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Full text of "Historia de los Agustinos en Chile"

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HARVARD COLLEGE 
LIBRARY 

SOUTH AMERICAN COLLECTIOÑ 




THE GIFT OF 

ARCHIBALD CARY COOLIDGE, '87 

AND 

CLARENCE LEONARD HAY, '08 

IN REMEMBRANCB OF THE 

PAN-AMERICAN SCIENTIFIC CONGRBSS 

SANTIAGO DE CHILE, DECEMBER 

MDCCCCVIII 

FROM THE LIBRARY OF LUIS MONTT 



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HVDOSíSPO 
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HISTORIA 



3DB1 LOS 



AGUSTINOS EN CHILE 



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PADRE VÍCTOR MATÜRANA 



TOMO PRIMERO 

1598-1674 




SANTIAGO DE CHILE 

Imp. Valparaíso de Federico T. Lathrop 

i:<l Estado 1»! 



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Harvard Collega Llbrary 

Clft of 

Archlbald Cary Coolldge 

and 

Clarance Leonard Hay 

Aprfl 7, 1009. 




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LICENCIAS 



Saniíagú^ Comento de Nuestra Señora de Gracia, á ij de 
Noviembre de ipoj. 

Visto el informe del revisor de nuestra Orden P. Ex-Provincial 
Francisco Solano Insulza, concedemos por nuestra parte la licen- 
cia para la impresión y publicación déla HISTORIA DE i.os 
AnusTlNüS EN ChiI-E escrita por el M. R. P. Ex-Provincial 
Maestro Víctor Maturana, no habiendo obstáculo por parte de 
la autoridad diocesana.— Fr. Manuel de la Cruz Ulíxja, 
Prov. O. S. A. — P, iLüEFüNijO Camus, Secr. de Prov, 



Santiago^ /p de Julio de igo^. 

Visto el informe del revisor nombrado, Pbo. Don Luis Fran- 
cisco Prieto, concédese la licencia necesaria para la impresión y 
publicación de la obra intitulada Hlstoria de los Agustinos 
EN ChilEi escrita por el Rdo. P. Víctor Maturana, de la misma 
Orden.^ — Tómese razón. — RiiMÁN, V. G. — Silva C, Secretario. 



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1 



Jamás he leido con indiferencia una frase que suele encontrar- 
se en los preámbulos, cuando no en otros lugares, de ciertas 
obras eclesiásticas antiguas. Aquella frase, exclusiva de los miem- 
bros de las órdenes regulares, es la de llamar «mi madre» á la 
Orden en que cada cual hizo su profesión religiosa. 

Honra del hijo es también la que éste tributa á su madre; y 
con larga razón puede llamar madre á su Orden Religiosa el que 
por ella fué recibido en la juventud, antes que el mundo le hela- 
se en el pecho los sentimientos del hogar. Al modo de segunda 
madre recibiólo la Religión bajo de otro te'^ho, continuó alimen- 
tándolo y vistiéndolo, cuidó de darle enseñanza y disciplina pro- 
pias, y por este medio acabó lo que la prim'era madre comen- 
zara en su hogar cristiano. 

Honra de esta segunda filiación es asimismo la que se le guar- 
de á la Orden profesada, y como ninguna existe sin legendarios 
antecedentes, sin maestros eximios y sin virtudes ejemplariza- 
doras, tanta nobleza á mucho obliga. Por eso, y con no menos 
verdad que sentimiento, le oí un día responder á cierto religioso 
español, con referencia á su Orden: «Pobre es mi madre, pero 
señora. > Y así habí aba rehusando un ofrecimiento insignificante 
que, si bien le era hecho con delicadeza, estimó opuesto á la dig- 
nidad de esa su madre señora. Verdad es que no se hallará quien, 
amando de veras a su madre, la conturbe y avergüence. 

Lo que á este propósito he sentido desde atrás, hámelo reavi- 
vado ahora la lectura de la obra presente, escrita con sincero 



!!!F«riF?^#Tí^ 



PROLOGO 



amor filial por un miembro de la Orden de San Agustín, Maes- 
tro y E;x'Provincial en ella, para contar lo que ella misma ha 
sido en nuestro suelo desde su establecimiento hasta años no le- 
janos del corriente, en un espacio casi de tres siglos. 

El Reverendo Padre Víctor Maturana, cual hijo fiel de esa 
Orden tan antigua en la Iglesia Católica y que con tantos nom- 
bres ha ilustrado el Martirologio Romano, como las ciencias y 
las letras en todas las naciones, tuvb el acuerdo feliz de escribir 
la Historia de los Agustinos en Chile, y con ello deja pres- 
tado no pequeño servicio á la historia nacional. La efectividad 
de este servicio merece considerarse, por especial circunstancia, 
que lo es también nacional. 

Se ha dicho y repetido fuera de aquí que es Chile el país ame- 
ricano en que .^e han escrito mayor número de estudios acerca 
de su propia historia y en prueba de esto citaré, sin apartarme 
de la Orden Agustina, al malogrado Padre Francisco Blanco Gar- 
cía, español de nacionalidad y autor de La Literatura española 
en el siglo XIX, «El estudio de la historia patria, escribió en 
esta su obra y respecto de Chile, va dando de sí tal contingente 
de producciones, que casi no hay en ella suceso por explorar 
hasta en sus mínimas circunstancias, ni personaje de alguna sig- 
nificación cuya vida no esté difusamente analizada en extensos 
volúmenes.» 

Aparte de cuanto hay de hiperbólico en este juicio, no exclu- 
sivo del hermano en religión del Padre Maturana, nunca se ha 
contemplado intrínsecamente lo bastante por los críticos extran- 
jeros ese cúmulo de trabajos históricos que se nos rememora, 
siempre creciente, al modo de lo que alimenta una manía ó da 
de suyo un achaque de la tierra. Lo puesto á renglón seguido 
del pasaje anterior por el Padre Blanco García sobre el divorcio, 
no por maravilla, del gusto estético de tales estudios, podría 
parecer calificación baladí respecto de cosas de mayor momento 
que los mismos estudios entrañan, al paso que la susodicha ca- 
lificación, con las que le siguen, no alcanzan á algunas otras co- 
sas muy subalternas de la estética. 

Dejando á un lado los estudios que nos llegaron de la época 
colonial, impresos, con pocas excepciones, en la de la República, 



^.*Tt>^'f5 



f»RÓLOGO XI 



en esta otra época y con otras excepciones, cuanto se ha publi- 
cado en loa últimos años, especialmente, adolece del espíritu sec- 
tario del liberalismo que ha predominado y enseño'reádose en 
este linaje de escritos. Las páginas que siguen dan cabal testi- 
monio de esta afirmación. En ellas, el Padre Maturana, va to- 
mando unoá uno, según los sucesos que refirieron de los Agus- 
tinos en el curso de los tiempos, á esos sectarios de nuestra his- 
toria que, por desdicha, son los que más la han cultivado en 
nuestros días. Mejor podría decir de ellos que, para logro de sus 
fines, han pretendido sacarle filo, como á arma de combate, en 
cualquiera piedra del camino que traían al relato de los tiempos 
que pasaron. 

Y para juzgar á los consabidos escritores sobre el campo 
abierto de los hechos y de la lógica, el autor de la Historia de 
LOS Agustinos' EN Chile nunca usa de circunloquios ni vela 
jamás los cuadros que examina. Antes bien, á esos sectarios del li- 
beralismo les manifiesta nombres que ignoraban, anacronismos en 
que incurrieron y les narra sucesos que no investigaron. Los 
conduce á la senda de la verdad desnuda y, á la luz (tiara de la 
razón, pónenos á todos de manifiesto qué terreno pisaban ufanos 
y jactanciosos. 

En buena' parte débese la abundancia de nuestras narraciones 
históricas al fácil medio de repetir unos lo que otros antes es- 
cribieron, sin que yo haya dejado de evidenciar el disimulado 
extracto y aun el grosero Jplagio. Conozco una historia de esta 
patria, fresca todavía, que cuanto contiene de la Iglesia está 
copiado materialmente 'de las noticias antiguas del Catálogo de 
los Eclesiásticos que publica el Arzobispado de Santiago. El 
autor de aquélla, qu^ muy distante está de pertenecer al clero, 
á caso hecho omitió toda nota salvadora. 

Cuando en medio de tales procedimientos entran errores que 
vienen desde atrás, éstos se multiplican no de distinta suerte 
que las malezas en sus semillas esparcidas por el viento. He 
observado que ni documentos ya impresos, ni la expedita con- 
sulta de archivos han valido para que salgan corregidos mu- 
chos yerros y no repita este lo que aquel malamente sentó. 

Mirando á otros puntos y para muestra, no sólo un miembro 



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f 



XII PROLOGO 



de la Universidad del Estado escribió aquí en estudios históri- 
cos, con la naturalidad del vulgo, hijo hombre, como también 
hija mujer, sirviéndose de dichas aposiciones cual si determi- 
nasen el género de alguna hormiga ó chinche por ser éstos sus- 
tantivos que carecen de otra terminación. Quizás ninguno de 
aquellos humanistas leería la sencilla y suave frase de Santa 
Teresa de Jesús en su autobiografía: «Eramos tres hermanas y 
nueve hermanos,» que así se escribía en el siglo del insigne 
agustino Fray Luis de León, el primero de su Orden en el cam- 
po riquísimo délas letras españolas y el que, «sin mudar palabra 
de lo que halló escrito» en los originales, sacó á luz las produc- 
ciones clásicas de aquella egregia virgen de Avila. 

Uno de los mismos doctores aludidos llamó «esencialmente 
pechoñaT> á la sociedad santiaguina del siglo XVIII. A tanta 
cultura oficial y respeto sectario suele unirse tal suficiencia, que 
distinto liberal, que calza menos alto coturno, dijo en un texto 
de historia patria que por ahí circula: «A la llegada de los es- 
pañoles no había aves en Chile.» Cabalmente son pocas las 
crónicas coloniales que no principian por la zoología chilena, 
sin contar los estudios de viajeros antiguos y de naturalistas mo- 
dernos; pero, de este caudal, ni mínima parte llegó á manos dej 
que se puso á dar lecciones de lo que ignoraba hasta en mate- 
rias en que la razón natural pudo haberle suplido como 
maestra. 

A diferencia de lo notado, el Padre Maturana presenta en 
esta obra el fruto de pacientes investigaciones hechas por él en 
archivos de Europa, que en citas da á' conocer al lector. Así 
pudo complementar las no escasas noticias del archivo de su 
provincia religiosa de Chile; así reconstituir diferentes pasajes 
históricos falsamente referidos desde antiguo, y así ha logrado 
discurrir con certero juicio sobre las crónicas peruanas de la 
Orden en lo referente á esta tierra. 

Tanta labor previa, reunida muy ordenadamente aquí, será 
para la historia nacional un fundamento sólido que extirpará en 
adelante los errores que habían venido contándose de siglo en 
siglo y repitiéndolos autor por autor acerca de los Agustinos 
desde su arribo á Chile. Algunas materias,, como la referente 



PRÓLOGO xin 

al régimen de la Orden, que se trata con el apoyo de documen- 
tos latinos, no interesará al público y tal vez la desdeñe; pero, 
en cambio, tiene primordial importancia para los religiosos á 
cuya historia de lleno pertenece. 

Prenda es esto mismo de la solidez del estudio á que tanto 
tiempo como paciencia consagró el Padre Maturana. Kn pos 
de los años de enseñanza y de prelacia en que su Orden lo 
ocupó, y en pos de ia experiencia reunida en esos ejercicios, no 
menos que en dilatados viajes, bien ha hecho en juntar cuanto 
esa misma copia de experiencia le aconsejaba. 

Pero muchísimas otras materias encontrará el lector que le 
darán abundante luz sobre nuestro pasado; hechos del todo 
desconocidas le presentarán á su vista la sucesión de los capítu- 
los provinciales, y no serán pocas las veces que la relación fácil, 
correcta y viva con que el autor le pone delante distintos acae- 
cimientos antiguos le despierten y animen el interés en el curso 
del desarrollo que tuvieron. 

Los escritores liberales han hecho á las veces un vasto esce- 
nario de la era colonial para divertir á sus leyentes con varia- 
das representaciones, ya caseras y grotescas, ya burlonas y sa- 
tíricas. Con lo que conservo en la memoria, no podría dar fe 
de que en ellas abundase la sal sino la candidez y la falta de res- 
peto á lo que sobre todas las cosas tiénelo merecido. Era la Co- 
lonia ociosa porque entonces había muchos días festivos y se 
dormía la siesta, por ejemplo. Seguro estoy de que los mismos 
que le pusieron semejante tacha á la Colonia conocieron el ma- 
drugar y la siesta con.siguiente en sus propias casas y en plena 
República, como estoy seguro de que no pararon mientes en 
que los días del mes y medio de receso continuado de los tri- 
bunales al presente, no suman ni con mucho el de los días fes- 
tivos y demás feriados de la ociosidad colonial, sin vacaciones. 

Por vía opuesta á la insustancial de aquellos que sólo saine- 
tearon ocupándose en la Colonia, el Padre Maturana trata de 
los antiguos capítulos provinciales de su Orden de forma que 
el convencimiento va tras de la conclusión á que llega. Sobre el 
testimonio de hechos sucesivos que aduce, discurre con nove- 
dad en el particular, siguiendo las perturbaciones que ciertos 



'"-"^.T'T/^' 



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^ 



XIV 



PROLOGO 



capítulos acarrearon. Así llega hasta poner su mano en la vieja 
herida, causada por el regalismo esprr^o!, herencia predilecta de 
la República más tarde, á su simple decir y obrar. 

Como no por la abundancia de libros históricos que se nos 
atribuye son ellos tantos y menos la expresión de la verdad, y 
como no porque se diga que casi carecemos de suceso que ex- 
plorar en lo pasado deja la historia eclesiástica de Chile de ha- 
llarse distante de su complemento, por no decir en cierne, la 
• obra del Padre Maturana es paYte valiosa que allega á este edi- 
ficio, y tanto más lo es, cuanto que hasta ahora sólo la Compa- 
ñía de Jesús se había anticipado á hacer publicación análoga. 

Las íítras órdenes antiguas apenas cuentan con someros y 
' restringidos estudios, comprendiendo en ellos los capítulos de 
historiadores chilenos y de cronistas peruanos, todos limitados 
á ciertos períodos. Estas fracciones han menester, como del 
agua el sediento, de que sean verificadas en los documentos del 
tiempo respectivo toda vez que sea posible haberlos, según lo 
ha practicado el mismo Padre Maturana con muy buenj suceso 
para obtener la verdad histórica. 

Materias distantes y cercanas á nosotros de las tratadas en 
esta HtsTORiA DE LOS Agustinos, tendrían su lleno con las de 
las otras órdenes aun no escritas. Cosas acaecieron que por igual 
correspondían á las demás antiguas de ft-ailes, y de ese concur- 
so sacanase un juicio acabado para la historia eclesiástica en ge- 
neral. La generalidad misma de un acontecimiento lleva la vista 
á todos los puntos que se extiende; el Padre Maturana alega 
ahora desde el suyo, y con sus conceptos termina mostrándose 
hijo más íntimo de aquella madre que comencé recordando. 

Los dos volúmenes de la obra con que la honra aparecen 
oportunamente, después de un libro de los que la Universidad 
ha estado dando eí escándalo de premiar con rentas vitalicias. 
Otros, destinados á la injuria del dogma y de la piedad, habían 
precedido á éste, enderezado al desprestigio del clero. Obra de 
un profesor de historia y de geografía, de sus desatinos sobre 
las de Chile podríase formar extensa nomenclatura. Trata «del 
desarrollo intelectual en Chile,» como él dice, y nada probó 
mejor que el propio no había aún comenzado. Llama «idioma 



PRÓLOGO 



XV 



de la inmoralidad el latina » con inaudita desvergüenza, y, sin 
embargo, echa latinajos de vez en cuando en su áspero escrito. 
Luego, para su propio uso no desdeña el empleo de ese idioma 
á pesar de llamarlo como lo llama. 

¿Qué parecería una historia del apostolado del Señor, por 
ejemplo, que no más contuviese que la venta de Judas Iscariote, 
las negaciones de San Pedro y la incredulidad de Santo Tomás? 
Pu^s así es la historia del clero secular y regular hecha por el 
profesor que la Universidad deí Estada laureó. El libro tiene 
mucho paño de que corta r^ y el número de los reparos que en 
justicia merece superabundaría al de sus páginas. 

La honradez de escuela es tal, que sobre infamar con cita de 
libelos, haciéndolos pasar por documentos históricos, oculta que 
aquéllos fueron retractados por su autor al morir en un patíbu- 
lo. La moralidad de escuela permite^ cambiando nombre de 
persona, que pueda parecer reo de Inquisición quien, en vez de 
serlo, fué venerado por sus virtudes. 

Dados estos antecedentes, aunque ellos sean muy someros 
para el caso, quienquiera que lea la HiSTükiA de que es autor el 
Padre Maturana, podrá advertir las ventajas que lleva a muchas 
otras, Y quienes conozcan las producciones mismas á que me 
he referido y más que podría haber traído á cuento y bien de 
la patria sería que no existieran, mejor que mejor darán fe del 
caudal de investigación que encierra la presente y del espí- 
ritu de su autor, cuya franqueza en todas partes se revela. Es 
tiempo de que la historia de secta venga siendo depurada por 
la verdadera. 



I 



1 



Luis Francisco Prieto, 




gr.?'™'?»^'-' 



-rí;.- 



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msTo^í-i^í^ 



[iK I.KS 



AGUSTINOS EN CHILE 



..=51»- 



T03£0 FBIUEEO 
d 595-1 674 



Capítulo I 

Miitida Felipe II que los Agiistinoti paiseii del Perú á Chile 
á fnndar sus conventos 

1891~1S94 

. EUtado de lu Provincia de Agustinos del Per>\, hI fumlnrne Ta de Chite. — 
2, ilsnda Felipe TI en 16^1, que loa Agu^tino-^ iKisíen á Chile k fundar #uíí 
convento»-— 3k R(?sistericiüi; qu« eiU'tientra lís^m orden de j^rtf de los mis- 
mos Agn :í ti nos. — 4. Insiste el Soberano en que ¿^e cnmpl&n siifs niandatoíf, en 
1094—5. Resuelve el Provinriiü de Lima hacer Ib fundación en Chile y elU 
ge loa Religiü50ij uiá» aptü.s piu-a ©f^tn obra.— ÍJ, Kl Pnilre Cri.^tí'íbal de Ver*- 
— T. El Padre FranciiJeo DIiík.— 8. El Padre Pedro de Torres.— 9 El Pndrp 
Fnineisc^o de Hervái?.— 10. Los Profesos Juan de Sotomayor y Agn^rin 

Había llegado la Provincia de A^^ustiiitís del Perú al má.s 
alto ^rado de su desarrollo: desde Panamá híLSta lu.s límites de 



CAPÍTULO I 



Chile, en toda la vastísima extensión del antiguo Imperio de los 
Incas, y todavía más allá, por todas partes y en gran multitud, 
se levantaban Conventos de la Orden, pudiendo organizarse en 
menos de cuarenta años, y casi á lá vez las tres Provincias de 
Lima, cabeza de todas ellas, y la de Quito y Bogotá. 

De estas ciudades salían, en todas direcciones, intrépidos é 
infatigables misioneros, para cuyo celo no eran un obstáculo ni 
los ríos, con sus caudalosas corrientes, ni las montañas de altas 
y escarpadas cimas, ni los desiertos, con sus dilatadas y abrasa- 
doras arenas; todo lo arrostraron por llevar la luz de la fe y de 
la civilización á tantos pueblos entonces bárbaros y salvajes. 

\' mientras unos, en busca de miserables indígenas, exponían 
la vida á mil riesgos y peligros; otros, en las aulas conventuales 
y universitarias explicaban todos los ramos del saber á esa nue- 
va raza, llamada de criollos, es decir, de hijos de españoles na- 
cidos en América, quienes, por más de tres siglos, no reconocie- 
ron otros maestros, ni otras escuelas que' los claustros y sus 
Religiosos, ocupando éstos en medio de esa sociedad naciente 
no sólo el puesto de honor, sino de arduo trabajo; y mereciendo 
por ello el lugar más distinguido en la Historia de la Iglesia de 
aquellos tiempos. 

Tal abundancia de vida y precoz desarrollo prueban dema- 
siado cuan magníficos eran los elementos que entonces dotaban 
y enriquecían á la Orden Agustina. Fundada la Provincia del 
Perú en 1550, apenas habrían trascurrido diez y nueve años, 
cuando ya con un superior contingente de Religiosos y de Con- 
ventos, fundaba la nueva Provincia de Quito, igualando, sinQ 
excediendo ésta á aquélla en la calidad de sus individuc^s y nú- 
mero de sus casas. No tardó más tiempo en realizarse la funda- 
ción de la Provincia de Santa Fe de Bogotá, 4 con idénticos 
resultados; y, en breve, aunque con mucho menos fortuna, la de 
Chile. 

Tan brillantes como gloriosos sucesos llenaron de la más grata 
satisfacción á sus autores, diciendo así uno de sus Cronistas: 
' Cuando vinieren á tiempo, pondré aquí esas fundaciones, hijas 
n y nietas de mi Provincia del Perú, ramas que salieron de este 

árbol; y tanta fecundidad cobraron de esta su raiz, cuanto se 




HISTORIA DK T.OS AGUSTINOS EN CHÍLE 



e han extendido aquellas Provincias, para que se vea cuanto di- 
c lato esta nuestra las ramas de su propagación, pues se vio con 
* más de mil y doscientas leguas, desde Cartagena^ hasta Chile 
t de jurisdicción; cosa que no ha tenido otra provincia del 
c mundos (i). 

2. Justos apreciadores de estos jiiéritos, en unos Religiosos 
tan ejemplares por su celo y actividad en el ministerio sagrado, 
como recomendables por ser los más fieles y leales vasallos, que 
tanto trabajaban en la propagación de la fe, como en asegurar 
' á Kspaña el dominio de estos dilatados países, los Monarcas 

i Españoles, movidos tal vez más de la política, que de la piedad, 

secundaron siempre con ardor tales fundaciones, como que de 
ellas esperaban reportase la religión y la corona los más impor- 
tantes servicios. 

Desde que uno de los Ha[>sburgos vistió el hábito agustino, 
los Reyes de España pertenecientes á esta casa, se señalaron 
por su devoción y afecto á los Agustinos. Es historia de glorio- 
sos antecedentes; los Emperadores de Austria, al morir, legan 
su corazón al templo de San Agustín, en Viena; y, á ejemplo de 
Carlos V, que hizo de Santo Tomás de V'illanueva su Predica- 
dor y Consejero; Felipe U, con iguales títulos, tuvo siempre á 
su lado á otro Agustino, no menos célebre é ilustre que aquél, 
por sus letras y sus virtudes, el Heatu Alonso de Orozco, 

V así como la primera misión de Agustinos venida á América, 
fué mandada de España á México, por Santo Tomás de \'ílla- 
nueva, en vida del Emperador; así, en los demijos de Fehi>e II, 
los maravillosos progresos de la Orden en estos países, debidos 
en gran [jarte á la protección de aquel gran Rey, de igual ma- 
nera deben atribuirse á la obra oculta pero eficaz de su Predica- 
dor y Consejero, el Beato Alonso de Orozco. 

Es de presumir que no poco influirían en el ánimo de Felipe 
II las modestas insinuaciones y humildes suplicas de aquel San- 
to, que en extremo amaba su Orden, y para la cual, sin duda 
alguna, pedida al Rey su muy particular protección, a fin de 



ñi Calftucha. Crónica de 1» Proviueia de Aguitinoá del FL^ru. Lib, m, 



CAPÍTULO I 



que aquélla pudiese crecer y dilatarse, de día en día, á medida 
que iban extendiéndose por nuevas y más dilatadas regiones las 
conquistas de las armas españolas. Y, teniendo noticias de que 
los Indígenas de Chile eran los más rebeldes é irreducibles á la 
fe y al poder de España, le haría presente al Monarca los bue- 
nos servicios prestados á la corona por los Agustinos, y los 
felices sucesos con que habían anunciado el Evangelio en las 
regiones del Perú, Quito y Nuevo Reino de Granada. 

Es lo cierto que debía de gozar de mucha influencia la perso- 
na que insinuó á Felipe II la idea de fundar una Provincia de 
Agustinos en Chile, por haberse conservado firme en la ejecu- 
ción de tal propósito, á pesar de no haber obtenido este pro- 
yecto la aprobación de la misma Orden; pues en la fundación 
de la Provincia Chilena, para nada intervino la autoridad del 
Padre General; y los Agustinos del Perú, al recibir la orden del 
Rey, suplicaron de ella, con instancia, pidiendo se les permitiera 
no llevarla á ejecución. Y aún él mismo Rey, en aquel tiempo, 
no se sentía ya tan inclinado á nuevas fundaciones, por no con- 
venir hacerlas en perjuicio de las anteriores. 

Más, en el presente caso, aquel Rey que tanto veía por sí. 
como por sí solo obraba, lento siempre en el resolver, como 
enérgico en ejecutar, libró en 1591 dos Cédulas; una dirigida al 
Virrey del Perú y Marqués de Cañete, don García Hurtado de 
Mendoza; y otra al Provincial de los Agustinos del Perú, que, á 
la sazón, lo era el Padre Maestro Juan de Almaraz; ordenando á 
ambos que de consuno procedieran sin tardanza á enviar Reli- 
giosos Agustinos á Chile, pues, en ello harían muy señalado ser- 
vicio á Dios y al key ó como se estilaba entonces decir, á las 
do» Majestades, divina y real. 

3. No podía Felipe II elegir unos ejecutores más celo.sos de 
sus reales órdenes, que el joven Marqués de Cañete, ascendido 
poco hacía de Gobernador de 'Chile á Virrey del Perú; y que el 
Padre Juan de Almaraz, recién preconizado Obispo del Paraguay; 
hombre ilustre por la nobleza de su sangre, pues era del linaje 
de los Portocarrero y Monroy, y mucho más esclarecido todavía 
por sus trabajos apostólicos y por sus virtudes religiosas. A juz- 
gar por las felices disposiciones del Marqués y del Provincial, la 



inSTüRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



5 



empresa tenía su éxito asegurado; más todo vino á fallar por 
donde menos se pensaba. 

La muerte Uegó á sorprender ai Padre Juan de Almaraz, pri- 
vando inopinadamente al Perú de su Prelado, al Paraguay de su 
Obispo, y á Chile de sus esperanzas de ver luego Agustinos so- 
bre su suelo; por que, viéndose envuelto el sucesor en negocios 
de mayor trascendencia, tocantes á la organización definitiva de 
!a Provincia del Perú, que entonces se hacía independiente de 
la de Castilla, lejos de poner su empeño en la fundación de 
Chile, como dice el Cronista, Padre Bernardo de Torres: «Dióse 
t noticia á su Majestad de no pequeñas dificultades, que emba- 
t razaban la ejecución de ^us reales mandatos» (2). 

Más, al insinuar el mismo Padre Torres que los obstáculos, 
en que se tropezaba para no enviar Agustinos á Chile, no pro- 
cedían en manera aígima del Virrey, sino de los propios Reli- 
giosos, se hace casi indispensable investigar la causa de tales 
dificultades: éstas no podían ser la escasez de personal, porque 
abundaba escogido y numeroso; ni los gastos consiguientes, por- 
que éstos se harían á costa de la Real Hacienda; ni tampoco, ni 
mucho menos, porque Chile fuese un país que no atraiga por lo 
delicioso de su clima, fertilidad de sus tierras, nobleza de su 
gente y hermosura de su cielo. 

La verdadera c^usa alegada por el sucesor del Padre Alma- 
raz para oponerse a la fundación de Agustinos en Chile debió 
ser el estado deplorable en que se hallaba entonces esta Colonia, 
llamada el Fiandes Indiano por la perpetuidad de sus guerras y 
valor de sus Indígenas, lo que constituyó, durante largos años, 
el odio de sus soldados, el terror de sus vecinos y el alejamiento 
de sus moradores. 

Al lado de este motivo existía otro: las poblaciones en Chile 
enm bastante reducidas, y en cada una de ellas los Conventos 
muy numerosos; las misiones de infieles ya estaban distribuidas 
-convenientemente efitre las d^más Ordenes; el servicio religioso 
en las ciudades estaba garantido por la presencia de Francisca- 



% 

i 

•^ 



^^ 



(2) Torre*, ^Crónica Agustkia.». Lilj. T, Cap. III. 



■^ 



CAPITULO I 



m. 



nos, Dominicos, Mercedarios y Jesuitas; Chile, por consiguiente, 
no ofreda ningún campo de acción á los Agustinos. 

4. Más no era Felipe II Rey que gustase ceder en sus propó- 
sitos, ni que se aviniera fácilmente á ver sus órdenes resistidas 
por unos Religiosos qne ni siquiera contaban, en su demanda, 
con el apoyo del Virrey, quien, á toda costa parecía interesado 
en complacer al Monarca. Muy á mal llevó, pues, Felipe II las 
alegadas razones, y, como si ofendido se sintiera de tales 
resistencias, al decir del Padre Torres: «Fué servido Su Ma- 
« jestad de remitir sobrecarta: ordenaba en ella al Virrey con 
« mucho aprieto, que sin dilación dispusiese con el Padre Pro- 
< vincial, que algunos de nuestros Religiosos pasasen á costa 
« de sus Cajas Reales, á fundar conventos de nuestra Orden, 
« en aquel Reino; que se daría por bien servido de ello, por 
« tener entendido sería de grande importancia nuestra predica- 
« ción y buen ejemplo, para la propagación de la fe y enseñail- 
« za de aquellas indómitas naciones» (3). 

Muy digno de notarse es, por cierto, este particular empeño 
de Felipe II, y más todavía lo es esta su inequívoca señal de 
gran benevolencia para con los Agustinos. Y bien lo compren- 
dieron éstos: como se verá más adelante, los Agustinos de Chile 
se extremaron en dar públicas y solemnes muestras de su agra- 
decimiento á los Reyes de España. 

5. Llegó, por fin, la hora de que se cumpliesen los ardientes 
votos de F*elipe II y de que se llevase á cabo aquella empresa 
en la cual, con orgullo podrán decir los Agustinos de Chile, que 
aquel gran Rey, más de una vez, en su gran vida, puso su gran 
voluntad y más grande pensamiento. 

Acabábase de celebrar Capítulo en Lima, cuando llegó, en 
1594, la segunda Cédula de Felipe II, y habían elegido Provin-> 
cial del Perú los Agustinos al Padre Alonso Pacheco, joven em- 
prendedor, entusiasta y laborioso. Habiéndole intimado el Vi- 
rrey las órdenes del Soberano, al decir del citado Cronista, 
« obedeció, como leal vasallo, á su Rey; y, como fiel ministro, á 
« su Dios que, por su Evangelio le decía: /d á la siega, que es 



(3) Torres. «Crónica Agustina». Lib. I, Cap. III. 




* mucha ia mus y pocús ios aperarhs. Y escogió para la empre- 

* sn cuatro Religiosos, en quienes concurrían las cualidadeí^ 

* necesarias para acción tan heroica, en Reino tan remoto, y en 

* cristiandad tan recién nacida, entre d estruendo de las armas, 

* y las licencias de la milicia^ (4), 

No dejan de llamar la atención las anteriores frases del Padre 
Torres: ellas sin duda revelan el concepto que entonces se tenia 
formado de Chile, y al retratarlo, según la fama, como país de 
solo guerras y desventuras, califica la expedición de los Agusti- 
nos á ci, como der -espiritual conquista de los chilenos, que no 
' menos bravos resisten al suave yugo de la fe, que al duro de 

* las armas, persuadidos falsamente que el uno y el otro los re- 

* duce á la esclavitud del español. 

Tales preocupaciones debieron de influir no poco en el ánimo 
de[ Padre Alonso de Pacheco, Provincial del Perú, para que ol- 
vidando el rigor de la ley de la obediencia en la designación de 
los Religiosos que habían de pasar á Chile, confiase el éxito de 
una empresa, ajuicio de todos tan peligrosa, al celo y heroica 
resolución de aquellos que, según refiere el Cronista, «con fer- 
t vorosa diligencia solicitaron el viaje que había de conducirlos 

* á tantos riesgos de la vida y del honor, como después pade- 

* cieron. * 

Mtis, siendo, como ahí se insinúa, muchos los que se ofrecie- 
ron á ^tan alto ministerio v, apenas se redujo la sagacidad del 
Provincial á escogerj entre tantos, los que eran más á propósito 
para semejante obra. Y en verdad que no se engañó en la elec- 
ción el Padre Alonso de Pacheco, porque todos los que tomaran 
parte en la fundación de la Provincia de Chile, como muy pron- 
to lo declaran los mismos sucesos, eran Religiosos llenos de 
experiencia; de una energía y constancia superiores á todas las 
contrariedades; avezados como estaban á obviar y vencer las 



Ih Torres^ «Crónica Agustma». Lib. I. Cap. III. El Cronista dice aquí 
i] lie solamente cuatro Heligiosoüi vinieron de fundadores ¿ Chile, pero habla 
tan Ü0I0 de loa ¿Sacerdotes, pues fueron 8ait3 si se cuentan los dos Profesos que 
Finw>r(>n con ello;* v c|ue apareceu firmando deiíde un principio Iok documcu- 
tus. en los primeros dlaa de la fundación > 



'^ 



CAPITULO I 



6". 



primeras dificultades, con que siempre en el principio se tropieza 
al emprender obras semejantes. 

6. Mas, lo que en gran manera facilitó, en aquella ocasión, la 
obra del Provincial, fué el haber simpatizado mucho con la idea 
uno de sus Definidores, que gustosamente se ofreció á venir el 
primero á Chile, á la cabeza de aquella expedición, dejando la 
paz y sociego de que gozaba en su Convento de Lima, por los 
trabajos é incertidumbres de aquella empresa por todos juzgada 
peligrosa y temeraria. Pero nada detuvo en su generosa resolu- 
ción al ilustre fundador de la Provincia de Chile: Predicador 
infatigable de la divina palabra y Religioso el más rígido, auste- 
ro y observante, nunca había amado otra cosa que el bien de su 
Orden y el engrandecimiento de la Religión. 

Kste Agustino, cuyo nombre es de los pocos que, hasta aho- 
ra, con respeto, guarda la historia, se llamaba Cristóbal de Vera. 
Frisaba apenas en los cuarenta y cuatro años, cuando así se 
disponía á venir á Chile. Niño muy tierno vistió el hábito agus- 
tino, pudiendo decirse de él que había crecido en el Convento, 
á la sombra del claustro, ejercitándose, desde la más temprana 
y delicada edad, con el más grande y supremo anhelo de la vi- 
da, en la práctica de las virtudes religiosas. 

Antes de confiársele esta ardua y delicada misión, ya había 
ocupado los puestos más distinguidos en su Provincia, y desem- 
peñado, con aplauso de todos, comisiones de la más alta impor- 
tancia y que tienen mucha analogía con la presente, pues tan 
activo y laborioso fué el Padre Cristóbal de Vera, que ya en 
aquel tiempo le debía su Provincia la fundación de dos Conven- 
tos, tan bien construidos y rentados, que uno de ellos más de 
una vez sirvió de Casa Capitular. 

Nació el Padre Cristóbal de Vera, en Guayaquil, el año 1551, 
(5) siendo su padre don Alonso de Vera, caballero español que 
descendía de la noble familia de los Vera de Avila y que había 



(6) El año del nacimiento del Padre Vera lo fijo en 1661, porque hizo su 
profesión en 1667, que si bien fué declarada nula, por no tener cumplidos 
los diez y seis años, la diferencia no debía ser mucha; y también, porque en 
unas declaraciones, que tengo á la vista, el Padre Vera, el 17 de Diciembre de 
1696, dic^ ««ser de edad de cuarenta y cinco años, poco más ó menos.» 



i 

i 



inSTURIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE Q 

desempeñado !os empleos más importantes: de Alguacil Mayor 
de Corte, en Lima; de Corregidor, en la Paz; y Encomendero 
feudatario en Guayaquil; títulos todos que acreditan su alta po- 
sición social en la Colonia, y que representan una más que mo- 
desta, si no acaudalada fortuna. 

Disponiendo de estos buenos recursos los padres de Cristóbal, 
para darle una brillante educación, le enviaron á Lima á iniciar 
sus estudios, ya que la bondad del carácter de tal hijo y su pre- 
coz inteligencia prometían éxito seguro en la carrera de las le- 
tras. Mas, era de tan bellas inclinaciones aquel niño, y de cos- 
tumbres tan angelicales y puras, que lleno de candor é inocencia, 
cuando apenas contaba diez años de vida, solicitó el hábito 
agustino en el primitivo Convento de Lima. 

V como además de las relevantes dotes de carácter é ingenio 
que. á primera vista, manifestaba aquel niño, fuese de rostro 
agraciado, vo^ excelente, sana y robusta complexión, sucedió 
que, equivocando con los años su prematuro desarrollo, juzga- 
ron los superiores que tenía la edad canónica y, admitiéndole al 
año de noviciado en 1566, en el siguiente, antes que Cristóbal 
de Vera cumpliese diez y seis años, procedieron á recibirle su 
solemne profesión religiosa. 

Conocida, algún tiempo después, esta falta de edad canímica, I 

y comprobada la nulidad de todo lo obrado, cuando de nuevo * | 

sonreía la libertad á los ojos de aquel niño, y cuando la voz de • 

tas pasiones no dejaría de hablarle al corazón en una edad, co- * 

mo aquella, en que empiezan con violencia á bullir dentro del J 

pecho, tan feliz se sintió el Novicio Cristóbal de Vera en su vo- I 

cación, y tan fiel se mostró á ella, que cuando cumplía veinte , 

años, en [57K radficó solemnemente sus primeros votos, con- 
sagrándose para siempre al servicio de Dios y de la Orden ' • 
Agustina. 

Diez años más tarde, después de dar los últimos toques á sus 
estudios, azás, largos entonces y por demás prolijos, en las Actas 
Capitulares de la Provincia del Perú, correspondientes á i 582, 
aparece el Padre Vera nombrado Confesor y en pleno ejercicio 
del ministerio sacerdotal. Sin embargo, no por eso daba de ma- 
no los estudios^ con la esperanza talvez de doctorarse algún día. 



lO CAPÍTILO I 



Más, sea porque el número senario estuviera completo, ó porque 
en una Provincia tan floreciente, otros le aventajasen en habili- 
dad y competencia, es lo cierto que el Padre Vera no llegó á ser 
Maestro, sino tan solo Presentado, título el más próximo al de 
Doctor en Teología y que dá al que lo obtiene todos los dere- 
chos, exenciones y privilegios, menos las insignias magistrales. 

Pero, si en la carrera de las letras pudieron aventajarle otros, 
ninguno en cambio en el celo que desplegó en el ministerio 
sacerdotal; en el gobierno acertado y brillante de los Conventos; 
en el desempeño de cargos los más elevados é importantes, de 
esos que más requieren tino y prudencia, á la vez que sagacidad 
y presencia de espíritu, según lo demostró al emprender la fun- 
dación de la nueva Provincia de Chile, y antes en los Conventos 
de lea y de la Xasca, pernecientes á la del Perú. 

Eran hasta entonces para los Agustinos un campo inexplora- 
do las regiones situadas al sur dé Lima, tal vez por aversión á 
los desiertos que á cada paso, interceptan esos valles, llegando 
más allá á sucederse casi sin interrupción hasta los límites con 
Chile. En una de sus excursiones apostólicas, le tocó al Padre 
Vera visitar el valle de lea; y tan encantado quedó de su tem- 
peramento apacible, de la asombrosa fertilidad de su suelo, y 
de su exuberante vegetación, que le asemeja á un paraíso, que 
deseoso de dilatar su Provincia, desde entonces determinó fun- 
dar allí á toda costa un Convento de Agustinos. 

Y tan relevantes prendas de carácter é inteligencia distinguían 
al Padre Vera, que, el mismo año de 1583, llevaba á cabo aque- 
lla difícil empresa, y construía en la plaza principal del pueblo 
de lea, al lado de dos claustros bastante cómodos y capaces, 
una Iglesia que, al decir de los que la vieron, era de «hermosas 
« bóvedas de cal, ladrillo y piedra, labor de lacerías: templo 
« extremado» (6). 

Ocho años más tarde, en 1 591, en otro valle, un poco al sur de 
lea. secundando de nuevo admirablemente las miras de sus Pre- 
lados, tomó parte el Padre Vera en una fundación de mayor 
importancia que la anterior, porque el Convento de Nasca, en el 



(6) Calancha. Libro III, Cap. XLII. 



.^ 




tnSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE II 

cual prunto tuvieron lugar muy célebres Capítulos de la Provin- 
cia del Peni, sin duda que debió de ser de más amplitud y 
mayores comodidades, como quiera que en él podían hospedarse 
los Religiosos^gnives y titulados de la Provincia. 

Habiéndose, pues, distinguido en tales empresas el Padre 
Vera por su celo, actividad é inteligencia, haciendo justicia á 
tantos méritos la Provincia del Perú, reunida en Capítulo el año 
I 594» le nombró su tercer Definidor. Y ese mismo año, insistien- 
do Felipe II en que sin más dilación se efectuase la fundación 
ele la Provincia de Chile, el Padre Cristóbal de Vera fué el pri- 
mero en patrocinar la idea y facilitar su ejecución, haciéndose él 
cargo de realizarla. 

Y como todos sus antecedentes eran para asegurar el éxito 
de la promesa, no obstante de ser Definidor, puesto que le obli- 
gaba á no estar distante del Provincial, éste no pudo negarse á 
aceptar aquel ofrecimiento y le colocó al trente de la nueva 
expedición, nombrándole Vicario Provincial de Chile y Prior del 
Convento de Santiago, designándoles por compañeros á los 
Padres Francisco Díaz, Francisco de Hervás, Pedro de Torres, 
y los Profesos, Juan de Sotomayor y Agustín Ramírez. 

7, Fl Padre Francisco Díaz, que ocupa el segundo lugar entre 
los fundadores, y que vino en calidad de Subprior, había sido 
compañero de estudios del Padre Vera y, como éste, criollo, 
pudiendo decirse de ellos, con su ingenioso Cronista: 

■ ^Xo se piense que este cielo de América críe almas sin en- 

* tendimientos: cría en general buenos talles, hermosos rostros, 
« afables condiciones y personas airosas. Los criollos son de 

* agudos entendimientos y de felices memorias. Los ingenios en I 
« ocho años, han acabado todos sus estudios y salen excelentes 
c sujetos en Filosofía, Metafísicas y Teologías. Son grandes 

* juristas y cabales estudiantes en ambos derechos. Ya lo va co- 
*■ nociendo Kspaña.» 

Del Padre Díaz no se halla otro dato, ni más elogio que era 

* buen músicos y «excelente pulpito.» 

8. Fl Padre Francisco de Hervás, que figura en tercer lugar 
entre los fundadores, y que vino como Maestro de Novicios, era 
tal vez de los cuatro sacerdotes, el de más edad y, por sus \'ir- 



I 



$ 



12 CAPÍTULO I 



jtj tudes y letras, el más caracterizado. En 1592 fué él quien fundó 

l-i; el Convento de Tarija al sur de la Paz. 

S^r^ El Padre Torres dice de este Religioso que era: *: Lector, buen 

i^j « Teólogo Ecolástico que leyó Artes y Teología en esta Provin- 

^Y ^' cia del Perú, con aplauso de los doctos, y después se graduó 

*-Í « de Doctor en Teología en esta Real Universidad de la noble 

|r « ciudad de Lima. F'ué Maestro de la Religiórfy tuvo graves 

'¿>^ « oficios en ella. > A todo lo cual hoy solo cabe añadir que mien- 



'^^ tras residió en Chile no fueron menos notorias sus virtudes y sus 

letras. 

9. El Padre Pedro de Torres, que es el cuarto en el número 
de los fundadores, vino, según por otros escritores se ha dicho, 
de Procurador del Convento de Santiago. Más apenas llegaba á 
él, se le dio nó la administración económica de la Casa, sino la 
representación jurídica de la Provincia, encomendándosele desde 
luego la fundación del Convento de la Serena. 

La obra del Padre Pedro de Torres fué mucho más duradera, 
en Chile, que la de los otros fundadores; y tan valiosa se estimó 
su acción aquí como en el Perú que, no pasados muchos años, 
ambas Provincias le honraron confiándole su gobierno, durante 
ilustres y memorables períodos de Provincialato. 

Era castellano; natural de Medina del Campo; de carácter tan 
dulce y apacible, que, sin dificultad, se ganaba todos los ánimos; 
su modestia excedía en mucho á sus méritos; llegó á los más 
altos honores, cuando más que nadie fué ajeno de las- ambicio- 
nes y partidos. 

10. Acompañaban á estos cuatro Sacerdotes, en su viaje á 
Chile, dos Profesos: Juan de Sotomayor y Agustín Ramírez. 
Ningún Cronista ha contado, hasta lo presente, su venida, más 
no por eso ella es menos cierta, porque consta de varios docu- 
mentos, de la misma época del arribo de los seis fundadores á 
Santiago (7). 



v7) Archivo Nacional. Ginés de Toro Mazóte. Vol. 9, 1692-1597. En un 
poder otorgado por todos los fundadores en Santiago el 6 de Abril de 1596 
á poco más de un mes de su llegada á Chile, se lee: «Nos el Padre Oris- 
« tóbal de Vera, Definidor y Vicario Provincial de la Pxosdncia de Chile y 
<f el Padre Francisco Díaz Vicario Prior y el Píulre Francisco de Hervás y 



iiisTtmrA tu-: i.ns agustinos kn ciiilp: 13 



De la leclurn: de tales documentos se deduce que vinieron en 
cumpañia de Iíjs fundadores estos dos Profesos, debiéndose re- 
cordar con gratitud aquí sus níimbres, con tanta mayor razón, 
cuanto que ellos dos han sido los dos primeros Sacerdotes que 
muy pronto, prestaron su eíica/ auxilio á la organización y esta- 
blecimiento de esta provincia de Chile. 



■* ^\ Padre Pedro de Torre»', Sa-cerdütes; y Fray Juan de Sotomayoí y í^ay 
-i AgTibtíQ Eumín'z, Proft.'ííos de U dicha Orden, estando en nut^s^tro Con- 
* vento... iinánimf^jii y conformes otorgamos y concedemos por uxitir^tru pre- 
m senté carta qvii? damoit todo nviestro poder», etc., etc. 

Y no eií el único tlocunieiito que acuse la presencia de estos eos Profe- 
£o>: ñ^iTüi^ deíde lo^ ]>rini{^FOs dLa^i de la fundación, como se verá más 
adelante, en la d^ los Conventos di' Santiago y de la Serena cuyas t^critu*- 
TA^i elloí* firman. Por lo Ueniris! (*s inútil agregar que eso mismo coit^ta del 
Archivo ile Provint^lrt. desde sus primeras paginas. 



-^*{- 






*****?Mí»i«*A*.**íMi**É 






■^ 



Capitulo II 



Llegada de los Agustinos á Santiago y supuesta fundación 

del Colegio. 
Desde Febrero hasta Abril de 1696 

1 Viaje de los fun«la<loros desdo Lima á Valparaiso.- -2. Dan aviso de su lle- 
pida a los do> Cabildos. i)reseut*tndo la Cédula de Felipe II.— 8. Va uno 
de los Regidores de Santiago á traer los Agustinos á Santiago.— 4. Se hos- 
l»edan en el ('on vento de la Merced. -5. Falsa naiTaeión de los antiguos 
Hi.^toriadore> Ovalh'. Olivares y Carvallo Goyeneche acerca de la venida á 
Chile de los Agustinos y de su jiriniera fundación en el (-olegio. — 6. Los 
moderno"^ nistoria<lore> (luzman, KrrázAiriz y Vicuña Mackenna no han 
liecho más (jue roproducir la inexactitud de los datos anteriores. -7. Se 
refutan los errores de unos y otros por los documentos del Archivo Na- 
cional y de la Provincia Agustina de Chile. 

I . Salvadas al fin todas las dificultades para ordenar y dis- 
f)oner el viaje á Chile, partieron de Lima los seis fundadores, 
tan alegres y contentos de su destino, que si algún temor en- 
tonces abrigaron no fué ciertamente, al decir del Cronista, por 
las tempestades del mar, ni por las crueles incertidumbres de 
llegar á un país desconocido, sino por el <■ recelo de si algún ac- 
< cidente inopinado ocasionase que alguno de ellos se quedara, 
« y, en su Jugar, fuese otro á merecer su corona, r 

Mas habiéndose todos embarcado en el Callao, el 19 de Ene- 
ro de 1595, después de veintinueve días de próspera navega- 
ción, el 16 de Febrero, arribaron á Valparaíso. < \' saltaron á 
<¿ tierra, dice el Padre Torres, que fué de promisión para su de- 
<^ seo, con singular consuelo de pisar la que había de .ser teatro 
« de sus merecimientos y campaña de sus espirituales victorias. 




HISTORIA DE f.OS AtJLSTINOS EX tllILE 



15 



c Dieron giradas al Señor, por tan señalados beneficios cantando 
t el Te Deum iaudamns^ con tan dulce consonancia que ele\'aba 
t los corazones y encendía la devoción de los mareantes. 

Pero si tan tiernos sentimientos agitaron las almas de los fun- 
dadores, al divisar, en aquel instante, la tierra chilena, que subió 
al cielo el eco de sus religiosas melodías, y el mar con sus olas 
las llevaba hasta la vecinas riberas; al pisar ya aquel Valle del 
Paraiso, tan solo se encontraron con una playa escueta y solita- 
ria: tan despoblado y miserable era entonces el Puerto de ese 
nombre. 

2. Terminado esto, la primera diligencia del Padre Cristóbal 
de N'era fué enviar al Padre i'edro de Torres en compañía del 
Profeso Juan de Sotomayor, á darles avise» új la l!e;^a(la de los 
fundadores á los dos Cabildos, Hclesiástico y Secular de San- 
tiago, haciéndoles presentación de la real Cédula de Felipe íí, 
en cuyo obedecimiento venían los Agustinos á fundar sus con- 
ventos en Chile. 

Era también deber no pequeño de aquellos mensajeros rendir 
homenaje de respeto, en nombre de los recién lle^^ados funda- 
dores, al Obispo de Santiaj^nj y al Gobernador de Chiíe, cuyo 
beneplácito era de tanta eficacia y seguridad en aquella empresa. 
Mas, la diócesis, en sede vacante, por muerte de don Fray Diego 
de Medellin, era ííobernada por Don Melchor Calderón, entonces 
Vicario Capitular; y al Gobernador tle Chile, Don Martin García 
de Oñez y Loyola, preocupado de las guerras con los Indígenas, 
no le era posible, hacia tiempo, retirarse de las fronteras de 
A rauco. (1) 

Sensible contratiempo fué este que esperi mentaron los comi- 
sionados y luego en general todos los fundadores, pues, la pre- 
sencia de las dos grandes autoridades civil y eclesiástica en San- 
tiago^ en gran manera hubiera favorecido los firoyectos de los 




fl) El Padre Torrea y Sefior Errá^uria eíi sus « C>rígeiies de la I^lafiia chi- 
leiia> iUceii que el riobeniadtjr ref ibi6 y agasaju k su llegada A Ujm Agus- 
tiiiosf; li> *iUií no puíto stirodtít, |>u'>s don Martín Gurriii K ííiex ilfl Loyola, 
eu Enero de 1596. i?htalKi fiindaoito la ciudad d@ h^nara Criu^ ile LoyulaeD 
la¿s frontora-s de Arauco; y ^u Abril dal ml^mo afio. todavía estaba 0u Con^ 
cepcLÓu firmando dai'umeiitoij, que tetigo á la vi.stit. 



t6 CAPÍTULO 11 



Agustinos, sin quedar entregados desde entonces á su sola ini- 
ciativa, y ex])uestos á la avidez de algunos particulares y capri- 
chosa voluntad del pueblo. 

VA Tesorero de la Catedral y Vicario Capitular, don Melchor 
Calderón, era un anciano muy débil de carácter é incapaz de fa- 
vorecer á nadie; y el Corregidor de Santiago, Nicolás de Qui- 
roga, demasiado afecto á algunas otras órdenes ya existentes en 
el paií^ nu pudo menos que ver con disgusto la llegada de otra 
nueva, al parecer de el, con notable perjuicio de sus amigos. 

3, Sin embargo, la noticia del arribo de una nueva orden re- 
ligiosa, que venia á fundarse en Santiago, conmovió profunda- 
mente íi todo -SU vecindario; se organizaron fiestas populares; el 
Cabildo acordó que uno de los Regidores se trasladara á Val- 
parni.sü á dar la bienvenida á los Agustinos; mientras la ciudad 
toda puesta en movimiento, disponia la más solemne recepción 
á los fundatlores. 

Kn efecto, inmediatamente se trasladó á Valparaiso, en repre- 
sentación del Cabildo Secular de Santiago, el Regidor Jerónimo 
Zapata de Mayorga, yendo á reunirse á los Agustinos, para 
aconipafiarle.s y con ellos entrar como en triunfo, en la entusias- 
mada Capital Y tanto afecto y devoción cobró el Regidor á sus 
huéspedes que, con haberse constituido después su insigne bien- 
hechor, todavía entonces al verles por primera vez les dio mues- 
tras de su espléndida munificencia, socorriéndolos con abundantes 
limosnas, y sufragando de su bolsillo todos los gastos del viaje 
ocasionados por los Religiosos. (2) 

Es probable 'que el Cabildo Eclesiástico no le iria en zaga al 
Secular, y cnmisionarse algún Sacerdote ó tal vez , Dignidad que 
llevara el primer saludo á los distinguidos fundadores, y los tra- 
jese á Santiago. Mas, nada consta en este sentido; y no sería 
temeridad presumir lo contrario, si se toma en consideración el 
estado en que entonces se encontraba el clero é iglesia de San- 
tiago. 



(2) E^tiuí díligenrias constan de una declnración hecliu por el nii&mo Ca- 
¡ñtan Jerónimo de Zapata, ante la real audiencia en 1612. Documento que 
tiene el autor ñ la vii>ta. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE \^ 

Pero quienes extremaron sus manifestaciones de cariño á los 
Agustinos, en esa ocasión, fueron los Padres de la Compañía de 
Jesús y los Religiosos de la Merced, pues, se disputaron el ho- 
nor de hacer á los fundadores los primeros y más finos agasajos; 
y de proporcionarles en su propia casa el hospedaje más franco 
y amistoso, mientras los Agustinos no hicieran su primera fun- 
dación. 

4. Entre tanto llegó el día en que la ciudad de Santiago, con 
sus dos Cabildos al frente, salió á recibir al Padre Cristóbal de 
Vera y á sus compañeros, desplegándose á su vista el más her- 
moso cuadro, que resultaba del lujo y magnificencia de los pri- 
meros Magistrados, de los brillantes arreos militares de la tropa, 
de los riquísimos y costosos trajes de la nobleza de aquella 
época, y más que todo de aquel pueblo que se agrupaba en tor- 
no de los recien llegados, desfilando ante sus ojos con todas 
aquellas particulares demostraciones de entusiasmo y alegría, que 
suelen despertar los grandes y gloriosos acontecimientos. 

De esta manera entre los saludos de las autoridades y los pa- 
rabienes de toda la nobleza; entre el ruido de marciales músicas 
y las salvas de artillería; entre el alborozo general de todo San- 
tiago, al decir de los antiguos cronistas, el Padre Vera y los su- 
yos entraron en la capital, siendo recibidos, con toda pompa y 
solemnidad, en el Convento de la Merced, por su Vicario Pro- 
vincial, el Padre Fray Diego de Aguilar. 

