: — (Madrid, 1901). — V otros varios trabajos sueltos publicados en la prensa de Gijón y 
Oviedo. Prepara también el Sr. Somoza, ayudado por entusiastas gijoneses, la publicación de 
las Oirás de Jovellanos, que excederá seguramente á la «edicción asturiana y verdaderamente 
completa», que me atreví á proponer en 1891, con el cumplimiento de la Ley de 1865, para reali- 
zar mejor el debido monumento á Jovellanos. 




-378- 

de las artes mecánicas. A pesar de la poca protección qu 
el Instituto después de su fundación, y de las crueles vícis 
que le hicieron sufrir la ignorancia y la envidia, salieron 
seno jóvenes brillantes, que han hecho honor á la provine 
la nación; se han formado en él muchos pilotos hábiles, c 
dos y buscados en toda !a costa de la península, y algum 
sido colocados en varias cátedras del Reino, hallándose oti 
dicados á la enseñanza privada de tas Matemáticas, Nát 
Dibujo, que son recibidos con aceptación en todas partes 
circunstancia de haber estudiado en este Establecimii 
«Después de la fundación del Instituto se perfeccionaron 
blemente en la provincia la navegación y la construcción i 
la carpintería y la arquitectura civil, por influjo de la GeoT 
y del Dibujo, á que se dedican muchos artesanos. ¡Cuál bi 
sido el progreso de las artes, si el Instituto, bien dotado, !n 
proporcionado también el estudio de las Ciencias Físicas! ¡' 
tos jóvenes instruidos se habrían esparcido por España i 
diendo los conocimientos industriales, que tanta falla n< 
cen!» 

En los gloriosos anales del Instituto de Jovellanos hay 
bres ilustres de distinguidos alumnos: de D.Juan Arce I 
matemático y arabista; D. Timoteo Alvares Veriña, Inspectc 
neral de Minas; D. Juan Miguel de Inclán, académico di 
Fernando y Director de su Escuela; D. Evaristo Fernánde: 
Miguel, académico, historiador, ministro, capitán general 
Francisco Caveda y Nava, Director general de Agricultor 
dustria y Comercio; los Generales Alvargonzález, Sala y Ci 
tes; D. Acisclo Fernández Vallin, docto catedrático, acade 
escritor, Consejero de 1. P, y uno de los favorecedores mas 
lantesdel Instituto; los Cifuenlcs, Zarracina, Pola, Truha] 
rios Directores y Maestros beneméritos de la Casa ele. 

¿Y dónde y cuando surgirá en Asturias el verdadero i 
nuador de Jovellanos en dirección de la Enseñanza y en e 
puje de ansiada regeneración?.,,. 

Honremos, pues, al Instituto de Gijón, porque así se hoi 
se venera al inmortal Jovellanos, que en el solemne aclo 
apertura, exclamaba conmovido: *Y si en el entusiasmo d 
conocimiento algún tierno recuerdo despertase la memor 



-379- 

B débiles esfuerzos de mi celo, de este celo de vuestro bien, 
tue ahora me consume, entonces mis yertas cenizas, que no re- 
posarán lejos de vosotros, recibiendo el único premio que pue- 
de anhelar mí corazón, os predicaran todavía desde el sepulcro 
que estudiéis continuamente la naturaleza, que solo busquéis 
en ella las verdades útiles y que consagréis toda vuestra aplica- 
• ióo, toda vuestra sabiduría, todo vuestro celo, al bien de la pá- 
Iria y al consuelo del género humano». 



- 3 8i~ 



CAPÍTULO III 



Escuelas especiales (conclusión).— Real Escuela de Dibujo de Oviedo. -Don 
Juan N. Cónsul.— Desenvolvimiento de los estudios de Dibujo hasta la or- 
ganización de 1849.— Escuela provincial de Bellas Artes de Oviedo; su 
ampliación desde 1881.— Escuela de Artes é Industrias; organización, pro- 
vectos y presupuestos.— Consideraciones sobre estas enserian zas.— Escuela 
de * Artes y Oficios de Gijón; desarrollo y estudios. — Transformación 
en Escuela superior; estado actual.— Escuela de Comercio de Gijón; su 
moderno establecimiento y reforma.— Escuela de Veterinaria de León.— 
Noticias generales de esta Enseñanza. — Su establecimiento en el distrito 
universitario de Oviedo.— Organización de la Escuela; medios materiales de 
enseñanza; textos; matrícula; presupuesto.— Importancia y reforma de la ca- 
rrera. 



En capítulos anteriores (1) se hizo referencia al estableci- 
miento de la Escuela de Dibujo en Oviedo, después ampliada 
como Escuela elemental de Bellas Artes, base de la actual ove- 
tense de Artes é Industrias. 

La Junta general del Principado trató en 1775 de establecer 
en esta Capital una Academia de Dibujo y nada pudo ultimar 
entonces. La proyectó nuevamente en 1780 pensando destinar á ; 
tal objeto los recursos destinados á una cátedra de Historia en 
\a Universidad, consultando el caso, como siempre, con el Con- 
de de Campomanes; y, no lográndose la transferencia de aque- 
llos fondos, se dio encargo al Agente en Madrid y enseguida 
comisión especial al Sr. Conde de Peñalva. Interesaba á la Junta 
General en aquel pensamiento la Sociedad Económica y, á su 
vez, animaba á los Amigos del País el benemérito D. Juan Ne- 
pomuceno Cónsul y Requejo, persona de notorias prendas por 
educación é ilustración esmeradas, que fueron características 
en su familia. 



(i) Véanse páginas 96, 1x9 y 301. 



— 3»* — 

Entestado origen francés, del delfinado en I 
Italianas, que vino i España cuando Felipe \ »lecii 

los Cónsul en Asturias, acreditando en esta Ciu 
de nobleza para ser incluido en el patrón de !>■ 
reñido pleito con nuestra Justicia y Regimiento, Los 
fundaron mayorazgo é hicieron aquí aventajados 
curando educar á los hijos varones en Francia para ruejo 
jir industrias y cultivos cun que eontribuyeron al : 
vincial. , 

Vi/níeto del Cónsul primero avecindado entro noaotro 
D. Juan Nepomuceno Cónsul y Requcjo, natural de Ovio 
1717, que pasó su juventud en la nación originaria, ad 
conocimientos y práctica en Ciencias, Industrias y Bell 
con las que pudo ayudar al renacimí 
tercio del siglo xvnt. Era Regidor perpetuo v en 1705 fué 
noble de la Ciudad; a su casa concurrían los asturianos vb& 

torios á quienes auxiliaba g nsiruc ra trat 

agrícolas é industriales, facilitando á tod 
francesas, aquí tan de 

cío falleció en 1807 sucediéndole su hijo el oapttá 
D, Juan Cónsul Villar, nao de los héroes del dos de Mayo en 
drid al lado de Daoh y Velarle. En la 1 Económica 

D + Juan Nepomuceuo comisión importante en relm 
Junta de Comercio y minas del Reino; fue distinguido 
tad cordial por Carapomanes y joveiiai eultívab; 

esmero dibujo y pintura, se animó tambii i tribuir er 

aier término para establecer la deseada Vademia de Di 
En 1788 expuso & la Sociedad Económica: que con mirar 
lo a! bien de su patria v sin propone! de tal 

que la dulce satisfacción de comunicarlas luces qu 
dibujo, se hallaba decidido á dirijir esta enseñanza 
proporcionarle pieza suficiente, v; utensilios 

colocarlos diseños». Bien acogida pro m tan gei 

nombró una comisión para solicitar del Recio í ó 
aula ó local en la Universidad; pero no fueron m 
que se obtuvo en el Colegio de los 1T\ Jesuítas expol 
material más preciso, gracias al inolvidabl P i 

liaGonzález Pisador, ñ quien debe la provincia muchos y 



- 3»3 - 

eminentes servicios. La Sociedad patriótica designó ni mismo 
Sr. Cónsul Requejo, álos Sres. D. Juan Antonio Berbeo, D. Fran- 
cisco García Soh's y al secretario Conde de Peñalva para re- 
dactar los estatutos de régimen y gobierno de la nueva Acade- 
mia él la que entonces prestaron también ayuda y protección el 
Obispo auxiliar Llano Ponte, los Condes de Campomanes y de 
Toreno y D. Andrés G. Posada. 

Fué el Sr. Cónsul nombrado primer Director y Maestro, co- 
misionándole para encargar á París los modelos necesarios por 
valor de doscientas cincuenta libras tornesas y para procurarse 
otros aprovechando la estancia de un italiano en Oviedo. No es 
tá.cil describir con cuanto celo D. Juan Nepomuceno Cónsul so 
dedicó á enseñar el dibujo á 160 alumnos, alentando á los pri- 
iweros discípulos con premios trimestrales en metálico por los 
fondos de la Sociedad Económica, siempre generosa para el fo- 
mento de estas aulas artísticas. Así se tocaron los más excelen- 
tes resultados en los siete primeros cursos, coincidiendo con las 
análogas aulas y trabajos dispuestos en el Real Instituto Astu- 
riano por Jovellanos. Ya por entonces pudo estudiar, como pen- 
sionado en la Real Academia de San Fernando, el aventajado 
discípulo D. José Alonso del Rivero, aunque fué modestamente y 
por medio de una suscripción en que figuraban el Conde de Cam- 
. pomanes, el Obispo Pisador, el Regente de la Audiencia, el mis- 
mo Director de esta Escuela y otros individuos de la dicha Eco- 
nómica. Esta recompensó á Cónsul con el título de Socio de mé- 
rito en 1786, poniendo además á sus órdenes en calidad de 
Conserje á don Bernardo Soto, sujeto muy apreciado en esta 
capital y bien conocido por su gusto en las artes decorativas. 

Decayó el Establecimiento en 1792 por falta de recursos, te- 
niendo entonces lánguida vida con 40 alumnos de matrícula, no 
obstante los esfuerzos de su Director. Mas, por R. O. de 2 de 
Mayo de 1800, el Gobierno contribuyó á su consolidación con- 
cediendo en seguida 12.500 reales anuales del fondo de averías, 
y con esta dotación vivió algunos años en el local del suprimido 
Colegio de San Matías, donde ahora se encuentra, en la calle del 
Rosal. Carlos IV aprobó en 27 de Junio del año mencionado el 
«Reglamento de la Escuela», siendo de advertir que el Ministro 
Sr. Soler pidió reservadamente al Sr. Cónsul Requejo un infor- 



- 384- 

me especia) sobre dichos Estatutos, desde aqui remitidos; 
alendóle del Promotor en la parle técnica, de que se Jmbía I 
caso omiso por la Sociedad Económica de Amigos del Par 
lo que la Superioridad dio á nuestro artista expn 
en Real orden. 

En atención á los referidos antecedentes desde 1785, se 
así en el artículo primero de aquel Reglamento: *La Real £ 
dad Económica de Amigos del País tendrá la supcrintenrii 
de la Escuela, dejando al Director de ella D, Juan .V 
no Cónsul, las facultades que le ha conferido el Bey por 
orden de i de Mayo de este año, para que disponga con ari 
(i los fondos lo que tenga por conducente, así en la disíribii 
del edificio y obras precisas en 61 como en proporcionar 
utensilios necesarios al servicio de la Escuela y e 
método y forma de la enseñanza*. V se lee en el segundo: 
rector es en el .día D. Juan Nepomueeno Cónsul por una 
cía particular, que se ha servido concederle el Rey en aten 
á sus servicios, inteligencia y al desinterés, que ha manift 
do en el primer establecimiento de esta E&cucla, quedando 
voluntad de S, M. el dispensar esta confianza á quien fuere 
su Real agrado, en falla del referido E) Juan Nepomuc 
Cónsul, (i). 

Por público concurso en toda España se nombro cnloi 
Maestro á D, Francisco Alcántara Torrejón, de Jaén, y luvolt 
la solemne apertura de la enseñanza, en esta segunda épQCl 
i do Noviembre de 1802 con discursos del Vice-Direelor d 
Sociedad D, Francisco de Paula García del Busto y de D, Mal 
Mana Flúress, socio honorario y de mérito. 

El Sr. Cónsul siguió desempeñando con el mayor entus 
rao su cargo directivo, y el profesional en muchas ocasiones. 
Sociedad aumentó el presupuesto y la Escuela de Dibujo II 
al mas brillante estado en 1805 ¡ 1807 aniptiándose lásense! 
mascón nociones de Paisaje, Pintura, Escultura y Arquitecto 
Continuó además la rigurosa repartición de premios mensu; 
de diez, veinte y treinta reales á los alumnos sobresalientes, t 



( ti VéÉM el folíelo: 

•RtfUment* mandado observar en la Real Escuela de Dibujo de la Ciudad d 
Ul'kckla y dotada JWT S, M. cl Sr. IX Catlo* IV toue Dioi guarde) cd solicitud di la 
Sodcdj i <Je Amigo? del Pftb.— Año Je ML>i .'■ 






— 385 — 

cediéndose también anuaTnreifte *te«M 
de trescientos, quinientos y setecientos reales én . libros, estu- 
ches de matemáticas, y estampas de profesores célebres. En 1805 
había sufrido molesta crisis la Escuela de Dibujo por diferencias 
entre el Director Sr. Cónsul y el Maestro Sr. Alcántara, á causa 
de imponerse á éste la formación de estampas de Principios, no 
apreciadas por aquél como su autor deseaba; y porque además 
el jefe prefería las de París, aunque — justo es decirlo— ,sin 
desconocer nunca las buenas dotes del profesor andaluz. Así 
las cosas, el Sr. Cónsul presentó la dimisión de su. cargo, ente- 
rándose la Sociedad Económica en junta extraordinaria y remi- 
tiendo los antecedentes al Gobierno. Bien pronto se comunicó al 
Director de la Económica la R. Ó. de 17 de Mayo recordando 
\os muchos servicios de D. Juan Nepomuceno en la primera fun- 
dación de la Escuela, su desinterés y especial inteligencia en la 
enseñanza, circunstancias que el Rey había considerado para 
concederle la dirección: y por ello, convencido el Monarca de 
que los progresos de la Escuela de Dibujo de Oviedo dependían 
del celo y patriotismo de D.Juan Nepomuceno Cónsul aera su 
Real voluntad se le hiciese presente que sería de su agrado con- 
tinuase en el cargo de Director con la asistencia, que le permi- 
tiesen sus ocupaciones». Ante el soberano mandato continuó 
el Sr. Cónsul Requejo en el honorífico y gratuito destino, que le 
fué confirmado por otra R. O. de 17 de Julio de 1805, y en la so- 
lución honrosa para todos de este conflicto no tuvieron la menor 
parte el celoso Ministro Soler y los asturianos D. Felipe y don 
José Canga Arguelles, que siempre mostraron gran interés por 
la fundación y vida de la Escuela de Dibujo. Continuó desde en- 
tonces inalterable la amistad del Director con el excelente Maes- 
tro Sr. Alcántara, á quien se debe un notable retrato del Pro- 
motor de este Establecimiento, que la Sociedad Económica ha- 
bía acordado colocar en su Sala de sesiones, de donde fué qui- 
tado, y que de nuevo se puso allí por Real mandato (1). Bien 



(i) «Noticioso S. M. de que se ha sacado de la Escuela el retrato de D.Juan Cónsul ha ve- 
nido en mandar se prevenga á la Sociedad que en semejantes Establecimientos corresponde co- 
locar al frente del de los Reyes y en parage inferior el de los individuos que se distingan en 
(Beneficio de la Corona y del público; siendo por estas consideraciones digno de semejante dis- 
tinción Cónsul, cuyo retrato se colocará en el modo insinuado. — De Real orden, etc.— Aran- 
«juez 31 de Marzo de 1804. — Soler». 

