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Full text of "Historia de los protestantes españoles y de su persecucion por Felipe II"

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I 



Mra. J. Italia Fni 



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Mrs. J. ^slle Fran 



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Nra. J. ^8lle Prenen 



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HISTORIC 

DBLM 

8U ffiRSECUGIOil POR FEUPE II. 

OHtA gUORBTA 

I" . 

ADOLFODE CASTRO.'* ^'' 



CADIZ. 

I■P»^TA, UBBBUA, ilitooiafIadi LA HcTlata SlMlm, 

1 OOft te DUB JlU 1. <• SkB, 

plaiui de la CwstiluMon numero 1 1 ■ 



3A 

4851 








AI. SfiftOR 

DON JUAN PEDRO MUCHADA, 



Dtti» lo$ primeros a^o$ de mi juventud determine esrribir, que- 
rido amigo, esta Historia db los Protestantes espaI^oles, asunio 
ihuevo en nuestra literatura. 

Ei eierto que en Edimburgo (1899) se publico una obra con el ii- 
tulo de History op the refobmation in SPAm porMac Crie; pero ca$i 
toda estd fundada en lo poco que acerca de los luieranoe en Espafia di- 
jeron Pellicer en eu Biblioteca de Traductores, y Z./orenfe en «ii His- 
toria grItica de la Imquisicion . 

Busque para formar esie libro materiales desconocidos por el eru- 
dito escoce's, y que paran en las bibliotecas publicas y de particulares en 
Espafia. 

Mi historia, ni en las noiicias, ni en la manera de juzgar los su- 
eesos se parece d la de Mac Crie, 

En Mayo de 1847 terming mi trabcijo con desconfento, pues dese(rt>a 
yo adquirir aun mas materiales y dar mayor perfeccion asi al lenguaje 
y (U estilo como a los juicios. Rice nuevas investigaciones, y despues 
comence d escribir otra vez la Historia de los Protestantes esi»aAoles 
Y de su persecucioin for Felipe II, sin tener presenle la que acabe m 
i847 con el titulo de Historia del Protestantismo em Espa^ia em los 
rein ados de CArlos Y y Felipe H. Las dos obras son distintas en 
todo. Aquella fui hija tan solo de mi deseo^ y esta es de mi deseo y de 
mi convencimiento, 

Por eso ya saco d luz la segunda y la dirijo d usted, amigo mioy 
para que la acoja benStolamente, como una memoria del constante afecto 
con que aprecia su amor patrio y su celo del bien publico 



ADVERTENCIA. 



A 



LGUNAs personas, guiadas por una suspicacia hija d^ 
la malicia 6 del fanatismo, han creido descubrir en el 
anuncio de este libro intentos de defender las doctri- 
nas de la reforma. Pero se han engaiiado grandemen- 
te. So autor para nada habla de los dogmas cat61ico 
y protestante. Deja las tlisputas sobre materias de Fe 
a los te61ogos y k los canonistas, y reduce su libro a 
cuestiones historicas en la parte politica. 

Profesa y respeta la religion cat61ica, como cum- 

t>le k SQ deber de espanol, y defiendela tolerancia re- 
igiosa; poraue adem&s de creerla litil k los pueblos, 
y conforme a la dignidad del hombre, ve que estk con- 
sentida por las leyes de su patria , segun se prueba 
f&cilmente de la lectura del C6digo penal. 

Debe al terminar esta advertencia decir que no 
es quien publica en Londres la version inglesa de esta 
historia. Un caballero ingles, Uamado Tomas Parker, 
amigo suyo y persona muy aficionada k las cosas de 
Espana, leyo algo de su trabajo y dese6 trasladarlo 
todo k la lengua britiinica, para que viesen al mismo 
tiempo la luz ptiblica el original castellano en C&diz, 
y la traduccion en Londres. 

Ingrato seria el autor de la Historia de lbs Pro- 
teslantes EspanoleSj si no manifestase su agradecimiento 
al caballero Parker por el favor que ha dispensado a 
este libro. 



I 



PINTURA 



DIL 



VttDADERO CARACTIR RELIGIOSO DE LOS ESPA^OLES 

• BXr SZa 3Z9ZaO ZTL 



i!9uELEN los hombres dejarse veneer dc los enganos <jue 
la conveniencia y el odio les presenta artificiosamente pin- 
tados con diversos colores. De aqui nacen las falsas opi- 
niones sobre el modo de discurrir los antepasados en ^ 
tales 6 cuales materias : de aqui el creerse por el vulgo 
que este 6 el otro siglo fue supersticioso, enemigo de 
piedad con los delincuentes, barbaro, feroz, ignorante en 
todo, humilde con los que se habian erigido en sus se- 
fiores por medio -de la violencia : intolerante con los que 
se separaban del camino de la v^rdad catolica, e idolatra 
ciego de los que estaban en dignidad constituidos. A$i 
ban presentado siempre al mundo la malicia de unos y 
la ignorancia de otros al siglo XVI. Pero yo que trato 
de escribir la historia de Bquellos que siguieron en Es- 
pana entonces las doctrinas de Lutcro, ne creido con- 
veniente antes de dar comienzo a mi historia, describir 
las opiniones que tenian albergue en las almas de los 
buenos catolicos, con respecto a las cuestiones religiosas 
que habian levantado y mantenian a la sazon en Europa, 



los parciales de aquel famoso heresiarca, ya en los campos 
por medio de las armas, ya en las plazas publicas con las 
predicaciones, ya en los animos de las mas apartadas gentes 
con los libros impresos. Bien se puede afirmar que el 
modo de discurrir, no de los protestantes espaholes, sino 
de los buenos catolicos que florecian en el siglo XYI, es 
enteramente desconocido entre nosotros. 

Desde tiempos muy antiguos era cosa frecuente en 
EspaRa lamentarse de los desordenes escandalosos del cle- 
ro. Entonces no habia genf ro de vicios y maldades en 
que no cayesen por su aesventura los eclesiasticos : a lo 
cual no poco contribuia el poder que lograban en. los 
animos de la plebe y aun de la nobleza, ya por sus grandes 
conocimientos en el estudio de las letras, ya por el lustre 
de las dignidades en que estaban constituidos. 

Contra los vicios que para mal de los catolicos afli- 
gian al clero, levanto su voz en el siglo XIY, el Petranio de 
la poesia castellana. Hablo del discretisimo ingenio Pero 
Juan Ruiz, Arcipreste de Fita (Hita), quien en una de sus 
elegaiites obras se burlaba diestramente de la codicia que 
en su siglo habia cercado los corazones de aquellos que 
tenian a su cargo el gobiemo de la iglesia. 

Yease una muestra de sus escritos. 



«Si toviere's dinerosbabr4s consolacion. 
Placer 6 alegria, del Papa racioD, 
Compraris parayso, ganaras salvacion. 
Do son mucbos dineros es mucba beDdicion. 

Yo vi en c6rte de Roma, do es la Santidat, 
Que todos ai dinero fasen gran bomilidat: 
Gran honra le fascian oon gran solenidat: 
Todos a ei se homillan como k la majestat. 

Fasie mucbos Priores, Obispos et Abades, 
Arzobisposy Doctores, Patriarcas, Potestades: 
A mucbos cl^rigos nescios dAbales dinidades, 
Fasie de verdat mentiras etde mentiras verdades. 

Fasia mucbos ct^rigos 6 mucbos ordenados, 
Mucbos monjes 6 monjaSy religiosossagrados. 



—15— 

El dinero los daba por bien examinadog, 

A ios pobres decian que non eran letrados (1).» 

No con menor vehemencia cmejabase de iguales vicios que 
daftaban a casi todos Ios ectesiasticos del siglo XIV, Pero 
Lopez de Ayala, liamado el viejo. Este poeta en un libro 
que compuso con el tilulo de Rimado de Palacio^ pro- 
rumpe en estas lamentaciones: 

«La nave de Sant Pedro esia en ^rand perdicion, 
For log naestros pecados et la nuestra ocasion. 

Mas Ios nuestros perlados no lo tienen en cura: 
Asaz ban que fazer por la nuestra ventura: 
Cobecban Ios sus silibditos sid ninguna mesura, 
£ olvidan la consciencia 6 la sancta escriptura. 



Desque la dignidad una vez ban cobrado, 
De ordenar la eglesia toman poco cuydado, 
El como seran ricos mas curan (imal pecadol) 
Et non curan como esto les ser4 demandado. 

Guando van a ordenarse tanto que tienen plata, 
Luego pasa Teximen sin ninguna barata; 
Ck nunca el Obispo por tales cosas caia: 
Laego les da sus letras con su scello et data. 

Luego Ios religreses le calan casamiento, 
D'alguna su vecina: (jmal pecadof) non miento; 
Et nunca por tal fecbo resciben escarniiento, 
Ga el su sefior Obispo ferido es de tal viento. 

Si eslos son ministros, s6nlo de Satanas^ 
Ga nunca byenas obras tu facerlos ver^. 



( 1 ) Estos Tersos se leen en el tomo IV, p«[g. 76 de la CoUceum 
d$ pouioi coitMrnoi anteriorei al iigto XF, recogidas por D. Tomis 
Antonio Sanchez. — Madrid^ 1790. 



—46— 

Gran cabana defijossiempre les faUarfcs, 
Derredor de su fuego que ounca y (4) cabiia. 

En toda la aldea nou ha tan apostada ' 

Como la su manceba et tan bien afeytada: 
Cuando el canta misa, ella le da el oblada 
£t auda (imal pecadol) tal 6rden bellacada. 
.••••■••*t 
Perlados sus eglesias devian gobernar 
Por cobdicia del mundo y quieren morar 
£ ayudan revolver ei regno a mas andar, 
Gomo revuelven tordos el pobre palomar (2).o 

ksi se escribia en el siglo XIY contra los desordenes de 
la mayor P^i^te del clcro que entonees regia la Iglesia de 
Espatia. jTales y tantas eran sus maldades! Pero como 
el poder que habian conseguido fundar en los animos de 






(i) La Y no esta puesta en este lugar como particula con- 
juntiya, sino como adyeroio j en significacion de alli. No solo en 
estos yersos, sino en antiguos documentosi en cronicas, en las Siete 
Partidas del rev D. Alfonso el Sabio y en el Conde Lucanar^ ingenio- 
sisimo libro del prmcipe D. Juan Manuel, se usa de este modo. En 
los tiempos mas modemos, Fr. Luis de Leon la nso, como el ET la- 
tino pospnesto al yerbo; es decir, en significacion de tambiIn: 

cQae tienen Y los montes sos oidos.» 

Temando de Herrera (el diyino) dijo en sa odaiC D. Juan de Austria, 
hablando de Apolo que 

»En oro T lanro corond sa frente.» 

por decir en lacro de oro, siguiendo i Virgilio, cuando este en la 
En»yda pone en boca de ono de sus personajes, las signientes pa- 
labras; 

•Paierii libamui et aurot* 

Hacemos libacumei en eopas t oroj en yeas de copas doradas. 

(2) El Rimad9 d§ PalaciOf impreso jpor la yea primera en la 
RetUta de Madrid (dia 8 de DidenJbre de 1832). 



— n— 

los nobles y plebeyos se aumentaiia con la ignoraiicia ciega 
6 el cleicuido en que unos y otros vivian, deseando mas 
: - pelear con los enemigos decWados del nonibre.de Cristo 
. y con ios coinpetidores de sus reyes 6 principes, que de- 
fenderse de las'astucias de tiranos domesticos; las quejas 
de los c|ue conocian claramente cuantos y cuan ffranaes 
vicios se encerraban en casi todos los eclesiasticos de aque- 
lios calamitosos siglos, se perdian facilmente entre el es- 
ti^uendo de las batallas y en manos de la conveniencia y 
sagacidad de hombres que pretendian, por medio de las 
digniclades, hacerse seftores de todo lo criado. 

Pero aunque eslas vlolentas censuras no consiguieron 
rl fin que deseaban sin duda sus autores, no por eso otros 
ingenios del siglo XV y principios del XVI dejaron de pro- 
seguir en la tarea comenzada cior el Arcipreste de Fita y 
Lopez de Ayala el viejo : prueba de que los escandalos del 
clero arreciaban de dia en dia con lastima de los buenos 
catoliros, que no tendrian ojos bastantes para llorar las ca- 
lamidades sobrevenidas a la iglesia de Dios por las culpas 
de unos hombres Uenos de anobicion y lujuna, que sin te- 
moi^ alguno corrian desenfrenadamente por el campo de 
ios vicios, dando al olvido, no solo la dignidad cclesiastica, 
' sino tambien su obligacion de Uevar por buen camino,co« 
mo tieles pastores, el rebaiio de Cristo. 

Fray Joan de Padilla (el cartujano), ii^enio que flo- 
rBcio a tines del siglo XV y principios del XVI, declara en 
su poema Loi doce triunfo$ de las doce Ap6$tole$ (1), los pe- 



(i) cLos doze trinmphos de los doze Apostoles: fechos por el 
cartoxano ; pfesso. en Sea. Maria d* las CneraSt en Serilla. i c Acabose 
la obra de componer domingo en xiiij de Febrero de miQ y qui- 
nientos xTiij auos, dia de Sant Valentino martyr. ¥xk6 empremida 
en la nray noUe y muy leal cibdat de SeviUa : por Juan Varela d w 
diat dl mes d' Otiihre : aiio de nro. Salvador^ de mill j qoinientos y 
rrj alios. » (Letra ^odca.) Eale poema es una porarepeticion. Quien 
lejere el primer tnimfo^ enliaaaa qoe ha leido todos. La yida del 
Apdstol, la cosmografia de los hgaresvpor donde predico la doctrina 

3 



—18— 

cados que se cometian entonces por muclios eclesiaslicos, 
veiuliendo los dones divinos por miserables cantidades de 
dinero. Yease, pues, su modo de discurrir en la materia : 

^Y qu^ te p&reze de como se trata 
La simoniaJ me dijo mi guia : 
Y i,qui te pareze de la clerezia 
Que por la pecuna lo justo barata? 
Veras ddnde viene y i dd se remata 
Sq diligencia, so iroque, su venta. 
Veras si les pudo su misera renta, 
Librar de la muerte, que siempre los mata, 
NuDca cessando su brava lormenta. 



Y es simooNi tan mtsero mal 
Que sin la pecuna las cosas sagradas, 
Muchas vegadas se dan solapadas 
Por los hoDores de lo temporal. 
Anda con esto la mano fiscal, 
La mano no menos con sus promissiones : 
Pactos anexos con mill condiciones, 
Haziendo terrene lo espiritual 
Y mas temporales los calicos dones. 

Estos y dtros versos que omito por no caer en pru- 
lijidad,demuesti*an bien claramente cuaii amarsas eran la.s 
quejas contra el modo de proceder que tenian los eclesias- 
ticos de aquel siglo. Pero si asi se escribia contra los vicios 
de estos en Espana, no con menos vehemencia se lanzabaii 
satiras contra el clero casi a las mismas puertas de Roma. 
Bartolome de Torres Naharro,uno de los mas insignes poe- 



e?aiig«iicay y la pintora de los castigos de aquellos que pecaron con- 
tra tai 6 cual mandamiento, forman el asunto de cada uno de los 
triimfos 6 caBtos de esta obra. El estilo se asemeja al de Juan de 
Mena, aunque no encierra tantos latinismos. La Tersificacion es 
buena y todo el poema esti lleno de algunas descripciones esce- 
lentes. Manuel de Faria y Souza tenia en gran estimacion esta 
obra, puesto que en la Fuenie 4e Agenniife (Madrid, 1646.) llama al 
cartujano tAvn mucko meu dpeto y mat poAico fw ft pntpio Mtna,t 



tas satiricos c|u6 han honrado las Musas castellanas, publico 
en Napoles el afto de 1517 una obra con el titulo de La 
Propalladia^ dedicada a don Fernando Davalo.% Marques 
de Pescara, y formada de varias comedias de un mcrito sin- 
gular y de algunos romances, sonetos, satiras y cancio- 
nes (1). En muchas de estas obrillas yierte el autor todo. 
el veneno que guardaba en su corazon contra los desor- 
denes y escanaalos que mucha parte de los eclesiasticos 
romanos cometia entonces con grave afrenta de sus dig- 
nidades. Clerigo era Torres Naharro, pero su indiguacion 
no pudo estar encerrada por mas tiempo en las carcele^ 
<lel silencio; y asi\ sin ofender en atomo alguno a la pu- 
reza de nuestra santa fe catolica, dirigio aroargas quejas y 
satiras punzantes contra aquellos que faltando al decoro 
y a la viilud, turbaban con su^ vicios las conciencias de 
los amadores de la religion cristiana. 

Veanse algunos trozos de la satira de Bartolomr de 
Torres Naharro, escrita contra los muchos malos sacerdotes 
que en aquel siglo kabia en la corte romana : 

( Y al malo y soberbio \e cuenlan gigante 



(1) !Vo Palladia (le Bartholome de Torres Naharro. diri^ida al 
niiislrisaiTDo Senor: el. S.Don Fernando Davalos de Aquino Marques 
fie Pescara. Conde de Zorito; gran Gamarlengo del Rejno de Napoles 
etc. Con gratia v priuilegio: Papal y Real. NiCpoles per Juan Pasqueto 
deSallo: acabosse Jueres XYl de Marzo de M. D. XVII. > — Serilla 
por Jacoho Gromberger Aiio de MDXX — Id. MDXXXIII. — Madrid 4575 
— (edicion eicpurgaoa por el Santo Oficio). 

Don Leandro Fernandez de Moratin dice que la primera vez 
qne salio d laz La PropaUadia fa^ en Roma elauo de i5i7. (Veanse 
•us OrigmeM M teairo espaHol.J Pero al afirmar esto, padecio an 
notable engauo. En una especie de vida de Torres Naharro, inserta 
i la cabeza de la obra, se leen las siguientes paJabras escritas por an 
amigo de este ingenioso poeta. «I8 yero natione hispanus, Patna 
Pacensis ex. opido de la Torre ^ gente Nabarro, Tisaa afTabili, persona 
grand! gracili ei modesto corpore, in sensn graviori , yf rbis parous 
et non nisi premeditata et qoas slatera ponderata babentar : verba 
emittit. Is demum ab omni genere ritioram se ab^tinere yirtutesqne 



Al qtie es per ttaai por hombre coosUnle 

Y issi de los olros de mal en peor ; 

Y huyen de an sancto gran predicador 

Y sigueo de grade tras un bechicero. 

Su gloria es el mando, su Dies el dinero : 
Tras este eevegecealos hombres en Roma : 
Despoes que entre manoa codicia los tooia, 
Desiienian diei aitos tras un beneficio. 

Deapoes que lo lienea, ternan por oficio 
Perder otros tantos tras un cardenal ; 
£1 bueno y el malo con el comunal 
Se piensa ser dignode gran obispado. 

Despues que lo tienen, con nuevo cuydado 
Mejor que primero, los vemos servir ; 

Y mnertos de bambre crepar y morir 
Tras el cardenal, d6 quier que cabalga. 

Despues en la plaza esperando que !>atga, 
Aunque el consistorio durase aoo y dia, 
Con ansia terrible, con gran faqtasia 
Con ciego apetito de ser cardenales. 

Despues que lo son, los pailos papales 
Les ponen gran gula en que se aperrean ; 

Y no puede ser que todos los scan, 

Ni veys quien con serlo est6 muy contento. 
Denoevo les vyene mayor pensanienio, 



omnes summo opere amplecti non desinit, cujus fortuua a principio 
satis dificilis cpioniam naufiragio ab agarenis pro tuancipio capuis est. 
Habitaque illius jpostea pecuniaria caiitione» Romam derenit ubi sub 
sanctissimo D. NtOno LeoneXpont. max. plura edidit, Romanispos- 
tremo portabus imperare de raictis. Neapoiim expeciaius appulii^ 
ubi hane oropaUaaiam lUuMriaimo D, MarckUmio Piicara merito 
editam tn iMcem emisit. t 

Estas palabras maestran daramente contra la opiiiiou de Mo* 
ratin, que k PropaUadia salio 4 Inz piiblica por la rez primera en la 
ciudad de NiCpoles y no en Roma. 

La obra de Torres Naharro es estremadamenierara. Para oo- 
piar los Tersos ifi9 van trasladados en el testo de mi historia, me he 
senrido de nn ejemplar de la PropaUadia^ que goarda en su selecta 
libreria mi apreciable e ilvstrado amigo D. Joee M. de Alava , cate* 
dritico en la llniTertidad de Serilla, a cuya hizarriadebo estas y otras 
obltgaciones. 



—21— 

Fatiga y afan,«n caiw, tin suelo. 

No ay hombre de nos que piense es el ciein, 

Ni quien haga caso del siglo fniiiro. 

El mal va por iticD, el aire por muro, * 

• »•»•••• • 

Justicia en olvido, razoa desterrada; 
Verdad ya en el mundo do haya poeada : 
La fe 08 fallecida y amor es ya muerto, 
Oerecho esta miMlo, reiDaiido lo toerto. 
Pues ^la caridad? do ay della memoria, 
Ni ay otra esperania, si, de vana gloria, 
Ni en otro so enliende sine en Iraropear. 
Quien sabe meslir, sabra triunfar, 
Quien usa bondad la cuelgue del cuello, 
Quien fuere el que debe que muera por ello (I). 

No sc contcnto Torres Naharro con censurar en estos 
uVminos los escandalos que creyo encontrar en Roma. Tal 
vez haya bastante exageracion en la pintura de ellos : tal 
vez en algunas partes de su satira la pluma iria encaminada 
mas por la pasion aue por la verdaa; pero siempre resulta 
del testimonio de Naharro que, si vicios habia en los maios 
rclesiasticos del siglo XVI, en otrosno fallaba la suficiente 
libertad de alma para echarles en rostro sus errores. Y 
no fue solo en los versos citados donde este ingenioso poeta 
lanzo su indignacion contra los que ofendian a la Iglesia 
Catolica, Uamandose sus ministros y siendo esclavos de todo 
linaje de malas pasiones. En la misma Propalladia intro- 
du)o otra de sus cruelcs satiras, escrita con el mismo pro- 
posito. 

Como quien no dice nada, 
me pedis que eosa ps Roma : 
por Dios segon es tornada 
que en {)«nsar tai» gran Jornada 



(1) EaUsiCtira es bastante conocida por haberse rebnpreso 
en Tarias ocasiones. Don Gregorio Majans t Ciscar en su Reth6rica 
la copia Integra. Veanse las eaiciones de l*/h7 y 1786. 



todor de muerte se tona. 

Mas de dos 
la abran y'taio eomo bos 
de reposo y de tropel ; 
pero an9i nie ayude Dim 
qne sabreis mas delta \o» 
viendola en este papel. 

(iOrtesanoSy 
va rones sabioa ancianos, 
la difinen me paresce 
como en versos casiellanbs : 
Roma que roe sas manos 
cualqaier que en ella envejece. 

Lo segundo, 
es otro nuevo profundo 
rastillode lamaHcia; 
y aun la llaman, como (undo, 
utros cabeza del moodo, 
>ocabezade inmondicia. 

Quien la vio 
comun tierra la llamo 
lie los otros y de mi ; 
mas mejor la llamo yo, 
que communis patria no, 
mas comun padrasto si. 

Y es al menos 
hinche-pobres, vazia-lleuos, 
perdicion de tiempo y ailos, 
hospital de los agenos, 
carnicera de los boenos, 
esclava de los tacailos. 

Sus amores 
roban los dias mejo^s 
a los varones robustos : 
es rejalgar de seiiores, 
es cueva de pecadores 
do se amotinan los justos. 

Es lugar 
do se esludia en dessear 
que moera el lercio y el coarto : 
una escuela de peccar 
d6 quien hive sin malar 



paresce que haze harto. 

Es desm {i) . 
que en lugar de la razort 
«9 inlruBo el apelilo : 
mentrr e.s ganar perdon, 
bien hazer es traicion, 
ya el robar es |Nin bemlUo. 

YercU V08 
cielo y tierra, iodos dos 
rebolversecada dia: 
los diablos soinos no$, 
el oro siempre sa Dios, 
la plala sancta roaria. 

Y en verdad 
que8 una gran vanidad 
(16 nos perdeiDos a furta, 
purgatorio do bondad, 
iofierno de caridad, 
parayso de Inxiiria. 

Deaigoales 
son 8US hieneR y sus males 
florecidos en discordia; 
pues los pecados inortale;* 
9on tenidos priucipaleH 
obras de misericordia. 

Es en fin 
nuestra Roma, un gran jardin 
de muchas frutas poblado : 
son las flores de jazmin 
blasfemar por un quatriu, 
renegar por un eornado. 

Una esgrima 
do ningun tiro lastima 
que lo sientan sue concienciax : 
hazen de Dies tal eslima, 
que ies passan por enctma 
a roil cuenlos de indnlgencias. 

Quien me entiende 
vera qoes Roma por ende, 



(i) Este Yerso parece eslar equivocado. 



si no fuere pur o necin, 
uoa coslumbre de allende : 
uu mercado do se veode 
lo que nunca tuvo preeio. 

iNunca qtieda 
de dar bueUas dii gran rueda ; 
mas siempre van a manojos 
a quien suele, la moaeda, 
y a los trtthanea la seda, 
y a los buenos los pH)jo$. 

Mui de lleno 
tienea la ciedcia por heno\ 
y el injenio por pajar, 
y otro mal suyo y no ageno, 
quel hoDibre quieira ser bueiio 
no lo lienen de dexar. 

Y en plazer 
quando ossase preceder, 
yo dirfa algun secrelo : 
basta que en Roma a mi ver 
no queda mal por haier 

ni bien que venga en efeclo. 

Y es gran soma, 

para quien Irabajo toma, 
de venir a conoscella .- 
dizen que los locos doma ; 
digo yo quel bien de ftoma 
esoillay nunca vella. 

Yo he hablado, 
segun ke viato y palpado r 
yo la cuJpo a doa partidos : 
quien otra cosa h« haliado, 
quando me diere an giaado, 
le dar^ dos mil perdidos. 

Y el pro?ar 
que M 86 deve alargar, 
tampoeo se qaede en calroa ; 
digo (|ue Roma ea lugar, 
do ppura el cuerpo ganar, 
havels de perdcr e! nima. 

Tal se canta. 



Kama tiene que me espanU ; 
pero consejoos 4 vos 
que busquemos gracia tanta. 
Pues a Roma Uaman Sancta, 
que Sanctos nos haga Dios. 



Esto escribia el mismo Bartolome de Torres Naharro 
en 1S47, dejando corrci' libremente la pluma y quiza con 
alguiia exagj^cion, en los vicios que oprimian los corazones 
de los eclesiasticos en aquella edad, pmtada por varios au- 
tores modernos como dechado de todo genero de virtudes. 
Por ultimo, en la comedia JadnUL, obra del mismo Naharro 
se lee lo sigutente. 



De Roma oo se que diga 
sine que.por mar y tierra 
cada dia hay nueva guerra, 
nueva paz y nueva liga. 

Lo8 ricos con sus oficios 
triunfan hasta que mueran, 
y los pobres desesperan 
w^perando beneficios. 

En Roma los sin senor 
SOD almas que van en pena : 
no se haze cosa buena 
sin dineros y favor. 

Qual vive muy .isabor, 
qual no liene que comer, 
unos con mucho dolor 
olroscon mucho plazer. 

Dos cosas no pucden ser 
de placeres y dolores 
ni peores ni mejores 
que son Roma y la mujer. 

Puei en Roma d la sazon 
mas nuevas no se dezian^ 
sine que algunos huhyan 
de la Sancla Jnquisicion. 

Muchos JHegan de esgarroH 
11 ?r afufan con e! cayre, 



(fue no queda remmdon, 
tibofl, fit monje ni fiayre. 

Velios ir es un. donayre 
derramadosengranwma', 
eomo manqjo de pluma 
que lasoUais en tiafre (4). 

Tal escribia Torres Nakarro. Pero las quejas y satiras 
de los ingenios espaiioles tanlas en numero y tan punzantes 
//ueron del todo despreciadas? ^No hubo quien respon- 
diese a el I as para darles mas fuerza y vigor, sacandolas de 
las plumas de los poetas y dirigiendolas a los oidos de per- 
sonas que pudieran arrimar los hombros a la empresa de 
destniir las torres, que levanto la codicia y conservaba la 
ambicion y el orgullo? Cosa estraha es en verdad volver 
los ojos a la monarqiiia espaKola a principios del siglo XVI. 
Si un fraile como Luthero pedia reformaciones en Alemania, 
otro fraile las pedia tambien en el corazon de Espana. Pero, 
una diferencia, harto notable para las personas amantes de 
inquirir lo cierto en el estudio de las antiguas historias, 
se levantaba entre las audaces pretensiones de entrambos 

auejosos. El fraile aleman solicitaba con la reformacion 
el clero la del dogma : el religioso espanol solo pedia la 
del estado eclesiastico. 

Cuando Espana por la partida de Carlos Y y iiranico 
gobierno de sus ministros estranjei*os sc dividia en el aho 
de \ r>20 en bandos, rebelandose los pueblos de Castilla, y 
formando comunidades los caballeros pai^a defender sus 
exenciones y Uberlad^ esto cs, la independencia del yugo 
estranjero, y cuando se alzaba la plebe en Valencia y con 
el nombrc de Geimania constituia un gobierno popular 
compuesto de doce oficiales mecanicos y un pescador, al 

f>rincipio en apariencia de defender la causa del rey contra 
OS desmanes de la nobleza, mas al cabo dando muestras 



( i ) Estos doce ultimos versos fueron suprimidos por D. Juan 
Nicolas Bolh de Faberen la edicion que de la/adtn/a hizo en elTVo- 
tro H^pafiol anterior a' Lope de Vega. 



—27— 

de querer destruir a los caballeros y trocarse en i^publica 
a semejanza de las de Grecia y Roma; entonces cierto reli* 

Sioso natural de Burgos, cuyo nombre calla Don Fray Pioi- 
encio Sandoval en la Crdmca del Etnperadoir^ dirigio una 
carta d los obitpos y preladas, y gobernadores y eclesidslicos y a 
lo$ caballera$ i hidaUgos i may noble univenidad de Etpam. 
Este documento, que se lee mtegro en la referida historia, 
habla lai*gamente de los desordenes que en toda suertc de 
personas se veian en Espafta, y acaba en censurar los de 
los eclesiasticos de su sigio,pidiendo con graves y apretadas 
raKones el remedio de tantos ihales que amenazaban der- 
rocar para siempre el vigor de esta vasta monarquia. Veanse 
sus palabras en lo referente a mi proposito. 

«E porque no quiero poner en el olvido los Monesle- 
rios que tienen vasaUos e muchas rentas, sino que quando 
se meten en religion, debe de s^ con celo de servir a Dios, 
e salvar sus animas. Y despues de entrados, que los hazen 
Perlados, como se hallan senores, no se conozen : ant<;s se 
hinchan y tienen soberbia e vana gloria de que se precian. 
Y, como avian de dar ejenmlo a sus subditos, dormiendo 
en el dormitorio e siguienao el coro e refitorio, olvidanlo 
todo y danse a comeres e beberes e tratan mal a sus sub- 
ditos e vasallos, siendo por vmitura mejores que ellos.... 
Tambien es gran dafto que hereden e compren, porque de- 
xandoles los dotadores ouenas rentas para todo lo a ellos 
necessario, es gran perjuicio del Rey, porque de lo que en 
su poder entra, ni pasan diezmo, ni primicia, ni alcabala, 
ni otros derechos. i cuanto mas tienen, mas pobreza 
muestran e publican, e menos limosna hazen. E los Per- 
lados de los Monesterios se conciertan los unos Cop los 
otros, e se hazen uno al otro la barba, porque el otro le 
haga el copete (como se suele dezir), y no miran sus desho* 
nestidades, ni las enmiendan : antes las encubren y zclan 
y passan por ellas como gato por brasas. Aunque es muy 
cierto que ay muchos religiosos Sanctos y buenos ; mas to- 
da via seria bueno e sancto poner remedio en este caso; 
porque si asi se dexa, presto sera todo de Monesterios 



Asi mismo os supiico por amor de Jesucristo se haya me^ 
moria de los servidos de las Yglesias Cathedraies y Par- 
roquiales ; que ya por nuestros pecados todos los males 
exemplos ay en eclesiastieos, y no ay quien los corrija y 
castigiie. Antiguamente se daTan las cugnidades a perso- 
nas sanctas e devotas e de buen exemplo que gastavan e 
repartian las rentas de sus yfflesias en ti*es partes. Sdlieei: 
con pobres y en reparos de las Yglesias e en los gastos i 
costas de los Perlados, como lo manda la Sancta Yglesia... 
Agora por nuestros pecados no se dan ' ni expenden, sino 
k quien bien sirve a los Reyes e a los senores por aver favor. 
Y el que tiene un obispado de dos cuentos de rentas; no 
se contenta con ellos : antes gasta aquellos strviendo a pri- 
vados de los Reyes, para que scan terceros, e los favorezcan 
para aver otro obispado de cuatro cuentos: e auo asi no 
quedan contentos pensando de ser sanctos padres. E otros 
algunos tienen respecto a hazer mayorazgo para sus hijos, 
a quien Uaman sobrinos ; e asi gastan las rentas de la Madre 
Sancta Yglesia malamente, y a los pobres e ^esias no so- 
lamente no les azen bien : antes trabajan de les tomar y 
robar los calizes que tienen. Desta manera se ban los Per- 
lados con sus yglesias. Ved como castigaran los malos cle- 
rigos; y si los castigan sera para los robar (i).» 

Como se ve en las palaoras aqui copiadas de un tan 
importante documento,este fraile natural de Burgos, pin* 
taba con vivisimos colores la disolucion de easi todos los 
eclesiasticos de su siglo. Es cierto que pedia la reforma- 
cion de ellos, a semejanza de Luthero en Aiemania; pero ni 
aun por asomo indicaba la del dogma. De esto se infiere 
que no pretendia introducir novedades en la interpreta* 
cion de las sagradas letras : respetaba al Papa como cabeza 
de la' Iglesia Catolica, y creia con ella lo que la constante 
tradicion habia ensenado a los hombres que entonces vi- 



(i) Histona del emperador Carlos V por D. Fray Prudencio de 
SiindovaL Tomo I. 



—29— 

Yian. Su celo del bien lo llevo a tomar la pluma para la- 
mentarse de los vicios en que habia caido la mayor parte 
del clero, y pedir a grandes voces los remedios que la gra- 
vedad del caso tan urgeniemente exigia, antes que tamanos 
desordenes arribasen a la cumbre de la maldad y pusiesen 
en aventura la paz de los cristianos. Pero su amor a las 
virtudes^ sus quejas justas y su denuedo para echar en ros- 
tro a los culpables, tantos y tan repetidos escandalos, no al* 
canzaron benevqlos oidos d.e los que tenian a su cargo mirar 

Eor el acrecentamiento de la fe y por las buenas costum- 
res que estan obligados a tener los que se consagran al 
servicio de Dios y de su Santa Iglesia. El ningun fruto de 
su ardor, la ninguna enmienda de los vicios, y el acrecen- 
tarse de dia en dia los desordenes de los eclesiasticos de 
aquel tiempo, dando ocasion a los parciales de Luthero 
para atrevcrse a pedir la reformacion de ellos juntamente 
con la del dogma, movio a iguales quelas los animos^le otros 
religiosos espanoles sinceros y pios, los cuales no podian 
contenmlar sin gran lastima el estrago que en las concien- 
cias de las almas, amantes de la verdad catolica, causaban 
unos hombres tan amigos de los placeres y de las pom- 
l^s y glorias que suele ofrecer a los ojos de la ambicion el 
mundo, y tan poco cuidadoios de la afrenta que habia de 
sobrevenir a sus dignidades. 

Santos y buenos religiosos que deseaban ardiente- 
mante dirigir las ovejas del rebano de Gristo por el ca- 
mino de la perfeccion evangelica, volvian la vista a sus 
Gompaneros y en ellos no encontraban sino enemigos. 
Por otra parte, no podrian menos de conocer lo mucho 
que los h^ejes se aprovechaban de los vicios de malos 
sacerdotes, olvidados de Dios y de si mismos, para luego 
levantar a los cielos las quejas y solicitar la reformacion 
del dogma, creyendo ver en nuevas interpretaciones de 
los libros sagrados el fin de tamanos males. 

Por eso en Espafta algunos frailes y clerigos, hombres 
de gran saber y virtudes, y firmes amadores de la religion 
catolica, Uenaron lambien sus obras con otras lamentacie* 



—50- 

nes de las infdicidades qae liabian venido sobre la iglesia, 
a causa del mal prooeder de muchos de sus ministros, 
estraviados de la practica de las viitiides por el engaiiaso 
halaffo de los vicios. 

El padre Fray Francisco de Qsuaa en la Qitmia parte 
del Abecedario E$pirUwdy (obra pubUcada el alio de 1542), 
pintaba con negros colores el desorden en que vivian al- 

i^unos obispos espaftoles de su tiempo, con gran dolor de 
as almas calolicas. Sus palabras son muy notables, y 
por venir tanto a mi proposito no me parece mera de razon 
trasladar algunas de ellas a este lugar de la presente 
historia. 

«Mal procurador seria (dice Fray Francisco de Osuna) 
el que procurasse su mesma condenacion : que procure 
condenacion el que procura dignidades, pareze tan claro, 
que no es menester dezirlo, porque todos los obispos y 
perlados vemos que biven de tal manera que las dignidades 
sirven a ellos, y no ellos a las dignidades. La renta de 
los pobres, que tienen, gas^tan como si la heredaran de su 
padre 6 la ganaran sudando, como en verdad sea patrimo^ 

nio del orucifixo para mantener los pobres suyos 

As de saber que ay dos maneras de obispos : los unos so« 
instituydos por Dios nuestro selior; y estos son los que con 
obras buenas y sanetas doctrinas edifican y rigen con buen 
consejo y exempio la iglesia de Christo, aprovecfaando 
generalmente quanto pueden a la grey del ouen pastor 

de pastores Ay otra manera de obispos que tienen 

anillo y baeulo y gran auctoridad para comer y ataviarse 
con el patrimonio del crucifixo. Estos tales mejor se Ua- 
marian obitpotes, y son figurados en los obispos que hazen 
de los puercos en Gastilla, donde ayuntan muchos pedaci- 
tos y nuessos, haziendolo muy rdleno de cosas diversas 

Era ecfaarlo en una olla podrida y combidar a muchos. 
te obispo no tiene mitra, aunque dene mucha auctoridad 
para hazer que se ayunten a su mesa de una parte y de 
otra hombres honrados que an de comer del ; y acontesce 
que los Jiuessos dan a los pobres. Pues mirando en ello 



ilesta manera, hallaras en la iglesia deChristo muchosobi^- 
pos, de los segundos mas que de los primeros ; porque 
siempre los malos son mas que los buenos. Estos estan 
llenos de buenos bocados y de huessos y espccia, que son 
los diezmos y primicias y otros percances que echan en su 
bolson. A estos obispotes que eligen los hombres y hacen 
los favores humanos, ninguno tenga embidia; porque el 

dia de la muerte hara en ellos gran gira el demonio 

vaziarlos ha como vazian al obispo del puerco, y no le 
dexaran sino el pellejo apartado de la carne, que es la 
vida carnal que antes bivian ; porque ya no podi*Hn gozar 
della: antes ffozaran del aquellos perros infernales que 
Uamian las luigas de Lazaro; porque estos se bolveran 
raviosamente contra el obispo nco avariento pai*a vengar 
la muerte de los pobres^ cuyas rentas el tragava y despen- 

dia en casar sus parientes Teman los clcrigos y 

teman los ministros de la iglesia que en sus tierras, que 
ellos poseen, hazen cosas tan malas que no ccNitentos con 
el salario que les devria bastar, las cosas, que restan para 
mantener los pobi*es^ malamente l^s reticnen y no an ver- 

Siienza de gastar el mantenimiento de los pobres en usos 
e soberbia y luxuria (!)•» 

Pero si con esta vekemencia clamaba Fray Franqisco 
de Osuna contra los vicios que algunos prelados con dalio 
de sus almas y de las de sus ovejas ponian en ejecucion, sin 
miramiento de ningun linaje, otro fraile levantaba sus 



(i) cQainta parte del Abecedario Espiritual, de naevo com- 
pnesta per el Padre Fr. Francisco de Ossona, que es consuelo de 
pobres y ayiso de ricos. No menos utilpara los fravlcs que para los 
seculares y ann para los predicadores. Cuyo intento deve ser re- 
traer los nombres del amor de las riquezas balsas y hazerlos pobres 
de espirita.» Al'fin de la obra se leen las siguientes palabras. cA 
gloria y alabanta de Jesucristo nuestro Dios y senor y de su glorios- 
sisima madre : haze fin la quinta parte del lioro Uamado Abecedario 
Espiritual. Fne impresso en la muj noble y mny leal cindad de 
Burgos, En casa de Juan de Junta. A quinse dias del mes de Abril. 
A no de mil quinientos y qnarenta y dos anos«» 



quejas a ias nukes eon el mismo proposito. Fr. Pablo de 
Leon, del orden de predicadores^ escribio un libro 11a- 
mado Guia del Cielo, (obra impresa el ano de 1555). La 
pintura que haee del desorden en que vivia el clero de su 
tiempo, esta hecha con mano maeatra, y con tan espanto- 
SOS' coloi^es que no podran menos de nioTer a lastima a 
todos los que se procien de buenos catolicos. Veanse sus 
palabnis, lianas de la mayor indignacion contra los que con 
sus vicios y maldades escandalizaban a los cristianos. 

((Estos diezmos se deven a los clerigos y perlados por 
el trabajo que an de tener de las animas que son obligados 
a regir; que justo es que el pastor que guarda ovejas 
que (1) coma ae la leche y manteca de ellas yse vista de 
la lana dellas. Pero el pastor que no las guarda y nunea 
las vee ;,con que razon quiere comer la leche y tresquilar 
la lana? No io se.» 

«Veemos tantas ex<'omuniones, tantas esaciones sobre 
los diezmos, trabaxar de crescer la renta, buscar nuevas 
condiciones, unos logreros arrendadores que pagan la renta 
adelantada a los perlados, que es una lastima de verlos. 
Y los perlados y euros nunea iien sus ovejas, sino ponen unos 
ladrones por provisores ; por visitadores unos obispos de 
anillo de mala muerte que otra vez venden los actos pon- 

tificales Dan inhnitas cartas de escomunion, no 

mirando por que las dan, como sea tan gran pena, solo 
por haber un quarto 6 un real. A ninguno absuelven sino 
por dinero, ni dispensan sin pagarlo. Hazen mil synodos 
simoniaticos : nunea hazen sino inventar como llevaran 
dineros, agora con capelos, agora con breviarios, agora coo 
misales nuevos. Otros guardan el pan como logreros; y lo 
mas caro que se vende en la tierra es el suyo, y adonde lo 
avian de dar a los pobres, robanlos otra vez con el pan que 
ellos dieron de diezmos. Buscan mil achaques para penar 
a clerigos. Todas las penas que merecen vuelven en di- 

(i) Este que es una redundancia muy comon «n las numenis 
de escribir que tenian nuentrosantepasados. 



Hero. Todo eslo hazen los mas ; y allende de esio, si los 
cierigos y vassallos no les traen presenles, tomanlos por 
enemigos ; y estos malaventurados de perlados, como en 

las cortes tienen unos un oficio, otros, otros seculares 

comen en sus casas y tierras con sus escuderos las rentas 
de sus dignidades. Huyen nombre de Padre j gozan de 
Stmria y de /{merendismas de truanes, de mu pajes, de 
mil salvas y banquetes; y nunca veen sus oveias. ]0h 
gran dolor y plaga mortal! Que no tiene hoy la yglesia 
mayores lobes, ni enemigos, ni tiranos, ni robadores que 
los que son pastores de animas y tienen mayores ren* 
tas; que, si alguno sirve, es porque tiene poca renta, que 
el que tiene mucha, luego huye y pone un mercenario, 
ladron como el, y al que mas barrio lo haze. Ved en. 
<}ue estamos y (:uanta pena deben tener los buenos, viendo 
esto, y como deven clamar a Dios que lo remedie....*........ 

Muchos que van a Roma 6 viven con obispos..... no les 

dan los beneficios, sino porque an servido, no mirando 
que ni saven letras, ni tienen buenas costumbres, sino solo 
que an servido. Y de aqui es que por maraviUa viene 
uno de Roma con renta que sepa aun gramatica, ni cria* 
dos de obispos ; y asi toda la yglesia por nuestros pecados 
esta Uena, 6 de los que sirvieron 6 fueron criados en Ro- 
ma, 6 de obispos, 6 de hijos, 6 de parientes, 6 sobrinos, 
6 hijos de eclesiasticos 6 de los que entran por ruegos 
como hijos de Grandes, 6 entran por dinero 6 cosa que 
valga dinero, y por maraviUa enira uno por letras 6 buena 
vida, como lo mando Jesuchristo y manda el derecho y 
razon. Y asi, como dinero los metio en la yglesia, nunca 
buscan sino dinero, ni tienen otro intento sino acrecentar 
la renta.... que de aquella tienen cuidado y no de las ani<* 

mas, que de aquellas no entienden tener la solicitud que 
manda Nuestro Senor. Y como entran otros por servi- 
eios, nunca curan sino de ser servidos y honrados ; que 
la honra y quietud que perdieron sirviendo, quieren la co- 
brar, despues que fueren en dignidad constituidos; y estos 
comunmente yeemos mas fantasticos y entender mas en 

5 



—54— 

criados, y caizas, y halcones y vestidos^ y nunca supieron 

sino curar una mula 6 tener cargo de otros 

oficios viles e infames. {Yestos vienen a I'egir la yglesia! 

Y como en oficios viles fueron criados, y comunmente 
fiieron ambiciosos y sin letras, y sin buenas costumbres 
y sin crianza de nobles, cuando estan en aquellas digni- 
dades no saben hazer virtud : comunmente son enemigos 
de buenos. Si entre ellos viene uno bueno, noble y sa- 

bio. deilos es perseguido.. jOh Senor Dios! jQuan* 

tos beneficios ay hoy en la yglesia de Dios, que no tienen 
inas perlados (6 curas, segun Dios) sino unos ydiotas mer- 
eenarios que no saven leer, ni saven que cosa es sacramento 

y de todas casos absuelven! Este maldito pecado 

(la Injuria), es tan grande que toda la yglesia esta infer- 
nada en el. Y cuanto mayores son y mas ejemplo avian 
de dar, tanto mas corruptos estan en este vicio« Apenas 
se vera una yglesia Cathedral 6 CoUegial que todos por la 
mayor parte no esten amancebados, Uenos de hijos, que 
los unos hacen mayorazgos de los bienes de la yglesia ; y 
no los casan como a pobres, sino como a nobles. Otros a 
hijos renuncian las rentas, de manera que padres c hijos 
todos son canonigos 6 arcedianos 6 otras aignidades. Y 
como comunmente estan essentos de los obispos, y si 
no estan, elios so eximen, nunca ay castigo. Y como ellos 
son malos, los clerigos del obispado todos 6 cuasi son asi. 

Y como los obispos los mas tienen mas cuidado de las 
rentas que de las animas, nunca ay castigo ; y aun todos 
ellos no son limpios deste pecado. Todo este mal maldito 
viene de donde avia de venir la perfeccion, que es de 
Roma. De alii viene toda maldad ; que asi como las ygle* 
^as cathedrales avian de ser espejo de los clerigos del obis- 

Sado y tomar de alli exemplo de perfeccion, asi Roma avia 
e ser espejo de todo el mundo y los clerigos alia avian de 
IF, no por beneficios sino por deprender perfeccion como los 
de los estudios y escuelas particulares van a se perfeccionar 
k las ttniversidades. Pero por nuestros pecados en Roma es 
el abismo destos males y otros semejantes. Y como los mas 



—38^ 

pclcsiasticos de las yglesias cathedrades van a Roma, quasi 
todos, quando vienen, traen esta pestilencia ; y asi nunca 
la dejan hasta que mueren. Asi que de los mayores de- 
prenden los menor^, y asi todo va perdido en la yglesia 

deDios Pero ^que dircmos de los que vieneo de 

Roma, asi obispos como canonigos, como areedianos, como 
oti*os que traen dignidades, que no son sino yd iotas, sol- 
dados, despenseros de cardenales, mozos de espuelas, mo- 
zos de caballos y de establos, sabios en maldad y en virtud 
y sciencia nescios. Y destos .esta liena toda Lspaiia y las 
yglesias catedrales. Y si ay otros, fue porque fuc crtado 
de algun obispo, 6 pariente, 6 hijo, 6 sobrino, 6 hijo 6 
pariente de otro canonigo (que es maravilla), y assi veran 
en la yglesia de Dios unos ydolos todos vestidos de seda, 
llenos de honra, criados y dineros; y en ellos no ay mas vir- 
tud ni sciencia c[ue en un bruto. {Tales rijen la yglcsia 
de Dios : tales la mandan! Y asi como no saben ellos, asi 

^ta toda la yglesia Uena de ignorancia que toda es 

honi^, necedad, malicia, luxui*ia, soverbia, y no entienden 
en otra cosa sino ensalzar y levantar su linage, liazer ma- 
yorazgos y adquirir bienes, como quiera que pueden, bien 
o mal. Y asi ay canonigos 6 arcedianos que tienen diez 
6 veynte ]>eneficios, y ninguno sirven. Ved que cuenta 
daran estos a Dios de las animas y de la renta tan mal 
tlevada (1).» 

Con €>sta libertad se escribia en el siglo XYI contra 
los vicios que reinaban en el corazon de los eclesiasticos. 
Pintura tal hecha por la valiente mano de Fr. Psiblo de 
Leon, del orden de Predicadores y maestro en santa teolo- 

(i) cLibro llamado Guia del Cielo, compuesto por cl mav re- 
Terendo padre Fr. Pablo de Leon, de la orden de predicadores, 
maestro en Sancta Theologia: el qual tracta de los vicios y virtu- 

des Agora nuevamente impresso en Alcala de Henares por 

Joan Brocar, aiio de 1553.* EL rarisimo ejemplar de esta obra que 
he tenido presente para sacar los piCrrafos, trasUdados en el testo de 
mi historia, pertenece i la libreria de mi amigo el entendido e in- 
cansable hibiioiilo 1). Francisco Domecq Victor. 



n, bien merece ser igualada en vehemencia a las admira- 
mes satiias aue dieron fama a Juvenal en la antigua Roma. 
Cada rasgo ae la pluma de este fradle es un dardo punzante 
disparado por la indignacion : cada frase una muesira de 
sus ardientes deseos de ver desterradas de la iglesia de Dios 
la lujuria y la codicia : vicios abominables que contra la paz 
de la cristiandad se habian coniurado y puesto estrecfao 
cerco a las almas de muchos saceraotes, que tenian en mas las 
riquezas y placeres, que el decoro y acrecentamiento de sus 
dignidades. Nunca para la virtud son disculpables aqiiellas 
acciones que van dingidas por la codicia 6 la lujuria^ mansos 
arroyos en los principios que halagan a los mortales con 
el blando murmurar de sus aguas ; pero luego torrentes 
que amenazan derrocar los mas robustos arboles, y lievar 
tras SI con espantosa ruina las chozas^ los ganados y pas^ 
lores. Pues si la practica de los vicios, aun en aquellos 
hombres que se ban dejado arrastrar por sus engaftos, mas 

(>or flaqueza de entendimiento que por impulso de la vo- 
untad, no puede mirarse sino con el desprecio 6 el horror, 
^en aquellas personas que por su dignidad estan constttui* 
das en la obligacion de dar con buenos ejemplos luz a los 
ciegos espiritus que ban caido por su desventura en los ep- 
rores del pecado, con cuales palabras deberan semejantes 
acciones ser calificadas ante los o)os del mundo? 

Es indudablc que en las amargas quejas cle los des- 
ordenes del cleiH>, proferidas por el dominicano Fray Pablo 
de Leon bay mucho de cierto ; porque ^a quien en el aho 
de 1555 se hubiera permitido poi* el Santo Oficio de la 
Inquisicion estampar tan violentas censuras contra Jos vi- 
cios que moraban en los corazones de los eclcsiasticos de 
aquel desdichado siglo, si la verdad, cubierta de sus armas 
y por tanto mas terrible que nunca, no hubiese servido de 
guia primero y de escudo luego al autor que oso mover su 
pluma para sehalar los crimenes, que a la sombra del Santo 
nombi^ de Cristo inicua y sacrilegamente cometian tantos 
hombres, cuyo ministerio era defenderlo y ensalzarlo? Fray 
Pablo de I^eon en su obra intitulada Guia del O'elo se mues- 



—37— 

Ira may caiolico : en ella habla de la Comunion y denies 
Sacramentos de la Igksia en sentido sano ; y por ultimo, 
encarece la necesidad de mantenerse fiele^ los cristiano9 
&k la obediencia de la Sede Apostolica. Pero ^que mas? 
a pesar de las terribles palabras, lanzadas contra los muchi«- 
simos malos sacerdotes que entonees habia en Espiafta, la 
obra no fue prohibida por el Santo Oficio. Veanse los es- 

Eurgatorios de los libros, cuya lectura vedo el Tribunal 
amado de la Fe, y en ellos ciertamenie no se encontrara 
el nombre de Fray Pablo de Leon^ ni el titulo de La Guia 
del Cielo. Tal y tan grande es la fuerza de la verdad que 
muchas veces es respetada aun por aquellos que mas em- 
peno deberian tener en cubrirl^ con las sombras del olvido. 
Las quejas de Fray Pablo de Leon contra algunan 
malos Pastores que arrendaban los bienes de sus obispados 
va se habian oido en Espana algunos anos antes; pero por 
Doca de otros autores, no menos celosos de la paz de la 
cristiandad y del buen ejemplo que por obligacion ban de 
dar al niundo los sacerciotes. El Licenciado Cristoval de 
Villalon en su Pravechoso tratado de cambias decia el ano de 
1546. »En todo esto usan los aiTendatarios al reves porque 
como tiranos^ nunca tienen respecto a la miseria del pueblo 
christiano y de los subditos y feligreses; mas aunque claro 
vean destruyrlos y necesitarlos, les sacan sus reditos con 
vejaciones y censuras y costas en tanta manera, que en otro 
alio no qtieda oveja que. sufra pastor tal^y ansi le liuye como 
a tirano (1).» 

No satisfecho el licenciado Villalon con atirmar tales 



(i) cProTechoso tratado de cambios y contrataciones de mer- 
caderes y reproyacion de usura. Hecho por el licenciado ChristoTal 
de Villalon » graduado en Sancta Teologia. Provechoso para conoscer 
Jos tratahtes en que peccan y nescessario para los comesores saber^ 
los jozgar. Van auadidos los danos que ay en los arrendamientos de 
los obispados y benefficios eclesiisticos, con un tratadico de los pro- 
▼ecbos que se sacan de la confession, risto y examinado por los se^ 
aores del muv alto Gonsejo y Sancta Inqoisicion. Ano de 1546.> 

Al fin de la obra se leen estas palabras. — f A gloria r alabpuxa 



cosas decia en oti'a obrilla suya, habiando de los confiesorei 
que habia en sii siglo.=MConviene mucho que d confessor 
sea cuerdo, prudente y que no carezca de ietras. Hav en 
esle caso el dia de oy un gran mai que requiere gran re- 
medio en la Iglesia de Dios. Que a cada paso vereys mnl- 
titud de confessores ne$ciox, imprudenies y muy ranof, fos qtuH 
le$ par cabdieia de un miserable interes se entremeten en 
este negocio del confessar con tanta liljeralidad como si 
tratassen hazer zapatos 6 otra cosa que muy menos fuesse. 
A los quales convenia que con gran cuydailo fuessen des- 
terrados de la republican antes que aguardar el dafto que 
hazen en ella (!)•» 

Es cierto que a pesai* del inmenso nnmero de ecle- 
siaslicos perversos v. ignorantes, que para daiio de la cris* 
tiandad vivian entonoes en los dominios de Espana, huho 
muchos sabios y virtuosos, algunos de ellos bastante fiier* 
tjes para repremler los vicios v loar las biienas ac^ciones con 
una enei^a v libertad, iguales en grandeza a kis maldades 
que vitupcraban. CIcrigos v frailes celosos de la honra de 
Dioss y frecuentadores do la estrecha senda que camina al 



de naestro Seiior Jesu Christo, v de la glnriosa n'rgen madre sn^a. 
Fenesce el preterite libro contra la usara, lieclioporel licenciado Vi- 
flalon, agora de nnero correeido y anadido por el mismo. hnpresso 
en la muy noble t insigne TiUa de Valladolid, cerca de las escuelas 
mayores,en la ofticinade Francisco Fernandez de Cordova impre&sor. 
Acabosse en 1 5 dias del nies de Agosto. Auo del nacimiento de nues- 
tro Salvador JesuCKristo de mill y quiniento^yquarenta y seysanos.* 

fja primera edicion de esta obra se Kizo en Sevilia ano de 1543 
por Domingo Robertis. (Vease Nicolas Antonio.) 

(f ] cEx.ortacion a la confession, en la cual se trata la bondad 
della por los provechos qne ddla se siguen, y como se ha de aver en 
eUa el prudente confesor y el discreto penitente. Hecho por el licen- 
ciado Christoval deViUalon.i — ^Al fin. — c A gloria yalabania de Naes- 
tro Senor lesn Cbristo. Fenesce el mnv provechoso tralido de los 
provechos de la confesion. Hecho por el ucenciado Christoval de Vi> 
lUon. Impresso en la may noble viUa de Valladolid« cerca de las es- 
cuelas may ores. En la officina de Francisco Femandet de Cordova, 
impresor. Acabosse en qoinze dias del mes de Agosto. Ano de I54((. 
4.*, gotico. 



—59— 

alcazar de la virtud, no se contentarou solo con censurar 
a los malos sacerdotes, sine que escribieron obras asceticas 
con el fin de regir bien las almas y doctrinarlas en la reli- 
gion del Grucificado. Desde el afio de 1520 al de 1560 se 
Sublicaron muchos libros Uenos de sentencias admirables. 
o bay mas que volvei- los ojos al Abecedario espiritual de 
Fray Francisco de Osuna : a la Agonia del trdnsito de Ul 
siuierie por Alejo de Veneffas : al Vergel de oracion y montt 
de cantemplacion de Fray Alonso de Oi*ozco : a la Docirina 
Cri$tiana de Gutierre Gonzalez : a la de Fray Domingo 
de Valtanas : al Camino del Cielo de Fray Luis de AJarcon; 

Jf a otros mucbos libros no menos doctos y pios, escritos por 
OS pocos frailes y clerigos que cultivaban con igual ardor 
las virtudes y las ciencias divinas. Y aunque era gi*ande la 
corrupcion e ignorancia en que vivia la mayor parte de 
los Obispos de aquel tiempo, todavia bubo algunos sanos 
de tan lastimoso contagio : los cuales por sus mucbas le- 
tras fueron luego asombro de Europa en el Santo Concilio 
de Trento. 

Pero estos casos particulares no bastaban seguramente 
a boiTar de los animos de la plebe y aun de la nobleza las 
maldades que la muchedumbre de los eclesiasticos espa- 
noles presentaba a los ojos de todos, sin ocultarlas, al menos 
por vergiienza del escandalo, y sin cercarlas luego de las 
tinieblas del olvido en la bora del desengaiio y escarmiento. 
De boca en boca corrian entonces refranes en (jue se mo- 
tejaba librement^ el modo de vivir y proceder de estos 
malos sacerdotes. Nunea mde cosa mmos que de Abrile$ y 
Obispos btAenas : Obispo de Calahorra que haze los asms de co- 
rona : peHamos a Dios Obispo y vinonos Pedrisco : reniego de 
sermon que aeaba en DACA : cUrigo^ fraUe ojudio no lo tengas 
por amigo : Bula del Papa^ p&nla sobre la cobeza y pdgala de 
plaia : bien se est& San Pedro en Roma, si no le quiian la co- 
rona : eamino de Roma, ni mula coja^ ni bolsa floja : Roma 
Roma, la que a los locos doma y alos cuerdos no perdona : frails 
que su regla guardOj toma de todos ynoda nada : estos y otros 
mucbos proverbios, que remito al silencio, corrian en boca 



4V 

—40— 

ilel vulgo; y tie ella los cog^io eu i555 la docta curiosidad dd 
relebre comendador Heman Nufiez, maestro eminentisimo 
y catedratico de retorica y griego en la insigne universidad 
de Salamanca* Impresos en yarias colecciones de refrane» 
y con autoridad del Gonsejo de Gastilla y del Santo Ofi* 
cio de la Inquisicion han U^ado hasta nuestros tiempos 
para mostr^nos que, si vicios muy vituperableshabia en 
los cclesiasticos antiguos, tambien estaba el yulgo en po* 
sesion de zaheru4os con libertad^no obstante que la conye- 
niencia y ei interns deberian tener empefto y grande en 
echtkv cien candados a cuantos labios pregonasen, con el son 
de trooipetas y atabales, acciones tan inaignas de hombres 
que llevaban consigo la dignidad del sacerdocio, y junta* 
mente la soberbia, la codicia y la lujuria. 

Y /,ciialrs fueron las resultas de tantas y tan repetidas 
maldades? Sin duda alguna el resfriamiento ya que no 
de la fe, al roenos del amor a las practicas catolicas. Cierto 
fraile frahciscano, ouyo nonnbre se calla, compuso un Tra^' 
lado del valor y efeclo de las indulgencias^ impreso en 1548^ 
con el fin de incitar al pueblo a que estimase en mucho 
estos socorros espirituales. No le movio a tomar la pluma 
mas que considerar lo poco en que e$to se estima par muehoi 
y el menos caso que dello se haze^ y la grande negligencia qui 
se ttetie en adquerir tan a poca costa soearro y aUvio tan ne^ 
cessario ( 1 )• 

El mitigai*se mucho el ardor de la fe en los cora2one» 
de gran parte del vulgo nacio sin duda en los escandalos 
que daban los cclesiasticos con su vida desordenada. Bien 



(i) cTractado del valor y efecto de las indolgencias y perdo- 
nes.v Al fin. tA gloria de Jesa Ghristo y i utilidad de los eaioUcoi 
christianos haze fin el tratado del ralor y efecto de las indulgenrias y 
perdones. En el qual se satisfacenyaclaran muchas dobdasy pantos 
<jae entre las manos cada dia se tratan acerca de las dichas indulgea- 
cias T perdones. Fa<^ impresso en SeriUa: en la emprenta de Jaoo- 
me Cromberger. Ano del Senor de mil y qpinientos y enaranla y 
ocho.i — 8.« ghot. 



conocio estos males ybien pidio su remedio el Doctor Juan 
Bemal Diaz de Lugo, (obispo que luego fue de Calahorra)^ 
cuando escinbio su Aviso de Curas^ obra publicada bajo la 
proteccion del Gardenal Don Juan Tavera, Arzobispo de 
T<4edo e inquisidor general. Veanse sus palabras: «Al1- 
ennos clerigos suelen dezir que los subditos deven hazer 
lo bueno que ellos les aconse]an, y no mirar a como viven. 
No son todos capaces de considerar esta i*azon, mayormente 
en los pueblos donde no alcanzan ni veen otro Prelado, 
ni oyen otro predicador, ni tienen otro dechado de la vida 
Christiana, sino solo a su cura.... Cuando los que predican 
viven al reyes de lo que dizen, entre los hombres ignorantes, 
y no bien instructos en las cosas de la fe, hazeles poner 
dubda en ella, 6 no darle aquella antoridad que meresoe; 

Eorque el demonio de las malas obras del predicador 
aze argumentos contra la fe y doctrina que prcdica, re- 
presentando en el entendimiento de los hombres que,pues 
aquel que sabe la ley y la enseiia haze las cosas que ella 
veda que se hagan, no debe ser tan cierto ni vcrdadero el 
castigo con que el amenaza a los malos,ni el galardon que 
promete a los buenos; porque si el lo tuviese por verda- 
dero, como quien mas sabe dello,huyria de lo uno y pro- 
curaria de alcanzar lo otro (!).» 

Tal era el modo de discurrir del vulgo con presencia 
de aquellos vicios en que habian incurrido muchos ecle- 
siasticos espanoles del siglo XVI. La fc estaba resfriada 
en los corazones de algunos hombres de la plebe y aun 
de la nobleza. Todos pedian la enmienda de tantos daiios, 
De forma que los mismos frailes y clerigos que no se apar^ 
taban del camino de la codicia y Injuria, dsiban ocasion a 

( i) c Aviso de cnras mur provechoso para todos los me exer- 
citan el offipio de eitrar animas. Agora naevaineiite aiiadido por el 
Doctor Juan Bemal Diaz de Luco del consejo de S. M.» — Al fin. — 
cFue impressa en la muy noble Tilla y florentissima universidad de 
Alcala de henares en casa de Joan Brocar a vevnte y cinco dias del 
mes de Octubre: del ano de Nnestro Salvador Jesu Cbristo, de mil j 
qninientos v cnariCDta t tres anos.> 

(J 



(jue los lierejes pudiesen con mas seguridacl prender el 
fuego del Luteraiiismo en el cuerpo de esta monarquia. 

Al propio tieinpo que con semejante libertad nuesiros 
maybres reprendian a los que iban separados del camino 
de la virtud,algunos religiosos devotosyamadores del lustre 
y exaltacion de la fe catolica, manifest aban bien claramente 
tu parecer, adverso a aquellos que guiados por la eslupida 
ignorancia 6 barbara malicia pretendian engaftar al vulgo 
novelero, haciendole caer en las mas ridiculas supersticio- 
nes. Cieiio fraile del orden de San Francisco, guardian 
del convenio que esta religion tenia en Alcala de Henares, 
Uevado de un santo deseo de visitar a Jerusalem y demas 
higares de la Palestina en que predico Jesucristo, empren- 
dio tan largo viaje el ano ae 1o50. Era su nombre Fray 
Antonio de Aranda. Despues de ver minuciosamente toda 
la tierra Santa, compuso una Verdadera descripcion y noticia 
asi de Jerusalem como de las provincias de Judea, Samaria 
y Galilea. Dedico su obra a las muy magniticas y reveren- 
das seftoras Dona Francisca y Dona ihiana Pacheco, monjas 

Srofesas e liijas de los Gondes de Santistevan, marcraeses 
e Villena y despues de Escalona, y la saco a la luz publica 
el afio de i&TA. 

La descripcion de la tierra Santa que hizo Fr. Antonio 
de Aranda es estremadamente rara. En ella se burla el 
autor, hombre sapientisimo, de cierias supersticiones de 
los cristianos, habitantes eh Jerusalem, muy ridiculas, y so- 
bre todo danosisimas, a causa de la opinion que en los 
turcos engendraba, cuando pretendian algunos ignorantes 
6 maliciosos con vanas ceremonias y con una barbara ere* 
dulidad engrandecer y dilatar por las tierras de infieles el 
nombre del Crucificado. 

En aquel siglo hacian los cristianos una procesion en 
la tarde del Sabado Santo para esperar que descendiese 
sobre el sepulcro del Dios necho hombre, un fuego que 
creian ser venido del cielo, cuando en realidad estaba pre- 

Sarado por el artiticio de algunos. Fr. Antonio de Aran- 
a conocio el engano, y no pudo menos de manifestar su 



opinion en la mencionada obra. Veanse siis palabras, bien 
nolabies para dichas en un siglo, del que tan falsas noticias 
nos ha dado hasta ahora la ignorancia de unos y la mal- 
dad de otros. 

<(Oyganios, pues, el como agora estc miraglo del fuego 
passa, segun que como testigo de vista dire, dejando libre 
el juizio de cada qua! para que le aprueve 6 le condene. 
Es de saber que siendo esta tierra poseyda de intieles r 
resfriada (por dezir la mas verdadera ocasion) la caridail 
en los fieles, esta misericordia sobredicha cesso: pero como 
estava tan usada e impressa en los corazones de los tieles, 

Crseveravan en hazer cada afio los cristianos que aqui se 
Uaban,la representacion de lo arriba relatado, dado que 
carecian de la ^ verdadera : la qual diximos aver desapa- 
recido. El qual hecho cntendicio por los moros que en- 
tonces eran sehores, y agora de los turcos, haziendo befa 
de la lijera credulidad del pueblo, hallo modo la cobdicia 
infiel con oue hazer entender a los ignorantes y aun ar^ 
rogantes tieles, que el fuego venia del cielo. El modo es 
este: viene cl miercoles 6 jueves de la Semana Sancta el 
turco que tiene cargo de la ciudad,acompanado dc turcos 
y moros, y manda apagar y matar todas las lamparas que 
arden sobre el sancto sepulcro; y cierra la puerta y sellala 
porque nadie entre dentro. Venido,pues,el sabado Sancto, 
ya despues de comer, y estando todos los christianos que 
cle todas las naciones sc hallan en hierusalem, viene otra 
vez el ^u6aMi, acompaftado de turcos y moros, a fazei* venir 
el fuego del cielo : y abre la puerta el y otros turcos y moros. 
En este medio vi una nacion de aquellas que metia una 
lampara sin algodon y mecha; y preguntando yo (porque 
estava a todo lo que passava muy atento) que <,pal*a que era 
aquella lampara? fueme respondido que para que avia de 
venir el resplandor 6 fuego sobre aquel oleo. Salido, pues, 
el christiano, despues los infieles cerraron la puerta sim- 
plemente sin mas cerradura ni sello, y assentdse el subassi 
en una silla cabe la mesma puerta, y los otros en unos 
poyos de piedra que estan deiante la dicha purrta. Es^o 



9S$i kecho, sin yo salier que hizierpn dentro (pdrcJUe es tni 
intencion dezir lo que vi y deiar el juyzio libre de cada 
uno que leyere esto) sale de la capilla mayor la nacion de 
los gnegos, muy en orden de procesion con omamentos de 
seda y con algunas piezas de plata en las manos que dlos 
usan.... En fin, dada la vuella,a mi parecer mas con bo- 
llicio que con devocion y teniendo todos cuantos presentes 
estavan manojos de candelas pequenas muertas en las ma*^ 
nos, el patriarca,que assi mesmo tenia dos manojos de can- 
delas, llega a la puerta del septilchro, y dexatidole entrar, 
prestamente y con grandes saltos y plazer sale del sepulchre 
con aauellos dos manojos de calidelas ardietido, y corre 
saltanao azia su coro, tras el qual corrieron muchos per 
encender sus candelas ; y supitamente todo aqtiel pueUo 
de tal manera fue conmovido, que jamas vi ni pienso que 
Yere cosa de tal calidad; ca unos entrando en el mesmo 
$epulchro a encender, otros encendlendo de los otros, otros 
saltando y brincando, teniendo las manos altas con las can- 
delas encendidas y gritando cada qual en su lengua era una 
cosa tan rebuelta y confusa que parecia a las que en el jtiego 
no anddvamos que la yglesia ardia en bivas llamas, y que los 
kombres con gran placer andavan en medio dellas. Creo 
que estavan dentro de la yglesia mas de dos ^il christian 
lios. Despues desto y entre este regocijo sale cada qual de 
las otras naciones en procession con gran solemnidad y pla- 
zer. A todo esto estavamos nosotros en el sobreclaustro del 
sancto sepulcro.... mirando lo que passava como quien estd 
a ver representar camedta, E digoos en verdad que no podiO' 
tnos hazer sino reyrnos de lo que veyamos : mucho empero na$ 
peeava y nos confundia lo que sentia$nos; eansiderando que lo$ 
infieles tomavan ocasion de creer que ioda nuestra creencia y 
christiandad era de Ian poco fundamento, como aquello que pal^ 
pavan y vmn..... El interesse que al turco de aquesta cosa 
se le sigue es que despues de tomado el fuego, todos van 
a visitar el sancto sepulcro, y no dejan entrar ninguno sin 
que a lo menos le den dos cathas (l).» 

(i ) cLa verdadera descripcion de la tierra SancU como ettara 



Vease aqui la opinion de un autor cat6lico,conlraria 
a las necias supersticiones con que algunos malos sacerdo^ 
tes pretendian engahar al vulgo en el calamitoso siglo de-* 
cimo sesto. Demas esta decir que el santo oficio de la In- 

auisicion nada hallo en la obra de Fray Antonio de Aranda 
igno de censura y de castigo. Su descripcion de la tierra 
Santa corrio de mano en mano sin estoi*bo de ningun li-' 
tiaje. 

De aqui se infiere cuan lejanos caminan de la verdad 
•quell OS que juzgan con ligereza acerca de lais opiniones 
de nuestros antepasados. Si hallaron en gran parte del 
vulgo, ignorante siempre en todos los siglos, grata acogida 
los engaiios artiticiosamente dispuestos por los malos ec\e^ 
siasticos, que guiados de interes infatne 6 de un error de 
entendimiento, pretendian de esta snerte encrrandecer la 
religion catolica ; no faltaron en verdad frailes sabios y 
virtuosos aue se opusiesen a las corrientes nacidas de la 
conveniencia y acrecentadas con las aguas de una credu*- 
lidad vana, pronta a ser dirigida siempre por los que 
conocian su naturaleza, su vigor y su facilidad en rendirse 
al impulso de cualquier viento. Todas estas cosas juntas 



el ouo de MDXXX. Comienza im trata^o el qtial contiene miiy par- 
ticular y yerdadera informacion de la ciudadoancta de Hierusalem y 
de todos los lugares sanctos qtie dentro v fuera desta ciudad sancta 
estan, seualados de principal intento aqiiellos donde cliristo nuestro 
dies y redempior celehro los misterios de ntiestra redempcion. Item se 
oontiene en este tratado uoticia may particular de todos los otm 
sanctos lugares en que christo nuestro dios obro siiu[ulares myste- 
rios, contem'dos enlasproyincias deJudea, Samaria y Galilea con hre- 
te y general descripcion de la tierra de promission, declarando U 
causa del nombre y de su sanciidad. T todo esto descripto y escrito 
k> mas clara y devotamente que el tiempo sufre y el antor con dil»- 
gente inqoisicion y Tista ]pudo alcanzar i saber y entender. £n €l 
^o de MDXXX » ^ompuesto por el muy reverendo padre Fray An- 
tonio de Aranda^ Guaraian de Sant Francisco de alcaU de Henares. 
El qual lo vio y passeo. A gloria y honra de ntiestro Senor Jesa 
Chnsto y consolacion j proyecho de los leyentes* — ^AlcaUde Henacvs 
por Miguel E^ia^ Ano de 1531. > 



pareciaii como Haves que se ponian en manos de loa protes* 
tantes para facilitar en estos' reinos la entrada de sus 
doctrinas. 

' Es cierto que el santo oficio de la Incniisicion velaba 
para atajarles el paso. Y nihgun rcmedio halld mas opor- 
tuno, fuera de los castigos de cuantos huian de la fe 
catolica, que la prohibicion de la lectura de la Biblia en 
lenguas vulgares. 

En Espana no habia en el pueblo bajo devocion de 
ningun genero a escudriiiar las sagradas escrituras, como 
acontecio en otros reinos infectos de la herejia. Es cierto 
que en el siglo XVI se escribieron muchisiraas obras as* 
ceticas y se nablo en ellas largamente de la disolucion del 
clero y del modo de remediar sus vicios ; pero los autores 
de semejantes escritos fueron casi todos eclesiasticos. Esto 
prueba que las cuestipnes religiosas no se miraban con 
gran empeiio por los espaftoles que en aquella edad florer 
cian. Asombra e\ numero de seglares que dedicaron sus 
ingenios a componer libros de filosoRa, de medicina, de 
historia, de politica y de todo genero de letras ; pero cier- 
tamente de muy pocos de estos se hallara memoria de ha* 
berse mezclado para cosa alguna en las materias de religion, 
que tanto turbaban la paz y los animos en los reinos es- 
tranjeros. Por eso el santo oficio creyo que, arrancando 
de las manos del vulgo las traslaciones de la Biblia en 
lengua castellana, quitaba a los espaiioles la ocasion de que 
algunas personas ae flaco entendimiento, suiados por los 
consejos de los herejes, torciesen el sen tido de varios pasajes 
de las sagradas letras. Y como de aqui podrian nacer al 
cabo, deseos de interpretarlas cada cual a su manera, y 
Ilenarse de bandos religiosos estos estados con grave ruina 
de ellos, creyeron evitar estos males con cerrar al vulgo la 
puerta por donde quiza podrian tomar afecto a las cues- 
tiones que hasta entonces habian mirado desdenosamente 
y como cosas llenas de vanidad y de locuras (1). 

(I) Don Fr. Bartolome de Carransa, araobispo de Toledo, era 



Pero algunos sabios varones no pudieron menos die 
niirar con dolor que la lectura de las sagradas letras^ se 
vedase a los fieles como cosa contraria a la salud de las 
almas ; y con bastante libertad derramaban en sus escritos 
opiniones muy distintas de algunos religiosos y doctores 
que habian aconsejado al santo oficio semejante providen- 
cia. Contra estos levanto su voz un canonigo de Plasencia, 
hombre de Sana doctrina y celo del bien. Hablo del 
doctor Antonio Porras, quien en su Tratado de la oraeion, 
decia el ano de 1552 las razones siguientes. (t^Conio? 
^uestro Dr. Christo enseno cosas tan escuras e iiiculcadas 
que solos los theologos las pueden entender? Y si es asi 
que la dotrina* que Christo enseno es clara y distinta y 
necesaria a todo el universo, ^por que causa se ha de re- 
traer a pocos lo que es comun? i si es asi que Christo 
dessea que sus misterios sean universalmerite divulgados 
y de todos entendidos y sabidos, ^por que se han de alzar 
con ellos los theologos? Oxala que todas las mujeres no 
se ocupasen en leer otra cosa sino los evangeiios y episto- 

las de dan Pablo! Pluguiese a Dios que los laoradores 

y oticiales no cantassen otros cantares para relevar su 
trabaxo sino el sancto evangelio. Y ]oxal«i que en tales 
Guentos y fablas'pasassen su camino los caminantes! jQue 
todas las platicas de todos los christianos no fuessen sobre 

otra cosa sino sobre la dotrina evangelical v... ^Conio 

se puede creer que solamente el saber y entender ia eran* 
gelica dotrina avia de querer Dios que fuesse aplicado a 



de este sentir en su prologo al Caiedsmo de la doctrina criiiiana. 
(Amberes i558.) cEn Espaua que estava y esti limpia desta cizana... 
iproyeyeron en redar generalmente' todas las traslaciones -vulgares de 
>la Escritnra, por qoitar la ocasion i los estrangeros de tratar de sus 
tdiferencias con personas simples j sin letras* Y tambien porque 
ttenian j tienen experiencia de casos pardculares y errores que co- 
•■leniaTan a nacer en Espana y hallaTan que la raiz era aver leydo 
lalgonas partes de la Escritura sin las entender. Esto que lie dicho 
thaifta aqni es historia Terdadera de lo que ha pasado. Y por este 
ifbndamento se ha prohibido la BibUa en lengua vulgar, i 



pocos? Siendo todo lo-demas universal y comun a todos 
;ic6mo se puede decir que a solos los theologos escogio 
Dios para entender los secretos misterios de la ley chris* 
tiana, desechando della a todos los demas? (1)» 

M propio tiempo que el Dr. Antonio Porras se que^ 
jaba de la prohibicion de la lectura de la Biblia en lenguafi 
vulgares, el santo oficio vedaba cuantas traducciones cast&^ 
lianas se habian hecho de todos 6 de alguno de los sagrados 
libros. Su primera diligencia fue poner en todos su» 
indices espurgatorios «La traslacion que hizo (Alonso A1-* 
varez de loledo), en vulgar, del libro de Job queanda jun- 
tamente con la traslacion de los Morales de S« Gregorio 
del mismo autor, impresa en Sevilla el afto de 1527, se 
prohibe. » 

Pero aunque era grande el rigor de los inquisidores 
para no dejar que las traducciones castellanas de la sagrada 
escritura anduviesen de mano en mano, hallaron los que 
querian doctrinar al pueblo en las sentencias divinas un 
arbitrio bastante ingenioso, con el tin de burlar en lo po* 
sible las determinaciones del santo oticio, y al propio tiem-* 
po dar cumplida satisfaccion a sus deseos. Las traslacio* 
nes en verso castellano de algunos libros de la Biblia no 
atraian contra si las sospechas ni el recelo de los ministros 
de aquel severo tribunal, atalaya de la fe catolica en estos 
reinos ; y asi muchos hombres sinceros y pios dedicaron 
su ingenio a csta tan dulce tarea. Sin duda alguna el 
primero de todos fue uno cuyo nombre se ignora : ei 
cual puso en idioma y metro espanoles los proverbios de 
Salomon, el aiio de 1558. Su obra es harto notable, asi 
por la sencillez, elegancia y (idelidad con que acabo su 
trabajo, como por las doctas glosas con que ilustro las sen- 
tencias de aquel sabio monarca. No quiero dejar a la cor-* 
tesia de mis lectores la verdad de mis palabras, y por ese 



(J) Tractado dn la oracion. — AlcaU de Heaares, por loan 
Brocar. Ano de 1553. 



—49— 

copio aqui unas cortas miiestras de esta rarisima obrita* 
Son los ocbo primeros proverbios: 



EH hijo sabio, muy grato 
es k su padre, 
y es tristeza el insensato 
de su madre. 

Los tesoros mal ganados, 

tan danoses 

son, qae causan mil pecados 

espantosos. 

De la moerte perdurable 
y su malicia 
libra por modo inefable 
la justicia. 

De hambre nunca affligida 
sera el alma, 
de aquel al qual deuida 
le es la palma. 

Las assechanzas que trala 
el que es maligno, 
Dios destruye y desbarata 
de contino. 

Apareja gran pobreza 

sin dubdar 

qualquier mano que empereza 

en trabajar. 

La mano de aquel que obra 

fuertemente, 

gran riqueza es la que cobra 

prestameute. 

Aves sigue y pace vienlo 
el menliroso, 



—50— 

que funda sobre cimiento 
rauleloso {i). 

Kl sabio teologo espanol Benito Arias .Montano, des- 

Inn's (le haber clirigido la edicion poliglota que se hizo de 
a Biblia en Anvers, a espcnsas del rey Felipe II, no solo 
tiMuluio de la lengua heorea en escelentes versos latinos 
los sannos de David, sino tambien puso muchos de ellos 
en metro castellano, con aquella propiedad y elegancia 
que son de admirar en cuantas obras existen de este in-* 
signc teologo. La version de los ssilmos del rey profeta, 
herha en vei^sos latinos, vio la luz publica sin estorbo de 
ningun generoycon universal aplauso de los doctosy per- 
mision de los jueces del santo ofacio ; pero la traslacion cas- 
tellana pernianece inedita, con lastima de los que ban po- 
dido contemnlar una a una sus bellezas. Felizmente pue- 
do ofrecer a la curiosidad de los amantes de nuestras 
glorias literarias la traduccion del salmo Miserere, debida 
a la pluma de Arias Montano, y sacada de uii codice, se- 
gun se dice, escrito por este sabio humanista (2) : 

Dios que en la eterua christalina cumbre, 



(i) Ei ejemplar que he tenido presrtite, para eii la selccta 
libreri'a de mi generoso amigo el Sr. D. Jose Maria de Alava. En la por- 
tada hay una mmina que representa a' S. Pablo y S. Pedro : la cual 
ocupa la mitad de Li noja. En esta se leeu las siguientes palabras: 
(Coinienzan los proverhios de Salomon, interpretados en metro y 
glosados. > Al fin. t A ffloria de Dios, j de su Sanciissima madre y 
utilidad de los fieles catholicos se acabo esta obra. Fue iinpressa en 
la insigne ciudad de Cuenca, por Juan de Canoua, en el aiio 1558. • 
" (2) En la seleeta libreria de mi amigo el doctisimo anticuario 
gaditanoD. Joaquin Rubio existe un ejemplar impreso de la obrainti- 
tukda * Davidis Regis ac Prophets aliorumque sacrorumvaium pscUmi, 
ex hebraica veritate in latinum carmen a Benedicto Aria Montano ob~ 
servantissime canversi. Anttierpia : ex ojficina Christophori Plantini 
M. D. L. X. XIII. 9 Al fin hay yarias ho]as mss. donde se contienen 
algunos salmos, puestos en vet*so casteUano por Benito Arias. Y 
en una nota escrita por mano moderna se lee lo sigiiiente: <E1 MS. 




—51— 

Respelado de Archangeles habitas, 
Pues la misericordia es la costumbre 
En que mas de ordioario te exercitas, 
Segun la grande inmensa muchednmbre 
f)e tus misericordias influitas, 
Borra de mis delitos el processo 
En tu divina elernidad impresso. 

Este fragil caduco pecho mio, 
Que en el cieoo del mundo se rebuelve, 
Buelve a lavarle en el profundo rio 
Que nasce de tu mar, y a tu mar buelve ; 
Que limpio de aquel loco desvario 
Que, como el humo, en nadase resuelve, 
Podra quedar, mirando a su pobreza, 
Humilde imitador de tu pureza. 

Mi miseria conozco. No te assombre 
Que lo diga, senor, desta manera ; 
Que cuatido quieres tu baxar al bombre, 
Sirve el conocimiento de eseaiera. 
Mi pecado cruel, que tiene'nombre 
Y aun hecbos bravos de espanlable fieru, 
Por hijo es menester que le declare ; 
Pues, qual bivora, mata a quien le pare. 

Contra ti solo cometi la ufensa, 
Que en ofrecer mis trazas no me fundo ; 
Porque estoy cierto que mi culpa inmensa, 
Despues de ti, cs mayor que lodo el mundo. 
Yo cometi este mal sin recompensa 
Delanle tu valor que es sin segundo : 
Aunque tambien, seiior, fuera lo mismo, 
Cuando lo cometiera en el abysmo. 

Quando tu espada que un cabello corta 
Romper quiera mi pecho mas rigido, 
Por toque tiene de palabra importa 



•que esta en cste libro y sigue hasta la pagina anterior, desde el I'ndice 
impreso, de los psalmos de David ; scgun mi inteligencia y tal qual 
conocimiento, es de la letra y puno del celebre Benito Arias Montano, 
grande doctor theologo, y liumanista consumado: en el cual canta 
en verso castellano, sencillo y puro,mnchos psalmos de David, ex- 
plica divinamente el psalmo 50 en prosa>y kiego en octavas ritmas. 
Es nn MS. nmy apreciable y de merito singular. > 



1 



Cumplir lo que a ta geDte has protaetido. 
£1 golpe y la crueldad templa y raporta, 
Be tal suerte, mi Dios, que seas veocido 
Guando entrares de amor en las peleas, 

Y vencedor cuando juzgado seas. 
Para saber quan miserable vengo 

A ofrecerte del alma los despojos, 
Mira el pecado original que tengo, 
Aunque es objeto indigno de tus qjos; 
Y, si en sus vantdades me entretengo, 
Disculpa en cierto modo mis antojos ; 
Que no es mucho ser padre de pecado 
Quien dil fue concebido y enjendrado. 

Mira que la verdad es una dama 
Que en un espejo de christal se mira : 
£n ttt pecho encendi6 la ardiente llama 
Que por los ojos el amor respira ; 

Y ahunque la 6 conoscido por la fama, 

Ya e visto su beldad que al mundo admira, 

Y el bien de havelia visto me resulta 
De tu sabiduria cierta oculta. 

Rociame, se&or> con tu hysopo 
Que en la verdad que digo he descubierto ; 
Que, aunque dificultad en ello topo, 
Se que ha de ser, pues lo dixiste, cierto; 

Y quedar6 tan bianco como el copo 
De la nieve mas Candida del puerto, 
Quando entre sus diaphanas blancuras 
Se rebuelven del sol las luzes puras. 

Al^grese mi oydo temeroso 
Con la voz que se forma en tu garganta^ 
Cuyo divino acento milagroso 
Al cielo alegra y al infiernq espanta. 
Que, pues criaste al cielo poderoso 
Con sola una palabra tuya santa, 
Con ella qnedarjm regozijados 
£st08 huessos humildes quebrantados. 

De los pecados miserables mios 
Aparta essa divina faz serena, 
Que esl& por ver mis locos desvarios 
De furia, sana y de venganza Uena ; 

Y ya que de Leon tieoes los brios, 
Procura (pues tus pies en el arena 



— 5J^- 

Escriven mis pecados quandix corren) 
Que con la colade lu amor se borren. 

Cria 60 mi pecho uo corazon lao puro, 
Que biva en ^l la humaoa carne muerta ; 
Porque esle que aborrezco est& tan dure 
Que ser nada convrene que se advierU. 
Aunque, pues es creacion la qiie proouro, 
Que havra deser de nada es cosa cierta: 
Cria, senor, con admirable9 mafias 
Un espiritu recto en mis entranas. 

No me apartes, senor, de tu presencia, 
Porque sera deltodo deshazerme; 
Que, si' estas donde quieres por esencia, 
Para apartarme, en nada he de bolverme. 
Tu espiritu que en oii tieue aaistencia, 
Despnes que 44nto quiso eniprandecerme. 
No dexe libreel corazon cfuUivo (4) ; 
Que quedar libre d6l es ser couitoo. 



Gomo ai bien que pretendo me remontes, 
A quantos aborrecen tu memoria 
De lexos mostrar^ los altos montes 
Por donde va el camino de tu gloria;; 

Y el que haze temblar los orizontes 
Con la gran voz de su orueldad notoria, 
Viendo que no tomaste en mi venganza, 
Ya qne no tendra K, tendra esperanza. 

LibramOy Diosmio, de la muerte, 
Que me ofrece micuerpo mi enemigo ; 
Qne dos vezes te Uamo desta suerte 
Por mostrar el fervor con que lo pido. 
Mi lengua^en todo rigorosa y fuerle, 
Qulere de tu demencia ser testigo, 

Y alabarla tambien con voz propicia, 
Reboelta y disfracada en tu justicia. 

Abre, Senior, estos rebeldes labios, 
Que cerrados estin con los cerrojos 
De la gran multitud de los agravios 



(1 ) Parece que debe decir §$qmto. 



—54— 

Que cometi en presencia de tus ojos ; 
Y esta boca mortal, que a tantes sabios 
Sueie causar de confusioa enojos, 
Ocupara de hoy mas la lengua suya 
En la grandeza milagrosa tuya. 

Si sacrjflcios solos ie obligaran 
A perdonar estos pecados graves, 
La tierra, el agoay viento me preslaran 
Gran multilud de fieras, peces y aves; 
Peroestas cosas juntas no reparan 
Un pecado mortal ; pues, segun sabes. 
Para tener de sacrificio nombre 
Ha mauester el corazon del hombre. 

El sacrificio, para ti mas bueno, 
Es la pena y tormento que padesce 
Uu espiritu humano que est4 Ueno 
De las tribulaciones qae aborrece. 
Del coracon que de si mismo ageno 
Con la humildad profunda resplandece, 
Es menester, Dios mio, que ie (1) agrad^; 
Pues ores tan amigo de humildades. 

Con tu benignidad, que causa espanlo, 
£1 moate Siou es bien que adviertas 
En este pecho, que deshaze en Uanto 
De so ferocidad las cumbres yertas. 
Traca, pues, senor mio, el lugar santo, 
Los altos muros, las famosas puertas, 
Las fuertes torres y las casas ricas 
Desta Jerusalem, que en mi fabricas. 

Que entonces, apesar del mundo vane, 
Darte podran mis sacrifioios gusto, 
Quando al altar divino y soberano 
Los lleve un coraoon sincere y justo. 
Y entonces con mi propria y iodigna manov 
Del animal mas fiero y masrobusto 
Arrojare de amor y temor ciego 
La palpitante victima en el fuego. 

Glorifiqaese el Padre, 4 qnien adora 
La machina del circulo estrellado, 



(1) Parece que debe leerse tej no U. 



I 



k 



Y el Hijo elerno que eo su pecho mora 

Y el Spiritn dellos emanado, 
Como era en el principio yes agora 

Y a de ser en el tiempo, que esperado, 
Es para eternizar, y hacer benditos 
Los siglos de los siglos infinitos. 

El ejemplo de Benito Arias Montano f ue seguido lue- 
o por oiros machos poetas espaiioles, frailes cBsi todos^ 
OS cuales trasladaron en lengua y versos casteilanos ad-« 
gunos de los salmos del rey profeta. Otros libros de la 
sagrada escritura tambien fueron traducidos, sin riesgo 
de los que osaron acomieter tal empresa, puesto que los 
inquisidores, cuando se usaba de los versos para traba- 
jos de esta especie, no ponian estorbo alguno : porque 
cTei$in ver en ellos una prueba del celo que tenian clel bien 
sus autores, siendo en realidad una protestacion de las 
providencias que vedaban la lectura dc las divinas letras 
en rpmance. Pero a los traductores de estas obras jamas 
se permitio el uso de la prosa sino tan solo en los comen- 
tanos 6 interpretaciones ; y, si alguno por su desventura 
osaba caminar contra las rigorosas ordenes del santo ofi- 
cio, los calabozos, los tormentos y tal vez la hoguera le 
daban el castigo de haber querido doctrinar al pueblo« 
Llego a tal estremo la poriia de los ifiquisidores en este 
case, que mientras prestaba su consentimiento para im«* 
primir algttna traduccion del libro de Job, hecha en verso 
castellanoy prohibia en sus indices espurgatorios aquellas 
versiones de la misma obra^ que estaban en prosa. En 
realidad no querian que el testd fielmente puesto en idio* 
ma espa&ol corriese cle mano en mano para que el vulgo 
hallase ocasion de interpretar a su manera los sagrados 
libros. Ya cuando estos eran trasladados en verso no 
cabia semejante temor; pues por muy ajustadas que fuesen 
a los originales las traslaciones castellanas de semejantes 
obras, siempre constaba al que las faabia de leer que 
no estaban del todo conformes, por la libertad conce^ 
dida a los que toman a su cargo reducir los pensamien« 



tos de autores estrafios en otro metro y otra lengua. 

Pero aunque el santo oficio era tan severe en este y en 
otros casos, toaayia en algunos acostumbraba mitigar sus 
rigores, dejando correr libremente aquellas obras que 
hacian gran falta a los hombres, amantes del estudio de 
las letras humanas y cuya lectura estaba prohibida en los 
indices del Papa. Esta noticia tan rara se ye acreditada 
f>or cierto erudito del siglo XYI, Uamado Lorenzo Pal- 
mireno, el cual en un tratadito que compuso sobre la 
Fdeil imttacion de las ehgancicu retoricoi de Marco Tulio, Hi 
4560, estampo las razones siguientes, per cierto bien 
notables. 

((Donde cuento abaxo los comentadores catholicos de 
Giceron, doy por reprovado a Xisto Betuleio en todo lo 
que ha scrinto ; porque tenia entonces en la mano el ca- 
talogo del Papa Faulo IV. Despues de acabado el librico 
conferiendo le con el catalogo del Santo Officio de Gastilla 
halle solamente serprohibido sobre los officios de Ciceron. 
jDtbs le di mucha vidaal inquisidor mayor que hd 9ido en esse 
y Qtros libros mas liberal con los estudiosos que no el Papa ; 
porque si los adagios de Erasmo nos quitaran, como el Papa 
queria en su catalogo, bien teniamos que sudor. Assi bien pue- 
dee her a Xysto Betuleio en lo que dbaxo allego (!).>» 

Estas palabras tan estranas para dichas en aquel siglo 
demuestran claramente la opresion en que vivian los estu-* 
diosos. En las materias de erudicion estaban sujetos a leer 
solo aquello que se les permitia, y despreciar, como cosa 
inutil, todo cuanto se les vedaba so graves penas. L4stima 
causan en verdad las razones de Lorenzo Palmireno, enca* 
minadas a loar la liberalidad de los inquisidores que deja- 
ban correr para fruto de los amantes de la erudicion griega 
y romana, alguna que otra obra, de las inclusas en los in- 



( 1 ) Laurentii Palmy reni, de vera et facili imitatione Gceronis, 
cui aliquot opuscula studiosis adolescentibus utilissima adiunta sunt 
ut ex seqaenti pagella cognosces. — Zaragoza en casa de pedro Ber- 
mis, 1560. 



-67- 

dices ilel Papa Paulo lY. Pero fueron tan pocas las veccs en 
que los ministros del santo oficio cuidaron de facilitar el 
estudio a los hombres sabios, que aun apenas parece crei- 
ble el caso referido por aquel insigne humanista valen- 
ciano. 

Todos los documentos citados pnieban que en Es- 
pana habia en el siglo decimo sesto la suficiente cultura 
para pedir la reformacion de la Iglesia. Tal vez si en Ale- 
mania Luthero no hubiera lanzado contra la corte ro-- 
mana sus iras, algunos de los pocos eclesiasticos espaftoles 
que amaban las virtudes, y aborrecian las iniquidades que 
a la sombra del santo nombre de Gristo los malvados co- 
metian sin freno y vergiienza, sin temor a las leyes divinas 
y humanas, y sin respeto del habito de oveja con que cu- 
brian las pieles de Iodos y los corazones de hienas, nubie- 
ran por si solos tornado el peso de reducir a la entereza 
y vigor antiguos la religion del Grucificado. 

Aun hay mas: cualquiera que coteje las obras de 
Luthero y sus parciales con las de algimos buenos catoli- 
cos cspaiiloles que florecieron en el siglo XVI, hallara mu- 
cha semejanza en el modo de discurrir sobre las materias 
del culto, y del estado que entonces tenia la Iglesia. 

Gierto capellan y cronista del emperador X^arlos V (el 
insigne doctor JuaU' de Sepulveda) en un dialogo intitu- 
lado Demdcrates^ que dio a la estampa en elaAo de 1541, y 
en el cual introduce a tres personajes, que el quiso llamar 
Leopoldo, Alonto de Guevam^ y Demdcrates^ aleman el pri- 
mero, espaiiol el segundo, y gri^o el ultimo, habla de la 
decadencia de la Iglesia de Dios, con tales palabras (]ue 
mas parecen dictadas por la lectura de las obras de Lu- 
thero que por propio convencimiento, aunque en realidad 
eran hijas de su amor a la fe y del odio que habia encen- 
dido en su pecho contra los sacerdotes abandonados a la 
esclavitud de los vicios. Vease su modo de pensar en la 
materia: 

» Leopoldo. Dexa Democrates las republicas profanas 
y cuenta, que fara mas al proposito, los principios y pro- 

8 



—58— 

cesso dc la yglesia, y la vejez en qiie agora esia; que Lien 
la podcmos llamar vejez : ;,pai*ecete que despues que las ri- 
(|uezas cclesiasticas tan sin medida crecieron, y los obis- 
pados, no solamente el romano, mas otros machos co- 
menzaron a ser como reinos, sea la sanctidad y religion 
de los clerigos igual a la de aquel tiempo, cuando Sant 
Pedro y los otros apostoles kivian de la limosna de las 
personas devotas y Sant Pablo al tiempo que predicava el 
evangelio, no cesando de trabajar noches y dias, ganava de ^ 
comer por sus manos? 6 cuando Clemente, Ignacio, Mar- 
cello, rolicarpd, Athanasio y los otros sanctisimos ponti- 
lices y obispos que se contentavan con poco, tomavan el 
saccrdocio, no por riquezas, sino por ejercicio de toda 
virtud y ocasion de virtud?» 

((Dcn6crates* Eso que has dicho, Leopoldo, sin dubda 
no va fuera de la virtud; y esto es cierlo que a los prtncipioM 
del nacimiento de la yglesia y todo el tiempo que el nombre de 
los chrislianos fu4 aborrecible 6 sospechoso a los principes^ 
los chrislianos, en especial los sacerdotes, que eran los capi- 
tanes de los otros en el combate de la fc, y se man- 
tenian con lo que ellos les davan de dia en dia, 6 con 
niuy pequena renta, bivian mas sancla y devotamente que 
despues que la yglesia alcanzd liberlad^ y su auctoruiad fui con^ 
firmada y con riquezas fortaledda ; pero la culpa deste malj si 
queremos juzgar sin passion^ cstd en las coslumbres y no en las 
riquezas (i).)) 

Tal decia el celebre capellan y cronista de Carlos V 
Juan de Scpulveda: palabras muy conformes con el mo* 
do de discurrir que tepian Luthero y los de su bando, asi 



(i) cDialogo llamado Dem6crates^ compuesto por el doctor luan 
de Sepulveda: capellan y coronista de 8U S. C. CM. del emperador: 
agora nuevamente impresso con priyilegio imperial M. D. xl]. — ^Aqui 
haze fin el presente dialogo intitulado Vemdcrates, Fue impresso en 
la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla : en casa de Juan Grom- 
berjer, difunto que dios aya. Acabose d veynte y ocho dias del mes 
de mayo de mil y quinientos y quarenta y un auos. > 



—59— 

nn las prcilicaciones, como en los libros que cnrtian de 
niano en mano por Europa, conjuramlo los animus ron- 
tni Ja corte de noma, rero si Sepulveda se quejaba del 
fstado de vejez, a que era reduciaa la Iglesia, un doo 
tisimo canonigo de Salamanca, no menos y quiza mas ce- 
lebre, se burlaba de algunas ceremonias con que los cris- 
tianos solian acompafiar las oraciones dirigidas al rcy de 
los cielos y de la tierra. 

£1 Maestro Pedro Ciruelo, canonigo teologo en la 
iglesia catedral de Salamanca, escribio un tratado de la 
lieprovacian de supersticwnes y hechicerias^ libro dc los mas 
admirables que se compusieron en Espana durante el si- 
glo' decimo sesto. Este sabio varon, lionra de su patria, 
despues de censurar en su obra el uso de nominas y otras 
cosas semejantes, dice lo ^igui^nte : 

«La tercera manera de peccados en las oraciones, 
contece por hazerse con algunas cerimonias vanas, y pen« 
sando que sin ellas la oracion no aprovecba, ni vale para 
aicanzar las mercedes que en ella se piden a Dios. Llamo 
cerimonias vanas aquellas que no estan aprovadas ni acos- 
tumbradas por los buenos cliristianos en la yglosia ca- 
tolica. Esto digo porque ay algunas que se usan comun- 
mente entre los cbristianos, como cosas que incitan a los 
honnbres a tener mas devocion en las oraciones que dizen. 
Assi como poner las rodillas en tierra, alzar los ojos al cielo, 
juntar las manos, lierir los pechos, descubrir las cabezas y 
olras algunas. Aunque estas cerimonias no las hazen los 
catholicos pensando que son tan necessarias, que sin ellas 
no aprovecharian sus oraciones; porque los dolientes en- 
fermos en la cama,ylos caminantes cavalgando, y los pre- 
sos alierrojados, y otras tales maneras de personas, sin liazer 

estas cerimonias, rezan sus devotas oraciones El pec- 

cado de esta manera en la oracion es propiamente snpers- 
ticion y ydolatria y de hechiceria; porque pone el liom- 
bre esperanza en eerimonia vana que de si no liene vir- 
tud aiguna para hazer aquel efecto, y es un artificio 
que hallo el diablo para enredar a los malos chrislianos 



en cerimonias muy abominables (i)*» 

Con esta libertad escribia el insigiie teologo y ma* 
tematico Pedro Ciruelo sobre algunas ceremonias del culto 
esterior, encaminadas a kacer mas agradable ante los ojos 
del Crucificado la oracion de las almas devotas j pias. 

Mucha semejanza se encuentra sin genero de duda, 
en las obras asceticas, escritas en el siglo decimo sesto por 
teologos espafioles, y en las de Luthero y sus secuaces. 

For tanto, segun estaban los animos en nuestra pa* 
iria, la i*eformacion de la Iglesia se deseaba por los horn- 
bres de mas saber y mayores virtudes. Tal ves no hu- 
bieran llevado las cosas al ultimo estremo como los liei*e» 
jes alemanes ; pero todos dirigian sus obras al mismo fin, 
aunque por distintos caminos. 

La Inquisicion destruia todos los libros que encerra* 
ban doctrinas advei*sas a la coirveniencia de sus jueces. 
Aun algunos, en donde solo se \eian vislumbres y lejos de 
censurar la opresion lastimosa a que los espanoles estaban 
reducidos, eraii arrojados al fuego y puestos sus titulos en 
16s indices, con el proposito de liacer aborrecible la lee- 
lura de los pocos e|emplarcs que se babian salvado mila- 
grosamente de las iras de los miembros del santo oficio. Sin 
embargo, no todos los autores que manifestaron odio a 
este barbaro tribunal y deseos de que con los hercjcs se 



(i ) c Reprovacion de las supersticiones r hechiBerias. Libro may 
iltil Y nccessario a todos los buenos chiistianos : El cual compuso 
V escribio el reverendo Maestro Ciruelo, canonigo Theologo en la 
Sancta Iglesia Cathedral de Salamanca, y agora de nuevo lo a re- 
visto V cori*egido ; v aun le a auadido algunas mejorias. Afio de mil y 
quinientos y tmnta y nueve anos.i 

« Impresso en Salamanca por Pedro de Castro a quatro dias del 
mes de marzo MDXXXIX. » 

Id. id. — f Impresso en la noble cibdad de Salamanca por Pierret 
Tovans. Acabose a veynte y cuatro dias debebrero. Ano MDXXXX.* 

Id. id. — cKn Salamanca encasa de Juan de Canova i556.» 

Mas edicion(!8 bav dc e»ta obra ; pero estas son solamente las 
que lie visto. 



—61— 

pi-ocediese por teiminos suaves, cayeron bajo la jurisdic- 
cion de esos hombres. Maravillosamente no se hallan efi- 
carcelados en las Unieblas del olvido varios libros, notables 
por esta causa. 

En algunos del siglo XVI, escritos por varones sabios 
Y catolicos, se encuentra su manera de discurrir acerca de 
la tolerancia religiosa : lo cual es una prueba de la verda- 
dera opinion de huestros mayores en tan delicado asunto, 
oculta entonces por la conveniencia de los fanaticos, y mic- 
do a las hogueras, y desfigurada hoy por la ignorancia dc 
los que juzgan de los pareceres de nuestros antepasados 
por la vulgar y constante traidicion que llega a sus oidos 
ulterada por lamalicia, y distante de la verdad por muchas 
leguas de camino. Asi se visten con atavios engafiosos los 
sucesos, y asi las opiniones de , los hombres casi siempre 
van cubiertas con la mascara de la mentira, por flaqueza 
de entendimiento 6 por no ir a beber en fuentes de lim- 
pios y sanos raudales las nolicias que se han de trasmitir 
a los siglos venideros. 

Fr. Alfonso de Yiiotes, monge benedictino y uno de 
los mas sabios teologos que honraron a Espaiia en el siglo 
XYI, acusado primero en la Inquisicion como hereje lu- 
terano, absuelto luego por este tribunal, protegido por el 
emperador Carlos V, nombrado obispo cte Ganarias por 
el mismo soberano despues de sus injustas persecuciones, 
y confirmado por el Sumo Pontiiice, estando ya en el des- 
empeno de su dignidad, a que lo habian llevado su sa- 
ber, sus virtudes y su mucha devocion a la Santa Sede, 
publico en Anvers en el afio de 1551 unas filipiccis con- 
tra la doctrina luterana defendida por Melancnthon (1), 
obra escrita con todo el celo propio cie un buen catolico en 
la parte que mira al dogma, y con toda la vehemencia de 

(4 ) Frat-\lfonsi ViruesiiTheologi Canariensis episcopi, phiUp- 
picae dispQtationes ^ginti ad versus Lutnerana dogmata, per Philippum 
Melaiichthonem defensa. Habes hie lector omnium uisputatioiiem 
summam, dudum Augustas et nunc Ratisponae habitum. Vox usur- 



—62— 

un Lombre a quien no podian menos de indignar los se^ 
veros castigos, hechos por la Inquisicion contra los que 
caian en las opiniones hereticas. 

Las palaDras del sabio obispo de Canarias son harto 

notables. En ellas se halla otra prueba del modo de dis- 

currir de nuestros mayores acerca de la tolerancia reli- 

^ giosa. Yeanse aqui tielmente trasladadas de su original 

latino: 

u Algunos quiei'en que suavemente se proceda contra 
los lierejes y que se emprenda todo antes de Uevar las co- 
sas al ultimo estremo. ^Y cual es el remedio? Doctri- 
narlosy convencerlos con palabras, con solidos raciocinios, 
con decisiones de concilios y con testimonios de la Sta. 
Escrilura y de los sagrados interpretes. Toda escritura 
inspirada por Dios es util para ensenanza, para ar^mento^ 
para correccioii y para sabiduri'a, segun declarsuia Pablo 
a Timoteo. Y ^conio nos sei-vira de provecho cuando no 
la usanios en aquellas ocasiones que seiiala el Apostol? Yeo 
la coslumbre quo tienen muchos de ofender con la voz y 
con los escritos a los herejcs que no pueden castigar cruel- 
mente con los azotes y con la pcrdida de la vida* Si co- 
gen algun desdichado contra quien les es licito proceder 
con toda libertad, lo sujetan a un infame juicio^ en el cuaU 
aunque se le absuelva prestamente por aparecer sano de 
toda culpa, nunca deja de salir manchado con la nota del 
deli to. Pero si seducido por el trato 6 la astucia de algu- 
nos 6 por propia negligencia hubiere caido en error, no se 
le convencera con solida doctrina, no con blandas persua- 
siones, no con avisos paternales, porque sin embargo dc 
que sus jueces se dan el nombre de padres, lo castigaran 
con carceles, con azotes, con segures, y con hachas, como 
si con los suplicios del cuerpo pudieran ser trocadas las 

pata Lutfaero: Verbum domini manet in aetemiim. ]8aiae40. Vox 
ecclesix propria: Et respondebo cxprobrantibuft mihi yerbum: quia 
speravi in sermonibus tuis. Psalmi li8.=Antuerpix: excudeDat 
1 Cannes Crinilus. Anno MDXU. Gum gratia el privilegio C«aareo.> 



opiniones del alma. Sola la palabra divina es mas viva y 
eticaz y mas penetrante que^^spada de dos filos (1).» 

Estas palabras de fray Alfonso de Yinies, insigne obis- 
po de Ganarias, sin duda alguna merecian ser estampa- 
das eirtaarmoles y bronces. Si dichas en cualquier tiem* 
po merecen las mayores alabanzas ^que lengua bastara a 
encarecer el valeroso celo de este sabio Prelado, cuando 
oso poner en sus escritos tales razones contra el modo que 
tenia de proceder con los herejes el tribunal del Santo 
Oficio, ante cuyo nombre temblaban los grandes de la 
tierra sujetos a su jurisdiccion y prontos a caer bajo 
su yugo al mas leve descuido de la pluma 6 de los la- 
bios? — Yarones amantes de la humanidad ijue no temen 
sustentar las verdaderas doctrinas, en oposicion de la con- 
veniencia y del orgullo insano, siempre seran respetados 
en todos Ids siglos, y bendecidos sus nombres y levantada 



(1) cSunt qui velmt modest^ agi adversns hoereticos et omnia 
debere Xentari pnusque veniatur ad mtimiim discrimem. Quae om- 
nia? Nempe ut verbis, solidis rationibus, conciliorum placitis. Scrip- 
turarum Sanctarum et sacrorum interpretum testimoniis doceantur, 
et conyincantur. Omnis enim Scriptm*a divinitus inspirata, utilis est 
ad docendum, ad arguendum, ad corripiendum, ad erudiendum. 
Tim. 3. Quomodo autem erit Scriptura utilis nobis, nisi ea in his quae 
recenset apostolus utamur? Video enim usu receptum esse apud 
plerosque, ut adversus illos agant Uteris et verbis, in quos non pos- 
sunt sevire verberibus aut necibus grassari ; quia si quaepiam miserum 
homuncionem nacti fuerint, in quas liberum sit illis animadvertere, 
mox arreptmn infami judicio sistunt, in quo, ut celerrime absol- 
▼alnr et ostendator inmnfiig k culpa, crimims tamen notam nunquam 
non feret. Si vero aut aliorum consuetudine seductus, aut cir^ 
cumyentus astutia, fortassis et incuria lapsus deprehendiLur statim, 
non sobda doctrina, non blandae suasiones et monita patema (tamet- 
si patres gaudent appeOari) sed carceres, flagra, secures aut faces ex- 
pediuntur: quibus et si corpus afHcitur supplicio, animus tamen 
non potest immutari. Solus enim ad hoc est idoneus, sermo Dei 
Tiyus et efficax, penetrabilior onmi gladio ancipiti.» — Fr. Alfonso de 
Virues — Philippicae disputationes yiginti adversus Lutherana dog- 
mata, per rhilippum Melanchtonem defensa^Philippica Decima 
Nona — 



f. 



—64— 

a los cielos su memoria. Pero a pesar del valor con que 
estan escritas tales palabras, la Inquisicion no hizo re- 
paro alguno en elias, 6 no tuvo conocimiento del celo 
animoso de Fray Alfonso de Virues. Su obra por tanto 
no fue prohibida en los indices espurgatorios ; y ni aun 
las palabras antedichas se vieron manchadas con la tin- 
ta que solian derramar los calificadores de aquel tri- 
bunal, cuando querian negar a las gentes venideras la 
cierta opinion de los mortales que florecieron en un si- 
lo, donde la libertad de hablar estaba encarcelada por 
as mordazas del santo oficio, y oprimida por e\ temor de 
los tormentos y los castigos ; donde las voces que saltan 
del pecho para clamar contra la opresion se confundian 
con las quejas de los moribundos, se ahogaban con el hu- 
mo de los suplicios, y se cubrian artiticiosamente con las 
cenizas de las hogueras. 

Pero aunque la mano robusta del conquistador tale 
sin piedad los campos quoi a las instancias de los labra- 
dores se habian vestido de plantas y arboles cargados de 
sabrosisimos frutos, no todos los ramos y yerbas son ar- 
rancados por la cuchilla de los enemigos. Al^unos per- 
manecen a la luz del sol contra la^voluntad de los barba- 
ros destructores de la pompa y hermosura que dieron 
aquellas tierras, al verse solicitadas por la fatiga y por el 
arado. Y estos son tenidos como memorias de la feli- 
cidad que habia derramado sus favores sobre los campos 
destruidos. Del mismo modo la opinion favorable a la 
tolerancia religiosa, que se lee en varios escritores rarisi- 
mos del siglo XYI, prueba que no todos los mortales de 
entonces eran de parecer igual en esta materia al que en 
sus escritos, y en sus platicas y acciones mostraban los in- 
quisidores, sus parciales, los reyes y los ministros que los 
ayudaban en 'el peso de regir los vastos dominios de la 
monarquia espa&ola. 

Bien merece citarse en confirmacion de esta verdad 
lo que escribia un celebre y doctisimo caballero valencia- 
no que vivio en aquel siglo y fue muy honrado del em- 



■««! 



-65- 

perador Carlos V. Hablo de Fadri^ue Furio Ceriol. Este 
eminente politico compuso una obra con el titulo del Con- 
eejo y comejeras del Prineipe^ impresa luego el a&o de 1559 
en Anvers, y dedicada Al gran catdlieo de EtpaHa D. Felife el 
segundo. Furio Ceriol fue un hombre sapientisimo en 
las materias polidcas. Desde sus verdes aiios revolvio mu- 
chos libros para entender el gobiemo que tuvieron en 
los remotos tiempos los asirios, tebanos, atenienses, car- 
tagineses y romanos: estudio las formas con que seregian 
en su si^lo los pueblos mas principales de Europa y Asia: 
aprendio en la esperiencia las causas de las guerras y di- 
sensiones, cotejando las que afligian entonces los mas po- 
derosos reinos de la cristiandad con las que se leen en las 
antiguas historias ; y por ultimo consulto una gran parte 
de su obra sobre la institucion del Principe con los mas 
grandes politicos que florecian en aquella edad bien fue- 
ran de los propios, bien de los estraAos. 

No pudo menos Fadriaue Furio Ceriol de manifes- 
tar su opinion favorable a la tolerancik religiosa. En su 
opusculo inmortal sobre el Caneejo y consqeros del Principe^ 
pone las siguientes palabras dignas de perpetua memoria: 
«Mui cierta seftal es de torpe in^enio el hablar mal i apa- 
sionadamente de su contrario o de los enemigos de su 
principe 6 delae qw siguen diversa eeeta 6 de peregrinas gen- 
teg, agora sean moroe, agora gentiles^ agora eri$tiano$\ porque 
el grande ingenio vee en todas tierras eiete leguae de mal camno: 
en todas partes hai bien % mal, lo hueno loa i abraza, lo malo 
vitupera i deseeha^ sin tntuperio de la naeion en que se halla (i ). » 

(1) cEl Concejo y Consejeros ddPrmcipe, obra de F. Furi6 Ceriol, 
que es el libro pnmero del (JaintoTratado de la institucion del Prin- 
cipe. EnAnTers. En casade la Biudade Martin Nucio. AiioMDLIX.* 
Furio Ceriol Uamo jS su obra Concejo y no Consejo, entendiendo que 
aquel nombre se deriva de la vozlatina eoneio que en casteUano equi- 
vaue iAyuntamiento. EstOf aunque no lo dice* se de)a inferir de sus 
palabras: cA este ayuntamiento muchos leUaman con8ejo,dandole el 
nombre del fin por do se invento, en lo qual dizen mui bien ; pero 
pareciome i nu por juslas- causas que me callo (por no ser prolixo) 

9 



Pero aunmas patentementedeclaro este sabio politico 
del siglo XVI stt parecer acerca de la tc^erancia religiosa 
en otro pasaje de su citado libro : «No hai mas de dos tier- 
ras en todo el mundo (diceFurio): tierra de buenos i tiei> 
ra de malos. Todos loi buenos^ agora ieanjudios, moros, gen^ 
tiles, cristianos 6 de otra secta, son de una meana tierra, de una 
mesma easa % sangre; i todos los malas de la mesma manera. 
Bien es verdad, que estando en igual contrapeso el deudo, 
el allegado, el vezino, el de la mesma nacion, entonces la 
lei divina i humana quieren que proveamos primero a 
aquellos que mas se all^ren a nosotros; pero pesando 
tnas el estrangiero, primero es il que todos los naturales (1).» 

Palabras son estas harto notables y mas aun, intro^ 
ducidas en una obra que se publicaba bajo el amparo del 
gran catolieo de EspaHa don Felipe el segundo : aquel mo- 
narca que Uevado de un ardoroso celo por la conserva- 
cion de la fe en sus dominios, hacia castigar en las hogue- 
ras a los que por su desdicha se dejaban veneer de las 
doctrinasbereticas : aquel monarca que, protegiendo a los 
catolicos, perseguidos en las tierras donde prevalecian los 
protestantes, empobrecio su erario; aquel monarca, en fin, 
que en guerras de religion bizo derramar a torrentes la 
sangre de sus vasallos y enflaquecer el vigor de la nacion 
espaiiola. Dudo que los inquisidores huDiesen leido las 
razones de Fadrique Furio Geriol, encaminadas a aconse- 



nombrarle concejo.> Esta obnr iai niay celebre en su tiempo. Al- 
fonso de Ulloa la tradujo en lengoa ituiana y la publico en Venecia 
ano de 1560. — Simon Schardio la traslado en latin j el Padre Scoto 
la imprimio en Colonia en 1568. Gristdval Varsricio, canonigo de 
Cracovia, la puso en la misma lengua j la estampo igualmente con 
un tratado suyo Ds legato et legatiofie en Dantsik el ano de 1616. 

(1) Hasta doctrinas liberales baj en etfa obra. V&se en 
confinnacion de mid palabras lo siguiente. cEsta es regla certissima i 
sin ecepcion, que todo bipociita i todo' avariento es- enemiffo del 
bien piiblico, i tambien aqu^loi que dizen que todo es del ret % que d 
reipuede haser d su votuniad, iqued reipiede poner euanios peehos 
quisiere; i aun que el rei no puede errar. 



-«7— 

jar a las principes lo mucho que se debe tener en cuenta 
la tolerancia miffiosa para el fdiz acierto en la gobema- 
cion de los estados. Por eso creo que se escaparon mila- 
grosamente de los ojos de aquellos que se daban el nombre 
de atalayas dela santa fe catolica. Las obras de Fray Al- 
fonso Vinies^ilustreobispo de Ganarias, y las del sapientisi- 
mo politico valenciano Fadrique Furio uerioL» honras unq y 
otro del siglo en que vivieron y de la nacion que los tiene 
por kijos, bastan a probar, contra los escritos de fanati- 
eos aduladores del santoofido, que habia en Espafia du-- 
rante los rdnados de Carlos Y y Felipe il^ donde tan va- 
lida andaba en los palacios y en los tribunales eclesias- 
iicos la opinion de castigar con fuego y sin piedad de nin- 
gun linaje a los que caian en errores kereticos, varones 
sabios y amadores del bien que defendian, no sin riesgo 
de sus personas, bienes y nombre, la toleranda religiosa. 
jEjemplos que demuestran de un modo indudaUe cuan va- 
nos son los esfuerzos que hacen la loca osadia y la con- 
veniencia de los malos cuando pretenden esconder, ya 
que no destruir para siempre, la verdad, kija del cieio! 

Pero ^que estrano es que hubiese en la monarquia 
espaiiola horabres que osasen defender la tolerancia rdi- 
giosa y reprobar los castigos de fuero y deshonra, hechos 
en las personas de los que se desviaoan de la religion ca- 
tolica, cuando algunos sabios se atrevian a manifestar, por 
medio de los escritos, su parecer opuesto al de los reyes y 
los inquisidores, acerca de mover gueiras contra los pro- 
testantes? 

En la obra de Juan de Sepulveda, citada ya en el pre- 
sente discurso, se trata la cuestion de si es licito 6 no al 
caballero y soldado cristiano guerrear contra los enemi*- 
gos de la ife, y despues de largas disputas dicen los perso- 
najes^del dialogo: «Dbm6grates. Iluelgo, Leopoldo, que 
»te has fecho mas recatado que solias ser; pprmie siendo 
»este tu parecer, que aeora en pocas palabras aixiste, no 
»ageno de la doctrina de Lutero, acordandote que habla- 
»\as en Roma y en el Palacio dd Papa y no en Sa;ionia, 



Htemplaste tu dicho con una cauteia ^iie todas etUendemoi^ 
»y e$ muy tuada de algunos de loi <ttyof.» 

«<Leopoldo. — ^Dejate, Democrates, de hazer mencion de 
»Lutero ; y iu culpa^ si alguna tiene, no no$ la eche$ a homh 
>itros que ugvitnoi en qualqvier queetum^ no la auetoridad de 
nolgun hombre, $iuo la fuerza de la razon 6 loe testimomoe de 
nla Sagrada Escriptura (i).» 

Tiempo es ya de que las historias de Espafta se escri- 
ban retratando fielmentje los siglos en que pasaron los 
sucesos. Hasta ahora no ban hecho otra cosa los auto- 
res de obras de este cenero, que repetir vulgaridades in*- 
dignas de hombres ae recto juicio y sana erudicion, y 
ocultadoras de la veniad y del libre modo con que dis- 
currian en las materias rebgiosas nuestros antepasados. Si 
los inquisidores, mirando a su interes y poderio: si los je* 
suitas, codiciosos en la empresa de dominar los jcorazones 
de los bumanos: si los reyes^ guiados por periidos conse- 
jos de gente de mal vivir, aunque con aparii^cias de santa 
y convertidos en miserables instrumentos de personas que 
miraban solo a su propia conveniencia, atrayendo sobre 
la infeliz Espana desastres, pobreza, desolacion, ighoran* 
cia y todo linaje de desdicnas y ruinas ; no dudaban en 
Uenar de caballeros insignes y de eclesiasticos de notorias 
virtudeSf aunque separados de la fe catolica, los calabo- 
zos, los cadalsos y las bogueras, y en trocar los cam- 
pos de Europa en mares de sangre, y las ciudades en 
montes de llamas; contra tan crueles casti^os y contra pro- 
videncias tan lejanas de la destreza pontica, levantaban 
sus voces los sabios que entonces florecian en nuestra patria. 

Pero algunos de los perversos eclesiasticos, que con 
sus crimenes y vicios escandalizaban a los catolicos, eran 
hombres de saber; y asi muchos de ellos en predicacio- 
nes y obras politicas que entr^aron a la imprenta, sin' 
duda con el proposito de ecbar hondas raices en los pra- 

(i) Dialogo Ilamado cDemocratest, compuesto por el Dr. Juan 
de Sepulveda etc. 



V 



dos de la felicidad humana, 6 en la cumbre cle la ventura 
palaciega, procuraban cubrir con engaiiosjis esteriorida- 
des la maldad de siis intenciones, y dirigian todos sus pa- 
SOS a ganar la voluntad de los reyes para entontecerlos, 
y trocarlos en maquinas dispuestas a ser gobernadas por 
el artificio de los que prosperaban con la perdicion de los 
espanoles, asi en las armas como en las letras, asi en el co- 
mercio como en la acricultura. 

. No esta conocido por los espanoles y por los estran- 
jeros el sicio decimo sesto. Unos y otros se ban dejado 
oigaiiar ae las falsas relaciones que salieron al mundo, 
guiadas por la vil adulacion 6 el miedo infame. En aquel 
siglo los buenos catolicos levantaban su voz conti^a los 
desordenes y vicios de la mayor parte de los eclesias- 
ticos, que olvidados de Dios y de sus dignidades, cor- 
rian a semejanza de caballos sin frenos por los campos 
de la codicia y de la lujuria, floridos en las apariencias, 
pero en realidad cubiertos de yerbas venenosas, de espi- 
nas y de malezas. Es cierto que esta libertad ceso por la 
vigilancia y rigores del santo oficio. Y de aqui intentan 
algunos deducir que los bombres de entonces idolatraban 
hasta en los vicios, cuando estos tenian asiento en las al- 
mas de aquellos clerigos y frailes que se separaban del 
vivir que les manda la Iglesia. Pero el silencio en aque- 
Ua edad de opresion, no debe considerarse como falta dc 
conocimiento en los crimenes que algunos malos sacer- 
dotes ejecutaban, sino solo la nihguna libertad que babia 
para las quejas. Cuando esta no encontraba potros, ca- 
dalsos, infiunias y aun bogueras, autores sabios y virtuo- 
sos, movidos de santo celo, censuraban las costumbres 
?3rversas de la mayor parte de los eclesiasticos del siglo 
VI, y se Servian de las frases mas vigorosas que les fa- 
cilitaba una indignacion justa, y un amor del acrecenta- 
miento de la fe catolica, comparable en grandeza con los 
vicios que pretendian corregir por medio de una fiel 
pintura de tama&os desordenes. 

Cuando la Santa Sede permitia la leccion de la Sa- 



• \ 



LIBRO PRIIMERO. 



No escribo historia de gnerras: no de tumultos 6 
rebeliones populares: no de casos pr66pero8 6 adversos 
a las armas espafiolas: no de paces sin fruto 6 aprove- 
chadas con cuerda diligencia: no de reyes amantes del 
bien de sus subditos, obrando con el solo deseo de hacer- 
los felices y segun el propio parecer 6 el consejo de horn- 
bres desapasionados : no de empresas ilustres y dignas 
de perpetua memoria, sino de barbaras acciones, de 
crueles tormentos y castigos: de suplicios de fuego: de 
familias condenadas a la deshonra y al vituperio: de ca- 
balleros, de eclesiasticos y de plebeyos, personas de gran 
ciencia y virtudes, cubiertos de infamia, perseguidos y 
forzados a procurar la salvacion de las vidas en tierras 
donde la libertad protegia a los que en ellas buscaban 
abrigo, maltratados por la enemiga fortuna y la intole- 
rancia de los tiranos. 

En el discurso de mi historia se vera a un Rodrigo 
Valero, esparciendo con su elocuencia las opiniones lute- 
ranas en la populosa Sevilla; a un Juan Gil, canonigo de 
su Iglesia Catedral, y uno de los mas sabios predicadores 
que Espafta entonces tenia; a un Constantino Ponce de 

10 



—74— 

la Fuente, varon que le sucedio en la dignidad, en la es* 
cdencia y en las doctrinas; a un doctor Arias y a otros 
hombres insignes, asi en la vida como en la ciencia, si- 
guiendo los pasos de Valero en el camino de la herejia ; 
a todos los monjes de S. Isidro del Campo, convertidos 
en parciales d^ aquellos que pedian la reforma de la Igle- 
sia de.Dios; a un Julian Hernandez, arriero, burlando« 
con el celo de acrecentar su secta, Ja vigilancia de los in- 
quisidores, y trayendo secretamente a Andalucia Biblias 
traducidas en lengua castellana, y catecismos donde se 
dispulaban las materias de la fe por nuevo modo. Tam- 
l>icn se vera a un doctor Agustin Cazalla y a un Fr. Do- 
mingo dr) Rojas, sustentadores de las doctrinas de Lutero 
en tierra de Valladolid; y a insignes caballeros, a damas 
de gran valia, y a frailes y nionjas castigados en publicos 
cadalsos, ya con la pena de ser reducidos a cenizas en las 
hogueras, ya con la de yivir en perpetuas reclusiones, 
dejando tras si a sus hijos 6 a los aemas de su familia la 
intamia por hcrencia. Y por ultLmo, ya a un principe ilus- 
tre y generoso, defensor de los desdichados, y enemigo 
de tan barbaros heclios, pagando primero con la libertad 
y luego con la vida su aficion a las opiniones de cuantos 
se desviaban de la obediencia del Sumo Pontifice; ya a 
un soberano, mal administrador de sus reinos . y amigo 
de seguir los pareceres que para bien de la hipocresia y 
no de la prosperidad de Espaha le daban sus confesores 
consejeros, los cuales sabian vestir arlificiosamente con 
as apariencias de una falsa razon de Estado, aquellos he- 
chos mas contrarios al acrecentamiento 6 consen^acion de 
los senorios que heredo de sus mayores. 

Historia es esta digna de referirse con la libertad de 
animo que pide el asunto, sin miedo a los que ]uzg$in de 
los tiempos antiguos y de las vidas de nuestros reyes, si- 
guiendo erradas opiniones 6 vulgaridades que la ignoran- 
cia ha autorizado. 

Desvalida anda ya por el mundo la verdad, trocadas 
las noticias, y mas alto que nunca el ciego orguUo de los 



fa 



—75— 

morlales. Precianse estos de conocer los siglos, cuya his^ 
loria lian aprendido en hombres que escribieron a bulto, 
sin escudriftar las verdaderas causas de los sucesos, a se- 
mejanza de algunas peisonas que en las ruinas de ciudades 
opulentas ya aniquiladas por el fuego de la guerra, 6 per la 
mano del tiempo, solo van a admirar tristisimos restos de 
soberbias moles de piedras, los lugares donde las calles y las 
plazas fueron, y muros gloriosamente defendidos y aun mas 
gloriosamente conquistados. Los que de este modo con- 
templen la pompa de las antiquisimas ciudades, y las re^ 
liquias infebces de su grandeza, que la vanidad bumana 
quiso construir para memoiia y asombro de todos los si*- 
glos, malos jueces seran de la cultura, de la manera de 
aiscurrir, de las hazanas, de las virtudes y de las esce- 
lencias de los que en tales alcazares, tales cabafias y ta- 
les torres moraron. Se dejaran arrastrar de las aparien- 
cias: las cuales casi siempre se engendran en la malicia, 
nacen en el engano, y se alimentan con la necia credu^ 
lidad y el poco raciocinio. Pero si los bombres hacen 
escavaciones profundas en la tierra que sustento aquellas 
ciudades fortisimas, encontraran estatuas de pnmorosa 
escultura, lamparas, armas, libros y medallas, donde po« 
dran aprender que ciencias, que artes, que costumbres, 
que reyes, tpie valor tuvieron los babitantes : cual fue la 
grandeza, y cual el poderio de gentes tan apartadas de 
nuestra era. 

El tiempo que todo lo consume, que postra los liaas 
suntuosos eaificios y aun los mas elevados montes, para 
quien no bay ferradas puertas que se mantengan inven- 
cibles, cuya ligereza es mayor que la del viento, cuya 
carrera no puede volver atras, y cuyo rigor ni admite 
compasion, ni dadivas, ni ruegos; trueca en mucbas oca- 
siones los pareceres de los humanos, escondiendoles en- 
tre las nieolas del olvido la luz que ba de llevarlos al 
puerto de la verdad, al templo de la sabiduria, al alcazar 
de la gloria. Pero su poder en este caso se reduce tan 
solo a ocultar las ciertas noticias de los suc^os que pa- 



—76— 

Aaron en edades remotas, sirviendose de dos esdavos su* 
misos a sus ordenes: el orgullo y la ignorancia. Con cilos 
convierte ante los ojos del mundo las virtudes en delitos 
y los dditos en virtudes : el valor en cobardia y la cobap- 
dia en valor : a los reyes que buscaron el provecho de sus 
cstados, en tiranos; y a los tiranos, que solo desearon el 
acreccntamiento propio con ruina de sus subdttos, en re- 
yes de altos y generosos hechos: las crueldadeS) en obras 
de la necesidad y de las exigencias de los pueblos: las ba- 
tallas perdidas por falta de cordura de los capitanes, en 
flojedad de animo de los soldados, y a las victorias gana- 
das por el esfuerzo del corazon y por la esperiencia mi- 
litar y politica, en acasos 6 en antojos de la loca fbrtuna. 

I a de tal suerte se pintan las costumbres y el modo de 
discurrir de nuestros mayores, que, si estos volviesen a nueva 
vida, quedarian asombrados viendo los infieles retratos de 
su siglo, y los tendriaUf mas por trabajos de los barbaros 
de Africa, que por hijos del saber de la moderna Euro-* 
pa. Asi como las caudalosas fuentes van a dar en los rios 
y los rios en las profundas aguas del mar, nacen las noti'^ 
cias mas falsas para hacer los mas desacertados juicios y 
para que estos acrecienten los mas danosos errores que 
turban el entendimiento humano. 

Cuando contemplo canonizados como acciones gene* 
rosas losxrimenes de algunos capitanes antiguos; cuando 
oigo loar los hechos de monarcas que ni fueron grandes 
politicos, ni amadores del bien de sus subditos, sino ami- 
gos de la conservacion 6 aumento de su poderio, con la- 
mentable y espantosa ruina de sus estados; cuando a pa* 
tricios que en servicio de tiranos destruyeron la libertad 
de los suyos veo levantar estatuas, como consuelo de los 
afligidos, como socorro de los opresos, como remedio en 
las opresiones: digo mil veces, o la historia miente, 6 la 
flaqueza de nuestro raciocinio es tal, que no sabemos di»» 
tinguir la verdad, 6 andan tan trocados los pareceres de los 
mortales que va la virtud merece el nomore de infamia, 
y ya la iniquidad, ya la torpeza, ya el desprecio de los 



—77— 

buenos, y^ las iiiines empresas, ya la viUania del animo, 

ia la €odicia insaciable, ya la ira desenfrenada, ya la am- 
icion que ni aun con tronos se contenta, ban usurpado el 
lugar, qae no en el aplauso del vulgo y de la corte, sino en 
la bistoria siempre debe reservarse a los que siguen la 
tetrecba senda por donde va el camino de las virtudes. 
|Triste desengaiio de los mortales condenados a vivir en 
nocbe oscura, por ceguedad del espiritu! jEsperiencia 
grande de lo que prevalece en el mundo la mentira con 
injuria de los buenos! 

Pero no es en realidad tan invencible el po^er del 
tiempo para arrebatar la mala fama a los inicuos, para 
destruir la reputacion de los que amaron la libertad y el 
bien de su patria, para cercar de sombras los hechos mas 
faeroicos, escarmiento de tiranos. 

Solo el racioeinio basta a destruir tales engaAos, cuan- 
do en el hombreno hay afectos de amor 6 de odio, cuando 
tiene por espejo la veraad, cuando su pensamiento es libre 
asi de la ignorancia y del miedo, como de la adulacion 6 
del orguUo. 

El siglo XYI fue felicisimo para las letras; porque es- 
tas recobraron su imperio en el animo de los mortales, 
tras tanto tiempo de andar fugitivas de entre los cristianos. 

Ya en Roma habia comenzado la ruina de las. ciencias, 
cuando los barbaros del Norte invadieron a Eucopa. Los 
autores modernos afirman que la ciudad, en otro tiempo 
dominadora del mundo, era solamente habitada por los 
vicios : que en ella las artes no se cultivaban : que el deseo 
de glona se habia trocado en amor a los placeres, y el 
despredo de las riquezas en avaricia, y que la virtud no 
encontraba moradd en el pecho de los hombres. 

Pero, aunque esta opinion es verdadera, a otras cau- 
sas debe atribuirse tambien la decadencia de la literatura. 

Los cristianos, perseguidos y amenazados de crueles 
tormentos y suplicios, procuraban con una constancia in- 
vencible derramar por el orbe la doctrina del Grucificado. 
Aborrecian a par de muerte a los gentiles, y tambien a 



sus artes, a sus ciencias y a sas costumbres. Trabaja- 
ban ardientemente en labrar el descredito de sus enemi- 
gos, para oue en los animos incautos, y debilcs aun en ia 
verdad de la fe, de ningun modo penetrasen las maximas 
de los que sustentaban otra religion y otra manera de dis- 
currir en las cosas naiurales. 

De donde infiero que no querrian los cristianos del se- 
gundo, tercero, cuarto y quinto siglos de la Iglesia que sus 
nuevos discipulos aprendiesen en los libros de un Epicuro 
6 de un Plinio la falsa opinion de que el alma perece con 
el cuerpo, ni menos que en las obras de algunos griegos 
y latinos leycsen el fabuloso origen que dan estos autores 
al pueb)o nebreo. ;^C6mo babrtan de dejar que personas 
recien convertidas a la modema religion, y en quienes no 
cabia la bastante firmezaf para desvanecer las dudas que 
pudieran cercar sus corazones, estudiasen en los escritos de 
Apion Gramatico, de Trogo Pompeyo, de su abreviador 
Justino, dn Gornelio Tacito y de otros muchos ingenios la 
manera de atribuir a causas naturales los hephos de los 
israelitas, cuando en el Genesis y en el Clxodo, fundamen* 
los de la fe crisliana, se deciara que fueron obras mara- 
villosas del poder divino? 

Estos autores, como gentiles, ignorantes de la verdad 
evangelica, ^no contaban que cayo en Egipto una gran le- 
pra, y que todos los inbcionados de esta pestilencia, se 
vieron constrenidos a dejar a su amada patria, para que e) 
mal no se acrecentase con lamentable destruccion de aquel 
reino? ^No dijeron que por consejo de su caudillo Moises 
roibaron las alhajas de los templos, y que fueron persegui- 
dos por las tropas egipcias, basta cierta altura en que una 
temerosa tempestad obligo a sus enemigos a volver a Men- 
tis, sin haber rescatado las riqruezas que consign llevaban 
los leprosos; cuando las sagradas letras prueban que Fa- 
raon y su arrogante hueste perecieron en los abismos del 
mar Rojo? ^No afirman que pasaron los fiigitivos en el 
desierto seis dias de bambre y de sed, al asho de los cua* 
Iss, guiado Moises por unos asnos salvajes, encontro al pie 



—19— 



de un monteciUo, cubierto de arboks y yerba, una cau- 
dalosa fiiente; cuando el teste inspirado por Dios decia 

aue el legislador de los hebreos, aplicando 8u vara a una 
esnuda y tajada pe&a hizo brotar las aguas que deslru- 
yeron las congojas del afligido pueblo? I'^opublicaron 
que el descansar los israelitas al setimo dia, es conmemo- 
racion del fin de los trabajos que sufrieron en el desierto 
y no de los de Dios en la creacion del mundo? 

Estos errores de los historidgrafos griesos y latinos y 
las maximas de los filosofos, contrarias a la religion de 
Cristo, hacian que en los primeros tiempos de la Iglesia 
cuantos seguian las nuevas doctrinas, intentasen por todos 
los medios posibles separar de la lectura de tales obras 
los animos incautos. Las persecuciones de los cristianos 
avivaron en ellos el odio a los gentiles y , a sus escritos. 
San Geronimo que loaba en sus epistolas a Pitagoras, a 
Socrates, a Platen y a Aristoteles entre los filosofos; a 
Homero, a Yirgilio, a Menandro y a Terencio entre los poc^ 
tas ; a Tucidides^ a Herodoto, a Salustio y a Livio entre los 
historiadores; y a Demostenes y a Tulio entre los padres de 
la elocuencia; tuvo enmuchas ocasiones que defenderse de 
las injustas censuras que le dirigian los suyos por encar&- 
cer el mcrito y las escelencias de e^tes hombres profa- 
nos y porque en sus libros, usando de ejemplos sacados 
de las letras scglares y gentflicas oscurecia el resplandor 
de la Iglesia. {Tan grande era el aborrecimiente a los au- 
tores que no sustentaban en sus escrites la verdad del 
Evangelio! 

Los pergaminos en que estaban copiadas las obras de 
grandes filosofos, histeriadores y poetas, griegos y latinos, 
sirvieron para despues de mal borradas estas, trasladar 
misalesvbreviarios, libros de coro y otros documentos ecle- 
aiasticos, con los cuales ya que se convirtieron los libros 
de los paganos en religiosos, para siempre se entregaron 
a las aguas del olvido admiranles testimonios de la sabi<- 
dark de aquellas gentes. 

La invasion de los barbaros acabo de ahuyentar las 



cien^ias en Europa : trabajo comenzado por la ciega into- 
lerancia de los cristianos, muy natural en hombres que 
deseosos, asi del acrecentamiento de su religion como de 
la perpetua ruina de la que guardaban sus enemigos, 
querian borrar de la memoria de los mortales, no solo 
los ritos del paganismo, sino tambien las obras en que 
se sustentasen sus doctrinas. Poco a poco quedo encer- 
rada Europa en las tinieblas de la ignorancia, interrumpi* 
das de cuando en cuando por la erudicion de algun reli- 
gioso amador de la ciencia. Pero sus escritos no Servian 
de provecho a un siglo barbaro. Su conocimiento era tan 
rapido como la luz del relampago en una oscura noche. 
Sus frutos se asemejabkn a los que producen las plantas 
enfermizas sembradas en tierra esteril. 

Mucho alaban modernos cscritoresa los frailes y mon* 
jes, que yivieron en la edad media, por los trabajos lite- 
rarios que para bien de las generaciones venideras em- 

Sirendieron en el retiro del claustro. Yo no pongo en du*- 
a el inerito de estos hombres. Pero los siglos presentes 
muy poco deben a su diligencia. 

Vuelvase, si no, la vista a aquellos tiempos* ^Que 
obras en ciencias humanas, utiles a las naciones, compu- 
sieron estos autores? Gasi ninguna. Malos comentos de 
los escritos de griegos y latinos, introduciendo en ellos 
cuestiones teologicas que para nada Servian en matcrias de 
medicina, historia natural y matematicas, se conservan 
tan solo como muestras de la sabiduria de tales hombres* 
Pero luego que en mitad del siglo XY, tras de la to- 
ma de Gonstantinopla por el turco, muchos literatos grie- 
gos huyeron a Italia en dcmanda de la conservacion de sus 
ubertades y encendieron en los animos un vivisimo de- 
seo de doctrinarse en los codices de los antiguos padres de 
la literatura helenica ; y luego que por medio del divino 
arte de la imprenta, se presento a la ignorancia un campo 
abierto a la huida de entre los mortales, el estudio de los 
grandes autores de la docta antigiiedad dejo de ser pa- 
trimonio de los eclesiasticos y entro en la jurisdiccion de 



los seglares para que floreciesen nueyamente en el mundo 
las ciencias. 

Entonces, con la ayiida de la incesante leccion de 
los autores grieffos y latinos, se hicieron descubrimientos 
notables en medicina, historia natural, filosofia y mate- 
miticas. 