Allí quedaron, escribe el Padre Bernardo de Torres, «bien 
« acomodados y contentos de hallarse en compañía de tan gra- 
v< ves y santos religiosos, que si entonces imitaron la piedad de 
« Abrahám en hospedarlos, después le copiaron también el va- 
« lor en defenderlos. Aquí fueron visitados, asistidos y regalados 
« de las personas principales de la República, que en la piedad 
« y veneración de los eclesiásticos se aventaja mucho su cris- 
< tiandad.» 

A todo lo cual, tan solo cabe añadir ahora, que este generoso 
hospedaje ha venido á ser el vínculo de más noble y sagrada 
amistad entre ambas religiones, sin que después de más de tres 
siglos haya decaido jamás en los Mercedarios su tradicional be- 
nevolencia, y en los Agustinos su gratitud y reconocimiento. 



1 8 CAPÍTULO II 



Antes bien lejos de disminuir, con los tiempos, esta recíproca 
amistad, como si fueran temerosos de que ella no sobreviviese 
á la muerte, se llegó á establecer, por solemnes pactos firmados, 
la más estrecha hermandad entre Agustinos y Mercedarios: de 
tal manera que cada orden hiciera por los religiosos, que falle- 
cieren de la otra, los mismos sufragios que si fueren de la pro- 
pia. (3) 

Por último, si no es necesario inferir el día, en que hicieron 
los fundadores su entrada en Santiago, ni saber si en el breví- 
simo plazo de un mes, se hospedaron en varias partes, á más de 
la Merced, ahora es permitido afirmar, después de haber com- 
pulsado todos los documentos de la época, así públicos, como 
particulares de la Orden, que aquel estado de cosas duró tan 
solamente hasta el día 31 de Marzo de 1595, porque ese mismo 
día se trasladaron los Agustinos á las casas de Alonso de Ri- 
veros y F'igueroa, en donde tuvo lugar la primera fundación de 
la titulada Casa Grande. 

5. Bien sabido es que la generalidad de los Historiadores de 
Chile han escrito que la primera fundación de los Agustinos, en 
Santiago, fué el Colegio de la Cañada, en donde llegaron á cons- 
truir Iglesia y Convento, trasladándose, después de algunos años, 
á las casas de Alonso de Riveros y Figueroa, en el centro mis- 
mo de la ciudad, fundando allí, al fin, la Casa Grande. Más, es- 
ta errada exposición de los hechos, no puede ser admitida por 
uno que haya tenido en sus manos la Escritura de fundación de 
la Casa Grande otorgada á raiz de los sucesos, que acaban de 
referirse. 

Para admitir la primera fundación del Colegio se hace indis- 
pensable suponer: ó que los Agustinos llegaron á Chile, algunos 
años antes de 1595, como lo escribe el Padre Ovalle, y á ello 
se inclina Olivares con Carvallo y Goyeneche; ó bien que en 
1595 se hizo la fundación del Colegio y solo algunos años más 
tarde, la de la Casa Grande. 

De uno ú otro de estos dos errores partieron todos los que 



(8) Estos acuerdos constan de las actas capitulares del año 1672, como se 
hará saber en su tiempo y lugar. Archivo de la Provincia Lib. 2. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 9 



i 

1 



1 



hasta ahora han escrito que el Colegio de la Cañada fué la pri- 
mera fundación de los Agustinos, poniéndose, al afirmar esto, 
en contradicción con todos los documentos públicos de la época 
que no los han visto ni estudiado; con todos los datos del Ar* 
chivo de la Provincia, que ninguno jamás se ha dignado visitar; 
y lo que es imperdonable, con los Cronistas de la Orden contem- 
poráneos de los sucesos, que escribiendo detalladamente todo 
lo acontecido, silencian en absoluto la pretendida fundación del 
Colegio. 

En prueba de lo anteriormente aseverado, se hace preciso pa- 
sar en revista á todos los Historiadores, así antiguos, como mo- 
dernos, que han tocado este punto; y sin la menor dificultad, se Í 
verá cumo se ha transmitido, hasta hoy día, un error semejante, ~ 
gracias á las simpatías que primero despierta un escritor y luego 
después, á los que sin más examen de los hechos, repiten loque 
otro dijo por más absurdo que ello sea. 

El primer historiador que ha dado margen á la pretendida 

fundación del Colegio, es el Padre Alonsí) de Ovalle, cuando 

escribe. 

*No sé cual de las sagradas religiones que en aquel reino de 

« Chile florecen, kié la primera que entró en él. Poca diferencia . 

- pudo haber de las unas á las otras, porque cuando se descu- 

« brió y conquistó Chile, ya estarían todas en el Perú y de allí 

« seña fácil á su santo celo pasar á convertir aquel Reino. Lo 

€ que sé decir es que, fuera de la del Beato Juan de Dios, que 

« habrá veinte á treinta años que comenzó á honrar con sus Re- 

t ligiosos aquellos países, fué la última de todas nuestra Coni- 

« pañía de Jesús que entró en aquel Reino el año de milquinien^ 

«tos noventa y tres. (4) 

Se ve claramente, pues, por estas palabras del Padre 0\'alle 

que, para él, los Agustinos habían llegado á Chile el año ante- 
rior por lo mencis; y en consecuencia, entre su llegada y la fun- 
dación de la Casa Grande hubo un espacio intermedio de tieni- 

po azás considerable, en el cual pudiera acontecer no solo la 

fundación del Colegio, pero aun la de muchos otros Conventos. 



(4) Oville Rkiórka Relación, Libro Octavo. Capítulo IV. 



7 



20 CAPÍTULO II 



El Padre Ovalle que es el clásico historiador Jesuíta del tiem^ 
po de la Colonia, arrastró al mismo error, sin duda alguna, al 
Padre Miguel de Olivares, también Jesuíta, para quien no solo 
es un hecho este intervalo de tiempo entre la llegada de los 
Agustinos á Chile y la fundación de la Casa Grande, sino que 
es, para él, una historia ya circunstanciada que comprende: la 
instalación de los fundadores fuera de la ciudad, donde solo ha- 
bía Indios infieles á quienes evangelizaron los Agustinos con 
tanto celo y caridad, que suscitó las murmuraciones- y protestas 
de las otras Ordenes. Y solo pasada esta peligrosa y larga prue- 
ba, y sólo después de haber visto, que eran poco provechosos, 
en esa apartada localidad, los Agustinos pusieron sus miras en 
trasladarse al centro de Santiago. 

Es curioso ver cuantos progresos el error ó inadvertencia del 
maestro hace en la opinión del discípulo: el primero inventó un 
lapso considerable de tiempo; el segundo lo adornó con tantos 
acontecimientos y peripecias, que llega á ser plausible la pere- 
grina idea del Colegio levantado en 1595, sino existieran docu- 
mentos los más auténticos é irrefragables, en el Archivo de esta 
Provincia, por los cuales consta que sólo el año 1659 se erigió 
el ya famoso Colegio de la Cañada. 

Son dignas de citarse las palabras del Padre Olivares quien, 
después de siglo y medio de pasados estos Sucesos, los rehizo é 
inventó á su gusto, sin jamás averiguar si los por él forjados es- 
taban en conformidad con lo actuado en aquella época; he aquí 
sus propias expresiones. 

«Entre tanto que se proporcionaban á los Agustinos á su Ue- 
« gada á Chile, los medios para más cómoda habitación, se les 
« dio en nombre de su Majestad una casa en la Cañada, junto á 
« la Ermita de San Lázaro, por estar aquel barrio menos asisti- 
« do de socorros espirituales y más necesitado de celosos obre- 
ce ros.» (5) Y dando por efectivo este larg9 é indeterminado es- 
« pació de años, termina Olivares diciendo: «Hasta este tiempo 
« se mantuvieron los Padres Agustinos en el sitio que les dio la 
« ciudad, en la Cañada.» (6) 



(6) Olivares, Hisíorm ác C;íi7c, Libro 4, Cap. XXIV. 
(6j Olivares, Historia de Chile, Libro 4, Cap. XXV. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 2 I 

Como se habrá observado, el Padre Olivares con haber des- 
crito el punto mismo de la, según él, primera fundación de los 
Agustinos en Santiago, sin embargo se abstiene de nombrar el 
Colegio, á pesar de que tan claramente lo insinúa, que de su na- 
rración no se desprende otra cosa. 

Lo cual es tan cierto, que Carvallo y Goyeneche, aventajado 
discípulo del Padre Olivares, lo dice con toda franqueza: «En la 
< calle denominada' la Cañada se les asignó á los Agustinos un 
« sitio para la fundación de su primer Convento. En él fabrica- 
« ron una pequeña Iglesia y dieron principio al ejercicio de su 
* ministerio. El exacto y continuo cumplimiento de éste les pti- 
« so en mucha estima y veneración y se dedicaron aquellos ciu- 
« dadanos, siendo el primero el Gobernador, á dar limosnas pa- 
« ra su fabricación.» (7) 

A ser cierta esta narración de Carvallo y Goyeneche, se se- 
guiría que los Agustinos, con diferencia la más pequeña, inicia- 
ron á la vez la construcción de dos Iglesias y dos Claustros en 
Santiago, cuando para poseer uno solo, según consta de la his- 
toria, hubieron de padecer tantas tribulaciones y tantos trabajos, 

6. Y, hallándose en el anterior estado, la presente cuestión 
llegó á ser tratada por los historiadores del pasado siglo diez y 
nueve, siendo excusado decir aquí que todos se han adherido á 
la opinión en extremo antojadiza de Carvallo y Goyeneche, quién 
aplica á la fábrica del Colegio todo lo sucedido en la fundación 
de la Casa Grande, sin el menor discernimiento, ni estudio, pues 
más abajo de la Ermita de San Lázaro, no ha existido templo 
de Agustinos sino hasta fines del siglo diez y ocho. 

Parece increible como el error vertido al acaso por Ova!lc% 
adornado con esmero por Olivares, y con énfasis divulgado por 
Carvallo y Goyeneche, haya al fin venido á prevalecer sobre to- 
do cuanto dicen los Archivos y los primeros que escribieron de 
estos sucesos, según relación oída de boca de los mismos fun<Li- 
dores de la Provincia de Chile. Como se habrá visto este es un 
error nacido de la falta de investigación histórica. 

Nadie revela con más claridad este notable descuido, que el 



(7) Carvallo y Goyeneche, Historia de Chile, Toni. 1, Cap. LXXX. 



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j 



( 



22 CAPÍTULO II 



I 
I 



Padre Guzmán, quien parece compendiar todos los errores de 
los que le precedieron, cuando escribe: 

«El día i6 de Febrero de 1593 entraron en Santiago de Chile 
« los Reverendos Padres Agustinos que vinieron de Lima á fun. 
« dar su Provincia, los cuales se situaron abajo de la Cañada, á 
€ dos cuadras de la Capilla de San Lázaro, donde se mantuvie- 
f ron hasta que la familia Riveros les donó sus casas que tenian 
c á dos cuadras distante de la plaza al sur y fundaron en ellas 
« su Convento para que fuese cabeza de la Provincia, conser- 
« vando con título de Colegio el Conventillo que fué su primera 
« cuna ú hospicio.» (8) 

A ser cierta esta relación y contar con tanta antigüedad el 
Colegio, su nombre debía, desde un principio, aparecer en las 
actas capitulares de esta Provincia y demás documentos de és- 
te género, con la designación de los Superiores destinados al 
gobierno de tal Colegio, con la, exposición de sus rentas y cape- 
llanías. Mas preciso es decirlo de una vez: nada de esto existe, 
porque el Colegióse fundó solamente el año 1659, apareciendo 
desde entonces todo lo anterior en los Registros de la Provincia. 

Esto mismo consta de otros documentos á todos públicos y 
notorios, pues cuando en 1630, el Obispo Salcedo pidió á la Real 
Audiencia de Santiago y al Rey la supresión de todos los Con- 
ventos de Agustinos, menos la Casa Grande, enumerándose allí 
uno á uno todos los Conventos de la Provincia, no aparece, sin 
embargo, el famoso Colegio. Aun más, allí se dice que los Agus- 
tinos en Santiago tenian, fuera de la Casa Grande, otros dos 
Conventos: el de la Chimba, llamado de San Juan de Sahagún; 
y el de Xuñoa, con el título de San Nicolás de la Viña. Lo cual 
está del todo conforme con la verdad de los hechos, pero, como 
se vé, en 1630, todavía no existía el tan antiguo Colegio, al de- 
cir de los historiadores del siglo diez y nueve. 

El famoso escritor Vicuña Mackenna se adhiere del todo á lo 
dicho por el Padre Guzmán y lo cita en su «Quintrala» y con él 
está conforme en que los Agustinos llegaron á Chile nó en 1 595, 
sino dos años antes, error que hace un poco más verosímil la 



(8; Guzniáii, Chileno instrtádo, tomo 2, pag. 851. 



I 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 23 

historia de la pretendida fundación del Colegio. Sin embargo, 
este misniü célebre historiador, en otra de sus obras, piensa de 
distinta manera reponiendo en su verdadera base cronológica 
lodos los hechos, si bien dejando subsistente siempre la simul- 
tánea fundación del Colegio y la Casa Grande. 

Esta última es la opinión del señor Crescente Errázuriz en sus 
^Origenes de la Iglesia chilena» y de don Diego Barros Arana 
en sií Historia General de Chile», para quienes siendo incues- 
tionable que llegaron los Agustinos, en Febrero de 1595, y que 
muy á poco de su llegada fundaron el Convento principal en las 
casas de Alonso Riveros y Figueroa, sin embargo aceptan la 
fundación del Colegio, sin más fundamento, que el primitivo 
error de fechas del Padre Ovalle transmitido en esa forma á la 
posteridad. 

7. Mas este error se desvanece ante la luz que arrojan los do- 
cumentos hasta hoy guardados en el Archivo Nacional y en el Ar- 
chivo de la Provincia Agustina, por ninguno visto, ni estudiado; 
y según ellos consta que los Agustinos, apenas llegados á San- 
tiago, talvez en los últimos días de Febrero de 1595, ya el 3 1 
de Marzo del siguiente mes, estaban instalados en las casas de 
la familia Riveros y Figueroa; (9) lo que es lo mismo, estaba he- 
cha la fundación de la Casa Grande, aunque por las muchas di- 
ficultades que luego sobrevinieron, la escritura de fundación so- 
lamente pudo otorgarse el 13 de Mayo de 1595. (10) En este 
documento se leen estas significativas palabras que alejan toda 
duda sobre si hubo alguna fundación anterior á la Casa Grande; 
las fundadores tlicen que aceptan la venta que les hace de sus 
casas el Capitán Alonso de Riveros y Figueroa, porque: «nue- 
* vamente venidos á Chile, aun no habíamos elegido sitio para 
« ta fundación, ni se hallaba el cómodo y necesario.» 



ÍM) En el Arcliivq de Provincia, libro «Casa Grande 1695-1626» las Actas 
de Visita y cuentan dt gastos se inician desde el 31 de Marzo de 1596 habién- 
dofee inverrido Im^Ut. el dia primero de Noviembre la cantidad de 788 pesos y 
ti tomines, 

ÍIO) En el Archivo Nacional, Protocolos de Ginés de Toro Mazóte, Volu- 
men 9. 1595. se hallan documentos importantísimos qne más adelante se cita> 
rán detíiUndaineut*, j que no dejan duda de la instalación difinitiva de los 
Agustinos en laCft^a Grande, en la ya enunciada fecha. 



1 




»^ g ^ j^^^^ 



Capítulo III 



Fundación de la Casa Orande. Abril y Mayo de 1595 

1 . Primera tentativa de fundación en las casas del Maestre de Campo Miguel 
iJ** Silva.— 2. Son los Agustinos arrojados de ellas, por orden del Padre Fray 
Kranciaco de Riveros. Provincial de Santo Domingo.- 3. Se trasladan á las 
i'íisas del Capitán Alonso de Riveros y Figueroa.— 4. Se oponen á esta fun- 
dación los Padres Franciscanos.— 5. Nombran los Franciscanos Juez Con- 
Kervador al Provincial de Santo Domingo; y los Agustinos al Vicario Pro- 
vincial de la Merced.- 0. La cucfttióu se implica más. — 7. Se aj)ela á la Real 
Aiidiencia de Lima — 8. Mientras >e espera el fallo, se nombran arbitros por 
pwrte de Agustinos y Franciscanos.— 9. Convienen las dos partes en acep- 
tar el fallo del Padre Luis de Valdivia de la Compañía de Jesús. -10. El 
Vicario Capitular de Santiago don Melchor Calderón da licencia para que 
I [I fundación se haga en las casas y solares de la familia Riveros y Figue- 
rnu.— 11. Alitecedentes de la familia Riveros y Figueroa. — 12. Sus casas y 
Mílareá.— l.'J. Estado en que se hallaba de fortuna. 14. Ofrece en venta sus 
clisas y solares á los Agustinos — ir>. Hacen en ella su primera fundación 
linjo el título de Nuesh-a Señora de Gracia. 

í Apenas llegado á Santiago ol Padre Cristóbal de Vera, con 
suma diligencia, exploraba el sitio más cómodo y de mayores 
condiciones para fundar el primer Convento, gestionando para 
ello, con mucha sagacidad, su más pronta y fácil adquisición. 
No tardó en ofrecerse á sus ojos lo que tanto apetecia: el Maes- 
tre de Campo, Miguel de Silva, dábale en venta unas casas su- 
yas distantes de la plaza principal una sola cuadra. 

Xo podía ni soñarse mejor localidad: .en medio de la parte 
más bella y mejor construida de Santiago; en el mismo centro 
cf MTiercial de la ciudad; en la obligada residencia de las familias 
más nobles y patricias vieron los Agustinos que les llevaba su 



r 



HISTORIA DE LOS AíiUSThXOS EN CIIlí.E 2$ 



suerte, y, dejándose conducir gozosos por ella, se instalaron en 
aquellas casas, y, sin más trámite, dieron allí principio á su mi- 
nisterio sagrado. 

El mismo Cabildo de Santia^o^ deseoso de dar pronto cum- 
plimiento á la Cédula de su Majestad, el Rey, don Felipe II, cre- 
yó de su deber señalar ese mismo sitio y esas mismas casas á 
los religiosos fundadores, para que desde luego allí se acomo- 
dasen y pudiesen edificar su Iglesia y Convento. 

2. Y ya empezaban á arraigar los Agustinos, cuando, como 
dice el Padre Torres, se < comenzó á inquietarlos con pleitos, 
'^ por medio de ciertas personas graves, que alegaban tener de- 
« recho á la casa de nuestra vecindad y deber la justicia expe- 
ft lernos de ella.» (i) Lo cual, con mayor claridad, lo expresó el 
<" Padre Miguel de Olivares, diciendo: < otra Orden religiosa se 
« opuso á esta fundación, alegando que con ella se contravenia 
« á lo dispuesto en el derecho Canónico, sobre la distancia que 
<í han de tener entre sí las casas religiosas.» (2) 

En efecto, el derecho Canónico es claro y terminante en este 
punto y sus disposiciones no podrian ser en manera alguna elu- 
didas, por esto, tal vez, y, según dice el mismo Cronista, porque 
* nuestros Religiosos, como siervos de Dios prudentes, atendien- 
^ do que de aquellas centellas podia nacer gran incendio, en que 
*í peligrase la paz y la caridad cristiana, cedieron cuerdamente 
<- al fervor de los contrarios, y antes de la sentencia del Juez de- 
« sampararon voluntariamente la casa.» (3) 

Este triunfo obtenido en defensa de los derechos y privilegios 
de su Orden lo alcanzó el Padre F'ray Francisco de Riveros, 
Provincial de Santo Domingo. 

3. Tan tremendo fué este fracaso y dejó tan confusos y av-er- 
gonzados á los Agustinos, que como dice el Padre Olivares, f en 
<í su aflicción acudió el Señor al consuelo de sus siervos tocando 
« el corazón de Francisco de Riveros, Alonso de Riveros y do- 



(1) Torres ^Crónica Agustiniana.* Lib. I. Cap. TV. 

(2) Olivares ^Historia de Chile.* Lib. IV. Cap. XXV. 

(3) Torres ^Crónica Agustina.^ Lib. I. Cap. IV. 



26 CAPÍTULO III 



« ña Catalina de Riveros, hermanos, á que cediesen las ca^as 
« mismas de su morada para fundación del Convento.» (4) 

Todo lo cual está corroborado por la relación del Cronista 
Agustino, quien, después de pingar la violenta expulsión de los 
fundadores, su profunda angustia y desaliento y la triste impre- 
sión que causó en los vecinos de Santiago, dice: «quedaron és- 
« tos con grande edificación, juzgando que de verdad nuestros 
« Religiosos sólo buscaban almas para el cielo, pues no querían 
« litigar por bienes de la tierra. Mas Dios, por cuya gloria pa- 
« decian, notoriamente los amparaba; movió su Divina Majestad 
« la piedad de dos caballeros, hermanos y vecinos de la ciudad, 
« nombrados los Capitanes Francisco de Riveros y Alonso de 
« Riveros y doña Catalina de Riveros, su hermana doncella, 
« personas principales y valerosas, los cuales, viéndolos tan per- 
« seguidos y desacomodados, creyeron que el Señor quería que 
« nos entregasen su c^isa, que era de las mejores y más capaces 
« de la ciudad. ^^ 

<^Y allí, por consejo y á instancias del Capitán Francisco de 
« Riveros y de doña Catalina, su hermana, nos entramos un sá- 
« bado en la noche, en su casa, y en el zaguán de ella armamos 
« un altar y el domingo inmediato, al despertar el día, dimos 
« una alborada á la ciudad, con un largo repique de campanas, 
« que fué de gran regocijo para ella.» (5) 

Este día, solemne en los fastos de la Provincia, fué el primero 
de Abríl de 1595. 

4. Al abandonar los Agustinos las casas del Maestre de Can)- 
po, Miguel de Silva y trasladarse apresuradamente, casi como 
fugitivos, á las casas del Capitán Alonso de Riveros Figueroa, 
no solo tuvieron presente, según dice el Cronista, evitar «que de 
« aquellas centellas pudiese nacer gran incendio, en que peli- 
« grase la paz y la caridad cristiana; » sino, también tomaron en 
cuenta que esta segunda localidad era más ventajosa: de situa- 
ción más central y protegida del comercio y la nobleza; de edi- 
ficios más grandes y espaciosos, que fácilmente podían trans- 
formarse en Iglesia y Convento. 



(4) Olivares * Historia de ChiU.* Lib. IV. Cap. XXV. 
(5/ Torres *C roñica Agusiina.w Lib. I. Cap. IV. 



r 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 2^ 

Tenia ademas otra ventaja esta segunda localidad para los 
Agustinos: estaban las casas de Alonso de Riveros y Figueroa 
taa convenientemente situadas, á tanta distancia de otras Igle- 
cias y Conventos, que no había, de ahí, por qué temer nuevos 
conflictos: pero en ello, sufrieron el más cruel y doloroso desen- 
gaño. 

Si violento fué el primer choque habido entre Agustinos y 
Dominicos, al intentar aquellos su fundación en las casas del 
Maestre de Campo Miguel de Silva: al instalarse ahora en las 
casas del Capitán Alonso de Riveros y Figueroa, á su vez, cre- 
yendo vulnerados los derechos y privilegios de su Orden, el Pa- 
dre Fray Antonio de Olivares, Provincial de San Francisco, 
acudió á todos los recursos, que la ley permite, á fin de hacer 
fracasar la fundación de los Agustinos. 

Tienen todas las Ordenes Mendicantes un privilegio de que 
ninguna otra pueda erigir Iglesias ó Conventos, sino á la distan- 
cia de más de ciento cuarenta cañas. Los Dominicos y Francis- 
canos, por concesión de Clemente IV y Julio II, gozan, como 
también los Agustinos del privilegio de trescientas cañas, con 
derecho á oponerse á toda fundación que se pretenda hacer den- 
tro de estos límites. 

El Provincial de San Francisco, Fray Antonio de Olivares, 
creyó haber llegado el caso de hacer la defensa de estos derechos 
y privilegios de su Orden: y, como en ello no es lícito ceder, ni 
siquiera en bien de la paz, porque eso sería irrogar graves per- 
juicios á su propia Corporación: resolvió en consecuencia, opo- 
nerse á la fundación de los Agustinos haciéndoles presente las, 
á juicio de él, más justas y fundadas razones. 

Xo muy conformes en sus respectivas opiniones estuvieron 
entonces Franciscanos y Agustinos; éstos, al resignarse al primer 
fracaso, ante todo se quisieron someter á la ley, ó á un partido 
más ventajoso, no á las órdenes del Provincial de Santo Domin- 
go; ahora, que la ley no existía, ó era muy dudosa en su aplica- 
ción, á su vez el Padre Cristóbal de Vera no quiso ceder y 
resolvió en la mejor vía y forma defender los derechos y privile- 
jios de su Orden. 

5. Mas, juzgando el Provincial de San Francisco, Fray Anto- 



28 CAPÍTl LO III 



nio de Olivares, que debía de insistir en su demanda, pues, 
según él los Agustinos con su fundación hacían maniñesta vio- 
lencia y agravio á los privilegios de los Franciscanos, acudió, sin 
más tardar, á los últimos recursos que ponía en sus manos el 
Derecho. 

Este dispone que, cuando una Casa de Regulares sufre mani- 
fiesta violencia en sus personas ó intereses, puedan los Sup>erio- 
res elegir Jueces Conservadores, quienes, por especial delegación 
de la Santa Sede, toman la defensa del Religioso de su Orden y 
de su Convento, con amplias facultades para obrar, sentenciar y 
castigar, aunque sea con censuras á la parte contraria, no im- 
porta que fuere un Obispo, mientras tanto no cese la violencia y 
el vejamen. 

El Provincial de San Francisco, juzgando oprimido su Con- 
vento por los Agustinos, nombró inmediatamente por su Juez 
Conservador al Padre Fray Francisco de Riberos, Provincial de 
Santo Domingo. Y así sucedió que, del modo más inesperado 
se hallaron los Agustinos teniendo, de frente y en contra su^'a, 
dos Provinciales: el uno querellándose de vejado y oprimido; y 
el otro, que ya antes estuvo por desnudar la espada, nombrado 
ahora Juez Conservador, con toda la autoridad de que se creía 
ca¡)az, y bajo las más terribles penas canónicas, sentenció que 
los Agustinos se salgan de las casas y sitios donde están > (6). 

Tenían los Agustinos en su favor que podían alegar la nulidad 
del nombramiento de tal Juez Conservador; recusarle, y con so- 
brada razón, como sospechoso; y, en este caso solucionar la 
cuestión con el arbitraje, ó bien acudir á la jurisdicción episco- 
pal, ó según la legislación de aquellos tiempos, ampararse al real 
patronato. Mas, podían también los Agustinos nombrar á su 
turno un Juez Conservador; y lo hicieron en la persona del Padre 
Fray Diego de Aguilar, Vicario Provincial de la Orden de Nues- 
tra Señora de las Mercedes. 

6. Y se vio entonces lo que jamás se habrá visto: las cuatro 
Ordenes Religiosas en actitud de sostener sus derechos y defen- 
der sus privilegios, con ánimo firme de hacerlos á toda costa 



í6) Actas de lo ocurrido. Ante Ginés de Toro Mazóte. 13 de Abril de 
1596. Archivo Na^-ional. Vol. 9, pág. 204. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



29 



prevalecer, con resolución inquebrantable de hacerlos respetar. 
Y miró esto el pueblo con asombro; la autoridad eclesiástica con 
espanto; la civil, no sin sobresalto y terror. 

Pero mientras los contendientes, por su misma igualdad, 
mutuamente anulaban ó destruían sus fuerzas, la causa de los 
agustinos ganaba visiblemente en el buen sentido y opinión de- 
sapasionada de toda la sociedad, ante la cual aparecían, como 
extranjeros, á quienes se negaba hospitalidad; como enviados 
del Rey, á quienes se despedía; como Religiosos de una Orden 
tan meritoria como las demás, y sin embargo de todas partes se 
les arrojaba con una violencia jamás vista. 

Y cuando la conciencia de un pueblo se siente herida, hace 
siempre respetar sus razones; y si obra, nadie puede detenerle 
en la ejecución de sus propósitos. Sugiere estas ideas la obser- 
vación que hace el Padre Torres al referir estos hechos, cuando 
dice: «Persuadiéndome ciertos sujetos (los Franciscanos), de no 
^ menor autoridad que los primeros (los Dominicos), á intentar 
' otra vez á inquietar á nuestros Religiosos con litigios, para 
- removerlos de esta segunda casa, como de la primera; pero 
^ defendió la misma Ciudad su justicia; y primero se dio por 
^ vencida la sinrazón de los contrarios, que la paciencia de los 
^- nuestros» (7). 

7. La actitud resueltamente favorable de la opinión pública 
para con los Agustinos; la enérgica resistencia del Padre Cristó- 
bal de Vera, secundada por el Padre Fray Diego de Aguilar, 
Vicario Provincial de la Merced, hizo comprender á los dos 
Provinciales de Santo Domingo y San Francisco, que aquella 
cuestión no era simplemente de ^si el sitio en que habían funda- 
c do los Agustinos estaba dentro del alcance del Señor San 
<' Francisco ^ como dice el Acta que tengo á la vista; ni, de si 
por metros más ó menos, convenía «tener pleitos y debates >-> 
ruidosos, y «debates y contiendas» escandalosas, sino que era ya 
indispensable y necesario adoptar algún otro temperamento (8). 



(7) Torres. «Crónica Agustiniana». Lib. I, Cap. I Y. 

(8) Actas de lo ocurrido Gines de Toro Mazóte, 18 de Abril de 1595. Vol. 9, 
Archivo Nacional. 



30 CAPÍTULO III 



Sin embargo, cerca de quince azarosos días pasaron extre- 
mando su autoridad ambos Jueces Conserv^adores, sin arribar á 
un acuerdo que viniese á aliviar la ya general y pública ansiedad. 
Tan sólo el 13 de Abril, como dicen las mismas actas: «temien- 
« do el escándalo que de ello podía resultar al pueblo, y por 
« evitarlo, como personas celosas del servicio de Dios y de Su 
« Magestad, (ambas partes) han tratado y conferido de que todo 
<^ lo proveído y actuado por los dichos Jueces Conservadores se 
« lleve y vaya ante la Real Audiencia que, por mandado de Su 
« Magestad, reside en la Ciudad de los Reyes, para que Su Al- 
« teza determine, si el dicho Padre Fray F'rancisco de Riberos, 
< Juez Conservador, hace fuerza ó nó á los dichos Padres del 
<^ Señor San Agustín, por mandarles se salgan de las casas y sitio 
« donde están.» (9) 

Este fué el primer triunfo obtenido por el Padre Cristóbal de 
Vera: aún con no haberse del todo disipado la tempestad, se ha- 
bía ésta retirado tan lejos, que en caso de amagar otra vez, de 
nuevo, sobraba tiempo para prevenirla y estar sobre aviso 

8. Sin embargo, más fácil es irritarse los ánimos, que volver á 
serenarse después. Con haberse remitido á la Real Audiencia de 
Lima el fallo de tan ardiente controversia, quedaba siempre en 
pié y subsistente, á lo menos por algunos meses, gran parte de 
tan odiosa cuestión, á saber: ¿los Agustinos permanecerían mien- 
tras tanto en aquellas casas? Parece increíble que vse llegase á 
tanto extremo, hasta el punto de deber resolverse, si podrían 
permanecer los Agustinos, allí en aquellas casas, mientras se 
aguardaba la sentencia de Lima. ¡Como si aquella estadía de los 
Agustinos allí fuese ya una fundación, y no un mero y simple 
hospedaje! 

Sin embargo, para el Padre Fray Francisco de Riberos, Pro- 
vincial de Santo Domingo y Juez Conservador de los Francisca- 
nos aquella era una excesiva é indebida concesión, que en ma- 
nera alguna podía permitirse á los Agustinos. Más estos se 
negaron á aceptar semejante imposición tan arbitraria é injusta, 
como violenta y opresora. 



(9} Actas. 13 de Abril de 1696. Ginés de Toro Mazóte. Vol. 9, Archivo Na- 
cional. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 3 I 

Surgió entonces la idea de someter esta cuestión al inmediato 

arbitraje de personas las más autorizadas y graves; y aceptada !^ 

la proposición por ambas partes, los Franciscanos nombraron .[-^ 

Arbitro, al Licenciado Francisco Pastene; y los Agustinos al í3 

Capitán Alonso Alvarez de Berrío. Más, estos caballeros ardien- ^f 

tes partidarios de sus representados, previendo tal vez no poder 

nada arbitrar, ambos renunciaron tan honrosa comisión. ^ 

9. Y todas las gestiones anteriores hubieran sido perdidas, á 

no haberse previsto este caso, y convenido de que si llegaba, 

entrase á sentenciar esta cuestión, no solamente como Arbitro , 

sino como Juez Conservador, con todas las facultades, el por ■ 

demás célebre Padre Luis de Valdivia, de la Compañía de ^ 

Jesús, 'l¡ 

Dice así el Acta: «y porque los dichos dos terceros, podría -'\ 

-^ ser que no se conformasen en una voluntad, y para que... ha, 

*r ya efecto lo que así tienen tratado y concertado (Franciscanos .; 

^ y Agustinos), de común acuerdo de ambas Religiones nom- 

^ braban y nombraron por tercero en discordia de los dos al 

» Padre Luis de Valdivia, Vice Rector de la Compañía de Jesús 

4 de esta Ciudad de Santiago,... para que d.é su voto y parecer^ 

a y á la parte á que se arrimare de uno de los dos haga sen- 
tencia, la cual se guarde y cumpla y ejecute inviolablemen- 

^ te*... (10). 
Excusado es decir que este Arbitro y Juez Conservador que 

venía á solucionar todas las dificultades pendientes, aunque no 

haya podido tener á la vista su fallo, sentenció en todo á favor 

de los Agustinos, según lo demuestra todo lo sucedido después: 

porque ya no solamente obtuvieron del Ordinario la licencia, 

para hacer su primera fundación en las Casas de Alonso de Ri- 

veros Figueroa; sino también, entre éste y el Convento se 

extendió, no muchos días después, la correspondiente escritura 

de venta. 

Y este fué el segundo triunfo obtenido por el Padre Cristóbal 

de Vera, mediante la rara sagacidad de espíritu y el ascendiente 



{JO) AcUs. 13 de Abril de 1595. Ginés de Toro Mazóte. Vol. 9, Archivo 
X ación bL 



L 



32 rAi»ÍTi'i,() III 



sin límites de que entonces gozaba en la sociedad de Santiago, 
el célebre é ilustre Padre Luís de Valdivia. 

10. Así allanadas todas las dificultades, el Vicario Capitular, 
don Melchor Calderón concedicS la licencia, en derecho requerida, 
para llevar a efecto la primera fundación, según consta en el 
Archivo de Provincia, de un '^Testimonio y declaración del Vi- 
^* cario General de este Obispado, cómo el Rey Nuestro Señor 

nos (lió Cédula, para venir a poblar á este Reino de Chile y 

Tucumán, y por las que nos dio el Ordinario licencia para 

potlcr fundar en estas Casas del Capitán Alonso de R i veros 

" Figiieroa, porque en virtud de la Real Cédula de Su Majestad 

- se n<xs concedió la dicha licencia. Y por haberse perdido la 

' Real Cédula, nos dio el Licenciado Melchor Calderón el dicho 

* testimonio que está en esta Caja (11). 

11. Mientras tanto la familia Riveros y Figueroa entraba á 
tratar directametne con los Agustinos acerca del modo como ha- 
bía de transferir á éstos los derechos que tenía á aquellas casas 
que construyara, al tiempo de trazársela misma Ciudad de San- 
tiago, el Capitán Francisco de Riveros, por tantos títulos digno 
de SQT conocido, en esta Historia, con haber vinculado su nom- 
bre á la primera ' y más importante fundaci()n hecha por los 
Agustinos, en Chile; y ser la única que, á pesar de las vicisitu- 
des de los tiempos, ocupa siempre su mismo primitivo lugar. 

Los datos biográficos del Capitán Francisco de Riveros los 
proporciona el mismo Felipe II en una Cédula encaminada á 
premiar los méritos de este valiente soldado, compañero de los 
nías célebres conquistadores. Nos ha servido, dice, treinta y dos 

* años, con su persona, armas y caballos, como hidalgo notorio; 

* y la mayor parte del dicho tiempo, con cargos de Capitán y 



(Jl) Esta declaración existe entre los autos de Visita i\ue, el 18 do Julio de 
IB2&, |irfli!ticó el Padre Pedro de Aguiar ó del Espíritu Snnto, y que están re- 
frendados por el Secretario, el Padre Juan ^lartinez, con el ^eIlo d^ Provincia; 
hechuH todos que no dejan duda acerca de su autenticidad. Máü el testimonio 
dftdo en reemplazo de la Cédula del K«iy y de la licencia del Ordinario, des- 
pués do tros sitólos, ha sufrido la misma suerte de aquellos otros documentos: 
y el que ^e inserta arriba en el texto no es más que la dedaiación hecha por 
id iiieucionado Padre A^^uiar en el libro Casa (Trande^ 1596-1625 del Archivo 
de ProTÍncia. 



k 




1 



IHSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 33 

€ Teniente de nuestro Gobernador; pasando excesivos trabajos, 

* hambres y adversidades; poniendo su persona muchas veces 

* á riesgo de perder la vida por se aventajar y señalar más, en 

* en todas las cosas tocantes á nuestro real servicio. 

V principalmente en los descubrimientos, conquistas y paci- 
t ficaciones de las Provincias del Perú y Nicaragua, en compa- 
« nía del Marqués don Francisco Pizarro y sus hermanos; y des- 

* pues, en el descubrimiento, conquista y pacificación de las 

* Provincias de Chile, con don Pedro de Valdivia, nuestro go- 
« bernador que fué de ellas, y hallándose siempre en todos los 

* alzamientos y rebeliones que en ellas han sucedido. 

<En todo !o cual, y en otras muchas cosas del dicho nuestro 
« servicio, ha gastado su hacienda y patrimonio, sustentando de . 

4 ordinario en su casa, cantidad de soldados, y socorriendo sus 
« necesidades, y proveyéndoles de armas y caballos, para con 
< que mejor pudiesen andar y servir en la guerra.» (12) 

En premio de tantos trabajos padecidos por su Rey, no exi- 
gía la modestia de tan generoso hidalgo sino que se le prorro- 
gara, por dos vidas, una encomienda de Indios que tenía, hacién- 
dole ademas merced del título de Mariscal de las Provincias de 
Chile, ü bien Alférez General de ellas. El Rey prudente juzgó 
oportuna deferir á la real audiencia la concesión de tantas re- 
compensas. 

Casó el Capitán Francisco de Riveros con doña Teresa de Fi- 
gueroa, y viéronse rodeados de hijas: de las cuales, entre otras, 
doña Mariana fué mujer del Capitán Alonso Campo Frió de 
Carvajal; doña Marina, mujer del Capitán Francisco Sáez de 
Mena; doña Catalina, que no contrajo matrimonio; y doña Pe- 
trona. Monja Agustina. 

Tuvieron también tres varones: Alonso de Riveros y Figue- 
roa, que caso con doña Mariana Osorio de Cáceres, y murieron 
ambos sin dejar sucesión; Francisco y Lorenzo. Los dos prime- 
ros ocuparon distinguidos puestos en la administración y gobier- 
no de las ciudades de Santiago y la Serena, llegando á ser sus 



(12) Cédula íürigida á la Real Audieocia de Concepción fechada en Madrid 
al 6 de Agosto delB68. Archivo de Provincia. 



34 CAPÍTULO III 



corregidores; y' el tercero, Lorenzo, sucumbió en uno de los com- 
bates de las terribles guerras de Arauco. 

Llegóse, pues, á formar en rededor del compañero de Pizarro 
y de Valdivia una familia de las más nobles de Santiago, relacio- 
nada al principio con la de don PVancisco de Aguirre, y muy 
pronto con la de los Rios y Lisperguer, cuando aquella dama 
la más rica y poderosa, aunque la más tristemente célebre hoy 
día por sus crímenes y escandaloso libertinaje, doña Catalina 
de los Ríos y Lisperguer, se desposó con el hijo de doña Ma- 
riana de Riveros y Figueroa, el Capitán Alonso Campo Frió de 
Carvajal. 

í2. Habiendo sido el Capitán Francisco de Riveros uno de 
los conquistadores de Chile, levantó su casa en el solar por el 
mismo elegido, al hacerse la primera delincación de la ciudad de 
Santiago. Y habiendo ocupado tanto él, como su hijo Alonso, 
un asiento distinguido en el Cabildo obteniendo casi siempre no 
escasa participación en el gobierno, dieron á sus solares la ma- 
yor ini[)ortancia, y á sus casas el mayor esplendor y magnifi- 
cencia. 

Hablando de éstas el Padre Torres, dice que eran «de las me- 
jores y más capaces de la ciudad»; (13) y, según testimonio (14) 
det Capitán Gregorio Serrano, eran estas casas de dos pisos; 

Ílüjo y ostentación nada comunes en aquella época. 
En el primer tratado ó consulta celebrada por los Agustinos, 
á fin de adquirir esta propiedad para su Orden dicen que: «las 
j <t casas en que al presente están (hospedados) con dos solares, 

I r }' en ellos muchos edificios de estima y valor, con muchas 

*, [llantas y arboledas, para huerta y recreación de los dichos 

i Religio.sos> tienen un precio muy superior al estipulado, por- 
I í.)iie el valor de las dichas casas y solares es mucho.» (15) 

I y en la escritura de venta, con más claridad todavía se lee, 

acerca de estas casas, que eran: «de huerta y arboledas frutales, 
y donde estamos y fundamos... que es sitio muy cómodo y apro- 
i piado para el dicho Convento, y de muchos edificios bien aso- 



{]3) To^^e^. cCróiiica Afifustiniana.» Lib. I. Cap. IV. 

(U) Información ante la Real Audiencia 1G12. Archivo do Provincia. 

(16) Protocolo.s de Ginés de Toro Mazóte. Yol. U. Archivo Nacional. 




rww:^ -■.-. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



35 



« leados al sol y muy aprqpiados para la dicha casa y Religión.» 

Era, sin duda, aquella una hermosa y valiosísima propiedad, 
adornada con esmero y enriquecida de padres á hijos, con lo 
mejor de aquella época: casas de altos, con vista á la calle det 
Rey, en el centro de la ciudad, en medio de las familias más 
nobles y poderosas, en el barrio de más vida y movimiento po- 
lítico y comercial. 

Pero, todo esto, no comprendía más que la mitad de la man- 
zana, porque á espaldas quedaban, ocupando los otros dos so- 
lares, las casas del Capitá/i Francisco Sáez de Mena y tas del 
Protector General de los Indios, Capitán Agustín Pérez de la 
Cuadra, quién, en varias declaraciones suyas (i6) acerca de los 
Agustinos, dice que habla «como persona que vive pared en 
€ medio de los dichos Religiosos.» 

13. Tales eran las casas de la familia Ri veros y Figueroa y, á 
juzgar por ellas, seria de creer que nadaba en la opulencia: mas, 
todo lo contrario, otro giro muy diverso seguían sus negocios. 
La imaginación popular calificó de donación (17), la venta que 
hizo á los Agustinos de sus casas esta familia; y la supuso mo- 
vida á ello, por algunos soñados prodigios, de los cuales ha lle- 
gado á decirse que se valió diestramente el Padre Cristóbal de 
Vera, á fin de conseguir sus propósitos, de quedarse con aque- 
lla valiosísima propiedad. (18) 

No necesitaba poner en juego tan viles recursos el Padre 
Cristóbal de Vera: la integridad de su carácter y la aii.steridad 
de su vida se lo hubieran impedido. Mas no es necesario, al 
presente, ni siquiera intentar preocuparse de su defensa ^ porque 
bastará á cualquiera estudiar los documentos de la época, j)arii 
que quede plenamente convencido de que la familia Ri veros y 11- 
gueroa ofreció en venta sus casas á los Agustinos; que se estu- 
diaron convenientemente por ambas partes las bases del con- 



(16) Informaciones ante la Eeal Audiencia 1612. Archivo de Provim ia,^ 

(17) £1 Padre Torres también la llama cdonación» pero como equivalt-ute á 
Capellanía; que era como entonces se llamaban la^ ventas en que había algtma 
imposición de este género. 

(18) Barros Arana. «Historia General de Chile» Tomo III pag. ^17. Parece 
increíble que un escritor, como él, haya acogido versiones tan mfimdadiu^, 
como ridiculas. 



í 

I 



36 CAPÍTULO III 



trato; y que, al fin, se hizo por convenir, sin duda alguna, á los 
intereses de aquella noble, pero entonces ya muy arruinada fa- 
milia. 

Desde mucho tiempo atrás, el Capitán Francisco de Riveros, 
padre de esta familia y fundador de aquellas casas, en su memo- 
rial al Rey, le hacía presente que «estaba muy gastado, con can- 

* tidad de deudas: porque un repartimiento de Indios que tiene 
« en encomienda era de poco valor, v (19) Y lejos de mejorar 
sus negocios, á tal decadencia llegaron, que, cuando ocurrió 
su muerte, eran tantas las deudas, que sus bienes fueron pues- 
tos en pública almoneda. (20) 

Mas, su hijo Alonso de Riveros y Figueroa, gracias á la dote 
de su mujer, pudo salvar el crédito de su padre; y tanto trabajó 
por devolver á su familia el primer esplendor, que, según testi- 
monio de sus hermanas, él, como buen hermano, «no solamente 
« las dotó en sus matrimonios, sino que aun las mejoró, atendi- 

* da su legítima y porción hereditaria; ^ quedando las demás 
« restantes, que son doncellas debajo del amparo y abrigo del 

* dicho su hermano, habiendo recibido también de él, su parte 
« y porción hereditaria.» (21) 

Estos esfuerzos supremos del «buen hermano,» debieron de 
postrarle, porque, á juzgar por su testamento otorgado dos años 
después de la anterior declaración; las cincuenta y dos cláusulas 
de que consta, todas ellas son de reconocimientos de deudas. (22) 

14, Tal era la situación económica de la solariega casa de los 
Riveros y pigueroa, cuando los A^stinos venian á hacer su 
primera fundación, en Santiago, auxiliados para ello con fondos 
reates y con no escasas limosnas de los fieles. Muchos motivos, 
pues, obraron para que en aquellas circunstancias se sintiera 
halagada la hidalga piedad del Capitán Alonso de Riveros y Fi- 
gueroa, no menos que movido su interés en salvar, con bastante 



(19) Eeal Cédula de Pelipe IT 1668 en donde se cita el dicho Memorial. Archi- 
vo de Provincia. 

Í20) Protocolos de Hernández, Vol. 14, 1516, Archivo Nacional. 

(21) IVotocolos de Hernández, Vol. 14, 1616, Archivo Nacional. 

(22; Testamento de Alonso de Riveros y Figueroa ante Hernández, 28 de 
Bn<?TQ de 1599. Fué abierto después de muerto el testador en 16í>2. Archivo de 
Provincia. 




(2S) Los bienes que pudo salvar de la quiebra de su padre el Capitán Alonso 
de Riyeros y Figueroa los conservó él solo en propiedad y él solo es el que 
hizo la venta de líns casas, que si se atribuye á los demás hermanos, es soU> 
por DO haberse entre ellos dividido su patrimonio. 

(24) EsGrítura de venta ante Ginés de Toro Mazóte el 13 de Mayo de 1595, 
Yol. 0. Archivo Nacional. En ella aparece como único propietario de las casas 
AioBíso de Rivero^ Figueroa. 



i 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 37 

honra, el decoro de su noble familia, al realizar parte de su for- 
tuna en beneficio de los Agustinos. (23) 

Le propuso, efectivamente, la venta de sus casas al Padre * 

Cristóbal de Vera, «por precio y cuantía de cuatro mil pesos de 
í buen oro, de contado los dos mil y novecientos pesos; y los _ 

* un mil y cien pesos restantes, porque se le digan, en la dicha I 
-^ Casa y Convento, por los Religiosos de él perpetuamente cin* ^ 
t cuenta y tres misas: las cincuenta rezadas, una cada semana, 4 
t en el altar de Nuestra Señora de Gracia de dicho Convento; y 

< las tres restantes cantadas,» según, en la misma escritura se 
indica. 

Todo lo cua! aceptado por los fundadores, ellos de su propia J 

voluntad, agregaron esta otra nueva cláusula: «Por el exceso de T 

* más valor de la dicha casa, y beneficios que esperamos de la 
í protección del dicho Capitán y sus herederos y sucesores, le 
t damos y concedemos la Capilla donde ha de estar la imagen 

< de nuestra Señora de Gracia, que está á mano de la Epístola, 

< la primera después del arco toral de las colaterales, donde se 

* asienten y entierren el dicho Capitán y sus herederos y suce- 

< soreSi y quien él y ellos quisieren, sin pagar derechos algunos 
t por abrir las sepulturas, que se abrieren en la dicha Capilla... 
t Por cuya causa y respeto y por las razones referidas, le damos 
f y entregamos la dicha Capilla y le nombramos por patrón de 

« ella.s 

A lo cual el Capitán Alonso de Riveros y Figueroa repuso: 
' Y yo prometo y me obligo de acabar de todo punto la dicha 
^ Capilla dentro de los seis años primeros siguientes, en la parte 

* y lugar que está nombrado, y de la aviar de ornamentos y de 
« todo lo más necesario al ornato de ella y servicio del culto 
c divino.* (24) 

Muy contentos y satisfechos quedaron los Agustinos con la 



38 CAPÍTULO III 



presente adquisición: más, muy pronto aparecieron gravando las 
casas dos censos, cuyos principales y corridos de muchos años 
atrás se debían, sumando todo ello algunos miles. El Hospital 
de San Juan de Dios y las Cajas Reales se presentaron contra 
del Convento que hubo de satisfacer á estas obligaciones, á pe- 
sar de haber protestado los Agustinos, diciendo: «que en ma- 
« ñera alguna podian pagar, si no es dejando las dichas casas é 
« irse fuera del Reino.» (25) 

15. Y así, sin que valga opinión en contrario, quedó termi- 
nada la primera fundación de los Agustinos en Santiago el 13 
de Mayo de 1595, á pesar de que desde el día 31 de Marzo del 
f^; mismo año, según queda referido, el Padre Cristóbal de Vera y 

i' sus compañeros se trasladaron á las casas de la familia Riveros 

^'. y Figueroa, celebrando en ellas varios actos capitulares, como 

t- constan de diversos documentos públicos y privados. 

i'' Este hecho consta de la misma escritura, que dice: 

I; «Estando dentro del Convento del Señor San Agustin de esta 

^ « dicha ciudad, á campana tañida, en nuestro capítulo y ayun- 

« tamiento, según lo habernos de uso y costumbre, decimos que 
« por cuanto el Capitán Alonso de Riveros vecino de esta dicha 
« ciudad deseando nuestro bien y aumento, y la fundación de 
« dicha Religión, viendo que como nuevamente venidos á esta 
1^; « ciudad y Reino, aun no habíamos elegido sitio para la dicha 

b- « fundación, ni se hallaba el cómodo y necesario para el cómo- 

' " «do culto á nuestro Padre San Agustin, posponiendo su como- 

"* « didad y quietud, ha tratado con nosotros que nos pasemos á 

« las casas principales de su morada.» 

Sólo resta ahora añadir que el Padre Cristóbal de Vera, sin- 
tiendo aquel constante anhelo de los Agustinos de colocar todas 
; sus casas al abrigo y protección de María, él erigió este su pri- 

,■ mer Convento de Chile, bajo la advocación de Nuestra Señora 

de Gracia, Patrona la más antigua de toda la Orden, á quién 
están consagradas sus principales casas en España, Portugal y 
las Américas. 



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W 



(26) Información ante la Real Audiencia, 1612. Archivo de Provincia. De 
estos censos, el primero lo redimió el Convento al Hospital; y el segundo lo 
impuso y reconoció en una Capellanía que se llamó del Rey. 




Oapítiüo IV 



Xnevas empre^a^ y nneyas dificultades en la primera íniida- 
eión. Desde Jnnio á Diciembre de 1595 



1, Disponen bu primera Iglesia los Agustinos, en las casas de Alonso de Rive- 
ros y Figuerofi*— 2. Gran celo con que principian sus labores apostólica?.— 
3. FaníUii la Uofrudia de Nuestra Señora de la Consolación.— 4. Erigen Ik 
€*oEradia tle Nuestra Señora de Chiquinquirá.— 5. El Padre Pedro do Torní^ 
parte & la Serena, ñ fundar un segundo Convento.— 6. Recrudescencia de \on 
ánimos al ver arraigarse la nueva fundación.--?. Actitud que observan Ins 
autoridiwlQs eclo^iastica y civil. — 8. El dos de Julio: escándalos que sucedt-u 
ú litó puertas de lii Iglesia. — 9. Se lanza un canal de la ciudad sobre la If^le- 
bia y Convento de los Agustinos, anegándose completamente.— 10. Llega de 
Luna el Padre Jaun de Vascones, con otro Religioso.— 11. Parte para la 
Serena el Fadrín Cristóbal de Vera; y, para Concepción, el Padre Franci^^o 
Dl&K. — 12. Deí^e 6 p oración de los contrarios: prenden f uego á la Iglesia y 
Convento, quedando consumidos por las llamas. 






r. Aunque, desde el día i.o de Abril dé 1595, los Agustinos 
ocuparon el hogar de Alonso de Ri veros y Figueroa, sin em- 
bargo, por las dificultades que sobrevinieron, ó por no haber 
todavía obtenido la licencia del Ordinario, tan sólo á mediados 
de Mayo, dejando de ser los huéspedes de tan ilustre, cuanta 
piadosa fannilia, comenzaron á ser dueños y señores absolutos 
de sus caBa;5. Estas, como construidas de altos, á maravilla, y 
con muy poca costa, fueron transformadas en hermosos claus- 
tros y bastante cómoda Iglesia, hecha con las vastas y espacio- 
sas salas de una casa de las más nobles y solariegas de Santiago; 
y por tanto las pequeñas dimensiones quedaban, con ventaja. 



' 



40 CAPÍTULO IV 

suplidas por el esmero >' lujo asi en el servicio, como en la dis- 
posición de aquel templo. 

Por otra parte, se había t raido de Lima todo el aderezo co- 
rrespondiente: un rico Sagrario para el altar mayor, y una ima- 
gen de Nuestra Señora de Gracia, que luego se hizo célebre por 
la mucha devoción, que le profesaron los fieles. Pero otra alhaja, 
si no de tanto precio, de más valor histórico, trajeron de Lima 
los Agustinos: Un lienzo de San Agustín tan antiguo que los 
*f Reliíjiosos que vinieron á fundar la Provincia de Agustinos del 
« Perú lo habían traidu de México, viniendo por último á quedar 
<^ en esta de Chile ^^ (i). 

Fuera de otros retablos, completaba el menaje y decoración 
de la primera Iglesia, un órgano que, si siempre es de tanto 
efeclí) en las solemnidades del culto, al presente era de necesi- 
dad, tratándose de estos nuevos fundadores, todos ellos diestros 
músicos, é insignes misioneros, que con su predicación conver- 
tían las almas, y con sus cantos atraían á españoles é indígenas, 
halagando con dulzura los oídos, y moviendo con suavidad los 
corazones. 