El retrato que hoy posee la Escuela es una copia excelente del antiguo Profesor y Director 
D. Vicente Arviol. 



había merecido el entendido iniciador semejante dístinciúi 
su amor á la enseñanza y dirección suprema de estas aula 
rante los doce primeros años; por las reformas propuestas 
Sociedad Económica» que se ajustaba siempre á su dietíui 
premiaba á los alumnos que proponía; y por sus servicios c 
das clases, pues en diferentes ocasiones adelantó fondos y 
naje (1). 

Los acontecimientos de 1808 detuvieron los progresos < 
enseñanza artística, y la Sociedad Económica no pudo evií. 
suspensión de tal enseña nza cuando también se vio privar! 
los arbitrios indicados. Terminada la gloriosa guerra, nu 
dificultades con la persecución de distinguidos socios ímp 
ron la reapertura de la Escuela basta 1820, gracias entone* 
celo y desprendimiento de personas ilustradas; pero de ni 
volvió á ser cerrada cuando la reacción de 1823, y así con ti 
hasta 1832 en que se reanudaron tan útiles enseñanzas 
niéndose regia disposición para que la Sociedad Económica 
mára sobre sí el gobierno del Establecimiento con las atribu 
nes del Sr. Cónsul. Lns ejerció en no pocos anos por acue 
de la corporación el Dr. D. Alonso Canalla y Gutiérrez, que 
chó con muchos obstáculos y sostuvo las aulas en medio 
difíciles crisis por el escaso y poco puntual rendimiento de 
arbitrios sobre aguardiente y sal, que habían reemplazado á 
antiguos sobre averias; por la división y retraimiento de so< 
cuando la guerra civil y luchas políticas; y por la preferem 
muy discutida, á otras atenciones de la Sociedad; que todo c 
y más estorbó el desarrollo de la Escuela hasta 1839* Enton 
se acometieron importantes mejoras adquiriéndose buenas 
lecciones de dibujos, organizando formalmente la clase de! 
délo antiguo, adquiriendo otra colección de estatuas, cabe; 
bajorelieves, capiteles, repisas, adornos y estreñios en difereí 
pedidos á la Reíd Academia de Nobles Artes de San Femar 
y la Sociedad Económica asturiana (principalmente los mi 
bros de su Junta directiva D. Ramón Alvares Valdés, D> J 
de Posada Herrera, D. Benito Canella Meana, D. Manuel de I 



(i) Véase mi follct 

•Noticias biografían de P. Ju.xn JV« tamul y F!tpt?j#, promotor y primer Director ■ 
Escuela de Dibujo--. (Ov¡rdu r fmp, del Hospicio provincia], xMú t que escribí por encarga 
Academia de Bellas Artes de San Salvador» 



-387- 

do y Tovía, D. José González Alegre, D. Matías J. Cónsul etc.), 
dio nueva y definitiva vida á la Escuela de Dibujo. 

Entonces se publicó el R. D. de 31 de Octubre de 1849, que 
dio organización uniforme á los Establecimientos artísticos, y 
dispuso la creación en esta capital de una Academia de segunda 
clase de Bellas Artes, que lleva el nombre de San Salvador. La 
Escuela de Dibujo pasó en 1854 á la dependencia académica no 
sin resistencia por parte da la Sociedad Económica encariñada 
con "la institución por ella creada en el siglo xvm con su lo- 
cal, y los fondos que, sobre arbitrios provinciales, sostenían tan 
provechosa fundación. Insuficientes los recursos arbitrados 
para hacer frente á las nuevas atenciones, pronto conoció la 
Academia el poderoso obstáculo que había de impedir su plan- 
teamiento. El presupuesto de b provincia había de sufragar los 
gastos del personal y material de la Escuela, y su penuria y es- 
trecheces no podían conllevar el recargo que debían imponerle 
las obligaciones nuevamente decretadas. ínterin la Academia es- 
cogitaba un medio, que pudiera conducir á plantear con alguna 
estabilidad la Escuela, solicitó y obtuvo en 16 de Marzo de 1854 
autorización para que en ella continuasen dándose las enseñan- 
zas superiores de Dibujo, en atención á que constituían de muy 
antiguo parte de la que so daba bajo la inspección de la Socie- 
dad. Favorable era esta resolución, si bien insuficiente para dar 
impulso y remover los embarazos económicos referentes á lo- 
cal, persona}, y material del Establecimiento. Comenzó la ense- 
ñanza con muy exiguo presupuesto; aun así, dando brillantes re- 
sultados, siguió en su existencia precaria; y á consecuencia de 
la R. O. de 13 de Octubre de 1858 pasó á la dependencia del 
Rectorado. Continuaron los obstáculos, y si el Establecimiento 
no se ajustaba á las condiciones del decreto orgánico, se aproxi- 
mó á las que para obviar dificultades previnieron la R. 0. de 9 
de Mayo de 1856 y R. D. de 20 de Septiembre de 1858 en la en- 
señanza profesional de Pintura, Escultura y Grabado. Su celoso 
y entendido director D. Vicente Arbiol procuró con el mayor in- 
terés dar eficaz impulso á la Escuela de Etellas Artes é introdujo 
grandes mejoras sobre las ya realizadas con auxilio de la Socie- 
dad Económica de Amigos del País. 

El primer trabajo de la Academia provincial de Bellas Artes 



— aj- 
enando se hizo cargo Je la ovetense Escuela de Dibujo (1) I 
reforma del anticuo local acomodarla u las enseñanzas el 
diferentes alases Je dibujo Je Figura, de Adorno, Lin* 
peetiva y Cátedras superiores, disponiendo el n 
recinto de la mejor manera, sustituyendo en 1860 el p6 
alumbrado da velas Je sebo por el de gas v enriquecías 
sivamente el material necesario para tas diferentes w 
Algunos discípulos aprovechados lucieron, suplamos e^f i ia 
hasta en escultura, como f>. fiunmn Fresno, tallando una i 
Iúm de San José, y otros que emularon á los antiguos altiu 
sobresalientes en la época de la Sociedad Eo i c\ 

el malogrado dibujante D> Eduardo Puei 
primores de su lápiz en Madrid y «*u <l extranjero por bellos 
bajos perdidos ü olvidados y el famoso escultor D. José I 
cuyas celebradas ofetoía estatuarías, Je gusto clásico, son oí 
mentó de plazas y edificios en Madrid v Asturias [2i. 

En 1866 se ofreció un reglamento para es 
MUÍ Especiales, que no llegó á publicarse y, un arlo d< 
las Academias pasaron á Cuerpos inspectores ó oonsalioi 
adjudicándose la jefatura al Director, Bien pronto se sintió 
académica \\ falta de vo é intervención dir 

la, laoguidecíú Ja Escuela ovetense, que en 1868 paso á dep< 
der del Rectorado del distrito; en 1870 fué agregada al ti 
provincial; (ornando otra vez á la primitiva dependencia 
mica por H, l> de 27 de Marzo de t H7 1 con sujeeeión al 
mentó nrnai IS-íií, Por entonces se habían limitado 1 

enseñanzas ü Las primitivas Menores, y así continuaron 
ludios artísticos Je Oviedo con muy reducido personal hasta q 



(i) Eitc y ]ft* sjf UiÉtitéf tmbaJM con>lan tu d inirrc^antc MlelOi 

publica ipie celebra '.. Salvadm 

Ovitd-. pan -. premios < i'iccidos a h 

liritl. Regadera y C . ' [8sf]> 4 < 

i mí- UDibién una interesante ir «-tru hUic-rio 
ñi>r Atvi..l y un DUcuri ¿*] Liiiúga y de I 

. ranos de Matemática* *K I ImtU .-! nim-nin^ 

EscucUi Allí -<■ r> 
I, Secretaria de ti ' i iver»idad ILmí. del campo dt San Fronda 

i -n Fernández y alumno* de icgtmd» afín d< 
¡i, I'jiM.. :u ' ■ a ilcl jíttúi: 

Ü I L>.r'J4« di iu 'ifl Kicen, D Bni-ili'j Vií\l t D. Üirri CílfTlíki, 

I gOta ■: \i ¡ l-> direcciñ» d> ¡-(..r- - J '.n... i U ■ :. - 

y catedrático* ,. 
PoiieriorniCfite bajo la dirección de D. Jesé M," I Ktriiuruhz bultreí! < 
corle* de lo» «Jificiüi de- b Eructa (aMci de =u actual t>ídad * liuti 

to y practicas de c;uitpo. 



- 3*9 - 

se dictó el R. D. de 13 de Febrero de 1880 con objeto de pro- 
veer por oposición ó concurso las cátedras y ayudantías va- 
cantes. 

El personal de la primera Academia había mermado por de- 
funciones y traslaciones y, completado poco antes de 1881, co- 
menzó en este año la reforma y ampliación de la Escuela de 
Oviedo. Reducida á la sazón á los Estudios menores (Aritmética 
y Geometría del dibujante, Dibujos de Figura, Lineal, de Adorno, 
e\ aplicado á las Artes y Fabricación, Modelado y Vaciado) la 
Academia fué sucesivamente estableciendo otros Estudios de 
los Vlamados Superiores en el Decreto fundamental de 1849 
como Dibujo del Antiguo y del Natural, Pintura, Grabado (esta 
clase desde 1882 hasta 1892 en que fué suprimida por la escasa 
matricula) é igualmente los de Perspectiva, Ampliación del Di- 
bujo lineal, Dibujo topográfico, otra clase especial de Pintura 
^para mujeres) y las diferentes de Música de que se hablará 
oportunamente. La Diputación provincial atendió con largueza 
á las innovaciones; con un importante fondo, procedente de los 
sueldos del Secretario D. Francisco Bernaldo de Qairós y Peón, 
que cedía su haber anual á la Academia, sufrió el Estableci- 
miento una conveniente ampliación de sus dependencias, cons- 
truyéndose varias clases en la parte interior del edificio; con 
ayuda del Ayuntamiento de Oviedo se dio á é3te una transfor- 
mación más amplia con sggundo piso, nueva escalera y espacio- 
sas ventanas, de que carecía, para luz y ventilación; y otros cam- 
bios radicales sufrió la antigua fundación del Sr. Cónsul, co- 
brando vigorosa vida, aumentando su matrícula (1), celebrándo- 
se solemnes actos de premios y oposiciones (porque la Academia, 
de acuerdo con la Diputación provincial, organizó el envío de 
Pensionados Artistas á Madrid y al Extranjero). Aumentó el per- 
sonal docente y su dotación; creó un Museo; y, muy particular- 
mente para las clases de Dibujo de figura y Superior lineal, 
realizó un profundo cambio metodológico en la enseñanza pro- 
curando que se estudiase y copiase por modelos de yeso ú obje- 
tos naturales y nunca, ó las menos veces posibles, por el siste- 
ma rutinario de estampas, que constituye una traba ó amanera- 



(i) Véase Apéndice XIII. 



- &" - 

miento de l&s facultades indi viduales (1), Loa pi 
rarins D, Ramón Romea y D José María I. F< 

<jíi celo y afán en este cambio prov la Ac 

mía, <lr que formaban parto, trabajaron 
sus compañeros Sres. líallina, (¡< 
Agüera, Salmean, González MorHJ, B.) Dia 
Poto, i Hernán. Vereterra Estrada (L.) y el autor de este li i 

Y alcanzando y laa Escuelas d< 
y variable tag ¡elación il«' Insl u pública R. L 

tí do Julio de 1892 suprimiendo 

en teles establecí míenlos que sin 

do, pasaron á dependencia «Ir i el fie 

ato de Segunda Enseñanza de 1859, aunq 
y las denominaciones para li 

¡) él artículo 87 de dicho Reglamento oí \ 
La Academia *1<- Oviedo había acudido al Ministerio d< 
en I de Junio 4 i on una Memoria imp 

los Centros análogos de Esp 
del ramo con los cambios ya necesi 
1849; m(m po resultando con éxito alguno, antes al contrarío* I 
hiéndese dictado rl lí. D. de H de Julio do 1892, elevó en 15 
Enero de 1893 otra M amorfo, igualmente impresa y dreulac 
ha* iend ti^as observaciones -i la modificación 

eión nuevas de la Escuela por la que se había d 
yo cuadro d ñauza había ampliado (3), La Superi 

mantuvo su Decreto; quedo la Academia ron los otroí 
libres que 1j; a lo; después se fueron reduciend 

ten acto al mente los de Música. 



Uí I'. 

*Re¿h y Ekmeoii-. I 

Igunlroemc >c nú* cticaí 

imp dd II- | 

■ i->j, y I., ■ omprensjva tí* cusir* 

■ D. 1-iii^ 'I'" \Vr<:Uir.i y fc-tr ■ 
Ssjitmii ii I 

¿ b i 

pu dd iEi r U. Ji 

\. r¡. ¡ 

(3) T 
■ i:s de ttgfl y 1893 dirijíd ntu. 