Los ingenios de los s^lares, sin mezclar en sus tra- 
bajos cuestiones teologicas que de ningun modo convenian 
al asunto, se dedicaron a todas las ciencias; y los frutos 
que consiguieron en sus tareas, forman hoy los funda- 
mentos de la cultura modema. 

Al propio tiempo que las letras a principios del si- 
glo XYI Yolvian a su esplendor antiguo, las maximas de 
independencia y odio a los tiranos comenzaron a difun*- 
dirse de nuevo por Europa. 

Los plebeyos se hallaban oprimidos pen* una multi- 
tud de Regulos. La libertad politica apenas se conocia 
en Europa, desde que la nobleza romana, y no los des- 
ordenes de la plebe, como afirman los ciegos defensores 
de la aristocracia, destruyo las exendones y preeminen- 
cias que compraron los pueblos con la sangre de sus ve- 
nas. Los tribunos mas elocuentes y dispuestos a defen- 
der contra las astucias de los perfidos senadores a la plebe 
infeliz, si no podian ser vencidos con el oro 6 las amena- 
zas, pronto eran falsamente acusados de toda suerte de 
crimenes, castigados con la perdida de sus bienes, y con 
d destierro a las insalubres riberas del Euxino, 6 conde- 
nados a sufrir una muerte ignominiosa. 

Los pueblos perdieron sus libertades y el amor a 
sustcntarlas a despecho de sus enemigos. Los tiranos 
luego, confiados en que la religion cristiana predicaba la 
humildad y la paciencia en las adversidades, comenzaron 
a regir mas cruelmente a sus subditos, sin miedo de la 
venganza de los ofendidos; porque los plebeyos, ya no se 
levantaban mas que para defender los dominios de los 
se&ores, cuando estos los compelian a trocar el arado y la 
azada en la lanza y el escudo, 6 cuando adversarios de 

11 • 



otra secia pretendian con las armas destniir en las tierras 
iloiule aqucllos habitaban, la religion de Cristo. 

Esto no es estr^fio. La esclavitud, contra lo que afir- 
man miichos autores modemos, no se abolio con la pro- 
pagacion de las santas doctrinas del que lanzo el ultimo 
aliento por salvar a los mortales. No puede negarse que 
la Sedc Apostolica vedo, so graves penas, que entre cris- 
tianos fuesen esclavos los cnstianos; pero no cabe duda 
en que la esclavitud permanecio muchos siglos, y aun 
permancce en algunas partes del mundo con diverso 
nombre. En la edad media no era otra cosa la plebe 
que esclava. Los sefiores feudales al vender 6 comprar 
tierras, las compraban 6 vendian con sus habitantes, sier* 
vos verdaderos, que no podian salir de los dominios de 
sus amos, ni emprender ti^abajo alguno sin la permision 
de eltos. Tal esclavitud existi6 en la Europa cnstiana de 
la edad media, y casi en nuestros tiempos hemos visto con 
esclavitud a Hungria y a Polonia, y aun vemos a Rusia. 
Si Grecia y Roma en las antiguas edades, tenian necesidad 
de esclavos para labrar las tierras que los libres dejaban 
abandonadas con el fin de defendei*las por medio ae las 
armas, 6 con el de estendcr el senorio cie sus naciones: si 
los estados no podian mantenerse sin el auxilio de este ge- 
nero de hombres, seguramente en los siglos de la edad 
media, la nobleza, que tanto menospreciaba el imperio de 
los reyes, se mantenia desatiando a sus competidores con 
las fuerzas que le prestaban sus siervos, a quienes vendian 
con las tierras de sus dominios, apreciandolas segun la 
cantidad de los arboles, ganados y hombres que ellas sus- 
tentaban. No se si esta esclavitud era peor que la que ha- 
bia en tiempo de los antiguos gi'iegos y romanos; pero de 
'ella podian eximirse en aquellas naciones gentilicas los que 
se aventajaban en algun arte 6 ciencia, que fuese de pro- 
vecho a la republica; y en las barbaras de la edad me- 
dia los que con el hierro de la lanza y el empuje de su 
brazo compraban la carta de Itbertad, defendiendo las 
tierras de sus senores. 



Los monarcas y los plebeyos trabajaron en protejers^ 
contra las tiranias de la nobleza : unos por meaio de las 
leyeSf otros por medio de las armas. Esta alian7.a hizo 

ETder el cetro de Castilla al sabio rey D. Alonso X : esta a 
. Pedro I arrebato el trono, la repulacion y aun la vida : 
esta al condestable D. Alvaro de Luna llevo a morir en 
publico cadalso delante del vulgo de Yalladolid, con es- 
panto de aouellos que lo habian visto en la cumbre de la 
prosperidaa,. parando la rueda de la fortuna, y grande 
sobre los grandes de la corte del rey D. Juan el Segundo. 

Al fin la victoria fue de los monarcas y de la piebe; 
y la esclavitud impuesta por los senores feudales poco a 
poco se disipo como el humo, 6 como las espesas nieblas 
con los rayos del sol que amanece. Asi termino en c<isi 
todos los estados que observan la religion de Jesucristo. 

Pues en este mismo tiempo, cuando el entendimiento 
sacudia los yugos de la ignorancia, y el amor a la libertad 
comenzaba a revivir en el pecho de los mortales, apare- 
cio Lutero en Alemania, piaiendo contra la corte romana 
la reforma en la Iglesia de Dios. 

No cumple a mi proposito contar la vida de este he- 
reje, ni la historia de sus secuaces en tan errado camino, 
fuera de los que huvo en Espaha, porque es harto sabida 
de todos. Solo me toca reierir los progresos de sus doc- 
trinas en nuestra patria, que fueron muchos, si hemos de 
dar fe a Gonzalo de lUescas, autor catolico, cuando en su 
Hisioria Pontifical afirma lo siguiente: 

«Solian en los anos pasados prenderse y quemarse 
herejes lutheranos tal 6 cual en Espafia; pero todos los 
que se castigavan eran estranjeros, tuaescos, damencos 6 in- 
gleses.... Solian otros tiempos salir a los cadahalsos y to- 
ner San Benitos en las Iglesias gentes viles y de ruyn cas- 
ta; pero en estos anos postreros avemos visto las carceles 
}r Ips cadahalsos y aun las hogueras pobladas de gente de 
ustre (y aun lo que es mas de llorar) de ilustres y de 
Eersonas que al parecer del mundo, en letras y en virtud 
azian ventaja muy grande a otros.... Los nombres de 



los quales yo ouise callarlos aqui por no amamillar con 
su ruin fama la buena de sus mayores y la generoaidad 
de algunas casas ilustre^ a quien toca esta ponzona. Eran 
tantas y tales^ que se tuvo creido que si dos 6 tre$ metes mas se 
tarddra en remediar esie dano^ se abrasdra toda EspaOa y vi^ 
ni^amos a la mas aspera desventura qu^ jamas en ella se habia 
visto (!).)> 

Si un autor catolico opinaba de este modo acerca de 
los protestantes espaiioles, nno de estos perseguido por el 
tribunal de la fe, escribia libremente su sentir desde Ams- 
terdam en las palabras que siguen : 

<cEn Espana muy muchos doctos, muy muchos nobles 
gente de lustre y ilustres ban salido por esta causa en 
OS autos. No hay ciudad, y a manera de dezir, no ay vi-** 
Ua, ni lugar, no ay casa noble en Espana que no aya to* 
nido y aun tenga alguno 6 algunos que Dios por su itifi- 
nita misericordia aya alumbrado con la luz de su evange- 
lio. Comun refran es el dia de hoy en Espana, quando 
hablan de algun hombre docto, dezir Es tan dodo que esli 
en peligro de ser Lutherano. Nuestros adversarios ban he- 
cho quanto ban podido para apagar esta luz del evange- 
lio; y assi ban afirentado con perdida de bienes, vida y 
bonra a muy muchos en Espana. Y es de notar que quanto 
mas afTrentan, mas azotan, ensambenitan, echan a gale- 
ras, 6 en carcel perpetua y queman, tanto mas se multi- 
plican (2).» 



I 



(1 ) Gonzalo de Illescas, Bistaria Pontifiealf tomo 2.<^ 

(2) «La Biblia. Que es, Los sacros lioros del Viejo r NueTO 
Testamento. ^ Segunda edicion. Rensta j conferida con los testos 
hebreos v griegos j con diversas translaciobes. Por Cvpriano de 
Valera. I^ palabra de Dios permanece para siempre. Elsayas 40, 8. 
En Amsterdam, En casa de Lorenzo Jacobi M. D. G. II. > Las pala<- 
bras copiadas en el testo de mi bistoria son puesUs por Valera en 
una extiortacion qne precede d la Biblia. 

Mncbisimos escritores antigaos son del parecer de Gon- 
zalo de lUescas y de Cipriano de Valera. BH cronista Antonio de 
Herrera en la Historia General del mundo de 46 nl^j del iiempo dei 



A tal estremo Uego el protestantismo en Espana. El 
Papa Leon X, a poco de comenzar Lutero sus preclicacio- 
nes 6n Alemania, dirigio dos breves al condestable y al al- 
mirante de Castilla, gobernadores de estos reinos en au- 
sencias de Carlos I. En estos documentos amonestaba a 
los dichos senores con el fin de que vedasen la entrada en 
la monarquia espahola a los libros delfraile aleman, y de 
los que sustentanan doctrinas semejantes en menoscabo de 
la Santa Sede. 

El cardenal Adriano, inquisidor general, acatando las 
intenciones del Sumo Pontihce, mando en 7 de Abril de 
1521, recoger las obras de Lutero, que ya cstaban en nia- 
nos de algunas personas aficionadas a la lectum de cscri- 
tos de este linaje. Y sin duda los cjemplares quo s^ intro- 
dujeron en Espana fueron muchos, cuando el mismo in- 

3uisidor general se vio forzado a repetir en i 523 sus 6r- 
enes, las cuales hasta entonces habian servido de poco 
provecho. 

Una circunstancia vino a encender los animos de los 
espanoles en odio contra la Santa Sede. El Papa Clemcnte 
Vu aborrecia a par de muerte al Cesar Carlos V, y traba- 
jaba con el rey Francisco de Francia, uno de los mas po*- 
derosos de la cristiandad, para distraer las fuerzas del em- 
perador y desviarlas del senorio de Italia. 

Ciego el Pontifice con el errado parecer de sus con- 



Sr. Bey D. Fdipe H (Madrid, i60i), dice: cGon la hueiia dOigen- 
cia que puso el Sancto Oficio se atajo maraTillosamente el mal, que, 
si hubiera descuido, cundiera mucno 

Francisco Nunez de Velasco en sus Didlogos de contmcion entre 
la milieia y la ciencia, ( Valladolid, 1614) : f En Espaua se comenzo 
i. pegar (el reneno de la herejia) trayendo la pestilencia algunos que 
comunicaron en esos reinos danados. Y si no fuera por el Tisilan- 
tisimo cujdado de los Padres Inqnisidores.... que con saludables 
cauteries de fuego atajaron el oCncer, esturiera inficionado el cuerpo 
de la repdblica espanola, aviendo comenzado por algunos miembros 
principales.t 



sejeros, no observaba cuanta y cuan grande era la repu* 
tacion de Carlos, y que en todos los siglos mas hazaiias 
ejecutaron la buena fama y el alto renombre de los capi- 
tanes insignes, que el numero y valor de las gentes que 
guerreaban a su devocion y obeaiencia. 

Ninguna cosa conservo tanto al Emperador como el 
muclio cuidado en mantener su credito; porque solo ei lo 
sustento en la cunibre de la prosperidaa, a pesar de las 
fuerzas de Europa conjuradas en su ruina. Toao el mundo 
sabia que su patrimonio estaba consumido y sus vasallos 
cansados tras las sangrientas porfias de guerras intermi- 
nables. La anchura de la reputacion de Carlos lo sostuvo 
contra tantos adversarios. Ai principio, como sucede con 
los hombres emprendedores y de gran talento politico, cl 
vulgo dudaba lo que valia el Emperador, y todos sus 
buenos sucesos, antes los atribuian al favor de la fortuna 
que al recto juicio de e^te monarca ; antes a la poquedad 
de los cnemigos que al belico esfiierzo de tan aiamado 
lieroe. 

Pero cuando el rey de Francia fue preso en la rota 
de Pavia por los espanoles, despues de haber allegado 
para la empresa considerable numero de hombres, y de 
haber con maduro examen puesto los hombros a tan alta 
empresa, todo el mundo juzgp lo poco que valen los di- 
neros y las provisiones, y lo mucho que importa la repu- 
tacion ; pues con ella sola vencio Carlos al mas poderoso 
rey de su siglo. Con esa Jornada asesuro a los amigos, y 
puso terror y espanto en el corazon ae sus emulos. 

Antes de veneer el Emperador al rey Francisco de 
Francia^ los otros principes ae la cristiandad, hacian poca 
cuenta de el, mientras que la guerra estuvo en duda. Mas 
cuando fue vencido este monarca, todos midieron sus fuer- 
zas con las del soberano frances, y considerando que sien- 
do aquellas mayores nada pudieron contra Carlos Y, nin- 
guno en adelante se fiaba de las suyas para ofenderlo. 

Clemente YII, sin embargo, menospreciando ciega- 
mente las fuerzas del Emperador, y deseoso de que no 



—87— 

echasen hondas raices en la trabajada Italia, formo una 
liga con Francisco I de Francia. 

Sabido es que este monarca salio de su reino a guer- 
rear en Italia, y que en el cerco de Pavia fue apresado por 
los soldados espanoles y traido a nuestra corte, de donde 
al cabo volvio en libertad a sus estados, mediante una 
Concordia hecha con el Cesar Carlos Y. Sabido es tarn- 
bien que Francisco I se nego luego a desempeiiar su pa* 
labra, y que la guerra se torno a encender entre uno y 
otro soberano, ayudando la parte del Frances el Papa Cle- 
mente VII. 

Acerca de estos sucesos tengo presente una coleccion 
de cartas originales, que me ha facilitado el ilustre y sabio 
orientalista D. Pascual de Gayangos con una bizarra ge- 
nerosidad, digna de las mayores alabanzas. 

El comendador Herrera en 16 de Abril de 1526, es- 
cribia en cifra desde Roma al Emperador, diciendole: 
fcTodos los que no son buenos servidores de V. M., hacen 
creer al Papa que la grandeza de Y. M. es en dano de la 
suya, y Su oantidadlo tiene assi creydo (l)." 

El duque de Sesa, nuestro embajador en Roma, po- 
nia las siguientes notabilisimas razones en cartas dirigidas a 
Espaiia en 28 y 29 de Mayo de 1526. «(Dije al Papa) que 
sin duda me avia admirado grandemente de entenderlo: 
porque demas de penarme por lo que me tocava de dessear 
que fuesse siempre en union y concordia con Y. M., sentia 
segun cristiano, el peligro manifiesto de la Sede Apostolica; 
de que Y. M. restaria sin cargo, pues por Su Santidad co- 
menzava el rompimiento.... Kespondiome haziendo gran- 
des admiraciones y juramentos que no era verdad que 
fasta entonces en tal noviesse platicado... Dijele que para 
el presente 6 futuro acordava a Su Santidaa que no era 
de tanta importancia que el castillo de Milan se perdiese 



(1) La carta original existe MS. en poder delSr. D. Paftcual 
it Gajangos. 



cnianto ser el promovedor de la guerra, lo cnial a Dios y 
al mundo parecia muy alieno de su dignidad, que siendo 
para tener y conservar la paz, fuese sembrador y promo- 
vedor de discordia.H 

La mala voluntad del Papa Clemente YII era muy oo- 
nocida en Espaiia aun antes de la nueva liga que habia 
hecho con el rey Francisco de Francia, en son de defender 
la libertad de Italia, amenazada por las fuerzas del Empe- 
rador que querian oprimirla. 

Un autor, que encubierto con el nombre del Gonde 
b. Frances de Zlunigat escribio una historia burlesca de 
Carlos V, cuenta que en 1525 llego a Toledo el cardenal 
Salyiati, sobrino del Papa Clemente YII, y enviado por el 
Pontiiice para concertar las diferencias que se habian le- 
vantado entre el Emperador y el rey Francisco I. 

«Obediente Carlos a la Iglesia (dice el autor citado), le 
salio a reeibir, extramuros del lugar, con muchos cavalle- 
ros y grandcs y perlados de su reyno. Como llego a S. M., 
demandole la mano. El Emperador le abrazo, y* dio paz. 
El duque de Vejar que alli se hallo, escandalizado, di]o al 
Emperador: Semr^ juro a Dios y por el cuerpo de Dio$, yo el 
primero, y quantos aqui e$lamo$, somos mal contentos que el £e- 
gado OS besase. El Emperador lie dijo: Mas fiero era Judas 
y bes6 aJesucristo (!).)> 



(4 ) El MS. de donde se ha sacado esta noticia llera por titalo 
las palabras siguientes : Historia de D. Framed de ZMiga, eriado 
muy privado y bien quisto, predicador y kistorxador dd timperador 
CdrloM V. Gopias de el se encuentran en la Biblioteca Nacional de 
Madrid, en la oe la Historia, en la que era Real de Paris, en la del 
Sr. D. Sera On Esteranez Calderon, y en la de nii amigo el Sr. de Ga- 
jangos. Esta cronica burlesca fu^ escrita en 1529. En eUa hay yarias 
sjftiras contra Glemente Vil. El epigrafe de una de eUas, dice asi: 
€ Carta de Nob D, Frances, por la grada de Dios, maestro en fihsofia, 
bachiller en medicina^ enemigo del her^tico Luthero^ inquisidor general 
de los negocios, amigo de hombres livianos, estraoagante de hombres en 
sesOy reformador de las easas y hospiXales de los locoSy d Vos, nuestro 
muy Santo Padre Clemente S^imo^ salud y gracia.9 Despues de pe- 



fisto demaiestra d odio que existia en Espafta conti^ 
Clemente VIL 

En tal ocasion habia Uegado el insigne general Don 
Hugo de Moncada a Italia ; y entendiendo cuan en deser- 
vicio del Emperador era la confederacion llamada de la liga^ 
y despues de haber conferido en Milan con los capitanes 
imperiales lo que parecia mas necesario para embarazar 
los intentos que la voluntad de Clemente tramaba contra 
el Emperador en aquellas provincias, junto ejercito y aun 
se dispuso a entrar a sangre y fuego en las tien*as roma- 
nas, ayudado por las familias de los Colonnas enemigos 
del Pontiiice que entonces reinaba. Asi, con solos mil 
y quinientos infantes y algunos caballos napolitanos, y los 
parciales de los Colonnas se puso cerca de noma, envian- 
do delante algunos corredores que esplorasen los caminos. 



3ir don Prances al Papa una reserra de mil ducados en los obispados 
de Avila r Salamanca para on liijo ILamado Domiciano, le amenaaca 
con que Ae no hacerlo cos descomulgamos y aproramos por publico 
apasionado j os ecliamos.de la dicha Iglesia agravato y reagraoato y 
mandamosque andeis de nocbe con el Cardenal Fratre Egidio ro- 
bando cuantos balUredes... vuestros deudos tos salgan tan desagra- 
decidos que los primeros que mtmnurcn de ruestra santidad scan 
eilos* querais proveer de racantes j nunca se muera ningun pcrlado. 

la mula en que anduvieredes muera de iorozon quando con ella 

el rio pasaVedes, y micer Garcia de Gibraleon os falscc las bulas y 
el secretano despache todi> contra ruestra roluntad. Los de la Rota 
sean tan rotos de entendimiento que nunca bagan cosa que ralga un 
carlin.... el vino que bebieredes se vueWa yinagre y el pan de aci- 
tron, y el dinero se vuelra pescado cecial. Las martas de vuestras 
ropas se pelen : los arminos que vistieredes baea Dios tan grande mi- 
lagro por ellos que. se tomen viros y os muerdan. En cada vara de 
Sf^da que compr^Credes os engauen en un ducado. El dia que ayu- 
naVedes se os tome de cuarenta boras.... El Tiber saiga tan furioso 
de tnadre que no balle padre que le mande so pena de su maldicion 
que se TueiTa a lo que solia. T omese de color de sangre al modo del 
cardenal Cesarino.... y baciendo lo que nos queremos, os bemos por 
publico Papa iiuestpo superior espiritual y no anatematizamos ni deS'* 
comulgamos; y os desallamos qualquier tesoro que tengais dandonos 
tal parte de ^1 que no sea menos del tercio 6 quinto. > 

12 



—90— 
\ l\io In) !» diligmcia con que Ilevo su ejcrcito que una ma- 
ttitutt n) t'onii>er rl alba enti-6 inesperadamente en la ciu- 
ttml, Mil oncontrar mas defensa que la admiracion y t^l <^^ 
itnnlo lie los capitanes y soldados de Clemente. Tal pre- 
Ml o iTlialo acontecio en 20 de Octubrc de 15^. 

Asombrado el Papa, huyo seguido de pocos aX Casti- 
llo de Sant-Angel en tanto que las tropfas de Don Hugo se 
cebabnn en las riquezas de su palacio, y hasta en sn tiara y 
baoulo que hicieron desapai*ecer en medio deia tumultua- 
pja embestida de Roma; Viendose el Pontifice sin pi-ovi- 
siones y .sin tener con que defenderse en el castillo, solicito 
de Don Hugo una tregua de cuatro meses. 

. Concediosela este capitan y salio de Roma con su ejei'^ 
citfl. Pero no paso mucno tiempo sin que diese Clemente 
per no tratada la tregua. 

Aunque el Emperador acepto, mas por deseo de 
la concoi-dia que por ventajas para su ejcrcito en Italia, la 
capitulation que firmo con Don Hugo de Moncatia Cle- 
mente Vn, el Papa no quiso guardar el concierto, imagi- 
nando que el ejcrcito imperial iba n scr echado de Loni- 
bardi'a por los franceses, y aun tambien del reino de Na- 
poles, codiciado entonces por todos los pontifices. 

En esto las tropas de Carlos V eran numerosisimas 
en Italia. El duque de Borbon, a cuyas 6i"denes camina- 
ban, enderczo sus pasos hacia Roma, con el doseo de tiar 
paga a sus soldados, que estaban en la mayor miseria, y 
al propio tiempo con el de eastigar la falta de fe que en 
las materias politicas tenia Clemente VII. Y como no lie- 
vase consigo artilleri'a, dispuso que fuesen heclias esralas 
capaccs de servii- de paso para seis combatientes juntos ; 

!r asi el dia 5 de Mayo de 1527 Itego casi a los muros de 
a antigua cludad, en otro tiempo dominadora del mundo. 
Entonces envio un mensajero a requerir al Papa, que 
iraba en su campo, a una persona uutorizada por Cle- 
ite y por el colegio de Cardcnates para tralar la raane- 
on que el ejercito del Cesar habia de entrar en Roma. 
'ontilice, fiado en la nueva liga concertada con el rey 



^a 



de Francia y dtros principes, y con la esperanxa de ser 
prestamente socorrido, se ncgo a escmchar tratos de nin- 
gun linaje. 

Viendo Borbon lo desabrido de la respuesla de Gle-* 
mente, dispuso el asalto de Roma, resuelto a enfrcnar de 
una vez las demasias del Papa tan en deservicio de Carlos 
V. Al amanecer el dia 6 de iMayo, comenzo el ejercito im- 
perial a enseftoriearse de los muros de la ciudad;y en ellos 
recibio una herida de arcabuz el duque de Borbon, es- 
tando dirigiendo la embestida de los soldados. Los que 
se hallaban cerca, retiraron de la refriega el maltratado 
cuerpo de su capitan: el cual a la hora perdio la vida. Mas 
no por eso se entibio el ardor de los espauoles y demas 
centes de otras naciones que venian en el ejercito : antes 
bien revolviendo sobre los defensores de Roma, entraron 
en las calles gritando Camel carm! cierra! oierra! 

El Papa que encerrado en su oratorio, mientras pe- 
leaban los suyos, pedia a Dios favor y victoria, a las nucvas 
del vencimiento, temeroso del peligro que lo amenazaba, 
huyo con diez y siete cardenales, con quinientos soldados 
para su defensa y con los embajadores de Francia, Ingla- 
terra, Venecia y Florencia al castillo de Sant-Angel. 

Toda la ciudad fue puesta a saco. El maestro Yalles 
refiere de esta suerte lo acontecido. en aquel dia. «Des- 
pues fuera del castillo en la vencidaRoma, los espafkoles, 
tudescos y otras naciones se dieron a robar, a matar, a vio- 
lar duehas sin tener respeto, ni a dignidad, ni a edad, ni 
a hombre, ni a mujer. En este dia la santa ciudad fuc 
saqueada, las reliquias de los templos sacadas, las virgenes 
forzadas. La crueldad se estendio, no solamente contra 
los hombres; pero aun contra los marmoles antiguos y 
bustos de los romanos. Los soldados aposentandose por 
las casas que habian saqueado, hicieron que los cardenales, 
obispos, embajadores, ciudadanos y mercaderes de todo 
el pueblo romano, a los cuales ya una vez habian rescata-* 
do sin dejarles blanca, mantuviesen al ejercito. Y h$ mis-' 
mo$ soldados^ a manera de escarnioj vestidos cotno obispos y, sa^ 



cerdoUi, andaban por Roma, holgdndote y tomando placer como 
si estumeran en sas coMot de repo9o (i).» 

Tan grandes fueron los desordenes con que el ejercito 
imperial, compuesto de espafioles, alemanes y algunos sol- 
dados de otras naciones, afligio a la vencida Roma. <cUn 
aleman (dice otro autor contemporaneo) se vestia como 
cardenal y andaba cavalgando por Roma de pontifical con 
un cuero de vino en el arzon de la silla; y un espanol de 
la mesma manera con una cortesana en las ancas (i).n 

Aun hubo mas : los espafioles desenterparon el cuerpo 
del Pontifice Julio II, porque supieron que tenia un ani- 
Uo riquisimo en uno ae sus dedos (3). 

£1 Papa, vistos los desastres que habian sobrevenido 
a Roma, trato de concierto con el principe de Orange, que 
sucedio en el baston de general por la muerte del duque. 

Y asi al dia siguiente del rebato, el Arzobispo de Ca- 
pua escribto desde el Castillo de Sant-Angel para buscar la 
forma con que el Pontifice y los cardenales viniesen con 
toda seguridad a Espana a ponerse en brazos del Empera- 
dor Carlos Y. Los capitulos que se estipularon para la pas 
fueron que el Pontifice pagase al ejercito cuatrocientos mil, 
ducados: los cien mil, del oro y plata que estaba encerra- 
do en Sant-Angel : cincuenta mil dentro de veinte dias, 
despues de firmada la concordia ; y doscientos y cincuenta 
mil en el espacio de dos meses: que pusiera en poder del 
Emperador el castillo de Sant-Angel para retenerlo en si 

(1| Historia del fortissimo v prudentissimo capitan don Her- 
nando de Avalos, marques de Pescara, recopilada por el Maestro Va- 
Ues. En Anrers por Juan Latio — 1558. — let. En casa de Felipe Nu- 
tio— 4570. 

(2) Diilogo: en que pardcularmente se tratan: las cosas acae- 
cidas en Roma: el aiio de M. D. XXVII. A gloria de Diosybien um- 
▼ersal de la Reptihlica Christiana. (Obra vedada por el santo oficio 
J atribuida al celebre protestante espanol Juan de Vald^s. ) 

(3) Ycase a Gonzalo de Illescas en su historia Pontifical, d don 
Diego Jose Donncr en sus Anales de Aragon ▼ li otros antores espa* 
uoles. 



todo el tiempo que creyese necesario para asegurarse dr. 
que ei Papa habia retirado de la lu^a su animo: que r>u- 
siese tambieu en pnder del ejercito imperial los castiilos 
de Civila-Vecchia, Hostia y Civita^Castellana y las ciuda-^ 
des de Plasencia, Parma y Modena: que no saliesen del 
Castillo el Papa y los cardenales que lo acompaftaban has- 
ta que el ejercito de Carlos fuese pagado de los ciento y 
cincuenta mil ducados; y que despues el y ellos se retira- 
sen a Gaeta 6 a la ciudad de Napoles, a esperar las deter- 
minaciones del Cesar. 

Pero, no obstante haberse estipulado la paz con ta- 
les capitulos, el Papa persusidido cie que el campo de la 
Jiga caminaba en su socorro se nego a firmar el concierto 
pidiendo 6 dias de plazo, y asegurando que si al cabo de 
cHos no venian en su favor algunas fuerzas, entonces, des- 
truidas del todo sus esperanzas, suscribiria el tratado. 

El principede Orange y Juande Urbina, siguiendo el 
parecer de las personas del Consejo del Emperador, acor- 
daron retirar de las platicas de paz los oidos y atender so- 
lamente a conseguirla por medio de la gurrra. 

En carta diriffida a Carlos V por el Abad de Najera 
en Roma a 27 de Mayo sc contaban punto por punto las 
providencias tomadas por los capitanes del ejercito impe- 
rial con el fin de procurar la rendicion del castillo. Yean- 
se algunas palabras de este importantisimo documento. 

nCon este aviso se escribio luego al consejo de Napo- 
leSf a don Ugo, marques del gasto y alarcon que Yenyes- 
sen aqui la gente del exercito y los dichos don Ugo, mar- 
ques y alarcon y nos embiassen vituallas y seys caiiones 
para la expugnacion deste castillo. Juan de Urbina tomo 
el cargo ae cerrar el castillo con la infanteria espaiiola 
pues no habia otros gastadores ny aun real con que pa- 
garlos ; y assy en tres oias y tres noches que continuamen- 
te ha cavado la dicha infanteria con algunos pocos gasta- 
dores que los coloneses nos han dado, na hecho el dicho 
Juan de Urbina, tales trincheas y reparos, que el papa y 
sus valedores podran perder la esperanza de valerse como 



—94— 

esperaban, y sera forzadoque si se cleterminan los enemigof 
de lle^arse al castillo para recoger at papa, que venga todo 
su cami30 y que en llegando a las trincheas tope con todo 
este exercito; y se haca la jomada a la cual estan estos sol- 
dados de V. M. tan aispuestos y deliberados cuanto jamas 
los \'i ; y esperan tan cierta la victoria como la esperaban 
quando se combatio en Pavia (!).» 

Entonces se compuso en Roma por alguno de los 
soldados espaiioles, hombre sin duda de buen humor, una 
glosa burlesca del PADRE NUESTRO, la cual cantaban los 
guardiks de Glemente VII con el tin de darle musica al pie 
de las ventanas del castillo de Sant-AngeL 

I^as coplas comenzaban en los siguientes versos: 

Padre nuestro, en cuanto Papti 
8ois Clenienle sin que os quadre , 
mas reniego yo del padre 
que al lujo quila la capa (2). 

En csla dcsvergonzada cancion, indigna de estar es- 
crita contra un PontiHce, por hombres que al parecer 
i^uardaban la religion catolica, se daba a entender que 
la capa que Glemente quitaba al Emperador era el estado 
de Mdan y el reino de Napoles. 

Otra satira, tambien de incierto autor, se compuso en- 
tonces contra el Papa: la cual dice: 

La gran soberbia de Roma 
agora Espaiia refrena: 
por la culpa del pastor 
el gauado se condena : 
el gobernalle quitado 



( 4 ) El documento original pertenece d la biblioteca del Sr. Don 
Pascual de Gayangos. 

(2) Dos tratados: el primero es del Papa y de su autoridad: 
el segundo es de la Misa. Obras uno y otro del protestante espanol 
Cypnano de Valcra. 



—95- 

la aguja se (iesi)rdena : 
grail agua coge la bomba : 
menesler liene carena 
por la culpa del pilolo 
que la rige y la gobierna. 

De esta sueite los espanoies se burlaban del mat aeon- 
sejado Glemente. 

Al cabo no tiiYo mas arbitrio el Papa que firmar los 
capitulos del concierto y entregar el Castillo y su persona 
al ejercito de Carlos Y. Los alemanes luego no satisfe- 
chos del buen termino de la ^erra comenzaron a amoti- 
narse y a pedir pa^^a, porfiandp en Uevarse al Pontifice y 
a los cardenales si no se cumplian fieimenle los tratados. 
Siguieron los espanoies el ejemplo de los tudescos, en 
cuanto a pedir en motin lo que Ics debia Glemente, pero 
repugnando que su persona fuese Uevada en rclienes por 
los herejes a Alemania. Sobre esto hicieronse juntas de 
seis electos de cada parte con el proposito de inquirir el 
verdadero estado de las cosas, y la opinion del ejercito 
acerca de lo que con vivas ansias, incesantes porfias y ame- 
nazas terribles solicitaban los soldados alemanes. Tan 
mrande era el encono que habia contra el desdichado 
Papa (1 ). 

B.I, !■■ r-« - ' I 

(4) En carta de L. Perez dirigida desde Roma en i .^ de Julio a 
Carlos V, c^jo original me ha facilitado el Sr. de Gayangos, se dice: 
cLos alemanes ban tentado de querer llevar al Papa consigo, y co- 
menzaronse d amotinar y pedir paga ; y viendo esto los espanoies 
tambien comenzaron otro motin, cuziendo que los alemanes tenian 
razon de querer ser pagados ; y que ellos querian serlo tambien; mas 
que no bavian de conseutii' que los alemanes Uevasen al Papa, asi 
porque no era servicio de dios, porque convenia al servicio y abto- 
ridad de Y. M.; y el Pnncipe de Orange y don Ugo y alarcon y el 
abbad de N<£jera y Juan de Urbina ban entendido entre ambas na- 
clones, y ban dicbo que disputen seis electos de cada parte y que 
ellos negocien por los unos y los otros porque se pueda tomar mejor 
resolucion ; y assi los nombraron ayer. No se en lo que concluiri[n; 
que los alemanes muy puestos estan en dezir que quieren al Papa y 
eardenales. » 



^ 



Los alemanes, viendo que d negocio iba muy lejos de 
la senda que elles querian, manifestaron que si no les pa* 
^ba el general, 6 meterian a saco y a fuego la ciudad de 
Roma 6 Iniscarian otro senor a quieii servir con mas pro- 
vecho de sus haciendas. Anduvieron en eslas amenazas 
tres 6 ciiatro dias : y al (in no tuvieron mas arbitrio los ca- 
bos del ejercito imperial que poner en custodia de los 
alemanes los obispos que estaban destinados para rehenes. 
Con esto se sereno el tumulto de los tudescos. 

Hallabase el Cesar en Valladolid celebrando las fiestas 
del nacimiento de su hijo primogenitor cuando Weed a aque- 
Ua villa un correo que el de Orange habia despachado aes- 
de Roma para que caminando a toda furia se pusiese pres- 
tamente en Esparia con las nuevas del vencimiento de la 
santa ciudad y prision del Papa. 

Carlos V, incierto en lo que debcria hacer y temeroso 
del ejercito de la liga y de toda la cristiandad por no saber 
como los principes catolicos recibirian la noticia del suce- 
so de sus tropas, mando suspender los regocijos publicos 
en se&al de tristeza por el saco de Roma, y por la prision 
del Pontitii^e Clemente VII ; pero al propio tiempo aispuso 
que se celebrascn cxequias por el alma del Duque de Bor- 
bon, y asistio en ellas con el deseo de dar a entender al 
mundo cuanto sentimiento habia cercado su corazon con 
la mueii;e dc este valeroso capitan, y cuan obligado estaba 
a sus muchos, buenos y leales servicios. 

No falta quien diga que Carlos queria que el Papa fue-* 
se traido en cautividad a Espaha como en aiios anteriores 
el rey Francisco I deFrancia; pero que recelaba que todas 
las fuerzas de la cristiandad ofendida con la injuria que hi- 
cieron a la Santa Sede las tropas imperiales, habrian de 
venir al cabo sobre los reinos de Castilla para vengar al 
Papa, 6 conseguir su restate. Y que asi tuvo por mas con- 
veniente enviarle embajadores para tratar de concordia, y 
ponerlo en libertad casi con las mismas condiciones esti- 
puladas ya por el Principe de Orange. 

El Emperador Carlos V, escribio a los demas princi- 



-«7— 

pes de la cristiandad con el fin de disculparse de la parte 
qae pudieran atribuirle en el suc^so, y achacandolo a su 
ejercito que sin esperar ordenes, Uevado de un ardorosD 
celo de vengar las malas acciones de Clemente YII, no 
dudo en acometer los muros de Roma. 

Y aunque fue tan espantoso el insulto que hicieron 
las huestes espanolas y alemanas en la presa de esta ciu- 
dad, todayia Carlos procuraba representarlo ante los sobe- 
ranos de Europa como meilor de aquello que la fama con 
el asombro de la primera nueva habia publicado por el 
mundo. Y en carta al rey de Portugal, escrita en Valla- 
dolid a 2 de Agoslo de 1527, decia lo siguiente: «Habe- 
mos tenido tanta pena y dolor del desacato que a la Sede 
Apostolica se ha necho, que verdaderamente holgaramos 
de quedar vencidos que con tal victoria vencedores (1).» 

Pero al propio tiempo que tales muestras de seati- 
miento daba a los prmcipes por el desman de sus tropas, 
escribia a los cabos ^e su ejercito que en nihguna manera 
pusiesen en libertad al Papa, hasta que asegurasen para lo 
por venir su separacion de la liga. Asi D. Hugo de Mon- 
cada en Diciembre de 1527, le decia desde Napolcs: uCo^ 
mo el Papa estava en poder del exercito y por el exercito 
le tenia Aiarcon en el castillo de Sant Angelo, no pudiendo 
libertar a su Santidat tan presto como vuestra Magestat lo 
mandava ; porque antes que esto se efTetuase era necessa- 
rio, porque la gente lo ha querido assi, specialmente qtie 
la principal cauia qtA$ le$ mofdd a venir a Roma, fu6 con pre^ 
$upu€$io de aver alii todo lo que se les devia; y para esto no avia 
forma^ si el dinero no salia del papa (2).>» 

Al fin Clemente VII en 6 de Diciembre del mismo 
ano de su prision, salio del castillo de Sant Angel. Don 



4 

(1) Anales de Aragon, por el Dr. Diego Josef Dormer. Zara- 
goza, 1697. 

(2) El docamenio original me fu6 ^acilitado por el ilustre orien- 
talista D. Paacual de Gajangos. 

13 



—OS- 
Hugo en la carta antes citada manifesto al Emperador Car- 
los la manera con que el Papa dejo a'Roma, temeroso de 
esperimentar algun insulto en su persona por los soldados. 
c<Y porque el ejercito (decia aquel insigne capitan) ha de 
recioir una parte del dinero dentro de quince dias, y no 
quiere salir de Roma hasta que lo reciba, ha parecido a 
su Santidat que no staria seguro alii en este tiempo ; y te- 
miendo de ser otra vez preso y verse en otras angustias 
de las que ha passado, se determino de irse luego a Ur- 
bieto; y siendo puesto en libertad el dicho dia que fue 
vierneSf se partio aquella noche tres horas antes del dia, 
no en habito de papa sino de secular sobre un buen ca- 
vallo. Y aun quieren dezir que m persona llevava armas se- 
cretaSj y fuesse la via de Givita Castellana con ciento y cin- 
quenta cavallos suyos y de Luis Gonzaga. {Plegue a Dios 
que sus obras para con vuestra magestat correspondan a 
las buenas palabras que dize de querer ser buen padre de 
todos y hazer su possibilidad en la pacificacion y oeneficio 
de la cristiandadf Y crea vuestra magestat que en esta* ne- 
gociacion se ha hecho todo lo que el tiempo ha sufrtdo ; y par 
rece que ha seydo mas de lo possible ; y por esto todos havemos 
seydo de un parecer, tomando con necessidad lo menos malo por 
mejor (1).)) 

La presa de Roma por espafioles y alemanes, el es- 
pantoso saco de esta ciudad, el incenciio de muchas de 
sus iglesias, el menosprecio de sus sasradas reliquias, la 
burla y cautividad de los eclesiasticos, la venta de los pre- 
ladoSf el escarnio de las vestiduras sacerdotales, el poco 
respeto de la Basilica de S. Pedro convertida en establo de 
caballos y manchada con la sangre de treinta y tantos ro- 
manos que perecieron al rigor de la cuchilla de los ven- 
cedores, sirvieron de escandalo y admiracion a £uropa. 

En Espana se hizo costumnre entonces hablar mala- 



(1) Documento antes citado qae existe en poder del Sr. de 
Gavangos. 



mente del Pontifice, Uegando hasta tal estremo que cuando 
el Cesar en bien de la paz de los cristianos ajusto paces 
con Glemente YII y puso su persona en libertad, no falta- 
ron a%unos politicos que censurasen a Carlos por no haber 
quitado al Papa el poder temporal, llave de abrir y cerrar las 
guerras. D. Diego Hurtado de Mendoza fue uno de los que 
opinaron de este modd, en contradiccion de muchos con- 
sejeros de Carlos Y. 

El menosprecio con que fueron tratados en el espan- 
toso saco de Roma el Papa, los cardenales y otros princi- 
pes de la Iglesia, dio animo a algunas personas tocadas ya 
de la pestilencia de la herejia, para intentar que sus doc- 
trinas penetrasen en el corazon de Espaiia. 

JUAN DE YALDtS, 

de ilustre linaje, natural (segun se cree) de Cuenca e hijo 
de D. Fernando de Yaldes, corregidor y capitan a guerra 
de esta antigua ciudad ri), es uno de los mas famosos pro- 
testantes que ha tenido Espaiia. 

Jurisconsulto notable en su siglo y valido del Em- 
perador Carlos V que estimaba en mucho su erudicion 
en las ciencias filosoficas, en la teologia, en las lenguas de 
los sabios y en las letras humanas, trato en sus via]es por 
Alemania e Italia a los mas grandes pensadores que enton- 
ces se conocian. 

Sus merecimientos lo lleyaron al cargo de secretario 
del virey espanol en Napoles, ciudad en donde moro mu* 
cho tiempo. 

(1) Digo que fu^ Juan de Valdes natural de Caenca, signiendo 
la opinion del Excmo. Sr. D. Pedro Jose Pidal, quien en un eradito 
articulOf poblicado en la Retiita Hispano-Amencana, se espresaba 
en ios siguientes t^rminos : cNo tengo otra razon para Iiacer d Juan 
de Yaldes natural de Cuenca, que el suponerle hermano de Alonso 
de Yaldes, 6 hijo por lo mismo de D. Fernando de Vald^s, corregi- 
dor de aquella ciudad. > 



—100— 

Juan de Valdes siguio los errores de Lutero, e kiao 
niiichos parciales de las doctrinas de este kereje en la po- 
pulosa Napoles. 

Presidia las juntas que los protestantes italianos cele- 
braban en esta opulenta ciudad, todos la flor de la nobleza 
y sabiduria. Marco Antonio Flaminio, insigne poela la- 
tino; Pedro Martir Vermigli y Bernardino Ochino, £aimo- 
sos caudillos de la herejia en Italia; Jacobo Bonfadio, his- 
toriador de Genova, y Pedro Carnesechi, que hubieron 
luego' un tan horrible fin, victimas de sus yerros y de la 
intolerancia de los tiranos; Galeazo Caracciolo, marques 
del Vico, e Isabel Manrique que huyeron de su amada pa- 
tria para vivir en tierra de libertad, sin miedo a los opre- 
sores; y por ultimo la famosa duquesa de Palliano Julia 
Gonzaga, dama de un clarisimo entendimiento, de una her- 
mosura no vulgar, y de un vehemente amor a las opinio- 
nes de Lutero : tales eran los mas fieles discipulos de Val- 
des : taks los que esparcieron lueffo en Italia sus doctrinas. 

Pero antes ya Juan de Valdes habia pretendido di- 
fundirlas en Espafta por medio de un libro, escrito con 
sumo ingenio y gracia, con dulce estilo y con npvedad en 
los pensamientos. Hablo de dos coloquios: uno entreCa- 
ronte y Mercurio donde se finge que en la laguna Estigia 
platicaban estos dos personajes en las guerras que*a la sa- 
zon afligian a Europa con el estruendo de las ai*mas y con 
las quejas de los moribundos: otro entre un caballero 
Ham ado Lactancio y un arcediano, con el fin de discurrir 
acerca del infelicisimo suceso de la presa de Roma por es- 
paiioles y alemanes en 1527. 

En ambos opusculos intento Valdes sembrar en el 
animo de los lectores con notable artificio las doctrinas lu- 
teranas. No cabe genero alguno de duda en que fueron 
estos coloquios los primeros fundamentos que el protes- 
tantismo tuvo en Espaiia. El autor con mucho donaire, 
aunque en sentido neretico, y digno de reprobacion, se 
burl a de las practicas de la Iglesia CatoUca, y de la manera 
de vida que tenian sus ministros. 



Notable es en la faistoria de los protestantes espafio- 
les la publicacion de estos dialogos, escritos por Juan de 
Valdes con el proposito de doctrinar a sus compatricios en 
las materias de la fe, segun las esplicaban los luteranos. Pero 
hay otra circunstancia que debe dar mas renombre a los 
trabajos de tan celebre hereje. Las maximas de liber- 
tad politica que en ellos se sustentan, mereccn ser re- 
feridas ; porque prueban que si Nicolas Maquiavelo escri- 
bia en Italia algun tiempo despues su libro de El principe 
con el fin de tender un lazo a los tiranos para qiie pres- 
tandoles entero credito, cayesen estos en la indignacion del 

Sueblo que querian oprimir : si penetrando en la historia 
e Roma, sacaba de los varios sucesos en ella referidos, es- 
periencias, ejemplos y maximas politicas que tanto sirvie- 
ron a Montesquieu para formar El espiritu de las leyes^ no 
faltaban espaftoles que dedicaron sus estudios a las ma- 
terias de Estado y que en este genero de obras se atrevie- 
ron a competir y alcanzaron a igualar los profundos cono- 
cimientos del corazon kumano que resplandecian con 
grandes ventajas en el secretario de la republica Florentina. 
Valdes en el dialogo que compuso el afio de 1527, 
fingiendo que Caronte y Mercurio nablaban en la laguna 
Estigia, liace que el alma de un rey al descender al infier- 
no, trate de su vida en eJ mundo y de los consejos que 
dejo a su hijo, antes de lanzar del cuerpo el postrimcr 
aliento. Las maximas politicas son escelentes, algunas de 
ellas tomadas de Platon, Aristoteles y Seneca, y las mas, 
originales de Valdes y adquiridas en la leccion contmua 
de las antiguas historias (1). 



(1) Algunos preceptos politicos de Juan de Valdes, sacados del 
coloquio de Caron y Mercurio : 

cTen mas cnidado de mejorar que no de ensanchar tn senorio, 
procurando de imitar aquellos que bien govemaron su senorio, v no 
d los que 6 lo adquirieron 6 lo ensancharon. Ca muchos buscando 
lo ajeno perdieron v pierden lo suvo. » 

cl^a mayor fafta que tienen los principes es de quien les diga 
verdad . i 



—102— 

Todas las obras de Valdes estan escritas con un amor 
a la libertad, digno del mas alto encarecimiento. Entre 
los mismos preceptos au6 finge ser dados por un rey a 
su hijo heredero para doctrinarlo en la dificil arte de la 
gobemacion de los estados, hay sentencias tan libres que 
mas parecen dictadas por la lectura del Contrato social de 



cDi, puest tii libertad a todos qae te amonesten j te reprehen- 
dan; va los que esto libremente hizieren, tenlos por yerdaderos ami- 
g08. Quanto sobrepujas d los tujos en honra y dignidad, tanto de- 
ves excederlos en yirtudes. » 

cProcura scr antes amado que temido ; porque con miedo nnnca 
se sosluvo mucho tiempo el seuono. Mientra fueres solamente te- 
mido, tantos enemigos temas : si amado, ninguna necessidad tienes 
de guarda; pues cada vassallo te &erd un alabardero. » 

c Aprende antes por las historias que por la experiencia, quin 
mala y qu2(n perniciosa es la guerra.i 

c \ menos costa edificaras una cindad en tu tierra, que conquis- 
tar^ts otra en la ajena.i 

c Determinate de nunca hazer guerra por Xti enemistad ni por tu 
interesse particular, j quando la hovieres de bazer, no sea porti, si- 
no por tus siibditos, mirando primero qu^l les estari( mejor : tomarla 6 
dexarla. Si les estarsi mejor tomarla, sea con extrema necessidad. Y 
procura primero algun concierto ; porque mas vale desigual paz que 
muy justa guerra. > 

cAmalos que librimmte te reprebendieren y aborrece d los que 
t0 anduvieren lisonjeando. No mires que compania te sera agradable: 
mas qual te seri proyecbosa. • No ay bestia tan ponzonosa ni ani- 
mal tan pernicioso cabe un principe como el lisonjero ; y tras este el 
amHicioso.« 

cComoeWulgonoconyersa con el Principe, siempre piensa que 
estal quales son sus privados. Si son virtuosos, tienenlo por yirtno- 
so; y si malos e yiciosos, por malo ^ yicioso.t 

cMira, pues, quanto cuydado deves tener en escoger los que ban 
de andar y conversar contigo.» 

c Mira bien como provees oficios, beneficios y obispados. 

Dize Platon no ser digno de administracion, sino el que la toma for- 
zado y contra su voluntad. Nunca, pues, proveas tu de oBcio, be- 
neficio,ni obispado al que te lo demandare, mas en demandindotelo 
el por SI 6 por tercero, ]iizgalo y tenlo por inbabile para exercitarlo; 
porque sabe lo que pide, 6 no. Si no lo sabe, no lomerece: si lo 
sabe y lo pide, ya se muestra sobervio, ambicioso y malo.i 



—105— 

Jwjin Jacobo Rous$eau^ que nacidas de la esperiencia y el 
soberano ingenio de un espanol, criado en la corte de los 
reyes catolicos. Veanse algunas de ellas : 

«Cata que ay pacto entre el principey el pueblo, que 
si tu no hazes lo que deves con tus subditos, tampoco son 
ellos obligados a hazer lo que deven contigo.» 

«;,Con que cara les pediras J^us rentas, si tu no les pa- 
ffas a ellos las suyas? Acuerdate que son hombres y no 
bestias ; y que tu eres pastor de hombres, y no sehor de 
ovejas.» 

«Pues que todos los hombres aprenden el arte con que 
viven ^por que tu no aprenderas el arte para ser princi- 

ge que es mas alta y mas excelente que todas las otras? 
i te contentas con el nombre de rey 6 principe, per- 
derlo has, y llamarte han tirano. Que no es verdadero 
rey ni principe aquel que viene de linaje; mas aquel que 
con obras procura de serlo. Rey es y libre el que se 
manda y rige a si mismo; y esclavo y siervo el que no se 
sabe refrenar. Si te precias de libre ^por que serviras a 
tus apetitos que es la mas torpe y fea servidumbre de to- 
das? Muchos libres he visto servir y muchos esclavos ser 
servidos. El esclavo es siervo por fuerza y no puede ser 
reprehendido por serlo ; pues no es mas en su mano ; mas 
el vicioso que es siervo voluntario, no deve ser contado en- 
tre los hombres. Ama^ pues, la libertad y aprende a ser 
de veras rey.)) 

La obra de Juai) de Valdes se imprimio furtivamente 
en Venecia sin permiso de la Senoria. Las maximas de 
libertad en materias politicas y reliposas que se encierran 
en el dialogo de Mercurio y Caron^ bastaron a que los in- 
quisidores, atendiendo a su conveniencia y a la de los reyes, 
vedasen so graves penas en todos los indices espurgatorios 
del Santo Oficio la lectnra y conservacion de este escrito de- 
bido a la pluma de uno de los hombres mas doctos que 
Espaha entonces tenia. jSuerte infeliz la del entendimiento 
humano! Apenas comenzaba en el siglo decimo sesto a 
quebninlar los ferreos yugos con que la ignoranda y las 



—104— 

barbaras supersticiones lo habian oprimido por espacio de 
tanto tiempo, cuando la razon iba a ser seiiora de si\ y la 
verdad a defenderse de las astucias de sus contrarios, las 
mordazas del tribunal llamado de la fe, sus tormentos y 
sus hogueras procuraron cerrar los labios de los grandes 
pensadorcs, arrancarles confesion de delilos que no come- 
tieron, y aniquilarlos entce las llamas, que pretendian de- 
vorar con los cuerpos la libertad del raciocinio. 

Asi los malos, ayudados por las furias del hondo 
Averno intentaron destruir eu Espaiia las plantas que con 
vigor empezaban a crecer y que prometian frutos opimos. 
Todas perecieron a semejanza de los arboles que son der- 
ribados por los iracundos vientos en medio de las negras 
tempestades. Pero los enemigos de las maximas de li- 
bertad, aunque talaron las yerbas que habian brotado 
con admirable lozania, no pudieron arrancar de los senos 
de la tierra las semillas; porque la tirania, aunque tiene 
jurisdiccion en los cuerpos para entregarlos a la muerte, 
pocas veces podra destruir las doctrinas en el pensamiento. 

Muchas son las obras que se atribuyen a Juan de 
Valdes (1). 

(1) El Excmo. Sr. Don Pedro Jose Pidal en el erudito articalo 
publicado con el tttulo de Juan de VcUdes y de si es el hutor del did" 
logo de las lenguas, formo el signiente caUiogo de las obras de este 
protestante espauol. 

1 ." Tralado utilisimo del Benefido de Jesucristo, libro estraor- 
dinariamente raro, atribuido por unos a Valdes, j por otros d on 
zoonje de San Seyerino, discipulo de este hereje. 

2.* Gotnentario 6 declaracion breve y compendiosa sobre la 
epistola de San Paulo Apostol d. los romanos muv saludable para 
todo christiano. — Gompuesto* por Juan Valdesio,pio v sincero teolo- 
go. — En Venecia en casa de Juan Philadelpho M. D. LVI. 

5." Gomentario 6 declaracion familiar y compendiosa sobre la 
primera epistola de San Paulo Apostol a los corinthios^ may litil pa-> 
ra tod OS los amadores de la piedad cristiana. — Gompuesto por Joan 
W pio y sincero teologo. — En Venecia, en casa de Juan Philadel- 
pho MDLVII. 

4.* Los Psalmos de Darid tradacidos del Hebreo en romance 
castellano. 



—105— 

Este famoso protestante espaRol murio en Napoles A 
alio de 1540. Fue hombre de complexion ddicada, debil 
lie ciicrpo y estremadamente delgado. Sus disciptdos 
Id amai^n de un modo entranable, y sintieron tanto su 
muerte que por espacio de mucko tiempo venei^aron su 
nneinoria recordando los felicisimos dias en que escu- 
chaban de sus labios platicas ' llenas de elocuencia y sa- 
biduna. 

Rara es la obra de Valdes -que no este vedada por el 
«anto olicio. 



ALFONSO Dfi VALDfiS. 

111 jo de Fernando de Valdes, corregidor de la ciudad de 
Guenca, fue hermano 6 parientc de Xuan, cl celebre pro- 
lestante, introductor de las doctrinas de Lutero en Na-** 
pol^s. Debio una iina an^j^tad y grandes elogios a Pedro 



5.* Ciento y diez consideraciones divinas. Esta obra se tra* 
dujo on lengna francesa con el siguienle ti'tulp : Cent et dix com t- 
^UrcUioM diViMs de Jean de Valdesso. TraduUes premitremenU Set^ 
pagnol en lan^iue Ualienne^ et de noueeau mieei en franpoU par C. JL 
P. (Claude de Kecjaifinea fMirisien.) Lyen, par Ckariei Peinot. — 
Parii^ par Maihurtn Preowi^ i$65. La version italiana de esta obra 
^e impresa en Basilea en 1550^ Tambien se tradujo en idioma in- 
^es con uotas de Jot^e Herbert, en 1646. 

6." Dialogo de Mercurio j Garon en que allende de nuclias 
«osas graciosas y de bnena doctrina, se cueuta lo qne ha acaecido 
^m la guerra desdei aiio mill y qainientos y veynte y nno hasta lot 
tlesafios de los reves de Franeia et Inglaterra Acchos al Kmperador 
«n el auo de M. D. XXIH. — Dialogo en que particularmente se tratan 
las cosas acaecidas en Roknael ano de M. D. XXVH: a gloria de Dios 
y bien murersal de la repiiblica cristiana. — Voliimen en 8.^ sin .auo 
m lugar de impresion. 

Hi auiigo el entendido bibliografo caditano don Francisco Do* 
necuVictor nosee niei ejemplar de esta obra. 

Estos dialogos fiieron traducidos en lengua italiana. 

?.• Modo di tenet nell imegnaree nell predicare alprincipi» delU 
r4igUme ehriitiap^, Esta obra se atribuve a Juan de VaMefL 

J4 ' 



—106— 

U&itir'ile Angleria,«coii quien se comunicaba afeciuosisi- 
maixieutc por medio deJa escrilura. A este insiguc; literato 
dirigio en 1520 nna larga caita descie Biniselas dandole 
cuenta del comienzo de la herejia en Alemania. 

Alfonso de Valdes desempeno alffunos afios el cargo 
de secretario del gran canciiler de Carlos V. 

Se cree que compuso una relacion de la rota de Pa« 
tia, en donde el rey Francisco I de Francia quedo i^edu* 
cido a prision por los capitanes espaiioles. Y digo que se 
cree, porque del ejemplar de esta obra que existe iro- 
preso, no se deduce con evidencia ser Alfonso de Valdcs 
el autor, sino solo quien la saco a publica luz por orden 
de los sefiores del Cons^jo de Carlos. Vease su tilulo : « Re^ 
laeion de las nuevas de Italia, $acadas de las cartas que los capi" 
ianes y comisario del Emperador y Rey nuestro sefior han es» 
eripto a su Magestat: assi de la victoria contra el rey de Fran^. 
tia^ como de olras cosas alia acaecidas: vista y corregida por el 
seiior gran ch4inciller i consejo de S\ M.n E^ie pequenisimo 
ctiaderno termina en las siguitntes palabras. i^Los sefiores 
del eonsejo de su Magestat^ mandnron a mi Alomo de Vald^s^ 
secretario del illustre seiior gran chanciller que fieiese imprimir 
la presente relacion — Alfonso de Valdis.y* 

La obra mas importante que se debe a la pluma y al 
ingenio de este hereje espafiol, es una intitulada ^ Aviso sd^ 
bre los intirpretes dela Sagrada Escrituran^ si hemos de dar 
fe a los criticos qup atribuyen este libro al secretario del 
cancille^ de Carlos V, contra la opinion de ' aquellos que 
sustentan ser Juan y no Alfonso su verdadero autor. 

Tal confusion hay en las vidas de estos protestantes, 

3ue dificilmente se pueden sehalar los hechos de algunos 
e ellos, sin pelic^ro de caer en eiTores; puesto que laigual- 
dad de los apellidos, la semejanza en las doctrinas, y los 
cargos Importantes que desempeharon, juntaniente con la 
escasez de las noticias que se conservan de estos persona- 
jes, no hacen otra cosa que sembrar dudas en el animb, y 
deseos de no incurrir en falsedades, al tratar de los dos 
Valdes, secuaces de las doctrinas de Lutero en Espafta* 



—107 



RODRIGO DE VALERO 

file quien primero las comehzo a prcdicar en el corazon 
lie nuestra palria. »Cerca del afio de 1540 (dice Cipriaiio 
de Valera, alitor protestante,) vivio en Sevilla un Rodrigo 
Valer, natural de Lcbrixa donde tambien nacio el docli^i- 
mo Antonio de Lebrixa, restaurador de la lengua lalina en 
nuestra Espana. Paso Valer sus primeros anos en vanos 
Y mundanos ejercicios como la juventud rica lo suele ha* 
zer. No se s&be como, ni por que medios Dios lo toco para 

3ue los llep:ase a detestar tanto como antes los liabia ama- 
o, y sededicase a exercicios de piedad, leyendo y medi- 
lando la Sagrada Escritura, para lo que le valio una poca' 
de noticia que tenia de la lengua latina. Tenia cada dia 
en Sevilla, donde residia, continuas disputas y debates 
contra clerigos y frailes: deziales en la cai^a que ellos eran 
la causa de tanta corrupcion como liabia, no solamente en 
el estido eclesiastico, mas aun en toda la repiiblica cris- 
tiana: la qus^l corrupcion dezia ser tan grande que nin- 
guna esperanza kavia de enmienda.^ Y e^to lo dezia no por 
rinconcs sino en medio de las plazas y calles, y en las gra- 
das de Sevilla (!).» 

Despues de rcferir este autpr que Rodrigo de Valer 
fue teniao por novelero y loco, prosigue: «En conclu- 
sion, liablando Valer tan libre y constantemente, fue Ua- 
mado de los inquisidores. Disputo Valer valerosamente 
de la verdadera iglesia de Crista, de sus marcas y senales, 
de la justificacion del hombre y de otros semejantes pun- 
tos principales de la religion cristiaha, euya noticia Valer 
habia alcanzado sin ningun mintsterio ni ayada humana^ sino 
por pura y admirable nvelaeion divina (2). Escusolo por cn- 

(i) Crpriano de Valcra — Tratado de los Papas. 

(2) De mas esta recordar a los lectores que estas palabras son 
lie Cypriano de Valera, aulor he*reje,* ▼ las males reprueha el atitor 
de la present« bistoria. 



toDces su locura como los inquisidcxres b Ilaiiiaiban;y asi I0 
enviaron;pero eonfiscandole primero todo cuanto letiia. Con tocla 
esta perdida de bienesi no dejd de proseguir como havia co- 
menzado. Pasados^pues, algunos ahos, lo Yolvieron a llamar; 
y pensando que todavia estava loco tio lo quemaron ; mas 
Iiicieronlo recantar 6 desdecir cerca del aiio de 1555, no en 
publico auto^ sino a el solo en la iglesia mayor entre los das 
coros. Con toda su locura lo condenaron a sambenito per- 
petuo y bien crande y a carcel perpetua. De esta.... lo llev«i- 
tan cada dontmgo con los demas penitenciados a la iglesia 
de SanSalvadcH: aoir misa y sermon. Estando alli sentado 

oyendo y siendo prisioheroY muchas Teces se levantava^ 

Tiendolo todo elpueblo, y contradecia al predicador, qucin- 
do predicaba fat^ doctrina*' Pero los mquisidores que en 
aquel tiempo no eran tan malos, lo escusaban con pensar que 
estava loco. Yaliole tambien nnty mucho.... ser cristiano 
yiejo, y no de raza de judios, ni de moros. Al fin saca* 
ronlo los inquisidores de k carcel perpetua de Sevilla y 
enviaronlo a Sanlucar al monasterio que Uaman de Nues- 
tra Senora de Barrameda, donde murio siendo de cin- 
cuenti ahos y mas.>> 

De c!sta suerte se refieren los infortunios de Rodrigo 
de Valero, el principal caudillo que tuvieron los protes- 
tantes en la populosa ciudad de Sevilla. Sus parciales lo 
reputaban por nombre inspii^ailo de Dios para predicar en 
Espana la verdad del Evangelio, y los inquisidores lo con* 
denaron como seudo-apdstol. Su sambenito fue cqlgado 
en la iglesia catedral de Sevilla, donde servia de admira- 
tian alyulgode esta ciudad y.alos que vcnian de le|as tier- 
ras,. porque al pic de estc monumento se consenraba una 
inscripcion que decia haber sido condenado por Mtido-apds- 
tol el luterano Rddrigo de Valero, nombre que hasta enton- 
ces no sehabia pueslo a los penitenciados por el santo oficio. 

La nobleza, el saber, la sencillez de vida y lo nueve 
de las dpctrinas que sustentaba Valero, le atrajeron muchos 
parciales de lo mas ilustre de Sevilla, asi en la ciencia 
como en la calidad de las personas. 



— <09 



EL DOCTOR JUAN GIL 

(CO?(OCIDO POR EgIDIO). 

Nacio rste protestaiile en Olvera, luf^ar del rrino snt^ 
rones^ rsludio en la florentisima universidad de Alcala de 
Henares la leolop^ia, hasta recikir el grado de doctor con 
tanta fa ma, ci*edito y concepto que muchos lo com para- 
ban en la ciencia con Pedro Lombainlo, con Santo Tomaii 
de Aquino^ con Juan 'Esc.'oto, y con otros varones no me- 
nos insig:nes en la doctrina. 

La reputacion de Juan Gil htzo que el csibildo ecle- 
ftiastico de Sevilla lo nombrase can6nic:o magistral en 
1557 por aclamacion, sin Uamar por edictDS el concurso 
de opositores como solia. Esta eleccion, donde tan pora 
cuenta se tu\o con la costuntbre establecida en aquella 
iglesia catedral, aii*ajo sobre Juan Gil no solo ei odio delos 
queaspiraban al cargo que este liabia alcanzado, sino las 
murmuracione4» del vulgo, ciego inslmmento siempre de 
los que desean dii igirlo a su manera y en su provecho. 

Juan Gil cayo en la indignacion de muchos; y mas 
aun cuando predico por vez primera en la iglesia catedral 
dc Se\iUa. Todos esperaban de su gran concepto un dis- 
curso por mil causas notable; y luego que vieron que el 
nilevo canonigo magistral pai*ecia muy inferior en merito a 
lo que la fama kabia pregonado por Espafia con el son de 
alabales y trompetas, el menosprecio ocupo el lugar que 
en los animos habian tenido hasta entonces el odio, la 
enyidia, la admiracion y las esperanzas. 

Rodrigo de Valero aconsejo en cierta ocasidn al doo 
Unr Egidio que entr^ase al olvido la lectura de los libros 
teologicos, porque nada iitil enseftaba; y si queria ser veiw 
dadero sabio que aprendiese de noche y dia en la Biblia 
sentencias, ayisos y todo linaje de doctrina, saludable al 
espiritu, y de consolacion en las adyersidades. De esta 



— no— 

Aurrle alcauzo el doctor Juan Gil iiombre de predicador 
insigne. Despertaronse iiuevamentc las iras de sus emu- 
los, y niuchos de estos se conjuraron en ^ dauo. 

En este liempo el Cesar Carlos V, que era muy ama- 
dor de las ciencias y las virtudes, nombro en 1550 al doc- 
tor Egidio para ocupar la silla obispal de Tortosa. Arrecio 
con esta merced la saiia de los cnenii<ros y de los murmu- 
radores ([ue en tanto numerb tenia contra si el canonigo 
de Se%'illa, llegando hasta el estremo de delatarlo al santo 
oficio de la Inquisicion como fautor de las liercjias que 
entonces comenzaban a estenderse por esta ciudad con la 
ayuda delos discipulos de Valero, y otros parciales qucconr 
mas recato predicaban sus opiniones. 

Los delatores de Juan Gil recordaron a los jueces del 
tribanal de la fe que en 1540 este canonigo habia defen- 
dido obsiinadamente si Valero, mientras duro la causa. 

Preso en los calabozos de la Inquisicion el desdicbado 
doctor, escribio una apologia de las doctrinas que habia 
sustentado desde ei pulpito en la catedral de Sevilla: pero 
en esta obra se hallaron algunas sentencias tan luteranas, 

Jrue en yez de sen'ir su trabajo para defensa, vino a ser el 
undamento de nuevas y mas temibles acusaciones. Los 
teologos vieron en la apologia una ratificacion de los erro- 
res que de viva voz habia defendido Gil ante el pueblo. 
Sin embargo de estar el negocio en tal estremo, Car^ 
los V, incitado por los muchos y buenos valedores que en 
la corte tenia el canonigo protestante, intercedio por ei 
con los inquisidores: el cabildo eclesiastico de Sevilla si*- 
guio el ejemplo del Elmperador, y aun 'el licenciado Corr^a, 
juez del santo oficio, tambien se mostro afecto al doctor 
Egidio contra el parecer de Pedro Diaz, miembro del tri- 
bunal de la fe y discipulo renegado del infeliz Valero. 

Pidio Juan Gil que le fuese permitido conferenciar 
con alguno de los mas famosos teotogos; y en satisfaccion 
de sus deseos le presentaron los inquisidores a Fr. Garda 
de Arias, monje*ael Orden de San Geronimo y protestante 
#ettlto por temor del santo oficio. El dictamen de Arias, 



«. 



favorable al canonigo su amigo, no se tuvo por suficienteT 
para declarar sano de toda culpa al doctor Egidio. 

Un fraile dominicano, profesor ra> Salamanca y lla- 
mado Domingo dc Sotd, tomo A camino de Seviila por 
roajidato de los inquisidores^ con e! (in de examinar laa 
proppsiciones que Iprmakan los fundamentos del proce- 
so. Era Soto hombre muy hipocrita y malvado ; y deseoso 
de perder para siempre a Juan Gil, le manifesto que para 
desvanecer las sospechfis que contra siis doctrinas habia 
en los ^niknos, deberian escribir uno y otro una especie 
de profcsion de fc 6 manifesto dc sus pareceres acerca 
de las sentencias que andabah en disputa. Compuso su 
manifestacion el doctor £gidio y la co'munico con Fi*ay 
Domingo de Soto. Este hizo lo mismo con otni suya; y 
ambos la concertaron de tal forma que entre las dos no 
Labia la menor desemejanza. 

Los inquisidores, noticiosos de este acuerdo, ordena- 
ron que la lectura de tfiles profesiones tie fe se liiciese en 
la catedral de Seviila y en acto publico para mas sqlemni- 
dad. Fr. Domingo de^Soto predico su sermon declai*ando 
el objeto de aquella ceremonia, que en las apainencias no 
era otro que manifestar cada cual su smtir acerca de las 
proposiciones del ^loctor Egidio, reputadas de hereticas 
por algunas personas* Fenecido el aiscurso leyo Soto, no 
el pliego que habia consultado con el canonigo protestan- 
te, sino uno diverso, en que declaraba su parecer, contra- 
rio to todo a las doctoinas de Juan Gil. Sucedio que el 
pulpito de Soto estaba tan distante del que tenia el doc- 
tor acusado, que este a pesar de sus muchos esfuerzos no 
podia escuchar lo que manifestalia su falso amigu ; y asi 
fiado en sus engaKosas promesas, con el rostro y las ma*' 
nos hacia seftales de aprobacion a todo cuanto el fraile 
dominicano astutamente leia. 

Luego que Soto dio fin a su manifiestq, dijo el suyo 
en clara y alta voz el doctor Egidio. Mara vi Hose el audi- 
torio de la desconformidad que habia entre los dos pape- 
leSb Los miembros del santo oficio no pudierbn 



—ut— 

de dedarar a Juan Gil reo sospechoao en las herejias At 
Lutero. 

D. Juan Antonio Llorente en la Hiitaria critica de la 
Inquisidon de Espaika, asegura con el testjmonio de un pro* 
testante sevillano (1) que los Jueces de este tribunal pro* 
nunciaron sentencia contra. Juan Gil, y que este permane- 
cio en la prision, maravillado de ver cuan injustamente 
era tratado, despues de haberse leido ante el pueblo y lo 
principal de la nobleza y clero de Sevilla las dos manifes* 
taciones, conformed en e^plicar en sentido catolico sus 
doctrinas censuradas. Pero en esto creo que hay un eri*or 
karto notable. 

El doctor Juan Gil salio de las csirceles secretas del 
santo oticio para hacer una publica abjuracion de muchas 
delas clausulas desussermones en la iglesia catedral de S<v 
villa entre los dos coros el domingoSl de Agostode 1552. 

El acta.de esta ceremonia que he tenidb presente co- 
mienza en esta forma. 

<(Por quanto yo el Doctor Juan Gil,' canonigo de. la 
Sancta Iglesia Cathedral de Sevilla, hie sido denunciado y 
acusade ev el Oficio de la Sancta biquisicion, de ciertas 
proposiciones que a muchas personas escandalizaron- por 
que pueden dar seutido erroneo y her^McQ contra nuestra 
oancta Fe Calholica; y aunque por nunca haver yo es- 
tado pertinaz, no haya sido condenado en las penas en el 
derecho contra los tales hei*ctico$ decernidas; pero hame 
sido mandado que retracte las dichss proposiciones y ab- 

1*ure algnnas de ellas y otras declare; por ende yo, come 
11)0 obediente de la oancta Madre Iglesia, sometiendome 
a su correccion, y usando de su misericordia las abjuro y 
y retracto y declaro en^la forma siguiente (2).i> 



(i) Raimundo .Gonzalez de Monies. 

(3) Este documento MS. existe en la biblioteca de D. FerDando 
Colon, sita en la catedral de SeyiUa. Llorente en sii HUtoria eritiea 
4$ la Inqwskion nada dice de esta ceremonia eii que abjurd Juan Gi|. 



Todas las proposiciones de que se retracto Juan Gil 
eran luteranas. La sentencia decia asi: 

«A1 qual condenamos en un aiio de carcel dentro del 
Castillo de Triana; y en este aAo le concedemos que pueda 
venir a la iglesia mayor quince veces subcesivas 6 interpb* 
ladas, cbmo el quisiere, con tal que vaya y venga via rec- 
ta. Mas: que ayune todos los viernes deste ano, y con- 
fiese todos los mescs una vez, y comulgue al arbitrio de ' 
su confesor^.y que no pueda salir de los'reinos de Espana 
por toda su vida. Item: lo^privamos por diez anos de 
confesar y prcdic^r, de leer en cathedra y de leer en Sa- 
grada Escritura: y que no escriba, ni sustente, ni arguya, 
ni se halle en ningun acto publico 6 conclusiones. ftias: 
que no diga misa en todo este ano primero.» 

Tal fue la sentencia que dieron los inquisidores en el 
proceso del doctor protestante Juan Gil, canonigo en la 
Iglesia catedral de Sevilla. 

Durante el tiempo de la pena, hallo consolacion este 
desdichado eclesiastico en el estudio de la filosofia-y de 
las divinas letras. En el Castillo de Triana, lugar de su 
prision, compuso unos comentarios al Genesis, a la Epis- . 
tola de S. Pablo a los Colossenses, al Gantar de los' Canta- 
res, y a alguhos salmos del rey David. Greo que tambien 
escribio una obra intitulada Tablfu de lots igualaciones de loi 
planetas : la cual existe MS. en la biblioteca de la catedral 
de SevUla (1). 



(I ) No se si serd obra de este protestante espauol una que se 
intituk Tobias de las igualaciones de los planetas, compuestas por Juan 
CHI en caslellano, De ella da razon D. Nicolas Antonio en su Bi- 
blioteca Nova, diciendo que en la Golombina exisda MS; Hoy de este 
libro no sc consenra en la biblioteca de D. Fernando Colon, mas 
que la parte tercera. Lo denu^s ha perecido d las injurias del tiempo 
J ^ la poca tigilancia que en cuidar de los MSS. se tuvo en esta nea 
J antigua libreria. Gomienza lo que aun existe de la obra de Juan 
GUy en los terminos siguientes : 

cLa parte tercera del libro de Juaa Gil que labia en los nasci- 

45 



—114— 

El doctor Juan Gil fue puesto al cabo en libertad, 
despues de su larga reclusioii en las carceles del santo ofi-* 
cio. Hizo un viaje a Yalladolid, en donde trato mucho a 
los herejes que alli secretamente se juntaban, y a poco de 
volver a Sevilla, se vio afligido de una enfermedad agudi- 
sima que en breve espacio de tiempo lo Uevo, al sepulcro 
el a!)o de 1556. 

Los inquisidores, noticiosos de su trato con los pro- 
testantes de Valladolid, y de su reincidencia en las opinio- 
nes hereticas, abrieron nuevo proceso, mandaron desen- 
terrar el cadaver de Juan Gil, quemarlo con su estatua 
en auto publico de fe, confiscar sus bienes, y cubrir de in- 
famia su memoria: sentencia que fue ejecutada el 22 de 
Diciembre de f560. 



mientos de los hombres 6 , en sns estados ; e porqnel h ombre es mas 
yirtuoso animal e senoreador de todos los otros animales de la tierra 
e ha negocios en la mar, Conyiene de^ fazer mas myncion del hombre 
(pie de los otros animales. E conviene saber su vida segund su na- 
tm*a 6 su estado en el milndo, 6 aquello que le viene por yertnd 
natural de las propiedades de las estrellas caydas, e de los cometas^ 
6 de los hombres. Ay algunos dellos que son seuores 6 siervos por 
linaje. E ay algunos que caen e pierden el estado de su linaje, su 
desaventura por jra de dios e por pecados ; que no quiere dios que 
aquel linaje tenga aquel estado de los seuores del mundo. E ay al- 
eunos hombres que son buenos, porque dios haze milagros por pu- 
]arlos en los buenos estados del mundo, en darles yida e salud i 
ellos, e i otros por amor d^os; 6 ay akninos de los hombres ma- 
los porque dios naze marayiuas en destr^rrlos, en matarlos d ellos 6 
i los otros por los pecados dellos : esto faze dios sobre la razon hu- 
manaly ^ soore la yertud de las estrellas e de los elementos, asi co- 
mo aquellos a quien soryio la tierra, e aquellos que desciende fuego 
del Gielo en tiempo claro e los mata, d aquellos que por sus malos 
merescimientos se leyantan los reyes e los pueblos contra ellos. E 
aquellos que desesperan de dios, a todos les contece cosas que son 
sobre la razon humana e sobre las yirtudes helementales, e cierto 
ninguno no puede sobrar el ordenamiento celestial de dios, salyo 
por milagro de dios, mas bien puede el hombre menguar del hor*- 
denamiento celestial por sus yerros 6 por yra de dios 6 por quel 
hombre no puede hayer ningund bien en este mundo sin beyir en 
el tiempo luengo. 



na— 



mmim m enzinas. 

Nacio en Burgos y tuvo nombre de gran teologo y no 
menor humanista en la uniTersidad de Lovayna, lugar de 
sus estudios. 

Las doctrihas de los protestantes hallaron cabida en 
su animo, a causa de la estrecha amistad con que le cor- 
respondia Felipe Melancton su maestro. 

" Deseoso Enzinas de contribuir a la propagacion de los 
errores hereticos, tradujo en len^ua castellana el Nuevo lei- 
tamento^ lo dio a luz en An vers el, aiio de 1543 y lo^dedico, 
entr^andole un ejemplar en Bniselas, al Emperador Car- 
los V. 

. Ocasion de grandes disputas fue entre los teoloffos fla- 
mencos el trabajo de Enzinas. Este protestante haoia se- 
guido en su version castellana la que en lengua latina es- 
cribio Erasmo ; pero de cuando en cuando separandose 
de la letra e introduciiendo, sin advertirlo a los lectores, 
aquellas palabras que mas convenie^tes le' parecian para 
la mayor claridad de su traduccion espaiiola. De todas 
las contiendas que tuvo con algunps teologos de los Pai- 
ses Bajos compuso una larga relacion en latin, que diri- 

E'o a su amigo y maestro el celebre heresiarca Felipe Me- 
ncton. 

A pesar de las defensascon que procuro Enzinas dismi- 
nuir la gravedad de los cargos que sobre su obra lanzaban 
los teologos catolicos, fue preso en Bruselas como fautor de 
herejias. Pero no paso mucho tiempo sin que quebran- 
taselos hierros desu reclusion, huyendo en 154o a Ale- 
mania. 

Felipe Melancton lo recibio con los brazos abiertos, lo 
aposento en su casa, y le dio grandes muestras de amistad 
y de aprecio. 

En 1548 quiso Enzinas pasar a Inglaterra. Su maes- 



_H6— 

/ 

tro lo reooineiid6 entonces a Tomas Crammer, Arzobispo 
de Cant6rbery, diciendo tales elogios del claro in^enio, mo- 
cha erudicion, bondad de animoy sencillez de costumbres 
que tenia su discipulo, que sin duda may pocos logra- 
nan de aquel hereje tan claras senales de aficion y eslrima. 

Melancton en la carta a Crammer llama a Enzinas 
Francisco Dryander^ voz griega que en algo se asemeja a su 
apellido, puesta al protestante espaiiol por sus amigos con 
ei fin de que no fuese descubierto por las iras de los in- 
quisidores. Otros le dan el nombre de Francisco du Che^ 
ne, palabra que en lengua francesa equivale a la voz 
Enzina. 

£ste here^ burgales murio en Alemania. Sus obras 
fuer6n varias. 

a El haevo testamento de Nuestro Redemptor y Salvador 
Jesu Christo^ traduzido de griego en lengiui castellana por 
Francisco de Enzinas^ dedicado a la Cesarea Mageslad. En 
Anvers^ en casa de Esliban Meermann 4 543. yy 

u Breve descripcion del Pais Baxq y razon de la religion en 
Espana.yy 

« 1ms vidas de dos illustres varories, Cimon griego^ y Lucio 
Lucullo^ romano, puestas al parangon la una de la otra, escri^ 
tas primero en lengua griega por el grave Philosopho y verda- 
dero historiador Plularcho de Cheronea^ y al presente traduzi^ 
das en estilo castellano M. D. XL. VII. n — Un tomo en 4.* , 
sill lugar de impresion ni nombre de impresor (1). 



(1) Enzinas encubriendo sa nombre d los lectores, les decia en 
este Lbro que es estraordinariamente raro: 

cPor muestra de mas ardua Labor sacamos al presente a loz esta 
peqneiia escritiira. Que si fuere rescevida de las gentes de nuestra 
nacion con aquella gratitud y benevolencia que de su virtud se eA- 
pera y el trabajo intolerable de tan luenga y difOcultosa labor requie- 
re, muy en breve (Dios queriendo) sacaremos a luz toda la obra de* 
Plutarcbo, la mayor parte de la qual esta' ya presta.* 

Estuyo Enzinas tan dudoso en tradueir el. titulo de la obra de 
Plutarco, que en este libro publicado en 4547 decia: iTocante al 
titulo de esta obra Plutarcbo la llama eh su lengua Vidas ParaUelaSf 



tiEl primero volimm de Uu mda$ deillmins y exeellenie$ 
varones grtegos y.romanos pareadas^ e$crila$ primero enjengua 
griiga por el grave Phildsapho y verdadero hiitoriadar Plularco 
de Cheronea, 4 al presente traduzida$ en esiilo castellano. Par 
Francisco de Enzinas. En Argentina en casade Augnstin Frir- 
$io^ ano del SeHor de M. D. Ll.n 

Esta obra fue dedicada Al invictis$imo Monarcha Don 
CdrloSj Emperador Semper Augmto, Rey de Espafia^ d'Alemor 
nui etc. Contiene las vidas de Teseo y Romulo, Licurgo y 
Numa Pompilio, Solon y Publicola, Temistocles y Furio 
Gamilo. 

Como una muestra de la elegancia y vigor del estilo 
de Francisco de Enzinas^ no me parece fuera de proposito 
trasladar aqui un pasaje de la dedicatoria de su libro al 
Emperador Carlos V: la cualdemuchos ejemplares kasido 
arrancada por la intolerancia. 

<(Los aos mil aiios postreros que es el ultimo tiempo 
en que al prci^ente estamos, quadra muy bien con la ter- 
cera potencia de el animo que consiste en los deleites y 
pasatiempos carnales. Porque^asi como aquella facultad 
es la iniima de las tres, de la misma manera en esta postre- 
ra edad, se ha miucho disminuido la sapiencia primera e 
debilitado el esfuerzo antiguo. La causa de esto parece ser 
la flaqueza de toda la natura humana que esta ya en su 



que quiere dezir Vidae de illustres varones puestas en comparacion, en 
valanza, en contienda^ en simUxtud^ en semejanza, en eompetencia y en 
eonferencialas unasdelas otra$, dvida^comparodas las unas con las 6tras, 
Pero todos estos y&cablos castellanos no declaran tanto la eflicacia 
d* el vocablo griego, quanto si dixesemos: Puestas al parangon loi 
nnas de las olras^ como pnsimos en el titido. La cual palabra no es 
tan familiarmente usurpada en nuestra lengua casteliana, como las 
otras. Pero si de oy mas fuere usada enlre ios que se precian de ha- 
'^ blar paramente, no serd meuos natural, propia j elegante y seri mas 
signiucante que las otras. > 

Despues de tant^ dud as y'esplicaciones, al cabo se resolvio En- 
sinas en llamar pareadas d las Vidas de Plutarco en la edicion que de 
ellas hizo e& 1551 . 



—118— 

postrera veje^ e esterilidad, como caduca e privada de 
' aquellas excelentes cbsas, que de si- producia los tiempos 
passados. Es notorio que en aquellos ptimeros tiempos 
vivian los hombres de ochocientos e novecientos afios. 
Avia en ellos vigor, ingenio, fuerzas e fortaleza. . Al pre- 
sente entre mil nombres, a grant pena vemos Uegar uno 
a cient anos. Y este breve tiempo {qiian lleno es de mise- 
rias e enfermedades! ;quan falto de virtud, sapiencia e 
esfuerzo! Acontece muchas vezes que un pequeuo aire 
corrompe los mas robustos cuerpos que oy se hallan. ^Que 
diremos de todas las otras cosas que la misma naturaleza 
hiimana en los tiempos passados de si misma produzia? 
^donde esta la fuerza e vigor de diversbs animales criados 
para el uso de los hombres? ^donde esta aquella sua- 
vidad e virtud e abundancia de todos los frutos yerbas e 
flores, que en los tiempos antiguos eran bastantes para 
sustentar la vida de los hombres? Pues si queremos pe- 
netrar a las entranas de la tierra ^donde se hallan el dia 
de oy las riquezas de oro y plata y otros metales que de 
las minas se sacavan? ^onde eslan los grandes thesoros 
que cada dia se pagavan al pueblo Romano, soiamente de 
las minas de Espana? Es verdad muy notoria lo que de- 
zimos, que toda la natura humana esta ya muy debilitada 
y caduca. » 

De esta suerte discurria en una parte de su dedicato- 
ria a Carlos Y el sabib hereje espauoi Francisco de Enzi- 
nas. Lastima es en verdad que un hombre de tan gran- 
de erudicion asi en la historia como en la filosofi'a, si- 
guiese en las ciendas teblogicas el camino de los errores! 
No se si Francisco de Enzinas es autor tambien de 
una ralrisima traduccion de las Decadas de Tito Livio que 
Vio la luz publica'en Anters el ano de 1553 (i). 



(1) El rarisimo ejemplar de esta obra q|ie tengo pr^sente se 
intitala TodoM las DScaaat de Tito Livio Paduano, que haeta al pre^ 
$emt$ it haUaroti, y fueron imfmat $n kUtn, traduzidoi en romance 



U9— 



nmim m m mm, 

hijo del alcalde mayor de Bribiesca, nacio tambien en la 
ciudad de Burgos. Llevado de su gran ingenio y estrafia 
aficion al estudio de las cieiicias divinas y humanas, paso 
en edad juvenil a Flandes con el proposito de'doctrinarse 
en la universidad de Lovayna, tan celebre entonces eu 
Europa. Fruto de las vigilias e incesante leccion de 
Francisco de San Boman, fueron un catecismo y otras 
obras ascetica^ que publico este protestante en Anvers, y las 
cuales a causa de encerrar maximas sospecKosas se veda- 
ron por el santo^ oficip. 

En un viaje que hizo San Boman desde Anvers a 
Brema el afio de 1 545, se declaro abiertamente hereje lu- 
terano. Luego que \olvi6 a los Paises Bajos, sus parien- 
tes y amigos, no tocados de los errores de los protestantes, 
procuraron reducirlo al gremio de la Iglesia Gatolica; pero 
todas las diligencias fueron vanas. Francisco de Enzinas 
en Lovayna conBrmo a San Boman en las opinioqes here- 
ticas, de tal manera que al poco tiempo se vio este re- 
ducido a una estrecha prision de orden de Carlos Y en 
Ratisbona. « 

Traido Francisco de San Boman a Espa&a y encerrado 
en los calabozos del santo oficio de la Inquisicion de Ya^ 
Uadolid, fue quemado vivo en esta villa por hereje lute- 
rano impenitente. El celebre Fr. Bartolome de Garranza, 
que laego Uego a la dignidad de arzobispo de Toledo, y 



castellano agora nuevamente reconoscidas y emendadas y afiddidas d$ 
mat libros sobre la vieja translacion. 

Al fin del libro se lee. — tAcabdse de imprimir estahistoriade Ti- 
to Livio Paduano, Principe de la historia Romance, en la ciudad impe- 
rial de Colonia Agrippxna^ d costas de Amoldo Byrckmamu) librero: en 
el fifto del SeHor de MDLIIL 



—122— 

parcial sino en cabeza de los herejes de una ciudad ale- 
mana. 

Ardiendo en ira el abogado de la Sacra Rota, dejo 
sus asuntos, y tomando el camino de Ratisbona a toda fu- 
ria, se presento a su hermano con el proposito de traerlo 
nuevamente a la Iglesia romana, 6 arrebatarle la vida. 

Grande fue el asombro de Juan Diaz al hallarse en Ra- 
tisbona con el Doctor Alonso, uno de los hombres mas fa- 
naticos que entonces sc conocian. 

El abogado de la Sacra Rota con razones destempla- 
das, y con palabras que mas iban dirigidas por la violen- ' 
cia que por el deseo de desterrar suavemente las nieblas 
del error, echo en rostro a su hermano la afrenta que ha- 
bia arrojado sobre si y sobre su familia. 

Juan Diaz persistio en sustentar sus doctrinas, y en 
defenderlas mientras tuviese aliento. Con esto aun mas 
indignado el altivo y barbaro Alonso, empuiiando la espa- 
da partio cop ella el corazon de su infeliz hermano. 

Llenaron de asombro 1^ nuevas del crimen a cuan- 
tos existian en Ratisbona, asi de los catolicos como de 
los protestantes. Unos loaban el hecho, diciendo haber 
igualada el Doctor Alonso Diaz a los ilustres varones 
de la antigua Grecia y Roma, que anteponian a su pro- 
pia sangre el deseo de conservar limpio de toda man- 
cha el honor que heredaron de sus progenitores: otros no 
podian menos de levantar sus quejas al cielo contra un 
tan horrendo delito, ocasionado por un barbaro senti- 
miento y un fanatismo que casi tocaba en las puertas de 
la locura. 

Carlos V mando prender al Doctor Alonso ; pero su 
reclusion no fue duradera. Al poco tiempo el Cesar, ven- 
cido de los ruegos de los teologos catolicos, que canoniza- 
ban el crimen cuando se cometia en las personas de pro- 
testantes por cuestiones de fe, le dio libertad, dejandolo 
para lo futuro con mas honras y dignidades. De es)a suerte 
el execrable fralricida quedo impune: de esta suerte se 
daba por la supersticion nombre de virtudes a los delitos: 



— 4«5— 

de esia sueite los te^ogos se complacian en d espectaculo 
del cuerpo desangrado deJuan Diaz, mueito porsusten- 
tar doctrinas opuestas. / TdtUum religto potuit iuadere mar 
lorum! 



»••»■ 



En tanto que Carlos Y gastaba. todos sus tesoros y la 
sangre de sns vasallos en reducir a la obediencia de la Se- 
de Apostolica a los alemanes, que tan desviados caminaban 
de ella, recibia muchas injurias de manos del Papa. 

Habiendo sido electo Pontifice Juan Pedro Garrafa, 
caballero napolitano, y como tal vasallo de Carlos V, y hom- 
bre en fin que odiaba de muerte a los espa&dles, hizo liga 
con el rey de Francia y declaro por herejes y cismaticos y 
fautores de herejias al Emperador y a su hijo don Felipe. 

Y esto nacia de las pretensiones de Paulo lY para que 
entrasen en el dominio de la Iglesia las tierras que com- 
ponian el estado de Napoles. 

Prendio el Papa a Garcilaso de la Yega, Senior de las 
villas de Arcos, Batres y Cuevas, el cual habia ido a Roma 
con embajada de Felipe II que ya en esto comenzaba a rei- 
nar por renunciacion de su padre. La causa de esta in-* 
discreta accion de Paulo lY es por yarios historiadores con- 
tada de la manera mas conforme a los sentimientos y pa- 
receres de cada uno ; pero muchos convienen en que el 
Papa tomo por achaque linas cartas que escribia Garcilaso , 
en cifra al virey de iNapoles, halladas a un correo en las 
sudas de los zapatos. 

De esto recibio FMipe II gran enojo; y asi ordeno al 
duqUe de Alba que sin perdida de momento entrase a san- 
gre y fuego en las tierras pontificias. Y antes de dar se- 
mejantes disposiciones ya habia consultado los pareceres 
de muchos letrados y teologos (entre eUos el famoso Mel- 



—124 

chor Gano), los cuales de comun consentimiento manifest 
taron que cuando el Papa se salia de la jurisdiccion espi- 
ritual y entraba en la temporal, era necesario echarlo de 
ella primeramente por las razones ; y luego si no bastaban, 
per las espadas. 

El duque de Alba, capitan valerosisimo y mas fiero que 
prudente, apenas recibio las ordenas de Felipe II, prepa- 
re sus huestes para hacer la campa&a de Roma. Pero an- 
tes dirigio a Paulo IV la carta siguiente. 



Tra$lado de la carta del Duque de Alba al Papa Paulo IV, 

aSantisimo Seizor. » 

* 
<(He recebido el breve que me truxo Dominico del Ne- 
ro, y entendido del lo que de parte de Y. Santidad me 
ha aicho a boca, que en efecto na sido querer allanar y 

I'ustificar los agravios hechos a su Magestad, que yo em- 
>ie a representar a Y. Santidad con el conde de Sant Ya- 
lentin ; y porque las respuestas no son tales, que basten a 
satisfazer y escusar lo hecho, np me ha parescido necessa- 
rio usar de otra replica, mayormente ayiendo Y. Santidad 
despues procedido a cosas mas perjudiciales y agravios 
mas pesados, que muestran abiertamente, que tal sea la 
Toluntad e intencion de Y. Santidad. Y porque Y. Santi- 
dad me quiere persuadir que yo deponga las armas, sin 
ofirescer por su parte alguna seguridad a las cosas, Domi- 
nios y Estados de su Aiagestad, que es lo que solamente 
pretendo, me ha parescido por mi postrera escusacion y 
)ustificacion embiar con esta a Pirro de LoiTredo, cavalle- 
ro Napolitano, para hazer saber a Y. Santidad lo que por 
btras mias algunas vezes he hecho, y es : Que siendo la 
Magestad Gesarea y elRey Filippe misSenores, obedientis- 
simos y verdaderos defensores de la Santa Sede Apostoli- 
ca, hasta aora ban dissimulado y sufirido muchas oflfen- 



sas de Y. Santidad, cada una de las cuales les ha dado 



I 



jnsU ocasion de resentirse, de la manera que contenia; 
Avioido V. S. dende el principio de su Pontificado comenza** 
do a oprimir, persesuir y encarcerar y privar de sus bienes 
los servidores, criados y aficionados de sus Magestades, y 
aviendo despues solicitado e importunado Principes, Po- 
tentados y Senorias de Gristianos^ a entrar en liga consigo 
y a da&os de los Estados, Dominios y Reynos de sus Mages-* 
tades, mandando tomar sus correos de sus ministros, qui- 
tandoles los despachos, y abriendo los que Ilevavan ; cosa 
oue solamente los enemigos suelen kazer : Ha tambien Y . S. 
uTorecido, ayudado y dado officios, beneficios y govier- 
nos a los delinquentes y rebeldes de dickas Magestades, 
sirviendose dellos en cargos y lugares de donde se sue- 
le causar desasosi^o a sus Estados y Reynos : Demas desto 
vuestra Santidad ba kecbo venir gente estrangera en las 
tierras de la Iglesia, sin poderse considerar otro, sino in- 
tencion danaoa de querer ocupar este Reyno ; lo qual se 
confirma con ver que yuestra Bantidad secretamente ka 
levantado gente de pie y de cavallOf y embiado buena pa]>- 
ie della a los confines : y no cessando de su proposito, ba 
mandado tomar en prision, y atormentar crueimente a 
Juan Antonio de Tassis, maestro de postas, quitando aquel 
officio, que sus Magestades y sus antecesores ban acostum- 
brado siempre tener en Roma. De lo qual no contento 
ka carcerado y maltratado a Garcilasso cie la Vega, criado 
de su Magestad, que ayia sido embiado a V. Santidad a los 
effectos que bien sabe : .y ha muckas yezes publicamente di- 
cko palanras tan pesaaas en perjuyzio de sus Magestades, 
que no conyenian a la decencia y amor paternal del Sum- 
mo Pontifice. Todo lo qual, y otras muckas cosas, como 
esta dicko, se kan suffrido, mas por el respeto que se ka 
tenido a la Santa Sede Apostolica y al bien publico, que 
por otra causa ; esperando siempre que V. Santidad ku- 
yiesse de reconoscerse y tomar mejor camino ; no pudieini- 
do persuadirse que Y/ Santidad, por benefici'ar y engran- 
decer sus deudos, quisiesse estoryar la quietud de la Cbris- 
tiandad y dessa Santa Sede ; especialmente en estos tiem- 



— -Hfr— 

DOS tan llenos de eregias y daftadas opiniones, a las quales 
tuera nEias justo y conveniente atender para desarraygai^ 
las Y corregirlas, y no pensar de offender sin ninguna cau- 
sa a sus Magestades. Empero viendo c^ue la cosa passa tan 
adelante, y que ha permitido Y. Santidad, que en su pre- 
sencia el Frocurador y Adyorado fiscal dessa Santa Stde 
ayan hecho en consistorio publico injusta, iniqua y teme* 
raria instancia y demanda, que al Rey mi oenor fuesse 
quitadd el Reyno de Napoles, aceptando y consintiaido 
aquella con dezir Y. Santidad, que lo proveeria a su tiem- 
po : y viendo, que en el monitono despachado ^ntra As* 
canio de la Coma Y. Santidad publica a su Magestad por 
enemigo dessa Santa Sede : y que al Conde de Sant Va- 
lentin en publico ha dicho contra las mesmas personas de 
sus Magestades muy feas palabras: Conosciendo clara- 
mente mostrar mala satisfaccion de latregua hecha siendo 
tan necessaria y provechosa a toda la Christiandad : y que 
no se contehta de acrescentar y engrandecer sus deudos 
con el medio y buena voluntad de su Magestad : aviendo- 
se offrescido tantas yezes a hazerlo de su propria hazienda y 
patrimonio : En lo qua!, se da a entender abiertamente, 
que su designio no es otro, que de offender a sus Mages- 
tades : Como tambien lo ha mostrado antes de ser hecho 
summo Pontifice quando en tiempo de los rumores de Na- 

Eoles, no falto de aconsejar y solicitar al Papa Paulo III 
L invasion del Reyno, con persuadirle, qu^ no perdiesse 
tal coyuntura: Estando pues.las cosas sobredichas en el 
estado que estan, y conosciendose claramente, que delW 
no se puede esperar otro, sino la perdida de la reputacion, 
Estados y Reynos de su Magestad : despues de haber usado 
con Y. Santidad de todos los cumplimientos y formas que 
se han visto; aviendo vuestra Santidad reduzido ultima- 
mente a su Magestad en tan estrecha y estrema necessidad, 

3ue si qualquiera muy obediehte hi jo. fuesse desta manera 
e su proprio padre oprimido y tratado, no podria dexar 
de se defender, y quitarle las armas con que le quiere offen- 
der : no pudiendo faltar a la obligacion que tengo como a 



—127— 

Ministro a Guyb cargo estan los Estados de su Magestad en 
Italia, sere forzado.a proveerme para la defension dellos: 
procurando con el favor y, ayuda de DIOS, quitar a vues-* 
tra Santidad las fuerzas para los offender, en aquella me- 
jor manera que pudiere: y aunque pudiera yo, escusarme 
de semejantes justificaciones, aviendolas hecho tantas ve- 
xes con vuestra Santidad : todavia, como zeloso de la quie- 
tud de la Ghristiandad, y desseoso que la trabajada Italia 
reciba algun descanso: y por el acatamiento y reverencia 
que tienen sus Magestades a essa Santa Sede, he querido 
agora postreramente suplicar e importunar a V. San- 
tidad, echandome a sus pies, que sea servido mirar a 
los infinitos trabajos con los quales Nuestro Senor ha per- 
mitido que haya sido trabajada la Ghristiandad, y las inu- 
merables miserias, calamidad^s y e^trema necessidad en 
la$ quales, no sin sospecha de pestilencia, se haHa : los in- 
creibles daiios, las insuflfribles 4estruiciones, los crueles 
honnicidios con manifiesto peligro de la perdida de las af- 
mas, los sacos y incendios, despoblaciones de Ciudades 
y Tierras, los Estupros y adulterios, ~y los otros infinitos 
males que nascen de las guerras sin poderlos escusar ; y 
como buen Pastor, se contente de dexar a parte el odio y 

Kensamiento que tiene de ofender a sus Magestades y sus 
eynos y Estados : y sea servido de abrazar y rccebir con 
Garidad y con patemo*amor a la Magestad delRey mi Se- 
nor : el qual, siguiendo las pisadas de su padi^, ha siem- 
pre offrescido, y de nuevo. oflfresce, la propria persona, y 
todas sus fuerzas en servicio de la Santa Sede : y pues que 
el omnipotente y supremo Dios, al cabo de tan grandes 
trabajos, sobrepujando con su bondad y misericordias a 
los infinitos nuestros pecados, ha sido servido damos el 
descanso y necessario remedio y quietud de la guerra; 
no quiera V. Santidad con el pensamiento y deseo de en*' 
grandescer sus deudos, pudiendo, como he dicho, hazerlo 
con buena voluntad de su Magestad en d Reyno, con quie- 
tud perpetua, como^su Magestad le offresce, sin estorvar el 
bien que ha concedido a la Ghristiandad ; mas antes, como 



• * 



verdadero pastor, deputado a apacentar y no dejar devo* 
rar las ovejas que tiene a cargo, permita que el pueblo 
Ghristiano, despues de tantos y. tan continos daliosque ha 
padecido, pueda gozar de tan bendita gracia, reposando 
y descansando con la tr^ua y paz perpetua. i siendo 
vuestra Santidad (como es razon y yo espero) desto ser- 
vido, le suplico con los convenientes y devidos medios y 
maneras, mande assegurar a su Magestad de no le offender, 
ni hazer offender en el Reyno, ni en otros estados ni do^ 
minios suyos, satisfaziendo particularmente a todo lo so- 
bredicho, y proveyendo a los danos que podrian suceder; 
que yo en nombre de su Magestad me offrezco promptisi- 
mamente a hazer lo mismo: certificando y assegurando 
que su Magestad lio pretende ningun interesse, ni otra co* 
sa de vuestra Santidad, ni tiene mtencion de disminuyr 
un pelo del dominio y Estado a la Santa Sede Apostolica: 
y que el ni sus servidores, ni aficionados, no dessean otra 
cosa que qucdar segiu^os que vuestra Santidad no aya de 
inquietar ni molestar a su Magestad, ni a sus Estados ni 
Reynos : Y assi protesto a DIOS y a V. Santidad, y a todo 
el mundo, que si V. Santidad sin dilacion de tiempo no 
quisiere quedar servido de hazer y executar lo sobredi- 
cho, yo pensare de defender el Reyno en la mejor manera 
que pudiere : y los males que dello resultaren, vayan sobre 
el anima y conciencia de V. Santidad. Todo lo sobre- 
dicho, recibire yo por gran merced que V. Santidad man- 
de comiinicar con el Sacrosanto Colegio, dandole libertad 
que pueda dezir lo que siente: que soy cierto que no solo 
no desviaran a V. Santidad del camino de la paz y quietud, 
la qual su Magestad y sus Ministros sumamente dessean, 
mas que como pilares y arrimo de la santa Iglesia ayuda* 
ran a procuralla : por la qual con grandisima instancia que- 
do rogando a Nuestro Seiior que ponga,a Y. Santidad 
en animo que se siga y alcance, de manera que con tran- 
quilidad y amor nos pueda a todos mandar, y nosotros 
como es ]usto obedescer a su beatisima persona. A quien 
Dios guarde por tan largos afios como la Ghristiandkd ha 



maicster. DeNjipoles a veynte y uno de Agosto. 1556 (l).ii 

Yiendo en esto el Papa cuantas y cuan granges eran 
las fuerzas con que entraba en sus estados el feroz du-^ 
que de Alba, cuan fieramente iba talando las tierras, y cuan 
sut contradiccion kacia presa de las mas y mejores ciu- 
dades, y que ya estaba cerca de Roma, amenazando aco- 
meter sus muros y renovar el saco que ejecuto en vida de 
Qemente YII el poderoso ejercito del duque de Borbon, pi- 



(i) Este importantisiino docomento se lee en el libro intitulado 
Ih la guerra de CampaAa de-Ratna y delReyno deNdpoUs en el Panti- 
fieado de Pf^fulp IV, por Alejandro Andrea (Madrid — 1589), v en las 
RutUtas de la vida ae don Fernando Alvarez de Toledo y tercero duque 
de Alva, escrita per Juan Antonio de Vera y Figueroa, conde de la no- 
CO. (Milan, sin auo de impresion.) En la Biblioteca Nacional existe 
una copia MS. de esta carta j conforme con la one sacaron a luz An- - 
drea j Vera. Pero tal como esid dlQere en mucno del original latino 
que poblico Geronimo Roscelli en Venecia el ano de 1572. 

El dnone de Alba, si hemos de dar fe al testo (atino, le echaba 
en rostro at Papa (me babia mandado ctomar los correos y los de los 
ministros principales (de Felipe II), qoitindoles sus despacbos y 
abriendolos con todas sns cartas : cosa por cierto que solamente los 
enemigos lo suelen bacer, pero nuera a la verdad y que cansa una 
especie de borror a todo ^i mundo por no baberse visto janufs prac- 
ticada por nn, Pontifice con un Rey tan catolico y justo como lo es 
mi senor, y cosa en fin qne vuestra Santidad no podr^C quitar ^ la 
historia el feo lanar que causari( i su nombre en la postendad, pues 
ni la pensaron aqueuos Anti-papas cismiticos que les falto poco 6 
nada para Uenar ae berejes a la cristiandad>. 

I)ecia tan^bien, bablando de las crueldades cpmeddas por Paulo 
IV en las personasde algnnos vasallos de Felipe II: cno sera estrano 
i nadie, tome (este) aquella venganza que corresponda d tal ritupe- 
rio; pues el bijo puede quitar la vida ai padre, siempre que este in- 
tente poner fm i la suya, v no ballase otro Vemedio para librarla>. ' 

Y luego continua: cfistando, pues, las cosas sobredicbas en el 
estado en que esti^n, y conociendo elaramente que de ellas no se 
puede esperar otra cosa que la p^rdida de la reputacion, bonra y ' 
aun yasallos del Rey mi senor ; despues de haber usado con ruestra 
Santidad de todos los cumplimientos v terminos que se ban visto y 

47 



—150— 

dio la paz con bumildes razones. No ouiso el de Alba 
firmarla, sin que primeramente Paulo IV confesase en 
fA tratado y concordia todas las malas acciones que ha- 
bia ejercido en ofensa del Emp^rador Carlos, del Rey Feli- 
pe y de sus amig^os y vasallos, y a mas, que de todas ellas 
se mostrase arrepentido, y que impetrase del monarca es- 

I)anol su pcrdon, con prome^a de no cometer otra vez ta- 
es desmanes. Asombrose de estas proposiciones Paulo IV; 
y conociendo que de tratar el asunto con el duque de Alba, 
nada favorable ni honroso para su dignidad podia exigir, 
remitio a Felipe II los capitulos del concierto. Entonces 



son pdblicos, habiendo mestra Sanddad ultimamenU^^ reducido al 
Rej mi senor en tan estrecha necesidad en que cualquii^ muv obe-* 
diente hi jo fuese de esta manera de su padre oprimido y tratado no 
podria dqar de defenderse, t quitarle (as armas con que ofenderle 
quisiese, v no pndiendo faltar d la obUgacion que tengo i mi 
rev, a mi sangre y i( mi patria, ni al gran ministeiio que esti d 
mi cai^o, que es-la bueua gobemacion j defension de ios estados 
del Rey mi senor en Italia , ni aguantar que TUQ^stra Santidad haga 
tan msilas fecbon'as y cause tantos oprobios y desazones al Rej mi 
senor v dano i. sus onenos Tasallos, falt^dome ya la paciencia para 
sufirir Ios dobles tratos de yuestra Santidad, me sers^ fonsoso no solo 
no deponer las armas, c6mo yuestra Santidad me pide, sino pro- 
▼eerme de los nnevos alistamientos que tengo prerenidos y prontos 
para la defension de Ios estados del Key mi senor, j auu para poner 
k Roma en tal estrecho que conozca en su estraeo se ha callado por 
respeto y qiie se saben demoler sus muros cuando la razon hace que 
se acabe iiat paciencia. > 

Y luego anadia: cEn no dandome respnesta cat^oricamente i 
los ocho dias, ser^ para mi cierto aviso de que qnerriC ser padrastro 
T no padre ; lobo y no pastor ; y pasare d tratarlo como a' lo prime- 
ro, y no como d lo segundo.* 

Estas y otras tales palabras oso estamparel duque de Alba diri- 
«endose al Vicario deDiosen el mundo, al sucesor de San Pedro, al 
Pontifice romano, por tantas causas digno de reverencia. Asi dejo 
correr en la«pluma insultos que no pueden menos de ser mirados 
con horror por todos los buenos catolicos. 

He preierido poner en el cuerpo de mi obra la traduccion ca»- 
tellana de esta carta, con todo de separarse tanto del original latino 
que en Venecia imprimio Geronimo nuscelli. 



r 

IG 



—131— 

este rey escribio al duque una carta donde le mandaba 
oue firmase en su nonibre la paz con tales coodiciones que 
niesen no deshonrosas para la Sede Apostolica. 

JIf iicho desagradaron al duque de Alba las ordenes del 
rey su amo, pero no tardo en ponerlas en ejecucion con 
tan vergonzosas maneras que, fueron el asombro de Eu- 
rbpa. lino de los capitulos de la paz decia de esta suer- 
te : Su Santidad recibira del Rey c^tolico por boca del du- 
que de Alba todas las sumisiones necesarias para conaeguir 
ei perdon de las ofensas que.le habia hecho. 

Acatando lo capitulado entro en Roma el general e^ 
paiiol, no como vencedor sino comb vencido, y pidio de 
rodillas perdon al Papa por lo que habia escrito y becho, 
or el rey Felipe II y aun por el Emperador Carlos V; 
OS cuales fueron absueltos de las censuras en que habia 
incurrido cada uno por su modo de 'obrar en la guerra 
con la corte de Roma. 

£1 oi^uUo y la vanidad del Papa Paulo lY quedaron 
satisfechos con el fin (tan vergonzoso para el rey de Es- 
paiia) de tantas amenazas de palabra y por escrito, y de la 
sujecion de tantas ciudades y villas del Estado Pontificio. 
Y asi es fama que el Papa dijo en consistorio de Cardena- 
les, el mismo dia en que dio al de Alba la absolucion: 
uYo acabo de hacer ahora a la Sede Apostolica el servicio 
mas importante que puede recibir ella jamas. El ejemplo 
del rey de Espafla servira en adelante a los Sumos I^onti- 
fices para mortificar el orguUo de los principes que no se- 
pan hasta donde Uegan los terminos dfe la obediencia legi- 
tima que deben guardar a la cabeza visible de la Iglesia.» 

El duque de Alba, por lo contrkrio, hablo con los ca- 
pitanes de su ejercito acerca del Papa en descompuestas 
razones, diciendo entreotras: «E1 rey mi amo ha incurrido 
en gran falta. Si cambiandose la suerte yo hubiese sido 
Rey de Espana, el Gardenal Carrafa hubiera ido a Bruselas 
a Imcer de rodillas ante Felipe II lo que hoy he ejecutado 
yo ante Paulo IV«» 



LiBRO mmm. 



La reputacion de Felipe fue grande en su tiempo en- 
ire los catmicos, los cuales lo celwraban de eminente po- 
litico. 

Los protestantes de su siglo lo acusaron de malvado y 
de rev poco habil en la gobemacion de los pueblos. 

Los escritores de fines dd ultimo siglo y de principios 
del presente fueron tambien de este parecer. 

Pero, como la modii quiere tener jurisdiccion hasta 
en las historias, de pocos aiios a esta parte no ban falta- 
do autores que despreciahdo el recto raciocinio 6 arma- 
•dos de la ignorancia, por solo su parecer y con la fedesus 
palabras y pensamientos ban intentado restaurar la me- 
moria de Felipe II, barto maltratada por los severos escri- 
tores que ban pretendido dar a las generaciones un fiel re- 
trato ae la vida y becbos de aquel rey, tan famoso por su 
poder en Europa durante el sifflo decimo sesto. 

' El rey Feupe II ba sido objeto de mil dudas y con- 
tiendas entre los bistoriadores asi espafioles como estran- 



—134— 

« 

jeros. Los que escribieron su vida en nuestra patria fue- 
ron cronistas de los que pagaba la corona de Castilla para 
loar las acciones de los monareas : de forma, que su tes- 
dnionio ante la buena critica no merece en realidad la fe 
que algunos quieren darle. La razon es muy sencilla, ^co- 
mo se puede inferir que la verdad ha servido de norte a 
hombres que al componer sus kistorias estaban obligados 
por su oficio a deeir tan solo lo que los reyes querian que 
ellos di jesen? Lo» autores estraiios del tiempo de Fehpe 
n pudieron escribir guiados del odio por ser este monar* 
ca un firme defensor de la Sede Apostolica en contradic- 
cion de casi toda Europa. Fundaaos en esta circunstan- 
cia, muckos autores modemos han intentado restaurar en 
el mundo la memoria de Felipe, pintandonos a este rey 
como un gran politico, y como al mejor que ocupo en los 
antiguos siglos el solio castellano. 

Olvidan sin duda los que tal opinion sustentan que 
no merece en verdad nombre de gran politico aquel rey 
que para castigar a los rebeldes 6 para destruir los estor- 
bos que se oponen al acrecentamiento de su poderio, no 
se vale de astucias sino de asesinos : porque asesinato fue 
la muerte en publico cadalso del desdickado caballero doR 
Juan de La r^uza, justicia mayor de Aragon. No podia 
ser juzgado, ni sentenciado sino por el rey y reino juntos 
en cortes, y con sola una orden de Felipe II fue degollado 
en Zaragoza. Execrable maldad y accion de las mas ini* 
cuas que kasta akora kan conociao los siglos. Pero los 
. bistoriadores', asi antiguos como modernos, tmto Luper- 
cio Leonardo de Ai'^ensola, cuanto Mr. Miffnet, todos ca-» 
Uan las circunstancias mas terribles aun, si mas terribles 
pueden ser, conquedebe presentarse a los ojos del mundo 
el espantoso asesinato del infeliz don Juan de La Nuza. 

Todo el crimen de este caballero se reducia a babw 
juntado ejercito para resistir con mano^ armada a las tro- 
pas de Castilla, que iban a penetrar en el reino araeones 
con el fin de castigar a los que se kabian levantado en 
defensa de sus libertadeis y exenciones. 



_135— 

Habia un fuero en Aragon, el cual prevenia que cuan- 
do tropas estranjeras quisiesen entrar en aquel reino para 
castigar malkechores, los habitantes podian alzarse para 
desbaralar los ejercitos que pretendiesen hollar de este mo- 
do aquella tierra; y tambien para condenar a muerte a 
los que tal osasen. 

El justicia mayor, apenas supo que un ejercito caste* 
llano iba a invadir el reino Aragones^ junto a consejo a sus 
lugartenientes; y ellos de comun eonsentimiento fueronde 
parecer que don Juan de La Nuza estaba obligado por 
su dignioad a convocar a la nobleza y pueblo, y resisUr a 
las hiiestes de Castilla. 

Este magistrado, de tal forma era presidente de su 
consejo que no tenia voto decisivo ni consultivo en las 
causas que se determinaban, y solo era mero ejecutor de 
lo que acordaban sus lugartenientes : los cuales le daba el 
rey, mandandole que en todo siguiese sus consejos sin se- 
parai'se un punto de ellos. De modo que al justicia no 
tocaba escudrihar las causas, ni examinar las determina- 
ciones de su consejo sino poner .en ejecucion lo que el 
ordenaba. Y porque podria muy bien ser que la dispo- 
sicion de los lugartenientes fuese errada y por conse- 
cuencia la ejecucion de ella tambien, habia un fuero que 
decia: «E1 justicia de Aragon no este obligado a alguna 
pena por el delito de sus lugartenientes^ ni por lo que 
proveyere ni ejeciitare, segun el consejo que ellos le 
dieren.» 

Y era ley muy puesta en razon ; porque injusta cosa 
hubiera sido que por una parte se mandase al justicia se- 
guir el parecer de sus consejeros y por otra se castigase 
porque lo sej^ia. ^-^ 

, De forma que en el asesinato del justicia, dejando 
aparte el no tener derecho Felipe II a juzgar a un hom- 
bre, que solo podia ser acusado ante el rey y reino jun- 
tos en cortes, hubo acto mayor de crueldad y tirania; 
porque aunque la facultad de sentenciar al justicia hubiera 
residido solo en* la corona, siempre don Juan de La Nu- 



—136— 

iol siffuiendo el parecer de sus lugartenientes estaba li- 
bre de loda culpa y porconsiffuiente de toda pena (1). 

Pero la gran politica de Feupe II se reducia a dispo- 
ner asesinatos desde su camara, cercado de frailes y ecle- 
siasticos. 

A Mons de Montigny, enviado de Flandes, quiso casti- 
gar este rey por haber intentado seducir al pnncipe don 
uarlos su hijo primogenito, desdiehado en tener tal padre, 
en vivir en tal siglo, y en andar su opinion maltratada por 
las plumas de aduladores, 6 de hombres de poco racioci«> 
nio que corrompiendo la yerdad, bien por malicia, bien 
por ignorancia nan infamado su memoria. 

El enviado flamenco fue rc;cluso en el alcazar de Se- 
govia. Una noche, con ordenes secretas del rey, salieron 
de Madrid, un escribano, un confesor y un veraugo ; y sin 
senlencia, ni otra cosa alguna, se presentaron en la pri- 
sion de aquel caballero, al que intimaron la muerte en 
nom|)re de Felipe IL Degollado Mons de Montigny, fue 
v^tido (^n habito de S. Francisco, qon la cabeza nabil- 
mente colocada dentro de la capucka para que cuantos vie- 
sen su cuerpo, no conociesen que kabia sido muerto por 
la violencia. Dejo de hablar de otros ipackos asesinatos de 
este genero que oastan a igualar a Felipe II con Tiberio y 
con Neron. No quiero repetir lo que en este punto ban 

(i) Tan solo on escritor espanol, (el Padre Fr. Diego Marillo^ 
ea su Fundaeion milagrosa d$ la CapiUa Angdica y Apostdlica de la 
Madre de Dios del Pilar y excelencias de la imperial ciudad de Zarago- 
za: — ^Barcelona 1616:) defendio ep tiempo delbobo Felipe III la ino- 
cencia deLa Noza conlaspalabra^ siguientes: cAqnel foero es conce- 
dido por el rey con joramento de gnardallo ; y en caso que no le 
quiera guardar; cpnpede en el mismo foero que el jnsticia. de Ara- 
gon con asistencia de los diputados aya de salir d defendeOe, resis- 
tiendo d los oHiciales reales que quieran entrar con mano armada 
en el reino. Sale el jnsticia con consejo de sus lugartenientes, guar- 
dando la forma que le da el fuero: claro estd que esto no es rebelar- 
se; porque el rev que concedio y juro el fuero, le concedio esta ma- 
nera de defensa ; y assi con la liceneia -del re j precede en io que 
base.) 



—157— 

dicho alffunos historiadores antiguos y modemos (1). 

Muchos en este siglb kan pretendido defender a esie 
monarca, diciendd que todas estas acciones cnielisimas 
fueron encaminadas por la destreza politica para salvar a 
Espana de los horrores de una guerra civil y para destruir 
a los emulos del acrecentamiento de los dommios espa&o- 
les. 

Risa causa ver las vulgaridades que para sustentar 
&u parecer nos presentan los cie^os apologistas de Felipe 



(i) El padre Murillo en las Exeelencias de Zangosta (\^\^) , 
con un Talor estraordinario no pudo menos de llamar tirano a Fe- 
lipe II sirvi^ndose de artiftciosas palabras para no caer en la indigna- 
cion de Felipe ill. Lease lo que dice acerca de aquel monarca. cHa- 
blando (el Dr. Francisco Sobrino) de las grandezas y exeelencias del 
rey, afirma que pacifico a los de Aragon ylos reduxo a' la obediencia 
de sa corona, y se hizo rej natural suyo; porque antes no era su 
re J, ni los del reyno sus rasaiios. Y lo peor era (dize) que con ti'tu- 
lo de exempciones y fueros, en el no se podia guardar justicia. To*- 
do esto dize el sobredicbo doctor; y es cosa sin duda (d.\o que yo 
creo) que no lo dixera, si buviera considerado bien lo que dezia; 
porque como advirtio bien un autor de los nuestros, en rez de ala- 
oar al rev con estas palabras, lo baze tyrano que es una de las ma- 
Tores injurias que pueden bazerse d los reyes. Porque, si e$ verdad 
h que dice este Doctor, que el rey don Felipe hasta que embio el exer- 
dto no era rey de los aragoneses, ni los (lel reyno eran sus vasallos 
hasta que los sujeto con yiolencia ^como es posible que se liiziese 
rey natural suyo? Porque los reyes naturales no se bazen por fuer- 
za, sino que nacen con derecbo de sucesion y en entrando la yio- 
lencia sin este derecbo entra la tyrania i si un rey con titulo 

de castigar delictos en los que no son siibditos ^uyos, sin tener otro 
derecbo los sujetasse por fuerza de ahnas y se biziesse rey su- 
yo, seria tyrano, y le podriandezir lo que dixo el otro gitano d Moi- 
sts: iQuis constituit tejudicem super tws? Coino quien dize: pre-- 
supuesto que yo haga violencia d este israelita, siendo verdad que tu 
no eres nuestro rey, ni tienes oficio por donde te competa el discemir 
esta causa iqui autoridad tienes para hacerte juez entre nosotros casti- 
gando nuestro delicto? Esto mismo pudieran dezir los aragoneses al 
Rey Felipe si fuera verdeui lo que dize el Doctor Sobrino. » 

No pudo Uegar i mas el yalor de Murillo al censurar a Felipe II 
en aqaellos tiempos de birbara opresion y tirania. 

48 



—158— 

II, de qiiien nacieron todos los males que aeortaron el 
poder de la corona de Castilla en los reinados de siis su- 
cesores. 

Las gueiTas de Flandes comenzadas por la barbara 
intolerancia de este rey fueron la principal ocasion de la 
ruina de Espana. Ciego Felipe II con el errado parecer 
de sus consejeros, no liizo la consideracion de que el fue*- 
go de la heregia y del odio a su gobierno estaba en- 
cendido por los principes sus enemigos con el fin de dis- 
traer sus cuidados y sus fuerzas para de este modo debi- 
litarlos y alcanzar facilisima victoria. No eran los fla- 
mencos quienes peleaban por la libertad de sus concien- 
cias, sino en figura de cUos Francia, Inglaterra y Escocia, 
los protestantes de Alemania y los rebeldes de Italia, ene- 
migos todos del poder de la casa de Austria, y aun mas 
que nada de Felipe II, constante defensor de la Sede Apos- 
tolica. Los monarcas y demas principes de estos puenlos 
ayudaban a los flamencos para recuperar sus libertades. 
Esto hacian en laapariencia; massu intento era entrete- 
ner y divertir los ejorcitos del rey de Espana, prefiriendo 
que las llamas de la guerra viviesen eii las tierras estra- 
nas, antes que a las suyas las Uevase la ambicion de Felipe. 

El duquede Alba, su gobernador en Flandes, cometio 
un acto aun mas que de injusticia, de imprudencia, que 
sirvio para enconar de una vez los animos contra la do- 
minacion espahola : hablo de las violentas muertes de los 
condes Egmont y Horn hechas a manos del verdugo en 
la plaza publica de Bruselas; y que solo sirvieron, ya que 
no de escarmiento, de encender en ira los pechos de los 
flamencos y desear con vivas ansias aniquilar el orgullo 
espanol, que entonces se enseAoreaba en aquellas tien^s. 

Pero despues de encendidas las llamas de la discor- 
dia en Flandes, la imprudencia del rey Felipe, aquien sus 
apologistas llaman elprudente^ acabo de perder aquellos 
Estados* 

Felipe, que segun el Pontifice Gemente VIII en una 
oracion funebre pronunciada ante el colegio de cardena- 



—159— 

les, Felipe, que kabia gastado en desterrar de la iglesia los 
herejes, mas que todos los reyes catolicos juntos, se olvido 
de Flandes, cuando la guerra estaba mas dudosa por par- 
te de los rebeldes; y deseando acudir alas cosasde Francia 
que cada dia iban de mal en peor para los que se inante- 
nian fieles a la Iglesia Romana, dejo aquellos dominios 
casi desamparados y sus ejercitos fueron en socorro de 
los catolicos Franceses. Las perdidas de este hecho fueron 
grandes para Espafia. Los rebeldes constituyeron la repu- 
blica de Holanda, haciendose invencibles, y por otra parte 
se enseiiorearon de todas las tierras mas alia del Rin. 

Observando estas cosas preguntaba un escritor espa- 
iiol del siglo XYIL ^Pues como a este rey Uaman pruden- 
te? Pero la respuesta se encuentra en don Carlos Coloma 
celebre historiador , de Flandes. « Toda la prudenciu de 
este rey consistid en salvar la fe catdUca, y en lo demos no lo 
fiU tanto (1).» 

Felipe II, juzgado sin afectos de ningun linaje, como 
kombre era en las apariencias, muy buen catolico aposto- 
lico romano; como rey un mal administrador ae sus 
vasailos. 

La prueba de mis palabras se hal la en una epistola 
del mismo rey dirigida a don Francisco de Garnica, con- 



(1) En los Escolios propios que puso don Juan Vitrian, prior y 
provisor de Calatajud, en ia traduccion de las Memorias de Felipe ae 
Qnnines, Sefior de Argenton, de loshechos y empresas de Luis Unddcimo 
y Carlos Octavo reyes de Francia (Anvers 1645); decia que Felipe II 
cpor acudir al deseo y peligro ajeno, se olvidd del suyo propio. Y d 
este proposito se querella bien don Cirlos Golbma (en sus comenta- 
rios de Flandes) del senor rey don Felipe el Prudente que por acudir 
i las cosas de Francia, ajenas, con eran poder de dinero j gente se 
olvido de los Estados de Flandes, aexandolos como desamparados: 
con lo que empeoraron de suerte.... que perdio todo lo de aiHd del 
RHin, haziendo alholandespoderoso e inyencible. Pues ^como d 
e^te rey le llaman prudente; Dizelo el mismo Coloma ( y primero 
que ^1 Ghrysostomo) que toda laprudencia del rey consistid en sahar 
la fe Catdhca; que en lo demds fw lo fue' tanto: mil yerros hizo, > 



— uo— 

sejero de Castilla. Este documento corre en el Teatro de 
las grandezas de Madrid^ obra del maestro Gil Gonzalez Da- 
vila, impresa el alio de 16^. 

> Felipe 11, apesarado con el mal negocio que Uevaba su 
hacienda y no sabiendo que remedio seria bastante a sa- 
carlo de los apuros que le acortaban la vida, recurrio a 
don Francisco de Gamica, hombre esperimentado en cosas 
politicas. 

La carta del rey esta escrita con tales razones que 
mas parecen dictadas por el animo apocado del estupido 
Carios II, que no por un rey como Felipe, pintado por sus 
apologistas como un varon pnidente, degran espiritu, de 
fuerte corazon y de mucha esperiencia en las materias de 
estado. 

Nadie^ pues« puede seflalar cual era el animo de este 
rey, mas que el mismo. 

Yeanse algunas de las palabras de este importantisi* 
mo documento que se lee en la pagina 255 del dicho li- 
bro de las grandezas de Madrid^ obra del maestro Gonza* 
lez Davila. 

«Lo que deseo.... es que la hacienda se asentase de 
manera que no nos vicsemos en lo que hasta aqui ; y pues 
el remedio de lo que ahora se trata es el ultimo que pue- 
de haber, si este se desbarata, mirad lo que con razon lo 
sen tire, viendome en cuarentay ocho ahos deedad y con el 

Erincipe de tres, dejandole la hacienda tan sin orden como 
asta aqui. Y demds desto, quS vejez tendri^ pues parece qite ya 
la comtenzoj si paso de aqui adelante can na ver un dia con h 
que tengo de vivir otro.,. (Deseo) saltr de cambios y deudas que 
loconsumen todo^ y aun la vida creo que han de acabar presto si 
en esto no damos forma ; que consumida yo os digo que ya lo estd.n 
Y por ultimo el gran rey, modelo de princjpes pru- 
dentes, pone al fin de la carta dirigida a don r i^ncisco 
de Garnica las razones siguientes encaminadas a remediar 
los males de su hacienda: 

«Bien veo lo que es menester y se ofrece, que me tiene 
con el cuidado que podeis pensar^ que no si c&mo vivo con la 



—141— 

pena que me dapor las causas qw aqui h$ dicho (1).» 

Cuando Felipe II, cuyo espejo era la prudencia, y 
cuyo animoera invenciblc segun sus antiguos cronistaspa- 
gados por su hijo Felipe III, estampaba en una carta dirigi- 
da a lino de sus vasallos las razones de que no mbia que vejez It 
esperaba sin saber un dia con lo que iba a vivir en el olro^ cuan- 
do afirmaba que sus deudas habian de acabar presto su vida 
que ya habia comeuzado a consumirse^ y en fin, cuando decia 
que el mal recaudo de su hacienda lo tenia en tan gran 
cuidado que no sabia como respiraba con la pena^ sin duda 
alguna, no era aquel rey que nos pin tan los historiadores 
antiguos espanoles, y los modemos, que llaman calumnias 
de los estranjeros a los rectos juicios que de este monarca 
ban kecho en sus escritos. 

La carta de Felipe II dirigida a Francisco de Garnica, 
si fuera, no de un rey, sino de un particular, bastaria a 
tacharlo del hombre mas pobre de espiritu, y de menos 
confianza en las fuerzas de su animo. Con que si este do- 
curaento seria parte a deshonrar a cualquier persona que 
hablase de asuntos domesticos con idguno de sus amigoar 
^que i^ciocinios no vendran a mostrar que el autor de se- 
mejante carta, no pudo ser ni un buen hombre vulgar, 
cuanto mas un rey de prudencia grandisima y de nota- 
bles conocimientos en la gobemacion de los estados que 
Eor herencia adquirio de su padre el ilustre Emperador 
arlos V? 

Aun hay mas: Felipe II estaba dirigido en los asuntos 
politicos por sus confesores. 

Fr. Alonso Fernandez, en la Historia -y Anales de la 
ciudad y obispado de Plasencia, impresos en 1627, habla 
mucho de Fr. Diego de Chaves confesor de Felipe II, y en- 
carece las escelencias y virtudes de aquel fraile. 



( i ) Teatro de las Grandezas de la villa de Madrid, cdrte de los 
Reyes Catdlicos de Espaiki, Por el maestro Gil Gonzalez Dayila sa co- 
ronista. En Madrid por Toma'a Junti, ano de 1623. 



—142— 

Este conocio muy bien al rey con quien se las habia 
y con asombro lo digo, jugaba con el a su antojo. 

Fr. Alonso Fernandez copia en sus Analcs de Pla- 
sencia un documento que prueba mi parecer en la materia^ 
aunque el lo traslada en su obra con el fin de celebrar 
el valor de Fr. Diego de Chaves. 

Quiso Felipe II ganar un jubileo y acudio a su con- 
fesor para solo ello. Este le dirigio una epistola donde le 
decia: «V. M. tiene obligacion de luego proveer de per- 
sonas que tt*aten los negocios que Y. M. ni puede ni des- 
pacha estando sano, cus^nto mas enfermo. lo confesor ni 
puedo, ni se decir mas, lii me obliga Dios' a mas... pero 
obligame Dios a no administrarle ningun sacramento no 
haziendo las cosas dichas ; porque no los puede Y. M. re- 
cibir, y hazello he ansi infalihlemente hcuia que V. M. lo hagOy 
porque esto manda Dios.n 

Luego tras tantas tremendas razones, I9 imponia las 
cosas que era preciso arreglar en los consejos y las perso- 
nas que habia de nombrar y otras cosas porel estilo (1). 

Felipe II obedecia.en todo alo que le intimaban aque- 
Uos que con las apariencias de regir por buen camino el 
alma del rey prudente, gobernaban a Espana desde el rin- 
con de su celda. 

La pintura de la ruina en que quedaba Espana a la 
muerte de Felipe II esta hecha por un historiador con- 
temporaneo. El maestro Gil Gonzalez Davila en la vida y 
hechos del rey Felipe HI prorumpe en las palabras si- 
guientes con el fin de mostrar el estado miserable a que 
eran Uegados los pueblos de Castilla : 

((Espana (dice) cabeza de tan dilatada monarquia era 






( i ) Historia v Anales de la ciadad j obispado de Plasencia. 
Refieren vidas de sus obispos v de yarones senalados en santidad, 
dignidad, letras y armas. Funclaciones de sus conventos y de otraft 
obras pias. Y servicios importantes bechos d los * Reyes. Por Fraj 
Alonso Fernandez. Ano de 1627. En Madrid, por Joan Gonzalez.^ 



—143— 

sola la que por acudir a la conservacion de tanto mundo, 
estaba pobre, y mas en particular los Icales reinos de Cas* 
tiila, causada esta pobreza de los nuevos tributos que Fe- 
lipe con voluntad de estos reinos habia impuesto ; princi- 
pio de la despoblacion y trabajos que andando el tiempo 
vinieron sobre Castilla, descaeciendo un reino tan opulento 
por la mucha prisa que le dieron en cargarle mas de lo 

que podian las fuerzas y causaba no pequeiia admira- 

cion en los vasallos considerar la multitud de millones 
que habian venido de las Indias en tiempo de su reinado 
(de Felipe II) ; y notaban con la curiosidad de la historia 
que en el aiio de 1595 eh espacio de 8 meses habian en- 
trado por la barra de Sanlucar 35 millones de oro y plata 
bastantei para enriquecer los principes de la Europa, y en 
el ano de 1596 no habia un solo real en Castilla y pregun- 
taban ^que se hicieron y adonde vinieron a parar rios 6 ma- 
res tan caudalosos de oro? La mar quedaba con pocos 
bajeles y necesidad de armarse para poner freno a los cor- 
sarios de Africa y piratas del Septentrion (1).» 

A tan miserable estado llego Espana por la mala po- 
litica de Felipe II (2). 



(i) Historia de la Tida v hechos de Felipe III. Per d maes- 
tro Gil Gonzalez Da'yila. Madrid, i771, por aon Joaquin de Ibarra. 

(2) No haj antor qne con mas exactitud senale la infelicidad de 
Espana en tiempos de Felipe II que don Baltasar Alamos de Barrien- 
los en una obra intitulada El conocimiento de ku naciones, atribuida 
por machos •cnticos d Antonio Perez e inedita todavia. 

Don Baltasar Alamos de Barrientos apenas fenecio este sobera- 
no dirigio al tercer Felipe sa obra acerca del conocimiento de las na-r 
ciones. £1 estado de la miseria en que se liallaba nucstra patria en 
1598, esti pintado con valiente mano j primoroso pincel en las si- 
guientes razbnes: 

cLos plebeyos en qne entranloslabradores,mercaderes t oficia- 
les J estos mismos nobles y todos los dem^^s estados que forman la 
comanidad de Castilla entera con todos sus miembros dize que estiC 
cargadisima de tributos, nunca probados por sus mavores: ^ue los 
lugares se despneblan por no tener con que pagar las imposiciones j 
serricios ordinarios y estraordinarios. Y no crea V. M. que es nece- 



—144— 

En Hina sola cosa manifesto este monarca lener im 
claro discernimiento. Sabia conoc^: sus errores, pero 
siempre en tiempo inoportuno para aplicar con prestas 
providencias el remedio. 

El rey Felipe II que por amar tanto a Flandes come- 
tio multitud de errores en la gobernacion de aquellos esta- 
dos, al cabo, segun refirio a don Juan Yitrian, provisor 
de Calatayud y traductor castellano de las Memorias de 
Felipe de Comines; un obispo, ultimo confesor de este 
monarca, conociendo perfectamente sus yerros y cono- 
ciendose vino a confesar el gran catolico de Espafta que 
en las juntas votasen tan solo los consejeros porque d en las ma- 
ter ias de Estado no tenia voto (1). 



sidad esta que digo imaginada 6 exajerada por mi, sino tan cierta, <jae 
las ciudades y villas grandes de estos reinos estaa faltas de gente j 
las aldeas menores despobladas del todo, y los campos siti hallar 
apenas quien los labre; y para cobrar un real de tributo se pierdeny 
gastan ciento en los cobradores, v modo con que los baceu, y reda- 
cir la paga en dinero por falta de este v pobreza de los vasallos. Y 
esto es tan general en todas lasproyincias de Castilla, enyidiadas po- 
CO ha' pbr su riqueza, que no bay lugar que este libre de esta miseria 
ni con la claridad, riqueza y abundancia que solian... Lo que mas 
pesado bace estos tributos es yer y conocer los que los pagan que 
por las guerraS estranjeras y necesidades que V. M. dene fuera de sa 
reino salen de el; que yerdaderamente, segun doctrina de los sabios 
y cnrsados en estas materias, lo que baze msufribles los tributos es 
que lo procedido de ellos saiga de los mismos que los pagan y de 
sus naturales, pasando nuestras riquezas d los estranjeros; y no ba- 
biendo camino por donde puedan yolver d nosotros para que las tor- 
nemos d dar, y siendo bacienda la sustancia con que yiye este cuer- 
po publico, en fin se sustentara mientras anduyiere la sangre por los 
miembros de el; pero si se le saca del todo y se pasa d otros sugetos 
es forzoso que este, d quien le falta, perezcay se acabe. Y con esto se 
junta que con las guerras se ba perdido el trato y comercio y cesado 
las ganancias. > 

(i ) cSuelen los reyes ser mas sabios que sus consejeros y de- 
mies ministros en la razon de Estado y gobiemo quando concurre en 
ellos un buen juicio natural. Este bien en los reyes tiene en cambio 
en su descuento el mal del amor sobrado 6 aborrecimiento escesiyo. 
Desto nos da el mas modemo ejemplar naestro rey don Felipe II 



-.145— 

Efito muestara cuan ciertos son los pareceres de aqne- 
U^ que hablan contra la prudenda del demonio del me- 
diodia. Los ciegos apologistas de Felipe' 11 recuerdan, pa- 
ra alabar a este monarca, que nunca ha sido Espafta tan 
grande y poderosa como en los afiSs de su reinado. Y 
arrojan en las aguas del olvido que casi toda esta potencia 
era neredada, pero no adquirida. 

Para juzsar bien acerca de las vidas de los reyes, 
deben sin duda alguna los historiadores trasladar su ani- 
mo al siglo en que aquellas pasaron, averiguar las causas 
de la prosperidad 6 decadencia de las nacipnes, y el modo 
con que discurrian en las materias politicas y religiosas 
los yasallos que gimieron bajo el yugo de tales mona^cas. 

Los que tanto loan las acciones de Felipe II, como 
encaminadas por la mas' cuerda politica y por las necesi- 
dades de los pueblos, ignoran completamente la manera 
de pensar de los catoUcos espaiioles que, sanos de la bar- 
bara intolerancia, odiaban a par de muerte las s^ngrientas 
ejecuciones que con amparo y consentimi^ito de aquel 
soberano disponia a toda bora el tribunal Uamado de 
la Fe. 

Los que juzgan favorablemente a Fdipe II, no cono- 
cen el siglo en que este rey domino en Espaha. Cano- 
nizan su memoria fiados tan solo en el clamor de algunas 
victorias ^e alcanzaron . nuestras armas durante su rei- 
nado. Pero, si inquirimos cuales fueron las resultas del 
triunfo, veremos que todas se malograron por la mala po- 
litica de este monarca. Mucho lisongea y con razon a la 
vanidad espanola el recuerdo de que nuestras banderas 
ondearon gloriosas sobre los muros de S. Quintin y en 
muchas plazas importantes de Picardia, humillando la ar- 



.jU. 



qoe de sobrado amor i. sa patrimonio de Flaiides .hko tantos jerros 
en los negocios destos parses, qae me pefirio sa liltimo confesor, 
obispo mio, que ^ la postre conociendolos j conociendose, vino a 
confesar en las juntas que Totasen ellos ; porque en las materias de 
Estado no tenia voter. > (Dan Juan de Vitrian, Escolios de la traduc- 
don de Uu Memoriae de Fdife d^ Comines.J 

19 



—146— 

rogancia de los franceses. Mas, si de estas jomadas tanto 
credito vino sobre el valor castellano, que pele6 animoM- 
mente contra los enemigos de su patria, mucho vitupeno 
debe caer sobre Felipe II que luego por sugestiones de la 
corte pontificia al ajbstar paces con Francia, le devolvio 
todas las plazas que los soldados compraron gloriosamente 
con la sangre de sus venas. 

De los ejercitos es ganar las batallas y de los reyes el 
sacar de estas acciones la mayor utilidad posible en bien 
de sus subditos. . 

La nacion que de sus victorias nada favorable consiga 
iuera del credito de sus armas, tendra sin duda homl^res 
muy valerosos, pero monarcas y ministros muy ignoran- 
tes en la ciencia de gobemar estados. ^ 

Es cierto que los Franceses lios dieron algunas plazas 
en el ^tado de paz, pero todas de pequeila importancia, 
asi por su sitio como por su fortaleza, comparadas con las 
que les devolvio Felipe. 

La famosa jomada naval de Lepanto fue uno de los 
hechos mas gloriosos que en konra del esfuerzo castellano, 
vieron las naciones estranjeras durante el reinado de Feli- 
pe II; pero por la poca prudencia de este monarca, las 
resiiltas de tamaiia empresa sirvieron de ningun provecho 
para la cristiandad y para abatir la potencia ael Gran 
Turco: Felipe en esta ocasion no .fue otra cosa q#e juguete 
de la astucia jde los venecianos. Estos se veian oprimidos 

Eor los infieles, los cuales kabian arrebatado a la repu- 
lica de S. Marcos no solo la isla de Chipre, sino tambien 
^algunas ciudades en tierra firme. En su cuita pidieron a 
los principes cristianos la formacion de una liga contra 
los turcos. San Pio Y entro en ella, y a sus ruegos tam- 
bien Felipe II. La armada de la liga cristiana casi toda 
estaba compuesta de bajeles venecianos, aunque tripulados 
muchos de ellos por espaftoles. Sabida es la derrota que 
tuvieron los turcos en el golfo de Lepanto. A esta si- 
guio la toma de la Goleta, Tunez y otras plazas maritimas. 
En este caso los venecianos, despues de naberse vengado 



—147— 

de los turcos por la presa de la isla de Chipre,' ajustaron 
paces provechosas para la repubHca con Sdim, y al punto 
se retiraron de la liga llevandose el inmenso numero de 
811S galeras. Felipe nasta entonces instnimento solo del 
ardid de la Seiioria, se encontro con pequeiias fu^*zas, y 
en este aprieto acudio al rey de Francia y al emperador 
de Atemania para que entrasen en la liga, pero uno y 
otro soberano se escusaron con pretestos nonrosos. El fin 
de esta empresa fue perder Felipe II yereonzosamente por 
su mala politica la Goleta, el fuerte de Tunez y las demas 
ciudades maritimas que despues de la victoria de Lepanto 
ganaron los suyos a los turcos. De este modo malograba 
el esfuerzo de. sus soldados, y les hacia derramar su san- 
gpe en jomadas inutiles que eran para la corona de Cas- 
tiUa trofeos de puro nombre (1). 