2. El celo que desplegaron nuestros Religiosos, al empezar su 
ministerio apostólico, ha sido objeto de los más grandes elogios 
tributados por todos los escritores de aquella época. De ellos di- 
ce el Padre Olivares,, Jesuita, que: <E1 Señor destinaba á aque- 
í' líos incansables operarios un campo de tanta fatiga como fru- 
^ to; * y al hablar del sitio que hasta hoy ocupan, agrega que es: 
n ^ muy á propósito para los empleos de su santo celo, y en 

^ donde es continuo el fruto de las almas» (2) Carvallo y Goye- 
neche, á su vez, dice que los Agustinos: «Dieron principio al 
fi ejercicio de su ministerio; y el exacto y continuo cumplimiento 
« de este, el infatigable celo del Padre Vera, y la santidad de su 
^ pequeña Comunidad, les puso en mucha estima y venera- 
dún^ (3). 



íl) Carta del Padre Juan de Toro Mazóte al Asistente General de la Orden, 
en Roma. Arobivo GeneríiL Las noticias del texto las he tomado de este do- 
oumento. 

I (2) Olivares. Historia de Chile. Lib. IV, Cap. XXV. 

"1 I {3j Carvallo y Go^eneche, Historia del Reino de Chile. Tomo l.o, Capi- 



tulo LXXX. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 41 



^ 



(á) Petición ¡>arft erigir esta Cofradía. Autógrafo. Archivo de Prov. Lib. 
I Documentos 159&-1794». 



I 



3. Erectivamente, tal fué el celo del Padre Cristóbal de Vera 
que, apenas terminada la fundación de su Convento, ya consa- 
gró toda su atención y diligencia á sólo servir los intereses reli- 
giosos de los fieles. Para él, entre los principales medios de 
fomentar la piedad en los pueblos, el primero era reunirías en 
Hermandades o Cofradías: en ellas aviva la devoción ci buen 

ejemplo; y la frecuencia de la Confesión y Comunión mantiene ■ 

á los hombres en el cumplimiento de sus deberes cristianos. 1 

Entre estas sociedades fundó, en primer lugar, la propia de la 

Orden Agustina, llamada de Nuestra Señora de la Consolación* 

Patrono de los Hermanos Cinturados de Nuestro Padre San 

Agustín. V para ello presentó al Ordinario esta solicitud: ^Fray 
Cristóbal de Vera, Definidor y Vicario Provincial de la Orden 

. tlel Señor San Agustín de este Reino de Chile, parezco ante 

1 Vuestra Merced en la vía y forma, que más haya lugar de 

; derecho, y digo: que, como á Vuestra Merced le consta, por 

■ orden del Rey, Nuestro Señor, yo vine á este Reino á fundar 

: en el la dicha mi Orden y conviene al servicio de Dios, 

1 Nuestro Semn\ fundar en el dicho Convento de esta Ciudad la 

' Cofradía de la Cinta de Nuestro Padre San Agustín, que de 
ello resultará á los Cofrades que lo fueren gran bien á sus áni- 
mas, por que granarán, siéndolo, muchas indulgencias y j ubi- 

; leos concedidos por los Sumos Pontífices» (4). 

4. A ésta sucedió la fundación de la célebre Cofradía de 
Nuestra Señora de Chiquinquirá: la del famoso estandarte de 
raso azul con relieves amarillos; la de los negros, mulatos y zam- 
baigos. A éstos» los más viles y despreciables, en la sociedad de 
entonces, volvieron los ojos de su caridad nuestros Religiosos; 
y, con tanto celo trabajaron por catequizarlos en la Religión, 
atraerlos al cumplimiento de los deberes cristianos, y admitirlos 
á la participación de los Sacramentos, que, como dice el Padre 
Olivares: La contradicción más grande y dolorosa....,, se le- 
^ vantó contra estos celosos y píos sacerdotes. » 

No faltaron quienes, agrega el mismo historiador, queriendo ' 

^ Rondar el abismo de la bondad de Dios por sus cortas medi- 



42 CAPITULO IV 



t. 



* das, empezaron á tronar contra esta práctica, con más celo 

« que ciencia <lic¡endo que era desperdicio repartir el pan 

« de los Angeles á gente ruda y de escaso conocimiento 

* Pero lo.s Padres Agustinos mantenían firmes el puesto que ha- 
^ bían ganado, tanto por defender el crédito de su sana doctrina, 
<í cuanto porque los indios no fuesen lanzados de la profesión en 
^ que estaban. Y decían, en su abono, que no era desperdicio 
- dispensar los bienes del Gran Padre de familias, según arbitrio; 
« ni irreverencia facilitar su comunicación á cuántos él quisiere: 
'^ que, allá en el Evangelio mandó á sus discípulos que dejasen 
•^ acercarse á él á los pequeños; y que por tales se entienden no 
« sólo los de menor edad, sino los de poco saber; que si los indios 

* son flacos y ciegos, por eso necesitan más de tal vianda, que 

t los fortalezca y dé luz Así clamaba la piedad de estos 

« celosos Padres á favor de sus amados neófitos, y acallaron la 
' voz de la contradicción que sólo anduvo discreta en darse por 

* vencida (5). 

En esta extraña contienda, tan sólo estuvieron de parte de los 
indios los Jesuitas y los Agustinos, como que ambas Ordenes 
sostenían en sus Iglesias idénticas corporaciones, siendo de las 
más famosas la de Chiquinquirá, así llamada por el célebre san- 
tuario de ese nombre, que hasta ahora existe en jas cercanías de 
Bogotá, en Colombia, muy conocido de los nuestros, que habían 
misionado por aquellas regiones. 

5. Y ya el Padre Cristóbal de Vera creía de su deber dirigir 
la vista á otra parte, en donde con igual fruto pudiese emplear 
la actividad de su celo, y la energía de su espíritu, cuando se 
presento á sus ojos <La Ciudad de la Serena, cuyos vecinos, al 
« decir del Padre Olivares, lo llamaban con instancia piadosa 
« para que diese forma de que fundase Convento de su Religión, 
« con los bienes que ofrecían para su dote» (6). 

En efecto, la Serena, que era entonces como una encomienda 
de los hijos del Gobernador Francisco de Aguirre, Hernando y 
Marco Antonio, secundados por Francisco de Riveros y Figue- 



(5í ülivAres. cHiátoria de Chile». Lib. IV, Cap. XXV. 
(6) OUvures. -Historia de Chiles. Lib. VI, Cíap. XXVI. 





HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 43 

roa, vecino y residente de aquella ciudad, hizo manifiestos sus 
votos al Padre Cristóbal de Vera, quien eligió para semejante fun- 
dación, como Vicario Prior del nuevo Convento, al Padre Pedro de 
Torres, «en cuyo celo y prudencia se podían afianzar los mayo- 
< res aciertos, como lo acreditó la experiencia», según se expre- 
sa el Padre Olivares (7). Y el Padre Torres partió á la Serena» 
viéndose allí tan querido y agasajado, como tristes y, en extre- 
mo, infelices se juzgaron todos los que permanecieron en San- 
tiago. 

6. La funtlación, lejos de verse libre de ataques y sobresaltos, 
iba á entrar en su período más crítico. No sé si el haber ocupado 
los Agustinos, como en suerte, el mejor sitio de la ciudad al ha" 
cer su fundación y ser ésta un atropello de ajenos derechos y 
privilegios; ó el despliegue de vitalidad y fuerzas, con que los 
fundadores an ebatáranse el entusiasmo y devoción del pueblo, 
suscitase enojosas emulaciones y rivaUdades; ó, en fin, si las no 
aún bien pasadas contiendas canónicas, y acaloradas disputas 
teológicas, tomando cuerpo más del que debieran, agriasen sobre 
manera los ánimos: es lo cierto que éstos de un modo bastante 
sensible recrudecieron en contra de los Agustinos. Y que este 
estado de irritabilidad y efervescencia se hiciera extensivo, no ya 
á los propios contendores, sino, como solía en aquellos tiempos, 
á sus numerosos cuanto poderosísimos amigos y parciales, tam- 
poco cabe la menor duda. De lo contrario serían inexplicables 
ciertos sucesos que no pueden menos que referirse en esta his- 

'toria. 

7. Y tanto es así, que ambas autoridades eclesiástica y civil, 
impotentes para contener el general desborde de excitadas pa- 
siones, débiles para resistir el empuje de tan encendidas corrien- 
tes, así el Vicario Capitular de Santiago, don Melchor Calderón, 
como el Corregidor, Capitán Nicolás de Quiroga, cogidos al azar 
en medio de la tempestad, ni supieron impedirla, ni pudieron 
evitarla. Ambos habían concedido licencia y permiso para la 



íT/ Aunque «I Píidre Olivares atribuye al Padre Díaz la fundación del Con- 
Teuto de la Serena, ella le pertenece al Padre Torres, según todos los docu- 
mentos del Archivo de Provincia. 



I 



44 CAPITULO IV 



fundación: no podían, por tanto, ser para ella un obstáculo. Y si 
impasibles, al parecer, se les ve presenciar tan lamentables exce- 
sos, ello no puede atribuirse á complicidad, sino á ser imposible 
á veces contener la desapoderada corriente de los aconteci- 
mientos, 

8. Estos se precipitaron desde los primeros días del mes de 
Julio: y los refiere el Padre Torres, quien los oyó y supo de boca 
de los mismos fundadores (8). Hé aquí sus palabras: «Era la 
w víspera de la visitación de Nuestra Señora. Habíamos publica- 

* do un Jubileo plenísimo, y puéstole en las puertas de nuestra 
« Iglesia, como se acostumbra. Llegó la noticia á nuestros ému- 
<t los; y. como si fuera algún libelo infamatorio, despreciando los 
^ Apostólicos Diplomas, osaron descaradamente borrar los pa- 
íí peles con manos inmundas, aunque menos asquerosas que sus 

(í pensamientos El mal olor de acción tan indigna fué abo- 

^< minable para la Repúblicaí y fué injurioso para el cielo. El 
« clamor público pedía venganza.... Hizo viva diligencia la jus- 
ít ticia: y no pudo averiguar los impíos agresores. Las sospechas 
« y algunos leves indicios apuntaban á ventana señalada; pero 
^: la calidad de las personas y la gravedad del desacato reque- 
rí rían más sólidos fundamentos para proceder contra ellos. » 

g. -Determinaron, otra vez, acabar con todos nuestros Reli- 

* giosos: y, en orden de esto buscaron un medio... tal que el efec- 
í to pudiese atribuirse á otra causa. ..Era lo más recio del in- 
i^ vierno: y una obscura y lluviosa noche les ofreció la oportu- 

* ni dad que deseaban. Saltaron por los trascorrales de nuestro 

* Convento á la huerta y atajaron la acequia que la riega, 
i encaminando el raudal, que entonces con la lluvia era crecido, 
^ hacia el edificio de la casa... Levantáronse los nuestros con el 
día, y hallaron la huerta convertida en laguna, con media lan- 
' Z3. de at^ua arrimada á las paredes del Convento... Recono- 
ft cieron en el peligro la mano poderosa de Dios qu^* los libraba: 
V porque con ser la represa de agua tan grande, y haber estado 
*í arrimada á las paredes tanto tiempo, y ayudándoles á humé- 



is^ El Pailre Bernardo de Torres de cerca trató y conoció á los fundadores 
de U Provincia de Chile. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 45 

* decerlas la lluvia no habia penetrado la tierra, ni desmoronado 
■ un adobe... Dieron á su Divina Majestad muchos gracias; y, 

* andando en el reparo, vieron los atajos hechos de industria 

* para la ruina... Notaron el rastro y las huellas de los delin- 
t cuentes: que todos descubrían los pasos de su iniquidad, y se- 
V ñalaban la calidad de sus personas. Salió la voz por las calles 
t escandalizando la República» (9) 

1 o. Rendidos á tantas pesadumbres deberían de estar el Pa- 
dre Cristóbal de Vera y sus compañeros, y bastante indecisos 
ante ese mistenoso futuro, que á los ánimos atribulados casi siem- 
pre pronostica para adelante todavía mayores desgracias y des- 
venturas, cuando inopinadamente todo vino á cambiar de aspee. 
tu y mudar de faz, con la llegada de Lima del célebre Padre 
Juan de Vascones. Hombre de un espíritu superior, su sola pre- 
sencia bastó para infundir aliento y devolver su energía á los 
ánimos de todos. Acompañaba al Padre Juan deVasconesel pro- 
feso Fray Francisco Gutiérrez. (10) Natural de Aguilar de los 
Olivos, Arzobispado de Burgos, hijodalgo notorio de padre y 
madre, nacido por los años 1554, el Padre Vascones de España 
píisu á Quito, en 1590, y habiendo llegado no mucho después á 
Lima, por sus talentos y sus virtudes, fué una fortuna que la obe-* 
diencia le mandara á Chile, á donde vino como prior de la Casa 
Grande de Santiago. Conocieron personalmente á éste célebre 
Agustino los dos Cronistas Calancha y Torres. Y el primero dice 
de él que era ^ Religioso esencial y de muchas virtudes;» (11) y 
el segundo le retrata diciendo: «Era el Padre Fray Juan de Vas. 

* cones varón elocuente y circunspecto, de venerable presencia^ 
« alto de cuerpo, enjuto, penitente y de vida inculpable.» (12) 
Tal es el hombre que, en breve, hará resonar su voz así en todo 
Chile, como en la ciudad de los Virreyes, en Lima y en la mis. 
ma Corte de Madrid, en presencia del Rey de España, traba- 



os) P. Torres, i Crónica de los Agustinos del Perú. Lib. I, Cap. IV. 

(10} Algunos eíftcriben que el Padre Picón fué el compañero del Padre Vas- 
conpí^. Ma$. Ibr ñnnas de muchos documentos de la época dicen lo del texto, 
Rl padrd Picón llegó mas tarde y vino de simple Profeso. 

( 11 ) t;alanclia. Lib. IV, Cap. XX, Núm. 4. 

^1*2) Torre». Lib. I, Cap. V. 



46 CAPÍTULO IV 



jando en todas partes en pro de los intereses de su Orden; del 
mejoramiento de la administración pública de Chile; y del bie- 
nestar de sus pobres Indígenas. 

1 1 . Fué, pues, muy valioso el concurso que ofreció á la nacien- 
te fundación el Padre Vascones: y así el padre Cristóbal de 
Vera, fiando en las dotes extraordinarias de aquel, le entregó in- 
mediatamente el gobierno de la Casa Principal, el i.® de No- 
viembre de ese mismo año de 1595, partiendo él á la Serena á fin 
de dar impulso á aquella segunda fundación. (13) Llevó consigo 
á los dos Profesos Juan de Sotomayor y Francisco Gutiérrez. 

En esta ocasión, sino antes, el Padre Vicario Provincial man- 
dó á cumplimentar al Capitán General y Gobernador, de Chile, 
Martín García Oñez de Loyola, quien, pendiente de las guerras 
con los Araucanos, poco tiempo hacía que fundara en sus fron- 
teras la ciudad de Santa Cruz de Oñez, no sin destinar á los 
Agustinos sitio especial para su Iglesia y Convento. ( 1 4) Fueron 
designados para esta misión el Padre Francisco Díaz y su com- 
pañero el Profeso Agustín Ramírez, quienes de este modo toma- 
ron á su cargo la tercera fundación de los Agustinos, en un pa- 
raje tan ocasionado á los peligros de la guerra, como distinguido, 
para los que no deseaban otra cosa, que traer á éstas apartadas 
regiones la luz del Evangelio. 

12. Y habiendo salido, casi al mismo tiempo, de Santiago el 
Padre Diaz á Concepción, y á la Serena el Padre Vera, en la es- 
peranza de volverse á ver en este mismo Convento, que les habia 
costado tantas tribulaciones y trabajos, á la vuelta, solo hallaron 
un montón de humeantes escombros y ruinas. Los celos y emu- 
laciones mal reprimidas habían llegado á su colmo, y, como vi- 
vo fuego, produgeron al fin un voraz incendio. Mas, al referirlo, 
se hace preciso ceder la palabra al Cronista Torres, que lo des- 
cribió según las noticias de los mismos que presenciaron tan la- 
mentable catástrofe. Hé aquí sus palabras: 



(13) Algunos refieren que el Padre Vera salió de Santiago antes de .Tul! o, 
con el Padre Torres; más los documentos dicen lo del texto. 

(14)!A8Ílo afirman Bosales, Córdoba y Figueroa, Olivares y Carvallo y Go- 
yeaeche. En el Archivo de Provincia este Convento se llama MiUapoa; y una 
vez destruido se trasladó & !^uftoa con el titulo de Santa Cruz. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 47 



perros 



cEl horror de la noche, los estallidos de la quema, la luria de 

< las llamas, lo formidable de las figuras, la confusión, el humo, 

< las armas, el llanto de los unos, la algazara de los otros: todo 



\ 



4 Los autores de la inundación, viendo perdida inútilmente su 
« fatiga, y del todo frustrado su intento... maquinaron contra los 

* nuestros otra nueva y más sacrilega impiedad que la pasada... 

* Señalaron día para la acción horrenda: y habiendo prevenido y 
T teniendo á punto todo, la víspera de Santa Lucía, á la medía 
' noche, salieron de una misma casa diez y ocho conjurados... 
' Llegaron á nuestro Convento: escaláronle; y habiendo entrado, 
t se apoderaron fácilmente de todo.» 

■ Pusieron á la puerta de cada celda guardias que estorbasen ^ 

í la salida á quién lo intentase. Cogidos los pasos y aseguradas j 

* las puertas, fueron sin resistencia ninguna clavando hachones | 
í. en los techos altos y bajos de la casa... De aquí pasaron á la 

* Iglesia donde ... fueron clavados los hachones en el techa, en 
^- los retablos, en las santas imágenes, y en cuanto habia de sa- 
t grado. En especial fijaron un hachón disforme de largo y de 
í ancho, en la sacra efigie de San Agustin, nuestro Padre, que 
i debía ser el blanco de sus odios.» 

^V pegaron fuego: y, como estaba tan bien dispuesto el com- 
s bustible, luego ardieron los hachones, y de ellos saltó la llama 
c á las maderas y lienzos; y comenzó furiosamente á cebarse en 

< el templo. De aquí salieron velozmente á la casa, y, discurrien* 
í do de una parte á otra, pegaron fuego á los hachones del edi* 

< ficio; y, en breve, se alzó de varios puntos el incendio. í^ 
f Con el gran ruido despertaron asustados nuestros Religiosos: 

t y\ reconociendo el cercano peligro, turbados y confusos ínten- 
c taron salir... por temor del fuego... Pero huyendo los nuestros 
1 de un peligro, encontraron con otro: porque, al abrirlas puer- 
£ tas, los hacían retraer adentro...una espesa lluvia de pedradas, 
t y el pavor de caer en la punta de las lanzas y espadas que les 
c mostraban los incendiarios. Y viéndose los tristes y afligidos 
'- acosados por las piedras... y amenazados de las llamas, daban 
í lastimosas voces pidiendo con lágrimas y ruegos... a sus ene- 
í migos ^clemencia... Estos con desprecio respondían: morid, 



i. 

] 



48 CAPÍTULO IV 



* junto representaba un teatro espantoso de los horrores y asom- 
. *f bros de la muerte... Cercados los nuestros por todas partes de 

4 inevitables peligros, y no hallando piedad en los hombres, re- 
«í currieron á la fuente de ella, que es Dios: inspirólas que se 
íf arrojasen desnudos á los corrales por unas ventanas altas de 
^ las celdas que caían á ellos; arrojáronse por ellas... del temor 
*í tle caer en manos de sus enemigos. Salióse bien purificada su 
fl paciencia: y así turbados y medrosos se escondieron... donde 
« esperaron á que pasase el furor sin ser vistos. » 

Los incendiarios, viendo abrasado lo más del Convento y de 

* la Iglesia, y que no se veía en ellos sino humo y llamas, se 
« retiraron Voló la fama por la ciudad, y con tremenda voz 

f « íué divulgando el lastimero estrago. Corrieron todos diligentes 

I * al socorro. Subían las llamas hasta las nubes y los clamores 

' hasta el cielo El Padre Francisco de Hervás y el Padre 

* Juan de Vascones, al venir el alba, saltaron por las paredes á 
f * ía calle, y fueron á dar aviso, y á pedir amparo á la justicia. 

" Llegaron á casa del Corregidor, y... atónito quedó con la 

* triste nueva Y saliendo de su casa á poner remedio 

^ « entraron con el Corregidor al Convento, y, con horror, vieron 

* ardiendo el edificio, y convertidas en cenizas las alhajas con- 
^ ventuales, los hábitos, la ropa toda y los libros. Llegaron á la 
« Iglesia; y aquí se extremecieron viendo quemado lo más ve- 
« nerable de nuestra fe: el templo, los altares, las sacras imáge- 

* nes y ornamentos:» 
Viendo la ciudad tan repetidos agravios, ni merecidos, ni 

ic ocasionados de nuestros Religiosos, fué singular la compasión 
« cristiana con que acudió á consolarlos y socorrerlos, reme- 
« di ando mucha parte de su desnudez y pobreza. Señaláronse 
« en esta piedad, con demostraciones de perfecta caridad, los 
< Reverendos Padres de Nuestra Señora de las Mercedes, que 

* en su entrada los hospedaron, y en sus tribulaciones, con su 

* mucha autoridad los defendieron. Debemos á tantos beneficios 
«í esta memoria con agradecimiento inmortal.» 

^El Corregidor también deseoso de satisfacer á la obligación 
^ de su cargo, sin querella nuestra, comenzó de oficio á instruir 
« proceso, haciendo información del delito; prendió á algunos 



HISTORIA DE Lí>S AGUSTINOS EN CHILE 49 

4 de los que habían cargado los instrumentos del incendio; con- 
4 fesaron de plano, sin tormento, declarando por sus nombres 
e las personas que los habían conducido para el hecho. So 
í pasó más adelante: porque no pasó su jurisdicción hasta 

* allá^^ 

* Mientras tanto libre ya de su congoja, desde entonces quedó 
t tan cordialmente afecto á San Agustín y á sus hijos, que no 
e salía de nuestro Convento, haciéndonos continuos socorros y 
t agasajos. Otro tanto le sucedió á don Melchor Calderón, Te- 
< sorero de la Catedral y Vicario Capitular del Obispado» (15). 



(15) TaJ e^ la rela^^ídu del Papiro Bernardo de Torres, despojada <Le ^UH 
adot-Dos oratciríos y de =^iis numerosos detalles. Al reducirla á la f orina del 
texto, no he biLscftdo otra cosa que la brevedad y la sencillez de la narración, 
íin otro trabaju que uegtiix el hilo de los sucesos, ni otro cambio que dejar S. 
un lado lo que embaraza hu más clara y perfecta inteligencia. ^ 



-HK- 



\ 



» 



¿ ac J^ # fi'Sft iriT* «The srfTd ff^ft jri^ <»%ft JriTd dkft irfTw S^k í 



Capítulo V 



Apreeiaciones dirersas acerca de los sacesos de Diciembre 

de 1595 

1. Lo que iiiíjinúa el Qronista Agustino.— 2. Lo que indica el Padre 01ivare>. 
—3. Lo que OMTÍbe Eyzaguirre.— 4. Lo <|ue i)iensa el señor Crescente* Errá- 
zuriz.- 5. Lo que supone Vicuña Mackenna.- 6. Lo que refiere Barros Ani- 
ña.— 7. Lo que revela el Archivo de Provincia.— 8. Monumentos de la tradi- 
ción. -íl. Carta del Inquisidor. 



I . El Padre Bernardo de Torres que, al hablar de los que per- 
petraron el incendio, no omite detalle alguno referente al número, 
traje y arma de los incendiarios; que señala, como con la mano, 
la casa de donde salieron, hasta penetrar en el Convento de los 
Agustinos; que, por donde quiera que vayan, les sigue los pavsos, 
les descubre sus rastros y les reconoce sus huellas; que sabe la 
calidad de sus personas, y las califica de jurídicamente exentas; 
sin embargo, después de tan minuciosos detalles y tan nimios 
pormenores, después de decirlo todo, todo lo dice menos el 
nombre de los culpables. 

Con este motivo ha habido apreciaciones de muy diversa ín- 
dole, y que no debieran tomarse en cuenta por ser hijas unas de 
manifiesta lijereza, y otras de sola malevolencia; porque, si el 
Padre Torres silenció el nombre de los culpables, no fué porque 
lo ignorase; y, si no quiso divulgarlo, no fué por razones desco- 
nocidas, que cualquiera á su albedrío pueda suponer ó interpre- 
tar, sino por las que el mismo Cronista insinúa, con toda claridad» 
explicando su silencio. 




^m% 



HISTORIA DK LOí^ AtíLSTlNOS EN CHILE 5 1 

El Patlre Torres llama á esto.s misteriosos enemigos de lus 
Agustinos sus ^t£ émulos ^ á quienes «concita una furia más cruel 

< que la envidia;* de ellos dice que eran «personas graves,^ 
« sujetos de no menor autoridad, que los primeros, para remu- 

* verlos de esta segunda casa, como de la primera. ICn otra 
dice; Oculte los nombres de lus conjurados el silencio, pues la 
í candad les perdonó el agravio: más no ignore la jjiísteridad 

< el arrojo de los unos, para huirlo, ni el sufrimiento de los ' 
« otros, para imitarlo. * í 

Y más claro todavía se manifiesta al decir: «Quedó atónito el i 

« Corregidor con la triste nueí'a, y mucho más cuando .supo 

< quiénes eran los incendiarios. No podía creer que fueran tales 
« personas, por la disonancia del crimen con sus obligaciones, 

* y por ser afecto á su familia. Desengañóse presto, ¡íorque sa- 
« liendo de su casa á poner el remedio conveniente, le llevaron 
« los Padres por las calles, en dontle se veía el rastro de lus ha- 
4 chones, y los fracmentos de las chamizas, que apuntaban la ■ 
€ casa de donde había salido el incendio.» 

En seguida, al referir que la justicia ordinaria no pudo obrar | 

contra los culpables por tener fuero, y ser exentos, dice: ^No 

* pasó más adelante, porque no pasó su jurisdicción hasta allá.'^' 
Y por ultimo, añade; ^El castigo de los culpables corrió por 

* cuenta de Dios, y su Magestad lo ejecutó severamente, porque 
« murieron desastrosamente todos, unos alanceados de los bar- 
€ baros en la rebelión general, otros repentinamente, otros con 

< agudas y aceleradas enfermedades, y todos sin sacramentos. 1 
Todo lo cual es más que suficiente prueba de que el Cronista 

Agustino, al silenciar el nombre de los culpables, no le mueve 
más reparo que el mutuo prestigio de que siempre han procura- 
do rodearse entre sí todas las Ordenes monásticas. 

2. El Padre Miguel de Olivares, después de decir: ^Que la 

< piedra del verdadero toque, que da á conocer la ley del oro de 
« esta virtud, es la contradicción, la cual es más grande y dolo- 

< rosa, cuando viene de personas dotadas de virtud y sabiduría; r 
agrega casi á renglón seguido, que los Agustinos: «Acallaron la 

* voz de la contradicción, que solo anduvo discreta en darse 

< por vencida^; terminando estas vagas indicaciones, con afir- 



\ 






-S2 CAPÍTULO V 



mar á lo ultimo que quien se oponía á la fundación de los Agus- 
tinos era otra Religión.» A decir verdad, con tan ligeras, como 
leves pinceladas, el Padre Olivares ha dibujado el cuadro de to- 
das la.s desventuras padecidas por los Agustinos al llegar á Chi- 
fe. Se comprende que tan sólo así, al vuelo, debíanse tratar en 
aquella épocá remota, sucesos tan irritables, como desgraciados. 
Sin embargo, á pesar de su mucha reserva, el ilustre Jesuita 
adelanta un dato, á saber, que la piedra de toque de las contra- 
iliccíones padecidas por los Agustinos fué «otra Religión. ^^ 

3, Y, á medida que avanzan los tiempos, y que se olvidan los 
odios, y í*e desvanecen las preocupaciones, también la verdad 
histórica se va estudiando con más independencia, y exponiendo 
con más libertad. Así Monseñor Eyzaguirre no teme espresarse 
de este modo: xXo fué la entrada de los Padres Agustinos en 
t Chile tan pacifica, como la de las otras Ordenes Regulares: pues 

* para establecerse tuvieron que luchar con enemigos llenos de 
k prestigio }■ de poder. ^ Y después de referir los ardientes liti- 
gios con esas apersonas graves* y contar < la completa inunda- 

* cion del Convento de los Agustinos, dirigiendo sobre él medi- 
% tadamente uti raudal, en una de las noches tenebrosas de 
t Julio; después el voraz incendio que redujo á cenizas la Iglesia, 
1 eí claustro y los demás edificios;» agrega: la voz pública 
£ individualizó á los autores de estos atentados sacrilegos: el 
t Corregidor don Nicolás de Quiroga inició proceso para casti- 
1 garlos, prendió á los que habían ser\'ido de instrumentos para 
1 perpetrar el delito; confesaron éstos de plano todo el hecho, 
t nombraron á las personas que los habían inducido á él; mas 
^ no pasaron adelante los procedimientos del Corregidor, porque 
r ííü jurisdicción no alcanzaba á los verdaderos delincuentes. Kn 
t estas circunstancias se creyó necesario que uno de los Reli- 
r giosos volviese á Lima, é informase al Virrey, ^^ quien después 
de oír al Padre Vascones, y auxiliarle con gruesas sumas para 
reparar las pérdidas sufridas por los suyos en Santiago, libró 
i carta al Gobernador de Chile, encargándole que, con suma 
í vigilancia, procurase evitar la repetición de hechos tan escan- 



(A) Eyjsaguirre. * Historia de Chile». P*irte I, Cap. VII. 



^^_^- .^,,,.,^^^^5,^, .j,.,^^,^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 53 , 

• 
Se ve, pues, que este ilustre escritor eclesiástico, como distin- 
guido liístnriador, confiesa que todas las disputas y contiendas, 
al principio jurídicas, y después convertidas en alevosos ataques 
á las personas y propiedades de los Agustinos, procedieron de 
un mismo origen, á saber, de: «esos enemigos llenos de presti- 
^ gio y de poder,» de esas mismas «personas graves >, que el 
Padre Vascones denunció al Virrey de Lima, librando éste en 
contra de aquellos tan formidable carta. 

4. Así la verdad, abriéndose camino al través de la historia, 
á fin de manifestarse alguna vez, iba moviendo la corriente de la 
opinión al lado mismo de los sucesos, cuando el autor de «Los 
origenes de la Iglesia Chilena», bruscamente la desvió con un 
solo golpe de su autorizada palabra. Para el Presbítero don Cres- 
cente Errázuriz, la relación del Cronista Agustino no merece 
crédito alguno: «No nombra á los culpables, dice, y esta es la 
^ mejor prueba de que no los conocía, y de que sus alusiones, 

* lejos de ser caritativa reserv'^a, son más bien la expresión de 

* sospechas infundadas. No se puede suponer esa reserva en 

* Cronista tjue con ridículo pretexto acusa de complicidad á per- 
< sonas respetables -> (2). 

Mas, cosa bastante diversa es nombrar á dos particulares, 
acusándoles de haber sido remisos en el cumplimiento de sus 
deberes, que declarar el nombre de una Orden Religiosa, aún 
cuíindo más no sea sino para hacer responsables á algunos de 
sus miembros, ó simples partidarios, de crímenes por demás es- 
candalosos, sobre todo en aquella época, en que las meras dis- 
putas escolásticas bastaban para ahondar divisiones profundas de 
Orden á Orden, y de Convento á Convento. Hasta ahora nadie 
ha pensado como el señor Errázuriz; y aquel mismo conato con 
que pretende defender al Vicario Capitular, y al Corregidor de 
Santiago, no hace por otra parte sino dar margen á mayores y 
más graves cargos contra personas, sin duda, más respetables 
que don Melchor Calderón y que don Nicolás de Quiroga. 

5 . Así, al menos, con desvariado, intento se atreve á hablar 
Vicuña Mackenna, para quien el incendio no tuvo otra causa 



í2i Erráíiurisfi. -Ori^fenes de la Iglesia Chilena*. Cap. XXXVI. En ia nota. 



54 CAPITULO V 



que el odio de la generalidad del vecindario de Santiago, y de 
la totalidad de sus Monjes, en contra de aquellas «celdas lángui- 

< das y misteriosas que, bajo las enramadas de jazmines y 

< azahares, disputaban las candidas bellezas á la alcoba fecun- 
da, pero azarosa de los capitanes distraídos en eterna gue- 

^ rra/ (3). 

Place oir á tan ameno escritor: Es un hecho histórico com- 
i probado, dice, que el fundador de aquella Orden de Ermita- 
r. ños que venía á echar los cimientos de su claustro en el seno 

< mismo de la aristocracia colonial, y en medio del bullicio de 

< su comercio, tomcS posesión del local en que todavía existe 
^ ^ hermoso y restaurado el templo de San Agustín. Para una 
^ ^ ciudad tan profusamente mística, como lo fué Santiago, en el 
[^ '. siglo que desentrañamos, y como lo es todavía en la presente 
I'; s hora, hubiera parecido que la fundación de una Orden Monás- 
E • ^ tica debió ser un fausto acontecimiento. > 

¿ Pero no sucedió así. por un fenómeno extraño, respecto de . 

I' ' los Ermitaños de San Agustín. F*uera porque la Ciudad entera 

< era ya un claustro; fueran celos de las Ordenes Monásticas 
I que, como la de la Merced, San Francisco y Santo Domingo, 

'• habíanse fundado, desde hacía casi medio siglo, en barrios 
& V apartados, la una al pié del peñón del Huelen; al otro lado 

$'^.' < del eriazo de la Cañadilla, la otra; y en la margen pedregosa 

I V del Mapocho, la última; fuera, en fin. la arrogancia de aquellos 

[ . : postreros huéspedes de la cristiandad, para instalarse, con 

■t: . desdoro de más antiguas celdas, en la parte más opulenta y 

t ' < fl^resciente de la Ciudad; es lo cierto que los Agustinos fueron 

recibidos con mal ceño por la generalidad del vecindario, y 
V í por la totalidad de los monjes; que les habían precedido en el 

^ r. sendero, tumultuoso entonces, de las Comunidades Regu- 

[ X lares.» 

' ' «Sucedió, en consecuencia, que el fundador Cristóbal de Ve- 

< ra, que parece fué un hombre rispido y tenaz, tuvo contrarie- 
'< dades infinitas para fundat* su claustro; y, entre otras calami- 

< dades, se cuenta la de un anegamiento ruinoso, que causaron 



(íi) Vicufia Mackenna. c.Lo.s Lisperguer*. Cap. III, Párrafos III-VIl. 



inSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 55 



í SUS émuíos, desbarrancando sobre su Iglesia recien comenza- 
ft da» y sus aposentos, la copiosa acequia de los molinos del 
« Santa Lucía, en una tenebrosa noche del invierno de la fun- 

* dación.» 

-Pero el encono contra los últimos llegados no paró en este 
f conato. Después de la inundación vino el fuego: y éste redujo 

* á cenizas la Iglesia, los claustros y las dependencias reciente- 
í mente terminadas, ¿Quién ejecutó aquellas venganzas? ¿Por 
^ qué, en una Ciudad devota, donde era desconocido el crimen 

público ÚQ incendio, había manos sacrilegas y escondidas, que 
t aplicaban la tea á los altares? ¿O era la decidida protección 
f de la casa de los Lisperguer y su inmediata vecindad la que 

así castigaban suíí émulos en los inocentes frailes?^ 

Pero, al llegar aquí, hasta el más mediano crítico conoce cuan 
erradamente discurre el señor Vicuña Mackenna al suponer si- 
quiera posible que el pueblo de Santiago y sus Religiosos todos 
prendieran fuego al Convento de Agustinos, por odio á los Lis- 
perguer. A ser así, primero las llamas debieran haber consumido 
las casas vecinas de ■ los Lisperguer, y nó la de los Agustinos, 
Religiosos recien llegados, y en la sociedad desconocidos; y, 
por ende, tan faltos de todo humano apoyo, que sus émulos 
fueron capaces de cuanto les pudo sugerir su astucia, ó su ma- 
licia. 

Ks tan antojadiza la suposición del señor Vicuña Mackenna, 
que si, en la referida época, los Agustinos hubieran contado con 
la safa protección de los Lisperguer, de seguro no hubiesen vis- 
to incendiado su Convento, ni mucho menos sido el juguete de 
sus enemigos. Es también un error histórico suponer á los Lis- 
perguer, ó á sus protegidos envueltos alguna vez entre odios y 
venganzas populares, cuando jamás tuvieron que padecerlas: 
antes bien, hasta hoy día, en Chile, es timbre de orgullo y no- 
bleza llevar al^o de aquella sangre. 

\'icuña Mackenna solo acierta con la verdad, cuando dice 
que, en los Agustinos, castigaban sus émulos la inmediata ve- 
cindad á sus Conventos, con desdoro de más anticuas celdas, 

6. Así también lo ha comprendido el señor Barros Arana, 
para quien ei incendio del Convento de los Agustinos fué, á to- 



• 56 CAPÍTULO V 



1 



das luces, intencional, y causado por sus émulos. Dicho histo- 
riador escribe así: «Apenas instalados en aquel lugar, una 
« catástrofe inesperada puso en gran conflicto á esos Religiosos, 
i En la noche del 12 de Diciembre de 1595, el fuego destruyó 

* la mayor parte de los nuevos edificios, que debían ser pura- 

* mente provisorios. A no caber duda, el incendio era intencio- 
r nal. En la enmaderación de un departamento del edificio, que 
n se salvó de las llamas, se hallaron manojos de astillas embrea- 
■ das, sujetos con pajuelas y colocadas convenientemente para 

* propagar el fuego. Las sospechas recaían sobre los Religiosos 
• * Franciscanos, que se llevaban mal con los Agustinos; pero 

« desde que se trató de instruir un proceso, fué imposible llegar 
^ «al esclarecimiento de la verdad. Cuando se quiso tomar decla- 

" * * raciones á los presuntos culpables, el Provincial de los Fran- 

f císcanos, F>ay Antonio de Olivares, sostuvo que sólo él podia 
A ser juez de los frailes de su Orden.» 

Y más abajo, en una nota, agrega: «El Padre Torres envuelve 

* * su relación en cierto misterio que no permite descubrir cuál 

» ' fué la Orden Religiosa complicada en el incendio del primer 

í Convento de los Agustinos; pero he podido tener á la vista y 

- « originales muchas de las piezas del proceso iniciado en 1596 

' para descubrir á los autores de aquel crimen» (4). 

Efectivamente, en todo lo que nos remite á los documentos, 

el señor Barros Arana toca con las manos la verdad, menos en 

i lt> relativo á casas y edificios, pues no eran nuevos, ni principa- 

Icii, sino una grandiosa casa», según escribe el Padre Juan de 

T(iro Mazóte, con edificios de dos pisos ó sea «de techos altos 

, * y bajos , como dice el Padre Torres (5). 

7. Quien haya seguido hasta aquí á los notables historiadores, 
que han tratado del presente asunto, habrá visto que todos, 
menos uno, están acordes en que el incendio del Convento de 
los Agustinos fué intencional y causado por sus émulos. A lo 
cual puede añadirse, con uno de los ya mencionados escritores: 
qué '<el haber silenciado hasta aquí la historia su nombre, está 



(4) Barres Arana. * Historia General. III parte, Cap. XIV, núm. 2. 
iú) Archivo General. Roma. Carta al Asistente General, 29 de Octubre 
do 1W8. 




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HISTORIA DE LOS AGUSTLXOS EN CHILE 57 



* probando ó que fueron personas de alta suposición las que lo 

* perpetraron; ó que ha habido culpable pusilaminidad en ocul- 
^ tarlos» (6). Sin embargo, el haber silenciado sus nombres el 
Padre Torres debe atribuirse, ante todo, á lo que él mismo dice: 

* oculte los nombres de los conjurados el silencio, pues la cari- 
f dad les perdonó el agravio. 

Y no podía entonces menos que ocultarse, porque estaban los 
sucesos demasiado frescos. Más., al presente, cuando la opinión, 
por causa de este silencio, ha llegado á herir y lastimar la honra 
de los mismos Agustinos, y seguirá haciéndolo inclinándose del 
lado que la pasión le sugiera, parece haber venido el momento 
de revelar lo que de sí dicen los archivos. 

El de esta Provincia solo tiene una voz para denunciar el 
hecho y atribuirlo a los Franciscanos. El Padre Juan de Vasco- 
nes, en su Diario, que tengo á la vista, escribe: «Lo que yo Fray 

* Juan de Vascones, he gastado desde que so^fué el Padre Vi- 
^ cario Provincial á Coquimbo, hasta que los Padres Francisca- 
í nos nos quemaron la casa, y yo me partí para Lima, en de- 
« manda de la justicia, sobre la alevosía de la quema, es lo 
■^ siguiente ^ (7). 

Y su comparieru de tribulaciones, en otra acta que igualmente 
tengo á la vista, escribe: «Fray Francisco de Hervás, Vicario 
^ que hasta ahora ha sido de este Convento de Nuestro Padre 
-* San Agustín, en ausencia del Padre Juan de Vascones, Prior 
« del dicho Convento, dice que con el alboroto de la quema he- 
^ cha pc^r los Frailes de San Francisco, se perdieron las cosas 

* siguieotes j no dejando, en esta memoria, cada vez que 

se presenta el caso, de apuntar el hecho y de señalar el nom- 
bre de la Orden de los que lo perpetraron (8). 

Y, aunque ambos sean Agustinos y hablen, de cosa propia, 
sin embargo, siendo ellos dos los que tuvieron á la vista aquel 
espantoso cuadro del incendio; los que contemplaron cara á ca- 
ra á los incendiarios; los que oyeron sus voces de muerte; los 



(fij VicuDa Mackeiuift. «Historia de Santiago». Tomo I, Cap. XI. 
^} .^jehivo de Prov. Lib. «Ca.sa Grande 1596-16263, pág. 102. 
(8j Aíchivo de Prov. Lib. «Casa Grande 1595-1625», pág. 101. 



58 CAPÍTULO V 



que sintieron correr el frío .del terror por sus venas; los que ama- 
gados por lanzas y espadas, é impelidos por las llamas se vie- 
ron forzados á lanzarse desnudos, desde las altas ventanas del 
edificio, á los patios interiores del Convento; los que así se 
expresaron en públicos documentos, pidiendo amparo á la auto- 
dad para que les defendiese de sus perseguidores; los que así 
escribieron, en documentos oficiales, tienen derecho á ser respe- 
tados y ser creidos. 

Y no fué esta simple sospecha del momento, ó nacida de un 
espíritu preconcebido: fué una persuación profunda que se fundó 
en la evidencia de los hechos; y que más se arraigó en el ánimo 
de todos, y libremente se dio á conocer, pasados los primeros 
instantes de terror y espanto en los unos, y de furia y venganza 
en los otros. 

Treinta años más tarde, en 1625, consigna los mismos hechos 
y apreciaciones, en los Libros de Provincia, entre los autos de 
Visita, el Padre Pedro de Aguiar, ó como él se firmaba, del Es- 
píritu Santo. Y el Padre Juan de Toro Mazóte, Religioso de los 
más distinguidos por su alcurnia, sus virtudes y su saber; de 
tantos méritos que le creyeron digno de presentarle al Rey, co- 
mo capaz de ocupar con honor cualesquiera de las Sedes Epis- 
copales de sus dominios; en carta dirigida al Asistente General 
de la Orden, en Roma, y que tengo á la vista, le escribía en es- 
tos términos: 

Me determiné á dejar mi Provincia, con deseo de imprimir 
<< una Historia que de la guerra y sucesos de Chile tengo escri- 
« ta, juntamente con otros Sermonarios, y otros trabajos orde- 
« nados á la respuesta que el Padre VVadingo, de la Orden de 
« Nuestro Padre San Francisco, pide en orden al asunto á que 
<^ se divertió: sobre si Nuestro Padre San Agustín nos fundó y 
« dio el hábito que traemos.» 

< Dióme tanta rabia que tan descaradamente hablase de nues- 
<£ tro santo hábito, y de nuestro muy Reverendo Padre Maestro 
« Fray Juan Márquez, que sea en gloria, que no pudiéndolo su- 
« frir, le tengo respondido muy á satisfacción mía: quiera Núes 
« tro Señor sea á la de la Orden.» 

«Y cierto, me pareció obligación, porque ninguna Provincia 




■'^sr^'í'^**"^-— ipi^^fPi» 



mSTÜRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 59 

í ha padecido con estos Padres Franciscanos tanto como la de 
4 Chile; pues ha sido tan diabólica su tema, que no solo se con- 
e tentaron con echarnos un río entero, en los principias de la 
* fundación, una noche, con intento de que se cayesen las pare- 
4 des, y pereciesen los Religiosos; sino también, considerando 
ií lo poco que á sus intentos había aprovechado su rabia, des- 

< pues de algunas noches, se entraron á nuestro Convento, y 
i llevando f^an multitud de hachones de azufre, pez y resina, 

< con agudas puntas, encendidos los tiraron al techo de la Igle- 
« sia y Convento, que era una grandiosa casa, cerrando las 

< puertas á ios Religiosos, para que perecieran todos. Ardióse 
"■' toda la casa é Iglesia. V también sucedió que todos los Frailes 
^- de aquel dempu, que cometieron esta maldad, murieron con 
», mil trabajos, unos desesperados, otros á manos de Indios, y 

otros sin confesión > (9). 

Al testimonio del Padre Juan de Toro Mazóte, tan sóÍo cabe 
añadir que sus palabras son de toda autoridad y peso, así por 
venir de persona tan grave y caracterizada, como por tener co- 
nocimiento el más cabal y completo de los sucesos de aquel 
tiempo, haber tomado el hábito Agustino en los primeros años 
de la fundación, y ser hijo del Secretario de Gobierno, y por 
tanto estuvo impuesto de todo lo obrado por aquel, en un acon- 
tecimiento tan memorable y trascendental, 

$, Kn efecto no puede calificarse de otra manera un hecho 
que, por la impresión que causó en la sociedad entera, ha so- 
brevivido en los Anales de la Colonia, cómo suceso más que 
lamentable, horrible y pavoroso, que ningún historiador deja de 
referir con todos sus detalles, dejando solamente entre tinieblas 
las personas de los culpables. Si el incendio hubiera sido obra 
de la simple casualidad no hubiera pasado á la historia, con ca- 
racteres tan tenebrosos, ni adquirido las proporciones de una 
jamás oida catástrf jfe un acontecimiento vulgar. Entre los Agus- 
tinos, particularmente, el recuerdo de este suceso, como juro de 



(y; Archivo GeiiL^ral, Koma. Carta desde Lima, á 29 de Octubre de 1648, 
Ciiaudo dice: : murieron ¿ manos de indios», alude al desastre de Cural aba, 
eu 1S9S, eo el cual perecieron tres Franciscanos alanceados por los ludí" 



6o CAPÍTULO V 



heredad, se ha trasmitido hasta nuestros días, y como refiere el 
Cronista, y lo afirma el Padre Juan de Toro Mazóte: «Para me- 
« moria se ha guardado hasta hoy, en la Caja de Depósito del 
« Convento de Santiago, el hachón que clavaron en la imagen 
« de San Agustín, Nuestro Padre» (lo). 

9. Finalmente, para quitar toda duda y alejar la nota de par- 
cialidad, léase la carta que, con referencia á estos sucesos, el 
16 de Abril de 1599, escribía el Inquisidor Licenciado Pedro 
Ordoñez y Flores. «El caso pasó asi, dice: en 30 de Mayo, á 
« media noche, subieron por las paredes de la huerta de San 
« Agustín y cerraron el desaguadero de una acequia de agua, 
« grande, que pasa por ella; y sacaron otro hasta la casa, y se 
« hinchó toda de agua, lo bajo, y comenzaron á caer algunas 
« paredes, y despertaron los frailes y salieron por lo alto y de- 
'« rribaron una pared para que saliese el agua; y con esto se 
« remedió, que parece tuvieron intento de derribarles la casa, y 
« á no despertar, salieran con su intento y aún se ahogaran to- 
« dos. Después de lo cual visto que por este camino no se las 
« habían podido derribar, ni echar los frailes de ella, en 1 1 de 
« Diciembre del dicho año después de media noche, salieron de 
« San Francisco diez y siete ó diez y ocho frailes y dos ó tres 
« indios, todos en hábito de indios, con armas y escalas; y mu- 
« chos hachones de alquitrán, y subieron en lo alto de la casa 
« de San Agustín y la destejaron y pusieron por muchas partes 
« de ella los hachones de alquitrán encendidos, con que se co" 
« menzó á encender el fuego y se abrasó en un instante la mayor 
« parte de ella; y sacaron ante de pegar el fuego la caja del 
« Santísimo Sacramento y algunas imágenes y las arrojaron en 
« el patio con mucha indecencia; y luego pusieron fuego á la 
« Iglesia, aunque fué Nuestro Señor servido que no prendiese 
« el fuego; y cuando lo comenzó á hacer, lo atajaron; y los frai- 
« les que estaban reposando y descuidados de semejante hecho, 
« cuando salieron fueron tantas las pedradas que llovían sobre 
« ellos, que los compelían volverse á encerrar; y viendo que les 



( 10» A>i lo refieren el Padre Bernardo de Torres y el Padre Juan de Tora 
Mazóte, en las obras indicadas. 




T-X.-^7T"- 



HISTORIA DE LOS AGI'STINOS EN CHILE 



6l 



^ apretaba el fuego» volvieron á salir, tomando por menor dmm 
^ el de las piedras, y salvaron algunos cálices y ornamcnttjs, 
r pero la casa se abrasó toda. Los frailes franciscos después de 
haber hecho el daño, .se volvieron á su Convento» (ii) 



(11^ Esta carta deí I ínjuisidor, aunque no mui conocida, ya dos vec tís bti 
rt><to la luz pública. 



^^^ 



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Capítulo VI 



Viajes del Padre Yascones á Lima y á Yaldiria. 1596 -1597 

1. El Padre Juan de Vascones. en Lima.- 2. El Padre Provincial Alonso Pn. 
checrt. 3. El Virrey don Luis de Velasco.--4. Ornamentos para la Iijrlo- 
sia de Santiago.— 5. Pequeña Hibliotecn para el Convento. — 0. Regresa á 
Chile el Padre Vascones con otros Religiosos..- 7. Emprende viaje á Valdi- 
via.— 8. Acogida que le dispensa el (Tobeniador.— íí. Valiosos materiales 
para la reconstrucción del Convento de Santiago. -10. La segunda Iglesia 
de los Agu.«ítinos. —11. Famosas imágenes de Nuestra Señora de Gracia y 
de San Agustín. -12. Honores que los dos Cabildos tributan á San Agustín. 

I . Después de referir el iácendio del Convento de Santiago, 
agrega el Cronista: «Confirióse el caso entre personas doctas y 
t prudentes, y pareció necesario que uno de nuestros Religiosos 
« bajase al Perú á dar cuenta de todo al Provincial, y pedir al- 
X guna limosna con que reparar los daños del Convento, sin tra- 
je tar de pedir satisfacción á los culpados, ni de formar querella 
« contra ellos.» (i) Sea que la acción de los autoridades chilenas 
fuese estimada muy remisa, sea que entonces su blandura fuese 
atribuida á compKcida'd, los Agustinos, en Santiago, no intenta, 
ron la más mínima reparación del agravio recibido; antes bien 
convirtieron toda su diligencia en allegar pruebas, y reunir tes- 
timonios acerca del «milagro de la quema de Nuestro Padre;» y 
no mucho después, del otro atribuido á Nuestra Señora de Gra- 
cia. (2) 



(1) Torres. «Crónica de los Agustinos del Perú.» Lib. T, cap. 

(2) Archivo de Provincia. Lib. «Casa Grande ló96— 1626.> 



r 



fí)j Siipoueti ttlgiiiios que el Padre Pedro Picón, vino á Chile con el Padre 
Viuícoiiejii <?Ti Octul^ríí de 1595. Mas, según el Archivo de Provincia llegó eu 
Enero dé lÍJÍtO y f ii iñlidad de Profeso. 

(-1) Esttí detalle está confirmado por el Diario del Padre Vascones en el cual 
« í*t* lee: «Niitive %*Hrtts de bayeta para un hábito de luto que dicho Padre 

• FrAv Jiinn de Vascones llevó á Lima, en demanda de su justicia... diez y 

* ocho pesotH,» Lib 'Casa Grande 1596—1625,» pag. 101 vuelta. 



insjNnuA I)?: LOS acíistinos en chile 63 

Mas. según las propias palabras del Padre Vascones, resolvi(')- 
se que el fuese lá Lima, ea demanda de la alevosía) de aquel '.^ 

hecho que, al decir del Padre Torres, «es tan sensible, que en ;*i 

4 vez de tinta ofrece lágrimas á la pluma;» y que «no puede re- sí 

' íerirse sin renovar la herida y el dolor.» Y preocupado de *^ 

cumplir cuanto ánies este pensamiento estaba el Padre Juan de % 

Vascones, cuando la ocasión, más que nunca propicia á sus de- .j 

seos, junto con ponerle nave al Puerto, al mismo tiempo le trajo i^ 

dos Religiosos más, para acompañar al Padre Francisco de Her. 1 

vas* que quedaba solo, como Vicario Prior del Convento de San- 
tiago. 

Estos dos Religiosos que, en tales momentos, arribaban á 
Chile, llamábanse Fray Pedro Picón y F*ray Francisco de Va- 
lenzuela. (3) Aunque muy jóvenes, pues, ninguno de ellos era 
Sacerdote, no por eso se hacen menos dignos de que se estam- 
pen aquí sus nombres, ya que uno de ellos, el primero, ha lle- 
gado hasta nuestros días, como el más. renombrado maestro de 
la juventud chilena. 

2. Cuando hacia fines de Octubre de 1595, llegó á Chile el ' 
Padre Vascones á hacerse cargo de este Convento, encontróse 
con una comunidad de ocho Religiosos, casa grandiosa, y, para 
aquellos tiempos, nada despreciable Iglesia. Ahora, al partir otra 
vez á Lima, en Diciembre del mismo año, después de dos esca- 
sos meses de residencia en Santiago, los más terribles y azaro- 
soSj tan sólo dejaba en pos de sí humeantes escombros y ruinas. 
La impresión que su imprevista llegada causó en Lima no es 
para describirla, j jorque, como dice el Padre Torres: «Entró en 

* ella cfíu hábitíí pobre de bayeta negra... con que representaba 

* bien su necesidad y tristeza...» (4) 
I-^l Provincial Padre Alonso Pacheco «le recibió caritativamen- 






í?- 



I 



64 CAPÍTULO VI 



^ » te y le consoló,» dice el Cronista. Mas, en verdad, es preciso 

agregar que disuadió al Padre Vascones de todo intento de que- 
rella en contra de los autores del incendio. Era el Padre Pacheco 
tan superior por sus dotes de gobierno, que no podían ocultár- 
sele las fatales consecuencias que un pleito semejante acarrearía 
á la Orden, en aquella su vastísima Provincia. Vm cambio, según 
dice el mismo Padre Torres: <- le dio licencia para que, en la ciu- 
« dad pudiese pedir limosna de libros, vestuario y ornamentos 
« sacros para la Iglesia.» Licencia que le valió á la fundación de 
Santiago hacerse de sus más ricos paramentos sagrados y de 
una no despreciable biblioteca. 

3. El Padre Juan de Vascones, con más de cuatro años de 
residencia en Lima, en donde había llegado á ser uno de sus 
i., . más elocuentes oradores, de palabra viva y animada. Vida aus- 

tera y religiosa, nadie mejor que él, por el ascendiente desús vir- 
tudes, pudo insinuarse en el ánimo de todos, haciéndose acree- 
dor á su auxilio y socorro, después de haber sido víctima de una 
tan triste, como jamás oida desgracia. Y tan honda conmoción 
produjo su presencia y su palabra en todos los espíritus, que el 
Virrey, don Luis de Velasco le ordenó que compareciese ante 
i' él y la Real Audiencia de Lima, á dar cuenta de lo acaecido en 

r;' Santiago. 