— 39i- 

Prosiguieron las Menores de Dibujo, bajo dependencia del 
Rectorado durante varios años, hasta que, cambiando la índole 
y finalidad de la enseñanza, por R. D, de 4 de Enero de 1900 
n otro espíritu práctico y útil se organizaron con la denomina- 
ción de Escuelas dé Artes é Industrias con un solo regla* 
: tiento la Escuela Central de Artes y Oficios, las de Artes y Ofi- 
cios de Distrito y las Escuelas provinciales de Bellas Artes, dic- 
tándose para la adaptación y nombre de nuevas cátedras y su 
diferente dirección las RH. 00. de 1,° y 26 de Abril, 17 de Ju- 
lio, 14? de Septiembre y 17 de Octubre del mismo año, bajo cu- 
yas disposiciones cambiaron el carácter y condiciones de la an- 
tigua Escuela de Dibujo y Bellas Artes de Oviedo. Es de advertir 
también que, por R. D. de 17 de Agosto de 1901, al modificar 
los Institutos de Segunda Enseñanza en Generales y Técnicos, 
se reorganizaron también (arts, 65 á 70) los Estudios elementa- 
les de Bellas Arles con Jas Enseñanzas necesarias para el ejer- 
cicio de las industrias artísticas y preparación para el ingreso en 
las Escuelas Superiores de Bellas Artes. No fué más que inicial 
esta ultima disposición porque, como de costumbre, faltaron 
medios materiales y económicos para su desenvolvimiento, su- 
primiéndose en R. D, de 1,° de Septiembre de 1903, con la con- 
tinuación de las cátedras de Dibujo elemental en ios Institu- 
tos (l); y, por lo que toca á la Escuela ovetense de Industrias y 
Bellas Artes, asi llamada en el R, D. de 27 de Junio de 1902, si- 
gue muy necesitada de personal y material y principalmente de 
edificio capaz si la reforma, dispuesta principalmente en favor 
de la clase obrera, ha de dar los resultados apetecidos (2). A 
este fin, siendo Director el Sr, Fernández, presentó al Rectorado 
un plan de muy convenientes modificaciones, y suyo viene sien- 
do el pensamiento de enajenar (de acuerdo con la Diputación 
provincial, Academia de Bellas Arles y Sociedad Económica de 
Amigos del País) el actual edificio de la Escuela ovetense de 



fjV V¿asc el interesante c<¡ ludio: 
PUtn it*t*grat de la Emcñanza del Dibujo con aplicación 4 todo* Ich grados de Li instruc- 
ción oaciouaJ por Alejandro Guichot y Sierra. (Sevilla, 19^3 1>. 

Eáte e*i n4io ha sido premiado en el certamen del Ateneo de Sevilla- 

El presupuesto del material es. reducido v el autillo ó subvención del Estado no *e repitió 
de*d* la de a. ora pesetas concedida* por el rtbtnisttu de Fomento IX Alejandro Pidal y Món. 

{*) Acta de ta Junta de Frofirv&r** de la Ka cuela de Industria y Bella* Artes de Oviedo At 
t¿ de Junio de ioot. 

26 



— 39* — 

Arles é Industrias con el contiguo de dichas Corpor 
construir con su precio y subvenciones del Estado, Dipc 
Ayuntamiento otro amplio edificio para todas la ñnn 

Corporaciones artéticas con sus Museos, 

El Cuadro actual de las materias arii^tico induítrialí 
Oviedo» á cargo de los Profesores nunierark tantea i 

petidores, es el siguiente: «Sección Léi árilmitú 

tria y Dibujo Geométrico, v no se ha establecido lac 
sica y Química; «Sección artística < Dibujo artístico, Dibu;o 
cado á las artes y Modelado y Vaciado. 

La Diputación provincial sufragaba en un principio Iodos 
gastos de la Escuela de Dibajo y de Bellas Arles, satis i 
7 '.101,50 pesetas en el presupuesto de 1880 1881, y ascei 
el año económico de 1886-86, cuando las ultimas reforma 
Academia á 16.521,53 pesetas; pero en la actualidad, * < 
estaba prevenido por el Decreto orgánico de 1*1'». contribi 
también por mitad al presupuesto el Ayuntamiento de ' 
siendo el presente como sigue: 16.809, 00 péselas por p< 
y 3 h ó00 para material. 

Por la índole del presente libn\ más directamente dirigido 
desarro I . no de la Instrucción Pública en el Distrito univ 

sitario, no se hacen aquí algunas observaciones relativas 
enseñanza en Oviedo, problema y cuestiones llamadas u ca 
bio y reforma radicales como otros ramos de la enseñanza f 
pular. Además, con este lema y la innovación de 1900 
relación íntima las siguientes noticias históricas y notas á la k 
denominada Escuela Superior de Artesa Indu&tri 
Gijón. 

La enseñanza popular y especial de Artes y i lucios Bfl 
ayer en Kspaña y, corno ya escribí en otro estadio (1), la silu 
ción crítica de las clases obreras, digna de preocupación £enpr 
y atención solicita, reclama y exige previsoras medidas 
principalmente para su cultura. 

No puede seguir en esln punto el abandono antiguo y, a 
como por vaiiu- caminos han mejorado otras clases social* 



(t\ Véase mi di-. 

— 'Rfsfña Histórica de la Sociedad Eowámica tic An País de Aslun 

imp de E. Uria; l88ó) + 



— 393- 
*e progresar el trabajador y favorecerse su desenvolvimiento 
en consonancia con los días que alcanzamos. No es su suerte 
actual seguramente la vida de otras épocas; no poco se anduvo 
desde cercanos años. La subsistencia material, el alimento, el 
vestido, la morada y hasta su cultura relativa, lleva gran venta- 
ja, salvo determinadas excepciones y crisis angustiosas, al modo 
de sor del obrero antiguo; pero ¡cuánto queda por hacer! 

Las causas de semejante estado son muchas y complejas; 
más la principal estriba en falta de instrucción y, por tanto, de 
moralidad, consecuencia de una educación viciada é incompleta 
y de una enseñanza negativa ó deficiente. Marchen unidos, 
como debe ser, los elementos educativo é instructivo y todo 
cambiará. Los pueblos alcanzan prosperidad y grandeza cuando 
son cultos, condición que tos Irasforma en trabajadores y mora- 
les; porque la ignorancia, los vicios y la miseria se ahogan con 
el estudio y el trabajo, que traen por consecuencia inseparable 
la salud, la energía, la inteligencia, el bienestar, la previsión, el 
ahorro, la asociación: prendas y medios de verdadero mejora- 
miento en la tierra. Labor omnia n'ncit. Pero la instrucción 
de la clase obrera, después de comenzada en la escuela de pri- 
meras letras, —sobre cuya organización mucho podrá decirse — 
debe completarse en las Escuelas de Artes y Oficios, que son 
como las Universidades del porvenir. Todos los pueblos se vie- 
nen afanando en su planteamiento para unir el arte á la indus- 
tria y el estudio al trabajo. 

En Inglaterra, con especialidad desde la Exposición de 1851, 
está completamente sistematizada la enseñanza técnica de las 
artes y oficios, dependiendo del Gabinete de Ciencias y Artes, 
sección importantísima del departamento de Instrucción pública. 
Otra institución de gran prestigio y alcance, el Instituto de Lon- 
dres, anda en esle punto compitiendo con el Estado. Las prin- 
cipales capitales tienen grandes centros ó museos instructivos 
y por lodo el reino se multiplican las escuelas nocturnas con li- 
bertad para determinar la naturaleza de sus clases, según las 
industrias locales. El Parlamento concede presupuesto crecido 
á estas atenciones y, para mantener vivo el estímulo de alumnos 
y maestros, las subvenciones son variadas y las escuelas reci- 
ben una, dos, tres y cuatro libras esterlinas por cada alumno 



-394- 

aprovecliado que, en riguroso examen y con programa red 
do por el Gabinete de Ciencia- v Aries, pasa y asciende st 
vamente en las cuatro secciones en que esli dividida 
enseñanza popular. Los dato?; estadísticos relativos ai núi 
de escuelas, alumnos, auxüios, etc., no pueden ser más li*i 
ros. Y en Alemania, Bélgica, Francia y otras varias □ 
sucede lo misino, aunque con distinta organización, si< 
tablecímicnlos modelos los de Lieja, Mullmiisií, I -yon, el* 
no solamente se facilita á los obreros la Instrucción para sv 
ció particular en el taller y en la fábrica, sitió que, aspiran 
mayor progreso y ampliación artística, se acometen 
especíales facilitando el estudio histórico, comparativo 
de los productos de las mejores épocas con clases a€Í la 
mu artes industriales, siendo notables los de k< 

Viena, Utiremberg, Lraoges, Huma, Venecia, etc , para re 
las antiguas tradiciones, el buen gu^to y los primores de ra< 
Harto, porcelanas» metales preciosos, vidrios de ci 
tejidos, lapices, encajes, bronces, etc ., el 

A su ejemplo, se ha intentad parecido en España p 

tapices, cerámica, reproducciones é industrias ai 
ciónos convenientes en alio grado; pero más todavía si 
hiera precedido una verdadera organización nacional de la i 
señanza técnica y manual de la clase obrera, En este punto 
lia bocho muy poco por el Estado andan -amenté 

camino emprendido en el reinado del gran i 
leyes que condenaron y borraron ej desprestigio antiguo de I 
oficios, ensalzando todo trabajo honrado con aquella pul 
xima, que Fioridablanca puso en labios del 
más oficio vil que el do vago!» 

La iniciativa de las cátedras príiclicus para obreros v luí-: 
dores, creación de talleres, repartición de máquinas j pi 
ción de cartillas partió de las bsnemeritas Sociedi \on6n 

cas de Amigos del País, y es bien sabido cuanto hizo la Corp 
ración patriótica de Asturias. En este movimiento general áf 
vor del obrero y en su dirección señálase la figura del Conde c 
Campomanes para abolir las viejas enseñanzas ó, mejor dicto 
el penoso aprendizaje de los antiguos gremios é imitación se 
vil a los maestros, condenados y llevados portan insigne asturí 



- 395 — 

no á mejor dirección por la influencia de sus memorables escri- 
tos y numerosos informes (1), 

De 1786 es la Real Cédula encargando a los Intendentes, 
Corregidores y Justicias la creación de escuelas de hilaza de la- 
na para adelantar sus fábricas y tejidos; pero estas y otras fun- 
liciones perecieron cuando la guerra de la Independencia, y hay 
<¡ue llegar a 182i, registrándose entonces la creación del * Con- 
servatorio de Artes -i en Madrid, que consistía en un depósito de 
máquinas é instrumentos artísticos y de un taller de construc- 
ciones, á fin de promover la mejora y adelantamiento de las ope- 
raciones industriales, á cuyo objeto también se mandaron pen- 
sionados al extranjero, En 1832 se dio un plan de Estudios de 
industria para la corte y provincias, dividiendo las enseñanzas 
w tres grados, y enseguida abrió la Sociedad Económica de 
Oviedo tas mencionadas cátedras de Aplicación (2); en 1850 se 
plantearon escuelas industriales, divididas en «elementales, de 
ampliación y superiores», obteniéndose con la primera certifica- 
dos *de aptitud para las profesiones Industriales* y de «Maestros 
de artes y oficiosa En 1855 se cambió la organización mencio- 
nada, creándose en (jijón por el Sr. Caveda la Escuela industrial, 
c[ue desapareció cuando la ley de 1857, quedando después allí los 
estudios de Peritos mecánicos y químicos en los llamados de 
Aplicación; únicas materias especiales que van quedando al Ins- 
tituto de Jovellanos, En 18(19, finalmente, se aumentaron cáte- 
dras páralos artesanos en el antiguo Conservatorio de Madrid,— 
donde había tenido su cargo el ya mencionado sabio asturiano 
D. Antonio Gutiérrez;— más todaslas reformas oficiales hasta aquí 
apuntadas no comprendieron la verdudera organización general 
de la enseñanza obrera. 

En este punto es honra de los Ministros de Fomento D, Ma- 
nuel Ruiz Zorrilla, en 1S71, y del Conde de Toreno, en 1876, la 
publicación de dos decretos importantísimos. L J or el primero se 
fundó en el Conservatorio la ^Escuela de Artes y Oficios* para 
vulgarizar la ciencia, y sus aplicaciones, dar ia instrucción «con- 

iri Éntrelo 4 mucha* [rab^joü del sabio magistrado, merecen citarse nqtij lo* dfÜfentQK 
-OíiCüiHi »"brt el Fumen le* de I ti Induciría popular?; - Educación del írw^nwy s» fnmcit- 
lo-; - Apéndice ni trabajo anterior' ; - R cíio£J miento y aplicación de vacante* y m*\ cntitrení 
doi-, * Aviso* aJ BtacJtro de escribir*; = K¿la bleci miento de Kíciiibi* patriótica « de hiladas Ae 
miil.ul de Li* irei cLi*c* incia:ca de Agricultura, Industria y Oficios =-: ■ Plaiic& de aludios de 
Universidades»;; ele, 

(tj) Véase p*g* 1B3. 



— ad- 
veniente al simple artesano, formar operarios entendí' 

tros de taller, contramaestres de fábrica, maquina 
ees y T en suma, propagar los conocimientos indfspení 
para el fomento de la industria de nuestro país»; y 
gando se crearon allí siete secciones para dar la ínslni 
hasta cuatro mil alumnos, prometiendo auxiliar fundac 
análogas en provincias, y conceder premios, que estimula! 
aplicación y laboriosidad de nuestros artesanos. En el p 
decreto se expone con precisión, espíritu práctico y h 
tal pensamiento la manera de ser de estas cátedras para la: 
ses trabajadoras; y en el segundo se inicia el cmnplimienfl 
la idea para lograr oel equilibrio que debe existir entro la 
trucción de las clases acomodadas y la de las que no lo 
concediendo al trabajo un apoyo semejante al que nbtienei 
profiriónos liberales»». Y decía el Ministro de 1876: «en el r 
de Instrucción pública no hay cuestión que presente lanío, 
res de actualidad ni de tanta importancia para el país, comí 
que se refiere ú la enseñanza de las clases trabajador 
sentadas por seis millones de españoles, 6 las cuales i 
rio proporcionar instrucción y cultura para que < n 
sus propí usos no se abandonen A las rutinas de su ofi 

y puedan emplear con fruto su iniciativa persona] y ater 
con desabogo á sus necesidades y las de su familia; v fomei 
la industria nacional, produciendo en delern condi 

nes genios como los que han impreso carácter ti la civiliza* 
material de nuestro siglo, muchos de los cuales no han í 
hombres de ciencia y de teorías adquiridas en las au 
hombres de tino práctico y esperimentul, que se han forra: 
respirando la atmosfera de los talleres y de las fábricas», 

Pueden considerarse como base y cimiento de las nue 
aulas populares pjonesas las enseñanzas nocturnas de Dife 
para artesanos, planteadas y sostenidas cu la antigu 
Especial, ¿que hace referencia el Director Sr. Rendí 
Su establecimiento y organización modernos datan del H + D 
5 de Noviembre de 1H86, preparado por el ministro Sr. Muñí 
Ríos y suscrito por el sucesor Sr Navarro Rodrigo, creandi 
Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid y otras 

(0 'Memoria iU ti Ibcfletl Bspecfe] dcGíjdu de 185., 






— 397 — 
cuelas de Distrito, siendo una la de Gijón. Fué esta inaugurada 
en 1888 después de procurados edificio provisional en la casa 
número 13 de la calle del Instituto, el material más preciso, 
los talleres necesarios y cuanto fué- conveniente para las clases 
orales, gráficas, plásticas y prácticas nocturnas, para las prácti- 
cas y las especiales de la mujer de día; y todo organizado por el 
Delegado regio y primer Director D. Justo del Castillo. El cuadro 
de enseñanzas comprendía las asignaturas de Aritmética, Geo- 
metría y Principios del Arte de .construcción, nociones de Físi- 
ca, Química y Mecánica, Dibujo geométrico industrial con ins- 
trumentos y á mano alzada, Dibujo de adorno y figura con apli- 
caciones de colorido á la ornamentación, Modelado y Vaciado; 
los talleres dispuestos fueron de carpintería, cantería, cerraje- 
ría, relojería, bisutería, de azabache, hueso y marfil con su 
montaje, teniendo como complemento clase de Instrucción Pri- 
maria y de Dibujo lineal y de adorno; y para la Enseñanza de 
la Mujer se dispusieron igualmente talleres de costura, corte de 
vestidos y ropa blanca, bordado, confección de flores artificia- 
les y otras clases complementarias con nociones de Matemáti- 
cas, Escritura y Dibiíjo. Se crearon además las cátedras de Mú- 
sica vocal é instrumental, como base de un Conservatorio de 
Música, que creó la corporación municipal y protejió el Conse- 
jero Sr. Fernández Vallin. El Instituto de Jovellanos facilitó en 
los comienzos el material de Física, Química y Mecánica; varios 
particulares hicieron importantes donativos, como los Sres. Pola, 
Cifuentes Pola y Compañía, otros industriales, el Conde de Re- 
villagijedo, etc; y muy particularmente el dicho Sr. D. Acisclo 
Fernández Vallin y Bustillo, que incesantemente hasta su llora- 
da muerte en 1896 fué un protector celoso y espléndido de la 
Institución obrera, cuya primera matrícula de 200 alumnos se 
cubrió en cuarenta y ocho horas, dato que indica por sí solo la 
necesidad y utilidad de la Escuela de Artes y Oficios. 