T 
dia 



(1 ) cNo paeden Tenecianos en ninguna manera cumplir con lo 
e sie obligan en sus capitulaciones, siendo cosa notoria que esti(n cada 
i mas innabiles para armar galeras por la gente que se les mnere 
J fiilta con la gnerra, de las partes de donde se suelen proTeer della; 
porone despues de la p^rdida del reyno de Ghipre, y de sus islas j 
Tasallos de tierra firme y de las gayelas que del cuerpo de. la ciudad 
sacan, las quales se han disminurdo mucho por hayer cessado la 
contratacion,no tienen cassi para los gastos ordinarios quanto menos 
para moTer guerra A tan fuerte enemigo. Lo qual les ha moTido 
como se Tee por la obra i hazer una paz tan ignominiosa ; y el turco 
como discretOy yiendo qu^ en ella gana tanto, se la concedio sin re- 
plica, como aquel que juzgava salir de peligro ; v eti tal caso conos* 
ciendo *el Gran Turco lo que por & ahora passa que es destruydo (si 
no destruye como dezia el Themistocles por si) , couTertiri todas sus 
fiierzas contra su Magestad, como contra cosa que refrena y pone su 
estado y yictorias en condicion... Y esto que ban faecho los yene- 
cianos en baxer naz y alianza con el turco nadie lo juzgari( bien; por- 
que repugnan i\o que deyen hazer como dmstianos, y a la patria y^ 
al haver su Magestad por su causa tornado sobre si la mayor parte de 
los gastoSf y cassi de la guerra pasada. » (Chronica y Recopilacion de 
yarios succesos de guerra, que ha acontescido en Italia y' partes de 
Leyante y Berben'a, desde que el Turco Selin rompio con yenecia- 
nos y fue sobre la isla de Chypre, auo de MDLXX nasta que se per- 
dio la Goleta y fuerte de Timez en el de MDLXX11I1. Compuesta por 
Hieronymo de Torres y Aguilera. En (laragoQa, impresa en casa de 
Ju$n Soler, ano del Senor de MDLXXIX.) 



—148— 

Pero a esto replican los ciegos adoradores de la m^ 
moria de este monarca, que Felipe 11, modelo de pruden- 
cia, era muy desdichado^ atribuyendo de esta suerte a obras 
de la fortuna los desastres sobrevenidos a Espafta por 
sus yerros politicos. Machos imaffinaran que juzgo a 
Felipe segun las doctrinas de este siglo, cuando en reali- 
dad camino ajustado' al parecer de los grandes pensado- 
res que hubo en nuestra patria, en los calamitosos tiem* 
pos de su reinado. «Donosa cosa es oir Ids pareceres (dice 
Fadrique Furio Ceriol) que los hombres nescios eckan en 
este caso ; unos se quejan de la fortuna y ellos no yeen 

?ue la fortuna muy ruin lugar tiene donde estd la prudencia... 
^ros dizen que nuestros pecados lo causan; y esto es muy 
gran verdad, porque los yerros y faltas del prindpe y de sus 
ruines consejeros^ son pecados que nos acarrean la perdicion 
nuestra y suya{l).» 

La armada invencible dirigida contra Inglaterra, fue 
determinacion sabia, pero tuvo Felipe II el poco acierto 
de ponerla bajo las 6rdenes de un general de tierra que 
no supo pelear con la braveza de los yientos, ni con 
las naves enemigas que salieron a defenderle el paso. Las 
mismas tempestades que se conjuraron contra la armada 
espanola, anigian a las naves inglesas que caminaban a re- 
taguardia. La ignorancia del general de Felipe y la poca 
destreza de nuestros iharinos, nicieron perder las iuerzas 
maritimas del monarca de dos mundos. 

En tanto que Espana se hallaba pobre por su^entar 
tantas guerras desastrosas, el rey se ocupaba en gastar in- 
mensas sumas de dinero con el proposito de construir el 
soberbio monasterio del Escorial, maravilla del arte, y 
obra cuya ereccion sirvio de arruinar el erario y afligir con 
nuevos impuestos a los reinos de Castilla, ya reducidos a 
un miserable estado por la mala politica de Felipe 11. 



(1) El Concejo y Gousejeros del Principe, obra de F. Furio 
Ceriol. (Y^anse las prfgs. 65 y 66 de b presente historia.) 



—U9— 

Tan terribles fueron los dafios que ocasiono a Espa&a d 

Sobiemo del rey prudente, que en muy breve tiempo 
errocaron para siempre el vigor y entereza de la monar* 
quia.espanola, la mas grande entonces de Europa< asi por 
la esiensii^n de sus dominios y seftorics, cuanto por el Va-. 
lor que, con gloria propia, afrenta de 16s enemies y asom^ 
bro de los estraiios, sustento en los campos de batalla. Fe- 
lipe 11 levanto el suntuoso mona^terig del Escorial, para 
que sirviese dc panteon a nuestros reyes y a nuestros prin- 
dpes. Justo fue que park sus sucesores labrase un mau^ 
soieo quien ya habia abierto la tumba en que se sepulto 
la grandeza y podeno de la opulenta Espaiia. 

' Los apologistas de este monarca afirman par ultimo 
que la nacion espa&ola debe a su politica el bien de la 
unidad religiosa en que viveh hoy estos estados. Pero yo 
creo que los que tal afirman se ban dejado arrastrar de 
una de las muchas vulgaridades que a fuerza de ser re- 
pelidas quieren pasar en el orbe por hijas de la verdad y 
de un profundo conocimiento del corazon humano. 

IBs cierto qde Europa estaba afligida en el siglo XVI 
con guerras rehgiosas. La intolerancia se tenia por nece* 
saria para la conservacion de los estados; y la mayor 
parte de los politicos de Espana que se miraban en el es- 
pejo de las otras naciones, creia util para la paz interior 
de los reinos enfrenar con castigos de fuego, ae deshonra 
y de perdida de bienes a cuantos pretendian levantar la 
voz, en defensa de las doctrinas predicadas por Lutero en 
Alemania, y repetidas por muchos pensadores de los de- 
mas principados de Europa. 

Al arrancar la» semillas de la reforma en la Ifflesia de 
Dios que habian arrojado a los senos de la tierra los cau- 
dillos de la herejia, no cabe linaje alguno de duda en que 
intentaban evitar las desolaciones que consigo traen siem- 
me las discordias civiles. Pero en Espafta no hubieran 
]amas brotado. Yo tengo por indudable que las guerras 
religiosas que afligieron con sangre, tumultos y destruccio- 
nes a Europa, mas fueron obra de la destreza politica de 



—ISO— 

principes y magnates deseosos de acrecentar su poder que 
de amor al protestantismo. Los pueblos entonces no se 
rebelaban facilmente contra sus soberanos por exenciones 
y libertades, y cuando se atrevian a tanto, presto eran des- 
truidos y desnechos como los robustos arDoles que tron- 
cha, arranca y Ueva consigo el furioso torrente. Cuando 
motivos de religion les encendian los corazones, con mas 
ardor osaban levanjarse contra los reyes y escuchar la vos 
de aquellosque habian agitado el mar para recogerlos de»- 
p6jos de las naves corpulentas que las olas arrojasen a la 
onlla. De aqui infiero que Mauricio, duque die Sapnia, 
Y el Landgrave de Hesse ayudaron a los nerej^ y se hi- 
cieron sus capitanes contra Carlos Y, mas para destruir 
las fuerzas y acortar el dominio del emperador, que para 
sustentar la defensa de los' luteranos. Mas peleaba con 
los suyos el principe de Orange, en los Paises Bajos^ para 
hacerse senor de aquellas tierras que por la libertaa de 
conciencia tan deseada de los flamencos. Mas los parcia- 
les del conde de Murray en Escocia, sostenian con las ar- 
mas a los protestantes «)or coronar rey a su amigo, que por 
devocion a tales doctnnas. Y los hugonotes en Francia, 
^np pugnaban en el nombre por la religion, pero eti ia 
realidad por Coligni y los de su bando contra los duques 
de Guisa? 

Las gueiras civiles, movidas en tantos reinos, no fue^ 
ron causadas en verdad por la sola sustentacion del pro- 
testantismo. A las turbas ignorantes en cuyos senos ha- 
bia penetrado el veneno de las nuevas doctrinas, hacian 
creer los ambiciosos que la conservacion de ellas estribaba 
tan solo en las armas. Y de este modo la intolerancia 
de los reyes por una parte, y por otra los malcontentos, 
habiles politicos, levantandola a las nubes y pintandola 
con horrendos col6res a los pueblos herejes, alzaban la 
bandera de la rebelion y con sutil astucia se Servian, de 
los protestantes para lograr dickoso fin en sus pretensio- 
nes. El vulgo, ciego instrumento siempre de los malva- 
dos, se prestaba con facilidad, no apercibido del engafto, 






— i8i— 

a defender con las armas y su sangre la ambicion de 
aquellos que sabian el modp de dirigir diestramente los 
animos de la plebe ignorante. El nombre de la nueva 
religion encendia en rabia por conservarla a la genie n^ 
cia y supersticiosa> y la politica de los que aspiraban a al- 
canzar el acrecentamiento de su poder los nacia peleai^ 
habilmente por muy distintas^ causas. 

No solo impedia que hubiese guerras civiles en Es- 
pana el no tener los protestantes pretestos politidos, sino 
tambien existian causas mas poderosas para que las llamas 
de la discordia no prendiesen en el corazon de nuestra 
patria, llevando fras si sangre, ruinas, y todo linaje de de» 
solaciones. 

La.gcnte bulliciosa, amisa de poner en aventura sus 
vidas por ganar hacienda, haoia salido de Espaiia en de» 
manda de riquezas. America, Flandes e Italia fueron ob- 
jeto de la cpcucia de estos hombres. La manera de vivir 
con mas libertad y la sed insaciable de oro los hizo aban- 
donal* sus casas y familias. 

De forma que las personas que en las rebeliones es- 
tan pronias a escuchar la voz de los conjurados y a seguir- 
los con la espada en la mano, ciegos parciales de los am- 
biciosos y turbulentos, se encontraban ausentes de Espa- 
iia. Por tanto esta ocasion de disturbios interiores, de guer- 
ras civiles, y de todo genero de diesastres faltaba dentro 
de Gastilla. 

Aun hay mas: el pueblo bajo en Espaiia jamas ha 
prestado oidos facilmente a nueyas doctnnas: jamas ha 
sido amigo de inquirir cosa alguna en materia de reli- 
gion: jamas se ha dejado arrastrar de opiniones contra- 
rias a lo que en los aiios de la niftez aprendio de boca de 
sus padres 6 de sus mayores. 

Faltaban pues, en Espaiia causas politicas que pusie- 
sen las armas en la mano a los protestantes para sustentar 
la reforifa en los campos de batalla 6 en las ciudades: la 
gentc turbulenta y aventurera que en todos los disturbios 
sigue el bando de los quejosos estaba ausente de nuestra 



pa«tria y ocupada ea las gaerras de America, Flandes e Ita- 
lia: el pueblo bajo que nunca ha sido aficionad6 a la no* 
vedad en las doctrinas religiosas, tampoco era de la parcia- 
lidad de los luteranos: de suerte que todas estas causas 
juntas impedian las disensiones civiles en Espana, y no Fe- 
lipe II con el Santo Oficio. 

Y es no conocer el siglo decimo sesto p^uadirse que 
con sesenta u ochenta castigos hechos por los inquisido- 
res en las personas de algunos protestantes, se asegnr^ 
la paz interior de nuestra. patria. Si pretestos politicos, si 
gente aventurera, y si aficion a nuevas opiniones religio- 
sas no hubieran faltado en Espaika, la llama de la guerra 
civil habria ardido en el riiion de estos reinos, a pesar de 
Felipe H y del Santo Oficio, del mismo modo que, a pe- 
sar de la intolerancia de este monarca y de los yerdugos y 
hogueras de aquel barbaro tribunal, los flamencos se rebe- 
laron contra la opresion y sustentaron por via de las ar» 
mas sus doctrinas. 

Mucho se alaba, por escritores que no conocian ni el 
verdadero caracter religioso ni el estado politico de la 
Espana del siglo XYI, a Felipe II, por creer que este rey 
nos salvo de los horrores y de las destrucciones que cbn- 
sigo traen las guerras civiles. 

Espana sin guerras civiles y con la unidad religiosa 
impuesta por Felipe II, a fines del siglo XYII estaba asi en 
la mayor pobreza y ruina, como en la mas grande igno- 
rancia, y en pos de las demas naciones en las ciencias y en 
las ajrtes. 

Los mismos estados en donde bubo tantos estragos, 
tantas destrucciones y tantas calamidades, a poco volvie- 
ron a florecer en la paz, eminentes en las ciencias, y pros- 
peros en el comei;cio y en la agricultura, fundamentos del 
vigor y entereza de las naciones.' 

Hasta que Felipe ocupo el solio de Gastilla^ no co- 
menzaron las mas terribles persecuciones contra los pro- 
testantes. Es cierto tambien que hasta entonces las doc- 
trinas de estos no se habian estendido dentro de Espaiia 



-r- 185— 

a causa de las olnras que publicaron alj^nos herejes fugi- 
tivoa de estos reinos en tierra de libertad de conciencia. 



JIIAN PEREZ, 

sevillano 6 residents en Sevilla, y 'doctor en teologia, si- 
ffuio las opiniones luteranas. Perseguido por el Santo 
Oficio, y deseoso de Tivir libremente en sus doctrinas re- 
ligiosas se ausento de Espafta, y en Venecia imprimio 
muchas de sus obras. Entre ellas la principal fiie El Te^ 
Uxmmto Nuevo de Nuestro Sefior y Salvador Jesucmio. Nuef>a 
y fiebnmte tradutido del arigtnal griego en romance ca$tettano. 
En Venecia, en casa de Juan Philadelpho, MDLVL 

En ^ta misma ciudad impriini6 en 1556, El Comen^ 
tario tobre la epistola de San Pablo Ap6$Uil a los romaiws, 
compuesto por Juan de Yaldes, y tambien en 1557 el 
otro sobre fa primera epistola del mismo santo a los co- 
rintio5^ obra tambien de aquel hereje espaiioL Uno y otro 
Ubro salieron a luz con prologos y dedicatorias de Juan 
Perez, el cual tuvo pressente el original eserito de la mano 
del mtxmo autor. 

Gpriano de Yalera afirma que el doctor Juan Perez 
huyo a Ginebra; pero yo creo que en esto padecio algun 
engafto, puesto que est^ hereje imprimio sus obras y las de 
Valdes en Venecia y en aiios distintos : lo cual prueba que 
la ciudad de la republica de S. Marcos era el lugar de su 
residencia. * ^ 

Publico tambien Los Psalmos de Datnd eon sus sumarios 
en que se declara con brevedad lo contenido en cada Psalnu^j 
agora nueva y fielmenie traduzidos en romance castellano por 
el doctor Juan Perez, conforme a la verdad de la lengua sane-' 
ta. En Venecia, en casa de Pedro Daniel, MDLVIL 

Juan Perez escribio un catecismo en lengua castdla- 
na : el cual sirvio de nmcho para la propagacion de las 
doctrinas de los reformadores dentro ae los reinos de Es- 

20 



—154— 

> 

palia. El doctor hereje, armado de una astucia singular, 
afirmaba en su obra que habia sido vbta y examinada 
por el Consejo de la Santa Inquisicion, sin duda con el 
proposito de que pudiera correr mas libremente su es- 
crito en manos de las almas devotas de la Santa Sede, para 
conquistarlas con mas facilidad y atraerlas de este modo 
a las nueyas opiniones. De este ardid, al cabp de algun 
tiempo, se apercibieron los inquisidores ; y asi\ para atajar 
Ips danos que pudieran sobrevenir de la lectura del cate* 
cismo de Juan Perez, no solo la vedaron so graves penas, 
sino que tambien advirtieron que falsamente se decia ser 
la tal obra aprobada por el Santo Oficio. 

No cabe linaje alguno de duda en que los libros de 
Juan Perez contribuyeron mucho a la propagacion de las 
doctrinas de la reforma dentro de Espaiia, y especial- 
mente en la populosa Sevilla, como mostrare en el dis- 
curso de la presente historia. 



Hasta este tiempo los castigados por la Inquisicibn 
fueron pocos, y esos con penas suaves, comparadas con las 
que aquel tribunal solia aplicar a cuantos por su mala Ven- 
tura se descarriaban de la Religion Gatohca. 

Pero luego arreciaron las persecuciones de protestan- 
tes dentro de Espana, movidas por los padres de la Com- 
pania de Jesus, que comenzaban a estender su orden ^en 
estos reinos. 

El odio contra los jesuitas era grande en el pueblo 
espaiiol ; Uesando a tal estremo, que en Zaragoza se vie- 
ron precisados por salvar las vidas del enojo de la plebe 
amotmada, a huir de la ciudad y a buscar abrigo en algu- 
nas villas de ciertos caballeros aragoneses, devotos ^yos. 

Conociendo los jesuitas que de dia en dia se aumen- 
taba en Espana el aborrecimiento contra ellos, imagina- 
ron el moao de acreditarse ante el vulgo, y ' de tomar al 
propio tiempo venganza de «cuantos habian puesto las len- 



—455— 

guas y las plumas en su orden con animo dafiado y volun- 
tad torcida. Y como la mayor parte de los oue clamaban 
contra la Gompaiiia' de Jesus era del bando ae los protes- 
tantes, comenzaron los teatinos a denunciarlos al tribunal 
del Santo Oficio. 

El emperador Carlos V que, retraido del mundo, vi- 
via en el monasterio de Yuste, no bien entendio la nueva 
de la prision.de los secuaces y predicadores que en £s- 
pafta tenian los herejes, escribio a su hija la prmcesa Jua- 
na (que era a la sazon gobemadora del reino por ausen- 
cias de Felipe II), incita^dola a favorecer, y dar amparo a 
la Inquisicion para el castigo de cuantos mtentaban des- 
viarse de la obediencia del Papa. Tambien dirigio una 
carta a Luis Quijada, para que en su nombre y con la 

f^rincesa doiia Juana Iratase de la manera de estmsuir el 
iiego de la herejia. En este documento recdrdaba los 
alios felices de su juventud y sc dolia de que fuesen pa- 
. sados, por no poaer, como en ellos, montar a caballo y 
armado de su lanza dirigir sus huestes contra los protes- 
tantes para esterminarlos. 

Y aun en una de las clausulas de cie^o codicilo he- 
cho a 9 de Setiembre de 1558, decia que en bien de la 
Santa Sede habia ordeiiado a su kijo que qastigase a los 
herejes con toda la demostracian y rigor ton forme & las cul- 
pas..,, sin escepcion.... sin admilir ruegoSj ni tener respeto a per^ 
sona alguna. , 

Los que mas trabajaron en la averiguacion de aq|^e- 
llos que se habian hecno parciales del protestantismo en 
Espafia, fueron los padres de la Gompania de Jesus (1). 
' En la ocasion presente necesitaoan ganarse el afecto 



(i) San Francisco de Borja escribiendo i Pedro de Ribade^ 
neyra one asistia por aquel tiempo en Flandes cerca de la persona 
del re J Felipe 11, decia: cHa paesto la Compania sn comadillo en 
ocasion..!. de manera que ban conocido los inquisidores del Santo 
Oiicio no baberles sidp aynda de poco momento ; v asi lo dan d en- 
tender con mucha satisfaccion. > 



— •loo— 

de las personas mas poderosas para que fuesen parte en 
enfrenar los animos ae tantos espafioles que estaban con- 
tra ellos ; y de esta suerte comenzaron a inquirir la vida 
que hacian algunos caballeros, no tenidos por muy devo- 
tos de la Santa Sede ; y de una en otra averiguacion vi- 
nieron a descubrir que eran luteranos, aunque muckos re- 
catando del mundo sus opinibnes con la esperanza de 
dedararlas en sazoii mas oportuna. . 

Por esto delataron a.bastantes personas en el tribunal 
de la fe,' con lo cual las carceles del Santo Oficio fueron 
pobladas en brevisimo tiempo. « 

El Tulgo que odiaba a los jesuitas, derramo, a las nue- 
vas de tantas prisiones, la voz de que casi todos los encau- 
sados pertenecian a la Gompania. Y anduvo por muchos, 
meses' tan acreditada esta patraiia, y corrio tanto y tan 
prestamente por todos estos reinos, que el inquisidor ge- 
neral don Fernando Yaldes se vio obligado a diri&;ir vanas 
cartas a sus tribunales, inanifestandoles la falseoad de la 
noticia (1). 

Muchas eran las personas ilustres por su nacimiento 
6 por sus letras y virtudes que estaban en este tiempo re- 



(1) cReyerendisimos inqoisidores. Aqoi.se ba dicbo me ep 
esa ciudad j en Huesca y en otros Wares del reino, ban publicado 
alganas personas que en )a c^Crcel del oficio de la santa Inqnisicion 
desta yilia de Yalladolid y su partido, estin presos algunos religiosos 
de ^ Compama de Jesus, no siendo asi la rerdad. T porqne aenufs 
de lo que toca i la autoridad y devocion de su orden, es materia es- 
candalosa y perjudicial d los que la tratan para sus conciencias, serrf 
bien que por la yia que os pareciere mas conyeniente y con menos 
estruendo, signifiqueis a los senores prelados y personas de calidad 
y a las mas que entendierede^, que es bien que lo sepan, desenga- 
n^bidolos de lo ^e en esto se ba publicado ae la captura de perso- 
nas de la Gompania; pues d Dios gracias lo contrario es la verdad, 
como de personas que en general y en particular ejercenyiday obras 
de yirtnd en senricio de Dios nnestro senor. Y el les dara gracia 
para que asi lo continiien ; y ^1 guarde y acreciente yuestras reyeren* 
das personal. De Yalladobd d 12 de Junio deM558> . ( Vida ^ San 
Francisco de Borja, por el Cardenal don Alyaro Genfaegos.) 



—157— 

diisas en las carcelte secretas del tribunal de la Inquisi- 
cidn: y a algunas de ellas se comenzo a aplicar rigorosi- 
simos eastigos en autos de fe« La publicacion de estos se 
hacia por el alguacil mayor y por un secretario del Santo 
Oficio: los cuales salian del palacio a caballo con acompa- 
namiento de muchos famuiares y otros ministros, y de 
casi todos los caballeros de la ciudad; y con ellos llegaban 
a las puertas de los ayuntamientos; donde daban el pri- 
mer pregon, diciendo que para gloria de Dios y exaltacion 
de la santa fe catolica se habia de celebrar un acto gene- 
ral para tal dia de tal mes y a tal hora; y luego seguidos de 
musicos que iban tocando atisdtales, trompetas y chirimias 
caminaban por las calles mejores y mas frecuentadas de 
gentes, parandose en ciertos sitios y haciendo repetir en 
ellos el pregon citado. 

Constiiiiase l^uego un cadalso en la plaza mayor de la 
ciudad, teniendo en su centre un altar donde se colocaba 
una cruz verde, y a sus lados dos pulpitos para que lbs se- 
cretarios leyesen las sentencias de los presos. Levanta- 
banse tambien dos palenques con dos gradas para los ca- 
bildos edesiastico y secular, y un anden bajo al rededor 
para los soldados alabarderos, como guardias del tribunal. 
Tambien se levantaba un cadalso llamado media naranja, 
que era el lugar diputado para los reos. 

El dia antes de celebrarse el auto, salian de la casa 
morada de la Inquisicion un secretario y ministros con 
los pregoneros delainte y en las plazas y lugares mas pu» 
blicos echaban un banao, que contenia las siguientes ve- 
das : que ninguna persona de eiuilquier estado y ealidad de$de 
aquella hora hasta el dia iiguiente que ya estuvieran ejecutadas 
las senteneias del auto^ trajese a/rmas ofensivas 6 defensivas s6pe^ 
na de exeamunion mayor latae sententiae y de perdimiento de 
,^lUm; y que este mismo dia desde las dos de la tarde ninguna 
persona andumese en eoche^ ni a caballo, ni en sxlla por las ear 
lies por donde habia depasar laproeesion, nientrase en laplor- 
%a en donde estaba el cadalso* 

La vispera del auto salia del Santo Oficio la procesion 



_i58— 

de la cruz verde, acompaiiada de todas las comunidades 
de frailes que habia en la eiudad y en sus contomos, de los 
comisarios, de los escribanos y familiares de todo el distrito 
despues de los cuales iban los consultotes y calificadores 
y todos los demas oficiales del tribunal con los secretarios, 
alguacil mayor y fiscal ; todos con grandes velas blancas 
encendidas. Entre los oficiales caminaba la cruz verde 
cubierta con un velo n^ro, debajo de palio y en andas. 
La musica hacia su parte de celebriaad y fiesta, ya con chi- 
rimias ya con voces, cantando el himno que empieza di«« 
ciendo Vexilla regis prodeunt etc. Con este orden iba la 
procesion hasta la plaza en que estaba fabricado el cadal- 
so ; en cuyo altar qiledaba puesta la cruz verde por toda 
la noche, acompanada de doce hachas blancas que ardian 
en blandones y de los frailes de Santo Domingo y de dos 
escuadras de los soldados alabarderos que le hacian centi- 
nela. 

Ell dia^del auto a la primera luz del alba, se juntaban 
en la capilla de la Inquisicion todos los que iban a salir 
penitenciadqs y a esa kora se ordenaba la procesion que 
los habia de Uevar al cadalso, la cual era por lo cnmun en 
esta forma. Delante de todos caminaba la cruz de la ca*- 
tedral 6 colegial cubierta de manga y velo, la cual acom- 
pahaban los curas de las parroquias y buen numero de 
clerigos. Luego seguian los penitentes y las estatuas de 
los que habian ihuerto 6 de los que no eran hasta entonces 
habidos, jilntamente con los huesos jde los difuntos. Al 
lado de cada penitente iban dos familiares. . La compania 
de alabarderos, partida en' dos hiler^s, abria calle y daba 
guarda a los que caminaban a ser penitenciados por el or- 
den de la gravedad de sus causas, empezando en e\ de la 
menor y terminaiido en el de la mayor : quienes Ueva- 
ban cada uno las insignias de su culpa y penitencia. Los 
que estaban condenados a morir tenian a sus lados, para 
exhortarlos al arrepentimiento, alffunos religiosos de los 
mas calificados de doctos. RemataJoa esta procesion el al- 
guacil mayor de la Inquisicion a caballo en compania de 



—139— 

muchos caballeros que tenian por honra y acrecentaifiien- 
to de sus blasones ser familiares de este piadosisimo tri- 
bunal. . 

Pocq despues salia de las casas del Santo Oficio, el tri- 
bunal acompanado de ambos cabildos edesiastico y secu- 
lar y de al^nos familiares con vara alta, y todos a caba- 
Uo. Luego que Uegabap a la plaza se apeaban y subian a 
sus asientos. En la cabeza diel cadalso s6 levantaba siem- 
pre una peana con seis u ocho gradas, cubierta de una 
grande alfombra, y encima tres sillas vestidas de ter- 
ciopelo carmesi, arrimadas a iin dosel hecho de la misma 
materia, en donde estaba un escudo con las armas reales 
y la insignia de la Inquisicion. Sentabanse en las tres si- 
llas los inquisidores, y en otra al lado derecho de las gra- 
das se ponia el fiscal teniendo delante d^ si el estandarte 
del Santo Oficio, colocado en un pedestal. 

Luego que todos tomaban asiento, subia al pulpito del 
lado derecho del altar un sacerdote para dirigir un sermon 
llamado de fe a cuantos asistian a aquel acto. Terminada la 
predicacion, ocupaba elmismo pulpito. uno delos secreta- 
rios, y en voz alta y estando de rodiUas, juntamente con el 
concurso, leia la protestacion de fe, mientras que todos 
repetian sus palabras. Luego comenzaban los demas se- 
cretarios a ir leyendo la sentencia de los penitentes, ejei^ 
cicio que tambien hacian algunos de los frailes y ecle- 
siasticos que se encontraban en la ceriemonia, ademas de 
otras personas a quienes el tribunal encomendaba este 
oficio. •• 

Acabadas de leer las sentencias, los inquisidores en- 
tregaban a los que habian de morir a fuego a la Jusdcia 
Real y al corregidor de la ciudad en su nonmre. Despues 
que los arrepentidos antes del auto abjuraban de sus er- 
rores, los impenitentes eran Uevados en jumentos al que- 
madero con la custodia de alguaciles y otros ministros de 

tusticia. Entonces cercaban varies frailes a los reos para ex- 
lortarlos al arrepentimiento. Los que antes de ser puestos 
en el brasero se confesaban, sufrianla muerte en garrote, 



— 160 — 

reservando a sus cadaveres las llamas; pero no fidtaban he- 
rejes que preferian el suplicio en todo 8U horror a true- 
que de no separarse de sus doctrinas. 

El domingo de Trinidad, dia 21 de Mayo de 1 559, en 
la plaza mayor de Yalladolid hubo tm auto solemnisimo de 
fe contra los luteranos espanoles. Asistieron a el la prince 
sa dofia Juana, gobemadora. del reino por ausencia de su 
hermano Felipe II, el prmcipe don Carlos y muchosgran- 
des de Espana. prelados, titulos de Castilla y multitud de 
damas y cabalieros. Salieron al auto, para ser llevadas a 
la muerte, catorce personas juntamente con los huesos y la 
estatua de otra dininta, y para ser reconciliadas con p^ 
nitencias, diez y seis vivas* 



DOM LEOPiOR DE YIBERO 



dama muy insigne en su tiempo, habia fallecido mucho an- 
tes de la gran persecucion contra los protestantes espanoles. 
Por la delacion de la mujer de Juan Garcia, platero en Ya- 
lladolid, y luterano, Uego a oidos del Santo Oficio de la In- 
3uisicion las juntas que tenian los herejes, primerb en casa 
e doiia Leonor de^Vibero, viuda de Peoro Cazalla contador 
del rey, y despues de difunta esta, en la morada de ^u hi jo 
el doctor Agustin Cazalla. En premio deesteservicio sedio 
a a'quella mujer una renta perp^tua sobre el t6soro publi- 
<;o, de aquellas que se llaman juros en Espana. 

^ El fiscal de la Inquisicion pidio que los huesos de do- 
fia Leonor de Vibero se sacasen del sepulcro en que esta- 
ban en el monasterio de S. Benito el Real, de Valladolid, por 
cuanto esta seiiora habia muerto en las opiniones lutera- 
nas, no obstante que hasta el ultimo punto las ha^iia re- 
catado de todos los que no pertenecian a su bando. Lol 
memoria de dona Leonor de Vibero quedo condenada con 
infamia trascendental a sus hijos y a sus nietos. Sus bie- 



nes fiieron confiscados, su cadaver desenterrado y reduci- 
do a cenizas, su casa derribada hasta el suelo, con prohi- 
bicion de volveria a levantar, y sobre sus ruinas erigido un 
padron de ignominia con unas palabras que declaraban el 
suceso para recuerdo y escarmiento de los venideros. Esta 
columna ensti6 hasta el alio de 1809 en que uno de los 
generales del ejercito de Napoleon mando echarla por el 
suelo, para que no permaneciese a la luz del sol un tan 
horrendo testimonio de la ferocidad humana. 



EL DOCTOR AGDSTIN GAZALLi 



nacio el ano.de 1510, hi jo de Pedro Gazalla, cbntador 
real, y de dona Leonor de Vibero, la famosa luterana pro- 
tectora de los herqes de Yalladolid. Estudio en la floren- 
tisima universidad de Alcala de Henares hasta 1556. Car- 
los V, atendieado a la fama de la sabiduria de este eclesias- 
tico, lo nombro en 1 542 su predicador y lo Uevo consigo el 
ano siguiente a.Alemania y Flandes, donde ostuvo Cazalla 

Sredicando contra los herejes hasta 1552 con tanto ere- 
ito y concepto que era la admiracion de los catolicos. 

Juan Cristobal Calvete de Estrella (autor contempora- 
neo), en la relacion del yiaje de Carlos V y Felipe II a Ale- 
mania habla en los terminos siguientes del doctor Agustin 
Cazalla. «Pas6se la quaresma en oyr sermones de los grah- 
des predicadores que en la Corte avia, en especial tres, los 
quates eran el Doctor Constantino, el Comisario Fray Ber- 
nardo de Fresneda, el doctor Agustin de Cazalla^ predicador 
d'el Emperador^ exeelentis$imo thedlogo y hambre de gran doc'- 
trina y ehquencia (1). 



(i ) tEl feliciiiimo vuge del muy dto y may poderoio Principe 

21 . 



—.162— 

Tales son las palabras de Calvete de Eslrella en loor 
de Gazalla ; tan grande fama tenia entre los catolicos este 
doctor protestante, cuando aun no se habia dejado arras- 
trar de las doctrinas Interanas. 

La Inauisicion en todos los espurgatorios mando 
borrar del libro de Calvete las razones copiadas , pero 
' en algunos ejemplares, a pesar del rigoroso oelo del Santo 
Oficio, se conservan como una prueba de la fama que 
dentro y fuera de estos reinos tenia Cazalla, el cual se- 
gun el dicho de otro autor contemporaneo (1), era de 
los mas eloquehtes en el pulpito de qtMtUos predicavan en 
Espaila. 

Este doctor Aie llevado por Carlos V a Alemania para 
que con su elocuencia convirtiese a la religion catolica a 
muchos de los que andaban desyiados de ella. Alii con el 
trato familiar de algunos de estos abjuro secretamente las 
maximas que aprendio en ^u niikez y juventud, y volvio a 
Espafta con el fin de derramar sus nuevas opmiones en 
el animo de sus amigos y allegados. En Salamanca^ de cu- 
ya iglesia era canonigo, en Toro y en Valladolid comenzo & 
difundir las doctrinas de la reforma, de las cuales se hizo 
caudillo en Espafta. 

Todos los autores catolicos que escribieron del suce- 
sOf oonvienen en que Cazalla en Valladolid y Constantino 
en Sevilla iueron los cabezas de la conjuracion luterana 
en estos reinos. 

Preso Cazalla por el Santo Oficio y acusado de sus- 

tentar de palabra las opiniones protestantes, nego cuan- 

* tos cargos le dirigieron sus jueces, hasta que llevado a la 

camara del tormento, temeroso del suplicio, declaro que 



don Fdipe, hijo del Emperodor don Cdrhs Quinio, Mdxmo, desde Es- 
pafia d ius tierroi de la baxa Alemaiia con la descripcion de todos hs 
Estados de Brabante yFlandes, escripto en quatro IWros por Juan 
Christ&cal Caboetp de Estrdla. En Aneere en casa de Martin Nucio^ 
1552. > (Ubro4.«) 

(i) Gonsalo de IIl«8cas. — Historia Pontifical. 



• 

86 habia separado de la Religion Gatolica, y que estaba 
pronto a reducirse al gremio de la Iglesia si se le permi- 
tia abjurar con penitencia en auto publico. Pero los in- 
qutsidores se negaron a salvarlo de la pena de muerte, 
porque constaba de la declaracion de muchos testigos que 
el * reo habia enseKado sus doctrinas. 

Era hombre de animo inuy debil el doctor Anistin 
Caaudla; y creyendo que la compasion entraria al cajM> en 
el animo de sus bai*baros jueces, se del;ennin6 a dar gran- 
des sehales de arrepentimiento desde la hora en que supo 
su fin cercano. 

Apenas se vio en el tabladd sin sus rOpas clericales, 
con el sambenito sobre sus* hombros, con coroza en la 
cabeza y eon un dogal al cuello, comenzo a Uorar ver- 
gonzosamente. Algunos de sus compaikeros afearonle su 
ruin proceder, propio de un animo najo, no de un hom- 
bre que por su saber habia pi'etendido pcupar en Es- 
paiia el puesto que Lutero tuTo en Sajonia. Pera las 
razones ae sus amigos no sirvieron para enfrenar su Uan- 
to, ni para encubrir al menos la flaqueza de su corazon 
a los ojos de los Jueces y de los verdugos. A las palabras 
de aquellos que nieron sus parciales en las doctrinas, res- 
poncua con seikales de estar arrepentido de sus errores y 
con pedir al infame tribunal su reconciliadon con la 
Iglesia Catolica. Y Uego a tanto el temor de la ho^ 
guera en el animo del. desventurado Cazalla, . que pre- 
dico en el mismo quemadero a sus amigos, ezhortan- 
dolos a separarse de sus doctrinas en aquella hora ter- 
rible, y a morir en la religion que pretendian defender 
sus jueces. 

Agustin Gazalla, que ya se habia confesado el dia an- 
tes del suplicio, vobrio a confesarse en el momento de es- 
tar puesto en la argolla para ser reducido a cenizas. Vis- 
tas tantas muestras de arrepentimiento, los inquisido- 
res dijeron que se podia con Gazalla usar de misericor- 
dia ya que este infeliz con tantos ruegos y con tantas ac- 
ciones nunes la habia solicitado. Redu jose, pues, la piedad 



— 164— 

• • • 

de los jueces a mandar que le diesen garrott, para que las 
llamas devorasen solo su cadaver (1). 

No dejaron de sacar los inquisidores algun provecho 
de la muerte del doctor Agustin Cazalla. Uno de los reli- 

S'osos que asisderon al auto, publicopor orden del Santo 
ficio^ un documento en que fcertificaba que, por cuanto 
habia oido de los labios del Aereje y yisto (en su rostro y 
ademane^ desde la bora en que le fue nolificada la sen* 
tencia de su trajico fin, creia evidentemente que Dios lo 
habia recibido en su seno, perdonando sus errores. En el 
vulgo de Yalladolid corrio entonces la voz de que Cazalla 
habia pronosticado en la bora de su muerte, que en prueba 
de su salvacion etema, al si^iente dia del suplicio iba a 
pasear las calles de aquella villa cabalgando sobre un po- 
tro bianco para confusion de los incredulos. Esta noticia 
habilmente esparcida por la sagaoidad de los inquisido- 
res, hallo grata acogida en los rudos animos de la plebe 
ignorante y novelera. Y a tal punto llevaron la ficcion los 
autores de tan ridicula patrana, que el dia despues de 
morir Cazalla un caballo olanco rejido por un inmiible jir 
neie^ . anduvo por las calles de Yalladolid, difundiendo el 
asombro sobre el vulgo, amedrehtado ya con los rigores 
del Santo Oficio. Paramo, en su OT^e% de la Inqutticim^ 
(tit. Ill, cap. Y), revere este suoeso. Asi se engafiaba en 
aquel siglo. 

il ) Gonfalo de Illescas, te$tigo del auto de fe, cnenta de este 
08 iUtimos instantes dA doctor Cazalla. cDespoea qne cat el 
cadako Uego y se tIo degiudado actualmente eon coroza en la cabe- 
za y dogal al cnello, fueron tantas sus Itfgrimas y tan eficaces.las 
palabraS'de penitenciay arrepentimiento, que dijopiiblicamente, (pe 
ambicion y malicia le nabian becho desTanecer: que sn intencion 
babia sido turbar el mnndo y alterarel sosiego de eslosreinos cones* 
tas npTedades, no mas de porqae taro creido que seria soblimado j 
adorado por todos en Espana com.6 otro Lutero en Saxonia, y que 
quedarian algnnos disapulos crae tomasen apellido de Cazalla. > Otro 
autor catolico (Fr. Juan de Saiazar) en su Fplitica Espafiola, .(Lo- 
crouo, 1649.) dice, <que Cazalla se bizo luterano i causa de no ha- 
berle premiado Carlos Y, segun $u preiumeiom y ambicifm, • 



FRANCISCO DE VIBEIO CAZALLi. 

hermano del doctor Agustin, y cura del lugar de Hormi- 
gos, en el obispado de Palencia, siguio las mismas opi- 
niones. Preso por el Santo O^io mostro arreoentimiento. 
Pero los jueces creyeron que no habia verdad en las pa- 
labras de este hereje, sino miedo de morir quemado: y 
por tanto lo condenaron a la ultima pcna. Francisco de 
Vibero Gazalla, oyendo las exhortaciones de su hermano 
Agustin, hizo un gesto como de desprecio, se burlo de , 
las seiiales de contricion que -manifestaba el caudillo de 
los protestantes castellanos, y murio en las llamas con 
una serenidad digna de la mayor admiracion. 

mU BEATRIZ VIBERO CAZALLA, 

■ 

hermana de estos herejes. 

ALFONSO PEREZ, 

presbitero det Palencia y maestro en teologia. 

D. CRISTOBAL DE OCAIPO. 

vecino de Zamora, caballero dd Orden de S* Jufta y ii* 
mosnero del Gran Prior de Gasdlla y Leon del (Men de 
S. Juan de Jenualen* 

CRISTOBAL DE PADILLA, 

caballero Zamorano. 



—166— 
platero en VaUadolkl. 

IL LICENCIADO PERH DE HERRERA, 

jiiez de contrabandos en la ciudad de Logrono. 

mh CATALINi DE ORTEGA, 

viuda del comendador Loaisa, hija de Hernando Diaz, fis- 
cal del Consejo Real d^ Castilla. 

CATALINA ROMAN t ISAREL DE ESTRADA, 

vecinas de Pedrosa, y 

JDANA RLAZODEZ, 

criada de la Marquesa de Alcaiiices, murieron en el gar* 
rote por haber confesado sus opiniones luteranas en el 
quemadero. «Todos se retractaron piiblicamente, (dice 
Ulescas), aunque de algunos de ellas h tuvo eniendido que lo 
haxian nuu par temar de marir quemados vivas^ que nopar otro 
buen /(n.» De esta suerte discurria un autor catolico'acerca 
del fingido arrepentimiento que en su^ ultima kora mos- 
traban los protestantes espaiioles. 



—167— 

EL BACHILLER HERREZHELO V LEMOR DE 

CISNBROS, 

En el auto de fe celebrado por el Santo Oficio de Va- 
lladolid el dia 21 de Mayo de i5o9, para castigo de algu- 
nas personas que habian caido por su desventura en los 
errores luteranos, salio el bachiller Antonio Herrezuelo^ 
jurisconsulto sapientisimo, y do&a Leonor de Gisneros su 
mujer, dama de veinticuatro alios de edad, discreta y vir- 
tuosa a maravilla y de una hermosura tal, que parecia fin- 
gida por el deseo. 

Herrezuelo era hombre de una condicion altiva y de 
una firmeza en sus pareceres, superior a los tormentos del 
Santo Oficio. En todas las audiencias, que tuvo con sus 
jueces, despues de recluso en las carceles secretas del tribu- 
nal de Yalladolid, como reo sospechoso enjlas materias de 
la fe catolica, se manifesto desde luego protestante, y no 
solo protestante, sino doCTiatizador de su secta en la 
ciudad de Toro donde hasta entonces habia morado. 
Exigieronle los jueces de la Inquisicion que declarase 
uno a uno io3 nombres de aquellas personas, Uevadas 
por el a las nuevas doctrinas ; pero m las promesa^, ni 
los ruegoSy ni las amenazas bastaron a alterar el propdsito 
de Herrezuelo en no descubrir a sus amigos y parciales. 
^Y que mas? ni aun los tormentos pudieron quebrantar 
su constancia, mas firme que envejecido roble 6 que so- 
berbia pefta nacida en el seno de los mares. 

Su esposa doiia Leonor de Qsneros, presa tambien en 
los calabozos de la Inquisicion, al fin debil como joven de 
24 alios, cediendo al espanto de verse reducida a la estre- 
chez de los nesros paredones que formaban su cared, tra- 
tada como dehnquente, lejos cie su marido a quien amaba 
aun mas que a su propia vidai fiada en las engafiosas es- 
peranzas de ventura con que su cariiio la lisonjeaba, r&- 
celando perderlas para $iempre como sombra que se va 



— 1«- 

de entre las manos, y temiendo todo de las iras de los in* 
quisidores, declaro haber dado franca entrada en su p&- 
dbo a los erj:ores de los herejes, manifestando al propio 
tiempo con dulces lagrimas en lo& ojos sn arrepentiniiento. 
^Y quien podria resistir a las armas de su llanto, a las vo- 
ces de su dolor y al atractivo de sus palabrad? ^Greyeron 
a doiia Leonor de Gisneros los inquisidores. jTan pande 
es el poder de la hermosiira y de unos ojos de mu)er que 
llora! 

Llegado el dia en que se celebraba el auto de fe con ' 
la pompa conveniente al orrallo de los inquisidores, sa- 
lieron los reos al cadalso y aesde el escucharon la lectura 
de sus sentencias. Herrezuelo iba a ser reducido a cenizas 
en la voracidad de una hoguera: y su esposa doika Leonor 
a abjurar las doctrinas luteranas, que hasta aquel punto 
habia albergado en su alma, y a vivir, a voluntad del 
Santo Oficio, en las casas de reclusion que para tales de^ 
lincuentes estaban preparadas. En ellas, con penitencias 
y sambenito recibina el castigo de sus errores y una ense- 
nanza para eh lo venidero desviarse del camino de sii per- 
dicion y ruina. 

Cuando Herrezuelo descendio del cadalso y vio a su 
esposa en habito de reconciliada, ya no iue senor de si; 
pues su indignacion no podia estar por mas tiempo en- 
cerrada en las carceles del silencio. «^£m es el apredo de 
la doetrina que te he emefiado en sets aiiosfn dijo Herrezuelo^ 
ardiendo en'rabia contra su dcsdichada consorte; y en 
aquel mismo instante, le dio con la punta del pie, como 
en seftal de menosprecio, 6 mas bien para afearle su fla-* 
queza# La infeliz dofka Leonor, callanao, sufrio la injuria 
que le hacia su esposo; y separada del bien de su vida 
para siempre; de la persona a quien tanto queria^ y a quien 
por iSdtima vez contemplaba con luto en el coi;azon y con 
espanto en Jos ojos; del hombre que amaba como a cosa 
divina y que en la bora de morir le daba tan seiialadas 

firuebas de odio y de desprecio, volvio a sus prisiones para 
amentar t^on su desdichada suerte el fin de su marido. 



ffl l>acliiUer Herreeado oamino rasudtamente al que- 
madero entre los demas herejes. Desde aqud mismo puntd 
desecho ia memoria de la esposa con quien kabia vivido 
en hrazos de la felkidad durante el espado de seh aAoa, 
y no penso mas que en morir con d valor propio de un 
marlir de una causa presentada a sus ojos como santa y 
como justa, por los degos errores que habian deslum- 
brado y deslumbraban su no vulgar entendimiento. Por 
las calles iba cantando salmos y repitiendo en alta voz pa* 
sajes de la Biblia. Los inquisidores indignados de su pro- 
craer, mandaron cerrar sus labios con una mordaza, pero 
nada basto a derribar la firmeza de Herrezuelo. El cdle- 
bre predicador de Carlos V, Agustin Cazalla, cabeza de 
los berejes en Valladolid, que bien por miedo a ser que- 
mado vivo, bien por verdadero arrepentimiento, dio se- 
ftales de estar dispuesto a morir en la Religion Catolica, 
predico junto a la hoguera k su amigo, con el fin de con-* 
vertirlo.6 de lograr al menos que con solo abjurar aun^ 
que falsamente sus opiniones, las llamas consumiesen el ca- 
oaver de Herrezuelo pero no su cuerpo en vida. Todas 
las diligencias de Cazalla fueron inutiles, Sus palabras se 
Uevo el viento sin que ballasen entrada en d alma de su 
compai&ero, y este sufrio la muerte con la mas admirable 
oonstanda. El dckrtor Gonzalo de lUescas, testigo de este 
auto de Fe, eiienta el fin de este hereje con las siguientes 
palabras : 

mSoIo d bachiller Herrezudo estuvo pertinacisimo y 
se dejo quemar vivo con la mayor duresa que jamas se 
vio. Yo me halle tan cerca de el que pude ver y notar to- 
dos sus meneos. No pudo bablar, porque por sus blas- 
femias tenia una mordaza en la lengua, pero en todas las 
cosas paredo bombre duro y empedemido y que por no 
doblar su brazo, quiso antes morir ardiendo, que creer 
lo que otros de sus compafieros. Note mucho en el que 
aunque no se quejo, ni hizo estremo ninguno que mas- 
trase dolor, con todo eso murio con la mas estraika tris- 
teza en la cara de cuantas yo be vislo jamas, tanto que po- 
nia espanto mirarle d rostro. » 22 



• I 



—17©— 

Una rdacion de este auto de fe que tuvo a la vista 
liorente, cuando compuso la historia dd Santo OAciOy 
afirma que cierto alabardero, no pudiendo. contener su ira 
al Ycr la dureza y pertinacia con que moria Herresnelo, 
le ocasiono una herida en el pecho: propia accion de un 
hombre vil y cobarde contra un enemigo valeroso sujeto 
de pies y manos con gruesas cadenas, cerrada su boca con 
una mordaza, y al propio tiempo afligido por las llamas 
que comenzaban a devorar su cuerpo. 

Tal fin tuvo el bachiller Antonio HerreEuelo,. victima de 
su constancia y de sus opiniones. Pent su horrible moer- 
te y las palabras con que antes reconvino a su mujer, no 
fueron aadas al olvido por esta bella y gcnerosa dama: an- 
tes bien bastaron a levantar su animo, nasta el estremo de 
declararse abiertamente admiradora de las doctrinas de 
Lutero, que habian Uevado a su marido a fenecer en la 
hoguera. Don Juan Antonio Llorente. ni una palabra di- 
ce acerca del fin de dona Leonor : las historias M. S. S. de 
Valladolid callan tambien acerca del mismo asunto; y las 
tradiciones que existen de este suceso estan reducidas tan 
solo a lo que el citado lUescas cuenta en su Uisiaria Panti' 
peal y Catolica. En 26 de Setiembre del afto de 4568, 
(esto es, nueve alios despues de la muerte del marido) nse 
hizo justicia de Leonor de Cisneros, mujer del bachiller 
Herrezuelo : la cual se dejo quemar viva^ sin que bastase 
para cohvencerla diligencia ninguna de las que con ella 
se hicieron, que fueron muchas.... pero al fin ninguna cosa 
basto a mover el obstinado corazon de aquella endurecida 
mujer. » Perdio la vida en la edad de treinta y tres a&os. 

Sin duda esta valerosa dama, heinda en lo mas vivo 
de su sentimiento por las palabras y acciones de despri^ 
cio con que su marido la injurio publicamente^ poco an- 
tes de morir, y al propio tiempo, nabiendo adquirido no- 
ticias fieles de la constancia con que Herrezuelo sufrio el 
espantoso suplicio de la hoguera, volvio a las doctrinas lu- 
teranas. La pena, el amor, la compasion y la memoria 
de su esposo lueron parte a desterrar de su pecho la fla-* 



queza inujonl^ y a animaria hasta el punto de imitar en 
la mueite al hombre a quien idolalraba. Tal vez el re- 
cuerdo de Herrezuelo le daba nuevo aliento en tanto que 
lo8 verdugos aumentaban la lefta en el (uego que consu- 
mia sus cames delicadas. 

|Infelices esposos, iguales en el amor, iguales en las 
doctrinas e iguales en la muerte! ^Quien nenra una la- 

5 lima a vuestra memoria .y un sentimiento de horror y 
e desnrecio a unos jueces que en vez de encadenar a los 
entenmmientos con la dulzOra de la palabra divina, usa- 
ron como armas del raciocinio, los potros y las hogueras? 
Con el infame suplicio del bachiller Herrezuelo separaron 
de la Religion Gatolica el alma arrepentida de dofta Leo- 
nor de Gsneros. Con el barbaro castigo hecho en la per- 
sona del esposo hicieron perder al mundo dos vidas, y al 
cielo dos almas, si Dios no abrio compasivo las puertas de 
su misericordia a Herrezuelo y a Leonor, tristes victimas 
de sus opiniones y de la intolerancia de los jueces del San- 
to Oficio. 

Al propio tiempo fueron castigados con la nota de 
infamia, perdida de titulos y bienes 



D. PEDRO SAMIENTO DE RAJAS, 

protestante, vecino de Pidencia, caballero del Orden de 
oantiago, comendador de Quintana, e hijo de don Juan 
de Rojas, primer marques de Poza. 

D. LDIS DE ROJAS, 

hijo primogenito del primog^ito del mismo marques de 
Poza. Fue condenadojK>r la misma causa a desderro de 
Midrid, Valladolid y Palencia, sin permiso de ausentarse 



— I7t— 

dt Espafia, a oonfiscacion de bienes y a perdor A dere- 
cho de sacenon en d marquesado. 



MM imWL m FIGDEBOA, 

esposa de don Pedro Sarmiento de Rojas, se vi6 tambien 
castigada por el Santo Oficio con samkenito, carcel per* 
petda y confiscacion de biene?. 

DOSA MA HENRIOIM DE ROJAS, 

hija de don Alfonso Henriquez de Almansa, marques de 
Mcaflices, difiinto en aquella sazon, tenia veinticaatro 
alios de edad cuando salio con sambeniio al auto de fe 
por luterana. Era dama de gran ingenio y.erudicion; doc^ 
ta en la lengua latina, y admiradora de las obras de Gal- 
vino y del prolestante espafiol G>nstantino Ponce de la 
Fuente: las cuales habia leido con suma devocion e inte* 
ligencia. Desde el auto de fe paso de orden de los inqui- 
sidores a un monasteiio en donde estuvo recliisa lo re»- 
tante de su vida. \ ' 

Mk UBU DE BOJAS, 

monja en el conyento de Santa Catalina de Valladolid, de 
edaa de cuarenta alios y hermana de do&a Elvira de R(h 
jas, marquesa de AlcaRices, tambien fue por luterana sa- 
cada con sambenito en el auto de fe. La sentencia que 
le impusieron los inquisiddres, se redujo k perpetna re- 
elusion en su propio conyento, a ser en el coro y refecto^ 
rio la ultima de la comunidad, y 4 estar prhrada de yolo 
activo 6 pasivo. 



—ITS— 

■ 

mk nuHcncA wm m baeza, 

X 

beata de Yalladolid, e hija de Alonso de Baeza, .contador 
del rey. 

Mk CONSTMZA DE fIBERO CAZALLA. 

hennana del doctor Agustin y viuda .de Hernando Ortiz 
tambien contador del rey. 

D. JVAfll DE YIBERO CAZALU. 

iFecinp de Yalladolid, y hermano igualmente del doctor 
luieraiio, y 

mM JIIANA SILYA DE RJBERA, 

4 

wa esposa, e hija no legitiina del marques de Hontemayor, 
Mcaron saitibcnitos en el citado auto por herejes protes* 
tantes, y fueron condenados por la mquisicion a ca 
perpetua y a confiscacion de bienes. 

ISABEL wmm, 

criada deDofta Beatris^ Vibero Cazalla;. 



—174— 



ANTON IINGDKZ, 

hermano de Isabel y vecino de Pedrosa. 

DANIEL DE LA CDADRA, 

vecino de este inismo lugar. 



D. JDAN DE DLLOA PEREIRA, 

caballero y comendador del Orden de S. Juan de Jem* 
salen, vecino de Toro; e hijo de los sefiores de la Mota. En 
el citado auto de fe salio con sambenito, y en el escucho 
su sentencia reducida por la beni'enidad de sus jueces a 
earcel perpetua, confiscacion de bienes, nota ae infa- 
mia, innabilidad para honores, a despoio de su habito 
y cruz, y a privacion, si se le absolvia ae la earcel per- 
petua, de residir en la corte, Valladolid y Toro, y de au- 
sentarse de Espafia. A ruegos de muchos de sus amigos, 
en 1864 el inquisidor general dispenso de todas las di* 
chas penitencias en cuanto pendia* de su autoridad k don 
Jhian de Ulloa Pereira, en la confianza de que este caba- 
llero estaba verdaderamente arrepentido de sus errores. 
D. Juan deseoso de adquirir de nuevo sus bienes, su li- 
bertad y sus bonores, acudio en 4565 al Papa, represent 
tandole los muchos y buenos senricios que en las galeras 
de la religion de Malta habia hecbo a la fe cristiana contra 
los infieles, no solo en la presa de cinco naves al pirata Cara- 
main, arraez turco^ sino tambien en las jomadas de Argel, 
Bugia y otros lugares de Africa. El Pontifice espidio un bre- 
ve en o de Junio de 1565, volviendo a este caballero sus ho- 



nores, siempre que el inquisidor general en Espafia j el 

Gan maestre de Malta no pusiesen reparo. D. Juan de 
loa recobro al fin sus dignidades despues de tales per- 
secuciones* Tan grandes nabian sido sus antisuos servi- 
cios a la fe cristiana, que bastaron a borrar del aniino del 
Papa, de la hiquisicion y del maestre de su Orden la in- 
dignacion en que habia caido este esforzado guerrero por 
seguir las opiniones luteranas. Por otra parte, UUoa era 
hiuto famoso en su tiempo; pues por su valor y conoci- 
mientos militares y politicos, .antes habia merecido del 
Cesar Carlos V el baston de general y la cenfianza de po- 
ner bajo sus ordenes un ejercito numeroso en Alemania 
y Hungria. 

Predico el sermon de fe en el auto famoso celebrado 
enValladolid contra los protestantes espaiioles el celebre 
Melchor Cano. Pero antes se acerco el inquisidor don 
Francisco Baca al solioen que estaban sentados el principe 
don Carlos y su tia dofta Juana^ princesa gobemadora de 
estos reinos, y les tpmo ^olemne luramento de favorecer en 
todo tiempo y lugar al Santo Oficio y darle estrecha cuenta 
de lo que hubieren obrado 6 dicno contra la fe y de lo 
que oyeren decir 6 \ieren hacer a otra cualquiera persona. 
La osadia del inquisidor en pedir semeiante juramento a 
loa principes que asistian al auto tuvo sm duaa origen en 
una disposicion de los rey es Catolicos don Fernando y dofia 
Isabel, en donde se mandaba que el magistrado, presidente 
en tales ceremonias, hiciese pleito homenaje de acatar y de- 
fender las providencias del Santo Oficib. Don Carlos y 
doila Juana prestaron el juramento que se les exigia : la 
una porque creyo sin duda que al hacerlo caminaba por 
una senda frecuentada de todos, 6 cumplia con un deber sa- 
grado de conciencia, y el principe don Carlos porque no 
estaba en edad de comprender la malioia de los inquiai- 
dores. No tenia entonces mas que catorce aiios, y aun no 
se habia encendido 6 despertauo en su corazon el odio 
contra los cortesanos y frailes que cercaban al rey su padre: 
los cuales lo llevaron a un temprano fin con asombro de 



£ 



—176— 

9 

Europa, segun dcmwlnre en <itro lu^ de la presenle 

historia. 

Aonque fiieroa tantos los quemados y oprimidos con 
ignominibsas penilencias en el citado auto de fe, resenra- 
ronae por los mqutsidores a los mas de los presos por Iv* 
teranismo y de los mas notables, para con ras castigos mk 
lemnizar la llegada a'Espa&ade Felipe II : festejo may pro- 
io de este monarca, cuyo reinado en faiglaterra con la 
bara Maria Tudor habia terminado despues de abrasar 
en las hogueras a multitud de protestantes. 

El auto se celebro el dia 8 de Octubre del mismo afto 
de 1559. Para mayor decoro y solemnidad, estie pia- 
dosisimo monafca creyo oportuno asistir a la ejecucien de 
estos horrores con toda su corte, y recrearse en la espan- 
tosisima muerte de muchos de sus vasallos, ilustres ya por 
la sangre, ya por la virtud, ya por las letras. En su com- 
paftia estuvieron su hijo, su sobriho el principe de Parma, 
tres embajadores de Francia, el arzobispo de Sevilla, los 
obispos de Palencia y Zainora, y otro§ electos aunque no 
consagrados, el Condestable de Castilla, el Almirante, el du- 
que de Najera, el de Arcos, el marques de Denia despues 
ouque de Lerma, el marques de Astorga, el conde de UreAa 
despues duque de Osuna, el conde, despues duque de Be* 
navente, el conde de Buendia, el ultimo gran maestre del 
orden militar de Montesa don Pedro Luis de Bor ja, hermano 
del duque de Gandia, don Antonio de Toledo ffran prior de 
Castilla y Leon del orden de S. Juan de Jerusalem. Ademas 
asistieron otros grandes de Espatia muchos en numero, la 
condesa de Ribadabia y otras seftoras de la mayor nobleza, 
los consejos, los tribunales, y a mas otras personas de aii- 
toridad. El cordobes don Diego de Sinuincas, secretario en- 
tonces del Santo Oficio y despues obispo de Zamora, dice en 
una de sus obras (1 ). nSe celebro solemnisimamente el auto 



(i) La Tida y cosas notables del Sr. obispo de Zamora dba 
Diego de Simaacas^ natorai de Cordoba, escrita por ^1 mismo. M. S. 
«{iie pifra en la bibHoteca de la Gitedral de SeTiua. 



—177— 

deaquettos herejesenlaPlau^MaytMren un taUado para los 
reoSt heeho de nuevainvmeion para que ds toda$ partes pudieien 
UT msto. Juntaronse en otros tablados todos los Consejos 
y personas principales ; y fue tanto el concnrso de gente 
que vino de toda la comarca, quese creyo que con las del 
pueblo que alii estaban podrian ser 200.000 personas. » 

De esta suerte el piadosisimo rey, la clerecia, la no* 
hleza y el pueblo acudtan con tumultuaria priesa a sola* 
zarse en un divertimiento, propio de los caribes 6 de los 
aatiguos tnejicanos. 

. Despues del sermon y antes ,de leer los procesos de 
los que iban a ser castigados^ di)o a Felipe II el pardenal 
arzobispo de Seyilia don Hernando de Valdes, inquisidor 
general, Domine adjuha nas. El rey se levanto y saco la es- 
pada en sefial de que con ella defenderia al oanto Oficio. 
Luego el arzobispo leyo una minuta que el dia antes habia 
ordenado don Diego de Simancas, la cual decia asi : 

ttSiendo por decretos apQstolicos y sacros canones, or- 
denado que los reyes juren de favorecer la santa fe cal6* 
lica y Religion Cristiana ^Y. M. jura por la santa Cruz, donde 
tiene su Real diestra en la espada, que dara todo el favor 
necesario al Santo Oficio de la Inquisicion y a sus ministros 
contra los herejes y apostatas y contra los que los defen- 
dieren y favorecieren, y contra cualquiera persona que di- 
recta 6 indirectamente impidiere los efectos y cosas del 
Santo Oficio ; y farzard a todos los siibditos y naturales a 
obedecer y guardar las constituciones y letras apostolicas^ 
dadas y puolicadas en defension de la santa fe catolica con- 
tra los herejes y contra los que los creyeren, receptaren 6 
favorecieren?» 

Felipe II respondio : An lo jura. 

El primero que salio al auto para ser castigado con la 
pena de fuego fue 

DOlCiRLOS DE SESO SESSE, 

caballero natural de Verona y de una de las mas ilustres fa- 

23 



miliasde Itdia. Era gnn emdyko,y liabia sevyidoporema- 
CIO de muchos alios a Garios V en los e|erGitos impeiialeB, 
y 'despues en el oficio de correffidor politico de la ciudad 
de Toro. Estaba casadd con doiia Isabel de Castilla, hija 
de don Francisco de Castilla, descendienle del i*ey don 
Pedro I^ y era vecino de Yillamediana, lugar oenca de Lo- 
grono. Segun resulto de varia3 declaraciones de otros 
presos, el autor del luteranismo que bubo en Valladolid, 
Palencia y Zamora y demas pueblos de la comarca fue este 
caballero : el cual, despues de recluso en las carceles s^ 
cretas de la Inquisicion y condenado a muerte, escribio el 
dia antes del auto de fe una confesion toda luterana, di- 
ciendo que aquella era la verdadera doctrina del evangelio 
y no la que sc cnsenaba pervertida por la igtesia romana: 
que en tales opiniones hania vivido y que en ellas e^raba 
morir, ofreciendo a Dios su afrenta en memoria y por la 
pasion de Jcsucristo. 

Llorente, qu^ para formar la historia critica de la 
Inquisicion registro muchos y de los mas notables proccsos, 
de este tribunal^ dice hablando de la confesion luterana 
de don Carlos de Seso. «Es dificil pintar el vigor y la 
energia con que escribio dos pliegos de papel un hombre 
sentenciado a morir denlro de pocas boras. >» 

Cuando lo sacaron al auto, ai pasar por delante del solio 
donde tenia su asiento el rey Ft Jlpc 11, le dijo, que cimo 
lo dejaba quemar $iendo il tan gran caballero. A las cuales 
razones replico el Demonio del Mediodia. Yo traeri la 
lena para quemar a mi hijo si fuere tan malo como vo$ (1 ). Y 



(i ) Vease la bistoria dc Felipe 11 por Luis Cabrera. Baltasar 
Porreno «n los Dichos y hechos del rey don Felipe JI el prudent e (Se villa 
1639) dice liabhndo de los autos de fe en Valladolid. c AUi descu- 
brio grandemente su celo ; pues babieodo de casligar algunas per- 
sonas nobles por quien rogaron algunos grandes, movidos de com- 
pasion, respontlio S. M. con grande severidad. Muy bien ^ue la 
sangre nobler si estd manchada, $e purifique en el fuego ; y si la mta 
propia se manchare en mi hijo^^o seria el primeroque lo arrojass en 4L > 



en segnida dispuso que f apasen la 1>oca de don Carlos con 
una mordaza para que no profiriera mas^ blasfemias. Con 
eila estuvo este insigne varon todo el tiempo que duro el 
anto de fe. En el camino del quemadcro ibanle predi* 
cando para que se convirdese al catolicismo ; pero en valde, 
pues, cuando le ataron alpalo de su hogueray le quitaron 
la mordaza, dijo estas valerosas palabras: siyotuviera tiempo 
veriais como dmu>$traha que o$ condenais los que no me imitais, 
Encended esa hoguera cuanlo antes para morir en ella. No 
tardaron los verdugos en satisfacer los deseos de don Carlos ; 
pues arrimando fuego a la lefta, presto lo redujeron a ce- 
nizas. De esta suerte desafiaban los luteranos espanoles las 
iras de sus perseguidores, igualando en constancia y en 
valor, aunque no en la verdad de la doctrina, a los primeros 
martires de la iglesia. 

Otro de los presos ilustres que salieron a padecer el 
martirio en el segundo auto de fe en Valladolid fue 

FRAY mmm m rojas, 

fresbitero religioso dominico, e hija de los marqueses de 
oza. En una de las muchas relaciones que se escribieron 
acerca de este sueeso se lee : «Fr. Domingo ^c Rojas, fraile 
dominico, de ilustre generacion, salio el segundo con una 
cruz en la mano y con escapulario, y babito bianco, sin man- 
lo encima. Tuvo las mismas opiniones que don Carlos y 
algunas mas. Confeso algunas de las que se le oponian, 
aunque disimuladaihente. Demando liccncia a S. M. para 
hablar y dijo asi: « Yo tengo necesidad de decir ciertas co$a9 
yara aviso de V. M.y de muehds; y son que^ aunque yo salgo 
aqui en opinion del vulgo por hereje^ ereo en Dios Padre Todo^ 
poderoso. Padre 4 Hijo y Espiritu SantOy yen la santa Iglesia^ (y 
no dijo de Roma) y creo en la paiian de Cristo : lo cual sah 
hoMta a salvor a todo el mundo sinotra obra mas que lajusti^ 
feadofn del alma para can Dios; y en esto me pienso salviir.n 
Antes que acabaae cstas palabras postreras lo mando el 



rey retirar de alii, y el porfio tantx).y se abrazo a un ma- 
dero de manera que dos frailes no lo podian desasir, hasta 
que un alffuacil del Santo Oficio se abrazo con el y lo 
aparto al nn, echandole una mordaza que no b$ le quUd 
hasta que murid. Fueronlo acompafiando mas' de cieii 
frailes de su Orden, amonestandoley predicandole: a' todos 
los cuales respondia por el camino a cuanto le decian: iio^ 
no; que aunque con mordaza todo se entendia. TodaTia 
le hicieron decir que creia en la Santa Madre Iglesia de 
Roma, y con esto no lo quemaron vivo.»> 
Taml>ien salio a este auto 



JUAN SANCHEZ, 

de edad de 55 alios, vecino de Valladolid, natural de As* 
tudillo de Campos y criado de Pedro Cazalla, cura del lugar 
de Pedrosa en el obispado de Zamora. Recelando ser preso 
por la Inqtiisicion kuyo por el mar Cantabi*ko a Flandes, 
encubierto con el nombre de Juan de Vibar. Los jueces 
del Santo Oficio sitpieron su paradero por cartas que el 
escribio a dofia Catalina Ortega ^n saber que estaba presa 
por luterana, y avisaron al rev que se hallaba en aquella 
sazon en Bruselas : el cual dio las providencias necesarias 
para haberlo a las manos. Al caoo, en Turlingen, cayo 
en poder del alcalde de corte don Francisco de Ga^ 
tilla. Fue traido el paalaventurado Juan Sanchez a Va-p 
lladolid, recluso en las carceies secretas del Santo Oficio y 
condenado a muerte; para sufrir la cual salio al auto con 
mordaza. En la relacion ya citada se refiere su martirio 
en las si^ientes palabras. « Juan Sanchez, criado de Ca- 
zalla, salio lue^o con una mordaza. Tuvo las mismas he-* 
rejias; y mas, que se habia ido del reino. Respondio a la 
acusacion que todo era verdad y que en aquellas opiniones 
protestaba vivir y morir, porque estaba cierto de su salvackm 
en eUas;y semostroen todaslasaudiencias tanpertinaz que 



no confeso otni cosa.- Quemaronlo vivo ; y dicen que 
tando medio quemado se sollo del argolla, y fue saltando 
de madero en madero gran rato, diciendo: mUericardia^mi' 
MericcrdUL A lo cual llegaron los frailes y le dijeron que 
tiempo era de que Dios usase con el de niisericordia ; que 
se confesase: a lo cual dijo el que no se habia de confesar 
sine solo a Dios; y asi lo quemaron vivo. Este fue el mayor 
hereje pertinaz de todos«M 

Qtras relaciones de autos de fe afirman que Juan 
Smcliez, estando en lo alto del mastil, irio que don Carlos 
de Sesse se dejaba quemar vivo. Al punto en vez de pedir 
de nuevo misericordia, se burlo de los frailes que lo ei- 
kortaban a confesarse para morir lu^o agarrotado^ y se 
arrojo de cabeza en la nc^era. 

Los demas que salieron al auto a sufrir la pena de 
muerte, se confesaron para no perecer en las llamas sino 
en dl garrote. Sus nombres son 



PEDRO DE GAZALU. 

natural de Valladolid y con piiroco de la ▼ilia de Pedrosa. 

MHM SANdnZ. 

pRsbiterOf nacido en Villamediana cerca de LognAo. 

DOlU SIIFBOSIIU UOS, 



monja dei orden de santa Qara en Valladolid. 



-i«a— 



DOI^A HARIIU DE GdYABA, 



monja del convento de Belen del orden del Cister en la 
misma ciudad. 



DO^A CATALIM DE REYMSO Y DOlU lAtr 

GAJtlTA DE SiNTISTEJUN. 

t 

monjas tambien en este convento. 



PEDRO SOTELO, FRAI\CISCO DE AUANSA 

Y D0^4 HARIA DE IIRANDA. 

' • ■ • • 

monja en el citado convento de Belen. 

Tambien 8ali6 a este auto la estatua v-los huesos de 

. imk SANCDEZ, 

beata, vecina de Valladolid? la cual viendo9e presa en las 
carceles de la Inqiiisicion y conociendo que era inevitable 
su condenacion se hirio en la garganta con unas tijeras, de 
cuya herida murio a los pocos dias, habiendo 8ido inudles 
cuantas predicaciones y diligencias se hicieron para que 
se confesase ; porque ella quiso morir firme en las doc- 
trinas luteranas. 

Los castigados con sambenitos, cared perpetua, don- 
fiscacion de bienes y otras penas fueron 



. Mm mm DK CAsmu. 



nmjer de D. Carlos de Seso, 

DOM CATALM DE CAST1LL4. 
mU FKANCISCA DE Zfil^ljElA Y REMO, 

Mk mm Dl HEREDIA Y MfH CATAUNADE AlCARAZ, 

% 

mMJas todas en el titado convento de Belen. uLlevose la 
relacion del auto, dice D. Diego de Simancas eh su vida 
MS., al Papa Paulo lY y gusto mucho de ella e hizola leer 
delante de algunos cardenales; y dijo que por inspiracion 
del Espirilu Santo habian ]os neyes Catolicos aacfo orden 
en que se pusies^n inquisidores en Espana, para que no 
prevaleciesen en ella los herejes y concedio muchas gracias 
sd Santo 0(ic]0.» 

El mismq Sin^ancas dice tambien en su propia vida: 
i%En aquel tiempo entendiendo el rey de Francia que su 
reyno estaba Uenode kerejes envio a pedir a nuesifo rev, 
9U cufiadovqnele enviase'una relacion e informacion de la 
forma que se tenia en Espana de proceder contra los herejes. 
Dijolo el rey al inquisidor generally cl nos lo encargo a Valto- 
da^o y a mi, y la hiqimos^ y se le envio y comenzo por ma- 
no de los obi^BOs; inquisidores ordinarios, a proceder con- 
tra aquellos herejes, y fueron algunos presos; mas ellos 
eran tantos y tan favorecidos que no se ejecuto lo que 
convehia*» 



" '. •* A 



Felipe II se hallo presente en el quemadero e liizo 
que sus guardas, asi ios de a pic como los de a caballo 
ayudasen a la ejecucion de los tristes martires de I^l libertad 
de pensar, y se convirtiesen en miserables mozos de los 
verdugos que pagaba el inicuo tribunal del Santo Oft* 
.cio (1). Calumnias de los estranjeros para infamar a esle 
rev Uaman a la pintura de tan cruel accion del Demonio 
del Mediodia algunos escrllores guiados por la estupides, 6 
por la ignorancia 6 por un ciego resp^ al nombre de 
cronistas supersticiosos. Felipe II en poco sera calum-^' 
niado. Cuanto la caluinnia pudiera inventar en opfv^Mo 
de una persona, casi tanto se encuentra en los hechos,ver- 
daderos de este monarca. Su presencia en la niuerte in- 
feliz de los protestantes castduinos lo iguala con el fiaroK 
hi jo de la ambiciosa Agripina. ^ f 

Neron cuando el espantoso incendio de la toberiiia 
Roma mando prender algunos cristianos, como reos sos- 
pechosos en tan execrable delito, castigar a cuantos lo con- 
fesaban, y reducir tambien a la estrecnez de una dtrcA a 
todos aquellos que aparecian culpados por la delacion de 
otros delincuentes (2). 

(1 ) tHaUdM por e$to presente (Felipe 11) d ver ttevar y enirmwr 
al fuego muehoe dd\nquenie$, acompanados de sus gnardas de i[ P^ij 
de i. cavalio que ayndaron i la execncion.y (Lais Cabrera de G6f^ 
doba. Libro V de la Hiatoria de Felipe II, c^'tolo III.) 

cEsta (la fe) le bizo faTorecer tanto al Santo Oficio da Ulnqnifli- 
cion J ponerla en modo de consejo tan antoriiado, Esta le hUfO Oiiitir 
i los actos de fe como se yio en esta ciudad (Valladolid) adonde di6 
aqaella famosa sentencia queii(ndoseIe cierta persona principal. Si * 
mt hijo'fitere emUra la laUna Caidlka, y» Ueem^ los $armimUa$ pom 
fna (o quemen.9 Don Fray Agnslin Dtfyila, sermon pradicado en 
4598, en Valladolid. (Veanse los sennones fiineralet en las bonras 
del rey naestro senor don Felipe II con otros anadidos. En Se^ilUi 
en la emprenta de Qemcnte Hidalgo. Ano de 1600.) ' 

(S) f Igitor primo correpti, qni &tebanlQrt deinde indido eo- 
nun miutitndo ingens, hand perinde in erimine incendii^ qnnm odio 
bomanigenerisconvicti sunt. >^C. CanmliiTaciiiAimtiimn, LUmXT,) 

cFueron castigados al principio los que oonfesaban, jluego otros 
mncbos descobiertos por e^tos, no tanto por el deli to de incendio 
qnanto por ayerlos conyencido de qne tenian odio i. todo A g^ero 
bnmano. » (TdeUo traiucido par Siieyra, Aman^ 1S13.J 



—185— 

Felipe II, cuando el fuego *de la herejia comenzo a 
abrasar a Espaiia, dispuso la prision de muchos protest 
tantes, la pena de los que se nabian apaFtado de la reli- 
gion catohca y el encarcelamiento rigoroso de los que re- 
sultaban criminales por la declaracion de los ya castigados. 

Neron afiadia al tormento el vitupeno de yestir a los 
que eran tenidos por reos con las sangrientas pieles de 
norrendas y aun palpitantes fieras (1)« 

Felipe II, despues de los potros y demas tormentos, . 
se complacia en la ignominia de sacerdotes y caballeros, 
despojados de sus ropas y ataVios de dignidad 6 de liobleza, 
y en yerlos cubiertos de ridiculos sacos, en donde tiguras 
de sapos y lagartos, pintadas por la esclavitud a gusto de la 
soberbia de los jueces' inquisitoriales, llenaban de espanto 
y admiracion al vulgo necio y fanatico. 

Neron hacia despedazar a los cristianos por ham-* 
brientos perros, 6 ponerlos en cruces para en llegando la 
noche prenderles tuego (2). 

Felipe II mandaba agarrotar a los herejes 6 amarrarlos 
en el mastil de las hogueras para ser quemados en la hora 
de anochecer, despues de la lectura de los piocesos en las 
plazas publicas. 

Neron facilitaba sus jardines para el espectaculo in- 
humano del castigo de los delincuentes (3). 

. Felipe II prestaba los guardas de su real persona, a 

^ 1 ) tEt pereuniibw addita ludihria, ut ferarwn tergii eanteeti. t 
— (Ibidem.) 

f Anadiose i sus tormentos el yitv^erio de yestirlos con pellejos 
de fieras. > {El nUsmo aptor.J , 

(2) f Laniatu eanum interirem out crucibus aflixi aut flamman^ 
di, aique uln defedsset dies, in u$um noetumi lumitiis werentur, t — 
(Ibidem.) 

cY bacerlos despedazar por los perros 6 ponerlos en cruces, y 
en acabflCndose el diales pegayan fnego para que sinriesen de Inz a la 
noche. i — (El mismo anior.J 

(5) c Hortos 4U08 ei ipectaetdo Nero obitUerat. > — ( Ibidem . ) 

f Ayia Neron ofrecido sus jardines para este espect^colo. > — fEl 
mismo auiarJ 

24 



—186— 

los verdugos para qae contribuyesen a encender la leiia 
de las hogueras que habian de aevorar a los h^ejes. 

Neron y Felipe, e] uno atormentando a los cnstianos, 
y el otro reducicfndo a cenizas a los kerejes, pretendian de- 
fender con sus'crueldades la utilidad publica. 

Neron en habito de caiTeteroy entre la muchedum-^ 
bre popular estaba presente al desdicbado fin de los cris- 
tianos(l). 

I Felipe Il^con toda porapa y seguido de su estupida 
corte, contemplaba la horrible muerte de los protestantes 
que perecian abrasados en medio de las vivas llamas. 

. Neron se avergonzaba de que el pueblo lo viese con 
aparato e insignias imperiales, complaciendose en la espan- 
tosa destruccion de los delincucntes. 

Felipe II se honraba en presidir a los verdugos. 

Neron no se atrevia a demostrar su ferocidad ante el 
pueblo romano. 

Felipe II hacia ostentacion de ella ante el vulgo de 
Yalladolid y los ^randes de Gastilla. 

Neron, tan leroz, aunque mas hipocrita en sus mal- 
dades, es execrado por Tacito al hablar del terrible castigo 
de los cristianos. 

Eelipe II, i^almente feroz y haciendo del descaro de 
su cruelaad, disimulo de su mayor hipQcresia, es alabado 
y bendecido en las plumas de escritores antiguos,por ayu- 
dar con sus guardas a los verdugos inquisitoriales en el 
esterminio de los herejes. 

No merecio el generoso Britanico ser engendrado por 
el mismo padre que Neron. 

De Neron hubiera sido digno hermano Felipe IL Si 
ambos se hubiexan alimentado en el matemo seno de la 
soberbia Agripina, jamas viera Roma representar en los 



( 1 ) lEt circense ludicrum edebat habitu aurigcB permixtus ple^ 
hi, vei curricula insistens.* — (Ibidem.) 

c Yen liabito de carrelero, mctido entre el pueblo, 6 estando so- 
bre el carro, celebrabA el juego del circo.i — (El mismo autar.J 



—487— 

iieatros al Emperador con escandalo del pueblo y del se- 
nado, ni a Neron dominar desde el capitolio las aguilas 
imperiales que andaban esparcidas por el mundo, y que 
lu^o se juntaron para arrebatar de sus sienes la diade^ 
ma. Un cuchillo hubiera Uevado antes a su pecho la 
muerte, y un sacerdote del templo de Jupiter hubiera 
quitado de los hombros de Neron el manto de purpura 
para colocarlo en los de Felipe IL Pero si antes del cas- 
tigo de los protestai^tes no hubo un incendio que abraso 
a medio Yalladolid, a semejanza del que destruyo muchos 
barrios de la ciudad dominadora del Tiber, en lo^ tiem- 
pos del barbaro Neron, al aiio siguiente de 156i el do^ 
mingo 21 de Setiembre, dos horas antes de aparecer el 
puro albor de la maiiana por cima de los empinados mon- 
tes, un fuego espantoso, comenzo a mostrarse en la Costa- 
nilla de Yalladolid, sin que todas las diligencias que se 
hicieron, bastase a enfrenar la colera de las llamas. En 
espacio de treinta horas mas de cuatrocientas casas que* 
daron derribadas por la violencia del incendio. En ellas 
perecieron ricas mercaderias y sran cantidad tie trigo y 
de vino. La causa de tantas perdidas y dc tantos horrores 
se atribuyo a los amigos y parientes de los luteranos, pre- 
SOS por ei Santo Oficio 6 castigados con sambenitos y otras 
pemtencias en unas casas de Valladolid en el barrio de san 
Juan, levantadas para servir de reclusion a los reconciliados 
en los autos de le y recibidos de nuevo en el gremio de la 
iglesia catolica. Sin duda los autores creVeron que el in- 
cendio arreciaria hasta el estremo de recnidr a cenizas a 
la mayor parte de Valladolid, y juzgaron cosa facil salvar 
de ia ultima pena 6 poner en cobro a los castigados con 
sambenitos, mientras que la confusion y el espanto corrian 
sin freno por las calles de aquella populosa ciudad, que 
antes vio arder los huesos de Leonpr de Yibero, persegui* 
da aun en la tumba, el cadaver del debil Agustin Cazalla, 
y los cuerpos vivos del constante Herrezuelo y iu animosa 
consorte Leonor; de Francisco Cazalla,, baldon de la fla* 
queza de su hermano con las palabras y co>i d ej.emplo, 



—188— 

del corregidor de Logroiio D. Carlos de Sesse y del fiel y 
valeroso criado Juan Sanchez. 

Pero los intentos que tuvieron los parciales de los luto- 
ranos, si es verdad que con mano airada y escondida tea in- 
cendiaron tantas casas de Yalladolid, se desvanecieron como 
el mismo humo que levantaban las llamas. Con ruina 
de unas cuatrocientas casas quedo cortado el espantoso 
fuego, y destruido el proposito de los que. pretendian la li- 
bertad de sus amigos 6 de sus parientes. 

. El orguUo de los inouisidores quiso levautar para per- 
petua memoria de su triunfo Hn monumento infamatorio 
de los protestantes que perecieron en las ho^eras del 
Santo Oficio. Donde fue la casa de doiia Leonor de Yi- 
bero, fabrica deirribada por la ofendida colera de los teo- 
logos catolicos, se mancfo construir de piedra blanca un 
padron ignominioso de seis pies en largo y de media vara 
en ancho. Alii se leia para espanto de las generaciones 
yenideras, una inscripcion que declaraba el delito de los 
Gazallas, el nombre dd rey y del pontifice en cuyo tiempo 
se habia descubierto,y el tribunal que tuvo k su cargo el 
merecido castigo. En un angulo de la casa destruioa de 
doika Leot^or de Yibero y sobre unos escombros quese le- 
vantaban de la calle a Ik altura de tres varas^^xistio el mo- 
numento, kasta que los Franceses en 1809 lo arrojaron al 
suelo, para que este testimonio de la ferocidad kumana no 
permaneciese erguido insultando a los Jiombres, y ofen- 
diendo con el recuerdo de los atroces hechos inquisito- 
riales a la razon menos oprimida en este siglo. Los fran- 
ceses en su retirada dejaron el padron abominable, el cual 
para yergiienza nuestra aun se conserva en el mismo lugar, 
en donde fue erigido y luego derribado. 

En lo restante de la casa de Leonor de Yibero, fun- 
daron los jesuitas una parte de su colegio. Asi los buitres 
africanos nacen presa en los cadaveres que el mar arr6jp 
a la orlUa, despues que las tempestades desbaratan en las 
desnudas pefkas los bajeles corpulentos. 

Carceles^ potros, sambenitos, mordazas, hogueras, gar^ 



— 188— 

rotes, infamias de linages, confiscacion debienes, peipetuas 

Erisiones y todasuertede suplicios e ignominias, no basta- 
an a satisfacer el odio, la vanidad y la sed.de venganza que 
residia en las feroces hienas con habitos de minjstros del 
Santo Oficio. Quisieron etemizar el recuerdo de la vic- 
toria que ajcanzaron en caballerosaherrojados, en humil- 
des sacerdotes, en mon jas inocentes y en debiles damas : 
los cuales solo podian oponer para su defensa en la 'bora 
de la muerte, el emplazamiento de sus barbaros jueces ante 
el incori*uptible trinunal del Ser Supremo, 6 el pedir a Dios 
en la misma hoguera el perdon de sus verdugos. > . 

Huyo la humanidad al resplandor de las teas que 
iban a encender los maderos en donde estaban maniatados 
las doncellas y matronas y los caballeros y sacerdotes que 
seguian en Espana las doctrinas de la reforma. 

Llamada por el humo de las hogueras acudio en alas 
de la intolerancia la crueldad, enemiga del genero humano. 
Los lamentos de las victimas incitaban la colera de los ver- 
dugos para dar mas pabulo a las destructoras llamas que 
asi devoraban vivos a lbs herejes, como consumian los 
cuerpos palpitantes de aquellos que perecieron en el gar^ 
rote. Y ni aun las cenizas hallaban reposo en ignorada 
tumba, porque eran esparcidas por la tierra y entregadas al 
impetu del viento. Como trofeo del farisaico orguUo in- 
quisitorial, satisfecho de esta victoria contra los protes- 
tantes espaftoles, levantaron en Yalladolid los jueces del 
Santo Oficio, un padron de ignomihia para los que per^ 
dieron la vida en las hogueras. 

Este monumento'ya solo sirve de execracion para los 
que osa;ron erigirlo. Lia humanidad, no tan desvahda hoy 
entre los mortales, llora sobre ese padron infamatorio las 
memorias de cuantos perecieron al rigor de una barbara 
intolerancia por sustentar doctrinas hereticas. 

Los tiempos truecanse al fin ; la humanidad y la razon 
quebrantan las cadenas coti que la barbarie intenta opri^ 
mirlas, y el poder de los malos es destruido como la hoja 
que de la menuda yerba arrebatan los furiosos huracanes. 



LIBRO TERCERO. 



La admiracion de Espana^jdespues de tantos castigos, 
hechos por el Santo Oficio de la Inquisicion ^n personas 
insignes, asi por su notoria sabiduria como por sus virtudes, 
crecio liiego con la prision del arzobispo de Toledo D. Fray 
Bartolome de Garranza, acusado de naber caido tambien 
por su desventura en las herejias de Lutero y sus parciales. . 
Gaso estrano, no tanto por ser el reo la primera dignidad 
en la Iglesia espafiola, cuanto por las circunstancias oue 
hacian increible el supuesto delito. El arzobispo habia 
empleado su vida en prestar muchos y muy grandes ser- 
vicios a la sede apostolica^ ya en el ejercicio de teologo en 
el santo .Concilio de Trento, ya punlicando sus diversas 
obras latinas y castellanas, escritas contra los protestantes, 
ya convenciendo con su elocuencia en el pulpito a los he- 
rejes cuando Felipe II reino enlnglaterra^ya naciendo cas» 
tigar con la pena de fuego a cuantos estaban pertinaces en 
su ceguedad, ya en fin reduciendo a cenizas los libros de 
los heresiarcas. El constante celo, que manifesto en tan 
Yarias ocasiones, de conservar en su entereza y vigor la re- 
ligion catolica, no fuc parte a desvanecer en el Santo Oficio 
las sombras que habian comenzado a manchar su repu- 
tacion hasta entonces mas pura que la luz del mediodia. 



Los hombres siemprc somos mas faciles para creer las maU 
dades de nuestros contemporaneos que las virtudes. , Para 
aqueilas las puertas de nuestro entendimiento niinca estan 
cerradas, y para estas, Uenas de mil estorbos que embarazan 
el paso. Una sola accion que se presente a nuestros ojos 
como sospechosa nq mas, basta sin duda a borrar, de la 
memoria cuantos hechos ilustres hayan podido acabar en 
honra de su patria 6 de los suyos el objeto de nuestro odio 
6 de nuestras murmuraciones. 



DON FRAY BARTOLOIfi DE CABRAHZA, 

■ 

de fraile de la orden de predicadores, se vio elevado por 
Felipe II a la dignidad de arzobispo de Toledo, en premio 
de los muchos y buenos servicios que habia prestado a. 
la religion cat6lica^)r a la corona de EspaSa. Consagrado 
en Bruselas el dia 27 de Febrero de 1558 por el caraenal 
Antonio Perenot, obispo de Arras, mas conocido por el 
nombre de GranvelU^ tomo la vuelta de Espafia con el fin de 
entrar en su iglesia y poner en orden los asuntos de su ar- 
zobispado. Pero antes le fue preciso por mandato espreso 
y comision secreta del rev Felipe U, ir al monasteno de 
Yuste, del orden de San Geronimo, donde a la sazon vivia 
retraidp del mnndo, 6 mejor dicko, moria ya el victorioso 
emperador Carlos V ; pues, segun cuenta la historia esta- 
ba a punto de dar el ultimo suspiro y pasar a otra vida 
aquel monarca que sujeto con las fuerzas de sus armadas 
y ejercitos y con su saber y destreza militar tantos pue- 
blos y naciones,* tantos principes y tantos guerreros fa- 
mpsos. No se si desemp^o la comision a gusto de Fe- 
lipe II; pero imagino que no; porque desde entonces este 
rey cesd de proteger al arzobispo de Toledo, yaron a quien 
siempre habia Uevado consigo, y cuyos consejos le sirvie- 
ron en muchas ocasiones de norte y guia en las mas ar- 
riesgadas empresas. Ningun historiaaor refiere el objeto 



dH via|e' dctOaliraiiu a Yuste: todos dicen qile fue de 4rdw 
de Fekpe U ; mas ninguno declara el fin, ili tampoco ai 
este foe ajustado a los deseos de aquel moiiarca. Por 
Unto nada se^pone a mis conjeturas con respecto al prin- 
dpio de las adversidades de Carraiiza (i). Antonio Perez 
da a entender que nacieron, 6 por codicia de la presa en 
los inquisidores, 6 por arrepentimiento de Felipe'II en su 
eleccion para el arzobispado de Toledo, pero que prou-' 
dieron de causa muy. secreta. Como este politico dice, que 
uno de sus dooe memoriales la declara, y estos se han es- 
condido hasta ahora a las diligencias de los doctos, si np 
estan sepultados ya en las aguas del olvido, la ocasion del 
desabrimiento del rey con su protegido y constante ser- 
vidor, no puede ser paten te a nuestros ojos, a menos que 
las conjeturas nos lleven al camino de la verdad, cercaaos 
de mil dificultades, y a riesgo de caer en errores (2). 

Habia publicado Carranza unos Comentarios sobre el 
catiiecismo cristiano^ divtdtdos en cuatro partes : las cuales con- 
tienen todo lo que profesamas en el Santo Baixtismo. La obra 
fue dedicada a Felipe II e impresa en Anvers por Martin 
Nucio, el ano de 15d8 y no en Bruxelles como engaiiada- 
mente dijo Nieolas Antonio. Esta obra, de quien tanto 
se ha hablado, puede eonsiderarse como la piedra que 



(i) En el Eoitome de la vida y hechos del ineicto emperador 
Carlos Vpor don Juan Antonio de Vera y ZMiga, fEn Madrid por 
la viuda de Alonso Martin. — Aflo de i622.J se lee lo sif^iente, 
copiado sin duda de lo que dijo Sandoval en sa historia del C^sar. 

c Acompanaron el entierro j novenario siguiente del inmortal (en 
su uombre) Carlos V, demds desafamilia, el arzobispo de Toledo don 
Bartoloine de Carranza poco antes Uegado a' Yuste, y esperado con 
mucho deseo ^ei Cesar por aver entendido ddl algunas opinioaes no 
bien sonantes que le peg6 la asistencia de Ingalaterrd (que despues le 
trabajaron tanto) y deseava el catoUcisimo seuor renirle mucbo. » 

(2) Puede dezir mucbo en esta materia quien vio lo que pas- 
sava en la causa del arzobispo de Toledo, Miranda, que por indiffr 
nacion, 6 por la riqueza de la presa 6 por arrepentimiento en la 
ellection, procedida de causa muy secreta, [uno ue los 12 membria- 
les lo dirtO dec. (Antonio Perez, — Rriaeiones*) 

25 



9irvi6 de fitndanneiito principal k lai dcttdichas del amn 
bispo. Fr. Melchor Cano, Fr. Juan de Regla confesor del 
Cesar Carlos V, y olros religiosos que lenian mala Volan- 
tad a Garranza, leyeron anas tras otras lodas las paffinas 
del catecismo, con aquella detencion que inspira el deseo 
de encontrar Jbermosisimas flores entre (dantas Tenenosas. 
Estos en conversaciones y por escritos que corrieron de 
mano en mano entre personas sabias y nada devotas del 
arzobispo, derramaron voz de que en la tal obra no se en- 
cerraba mas doctrina que la luterana: nueva que escan- 
dalizo Ids animos de los amigos y enemigos del autor: los 
unos por creerlo incapaz de liaber compuesto cosa al^na 
que en lo mas pequeiio pudieie ofenaer a la religion de 
nuestros mayores, y los otros movidos de indignacion al 
ver cuan inconsideradamente y cuan sin meritos se habia 
dado la silla arzobispal de Toledo a un fraile, que despues 
de consagrado, su primer paso fue'entregar a la estampa 
un catecismo tan lleno de opiniones anticatolicas. P^ro 
^esta obra guardaba entre sus clausulas tales doctrinas? 

<<Mi intento (dice Carranza en el prologo) es poner 
por texto el cathecismo que tiene la Iglesia desde su fun- 
dacion, ordenado por cl Spiritu Sancto y pf omulgado por 
los Apostoles, y declararlo para el pueblo en lo necesario 
que ellos han de saber de su profesion, y tomar la decla- 
racion de la misma Escritura Sancta y de los padres anti- 
guoSy como ellos en su tiempo solian enseiiar a los que to- 
maban esta profesion, y sacar las malas yerbas que los 
hercjes de este tiempo han sembrado, sefialando en cada 
lugar las malas y poniendo las buenas. En todo cuanto 
he podido, he procurado de rcsucitar aqui la antigiiedad de 
nuestros mayores'y de la Iglesia primera; porque aquello 
fue to' mas sano y lo mas limpio. Mi intencion ha sido 
buena: lo que faltare en la obra lo corregira la Iglesia, a 
cuyo juicio y correccion lo someto todo, y despues a cual- 
quiera cristiano lector, a quien Dios dara mas lumbre que 
la que yo he tenido. » 

Algunas de las palabras de este prologo eran muy pe- 



ligrosas para escritas en aquel tiempo. Coando todos los 
protestantes derramaban en sus obras la especie de que 
solo tenian por objeto restituir a la Iglesia en la entereea 
y Tigor de los primeros siglos mue estrafto es que teologos 
espafioles, y sobre todo mquisidores que comenzaban a 
d^ruir una conspiracion luterana formada por eclesias- 
ticos insignes y hombres de gran sabiduria, se maravillasen 
de ver que el ah&obispo de Toledo publicaba un catecismo, 
en el cual, segun sus palabras, que confirman luego los 
ciapitulos de la obra, no procuraba otra cosa que resucitar 
la antiguedad de nue$tro& may ores y de h Iglesia primera; poT'^ 
9tie aqtiello fui lo mas sano y lo mas limpiof Ninguno de 
cuantos ban tratado de los sucesos adversos del arzobispo 
(y ni aun el mismo Llorente) hacen tal observacion al ha- 
blar del catecismo. Ademas, en todo el largo discurso de 
esta obra.se encuentran frases muy parecidas a Jas usadas 
por los fautores del protestantismo. Y aun algunas de sus 
sentencias parccen sin duda hijas de la leetura de los es- 
critos de Lulhero, Occolmpadio y Melanchton. 

Los catolicos que ban defendido a Carranza no pue- 
den negar la verdaa de estas observaciones; pero discul- 
pan al arzobispo con deeir que este .empleo mucbos anos 
en leer libros hereticos, para lo cual tenia permiso ; que 
no se ocupo en tan amarga tarea por aficion a ellos, sino 
obligado por Felipe 11 y por personas de gran dignidad 

Sara refutarlos con la.pluma 6 de viva voz en la catedra 
elEspiritu Santo: que, conviniendo algunas cosas de ladoc- 
trina catolica con la de los protestantes, mucbas veces Car- 
ranza se servia de frases iguales a las usadas por los berejes; 
y por ultimo, que no advirtiendo el riesgo a que se aven- 
turaba en tiempos tan calamitosos, y en fe de su buena in-r 
tencion quiso hablar segun su sentir, imaginando no ofen-- 
der en un atomo la'piireza de la religion de sus mayores. 
Esto afirman los parciales del arzobispo. Pero yo, en 
quien ningun afecto de odio 6 de amor eiiste hacia Car-* 
ranza, creo que hay deraasiada paston en los autores que 
de tal modo nan pensado defender el catecismo^ 



Estelibroesia escrito con grui artifido. Gamnui 
uso para componerlo de suma cautela, temetmo quiu de 
io6 daftos que podrian sobreT^nirle, si sik intendoa era oo* 
nocida por los jueces del Santo Oficio. He cotejado cni* 
dadosamente algunos pasajes dd catecismo con las obras 
de Martin Lutero y de otros protestantes, y he conseruido 
descubrir d mode con que el aratobispo formo su libro* 
Tomaba sin duda pasajes de escritos de Lutero y los ingeria 
&k el catecismo, mezclando entre las palabras ae este autor 
razonamientos propios. . Y para que el disimulo fiiera 
mayor, alteraba las frases que intraducia en su obra^ con- 
virtiendo en singular lo que estaba en plural, y lo que 
vdaen activa trasladandolo en pasiva, a mas de otras muta- 
dones, bastantes a ocultar la verdadera intencion que ha- 
bia tenido y a hacer desconocidas las cosas que copiaba del 
famoso fraile aleman. 

El inquisidor general don Fernando de Valdes, arz;o- 
bispo de Sevilla, gran perseguidor de protestantes, dio el 
catecismo. a varios teologos para que lo examinasen* Al- 
gunos escritorcs quieren decir que Yaldes odiaba secreta- 
mente a Garranza, por envidia de verlo en un puesto tan 
superior ; y que la causa de confiar a letrados la censura 
de la obra del arzobispo de Toledo consisti6 en esto solo. 
Tal vez el aborrecimiento existiera en don Fernando de 
Yaldes ; pero el confiar el examen de todas las obras que 
salian a luz publica, aun despues de las aprobaciones que 
estaban ordenadas, era cosa que ponia en ejecucion dia- 
riamente. * A su celo debio el Santo Oficio el primer es- 
purgatorio de libros que se publico en Espa&a; y Uevo a 
tal cstremo su vigor en este caso, que hasta escritos de 
autores catolicos fueron vedados en su obra so graves 
penas (1 ). ^Por que se ha de estraiiar, pues, que hiciese 

(i) Cathologus librorum, quifrohibentur mandcUo Illuitrisiimi 
ei Rev^rmdissimi D, D, Ferdinandi de Valdes, Hispalensi Archicpis" 
copi, Inquisitoris Generalis Hispanicp. 

Net non et supremi mnctce ac Generalis Ingui$Uioni$ senaius. 
Hoc Anno MDLlA editui, 

Quonjimjussuetliceniia Sebastianui Martinez excudebat, Pincue. 



—197— 

eon Garransa lo que solia con todo escrilor? 

La respuesta de los teologos fue adversa al catecismo. 
Y asi Valdes entro desde luego en maa vivas sospechas de 
que Fray Bar^Iome de Carranza habia bebido las ponr 
softosas aguas de la herejia. 

Para mal del desdichado arzobispo, yido un caso a 
ecbar el sello sobre los temores que se albergaban en el co- 
razon de Yaldes. El protestanle F r. Domingo de Rojas, apre- 
tado pot* los tormentos de la Inquisicion, y con el fin, tal vez 
de tentar cuantos caminos estuviesen a la mano para salvar 
la vida, dijo en una de sus declaracioi^es que $i el arzobispo 
de Toledo no U hubiera dado los jarabes^ no obrdra tan presto 
la jnirga en il y en aquella gente. errada (1). A lo cual aftade 
el inquisidor don Diego de Simancas, que el lenguaje de 
todos aqtielloi presos eYa el mismo que el del catecismo (2j. 
Simancas desempenaba entonces el cargo de consejero del 
Santo Oficio. 

Las declaraciones dadas en la inquisicion de Valla- 
dolid por yarios protestantes, hicieron gran daiio a la causa 
del afzobispo. Mil veces me he pue^to a imaginar de donde 
pudo nacer este hecho tan notable ; y solo halle su espli* 
cacion en las frases del catecismo semejantes a algunas que 
usaban los herejes alemanes, y en que los infelices lute* 
radios reclusos en las carceles del Santo Oficio de Valla- 



. (4 ) Esto dice el Dr. don Diego de Simancas y lo confinna ei 
Dr. don Pedro Salazar de Mendoza en La viday stuj^sos prdsperos y ad- 
versos de don fray Bartolomd de Carranza, ^obra que escnbio con el 
fin de disculpar al arzobispo. Dejola inedita, y aon Antonio Valla- 
dares la saco i piiblica Inz en Madrid, ano de ^788. AHrma, pues« 
Salazar de Mendoza, bablando de fray Domingo de Rojas, *qne enire 
(Hras cosas dijo publicamente que ninguno se espaniase que hubiese 
aquella purga obrado tanto, pues habia prevenido para ello los jaratjes 
el arzobispo, » 

(2) La vida y cosas notables del seftor obispo de Z amor a don 
IHego de Simancas, natural de C&rdoba, escritapor 61 mismo. — ^M. S. 
que pdrtL en k Biblioteca Colombina. Hasta el ateo de 1579 escribid 
Siinancas sa propia Wda. 



— 1U8 

dolid, sin duda con el proposito de disculpurse ante m» 
jueces, decian que la doctrina que profesaban,, no era otra 
que la misma del arz'obispo de Toledo, varon en quien no 
podian caber sombras de culpa, cuando tanios- y tan gran* 
des servicios tenia hechos en acrecentamiento y lustre de 
la silla apostolica. 

Con estas declaraciones tari da&osas al araobispo, por 
las sospechas que ya en la Inquisicion se habian levantado 
con presencla de su catecismo y de los pareceres de teo- 
logos afamados sobre la impureza de su doctrina, creci6 la 
tempestad que amenazaba destruir al malaventurado Car- 
ranza. Llegose a esto que el pontifice Paulo IV enten- 
diendo que los luteranos y otros herejes habian comen-^ 
zado a estender sus opiniones en Espaha, las cuales ya 
habian echado profundas raices en el corazon de muchas 
personas ilustres; y teniendo recelo de que algunos pre- 
iados no estaban libres de aquel contagio, dio facultad en 
forma de breve, para que D. Fernando de Valdes, inquisidor 
general, con acuerdoy deliberacion del supremo consejo 
pudiese procedcr de oficio contra todos los obispos, ar- 
zobispos y patriarcas, de quienes tuviese indicios yehe- 
mentes de haber permitido la entrada en sus almas al ve- 
neno del protestantismo. Y no solo era esta potestad para 
formarles proccso, sino tambien para reducir a los delin- 
cuentes a una prision, con tal que hiciese sabedor de todo 
al Pontifice y que se encargase de enviar a Roma con bue- 
na guarda y con el proceso original a los indiciados. Esta 
facultad dio Paulo IV por'tiempo de dos aiios; y como 
hubiese fenecido, y tambien este^ Papa cuando la causa 
del araobispo de Toledo, volvio Valdes la vista a Roma y 
pidio a Pio fV que confirmase las letras de su antecesor 
con niayores ampliaciones ; puesto que en ello iba la av&- 
riguacion de delitos y el servicio de Dios y de su Santa 
l^iesia. Despachado el breve de Pio IV y venido a Espa- 
* Ra, trato de la prision de Carranza, el inquisidor. general. 

En tanto que estas cosas pasaban, el arzobispo rece- 
lando Ids males que por el catecismo podian caer sobre 



— — iJnl ■' 

«Q cabeea escrilMo al Papa y al rey Pdipe; ausente enton- 
ces de Espafia, con el fin de prevenir diaculpas y de pre- 
parar los animos de uno y otro soberano ; para si la for- 
tuna le pcesentalMi esquivo el semblante, tener a quien 
dirigir sus cukas y pedir amparo y ayuda en sus adversi- 
dades. Por otra parte, consiguio que algunos teologos 
inJlgnes y no sospechosos en las herep'as de aquellos tiem- 
pos, diesen aprolxiciones del catecismo, bastantes a de- 
mostrar su inocencia, caso que en la Inquisicion se He- 
vasen las cosas al estremo que algunos religiosos y otros 
varories ardientemente deseaban* Perp tales diligencias le 
fueron de ningun provecho : casi todos los teologos que 
aprobaron su obra como defcnsora de la Fe Catolica, 
se vieron luego en la precision de retractarse por escrito 
o de pagar en las prisiones del Santo Oficio la culpa de 
creer inocente a fray Bartolome de Carranza: flaqueza 
disculpable en aquellos tiempos tan infelices, donde solo 
el opinar segun su entehdimiento y conciencia era muchas 
veces reputado por herejia y aun en asuntos que nada 
tenian que ver con la religion ; ni con el cIero» 

A principios del mes de Agosto del ano de 1559 se 
espareio la falsa voz de que el rey Felipe II, dejando los 
estados de Flandes, tomaba el camino de Espana. Ha- 
Uabase en Alcala de Henares el arzobispo de Toledo, cuan- 
do llego un correo con letras de la princesa dona Juana, 
gobemadora entonces de estos reinos, para que pasase 
luego a Valladolid en espera del rey Felipe. Si sospecho 
Gan'anza entonces algo del objeto verdadero de esta 11a- 
mada, no he podido averiguar con certeza ni menos si 
fue secretamente avisado de aigun su amigo ; sabedor de 

3ue la Inquisicion, c|ue hasta aquel punto no habia deja- 
o de poner los ojos en el ai'zobispo^ quiso ya hacer 
presa en su persona. Este aparento obedecer las ordenes 
de dona Juana, y dispuso que su familia preparase cuanto 
viesen serle necesario para emprender el viaje con el de« 
coro que su dignidad exigia. ' 

£19 de Agosto, apenas comenzaba a despuntar el ra- 



r 






1 



—400— 

yo primero d^l alba, entro corriendo la posta D. ftodrigo 
de Gastro en Alcala de Henares. Ape6se aelante d^ las ca-* 
sas del arzobispo, y puso en sus manos una carta de la prin* 
tesa, en la cusu esta le ordenaba qaeal punlo> sin diladim 
de ningun linaje, totnase la via de Valladc^id, porque era 
necesaria su presencia en la corte, y que en cuanto al alo- 
jamiento ella le tenia prevenido el conveniente a la di^lii- 
dad de su persona. Sintiose D. Rodrigo indispuesto con 
ocasion de los calores del camino, y el cansancio y fatiga del 
viaje, y cfomo los medicos le dijesen ser util para la recu- 
peracion de su salud quedarse en cama por espacio de 
unos pocos dias, el arzobispo, tal vez sospechoso de las 
desdichas que le estaban por venir, aprovecno esta ocasion 
para suplicar a D. Rodrigo que remitiese el viaje para mas 
adelante, en tanto que descansaba de las molestias pasadas 
y conseguia el alivio de los males presentes. El arzobis- 
po, segun se infiere, procuraba ganar tiempo imaginando 
que la presencia del rey daria fin a las maquinaciones de 
los enemigos que habia adquirido con su elevacion a la 
dignidad de primado de Espaiia. 

A los ocho dias de la llegada de D. Rodrigo de Cas- 
tro a Alcala, tomo el arzobispo de Toledo el camino de 
Valladolid, parandose muy de proposito en algunos luga- 
res con el color de dar la confirmacion a algunas perso- 
nas ; pero en realidad temeroso ya de su fortuna. Sus sos- 
pechas vinieron a tomar mas vuelo con haber tropezado 
en Fuente el Saz con Fr. Felipe de Meneses, catedratico 
de Sto. Tomas, en Alcala, el cual le llamo aparte y le dijo 
como en Yalladolid no corria mas novedad sino que todos 
hablaban en que el Santo Oficio habia determinado pren- 
der al arzobispo de Toledo ; y pues Dios le habia permi- 
tido que esta tan lastimosa nueva llegase a sus oidos, tor- 
nase a Alcala 6 apresurase el viaje a Yalladolid, donde tal 
vez podria hallar algun remedio en trance tan desdichado. 
Guentan que el arzobispo le replico : No hay que pernor 
en tal disparate : par la princesa soy llamado, y ha enviaie 
per mi muy llanammte a dan Rodrigo de Castro. Fuera desto. 



JKm Numtto S^Hur^ me con^mim a loi mfimmoi d^ut Iwgo^ Hi 
M iiti 9ula h$ $Uo tmUaio 4$ mtr m 0nor ninguno^ euyo aMo- 
dmimUo pueda loear mpertetiec$r al Santo Ofido. Antei bi$m, 
sabe $u Divma Magutad que ha sido utvUo de tomtmM par 
ttislrufnmlo, para qw con mi trabc^o i uylunria $$ ayan con- 
varMo nuu de doe euenloi de herejee (i). 

Las circunstancias de la prision de Carranza no son 
coaocidas ann ; porque Salazar de Mendoza y Llorente no 
tuvieron noticia de ellas. El celebre cronista Ambrosio de 
Morales en la relacion que compuso de orden de Felipe II 
para ser conservada M. S. en el Escorial, deelara punto 
por pfunto los pasos que precedieron y las acciones que 
acompaiiaron a la prision del presunto reo: los cuales por 
la rareza de la obra merecen trasladarse en este lugar de 
mi historia. Dice, pues, Ambrosio de Morales : ' 

«La partida del Arzobispo se iba disponiendo, y el 
jneves diez de Agosto, dia de oaa Lorenzo, se hizo por su 
mandado una procesion solemne desde la Iglesia de los 
Santos martires San Justo y Pastor al monasterio de San 
Francisco, para alcanzar de Dios. el prospero arribo del 
rey; pero el miercoles a eso del mediodia llego el alguacil 
mayor de la tnquisicion de Toledo y visito inmediatamente 
al Arzobispo, para dezirle como aquella noche Uegaria don 



(1) Esta respaesU se haUn en ua obra inMita qae Ueva por 

titnlo las signicaites palabras : 

. cCdfno fu^preto y umteneiado el Arzobispo de Toledo don Fray 

Bariolom^ de Carranza, escripto por nU Amorosio d^ Morales, coro- 

nista mayor d$ d Catdlieo y Prttdente Monarca de las Espahas d Sr. 

Don Fdipe II, que de 6rden de su Majestad (Dios ie conserve y guar- 

dej fuSpornd eseripta de mi propria mono, para deposiiaria entre los 

demds eseriptos que esidn en la libreria de esta oUaoa 'maraoiUa del 

nmndo San Lorenzo d Real dd Escorial. » 

De este importante M. S. he teuido presente ana copia del siglo 

i&ltimo qae se gaarda en on tomo de papdes rarios en la ^electa 

biblioteca de mi baen amigo el Excmo. Sr. don Jos^ Manael de Va- 

diUo« antordd Sumario de la EspaOa EeonAniea de los sighs XVI y 

XYIL y de otrai obras mav noUbles< 

* Alt 



t 

k 



I 

IKego RamireK, inquisidor de aqud triboiMd & pvblicar el 

edicto de la fee ; y di Araobispo luego faico presonar acodie- 

> sen a oirle a la iglesia de San Francisco aonde se avia de 

Eublicar. Con estb y aver de predicar el Ansobispo y ser 
i procession tan solemne, se junto en San Francisco una 
incYeyble multitud de gente; y venida la bora del sermon, 
subio el Arzobispo en su cadako, yd que avia de leer el 
edicto se puso en el pulpito ordinario que esta en frente, 
aderezadt) como para sermon ; y aviendo sacado el edicto 
para leerle, el inquisidor don Diego Ramirez l6 envio a 
mandar que esperase hasta que S. S>Rev«rendissima hn- 
biese predicado. El Arzobispo hablo en el sermoh del 
edicto, y amonesto al pueblo le obedeciessen, y considerasen 
que en la observancia del consistia la salud de las almas; 
y en pondeirar esto se detubo de proposito mucho con bas- 
tante facundia. Leydse desjmes el edicto y en A nada u dixo 
de libros prohibidoi ; y esto lo notaron muchos que eran poco 
aficionados al Arzobispo j puhlicando que de cuydado lo avian 
omitido por respetos a su persona. » 

Despues de dar Ambrosio de Morales esta tan rara 
noticia, que no dejara de ser apreciada por cuantos hayan 
estudiado' la vida del arzobispo Garranza, habla de su sa- 
lida de Alcala, hasta tocar en la llegada a Tordelaguna; y 
entonces dice: 

((Domingo 20 de Agosto por la mafiana llego el Arzo* 
bispo a Tordelaguna la mas principal de las tres villas, que 
esta 'k una legua de Talamanca : alii le vino a ver el P. 
M. Ft. Pedro de Soto, y le conto como habian presso ^en 
Yalladolid a Fr. Luys de la Cruz, su correspondiente : a 
que dixo el Arzobispo : ^*0ue dize, padre maestro? Pues segun 
eso^ tambien a mi me querrdn hazer hereje. Era Fr. Pedro 
cathedratico mayor de Salamanca, hombre de gran verdad 
y a quien se devia dar entero credito; y assi dexo muy 
confuso al Arzobispo, porque en secretp le aseguro que 
ya avian salido de VaUadohd para prenderle. » 

((Era estotan cierto que avia quatro dias que el al- 
guacil mayor del consejo de la Inquisicion estana encu- 



bierto en Torddaguna en un meson; j todo el dia se 
lava en la cama^ y en anocheziendo salia con dos criados a 
caballo y pasava encubierto a Talamanca a comunicar con 
don Rodrigo de Castro, y volyia a la posada antes que ama^ 
neciesse : hasta que ya el sabado en la noche don Rodrigo 
de Castro envio a Uamar a don Diego Ramirez que esftava 
en Alcala. Llego el propio, y visto por don Diego el abiso; 
sin embargo de tener convocado al pueblo para en aquel 
domingo en la iglesia de Santa Maria leer el edicto, mando * 
que fuese otro en su lugar, y se partio solo con su alguacil 
y los criados, divulgandose que iva a Madrid a nesocios 
de importancia. Causo esto mucho alboroto en el lugar; 
y mayor fue cuando a un ministro del Santo Oficio mando 
comprar un haz de varas de justicia;y convocando veinte 
familiares a caballo, las rcpartio y salio con ellos del lugar 
diziendo averselo assi ordenado don Diego Ramirez : al qual 
encontro dos leguas de Tordelaguna, porque no caminava 
Tia recta, sino torziendo por aquellos lugares, en donde 
iva juntando gente. Assi que, martes a 22, llego de ma- 
drugada con casi zien hombres a media legua de Torde- 
laguna, al rio que Uaman Malacuera^ y en sus arboledas 
aue ay en aquelta rivera estuvo escondido con la gente que . 
evava; y alii les amonesto obedienzia al Santo Oficio y 
constancia en lo que avian de hazer ; pero sin dezir lo que 
era. Y si alguno lo maliciava seria por su propio discurso 

if algiinas congeturas, no porque se les uviese descubierto 
a orden : que con este maravflloso e inimitable secreto go- 
bierna el oanto Oficio sus operaciones.)} 

c<El lunes en la nocke ceno con el Arzobispo don Ro- 
drigo de Castro, y so color de que queria acostarse por su 
falta de salud, se retiro temprano a su posada que era la casa 
de Hernando Berzoza, homore prinzipal de aquella villa, y 
cuhade'del huesped que tenia en su casa al Arzobispo. A 
est^ (Berzoza) le comiinico don Rodrigo lo que convenia y le 
dio doze cedulas para criar otros tantos failiiliares, los que 
el tuviese por mas a proposito. Y luego salio a buscarlos 
y los trajo, dejando prevenido a Juan de Salinas que en 



panio de.amanecar tuviese abierlas txidas las pvartas de 
su casa. Hecko esto, coino a cosa de la una 6 poco mas 
de la noche, salio don Rodrigo de Gasiro con sos criados^ 
f4 alguacil mayor del consejo, los dose familiares nueva* 
mente nombrados y Hernando de Berzoza, y fueron todos 
a GSisa del gobemador de las tres villas, que estaba casado 
con prima hermana de Arzobispo, y le dejaron preso y 
con guardas ; y lo mismo se hizo con los demas alcaldes y 
alguaciles del lugar. Y en esto se entretuvieroh hasta que 
amanecio; y para este punto ya estava prevenido don ISe* 
go Ramirez y yenia entrando con su gente: assi caminaron 
todos a casa del Arzobispo, cuyas puertas hallarbn abier- 
tas. Y entrando en los patios, el inquisidor Ramirez puso 
guardas a las puertas de ia casa, escaleras y quartos de la 
nuerta con onien que a nadie dejasen entrar ni salir. Y 
esto ejecutado, subieron don Diego Ramirez^ don Rodrigo 
dc Castro, el alguacil mayor del consejo Pedro de Lexles* 
ma, y algunos ocho. 6 diez familiares con varas; y tocando 
a la puerta de la recamara donde dormia fray Antonio 
Sanchez el lego, respondieron de adentro. iQui^ llama? 
Y los de afuera: abrid al Santo Oficio. Abrieron luego, y 
dejadas guardas en aquellas puertas, pasaron a la camara del 
Arzobispo, adonde aviendo Uamado, respondio el mismo. 
iQuiin e$f Y dixeron: el Santo Oficio. Volvio a plreguntar 
el Arzobispo. iE$ta aM el seikfr don Diego Ramirez? Y los 
de afuera dixm>n, st« Y luego abrio un paje, y el Arzobispo 
corrio la cortina, y tenia levaritada ia caneKa sobre el codo 
en la almohada. Entro don Rodrigo delante y t^'as el don 
Diego y el aLraacil mayor con seis 6 siete kombres. Don 
Rodrigo de Castro Uego a la cama, y haziendole primerp 
una gran mesura, hinco despues la rodilla en el suelo y le 
dixo con lagrimas : Ilusirisimo Seiior : F. 5. Reverendmma 
me di la mano y me perdone. £1 Arzobispo le respondio, 
ipor qui, don Rodrigo? y levantaoe.. Y el prosiguio diziendo: 
porque vengo a hazer una cosa que en mi rottro vera V4 5. Re- 
verendiemaj quan contra mi voluntad la hago^j y apartandose 
lehizb sefta para que Uegase el alguacil mayor: el qual ar« 



—405— 

rimandose a la cama dixo ; Seilar iltutritimo, ya say mandado 
sea prno V. S. Reverendisima por el Saneto Oficio. El Arzo- 
bispb dixo (sin alterarse ni mudar la postura en que se 
haltaba) vo$ teneys mandamiento para que podats conseguir 
Ip que emprendeis? 5$, ilustrtsmo sefUfr^ dixo, y sacando 
el despacho, leyo la orden del consejo de uiquisicion 
que avia para prenderle, firniada de los del consejo, 
y de don Fernando de Yaldes, arzobispp de Sevilla, que 
era entonces inquisidor general. 'El Arzobispo repHco; 
ipues no saheti esos sefiores, que' no pueden ser misjueces^ estan-- 
do yo por mi dignidad y consagracion tnmediatafnente sujeto al 
Papa y no a otro alguno. k esto llego don Diego el inqiii* 
sidor y dixo. Para eso se dara a V. S. Reverendisima entera 
satis faccion : y sacando de la sotana un breve del-^umo 
Pontifice, leyo como S. S. dava comision al inquisidor ge- 
neral y a los del consejo que eran 6 fuesen para conozer 
de su catisa. Al 03a*se nombrar el Arzobispo en el breve 
dizen unos que se dejo caer con alguna turbacion sobre el 
almohada: otros defienden que no, y que siguio con la 
misma constancia y valor que hasta alii ^efectos propios, 
fuesen de su naturaleza, 6 del yalor intnnseco de su sagrado 
caracter, 6 de su inoceivcia, 6 de todo junto que es lo mas 
verosimil). Lu^o que se acabo de leer el breve, se sento 
sobre la cama, y mirando al inquisidor le dixo : Senor don 
Diegos quedemos solos vuestra merced y don Rodrigo. Salieron 
todos, y quedaron los tres solos en la camara por espacio 
de nias de ui^a hora. Los dares y tomares que alii uvo, 
dlos solos los supieron porque a nadie lo contaron. » 

«Este comedimiento dedoii Rodrigo de Castro bas- 
lava para creer lo que aquel dia certifico a muchos, po- 
niendo por testigos al Arzobispo, que viendo su detencion . 
en Alcala le dixo muchas vezes. V. S, Reverendisima se di 
priesa por Dios : mire que puede ser le esU hien no detenerse; y 
que si assi lo huviera hecho, tan disimulada uviera sido su 
priaion en Valladolid que pocos ia hubieran conoscido; 
pero que ei Arzobispo no quiso tomar este buen consejo^ 
sino el de aquellos que le pei'suadian alargase el viaje hasta 



1 



— 806-— 

que el rey viniese. Y tambien aseguro no aver ^enido 
como comisario a ejecutar la prision, sino como nuncio de 
la princesa para llamarle con aquella carta, y que viendo' 
su detencion se ordeno su prision y* se enviaron a el las 
instrucciones para que se hiciesse.» 

(cDesde el purl to que el Arzobispo fue presso, D. Ro^ 
^rigo de Castro guardo la puerta del antecamara sin per* 
mitir pasase nadie de ella. Y assi, Uego el licenciado &aa- 
vedra, intimo privado del Arzobispo que venia en camisa 
con una ropa de levaatar y dando voces dixo que icomo 
$e le podia a Hi privar de ver y hablar a Sulllma. Pero D. 
Rodrigo le mando que so pena de diez mil ducados y deso«* 
bediencia al Sancto Oficio saliese dentro de^tres horas de 
Tordelaguna y que no passase en dos meses los puertos 
para Castilla la Vieja. » 

oLuego vino Fr. Diego Ximenez compaiiero del Ar- 
zobispo y todo su gobierno con algunos de los criados ; y 
todos venian Uorando haziendo tales estremos que D. Ro- 
drigo y D. Diego no pudieron reprimirse, y tambien se 
les caian las lagrimas porlos rostros: indicio claro de quan- 
to sentian aquella desgracia.» 

uD. Diego Ramirez salio despues con Fr. Diego a hazer 
inventario y secuestro de los biencs del Arzobispo; y quan- 
do asentaron las cosas que estavan en su camara, se volvid 
el Arzobispo a D. Rodrigo y le pidio que un escritorillo 
pequeno que avia alii le guardasen muchb ; porque en el 
estavan todos sus descargos ; y kssi se ejecutd. Mando des- 
pues el Arzobispo le llatnaseh a un paje suyo, porque ya 
por entonces no podia servirle ninguno de su familia.» 

«D. Rodrigo de Mendoza, canonigo de la Sancta Igle- 
sia de Toledo y del consejo del Arzobispo entro poco des- 
pues yle dijo a don Rodrigo: Como criado de $u ilustriiima 
say parte Iqitinmj y eomo ktrado me toca saver lo que es me- 
nester para prender a un Perlado, y assi le requiero a F. 5. 
me dS razon de cdmoy mr qui causa ejeciUa estas tropeUas. Don 
Rodrigo le respondio lo mismo que a el licenciado Saa- 
Yedra so las mismas penas : con lo qual don Rodrigo de 



MeadouL no hablo mas palabra y se fii^ Iuego.M 

wEn la Gomida se tuTo aquel dia esta orden : que los 
phtos los entrase el alguacil mayor hasta la camara y alii 
tos tomase el paje de don Rodrigo de Castro, que todo el 
dia sinrio al Arzobispo, y don Rodrigo se los tomava al 

Eje y los ponia en la mesa y los quitava. Y don* Diego 
inrires servia la copa, y amoos guardavan en esto pro- 
fando respeto. Despues salieron los dos solos a comer a 
la pieza de afuera, y a la familia se les dio de comer como 
^lia hacerse antes. » 

«Quando liego la ora de comer, el Arzobispo empezo 
ia desconsolarse mucho con grandes con^ojas, como que 
iva a desmayarse; y siendo destd don Rodrigo abisado por 
su paje, entro junto con el don Diego Ramirez,' y amoos 
con mucha piedad y comedimiento le alentaron y consola- 
ron. Despues de comer se dixo 4 toda la familia que cada 
uno podia irse donde fuese su voluntad, con tal que nin- 
ffuno fuese a Valladolid; pero replicando y proclamando 
a esto que los mas eran de aquella ciudad y que en ella 
tenian sus padres y parientes, y que todos avian enviado 
alia lo precioso de su ropa, quedandose solo con io pre- 
ciso para caminar. Y coadyuvando estas fazones el ea- 
marero don Pedro Manrique, persona de ilustre naci- 
miento y especial inteligencia en Ids sagrados canones, se 
vino a alcanzar que toda la casa se fuese junta a V^Uadolid; 
pero mandandoseles que no partiesen hasta otro dia en la 
tarde, y que fuesen por el puerto de Sompsierra, que no 
es pequeno rodeo, y ilevaron tasadas las leguas que avian 
de caminar cada dia. Don Rodrigo les mando dar cuatro- 
cientos ducados para el camino : solo mandaron quedar 
al despensero y cocinero para los que iban con el Arzo- 
bispo, y los mozos de mulas para que cuidasen del ganado. 
No se le consintio al Arzobispo ir en coche ni litera sino 
tn mula ; y toda su hazienda quedo en Tordelaguna, de- 

}>ositada en poder de Juan de Salinas, menos el dinero que 
levarpn para el camino, aviendose hallado diez mill du- 
cados, sin lo que ya estaba en Valladolid que eran otros 
diez mill.» 



«En estas dispMicioaes estavieron todo di dia, ^ffiiid^ 
mucho lo que en lo referido se trabaj6. Y las nueve dadas 
de la noche se pregono por toda la villa, *s6 gravisimas 
)>enas, que nadie saliese de su casa ni se asoniase por las 
ventanas hasta ser de dia claro. Y despues de media noche 
los alguftziles tuvieron a la puerta del Arzobispo cuarenla 
hombres a cavatlo : los veinte con varas. Y don Rodrigo 
de Castrowy don Diego Ramirez descendieron con el Arzo- 
bispo : el qual se puso en su mula, sin que hubiese quien 
Ic cubriese el estrivo para cavalgar (que en esto se descui* 
daron) hasta que llego el alguazil mayor que le tomo. Y 
el mis mo Aixonispo tomo su sombrero del arzon donde se 
lo avian puesto. jCaso raro y que admira ver un tan gran 
Perlado, que no ay otra mayor dignidad, ni aun como ella 
en Espana, reduzido a esta deplorable miseria por su poca 
visntura 6 por envidia ciega de sus enemigos,',de quienes 
el harto se quejava! Assi salio de Tordelaguna entre doce 
y una de la noche, caminando en medio del inquisidor 
Ramirez y de don Rodrigo de Castro, con toda la gente de- ^ 
lante y la recamara detras, notando esto Juan de Salinas, 
a quien permitieron bajase a verlos cavalgar y partir, para 
que despues pudiese cerrar las puertas de su casa por ser 
media noche. » ' , 

u Con el mismo secreto que salio el Arzobispo de Tor- 
delaguna assi entro en Yallauolid en las carceles del Sancto 
Oficio, de la calidad que en muchos dias no se supo es- 
tuviese alii. Y es cosa digna de notar que dos dias antes ' 

3ue entrasen en la ciudad le dixo el Arzobispo a don Ro- 
rigo de Castro, que ya que le llevavan a Yalladobd ten- 
dria gran consuelo le diesen por morada las casas de Pedro 
(jonzalez, porque tenian buenas quadras y estavan en sitio 
sano. Don Rodrigo le respondio le Uevaria a ellos de bo- 
nisima gana, en que nada le concedio porque estas casas 
avia dos meses las avia comprado la Inquisicion y kecko 
carzeles que Uamavan ntievas, y el manaamiento de pri- 
sion rezava Uevase preso el cuerpo delArzobbpo de To- 
ledo a las darceles nueva6.» 



f 



De este modo refiere Ambrosio de Morales d wden 

3ue gmrdaron los inquisidores en el hecho de la prisiwi 
e Garranza. • Sus circunstaitcias, de tMi pocos hasta koy 
conocidasy deftiuestran evidentenieiite cuan gxande fne el 
recatO) cuan grandes las precauciones, y caan gr^nde el 
riger con que se dio ejecucion a un acto que lieno de 
asombro a Bspafta y a las naciones estranjeras, las cuales 
desde entonces estuvieron a la mira de este suceso y en 
espera de sus resultas por espacio de muchos alios. 

Entre los papeles hallados en poder del arzobispo, 
unos de su letra y otros de mano ajena, se cuentan : 

Un Comentario de la Epistola deSan Pablo ad Galaias^ 
hecho con ayuda de los seis capitulos que sobre ella es- 
cribio Martin Lutero. 

Otro de la Epistola ad Romanos, con doctrina tomada 
tambien del mismo protestante. 

Otro de la segtinda canonica de Sa» Juan, con sen- 
tencias sacadas dc las obras de Occolmpadio. 

Otros sobre las profecias de Isaias, Eeequiel y Jeremias, 
sirviendose el autor de los escritos del mismo autor. 

Algunos tratados de Spiritu et litera, de diferentia novi 
aiU veteris testamenti et diferentia legis et evangelii, llenos de 
frases y palabras que mostraban haberse tenido presentes 
las obras de Felipe Melanchton. 

Otros tratados sobre algunos evangelios, tomadas de 
la misma manera muchas doctrinas de las homilias de 
I^fartin Lutero. 

El libro impreso dc Brencio sobre Job, con un pr6« 
logo escrito y firmado de mano de Garranza, y sacado de 
Occolmpadio sobre el mismo libro de Job y con igual ar- 
tificio. 

Esto refiere Simancas en su propia vida. 

Preso el arzobispo de Toledo y considerando el mal ca* 
mino que Uevaban sus negocios, y temiendotodo dela safia 
con que el inquisidor general procedia en el asunto, apelo 
ante el Papa, recusando al arzobispo de Sevilla, por no ser 
juez dcsapasionado en las cosas que tocaban a su persona. 

27 



Hube mil estorbos y contrarios pareceres para que la re- 
cusacion le fuese admitida ; mas al fin corto el Pspa las 
di^utas, dando ai«plisimas facultades a Felipe H para 
nombrar juest en la causa en sustitucion de don remando. 
El rey no se bizo sordo a ellas; y asi, nsando de la poles- 
tad concedida, quiso que don Caspar de Zuiiiga y Avella-* 
neda, arEobispo de Santiago, entendiese en el prooeso del 
de Toledo, rero don Caspar, por motivos que imtioro, 
subdel^o sus poderes en dos consejeros del Santo Oficio: 
el licenciado Cfristobal Fernandez de Valtodano y el doctor 
Di^o de Simancas, bechuras uno y otro de don Fernando 
' Valdes, y a los cuales trato de recusar igualmente Car^ 
ranza. Pero temiendo mayores males del nombramiento 
de otros jueces, desistio de su pretension : todo con acuerdo 
y pareoer del ilustre doctor Martin de Azpilcueta Navarro, 
y de don Alonso Delgado, sus defensores. 

El doctor Aapilcueta fue faombre notable en su siglo. 
Nacio en Yarasoayn, lugar 4 leguas de Pamplona, d afio 
de 1493. Estudio gramatiea y filosofia en Alcala de He- 
nares, y derechos en Tolosa de Francia, donde recibio el 

Srado de doctor. Se opuso en Salamanca a una catedra 
e canones: ganola y leyo en ella cuatro alkos. Llamado 
por el rey de Portugal don Juan III, tuvo en Goimbra la 
misma catedra de canones por espacio de 4 6 afios. Por 
la ley de universidades queao jubuado sin leer mas cate- 
dra y con el salario que gozaba antes de i 000 ducados. 
Fue confesor de dona Juana de Austria, bermana de Felipe 
n y madre del desdicbado rey don Sebastian. Por la fama 
de las virtudes de Azpilcueta, Alonso de Villegas puso su 
vida en el Fh$ Sanctorum. 

Amaba entrafiablemente el doctor a Fr. Bartolome 
de Carranza : los dos sin duda se conocian desde la ninez, 
puesto que uno y otro eran de nacimiento navarros. Ep 
diferentes ocasiones babia manifestado el doctor Azpil- 
cueta su aficion al arzobispo de Toledo; una de ellas fue 
en el capitiilo XVII de su Manual de Confesares y peniUntes 
impreso en Goimbra el a&o de 1555, en donde le llamaba 



uel muy renombrado y religiossisifno y doetimmb doctor Pr. 
Bartolomi de Carranxa^ gran honra de la Orden de hi Dami^ 
mea$, nuestro eanterraneo naoarro, que par gran humildad y vir^ 
tud dexo de acetar tin gran obispado hs dias pauadoe (!)>»• 

No deja de ser notable por mas de una causa este es- 
' traiko elogio de Carrauza, hecho por un varon de tal vir- 
lud y sabiduna como Azpilcueta cuando su amiffo no ha- 
bia subido aun a la dignidad de arzobispo de Toledo. 

Sin embargo, por mas digno de admiracion todayia 
debe tenerse este elogio al \erlo bdrrado luego del Manual 
de Confe$ore$ en las dos ediciones de la obra que salieron 
a luz el afio de 1556 y 1557, mucho antes de haber los in- 
quisidores reducido a una prision al infeliz Garranza (2). 



(1 ) MamuU de confenorei y pemteniei, que clara y bref>emenie 
eoHiiene la unwersal y partiadar aeeisian de quasi toda$ las dubdas 
que en las eonfsssiones suden oceorrer de hs pecados, absolutiones, res- 
Hiuiianes, censuras ^^ irregularidades; compuesto antes por un rrft- 
gioso de la drden de Sani Francisco de la provmcia de la Piedad, y 
despues visto y en algunos passos dedarado por d aniiguo y muy fa^ 
moso doctor Martin de Azpilcueta Nacarro, caihedrdtico jubilado de 
prima en cdnones en la unwersidad de Coimbra. T agora con summo 
euidado, dUigencia y estudio tan reformadoyacresceniado por d mesmo 
doctor, en nuOerias, sentencias, alegaeiones y estilo que puede pareeer 
oiro. 

In indyta Conimbrica Joannes Barrerius ei Joannes Aharex Regij 
typographi exeudebant Amio d Christo naio MDLIIL — ^EsU edicioa 
no roe oonocida por Nicolas Antonio. 

(2) Manual de confessores y penitefUes que dara y br e o em en U 
eontiene la universal y particular decision de quasi todas las dubdeu 
que en las confessiones suden ocurrir de los pecados, absolmiones, 
restiiutiones^ censura^ € irregularidades. Compuesto por e( doctor 
Mastin de As^ilcueta Navarro, cathedrdtieo jubilado de prima en cdr- 
nones, por la Mkn de mn pequetio que en portuguis hiso un padre pjo 
de la piisima prooincia de la Piedad. Aerescentado agora por d mis- 
mo doctor en las deeisiones de mmc ha e dubdas, que despues de la 
otra edieion le ban enUnado, Immresso en Salamanca en casa de 
Andrea de PortonarUs MDLVI. — Eila edidon tampoco fai conocida 
por NicoUs Antonio. 

Id. id. MDLVU. 



1 



—212— 

^Por Ventura creia Azpilcueta que su amigo era indigno 
de tantos y tan sdlalados loores? ^Las murmuraciones de 
los emulos de Fn Bartolome Uegarian a oidos del doctor, 
y este, temeroso de ellas, no oso en las otras ediciones e^- 
tampar aquellas alabanzas, contra las cuales se habian 
conjurado el rencor, la justicia 6 la cnvidia? 

Dificil 6 mas bien imposible es inquirir la verdad en 
este caso. Pero siempre resulta que el defensor de un 
acusado de delitos hereticos, antes de que contra este hu- 
biese sospechas, subia a los cielos su religion, su piedad y 
sus virtudes: y que luego borraba de su obra estas ala- 
banzas, sin que los jueces kasta entonces hubiesen metido 
en carceles secretas al objeto de opiniones tan varias. 

Azpilcueta, sin embargo, estuvo luego muy conven- 
cido de la inocencia de Carranza. Tal se prueba de urv 
Capitulo de carta que escribio a un amigo, despues de fe- 
necido y sentenciado el proceso. En semejante docu- 
mento decia : ((No e defendido herejia ninguna suya en los 
quince afios que por mandado de la dicha real magestad e 
sido su abogado, ni e contravenido a la protestacion que a 
su Seftoria lUustrissima le hize al principio sobre que avia 
de hazer aquello con tal condicion y libertad, de que nin- 
guno mas presto que yo le condenaria en lo que le liallasse 
nereje, ni mas fielmente le serviria hasta entonces. Lo 
qual le pli^o tanto^ que me dixo que yo fuesse el primero que le 
llevasse la leiia si tal lo hallasse (1)». 

Aunque para el doctor Martin Azpilcueta^ \aron que 
tan convencido estaba de la inocencia de Carranza, tenian 
sumo valor las palabras de su amigo, no deben delante de 
la buena critica y del severo historiador ser reputadas 
desde luego por tan Uenas de sinceridad, como quiza ima-- 
ginen algunos. Porque a la verdad, en ellas pudo el ar- 



{i) CapitiUo de carta del doctor Navarro d cierto amigo suyo 
despues de la sentencia del arzobispo don Fr, Bartolom^ de Carranza. 
— M. S. Biblioteca Golombina. 



« * 



\ 



zobispo de Toledo^ usar de aiiificio, mirando a su conve- 
niencia. La razon es muy senciUa. En las Instrucciones 
del Sanlo OKcio, bechas en Toledo per el inquisidor ge- 
neral don Fernando de Valdes el afio de i S6i , se dice en 
el niimero 56 tratandose del i^o: «Nunca se leha de dar 
lugar que coinunique con $u letrado^ ni con otra persona sino 
en presencia de los inqui$idore$ y del noiario que de fe de lo que 
pd$are,>i • 

De donde se intiere facilmente que las palabras de 
Carranza dirigidas a su abogado, no mei^ecen tanta te eomo 
les da el tloclor Azpilcueta. Tal vez las proferiria el ar- 
zobispo con la mayor sinceridad; pero eslando presenter 
algunos inquisidores y a mas un notario ^,quicn puede atir- 
mar (|ue no fueron dictadas por el deseo de mostrarse 
siempre el presunto reo firnie en la religion catolica y sin 
miedo de que la diligencia de sus jueces liallase la mas 
pequena mancha en su conciencia? A tal estremo llegaba 
la opresion de los acusados y presos en las carceles del 
Santo Oficio. 

En este liempo el catecismo, principal fundamento 
de la peixiicion del malaventurado arzobispo de Toledo 
recibio rigoroso examen y completa aprobacion por los 
diputados del Concilio Tridentino, encargados de arreglar 
el indice de los libros prohibidos. uNo debtd kazer bt^en 
eetamago esie negocio a los senores inquisidaresn dice, y con 
gran razon don Pedro Gonzalez de Mendoza, obispo de la 
santa iglesia de Salamanca, en la bistoria que escribio del 
Concilio de Trento y que aun hoy. permanece incdita (1). 
Las razones en que se fundaria este sabio prelado para 
aBrmar tales cosas, sin duda no serian otras que la afrenta 
que de aquella aprobacion vendria a los inquisidores : los 



( 1 ) HUtoria del Concilio de Trento de la ultima celebt^acion del 
Papa Pio IVf ^scrita por el sriior don Pedro Gonzalez de Mendoza, 
ohtspo de la santa iglesia de Salamanca. — M. S. Bihlioteca nacional. 
Otro en pbder del aulor de la presente obra. 



cuales sin respeto a la sabiduria y a la dignidad de Car- 
ranza, y mirando solo a las doctriaas iuteranas, defendidas 
por el como catolicas, habian puesto su catecismo en el 
mdice expurgatorio de los lioros vedados. Quiza esta 
consideracion turbaria el animo de los diputados que es*- 
tendieron el examen y la aprobacion ; puesalgunos de ellos 
anduvieron dudando si seria 6 no conveniente a su decoro 
y al interes del Santo Oficio retractarse por escrito, antes 
que su pareeer favorable se declarase en sinodo pleno, 
como conciliar, en cuyo caso el descredito y borron que 
caeria sobre los inquisidores, solo en grandeza competiria 
con las causas que tuvieron para infamar las obras de un 
prelado, tenido hasta entonces por catolico y por uno de 
los que mas habian defendido y aun prestaao notables 
servicios a la santa Sede. El mismo don Pedro Gonzalez 
de Mendoza asi lo declara en su historia, cuando dice. «Se 
ha hecho tan grande instancia en este caso, que algunos 
de los ^ue avian firmado han andado vacilando y casi por 
despedirse, como es el arzobispo de Palermo y el obispo de 
Columbria, espa&ol y fraile agustino.» 

El obispo de liierida don Antonio Agustin represento 
al Concilio cuan da&oso seria que esa aprobacion se ratifi- 
case en sinodo pleno ; y al fin consiguio que no se 
declaracion alguna favorable a la obra. 

El santo Concilio, pues, no Uego a ratificar el 
de los diputados, a cuyo cargo estaba la formacion del in- 
dice de libros prohibidos. 

^ Pero de este pareeer &vorable al catecismo del ar- 
zobispo de Toledo, los parciales de esle prelado han d^ 
duciao que el libroerade catolica doctrina; si bien el false 
pundonor de los inqulsidores, y no la justicia, hizo que su 
obra no recibiese aprobacion en el santo Concilio de 
Trento. 

Don Diego de Simancas nos dice la causa, hasta ahora 
misteriosa, del dictamen de los diputados en bien del ca- 
tecismo, cuando llama a la aprobacion «marafta qu$ la$ apon 
nomndoi d$l arzobi$po habian urdido. Y fue (prosigue) que 



fiirtrraDiente Ucieron que algunos dipatadM para ver 
Kbras mains, $m saber la lengua eaiUlkma m f tie eaaba m* 
mto, mostrandoUn nmcha$ aprobaemnes qu$ eUahan heeha$ en 
Eepa^ la aprobaron, y luego sacaron teslimenio de ello y 
lo publicaron por Italia y E8pafta.» 

Once padres dieron su parecer adverso a la prohibi- 
cion que de la obra de Garranza hicieron los inquisidores: 
el anobispo de Praga, en Bohemia, presidente ae la con- 

niciondd indice; el patriarca de Venecia; el arzobispo 
raga, en Portugal; el de Lanciano; el de Palermo; el de 
Columbria; el oljispo de Chalons, en Francia; el de Ticinia; el 
de Hungria; el de Nevers; y el general de frailes agustinianos. 