Kt Ante este respetable auditorio, según el Cronista Agustino, el 

f Padre Juan de Vascones se expresó así: «Mándame Vuestra 

>■ « Excelencia, Señor, que renueve el dolor de nuestra pasada 

« tragedia, para cuya triste memoria hallo más prontas las lá- 
y « grimas en los ojos, que las palabras en la lengua. No quisiera 

;, « que sonase á querella lo que solamente es voz de mi obedien- 

« cia: porque cualquiera criminalidad desdice de la perfección de 
« mi estado... Ni pretendo hallar en la culpa ajena la causa del 
« trabajo propio: porque sé que solo mis pecados bastarían pa- 
« ra estragos más sangrientos.» 

Y después de hacer minuciosa relación de todas las desven- 
turas padecidas por la naciente Comunidad de Agustinos en 
Santiago, terminó así: «El fuego consumió cuanto había estima- 

€ ble en el Convento dejándonos pobres, desnudos, atribula- 

« dos y destruidos Esta, Señor, es en suma la tragedia: los 



c^iiii - 'Ji|.f^H III if '^,f '|I,|V| 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



65 



t daños y agravios, que en ella recibimos, los hemos perdonado; 
c y soio pedirnos á su Divina Majestad perdón para los culpa- 
í dos; y le damos las gracias por la misericordia que usó con 
c nosotros. La gran necesidad, que padecemos de todo, me tra- 
a jo á esta Ciudad á solicitarla piedad de los fieles, para que 
< nos socorran con sus limosnas. Y de la mucha cristiandad y 
t grandeza de Vuestra Excelencia nos prometemos seguro am- 
4 paro y consuelo.» 

No fueron menester tan poco veladas insinuaciones para que el 
\lrrey, don Luis de Velasco, se sintiera inclinado á hacer osten- 
tación de su generosidad, pues, según refiere el Cronista: «con 
^ benijínas palabras consoló al Padre Fray Juan, y le prometió 
í acudir liberal mente al socorro de los Religiosos y del Convento. 
« Y, á su egemplo, hicieron lo mismo los demás, y después la 
í ciudad toda.' (5) 

Monseñor Lyzaguirre, en su historia, hablando del Padre Vas- 
cones en el desempeño de su comisión, dice: «Este Sacerdote, 
c además del ascendiente que tenia en Lima por su elocuencia 
■í y su virtud, supo disponer de tal modo el ánimo del Virrey, 

que éste le hizo entrar al Real Acuerdo, para informar en él 
^ personalmente de lo acontecido. Resultado principal de esta 
íí diligencia fueron gruesas sumas de dinero con que el Virrey, 
t y otros personajes auxiliaron á Vascones, para reparar las 
« pérdidas sufridas por los suyos en Santiago. También se libró 
<t carta al Gobernador de Chile, encargándole que con suma vi- 
ff gilancia procurase evitar la repetición de hechos tan escanda- 
í loses, como los sucedidos.» (6) 

A todo lo fualel ilustrado Autor de los «Orígenes de la Igle- 
sia chilena,» como para completar la decoración del cuadro, 

agrega: ^El Padre Fray Juan de Vascones desempeñó tan 

^ bien su comisión, que el Virrey pidió y obtuvo de sus supe- 
t riores que le permitieran enviarlo á España á dar cuenta del 
c deplorable estado en que en esos años se encontraba la Colo- 
* nia. * PerOj si esto verificóse cinco años más tarde, por el 



(5j Torres*. «Críioica de ^-g^stinos del Perú.» Lib. I, cap. V. 
(6) EjTUiguírre. ^Historia 4© Chile.» Tomo I, cap. Vil. 



'-^ 



66 CAPÍTULO VI 



momento no es exacto ocurriese tal destinación, porque en ese 
caso el Provincial de Lima, en la Congregación Intermedia cele- 
brada el 21 de Julio de 1596, no hubiera nombrado en propie- 
dad Prior de Santiago al Padre Vascones; ni, mucho menos, 
después, le confiara el cargo de Vicario Provincial en Chile. Sin 
embargo, á pesar de todo, el hecho manifiesto es que aquel viaje 
de dolor y de lágrimas se convirtió para el padre Juan de Vas- 
cones en brillante carrera de honores y de gloria. 

4. Pasados algunos meses en Lima, en desempeño de tan hon- 
rosa comisión, el Padre Vascones debió de regresar á su Con- 
vento de Santiago. No obstante, por entonces no se hizo cargo 
de él, porque según las instrucciones del Provincial, ó propia de- 
terminación de su ingeniosa actividad, de seguida resolvió em- 
prender su viaje por las ciudades australes de Chile. 

Mientras tanto dejó en Santiago un ornamento que, por su 
intrínseco valor, fuera de ser una inestimable joya histórica y ar- 
tística, todavía se exibe en nuestra Iglesia, en los días de mayor 
solemnidad, cuando el culto se. reviste de más pompa, brillo y 
magnificencia: el ornamento chino. El Provincial Alonso Pacheco, 
quien dio la orden de fundarse esta Provincia de Chile, quien 
promovido al Obispado del Paraguay renunció tan excelsa dig- 
nidad, fué el autor de tan valioso donativo. (7) Un objeto de 
tantos recuerdos, merece dedicarle aquí alguno: pues los borda- 
dos de este ornamento, sus paisajes llenos de vida y colorido; 
sus flores de oro y seda, que todavía después de trescientos años, 
no han perdido ni el brillo, ni su matiz; todo ello contribuye á 
aumentar su valor histórico. Esto en cuanto al arte; pues en lo 
que se refiere al culto, nada más impropio, é inadecuado; en vez 
de signos religiosos, tan sólo ostenta símbolos profanos de 
Buda y Confucio; ó bien representa costumbres y escenas chi- 



(7) En el libro de este archivo «Casa Grande de 1596— 1625, > página 111 se 
lee: «Trajo el Padre Fray Juan de Vascones, Prior de este Convento, un or- 
f namento de la China que son las cosas siguientes»... Y se enumeran las pie- 
zas de que se compone y se expresa el número de misas que á cuenta de é\ 
exigió el donante. Después de trescientos afios este ornamento ha llegado a 
nuestros días en un estado lamentable, mas una Religiosa Agustina de esta 
ciudad, no ha mucho (1872 — 1874) lo arregló de manera que figura entre los 
mejores que guarda nuestra Sacristía. 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



67 



nescas, que harto desdicen de la severa majestad del culto cris- 
daño. 

5 . De no menos precio también, y digna de especial mención 
es la biblioteca con que el Padre Vascones echó la base de la 
actual, que con tanto esmero se cuida en este Convento. Dados 
los ningunas recursos con que contaba para tal adquisición; ta 
suma escasez de libros» en aquellos tiempos, en América; el pre- 
cio fabuloso que, por esto mismo, alcanzaban; es digno de todo 
elogio el que el Padre Vascones destinase buena parte de las li- 
mosnas en reunir más de doscientas obras que forman numero- 
sos volúmenes. (8) 

6. A más de estas diligencias, otra no menos importante lla- 
mó su atención: cual fué dotar su Convento de Santiago ííe un 
personalmás numeroso y escogido. Y lo obtuvo: porque con 
el lle^xaron los Padres: Juan Francisco Sáez, Diego de Castrfi y 
Antonio Ruiz, 

líl Padre Juan Francisco Sáez debió de ser perspna muy ca- 
racterizada y cíe muchos méritos, pues, á continuación del Padre 
Cri.stóbal de Vera, ejerció el oficio de Vicario Provincial, en 
Chile, lo cual ya es bastante título para que su nombre pase á 
la posteridad, como el segundo Prelado que haya tenido esta 
Provincia. Pero faltan por completo los datos acerca de su vida, 
pudiendo tan solo referirse de él que mientras estuvo aqui, en 
el desempeño de su elevado cargo, dio muestras de las mejores 
prendas de carácter tranquilo y conciliador, suavizando en lo 
posible ciertas providencias algún tanto duras que dictara su 
Predecesor en contra de la administración conventual del Padre 
Vascones. (9) 

El Padre Diego de Castro, al venir á Chile, ya era toda una 
celebridad en el Perú, como Orador, teólogo y famoso caletlrá- 
tico de Sagrada Escritura en la Universidad de San Marcos, en 
Lima. Como orador anda impresa la Oración fúnebre que predi- 
có en las exequias del Padre Luis López, Agustino, Obispo de 
Quito y Arzobispo de Chuquisaca. Castellano, natural de Tole<lo» 



3 

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•I 



i%) Areliivo áe Provinda, Lib. «Casa Ghrande 1596—1625.» pág. 10í< Tuelttt 
(!♦) ArdúvQ de ProYincia. Lib. «Casa Grande 1605—1625.9 pág. 108. 



h 



V 



68 CAPÍTULO VI 



hijo de noble familia, el Padre Diego de Castro se hizo Religioso 

en España, pasando al Perú en 1573, muy joven todavía y antes 

|< de ordenarse. Tres años después era regente de estudios, en el 

Cuzco. Y habiendo terminado la carrera de las letras, con fama 
I de docto y erudito, y recibido el título de Maestro en Sagrada 

Teología, se dedicó á la predicación con grande aplauso y fruto 
L^ de sus oyentes, por ser, al decir de los Cronistas, de los más es- 

pirituales y fervorosos oradores de su tiempo. (10) 
ST , En 1 5 84 fundaba el Convento de Potosí; diez años después 

p' figura como Visitador. Puede, en consecuencia, asegurarse que 

^ la venida á Chile del Padre Diego de Castro no sólo fué de mu- 

[ cho provecho, sino también de muy particular honra para toda 

I la Provincia. En cambio, el Padre Antonio Ruiz, el tercero de 

los recien venidos, es la figura más opaca de aquel brillante gru- 
l po: de él tan solo quedan algunas firmas como depositario de 

i este Convento de Santiago. 

í 7. Mientras éstos aquí se instalaban, el Padre Juan de Vasco- 

' nos partía hacia las ciudades del sur, en busca del Gobernador, 

\ don Martín García de Oftez y Loyola, con la esperanza de co- 

t lectar algunas limosnas, y adquirir materiales para la pronta re- 

^' construcción del Convento de Santiago. Era tan crítica su situa- 

r ' ción que, siendo pocos los Religiosos, faltaban las celdas; sobran- 

Í{ do los libros, no había como acomodarlos en parte alguna; y. 

i teniendo preciosos ornamentos, no existía siquiera una modesta 

Capilla en que pudiese el culto desplegar sus galas. Este extra- 
ño estado de cosas no podia avenirse con el carácter del Padre 
Vascones azás emprendedor, y no poco ostentoso. Querría á to- 
da costa, cuanto antes, de nuevo levantar su Convento y enri- 
quecerlo y alhajarlo con la mejor Iglesia, y más bello templo. 
Pero el estado de la Colonia, en aquel tiempo el más premioso, 
frustrando en la mayor parte sus planes, burló sus esfuerzos, 
desvaneció sus anhelos. 

8. No se puede, con fijeza, decir el lugar donde el Padre Juan 
de Vascones tuvo su entrevista con el Gobernador, don Martín 



(10) Kstaíj noticias se han tomado de los Padres Calaucha y Torres, ambos 
<-ronist».s de la Provincia del Perú. 




fTT 



tltSroKlA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 69 

Garcia de Oñex y Loycjla; basta agregar que éste tan caballero* 
como cristiano, á fuer de pariente del Santo de aquel mismo 
nombre de familia, le dispensí3 la más benévola acogida, como 
quiera que aquella embajada habíase emprendido de orden del 
Virrey de Lima, don Luis de Velasco. Todo esto y además las 
raras prendas de espíritu, que adornaban la persona del supli- 
cante, no pudieran menos que producir espléndido resultada, 
En aquel tiempo, en que tanto escaseaba el numerario, el gene- 
roso Gobernador sacó de su bolsillo ciento ochenta i seis pe.sos 
de oro y fos puso en manos fiel Padre Vascones. (11) Muy pron* 
lo vio más que doblada esta suma, con otros valiosos donativos. 

g. Con tan oportunos socorros, en breve, se halló con fuerzas 
para continuar sus e>?cursiünes por las ciudades más australes 
de Chile, en las que, como asientos militares, había grande afluen- 
cia de españoles y mercaderes: y, sobre todo, mucha explotación 
de maderas las más apropiadas para toda clase de construc- 
ciones. Parece haberse detenido el Padre Vascones principal- 
mente en Valdivia: y, tanto se hizo estimar en esta ciudad por 
su celo en la predicación, y constante ejercicio del sagrado mi- 
nisterio que, á fin de retenerlo consigo aquellos fieles, le obse- 
quiaron una casa y solar, donde pudiese fijar su residencia él ó 
cualquiera otro Religioso de su Orden; lo que se ha considerado 
como una fundación. [12) 

Mas, como el principa! objeto del Padre Vascones era reunir 
materiales para la reconstrucción de su Convento de Santiago, 
no se detuvo en Valdivia, sino hasta haber cargado todo un nar 
vio, *E1 San Gregorio» de maderas para la Iglesia y claustnis 
de sus Religiosos, amén de variedad de telas así para el culto, 
como para vestir la Comunidad. V, habiendo llegado á tan feliz 
termino sus diligencias, se apresuró á regresar á Santiago, no 
sin temor de que todo aquel cargamento fuese á caer en poder de 
los Finitas y Holandeses, que á la sazón infestaban aquellos ma- 
res. El mismo temor vino en breve á asaltar á los demás, por- 



I 



{11 1 Arcbivo de ProTÍncia, Lib, *Casa Grande 1595—1625» pág. 110. 
(12 1 EUta casa v üeoIat, métó de iremta años adelante, todavía aparecen en los 
inTentariofl de los bienes de Provincia. 



r, 



t 70 CAPÍTULO VI 

ÍV ■ 

K que < El San Gregorio» no se avistaba en Valparaíso, sin tenerse 

^ noticia alguna de su rumbo, ni paradero: desgraciado suceso que 

i fue origen de tantos sufrimientos al Padre Vascones. 

f: En efecto temiendo «El San Gregorio» que los Piratas le die- 

i: ran caza, dejando atrás el Puerto de Valparaíso que no le ofre- 

• cía ninguna seguridad, ni protección, siguió hasta el Callao, en 

í donde realizó á personas extrañas toda aquella mercadería, que, 

■'• por la distancia en que se hallaba de Santiago, ya era imposible 

entregar á los Agustinos. Estos iniciaron un pleito: pero mien- 
tras no se supo la verdad del hecho y se resolvió aquella cues- 
; tión, no es para referirse aquí lo que hubo de padecer el Padre 

Vascones en su honor y reputación. Quiénes daban por una fá- 
bula todo lo del cargamento de tEl San Gregorio», sospechando 
una enorme dilapidación de las limosnas colectadas; quiénes, 
juzgándolas rectamente invertidas, no dejaban de hacer severos 
cargos por la imprevisión y suma ligereza en el manejo de los 
caudales de la Comunidad. Más todo lo sobrellevó el Padre Juan 
de Vascones con humildad y paciencia las más ejemplares. (13) 
10. Antes bien, lejos de abatirse por tantas contrariedades, 
sin aguardar más auxilios, ni socorros, empezó la fábrica de la 
que se puede llamar primera Iglesia de los Agustinos, ya que la 
r anterior, apenas alzado el edificio se vio reducida á un montón 

i de escombros y cenizas. La nueva Iglesia, aunque triste y lúgu- 

bre, como construida con los destrozos del pasado incendio, de 
murallas ennegrecidas y socarrados techos, del cual, para memo- 
ria, se dejaron suspendidos por muchos años aquellos siniestros 
hachones, es el templo dé más recuerdos históricos para la Pro- 
vincia de Chile: en él se puso por primera vez á la veneración 
de los fieles el Santo Cristo de Mayo; en él se celebraron los 
primeros Capítulos; y en él, durante los primeros treinta años, 
se albergó todo cuanto más digno tuvo la vida, ó la muerte de 
nuestros Religiosos. 

Como fruto de lágrimas y persecuciones, esta Iglesia era baja, 



(13i Todo esto consta, hasta en sus menores detalles, del Libro ^Casa Gran- 
de 1595—1625» páginas 110— 11 L. El dueño del navio cSan Gregorio» se lla- 
maba Diego de Hoja:»; y Pedro de Becalde el mercader con quién se había en- 
tendido el Padre Vascones en Valdivia. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE /I 



obscura y estrecha; no consultaba siquiera la decencia. Según 
información de la época, en que rinden testimonios los indivi- 
duos más caracterizados del clero de Santiago, y de la más al- 
ta sociedad, todos á una voz dicen que este templo es: «Un 
« cuarto de dos que quedaron del incendio, sirviendo uno de 
« Iglesia, el otro de dormitorio y vivienda con mucha estrechez 
« é indecencia.» (14) 

Sin embargo, en este modestísimo templo ejercitaron su celo 
el Padre Cristóbal de Vera y sus sucesores, con tanto ardor, 
que, según la misma anterior información, todos están acordes 
en afirmar: «Que los dichos Religiosos del Señor San Agustin, 
« después que fundaron en esta ciudad y reino, de ordinario han 
€ predicado el Santo Evangelio y administrado los santos sacra- 
« mentos así á los Indios naturales, como á los Españoles y Ne- 
« gros, con muy grande ejemplo de vida y costumbres, porque 
« los dichos Religiosos han sido y son muy virtuosos, y nunca 
« jamás han dado nota en cosa alguna, antes, mediante lo dicho, 
« han servido á ambas Majestades, por lo cual son muy necesa- 
« rios y provechosos en esta dicha ciudad y reino.» 

Así llegaron los Agustinos á hacer de aquella triste y pobre 
Iglesia el punto de su más laboriosa y continua asistencia, en 
donde tanto el Padre Juan de Vascones, como el Padre Diego 
de Castro hallaron ancho y fructífero campo para el ejercicio 
del sagrado ministerio, dedicándose con todo empeño y diligen- 
cia á la predicación y enseñanza de Españoles y Criollos, de In- 
dios y Negros. Pues, como refiere el Padre Olivares, « Tal era 

« el estado que tenia Chile en lo moral que era preciso mu- 

« cho trabajo para arrancar y desterrar tanta maldad, en tierra 
« donde no había entrado aun el cultivo; porque no habían oído 
< á quién les ponderase sus obligaciones, ni lo que debían saber, 
« por haber pocos hombres doctos, ni quién les predicase, sino 
« de tarde en tarde; y eso pagando cien pesos por un Sermón; 
« que tanto era lo que se daba, que por eso serian raros, como 



(14) Informe rendido por la ciudad de Santiago, en 1612, á petición de los 
Agustinos y que fué presentado al Eey por el Padre Agustin de Verrocal, 
según se referirá más adelante. Su original se conserva en el Archivo de 
Indias en España. 



1 







72 CAPÍTULO VI 



4 los hombres doctos, por no haberse abierto en ninguna parte 
< escuelas de gramática, ni otra facultad; porque, como di- 

* je, solo habia predicadores (en Santiago) el Padre Provincial 
« de Santo Domingo, el Guardián de San Francisco, y un Clé- 

* rigo que llevaba cien pesos por un Sermón.» (15) 
Refiriéndose el Padre Olivares, en esta descripción á la época 

en que llegaron los Jesuitas á Chile, no habiendo sino dos años 
precedido á los Agustinos, no parecerá sin fundamento decir 
que, al arribo de estos últimos, no habría mejorado mucho tan 
triste situación. Mas, los nuestros siendo los unos eminentes ca- 
tedráticos, los otros eximios predicadores, y todos infatigables 
misioneros, cualquiera comprenderá que su sola presencia en 
Santiago operó uu cambio inmenso en el servicio religioso. La 
Iglesia de San Agustín, desde un principio, fué, pues, un centro 
el más activo de piedad y devoción, que no dejó de producir 
opimos y delicados frutos. 

So menos sombrío cuadro, que el anterior, habiendo trazado 
el Padre Olivares respecto á la administración de los sacramen- 
tos, todavía aun más su testimonio viene á corroborar lo dicho, 
sin que, exagerada, pueda parecer recusable su relación, porque 
la5 otras Ordenes, con ser muy poco numerosas, teniendo repar- 
tidos sus Religiosos en toda la extensión de un vastísimo terri- 
torio, no podían hacer sentir toda su fuerza é influencia en San- 
tiago, como los Jesuitas y Agustinos, cuyo personal selecto y es- 
cogido, se hallaba principalmente reconcentrado en la capital. 
Por esto, según la antes citada información, es supérfluo repetir 
aquí el testimonio de tantas personas, las más dignas del clero, y 
más encumbradas por su posición social, en que á una voz de- 
claran los beneficios que reporta la ciudad de Santiago, por la 
asistencia religiosa de los Agustinos, como allí se expresan: 
fi Por haber habido, desde su fundación, en el dicho Convento, 
4 muy ejemplares Religiosos y grandes Confesores, que han pre- 
* dicado el Santo Evangelio y administrado los Santos Sacra- 
■ mentos.» 

Con todo la Iglesia, que ser\^ía de asilo á tantas virtudes, 



( 16) Olivares. «Historia de loá Jesuitat» cap. I, párrafos V. y VI. 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE ^^ 

apenas era sino un miserable cuchitril de cobertizo de paja. A 
fin, pues, de darle forma de Jugar sagrado y aspecto menos tris- 
te y repelente, para ello puso de por medio el Padre Juan de 
Vascones todo los recursos de su ingenio y del arte. V, aunque 
éste no podía ser de muchos vuelos en tan pobre, como lejana 
Colonia, sin embargo, e\ buen ¿^usto suele á veces suplir la riqueza 
de la ornamentación y el brillo de las decoraciones, en un templo. 

A estarnos á los numerosos y detalladísimos inventarios que 
existen en el Archivo de Provincia, esta primera Iglesia de los 
Agustinos, en Santiago, se anunciaba al público, en su parte 
exterior, por una pintura colocada sobre la puerta principa!, 
representando á Sun Agustín en aquel glorioso magisterio, con 
que supo empeñar sus inmortales luchas con los herejes. En lo 
interior del templo había tres altares: uno dedicado á Nuestra 
Señora de Gracia, cuya imagen se ofrecía á la veneración de ios 
fieles, bajo un dosel azul; otro, á la izquierda, consagrado á San 
Nicolás de Tolentíno, cuya efigie se destacaba bajo otro dosel 
de damasco amarillo. En el prebisteno se alzaba el altar mayor 
destinado á exaltar al Santo Fundador y su Orden: así, ocupan- 
do el centro aquel famoso cuadro de San Agustín, obsequiado 
por Santo Tomás de Villanucva á los Religiosos que por man- 
dato suyo partieron á México, y de allí traído al Perú, y después 
á Chile a] realizarse estas otras fundaciones; al rededor de este 
histórico retablo había ocho lienzos en que aparecían los santos 
más notables de la Orden Agustina. Gracioso y bien ideado 
grupo que trae á la memoria aquellos grandiosos altares de las 
Catedrales de España, de tantos retablos y compartimentos, de 
tanta variedad de estatuas y pinturas, que la vista se siente 
deslumbrada ante aquella verdadera profusión de fé, de arte y 
de riqueza (i6]. 

II. En esta Iglesia, según relación de los Croníslas de la épo- 
ca, tuvieron lugar sucesos asaz prodigiosos, para cuya constan- 
cia se iniciaron procesos por mandato del Ordinario, instruidos 
por ministro de fe. Para dar, pues» una idea de ellos voy á expo- 



(16) Todos eitos dí^tollea constan de! libro íCq^a Grnnde 15964625-, ^k- 



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74 CAinruix) vi 



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nerlos aquí en los mismos términos con que se hallan en las 
antiguas crónicas, como que el siguiente tuvo por teatro el ho- 
gar del Licenciado Andrés Jiménez de Mendoza. «La mucha 
1 piedad y devoción, con que después del incendio, acudían los 
!> fieles á nuestro consuelo y socorro, dice el Padre Torres, se 
^ fervorizó mucho más con un portentoso milagro que Nuestra 
' Señora de Gracia obró públicamente en nuestra Iglesia. V su- 
cedió de esta manera: doña Faustina de la Mota, noble ma- 
í trona de aquel Reino, tenía en la Ciudad de Santiago un hijo 
t de tres ó cuatro años, enfermo de una fiebre maligna que le 
< arrojó al rostro tanto fuego, que se lo tenía hecho una llaga. 
'•- Y como el sujeto era tierno y la enfermedad peligrosa, presto 
* descubrió señales de mortal Afligióse la triste madre al verle 
^ tan doliente; comunicó su pena con doña Jerónima de la Mota, 
í íibuela del niño; y determinaron ambas acudir a los remedios 
A divinos, pues no eran suficientes los humanos.). 

J^levaban al niño á la Capilla de Nuestra Señora de Gracia: 
' y, á pocos pasos de la calle, se le quedó niuerto en brazos de 
» !a abuela. No se puede decir el sentimiento de la madre: y 
« sacóla tan fuera de sí, que arrebatada de su violencia, sin ha- 
í cer caso del. estado de su persona, caído el manto, sueltos los 
cabellos, arrastrando el vestido, iba dando gritos de dolor >. 
' Aconséjanla que volviese el niño á su casa, para que le dis- 
pusiese el entierro, pues ya no tenía remedio la desgracia. Pero 
nadie pudo acabarlo con ella. Y sin responderles palabra,, pa- 
saba adelante, con una cierta confianza, sin saber de donde le 
- venía, ni en qué la fundaba, de que Nuestra Señora le había 
t de resucitar a su hijo. Llegó con él á la Capilla de la Virgen, 
con cuya presencia se multiplicaron las lágrimas y suspiros. 
Pidió le dijesen luego una misa en su altar, y oyóla con gran 
devoción y ternura, suplicando á la Virgen se doliese de su 
desdicha, y la consolase, restituyendo la vida á su hijo.» 
♦^Oyó la Madre de Misericordia los ruegos: y, antes que aca- 
í base el sacrificio, estando el niño tendido y muerto, en las faldas 
í de su abuela, repentinamente abrió los ojos, y con semblante 
i risueño se levantó y vivo y sano, sin el fuego en el rostro y 
fc sin la fiebre, con admiración de los presentes y extraño gozo 




^^m 



til) Torre:*. «Tíréiiitía de los Agustinos del Perú». Lib. I, Cap. X. 

(18/ P^tdrtí Toro Mazóte. Carta al A.sistente General desde Lima, y OctuhrL* 
d(* 1648. El proceso iniciado acerca de este hecho pasó ante Miguel Jerümmo 
VeDegtt». en Sí?ptiembre y Octubre de 1696, según el libro -rCasa Grande láUa 
j 1625, página» 102 y 303 vueltas. 



i 



UÍSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN' CHILE y$ 

* de su madre y de su abuela» (17). Tal es la relación de este 
maraviUoso suceso, que, á juzgar por los síntomas arriba decla- 
rados quizás tan sólo fué un repentino síncope á que la cando- 
rosa fe de nuestros mayores dio todas las proporciones más 
extraordinarias. Por idéntica razón tal vez conmovió los ánimos 
el otro prodigio que se refiere al célebre cuadro de San Agustín, 
y que el Padre Juan de Toro Mazóte lo cuenta en estos términos: 
^ Ardióse toda la casa é Iglesia; y, entre muchos milagros, dos 
ft fueron raros. El primero: que el hachón, que arrojaron en la 

* parte que cubría la Caja del Santísimo Sacramento, cayó .sin 
hacer daño, ni suministrar fuego alguno hasta que, otro día, 

* llegando un caballero de la ciudad vio el hachón; y, subiendo 
^ sobre el altar, lo cogió en las manos, y arrojó en medio de la 

iglesia; y, á vista de todos, se encendió y consumió allí. El 

segunda fué que uno de estos hachones lo clavaron encendidu t 

á un retablo de Nuestro Padre San Agustín que estaba en el 

altar mayor; y estuvo el hachón cerca de diez y ocho huras 
^ solo humeando el lienzo, las llamas hacia abajo; contra la na- 
A turaJeza del fuego; y esto sin lastimar la madera del lienzo, j 

í sino es humeando el uno y otro, que se echaba de ver en la - ' 

^ madera, allí había llegado el fuego. Duró este retablo hasta 

* que el año ¡jasado, con el gran terremoto, cayó sobre el la 
' pared de cal y canto que estaba en el altar mayor )' lo Uho 
- todo pedazos. El hachón lo tenemos en la Caja de Depósito, 
' por reliquia ( [8). 

12. Por último, vino á dar más auge al culto de San Agustín 
el haberse reunido ambos Cabildos secular y eclesiástico, en la 
Catedral de Santiago, el 10 de Septiembre de 1596 y acordado 
<|üe en adelante el 28 de Agosto, día del grande y glorioso Pa- 
triarca fuese festivo en los términos de la Ciudad, cuyo Patrón 
desde luego se le reconocía y solemnemente declaraba; disposi- 
ción que, según las Actas sinodales de este Obispado, estuvo en 
vigor hasta los últimos tiempos de la Colonia. 



■^ 



^¡^ ^I m ^S^^^S^^^^m^S^i^^mm^m^w^mí 



Capítulo VII 

Fnndación del CoiiTento de la Serena 1695-1616 



1. La Ciudad de la Serena.— 2 Compra el Padre Pedro de Torres una casa y 
solar on Ins híirrnncas do la Ciudnd. 8. fV»lemne inauguración del Convento. 
— 4. LiegA el Padre Cristóbal de Vera.- 5. Capellanía de Valdovinos.- 6. 
Furnia el Vicario Provincial la Cofradía de la Soledad. — 7. Funciones reli- 
giosas que ordena. -8. Funda la Cofradía de Nuestra Señora de la Consola- 
ción.— 9. Se adquiere un solar más. — 10. Capellanía de Fernández de 
Villarreal.— 11. El Padre Bartolomé Toscano ensancha el local con nuevas 
adquisiciones. — 12. Trabajos del Padre Juan Ruiz. — 18. Se traslada á San 
Francisco la Cofradía de la Soledad.- 14. Dedicación de la nueva Iglesia. 



I. En la ribera sur del río de Coquimbo, sobre una meseta 
que domina la bahía de ese Puerto, á una milla del mar, en me- 
dio de jardines de flores y frutas tropicales, en una zona del 
clima el más templado, benigno y delicioso, se levanta la Ciudad 
de la Serena, capital de una de las provincias más ricas y prós- 
peras de Chile. Siendo escala obligada á los que vienen nave- 
gando del Perú, es de suponer que no dejarían de visitarla, á su 
paso, el Padre Cristóbal de Vera y sus cinco compañeros, que^ 
dando tan encantados de un lugar tan pintoresco y hermoso, 
como reconocidos, sobre todo, á sus habitantes, cuyo linaje y 
nobleza son tan blasonados. Y ya entonces debieron de contraer 
los Agustinos el compromiso de hacer en la Serena su segunda 
fundación, dado el empeño con que la llevó a cabo, cuanto an- 
tes, el Vicario Provincial, apenas estuvo algún tanto libre y 
desembarazado de la difícil y en extremo costosa de Santiago. 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE : ^^ 



2. Según parece, á fines de Mayo de 1595, á más tardar, el ^ 

Padre Pedro de Torres se encaminó á cumplir con su cometido, | 

halagado por fundadas esperanzas de no hallar dificultades, ni . '¿^ 

tropiezos en su destino, prometiéndose tal vez valiosas donacio- .^ 

nes de los fieles, ricas ofrendas de los acaudalados del país, i 

cuantiosas limosnas de aquella tierra, tierra de oro. Mas, después ^ 

de todo, el óbolo de la piedad no aparecía; no aparecía tampoco ''A 

el local apropósito, y que estuviese más en conformidad con los ; 

planos que él se habría forjado; y que menos desmereciese en la 

opinión del Vicario Provincial. Este, en tales términos le enco- '"\ 

mendara aquella fundación, que fuese una brillante empresa, ¿^ 

propia de la sagacidad y crédito de que hasta entonces había ■] 

gozado su persona, y que más que nunca convenía afianzar, '': 

obrando con toda actividad y celo. v 

Alguna decepción debió de sufrir el Padre Pedro de Torres, - 

porque al fin de todas sus diligencias, sólo encontró un local 
nó de los más escogidos, vecino á la parte de la Ciudad que mira 

á las barrancas; y un solar edificado, pero que, por lo reducido, ; 

hubo la Comunidad de empeñarse en varias adquisiciones suce- 
sivas, hasta poder dar espacio á una Iglesia, y amplitud á un 
Convento. 

El 30 de Agosto de 1595 se firmó la escritura de la compra 
de dicha casa y solar. Dice el texto: «Nos Bartolomé de Morales 
'< y Francisca de Torres, su mujer, vecinos moradores de esta 

<■■ Ciudad de la Serena, Reino de Chile por nosotros y en 

í nombre de nuestros herederos y sucesores, otorgamos y cono- 
í cemos por esta presente carta que vendemos, por juro de he- 
^^ redad, para ahora y para siempre jamás al Padre Fray Pedro 
<^ de Torres, de la Orden de San Agustín, fundador del Conven- 
to de la dicha Orden, que quiere fundar en esta Ciudad, y al 
^- dicho Convento y para él, unas casas que tenemos en esta 
< Ciudad, en que al presente vivimos, que alindan con casas de 
' Juan Rodríguez, carpintero, y con solar del Capitán Marco 
'< Antonio de Aguirre, y solar de Pedro de Cisternas; que las 
« dichas casas están fabricadas en Un solar de tierra; todo lo cual, 
« casa y solar, les vendemos con la huerta y todo lo demás que 
« en el dicho solar y casa se incluye por precio y cuantía 



i 



78 * CAPÍTULO VII 



* de quinientos y cincuenta pesos de buen oro de esta Ciudad, 

* que por ellos nos ha dado y pagado el predicho Fray Pedro 
í de Torres, y de él hemos recibido realmente y con efecto» (i). 

3. «Y, á 31 dias del mes de Agosto, del mismo año, estando 
» el Cabildo, Justicia y Regimiento de esta Ciudad de la Serena 

* juntos y congregados en su ayuntamiento, se presentó Fray 

< Pedro de Torres, de la Orden de San Agustín, y verbalmente 

* pidió licencia á la dicha Justicia y Regimiento, para fundar en 
■ esta Ciudad una Casa y Convento de la dicha Orden: y la di- 

* cha Justicia y Regimiento le dio la dicha licencia, y así quedó 

* asentado en el libro de dicho Cabildo» (2). 

'Y el Capitán Pedro de Bustamante, Corregidor y Justicia 
« ^layor de esta Ciudad tomó por la mano al dicho Fray 

* Pedro de Torres, diciendo que lo metía en las dichas casas, y 

« de ellas le daba y dio la posesión real, corporal y actual 

tf Y el dicho Fray Pedro de Torres, en señal de posesión se pa- 

< seo por ellas, y abrió y cerró una puerta, y á la gente que 
« dentro e.staba le mandó que saliese fuera.» 

:Y el Domingo siguiente, que se contaron tres días de este 
« presente mes de Septiembre, por la mañana, en las casas que 
€ el dicho Fray Pedro de Torres compró de Bartolomé de Mo- 

* rales, que son en la traza de esta Ciudad, se celebró misa can- 
« tada con subdiáconos, y se puso una campana en alto y se 
t repícü. Y la dicha misa la dijo en la sala de la dicha casa el 
tf dicho Fray Pedro de Torres, y á ella estuvo presente mucha 

< gente, hombres y mujeres de esta Ciudad y frailes de Nuestra 
« Señora de las Mercedes y San Francisco.» Tal fue la solemni- 
dad con que se inauguró el segundo Convento Agustino, en 
Chile, y tan grande fué á juicio de todos, que mereció el honor 
de Ueijar hasta nosotros referida por un ministro de fe, que estu- 
vo á todo presente. 

4. Y muy preocupado debería de estar el Padre Pedro de 
Torres del mejor aderezo y disposición de su casa, cuando á 



(n Archivo de Provincia. Lib. tConvento de la Serena 1695-1794^, Protoco- 
Irw de J- B. Cft nipos. 

(2J ArciíJTO de Provincia. Lib. Convento de la Serena 1595-1794?, Protoco- 
ioa de J» B, Campos. 




'-- *vj rt ye vil ^^; 5 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 79 



''^ 



mediados de Noviembre de ese mismo año, se le vinieron a reu- 
nir el Padre Cristóbal de Vera y los dos Profesos, Juan de Soto- 
mayor y Francisco Gutiérrez. Estaba el Padre Vera adornado de 
tan singulares prendas de espíritu que, apenas llegado, operó 
una verdadera revolución en bien de aquella obra tan santa y 
meritoria, como útil y provechosa. Hombre en extremo rígido 
y austero; pero de tanta suavidad y dulzura en sus palabras, que ñ 

arras;traba las multitudes. Su sola presencia dio impulso á aque- .í 

lia pobre y mísera fundación, secundándolo felizmente en ella el 
pueblo y los más distinguidos personajes. 

s. Kl nuevo Convento necesitaba tener Iglesia y local en que 
poderla construir; necesitaba un claustro y sitio en que se pudie- 
ra edificarlíí; necesitaba ornamentos para el culto divino y ma- J^ 
teriales para tantas obras en proyecto; necesitaba, finalmente, ^ 
con urgencia, dinero con que hacer frente á tantas necesidades. 1 
Pues bien, cinco meses bastaroxi al Padre Cristóbal de Vera para 
salvar todos estos obstáculos, y dejar en buen pié aquella triste 
fundación- 

Hra el día 29 de Noviembre de ese mismo año de 1595 y, co- 
mo dice el acta: «Estando en el Convento que de próximo se 

* fundó en esta Ciudad, del Señor San Agustín, dentro de una • 
« casa del dicho Convento, donde se dice misa, donde estaban 
^ presentes los muy reverendos Padres Fray Cristóbal de Vera, 

* Definidor y Vicario Provincial, y Fray Pedro de Torres, Vica- 
^ rio Prior de dicha casa, sacerdotes; y Fray Juan de Sotomayor 

* y Fray Francisco Gutiérrez, frailes profesos el dicho Pa- 

* dre Vicario Provincial propj^iso é hizo saber á los dichos 

* Padres: 

íComo el Capitán Juan de Valdovinos de Leyde y doña Inés 

* de Cáceres, su legítima mujer, vecinos encomenderos de esta 
*< Ciudad, qu crian se les diese un sitio para una capilla de veinte 
- á veinte y dos pies de ancho, en cuadro, y que ésta había de 

* ser dentro en la Capilla Mayor y reja de ella, así en la Iglesia 

* que al presente se hace, como en la que se hiciese después. Y 
< por el sitio que se les dé á ellos, y para sus sucesores, parien- 
' tes y otras personas, en donde se han de enterrar, para siem-. 
« pre jamás, da quinientos pesos de limosna: la mitad en madera 




CAPITILO VIÍ 



de canelo y umbrales de algarrobo; y la otra mitad en tejas y 
adobes. V más: le ha de hacer á su costa, en la Iglesia presen- 
te, y en la que después se hiciere; y se obliga de tenerla repa- 
rada de ornamentos, dosel, durante el tiempo de sus vidas. Y, 
})ara después, desde luego impuestos cien pesos de buen oro 

sobre sus haciendas, viña y casas y tierra en fin de sus 

días. > 

^ V por esta razón este Convento, para siempre jamás, se ha 
lie obligar de tener reparada la dicha Capilla, y los dichos 
ornamentos y dosel, y las cosas necesarias para ella; y asi 
mismo, se obligan de tener una lámpara encendida, durante su 
vida de los susodichos, á su costa, de aceite ó grasa, cual más 
<[uisieren. V para en fin de sus días, imponen desde luego so- 
bre los dichos sus bienes otros cien pesos de buen oro, para 
que lo que rentaren en fin de los dichos sus días, de ambos los 
susodichos, principal y renta sea para el dicho Convento, para 
siempre jamás, porque quede obligación de tener encendida la 
dicha lámpara, y de las cosas susodichas, por el dicho tiempo 
de para siempre jamás. - 

«Y asimismo se obligan dentro de cuatro años de traer y po- 
ner en dicha Capilla una imagen de Nuestra Señora de Gracia, 
de bulto, la cual han de tener con su corona y su manto, en 
el dicho altar: la cual Capilla es la de Nuestra Señora de Gra- 
cia, y ha de estar, como dicho es, dentro de la Capilla Mayor, 
así en esta Iglesia presente, como en la otra, ú otras que se 
hicieren; en el lado de la epístola. > 

v<Y asimismo, por razón de que para siempre jamás se le di- 
gan, en la dicha Capilla, los Sábados de todas las semanas y 
i años, que hubiere para siempre jamás, se le digan una misa 
cantada, con su responso de Nuestra Señora de Gracia, por 
sus ánimas y de sus padres é indios que residen en su chácara, 

asi yanaconas, como de su encomienda se obligan de dar 

y pagar de limosna en cada un año cien pesos de buen oro 
de esta Cjiudad, pagados de seis en seis meses, la mitad; y si 
los pagaren las dos partes en trigo, y la una en vino de su 

bodega lo han de recibir este Convento y esto lo han de 

pagar en la dicha forma ambos los susodichos durante el 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 8 1 



« tiempo de sus vidas; y para después de sus días, desde luego 
€ imponen sobre los dichos sus bienes raíces un mil y cuatro- 
« cientos pesos de buen oro, para que éstos con lo que así ren- . 
« taren los haya este Convento de limosna» (3). 

Excusado es decir que por unanimidad fué aprobada esta 
proposición hecha á nombre de tan generosos bienhechores. Y 
no se introdujo otra modificación que la de que el Convento 
podría satisfacer á dicha capellanía rezando las misas, cada vez 
que no fuese posible cantarlas por falta de suficiente número de 
Religiosos de la Orden. En lo que no hubo tampoco inconve- 
niente por parte del Capitán Valdovinos, pues no tenía en vista 
más que el favorecer aquella naciente Comunidad. 

6. Malas noticias impresionaron hondamente al fundador en 
este intervalo de tiempo. Y, aunque la condición de su carácter 
era de extraordinario esfuerzo, sin embargo, la idea de fundar 
en aquel Convento, y en aquella ocasión la Cofradía de la Sole- 
dad, no se qué dijese al espíritu del Padre Vera, que sintió en su 
corazón una tristeza muy parecida á aquella divina soledad de 
María, al saber que estaba reducido á cenizas su grandioso Con- 
vento de Santiago. La fe y la piedad son un bálsamo en las 
grandes tribulaciones. Y el Padre Vera, que no necesitaba para 
su ferx^^oroso celo de mayores estímulos, realizó, en aquellos 
días, lo que estaba más en conformidad de las secretas ansias de 
su espíritu, fundando en su Convento la más lúgubre Herman- 
dad, de rostros enlutados y cantos plañideros: la Cofradía de la 
Soledad. 

Reunió para ello á los principales vecinos, confirió con ellos 
la idea, y, contando con el permiso respectivo y beneplácito 
general de todos, expidió el siguiente auto de erección de la Co- 
fradía; «En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre é Hijo y 
« Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero. En la 
« muy noble y leal Ciudad de la Serena, en cuatro días del mes 



(8) Archivo de Provincia. Lib. «Convento de la Serena 1696-1794», Protoco- 
los de Pedro Fernández de Villarroel, Serena. El 81 de Diciembre de 1611 
redimióse este censo en arcas del Convento Principal de Santiago, por el 
valor de dos mU ochocientos patacones, con los cuales se compraron los Mo- 
linos del Santa Lucía. 
6 



'■^ 



82 CAPÍTULO VII 



« de Abril, año de Nuestro Salvador Jesucristo de mil quinientos 

* noventa y seis, yo Fray Cristóbal de Vera, Definidor y Vica- 
í rio Provincial de la Orden de mi glorioso Padre San Agustín, 
« en este Reino de Chile, digo que porque á servicio de Dios 
t Nuestro Señor, y de su gloriosa Madre, he comunicado y tra- 
ff tado en esta dicha Ciudad de la Serena, con los vecinos y 
r moradores de ella, se fundase en el dicho nuestro Convento de 
t esta Ciudad, la Cofradía de la Soledad, para que el Viernes 
f Santo para siempre jamás se hiciese una Procesión, con la 
' mayor devoción posible, y esta saliese con las Insignias de la 

** Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y, como católicos y 

'* fieles cristianos los suso referidos han acordado se funde dicha 
' Cofradía, y que ésta se incorpore con la Cofradía de la Cinta 

* de mi glorioso Padre, Señor San Agustín, en virtud de la fa- 

* cuitad, que por Bulas Apostólicas, nos está concedido por 

- tanto, por la presente, usando de la dicha licencia fundo 

^ y asiento y señalo la dicha Cofradía de la Soledad, en nuestra 

* casa y Convento de esta dicha Ciudad, para siempre jamás; y 
^ para el fundamento, y principio y origen de ella señalo y 
" nombro por Mayordomos de esta, Cofradía al Capitán Juan de 
A Valdovinos de Leyde, vecino encomendero de esta Ciudad; y 
^ á Pedro Fernández de Villarroel atento que son personas 

* que con mucho amor y voluntad acuden á las cosas del servi- 
^ cío de Dios. V lo firmo de mi nombre. Fray Cristóbal de Vera, 
<* Definidor y Vicario Provincial (4). 

7. Y tan entusiasta se mostró por ésta su obra, y tanto sim- 
patizó con ella, que de su puño y letra redactó los Estatutos, 
que constan de treinta y seis artículos referentes á la organiza- 
ción de la Cofradía y orden que había de guardarse en sus 
funciones. Habiendo hoy cambiado tanto las costumbres, que la 
devoción de nuestros días tiene muy poco de parecido con la 
piedad de aquellos tiempos, pláceme trascribir aquí algunas dis- 
posiciones contenidas en su reglamento. 

Los mayordomes de la Cofradía debían- ser dos: el uno vecino 
encomendero de indios; y el otro vecino ciudadano; los cofrades 



(4; Art'liivo do Provincia. Lib. ^^Conventodc la Soroiica 1595-1794s. 




tllSTüRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 83 

debtnn ser veinte y cuatro: mitad encomenderos, y el resto ciu- J 

dadano^^; (uidiendo, en igual proporción repartido, su numen » ' 

crecer hasta el de cuarenta, ejerciéndose en tal forma el cargo 
de cofrade, í|ue, á falta del padre, sucedía el hijo, como heredero 

de tí>dt)s sus derechos y obligaciones. Las prácticas de piedad á 1 

c]ue debían consagrarse eran muchas; las confesiones y comu- 
niones, frecuentes; y no pocas las juntas que celebraran, siendd 
multadas las faltas de asistencia, estimulándose así al más exacto 
cumplimiento de sus deberes. Señalábase traje especial así á los 
hombres, cunitj á las mujeres; los primeros cuando fuesen en 
Procesitin, dice el reglamento: han de llevar sus túnicas negras, 
-í ta|jaílos li)s rostros, sin llevar señal que sean conocidos; > las 
íiCguíidns han de llevar sus tocas negras, ^> y <todos han de ir 
callados, sin r|uc haya ruido.» Los Mayordomos, en vez de cirios, 
llevarán en sus manos <un bordón alto como la estatura de un 
< hombre. 

H. Cnn estas instituciones se insinuaba más y más el Padre m % 

Vera en el ánimo de todos los fieles, desempeñando bien en to 

das partes su elevado cargo de Vicario Provincial, buscando á 

mejoras y Emmentos para su Orden, á la vez que poniendo á , 

disposición del pueblo todos los recursos espirituales en benefici(^ I 

y salvacii'íTi <ie las almas. Como en Santiago, no olvidóse en la 
Serena de fundar y establecer la Cofradía de Nuestra Señora de 
la Consolación; propia de los Agustinos, porque, como él escri 
be: de ello resultará á los cofrades que lo fueren gran bien á 
t sus ánimas, porque ganarán, siéndolo, muchas indulgencias y 
' jubileos concedidos por los Sumos Pontífices.» El libro de 
asiento se abrió con los nombres de más de cuarenta señoras de 
la más tlistínguida calidad de la Serena, dando todas muestra 
del caudal de su cristiana y noble piedad por el oro de su de 
voción, con que generosamente contribuyeron á aquella obra. 

9. Quetlaba, sin embargo, todavía subsistente en la fundación 
la primera y más principal dificultad: el terreno adquirido siendo 
apenas ba.stante para construir un modestísimo edificio apropia- 
do á las necesidades de una reducida familia, mucho menos po- 
día consultar las necesidades y exigencias de una, aunque fuese 
pequeña Comunidad religiosa. Y bien sabido es que, instalado 



84 CAPÍTULO VII 

en una parte un Instituto Religioso, los vecinos alzan el precio 
de, sus propiedades: y, ya sea por hacerse más comerciales esos 
puntos, ya sea la proximidad á los templos los haga más busca- 
dos y apetecidos, ello es que con dificultad se resuelven á des- 
prenderse de tales bienes. 

Kn vano se fatigaba el Padre Vera, quien, á toda costa, quería 
dar comienzo á la fábrica de la nueva Iglesia; toda humana ten- 
tativa fracasaba ante un imposible. Xo había terreno suficiente: 
la propiedad adquirida por el Padre Torres apenas era la cuarta 
parte de una manzana, con vista á las barrancas, que son los 
muros naturales que rodean aquella Ciudad, ó mejor dicho, los 
fosos, más allá de los cuales se estienden en lo bajo, las vegas 
y la playa lejana, linde del mar. 

Entre los solares más próximos al Convento, estaba el. de 
Pedro Cisternas; y sea que Dios moviese su corazón, hacien- 
do una vez más triunfar la persuasiva del Padre Vera; sea que 
estimase aquél por muy ventajosa la proposición que éste le hi- 
zo; es lo cierto que Pedro de Cisternas convino en permutar su 
sitio por otro que poseian los Agustinos, en diferente parte de 
la Ciudad, por donación ó venta, á lo que más parece, del Ge- 
neral Hernando de Aguirre (5). De todos modos, no es este el 
único y oportuno beneficio que alcanzara el Convento de esta 
noble y acaudalada familia, en la cual hasta lo presente, de pa- 
dres á hijos, se han ido sucediendo en ellos el amor y devoción 
á la Orden Agustina, como juro de heredad, y testimonio de su 
antigua fe y nobleza. La familia Aguirre fué la más empeñada 
en la fundación del Convento de la Serena, y la que más facili- 
dades prestó á fin de llevarla á efecto. 

10. Casi en los mismos días, el Escribano Público, Pedro 
Fernández de Villarroel, no queriendo ser menos, en medio de 
aquellas universales muestras de simpatías de que eran objeto 
los Agustinos, él que había autorizado con su presencia más de 
un acto de generosidad para con ellos, á su turno vino á ofrecer 



(5) Archivo de Provincia. Lib. c Convento de la Serena 151»5-1794». Esta 
escritura se otorgó ante Fernández de Villarroel. El sitio pennutado no tenía 
ningún gravamen, lo que indica haber sido adquirido por venta. 




HISTORIA DE LOS AGISTINOS EN CHILE 85 



una modesta suma en su valor, pero en su significado, muy 
cuantiosa. Doña Leonor del Castillo, su esposa, era dueña de un 
capital de trescientos sesenta y siete pesos de buen oro, presta- 
do á varios Mercaderes de la Ciudad, y que éstos reconocían, 
como censo, en diferentes propiedades suyas urbanas y rústicas; 
tan exiguo principal rentaba al año veinte y seis pesos y doá 
tomines en oro. 

Un tan pequeño capital, y en diferentes manos, una tan escasa 
renta, y de difícil cobro, parecieron, sin embargo, á aquellos dos 
buenos esposos más que regular fortuna para fundar y dotar 
una Capellanía en el Convento de los Agustinos; tener derecho 
á sepultarse en su Iglesia; y gozar de los honores de patronos y 
bienhechores. Fuera de esto, no exigían más que una misa can- 
tada todos los primeros Miércoles de cada mes, y otra el Domin- 
go siguiente á la fiesta de San Pedro; y, como si fuera poco 
todavía, un responso cantado al fin de cada una de ellas. No de 
buen talante debió de oir el Padre Vera, á pesar de ser él exce- 
lente músico, tantas misas y responsos cantados á tan poca cos- 
ta; y así, con la ingeniosa salvedad de que tan solo se cantarían 
cuando hubiese tres Coristas Conventuales en aquella Casa, 
aceptó aquella Capellanía, pues las circunstancias aconsejaban 
no desperdiciar nada hasta hacer surgir la nueva fundación (6). 

Muy pronto sucedió lo que fácilmente era de esperarse: murió 
uno de los Mercaderes dejando en grave riesgo al Escribano de 
perder todos sus títulos y honores, sus misas y sufragios, en la 
Iglesia de Agustinos. Mas, como interesado en su honra, salió á 
la defensa de su Capellanía, y tales trazas se dio que, sacados á 
pública almoneda los bienes del Mercader, con exclusión de to- 
dos los demás acreedores, fueron adjudicados á solo el Convento 
de San Agustín, siendo como dice la sentencia, «preferido por 
« razón de empeño y especial hipoteca. » Y de esta manera el 
Convento llegó á ser propietario en la Ciudad de un solar más; 
y fuera de ella, de una viña de no pequeña extensión, y, como 
reza un documento, «plantada de arboleda y cercada de tapias.» 



(6) Archivo de Provincia. Lib. «Convento de la Serena 1596-1794». Se otorgó 
esta escritura el 26 de Mayo de 1696, Serena. 



» 



L 



86 CAi'ÍTrLC) VII 



Mas, cünití el fin á que estos bienes estaban destinados era el 
culto divino, tantn para asegurar el cumplimiento de aquella 
car^a piadc^sa» cuanto principalmente por obtener fondos í)ara 
la fábrica de la nueva Iglesia, el Padre Torres procedió á ven- 
derlos á censo al alférez Francisco de Jodar (f). 

I I. Cinco años hacía que el Padre Pedro de Torres no se 
apartaba un punto de su obra» siendo así que, en este corto 
tiempo, sus compañeros, los demás fundadores, relevados de sus 
oñcios por el l-'rovincial de Lima, la mayor parte, cumplida su 
mfsiun, había regresado á su Provincia del Perú. Al fin, en Julio 
de i6oO, vino lo propio á acontecerle, sucedicndole como Prior 
tlel Cíinvento de la Serena, el Padre Bartolomé de Toscano, 
tra)'endo en su com()aAía, como Conventual, al Padre Luis de 
\'illaiobí^s. 

ICn el [)f[íotio de su gobierno tuvo lugar la adquisición del 
lercer .Sí>lar contiguo al Convento, y que con él formaba parte 
ile la misma manzana, sirviendo, como es de suponer, hasta en- 
tonces lie no pequeño entorpecimiento á la fábrica del nuevo 
Claustro é iglesia. Pertenecía al Capitán Marco Antonio de 
A^uirre. du quien no podía ser difícil obtener la venta, á menos 
que cíHiio tan adicto á la Orden y devoto de San Agustín qui- 
- siera establecerse y residir allí mismo, al lado de los Agustinos: 
lo cual [íarece efectivo, pues no se comprende fuese el último en 
proporcionar el indispensable espacio de terreno á aquella míse- 
ra fundación. 

Al ñn, líesde su residencia de Copiapó, el Capitán Marco An- 
tonio de Agüirre mandó se llevase á efecto la institución de una 
Capellanía en favor del Convento de San Agastin, con la obli- 
gación de í^eis misas rezadas al año, en las principales fiestas de 
Nuestra Señora, dando para ello, según dice la escritura: «Un 
'■'■ solar cercado de dos tapias, que está en la cuadra de este di- 
-. cho Concento, porque le digan para siempre jamás las dichas 
* seis misas rezadas, por su ánima y por la del Gobernador, 
'í Francisco de Aguírre, su padre, y doña María de Torres, su 



í7) Art'tlivo tle Provincia. Lib. < Convento de la Serena 1595-1704.^ Fué otor- 
Rudíi íííita cíícnriirii el 23 de Noviembre de 1699, en la Serena, ante Pedro ¥er- 
Ttánileii da ViIlarn.^eL 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 87 



1 



I 



i 



-mujer» (8). Y aceptada esta Capellanía por el Padre Bartolomé 
de Toscano, desde esa época, comenzáronse á activar los traba- 
jos de la construcción de la nueva Iglesia. 