Marchó el Establecimiento en progresión creciente en los 
cursos sucesivos. No pudo ser mayor el celo de los profesores 
numerarios, que fueron llegando á las respectivas enseñanzas, y 
el de los maestros y ayudantes poco retribuidos, puestos al frente 
de los talleres; el material fué creciendo de día en día con los 
recursos del Estado y el apoyo moral y económico del ayunta- 



— 398 — 
miento de Gijón, (en todas ocasiones propicio y g 
nes de instrucción) que favoreció i la Escuela con úl ah 
del local, con subvenciones repetidas, con la cesión del ma 
de las clases nocturnas del Instituto y otros dispendios, i 
la Diputación provincial acordó en mis presupuestos olríi 
vención. De esta suerte aumentaron los medios pedagógico* 
Museo, tan principales en estas Escuelas» lográndosela nece 
en calidad y número cual indican los inventarios, para la nn 
ta vida de la enseñanza española, diciéndose en este punt< 
el Sr, Marín: «la Escuela no es pobre porque es laboi 
hace algunas de las herramientas y sus composturas; enriq 
los gabinetes con trabajos de alumnos; y asi, (orlo en ella 
rodeado de aquel valor de afección que no tiene los obj. 
comercio». La numerosa concurrencia fué atentada en aplica 
y aprovechamiento con premios, la pensión reglamentaria de 
pesetas, y otras recompensas, siendo muy repetidas las del 
ñor Fernández Vallin, y con su nombre se creó en t H9 1 un ¡ 
mió anual de 125 pesetas dispuesto por la colonia gijonesfl d< 
Habana, que al efecto donó 600 duros invenidos en D$n 
pótua del cuatro por ciento, depositada en el Banco de I 
Excusado es decir que estos auxilios, humildes 
con los que se otorgan en el extranjero, redundan en pr 
de alumnos pobres porque en la matricula son muchos 
critos canteros, albañíles, carpinteros, ebanistas, Lapiceros, ¿ 
tores, doradores, herreros, cerrajeros, caldereros, forja 
ajustadores, torneros, moldeadores, fundidores, 
tógraf os, cajistas, plateros, relojeros, alfareros, fogoneros, n 
quinistas, etc., ele. Las Enseñanzas de la Mujer cesaron 
curso de 1894-95 por muerte del Sr. Fernández Vallin. su or 
dor y principal sostenedor; y fueron de deplorar asi la perdí 
del protector amante como la penuria siempre repetida | 
Instrucción pública en nuestra España resintiéndose toda la ! 
cuela por aquel triste acontecimiento y porque el Estado» la 
putaeión y el Municipio mermaron por entonces las subvenc 
nes que respectivamente hacían al centro docente gijoode i 
las mismas razones hubo que suprimir los talleres do Cante 
y Relojería, quedando reducida lu enseñanza de aprendí' 
Gerrajena, Carpintería, Complemento de la Instrucción prima 






" 



— 399- 
y Música vocal. En el presupuesto de 1839 á 1890 se desarrolló 
la Escuela con los siguientes ingresos del Kstado: 4.000 pesetas; 
del mismo para ampliación de Enseñanzas, 3.000; del mismo 
para gastos de oficina i .000; subvención de la Diputación pro- 
vincial de Oviedo 2.000; del Ayuntamiento de Gijón, 4.000; del 
mismo para el Conservatorio musical, 250; del Sr. Fernández 
Vallin, 500; total 14.750. En el presupuesto de 1900 á 1901: del 
Estado 3.500 péselas; del mismo para oficinas, 950; de Ja Dipu* 
tacíón 1.260; del Ayuntamiento kUOO; total 9,700 pesetas. En 
1902 cesó la subvención provincial de LO00 pesetas y no se ce- 
rraron los talleres porque el Municipio gijonés agregó la misma 
cantidad á su acostumbrado auxilio. No se contó vn el comien- 
zo con estas y otras mermas de recursos y todo hacía presa- 
giar próspera vida y satisfactorios resultados en la instrucción 
de alumnos oficiales y libres, de aprendices y de mujeres en 
tuvo adelanto se desvelaba el técnico magisterio, competente y 
entusiasta^ á cuyo personal dedicó en 1888 una notable confe- 
rencia el Sr. D. Félix Márquez patentizando las excelencias del 
método de enseñanza de Mr. Lagout con los principios funda- 
mentales de la Taqu i tecnia. 

En 1892 se trasladó Ja Escuela al segundo piso del reforma- 
do y ampliado Instituto de Jovellanos, distribuyéndose sus de- 
partamentos en Museo y Sala de espera, clases de Física, Quí- 
mica y Mecánica, Matemáticas, Dibujos de adorno y figura, Mo- 
delado y Vaciado, Laboratorio, Biblioteca y Secretaría, así como 
al S. de la huerta se establecieron la Escuela de aprendices y 
los talleres de carpintería, de fragua y de ajuste. Tal adaptación 
de este especial Centro de Artes y Oficios en un edificio dispues- 
to con otros propósitos educativos, deja mucho que desear* Las 
aulas son pequeñas, pues la mayor, que e* la de Dibujo, no sirve 
más que para 80 plazas y se usa para más de 90 cuando seiía 
uteasario colocar 200 alumnos; la altura de los techos es poca, 
no produciendo el cubo de aire necesario, notándose una zona 
de atmósfera muy viciada; las ventanas son bajas y asi no tie- 
nen luz suficiente varias satas; y T en fin, aparte de oíros defec- 
tos subsanados en parte, tal Establecimiento, que ocupa un piso 
ático con la escalera común del Instituto, carece de indepen- 
dencia y se halla también en condiciones impropias para el buen 
orden y disciplina académicos. 



— 4oo — 

En 13 de Agosto de 1894 se dictaron disposición*?- 
res relativas ala enseñanza técnica-industrial y artíflüc 
trtal con ei fin de formar obreros mecánicos, electricistas 
tilicos expertos para las diferentes industrias; en -i > á( 
de 1896 se reorganizaron los estudios de las Escuel; 
y Oficios en el sentido de mantener su enseñanza general 
restablece r las profesionales de maquinistas, peritos mecám 
electricistas y arlístico-industriales, y de crear las de aparej; 
res; en 15 de Febrero de 1896 se organizaron más tal 
dios con su profesorado; y en 1897 se dictaron díspo- 
que, sin contrariar las de) orgánico de 1895, antes bien 
pli.i minkis, establecieron mas fijamente la manera corno se de 
prestar las enseñanzas generales en su dobh ter ¡>rapi 

de preparación para las técnico-industriales y artístico iad 
les, marcando las relaciones recíprocas entre un;: 

Pastos KM. I)D, fueron como anuncio de la indicada refor 
de i de Enero de 1900, por cuya virtud la Escuela de 
Oficios de Gijóa cajnbió de denominación y basta de finaltd 
al pasar á Escuela de Artes é Industrial 
de las Bellas Artes de Oviedo) y, enseguida por el R D 
de Agosto de 1001, que reformó y amplió la Segunda En 
ga, á Escuela Superior fie industrias confirmada 
carácter por el K. D. de 21 de Junio de 1908 perdiendo 
anterior, elemental y mas accesible (1). 

En la refornia.de 1901 se decía: *Con la 
cuelas elementales y superiores de Industrias trátase de k 
mar prácticos y peritos bien instruidos en todos k>s pormenor 
de la técnica industrial y avezados á las prácticas del talle 
Así podrán ir siendo sustituidos los técnicos extranjeri 
técnicos españoles. Entre el hombre de ciencia que h;i de 

[tí Para pías Batida i y detalle* de r*lc iulercraute E*rabtccifniei 

— »AV A Oficios tic I 

don general de I. P. en 19 de Abril <k 188K» Cijón, iBflS:* 

de Arte* y OíícÍl-h de Gir 
fGgon, t884*. Contiene el acia y di* ' l>, Jmto ■' 

Sr. Alcaide D Alejandrcp Al^rgonzák/. También comprende lo* daioi de muí 
de ifiSr-Kfi 

—Mt marta t 

De I¡f7 curtos de iSBf-BS; — y iflflS í ■ retarlo D. Jcu» MentW 

Uc lo* cunos de ttUg^o; :iSg >, gi , - 1841 i)7— y 1893-93 por el S 
Btrmudcz del Río, 

Dtlcui por d Secretario D Marinin Marín. 

lie \m OUrffl ^'¿5'^; -M89607;" 1897-98; j ,,1-90";=^ >. 

el Becr cario I ■ H i«* 11 ■ Herí 

Las sein páfaefu Memoria»! comicnen lo- Di&tursm del Dekgatlu rq¡¡o I*. J» 
tillo cuii ngüciuii y atinad** cooaider «dones wljre U Escuela y enierta ojea o] 



— 4*'i — 

l larga, costosa y dificilísima carrera, y el obrero, cuya cs- 
n instrucción no le permite otra cosa que el desempeño de 
¡ mecánicas tareas, exia tiró el técnico, que en las múltiples 
¡paciones á que el desarrollo de la industria moderna le 
ndc\ encontrará empleo adecuado á su actividad y satisfac- 
n decorosa á las necesidades de su vida». A este fin res- 
rulen, pues, estos Centros, y tal es el principal objeto de so 
nación Las enseñanzas comprenden tres cursos o años. 

De «Mecánicos», L° Algebra superior y Geometría analíli- 
, Contabilidad de talleres, Inglés 6 Alemán (1/ ' curso), Dibu- 
de máquinas (l. nf curso) y Prácticas de taller; 2° Geometría 
iseripiiva, Mecánica general y aplicada, Física industrial (l/ :r 
uso), toglés ó Alemán (2.° curso), Dibujo de máquinas (2.° cur- 
)), Practicas de taller; y 3,° Maquinas térmicas. Física indus- 
1 ° curso), Motores hidráulicos, de gas y de airecomprimi- 
ién de maquinas, Prácticas de taller y conocímieu 
j empírico de combustibles y materias engrasantes. 

De ,« Electricista»: 1° Algebra superior y Geometría analítica, 
^isica iftdüstrial (l.* p cur3o}, Inglés Ó Alemán (h' ,r curso), Dibujo 
iquinas y Prácticas de taller; 2.° Geometría descriptiva, 
nglés ó A 2,° curso), Mecánica general aplicada, Física 

odustrial (2.° curso), Electrotécnica (l.* 1, curso) y Prácticas de 
tallen 3-° Electrotécnica (2.° curso). Electroquímica y Electro- 
metalurgia, Maquinase instalaciones eléctricas, Motores hídráu- 
do gas y de aire comprimido, Química industrial inorgáni- 
ca, Telegrafía práctica y Practicas de laboratorio de taller y de 
telegrafía 

De «Aparejador Ugehra y Geometría, Inglés (} Ale- 

\ curso), Dibujo arquitectónico, Mecánica general y apli- 
cada y Prácticas de topografía; 2>° Ingles o Alemán (2 a cu 
Geometría descriptiva, Física industrial (i.** curso), Construc- 
arquitectónica y Dibujo ornamental; 8.* Física industrial 
■ursn), Reconocimiento y resistencia de materiales, Conta- 
biliflad aplicada A la construcción, Legislación, Labra de piedra, 
Formación de proyectos de obras, Modelado y vaciado, 

Y prir l¡ D de lo de Enero de 1002 se lia dispuesto la crea- 
ra sección de enseñanza para y Manufactureros.!). 
La dicha reforma de 1901 alteró la mareba progresiva y 



— 402 — 

provechosa de la Escupía de Cíijón, que en su carácter el 
tal y popular, se desenvolvía con utilidad creciente. I 
ción de 1886 estaba consolidada aparte de algunas d< 
que habían de ser vencidas; su profesoral 
la enseñanza del obrero; el Establecimiento coataba 
material conveniente y estudiad*»; y, en fin» la institoeuSq e 
caracterizada v sancionada por una practica basta nü 
se tiene en cuenta la ninguna estabilidad de nuestra U 
escolar. Cumplía perfectamente sus unes y no debió habej 
suprimida o alterada en su dicho carácter elemental | 
Superior liariendo que los obreros, en un pueblo tan itiúu 
como (Jijón, queden privados de la enseñanza que tanto 
les reportaba, Los profesores celosos seimpu^ienm iJ nnj 
trabajo de seguir extraoficial mente co; rdin 

conforme al plan preparatorio ó elementa! indicado; pero, í 
esto no puede continuar, surge una crisis para la ! 
Gij<Jn,que lia de lenei olio menos útil y práctii o si pM 

pronto no se remedia con auxilio de los estudios del h 
Aplicación á la Industria que, por otra parte, han sido sup 
dos, y aprovechando asignaturas de la 
en el Establecimiento local, Este remedio podrá pasar comí 
termo, uno de tantos que para diferí l 
la Instrucción Pública en España por la precipitación y ec 
mía en que aquí se desenvuelve la cultura públi 
arrollarse bien la Escuela gijonesa de Industrian debiera 
nirlos dos períodos, Elemental y Superior, y sérosle ultimo 
práctico y mejor dispuesto en el plan con verdadera rclacitf 
de las Escuelas de Ingenieros para evitar ciertos < nnflielo 
incorporación de estudios, 