De estos solo eran espafioles dos : don Juan de Salazar, 
arzobispo de Lanciano, y don Diego de Leon, arzobispo de 
Columbria. 

Los prelados estranjeros se dejaron llevar de las rnu* 
chas aprobaciones de teologos espafioles que les presenta* 
ron : las cuales fueron dadas a pedimento del arzobispo, 
cuando este se hallaba en la cumbre de su prosperidad, 
aunque temeroso de las iras del Santo Oficio. Estos die- 
tamenes de sus amigos y parciales estaban escritos en UT" 
mtnos generales y adutatarioi^ como dirigidos a ensalzar una 
obra de la primera dignidad eclesiastica de Espafta(l). 



(I) cFraj Thomis Manrique.... se atrevio a decir qne el cathe- 
cismo no solo estaba aprobado en el Concilio; pero ja gran niimero 
de theologos de Espanay prelados docUsimos lo nabian tambien apro* 
bado, y que solo ires j medio avian hallado en d proposiciones malas, 
Yo respondi que los que las baUaban las mostraoan con el dedo ; y 
eran elegidos para ello por el juez apostolico... y que otros mucbos 
aTian notado aqueHas malasproposiciones, y qne ellos eran juramen- 
tado8,j que los otroi que d aecia^ eran degiios par d reo, aniei que 
fuue pre$o estando en su auiaridad y eran sus amigos, y U eneiaran al 
reo 9US aprobaciones adulatorias y generales y no sabian dequSautores 
habia satido aquelladoetrina, y que por esto no hacian fSs atguna^ y los 
tres y medio la hacian entera. liamaba medio i Fr. Joan de Ibarra 
porqne murio sin acabar las calificaciones del catbecismo.> — Don 
Diego de Simaneas en su vida ya citada. — ^M. S* de k Colombina. 



— 216r~ 

En deseueoto existia contra el arzobispo, k mas deias 
censuras de los calificadores del Santo Oficio, una de 
Melchor Cano y la del confesor de Carlos V, Fr. Juan dc 
Regla, en donde contaba este que cuando Carranza ayudo k 
bien morir al emperador, le dijo varias proposiciones he* 
reticas que no pudieron menos de escandalizar a cuantos 
las escucbaron. 

' De Mclcbor Gano se derramo la voz en Espafta por los 
del bando del arzobispo que era su. mortal enemigo. La 
causa de estas hablillas se encuentra indicada tambien por 
el citado Simancas. «Quien mejor calitico este libro (el 
catecismo) y le descubrio el lenguaje de los herejes que 
tenia, fue Fr. Melchor Cano, hombre de gran juicio y de 
rara doctrina, al cual publico luego que el reo lo supo y 
sus apasionados, por enemigo mortal del arzobispo; y ad- 
virtiendole yo que me dixese que causa avia para que le 
tuviesen por enemigo me juro que ninguna otra sina aver 
cali/icado aquel libro conforme a su conciencia, y que si lo car- 
lific&ra a gusto del reo^ fueran amigos como antes lo eran. Y 
yo se lo crci porque aun el escusaba al reo en lo que 
podia (!)•» 



( 1 ) Ignoro los fundamentos de esta enemistad que han que- 
rido suponer algunos entre el arzobispo de Toledo t el obispo electo 
de Canarias. 

Al contrario, Carranza poco antes de censnrar Melchor Cano 
como obra heretica el catecismo, dio en J558 licencia i cierto im<^ 
nresor para que publicase de nueVo un libro de este insigne teo- 
logo, T en el documento que para ello mando estender, decia. cNos 
considerando que la dicha obra ha sido otra yez impresa y esde auC" 
tor tan catdlico y de tan sancta doctrina que serd muy Uttil d los estu- 
diosos detla, luvimoslo por bien. > La obra de que hablaba Carranza 
en esta licencia es una intitulada Relectio de pcmitentia habita in Aca- 
demia Salmaticensis Anno MDXL VIII A frate Melchiore Cano, ordi- 
nis Pnedicatorum. Compluti Ex officina Joannis Brocar, 1558. 

De donde se deduce que Melclior Cano, al censurar ima obra 
de Carranza como heretica, no tenia causas de odio contra este: 
antes bien, motivos de agradecimiento por las palabras tanlisonjeras 
con que habia dado el permiso para imprimir el TratadO de Peni- 
tencia. 






Aun ktt^o xoas en el asunto de aprobar ^el catecismo 
los padres que formaban la diputaciod del fndioe en 
elConcilio de Trento. Kl celebre obispo de Lerida.dcm 
Antonio Agustin era de los que juzffaoan hereje al af- 
4X)bispo. Como diputado debio asistur a la junta» en que 
se trato de dar un dicta men acerca de la obra de Garransa; 

1>ero con asombro sinro no fue citado. Por eso ea una de 
as diputaciones del Concilio afinn6 que se habia espedido 
mn consideracion i imprudenUmente ese parecer, favorable al 
arzobispo de Toledo y tan depriniidor de la autoridad de 
los inquisidores. El presidente de la diputacion se d^ 
fendio con decir que se iiabia becho y firmado el dictanaen 
en uno de los dias en que se acostumbraba tratar de 
libros que habian de ser aprobados 6 prohibidos, y en la 
bora acostumbrada (1). 

La aprobacion, pues, del catecismo de Carranza fuc 
de ningun efecto para el proceso de este prelado. Su te9- 
timonio traido a £spana se tuvo por nulo en el Santo 
Oficio, a causa de no baber recibido ratiiicacion completa 
en sinodo pleno. 

Las razones con que los historiadores parciales de 
Carranza bablan de tal asunto, bastan a descubrir que estos 
al tratar de la causa del arzobispo van muy separados de 
la verdad, bien por malicia, bien por equivocadas nuevas 
que Uegaron a sus oidos con alteraciones hechas por ami- 
gos del reo. Cuando un historiador manifiesta tan er- 
radas noticias de las cosas adversas al que tiene por ino- 
cente,y quando las preseata adulteradas al entanauiiieiilo 

( 1 ) cEI obispo de L^rida ha qnerido tomarlo tan i pechos que 
dixo el otro dia en diputacion (porqae fbc^ imo de los que no se ha* 
llaron el dia que se hrmo, aonqae era de los diputados] que aria 
sido hecho sin consideracion A improdentamente. El arEobispo de 
Praga, oue es el presidente desta oepntadoA, averigno aUi oomo se 
avia hecbo i la liora acostombrada j en dia de depatacion; j despues 
dixo que no venia el aUi para que nadie le dixese mjnrias j qne ^1 
diria d los legados que senaksen otro presidente. Burio mas tem^ 
plada reijmesia que mtrsoa lu iemanda.* — Don Pedro GonsaleE de 
MendoM. M. d. ra citado. 

28 



1 



de los que no 9on parte en d asunto, mucha pasion reside 
en su animo, mucno deseo de encontrar la inocencia^ nin- 
guno de inqiiirir lo cierto. Tendra por falso lo daftose 
al delincuente aunque en la verdad haya sido engendrado, 

!r por mas fahas aun las nieblas que vengan a acrecentar 
as sombras dd delito. 

Simancas siempre que habia en su yida acerca del 
arzobispo de Toledo, descubre el aborrecimiento que con- 
"^tra este infeliz prelado encerraba en el pecho. O^iza el 
odio del consejero de \st Inquisicion naeio en la certeta 
que tuvo de los delitos de Carranza, pues cuando estos 
existen se hallan motivos de sospecha kasta en la hermo- 
sura 6 fealdad del rostro, y en el modo de espresar los pen- 
' samientos por medio de frases mas 6 menos prolijas. Si- 
mancas, deseoso siempre de encontrar ocasion en que ofen- 
der al arzobispo dice: «Vinome a visitar don Antonio 
Pimentel, conde de Benavente, que era muy aficionado al 
reo por tener en su casa un hermano suyo; y entre otras 
cosas platicas (que tenia muy discretas y graciosas) me dixo 
que el diera de buena gana 500 ducados por ver al reo 
en la primera audiencia. Yo le dixe que su sehoria empleara 
mal el dinero por ver tm ruin gesto. Replico que no lo ha- 
cia por su gesto (que ya lo habia visto) sino por oir lo que 
diria. Y es cierto que tenia el reo un aspecto desapadhle. 
Y viendolo un dia en Roma Onufrio Camoyano, uno de 
los consultores, dixo que tenia rostro infeKdeimo.n 

Cuando afirma Simancas al hablar del arzobispo que 
era hoiyibre de ge$to ruin, de desapacible aspecto^y de %nfelici^ 
iimo roitroj me hace creer sin genero alguno de duda, que 
entre las cosas que perjudicaron a este prelado eh el vario 
suceso de su causa, debe contarse la escesiva fealdad de su 
semblante. Motivos hay para pensar asi, no solo en * las 
palabras del inquisidor, sino tambien en un proverbio 
vulgar de aquel tiempo, en que para mostrar todo lo fee 
y espantoso de la necesidcid^ se comparaba con la cara de 
un hereje^ Hombre que tenia un rostro tan ruin, tan in* 
felicisimo y tan desapacible, segun el sentir de los inqui- 



y del mlgo, por ffierza habia abierto las puer* 
tas de su corazon a las doctrinas de la reforma. Tal 
modo de discurnr sera absardo: pero bay mil pruebas 
de que nacio en bi^os de la ig^norancia y de la nialicia« 
y que crecio alimentado por la conTeniencia de I09 inquk 
sidores. 

Simancas a cada paso muestra la mala yoluntad con 
que miraba al arzobispo: «Era el reo tan prplijo^ dice, 
y confuso y tardo en resolveru y Um »a$peehoso en todo, que 
nos daba. mucho fastidio. h Ser pesado en la manifesta* 
cion de su sentir, ser confuso en el inodo de presentar los 
pensamientos, y ser en fin tardo en respuestas de las cuales 
pendia su honra y su vida, dteron motivos a los jueces 
para tener por mas sospechoso aun en el crimen de bere- 
)ia al infeliz arzobispo de Toledo. Si no supiera yo que 
don Di^o dc Simancas fue hombre de gran erudicion y 
de muybuen juicio en materias literarias, ysi no hubiera 
leido sus admirables obras de ColUctaneorum repuhltcayde 
Prtmogenitis Hispanim (1) con otras de un merito singular, 
s^uramente viviria en la persuacion de que tales y tantas 
cosas sabias dijo el arzobispo en su defensa, que se tuvie* 
ron por los dos jueces como prolijas y como confusas, a 
causa de la poquedad y de la ignorancia de sus entendi- 
mientos. Pero en este caso no fue asi; porque los defec- 
los nacidos con el arzobispo y el justo recelo de no decir 

Salabras que j>udiesen sufrir diversas interpretaciones, 
ieron mas vida y calor a las sospechas de los consejeros 
del Santo Oficio. 

Por otra parte, Carranza que en otro tiempo desem- 



(1 ) Jacobi Simanca Civitaien$is Episeopi, JuritamiuUi Claris'- 
ttmt, eoUecianeorum de Repuhlica, libri fumem, Opui itudiosii omnU 
6ta utUe: virie autem pditicU necessarium. Valdoliii, Ex Typogft^ 
phia Adriani Ghemariii, MDLXY, 

Jacobi Simanca Civitaiefuis Episeopi, de primogenitii HispOf 
nim Lihri quinque. Salmanticw. Apud Joatmem Mariam i Tenm^ 
now. MDLXYL 



—220— 

peM t\ cargo de inquisidor, sabia p^rfectamente los arti*- 
ficios eoti oue por medio dt palabras y acetones proca^ 
raban los meces turbar a los reos y conseguir de eilos 
una confesioiiY hija de la i^ferdad 6 del miedo, 6 de la lige* 
reisa> 6 de las tres cosa^ juntas (1). El arzobispo de To* 
ledo que sabia perfectamente las trazas y cauteias, de qiie 
se Servian los inouistdores para arrancar palabras al pre- 
sun to reo, sobre las cuales se habia de erigir luego el edi- 
ficio de su perdicidn y ruina ;qne estrano es que antes de 
dar respuesta a sus jueces mirase y remirase muy mucho 
en su entendimiento los danos 6 beneficios que de ellas 
nacerian para la sentencia de su causa? 

Don Juan Antonio Llorente en su Histaria critica de la 
Inquisicion trata de persuadir a sus lectores que el arzobispo 
estaba amedrentado con las iniquidades que en su proceso 
acada bora se cometian: que sus jueces le eran sospechosos 
porque los consideraba hechuras de sus enemigos: porque 
habian dividido en multitud de partes su acusacion con 



(I) Ejmeric en su Direetario de hqui$idores pone mmdiaB de 
las trazaf me deberian usar estos al tomar declaraciones d los acu- 
sados en el tribunal del Santo Oficio. Una de estas caatelas es como 
sigde: <Si viere qae el hereje 6 el delatado no quiere confesar la 
rerdadyVsapiere no estar conricto por testigos, cnando por indiciof 
le pareciere ter derto lo que contra ^1 se depone, dico que quandi*' 
negare esto 6 aqaellot tome el inqubidor el prooesojaojeele, jhtego 
diffale: cUtro estd que no dices la verdad y que fu6 oH como yo lo di§o. 
In, pues, claramenie la verdad del hecho, Haga esto de suerte que A 
crea hallarse conricto y que consta asi del proceso.... 6 tenga en la 
Biano una hoja wcrlta; j quando el delatado 6 hereje preguntado 
negare esto 6 aqnello, digale el inquisidor, fingiendo admirarse. 
lC6mo mtedee m negoHof iNo lo estoy yo viendof Entoncet lea en 
aqueUa noja j doblela, j lea luego, j digale : Puniualmenie ee eomo 
yodecia : deeldrate ahora, pues ves aue ya lo sS. Mas euardese el in- 
quisidor de descender tanto al hecno, diciendo que to sabe, que cl 
bereje Tenga en conocimiento de que lo ignora ; mas bable solo en 
genml, diciendo. Bien $e $abe donde estuviste y en q\U tiempo y lo 

r9 hot dteho, E indiquele algnna cosa cierta que sabe ser asi, y de 
dem^, hiblele en general.) — Fr. Nicolds Eymeric. Direciorium 
infuieitorum. 



el fin de dublicar los cargos y hacer que apAreciesen de 
mas gi'avcdan los detitos: porqve le acumulaban acusa- 
ciones con el prop66ite de aturdirio y conseguir que cayese 
en contradiccion ; porque le 'comunicaban los traslados 
casi al punto de espirar los plazos para que pidiese pr6-» 
rogasr, con lo cual se alargaba nias el proceso, 6 para que 
diese respuestas impremeditadas ; porque le habian atri- 
buido obras quo no eran suv^sy las habian mandado cali- 
ficar como tales, cuando estaban escritas por herejes ; y en 
fin, porque ni hicieron caso de la aprolwciori favorable del 
catecismo espedida i>or los diputados del Concilio de 
Trento, a quienes se hallaba encomendada la formacion 
del indice espurgatorio, ni llevaban camino de sentenciar 
la causa. 

Todo esto y aun mas, decia tambien el defensor de- 
Carranza, no solo en memoriales dirigidos al tey Felipe II, 
sino de riva voz a cuantos querian escuoharlo. 

Pero en esa relacion de cargos contra el Santo Oficio, 
mas pudo el afecto hacia el arzobispo en el animo de Az- 
pilcueta, que la verdad 6 la justicia. Unay otra me obli- 
gan a desvanecer los yerros, cuando no calumnias de los 
escritores que, en son de defender a Carranza, ban prelen- 
dido infamar a los jueces inquisitoriales que pusieron la 
mano en sn causa, atribuyendo a estos la culpa de la tar- 
danza en fenecer el proceso, y callando que el reo fue 
quien mas contribuyo a ella. Porque este, temeroso del 
sticeso, procuro por cuantos medios le presentaba el amor 
de la vida, y el deseo de aparecer ante el mundo como 
inocente, dilatar el negocio por mucho tiempo, con el fin 
de que en la bora de la sentencia, despues de algunos aftos 
de reclusion, ya estuviese mas entibiado asi el odio de sus 
emulos para solicitar el castigo como la suspicacia de los 
inquisidoreS para sentenciar su causa. 

Don Diego de Simancas, juez del arzobispo, aclara 
muy bien esto cuando dice : «Entretanto se pidieron dos 
prorogaciones para que los theologos acabasen de califi- 
car ;* y los quelmcian por el reo la$ itnpidieran de tal manera 



que no $$ carueduran sino diez m€$e$ en ambas ; y asi que, 
bien contado el tiempo que el reo estubo preso en Espa- 
fta, 10 reduxo a poeo mae die tree aitoe, en que ee pudo tratar de 
$u negoeio ; porque dos anos se gastaron en la recusacion, 
hasta que yeninios a hazer el prooesso, y catorce meses 
estubo la causa parada, esperando las prorogaciones ; j 
casi otros dos aiios se pasaron en 4lemandas y respuestas 
sobre adonde se avia cie ver y sentenciar (!)•») 

Enemigo, como soy del Santo Oficio, amo sin embar- 
go tanto la verdad historica, que no puedo consentir que 
en ningun heclio sea calumniado el tribunal aborrecible. 

El deseo del arzobispo en sacar dc manos de los in* 
quisidores su proceso, y el afan que empleo en dilatarlo 
por todas las vias imaginables, deben considerarse como 
una manera de defcnsa, contra la opresion que padecia y 
contra los riesgos que recelaba para lo porvenir; puesto 
que su causa^ sentcnciada por los jueces del Santo Oficio, 
hubiera acabado en la muerte aeLreo por medio del 
garrote 6 de las llamas 

Y asi no me parece razonable atribuir a culpa de los 
miembros de la Inquisicion, la' tardanza en ver el proce- 
so ; puesto que el mayor anhelo de estos era conseguir el 
castigo del ai^zobispo. No me detendre en referir minu- 
ciosamente todos los pasos del proceso mientras Carranza 
se vio recluso en las carceles secretas del Santo Oficio ; 
porque esto pediria mas larga escritura, y no cumple a mi 
proposito alargar mas el presente libro con una nel rela- 
cion de cosas que poco sirven para La claridad de esle 
pasaje de mi historia. Baste saber que aunque se diyi- 
dieron los prelados espa&oles en diversos pareceres acerea 
de su inocencia 6 su nerejia, los que opinaban favorable* 
mente no dejaron de trabajar con recato en Roma para 
que se pusiese termino a tan larga prision y para que 
triunfase de sus emulos el primado de las Espaftas. E^te 



(I) Don Diego de Simancas. M. S. antes eitado. 



— »5— 

al propio tiempo habia hecho recusacion de todos los ar- 
zobispos y obispos de estos reinos para sus jueces por 
creerlos temefosos de la Inquisicion e inhabiles para fa- 
liar libremente eii su causa. Por esto y porque la com* 

Easion de tantas infelicidades, padecidas por el arzobispo, 
eria las corazones de cuantos miraban de iejos y desa- 
pasionadamente el modo de proceder del Santo Oficio 
con un varon tan insigne, determino Pio lY avocar a si el 
proceso, pai*a lo cual espidio ot^lenes terminantes al nun- 
cio apostolico que residia en Espaiia. Pero Felipe II, cu- 
yo amor a Carranza estaba trocado en yehementisimo 
odio, solicito del Papa que la causa se viese en sus reinos. 
Pio IV entonces nouibro tres jueces : uno de ellos con ti- 
tulo de legadQ ad latere ; pero a todos pusieron grandes 
obstaculos los inquisidores, con el tin cle que la resolu- 
cion en el proceso del arzobispo no fuese tomada con ce- 
leridad, pues temian que de la sentencia nada konros« 
habia de venir sobre ellos. 

Pero al cabo tuvieron que ceder, bien a su pesar, 
ante la constancia y animp invencible del Sumo Pon- 
tifice que sucedio a Pio IV en la silla de san Pedro. San 
Pio V, movido a compasion, dispuso que el reo fuese tras- 
iadado a Roma para fallar en su causa. Alborotaronse 
los emulos de Carranza con tan impensada nueva : los in- 
quisidores representaron al rev Felipe que la determina- 
cion del Papa iba encaminada por el dafioso deseo de 
acortar las regalias de la corona; y el monarca espaftol, 
cediendo a las persuaciones de sus consejeros, llamo al 
nuncio de Su Santidad para decirle a boca, que de ni»- 
gun modo consentiria en que el arzobispo fuese sacado de 
las carceles del Santo Oficio : que si el Pontifice lo juzgaba 
oportuno podria comeler su jurisdiccion a personas ecle- 
siasticas y de letras, en quienes se creyese no residir 
ninguna mala pasion contra Carranza para resolver la cau- 
sa; pero que estas habian de ser naturales de EspaKa, y 
de ningun modo estranjeras; y en fin que no haciendo 
estas cosas, el arzobispo fcneceria en la prision sin ver el 
termino de su proceso. 



1 



San Pio Y, juz(|;aiido que ceder en esle caso $eria au- 
torizar un desaire tan grande para la Sede Apostotica, 
comenzo luego a renovar sus instancias ; y para ello envio 
ordenes estrechas al nuncio con el fin de que sin perdida de 
momento presentase a Felipe 11 amarguisimas quejas, y de 
que al mtsmo ttempo le diesea entender que si la Corte 
ae Espafta persistia en no entregar la persona del arzo- 
bispo, se aventuraba a esperimentar toda la indignacion 
de la Santa Sede. Los consejeros del rey y los inquisido- 
res, pertinaces en sus intentos, volvieron a aconsejarle en 
igual forma; pero Felipe II, temeroso de perder en el 
mundo la fama dc catolico^ conociendo el empeno del Papa 
y recelancio los danos que podian sobrevenir a sus estados 
si se mantenia en la opinion de retener en las carceles del 
Santo Oficio a Carranza, determino que el proceso y el ar^ 
zobispo fuesen llevados a Roma. 

El dia 27 de Abril de 1567 se embarco en Gartajena 
el Arzobispo de Toledo, custodiado por muchos inquisi- 
dores, y el 25 de mayo Uego a Civitavechia, de donde, 
seguido de buena guarda, fue llevado al Castillo de Sant- 
Angel. Alli permanecio en prisiones hasta que la causa 
se dio por fenecida. 

San Pio V, amaba mucho a Carranza, y no queria creer 
los delitos que los jueces del Santo Oficio pretendian haber 
hallado en el proceso. Para juzgar de este modo acerca de su 
amigo, recordaba lo mucho que este trabajo en Inglaterra 
cpn proposito de reducir a la fe catolica a los nerejes, durante 
el sangriento reinado de la cruel Maria Tudor y de su con- 
sorte y rival en la inlolerancia religiosa Felipe II (1). 



(i ) cHizo (Carranza) que se volviese (en Inglaterra) d los mo- 
nasterios y i las iglesias las haciendas que esUyaq enageuadas en 
poder de s^lares. Pvocuro que se guardase un concilio prOTincial 
quepor ordeu del Papa Julio III se avia celebrado. ProTejerouse 
catedraticos catolicos en las universidades. Comenzose a' proceder 
contra los herejes'luteranos.— Fimu de treynta mil fuertm 6 quema- 
do$, 6 destenados 6 j'econciliados.*—Lib. f .• de la 5.* parte de laHie-- 
taria de Sanio Domingo y de iu &rden de predieadores, por Fr, Her- 
nando del Castillo. 



Tiaia a su memoria los recuerdos de tantos servicios 
como a laCorte de Roma y a la Inquisieion de Espaha ha- 
bia prestado el arzobispo, asi en serin ones dc autos de Fe, 
como en la destruceion y examen de Hbros de protestan- 
tes, Y no podi^ en fin persuadirse de que un varon tan 
eeloso en defender las cioctrinas catoHcas, mientras era 
fraile dominico, las hubtese abandonado en la hora de re- 
cibir el palio de arzobispo, para ocupar la primera silla en 
la Iglesia espahola. 

Estas razones obraron niucho en el animo de san Pio 
y, no considerando que el conveneimiento tabra lo suii* 
ciente en el alma, para derribar en un dia cuanto se ha 
fabricado desde los primeras aftos de la vida. jCuantas 
veces el mas terrible enemigo trueca en amistad el odio y 
renoor, que alimentaron los anos, y que crecieron con do- 
bles insultos y con ofensas repetidas! jEn cuantas ocasiones 
el ejemplo de hombres insi^nes en la piedad, en el in- 
genio, en la ciencia, en la virtud, obliga a seguir doc- 
trinas^ que antes se aborrecian a par de muerte! Bien 
pudo Carranza olvidar tambien todo lo que en los prime- 
ros anos de su juventud aprendio en las universidades 
catolicas, lo que predico contra los protestantes en Ingla- 
terra, en los raises Bajos y en Castiua, y lo que persiguio 
los escritos de autores, enemigos de la potestad del Papa^ 
y de las ceremonias eclesiasticas de aquellos que en los 
cstados de Europa seguian el bando de la curia pon^- 
tificia. 

El catecismo del arzobispo, obra compuesta segun 
las opiniones de Lutero, Occolinpadio, y Melanchton, aun- 
que disfrazadas en parte, y en part^ escondidas entre ra- 
zonamientos catolicos, prueba mi parecer de que en Car- 
ranza no habia ya ardor igual a aquel que en los dias de 
su Juventud le precisaba por convencuniento y devocion 
a defender con la palabra y el fuego las doctrinas religio- 
sas de su protector Felipe il. 

Manaosan Pio Y trasladar en lengua latina el proceso; 
porque muchos de los consultores nombrados por la Sede 

29 



1 



Apostolica para definir en el asunto, 6 desconocian enlera- 
mente el habk espafiola, 6 aunque la supiesen, ignoraban, 
como estranjei*os^ p1 valor de toclas las palabras. 

Esto hizo que la causa se diktase "^ por mas tiempe, 
contra la voluntad del Papa. 

Desde ki^o mostro san Pic Y deseo de vejar a aque* 
llos inquisidores de Espaiia que habiaii ido a Roma, cami- 
sionados por el Santo Oficio y por Felipe IL 

Primeramente los obli^aba a eslar de pie en las con- 
gregaciones, en tanto que el en silla y los cardenales en 
escahos asistian a Ik lecturadelpix)ceso(l). Querellaronse 
los inquisidores en murmuraciones familiares, y especial* 
mente los obispos, pues estos a presencia del Papa to* 
maban asiento en publicas ceremonias. Al Rn san Pio Y, 
vencido de tales quejas, mando que se arrimasen a los in- 
quisidores unos escanos con los espaldares vueltos, para que 
en estos pudies^i los miembros del Santo Oficio y los que 
estaban en Roma nombrados por el Papa para ver la causa, 
reclinarse en momentos de cansancio, pcro no tomar 
asiento. Asi se celebraron las congregaciones por espacio 
de tres anos, una vez en semana, y en juntas de dos a tres 
horas (2). 

San Pio Y tan poseido estaba de ser verdad la ino* 
cencia de Carranza, proclamada por su defensor Navarro y 
muchosfrailesdelaordende Santo Domingo, que en cier- 
ta ocasion manifesto su parecer &vorable al catecismo, di- 



( i ) c El lanes siguiente Ikmo i congrrgadon , en la cual esUba 
el Papa sentado en sa silla, y los cuatro cardenales en unos escanos; 
y para nosotros avian sacado nnos escabelos ; y despues qne entraron 
al Papa, ciertos cardenales ceremoniosos los qoitaron y nos hicieron 
estar en pie d las espaldas de los' cardenales. » — Don Diego de Si- 
mancas. M.S. citado. 

(2) cDejspues nos agraviamos en particular fiiera de alli, de la 
indecencia que con nosotros sehacia, especialmente con los obispos; 
y con ser San f^eyerino italiano y muy pobre^ me dixo : fue no $abia 
e&mo se compadecia que en la capiUa del Papa, estando ^ en su mayor 
trono, estuoiesen los obi^s smtados, y Mi d pueria isinrrada not hicie^ 



ciendo lyonolo tengo por libro digno de reprobaeian : aniei bienj 
$i & elh me ohltgan, pronto lo aprohari par un motu proph (4). 

Esta pasion de san Pie V nor el arzobispo de Toledo 
mueatra que no abrigaba ei Fontifice la mas pequeha 
sospecha ae que el prelado espafiol siguiese las doctrinas 
de Ta reforma. 

San Pio V murio sin dar sentencia en la causa. Pues 
aunque no faltan autores que afirman haberia escrito 
este Papa y remitido a Felipe 11 en consuha (2), ezisten 
razones para creer lo contrario. 

Guentan que la suma de esta sentencia no pronun- 
ciada fue aI)soIver al arzobispo de la instancia hecha por 
los inquisidores: y mandar que el catecismo, origen de 
sus desdichas, se tradujese en lengua latina, y que los pa- 
peles manuscritos de Carranza no se diesen a la imprenta 
sino correctos en aquellas palubras y pasajes que pudieraa 
sufrir interpretaciones en la malicia de los enemigos de 
la religion catolica. 

Ailaden que esta sentencia se remitio a Felipe II 
para ponerla en la causa luego que este rey prestase su con^ 



ien eitar en p\4. Yo decia que el rey CathoBco A bus yasallos y cria- 
dos« quando estifn con el en consulia, si era larga, los mandaoa cu- 
brir y sentar, j que i. los obispos, hermanos del Papa, los hiciesen 
estar en pie j descobieitos en consultas tan largas y tantas, no en- 
tendia con qu^ razon se podia hazer. Obraron nuestras quejas» que 
ilos pusieron otros escatios detras de los cardenales, meltos al rev^s, 
demanera quenos pudiesemos arrimaryno sentar; y con e$ia crud^ 
dadproseguimoi las eongregaeiones tre$ aAoi, que de ordinario eran 
de dos horas y algunas yeces de tres boras y mas, cada semana una 
▼es.1 — ^Don Diego de Simancas. M. S. cilado. 

(i) <Dando el fiscal Salgado en Roma peticiones d Pio Y so- 
bre que mandase que no se vendiese aqnel libro (el catecismo] pdbli- 
camente, como se yendia, callo al principio, y instando el Fiscal ea 
la congregacion ordinaria de la Inquisicton, respondio con enojo que 
4 no tenia aqud catkeeismo por r^rohado, VT^ no le hieieeen tanto, 
fWi lo cmroboie por un motu propio.f — ban Diego de Simancas, 
yida M. S« 

(2) Don Pedro Salasair de Hendosa y don Juan Antonio lio^ 
rente. 



sentimiento; y por ultimo, que el monarca espahol, en 
cnyo animo imperaban tanto los jueces del Santo Ofido, 
manifesto, que antes tie escribirse en el pi*oceso la sen-, 
tencia, contraria a los mini$tros del tribunal favorecido 
por la corona, creia oportuno que el Papa viese cierlos 
documentos nada provechosos a Carranza. 

Esto aiirman los parciales del araobispo. Pero los 
jueces del Santo Oiicio niegan el hecho, asegurando que 
el Pontifice murio sin fenecer la causa de este infelis 
prelado. 

San Pio V no se dejo veneer de los amigos del reo que 
porfiadamente le pedian con suplicas la sentencia. No 
quier<^ tnorir can e$$ eserupulo^ i^spondio el Papa a los que le 
demandaban con lagrimas en los ojos el perdon del ar- 
zobispo (i ). 

Gregorio XIII, sucesor de san Pio Y, se vio cercado 
de los parciales de Carranza, para que publicase la sen« 
tencia dada, segun ellos, por el Pontifice difnnto. Pero a 
esto siempre respondio que de tal escrito no tenia la mas 
pequefia noticia, fuera de las voces sin fundamento que 
fa amistad acreditaba. Y asi que, pues tanto y tan obsti- 
nadamente persistian en ser verdad el hecho, empeiiaba 
su palabra de entregar veinte mil ducados al que le 
presentase original la sentencia, y con esto lo eumiese 
de ver el proceso, llamado con agudeza por los italianos 
rudis indigestaque nwles. 

El imaginado escrito de san Pio no parecio ; y por 
eso Gregorio XIII dijo luego clara y terminantemente en 
un documento publico, que su antecesor habia fenecido 



(i ) cMurio S. S. nrimero de mayo del ano de Lxxij sin sen- 
tenciar la causa del arzonispo ; y aunque deseo aeabarla v darle por 
librct al fin como era un a'nima buena, y le debia remorder la con- 
ciencia, instando los del reo por niucbas rias para que sentenciase, 
dicen que liltimamente dixo que no gneria morir am aan^l escruptUo* 
y assi parecio por el efecto ; pues viendose morir mucnos dias antes 
de mat de pieara,nanca sent^ncio.i-^-Simancas. M. S. citado. 



—829— 

dejando indecisa la causa del ai^zobiftpo de Toledo (1). 

El nuevo Pontifice comenzo a trabajar en ella. Dicen 
que los inquisidores aun en Roma habian hecho alarde de 
su poder poniendo embarasos de todo genero a la firme 
voluntad de Pio V, llevando su mal deseo hasta el punto 
de retener en Espafta muchos docamentos i*eferidos en el 
proceso, para que fuesen echados de menos, y mientras se 
pedian al Santo Oficio y Uegaban, dilatar de dia en dia la 
sentencia, con la esperanza de la muerte del reo 6 la del 
Pontifice. 

Todo esto y aun mas quieren decir contra los jueces 
de Carranza los ciegos apologistas de este prelado. Pero 
yo, si bien soy enemigo del nombre de los inuuisidores, 
tengo en muchaestima la verdad, y por tanto, el odio que 
vive en mi contra el tribimal del Santo Oficio, no podra 
obligarme a calumniarlo« 

Las dilaciones del proceso del arzobispo de Toledo, 



(i ) t Publicaron entonces los del arzobispo que Pio V avia ya 
dado la sentencia ; t afirmtfronlo Um de Teras qiie alegaban testigos 
de elio; j fueron afnueTO Pftpa, y le suplicaron que la publicate j 
sentenciase, elcual respondio quese la oiesen j les daria veiute mil 
ducados por ella, por no yer el processo; j aun con todo eso, se es- 
taban en su error, y creo que siempre lo estuTieran si en la senten- 
cia que despues se di6, no se dixera espresamente que Pio Y xnurio 
antes que sentenciase. Yo creo que parte fu^ enga^ y parte eauteia 
de loi que ueaban para aereditar ni negoeio, dieiendo que el Papa Pio 
avia absuelfo al reo, 9 — Simancas. M. S. citado. 

En la sentencia que dio en la causa Gregorio XIII, segun dir^ 
mas adelante, declaro este Papa no baber dado sentencia san Pio V 
en el proceso del arzobispo. Wanse sus palabras. f Estando ja para 
Uegar al remate de dicba causa, el Papa Pio V pidio su parecer i 
nnestros venerables berroanos cardenales y todos los demis consul- 
tores de dicba causa ; y todos lo fueron dando por escrito. T Aa- 
hiendoloi recogido el Papa y queriendolos ver todos para examinarlos y 
paearloe muy despacio para poder gentenctar, en este estado fu^ Dioi 
iervido llevdrsele para si, con que qucdd la causa indecisa, t — Ambrosio 
de Morales. M. S. citado que pa'ra en Ca'diz en poder del Excmo. 
Sr. don Jose Manuel de Vadillo. 



segun mostre en otre lugar de esta htstoria, no nacieron 
en el deseo de sus jueces con el fin de que la sentencia 
no fuese pronunciada en Roma« 

Garranza, con recusacioties diversas alai^ de dia en 
dia su causa, temeroso del suceso que pudiera tener, vislo 
el rigor con que en el Santo Oficio se solia castigar a cuan- 
tos se desviauan de la retiffion catolica. Sabia que su^ 
amigos, el oardenal Polo, el cardenal Moron, el araobi^M) 
de (kntorbery y el obispo Prioli, habian sido depuestos 
de sus dignidades por el Pontifice, al ver que estos no al- 
bergaban en su alma otras doetrtnas que las luteranas. 

En vez de enmarafiar el proceso del prelado pro- 
lestante los jueces del Santo Oficio, deseosos de que el 
Papa no pronunciase sentenck, querian allanar los obs-* 
taculos que presentaban para ello los del bando de 
Carranza. 

Yease lo que el doctor don Diego de Siniancasrecuen- 
ta en su propia vida. uEntregose el proceso con todos 
los papeles a Aldrobandino, auaitor de la Rota, muy buena 
persona pero espaciosisimo, y que nunca se acababa de 
resolver; y el; al uso de la Rota, comenzo a remontar du- 
bios sobre dubios sobre si se avia guardado en Espafia la 
forma del Rreve de Paulo IV y otras cosas a este tono. Pui- 
mosle a kablar Cervantes y yo, y los dos inquisidores Te- 
mino y Pazos, y diximosle que por aquel camino nunca la cau$a 
$$ acabaria. Respondionos que le avisasenfos, porque nun- 
ca en su vida avia visto causa de Inquisicion (1).» 

De aqui se infiere que las tardanzas y estorbos piies- 
tos en el proceso no fueron todos obras de los jueces del 
Santo Oficio. La ignorancia de los curiales de Roma en 
casos de la Inauisicion espaiiola, y los enredos de los par- 
ciales del arzooispo para que este saliese del trance ya que 
no absuelto, al menos con menores casti^os, dieron causa 
suficiente a tales dilaciones que los modernos escritores 



(I) Simancas. M. S, citado. 



alribuyen al odio y a ki malicia de los inicuos, que en- 
tonces juzgaban en nuestra patria a los que se regian por 
la libertad de sua conciencias. 

Es cierto que mucko trabajaron los inquisidores en 
mnar. victoria contra el arzobispo ante el Papa. Antonio 
Perex, que tanto sabia los secretes de estado del Neron es- 
paftol Felipe H, dice, hablando de las tramas que en* Es- 
paiia y Roma se urdian contra el desdichado arzobispo. 
«Perque no ivan las informaciones que se enviaban de la 
primera ves, enviaban a pedir a los que alli tenian en la 
folicitud de la causa, que enviasen a ciezir el los como vas- 
tarian para el fin que se pretendia. Y los de alia dezian 
que fueseii en tal y tal manera para que hizicsen su efec- 
to.i» :No podia Ilegar a mas la pertinacia y malignidad 
de los lueces del Santo Olicio y ael barbaro opresor Fe- 
Upe II! 

Pero a pesar de tantos estorbos e iniquidades, el Pa- 
pa Gregorio XIII se dedico a fenecer el proceso, y al cabo 
jogro dar sentencia en i4 de Abril de 1576: la cual no 
ha sido hasta ahora por nin{2^no de los historiadores es- 
pafioles publicada. Tradujola en lengua castellana el cro- 
nista Ambrosio de Morales ; y aunque yo la tengo presente, 
no quiero darla a la estampa por ser muy estensa, y no 
conveninne alargar mas este libro. 

Basta saber que el Papa Gregorio XIII dijo enJa sen- 
tencia qae Carranza habia bebido prava doelrina de muehoi 
herqei eondenadoi, camo de Martin Lutero, Juan OccolmfOr 
dio, Felipe Melanchton y otroe ; y que los librae del arzobtepo 
contenian frasee y maneras de hablar, de que usan estos auiO' 
r€i para canfirmar sue ensefkanzas. Declaro a este prelado 
reo sospechoso en la berejia luterana, y dispuso que ab- 

1'urase en su presencia todas las doctrinas erroneas aue se 
lallaban en sus escritos, y a mas diez y seis proposiciones. 
Lo absolvio de todas las censuras eclesiasticas en que habia 
incurrido, y le impuso por castigo que fuera suspendido de 
la adminiitracion de $u iglesia de Toledo; (suspension que ha« 
bia de durar todo el tiempo que quisiese el Papa Gr^o« 



rio y sus sucesores en la Sede 4post61ica). Le sefiaio por 
carcel el convento de dominicos en la ciudad de Orbieto, 
por espacio de cinco ahos, y muchas peniteneias, entre 
ellas la de visitaf* las siete Basilicas de Roma (i). 

Tal es la sentencia que dio el Papa Gregorio XIII en 
el proceso del arzobbpo de Toledo, segun se lee en el M. S. 
de Ambrosio de Morales. Desde laego se advierte qae en 
algunas cosas difiere del resumen que de el la poso en 
su Huioria del Santo Oficio don Juan Antonio Liorente ; 
puesto que este esct*itor afirma que Garranza fue sus* 
penso en la administracion de su siila por espacio de 
cinco aiios, cuando de la sentencia resulta que el de*^ 
creto de suspension se espidio por tiempo indeterminado 
a voluotad cle la Santa Sede: cosa que parece mas verosi* 
mil, si se atiende al empeKo que mostro el rey Felipe y 
el tribunal de la Inquisicion en que el arzobispo apare^ 
ciese como delincuente. Darle autoridad al caoo de seis 
anos para gobemar su silla era aventurarlo a nuevos peH* 
gros y a mayores venganzas ; pues sus enemigos tomarian 
cualquiera ocasion por los cabellos para con otras dela- 
clones reducirlo a la estrechez de los calabozos del Santo 
Oficio. 

Sea de esto lo que se tenga por mas yerdadero. Go-> 
mo no cumple a mi proposito defender abiertamente la 
opinion que tengo acerca de la sentencia dada en el pro- 
ceso de Garranza, basta para la claridad de mi historia re- 
ferir que el arzobispo de Toledo delante del Papa, de los 
cardenales, de otros prelados y de muchos oficiales de la 

(1) M. S. de Ambrosio de Morales ya citado. Simancas en su 
vida dice liablando de la sentencia: cLa suma della fa^ que le con«> 
dend S. S. i( ahjurar por yehemente sospechadiee j seis proposicio- 
net her^ticas y que estuviese reclnso en cicrto monasterio de 6u 6i^ 
den por 5 anos v mas por la voluntad suya, y de sus sucesores «n la 
Sede Apostolioa; y en otras ciertas penas espirituales. Y es cierto 
que la intencion del Papa /W qtie la redusion y smpension fuesen per- 
p^tku, sino que $egun la edad del reo, $e entendfd que no viviera lo$ 
dnco aifk>8.9 



Imiuittckm kko sus abjuraciones, qvedando dmdt lucgo 
absodto de toda culpa. 

Leyo Carransa su abjiiracion con nracha seqiiedad y 
no menos desden, coAo si sc trataae de on* escritura que 
nada tuviera que Ter con su persona (1 )• 

Estando de rodillas ante el Papa Gregorio Xlil, esle 
la dijo; mPor la larga priSMm que hakm Umido y porque $h 
oira tiempo $ennstm a la Igleeia CaidUea no ha tido ma$ rigth- 
rota la MeaUnda {i^n 

Luego mando al gobemadoi- del Burgo que Uevase a 
Garranza al monasterio de la Minerva. 

Enlonces el araokbpo al pasar junto al ctfdenal Gam* 
bara le suplico con muy geiiul desenfado nue diese orde* 
nes para que su ropa fuess Irasladada desde el Castillo de 
Sant-Angei a su nueva habitacion. Esto admiro a sus par- 
ciales y enemigos. Los unos atributan esta serenidad a 
inocencia^ y los otros a pertinacia en la culpa (3). 

Hasta ahora ninguno de los historiadores de Garran- 
za ha juzgado la sentencia con tado el rigor de la critica. 
Desde luego se puede afirmar que este prelado obtuvo 
victoria, porque su causa fue acabada contra la opinion y 
las astucias desusemulosy jueces: porque cuando preten- 
dian estos que su victima iba a verse descomulgada nor la 
Bula in Cmna^ y di^uesta de la dignidad y de la vida, el 
Papa declar6 a Garranza tan solo sospecboso de algunas 
kerejias: y en fin porque luego que nizo su abjn radon 
queao purgado y libre de ellaa y absueko de k» oensoras 
que se imponian a cuantos se aeparaban de la Fe Gatolica. 
El suspenderlo en la administracion de la Iglesia de Toledo 
y de los frutos de el la y el imponerle otras muchas y mas 
graves penitencias fueron cast^os por haber defendido en 
escritos y de palabra opiniones luteraaas. 



(f ) Simancas. M. 8. citado. 
(S) El miimo. 
(S) QniMBO. 

50 



Al siguiente dia de la abjuracion (Domingo de Ra- 
mos), dijo misa publicamente Carranza en presencia de 
gran auoitorio; y desde entonces todos los prelados y dig- 
nidades de Roma, lo trataron de Hustrinmo, como a ar-- 
zobispo. 

Despues el segiiiido dia de Pascua visito las siete iglc- 
jiias^ desde la manana basta la noche. «Ftt^ d ellas am tan^' 
to$ ooches y acompanamiento que did con rocoti materia de mar*- 
marar y de dezir que hazia de la penitencia fausto^y triunfo (i).>f 

Como eonsecuencia de tanta fabga en edcKl tan ade- 
lantada, se sintio muy indispuesto con una grave calentnra 
que poco a poco fue recreciendo hasta el punto de poner 
lermmo a su vida el dia % de Mayo de i576 a los setenta 
y tres anos de su edad. 

La causa de su muerte fueron tres grandes piedras 
como avellanas que tenia en los riftones: las cuales con lo 
mucbo que ando en el dia de su penitencia, se le remo- 
vieron. 

Antes de rendir a su Criador el ultimo suspiro, hi£o 
Carranza una protestacion de Fe, jurando en presencia de 
Dios Sacramentado no baber caido jamas en herejia de nin* 

!;un Una je. Pcro es el caso que para mayores dudas y con^ 
usiones en el asunto del arzobispo de Toledo, se afirma 
tambien que Fr. Melchor Gino, a quien se tiene por su ene- 
migo, y por quien mas lo persiguio en vida, a la bora de la 
muerte, cuando recibio el Sacramento fue preguntado por 
el provincial de Santo Domingo, si llevaba algun remordi- 
miento 6 escrupulo en orden a la prision de Carranza, pues 
en tiempo estaba de descargar su conciencia y hacer un 
bien al presunto reo. Es fama que Melchor Cano res* 
pondio; aPadre Reverendo^ por eee Dios Saeramentado que 
ahora {aunque tndtigmo) eepero reeibir y deepuee me ha dejuzgar^ 
que en e$a materia no Ikvo escrupulo ni remordimiento el mas 
leve : si, gran consuelo ; pues a no haberle acusado y delatado 



(I) Simancas. M, S, citado. 



iU$fropomicni» al Santo Ofieio^ creyera que me hobia de ean^ 
denar.n Eslo acontecio dos aftos antes de hacer en igual 
forma una protestacion de su inocencia el arzobispo de 
Toledo (4 )• 

El mismo Pontifice Gregorio XIII mando poner en 
su sepulcro un epiiafio donde le daba nombre de varon $$cla^ 
reeido m Uiuije, en pureza de pidfL, en doetrina^ en ftedieaewn^ 
y en eoeorrer a lo$ meneeteroeoe. 

Tal fin tuvo el arzobispo de Toledo, despues de pa- 
decer por espacio de diez y seis afios conBtantemente en 
carceles secretas del Santo Oficio y en el castillo de Sant- 
Angel en Roma, a Jamas le vieron triste (dice don Antonio 
de Fuenmayor en la Vida de son Pio V) : hablo con lem- 
plaoza en su causa: dc nadie di)o mal, ni de los que el 
ereia le eran enemigos.» A lo cual aftade el padre Quinta* 
nadueftasen una de sus obras (1) que «manifest6 tan gene- 
roso animo y cristiano valor en csta adversa foituna, que 
pasmo a Espafia y admiro a Italia. » 

Algunos aftos despues de la muerte del arzobispo, co* 
menzaron varios escritores a derramar elogios sobre su 
tumba, Uamandolo hombre de gran saber, vtrtudes y doo- 
trina ; pero siempre con el recato que inspiraba el justi* 
simo tennor que tenian los espaftoles al Santo Oficio. Debo 
advertir que casi todos estos autores que mostraron su 
opinion favorable a la inocencia de Carranza, fueron 6 de 
la orden de predicadores, 6 canonigos, 6 naturales de To- 
ledo, personas en quienes vivia el interes de honrar la me- 
moria de su compaftero, 6 de $u arzobispo. Pero si estos 
mismos escritores no hubieran sustentado su opinion en 
defensa de aquel ilustre prelado, aunque fuera tan solo 
por el deseo de no ver infamada la religion de santo Do- 
mingo 6 la Iglesia y ciudad de Toledo, con haber tenido 
los unos a un hereje por fraile de su orden, y los otros en 

(1) Ambrosio Morales. M. S. citado. 

(2) Pr. Antonio Quinunaduenas. Sa$Uo$ d$ la imperial ciudad 
de TcUdo. Madrid.^19S1, por Pablo de Val. 



Bii siHa arzobispal & un pastor iiifidioiiado de Im erroMS 
de aquel tiempo ^a quieii 6 a quienes estaba rnservada la 
potestad de esmbir en este caso papa que la verdad fuese 
puesta en su punto? 

Los historiadoiiRS hubieran callado, 6 cuando menos 
dicko algo en la prision del arzobispo sin mantfestar su 
parecer adverso 6 favorable, como hizo Luis Cabrera de 
Cordoba en la Vida de Felipe IL A ellos nadu importaba 
seguramente que erecicse el descredito de Carranza, con 
tat de no ponerse en aventura de que el Santo Oficio les pi- 
diese euenta de sus palabras. Por esto, solo aquellos en 

auienes liabia el interes de defender la verdail, en oposicion 
€ los enemigos de su prelado, pudieron tomar cartas en el 
asunto e ilustrar a las generaciones venideras en causa de 
curso tan largo y tan estrano. Sin embargo de esto, el 
ser unos de la misma orden que Carranza, y otros de la ciu- 
dad de Toledo e interesados en defender a su prelado, hace 
que su opinion en la materia se tenga por sospecbosa ante 
la buena critica. En la causa del arzobispo viose a un varon, 
insigne por su sabidnria, cubierto con las sombras de las 
doctnnas luteranas que en aquellos tiempos tan calami- 
tosos turbaban la paz de los catolicos: a un constante ser- 
vidor de la Santa Sede, trocado a los ojos del mundo en 
uno de los enemigos que amenazaban destruiria: a un 
hombre que con las armas del Santo Oficio destruyo e im* 
puso castigos a herejes pertinaces, converlido en uno de 
tantos : al que mostraba a los inquisidoiY^s los libros de 
opiniones cte los protestantes, para que fuesen vedados k 
los catolicos y reducidos a cenizas, infamado como autor 
de una obra en que la pluma se creyo guiada por los es«> 
critos de Lutero: yen fin, al que tantas personas y pre^ 
lados ingleses metio en prisiones, reducido por su miseria, 
con afrenta de su virtud y vituperio de su cargo, a las car* 
celes secretas de la Inquisicion espanola,sirviendo de asom-> 
bro al mundo, de regocijo a la cnvidia, de rscandalo a las 
gentes, de terror, mirandose ensu espejo, a otros obispos< 
de duda a muchos \arones ilustres que lo amaban : de com- 



— «57— 

Mftion a 1m <fite tenian esperiencia de sns ^Mivmbrat 
loables; y por ullimo, de sospechas a) Pontifice romano. Y 
en verdad parece acaso que el arsobispo de Toledo ^ don 
Raitolome de Girranza, cuyos servieios en defensa y acnv 
centamiento de la Sede Apostolica fuoron tantos y tales, vi- 
niese alfin a aparecer ante los ojos de los cat6iicos, no Birfo 
eoma hereje, sino como fautor de hei^ias, ya por medio 
de- las palabras, ya por medio de los escritos. En tanto 
que desempefio, siendo solamenle fraile, imporlantisimas 
comisiones, asi del Papa, como del emperador Carlos y de 
Felipe II, la fortuna ie mostro agradable el semblante, y 
de uno en otrb paso lo Uevo kasta el punto de elevarlo 4 
grande dignidad cuando menos se esperaba. Mas luego 
k> derribo prestamente de la altura, con lo cual quiso dar 
k entendcr que no liallando mejor camino de fabricar m 
mina, lo levanlo a la cumbre de la prosperidad nara arro- 

C' rlo de el la con mayor afrenta y caida en los Lrar^os de 
emulacion y de la envidia. Gran eiempio de la vanidad 
y de las glorias mundanas, y bastaute descngafio de loa 
que en alas de la ventura son ilevados de uno en otro vuelo 
hasta las nubes, para caer con mas violencia en lo pfO«* 
fundio de los mares, 

Algunos frailes domtnicos y varios escritores toleda- 
no6 quieren decir que Carranza era inocente de las culpas 
que 8US cmulos le atrtbuian. Los que tal opinion sus* 
tentan^ prccianse de muy catolicos, y desde luego niegan 
eo eate hecbo la infalibilidad del Papa ; puesto que Gre<^ 
gorio XIII declaro al arzobispo reo sospechoso en muchas 
nerejias, le kizo detestar dies y seis proposidoncs luteva- 
Das y le impuso grcYisimas penas. 

No cabe genero alguno de duda en que Carransa^ 
enemigo implacable de los protestantes, al cabo vino a dar 
en las doctnnas de estos, vencido de su trato familiar con 
algunoa» y de la coniiDua leccion de sus escritos, que fre- 
cuentaba con el fin de impugnarlos. 

Por el testimonio de Fr. Juan, de Regia, confesor de 
Carlos V, se prueba que el ambispo de Toledo, un dia 



antfis demorir este heroe, cuyas huestes faeron venced<^ 
ras ante los muros de Pavia, al pie del Gapitalio, en los 
campos de Tunez y en las orillas del Elba, lo absolvio sin 
el Sacramento de la penitencia, diciendole al mismo tiem- 
po: Vuesira magestad ienga gran eanfianxa, que m hmg m 
kubo pecado, pue$ la pasian de Criilo baetaeola contra il (i). 
Don Luis de Avila y Zuniga, historiador de los heekos 
de Carlos V cuando la cuerra eon el duque Juan de Sa- 
jonia y el Land-grave de Hesse, y gran privado del £ni'^ 
perador, certifico tambien que C^ranza en la bora de es- 
pirar aquel monarca, tomando un crucifijo esclamo: Hi 
aqux quien pagd par toAo$ : ya no hay pecado, todo e$id per-- 
danado (2). 

E^tas proposiciones, acerca de la justificacion del al- 
ma para con Dios, deben ser reputadas como luteranas. 

A mas de esto Carranza aeclaro al fin de su causa 
que por tales tenia algunas de ellas. Gonsta que Fr. To* 
mas Manrique, uno de sus parciales en Roma dijo : que 
el reo era un necio que confesaba por heritica una proposieion 
catdliea. A lo cual respondio el doctor Simancas que m* 
ria tan hereje afirmando que da proposidon c€U6lica era hrn^ 
Itca, como diciendo lo contrario (3). 

El arzobispo de Toledo en su catecismo nos mostro 
cuanta aficion encerraba ya en su pecho a las doctrinas 
que habia hasta entonces perseguido de muerte, asi en las 
personas como en los libros. Mi intento (decia) e$ poner 
por texto el cathedmo que time la Iglesia desde su fundaeian..... 
y declararlo para el pueblo en lo necesario.... y tomar la &- 
claracion de la nUema escritura santa ydelos padres aniiguoe, 
como ellos en su tiempo solian enseiUir A los que tomaban esia 
profesion de cristianos. 



(1) Don Juan Anumio Uoreiitc. Historia critka de la Jn- 
gutftciem. 

(2) El mismo en la obra citada. 

(3) Simancas. M.S. 



Uorente (canoni^ de Toledo) afinn6 en su Hisiaria 
M Sanio OfUio que ninguna de las dies y seis proposicio- 
nes abjuradas por Garranza se encuenira en los escritos de 
este prelado. Pero la pasion le puso una venda en los 
ojcjis SI examino tales obi*as, 6 la ignorancia de ellas le hizo 
decir lo que sus deseos y conjetoras verosimiles ima- 
(^aban. 

La proposicion decima quinta abjurada era de esta 
forma. «/.a fglma preaetite i^o time la mmna luz m auto^ 
ridad igual que la prmitiva. » 

Pues bien : Garranza en el prologo del catecismo 
puso la siguiente que en todo se asemeja. uHeprocurado 
remeitar aqui la ^intigikedad de nue$tro$ mayores y de lalgleeia 
pnmera porque aquello fui lo mas $ano y lo mas limpio.n 

De este inodo sin examinar los escritos de autores fa- 
mosos, se discurre aeerca de sus doctrinas, y se les atri- 
buyen las que finge el deseo de sus apasionados 6 de sus 
emulos. 

El arzobispo, segun lo que se deduce de lo dicho, 
guardaba en su pecho las opiniones luteranas ; y los ar- 
gumentos protestantes que se encuentran a cada paso en 
sus obras son chispas que descubren el fuego oculto por 
ei lenityr de caer en la indignacion de los jueces del Santo 
Oficio y del barbaro fanatlco Fdipe IL 

Este rey, perseguidor de protestantes, si fue igual a 
Neron cuando este nacia morir en tormentos a los cristia- 
nos, no dejo de parecei*se tambien al feroz hijo de Agripina 
en destruir a sus amigos, y privados luego que en ellos no 
veia ciegos instrumentos de aquellos caprichos y maldades 
que uno y otro monarca Uamaban razon de estado. 

Neron a Burro y al estoico Seneca arrebato las vidds. 
De la cumbre del valimiento los arro{6 despe&ados en 
brazos de la muerte para escarmiento de los ^e se em- 
plean en adular a tiranos y en vestir sus iniquidades 
c^n los atavios de virtudes y de sacrificios hecbos al bien 

publico. 

Felipe II, por medio de sobornados matadorcs y con 



la TioIemHa de afpidos luerrofi, oblig6 a qae enmudeciesen 
en la tumba muchos de sus privados, enire ellos JtMia dr 
Escotedo. A Antonio Peres su destreu en huir y aa as* 
tucia en levanlar a los de Aragon coqtra Felipe, salv6 dc 
la muerte. A Garranza el afecto de Pio V libro de liaHar 
en una ciroel el fin de sus dias. Al cardenal Espinoea corto 
la vida el miedo del manifiesto enojo de su rey contra ans 
servicios, 

Neron en los prioMsros aftos de su imperio se llenaba 
de horror cuando tenia que firmar una sentencia de 
muerte. 

Felipe II con la barbara Maria de Inglaterra en los pri^ 
meros pasos de su reinado mandaba aniquilar a sangre j 
fuego a los proteslantes. 

Neron, cuando abrio su pecho a la cnieldad y a los 
▼icios, representaba como faisirion en los teatros, entonan«- 
do versos, despues de ordenar la muerte de sus contrarios. 

Felipe It, histrion de virtud, luego que disponia la 
ejecucion de aquellos de sus vasallos, que el eonsiileraba 
enemigos, se reiiraba a la capilla de palacio 6 al coro del 
mona^terio del Escorial a entonaV los salmos del gran pr«>* 
feta David, 6 los amargos irenos de Jeremias« 

Neron por sus vicios merecia haber presidido tti es* 
tatua despues de su ti*agico fin, y para memoria de sns 
kechos, las fiestas bacanales que celebraba la antigua Roma. 

Felipe II, tambien en estatua, debiera haber sido ado* 
rado por ios inquisidores en medio de los autos de Fe, her 
qhos en los reinados de sus suoesores Felipe III, Felipe IV 
y Carlos II. 

Garranza pago la pena de haber poseido por espacio 
de algunos aftos el inconstante afecto de Felipe, el Neron 
cspanol, bendecido por la malicia, por la iniquidad, 6 por 
la ignorancta. 

Terror de los protestantesfue el arzobispo de Toledo 
981 en Espafia como en Inglaterra, y al cabo dio albemie 
en su alma a las doctrinas de Lutero^ OccolmpacUo, Mo* 
lanchton y otros escritores que pmUcarao y aun predi- 
caban la reforma en la Iglesia. 



—ail— 

Vio ajida sa (tignidad: vna embrftwcida enuUciim 
qiiiso halltr y hall6 en sua obras las o^hnics que ya es^ 
taban seftoras de ra conciencia : el Snito Oficio, a cjuien 
degamente sirvi6 Garranza^ hjzo preia en sn persona, y 
esle prelado en redusion de dioi y seis alios, sum6 con ios 
^decimientos del encierro, con la obstmcion de sus 
jueces en inquiiir sn vida, con repelidas aodiencias, y 
con d miedo de perecer en la hogoera, todas las angu»« 
tias, todos Ios recelos, todas las penas qtie consigo traen 
Ios remordimientos, jCuantas veces las sombras de Ios 
que atormento en las carceles del Santo Oficio para des- 
pues privarlos del bien de la vida turbarian sus sueftos! 

Carranza, feroz cuando catolico y en hombros de la 
prosperidad, solo merece la indignacion de Ios mortales 
por sus hechos horrorosos. 

Persc^ido y encarcelado cuando protestante, su- 
fiiendo todo el veneno de la amargura que dio a beber 
en las carceles del Santo Oficio a Ios reformadores, y espe- 
rimentando con Ios males presentes el recuerdo de sus 
iniquidades, merece la compasion, de Ios que en las pa- 

g'nas de la historia contemplen su prospera y adversa 
rtuna. 

Siglo infdiz para Espafia fue el decimo sesto. Con 
un monarca tan cruel y supersticioso, Ios vasallos, para al- 
canzar valimieato, tenian obligacion de convertirse en ver* 
dugos: Ios que amaban la libertad de sus conciencias y se 
atrevian a manifestar aunque levemente su pensamiento 
estaban reservadbs para victimas; y Ios que encubrian sus 
doctrinas, 6 Ios que inclinaban al yugo las cervices que 
debieron nacer exentas, se veian en la obligacion de pasar 
plaza de esclavos. 

El monarca respiraba con la opresion de sus sub* 
ditos. Los validos y Ios numerosos agentes de la corte, 
desde el familiar del Santo Oficio hasta el ultimo lego 
de Ios conventos, se complacian en oprimir a Ios que te- 
nian el nombre de subditos. El suirimiento era reser- 
vado a las victimas y a aquellos que conocian su escla- 

51 



vitud, y que sobrc los griUos reales y de la Inquisicion te». 
nian sujetosloB piied yJas manos con las nueyas cadenas 
puestas por el miedo. Los esdayos que no lloraban su 
perdida libertad» vertian en^ las aras de su miseria el in- 
cienso que en nubes olorosas . subia hasta el trono de 
Felipe it y entonaban canticos de alabanza a los brazoa 
opresores, que solo para la adulacion y para maldecir la 
lioertad solian conceder a las victimas el senalado don 
de manifestar sns pensamientos* 



LI6R0 CIJARTO. 



Herencia del reinado de Fernando e Isabel fue la in* 
tolerancia religiosa que dominaba en los corazones de 
muchos eclesiasticos dd siglo XYI monjes de la Tebaida 
en las palabras, pero satiroci en las obras. 

Los reyes catolicos echaron las primeras cadenai^ que 
ban oprimido al ingenio en nuestra patria. Redujeron 
a cenizas a mas de veinte mil personas sospechosas de 
?uardar la religion judaica: apropiaronse sus riquezas,que 
los inquisidores robaban a los reos, vistiendo la iniquioad 
del hurto con el nombre juridico de canfUcacionei (l): hi- 
cieron que en Europa corriese la voz de ser la coaicia lo 
que a entrambos monarcas obligaba a perseguir a los mi" 



( 1 ) En una de las carUa atribuidas i Heman Peres del Pulgar, 
escritor contemporineo de los rejes catolicos, se habla de diseasio- 
nes acaecidas en Toledo, y se lee acerca de eUas lo siguienti^: tLos 
de fuera echados ban fecho guerra i la cibdad : la cibdad tambien i 
los de fuera; e eamo aqudlas cibdadamoi $on grantki inqui$idare$ d$ la 
fe, dad que hersgioi faUaron en lot biene$ de lo$ labradores de Fuenta" 
lida, que TOD A LA ROBARON e quemaron; 4 robaron d Guaidamur 
4 oiroi lugares. Los de fuera con e$U mUmo zdo de la fe quemaron 
muchas casas de Burguillos. > 



seros hebreos^ y que hasta el YaUcano Ilegasen las quejas 
de tanto latrocinio, empezado con forinas de proceso 
para acabar en el acrccentamiento del patrimonio regio 
enflaquecido con tos gastos de dilatadas guerras (1); y en 
lin^espulsaron de Espaiia a cuatrocientos mil judios, crimen 
politico que los ciegos admiradores de Fernando e Isabel 
califican de heroica resolucion para mantener en estos 
reinos la unidad religiosa. 

Esta manem c|e espulsat a los de otra secta fue in- 
vcncion de Torqueiiiad<'i» ioquisidor general, quien la co- 
munico a los reyes catolicos. 

Estos sobei*anos, vencidos de las instancias de los jue- 
ces del Santo Oficio, creyeron asegurar de este modo con 
lo que hoy se llama unidad religiosa^ la Fe de Cristo en sus 
dominios, 

Pero en la miMiia Roma, en lo demas de Italia^ y en 
casi lodas Us nacioues cultas. de Europa, dontde viven y ban 
vivido los* judies, como vivian en Espana ^no sirveu al 
Estado con el pagt^ de los impuestos? ^Y acaso el ha* 
bitar judios en estas tierras ba hecho pdkrar la religion 
emtiana? Las nacione^ estranieras, cionde nuH^nn eatos 
hombres, prueban 'mejor /qi»e ips mas podeirosos • ^u- 
oaentos la inutilidad de su espuUion en Espafia y el dafto 



( i ) iParece que duda» fli Nos alrer tu cuidado de castigar con 
^enreridad a' los peHidioBy que .fiDneadoae enstianos blasfemaii de 
Cristo, lo crucifican con infidelidad jud^Cica j esUn pertinaces en su 
apostasia, pmgar^mos que h haces maspor €Nnbicumycodi€ia de bienee 
temporales que for celo delafey verdad cat6lica 6 temar de Dios; pero 
debes estar cierta de que no Wemos tenido ni aun leve sospecba de 
ello; pues aunque algmas pereonae han eusurrado aigunae eepecitspara 
fuhrirlai ifnquideidee de los eattiqadosy no hem&ipodido creer tn/iM* 
tida tuua ni de (u iluetre eon^orie. » Esto escribia Sisto IV A Isabel I.*, 
(€anto)la, continuacion de la Compilacion de Balae de Lumbreras.) 

Aqui consia la opinion de raucbos contemporrfneos de los reves 
catolicos acerca de su modo de proceder con los judios. El Papa 
por cortesia afirmaba que no podia creer que la ombicion y eodieim 
era el norte de Isabel y de Fernando en el castigo de los judios. 



que ocasioiiaroQ los reyes catdlicos k la prosperidad de su 
pair ia con la falta de eala gente. 

Fr. Tomas de Torqiiemada, inquisidor general, Robes- 
pierre edesjastico, que en vez de gorro frigio usaba la ca* 
pilla de fraile dominico, ayudado per infames sayonespre- 
dicaba en presencia de las hoffueras, y &Rte las cenkas de 
los jttdios, abrasados por las llamas, la religion de CrisUx. 
80s raciociftios eran los cadalsos, su elocuencia confisca* 
cion de bienes, sus persuaciones infamias etemas de linaje, 
su kabilidad para convencer, cadaveres desenterrados, y 
citerpos VIVOS de infelices hebrees reduoidos a pavesas. 

Fr. Fraaciaco Ximenee de Gisneit>6, conlemporaneo y 
servidor de los dos reyes calolicos contribuyo de otra 
suerte a sembrar en sus estupidos esctavos ia mtolerancia 
religiosa. 

Mahoma de sayal franciscano y de purpura cardena*- 
licia, con la Biblia en una mano y la lea inquisitorial en 
la otra, obl]g6»a loamoros de Granada a convertirae a la Fe 
deGristo(i> 



( 1 ) Se que xnuchos se escandalizaran al ver que con mi liber- 
tad de ^nimo califico de Mahoma de sayal franciscano al cardenal Xi- 
menez de Cisneros. Tambien se que dirin que ^uzgd d este faikioso 
▼aron segon mi manera de pensar y confoime 4- fas opibiones delii- 
fflo XIX. Pero los que asi discurran, se enganan granderoente. Juan 
Luis Vires, celdbre sabio natural de Espaua, j eontemporiCiieo de 
Gsueros, llama en su libro De concordia et discordia m humano ge^ 
nen (Anrers IS29) lurcos eon capilla i los frailes de su tiempo. 
ft Qui seita opretsos vident tfi eampra indignaiione rabiem ae oer- 
peraiumem aaducwMur^ ut abrupta cupiant omnia et mutata, rebusque 
novis avidissime studeant quo ingum illud et tyrannidem exentiemt, 
adeo ut nee TurecB abominentur nomem, aperte Turea quam sub his eo- 
rum opinione Turcis in persona ehristianorum latentibus. f) 

De tureos con eapilia d Mahoma de sayal franciscano y pfirpura 
eardenalida hay poca distancia, Esto muestra que al juzgar ;^o i 
Cisueros,pienso con los grandes h ombres que floreeieron en su siglo, 
libres de fa ceguedad supersticiosa. 

EH pasaje de Juan Luis Vives escapo de la tinta 6 de las bogneras 
del Santo Oncio por una causa niuy senciUa. El latin de Vires as 
tan bueno que qmxdi no podria entenderio la mayor parte de los is* 
quisidores. 



Un fraile geronimo, don Hernando die Talavcra, pri** 
mer araobispo de esta ciudad, varon no digoo de aauel 
siglo, quiao para doctrinar a los moriscos en la verdaci de 
la fe eristiana, traducir en lengua arabe la Sagrada £s* 
critura. 

Ximenez de Cisneros se opuso constante y fuerle- 
mente a esta resolucion, y prefirio ensefiar a los vencidos 
lo que los vencidos no podian entender por sn ignorancia 
en el idioma latino (i). 

Asi dicen por yituperio los cristianos que el prefeta 
Mahoma predicaba sus aoctrinas. El koram en una mano y 
la cuckilla en la otra eran sus dirisas, segun se cuenta 
vulgarmente : 6 eree 6 pwece^ sus razones de convenci- 
miento. 

Pero el caldenal franciscano, no satisfecho de predicar 
de tal suerte la Fe de Cristo, volvio los rayos de su indisna- 
cion contra los libros arabes haltados en Granada. Cmeo 
mil manuscritos fmenos trescientos que trataban de filo- 
Sofia y medicina nieron reducidosa cenizas por orden de 
Cisneros, Wn comentir este que se quitasen las encuaderna'- 
Clones y manecillas de oro yperlas con que habia muchaSyaunque 
se las pidieron y eomprahan segun el aprecio que se habia hecho 
de diez mil ducados. No lo permilid, porque haJbian sido tiu* 
trumentos de esta maldikL secta (2). 



(1) cPara que.... estos moroa rezien conTertidos faesen bien 
insUiiidos en la religioh cristiaoa, el primer arzobispo de Granada, 
fraile geronirao, fu^ de parecer que Ia sagrada Escritura se trasla- 
dase en lengua arsibica. A este tan pio intento se opuso Fr. Fran- 
cisco Ximenezy arzobispo de Toledo, que era el todo en todo en toda 
Espana, alegando razones no tomadas de la palabra de Dios, ni de 
lo <|^e dixeron 6 hizieron los sanctos doctores, sino fabricadas por 
juizio de hombre* v por el consigiiiente repugnantes a la palabra de 
Dios ; T asi se impldio la traslacion que tanto bien hubiera hecbo a 
aquellos pobres y ignorantes moriscos.> Gipriano de Valera. — Ex^ 
hortaeion d la lectura de la Biblia. 

(2) Archetipo de virtudes y espejo de prelados. Por el Padre 
Quintanillay Mendoza. — Palermo, por NicoUs Bua. — Ano de 1653. 



—247— 

Asi la intolerancia se servia de la esclavitud para ani- 
quilar los tesoros de las ciencias. De esta manera horn- 
lures de discrecion, como el cardenal Gisneros, se conver- 
tian en barbaros peores que cuantos descendieron del 
norte con Atila, para azotes de la humanidad, para des- 
tmecion de las artes y para envilecer el raciocinio. 

A iiombres de este linaje debe Espaika (segun el> sen- 
iir de sus apoloffistas) el bien de no haber snfrido los hor- 
rores que consigo traen las guerras civiles por causas 

losas. 

Pero fjoue mas horror, que mas desolaciones, que 
mas estragos que yeinte mil espanoles muertos en las fta- 
mas durante el reinado de Fernaiido V y de Isabel L*? 
^Que mas, que otras tantas familias entregadas a la mise- 
ria por las confiscaciones de sus baberes? ^Que mas que 
otras tantas personas cubiertas de dolor y de infamia? 

^ue mas destruccion que cuatrocientos mil espafio* 
les arrojados de su patria por observar la religion judaica? 
{Cuatrocientos mil habitantes perdidos para la poblacion, 

Sara el comercio y para la agncultura en el reinado de los 
OS catolicos esposos! 

^Que mas dalio que quinientos mil moriscos espulsa- 
dos de Espafta por los mismos reyes en i 502? 

^Que mas estrago que cien mil espafioles tambien 
de origen morisco, desterrados para siempre por Fe* 

lipc in? 

Cuando para cuidar de la fe cristiana en sus domi* 
nios colocaban estos monarcas la pluma sobre el papel^ 
la humanidad se estremecia, se Uenaba de luto, y torrentes 
de lagrimas corrian de sus ojos. 

Tales soberanos salvaban de guerras religiosas a Es« 

Glia. Estas durarian por espacio de muchos a&os; pero 
; fanaticos con un decreto, formado en media bora, cau- 
saban a su patria mas horrores y mas perdidas que las 
que acontecen en largas disensiones civiles. ^e que na- 
cion se cuenta que en una guerra religiosa faaya perdido 
cuatrocientos mil bombres en un solo dia? 



Bnseiiadofl en estas cruddades y en pareceres politi- 
C09 tan oontrarios a lo que previene una bnena razon de 
estado, se educaron los monarcas espaftoles que suoedie^ 
ron en la corona a los reyes catolioos. 

Los esclavos del cardenal Gtsneros^ asi eclenastioos 
como seglares, dieron a beber a sas discipulos e hijos las 

Knsoftosas aguas de la barbara intolerancia, enoni^ de 
06 y de los hombres* 

sevilla, donde ya se habia oido la defensa de las doo 
trinas protestantes por boca de Rodrigo de Valero y del 
doctor Juan Gil, vio estenderse dentro de ana nuros el 
afecto a la reforma, en muchas personas de gran aabidifr- 
ria y no menores virtudes* 

El Doctor Juan Perez de Pineda (de cuyos escriCos va 
bice mendon en el segundo libro de la'presente histona) 
director del colegio de niftos en Sevilla, nombrado de la 
Doctrina^ no obstante hallarse afligido por el peso de sus 
muchoe a&os, huyo en 1535 a tierras de libertad om otiw 
seis personas entre bombres y mujeres, temerosos todos de 
las iras inquisitoriales. 

Desde los reinos estranjeros quedo Juan Perez en co* 
municacion con los protestantes ocuhos en Seyilla^ a los 
euales remitio mucnas de sus obras; para que andu* 
viesen con recato en manos de los parciales de los lute- 
ranos y en las de aqudlos que ya bubtesen adquirido al» 
gun conocimiento y gran devocion a las opiniones de la 
reforma. 

Un Sumario d$ la doetrina' eristiafM, escrito por el 
doctcMT Perez (i), y perseguido luego con el nomiMre de 
Catecismo por los inquisidores, sirvio de mucho para foiv 
talecer los animos de los protestantes^ resid^ites en Se- 
villa, contra la porsecucion del Santo Oficio. 

La audacia de un bombre vulgar por su nacimicnto, 
pcro notable por su discredon, por su sagacidad y por su 



(1) Venecia.— Por Pedro Daiiiely «no de iW7. 



fas 



osadia, burlo la Vigilancia de los inquisidores y Irajo a Es- 
jpa&a los libi^s del doctor Juan Perez y los de otros pro- 
fettantes. Uamckba^e esle kombre 

miAMLLo mmmu 

(JULIAN LI KTIT). 

> 

Fue uno de los protestantes mas notables de Espatia, asi 
por los servicios que bko a la causa del luteranismo, como 
jor ta agudeza de su ingenio, por su mucha erudiciou en 
as sagradas letras y por su valerosa muerte. 

Nacio en Yillaverde de tierra de Campos. En su nihez 
paso a Alemania, tal vez con sus padres, en donde sc crio 
adquiriendo el conocimiento de las nuevas doctrinas con 
el trato familiar de los herejes, de quienes recibio repetidas 
rauestras de afecto (i). 

Deseoso de ayudar a aquellos que en su patria pre- 
tendian esparcir las opiniones de la reforma, determino 
Tolver a Espafta, y derramar cautelosamente en las prin- 
cipales ciudades y entre las personas mas ilustres los libros 
castellanos que por encerrar doctrinas contrarias a la re- 
ligion catolica estaban vedados por el Santo Oficio. 

Era entonces sumamente dificil introducir en Es- 
paiia obras de protestantes, puesto que la Inquisicion con 
mas ojos-que Argos y mas constancia que ef Gancerbero 



( 1 ) En la Historia de la CampaiUa de Jesus en estapravincia de 
Andaluda, obra del Padre Sandyanez (M. S. de la Biblioteca Colom- 
bina) ae lee lo sisuiente: 

c£ra eepaiiol de nation, nuu criado en Alemania entre herejes, 
donde behid las ponzoHas de las herejias, de manera que los principales 
Keresiareas lo habian etegido d itnitaeion de lo que se cttenla en los actos 
de ios'Apdstoles, nor uno de los siete didconosdesu Iglesia,6 por mejar 
decirp sinagoqa de Satands* i * 

32 



de la Fibula, vigilaba la entrada de estos reinos, para es^ 
torbar el paso a tantos enemigos como las preusas de Ale* 
mania, conjuraban contra la esclavitud que habia en 
nuestra patria. Sin embargo, Hernandez ayudado de six 
astucia, muy celebrada en aquel tienmo por los herejes y 
de su constanto resolucion cle conti*ibuir a que las doc- 
trinas luteranas echasen profundas y estendidas raices, se 
resolvio a burlar la perlinacia de los inquisidores. 

Bien porque fuese Hernandez arriero (como algunos 

S[uieren) bien porque se disfrazase con habito de tal para 
evantar nienos sospechas, introdujo en Espatia y en dis- 
*tintas ocasiones muchos libros hereticos, fingiendose horn* 
bre rustico y solo ocupado en Uevar de una ciudad a otra 
6 de uno a otro reino cargas para mercaderes y labradores. 

Lo principal de Castilla y Andalucia por medio de 
sus travesuras y engaftos tuvieron conocimiento exacto de 
las nuevas doctrinas. (Tan grande fue el numero de obras 
que esparcio en ambos reinos! (1) 

Era muy conocido en Espaha y aun en oti*a$ nacio* 
nes. Por su estraordinaria peque&ez de cuerpo le nombra* 
ban unos Julian Hernandez el chico ; y otros, sin duda los 
smaSy Julianillo. Entre los herejes Franceses que lo apre- 
ciaban mucho se conocia por Julian le petit (2). 

El doctor Juan Perez de Pineda (de quien ya he ha- 
blado en otros lugares de esta historia) honro con su amis- 



(1 ) cSalio de Alemania con designio de infemar toda Eapana 
y corrio gran parte de eUa, repartienclo muchos libros de perrersa 
doctrina por varias partes j sembrando las berejias de Latero en 
bombres y mujores; y especialmente en Sevilla.. Era iobremanera 
(Utitto y rnaHoso, (condicion propia de berejes). His^o gran dano en 
toda Castilla y Andalucia. Entraba y salia por todas partes con 
mucba seguridad con sus trazas y embustes, pegando fuego en don- 
de ponia los pies.) Santivafiez, — M. S. citcido. 

(%) iEn estc ano de 4557, Julian Hernandez, ^ quien por ser 
muy pequeuo de cuerpo los Franceses llamaban JiUian le Petit ^c. 
Cipriano de Valera. — tratado de la Papoi. 



Ud a Julian Hernandez no se si tratandelo per vez pri* 
mera en Sevilla, 6 Venecia cuando vivia en esta ciu- 
dad, despues de su persecucion por los jueces del Santo 
Ofido. 

Las obras del doctor protestante, - impresas fuera de 
estos reinos, y especial mente su traslacion del Nuevo teskn 
mento fueron traidas a Espafla por Julianillo. Cipriano 
de Yalera (1) elogia a este here|e diciendo: <«£/ doctor 
Jwin Perez, de pia memoria, afio de 4556 imprimi^ el Testa- 
mento nuevo ; y un Julian Hernandez, movido con el %elo de 
haeer bien a $u nacion, Uevo muy muchos destos testamentos 
y los distribuyo en Sevilla aiko de t557.>» 

En dos grandes toneles escondio Julianillo las obras 
del doctor Juan Perez; y sirviendose de su viveza de imagi- 
nacion y de su industria, las trajo por toda Espa&a hasta 
Sevilla sin que nadie le atajase el paso (2). 

Los libros fueron depositado9 scgun unos en poder 
de don Juan Ponce de Leon, y segun otros en el monaster 
rio de San Isidro (5). 

Esto ultimo me parece mas vcrosimiK Don Juan 
Ponce de Leon no comenzo a seguir las doclrinas he- 
reticas hasta Marzo de 1559. Al menos asi lo asegu- 
ra un documento del Santo Oficio que en la vida de este 

Erotestante copiare en otro lugar de la presente historia. 
>e forma que no es creible que Hernandez en 1557 de- 
positase las obras del doctor Juan Perez en manos de 



( 1 ) Cipriano de Valer^. — Exhortacion de la Biblia. 

(2) c Julian Hernandez... logro meter en Sevilla dos toneles 
llenos de £tt{uellos libros espaiioles que hemos diclio haber impreso 
en Ginebra el doctor Joan Perez. > Valera. — Tratado de los Fiapas. 

(3) cReinaldo Gonzales de Monies (Sanetm Inquisitionei 
Hiepanke artes alufuot deUctw^) afirma io de don Joan Ponce de 
Leon. 

Santivauez en el M. S. diado dice. iAqui (en el convento de S. 
kidro) depoiitd el racionero Julianillo los libros heriticos de Alemania 
y con ellos pertfirtieron gran nAmero de frailes. 



Ponce de Leon, persona que aun no se habia aparlado de 
k rdiffion cat61ica. 

No falto un traidor que descuhriese al Santo Oficio la 
astucta de que se habia servido Julianillo para burlar la 
vigilancia de lot jueces y mtnistros de esle tribunal, y para 
esparcir las semiilas de la reforma en toda Espaila, y mas 
aun en Sevilla. Las resultas de la delacion iiieron ter- 
ribles, no solo para el triste Julian Hernandez, «ino 
tambien para muchas personas, complices y parciales su- 

A pesar de su destreza y vivacidad de inffenio^ no 
pudo apercibirse de todos los lazos que le tenaieron los 
mquisidorea. Y asi, no obstante las dificultades que ha- 
Uaron estos para yencer la sutileza de Julian Hernandez, 
lo reduieron a la estrechez de los calabozos del Santo 
Oficio (i). 

En ellos estuvo preso por espacio de tres alios (3). 
En vano sus jueces intentaron arrancarle en el tormento 
la delacion de los complices que tuvo en traer y esparcir 
, libros hereticos por Gastilla y Andalucia, Si negaba a 
vista de los potros que aguardaban su cuerpo para afli«* 
girlo, el dolor no conseguia derribar la fortaleza de su 
corazon, la constancia en sus opiniones y el deseo de no 
ocasionar la perdida de sus compa&eros, no conocidos aun 
por los jueces del tribunal de la Fe. 

Tenia grandes disputas con los calificadores inqui- 
sitoriales; y aunque estos procuraban aparlarlo de sus 
pareceres, Jfulian oponia siempre nuevos ai^mentos, ha- 
ciendo muchas veces erimudecer a sus adversarios, ya que 
no por la verdad, por lo ingenioso e inesperado de las ra- 



(i ) < Vendido e\ secreio por un Judas t Hegado a' los inquisi- 
dores, 800 personas fueron presas.t Cipriano de Valera. — Trat^do 
de los Papas. 

{%) c Chose aunque con niucha didcultad ^ las manos.* San- 
Uvanoz. — 'M. S. 

(3) Reinaklo Gonsales de Monies. En tu obra citada. 



cones eon qne mslentaba sus doctrinas (1). 

Al salir de las audiencias para volver a $u calaboEo, 
solia cantar esta copla: 

Vencidoi van loi fraile$^ 
tmddos van : 
earridoi van los lobos^ 
cwrridM van (2). 

Como era de esperar, Julianillo Hernandez merecio 
de Io8 inquisidores la califieacion de hereje, apostata, con* 
tumaz y dogmatizante, y la pena de morir en auto pu- 
blico de Fe d dia 22 de Diciembre de 1560. 

Nunca en el mismo tribunal hubo un empefto tan 
grande para convencer a un hereie. Mucbos calificadores 
del Santo Oficio^ que en las conierencias privadas babian 
argtiido y disputado con Julian, teniendo al cabo que en- 
mudecer, no por la verdad de las razones de su adversario, 
sino por la agudeza de ingenio con que las presentaba a 
la estupidez e ignorancia de los inquisidores, aeterminaron 
acosar en la bora de la muerte a Hernandez, para conse* 
guir en esos momentos de tribulacion y de amargura una 
Victoria que tanto apetccian. 

Mientras caminaba Julianillo al quemadero iba con 
mordaza. Pero al llegar a la hoguera dejaron suelta su 
lengua, y en presencia de personas doctas y de gran par- 
te ciel vulgo, quisieron algunos calificadores argumentar 
de nuevo. 

Hernandez fue amarrado de pies y manos al mattil 
de la hoguera. Su valor y constancia no lo abandonaron 
en aquel amargo trance. Deseoso Julianillo de morir mas 

> ( i ) cComo hombre de agudo ingenio y danadas entranaa, de- 
feadiase en las dispntas con razones engauesas ; y cuando io aprela- 
lian los catolicos, reducialo a' yoces v escabuUiase mauosamente de 
todos loa argumentos.f Saniwaikz, — M. S. citado. 

(2) Reinaldo Gonzalez de Monies en su libro Santm Infuiii- 
tionU ftc. 



presto, aconiod6 sobre sus hombros y cabe29 unos hace* 
eitos de lefia. 

Ei licenciado Francisco Gomez y el doctor Fernando 
Rodriguez comenzaron a hacerle una viva exhortacion con 

f>rop6sito de sepai*arlo de las doctrinas luteranas en aque-* 
la hora. Pero Julian los apellido hipdcriias^ y les dijo que 
ambos creian lo mismo que el, y que ocultaban sus opi- 
niones por temor de las hogueras y tormentos inqui- 
sitoriales. 

Los calificadores en ese momento trabaron con Her- 
nandez nuevas disputas sobre materias de fe. k\ fin can* 
sado el infeliz hereje de argumentar inutilmente con sus 
enemigos, presentandoles en confirmacion de sus palabras 
te^os de las sagradas letras, y convencido de que en dilatar 
su muerte solo conseguia oiferir por breves instantes an 
martirio, de Jonde esperaba gloria y renombre entre los 
de su bando ; desprecio a los clerigos y frailes que le amo- 
nestaban a volver al gremio de la Iglesia Gatolica (1) y pe- 
recio en medio de las llamas con la misma igualdad de 
animo, y la coustancia en sus doctrinas que fueron el eno* 
jo de sus jueces, y el asombro de sus verduffos. 

La presuncion de los calificadores del Santo Oficio 
proclamo sobre las cenizas de Julianillo Hernandez el 
triunfo de los argumentos que ellos le kabian presentado, 



(I ) ' fEncomendaron los in^sidores esta maldita bestia al pa- 
dre licenciado Francisco Gomez, el cual hizo sus podenos para po* 
ner seso d su locnra ; mas riendo que solo es^tribaoa en su desrer- 

Suenza y porfi'a, y que i Toces queria hazer buena su causa y apelli- 
aba gente con ella, determino quebrantar fuertemente su orguuo, y 
cuando no se rindie^ie d la fe, d lo tMnos confesase $u ignoraneia, ddn-- 
dose por convencido de la verdad siquiera con mostrarse ataiado sin 
saber dor respuesta d las raxones de la enssiktnxa catiUica. i fne asi, 
que comenzando la disputa junto d la hoeuera en presencia de mo- 
cha gente graye y docta, y casi innumerable Tulgo, el padre le apre- 
to con ianta fuerza y eficacia de razones y argumentos que con eri- 
dencia le convencio ; y atado de pies y manas, sin que tuviese ni 
supiese que responder, enmudeci6.» SantivaiHex, — m. 5. citado. 



y atribuyo el silencio y d desprecio de esie hareje a 
confusion y vergiienza, y su valor en morir quema- 
do \ivo a desesperacion y pertinacia. Como si Hernandez, 
en el caso de que en su entendimiento hubiera penetrado 
la verdad de la Fe Catolica, no hubiera conseguido con la 
confesion disminuir lo barbaro de su suplicio (1). 

Tal fin tuvo el triste Julianillo Hernandez, famoso 
por su agudeza de ingenio, por su saber, por su devocion 
a las doctrinas protestantes, por su celo en espafcirlas 
dentro de Espa&a y por su muerte valerosa. 

Los libros que trajo a Sevilla Julian Hernandez fueron 
depositados en el monasterio de San Isidro, cerca de las 
ruinas de la antigua Italica, patria de emperadores ro- 
manos y de poetas insignes. Cipriano de Valera (protes- 
tante nacido en aquella ciudad) de esta suerte refiere los 
rogresos de las nucvas doctrinas entre los monjes que ha- 
itanan en Santi-Ponce. ^En 1557 el negocio de la ver- 
dadera religion iba tan adelante y tan a la descubierta en 
el monasterio de San Isidro, uno de los mas celebres y de 
los mas ricos de Sevilla, que doce frailes, no pudiendo estar 
mas alli en buena conciencia, se salieron unos por una 

{)arte y otros por otra, y corricndo grandes trances y pe- 
igros, de que los saco Dios, se vinieron tambien a Ginebra. 
Entre ellos se contaban el prior, vicario y procurador de 
San Isidro, y con ellos asimismo salio el prior del valle de 
£cija, de la misma orden. Y no solo ante^ de la gran per* 
secucion fiieron libertados estos doce frailes de las crueles 
unas de los inquisidores, sino que todavia despues de ella 
libro Dios otros seis 6 siete del mismo monasterio, enton* 
teciendo^ y haciendo de ningun valor y efecto todas las es* 
tratagemas, avisos, cautelas, astucias y enganos de los in- 
quisidores, que los buscaron y no los pudieron hallar. Ijos 



c 



(1) cElmalaventurado moslro en el rostro la confuiion y la 
verguenza, y ea el hecho su periinacia y desesperacion: pues murid 
ffi suparfia.t Santiyancz. — )f. S. citado. 



que en el monasterio se quedaron (porqne es de notar que 
casi lodos los del monasterio tenian conocimienlo de la 
religion cristiana, aunqne andaban en habitos de lobos) 
padecieron nan persecucion, fueron presos, atormenU- 
doa, afrentados, may dura y cruelmente Iratados^ y al fin 
muchos de ellos quemados ; y en muckos alios casi no 
hubo auto de Inquisicion en Sevilla, en el cual no bubiese 
alguno 6 algunos de este monasterio (i)«» 

Asi refiere Gipriano de Valera los progresos de la re- 
forma en los frailes de San Isidro del Gampo (%. 

Este convento debio su fundacion en I50i a don 
Alonso Perez de Guzman y doiki Maria Coronel $u emosa, 
con el fin de que sus cenizas kallasen reposo en su igiesia. 
Los monjes que primeramente babitaron este edificio fiie* 
ron de la orden del Gister. En 1451 la depravacion de 
sus costumbres y los delitos lascivos de estos frailes, obli^ 
garon al patron del convento a espulsar a los monjes del 
Gister y a admitir en el a alffunos del orden de San Ge- 
ronimo, trjiidos del monasterio de Buena Vista situado en 
la margen izquierda del Guadalquivir. A la banda de- 
recha del rio y casi enfrente de aquella iglesia se halla en 
Santi-Ponce junto a la antigua Italica el monasterio de San 
bidro del Gampo. 

Muckos protestantes asi de Sevilla como de otras ciu* 
dades buyeron de las garras de los inquisidores con el fin 
de salvar las vidas y de entregarse con toda libertad al 
ejercicio de sus opiniones. 

Inglaterra, neroica nacion, madre de estranjeros y 
amparo de desvalidos, abrio sus puertas a muchos de los 
infelices espafkoles que buscaron en ella un abrigo contra 
su adversa fortuna. 

La reina Isabel protegio mucho a los que huian de 



(i) Traiado de las Papas. 

(2) Don Joan Antonio Uorente Ilamo en 9vl Historia de fa In^ 
auisidon i este monasterio, de Son /niloro. Debio decir de San Isi- 
dro del Campo. (Ortix de Zdniga. — A'tales de Seviila, — Valera. — 
Traiado de hs Pe^fas.) 



—957— 

laMrbarft iiHoleranchi de Felipe: los^ secerri^cen dineros, 
y 4e9* fiicilito tempios donde prediear- sos doctrinas^ 

Loi protestantes espaftmes residenies en Iskgiat^rra' 
publicaron en ittS^ una conftaian de Fe contenida en 2i 
capitiilos ^i). 

Olro6 de aquellos des^raciados huyeron a Fmncfort, 
olros a Basilea, otros a Ginebra. En esta ciiidad ftinda- 
ron los espaikoles e italianos que se habian apartado de la 
religion catolica, una iglesia, cuyo pastor 4 predicante se 
Hamaba Balbani (2). 

Los que habtan buscado- en su desventura tierra' 
amiga en Alemania y Spiza, escribieron en 1559 una obi^ka 
intitulada Dos mformaeiimH muy uUles: la una dirigida i U 
Magestad del emperador Cirloif K, deste nambre, y la otra a lo$ 
estados del tmperio ; y abora pre$entaia$ al eatdliee rey don Fa- 
iipe, $u hijo (5). 

En eistas informaciones deciani los protesfantesa esteso- 
berano. «Bn Espafia anda muy fuerte y fnriosa' sobtesna- 
nera la que Uaman /n^tmtVion, y recia y erud de suei^e 
que no se puede por causa suya hablar palabra ninguna 
que sea pura por la verdad, y en el tomar de los lestigos* 
bay una iniqnidad grandisima y muy barbara. Todo^ esto 
es tantomas peligroso y fuera de toda raaonyhumanidad, 
cuanlo los que son inqutsidores que presiden y gebiernan 



( 1 ) Esta obra se intitula Oedaraeion 4 eonfeihn de Fe, hecha 
por ciertos fi^les eipoMu qm ftrnfetdo h^ uhm99 de la ygle$ia Momana 
y la cruddad de la Inguiiieion de E$paika, i^^kron d la ygUsia de lo$ 
fieles para ser en ella recebidos par Mrmanos en CristQ. Esta. obra fuii 
proliioida en el indice del cardenai Quiroga el ano de 1585. f Index 
eteatalogwi librorumprohibitorum, mandato IlfuMtrin. ae Revvrendiis, 
DD. Gamarit a Qu^^a, Cardinalu Arehie]»8copi$ ToleUtni ac in 
ream* nispaniarum Generedii Inqui$U^i$t Venud editut, MatrUi 
MDLXXXUI) 

(2) Don Juan Antonio Pellicer. — Ensayp de una Bihlioteca de 
Traduetores. 

(3) Untomo en l^.« pUblTcado en t5H9 sin sombre de antor 
y lagarde impresioD. - 

, 53 



esta Inauisicion, son liba4>res indocto», crueles^ avaritentos, 
vacios uei verdadero conociiniento de Dios^ sin inteligencia 
de la religion cristiana y de Jesucristo autor de ella, y que 
viven como buitres solamenie de volateria.» 

Asi eslos desdichados espafioles lanzaban tus <mejas 
e» tierra de lii»ertad contra las ttranias de los inquisiaores: 
asi las hacian presentes a Carlos Y y a su hijo y sucesor 
Felipe Ih Pei-o uno y otro monarca persuadidos de los 
consejos de fanatieos adiiladores, y de frailes. del bando 
de la Inquisicion, no miraban en las lamentaciones de 
los miseros protestantes los acentos de dolor que por boca 
de elloa despedia la kumanidad oprimida, sino j»olo un 
Uanto engahOsOf semejante al cantar de las sirenas, y dei 
cual debian apartarse prestamente los oidos, antes que su 
veneno llegase a inficionar las almas. 

Los muchos libros luteranos y calvinistas escritos en 
lengua casteUana por los protestantes fugitivos en Alema- 
nia y Suiza, eraa objetos de terror para Felipe H. Deseoso 
de aniquilar este rey a cuantos espaiioles se babian salvado 
de las iras del Santo Ofifcio, dio orden a Fr. Bartolome de 
CaiTanza para que inquiriese las obras que habian escrito, 
y el nombre y residencia de los autores y de sus anxigos, y 
compafteros en las doctrinas de la reforma. 

Carranza hallo muchos libros compuestos en idio- 
ina castellano por los protestantes ausentes de su patria, 
los cuales los habian ocultado en el palacio de Bruxelies 
para desde all i trasladarlos a Esnana. 

Alpropio tiempo comisiono Felipe al mismo Carranza 
V* a don Francisco de GastiUa, alcalde de casa y corte, para 
la persecucion de los luteranos en Alemania, que por 
cuaiquier accidcnte viajasen en tieiTa$ de la |urisdiccion 
espanola, minttendo sus nombres y la calidad de sus per^ 
sonas. Carranza yCastilla enviaron luego a la fena dcFranc- 
fort a Fr. Lorenzo de Villavicencio, de la orden de^San 
Agustin, con prevencion de que fuese en habito de seglar 
para reconocer a los protestantes fugitivos de Espafia, y 
para apresar las obras que algunos de estos habian eacrito 
y reducirlas a cenizas. 



—489-5- 

De esta diligeocia ae avec^uo que k>3 libros de )«te* 
nnos eoCrabaii en nueslra patria par las monta&as de Jaca 
en Aragen, y que eran depositados en Francia, Iiasta que 
se veoia a m manos una ocasion favorable de burlar la 
vigttancia de los ministros del Santo Oficio (1). . 

Asi el protestante FRANCISCO DE ENZINAS, (de 
quien hable en el libro primero de esta historia] tenia que 
ocultar su nombre en algunos viajes que emprendio a di- 
ferentes nactones* Unas veces haciase llamar Du Cke$ne, 
convirtiendo en Frances su apellido : otras lo tomaba de 
la lengua flamenca dtciendose Van Eyck 6 Van der Eytk ; y 
aun tambien del idioma gri^o, cuando se firmaba 
Dryander. 

^ Y todavia este gran cuidado en encubrirse a los ojos 
de la Inquisicion y de sus ministros en lejanas tierras era 
peque&o en comparacion de La vigilancia, de las cautelas y 
de las estratagemas que usaban los servidores del inicuo 
tribunal de la Fe en Lspana. 

Como una |H'ueba del odio de estas gentes contra los 
escritos de los protestantes, hablare ahora de lo que acon- 
tecio a algunas de las obras de Francisco de Enzinas^ que 
para nada tocaban en asuntos de la religion cristiana, se- 
gun la entendian los caudillos de la reforma. 

Este protestante publico en Argentina el aik) de 1 551 
el primer tomo de su tradnccion de Las vidas paralelas de 
Plutarco, Para que su obra corriese de mano en mano 
en tierras de libertad no tuyo inconveniente en poner en 
la portada el nombre de Frandsco ds Enzinai (sj. Pero 
para que hallase su libro benigna acogida en los aominios 



( 1 ) Salazar de Meadoza. — Vida de Carranza, 

(2) t El primero volumen de U^ vidas de illmtre$ y exedUnies 
vanmes griegos y ronumo$ pateadaSf eeeritas primero en l^ua griega 
per H grave pkM$opho y verdadero histariador Plutarch^ de Cheroneu, 
e al presente trctduzidas en e^Hlo casteUano. Pm- Francisco de Enzi^ 
nas> — En Argentina, en casa de Augustin Frisio, aAo if el SeAor de 
MJ^LI. » (Gitado en la vida de Endnas, libro I de esta historia.) 



dc Bs(MiRa, asi eiitre las pisrsoifias docUiS' que se^ caii4erva- 
ban draies en la devocion cte la Sedi! Aposielica, coflso 
entrelos jiteces^y calHicadopes de la Inqai^cioii, hiM iiA^ 

f^^imir unaportadaen donde caitaba la persona eptt ha^ 
>ia cscrito la nueva traslacion de Plutarco (I). En 1861 
se qiiiso publicar por oltH) editor (Arnoldo Byi^mann) la 
itiisma obra; y p^ra que esta no sufriese persecucibntss 
itiquisiidriales, se puso en la porlada que et traductor se 
liamaba yuan de Castro Salinas (2). 

£l citado ByAmann imprimioen 1555 una' version 
casteltana deTito Ltvio^ y Martin Nucio, en Anvers, did a \nz 
tambien en 1555 una traslacion deloslibros deFlavioJ<>- 
sefo : la cual fue prohibida por el Santo Oficio (5). 
* Uuk y otra me pareeen obi'as de Enzinas, aunqUe en 
cllas se calla el nombre del traductor; pero en la seme- 

{anza de los estilos haya ecasion mi sospecha para alrt*- 
>uirlas a aquel sabio protestante (4). 



(i ). El Primtro vobHnm^^ de las tidm de iibuifes y excettentet 
varones griegas y.romanos pareadas^ escrita$ primero en letft^ua griega 
por el grave hutoriadar Plutarcho de Cheronea e al presente traduzidas 
en estilo castellano/ tin Argentina en casa de Augustin Frisio, aho rf* 
el Sefior de MDU: ^ . 

(S) Iam vidas de l&$ Ulusires y eacdentee varwies griegas y ro- 
mano$, eecriia^ pri$aero en Imgua griega por el grane phMsopho y ver^ 
dadero histonador Plutarcho de Cher&nea,y agpra nuefyamente tradu- 
zidas en casiellano. Por Juan de Castro Saltnas, 

Iniprintieronse en la imperial ciudad de Colonia y vendense en 
Anvtrs, tifiL casa de Arnoldo Byrkmann d ia enseila de la GaWna Gar- 
da^ HDLXIL 

(3) Vrase la nota de Lajpag. Ii8 en que se habla de la tradiu*- 
cioD de Tilo Li yIo hecha por Enzinas. 

Los veynte libros de Plavio JosephOy Dc las antigiiedades Juddycas 
yaii vida por el mistno escripta con otro libra snyo del imperio de la 
Kazon, en el cxial trata del martyri& de-hs Maekabeasi todo nueva- 
mente tradatido de Latin en Romance Casieltano. — Con gracla y pre^ 
i^hgio de la imperial Magesiad, que ninyun otro h pueda imprimir por 
cinro (Hk>e. En Anvers en casa de Martin Nucia. Alio MDLiV. 

( i) Enzhias decia A sua lecfOres en ia traducciou de las Vidas 
de Cimon y Lncio LiiCtUo (1547). tY si fuer^i rescebida de las gert- 



fie esM suerle his httcnmofl eftpafioles Teian perse>* 
gviidbs »tts escritos por la Inquisieion ; y no solo aqnellot 
en qufe fe trataban las tnaterias de ia fe por nuevo modo^ 
sine los nue eran 4e an^^as hislorias griegas y latinas. 
;;Qo^ peligvos faabian de sobrevenir a )a religion catoKca 
por la lectura de h» vtdas de Plularco 6 de las decadas de 
I ffto livio? ^caso el gran politico gri^fo 6 el historiador 
latino defendieron en sus obras las cioctrinas de Lateroy 
Occohnpadio? 

Por eso Enainas (1 ) para que sns libros eocontrasen 
lectores en el riiidn de EspaRa, 6 eallaba su nombre en las 
portadas, 6 se encubria con uno itientiroso, sirviendose de 
tales astucias para docirinar en las historias de la republica 
de Grecia y Roma al pueblo de su patria, cubierto -de ca- 
denas, afligido con mordazas, y vendados los ojos, per^ 
mitiendole solo k opresion^entrever por ellos las llamas 
que lerantaban las hogueras inquisitoriales, cebadas en 
iiffelices martires de la Tibertad del raciocinio para confu- 
mn y para ejemplo. lEn este siglo terrible, ^quien haHaba 
segnridad en Espafta para sus vidas ni aun en el regaeo 
de la iiiocencia? La iniquidad con mstro macilento y ves- 



les clenueflCn nlw^ion eon aquella gratitudT^ benevolencia qtt« de su 
Tirtftd se espera.» 

En el prologo i( ia 5." d^cada de Tito Ltvio se lee : tY si fhere 
resceyido nuHtro 4rabajo 4e, la$ geni€9 4e mtestra itoeten con aqueOa 
ffratitud de sCnimo que justamente se deve.> No puede ser mag la 
i^^Mad de los estifos* 

Por tanto, aunme enk pig, 248mdiqae qne no sabia si era de 
finunas la Tersion de Tito> Uvio, ahora puedo afimiar que me pa- 
rece suya por estas causas. 

(1) VerosiDiilmente Francisco de Enzinas (li otra' protestante 
eapanoi fugitiro de estos reinos) publico dos libros: el ano Lucio 
Flwro EtpaiM, eonrnmdh de kutatorce dicadoM de Tito Libio.-rColo- 
ma Argefdinmi,' porAuguitm friuo, oMO'de 1550; y A otro Plauio c6- 
mice aruiguo ; El Miliu GlorioiQ y io» Meneckmot.^Anven por Mar- 
tin Nucio, a^ de 1555. 

E^ nombre del traductor no ae deolara en estas dos version es de 
Lucio Floro r de Plaitto. 



lida de la tAoica de la faipooKmai que ocultalNt comzones 
de hi^nast defendidos por el r^peto d^4mvalgO'£in«ftico« 
ioquiria las drcunslanciaa mas pequenas de 109 hacliofi 
homanos. El hogar demestico donde mcnaba la ^iitud en 
turbado por los ocultos delatores, que afectando^ amistad 
daban en presa a la malicia y a la tirania a^tantos ecUs9i4s^ 
ticost a tantos eaball^os y.a tantas daaiaa de la n^bleto 
espaftola. 

Las falsas delaciones hechas al Santo Qficio con el 
daftado fin de solicitar la perdioien de algiln enemigo 6 
emulo, recibiaase como verdaderas. £1 uso infame de 
actos tan perversos erecio en Espa&a con tales brios y 
tanta insc^encia, que un fraile de aquel tiempo eompade- 
cido de las afrentas y muertes que sobrevenian i mttcliM 
procuro el remedio, indicando temerosamente la maaerai 
de estorbar a los falsos delat<H'es la ccmsecucion de siis 
intentos (!)• * 

EI numero de las engafiosas y el de las veridicas de- 
laciones fue grande en el siglo XVI. Felipe II reinaba 
entonces; y segun se prueba de las Mstorias, cuando un 
dictador Sila, cuando un Augusto, cuando un Tiberio, 



(i ) Traetado de ca$a$ de comeieneta, eompneeto por el tmty re- 
verendo y doctis$imo Padre fray Antonio de C&rdma^ de la 6rden del 
Serdphieo Padre San Frmneieeo. 

En (larago^, en casa de Domiitto de Porienarijs Ursine. Aao 
de 1584. 

En esta obra se lee: cQoando en un pneblo ay muchos iest^os 
falsos que falsamente han-aensado 6 testificado en la Inqakicion^que 
remedio faabri^, y los confesores qnie esto 6aben, que podrrfn- baser 
para remediar los inocentes acusados? y los testigoa falsos qne reme- 
dio Veradnf* 

Despues de tratar el autor acerca de los inconvenientes de re- 
velar la confesion al Santo OHcio dice: cEl mejor j mas jurid&co«ie- 
dio me parece, que los seiiores inqiusidores examinen los que de- 
pojsen y los tesUgoa con grande aviso de todas las circiinstancias del 
tiempo y lugar j manera, como lo saben, etc. » 

Esto prueba que habia machos testigos hisos para acmar im'- 
cuamente en la Inquisicion d personas sin cidpa. 



caandb tm^ Neron, cuamlo v» CBl%«k oprifliiaii' 4 los ro- 
maiMM, los tkiatores no pierdenaban a la honra, no a la 
vittml, no 4 la sabidiiria, no a la ioocencia^ Recibian en 
premio de sns alevoaas palabras riqucsus y dienidades. La 
Bonra era vrra reprension de los oueae inmmaoan danando 
en provecho propio a sus conciilcladanos : la virUid, af reala 
de tos agentes mercenarios que tenian &% su serYicio aque- 
IJos vemugos con lyarpura imperial que dominaban en 
Roma: la sabiduria, vituperia de los que no aprendieron 
mas ciencia que desbonrar a buenoa: la inoceneia^ qjueja 
incesante de hs maldades de cuantos la perseg;uiaD« 

La Jumra fne desde iuego acosada por las lenguas de 
los reprendidos : k virtud por las cauteias de los afren- 
tados : la sabiduria por la iniquidad de los que «n ella 
veian su vituperio, y la inocencia en fin^ por el odio do 
los que en sus lamentos encontraban las amenasas de la 
humanidad oprimida y el aviso de los castigos que la jus-: 
ticia les reservaba.^ 

Cuando idgunos emperadores mas amigos de la virtud 
gobemaron en Roma, las oeullas delaciones y los que ocul- 
tamente delatahan huyeron ante la persecucion rigorosa 
que el bien publico les hacia desde las sillas imperiales. 
Torcicron con rabia sus manos, lanzaron gritos de dolor, 
y temerosm de perecer a ios filos de la espada- que contra 
ellos esgrimia en su carro de triunfo la justicia, escondie- 
con su vergiienza y pavor en las hondas cavernas, en los 
oscuros bosques, en las entraftas de las sierras, en lo escon- 
dido de los montes, 6 en naciones incognitas y retiradas 
del Irato con los romanos^ pasando caudalosos nos, turbu- 
lentds mares, desiertos abrasadores, asperos caminos llenos 
de malezas y preeipicios. 

Entonces pudo romper la humanidad algunas de las 
cadenas que la oprimian, y levantando al cielo los o)os, fa- 
tigados del continuo Uanto, Ianz6 de lo hondo de su pe- 
cho un gemido como si en esa voz de dolor quisiese apar- 
tar de si hasta la memoria de las pasadas desdichas. 

Felipe II, emulo de Tiberio, emulo de Neron, emulo 



e[e:Gal%iii» « "el arte d^fbfawMr efiUdos, atfogb hflMg 
nftinsiiie ias clelacieiiM y preauaba a los delatoDt& #r? .k- 

Asi las caredes ilel^DtdiOfidiocftteron hoftnulii&jCQa 
ilustre» vidimfta: a« el eiie^ incpiiailenal entoigo i^las 
Hamas loe cuerpos de eiplfleiasiksssv de» ^eftom y ^ e»«r 
baHerogittfeticas, flor 4e la grandasa deEmaAa^^aai «( 
viente espawia'^Hre la ti^iTa cenisas «pie deoieran estar 
perenaemenCe encqmradas en urnas de aarsiol, aole laa 
cuales el P9R>elo, clamor y la amittad kabian de deEramar 
aibuudantes lagrimas y iManas ffesas*- - - ^ ^ - 

ELraciooinfO puede caKfioir en edie aigla las- dodrinas 
de aqudles mfdices como oroi^ ; pere «i eeoasasion no 
esceiiaera su8 vocea de amai^ura en lo inlimo del pecho^d 
recordar el desaslvoso fin de gente tan ibistre a inanaa-de 
la barbaraintolerancia. 

El eenvenciimenta para ios fSfteiieg^ caRteneery d 
perpetue destiert^ para los pei^tinaces. en a«isapioianes> 
nubieran sido remedios mas humanos cnandointent^Fe^ 
lipe 11 desiruir en Espafta^las^ b^rejiaa de Lirtero. 

En cambio, las bogueras se vieron llenaa de vJetkna^f 
atevmantadas imcuamente par la cegueda^ dei ianatisma. 



iL mm trnTrnmimt m u 



ipiimii-,(i).' 



El mas famoso de todos Io$ prote$tante» e^p^ool^s fue 
Const;antiaio,Poupe,de la Fuente, canQ^igo magutral ^|> ia 
Iglesia Metropolitana de Sevilla, 



«■ • « 



(1) De.Ja v^da de« «sto protestante espauol di varias naticiaa 
en ana de mis anptaciones al Bxucfwi^. ^ota C G de (a magnifica edi- 
cibn de 50 ejemplares. GCdiz 1848. — -Nota GG de la edicion co- 
mun. Id. Id.-^Nota W. de la traduccion inglesli He<9iJi por Mhs 
Thomasina Ross. * Loodt^es, por Richard Beatley,ati» d< 1R4#.) 



a 



Nacio en la ciudad de S. Clemente de la Mancha en 
d obispado de Guenoa. En compaikia del doctor Juan 
Gil estudio en la universtdad de Alcala de Henares las cien- 
cias teologicas. Juntos lu^o uno y otro en Sevilla, comen* 
saron a derramar por la ciudad, am el secreto que el caso 
imperiosamente exigiaf las doctrinas de Lutero, aunque 
en lo publico pasaban plaza de buenos catolicos, a que se 
Ueffaba la opinion jusUsima que tenian de hombres niuy 
dados al ejercicio de todo linage de virtudes. 

A la fama de las letras y loables costumbres de 
Constantino de la Fuente, movieronse algunos prelados a 
intentar el traerlo a sus diocesis. El de Cuenca quiso el&- 
ffirlo para canonigo magistral de su iglesia, sin concurso 
de opositores; y para ello le envio cartas incitandole a 
aceptar una dignidad que tan bien le estaria ; pero Cons- 
tantino se escuso, fundandose en razones mas 6 menos 
artificiosas, pues su amor a las doctrinas luteranas le ve« 
daba salir de Sevilla. Por la misma causa rehuso el ofre- 
cimiento que le bizo el cabildo de Toledo para que ocu- 
pase una silla vaca en aquella Iglesia. 

El celebre teologo benito Arias Montano (director de 
la BibUa rigia publicada en Anvers por Plantino, a espen- 
sas de Felipe II), entonces estaba en sus juveniles aikos y oia 
de muy buena gana la daetrma de he buenoi predicadorei de 
Semlla^ como del doetor Constantino, del doctor Egidio y de otroe 
tales (1). {Tan grande era la elocuencia de estos pro- 
testantes. 

Carlos V dto a Gmstantino el titulo de su capeUan de 
honor y luego de su predicador : con lo cual fue forzoso a 
este caminar a Alemania, donde residio algunos ahos. 

Un autor catolico conteuqMraneo alaba sobrenanera 
el entendimiento y erudicion de este protestante en las 
razones que siguen: a El doctor Constantino (es) muy gran 



{ i ) Cipriano de Valera. — Exhortueion al crisiiano lector d leer 
la Sagrada Eseritura, { Veaae su Biblia. ) 

54 



phildiapho y profunda theologo y de loi imu seiialaios hombres 
en el pulpito y elocuencia que ha atido de grandes tiemp6$ acd, 
eomo lo mueeiran bien claramente las obras que ha eecrito^ dig- 
nas de iu ingenio (1 ). 

En los espurgatorios del Santo Oficio (impresos en 
el siglo XYII y a prineipios del XVItl) se previene que e9- 
tas palabras en loor de Constantino sean oorradas del li- 
bro en que estan escritas. jTan terrible odio existio en la 
Inquisioion contra este protestante! 

Luego que volvio el doctor a Sevilla, quiso el cabildo 
eclesiastico, atraido por la fama de sus letras, nombrarlo 
canonigo magistral sm concurso de opositores. Pero por 
las instancias de otros que pretendian este cargo, y por un 
decreto que se habia formado cuando el suceso de Juan 
Gil (conocido por el doctor Egidio) prohibiendo la eleccion 
sin que antes hubiese oposiciones, quedaron sin efecto es^ 
tos propositos. Y asi se hizo el concurso, al cual asistio solo 
un presbitero malagueiko. Los demas que intentaban 
oponerse, viendo que iban a haberselas con un varon tan 
versado en las lenguas hebrea y griega, y en la lectura de 
las sagradas letras, no quisieron aventurarse a salir desai- 
rados con perdida de credito. De este modo vencio faci- 
lisimamente Constantino en una competencia, de la cual 
hubiera salido con la misma honra, aunque con mayor 
trabajo. 

Ya electo Constantino canonigo magistral en la Igle- 
sia de Sevilla, comenzo a predicar en ella, atrayendo, para 
ser oido, la flor de la nobleza y demas gente principal que 
moraba en aqnella ciudad y los lugares vecino. Pero 
nunca en sus oraciones discurria con toda libertad, sino 
mezclando con algunas proposiciones catolicas un numero 
considerable de luteranas. 



( 4 ) Juan Cristobal Calvete de Estrella. — Ei fdieittimo viaje del 
Emperador Cdrloe Vy detu hijo Felipe II: obra citada por nota en 
el libro 2.« (Vida de Aguilin de Caxalla.J 



—267— 

Cuando el padre Francisco de Borja, antes duque de 
Gandia, jesuita entonces y santo hoy, paso por oevilla, 
quiso en la cat^ral oir ae boca de Constantino aqueUas 
predicaciones que tan famoso lo hacian en Espaiia y reinos 
estranjero8> quedo suspenso al escuchar alfiunos razona- 
mientos que en su opinion nada tenian ae catolicos, y 
lu^o dijo a cuantos estaban a su lado aquel versiculo : 
AtU aliquis latet error equo ne credite Teueri (i). 

Yiendo san Francisco de Borja el fruto que iba sa- 
cando en Se villa Gostantino, aconsejo al padre Juan Sua- 
rez (que era rector en Salamanca) que tomase el famino 
de aquella ciudad con la diligencia que el caso demanda-> 
ba para fundar en ella casa de la Compafiia de Jesus^ y ata- 
jar en cuanto fuera posible el vuelo que iban tomando las 
opiniones luteranas. 

Las sospechas de que Constantino defendia la refor- 
ma de la iglesia, aunque cautelosamente, crecieron de dia 
en dia. 

Cierto padre Uamado Juan Bautista, oyo predicar al 
canonigo protestante una maiiana, acerca de varias materias 
de la fe en sentido no muy catolico. Deseoso de destruir 
la semilla arrojada en la tierra, subiose en la tarde de 
aquel dia al mismo pulpito en que habia predicado Cons- 
tantino, y dirigio al pueblo una vehementisima oracion, 
queriendo desvanecer los argumentos del oculto lutera- 
no, pero sin manifestar el nombre de la persona que 
los habia esparcido en el auditorio : cautela que guardo 
por ser tan grande la reputacion de Constantino y por la 
dignidad en que este doctor se hallaba constituido (2). 

No faltaron algunos curiosos que observasen que las 



(1 ) Vida de Stm Franeiteo de Borja, por el Cardenal Genfite^ 
ga$f jfL citada en el libro 2.<^ de esta historia. 

(2) Historia de la CompaAia de Jeeus en estaprovindia de An^ 
dalwia dd padre SaniiealUx. M. S. de Memorias d!e la Santa Iglesia 
de Serilla. (Biblioteca Golonibina. ) Yo tengo tambien una copia 
hecha en el lutimo siglo. 



palabras del padre Juan Bautista parecian refi&taciones 
de las platicas del celebre canonigo. Las sospechas pato 
a paso iban naciendo en los animos de los caioiicos^ acerca 
de las doctrinas que queria ocultar el recelo de advcrsi^ 
dades en Constantino, y que manifestaba, si bien con re* 
cato, el deseo de adquirir secuaces para la causa de la re- 
forma. 

Un erudito de Sevilla, llamado Pedro Mejia, (autbr de 
varias obras, la mayor parte historicas, escritas con poco 
criterio) oyo una vez a Constantino esplicar desde el pul- 
pito sus opiniones religiosas, en t^rminos muy semejantes 
a los que usaban cuantos seeuian las de Lutero. 

A] salir de la iglesia Pedro Mejia dijo a algunos de sus 
amiffos, que igualmente habian escuchado el sermon del 
canonigo magistral. ajVive el Senor que no e$ etia doetrina 
buena, ni esto h que nos enwfkiron nue$iro$ padre$l (!)>» 

Estas razonesy oidas de boca de un hombre versado 
en letras, y que tenia en Sevilla reputacion de muy docto 
maravillaron a muchos^ Repetidas de una en otra per- 
sona corrieron por la ciudad^ dando causa a que se dis- 
curriese sobre otros sermones del doctor Constantino, y a 
que en ellos se encontrasen proposiciones, no conformes 
con lo que cree y enseha la Iglesia Catolica. 

Despues de esto, los frailes ckMninicos, incitados por 
las persuaciones de los je$uitas, acudian a la Catedral siem- 
pre que predicaba Constantino. El proposito de los di»* 
cipulos de santo Tomas de Aquino era guardar en la me- 
moria las palabras del protestante que tenian senfiido he- 
retico, y dar con ellas en el Santo Oficio. Conocidles Cons- 
tantino el huflUM*; y asi en una de sus oraciones se escuso 
de hablar mas largamente en cierta materia, diciendo que 
la robaban la voz aquelUu capillas^ seiialando las de la iglesia 
para que asi lo creyesen los catolioos ; pero aludiendo a 
las de los frailes dommicos que se hallaban presentes (como 



(1) Santiranez. — -M. S. citado. 



— aro— 

tigres apercibidos a la presa) y para manifestar a sus pap* 
ciales que convenia el recato (i). De poco le sirvio, pues 
los frailes dominicos delataron muchas de sus proposi- 
Clones al Santo Oficio. 

Los inquisidores, vista la calidad dd sospeckoso reo, 
su gran fama, y el amor que siempre le tuvo Carlos V, 
quisieron proceder al principio por terminos suaves, hasta 
que otros suc^sos viniesen a confinnar los recelos que ya 
existian contra sus doctrinas. 

Muchas veces lo llamaron al castillo de Triana (donde 
estaba la Inquisicion) los jueces de este tribunal, con el de- 
seo de que aclarase algunas de sus proposiciones ya nota- 
das por los frailes dominicos. Los amigos'y parciales, 
sabedores de las idas de Constantino al castillo, le pregun- 
taron la causa de su Uamada ante los inquisidores. Eki- 
tonces este les respondia en son de burla. t^Me quieren 
quemar; pero me hatlan muyverde todavia (2).» 

Constantino, bien porque eonociese lo cierto de su' 
ruina si no la estorbaba oportunamente, bien porque in- 
tentase que los jesuitas sus ntayores enemigos se eonirir^' 
tiesen al bando de la reforma, hizo grandes y porfiadas 
diligencias para ser admitido en el colegio que estos tenian ^ 
en Seviila. 

VisTto al padre Bartolome de Bustamante, provinciar 
eritolices, con el fin de referirie los desengafios que decia' 
tener^ de la Tanidad del mundo, y manifestarte su resofti- 
cion de abandonar d stglo para kacer en la Compaftia de 
Jesus penitencia de sus pecadbs y eomgir la verdvitay kn 
zanSa de na sermaneg, eon qne reeelaba haber eon^egitido mm 
que tdmas paraDioi^ aplamosi- para m (3). 

El padre Santrraftez, jesufta, refiere de este InoAy 



•«*Mi^^Krtk*MI*«irfU«M^iA^^^MirfarikMAaM>^*k 



'm..». 4^..^t^,^M^'m . 1 11 , • M ** 



(1 ) Don Diego (Mz de Zuiiiga.— Aiofe* de Seviila. (Madrid 
i677^) Vease lo que dice al tratar detaiio de 12$^. 
^) SantKatieie.^^ir. S^. ekado'. 
^) El padFO Saniif ttiQx;*^M!. Si> <ft«do; 



—270— 

cuanto hubo aceroa de la pretention de Constantino pant 
entrar en la Compa&ia de Jesus : «Pasaron pocos dias en 
los cuales los padres no tomaban acuerdo, aunque lo tra- 
taron diversas veces. Apretabalos Constantino con fre- 
cuentes visitas e importunaciones, de manera que se hubo 
de traslucir en publico lo que en secreto se concertaba.... 
En medio de tantas dificultades hallo camino el inquisidor 
Carpio para reparar el dafko que nos amenasaba, sin agra- 
vio del secreto de su oficio. Mando Uamar al padre Juan 
Suarez con quien el solia tratar familiarmente, y habien- 
dolo convidado a comer, sobre mesa metio platica en cosas 
de la Compania, y de unas en otras llegaron a tratar de 
los recibos que tenian. Diole cuenta de algunos de ellos 
el P. Juan Suarez sin tocar en Constantino, 6 ya porque el 
le liubiese encomendado el secreto, 6 ya por no nabersele 
ofrecido entonces a la memoria* Tamhien (replico el in- 
quisidor) he oido decir que el doctor Constantino trata de entrar 
en la Compania. iQui hay en esto, seiiorf Respondio el 
Padre. Mas aunque estd en buenos t^rminos su negodoj no se 
halla concluido* Persona de consideracion es (replico el in- 
quisidor) y de gran autoridad por sus letras ; mas yo diudo aun 
mucho gue un hombre de su edad y tan hecho d $u voluntad y 
regalo se hay a de acomodar d las nifieces de un notnciddo, yala 
perfeccion y estreckura de wi instituto tan en los prineipios de 
su observanci€i^ si ya noes que a titulo de ser quien es^ il pre^ 
tenda yse le concedan dispensaciones tan odiosas en camunidades^ 
las cuales con ninguna cosa conservan mas su punto que con la 
igualdad en las obligaciones y privilegios. Una vex entrado 
mucho daria^que decir el despedilU 6 salirse. Quedarse dentro 
eon excempciones seria reimtir el rigor de la disciplina reUgiasa 
que tan inviolable guarda la Compai&a^ par donde las leyes 
pierden su fuerza y muchas congregaciones la eniereut de sus 
prineipios. Crianme^ padres, y mirenlo 6ten; que a mi dt/E- 
cultad me hacen estas razones ; y aun si fuera negocio mio me 
convencerian a no hacerlo.n 

<(Hicieron estas palabras reparar mucho al padre Juan 
Suarez : el cual, disimulando por entonces las sospechas 



—274— 

que en su corazon engendraron, respondio: Bazan liene 
vumtra merced ; el negocio pide consejo y deliberacion y tendra$e 
en dj C€mo a vuestra merced le parece. Mudaron luego de 
platica, y acabada, despidiose el padre Juan Suarez; y 
vuelto a casa reiirio al padre provincial lo que pasaba.>» 
«Pro6igui6 Constantino sus visitas importunando por 
el si de su recibo ; mas recibiole a la pnmera el padre 
Bustamante coa alguna sequedad, negandole precisamente 
lo que pedia; y rogole que por escusar lo que podrian 
decir los que habian entendido 6 congeturado su preten- 
sion, si no salia con ella, viniese io menos que pudiese a 
nuestra casa. Con esla respuesta se despidio Constantino 
pensativo, recelando el fin que poco dcspues tuvo, porque 
lue preso por la Inquisicion(l).» 

Esto dice el P. Santivaftez, jesuita contemporaneo. 
No sc si el obieto de Constantino al querer entrar en la 
Compailia de Jesus fue convertir en amiga de los luteranos 
a su mas cruel pci'seguidora : no se si intento de este mo- 
do alejar de si las sospechas que habia contra ei en los in- 
auisidfores : no se en fin, si pretendio recibir en sus des- 
ichas el au&ilio de los que mas defendian en Espaiia con 
las predicaciones y con el ejemplo la Religion Catolica. 

Mientras que andaba Constantino en estos pasos vino 
a ser descubierto como luterano con la ocasion siguiente. 
Una viuda llamada Isabel Bfartinez fue presa por hereje. 
La Inquisicion ordeno, segun costumbre con todo reo, 
secuestrarle los bienes. Parederon pocos porque un hijo 
de la dama reclusa en el Santo Oficio habia ocultado an- 
ticipadamente nmchos cofres, donde se encerraban joyas 
de gran valia. Pero esta precaucion quedo vana; pues 
un criado infame delato que la mayor y mas granada par- 
te del caudal de aquella sehora estaba esconcUdo en casa 
de Francisco Beltran, bijo suyo. Entonces los inqiiisi- 
dores dieron comision a Luis Sotelo, alguacil del l^anto 



(i ) Palabras del P. Santiyaiiez. — M. S. citado. 



M 



Ofieioi para tralar con Belfaran sobre la manifestadon de 
los bienes/ El cuai, no bien Uego a su ca^a el alguacil, 
cuando le dijo, ain permitirle la mas pequ^&a rason: 
Sen0r ivue$tra merced en oomJ Me pareee que adivino venir 
vueetra merced par coeas oeuUae enladewU madre. Si vmee^ru 
merced me promeie q%ke amino eeoM incomodara par no Ao- 
berh reveladoy (Uri d vweetra merced lo que Kay ocuUo* 

Sin perder momento, Uevo Beltran a Sotelo a casa de 
su madre Isabel Martinez ; y tomando un martillo, derribo 
parte de cierto tabique que habia en un sotano, y el cual 
escondia mulUtud de libros impresos y manuscritos : aque- 
Uos obras de Lutero, Calvino y otros reformadores ; y estos 
depuno y letra dd doctor Constantino Ponce de la Fuente. 
Este sabio varon, previendo que las muchas delaciones 
que habia contra el en el Santo Oficio acabarian en Uevarlo 
a sus caixeles secretas, quiso impedir que sus libros y pa- 
peles fuesen hallados jpor sus pers^uidores. Y asi los dio 
en guarda a Isabel Martinez, mujer de notable virtud y 
luterana. Pero la indiscrecion de su hi jo sirvio de fun- 
damento a la ruina de ambos. Sotelo admii^dse de ver 
los libros ; y al pun to los recibio de manos de Francisco 
Beltran. Pero luego le dijo que la visita no tenia por ob- 
jeto buscar semejantes escritos, sino las joyas y el dinero 
de su madre que estaban escondidos. AUborotose con esta 
nueva Beltran, y conocio aunque tarde, lo mal y ligero que 
habia obrado en este caso. Temeroso de ser castigado 
por el Santo Oficio si retenia en si los bienes de su madre, 
i^trego uno a uno todos los cofres con las alhajas y mo* 
nedas que en ellos se encerraban (i). 

Llevo Solelo los libros de Constantino a la Inquisi- 
cion. Eiaminados estos, se hallo que los escritos de su 
pulko y letra no contenian mas que doctrinas luteranas, 
trataodo de la verdadera Iglesia, y persuadiendo que de 



(i) Reinaldo Gonzalez de Monies, obra ra citada. Don 
Joan Antonio Llorente. ^-fTuforia de la Inquiiioion* 



toingmi modo era la que llaomba de la papi$ias. En tsaA 
obras se hablaba soImtc el Sacramento de la Eucaristia, y 
el sacrificio de la misa : sobre la jastificacion : sobre las 
Bulas y decretos de la Sede Apmleiioa: sobre las indul* 
geacM^: sobra b* merits d^ hombre pan I. gracia y la 
gloria : sobre la confesion auricalar y sobre otros articulos 
en Guya interpretacion Gaminan muy separados de los car 
toticos los luteranos. Por ultimo, Constantino afirmaba 
como protestante, que el purgatorio no era otra coaa que 
una cc^za de lobo inventada por hs frailn para tener que 
comer (i). 

Ya con el descubrimiento de tales papeles determi- 
naron los inquisidores procedcr a la prision de Constan- 
tino, la cual causo notable maravilla en toda Espaiia^ 
Cuando Ueeo la nueva de este suceso al monasterio de 
Yuste, donde vivia retraido del mundo el emperador Car- 
los y, este dijo : 5t Constantino es hereje, e$ gnmde hereje. Y 
(uando supo que habia sido preso tambien por el Santo 
Oticio de ISevilla, un tal fray Domingo de Guzman, escla- 
mo : A e$epor bobo lo pueden prender (z). 

Luego que Constantino fue recluso en las carceles se- 
cretas de la Inquisicion, presentaronle los mencionados 
papeles manuscritos, los cuales reconocio por suyos, atla- 
diendo que en ellos se encerraba cuanto creia. Apreta- 
ronle los inquisidores para que declarase quienes habian 
sido sus discipulos y complices en derramar por Serilla 
semejantes doctrinas; pero no consiguieron que declarase 
cosa alguna que pudiese perjudicar a sus compafiei*os los 
demas protestantes*. Encerraronio en un calabozo subter- 
raneo, numedo y pestifero, cuyas malas calidades se acre- 



(1) Reinaldo Goncales de Monies, obra citada. — Don Juan 
Antonio Uorente. — Hhioria de la Inquisicion. — fil autor de esta 
obra (anotacion GG. al Buscapi^ y W. de sn tradnocion inglesa he- 
cha por Miss. Ross) . 

(2) Don Fr. Pradencio de ^ndoTal.^-Crdfttni de Cdrtot V.-^ 
El conde de la Roca. — Epitome de la vida y hechos del emperaior. 



—274- 

centaban con el propio escremento dd infeliz Constantino. 
En el enfermo de disenteria este protestante, y en el escla- 
maba de esta suerte contra sus inicuos opresores. mDios 
mo, ino habia escita$^ caribe9'u otro$ mas ertule$ i xnhumanM, 
en cuyo poder me pusiirais antes que en el de esios barbarasfn 
Al fin murio en las carceles secretas fatigado de su en- 
fermedad ocasionada por tan infames tratamientos(i). 

La rabia de los inquisidores, viendo que la muerte ar- 
rebataba de sus garras a Constantino para que el oi^ullo 
del fanatismo no hiciese triunfo de su victoria en un auto 
de Fe, llamo en su socorro a la calumnia. Dijeron al 
vulgo los jueces del Santo Oficio que el canonigo protes- 
tante se habia quitado la vida en la prision desespei^ada- 
mente, y que sus crimenes eran tantos que hasta se habia 
casado con dos mujeres, viviendo la primera cuando sus 
bodas con la segunda, y que no tuvo reparo en recibir las 
ordenes sacerdotales (^). 

Pero los protestantes Reinaldo Gonzalez de Montes (5) 
y Cipriano de Valera (4), amigos de Constantino niegan 
que este fue matador de si, y atribuyen la voz que acredi- 
taba el violento fin por propia mano del famoso canonigo 
a los mismos del Santo Oficio, sus jueces y carceleros, que 
se convirtieron en sus veixlugos para maltratarlo en la pri* 
sion,yluego en sus calumniadores para disculpar la muerte 
y cubrir de infamia el nombre de su desdichada vie- 
tima. 

Su cadaver fue 'mas tarde arrancado de los senos de 



(i ) Gonzalez de Montes y Uorente, obras citadas. 

(2) Esto ultimo afirma Gonzalo de lUescas (Historia Pontic 
ficalj y lo repiten Luis Cabrera de Cordoba fVida de Fdipe H) y no 
se cuantps mas autores catolicos de aquel tiempo. 

(3) Reinaldo Gonzalez de Montes, su obra va citada. 

(4) Gpriano de Valera (Tratado de lo8 Papas) dice: El doctor 
Constantino.,., poco antes de enfermedad y mat tratiuniento habia sido 
muerto en el castillo de TrianOf y de quien los hijos de la mentira para 
desacreditarlo echaron fama de que se habia muerto d si mismo. 



la tierra, y en una caja reducido a cenizas en auto publico 
de Fe el dia 22 de Diciembre de 4560. 

Los escrilos de este doctor merecieron tarobien las 
llamas del Santo Oficio (1); y que en muchos indices es- 
purgatorios se dijese de ellos lo que sigue : CamlaniinOj au- 
tor cendenado: (se prohiben) todas $U9 obra$ y eitpeeiahnetUe 
la ConfesUm del Pecadar (2). 

Constantino merecio ir al auto de Fe en una estatua 
de cuerpo entero, iciagen de su persona en ademan de 

Eredicar, y no en figura de armazon con cabeza como se 
acia con los reos difuntos 6 fugitivos, casligados por el 
Santo Oficio. 

En la kora de arrimar el fuego a los huesos del ce- 
lebre protestante, se arrojo a las llamas una estatua de las 
de armazon, y se llevo al castillo de Triana la de cuerpo 
entero que representaba a Constantino, para guardarla 
como mcmoria. 



( i ) NicoUs Antonio en su Biblioteca nova da razon de las si- 
guientes obras de Constantino : 

Summa Chrisiiance Doctrince, Anvers^ i toipo en 8.* 

La misma obra en castellano. — Suma de doeirina cristianay eon el 
termon de Cristo nuestro Redemptor en el monlCf trcidtundo por el mu- 
mo autor con dedaraciones, dedicada al cardenal Garcia de Loavsa, 
confesor de CiCrlos V. — Anvers, por Martin Nucio, sin ano de impre- 
sion: obra prohibida en el citado indice de Don Fernando Val- 
d^, i559. 

ExpoiUkmem in Pealmum IDweidU^ in Vlcontiones diitrihutam. — 
Anrers, por el mismo impresor, ano de 1556, prohibida por Valdes. 

Hominie peecatoris confenionem. Probibiaa por el mismo. 

Magnum Caikecismun, Frohibida por el mismo inquisidor. 

Comentaria in proverbia Salomonii, in eecleeiaeten, in cantiea 
canHeorum ei tandem in Job. 

Tambien escribio Un didlogo de doeirina crietiana entre maeetro 
y dieeipuloSp que se probibio por Valdes y que fu^ traducido al idioma 
italiano, sonin dice Alonso ae Ulloa en la Vida de Cdrloe V. (Ve- 
neciat 1589.) 

(2) Indices espurgatorios, impresos en diferentes anos del si* 
glo xVlI y principios del XVIII. 



Tan fksdicliactamenle acabo este celebre ecleaitelico, 
asorabro de Flando^ y de Sevilla as^ por su elocttencia'en 
el pulpito como por su sabidnria en los escrrtos. 

Sigiiio las doctrinas de LtiteiH> y quiso que estas edba- 
sen profundas raices en SeviUa, ayudado por otros varo- 
nes no menos notables en las ciencias ieologicas^ y en la 
practica de las virtudes. 

Cazalla y Constantino, el uno en Castilla y el otro en 
Andalacia fueron los caudillos del f^rotestantismo en Es* 
paiia (i ). 

Ambos encarcelados por el Santo Oficio, pagaron de 
distinto modo sus intentos de esparcir dentro de nuestra 
patria las opiniones de la reforma en la Iglesia. 

Las hogueras de la Inquisicion destruyeron sus cada- 
veres, y casi todos los escritos de uno de estos proteslantes. 

Tambien los jueces de este ti*ibunal desearian haber 
aniquilado en la memoria de las gentes los nombres de 
Cazalla y Constantino. 

Pero uno y otro viven en las paginas de la historia. 
Y aun parece que la humanidad, deseosa de abatir el loco 
orgullo de los inquisidores, hizo que permaneciesen en 
medio de la barbara opresion que por espacio de mas de 
tres siglos domino en Espana, dos villas, cuyos nombres 
fuesen los de ambos niailires de la libertad del pensa- 
miento, sacrificados como cabczas de la religion lutei^na 
en los reinos espaiioles. 

CAZALLA y CONSTANTINA, villas de Sierra-Morena, 
separadas una de otra por tres leguas de eanrino, existian 
en el siglo XVI, y aun existen. 

Sin duda alguna los inquisidores no adviitieron esa 
coincidencia que perpetuaba en dos villas los nombres de 
CAZALLA y de CONSTANTINO : infelices eclesiasticos que 

( 1 ) c Las cabezas fueron Cazalla v Constantino cpie aTiendo pas- 
sado con el Emperador CdAos V por sus predicadores d Flandes , 
aUi se les pego esta pestilencia.> Fray Di^o MuriUo.— -Furuiaftoii 
angdka y apostdlica de la madre de Bios del Pilar y earceUencioi de la 
Imperial cimad de (Jaro^opa,— Barcelonir, 1616% 



. I 
I 



—177— 

llorecieron en un tiempo, donde para convencer a quien 
iba desviado de la Fe Catolica, no se iisaba de mas argu- 
mentos que las hogueras (I). 

La calumnia y el odio se |untaron luego para infa- 
mar la memoria de Constantino, no en ceremonias p6bH- 
cas sino eri obras de escritores contclnporaneos (2). 

La honra de este pixitestante se vid, pues, manciUada, 
la malicia hizo presa en sus cenkas, y la iniquidad espar- 
cio en el mundo cuanto pudo fingir el deseo de destruir la 
reputacion de mi enemigo. 



(i) En las fiestas celebradas en AicaU de Henares con motivo 
de la canoouBacion de san Diego » en 16 de Abril de 1589, entre la 
multitud de gerogb'flcos puestos en los altares que adomaban las ca- 
lles, V en los ck'ustros de los conventos babia uno representando 
do8 villas, Cazalla y Constant ina, y en medio de ambas el pequeno 
pueblo de San Nicola's, patria del santo. En este geroglifico nabia 
una letra latina que decia : St nan credideritU, non permanMtit^ y 
una espaiiola que era asi: 

cDeiribo su sciencia Tana 
a Gagalla y Constantino, 
y a' Diego su bnmilde tino 
le dio altesa soberana. » 

Leese en la Vida, muerte y milagros de san Diego de AUald en 
octava rima, por fray Grobriel de Mata. — En Madrid, por el licen- 
ciado Castro, ano de 4598. 

(2) Vease lo que Hftescas decna en su Hitioria PwUifical y Co-- 
tMea: cHaUose por verdad que Constantino era casado dos veces 
qon dos mujeres vivas, y que si^ndolo se ordeno saoerdote, y con 
ser a}>oniinaDlemente cama/ y vicioso, avia sahido fingir tan bien sanr- 
tidad, que con su nunea vista hipocresia era tenido en el pueblo por 
santo.9 Luis Cabrera de Cordoba confirma esto en su Bistaria de 
F^pe //. Tales elogios fdnebres daban i GonsUnlino los catoUcos 
de su siglo. 



1 



.«78— 



Wi JOAN PONCE DE LEON. 

■ ■ 

hi jo segundo de don Rodrigo, conde de Bailen, fue uno de 
los protestantes mas ilustres que hubo en la ciudad de 
SeviUa. El estar emparentado con mucha parte de la no- 
bleza de Espaiia, tal como el duque de Arcos, como la du- 
quesa de Bejar, y como otln>s grandes y schores de titulo, 
no le basto para salvarse de las crueles ufias de los inqui- 
sidores, tigres con formas de hombre y con vestiduras 
sacerdotales« 

Amigo estrecho del doctor Constantino Ponce de la 
Fuente^ cuya sabiduria admiraba, siguio las opiniones de 
la reforma desde principios de Marzo.del aho de 1359. 

' Los jueces del Santo Oficio le compelieron con tor- 
mentos 4 que declarase sus complices ; pero muy poco al- 
canzaron en su empresa. El reo se obstino en callar, y si 
algo di)o, fatigado de los terribles dolores que en sus 
miembros ocasionaban las vueltas dadas por los verdugos 
al potro, no sinrip de dano a sus compafieros en las nue- 
vas doctrinas. 

Vista por los inquisidores la pertinacia de don Juan 
Ponce de Leon, dejaron aparte la violencia y quisieron 
usar del artificio para conseguir su proposito. 

Buscaron a algunos eclesiasticos amigos del luterano 

para que con razones astutas lo compeliesen a declarar 

cuanto solicitaban los inquisidores oir de boca del desdi- 

, chado caballero, preso por su desventura en el castillo de 

Triana. 

Los eclesiasticos, fieles servidores del Santo Oficio, 
vieron a don Juan Ponce do Leon, y le aconsejaron que 
en provecho suyo confesasc sus propios delitos y tambien 
los ajenos para bien de su alma y aun de su cuerpo. 

Ponce de Leon se dejo veneer por la astucia de sus 
falsos amigos, esclavos del inicuo tribunal, c hizo en au- 



— 27»— 

diencia particular una manifestacion de sus doctrinas y 
dc las que tenian algunos de sus companeros los protes- 
tantes sevillanos ; y aun pidio ser admiUdo a reconcilia- 
cion por la Iglesia Gatolica. 