12. Mas quien se puso con todo ardor á la obra fué el Padre 
Juan Ruiz, últimamente llegado al Convento en calidad de Prior, 
y quien, desde el principio, se hizo notar por su actividad y 
celo. Venido del Perú á esta Provincia de Chile, en 1604, ocupó J 
en ella los puestos más eminentes, debidos, sin duda, á sus años 
y á sus méritos. Era natural de España y, como Religioso, hijo 
de la Provincia de Andalucía. Habiendo obtenido licencia del 
Reverendísimo Padre General Juan Bautista de Asti, el i.^ de 
Diciembre de 1609, para regresar á su país y á su Conveuto, el 
Padre Juan Ruiz, queriendo señalarse más todavía en el servicio 
de Dios y de su Orden, dilató el cumplimiento de sus deseos 
pasando á Chile y quedándose entre nosotros por muchos años. 
En su gobierno volviéronse á colocar á censo algunos capitales 
que, redimidos al Convento, quedaron en su caja y consumídose 
en la fábrica. El Padre Ruiz, con su influencia, pudo recabar de 
las arcas reales igual valor, y de nuevo impuso aquellos capita- 
les sobre bienes raíces, dejando de este modo asegurado el por- 
venir de su Convento. 

13. En tanto, como era de esperarse, en todo ese intervalo de 
tiempo que medió entre habilitar el nuevo templo y reducir á un 
pequeño é incómodo oratorio el servicio religioso, entre otros 
acaecimientos, la Cofradía de la Soledad se. fué á buscar más 
holgado espacio en la Iglesia de San Francisco. Acontecía esto, 
en Abril de 1607, apenas transcurridos doce años después que 
el Padre Cristóbal de Vera, al calor de su piedad y devoción, la 
había establecido y organizado. El Padre Bartolomé Toscano, á 
la sazón segunda vez Prior del Convento, lo llevó muy á mal; y 
quiso por las vías del derecho reducir aquellos prófugos á su 
propio domicilio. Más, habiendo acudido, en demanda de ampa- 
ro ante el Cura y Vicario, don Lope de Landa y Buitrón, y pro- 



(8) Archivo de Provincia. Lib. «Convento de la Serena 1596-1794.» Esta 
escritura se otorgó en 1.° do Noviembre de 1603, en la Serena, ante Fernández 
<\e Viilarroel. 



88 CAPÍTULO Vil 



veído por este que se llevase la causa al Provisor y Gobernador 
del Obispado, parece que los Agustinos desistieron de sus pre- 
tensiones; no merecía llevarse tan lejos la cuestión de una Co- 
fradía al acasíj fundada en nuestra Iglesia, y tan ajena de la 
Orden. 

1 4. Finalmente, después de más de veinte años pasados, bue- 
na parle de ellos, en a<lquirir terrenos para el claustro y la Igle- 
sia; en buscar medios con que sostener el culto divino, y atender 
al ser\'icio religioso de los fieles, en Mayo de 1616, con gran 
pompa y concurso del pueblo y de la nobleza de la Ciudad, se 
celebraba la fiesta de la dedicación del nuevo templo, el primero 
que desde sus cimientos levantaron en Chile los Agustinos. 

Era Prior de la Casa, en esta ocasión, el por tantos títulos 
célebre, asi por su ingenio, como por sus virtudes, el famoso 
autor del Señor de Mayo, el Padre Pedro de Figueroa, cuya no- 
ble figura, ocupando el honroso lugar que le es debido, aparece- 
rá más adelante, en el curso de la presente historia, en medio de 
sus grandes obras. En tan fausto acontecimiento, vino á presidir 
la fiesta, en calidad de Vicario Provincial, el Prior de Santiago, 
Padre Juan Ruiz, honor que le competiera á él más que á ningún 
otro, ya que á sus desvelos se debía, en gran parte, la construc- 
ción de la nueva Iglesia, según lo dice el acta que sigue: 

Mn la Ciudad de la Serena de Chile, en doce días del mes de 

* Mayo de míl y seiscientos y diez y seis años, estando dentro 
» de la Iglesia nueva que está en el Convento del Señor San 

* Agustín de la dicha Ciudad, día de la Ascensión de Nuestro 

* Salvador y. Redentor Jesucristo, después de haberse cantado las 
^ vísperas, estando el Padre Fray Juan Ruiz en las gradas 

* altas que están en la dicha Iglesia, donde estaba puesto un 

* altar , el Padre Fray Pedro de F*igueroa leyó en alta voz, 

-i en mi presencia y de la mayor parte de la gente de esta 

* Ciudad, que se hallaron en la dicha Iglesia, el requerimiento 
i que Sigue: 

-f Escriban o, que estáis presente, dadme por fe y testimonio 

* signado y firmado, en manera de que haga fe, á mí Fray Juan 
X Ruiz, Prior del Convento de Nuestro Padre San Agustín de 

* Santiago, y Vicario Provincial en este Convento, de como ¿id 




r 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



89. 



« perpctuam rei memoriam^ hoy, á gloria de Dios, Nuestro Se- 
t ñor, y de la Virgen Santísima, Madre suya, dedico y señaln 
X este altar é Iglesia á honra de Nuestro glorioso Padre San 
« Agustín, y á su santo nombre y vocación; y, para que haya 
< jperpetua memoria de este hecho, pongo aquí, en el mismo lu- 

^ gar donde se ha de levantar el altar mayor las venerables 

« reliquias del glorioso Evangelista San Marcos, y d^ otros San- 
^- tos mártires, y una Jámina de cobre grabada y escrita de unns 
íc letras latinas del tenor siguiente:» 

«Anno salutis millesimo sexcentésimo décimo sexto, quarto 
« nonas Maji, die Ascensionis Domini, Paulo Quinto Pontífice 
« Máximo, Rege Hispaniarum Philippo Tertio, Deo Opthni> 
« Máximo, Deiparaeque Virgini Mariae, ac Sancto Patri Nostrn 
« Augustino, Reverendus Pater Frater Joannes Ruiz, Vicarius 
« Provincialis, hoc sacellum cujus praecipue fundator extitít. 

humiliter dicavit, in quo venerabiles Sancti Marci et alioruin 
« Sanctorum Martirum reliquiae reconditae sunt» (9). 

A todo lo cual tan solo resta añadir que lo anterior no tiene 
más interés que el histórico, porque en la actualidad el Conventrt 
é Iglesia de los Agustinos, ocupa diverso sitio, desde fines del 
siglo diez y ocho, como á su tiempo se dirá. 



(9) Testimonio del Escribano Pedro Paez de Mondaca, Serena. 1610. Estrui*^ 
to de sus frases principales. 



^j^ 






SmrmkMíMB 



£¿^^. 






Capítulo VIII 

Xor i miento lialiiUo en el i'onTento de Santia^ desde 
1Ó98 hasta 1600 

I El |irittiitivo cJiiii3.tiNi- -¿ SuuiM estrechez y pobnv.a de lo» primero'* 
jifidv— 3, tí« dedirají lo> Aiíu^Iiiiot* ¡^ la en>enaiiza. 4. Viaje á 0>ncep<"ión 
iIl*1 l'ttdrtí Crbitóbftl du \>ra.- "i. l-o> terrenos <ie Tanpo. ♦>. El Padre Cri>- 
tiilml de Vera hace la irb'itfl d<í tft Provincia.— 7. Parte en >e^aiida á Lima.— 
K í¿íieda Gobernando e>t 8 Pruvtiiciíi de Chile el Padre Juan Franco Suez.— *.♦. 
Rtí(fre-a áChilei'l Ptídrf*CHstóbnl ú*^ Vera.- 10. Pérdida de los Conventos de 
SLiiitíi Cnm y Valdivia. 11, Kl Padre Cristóbal de Vera se vuelve definiti- 
vimente é. h\i Proviiioiíi del PerVi, 12. Impetra del Padre General la sepa- 
mi i>m de eiáta Provinrlii de CKile d^' la del Peni.— 13. No se lleva á efecto. 

I. Mucho tiempo tranj^urriu en que el primitivo Convento de 
Agustinos, más que casa, ó siquiera albergue de Religiosos, pa- 
recía aduar de beduinos y camjío de desolación: murallas caídas, 
techos derribados, ruinas y escombros, que sólo atestiguaban 
haber pasado por allí la violencia del fuego, y la cólera de los 
hombres. Es gráfica la expresión de los que vieron este primer 
claustro, cuando dicen; Un cuarto, de dos que quedaron del in- 
cendio, uno sine de Iglesia, el otro de dormitorio y vivien- 
da, con mucha estrechez é indecencia.^ Y, después de veinte 
años, todavía afirman los mismos: -Que, como se les quemó el 
* dicho Convento, nunca han podido, por la mucha necesidad, 
í volver á reedificarlo y encubrirlo; y en cubrirlo es fuerza que 
« gasten mucha plata. * (i) 




íl) Ari'hivo de ludia*. E.^^paña. luforinación hecha, en 1612. en Santiago, 
AfUe Ib Eeal Audiencia á petici<>ij de los Agustinos. 



I 



HISTORIA DE LOS ACJl'STLXOS KN CHILE 



n\ 



Como ya se lo sabe el lector, las casas de Alonso de Rím^ims 
y Figueroa eran de dos pisos. V así, al sobrevenir el inceiuln», 
á pesar de haber sido «muy grande», según el testimonio de Ins 
que lo presenciaron; y de haber «de todo punto abrasadíf (.1 
edificio/), sin embargo, como siempre suele suceder, respelarnn 
las llamas la parte baja, ó sea el principal, cuyas murallas enne- 
grecidas y calcinadas quedaron en pié, como único asilo de -u^ 
tíllenos. Y éstas fueron las que aprovecharon los Agustinos pur;t 
hacer de ellas su segunda Iglesia y segundo claustro, siendv» i;in 
mezquina su suerte, y tan corta su fortuna, que para alber^iust^ 
dentro de ellas, y preservarse déla intemperie, hubieron de mi^ 
provisar pajizos techos, y vivir, en medio de Santiago, al abi »l;^^ 
y sombra de- modestísima enramada. 

Hería esto en lo más vivo el orgullo de criollos y españi*!*'^, 
tocando las fibras más delicadas de su corazón de caballer*'--, *• 
la vez que los más finos sentimientos de su conciencia de cris- 
tianos. Por esto, en la aludida información al Rey, todas la^s Au- 
toridades, tanto civil, como eclesiástica de Santiago, juntamvnt\i 
con los vecinos más notables de e.sta ciudad, todos, á una a'X, 
se expresan en estos términos: 

■Después que dichos Religiosos fundaron en este reino \- < m 

* dad, han vivido y viven con mucho ejemplo de su vida y t •- 

* lumbres aunque viven con muchos trabajos, pobres' ;i y 

* necesidad porque viven con mucha estrechez é indcTrn 

* cia porque es el Convento más pobre de este reino } n<* 

* l^adres de él muy estimados y queridos por su mucha vítlimí 
^**>cas veces, de casa más pobre se habrá sentido salir más iiri 
perfume de virtud, que de este Convento de Agustinos. 

2. Estos, en verdad, edificaron al pueblo y á la sociedad \\v 
^C|Mel tiempo tanto con su celo apostólico, cuanto con su austii i 
^ívcl de vida: de otro modo no hubieran triunfado de tantas ci«fi 
tra^riedades, ni resistido jamás á tantas persecuciones, sin rv^ 
frií^rse su fervor, ni disminuirse su caridad. Llegaron días, l ti 
<^vie todo les faltó; más, no por eso desistieron de su resoluci^^n, 
y divino entusiasmo de evangelizar estos pueblos. 

Tantas fueron las necesidades de que sintiéranse agobiaJí-. 
^*^ estos primeros años, que al decir del Capitán, don Rodtí-M 



92 



TAHTLLO VIII 




de Araya, alcalde ordinario de Santiago, en el mencionado infor- 
forme: Si no fuese por alg^unas, aunque pocas limosnas que jun- 

* tan al tiempo de las cosechas, porque esta tierra está muy po- 

* bre, e¿itos Religiosos no se |Kxirian sustentar^ respecto de que 

* no tienen rentas, y son muy pobres. V pasan tanta necesidad 
i que ha v-isio este testigo que, predicando un Religioso, en este 

* Convento, un Religioso de su Orden pidió al pueblo que, por 

* amor de l>ios, les diesen limosnas de cera, para poder decir 
■i misa, porque con velas de sebo las decían. V este testigo lo 

* ha visto algunas veces arder velas de sebo en los altares 

' porque son !f>s Religiost>s más pobres que hay en esta ciudad 

* y reino. 

Más ex (ilícito es todavía otro de los informantes, y de mayor 
jieso su testimonio, porque fuera de ser el Protector (ieneral de 
los Indios, uní> de los cargos más elevados, este testigo, según 
el lililí::.! 'u il:cc, ■. ; v::; y,iari^J i^:i ¡iicdio de los dichos Religiosos. > 
Dice, pues, el Capitán Agustín Férea: de la Cuadra: Sabe este 
í testigo que Itis dichos Religiosos, sino fuese por algunas li- 
- mosnas, que en la ciudad se les hacen, aunque pocas, respec- 
í to de estar muy pobres los vecinos de ella, en ninguna manera 
4 se pudieran sustentar. V ha habido días, que, si no fuera por 

* este testigo, que les envía de comer y sustenta, no lo comie- 
< ran.^ Bien, pues, se prxlría decir de los fundadores lo que es 
cribe el Padre Cal ancha: -(Jue los ayunos grandes que todos 

* guardaban, les tenían más cuidadosos de apacentar las áni- 

* mas. 

Y era esta situación extremadamente aflictiva por otra razón 
la más rara y peregrina: tantas deudas grababan aquellas casas, 
que después de reducidas á ceniza, todavía por el suelo donde 
estuvieron edificatlas, se les hacia responsables á los Agustinos 
de cantidades fabulosas. Nadie lo expresa tan bien como el mis- 
mo Protector y Administrador General de los Indios, quién, en 

el referido informe, tlice así: Sabe este testigo que las di- 

í chas casas en que vi\ en estos Religiosos, de ellas deben hoy 

* día más de tres mil pesos de oro tle corrido; y esto lo sabe el 

* testigo, como trJ Protector General que es de los naturales de 

* éste reino, cuyos son los censos de que proceden los dichos 



j 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



93 



^ réditos. Este testigo hace diligencias para cobrar de los dichos 
'E Religiosos: no lo ha podido hacer, por no haber de qué. Y los 
í dichos Rehgiosos le han dicho que en ninguna manera pueden 
• pagar, sino es dejando las dichas casas, é irse fuera del reino.» 

V no era éste el único gravamen que tenían las casas y que, 
€n las presentes circunstancias, llegaba á hacer dolorosá la exis- 
tencia de los Agustinos, en Santiago. Otros censos cargaban 
aquella propiedad, los cuales, como más adelante se verá, unos 
fueron condonados por el mismo Rey á cuenta de una Capella- 
Jiía fundada á favor suyo, y otros redimidos tras de no pocos 
años por los Agustinos. Más, á pesar de ésto, nada era capaz 
de hacer arredrar á almas del temple del Padre Cristóbal de 
Vera» del Padre Juan de Vascones y del Padre Francisco de 
Henás, quiénes sin desalentarse jamás ante dificultades de todo 
género, no omitieron diligencia que les inspiró su celo, á fin de 
salvar la fundación de tantos obstáculos y tropiezos. 

V lo obtuvieron: ya, á principios de 1598, los cobertizos de 
paja empiezan á transformarse en tejados, á aderezarse las cel- 
dájí. y á disponerse lo necesario, según lo requieren las exigen- 
cias de la modesta, pero siempre dispendiosa vida conventual. 
Esto, por otra parte, se imponía: el personal era ya bastante nu- 
meroso; fuera del Padre Pedro de Torres que, como Prior, resi- 
día en la Serena, vivian en el Convento de Santiago, formando 
í^ü primera Comunidad, y digna por tanto de mencionarse, co- 
nio que fué la base de la reciente fundación: el Padre Cristóbal 
fíe Vera, Vicario Provincial; el Padre Juan de Vascones, Prior 
tfe ^>antiago; y los Padres Francisco Diaz, Francisco de Hervás, 
Antonio Ruiz, Diego de Castro, Juan Franco Sáez, Juan de So- 
torriíXT^-or, Agustín Ramírez, Francisco Gutiérrez, Pedro Picón, 
francisco de Valenzuela y Andrés de Hiedros. De estos, los seis 
últítTios, de simples Profesos vinieron del Perú: aquí, pues, ter- 
niuiaron sus estudios, y, siendo los primeros en recibir las sr- 
ííracliis órdenes, merecieron ser ellos los primogénitos de esta 
l'rovincia de Chile. 

3- Pequeña, sin duda, era esta Comunidad, pero la más entu- 
^^í^íitn y laboriosa, como en su mayor parte compuesta de jóve- 
nes emprendedores y activos. Estos, teniendo á su frente Prela- 



84 CAPÍTULO VII 

en una parte un Instituto Religioso, los vecinos alzan el precio 
de, sus propiedades: y, ya sea por hacerse más comerciales esos 
puntos, ya sea la proximidad á los templos los haga más busca- 
dos y apetecidos, ello es que con dificultad se resuelven á des- 
prenderse de tales bienes. 

En vano vse fatigaba el Padre Vera, quien, á toda costa, quería 
dar comienzo á la fábrica de la nueva Iglesia; toda humana ten- 
tativa fracasaba ante un imposible. No había terreno suficiente: 
la propiedad adquirida por el Padre Torres apenas era la cuarta 
parte de una manzana, con vista á las barrancas, que son los 
muros naturales que rodean aquella Ciudad, ó mejor dicho, los 
fosos, más allá de los cuales se estienden en lo bajo, las vegas 
y la playa lejana, linde del mar. 

L'ntre los solares más próximos al Convento, estaba el. de 
Pedro Cisternas; y sea que Dios moviese su corazón, hacien- 
do una vez más triunfar la persuasiva del Padre V^era; sea que 
estimase aquél por muy ventajosa la proposición que é.ste le hi- 
zo; es lo cierto que Pedro de Cisternas convino en permutar su 
sitio por otro que poseian los Agustinos, en diferente parte de 
la Ciudad, por donación ó venta, á lo que más parece, del Ge- 
neral Hernando de Aguirre (5). De todos modos, no es este el 
único y oportuno beneficio que alcanzara el Convento de esta 
noble y acaudalada familia, en la cual hasta lo presente, de pa- 
dres á hijos, se han ido sucediendo en ellos el amor y devoción 
á la Orden Agustina, como juro de heredad, y testimonio de su 
antigua fe y nobleza. La familia Aguirre fué la más empeñada 
en la fundación del Convento de la Serena, y la que más facili- 
dades prestó á fin de llevarla á efecto. 

10. Casi en los mismos días, el Escribano Público, Pedro 
Fernández de Villarroel, no queriendo ser menos, en medio de 
aquellas universales muestras de simpatías de que eran objeto 
los Agustinos, él que había autorizado con su presencia más de 
un acto de generosidad para con ellos, á su turno vino á ofrecer 



(6) Archivo de Provincia. Lib. c Convento de la Serena 151)5-1794». Esta 
escritura se otorgó ante Fernández de Villarroel. El sitio pennutado no tenía 
ningún gravamen, lo que indica haber sido adquirido por venta. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN C HILE 85 



I 



una modesta suma en su valor, pero en su significado, muy 
cuantiosa. Doña Leonor del Castillo, su esposa, era dueña de un 
capital de trescientos sesenta y siete pesos de buen oro, presta- 
do á varios Mercaderes de la Ciudad^ y que éstos reconocían, 
como censo, en diferentes propiedades suyas urbanas y rústicas; 
tan exiguo principal rentaba al año veinte y seis pesos y doá 
tomines en oro. 

Un tan pequeño capital, y en diferentes manos, una tan escasa 
renta, y de difícil cobro, parecieron, sin embargo, á aquellos dos 
buenos esposos más que regular fortuna para fundar y dotar 

una Capellanía en el Convento de los Agustinos; tener derecho 4 

á sepultarse en su Iglesia; y gozar de los honores de patronos y 'I 

bienhechores. Fuera de esto, no exigían más que una misa can- 
tada todos los primeros Miércoles de cada mes, y otra el Domin- 
go siguiente á la fiesta de San Pedro; y, como si fuera poco 
todavía, un responso cantado al fin de cada una de ellas. No de 
buen talante debió de oir el Padre Vera, á pesar de ser él exce- 
lente músico, tantas misas y responsos cantados á tan poca cos- 
ta; y así, con la ingeniosa salvedad de que tan solo se cantarían 
cuando hubiese tres Coristas Conventuales en aquella Casa, 
aceptó aquella Capellanía^ pues las circunstancias aconsejaban 
no desperdiciar nada hasta hacer surgir la nueva fundación (6). 

Muy pronto sucedió lo que fácilmente era de esperarse: murió 
uno de los Mercaderes dejando en grave riesgo al Escribano de 
perder todos sus títulos y honores, sus misas y sufragios, en la 
Iglesia de Agustinos. Mas, como interesado en su honra, salió á 
la defensa de su Capellanía, y tales trazas se dio que, sacados á 
pública almoneda los bienes del Mercader, con exclusión de to- 
dos los demás acreedores, fueron adjudicados á solo el Convento 
de San Agustín, siendo como dice la sentencia, «preferido por 
« razón de empeño y especial hipoteca.» Y de esta manera el 
Convento llegó á ser propietario en la Ciudad de un solar más; 
y fuera de ella, de una viña de no pequeña extensión, y, como 
reza un documento, «plantada de arboleda y cercada de tapias.» 



(6> Archivo de Provincia. Lib. ^Con vento de la Serena 1695-1794». Se otorgó 
esta escritura el 26 de Mayo de 1696, Serena. 



86 cAPÍTri/) VII 



Mas, como el fin á que estos bienes estaban destinados era el 
culto divino, tanto para asegurar el cumplimiento de aquella 
carga piadosa» cuanto principalmente por obtener fondos para 
la fábrica de la nueva Iglesia, el Padre Torres procedió á ven- 
derlos á censo al alférez Francisco de Jodar (f). 

1 1 . Cinco años hacía que el Padre Pedro de Torres no se 
apartaba un punto de su obra, siendo así que. en este corto 
tiempo, sus compañeros, los demás fundadores, relevados de sus 
oficios por el Provincial de Lima, la mayor parte, cumplida su 
misión, había regresado á su Provincia del Perú. Al fin, en Julio 
de 1600, vino lo propio á acontecerle, sucediéndole como Prior 
del Convento de la Serena, el Padre Bartolomé de Toscano, 
trayendo en su compañía, como Conventual, al Padre Luis de 
\'illalobos. 

1mi el período de su gobierno tuvo lugar la adquisición del 
tercer solar contiguo al Convento, y que con él formaba parte 
de la misma manzana, siniendo, como es de suponer, hasta en- 
tonces de no pequeño entorpecimiento á la fábrica del nuevo 
Claustro L Iglesia. Pertenecía al Capitán Marco Antonio de 
Aguirre, de quien no podía ser difícil obtener la venta, á menos 
que como tan adicto á la Orden y devoto de San Agustín qui- 
- siera establecerse y residir allí mismo, al lado de los Agustinos: 
lo cual parece efectivo, pues no se comprende fuese el último en 
proporcionar el indispensable espacio de terreno á aquella míse- 

I ra fundación. 

Al fin, desde su residencia de Copiapó, el Capitán Marco An- 
tonio de Aüuirre mandó se llevase á efecto la institución de una 

[ Capellanía en favor del Convento de San Agastin, con la obli- 

gación de seis misas rezadas al año, en las principales fiestas de 
Nuestra Señora, dando para ello, según dice la escritura: ^Un 
« solar cercado de dos tapias, que está en la cuadra de este di- 
« cho Convento, porque le digan para siempre jamás las dichas 
« seis misas rezadas, por su ánima y por la del Gobernador, 
'< Francisco de Aguirre, su padre, y doña María de Torres, su 



(7) Archiv^o de Provincia. Lib. cOonvento de la Serena 1590-1704.- Fué otor- 
gada e.'íta esícritura el 23 de Noviembre de 1699, en la Serena, ante Podro Fer- 
nández de Villan*oel. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 87 

-mujer* (8). Y aceptada esta Capellanía por el Padre Bartolomé 
de Toscano, desde esa época, comenzáronse á activar los traba- 
jos de la construcción de la nueva Iglesia. 

12. Mas quien se puso con todo ardor á la obra fué el Padre 
Juan Ruiz, últimamente llegado al Convento en calidad de Prior, 
y quien, desde el principio, se hizo notar por su actividad y 
celo. Venido del Perú á esta Provincia de Chile, en 1604, ocupó 
en ella los puestos más eminentes, debidos, sin duda, á sus años 
y á sus méritos. Era natural de España y, como Religioso, hijo 
de la Provincia de Andalucía. Habiendo obtenido licencia del 
Reverendísimo Padre General Juan Bautista de Asti, el i.o de 
Diciembre de 1609, para regresar á su país y á su Conveuto, el 
Padre Juan Ruiz, queriendo señalarse más todavía en el servicio 
de Dios y de su Orden, dilató el cumplimiento de sus deseos 
pasando á Chile y quedándose entre nosotros por muchos años. 
En su gobierno volviéronse á colocar á censo algunos capitales 
que, redimidos al Convento, quedaron en su caja y consumídose 
en la fábrica. El Padre Ruiz, con su influencia, pudo recabar de 
las arcas reales igual valor, y de nuevo impuso aquellos capita- 
les sobre bienes raíces, dejando de este modo asegurado el por- 
venir de su Convento. 

13. En tanto, como era de esperarse, en todo ese intervalo de 
tiempo que medió entre habilitar el nuevo templo y reducir á un 
pequeño é incómodo oratorio el servicio religioso, entre otros 
acaecimientos, la Cofradía de la Soledad se. fué á buscar más 
holgado espacio en la Iglesia de San Francisco. Acontecía esto, 
en Abril de 1607, apenas transcurridos doce años después que 
el Padre Cristóbal de Vera, al calor de su piedad y devoción, la 
había establecido y organizado. El Padre Bartolomé Toscano, á 
la sazón segunda vez Prior del Convento, lo llevó muy á mal; y 
quiso por las vías del derecho reducir aquellos prófugos á su 
propio domicilio. Más, habiendo acudido, en demanda de ampa- 
ro ante el Cura y Vicario, don Lope de Landa y Buitrón, y pro- 



(8) Archivo de Provincia. Lib. «Convento de la Serena 1596-1794.» Esta 
escritura se otorgó en I.® de Noviembre de 1603, en la Serena, ante Fernández 
Ae Villarroel. 



N 



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Mas, corno ,- 
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IILSTORIA DE LOS AGUSTINOS EX CHILE 85. 



- perpttutim rei mcmoriam, hoy, á gloria de Dios, Nuestro Se- 
ñor, y de la V^írgen Santísima, Madre suya, dedico y señale 1 
este altar é Iglesia á honra de Nuestro glorioso Padre San 
* Agustín, y á su santo nombre y vocación; y, para que haya 
perpetua memoria de este hecho, pongo aquí, en el mismo lu- 

^ gar donde se ha de levantar el altar mayor las venerableí^ 

^ reliquias del glonoso Evangelista San Marcos, y de otros San- 
' tos mártires, y una lámina de cobre grabada y escrita de unas 
í letras latinas del tenor siguiente:* 

«Anno salutis millesimo sexcentésimo décimo sexto, quaritj 
^ nonas Maji, die Ascensionis Domini, Paulo Quinto Pontírictr 
2 Máximo, Rege Hispaniarum Philippo Tertio, Deo Optiinn 
^ Máximo, Deiparaeque Virgini Mariae, ac Sancto Patri Nostru 
« Augustino, Reverendus Pater Frater Joannes Ruiz, Vicanus 
I Provincialis, hoc sacellum cujus praecipue fundator extítit, 

< humiliter dicavit, in quo venerabiles Sancti Marci et alionim 

< Sanctorum Martirum reliquiae reconditae sunt» (9). 

A todo lo cual tan solo resta añadir que lo anterior no tiene 
más interés que el histórico, porque en la actualidad el Conventn 
é Iglesia de los Agustinos, ocupa diverso sitio, desde fines del 
siglo diez y ocho, como á su tiempo se dirá. 



(9) Testiraonio del Escribano Pedro Paez de Mondaca, Serena. 1610. Extrau- 
to de sus frases principales. 



^¡^ 



lOO CAPÍTULO VIH 



Vera, aunque algún tanto confundido debió de quedar por sus 
ásperos reproches al Padre Vascones. 

8. V no fué solamente esto con lo que pudiera haberle mor- 
tificado, sino que aun, á pesar de ser el Padre Vascones el más 
digno, no le dejó á él de Vicario Provincial, sino al Padre Juan 
Franco Sáez, siendo éste el segundo Superior, que ha tenido la 
Provincia de Chile. Duró su gobierno más de un año, desde 
Enero de 1598 hasta Marzo de 1599, dejando huellas de la bon- 
dad de su carácter, en una declaración que hizo agregar al Acta 
de visita de su Predecesor: en ella el Padre Franco Sáez releva de 
todo cargo al Padre Vascones, explicando á la vez la razón de 
su proceder, diciendo: «porque no se entienda, ni se suponga 
« mal con respecto así del Padre Prior de este Convento, como 
« del Padre Definidor. > (5) Palabras que descubren un corazón 
lleno de caridad, y un ánimo pacífico y conciliador: partes dig- 
nas de un Prelado que se apresura á reparar los daños que la 
autoridad pudiera haber causado en la honra, ü opinión de al- 
guno de los subditos. 

9. Fn esto el Padre Cristóbal de Vera entraba en el Capítulo 
Provincial, que tenia lugar en el Convento de Nasca, al sur de 
Lima, con más títulos talvez que ningún otro para ocupar el 
primer puesto en aquella su provincia; á lo menos la de Chile te- 
nia derechos á que se tributasen algunos honores á su fundador. 
Pero los hechos no acreditan hasta ahora que se hiciese algo en 
pro de los intereses de la Orden, en Chile, en aquel Capítulo. 
Antes bien parece que se hubiera querido abandonar esta funda- 
ción, si se atiende á la forma de gobierno tan poco estable que 
se le dio, porque al volver el Padre Vera á esta Provincia, no 
podria afirmarse si fué en carácter de Vicario Provincial, entran- 

do á ejercer en propiedad el oficio, ó más bien como interino: 

tan breve fué su segundo gobierno. 

Y c.^ta interinidad en el mando superior viene á ser tal, que 
en este cuatrienio, desde 1598 hasta 1602, llegan á sucedcrse en 
el gobierno los Padres Juan P" raneo Sáez, Cristóbal de Vera, 
Juan de \'ascones y Pedro Duran, permaneciendo alguno de 



(5) Archivo de Provincia. Lib. «Casa Grande 1595 -10 ^'j^. pAg. lOH vuelta. 



HISTORIA DE LOS A(;i'STIX()S EX rilH.E lOÍ 



ellos, en el oficio de Vicario Provincial, menos de un año. Xo 
se comprende coniu pudo darse semejante organización á una 
Provincia tan lejana de la metrópoli, y tan en sus comienzos, co- 
mo que apenas libre de los primeros tropiezos y obstáculos, en- 
traba á desarrollarse. 

I o. A esto que no puede menos que ser calificado de grande 
atraso, se agrego oiuy luego la pérdida de los Conventos de 
Santa Cruz de Oñez, y de Valdivia, por la rebelión general de 
los indios, que se apoderaron de estas ciudades y las destruye- 
ron. Xo hay noticia de lo que, en tales circunstancias, sufrieran 
los nuestros en sus personas, ó en sus propiedades: éstas serian 
presa de las llamas, como solia suceder; y aquellas, á buen librar, 
sólo después de horribles trabajos quedaban á salvo del furor 
de los indios, subiendo escarpadas montañas, vadeando cauda- 
losos rios y dejando atrás valles inmensos, exponiéndose á cada 
paso á continuos peligros de sorpresa, ó de muerte. 

11. Y para colmo de males, llegó también á la infeliz Provin- 
cia de Chile el momento en que su fundador para siempre se re- 
tiraba de este país; el último documento firmado por él, y al des- 
gaire, sin anotación de título, ni oficio, lleva la fecha de i .^ de 
Febrero de 1600. Este doloroso acontecimiento- que venía á 
herir de muerte la fundación, no pudo ser sino consecuencia de 
otro golpe, que el Provincial de Lima descargaba sobre esta Pro- 
vincia de Chile, 

12. Durante el anterior Provincialato, mientras gobernaba el 
Padre Alonso Pacheco, íntimo confidente del Padre Cristóbal de 
Vera, se solicito del Reverendísimo Padre General de la Orden 
la creación de la nueva Provincia de Chile, y su completa sepa- 
ración é independencia de la del Perú; y, además, el título de 
Prior Provincial á su primer fundador. El Reverendísimo Padre 
General, Alejandro Mancini de Sena, despachó favorablemente, 
en toda sus partes, esta solicitud, según patente fechada en Ña- 
póles el año de 1599, del tenor siguiente; 

13. ■ Frater Aiexander Senensis, Ordinis Eremitarum Sancti 
« Augustini Prior Generalis. Venerabilibus et Nobis in Christo 
« dilectissolutein. Cum itaque audierimus á gravioribus Patri- 
f bus Peruanis impossibili esse, et nullo facto fieri posse, ut Pro- 



102 C'APÍTUI.O VIII 



« vincialis ipse Peruanae Provinciae, ob locorum nimiam distan- 
« tiam, eos visitare valeat Conventus in Regno Chilensi sitos, 
« ea propter enixe rogarunt ut Provinciarum divisio auctoritate 
« nostra fiat, ita ut Provincialis seorsim eligatur, qui locorum 
« nostrorum dicti Regni de Chile curam habeat, eosque visitet, ' 
X gubernet et regat.» 

«Ne itaque videamur Venerabilis Provincialis Peruani humeris 
« gravia et importabilia omera poneré, libenter divisionem prae- 
« fatam facíendam esstí statuimus. Harum itaque vi et nostri of- 
« fiscii auctoritate ita, Provinciam Regni de Chile á Provincia 
« Peruntina dividimus, et ad invicen secernimus, ut postea Pro- 
«. vincialis Peruntinus Superior Provincias de Chile esse non pos- 
« sit, in ejusque loca, ñeque jurisdictionem, ñeque jus, ñeque 
« potestatem uUam, auctoritatemque habeat, ñeque habere liceat 
<- amplius; sed seorsim Provincia illa ab ista existat.» 

«Cujus régimen, Provincias videlicet Regni de Chile, atque 
'< gubernatlonem committimus pro hac vice Venerabili Patri 
< Christophoro de Vera, tamquam eorumdem Conventuum fun- 
'< datori.» (6) 

14. Esta patente del Padre General no fué, por el momento, 
ejecutada: pasaron más de diez años, y sobrevino la muerte del 
Padre Cristóbal de Vera, y sólo entonces se intentó su ejecución 
y cumplimiento, cuando ya era demasiado tarde, atendiendo á 
nuevas leyes y ulteriores disposiciones. Se ha dicho que el Pa- 
dre Vera, como Religioso modesto y poco ambicioso, no quiso 
« tratar de su ejecución. >• (7) Muy modesto, muy humilde^ y na- 
da ambicioso era; mas preciso es ponerlo primeramente de 
acuerdo consigo mismo: y, siendo el Padre Alonso Pacheco, en- 
tonces Provincial, y Definidor, el Padre Cristóbal, y habiendo 
ambos impetrado de Roma semejante decreto, no es posible 
aceptar que la modestia del Padre Vera fuese un obstáculo á la 
ejecución de tal Patente. 



(6) El texto de arriba está incompleto, .según se halla en la historia de Car- 
vallo y Goyeneclie, de donde se lia tomado. No existe en el Archivo de Pro- 
vincia, ni en el General de Roma. El registro del Rmo. Senense llega tan sólo 
hasta Junio de 15W, ó, j)e.sar de haber gobernado la Orden hasta Enero de 
1600. 

(7) Torres. «.Crónica del los Agustinos del Perú» Líb. I. cap. VI. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



103 



V tanto más se evidencia esta razón, cuanto que la modestia 
del Padre Cristóbal de Vera quedaba á salvo con la simple re- 
nuncia del Províncialato, pues, como honra suya y personal, era 
libre para declinarlo; más no así igualmente renunciable era la 
creación de la nueva Provincia de Chile, y su absoluta división 
y separación de la del Perú, la cual declarada y decretada por 
la autoridad competente del General de toda la Orden, no podía 
caer en renuncia alguna hecha por el Padre Cristóbal de Vera- 

Se ha dicho también por el Cronista de los Agustinos del 
Peni que esta patente no fué llevada á ejecución, por «no venir 
4 colada porei Real Consejp de Indias.» Mas este requisito es 
mui posterior á la fecha de la expedición de las mencionadas 
letras deí Padre General. Once años después el 8 de Febrero de 
16 1 o, vino a dictarse la ley que prohibia ejecutar patente alguna' 
de los Padres Generales que no hubiera obtenido antes el Pase 
Real. Es, pues, manifiesto que ni el Padre Cristóbal de Vera, ní 
et Real Consejo de Indias fueron un obstáculo á la ejecución de 
la referida patente del General Alejandro Mancini de Sena. 

Por último es un hecho demasiado revelador la extraña reser- 
va que se guardó con tan importante documento, del cual no pa- 
rece haber tenido noticia alguna el mismo Padre Cristóbal de 
Vera, porque sohmeñte después de su muerte, se tuvo noticia 
en Chile de que esta Provincia era libre é independiente de la 
del Perú. Ehizo, acto continuo, valer sus derechos, los cuales si 
antes los conociese, desde entonces los hiciera valer, sin duda 
nlf^una. Lo cual es prueba manifiesta de que la patente del Padre 
General fué simplemente ocultada por el Padre Alonso Mará ver, 
Provincial del Perú, porque, sin haber tentado ninguna via legal 
tan solo trece años después, en 161 2, la Provincia del Perú su- 
plico al Padre General déla Orden se. dignase suspender la eje' 
cuctón de la patente del Reverendisimo Alejandro Senense. 



-HK- 





OapitulQ IX 



El Padre Juan de Yascones, tercer Yicarlo ProTlncial de 

Chile, es nombrado por la Nación su Procurador 

ante el Rey 

Desde Febrero de 1600 hasta Septiembre 

1. El Padre Vascones tercer Vicario Provincial de Chile.— 2. La Xación le 
nombra su Procurador ante el Eey, y parte ¿ España.- 3. Memorial que 
presentó al Rey y artículos que en él alega en favor de Chile. — 4. El pri- 
mero: r Gobierno de experidncia^.— 5. El segundo: «Situación de pagas sufí- 
cientesv.- ti. El tercero: 'Armada contra los Piratas*.— 7. El cuarto: cLiber- 
tad de los vecinos y mor ador es s. —8. El quinto: cEsclavitud de los Rebeldess. 
--9. El sesto: c Ayuda y favor del Perú». — 10. El séptimo: «Prorrogaciones 
de los indios».- 11. El octavo- ^Negros para sacar oro-.— 12. El noveno: 
'Moneda y cuño propio».- 18. El décimo: «Que no se usen crueldades i.— 
—14. Grandes distinciones hechas al Padre Vascones en la Corte de Madrid. 
--15. ritimas noticias acerca del Padre Vascones. 



1. Cinco años de infatigable labor bastaron para que el Padre 
Juan de Vascones pasase á ocupar el primer puesto, que por 
todos títulos merecía, en esta Provincia de Chile, rodeado del 
cariño de todos sus Religiosos y de un prestigio inmenso, que 
jamás en otra ocasión se ha visto; tanto que en él toda la Nación 
fió el remedio de sus males, en aquellos tiempos de tantas des- 
venturas, esperando del ingenioso celo de aquel Agustino la 
obra asaz dificultosa de la pronta restauración de la Colonia. 

2. El audaz atentado contra la persona del Gobernador don 
Martín García Oñez de Loyola y su comitiva, en que perecieron 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 105 




casi todos bárbaramente asesinados á mano de feroces indios; la 
rebelión general de éstos, en que á la vez se vieron asaltadas las 
ciudades más importantes, como obra de colonización y defensa, 
cayendo muy pronto anegadas en olas de sangre y fuego; tanto 
valor y audacia de los araucanos primero desconcertó á los es- 
pañoles, y luego introdujo tanto pánico en las poblaciones, que 
nadie creyó seguras vida y hacienda. 

En esos días de tanta angustia y desolación para las ciudades 
de Chile, el celo y caridad del Padre Vascones llevaron á todas 
partes una palabra de ánimo y consuelo. La ciudad de la Con- 
cepción, á las puertas de Arauco, y, por ello, la más amagada y 
profundamente abatida, así se espresa en sus poderes, diciendo: 
« En todos estos trabajos nos ha sido de gran consuelo la per- 
« sona del Padre Juan de V^ascones, de la Orden del señor San 
^ Agustín, Vicario Provincial de ella en este Reino, porque con 
« su mucha cristiandad, virtud y predicación nos ha esforzado y 
^ animado.» 

No menos agobiada por tantas desgracias se muestra Santia- | 

go, diciendo en sus poderes al Rey: < Cincuenta años ha que los 
« vasallos de Vuestra Majestad, en este desdichado Reino de 
« Chile, padecemos los mayores y más irreparables trabajos y 
« calamidades, que españoles han padecido después que se des- 
« cubrieron indias, nacidas no de la calidad de la misma tierra, 

« que de suyo es de las más sanas y fértiles del mundo, sino d^ I 

« esta prolija guerra» Y terminan la exposición de sus ma- 
les los vecinos de esta Capital, fiando el remedio de ellos del | 
celo y caridad del mismo Padre Juan de Vascones. 

Y los ojos de todos se volvían á él. Los mismos Mercaderes 
de Santiago, después de llorar sus pérdidas, dicen al Rey: ^ <Es- 
« tamos en suma pobreza por haber acudido con nuestras ha- 
« ciendas para socorrer los soldados y gente de guerra. Y aun- 
< que los dichos socorros hemos hecho en forma de préstamo, 
« por estar las reales cajas de Vuestra Majestad de suma 
« pobreza, no se cobra cosa alguna. Y por haber muerto los di- 
« chos indios rebeldes tantos españoles, vecinos y soldados, á 
« quien así mismo teníamos fiadas nuestras haciendas, y por su 
« mucha pobreza, y por haberles llevado á algunos de ellos los 



1 



106 CAPÍTULO IX 

< indios sus haciendas, las hemos perdido nosotros las nuestras, 
« y estamos, como dicho es, con suma pobreza, y^ Y estos mismos 
Mercaderes, en medio de tan azarosas circunstancias, fían del ta- 
lento y sagacidad del Padre Vascones el cobro de sus bienes y 
fortunas, y le dan amplios poderes ante el Rey. 

En medio de la aflicción universal el Padre Vascones apareció 
como que él solo podía salvar de su inminente ruina á la Colo- 
nia. La Ciudad de la Serena que estaba más á salvo de los peli- 
gros, no es menos expresiva para ponderar sus males y elogiar 
las prendas del Padre Vascones; dice en su poder: xPara cuyo 
« efecto este Reino acordó despachar á esa Corte á Fray Juan 
« de Vascones, Vicario Provincial de la Orden de San Agustín, 
« persona de crédito y experiencia y testigo de vista de nuestras 
X calamidades, á quien nos remitimos en este y lo 'demás que 
« á su cargo lleva perteneciente al bien común de este Reino.» 

Finalmente la Ciudad de la Imperial que había dado su poder 
á uno de sus vecinos más prestigiosos, éste lo sustituyó en el 
mismo Padre Vascones, llegando á ser de tal modo el Vicario 
Provincial de los Agustinos el más autorizado representante de 
todas las aspiraciones y esperanzas de este país (i). 

A fines de Septiembre de 1600 el Padre Juan de Vascones 
salía de Chile, siendo el portador de todos sus votos ante el Rey 
de España, á quien presentó un «Memorial de lo que pide Chile 
« para su restauración y remedio,» dando este título al conjunto 
de peticiones que hacía al Rey toda esta Nación. 

3. Este Documento histórico, siendo de la más alta importan- 
cia, no sólo por haber vivamente impresionado el ánimo de Fe- 
lipe IIL quién hizo del Delegado de Chile el mayor aprecio y 
estima, sinq también por haber encontrado las diversas propo- 
siciones en él formuladas la más benévola acogida en el -Real 
Consejo de Indias, influyendo no poco las resoluciones adopta- 
das por este Supremo Tribunal en los destinos de toda esta Na- 
ción, se hace casi indispensable analizar aquí tanto cada uno de 



(1) Todos los Poderes dados al Padre Vascones y el Memorial del mismo 
han sido tomados del Tomo I de la Colección de B. Vicuña Mackenna «(rarcía 
Ramón». Los Poderes se otorgaron en Octubre y Noviembre de 1.600. 




ilLSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE lOJ 

tos diez artículos de que consta la obra, cuanto ciertas ideas que 
de paso expresa su autor, y que revelan la superior inteligencia 
del Padre \'ascones. y las dotes incomparables que adornaban 
su corazón de Sacerdote y Religioso. 

Ingenio superior, carácter noble y levantado, el Padre Juan de 
Vascones, piensa á veces de una manera mui diferente del vul- 
go, y, sin rebozo alguno, expresa ante el mismo Rey de las Es- 
pailas opiniones bastantes contrarias á su -trono, sin que esto le 
atraiga de aquella Su Majestad ni amenazas, ni castigos, sino 
distinciones y honores. 

En el artículrj quinto y en el décimo de su Memorial, el Padre 
Vascones vierte estas expresiones: «La guerra (de Chile), aun- 
* que en sus principios, pudo ser de nuestra parte injusta, los 
' sucesos y maldades de los enemigos la han ido justificando, y 
^ segün derecha lo está hoy, por conclusión de Teólogos y otros 
^ Letrados, teniendo atención á las insolencias que nuevamente 

lían cometido en odio de la Fe Católica, siendo estorbos para 

unos no !a reciban, y causa de que otros recibida la dejen 

apostatando íie la Cristiana Religión, como muchos lo han 
^ hecho V si bien se mira es porque (los indios de Chile) 

defienden su tierra de la manera que naturaleza en ellos bár- 

■- bara les ensefta teniendo atención á que el indio, si usa 

^ con nuestra nación de algunas (crueldades), procede como 
*; infiel y bárbaro; pero el crisdano tiene obligación á proceder 

como cristiano.» 

Cualquiera lee en las frases anteriormente transcriptas, al tra- 
vés de esa su forma atenuada, con toda claridad y franqueza, 
esta afirmación del Padre Vascones: la guerra de conquista de 
España en su principio fué injusta y también lo es en su prose- 
cución, ó por lo menos en el modo de proseguirla tomanda los 
españoles comE) ataques y agravios lo que en los indios no es 
más que legítima y natural defensa de sus tierras y de sus ho- 
gares. 

Llama, por cierto, la atención que piense así, y así hable ante 
el Rei de España, y ante el Consejo de Indias, un Religioso des- 
conocido que llega á la Corte de Madrid á pedir mercedes al 
Rey, y favores á su Real Consejo, y éstos lejos de ofenderse de 




I08 CAPÍTULO IX 



W 



lan cxtraiías teorías lIcI suplicante, singularmente le honran y 
distinguen- esplendido triunfo, sin duda, que no puede atribuirse 
sino á la hábil y saj^az política del Padre Vascones. 

Mas, como á algunos podría parecer temerariq arrojo el sus- 
tentar ima díJCtrina quL' presume contradecir la donación hecha 
pur Alejandra VI á los Reyes Católicos de todas las tierras que 
ilcscubran hacia el Occidente y Mediodía, preciso se hace con- 
signar aquí esta verdad: que ni la Santa Sede, ni los Teólogos 
han dado jamá.s á la Huía Alejandrina el alcance que hoy quie- 
ren darle los enemigas de la Iglesia por el solo fin de hacerla 
objeto de sus odiosos ataques. 

rPues, en cuanto á la donación que hace el Papa de las nue- 

■ vas Islas y Regiones, dicen Suárez, Luco, Conink, Bañes, Pla- 

■ tel y los Salmaticenses, que por muy amplia que sea en las 
^ palabras, siempre se ha de restringir á los términos de la 
^ equidad y derecho; lo que principalmente tiene lugar siempre 
^ que se perjudica el derecho de tercero en una donación indefi- 
- nída, como sucede en ésta; pues los indígenas, aunque infieles, 
' son dueños y señores de < sus cosas, y no se les puede privar 

de este dominio, como lo declaró Paulo IIT, en 23 de Mayo 
^ de 1537 \^l 

Por esto el Padre Vascones, con . la conciencia incorruptible 
del Sacerdole y la libre franqueza del Apóstol, no tuvo miedo 
de declarar ante el mismo Monarca de las P^^spañas y su Real 
Consejo de Indias la injusticia de las guerras de conquista que 
llevaron á todas partes los Descubridores llenando estas tierras 
de muerte y desolación. 

4. Más es forzoso también al estudiar su famoso Memorial, 
contem|)]ar en e! Padre Vascones al estadista tan versado y 
práctico en toda clase de negocios públicos, como aparece en la 
serie de los diez artículos presentados al Rey, en nombre de 
Chile, \\ principalmente, en el primero que titula «Gobierno de 
experiencia, i 

Kn él, así dice al Rey: <'La guerra del Reino de Chile es muy 



, í2} EütA tomailo e^ie rjizonoiniento de la obra Colección de Bulas y otros 

iJooumtíiitoíí Putitificios relativos á la América?, del P. Heruaez, quien lo 
I jíone li coíiimurtcJón dt> Iil Bula de Alejandro VI. entre los Fastos de Morelli- 



i 




* 



HISTORIA DE LOS AGrSTINOS EX CHILE IO9 

^ intrincada y difícil entender: los enemigos, el día de hoy, irsuy 
í soldados y cavilosos; la tierra muy doblada, de muchos ríos y 
^ quebradas á vuelta de los valles amenos y muy fértiles, que 
^ tienen ios Naturales bárbaros, sin poblaciones, ni fuertes cono- 
- cidos, donde pueden ser hallados, con otras mil dificultacies; 

■ atento á lo cual, el que la hubiere de gobernar, para no errar- 
ía lo, por momento, precisamente tiene necesidad de larga ex[)e^ 
^ rienciar 

íPor no tenerla el Gobernador, Martín García de Loyola se 
íi perdió; y, por la misma razón, en tiempo de don Francisco de 
< Quiñones, sucesor suyo, fué todo el Reino casi destruido y 

* arruinado. Por todo lo cual importaría que esta guerra 

: se encomendase á don Alonso de Sotomayor, con título de 

■ ViiTey, agregando á Chile las Provincias de Tucumáñ y Pa- 
' raguay* 

*Y si no hubiese lugar la dicha provisión , el Reino pide 

í por su Gobernador á Alonso García Ramón persona de 

* mucha opinión entre los enemigos de aquel Reino; muy qucri- 

* do y deseado de los amigos de el; hombre de diez años de 
V experiencia, siendo Maestre de Campo, en las cuales paseó y 
' tanteó muchas veces la tierra, con las armas en la mano, te- 

niendo buenos sucesos; de quien se ha conocido buen celo del 
í ser\ucio de Dios y de su Rey.» 

Pero, mientras así formulaba el Padre Vascones los actos de 
las ciudades de Chile, Domingo de Erazo, enviado por el Gober- 
nador actual, Alonso de Rivera, trabajando en favor de éste, 
tenazmente debía oponerse á toda determinación que le fuese 
contraria, l'or otra parte, no iba por primera vez á representar 
á los Gobernadores de Chile ante la Corte de Madrid; contaba 
en ella con mnchas relaciones influyentes y poderosas; y su ca- 
pacidad y experiencia en el manejo de los negocios tan notoria 
y conocida, que nadie dudó jamás de su buen acierto y mejor 
fortuna. 

Este fué el hombre que tuvo frente de sí el Padre Vascones; 
ambos ante la misma Corte defendieron sus pretensiones; el 
antiguo agente jíliso enjuego, con artera industria y sagacidad, 
á todos los validos y favoritos de la Corte; el Padre Vascones 



p-rr- 



no CAPÍTULO IX 



como pobre, humilde y desconocido Religioso carecía de tantos 
recursos y no cofttaba con favor alguno. Sin embargo el resul- 
tado no se hizo mucho esperar: Alonso de Rivera, á pesar de 
que con felicidad y destreza dirigía la guerra de Chile, fué 
separado de su empleo y nombrado en su lugar Alonso García 
Ramón. 

5. Más feliz todavía estuvo el Padre Vascones en su segundo 
artículo que titula: «Situación de pagas suficientes», es decir 
aumento del situado, ó sea del sueldo que en adelante se paga- 
se á la gente de guerra. 

«ítem, dice, para acabar, de una vez (en Chile) guerra de 5? 
ií años, la más costosa á la nación española de cuantas ha habi- 
^. do en la América, solamente puede haber dos eficaces medios: 
I ó reduciendo los enemigos á poblaciones, teniéndolos supedi- 
^ tados con las armas; ó talándoles en los veranos la campaña 
^ y abrasándoles á un mismo tiempo sus mantenimientos, semen- 
^ teras y casas, necesitándoles con esto á dar la paz, ó á dejar 

* la tierra.» 

<Del primer medio no hay que tratar porque no solo edi- 

* ficar en Chile pueblos de nuevo, pero reedificar los arruinados 
■t promete "casi un imposible en muchos decenarios de años. Y 

* así necesariamente se ha de echar mano del medio segundo... 
« Y para que esto se haga como se debe hacer, las guerras de 
•j Chile se acaben de una vez y los muchos inocentes cautivos y 
^ cautivas nobles cristianas, que están repartidas por toda la tie- 
^ rra, en miseria y esclavitud se rescaten, ó saquen por punta 
if de lanzas, porque de otra manera hay poca esperanza de ello, 

son necesarios tres campos cada uno ha de ser por lo 

* menos de 500 hombres: 400 arcabuceros y 100 lanceros de á 
■* caballo.» 

«A esta gente ni la pueden sustentar 60,000 ducados, que en 

* cada un año ha mandado dar Su Magestad de socorro, ni el 
^ apurado Reino (de Chile) que ha quedado en solas dos ciuda- 
ft des intactas de los enemigos y hechas dos pobres hospitales de 
« amigos: por lo cual será necesario que Su Majestad mande do- 
í blar el dicho socorro.» 

De nuevo el Padre Vascones salió triunfante en su demanda; 




;';,u ii ny^]^ 



i 

I 
i 



lll!^TORlA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE III 

y, si pedía un situado de 120,000 ducados, el Real Consejo ur- 
den ó que se elevase á 1 40,000 ducados. 