Debió darse eq&s tiempo y práctica a la enseñanza pop 
organizada en l^Hfj, y permitir en su desarrollo - 
dad y tanteos locales sin encerrarla en moldes fij 
con único patrón oficial y de tendencias burocráticas, La orj 
nación y extensión de su enseñanza debe ser circuasti 
lian de obtenerse resultados prácticos de la 
á tales establecimientos, Las I de Arte- 

las de Artesanos, generalmente nocturnas, como requier 
concurrencia en ellas matriculada, no debe ser ensanchada 



-403 - 

5 risos planes de estudios y muchos y costosos talleres tan 
ciles de sostener; hoy por hoy aquellas Escuelas deben ser 
icipalmente elementales ó iniciales y difundidas por toda la 
;ión cuanto sea posible; por de pronto como complemento 
las ci verdaderas» Escuelas primarias en pensamiento ya indi- 
Ío por el Ministro Sr. Burgos en 1833 cuando su notable Ins- 
cción para los Subdelegados de Fomento hablaba de «la Es- 
ela en que se ensene el arte fácil de medir las tierras, de afo- 
c los líquidos, de combinar la elegancia con la solidez en las 
ras de carpintería etc»< Antes que Escuelas Superiores de In-* 
istriíís, muy importantes, convendría desparramar por toda 
spaña centros de verdadera ó inmediata enseñanza de obreros, 
jmerosas Escuelas oficiales ó particulares subvencionadas, 
:m los estudios principales ó fundamentales; multiplicarlas en 
uvales diferentes apropósitopara determinado número de alum- 
05 con ingreso en toda época; dos profesores, uno de Aritméti- 
a y Prácticas elementales de contabilidad general y otro de 
Hbujo geométrico simultaneado con Geometría y Dibujo gene- 
ai elemental. Podrían ser estas las propias Escuelas de adultos 
tunca comprendidas ni organizadas en su verdadera índole pe- 
lagógica. Después vendrían las Escuelas elementales y ensegui- 
ia las superiores de Artes é Industrias como ampliación de 
iquélías. Mas en nuestro país, cuando llegamos tarde a una insti- 
tución, se quiere andar de prisa y á saltos tomando elementos 
reformadores con poca detención y menos recursos, creyendo 
abarcar múltiples enseñanzas al pensar en títulos y en certifica- 
dos de Capataces, Contramaestres, Peritos,, cual si hubiera car- 
gos para todos, y sin comprender que tales puestos, además de 
la aptitud profesional requieren condiciones de edad, carácter, 
trato social, conocimientos detenidos de organización, contabi- 
lidad y fabricación especial de cada establecimiento, que en lo 
genera!, no se pueden adquirir más que dentro del mismo y al 
cabo de tiempo. Otras consideraciones no son propias de la pre- 
sente reseña histórica, 

He aquí ahora los antecedentes de la Escuela de Comercio 
de Gijón. 

Los estudios mercantiles estuvieron poco menos que olvida- 
dos en España hasta mediados del siglo pasado. Se dispusieron 



— 4<H — 

en los planes de 1821, 1836 y 1845 en vagos anuncios 
R. D* de 8 de Septiembre de 1850 se ordenó la creación i 
Escuelas de Comercia, tan necesarias á loe intereses nació 

Se hallaban los estudios reducidos á modestas aulas en coi 
localidades y sostenidos por instituciones mercantiles de 1 
lona, Bilbao, Santander, Vergara, Cádiz, Corulla, Sevilla* 1 
cia, etc., poblaciones donde se establecieron las Escueta 
el Ministro Seijas Lozano para la enseñanza de las 
materias: Matemáticas elementales, Metrología universal 
temas monetarios reales y convencionales con sus cálculos y 
i -U ¡ios prácticos; Partida doble» Teneduría delibro* 
Elementos de Economía política, balanza universal, Ban< 
seguros y Aranceles comparados; Geografía fabril y me 
til, y nociones de Derecho comercial; y Lenguas fran 
glesa. Se mantuvo este plan en las reformas de L P, por e 
nistro Sr. González Homero en 1852, siguiendo tales Esial 
niirn toa incorporados á los Institutos, sometidos á su diret 
y disciplina y costeados, la mitad por el Estado, y la oí 
por la provincia y localidad respectivas. Tal cuadro d* 
zas se amplió para Profesores mercantiles con estasas 
Aritmética y Algebra mercantil; Metrología universal; S 
mas monetarios; Teneduría de libros con aplicación al come 
Fábricas, talleres y oficinas publicas y particulares; Cálcalo i 
cantil aplicado á toda clase de negociaciones; Práctica di 
nu'ivm; Geografía y Estadística industrial y comercial; Etel 
los del Derecho mercantil español y Legislación de Adua 
Economía política con sus aplicaciones al comercio; llistoni 
ncral del comercio; Elementos de Derecho internacional i 
cantil; Conocimiento de las primeras materias y de las mam 
turas y objetos comerciales que con ellas se fabrican, v m 
nrs de Física y Química indispensables para la profc> 
tendiendo los mismos estudios mercantiles, en la misma \j\ 
mada del Ministro Moyano se ciearon en Institutos de Segt 
Enseñanza los de Aplicación a! Comercio para Peritos, publi 
dose los programas en 1858 y que, como queda dicho, en 1 
Eüeron establecidos en la Escuela especial é Instituto dr Joi 
nos de Gijón (1). 

^i) Véame pági, 362 y 370, 



— 405 — 

Más la verdadera reforma de las enseñanzas de Comercio 
i del R. D. de 11 de Agosto de 1887, obra del ministro Na 
ro Rodrigo, con Escuelas Elementales y Superiores para 
¡tos y Profesores, ninguna establecida en Asturias ni Ledo, 
íya organización, aparte del mejor orden y eslabonamiento 
agógicos, no discrepaba del plan antiguo y extensión de rna- 
as, aunque entonces se incluyeron las de Caligrafía, Lenguas 
ncesa, inglesa y alemana, el Derecho internacional mercantil 
loco más. Al año siguiente se dio, como es usual en España, 
i R. O. incorporando sin nuevo examen en las Escuelas de 
mercio los dichos elementales Estudios de Aplicación agrega- 
s á los Institutos. 

De 5 de Agosto de 1899 es el R. IX estableciendo en Gijón 
a Escuela elemental de Comercio, bajo el pían de las de 1887 
n la supresión de las cátedras de Lenguas francesa é inglesa, 
le habían de cursarse en las aulas de J avellanos cuyo Direc* 
r había deberlo también de la nueva Escuela. El Ayunlamien- 
gijonés consignaría anualmente en sus presupuestos la suma 
icesaria para la instalación y sostenimiento de los estudios 
ercantiles y hasta el día en que figuraran en los presupuestos 
ú Estado (como procede por la Ley de 1865) había de pagar 
[rectamente todos los gastos; y cuando corriesen á cargo de la 
ación, el Estado había de sufragarlos, reintegrándose en la 
>rma prescripta para el sostenimiento de los Institutos incorpo- 
raos de la? 22.475 pesetas á que ascendían las plántulas det 
ersonal y consignación del materia] salvo ¡as alteraciones su* 
esivas de carácter general. La nueva Escuela se inauguro en 
esión solemne de 1.° de Diciembre de 1899 bajo la presidencia 
leí Alcalde D. Ramón García Sala; y su Director D. Justo del 
bastillo, trabajó con celo en la organización secundado por los 
atendidos catedráticos interinos Sres. Cifuentes (J.) García 
lastro, Ordóñez y Escolar, siendo ayudante profesor de Lengua 
ilemana el Sr. Martínez Pigna; Claustro joven y entusiasta que, 
epresentado por el Sr. Escolar, figuró dignamente en el Con- 
jreso mercantil de Madrid de 1900. 

Al año siguiente cambió la Escuela en virtud de las innova- 
nones del R. D. de 17 de Agosto disponiendo y agrupando sus 



\_ 



— 4rá — 

materias en los Institutos Generales y técnicos (1), lii 
á tocios estos Centros los esludios elementales de Omero 
el ingreso prevenido para el bachillerato); y así se orgor 
en Oviedo y se reorganizaron en fiijón, en forma muy 
porque dicha reforma no vino, como otras muchas, acor 
da di? los medios ecofiómioos con qoe desenvolverse 
tivo al personal y material (2). Eran estudios díspuest os < 
cursos, en plan mus simplificado y menos practico qn 
1887, dictándose en el mismo año de 1901 y principios 
guíente varías RR. 00, de adaptación para mejor alin 
lado de todos los Instituios las dichas enseñanzas tnerc¡ 
Elementales con paso á las Superiores para adquirir en é< 
título de Profesor necesario en el ingreso délos cu 
Aduanas y de Contabilidad general, provincial y municipal 
tal innovación en Gijón y Oviedo hasta el R. D.di 
de 1903 reorganizando otro vez más la mencionada i 
comercio en el sentido de unificar la enseñanza mercan ti 
se dará en adelante (esto es, hasta otra próxima reforma) i 
mismo Establecimiento, con objeto de devolver á las d 
Escuelas su independencia y dotarlas también de una le 
ciun completa, que probablemente será interina. Así, a| 
neados, desaparecieron los estudios mercantiles del Ins 
de Oviedo después de dos cursos; y el Ayuntamiento Offc 
debió sostenerlos, como sección de su Instituto, á la manen 
que había mantenido los suyos el de Gjjón por R. D. de 1 
Octubre de 1902, bajo cuya organización continua. 

De todas suertes, la enseñanza mercantil en España 
mucho que desear y, por lo que á la intervención del Eat&i 
refiere, no alcanza la importancia y extensión que 
Parece que todavía alientan viejas y ridiculas preocupad 
profesionales y que bastan para el comercio la rutina y la 
tica del mostrador, bien distantes de una profesión ú carreri 
tan honrosa y lucrativa como complicada. La imitación ¡ 
tranjero, á que somos tan inclinados, no se sigue en este pu 



{%) Véase p£g, jüS, 
< j * Yia«t los folíela»: 

— lnanmiraciñii de 1a Kiei7i i de Comercio cíe Gíjt-»> b dd c 

1B99 igoo par «I Uirectoi D Jiuto del Castillo. 

— Memoria dd cutsü de luoo ot por el Secretario D, Melchor OrdoDex AJorno. 



-4o7 — 
>íén lo estorba la penuria en que vive la Instrucción Pública 
al v la falta de iniciativa en esta materia de las instituciones 
árnicas particulares, que en otros países han desenvuelto la 
íianza del comercio en términos progresivos y cien tifíeos, 
ttras que aquí vivimos con Escuelas anémicas ó con estu- 
iniciales de contada fundación benéfica con que algunos pa- 
as, amantes de la profesión que les ha enriquecido, han do- 
) á determinadas localidades sirviendo muchas veces de base 
tímulo á la emigración, aunque aminorando las tristezas del 
Qiidiza je en remotos países. Nuestro patrón, ya oficial ó ya prt- 
o, en estas enseñanzas dista mucho de los belga, francos, in- 
S alemán y suizo. En Bélgica la enseñanza comercial está al 
o de la facultativa en sus Universidades, y los diplomas de 
iíud mercantil allí conseguidos tienen la mayor estimación 
todo el mundo. Francia ha hecho otro tanto, y sus Escuelas 
París, Mulhouse, Lyon, Havre, Rúen, Marsella, Burdeos, etc., 
n de crédito universal; las Cámaras de Comercio se han apre- 
vado á prestar su cooperación y con sumas verdaderamente 
bulosas lian tomado bajo su patronato Los establecimientos 
ícenles mercantiles. Las análogas suizas son hoy objeto de la 
ayor concurrencia de jóvenes de todos los países de Europa y 
mérica; y, por motivos de brevedad en materia también cono- 
da no se han de apuntar aquí idénticas noticias ó considera- 
iones de las Escuelas y Colegios de comercio ingleses, alema- 
es é italianos. De igual manera que sus aulas de industria son 
)s auxiliares más poderosos del múltiple progreso fabril, sus 
nías mercantiles responden al alto concepto moderno' del Co- 
lerdo; y con estudios de teoría y práctica, muy principalmente 
:>5 prácticos en escritorios diferentes, y con la simulación de las 
nás variadas operaciooes para todas las manifestaciones mer- 
anüles, todos los pueblos consiguen «de verdad» formar un 
uerpo de dependientes comerciantes, contadores, administra- 
lores inteligentes y prácticos creando al mismo tiempo el perso- 
lal apio, seguro y activo para desempeñar cargos públicos rela- 
lionados con la contabilidad. No poco se ha hecho en España en 
as poblaciones mercantiles con la iniciativa privada; pero toda- 
ría hoy falta mucho tanto de cuenta del Estado como de la 
;lase comercial en sus varias y potentes manifestaciones. 