Hasta el dia 25 de Setiembre de 15«^9 vispera de un 
solemnisimo auto de Fe celebrado en Sevilla, no supo la 
maldad de los eclesiasticos, sus amigos, al engaiiarlo tan 
ruin y villanamente para danar no solo su causa sino tarn- 
bien las de muchos mfelices que ^emian en los calabozos 
de la Inquisicion, 6 que andaban ouscando en la huida ia 
salvacion de su libertad, y el no verse condenados a pe- 
recer en las Hamas, ante un vulgo superticioso, barbaro y 
oprimido. 

En presencia de los frailes que lo eihortaban a morir 
catolicamente, manifesto que su religion no era otra mas 
que la luterana, y se burlo de las platicas que le hacian 
para separario dc sus doctrinas. 

La sentencia de este infeliz caballero decia asi : 

<iPor el reverendissimo senior obispo de Tarrazana, el li'^ 
cenciado Andres Gasco , el licenciado Carpio , el lieenciado 
Ovando, fuS declarado don Juan Ponce dJe Leon por hereje 
aposlata^ luterano, dogmatizador y ensenador de la dicha sec- 
ia de Lutero y sxis $ecuace$, Por lo que lo relajaron al brazo 
seglar en manos del muy magni^o senor licenciado Lope de 
Leon, Asistenle de esla ciudad. Y declararon a siis hijos por 
la linea masculina, inhabilitados de lodos los oficios publicos de 
que son privados los hijos de seniejantes condenados (1). 

Don Juan Ponce de Leon declaro por. sus hijos legi- 
timos a don Manuel, de edad de once aiios, a don Pedro, 
de nueve, a don Rodrigo, de siete, a otro cuyo nombre no 
se sabe y que nacio estando su padre en los calabozos del 
Santo dticio; y por ultimo, a dona Blanca, de cuatro 
afios (2). 



(i) M. S. en folio que contiene la relacion de algimos autos 
de Fe. — Biblioteca Colombina. 
(2) La misma obra. 



Estos desdichados niftos vieronse en lao tiema edad 
cabiertos de mfiunia, y esperimentaron el dolor de saber 
la muerte de sa padre en un afrentoso y barbaro suplicio. 
Asi la Inquisicion castigaba a inocentes : asi vertia la amar* 
gura en sus corazones ; y asi Uenaba de ignominia en la 
niikez, a los hijos de insi^nes caballeros (1). 

Ponce deLeon muno en garroie despues de kaberse 
confesado para no perecer en medio de las llamas (2j* 

Cipriano de Yalera^ protestante sevillano, llama a don 
Juan Ponce de Leon verdaderamenie ilustre en bondad y pie^ 
dad : tal elogio funcbre dedico a este infeliz la admiracion 
de uno de sus compafteros (3). 

EL DOCTOR CRISTOBAL DE LOSADA, 

medico en Sevilla, amaba tiernisimamente a cierta don- 
cella muy honrada, asi por su nacimiento como por sus 



( i ) Muerto el hermano mayor de don Juan Ponce de Leon sin 
descendencia, tocaba el ti'tulo de conde de Baiten a don Pedro, bijo 
de este desdichado protestante. Pero en su Ingar lo tomo un don 
Luis Ponce de Leon pariente mas lejano. Pleiteo don Pedro parti 
obtener lo que le correspondia por aereclio, y entonces el Consejo 
de Castilla sentencio que los bienes del mayorazgo le fuesen entre- 
ffados, prohibiendole el afectar titulo de conde, pues se hallaba in* 
ndhil por la sentencia de su padre para obtener dignidades. En la 
Gbancilleria de Granada, a donde acudio luego don Pedro, tampoco 
obtuYO mejor despacho. Al fin Felipe 111 le concedio el uso del ti'- 
tulo que tanto deseaba don Pedro, v este fue luego conocido por el 
cuarto conde de Bailen. (SalazaV de Mendoza. Cr&nica de Iom 
Ponce de L«on. -—Liorente. Hiitoria critica del Santo Ofieio.J 

(2) Reinaldo Gonzalez de Montes, protestante contemportfneo, 
(obra va citada) aQnna que murio en la boguera. Pero Llorente 
en su Hiitoria critica de la Inquieicion sigue al autor de cierta rela- 
cion de este auto de Fe en que se dice baber confesado en el que- 
mmiei'O Ponce de Leon por miedo de las llamas. 

(3) Traiado de lot Papcu. 



— »1— 

virttules. Pklieia para esposa a su padre; pero este no 
queriendo emparentarse con hombre que no fuese de co* 
razon firme en las doctrinas de Lutero, se escus6 como 
mejor pudo de la demanda, trayendo it cuento pretestos 
imaginados con que disculpar ei desaire. 

Como el que bien ama no abandona facilmente sus 
pretensiones, volvio a importunar al padre de la doncella, 
encareciendole su aficion en tal forma y con tan senlidas 
palabras, que entemecido el protestante le dijo que solo 
daria U mano de su hija a aquella persona que estuviese 
versada en la leccion de la Biblia, y que la esplicase en los 
mismos terminos en que la entendia el doctor Juan Gil, 
canonigo entonces en la catedral sevillana. 

Losada, pues, deseoso de doctrinarse en las sagradas 
letras para alcanzar dichoso fin en su querella amorosa, 
vio al doctor Egidio con intento de conseguir la ensefianza 
en las nuevas opiniones/ 

Juan Gil lo recibio benevolamente, y lo hizo su disci- 

Sulo. Salio Losada tan diestro en la interpretacion de la 
anta Escritura, que merecio los aplausos ae su maestro y 
aue este certificase al padre de la donccUa los progresos 
e su discipulo en las opiniones de los protestantes. 

De esta suerte consiguio Losada verse esposo de la 
seiiora de sus pensamientos. 

Buscando la posesion de su amada quiso convertirse 
al luteranismo en las apariencias ; pero de tal manera ha- 
llaron las nuevas doctrinas entrada en su alma, que no 
solo fue sincero protestante, sino mnistro secreto de la Igle- 
$ia de SeeiUa (1). 

Preso por el Santo Oficio, se nego a declarar sus com- 
plices y a apartarse de sus opiniones, y murio con singular 
constancia y valor ea medio de las llamas, sin que la cruel- 
dad del martirio pudiera derribar la Hrmeza de su co- 



(1) GuMriuK) de Vabra. Traiado de los Ptspae. — ReinaUo 
Gonialez de Nontes. 

36 



1 



noon y las doclrinas de Lutero posesionachis dc ra 



animo. 



ISABEL DE BAENA 

era una dama iliislre de Sevilla. En su casa se congre-^ 

Saban los protestantes para escuchar las predicaciones del 
octor Cristobal de Losada y la de alff unos otros luteranos. 
Presa por el Santo Oficio y constanao por la declaracion 
de algunos de sus companeros las doctnnas que encerraba 
en su alma^ y el haber franqueado su morada para iglesia 
de los reformadores sevillanos, merecio de la Inquisicion 
sentencia de muerte en la hoguera. Su casa fue arrasada: 
sembrose sal en sus cimientos^ y en medio del lugar donde 
estuvo la morada de Isabel deBaena se erigio una columna 
de marmol para memoria eterna de que alii se juntaban 
los protestantes para escuchar la preclicacion de sus opi- 
niones (1). 

Murio Isabel de Baena en auto publico de Fe, cele^ 
bi*ado en SeViila el dia 24 de Setiembi^e de 1559. 



EL LICENCIADO JUAN GONZALEZ, 

Siresbitero en Sevilla y predicador famoso en Andalucia, 
escendia de linaje de moros ; y de edad de doce aftos fue 
reconciliado con leves penitencias por la Inquisicion de 
Cordoba, a causa de haber manifestado de palabra doc- 
trinas de la religion de Mahoma. 

(i) <La casa de Isabel de Baena donde se recocian los fieles 
para oir la palabra de Dios, fue asolada y sembrada de sal, porque 
nunca mas se edifique; y en medio de ella pusieron una coluna de 
marmol para perpetua memoria que aUi $e conjereffaban los fieles 
cristianos que dies Uamau herejes luteranos. » — Qpnano de Valera. 
— Traiado de lot Papas. 



Amigo del doctor E^io y de Constantino Ponce de 
la Fuente, siguio luego las de la reformacion en la Igksia. 
Pero al cabo el Santo Oficio de Sevilla lo arrastro al castillo 
de Triana, y alli le hizo sufrir muldtud de pruebas en el 
tormentO) con el fin de desviarlo de las nuevas opiniones, 
y de que declarase, incitado por la vehemencia del dolor 
y por el miedo de otros y mas crudes martirios, los nom- 
ores de sus compafteros los demas protestantes andaluces. 

Pero los jueces con sus astucias y los verdueos con 
sus riffores nada pudieron conseguir del licenciado Juan 
(ionzalez. Su entereza y constancia bastai*on a derribar 
las pretensiones de sus tiranos. 

Sacado en auto publico de Fe el dia 24 de Setiembre 
de 1559, murio en las llamas sin rendirse a la violencia de 
sus tormentos, a las exhortaciones pertinaces de sus jueces, 
y al ejemplo de algunos protestantes que temerosos de pa- 
decer en la hoguera, se confesaban para sufrir la pena de 
muerte en garrote. 

Dos hermanas del licenciado Gona^lez salierori al mis- 
mo auto por parcialcs de las doctrinas de la reforma. 

Los mquisidores quisieron que una y otra biciesen en 
el queniadero publica confesion de sus delitos, y que de* 
mahdaseD, como premio de su verdadero arrepentimiento, 
el beneficio de perecer en el garrote, antes que las llamas 
devorasen sus cuerpos. 

Las dos ofrecieron a los frailes y clerigos que las ex- 
hortaban a confesarse en aquella bora de tribulacion, ab- 
jurar sus doctrinas, siempre que su hermano las autori-* 
zase con el ejemplo. 

El licenciado Juan Gonzalez en lugar de disuadirlas 
de tal proposito, las confirmo de nuevo en sus opiniones, 
prohibiendoles severamente ceder a los ruegos, a las trazas 
y a las cautelas de los inquisidores, y al temor de lo hor- 
rendo del suplicto. 

Estas infelices doncellas veneraban a su hermano, co- 
mo a un varon justo y salMo. 

Gonzalez en todo el auto liabia tenido eeiTados los la- 



^ 



bios con una mordaza, la cual en el quemadero le fiie 
quitada. Entonces exhorto a sus hermanas (como he di* 
cho) a morir en las doctrinas de la refornia, deteslando 
las de sus enemigos. 

Al punto entono con voz firme el salmo 106^ 

Deu$ laudem meam ne tacuerii. 

Sus hermanas lo repitieron: los verdugos acercaron las 
teas encendidas a la lefta : el fuego hizo presa en los ma- 
deros, y las llamas devoraron los tres hermanos protestan^- 
tes : nubes de humo cubrieron sus cuerpos ; las cuales di- 
sipadas, pudo la vista descubrir en el suelo tres montones 
de pavesas y de cenizas, ultimos restos del licenciado Gon- 
zalez y de sus dos hermanas, martires de la libertad del 
pensamiento. 



FERNANDO DE SAN JUAN (f ). 

maestro de niiios en la escuela de la doctrina cristiana en 
Sevilla, aprendio las opiniones de los protestantes en \9s 
obras de su director Juan Perez de Pineda, fugitivo en- 
tonces de Espaiia. 

Fernando enseiiaba a los nihos los articulos de la fe 
y el credo, segun le parecia mas conveniente para que en 
las almas de sus discipulos entrase lo que el llamana ha 
del evangelxo. 

La Inquisicion, entendiendo el modo con que doctri- 
naba a los niftos Fernando de San Juan, lo Uevo a sus 
calabozos. 



(I ) CI jesoita Sandvanes en su M. S. citado llama tf Fernando 
de San Joan Maestro de mHos en la eecuela de la doetrina eristiamiM 
hambre idhta y herege pertinaoUsimo. 



Feffrando, temeroso de las inu j crueldades de sus 
jucoM, hiso una declaracion por escrito, confesando sus 
culpaa y tambien las ajenas. Pero arrepentido del hecbo 
pidto andiencia, y en dla hizo varias retractaciones de 
cnanto declaro nltimamente, y diio que su aiTepentimien- 
to no fue obra de la verdad aino tiel miedo, y en fin, ofre- 
cto morir en las miamas opiniones. 

Llevado al quemadero en auto publico de Fe nl dia 
^ dc Setiembre de i559, con mordaza, sufrio la miierte 
en la boguera, despreciando las exhorlaciones de los con- 
fesores, la voracidad de las Hamas y la feroz conslancia de 
sus jueces y verdugos. 

Descubierto que Fernando de San Juan no habia da- 
do a ios nihos mas ensenanza que las doctrinas luleranas, 
alborotaronse mucbos cabaLleros de Sevillaeneniigos de los 
protestantes. Y recelando mayor dano para lo porvenir, 
estuvieron dudosos en Bar la educacion de sus hijos a 
maestros seglares 6 eclesiasticos; puestos que entre unos y 
otros habia jurciales de las- opiniones de la reforma. 

Al cabo los jesuitas que mailosamente habian comen- 
zado a enseitorearse de las conciencias por medio de mu- 

t'ercs devotas, ganaron la couHanza de los padres y reci- 
rieron los nihos para ensefiarlos en sus maximas y a su 
manera. 

Cordoba habia antes de este suceso dado el ejempio ; 
porque al^nos seflores entregai-on sus hijos a los de la Com- 
paftia de Jesus para que estos les comunicasen el conoci- 
miento de las verdades catolicas (1). 



n jesui > H. S. dke: (Con «U 

aron 1< con U Compauia, se en- 

GHgaae de criar y !«* y »irtad como lo ha- 

lian en Cordqba, | M con tl dnno de otroa, 

d que les podia n > Los fiaban de moeitPM 

menos conocidoi Grmeia de b fee v rett- 

ffoa. Ofritcio la , t con ellos y olras^mos- 
nas particnbure* se comenni entoncea i eiiienar la gramiEtica coi^ 



De Sevilla paso a lo demas de Espafta la coalumbre 
de que la nitiez y la juventud aprendiesen con los jesuilas 
las ciencias divipaa y humanas. 

El hecho de Fernando de San Juan sirvio de principal 

giedra para que fonnasen el edificio de su poder los de la 
ompaiiia de Jesus. Desde entonces encomendada la edu- 
cacion a estos hombres, cayo derribado el valor de Espafia, 
cnmudecio la elocuencia, y la libertad gimio en cadenas 
por espacio de dos siglos. 

ClARGIARUS, 

(EL MAESTRO BLANCO). 

monje de San Isidro del Campo, fue grande amigo de los 
doctores Juan Gil y Constantino Ponce de la Fuente. El 
trato de estos luteranos le obligo a abandonar las maxi- 
mas catolicas, y a manifestarse en secreto como prolestante 
con las cabezas de los reformadores en Sevilla. 

Su recato en encubrir sus opiniones engafko de tal 
suerte a los del Santo Oficio que aunque bubo contra sus 
doctrinas mas de una delacion en el tribunal de la Fe, 
nunca se vio afligido ni molestado por sus ministros. Es- 
tos escuchaban en las iglesias de Sevilla sus predicaciones, 
las cuales descubrian en el Maestro Garci-Arias un odio 
invencible contra los protestantes, y un deseo de man- 
tener y aun acrecentar en Espafia la obediencia a la Santa 
Sedejl). 



iffiial frato y concurso de estudiantes : los cuales en pocos anos des- 
de el de i5i50 hasta el de 1564 Uegaron d iiuevecientos»; v fu^ nece- 
•ario anadir de nuevo otro general de leiras humanas y mi curto de 
aites T de filosofia.* 



( i ) El jesuita Santivanez (M. S. eiiadoj dice que : c El Blaes- 
Blanco (era) grande predicador y letrado, tenido en la rida por 



—287— 

De esta suerte quedaron enga&ados los inquisidores 
por la astucia de Garci-Arias, Ilama4o vulgarmente, el 
MaeUro 6 el Doctor Blanco ; porque sus cabellos se aseme* 
jaban en el color a la blancura de la nieve. 

A cierto amieo del Maestro Blanco Uamaron los jue- 
ces del Santo Oficio con deseo de que en la iglesia catedral 
de Sevilla defendiese unas proposiciones sospechosas de 
lutcranismO) en contradiccion de varies teologos que ante 
el pueblo iban a impugnarlas. Acudio Gregorio Ruiz (que 
tal era su nombre) en demanda de Garci-Arias, para que 
le esplicase en sentido catolico las proposiciones. Hizolo 
asi, al parecer, de bucn grado y con smceridad el doctor 
luterano. 

Fiado en los ai'gumentos que le habia presentado su 
amigo, vafon tan sabio en las divinas letras, y protestante 
ademas, se presento Gregorio Ruiz en la catedral de Sevilla 
a defender de viva voz sus doctrinas, disfrazandolas con 
argumentos tornados de autores catolicos. 

Quedo absorto cuando entre los teologos dispuestos 
a impugnarlas de orden del Santo Oficio vio al maestro 
Blanco ; pero luego crecio ma^ su asombro, oyendo a su 
falso amigo y ocuito luterano destruir una a una las de» 
fensas hechas y preparadas por ei mismo para que sirvie- 
sen a Ruiz en sus cuestiones. 

I^ indignacion de Ruiz fue grande al advertir la ini- 
quidad del engaAo, y una alevosia tan infame. Los doc- 
tores Gil y Constantino ecbaron en rostro a Blanco lo vi- 
llano de su accion : lo reprendieron con las palabras que 
dictaba la colera, y le manifestaron que era indigno de 
llamarse protestante, 

Garci-Arias con poca alteracion les advirtio cuan a 
peligro estabandepereceren las hogueras del Santo Oficio; 



may Santo, en ia predicacion por un Apostol; mas grande hipocrifa, 
lobo camicero y sangriento con piel ne oveja , hereje de Toluntad 
T entendimiento.* 



1 



y aue el en su modo de prooeder con Ruie sole habia mi- 
raao a la segiiridad de su propia persona y a la de los mi^* 
•chos parciales qne tenian las opmiones de la relbraia en 
Seyilla. 

Gtl, Constantino^ y otro {Htitestanfce Uaaiado el Doctor 
Vargas, le manifeslaron qae sus astucias en disimolar sos 
doctrinas de poco le aprovecharian si Uegaba el iostante de 
que todos fuesen descubiertos y despues encerrados en las 
lobrc^as mazmorras del Santo Oficio. 

Desde entonces se coiivirtto Garci-Arias en uno de 
los mas ctnieles perseguidores de los protestantes. Esta 
mudanza en sus opiniones fue obra del temor que tuvo a 
los jueces de la Inquisicion, y a los jesuitas que entonces 
trabajaban mucho en descubrir a los que seguian el bando 
del liiteranismo. El doctor Hernan Rodrig:uez, amigo del 
Maestro Blanco, imito su ejemplo, y de protestante se kiso 
cruel enemigo de los que guardaban en su alma deseos de 
que en Espana imperase ia i^forma (1). 

Pero no paso mucho tiempo sin que Garci-Arias vol* 
viese a las nuevas doctrinas y comenzase a ensenarlas a los 
monjes de San Isidro del Campo. 

Contaban los catolicos de su sigla que el Blaestro 
Blanco comia en el refedorio con estremada ahetinenda^ n bien 
despues se regalaba en secreto espUndidamenU:.,. fingia pent-' 
tencta de hermiiano y usaba tablas por canns en la antecelda, y 
€n el retrete inierior eolchones muUidos (2). 

De poco le aproveckaron sus cautelas y engaSkos para 
desviar oe los inquisidores toda sospecba 6 delacion que 
hubiese en el Santo Oficio contra su manera de discurrir 
en asuntos religiosos. De tal forma crecieron las declara* 



(i) cGobraron tan to miedo i la Inquisicion qae negaron la 
rerdad, y lo peor es, fiieron perseguidores de ella, coino fiie el doc- 
toi* Hernan Rodriguez y el Maestro Garci-Arias que comunmente Ua- 
maban el Maestro Blanco, • Valera. — Tratado de los Papas. 

(2) Esto afirma Santivauez en el citado M. S. 



aones me kubo en el tribunid acerca del Maestro Blanco, 
que al nn los jueces determinaron eneerrar a ette en las 
carceles seer etas. 

Preso Garci-AriaSf no mostro la menor flaqueza de 
animo : antes bien, hizo una manifestacion de sus doctrinas 
luteranas, y un ofrecimiento de morir en ellas, apesar de 
las crueldades y martirios que le preparaban los inquisi- 
dores. Parece caso increible que un hombre tan teme- 
roso del Santo Oficio, que en varias ocasiones se habia 
mostrado adversario y perscguidor de sus amigos y secua* 
ces, convirtiese el mtedo en esfuerzo, luego que se vio re- 
cluso en el castillo de Triana y pudo entender el hotren* 
do^fin que le aguardaba en el quemadero de Sevilla. Es 
indudable que muchas vee^es la falta de remedio tambien 
anima. 

En las audiencias decia con toda libertad su sentir a 
los del Santo Oficio, y cuando estos trataban de conven* 
cerlo les replicaba que mas valian para ir tra$ de una har^ 
ria{i) de asno$ que no para sentaru a juzgar materioi de la 
Pe: la$ cuales elh$ no entendian (2). 

Fue condenado al cabo como hereje contumaz; y pe* 
recio en las llamas el 24 de Setiembre de 1559, mostran* 
do alegre rostro en medio de la hoguera que abrasaba su 

( 1 ) No recuerdo haber Tisto en antiguos escritores la yds har-^ 
ria. Ni Argote de Moliiia ea su esplicacion de palabras anticuadas 
paesta al fin del Conde LueatMr (4575) , ni Sanchez de la Ballesta en 
fu Diccionario (4587) ni GoTarrnbias en el Temro de la len^um 
(1644 ) hablan de la toz harria. Solo Gristobal de las Gasas en s« 
fQcabidario de la$ dot lenguas toeeana y coitdlana (Venecia 4576) 
afirma que harria sisnifica reeua, edfila y eampaha. Esto se puede 

£robar tambien por Xa palabra arriero, <Ierivada de harria. La toz 
txrria ann esUt en uso en la America espanola. 

fficPero Dios hobo misericordia de este (Garci-AHIs) y de 
biizo cordero, y asi fue con muv gran constancia quemado. 
Goando Dios lo bizo yerdaderameiite Blanco, dezia i. los inquisidores 
libremente en las audiencias al tiempo de examinarlo que moi voUan 
parair iroi una karria de a$noi que no para $eniar$e djuxgar maierias 
delaFe: la$ cuale$ ellos no entendian.* ytlwaL.-^TratadodehiPMOi. 

S7 



1 



—290— 

cueqio, ante los teologos catolicos que mutilmente habian 
preteiidido en la ikltima hora de su vida arrancar de &u 
dolor una muestra de arrepentimiento. 



lOl^JES DE m ISIDRO DEL GAflPO. 

Fray Casiodoro^ discipulo del maestro Arias, y fray 
Cristdbal de Arellano, varori doctistmo (1), eran los que 
acaudillaban en las nuevas opiniones a los monjes de su 
convento de San Isidro. Uno y otro murieron en Setiem^ 
bre de 1 559, abrasados por las llamas. 

Fray Juan de' Lean habia huido de Sevilla en i557. 
De Francfort paso a Ginebra y desde esta ciudad quiso 
tomar el camino de Inglaterra, luego que Isabel comenzo 
a reinar en aquella nacion poderosa. 

G)mo los inquisidores tenian secretos agentes en 
Alemania, Italia y Flandes para que prendiesen a algunos 
protestantes espanoles que abandonaban su patria con de- 
seo de vivir libres en sus doctrinas, sin temor del Santo 
Olicio, sucedia de tiempo en ticmpo la prision de los 
que en tierras estranas no andaban con recato. Cuando 
menos creian, al caminar de un estado a otro, en que 
los inquisidores tenian jurisdiccion, eran cogidos los 
protestantes espanoles, y con buena guarda trasladados 
a Espana, para mprir en autos publicos de Fc. Fray 
Juan de Leon cayo en las garras cfe los agentes del Santo 
Oficio que residian en Zelanda y con Juan. Sanchez, cria- 
do de Pedro Gazalla, vino a Espana, seguido de los minis- 
tros que galardonaba el tribunal eclesiastico. Sanchez 
quedo en la Inquisicion de Yalladolid, donde al cabo murio 
en la hoguera : fray Juan de Leon fue traido a Sevilla. 



( 1 ) cCristOTal de ArelLmo, firayle doctissimo aun por el dicko 
de los inquisidores.) — Yalera,ohn. citada. 



r 
I 



DuraDte .d CAmino pusieronle sus guardas grillos en los 
pies y esposas en las manos, y una maquina ae hierro que 
ie cilbria toda la cabeza, asi por la parte del craneo como 
por la de la barba, y que ademas tenia una lengua hecha 
de la misma materia para que introducida en la boca es- 
torbase el habla. Este infeliz monje manifesto en el Santo 
Oficio sus doctrinas. Por ellas fue condenado a muerte en 
fuego. Salio, pues, Leon^ al auto de Fe celebrado en Se- 
tiembre de 15S9, Uevando una moixlaza. Su naturaleza 
enflaquecida por los padecimientos, la palidez de sus me- 
jillaSf y lo largo de su barba, movian la compasion de 
cuantos lo miraban sin odio. En el quemadero, despues 
de quitarle la mordaza, procur6 un amigo suyo, catolieo 
y monje tambien de San Isidro del Campo, apartarlo de 
sus opmiones para que no sufriese el tormento de morir 
quemado vivo. Fray Juan de Leon desprecio sus conse|os 
J dejo que las llamas le arrebatasen la vida. 

El padre Marcillo perecio en el garrote ; porque en la 
ultima hora huyo de su pecho .el valor que basta aquel 
trance lo habia acompahado constantemente. Este Mor* 
cillo fue en el calabozo compafiero del maestro de nilkoi 
Fernando de San Juan, el cual advirtiendo alguna flaque- 
za de animo en el monje y sospechando que iba a mos- 
trai^se arrepentido ante los inquisidores, lo exhorto a pe» 
reccr en las doctrinas luteranas y consigui6 de su amigo 
una protnesa de no rendirse al miedo ni a los artiticias de 
los jueces. Entonces por ser tantos los presos, estaban es^ 
tos en el castillo de Tnana, de dos en dos 6 de tres en tres 
ocupando las mazmorras. 

Fray Fernando murio en el mismo calabozo del doctor 
Constantino Ponce de la Fuente, por malos tratos y por fe- 
tidez de la prision segun cuentan los autores protestantes. 
Sin duda Constantino dio el ultimo aliento en brazos de 
su amigo y compaiiero. 

Fray Diego Lopez, natural de Tendilla, fray Bernardino 
de VcUdis, natural de Guadalajara, fray Domingo de CAufT«i- 
ea, natural de Azcoitia^ fray Gaepar de PoreaSj natural de 



Sevilla, fray Bemardo de Stm G$r6mkm, natural de Bttrg;oi, 
monjes de Sail Isidro, fueron admitidos todea a recon-* 
ciliaci<m y penilencta en auto publico de Fe el dia 22 de 
Dicietnbre de 1560. 

En el monasterie (segun cuentan algun^ pratestantes 
espafioles) todos eran luteranes. Llego el case faasta el es- 
tremo de no rezar las boras cati6nicas. En los confeso- 
narios en yez de oir los pecados de los penitentcs, exhor- 
taban los monjes en baja voz a los lieles a observar 6 a se- 
guir las docirinas de la refbrma. 

Creo que hay exageracion en 16 de suprimir el rezo 
de las horas canonicas: acto casi siempre publico^ Ademaa 
que en el monasterio eslaban algunos otros frailes que se 
mantenian constantes en la Religion Catolica : los cuales 
no autorizarian escandalo tan grave y que a tanto peligro 
aventuraba a todos. 

Los que permanecieren firmes en la obediencia del 
romano Ponbnce, maravillados del modo de proceder de 
sus compatieros, y temerosos de los ejemplos que en estos 
les habia presentado la Inquiaicion, determinaron por 
todos los caminos posibles restaurar la opinion del monas- 
terio harlo Hialtratada por el yulgo fanatioo, a vista de los 
castigos hechos en las personas de tantos religiosos. Y asi 
rogaron encarecidamente a los jesuitas,enquienes no habia 
la menor sombra de sospecha en materias de fe, que pre^ 
dicasen en la iglesia de oan Isidro, y que con sus pal^bras 
y obras les amonestasen y mantuviesen en la entereza ca<^ 
tolica. Los de la Compahia de Jesus que habian conse- 
guido gran credito de virtud en los amnios de los inqui<^ 
sidores, de los caballeros y de la plebe, no ensordecieron a 
bs snplicas de los monjes de l^an Isidro del Campo; y por 
espacio de dos afios dirigieron desde el pul})ito de esta 
iglesia platicas espirituales, no solo a los religiosos, sino i 
la nobleza y pueblo que formaban constantemente un nu* 
"meroso auditorio (I ). 



(I ) cY como Tian (los de San Itidro) el dano que en otras 



mk lARlA DE MHOROVES. 

kija no legitima de don Pedro Gsnria de Xerez, caballero 
principal de Sevilla y muy empafentado con dgunos 
grandes de Espafia, tales como el marques de Ruchena, 
tenia apenas Teinte y un afios cuando fue delatada al San- 
to Oficio y presa como luterana. El doctor Juan Gjl le 
eBaeft6 sus opiniones, y a mas las lenguas griega y latina. 

Esta doncella habia ktdo mnchas obras, asi de los 
doctores Juan Perez y Constantino, como de algunos otros 
protestantes. Su erudicion eii las sagradas letras era 
grande y mayor su entendimiento. 

La infeliz Maria de Bohorques, reclusa en los cala*- 
boxos de la Inquisicion y condenada a muerte, disputo con 
varios jesuitas y dominicanos que inutilmente pretendieron 
apartaria de sus doctrinas, los cuales quedaron confusoa 
de ver en tan corta edad y en una doncella tal erudicion 
teoloeica y tales conocimientos de la divina Escritura. 

La infeliz Bohorques fue lleyada al quemadero el dia 
34 de Setiembre de ioo9. 

Don Juan Ponce de Leon amonest6 en el suplieio i 
dofta Maria para que se conyirtiese,ypara queapartase los 
uidos de fray €asiodoro que la exfaortaba desde la hoeuera 
a perecer firm'e en sus ^iniones. Pero ella teplico a 
Ponce llamindole ignamnte, idhia y pidabrero. 

Los clerigos y frailes que estaban presentes para con- 
fesar a los reos que pidiesen absolucion, se compadecieron 
de la desdichada do&a Maria de Bohorques, y desearon sal- 



partes ayian hecho los Iierejes y que en la Gompania no avia tocado^ 
tuflicanm d varios je$uita$ vintesen d predicar en iu convmto y d dot- 
trtnarhs eon hima$ pltUieai. Par etpaeio de don aAo$ fmnm lot je» 
miiiii$ d eumplir ata atiftoa. — SantiTaaei M. S. citado. 



— 4M— 

Tarla de los horrores de la muerte en fuego. Viendo 
que eran vanas sus suplicas para con esta doncdla, le su- 
plicaron que dijese el Credo. Ella vencida de sus ruegos 
comenzo a recitarlo en voz atta; pero al punto aftadio a 
sus articulos una esplicacion luterana. 

Sin embargo de manifestar asi sus opinipnes, murio 
en el garrote antes que las llamas devorasen sti cuerpo. 

DoOa Maria tuvo una hermana que se decia dofia 
JuanaBohorques, esposa de don Francisco de Vargas, se&or 
de la Higuera. Presa por el Santo Oficio como sospeckosa 
en guaraar las doctrinas de Lutero, estuvo encerrada tres 
meses en el castillo de Triana, pero no en los calabozos. 
Hallabase preiiada esta infeliz y los inquisidores no qui- 
sieron molestarla hasta que hubiese dado a luz la criatura 
que encerraba en su vientre. Pario dona Juana ; y a los 
ocho dias le arrebatacon el hijo y a los quince la reclu- 
yeron en los calabozos. A poco sacaronla a audiencia: 
mantuvose negativa contra los cargos que le. formaron: 
pusieronla en el tormento : su cuerpo debil con el parto 
no pudo resistir la violencia del suplicio : los verdugos 
apretaron las cuerdas en el potro con mas rigor del que 
solian: reventaronle una entra&a: comenzo entonces a 
rerter sangre por su boca : retiraronla los ministros a su 
redusion, y en ella perecio dofta Juana Bohorques al oc- 
tavo dia. 

Sobre su cad&ver proclamaron su inocencia los in- 
quisidores que ocasionaron su muerte en el tormento: 
konra que en su tumba sabria agradecerles su victima. 



Doi^A mm\m de chaves. 



era monja profesa del Orden de San Francisco de Asis en 
el convento de Santa Isabel de Sevilla. 

Discipula del doctor Juan Gil siguio las opiniones de 
este canonigo protestante. 



Los inquisidores, noticiosos de dlo, la amstraron a 
los calabozos del castiilo de Triana. 

Pretendieron convenceria, pero esta monja los apelli- 
daba en las audiencias generacion de viboras^ del mismo 
modo que Jesucristo llamo a los fariseos. 

Esta infeliz perecio en la hogua:a el dia 22 de Di- 
ciembre de 1560. 

£1 numero de las personas presas 6 quemadas en la 
Inquisicion de Sevilla fue grande. Sus nombres, por tanto, 
con pequeiias circunstancias de su vida, no harian otra 
cosa que fatigar el animo de los que lean la presente liis- 
toria. Baste saber que en la Inquisicion murio un ial 01- 
medo (hombre docto segun Valera) y el doctor Vargas, va- 
ron de mucha sabiduria y amigo estrecho de Juan Gil y de 
Constantino Ponce de la Fuente. Sus huesos fueron re- 
ducidos a cenizas. 

El licenciado Francisco de Zafra, presbitero en la 
i^esia parroquial de San Vicente, en Se\iUa, huyo perse- 
guido por el Santo Oficio. 

Ana de Rivera, viuda del maestro de niftos Fernando 
de San Juan, dona Maria Cornel, doiia Maria de Virues, y 
-otras muchas doncellas y damas perecieron en el suplicio. 

Debo advertir que los inquisidores acostumbraban sa* 
crificar en aras de su lascivia la honestidad de las matro* 
nas y virgenes reclusas en las carccles secretas, como per- 
sonas sospechosas en el delito de heregia. 

Las infelices amedrentadas con la terrible suerte que 
les preparaban en los autos de Fe los inquisidores, cedian 
a sus querellas amorosas 6, mejor dire, lascivas. El es^ 
panto persuadido de los ruegos, de la esperanza de salva- 
cion, y quiza del convencimiento de la violencia, rasgaba 
el velo de la virtud 6 de la virginidad, y hacia que ambas 
huyesen de los calabozos a donde las habian an*astrado 
la Injuria y la desdicha. 

yA mas de €so,malhechores (esclamaba Miguel deMon- 
serrate, judio espanol del siglo XVII) icomo no teney$ ver^ 
ffuenza ni honraf que despues de aver gozado las mujere$ydw^ 



1 



t 

MeUas qui $ulran en wMUro poier, dtipiiei de kaherUa goModa 
las entregayi al fuego. lOk tmpios, peores que lot vi^m d$ 

Asi ios inquisidores convertian en lupanarcs, 6 ina» 
bien en serrallos las mazmorras del Santo (jficio« 

La lasciTia satisfeclu^' no dudaban luego en lantar a 
las hoffueras a las matronas y doncellas cuya bonra habian 
manciUado sinriendose del terror y de la violencia. 

Multiplicaronse en Sevilla las delaciones, y Ios aiilos 
de Fe,y en ellos salieron a ser reducidas a cenizas 6 afren- 
tadas con sambenitos, muchas personas que seguian las < 
doctrinas de la reforma. 

A las nuevas de tanta desdicha acontecida & Ios infe* 
lices protestantes sevillanos, el doctor Juan Peres cubri6 
de Into su corazon, y de angustia su animo. Por una 
parte contemplaba Ios desastres sobrevenidos a sus amigoi 
y a aquellas personas que en sus obras habian hallado el 
conocimiento de la reforma ; y por otra parte ankelaba 
vivisimamente fortalecer en ellas a Ios espiritus abatidot 
por la persecucion a san^re y fuego que se hacia dentro 
de Espaiia por Ios inquisidores a todos aquellos ya doctri* 
nados en las nuevas opiniones. Y asi escribio una fpiHo* 
la para cansolar a Ios fieles de Juucriito que padeeen perse^ 
eueion por la confesion de su nombre y la faizo impriniir en 
Ginebra el aiko de 1560 (2). 



(i) Migad de Mbnserrate, (r^ase fu rarisimo libro In Cwna 
Domini). 

Gpriano de Valera en el Tratado de les Papas confirma la opi- 
nion de Mom errate acerca de la inicua lajnria de Ios dd Santo Ofi- 
cio. cHobo inquisidor (refiere) que por gracia j donajre dixo de 
otro companero suyo qae no se contentaba con aporrear el pulpo, 
aino eon oomerio ;' porque habiendo becho asotar tf ana bermosa 
moza, qoe esCaya presa por jadia, donaiii despaes con dlat }' 
luego la qaem6.> 

(2) Greo que en 4849 se ba reimpreso en Londres, i. insUn- 
sias del cdlebre coicaro Benjamin Wi£fen» tradnctor ingl^ de Ios Lu- 
eiadas de Camoens, j rafon eminentisimo en el conociniiento de la 
literatnra del mediodia de Eoropa. 



En este rarisimo documento exhorta Jtian Perez a'los 
protestantes sqs compaAeros, k permanecer fieles en las 
opiniones de la reforma. ((Ya que por singular beneficio 
de Dios (les dice) creemos verdaderamente & Jesuckristo su 
Anico hijo^ seAor huestro, y por estar reducidos a el que- 
remos conformar nuestra vida con la piedad y verdad que 
DOS ha enseftado por su palabra y espiritu ; y porque nos 
ha senalado por suyos con la marca que tienen impressa 
todos sus escogidos ; los qw nos persiguen, nos desconocen y 
nos lienen por estranjeros y peregrinos ; y no nos puede sufrir §1 
mundo^ como no pufedetampoco sufrir al sefior Jesuchristo 

que nos ha hecno merced tan di^na de qnien el es 

Profecia es del Sancto Simeon que Jesuchristo est«i puesto 
por caida y levantamiento de mochos en Israel y por se- 
ftal a quien se haze contradiccion y que por el son revelados. 
los pensamientos de muchos corazones. Ya vemos en 
nuestros dias el cumpUmiento desta profecia ; pues luego 
que fui anuneiada entre nosottos la paiabra del evangelio^ 
por $1 ewU es revelado Jesuchristo^ se vieron estos efectos. 
De unos nr agraoa mas la oondenacion^ por euanto le re-r 
eisien furutsamonU, 16 persiguen y condenan. Otros que son 
iodoe los que creen son edificados y salvos por M, por eti« 
yo amor son erueifieados y tonidos del munio por a6omt« 
fitiMes.» 

Asi el doctor Juan Perez pretendia confirmar en los 
suyos las doctrinas hereticas, y hacer vanos \m rigores 
del Santo Oficio en Espafta contra los que se apartaban de 
la Religion Gatolica. 

AI propio tiempo los protestantes fugitivos en tierras 
de libertad volvian los ojos bafiados en lagrimas a su ama- 
da patria; y asi deseosos tanto en demostrstrle las opi- 
niones de 4a reforma cuanto de conseguir que estas imp&* 
rasen al cabo en contradiccion de Felipe y de los inquisi- 
dores para yolver a los lugares de su nacimiento y nifiez, 
y hallar su tumba en Espaiia, comenzaron a trabajar en 
b traduccion espa&ola de los sagrados libros, en cater 
cismos de doctnna cristiana, y en satiras contra el tri-* 

58 



-298 — 



bunal que loa habia arrojado a Isisplayas estnixjeras. 
Grande fue el numero de los protestaiUes, ausenies 
de 6u patria. Unos hallaron en Inglat^ra puerto contra 
las deskechas borrascas que acosaban el baiel de su for- 
tuna : otros buscaron abrigo para sus adversidades en Ale- 
mania : otros en las ciudades de Holanda, vencedoras de 
la Incjuisicion y libres en las conciencias: otros^en la Suiza* 



CASIODORO DE flEYNA. 



natural de Sevilla (1) y estudiante en su universidad, hu* 
yo de Espa&a en 15d1f, cuando comenzo en su patria la 
gran persecucion de los protestantes. 

Inglaterra fue su refugio y Londres el lugar de su 
residencia por espacio de aigunos afios. En esta ciudad 
vivio en compaftia de sus padres, luteranos tambien, los 
cuales no lo abandonaron en tan adversa fortuna. 

Isabel de Inglaterra por mano del conde de Betfort 
no solo socorrio a Casiodoro de Reyna con sumas de dine- 
ros en enferme€lades, sino tambien a sus padres, y demas 
protestantes fugitivos de Espana y autores de la Conftiiim 
d$ Fe publicada en Londres. 

Una«asa muy grande del obispo de esta ciudad servia 
a los espanoles para predicar y asistir a las predicaciones 
tres dias en la semana. De los socorros dados por Isabel 
a Casiodoro, a sus padres y a los dejnas espafioles protes- 
tantes y de la casa que habia sido facilitada a estos de or^ 
den de la reina, con el fin de que les sirviese de templo 
luterano, se quejo a- Felipe II nuestro embajador en in- 



(1) Asi lo afirina el mismo Casiodoro. Nicolas Antonio en 
su Biblioteca Nova dijo enganadamente que este protestante Mcm 
en Reyna, higar de Estremadnra. 



gbterra dim Alvaro de la Guadm (i)* 

De Londres pasi Gasiodoro a Basilea, M donde im* 
primio : 

La BibUa, qne. e$ lo$ ioeros Kbroi dsl wjo y nue^o let- 
tomeiito. TratlQiaia en etpaiiel^ aiio del Suffor MDLXIX #n 



Aunque en esta obra se calia el nombre del inlerpro- 
te, el del impresor y el del lugar de la impreskm^ consta 
todo por una noU que puso de su letra Casiodoro en cier- 
to ejemplar ofrecido a la universidad de Basilea. CaeiodO' 
ro de Reyna, eepailol, (dice la nota) naiural de SeviUa y eelu- 
diante de $u insigne universidad, autor de eeia t^ersum espaiiola 
de loe libros sagrados, la cual estuvo trabajai^ par eepacio de 
die% a^las cwnplidos y habiendo llegado finalmente a darla a luz 
eon la ayuda de las piadoeos nUmisUras de esta Igheia de Basilea^ 
y amprimirla par decreto del Senado en la imprenta de Tka* 
mas Guarino^ etudadano de Basileaj los afrece rendida a esia 
universidad para monumenta perpituo de eu reconocimiento y 
graiilud. En el mes de Juma de 4ST0 (3). 



(1 ) cYo he escrito one i. los espauoles herejes que aqui esUbi 
se les ha dado una casa del obispo de Londres niuj graude en que 
predican tres dias de la semana, como es Terdad j qae scan &vore- 
GidoB de la reina tambien es verdad ; j que i Cassiodoro que fue i. 
la junta de ^ysj \e fneron dados dioeros ea notable suma para el 
camiuo, y que en Pojsy, donde enfenno, le dio dineros el enibaja- 
dor Fragmarlen, j el conde de Betfort se los ha dado aqni a' Ayi. 
su padre j madre que aqui esta'n y i. todos los otros se les dan en*- 
trelenimientos.» Descargos de aon Alvaro de k Guadra. — Archiro 
de Simancas. (V^se el apendice de la obra E^ioRa y el vizeondM 
Palmerston, por don Adrian Garcia Hernandez. Madrid, 1848.) 

(2) A esta edicion anadieron unos impresores niieva poruda 
,que decia : 

La Biblia, que es los sacros lifnos del ptefo y fiueeo testamento. 
Trasladada en eepaM. — En la lUn-eria de Daniel Damd Auln*y y de 
Clemente SeUeieh. MDCXXIL 

Pero olvidironse de que la impresion tenia en la Uttinia boja 
Anno del Se9lor MDLXIX, con lo cual qued6 patente ei engano. (Yea- 
se tf PeUicer en an Biblioteca de traduetores.J 

(5) Cassiodofus de Reyna, Bispanus, Uepaleneis, mAytm hofus 



n 



Desde Basilea t0iii6 la via de Fraiidfort, en donde 
fiidio aigon tiempo. El Senado de esta ciodad^ sabedor de 
las lelras y buena fama de Casiodoro de Reyna, le concedio 
di derecho de su ciudadano* 

Casiodoro en otro e|emplar de la BibK» espaftola qo^ 
dedico a la libreria pubhca de Francfort, piiso de sii mano 
la siguiente nota. 

Ca$ioiaro de Ikyna^ espaHol^ oulor d& Hiattsduecumtai^ 
teltana de la Sagrada Esmtura^ dndadan^ de Fretnefw^i por 
merced de iu honradiemo Senado^ en memcria perpHua deesie 
benefieio ydesu recanoeimiento^ ofrece este Kbro A eu BMieUea 
pubUcM. 4*deEnerodeiS75{l). 

Desde esta fecba nada mas se de la vida de Casiodoro 
de Reyna. 

Este protestante desde que salio de Espafta huyendo 
de la Inquisicion, comenRo a traducir la oagrada Escrir 
tura (2)v 

La obra nos ha durado entre las manoe (dice el mismo 
Casiodoro) enteroi doce a^s. Saeado el liempo que noshoH 
llevado 6 enfermedades 6 v%<ye$ 6 otras oeupaciones ueeeearias 



AeadetnitB alwnnut^ hvijug Sacrerum Librontm veniem$ hiepomem 
audar, quam per mtegrum-deeenniwn daboraeit e$ enxili^ peMiai'^ 
momm mmtflrortfm hijtu EccUmub Baeileensis ex deerele jmufayiMt* 
mt SefMtui typie a6 k&nesto viro 7%oma Guarino dee tmsiteetm eX" 
cueam demum emieit in hteemy in perpetuum ffraiiiudinie ei obeetxem/tim 
numumenium hunt librum inelita huic Academia euplex dicedfoi* An. 
i570, mense Junio.^ (Dayid Glemente. — BibHoieque cvriense hitien*^ 
file. Peliioer, Biblioteea de tradueiores.J 

(A) Caseiodorus Reymus, hispanut^ versionis kujue hiepamea 
lingua saerorwn librervm auctor aptiw eenaiui beneficio, muniape 
Franco fur tanus, in cujus hentficii alque adeo gratitudinie ipsiue me- 
tneriam eemmiemam Biblioieae hunc librum dioat^ Kalendis Janua- 
ris I575« — UATid Clemente, obras citadas. 

(2) ff Casiodoro de Revna, movido de tin pio zelode adelaiilar 
la gloria de Dios y de hazer an senalado servicio ^ sa nacion, en 
iriendoae en tierra de liberlad para hablar^ tratar de las eosas de 
Dios, conienz6 d darse a' la tradnccion de la Biblia.» Cipriano d# 
YaLera.*— Ar^^Mnractoii de la BiUia. 



r 



M miMtro dHinrro y pcbrtMa, podmtoi a/inimr que Irnn iido 
bien Uu fineve, que no kemos ioliado la pluma de la mawk m 
a^uoado el eetudio en qnanio la$ fu$rxa$^ aei'del auerpe como 
d0l dnimo no$ han akansmdo {\ ). 

Gasiodoro de Reyna era hombre docto en las leiiffuas 
laliiMit giiega y kebraica. Su traduccicn castellana de la 
Biblia esta en baen lenguaje y no mal estilo^ sin embargo 
de que de cuando en cuando suele usar bebraismos (2). 

£n la edicion de esta obra becha en i 569 se calla quien 
fue el interprete. En el prologo se firma el traductor con 
las iniciales de su nombre y apellido C R. , sin duda para 
que su version castellana pudiese correr con alguna li- 
bertad en tierras donde la Inquisicicn cerraba el paso a 
cuantos libros escribian los protestantes espaiioles. 

Ignoro el lugar en que paso a mejoi- vida Gasiodoro 
de Reyna, varon que por su sabiduria fue admirado y pro- 
tegido en las naciones estrafias que se babian separado de 
la obediencia del romano Pontifice. 

Isabel de Inglaterra socorri6 con dineros en sus cuitas 
y enfermedades a Gasiodoro y a los padres de este protes<- 
tante. Los ministros de la i^lesia de Basilea lo ayudaron 
ehia empresa de traducir en Icngua castellana las sagradas 
letras^yeiSenado de esta ciudad mando darla a luz como 
muestra de aprecio al protesfante de Sevilla. Por ultimo, 
el Senado de Fran<;fort le concedio la honra de Uamarlo 
su ciudadano. 

De esta suerte, mientras que la Inquisicion de Espafia 
buscaba cautelas para prenderlo^ mientras que cubna su * 
nombre de infamia en autos de Fe y en edictos, Gasiodoro 



(i) ExKortaeifm castellana que precede i la Biblia de Ga- 
siodoro. 

{%\ Gasiodoro de Rejna era hombre de gran modestia. As^ 
habk de sus conocimientos: La emdidon y notieia de la$ UngwUt 
aunque no ka iido ni e< la que quisi&amos, ha side la qw bastapara 
09Uender hs pareeertt de los que mas entienden^ y conferirloe entre H 
pardpoder escoger lo mas emwemeniet. — Ethortacion ya eitada« 



de Reyna cstifliado en los reinos edtran}eros, redfatt se^* 
ftales y pruebas de veneraoion de reyes y de cradades. 

De su Bibiia faeron impresos dos mil y seiscienlas 
ejemplares : los cuales esparcidos en varias naciones eon^ 
mhuyeron a afirmar en unos, y a encender en otros la 
devocion de las nuevas doctrinas. En 1506 a duras peoas 
se encontraban ejemplares de los libros sagrados pvettot 
en lengua caslellana por Gasiodoro . de Reyna (i\ Del 
Nwvo TMamenio se hizo una nueva ediciim en 1599 (2). 

CIPRIANO DE YALEBA, 

« (EL HEREje ESPAHOI) 

nacio en Sevilla, segun conjeturas vcrosimiles^ el afto dt 
1552. En compania del sanio Benito Arias Montano es- 
tudio las ciencias teologicas en la universidad de su patria, 
y tuvo ocasion de oir repetidas veces las predjicaciones de 
los doctores luteranos Juan Gil y Constantino Ponce de la 
Puente, varones iguales en la erudicion, iguales en la doc-' 
trina, igualcs en la dignidad, y hasta iguales despues de la 
muel:te, pues sus cadaveres, arrancados de los senos de la 
tierra, sirvieron de pabulo a las llamas en las hogueras 
dd Santo Oficio. 



( i ) T as8i ano de 1569 imprimio doft mil j sejscientos exem- 
plares : los qoales por la misericordia de Dios se han repartido por 
machas re^ones, de tal manera que hoy coii no se kalian exemplaree.* 
Cipriano de Valera. — Exhortacion al eristiano lector d leer la oagrada 
Etcriptura, 

(2) La tradoccion qae hizo del Nueoo TeBtamento Casiodero 
hi6 reimpresa por Elias HuUero en Nuremberg ana de 1599, en la 
eoleccion que formo con este u'tulo : Novum Tesiamenium^ Domim 
noitri JenhChristi Syriac^r Italic^ EbraieS, Hiipamc^, Grwd, GMiei, 
Latind, Anqlice, Gertnanied, DanieS^ BohemM, PoUmid, eluHo ei la^ 
bore Eli49 Huiteri Germam, Noribergm MfJDXCIX.p 



^ 



—503— 

Qpriaiio de Valera huyo tambien de Espalla, temc- 
roso de caer en manos de los ministros de la inquisicion, 
a los caales solia Ilamar por donaire Inquinadares de. la 
f$ (i \ esto es, tnancilladores de la fe, (La voz inquina^ muy 
antJgua en el habla oastellana signified maneha.) 

^ En Londres rasidio aleun tiempq oomo presbitero 
pretestante, y en esta ciudad parece que se caso con una 
dama inglcssa. 

No me consta el tiempo que residio en Inglaterra. 
Quieren decir algunos autores que Cipriano de Valera paso 
a Ginebra en donde moro bastantes anos (2). 

En esta ciudad dicen que imprimio muchas de sus 
obras. Yo he visio las sigiiientes. 

Dos tratados ; el primero es del Papa y de su autoridad, 
colegida de $u viday doetfina y de lo que losgtocioresy Concilioi 
QHiiguoe y la memaSagrada Escritura ensena. El eegwido e$ 
de la Misa recopilado de h$ Doctores y Coneiliosy de la Sagrada 
E$crtptura. En easa de Amoldo Haifildo, ano de 4588. Vn 
iomo en S." (3)« . 

Esta obra no tiene nombre de autor, ni lugar de im- 
presion. Algunos creen que fuc hecha en Hamburgo. 

Despues la corrigio Cipriano de Yalera^ y le puso mu- 
cbas adiciones importantisimas con este titulo. 

Dae treUados : el primero es del Papa y de su autcridad ' 
i^legido de su vida y doetrina*.*. el segundo es el de la Missa : 
par Cypriano4e Valera^ — En casa de Ricardo del Campo (Ri* 
chard Field) 4599. 4 Umo en 8."" 

El Traiado del Papa es una recopilacion hecha en 
sentido refonnista, de lo que acerca de los Pontifices ro- 
manos escribieron autores catolicos. En las noticias copia 
mucho a Juan de Pineda y a Gonzalo de Illescas, espa- 
ftoles muy defensores de la Sede Apostolica. 



( 1 ) Valera.— Traiado de los Papas. Vida de Al^andro VI . 

(2) Juan PeUicer. — BMioteca de Traduciores. 

(3) V^ase el eflpurgatorio del auo de 4667. 



7 



Val^rft da raaon circunstanciada de muchos de Um 
protestantes que floreeieron eii nuestra patria en el siglo 
\VI y especial men te de ios qae habitaron en la popolosa 

SeviUa. 

Ademas publico ^n nombre de interprete y sin lugar 
de impresion El4e$tamento tiuevo de nuMtro seiUfr Jesu^CriUo. 
Luc. 3. 40. He aqa% o$ d&y nuevas de gran gozo que eerd d 
todo el pueblo. En caea de Rtcardo del Campo (Richard 
Field) MDXCVI. Un torn, en S^^" Es obra copiada del 
Nuevo teetamento de Gasiodoro de Reyna con a^onas level 
y felices correcciones» 

Tradojo y did a la estampa la Institueion de to JUligum 
Cfistianc^ obra de Juan Galvino, el afto de 4597 en Gindiira 
y casa de Ricardo del Campo (i). 

En compaiA del protestanle aleman GuiUermo Ma«^ 
san publico luego el Caihdlico refarmada 6 unm d$eUiitueitm 
que muesira quanta nos podamos confmnar can la Iglena Ad- 
mana tal qual ee eldiade hoy en divenoe puntoe de la religi^^ 
y en qu4 punios devamoe nuncajamdi convemr $ino para wi0n^ 
pre apartamos della. 

ftem^ un aviso a loi afftcionados i la IgUna Romana que 
mmetfa la dieha religion r<mana eer contra loe eoMieoe rudi- 
mentos y fundammtos del cathecismo. Compueeto par Gui/bf- 
ffio Perquino, licenciado «n eaneta theologia y traeladado en 
romance caetellano^ par Cruillemw Jfojian, gtniU hombrej y A 
$u eosta impritmdo. En com de Ricardo del Campo (es decir^ 
de Richard Field) 4599.— Un torn, en «.• (4). 

Al prindpio hay una Epietola al crieiiano lector firma Ja 
asi vueetro aff%cionadi$$imo hermano en el SeHor C. D. F* 



(I ) En el espurgatorio del alio de 4613 ee prohibe 
de la rdigion cristiana immreea en Witemberg, 

(S) En algunos inaices espni^atorios del Santo Oficio piibU* 
cados en el siglo XVII y principios del XVllI se lee entre'los libroa 
prohibidot. €GuiUermo Maesan ftedlMO akman) la iraducdcn que 
hizo en caeteUano dd libro intiiuUido Caihdlieo HeformadOf que com- 
pueo GuUlermo Perquino, amboe autoree eondenadoi. » 



(kio ^ae tawbien esoriMA Gi{Mrti^iM id^ Vuhhi isn^ Aw^ 
90$ A la tgM^ R^mana mMv to fVMb^eGlhi id lubiko par Id 
Mo del P^fa €lmimu& OeiMo. hnp9'^$ par Rieardo iet 
dmmfib, oAo d$ 4M0. 

Este prote^nte, no cansacjo en la publicacion dt 
castellanas para esparcir en EspaKa sus doctrinas, 
pase de Ginebra a Amsterdam con ei proposilo de tmpri- 
sir Mro libra. Con efecto 'en Amsterdam 9ac6 a hiz: 

La Biblia, qm es lo$ sacros libroi del mefjo y nuevo t^^ 
bammto. Segunda edieion. Revisia y eonfkfida M^ h$texto$ 
hebreos y griegoe y eon dwersas tra^lacionei, Por Cyprian^ 
do Vahra. La pcdabra d& Dm permaneice parti rnntpre. 
Soayao, 4<^— ^. "En Anrntordam, en ema de Lorenzo Ineobt 
UDCIL 

Esta Biblia no es mas qa^ una reimjf^esion de ]a de 
Gasiodoro de Reyna, publkada con muchas correcctones* 
Precede a la obra una ezhortacion de Cipriano Al cristia-^ 
no Uetor a leer la eagrada Escripiura. 

Vatera ^n- compafrfa de Loreitso Jacob! tomo Inego el 
catiiino de Leydem para presentar la Biblia al conde Mau- 
ricio de Nassau y a los e^ados de Holanda con el propo- 
sito de negociar alguna ayuda de costa para volver a In- 
y kHerra con sa esposa. 

Jacobo Arminio, cabeza de los R^monstrantee en Ams- 
terdam dio a Valera la siguiente carta de favor para Juan 
Yittenbogaert, teoiogo en Leydem : 

i<AUa pasan Cypriano de Valera y LorensDo Jacobi i 
ptesMtar ok seAor conde j a los estados glnerales algunos 
ezemptares de la Biblia Espafiola que ban acabado ya de 
imprimir: hay entre ellos alguna disensioo que compon-^ 
dreis, supuesto que los dos se compromelen en vos:. ea cose 
de poeo momenlo, y asi con faeiltdad loa pendrris en pas; 
y mas, que ambos son amigos, que hasta aqui con sufma 
concordia y conspirando a un mismo fin han promo vi do, 
aquella obra ; y estan resuellos a no perder esia amistad 
pur cuanio liene el muadc' Pirociirareis cuanto este de 
v«w9t«a pane, que V«ier» se restituy^ i (nglaterm con $u 

39 



1 



miqar» |»d¥JsIq de una imciia MMbtde Mstau Ye Jie W* 
cho por el mu^ lo^que h($ podiito. Y a lairerdftd e$ octm- 
dor a pasar elpoea (wmfo que U r^Ha d$ pida €am la fkmot 
incanukUdad que sea po^U. Amsterdaut y. Novianbn 
del602(l).H 

Nada mas se de la vida y de los escrilas de Gfunano 
de Valera. 

Ed 160^ tenia este protestante la edad de setenla 
a5os{2}. 

Sus obras en defensa de las docirinas de la reforaui 
fiievQQ admiracion y enojo de los inquisidores : los cuale* 
en vista de los constantes trabs^os de Gpriano de Yalen^ 
le dieron por cgficarecimiento y vituperio el nomkre de 
el hereje espanol (5). ^ % 

La lai^ Vina de Yalera, dada enteramettle a la leccion 
y ensenanza de las divinas leti^as, y a. conipcmer libros ooa 
el deseo de doctiinar a los espa&oles en las opiniones de lo&' 
protestantes, y especialmente en las de Calvino, auter a 

Jruien mas seguia en sus obras, muestra la constancia in- 
atigable. y el vivisimo cdo del hereje eepanol para que c^n^ 



( 1 ) PrtBilantium ae emditorum Virwrum EpieioUe* — FeUioiv^ 
Bibliaieca de Tradyciores. 

(2) Valera dice en el prologo de laBihlia: <jo siendo de cin- 
cueiita alios comenze esta obra, j en este aiio de 1602 en que ha 
plazido a' mi Dios sacarla a hit soy de setenta auos.... De man(^ 
que he empleado v^inte auos en eila». 

En i625 86 impriinio en Amsterdam EiNweoTtiiamenioQmeet 
lot Escriptos EvangiUeos y Apost6lico$* Reioitto yconferido con H 
texto ariego, Por Cypriatio ae Valera. En Amsterdam,, en casa de 
Henm-o Lorenzi, i695. Un tomo en 8.® Esia edicion es igual i la 
que Valera hizo del Teetamenio Nuevo incln^o en su Biblia de \W^. 
Igaoro fti entoooes vivia este prolestanle. En esteeaso deberiacon** 
tar 93 auos de edad. 

(5) En varios indices espurgatorios del Santo Oficio impreao^ 
rn el siglo XVII sc lee : cCvpnano de Valera, llainado Tulgiirmente 
#/ hfrege etpafiM^ tradujo en castelbno el lihro tntitulado FnstitueioH 
ds la ttdigion Crteliwrn que com en rarias lenguas> cayo aotor fiitf 
Calvino. Itmn el catecismp hcFMce is«kiilado Mi CmMoo -Meprn^- 
mado»* 



r 



<tte9e en Bu patria la reformacion 4e la Igiesiiai 

Gpmno de Valera fue sin duda, despues de Francisco 
de Eounas, el proteslanle espa&ol que mas obras dio a la 
imprenta. 

.Creo ^ue la mayor parle de ellas no se conocio 
dentro de Eapaiia mientras . vivia Gipriano de Valera. 
Ottiu esle protestante no tuv^, como el doctor Juan Perct, 
un Julian Hernandei que con animo arrojado, constancia 
singular, y aslucia inveacikle las trajese a su patria forra- 
das en cuero^ y ocnltas en odres^ 6 en toneles de vino de 
Ghampa&a y de Borgofia. Yo en los primeros indices es-^ 
puigatorios del siglo XVII no he visto mas libro prohi* 
bido de Gpriano de Valera que sus instituciones calvi- 
uianas. 

Hasla 1640 no se vedaron todas sus obras« de donde 
se deduce que hasta ese tiempo no corrieron de mano en' 
mano por Espafta. Esta con jeiura parece coniirmarse por 
el elogio que de un espaiiol recioio entonces Cipriano. 
Don Jkisepe Antonio Gonzalez de Salas llamo a Valera 
doctitimB hebraizante en 1644, y traslado en uno de sus es* 
4:vitos cierto pasaje de la traduocion de la Biblia publi- 
cada por esto hereje en Amsterdam {i). 

' no se si es obca de Valera 6 de aiguno de sus discj- 
pulos un librillo impreso en Ginebra el afto de 1630 con 
el titulo de Decdlogo y iymbolo de lo$ Apdstoki y pifimio eiiH 
Ifctsmo. 



lEMALDO mikm DE lONTES. 

sevillano, siguio las doctrinas luteranas, convencido con 



(I ) Compendio Geogrdphieo i hi$t&rito de d orbe anttguo i dee- 
cnJMton de el tiiio de la tierra^ eecripta far Pamponio Meia. Obra 
ttaducida por don Jnsepe Anionio Gontslei de Salas. — Madrid 46M« 



el ejemplo y li enseftanzii Ad eflkhve cuff dntgd iMn Htf, 
ronocido con el nombre Ae el dottar Egrdid. Gonzalez de 
Ifontes estuf o preso en las c&rceles secretas del Santo Ofi^ 
eiO) en compafiia de su maestro. 

Fue gran admirador y panegtmta del doctor Juan 
Gil, de Gon9iantTno Ponce de la Fiiente, del beneficiado 
Zafra, de dofla Maria de Bohorques j de los privicifmlei^ 
eaudiilos de la reformation enr ia ciudad de Sevilla. 

Felizmente ptido Reinaldo Gonzalez de Mantes hair 
del Santo Oficio en t558 y tomar en liondres abrigo con* 
tra sus desdichas. 

De esta ciudad paso a Alemania, en donde hizo el pro*< 
po^o de escribir un tratado sobre las iniquidades tiue se 
cometian por la Inquisicion espafiola en las pei^onas de loi^ 
protestantes, y acerea del tragko y lamentable fin que hu- 
nieron muchos de sus amigos sevillanos 6 residentes en 
Settlla, muertos en las llamas^ 6 afrentados eon sambenitoa; 
azotes y galeras. 

Ai cabo dio lermino a su trabajo e imprimid en Hrf* 
delberg el afto de t567 una obra irftttnlada Sanetm inqm'^ 
mtimii$ Hitpmim aries ttUquei deteetm ae paUum traductm {\\ 

En \ 558 fue trasladada en kngua francesa con et «i* 
tuto de HisttMre d€ V Inqmskum A' Espagne\ y en 1509 un 
ingles llamado V. Skinner publico en Londres una tradiie- 
eion en el idioma de su patria<» 



TOMiS CAftUSCON, 

fraile espaiiol del orden de San Agustin, no pudiendo vi- 



( 1 ) Francisco de EnEioas tambien escribio mucho coDtra Ik 
Incwisicion espanola en su libro intitulado Le Pays Bom $t la rtiigum 
d* iMaign^par Du Ch$$ne. — Paris>4575. 

Hiitoirede V eitat iu PaU-Bas «l de la religwn d' Espaignejfar 
Fran^U Du Chune. — A Saincte Marie (Geii«Te) par Franfoii Per* 
rtn.— iS88. 



xiv mns tiemtto ^n m eoftvenlo, jrrecelando sa* preto por 
el Sdnto Oficio, buy 6 de sn patria a buscar en ajenas tier* 
ras el bien cte la libertad de su concienoia* 

Llego k Londres en donde hko una manifestacion 
Ae Ms opiniones protestank^. 

Pray Tomas CaiTascon era hombre de gran sabidu^ 
ria y muy versado en las ciencias teologiras. 

Por la fama de sa doctrina Je encomendo el nsy Ja- 
cobo r la traslacion castellana de la Lithwrgia inglesa. 

El merito de sn trabajo fue conocid^ y apreciado e* 
Inglaterra. El rev lacobo deseando premiar al proles 
tante espaflol par la destreza y erudieion con nue dio di«* 
ehoso fin a sns tareas, le df6 una cancm^ en la caiedral 
dfeHereforl, 

Carrascon compuso ana obrecilta burlesca escrita eft 
donoso estilo 6 intHulada D9 laH^^rHn y Meir^no en Cin'^ 
irtiHUgo ; la cual foe impress, al parecer, en Flandc* el 
alio de 4635 (4). 

Bl Ifbro comienza as{: 

No es eonrida para puercoa 
ni fhito ca pertas son; 
y arnique parezco Gairasco, 
soy mas; pties soy Carrascon (2). 

Carrascon se dirjgie en esta obra contra la IgksiaGi^ 
t^ca, y especialmrnte contra las ordenes religiosaa de 
Bspalto. 



(1) De las Cories y tfedrano en GnifuMgo. Por Jf> Stttf- 
Otex — ffoirisa. Ano de HS3S: pequeM oetaeo. Ganrascen dice ai 
«l prefeci# que la ohr»fu^ impresa ftiefa de Etfrnn j per pertonai 
fUe «a coDocian mas idiaHa que el famenco, ^^ 

(^) Vease el catilogo de don Vicente Saha, ano de 183ft. 
Creo que la obra de Carrascon 1i«i sido reimpresa (no fia mucho tiem- 
po)' cA Londres por on cabaDero tsf^iot rcsidente hot e& Madrid t 
y af i o iii de gins «d>td«r^. 



n 



Olros fnucli09 (>rotestaiUes fueron per8€irai4<i8u0-autf' 
mados por la Inquisicion d« Espafta en Vallaaolid, ScmUai, 
Toledo, Zaragoza, Logrono, y algunas mas ciudades* 

Llego a tal cstremo la ferocidad de algunos catolicos 
ea la destruccion de los luteranos, que un caballero de 
Valiadolid delato en 4581 ante el Santo Oficio a dos hijas 
suyas conio guardadoras de las doctrinas de la reforana. 

Deseoso de convertirlas al catoliasmo^ pudo CQnseguir 
con grandes instancias y por la fe que tenian los inqiijiri- 
'dores en su ccguedad, que una y otra fuesen trafihidadas 
de las carceles del Santo Olicio a la casa patema. En elU 
el fanatico caballero, ayudado de varios derigos y fraiUs^ 
intento porfiadameMe convenoer a sus hijas y apaitarlais 
de un camino tan errado. Pero nada alcanzo de la ad- 
mirable constancia de ambas doncdlas. 

Ardiendo en ira al vBr vanos siis rueffos, sas amenazaa 
y sus persuaciones, las Uevo de nuevo a los ca^abozos del 
barbaro tribunal, e hiaio a los jueces una manifiestacion de 
la pertinacia con que sus hijas defendian la reforma. 

Las dos infelices fueron condenadas a muerte en 
fuego a solicitud. de su propio padre. Este ufano con el 
castigo de su sangre, mancillada con las o{Hniones de Lu- 
tero, y arrastrado por una fanatica demencia, tomo el ca- 
mino de cierto bosque que le pertenecia para desgajar en 
el las ramas de los arboies mayores, y dividir el tronco de 
las menos robustos con el fin de que nrviesen, de lefta en 
las kogueias que iban a devorar los cuerpos de sus hjm- 

Este barbaro, digno de haber naciao entre caribes, 
volvio a Valiadolid con los despojos que habia sacado de 
su bosque, y los presento a los jueces del Santo Oficio. 
Estos loaron la gr^ndeKa de animo de aqud monstrup de 
ferocidad y fanatismo, y lo pusieron por ejemplo a \ofi 
nobles y al vulgo para que su aocion hallase imitadores en 
acrecentamiento y servicio de la Fe que imaginaban de- 
fender por medio de las llamas. 

Aun no satisfecho el caballero con haber cortado la 
lefla que habia de abrasar d cuerpo de sus hijaa, quiso, 



r 



pop* li^nhtwmiM J «pbuBQ8'de ms amiMs, an 
eclesiasiicos como seglarefti, ftsorabrar aun mas a ^lladkn 
iidt ^connrlienclose en- matador At su propia came j 



Deapoes <le aer enamigo de si\ arrastratido a las mw* 
iiMms qA Santo Oficio a sua hi}aes y trayendo los made* 
MS pttra formar las faoffneras, aolicHo de los inmiisidores 
el pemnso de quemar por su mano en auto publico de Fe 
la leia deadnaoa 4 rectocir a ceniaas a las tristes doncellas 
infi^ecs en tener tales jueees, y mas infelices todavia en 
ludmr omiocido a un padre, kombre ^ las fbrmas, cab»- 
Uero en los dicbos, tigre en les sentimientos, ostra en d 
raciociojo, .y verdugo en las obras. 

Los inquisidores que en el kecbo de este barbaro 
veian un modelo' deesclavos, vecibieron benevolamente su 
demanda, y para exaltacion de la Fe publicaron con el son 
de^^atafaaleay trompetas asi la solicitud del caballero como 
el penoMso del Santo Oficio. 

Las dos desdichadas doncellas murieron en Vallado^ 
lad el afio de 158i. El nombre de su padre ka quedado 
ocidto entre las sombras del olvido. Alli lo acompaliara 
eteruamesLte la execraiuon de los -bueoios (!)• 
I . Eotoaces en Espafta todo era opresion, todo fanalia^ 
mo, todo ipiquidad, todo desprecio de las leyes divinas y 
faumanas. 

En lod oidos de los inquisidores resonaba la voa del 
doi:tw A§;us4iB Caaallat cuasido en una de las audiencias 



k««M|^BMMai«M*i«^i^ 



.* (i> <B1 aao IK8I habo en la Jnqiiisioioii de Valiadolkl dos 
lu|aA de on ci^llero calificadoy las cuales faeron condenadas i ser 
qintfidaii par perseverar conalanteBienle em la doctrina que habian 
lurendido del doctor Cazalla y de otros martires de Jesu-Cbristo. 
S padre pudo lograr que se laa dejaseti Qerar i su casa para ver si 
A T'l<» eiarigoft T fraifaos quo Uero i dispatar eoa eUa*, consegoian 

itniucirlas Viendo que no adelantaba nada, el mismo ae fmi i' 

•avhasqaa y coMo la Ima^ j la biso traar i VaHadobd j pego el (nega 
ea que te abratsaMiv W'^Vahnh Ttaiada 4e lo9 F^fm- 



MilMKii sarMUMtf lotiloi estiM nasotw (1). . ^ 

£1 terror que en el aiuao de los joecas del Santo 
Oficio y de los eclesiasticos espanoles ocasionaron tales pt^ 
Ubunas, duro por espacio de oiucko tien^io. Por eao las 
.persecuciones contra ppetestaates se multiplicabtti an fis^ 
pafta ; per eso los que querian etlvarae de. una nmerle 
bitPta y horrible bnscaban i^igo en tiarra de Ubarted 
eoiitra los rigores y asperezas de la contraria fiiriuMU 

Estas persecueiones cuando comenzaran en mieslNi 
patria, fueron lUuradas por Juan Luis Vives en iS54, Guan«» 
do esoribia a un su amigo acerca Ae otra acusado en la 
Inquisicion, mNosoU^os aentimos. no poder prestarle ayvula 

Crque nos aveaturarianlos a un-. gran rie^, per^ Jl que 
de kablar • de seoiejante tirama .a un espa&M qme la och 
noce cooao yo mismo (2). n . . 

« Vivimos en tiempos tan calamitosos que no podemoe 

?roferir palabra ni callar sin peligro* decia iniakDMite 
ivies.(5). 



^P»W^*»i 



(i ) fMas ha de qoArMita j cineo aAoe q[tae me Aitrai ea hi» 
ofiqua d sonidOy y eo el ooraaaa el niedo de una piilnW> $fm diso 
entonce$ el doctar Gazalla bereie luteraao y qaeuiado for uk Si 
eiperdran (dix.o) cuatro meies, fwramoi tantoi comb Mfo<».-HCaKUf 
4e don JaaQ de Ribera i Felipe Ul. — Yida de este rey, por Gil Con- 
aalez Davila. 

Don Fr. GeroBinio^e LMWMa »oto |io de Barbaalro (Ehmiikm -^9^ 
bre hi Eoangelioi de la Quareima. Tomo II, Zanu||oia 1636) conlir- 



nnestros dias, qoando lo sentenciaron dixo: Si egperdran quatro 

aM mw /MrofNOf tamoioomadln^ ytt stfyr, MMrmmn ib Hto$ la qu$ 
dies de noaolroi. » 

(S) Na$ iMmrea dolemm ofm qmd fmre afUe^i* rBlm^ mtirfma 
queamust nam eonfe$tim wutgmm mtdmiibm pmiadum immineMi. S94 
iqmd efo ho9 amid $e hominem kUpmam qm haneiyranmdem tciTtt 

amUm habmi Ima Viv«a.— -CMoeoion de tos obraa. Tome VB*. 
cion de ~ 



(3^. TemfoiFa ha km mu SifpeUia tn auikm mec fofiit me 

aEHunv 



ib$que ptntuh.^^Sk nutans en el. lUgwp a k ad e 



r 



ell f KM cmmlo Imbieroii cometMHulo contin cris*- 
tianoft lo6 rigores del Santo Oficio^ si cuando^ran pequeftos 
comparadds con los que lueg^o ejecutaron los de la Inqni- 
akion, ^a queestreoMM Ue^rian en 1559 y 4560 despues 

Iae los luteranoa espaholes faeron descabieitos j quema- 
0» eil Valiadolid^ Sevilla, Toledo, Logrofio y olras ciu- 
dades? Cuando la precaucion se eonvirtio en castiffo, 
fauyo de Espa&a con asombro el bien publico: las car* 
ceies y las liogueras se poblaron de gente ilustre, y la con- 
fiansa de la inocencia y la bondad de las costumbres se 
vieron opritnidas, arcastranilo prisiones en un tribunal 
injiislo. 

El tft*iste y miserablie estado de esclavitud en (jue Vi- 
vian los espanoles, ya fuc descrito por uno de ellos, amigo 
de la libertad de nuestra patria y ae la restauracion de las 
ciencias. No podemoi proferir palabra^ ni callar sin riesgo. 
\si esclamaba Vives en justa lamentacioii de lo perseguido 
que en Espafta s^ veia el raciocinio. 

Pero ^que mas? Juan Man, segunda dignidad en la . 
iglesia de Gloucester, y embajador ae la reina de Inglatcrra 
cerca de la persona de Felipe 11, fue espulsado de Madrid 
en 1568 por un delito ginvisimo ante los ojos de este sus- 
picaz y fanatico monarca. 

Cualquiera imaginara aue el eclesiastico ingles ofen- 
dio en actos publicos el decoro del soberano cspaftol: 
que en obras impresas manifesto deseos de que el lutera* 
nismo triunfase en el corazon de Gastilla : que dio ayuda 
a los protestantes afiigidos con las persecnciones del Santo 
Oficio: que facilito armas a estos para declararse en rc- 
belion contra su rey: y que no solo los socorrio secreta- 
mente con dineros, sino que prcdico la utilidad de que ob- 
tuviesen victoria los sediciosos. 

Estos y otros tales delitos no cometio Juan Man : toda 
su culpa estribaba solo en haber hablado en conversacio- 
nes familiares a disgusto de Felipe II sobrc materias re- 
ligiosas. 

Cuando por la salud de la reina Isabel de Valois se 

40 



hicieron en la~ corte de fispafta una y <itra proceaion, Man 
se burlo de ellas con algunos de sua amigos, asi estiran jeroa 
como espafioles. 

Al punto volo la noticia del hecho haata el palacio 
de Felipe, llevada tal vez en alas de la vigilancia y del ofen* 
dtdo oi^uUo de los inquisidores. El rey como perfecto 
fanatico tenia una conaicion harto iracunda y rencorosa; 
y asi, creyendo ver en los dicbos de Juan Man el mayor 
ulti'aje que pudiera recibir su decoro, le envio de mensa- 
gero al duque de Alba para advertirle que se moderase en m 
manera de hablar : notable accion de Felipe II, que muestra 
cuan dado era el prudente monarca a cnismes frailescos, 
cuan deseoso de enfrenar las palabras ^e no iban dirin- 
das por la lison ja 6 por el roiedo, y cuan aficionado a de- 
jarse arrebatar de la colera. 

Pero al fin su enojo tuvo que romper las coyundas 
que le imponia el respeto de la reina de Inglaterra, cuyo 
embajador era el dean de Gloucester. Man en un banquele 
donde asistieron muchos seftores, asi de nuesti*a patria 
como de estraiias naciones, dijo que Felipe II gozaba el 
privilegio de defender solamente en Europa al romano 
rontifice, en contradiccion de los demas reyes (1)« 

Cuando supo el monarca espanol el dicho de Juan 



(i ) iComo tiene la intencion v pecho tan dauados en estas 
cosas de la religion, no se ha podido contener ni dejar de brotar su 
raaWnimo con demostraciones perniciosas y atrevidas.... Poraue 
eiitre otras cosas, agora ultimamente en una comida donde se halla* 
ron muclias personas, asi espaiioles como de otras diferentes na- 
clones, se dejo decir piiblicaydesTergonzadamente, que solo yo era 
el que defendia la secta del Papa.... y que el Papa era un fraifecillo, 
liipocritilla, y otras palabras tales que por eUas merecia muy digna- 

mente el castigo que le dieran los ae la Inquisicion si no se tu- 

viera respecto d que es persona piiblica y ministro desa Serenisima 
Reina con quien yo tengo tan buena amistady vecindad.* — Carta de 
Felipe II a 9U embajador en Londres Guzman de Siha, feclia el dia 
li ae Mayo de i56o. — Archivo de Simancas. — V^ase la obra de don 
Adrian Garcia Hernandex va citada. 



Man, $e enfadd mueho^ porque el asunto en verdad merecia 
toda la ira reeia del sucesor de Carlos V. Las palabras 
del ministro de Isabel de Inglaterra fueron para Felipe 
una gravisima injuria: cualquier soberano que hubiera 
tenicio ffrandezia ae animo y aun sin tenerla, desde luego 
se habria reido del hecho de Man, y tornado con el des- 
precio el mas honroso desagravio* De tal forma liubieran 
procedido en casos semejantes los reyes que no se aplica- 
sen el nombre de prudenie$. Pero Felipe, todo prudencia, 
se^[un sus apologistas, creyo que al estudiado aparato de 
nusteriosa grandeza con que solia acompaftar hasta sus mas 
pequeftas acciones, no convenia en manera alguna tolerar 
que en Espana, y mas que nada en su corte, hubiese quien 
osase habfar en su persona, sin decir que era el mas santo 
y justo monarca, y el mejor y mas discreto politico de Eu- 
ropa, de su siglo, y de los tiempos pasados y yenideros. 

Mando, pues salir de la corte a Juan Man, y que es- 
perase las oraenes de su reina en un lugar inmediato, ve- 
dandole escandalizar con sus descomedioas razones a las al-- 
mas pias y sinceras. Despues remitio a su embajador en 
LoniU'es una larga carta donde recapitulaba las habladu- 
rias del dean de Gloucester, para que las representase a la 
reina de Inglaterra y para que en aesagrayio de tantas ini- 
quidades tuyiese esta a bien enyiar a Espaiia otro ministro. 

Desde luego determine Felipe, a guisa de niiio enfa- 
dado, no yer mas al insolente embajador que a sus amigos 
decia palabras tan en oprobio del monarca impecable, y 
que en tanto riesgo ponian la paz de Espatia y la fe de 
nuestros may ores (1). 

Verosimilmente la reina Isabel de Inglaterra, como 



(i ) cHe deliberado de no negociar mas con dl, ni que parez- 
ca ante nu'i ni que tampoco estd en mi corte, sino haceiie decir que 
•e vaya d algon pueblo por aqui cerca faera della con amonestarle 
qp0 alii Tiya sin dar eaaindalo d nadie, ni diga otros atreTimientot 
semejantes i los pasados. ^ — Docummto eitado m la anterior noia. 



— $16— 

sefiora de gran entenditoiiento, se burtaria del rey FeKpe' 

Eor la representation de tales chtsmes, mas propios de un^ 
ombre estupido, afli^ido por las mnrmuraciones de los 
que en su necedad haltaban recreacion, que dignos de utv 
soberaiio que pretendia la honra de ser d primero de los 
poKticos de su ticmpo. 

Cuando qiiien presume de ^randeza de antmo caKfioa 
de ultrajes h su persona acciones que ni aun di^pi-ecio me** 
ivcen, cuando se lamenta de ellas, cuando busca la nom^ 
ble venganza, y cuando ante el mundo se dice, horido en 
lo mas vivo de su pundonor, entonces hace patente la mi- 
seria de su raciocinio y su nincfun conocimiento dd cora*- 
zon humano. Su ridicula soberbia se ve convertida en 
escamio del mundo. 

Si Man por solo hablar a disgusto de Feiipe en con-' 
versaciones ramiliares, fue espulsado de la cor%e sietido 
embajador de una reina poderosa : ^'qne espaftol podria 
seguir su ejemplo, sin miedo de que el Santo Oficio cas^ 
tigase en las hogueras su atrevimiento? 

Felipe 11 alcanzaba de los espanoles en lo religioso y 
lo politico facilisima victoria. No se destrayen en corto 
tiempo privilegios y esenciones de aquelios que para guer-* 
rear por conservarlos tienen no solo el nombi^ y los anti<« 
guos orios, sino tambien los que les presta el temor de la 
perdida de su grandeza, si antes no se ha facilitado el me- 
dio de iqubbtantarles las armas y los brazos para hacer va*- 
na toda suerte de defensa. Felipe derribo el alcazar fifr* 
bricado por el oreullo de \oi nobles espaAoles, esclavos si^ 
misos a sus mandatos, pero ya otros monarcas habian ido 
arrancando paso a paso algunas piedras de los cimientos 
de tan soberbio edincio. 

Los opresos pudieron tener en aquel siglo breves ins- 
tantes de esperanza y de consolacion en sus cuitas y ad- 
versidades. El principe don Carlos de Austria, bijo de 
Felipe II, parcial de la reforma en la Iglesia y amigo de la U^ 
lerancia i*eligiosa miraba con horror los castigos ejecuta** 
dos con acuerdo y proteccion de su padre por el inicuo 
tribunal del Santo Oticio, 



—317— 

Pero este desdichado principe fue preso y perecio en 
la flor de su juventud, si no por la violencia, a lo menos 
por haberlo anandonado Felipe II a los rigores de una en- 
fermedad aguda que posti*ando su lozania, lo entrego a 
los brazos de la implacable mueite. 

Asi la opresion empieza a herir a los plebeyos ; postra 
a las personas cbnsiituidas en dignidad, y se atreve hasta 
a aquellas que debian ser protegidas por el bien publico 
para remedio en las desdicnas de las naciones. 

El orguUo acrecentado con el triunfo y la ofendida 
colera de la tirania cuando se \e contrastada por un po- 
deroso, siempre hacen firme resistencia a cuantos preten- 
den mitigar las miserias de los opdmidos y las duplicadas 
iras de los opresores. 

Los tiranos son como las tempestades que a ninguno 
perdonan : ni a la cafta por debil, ni a la flor por humil- 
de, ni al roble por robusto, ni al cedro por altivo. 

Se asemejan tambien a los rios que en las avenidas 
oprimen con las mayores corrientes a todo cuanto encuen-* 
tran en los campos mal seguros. 



LIBRO QIINTO. 



La calumnia, armada del vituperio, siempre hace de 
la infamia del oprimido, inicua lisonja de los opresores: 
siempre hace del vencimiento, aunque sea heroico, trofeo 
injusto de la ruin victoria por bajos medios adquirida : 
siempre hace de la irremediable desdicha lauro vil de la 
prospera fortumi. En los labios de aquellos que preten- 
dan descubrir la verdad ante el mundo en contradiccion 
de los malos, marchitas quedaran las flores de la elocuen- 
cia : rosas de suavisimo aroma mie no ocultan entre sus 
verdes hojas la menor espina. Un aire abrasador y pesti- 
lente no solo bastara a secarlas, sino tambien a consumir 
del todo las ramas en donde nacieron. En tanto viviran 
las flores que cultivo el engaiio^ y en vez de perder su 
pompa y lozania esconderan al abrigo de su belleza aspides 
venenosos. 



EL PRECIPE DON CARLOS DE AUSTRIA, 

perseguido casi en la aurora de su vida por su padre y 



—540— 

rey don Felipe II, a causa de seguir las doctrinas de^lo!» 

Erotestantes, es el mas grande ejemplo que nos ofrece la 
istoria, para iQostrar que el oaio de los malos y el deseo 
de lisonjear a los iiranos de la tierra, ni respetah la virtttdf 
ni tiemblan de poner mancilla en la inocencia, ni aun' se 
detienen ante el marmol de una tumba que encierra las 
cenizas desdichadas del mas desdichado principe que ban 
conocido los imperios y las monarquias. 

Yario ha sido d parecer de los auiores que en la vida 
de don Carlos ban puesto la plumayel eatendimiento: los 
estranjeros ban infamado su memoria en son de defen- 
derla, Uegando basta el punto de decir que sus desven- 
turas nacieron del amor incestuoso con que se vio favo- 
recido por su madraslra : los espanoles retrataron al prin- 
(!ipe como un monstruo en cuyo pecbo se albergaba todo 
genero de vicios. Y no contentos con aventui*ar tales pro- 

{>ostciones, se alargaron al estremo de decir que don Car- 
os estaba loco, que nunca bubo en ei mas que maldad, y 
que su ingenio se ballaba en las prisiones de la rudeza y 
de la igiiorancia. 

Jacques de Thou, Gregorio Leti, el Abad de Saint- 
Rheal, Mr. Langle,Mercier,con otros escritores, cuentan que 
QUO de los preliminares de la paz entre el Cesar Carlos Y 
y.el rey Enrique II de Francia^ durante la tregua de los 
cinco anos, fue el casamiento del principe don Carlos con 
Isabel de Yalois, bija de este monarca. Pero que, baluendo 
enTiudado Felipe il por faliecimiento de Maria Tudor, reina 
de Inglaterra, aetermino este que las bodas que iba a ce* 
lebrar su hijo primogenito ae diesen por no tratadas, y se 
reservase paia si la mano de aquella princesa. Que esta 
resolucion encendio en ira el animo de don Carlos, y en 
amor el de la reina Isabel, basta el estremo de incitar con- 
tra ellos los celos y el deseo de venganza propios de un 
padre y un esposo ofendido en lo mas vivo de su bonra: 
por lo cual y porqtie era sabedor Felipe que su bijo tra- 
taba de ausentai^e del reino para ponerse a la cabeza de 
k>9 flamencos, rebeldes a la corona de Espaila, dispuso guar- 



darlo en una piisildtiv y que el Santo Oficto le formase el 

Kiceso comb t&} sosbechoso en faltar a la fe cat61ica. 
e s^ dib seniencia en el asunto, y que el principe don 
Carlos fue condenado a muerte, se^n unos, con la violen* 
cia de un veneno, 6 segun otros, con la de un garrote 6 con 
la perdida de la sangre en un balio a semejanza de Seneca. 
Historiadores espaiioles de aquel tiempo refieren que 
el principe era soberLio e ignorante : que la buena edu- 
cacion y el esludio de las letras jamas tuvieron enlrada en 
stt aima : que nialti*ataba con obras y con palabras a su 
ay o, a sus criados y a personas de gran nobleza y virtudes: 
^lie pretendio huir del reino, para eon el amparo de su 
tio el emperador Maximiliano de Alemania, atraer a los fla- 
mencos a su devocion y guerrear contra su padre : que 
este teniendolo por loco, determino encerrarlo : que en la 
pdsion tomo mas vuelo su demencia ; y ^or ultimo^ que 
vencida su salud por escesos en beber nieve en ayunas y en 
regar con ella los colchones de su cama, dio el postrimer 
sospiro, no sin kafacr pedido con vivas ansias el perdon 
de Felipe IL 

Para mostrar cuan Uena esta de errores y de injusti*^ 
eias la opinion de unos y otros me sobran documentos 
importantisimos y valedero^. Con ellos probare, que si 
apasionados y mentirosos fueron los escritores estrafios al 
kablar de la prision y muerte del principe para envilecer 
a Felipe II, por no menos mentirosos y apasionados deben 
ser tenidos los espaiioles que de la afrenta y vituperio de 
don Carlos hicieron lisonja al rey su padre y a su sucesor 
don Felipe in. 

Bien se que prevalece entre nosotros con deshortra de 
k buena critica el parecer advei-so al principe ; pero tarn- 
bien he aprendido en la esperiencia que las falsas opinio- 
nes, como fundadas sobre flacos cimientos, vienen facilisi- 
mamente a tierra con tal que kaya una mano vigorosa, 
resuelta a labrar con invencibles armas su ruina (1). 

(i ) DoD Juan Anlonio Llorente en sa HUUnia de (a Inqum-' 

41 



El principe tuvo por patria la ciadad de Yalladolid, 
y por afio de su nacimiento el de 1 545« Para ser en todo 
infeliz, a los cuatro dias de salir al mundo perdio para 
siempre las caricias de su madre doiia Maria de Portugal, 
pues esta seftora pas6 entonces a mejor vida. Caries V, 
obligado por las guerras en Alemania, Francia, Italia y 
Fiandes, no pudo estar atento a la educacion del nuevo 
vastago que daba su descendencia a la corona de Cast!- 
ila, ni menos sus graves cuidados politicos entre el es- 
truendo de las batallas le daban ocio para dirigir los "pri- 
meros pasos dc su nieto. 

D^eoso, pues, de que don Carlos, ya que lo igualaba 
en el nombre, no desmereciese de la grandeza de sus pro* 

f Stores, nombro en 1554, entre otros maestros que lo 
abian de regir, a don Honoroto Juan, caballero valenciano, 
de noble ingenio y doctrina, y uno de los hombres mas 
sabios de aquel siglo. Quieren decir algunos hisloriado- 
res que el natural del principe era feroz y violento ; y que 
en prueba de esto, sienMo nifto, recibia^ren placer en V 
gollar con sus propias manos y en ver como espiraban los 
^azapillos que solian traerle de la caza. Esto cuentan que 
fue escrito por el embajador de Venecia en Espaiia a los 
senadores de su patria, deduciendo de jsemejante hecho 
cuan cruel condicion tenia el que iba a suceder en la co- 
rona de tantos reinos al gran Felipe 11. Si tal carta re- 
mitio el embajador, basta a acreditarlo por el mas nedo 
de los politicos del mundo, aunque yo creo que esto debio 



eian de Eipafki hablo del principe don Cirlos con gran falta de cri- 
terio J de noticias bebidas en fuentes de sanos raudales. Queriendo 
infamar ^ e$te joTen discidpo cuanto pudo la sereridad de Felipe II 
en la prision j aun muerte de so hijo. 

El seuor don Salvador Bermndes de Castro en tu libro intitu- 
lado Antonio Perez, Secretario del rey Felipe //, siguio el parecer de 
don Juan Antonio liorente acerca del principe. 

Y el Excmo. senor don Cvaristo San Miguel en su Bistoria dd 
rey Felipe II se ralio tambien de muclios argumentos del rnismo 
aotor contra el infelic don (k^rlos. 



ter cahimnk levantada por los enemigos de don Carlos 
para hacerlo odioso a las g^oeraciones venideras. 

Pero semejadte acusacion demuestra la sana con que 
se miraba al principe, y el ansia de encontrar delitos kasta 
en aquellas acciones de la niiiez tan frecuentes en todos 
los siglos. Gomun cosa es en los nifios dar tormento a los 
animales pequenos que. no tienai armas bastantes a la de- 
fensa de su vida. Y esto que hacen inconsideradamente 
^admite comparacion acaso con los hombres que a sa- 
biendas y por puro recreo van a cazar a los campos y a 

Srivar del oien de la vida a multitud de aves inocentes? 
i el principe siendo niiio se complacia en ver morir y en 
ocasionar la muerte a animales pequenos, y de ahi se de* 
duce la crueldad de su animo, comparese con la de los 
cazadores por divertimiento, y acuscse de feroz, no solo a 
don Carlos en su niiiez, sino al linaje humano en su viri* 
lidad y en su esperiencia. Pero cuando a leves acciones se 
da nombre de grandes delitos, sin duda la malicia y el 
rencor no pueden hallar los que desean (1). 

Dona Juana de Austria, reina que fue de Portugal y 
Maximiliano de Bohemia que luego subio a la dignidad de 
emperador, tuvieron a su cargo, juntamente con el go«- 
bierno de los estados de Espafia por ausencias de Felipe, 
d regimiento de la vida y costumbres de don Carlos, y lo 
amaron entraiiablemente, como en distintas ocasiones, an* 
dando el tiempo mos|raron : clara seftal de que su condi- 
cion cuando mho no era perversa ni odiosa, como afirman 
escritores a quienes guiaba la pluma una infame adulacion 
6 un torpe miedo. 

( i ) cFue Cirios de natural ferox y yiolento, lo qae se repanS 
luego en su niiiez, cuando le veian tal Tez degoUar con sus manos los 
gazapillos one le traian de la caza y que gustaTi^ de Terlos palpitar 

L morir. Adyirtidlo el embaxador de Venecia, conjeturando de ahi 
inclemencia de su indole.... lo qual he ley do en unos apnnta- 
mientos de las cosas de Espana que el mismo embaxador enrio al 
senado.* — Guemu de Flame$^ escritas por el R. P. Famiano Estrada 
de la Compania de Jesus. 



—544- 

.Uno de los preliminares secretos de paz entre EspaKa 

!r Francia fue el casamiento del prineipe con Isabel deVa- 
ois, hija primbgemta del rey Enrique II. La corta edad 
de ios prometidos esposos hace inverosimil la pasion que, 
segun dicen los estranjeros, se encendio en sus corazones. 
£l contabs( entonces trece aflos, y ella doce tan solo (i). 

En este tienipo fallecio la reina Maria de Inglaterra, 
quedando viudo Felipe II, el cual por los pocos alios de 
su hijo, 6 mas bien por propia ambicion, quiso que se 
diesen por no tratadas las uodas y que la mano de Isabel se 
reservase para si en las paces que a la sazon se ajustaban. 

Gasose, pues, Isabel con Felipe II, en 2 de Febrero'de 
iS60, contando este la edad de treinta y tres afios, y sien- 
do don Carlos uno de los padrinos en la boda, no obstan- 
te estar afligido por unas calenturas interpolada$j, como 
entonces se liamaba a las ifUermiimtes (2). 

El 22 de Febrero dd mismo afto fue jurado en cortes 
prineipe heredero de estos reinos. 

\iendo Felipe II que la pertinacia de las calenturas 
no se amansaba con los muciios remedios que para ello 
los mas esclarecidos medicos espaAoles facilitaban a su 
hijo, dispuso que este acompafiaoo de su tio don Juan de 
Austria y de su primo Alejandro Famesse; y servrdo de 
su ayo, maestro y demas criados, fuese k residir en Alcala 



( 1 ) Llorente para negar la inclinacion amorosa de Cfitrlos e 
Isabel, se ^rve de nn argumento barto notable por su rareca. Dic^e 
que despoes del casamiento de Felipe con la pnncesade Francia no 
podia esta amar d CdAos parque el prineipe estaba flaeo, debit y desan 
Jorido, de rettUteu de las cuurtanas que pudecia. Llorente auui biso 
an gran descubrimiento fisiologico : es de saber, que un nombre 
flaco, descolorido y d^bil jamis puede inapirar amor ^ una mu]cr» 
y que no bajbombreque se Uegue d enamorar de una mujer siempre 
que esta se encuentre flaca, dwil y deicolarida. No estrauo que se 
cscriban estas bobenas,sino que se copien t seruelvan i copiar por 
personas de jnicio y de erudicion, como yerdades innegables. 

(i ) El doctor Francisco de Villalobos en su libro de los ^o- 
blenuu. (Zamora, 1543.) 



i 



de Henafes, lugar deiures puros, y en donde podia el prin- 
cipe recaperar la salud y adelantar en el esludio de las 
buenas letras (i). 

El principe, aeusado por los historiadores antiguos 
de Espafta y por ios modernos que pretenden defender la 
verdadf cuando la Uevan cubierta con las sombras de la 
mentira, no fue un mancebo de rudo ingenio e ignorante; 



( I ) Dioen algunos que, cuaiito el pnnoipe sabia era aprendido 
ea obras castellanaa^ puea su maestro don Honorato Juan no pudo, 
por mas diligencias que hizo, ensenarle ia lengua latina. Tanto abor- 
recia don (Srlos su esludio. De aqui deducen que la rudeza del 
entendimiento del principe esU[ demostrada en sn odio al habia de 
Vlrgiiio ; pero por una parte la enfermedad que le estorbaba dedi- 
carse a estudios graves y por otra el fatigoso modo con que se ense- 
naba entonces la lengua latina en Eapana, demuestran eridentemente 

Sue no Yivia en el ingenio de don Citrlos la ineptitud para las letras. 
'on Martin Perez de Ayala, arzobispo de Valencia, bombre que con 
su gran entendimiento j emdicion fue el asombro del concilio de 
Trento, se quejaba de lo aborrecible que bacian el estudio de la len- 
gua latina los preceptores de su tiempo. En la Biblioteca de la Ca- 
tedral de SeTiUa existe manuscrita una copia antigua del Dtscuno d$ 
la vida del Illu$trU$imo y Reverendissimo sHiar aim Martin Perez de 
Ayala, del hdinio de Santiago, arxobi$po de Valencia hasta oeho dUu 
antes que ntiestro Seilor le Itevase para H. En esta obra escrita por 
A mismo prelado se lee lo siguiente : c Apbendi los rndimentos de 
la gramtftica con tanta presteza ▼ babilidad pasando a' mis compaiie- 
ros, que si no fuera por la groseria y bdrbaro modo de ensefktr que en 
Eipaia tenian de tomar mucho de memoria del arte de Nehrija, que 
fatigaba mueho lo$ ingenios de los nifios, de tal modo que hacian odioea 
la eiencia, ... yo supiera en dos auos lo que conrenia de la gram^tica. » 
Cuando un raron tan sabio t tan celebre en Europa se quejaba 
de lo odiosa que era para el estucliante la lengua latina, d causa de 
la manera con que se enseuaba por los maestros ;qu^ estrano es que 
don Carlos, enfermo siempre de nnas pfn*tinaces calenturas, aborre- 
dese aon con mas causas el estudio? 

Uorente que al hablar del principe recogio con gran esmero j 
mayor falia de critica todas las calumnias que se inventaron contra 
don Carlos, dice: cSe baUaba tan retrasado (en el estudio) que aun no 
sabia latin, porque lo enseuado por dou Honorato Juanez habia sido 
en castellano, viendo la falta de inrlinacion al estudp de otro 
idioma. » 



pues siempre dio seiiales de aventajarse a los suyos,. asi 
por su recto raciocinio, como por la libertad de su alma. 
El sapientisimo doctor Juan Huarte de San Juan im~ 
primio el ano de 1575, cuando don Carlos ya era muerto 
«i desgracia de su padre, la celebre obra intitulada ExA'- 
men de ingenios* En ella introduce un coloquio muy atd^ 
sado^ que paso entre el principe y el doctor Suare^ de To- 
ledoy sienao su alcalde de corte en Alcala de Henares. G>- 
mo mi proposito es sacar del ci^o error, en que viven, a 
los espanoles con respecto al principe don Carlos, no me 

})arece impertinente trasladar aqui un pasaje de este dia^ 
ogo ; pues servira para que en los entendimientos de mu-* 
chas personas entre la luz del desengano. 



PrIrcipb. 
^Q%U rey de mis antepoMdos hizo a vuestro Knaje hidalgo? 



Doctor. 

Ntnguno ; porque $epa V. A. que ay dos gineros de Mjos- 
dalgo$ en E$pafUi: unos son de sangre y otroe de privilegio. 
Los que son de sangre, como yo, no redbieron su nobleza de ma- 
no del rey, y losde privilegio, si. 



PRtffCn^E. 

Eso es para mi muy dificultoso de entender^ y holgaria 
que me lo pusiessedes en tirminos claros ; porque mi sangre rea/, 
coniando dende mi, y luego a mi padre, y tras 6l a mi abueh ; 
y assi los demos por su 6rden^ se viene a acabar en Pelayo, a 
quien por muerte del rey don Rodrigo, lo eligieron por rey, no 
lo siendo. Si assi contassemos vuestro Unaje ino verniamos a 
parar en una que no fuese hidalgo? 



—527— 



Doctor. 

Ese discurso no $e puede negar, parque tadas la$ ca$a$ tu- 
vieron princifio. 

PrIngipe. 

Pue$ pregunto yo aora. iDe ddnde kuvo la kidalguia 
aquel primerp que did prindpio a vuestra noblezaf El no pti- 
do libertane a $iy ni exmine de lo$ pechos que hasta alU avian 
pagado al rey $u$ antepoiodos^ porque esto era kurto, y alzav" 
se por fuerza eon el patrimonio real. Y no es razon que lo$ 
hidalgos de sangre tengan tan ruin prindpio^ como e$te. Lue^ 
go claro esta qus el rey libertd y le hizo merced de aquella ki- 
dalguia; 6 dddme vos de donde la huvo. 



Doctor. 

Muy bien concluye F. A. ; y assi e$ verdad que no ay hi^ 
dalguia verdadera que no sea hechura del rey. Pero llama^ 
mos hidalgos de sangre aquelloi que no ay memoria de su prin^ 
cipio^ ni se sabe por escritura en qui tiempo comenzd^ ni qui 
rey hizo la merced. La qual obscuridad tiene la republicaj re- 
cMdapor mas honrosa que saber disiinetamente lo eontrario (1). 

De las palabras de este coloquio, referidas por un tan 
grave escritor y tan famoso, como Huarte de San Juan 
se vi^ne en conocimiento de que el raciocinio del principe 
no estaba oprimido en las carceles de la rudeza y de la ig-* 
norancia : antes bien, que discurria libremente en mate- 

( i ) € Exdmen de ingenios para las eiencitu. . . . eompuesto por el 
doctor Juan Huarte de San Juan, — En Baepa, por Juan Bautista 
Montoya. — AAo de ISIS. 



rias politicas con el acicrto propio de un hombre acoS>^ 
tumbrado a regir su entenaimiento. - Con esto quedan 
desbaratadas en parte las falsas acusaciones que contra don 
Carlos ban levantado los ciegos apologistas de Felipe 11, y 
los autores modemos que ban s^uido sus pisadas en la 
senda del error y de las falsedades. 

;Infelicidad y grande del linaje bumano es tener su- 
jeta la reputacion a la malicia de los injustos detractores, 
pestilencia que en ofensa die la verdaa suele levantar el 
odio, )a ambicion 6 el ansia infame de servir a los tiranos 
de la tierra! 

Mas aunque la malicia cubro diestramente con engano* 
SOS atavios la verdad, siempre da al olvido alguna pequefka 
circunstancia, por donde al cabo se viene a inferir que no 
es oro lo que a nuestros ojos se preaenta, y que detras de 
las mentirosas apariencias se encuentra por el artificio, 
escondida la luz que debe servimos de guia en los mares 
de la historia. 

Don Carlos fue un prmcipe amado de los espanoles 
por las virtudes que tenian albei^ue en su alma, por el 
valor que encerraba en su pecbo, y por la claridad de su 
no vulgar entendimientou Juan Martin Cordero, bombre 
muy erudito, iraductor castellano de las obras de Flavio 
Josefo, y autor de muchas historicasj escribi6 en Setiem* 
bre de i558 en un prontuario de medallas las siguientes 
palabras : «Este principe (don Carlos) ensefiado, no me* 
nos en las letras que en las armas, da de si tales se&ales, 

?ue causa grande admiracion a qnantos lo veen y lo tratan. 
orque en armas no hay genero dellas en las quales no se 
exercite con senales grandes de su valor y antepassados* 
De tal manera que quanto Fredique Emperador y Maxi* 
miliano y Philipo su bisaguelo, y Carlos su aguelo y Pk»* 
lipo su padre, ban becbo, todo paresce que junto se balk 
en el, s^un las sefiales que dello da y muestra que ba de 
bacer mucbo mas. Dexo de contar las gracias que tiene en 
dichos maravillosos que andan por boca de todos de$parzidQ$^ 
dexo de contar lo que haze para provar lo que dize, y qaanio 



r 



kbe en )m pariicb del Mraimsinio rey su padre; porque si 
Mrfectamenle avia de dar delio ranrn en escntunu no 
lMi9taria mi mano, ni mi ingenio a tanto ae alreveria (i)»« 

Por ultimo, don Pedro Salaauu* de fliendosa en La$ 
4i§mdMde$ $$gl«r$i ie Cmilla y Lmm se mnettra nada de- 
?olo de don Carlos; y despues de decir en su viluperio 
que tenia libre y alborotada la condicion y pervertiaas y 
catragadas las costumbres, al fin no puede menos de de- 
jarse veneer de parte de la raaon, declarando que el prin- 
cipe: wEra por todo eslremo muy amigo de la veraad y 
justicia ; y tanto, que al criado que faltase en esto, nunca 
mas se fiava del, ni le admitta. Favorecio mucho a la 
gente noble, y no avia otra en cualquier ministerio de $u 
servicio (2). » 

Akora bien : si Huarte de San Juan, despues*de muerto 
don Carlos, .elogiaba los coloquios que con varies pei^o- 
najes tuvo este desdichado joven : si Juan Martin Cordero 
afirmaba que sus dickos maraviUasos eran repetidos de 
boca en boca (lo cual se confirma por el autor del Examen d$ 
injftffttofj y que en ^1 tenian asiento el valor y las virtudes; 
y en fin, si un historiador como Salazar de Mendoza, que 
nabla contra su condicion y sus costumbres, acaba en pin-* 
tarnoalo como un tirme amador de la verdad, y un amigo 
de los que la trataban y un adversario de los que no la 
admitian en sus acciones ^con que prudMs loa bistoria^^ 
dores le acusan de rudo en el ingenio, y de principe de 
ningunas esperanzas lisonjeras para el feliz r^miento de 
los estados que al cabo kabia de keredar por muerte de 
su padre? 



(I ) Pfimeru parte M Pramphtario d$ Um$ m$dtillai de todoe ioe 
mOi in$i§ne$ varomee que ha avida aeede d prmdpiodd mumdo con mt$ 
otAfi eomiadas breeemenUe^ tradmid^ Wf^ nnmameateppr Juaia Marr- 
tin Cordero. — ^Ea Lyon en casa de Guilleruio RoTiUio.— -i56i.> 

{^) tOrigen de las dignidadei iealaret de CoitiUay Leon. — Por 
eft doctor Salazar de Mendosa. — En Toledo, por Dieso nodriiraes de 
ValdirieUo.— I«i8. 

42 



^Prevaleceran ante la bueiia crttica las falsas opinieiies 
de cronistas pagados por Felipe II, eneihi^o de su hi jo, y 
por Felipe III, que de ningun mpdo podia coiisentir que 
se escribiese contra la buena memoria del autor de sus 
dias? ^Los faistoriadores acaso tenian entonces la sufi- 
ciente libertad para kablar bien de aquellos que morian 
en desffracia de los reyes, cuyas acciones narraban por 
obligacion de su ministerio, y ajuslados a lo que querian 
los validos de los monarcas? Los elogios que en varias 
obras de aquel tiempo se hallan esparcidos no fueron 
dados por cronistas, de los que tocaron en la vida de Fe- 
lipe II y su hijo don Carlos, smo por tilosofbs y anticuarios 
que no tenian por objeto formar la historia de estos per- 
sonajes. Solo Salazar de Mendoza dejo correr la pluma 
en unos pocos renglones, que declaran ser la verdad, 
quien ocuitandose entra los velos de la mentira, dio las 
justas alabanzas a un principe desdickado. Lios cieffos 

^istas de Felipe II nan hecko con la memoria de cfon 

», lo que los gri^os con Hector. Arrastraron el ca- 
daver del que temieron en vida. Y si tales testimonios no 
bastan para desvanecer las sombras con que la malicia de 
los historiadores supo cubrir artificiosamente la condicion 
del principe don Carlos y las grandes esperanzas que en 
este ilustrc mancebo tenian puestas los espanoles, todavia 
eusten mas pruebas en escntos de autores contempora«« 
ncos para defender la verdad en oposicion de los pareceres 
que levanto el engaiio, y ha sustentado basta nuestros dias 
la ignorancia. 

Geronimo de Contreras en su obra intitulada Seha 
de A Venturas^ que publico bajo el amparo de la reina Isabel 
de Valois, finge que su heroe desciende a una cueva, ve- 
cina de Puzzolo en Italia, lugar en donde moraba una sa- 
Ua llamada Cuma, la cual le manifiesta los casos presentes 
y venideros, y entre estos ultimos le seftala al Cesar Car- 
los V, retrayendose del mundo en un monasterio, y al rey 
Felipe n, armado con el escudo de la fe, y defendiendola 
contra sus enemigos; y luego le dice: nAqu$l que aUt vi 




$$pQi qu$ $$ un h«redet0 qu$ desk ny .•.••• mMfedera m E^foia 
Uamaio Carlos^ en euyo tiewipe avra poderoeee hombree, vale* 
r^eae y tefor%edfn^ de justoe y leaies earazonei^ nrnff dmigoe dt 
l/a lay dirnfM^ y mIomi del wervieio de eu rey (i)*» 

En eftlas patabras tan notables pueden tomar espe- 
riencia Im que retratan a don G4rlos de Austria como un 
principe odiado por sus vieios, y temido por su falta de 
ingenio, cuando en realidad eran de muy diverso parecer 
muchos de los esclarecidos ingenios que honraron las le* 
tras espaftolas en ei siglo decimo sesto. Los amantes de 
inquinr la verdad, aun en medio de las tinieblas de la 
malicia y de la ignorancia, observaran que no fue la 
baja adulacton de ensalzar virtudes imaginadas de los 
principes, quien sirvio de guia a Geronimo de Contre* 
ras para loar en su Selva de Aventunu a aquel insi^ne 
mancebo. De Felipe II (que a la sazon reinaba) solo dice 
este autbr lo que todos sabian : que era un firme susten* 
tador de la fe catolica y un enemigo de los que se separa- 
ban 6 vivian lejos de ella. No habla asi Gontrcras acerca 
de don Carlos. ManiBesta las dichas que el cielo prometia 
para su reinado : hombree poderosos y eeforzados a maravilla^ 
de juitoe y leaies earazanes^ y muy amigos de la ley divina. 
Cuando tan grandes, tan lisonjeras y tantas esperanzas te- 
nia puestas en el principe, seguramente no lo consideraba 
de animo cercado por la necedad 6 por la locura : antes 
bien, de condicion muy para reinar, y kacer al propio 



(1) Geroaimo de GonU^ras. — Sdva de Aoel^uras repariida 
en IX libros, los quales tratan los amores que un eavallero de SeviUa 
llamado Luzman tuvocon una doncella Arbolea. Greoqne la edicion 
mas antigua que fte conoce de esta obra es una hecha en Salamanca el 
amo de 4575. Hay otra impresa en Serilla en casa de la viuda de 
Alonao Escribano en f 578. En Prancia se publico una traduccion 
en 1580 (yease la Biblioteea Nova de Nicolis Antonio), En ^caU 
se reimprimio en 1588 (tomo III de la Biblioteea de autores espa- 
uoles por don Buenaventura Gsfrlos Aribau) v en Cuenca por Salva- 
dor Viader el atio de 4615. 

La Selva de Aveniuras estuvo prohibida pen* el Santo Ofioior. 



tiempo MicM y pr6speras i les vasorilos. Chin» m qoe si 
la aoittacimi httbrem eserilo semejantes palabras, no caCa- 
rian dirigidas a don Garloss si no a tu progenkor don R^ 
lipc 11, monarca entonces de Espafta. Para este, de qoieit 
ki conveniencia podia esperar mei-codes de lodo genero, 
ningnn eiogio rctserva Gontreras; y akibanzas, nmchas en 
numero, da a an principe que con nada habia de pagar 
sus benevolas palabras. 

Estampolas Geronimo de Gontreras en una obra que 
luego fue pi^hibida por el Santo Olicio, segun parece de 
muchos espurgatorios. Ellas Tienen a eonfirmar aun mas 
la opinion favorable al buen entendimieoto de Carlos, sus* 
tentada con las armas del raciocinio en oposicion de las 
vulgares calumnias que la iffnorancia 6 la vana credulidad 
recogio de manos de la malicia. 

Pudo esta derramar todo su veneno contra la repu- 
tacion de don Carlos, enganar al mundo y hacer que hu* 
yesen de la senda de la verdad los historiadores que esCan 
obligados estrechamente a seguirla. Pero no aniquilo la 
luE que habia de servir de norte al escritor' libre y desapa- 
sionado que intentase llegar al termino de su empresa, 
salvo de los errores en que otros para daiio de las leiras, 
con tanta infelicidad cayeron. Una senda bay por donde 
va el camino de la verdad historica, pues en ella se en- 
cuentran los testimonios de autores contemporaneos exen- 
tos de toda sospecha. El escritor, que armado de reo* 
tos raciocinios siga esta via, no tema a los detractores y a 
los esclavos de la malicia. La misma justicia que arranca 
la mascara al inicuo, y que aparta las nieblas del delito 

3ue cercan al inocente, sabra con el curso de los siglos 
esbaratar sus falsos argumentos. 

Cincuenta dias eran pasados ya sin que al principe 
afligiesen de nuevo las calenturas, cuando ne aqui que el 
domingo 12 de Abril de 1562, despues de haber cpmido 
don Carlos a las doce y media de la mafiiana «baj6 por 
una escalera muy oscura y de muy i*uines pasos. icinco 
escakmea antes que acabase de bajar, echo el pie derecbo 



en vaejo, y dio una vudia sobre todo el cueipo^ y cayo y 
did con la cabeea un gran golpe en uaa paerla oerrada« 
qneilando la cabeza arajo y los pies arriba*M 

De esta suerte retiere el suceso el lioentdado Dionieio 
Daza GhaoMi en una de sus obt^as (i). 

Este medico y cirujano fue quien primero descubrio 
la berida^ y pudo en ella los necesarios remedios. Despues 
por orden ael rey vinieron otros dodores. CuandoDaKa 
Chacon volvio a curat* al pi*incipe, este le dijo : Lieendado^ 
a mi me dard gasto de que me cure el doctor PwtuguH : no 
recibais pesadumbre de ello* A lo cual a&ade Dasa: Yo 
viendo un cumpltmiento de un tan gran principe, re$pondi que 
en ello recibiria merced, puee $u Alleza gustaba delh (2) : pa- 
labras que prueban no ser el natural de Carlos tan impe- 
rioso como dicen los apologistas de Felipe IL Cuando tal 
comedimiento usaba para decir a uno de los doctores de 
su camara, que no le era agradable sufrir sus curaciones, 
y que preferia a otro: cuando con palabras Uenas deduU 
zura hacia fineza el desaire, y cuando no con ordenes, sino 
con la manifestacion de sus deseos pretendia conseguir su 
intento, no encerraba seguramente en su pecho aquella 
condicion iracunda, aquella sobcrbia invencible, y aquel 
mirar en todos los que le Servian, no . bombres nacidos en 
libertad, sino eselavos humildes a la obediencia de sus 
mandates. 

Curaron al principe a mas de Daza Chacon y el doc* 
tor Portugues, otros medicos muy famosos, entre ellos el 
belga Anares Vesalio, 

La enfermedad arrecio de tal modo que se tuvo crei- 
do ser ya llegada la bora de pasar don Carlos a otra vida. 
Su padre visitole en vaiia^ocasiones, ordeno hacer en sus 



( 4 ) tFrdctica y tedriea de cirugia en romance y en latin : on- 
mera y segunda parte, eompuesta par el Ucenciado Dionieio Daza Cha- 
con, mSdico y cirujano de S, M. el rey don Felipe IL — Valladolid, en 
casa de Ana Yelazques. — 1609. 

(2) La miflma obra. 



estados roga(thmft, y presidi6 jri|;|iinas de las jantas de los 
doctores, mostranao por su htjo priaaogemto un veke- 
mentisimo amor y un deseo de salvarlo de la muerte. El 
consejo de Alcali lle?6 hasia la misma camara del prjnci- 
pe en procesion el cuerpo de san Diego, poniendo bajo su 

Eroteccion la cura del infeliz mancebo (1^. Merced a las 
uenas diligencias y al acierlo de ios medicos, sano don 
Carlos, despues de noventa y tantos dias de padecimientos. 
Para aquellos que lo acusan de natural soberbio c 
invencible no me parece fuera de razon trasladar lo que 
Daza (uno de Ios doctores que lo asistieron en su dolencia) 
dijo en la relacion de la cura: nMottro S. A. gran obe^ 
diencia y respeto a S. M. ; porque ninguna com de las que el 
duque de Alha^ 6 don Garcia de Toledo le decian en su nam" 
hre dej6 de hacer con gran facilidad, aun en Ios dias del deUrio. 
Lo que a su salud cumplia htzo de la misma suerte^ siendo tan 
obediente a Ios remedios^ que a todos espantaba que por fuertes 
y retios^ nunea rehusd : anteSj todo el tiempo que estuvo en su 



(1 ) Eq la Biblioteca Nacional de Madrid existe M. S. U rela- 
cion que de la enfermedad del principe don Gtfrlos, escribio Dioni- 
sio Dasa Chacon, la cual, difiere en algo de la piiblicada per este me- 
dico en sa Prddicayte&rica de la eirugia,y especialmentealtraUur de 
la curacion de aquel joyen atribuida por el yulgo i niilagro. cFue 
tanta su derocion (dice Daza) que segun el principe cnenta el Sifl>a- 
do por la noche, a 9 de Mayo se le aparecio el bienaventurado fray 
Diego con sus hjObitos de san Franciseoyuna cms de cans atada ooit 
una cinta yerde en la mano ; y pensando el principe que era sanFnui* 
CISCO le dijo ^romo no tra^ las Uaaas? No se acuerda lo que le res- 
pond io; mas de que lo consolo y dijo que no moriria de este mal. > 
A lo cual anade el M. S. citado : cDe aqui ha tornado el yulgo oca- 
sion para pensar que la salud del prmcipe fu^ milagrosa, y annqae 

por Ios m^ritos de este bienayenturado lo pudiera ser con todo 

eso tomando propiamente el nombre de milagro, si mi juicio no lo fu^; 
porque el principe se euro con Ios remedios uaturalesy ordinarios, 
con Ios cuales se suelen curar otros de la misma enfermedad. « 

Creo que el M. S. de la Biblioteca Nacional dice estar escrita la 
relacion por el doctor Oliyares. Asi al menos me lo ha cerLiiicado 
un amigo que ha tenido ocasioh de verlo. ^ 



aeuerdo ti wmma h$ pidid: h cual ftU gramofuda para la 
saliad que nuesiro Senor le did (1).m 

De aqui puedeD tomar esperiencia los escritores mo- 
demos que corrompiendo la verdad uifaman al principe, 
pinlandolo a los ojos del mundo, como joven feroz e in- 
Gorregible. Bien se que sustentau su parecer en el testi- 
monio de historiadores de Felipe 11, a quienes guiaba la 
piuma la vil adulacion 6 el temor de ofender la buena 
memorja de este monarca, por haber injustamente man* 
chado el nombre de su hijo, con el fin de disculpar su 
prision y aun su muerte. Pero tambien han de advertir 
que medicos, iilosofos, anticuarios y poetas de aquel siglo, 
levantaron a las nubes el valor y las virtudes de Carlos : 
que estos escritores no tenian por obligacion como nues- 
tros cronistas hablar tan solo lo que los reyes querian : que 
no callaban para ensalzar al hi jo las buenas acciones del 
padre; y'en fin, que su opinion en la materia debe pre- 
valccer por desapasionada, por libre y por mas cercana a 
la razon y a la jusilicia. jCosa rara es ver las obras de aquel 
siglo que ti^atan de la vida y costumbres de don Carlos! 

Los autores que estaban pagados para escribir a gus- 
to de los reyes, infanian al pnncipe, muerto en desgracia 
de su padre : los de di versos escritos que nada tenian que 
ver con la historia de aquel tiempo, elogian su valor y sus 
virtudes. ^Cual testimonio debe ser reputado por valede- 
ro? ^1 de hombres, cuya obligacion era decir lo que los 
reyes les ordenaban, 6 el de aguellos que discurrian segun 
su sentir y sin afectos de odio? Las falsas acusaciones, 
aunque crezcan y tomen gran cuerpo, mas tarde 6 mas 
temprano se ven al fin derribadas por la mano del tiempo 
la cuai solo puede sanar las Ilagas hechas por la mentira 
en la reputacion de los mortalcs. La verdad entonces a 
semejanza de las vides, se levanta mas vigorosa (2). La paz 



( 1 ) Prdeika y te&riea de ciru^^ en romanee ^. 

(2) Uqo de los ^e mas han infamado al pnncipe Don CiCrloa 



mie hasta eMoMtt liabm morado en las c o t — n es <le Fe^ 
kpe y de CSarlos, vino a ser para siempre tiirbada con la 
ooasion siguienle* 

Guando d rey dejo los Paises Baios para tomar la 
melta de EspaAa kabia enconnendado el gODierno de estas 

grovincias debiuo de las ordenes de la doqiiesa de Parma, a 
ruillermo de Nassau, principe de Orange, gobemador y 
general de los condados de Holanda y Zeelanda, a Lamoral 
de Egmont, conde de Egmont, gobernador y general del 
condado de Flandes y Artois : a Felipe de Monlmorency 
conde de Home, capiian de la guarda de los Archeros del 
rey: a Juan de Bergues, marques de Bergues, gentil liom- 
bre de la camara: a Antonio de Lalain, conde de Hooch»- 
trate: a Guillermo Yan-Berghe, conde de Berghe: a En- 
rique de Brederode, seilor de Vianen : a Floi^es de Mont- 
morency, seftor de Montigny, y gobernador de Tomay, y 
a otros varones belgas, no menos insignes por la nobleza 
de s« linaje y por el valor que habian mostrado en cosas 
deffuerra(i)« Todos eran protestantes, aunque en sus 
acetones esleriores manifestaban lo contrario* En au- 
sencia del rey no se oponian a que cada eual guardase en 
su pecho la religion que qubiera, ni menos trabajaban en 



es Luis Cabrera de Cordoba, en la Vida de Felijpe II ^ dedicada d m 
hijo Fdipe III. En esla obra dice, tiablando de la muerte de aoiici 
infeliz joven: cPado Esjpaua Uamarse Tenturosa de esta gran aes^ 
gracia de la fiilla de tu keredero T«ron; pues lo M el rej don Fa* 
itpi lil AT. S., m quien verM d fiiatKM Uma$ la cduiial laifumta $m 
donei de rdigioso, juUo, liberal^ eonstanie, btnifico, fid, magnifies, 
digno de tnayor imperio, hijo al fin de los oAoi fnaduros y mat sesudoi 
de 9U padre; raro ejemplo d todoi los sialos de virtud y de oMlieneia.^ 
Vdaae como Cabrera al vituperar d Odnos eniatsaba con toda la rain* 
dad de la liaonja palaciega al bobo Felipe UI. Por eatas palabraa te 
rendra' en conocimienlo de la fe que merece su opinion sobre el na- 
toral del principe. 

( i ) Comeniarios de don Bernardino de Mendopa de lo sueedido 
en la$ guerrae de he Pemee Baxoe deede eH u9lo de 1SS7 haeia el de 
iSn — Ba Madiid por iVsdro Madrigal.— Auo de I59S. 



n 



Mstigar a bs aue pp&Uiodbiiefil9«e.<leGHin enemigos de U 
fe citolica* AI propio tiempo no podian lolerar que el 
cardenal Granvebe, talklo de la daquesa de Parma, afli- 
giese con peraeeuciones de lodo genero a los naturales de 
aqueliastiernu: a lo cual se junlaban las diligencias que 
ae haeian eon el prop6sito de inlroducir el Santo Oficio <le 
la Innoiaoion^ cuando estaban los pudblos acostumbrados 
a la hbertad de conciencia. 

Bscribieron a Felipe el afio de i589 Lamoral de'Eg^ 
mont, el principe de Orange, y Felipe de Montmoix^ncy, ha«* 
ciendole presente cuan necesario era para la conftervacion 
de aquellos paises en la fidelidad de la corona <le Espaha, 
que se ausentase el cardenal Granvelle por el odio qun 
contra si habia conjurado en los aniraos de la nobleza y 
de la plebe. La respuesta de Felipe no tardo mucho 
tiempo, reducida a que, pues tantos males sufrian sus va- 
sallos per la privanz^ de aquel hombre y por las tiranias 
que en el gobierno se guardaban, viniese uno de ellos a la 
corte para informarle de los remedios que mas aceptos 
serian en case tan grave y urgente. 

Nombraron los quejosos para este cargo al de Bgmont, 
el cual no se dio prisa en tomar el camino de Espafia: 
antes bien, lo difirio por tantos meses, que el rey Felipe, 
teniendo noticia de que los desordenes en los Paises Bajos 
crecian por minuto, y que la dilacion en atajarlos podia 
Yenir al cabo en su ruma, escribio al conde manifestan- 
dole cuan vivas ansias cercaban su corazon por saber a 

3ae terminos eran Uegados los negocios^ y por hablar con 
, como testigo de todo, y hombre de tanta verda(\ y es- 
periencia en el regimiento de los estados. Leyo la carta 
de Felipe a sus amtgos y parciales el conde de Egmont: 
quienes le aconsejaron, que pues tan buena y favorable 
ocasion se presentaba ante sus ojos, para remediar las ti- 
ram'as y afrentas ejecutadas y por ejecutar en sus personas 
y kaberes, tomase la vuelta de Espafta, donde con su des* 
treza politica podia inclinar el efitendimiento de Felipe al 
bien ae aquellos paises y a la libertad de la conciencia* 

45 



ViiH^ al fin el de BgiMiil 4 k corte ai noodire de bs 
esladoe y fue muy bien fccibido pmr Felipe U. fin clife* 
rentes ocasiones luiblaron de Wm daftm que por el gobiemo 
desacertado de Granvelte amenazaban awlar y deslruir 
todos ids Paises Bajos : pinio el conde la necendad urgen-* 
tisima de que cl vey^ posponiendo olros asuntos, faese en 
persona a ver por si propio el estremo a que babian lie* 
gado las cosas ; y tambien lo perjudicial ae no conceder 
la libeitad en la conciencia a tantos hombres; pnes ba- 
cerlos entrar en la religion catolica, seria caso, ya que no 
imposible, al menos origen de la perdicion y ruina de 
tierras tan poderosas. 

Felipe no dio benevolos oidos a estas palabras: y 
aunque antes, lo mismo que entonces, trato con sumo afecto 
y mayor cortesia al de Egmont, al cabo le mosiro su nin- 
gpna voluntad de dar lo que los estados tan vivamente 
solicitaban. 

Mienlras residio en la corte el conde de Effmontp tuvo 
ocasion de hablar al principe don Carlos, y de enccnder 
en su alma vivisimos deseos de aliviar la opresion que los 
flamencos padecian. Para ello le describio con colores 
retoricos la infelicidad de aquellos pueblos, y se lamento 
de ver a un principe que por desvio de su padre y orgullo 
de los privaaos estaba reaucido a la condicion de vasallo, 
sin ti*atar cosa alguna en las materias politicas, y sin a[H*en- 
der del autor de sus dias y de la esperiencia el arte de 
reinar, que ya conocia tan solo por las obras de escelentes 
autores. Estas palabras bastaron a despertar el animo 
de don Carlos, y a moverlo, tanto a solicitar de Felipe el 
bien de los Paises Bajos, cuanto el conocimiento de los ne- 
gocios publicos : del mismo modo que su abuelo Carlos V 
los encomendaba al cuidado de su bijo primogenito, prin- 
cipe jurado sucesor en el gobiemo dela monarquia. Desde 
entonces quedaron Carlos y Egmont en correspondevse 

Sor cartas; pues a este fue pi*eciso volver a Flandes para 
ar razon del desabrimiento con que el rey miraba el odio 
de' aquellas gentes a la Sede Apostolica. 



Ks pMo muclid liempo aia que el priadpe liablase a 
Stt padre con aquella libertad propia de ui condicion, en«- 
cmrecieodole el mal jpaso que Uevaban lea negocios pu* 
blicos en ios Paases Bajos i cuan util seria poner en eilos 
el remedio que las circnnstancias preatamente pedian: 
que pues la necesidad habia Uegado al ultimo esirenao no 
ae forzase a aqudlas genles a admitir el Santo Oficio y a 
deseehar la religion reformada; y en fin, que en ve^ de 
tantoft privados como regian estos reinos, por mas ajus* 
tado a razon se tendria en el mundo, que el principe he* 
redet*o aprendiese al lado de su padre el arte de bien go* 
bernar, con la luz de sabios consejos y eon Ids desenganos 
que presta cada dia la esperiencia> 

No oyo benevolamente estas palabras Felipe : antes 
bien, bastaron a levantar mil sospechas contra su kijo, 
yiendolo tomar con tanto calor la defensa de Ios herejes, 
y pedir con tales instancias el conocimiento de Ios asuntos 
de estado. Las respuestas no serian conformes a Ios de* 
seos de Carlos : Ios recelos del padre tomarian mas cuerpo 
con nuevas suplicas del hijo : Ios privados del rey cpmen- 
zarian a mirar malamente al principe como un poderoso 
competidor que tal vez cobraria suficientes alas con el 
Uempo para derrocar Ios alcazares que ellos halHan cons« 
tniiao con el fin de defenderse de la inconstancia de la 
fortuna. Sea de esto lo que se quiera, 6 lo que se tenga 
por mas verosimil, no cabe linaje alguno de duda en que 
desde entonces Felipe empezo a mostrar menos afecto i 
don Carlos. Poco a poco iue creciendo este desden basia 
el punto de trocarse en aborrecimiento. El principe por 
su parte no veia ccm desprecio el poco 6 ningun amor del 
rev a su persona, y asi volvio todo su odio contra Ios v^f 
lidos de su padre, k quienes acusaba siemprc como causa* 
dores de sus desdicbas. Estos confiados, ya en el poder 

Se tenian cerca de Felipe^ ya en su enojo contra don 
rlos, lo trataban altaneramente creyendo servir y adu* 
iar de estc modo al m onarca, y echar mas profundas raices 
en m animo, para me jor mantenerse en h cumbre de la 
prosperidad palaciega. 



(jmAob, qat desde d lAo de IS64 krimi Ttitlti]^ a Ma- 
drid libre de ajwis y maeslrosv fiie obJHo de - la perversa 
peUtica de estos hombres. . Tal vez digan algttnM ^que 
oomo podian obrar tan inoonsideradaineiile y con tan poeo 
respeto al prmcipev sin tenter, cpie muerto raipe, vengase 
e) nuevo rey los repetidosoltrafea cfoe en sob gustds y eft 
su decoro fatabia 9ufrido? Pero la respaesta es en eslremo 
facih Ei padre solo contaba coarenta aiios y no padecia 
graves achaqnes qne hiciesen pronoslicar su fin cercano, 
mientras que ei hijo en tan corta edad, afligido constan- 
temente por el rigor de unas calenturas, prometia vivir 
muy poeo. La eonveniencia cortesana tiene ojos de lince; 
y aunque algunas veces se equivoque, ^siempre procura 
acertar, y aun en muchas acierta en $as juicios. . Por otra 
parte mira mas a gozar las cosas presentes que a temer las 
venideras, de las cuales nada puede saber con certeza el 
humano entendimiento. Y asi con mayor facilidad y con* 
(ianza se deja arrastrar por lo que le ordena el deseo de 
conservar sus dichas, halagando a quien puede ronser* 
varlas, que tomar precauciones y remedios para coando 
Uegue el incierto instante de dar cuenta de sus acetones, 
a quien antes ofendieron, para lisonjear a los que antes 
tambien se vieron ofendidos. Nombre de perfidia raere-« 
cen sin duda tales hecbos ; mas el mundo los llama bijos 
legitimes de la destreza politica* Pero de distinto modo 
Httgan los hombres las cosas de su siglo que la bistoria. 
En ellos mandan las pasiones y las costumbres : en esta 
solamente debe imperar la verdad, hija del cielo. 

Todo linaje de calumnias levbntaron desde entonces 
los consejeros de Felipe contra el infelia principe don 
Carlos. Decian que su natural impetuoso j soberbio puso 
en peligro de muerte a nn xapatero que le Itevo unas boCas 
estrechas, pues la» mando cocer en pedaaos, y obligo al 
pobre maestro a comerlos (I). Parece imposible que tal 



{\ ) tPttso Ml peUgra de muerte al bolero qot le Herd esir^ 



Mti5Aci<>n to ' haya hecho al pHticipe ; j mas afm, me 
atitores modemos den fe a una conseja ftti niTerosimii, y 
arguyan am sii recuerdo a los pocos que sustentan la de- 
fensa del valor y las virtudes de don Carlos. Dejando 
apaite la ordeti de imponer p6r tan leve causa tan gran 
castigo, 6 per mejor aecir, tan desatinado, ^en qne en- 
tendimiento sano puede tener entrada la persuacion de 
que al pobre botero no qnedo mas arbitrio que comer nn 
manjar tan indigesfo? Saelen algunos ser acusados de 
cosas tan dtroces, que de la misma airocidad se intiere 
con evidencia lo false de todas ellas. Tal decia Tacito en 
caso semcjaiile (i\ y tal pnedo repelir en el presente, y 
en la defensa de otros deiitos que mentirosos o apasiona-* 
dos historiadores ban atribuido al principe. 

Es cierto que en algunas ocasiones manifesto don 
Carlos la vebemencia de su ira contra los consejeros de su 
padre ; ptfro de aqui no se sigue precisamente que obro 
sin considemcion y conio hombre falto de raciocinio. Tal 
vez se venga en conocimierito, si escudriflamos las causas 
que movieron sus acciones, de que el decoiro de su dignidad 
y el pundonor de bombre ofendidos levantaron en su co- 
razon el deseo de no dejar sin vengan^a afrentas tan re«- 
petidas. 

Una de ellas n6 pudo menos de poner en grave riesgo 
la vida de su autor el cardenal Espinosa. Es de saber 
que un famoso representante de aquel siglo, que se deeia 
Alonso de Cisneros, mitigaba con graciosas agudezas de in- 
genio, en que tenia felicidad y grande (2), las tristezas del 



chas anas betas ; pnes las mando cocer en trozos y obligo al mae«^ 
tro i comerlas. >— Ucrente. — Hiitoria de la Inquisteion. 

( 1 ) • Adeo airociora alicui objieiunittr erimina ut iolum ex airo- 
dtaie patea ea e$se falsa. > — ^Ta'cito. 

(2) Mateo Aleui^n en El Picaro Guxman de Alfarache reficrc 
un dicho famoso de Cisneros. En la comedia La respueeia e$td en 
la mono escritu en !626 per un ingenio de la corte se cncuenlra 
otro hecho gracioso d^ aqael represenUnle. Yel maestro Bartolom^ 



principe doD G&rlos, ocMioiHMks por los devfios <k n 
fMidre, y por el orguHo con que lo tiaUban los palaciegM 
adaladores, convertidos eo fiel espejo de las pasiones del 
monarca. 

El Gardenal,. presidente de Gastilla, desfterro de la 
corie a Gisneros, en son de que este, sin respelo a su per- 
sona, por las siestas solia llamar con el eslruendo de un 
tamboril a la comedia a cuantos transitaban por la calle, 
en donde tenian asienio las casas morada de su emi- 
nencia^ En esa hora se daba Espinosa al sue&o, vencido 
de la fatiga de los negocios polilicos 6 deseoso de reposar 
Iranquilamente en su lecho la comida. Esta voz se der- 
ramo por Madrid entonces; pero mas cierto me parece 
que el cardenal quiso quitar al principe sus divertimien*> 
tos, tenicndolos por inaignos del sucesor en la corona de 
esta monarquia. 

Supo aon Carlos el destierro de Cisneros y tambien 
la causa ; y asi ordeno al cardenal que suspencuese la eje- 
cucion de semejante providencia. Este no tuvo a bien 
dar oidos a las palabras del principe, creyendo que bacer 
lo contrario sena mostrar cuan poco alcanzaban su poder 
y valimiento. Cisneros babia sido citado en patacio para 
representar delante de don Carlos ; y este lo espero inutil-^ 
mentCt no sin mostrarse sentido de un desaire de tal ta-- 
ipafio. Por eso cuando vio luego en palacio al cardenal, le 
asio con fuerza del roquete y le di jo : CuriUa^ iVO$ os xilrs- 



Ximcnez Paton, en su Eloqtieneia eipaAola en arte (Toledo 4604) dice: 
cPensologia es un aumento de palabras, sin que tenga fuerza en la 
oracion.... Por culpado en esle ricio tengo guardado un soneto.... 
o^o le ve en estos quatro rersos que no dizen mas todos juntos 
que uno solo : 

Serenos ojos jar! Uenos de enojos: 
Ojos serenos jay! de enojos Uenos, &c. 

A coplai semejantes Uamo Zisneros t con mucba razon aforra^ 
doe de lo m%$mo. » Esta frase aun es proyerbial en Espana. 



vHi a m noiejamdo venir A $$rvmme a Cim0fo$? Por «Mfa d< 
mi padm, qm o$ Imngo de maiUarl Y mal !• hnbieni pasado 
Espinosa a no Hegar en aquella sacon yarios grandes de 
Espafia* 

Mucho se ha hablado y escrite contra don Carlos por 
este suoeso ; pues de el tomaron fundamento sus enemigos 
para ponderar lo soberbio de su condicion, lo falto de su 
)uicia y el pocorespeto con que trataba a las dignidades 
eclesiasticas ; pero parandose a considerar sin afecto de 
odio 6 de amor la causas de la accion del principe, facil- 
menle se comprendera cuan disculpable debe ser ante los 
ojos de la buena critica. Al hombre de natural mas tern* 
plado pongase en el caso de don Carlos, principe jurado 
en la sucesion de la corona de estos reinos, viendo burladas 
sus ordenes en un asunto, del cual no nacian peligros para 
la paz de la crisUandad y del estado, ni daiio a persona al- 
guna; convertido en el vasallo de menos poder y valimien- 
to con los que regian en nombre de su padre tantos pue- 
blos; y por ultimo, ofendido en su pundonor y en su deco- 
ro por la soberbia de un privado, que miraba el obedecer 
a stt principe, como una afrenta de su cai^o, como un me- 
nosprecio de su dignidad y como una flaqueza de animo. 

Si don Carlos hubiera podido dar sus quejas a Feli- 
pe II para i*ecibir la debida satisfaccion de tal injuria, dis- 
culpa no tendria de mostrarse a los ojos del mundo como 
vengador de sus ofensas. Pero estaba en la seguridad de 
que el rey,* en vez de reprender 6 castigar a los que tra- 
taban tan sin consideracion y respeto al principe, hubie- 
ra despreciado su querella como nacida de >ridiculas va- 
nidades. jTanta era la ceguedad con que miraba Felipe 
las acetones de su hi jo y las de sus consejeros! 

Don Carlos para hacerse respetar de estos, no tenia 
a quien volver la vista, sino a la confianza en su animo y ^ 
sus fuerzas. De aq;ui nacio, que cuando cualquiera de los^ 
privados de su padre, le salia al encuentro en sus desig- 
nios con- aquella altaneria propia de poderosos levantados 
a la cumbre de la prosperidaa por los antojos de ibrtuna. 



1 



po quedaila ad mtBcipe mas •rbttrio que pervai misaie 
apartar los eslerlMs; pilestos em jA camiiio de an vicbi. 

Ademas, aiaequiere deeirpor el ssceao de Bapinott 
cpie Carlos no amaba las letras y tenia en poco a las per- 
sonas que las profesaban, £lcilmeAte podra echarae por 
tierra cuantos racioeinios se levanien sobre aapaestos tan 
▼anos. El principe en varias ocasiones dio muestfa^ de 
lo aceptas que le eran la aabiduria y la practica He las 
virtudes ; y en confirmacion de eata verdad no hay mas 

aue voWer los ojos al obispado de Osma, conferido a don 
lonorato Juan por ruegos de Carlos, cuando estos tenian 
entrada y l>uen acoffimiento en el anirno de Felipe* Y aun 
QO satisfeclios sus deseos con el premio concedido al que 
por tantos anos lo habia ilevado cooio diestro piloto felis* 
mente por los mares del estudio, hizo vivisimas instancias 
al papa, con el fin de que su maestro pudiese vestir la pur- 

Sura cardenalicia. bsto consta al menos por carta del 
uncio apostolico Rossano, diri^da al cardenal Alexandria 
en Junio de i566 (i)« 

Un solo case bastara a acreditar en la opinion de to- 
dos la miserable suerte a que don Carlos de Austria estaba 
reducido. Queria entraftablemente al doctor don Heman 
Suares de Toledo, natural dela villa de Tala/era, bombre 
de capa y espada, de muchas letras, de trato afaUe y prn«- 
dente, correfpdor de Granada, oidor en la CbanciUena de 
Valladolid, consejero real luego, y ayo del principe. En 



(I) n principe di Spagna midisso ricevendo qttel Breve di iua 
Saniii^, ehe to ecrivetii a sua Beaiitudine ehe si ricordoMe et li cm- 
eedeue qudh eh' egli V hmea dimandato^ et perehe siaoa con gran pia- 
etwOenza ryionando, li di$$i to lo frnii, beneke non 9appia di ehe gli 
icrherd. S. A. con un eerto iolito iuo ri$o» dieeOf ehe non ehbe eh€ 
ma Samita facesse cardindU it suo mae$tro il vescovo d' Osma, E 
principe^ ehe quello, ehe ha incuore, ha in boea, non ho voluto lasciano 
di icriverlo poiche glie lo promiti.* — Carta de Rossano d Alexandn, 
de k eual me fa« fiunlitado copia mi amigo el Sr. don Pascual de 
Gajango*. 