6 El tercer articulo lo titula «Armada contra los piratas; y 
en él se espresa así: 

'Y porque de 20 años á esta parte no cesan de entrar Corsa- 
« nos por el Estrecho cíe Magallanes, haciendo grandes d^ños. y 

* causando grandes alteraciones, desde que entró Francisco Dra- 

* ke, inglés, que fué el primero, hasta Oliver North, holandés, 

* que estuvo el año pasado de 1600, abrasando y robando cinco 

* bajeles que halló en la costa de Chile, y causando en la del 

< Perú grandes pérdidas». ^ 

* Y cualquier navichuelo de los dichosos Piratas entra en la " | 

* mar de! sur, por aquella parte, tocando arma y alborotando al 
t mundo desde que desemboca por el dicho Estrecho; causan- 
« do en todas las dichas costas y tierras muchos gastos de la 
« real haciemla y daños de particulares; y que, golosos los dí- 
€ chos Piratas de los despojos que ven llevar á los que vuelven, 

< han entrado siempre y jamás dejarán de hacer lo mismo, en el 

* ínter que no se pusiere remedio; y que según aviso y lo 

*,que se pudo colegir, los dichos Piratas traían ánimo y les ha 

* quedado esperanzas de confederarse con los Indios de guerra 

* y apoderarse de Chile, para ir después, según su cuenta, ha- 
t ciendji poco á poco lo mismo de todas las Indias Occiden- 

* tales. 3 

* Para que tantos y tan graves daños se atajen y tan locos 

* pensamientos no pasen adelante, hay precisa necesidad de dos 

* Galeones armados de gente y artillería, los cuales asistan de 
« ordinario en la dicha costa de Chile.» 

Lo cual parecía al Padre Vascones suficiente remedio así 
para defender las dilatadas costas de Chile, como para desbara- 
tar tuda armada de Piratas, porque como él agrega: «Hasta hny 
» sabemos haber pasado navio que en Chile no se haya visto, 

< los cuales por salir del Estrecho divisos, cada uno por sí, y 

* por milagro dos juntos y llegar allí desbaratados y enfermos y 

* el artillería en el lastre, son muy fáciles de rendir y castigar.» 

7. El cuarto articulólo titula «Libertad de los vecinos y mo 
radores» y, en él, el Padre Vascones hace presente al Rey que 



T 




112 



CAPÍTULO IX 



el obligar á ir á la guerra á los Mercaderes y á los vecinos, que 
se ocupan del cultivo y labranza de los campos, es acabar de 
arruinar á Chile, matando la agricultura y dificultando todo tra- 
to y comercio del país; es hacer como él dice, «de este Reino, 
<c que de suyo es el más rico y florido de las Indias, el más abo- 
« rrecible y odioso de todas ellas», 

La pintura, que hace del estado interior de la Colonia, no 
puede ser más interesante. «Las derramas, dice, (ó sea contri- 
« buciones) de dineros, armas y caballos; la saca, en cada vera- 
« no. de los vecinos para la guerra, que los Gobernadores han 
« hecho por todos los pueblos y ciudades; compeliendo así mis- 
« nio á los mercaderes y demás moradores y forasteros á que 

« paguen un tanto ó vayan á la dicha guerra han sido has- 

« ta ahora la causa de muchos daños, demás de los dichos agra- 

« vios, porque han quedado con estas sacas los pueblos 

« desmantelados y sin fuerza para poder resistir los enemigos, 
« de donde ha resultado todo el principal daño y destrucción 
« del Reino.» 

«Para remediar de hoy en adelante todos estos inconvenien- 
« tes; relevar de tanto trabajo los apurados vecinos; aumeijtar 
« el trato y comercio; y que haya quien guarde lo ganado de 
« los enemigos domésticos (que son los Naturales) y quien re- 
« sista, así mismo, á los de fuera (que son los Piratas) y final- 
ce mente para que el dicho Reino comience, en breve tiempo, á 
« alear y levantar cabeza: todos los casos dichos piden humilde - 
« mente á Su Majestad su rigurosa cédula, para que, por ningu- 
« na via, el Gobernador,, que es ó fuere, saquen y manden salir 
« á la guei-ra, fuera de los términos y jurisdicción de las ciuda- 
« des, á persona alguna, no siendo soldado pagado.» 

Difícilmente Chile pudiera haber encontrado otro que mejor 
defendiese los derechos de sus colonos que el Padre Juan de 
Vascones. 

8. Pero donde parece excederse á si mismo, es en el quinto 
artículo que titula «Esclavitud de los Rebeldes». 

Pues, habiendo anteriormente referido «las vejaciones i mo- 
« lestias» de todos aquellos «que han derramado su sangre y 
« gastado sus haciendas en esta guerra» de Chile, después de 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE II 3 



« haber venido ^á poblar esta tierra y ennoblecerla, buscando 

< en ella su vida » la gente española dice no tiene otro 

* despojo del enemigo, sino unas pobres armas de cuero: y cuan- 

* más, un caballo trasquilado de crin y cola...» 

En verdad, no podía ser más miserable el botín que recogían 
los conquistadores. Por esto y, sobre todo, por hallarse la Co- 
lonia, en aquellos días, respirando venganzas contra los Indíge- 
nas triunfantes y victoriosos; en esa hora de vértigo que siente 
el orgullo abatido por la desgracia; en esos terribles momentos 
en que el hombre, como mucha merced perdona la vida y con- 
cede á sus enemigos la esclavitud; á una voz, la pidieron al Rey 
lodos los españoles residentes en Chile, como el más justo y 
merecido castigo al rebelde indígena chileno. 

«Estos, decían, pueden y aún deben ser legítimamente escla- 
« vos, haciendo de ellos lo que ellos han hecho y hacen hoy de 
í nuestras españolas y gente principal, á quienes venden y com- - 
€ pran entre si, por muy poco precio, ultrajándolas y sirviéndo- 

< se de ellas en miserable desnudez y cautiverio.» 

El Padre Vascones que, hablando á nombre propio, dice al 
Rey; «Esto, si bien se mira, es porque defienden su tierra de la 
^ manera que naturaleza en ellos bárbara les enseña»; mai, «si 

< el Indio usa con nuestra nación de algunas crueldades, proce- 
« de como infiel y bárbaro; pero el cristiano tiene obligación 

< á proceder como cristiano»; el Padre Vascones, al formular, 
pues^ ante el Rey semejante proposición de esclavitud de los 
Indios rebeldes, no pudo hablar á nombre propio, tan sólo se^ 
hizo eco de la opinión unánime de la Colonia exaltada por las 
recientes desgracias. 

9. El sesto artículo lo titula: «Ayuda y favor del Periiv; más 
no vaya alguien á creer que es ayuda y favor de gente militar; 
porque el Padre Vascones dice que, respecto á soldados, en 
Chile, «bastan, con la ayuda de sus propios vecinos», pues, «tie- 

* ne esta tierra muchos Capitanes muy»valerosos>>; ni vaya á 
sospecharse, que sea oro el que se traiga del Perú, porque dice 
el mismo que Chile «es un Reino tan próspero de oro» que no 
faltan sino *mil Negros» para sacarlo «de las más aventajadas 

* minas*; ni se juzgue, finalmente, que sean víveres los que ven- 

% 



■^ 



114 CAPÍTULO IX 



gan del Perú, pues Chile, para el Padre Vascones «es tierra muy 
« abundante y barata de pan, vino, carnes y pescado y otros 
« mantenimientos»; «es el Reino, que de suyo, es el más rico y 
« florido de las Indias.» 

La ayuda y favor del Perú que pide el Padre Vascones es que 
el Virrey no provea destino alguno en Chile que no recaiga en 
persona residente en él por algunos años: medida la más justa 
y oportuna, cuyo alcance á nadie se puede ocultar. 

10. En el séptimo artículo que titula «Prorrogaciones de los 
Indios >^ de nuevo recrudece la indignación ó el desprecio de los 
conquistadores por la pobre raza indígena. 

El deforme é incomprensible título de «Prorrogaciones delu- 
dios), significa algo todavía más incomprensible y deforme: la 
merced que los Reyes de España hacian á los conquistadores 
de la persona de los Indios, por una ó dos vidas, y hasta por 
tres y cuatro vidas; de manera que de esta impía donación de 
seres humanos participaban padres, hijos y nietos y hasta los 
hijos de éstos. 

Muy á su pesar el Padre Vascones llevaría la voz de sus co- 
mitentes, en esta ocasión; él que se atrevió á poner en duda la 
justicia de la guerra de conquista y afirmarlo en presencia del 
Rey diciendo: «En sus principios pudo ser de nuestra parte in- 
« justa : en forma velada, pero enérgica en el fondo. Efec- 
tivamente, si cumplió con su cometido, lo hizo en los más breves 
términos y con las mayores restricciones que se puede imaginar. 

11. En el octavo artículo que titula «Negros para sacar oro» 
hace presente al Rey el estado de postración en que se hallaba 
en Chile la industria minera, á pesar de ser «esta tierra, de 
suyo, tan rica.v 

Como la falta de brazos era la primera- necesidad que debía 
antes de todo remediarse, propone al Rey la conveniencia de 
traer á Chile mil Negros de Angola, atendida la condición man- 
sa de ellos, que les impedirá confederarse con los Indios de Chi- 
le altivos y guerreros. ' 

«De manera, agrega el Padre Vascones, que por esta parte 
« hay mucha seguridad: y por otra las dichas comarcas son sa- 
€ ñas y de buen temple para Negros.» 




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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS KN CHILE I T t^ 



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12. Kn el noveno artículo que titula ^Moneday cuño propio v, 
dice: 

•ítem por cuanto el trato ordinario de Chile es por conmuta- 

* taciones y conchavos de unas cosas por otras por la falta i|uc 

< hay de moneda...... y es grande incomodidad pUra la Kepú- 

* blica y defecto del bien común, que en un Reino tan próspero 

< de uro falte moneda», pide en consecuencia que se establezca 

en Chile Casa de Moneda con cuño y marca propia del país, I 

Tan primitivo y rudimentario era el trato en aquellos tiem- 
pos: que las capellanías se dotaban con limosna de vino o tri- 
go; y los asientos, o sea el derecho de sepultura en las Iglesias, 
se concedían por diez fanegas de trigo y dos puercos. (3) 

r3.* Finalmente el décimo artículo que titula Que no se usen 
crueldades :j y que aquí reproduzco íntegro, porque en él habla 
á nombre propio el P. Vascones, es una pieza acabada que re- 
fleja el alma entera de su autor: su palabra toma toda la fucríra 
para condenar y denunciar al Rey las atrocidades de que eran 
víctimas los pobres indígenas chilenos. Dice así: 

í Últimamente propone en este Consejo Fray Juan de Vasco- 
í nes que los más de los Gobernadores de aquel Reino anlepa- 
¿ sados, y muchos de sus Capitanes, y aún soldados partícuía- 

* res, procurando traer por este camino al yugo de la obediencia 

* á tos enemigos rebeldes, han usado con los que han habitU* 

< vivos á las manos de grandes crueldades: sacando á unos U^k 
% ojos* cortando á otros las manos, narices y orejas; cercenandt^ 

* á otros con machetes los pies por medio del empeine con 

* grande inhumanidad; empalando á otros y quemándolos vi- 

* vos y aún recién bautizados; como pocos días há mande* ha- 
« ter don Francisco de Quiñones con más de treinta, que en 

< verdad fué un es[)ectáculo de gran compasión. > 

Y si bien se mira, es porque defienden su tierra de la mane- 

* ra que naturaleza en ellos bárbara les enseña.» 

< Y es de creer que semejantes crueldades contra los de gue- 
« rra y muchas inhumanidades y agravios que se han usado cnii 
« los de pa;í, son las que han indignado á Dios Nuestro Sen(»r 



Í3j A rdi ivo f I lí Provincia. Lib. *Ca.SR Grandí^., ir>íi,j.ltJ25. página 2t>L 




Il6 CAPÍTIM.O IX 



contra aquella República, el cual para castigar semejantes in- 
solencias, las de los unos en los otros y las de muchos en ellos 
mismos, ha querido Su Majestad arruinar aquel Reino, como 
otra Jerusalen, tomando por instrumento y alguaciles de su 

<^ divina justicia á los propios bárbaros, y hacer este castigo con 
ja cuña de la propia madera.» 

Atento á lo cual el dicho Procurador pide al Rey Nuestro 
Señor su real cédula, muy rigurosa, para que los Indios que 

<' de presente son de paz y los que adelante la ofrecieren, sean 

V tratados cristiana y piadosamente, así del Gobernador que es 
o fuere, como de las demás Justicias y Oficiales de guerra, y> 
en los enemigos que en ella fueren rendidos o habidos á las 
manos de otra cualquiera manera, en ninguna manera se eje- 
cuten éstas, ni otras semejantes crueldades, teniendo atención 
á que el Indio, si usa con nuestra nación de algunas, procede 

V como infiel y bárbaro, pero el cristiano tiene obligación á pro- 
ceder como cristiano. » 

14. Así termina el Padre Vascones su Memorial, del cual 
solo se ha extractado aquí aquella parte en que el autor pone 
como de relieve* su propia figura; su sagacidad y talento, su 
celo apostólico y su virtud franca y austera. 

■ Mucho debió de agradar a Felipe Tercero el enviado, dice 
el Autor de los «Orígenes de la Iglesia Chilena», y muy alto 
aprecio debió de hacer de sus prendas, puesto que, cuan- 
do en 1604 volvía el Padre Vascones á Chile, no sólo le pro- 

V porcionaba pasaje en la flota, y le asignaba una cantidad para 

< gastos de viaje, sino que lo recomendaba muy especialmente 
al Gobernador de Chile: Os encargo y mando, le decía, que 

< tengáis cuenta con su persona y le ayudéis, favorezcáis y hon- 

< reis en lo que se ofreciere y os ayudéis de él para lo que con- 
« viniere y fuere apropósito, en las cosas tocantes á la pacifica- 
•^ ción de ese Reino, que en ello me serviréis.» (4) 

15. Y con esto se dan en esta historia, las últimas noticias 
que el autor ha podido encontrar acerca del Padre Juan de Vas- 
cones; el Archivo de esta Provincia no habla más de él,' á lo 

(,4) Errázuriz. «Orígenes de la Iglesia Chilena», cap. XXXVI. 



JIISTORIA DE Í.OS AGUSTINOS EN CHILE 



ir: 



que parece, no por haber ocufrido su muerte, sino por no haber 
vuelto otra vez á Chile. 

Excusado es hacer aquí su elogio: lo tiene en cada una de sus 
obras. (5) 



ffi) Después de haLi&rae impuesto el lector de todo este capitulo, le agrad^sk- 
ri i^nocer lo que al resfiect a escribe el señor Medina, en su «Literatura C'olo- 
jjiftldeChile^, totcio 3, págiua 360, á saber: '►Es cosa muy digna de notítr^ti 

* que entre los más encarüizíidos adversarios del Padre Luis de Valtiivia ae 
4 contasen algunos mieoibros de las Ordenes Keligiosas. Fray Jtiati de 
í Vftscoties, por ejemplo, qa<í por órdenes del Monarca fué despachado por 

< el Virrey del Perú á Iojí tomienzos de 1645, con varios otros Padrea de Stiji 

* A^Uiítín, paiu venir iV predicar en Chile la fe católica, escribió una Fctiútén 
t m Derecho, apoyada en íe\tos de todo género, para pedir que se llevase 

< adela^Lte la guerra, j que í^e diese por esclavos á todos los Indios, quíenen 

* decia Fray Juan, tenían uit.'nos derecho á la libertad que los Moros de f ira- 
t nadat'i los Negros de Gmnea.:> 

nifícíLm^nte meno> mal informado é instruido pudiera alguien escribir 
Híjerca de un hecho, Pero si lo anterior revela poco estudio, demuestra muy 
ifiala fe \o que. acerca del luL'^mo Padre Vascones escribió el Señor Mfr-dina 
eüsu Hbtoria del Tribunal del Santo Oficio». Titula el Capítulo XVI del 
primer tomo 'Algunos Frailes Solicitantes* y á continuación, en el sumario^ 
entre otrits cosas» escribe 'Proceso del Agustino Fray Juan de Vasicoues^i, 
Al leer esto» cualqidera ¡-e imaginarla verle acusado de abominables exce^ii!^; 
liada meao^ que esto, tan bi^lo se le acusó de haberse propasado en los elo- 
gios de Juan, ©1 Bu^msta, en un panegírico suyo. Qué haya pretendido el, Se- 
ñor Medina al emplear tan extraña forma de presentar los hechos^ e» algo 
que no necesita expÜcación, ni admite excusas. 



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Capítulo X 



Los Padres Yicarios ProYÍnciales: Pedro Duran y 
Bartolomé de Montoro 1600—1604 

i. El Padre Pedro Duran, cuarto Vicario Provincial.— 2. El Padre Pt»dro de 
Torres, Prior de Santiagt».— 3. La vifia de ^ufioa ó sea el Cojí vento San Ni- 
colás de la Vina.— 4. El >olar de la Chimba ó sea el Convento de San Juan 
de Sahagúu— ó. El Capitán Francisco Sáez de Mena vende el solar que 
po.seía juuto al Convento principal de Santiago.— fi. Nuevas Capellanías. - 
7. Muerte d»^l General Alonso de Riveros y Figueroa. — 8. Se abre el Novi- 
ciado de la Provincia con los Religiosos Manuel de Mendoza, Juan de Te- 
.jeda. Juan Jufré de Loaisa y Miguel Canobio.— 9. Capitulo Provincial de 
Lima en hM)'2. lO. El Padre Bartolomé de Montoro, quinto Vicario Pro- 
vincial—U. Religioso^ que vinieron con él: Pedro de Altamirano. Miguel 
Romero y Baltazar de Buitrón.— 12. El Padre Balt azar Pérez de Espinosa. 

I . A fines de Septiembre de 1 6oo tomaba posesión de su ofi- 
cio de Vicario Provincial, en este Convento de Santiago, el Pa- 
dre Pedro Duran, siendo el cuarto en la serie de los Prelados 
que han regido esta Provincia de Chile, y, apenas impuesto de 
su estado, subscribió un acta que revela en su autor mucha pe- 
ricia en el manejo de asuntos monásticos, á la vez que un espí- 
ritu recto y justiciero, (i) 

Ningún antecedente ha llegado á nuestros días que declare 
los méritos de este nuevo Vicario Provincial, si no es el título de 
predicador; lo cual en aquellos tiempos, significaba no haber se- 
guido la carrera de las letras, ó sea de la enseñanza en las aulas 



(1) Archivo de Provincia Lib. :Casa Grande 1595—1626.» pag. 117. 




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TIISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



119 



conventuales, y era tenido como cosa de menos valor. Mas esto 
no sucede en el Padre Duran: siendo tan corto su gobierno, de 
poco más de dos años, tuvo habilidad suficiente para echar la 
base de dos nuevos Conventos; enriquecer el de Santiago con la 
adquisición de una valiosa propiedad; extender la reducida área 
de las casas de Alonso Riveros y Figueroa agregándoles otro so- 
lar, y, sobre todo, emprendiendo la obra de más vida para la 
Provincia: su Noviciado. 

Acompañaron al Vicario Provincial en su viaje á Chile los 
Padres: Bartolomé Toscano, Andrés de la Vega y Luis de Villa- 
lobos, siendo tan caracterizados los dos primeros, que muy luego 
se hicieron dignos, aquel de ocupar el Priorato de la Serena y 
éste el de Santiago. 

2, Mas, de pronto, el Padre Pedro Duran colocó al frente de 
la Casa Grande al Padre Pedro de Torres, el único que quedaba 
en Chile de los primeros fundadores, y quién, apenas transcu- 
rrido un año de Prior en Santiago, hubo de pasar con igual car- 
go á Trujillo. 

Durante todo el provincialato en el Perú del Padre Alonso 
Maraver, desde 1598 hasta 1602, no hubo empleo fijo, ni estable 
en Chile, sin que aparezca motivo alguno plausible para retirar, 
de una tan naciente fundación, los Religiosos de más prestigio 
para la Orden ^ y de más provecho para la Provincia, como quie- 
ra que ninguno, más que sus fundadores, podian interesarse en 
su progreso y bienestar. 

3, Sin embargo, con toda la mala dirección de Lima, aquí sur- 
gía la Provincia, porque no era posible tan pronto terminase la 
obra de los Padres Cristóbal de Vera y Juan de Vascones. Este, 
como sé recordará, así ante el Virrey de Lima, como ante Fe- 
lipe III, en la corte de Madrid, pidió por gobernador de Chile á 
Alonso García Ramón, obteniendo sin dilación su nombramiento 
en ambas cancillerías. 

Alonso García Ramón, tan bizarro militar, como cumplido ca- 
ballero, supo con magnificencia mostrarse agradecido á los 
Agustinos, constituyéndose en Chile su ilustre y poderoso bien- 
hechor. A más de hacerles donación de las tierras de Putaendo, 
en Aconcagua, él fué el que fundó una de las mejores y más an- 



1 




120 CAPÍTULO X 



tiguas Capellanías del Convento de Santiago y la dotó con una 
rica y valiosa propiedad, la viña de Ñuñoa que, en un tiempo 
tuvo Convento bajo el título de San Nicolás de la Viña; y que, 
como fundo de valor, ha llegado hasta los primeros años de la 
República, convirtiéndose entonces en un censo redimible, por 
la ley de la desamortización de los bienes de regulares. (2) 

4. Esta fundación tan útil á la Comunidad, y que permitía lle- 
var el servicio religioso entre los Indios, al oriente de Santiago, 
estableciéndose de fijo entre ellos un sacerdote que les instru- 
yese en las verdades de la religión y les dispusiese á la recep- 
ción de los sacramentos, fué una obra de importancia recono- 
cida y que bastante tiempo duró para producir en aquella en- 
tonces abandonada localidad, los más opimos frutos para la Re- 
ligión. 

Igual motivo, aunque sin el auxilio de la munificencia del go- 
bernador, por solo estímulo del propio celo,* llevó á los Agus- 
tinos á comprar, en la ribera norte del rio Mapocho, un solar y 
construir en él una Capilla, que luego se llamó Convento,, bajo 
el título de San Juan de Sahagún, prestando muy oportuno ser- 
vicio religioso en ese apartado barrio de la Chimba. (3) 

Otro fin, si bien secundario, no por eso menos noble para la 
comunidad, cumplía este Convento: él era ía hospedería de los 
nuestros que constantemente llegaban del Perú, á la vez que el 
punto de partida de los que emprendian el viaje á Lima, dispo- 
niéndose convei^entemente en esta casa el transporte así de los 
Religiosos, como de su equipaje. 

5 . Mas, si tan vastas eran las miras del Padre Pedro Duran, 



(2^ £n el Lib. «Casa Grande» (1695—1626) entre los inventarios de visita del 
Padre Torres se describe así: «Una vifta, una legua de esta ciudad, de doce mil 

< plantas, cercada de una tapia, con su bodega y vasija, treinta tinajas y de- 
« más adherent«s de vendimia, un cuarto de vivienda y una Capilla donde se 

< dice misa etc.^ Y en las páginas 118 y 202 del mismo libro se encuentran los 
demás datos arriba expresados y otros menos importantes. Años de 1601 y 
1602. £n el mismo libro página 202 vuelta se halla la ^Merced de las tierras en 
c el valle de Putaendo hecha por Alonso G-arcía Ramón. 

^3j De las páginas 118 y 261 del mencionado libro se deduce que se compró 
á Luis de Toledo. (1601). Años más tarde adquirió más importancia este Con- 
vento por una fundación de Capellanía. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



121 



con todo se carecía de bastante espacio para trazar un magníficí» 
templo que estaba en proyecto, y un claustro que fuese decente 
habitación de sus Religiosos. La Capilla que habían los Agus- 
tinos adornado y embellecido con pinturas y retablos, era dema- 
siado pobre: y las celdas que daban albergue á la comunidacU 
no todas se veían cubiertas de tejas. Aquello á la simple vista 
seftaleiba las huellas de la pasada y terrible catástrofe. 

Y, no siendo posible emprender obra alguna costosa, el Vicario 
Provincial contentóse con ir preparando el camino á la futura 
realización de sus grandes designios. Y para ello, trató, en prí- 
mer término, de dar más extensión á la reducida área de las 
aiitigLias casas de la familia de Alonso Riveros y Figueroa, y te- 
ttiendo ésta su frente á la calle del Rey, quedase el fondo sufi- 
ciente para la construcción de un templo capaz y suntuoso. 

En prosecución, pues, de esta idea compróse uno de los sola- 
res contiguos al Convento y debió de ser el del Capitán Fran- 
cisca Sáez de Mena, ya que el otro solar perteneciente al Capi- 
tun Agustín Pérez de la Cuadra, tan solo lo hubieron los Agus- 
tinos, veinte años después, como dote de una no muy pingüe Ca- 
pellanía. (4) 

6. Cumple á los Agustinos rendir aquí tributo de gratitud, 
como bienhechor de la Orden y de los primeros en Chile, al Ca- 
pitán Francisco Sáez de Mena. Casado con doña Marina de Ri- 
veros y Figueroa, participó de la devoción de toda esta familia 
hacia la Orden, pero sea que entre todos el fuese más acauda- 
lado y rico, ó más desprendido y generoso, es lo cierto que ma- 
' nifestó con más brillo y esplendidez su caballerosa piedad para 
con los nuestros. 

Del mismo modo, en mérito del más justo reconocimiento, que 
es deber manifestar á los bienhechores, aquí menciono los nom- 
bres de los Capitanes Santiago de Viana y Benito Cid, funda- 
dores de Capellanías en favor de este Convento de Santiago; y 



(A) En el mt*ucionado libro ^Casa Grande 1696 — 1626» página 2(54, en Sep- 
tiambre de I6<)t, elaramente be babla de la adquisición de este local, sin indi* 
carel vendedor, ni el precio de la venta aunque no podía ser otro que el Cn* 
pitan Siiesí de Mena. Cuando la viuda del Capitán Pérez de la Cuadra vendi*^ 
al Grmvento su casa se estimó en 6,200 pesos. 



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122 CAPÍTULO X 



muy principalmente, el de la señora doña Mariana de Morales, 
esposa del Capitán Alonso de Córdoba, cuya devoción brilló 
tanto como su generosidad para con los Agustinos. 

7. En esto llegó el día 1 1 de Junio de 1602, en el cual pagaba 
tributo á la muerte el más insigne bienechor de esta Provincia 
de Chile, el General Alonso de Riveros y Figueroa; el «buen her- 
« manox» así llamado por todos los que tuvieron la dicha de ser- 
lo de él; que en días de suma tribulación para los Agustinos, les 
dio hospedaje en esta su casa que, ya ha más de tres siglos, es 
templo del Señor y morada de sus siervos. (5) 

Con cristiana piedad é hidalga resolución dice en la segunda 
cláusula de su testamento: «Mando que mi cuerpo sea sepultado, 
« en mi capilla de Nuestra Señora de Gracia, en el Convento del 
« Señor San Agustin, donde se dirá una misa cantada por mi 
« ánima.» Y en esta carta de última y postrimera voluntad, no 
vuelve á nombrar á los Agustinos, sino en un codicilo, para decla- 
rar: «que no obstante que eché á censo mil pesos sobre las casas 
« de San Agustín, la verdad es que no los debo. » 

Mas si este y otros gravámenes hicieron por aquellos momen- 
tos menos espléndida la acción del General Riveros y Figueroa' 
y parece haberle sorprendido la muerte un poco alejado de los 
Agustinos, todo ello junto y aun más no bastará para que estos 
dejen alguna vez de bendecir su memoria y elevar continuas 
plegarias por él y su familia en el templo que sirve de tumba á 
sus mortales despojos. 

8. Pero el hecho más culminante, para la historia de la Pro- 
vincia, en estos años, que voy refiriendo, es sin duda el haberse 
abierto el Noviciado, viniendo a ser desde entonces esta Pro- 
vincia de Chile madre de numerosos hijos, que la han honrado 
x:on el brillo de sus virtudes, y con el prestigio de su saber. 

Y este acontecimiento es tanto más digno de llamarse feliz, 
cuanto que el Noviciado se inició con tan próspera fortuna, que 
los cuatro primeros Novicios han sido objeto de grandes hono- 
res tributados á su recuerdo, por los que han escrito la historia 



(5) Se llamaban Generales los que habían sido corregidores, Maesti-e de 
Campo los simples regidores, y Capit&nes lo i vecinos. Chile, la más misera- 
ble Colonia de España, era la más rica en la concesión de títulos militares. 



j 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



123 



de la Iglesia chilena, siendo tenidos hasta ahora como sacerdures 
que la ilustraron con sus virtudes. 

Estos cuatro Novicios fueron: Fray Manuel de Mendoza, Fray 
Juan de Tejeda, Fray Juan Jufré de Loaisa y Fray Miguel de 
Canobio; quienes recibieron el hábito agustino de manos del Pa- 
dre Vicario Provincial Fray Pedrc^Durán, ante numerosa y dis- 
tinguida concurrencia, en este Convento de Santiago de Chile, el 
19 de Enero de 1601. 

Lo particular del caso y su especial importancia me excusarán 
anticipar aquí al lector algunos datos acerca de estos primeros 
hijos de nuestra Provincia de Chile, tomándolos de autore.^ ex- 
traños para que así mejor, al amparo de la imparcialidad, se ha- 
ga justicia á sus méritos y virtudes. 

De Fray Manuel de Mendoza escribe el Padre Olivares: ^ Fué 
« natural de las islas Terceras, hijo de padres honrados; tomó el 
« hábito en esta Provincia de Chile, y aunque era sacerdote se 
s empleó toda su vida, por humildad y caridad, en pedir limos- 
3 na para el Convento de la Ciudad de Santiago. Como su no- 
« tona virtud le había granjeado tanta estimación entre la gente 
f seglar, y él tenía por sí un trato dulce y prudente, y muy aje- 
^.no de la molestia é importunidad, le daban de gana mucha 
« limosna; de ésta no usaba cosa para su particular, y solo ob- 
« tuvo licencia de sus Prelados para proveer de tinta, plunnas y 
« papel, á los estudiantes religiosos, y les decía: Hoy me des- 
« cargo de buena gana de la solicitud en buscar estas cf>sas, 
« para que ocupéis todo vuestro cuidado en aprender las letras, 
« por servicio de Dios y honra de la Religión.)^ 

De Fray Manuel de Canobio dice el mismo autor: < Fue hijo 
<i de padres nobles y ricos; y para estar en la Religión, siguien- 
« do el consejo de Cristo, renunció una gruesa herencia y la dio 
« á los pobres. Fué Prior de muchos Conventos y Vicario Pro- 
« vincial de la Provincia; poseyó eminentemente la lengua de los 
< indios, con la cual y el estímulo de su santo celo, solía á tiem- 
« pos correr las estancias de los españoles para enseñar á los 
« criados el camino del cielo, dándoles preceptos de vida. Fué 
* mortificado, muy devoto y muy desprendido de los bienes det 
« mundo y de sus comodidades. » 



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124 TAPÍTILO X 



Todaviíi el mismo Padre Olivares dice de Fray Juan Jufré de 
L-oaisa: ¿Fue hijo del General don Francisco Jufré de Loaisa y 
íf de doña Juana de Lara. Estuvo lleno del mismo celo y ocupa- 
<r do en lo.s mismos santos empleos que el Padre F'ray Miguel de 
* Canobto; pííique como fuese sí muy elocuente y hablase per- 
« rectamente la lengua de losindios, hacía continuas misiones 
^ para repartir el pan de la palabra de Dios á los pequeñuelos. 
« Fue Supcnor varias veces con tanto celo, como prudencia y 
< benignidad (6). 

De Fray Juan de Tejeda, finalmente, solo resta decir aquí que 
sus excelentes disposiciones de carácter é ingenio le permitieron 
cantar su primera misa en Septiembre de 1604, lo que revela que 
cuando entró t-n Religión era ya hombre de edad y de estudios, 
costumbres puras y vida acrisolada (7). 

9- En tantt) llegó el tiempo de la celebración del Capítulo Pro- 
vincial en Lima, al cual parece que de Chile nadie asistió á nom- 
bre de la Provincia, ya que ningún oficio en propiedad se había 
confiado á sus Religiosos. El Vicario Provincial no era Definidor, 
ni Visitador, ni tenía título que le diese voz en los Capítulos 
Provinciales; y los Conventos, no teniendo más que Vicarios 
Priores, según las leyes de entonces, carecían de representación. 

Que una IVovincia como la de Chile, la cual, en seis años, ha- 
bía construido .seis Conventos (8), con su Casa de Noviciado y 
de Estudios, así para los nuestros, como para los seculares, en 
la mejor forma entonces conocida, con «Religiosos de muchas 
letras*, según dice el Obispo de Santiago, en su carta al Rey de 
20 de ATarzo de 1602, ^<y enseñanza de Gramática, Artes y Teo" 
logia » ; que contaba con un personal selecto y distinguido, y que 
bien pudiera ser numeroso, á no haberlo retirado á Lima con 
propósitos, que hoy día no se alcanzan; es muy digno de notar- 
se, que la Provincia de Chile, ya de tanto interés para la Orden, 
no tuviera todavía derecho de hacer presente, en el Capítulo 



H\} R Oliv^reí, Jesuíta. ^Historia de Chiles. Lib. IV, Capítulos XXVII y 

xxvni. 

' (7^ Archirn de Provincia. Lib. «Casa Grande 1595-1625», páginas 128 y 266. 
l8í El de Síjntjfigo, el de la Serena, el de Santa Cruz de Lo3'^ola, el de Valdi- 
via, el de San Xitolás de la Viña y el de San Juan de Sahagún. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



125 



Provincial, lo que estimase más oportuno á su bienestar y pro- 
ceso. 

^o se comprende como en medio de una misma Corporación, 

^^^íándose de su bien, puedan á veces agitarse intereses antagó- 

wicos. Pero es evidente que los hubo entre el Padre Alonso Pa- 

^^^coj quien ordenó fundar estos Conventos y pidió de Roma 

^ separación del Perú, y el Padre Alonso Maraver, quien retiró 

^^ Chile todo .su primer y más escogido personal, y negándole 

^ íísta Provincia toda clase de autonomía, casi á fuerza de pri- 

^íirJa de libertad, le quitó la vida. 

En estas circunstancias, la Provincia de Chile se hallaba en la 

^^s dura y penosa alternativa. Y, sin que pudiera defenderse 

^^ este Capítulo, se decidía ciertamente de su vida, ó de su 

"tuerte. Si triunfa el Padre Maraver: la Provincia de Chile, caso 

Qe no morir, languidece hasta la muerte. Si venct el Padre Pa- 

*^neoo^ su padre y su autor, está salvada. Y triunfó solo por un 

Ví)tr>^ en una elección la más digna de recordarse. Hacía en ella 

^ I^í'esidente el Padre Alonso Pacheco; la efervescencia de los 

^iiTios era suma; la exaltación de los partidos mucha; se había 

^^^Vjado con ardor y con empeño por ambas partes; los unos 

} *o^ otros se creían seguros del éxito; vino la votación y ya la 

^^*^clad llegó á su colmo por saberse el resultado. El Padre 

^^**^co, entonces, con toda calma y serenidad, dice: dos Reli- 

g^^^Sciks han sido designados para el oficio de Provincial; uno ha 

^^^ido veinte votos y veintiuno el otro ¿queréis que se repita la 

vc>ta.cíón: 

T^oda la sala contestó: Que nó! Que sea Provincial el que ha 
t^Unido los veintiún votos! Cada cual creyó ser este su candi- 
dato y tuvo temor de perderlo en una segunda votación. Más 
^ste era el Padre Alonso Pacheco! Así fué que con grande acla- 
mación de unos, y no poca admiración y sorpresa de otros, fué 
reconocido Provincial. Inútil es decir ya que el segundo lugar, 
en la Provincia, lo había de tener el Padre Cristóbal de Vera: y 
lo obtuvo, siendo Primer Definidor, lo cual, según las costumbres 
de la época, y, más que todo, atendidas las influencias de que 
podía disponer, le señalaba como el próximo sucesor en el Pro- 
vincialato. Así lo comprendió toda la Provincia del Perú, y, des- 



1 26 CAPÍTULO X 



de entonces, se trató de impedir á todo trance, viniese á reali- 
zarse tal acontecimiento: que la virtud rígida y austera llevada, 
á veces hasta la terquedad, suele enajenar los amigos más adictos 
y los admiradores más sinceros. 

Mientras tanto la Provincia de Chile que pudo entonces, más 
que nunca, contar con su propia autonomía é independencia, y 
ver de Prior Provincial á su fundador, no consiguió lo uno ni lo 
otro; lo cual confirma la ya referida ocultación de la patente del 
Padre General Alejandro Senense. Pues, caso de conocerlo el 
Padre Alonso Pacheco, no hubiera dejado de ejecutarla, habién- 
dola él mismo pedido, á fin de asegurar á su mayor amigo, é 
íntimo confidente la muy merecida honra de ser el fundador y 
primer Provincial de la Provincia de Chile. 

Y toda la modestia del Padre Cristóbal de Vera no lo hubiera 
podido impedir. 

10. Más, si esto no pudo llevar á efecto el Provincial Alonso 
Pacheco, de otra manera más espléndida m^inifestó la predilec- 
ción que sentía por esta Provincia de Chile, mandándole de Vi- 
cario Provincial al Padre Bartolomé de Montoro, hombre verda- 
deramente extraordinario para quien los títulos más elevados, y 
los puestos más distinguidos así dentro como fuera de la Orden, 
no eran sino homenaje rendido á su talento y sus virtudes. 

Era hijo de la Provincia de Andalucía, en España, venido al 
Perú en sus primeros años, según parece por la licencia que el 
Padre General Alejandro Senense, en Mayo de 1 598, le concedía, 
en estos términos: «Fratri Bartholomaeo de Montoro in Provin- 
« cia Peruntis existenti conceditur, ut in Hispaniam revertí 
« possit, et in Provincia Andalutiae commorari» (9). 

Acerca de su alcurnia y noble cuna, el Padre Olivares se 
expresa así: «En el Reverendo Padre Maestro Fray Bartolomé 
« de Montoro concurrieron muchas circunstancias para hacerlo 
« grande: él fué muy noble y supo renunciar la grandeza; rico 
« en el mundo y se hizo pobre por Cristo; fué sabio y juntó con 
« la sabiduría la humildad. Fué benemérito de esta Provincia (de 



(0) Archivo General de la Orden en Eoma. Registro del General Alejaiulro 
Senense Dd. 61. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



127 



í Agustinos en Chile), porque con sus muchas letras y repiita- 
< cíón defendit'> la justicia con que se había separado de la del 

* Perú; y porque, siendo Provincial, la adelantó efi observ ancia 
« y letras. Era consultado de todas partes y personas, como á 
í oráculo, no solo por la sabiduría de sus respuestas, sino por la 
« integridad de sus sentencias y rescrfuciones. Ponía gran cuida- 
9 do en adelantarse, cada día más, en todas las virtudes...... y 

* así fué grande en procurar por todos modos parecer pequeño; 

* en celar la honra de la Casa de Dios; en mortificarse interior y 
í exteriormente; y en unirse íntimamente con su Dios por medio 
t de la oración» (10). 

Tan altas dotes de ingenio y de virtud hicieron al Padre Bar- 
tolomé de Montoro el más venerado, en medio de la noble so- 
ciedad de Santiago; el más atendido en el palacio de los Presi- 
dentes y de la Real Audiencia: y el más honrado con las prime- 
ras dignidades eclesiásticas. Pues tanto aprecio hizo de él, el ce 
lebérrimo Obispo de Santiago, don Fray Juan Pérez de Espino.sa, 
que le nombró su Vicario General y Provisor en esta diócesis. 

Tengo original y á la vista el ejemplar de una provisión que, 
en carácter de tal, despachó el Padre Montoro. Es la siguiente: 
í En la ciudad de Santiago de Chile, veinte y dos días del mes 

* de Abril de mil y seiscientos y ocho años; ante el muy reverendo 
« Padre Fray Bartolomé de Montoro, Provisor y Vicario Gene- 
! ral de este Obispado, por el Reverendísimo de él, don Fray 

* Juan Pérez de Espinosa, del Consejo de su Majestad, se pre- 

* sentó el Breve de suso, y su Paternidad habiéndolo visto diju 
e que daba y tliu licencia para que se publiquen las indulgencias 
^ en él contenidas, en esta ciudad y Obispado Y lo firmó — Fray 
■'■ Bartolomé de Montoro. — Ante mi: Jerónimo de Salvatierra, 
Secretario y Notario Público.» (11) 

[ I , Si tan digno era el nuevo Vicario Provincial que vino á 
reemplazar af Padre Pedro Duran, los Religiosos que trajo por 
compañeros, siendo sin duda iguales á él en méritos, quizá al- 
guno le aventajó en rasgos de extraordinaria piedad. Estos ilus- 
tres compañeros del Padre Montoro son el Padre Pedro de Alta- 



(XCi) P. iHivarus, ^Historia de Chüe».Lib. IV, Cap. XXVIII. 
(11 J Archivo de Provincia. Vol. Doc. Pont. núm. l.o 



128 CAPÍTULO X 



mirano, que vino de Subprior del Convento de Santiago; el Pa- 
dre Miguel Romero, con el cargo de regente de estudios; y el 
Padre Baltasar Buitrón, como maestro de Novicios. 

El Padre Pedro de Altamirano, nacido en España, en Trujillo 
de Extremadura, habiendo perdido su padre á los quince años, 
no mucho después su madre y él, en n compañía de la Marquesa 
de Cañete, vinieron á Chile en la esperanza que tenian de here- 
dar á im tio suyo, hombre rico que residía en Santiago de Chile; 
probablemente el famoso Licenciado Altamirano. Mas, con la 
muerte inopinada de aquél, perdidas todas esperanzas, volvié- 
ronse á Lima madre é hijo, tomando éste el hábito Agustino y 
haciendo su profesión en 1595. Cursó con brillo todas las cien- 
cias eclesiásticas, pero donde hizo más provecho, fué en la cien- 
cia del espíritu. «Era tan fervoroso, escribe un compañero suyo, 
« que de noche andaba solicitando á los más devotos y espiri- 
« tuales Religiosos para hacer juntos la disciplina.» Era su máxi- 
ma favorita: «Que, para llegar presto á la perfección, era el me 
« jor medio la penitencia.» 

Su sistema de vida fué este: dormir en el suelo, tomar discipli- 
na de sangre, decir misa á las tres y media de la mañana, demo- 
rándose dos horas enteras, alimentando su espíritu con la más alta 
contemplación, y sus ojos de las más dulces y ardientes lágrimas. 

Y este Religioso, de tan noble sangre, como penitente vida, 
no tuvo jamás consigo otro ajuar que dos pobres túnicas inte- 
riores; un miserable lecho compuesto de solas dos frazadas; unos 
cuantos libros espirituales y una imagen de Nuestra Señora Hé 
ahí los bienes del Padre Altamirano. «Y lo que sé de sus accio- 
ne nes, dice el Padre Torres, lo sé porque íui testigo de ello: y le 
« amo como á padre y le honro como su hijo: pues, un año en- 
« tero, le asistí como secretario, descubriéndome él su pecho 
« como á confidente suyo.» 

«Envióle la obediencia, agrega el mismo Padre Torres, por 
« Subprior del Convento de Santiago de Chile, donde procedió 
« ejemplarmente los años que allá estuvo.» (12) 



(12) Todas las anteriores noticias están tomadas del Cronista Padre Torres 
y en parte, sus mismas palabras. «Crónica Agiist.> Lib. IV, cap. TV. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



129 



De no menos ejemplar y religiosa vida fué el Padre Miguel 
Romero. De él dice el Padre Olivares. «Fué varón de vida muy 

* austera, y de continuo trato con Dios; tuvo así gran celo del 
í bien de las almas, como de adelantar los estudios en su reli- 
i gión, para que se formasen Ministros aptos para el oficio apos- 
^ tólico. Este celo lo hacia juntar las tareas escolásticas con el 
« ejercicio de la predicación, tan sin embarazarse un afán con 
< otro, antes dándose tan bien las manos, parecía que del pul- 
fi pito sacaba luces de sabiduría para la cátedra, y de ésta fuego 
fl de celo para el pulpito, haciendo consonancia de cosas al pa- 

* recer opuestas, como la música hace armonía de las voces al- 
lí tas y bajas.» (13) 

Y no tan solo esto era lo que tan hermosamente sabia her- 
manar el Padre Miguel Romero, pues, según cuenta el mismo 
Padre Torres, quién le conoció y trató largos años, con haber 
tenido tantos empleos, desempeñado tantas prelacias, llegó has- 
ta la más extrema vejez, sin hacerse jamás concesión alguna, ni 
por razón de sus títulos, ni por razón de sus muchos años y ser- 
vicios. Siempre se admiró en él la misma austeridad y la misma 
modestia. Con todo, su virtud era sia sobreceño: que en él no es- 
taban reñidas la alegría y la santidad. Alegre y de buen humor, 
abundaba en chistes y era ocurrente por demás. 

Sobresalia por su amor a la evangélica pobreza: jamás, sino 
sobre el pié desnudo llevó calzado que no fuese muy traido y ro- 
to. Y, como alguien le preguntara por qué no los usaba mejores, 
inmediatamente le contestó: Porque no me lleven por malos pa- 
sos! Nunca tuvo sino un solo hábito y éste bien raido y viejo. Y 
a otro que le decía que no desautorizase tanto el oficio y la per- 
sona con aquel traje, enseguida le respondió: Más me asientan 
los remiendos, que los bordados! Un día le arrojó una muía al 
suelo, ocasionándole no leve herida. ^'Qué ha sucedido, Padre? 
le dice su compañero. ¡Nada! replicó él, sino fiarme demasiado 
de una bestia! Siendo ya muy anciano, lleno de achaques y en- 
fermedades se le veia al Padre Miguel Romero buscar su alivio 
en el estudio y la lectura. El Padre Torres sorprendido le dijo 






(IS) Olivares, c Historia de Chile» cap. XXVIII. 



I30 CAPITULO X 



¿hasta cuando estudia? ¡Qué quieres! le contestó, con los años ya 
todo lo he olvidado! (14) 

Del Padre Baltasar de Buitrón tan sólo cabe decir que, des- 
pués de una permanencia de seis años en esta Provincia de Chile, 
su ardiente celo le llevó á misionar entre los Moxos, sufriendo 
entre aquellos bárbaros los más crueles y prolongados suplicios 
por causa de la fe. El Señor le conserv^ó la vida, en medio de 
tantos martirios, en bien de aquellos pueblos, porque al fin con- 
vertidos, vivió entre ellos con fama de milagros, y murió en opi- 
nión de Santo. Más el ser extraño á esta historia el teatro de tan 
grandes acontecimientos, es más que suficiente excusa para omi- 
tir su relación; baste decir que, en el Padre Baltasar de Buitrón, 
ha tenido la Iglesia chilena por huésped, durante algunos años á 
á un verdadero Apóstol, célebre por la santidad y los prodigios 
de su vida. El Padre Torres, que difusamente se ocupa en la mi- 
sión de los Moxos, no expresa la venida del Padre Buitrón á 
Chile, más ella consta, hasta en sus menores detalles, del Archivo 
de esta Provincia. (15) 

12. Por último, al terminar esta reseña de ilustres Agustinos, 
que van entrando ya en acción en esta historia, es oportuno es- 
cribir el nombre del célebre Padre Baltasar Pérez de Espinosa. 
El no vino á Chile con los anteriormente nombrados: mas pron- 
to se le vé con todo calor y energía asociarse á su obra; ocupa en 
la Orden los puestos más honoríficos; y fuera de ella es el Comi- 
sario del Santo Oficio. 

Y es muy significativo: á poco de haber llegado á Santiago su 
Obispo, don Fray Juan Pérez de Espinosa, llegó también al Con- 
vento de San Agustín Fray Baltasar Pérez de Espinosa. No cons- 
ta que les uniera el menor parentesco. Sin embargo, la misma 
patria, la misma ciudad natal, la misma nobleza y ativez de san- 
gre, el mismo nombre de familia, el mismo genio y carácter, y 
las mismas azarosas peripecias de sus vidas, más que hermanos 
los hacen gemelos en la prosperidad y en la desgracia. 



(14) Se han tomado estas noticias del mismo Cronista Padre Torres» en su 
Crónica Lib. IV. cap. XIV. 

(15) Archivo de Provincia» Lib, «Casa Grande 1696—1625» En este libro se 
expresan los gastos del vitge y objetos que trigo etc. páginas, 121 y 128. 



r^ 



HISTORIA DE LOS ACiUSTINOS EN CHILE 131 

Ambos mientras están en Chile mutuamente se ayuda a y fa- 
vorecen; ambos con igual tesón trabajan y luchan por sus idea- 
les hasta lo último; ambos, después de algunos años, sin dejar 
terminada su alta misión, bruscamente se retiran á España; am- 
bos finalmente, vuelven á morir, á la misma celda de dcíode uii 
día salieron, así el Agustino, como el Franciscano. 

Mas, sea lo que fuera de esta simple conjetura, puede ci lector 
ir desde luego reconociendo, en el Padre Baltasar Pérez de Es- 
pinosa, aquel que pudo, en Madrid y Roma, obtener la autono- 
mía de esta Provincia de Chile con todos los derechos y privi- 
legios de las demás; á aquel que fué su primer Prior Provincial, 
con entera y completa independencia del Perú, en toda su ad- 
ministración y gobierno. 

Acerca de su patria y linaje, tendrá así mismo noticia el lec- 
tor por un pasaje de carta en que el Reverendísimo Padre Gene- 
ral de la Orden escribe al Padre Baltasar Pérez de Espinosa 1<> 
que sigue: «Puede Vuestra Paternidad, mientras dure la estación 
« de los calores y no se haya restablecido su salud, permanecer 
« por algún tiempo más, antes de regresar á Chile, en Madrid, 6 
€ bien en Toledo, en casa de sus nobles padres. (16) 



(16) Archivo General de Roma. Registro del Rmo. Ghettis. Junio ^ ííe 1H27. 




Capitulo XI 

Los Agustínos y la tamilia Lispergaer. 1604 

1. Actitud hasta ahora observada por los Agustinos. — 2. Opinión seguida 
hasta ah<>ra de la imaginada protección de los Lisperguer á los Agustinos. 
—3. Lo que acerca de ella han referido Olivares y Carvallo y Goyeneche.— 4 
Lo que acerca de ella dicen los Archivos.— 6. < La Quintraln» de Vicuña 
Mackenna.— 6. La acusación del Gobernador Alonso Kivera.— 7. Se demues- 
tra como ella es insubsistente.— 8. Juicio de los contemporáneos acerca de 
los Agustinos.— 9. Resultado de las informaciones practicadas en contra de 
ellos i)or el Obispo Salcedo.— 10. Severidad del escritor eclesiástico Don Cres- 
cente Errázuriz. 



1. Un campo abandonado, en que cada cual, á su placer, 
abre su camino; en que, acá y allá nacen y crecen libremente 
las plantas más nocivas, sin que jamás su dueño venga á arran- 
carlas, en que á fuerza de tanto descuido, llegan á prescribir ex- 
traños derechos y servidumbres: tal ha sido hasta ahora la acti- 
tud asumida por los Agustinos. 

2. Ninguna opinión más generalizada que la decidida protec- 
ción de la familia Lisperguer por ellos. 

Los Agustinos, sin embargo, no tienen ningún documento 
que atestigüe esta liberalidad y munificencia: pero creyéndose, 
tal vez, con ella honrados, no repararon en que muy pronto se 
verían, acaso, envueltos en la misma ola de infamia y de sangre 
en que yacen señalados, por odioso estigma, ciertos miembros 
de aquella familia, de tan grandes como dolorosos recuerdos. 

3. La relación del Padre Olivares y de Carvallo y Goyene- 
che, que casi siempre adolece de alguna inexactitud, si es que 



HISTORIA DE LOS AGLSTINOS EN CHILE 



133 



fio envuelva algún error, es la que poderosamente ha contribuí- 
do á generalizar una opinión tan poco fundada en los hechíjs, y 
que no descansa en ningún documento que compruebe una su* 
posición histórica tan fantástica, como antojadiza. 
t Las santas obras de estos apostólicos Padres Agustinos, dice 

* el Padre Olivares, y, con él, Carv^allo y Goyeneche, asi amio 

* han sido muy merecedoras, así han sido bien corresfxmdidas 
« de la devoción afectuosa y larga limosna de los fieles. >. 

Pero la familia quemas se ha esmerado, en el amor cons- 
i lante á esta Religión, ha sido la de los señores Lisper¿;ueres, 

* lan señalados en la nobleza y valor, como en la piedad: por- 

* que han sido los bienhechores continuos de los Religiosos 
« Agustinos». 

Pero hi que es más estimable, el ser Provincia de Padres 

* Agustinos esta de Chile, lo debe á la liberalidad de 1 General 

* Don Pedro Rodulfo Lisperguer, porque como faltase el 

* dinero, para esta diligencia, avivó la pretensión con dos mil 

* pesos.» (i) 

4. Cualquiera, al leer esto, no dejará de extrañar que en esta 
Historia no aparezcan hasta lo presente otros bienhechores que 
los R i veros y Figueroa, los Aguirre, los Sáez de Mena, loy Gar- 
cía Ramón y los Pérez de la Cuadra: pero ningún Lisperguer! 

El supuesto donativo de don Pedro Rodulfo Lisperguer, de 
dos mil pesos para llevar á efecto la creación de esta Provincia 
de Chile, es simplemente una ridicula patraña. La Provincia 
gestionó este asunto desde sus principios, sin reparar jamás en 
vidas, ni caudales, con tal de ver cumplidos sus deseos, hasta 
el año Í629, mandando con este objeto, varias veces, distintos 
Religiosos á Roma y Madrid, invirtiendo en este negocio de 
tantos años sumas verdaderamente inapreciables. 

Pero, ni ha existido jamás tal donación. Fué fianza la que 
prestó Don Pedro Rodulfo Lisperguer, ante Domingo Corvalán, 
el 27 de Noviembre de 1624, obligándose á responder par el 
valor de dos mil pesos, con tal de que esa suma fuese devuelta 



{ 1 } Olivares. Historia de Chile, Llb. IV, cap. XXVI; y Carvallo y Qoyene- 
Clié, HiitoriB de Chile, cap. LXXX. 



) 



134 CAPITULO XI 



al Padre Luis de Chaves por la Comunidad. Si este crédito Ue- 
^ó á hacerse efectivo, el Convento muy lejos de ser favorecido 
con una donación, no hixo más que resarcirse de la pérdida 
ocasionada, en toda verdad, por aquel mismo caballero. (2) 

5. Pero, ni con mucho, el Padre Olivares, ni Carvallo y Go- 
yeneche han supuesto tantas cosas, como las ha forjado la be- 
lla imaginación del Autor de la ^Quintrala», ó sea «Estudio 
histórico de la sociedad de la Colonia en el Siglo diez v siete». 
Para Vicuña Mackenna, todo se lo deben los Agustinos á los 
Lis[)erguer: hasta la felicidad de ver, en los primeros días de 
su fundación, incendiado su Convento. 

Todo lo puede la creadora fantasía de este célebre escritor. 
«El año 1595, dice, marca para la ciudad de Santiago, para el 
< vecindario de la calle del Rey, y especialmente para la por- • 
« ción femenina de la familia Lisperguer, una época memorable 
« que pudo ser de dicha para sus hogares, pero que su mala 
« ventura convirtió en hondo y lóbrego antro de lágrimas, de 
« misterios y de crímenes: tal fué la fundación de la Iglesia y 
« claustro de San Agustín». 

El lector sabe ya, por los hechos anteriormente referidos, que 
los Lisperguer no tuvieron la más mínima participación en la 
primera fundación de los Agustinos: La Casa Grande nada debe 
' Á los Lisperguer; fué fundada por el sólo impulso y resolución 

j del Padre Cristóbal de Vera auxiliado en tal empresa por fon- 

dos reales y al«[unas limosnas de los fieles. 
f Pero el siguiente pasaje habla todavía más alto de cómo Vi- 

' cuña Mackenna . sabía escribir la historia. ^Tiénese por cierto, 

» « dice, que el generoso Don Pedro Lisperguer les envió de 

I » Lima á los Agustinos, para su mudanza del Colegio, é insta- 

I « lación definitiva, en las casas de Alonso de Riveros y Eigueroa, 

t «la suma de dos mil pesos, dádiva de príncipes en aquella 

« edad.» 