27 



— 4oS — 

Reblan para terminar este capítulo los datos relativ 
Escuela de Veterinaria de León, 

Como las ciencias médicas de que forma parle la 
ría, ésta vivió mucho tiempo entregada á prácticas con sus i 
y preocupaciones fortalecidos en el trascurso de los ano* 
albeilares, que ejercían en parte aquella profesión, sen t /ai 
gor de las leyes de Alfonso X y de los Beyes Católicos < 
erraban por su culpa ó falta de conocimientos (1). D 
antiguo existía en España un Froto albeiterato, que e 
solamente en Madrid á los aibéílares y herradores i quien 
pedía los títulos, aunque ya desde 1749 tuvo delegadi 
provincias. En 1739 decretó Felipe V que la Veterinaria d« 
ser considerada como arte liberal y científico; pero, sin 
no empezó & progresar hasta Carlos III y entonces, en 
fué enviado en uoini^iün uela de Alfort D. Uernard 

driguea y, como pensionados, Malals y Este ve en Í7Í 
auxilio de tan distinguidos profesores se inauguró la < 
Veterinaria en 1793 reinando Carlos IV y siendo su uxinis 
favorito Uodoy, principe de la Paz (2), el cual narra c 
en sus Memorias de la manera siguiente: * Entre los objelí 
enseñanza pública que Faltaban en España cuando eixifM 
reinar Carlos IV, era uno de ellos este arte, reducido entre 
otros á una mera práctica ó rutina sin principios científicos ¡ 
ningún sistema razonado. La milicia, el arma de caballón 
agricultura, la salubridad de los ganados, el comercio, la ii 
tria y la trajinería sufrían mucho por esta falta ,.._», *M¡ pr< 
to de una escuela fundamental y normal de Veterinaria, en 
la extensión de esta ciencia y este arle, mereció el real apr 
y decretada que hubo sido la fundación de esta enseñanz 
nombraron personas de instrucción y de capacidad probada 
pasando á los reinos extranjeros, observasen en ella ios pi- 
ses do aquel ramo, recogiesen luces, libros é instrume 
cuanto hubiese mus aventajado. Mientras tanto corrían i 
las provincias de España con el mismo objeto de apn 
bueno que podría encontrarse y anotar los errores ó el al 
que sufría aquel arte. Cuando hubieron vuelto unos y otro; 




(i) Ley j, lífc. VÍ1T, Part> V y hy 9, tít. XV, Patt. VIL- Ley, 
<-j) Uyea 1 | 1 -Id til. XtV, libro VIH de U tiran, Ron* 



— 409 — 

i de estudios y experiencia, la escuela decretada y proyecta- 
tuvo efecto. Abrióse ésta por el pronto, siendo yo ministro, 
18 de Octubre de 1793, destinando interinamente para aquel 
'vicio el terreno y casas á Ja derecha de la puerta de Recole- 
;, donde estaban ya dispuestas las oficinas necesarias.... El nú- 
*ro de plazas designado en el R. D. de fundación fué de no- 
ntci y seis, una parte para los individuos de ejército y otra 
ra paisanos de todas las provincias». 

En 1802 !a Sociedad Económica de Amigos del País de As- 
rias envió pensionados á la Escuela central matritense, y al- 
iña vez después concurrieron otros alumnos. Los colegiales 
tiernos duraron hasta 184J), pero, no bastando la protección 
fieial de la enseñanza en Madrid, la Escuela de Veterinaria tuvo 
na vida débil y precaria, decayendo por completo cuando la 
nvasión de los franceses. En 1817 y en 1826 la protegieron 
on interés D. Félix Colón y el duque de Alagón, que mejora- 
ron los estudios, cuya organización se anunció en los planes 
le 1821, 1836 y 1845; mas la gran reforma de esta enseñanza 
Jala del H. D. de 1847, estableciendo tres Escuelas, una superior 
en Madrid y dos subalternas en Córdoba y Zaragoza. 

En el primitivo establecimiento veterinario apenas se aten- 
día mas que á la curación del caballo, si bien después para la Es- 
cuela superior hg decretaron otros estudios, cuya necesidad ex- 
plicaba el preámbulo del decreto en los siguientes términos: 
* Pobre idea se tendría de la Veterinaria dejándola reducida al 
mero herrado y cura del caballo, como generalmente sucede; 
debe extenderse al cuidado de todos los animales que son útiles 
al hombre; y si además se considera que estos profesores se ha- 
llan esparcidos por las aldeas y poblaciones rurales, que tienen 
relaciones intimas con los labradores, los cuales suelen consul- 
tarlos en infinidad de casos, se echará de ver cuan útiles pueden 
ser sus consejos para dirijir á estos acertadamente en la conser- 
vación de sus ganados y en el cultivo de sus tierras. No puede 
el Gobierno establecer una cátedra de Agricultura, ni aunque 
lo pudiese produciría esto resultado alguno, porque el labrador 
no gusla de asistir á cátedras y rehuye toda clase de enseñanza 
teórica y de aparato, pero si á su lado se colocan personas re- 
gularmente instruidas en los buenos principios agrónomos y en 



— 416— ' 
ciertas prácticas útiles desconocidas en los campos 
por via de consejo en conversado oes familiares y tal vi 
el ejemplo, conocimientos que de otro modo inri* 

terrando poco apoco arraigadas preoeupacim, \stitQ 

á métodos añejos otros mas perfectos y productivos. El i 
nano puede y debe ser para el labrador un verdadero tn¡ 
de agricultura*. Por eso al lado de los estudios medie» 
ticos se establecían cátedras accesorias de Agricultura v Zi 
nia ó arte de criar los animales domésticos; y á los ahmm 
la Kscuela superior, por otra parte, se les exigía esturj 
Matemáticas, Física é Historia natural en un Instituto. 

La Escuela de Veterinaria de LeOtí fué creada por R. < 
19 de Marzo de 1862, habiéndose instalado 
de San Marcos. Ocupado éste por el Instituto, se di 
Escuela un local tan reducido, que apenas podía llenar la¡ 
meras necesidades; mas, cuando aquel cslablecimi. 
do á otro edificio, la Diputación provincial hizo etttfl 
San Marcos al Director de aquélla en JB5G, y pudiei' 
parse los locales necesarios, aunque siempre con el CU 
interinidad con que fué instalada. Así continuo hasta is,> 
que, cedido dicho edificio á loa IV Misioneros de 
de Jesús, lo fué á Veterinaria el ex convento de Descalzos e 
radio de la ciudad, donde ejecutadas las obi 
instaló definitivamente en 1800, 

La Escuela de León fue de segunda clase, en virtud del 
que para estos establecimientos se publicó en 15 de FVbrcr 
1864, y comprendía los estudios del primer penudo, ái< 
en cuatro años y ajustados á lo dispuesto en el arlfcu 
Reglamento de 14 de Octubre de 1857. <-on el direcl 
catedráticos propietarios, dos supernumerarios, el profeso 
fragua y los alumnos pensionados por su mérito y aplicar 
se dieron las enseñanzas necesarias que estaban así distribuí 

Primer año: Anatomía general y descriptiva de todos 
animales domésticos: Exterior de los mismos.— Segundo i 
Fisiología c Higiene.— Tercer ano: Patología general y 
Farmacología; Arte de recetar; Terapcu l ira; Policía sanilí 
Clínica medica.— Cuarto año: Patología quirúrgica; nperaen 
y vendajes; De recito veterinario comercial; Veteriníl 



— 411 — 

te de forjar y herrar; Clínica quirúrgica; Historia crítica de 
os ramos. Para la mejor explicación de estas asignaturas se 
quieren diferentes medios materiales, que fué adquiriendo la 
cuela leonesa aumentando en lo posible de año en año el Bo- 
uin, Fraguas, Anfiteatros, Hospital y Cátedras, como los ga- 
aetes de Anatomía, Cirujía y Ciencias naturales, y también 
a biblioteca especial del ramo, decorada con los bustos de 
>urgelat, Bobadilla, Esteve y Malats. 

En varias ocasiones, con objeto de remediar la organización 
í la Facultad veterinaria, los Directores acudieron al Gobierno 
licitando con insistencia modificaciones convenientes en los 
jtudios; y fué muy notable la Representación que el Director 
e \a de León Sr. Giménez Camarero dirijió á la Superioridad 
n 1867. Opinaba por igualar los centros veterinarios de Ma- 
rid y provincias para que los facultativos de primera clase de 
x Escuela Central no fueran los únicos en conocimientos de 
incultura y Zootecnia, destinados después al Ejército y gran- 
Les localidades con perjuicio de otras regiones y distritos rura- 
cs ó de sus intereses agrícolas y sanitarios; quería además un 
^lau científico fundado en el principio de generalidad decré- 
tente y de complegidad creciente, y así requería prioridad de 
la Visiea, Química é Historia natural á la Biología, etc; y se 
declaraba partidario de fundir las categorías veterinarias y en 
particular las de albeitares y veterinarios de segunda clase, faci- 
litando también á éstos, previo examen riguroso el paso á la 
primera. 

Estas y otras observaciones fueron atendidas, y en R. D. de 
2 de Julio de 1871 se aprobó el Reglamento de las Escuelas de 
Veterinaria, que introdujo en la carrera innovaciones necesa- 
rias. La enseñanza fué la misma en todos los establecimientos 
sostenidos por el Estado, de una sola clase los títulos de Veteri- 
nario, y la instrucción mas completa y acabada con las siguien- 
tes asignaturas: Física y Química con relación á los animales y 
á sus agentes exteriores; Historia natural; Anatomía general y 
descriptiva; Nomenclatura de las regiones externas; Edad de los 
soUpedos y demás animales domésticos; Fisiología, Vivisección 
é Higiene; Mecánica animal; Aplomos, pelos y modo de reseñar; 
Patología general y especial y Clínica médica; Farmacología y 



— 412 — 

Arte de recetar; Terapéutica; Medicina legal; Operaciones 
sitos y vendajes; Obstetricia; Procedimiento de herrado y 
do; Clínica quirúrgica y Reconocimiento de animales; A* 
tura y Zootecnia; Derecho veterinario comercial y Policía 
taria; Clínicas médica y quirúrgica; Ejercicios de disección 
visección; y Prácticas de Herrado y Forjado y de Agrien 1 1 
Zootecnia. 

Este es el plan vigente no sin que, respondiendo al pro 
y circunstancias de los tiempos, se haya formulado tan i 
la prensa profesional-veterinaria como por los cátedra ti 
profesores la necesidad de innovaciones en las Escuelas; 
1883 el Director de la de León Sr. Nuñez fue autor & 
f Proyecto reformando la enseñanza de la Medir ina veteríi 
en España». Dividía la oficial en cinco grupos, uno preparal 
bajo un plan de mas asignaturas para profesores veterina 
organizaba la privada para peritos herradores con cinco í-u 
y la de peritos castradores en uno á fin de justificar mejor 
certificados; y daba reglas páralos diferentes estudios por 
señanza libre. 

Una modificación, que no debe omitirse, fué la dispuesta 
R. O. de 30 de Septiembre de 1896 mandando que, para in 
sar como alumno en las Escuelas de Veterinaria, se oecesi 
tener aprobadas en los Institutos de Segunda Enseñanza 
asignaturas de Latin y Castellano, Geografía, Lengua france: 
Matemáticas con certificado que lo acredite; estudios con tiei 
y gastos que pueden retraer á ciertos aspirantes, no ¡ndemn 
dos mas tarde en modestas colocaciones, aunque también e; 
considerar que la profesión con sus varios fmes sanitarios re 
ta cada día mas importante y trascendental y requiere mas 
nocimientos. 

Cuando para su estudio fueron necesarios libros de texto 
aquí los aprobados, usuales ó recomendados en la Escueh 
León. 

Anatomía general y descriptiva: San Pedru, Quiroga, Ortego, La Vil Ja, 
món y Cajal, Robert, González y García, Cliauveaii, 
Exterior de los animales domésticos: Casas, La Villa* 
Fisiología general: Casas, C. Bernard, ALcolea, Gutiérrez Quedada, 
Fisiología especial: Beaunis, Wimt, Colün, Gómez Ocatla* Landósi, Bec 
Mecánica animal: Alcolea. 



— 4(3 — 
figi*a*j Cusas, AngraCK», Villas, Garrote. 

úiofog/a geneíaí y A*Ai*MÍá Ptottlfgkai Rainarcl, Cadiac, Uonchard, Corral, 
>peti. CajaL 

ím espeetaf: Ca<líac f Nocard, Galtíer, Fronher. 

■•■;, Formaeolfigfa y Arte di recetar: Guinard, Kaussman» Lloren le , 
juat, Cairum. iJeltvarte. 
\fedtcieta legal: Casas, Gallier, Saina:, 

7//rar/i»fff;, Apositos y vendajes y di nica tjuirthgiea: Hregmer, I'ench y 
Bftftit, 

Bouraay, L Saint y Te, Yiolet, García Ircara. 
Rtc&fM&iitííicnh* Je animales: Sainz y Ro/as. 

PbvtediMUitla Je herrad» y forjado: Casas, Marichalern y Thary García I r- 
^ Marichalerri y P. Pader. Satftt y Rnzas, Badiot, B, Almy, I 1 . Seolanc, y P. 
íngean, 

tita: Saimón. Moyana, González Pitarra, Cornevm, Barón, Dechurn- 
y Rusugaol, 

ittt/Ittra- Alíela, Tortosa, Reqtiejo, Sánchez, Hruíl y Castro. 
Etcrtchet veterinario: Casas, Castro y Sainz. 
/W/o/i Sanitaria: Garrote, Molina. 
i/iitüria y Biéífografía <>¿ terina ñas: Lloren te . I 

La matricula oscilante, como en muchos establecimientos 
ícenles, figura en su lugar (1 1. 

La situación económica puede comprenderse por los siguien- 
s datos. En la primera edición de este libro, 1873, se insertó 
lente presupuesto: «Ingresos»: Por derechos de matricula, 
H75 pesetas; por reválidas, 9*735; y por estancia y operario- 
¡8 de animales, 46,50; total, 12,456*50, — * Gastos *; Personal 
icultativo, 17,281 '60; personal administrativo, 3.589*88; mate- 
ai, 3.500; tolal, 24.371*48; resultando un déficit, abonado por el 
stado.de íl.914'98 pesetas. — En el presupuesto actual de 1903 
)s tgastos* (por sueldos y quinquenios de catedráticos, sueldos 
e auxiliares, ayudante, pensión de un alumno de 4. a grupo» 
mpleados, dependientes y palafreneros, material de oficinas y 
tenciones á justificar) importan 34,550 pesetas; y los «ingresos» 
K>r matriculas, derechos de inscripción, académicos y de ex- 
cedientes de alumnos de las enseñanzas oficial y Ubre, títulos y 
lescuenlosi suman 12.925*85; de lo que resulta un déficit de 
Ü.H2Í15 pesetas. 

£1 estado actual de la Escuela es altamente satisfactorio y 



fia» ArfoíDiCR XW 



— 414 — 

hace honor á su director el Sr, Díaz Garrote y profesorncta 

deudo principalmente dificultades de la ensena i 

materias agrupadas en un curso. De nuevo resalta ! 