IS67 cte$e» clarle en pago de sus buenos.Mrvicios una ain« 
lidad de ducados para one sirviese de dotes a tres hijas 

Sue el doctor tenia casaoeras. Pero Carlos no pudo por 
lUa de haberes entrc^ar entonces 4 su ajro lo que oon tan 
vivas ansias deseaba ; y aai, con el fin de autorisar mas el 
empefto de su palabva, escribio de su puiko y letra la c&* 
dttia siguiente. (Fue copiada por don Alfonso Guerra en 
las anotaciones con que aumento la kistoria de Talav«ra, 
compuesta a tines del siglo XVII^ por don Francisco Soto, 
e inedita en la biJ^lioteca del arzobispado de Toledo^) 

nDigo elprineipe dan Carlos^ que por e$Ui eidfUa firmad^ 
de m nombre y ullada can mi selfo^ os dari a f>0Sy el doctor 
Suarez, mi grandisimo amigo^ disz mil ducadoi para quando 
pudiere^ para casamiento de vu09tra§ tre$ hijas ; y par terdmd 
h firmo con mi firma.'-^De Madrid a doce de Ago$lo de 1551 
(1).— Yo EL Principe (2).>. 

Este documento prueba que el jNrincipe heredero de 
la monarquia espaftola e hijo del podprosisimo rey don 
Felipe II, estaba reducido a tanta miseria, que no tenia it 
su oisposicion diez mil ducados, y que necesitaba al bacer 
mercedes a aqueilos que bien le Servian, aplazar en cedillas 
el pago para cwindo pudiere. Esto debe considerarse co- 
mo una niuestra de las razones en que quiza fundaria su 
descontento el infeliz don Carlos, viendo por una parte 
el escandaloso lu)0 y las< rtooesas de ios ^privados ae su 
padre, y por otra la mezquindad en que vnria el heredero 
de estos reinos, sin dinero bastante on sus areas p'ara sa- 
tislacer la cantidad de diez mil ducados : pequeHa para 
dote de las tres hi jas del doctor Heman Suarez de Toledo^ 



(1 ) En mi opinion debe ser k data de 1567', porque en* #557 
no tenia el principe mas oue doce anos, y aun no habia tratado far- 
miliarmente i au alcalde ae corte en AlcaU.de Henarea, el doctor 
Suarez de Toledo. 

(2) Noticias y documento que debo d la buena amistad del 
erndito don Pascnal de Gavangos, catedraftico de letigua j Uteratura' 
drgbe en la uniTeraidad de' Madrid. 

44 



pero gracuie coino- se puede inferir del saoeso para ser 
prestamenle entregada por cl prmcipe don <jarl<is. \A tat 
esUremo Hebron los df»tfos de la fortuna eon eate gene^ 
roso maticebo, j a tanlo el poco amor de Felipe! ]Bas» 
tanie desengano de i#s^ qoe jiisgan las acciones de los 
hombres por las apariendas sin eseudriiiar ks causas! 
}£jennplo de lo que inlenta mi mal aconsejado monarca^ 
cuando ve en su heredero un objeto aborreeible! Y es- 
periencta de los que guiados por un falso celo del bien, 6 
por deseo de la conservacion de los paestos,a que fueron 
subidos por la ceguedad de losreyes, no consideran los 
danos que La de venir al cabo sobre la paz de los estados 
por aqueilas providencias dadas sin respeto de la jusliaa, 
y sin temor del tiempo futuro. 

En esto arreciaban en los flamencos mil sospechas 
contra Felipe II. En los Paises Bajos todo era recelo, todo 
confusion, y todo intentos de defender con las armas la li- 
bertad de 4x>nciencia : caso, que la ciega obstinacion del 
rey de Espafta los obligase a emprender los dudosos su* 
cesos de la guerra. Pero tambien considei^aban los ca*> 
bezas* de aqudla rebeiion, aun no del todo manifiesta, oiie 
para entretener el animo de Felipe convenia llevar la dis- 
cordia al rinon de sus reinos. Para ello no ballaron otra 
arbitrio mas proveoboso que reTiYir el fuego de la kerejia, 
cubierto, pero no estinguido^ con la ceniza de las no- 
gueras del Santo Oficio. 

Dejaron, pties, en suspension el ocio, y dieron adoce 
mimstros protestantes, hombres de valor y astucia, el en* 
cargo di^ traer cautelosamente a Espafia unos treinta mil 
libros calvinistas, y repartirlos en varias ciudades, y entre 
personas cuya fe no estuviese muy en los estribos. Espe- 
cialmente trataron de que en la populosa Sevilla, donde 
tantos kerejes afrentados hubo y aun habia^se derramasen 
entre sus parientes y amigos las doctrinas de la reforma : 
a lo cual no poco podrian ayudar las familias de protes- 
tantes, auseiites en tierra de libertad, a quienes era vedado 
por la conservacion de sus vidas poner los pies en Espafla. 



r^ 



fincoaiendaron I09 flameacas la duneccioo de esia graw 
empresa a Puerto mercader de An vers, muy afecto. a l» 
Ruevas opinioiies, y diestro en introducir en eatoft reinos 
todo lini^e de libros, cuya lectura estaba prohibida por los 
inquisidores. 

Supo la ffobeirnadora esia determinacion, pues s^un 
ae iaiieret no fue liecka con el debido recato^ y escribio a 
Felipe advirUendole loa daikoa que iban a caer sobre sua 
reinos, si con prestesa no ponia los <^>ortano$'reniedios. 

Al propia tiempo san Pio V, que . entonces regia la 
Sede Apostolica, tuvo cierto aviso de que en Leon y en To* 
losa de Francia se encontraban depositados muchos cate- 
cismos de Calvino, traducidos en lengua castellana; y cpie, 
si no se estorbaba su entrada en Castilla, podrian ser al 
cabola perdicion de la fe catolica en esia vasta oaonarquia. 
No desprecio el Pontifice la noticia, anies bien, la oomu* 
nico a Felipe y a los inquisidores para que unos y otros con 

{>restas providaicias atajasen el paso a tantos enemigos.de 
a Santa Sede. El proposito de los flamencos iba enca- 
minado por la diestra politka de encender la discordia en 
Espaila, para alejar de sus estados los korrores de la gyier- 
ra. Por una parte el Santo Oficio con su constante yigi- 
laocia cenraba las puerlas de cstos reinos a las doctrinas 
de Lutero y demas rbformadores^ y perseguia, sin rendirse 
a la fatiga, a cuantos se presentaban ante sus ojos como 
sospechosos. Pero por otra alentaba a los fautorea de esta* 
trama el odio que contra los jueces de la Inquisicicm guar* 
daban en sus corazones los parientes y amigo^i de aquellos 

aue habian muerto a la yioiencia de las llamas: de aque- 
OS. que aun geimian en las carceles secretas: de aauellos 
ri estaban atrenlados ,con penitem:ias . indignas ael ser 
bombf e, y en fin, de aquellos que huyendo por las 
naciones estrafias, Uoraban la perdida de su patria y la falta 
de abrigo de los suyos y de las personas a quienes amaban 
ciegamente. Y aunque cl terror puede mucho en el ani- 
mo de los mortales^ algunas veces los sentimientos de ven* 
ganza vencen al micdo, y ponen las armas en manos delos 



timidos. Lo6 tr6gieo» ejempios sullen servir de escar^ 
mienCo y echar cadenas al rmovi pero tambien la fiilla de 
remedio en los cnalc^ pfesentes, y el recelo de lo^ pw ve^ 
nir levanlan a tos eielos im brios de }os' hombrBS esfM^ 
zados, y dan aliento a los cobardes. 

Muclia e»peransa podian lener los flameneos en las 
famiiias tie los procestantes espaholes^ muertoa 6 en€aree>» 
lados, 6 ausentes de estos retnos, y aun mas^en el principe 
don Carlos. ^Que politico' de.Europa i^^noraba los desN> 
vios del rey y de su hi jo primogenito, cuanclo tan sabido 
era cpie Felipe tralaba con aspere^a a Carlos, y tfae para 
Carlos no faabia eosa mas mi^ta que la vista de Felipe (i). 
Si los luteranos espaftoles en* esta «egunda tentativa lo- 
graban cercar de las sombras del secratp sos primeros 
pasoS) sin cpie el Santo Oticio fuese sabedor de ellos hasta 
que juntansente sintiese con el amago el goipe de nuiarte, 
no cabe duda en que digirian por su protector al pKin- 
cipe y luego por su caudillo, y aeabarian en alzario rey de 
Enpafta en oposicion de-Felipe IL Conseguida tut victoria>^ 
la libertad de eonciencia seria respetada en los Paiaes Bajos^ 
y aun la libertad politica, 6 la investidura real para al- 
guno de acruellos magnates se seguiria facilniente estande 
en discordia los espaftoles, y entretenidas las fuereas en las 
sangrientas piH*fias de una ffuerra ^ivil. 

Mas al fin la emfuvsa de los flamenoos se vio atajada 
en la mttad de su camino ; pues noticiosos de que ya e» 
Espafta se sabia por falsos andgos qoe<loce ministnos pro* 
testantes con tremta mil libros ealtimslas, se acereaban 
resueltos a enconder siffilosa y nuevamente el fuego de ia 
berejia en el coraaon de estos reinos, hubieron de resol-* 
ver al cabo no llevar adelante sus intentos. Y asi, dejan^ 
do aparte la poKtica, determiiiaron. por via de ks armas 

II 1 1 — 1 — I — 

(i ) tDe aqui em qae Philipo'fi*ataTa con a&pereza i Gtfrios, j 
que para Gifaios no ha^ia cosa mas moleau que la iriBla de PhUipo.» 
— Fahiano de Estrada. ---Dtf BethBelgicQ. 



eoRsenk* sua lilMBrlades y eMncioi)ieS| pftni« lo cual apro- 
vectiamn todoft los preU»to» que Tenian a las manos. Al- 
fganos cafaalleros ilustres, deseosos de conservar sua pree* 
minencias, mo?ian con su vo£ la plebe de las eiudades y 
se declaruban en guerra contra el rey de Espana. La go^ 
bernadora de los estados de Flandes, pedia con; inslancia 
sooorros, y no cesaba de encareoer a su hermano Felipe 
cuan importante seria su preseheia para fenecer las bor-^ 
rascas que se habian levantado y que arreciaban dediaen 
dia. Dos dipulados flamencos, Flores de Montmorency, 
senor de Montigny y Juan de Bei^nes, marques de Berg- 
nes, vinieron a Espaiia con el fin de representar al i^ey el 

EeUgro de aquelias tierras, si no cortaba de raiz el mal con 
nenas providencias, o si no iba en persona a apaciguar 
las dkensiones^ Pero Felipe daba a entender que su ani« 
mo no se alteraba - por la pintura de tales desordenes y 
riefigos, y aparentando descuido, tenia trabada en su pe^ 
cbo otra gueiTa mas cruel de temores y de duda& Per*- 
que no catmar por su persona las Uagas que sus ministros 
bahian abierto en el coi^azon de los flamencos, pareeia aban* 
narlas a las mismas manos 6 a otras mas rigorosas y ter^ 
ribles. Y resolverse a dejar a Espana, sin saber que par«<^ 
iido abrazar con el prineipe don Carlos, era para socorrer 
a uno de los miembros^poner en aventura la cabesa de 
esta monarquia. Los daiios que pudiei^n venir sobre 
aquelloa- sole lastimanan a pocos, en ianto que el riesgo 
de ittsta sena mayor y de graves consecuencias ' para todoa 
los rdnos y sefkorios de Espafka; Llevar Felipe «n su com- 
naiiia a^ Carlos,, cuando todos lo seRalaban como fautor 
(en parte) de las altecaciones de Flandes, y (en general) 
qmien le$ daba calm: y ayuda con manifestar deseos de 
poner remedios a sns desdicbas, tal vez ocasionaria mas 
peligros ; pues estando enmedio de los rebeldes la perso- 
na de quiien esperaban todo genero de yenturas ^que f ti^v 
zas.atajarian las aguaa del torrente, desencadenadas con 
la teynpesfad que biamaba para aomentarle la vida, el im« 
petu ylasoberbia? 



EaEspafia.no podia quedar elpritteipe sin digobier- 
no, porque^daHa ocasion a las murmuniciohes depropios 
y estraftos. Pues dejarlo ea 8u$ manos cuando tanio odio 
guardaha en su pecho contra los validos^ parecia pvesenlar 
otro mayor riesgo^ cual era envolverse esUM reinos en iu* 
multos y parcialidades : l66 unos con d color de defender 
a los privados del monarca, y los otros en son de bacer 
que las ordenes adversas a Espinosa^ Ruy Gome^ de ^ihra 

isus parciales se ejeculasen fielmente, como nacidas del 
eredero de la corona espaiiola, a quien teniaji jurada obe* 
diencia para lo iuturo. 

Estas dudas turbaron por mucho tiempo el alma de 
Felipe II ; mas al fin determino este rev que en una con- 
wlta de varones doctos y esperimentaaos en las materias 
politicas se tratase libreihente si convenia 6 no su ida a 
Flandes, para luego, con vista de los varios pareceres, 
resolver lo mas ajustado a la razon y a la priesa que aque- 
Uas civiles disensiones daban a cada bora. Asistio Felipe 
a la consulta^ en la cual entrai*on el duque de Alba; Ruy 
Gomez de Silva, prineipe de jj^boli; el duque de Feria; Juan 
Manrique de Lara, prior de Leon; Antonio Perez y otros 
mucbos politicos de los mas.espertos que entonces habia. 
Sola una vozjse levanto para probar que don Carlos uiii- 
camente podia serenar los tumultos de Flandes. Juan 
Manrique de Lara, bombre notable por su estremada sa- 
gacidad, puso el ejemplo de Tiberio Cesar que solia refre« 
nar las inquietudes de las provincias y las guerras estra^ 
ikas con sus bi jos. Pero Ruy Gomez de Stlva corfto la pla- 
tica, haciendo prevalecer la • opinion de que la presencis 
del rey o de don Carlos, no era util en tales circunstan- 
cias ; porque el peligro no babia Uegado a punto de oe«* 
cesitar ese ultimo remedio. Felipe manifesto entonces su 
resolucion de pasar a Flandes ; pero difiriendo su partidft 
para tiempo mas oportuno; porque quenaque un oapitan 
practice en cosas ae guerra, allanase antes con las armas 
los estorbos que asi lo exigiesen, para entrar en sus estados 
con el decoro que a su dignidad era debido. Nombro al 



duque de AKia para ta empresa de domar a los rebeldes, 
desvaneciendo ae este mono las esperanfeas de su hijo, y 
ios esfuerzos de Juan Maiirique de Lara en servicio de los 
deseos de Carlos. • 

Dicen que cuando el duque fue a besar la mano al 
pndbipe, antes de tomar el camino de Fland'es, este le 
profaibio salirde Espafta: que el de Alba eon ratones muy 
comedidas y corteses, le represento ser orden de su padre 
y rey, a quien en ningnn caso podia dejar de mostrarse 
fidelisimo y obediente vasallo, y mas cuando le dispensa- 
ba la honra y confianza de poner en su persona el fin de, 
la rebeiion ffamenca ; y por ultimo que el desaconsejado 
mancebo metiendo mano a un punal quiso atravesar a 
aquel valiente caballero. Y afkaden que la salvacion de su 
vida se debio a la llegada de varios cortesanos. 

Desde luego hay motivos para sospechar que el du- 

3ue de Alba, hombre de natural muy soberbio, y enemigo 
e todos los enemigos de su rey y amo, hablaria con duras 
palabras al principe, si este le trato algo de piedad para 
los flamencos. Sabido es que el duque nunca respeto a 
los soberanos que estaban en guerra 6 en enemistad con 
Felipe II; y que llego a tal estremo su modo de pensar en 
el asunto que, cuando Paulo IV andaba desavenido con 
Espafia, le escribio una insolentisima carta desde Napoles, 
anunciandole su entrada con poderosa hueste en los esta- 
dos pontificios. Creo que no hay en la historia ejemplor 
de letras mas atrevidas, escritas al santo Padre, a quien 
estan obligados a respetar todos los que se precien de 
buenos catolicos. En esa carta decia el duque que iba a 
« poner a Roma en tal aprieto que se conociese en su estrago 
se habia callado ppr respeto, y que se sabian demoler sus 
muros cuando la razon nacia que se acabase la paciencia.>» 
Echaba en rostro al santo Pontifice que no perderia «la 
insolente fama eterna en el mundo de que abandono los 
altos miramientos de la Iglesia por adquirir dominios para 
sus deudos, olvidandose de que, habiendo nacido pastor, 
su misma ambicion y avaricia lo convirtio en lobo san- 



1 



friento de la cristiMidad.^ Y aoababa ^n <lecip, cpie at 
'aulo «no le daba respuesta eategoricamente a. lea ocko ' 
dias, seria cierto s^viso tie que queria ser padraatro y no 
padre, lobo y no pastor, y que pasaria a tralarlo como a lo 
primero y no como a lo segufldo (i).» 

Guando tales palabras oso eatampar el duque^ tfiri* 
giendese al sucesor de san Pedro, siendo ooaaion de ^ tm 
descomedimiento tan inaudito solo tener a Paulo IV por 
enemigo de Felipe 11, ^se debera estra&ar que a suplicas 6 
mandatos del principe respondiese con frases altaneras, 
propias de su iracunda condicion, sabiendo la discordia 

3ue entre el padre y el hi jo babia levanlado liiuros de 
iamanie? 

No deja de 11a mar la sospecha de la bucna critica, ver 
que Ids historiadores, enemtgos de Carlos, atribuyen a e$Vb 
mancebo cuatro^ hechos en todo iguales : 'cuatro tentati* 
vas de dar muerte a otras tantas personas : a dou Alonso 
de G6rdoba, hermano del marques de las Navas, al carde- 
nal Espinosa, al duque de Alba y a don Juan de Austria. 
Nada en que tropezar tendria el fiel y desapasionado es- 
critor cuando leyese cada una de estas acciones separada* 
mente ; pero cdmo cuentan que de todas' ellas pudieron 
evitarse las sangrietitas resultas con sola la aparicion de 
varios caballeros cortesanos, con facilidad ^e infiere de la 
semejanza de los cuatro casos, que en la pintura de ellos^ 
hay algo de invencion, cuando no mucho de calumnia« 
Raro es que un principe de tan furioso ni^ura), como 
quieren retratar muchos autores k don Carlos, suspendiese 
la ^ecucion de sus iras, solamente por acudir a^unoa cria* 
dos al estrepito de sus voces'; pero por mas aun se debe 
tener sin genero de duda, consideraitdo que cuatro veces 
en que intento aquel ilustre joven matar a loa que le ofen«> 
dian, otras tantas puso freno a su colera y coyunda a sus 



(11 V^ase la nota prfg. 429 del Kbro primero de ta presente 
bmoria. 



IMfliMieft in wncibles. ttkn 9i que si fiiera un solo kocboi 
4teadB luego csumdo no lo aoc^ese benignamenle, al mcaos 
no osftria pemoalar el vuelo kutm el punio de negor mm^ 
chas de sus circnnslancias. Pero las euairo acciones tepi» 
minan del misno modo^ y em iiinguna de ellas liay la nie# 
nor desemejanaa: cosas me argayen contra la verdad y 
pnreaa de inteneiones en los escrilores que en ofensa del 
principe kan tornado la pluma. Quixa eslos argamentos 
no seran valederos para mudios, prefiriendo el testimonio 
de kombres apasionados, a lo que la razon con toda cla-^ 
ridad nos muestra. Tal uso suele hacer del entendimiehto 
el linaje humano* En mas aprecia lo que no puede com* 

E render, y mas respeta lo false que ve cercaao de sqm* 
ras, cuyos velos no se atreve a separar, que aquello qun 
se presenta a sus ojos tan resplandecienle como la luz del 
mediodia ^i). 

Y dado caso que todos los kechos referidos sean cier« 
tos ^que importa para proliar que el principe don Carlos 
tenia turbaao el entendimiento, 6 una condicion f uriosa 
e incorregible? El rey Carlos II tan estupido y tan para 
poco, cuya debil complexion y cuyo animolimido lo He- 
varon basta el ridiculo estremo de creerse kechizado, con 
todo eso en cierta ocasion en que creyo ajada su dignidad 
siguio los ejemplos de su panenle. Sucedid, pues, que 
estando en el Escorial Carlos II, iban a salir de su camara 
el duque de Medinaceli y el conde de TalaTa; y como ies 
preguntase que a donde se dirigian y oyese que a la po« 



( I ) Salazar de MeDdoxa, bablando de los delitos qne se atri^ 
bnian al principe, no duda en caliGcarlos de fakoa 6 de exageradot. 
Veanse aus palabras* <Munca acaban lot autores deste ticmpo de 
eontarlos, unos de una manera, otroa de otra, y todos con vanedad, 
i tiento, y deslumbradoa con la primera nueva^ papd 6 ayiso que tu* 
vieron, arrqjada y iemerariamerUf y ai $abar^ de $u paladar. > Bueno 
es faber k opinion de Salazar, escritor eapanol contemporltneo sohre 
los ermeoea airibuidos i Girloa. EUa confirma lo qoe inlento pro* 
bar en el diseurso de la presente hiaioria^ 

45 



saclft del Patriavai de his bidias para mr atia-iiiusica'a mie 
eran canvidados, les ordeno que failasen a ia cita sin oar 
aviso a aquel prelado, porque descnba que los esperloe en 
vano. On caballepo y dd nakilo.de Santiago que escuelio 
las ordenes del reyvasomose a una de las venlanas del pa* 
Icicio^ froiiieras a las easas del Patriarca y comenao a hacer 
seKas para a\isar de lo que pasaba. Vicilo el rey Carlos if, 
y a pesar de lo debil de su cuerpo y apocado de su< espi^^ 
rilu, metio mano a un puftal con proposito de atravesar 
a I caballero. Mas vencido de los ruegos del de Medinaceli 
y del de Talava, lo dejo con \ida y le vedo la entrada en 
palacio. Guando esto ejecuto el i^ey Carlos II en aquel 
punto en que creyo ajada su dignidad ^que estrafto es que 
el principe don CarJos, sin ser de furiossi condicion hi- 
ciese iguales acciones en casos parecjdos? {i) 



(1 ) l£n In Biblioteca Nacional de Madrid exjste un M. S. que 
lle?a este tiiulo : DScima sexta Parte De las MisceldneaM V PapeUs 
Barioe curio$o9 Y Manuscriptos de Don Juan Anionio de Vateneia 
Ydiaquez. En el folio 34 comiensa un diario de todo lo nKedido en 
Madrid desde sdbado 23 de henero de 1677, que entrd $u Altexa el ee^ 
renisimo Senior Don Juan de Austria , Uamado de su Magestad asta i5 
de Jullio de 1678. Al Uegar al folio 188 se lee lo siguiente : t Vier- 
n$s 16 de Otubre (de 4677) . — ^El rey Nlro. Sr. se esU en el Escuriat 
dibirti^do$e en la oaza, suoedioesie dia, que sali^ndose de su cir- 
mara el Duque de Medkiaceli r el Conde de Tala?a, les preguntd 
donde vban, y le dijeron que a la Posada del Patriarca« que les tenia 
combiaados i una miisica, y Icsrespondio el Rey, pues no oais; di- 
jeron, pucs embiar^moste un recado para que no nos espere; tarn- 
poGO, aejadle esperar, y Ueye ese chasco ; toda esta pUtica la oyo 
un Ayuda de Ctfmara del Rey del harden de Santiago, criado quenii$ 
de Medinaceli, y se puso tk un balcon de donde se oia la Posada del 
Patriarca, y hiQo seuas, como abisando lo que bavia pasado. Violo 
el Rey, y oiciendole, como se oponia i. lo que era gusto suyo, y le 
dio una bofetada, y saco un puiial para darie,y lo buviera ejecntado 
^ no interponerse v templarle estos dos senores, mando que no en- 
trase mas en palacio, accion que i carecer de bavverle puesto las 
manos lognfra todo aplauso por lo resuelta, mas tampoco la dismi- 
nuTe mucno, porque la bedad obro alli mas que la Prodencia y dig- 
nidad Real, cuyas manos son solos para honrrar i, sus Dom^sticos y 
VasaUos.» Esta noticia debo i mi amigo el escelente poeta dnimi(- 
tico y profundo erudito don Juan Eugenic Hartsenbnsch. 



Pariio d ditqiie. a Flmcks^ y dl principe queAi com A 
tlesasofiiego natural en un honuire que temia el rigor del. 
de Alba con los magnates de aquel estado. A esto se 
juotaba qihe el emperacbr Maxioiiliaito) con viva^ ansiaii 
queria cdebrar ei casamienlo de su hija Ana de Austria 
eon su sobrino don Garlost a.quien^maba entraftablemente^ 
y este por su parte no omitia inslancias para que las bodas 
se kiciesen con presteu ; puea su aoimo era salir cuanto 
antes de ia potestad de Felipe II, cuyos desvios y odio sen- 
tia a par de muorte. Mas el rey dilataba el casamtento 
con apariendas de no juzgar a su hijo capax aun para el 
matrimonio. Esto decia en lo publico, mientras otras 
eosas guardaba en su pecbo. Temia ios intentos del 
principe para proteger a los rebcldes desembozadamente, 
y Doner en. aventura la religion catolica en todos los do- 
minios de la monai*quia espanola. Pero Cai*los, ofendido 
de las dilaciones, instado por su tic y queriendo dar alivio 
a los flamencos que teiiian puestas en el todas sus espe- 
raozas de saWacion y remedio, determino partir deEspafta 
sin solicitar el consentimiento de su padre* 

Faltabanlebabei^esparastiempresa, y en tal necesidad 
acudio a los grandes de Espaiia pidiendo su ayuda para 
cierto negocio. Todos respondieron con la promesa de 
servirle, y algunos ademas con tal de que no fuese en^ 
cosas contrarias a su padre« El almirante de Gastilla, tc- 
miendo algun.mal, y para mostrar su amor a Felipe, no 
dado en enviarle la carta de Carlos y sus deseos de que se 
averi&uasen los intentos del principe. 

Noticioso el rey, asi por las letras del almirante, co- 
mo por la delacioQ de don Juan de Austria (vencedor lue- 
eo ae los turcos en Lepaoto) unica persona de su familia 
a.quien Carlos fio las cosas que encerraba en su pecho, 
junto a varies doetoi^es, horn ores lie saber y esperiencia 
para tratar del remedio. Asistid a la consulta ; pues su 
proposito era no pedir la resoiucion para prender al bijp« 
sino solameute de todoa los quecomponian el coasejo una 
aprobation suslantuda en buenos raciocinios, con ios cua* 



k» dncttipar a ins ojo$ del mtifKlo el eselnfclalo de redoef r 
ii una carcrl al prinripe jttrailo vacesor €ti ld& rnnos de 
fispafta (I). 

Solo el parecer del doctor Maitin de AsdHcueCa^ |ii^ 
risconsulto navarro^ dice Luis Cabrera de C6rdoba que 
tnfo presenteJ En esCe docamento se manifiesta el recel& 
de que los flamencos pedirian al que iban a reCrbir ToInYi-^ 
Uriamente per soberano condiciones contra la reli^on ca*^ 
toKca. M Y tan to mas seria estov (habia el^doctor AzpHcoc^ 
ta) porque su altessa no avia dado muestra, de tan obedien*- 
te^ quieto, prudente, guerrero como era mchester, si ho (far 
vehemente de$eo de ser en todo litre y de mmndar; y para con^ 
se^illo podria coneeder lo que si reinara, siejiao sabio y 

valeroso, no concediera Y asi devia su Mageslad evttar 

estos danos, peligros, gastos, ofensas de Dios, desobediencias, 
inquietud de su monarquia y la ocasioh dk tohae LiBEn^ 

TAB LOS BEREJES (2).»> 

Tal es lo mas notable del parecer dado por el doctor 
Martin Azpilcueta. De este documento resnita hi ronfir- 
macion de la verdad que voy sustentando en dffensa del 
principe« Todos los delitos que se enconti'aron en Carlos 
estan reasumidos en su intento de coneeder la libei^tad de 
coneiencia a los flamencos j en su deseo de entrar en el 
eobiemo de aquellos eslados, que aljorreckn de mueite 
a la religion cati^lica y al feroz gobierno de FeKpe 11. 

Los escritares estraftos, guiados por una ligereza muy 
vituperable dieron en decir que la causa de la prision de 



(i) cDigo qae en aquella parte del no kallarse los veyes en los 
oonsejog de eataclo podria to aacar ima exception de la experienda 
que en algan gran o€f|Ocia> en algun gran aprielo «n que el pr^ieipe 
86 jeey q^iere coaae|o, mmi para tq^probaeiem fm fma nSelmeipm^ 
alb' se M de hallar presente para que el respecto le ajnde i sa in- 
tento. Atsi lo hizo el rfy ^ae digo cuanda rtealvi^ Ul priiion id prin^ 
r^^fon CdrlM.t— Antonio Perez. Cartas. 

(2) Laia CaM<eia de GdnhAa. EiHiHVi dd ref FeHfe It. 
UM VIL 



Girlos no fiie otra que estar Iranaiido csle prnicipe ia 
mueitie del rey, (coam si cabiemlo-enMi alnui lues inlenUw 
no lo9 hukiera ejecutado facilmentey Mn ipie el mismp onh 
narca se aperoibiese <le dies liasta el punto de rectbir por 
maao del mjo el desdicbado fin de sus dias! ^Quien to-* 
maria enioiices las ariaas para castigar • el delito? ^Que 

Esindes de Espafta negarian obodieaci»al prineipe jurado 
retiero? Los reyes-de Europa^ que odiaban a Felipe 11^ 
no mirarian seguramente eon horror, a lo menos en las 
aparienqias, al inicuo patricida : antes bien, presto harian 
instancias para con tratados de paz no temer por mas tiein** 
po el Doderio de las annas espaiiolas (1 )• 

Esos misnios autores estranjeros afinnan que la oca- 
sion de eocarcelar al prineipe tuvo origen en los amores 
de este con su madrastra Isabel de Valois : afectos que hu* 
bieron de pagar al cabo uno y otro con la vida. rero no 
repararon ciertamente estos tales que si don Carlos era 
aoKinie iavorecido do la reina ^como hacia grandes instate 
cias para easar con sti prima Ana de Austria, y partir de 
Espafta para mas no volver quiza hasta que Felipe II de« 
jase el Irono con la \ida? ^Hutr del objeto que se ama y 
de quien es nno amado, prefcrir los brasBos de oiro y au- 
sentai'se de su presencia ial vez para siempre, acaso pueden 
reputarse como sniales de «in vekemente carifto? 

Los de la opinion contraria solo podran presenlar 
oposicion de mis argumenlos el teslimonio de un autor 
paftoU que indica de tin modo oscuro ser la. causa de la 
pmion de CaHos sus amores con la reina* Manuel de Fa- 
Pia y Souaui en el Efiiom$ de los ImtoriaipotiHgmuu (2) ha^ 



(1 ) Pftni mortra^ lo falsodel sapiiesto delilo basia lenef pre- 
flieote qttc Felipe, ouaado eacfibio a log oioiiarcas sbs amigos, j i 
lu ciadades v grandes de sua reinos la priakm ,de |Cirlos« ordeao 
que al pie de todas las cartas se dijese ser sin fandaiDento k toe de 
que el prineipe habia intentado matarlo. 

(2) Epitome de'lttt historioi portttgaeBos, por Mamuel de Faria 
y JSoiiflBa^--^fiii Biadrid^ por Fraariico Msrtiaet, 1698. 



blando de la descendenoia de F«lme II, nombra MCM9$ 
a quien iupadre (gomo el cmpebador ComrAViTnio con w wuo 
Cnispo) reeogio far ju$ta$ causa$ en im quarto de $u fnUacwj 
adande mwrid mo%o* Pero de la comparacion de Faria y 
Souza no resulta cargo alguno contra el principe, mio 
motivo de encarecer y levantar kasta ios cieios ra viitnd 
y -su inocencia : caso de aue haya perfecta semejania en el 
suceso. Crispo, joven valeroso, fue acusado por Fansta 9a 
madrastra, ante el emperador Constantino por haberia so- 
licitado para cometer incesto. Mando el padre metei* en 
prisiones al hijo, y ai poco tiempo despues dispuso si^ 
muerte. Averiguose al (in su inocencia; y juntamente 
que toda la culpa se debio a la inyencion de Fausta, en 
venganza de la resistencia que opuso Crispo a sus deseos 
de manchar el talamo del emperador con un incesto abo- 
minable. Si del mismo mode que Crispo por Constantino 
se vio privado de libertad don Carlos por Felipe II, parece 
ittdudable que debio su desdicha a la reina Isabel de Va- 
lois, su madrastra. Mas, como este testimonio sea sido, y 
no haya may ores [»*uebas, estando de por medio la honra 
de una sefiora, todos debemos apartar Ios ojos de semejan-* 
te sospecha, mientras que otros documentos no vengan a 
conlirmark. 

Luego que Felipe II con^guio la aprobacion de ^tn 
rios doctores para prender al principe, sr la necesidad He- 
gaba al punto que se temia, no ceso de vigilar a Carlos. 
Este proseguia en la empresa de conservar, cuando no en« 
cendar con mas vigor el fuego de la discordia en Flandes, 
para lo cual escribia a Ios principales magnates, ofrecien* 
doles ir en persona a libertarlos de las iras del duque de 
Alba, y comunicandoles euanto se urdia contra ellos. Sin 
duda el principe de Orange en las caitas de Carlos hallaba 
motivos suficientes pat*a jactai^se de que no saKa de boea 
de Felipe II palabra alguna sobrv? la civil disehsion de Ios 
Paises Bajos, sin que lle^se con la celeridad del rayo a sus 
oidos. YMai>ganta. de Parma repetidas veces se que jo de 
que las cartas enviadas por ella a Espafia se ti*asladaban 



9eci*etftflii€nte por algun aficionado .4 los herejes.) e iJMin a 
dar Ia9 copias en manos de los caudilios de la rdidion en 
tierras flaraencas (i). 

El duque de Alba comenzo a^obernarks privando 
de la libertad a los condes de Egmont y de Home, que al 
fin pagaron fx>n la vida su ciega confianea en los servicios 
prestados a la coi'ona de Espana, como si los politicos en 
los casos de urgentf> necesitlad tuviesen raemoria y agi'a- 
decimiento. El principe de Orange, varon tan notable 
por su sagacidad, antevio la borrasca, observando las ne» 
gras nubes quo empezuban a oscurccer el cielo; y asi obro 
como prudente, poniendose al abrigo de un buen puerto, 
no sin haber dicno a Egmont : E$ta clemencia del rey que 
lanto engvandeceu^ os lia de destruir ; y segun me pronostica el 
eorazon^ vos sereis la puente, par la cimI, piedndola la$ espatio-^ 
lee^ hardn pa$o para Flandes (2). 

Inquieto Carlos con el mal negocio de estos estados, 
con la prision de los condes, con la sospechosa y repent!*- 
na muerte del marques de Bergnes, uno de los ca]>alleros 
enviados por la gobernadora a Espa&a, y sobre todo, con la 
reclusion del baron de Montigny en el Alcazar de Segovia 
por haber comunicado en varias ocasiones secretamente 
eon el principe (5), no dudo en tomar el camino de los 
Paises Bajos para destruir con su presencia los males y las 
feroces ejecuciones que preparaba el duque de Alba. 

El guardaropas Garci-Alvarez Osorio babia \ueko 
desde Sevilla a la corte con comision de Carlos, reducida a 
buscarle dinero suficiente para los gastos del viaje. De 



(i) Fabiano EstTadm.-^Guerras de Fiande$. 

( 2 ) El mismo autor. 

(■3) #I^s Estados de Flandes (declarada ra su alteracion) em* 
biaron comissarios que propnsieesen y suplicassen al rey medics de 
coDvenieiicia. De neereto tratavan con el principe dan Cikrloi que con 
Uceneia de su padre 6 sin ella pasasse d los Estados, detertninados d 
putntenerle en su goeiemo. Descubierto el trOiOf fue' preso Mas de 
Jlon/t4y^ »^-Die^o deColmenares. — Historia de la insigne cindad de 
Segovia, — Segovia, por Diego Diez, U)57, 



seiscienlot mil esoaAis ^ne necettUba d principe, solo 
puilo kaber A las manoa enlonces ciento y cineueola miL 
Pero n^oci6 oue los restantes le fuesen remilidos en lelras 
luego que tinnese lii§ar la paitida. - 

Habl6 doB Carlos, a su tio don Juan de Austria, dao- 
dole cuenta de sus intentos, y esperando que tomasc con 
el la yuelta de Flandes^ segun le habia este ofrecido* Don 
Juan empe&o de nae¥osupalabra,ycorri6se^idamenlea 
delatar a su sobrino (i). Alborotose el rey y vio ser Uegada 
la hora de prender a Carlos, antes que este pudiese des- 
cubrir la trama urdida contra su hbertad y sus deseos. 

En la noche del 18 de Enero de 1568 estando el prin* 
cipe durmiendo, entraron en su camara el ray, el duque 
de Feria, Ruy Gomez de Silva, don Antonio de Toledo, 
prior del orden de San Juati de Jerusalen, Luis Quijada y 
doce gnardas. Cuando Carlos vio a su padre, esclamo: 
iQuiere V. M. tnatarmef A lo cual responderia sin duda 
Felipe, que no intentaba mas que encerrarlo como a de* 
mente, puesto que el principe dijo : No $oy loeo^tino desn- 
perado (Z)« Quitaronle las armas y papeles, aunque de al- 
gunos se cree que fueron secretamente quemados por el 
prior don Antonio, pues podrian servir para acrecentar 
eulpas a culpas ea las mucnas atribuidas al malaventurado 
principe. Encommido el rey la guarda de su persona, 

Srimeramente al duque de Feria, y luego a Ruy Gomez de 
ilva, con orden dc no peimitir que Carlos hablase con 
otras personas fuera de las que estaban en su servicio. 



(i ) Don Juan de Aattria hajo de la corie acompanado de ra- 
rios nobles con deseo de ir i la gueira de Malta. Felipe le mando 
volvertf Madrid tIo perdono viendo sua moeamMdearrepentiniento. 
<Ni tardo mucno en haeer (don Joan) que totalmente depnaiese 
(el en<q'o) addanidndoie d d todo$ d de$eubriHe ia$ intmto$ de #w kih 
CdriM.>— Fabiano Estrada. Ik BeUo Bdgieo. Dec. I, Ub. VII. 

(t) Antonio de Herrera. — Higtoria general dd ttmndo dd 
iiempo del Sr. Rey don Fdipe el eeoundo, deede el eMo de MDUX hm- 
ta eu mtifrfe.— Madrid 1601 ▼ 1612. 



Mndio 4i6 que hablar esla prision dentro de Espafta, 
alribuyendola unos a escesivo rigor del padre, otros a pru- 
dencia, y aun hobo muchos, como rehere Luis Cabrera 
de Cordoba^ que obserraban cuantos celos solian los reyes 
tener de sus sucesores, y cuanto desplacer del ingenioj ani- 
fno gallarde^ y €$ptrita general y grande de l&e hijos (1). 

Pero no hay documento que mas aclare los. motivos 
del pnncipe para emprender su retirada a Flandes, que una 
de las cartas escritas por el Nuncio Rossano al cardenal 
Alexandria fecha en Madrid el 2 de Marzo de 1 568. Dice asi : 

((Pareciendo al principe que en muchas cosas no era 
tratado como deseaba, habia concebido grande odio con^ 
tra el rey y contra aqudlos de quienes sospechaba que te- 
hian sumo valimiento con S. M. Por otra parte el rey es- 
taba muy ofendido del hablar y del proceder del principe, 
el cual habia resuelto partir del reino paterno, casi como 
desesperado, y habia descubieiiio a algunos su pensamiento, 
entre ellos a don Juan de Austria, ai marques de Pescgira, 
al doque de Medina de Rio Seco y a otros » 

«Sabiendo el rey cuanto el principe tenia en el pen- 
samiento, y cuanto hablaba y cuanto habia escrito en di- 
versas cartas (que dire despues) y que el tiempo de partir 
era cercano, y que queria poner en ejecueion aquello que 
encerraba en el animo, medito mucho, y mando tiacer ora* 
Clones, y al fin dispuso prenderlo, siempre que no mudase 
de propdsito. Yiendo por ultimo que las persuaciones de 
los sobredichos para destiarlo de la empresa eran yanas y 
^oe ya tenia en su poder una suma de dineros^ e instaba 
a den luan para apercibirse a la partida, y desempefiar su 
palabra de acompaftarlo, entendio que seria mas digno, 
seguro y acertado ret^nerlo en su palacio que en otro iugar 
cualquiera; y asi lo retuvo, como ya comunique. Y lie- 
vandose todos los papeles hallo muchas cartas yac^radas, 



( i ) Luis Gftbrera de Cordoba. -^JTtfforia del rey don Felipe 11, 
Lib, VIL 

46 



que habian de ser repartidas despues de su ausencia: una 
para ei rey su padre, otra para Su Santidad, otra para el 
emperador, y en suma, para todos los soberanos catolicos, 
y a los principes de Italia, y a los reinos y estados de S. M^ 
a todos los gratides de Espaua, a los consejos y cfaancillwias, 
y a los ayuntamientos principales.» 

<(La destinada al rey contenia minuciosamente mu- 
chos agravios que en algunos anos pretende que le ban 
sido bechos por S. M. 1 decia que se iba de sus reinos 
por no poder tolerar tantos agravios como se le bacian.» 

«La que escribio a los grandes de Espaiia, consejos y 
ayuntamieiltos contenia lo mismo, y les recprdaba que lo 
habian jurado por su principe, que no estan libres del 
juramento, y que se sirvan de darle su parecer y pro- 
mete a aqueilos que permanezcan fieles, a los grandes, favor 
y gracia y devolverles las gabelas que el rey habia abolido 
en sus estados; y a los ayuntamientos, levantar las cai^s 
que les habian sido impuestas ; y en fin, a cada uno ofre- 
oia aquello que a su parecer deberia serle mas agradable.» 

« A los principes subditos daba cuenta de que se veia 
forzado a tomar esta resolucion, y les rogaba que la tu- 
viesen por bien ; y de esta suertc pretendia hacerlos ami- 
gos con buenasr palabras y muchas ofertas. Esto es- la 
suma de todo cuanto he podido saber de las cartas. » 

«Yi tambien una lista donde escribio de su mano los 

nombres de sus amigos y enemigos Entre estos el pri- 

mero era su padre, despues Ruy Gomez de Silva y su es- 
posa, el Presiaente, el duque de Alba y algunos otros. En 
el numero de los amigos contaba en lugar preferente a la 
retna (de la cual decia serle amorosisima)^ don Juan de Aus- 
tria su muy caro y ^mantisimo tio, don Luis Quijada, si 
mal no recuerdo, don Pedro Fajardo que esta en Roma, y 
otros que ignoro.» 

Ǥe ha sabido ahora que muchas veces soltaba pala- 
bras para inquietar los animos; por ejemplo, si.hablaba 
con alguno de la corona de Aragon, decia que era grande 
agravio no dar cargos honrosos a los hombres de aquel 



reino. De los seilores de titulovipie no tenian el debido 
lu^r, ni se hflcia de ellos la cuenta que era menester. Se 
doUa de las sinrazones con que se molestaba al pueblo, y 
en fin, de otras cosas semejantes (!).» 

Esto escribia el Nuncio Rossano al cardenal Alexandri. 
De las providencias que tomo el principe don Carlos para 
satisfacer de las causas de su partida al mundo, de su 
modo de proceder con los grandes dd reino, y de sdStac*- 
dones todas se infiere que no tenia turbado el entendi- 
miento. Sus pasos y palabtas eran obras de una destreza 
politica, no de una locura. 

Sin embargo, los que juzgan de Jos hechos, segun los 
fines, tendran por disparatada la empresa de Carlos, fun- 
dandose en que se descubrio con harta facilidad, y en que 
acabo prestamente como la luz del i^elampago. Pero si 
sus propositos se asemejaron a los abortos, puesto que 
nmrieron antes de haber nacido, no acusen de poca habi- 
lidad a don Carlos, porque dio fe aJas engaiiosas promesas 
de 5u tio don Juan de Austria y porque imagino encontrar 
en su pariente, no un delator, smo un amigo y caballero. 
La alevosia y la traicibn basta a derrocar los mas altos 
muros, a abrir las puertas mas guardadas, y a poner en 
cadenas a hombres que no venoerian m libertacl sino al 
precio de sus vidas. La fama de don Juan de Austria, 
como valeroso capitan, no queda manchada seguramente 
por haber delatado a su sobrino. Tal vez para disculpar 
su honra como caballero se podra decir que rompio la fe 
de su patabra por salvar de guerras civiles a los reinos de 
Espanav no obstante la manciUa que vendria al cabo sobre 
su nombre. A menos que no llamase a sus dobles tratos 
sermdos a la religion^ al rey y al Estado^ y no deshonra y vi- 
tup«rio para su gloria, y ocasion de la ruina lamentable 



( i ) Traduccion espanola de una carta del Nuncio Rossano al 
cardenal Al'euindri. Dei original italiano me h« facilitado copia el 
seuor don Pasoual de Gavangos. 



de un principe por tMtas causas ilustre. Dalbos podian 
temerse de la huida dc don Carlos; pero eran dudosoB a 
los ojos de todos. De su prision y.airenla resultarian es-^ 
candalosen Esp^na^admiracionen las naciones estranjeras^ 
mas odio contra Felipe en los enemigos de su corona^ y 
mas temores de que con el tiempo tomasen brios los par^ 
ciales del principe y se apercibiesen a la liberlad y a 1ft 
veoganza por medio de la guerra. 

Felipe II tcmia que los malcontentos y los valedores 
de Carlos emprendjesen quebmntar las puertas de aa pri- 
sion, segun aiirma Luis Cabrera de Cordoba cuando dice 
c|ue : los ruidos estraordinarios hazian mirar al rey 91 eran tu-^ 
muUos para sacar de su cdniara al principe (1): prueba y gran- 
de que el hijo no estaba aborrecido ; de que en el lenian 
puestas todas sus esperanzas dc libertad los opresos : de 
que en su claro ingenio, en su valor y en sus virtudes 
creian hallar el remedio de los males que todos padecian, 
menos los validos y los inquisidores. 

Dio Felipe cuenta de la prision ds Cai4os a las ciuda- 
des y grandes de Espania, al papa, al emperador y a otros 
soberanos de Europa. Pero Maximiliano Uevo muy a mal 
la determinacion del rey y no dudo en calificarla de am^ 
iada, y obra tan sq|o de la perversa intencion de sus coBse- 

teros, enemigos declarados todos de su futuro yemo (2)« 
Mdio con grandes instancias su libertad y aun mas que esta^ 
la vuelta de sus dos bijos, Rodolfo y Ernesto, que residian 
en la corte de Espaiia, desde que fueron Uamados por Fe^ 
lipe II, antes de proceder contra Carlos. Pero el monarca 
entretenia esta plactica sagazmente, porque trataba de de- 
clarar al priucipe por inbabil para lasucesion, ya los dos 

f'ovenes austriacos por sus berederos, luego que se probase 
a inhabilidad del principe y el Papa absolviese del jura* 
mento quehabian hecho los pueblos yseikoresdeCastilla. 



( i ) Luis Cabrera de Cordoba .— Vida del rey Felipe II. 
(2) Antonio de VLerrem.r-Bistaria getural del miMufe, tfe* 




p 



Para hacer el proeeso fornio uoa junta compuesta dd 
cardena) Espinosa, inquisidorgafieral (de donde tomd cuer- 
)o ia falsa notieia de que los inquisidores juwaron a Car- 
os) de ftuv Gomea de Silva^ y del liceaciado Birbiesca, 
enemigos cfel supuesto reo (1 j. No se llego a dar senlen- 
cia, pues la muerie del principe puso fin a los procedi- 
Biientos. Los pHegos de la causa nieron encerrados en un 
cofre verde, y de orden del rey puestos en el arehivo de 
Simancas por mano de don Cristoval de Mora (2). 

Pero aun no he manifeslado el mayor de los delitos 
de Carlos para su padre y para los palaciegos e inquisido- 
res. El prindpe, on mi opinion, seguia las doctrinas pro- 
testante^. Dentro y fuera de Espana corrio al menos la 
notieia, no solo entonces sino mucho tiempo despues; 
porque esta voz al punto se vio confirmada por varios he- 
chos del llamado reo. 

Cuando el feroz duque de Alba prendio a los dos 
condes flamencos, hubo a las manos, entre los papeles de 
Egmont, una carta escrita de puho y letra de don Carlos 
de Austria. En ella se obligaba el principe a conceder la 
libertad de conciencia, a los Paises Bajos, en el instante 
que tomase el gobiemo de aquellos estados, en contradic* 
cion de su padre y rey (3). 

Quien se educo con maximas de odio y esterminio 
contra los que predicaban la reforma en la iglesia, Uo po* 
dia creer util a la conseryacion de los reinos la tolerancia 
religiosa ; ni un faijo de Felipe II habia de dar la mano a 
los herejes, si las mismas doctrinas de estos no estuvieran 
ya enseikoreadas de su alma. 

Carlos fue catolico 6 protestante. Si catolico hu* 
biera aborrecido de muerte a los enemigos del Papa, por- 
que la sangre de Felipe circulaba tambien por sus venas. 



( i ) Lai's Cabrera de Cordoba. Obra ciUida. 

(2) El mismo autor en la referida obra. 

(3) Gregorio Leti. 



Si protestante, el deseo de no oprimir a ios reformadores, 
y el afecto a Ios que guardaban las nuevas doctrinas, se 
hubiera descubierto facilmente eh un joven, que para la 
honradez tenia la virtud de no conocer el fingimiento, y 
para su siglo y el vulgo de todos tiempos, el defecto de no 
servirse de la hipocresia, asi reiigiosa como politica. 

Carlos ofrecio a ios flamencos la libertad de concien- 
cia, y quiso ser el caudillo de Ios rebeldes a su padre y a Ios 
inquisidores que, entre las poderosas huestes del duque de< 
Alba, pretendian encender las hogueras para aniquilar en 
su fuego a cuantos sustcntaban con la voz y con Ios escri- 
tos la reforma en Ios Paises Bajos. 

Cuando Felipe II metio eii prisiones a Carlos, hizo es- 
cribir y firmo varias cartas dirigidas a algunos soberanos 
de Europa con el fin de darles cueiita de la determinacion 
tomada contra su hijo. En las letras que encaniin6 a la 
reina de Portugal (no a la emperatriz como engafiadamen- 
te advirtio Cabrera) le dijoel dia 21 deEnero de 1568 lo 
que sigue : «Las cosas del prmcipe an pasado tan ade* 
lante y venido a tal estremo que para eumplir con la obligO' 
don que tengo a Dios, como prmcipe crtstiano, y a Ios reinos y 
estados que ha sido servido de poner a mi cargo no he po- 
dido escusar de hazer mudanza de su persona^ y recogerle 

y encerrarle en fin, yo i querido hazer sacrifieio & D%o$ 

de mi propia came y sangre, y prefertr su servido, y el bene- 
fido y Uen universal a Ios otras cofisideradones humanas (1).» 

Cuando Felipe afirmaba que al prender a Carlos habia 
querido hazer a Dios un sacrifieio de su propia came y sangre, 
prefiriendo su servido a otras consideraciones; sin duda al- 
guna andaba mezclada en el asunto del principe una cues- 
tion reiigiosa^ que siendo en aquel tiempo, por fuerza ha- 
bia de tener origen en el amor de Carlos a las doctrinas de 
Ios protestantes. 

Crecieron luego las sospechas contra este joven, cuan- 



(i) ""Luis Cabrera de Cordoba. — Obra citada. 



—367— 

do en la prision se nc^^o obstinadamante a confesar y a re* 
cibir.el oacramento Eucaristico. Vanos los ruegos de 
todos los caballeros que asistian al principe, al cabo el 
doctor Heman Suarez de Toledo, como tan favorecido suyo, 
hubo de dirigirle (creo que por orden del rev) una carta 
escrita en amenazadoras razones el dia 18 de Marzo de 
1568. En ella le mostraba que « tenia sus negocios en tan 
peligroso estado, y que se babian empeorado de tal suerte, 
que a mi que tanto desco la mejoria dellos, otro tanto temo 
el suceso que pmden tener y que sea el peor que se 'puede ima^ 
ginar.... V. A. ha comenzado cosa de tan niala nota, como e$ 
no confesarse ; y ique suceso puede desto salir que no sea de 
tnalisima calidad, como es ello y V. A. entiende muy hienf... Vea 
F. A, ^que hardn y dirdn todos quando se entienda que no se 
cofifiesa^ y se vayan descubriendo olras cosas terribles, que lo son 
tanto, que llegan a que el Santo Oficio tuviera mucha entrada 
en otro para saber si era cristiano 6 nofn (1) 

Estas palabras del doctor Her nan Suarez de Toledo 
declaran de un modo indudable que el pnncipe estaba 
vencido por las doctrinas de los reibrmadores. Las cosas 
terribUs^ ruya averiguacion en otras personas^ ya estuviera 
becha por el Santo Ofiqio, juntas con la aficion de Carlos 
a los protestantes flamencos, con sus conatos de partir a 
ponerse a la cabeza de estos rebeldes a Espaiia, y pertina- 
ces en las nuevas opiniones, con el no querer confesarse y 
recibir el Sacramento de la Eucaristia, bastan a acreditar 
las sospecbas que nacieron en el vulgo, de ser el principe 
parcial de la reforma en la Iglesia de Dios. 

Aun bay mas pruebas para confirmar mi parecer en 
el asunto. El Nuncio Rossano escribio al cardenal Ale- 
xandri en 24 de Enero de 1568, y al participarle en esta 
carta la reclusion de Carlos, le dio larga cuenta de las cau- 
sas a que se atribuia en la corte un suceso tan escanda- 
loso. Tambien le traslado las palabras que en secreto le 



(i) M. S. Biblioteca Nacional de Madrid. 



h^bia (iicho el cardenal Espinosa presidente de GasliUa^ las 
cuales eran asi: ^Deseo ,que yo supiese que la causa de 
este hecho es solo haber querido S. M. lo mas presto po- 
sible tener mayor ^ijienia del Mrvicio de Dia$ ¥ bb la consbii- 
yAGiON DE LA RELIGION y de sus vasallos que de su propia 
carne y sangre ; y que ha querido casi sacrificar par el dt- 
cko eervido su unico hijo parque no podia ej^cutair otra co$a, 
a menos de no maetrofde in^ato i loe benefieioe que Dioi le 

franqtuaba de eontinuo Esto me ha dicho en suma el 

Presidente; y preguntandole yo lo cierto 6 falso de las 
voces que corrian acerca de haber el principe intentado la 
muerte de su padre^ respondio que esto fuera lo de menos 
SI no $e hubieran presentado mayoree peligroe que los de la per^ 
iona del rey, porque estos tendrian remedio de otro modo; 
pero que era pear, si peor podia $er lo que 5. M. habia qut^ 
rido enmendar m dos afios seguidos (1).» 

No cabe duda en que de las palabras del Presidente 
dichas al Nuncio Rossano se infiere que las creencias ca- 
tolicas habian huido del desdichado don C&rlos; porque 
si el no reducirlo a un encierro se consideraba como da^ 
floso a la eoMervacion dela fe; y si los delitos del principe 
se tenian por peores que los intentos de abreviar con 



(4 ) fVole ancora che io sappia che la causa per la quale s' e 
mossa di fare quest' effetto, e solo 1' haver sua llaiestli yolnto mu 
presto harer rmuirio al tervitio di Dio, alia comervatUme deUa m- 
ligione et delli Reeni et yasalii sui, che alia came et sangue suo pro- 
prio, et che ha yoiuto quasi sacrificare per il predetto servitio V nni- 
oo suo figliTolo perche non potera m altro, se non voleva esser 
troppo ingrato delli benefitij che Nostro signore Dio li fk di eonti- 
nuo.... Qoesto mi ha deUo in somma il Presidente, et dicendogli io, 
che mi par strana cosa quello che si rk dicendo tutto, cive che ques- 
to giorane hayesse pensato etiasu contra la persona del Re suo Padre 
rispose che ouesto saria il manco perehe $e non fosse stato aliro po- 
ricolo eke dMa persona^ si saria guardata et rimediato oHramenie; 
ma che ci era peggio si peggio puo essere al che sua Maesia ha cercaio 
per ogni via di rtmediare due anni conlt nut. >— Carta del Nuncio Ros^ 
sano i Alexandri, de la cual me lia facilitado copia el senor de Ga- 
vangos. 



kiiano armada la vida de su padre y rey don Felipe II 
^cuales podian ser, sino sus tratos con los flamencos y su 
desamor a las doctrinas de los catolicos? (i) 

Eli este tiempo las cuartanas volvieron con sus por- 
fiasa afligirel cuerpo de Carlos, pero con mas rigor que 
otras veces & causa de las penas que atormentaban su es- 
piritu y de la debilidad que sentia por tantos y tan repe- 
tidos achaques. Los historiadores del bando de Felipe II, 
cuentan que el principe bebia grandes golpes de agua con 
nieve en ayunas, y que con esta regaba los colchones de 
su cama ; y de este necho infieren los modernos (2) que 
quien tales estravagancias obraba contra su salud, sin ge* 
nero alguno de duda tenia turbado el* entendimiento. Pero 
atribuyen a demencia de Carlos la ignorancia en que se 
encuentran de las obras medicas escritas en el siglo decimo 
sesto. 

Nicolas Monarde, celebre medico sevillano, decia en 
un libro impreso en 1574, que hs quepueden bever frio y 

enfriado con nieve son los que tienen complexion coUrica ca- 

liente inflamada.... los que padecen fiebres arsivas y males de 



(i ) El celebre poeta j emdito aleman Schiller en su drama el 
Principe don CaWo«,mamfiesta segoir la opinion de que este era pro- 
testante. Sir James Mackintosh en su History of the Revoluetion of 
16SS refiere (cap. 49) que en 1689 el jurisconsulto Majnard, ha- 
blando en la C^^mara de los Comunes acerca de los rigores padecidos 
por los protestantes en las persecuciones de los catohcos, dijo : No 
naj an solo rej catolico en Eoropa que no desee destroir hasta el 
ultimo protestante sin respetar ni aun d su propia familia, delmismo 
modo que el gallardo principe don Cirlos lue barbaramente entre- 
gado a la Inquisicion por el amo feroz del feroz Alba, no por amor a 
la reina, como dicen los papistas, sino por su devocion a la refonna 
como puedo probarlo.» Aunque en lo de la Inquisicion se engano 
el jurisconsulto Majnard, mirando solo al hecho de ser presioenie 
de la juuta formada para jnzsar d Cirlos el inquisidor general, creo 
que en la parte de atribuir ai principe amor d la reforma no iba des- 
caminado. 

(2) Los senores Uorente, Bermudez de Castro y San Bfignel 
en sus obras ya citadas. 

47 



gran eahr i in/hniacHme$ (1). Igual opinion en algunos de 
sus escritos manifestaron otros medicos espafioies que flo- 
recieron a fines del siglo decimo sesto y pnncipios del de- 
cimo setimo (2). 

De aqui se colige facilmente el error en que ban 
caido muchos autores modernos, al ilamar a Carlos de 
Austria loco y estravagante^ a causa de haber el principe 
usado un remedio, tenido entonces por provechoso para 
los que padecian calenturas. Tal vez se diga que Carlos 
pudo abusar dc la nieve, pero de un esceso en la toma de 
medicinas a una demencia hay de distancia mil leguas de 
camino. Asi se infama a las personas, juzgando delitos las 
acciones mas ajustadas, 6 a la cordura, 6 a la necesidad, 6 
a la conveniencia. 

£1 regar con nieve los colchones de las camas era cos« 
tumbre muy recibida entre la gente noble en el siglo de- 
cimo sesto, parte para alivio de los calores caniculares, y 
parte para remedio en muchas dolencias. Otro medico 
espanol, contemporaneo de Carlos, dice en uno de sus es-> 
crjtos. nHa erecido tanlo el u$o de la mVt^e^ que no solo en la 
bevida usamos della ; mas aun para en friar las sdbanas. JNi 
temia por inconveniente en tiempo de estto quando las grandee 



( i ) Libro que trata de la niet)e y de sub propriedades y del modo 
que se ha de tener en el bever enfriado con eUa.,». hecho por el doctor 
Monardes^ medico de Sevilla. EIn Sevilla, en casa de Alonso Escri- 
yano, i574. 

(2) Para no fatigar el a'nimo del lector con mucbas citas, i*e- 
ferire en prueba de mis palabras lo que Pedro Garcia Carrero escri- 
bio sobre el uso del agua con uieye en la curacion de calenturas. 
cSt auiem non est devilitas aliquamtn partium principuum^ el propter 
alxam indicalionem postulet polum frigidum, etiam nive potest exhi^ 

beri Sed hoc est estrema dementia, nan indicatio d consuetudine 

non est major omnibus^ sed sape multo minor ilia quce sumitur d febre, 
et ita si hcec viget etiam rtnuente consuetudine debet exhiheri potus a- 
au(B nive refrigerate sed cum m^ajore fiducia si consuetuditie adheset. • 
V^ase su libro intitulado Disputationibus medicis.... hoc est de febri- 
bus. — Alcali por Juan Gracian, 4612. — ^Burdeos, 4628. 



—571— 

eoloTM reiuelven la genie eon muehoiudar^que ee di utwi vuetia 
a h tama con un ealentadar^ el qual ttnga un pedazo de nieve; 
porque de prepararse de ciqaesta manera a la eatna se eigue que 
$u dueno duerma pldeidamente{i)*vt 

Los enemigos de Carlos haliaron un pretesto' en el uso 
que hacia de ia nieve el principe con el nn de amansar la 
colera de sus calenturas, para verier en el vuWo la voz de 
que este malaventurado joven estaba falto de ]uicio. Los 
autores modernos, fiandose solo de lo que vieron escrito en 
las antiguas y apasionadas historias, se arrojaron temeraria- 
mente a repetir las calumnias de los apoiogistas de Fe- 
lipe IL Pero en defensa del principe existen aun las 
ooras de insignes medicos espafkoles del siglo XYI, las cuales 
prueban que el uso de la nieve para la curacion de las 
calenturas era un remedio conocido y aconsejado eficaci- 
simamente por los hombres que entonces ense&aban en 
nuestra patria el modo de restaurar la salud con los tesoros 
que a cada paso nos presenta la naturaleza. No sirvieron 
a Carlos los remedios para librarse del mal : antes bien, 
con el los (segun se dice) subio a may ores la dolencia* 
Desde luego se puede dar por cosa segura que la curacion 
se comenzo tarde, porque el rey imagmo, 6 que su hijo no 
estaba tan malo como parecia, y que casi todo era ficcion 
para salir del encierro« como cuenta el Nuncio Rossano (2)^ 



il ) Tractado de la niece y del uso dMa.., eompue$to por Fran- 
^ranco^ midico del sereniesimo rey de Portugal, y eathedrdiieo de 
Prima en el coUegio mayor de Sancta Maria de Jesus y Universidad de 
Sevilla. — SeyiUa por Alonso de la Barrera aiio de 45iB9.— «Un tomito 
en i.^ goth. 

Este autor hablando del uso de la nieye para regar las ScCbanas 
dice tambien : c Yo guise usar deste remedio aqui en Seyilla, en una 
enfermedad grande de sudor que padecio el senor conde de Niera 
J no podimos aver nieve y remediose con otros remedios.* 

(2) € Credo que daprineipio (Felipe II ) noit credesse veranhenie 
U male ; mapensasse che fosse finto per esser kargaio ei liberaio daUa 
prigione.* Carta de Rossano, d% la coal me &cilit6 ana copia el Sr, 
de Gajangos. 



6 ho hizo el caso que lAerecia el peligro, recelando oiro 
mayor de conservar la vida al desdichadb pnncipe: pra>- 
nosicion aventuradisima, tratandose de urf padre que no 
llevase el nombre de Felipe II ; pero que tiene. sombras de 
verdad, cuando se recuerda ei natural de este monarca^ 
tan amante de destruir aquelio que se presentaba a sus 
ojos, como adverso a la paz intenor de sus estados yak 
conservacion de la fe catolica. 

Arrecio el mal ; y el rey entonces dispuso que asis- 
tiese al principe el protomedico Santiago de Olivares. 
Este unicamente entraba en la camara: veia al enfer- 
mo ; y luego consultaba con los demas doctores en otra 
pieza. Hoy se cree por muchas personas que don Carlos 
murio al rigor de una purga misteriosa, facilitada de or- 
den de Felipe por el doctor Olivares, fundandose en que 
don Lorenzo Vander-Hamen en la vida de este rey, y al 
tratar del principe, dijo ; «Purg61e (Olivares) sin buen 
efecto ; mas no sin orden ni licencia, y parecio luego mor* 
tal el mal (1).» Dejando aparte que este an tor no hizo 
mas que copiar, afkadiendo algunas palabras para no ser 
acusado de hurto, lo que refiere Cabrera de haber el medi- 
co purgado al principe sin buen efecto porque parecio mortal la 
doUncia (2); no encuentra aqui la malicia el mas pequeno 
fundamento para acusar a Felipe de envenenador de Carlos. 
Todo el cargo que hizo don Juan Antonio Llorente (5) al rev, 
tuvo origcn en las palabras que decian no haberse daao 
la purga a este ilustre y valeroso joven sin drden ni licencia; 
pues de ellas infiere que el monarca dispuso facilitarle la 
muerte por medio de una bebida ponzonosa 6 contraria 
al remeaio de las malignas calenturas que habian rendido 
el cuerpo de su triste nijo. Pero como la drden se daba 



(i ) Don Lorenzo Vander-Hamen. Historia de Felipe II. 
(^) Luis Cabrera de G)rdoba. Historia de Felipe II. 
(3) Don Juan AnUmio Llorqptte. Hietoria eritica de la inqui^ 
ticion de Espafia. 



por la junta de los medicos de camara al doctor Olivareff, 
unico a quien se peraiitia la ^ntrada en la habitacion del 
principe, y la licencia se espedia por Felipe II para aplicar 
al enfet*mo los remedios, qne por todos se se&alaban, con 
esto los vanos argumentos de Llorente y sns secuaces estan 
facilmente d^rribados. 

Don Carlos de Austria paso a hiejor vida a las cuatro 
de la mafiana del dia 24 de Julio de 1568. Dicen que se 
confeso, aunque sin recibir el Sacramento Eucaristico por 
los vomitos que no le daban tre^a ni descanso. Esta voe 
tuvo credito en la corte. Pero yo creo que el principe 
hasta su ultima bora estuvo firme en las doctrinas de los 
protestantes. Por eso se considero util por Felipe y sus 
consejeros esparcir la noticia de que Carlos murio habien- 
do becho antes grandes muestras de devocion y redbido 
el Sacramento de la Penitencia : acto que podia ser priva* 
do, no como el de comulgar, que por fuerza necesitaria 
muchos testigos para acompanar con hachas encendidas el 
cuerpo de Cristo basta la misma cama del principe mori- 
bundo (1). Tambien se cuenta que este perdono a todos 
los que en su daiio se conjuraron : a su padre que lo pri- 
vo del bien de la libertad, a Ruy Gomez de Silva, al ear^ 
denal Espinosa, al doctor Yelasco y a cuantos con perfidos 
consejos incitaron a su padre al becho de reducir a una 
estrecha prision al principe beredero de esta monar- 
quia (2). 

Felipe no consintio que durante la enfermedad, y ni 
aun en la bora de la agonia, la reina Isabel y la princesa 
dofia Juana visitasen a Carlos. Tanto temia que las que- 
jas de su bijo saliesen de las paredes de su encierro. Pero 
^que mas? ni quiso ver en los ultimos instantes al princi- 



(1) El Nuncio Rossano escribio iCRoma dicieDdo que el prin- 
cipe confeso, pero que no recibio la comunion por estar yomi- 
tando en sns ultimos momenios. 

(2) Asi lo afirma tambien el Nuncio Rossano. 



pe. El remordimiento de haber ocasionado la temprana 
tnuerte de su primogenito, no le dio osadia para ponerse 
en su presencia. Hiza que el confesor fray Diego de Cha- 
ves le advirtiese cuan peiigrosas serian las vistas del padre 
y del hijo, cuando este se hallaba bien preparado para 
morir; y asi se contento solo con echarle la b^ndicion des^ 
de una puerta y por entre los hombros de dos cortesanos : 
farsa representada faabilmente, que pudo pasar a los ojos 
de mucnos como engendrada en la verdad^ y en el deseo 
de la salvacion de Carlos ; pero que ante la buena critica 
siempre debera reputarse, como nija del miedo, del horror 
y del remordimiento de su propia obra. 

Los escritores estranjeros acusaron de la muerte del 
hijo a Felipe II ; pero ninguno coiiviene en el modo con 
que fue ejecutada. Quien dice que por medio del vene^ 
no, quien que abriendole las venas en un bano, a seme- 
janza de Seneca ; y quien que degoUandolo. 

Los espanoles vuelven por la honra de Felipe II, di- 
ciendo que las causas de la desdichada muerte de Carlos 
nacieron en sus desordenes y estravagancias de beber gran- 
des golpes de agua con nieve. Tan solo Antonio Perez en 
sus Relaciones^ hablando de fray Diego de Chaves, confesor 
del 'rey, y uno de los que asistieron al principe en la hora 
de su tragico fin, cuenta lo siguiente : «E1 confesor se ha- 
llaba ofendido del principe Ruy Gomez, por una apretura 
en que le puso los gaznates secretamente en el tiempo qile 
era confesor del principe don Carlos, par la pertinacia can 
que aprababa aquella ejecuctan en la persana del principe : (he^ 
cho) muy digno de saberse para la parte de aquella histo- 
ria y para conocer cudn rasgada canciencta ei*a la de aquel 
teologo. C&mo padecid aquel principe, no es para aqui. A 
los memoriales lo tengo entregado en la parte de semejan' 
te$ ejecudanes; alii me entenderan (!).» 

Estos memoriales no lograron los honores de la es- 

{ I ) Belacianes de Antonia Ferex, 



tampa ; pero de las palabras referidas se viene en cono- 
cimiento de que Antonio Perez tenia por.seguro haber si- 
do la muerte de Carlos obra de la viotencia. Tambien en 
una carta dirigida a cierto caballero, le dice que para pro- 
bar a les que se preciaban de buenos politicos en aquel 
tiempo no nabia necesidad de mas que preguntarles va- 
rias cosas dudosisimas. En el nunoero de ellas pone: ((Si 
saben el origen de la prision del principc don Carlos en 
que hay tantas variedades, y los testigos, los consejeros, 
los pareceres de cada uno diferentes, la resolucion del rey, 
la qecucton de todo. Si Mben de otras muertes y las causae 6 
no eausas dellas (!).>» 

Por ser estas indicaciones de un enemigo de Felipe 11 
pudieran pasar plaza de sospechosas, no obstante que An- 
tonio Perez por su privanza en palacio sabia muy bien to- 
dos los secretos de aquel monarca. Pero hay para confir- 
marlas un testimonio de autor contemporaneo y tan pa- 
negirista de Felipe II, que esclama tratando de lo mucho 
que contra este soberano se hablaba y escribia en los reinos 
estraiios. ((Muy bien le ha estado al rey esta emulaeion; 

f)ues le ha venido la salud de los enemigos por ser grande 
a alabanza que viene de ellos. Han dicho de il lo qiie del 
Padre Etemo^ que no perdono a su propio hijo. Lo que 
del patriarca Abraham en el sacrificio de Isaac su unige- 
nito. A todo caso humano escede la gloria que de esto le re- 
sulla y no hay con quien comparallcL, haya sido por la religion 
6 baya sido por la justicia y bien publico. Este acontecinUento 
dqard atras a todos los que se pueden leer en Uis historias pro^ 
fanas (2).» 

•El autor que esto escribia fue Salazar deMendoza en 
su Origen de las dignidades seglares de Castilla y Leon (Toledo 
1618). Luego, conociendo lo mal que bacia en descubrir 



(i) Cartas de Antonio Perez. 

(2) Salazar de Mendoza. Origen de las dignidades seglares de 
Costilla y Leon ^c. 



—376— 

secreios de reyes, torcio sus razones^ diciendo : «5ed niagig 
arnica Veritas. El principe murid de $u enfermedad ; y sti ra- 
elusion fvd para reformalle y carregille.yy Mas estas palabras 
no pueden boi^rar seguramente las que en loor de Felipe 
par un hecho qw dejard atras a todo lo que se puede leer em 
las historias profanas^ puso en su obra dejandose Uevar de 
sa pasion por el rey y del deseo de presentar desnuda la 
verdad, cuando se tenia por materia de estado callarla en 
este asunto. Felipe lo cerco de sombras ; pues habiendo 
ofrecido cuando la prision del hijo, dar a los soberanos de 
Europa, y a los grandes y eiudades de Espaiia, cuenta larga 
de las causas que lo movieron a semejante determinacion, 
luego que paso Carlos a mejor vida ni una palabra dijo 
de el las. Parecia como avergonzado de su proceder con 
el priDcipe, 

£1 testimonio de la mayor parte de los historiadores 
espaiioles acerca de la muerte ae Carlos, no merece la fe 
que algunos quieren darle; porque aquellos pudieron ha- 
blar a gusto de la corte 6 guiados por la lisonja palaciega* 
Y aun cuando deseasen Ixacer patente al mundo la verdad 
del caso ^tenian por ventura en tiempos de tanta opresion 
tan calami tosos la libertad bastante para juzgary refer ir 
OS hechos, tales como fueron, y no como los reyes queriah 
presentarlos a los ojos de sus vasallos? 

Obligacion debe ser del que escribe bistorias no decidtr 
facilmente en casos dudosos; pero cuando estos tienen tal 
grandeza que el juicio dentro de un confuso laberinto, 
por mas diligencias que haga no acierta con la salida^ aven- 
turarse a los peligros de un parecer errado, bien merece- 
ria el nombre de locura: del mismo modo que un mari- 
nero que en fragil barquilla osase surcar los turbulentos 
mares, desde donde nace el sol hasta donde espira. 

Pero siempre queda en el suceso de Carlos una cir* 
cunstancia que da credito a la opinion de baber fenecido 
el principe a impulsos de la violencia. El marques de 
Bergnes muriendo en la corte no sin sospecbas de veneno, 
el baron de Montigny, degoUado secretamente en el Alcazar 



I 



de Segovia, y los condes de Egmont y fiorne, pereciendd 
en un cadalso ante el vulgo de Bniselas, todos por sus tnn 
tos secrelos con Carlos, hacen creible que para complelar 
el castigo de los tenidos por delincaentes^ y la venganza 
contra los ofensores, dispusiese el rey Felipe II la muerte de 
S11 primogenito. Aun el mismo doctor Hernan Soares& 
de Toledo estuvo a punto de perder la vida (euando i$ la 
quitaron al principe^ segun testimonio de an antiguo faisto- 
riador (i) nuesf ro| por los muchos favores quedebia a don 
Carlos, si no hubiese Felipe encontrado entre los papeles 
de su hijo una carta en que aquel caballero le amonestaba 
y encarecia la necesidad de ser obediente a las ordenes de 
su padre (2). 



(i) En las anotaciones d la Historia de Talavera, por don 
Francisco Soto, M. S. que se encuentra en la Blblioteca del arzobis- 

Sado de Toledo, capiiulo 19, p«(gina 488, se lee lo siguiente. f El 
octor Heman Suarez de Toledo.... fue ajo del principe don Gfrlos 
de quien fue mav favorecido, y estos fay ores le pudieron haber he- 
dho perder h yi ja euando se la quitaron al principe, si entre los pa- 
peles de este no se hubiera hallado una carta que fu^ la que le lioro 
del naufragio.i 

(2) En la misma obra se encuentra copia de la carta de Her- 
nan Suarez al principe don QCrlos: la cual por ser harto estensa y no 
mnj elegantemente escrita, dejo de trasladar en la presente historia. 
La suma de este documenlo es como sigue. En el intenta Suarez 
de Toledo con muclias y grares razones separar d don Gfrlos del ca- 
mino de su perdicion j niina : le trae a' las mientes el ejempio de 
Icaro, que no queriendo seguir los consejos de su padre Dedalo» re* 
monto su yuelo hasta cerca del sol,cuyoatreviuuentopag6con bajar 
despenado al seno de los mares : le recuerda aquella antigua copla 

fEs proyerbio senalado, 
do Salomon nos corrige, 
que quien los padres aflige 
seri mal ayenturado.* 

Le aconseja que siga el ejempio de su padre, euando este amo con 
entranable respeto i su progenitor Cifrlor V ; y por liltuno, le mani- 
fiesta con cuanta la'stima se habian sabido sus tratos j co«t«rsacio« 

48 



—578— 

Teniendo Carlos (como he probado) las opiniones de 
los protestantes, parece verosimil que Felipe II pusiese en 

3'ecucion la sentencia de muerte que pronuncio contra 
principe en el auto de fe, celebrado en Yalladolid, di- 
rigiendose al luterano don Carlos de Seso : ctMLndo mi hijo 
fxkere Ian malo como vos^ yo Uev^ri los sarmientos para que lo 
qtiemen. 

Si el castigo de las doctrinas del hijo no se hizo publi- 
camente, como amenazo el rey,debe atribuirse a laver- 
giienza que tendria Felipe II, el gran catolico espanol, de 
que el mundo supiese que hasta su propia sangre se hallaba 
infestada de las herejias de aquel tiempo. El escandalo de 
los que permanecian fieles en la obediencia del Pontifice 
romano, y el gozo de los protestantes, enemigos de Felipe, 
hubieran llenado de rubor al mas suspicaz y fanatico de 
los monarcas. 

Tambien se ha de advertir una cosa harto notable en 
este hecho. Si el principe cometia escesos en tomar, no 
por locura, sino como medicina en su dolencia, agua en- 
friada con nieve, y si con esta regaba los colchones de su 
lecho, la culpa debe caer sobre Felipe II, puesto que con- 
sintio que los siervos palaciegos facilitasen a su hijo el 
modo de acabar sus dias segura y tempranamente. Carlos 
estaba en prisiones y cercado de caballeros que de sus mas 
pequenas acciones tenian encargo de dar estrecha cuenta 
al Tiberio dc Espaiia. La autorizacion de Felipe para que 
en el abuso de la nieve hallase su hijo el fin de su juven- 
tud y de su vida, es accion que no puede negarse con ver- 
daderos argumentos. 

Quiza no mataria Felipe II al principe don Carlos con 
la violencia del hierro 6 de la ponzona por mano de se- 



nes con los procuradores (que parecen ser los flamencos) . La carta 
no tiene feciia, Pero del contesto se infiere que fu^ escrita d fines de 
Diciembre de i567. 

La noticia de este docomento me M dada por el ilostre orien- 
talista el senor de Gajrangos. 



cretos y nobles verduges; pero le fadlito el modo de abrir 
las puertas de su corazon al faielo de la muerte. Su hijo, 

Eues, arrastrado de un vehemente deseo de mitigar sus ao- 
incias toinaba en esceso medicinas; y persuadido del 
ejemplo de sus contemporaneos, buscaba eo las noches de 
▼erano un abrigo contra el calor, regando con nieve las 
sabanas de su lecho. 

Felipe, en vez de prohibir que a Carlos entregasen sus 
siervos cuanta nieve pedia, autorizaba con ordenes secre* 
tas 6 con disimulado descuido el abuso de los reinedios 
que por propia voiuntad anhelaba el principe su hijo. 

En cambiof mandaba arrebatar a Carlos todos los li- 
bros de historia profana en cuya leclura hallaba recreo y 
Gonsolacion el inieliz preso; pues Felipe temia que en ellos 
encontrascsu hijo pensamientosy ejemplares polidcos que 
le incitasen a la ambicion 6 a la libertad, 6 a la gloria. Y asi 
proveia que fuesen lievados al principe muchos libros asce- 
ticos, para que en las horas de fastidio 6 de enojo contra 
el rey su padre, tuviese presentes unas obras que amo- 
nestan al nombre paciencia eh las desdichas y numildad 
en las injustas opresiones. 

Quien tanto considcraba los hechos del hijo y quien 
en todos ellos veia causas bastantes a sospechar peligros, 
ijcomo cerraba los ojos ante la enfermedad de don Carlos? 
^;c6mo consentia que le facilitasen sus criados remedios 
que los medicos no habian dispuesto? ^y como en fin, no 
vedaba que pusiesen en manos del principe la nieve que 
destruia su salud, ya quebrantada desde los primeros aiios 
de su vida? 

La malicia de Felipe U esta aqui descubierta. Su vi- 
llana simulation le aconsejo que no matMe a don Carlos 

Eorque seriagrande el escandalo de la nobleza y del pue- 
lo. Y su rasgada conciencia, convencida por una lison- 
jera teologia, le persuadio que no pusiese estorbos para 
que el principe, creyendo hallar el alivio de sus dolencias, 
se diese la muerte. Yo no he mat(ido a mi hijoy pudo decir 
publicamente Felipe II, mientras que su corazon le res^ 
pondiese en secreto : pero lo dejaste tnorir. 



Cuando la adulacion, en servicio de la tiraniaf pre- 
tende ocultar al mundo las se&ales de los crimenes politicks, 
eroca a las furias del Averno para que traigan en su au- 
xilio las armas de la calnmnia. 

No pregona con la franqueza de la libertad las causas 
de los castigos, pero sabe que en los animos del pueblo ha-^ 
hitan con el silencio y el norror las memorias de las vie- 
timas ilustres. Bien quisiera separar del alma los recuer^ 
dos para destruir el odio de las barbaras eiecuciones de 
personas, sacrificadas en las aras de lo que ilaman los ti- 
ranos bien publico^ y lo que la historia da a conocer a los 
siglos con el nombre de utilidad de los opu^esores. 

No ignora la vil adulacion que las manchas sangrien- 
tas en la purpura de los que por propia ambicion se con- 
vierten en verdugos de la humanidad, declaran quesu tris- 
te gloria fue adquirida y conservada por medio de ocultos 
crimenes. 

Y aunque conoce que necesita de defensa la tirania, 
esta que en el misterio de sus infames hcchos, encuentra 
la mayor seguridad, y que hasta con la disculpa de ellos 
ieme atraer sobre si los deseos de venganza que residen en 
los injustamcnte oprimidos, manda cerrar los labios que 
la adulacion tiene siempre apercibidos en hombres que 
nacieron para la servidumbre. 

La tirania^ astuta solo para el crimen, no quiere pu- 
blicas defensas de sus delitos politicos, sino la infamia de 
las victimas que perecieron en las sombras de la nocfae 6 
en el silencio de los calabozos por medio de sobomados 
matadores 6 de secretos verdugos. 

Entonces la adulacion no aparece ante el mundo dis- 
culpando los hechos de los tiranos. En la deshonra y en el 
vituperio de los perscguidos, previene disculpas contra las 
sospechas de aquellos que con asombro y horror senalan 
en su entendimiento los labios que mandaron la sangrien- 
ta ejecucion, y las manos que dieron a los ascsinos el in- 
fame precio de generosas vidas. 

En otra ocasiones la inicua politica de los tiranos se 



-^-581— 

sinre de la poca esperiencia de las Tictimaa, les prepara 
aitificiosos lazos y las arrastra con el engafio a ellos para 
que encuentren su tumba, en vez de salvacion, y su vitu- 
perio en vez de libertad 6 alabanza de los bucnos. 

Luego que ban perecido los objetos de la saAa de la 
tirania, la adulacion infama a los muertos u oprimidos con 
perpetuas cadenas. Y el mismo hecho a que fueron ar- 
rastrados estos por la astucia de los tiranos, se trueca en 
baldon del misero perseguido. 

Los aduladores callan la causa que llevo a una es- 
condida muerte a los acusados de faisos crimenes : y pu«- 
blican como acto de locura 6 desesperacion, lo que tan 
solo es secreto impulso de la destreza opresorayde la sed 
de venganza que reside en los que dominan cruelmente a 
las naciones. 

Con la muerte paga la inocencia el delito de haber 
ofendido a la tirania, y con la infamia eterna de su nom- 
bre, la pena de haber concitado contra si los cnojos de los 
iiranos. La vcrgiienza de estos por sus ruines hechos, 
quiere ocultarse detras de la calumnia, despertada por la 
adulacion en oprobio de los que perecieron de orden de la 
iniquidad, schora casi siempre del mundo. 

El principe don Carlos en los mismos medios que le 
facilitaron para la muerte sus verdugos, dio armas a los 
historiadores de Felipe II, hijos de la adulacion palaciega, 
para que arrastrasen su h6nra. 

Todos culpan a Carlos de haber bebido agua enfriada 
con nieve y de haber regado con esta los colchones de su 
lecho; y todos callan que una y otra cosa eran usadas, 
como remedios en las calenturas^ por los mas doctos me- 
dicos que Espaiia entonces tenia. 

Dejando aparte las opiniones luteranas del principe 
don Carlos, se puede decir que tuvo este joven dos gran- 
des delitos para su padre y para los inquisidores : el ser 
amador del oien de sus subditos y el no usar de la hipocre- 
sia politica en una corte donde los histriones de virtud 
ocupaban los puestos preferentes. 



Quiso luchar un mancebo de veinte y tres alios, nada 
esperto en los artificiosy accionesabominables delos faom- 
bres, con un rey sagaz, cruel y disimulado y con politicos 
maestros en las astucias del crimen. 

Todo el poder de un monarca, temido por sus fie- 
ras vcnganzas y feroz severidad; y el de unos vaiidos, sier- 
vos sumisos a sus ordenes se conjuraron para oprimir al 
principe don Carlos que solo sabia del mundo que en 
Flandes Uoraban sus vasallos la mas barbara y sangrienta 
de las tiranias y que en el heredero de aqueilos estados es- 
peraban el remedio de sus adversidades. 

Gercado por la sana del rey, por la susnicacia de los 
validos y por las delaciones y falsa amistad ae uno de sus 
parientes, perecio el infeliz don Carlos, victima de sus de- 
seos de aniquilar en Flandes el orgullo de los inquisidores 
y la crueldad de su padre Felipe II. 

En un tiempo en que los heroes de Espana, vence- 
dores al pie del Capitolio, en los campos de Italia, Francia 
y Flandes, sobre las olas del mar, en los desiertos arenales 
de Africa, poblados por breves horas por los barbaros para 
defender en ellos el paso de sus ciuaades, y en fin en las 
dilatadas tierras de America, Servian con su valor a la glo- 
ria militar de su patria, pero no a su libertad politica, le- 
vanto la voz en defensa ae los oprimidos el principe don 
Carlos, sucesor destinado por la naturaleza a la corona de 
esta monarquia. 

Nuestros famosos capitanes domabah las cervices de 
los rebeldes 6 de los enemigos de Espana ; pero jamas dc^ 
fendieron de palabra el bien publico de la nacion que los 
tenia por bijos. Eran orgullosos leones contra los adver- 
sarios de su rey, y mansos corderos para tolerar las opre- 
siones de los soberanos de la casa de Austria. 

La empresa de defender el bien publico de Espa&a 
quedo reservada para un joven de veinte y tres afios des- 
cendiente de Carlos V. Suya fue la gloria de accion tan 
noble ante los oprimidos, tan temeraria c inicua ante los 
opresores, tan desatinada ante las calumnias de la adula- 



cion, y tan grande ante la justicia historica. 

El mismo Felipe II abrio los ojos ante la luz del des- 
engaiio, luego que sus ejercitos fueron aniquilados en las 
porfiadas guerras de Flandes. Los holandeses, defensores 
de su libertad y constituidos en republiea, fueron inven- 
cibles ante las buestes del rey dc Espana. Este despues 
de baber perdido dinero, gente y reputacion en la empresa 
de domar a los flamencos, hizo casi a lo ultimo de suvida 
lo que el principe don Carlos babia determinado para pa- 
ciiicar aquellas civiles disensiones. 

Felipe II quiso perpetuar en alguno de su familia el 
senorio de Flandes, ya que no podia conservarlo para si, 
pues su politica cruel y sus vencedores e insolentes ejer- 
citos babian enconado de tal modo los animos, que 
en la pelea buscaban los oprimidos mas la venganza de 
las injurias becbas por los espanoles que la misma li- 
bertaa, y aun deseaban tambien acabar en una bonrosa 
muerte con tal de esterminar a sus feroces y valientes 
enemigos. 

Carlos en la edad de veinte y tres anos, sin la gran es- 
periencia politica que ba tingido hallar en su padre el de- 
seo de los aduladpres, conocio el modo de remediar la re- 
belion de Flandes, por medio de una persona de la casa 
de Austria con titulo de soberano de aquellos paises, y no 

1)or medio de gobernadores, siervos de la crueldad de Fe- 
ipe II. 

Con la muerte de don Carlos se cstrrmecieron de 
terror los oprimidos espanoles y hallaron los flamencos so- 
lamente en las armas la esperanza de recuperar sus liber- 
tades. 

Felipe II, infamador de su hijo y tirano de sus buenos 
y grandes deseos, canonizo la memoria de don Carlos en el 
necbo de poner al cabo en Flandes un soberano de la casa 
de Austria, como deseaba aquel desdichado principe, antes 

gue las guerras destruyesen los ejercitos y la hacienda de 
spaiia, y que ignominiosamente se perdiese para esta mo- 
narquia el dominie de tierras tan dilatadas y poderosas. 



No dio Felipe toda la libertad que los flamencos qUt^ 
rian y necesitaban, sino tan solo un princfpe de su famn 
lia para qn^ al menos quedase en ella el sefiorio de F^landes/ 

Asi la misma tirania ticne que inclinar la cervis ante 
la ley imperiosa del desengafio. Asi se ve obligada a que- 
brantar los yugos con que pretende oprimir etemamente 
al mundo, y asi contra la aduiacion que le sirve dc rodillas 
es reducida a la miseria de confesar, ya que no con las pa- 
labras con los hecbos, la injuslicia de los castigos con 
que afligio a los buenos, y la utilidad de seguir sus pare- 
ceres. Cuando cstrechada por las consecuencias de sus 
errores y crimenes politicos, sigue la tirania con lagrimas 
en los o]os, con risa en los labios y con ira en el corazon el 
camino de la virtud, llama heroicas $icciones hijas de la ne- 
cesidad de los tiempos, a lo que antes en personas ama- 
doras del bien publico calificaba de delitos y de locuras. 

El tiempo es el mas terrible vengador de los insultos 
con que ofende al linaje humano la tirania. No bay ma- 
yor castigo para un tirano, que verse compelido a ejecutar 
para deuil conservacion de su antiguo y violento poderio 
cuanto miraba antes con horror y con deseos de vengansa. 

Los tiranos tienen verdugos para destruir a los que 
aman la libertad de su patna y el remedio de sus desdi- 
chas ; pero los pueblos encuentran en el tiempo el casti- 
gador mas justo de la tirania. 

Muchas veces el mayor disimulo en los crimenes po- 
liticos viene a ser causa de que con mas facilidad se bagan 
paten tes al mundo con escandalo, terror y maravilla. 

De esto nos da un tristisimo ejemplo el rey Felipe en 
la prision y muerte de don Carlos. 

Cuando aviso de la reclusion del hijo a los soberanos 
de Europa, a los grandes de Espafta y a las ciudades de 
su reino, empeiiosu palabra dedeclararlesel poderoso mo- 
tiTO que lo nabia obligado a un hecho tan notable. Pero 
arrepentido de la promesa, creyo mas oportuno esconder 
en el silencio de la tumba de Carlos la ocasion dr su 
castigo. 



Lios tiranos juzgan en lo secreto de su alma tan atro- 
ces sus crimenes, que prefieren ocultarlos; porque recelan 
que no han de hallar disculpas ni razones politicas, bas- 
tante poderosas para engaiiar a los pueblos. 

Lai tirania siempre anhela que sus perversas ac- 
Clones se pierdan en la memoria de las gentes. Y es tan 
violenta la fuerza de voluntad de un tirano, que busca 
en la preseneia de un nuevo crimen el olvido del mas an- 
tiguo. Los que oprimen a las naciohes con todas las ar- 
mas que les presta el conocimiento del corazon humano 
y el aeseo de mantener su seiiorio contra los enemigos 
propios y emulos estranjeros, se enganan hasta el estremo 
de creer, que asi como entregan sus crimenes politicos a 
un estudiado olvido, tambien los pueblos los olvidaran fa- 
cilmente. 



49 



LIBRO SESTO. 



El orgullo de los pueblos, lisonjeado por los tiranos 
r« el mas grande enemigo de la libertad politica de las 
naciones. 

Cuando en las glorias militares, adquiridas eu estra* 
lias guerras encuentran los pueblos la mayor ventura, se 
dejan arrebatar sus libertades por la tirania, sin advertir 
la mudanza del estado y sin oponer resistencia. 

Solo miran el triunfo de las armas de su patria ; las 
numerosas huestes enemigas huyendo en derrota ante el 
valor de los de su nacion, y las ciudades de los eontrarios 
rendidas en portiados asaltos. 

Cada victoria acrecienta la vanidad de los pueblos 
y enciende los pechos en un vivisimo amor a la persona 

3ue rige el estado. Los tiranos aprovechan los instantes 
c alegria y de presuncion con que la muchedumbre 
aplaude las empresas militares, dichosamente acabadas, y 
mientras esta tiene fijos los ojos en las guerras, van echan- 
do poco a poco cadenas a la libertad, y consiguiendo bor- 
rar de los entendimientos el recuerdo del bien publico. 

Sola Esparta se salvo de la tirania en medio 'de las 
marciales glorias ; porque en esta republica, hija de las 



virtudes, era mas terrible para los tiranos el aiiior de la 
libertad civil que el orgullo del pueblo por las victorias* 

Pero en noma cuando huyo de Ja republica la virtud 
antigua, y cuando se aseguro el seiiorio de las estra&as 
tierras por medio de repetidas batallas, alcanzadas de los 
enemigos, el amor de la libertad se troco en deseo de 
mas glorias militares. Los pueblos inclinaban las cer- 
vices ante los vencedores, y ofrecian en premio de los 
trofeos adquiridos en la guerra, y del nombre romano di- 
latado por el muhdo, el bien interior dd estado. El me- 
nosprecio de la libertad civiLiucedio al vehementisimo de- 
seo de conservaria contra los tiranos ; porque era preferi- 
do el orgullo a las viKudes, y una inutil gloria a la ma- 
yor de las felicidades. 

Por eso Sila se ensehoreo de la republica : por eso 
Cesar usurpo la soberania con el vencimiento de su pa- 
tria ; y si Marco Bruto restituyo a Roma la libertad, las 
glorias militares de Augusto rindieron los libres animos 
;)or medio de la admiracion y por el lisonjeado orgullo de 
OS pueblos con las victorias del que lue^o fue arbitro del 
mundo. 

Esta vanidad, infeliz para los pueblos, tambien en 
Espafia domino por espacio de muchos siglos. Cada trinn- 
fo de las armas espanolas era un fundamento de orgullo 
para nosotros: y micntras saludabamos con aplauso al 
monarca vencedor, este echaba un yugo mas sobre nue&- 
tras cervices. 

Y el exagerado amor de las glorias militares de la pa- 
tria, toma de tal manera posesion de los animos que aun 
hoy para juzgar los heclios horrorosos de Felipe \i, se mi- 
ra mas al recuerdo de las batallas de San Quintin y de Le- 
panto que a la interior tirania y destruccion de Espafia. 

La flaqueza del entendimiento es tal y tan grande y 
anda tan desvalida en el mundo la virtud, que no se dirige 
el raciocinio por la luz de la verdad y del desengafio, sino 
por las lisonjas que al orgullo de los mortales presenta la 
tirania para encubrir las iniquidades de sus acciones. 



I 



anicfbibclft Ipor. b. ivifame tpolitica 4^. \m aatiito ttran^ : 
■aada queflenayan consumioo en dostrtiUoras guerras, uii- 
ikd:tan ^a\» a la n^ona militar de lo6 |EMieblo&> no ^oJo^ las 
riqueEftg^ sino 4amtHcn lafi vidas. En el reinado «n c^e 9e 
eoDsiga una victoria de puro oondjre, logra tener la palm 
un monarca grande y reparador de los tiempos, segun Ja 
manera de juzgar que liene y ha ieiudo en totLos los siglos 
la adulaciofi 6 la ignoraocia. 

Asi una estupida tilosofia encumbra en nuestra edad 
Ids bechos de Felipe II, y se atreve a pretender para este 
monstruo de crueldades y de perversa y desiructora poli- 
lica el liiulo de gran padre de la patria, nombre con que 
Roma konraba las virtudes de Trajano, 6 mas bien se bon- 
raba reconociendo la magnanimidad de aquel ilustre em- 
perador nacklo para bien de los pueblos. Trajano, al 
comenzar su imperio, entro en Roma, y no bubo en Roma 
ningun padre que llorase la muerte de su bijo, ningun 
faermano la del bermano^ ninguna esposa la del esposo (1). 

Felipe al principio de su reinado entro tambien en 
Espana; y ILspatia Uoro en celebridad de su venida las 
mu^^tcs horribles en fuego ejecutadas de orden del mo- 
narca en las pei^onas de los protestantes. 

Alabe la adulacion cuanto quiera a Felipe II: y diga 
en disculpa de sus hechos que al destruir a los herejes 
solo miro.Ia conservacion de la unidad religiosa en Es- 
pana, y que en los secretos castigos que mando ejecutar 
en hombres que se oponian a su politica, solo proeuro la 
seguridad interior de nuestra patria. 

Asi se canonizan todos los delitos inicuos de los ti- 
ranos: asi se puede enganar con falsas y estupidas razones 
al vulgo : asi una ignorancia, que pretende ser hija del 
mas profundo conocimiento del corazon del hombre, erige 
altares a la iniquidad de la tirania*. 



( 1 ) Plinio cl joven. — Panegirico de Trajano. . 



Los me en los hechos crudes de Felipe II solo hallan 
una grandeza de alma, y un celo- del bien, dienos de los 
mayores elogios^ digan igualmente que Neron kie un mo* 
narca superior a sn siglo : que conocio los tiempos en que 
vivia: que al pretender la destruccion de los^ cristianos por 
medio de horribles tormentos y persecuciones, solo quiso 
conservar la unidad religiosa de sus estados, y en fin, que 
con las muertes de la flor de la nobleza de Roma solo an- 
helabk salvar el imperio contra los deseos de cuantos que^ 
rian la libertad de la republica. 

De este modo con que los historiadores de Felipe II 
disculparon sus maldades, se elogian los crimenes de Pferon 
y Diocleciano en azote de la humanidad y en ofensa del 
bien de los estados. 

No se funda la grandeza de los polittcos en destruir los 
estorbos que se presentan a la feliciaad de las naciones por 
medio de una barbara violencia; porque el abuso del po- 
derio y la fuerza contra los desarmados son cosas faciles 
de kacer aun por los hombres de menos raciocinio, sino 
en conseguir por ardides que no tengan apariencias de ti- 
rania la posesion del objeto de sus ambiciosospensamientos. 

No es menos estupida la politica de monarcas como 
Neron, Diocleciano y Felipe II, que hallaban en los castigos 
mas violentos y espantosos la seguridad del imperio 6 del 
reino. , 

Aparentaban la pretension de salvar a la patria contra 
enemiffos interiores, pero los remedies se convertian en 
dafio de mayores estragos. La ignorancia 6 el deseo de 
la tirania encuentra licitos todos los crimenes politicos, 
porque a los tiranos nada importan las destrucciones de la 
patna, siempre que se conserve entre sus ruinas el pode- 
rio con que oprimen a los vasallos. 

Los tiranos constantemente recelan que ban de salir 
de entre la muchedumbre popular los vengadores de la 
libertad y de las leyes. Por eso cercan de un estudiado 
aparato de falsa- grandeza todos los pasos de su vida para 
grangearse el amor del vulgo, que en momentos de necio 



— SiM— 

entnsiasBM sude entregar, enfaftwio por &l9as esleriori- 
dades el bien de la patna a los opresofes. 

Escuchan con eozo los aplausos de euantos los juz- 
ffan destinados por la. humanidad para felis reparacion de 
las mudansas y desdichas que traen consigo los tiempos, 
pero temen que los parciales de los ofendidos con las opre- 
siones derrioen por el pie la torre dc los engaftos, fabrica 
suntuosa que por la esclavitud es Uamada alcazar de la 
justicia. 

Los tiranos se cubren con el manto de la kipocresia 

I>olitica^ y castigan publicamente la adulacion, si la adu- 
acion en sus exagerados elogios deja entrever con palabras 
poco meditadas la existencia de la tirania. 

Ante Felipe II un predicador oso decir que lo$ reyei 
tenian poder absoluto sobre la$ penanas y haberes de sue oo- 
ioUos. Esta proposicion^ hija de un animo esclavo y na- 
cido para la servidumbre, aunque lisonjearia el orguUo y 
los deseos de Felipe, no fue bien recibida por este mo- 
narca. En esa sentencia veia el rey una verdad, pero la 
juzgaba peligrosa para si\ y con objeto de engaHar a) pue- 
blo dispuso que el mismo predicador se retraclase de ella 
diciendo publicamente que los reyes no tienen mas poder so- 
hre sus vasallos qtie h que les pennite el derecho divino y hu^ 
fiUino, y no lo que les ordena su voluntad litre y absoluta (1). 
El pueblo cayo en el lazo y no pudo menos de decir 



( 1 ) f Estando vo en Madrid salio condenada por la Inqnisicion 
una proposicion que uno (no importa dezir quien) afirmo en nn 
sermon en San Hieronymo de Madrid en presencia del rey catholico. 
Es i saber; Que las reyes tenian voder absoluto sobre las personas de 
sus vasallos y sobre sus bienes. Fue condenado, de mas de otras 
particulares penas, en que se retractase piiblicamente en el mismo 
War con todas las ceremonias de auto luridico. Hizolo asi en el 
mismo piilpito Porque, sefiores, (asi dixo recitando por un pa- 
pel) los reyes no tienen mas poder sobre sus vasallos del que les permits 
el derecho divino y humano y no por su libre y absoluta voluffiad.t — 
Aotonio Perez. Relaciones. 



Ic 



que tin rey quiellW Ml«rfdi9i'tal' prap«ici«taiv tsmkmmiiij' 
lejosde seguir le^'pasos liefo tirama. • '(> 

Y aunhbmtine^ de gran ingenio y TirtadI sedej^on 
veneer de tos avftitiidM de Felipe para engaftar^if <^ii sigio 
y a las generaciaM^ venideras (1). Bste monarca'qui9 fun* 
taba a la ferocidad de Neron, el diftimulo deTiberio, ere-. 
6 oportuno para no indignari su pneblo, ser opresoren 
OS hechos, pero piibltco infamador de las opresiones. Fo^ 
tirano por naturaleza v por una engaftada politica, y ene^ 
migo de los elogios que a la tirania dedica la adutaclon y 
el deseo de servir a los inicuos. 

Asi Tiberio Cesar, castigador de los que amaban en 
Roma las patrias libeilades, tirano en los hechos y ene* 
migo de la tirania en las palabras, sagaz disimulador de 
sus odios y anhelos de venganza, se preciaba de aborrecer 
a los aduladores del imperio. En su presencia fue acusado 
del crimen de lesa majestad un caballero romano. Su de- 
lito se reducia a haber empleado la plata de una estatua 
del emperador en labrar una vajilla para su mesa. Ti* 
berio se opuso en el senado a que el pretenso reo recibiese 
condenacion alguna, y pidio que se declarase libre de toda 
culpa. 

Un senador, ereyendo lisonjear la disimulada tirania 
de Tiberio, lo contradijo proclamando lo enorme de la 
maldad del acusado, y lo necesario de un terrible castigo, 

fmes la accion de aquel caballero era una injuria hecha a 
a republica. 

Tiberio, impaciente con la pertinaz adulacion de aquel 
siervo del imperio, si este no obro por su mandato espreso 
para que el emperador demostrase su odio a la tirania, 
insto de nuevo a los senadores con el fin de que el reo 



(1 ) El presbitero don Jaime Balmes eo su libro intitulado El 
protestantismo comparado con el catolidsmo elogio esta accion de Fe- 
lipe II, y de ella dedujo que este rey no fue un tirano. El presbite- 
ro Raimes era de superior ingenio ▼ doclrina ; pero conocia muv po- 
00 a los hombres. 



saUese libre de la prision, y absuelto de toda culpa y de 
toda pena (1). 

Asi Tiberio Cesar y Felipe 11^ grandes en oprimir a 
sus siibditos, mayores en las venganzas y maximos en el 
disimulo, engafiaban con estrana perfidia al vulgo y pre- 
tendian engaflar tambien a los maestros en la ciencia po- 
litica de las naciones, y en el conocimiento del corazon 
humano. 

Para los que juzgan, segun la esterioridad de los he- 
chos, el odio que manifestaron a la tirania Tiberio y Fe* 
lipe 11, es una muestra del respeto con que miraban am- 
bos monarcas a las leyes, y del deseo de regir sus estados 
con los auxilios de la justicia. Felipe II al destruir a los 
protestantes espaholes fue un necio politico, si la razon de 
estado lo obligo a perseguirlos a sangre y fuego ; porque 
los daftos que atrajo sobre su patria arrebataron de ella el 
valor, la ciencia y las virtudes. 

No merece disculpa ni elogio el hombre que deseoso 
de salvar de una ruina lamentable y espantosa a los pue- 
blos, se sirve de tales medios, que en vez de apartar al- 
gunos males, con jura contra su nacion otros mayores y 
aun mas terribles. 

Espaiia en el siglo XVI tenia varones doctos en todo 
genero de letras, pero el t«mor del Santo Oficio los preci- 
saba a esconder en lo secreto de su alma aquellos pensa- 



(i) Post audit! Gyrenenses, et, accosante Anchario Prisco, 
Cjesios Gordus repetundanun damnatur. L. Eonium, eqciitem Ro> 
manno, majestatis postulatum, fuoei effigiem Prineipii promiscuum ad 
usum argerUi vertisset^ reel pi Gaesar inter reos vetuit ; palam aspemante 
Atejo Gapitone, quasi per libertatem: Non enim debere eripi p<Uribu$ 
vim statuendi, neque tarUum nuUeficium impune habendum : sane len- 
tu$, in $uo d(Uare eiset reipublica injurioi ne largiretur, loteUeut haec 
Tiberius nt erant magis, quam ut dicebantur : perstititqae interce- 
dere. Gapito insisnior infamia fuit, quod humani dinnique juris 
sciens egregiam piwUcum el bonas domi artes deshonestansset. — €• 
Camdii Taciii, Annalium^ Liber Tertiui. 

SO 



mienlos aue diferian dd modo con que en las ciencias ra- 
zonaban los te6logos. 

Es tan dodo que eild en peligro de ter luterano^ decian 
estos al kablar de un erudito amador de la ciencia. 

En las escuelas espalkolas se predicaba la teologia es- 
colastica^ solo porque los proiestantes la veian con despre- 
cio. Quien presentaba argumcntos contra Aristoteles y su 
dialectica y contra los abusos del escolasticismo, era con- 
siderado por los inquisidores como un hereje. Quien al 
tratar de geometria osaba decir mas de lo que ense&o Eu- 
elides, al punto hallaba un estupido caliiicador del Santo 
Oficio que se atrevia a negar las verdades matematicas, y 
acusaba de nigromante 6 brujo al autor que queria doc- 
trinar a su patria: por ultimo, a quien en el estudio habia 
adquirido el conocimiento de las lenguas oricntales, des- 
tinaba la Inquisicion el titulo y castigo dejudio, moro 6 cu- 
mdtico. 

El erudito que por su infelicidad sabia mas que los 
teologos inquisitoriales, estaba sujeto a las aseckanzas de 
estos tigres. Si encontraba en las obras de Tulio un pa- 
saje equivocado por yerros del escribiente 6 del impresor, 
no podia corregirlo ; pues los del Santo Oticio 6 los ecle- 
siasticos sus parciales, consideraban al curioso como reo 
sospeckoso en materias de fe ; porque asi como enmendaba 
los escritos de un autpr gentii, tambien osaria enmendar 
algunos testes de la Biblia. Y si el erudito kablaba contra 
los comentadores de Aristoteles, la barbara suspicacia de 
los teologos decia que aquel hombre estaba a punto de 
kablar mal de cuantos comentarios ban tenido las sagradas 
letras (i). Si algun sabio, para asegurarse contra tales acu- 



( 4 ) El erudito Pedro Juan Nunes en carta que dirigio d Gero- 
ninio de Zorita desde Valencia el 17 de Setiembre de 1566 (T^nse 
La$ AdicUmes de Dan Diego Jos^ Dormer d los progretoi de la HUtoria 
de VgiarroxJ decia: cSi no tariese la aprobacion de vmd. desespe- 
raria en paaar mis estadios adelanle, noteniendo en esta ciudad pei^ 



— 305— 

saciones, dedkaba sus trabajos a los jueces del Santo Oficio, 
estos ni respondian al auior, ni menos se dignaban mos* 
trarle su agradecimiento por las dedicatorias. 

Hernan Nunez, conocido con el nombre de el ro- 
mendadar gi^ego, dedico una correcta edicion de las obras 
de Seneca al cardenal Tabera, inquisidor general; pero ni 
respuesta, ni atencion alguna merecio por su tarea j por 
su muestra de respeto. No le kubiera acontecido cosa 
distinta seguramente con el rey Atila 6 con algun otro 
caudillo de los barbaros del Norte, que para destruccion 
de las artes y de las ciencias infestaron las nacioncs cultas 
de Europa (1). 

Los teologos, enemigos de la ciencia, hicieron que la 
Inquisicion prohibiese no solo los libros de autores de 
sospechosa aoctrina, tales como Savonarola (2) y Eras- 
mo (3), sino lanzaron sus cinatemas contra las traduccio- 
nes castellanas de la historia general del mundo, escrita 



soaa con quieQ poder comuoicar una bnena correccion 6 espiicacion 
6 exposicion : no porque no haya en esta ciudad personas doctas ; 
pero siguen diferentes estudios ; y lo peor de esto es que no querrian 
que nadie se a/icionase d eitas ietrae numaMU por los peligros, como 
eUos pretenden que en ellas hay^ de que asi como enmiendael humanista 
un lugarde Ciceron, asi enmendard d uno de la sancta Escritura, ydi- 
eiendo mal de los comentadores deArist6teles,kardlomismo de los doc- 
tores de la Iglesia, Estas j otras semejantes necedades me ticnen 
tan desatinado que me quitan machaa yeces la gana de pasar 
adelante. » 

( 1 ) Feraan Nunez. Annotationes in Senecw philosophi opera. 
— Venetiis 1536, Qu^jase del cardenal Tabera el raismo Nunez en 
sn otra obra intitulada Observationes in Pomponium Melam: Salaman- 
tiem 4543, 

i2) Las ohras que se kalian romatipadas del excelente doctor 
, ^ Jierdnymo Savonarola de Ferrara, Anvers^ for Martin Nucio, 
sin auo de impresion. De estas obras solo se pronibio por el Santo 
Oficio la exposicion del pater noster. 

(3) £1 Enchiridion 6 manual del caballero christiano, de Eras- 
mo {Anoers, por Martin Nueio, 1555,) es la linica traduecion caste- 
liana de obras de este autor que ha Tenido d mis manos. 



por lustino, abreviador de Trogo Pompeyo (1), contra las 
que se habian hecho de las antigiiedades judaicas de Flavio 
/osefo (2), contra las del libro de Polidoro Virgilio, sobre 
los inventores de las cosas (5), contra las de las novelas de 
Juan Bocaccio. (4), y en fin, contra las de otras muchas 
obras de la antigua Grecia, de la antigua Roma, y de lo 
demas de Europa en lo que conocemos hoy por la edad 
media. 

De esta suerte se perseguia el raciocinio en los tiem*- 

Eos de Felipe II, donde por las guerras de Espaua con 
uropa y por el dilatado dominio de esta corona, habia 
muchos hombres que en sus viajes habian aprendido di- 
versidad de ciencias y adiestrado su entendimiento para 
perfeccionarlas. 

La filosofia se convirtio solo en disputaciones teologicas, 
la medicina quiso mantenerse libre de ellas, y al cabo vino 
a caer en lo que tanto temia : y las ciencias matematicas 
permanecieron reducidas a la mayor miseria. 

Por eso Espana ciienta solo a Un filosofo digno de tal 
nombre en el siglo XVI : Juan Luis Vives, ingenio que 
para pensar bien tuvo que alejarse de su patria, y no vol- 
ver mas a ella ; porque su obra sobre la causa de la cor- 
rupcion de las artes y de las ciencias descubria en su au-> 
tor un criterio, que los fanaticos de Espaiia sin duda mira- 



( 1 ) Justino, clarissimo abrepiadar de la kistoria general del fa- 
tnoM y excelUnte historiador Trogo Pompevo, Alcalde for Juan 
Brocar, 1540. El trad actor fue un capitan llamado Bustamante. 

(2) Vease la nota 3 de la pdg. 260. 

(3) De Polidoro Vireilio hay nna antigua tradnccion que no 
conozco. En 1599 se pubtico en Medina deiCampo Los ocho libro$ 
de Polidoro Virgilio, de los inventores de las cosas conforms al que su 
santidad mandd enmendar, 

(4) Las den novelM de Juan Bocaccio, Toledo 1524, (2.* edi- 
rion ) . El Santo Oficio no conocio seguramente la traduccion del 
Libro de las ilustres mujereSy del mismo autor. (Seyilla, 4528), 
puesto que dejo sin prohibir una obra, en cujo dltimo libro se da 
como cosa cierta el cuento de la papisa Juana. 



—Sy- 
rian cfMBO una fuente inagotable de impiedades y de 
hei'ejias. 

Algunos medicos espalkoles en aquella edad discur- 
rieron iibremente en el conocimiento de las dolencias, y 
aan preslaron a la kumanidad importantes servicios en 
descubrimientos anatomicos. Pero la teologia pretendio 
dominar y al tin domino en la medicina. 

La historia se redujo a relacion desnuda de los suce- 
sos, kecha con poco criterio, y a descripciones y discursos 
escritos con elegancia y majestad recordando las obras de 
los grandes maestros de Grecia y Roma. Hurtado de Men- 
doza y Mariana se acercaron en la diccion y en solo al- 
gunos pasajes, el primero a Salustio y Tacito, y el segundo 
a Tito Livio. Pero no es de historiadores que florecen 
en siglos donde impera la mas horrible de las tiranias es- 
cribir con amor a la libertad, con deseo de ensehar a los 
pueblos en las astueias de los tiranos, y con el criterio que 
el mundo anhela hallar en las historias. 

La poesia que ya celebra la muerte heroica de Caton ^ 
en los arenales cle Ctica, ya entona himnos de alabanza a 
Cesar, usurpador de la soberania romana, y que lo mismo 
ensalza la castidad de la fabulosa Lucrecia, que la vei'- 
dadera, insolente e invencible lascivia de la adultera es- 
posa del estupido Claudio^ facilmente inclina al yugo la 
cerviz, y en todo encuenira bellezas. Bellezas tiene para 
la poesia la libertad, si la libertad es senora del mundo: 
bellezas la tirania, si la tirania con nombre de celo del 
bien publico aflige a los mortales : bellezas el patrio amor 
si la patria alcanza victoria : bellezas en las desdichas de 
las naciones, si las naciones se yen derrotadas por nume* 
rosas huestes estranjeras : bellezas la virtud, si los vicios 
huyen de su siglo : bellezas los vicios, si la virtud se es* 
conde de las miradas de los mortales. 

Asi la poesia cantaba alegre y felizmente, cuando re- 
gian en Espafia los inquisidores, mientras que a sus acen- 
tos lanzaban las ciencias moribundas voces de dolor 6 pa- 
labras de deltrio. 



Un siglo despues de haber establecido 8u tirania Fe- 
lipe U y de kaberla continuado sus sucesores, las ciencias en 
Espaila estaban reducidas a la repeticion de vulgaridades y 
desatinos. Sola la teologia alcanzaba premios en aquella 
desventurada edad^ en tanio que las obras que ensenan al 
hombre a pensar eran vistas con injurioso desden 6 con 
el deseo de encontrar en ellas proposiciones hereticas (i). 

Los hombres^que algo sabian,nada publicaban acerca 
de ciencias, pues no querian que el Santo Oficio de la In- 
quisicion los arrastrase a sus mazmorras para recibir en 
premio de haber ensenado verdades a su patria, terribles 
opresiones, confiscacion de bienes, infamia propia y de su 
Imaje, y aun la muerte en autos publicos cte Fe como reo 
de los mas inicuos delitos. 

La ignorancia entonces tomo posesion de las ciencias; 
y para perpetua deshonra del ingenio espanol escribio ri- 
sibles tratados de filosofia, matematicas, historia natural 
V todo genero de letras, logrando con la necedad de sus 
autores entontecer al grande y generoso pueblo de Es- 
pana. 

No produjo nuestra patria en aquellos miserables 
tiempos un Newton, un Leibnitz y un Descartes ; pero 
en cambio publicaban los teologos espaftoles obras en que 
con razones muy vehementes se disputaba si los duendes 
tenian 6 no tenian tacto (2), y se aseguraba que Martin 
Lutero fue hijo del mismo demonio que vino al mundo 



(1 ) cAunqae es verdad que se leen j ensenan en Espana to- 
das las artes j sciencias liberales y ay consumados doctores en ellas, 
lo principal a que se aplica y atiende el espanol es a la profesion de 

la sagrada teologia, cinones v leyes aoiendo infinitoi premios para 

dUis en tan gran monarquia, y ninguno para la$ demds sciencias y ar^ 
tes : ni aun son favareeidas ni estimadas como en los tiempos antiguos 
de los Principes y Mecenas.t — Lilnv de las cinco Excelencitu del Es- 
paiiol que despueblan d Espalia para su mayor pottncia y dilatacion. — 
PampUma 1629. 

(2) Vease la obra intitulada El Ente dilueidado. 



—309— 

para engendrar en una ramera a aqud fiunoso proles* 
Unte (1). 

En escribir tan ridiculas necedades se ocupaban los 
espaholes, en tanto que las cicncias huian de un estado, 
donde el uso de la razon era un delito, y donde solo reci- 
bian premio la mas grande ignorancia y el desprecio de 
iodo ejemplo de virtud, de valor y de sabiduria. 

Los matematicos no salicron de los preceptos de Eu- 
clides ; y si en algo se separaban de cllos, 6 se veian en la 
obiigacion de enmudecer, 6 sus trabajos eran Iruto de una 
razon estraviada por la opresion y porla ignorancia de los 
tiempos. 

Alterose de una iristisima manera el inodo de discur- 
rir en las ciendas, en los delitos y en las acciones enca- 
minadas por la sinceridad del animo y por el mas vehe- 
mente afecio de la juslicia. 

Arrastrados de un insolente furor los escritores asce- 
licos de aquel siglo contra todo sentimiento de libertad y 
de amor patrio, osaron escarnecer las memorias ilusti'cs de 
los mas grandes ejemplos que para perpetua admiracion 
de las edades dieron al mundo la ssibia Grecia, y su dis- 
cipula la vcncedora y temida Roma. 

El proposito de tales au tores no era otro que doc- 
trinar para la servidumbre a los pueblos, haciendoles 
aborrecibles y ridiculas las hazanas de los que trabajaron 
en libertar a su patria, de los que destruyeron a los tira- 
nos y de los que prefirieron el bien publico a la propia 
ambicion, a la propia seguridad y al propio acrecen- 
tamiento. 

Asi uno de los mas famosos escritores asceticos que 
tuvo Espaiia en el reinado de Felipe II, se atrevio a llamar 
xitnios 6 tnonos de virtudei a los Heroes de la antiguedad 
griega y latina. Ante su deseo de servir a los tiranos, fue 
un ximio de virtud Leonidas al perecer con seiscientos de 



( I ) Martin Antonio del Rio. DisquuiHowmn magicarum 



los suyos ennudio de las kuestes poderosas e innumera* 
bles d!el orgulloso Xerxes, esparciendo en su campo la 
muerte, y el horror y hasta la propia y ajena sangre 
para deiener el impetu de los enemigos y para asegu- 
rar la defensa de su patria: ximio de virtud Licurgo, 
dando leyes a Esparta y corrigiendo con ellas la grandesa 
de los vicios : ximio de virtud Solon, legislador de Ate- 
nas, amante de la prosperidad de sus armas y queriendo 
mas gemir en el destierro que tolerar la tirania de Pisis*^ 
trato: ximio de virtud Trasibulo, arrojando de su pa- 

dea 



tria a los treinta sangrientos tiranos y moderando los 
ordenes de la republica: ximio de virtud Timoleon, li- 
bertador de Siracusa y de toda Sicilia, prudente en las 
Venturas ; enemigo de la tirania de su hermano, cu^ndo 
este pretendio oprimir a su patria ; grande en la guerra^ 
justo y bondadoso en la paz, e igual en ambas fortunas : 
ximio de virtud Tiberio Graco, tribuno de incontrastable 
firmeza de animo para el bien de los romanos y latinos, 
muriendo en defensa de las leyes y por la felicidad de su 
nacion, perseguido como un infame sedicioso y alabado 
por su valor y justicia hasta en las lenguas de los mas ter- 
ribles de sus contrarios: ximio de virtud Caton el cen- 
sor, venciendo en el senado con sus palabras elocuentes, 
despues de veneer en los campos de batalla a los emulos 
de Roma, y pronunciando sin cesar la sentencia de muerte 
de Cartago : ximio de virtud Caton su nieto, prefiriendo 
morir en los arenales de Utica a presentar al mundo su 
valeroso animo rendido ante la lisonjera fortuna de Julio 
Cesar : y en fin, ximios de virtudes Marco Bruto, Epieteto, 
el constante Marco Aurelio y los mas ilustres y generosos 
varones que honraron el valor lacedemonio, atico y la* 
tino (i). 



(i) Fraj Lwa de Granada en la IfUroduccion al timbolo de la 
F«, (Salamanca, 1582.) parte 11 , menosprecia a los mas gT>u^ 
des b^roes de la anligileoao sin nombrarlos, y laego dice : cTodas 



—401— 

i se inientaba apartar de dios los animos para me- 
)or esclavizar a los pumlos : asi los teologos se burlaban 
de las virittdes de los hoinbres : asi del amor patrio : asi 
de.la dignidad de la razon: asi de la libertad, fuente de 
inag;otables bienes: asi se enseftaba la doctrina de que el 
kombre no debe buscar el bien de su semejante sino la 
utilidad propia : asi se aconsejaba el desprecio de las gran- 
des hazafias: asi se vestia la bondad con la mascara de 
la locura. 

Pero si de esta suerte los teologos blasfemaban de las 
virtudes, tambien dirigian blasfemias a Dios, y se decia- 
raban interpreles de la voluntad divina. 

<(Es cierto (se atrevian a esclamar) que Cristo no 
uso ni quiso que los suyos usasen de rigor con los herejes: 
es cierto tambien que el Verbo humanado llego a decir, ^No 
$abeis que sots mis hijos y que no vine a matar sino a dar a 
todos vida? Pero aunque esto aseguro, lo hizo para enga- 
fiamos; porque yo que se lo que piensa Dios^ puedo afir- 
mar que su voluntad no es otra que se persiga de muerte 
a los nerejes, y que a todos el Santo Oficio arranque el vital 
aliento sin consideracion de ningun linaje(l).» 



aquellas ▼irtudes filosoficas, apenas merecen llaraarse soinbras y fi- 
garas delas nuestras. Antes parece que asi como los ximios hacen al- 
gonas cosas en qae en alguna manera.imitan las obras de los hombres, 
asi todos estas mrtudes de fUdsofos se pueden Uamar obras de ximios,^ 

Fray Luis de Granada no opinaba con los seglares de sn siglo ; 
pues eslos leian y admiraban en repetidas traducciones las Vidas de 
los V€Wones ilustres de Plutarco. I^mpoco s^[uia el parecer de Us 
filosofos espanoies de su edad, cuando en toda la primera parte del 
simbolo de la Fe hablaba Granada acerca de las cosas natnrales con 
rasones tan absurdas y noticias tan lienas de errores» conocidos ya 
como tales en su Uempo. 

( i ) c Es necesario abrasar Ineeo al hereje y tomadizo como se 
asa en Espana, que como es nuestra Iglesia bija del Apostol Santiago, 
beredo del padre quemar a' los que no reciben i, Christo y i su doc- 
trina. Y aunque esie Setior no uso deste rigor ni quiso que Is ussasen 
he suyos; y eso les quiso dezir: iNo sabeys que soys mis h^os^yque 
no vine d nuUar sino d dar d todos vidaf Gou todo eso, cs su to- 

51 



Tal manera de discurrir tcnian los te6log[o$, frenelicos 
parciales de los tiranos pol iticos y reKgiosos. Los varones 
anti^os qne perdieron las vidas en honra y defensa de so 
patna, no eran heroes, sino ridictflos ximioi di viriude$. 
Aunque Dios nos ensefto que no habia venido al mundo 
para dar muerte sino para viviiicar, nos eneaiio, por^ 
que sus deseos estriban en la feroz destruccion de lo6 
herejes. . 

Con el deseo de estirpar el protestantismo en Espafia 
e impcdir con mayor ejercito de frailes ({ue las doctrinas 
hereticas entrasen nuevamente en estos reinos, procuro 
Felipe II acrecentar el numero de los que habian de de- 
fenacrlo en sustentacion de su politica, asi civil como re- 
ligiosa: ejemplo que imitaron los Califas de la casa de 
Austria que le sucedieron en la corona. 

Contra las quejas de algunos pensadores catolicos 
mandaba conceder licencias para levantar oratorios e 
iglesias, que por su mala fabrica y ningunas rentas para 
repararlas, presto venian a tierra lastimosamente (I). 

Ordenabanse clerigos que no tenian beneficios ni pa- 



luntad que al blasfemo, liereje y tomadizo le echen de la Iglesia y 
deste mundo. — Tomo I de la conveniencia de ku dos fncnarquioi €ai&- 
ticaSfla dela Iglesia Rinnana y la del Imperio E9paMol> — AutarelMaee-- 
fro fray Juan de la Puenle. — Madrid 1612. 

(i) «SaeIe no pocas vezes ser causa de esta irreTerencia el 
zelo indiscreto de los que en figuri^ndoseles una derocion de yiento, 
la quieren hazer de bairo, si no pueden de cal t canto ; y de aani 
nace el haver tantas Iglesias y Iglesitas, Hermilorios, Hermitas, Ha- 
milladeros, Altares, Hospi tales y oiros lugares de deyocion sin pro- 
posito, que como no tienen fundamento mas de la yanidad de qoien 
los hiso, ni caudal con que sustentarse, luego se caen y las desam- 
paran y quedan hechas corrales v paredones..... y si desto les ad- 
yierte algun hombre de juizio, luego desenyainan con que es luterano 
y hereje el que lo dize, porque estorba al senricio de Dios y de tas 
Santos templos, como si no mese tan gran ofensa suja labrar indis- 
cretamente lo que otros ban de destruir, como destruir h> que otros 
ban Librado.»— Bartolom^ de Albomos. — Arte de lo$ C^ntraim. — 
Valencia i573. 



trimonios liastantes, y lueeo vagaban por las calles con- 
virtiendose en ihendigos (1). 

Las comunidades religiosas compraban y adquirian 
bienes raices« que quedaban exenlos de tributos ; de for- 
ma que todo el peso de estos venia a caer sobre las ba- 
cienaas de los seglares: las cuales eran menos en nu- 
mero (2), 

Disminuiase notablemente la poblacion en las ciu- 
dades y aldeas con tantas personas que se retiraban del 
siglo, buscando en los conventos, aun mas que los bienes 
espiritualeS) la seguridad de la comida y el estar reveren- 
ciados sin temor del tiempo futuro (3). De esla suerte se 



(1 ) cOrdenandose asimismo otros mucho8,sintener beneficio 
6 patrimonio suficiente, de quje resulta verse ya en Espana tanto nil- 

mero de clerigos mendigantes Ya en Espana se naze razon de 

estado por congruencias temporales el hazerse religiosos y clerigos. > 
Discursos politicos, autor el licenciado Pedro Fernandez Navarrete. 
En Barcelona, afio de 1691, por Sebastian de Cormellas, 

(2) Muclias capellanias sc van fundando, y las comunidades 
eclesi£(sticas, Conventos, Religiones,Colegios y Padres de la Compa- 
uia de Jesus van comprando bienes rayzes y adquiriendo por memo- 
nas de testamentos y otras maudas, esenU^ndoIos de la jurisdiccion 
real; y si esto no se remedia, deatro de pocos anos ha de ser la 
mayor parte de las liaziendas ravzes, casas, tierras y heredades bie- 
nes eclesiisticos, y van cessando las alcavalas, como cessan las ventas 
destas posesiones, y lo vienen a pagar los vasallos de V. M. porquc 
ban de curaplir la ralta que en csto buviei*e.> — Diicunoi y.afmn/a- 
mientos de don Mateo de Lison y Biedma, Se^or del lugar de Algari' 
nejo, veynticuatro de la ciudad de Granada y iu Procurador de (bortes 
en las que se celebraron el afio p€uado de iSzl. 

(3) cEn cincuenta anos que ba salido gente de Espana a In- 
dias v otras partes sc ban miilti plica do en olla tan escesivamente io« 
religiosos y clerigos, que faltan de diez partes de gente las siete por 
lo menos, y pienso que ando en la cuenta moderado. Siete mil y 
mas veciiios tenia Burgos y apenas Uega boy i nuevecientos.... So^ 
ria otro tanto, y los dem^fs lugares grandes. Los peqaeuos los ve- 
mos despoblados del todo ; y los raedianos van camiuo de eso. » — 
Socorro que el estado eclesidstico de EspaM podia hazer al Rey N. S. 
con proioecho mayor suyo y del Reyno. Su autor Fr. Af^el Manriqm 
(Monje de San Bernardo). Salamanca 1894. (Mario este escritor 
el ano de i649 siendo obispo en Badajoz.) 



hacia la religion manera de vivir quieta j felijsmenie (i )• 
Arrancaban con titulo de devodon limosnas a Ids po-* 
br<s labradores, oprimidos con los tributos reales^ y los 
compelian a entregar limosnas por el miedo de falsas acu- 
saciones (2). 

Asi el orguUo abusaba de la violencia; asi el estado iba 
cayendo en miserable ruina y asi se conjuraban contra la 
magnanima nacion espa&ola males sin ctiento p<Nrla impe- 
ricia de los que la regian. 

Ayudaban no poco a estos desordenes y daikos los con- 
sejos que a los ricos sin forzosos herederos solian dar los 
eclesiasticos. Estos lisonjeaban la valiidad de los seglares 
y les describian con vigorosos argumentos la lionra que po- 
dia conseguirse fundando, despues de su muerte y con sus 
bienes, muchas capellanias, colegios, monasterios y otras 
tales cosas. Los que escuchaban con fervor las razones de 
los eclesiasticos y irailes, arrancaban de las familias nume- 
rosos caudales, para satisfacer el orgullo de hombres que 
querian que su memoria viviese en los futuros siglos^ya 
que no por las obras de caridad que ejecutaron en vicfa, 
por las que dispusieron para despues de su muerte (5). 



(i) c En los monasterios de hombres no haj que tocar, que 

realmente se sirve a Dios mucbo en elios ; pero ann en estos, se 

atreve la opinion, por lo menos del Tulgo, y hay quien diga mte $e 

. ha hecho ya la religion modo de vivir, que algunos $e ponen d firaiUs 

como d oficio Bien se ve que no tiene fundamento ; pero en esta 

materia el dizque solo, cuando menos fundado, es mas danoso que 
en otras la verdad, ni necesita menos de remedio.i Frajr Angel 
Manrique, obra ya citada. 

(2) Con la multiplicacion de tantas religiones }* tantos con- 
Tentos es forzoso que ^ los trabajos de los labradores se les recreECa 
la c^rga de lantas demandas, como cercan sus pobres panras, dando 
muchas vezes nun por pundonor que por devodon lo que dentro de po- 
cos dias han de mendigar para el sustento de sus familias. > Conser-- 
vacion de monarquias, por el licenciado Pedro Fernandez Navarrete. 
En Madrid en la imprenta real, aiRo de i626, 

(3) cDios quiere que el liombre se destete j descarne de lo 
que tiene para que el pobre sea socorrido de presente ; que de esta 



De aqui Jiacio que mudkos parienles de personam ri- 
casy se riesen consU*eikidos a encerrar a sus hijos en mo* 
nasfcerios, y a sus hijas en conventos; en tanto aue el 
nombre de alguno de los de su sangre estaba celebrado 
en inscripciones de capillas, colegios y otros edificios 
edesiasticos, como el de un generoso fundador de obras 
de tanta piedad y de tanto celo por la dilatacion del di*- 
?ino culto (1)* 

Los eclesiasticos ricos y prepotentes, no cansados de 
devastar los campos con ruina de los labradores, y de en- 



manera el qae lo da, da de lo que es sayo ; mas el que lo dexa para 
despues de sus dias eu obras semejantes, da de lo que no es sujo^ 
sino de los que quedan vivos. Tales son, las fundaciones de col^'- 

Slos, hospitales, monnsterios, patronazgos, capellanias, casamientos 
e huerfanas y otras cosas scmejantcs ^No es cosa de reir que 

dejemos morir los nacidos para remediar los que estdn por nacer? 
Dies que los sabrd criar sin mi ^no los ha de saber sustentar? Esta 
es querer cada uno hazei*se consejero de Dios, el cual no nos enco- 
mendo los pobres que estan por nacer sino los que de presente esUn 
nacidos. Dc estos ie ban de dar cuenta los ricos de su tiempo, que 
cuando el criare los otros, tambien sabr^ criar ricos que los susten- 
ten. Y como los ricos que entonces criare no est^n obligados a' 
darle cuenta de los pobres de abora, asi los ricos de abora, no est^u 
obligados d dirsehk de los pobres de entonces. Esta no ei doctrina 
mia sino dd mismo Dios aue dixo: c Vended lo que pose^vs y dad 
limosna.i No dixo: cVinculad,ni comprad para vincular, sino de 
lo que ya teneys os desbazed y hazed tesoro en los cielos.i Arte 
de los eontratos, compuesto por Bartolom^ de Albomoz estudiante de 
TcUavera. En Valencia, en casa de Pedro de Huete. Auo de 1573. 
(4) cNo se casa mas que elbijo mayor que ba de suceder 6 
ba sncedido eVi el mayorazgo, y los demis se entran frayles, 6 se 
bazen clerigos, y las bijas o hermanas se me ten monjas.... Y aque- 
Uos mismos que se libraron del garrotillo, de la fiebre maligna 6 do- 
lor de coslado y restaron sin morirse los mata despues el mismo padre 
que los engendri, metidndolos frailes y monjas por no poderlos poner en 
estado, puesto que toda la bazienda la ba de Uevar el mayorazgo. > 
Carta fue escrile d V. Jf . don Gaspar de Criales y Arce, ar'fobispo de 
Rijoles^ conde de la ciudad de Bova, setior de CasteUaje &c. y de su 
Cons^o. — Rijoles. En el arpobispal palofio. Por Jacobo Mattei dt 
Medina, MDCXLVL 



riquecer con la hacienda ajena, procuraban luego por 
todo^ los caminos posibles ganar con los granos que ad- 
quirieron sin trabajo y sin nesgo de los propios caudaks, y 
encarecer los frutos que como limosna debida habian al-* 
canzado (1). 

Los lamentos de los labradores no eran escuchados. 

Y tanta confianza tenian los eclesiasticos en su poder que 

t dejaban en libertad de querellarse a los espaiioles contra 

las causas de la universal destruccion de la monarquia. 

jTanto se burlaban de la impotencia de los oprimidost 

Los dafios Grecian en nuestra patria sin encontrar 
quien les preparase una firme resistencia. Todo era ig- 
norancia, confusion y ruina : el orguUo de la necedad ha- 
cia enmudecer a la sabiduria : los sabios conseguian en 
premio de sus estudios el infame nombre de herejes, la 
malicia echo cadenas a la inocencia : la iniquidad se vio 
canonizada : la esclavitud ni aun podia llorar en la oscu- 
ridad y en el silencio lo horrible de su ad versa fortuna: los 
que se adjudicaron toda la gloria de los vencedores afli- 
gieron no solo a los vencidos, sino tambien a cuantos los 
ayudaron en la empresa de lograr la victoria- Guando 
las naciones llegan a tal estremo de turbacion, cuando en 



{{) tEsta razon tampoco tiene respaesta'ni la temii ante Dies 
tii cUrigo que se quiere valer de Jesu-Ghristo contra Jesu-Ghristo ; y 
de ser Mriqo para no ser dirigo, sino regaton de pan. Mire i Jesa- 
Christo, nuestro Salvador, que sus discipulos (estaudo ci^[08 e in- 
credulos y fnos en el Castillo de Emaos) solo le conocieron en el 
partir del pan: en esto se conoce Jesu-Ghristo, y no en entroxarlo. 
El Terdadero silo y troxe de el obispo j de el cl^rigo (y de todo ecle- 
siistico) es el estomago de el pobre : aUi ha de ensilar su pan y no 
en graneros muertos. » — Bartoiom^ de Albomos. — Arte de los Con~ 
tratos. 

cEn el inslante que estos arrendadores cogen losfimtos decima- 
les J eclesiasticos.... los esconden y los ponen en sus troxes y graneros 
para guardarlos.... y eUos son el instrumento paraencarecerlos, » — Ff- 
rUcqmum en reglas ae estado segun derecho dmno, natural, candnko y 
eivU y leyes de CastUla.... eompuestopor el doctor Tomds Cerdan de 
TaUada,-- Vakneia M04. 



—407— 

ellas ki8 viciM merecen el konroso titalo de mtiides, cuan- 
do la verdad kuye de entre los morlales, coando los pu^ 
bios escuckan de rodillas y con la frenf e indinada al sue* 
lo las ordenes de un orgulloso tirano, que da el nombre 
de veneracion al espanto que ocasiona su vista por el re* 
cuerdo de sus abominables clriinenes, bendecidos por la 
adulacion, nada im por tan la potencia de su ejercito y el va* 
lor de los babitantes : nada las riquezas, nana la estension 
de sus tierras, nada sus escuadras, opresoras del mar para 
destruccion de los bajeles contrarios y seiiorio tambien de 
las olas. 

Caera el valor deshecho a los pies de la misma tira- 
nia: sus huestes se disiparan como las nieblas, sus tesoros 
se perderan lastimosamenle, y las entranas de las sierras 
esconderan con pertinacia los mctales preciosos : las dila- 
tadas tierras seran una a una conquistadas por estranos, 
fieros e invencibles adversarios, y sus naves, maltratadas 
por furiosas borrascas, no encontraran seguro y amigo 
puerto, sino insolentes enemigos que abusaran de la dei^- 
rota haciendo presa en las que antes eran el terror de los 
mares, luego el juguete de las iracundas olas alborotadas 
con las tempcstades, y despues miserable despojo de los 
que en otro tiempo huian apenas las miraban en los ho- 
rizontes. 

La necia politica de un tiranoacaba asi con las glorias 
y el poder de las naciones mas respetadas por su valor, 
por sus virtudes y por sus riquezas. 

Felipe II, temeroso do que en Espafta echasen hondas 
raices las doctrinas de la reiorma, aplico los mas terribles 
remedios con deseo de apartar los males que creia ver en 
ellas para la paz interior de su estado; pero no supo bus* 
car los mas utiles, ya que quiso apartarse del camino de 
la tolerancia religiosa. 

La ruina de Espana fue obra de este monarca : el cual 
con el temor de los protestantes hizo tan potentes y nume- 
rosos al clero, a los frailes y a los jesuitas, que aunque al- 
gunos de sus sucesores hubieran querido, atendiendo al 



clamor unmnal^ pdner remedio a los da&os que ocasiiH 
naban tantoS' iMiabres, deidicados a un mismo e|<ercicio/ 
no hubieran podido ni aun. intentarlo. Los mvunos je>* 
ftuitas defendian en sns escritos que era util y necesario a 
los pueblos desposeer de la vida a los soberanos que se 
apartaban de la religion catolica, 6 que disponian de Wm 
bienes temporales de la Iglesia. 

El jesuita Juan de Mariana en un tratado escrito para 
doctrinar a principesy a subditos (Ij, hablando de si es 
licito 6 no a los vasal los matar al tirano, pinta con vehe- 
mentisimos colores el fin de Enrique III de Francia, que 
murio herido en las entranas con un liierro emponzonado 
por mano de un fraile. \Horrible espectdculo y el ma$ digno 
de memorial esclama el jesuita. ' 'i<No teniendo aquel rey, 
(prosigue) un sucesor aesu sangre, pensaba dejar la coro- 
na al principe de Bearne, Enrique de Borbon, el cual, aun- 
3ue de pocos anos, ya estaba inficionado por las doctrinas 
e Calvmo, y como tal, excomulgado por el Pontifice y des- 
poseido del derecho de sucesion en la corona. Sabido este 
proposito^ muchos grandes determinaron per via de las 
armas defender su religion y su patria. El principal de 
estos fue el duque de Guisa.» 

« Enrique deseoso de estorbar los intentos delos gran- 
des, llamo a Paris al duque de Guisa para darle alevosa 
inuerte en el mismo real palacio ; pero sabedor el pueblo 
de hazafia tan infame se amotino contra el monarca. Este 
huyo sigilosamente de Paris y fingio que con meior acuer- 
do y maduro examen queria dclil>erar en publico sobre 
lo mas conveniente para nombrar un sucesor digno de la 
corona de Francia. Muchos nobles y caballeros junta- 
ronse en una aldea vecina, y alli perecio el duque de Gui- 
sa y su hermano el cardenal en el mismo alcazar regio. 



(1) JoatMiis Mariana Hitpani, e soeietate Jew, De regeH r§- 
§i$ ifutUulione Librilltad Philipwn Terthim Hiipanim Regem eaiho- 
Hewn. Anno 1599.^Tol€ti apud Petrum Rodericum, 



back la mnerte a estos, finge que se ha comelido un cri- 
meil dt lesa magestad, coil el prop68ito de acabar con sus 
enemigoa y que ftobre estos recayesen las sombras del de- 
Iko, Entre ios castigados estaba el cardenal de Borbon, 
que aunque de edad muy grande, era keredero per dere- 
cbo en la corona francesa.» 

»AIteranse Ios animos con tales succs'6s: muckas ciu'- 
dades se alzaron contra Enrique, entre ellas la de Paris.... 
Apaciguada la furia de ja plebe resolvio Enrique cercar 
aesta ciudad; pero la audacia de un joven vino k dar un 
aspecto mas agradable a las cosas que antes lo lenian bas- 
tante triste.» 