(2) Archivo Nacional, Domingo Corvalán, vól. 88, pág. 354 y 356. El Padre 
Luis de Chaves retuvo en su poder cierta suma de dinero, diciendo que era 
de un particular; quitósela el Superior, estimando que ello pertenecía á la 
Comunidad; y, á no mediar la consabida fianza, jamás aquellos dos mil pesos 
volvieran á la^í manos del que osaba guardarlos en depósito. 



■^ww- 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



135 



Conoce el lector los hechos: y sabe que llegados los Agusti- 
nos á Chile en Febrero de 1595, á fines del mes siguiente esta- 
ban }'a en posesión de las Casas de Alonso de Ri veros y Figue- 
roa. No ha existido Colegio alguno hasta setenta años después 
de estos sucesos; faltando así aún la ocasión de aquella famosa 
dádiva de príncipes. Y caso de haber ella tenido lugar, no sería 
en 1595» sino cerca de treinta años después, es decir, cuando 
ella» en manera alguna, podía influir en los hechos acontecidos 
en 1604. que son los que al presente aquí se narran, y se trata 
de restituirles su verdadero valor histórico 

Pera no es esta solamente la única bella invención del Autíir de 
la íQuintrala», pues él agrega: «La protección abierta y enérgi- 
« ca de los cuantiosos herederos de Bartolomé Flores, es decir, 
^ a del fundador (de los Agustinos), de su esposa Doña Águeda y 
« desús hijos é hijas, ya altamente colocadas en el Reino, hizo 
4 surgir !a nueva casa Religiosa. » 

Es envidiable la lógica del señor Vicuña Mackenna: una vez 
comeddo un error histórico, con la más legítima consecuencia, 
deduce infinidad de otros muchos, siempse mayores; todc>, por 
el afán de hacer á los Lisperguer fundadores y dueños absolutos 
<ie los Agustinos. 

«San Agustín, agrega, por último, fué durante tres siglos el 
^ legatario universal de los Lisperguer.» Mas, en un tan largo 
espacio de años debiendo aducir muchos hechos en corrobora- 
ción de una tan amplia verdad histórica, tan sólo presenta uno: 
la fundación de la Capellanía del Santo Cristo de la Agonía. (3) 

Pero este único beneficio, si es que pueda llamarse beneficio 
una Capellanía, cuya dotación no es siquiera la mitad de lo que 
exigen las cargas que ella impone, ningún escritor serio debcna 
tomarlo en cuenta, sabiendo que su fundador don Gonzalo de 
los Ríos y doña Catalina, su hija, tuvieron usurpadas al Con 
vento las tierras de Longotoma, por espacio de más de cuaren- 
ta años, en la parte más fértil y rica de aquellos valles. (4) 

(S; Puede verse esta escritura en el Archivo Nacional. Domingo C^>rvaláti, 
Noviembre de 1626, vol. 95, pág. 101-107. 

(4) Eáte heebo queda comprobado en capítulos siguientes: el mismo Yícu- 
ña habla df: cunado se verificó la rei-titucióa de los terrenos usurpadtis- y 
todo eílo concita demasiado por el Archivo de Provincia. 



1 



136 CAPÍTULO XI 



A] llegar aquí, no habrá quien deje de preguntarse cuáles se- 
rían los móviles que indujeron á este escritor á bastardear tanto 
los hechos; y deberá persuadirse que se mueve tamaña máquina 
por el sólo designio de hacer verosímil un hecho por demás in- 
creíble y, en las condiciones en que se supone haber aconteci- 
do, del todo irrealizable. 

Al referir Vicuña Mackenna las escandalosas escenas ocurri- 
das, en 1604, entre el Gobernador Alonso de Rivera y la fami- 
lia Flores y Lisperguer, dice: «Ordenada la prisión de las dos 
« damas, Doña María y doña Catalina, los Padres Agustinos las 
íi salvaron, porque dieron asilo á doña María en la celda de su 
e primo hermano, el Padre Flores. » 

[Y esto» según Vicuña, sucedía en 1604, cuando el Padre Pe- 
dro Flores, el sobrino de esas señoras, nacía diez años después;, 
y sólo treinta y tres años más tarde, tomaba el hábito Agustino! 
[Pero fue de tan amable condición que, ya mucho antes de na- 
cer, agasajaba, en su propia celda de san Agustín, á sus dos no- 
bles y poderosas tias! 

Al leer esto, es preciso convenir en que algunos historiadores 
escriben tan solo por lucir las galas del estilo y, en manera al- 

Íguna, buscan la verdad de los hechos. El señor Vicuña Macken- 
na poseía dotes de primer orden, como novelista, pero ninguna 
^, de historiador: su obra «La Quintrala», á pesar de su título, no 

es un estudio histórico; cuando más sólo es un feliz ensayo de 
novela nacional. 

En consecuencia, lo que él escribe no merecería refutarse 
aquí, más, en manera alguna podría evitarse, ya qne autores de 
tanta gravedad y nombradía, como los Señores Crescente Errá- 
zuríz, Amimátegui y Barros Arana, en sus escritos no solo han 
citado aquella obra como preciosa fuente de investigación histó- 
rica, sino que la han colmado de elogios. 

El señor Errázuriz al referir los sucesos de 1604, siguiendo á 
Vicuña, dice: «La familia de los Lispergueres había sido y era 
^ la más poderosa protectora de los Agustinos. Ignoramos los 
< lazos que ligaron á esta familia el Convento de Santo Domin- 
» go; no eran sin duda tan fuertes como la gratitud que le debía 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 37 

« San Agustín.» (5) Pudo agregar que igualmente ignoraba lo uno 
y lo otro, así de parte de los Dominicos, como especialmente 
de los Agustinos. 

6. Pero viniendo al hecho, que es materia del presente Capi- 
tulo, á la acusación que hizo el Gobernador, en carta al Rt^v, 
fechada en Santiago, el 17 de Septiembre de 1604, denuncian- 
do á los Agustinos de haber ocultado en sus claustros durante 
varios días, á la vista de todo el público y con manifiesto des- 
precio á la autoridad del Gobernador, á doña María Lisperguer 
y Flores, hé aquí las propias palabras de Alonso de Rivera; 

«Huyendo de la justicia, y por evadirse del castigo, á la dicha 
« doña María la (6) recataron en el Convento de San Agustín 
« de esta Ciudad, donde muchos días la sirvieron en el aposenta 
« á ella y dos criadas suyas, y después, en la Sacristía, donde la 
« visitaban públicamente hombres y mujeres.» 

«Y la dicha doña Catalina (hermana de la precedente y como 
« ella acusada y perseguida por haber intentado envenenar al 
« Gobernador), estuvo en el Convento de Santo Domingo, algu- 
« nos días, y ahora ha estado y está en el de Nuestra Señora de 
« las Mercedes, con tres indias, en la celda del Padre Fray Pedro 
« Galaz, Presidente de aquel Convento.» 

«Y de tal manera, agrega, las defienden y ocultan; que no se 
« pueden haber á las manos, con gran nota y escándalo dt? la 
« República y de lo que corresponde al servicio de Vuestra Ma- 
< jestad.» 

7. Lo primero que extraña al leer una acusación tan grave, y 
que envuelve en su deshonor á casi todos los Conventos de 
Regulares entonces existentes en Santiago, es que vaya dirigida 
al Rey por el Gobernador, y nó por el Obispo. Y, siendo así 
que aquél varias veces estuvo bajo las excomuniones de éste^ 
sin embargo, al presente, es Alonso d^ Rivera el que vela y 
clama por la disciplina regular y nó su dignísimo Obispo, el 



(5j Brrázuriz «Seis Aftos>, tomo 2, cap. XXXI. 

(6) Vicuña Mackeiina, que era un hábil paleógrafo, en vez de leer recalarf^n 
en el original, leyó recitaron; pero, según él mismo dice, como thabrla ^íño 
tarea difícil para los Agastinos reeilar una Lisperguer », agrega que debe leer- 
se recelaron, palabra de todavía más disparatada significación. 



138 CAIMTILO XI 



señor don F*ray Juan Pérez de Espinosa, hasta ahora el más 
acérrimo defensor de las inmunidades de la Iglesia de Chile. 

El silencio del Obispo, al lado de las apasionadas acusaciones 
del Gobernador, tan solo se explica por el odio profundo que 
Alonso de Rivera abrigó contra el señor Pérez de Espinosa y, 
por consiguiente, contra las Ordenes Regulares que apoyaron á 
su Obispo en su valerosa intrepidez, con que defendió siempre 
i los fueros eclesiásticos, sin que aprovecharan al Gobernador ni 

i sus iras, ni furores. No es de admirar entonces que, quien fué tan 

osado en atacar á la Iglesia, mucho más, sin duda, lo fuese en 
denigrar á sus Ministros. 

Por otra parte, quien conoce por todos sus hechos á Alonso 
á%t Rivera, y sabe que fué un soldado el más colérico y temera- 
rio; que jamás respetó el sagrado del asilo, y pasó por encima 
de todos los fueros é inmunidades eclesiásticas, sin reparar en 
censuras; que él mismo, en persona, tomó preso, un día, á las 
1 * ]>uertas del Colegio de los Jesuitas, á un clérigo, á quien, ha- 

f ciéndole en público desnudar, le iba dando de azotes por las 

calles de Santiago, convirtiéndose el Gobernador en Juez y Al- 
^ gLiacil y verdugo; el que esté en posesión de todos estos antece- 

I dentes no dará ningún crédito á la acusación de Alonso de 

Rivera. 

Según ella, éi estaba impuesto del Convento, y de la celda y 
hasta del nombre del Religioso que guardaba á las señoras -con 
tanto encono por él perseguidas, y no habrá quien no extrañe 
mucho en el Gobernador esa su nunca vista lenidad de sus pro- 
cedimientos, hasta permitir que todo el mundo, durante muchos 
días, hombres y mujeres públicamente entren á San Agustín á 
visitar á doña María Lisperguer y Flores, sin atreverse el desa- 
poderado Gobernador á más que á quejarse y pedir al Rey re- 
paración y justicia. 

Y no sólo se extrañará mucho esto, pero, ni habrá quien lo 
crea jamás; sobre todo si se toman en cuenta aquellas palabras: 
: De tal manera (en estos Conventos), las defienden y ocultan 
(á estas señoras), que no se pueden haber á las manos, con 
gran nota y escándalo de la República y de lo que correspon- 
de al servicio de Vuestra Majestad.» 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 39 



1 

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\ 



Cualquiera al leer estas palabras se imaginará, al instante, 
que el Convento de San Agustín, en 1604, era una especie de J 

ciudadela, fortificada y bien defendida, inaccesible á todos asal- 
tos de aquel valeroso Capitán, que recien llegaba de Flandes; ó ^ 
bien se lo representará, como una de esas célebres Abadías de a 
otros tiempos, grande como una Ciudad, y espaciosa como para 
alojar dentro de sí todo un pueblo; ó bien, se lo pintará, como 
el famoso laberinto de Creta, un dédalo inextricable de entradas 
sin salidas, lleno de sótanos y caminos subterráneos; ó, como ' 
dice Vicuña, «un hondo y lóbrego antro de lágrimas, de miste- 
■ rios y de crímenes. X' 

Pero, el Convento de San Agustín, en 1604, no era ni ciuda- 
dela inexpugnable, ni inmensa Abadía, ni cosa que se le parezca; 
tan solo era una sola Capilla y una sola Celda, que así la descri- 
ben los contemporáneos: «Un cuarto de dos que quedaron de! 
« incendio, sirviendo uno de Iglesia, el otro de dormitorio y ví- 
« vienda, con mucha estrechez é indecencia» (7). 

8. Sin duda, más que los señores Mackenna y Errázuriz, tie- 
nen derecho á ser creídos los contemporáneos á los mismos 
sucesos. Su testimonio rendido, en 161 2, por las personas de 
más representación en la sociedad, y cuando fresca estaba toda- 
vía la memoria de aquellos acontecimientos; su voz, puede 
decirse, es la más digna y más autorizada palabra de los repre- 
sentantes del año 1604. Hé aquí su declaración: 

El Capitán Jerónimo Zapata de Mayorga, Tesorero, Juez y 
Oficial Real de esta Ciudad de Santiago, dice: «Que desde que 
« los Agustinos fundaron su Convento, hasta el dia de hoy, hn 
« visto este testigo que han vivido con mucho ejemplo de doc- 
« trina, vida y costumbres.» 

El Capitán, Santiago de Uriona, vecino feudatario, declara: 
'^ Que así mismo, desde que fundaron, en esta Ciudad, su Conven- 
« to los Religiosos del señor San Agustín, han dado muy buen 
« ejemplo, con vida y costumbres, sin jamás haber dado nota en 
« ellas: que todo esto es público y notorio, pública voz y fama.» 

El Capitán, Juan Ortiz de Randemán, atestigua: «Después 

(7» Información verificada ante la Real Audiencia y presentada al Bey por 
«1 Padre Agustín de Verrocal, 1612. Archivo de Indias, España. 



I40" CAͻITULO \1 



« que los dichos Religiosos están en esta Ciudad, han predicado 
« con muy buen ejemplo, vida y costumbres; sin que de ellos 

« haya habido nota por ningún acontecimiento, sin que 

« este testigo haya sabido, oido ni entendido cosa en contrario. > 
Cristóbal López de Agurto, testifica: «Que los dichos Religio- 
« sos del Señor San Agustín, ha visto este testigo, con muy 
« grande ejemplo de vida y costumbres, porque han sido y son 
« muy virtuosos.» 

El Capitán, Rodrigo de Araya, Alcalde de Santiago, dice: 
r « Sabe este testigo y siempre lo ha visto que, de ordinario, ha 

f « habido, en el dicho Convento predicadores y personas doctas, 

k «y han dado muy grande ejemplo de su vida y costumbres, 

[ « porque nunca de ellos ha habido nota ninguna.» 

Y el Capitán, Agustín Pérez de la Cuadra, finalmente declara: 
« Que desde que los dichos Religiosos fundaron, en esta Ciudad, 
« han predicado con mucho amor y caridad, y grande ejemplo 
« de caridad y costumbres, porque jamás han dado de sus 
^ « personas nota alguna: todo lo cual sabe este testigo, como 

► « persona que vive pared por medio de los dichos Religiosos. » 

9. Y, si alguien dijera que en estas declaraciones se siente la 
voz de los amigos de los Agustinos, que en todo los elogian y 
aplauden, véase el testimonio de los que declaran por orden del 
Obispo Salcedo, y que, estando bajo la presión de toda la auto- 
ridad episcopal, tratarían, en lo posible, de complacerle en su 
• grande animosidad en contra de los Agustinos. 

Ni se diga que esta información del Obispo Salcedo es del 
f año 1628, cuando estaría ya borrada la memoria de los aconte- 

cimientos de 1604; porque el Obispo Salcedo denunció al Rey, 
desde los amoríos de don Pedro de Valdivia hasta el envenena- 
miento de Alonso de Rivera; sucesos del todo extraños al gobier- 
no de aquel Prelado, tan enemigo de los Agustinos, que, si algún 
cargo en algún tiempo existiese contra ellos, de seguro lo acusa- 
ría al Rey á fin de ver extinguida esa Orden en su Diócesis (8). 
Más, cuando el Obispo esperaba tan solo graves denuncios. 



k 



(S) Eata información hecha por orden del Obispo Salcedo en contra de los 
Agustinos, se halla en el Archivo de Indias, en España, y también en el Ar- 
chivo de esta Provincia. 



ilISTnRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



141 



hubo de escuchar, muy á despecho suyo, solamente elogios y 
alabanzas, como son estas: 

El Licenciado Juan Bao de Cordido, Visitador Eclesiástico del 
Obispado, declara: «Que en lo que toca al (Convento de San 
- Agustín) de esta Ciudad (de Santiago), se guarda ipucha clau- 
sura, y hay cantidad de Religiosos.» 

El Maestre de Campo, Pedro de Ibacache, dice: «Que en esta 
Ciudad tiene un Convento la dicha Religión de San Agustín, 
•-. que es la cabeza, con cantidad de Religiosos, con la clausura 
t que conviene, jí 

Alonso de Cisternas, atestigua: «Que en el (Convento) que (los 
"^ Agustinos) tienen en esta Ciudad de Santiago, asisten cantidad 
de Religiosos, que guardan mucha clausura.» 
El Licenciado, Alonso de Pereda, Visitador General del Obis- 
pado, atestigua: «Que en esta Ciudad de Santiago, tienen (los 
Agustinos) un Convento con cantidad de Religiosos, y guardan 
mucha clausura.» 

El Capitán, Jerónimo de Miranda, dice: «Que el (Convento de 
Agustinos de esta Ciudad de Santiago) sabe este declarante 
que es un Convento, donde los Religiosos son muy ejempla- 
res, doctos y que guardan mucha clausura. » 
V finalmente, Juan Jerez, declara: «Que en esta Ciudad (de 
Santiago) los Agustinos tienen Convento, donde hay cantidad 
de Relii^iosos que guardan clausura, y hay muchos predicado- 
res y hombres doctos.» 

Lo que estos y aquellos otros declarantes dijeron, es en 
suma la expresión de la verdad pública y á todos notoria de lo 
que fueron los Agustinos desde 1595 hasta 1628. Los docu- 
mentos anteriores que hoy ven, por vez primera, la luz pública 
disipan todas las tinieblas que la sola falta de datos históricos 
ha arrojado sobre los sucesos de 1604. 

10. y así se explica que, sin conocer el estado de los Agusti- 
nos, en 1604, el escritor eclesiástico, don Crescente Errázuriz, 
en su ya citada obra, haya escrito estas palabras: «No da cierta 
* mente grande idea de la observancia religiosa, en Santiago, 
i esta facilidad con que en los Conventos eran recibidas las 
t hermanas Lisperguer» (9). 



(9j ErráKuris!, cSeU años». Tomo 2, Cap. XXXI. 



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ittiiTkftttíittttttFiítttttt^^^ i i A Á í Fí: 



Capítulo XII 



Los Vicarios Proyinciales Bartolomé de Montoro, Antonio de 
Zamora y Pedro de Altamirano, desde 1601 hasta 1606 

1. Cuestión con las Monjas Agustinas. ~2. Grandiosa donación al Convento 
de las tierras de Catemu, Curimóu y Putaendo hecha i)or el Capitán Fran- 
cisco Sáez de Mena.— 3. Séptimo Convento que se funda en esos ])arh;,es.— 
4. El Padre Diego de Castro viene á hacer la visita de la Provincia en Febre- 
ro de 1604. — 5. Su Secretario el Padre Pedro de Figueroa.— 6. El Santo 
Cristo de la Agonia ó sea el Señor de Mayo.— 7. El hermano Lego Gaspar 
de la Pernla.— 8. El Séptimo Vicario Provincial» Padre Antonio de Zamora 
en Abril de 1605, llega con los Pa<lres Diego Franco, Juan de IJena vides y 
Juan Vargas. — 9. Octavo Vicario Provincial, Padre Pedro de Altamirano. 

I . Más de treinta años hacía qne estaba fundado en Santiago 
el Monasterio de Monjas Agustinas Canonesas, de la manera más 
extraña: por autoridad del Cabildo Secular, bajo el amparo de 
un Obispo Franciscano; y con el contingente de tres señoras viu*- 
das, que así buscaron lenitivo á su dolor, en el retiro del claus- 
tro, en el silencio y la oración. 

Con estas Religiosas hubo en esta época una cuestión, que 
aunque mínima de suyo, entonces fué muy ruidosa y de la cual 
los Agustinos guardaron, como un tesoro, la sentencia; y las 
Monjas, no sin previo recurso de fuerza, en contra de lo ejecu- 
tado por el Ordinario de Santiago, apelaron á su Santidad y al 
Rey. 

Se trataba simplemente de saber quien debia celebrar primero 
la ñesta de San Agustín: los Religiosos ó las Monjas. No hablen- 






HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 43 

do acuerdo posible entre las partes, se acudió al Obispo. El se- 
ñor Pérez de Elspinosa, sin eshitación alguna, sentenció que los 
Religiosos tenian la precedencia sobre las Monjas y fulminó cen- 
suras contra éstas si persistían en lo contrario. 

Difícil es pintar la turbación de aquellas vírgenes del Señor, 
al sentirse, sino heridas, amagadas de excomuniones: ellas que 
eran Canonesas y no Ermitañas: ellas que más de treinta años 
gozaban del derecho de celebrar, en su propio día la fiesta de su 
patriarca. 

Doña Jerónima de Acursio, á la sazón, Abadesa del Monas- 
terio, alegando ante el Corregidor, dijo: «A Vuestra Merced pi- 
« do y suplico y requiero me otorgue llana y fibremente apela- 

« ción, y devuelva la causa sobre este artículo de nulidad 

« al Juez Metropolitano, para que vistas nuestras defensas y el 
* agravio de la dicha sentencia, declare no haber lugar lo que 
« por parte del Convento y Religiosos del Señor San Agustín se 

« pretende, y en este caso sobresea y alce las censuras 

« por la real provisión que á Vuestra Merced es notoria. Y pido 
« los apostólos de esta mi apelación, y si me fuese denegada, 
« de la tal denegación y denegaciones vuelvo á apelar de nae- 
« vo para ante el tribunal de su Santidad.» (i) 

Tales fueron las mal reprimidas, pero infructuosas quejas 
arrancadas por una sentencia que, si bien se mira, tenia sobra- 
da razón de ser, pues en una ciudad como Santiago, entonces 
con poco más de sesenta años de existencia, y menos de tres- 
cientas casas, no era posible se celebrase á la vez en dos Igle- 
sias, á pequeñísima distancia, con la debida pompa y solemni- 
dad de misa y pública procesión, la misma fiesta de San Agus- 
tín, patriarca de ambas casas, así fueran Monjas Canonesas, ó 
Religiosos Ermitaños. 

2. Estos, bajo el gobierno del célebre Padre Bartolomé de 
Montoro, no solamente vieron aumentarse su prestigio y robus- 
tecerse sus influencias en la sociedad, que ya lo habían obteni- 
do en tiempo del Padre Juan de Vascones, sino también llega* ' 



(1) Archivo de Provincia, Libro, Juicios, 1568—1868. 



1 



144 CAPITULO XII 



ron á alcanzar un estado de no despreciable fortuna, mediante 
ía generosidad del Capitán Francisco Sáez de Mena. 

En el valle de Aconcagua, regadas por este rio, poseia las tie- 
rras tal vez más fértiles de Chile que aun hoy día se llaman Ca- 
tcmu y Curimón; y sobre estas dos ricas, como vastas posesio- 
nes quiso Sáez de Mena fundar una opulenta Capellanía, y con 
buena parte de ellas dotarla en favor del Convento de Agustinos 
de Santiago. 

Según el Archivo de esta Provincia la donación del Capitán 
Francisco Sáez de Mena fué de dos estancias, separadas por el 
río Aconcagua: «una, doce leguas de Santiago, con dos mil 

* ochocientas cabezas de ganado ovejuno y ochocientas cabe- 

* zas de cabruno; otra, en el mismo valle, de la otra parte del 

* río, con seiscientas cuadras de tierra ó las demás que parecie- 
^ rcn por los títulos.» (2) 

Según presentación de éstos hecha más tarde por el Padre 
Manuel de Mendoza, la primera de estas estancias y la de más 
valor y extensión se llamaba Catemu y Neculpaico, y la según-, 
da, Pidengueas ó Pidongue. Los límites precisos de esta valiosa 
propiedad no pueden fijarse, porque en la merced dé tierras que 
entonces hacían los gobernadores de Chile, junto con donar cier- 
to número de cuadras, agregaban las demasías de ellas, es decir 
tod<^s los demás terrenos circunvecinos q«e podian ocuparse sin 
perjuicio de tercero. Así una merced cualquiera de tierras facil- 
melmente adquiría la extensión de una de nuestras actuales pro- 
vincias, en aquella época, en que Chile estaba tan despoblado, 
y habia tan pocos dueños españoles. 

V así también sucedía que pqr muy valiosa que fuese una pro- 
piedad, como ésta, su producción era pobre y mezquina; pues 
habiéndola arrendado el Convento al Capitán Sebastián de Es- 
pinosa, el canon convenido fué ochenta pesos al año. (3) Dato 
es éste muy importante: el solo revela la posibilidad de esas an- 



(2) Archivo de Provincia Libro tCasa Grrande 1595— 1625> Inventario del 
Padre Torres al fin. 
(B) Archivo Nacional. Diego Rut«l. Vol. 4G. 



n 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



145 



tiguas donaciones que hoy, por lo grandiosas, parecen increí- 
bles. (4) 

3. En este valle de Aconcagua, fué donde tuvo lugar la sép- 
tima fundación de un Convento Agustino, llevado á efecto en 
este mismo año, por el Padre Montoro, cuyo celo y laboriosidad, 
en bien de esta Provincia, son superiores á todo elogio y ala- 
banza. 

Hablando el Padre Olivares de las diversas fundaciones de 
Conventos Agustinos, entre otras, nombra la de «Aconcagua, 
€ en una eminencia que llaman el cerrillo de Santo Tomé, por 
t la antigua tradición de que diesde él predicaba á los indios el 
í Santo Apóstol. Duró poco este Convento, porque un Vicario 
* Provincial que vino del Perú lo destruyó, ó por no tener fon- 
« dos con que subsistir, ó por el motivo político de que no se 
f aumentasen tanto en Chile las casas religiosas, que bastasen á 
1 formar nuevas provincias distintas de las del Perú.» (5) 

Es de suponer que un Convento tan bien situado para las ex- 
cursiones apostólicas fuese el campo en que ensayaron su celo 
lüíi Padres Miguel de Canobio y Juan Jufré de Loaisa, tan cele- 
bres por su predicación entre los indios, en lenguaje indígena. 

4. Mas, otro acontecimiento ocurrió á principios de este mis- 
mo año, ya célebre por las persecuciones del gobernador Alon- 
so de Rivera, y mucho más por los hechos anteriqrmente refe* 
ridos, y fué la venida á Chile, en Febrero de 1604, del Padre 
Diego de Castro, como visitador de esta provincia. (6) 

Ya son conocidos los méritos de este Padre, pues venia por 
segunda vez á Chile, en representación del Provincial dé Lima, 
Padre Alonso Pacheco, quién otra vez más demostró su predi- 
lección por esta Provincia, mandando por su visitador á tan di^- 



í4í No ^B dan aq\ii detalles más completos por haberse enajenado esta pro- 
pie!dad porloís Rños de 1626 masó menos, según una informaQÍón hecha «u 
1631 en la cual :$e Uif^e que fué vendida, aunque no se apunta la fecha, la que 
no pudo ser üino en tiempo que todavía estaba esta Provincia sujeta á 1& del 
Perú. 

(¡>| Olivaras. tHistoña de Chile.» Lib.IV, cap. XXVI. 

(ti) Archivo de Provincia. Lib. «Casa Grande 1596 — 1626», páginas, IM y 
285. En primera página actúa sin Secretario, en la segunda le sirve en ^.Hte 
-oficio el Padro Pedro de Pigueroa. 
10 



I 



146 CAPÍTULO XII 



po sujeto, y, sobre todo, por los Religiosos que vinieron en su 
compañía, dos de los cuales vivieron y murieron, en opinión de 
mucha santidad, que fueron: el Padre Pedro de Figueroa y el her- 
mano lego, Gaspar de la Pernía. 

Llegaron también entonces los Padres Diego de Córdoba y 
Juan Ruiz, siendo este último á quién más le debe sus adelantos 
el Convento de la Serena. 

Muy satisfactorio debió de serle al visitador ver el estado de 
la Provincia: en menos de diez años se habían fundado siete Con- 
ventos, aunque dos estaban perdidos por la rebelión de los in- 
dios; en todas partes se predicaba con fruto la palabra de Dios, 
asistiendo de igual manera al servicio religioso de los españoles, 
como á la conversión de los infieles: la observancia del Conven- 
to principal de Santiago era ejemplar, en grado eminente, en el 
resplandecian las virtudes de los Padres Pedro de Altamirano, 
Miguel Romero y Baltasar de Buitrón, entre los jóvenes que se 
preparaban al Sacerdocio estaban los Mendoza, los Canobio y 
los Jufré, hijo este último del famoso General de este nombre, y 
que fué Teniente General del Reino. 

Respecto á la buena opinión y prestigio de que gozaban ' los 
Aí^^istinos de Chile en la sociedad, debió el visitador haberse 
formado* varios conceptos: no podía dudar de cuanto les amaban 
y veneraban los fieles, tenía á la vista las generosas y continuas 
dádivas de éstos; no podía desconocer cuanto les honraba y dis- 
tinguía el señor Obispo, don Fray Juan Pérez de Espinosa, quien 
nombró su Provisor y Vicario General al Padre Bartolomé de 
Montoro, y por quien, sin duda, fué Comisario del Santo Oficio, 
el Padre Baltasar Pérez de P^spinosa. 

Tanta fué y tan íntima, como familiar la asistencia del señor 
Pérez de Espinosa, en el Convento de San Agustín, que llegó el 
Obispo á deberle no nada escasas sumas. (7) Mas de aquí se 
originaron las persecuciones del gobernador Alonso de Rivera 
quien había por cierto de vengar, en las ovejas, los agravios que 
pensaba tener recibidos de aquel Pastor de la Iglesia chilena, el 



(7) Ajchivo Nacional. Diego Rutal. Vol. SI. sedan poderes para cobrar en 
Espíiíia ciertas sumas á los herederos del Obi.spo de Santiago, en 1024. 




HLSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 47 



más célebre por su altiva intrepidez, en la defensa de sus inmu- 
nidades y sus derechos. 

Y en esto último, no podía ocultarse á la penetración del vi- 
sitador, el Padre Diego de Castro, el peligro que amenazaba á 
los nuestros de verse un día envueltos en la misma cólera con 
que miró el gobernador Alonso de Rivera asi al Obispo, como 
á los Agustinos, no porque éstos tuvieran entonces relaciones 
de ningún genero con los Lisperguer, pues aún no les debían el 
menor servicio, sino por su unión é intimidad con el señor Obis- 
po Pérez de Espinosa. 

V.n Marzo del mismo año de 1604 regresó á Lima el visitador 
Padre Diego de Castro dejando en Chile por tesoro de su cariñtí 
por esta tierra á su mismo Secretario, el Padre Petlro de Figue- 
roa, llamado vulgarmente, aun en vida, el «fraile santo . 

5, Con este oficio, y en esta ocasión llegó á Chile con sus de- 
más compañeros, en Febrero de 1604, el célebre miniaturista y 
tocia vía más célebre autor del Santo Cristo de la Agonía, vulgar* 
mente llamado Señor de Mayo, el Padre Pedro de Figuerou: y 
llegó en la í!or de la edad, á los 24 años con aquel fervor de mi- 
sionero que deja su patria y busca un país salvaje en que con- 
vertir infieles; con aquel espíritu de nuevo sacerdote que no sien- 
te más ambición que conquistar almas para el cielo; y con aquel 
recogimiento de joven religioso que, por primera vez, deja el 
claustro, sólo por dar más expansión al celo que se siente bu- 
llir dentro del alma. (8) 

Hijo de padres españoles llamados Juan de Orozco y Leonor 
de Figueroa, había nacido en Lima en 1580, tomando el apelli- 
do de la madre, según costumbre de aquella época. En 1595 
recibía el hábito de Agustino, y sobre haber sido ejemplar No- 
vicio, salió, como estudiante, buen latino y filósofo y teólogo de 
no inferiores méritos. Apenas ordenado sacerdote vino á Chile 
en dondej las ciudades de Santiago y la Serena fueron campo 
de su celo, y teatro de sus muchas virtudes. 



<8) El Padre Torres, en su Crónica dice que vino á Cliile el año 1í>CNJ: niftfi bu 
el Archivo de e?^tft Provincia el Padre Figueroa actúa como Secretario en 
16iM, i^egim se comprueba en otra nota; en todo lo demás acerca de hm vid». 
Btí iigueií laa dotícíríí que dejó este Cronista, las que recogió i»I PiitlTe OüvureK 
j la* que comunicft vste Archivo. 




148 CAPÍTULO XII 



Era en extremo humilde y mortificado, devoto y fervoroso: 
€ Traía continuamente cilicio, gastaba muchas horas en oración 
« y lectura espiritual: ayunaba de continuo: y tomaba rigurosas 
« disciplinas. Era manso y paciente, callado y recogido. Estas y 
c otras virtudes, en especial, su grande honestidad, le hicieron 
« tan venerable en el reino de Chile, dice el Cronista Torres, 
« que comunmente le llamaban el Santo y como á tal le venera- 
« ban y visitaban el señor Obispo, los Oidores y las personas 
« más principales de todos estados, y todos salian gustosos y 
í< edificados de haberle tratado, porque era de conversación 

< agradable y provechosa.» 

Habiéndose propalado una grave calumnia en contra de su 
honor, él, sin inmutarse, dijo: «Las palabras de los que me 
« agravian y ofenden pasan por mí como el agua por un cristal 
v> ya roto. Y queriéndole ocupar los Prelados en oficios corres- 
'< pendientes á su capacidad y juicio, los renunció diciendo: Si 
« no tengo talento más que para ser sacristán.» 

El Padre Olivares hace el retrato del Padre Pedro de Figue- 
roa en estos términos: «Fué, dice, uno de aquellos Ministros de 

« Dioá que tienen tan bien ordenada la caridad que atien- 

v^ den primero á sí mismo y después á la doctrina; porque sería 
« el mayor desacierto cuidar las viñas ajenas y descuidarse de 
^^ la propia. No era de los tales el Siervo de Dios, sino que con 
'(. prudentísima economía partía los tiempos y los cuidados en- 
« tre la vigilancia sobre su propia perfección, y la solicitud de 

- la salvación de los prógimos; pasando incesantemente en el 

« confesonario y dando abasto á innumerable gente que le se- 

< guía, pendiente de sus palabras, que todas eran de vida 
. eterna.» 

<<Y porque la gente de servicio suele ser la más destituida de 
•< Maestros espirituales, que según hoy somos los dispensadores 
« de la gracia de Dios, parece que aún para ganar el cielo es 
• • menester tener valimiento en el mundo, el Padre Fray Pedro, 
« que no era aceptador de personas, instituyó una Cofradía, 
v< con santísimas leyes y piadosísimos ejercicios en que tenía 
« muy arreglada y devota á toda esta gente. Y para excitarles 
« el afecto más tierno hacia Nuestro Redentor, hizo, sin saber 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHTl.E 1 49 



* de escultura, imágenes de Cristo, ya orando en el huerta, y 
€ reo ante Pilatos, ya azotado en la columna, tan propias y per- 

* fectas que era admiración. En lo que se vio que si el amor es 
f poeta, también es pintor» (9). 

6. Efectivamente, en entera conformidad con estas palabras, 
el Padre Pedro de Figueroa, junto con el recuerdo de sus virtu- 
des, legó á los siglos posteriores obras que le han inmort?L! izado, 
no por el arte, pues que de éste carecen, sino por la fe ardiente 
y la piedad fervorosa en que se inspiró su autor, comunicándo- 
les, por este solo medio, en vigorosos perfiles, toda la vida y 
expresión que pudiera talvez un escultor afamado. 

Tal es la célebre y venerada imagen del Santo Cristo de la 
Agonía, como le llamó su autor por la idea en que se inspiró al 
ejecütark, y que después se llamó Señor de Mayo, en recuerdo 
del terremoto que el 13 de Mayo de 1647, asoló á Santiago, y 
en el cual, se dice, obró muchos prodigios. 

Esta obra que, entre tantas otras como enumera el Padre 
Olivares, es la única que ha llegado hasta nuestros días, si se 
examina por el lado del arte, no tiene mérito alguno: el cuerpq 
casi es tan basto como el tronco de un árbol cuyas ramas son 
los dos brazos; en el rostro es donde solamente se observa aí^ün 
estudio. 

Mas lo que allí llama la atención, no es la perfección de la 
obra, sino más bien la novedad de la idea. Los artistas han es- 
culpido en las imágenes del Crucificado, ó bien la indecible 
serenidad de aquel que voluntariamente sq inmoló por la salva- 
ción de ios hombres, ó bien la divina placidez de aquella muerte 
que fué la vida del mundo. El padre Fi^ucroa se inspiró en la 
dolorosa agonía del Redentor y quiso expresar tallada en la ma- 
dera aquella frase del Evangelio: «Y Jesús, dando una gran voz, 
expiró.» 

Este último y supremo esfuerzo de la humanidad anonadada 
y abatida, lo hizo ver el Padre Figueroa en un rostro levantado 
y dolorosamente contraido, los ojos algún tanto abiertos y sali- 



íft) niivftres. -Historift de Chiles. Lib. IV, Cap. XXI5L 



^ 



I50 CAPÍTULO XII 



dos de sus órbitas, la boca á punto de exhalar aquella postrera 
voz de vida y de dolor. 

Otra escultura atribuida al mismo Padre Figueroa, hasta hace 
muy poco tiempo se conservaba en este Convento de Santiago: 
«La Muerte». En esta obra, á primera vista, se descubría la 
misma idea y la misma mano del artífice del señor de Mayo. 
Tallada en la madera «La Muerte» semejaba un esqueleto medio 
revestido de piel humana, la sien orlada de laureles, y disparan- 
do su pavorosa y mortal saeta; difícilmente se podía comunicarle 
más vivamente á aquel espectro la ferocidad del triunfo, con el 
gozo de la victoria. 

Los oficios que ejercía el Padre Figueroa, y el celo desplega- 
do en el sagrado ministerio no le dejaban sino los ratos de ocio, 
para dedicarse á la escultura. En la ejecución del Cristo demoró 
algunos años, pues, solamente en Febrero de 1613 está cancela- 
da la cuenta, en los libros de este Archivo, en los términos 
siguientes; «Imagen del Cristo. — De recaudo para el Cristo 
« grande que se hizo y pagar al carpintero que ayudó á él: doce 
« patacones y seis reales. — De una vigueta para la cruz del sobre 
« dicho Cristo; cinco patacones» (10). 

De manera que en Marzo de 161 3 fué expuesto á la veneración 
pública el Santo Cristo de la Agonía; en 161 6 comenzó don 
Gonzalo de los Ríos á contribuir á su culto, con promesa de 
fundar una Capellanía, que no llegó á tener efecto, sino después 
de su muerte; en 1626 el Capitán don Alonso de Campo Frío y 
Carvajal, con su esposa doña Catalina de los Ríos, fundaron, al 
fin de diez años, la antedicha Capellanía, dotándola con cuatro 
mil pesos de capital, ó sea doscientos pesos de renta anual, por 
una misa cantada todos los viernes, en el altar de la venerada 
imagen. 

Así comenzó el culto del Señor de la Agonía; mas, después 
de los acontecimientos de 1647, que á su tiempo se referirán en 



(10) Archivo de Provincia. Lib. «Casa Grande 1696-1625», pág. 183. El car- 
pintero que ayudó al Padre Figueroa se llamaba Juan Kuiz. La devoción 
general que se tiene & esta imagen y la curiosidad grande que ha habido 
siempre por conocer los menores detalles acerca de ella, me mueven á hcu^er 
esta prolija relación. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



15! 



en esta historia, llegó á su auge, pues jurado Patrón de la Ciudad 
de Santiago, el Cabildo hizo voto de sacarlo todos tos años, en 
una procesión, que hasta hoy día se celebra, con suma devo- 
ción de todo el pueblo, y con toda la solemnidad de un culto 
nacional. 

7. Al lado del Padre Pedro de Figueroa, brilla con los más 
puros resplandores de la santidad el hermano lego Gaspar de la 
Pemfa: ambos llegaron juntos a Chile como tengo dicho, y am- 
bos ilustraron con sus virtudes á la Iglesia chilena. 

El Padre Olivares se expresa así de él: «El hermano Fray 
fl Gaspar de la Fernía fué de alto linage y dotado de alto enten- 
a diraiento; pero en la Religión ocultó tanto lo que era, que ja- 
e más se Le oyó palabra que de mil leguas se le pudiese aludir 
3 á hidalguía, nobleza ó parentela; y la claridad y luces de su 
fl entendimiento los encubrió con el velo de simplicidad, hacién- 
t dose pequertü por Cristo para ser grande en el reino de los 
e cielos. 1* 

iPídió limosna por espacio de treinta años con rara edifica- 

* ción y utilidad del Convento; era continuo en la oración, en 
í que pasaba las noches, dando un corto reposo al cansado 
« cuerpo, puesto de rodillas y arrimado la barba á las barandi- 

* lias del coro.T* 

«Fué cordialísimo devoto y fidelísimo esclavo de Nuestra Se- 
í ñora de Gracia, rindiéndola todos los días continuos obsequios 
s y cultos, rezándole el oficio menor por horas. » 

«Fué regalado de Dios y de su Santísima Madre con visitas, 
t é ilustrado con revelaciones, que en aquel humilde espíritu 
t producían dos efectos propios de las hablas divinas: que era 

* profundizar más en el abismo de la nada, conociendo más su 
« indignidad; y tener motivos más patentes para engrandecer la 
« bondad de Dios, con que gusta de comunicarse á sus crea- 

* turasí» (n). 

Estas y otras todavía más preciosas noticias nos ha dejado el 
padre Olivares acerca del hermano Gaspar, afirmando la mucha 
opinión de santidad en que vivió y resplandeció hasta después 



(11) OHTorés. ^Histeria de Chüe». Lib. IV, Cap. XXIX. 



1 



L 



Igá CAPÍTULO XII 



de su muerte i sin embargo al presentarle aquí por primera ve^ 
al lector, tan sólo puedo asegurarle que en el Archivo de esta 
Provincia de Chile, su nombre empieza á figurar en Enero de 
1605 ocupado en las labores de la estancia de Ñuñoa. 

Su patria y su origen me son desconocidos: aun no es dable 
afirmar si st; hizo religioso en Chile, ó vino del Perú; parece más 
probable lo segundo, ya que, desde que empieza á figurar, se le 
vt: en pleno ejercicio de todos los ministerios correspondientes 
a su condición. 

8, Mas, entre tanto que en esta Provincia de Chile próspera- 
mente seguían su curso todos los negocios mediante la sabia y 
[midente dirección del Padre Bartolomé de Montoro, el Provin- 
cial de Lima Fray Alonso Pacheco, estando para reunirse, en 
Julio de 1606, el capítulo Provincial hizo regresar al Perú al Pa- 
dre Montoro, á fin de que en su celebración, tuviese aquella par- 
te que, en efecto, le cupo en suerte no tanto á él, como á esta 
Provincia de Chile, volviendo muy pronto á ella cargado de ho- 
nores y lieno de riquezas. 

Y así, mientras en Abril de 1605 el Padre Montoro se alejaba 
de Chile al mismo tiempo se recibía del cargo de Vicario Pro- 
vincial el Padre Antonio de Zamora trayendo consigo á los Pa- 
dres Diego Francíí,Juan de Benavides y Juan Vargas. 

El Padre Antonio de 2^mora era español é hijo de la Provin- 
cia de Castilla, mas algunos años hacía que estaba en la Provin- 
cia del Perú. El Padre Torres le llama «famoso predicador» y 
de él cuenta un hecho que le valió las felicitaciones más entu- 
siastas de parte del Virrey de Lima, por haber denunciado opor- 
tunamente una conspiración, que se fraguaba en Potosí, en con- 
tra del Gobierno, siendo además por ello muy particularmente 
recomendado al Rey de España. 

Xo menos bien puesto anduvo su nombre en la Corte de Ro- 
ma. I'l Reverendísimo Padre General Alejandro Senense hizo 
mucha estimación de su persona, dirigiéndole dos cartas comen- 
daticias para los Provinciales del Perú ó de Castilla, conminán- 
doles con censuras, si por algún pretexto aquél le pusiese incon- 
veniente para poder volver á España, y éste no le recibiese con 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1(3 



a2i RmJ AlexaiKlri Sení-usiss 12 Jiinii 1698: Fratri Antonio ileZiimora Pr^^ 
dicatori dñttir fat-iiUaü t^x Provincia Peruntis in Hispaniam reverteutU et in 
Provincia CflsteLUw ptT^istendi: qui utriaque Provint-ialibus lonnieudatiir illi 
tie sít ei iiiipedimpnto quin ex sua Provincia discedad, isti iit in iun Provin- 
cia ilhimhíinigiie recqiiftt ct de loco provideat. En Agosto del mi>tíii> ftílo ^^ 
renuevan W mianifti* lei:rHs agregando pena de excomunión A qnu*u se upu- 
flier* a i!U ejecución. Archivo General en Roma. 



1 



benignidad, señalándole desde luego un lugar para su cómoda 
residencia. (12} 

Tal fué el séptimo Vicario Provincial de esta Provincia de 
Cliiie cuyo gobierno, siendo en extremo breve, de menos de un 
año, no se hizo notar por cosa más digna de mención. 

9, El 6 de Febrero de 1606 el Padre Zamora, ásu vez, se ale- 
jaba de Chile, quedando de Vicario Provincial, al parecer inte- ^ 
fino, el Padre Pedro de Altamirano, quien es el Octavo en la 

serie de los que ejercieron este oficio, mientras esta Provincia ^ 

dependió de la del Peni. ^ 

Sus virtudes nos son ya bastante conocidas para ai^regar so- I 

lo aquí, que con haber sido Prelado de esta Provincia, puede j 

darse por muy honrada. Hasta entonces había ocupado el puesto 
de Subprinr, siendo el ejemplo de toda la Comunidad; ahora de 

Vicario Provincial, la acción de su gobierno debió de señalarse ' 

en multitud de obras dignas de admiración y recucrdn. Mas el 
tiempo ha echado sombras impenetrables sobre el breve espa- ' 

cío de once meses que estuvo al frente de esta Provincia de * 

Chile. 

Al regresar al Perú el Padre Pedro de Altamirano, iba ya tan 
habituado á la austeridad y asperea de vida que aquí siempre 
practicó, que su fen^or le llevó á hacerse Agustino Recoleto y 
dirigiéndose á Bogotá, durante muchos años observó la vida 
más cccogida y penitente éntrelos Candelarios de aquella re- 
gión. Llamado de nuevo al Perú por la obediencia, apenas se 
presentó en Lima, fué asombro de cuantos le conocieron: y 
ahora le veían hecho un verdadero ermitaño de las montañas: 
rapada la cabera, crecida la barba, tosco y burdo el hábito y 
los pies desnudos. 

Le rogaron fundase un Convento en que se observase ese ge- 
nero de vida: y, gustoso accediendo á tan noble empeño, eligió 






I 



i 54 CAPITULO XII 



las sierras de Misque, en donde fundó una casa de la mas rígi- 
da observancia y la más célebre por la santidad de sus Religio- 
sos, en toda la Provincia, 

Cada vez más admirados de las virtudes del Padre Pedro de 
Altamirano, le arrancaron de su soledad los vocales de un capí- 
tulo y lo constituyeron en Prior. Provincial de la Provincia del 
Perú el año de 1637, gobernándola con un celo extraordinario. 
Murió en Mayo de 1642 diciéndose sobre su tumba que con él 
habian muerto las más hermosas virtudes de toda la Provincia. 

Tal fué el Octavo V^icario Provincial de esta Provincia de 
Chile. 



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Capítulo XIII 



El 



Vicario Prorincial Padre Bartolomé de Monto ro 
y el Almirante General 
Hernando Lamero de Gallegos y Andrade, eu el Cuzco 

1606-1608 

1- El Padre Üartolauíé de Montoro es elegido Definidor yiitmibmdo segundw 
vea Vk'wio Provincial de Chile, en el Capítulo celebrado en i*! Om^vo en 
1(506.-2. El Alaiirnnte General Hernando Lamero de Gallegos y Andrade, 
— 3. Jiimai3.sfi fin-tuna que poseía en Chile. — 4. Hace donacirm tltí elU al Con- 
vento de Santiago de Chile.— 5. Regresa á Chile el Padre M<>ntün>, en Xo- 
víembre de ltK>ií con los Padres Domingo de Soto, Francisco de Nurváez, 
Pedro de Valdivia y Juan de los Ríos.— 6. El Padre Domingo de íioto toma 
jíOseMÓfi de Longo toma, en Mayo de 1608, y se funda el octavo Convento 
bajo el título de San Nicolás del Valle.— 7. Se opone el Prov^oi* y Vicario 
General dí?l Obispado, Juan Varas, por haber él construido las ca^fts y capi- 
lla de LoDgütoina. -8. Diego Fernández, hijo del célebre Juan Fernúiidc'ai, 
Piloto Mayor. ^íidL* se le adjudiquen á él las tierras de Loii/^^otüma— y. Don 
Gonzalo da lo» Hlns usurpa al Convento gran parte de dichas lierras^^lO, 
Se arrítíiidati por primera vez en cuatrocientos pesos en Ji^Vlü, 

I. Muchas cansas han contribuido á hacer célebre, en la his- 
toria dtí la Provincia de Chile, este Capítulo Provincial celebrado 
en la Ciudad del Cuzco el año de i6o6; en él dejaba para siem- 
pre el mando el Padre Alonso de Pacheco, á quien en primer 
término debe su existencia esta Provincia; en él hm> de Presi- 
dente, con todas las probabilidades del más favorecido candida* 
to, el Padre Cristóbal de Vera, por todos conceptos ilustre 
fundador de esta provincia; en él fué elegido Definidor y nom- 
brado Vicario Provincial de Chile el Padre Bartolomé de Mon- 



I 56 CAPÍTLLO XIII 



toro, autor de nuestra autonomía, de nuestra prosperidad y en- 
grandecimiento. 

Hasta el que tuviese lugar este Capitulo en la Ciudad del 
Cuzco, concurriendo á él los Padres mas vivamente interesados 
en el bienestar de la Provincia de Chile, es un hecho digno de 
especial atención. 

2. Moraba, en dicha Ciudad, hacía algunos años, retirado de 
los azares de la guerra y de las tormentas del Océano, dueño de 
los más grandes títulos así en la Armada, como en el Ejército, 
propietario de inmensas posesiones en el Perú y Chile, el Almi- 
rante General del Mar del Sur, Hernando Lamero de Gallegos y 
Andrade. 

Célebre marino, había iniciado su carrera, en los descubri- 
mientos de las Islas Occidentales, que pueblan y embellecen la 
Oceanía, junto con el adelantado Alvaro de Mendaña, corriendo 
con él todas las aventuras de una navegación llena de peripecias, 
en la arriesgada exploración de tantas ignoradas tierras, al través 
de aquellos dilatados mares. 

Había pasado en seguida al Perú y venido á Chile: y, estando 
surto en Valparaíso su navio, inopinadamente sobrevino el fa- 
moso Corsario Inglés, Francisco Drake, y, con un audaz golpe 
de mano, llevóse el navio con todas sus riquezas. 

Mas, muy lejos de desanimarse por estos reveses, pasó a San- 
tiago á ofrecer sus servicios y los de toda su gente, deseoso más 
que nunca, á pesar de tantas pérdidas, de señalarse y distinguir- 
se así en la perpetua y sangrienta guerra de Arauco, como en la 
f no menos atrevida y peligrosa contra los Piratas, que entonces 

► comenzaron a asolar todos estos mares. 

I A fin de mejor combatirlos el Virrey de Lima, don Francisco 

^ de Toledo, le dio la comisión de ir á explorar el Estrecho de 

Magallanes; la cual aceptó Hernando Lamero, según dicen los 
propios y originales títulos que tengo á la vista, «aderezándose 
« y apertrechándose, á su costa, de armas y lo demás necesario 
« para hacerlas, sin que para ello se le diese paga ó socorro 
< alguno; antes bien, á mas de haber gastado más de cuatro mil 
« pesos en la jornada, había hecho el viaje, acudiendo con mu- 
« cho cuidado y diligencia y lustre á su persona, llevando 



j 




HiSTCíRlA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



IS7 



4 siempre consigo muchos criados así españoles, como esclavos 

* indÍDS> (¡). 

Y de vuelta de esta expedición, habiendo recalado en Valdi- 
via, á tiempo que los indios naturales de ella, y de otras tres 
Ciudades, se habían puesto en abierta rebelión. «Lamero fué 
t elegido por Capitán para la defensa y castigo de los dichos 
■£ naturales; y habiendo salido a la guerra y dádoles muchas 
4 batallas y muértoles mucha cantidad de indios, y desbaratado 

* muchos fuertes, el fué parte para que aquella tierra no se 

< perdiese,» 

*Y habiendo salido del puerto de Valdivia y llegado que fué 
c al de A rauco, saltando en tierra y haciéndose el inglés, por 

* industria y maña, se embarcó cuatro caciques y tres capitanes 
^ y al mismo General de la g;uerra entre los indios; ser\'icio de 

< mucha estima, porque éstos después no recibían ya en su 
t puerto ningún navio de los enemigos.» 

Y regresando de Chile al Perú, el Virrey de Lima le encomen- 
dó las más honrosas comisiones en compañía de los célebres 
Capitanes Generales don Pedro Mercado, Martín García de Oñex 
y Loyola y Francisco de Mendoza, distinguiéndose por espacio 
de más de treinta años en el arduo desempeño de todos los de- 
beres de Capitán, de marino, y de soldado, hasta que en 1589 
don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete y la Real 
Audiencia le nombraron Almirante General del Mar del Sur. 

Tal es, en sus puntos máh culminantes, la serie de servicios 
de Hernando Lamerá de Gallegos y Andrade. 

3, En 1606 residía en el Cuzco, consagrado a) bienestar de su 
familia, sin más cuidados que la vida íntima del hogar y la ad- 
ministración de sus negocios particulares. Casado con doña Ana 
de Prado y Canales, tuvo de ella una hija llamada Ana de Ga- 
liegos, que á su vez desposó con don Antonio de Raya y Zam- 
brana. 

Los bienes y propiedades de que fué dueño esta familia eran 
tan cuantiosos, que, teniendo en Chile uno de sus mejores y 



(1) Todas \as notiüims eitán tómadois dt* los títulos de merced otorgados á 
Limero por don Aíoiiío de Sotomayors un IP de Marzo de 1591, confirmadon 
sucesivamente por QuiüoQeí*, Gtircía Rtumiii y Rivera. Archivo de Provincia ^ 



k^,- 



t 158 CAPÍTULO XIII 



fértiles valles, jamás fué tomado en cuenta ninguno de sus pro- 
ductos, contentándose el Almirante con solo tener á salvo, libre 
y de todos reconocido su derecho á aquella vastísima propiedad. 
Todos los productos de Longotoma, por destino de su dueño 
« eran para que se compre sus hábitos mi Señor y Padre Fray 
« Domingo de Villegas.» Este Religioso Franciscano que llegó á 
ser Provincial de su Orden en Chile fué el amigo más íntimo del 
Almirante General, como los Religiosos Franciscanos sus más 
protegidos, antes que lo fueran los Agustinos. 

En una carta dirigida: «A mi Señor y Padre Fray Domingo 
« de Villegas, que Nuestro Señor guarde, Guardián del Con- 
« vento de San Francisco en Santiago de Chile», el Almirante 
le dice así: 

«Nuevas, ni cosas particulares de esta tierra no tengo que 
« escribir, por no haber llegado flota, y también porque desde 
« que salí de ese Reino de Chile, no me he levantado de una 
« cama, ni he salido á la plaza, sino fué ayer al Octavario del Cor- 
« pus Christi en el Callao. Y hablé dos veces al Virrey y le pre- 
« senté la necesidad de esa tierra y la importancia que era enviar 
« persona con brevedad que asistiera en la guerra. Y va proveído 
« para el gobierno de ella el Maestre de Campo General Alonso 
« García Ramón.» 

«Y yo le pedí me amparase en la posesión que tengo de las 
« tierras de Longotoma; prometióme de hacerlo y hacerme nue- 
« va merced de ellas si fuese menester» 

«Entiendo que el Virrey quiere que vaya otra vez armada á 
« ese Reino; mi salud es poca para ir allá, no sé si me ha de 
« obligar á ello» (2). 