CÍO «-le otra organización y dilucidar de una v >nv¡f* 

no los estudios preparatorios y la distinción entre los Elerr 

les y Superiores, estos para los profesores en cargos v 

mente facultativos y aquellos para el modesto personal er 

blos rurales, mal remunerados y generalmente d< 

bajo mas bien mecánico que científico; pero siempre, parti 

de la base, que han de tener conocimientos adecuado- 

eesidades agrícolas y varias (> apai 

parte, !a enseñanza práctica, sin la cual la teoría resulta i 

caz de ordinario, deja que desear en las Escuetas 

León por falla de medioa en que desarrollo 

La consignación del material es tan exigua, que 
ni la adquisición de instrumentos y aparatos indispensables ] 
las disecciones vivisecciones, clínicas y práctica 
zootécnicas, hasta tal extremo, que estas ultimas i 
resultan nulas vn la Escuela, El Director « s r (Viaz Garrote y 
fesores han solicitado del Ministerio del ramo una Esl 
cuaría ó ( íranja experimental zootécnica, an Escuela, i 

ala par de ser muy útil para la enseñanza, reportarla 
beneficios a la ganadería de la región; y, de Ludas soei 
atender con más recursos á las legitimas y necesarias extgero 
de este centro docente leonés, 

A él eran llevados antes animales diferentes c 
fermedades, presentados para la cura ó consulla, y sometido 
conveniente tratamiento; los dueños satisfacían á razón de 1 
péselas diarias por gastos de alimentación y medica meato 
de este modo, las prúrüras de Patología y de Círuj; 
aseguradas sin dispendios para «i Establecí mi* liestrát 

se además los alumnos para los diagnósticos, pronósticos y 
sultados. Más por orden ministerial se dispuso qoé d prpdi 
de las estancias de animales enfermos se ingresara en la Sai 
sal del Banco de España, y así desapareció el medio de te 
prácticas veterinarias sin dispendios para el Estado, A partij 
semejante disposición los gastos pasaron a cargo de la Esa 
con desatención de otras necesidades más impelió 



- 4i5 — 
ama; por lo qtie, debe ser conveniente, como es fácil, volver 
meo antiguo en este punto. 

La Escuela leonesa de Veterinaria llena cumplidamente los 
beres que le están impuestos y liarle coüdaqir a los benéficos 
Inflados para que fue instituida íl>, Verdad es que su sitúa- 
^atribuye muy eficazmente a que sea provechosa, Centro 
ón de un radio adonde pueden concurrir fácilmente varias 
ovincias; cuya principal riqueza es pecuaria, qnfe exige pn> 
cción decidirla para su fúraenl <. especíaltttáttte para el de la 
Lbtitliar, es indudable que la Escuela, al tiempo qtae va á pro- 
ircionar honrosa y lucrativa profesión ú los que á ella se de 
can. ha de influir poderosamente en beneficio de fa ganadería 

de la agricultura, refluyendo sus beneficios en utilidad de las 
idustrias nacíanles en las regiones limítrofes Por otra parle. 
i* desaparecido ya el vulgar concepto que la ¡gooracoia solfa 
ormar de una ¡dtaliva, que hoy alcanza considera- 

ííun y prestigio por su creciente utilidad social, 






fí.ilktn 






letlriiia* v d í redor (te U Escuela *J# \,i.n,i.,rii de León á O. M.miH 
< le U revial una tnoder • i 



-417- 



CAPÍTULO IV 



eñanza primaria,— Su desarrollo en Asturias y León.— Antecedentes histó- 
ricos hasta tiempos modernos.— Antiguas obras pias y fundaciones. — Prime- 
ros trabajos de innovaciones en Escuelas á fines del siglo xvm y en comien- 
zos ñcl Xix. — Leyes y principales reformas de instrucción popular desde 
iSii r — Deficiencias de tas Escuelas en la primera mitad del siglo pasado. — 
Enseñanza de la mujer; datos históricos; Colegio universitario de Huérfanas- 
Recoletas de Oviedo; Escuela de la Virgen de los Dolores de Gijón; refor- 
mas posteriores.- Creación de las Escuelas Normales provinciales de Maes- 
tros y de Maestras de Oviedo y León; desarrollo y estado actual de estos 
establecimientos; Escuelas prácticas y graduadas agregadas á ellos. — Datos 
varios de Escuelas primarias públicas en concejos del Distrito universitario 
de Oviedo. — Escuelas de párvulos, de adultos, de sordo-mudos, etc.— Colo- 
nias escolares.— Enseñanza primaria privada; fundaciones particulares mo- 
dernas; Congregaciones religiosas dedicadas á la enseñanza de niños y ni- 
nas*— Inspección*— juntas provinciales y- locales de Instrucción primaria. — . 
Datos estadísticos. — Educación física.— Consideraciones y necesidad de re- 
forma radical y progresiva en el primero y mis importante ramo de la Ins- 
trucción pública. 



Entre las diferentes manifestaciones de la Instrucción Pú- 
lica, ninguna es de más importancia y transcendencia que la 
rimaría, base y fundamento de aquélla, porque es más honda y 
enera!; y así, entre todos los Centros de Enseñanza, la llamada 
iscuela de primeras letras es la que merece primordial interés 
olítico-pedagógico, si la sociedad ha de asentarse en cimientos 
Diidos y asegurar cultura y civilización. Los pueblos no pueden 
ivir, ó viven mal, sin templos y sin escuelas. Pero este tema no 
s para tratado aquí y ahora porque otra es la índole de la pre- 
ente reseña histórica, donde únicamente han de aducirse los 
atos pertinentes al desarrollo de las instituciones docentes, 
legado su turno, en el plan indicado, al de las Escuelas infanti- 
ís ó populares, asiento de la enseñanza primera, punto de par- 
ida ó camino para las demás que, á su vez, no son más que am- 
pliaciones y derivaciones de aquélla. 



— 4*8 — 

Ciren&scríbiendo el esludio & tas provincias de 
León, no es fácil presentar datos concretos de antigua 
y t ya se dijo, que en ellos fué grande la incultura en genen 
el aislamiento en que se vivía La «-hili/arion romana, cin 
da muy principalmente en la escuela pública mixta, S 
señanza y descanso recreativo, libre en Roma é impera 
ua T no dejó en tales regiones tradieción y huella ctert 
la institución; y otro tanto sucede bajo la civilización £od 
su primera épOCÜ! por DO desenvolverse aquí eji segó ida si 
ganizaeiones y reformas que estorbaron el dualismo de ni 
religión primeramente, facilitándolo bien pmnlo la 
vcmrdui ;t J:i superioridad ral del vnimlo. [fo asi 00 I 

guada época, bajo la dirección del Clero, que dirijió príac 

mente la Suciedad en talen centurias, siendo pn 
una íi otra Eoi o basta el Norle ramiB$¡ 

fluencias de los varios estudios, que prosperaban en ei 
y en el centro de la nación. Esta misma influencia directiva 
bió ser y fue la saliente cuando la Monarquía asturiana «1c 
gio vi r i, vestida en todo a usanza visigótica; do podiendo 
darse que otra residió nuestra cuitara, a uno y ¡mi: 
los montes vindicos si bien limitada y circunscrita • 
ñas y localidades; mas cesa la duda respecto é inatti 
tiempos en que también el arle prosperó por estas Un 

uno estela de su paso los primores en piedra de las be 
basílicas y la áurea filigrana délas sagradas cruces, Entot 
el espíritu cristiano lo domino todo, y rnonaquisn, 
llenaron la vida e informaron la pedagogía, siendo Clero y 
denes religiosas los que tuvieron las escuelas primeras y las g 
riores, absorvieudo su di/ección durante no poco tiempo, por 
ellos eran los cultos é ilustrados. 

Se continué con esta orientación cuando 
reino leonés y la vida mas humilde, a que quedo rrdn 
rias, se fue vigorizando con el régimen municipal. El el 
lar y el regular siguieron teniendo el magisterio todo, y per 
tanto, el primario que era pobre y reducido. Es sabido tuinl 
que las escuelas árabes coetáneas tuvieron igualmente ¡ninv 
dirección religiosa en sus comienzos con significación piad 
ó benéfica y, a seguida, contractual entre el maestro y el pa 



— 419 - 

os niños, siendo dirijidas por personas que, dando prefe- 
ría al conocimiento del Corán, se adelantaron además á sis- 
*s posteriores, enseñando á leer y á escribir á un mismo tiem- 
organizándose aquellas escuelas, que difundieron Abderra- 
i, Hixem, Jusuf y otros monarcas cuando se cimentaron las 
osas aulas cordobesas á donde, se dice, Alfonso el Magno de 
arias y otros proceres enviaron sus hijos. 
En el creciente territorio cristiano y dentro de la diócesis 
Oviedo regida por el Obispo Froilán se celebró, en 1050, el 
ncilio de Coyanza (Valencia de D. Juan), dispuesto por los 
es D. Fernando y D. a Sancha, asamblea mixta á estilo de las 
edanas, donde se encargó á los clérigos enseñasen el Cate- 
mo y principales oraciones á los niños (1); y, puestos á ense- 
r, escribe el Sr. Lafuente, la transición del Catecismo á las 
imeras letras, puede conjeturarse que no se haría esperar. De 
tonces debe datar la instalación de las escuelas primarias en 
5 atrios ó pórticos de las iglesias, como las Ordenes religiosas, 
itiedictina, cisterciense, mendicantes, etc., de Asturias y 
ion (2), tuvieron también análogas escuelas en sus vestíbulos 
claustros; y justo es reconocer, por tanto, que la iglesia difun- 
ó durante siglos la instrucción primaria, hasta que en ella fué 
lerviniendo cada día con creciente influencia el elemento ci- 
1. De la enseñanza popular apenas hay indicaciones en el Có- 
go de las Partidas, mientras la diplomática de aquella época 
ice creer que hasta en las escuelas catedralicias de los si- 
os xni y xiv, de finalidad superior, debieron enseñarse, en 
rasiones, las primeras letras á los ministros menores, servido- 
ís de la iglesia etc.; porque los celosos Prelados, que tanto se 
forzaron contra la ignorancia, seguramente también combatí- 
an ésta en todos sus grados y personas. 

Bajo la influencia de la Santa Sede y Prelados ó del Clero en 
eneral difúndese en los siglos inmediatos xv y xvi los Cole- 
ios y las Universidades, de que fueron preparación las nume- 
jsas P receptorías de latinidad, y se levantan do quiera estable- 



(i) Archivo de la Catedral de Oviedo: Libro Gótico, fol 62 

España bugrada por ti P. Risco (tom. XXXVIIIi ArÜNDicp. 1. 

(a) Véanse las páginas 5, 7 y 99 con referencias de las Ordenes religiosas en Asturias 
londc se omitió por olvido de copia la benedictina de San Pedro de Villanueva) y 295 y 399 
e las de León. 




— 42o — • 

cimientos ricos y suntuosos <!<> aquellas clases, que 
Pontífices favorecen y reglamentan sin cesar, mientra? 
bres, a! azar, sin norma ni reglamentación, sin í 
querían las escuelas primarias escasas y mal organiza*. 
gran Cisncros, por tantos conceptos memorable y áquíe 
debió la superior enseñanza, d ícese que gustaba poco d* 
der la primaria entre la gente del pueblo, y que no m 
inclinación, como otros grandes letrados de aquellos tier 
la instrucción en la lengua popular; \\ aunque parpa 
repitiéronse hasta bastante después extrañas opinión* 
pobre y humilde escuela de primeras letras, diciéndose po 
rea militares que la cultura enervaba á lados lia< 

les indisciplinados ó menos dóciles. No obstante, ya de a 
habla manifestado en afganos monarcas la necesidad de 
dir tales centros de enseñanza, como Enrique II en su Pi 
tica desde Toro, en 1319, buscando profesores a costa de 
legios y exenciones, favoreciéndoles con hidalguía, relé 
de quintas, cargos y cargas concejiles y otras varias gi 
«porque en nuestros reinos y señoríos, decía, no se puede 
sin maestros que enseñen tas primeras letras»; dispos 
li miada por reyes posteriores aunque sin efieín 
viejo, por lo tanto, el hado adverso que vino persiguió 
gtatefto popular. Díeese de Carlos I que para informarse < 
lado de un pueblo (I) solía preguntar por los sujetos 
tres P. F. P. latinas (parochu& } cura, pretor, alcalde o j 
preceptor* el maestro, si no era el dómine con las dos f 
nes docentes, latina y castellana) aunque es probable qi 
neralmente el Emperador hallaría los dos primeros sují 
menos mal, s¡ el párroco era á la vez maestro religioso y 
rio. Felipe II dio algunas disposiciones útiles en h 
instrucción primaria, que pasaron ú la Nueva ñecopilac 
lo6fi; y el maestro del Principo, liarcía de Loaisa, le dirj 
memoria! denunciando la ignorancia de algunos maestros, 
introducidos en la lengua y escritura castellanas y m€ 
reforma, á lo que contestó el Monarca disponiendo en 
exámenes de maestros y visitas de escuelas (2), 

íil I/títi»/,! dr ¿<t$ l'uivérsidiíJrs ere ., pnr Laíbenlc; lom.TI» ca¡ 
(■?) /fiítortn di &i Prda I I, Eugenio Gara a v Barbaría. {Mstói 

dkc Jí. 



— 421 - 

En la diplomática ovetense pueden verse algunos datos re- 
vos ¿i determinadas Escuelas primarias en el siglo xvi. En 
>2 ne trilló en el Consistorio, en unión de representan Les del 
Cabildo Catedral, de erigir en la Ciudad una casa donde se 
ceñase á los niños Doctrina cristiana *por la importancia que 

i»; pero la carencia de escuelas de instrucción primaria 
leral se manifiesta en otro acuerdo de 1578, que es el conve- 
* de la Ciudad con la Compañía de Jesús encargando á ésta 
las Escuelas de primeras letras y de latin, estableciéndose un 
bit rio para adquirir fincas y rentas destinadas á tal objeto, 
e habían de quedar á- favor de la primera, como patrono, en 
so de extinción de la Orden, cual sucedió más tarde; en 1588 
leyeron cartas del R Provincial de la Orden de Jesús crean- 
> en el Colegio una Escuela para enseñanza de letras y virtu- 

de Doctrina cristiana en 1624, conforme al deseo munici- 
xl (1); y es de advertir que la corporación jesuítica examinaba 
facilitaba maestros á las contadas localidades que lo pedían. 