)»Un hombre, Uamado Santiago Clemen te^ natural de 
una aldea de la Sorbona, como a la sazon estudiase teolo- 
gia en un colegio de la orden de predicadores, habiendo 
aprendido de sus maestros que era permitido dar muerte 
a Ios tiranos, se determino a quitar la vida al rey Enrique. 
Y asi, aparentando tener en sus manos cartas que encer- 
raban importantisimos secretos de Ios que en Paris eran 
del bando de Enrique^ tomo el camino del campo de este 
monarca el dia 5i de julio de 1589. Recibido en el sin 
ningun estorbo (atiendase bien a las palabras de Mariana) 
como que tenia que descubrir al rey cosas de estado, se le 
ordeno que al siguiente dia apareciese ante el soberano. 
En este dia, fiesta de sato Pedro Advincula, despues de ha-* 
ber celebrado misa (el mismo regicida) entro en la camara 
real a tiempo y cuando Enrique se levantaba del leeho y 
aun no era vestido del todo. Ln^ que le entrego unas 
cartas, hizo ademan de sacar otras, y con la mayor sere- 
nidad de animo y sin la mas pequeflia turbacion, hinco al 
rey en el vientre un agudo pufial que estaba emponzo- 
ikado con la virtud de ciertas yerbas rinsigne confianza 
de animo, haza&a digna de memimal (1) Al punto que 
el rey se sintio herido, prorumpio con la violencia de su 
dolor, aleve parridda : y metiendo mano al mbmo pufial 

(<) iltuigtum ONMiM eonfidentiam, faeinm numaraHUI 

82 



—410— 

instrumenlo de su herida, lo claya en Santiago Clemente, 
dejandolo casi moribundo. Aterrados los corlesanos con 
las voces de dolor que daba Enrique, corren a la camara 
y toman luego ardiendo en rabia y enojo a dar muerte al 
fraile, que ba&ado en su sangre, ya deseaba laniar el po6r 
trimer suspiro. Pero en medio de los tormentos, nada 
hablaba Glemente: antes bien, con rostro sereno y auii 
alegre, como orguUoso de su hazana....pereci6 el infeliz a 
la edad de veinte y cuatro alios, joven cle sencillo entendi- 
miento y cuerpo nada robusto, pero del mayor esfuerzo 
de animo (1)«» 

Hoy como las doctrinas de llbertad ban hecho tantos 
secuaces en Europa, creemos.ver en las razones de Mariana 
al aconsejar a los subditos la muerte de los tiranos, una 
prueba de lo amante de Id democracia, que era aquel fa- 
moso jesuita. Pero en esto hay un error notabilisimo. 

Mariana, si elogia a Santiago Glemente, pintandolo a 
nuestros ojos como un joven cuitado, muy celoso de la 
salvacion de su alma, y tanto que para solo ello y pedir el 
auxilio divino, dice misa antes de cometer una muerte, sa^ 
crilegio que debia horrorizar a nuestro historiador, no 
solo por su profesion de eclesiastico, si no tambien por el 
solo hecho de ser cristiano, no escribia de este modo por 
amor a la republica. Su proposito fue en un libro dedi*- 
cado a enseftar a principes, manifestar con la muerte de 
Enrique III, que el rey que se aparta de la fe catolica 
puede y debe perecer con la violencia del hierro ; y al pro- 
pio tiempo de amedrentar a los monarcas, introducir en el 
corazon de los subditos el deseo de arrebatar la vida a 
aquellos soben^nos que se dejan veneer de las herejias. 

Esto se confirma por sus mismas palabras, cuando 
dice: uSi el rev veja a la republica y abandona al robo la 
fortuna de todos y desprecia las leyes y la sacrosanta reUgton: 



(i) jS%fnplieijw>eni$ ingemo, neque robuito eorpore; ied majcr 
virei et animaml 



SI m $oberbia^ arroganeta i impiedad se atreven a tn$ultar luaia 
al mi$mo Dios, entonces no $e le debe tolerar.^^ 

Asi defendia Mariana el regicidio, siempre que se co- 
metiese en la persona de un caudillo de la kerejia en las 
iierras de sus dominios. Asi proclamaban los jesuitas es- 

Eaiioles doctrinas tan daAosas hasta para los nusmos pue- 
los que arrastrados de sus engafios, pretenden arrebatar 
las vidas a los monarcas. 

Cuando el vulgo se amotina sigue por lo comun los 
mas daiiosos ejemplos. Yo no quicro para abominar el 
r^cidio pintarlo como un crimen; porque creo mas opor- 
tuno manifestar los males que acarrea a las naciones, y 
aun a los mismos que ban cometido el lamentable delito 
de entregar a la muerte a sus reyes. 

Dionisio, tirano de Siracusa, oprimia contra toda 
razon y derecho a sus vasallos : estos, cansados de sufrir 
el yugo, se rebelaron contra el autor de tantos delitos y 
lo espulsaron de sus estados. El que babia regido con 
ferocidad a un pueblo numeroso, se vio precisado a tra- 
bajar en demanda del ordinario sustento y se convirtio 
en maestro de escuela en Corinto. La libertad se asegu- 
ro en Siracusa. Y el miserable fin que bubo Dionisio^ 
sirvio de enseiianza y saludable escarmiento a otros que 
pretendian tiranicamente ffobernar el mundo. 

Cuando Filipo, rey de Macedonia, quiso invadir a 
Esparta, sus habitantes le dirigieron una epistola contraida 
a estas brevisimas palabras : 

a Los Laeedemonios a Filipo. Dionmo en Corinto.n 

En este decir laconico le manifestaban las siguientes 
razones. 

«Dionbio que antes era famoso tirano como tu, ahora 
es maestro de niikos en Corinto. Acuerdate que el fue 
semejante a ti, y que tu, prosiguiendo en tus usurpa* 
ciones, podras bajar de tu grandeza y regir niiios en vez 
de bomDres.» 

La libertad se aseguro en Siracusa y en toda Sicilia, 
sin haberse manchado con la sangre de Dionisio. 



—410— 

instrumento de su herida, lo clava en Santr <jyes iueroii 
dejandolo casi moribundo. Aterrados Ir.^ria quedo por 
las voces de dolor ^ue daba Enrique, ^^/^ de puro nom- 
y tornan luego ardiendo en rabia T ^ a un tirano y con 
fraile, que baftado en su sangrev^^ol de la tirania. Y 
tnmer suspiro. Pero en me-^^^^or y presteza. 
hablaba Clemcntc: antes Vyl^cSsar, muriendo a manos 
alcgre, como orguUoso d' >j >^spiradorcs, nada ensefto a 
la ed^d de veintey w^ A'/^que procuraban la libertod 
miento y cuerpo ik ,^->Zento y luego la mas grande de 
deanmio(l).» J X^ Roma. El hipocrita Augusto, 
Hoy com; ^^^j^^^dio y Neron, fueron cmperadores 
secuaces er .[^J^su predecesor Julio Cesar, y la muer- 
al acons^ C- \/*^^^^« ^^' senado, no sirviode escarmien- 
prueh J^^'fff^ a Jos aue lueffo se vieron elevados a la 

•^A^%doctri ... 

^I$r ^^|. eJ corazon de los monarcas, para que estos no 

iti^ ^^^piiLT9V su animo de la fe catolica, ni tocar en los 

itf^ jg0iporales de los cclesiasticos. 

^^ pot otra parte, la astuta sociedad de Jesus se apode- 

. je i*s conciencias. Predico, como grandeza de espi- 

'^ii, ^1 ^^^ mfame abajamiento : a la viilania de un ruin 

jj^jmulo, dio nombre de celo del servicio divino, y de se- 

Jjcioso e indigno ante los ojos de Dios y de los hombres 

pios y sinceros, el amor de la libertad y el de la patria : 

a la mas inicua hipocresia, capa de indecentes vicios y de 

execrables crimenes, llamo virtud soberana y a la mas 

desdichada servidumbre, ventura gloriosisima. 

Cayo desde entonces deshecho el valor espaliol ante 
sentencias tan perversas : trastomaronse todos los enten* 
dimientos en la manera de juzgar las acciones de los mor- 
tales, y huyeron de nuestra patria las virtudes y las ciencias. 
Esta lamentable destiniccion de Espafia fue profeti- 
zada un siglo antes por el gran teologo Melchor Gano, el 
cual en una carta dirigida a fray Juan de Regla, confesor 



\ 



\ 



\ 



de Carlos V, en 25 de Setierabre de 1557 decia acerca de 
los jesuitas ias palabras siguientes : 

uUna de las eofios que me tmuven a estar deseontento de 
esios padres teatinas, es que a los caballeras que toman nUre 
manos, en lugar de hacerlos leones, los hazen jjral/tVuu...... Y si 

I Tureo hubiera enviado a EspaOa hombres aposia para quUar 
« nermos de ella y hacemos hs soldados mujeres^ y los caba- 
^fos mercaderes^ no embiaria oiros mas a propdsito.... Veo los 

males a montones y la destruccion a la clara^ assi de las reli" 
giones, como de la christiandad, como de la policia y vigor de 
estos reinos, y no puedo dissimular el fuego que veo prendido 
para abrasar y asolar el mundo ; mas yo soy como Casandra 
que nunca fu6 creydahasia que Troya se perdio sin remedio (1).)) 

Esta profecia de Melchor Cano acerca de la de3truc- 
cion que habiade venir sobre Espana a causa de la infernal 
y astuta politica de los padres de la Compaiiia de Jesus se 
yio cumplida a poco tiempo. Ni valor, ni cieneias, nivir- 
tudes habia en la desventurada Espafia un siglo despues 
de imperar en ella la tirania de Felipe II, impuesta por el 
a sus pueblos y admirablemente proseguida por los mo- 
iiarcas de la casa de Austria que le sucedieron en la co^ 
rona. Felipe II temeroso de los protestantes, se arrojo en 
brazos de los jesuitas y de muchos eclesiasticos que solo 
conocian de las virtudes sus contrarios los vicios. 

Tuvo la desdicha de ocasionar a sus estados la mas 
terrible ruina, por no haber querido estinguir con termi- 
nos suaves el luteranismo en Espafia ; y al propio tiempo 
llamando en su auxilio a los enemigos de los protestantes, 
dio tales brios a aquellos con el orguUo de la victoria, ccn 
la seguridad del regio agradecimiento y con la precision 
que creian ver en su prepotencia, que los convirtio en ver- 
dugos de su propia patria. Felipe II siguio el camino de 
la tirania, y en todo imit6'a los que en el le precedieron. 



( I ) Vida de San Franeiseo de Borja, escrita por el cardenal 
Genfiiegos. 



Los tirahos se dicen veneadores de las leyes cuando 
castigan a los que pasan por delincuentes ; pero la tirania 
ofende a las mismas leyes, que pretende defender, por la 
manera con que ejecuta los sangrientos castigos. 

Tambien los tiranos afligen con mayores males a sus 
estados, cuando anhelan por medio de hechos alroces ani* 
quiiar las desdichas. Asi como entonces el castigo ya no 
es castigo, sino venganza, los remedios no son remedios 
sino mas espantosas ruinas. Los tiranos creen que con 
los violentos castigos mancillan a la inocencia. Pero se en- 
ga&an, porque si a la injusta pena da la tirania el nombre 
de infamia, la razon la corona con el titulo de gloria. 

Sirvense de mil astucias los tiranos para oprimir a los 
pueblos, y llaman en su socorro todas las fuerzas que pue- 
den prestarles para sus mines empresas los inicuos. Pero 
la tirania al fin se ve tiranizada por los mismos que 
ayudaron a levantar a las nubes el injusto poder de los 



tiranos. 



Asi acontecio a Felipe II. Cuantos lo ayudaron para 
mantener la servidumbre en Espaua, se convirtieron en 
opresores del pueblo, no para acrecentar como antes el 
violento sehono de un tirano, sino para vivir en la pros- 
peridad y en la veneracion de los que habian nacido en la 
mas horrible de las esclavitudes. 

Los sieryos de la tirania ayudan con todas sus fuerzas 
a erigirla en contradiccion de los pueblos, pero luego de 
siervos pasan a ser senores de los tiranos. 

Si alguno de estos osa levantar su brazo en ofensa de 
los que intentan oprimirlo, se sirven del poder que ad- 
quieren con sus riquezas y falsas esterioridades de virtud, 
en los animos de la plebe, y compelen a los tiranos con el 
temor de los pueblos, mal nallados siempre lo mismo con 
las leyes de la libertad que con la voz de la tirania, a res** 
petar los derechos conseguidos en la igualdad de los cri- 
menes politicos. 

Felipe II entrego a sus sucesores el gobierno de la 
nacion espanola; pero estos quedaron atados de pies y 



manos para remediar los males que padecia nuestra patria, 
«n el caso imposible de c|ue principes nacidos en un 
palacio donde tan poca estimacion tenian las verdaderas 
Yirtudes, hubieran deseado poner fin a las desdichas que 
padecian sus subditos y a ia ruina ^ue amenazaban la 
turbacion de los tiempos y el despreeio de las grandes y 
nobles acciones. 

Los malos eclesiasticos, sicrvos de la politica de Felipe 
II, no bien consiguieron victoria de los protestantes, cuan*- 
do comenzaron a oprimir con las astucias y las iniquida- 
des de los vicios a las mas ilustres doncellas y matronas 

de Sevilla. 

En 1565, dos anos despues de losfamosos autos deFe 
celebrados en esta ciudad contra los miseros que se dejaron 
arrastrar de las doctriilas de Lutero, los eclesiasticos em- 
pezaron a requerir de amores a las hijas de confesion, 
sin duda sirviendose de horribles amenazas para conse- 
guir sus lascivos fines. 

Doncellas y senoras de gran nobleza y valia, temero- 
sas de caer en la indignacion de aquellos monstruos de 
vicios, y de renovar los espectaculos de gente infeliz que* 
mada en las hogueras del Santo Oficio^ cedieron a los in- 
fames deseos de hombres que tomaban el nombre de Dios, 
para cometer todo genero de pecados. 

Asi los perversos abusaban del temor que habia inspi- 
rado la victoria contra los protestantes : asi cubrian de in- 
famia a padres y esposos : asi rasgaban el velo de la virgini- 
dad: asi pretendian que se diesen al olvido los deberes de 
la virtud: asi mancillaban las divinas y humanas leyes, y 
asi convertian el Sacramento de la penitencia en catedra 
de lujuria, y en fuente de deshonras y de vicios. 

No falto quien delatase al Santo Oficio el infame pro- 
ceder de aquellos eclesiasticos lascivos, satiros para los que 
conocian sus deshonestidades^ y varones de santidad para 
los que se fiaban en sus palabras y hechos, hijos de la ruin 
hipocresia. 

I^ Inquisicion ordeno al punto que todas las damas 



y doncellas solidladas por sus confesses para lasetf as M?' 
Clones, acudiesen a delatarlos al tribunal, pena de escck 
munion en caso contraido* 

EI edicto fu^ dado para que en el termino de treinU 
dias se verificasen las deiaciones; pero estas Uegaron a tal 
numero que se creyo necesario por el Santo Oficio alargar 
el plazo a otros treinta dias y despues a mas ; porque Gre- 
cian en tanta cantidad que dos secretarios tomando conti- 
nuamente declaraciones, no bastaban a cumplir con los 
deberes de su cargo. 

Hizose publico el hecho con escandalo de Sevilla. Las 
damas y doncellas iban siempre rebozadas con sus mantos 
4 la Inquisicion para no ser conocidas de sus padres y ma- 
ridos: los cuales andaban sospechosos de que en su casa 
tambien habrian entrado la deshonra y los vicios. 

Los inquisidores conocieron que de tanta publicidad 
podrian nacer muchos males para ellos, y asi, haciendo como 
que creian que de las causas formadas contra tantos eclesias^ 
ticos resultarian odio en los padres y esposos, y temor en las 
mujeres a confesarse, sobreseyeron en el asunto, dejando 
impunes los delitos de los irailes y clerigos lascivos, en 
tanto que en las hogueras reducian a cenizas a los martires 
de la libertad del pensamiento (I). 

(i ) cPor otra parte era de reir ver d los padres de confesion, 
clerieos y frailes, andar tristes, mustios v cabecicaidos por la mala 
conciencia que tenian, esperando cada nora y memento cnando el 
^miliar de la Inqtiisicion ies habia de echar la mano. Hucbos de 
dlos se pensaban que habia de venir sobre ellos una gran perseco- 
cion, J ann mayor de la que los luteranos padecian en aquel tiempa, 
Pero todo su temor no fu^ mas que yiento y humo que paso. Por- 
que los inquisidores viendo con la esperiencia el eran dano que i 
toda la Iglesia Romana resultaria ; pues que los eclesi^sticos serian 
menos preciados y monstrados con el dedo, y el Sacramento de b 
Gonfesion seria no tan preciado ni estimado como antes, no qoisieron 
ir mas adelante en el negocio ; mas interponiendo su autoridad, pu- 
sieron perpecuo silencio en todo lo pasado, como si nunca bubiera 
acontecido, y asi ningun confesor fu^ castigado, ni aun aqueDos 
cuyas beUaquerias suficientemente se habian probado.* — VaUra, — 
TMtado lie m Papa$. 



A tul eatremo Uq^aba el poder de los oialos en aqud 
desventurado siglo. 

Odiabah e«tos en las palabras a los vicios, y maldecian 
en los hechos la practica de las Yirtudes. 

Grecio la turbacion de los tiempos, y la mas infame 
iniquidad se hizo insolente seftora de la oprimida Espafta. 

Los que con la deshonra de Yirgenes y matronas, ha- 
bian Uenado de escandalo a su patna, quedaron ufanos, 
viendo que su casLtigo se redujo solo a amago, y que la 
mas abominable impuni^ad habia echado sobre sus vicios 
el manto de una proteccion, fundada en el bien de los ca- 
tolicos; y asi no se apartaron del camino de sus desordenes 
y de sus lascivias. 

Fingianse santos proclamando coloquios que decian 
haber tenido con invisibles espiritus, y enseAando a bom- 
bres y mujeres la doctrina de que para alcanzar las glo« 
rias y favores que el cielo suele conceder a los mortales, se 
necesita encumbrar el pensamiento hasta Dios, mantenerlo 
firme en tan sublime altura, y dcjar al cuerpo sumer- 
gii^e en los apetitos sensuales (I). 

Esta doctrina tan lisonjera para los inicuos, hallo se- 
cuaces en todo genero de personas. Tan grande es el en- 
canto de la deshonestidad y de una lasciva demencia. 

No hay en la historia ejemplo de que los vicios to* 
men el nombre de santidades, y de (\ue la virtud se vea 
ultrajada de un modo tan infame. 

La Inquisicion, advirtiendo los da&os que ocasionaba 



(i) cAnase descubierto por estos tiempos (4627) en Seyiila 
oaa octilta temilla de enganoi de modo arraigada, qne pndo bro- 
tarespecies de heregia mas pemiciosa: era esta de alumbrados, horn" 
bres T mujeres que con capa de virtud exercian muchos vicios, de 
que los sugetos principales fueron el maestro Juan de Villalpando, 

sacerdote y Cataiina de Jesus, beata carmelita A estos y 

otros muchos companeros y discipulos prendio el Santo tribunal de 
la Inquisicion y fueron penitenciados en auto particular. » Ortix de 
Ziiniga. — AfUMM de SeviUa. 

55 



la lasciTia, disfrazada con la mascara de la sinceridad de 
animo, come^pzo a encarcelar a los reos de tales delitos, 
contrarios a la honra, a la decencia y al acrecentamiento 
de la religion cristiana. Luego dispuso el castigo de 
cuantos hombres inicuos mancnaban las costumbres con 
tan perniciosos ejemplos ; pero no siguio el metodo de re- 
ducir a cenizas a los delincuentes. 

La pena reductase solo a la adjuracion del reo en au* 
to publico de fe, a perdimiento de bienes y a perpetua 6 
temporal reclusion en algun monasterio, habitado por va- 
rones de buena doctrina y de loables costumbres. 

£1 Santo Oficio fue humano con los alumbrados (nom<^ 
bre que se daban los eclesiasticos lascivos y aquellos que 
seguian su infame secta). 

De este modo la politica de Felipe II, proseguida por 
sus sucesores echo por tierra el valor, las ciencias, las vir- 
tudes y la nobleza de la magnanima nacion espanola. 

Felipe II salvo de guerras civiles a nuestra patria con 
la destruccion de los miseros protestantes, segun refieren 
sus apologistas, 6 los escii tores que inclinan su opinion 
en presencia de las vulgaridades que la ignorancia y el de- 
seo de lisonjear a los tiranos, esparcen en el mundo. 

Pero no existe diferencia para daiio de un reino, entre 
una horrible guerra civil y una paz interior mala sobre 
las malas. 

Pero ^quc beneficios debe Espaiia a la infernal poli- 
tica de Felipe II? ^Q^^ dafios evito a nuestra patria con 
haberla salvado de los horrores que consigo traen las ci- 
viles disensiones, si es cierto que pudo salvarla? 

En una guerra civil por causas religiosas el hermano 
se arma contra el hermano, el padre contra el hijo, el hijo 
contra el padre. Los sentimientos de humanidad huyen 
del corazon de los mortales : las ciudades se ven desoladas 
por el fuego y la destruccion que acompa&a a los enemi- 
gos: los ricos se ven oprimidos con impuestos: la des- 
honra mancha el talamo ii^onyugal y el lecho de la virgen: 
las ciencias se alejan al escuchar el estampido del canon : 



—419— 

la tirania maltrata a los vencidos con abominables leyes: 
los vicios cercan alegres a los animos de los vencedores 
para afrenta de los qae cayeron en cautividad por los du- 
dosos sucesos de la guerra : el valor, la virtu d, las letras y 
lo prosperidad de un estado son las mas notables victimas 
de las luchas fratricidas. Pero al cabo despues de ellas 
vuelven a nacer con mayor lozania los bienes ae una nacion: 
miseros despojos de la saiia que desperto los espiritus para 
destruir las fuerzas de hermanos en largas y porfiadas dis- 
cordias. 

f Pero la mala paz con que Felipe oprimio a los espa- 
noles, trajo a estos reinos todas las intelicidades de una 
guerra civil. El hermano se armo contra el hermano, el 
padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Las armas 
no eran la lanza,ni la espada y ni el campo, ni los montes, ni 
los muros de las ciudades los sitios de las batallas, sino el 
Santo Oficio por medio de ocultas delaciones. La luima- 
nidad huyo de £spafia cubierto el rostro de dolor y de ig- 
nominia. Los ricos caian en miscria fatigados por los im- 
puestos : sus haciendas no eran presa de enemigos que las 
talaban a sangre y fuego, sino de eclesiasticos que sir- 
viendose de la violencia que da la astucia y la hipocresia, 
con capa de virtud se ensefioreaban de ellas : cubnan estos 
deperpetua mancilla la honra de los mortales,sacrificando 
en aras de su luiuria la honestidad de las doncellas y ma- 
tronas : las ciencias perecieron a manos de la mas barbara 
ignorancia acompanada de las tinieblas de los errores : los 
pueblos se veian maltratados por leyes atroces e inhuma- 
nas, puestas en ejecucion por magistrados mas inhumanos 
y atroces que las mismas leyes: los vicios infamaban a los 
que fueron vencidos por el miedo con que los malos ejer- 
citaban las fuerzas de su poder, inicuamente adquirido y 
mas imcuamente conservado. Letras, valor, prosperidad 
yvirtad se convirtieron en lamentables despojos de la c6- 
iera de aquellos que se habian declarado enemigos de la 
libertad del pensamiento en nuestra patria. 

Asi como acontece en las guerras civiles lo que en las 



I 



tempestades, que despues de los desastres sobrevenidos a 
la tierra luce el sol que vivifica a las plantas y a las flores 
derribadas nor la furia de las insolentes Uuvias y de los 
iracundos vientos, en la mala paz interior de un estado se 
esperimentan los mismos estragos a semejanza de los tiem- 
OS en que las nubes niegan su suelo con invencible por- 
a las aguas bienhechoras que ban de fertilizar los campos 
para sustento de los hombres. 

Cuando una paz desdichada aflige pertinazmente a 
los pueblos, estos desean que bramen soore sus cabezas 
las tempestades politicas, para cons^uir despues de sus 
horrores los bienes de la prosperidad, los cuales muchas 
veces suelen florecer en medio de las discordias. 

No hay disculpa para los dafios que sobrevinieron a 
Espana por la politica suspicaz y desacertada de Felipe II, 
pues al qucrer este evitarlos trajo sobre su patria desas- 
tres parecidos a los que esperimentan las naciones en las 
guerras civiles. 

Si el deseo de este monarca era mantener en sus es- 
tados la unidad religiosa^ pudo servirse de medios mas hu- 
manos. > Ysi creyo util la tirania de las conciencias y la es- 
clavitud del pensamiento, ejemplos mejores tuvo para des- 
truir a los que se^uian en EspaRa la reforma, y para ma- 
nifestarse al mundo con menos aparatos de crueldad y con 
la misma firmeza de animo. 

El perpctuo destieiTo de los que consideraba delin- 
cuentes en materias de fe, 6 la^ penitencias no tan rigorosas 
que impuso el Santo Oficio cie la Inquisicion a aquellos 
eclesiasticos y seglares que se Uamaban alumbrados, hu*- 
bieran sido remedios de igual eficacia para conseguir los 
mismos fines. 

Bien se que al llegar aqui esclamaran muchos que Fe- 
lipe II al destruir a los kerejes se sirvio de las leyes esta* 
blecidas, y de un tribunal constituido al efecto en otros 
reinados. Pero cuando las Icyes son inicuas, y mas inicuos 
aun los jueces, los castigos merecen tambien el nombre de 
iniquidades. 



Inicua era en el imperio romano 1ft ley de kia tnage$' 
tad que tantas victimas inmolo para satisfacer la sa&a de 
las opresores: inicuos los magistrados que la intexpretaban, 
inicuos los Gesares que para su utUidad la consentian, e 
inicuas las venganzas que con ella se e)ecuta}>an. 

Los que llaman a Felipe II recto y constante defensor 
de las leyes contra los kerejes^ no tienen derecho para acu- 
s^r de crueles a Domiciano y a los demas emperaaores que 
sangrienta y pertinazmente quisieron esternunar a los par- 
ciales del cristianismo, pues estos monarcas Ian solo acar 
taron el ejempio que les habia dado el infame liijo de la 
orgullosa Agripina. 

Guando un gran politico, de animo sincero, y amante 
del bien de los que gooierna, quiere apartar los estorbos 

3ue se oponen a su poder 6 a la felicidad de los estados, 
eja los norribles castigos y la insolente tirania para qiie 
los usen aquellos hombres vulffares y ruines que con la 
ferocidad cie sus hechos pretenaen disimular su cobardia, 
y conseguir la conservacion de su violento dominio, fiados 
en el espanto popular y en el falso nombre de valor con 

3ue califica la ignorancia del vulgo las mas inicuas cruel-* 
ades. 

De esto nos da un grande ejempio el emperador Ju- 
liano, llamado el apdsUUa. Antes de ocupar el solio de 
los Cesares habia estudiado, en las historias de Grecia y 
Roma, los hechos de Alejandro, de Alcibiades, de Trasibu- 
lo y de Timoleon, de Fabricio, de Metelo, de los Scipiones, 
de Gesar y de Marco Bruto, y atribuia el denuedo de estos 
capitanes famosos y el de sus soldados a la religion genti- 
lica que ayudaba a encender con mas brios el valor y en- 
sehaba con la filosofia el desprecio de la muerte y la cons** 
tancia en las adversidades. Greyo Juliano que la fe cris- 
tiana habia en su tiempo derribado el esfuerzo de los co- 
razones, y que la paciencia en las desdichas, predicada 
por los apostoles y primeros padres de la nueva religion, 
no era heroica como la de los gentiles, sino una humilla- 
cion de la dignidad del hombre y un instrumento para la 
ruina del imperio. 



Por eso adjuro Juliano el cristianismo, no bien echo 
sobre sus hombros el manto de purpura, y coloco en sus 
sienes la diadema de los Cesares. Pero no siguio los san- 
grientos ejemplos de sus predecesores en la persecucion de 
los cristianos. Fue con estos tolerante; y en vez de aco- 
sarlos con la espada y el fuego procuro venccrlos con al- 
hagos, dadivas y honras, para los que lo imitaban en el 
camino de la apostasia, y con el desprecio y con la incapa- 
cidad de ejercer oficio y cargo en la milicia y en el go- 
bierno parji los que persistian en defender de palabra y 
por medio de sus acciones la fe de Cristo. 

Ningun emperador ocasiono tanto dafio a la iglesia; 
pues los cristianos que con los martirios y crueldades no 
nabian rendido su animo, cayeron postrados ante la astn- 
cia y la generosidad de su enemigo (1). 

Si Juliano hubiera vivido mas iiempo y si sus suceso- 
res lo hubieran imitado en las doctrinas y en la tolerancia 
reliffiosa, es indudable que la fe de Cristo, en vez de es- 
tenderse se hubiera disminuido en el romano imperio. 

Felipe II en Inglaterra acoso de muerte a los herejes; 
y estos de tal modo crecieron en el silencio y en las per- 
secuciones que apenas se contemplaron libres del yugo con 
que los habia oprimido el gran fanatico de Espa&a, destru- 
yeron cuanto iabrice el orgullo y la ferocidad del esposo 
de Maria Tudor. 

No se desengafio Felipe con el suceso que alcanzo su 
politica en Inglaterra. Jamas un tirano aprende en la 
esperiencia ; porque siempre anhela seguir to que le or- 
dena su ignorancia y su desenfrenado amor de la tirania. 

£1 nombre de Felipe II no merece estar junto al de 
los que tolerantemente persiguieron a los mortales para 
establecer las leyes de su politica, sino al lado de aquellos 
que emplearon para el mismo objeto todas las armas de 
la crueldad, y de la soberbia. No es digno de ocupar un 



(i) San Gregorio Nacianzeno. — ^Epistola 17. 



J)uesto en la historia junto a los Julianos, Mno al lado de 
OS N^rones, y demas Ccsares que persiguieron con feroci* 
dades la libertad del pen^amiento. 

Felipe II ^que hizo del valor, que de las virtudes, 
que de las ciencias, que de las artes de la nacion espafiola? 
La historia de los reinados de aquellos monarcas de la 
casa de Austria, secuaces de su politica, nos ensefian cla- 
ramente las resultas del orguUo de un tirano y los desas- 
tres cfue consigo trae a los pueblos la tirania. 

Greyendo Felipe II castigar y poller freno a los cul- 
pados en los delitos hereticos, vino a oprimir e imponer 
yugos a todos los inocentes, y a labrar la mas espantosa 
destruccion que ha conocido nuestra patria. 

Felipe it ha recibido alabanzas y loores despues de 
su siglo por los que veneran los bienes de la esclavitud del 
pensamiento. 

Neron con sus maldades cncontro a un senado infa- 
me que despues de su muerte y por espacio de muchos 
alios lo alabase y bendijese como modelo de principes. 
Y tambien hubo emperadores, como el necio Vitelio, el 
feroz Domiciano y otros muchos que se propusieron por 
modelo la politica de aquel monslruo de crucldad ; por- 
que para oprimir a los pueblos siempre siguen los tiranos 
los peores ejemplos : del mismo modo que la plebe facil 
a la servidumbre, respeta las memorias de los opresores 
y maldice a los que rasgan el velo de la hipocresia con que 
estos suelen encubrir al mundo sus horrendos crimenes 
politicos. 

Entre la muchedumbre popular no abundan Catones 
que amen tanto la dignidad del hombre y odien de tal 
manera la esclavitud que antes deseen la muerte que de- 
I>er la vida a la tirania, cuando la tirania para mayor di-* 
simulo quiere presentarse como hija de la generosidad del 
alma. 

Los tiranos conocen que es imposible borrar de la 
historia el recuerdo de sus inicuas acciones. Por eso la 
tirania para admiracion de las edades construye edificios 



suntuosos. Sin duda los tiranos.pieiuaii que con oponer 
a ia execracion que les preparan los siglos, el respeto cjue 
esperimenten los pueblos al conlemplar las fabricas in- 
signes, enmudeceran tcmerosas la verdad y la justicia de 
los severos kistoriadores, como si la desiruccion de los e»« 
tados no kablase contra las soberbias fundaciones de los 
tiranos, 6 como si la lu2 de la razon no declarase que aque- 
lios edificios con que se lison jea el orgullo popular^ son mo- 
numentos de triunfo y un ardid con que en^^Aa id mundo 
la tirania, convencida de que el disimulo no puede encu- 
brir en las tinieblas del olvido sus maldades y que es ne- 
cesario alhagar la vanidad de los hombres para one estos 
no condencn a la infamia el recuerdo de su reinaao. 

Asi Felipe II erigio el monaslerio del Escorial, fabrica 
suntuosa y maravilla del arte, en tanto que la ruina de Es* 
pafta se debia a su infernal politica y desacertado gobierno* 

Asi Neron edific6 un soberbio palacio en noma, en 
el cual no causaban menos admiracion el oro y las piedras 

fireciosas, como los jardines, estanques y dilatados bosques 
brmados con tal ingenio y atrevimiento que el arte ven- 
cio a la naturaleza. 

Felipe II, suspicaz, disimulado y feroz monarca, des- 
acertado poUtico y necio legislador ae su patria (I), crej6 
saWarla ae los desastres que consigo traen las discordias 
civiles por causas religiosas, con destruir a sangre y fuego 



{i\ Felipe U qaiso ser legislador de su patria; pero no supo 
formar las lejes que Espaua necesitaba en su siglo* Se content6, 
pnes, con ser un necio recopilador de las buenas, mediauas, malas j 

E cores Gue dieron sus antepasados en la corona de esta monarquia. 
as resultas de la Nucta BiKOfUaeicn fueron harto desdichadas ; paes 
tan confiisamente hizo Felipe II su obra, one en unos lugares parece 
que ciertas leyes aniiguas quedaban abolioas, y en otros que qneda- 
ban vigentes. No bay memoria de una recdpilaclon de lejes mas 
neciamente fonnada. Y no se disculpe i. Felipe II con decir que 
consejeros suvos trabajarian solamente en su obra. Este monarca 
tenia la condicion tan sospecbosa, que de ninguno se fiaba ▼ todo 
qoeria que pasase antes por su eximen v aprobacion. 



a los mrotestantes espa&oks, y con envileeer el raciocinio. 

Las ciencias, la virtud, el valor y la grandeza de ani- 
mo, la prosperidad, los nobles sentimientos y la verdadera 
honra de la ilustre y generosa £spaiia, cayeron a los pies 
de Felipe II, como idolos derribados por la violencia de 
un tirano que creia conseguir la felicioad de su patria por 
medio de las destrucciones. 

Su mezquina politica lo Uevo a buscar el remedio de 
males dudosos en el triunfo de la ignorancia, de los vicios, 
de la cobardia, de la pobreza, de la ruindad de los senti- 
mientos y de la deshonra de una nacion^ digna de mejor 
fortuna y de mas dilatado y seguro imperio. 

Pero Felipe II no quiso abrir las puertas de tantos 
danos contra la monarquia que heredo del Cesar Carlos V. 
Sus desacertados conocimientos en el arte de gobernar es* 
tados, lo arrastraron al estremo de anteponer a la suavidad 
en los castigos de los herejes, la vengansa de los inquisi- 
dores contra aquellos que anhelaban la libertad de sus 
conciencias. Toda Espana quedo castigada en las per- 
sonas de los protestantes que nabian muerto en las hogue- 
ras, 6 de los que Uoraban en prisiones, 6 de los que tenian 
en lo mas escondido de sq alma las doctrinas de Lutero ; 
porque toda Espana esperimenlo por espacio de mucho 
tiempo los rigores de la mas espantosa de las tiranias. 

jLos Uranos cubren con el manto de la necesidad las 
acciones que les ordena la sed insaciable de mantener su 
violento senorio en contradiccion de la justicia, de las ver- 
daderas razones de estado, y de las utiles exigencias de 
los tiempos. 

Los aduladores de la tirania califican siempre de 
grandes los hechos de los tiranos, y buscan razones apa- 
rentes para ensalzar los mas necios pensamientos que nan 
producido acciones mas miserables. Cuando las causas 
son mines, la ruindad acompana siempre a los efectos. Y 
aunque la adulacion describa con elegantes colores la gran- 
deza de alma de la tirania, podra la ignorancia de los nom. 
bres vulgares inclinar la cerviz al engaiioso aplauso de los 



aduladorcs y repetir con orgullo los cantos de alabansas 
con que se lisonjea a los tiranos y se canoniza la infame 
serviaumbre. Pero el disimulo de la tiraniayde la adula- 
cion es vencido con afrenta de los tiranos, enojo de los adu- 
ladores, y escandalo de la i^orancia, cuando el imperio del 
raciocinio desgarra los velos con que cubre sus adulteros 
c infames miembros la malicia hnmana. 

La reputacion de fingida ffloria que cerca a un tirano 
tiene tanto vigor como su propia vida. 

Para que Julio Cesar rindiese el ultimo aliento nece- 
sitaron sus enemigos lanzar sobre su cuerpo veinte y siete 
golpes, de los cuaies, uno tan solo ocasiono la muerte al 
usurpador de la soberania de su patria, al victorioso con- 
trario de la mas justa de las causas, porque no podia me- 
nos de ser justa la causa que ponia la espada en manos 
de Caton, y en fin, al origen de los abominables empe- 
radores que oprimieron a Roma con sus vicios y sus cri- 
menes, que asolaron el mundo y que^perdieron cuanto 
la libertad habia conquistado en el espacio de muehos 
siglos. 

Grande es el niimero de los golpes que se ban ases- 
tado contra la reputacion de falsa eloria que cubre el 
nombre de Felipe II, sustentada por los que aman la ti- 
rania 6 por aquellos que, aunque la odian, aparentan ve- 
nerarla. 

Quiza en este instante recibe Felipe II por mi mano 
la herida de muerte en la honrosa memoria que le ban de- 
dicado sus parciales, no en el templo de la fama^ sino en 
la imaginacion de las personas faciles a la servidumbrc. 

Cuando un bombre autor de crimenes privados sufre 
el rigor de las leyes vengadoras de la humanidad ofen* 
dida, la safta de los mortales debe trocarse en respeto a 
presencia de la tumba que encierra sus miserables des* 
pojos. 

Pero cuando un tirano se encubre con el manto de 
una falsa reputacion de virtud; cuando con el ejemplo de 
la impunidad de sus crimenes politicos logra atraer al 



-427— 

mundo nuevos estragos, nuevas desolaciones, y nuevas 
ruinas; cuando ha perseguido la uobleza de las acciones 
como delitos; cuando ha insultado con el orguUo de ven- 
cedor al raciocinio; cuando ha conjurado contra su patria 
los vicios, la ignorancia y el triunfo de la malicia; cuando 
ha hecho enmudecer las ciencias con sus persecuciones; 
cuando ha arrojado cadenas a la libertad del pensamiento; 
cuando ha destruido las riquezas de sus estados en ffuer- 
ras infelices para acrecentar su vano seftorio ; cuando ha 
malogrado con su estupida politica el v^lor de sus subdi- 
tos, empleandolo en jornadas inutiles; cuando ha ultrajado 
la dignidad del hombre; cuando ha maldecido la inocencia; 
en fin, cuando ha manchado sus manos con la sangre de 
OS inocentes, no puede existir ante sus perversos actos, ni 
ante el marmol que guarda sus cenizas la mas peque&a 
compasion ni el mas pequefio respeto. 

En justa venganza de la libertad del pensamiento 
oprimida, en justa venganza de la virtud cubierta con el 
escamio, en justa venganza de la inocencia sufriendo el 
castigo de aborrecer la tirania, y en justa venganza de la 
dignidad del hombre ultrajada, la historia debe entregar 
el recuerdo de los crimenes politicos de un oi^ulloso y 
sangriento tirano a la etema execracion de las edades. 



I 



»—* 



APfiNDICE PRINEBO. 



Fueron hew§nano& Jfuan y Aifmmgo de 

Vaide&9 



Ya en el cuerpo de esta historia hable de dos protes* 
tantes espanoles que florecieron en el primer tercio del 
siglo deciino sesto^ y que se decian Juan de Yaldes el uno« 
secretario del virey de Napoles, y Alfonso de Yaldes el otro, 
secretario tambien, pero del gran canciller de Carlos Y. 

La igualdad en el apellido y en las opiniones, el vivir 
ambos en un mismo tiempo y el tener cargos publicos muy 
importantes, dan motivo suficiente a la sospecha de que 
entre Juan y Alfonso habia algun parentesco. 

Eato parece que se confirma nor las siguientes obser- 
vaciones. Juan Gines de Sepulveda, cronista de Carlos Y, 
y persona muy parcial de la toleranda religiosa, segun se 
prueba de au libro El Demd^ates (citado en la introduc- 
cion de esta obra) fue amigo de Alfonso de Yaldes, con 
quien solia corresponderse afectuosamente por medio de 
cartas. 

Algunas de estas se encuentran en la coleccion de 
epistolas latinas, publicadas en i557 por Juan Gines de Se- 



—430— 

pulveda y dirigidas a eruditos de Espaiia y lo demas de 
Europa (1). 

En 7 de Setiembre de 1 551 decia Sepulveda a Alfonso 
de Valdes : « Qaod mea$ nugas videre cupis, de quibus Nard- 
sum nostrum nesdo quid tibi narrasse scribii libellum fratri iuo 
€id te mittendum, dedi eumque tibi diligenter commendarem nim 
erraret, ut poeta ille att, qui cammendandum se putat esse suis. 
Rogas porrd^ ut ipsum fratrem tuum^ si ad me venerit non secus 
ac te ipsum recipiam. lAn ego possum aliter eum recipere^ quern 
cum video^ sive stet^ sive ineedat^ sive tcLceat, sive loquatur, quid- 
quid deniqw agat vel non agat teipsum videre ptUo? Et quod 
est non minore admiratiot^ dignum^ non solum facie, sed etiam 
doctrinaj ingenio^ moribus^ studiis ipsis^ te usque aded refert, up 
tuipse, non frater tuus esse etiam atque etiam videatur.n 

De aqui coiista que Alfonso de Valdes tuvo un her- 
mano, semejante a ei en la erudicion y en las opiniones. 
No hay memoria de que existiese otro Valdes protestante^ 
mas que Juan, secretario del virey de Napoles, y hombre 
digno de admiracton^ no solo por su rostro^ sino tambien por 
su doctrina^por su ingenio^ por st$s costumbres y por sus estudios. 

Estas senas que del hermano de Alfonso de Valdes da 
Gines de Sepulveda, convienen exactamente con las que 
de Juan nos trasmitieron sus contemporaneos. 

<(E1 autor que compuso este libro (dice el doctor Juan 
Perez de Pineda en la advertencia al cristiano lector que 
precede al comentario de Juande Valdes a la epistola de 
San Pablo a los Romanos, Venecia 1556) era eaballero nth- 
ble y rico : aleanzd sH'ynombre de sabio.y^ 

all signor Valdes era un de rari huommi d' Europa 

Era senza dubio nei fatti^ nelle parole ed in tutti i suoi constgU 
un compiuto huomo. » Decia. de Juan de Valdes, Santiago Bon* 
fadio, kistoriador de Genova, y protestante italiano, en una 
de sus cartas a Pedro Carnesecni, cempaftero suyo en las 
doctrinas (2). 

(i ) Jo Genesii Sepulvedm Cordubensis artium ei sacrm theologim 
doeioriSfhistoriei C€eBarei Epistotarum libri septem. — SalmanticaeAnn. 
MDLVII. 

( S ) Leitere volgari di dhersi nobUisimi Uomini; in Vinegia 4554. 



—451— 

iiJean de Valdei fat e$pagnol de nation, y$9u de noble ei 
ancienne race et eslevS en eitat honorable.... Combien qu il 
entoit ft benign^ ei avoit une telle chariUy qu il se rendoit debi" 
tear du talent qu il avoit receu^ envere toute pereonne^ tant 
fut eUe abjette et de petite et baese condition, et ee faieoit touie 
ekose a tous pour le gaiguer tous a Christy*, escribia Celius S. 
Gurion en el prefacio de la traduccion que en lengua fran- 
cesa se kizo ae una de las obras de Juan de Yaldes en 1566, 
(Ciento y diesi consideraciones divinas). 

Todos estos elogios acreditan la semejanza que hay 
entre Juan de Yaldes y el hermano de Alfonso que tanto 
elogia Gines de Sepulveda en el pasaje citado. 

Ademas^ este dirigio una de sus epistolas a Juan de 
Yaldes desde Roma el aho de 1531 : de donde se infiere 
que tambien conocia a este protestante. Las presentes 
observaciones me obligan a creer que Juan y Alfonso fue- 
ron hermanos. 

Alfonso tuvo por padre a Fernando de Yaldes, corre- 
gidor de Guenca, segun refiere Pedro Martir de Angleria 
en una de sus epistolas encaminada a los marqueses de los 
Yelez y de Mondejar. uLegiteprodigium horrendum mihiab 
Alfonsio Valdesio magwB spei ijuvene^ cujus pair em FerdinanF' 
dum de Valdes^ rectorem Conchesem nostis^ non minus fideliter 
quam ornate descriptum^ cujus epistola sic se habetin tal decia 
de Alfonso de Yaldes, Pedro Martir de Angleria en 1520 (1). 

No se si Alfonso nacio en Cuenca : de Yaldes me 
consta que no tuvo a esta ciudad por patria. 

Mi eruditisimo amigo el senor don Pascual de Ga- 

{rangos, de quien he hecho honrosa mencion en diferentes 
ugares de esta obra, guarda en su rica libreria una anti- 
gua historia M. S. de la ciudad de Guenca, en donde se lee 
lo siguiente. 

« Tambien han presumido algunos que el juriscon. 

( i ) Los treinta y echo libros de las Epistolas latin as de Pedro 
Martir de Angleria fueron impresos en AlcaU de Henarcs por Miguel 
de Eguia el auo de i550. 



—452— 

sulto Juan Valdes, partidario de Lutero, fue natural de 
Cuenca, fundandose en solo indicios que parece hallaron 
en papeles de Zurita; y porque en los dialogos de los ori- 
genes de la lengua castellana, de aue se dice ser autor el 
citado Valdes, se da por paysano ae Diego de Valera, que 
fue natural de esta ciudad. Sin embargo de esto, no se 
halla en esta ciudad memoria de dicho Valdes, ni en los 
historiadores de Guenca, ni en ningun otro escrito que es- 
presamente lo diga asi.» 

El mismo se&or de Gayanffos ha registrado redente- 
mente los libros parroquiales de Guenca en demanda de 
la partida de bautismo de Juan de Valdes, pero sus dili- 
gencias han sido vanas. 



mmu mmm. 



4Mm eapMido Co&^neUa Boro^quiaf 



En 1812 se publico en Madrid un librito intitulado 
Cornelia Barorquta (segunda edicion), obra que ya habia 
sido impresa en Bayona. 

El autor decia en una advertencia que Cornelia Bo- 
rorquia fue protestante, y que Felipe Limborch con otros 
autores hacian memoria de esta victima del enojo y la las- 
civia de los inquisidores. 

Don Juan Antonio Llorente en sus Anales de la Inqui- 
sicion (Tomo I, Madrid, 1812) y en su Historia critica de 
la Inquisicion manifesto que tal se&ora nunca ha existido, 
y que el autor de su fabulosa historia formo del apellido 
de Camel y del de Bohorqaes (dos damas reducidas a ceni- 
zas por el Santo Oficio de Sevilla en 1559) el nombre de 
Cornelia Bororquia. 

Ei testo de Felipe Limborch, no copiado por Lloren- 
te dice asi (1) : a Primus actus Hispali celebratus fuit VIII, 



( i ) Verba sunt Thuani. 

55 



ealeni. Ociobr., in eoque ante alios quaxi in triumphum ex 
Triana aree eductus Joannes Pontius Legionenm^ Roderiei Pan- 
ftf Bailelenii Comitis filius^ isque pro haretico lutherano ptTti- 
nod ($ub hoe enim elogio ducebatur) combustus est. Huie ui 
viUB tic ei mortis soeius additus Joannes Consalvus eoncionaior; 
quern secutm sunt Isabella Vcmia^ Maru Yiroesia, Corrblu 
ET BoHORQUU, plenum inde misericordia, inde inrndiw speeta- 
culum ex eo auta quod Bohorquia ceteris Mate minor (vix 
enim vigesimum annum attigerat)^ mortem subiit (i). 

Limborch latinizo los apellidos castellanos de las fa- 
milias de Viru^^ Cornel y Bohorques^ (Viroesia^ Cornelia et 
Bohorquia) y los concerto con el nombre de Maria: el cual 
tenian tres damas protestantes, quemadas en Sevilia el afko 
de 1559, dona Maria Viruis, dona Maria Cornel y dona Ma- 
ria Bohorques. 

Felipe Limborch al citar a estas martires espanolas de 
la libertad del pensamiento, no quiso repetir el nombre 
de Maria^ y lo dejo a entender a los lectores por medio de 
un eljpsis. 

El autor de la obra intitulada Cornelia Bororquia^ fia- 
do en lo que creyo haber leido en la Historia de la Inqui- 
sicion de Felipe Limborch, formo de dos apellidos el ape^ 
llido y nombre de una persona que jamas ha existido. 



(i) PhUippi d Limborch. S. S, TheologiiB inier Remonstrantee 
profeaoris Historia Inquisitionis ^. Amster. 1699. 



k 



4PENDU1E TERCERO. 



^•••i 



Libros m castellano prohibidos par el SatUo O/icio en el 
siglo XVI^ segun el indice expurgatario del cardenal don GaS' 
par de Quiroga^ arzobispo de Toledo 4 inquiiidor general de 
Eepana (Madrid, 1583). 



Jk.. 

Ayuntamientos doze de los apostoles. 

Alberto Pio, Conde Carpense, contra Erasmo. 

Apologia en defensa de ]a doctrina del padre fray 
Hieronymo Savonarolas. 

Aquiiana, comedia. 

Arte amandi, de Ovidio, en romance 6 en otra len- 
gua vulgar solamente. 

Arte de bien morir, sin nombre de autor. 

Artes de confessar : una compuesta por un religioso 
de la orden de sant Benito: y otra por un religioso de 
sant Hieronymo. 



Aviso breve para rescebir la comunion a menudo, 
traduzido de toscano por el maestro Bernardino. 

Aviso y regias Christianas del maestro Avila, sobre 
el verso de David, Audi filia &c., impreso antes del afto 
de 1574. 

Auto de la Resurrection de Ghristo, sin nombre de 
autor. 

Auto hecho nuevamente por Gil Vicente, sobre los 
muy altos y muy dulces amores de Amadis de Gaula con 
la princesa Oriana^ faija del rey Lisuarte. 



Baltasar Diaz, glosa Re^ayda estd &c. 

Bartolome de Torres Naharro , su Propaladia : no 
siendo de las corregidas e impresas el afio de 1 575 a esta 
^i*te. 

Belial, procurador de Lucifer, contra Moysen, pro- 
curador de lesu Ghristo. 

Breve y com'pendiosa instruction de la- religion Chris- 
tiana : con otro libro intitulado de la libertad Christiana, 
impreso 6 de mano. 



C. 



Gancionero general : no estando quitadas del las obra^ 
de burlas. 

Garta embiada a nuestro Augustisimo sefior Principe 
don Phelippe, Reyde Espana: sm nombre de autor ni 
fmpressor. 

Gatherina de Genova. 

Gatechismo, compuesto por el doctor luan Perez, 
aunque falsamente dize que fue visto por los inquisidores 
de Espana. 

Gatechismo de don fray Bartolome Garranga de Mi- 
randa, Ar9obispo de Toledo. 



—437— 

Gatholica impugnacion del heretico libelo que en el 
afio passado de 1480 fue divulgado en la ciudad de Sevilla 
por el Hcenciado Fr. Hernando de Talavera, Prior que fue 
de Nuestra Senora de Prado. 

Gayalleria celestial (por otro nombre Pie de la Rosa 
fragante) 1 •* y 2/ parte. 

Christiados de Hieronimo Vida. 

Chronica de Juan Carrion y todas sus obras. 

Circe de Juan Bautista del Gelo. 

Coloquio de Damas. 

Combite gracioso de las gracias del Sancto Sacra- 
mento. 

Comedia Uamada Aquilana, hecha por Bartholome de 
Torres NahaiTo, no siendo de las enmendadas, corregidas 
e impresas del alio 1 575 a esta parte. 

Comedia llamada Jacinta. 

Comedia llamada Josefina. 

Comedia 6 acaecimiento llamada Orfea dirigida al muy 
illustre y assi magnifico sefior don Pedro de Arellano, con- 
de de Aguilar. 

Comedia la Sancta, impressa en Venecia. 

Comedia llamada Tesorina, hecha nuevamente por 
Jayme de Huete. 

Comedia llamada Tidea, compuesta por Francisco de 
las Natas. 

Comedias,tragedias, farsas, 6 autos donde se reprende 
y dize mal de las personas que frecuentan los Sacramentos 
6 templos, 6 se haze injuria a alguna orden 6 estado apro- 
vado por la yglesia. 

Gomentario breve, 6 declaracion compendiosa sobre 
la epistola de Sant Pablo a los Romanos : compuesto por 
luan Yaldesio. 

Comentario 6 declaracion familiar y compendiosa so- 
bre la primera epistola de Sant Pablo apostol a los Corin- 
thios, muy util para todos los amadores de la piedad Chris- 
tiana : compuesto por luan V. Y. pio y sincero theologo. 

Gomentario en romance sobre la epistola primera de 



—458— 

Sant Pablo ad Gorinthios: traducida de griego en ro- 
mance: sin autor. 

Comentarios de don fray Bartolome Garran^a de Mi- 
randa, ALr^obispo de Toledo, sobre el cathecismo christiano: 
divididos en cuatro partes. 

Constantino, doctor de Sevilla: todas sus obras. 

Confession del pecador del mesmo doctor Constantino, 
6 sin nombre de autor. 

Consuelo de ia vejez. 

Consuelo y oratorio espiritual de obras may dcvotas 
y contemplativas para exercitarse el buen christiano: sin 
nombre ae autor. 

Contemplaciones del Idiota en romance 6 en otra len- 
gua vulgar soiamente. 

Cruz de Christo : compuesto por un frayle de la Orden 
de los Menores, impresso en Medma por Guillermo Millis. 

Cruz de Christo sin nombre de autor. 

Cruz del Christiano. 

Custodia, farsa. 



Despertador del alma. 

Dialogo de doctrina Christiana: compuesto nueva- 
mente por un cierto religioso : sin nombre de] autor. 

Dialogo de Mercurio y Caronte. 

Dialogo donde hablan Lactancio y un Arcediano so- 
bre lo que acontecio en Roma en el afio de 1527. 

Dialogos christianos contra la Secta Mahometica y per* 
tinacia de los ludios : en romance 6 en otra lengua vulgar 
soiamente. 

Dialogos de la union del alma con Dios. 

Dionysio Richel, cartuxano, de los quatro postrimeros 
tranzes : traduzido por un religioso de la orden de la Car- 
tuxa, en romance 6 en otra lengua vulgar soiamente, 

Discurso de la mucrte de la Reyna de Navarra. 

Discursos de Machiavelo. 



Bgloga nuevamente trobada por luan del Enzina^ en 
la qua! se introduzen dos enamorados, Uamados Plazido y 
Yictoriano. 

Erasmo, todas sus obras en romance. 

Espejo de perfection : llamado por otro nombre theo- 
logia raystica, ae Henrico Herpio. 

Espejo de ia vida humana sin nombre de autor. 

Espe]o de bien vivir: sin nombre de autor. 

Examen de ingenios : compuesto por el doctor Juan 
Huarte de Sant luan, no se emendando y corrigiendo. 

Exercitatorio de la vida spiritual: sin nombre de 
autor. 

Exposicion del Pater noster de Savonarolas. 

Exposicion sobre los can tares de Salomon en octava 
rima, 6 en prosa, en romance 6 en otra lengua vulgar se- 
lamente. 

Exemplario de la Sancta fe catholica: sin nombre de 
autor. 

Exposicion muy devota del psalmo De profundis, y 
anotaciones en materia de la oracion sobre el evangelio de 
la Gananea. Compuesto por un religioso de la orden de 
Sancto Domingo : impresso en Sevilla por Martin de Mon- 
tesdoca : impresor de libros. 

W. 

Farsa de dos enamorados. 

Farsa Uamada Custodia. 

Farsa Uamada losefina. 

Fasciculus Myrrae. 

Flor de virtudes. 

Flores Romanas. 

Flos Sanctorum : impresso en Zaragoga alio de iS56. 



Gamaliel . 

Garci Sanchez de Badajoz, las lectiones de lob, apli- 
cadas a amor prophano. 

Genesis Alpnonsi. 

Glosa nuevamente hecha por Balthasar Diaz, con el 
romance que dize «Retrayda esta la Infanta». 



Harpa de David« 

Fr. Hernando de Talavera de la orden de Sant Hiero- 
nymo, un su libro intitulado Catholica impugnacion, &c., 
como se contiene arriba en la letra C, 

Hieronymo Yida, Ghristiados. 

Fr. Hieronymo Roman, de la orden de Sant Augustin, 
su historia de la misma orden y los libros de Repuolicas, 
no se enmendando y corrigiendo. 

Historia de los Sanctos Padres del testamento vi^jo, 
compuesta por Fr. Domingo Bal tanas. 

Historia Pontifical compuesta por el doctor Gon9alo 
de Illescas, impressa antes del ano d!e 1573. 

Horas en romance todas quedando las de latin, salvo 
aquellas que espresamente estan prohibidas. 



lacinta, comedia. 

larava Maestro : los psalmos Penitenciales, Ganticum 
graduum, y lamentaciones. 

Imagen del Antichristo : traduzido de Toscano en Ro- 
mance por Alonso de Pefia-Fuerte. 

Institucion de la religion Christiana : impresa en Wi- 
tembei^a. 



r 



—441— 

Instituciones de Taulero. 

lorge de Montemayor: sus obras tocantes k devocion 
y religion. 

losefina: comedia. 

fosefo de las Antigtiedades Judaicas, en romance 6 en 
otra lengua vulgar solamente. 

Itinerario de la oraeion. 

luan del Enzina, ^glog^ de Placido y Victoriano. 

luan Perez, doctor, un su cathecismo y psalmos tradu- 
zidos y sumarios de doctrina Christiana. 

lubileo de plenissima remision de peccados, concedi- 
do antiguamente. En el fin del qual dize: «Dado en la 
corte celestial del parayso desde el origen del mundo con 
privilegio etemo, nrmado y sellado con la sangre del uni- 
genito hijo de Dios lesu Ghristo, nuestro unico y verda- 
aero Redemptor y Setior.» 

lustino, historiador, en romance, 6 en otra lengua 
vulgar solamente. 



El. 

Lamentaciones de Pedro. 

La Sancta, comedia impresa en Venecia. 

Lazarillo de Tormes, i.* y 2.* parte, no siendo de los 
corr^dos e impressos del a&o de 1575 a esta parte. 

Leche de la Fe. 

Lectiones de lob de Garci Sanchez de Badajoz apli- 
cadas a amor prophano. 

Libro de la verdad de la fe: hecho por el maestro 
fray luan Suarez. 

Libro de suertes. 

Libro en el qual se prohibe qiie ninguno de consejo 
a otro que no se case ni sea sacerdote, ni entre en reli- 
gion, ni se arete a consejo de nadie : sino que siga en ello 
su propria inclinacion. 

Libro intitulado Declaracion 6 Confession de Fe, he- 

S6 



—444— 

cha por ciertos fieles espaiioles oae, huyendo los abusos de 
la yglesia Romana y la crueldaa de la Inquisiciofi de Es- 
pafta, hizieron a la yglesia de los fietes para ser en dla re- 
cebidos por hermanos en Christo. 

Libro que comienga: «En este tratadiUo se fratan 
cinco cosas substanciales. » 

Libro intitulado el Recogimiento de las figuras co- 
munes de la sagrada Scriptura. 

Libro que se intitula Tratado en que se contienen las 
gracias e indulgencias concedidas a los que devotamente 
son acostumbrados a oyr missa. 

Libro intitulado : Orden de Naciones segun el uso he-* 
breo, como abaxo en la letra se contiene. 

Libro llamado del Asno : de fray Anselmo Turmeda. 

Fray Luys de Granada de la orden de Santo Domingo, 
de la oracion y mcditacion y devocion y Guia de pecca-* 
dores en tres partes: impresso en qualquier tiempo y lugar 
antes del ano de i56i. 

Lucero de la vtda Christiana. 



Manipulus curatorum. 

Manual de doctnna Christiana : el qual esta impresao 
en principio de unas horas de Nuestra Seiiora, en romance 
impressas en Medina del Canto aiio de 1556, 6 de otra cual- 
quiera impression. 

Manual para la eterna salvacion, sin autor. 

Manual de diversas oraciones y espirituales exercicios, 
sacados por la mayor parte del libro llamado, Guia de per 
cadores que compuso Fray Luys de Granada. 

Medicina del anima assi para sanos como para en- 
fermos : traducida de latin en romance. 

Memoria de nuesti^a redempcion que trata de los mys- 
terios dc la missa: sin nombre de autor. 

Mucio Justinopolitano, su selva odorifera, en romance 
6 en otra cualquier lengua vulgar solamente. 



Novelas de luan Boccacio. 

O. 

Obra espiritual de don luan del Bene Verones. 

Obra impressa en Valladolid por maestro ICoolas 
Tierry^ anode 1528. 

Obra muy provechosa, como se alcanna la gracia di- 
vina : compuesta por Hieronimo Sirino. 

Obras de burlas y materias profanas sobre lugares de . 
la sagrada escriptura, donde quiera que se hallen. 

Obras del Christiano, compuestas por don Francisco 
de Borja, duque de Gandia, en romance 6 en otra lengua 
Tulgar solamente. 

Obras que se escribieron contra la Ddeta imperial ce* 
lebrada por su Magestad en Ratisbona, a&o de 1541, assi 
en verso como en prosa. 

Oracion de los angeles por si pequefla. 

Oracion de la emparedada. 

Oracion de la emperatriz. 

Oracion del conde. 

Oracion del lusto luez, quanto dize despues del mun- 
do redemido. 

Oracion de Sant Christoval por si pequefta. 

Oracion de Sant Gypriano por si pequefia. 

Oracion de Sant Leon Papa. 

Oracion del Testamento de lesu Ghristo. 

Oracion de Sancta Marina por si pequeSa. 

Oracion de Sant Pedro, 

Oratorio y consuelo espiritual sin nombre de autor. 

Orden de Oraciones segun el uso hebreo en lengua 
hebraica y vulgar espanola, traduzido por el doctor Isac, 
hijo de don Sem lob, caballero en Venecia, 



Orfea, comedia. 

Ovidio de arte amandi en romance 6 en otra lengua 
yulgar soiamente. 



Paradoxas 6 sentencias fuera del comun parecer, tra- 
ducidas de Italiano en Gastellano. 

Piedro Ramos Veromanduo^ todas sus obras. 

Peregrinacion de Hierusalem compuesta pw don Pe- 
dro de Urrea. 

Peregrino j Ginebra. 

Perla preciosa. 

Pie de la rasa fragante, 6 por otro nombre Cavallerm 
Geiestial. 

Polydoro Virgilio, de los inventores de jas cosas en 
romance 6 en otra lengua vulgar soiamente. 

Predicas de. fray Bemardmo Ochino 6 Onichino. 

Preguntas del Emperador al Infante Epitus. 

Preparatio mortis : hecha por fray Francisco de Evia. 

Propaladia de Bartolome de Torres Naharro, no siendo 
de las corregidas e impressas del afto de 4575 a esta parte. 

Proverbios de Salomon y espejo de peccadores. 

Psalmos de David en romance, con sus sumarios tra- 
ducidos por el doctor luan Perez. 

Psalmos penitenciales y el Canticum graduum y las 
lamentaciones rooian^eadas por el maestro laiava* 
' Psalmos de Roffense. 

Psalterio de Raynerio. 



Reo^giiBiento de las Bguras comunes de la Sagrada 
Esctiptura« 

nesurrectioii de 



Retraymiento del alma : sin nombre de autor. 

Revelaciones de Sant Pablo. 

Romances sacados al pie de la letra del Evangelio. 
El 1.^ la resurrection de Lazaro. El 2.^ el juyzio de Sa- 
lomon sobre las dos mujeres que pedian el nifio. El 5.® 
del hijo prodigo. Y un romance ae la Natividad de Ntro. 
Seiior lesu Ghristo, que todos se contienen en un libriUo. 

Romance que comien^a « con rabiaesta el Rey David. » 

Rosa fragante assi el pie como las hojas, que son dos 
cuerpos. * 

nosario de Ntra. Sra. teniendo sumarios 6 rubricas 
yanas, supersticiosas 6 temerarias. 



Sacramental de Clemente Sanchez de Yercial. 

Selva Odorifera de Mucio JustinopoHtano, en roman- 
ce 6 en otra lengua vulgar solamente. 

Serafin de Fermo en lengua vulgar solamente. 

Summa C^yetana, en romance 6 otra lengua vulgar 
solamente. 

Summa y compendio de todas las histprias 6 chro- 
nicas del muiuio, traducida por el bachiller Tamara. 

Summario de doctrina Chiistiana, compueslo por el 
doctor luan Perez. 



Theologia mystica, por otro nombre Espejo de perfec- 
tion de Henrico Herpio. 

Tesorina, comeaia. 

Tesoro de los Angeles. 

Testamento de Nuestro SeKor, que es un librillo apo- 
cryfo sin verdad ni fundamento. 

Tidea, comedia. 



—446— 

Tratado de la vida de lesa Christo con los misterios 
del RosariOf en metro. 

Tratado utilisimo del beneficio de lesu Ghruto. 

Tratado de los estadoseclesiasticosy8eculare8,escriplo 
de mano e impresso : autor Diego de oaa. 

Tratado llamado Excelencia de la fe : sin nombre de 
autor. 

Tratados en que se aprueban y favorecen los desafios. 

Triumphos de Petrarcha, impresos en Yalladolid alio 
del54M. 



Vergel de Nuestra Setiora. 

Via spiritus • 

Yida de Nuestra Seiiora, en prosa y en verso, que es 
un libro apocrypho. 

Yida de Sancta Gatalina de Fiesco 6 de G^nova, na- 
tural de Genova. 

Yida del Emperador Carlos quinto, compuesta por 
Alonso de Ulloa ; no siendo corregida y emenoada. 

Yioleta del animo. 

Yitas patrum, en romance 6 en otra lengua vulgar so- 
lamente. 



APENDICE ClARTO. 



MBre^e notieia de algwnon protesiantes 
espaAotes del stgto XVMMM. 



Don Juan Antonio Pellicer y Saforcada en su obra in- 
titulada Ensayo de una biblioteca de Traductores (Madrid 1 778) 
dice lo siguiente. «Don Sebastian de la Enzina, ministro 
de la Iglesia Anglicana y Predioante en Amsterdam de la 
Congregacion de los tratantes en Espaiia, public6 : El nuevo 
teitamento de Nuestro Senor Jesu Christo^ Nuevamente sacado 
a luz, corregido y revisto por don Sebastian de la Enzina, Mi" 
nistro de la Iglesia Anglicana y Predicador a la Illustre Con^ 
gregacion de los Honorables Senores tratantes en Espana. Luc. 
S. — yO. Hi aqui os doy nuevas de gran gozo que sera a todo 
el pueblo. — En Amsterdam. Impresso por Jacobo Borstio Li- 
brero CD ID CC VIII (1708) en 8.<> Impresion hermosisima. 
Aunqiie este testamento sc dice corregido y revisto se con- 
forma segun consta del cotejo con el reimpreso por Cy- 
priano Valera el aiio de 1596, cuyo prologo copia aunque 
en estracto.n 

En el indice expurgatorio publicado por el Santo 
Oficio en 1 747 se lee : 

«DoN VtLix Antonio de Alvarado, que se dice natu- 



ral de Sevilla y Presbitero de la Iglesia Anglicana, capellan 
de los honorables mercaderes ingleses de estos Reynos (se 
prohibe) su libro Diaiogoi ingleses y e$panole$ con un methth- 
po fdeil de aprehender una y otra lengua, impress en Landres 
ano de ni9.n 

« Uturgia tngle$a 6 libro de oration comun y adaunisiraeion 
de h$ Sacramentas y otras ritoi y eeremonitu de la Iglesia An^ 
gUcana^ traducidos todos en espanol por don Felix de M- 
varado. Sin embai^o de la prohibicion de dicha Litur^a 
en el mes de octubre del ano de 1709, y porque se impri- 
mio de nuevo en el ;uio de 1715 en la misma lengua espa- 
nola con alteraciones hechas por el rey don Jorge, se re- 

{>ite de nuero la prohibicion m totom de dicha Otorgia 6 
ibro. Item, su tratado aiiadido, cuyo titulo dice : De la 
cansagraeion y ordinacion de los Obitpos, Presbyteroe y Did-* 
conos^se prohibe. » 



f9»* 



[ 



APENDICE QONTO. 



»•••« 



Ureme notteia de atgunon proteBiaHtes 
espaHoieB comtetnpor&neos. 



Don Jos£ Maria Blanco (White) nacio en Sevilla el dia 
li de Julio de 1775 en la calle de la Jamerdana, barrio de 
Santa Cruz, y recibio el agua del bautismo en la iglesia 
parroquial del mismo nombre. 

Sus padres fueron don Guillermo White, de oriVen 
irlandes, y dona Maria Gertinidis Grespo y Nive, natural de 
Sevilla, los cuales despues de doctrinar a su hijo en el es- 
tudio de las primeras letras, lo dedicaron al comercio. 
Pero Blanco no mostraba aficion a los negocios mercan- 
tiles, sino deseos de abandonarlos, y seguir una carrera li- 
teraria. 

Sus padres fueron vencidos por los ruegos de Blanco 

Jr este entro en el colegio de Santo Tomas a estudiar la 
engua latina y la retorica. 

Doctisimo en unayotracon admiracion de maestros 
y oondiscipulos, paso a la universidad de Sevilla, donde 
aprendio despues del conjunto de necedades que entonces 
se llamaba filosofia, ]as ciencias teologicas. En 1792 re- 
cibio el grado de maestro en artes. 

57 



—450- 

En sus estudios universitarios tuvo Blanco ocasion de 
ti*atar familiarmente a don Manuel Maria de Arjona, a don 
Alberto Lista, a don Felix Jose Reynoso y a otros muchos 
poetas de aquel tiempo, con quienes conservo siempre una 
amistad pura y desintcresada. 

Concliiida su carrera literaria, entro en el estado ecle- 
siastico, recibiendo en 1800 el orden presbiteraK En esta 
sazon entro de colegial mayor en el colegio de Santa Maria 
de Jesus, llamado vulp^armenle de Maese Rodrigo^ de donde 
pocos meses despues fue elegido rector con grandes mues^ 
tras de aprecio. 

En este establecimiento fundo con susamigos dos aca- 
demias: una para perfeccionarse en la musica, a la que 
tuvo siempre estraordinaria aficion, y otra para estudiar 
*las humanidades. 

Para esta academia escribio Blanco sus mas admira* 
bles obras, tales como un Tralado sohre la belleia, una poe- 
sia acerca de los placeres de la imagin^wn^ y una oda dedi- 
cada al Mesias. 

No abandonaba, en medio de estas gratas ocupaciones 
su carrera eclesiiistica. En la universiilad de Osuna reci- 
bio el titulo de licenciado en teologia con admiracion y 
aplauso de todas las personas que asistieron a sus actos. 
Xo tomo el grado en la universidad deSevilla, por la com* 
petencia que existia entre sus individuos y los del colegio 
mayor de Maese Rodrigo. 

Habilitado ya con el titulo recibido para hacer opo- 
siciones a plazas eclesiasticas vacantes, puso la vista en la 
canongia lectoral de la iglesia de Cadiz ; pero no salio tan 
airoso en su empresa como anhelaba. Aunmie sus actos 
fueron aprobados, no merecio la canongia. No decayo el 
animo de Blanco con este reves; y asi cuando se saco a pu- 
blica oposicion la capellania magistral de la capilla Real de 
San Fernando en Sevilla, hizo sus actos con tan to ingenio 
y erudicion, que obtuvo unanimemente el objeto de sus 
deseos. 

Mientras sirvio la capellania magistral hizo en el put- 



— 45<— 

pilo oitAntiicion de su ciencia ante el pueblo de Sevilla en 
muchas ocasiones, y especialmente en el sermon que pre- 
dice a la Brigada de Carabineros Reales con motivo ae la 
fiesta que estos dedicaron a su patrono San Fernando. 

En Sevilla fue impreso estc sermon, del cual no se 
encuentran ejemplares. Gonsta que esta obra de Blanco 
merecio grander alabanzas en su tiempo, y el titulo de mo* 
delo de elocuencia y sabiduria en la opinion de cuantos 
la oyeron en los labios de su autor 6 de los que cootem- 
plaron sus bellezas en la lectura. 

Aun hoy viven personas que asistieron a este sermon 
de Blanco, y todas convienen en que fue admirado y aplau- 
dido por cloctos y por indoctos. 

A las nuevas del gran ingenio y no menor ciencia de 
Blanco, el Principe de la Paz (ministro del rey Carlos lY) 
deseoso de conocer a un hombre de tal valia, y de premiar 
sus constantes estudios, lo llamo a la corte para encargarle 
la direccion del colegio Peztaloziano recientemente fun- 
dado. Cuando Blanco se dedicaba con mas vigor a poner 
en orden este colegio, ocurrieron ios sucesos del 2 de Mayo 
de 1808. Huyendo de los Franceses se reliro a su patria, 
donde se dio a escribir en un periodico Ilamado El Sema^ 
nario Patridtieo. 

Despues paso a Cadiz; y Ilamado por un deber pode- 
rosisimo (que no me es permitido descubrir a los que lean 
la presente noticia) tomo el camino de Inglaterra. 

Londres fue la ciudad escogida para su rcsidencia^ y 
en ella publico otro periodico intitulado El EspaHol en In-- 
gkUerra^ obra prohibida en Cadiz por las Cortes de 1812. 

Despues escribio otro para las Americas espai^olas con 
el titulo de La$ Variedades. 

En Londres abandono Blanco la religion catolica por 
la reforniada, y desde entonces escrjbio en lengua inglesa 
muchas obras acerca de los lugares dte la Biblia, en cuya in- 
terprelacion disientcn la Iglesia de Romay la Anglicana. 

Los titulos de algunas de eslas obras son: 

Preparatory obtervations on the stady of religion by a 
CUrgeman. — 4847: London* 



Second travels of an irish genthman in eeardio^ 
—Dublin 4855. 

The laco of anti religious libely reconsidered. — DfMm 
4854. 

Observations on lieresy and orthodoxy. — 4859. 
Adeinas de estas obras, publicadas en lengua inglesa, 
escribio Blanco una en castellano sobre el comereio de negroe^ 
impresa en Londres por la Sociedad Africana. 

, La celebre uiversidad de Oxford, a la faina de la sa» 
biduna de Blanco, no dudo en hacerlo uno de sus miem- 
bros y colocarlo in magistrorum album per diptamoy alto ho- 
nor no concedido hasta entonces a persona alguna natural 
de otros reinos. 

El poeta y erudito espaRol don Alljierto Lista, amigo 

de Blanco desde la juventud y compaiiero en la Academia 

Seviilana de Buenas Letras, deseoso de verlo y estrechario 

\ en sus brazos, partio desde Madrid a Oxford en Octubre 

^ del831. 

En este tiempo el arzobispo protestante de Dublin Ua- 
I mo a Blanco para que ocupase cerca de su persona un lu- 

I gar preferente^. Pero el erudito sevillano no estuvo mu- 

cho en la capital de Irlanda, pues se desavino con aquel 
prelado. 

En 1835 paso a liverpool en donde determino fijar 

su residencia. En este puerto se dedico de nuevo a ios 

estudios leologicos ; mas su salud quebrantada con la mu- 

cha edad y constantes trabajos, lo redujo al estremo de 

^ quedar baldado enteramente. 

Su cerebro no se altero en manera alguna, de forma 

aue Blanco hallaba consolacion de sus tristezas y enferme- 
ad en la lectura. 
) Entonces Ios recuerdos de su patria se avivaron en su 

entendimiento, y le pusieron la pluma en la mano para 
cribir en su idioma, asi prosa como versos. 

Puetlo ofrecer a la curiosidad publica tres compi 
ciones ineditas, escritas por Blanco poco tiempo antes ae su 
muerte. Son Ios acentos de un sabio, proferidos en la edad 
de 65 anos y en visperas de bajar a la tumba. 



1 



A UNA SENORA 

cue ie oooiO/ pedtOo uMiy6 eet^c6. 



—9— 



30S?[B^0Q 



Coal tai&edor de «riii6iiico instrumeiito 
-Que, deseando complacer, lo mira; 
Hiere al azar sus caerdas y suspira, 
IflciertOy temeroso y descontento ; 

Si escucba un conocido tierno aceolo 
Anbelaole despierta, en torno gtra 
Los arrasados ojos, y respira 
Poseido de un nuevo y alto alienle : 

Tal si viviese en mi la pura llama* 
T el don de la divina poesia, 
Pudiera yo cantar k tu mandado ; 

Mm d poela humiMe que te ama 
Teme tocar, loh Mariana miaf 
Un laud que la edad ha destemplado. 



J^ofe^Ao^/ 0nHa S7 i/e ^i^o^. 



LA VOLUOTARIEDAD 



iQa^ r&pido torrente, 

Qu^ proceloso mar de agitacioDes, 

Pasa de gente en genie 

Dentro de los humanos corazoneaf 

Qui6D que verlo pudiera 

Forioso, deafreoado, ilimilable 

En el mundo creyera 

Quehubiese nadafijo»nada estable. 

Mas se enfurece en vano 

Contra la roca inmoble del deatino 

Que con cerlera mano 

Supo contraponerle e! Ser divioo. 

Sas) reyes de la tierra, 

El oro poderoso y el acero 

Acamulad, que eocierra 

En so ocullo tesoro el orbe enlero. 

Llanad de sus hogares, 

Guanlos cullivan el fecundo snelo 

Y mueran k millares, 

suplicando 6 maldiciendo al cielo. 

Truene el estrepitoso 

Canon por Uerra y mar ; aize el trofeo 

Su ceno sanguinoso 

Desde el indio Himalaya al Piruieo. 

Silvando cnal serpientes 

Engendradaa del mar vaelen laa navea 

Que de hilitoa ardientea 

Animadas, superan 4 laa aves (I). 



( I } Lot barcoi d« rapor. 



—ass- 
No Im arredre el viento, 
Ni del mar las corrientes escondidas 
Y a e^te nuevo elemenlo 
Guantas fuerzas se opongan saan rendidas. 
Parezca que entredicho 
Ua puesto a la razon la fuena ciega 
T que contra el capricho 
Toda la raza humana eu vano briega. 
Bien pronto la tormenta 
Que 8uscit6 el querer de un hombre vano, 
Creeiendo lo amedrenla, 
T paralizasu atrevida mano. 
No asi el que sometido 
A la suprema voluntad, procura 
El bien apelecido 
Sin enojado ardor y sin presura. 
jDeseo silencioso 

Fuera del corazon nunca espresado! 
Tu ores mas poderoso 
Que el que aparece de violencia armado. 
Gual incienso suave 
Tu subes invisible al sacro Trono 
Sin que tus alas grave 
La necia terquedad ni el ciego encono. 
Del silencioso ruego 
Por el querer divino limitado 
No perturba el sosiego 
Ni temor del azar, ni horror del hado. 



^€ue9^oc/ 0neia ^/ ^ //^(9». 



flierito « medio da n gm dolor j akittaokato, 

{a moitona 4lel 3 de Febrero de 4840 en Liverpool 



^Qu^ resta al infeliz que acongojado 
En alma y cuerpo, ni una sola hora 
Espera de descanso 6 de mejora. 
Coal malhechor k un poste aherrojado? 

Por el dolor y la endeblez atado 
Me ofrece en vano su arrebol la Aurora, 
£1 sol en vano el ancho mundo dora: 
Tal yazgo inmoble, en vida sepnltado. 

jlnfelizl qu6 hago aqai? ^Por qu6 no sigo 
Del sepulcro una voz que dice : «Abierla 
Tienes la carcel en que gimes: yente.» 

Por qu^ preguDto? Porque un tierno amigo 

En im4gen vivisima, a la puerta 

Se alza, y llorando dice. No: detente. 



' 



— 4S7— 

La autenticidad de estas composiciones es indudable* 
Estan copiadas literalmente de los borradores ori^nales 
que el mismo autor remitio a su ami^o don Alberto Lista, 
y aue este senor entrego a la familia de Blanco, como la 
unica que tenia derecko a poseerlos. Aun hoy existen en 
poder de ella estas y otras preciosas memorias de aquel 
sabio seviilano. 

Tales copias me ban sido facilitadas, a ruegos de mi 
amigo el erudito don Jose Maria de Alava, por don Jose 
Maria Blanco y OUoqui, persona muy apreciaole, y sobrino 
del celebre Blanco. 

No vivio mucho tiempo este ingenioso espanol, pues 
acrecentandose la dolencia, se retiro a una hacienda de 
campo (Greenbach) donde murio en la manana del dia 20 
de Mayo de 1841. Fue enterrado en Liverpool en la ca- 
pilla Renshaw-Street. 

En 4845 por John Ehapman se publico en Londres 
The life of the Reverend Joseph Blanco Withe writen by hum-' 
self toith portions of his correspondence. 



Don Juan Galderon, que se dice profesor de literatura 
espanola en Londres, nacio el ano de 4791 en Villafranca, 
de los Gaballeros, Priorato de San Juan en la Mancha. 
Desde tierna edad vivio en Alcazar de San Juan con sus 
padres, hasta que entro en el convento de la 6rden de San 
Francisco de la misma villa teniendo quince a!ios. Des- 
pues de estudiar filosofia, cayo su espintu en una gran in- 
credulidad. En esto sobrevino la guerra de Napoleon y 
tuvo que tpmar las armas en defensa de su patria por no 
haber recibido aun ordenes religiosas. Pero terminada la 
campaiia se vio obligado a tornar a su convento, donde 
recibio el titulo de sacerdote y el de catedratico en filo- 
sofia. La incredulidad de Galderon en materias religio- 
sas era entonces completa. 

En 1820, cuando se proclamo de nuevo la constitu- 
cion de Gadiz, fue mandado por el gobierno que todos 

58 



—458— 

los catedraticos de filosofia instruyesen a sus discipulos en 
aquel codigo. Cumplio Calderon con esta orden tan ce- 
losamente, no solo en su catedra, sino tambien en la par- 
roquia de Alcazar de San Juan, cuyo cura per hacer es- 
le trabajo de mala gana, no tuvo inconveniente en ce* 
derlo al padre franciscano, que se vio tachado de liberal^ y 

Eor tanto senalado para ser perseguido luego que cam-* 
iase la forma del gobierno. 

Cuando los salvajes europcos, ayudados por sus com- 
paheros los de la Santa Alianza^ destruyeron la libertad 
espanola en 1823, liuyo Calderon a Francia y tomo asilo 
en Bayona. En esta ciudad visito un tempio d^ pro- 
testes, de cuycu doctrinas admitta toda la parte negativa. Es 
decir, que era protestante en todo lo que los protes- 
tantes niegan, pero no era protestante en todo lo que 
los protestantes crcen. Sin embargo, en Bayona se con- 
yirtio al cristianismo, aceptando solo el puro y simple 
Evangelio, sin admitir decretales de papas ni decisiones 
de concilios.* 

En 1829, paso a Londres, donde predico a algunos 
espaiioles pei*seguidos las doctrinas de la reforma en un 
tempio que le cedia todos los domingos cierto ministro 
protestante. Disminuyose el numero de sus oyentes, pues 
muckos, temerosos de caer a su vuelta a Espaiia en la no- 
ta de herejes, determinaron no acudir a las platicas de 
Calderon. Algunos pocos persistieron en oirlas, hasia 
que en 1830 pasaron casi todos los liberales a Francia, y 
mas tarde el eclesiastico protestante. 

Todos fueron recibiendo permiso para volver a Es- 
paiia; pero como la Iglesia nunca concede ni ha concedido 
amnistias, Calderon vio partir a sus compafteros sin te- 
ner esperanzas de ver el sol de su querida patria. 

Durante la regencia de Espartero se lograron los de- 
seos de Calderon, Yolvio a Espana y estuvo cerca de ires 
aftos en Madrid, sin ser de nadie perseguido. 

Despues huyo de nuevo a Burdeos, y de Burdeos paso 
a Londres. 



i 



En esla ciudad publica ahora un periodico con el ti- 
tulo de El Catolieigmo neto (The Pure Catholicisme), donde 
defiende en lengua espaiiola sus doctrinas religiosas. 

Don Juan Calderon, persona de gran ingenio y muy 
eradito en ciencias divinas y humanas, escribe en correcto 
lenguaje castellano y en buen estilo. 



Dor Jos£ Muftoz de Sotomayor, protestante espaftol 
ya difunto, escribio varias obras. Entre elias esta una que 
se intitula: Perspectiva real del Cristianismo practico, 6 sistema 
del Cristianismo de los mundanos en la clase alia y mediana de 
etie pais, parangonado y contrapuesto al verdadero Cristianis- 
moj poT Guillermo Wilherforce^ Esc. Miembro del Parlamento 
britdnicou Traducido del ingUs al espanol, par el Rev, Jose Mu- 
iioz de Sotomayor^ Pbro. de la Iglesia Anglicana^ Dr, en Teo^ 
logia y socio de varias Academias de Europa. Londres, 1827. 



Don Lorenzo Lugena, nacio en Aguilar de la Fronte- 
ra, por losafios de 1806. En el colegio de San Pelagio 
de Cordoba fue educado, y en el sirvio la catedra de teo- 
logia por espacio de ocho anos, desempeiiando en los tres 
ultimos los cargos interinos de vice-rector, presidente y 
secretario. En las vacaciones de 1855 paso a Madrid con 
el fin de solicitar del duque de Medinaceii la capellania del 
convento de religiosas de Ntra. Sra. de la Coronada en su 
patria. 

Desairado en sus deseos, hizo en Madrid dimision de 
su cargo ante el obispo de Cordoba, protector del colegio: 
la cual no fue aceptada. Enamorado de su prima y pai- 
sana dofia Micaela Castilla, determino entonces ausentarse 
de Espana; y con el proposito de ocultar su verdadero ca- 
mino, saco pasaporte para Madrid; y en una noche de 
Enero de agua y ventisca huyo de Cordoba en compafkia 
de su amada y de un contrabandista. Llego felizmente a 
Gibraltar, en donde se caso con su prima. De Gibraltar 



paso a Londres, cuya sociedad biblica le enoomendo la 
reyision y enmienda de los Testamenlos antiguo y nuevo, 
traducidos por el Sr. Torres Amat. 

En preoiio de su trabajo fue «nviado Lucena a Gi- 
braltar como ministtro de una pequefia congregacion es- 
panola protestante: cargo que desempeno hasta el 4 de 
Octubre de 1849. 

En esta fecha volvio a Londres, donde acepto el em- 
pleo de 1^ mision espanola, unida entre otras, al colegio 
teologico de Birkenhead. 

Lucena ha escrito e impreso varios tratados religio- 
sos. Entre ellos estan El frtien Cenhirion^ Marta y Maria^ 
y La$ dos fogoios ditdpuloi. Estos librillos son traducidos 
de las CantemplacioMs de HalU 



PE LA ODII^. 



tNTBieS. 



Pr6l060, piCgina 7. 

PlRTURA DBL VERDADERO GARAcTER RBLIGIOSO DE LOS ESPAli^OLES EN EL 

8I6L0 XVI. Error en la manera de jiizgar los antigiios 
tiempos. S^ftiras j censnras contra el clero. Opi- 
niones de Hita. Lopez de Avala. Fr. Joan de Padilla. 
Torres Naharro. Osnna. Leon. Villalon. Refranes 
castellanos. Bemal Diaz de Lngo. Fray Antonio de 
Aranda. Prohibicion de la Bibiia en lengoa rolgar. 
El Dr. Antonio de Porras. Version anonima de ios 
prorerbios de Salomon. Parafrasis in^dita del Mise- 
rere, hecha en octara rima por Benito Arias Montano. 
Gin^s de Sepiilveda habla en favor de ios luteranos. 
El Mtro. Cimelo habla contra las supersticiones. Fr. 
Alfonso de Viru^s se queja de la Inquisicion y deBende 
la libertad delpensamiento. Fadriqne Furio Geriol se 
muestra parcial de la tolerancia religiosa. El Dr. 
Gines de Sepuiveda mani fiesta sa deseo de que los re- 
jes no mnevan guerras contra protestantes« pifg. 13. 
LIBRO L . . . Introdnccion. Ruina de las ciencias en Enropa y su res- 

tauracion. Lntero. Protestantisnio en Espana. Opi- 
niones de Yliescas y de Valera. Odio del Papa Cre- 
mente VII contra C^Crlos V. D. Hago de Moncada entra 
en Roma con el ejercito imperial. Ei Papa firma ca- 

Situlaciones. Borbon no acepta el tratado de don 
[ago y marcha con su ejercito sobre Roma. Asalta 
la ciuaad y es herido de muerte. Saco de Roma. El 
Papa es preso. Los soldados espanoles le cantan co- 

Slas insolentes. Firma el Papa conciertos y sale libre 
e Saut Angel. Juan de Valdes, protestante espanol: 
su yida y escritos. Alfonso de Valdes. Rodrigo de 
Yalero. El Dr. Juan Gil (yulgo Egidio). Francisco de 
Enzinas. Francisco de San Roman. El Dr. Juan de 
Enzinas. El Dr. Juan Diaz. Guerra de Felipe II con 



Paulo IV. Carta del daque de Alba al mismo Papa. 
Paz de Felipe con Paulo. El de Alba pide en Roma 
perdon al Pontifice. Dicbo notable del auque, fds, 73. 

LIBRO II Retrato politico del rey Felipe 11. El Dr. Joan Pcrei 

de Pineda. Carlos V manda deede Ynste castigar i 
los protestantes. Odio del pueblo contra los jesoitaft. 
Descripcion de un autodeFe. Dona LeonordeVibero. 
El Dr. AgusUn Cazalia. Francisco Vibero Cazalla. Dona 
Beatriz de Vibero. Alfonso Perez. D. Cristobal de 
Ocampo, y otros protestantes. El Bacbiller Herrezue- 
lo J dona Leonor de Cisneros. Don Pedro Sarmiento 
de Rojas. Don Luis de Rojas. Dona Mencia de Fi> 
ffueroa, y otros no menos notables. Don Juan de UUoa 
Perejral Predica Melcbor Gano en Valladolid contra 
los luteranos. Vuelve Felipe II d Kspana desde Ingla- 
terra. Asiste a un auto de Fe en Valladolid y jura de- 
fender el Santo Oficio. Don C2[rlos de Seso 6 de Sesse. 
Fr. Domingo de Rojas. Pedro de Cazalla j otros pro- 
testantes. Paralelo entre Felipe II y Neron. Incendio 
en Valladolid comparado con el que acontecio en Roma 
en tiempos de Neron, antes de perseguir este erapera- 
dor d los cristianos. Padrou de ignominia erigido en 
ValladoUd, pig. 133. 

LIBRO III Vida de Fr. Bartolome de Carranza^ arzobispo de To- 
ledo. Fue protestante contra la comun opinion que 
hoy existe. Otro paralelo entre Neron y Felipe il. 
Pintura del estado ae opresion en que yiyiab los espa- 
noles en el reinado de este tirano, pdg. 191. 

LIBRO IV. ..Origen de la intolerancia religiosa en Elspana. Reyes 

Catolicos. Torquemada. Gsneros. Protestantes en 
Se villa. Julian Hernandez. Fngitiros en tierras ea- 
trauas, entre ellos Francisco de Enzinas. Delaciones 
en Seyilla. El Dr. Constantino Ponce de U Fuente. 
Constantina y Cazalla, pueblos ignales en el nombre i 
los caudillps del protestantismo en Espana. Don Juan 
Ponce de Leon. El Dr. Cristobal de Losada. Isabel 
de Baena. El Licenciado Juan Gonzalez. Fernando 
de San Juan. Garci Arias (d Af&estro Blanco). Mon- 
jes de San Isidro del Campo. Dona Maria de Bobor- 
ques. Dona Francisca de Chares. Inquisidores las- 
ciyos. Epistola consolatoria de Juan Ferez. Casio- 
doro de Rcyna. Cipriano de Valera (el hereje espa- 
nol). Reinaldo Gonzalez de Montes. Tomifs Carraa- 
con. Padre catolico que delata d sua hijas al Santo 
Oficio, y que busca la lena para quemarlas. Opresion 



de los espanoles. Ridicala colera de Felipe U conira 
el embajador ingles. Su espolsion de Madrid, jMtg. 245. 

LIBRO V. ... Vida j elogio del principe don Cirlos. Gafrlos fue pro- 

testantc. No estaba loco, ni tomaba nieve en an pri- 
sion por estrayagancia, sino por medicina. Motiroi 
que haj para sospecbar que mnrio de orden de su 
padre, p«(g. 319. 

LIBRO VI. ... Paralelo entre Tiberio j Felipe II. Destruccion de Es- 

pana, asi en Li ciencia como en la riqueza. La poUtica 
de Felice II ocasiona d nuestra patria males d nullones. 
Los frailes atraen a' si las haciendas. Predican contra 
las virtudes v el amor pa trio. Escelencia de Juliano 
el apostata comparado con Felipe II. No hay derecbo 
en ios fan^ticos para alabar i Felipe II y maldecir d 
Neron y Domiciano : su politica era la misma. Con- 
clusion, pijfg. 387. 

AP£NDIGE i .0 ^Fneron hennanos Juan y Alfon^ de Valdes? P^. 429. 
'2.<^ iHa existido Cornelia Bororquia? Pag. 433. 
3.^ Libros pyobibidos por el Santo Oficio, p4g* 435. 
4.* Breye noticia de aigunos protestantes espanoles del 

sifflo XVUI, p^. 447. 
5.* Breye noticia de aigunos contempor2(neos, pstg. 449. 



EXAIEN FILOSOriGO 



&OBHB 



IAS PRIINCIPALES CAUSAS DE LA DECADENCIA 



DE ESPANA, 



]?(0)S^ AM(S)M(^ BE €ABWl^m 



Cora pairia, carior Hbertas. 



Cadiz; 18SS. 



IHPRENTi DB B. FRAHCISGO PAlfTOJA, ClUB DSL LiimiC, 

2IUKBE0 139. 



1 • 



AL Sr. D. JOAQUIN RIQUELME, 

€1 ^tttor. 



IPM^(S)(S(0)a 



Dos caballeros ingleses, sumamente afictofUtdos d '^f^?* 
sas de Espana, me indicaron to tlrt/ que podria ser una obrtta 
donde se encerrctse , fundado en documentos autMicos, «»» 
juicio verdadero de las causas que arruinaron en poco mas 
de un sigto el poderio de los espaitotes, asi, en Europa CO'^ 
fno en America. Alentado yo par los consejos de esto^ se^ 
Hores, y por el buen acoqimiento que ha recibido en Ingla-' 
terra mi Htstoria db los pROTBST/nrrRS bspaWot.ks en la ele^ 
gante traduccion de mi amigo Mr. Tomas Parker, delermi^ 
nd escribir el presente librito. 

Sin embargo^ la empresa era muy difieil^ en una nacton 
como Espana^ pues aqui los mas de los archivos no tienen 
de pitblicos sino solo el nombre. En otras partes los que se 
'dedican d la historia 6 d las ciencias politicas hallan facili* 
dad en la adquisicion de documentos, pero en Espana todo es 
ohstffculos, porque hay archivero que imagina que de la pu^ 
blicacion de un papel del siglo XVt, que contenga algun se- 
creto de estado, han de nacer mil peliqros. Que existan horn- 
bres de tales preocupaciones parecerd increible d los que no 
hayan tratado de estudiar la historia en nuestros archivos. 

Felizmente he podidb adquirir apuntes de curiosos docu* 
mentos ineditos en la Biblioteea Nacional, uno de los pocos 
establecimientos de esta especie que en Espana facilitan d Ai 
curiosidad del erudito el conocimiento de los tesoros que po- 
seen. Con ellos y los que he dehido d la fineza de algunos ami' 
gos, he formado la base de mi trabajo. 

Doy tanta importancia d los documentor ineditos, porqne 
en ellos uoicamente puede hallarse la verdad de los suoewet 



de EspaRa. Los aniiguos historiadgres, pagados par tos mo- 
narcaf, escribian d gusto de los que oprimian d nueslra pa^ 
tria, de manera que alteraron y confundieron todo, 

Por to que resuUa de los papeles MSS. en nuestros archi* 
vos, se puede decir que, para que la historia de Espaiia sea 
verdadera, se necesita escribirla cast al reves de coma hasta 
ahora se ha escrito. 

Conozco que la mayor parte de los autores iiene miedo de 
manifestar con franqueza sujuicio sobre los hechos, por no 
ir contra la corriente del vulgo, fdcit d admitir los enganos, y 
tenaz en desechar las falsas opiniones. Por eso la historia ha 
adelantado tan poco entre nosotros, lo mismo que las demas 
ciencias. 

Muchos historiadores estrangeros^ al juzgar las cosas de 
Espana, con todo de no tener d la vista los documentos de 
nuestros arehivos, han hablado con mas exactilud que los na- 
donates. En aquellos la fuerza del raciocinio ha adivinado lo 
que estos, por temor del desagrado publico 6 por no defender 
contra suspropios intereses la causa de la libertad, han entree 
gado al silencio. Creyendo refutar los juicios de los estranos 
han escrito bastante los espanoleSg pero con estdriUs esfuer^ 
zos, Sus voces rara vez han pasado los Pirineos, en tanto que 
las agenas han resonado por los dmbitos del mundo. Esta di- 
ferencia existe entre dirigir sus pensamientos d la humani^ 
dad y entre lisongear el amor propio de la ignorancia por 
un falso patriotismo. 

No es amar la patria bendecir los yerros y aun los cri^^ 
menes de los antecesores, sino anticiparse d los estf'angeros 
en execrarlos. ^De que sirve que unos cuantos millones de 
hombres llamen glorias a las infamias, si la humanidad en^ 
tera en todos los siglos les dd su propio nombre? 

Siempre nos hewos dejado conducir del vicio de llamar 
perfecta d Espana y de calificar de malos espafioles d los que 
para la felicidad piiblica han querido probar que tal perfect 
cion no existia ni existe , sin advertir que los malos espano" 
les son los que por ceguedad de entendimiento no han reco^ 
nocido como glorias las glorias indisputables , sino lasima^ 
jinadas. 

Si nuestros eruditos , reducidos por lo general al estudio 
de los aniiguos libros espaiioles, examinasen con igual ahinco 
tos frutos de la razon en los demas poises de Europa, se* 



(TO) 

gurametUe no cofUriSuirian d aerecentar los erroref del vulgo, 
ya en la parte poUtica, ya en la literaria. 

Yo que conozco tales defectos ignoro si habrd podido evi^ 
tarlos en esta obrita; mas para no caer en el estremo con^ 
irario he procurado que las proposiciones que pongo en el 
testa p no vayan desautarizadas , sino con un doeumento jus" 
tificativo al pid, donde se acredite mi deseo de inquirir la 
verdad, Anico norte de los historiadores que amen el bien 
p&blico y anhelen que sus tareas sean Untiles d la patria. 

V si iodavia algunos osaren decir que soy mat espanol 
porquenohago causa comun con malos espanoles por me-^ 
dio de aManzas, les respondere con estas breves palabras: 

GARA patria > GAiaOB LIBBRTAS. 






CAPITULO I. 



1 



UiNDO los irabes inTadieron i Espana, rindiose To« 
iedo traa de un largo asedio^ pooiendo entre los capt- 
tolos de la concordia ano en que ae ofrecia k los cris« 
tianos dejarlos vivir on la religion da sua majores* y per- 
miiitles el cullo publico. Aquellos conquistadores, s^bios j 
caballeros, cumplieron fielniente su promesa; y en unto qua 
Toledo ae mantuvo por los oioros» los cristianos que mo- 
raban en e^ta ciudad vivicron en su lejr, sin que la f iolencit 
los obligase ii seguir el Koran de Mahoma. 

Por los varies sucesos del mundo /Toledo arabe ae vi6 
conslrenida & abrir las puertas de su alcazar k las legiones 
irictoriosas de don Alonso VI de Castilla; y este, al ajustar 
los tralados de la rendicion, ofrecio que la mezquita major 
scria de los moros para practicar la religion mabometana. 
Pero no paso mucho tiempo sin que la codicia del clero rom- 
piese el sagrado de las capilulaciones. El arzobispo de Tole« 
do, de acuerdo con la Reyna, que corno d^bil muger se de- 
jaba* facilmenle gobernar de quienes le ofrecian el reyno de 
los cielos en canibio de uni viieza, aprovecho una ausencia 
de don Alouso VI, y con el eslruendo de Us armas se apo- 
dero de la mezquita, convirlieodola en iglesit catedral, y 
aaniificandola con el perjurio. (1) 



(1) Historias del Arzobispo don Rodrigo y don Lucas de 
Tujf. — Cni'hica general de don Alonso el sdbio^ 



-a- 

EsU Tiolaeion da on tratado, heeha por un arzobiapo, 
feoiiaentida por ana Rejna^ j maa larde reapaUda por an so- 
berano^ di6 i entendar al Tulgo qae ia iealtad y la fi no da- 
barian guardarae eon loa da raligion divaraa. 

Gracio con Un inicao ajampio ia intolarancia. Ta no so 
ooQtanuban los cristianos eon vaocar k loa moroa por madio 
da laa armas, aino qua baciando un iofama nao da la vie- 
toria, loa compalian i couvartiraa i la U da Griato. Gomo 
la violancia acompanaba i laa agoaa dal baatismo, fadlman- 
ta los naevoa cristianos volvian loa ojos k an raligion^ par^ 
dida al propio tiempo quo an palria. 

Para casti^ar k loa qaa prafarian vivir an la lay da Ha- 
boma, introdujo Farnando ul por aujestionos da an mojar 
la fraacasa dona Juana, el uso da quemar k los llatnadoa 
barajea. Uasta aquelia edad las layas da Bspafia (i) dispo- 
nian qaa el har^je fuesa solamente amonaatado y correji- 
do, y an caao de partinacia aspulsado por madio da ana- 
tenias. 

Bl claro logro astatamanta conTartir an guarra da rali- 
gion lo que aolo tuvo orijen an al desao da racaperar los 
eapanolaa la tierra dasus padras, usarpada por un podcro- 
so ajtircito aatrangaro. De aste modo los aclestisiicos co- 
aienzaron k anriquacersa con los mas praciados despojos 
de las baullas y de las presas de ciudadea, ofrecidoa k los 
tcmplos en accion da gracias^ por los faniticos vencadoras. 

La pr6spera fortuna sigui6 on aste tiampo el bando da 
la opresion como hace casi siempra. No satisfacha la co- 
dicia del claro con loa bianea de los moros vencidos, so 
propuso alterar los inimos de la pleba contra los judios 
que moraban en Gastilla consantidos por las leyas y ricos 
con sus trabajos y grangarfas. 

El arcadiano da Bcija (1590 y 1591) dirijio an Savilla sas 
predicaciones contra el poeblo jndiico, incitando k los cris- 
tianos k destruirio en servieio de la t6 por medio dal bierro 
y de tas llamas. Otros eclestisticos que miaa an ciudadas 
importantes de Bspana, respondieron a la vo2 dal arcadiano 
de Ccija, y priucipiaroa k tumalluar k los plebeyos contra 
los miseros judios. Sevilla, Cordoba y Toledo fueron ansan- 



(1) Ei fuero juzgo. 



grenUdas per los cristkinos, aacrificando an araa de an pie- 
dad laa iFidaa de loa hebreoa, y en loa altarea de la avari- 
oia los bienea de foriuna que estoa bonibrea aieaorabao. Todo 
fui eobdicia de robar mas que devodon aegun el cronista 
Pero Lopez de Ayala^ (1) 

El Papa, 4 pedimento del rey de Gaatilla^ mando alar- 
ccdiaao de Ecija y demfta predicadorea aua secoacea qne 
no alteraaeu e) pueblo con aua dtacoraoa^ y que de ningun 
modo pidiesen el eatermioio de loa judioa por medio do 
crimenes y deaolacionea. 

Pero el orgulloso arcediano deaprecid el roandamiento. 
del Papa: peraistio en aua predicaciouea, y baata oao decir 
delante del pueblo que el romano ponlifice no tenia auto- 
ridad para probibir i loa aacerdotea que bablaaen contra loa 
eneoilgoa del nombre de Griato. (2) . - 

Deade eate tiempo el arcediano de Ecija airvid de modelo 
k loa monarcaa y ecleai^aticoa de Espana jpara eaceder en in- 
toleranda religioaa A todaa laa naeionea. Qubieron deade lue<« 
go aer maa catolicoa que el Papa. 

En tanto que la intolerancia-ejercitaba aua rigorea en Gaa- 
tilla, no permanecia ocioaa en loa reinos de Aragou y Va- 
lencia y en el principado de Gataluoa. San-Vicente Ferrer^ 
frailio de la orden de predicadorea, ae dedicd a )a conver- 
aion de loa judioa por medio de diacursoa. Pero loa frutoa 
de au empreaa fueron reducidfaimoa. Entoncea la plebe in* 
dignada apelo k la violencia, y con trajicoa ejemplos llend 
de pavor laa almaa de loa judioa, arrastr^udolos al baulia- 
mo por el deaeo de conservar laa vidas y laa haciendaa. 

Tal dicen los autorea catolicoa que de eaie caso es- 
^riben. (5). 

Loa judioa coeotan que San- Vicente Ferrer amoiioan do 



(1) Cronica del Bey Enrique III. 

(2) M. S. S. de la Biblioteca Nacional. 

(5} «Ato pudo Fray Ficente convertir sino muy pocos^ 
dellos. E las genies con despecho, metieronlos en Castilla 

d espada, d fJUUaron muchos Entonces venidnse ellos 

mismos d baptizar e despues de baplizados se iban al- 

gunos d Portugal 4 d otros reynos d ser judios. — Bernal- 
dez. — Uistoria de los Reyes Catilkos M, S. 



-4- 

boen numero de gente, salio con ella trts si por las inodades 
con on crocifijo en Us manos llamaodo k los hebreos pira 

Sue se tornasen eristianos. Y como estos no hiciesen caso 
e sas predicaciones, fueron todos acometidos y nnos moer- 
tos, J otros maltratados por los seeuacM del Triile en md- 
chas de las eiudades de Aragpn, Valencia, Mallorca ▼ Ga* 
taluiit. (1) ^ 

Bsta intoleraneia c^ue empezo i ensaogrentarse en los 
Dioriscos y en los jodios, qniso estender sa dominio sobre 
los cristianos, y Ianz6 los primeroa rayos de stts iras para 
manifestar la prepotencia con que nacia, contra las personas 
de uno de los mas ilastres grandes de Gastilla^ y de uno 
de sus monarcas. 

Don Enrique de Aragon, marques de Villena^ bombre 
dado i iodo g^aero de ciencias, dejo en so muerte muchos 
libros escrilos de su mano; y como el vulgo diese en decir 
que eran todos de ntgromancia/ el rey don Juan II mand6 
a don Lope de Barrientos, obispo de Gnenca, que sin ex4« 
men pr^vio los redujese k eenizas. Bste varon, que eoca- 
recia Id cristiaodad del monarca por tal orden, llevo las 
obras del sabio marques de Villena al convento de los Do- 
lUiiiicos de MadricU y en pocos instautes arrebato a la pos- 
teridad los trabajos de un bombre 'superior ft su^siglo.(2) 

A don Juan II, rey fanfttico, sucedi6 en el trono ,do 
Gastilfa Enrique IV, monarca de gran entendimienio, aun- 
que de condicion tnconstante, y mas amijo de regir los 
duiruos por la dulzura que por la riolencia. Greo que Us ver* 
daderas causas de los motines y desordenes que bubo en su 
reinado y contra su persona est&n calUdas por los antigiios 
bisloriadores , y escondidas A la luz de la filosofia de los 
tiftmpos modernos; Pero bay tales rastrosy senales en Us 



(i) Consolacao as iribulacoens de Israel, compostopor 
Samuel Usque. ^Ferrara 5313 (1553). 

(2) Barrientos decia en uno de sus libros dirigUndose 
d don Juan II: « Ttt como retf crisiianlsimo mandaste d mi 
tu siervo y hechura que to quemase d vuelia de otros mu^ 

clios En to qaaL,.. parecid y parece la devocion que 

tu senorla siempre ovo d la relijion cristiana.» Trae este 
pasage Fernan Nunez en sus nolas d Juan 'de Mena. 



—5— 
■emorias do sa 'tiglOf que el iiel y JesjpjMoaacIo hisloria- 
dar puedo mostrar al mutido los niolitos que lumiilluaroM 
al clero, y A la mayor parte da la iioblezi y plebe coatira 
Eoriquo IV. 

Bate rey qnizi era tan roaterialista come Federico el 
graade de Pnisia. Ba au palacio oiismo* y al rededor de 
au peraona habia multitud de caballerosquo aeguNii lasopi- 
nioQes dePiinio acerea de la mortalidad del alniii. Esios 
talea eatabaa muy favoreeidos por el moaarca, seguu ae prue* 
ba de docuineotoa auti^aiicos. (1) 

Loa mores y los judios esperimentabaa en la corte de 

, Enrique una tolerancia^ religiosa, lUmada crimen imperdona^ 

ble por el clero fanatico (i). ludisiiutamente aolian audar loa 

de ona y otra religion en tierras de cristianos, aiu reciUir 

peraecucionea de la autaridud r^gia. (5) 

Enrique IV mandd preuder por ciertos deaacaCos k los 
arzobispos de Santiago y Seviila, y les secuestro sus bienes 
y rentaa. La clerecia ae arrno de iodignacion contra el too- 
narca y piiso eatredicbos y <;esacion d divinis eu Jo Jos 
aus reiuos y seAodos. Pero Bariqiie miro con dosprecio los 
. aoatemas lanzados contra au persona ; y queriendo que el 
culio catolico no ettuviese suspense para sus subdilos cris« 
tianos, mando quebrantar los entredichos» especialmenie en 
Toledo^ Cordoba y Sevilla« en donde los eclcsiastious an* 
^ dabau mas bravos y aoberbios. Y para atajar los tieros del 



(1) Marina, en su Teoria de las cortes» pone (Tomo 
III) una peticion de los procuradoref al rey Enrique If^, 
donde se decia: ^SeHaladamente es muy 'notorio haber per^ 
sont^s en vuesiro palacio, e cerca de vueUra persona, in- 
fieles enemigos de nueslra sanla fe catdlica, e oiros, aun^ 
que cristianos por nombre, muy sospechosos en la fe, que 
creen e afirman que otro mutnio no hay, sino nacer y 
morir como bestias dicji 

(2) f^De la grand familiaridad que V. A. tiene con los 
moros que en su guarda irae, vuesiros sitbdUos e nalura- 
les estdn muy escandalizados.n-^Peticiones d Enrique I f^. 
Documentosde los senores Baranda y Salvd, 

(5) Feanse las coplas de Minyo Revulgo con el cotnen^ 
to de Fulgar. 



elero, hizo preoder i mocbos candoigos j dignidades de 
las iglestaa da Soriiia, Cordoba y Tobdo, y lief 6Ios a ao 
corte. (i) 

Ames y dedpiies de tales hecbos^ el ray no queria re- 
cibir. 111 en realidad recibia, los sacramentof de la peni- 
toHGia y coruunion, segon manda la iglesta k los catolicos. (9) 

Irrilados los eclesUsticos por Id incredultdad del. mo- 
narch y por la lolerancia religiosa con one no solo consen- 
tia en sus domiuius t los inoros y k los judios, sino qae 
tambien los honraba, enccndieron la tea de la diseordia ea 
estos reynos, y conjiiraron contra Bnrique IV k ninchos 
nobles lurbuleiiios , y k otros caballeroa amigoa de note- 
dades dondo conseguir maa riquezas. 

El roy quiso sagazmente contenor los primeros impetus 
de los rebeldes; pero los eclesidsticos convencidos de qoe 
Enrique en nada habia de satisfacerlos, incitaron luego el furor 
de los caballeros sus^parciales^ y atin el de la plebe, dicieado 
que la piincesa dona Juana, faija al parecer del monarca, 
no era tal, sioo de so privado don Beltran de la Gaeva. 

Proclamaron la iinpoteocia del rey, y ayudados de lof 
s^nores descontcntos y de la plebe conmovida por los re« 
boidfts, ddcl^aroa en los campos de Avila k Bariqoe IV 
indigno de \g, corona, y en estitaa lo despojaron de la dig- 
uidad real, alzando pendones por su borniano don AJonso. 

Asi corno en la quenia de loa libros del marques de Vi-' 
llena -hallaba la humanidad on presagio de la suerte que 
el clero disponia al raciocinio espanol , en la ceremonia de 



(1) Al referir estos sucesos como en gueja d Enrique 
JV algunos ooispos y eaballeros, le dedan: — •Todo es ,en 
ffiuy gran cargo de vuestra anitna, i mengua de vnesira 
persona" real, 6 en gran oprobio € vilipendio de la Santa 
tnadre iglesia.n — Baranda y Salvd.^^bocmnentos. 

(2) Los obispos, arzobispos, caballeros y sefiores de 
Kspana cxigieron d Enrique IV que confesase y recibiese 
comuuion d lo menos una vez en el ano «para evitar la 
pena que es que el que no confiesa una f>ez en el aHo e 
comulga el dia de Pascua, en tanio que viviere debe set 
(flauzado del^'iglcsia, 6 si moriere debe carecer de la 
etlesidstica seputtura.^ ^Baranda y Salvd.-^DocumenlQS. 



^7— 
clegradtr eQ estitua al rey Enrique IV» se vio el modcio 
^ue mae larde los inquUidores siguieroa al ejecatar las au- 
tos de (i. 

BI primer delito, de qae se acuao publicdmente k Eari- 
que para deapojarle del celro y de la corona, fu£ el de he- 
regia» por no baberee confesado en cuarorita aAos. (1) 

Murio el prelenso rey don Alonso en temprana edad; 
pero los faniticos no depusieron las armas, antes bien, acor- 
daron colocar por medio de ellas en el trono & dona Isabel, 
hermana del monarea. Gomo esta Senora juniaba.a su^am- 
bicion un ingenio claro y una astucia estraordinaria, no qui- 
80 aveoturar el logro de sus deseos i los varios sucesos de 
una guerra en rida de an bormano, y ae contento con que 
eate la declaraae heredera del trono de GastilU. 

Enrique, traundo do eviiar mas derraroamiento de sau* 
gre en sus reynos, parecid coder a todo, i hi^o la decla- 
racion que solicilaban los rebeldes eon la violencia. Mas po- 
€0 durable ea una paz, comprada por un engano y k dos- 
pecbo del amor de padre. Aunque el rey babia conseuti- 
do en quo heredase Isabel la corona, jam is declaro de un 
modo termtuante que dona Jaana no era su bija. Llevado 
del amor natural i su sangre, anulo el acuerdo celebrado ecu 
los rebeldea, consiguid del Papa Paulo 2.^ la relajacion del 
juramenlo becbo por sus subditos, y mando tener por su 
siicesora en el trono de GastilU k la princesa dona Juanj. 
La corte de Roma siguio en todo el bando de don Enrique 
por los grandes cesoros que este rey tenia, 6 por las gran- 
des'd^divas que de il alcanzaba. (2) 

Guando mas diligencia ponia Enrique IV para conseguir 
la paz de sus reynos, y dejar k su bija dona Juana eu la 



(1) Frajf Pedro de Rezas en su Repertorio de algunos 
actos y cosas singulares que en estos reynos de Gastilla acae- 
cieron, Cddice G. 5, BibLioteca Nacional^ dice.^«f^inieron al 
rey don Enrique tUciendo como era ereje, d que en quareiUa 
aHos no se fallava averse confesado dos veceiitic, 

(2) Crinica de Enrique Cuarto que escrivid Alonso de 
Palencia. — Memorial de diversas hazanas, ' ordenado por 
Mosen Diego de Falera.^^^M. S. S. de la Biblioteca de,mi 
ainigo don Pascual de Gayawjos. 



— 8- 

quietfl poscsion de la corona, vioae acomelido de una ro* 

fientiiii y desconocida enfermedad que eii brevea iaaUnlea 
tt arrebato la existencia. En la bora de su as;aiiia vartoa 
eclesiaslicos poiiiaron en que se confesase j recibieae la co- 
munioii; pero k sua suplicaa i iroportunaciouea negose coaa« 
unteineiite el rey; y eon volvio los ojoa k oira parle, ea 
seiial de desprecio, luego que loa cl^rigos le puaierou enfrea- 
te de su lecho uu altar para encenderle en devocioa el 
anitno. (i) 

Muerto Enrique IV conienzo una gaerra civil en Caatilla. 
Isabel y au espo^o don Fernando de Aragon, ajndados pot 
casi loda la cleiecia y por roucba parte de la uobleza y do 
la plebe, ae coioiiaron rejes. 

Dona Juana impetro el socorro del monarca portaguea, 
au tio^ en tanto que diiigia ^ laaciudades j villaa del reyno 
una carta en quo nunifestaba los deliios de Isabel, ejecu- 
tados para poseer el trono, y las cansaa que inhabilitabaa 
a esta Senora para la berencia que preteudia. 

La manifestacion de dona Juana declaraba que so padre 
don Enrique, con deseo de aquietar sua estados, adiDtito 
por su sucesora & dona Isabel, con juramento aoleinoe que eatt 
le hiao^ de vivir a su Mo y casarse* con la persona que au 
bermaiio quisiese (3) : acusaba i Isabel de haber ?iolado aa 
prouiesa, huyeudo de morar en palacio ? deaposindose con 
el piincipe de Aragon sin permiso de Enrique IV, por lo 
cual habia incuriido en la perdida de los bienea que da* 
biera herudar,' segun las leyes de Castilla, y siu dispeusa* 
cioii aposiolica por ser pariente cercana de su esposo: lo 
hacia lambien el cargo de baber eofeoenado al rey, de ba- 



(1) Fe'anse la crdnica de Palencia y el memorial 4e 
'f^alera. — M, S. S. ciiados en la anterior nota. 

(2) Este rarisimo docnmento inedito pira en el Cidice G. 
5, de la BiblioUca Nacional.-^^ia infanta doha Isabel.... 
ton fjrande alrtvimiento en tjrande ofensa e menosprecio de 
la persona real del dicho rey mi sefior, se guiso de [echo inti^ 
fUlar por reyna destos dichos misreyf90S^» — Masadelante Aa- 
k'laiido de la oferta de vivir Isabel con su hermatw y casar^ 
se fi su (jnsto^ anade;-^(nDe lo cual todo fizo juramenio e 
volQ d la casa Santa de Gerusalen solenmmenie.» 



— 9- 
berse ensenoreado de sns tesoros, y brocados, y panos, y 
de haber Hevado basta tal punto la codicia, que no quiso 
dar ninguno de estos para adornar la sepulttiiu dc su tic- 
lifoa^ por lo cual-au ealierro se veiifico sin pompa (1). Lo 
ecbaba en rostro que habia ofrecido premios a quienes le 
entregasen so persona, sin duda para encarceluria perp6- 
tuamonte« 6 quiKa para arrebatarle la Tida; (2) y por ulti- 
mo pedia a las ciudades y villas que rogaseu A lus prin- 
cipes dona Isabel y Fernando qne de acuerdo con ella se 
convocasen Cortes, para que el reyno diese la declaraciou de 
quien era la heredera legitima^ con lo cual se efiiarian los 
borrores^ de la guerra. (5) 

Pero Isabel y su esposo desecharon las preiensiones de 



(1) En la citada carta M. S. se lee acercade los reyes 
catdlicos.-^uPar codicia desardenada de reinar acordaron,... 
de le facer dar, 6 fueron dadas yerbas e ponzona de que des* 
pues fatlescio,... Todo' esto estd averiguado e sabido de tales 
personas, fisicos, e por tales violentas presunciones que fa; 
cen entera probanza, e se mostrard mas abiertdmenie cuan- 
do convenga.i» — Mas adelante se lee: — a Nunca dieron ni 
consintieron dar para las honras de su enterramiento e sepul^ 
tura, lo que para cualquiera pobre caballero de su reyno se 
diera.» 

(2) vjiun destp no contenta la dieha reyna de Sicilia^ 
trabajo e procurd por muchas € diver sas maneras de me aver 
^ llepar d su poder para me tener presa e encarcelada per- 
petuamenie; e por aventura para me facer malar, ofreciendo 
muy grandes dddivas e partidos para que yo le fuese entre^ 

gada Por donde podreis bieh conocer cual ay a sido siem- 

pre la inlencion e soberbia de la dicha.... contra ml,...»= 
M. S. citado, ^ 

(3) Todas las cldusutas de los documentos de la prin- 
eesa dona Juana, manifiestan su d^seo de la paz. V'ednse 
las palabras siguientes de su citada carta, ftLuego por los 
tres estados destos dichos mis reinos, e por personas es^ 
cojidas dellos de buena fama e conciencia que scan sin sos- 
pecha se vea e libre € determine por Jusiicia d quien es^ 
tos dichos mis reinos pertenecen, porque se escusen todos 
rigor es c rompimientos de guerra. 

3 



' 



aona Joana^ temerosos siu duHd, de que el roino, junto ea 
Gortea^ declaraee que cata sefiora debia cenir i aos airiies 
la corona como verdadera soberana de Gaslilla. No qui- 
aieron guardar las leyes, ni somelerse i su imperio. Por 
medio de la aedicion Isabel adquirio sua derechos: porii^e- 
dio de las armas los sustento con la ayuda del ignorante 
Tulgo que aiempre seguia enlonces el baudo de los liranos. 
El mooarca porlugu^s^ vencido de los roesos de algu- 
nos caballeros castollanos, del deseo de defender la justi- 
ciar y de conquistar k su sobrina dona Juana el trono da 
su pidre^ entro con poderosa hueste en Gaslilla, gano fa- 
lias ciudades» y con el favor de los parciales de la Terdad, 
mantuTo viva la guerra por espacio de tres aSos. 

Al fin aju8t6 paces con Isabel, en las cuales se obligaba 
esta i casar. en edad oporluna a doda Juana, con el prin- 
cipe beredero que tuviese en su matrimonio con don Fer- 
nando. Dofia Juana tan grande en generosidad cuan gran- 
de era Isabel en ambicion y talenta* no quiso por mas 
tiempo que la discordia alumbrase con su roja tea el ter- 
sitorio castcllano. Apesar de tenor de su bando k muchos 
caballeros, resueltos ft morir en defensa de sus derechos al 
trono, y apesar de que el monarca portugu^s deseaba to- 
davia no deponer las armas, esgrimidas en sustentacion de 
]a verdad y de la justicia, desprecio nn cotro y una co- 
rona que babria de recibir salpicadas con las lagrimas y la 
sangre de sus subditos> retirdse al silencio del claustro y 

{>or espacio de algan tiempo cubrid su cabeza con el vo-^ 
de monja. Gonocid que la maldad siempre se pone de 
parte de la injusticia, y dejd que de una vez la injusti- 
cia acabase de 'obtener. el triunfo que al fin habrian de 
conquistar los malos. 

La reina Isabel, como sefiora de gran entendimiento, lue- 
go que vio en paz a Gastilla procuro ocupar los ftnimos do 
los nobles turbulentos en guerras con los moros, reducidos 
entonces al dominio del reino de Granada. Gonocia que el 
podor real estaba por tierra, que los grandes y caballeros 
que depusieron en Avilg i Enrique IV, se creian con la 
facuhad de poner y de quitar cetros, purpuras y coronas. 
Lo qtte era de su agrado cuando estaba on el numero de 
los rebeldos, le inspiraba grandes temores al hallarse en 
el caso de que los aniiguos coujurados qoisteaen derribar 
su Tiolento seSorio. 



— u— 

CoQ el nombre da guerra do religion, guio sus huestes 
contra loa moros; y asislida del esfueczo de una hcroitia* 
Goiisiguio divertir \os animos do los nobles ambiciosos y 
•umentar el terrilorio casiellano. 

En tanto los frailes y cldrigos se lamentaban de que 
los nuevos crislianos, de aquellos Tiolentamente converli- 
dos por el temor» ae volviesen & la antigaa ley mosai^a. 
o a la de Mahoma; y pedian con grandes instancias a Isa- 
bel que para casiigar k los que abandonaban la ti, sees- 
tableciese el tribunal del Santo O&cio. 

El rey Fernando y sa esposa dejaronse persnadir de 
las quejas del clero; y especialmente Isabel, si bemos de 
creer el testiroonio de los judios contemporaneos, que co- 
mo viciimas de la crueldad de uuo y oiro soherano, eran 
mas imparciales en atribuir el gran delilo politico del es« 
tablecimiento de la iuquisipion,* que los autores modernos 
y cristianos, idolatras eiegos del buen nombre de la reyna. (1) 

El clero y la corona con el casiigo de los que se vol- 
viap & la religion de sus padres, bultaban una manera le- 
gal de enscnorearse do sus riquezas por medio de las con- 
uscacioaes (2). La plcbe hatta aquel tienipo solia alboro- 
tarse, de cuando. en cujiido con el celo de la f<^ de Gristo, 
y asaltar las casas de los converses para mal herirlos y 
lobarlost Asi en el reinado de Enrique IV rego con sangre 



(1) Samuel Usque en su citado libro de Comolacao as 
tribulacoens de Israel, dice: — vAcbando as enemigos de minha 
prosperidade aparelho em el rey e, muito mas a reinha dona 
Isabel de os penseguir &c.j» — Sin embargo de eslo, los au^ 
tores cristianos de esle siglo por congeturas, y solo por con-- 
geturas, creen que la reyna no queria la itufuisicion, sino 
su marido solamente, 

(2) Pulg^r en su crdnica dice, hablando de los convert 
SOS, que ^sus bienes y heredamienios fueron tornados y apli- 
cados al fisco del rey e de la reyna. t^ — Recuerdese lo que 
dice Plinio en el panegirico de Trajano: — nEl fisco nuncd 
tiene mala causa sino bajo un buenprincipe.n — Y lo que pre- 
viene Tdcito sobre que el principe no aplique d si los bienes 
de los condenados, por que no de materia para que se crea 
que por codiiia persiguid d inocentes. 



^12- 
do jadios, recientemenle convertidos & la ti, las calles de 
Cordoba, de Jaen y otras ciudado^ de 4ndalucia, logrando 
en el retiro de sua casas con la impuiiidad de los delitoa, 
la posesioQ de fas riauezas hiirtadas (1). Bstos ejemples 
inciiaron la codicia eclesi^stica y real; y de acuerdo el al* 
tar y el trono en refrenar los impetua de la plebe eii da- 
fto de los recien convertidos, quisieron que las sediciones 
dc las calles y plazas tuvieseii aparatos legales; q*je las 
miiertes de los que odiaban una religion recibida por la 
violctncia, y eu cuyo nombre se casiigaba por haberla re* 
cibido, fuesen hechas por los verdugos^ y que los bienes 
(|iic se repurtiai) los alborotadores^ pasasen k enriquecer el 
iisco y las areas de las iglesias. 

Raras veccs la sedjciou deja de ser sediciosa cuando 
alcanza ol poderfo. Fernando 6 Isabel jamds respetaron las 
leyes de Bspaiia que se oponian a sus propositos. Por eso 
no consuharon S las Cortes para el estableciiniento de la 
Inquisicion, temerosos de que en ellas no levantase s» toz 
la hutnauidad contra la tirania de las conciencias. La ha- 
cion espafiola no fundo por s{ misina tan execrable tri- 
bunal: los rcyes y los eclesi^sticos fueron sus antores, en 
contradicciou de muchos piieblos que lo resistieron k ma- 
no armada. 

Comenzo la Inquisicion & cebarse en los mfseros con- 
versos, sirvi^ndose de las llamas, de los tormentos, de la 
confiscacion de los bienes v de las infamial) de los Una- 
jes. En Sevilla los furores ac los jueces etcedierou los li- 
mitcs de la inbumanidad, sin dejar con el terror l^bios pa- • 
ra la queja o para la consolacion do los perseguidos. 

Solamente una voz aono en Espatla en defensa de las 
victinias del clero y de los frailes. El cardenal arzobispo 
do Sevilla don Pedro Gonzalez de Mendoza, deteoso dis 



(i) Monso de Palencia ^(Crdnica M. S. de Enrique I^) 
y F^alera en su Memorial M. S., diceni-^vDon Alonso de 

Jrjuilar mudd el propdsilo, dando Iwiar d que ningnno 

de los converses fuesen defemlidos mas fuesen tob^dos 

Se hizo toho general y los que pudieron huir par los cam* 

pos si eran vislos delos labradores, luego eran robados 

y muertos. » 



—13— 
saber qui opinaba icerca do aquellas sangrientas ejecucio* 
n«s Hernando del Pulgiir, varon de escLirecido iiigduio y 
de escel«nte doctrina, y cuyas obras bouriin mucbo la bis« 
toria literaria de Bspafia^ (e escribio una carta. PiHgar, hi- 
«bando entre ia compasion con que veia aquellos estragos^ 
y el temor de incurrir en el ddio de los iiiquisidores, no 
se atrovio al priucipio ^ dar la respueata; perQ al fin, ven* 
cido de las iustancias del secreiario del arzobispo y da 
otras personas, dicigio al cardeual la siguiente episftola: 

ctllustre y reverendisimo Seiior.* Ia de vuesa senoria res- 
cifi; y voestro secretario nio escribii, y oiros algutios mo 
ban dicbo que espera vuastra senoria fo que tengo de es« 
cribir acerca de las cosas que (ratan en el Andulucia. Cier«- 
tamente, senor^ dias bii inuchos que eu el ininio terigo 
escrito y aun con ruin tinta, la necedad tan ciega, y la ce-' 
guedad tan nceia de aquella geute, que veia bien que ba- 
bia de dar el Xruto que lorla neceJad suele dar de si (1). 
Tainbiou me parece scoor que la reina* ruiostra senora, ba- 
ce lo que debe: como reina crislianisinia es obligaila de lo 

hdCbr, y no debe mas a Dios de lo mandar (2). Por 

sua mitiistros va todo el fuego; porque como vuestra se- 
^ noria sabe, una forma se -ha de tener con los pocos re- 

lapsos y otra con los niuchos. Bn los pocos bien asienta 
la punicion, y tanto cuatilo bien esta en los pocos, tanto 
es peligroso y aun dificil en los mucbos, con los cuales 
dice San-Agostin que so ha de baber el juez, como se 
ha nuestro Senor con cada uno de nosotros : el cual aiiu- 

que nos conoco esperando nuestra reduccion , uos 

apiaJa Traelo en una epistola que escribe al empe- 

rador Marciano (3) sobre el relapso de los *douatistas^ amo- 



(i) Alude at poco reeato con que los conversos sector ^ 
naban al judaisino. 

(2) Palabras para no alraer descubierlamente sobre la 
reina Isabel las quejas terribles del modo de proceder los 
inquisidores, Pulgar jera cronisia de los reyes Caldlicos, de 
manera que se veia obligado d guardar ciertos respetos 
d sus patronos. 

(3) No hag lal Marciano. San-Jgustin escribid sobre 



—14— 

nestandoU qae los perdoQe ci de otra minera no babcia 

Icna que bastase. 

aYo creo, Seiior, qoe alli (en Andalucia) bay algiinos que 
peean de lualos : y otros y los mas porque ae v^d uraa 
aquollos uialos, y ae irian tras otros buenos ai loa bubie- 
ae. Pero como los viejos sean alli tan malos crisiianos, los 
nueves son tan buenos judios. Sin duda, Sefior^ creo que 
mozas doncellds do diez i veinte ailos hay en el Andalu- 
cia diez tnil ninis que deado que nacieron, nunca de sus 
casas salieron^ tii ojeron^ ni supieron otra doctrina sine 
la que vicron hacer a sus padres de sus puertas adentro. 
Qucmar todos cslos seria cosa crudelisioi^ y aon dificil 
de hacer, por(|ue se ausentarian con desesperacion a lu« 

S[ares doude no se esperase do olios correpcion jamAs, 
o cual seria gran peligro de los ministros y gran pe« 
*cado tambien. S^ cierlo que bay ' algunos que bnyen laas 
de la eneiniga de los jueces que del miedo de sus con* 
ciencias. 

«No digo, Senor, esto en favor do los malos, mas en 
remedio de los enmcndados, el cual me pareccria^ Senor, 
poner en aquclla tierra personas notables, y con alguuos 
de ellos, de su misma nation^ que con ejempio de vida, y 
con palabras de doctrina, redujesen k los unos y enmenda- 
sen a los otros poco A poco^ como so ba hecbo en el rei- 
no y aun fuera de ^1. Todo lo otro a mi ver cs obsiinar 

?r no cnmeudar en gran peligro de las Animas^ tambien de 
OS corrcjLdos, como de los corregidores. Buenos son por 
cierlo Diego de Merlo y el doctor de Qfedina (i). Pero yo 
fi£ bien que no haran ellos tan buenos cristianos con su 
fuego, como bicieron los obispos don Paulo y don Alon- 
60 con su agua (2). Y no sin causa, porque i estos escogio 



este^asunto d Bonifacio, proconsul de Africa, y luego d 
Danato, que tambien tuvo el mismo cargo. 

(1) Merlo, asistente de Sevilla y comisionado por los 
reyes para eslablecer la inquisicion, 

(2) Don Pablo de Santa Maria, obispo de Burgos, des* 
pues de su conversion al cristianismo bautizd d muchos jw* 
dios (siglo XI T) y Alonso de Cartagena, obispo tanibien de 
Burr/OS (siglo XF) y converso hizo otro ianlo. A estos alu* 
de Vulgar, 



— 15— 
Dios nueslro rodentor Gristo para aquello^ y a eslos otros 
escogio el Liceiiciado nueslro cancillor para estootra.n (1) 

Esle docamento prueba que enmodio del triunfo que iba 
consiguiendo en Bspana la tirania real y eclosiastica^ uo faU 
taba quien levantase la voz en defensa do los derecbos do 
la conciencia, inicuanaeiUe rasgados en nboibre de un Dios 
de miscricordias. 

Polgar, & la vista de tantos crimenes espantosos, hablo 
en unos pasajes de Su carta con el recato qae la opresioa 
permitia, y en otros con un valor» di^no de habor conse* 
goido entonces mas imitadores para felicidad de la nacion 
espanola. Pero ^qu^ imitadores podria hallar este iluslre 
8&bio, coando ^I mismo tuvo que disculparse de haber es- 
crito tal documentor luego que se vio manchado con la no- 
la de hereje? (2) 

Algonos grandes y cabalteros se pusieron en armas en 
diversas ciudades con el proposito do impedir ei estable- 
cimiento del Siinto O&cio; pero la mayor parte de la plebu 6 
los dcjo abandonados en la empresa, 6 dirigida por los sa- 
telit^s del fanalismo^ contribuyo ^ veneer el denuedo de los 
que amaban la libertad de sus conciencias. 

La nobleza al fin se convirtio^ despues de vencida^ on ada* 
ladora de la tirania. La plebe iusensata ayudando cioeameute a 
los opresoreSr y cubri6ndose de cadenas, obligo a los que al 
defender sus derecbos^ defendian tamblen los do lospleboyos, 
a buscar en la adulacion la seguridad de sus vidas, el perp^tuo 
dominio de sus riqnezas y la conservacion de sus dignidades. 



(1) Mariana did noticia de esta carta en su flistoria de 
Espana. Llorente en su Memoria sobre la opinion de Espa^ 
Ha acerca de la In^uisicion, dice que esle documouto no ha 
llegado a nuestros dtas. Pero se en^and; pues existe M. S. 
en la Biblioleca NacionaL Codice F. 133. Yo he sacado de 
etla el traslado que vd en el cuerpo de la presente hisloria. 

(2) Entre sus cartas impresas hay una en que dice d 
wio de sus reprensores: — nJVo es maravilla que su Alteza ha^ 
ya errado en la comision que hizo^ pensando que comelia 
6ien, y ellos en los procesos pensando que no se informaban 
mat: aunque yo no dije ni alirmo cosa uioguna ae estas.ii 



— IG— 
Asi como los nobles roinanos, descendientes de los Ga- 
milas, de los Escipiones^ de los Metelos, de los P<ibrictos 
J de los Brutos, perdida la virtuJ amigua, so coiiTirtieroa 
en aduladores del Imperio , on siervos de los secretes gus- 
tos de Jos Gesares nefaudos, y k iaiitacion de estos, en se- 
cuaces de todo ginero' de vicios, los grandes y caballeros 
de Csparia abandorlaron los altos ejemplos de los que ba* 
bian conquislado la hidependencia de su pairia contra los 
guerreros mahotueianos; y siguiendo los caprichos y las 
crueldades de la tirania, irocaron la espada en la Tara dft 
familiares del Sanio Oficio^ la defensa de la juslicia en per- 
secucion de herejes y judios, y las manos que empuna*- 
ban la lanza para aiuparo de la inocencia y Baqueza mu- 
geril, en instrumenios con que se apristooaba y Teducia k 
cenizas k damas y i doucellas infelices. Casi sienipre la 
ignorancia del vulgo ha seguido el bando de los tiranos. 
Los d^spotas en sus lacfaas con los amadores de la liber- 
tad civil y reiigiosa tienen en su pro los animos timidos 
6 inducisos, y los hombres que ban ilacido para la ser- 
tidumbre. 







CAPITULO II. 




ESPUES de largos combates conquistaron FerDando 
6 Isabel la ciudad do Granada^ ultima fortaleza ea que 
tremolaba el estaodarte de la media luna. 

Gomo todas las victorias de los liranos, aunque soan al- 
canzadas contra enemigos estrangeros» se convierten en des- 
dichas para los pueblos que ^imen bajo su yugo^ los re- 
yes caiolicos, ciegos con el tnuufo de sus armas en la guer- 
ra con el moro, creyeron que nada debia contener ya las 
fuerzas de sus voluntades. 

Las leyes eran para ellos los mayores contrarios en la 
empresa de constituir el despolismo; pero el orgullo per 
una parte« y los consejos de los te6logos por otra« con- 
siguieron del iuiroo de una muger devota y ansiosa de ie- 
ner en su mano el absoluto dominio, la violacion de los 
mas respetables fueros, el quebrantamiento de las palabras 
reales, y el desprecio de toda razon y de todo derecho. 

Poco liempo despues de la conquista de Granada publi- 
caroH los reyes un edicto, previniendo que en el lermino 
de cierto plazo saliesen de Espana para siem^re los judios 
que no se bautizasen, veddndoles llevar consigo oro, pla- 
ta y piedras preciosas. 

Los instigadores y consejeros de esta determinacion fue- 
ron Fray Tomas de Torquemada^ Inquisidor general, y doa 

4 



-18- 
Pedro Gonzalez de Mendoza, arzobispo da Sevilla. (1) 

Las conciencias de Fernando i Isabel^ al cometer cste 
delilo politico, debieron quedar muy trauquilafl coa el pa- 
recer ae estos dos teoiogos. 

Las leyes de Bspaiia deade remotos siglos, permidan i 
ios judios sa permanencia y el libre cullo 4e la religion 
mosaica; j el reyno junto on G6rtes en la ciudad de Tola* 
do el ano do 1480^ babia dispuesto que aai Ios hebreos co- 
mo Ios mabomelanos, viviesen en barrios separados de Ios 
que guardaban la K de Grislo, y que -en ellos kbrasen las 
sinagogas y mezquitas. 

Gomo era una ofensa de las lejes y del reino el bir« 
baro edicto que aboiia la libertad de coacienda de Ios ju- 
dios, y el derecho de niorar en Bspaiia, no quisieronlos 
monarcas oir el parecer de las Gortes^ en la persuasion de 
que liabia de ser contrario. Y annque por una ley se or« 
denaba k Ios soberanos que en Ios cases grandes y Arduos 
juntasen el reiuo en Gories, para proceder en ellos con jsu 
consejo y deliberacion (2), rernando 6 Isabel, resueltos 
i bollar todo cuanto se levantaba contra su tirania, sin es« 
cuchar i la nacion espanola, se hicieron senores de sus de- 



(1) En la Gronica del Gardenal don Pedro Gonzalez de 
Mcndoza, por el Dr. ScUazar (Toledo 1625) se dice: — a Con* 
sideraron juntametUe. que no se habia sacado hasia enton-' 
ces tanto fruto de la institucion del Santo Oficio, comp je 
habian prometido , de que estaban muy bien informados del 
Inquisidor general, por cuyo consejo y k perp^tua instaticia 
y persuasion del cardenal, se determinaron d echar de iodos 
sus reynos Ios judios &c.a 

(2) Por una ley sancionada y publicada en Medina del 
Campo en 1528, y en Madrid 1329, se prevenia « por que 
en Ios hechos drduos de nuestros reynos es necesario el con^ 
sefo de nuestros siibditos naturales, especialmente de Ios Pro^ 
curadores de las nuestras cibdades y villas y lugares de Ios 
nuestros reynos, por ende ordenamos y mandamos que sobre 
Ios tales hechos grandes y drduos se hay an de juntar Cdrtes,- 
y se faga consejo de Ios ires estados de nuestros reynos, 
segun lo hicieron Ios reyes nuestros progenitores.H'^Ley IF. 
Titulo ril. Libro Vl de la Recopilacion. 



—19- 
seos^ afligieron i la humanidad, y oaaron ultrajar i sua 
suliditos. 

Aunqae los reyes CatoUcos erigieron en jusiicia su con- 
Toniencia y su aasia de acrecentar a despecho del mundo 
eiiiero su seiiorio, no entraron las armas a vengar las La- 

Jea. EI pueblo vio tranquilamente abjurar la religion de 
iojs^s a mucboa por la violencia« y aaUr de Bspana k 
cieuto aetenta miU La Urania so ejercitaba contra los do 
religion diverse, de forma que el ultraje de Jaa leyes era 
indiferente para unos bombres que tenian por maestros & 
los ToFqaeroadas. 

Mucbos judios habian ayodado durante la guerra coa 
gtandes sumas de dinero k Isabel, en los dias en que es- 
ta senora se ballaba falta de todo lo necesario para man« 
tener sus ej^rcitos. A no aer por los bebreos bubiera tenido 
que abandonar la empresa do cooquistar & Granada, at no 
queria ver a sus aoldados perecer al rigor del bambre. Pero 
los tiranos tienen por injuries los beneficios, cuando ya no 
necet ilan de alios. La recompense de los judios que socor* 
rieron k Isabel fu6 el edicto de eapulsioup y la p^rdida do 
casi todos sus bieues. 

El Papa acogio en Roma a mucbos de los bebreos fogi* . 

tivos^ y les permilio mor«r con sus hermanos en los esta- 

^ dos poniificios. Al propio tiempo did i Fernando 6 Isabel 

el tilulo de rejfes catdticos, sin duda por baber qoerido sec 

* mas catolicos que los mismos Papas en la manera de pro- 

ceder coa el pueblo judaico. 

Esia paga recibieroo los monarcas por la despoblacioa 
de Espada, y por el deshonor que causaron k la doctrina 
del Evangelio en toda Europa y aun en Asia y Africa, con 
las justas quejas de los judios, perseguidos y robados en nom* 
bre de una religion de paz y de misericordia. Los que vio- 
Ian las leyes^ siu que el castigo vaya detras de la iujuria, 
caminau de crimen en crimen politico, desnudos ya de 
temor y de verguenza. 

Gouseguida facil victoria do los judios, dcterminaron los 
reyes catolicos que no bubiese en Espana persona alguna 
que en las cosas de ti no peusasen como ellos. Orgullosos 
cou sus couqiiistas,.imagiriaron que el ser conquistadores les 
daba, ad^mas de la faculud de regir las ciuJades y sus mo» 
radores, la do posesiouarse de las coaciuucias do los nuevos 



^ 



-20-- 

subditos. Pocos ejemplos de una locura tal ofreee la historia. 

La republica y el imperio de Roma se bicieron graruies, 
por qae jamds obligaron k los vencidos i creer ea U religion 
de los vencedores. Sabiaa conquistar y maotener en paz lo 
conquistado. 

Los nioros de Granada al rendirse i Fernando 6 Isabel, 
lograron que estos en las capitulaciones les concediesen la 
libertad de colto^ y la solemne promesa de qae ningun mabo- 
metano seria constrenido k abrazar la religion de Gristo (1). 
AdemaSj temerosos de que los reyes quisiesen castigar i los 
inucbos espaAoIes renegados que con ellos Titian, consi- 
guieron tanibien que en las niismas capitulaciones se ofre« 
ciese que ninguno de los crislianot converCidos al ma- 
hometismo, ni sus hijos j descendientes , serian moles- 
tados. (2) 

Juraron los reyes catdficos cumplir los capitulos de la 
rendicion (3); pero ^qu6 capitulos y qu^ jnramentos habian 
de guardar los que estaban acostumbraaos k que su voluntad 
fuese superior k las leyes? 

Un fraile fianciscano que loego subio k arzobispo de To- 
ledo, y k cardenal. Pray Francisco Xiraenez do Gisneros^ 
hoinbre de cntendimiento grande, y dedicado al servicio de 



(1) vQue sus Altezas y sus sucesores para siempre 

jamds dejdran vivir d todo el comun, cMcos y grandes, 

en su ley, y no les consentirdn guitar sus mezquilas &c.a 
=9 Que ningun moro ni mora serdn apremiados d ser cris" 
tianos contra su voluniad.i^^^Marmol. — Historia del Rebe^' 
lion del regno de Granada. 

(2) vQue no se permitird que ninguna persona maltra* 
te de obra ni de palabra d los eristianos 6 cristianas que 
antes de esias capitulaciones se hovieren vuelto moros; y 
que si algun tnoro tuviere alguna renegada por mujer, no 

serd aprtniiada d ser crisliana contra su voluntad y 

lo mismo se entenderd con los ninos y nifias nacidos de 
cristiana y fnoro.» — Marmot. — Historia citada. 

(3) tf Os prometemos y juramos por nuestra palabra real, 
que podrd cada uno de vosotros satir d labrar sus herO' 

dades y os mandaremos dejar en vuestra ley &c,:=:i 

Uarmol.^ Historia citada. 



—51— 
la tirania para el logro de sus ambictoncs (1) y para daiio 
d6 Bspafia«. persnadio k Fernando i Isabel quo no estaban 
obiigados A dejar qae los que abandoiiaron la religion da 
Griato vivioaen en la lej de Mahoma, y por tanto (|ue ea- 
tos« y sus descendientes qua nacieron moros, eran bijoa do 
la iglcsia, j que la iglesia los podia reciamar como suyos. 

Gooao los tiranos solo necesitan una pequena sombra de 
diaculpa para romper leyes, para quebraular juramenlos, y 
para constituir aobre las ruinas de la razon el imperio de 
SQ absolute voldntadj rindi^ronse f^cilmente los dos monar- 
cas a los consejos de Gisneros. Sin duda este fraile, en cam* 
bio de semejaates delitos^ les anuncio la gloria eterna por 
el servicio que creerian becbo k Dios, y las alabanzas do las 
foturaa gentus, como si estuviese en manos de los di^spotas 
deteuer el curso de los siglos y perpetuar la esclaviiud del 
peusamieuto. 

Gisneros, con poderes reales, lleeo a Granada, y comen- 
86 k ioquietar k los que viviati en Ta ley de flfahoma, des* 
(raes de haberse apartado del cristianismo. Al ver una viola- 
tion tan iufume de los tralados y de los juramentos, toma- 
ton las armas no solo los que renegaron^ sino tambieu grau 
cautidad de moriscos, para oponerse k la ejecucion de una 
iniquidad tan manifiesta. 

Fueron juzgados estos como sediciosos^ cuando los sedi- 
ciosos eran tan solo los soberanos, y los mtuistros que se 



(1) En la Bibliateca Nacional hay en el cddice M. 145, 
fiiaa sdtira contra Fernanda el Catdiico y sus consejeros^ 
dis/razada con la alegoria de un pastor, de unos loSos, de 
uaos mastines y de un yanado. En ella se dice al mdrgen de 
los siguientes versos, que estos aluden al cardenal Cisneros. 

Traes un lobo rapaz 

en hdbito de cordero, 

que en son de poner en paz 

nos muerde mas de liyero» 

En la cueva do yacia 

raices crudas comia, 

y despues se entrd tamiendo, 

y en tu ato estd mordiendo 

los mastines cada dia. 



—22- 
atrevian k fiolar la f^ dt uoaa capilulaeioiiea. Un pneblo 
que 86 l«vaQU a defender aus fueroa ; preeminencias^ no 
aigue el camino de la aedicion porquo defietide la causa de 
las leyes^ despedazadaa por la inaolente cotera y aangrien- 
ta auaacia de la tirauia. 

Mo se altero Gisaeros al presenciar el denuedo de los 
moriscos: anles bien« convirMO la irritation do los aminos 
en provecbo de los rejes catulicos. Di6 k enleuder 4 ea« 
tos que puos' los moriscos habian' quebra^Udo la capitula* 
ciou rebeldndose, ya no estaban obligadoa los Grisiianosft 
guardarle ninguua de las eslipuluGiones. 

Fernando e Isabel mandaron quo renegadoa y antiguoa 
morosy recibieseu desde luego las aguas del bautismo^ ol- 
vidando que los primeros rebeldes y los quebrantadorea do 
los conciertos fueron ellos. 

Tcniau poder para cOn las armas caliBcar las acctonea 
de los vencidoSr y las calificaron en provecbo propto» ae- 
gun creian; poro en los efectos solo para trionio momea* 
Uineo de su vaiiidad y para origen de muchos deaasires 
que sobreviuierou k Bspana. 

Mas de un siglo de inquietudes y guerras» aiguieron 4 
la ejecucioo dc las' ordenes de los reyea catolicosi, y 4 la 
polllica de Cisneros. (1) 

Isabel no era senora de si, ap^sar de su gran entendi- 
miento; pues su fanalismo tocaba en loa limites de la lo- 
cura. Se llenaba de dolor su conciencia por baber asisti* 
do a una fiesta de toros, y presenciado la mortandad de 
animales (2); y dejaba que ardiesen ea las hc^ueras los 
judios y los moros. 

Un poeta de aquel tiempo* con el celo del bien publi- 
co, tuvo necesidad de aconsejarle que sirviese k Dios no 
con ayunos ni disciplioas« ni abandonando los colchones pa- 
ra dormir en el sucio, ni visiiendo silicios, siuo castigan- 
do ^i;i mezcla de crueldadk loa delincuentes; que dejase 
el rczar Us boras canonicas para las que vivian en los mo- 
nasteries, y que por rejir bien los pueblos pospusiese las 



(1) Marmol: obra citada. — Don Diego Hurtqdo de Men 
doza: Guerra de Granada. 

(3} Clemendn.^Eloffio de Isabel la Ci^dlica. 



—25- 
oraciones, poes la caenta c^ue babria de dar k Dios como 
reyoa, no seria de rezos m de disciplinas, sine de laa jtia- 
ticias 6 injuaiiciaa que comedo cuaodo tuvo eQ aua mauos 
el gobieroo. (1) 

Gomo aacede siempre, los aubditos imttaron los dofec- 
tda de 808 aobaranoB, y especialmente el clero. GonveDCt* 
do8 de que Isabel amaba mucho la detocion y las perso« 
nas devotas, los ecleaidsticos con deseo de ganar su gra- 
cia comenzaroQ i fiogir en la esterioridad de las acciones 
sino (odo8 la virtud, al nieoos mayores virtudes. La bipo- 
crosfa ocupd el lugar de la verdad^ asi como k la religioa 
ae habia sobrepnesto el fanatismo. (2) 



(1) En el Ganeionero general copilado par Hernando del 
Castillo (Toledo I6i0).— En el mismo (Toledo 1S27}; y en el 
Ganeionero do Anvers (1575) hay una obrita intitulada Regi- 
nriento de Principes, donde su autor Gomez Manrique dice 
d Isabel la Catdlica, que procurase servir d Dios 

No con muchas devociones no se mezcle crueldad 
ayunps ni disciplinas, con latal ejecucion. 

con estre^nas devociones El rezar de los Salterios 

saliendo de los colchones y el dezir de las horas 

d dormir en las espinas, dejad d las rezadoras 

No que vislades silicio, que esldn en los monasterios . 

nihagades abstinencia. 

Cd no vos demandardn 

Al mayor de los mayores cuenta de lo que rezais: 

con sacrificios plazibles si no vos disciplinais, 

la sangre de los nocibles no vos lo preguntardn. 

crueles y robadores. De justicia si hicistes 

Esto le sactihcad despojiida de pasion, 

con gran delioeracion; silos culpados punistes 

pero, SeHora, guardad desto serd la cuestion» 

(2) Lucio Marineo Siculo en su libro de las cosas me-- 
moraoles de Espana (1559) dicei — «£o cual fud causa que 
muchos de los que hablaban poco y tenian los cabellos mas 
eortos que las cefas, comenzaron d truer tos ojos bajos, mi^ 
rando la tierra, y andar con mas gravedad y hacer mejor 
vida, simalando por yentura algunos mas la ?inad que ejer- 
dtindola.* 



; —24— 

La libertad de conciencia perocio i manos de los rejes 
eatolicos^ y la libertad civil fud herida de muerte.por es«. 
tos misinos aobcranos. GoQocieroii que Bspaaa necesiuba 
de. paz y de orJen; y para que gozjse de una cosa y do 
otr-d^ el desorden que antes exislia en la nobleza y la p'e- 
be ejorcitindose en las calles y plazas publicas por medio 
de las arroas^ paso* al palacio. Para que la revolucion no 
alcerase el estado, faeron revolucionarios los mt>narcas. Si 
antes la voluntad de loucbos rebeldes, vejaba las leyes y 
conseguia victoria de sn rey^ ahora la voluntad de uuo so* 
lo era superior a los fueros y 4 los suoditos. 

Tres ordenes militares babia en Gastilla, las cuales for- 
maban el ejdrcito nacional: sus c^iudillos eran tres niaes- 
tres. Para debililar las fuerzas de los nobles, unieron los 
reyes catolicos ^ la corona los maestrazgos de Alcantara, 
Galatrava y Santiago. Fortalecieron su jurisdiccion perpe- 
tuando los correjidores ea las ciudades y villas, multipU- 
caron los iribunales de justiciar y estendieron la auioridad 
real b^ista donde alcanzo el poder de su despotismo^ no 
basta donde amhicionaban sus deseos. 

El nombre de la nobleza siempre ha sido odioso k los 
pueblos, mientras que los monarciis que en contradiccioQ 
de las le)^es ban prelendido adquirir doininio absoluto, 
ban hallado en los nobles, no solo etieiaigos de la lira- 
nia, sino tambiun celosos defensores de los derechos de 
la plebe. Nobles fueron los que obligaron k Juan sin Tier- 
ra a firinar la carta magna, ori^eu do las libertades ingle- 
sas: nobles los que en Flandes se opusieron it la tiranta 
inquisiioritfl de Espana: nobles los que fundaron la xepu- 
blica de Holanda^ pre&iiendo vostir el bibito de mendigos 
6 de perecer en los canipos de balalla k vivir en el lujo 
y la opulencia^ pero en la esclavitud del pensamiento: no- 
bles en 6n los que en Aragon osaron contrastar con infe- 
Hz suceso el poder de Felipe II, armados en susteutacion 
de las preeminencias de 'aquel antiguo reino. 

La nobleza vspunola en la edad media no se oponia 4 
las libertades de los pueblos, como creen aquellos que juz* 
gan los hecbbs de nuestra antigua historia, segun los de la 
veciin nacion francesa. Aun en los tienipos de estar mas 
podeioo el feudaJisiuo en EspaSa, teniau los vasallos de- 
recbo de unirte y reunirse en juntas llamadas behetrias. 



—25- 
7 de comun conientiroiento, si no podian tolerar el yago da 
8u seSor, de ponerse bajo el doininio de otro aue les guer- 
dase mas razon y mas justicia en su manera de gobierno. 

En Aragon loa nobles per los plebeyos y loa plebeyos 
per loa nobles gcnaban de granJes inmunidades y fran- 
qiiezas. Las 06rtes de aqiiel reino se eornponian de la no- 
bte/.a, del clero y del eatado llano. Todos (eniau voz y 
to to para defender sus interesea y former la legialecioa 
de so patria. El gobierno aragon^s era una mezcla de mo- 
nirquico, aristocritico y demooritico. Ninguno de este rei* 
no» ya foera noble^ ya plebeyo, estaba snjelo i la ley da 
aiifrir en los tribunales la dura proeba del lormenio. i si. 
en poder de loa joeces del rey padecia agravio» ballaba el 
remedio de sua desdicbas en el luero de la manifestacioo, 
por el ctial el Justicia mayor avocaba & si la causa» y el 
reo ofendido conseguia en dtrcel menos rigorosa, el cum- 
plimiento de las leyes y la benignidad de un magiatrado 
sin pasion y soberbia. 

De este modo la plebe tenia en Aragon casi tantos de- 
rechos politicos como los nobles; pues estos veian en la 
. fiel observaiicta y en la adquisicioa de fueros asf para unos 
como para otros, el bien de su patria y la mas firme de- 
fense contra el orgnllo de la tiranla que constaotemente 
suele amenazar k los pueblos. Kbfres. 

Los nobles mas poderosos en riquezas obtenian en Gaa- 
tilla el tiiulo de senores: los menos ricos en bienes de 
fortune el de cabalieros. Aquellos se asemejaban k los pa- 
tricios romanos: estos i los del orden ecuestre. 

Bien puede decirse que los antiguos caballeros espano- 
lea por su gran niimero y por sus circunstancias^ compor 
nian lo que boy se llama clase media. En las conquistas 
de ciudades ganadas k los moros, Jos reyes solian dar car- 
tas por las cuales los pobladores alcanzaban titulos de ca- 
balleros. Cuando tom6 k Seville Fernando VII, hizo nobles' 
k los vecinos del barrio. que por sua franquezas y liber- 
tadcs se llamo de francos. 

Cada comunidad» cada ayuntan^ienlOj caaa concejo go- 
zaban grandes derectfos, de forma que los moradores de las 
ciudades, villas y aldeas no podian ser gravados con mas 
tribolos que con aquelloa ya reconocidos por las cartas 
de poblacion, verdaderos coulratos autre el monarca y aua 
aubditoa. 5 



Desdo log* tietnpos ^t doa llonso X dasoaroa lo8 to* 
beraaos amengaar en Gaatilla las patriaa libart^dea^ encu* 
biertos con ia falaa razon do igu«laf las leyes. 

La tiraoia desalada por deatruir para aiempre el poda- 
rio con qua ae defandian loa ptiebloa^ comanzo en do n Jiiao 
II A corrorapar ol cargo da proearadores en Gdrtas, ale* 

E'dos por los concejos. Hizo venalas loa ragimieatoa da 
a ciudades, entregandolbs al qoe mas dinaro ofracia por 
elloa^ y convirtiendo k Gaatilla en p6blica atmonada da loa 
oficios mas importantes. Y para miyor insolancta* sa aire* 
tid k reservar k la corona al nombramiento da loa procii« 
radores, aiempre que ae coviese por oportUQO» con lo coal 

Suedaba faciiltado el mouarca para conatituirse en dueno 
a los qua habian de representar al pueblo. 
La nobloza se opoao aiempre, por via de las armas, al 
triunfo del despoiismo. Por aspacio da algunos siglos humi« 
116 la arrogancia de los monarcas, y en mucbas ocaaiones ae 
manifestd amadora del bien y libertad de los pueblos. (1) 

Los rayea catolicos, alhagando las pasiones del vulgo, que 
auele estar mat cou los que falen mucho por su saber o poc 
aus riquezas, comonzaron k derribar poco k poco la potobcia da 
los nobles y de los eaballeros de Gastilla. La plebe no adviriio 
0oe la tiranfa caminaba k igualar k los grandes y a los peque- 
nos, para que niuguno fuese podaroso k contrastarla. 



(1) Don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, deda 
en 1444 al marques de Santillana (M. S. de la Biblioteca 
del Escorlal): — mlVon guarda la rep^bUca guien desirve d su 
rey, nin sirve d su rey quien dafla al pueblo...... » que non 

guarda bien el cuerpo del hombre quien lo ftere en la cabe^ 
za, nin le guardaria bien la cabeta quien le firiese en el 
cuerpo, cd todos los miambros son coligadoa.*-— £/ mar^ 
ques de Santillana en sus Proverbios decia: 

Antepon la libertad batallosa 

d servitud vergonzosa. 



jO que bien murid Caton, 
si permiiiese 

nuestra ley y consintiese 
tal razon. 



J 



— J7— 

Asi ba obrado casi siempre. La nobleza en Roma al de- 
fender aoa derecbos, procuraba tanatkien la libertad de loa 
pueblos, para con el apojo de esios combatir el dospolismo 
de loa C^aarea^ aostentado por las cobortes precorianas. Pero 
el Tulgo, ciego con el en^no de ver por tierra el poderio 
de los uoblea, ajodaba ai eaterminiQ de loa amaniea de la 
patria. Bajo el regimen de la nobleza ititorYenian los ple<« 
beyos eo el gobierno de la republica por medio de loa tri* 
bunoa, y de la libertad de loa comicios. Bajo el yugo de 
lo& emperadorea faeron abolidaa eatat juntas, fundamentos de. 
los derecbos populares, y usurpada la poteatad tribnnicia por 
la misma mano imperial que bendecia el vulgo. 

No paao macho tiempo sin que la persocucion religiose 
<|ae haata entoncea oo se habia ensangrentado mas que con 
jodios y moros, comeqzase k herir en los cristianos. Anlo« 
nio de Lebrija^ varon sabio y de grandes conocimientba on 
las lenguaa orientalea, quiao enmendar los yerros que de la 
Biblia vulgata ae encontraban en algunos ejcmplares de ma- 
no^ por descuido de los copianles. No bien algunos teolo* 
gos tuvieron noticia de ^aies trabajos^ corrieron a la In«» 
quisicion pidiendo el Ciisiigo de una persona a quien coa« 
aideraban come sacrilega. EI deseo de ellos, mas que re- 
probar laa tareas de Lebrija, era desanimarlo con la per- 
secucion para que no esciibicse obras que se acercaseo ea 
coaa alguna a laa materias de la f^. (1) Frccuentemente loa 
envidiosos ban perseguido k la aabiduria, culpandola de de- 
linquir contra la religion^'y afligii^ndola con las peuas del 
aacrilegio. Por eao Anazagoras murio en el destierro con 
la nola de impio: por eso Socratea rindio en Atenas la Ti- 
de al impulse do un veneno. 

Gomo la inquisicion aun no habia cobrado las suficien* 
tea fuerzaa para oprimir i. los cristianos, y coino csto era el 
primer paso que daba con el fln de deiener los vuelos del 
entendimienio y uxiinienerlo en la esclaviiud^necesaria para 
la seguridad de la lirania^ se coulento con arrebatar los ma- 
nnacritos de JLebrija^ y aepuUarlos en las llamas. 



(1) niVofi tarn ut probarel improbarelve, quam ut auc" 
torem d scribMdi sii$(iio revocareL^^Antonius Nebrissa. — 
Apologia* 



ff^No buta (decia esle aibio) que eo obseqttio da U St eta* 
liVe mi entendimtento^ sine qua se ms ha da obligar i craer 
que 68 falso lo misaio que astoy viaaJo claraiaaiita? iQu6 
Mclavitad as asta qua ma probiba dacir lo qua ftiaoCo en co«> 
aas qua aada tiaaan qua var coa la ptedad crisiiaaa? Paro 
qni dacir ^ni aua ascribtr^ qi paosar k mia aolaa aaUra eua« 
tro parades?* (1) 

Asi sa eomanzaba* i persaguir ao Bspana al radocinto, 
euando la luz da la filosofia ae iba aaparcieado par al mua* 
do eon la ayuda del arte diviao da la impraaca. Dificilmente 
puaden h^llarsa sabios an una oacion donda ae raputaba eo* 
mo delito la sabiJuria. 

Cuando murio la rayna IsabaU la inquisicion aaSalo una 
nuaTa TJctima an la persona del arzobispo da Grauada don 
Hernando da Tala^ara^ Taroa qua fu^ muj favoracido da 
aqualla soSora. 

Talavara i la edad da ochanta aSos sa vi6 aocausido por 
el Santo 06cto, h causa da biberse opuasto al asublaci* 
mieiilo da este tribunal, primdro an Gjstilla y luego en al 
reiiio da Granada. Bl fanatismo nunca olvida: cuando no 
poede ejercar la vanganza, la aspara da la madanza da los 
tiempos. 

Enmadio da sn tribolacion^ el iluatre TalaTcra escribt6 al 
rey Fernando una alocuentisima carta, quajilndose del aban* 
dono en qua ae veta, y da los ultrages qua la praparabaa 
8QS 6mulos. Al propio tiempo^ con dulces y santidas razo- 
nos, acusaba de la parsecucion al tnonarca, por la uagligen- 
cia con que este habia mirado so causa» formada con tanto 
escandalo. ... 

«Por qegligencia (decia) de mi rey y mi senor« da mi bi* 
|o y mi ingel el rey don Fernando; y digo por negligan- 

eia porqne no piiedo acabar conmigo que por malicia 

aunque cuantos abrea la boca dicea lo coatrario. Mas yo 






(1) tiAn miAi non sU talis in its quae miki religio ere* 
dknda proponU captivae intellectum in obsequium Chris* 

ti Otc iQf^Mc malum haec sermius est quae 

te non sinat, pietate salva Ubere quae seniias dieerel ^Quid 

dicere? Immo nac intra parieies UUitans scribere auf*... 

cegiiare.^^Neirissa.'-^Apologia. 



— »— 

ntt quiero $er lenido por oecio j sorlo ({W freer 

i|i|oello. Be verdad qae le negligeneia fud muy graade y 
tienen racon de lo impuler i gran paaion y i gran malicia.a 
«No e4i que eatiafaceioo le d& V. A. para con Dios que 
tamo he eido y ee en elio ofendido, y k toda la gente» 
que desde el menor baata- el mayor y desde el enemigo 
' baata el amigo todoa esUn nniy eacandliiizados; que es ma- 
neater que y. A. haga milagroa para que lo amen y lo 
qnieran, como prtm^ro, y como yo en mi conciencia ten* 
go que debe aer querido y amacio; y como« aunque me 
laate, le amo y le quiero. ;0 mi rey y mi soiiorl perdo- 
neos Dioi, emen» que tal manoilla conaentisteis poner en 

voestra glorioaa reputacion {0 incauto tan eiigantdo y 

dannificado por maloa aervidores, y por mala compunia! Q 

Cirezoso y asi aborreciJo y desamado por no tomjir tea* 
jo de ver yexaminar por at mesmo toJo aquello en que 

ti algo Por aci dicen que lo remedia V. A. supli* 

caodo que la Inquisicion se coineta al reverendisimo arzo- 

biapo de Toledo Yo he menester aaberlo para purgar 

mi inocencia y aalir al lobo al encuentro, como salio mi 
redenplor i los que le vjuieron a lo prenJer: de la quiil 

teiigo por principal teatigo e vueatra real persona, e/i- 

gai% lo que guisieren. Digan de vos en el cielo lo que yo 
deseo que digan de vo$ en el suelo; que los priucipes mi- 
neater han la buena reputacion del suelo para alcau^jr la 
gloria del cielo..... En Granada k 28 de enero de 1505 
anoa.a (1) 

La persecucion del anciano Talavera ea una de las ma- 

£orea manchais que cayeron sobre Fernando el Gatolico; y 
I carta del venerable Arzobispo una elocuente prueba de 
la energia que cabe en on hombre octogenario, cuando se 
oonjuran contra au dignidad y su inocencia, la mantira ^ 
la envidia de los perveraos. Bstos que en Lebrija porsi« 
guieron la aabiduria^ en Talaveia intentaron castigar la vir* 
tud y el celo del bien publico. 

Al cabo de tree anos de ultrajes, de eatar infamado con 



(1) Eslos fracmentos de una carta inediia tan notable 
htm sido copiados del Cddice GG. 96 de la Biblioteca lYa^ 
donate 



—so- 
la nota da bereje, y de ver ancavaados i (odoa aos parjan* 
tas J aniigos^ fud abaiialto al arzobiapo por cl Pjpj. Poeo 
aobravivio ^ la sancancia on varoo tao aupariar i au aiglo; 
J al bajar a la tumba no podo ir aaii^sfacho con la pro- 
clamaciou da su ioocancia el bombra qua dajaba iau pa« 
tria antregada k la liranfa da aus parseguidoraa. 

Farhando tuvo qua abandouar ft Gastilla casi por la vio- 
lencia. Su hija doiia Juana, caaada con al Arcbiduqaa d« 
Austria Felipa 1/ subio al trono. Al volvorao el ray da Am* 
gou k aus estados recibio por todas partaa pruabaa dal odia 
con qua lo mirabnn loa pueblos. Mianlraa tenia la faarza» 
la fuarza era la rcspatada. Pardida asta, no veian ya an al. 
los dc G.astllla mas que an lirano til y daapraciabla. Bn 
muchas ciudades y villas oi aun quisiaron albargarlo (1) 
porque la c6lera da los pueblos la carraba las puartaa. 

Felipa h principe no acostumbrado ft prasenciar los bor- 
rorcs da Espuj)<i, recibio coq ftnimo humanitsrio las qoejas 
da los qua padoclan bajo al yugo da los ministros del Sao* 
to Ofidio, y suspendio la jurisdiccion inquisitorial al Ar- 
zobispo de Sevilla y ft los del consejo da este prelado. 

Estc rey llevaba camino de abolir el tribunal da la f6» 
libertandQ de su feroz poderio ft la nacion aspanola; pero 
la rouorte prcvino sus intentos ft los pocos meses de su rai- 
nado, y en la priinavora da su vida. Los aduladoras dela In« 
quisicion alribuyeron su teinprano fin a castigo del cieto (2): 
yo lo atribuyo mas bien ft la venganza da los hombras. (5) 



(1) Zurita, en la vida de este rey, dice que fa6 echado 
de los reinos de Castilla tan afrentosamente y tan perseguido, 
que en aalgunos pueblos por donde el pasaba se us6 de tanta 
descortesia y villania que le cerraron las puertas y no Ib 
quisierwi recibir en ellos.n 

(2) Zurita en su libro citado dice. mSe atribuyd eo^ 

munmente at juicio de Dios que tratindose tas cdnsas 

y negocios de la fe.,..contantairrevereneia aquelgo^ 

bierno se acabase en tan breves dias.9 

(3) Sancho Cotd en su^ Memorias da Gftrlos V, {M. 
S. que posee mi eruiito amigo don Pascual de Gayangos), 
dice: El Emperador {Maximiliano) no estimd tanto las cO' 
sas de Castilla, en especial por que creia que habian moer- 
to COD ponzoiia al rey don Felipe. • 



-51— 
Blrey ^Fernando, i causa d^ la demeneia de au hija 
dofta Juaoa, vohio i Gaatilla como goberoador noiubrado 
en el teatamealo de au esposa para un case aemejante. Sa 
enirada en oate teino (\x& con toda pompa, de la cual hi- 
Eo partfcipe k su, nueva cousorte Germana de Fox. Greia 
vengar las anteriores ofensas con obligar i los pueblos i 
que acataaen i esta senora (que no era reina do Castilla) 
eon el mismo respeto y con los publicos bonores que tribu- 
taban k Isabel las ciudades. (1) 

Guando un tirano recibe pruebas de que es aborrectdo, 
imagiha castigar el aborrecimtenco obrando de nianera que 
ae aumente. AI estado infame de espertuientar tales ultra- 
jeSj llego una nacion en donde se babia ido poco a po- 

. CO perdiendo el amor de la libertad civil. En los reina* 
dos de don Juan II y Enrique IV, tan grande era esie y 
tan abalida la diguidad real, que la mayor parte de los cas- 
tellanos discurtian acerca do una cosa y de otra, como los 

'ingleses de los ttompos de Carlos I, o los fraocesos de los 
de Luis XVI. (2) 



(1) Sancho Cota en sus Stemorias 31, S. S. citadas en 
la notpL precedente, dice: «que la gobernacion del rey pesava 
i muchos en Castilla, asi cavalleros y sehores, como d cib^ 
dadanos 4 a otras gentes que decian haber fecho grandes' 

agravios irayendo consigo d la reyna Germana, su mu- 

ger, por los mismos lugares y con tanlo triunfo como d la 
reyna Dona Isabel, » 

(2) Como unaprueba de la manera con que se pensaba 
dcerca de la liber tad poliUca y del poder real en tiempos de 
Enrique If^,y dprincipios del reynado de Isabel, lease to que 
4ice.Fr,. Pedro de Roj^as en su Hupertorio ya citado {M. S. 
Bibliflteca Nacionaiy^fuDecidme agora, reys de la tierra... 
amigos de la sober bia, companeros de la cobdicia, padrastros 
de la humildad, contrarios de la razon, cuya libertad es 
e ^H iiv e H o, cuyo seHorio serpidumbre, cuya grandeza con" 
gct'ti, cuyo poder persecucion, ude qual buena andanza os pa* 
iUis alckbar? iDe qual prosperidad presumit, cuando ni el re* 

Srete vos descansa? ^De qual singular excelencia vos pta* 

ce ser caronados? ^De qual renombre mas digno q nereis aver 
perfeccion, qu^ndo ni siendo mayores gobernais d vosotros. 



— S2— 

Para sctgaridad ' de su poderlo, quiso el rej fortaleeer el 
Santo Oficio. Nombro inquiaidor general i Fr. Francisco de 
Gieneros, arzobispo de Toledo, ^aron que aientpre habh 
faTorecido contra las iras de este tribunal & iaa peraonaf 
mas ilustres, entre ellas Lebrija y Talavera. SiKedt6 con 
el lo que acontece con todoa los ambiciosos. Se inoestran 
enen)ig08 de lo qne ea objeto de su ambtrinn; pero cuan* 
do logran consrguirlo, no vaciian en Incendiar ciudades, y 
en tenir con saiigre los campos para dcfensa de lo mismo 
que desacrediiaban. 

Opusose Cisnrros k que la jurisdiccion real fuese qui- 
tada a los inquisriiores, j i que en las causas de K se pii- 
blicasen los nombres de los testigns, para destruir el ini* 
cuo niisterio de las delacioncs. (1) El Santo 08cio quedd 
asegurado en EspafiH^, pues este fraile se propnso por cuan* 
tos medios estubun en su mano aniquilar todo pensainien* 
to de libertad civil y religiosa. 

Gisneros, que de la huraildad del blibito de San-Fran- 
cisco^ paso a la mitra de Arzobispo de Toledo (el prima* 
do de las Espanas); ^'la purpura cardenalicia, y t las in- 
. signias de Inquisidor general, sigoid las buellas de casi to« 
dos los que por su gran entendimiento suben § ocupar los 
puestos mas importantes del estado, desde la cabana . del 
pescador 6 la cbo^a del ganadero, 6 la tienda del artesano. 
Orgullpsos con haber conseguido lo qne pocos logran^ tie* 
neii en inucho la. snperioridad de su inirao, y creen que 
los demas deben buniillarse k ellos porque ignoraron el ar- 
te de subir i representar los primeros papeles en el tea* 
tro del roundo. Tales personas por sus nistintos dt*sp6li« 
C(>s suelen ser los aliados del despotisnio, cuando no pue- 
den ejercer para si solos el dominiuio absohuo de los bom* 
bres. Entre los rouchos ejemplos que en conSrmacion de 
csta Terdad nos ofrece la historia, se halla el cardenal Fran- 
cisco Ximenez de Gisneros. 



Ml regis vuestros pueblos, ni siendo seHares procurais libet'- 
tad, ni la dais i ninguno? Baste, pues, saber de vesotros, 
guavto mas grandes mas sojuzyados, € quaiUo mas attot 
mas abatidos, » 

(1) Quintanilla.— Vida del cardenal Cisneros, 




€APlTULO III. 




ERNANDQ V, hallindose cerca de la mnerte, imitu & 
los roas CI ueles d^spoias que ban existido. Tiberio ea 
Roma, J Luis XI en Fraocia^ acostumbrados k domU 
nar absolutamenle^ imagiuaron que con solo la fuerza de la 
voluntad podiaii detener la vida, cuando esta comeDzaba d 
buir de sus cuerpos. 

En un testanienio que lenia ordenado, dejaba el rey ca« 
tolico la gobernacion ^ su segundo nieto el infante don Fer« 
nandOj en tanlo que Carlos, hijo primoginiio de do0a Jufl^na 
la loca, y ausente en Flandes, no pisase la (terra espanola. 

Sabido esto por Gisneros y sus parciales^ desearon arre- 
batar al infante el gobierno, apoderandose de la conciencia 
de un bombre moribundo. Pero al principio ballaron un obs« 
t&culo en* la resistencia del rey k creer vecina su ultima bora. 
El confesor trabajaba todo lo mas posible para ver a sus pi^s 
al monarca pidit^ndole la absolucion do sus cnlpas; y Fer- 
nando rehusaba tener conversaciones con £l, conociendo que 
venia mas con fin de negociar memoriales, que entender en el 
descargo de su conciencia. (1) 



(1) Lorenzo Gaiindez de Carvajal, del consejo y cdma- 
ra de los reyes catdlicos, en su Historia de lo sucedido despues 
de la muerlc de Don Fernando> M. S. de mi amigo el senor 

6 



-54- 

No dur6 macho tiompo la pertioacia del rey^ porque el 
Tigor de 8U enteodimieato comenzo a debilitarse luego que cl 
cuerpo estuvo cast rendido § la mtierte. Facil es de la Qa- 
queza de esplrltn de un moribimdo alcanzar lo que se qoie- 
re, J hacerle decir lo que el bonibre, cuando tenia su razoa I 

60 estado de penaar^ nonca hubiera imaginado. ' 

Se confes6 Fernando; y^ de resuUaa de la confesion^ lla* 
mo a consejo i ans relatores (1). Tratose de qne el infante 
era muj nino, y de que para el cargo de regir^ por la aa- 
sencia de CArlos estos reynos^ se neceaitaba ona persona 
pri^ciica en los negocios. Nombr5 uno del consejo & Fray 
Francisco Ximenoz de Gisneros, y el rey no solo oyo con 
desagrado sus palabras, sino que manifestd que tio bstaba 
Gonforme con dejar el gobierno al cardenal-arzobispo i Tn- 
quisidor. BI^s al fin lograron los dulicos que cediese. (2) 

Aunquc nn moribuiido^ por el temor de la muerte^, tie- 
ne poca fuerza de voluntad^ comQ en bora de desenganos, 
conoce sus yerros y los complices de sus delitos* El amor 
con qoe Fernando V se sirvid de Gisneros para sus tirauias, 
se troco al morir eit miedo At dejar el poder & quien usa- 
ba de i\ tan en dano de los pueblos. 



de Gayangos, dicet^^mEstando el rey en Madrigalejo le fu6 

dado d entender que estaba muy cercano d la muerte No 

queria ver ni Uamar d su confesor; pueslo que algunas ve^ 

ces (este) to procurd; pero el rey le echaba de si diciendo 

que venia mas con fin de negocidr memoriales, que entender 
en el descargo de su conciencia, a 

(1) y de la confesion resuUd que mandd el rey Uamar 
al Licenciado Zapata y al Doctor Carvajal, sus relatores &c« 
— Galindez de Carvajal. M. S. cilado. 

(2) Fud nombrado por uno del consejo que alii estaba 
el cardenai don Fr. Francisco Ximenez, Arzobispo de To^ 
ledo, y luego ^parescid que no habia estado bien el rey en 
el nombramiento, y dixo de presto: Ya eonoceis su condi* 
cion. y estuvo un rato sin que ninguno replicase &c. — 
Galindez de Carvajal. M. S. citado.—Ndtese que los histo^ 
riadores que hablan de Cisneros con tantos elogios, callan 
este suceso que atestigua un servidor del rey catdlico, Asi 
se ha escrito la historia de Espana. 



—55- 
Dttrante ol gobierno de Gisneros sigiiid la fuerza y no 
las leyea sieiido la aeSora de Gastilla. El botubre que ae 
opaso ^ que ae tradujeae & ia lengoa ariibiga la fiibiia, paca 

Ziie loa moroa conTeriidoa solo por la Yioleocia & la f^ de 
Irislo, supiesen loa fundameotoa de ella» qoeria quo lodoa 
acataaea sua ordenea ciegainente, ain boacir laa caoaas^ la 
razoQ 6 la juaticia. (1) 

Guaodo peoaaba Ximenez de Gianeroa alguna cosa en 
provecho de au patria, ai no la tornaba eu dano de esta^ por 
au eatravaganto coiidicion la hacia ioulil en loa efectos. lu- 
lento pubficar una edicion de la Biblia en yariaa leoguas: jmi- 
Id i aabioa^ allegd manoacritoa, y ae propuso que sua (areas 
airvieaen de monumenio de au gloria. Pero sua trabajos se ea- 
caminaron (aegun ae cree por loa aiibios de Europe) ft cor- 
romper los testos bebreo y griego, para conformarlos con la 
vulgata. Gianeroa compare A eata, iropreaa en au libro eome- 
dio de laa Biblias griega y hebrftica, k Jesaoristo crucificado 
entre dos ladrones (2). {Tati fanAtica demencia ae habia apo- 
derado de Gisuerosi ]Asi discurria dq aa obra! 

Gomenzd luego ft desposeer de los bienes, dados por los 
revea caiblicos eu preiuio de servicioa ft los graqdcs de Gas- 
lilla y a mucbos caballeros, con preteato de que pertenecian 



(1) Cipriano de yalera en el prdlogo de su edicion de 

la Biblia en Ic/^jua espanola, dice: — « Para que 

estos moros recien convertidos fuesen bien instruidos en la 

religion crisiiana, el primer or zobispo de Granada 

fue de parecer que la sayrada escritura se trasladase en len^ 

gua ardbiga A este tan pio intento se opuso Frag 

Francisco Ximenez, Arzobispo de Toledo,^ y asi se im* 

pidid la traslacion que tanto bien hubiera hecho d aquellos 
pobres e ignorantes moriscos.n 

(2) Como no quiero que, at leerse esta estravagante 
camparadon de Cisneros, me acusen de calumniador los fa- 
ndiicos, veanse las palabras de aquel cardenal en el prdlo- 
go de la Poliglola, — nMediam autem inter has latinam Beatt 
Hieronymi translationem velul inter sgiiagogam et orienta- 
lem ecclesiam posuimus: tamqnam duos hinc et inde latro" 
nes medium autem Jesum hoc est romanam sive latinam eccte^ 
siam coUocantes.m 



—56- 
i la corona, y que estos soberaiios no lea padieron entregar 
maa que el usofroto. Resisli^ronse los senorea, y aan le de* 
mandaron loa poderea que tenia para proceder tan reatiel- 
tamente en caso (an irduo. Gisndros reapondid aeSalando 
loa canouca y las tropaa que se baliaban en Una plasa deUnte 
de au palacio. Sa propoiito era aniquilar A loa que tenian el 
poder en la mano para oponerse al d^apotiamo. (1) 

Quiao luego armar una milicia permanente, con el fin de 
que el poeblo bajo ayodaee i au propia opreaion, aunqne 
con laa apariencias de asegurar aolo el poder de loa monar« 
caa, para que estos no fuesen oprimidos de la nobleza. Haa 
sua proposiios quedaron sin efecto. Los mismos pueblos se 
tumultuaron con aquel g^aero de esclavitud que qureria el 
cardcoal pouerles; y este se vio precisado k eeder, apesar 
de au orgulloy ante las drdenes del aoberano, que mandaba 
auapender Ij ejecucioo de un proyecto que tan repcobado era 
por lodos. (2) 

Guando Carlos I vino & BspaSa, Gisneros recibid del des* 
potismo el casiigo de sus aervicios hochos al misino despo- 
tismo. Greia que asi como tuvo parte en' la gobernacion de 
Espana mientras vivieron Isabel y Fernando, con el nue^ 
rey seguiria siendo senor de la nacion espanoia. Pero le en* 
ganaron sus deseos. G&rlos le escribio que se llcgasc a verlo 
pues queria oir de sus Ubios el estado de los ncgocios, y que 
luego podria irse k descansar & au palacio de Toledo. Bste des- 



(1) Como una prueba de <fue en el siglo Xf^I hacian 
los nobles suga la causa del pueblo, para oponerse d la ti* 
rania, lease Is que escribid el caballero don Diego Hurtado 
de Mendoza, sugeto emparentado con mucha parte de la no» 
bleza espanola, en el Di^logo entre Garoote y el anima de 
Pedro Luis Farnesio, bijo del Papj Paulo III; Ht. S» de que 
hay varias copias en la Biblioteca Naeionali^-'^La indigna-^ 
don del pueblo maliratado pone armas en la mano del no- 
ble.n — ^El clamor de la injuria del pueblo despieria e inciia 
d la venganza el dnimo del noble. • 

(2) Galindez de Carvajal, en el M. S. cilado, dice que 
Cisneros •dlas veces erraba los negocios por que no iba por 
medios derechos: antes creia que como una cosa el concebia, 
que asi avia sin remedio de ser producida.» 



—37— 
pr^cio, a que no esuba acostumbrado Gisuoros^ le turbo de 
ul uunera el inimo, que no pudo reststir con la vida la an- 
•gustia de contemptarse deslituido del gobieruo. Para una per«- 
8ona que por eapacio de lantos anos vio su veluntad respeta- 
da como ley, desde los alc^jsares reales hasia la cabana do los 
paatores, era horrible la contemplacion de sa futura auerte. 
El que mandaba con autoridad de rey, se tenia que aonieter 
ft verse inandado. Los despotas, como Gisiieros, temen caer 
de la prosperidad para que los enemigos y las viclimas que 
han sobrevivido k su dominaci'on oo se recreen en la caida; y 
bosquen la venganza de las ofensas. Nunca comprcndi todo 
el Talor de Sila, basta que supe que abandono la diciadura, 

{f tovo atreTimiento de ?ivir como ciud;idano enlre las fami- 
ias y los amigos de los varones ft quienes persiguio estando 
en el poderio. 

Carlos I, apesar de todo, no se aparto de los ejeinplos 
de sus abuelos. Sigui6 la misma manera de gobeniar couira 
las Icyes. Gon la codicia de la corona del imporio aleuian 
salio luego de Bspana, dej.iiido por gobetuadores ft cstran- 
geros. Los grandes, los bidalgos y los plebeyos se pusic- 
rou en rebelion en mucbas partes, no queiiendo tolerui por 
tuas tiempo tan infame yugo. Formaroii un proyecto de 
constiiiiciou, en donde se prevenia que en Ijs cortes 'asis- 
tiesen de cada logar realengo dos procuradores^ uno bidalgo 
y otro labrador^ y que esios no pndiesen recibir mercedi^s 
del rey : que las cortes por ausencia, raeuor edad 6 locum 
de este nombrasen un goluMuador: que el soberano no pu* 
diese poner corregidores, siiio escogerlos de los que de tres 
en tres anos le presentasen para su elf ccion las cindades y 
las villas^ y que los electos habian de ser dos, hidalgo el 
uno y labrador tambien el otro^ para i|ue el goLieiiio estn- 
viese dividido ehtre dos cslados; y por ultioio, ft mas de 
otros capjtulos importantcs, se exi^tia que el rey jurase guar* 
dar todos estos, auiorizandoa sus subdilos ft coniradecirlo y 
dcreudtfcJo, sin caer en traicioo, en el caso de que iuUase 
ft las leyes. (1) 



(1) Proytcto de la constitucion de la Junta de las co* 
munidades de CastiUa {f^aliadolid 1842) sacado de un M, S. 
del archivo de Simancas, por el erudito caballero don Luis 



^58— 

De, este modo queriao ios espanol^ reconqQistar la li- 
bertad politica que babian perdioo durante la scrvidumbre 
en que los tuvieroo loa reyee catolicos^ y el cardeaal Giane* 
ros. Gasi todoa los capituloa de la CoiiatitucioD erao enea- 
minados a destruir las obras de eatos. Del iriunfo de la liber- 
tad politica^ hubiera nacido el do, la libertad religiose. Pe- 
ro algunos grandes y caballeros^ aterrorizados de los desor- 
denes de la plebe en algunas ciudades contra la nobleza, 
se pasaron al baudo de los que dcfendiau a don G&rlos. 
Los populates ca Mallorca y* Valencia quisieron obtenierlo 
iodo de una vez; y no partir el gobierno con los senores, 
aino despojarlos dd sua dignidades. La ambiciou del vuK 
go en mucbas ocasiones ba servido al despotisiiio, cnaudo 
pen^aba coutrarestar su potencia. La libertad se soelo com* 
batir por medio de la misma libertad, dando los nombres 
de esla ya a la licencia, ya al desenfr'eno de todas las ma- 
las pasiones. 

Los castellanos que peleaban para asegurar mutuamente 
BUS franquicias, asi grandes y caballeroa como plebeyos, fue- 
ron vcncidos 'j su9 capitanes degollados. Los vale'ucianos 
que opusieron mus firme resistencia, se postraron ante el po- 
der numeroso du sus enemigos. Y el caudillo de los mallor- 
quines Juan Odon Colon, qoe rindio la ciudad do Palma 
por medio de una capitulacion bonrosa, eu i6 de ella pasd> 
con salVo conduclo, d ver k Garlos I, y este en uu plicgo 
cerrado Ic dio una orden para el virrey. Colon por la car- 



Usoz y Rio, con cuya amistad se honra el autor de la pre^ 
sente historia. La cldusula del jaramento real es noiabili* 
sima : dice asi. — aQue cada e cuando alguno uviere de stis^ 
ceder en el reyno, antes que sea rescebido pot rey, jure de 
cumplir e guardar iodos estos capitulos 6 confiese que reS'-^ 
cibe el reino con estas condiciones, e que si fuere contra 
ellas que los del reino se to puedan contradecir 6 defender 
sin caer por elio en pena de aleve ni traicioni. i que nin^ 
gun alcaide le entregue fortaleza ninguna, sin que le mues^ 
tre por tesUmonio como ha jurado estas condiciones ante 
los procaradores del reino, e sin que uno de los mismos 
procuradores vaya d se lo diga en persona como to ha ju» 
rado Slc,» 



-59- 
ta qae llevaba Ui6 preso« despues da baborla paseado en 
triunfo el pueblo que lo amaba^ y atenaceado vivo pof los 
Terdugos clel rey en las mismas calles y plazas quo^poco 
tienipo antes presenciaron las alegrias do los mallorquines. La 
perfidia -y ferocidad de Carlos no se contentaron con eslo. 
Grandes, caballeros y populares de Gaslilla perdicron sns 
cabezas bajo el bacha del vordugo. 

Harto do ven^auzas, y conociendo que no era razon ma- 
tar i toda Gastilla, pttblico con Utnlo de perdon general 
una carta- en que reducia la pena i trescientas y mas per- 
aonas 'que por andar fugitivas en estranos reinos no emu 
castigadas en aquel instante, sino cuando pisasen el terri- 
torio de la nacion espanola. 

Bsclavizado de esta suerte nn pueblo generoso, ya no 

{lenso Carlos mas que en convartir ft Bspana en una co- 
onia del imperio aleman^ cuya corona le habia side ad« 
judicada por los eleclores. Durante su larga vid^ solo se 
acordaba de Bspana, para sicar de ella gentes y dineros con 
que sustentar las guerras que movia su ambicion en Buropa, 
Asia y 'Africa, con el fin de defenderse contra el roonarca 
francos, contra el Gran turco y contra el Papa, todos li- 
gados en su dano. 

l,Qui importaban ft los espailoles las lochas de G^rlos con 
los principos alemanes? ^Qu^ .la conservacion de los foodos 
del Imperio para derramar la sangre en los campos de batalla, 
y gemir con los tributes? Sin embargo, la vanidad de teuer 
por rey a un emperador poderoso fu6 mas grande que la con- 
sideracion de los desastres que les podrian sobrevenir por 
aquel aparato de grandeza iniitil y perecedero/(l) 



(1) El c^lebre Garcilaso dela f^ega, capitanque per did 
la vida en Italia al servicio de Cdrlos en la flor de sujuven- 
tud, decia de aquellas conquislas vanas al duque de Alba: 
iQuS se saca de aquesto? i/ilguna gloria, 
algunos premios 6 agradecimiento? ' 
Sabrdlo quien leyere nuestra hiatoria: 
verdse alii que como polvo al vienlo 
asi se deshard nuestra fatiga &c. 
LSase lo que acerca de esto escribe el erudilo editor mo^ 
derno del libro iniilulado La imagen del Ante«Gristo. 



—40- 

Los Papas que codiciaban la posesion del royno de Na« 
poles para ensaacbar los doioioios de la Iglesia, no tenian 
repar^ en ligarse cotk Francisco I de Francia para espulsir 
de lulia i los espadoles, y dividir con este los despojos 
de los vencidos. Aunque Carlos se babia moslrado fuerte 
pulr-ocinador de laauioridad del romano pontiBce contra las 
doctrinas del libre ex^men que predicaba en Aleniiinia Lu- 
tcro« y que repetian uiucbos sabios en otras naciones de 
Europa, ClenieiKe VII creia que la colera del emperador 
al verse despoj-ulo de las ciudades y roinos que tenia en 
Ilalitf, cederia ante los aoatcmas. Recordaba que Fedenco 
Barbarroja. emperador tambien^ lucho con Roma^ y que Ro- 
ma venci^udole con escomuniones, logro ponerle el pid so- 
bre el cuello en la catedral de Venecia. Aun no se ha* 
bia separado de la obedieacia do los Papas Enrique VIII 
de Inglatcrra. 

Pero no conocia Clemcnte el natural del duque de Bor* 
bon, caudillo del ejerciio do Carlos en Italia y bombre ar- 
diente en la ejecncioa de sus eaipresas mililares. Sia 6r- 
den previa del 4^niperador did el asalto de Roaia, y aun- 
que niurio en el, sus buestes entraroa venceJoras ea la 
ciudad. Los esp.jlolcs y alemanes que coniponian la ma- 
yor parte de sii ejirciio, mafiifestarou taa gran desprecio 
a las cosas de la religion y,^ sus miaistros, que no pa* 
recian catolicos. Las aras y las imigeaes fueron dcstrui- 
das, y los vasos sagrados veadido^, despucs de arrojar eti 
tierra los Saciamentos: los cardeaales pueslos en alinoae- 
da, los obispos llevados 'al meicado con pajas en la ca- 
beza como si fueraa bestias: las ibonjas jugadas entre los 
soldados 6 adquitidas como esclavas por bajos precios, (1) 



(i) ^n el Cddice CC 59 de la Biblioteca Pfacional, tuuf 
nn traslado de la carta que se escribid sobre el saco de 
Roma. En el se lee: vEn ninguna igUsia quedi ^aliz, fit 
patena, ni cosa de oro ni plata. Las custodias con el San* 
tisimo Sacramento y reliquias Santas echavan por el sue* 

lo con tqnto desacatamiento como si faeran tur* 

cos Al obispo de Terrachina le iomaron 30,000 

ducailos, y no queriendose r.escatar, le sacaron d vender al 
mercado con una paja en la cabeza como d besliai olro 



—41— 

Europa se alterd al escuchar las naevas de tan iropen- 
aado suceso y al saber que jas tropas de un croperador 
catolico habian procedido en la presa de Roroa, coino horn- 
bres que teuian en poco la diguidad del Papa, de los car- 
denalcs y dein&s eclesi^sticos. 

Los protestatites creyeron que el pontificado hal^ia fe-* 
necido^ y los s&bios y amadores de la libertad de Italia que 
el poder temporal del Papa era acabado, cumpliendose los 
desoos del Dante y Bocaccio en antiguos tiempoSj y de Ni- 
colas Macbiavelo en aquel siglo. 

Pero las esperanzas de unos y otros quedaron presta- 
mente desvanecidas. Carlos mantuvo en prision 4 Glemen- 
te por espacio de algunos meses, mas para asegurar la vi- 
da del pontifice que para causarle agravios. Temia que las 
tropas no consintieseu en la libertad del Papa sin rescate^ 
y asi obraba con el naiedo de sus propias fuerzas. Devo- 
to de la corte Pontificia y temcroso de que Francisco I le 
inoviese gnerras, no, qniso quitar d-Clemerite el poder tem- 
poral, y dejb con ^1 muchas ocasiones de embarazos ea 
sus conquistas y en la prosperidad de sus armas. 

EI Papa Paulo III, tambien con el deseo de poseer el 
reino de N^polcs, siguio el bando de Francisco I, pero coa 
apariencias enganosas tralo de fingirse amigo de Cilrlos. 
(Juiso mas: sabiendo que el eraperador esiaba apretado de 
gran necesidad de dineios, prclendio comprarle el estado de 
Milan para sus deudos. Carlos oyo las proposiciones y aun 
eistuvo k punto de vender el Milanesado; mas un cabaile- 
ro cspanol le disuadio AA proposilo con vivos y elegan- 
tes razonamientos politicos. 

Don Diego Hurtado de itfendoza, gobernador de Siena, 
se sirvio de diferentes mcdios para conseguir^su objeto. Era 
bombre do gran erudicion en las anliguas historias de Gre- 
cia y Roma, practico en los negocios de Eslado, ^ iucapaz 
de tolerar en silencio lo que le anuiiciaba de males futuros 
8U sabiduria por providencias desacertadas en el gobierno. 



obispo y otros muchos eclesidslicos y seculares fueron ven^ 

didos pdblicdmente y jugados Muchas que hoy co» 

nozco monjas, buetms reiiyiosas, sacadas de sus monaster 
rios, vendidas entre los soldados d uno 6 dos ducados,» 

7 



Sin nombre de aiitor hizo perdidizo eo la cimara de Cir- 
Io8 y un memorial, donde le^ representaba los desastres que 
se debian esperar para las armaa espanolaa en Ilalia^ si la 
venta de Milan se ejeculaba. 

Y iuegOy reprendi^ndole le decia: vMuy pocas (ietras 
sabia Y. M.) ciiando tuvisleis el sacratisimo tempio de la 
Iglesia en vuestras manos y lo dejasteis; porque niiiguna 
injuria hicietades a Gristo quitando i su ^icario el brazo 
temporal, que es Have de abrir y cerrar fas gaerras^ puea 
no fa fundo Dios sino ea lo eapiritual.* (1) 

No saiisfecho el celo de Mendoza con lo escrito, diri« 
gio otro memorial al emperador exort&ndole ft no vender 
el Estado de Alilan y k quitar & los Papas la soberania. 
Y para mas autorizar su trabajo, lo remilio ft Gftrlos por 
mauo desu camarero don Luis de Avila y Zuniga, aulor del 
libro de la guerra contra el duque de Sajonia y el Land- 
grave de Hesse. (2) 

En este documeuto importantisimo decia: 

aPoned ante los ojos el estilo que aiempre ban tenido los 



(1) El original de este documento existe en la Bibliots- 
ca Colombina con el titulo de Memorial ballado en la cdmara 
del Emperador. Vo lo publiqu6 por vez primera en unade 
las notas al Buscapi^ (Cddiz 1848: Madrid 1830: Id. 1831). 
El erudito aleman don Fernando Wolf, en la sesion verifica^ 
da el 7 defebrero de 1849 en la Academia imperial de Vienm, 
pronuncid un discurso dando d este cuerpo una noticia de lo 
que yo habia descubierto acerca de lavida de Mendoza, y 
iraduciendo integro el memorial de este caballero. — Feanse 
las Memorias de la Academia de Fiena. 

(2) Al muy ilustre y muy magnifico senor el senor don 
Luis Ddvila, camarero de S. M. — Ilustre y muy magnifico 
senor : Enojado de las cosas que pasan, me retruje d mi quar^ 
tel y escribi esta letra d S. M. Suplico d vuestra merced la 
vea, y si le pareciere digna que S. M. la vea, se la muestre,- 
y si noj la rompa: porque para mi bdstame averme desenco- 
nado en averlo fecho. Quien soy, otro tiempo mas conveniens 
te lo sabrd vuestra merced, cuya muy magnifica persona y 
casa conserve Nueslro Senor. »'-^Cddice CG 39, de la Biblie* 
teca Nacional. 



-43— 

Papas en adquirir sus estados^ que es sembrar discordias en- 
tie los principes cristiaoos, meterlos en revuoltas, aspirando 
Unas veces a una paite y otras k olra. siguicrido siempre el 
negocio particular^ y no el comun ; y asi por esta via ban 
necesitado 4 los principes que contienden k que vengan k 
BUS manos, y engrandecido sus estadoa, y destruido la re- 
ligion; y pues de aqui nacio todo el fuego que siempre en- 
cienda fa cristiandad, y estas son las armas que mas os ofoQ- 
den y qnitan la quietud comun, trabajad, Senor> deponer- 
las tan bajas que os asegureis de elljis. Entretanto que el 
Papa tnviero poteucia para dariaros^ niuguna seguridad po«- 
dels tener en Italia, ni fuera. Abajada esta, todo lo hallar^ 

yo llano. Y pu%s os hallais en Italia no os dejeis mas 

enganar, Tomad de veras la espada en la mano y dad fin 
d iantas miserias como padece la cristiandad » (1) 

aA un solo escrupulo me queda que satisfacer, y es que 
dir4 y. M. que es cosa grave quitur el estado temporal al 
vicario de Gristo. A esto respondo que propuestos dos males, 
el menor se ha do olegir. Mat seri4 quitar al Papa el estado 
temporal. Pero sin comparacion es muy mayor el que da 
tenerlo d toda la cristiaiidaU se sigue, porqoe para engrun- 
decer la carne oUidan de todo punto el espiritu; y de aqui 
nace revolver el mundo, • y deshacer la casa de Dios por 
hacer las suyas; y asi se ha visto que antes que los Papas 
tuviesen riquezas, eran todos sautos, y despues que se dieroa 
ft tenerlas, han side y serdn como Paulo. « 

ttAllende de esfo iqu6 mayor bien, ni beneBcio, se po- 
dria hacer al mundo que reducir el poutiiicado a sus princi- 
ples? Gristo que es verdadero Dios, suma sapicncia y suma 
potencia, bien le pudiera fundar en estados; pues todos eran 
y son suyos. No lo fundo sino en pobreza y santidad, y con 
esta trajo a todo el mundo k si, y lo mesmo hicieron los 
Santos pontifices que siguieron el mesmo camino. Pues si 
ahora se hallase un principe que constituyese un imperio y 
an pontificado como el antiguo, y por hacer un gran bien 
k la cristiandad biciese alguu pequeno dano particular, co- 



(1) Estas iUtimas palabras se leen en el memorial de 
tiendoza, publicado con supresiones por Sandoval en la crd^^ 
nica de Curios V. 



—.46— 
ran abandonado a Carlos, si Francia, poT la ambicion de 
8U rey Francisco , hubiera faTorecido la causa del Papa. 

Pero Ids pontifices sucesorcs de Glemente, aonqoe cooo- 
cian el miedo do Carlos^ recelaban que el tiempo podia 
dcsvanecerlo con la confianza en sua fuerzaa y con loa con- 
sejos do los alemanes. Veian la grandeza del eraperador y 
que este iba ensanchando poco k poco loa Umitoa de sua 
estados; y asi por cnantos medios tcnian k su disposicton, 
se propusieron estorbar el acrecentatniento do Carlos. Que- 
rian que el gobicrno del mondo estuviese dividido entra 
tnuchos principcs para no depeiider de la autoridad de no 
solo monarca, que ficilmenie y sin contradiccion, se halla- 
ria en el caso dtt aniquilar el poderio temporal de los Pa- 
papas. Pcrsuadidos de estas razones, y alentados con el re- 
cuerdo do lo quo fni la anligua Roma de los Gisares, se- 
nora del orbo por sus conquistas y reputacioUt ambiciona- 
ban dilatar el terrilorio de sus dominios, y conseguir en bie« 
nes lo que perdi.in do jorisdiccion espiritual por los aecua- 
ces de Lutero en Alemania, por los de Galvino en Francia y 
Suiza, y por el ejempio de Enrique VIII en la Gran Bretafia. 

Por eso buscaban los Pontifices el abrigo de Francia para 
debilitar Isrs fucrzas de Gdrlos V. Gonocian que un gran po« 
litico en su caso les bubiera arrebatado el dominio tempo- 
ral; y se aprcsuraban k anticipar el remedio al dano que con 
tanta razon temian. 

Ninguna cosa pnieba mas el poco crddito de los Papas, 
como priiicipes temporales, que el no haber podidp constU 
tuir a Italia on una sola nacion^ sugeta k su obediencia; por 
que la flaqueza de un anligno principado so descubre en el 
hecho^do permanecer, por espacio de dnucbos siglos, entro 
pequeiios reynos y republicas, sin enseiiorearse de todos. 
Asi los Papas vivian con la vecindad de Florencia, Venecia, 
Ragusa, Geneva y alguuos ducados, sin ensanchar sus domi- 
nies/ y conquistar uno k uno los agenos con el favor 6 con 



d San Pedro parece d la clara, porque respondiendo d Pilato, 
como ^an Juan escribe en el capiiiUo 18, dijox Regnura «oeum 
non est de hoc mundo. Asi que no es de creer que el ca- 
chilto temporal que el no habia querido, ni quiso administrar, 
lo 4iese d San Pedro. ^^ 



li 



-47- 
la neutralidad* de ]os otros; pues ua estado ddbil faG{lmentd 
se robuatecc para lidiar contra muchos con solo somorar dis« 
cordiaa entre los que trata de reducir por la violencia. 

O la reputacion, 6 la astucia politica, 6 las armas forma- . 
roo de cortos y diversos estados poderosas naciones. Espar- 
Id domino k Grecia: Mdcedonia con cl tal^ento de Filipo y 
el valor de Alejandro aubyugo luego i la misma Esparta y 
& las demas republicas griegas: Francia redujo a un solo cuer- 
los diferentes senorios que habia en su territorio: Gasii- 
la atrajo i so dependencia los demas reynos de la Penin- 
sula espanola^ y entre ellos el do Portugal: e Inglalorra al 
fin se hi7o poderosa 6 mvencible con la union de Escocia 
y de Irlanda. 

Si Carlos hnbiera seguido la^ voz de la razon que le 
ensenaba el camino de perpeluar su itoiubre como el Lien- 
hechor del raundo, los alenianes protestanles, perdida por 
los Papas la potestad temporal, f^ciluiente hubieran incliua«> 
do sus cuellos ante los que dejaban de ser monarcas^ para 
ocuparse solamente en la religion de Gristo. La causa prin* 
cipal que levanto las predicaciones de Lutoro, se halia ea 
los' desoK denes del clero do Roma en el siglo XVI. (1) 

Mas pudo bacer Carlos para no aventurarse i los peli - 
gros de quitar la soberania d los pontiiices. Con no pro- 
tejerlos y con dcjar & los principes de Alemania, el duque 
de Sajoniay el Landgrave de Hesse que bqbicran bajado a Iia«« 
lia y destruido. por ellos mismos el poder temporal de los 
Papas, la indignacion de Europa no hubiera caido sobre su 
persona como autor de la empress. (2) 



(1) Hurtado de Mendoza en su Dialogo entre Guronte 
y el alma de Pedro Luis Farnesio {M. S citado) dice: vLa 
primera ocasion que movid d los alemanes d negar la obe- 
diensia d la iglesia, nacid de la disolucion del clero y de 
las maldadcs que en Roma se sufrea y comelen cada hora.n 

(2) Hurtado de Mendoza en su citado Dialogo (31, S.) 
decia en 1347: mNo serd menester que el tome la espada, 
ni que siis ejercitos se ocupen en tan baja guerra. Bas* 
tard que no on de el calor y favor que siempre os ha 

dado ni serd menester que de licencia d los alema- 

nes^ herejes para qm ellos lo hagan, como lo kabrian he- 



-48- 

Quiio emplear otros medios y ^onibatir el Luteranismo 
por via do las arnias, j los abusos de Roma por las dis- 
putas teologicas de un concilio-(l). La politica do los gran* 
des conquistadores es igual eii todos los siglos.* porque la 
ambicion^ la vanidad y el doseo de dar ^ sus empresas apa- 
raios de los que llama el mundo Icgales, son mas poderosos 
que el celo del bien publico. Carlos vence al Papa y so hace 
coronar Inego emperador por mano del roismo PontificOy j 
Napoleon imita Iticgo su ejemplo en el presente siglo. 

Asi como Filipo do Macedonia con pretetto de guerras 
de religion so apadero de la Focida, Girlos V, con el nom- 
bre de someter los alemanes ^ las decisiones del Conci* 
lio de Treuto, abuso de la victoria adquirida contra los 
protestantes, y humilld la. poteucia de los nobles mas fuer* 
tes del Imperio. 

Roma^ apesar de los servicios prestadoa por Giirlos fi 
la causa de la religion catolica, siempre se mostra so ad- 
versaria con la mira de posesionarse del reino de Nipoles. 

Gasi al dejar el emperador el dominio del mundo y 
retirarso d la solcdad del claustro, el Papa Paulo IV co- 
menzo a iuquietarlo por diversos camioos. No olvidd las 
buenas obras que este principe habia hecho k la Sede Apos- 
tolica; y conociendo por ellas el gran lemor y respeto que 
le tenia Gdrlos^ procedio 6 pretender el logro de sus am* 
biciones^ en la seguridad de que licjiaba con un esclavo. (2) 



cho veinte aiios hd, si no los hubiese tenido el miedo y 
el respeto del emperador. » 

(1) El mismo autor en su citado M. S. dice que el 
deseo del emperador era, ajuntar el eoncilio y remediar 
juntdmenie con las herejias de Atemania las bellaquerias 
de Roma,» 

(2) En el cddice GQS9 de la Biblioteca Nacionat hay 
una carta de un personaje, {cuye nombre se calla,) al virey 
de N 'poles. En ella se dice. nMe parece que se hacai^ 
do tarde en que con el Papa presente, aprovechan poco 
buenas paiabras ni comedimientos, pues la esperiencia ha 

ffiostrado que no ban hecho provecho, mas han salt-- 

do dellos notables danos, porque nunca toman ellos estas 
obras y obsequio d buena parte, sino d que se les /tacen 
por respeto y temor.» 



—49— 

Un monarca pod^roso 6 un roioiatro que descnbre vn 
I ado d^bil en la grandeza que aparenta, ae asemeja k on 
foriisimo Castillo que tiene uno de loa torreotiea ainena- 
zviido ruina. Los enemigos, sabida sa flaqueza, harkn inu' 
tiles todos los preparatives de guerra con que se resista, y 
con facilidad sabran ensenorearse de ^1 enmedlo de la ad- 
tniracion de las haestes ocupadas en su defcnsa. 

Carlos pretendio veneer las ideas de la re'orma con la 
fuerzi de sus nomerosos ejercitos^ como si las ideas pudiesea 
ser ahogadaa con el hamo de ta polvora, 6 puestas en bui* 
da con el estrucndo de los cajloues. El vencimiento del Lu« 
teranismo esiaba en las indrgenes del Tiber^ con derrocar el 
poderio temporal de los Papas. 

Carlos tuvo en su mano detener el Toelo de la reforma, 
y aborrar a Enropa las sangrientas cat&strofes de Inglaterra 
bajo Enrique VIII y su bija Slaria: las guorras religiosas en 
Francia y las borribles matanzas de San Bartolom^: las ho- 
gueras inquisitoriales de la nacion espanola» y los tumultos 
de Flandes. |Desdlcbada la reputacion del Principe que pu- 
diendo enciirniiiar su siglo bicia el bieo, deja el mundo ea 
presa de las discordias civiles al descender a la. tiimbat Has 
para dano de los pueblos hay monarcas quo tienen ante aus 
ojos el miedo que les impiJe obrar cuando ven los medioi 
de establecer las faentes de donde ha de veuir la felicidad 
publica. 




ofc oScgIo oil oic Gw on vie off! oEc etc etc. Cu etc oK olc clc*<}i&«fc«Eo iSo cfo 



* * 



CAPITULO IV. 



t 

|9K OS reyes sesuian en la pretension de dar & los es- 
^^ pafioles la feiicidad por medio de la esclavitud y del 
^^^ embrutecimienlo; y el clero no cesaba de buscir to- 
da suerte de caminos^ para destruir hasta los mas peque- 
Bos restos de los derechos de la conciencia. 

Pero como la causa do; la bumanidad nunca deja de te« 
ner defensores, levantabanse algunos s^bios 4 oponerse al 
furor y a la doraencia del fanatismo. Eran pocos en nu- 
xncro y deslituidos del favor popular que amedrenta a los 
tirauos^ porque el pueblo espaiiol educado para la sorvi- 
dumbre, vivia con la inteligencia cubierta de las sombras 
de la ignorancia, y aterrorizada con las amenazas de los 
castigos en la viJa y en la muerte. 

Los amadores del bien publico se ^ncontraban tan so- 
los conio las naves cntre las ondas del mar Occ^ano^ como 
liS palmas en los desiettos del Asia. 

Y sua acenlos eran escuchados por los demis espano- 
les, como si en un vasto panteon se dtrigiesen a los ha- 
biiuntes de los sepulcros. 

Los s&bios de los principales reinos de Europa estaban 
ligados entonccs por los vinculos de la mas estrecha ^mis- 
tadf en tanto que los ddspotas^ guiados por la codicia^ con- 
teudian entre si para la posesion del mundo. 



—31- 

Toraas More, el ilustre caacillcr de EDrique VHI de In- 
glaterra, y Desiderio Erasmo se correspondiao por medio 
de cartas coa el gran doctor espaiiol Juaii de Vcrgara, ca* 
nooigo de Toledo^ y bombre que habia logrado juntar cer- 
ca de su persona alganos varoDes de escelenle docthna. (1) 

Animaba k esioa sibios desde Inglaterra el cspafiol . Juaa 
Luis Vives^ precursolr de Bacon de Verulainio, en combatir 
el escolasticismoy catedr^lico do la Universidad de Oxford* 
luio de los oiaeatros de Maria, hija de Enrique YlII, y su« 
jeio que luerecio la bonra do que este rey acudiese a es« 
cuchat sus iecciones publicas. 

Vivos fud quien tuTO la Boergia suBciente de alma para 
dirijir k Adriano una carta en su exaltacion al pontificado, 
dici^ndole primeramento quo los desordenes de Robaa eran 
tautos y tales, que las gcntes se reian al dar el titulo de 
Ticario de Grisio i quien nadie querria para vicario suyo, 
y el de Santisiuio Padre k bombres malvados y facinero- 
sos; y en segundo lugar que no esiraftase que el pueblo 
no riudiese alabanzas a las custumbres de-muehos delos Papas 
sus predccesores, puesto que 6\ mismo las condenaba con sa 
irida ejcmplar en todo disliuta de la de aquoilos. (2) 

Aniaesirado Vergara por las maximas de sus amigos Mo« 
re, Erasmo y Vives, practicaba las Tirtudes, y en el silen* 
do enlce sus pocos parciales gemia la ini'elicidad de su 
patria. Uu hombre que moraba en Espana, aiendo amante 
del bieu publico y sabio ademas, no podia permanecer mo« 
cko tiempo en sosiego sin que los rayos del fanatismohi- 



(1) Mi amigo el orientaliUa Gayangos. posee unas cartas 
laiinas (M. SS.) de Erasmo d Fergara y de Fergara d 
Erasnto. 

(i) Rident qm scelestum hominem et facinoribus obrU' 
turn sanclissimum patrem nominatnri sunt, pudetgue tncor 
rium Chrisii eum nuncupare quern suum nemo vellet. Exco^ 
gitqiitur tituli consuetorum dissimiles, quibus adearis Tu t7/o- 
rum Pontificum , quos nostra vidit aeias dissimiUes. Non 
impelrabis hoc d iiberiate nostra, ut inter ea dum Tu illo* 
rum vilam actionibus tuis reprobas, nos earn oratione nostra 
^omprobemus. Luis Fives: Opera.^^Carta escrita en Louayna 
en a de oclubre de 1523. . . 



—52— 
riesen sa cabeza. Acasado como hereje en la Inquisicion, 
no 80 vi6 en libertad j en posesion de sus dignidades^ sin 
haber sufrido la pena de abjurar publicamente en no auto de 
ii, celebrado en la plaza principal de Toledo, las razones 
l^ue en usd de los derecbos del alma tenia para aentir los da- 
BOS de sus semejantes. 

Apesar de esla , persecucion. no pudo Vergara por un mte- 
do vil separarse de la causa de la humauidad, cuaudo la 
vio perseguida nuevainente. En aquel tiempo era Arzobis- 
po un hombre tan presuntuoso y nocio, que en vez de hacer* 
se llainar Juan Martinez Guijarro, se decia Juan Martinez 
Siliceo, lalinizando su segundo apellido por uno de esos 
ridicnlos alardes de vanidad tan comunes en las personas 
de poca filosofij (i). Este varon propose el dia 9 de julio 
del ano de 1547 al cabildo eclesiastico, que ninguno descen- 
diente dejudios ode inoros pudiera tener dignidad 6 cape- 
llanja en la Iglesia de Toledo. 

En 23 del mismo nies se verified una junta paraapro- 
bar la propuesta 6 para desaprobaria; y aunque bubo dies 
que contradijeron el iutento del arzobispo, veinte y cuatro 
^otaron favorablernente ; pues en el estado'-intelectual de Bs« 
pana no podia acontecer oira cosa. Los bombres que ^n me* 
recimienlos alcanzan dignidades, luego que estdn en ellas pro« 
curaa dificultarlas para los demis con el proposito de que apa* 
rezcan mas grandes ^ los ojos del Tulgo. (2) 

A este acuerdo dieron el nombre de EstatiUo de limpieza. 



(1) Creia que era muy plebeyo el nombre de Guijarro 
para servir d un arzobispo de Toledo^ y cardenal de la 
Iglesia de Roma; y por eso formd un apellido de la vox 
laiina Silex (pedernaf), 

(2) Los canoniyos que en la h&ra de la voiacion, 6 
mas tarde se opusieron al Arzobispo, se Uamaban don Die» 
go de Castilla (Dean), Bernardino de Alcaraz (Maesire-eS" 
euela), Bernardino Zapata (Capiscol), Rodrigo Zapaia (ca« 
pellan mayor), el bachiller Juan Delgado, 'el Doctor PeraU 
in, el Doctor Herrera, el Doctor Juan de Vergara. Anto^ 

nio de Leon, Esteban de Valera, Miguel Diaz, Juan de | 

Salazar, Pedro Sanchez (Candnigos). Kease el Codice Q ' 

85. Biblioteca NacionaL 



—53— 

Los vencidoSj cooocieudo los males que iban i origi* 
narse de la ejecucion de ^1, facuharoii at Doctor Juan d« 
Vergara, para que en nombre dd las digiiidades v can6ul- 
goa. conlradictores del estatuto, ordenaae una peticion dirigi- 
da al consejo de Gastilla con el fin de que se tuviese por nulo. 

En €Ste importantisimo documento esclamaha Vergara: 

aDecimos^ sedores« que las razonesque nos han niuvido 
y mueven k conlradecir el dicho estaiuto son: lo primero, 

por ser como es contra derecho cauonico y deteimi- 

nacion de Santos Padres: io segundo, por ser contra lejes 
destos reynos: lo tercero, por ser contra espresas autoii- 
dades de la sagrada escriptura: lo quarto, por ser contra to* 
da razon natural: lo quinto. por ser en injuria y afreuCa de 
mucba gente noble y principal desios revuos: lo sesto, por> 
que es contra la honra ^ autoiidad de la ditha Sunta If^lc- 
aia: lo sepliiuo, por que es contra la paz y tranquilldad 
de los bcneficiadoSy y de loda la republica: io octavo, por- 
que es contra el boen estado y gobernacion de nnestra 
ciudad: lo nono, porque do ^1 resulta pcrp^tua iufamia de 
noestra nacion 

«m Papa (Nicolao V) eniendiendo que algunos desia 
leyno, trataban de excluir ^ los nuevamente conveitidosj 
i sua bijos de dignidadcs^ honras y oficios y otras coaas^ 
feprehende iaperamcnte a los tales rnovedores, llainandolos 
sembradores de zizafia, corrompedores de la paz y unidad 
crisiiana, renovadores de la discordia que el apdstol San^- 
Pablo habia fixlirpado, contradictores de las autoridades 

divinas\ y finalmente hombres err ados de la verdad 

de la fe catdlica, deteintinando que los tales nuevamente 

converlidos y sus bijos y descendientes deben ser 

adniitidos A todas las dignidades^ bonras y oficios asi ecle* 

aiisiicos como scglares » 

irEntendiendo el bienaventurado aposlol (SaQ-Pablo) quo 
entre los cristianoa que nuevamente se habian convertido en 
Roma, unos del pueblo gentil y otros del pneblo judayco^ 
babia disension y diferencia sobre quales precederian y se* 

rian preferidos A fos otros, les escribio reprendien* 

do d los unos y 6 los otros y reduciendolos d concordia 
y unidad, diciendo A los converlidos del pueblo judayco 

Joe no tuviesen en poco k los otros, porque Dios de lo- 
os era Dios^ y no de solos los judios. Y porque los coa« 



-54- 
Tertidos de los gentiles^ por ser mQcbos comfenzaban & en- 

senorearso por esa el apdstol cargo mas la raano con 

ellos dici(§ndotes, que no debian menosprociar i los del 
pnebio judajco/ porquo fueron los adoplados por faijos y 
^ ellos se did la ley divina y las promesas 

((Que el dicho Estatnto sea conlra toda razon natural 

parece claro, porque ningtlna hay que perniita que 

nambres^ no solo nobles siu'o iluslres, cargados de lelras 
y de virtudes, sin obstaculo ni impcdimcnto canonico niu^- 
puno^ scau inhahilitaiJos para capellancs de la Iglesia de 

Toledo; y por cl conirario hombres bajos e ydiotas 

queden por habiles para dignidades y caiiotiigos b 

iiQue sea on injuria y afreuta de mucba genie noble y 
principal deste rcyno, poca uocesidad liene de probanza; 
pues es notono que por malrimonios anliguos y moder- 
nos, esia mezclada inucha gente de la nobleza de Espana 
con div.ersidad de linajes coino en todo cl mundo se ha- 
ce, y siempre se hizo. Y como lodos aquellos, a quien 
esla raczcla toca por linea niaicnia solaincnle, scan par le«> 
yes de eslos rcynos> teuidos unos por hidjlgos, otros por 
caballeros, otros por ilustres^ conrorme & la liaea paterna; 
y Gorao tales go/.en paciticauiente do las honras y preeminen* 

cias ser. por otra parte asj nolados ^ inhabilitudus ellos 

y todos sus dcscendienies para siempre jaoi^s por tal esta« 
tulo como cste, no puede ser sin gravisima afrcnta y wen- 
gua do sus,persouas y honras .,,,» (1) 

Vergaia habia aprendiJo en Ta Utopia, novola filosofici 
de su amigo Tomas More, las maximas de libertad poliiica 
y do tolcrancia reiigiosa. Por eso con varonil energia rcpro- 
sento los danos que iban a nacer del cstatulo de limpieza^ 
ordenado por el arzobispo Silicco. Pero el consejo de Gas- 
tilla desprecio la opinion del Aposlol San Pablo, las ordenes 
de Nicolas V, y lo quo la razon natural aconsejaba en caso 
tan arduo, y mando repeler el memorial de Vergara, dando 
sentencia a favor de los del cabildo y del prclado. 

Los monarcas ayudaban de eslo Inodo al clero, para que 



(1) Dos copias de exte curioso documento existen en la 
Biblioteca Nacional, Cddic^s Q, 85 y R. 60, Por su mucha 
esteiision no, se pone integro en el cuerpo de este libro. 



—55— 
.el clero h)S fiivoreciese tambien eo la empresa do consolidar 
el despolismo. Desde este siglo se comenzo a toner a ios re- 
yes por do derccbo diviao; porque Ios bclesiasticos se aco- 
modaron & darles esta investidura k causa del poder que ha- 
bian adquirido Ios soberanos eon el abatimiohto de la nobleza 

if del pueblo; Guandb Ios obispos eran elegidos, en tiernpo de. 
a doEuinacion goda en Espana^ por el clero y losseglurcs^ ios 
eclesiaslicos no daban el derecbo divino a Ios reyes^ sino a 
Ios pueblos; y cuando Ios nobles, en la edad media, vejaban 
COD la fuerza k Ios monarcas^ seguian el bando de la nobleza. 
Lo jntsnio habiun hecbo Ios sacerdotes de Grecia y Koiua: 
deificaban siempre et derecbo de Ios vencedores y podcrosos, 
aunque fuesen acompanados de la maldad; y Ios orScuIos de 
Stis inenlidos dioses, creados por el luiedo de Ios mortales, 
f&cilmente so inclinaban al lado do la vicloria para aplaudir 
la conslUucion 6 la ruiua de una republican de un reyno 6 
de un imperio. (1) 

Gomo en Espana no babia respeto para las lejes, y la 
fiierza sdlo con la fuerza puede destruirse, las voces de la 
numanidad ofendida fueron escuchadas con el desprucio na- 
tural en Ios quo viven y prosperan en la ini'ame serviJuinbre. 
Pero Vergara y sus pocos parciales apelarou a Roma, creycn- 
do enconH'ar en aquella cone la jnsticia. {Vana esperaaza! 
El Papa, dos anos despoes, confirmo la sentencta del conse* 
jo de Gasiilla, mandando que en estos reyiit)s se pusiese en 
uso lo que 6l no praciicaba en sus estados. Veia con placer 
L exageracioQ del catolicismo en Espana, y no queria en ma- 
nera alguna entibiar el celo do sus subditos espiritualcs. 

La nacion espanola se ballaba en un estado do iinbecili- 
dad culta: auoque Ios hombres de fetras estudiaban Ios libros 
de la docta antigiiedad griega y lalina, no podian seguir el 
iruelo de Ios grandes rnoclelos, ni elevarse a la altura do Ios 
ilustres penaadores de I^uropa en aquci siglo. 

Gontemplando la politica de Ios espanoles en el siglo 
XVI coo la de Ios turpos y africanos, se ?e que k Turquta 



(1) Alomo de Palencia en la crdnica de Henrique IV {M. 
5. dtado) dice:'-^Por proverbio comun se tiene que en la cor^ 
te romana d Ios vencedores dan la corona, e d Ios vencidos 
descomulgan. » 



—56— 
y Anica babiabiiido la cuerd'a razon de estado. Los cristia* 
noa que en Argel 6 en Constanlinopla^ quiz^ roas por aal« 
?arse de las iadenas y de los trabajos del cauliverio que 
por U en la religion mahometana, dejaban la ley do Gris- 
to, hallaban enire los tiircos y argelinos respeto^ riquezas 
y honorea. De renegados era la major parte* de sus go-- 
bernadores: de renegados la mayor parte de sua capitanes: 
de renegades^ en fin^ la de sus mas fdmosos y temidoseot* 
sarios. 

La razon natur.il ensenaba que el modo de atraer i los 
de religion diveisii, no consistia en vejarlos despues de con- 
Tertirlos, ni en drponurlos de sus dignidades, tii en entre- 
garlos a la infamia. Hs verdad que los espanoles pbr el cs« 
tado de cstupid^z en que se vejan a causa de sa educa- 
tion cclesiastica, y de la ignorancia de los derecbos del bom- 
bre, no podian comprender eslas verdades. Un don San- 
cbo de Leyva^ capiian espanol, preso por los turcosy lue- 
go rescatado por sus parienies^ dirijio al roonarca una no-* 
ticia del poder mariiirao y politico de los que fueron sus 
duefios, y en ella se maravillaba de que estos fiasen de los 
renegados los cargps mas importantes de la miliciay del 
gobieruo. (i) 



(i) En un Discurso politico que bizo i S. M. don Saacho 
de Ley va sobre el poder del Turco y custodia de las costas 
de Lcvanie, M. S: de la biblioieca de don Pascual de Gayan-^ 
gos, se tee: — mEstos renegados que todos, los unos y los otros, 
son hombres bajos comunes, y al fin los mas ruines de sus 

naciones, son los que vienen d ser soldados genlzaros 

hombres de cargos y at fin Baxaes. Deslos hacen su con^ 

fianza: estos son los que gobiernan la paz y la guerra: cosa 

es de notar que siendo genie de iantas y tan diferentes na-* 

ciones, que ni conqcen padres ni madres, ni se conocen unos 

d otros, siendo gente tan baja, tan comun que naturattnen* 

te han de ser de debiles dnimos, depoco ingenio y habilidad, 

pongan en sus manos y con fianza la gobernacion de los esta* 

dos, el de la guerra y el exercieio y ejecucion delta, y sean 

hombres para ello y to gobiernen de manera que no solo to 

sustentan pero ganan siempre. No puede conforme^d esto ] 

creerse otra cosa sino que Dio$ tos favorece para castigo de 



—87— 

Los espaSoles forzaban *A los juJics y ihoros a ser cris.« 
tianosy j luego los tenian por infaines por el becho de ha- 
ber recibido las aguas del b^uiisino. iQu6 amor 6 que atrac- 
tivo tendria k los ojos de estas gentes^ una religion en cuyo 
nonibre se Irs decUraba iacapacitados para adquirir bonores 
y dignidades? (i) 

Juliano, uno de los pocos varones insigncs por so sa« 
bcr y viruides que ocnparon el solio de los G^sares, que- 
riendo rtstablecer los Dioses del Paganismo en su dilatado 
Imperio y aniqnilar la religion de Cristo, no persiguio i 
sus secuaces con muertes, infainias, ni Gontiscaciones de bie- 
nes. ftlieotras estos eran crislianos^ las puertas de las ri* 
quezas y de. los bonores Itss esiaban cerradas; pero al pun- 
to que volviao i la gentilidad, los cargos publicos^ las dig- 
nidades, y las pornpas del mundo les enlregaba aquel Em- 
perador, que en el iriunfo de su proposilo creia asegurac 
el valor y las virtudes que tantos heroes bicieroo en la aa- 
tigua' Roma. 

Pero proceder de este modo solo podia, nn varon como 
Juliano, criado en el estudio do la filosofia estoica* y en 
los ejemplos de Trijano y Rlarco Aurelio. La rcina Isa- 
bel y su consorte, y luego Carlos V, educjdos con mac* 
aimaa de la conveuioncia propia, ligada con la de bombres 
que querian medrar con la ignorancia y esclavitud de los 
pueblus. no tenian la grandeza de alma dc aquel empera- 
dor para acomodar sus subdilos k \o quo ellos pretendian. 



nuestros pecados; que si asi no faese, no sufriria en la tierra 
hombres que han trocado la ley de verdad por una tan ma-' 
la seta. » 

(i) Cerca de un sigh despues del memorial de F^erga* 
ra, publicd {ano 16i6) el Licenciado Fernandez de Navar^ 
tele su libro intiluiado Gonservaciou de mouarquias. En 61 
decia: — a Me persuado d que si antes que estos (los moriscos) 

hubieran llegado d la desesperacion se hubiera 

buscado forma de admitillos d alguna parte de honores, sin 
tenerlos en la nota y senal de infamia, fuera posible q)te 
por la puerta del honor hubieran entrado al templo de la 
virtud y al gremio y obediencia de la iglesia catdlica^ sin 
que los incitdra dser malos el tenerlos en mala opinion, » 

9 



-»8- 
^ tin la Tiol^ncia, qoe es el uaico recarto de los malos go* 
beraadores j prlncipea. 

Bastante saogre costd laego 4 Bspalla la iasensat^z de 
808 monarcaa para coo Iqs moros coovertidos 4 la fd do 
Gristo. Lo8 crlmeoea politicos de los reyes redbea el cas- 
' tigo mas tarde 6 mas temprano; mas la iafelicid^d de los 
bombres es el qae los otros miembros pagaea los delitos de 
la cabeza. 

De muchos yarones tao animosos y sabios como Vergara, 
tenia oecesidad la nacion espanola para detener k aas sobe- 
ranos en la carrera de la perdicion, no de estos, sioo de su 
deSTenturada patria« y para contrastar las fuerzas de los ma« 
los consejos qae los precipilaban de error en error, y de 
maldades en maldades. Pero en Bspana los hombres do esta 
especie aparecian como los reUmpagos en una oscara noche« 
mientras en otros reynos de Baropa orad como los rayos, 
acompaSados del ostampido del troeoio. 







'.^^r^^S:^ ;^^^; V'^^^f^ 



CAPITULO V. 




RROR ha sido may coman en los grandes conqois- 
udores« 6 en los principes que ban regido piov'm- 
cias y revoos de diversas coatiimbres i iaclina€iones« 
creer que una misma poliiica pueda servir para gobernarlos. 
Por eso Carlos V, acostumbrado k dominar con la fuerza en 
Espana^ y tenieudo muy en la niemoria que por medio de U 
violencia los judios y los moros abandonaron su religion bajo 
el yugo de fos reyes catolicos, imagino que el camino mas 
corlo para refrenar el luterauiamo en Alemania eran laa armaa. 
Fanaiico y suj^ersticioso desoyo los consejos de la razon 
que le dictaba conservar k los aubdilos del imperio en la 
libertad religiosa. Gomo ibau siempre con su corte en sua 
viages y guerras mucbos leologos espanoles» que aprendie* 
ron en los ejempios de Torquemada y Gisueros a esclavi- 
zar las conciuncias, hacian vanas las exortaciones que el con- 
fesor de Carlos V don Garcia de Loaysa le dirigia, con el 
fin de sosegar A Bnropa. Esle sibio varon, cardenal enton- 
ces y obispo de Osma (luego fu^ de Sigiienza y mas ade- 
lanle arzobispo de Sevilla 6 inquisidor general) balUbase en 
Rproa con comision de Carlos cerca del Papa^ para eutender 
en los asuntos de Alemania, y escribia con frecuencia al Em- 
porador ddnJole consrjos oportunos. 

Unas veces le decia que abaudonase la fanlisuca empre- 



—60— 
sa de quArer convertir almas a Dios, j qne procarase alraer 
cuerpos k la obedieocia de su corona: que do tuiriese pre- 
aente para premiar aervicios si el aulor de estos era luterano 

6 catolico; y que obrando siempre virtuosamontey dilaiaso 
au noiubre per el mundo (1). Otraa le eQcarecia la laili- 
dad de dejar que los alemaues pensasea eo malerias de re* 
ligioQ lo aue ellos quisiesen, y que asase de sua fuer- 
zas para defeuderse de las artnidas de mar j lierra» que 
continuamente lauzaba contra la cristiandad el- imperio oto* 
mano. (2) 

Esto que aconsejaba Loaysa^ no producia efeclo en el 
iinimo de Carlos, que esiaba en la persuasion de que era 
oliligado ^ romper con los alemanea por medio del bierro 

7 del fuego. 

Nunca i los rcyea de Espana faltaron represeotanles de 
la humanidad que les ensenaaen los errores en que estaban. 



(1) «Es mi volo que (18 de noviembre de 1530) pues no 
hay fuerzas para corregir, que hagais del juego mana^ y os 
atgueis con el herege como con el cdtdlice, y le hagais mer^ 
ctid si se igualare con el cristiano en serviros. Quite ya vues-^ 
tra tnagestad la fantasia de convertir almas d Dios: ocupaos 
de aqui adelanle en convertir cuerpos d vuestra obediencia 

y salvad vuestra dnima acrescentando en virtud, pues 

hoy hay mayor necesidad de ella que nunca^n-^Loaysa,^- 
Cartas al emperador Cdrlos V^ copiadas en el archivo de 5t • 
mancaspor G. Heine {Berlin 1848). 

(2) aDe los errores luteranos (8 de junio ^a 1531) seria 
en parecer que al presente se cometiese d la disimulacion 6 
por via de treguas entre hereges y cristianos, dejando d cada 
uno creer como quisiere, 6 haciencto con ellos pacto, que has^ 

ta el concilio futuro vivan todos en sus ritos, sin estorbar 

los unos d los otros, Y que cuando por falta del Sumo Pon^ 
tipce en ires anos no se congregare el concilio^ que de ahi 
adelanle puedan Ubremente y sin »empacho de principes ni 
de dietas perseverar en su forma de creer, Todo esto me pa* 
resce que V. M. les puede^ otorgar sin ninguna culpa, con 
tat condicion que os sirvan y ayuden contra esle enemigo co^ 
mun {el gran Turco).n^Loaysa.'^Cartas citadas en laan^ 
ierior nota* 



-61— 
y lot dirigieson por la senda del bicn i la cumbre de It 
gloria. Pero entre diTtersoa pareceres aegoian aienipre, cD- 
n^o hacen los maloa principea, cl 4|ue era peor para los pue« 
bios, por eatar maa conforme con aus iostinlos deapoii- 
cos; y porque la verdad tinnca puede recibir bueo acogi- 
miento en el alcizar de loa tiranoa. 

La victoria del Eroperador sigai6 i los prinoieros pasoa 
de la guerra con los proiestantea. Los caudillos de la re- 
fornia en Aiemania cajeron prisioneros en manos de Carlos V 
deapues de una desastrosa baialla^.el uno 5 las orillas del EU 
ba» y el otro mas tarde fiado en laspromesas de paz que le hi- 
caeron i oombre de aqiiel moaarca. Mo^pas6 mucbo litMnpo 
ain que esie esperimeutase que ficilmente no se huniilla k 
ua pueblo que conoce sus derecbo& civiles y religiosos; 

{r que a una nacion grande 6 ilusirada nunca faltau caudi- 
loa magndnimos y diestros en la bora de quebrantar las 
cadenas. Mauricio de Sajoni.i, a quien Carlos habia tiibu* 
tado grandes faVorea por haber abandonado antes la. causa 
de la reforma, abandond luego al emperador^ y se tonio 
i las nuevas doctrinas* Le acometio do iioproviso, arroilo 
80S escuadroneSj desbando ^ los padres del Concilio do 
Trento, quo se ocupabau en discutir lo que Europa debe- 
ria creer, y oblig6 al C^sar a que firmaso en Ausburgo un 
tratado de paz en materias religiosas. 

Tarde conocio G&rlos V sus yerros en no haber segiii- 
do los coosejos de Loaysa. Avergonzado de mirar desechos 
sus afanes, y conocieodo quo el cr^dilo^ que tanto coutrt* 
buye k asegurar el logro de las eoapresas de los conquis- 
tadores, y que tanto le habia servido para las suyas, esiaba 
ya postrado ^n mil pedazos ante los ojos de la asombra- 
da y combalida Europa, dejo el dominio del mundo a su 
hijo Felipe, yse reliro a la soledad de un monasterio. Su 
heredero^ educado por los raismos que habian empenado a 
su padre en guerras religiosas, no logro juutar las coronas 
de Espafia y del Imperio, pues Carlos babia cedido la de 
Aiemania k su bermano Fernando, rey de Hungria. Esta di- 
vision fu^ un bien para la humanidad^ porque Felipe II, que 
en vez de escarmentar on los desasiros de la errada poli« 
lica de su progenitor, quiso.proseguiria creyeodo que en la 
exageracion de ella estribaba el triunfo, hubiora acabado do 
dominar i Francia^ Inglaterra y Uolanda cou las fuerzas uni- 



—68— 
das de los espaiiolas, italianos y alemanes, y nadie bubie- 
n podido oponeree i an uoivcraal despoiismo. 

relipe prctcndia adqnirir el dominio del orbe domanda 
las cervices de los protestanies, y obligiddoloa k rendirse 
& los pids del Ponlifice romano. 

Parte de sua prop6sitos ae vieron realizados. Inglaterra 
por medio de au matrinionio con la detoU y aapersticiosa 
Maria, bija del roy Enrique VJOU, se habia tornado al cato- 
licismo con el convencimiento que llevaban tras si el hierro 
y hs bogueras. Francia, quebrantada con ks discordiaa in- 
tcstinas, era afligida por las fuerzas del rey de Bspaiia, que 
csperaba alcanzar por la paz que siguiora k la victoria de 
sus armas, la destruccion de los bugouotea. Flandes, some- 
tida al Papa por los ejircitos espanoles y la presencia de 
Felipe, no osaba manifestar sus pensamientos. fisnaSa, es- 
clava del clero^ consumia sa vigor en ser\icio de la am- 
bicion de sas uiouarcas para que las demas naciones ae 
igualaran k ella en arrastrar los grillos de la servidombre. 

Pero la arrogancia de los intenlos de Felipe se "vio may 
presto contrastada. Inglaterra Ilego k separarse de au yogo^ 
y el protestaniismo vitio k herir al rey de EspaSa en el mis* 
mo corazon de sut esiados. 

Hallibase el rey en Flandes cnando Ilego k sus oidos 
la nueva de que Maria au espdsa eataba k panto de muer- 
te^ y que los ingleses querian por sucesora en el trono k 
sn herraana Isabel, adicta a la reforma. Al insUnte procoro ga* 
nar la volunlad de. eata senora para quto no ae apartaao de 
Ja obediencia del Papa, y aun para que fuese su consor- 
te. Acostuinbrado a rcinar en Inglaterra, queria tener aso* 
gu'rada A esta nacion para la empresa de reslablecer en to- 
da Europa la religion catolica. 

Envio al punto afduque de Feria para apoderarse del 
corazon de Isabel y coiiquistar con finezas el afecto deal- 
ganos caballeros ingleses; pero no (ui tan bien recibido su 
mensajero como Felipe deseaba (1). Isabeli conociendo que 



(i) Mi amigo el erudito arietUatista don Pascual de Ga^ 
yangofi posee la colecaion de cartas del dur/ue de Feria (H. 
SS.) Kn H de iwvieinbre de 1588 decia esle caballero 4 
Felipe ll.'^fxEsiin miiy Umeroios eslos consejeros de to que 






-65— 
el tigre ambicionaba tenerla por presa, 6 cotiYortirla en fe- 
roz hieoa contra sua adbditos, con palabras corteses y as- 
tulas lisonjeaba la vanidad del rey de Espana en las vis- 
tas que tenia con su embajador: mostrabase mujr agrade- 
cida de haber alcanzado» cuando viVia su hermana^ la liber- 
tad por instancias de Felipe, y ae vendia por moy amiga 
de este monarca. (1) 

Pero al propio tiempo no queria imitar au politica ni 
aeguir sos • consejos. Bl gran talento en los principes sabe 
hacer grandes las naciones sajetas & so manera de gobier- 
no. Los entendimientos mezquinos son los que aniquilan 
V ajustan a su pequefiez los estados. A la sombra de Isa- 
Bel tornaron i Inglaterra los que andaban por causas de 
religion fugitives en estraiios reynoa: no vio en el pueblo 
esta senora un enemigo, como lo ven los dispotas ignoran- 
tea, sino Jo tomo por protector en la empress de restau- 
var k so patria: oia k los consejeros que trataban de des- 
▼iaria de sus allivos pensainientps, pero no los escochaba 
porque no querii que ningono lograse ensenorear au alma. 

Por las acciones esteriores comprendian el duque do Fe- 
ria y su amo el rey Felipe, que no era muy f&cil adqui- 
rir el objeto de sus tareas; mas no lo creyeron imposible; 
pues la vanidad y el mismo incentivo de la ambicion les 
persuadian que a la destreza politica y 4 la constancia, no 
resistiria mucbo tiempo el animo de aquella aoberana. (i) 



madama Isabel hard con ellos : hdnme recibido bien, aun^ 
que en cierta manera como d hombre que viene con bulas 
de Papa muerto. » 

(1) €EUa (Isabel) me respondid que regraciaba d V. M. 
mucho por lo que le mandaba decir, y que V. U. podia creer 
que ella le guardaria la buena amistad que entre sus pre^ 
decesores y los de V. M. habia habido, por ires causas: 
la primera por que quando ella esiaba en prision J^, M. la 
ayud6 y favorecid d salir de ella; y quenose deshonrw 
bade decir que habia sido prisionera; porque la deshonra 
habia sido de los que la habian puesto en ella &c.j» — Car^ 
ta M. 5. del duque de Feria, citada en la anterior nota. 

(2) nEUa es una muger vanisima y aguda: ddbenle ha^ 
ber predicado mucho la manera del proceder del rey su pa-- 



—64— 

Felipe deseaba apoderarse de Inglaterra, y ya que no po- 
dia conseguir per medio de la vioiencia su objeto, piies el 
eatado de aus ej^rciloa y de Buropa oo lo permitia eu aque- 
lla aazon, apelaba i la industria y al aoborno, peraaadido 
que con coioprar k cuatro 6 aeis bombfes de una nacion, 
eata se enliegaria sio resistencia ft au doroioio. (1) 

En eaio como en todo cuanto emprendid Felipe en an lar- 
ga vida, aiempre iba eoganado. Ki ae conocia* ni oonocia 
ft los hombrea. Se veia bendecidopor los cspanolea que ea- 
taban acostumkrados ft disimular las Iftgrimas en presoncit 
del monarca, y a rospelar el nombre de este aunque ae 
haliase mny l^jos de su reyno; pero no ' podia compreoder 
que pueblos que lograban sacudir de sua botnbroa el vugo 
de Esparia, no ae habrian de someter de nnevo ft loIerar« 
lo, ft menos que una fuerza irresistible no los conipnliese. 

Los ingleses que habian esperiinentado la feroz doini* 
nacion de Felipe en laa hogueras, en laa carceles y en los 
dcsiierroSy lo otliabau ft par de muerle; y buian de tratar 
con su nieosajero el duque de Feria, el cual eslaba en la 
corle de Isabel como el que busca eu las falig^s del desier- 
to la soinbra de una palma. (2) 



dre: tengo gran miedo que en las cosas de la religion no es^ 
tard bien, porgue la veo incliiiada d gobernar por hombres 

que estdn ienidos por hereges Tras esto v6ola muy 

'VHlignada de las cosas que se han hecho contra elta en t;i- 
da de la reyna, mug asida al pueblo y que lo tiene todo de 

su parte No hay ningun herege ni traidor en todo el 

reyno que no se haya levantado de la sepultura para venir 
d ella con gran contenlamiento: estd puesla en que no se 
ha de dejar gobernar de nadie &r.» — Ca^ta del duque de 
Feria d Felipe If, citada en las dos notas precedentes, 

(1) Qud tal era el propdsito de Felipe, se descubre en 
la citada carta del duque de Feria, donde dice: — uEl credit 
to de los 40.000 ducados y las joyas que se me habian de 
enviar no son venidas, y aqui no veo otro nn^cjio de nego- 
ciiir siiio es con dadivas y diges. Suplico d V, M. mande 
que se me envie credito largo; pues f^. M ve cuinto mas 
cucsu gauarsc un reyno con fnerz;i qae con niani.* 

(i) Estdn contentos todos de verse sueltos de V. M. co^ 



—65— 
Al fia Felipe conocio que la reina Un solo qaeria gt- 
nar tieropo hasta asegurar en sus sienea la corona de Ingia* 
terra; y por eao, al ajustar la paz con los franceaea, concerio 
au caaanoienlo con Isabel de Valois. En Unto los negocios de U 
religion iban en el reyno britanico eocaminados a la refor" 
raa. Pero Isabel enlretenia sagazmente el animo de Feli- 
pe; y para mayor disimulacion so manifestaba ante el du- 
que de Feria barto qoejos^, por las bodas que iba a cele«- 
brsr el tnonarca de Espana, pues ella decia que estaba en el 
peusatnienld dedesposarsc con Felipe^ luego que los asuntos 
de su reyno lo perinitiesen. Es cierto que el duque jam^s 
exijia respuesta formal en la demanda del inalrimonio, y 
que Isabel no empeno su palabra de elcgir por marido & 
Felipe U. Mas como no habia descubierto esta senora su ver- 
dadera inlencion^ se quejaba del falso amor del rey, por«* 
que no habia querido esperar tres 6 cuatro meses. Asi con 
estas fingidas prolestaciones engafio d Felipe y consiguio la 
paz de que tanto necesitaba eniouces Inglaterh!, para ro- 
Luslecer sus fuerzas y constituirse en una uaciou poderosa. (1) 



fno si les hubiera hecho malas obras y d causa de 

estar tan enagenados me hallo muy embarazado y 

confuso en buscar manera de saber lo que pasa; por que 
verdaderamente huyen de mi como del diablo.» — Carta del 
duqae de Feria. De Londres 14 de dieiembre de 1558. (Af. S. 
de Gayanyos,) 
' (1; vComenzd d decirme que V. M. estaba casado, son^ 

riendo^ y algunas veces dando unos suspiriUos d vuel^ 

tas de la risa. Dijele que yo no me podia ategrar de 

ver casado dV, M. y no con ella, y de que no me hubie^ 
se querido creer, habiendola importunado tanto, y supli^ 
cadole viese quanto le convenia casar con P^. M.; y en- 
tonces salid con decir* que por V. U, habia quedado y ne 
por ella: que ella nunc^ me habia dado respuesta; y que 
yo le habia dicho que tampoco lo habia escrito d y. M. 
Dijele que bien sabia ella la verdad: que yo no habia que-' 
rido tomar respuesta, porque entendi la que me queria dar; 
y que en negocio de aquella calidad entre dos principes 

tan grandes yo tenia obtigacion, ya que no se con^* 

formaban, de dalle tal salida, que no pudiese tausar al^ 

10 



—66- 

Los catolicos ingleseSi que habiaa paesto sa esperanza 
en Felipe II, se lameotabaD de que este mooarca, habien- 
dose tisto con poder para afirmar en las islas briUoicas el 
dominio espiritaal de la corle de Roma, do habia tenido 
la desireza necesarii para conseguir sus fines, y veneer el 
talento de 1^ reyna. 

Felipe por otra parte se consolaba con que, ya que no 
podia hacer otra cosa, al menos sustentaba con d^biles pun- 
tales el edificio de la religion Galolica en Inglaterra^ an- 
tes que cayese en pedazos con espantosa ruina. (1) 

Dio Felipe pensiones i varios caballeros notables de In- 
glalerra con el fin de tenedos de su partido, bien para po- 
sesiotiarse del reino, bien para asegurar el catolicismo; pero 
de ellas no saco el menor provecho, pues los agraciados 
las cobraron, y ningun servicio bicieron al monarca de Es- 
pana. Los mismos parciales de este se burlaban de su ere- 
dulidad, en conversaciones habidas con el duque de Fe* 
ria; (3) y al cabo Felipe se vio obligado k levantar las 
mercedes que hacia k los ingleses, en la persuasion do 
que ellos solo querian servir a Isabel y i la causa de la re* 



guna indignacion 6 desabrimiento Despues torno d 

decirme que f^. M. no debia de estar tan enamorado de 
ella cotno go le habia dicho: pues no habia tefiido paciin* 
cia para aguardar cuairo meses; y muchas cosas de es^ 
tas como persona que no le ha placido nada de la deter^^ 
minacion que V. M. ha tornado, i^ — Carta del duque de Fe^ 
ria de li de abril de 1559. (Coleccion M, S. de Gagangos.) 

(1) uEsto de la religion hasta ahora se ha entretenide 
sin que acabase de caer milagrosamente, unas veces eon per^ 
suadir btandamente d la regna, otras con asombralla g pro^ 

curar que diese mas tiempo alnegocio Les catdlicos 

(d Felipe) le ponen demanda de que habiendo estado este 
regno d disposicion de V. M. para poder dejallo de la ma^ 
nera que quisiera, ha venido d parar en lo que estd^ti-^ 
Carta del duque de Feria citada en la nota precedente. 

(2) ifRidse conmigo (un caballero ingles parcial de Fe^ 
lipe) del poco servicio que avian kecho d V, M. las pen^io-^ 
nes queaqui ha dado.n-^Carta del duque de Feria.^Lin^ 
dres 18 de abril de 1559. S{. S. 



—67— 
forma. Itnaginaba que sas pensamientos politicos no eran 
peuetrados por los estraiigeros, fiado OD el mislerio con que 
cercaba siia aceiones; y al propio tiempo no conocia la ver- 
dadera opinion publica de los reioos que intentaba atraer k 
an yngo. Frecuentemente los que anhelan por medio del 
disiraulo y del secreto adquirir reputacion de grandes po* 
liticoSy cuando creea enganar a los otros, son los engana- 
dos en imaginar qoe todos prestan ii k sus palabras. 

El Chamberlain de Isabel^ k quien Felipe intento com- 
prar por medio de una pension, sin ser confidente de este 
monarca sabia de sus pensamientos mas que sus consejeros 
J allegados. Asi k la rejna como al duque de Feria, pro- 
nostico que Felipe abandonaria inmediatamente los estados 
de Flandes, y que no volveria a ellos despues que pi- 
sase 4 Espana. Y el pronostico de aquel caballero ingles 
salio verdadero. (1) 

Perdido el macrimooio por Felipe y restablecida en In« 
glaterra la religion reformada, todavia Felipe no desespero 
de enseiiorearse mas tarde 6 mas temprano de aquel poderoso 
reyno. 

Por su embajador acechaba, como leon apercibido a la 
presa> las iuclinaciones de Isabel para ganar inmoditftamen<* 
te el afecto de las personas preferidas, y adquirir por ellas 
]o que no habia podido por si mismo. Negociaba con los 
pretendientes de Isabel como si se tratase de un reyno que 
le hubiese sido usurpado; y en lodas sus palabras descubria 
el deseo de apoderarse de luglaterra. Primero quiso firmar 
una capilulacion secreta con el conde Bssex^ cuando crey6 
que Isabel iba k dar la mano k este caballero (2). Despuea 



(1) « Una de las cosas que ha dicho d la reyna y d mi 
es que apostard que V. M. se vd d Espana luego y que no 
volverd d Flandes en estos siete aiios.n — Carla del duque 
de Feria citada en la anterior noia. 

(2) fuDe unos dias d esta parte ha venido en tania gra* 
eia nritord Ruberto, que hace quanta quiere en cosas de ne^ 
gocios; y aun dizen que 5. M. lo vd d visitar d su cdmara 
de dia y de noche; y hdblase en esta tan resueltamente, que 
tlega la cosa d decir que su muger estd muy mala de un 
pecho, y que la reyna aguarda d que se muera para easar* 



—68— 
sabiendo qne la pretendia el archiduqae de Austria Fernando^ 
acudi6 4 ofr«Mr i este so ayuda para la empresa, imaginan- 
do que setia cosa facil per&uadirle de que con la proteccioa 
de Espana podria, eo el caso de que Isabel muriese si a 
bijos, quedarse en el domioio de la nacion inglesa. (1) 

De este roodo se lisonjeaba de restablecer el catolicismo 
en ella, y de que su seSorio viniese i manos de la casa 
de Austria. Pero todos esios prop6sitos» aanque encubier- 
tos con las sonibras del secrete politico, fueron pateotes 
ante la sagacidad de Isabel: la coal conociendo que estaba 
cercada de iazos por la astucia de Roma y Espana, deter- 
miuo asegurarse de todos, con no entregar su mano de espo- 
sa i oingun bombre que podiera ser comprado por eus ene- 
migos^ ya con el oro, ya con las promesas de darle tras de 
su rouerte la corona de Inglaterra. Asi se saUo de la es* 
clavitud que le preparaban, y quizd de un fin teroprano y 
violento, y salvo tambien de las cadenas de la serviduinbre 
a su patria y 4 una parte de Europa que por so favor pu- 
do lidiar eon prospero suceso contra las huestes de Felipe IL 

La rabia de Felipe al ver desechas sus esperanzas se 
¥oIvi6 contra aquellos de sus subditos que faabian abra« 
zado las doctrinas de la reforma. Parecia que en los pro* 



se con 6L Y digo d V. M. que se ba tratado la cosa de manera 
que me ha becho pensar si seria bueno tratar de parte de V. 
M. con el Milord Ruberto, y prometelle su ayuda y favor 
y capitular con ti.n — Carta de Feria citada en las dos notas 
precedentes. 

(1) n/Vb me parece mat expedients el del matrimonio 
del archiduque Fernando; pues para lo de aquiyonoveo 
otro mejor; y para lo de alld serd bueno, si V. M. con 
ssta ocasion lo atrae y afirma en su amistad, de arte que 
el entienda quan Ml le serd para acrecentarse y soste* 

nerse V si Fernando es hombre con las espatdas 

tfue y. M. le hard, no solamente podrd reformar lo de 
la religion, y quietar el regno, pero aunqne ae le muera 
la reyna sin hijos, ae podr4 quedar con el reyno en laa 
uiias. Y si alguna cosa me inclinaba despues de to de Dios 
d que V. M. llegue d meter el pi^ aqui, era esto.» — Car^ 
ta del duque de Feria citada en las tres notas anteriares. 



ttstantes de Bspana trataba de vengar loa desaires qaa ba- 
bia recibtdo por parte de loa de laglaterra. 

Las alegrias y tristezas de los tiranos siernpre van acorn- 
panadas de las l^grimas de ia bumanidad ofendida. Gtiando 
FeJipe consiguio por 'medio de su casamiento con Maria que 
logiaterra aceplase de nuevo la religion Gatolica, Espana ar« 
dia en fiestas celebrando el suceso, mientras que las hogue- 
raa devoraban en aquella isla los cuerpos de los protesuin- 
tes (1). Guando Ingiaterra torno i la reforma, Felipe ofre- 
cio al Dios de los cristianos, en prenda de su conslanle fe, 
holocaustos de sangre buinana, 

Se habia descubierlo una gran Conspiracion Interana en 
el reino. Las ciudades de Palencia, Valladolid^ Tore, Za- 
nnora y Sevilia tenian temples protestanles, donde en el si- 
lencio de la noche se juniaban los reformislas, huyendo de 
las miradas de los Inquisidores. Ganontgos* fraiJes, ra<m- 
jas, bijos y otros parientes de grandes do Gastilla^ cabulle- 
ros y alguna gente plebeya eran los sectaries que tuvie- 
ron en Gspana las nuevas doclrinas. 

Felipe^ aunque estaba en Flandes atendiendo a los ne- 
gocios do Europa> no habia pnesto en olvido k su patria, 
Por eso^ apenas supo que el luteranismo iba adquiriendo 
grandes pros^litos en Espana, mando a la princesa dona Jua-> 
na, gobernadora de este reyno, que con lodo rigor y dili- 
gencia castigase a los culpados. 

fil dia 21 de mayo de 1559 se celebr6 auto publico 
de fe en la plaza mayor de Valladolid contra los protestan- 
tea. Un pueblo numeroso, y con los mismos instintos fe- 
roces que los salvajes del Canada, acudio de todas las cer- 
cauias, y aun de mas lejanas tierras, a presenciar las ven- 
ganzas de los hombres. INo habia casas bastanies en Valla- 
dolid para albergar a los curiosos, los cuales pasaroo la no- 
cbe en los campos inmediatos. 

La princesa dona Juaua y el principe don Carlos, por 



(1) Se conserva una descripcion de las fiestas celebradas 
en Espana con el titulo de'—nFlor de las solemnes alegrias 
y fiestas que se hicieron en la imperial ciudad de Toledo por 
la conversion del reyno de Ingiaterra, compuesta. por luan 
de Angulo, vecino de la dicha ciudad Sic. » '^Toledo io&5. 



—70— 
drden de Felipe n presidieroa el auto de f^, acompanados 
de la mayor parte de la nobleza espanola: eapeclacalo nue- 
vo hasta entonces; pues las persooas reales no habian acos- 
tuoibrado asistir & estos sacrificios. 

Alii se fid degradar i tres sacerdotes con las mayores 
circutistancias afrentosas que pudieron ser imajinadas: aili 
se les vio raer las manoa, los dedos, la corona y la boca 
como para prepararlos k Jos dolores que habian de pade- 
cer en las hoguoras (1): alli se vio lle\ar a! qiiemadero al 
doctor Agustin de Gazalla para ser redocido A cenizas^ jun- 
tamente con el aiaud que encerraba el cadaver de su ma- 
dre: modo ioicuo de aumentar la afliccion de un bijo con 
la afrenta de los testes de la persona a quien debia la exis- 
tencia^ pero muy propio de los que llamaban sacrilegos & 
los ladrones que desenterraban k los mnerlos con el fia de 
robarles las vestiduras, en tanto que ellos tiirbaban tambien 
el reposQ de los difuntos para ultrajarlos con penas ignomi- 
jriosas, llevando la sada clerical basta los centros de las luni'- 
bas^ y para feroz vengaoza en nombre del Dies de las mi- 
sericordias, no en criminales que aterraban con sus hechos 



(1) a El obispo de Palencia pasd de donde los prOicipes 
estaban al tablado d degradarlos, que fu6 una cosa muy de 
ver, porque nunca se habia vislo en nuestro tiempo, Fistiose 
el dicho obispo una sobrepelliz, y encima una capa de ter^ 
ciopelo con una cruz y su miira blanca. Vistieron d los tres 
sacerdotes (Cazalia, f^ivero y Perez) como si fueran d decir 
tnisa, con unas casullas de terciopelo negro, en donde eS'^' 
tando de rodiltas delante del mismo obispo, les quitaron los 
cdlizes de las manos y los metieron en un area que alli 
tenian, y luego habiendo leido ciertas cosas en unpontifi^ . 
cal que delante del obispo tefiian, les quitaron las casullas 

y • trageronles tres dalmdticas, y puestas eon sus 

collares, se las quitaron luego, poniendolos como de episto^ 

la, y leyendo otropoco, se las quitaron y quedaron 

con los Sambenitos. Vespues de haberles raido las matios, 
dedoSs corona y boca en una fuente muy grande que alU fe- 
nian, llegd un barbero y les quitd el pelo de las coronas, y 
hecho esto lespusieron tres corozas.» — if. S. de la Bibliote* 
ca Nacional.^Relaciones de autos de fe. 



—71— 
al orbe^ sino en montones de huesos descarnados: alU^ ea 
fin, se vio al despotismo cubrir con una mordaza la boca del 
bacbiller Herrezuelo, que permanecia firme en laa doctrinas da 
la reforma, para aue sua quejas 6 aos exortaciones^ no ofen« 
diesea los oidos de uo pueblo contento con su aervidumbre; 
y al propio ticmpo ae vio indignar con su valor en la muerte 
^ los aat^liles de la inquisicion y al vulgo esclavo^ basta 
elpunto de que mienlras las llamas devoraban su cuerpo, 
vn soldado hiriese su vientre con una lanza, y de que una 
piedra disparada por mano diestra llagase su frenle. (1) 

Pero las jras del fanatismo no pararon en estas y otras 
sangrieotas ejecuciones. En tanto que los huesos de la ma- 
dre de Gazaira ardian en la boguera, en tanto que los hijos 
de esta erau reducidos a cenizas, y en tanto que la infamia 
cubria sus memorias, las casas de ellos caian derribadas por 
la mane de los bombres, sembr&base sal en sus cimienlos, 
y sobre las ruinas erigiase un padron que anunciase a las 

(;eneraciones venideras el crimen de una familia, mkrtir da 
a liberlad de conciencia. (2) 

Para solemnizar la vuelia k Bspana de Felipe II, queda- 
ron resorvados otros prolestantes en Valladolid, bien por 
obsequio de los inquisidores, bien por exigencia del monar* 
ca. Bn efecto» este asistio a otro auto de fi, en el cual un 
ilustre caballero, don Carlos de Sesso, tullido de pi^s y ma- 
uos por los tormentos y caminando cast en brazos de dos 
familiares del Santo OBcio^ con voz enirgica reprendio a Fe« 
lipe por su manera de proceder con los protestaotes. Una 
mordaza cerro la boca de aquel caballero, y mas tarde las 
llamas devararon su cuerpo, en compania de otras nobles 
victimas. 

Felipe II aparecia como Neron presidiendo la qnema de 
los crisiianos en los jardines de su alcizar. Pretendia ser 



(2) Retaciones M. S. de auios de fe.^Biblioteca Na- 
cionaL 

(1) Por un acontecimiento casual, en tanto que yo me 
ocupaba en 1849 y 1850 en ordenar mi historia de lospro^ 
testantes espanoles, donde defendia la causa de la humani^ 
dad ultrajada en los Cazallas, las casas de tistos se reedifi^ 
caban en Falladolid por vez primera. 



— Y2- 
tenido por severo en admioistrar la jasticta, y la nola de 
crueldad acompanaba i sua acciones. (1) 

Caligala eti an feroz demencia aolU manifestar el deseo 
de que el pueblo romano tuviese un solo cuello para cor« 
tarlo de un golpe. El anbelo de la tirania manifeatado por 
boca de Caligula, al cabo de diez y seia siglos ae vio rea-» 
lizado en Bspana. Felipe ll no se conlento con desearlo 
y con decirlo^ sino con ponerlo en ejecucion en la per- 
sona de don Juan de la Nuza, justicia mayor del retno ara- 
gou^s, en quien se' hallaban represenlados los derecboa y 
libertades del pueblo y de ios nobles. Su cabeza cayo a 
los pi(^.s del verdugo en Zaragoza por una orden de Fe- 
lipe 11. 

Espana dividida en varioa reynos de costumbres y le- 
yes diversas, pero sujeta a un solo monarca, preseniaba el 
ejempio mas triste de lo que son los pueblos que ignoran 
los bienes de la libertad del pensamiento. Asi como la pom- 
pa y magnificencia de los anliguos sacrificios de la Homa 
gentilica con el espectaculo terrible de la muerte de mul* 
tilud de animales, hactan a los hombres fieros y aptos pa* 
ra aventuraisrt a los peligros por la gloria mundaua y el 
Lien de sus conciudadanos: loa espauoles educados en las 
sangrientas ejecuciones de los auios de (6p se criaban con 
el inimo cubierlo de espanto y d^biles para defender la cau- 
sa publica contra la tirania; pero al propio tiempo llenoa 
de ferocidad para servir & los d^spotas en la empreaa de 
esclavizar al mundo. 



"4S^ 



(1) Ogni sua attione molto piit ha del crudeU che cfe/ 
severe: onde giamainon havendo potuto ne saputo, impa* 
rar I' arte, tanto necesaria d prencipi di perdonare &c. — 
Boccalini, — Pietra del Paragone politicb (Cosmopoli 1671), 
En esias palabras aludia d la politica usada por los es^ 
paiioles. 





-» 



CAPITVLO VI. 




BLIPB II S6 proposo tbatir tl orgullo de los Pay)€t 
B«jos, y €onverlirh>s en olra Espana. Pero ignoraba 
que esia batria ido pooo a poeo abdioando sua dere- 
chos, lisonjuada por la vanidad de lener reyes conquista* 
dores con j^rospera fortuna, y que los eaiactos de Piandet 
estaban en iodo tm vigor y energia, y por Unto dispuea^ 
tos k no dejarse arrebaiar sua liberlades. 

Sti primer deseo para lograr tal designio, iu^ introdo'- 
tir la Inquisicion: con ella prelendia eniqutlar las doctrinas 
^e la reforma entre loa flanienoos, y debililarlos con el fin 
de que oias iarile perdieaeo todas sua frauquicias aio lenet 
brazos para la defenaa, labios para la queja, y bierioa pa- 
ra la vengansa. 

Los Payacs Bajos cuando Carlos I se ooroni rey de Bs* 
paiSa, ae alegraron al ver la nueva dignidad de su C0Dde> 
imaginando que esla monarquu pasaba k ellos, j que eiloa 
iban a ser sua verdaderoa senores* Mas esla vaua presun- 
cioQ lea duro poco liempo» asi que Felipe II» establecien- 
do au corte en EspaAa^ coioenzo a leoer a los fiaaiencos» eU 
tei de subditos naiuraies, por estrangeros. Flandes fu^ dea- 
dft «u(aucea conaiderada coxuo coloiua eapaiioia* del misjiio 

tl 






_74- 
modo que antes habia sido coosiderada Espana como co«- 
Ionia flamenca. (1) 

Los nobles y la plebe de los Bstados bajos manifcsta- 
ron su oposicion k consendr en que sua fueros se hollasen 
de una manera tan escandalosa. Bnviaron i Felipe mcnsu* 
jeros piira representarle los danos que se iban a originor 
de sus ordenes; pero uno y otro lueron muertos en Es- 
pana secretamente. 

Resnelto el monarca a no desistir de so proposito, en- 
vio nuevos ejerciios a Flandes, y i un gobernador exper- 
to en las cosas de guerra, y honibre apto pasa servir cic* 
gamente k Felipe sin reparar en leyes, vidas y dignidadess 

El duque de Alba eniro en los Payses Bajos reSuello 
& aiiiquilar en aquellas lierras loda idea do libertad, y co« 
do pensamiento generoso contrario i lo que mandaba el rey 
do Espana. 

I4OS flamencos tenian entonces puesta toda su esperanza 
de remedio en el principe don Carlos de Austria, hijo do 
Fclipo II, porque este joven deseaba sacudir el yugo pa* 
teruo, y sobre todo tenet el cargo de gobernador de Flan- 
des, como heredero de la corona. Al propio tiempo se cor« 
respondia por medio de cartas con el principe de Orange, 
y con los condes de Home y de Bgmont. Segun creian los 
flamencos y holandeses, G&rlos estaba adberido a la reli- 
gion reformada; y aun yo sigo en este siglo el mismo pa* 
recer, alendiendo i las palabras misteriosas que^ se encuen- 



(1) ^Athora che vide {Fiandra) It suoi conli divenuti Re 
di Spagna, scioccamente si diede d credere di dover mano" 
meitere li spagnnoli; percioche in breve tempo non la Spagna 
daUi Fiamenghi, ma la Fiandra dalli avari et crudeli spag^ 

noli fa mandata d sacco Et che percio comincio ad 

essere gevernata da gente straniera con quelle gelosie, con 
guelli strapazzi, con quelli scorticamenti di nuovi gabelle, 

di soventioni, di contribuiioni dalle quali nacque 

poi la guerra civile: la quale doppo una indecibile profu^ 
sione d'oro, una inftnita effusion di sangue, una incredi^ 
bile perdita delChonor di Fiamenghi si e converlila en una 
uvara mercantia di spagnnolt.-^Boccalini.^Pietra del para^ 
gone potitico. 



—73— 
tran en los doeufnentos qqe tratan de su prisieivy muerle. (1) 

Pero F^pe, conociendo que su bijo trataba de poner 
^estorbos A su polilica crueL lo cucerro en su mismo pa- 
lacio. No sobrevivio Carlos mucbo tieropo a su reclusion; 
pues fenecio en ella k la edad de 23 anos^ no sin sospe- 
cbas de haber muerto por la causa da la humanidad i im- 
pulsos de la violencia, segun ordenes secretas de Felipe II. 

El duque de Alba prendio a niuchos caballeros flamen* 
cos, J a oiros llaoio por prcgones. Los condes de Egmoot 
y de Home murieron publicamente degollados por aenlen- 
cia de jueces inicuos, que contra las leyes y las proles- 



(1) La opinion de los flamencos era conforme d la que 
yo manifeste con documentos espanoles e italianos en mi 
historia de los Protestantes. Vease el libro iniitulado «Lo 
miroir de la cruelle & horrible Tyrannic Espagnole perpe* 
tree an Pays Bas par le Tyran Due de Albe, & aulires 
Conimandeurs de par le roy Philippe le deuxiesine &c.= 
Nouvellement exorne &'Tot Amslerdam Ghedruckl by laa 
Evertss Gloppeuborg op't Waterlcgen over do Koor-Beurs 
Ae. 1G20.« — Hablando del principe don Cdrlos, dice suautor, 
• Ce leun, homrne & prince estoit fort bien ai/me de ceux 
de nostre Patrie & desirojent fort de I'avoir pour son Prin^ 
ce, tnais les ennemiz de le pais, Cempescherent q^un let Soleil 
ne donna ses rayons sur un tel florissant pays en noblesse 
dc richesse. Quand on le depescha, il estoit en aage de 
vingt 6c deux ans fort genefeux d^entendement, liberal, di^ 
ligent aux estudes, il dormoit rarement surpassant cest en 
alegresse d ceste heure regnant. » 

all estoit fort adonne au gouvemement 6: principalement 
disiroit il d'aller avec son Pere vers le Pays Bas, mais il 
trouva des haineux empeschants la bonne volonte car ilz di^ 
soient que le seroit la source de beaucoup de maulx dc 
qu'il estoit besoing de prendre garde d luy, quUl pensoit 
quelque jour alter vers Italic dc apres vers le Pays bas: quUt 
communicoit tousiours avec les seigneurs de Pays Bas, comme 
le Marquiz de Bergh en Moniigny dC quUl pourlant n^ estoit 
totalernent adono6 ^ la religion calholique. » 

« On jugea aussi qu^il avoii correspondence avec aulcunes 
au Pays Bas iSffc^» 






—76— 
lactones de^ las Wctimas, sentaron en el tribunal de la jns- 
ticia la voluntad de an iirano. Los condes como caballeros 
del toison de oro no podian ser jiizgados sine por sos com- 
paneros, aegon privilegios vigentes. 

A las aangritntas. ejecuciones de loa condes aigoieroa* 
iDuItitud de ellias,. no. metios. espantosas,. en RoUerdamt^. eiii 
Malipes, en la. Ibye y en. otraa^ villas^ 

tos. mjsmps. caioltcos, en Flandes,. adictos. al rey dh- Es«- 
pana,, se- hArrocizaroni a)^ presenciar. los. atroces. castigoa del- 
dnque de- Alba;, y. conociendo. cuiinto.crecia la indignacioa> 
popular, y de los an^igoa. y parciales de los noblea per- 
seguidos^. no« solo, mauifestaron al gobisrnador los. torrentes- 
de sangre que iban ill iiiuudar los- Payses Bajos, sino que 
escribieron a Felipe para que coocodiese ua> pordon^ gene- 
raL. unico modo de poiier l^imino k la. coiera. de los pue- 
blos. Pero la ordetv de este rey llego tardea La tempes** 
lad habia crecido. de tal manera, que no< habia fuerzas bas- 
tanies para defender, las playas. contra las olas. de un mar 
alterado« (1); 

B| principe de Orange con. el celotde libectar a su patria,. 
)e«an(6 genie de guerra asi.de- alemanes- como de franceses. 
y. walones,. con los. cuales entro en« Flandes para socorret 
a>los pueblos. La. lealtad de- este ilustre- caballero^ ^niulo 
de los mas. virtuosos ciudadanos.de- Grecia y Roma, gasio 
todo su patrimouiO' eu: prolejer &> los flamencos,, en ianta- 
qjie para, domar el vigpr de so espiritu el feroz.duque da 
Alba le arrebalaba^ de Louvain. & su hijo el conde de Bue*^ 
r.en,.quebrantando los privilegios de Brabante y de la univer- 
sidad, para que en. una prision,. que duro^ 15* anos en Es«» 
gana,. pagase el delito< de haber sido. engendrado. por un. 
ctnemigo.de la. tirania. 

Gomo el principe de< Orange tenia, an* alma, incapaz de- 
Tenceise ante los. ruegos,, ante* las^ ameoazaa,. y ante loa 



•mrm 



(1) ffLe- prince (C' Orange monstra- sa- loyaui6> qu* en^ 
ga^fL' torn ces biens.pour C amour de nous, estanis en plus, 
miserable* estat- dH' monde: touiesfois il desideroit nous de^ 
kvrer de la- Hifrannie- espagnole; mats le temps n'estoiif 
1f^ encore auenui 9 '^Le- Mir oir de la cruelle ei horrible^ 
tfffmme: etpagnolo 6c.c 



w 



-.77— 
ofrecimientoa d«I rey de Bspana, podo aaegorar con el des- 
precio de sus bienes de fortana la libertad de las provin- 
ciaa de Holanda j Zeelanda. Temeroso de los infelices su- 
cesos que pudieran. ocurrir i las armas de los que defen- 
diao' la independeocia* » quiso* coaservar su crddito pira 
cutndo* necesilase- servirse de^l err pro del bien- publico. Por 
eso« desecbo* sienifMre el primer puesto-ea el gobierno^ acon« 
sejando' A sus amigos que lo* cofifiasen: al arcbiduque &Ia« 
tias de Austria*, mas tarde al duqjAO* Francisco de AlensoUr 
hermano del rey deFrancia^y por Ahiino'A' Roberto Lei- 
cester,, privado* de IsalieL reyua de* Inglaterra; pera ningu- 
no de estos les^ pudo prestar el £i?or de que* necesitabain 
los faolandeses^ 

Felipe empleO" para- veneer el inimo* del Princfpe de- 
Orange lodo g^nero* de ardides. El enrperador de Alema- 
nia en nombre del rey de BspaAa le* ofrecio,. para que de- 
pusiese las armas^ proposiciones ventajostsiines,. lanio para 
%\ cuanio para- sus aorigos y couciudiidiinos> obligindose, co* 
mo mediaaor de la^ paz» a hacerlas cuinplir inviplablemeute. 
Pero la reyna de- Prancia Gatalina db AIed{cis>. que estaba 
desavenida con* Felipe II» asi por las- sospechas de hdber 
esle mandado emponzonar k su esposa la- princesa de Fran— 
cia Isabel de Valoisj^hija de aqtfella sedora, como por otros* 
ihsuUos dirigidos- contra las vidas y tierras de franceses^ 
aparto de los tratos* de pjz al PHncipe de Orange,, y le 
prometio toda ayoda* si; proseguia< la. goerra* coatca* el* rey 
db Bspana.. (1}» 



(1) ^Le Prince (TOrange; chef deceux qui s^'esteient es* 
tevez.es'PaisBas contre l^ inquisition et le gouvernetnent 
des espaqnols,. s^'estoit retire chez soy en Allemagne et estoit' 
mstamment solicite d'accorder avec le Roy d*Espagne d con* 
ditions assez. avantageuses, lesqueltes CEmpereur {moyew^ 
neur de-cest accord) luy proposoit et promettoit fflire inviola^ 
tfiement observer, tellement qu'il estoWd dkmy, encline d les 
Kecevoir. Pour rompre ce traits, Catherine^ fait^que le roy 
son fits escrit une-letre^au Comte Ludovio de' Nassau, frere 

du» Prince d'Orange: par la quelle- iL lui* donna espe^ 

mmce desecours- centre^ 4e roy disspagne^..^ Laroine 

mHriU fart corrou cee de la inorl? </« sa lilte ^empoisonnee en 



—78— 

La inconstancia francesa dejo mas tarde empeSados al 
Principe y i los holandeses en la liicha con ana nacioci 
poderosa, y reducidos i sua solas fuerzas y 4 las que co« 
braron iuego con la proteccion de la gran reyna Isabel 
de Inglaierra (1). Pero del mismo abandono en c|ue qae- 
daron por la traicion de Gatalina, de Medicis> nacieron en 
aquellos pueblos brios mayores para la empresa de cons* 
lituir sua liberlades. 

Felipe II trabajaha con el nombre de fnrtalecer la fe 
catolica en apoderarse de Francia 6 Inglaierra. Antes de 
Hiorir su esposa Isabel de Valois, btfrmana de los tnonar- 
cas franceses Francisco IL Carlos IX y Enrique III, ere- 
yo que pronto iba a ensenorearse de las tierras del otro 
lado de los Piriueos. La astula y p^rfida Gatalina de Me- 
dicis, le * ofrecio por medio del duque de Alba poner ea 
las sienes de Isabel la corona de Francia, si el rey de Es- 
pana la ayudaba en la empresa de ensenorearse de Floreu* 
eia. Pero el duque no quiso fiarse en sus palabras y ofre- 
cimieulos que le parecian inverosimiles; y por tanto le exi- 
gio en prenda de su buena fe que procurase abolir la li- 
bertad de conciencia en los dominies franceses^ y dtese 
principio al casiigo de los bugonotes. (2) 



Espagne.n — Discours merveiUeux de Id vie, actions et de- 
portemens de la royne Catherine de MediciSs mere de Francois 
li, Charles IX, Henry III, rois de France. — A Paris i^&5. 

(1) aLes mines de ces pauvres peuples, voire des prin^ 
ces , qui les oni conduits pour les avoir abandonnez au be^ 
soin, apres les avoir semonds d s^eslever pour se mettre en 
sa protection. » — Le Tocsain contre les masecreurs et auteurs 
des confusions en France. — 4 Reims- M. D. LXXVII. 

(2) Promit et iura au dt$c d^Albe de [aire tomber la cou" 
ronne de France sur la teste de sa fille aisnee pour se le ren^ 
^re bon patron et garent, au cJi que ses enfants mourusseni. 

Mais le due d^Albe iiie la pouvant legerement croire, voalui 
pour confirmation de ce faici que la royne mere luy promist, 
cependant de rompre et casser V edict de pacification et de 
osier aux huguenots tout ce quUls avoyent de liberie de cons^- 
eience et de exercice de religion, pour meilleure preuve de sa 
bonne volontd envers CEspagne.» — Le Reveille-matin des 



—79— 

En todas las conspiraciones tramadas por los reyes de Ea- 
ropa contra los protestantes, aparecen Felipe II y el Papa 
como sus princi pales instigadores. La horrible matanza de 
los bugonotes franceses ejecutada la noche de San-Barto- 
lomi, fu6 antes prometida por Gatalina de M^dicis al rey 
de Espana y al Pontifice romano. El consejo de estos y 
el favor que ofrecieron para la empresa, asi con dinero co- 
mo con gentes de guerra en caso necesario, Uenaron de in- 
dignacion el mundo* (1) 

Felipe, gastando sus tesoros y los de sus sudditos en 
protejer la causa del Papa en >Europa, enpobrecia k la dcs- 
dicbada nacion espaiiola. 

En una de las cortes celebradas en Madrid (creo que el 
ano de 1588) con objeto de pedir subsidies i los pueblos 
para defender la religion catolica, un procurador de ellas 
don Francisco Antonio Alarcon, did un parecer contrario 
& la peticion que les hacia Felipe para imponer un tribu- 
te sobre la faarina. En este notable documento, por la fuer- 
za de raciocinio y por el valor con que se halla escrito, 
decia aquel elocuente patriots: 

oPregunto: ^qu^ tiene que ver para que cesen aculla las 
heregfas que nosotros aca paguemos tributes de la harina? 
^Por Ventura seran Francia, Flandes 6 Inglaterra mas bueuas 
quante Espana fuere mas pobre?. ....... El remedio de los pe- 

cados dc Nfnive no fu6 aumentar el tribute en Palestina para 
irios i conquistar, sino embimles personas que les fuesen i 

convertir La religion catolica y la causa y defensa 

della^ es comun & toda la cristiandad; y si estas guerras iro- 
portan para esto, no tocan & los reynos de GastiDa llevar toda 
la carea, estindose los demas reynos y piincipes y republic 
cas it la mtra » 

crSuplico a vuestra senoria considere que las guerras pre« 
sentes no pueden durar, porque como las cosas del mundo 
y del Eslado dan tautas vueltas, podria ser que, mudandoso 



Francois et de leurs voisins. — Compose par Eusebe Phila^ 
delplie, cosmopolite. '-^ A Edimbourg 1574. 

(1) f^Et ce pour satisfaire d la promesse faite au Pape 
et d fespagnol avec tesquels la conjuration avoit este proiec* 
tee de tongue main dec. Le tocsain contre les masecreurs dec. 



Its inUnciones ffiie ihora corren, se tiallase medio Mm 
^e 86 biciesen paces «on nuestrot eaeoiigos, j por tea- 
tura mas prealo de lo que peasaiBOs; j entoacea gran eol« 
^a seria Dueaira j gran imprudencia qtie con los miedes 
talflos de una breve guerra puaieaemos el reyno en «er- 
4ladera y perp6lua aervtdumbre^ siendo ^piaioQ <]e los qtM 
«aben de estado, aer meaos moieata la guerra libre que la 
j^az Xan tributaria.M 

« A. vista de ojos se vee que ias guerras de Francia, In- 

glaterra y Flaudea son mny peligrosas y por eao 

no debe iii puede con rasoa el reyno echar aobro ai ua 
dailo cierto por la esperanza de una cosa tan dudosa, puea 

tfstando aquellas provincias «n mucho mejor esiado^ 

y S. M. con menoa nccesidad, el ver que aiempre baa 
ido empeorando en tanlos ados de guerra, y cen taoio 
gaslo y poiencia^ es mauiiiesto indicio de lo qu« se pue« 
de esperar en proseguirlas: antes^ si bien se cansidera^.pi. 
sece que las luieraaa cosas y sucesos esUo como dandoooa 
voces, y adiririiigndonos el poco frulo que el siempre vie* 
torioso emperador G4rlos V» bizo con la guerra de los ba- 
reges y heregjas de Aieniania^ y los reyes de Francia coq« 
ira los de su reyno; y finalmenle el rey Nuestro Seiiat 
aootra los de Flandes, de loglaterra y de Francia; y cuan- 
4I0 el ^nfernio no sana ni mejora con las cnedictnaa qua 
se aplicau, «s scnal manifiesla y clara que 6 la enferine* 
dad es mortal, o que no son aquellos los medios que la 
aoovienen; y antoncea dicen los sibios^ es menester fen- 

lar remedios coHirarioa«.« 

Buena cosa as uo tener guerraa dentro del reyno y mucba 
ae debe procurar librarlo de ellaa. .....«•. y si el lener pas 

an Espaiia ba de aer con tanta pobreza y carga como atoe- 
naza el tribute da la harina^ esia seiia una paz mas cruel 
que todas las guerras. torque ai la muerle es el mayor da 
todos los trabajos'de asta vida, y al morir de bambre ea 
la mas miserable de toflas las muertoa» segou afirmaa loa 

aabios, consiguientemeolc con esie tributo «a causa* 

aa granda hambra an el reyno, y viviran las gentea coa 
al tuayor da^ los trabajos, y morir^n del mas miaero giina- 
aa< de todaa las muertes ji 

«kSia duda es danosisimo entiendan los anemigos^ y aua 
la^ aflkigaa eatrangaroa^ que laa coaaa da aata mouarquia baa 



-81- 
llegado t tinio estrenio que iii para librarnos de la guerra, 
ni de las beregias de oiros reynos, ya no hay otro reme-* ' 
dio, coiDO diceti los senores de la junta, sino quitarnos el 
pan de la boca; porque parece que se ha de pensar mal del 
poder de Bspana, si no lo tonemos, 6 de nuestros ingenios 
si no lo hallamos, 6 de nuestro juicro si no lo qoereroos* 
Esta es condicion de las cosas hnmanas, que a los principes 
y reynos empenados y necesiudos» los amigos les picrden 

el respeto, los enemigos el temor no pudiendo 

cumplir en aquellos las promesas, ni contra estos execuiar 
las aroenazas a 

(rBI tributo de la harina, como lleno de dificultades, de 

inconvenientes, de desigualdad no debe ni puede 

en ningiina manera concederse ni consenlirse; paes sin 6n- 
gir nada, podemos decir lo que los de Andria k Themisto* 
cles, que y^ndoles a echar un tribuio dijo, que para que 
lo concediesen llevaba dos dioses muy poderosos: la per^ 
suasion y la fuerza. A lo cual respondieron quo tambien 
ellos tenian otros dos dioses mas valientes que les defen- 
derian de no pagarlo, que eran la pobreza y la imposi- 
bilidad.a (I) 

Tales eran las protestas de los hombres amantea de su 
patria y del bien de la bumanidad, conira las temerarias guer- 
ras do religion niovidas por Felipe 11; tales los ractocinios 
con que algunas personas, movidas de un sauto ceio, y ar- 
madas de un valor eslraordinario, defendian la causa pu* 
blica, mahratadas por la auabicion de un monarca que pre* 



(1) El documento de donde se han copiado estos pasages 
existe M. 5. en la Biblioteca Nacional de Madrid, codice S. 
151, con este titulo: — vDiscurso que trata del tributo 6 ioi* 
posicion sobre la harina que en tieinpo del rey don Felipe II 
Nuestro Senor» se propuso en algunas de las cortes que se 
celebraron en los reynos de la corona de C