En el siglo xvn, con el espíritu gremial que entonces domi- 
aba, se creó con aprobación del Rey Felipe IV en 1642 la 
Hermandad de San Casiano» para fomentar y protejer la ins- 
moción primaria en el reino, congregación que entre sus privi- 
egios tenía el de examinar á los maestros, lo que fué confirma* 
b por Felipe V en 1743 considerando á estos individuos con 
ítalo como profesores de artes liberales y las distinciones con* 

¡ites. Requeríase para el ejercicio de la profesión, prueba 
íe buena vida y costumbres, examen de pericia en leer, escri- 
bir y contar aprobado por la Hermandad y otro de Doctrina 
.-nstiarm á satisfacción del Ordinario. Más tarde, & la institución 
le San Casiano sucedió en 1780 el o Colegio académico del No- 
[)le Arte de primeras letras», que fué principalmente para Ma- 
drid; las Sociedades Económicas de Amigos del País gestiona- 
ban sobre lo mismo en todas las regiones; al mencionado Cole- 
rín siguió en 1791 la «Academia de Primera Edueacióm; y se 
dieron disposiciones varias á Corregidores y Justicias sobre 
maestros y educación, recomendando la gratuita, de niños y ní- 



Cabida* kiitiiricottifiUftuUica drt AyttHtamitnh* iU Qvitde por D, CirirtCC M, Vígit* 
18S9I, 






— 422 — 

fia», en la Corte y fuera (1), Más á las apartadas [ 
¡jaron tardíamente y escasa la influencia de dichas ¡ r * - 
y leyes; j, por [o qoe se refiere á Asturias, bien ¡ 
aquella intervenciones porque estaba abandon ma 

dida la enseñanza primaia de los concejos, Gonsia en los 
municipales de Aviles que el maestro de niños, asalaria 
1605 con siete mil maravedises, real y medio á los niño; 
enseñaba á leer y tres fr los que aprendían 
nía la obligación de ser cantor en la iglesia parroquial, 
maestro avilesinoen 1079 pedía limosna y solicitaba B 
ravedís por socorro del municipio, que acordó se le d* 
cuenta reales, sin ejemplar*; lo que trajo por conse< 
abandono de maestro y discípulo al extremo de prohibirla 

la asistencia de sus hijos á la escuela del cono< 
humilde escuela de Gijón en 1640 era regida por un BwtU 
López, que vivía en grandes apreturas, Oviedo en I76J 
nada menos que diez años de retribución á los l\ P, Jesoilf 
el misino año la Real Congregación de Nuestra Señora d 
vadonga de Naturales del Principado de Asturias en Madi 
dirijió ala Junta General del Principado sobre la ulilkki 
poner maestros en Lodos los concejos, pues por falta de in 
ción los jóvenes y vecinos emigrados tx la Corte leniaa 
dedicarse á oficios indecorosos y pobres (3), 

l.o que no .hacían Justicias y Regimientos, y entonces 
bien gran parte del Clero de Asturias y León, quiso b 
el espíritu de caridad de beneméritos patricios en ü 
provincia. En su mayor parte son de los siglos mencionados 
ta el xviii la erección de varias Obras Pías y fundaciones 
propósito de instrucción popular; mas en revueltas | 
han perdido memorias y documentos de tantas obras benttfk 
de dispersos datos quedan las siguieules notici 

Provincia de Oviedo 



AtiLiiS.— En Cüslrittón la Capellanía con Escuda fundaba \ 
M ii do* Galán; otra en N* veces por los vecinos y mareantes; y otra en 

1 1) Ltytl ilc la Novísima Recopilación, úi. i, tibio VUI. 

ti»¡ AT'itts. noticia hiitójriau por I. Caí 

(3) Archivo de la Diputad* de Oviedo; - de 3 de Ou 









-4*3 — 

^ En Párroco H. + J>. Damián Serré tünéá la de Heres en 1755 

ifíilo por patronos ú las párrocos sucesores, 

ÜELMox-u,-^;^ A la Escuela de Faedo, en Salas, se le adjudicaron reiv 
del antiguo Hospital de Peregrinos. 

„£ Osii.- Asditmi La Escuela temporera desde Todos los Sanios 
1 CrL1 - >° X * lra W Scvarga por D, Benito Carreflo; y la de Mian, 

Leada irnplista, fj ue daba al Maestro U tercera parte de lo» diezmos 

so participación.— fW*. La de Avin por D. José Villoría y D. n Isabel de Cas. 
<1<r Santa Eulalia por D. Miguel de Rem¡ 7 mejorada por el D + José Víllo- 
— l'na Escueta en Rtvúfatlfa pur el canónigo de Oviedo D. Gonzalo de 
Santos para los niños ,nás pobres; en Moro se fundó la Capellanía del 
míen con Cargo de Escuela. -Er. Parres fundó la de Nevares su párroco 
Juan Menéndesc, 

CASTRuroi.. -Cattr^i: La Escuela de Viladevelle, en Seares, Fué de 

>ra Pía.— También la de Villacondido, en Cumia,-},* de tendones de Eí 

a ^"' fué úe '^dadón de D. Blas F. Sarmiento Castnllón de Cienfnegos (i), 

Kn Grvmdei di Ssümt, la temporera de Nogueirán fué debida al Presbítero 

: agadán con renta de 1 12 fanegas de grano gravadas con III 

»•** — En Watitr, U Escuela de invierno fué establecida por el L. D. Domingo 

-ima y unida al vínculo de su casa, debiendo los sucesores buscar 

«jo la aprobación del Párroco; y la Capellanía de Hullaro con oblí- 

de Escueta la estableció en 1709 D. Domingo Fuertes y Castnllón.— La 

scuela de PtsSi tuvo antiguamente algunas rentas del fundador Sr, López 

Xm. - En Ojw, la de Santa Eulalia fué debida d D, Bernardo R t de A rango y 

Fn Ttyw, tina piadosa mujer dejó una casa en Ferrol para una Escuela* 

Gl >" E1 rfncttlo de Arguelles en Valdornón estaba gravado con 

00 rtaks pata el una Escuela de Lavandera fué debida á D.Juan 

Ugüclles; y fué y es notoria la Escuela primaria al Instituto de Jovdla- 

m* En favor de obreros y viudas pobres ¡mposibilitatfas de retribuir al Maestro 

a fundó en su ultima voluntad el ilustrado Presbítero D. Fernando Moran La- 

:, abad de Sania Doradla, «jui/á> también aconsejado por el Jovellanos, 

el organizador después del Establecimiento con ordenanzas, 

meen todos sus extremos son dignas del sabio magistrado y pedagogo, asi en 

liciones del maestro como en el número y clase de los alumnos (entre 

pensionistas), material, programas, etc.; escuela ijue por R. O. de I ! de 

Kovietnbre de 1795 fué unida al Instituto Asturiano como para base y plantel 

nseñanzas. 

,:sto.— fH/¡tifa La Escuela de Quen fué fundada por D, Diego No* 

riega, la de Lozana por el L. D, Francisco Unquera, pasando al patronato de 

tí de Vistalegre; y las de Coya y Sevares fueron también de crea* 

ium benéfica.— En ¿Pava D, José A. Alonso Faes fundó en 1751 la de San 

Layjana, — ^/St/; La de Murías de Santibafl« fué instituida por el Bríga- 



pagina 3-94. 



aS 







— 424 - 
díer D. Lorenzo Solis (i) con un ayudante del preceptor para l*s ¡ 
tras— En Vaitf la Escuela de Cateao fué encomendada por su crect* 
ñuto del Ayuntamiento y Párroco; y fué también benéfica la de Tañes, 

Lena, — Lefta: Las retí tas de la antigua alberguen* de CampoOTw 
dedicaron á Escuela* y las de Villayón y Puente de los Fierros i~«¡ 
principio benéficas. — En Mitres dispuso la creación de la de San Jiinn fie 
del Camino en 1624 el virtuoso Párroco D. Leandro Martínez Vega* í"i 
también de ejemplar y extensa Obra Pía.— En Qwtós, lu escuela 1 
era del patronato de la casa de Raqueros y la de Honderos de Ntmbra <lel 
do Catedral de Oviedo estando el Maestro bajo la vigilancia del Dean. 

Luarca. — Vélééti Eran pías las escuela- tte Barcia y Cad*ve4o* 

Llanes.— Unnes: La de esta villa fué fundada por el Presbítero D 
nando A, Villar Ma riega en 1756 bajo el patronato del mayo raigo de *u 
lia; la de la Borbolla por D. Juan Gon ralez Ahedn, bajo el de la Cott 
Jesds de Oviedo; lu de Nueva en 176S por D< Joaquín Martine* García. 
Caldueflo fué debida á varios particulares principalmente á D* Domingo 
Puertas, dignidad de la S. I. C de Oviedo y mejorada posteriormente pv 
Domingo de Puertas; la de Penduetcs en parte principal por el Sr. Jo 
ro Ihaflez en 1792; la de Posada por el Pairoco D. Fernando Airare* i 
Asturias con patronos de sil familia, cura sucesor y vecinos, riendo 
dt'nfvucs por IX Francisco A Cabralcs Pesquera; y U de Hibaño por 
tero U- Toribio üonzáíer que nombró patrono* d sus deudos. ~En £M 
la de Asiego por el Pbro. D, Pedro Manuel Viejo en 1 776 dejando el 
á los vecinos; en Carreña por D t Antonio No riega en 177S; en Arenas por 
Juan Gutiérrez de Bulnes y D. Juan 13, Díaz Porrero en la niUma época y 
pues favoreció la misrru escuela I). Francucj Dial l'ietve 

erigida por D. Pedio González de la Lleude en 179S.— /W7íiw/.'7í-/w alia: h 
cuela de Llcnin se debió en 17 '4 á D. José de Caso Guerra y D. D 
D. Francisco de la Turre; la de Roza gas á D Juan de Posada en 1 7 20; la de J 
D. Juan de la Torre y Mier, marqués de Santa Coba, en 1750; y la de Alie 
177S al fimo. Sr* D. Domingo Trespalacios, ijue gravó su wuculo para el *t 
nimicnto del maestro. —En PttlamtíUra bajá dispuso la de Huelles el , cap 
Dé Tomás Escandón. 

OvifcDO.— Llanera: La Escuela de Terrones se debió á su párroco 
Francisco A. Píava,- Murcia tenia la de -San Esteban de fundación parí 
En Preasti eran tle patronato las de Linures, Sograndio y Villatnrgin tic la 
tiulia.1 de Diaz Arguelles y de González Tufión y la última del Prior de Si 
Domingo de Oviedo. 

Pkavía.— Pravto: La de Santianes en 1713 por D. Juan Cienfuegos 
gUelles,— En CamtüMP dotó al maestro de Murías en 1624 I). Juan Su 

cionero de Toledo, <¡ue dio el patronato á la Iglesia mayor de Oviedo. Lu 

éiUir* era de fundación privada la escusla de Soto, y rcnti del hospital de 
regrinos se dedico después ¿i la enseñanza prim 

Siero,— Bimtttts: donde D, Jerónimo de Estrada fundó en Martinpoira 

ti) Vé*M pagina 994. 






- 425- 
oó la abadía y capellanes de los Remedios con escuela de patronato del Mar- 
es de Casa-Estrada, asi como en San Emeterio D. Ramón Montes Huelga, 
or*ció la Escuela con renta de seis fanegas y dos copines de pan, dando 
íferencia á su familia en caso de incautación por el Estado. 

Tixeo. — Tinco: El Maestro de la villa fué dotado en ióoi por el L. don 
tiro de Rojas, alcalde del crimen en México; la Escuela del Pedregal fué obra 
l L. D. Pedro García, la de Tuna, del limo. Sr. D. Tomás Nuñez, oidor de 
Rota, que la dejó al patronato de los Uria; en Tuna también el Ilustrfsimo 
. ]>. Juan Queipo de Llano estableció en 1727 una panera-pósito después 
nvertida en escuela; y 'la de Lombas se debió á D. Francisco F. Campomanes. 

Villaviciosa. — Caravia: La primera escuela se debió á D. Marcos del 
ille. — Colunga. La de la Riera fué dispuesta en 17 17 por D. Bartolomé Mo. 
n y después ampliada por D. Juan A. Caride; la de Libardón, por el párroco 
. Antonio de Cangas; la de Pivierda también por el párroco D. Manuel Pelayo 
: la Peruyera, asi como la de Lastres por Sor Teresa Rita de Robledo. 

Provincia de León 



Astorga. — Caí-rizo: La antigua Escuela temporera de invierno y prima- 
eri fué fundada por D. Antonio Martínez, que dejó al pueblo casa y bienes, y 
L Maestro recibía dos cargas de centeno, dos carros de leña y 150 reales al 
ño; pero desamortizados los bienes, se han convertido en una lámina de la 
)euda nacional que rinde 50 pesetas. 

Bañeza. — Torneros: antigua obra pía con escuela de primeras letras y cape- 
lama. 

León.— Garra/e de Torio: La Escuela de San Félix fué fundada por don 
francisco Gutiérrez de Castilla en 1738 y es de patronato de los sefiores Peni- 
enciario y Doctoral de la Iglesia Catedral de León. 

Murías de Paredes. — Ca¿>ri//ancs: de la antigua obra pía de San Esteban 
le la Riera quedan hoy 125 pesetas para Escuela; y la de Candamuela fué esta- 
blecida por D. Francisco García Alvarez, vecino de Lima, en 1747, siendo de 
patronato de los vecinos. 

Ponferrada. — Ponf errada: La Escuela de Campo de la jurisdicción fué 
fundada por D. Manuel González Yebra, Dean de Málaga en 1 7 76, con un ca- 
pital de 10.000 duros y foros de que se incautó el Estado, estando antes servi- 
da por un Sacerdote con cargo de Misa y Rosario y hoy solamente percibe el 
pueblo 120 pesetas, asi como 20 el de San Andrés de Pontejos por su antigua 
Obra pía escolar. * 

Riaño. — Ose/a fie Sajambre: su Escuela fué fundada por el Dr. D. Pedro 
Diaz Oseja (i) en 1669, siendo de patronato del Cabildo Catedral de Oviedo. 

Sahagón. — Cea: Su primitiva Escuela fué fundada por D. Bartolomé Al 
varez, párroco de San Juan en 1646 con 340 reales y 48 fanegas de grano de 
renta, con vertidas hoy en 25. 



(ij V¿ase página 57. 




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Valencia de D* Juan.— VtffawQmfas; A mediarlos del sigto X vt it D. 
dscg *íel Talado fundó dos vínculos y grav6 á cada uno cot! do? c»f£*s < 
go y cuatro cántaras de vino para el sostenimiento de la Escuela; y el Ai 
miento solo cobra uno de loi indicados gravámenes, pues el otro 
percibiendo el Estado la redención y nada el municipio. 

Vi li.af ranga del Bierzo. — ViHúfmtua: En las innovaciones 
clones por Carlos J1I al Colegio de Jesuíta* (i) te destino para ínsttf 
m;nta parte del legado del benemérito Dr, D. Francisco Aren del Soto» a 
do de los Reales Consejos, Secretario doctísimo y Racionero del Arzobispal 
México, donde falleció en 1 755; y también *¿e debió á e^le escritor cr» i 
fundación de otra Escuela de niños en La misma localidad* 1.a de Villal*i 
de patronato del R. Obispo de Astorga, estaba d t 200 rea Je* p 

fundador D, José Valcarce en i 7S4; y desde el lunes de Pascua basta I. 
de San Pedro se daba ración de pan á los niños pobres de asistencia pur 
la renta ha quedado reducid* á 200 peseta 

En los últimos años del siglo xvíli el poderoso God 
tro interés por la enseñanza é inclinación a favorecerla, em 
jado por las corrientes innovadoras del memorable reioade 
Carlos 111, que proseguían en Madrid y provincias las Diputa* 
nes de Caridad, las Juntas y Asociaciones de Damas, las 
dades