«Habrá dos meses, le decía en otra carta, que escribí á Vues- 
« tra Paternidad avisando de mi viaje á Panamá y de lo en su 

« discurso sucedido y después acá he recibido dos de Vues- 

« tra Paternidad, cuya respuesta no se me puede atribuir á des- 
« cuido; con las cuales, en saber de la salud de Vuestra Pater- 



(2) Primera Carta del Almirante al Padre Villegas, desde Lima, 9 de Junio 
de 1600. Tan solo se transcriben las frases que hacen más al caso en la pre- 
iíente obra. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 159 

« nidad, recibí sumo y entrañable contento; déla su divina 
« Majestad tan cumplida, como puede, que á fe de quien soy, 

< que su buena doctrina de Vuestra Paternidad haría harta falta 
« en ese Reino; y á mí, no menos las oraciones do V^uestra 
« Paternidad, tan aceptas á Dios. Y así suplico no cesen; ni me- 
« nos el ocuparme en esta tierra en cosas del servicio de Viies- 
« tra Paternidad, para conseguir mis íntimos deseos que de 
« hacerlo tengo.» 

«A su Señoría del Señor Gobernador escribo me haga merced 
« de ampararme esas tierras de Longotoma. Esto)^ satisfecho: 
« lo hará. Y pues Vuestra Paternidad es el dueño y señor de 
« ella: me lo hará de llevar adelante lo que hasta aquí; y alqui- 
« larlas, de cuyo procedido yo hago gracia á Vuestra Paternidad 

< para hábitos, ó lo que Vuestra Paternidad fuese servido a 

«En lo que Vuestra Paternidad me avisa de las cosas de ese 
« Reino y lo poco que, este verano, se ha hecho, mediante Dios 
« con la mucha prudencia y valor del señor Gobernador y junto 
« con la voluntad grande que el Virrey, mi Señor, tiene de ayu- 
« darle, se conseguirá lo que se pretende. Hágalo Nuestro Señor, 
« como puede y vé que conviene para el remedio de tantas almas 
« que de luz carecen» (3). 

«Tres tengo escriptas, le decía en una tercera carta, á Vues- 
« tra Paternidad y todas ellas, creo, no han salido de Lima, en 
« las cuales doy aviso de mi venida á esta Ciudad del Cuzco, 
« donde estoy detenido hasta disponer de unas haciendas, que 
« en ella tengo, para bajar mi casa á Lima, donde con su buen 
« temple cobraré la salud, que en ésta he perdido, pues nunca 

< me ha faltado gota y otros mil males, que por temporadas me 
« levanto de una cama. » 

«Y con los propios achaques anda de continuo doña Ana que 
« besa á Vuestra Paternidad las manos; lo propio hace mi hija, 
« que tiene salud.» 

«Por una que de Vuestra Paternidad recibí, de 9 de Septiem- 
« bre, supe de la de Vuestra Paternidad que la tenia bien de- 



(3) Segunda carta al Padre Villegas, Febrero 13 de 1602. 



1 6o CAPÍTULO XIII 



« seada: Nuestro Señor se la aumente, como puede y todo ese 
< Reino la ha menester y yo deseo.» 

«En lo que toca al valle de Longotoma de que hay algunos 
« compradores; digo que por ahora, ni de aquí adelante no hay 
« que tratar de ello: sino que Vuestra Paternidad, como siempre, 

« lo ampare y, como otras veces he dicho, lo procedido 

« se sirva vuestra Paternidad darlo de limosna para hábitos; que 
« yo tengo intento de, en bajando á Lima, venido que sea el 
« Virrey, dar una vuelta á ese Reino y besar á Vuestra Paterni- 
« dad las manos > 

«Las desgracias sucedidas me llegan al alma y el mal suceso 
« de ese Reino que es nuestra patria: Dios se sirva de apiadarse 
« de ella. Y á Vuestra Paternidad nos guarde mil años. Del Cuz- 
« co. Noviembre 12 de 1603 años. De Vuestra Paternidad más 
« que mió: Hernando Lamero de Gallegos» (4). 

4. Difícil sería retratar mejor el carácter del Almirante, que 
por sus propias palabras: ellas le pintan tan ejemplar cristiano, 
como noble y en extremo caballeroso. Siendo pues tan entusias- 
ta por las cosas de Chile y tan deseoso de ver prosperar en él 
la Religión «para remedio de tantas almas que de su luz carecen», 
luego que supo el Capítulo Provincial que en el Cuzco celebra- 
ban los Agustinos, como persona tan principal como católica, 
el Almirante General se puso en relación con el Padre Bartolomé 
de Montoro y, tal vez, el Padre Cristóbal de Vera. 

Ni estos podían, por un momento, dudar de la ventaja que les 
prometían la piedad y devoción del Almirante; ni él podía equi- 
vocarse acerca del gran bien que, con su larga generosidad, 
haría á la Orden Agustina, pocos años ha, establecida en Chile 
y que, hasta lo presente, no contaba con más elementos de pros- 
peridad que el trabajo y fatiga de sus Religiosos. 

Debían de constarle, además, al Almirante General el celo con 
que los nuestros asistían á los españoles en su servicio religioso, 
y la caridad con que acudían á la instrucción de los indígenas, 
y la abnegación con que en todas partes trabajaban por el ma- 



^ 



(4; Tercera carta al Padre Villegas. Todas ellas están en el Archivo de Pro- 
vincia en los libros «Longotoma*. 




«i 



HIS'iTíRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE l6l 



yor progreso de la Religión y bien de todo el país. Por otra 
parte al hacer donación de todos los bienes que tenía en Chile 
al Convento de Agustinos de Santiago, bien persuadido estaba 
el Almirante de que hacía una obra mejor que la de proveer de 
hábitos á su Señor y Padre Fray Domingo de Villegas. 

No hay^ memoria de las relaciones que anteriormente cultivase 
con los Agustinos el Almirante General; pero es lo cierto que el 
día 6 de Agosto de 1 606, compareció ante el Definitorio de la 
Provincia, reunido en el Cuzco, para fundar una Capellanía, en 
bien de su alma y la de sus padres, dando por dotación todo un 
valle de los mas ricos y fértiles de Chile. 

De los Padres allí reunidos en Definitorio solo uno sabía J 

apreciar en su justo valor aquella proposición; solo uno que, 
más que ningún otro, trabajó sin cesar por hacer surgir á esta 
Provincia: el Padre Bartolomé de Montoro. A él, pues, y al Al- 
mirante General le deben estar eternamente reconocidos, en to- 
dos tiempos, los Agustinos de Chile. 

El Almirante General, al hacer donación de las tierras de 
LongotOma al Convento de San Agustín de Santiago, se valia 
de las mismas expresiones con que á él le hizo merced de ellas 
el Gobernador don Alonso Sotomayor, el 18 de Marzo de 1591* 
Y en ésta se lee: 

«En término déla Ciudad de Santiago, en el valle de la Ligua, 
■ junEo á i a boca del río de él, hacia la playa de la mar, camino 
í del rio Choapa, sale un estero que se llama Longotoma y en 

* la parte que el General Gonzalo de los Ríos hizo un ingenio 

* para sacar plata; atento que el dicho Almirante ha servido á 
< Su Majestad, según de suso se refiere, tú velo por bien y le 

* hago merced de todas las tierras que en el dicho sitio estuvie- 

* ren vacas, que se entiende, en el dicho estero de Longotoma, 

* hacia la playa de la mar, hacia el dicho río de Choapa, desde 
« la boca del dicho estero hasta su nacimiento, de una parte y 

* otra.í 
Monstruosa donación que comprende toda una zona de valles 

que sin interrupción se suceden desde los Andes al Pacífico, 
ocupando sus terrenos, á cual más fértiles y ricos, toda la propia 
latitud de Chile en esa región, en que las tierras merecen com- 
11 



"^ 



1 62 CAPITULO XIII 



petir con las montañas, éstas por la abundancia de sus preciosos 
metales y aquellas por su maravillosa y jamás desmentida fera- 
cidad. 

Pues bien, en los mismos términos se hizo el traspaso de títu- 
los en favor del Convento de San Agustín de Santiago, quedan- 
do definitivamente instituida y dotada de tan magnífica suerte 
la Capellanía del Almirante General Hernando Lamero de Galle- 
gos y Andrade, el i o de Agosto de 1606, en la Ciudad del Cuzco. 

Y no contento este ilustre bienhechor con su larga generosi- 
dad, todavía en sus últimos años de vida, c<i Octubre de 16 10, 
donó al mismo Convento cincuenta cuadras de tierra que se 
había reservado en las riberas del mar, dejando así su nombre 
vinculado para siempre á la más grata y bendecida memoria que 
puedan guardar al través de los siglos los claustros Agustinos 
en Chile. Este postrer beneficio es también el último dato de una 
vida cuya única ambición parece haber sido el hacer el mayor 
bien posible á la Religión y sus sagrados Ministros, después de 
haber servido con tanto lustre á su Patria y á su Rey. 

5. Colmado de honores y cargado de riquezas volvió á su 
Convento de Santiago el Definidor y Vicario Provincial de Chile, 
el Padre Bartolomé de Montoro, con gran regocijo de sus Reli- 
giosos, siendo el noveno en la, serie de los Prelados que han 
regido esta Provincia. 

Habilísimo en el manejo de sus negocios y diestro, como po- 
cos, en el gobierno de las casas de religiosos, trajo consigo, en 
este segundo viaje, como en el primero. Sacerdotes los más pru- 
dentes y doctos, cuyo elogio es innecesario anticiparlo aquí, 
pues los posteriores sucesos bien luego pondrán de relieve sus 
dotes, puesto que los veremos desempeñar acertadamente los 
más elevados cargos y oficios de la Provincia. Son los nombres 
de estos Padres: Domingo de Soto, Francisco de Narváez, Pedro 
de Valdivia y Juan de los Ríos. 

A medida que se multiplicaban las necesidades y las . atencio. 
nes de la Provincia, el Padre Montoro la dotaba y enriquecía con 
un personal nuevo y joven, que, unido á los religiosos más gra- 
ves y antiguos, juntos formaban un cuerpo de vida robusta y 
vigorosa. 



J 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE l6j 



6. Desde luego, sin pérdida de tiempo, era necesario tomar 
posesión de las tierras de Longotoma y fundar allí el octavo 
Convento de la Provincia que se tituló: San Nicolás del Valle- 
Pero esta empresa, la mas fácil de realizar, al parecer, porque la 
hidalga generosidad del Almirante había obviado todas las difi- 
cultades, fué sin embargo obra de más de diez años, al íin de los 
cuales no quedó el camino del todo desembarazado de sus obs- 
táculos. 

El Padre Domingo de Soto, en Mayo de 1608, solamente* pu- 
do tomar posesión á nombre del Convento de una parte de Lon- 
gotoma y la más pequeña é insignificante: en 161 5 todavía hacen 
esfuerzos inauditos los Padres Juan de los Ríos y Pedro de Val- 
divia para arrancar aquella propiedad de manos de injustos po- 
seedores; y cerca de treinta años después, todavía fructificaban 
aquellas feraces tierras á uno de sus más poderosos usurpa- 
dores. 

Los más claros y netos títulos del Convento se vieron dispu- 
tados por personas principales é influyentes: el Provisor y Vi* 
cario Provincial del Obispado, Juan Varas, el hijo del celebre 
Juan Fernández piloto mayor, y más que estos, el opulentn en- 
comendero de aquellos tiempos, el General don Gonzalo de los 
Ríos. El mismo á quién la fama dio en llamar insigne bienhechor 
de los Agustinos, siendo así que sólo fué injusto usurpador de 
sus bienes, 

7. En 1603 escribía desde el Cuzco el Almirante al Padre Vi- 
llegas, el guardián de San Francisco: «Digo, mi señor, que eí 
* valle de Longotoma es bien que Juan Varas y los demás que 
< en él están, sea su arrendamiento, cada año, porque no aíl- 
■ quieran posesión. ?> Estos presentimientos se cumplieron. Corf 
e! pretexto del arriendo, el sobredicho Juan Varas ocupó buena 
parte del valle posesionándose de aquella que mejor le pareciera, 
de forma que allí construyó Capilla, casas y molino. 

Y habiendo ocurrido por este tiempo la muerte del ocupador, 
no fué inconveniente para que su albacea y heredero, el Cura de 
la Catedral, Jerónimo Vázquez das Hortas, continuase dispután- 
dole al Convento sus derechos. Mediaba, como tercero, en este 
asunto, el General don Gonzalo de los Ríos quien decí'a haber 




1 64 CAPÍTULO XIII 



sido Juan Varas arrendatario suyo y no ser deudor del Convento 
de San Agustín. Y la influencia de este hombre poderoso, que 
avasallaba la autoridad de los tribunales, se hizo para el Con- 
vento más que nunca temible y peligrosa. 

A fin de evitar encuentros con él, tanto el Cura de la Catedral, 
como el Padre Montoro convinieron en nombrar un arbitro que 
tasase aquellos valores. Mas, librada la sentencia arbitral, no 
conformándose los Agustinos con ella, dijeron de nulidad, y sin 
querer pagar mejora alguna, desde entonces fué toda su empeño 
ir estrechando á su adversario hasta reducirle á solas sus casas 
y unas cuatro cuadras de terreno. V en esta lenta obra se con- 
sumieron no menos de diez años. 

No vaya, sin embargo, á creer alguien muy boyante esta si- 
tuación, pues, á juzgar por el Padre Pedro de Valdivia, que, corao 
Procurador General de la Provincia, cuidaba de estos negocios, 
éste decía: ^ ya tan solo le quedan al Cura Vázquez cuatro cua- 
« dras de terreno, pero en ellas tiene cuatro mil cabras que se 
« comen todo el pasto de la hacienda.» 

8. Cualquiera comprende, al leer esto, que la mayor resisten' 
cia hecha á los títulos de la Comunidad debía de provenir de 
personas más poderosas que directamente supeditaban la acción 
del Convento, presentando iguales títulos á los suyos y aún su- 
periores, como intentaron, no sin menoscabo y perjuicio de los 
Agustinos en sus intereses. 

Una de estas personas, Diego Fernandez, hijo de Juan Fer- 
nández, el célebre Piloto Mayor, quien militó siempre á las ór- 
denes del Almirante Lamero, quien le sirvió de apoderado en 
la mayor parte de sus negocios, quien estando al corriente de 
las pretenciones del General acerca del señorío de las tierras de 
Longotoma, hizo á su vez petición de ellas, en toda forma, ale- 
gando idénticas razones, ante el gobernador Martín García de 
Oñez y Loyola. V éste no solamente le hizo merced de todo et 
mismo valle, sino también le concedió la posesión de él real y 
efectiva. 

El piloto astutamente sustituyó al Almirante y, sin saberlo 
éste, le sucedió en todas sus acciones y derechos, haciéndolos 
valer en contra de los Agustinos por cerca de veinte años. En 



i 




IHS'nJRIA DE [.OS AGUSTINOS EN CHILE 165 

d Ínterin se exhibieron por ambas partes los mejores títulos y* 
por cierto, ten ian prioridad sobre los de Fernández la merced 
hecha por don Alonso de Sotomayor y la posesión que en Mayo 
de 1602 tomó Blas Zamorano del valle de Longotoma -^entran' 
r fio por las dichas tierra.s, según se lee en su propio documento 

* y paseándose por ellas y metiendo mano á su espada y dando 

* cinco cuchilladas en un árbol que estaba en la ribera del rio, 

* y haciendo otros actos de posesión.» (5) 

9. Pero el más temible y peligroso enemigo, que entonces ex- 
perimentaron los Agustinos, fué sin duda, el que ha tenido la 
fama de ser proclamado nuestro bienhechor, el General don Gon- 
zalo de los Ríos, quien no solamente fomentaba la resistencia 
que en las causas anteriores hacían al Convento, sino que de un 
modo bastante directo» desembozado é injusto intentó usLirpar- 
se todas sus posesiones, y de hecho él y su familia ocupan m 
buena parte de ellas, por espacio de más de treinta años, sin 
otro título que el despojo y la violencia. 

Extraña avidest la de aquella familia, la más opulenta de la 
Colonia disputando á un Convento derechos los más indiscuti- 
bles; y más aun extraña la facilidad con que avasallaban los Ríos 
Lisperguer líjdo tribunal y toda autoridad. Después de estar fun- 
dada y reconocida la Capellanía de Longotoma, después de tan- 
tas diligencias practicadas para ello por los Agustinos, salió don 
Gonzalo de los Ríos pidiendo se le hiciese merced de los terre- 
nos llamados Palquíco y Cuyunmavida, y esta merced, á pesar 
de estar comprendida dentro del valle de Longotoma, le fué con- 
cedida el 13 de Noviembre de 1608. 

No podía ser el golpe más audaz y atrevido, ni más furtivos 
aquellos títulos: sin embargo los hizo valer y en ellos se sostuvo. 
Y tanta fué su avilantez que llegó á hacer cargo á los Agustinos 
cíe que no le agradecieran el haberles entregado la mitad de 
aquelloí» valles, pues dice: «yo me desistí y aparté del pleito que 



Í6j Todo está totnado <le Ins autos originales conservados en el Archivo dé 



Provincia en Ioü Libruü tljongotoma 




i66 



CAPITULO XIII 



<r habíamos tratado sobre la mitad del valle y tierras de Lon- 
« gotoma.» (6) 

lO. Por último, el 23 de F^ebrero de 161 5, el Padre Montoro 
pudo celebrar el primer contrato de arriendo vitalicio en favor 
del Doctor Francisco Núñez del Pozo, Presbítero, por el canon 
de cuatrocientos pesos anuales, en los dos primeros años, y qui- 
nientos en todos los restantes. 

Por su parte el Doctor Núñez del Pozo se obligó á edificar de 
todo punto el Convento é Iglesia que se llamó de San Nicolás 
del Valle y dotarlo con la fundación de una fructuosa Capella- 
nía: sagrados compromisos que él jamás llegó á cumplir. Final- 
mente se me excusará aquí la nimiedad de estos detalles, en razón 
de que de otra manera quedarian subsistentes, contra los Agus- 
tinos, las calumnias en que su nombre se ha visto envuelto sólo 
por aquella malhadada protección de la familia Ríos Lisperguer. 



(6) Palabras textuales sacadas de los autos del pleito del Convento con don 
Gonzalo de los Ríos. Archivo do Provincia, Libro, Longotoma. 



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Capítulo XIV 



Los Vicarios Provinciales Bartolomé de Montoro, Pedro de 
Torres y Francisco Méndez 1608-1610 

L El Padre iíoDtora hace el trazado del nuevo templo de San A^stln.— 
2. Parte á Linift á asiütir é. la Conjarregación intermedia, en Mayo did 16U6-— 
S. Déeinio Vicario Provincial, el Padre 'Pedro de Torres. — 4. Le £vcoTiij>aíitii 
loij Pailres Francisco M^odez. Aguáítin de Verrocal, AIodso de Abneida y 
Lul'4 de Chavea. Tk Desarrüllo extraordinario de la Comunidad eu est<js añott. 
—6. Lo=s Padres Diego y Andrés de Elossu.— 7. Los Padres Juan y Bemardü 
de Tora Mazóte,— 8. I^os Padres Pedro de Henestroza, Agustín Carrillo dü 
Ojeda y Andrés de Morales.— 9. Los Padres Alonso y Nicolás AiUón Bola.— 
10 Lrf--^ Pttdres Bartolomé y Agiustin de Arenas.— 11. El Padre Nicolás Esco- 
bar y Vi Ibrrool ile Jos Ríos.— 12, El Padre Pedro Suárez de Cruzmán.— 13 
Lo!* Pudres Diego de Ayahv, Jiiau de Zuazola, Juan de Baptista, Juan Mar- 
tiiiezt Agui^tiji de Hévia, Cristóbal de Toledo y Juan de Ovando. — 14. Umi*^- 
ciino Vicario ProrincialT Padre Francisco Méndez. 



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i 



i . Después de los hermosos y ricos valles adquiridas, el en- 
sueño del Padre Montoro era construir la casa del Señor, y do- 
tar á su Convento de Santiago de un templo, en que con esplen- 
dor se tributase culto y homenaje al Gran Padre y Doctor de la 
Iglesia, San Agustín. La magnificencia de la obra debía corres- 
ponder á los cuantiosos medios que estaban á la mano. Y los 
Agustuios aspiraron á tener el más soberbio templo de la Cap i* 
tal. El Padre O valle, que escribía algunos años después su 
tHistórica Relación del Reino de Chile», hablando del templo de 
San Agustín de Santiago, dice: »E1 Convento de San Agustín 



1 68 CAPÍTULO XIV 



« ha menos que comenzó (que el de San Francisco) y así está 
« hoy más á los principios; pero la Iglesia (que estará ya aca- 
« bada y es toda de piedra blanca y de sillería y mampostería y 
« de tres naves) será mejor que las referidas: es el sitio de los 
« mejores del lugar y no hay ninguno que esté más en medio 
« del comercio.» (i) 

El Padre Juan de Toro Mazóte que vio iniciarse Su fábrica 
y, estando ya para terminarse, la contempló derribada por el 
famoso terremoto de 1647, dice: «Perdimos una Iglesia de tres 
« naves, toda de cal y canto, con tres bóvedas muy costosas» 
« que se iban acabando: porque toda ella había de ser de bóve- 

♦ da y estaba ya para cubrirla y de prestado estábamos en una 

♦ nave. Tan capaz era.» (2) 

Estas palabras dan una idea exacta de la suntuosidad de la 
obra emprendida con tanto tesón y fatiga por el Padre Monto- 
ro. El sitio y extensión del templo eran los mismos del actual: 
pues éste se levantó de nuevo sobre las ruinas de aquel, no sin 
aprovecharse, como hasta ahora se puede comprobar, buena 
parte de aquel sólido y valioso material de piedra. 

Tan solo cabe anotar aquí que mientras se reconstruia de sus 
propias ruinas el primitivo templo, y, cerca de medio siglo, tar- 
daba en abrirse á las solemnidades del culto el actual levantóse 
otro de modestas y poco costosa fábrica, sin embargo de haber 
sido la tumba de las más opulentas familias de la Colonia y de 
haberse desarrollado, dentro de su no muy espacioso recinto,. 
acontecimientos que más de una vez ha recogido la histo- 
ria. (3) 

Todo hace suponer, mientras tanto, que el primitivo templo 
tendría proporciones muy semejantes al actual, ya que no le 
aventajaba en su propia dimensión, que es la base de toda obra 
de arquitectura. Ambos diseños serían pues muy parecidos y 



(1) Ovalle, «Histórica Relación del Reino de Chiles, lib, V. cap. III. 

i2) Carta del Padre Juan de Toro Majsote al Asistente General. Archivo de 
Roma, 1648. 

(3; Este templo estaba construido de sur ¿ norte, á lo largo de la callH de 
San Antonio, con plazuela en la esquina con la calle de Moneda y se conser- 
vó hasta que se iniciaron las modernas construcciones. 



. á 



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4 



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TIISTORTA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE l6g 

salvo el material, casi idénticas las formas del estilo. Ma.s, el 
actual es verdaderamente hermoso, lo que da motivo para ima- • * 

ginarnos el primero, si menos bello por falta de la brillante de- 
coración moderna, en cambio más grandioso y severo con sus 
sólidos muros de piedra, y sus esbeltas columnas de granito. 

El arquitecto de este primer templo, si su nombre merece pa- i 

sar á la historia, se llamaba Luis Fernández. j 

2, A! mismo tiempo que se trazaban los planos de este tem- 
plo, se abrían los heridos del edificio del nuevo Noviciado y 
claustro de lírStudiantes, con su capilla propia y demás depen- 
dencias anexas á este género de edificios. En verdad, es de ad- 
mirar el calor y la destreza con que todo sabía llevarlo adelante 
y sin perturbación el Padre Montoro; cada gobierno de él far< 
ma época en las historia de esta Provincia. 

Sale ahora de ella para asistir como Definidor que á la sazón 
era, á la Congregación Intermedia, que tendría lugar en Lima 
en Julio de i6o8, habiéndose retirado de Santiago en los prime- 
ros días de Mayo, Qué extraños sucesos le ocurrieron en el 
Perú, y que nuevos y extraordinarios negocios para la Provin- 
cia de Chile le hicieron por tercera vez regresar á ella, será 
asunto de más interesante narración. 

3, El nuevo Vicario Provincial, que es el décimo en la serie 
de elloSj es persona ya bastante conocida, uno de los fundado- 
ros de la Provincia, el que llevó á cabo la fundación del Con- 
vento de la Serena, el Padre Pedro de Torres. Cerca de siete 
años llevaba de ausencia de Chile y ahora venía á ocupar el 
puesto más honorífico de su. Orden, por breve tiempo, ma.s, \ 
siempre con buen acierto y todavía mejor Suceso. ¡ 

Trajo en su compañía cuatro Religiosos de los cuales, el Pa- ' 

dre Prancisco Méndez .se hizo notable por su mucha santidad" 

cuyas virtudes se han impuesto el deber de ensalzarlas hasta . 

hoy día todos los historiadores eclesiásticos. Xo menos se dis- 
tinguieron, aunque por diferentes motivos, los Padres Agustín { 
de Verrocai, Alonso de Almeida y Luis de Chaves, 

4, AI decir del Padre Torres, el Cronista, el Padre Francisco 
Méndez «era en todo género de virtudes verdaderamente gran- 



^11 



I70 CAPITULO XIV 



« de, que renovó los siglos de oro por su incomparable perfec- 
« cion relijiosa.» (4) 

Era natural de Salvatierra, pueblo de Galicia, en España, y 
después de hacer brillantes estudios, en las dos más célebres 
Universidades de Salamanca y Alcalá, y graduarse Licenciado 
en ambos Derechos, partió para el Dorado en las Indias con el 
cargo de Corregidor, y Justicia Mayor de aquella Provincia. 
Siéndole en extremo malsana la temperatura de aquel país, y 
temiendo por su vida y la de su esposa y la de un hijo, pasó á 
México, en cuyas ciudades principales, sobre todo en Puebla, 
ejerció la abogacía durante algunos años, sonriéndole siempre 
la felicidad y la fortuna en todas partes. 

Mas llegó un día, en que súbitamente vio arrebatada la exis- 
tencia de su esposa, siguiéndole en breve la pérdida del hijo, vi- 
niéndole la muerte á herir en lo más amado y más querido en 
la vida. Los grandes dolores le llevaron á buscar el lenitivo de 
ellos en Dios Tomó por Director de su conciencia á un Padre j 

Carmelita, de tanta santidad, que durante la confesión, era me- j 

nester esperar que volviera en sí, de sus raptos y éxtasis Y 
siendo todo su consuelo este Religioso, por igual causa que los 
seres más queridos, lo perdió. 

Se le hizo México tan odioso y aborrecible que inmediatamen* 
te partió para el Perú, llevando ya dentro de su alma el propó- 
sito de dejar el mundo y encerrarse en un claustro para única- 
mente servir á Dios. Tomó el habito Agustino, en el Convento 
de Potosí, el año 1595; una vez profeso, pasó al Cuzco, en don- 
de fué destinado á la enseñanza; más tarde lo nombraron Maes- 
tro de Novicios. 

Cuando le enviaron á Chile, un caballero de Lima escribía á 
los de acá: «Ya á ese Reino el Padre Francisco Méndez; dicho- 
« sa la casa donde él entrare, y la grey que le quepa en suerte 
« ser por él gobernada». El Padre Torres, que cuenta esto, 



(4i El Padre Torres le dedica en su Crónica, página 456, una extena» biogra- 
fía de la cual tomo estas noticias y algunas frases. Hay algunas inexactitudüs 
en ella, como es decir que el año 1612 volvió al Perú el Padre Méiidt*^: üistiiba 
en Chile todavía el año 1616 según documentos firmados por él y que están ^n 
este Archivo de Provincia. 



é 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



171 



agrega: ^en Chile resplandeció como un sol clarísimo de vir- 
í tud.» 

El Padre Olivares, entre muchos otros grandes elogios, dice 
de él; :La voz interior lo llamó determinadamente á la Religión 
í del gran Padre San Agustín. En el noviciado fué admiración 
í para sus mismos maestros y mayores, y, para todos, una per- 
■i fecta imagen déla virtud... Aunque era de grandes talentos 

< y letras» se empleó en enseñar la gramática: su humildad sólo 
t estaba contenta con el hábito más viejo, con el último lu^ar 

< y el oficio más humilde.» 

«Fue tanta la aspereza de su vida en todo género de mortifi- 
« cadones que parecía aborrecer su cuerpo, tratándole mal con 
' rigorosas disciplinas y largas vigilias. » (5) Una de sus singula- 
res mortificaciones consistía en salir, todas las noches, descalzo 
de su celda, con una pesada cruz al hombro, y, en la hora de 
más alto reposo y silencio, dirigirse á la Iglesia, y ante la Ima- 
gen del Santo Cristo de la Agonía, tender la cruz sobre la tarima 
del altar, echarse sobre ella y recibir allí de manos de un rcli- 
gloso, confidente suyo, la más rigurosa disciplina. 

\unca tuvo más de dos hábitos: uno blanco y el otro negro: 
su lecho era un banco sobre el cual se arrojaba para dormir nn 
más de dos ó tres horas. Llevaba dos cilicios: uno de ásperas cer- 
das y otro de penetrantes alambres, trayendo al cuello, colgada 
de una cadenilla una cruz, de dos dedos de ancho, erizada de 
púas las más Iiirientes. 

V todo lo referido no es más que mínima parte de lo que es- 
cribe el Cronista Torres, que vivió y conoció al Padre Francisco 
Méndez, acerca de sus austeras costumbres y ejemplares virtu- 
des. No es extraño entonces que de él dijera el Padre Olivares 
que «fué una délas principales columnas de la Provincia de 
' Chile y que renovó en esta parte todo el primitivo espíritu de 
su ínclita religión.» 



(5) Olivares. «Historia de Chile» Lib. IV. cap. XXVII. Habla difusümeiite 
dfl Padre Méndez y su relación es del todo conforme con la del Padre To- 
rr©ü. menoii en lo tocante á la muerte del Padre, la cual Olivares supone acae- 
cida en Santiago, lo que no es efectivo, pues volvió al Perú y allí, en Suptj 
murió el año de 1625. 



1 

1 



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I 



172 CAPÍTULO XIV 



Juntamente con el Padre Méndez llegaron los Padres Verrocal, 
Almeida y Chaves. ¥A Padre Agustín de Verrocal vino á Chile 
á desempeñar las comisiones más delicadas é importantes; y la 
Provincia todavía debe creerse reconocida á sus servicios. El 
Padre Alonso de Almeida, natural de San Lucar de Barrameda, 
nacido en 1587 de noble y distinguida familia, pasó de España 
á América algún tiempo después de su hermano, el Doctor don 
Domingo de Almeida, que vino á Lima de Capellán de Santo 
Toribio de Mogrovejo, el año de 158 1. Y si el Doctor Almeida 
llegó á ser Dean de aquella Iglesia Catedral, y le cupo el honor 
de iniciar la causa de beatificación de aquel glorioso Arzobispo, 
en 163 1, y la de Santa Rosa de Lima, en 1634, no menos hono- 
res y distinciones alcanzó para sí y su Orden el Padre Alonso 
de Almeida, porque á más de haber sido Doctor en las Univer- 
sidades de Avila y de San Marcos desempeñó, en esta Provin- 
cia de Chile, los cargos más elevados, con aplauso de todos, ^ 
siendo él el que cierra con su nombre la serie de Vicarios Pro- 
vinciales dependientes del Perú. Y por último el Padre Luis de 
Chaves ocupó siempre los puestos más distinguidos, por sus le 
tras, en las dos Provincias. 

5. Pero lo que, sin duda alguna, más que todo llama la aten- 
ción en esta época es el repentino y extraordinario desarrollo 
que se advierte en la Comunidad: las familias más nobles y pa- 
tricias mandan sus hijos á vestir el hábito Agustino; las vocacio- 
nes se multiplican de una manera asombrosa; la Provincia en 
menos de veinte años, no necesitó ya de auxilio exterior, estaba 
servida por numeroso y escogido personal, formado sólo de hi- 
jos del país. 

Con Superiores de la talla del Padre Bartolomé de Montoro, 
Maestros, como los Padres Miguel de Romero(6), Pedro de Fi- 
gueroa y Francisco Méndez, se explica el éxito sin igual entón- 



(6) En la hi^itoria del señor Barros Arana, en una nota del tomo 4.® página 9, 
habla del Padre Romero y le llama Provincial: más nunca lo fué. Mientras 
permaneció en Cbile tuvo por oficio la enseñanza de los ramos superiores en 
las ciencias eclesiásticas. El titulo do Vicario Provincial lo llevó en ciertas 
comisionen, en representación de la Provincia, más no por gobierno de ella: 
lo cual t>e verificó en muchos otros Padres de aquel tiempo. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



^71 



ees alcanzado en la formación de una Comunidad tan ejemplar, 
como distinguida. Mientras el Vicario Provincial daba vigorosíj 
impulso á su Provincia, éste era admirablemente secundado por 
unos, con su doctrina y aventajada letra; por los otros, con los 
más puros ejemplos de santidad. 

Al recorrer la lista de Religiosos que á continuación se pre- 
senta, se advierte que ella comprende tan solo á aquellos que, 
muí en breve, ocuparán los puestos más eminentes dentro de la 
Orden, sirviéndola en los más importantes oficios. Llamará tal 
vez igualmente la atención el ser varios sujetos del mismo apelli- 
do: casos son éstos que sin cesar se han repetido hasta los mis- 
mos ttemjíos actuales. 

6. Acerca de los dos hermanos, los Padres Diego y Andrés de 
Elossu y Carvajal, cabe al presente decir con el Padre Olivares 
que ambos hermanos tanto en la carne como en las virtudes & 
son los primeros que honraron la Provincia de Chile con su no- 
bleza y su saber. (7) Eran hijos de Domingo de Elossu, Secre 
tario que fué del gobernador don Martín Garcia de Oñez y Lu- 
yóla, y de doña Isabel de Carvajal, dama de la primera nobleza 
del tiempo de la Colonia. 

Ambos hermanos, distinguidos criollos, cuando en 1608 toma- 
ban el hábito Agustino de mano del Padre Montoro, habían ya 
perdido á sus padres. Se puede aqui asegurar que el Padre Die- 
go era el mayor; y, á pesar de que el Padre Guzmán dice de él 
que fué 'hombre doctísimo en el siglo», sin embargo el más 
docto é ilustre, dentro de la Orden, fue el Padre Andrés de Elossu; 
el primer chileno elegido Provincial por los Agustinos de esta 
Provincia en 1625; y segunda vez elegido Prior Provincial, en 
1635, murió al año siguiente. 

Del Padre Andrés de Elossu deben, pues, entenderse aquellas 



{71 El Padre Olivares los llama de Losa, en vez de Elossu que es como oIIoh 
iíifítiij>re firmaron. El Padre Franciscano Guzman los llama Locio más eqiiivo- 
caiíainmirtí todavía. El Padre Olivares habla del Padre Diego diciendo al fin 
([Utí murió de Provincial, pero fué Andrés el que murió de Provincial; por cu- 
ya raziin taque el atribuye á Diego en esta historiase dice de Andrés, qui(.*ii 
pt>r todo concepto es el ilustre de los dos hermanos. Dicese también que 
Diego fué Provincial más no lo fué jamas: ello plenamente consta del Arohivo 
dé Provincia. 






174 CAPÍTULO XIV 



palabras del historiador Olivares que dedica al otro hermano di- 
ciendo; -Fué uno de los más doctos, graves y celosos Padres 
« que ha tenido esta Provincia de Chile, natural de él y de noble 
í familia: él dio primeramente forma al estudio de las letras en 
^ su Convento de Santiago, siendo catedrático muchos años con 
« merecida loa de claro y profundo. Era versado, á más de la 
^ Teología, en la Jurisprudencia civil y canónica; fué el primer 
í maestro numerario de esta Provincia; obtuvo muchas prelacias, 
« con grande edificación y medra de los Religiosos. Predicaba 
í con mucho celo y facilidad, subiendo al púlfíito á veces repen- 
a ti ñámente, y hablando en especial en punto de reforma de 
<t costumbres, con la elocuencia y vehemencia de un Crisóstomo 

* y el celo de un Elias. Se aplicaba mucho á ayudar á los ago- 
X iiizantes, para cuya buena disposición le dio el Señor mucha 
^ gracia y destreza.» 

*Fué tan amante de la religiosa pobreza que, aunque tuvo 

* muchas oca.siones de adquirir, nunca se le vio alhaja de valor; 

* y así cuando sus hábitos eran mejores que los de otros Reli- 
** giosos pobres, los trocaba con ellos. Fué gran Prelado y de 
^ vida inculpable.» Así termina su narración el Padre Olivares, 
confundiendo á los dos hermanos y distribuyéndoles por igual 
parte honores y prelacias, virtudes y letras que solamente corres- 
ponden al Padre Andrés de Elossu. 

7, Mas célebre son, toda vía los dos Padres Toro Mazóte, Juan 
y Bernardo, hermanos é hijos no solamente de las más nobles fa- 
milias del país sino también de las más ricas y acaudaladas. Por 
espacio de más ile siglo y medio los Toro Macote fueron los 
perpetuos Secretarios de gobierno; y su fortuna llegó á ser fabu- 
losa: sus propiedades comprendían casi toda la Provincia de 
Aconcagua la más rica y fértil de Chile, pasando sus dominios más 
allá de Mendo:&a, hasta tocar con las pampas de Buenos Aires (8) 

Ambos ilustres Agustinos, aunque el Padre Hernardo de To- 
ro Mazóte desempeñó los más importantes oficios en la Orden 
y fué Provincial el año 1650, en ninguna manera debe confun- 



(8| Vicuña Maokenna cHistória de Santiago», Tom. 2. pagina OH. £ti mm 
not» tau tí\t«^Dba como interesante acerca de la familia Toro Mogote. 



J 




ÍIISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



1/ ^ 



dirse con el Padre Juan de Toro Mazóte, Religioso verdadera- 
mente notable: su vida es la historia de la Provincia de Chile 
durante casi todo el siglo XVII: pues, durante él fué cinco ve- 
ces Provincial y desempeñó este elevado cargo en los tiempos 
más difíciles y con aplauso de todos. 

Pocos más respetados que él en la Real Audiencia y de más 
prestigio en toda la sociedad. Autor de varias obras y una his- 
toria perdida en la actualidad, con aplauso deberieron correr por 
mucho tiempo entre manos de gente erudita, pues á no haber 
sido él t[üien escribiera sobre los fundadores de esta Provincia 
su memoria hubiera por completo perecido. Las noticias que el 
Padre Olivares proporciona acerca de algunos Agustinos de la 
presente época, deben haber sido tomadas de la Obra del Padre 
Juan de Toro Mazóte. 

Ivste Agusúno singularmente ilustre, asi como su hermano 
Bernardo, fue hijo de Ginés de Toro Mazóte y de doña Isabel de 
la Serna y debió de haber nacido por los años de 1593; siendo 
su vida casi de siglo, de continuo y perseverante trabajo. 

8, De la misma época y de más noble cuna todavía fue el 
Padre Pedro de Henestroza, tio de doña Marcela de Henestroza, 
mujer del primer Marques de la Pica, don Francisco Bravo de 
Saravia, de quien han heredado los títulos y la sangre los íra- 
rrázabal y Andia, la familia de más ilustre abolengo en Chile. 
El Padre Pedro de Henestroza fué Provincial, en 1638, aunque 
con poca fortuna. 

No así el Padre Agustín Carrillo de Ojeda para quien la Pro- 
vincia parece no haber tenido sino honores y agasajos: suyas 
fueron las grandes comisiones ante los Virreyes de Lima, ó bien 
ante la Corte tie Madrid. Literato, escribió las historias de su 
tiempo; oradfir, arrancó aplausos en la misma ciudad de la ele. 
gancia y del bien decir. F'ué Provincial el año 1653. 

Menos brillante figura, pero de no menos aquilatados méritos 
es el Padre Andrés de Morales, tipo del Religioso grave y ob- 
servante. Perteneció á esa familia tan noble como encumbrada 
que diu tantos ilustres Generales y Magistrados á la Nación, 
siendo la más bienhechora de la Orden. Fué Provincial el Padre 
Andrés de Morales en 1647. 




176 



CAPÍTULO XIV 



9. En pos de estos vienen dos hermanos que, al tomar el há- 
bito Agustino, legaron á este Convento sus fortunas, que eran 
cuantiosas. Ambos igualmente animosos y decididos coopera- 
dores en la obra del engrandecimiento de esta Provincia de 
Chile, se llamaron Alonso y Nicolás Aillon Bela. Nicolás cerró 
pronto el curso de su vida; Alonso, en cambio, prestó á la Or- 
den los más reconocidos servicios: hízose cargo de la fundación 
del Convento de Valparaíso hasta llevarla á efecto; y, en 1644 
como Pjior Provincial gobernó la Provincia con todo celo y 
prudencia. 

10. Dignos también de honro.sa recordación son los hermanos 
Bartolomé y Agustin de Arenas. El Padre Bartolomé de Arenas, 
sobre todo, fué uno de los auxiliares más entusiastas en las ges- 
tiones de la independencia de esta Provincia; y fué de ella Pro- 
vincial en 1656, á pesar de su humildad y modestia. 

1 1 . De ilustre familia y altivo corazón fué el Padre Nicolás de 
Escobar y Villarroel de los Rios; sobrino del celebérrimo Gene- 
ral don Gonzalo de los Rios; junto con vestir el hábito Agustino, 
renunció en favor de este Convento de Santiago, su cuantiosa 
legítima, haciéndose á la vez que hijo de la Orden su ínclito bien- 
hechor. Es excusado tratar de los timbres de nobleza de su es- 
clarecida familia, íntimamente ligada con estrecho parentesco á 
la primera de la Colonia. El Padre Escobar Villarroel desempeñó 
muy principales cargos en la Provincia, más nunca llegó á ser 
Provincial, á pesar de las influencias de familia, que entonces 
eran poderosas. 

12. Igual lustre por su alcurnia y raras prendas de virtudes 
muestra el distinguido Padre Pedro Suárez de Guzmán: su nom- 
bre siempre aparece entre los primeros y más caracterizados en 
la Provincia y fse hizo Religioso en estos mismos añoss 

13. Finalmente para que el lector se forme, siquiera, una vaga 
idea de como en esta época se poblaron los Conventos Agustinos 
de Religiosos Chilenos, en extremo amantes de su Provincia y 
decididos á trabajar por su bienestar é independencia; de como, 
en un momento, traidos por la mano de Dios, á la vez aparecen 
tantos personajes de relevantes méritos y virtudes, de gran saber, 
y distinguidas letras, paso á nombrarle algunos de estos: los Pa- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHri.E 1 77 

dres Diego de Ayala, Juan de Zuazola» Juan de Ha[ítista, Juan 
Martínez, Agustín de Hevia, Cristóbal de Toledo y Juan de 
Ovando y otros muchos. Es digno de particular mención Barto- 
lomé de Ferrada^ al decir del Capitán Francisco G'ú y Xe^rete- 
t hijo de padres limpios de raza, cristianos viejos naturales de 
t Sevilla, en España», que tomaba el hábito Agustino en 1608, 
en este Convento y que adoptó por nombre el de Xicolns de 
Tolentino, con el cual figura en los registros de la Provincia. 

Cansado del estrepito de las armas y rendido á los trabajos 
de una azarosa vida, Bartolomé de Sánchez, como el mismo di- 
ce, 'natural de Villa de Valdepeñas, en los reinos de España», 
tocaba á las puertas de este Convento, en busca de paz, silencio 
y oración. Según testimonio de Marcos Fernández de Villarreal, 
í ha tiempo de doce arlos que ha que conoce al dicho Fray Bar- 
t tolomé de Sánchez, desde la ciudad de Lisboa, donde estuvo 
< de presidio, cuatro años, de donde vinieron en una tropa á 

* este reino por soldados del Capitán Salinas; después de llega- 
I dos anduvieron en las guerras, tiempo de cuatro años. Y en 
I esta ciudad, cuando bajaron á ella, de tres años á esta parte, 

* en todo el tiempo en que le ha tratado, muy de ordinario, ha 
« conocido en él mucha virtud y cristiandad.» Bartolomé de Sán- 
chez tomó el hábito de lego, en 1609, y su vida de religioso com- 
probó lo antes aseverado, porque su vida fué ejemplar; y si en 
la mihcia era «hombre muy quieto y asentado en sus cosas», en 
el claustro fué modelo de humildad, recogimiento y mortifica- 
ción. (9) 

14, Entre tanto llegaba el 20 de Abril de 16 10 y el Vicario 
Provincial se retiraba á su Provincia del Perú, por orden de su 
Prelado, quien nombró en lugar del Padre Pedro de Torres, para 
que le sucediese en tal oficio^ al Padre Francisco Méndez, con 
no poca honra de esta Provincia de Chile, que siempre, á dicha, 
deberá contarlo en el número de sus Prelados más ilustres. 

Dos veces ocupó la primera dignidad de la Provincia enalte- 
ciéndola con sus virtudes y gobernándola más que con los pre- 
ceptos, con los ejemplos- Si no fuera por documentos de la Pro- 



(ft) Libro primero de atestados, alio 1609. Archivo de Provincia. 



178 



CAPITULO XIV 



vincia del Perú, que tengo ala vista, (i o) por los de esta de Chile, 
no habría indicio alguno de que hubiera sido durante casi un 
afiü, Vicario Provincial; la única firma que se conserva de este 
tiempo, no arroja luz alguna sobre el lugar alto y distinguido que 
ocupaba. 

A los que con más empeño se les vé cooperando en estas cir- 
cunstancias á la grandiosa obra de su Prelado, sea tratando de 
importantes negocios, ó ejerciendo notables comisiones en la ad- 
iTiinistracióii interna de ta Comunidad, son los Padres Juan Ruiz, 
que va á visitar el Convento de la Serena; Miguel Romero que 
aparece con poderes de la Provincia; Agustín de Verrucal que 
hace de Subprior del Convento de Santiago; y Pedro de Figue- 
roa al frente de los Novicios y Profesos. 

No menos dignos de mencionarse aquí son los Padres Juan 
de los Ríos y Pedro de Valdivia, quienes en calidad de procura- 
dores generales de la Provincia, activaban sus causas y hactan 
ta defensa de sus intereses ame los tribunales del pais, desple- 
gando tanta habilidad y diligencia en el cumplimiento de sus 
cargos, como volúmenes quedan para recuerdo en el Archivo de 
la Provincia. 



ílO) Este e> im po4Íer i*jfteiididci t^u el Cuzco, el U de Octubre de lillO, por el 
Ahiüraute GeTieml Henmiido Lami^ro de Gallegos y Andrade jmm lyue el 
Padre Fmnriseo M^^udea. Prior dol Convento de Santiago y Vicario Proyin- 
eial did Reino de Chile, aínplto Ja Capellanía de Longotoma, con motivo dv 
\a uuéTíi donación que liiy-o al Convento. El Cronista Torres» afirniu tiimbieu 
H hecho de bahtíT ¡«ido Vicario Provincial de Chile el Padre Ménde»* 




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Capítulo XV 



Fltiuios años del Padre Cristóbal de Vera. Sucesor íixív 
si^nien á su muerte 1606 - 1610 

t Kl Capitulo Froviiidtil del Cuzco, en ^^'Á)r^- •_>. El Tiiílrf/ Cri^tótuil d© Veru 
esel eaíididatüoficiHl.— 3. Se retira ala Doctriim df l'ariw. -4. Aflístií i\ hi 
Coiigr*?gaoÍón Intemiediu en ICOS.— 6. Se retira ú la Duftnnu de iSim Juan 
(leTgtora ou Cotabiimbas.— 0. Allí le visita el Püdrü Atiloui^» Ih la Caliui- 
cha,— 7. Muere ph> de Mayo de lOOí».- H. Se esítuillan í^us vírrndn^ y hh tn- 
rtcier*— 0. Apíirecio después de su muerte la Pal vnttn d^l í rpnenil de íh Or- 
den, libradtt díoz afm:< atrás en favor de él y de la PravincdH. ñe Chite, ]{K 
FalM>a pretexto^, habita ahora aducidos por no halxT-e díido <^\iinplími€»nt*> á 
estaPatentf". -1j. Cuales debieron ser las verdaderaiJ cnusiitt qiie impidie- 
ron su ejecución,— 12. El Padre Bartolomé de Moutora resuelve ejeentjir^ 
la y parte pura Chile. 

I. Muy de grado omitiéronse, en su lu^^^ar, alj^unas particula- 
res noticias del celebre Capítulo Provincial habido en el Cuzco» 
el año de 1 6o6, en la parte que se refieren a! Padre Cristóbal ^ct 
Vera, para que así el lector, reunidas aquí en un sólo ciiaílríí, 
pueda mejor apreciar la persona y las dotes del Fundador de hi 
Provincia de Chile. 

No es aceptable, como más atrás ya se ha in.siniiado, el crite- 
rio con que el Cronista Torres se explica el hecho de no haber 
sido el Padre Cristóbal de Vera el primer Prior Provincia! de la 
Provincia de Chile, á pesar de tener nombramiento especial del 
Reverendísimo Padre General de la Orden, diciendo que fué ¡jor- 
que «era religioso modesto y poco ambicioso. í. 

Mas, á fuer de religioso modesto no debió ponerse en rebel- 




I 8o CAPÍTULO XV 



<lía con üu Padre General que ordenaba fuese independiente es- 
ta Provincia de la del Perú; precepto que de modo alguno podía 
ofender la más delicada modestia, y cuya obediencia no era da- 
ble renunciar, sin híicerlo antes presente á la misma autoridad 
lie que emanaba senicjante cometido. Ni es tampoco razón de- 
cir que no fué Provincial porque no era ambicioso: pues no es 
genero alguno de ambición el aceptar un nombramiento venido 
del misniu Superior Cxeneral de la Orden, cuyo alto criterio se 
ilustra siempre por la opinión de los Religiosos más graves y 
caracterizados de una Provincia, y no por las arterías de algún 
particular. 

2. Máíii übstensiblc se hace todavía la lijereza con que el Cro- 
nista parece juzgar de estos acontecimientos, si se toma en cuen- 
ta la relación que él mismo ha dejado de todo lo acontecido al 
Padre Cristóbal de \"ora, en el célebre Capítulo del aiV) 1606, en 
que fué el candidato oficial apoyado y sostenido con toda la in- 
fluencia y poder de que gozaba en la Provincia el Padre Alonso 
Pacheco. 

Ni [jnr esto se le puede censurar de ambicioso al Padre Vera 
á pesar de haber accedido á la voluntad y deseos de aquel su 
mayor confidente y amigo; porque nadie es dueño de las simpa- 
tías que en rededor de uno se suelen despertar. 

Pero place, más que todo, oir las mismas palabras con que el 
Cronista narra estos sucesos, pues al través de ellas se siente to- 
<iavía el calor que tilles hechos produjeron en los ánimos de los 
Religiosos de aquel tiempo, azás próximo al que lo describía. 
VA Padre Torres dice así: 

-El Padre Alonso Pacheco, que era el Provincial, y aún pu- 
f diera decir que (él en su persona encerraba) toda la Provincia, 
« jjorque todos los Vocales de ella eran sus hechuras, y los más 
^ estaban como pendientes de su querer, había dispuesto las co- 
* sas á fin de que le sucediese en el Oficio (de Provincial) el Pa- 
« dre Cristóbal de Vera, gran confidente suyo, religioso benemé- 
« rito y de prendas conocidas, que había tenido graves oficios 
f dentro y fuera de la Provincia, porque había sido Definidor de 
■ esta (del Perú), Vicario Provincial y Fundador de la de Chile.» 

¿Y al presente, {en la celebración de este Capítulo del Cuzco), 



mSTfíRIA DE LOS AGUSTINOS EN CHJLE 



iSi 




1 siendo Definidor más antiguo, según Nuestras Constitucione*», 
« (el Padre Vera) también había de ser Presidente de esEe Capí- 
í culo, porque Nuestro Reverendísimo no había mandado í^u.s 
f Letras á otro para que, en su nombre, presidíese en aquella 
i elección de Provincial, 
*V en aquel tiempo, en que todavía no estaba prohibido que 

* el Presidente pudiese ser electo en Provincial; mayormente es- 
» tando, como estaban convenidas en la acción las dos cabexas, 
» Provincial y Presidente.» 

i Y así se tenía por tan cierta y asentada esta elección del 

< Padre Cristóbal de Vera, que á ninguno le parecía se fustra- 
» trase; con que todos la celebraban y en la exterior apariencia 

< la aplaudían.» 

«Mas, llegando el tiempo de ella, y hecho todo muy á ^usto 
í de las dos cabezas, y con mucha paz de todos, fueron votando 
« los Capitulares, y acabada la votación, se hizo el escrutinio de 

* los votos y con grande admiración del Padre Provincial y del 

* Padre Presidente, que lo estaban mirando y no lo creían, sa^ 

* lió electo Provincial el Padre Diego Pérez, en vez del Padre 
» Cristóbal de Vera.» 

Sin embargo, este Cronista que llega á decir que, si en esta 
ocasión no salió elegido Provincial el Padre Vera, sólo fué «por 

* haberle faltado entonces sus mayores confidentes y amigos», 
pues, «algunos de elloíí estaban secretamente confederados con- 
« tra su eleccións. tratándose del Provincialato de Chile, no sé 
con qué criterio se atreve á afirmar que lo í renunció, haciendo 
« más aprecio del retiro de su celda, que de la autoridad del 

* Oficio, lí 

Puede, pues, asegurarse que á haber tenido conocimiento de 
la Patente deJ General Senense, el Padre Cristóbal de Vera hu- 
biera aceptado una autoridad y un oficio que no le impedían en 
Chile el retiro de la celda, y que se los mandaban en premio de 
los trabajos sufridos en la fundación de una Provincia, que no 
pudo menos de amar, como quiera que ella le recordaba la más 
gloriosa empresa de toda su vida. 

3. Y tan plausible parece esta manera de opinar como que, 
dado el carácter nada expansivo y en extremo reconcentrado del 



^ 



182 CAPÍTLLO XV 



Fadre Vera, sus sentimientos eran más intensos y profundos; y 
que^ su retiro de Chile no fué efecto de su voluntad, sino de una 
orden demasiado brusca del Padre Mará ver, es de suponer que 
e! título de Padre Provincial de Chile venido de Roma en esas 
circunstanciáis, lejos de renunciarlo lo hubiera aceptado sino como 
premio debido á sus méritos como reparación de un agravio 
por demás arbitrario 

Bastante dura le fué aquella prueba y tan sensible, que le 
mantuvo alejado, durante todo ese tiempo, de esa actividad re- 
ligiosa que se manifiesta en el ejercicio de elevados cargos y en 
el düsempeño de importantes comisiones. Cuando en 1600 fué 
retirado de Chile el Padre Vera, parece que hubiera muerto no 
sólo para esta Provincia sino también para la del Perú. 

Igual cosa experimentó en 1606. Lo que expresa el mismo 
Padre Torres, con estas palabras: «El desdén de la fortuna en" 

< gendro en su pecho el verdadero desengaño, que tiene pobla- 

* das de hombres cuerdos las soledades. Pudo haber quedado 
í en el Capitulo act)niodado en alguno de los primeros gobier- 
i nos de la Provincia; pero como ya á mayor luz, conocía y detes- 

* taba el hutno de la vanidad, contentóse con que el (nuevo) Pro- 

* vincial le ntímbrase por Cura de una Doctrina pobre, donde 

* pudiese vivir en soledad, ejercitando la caridad con los Indios 
í enseüántlolos en sus necesidades espirituales y temporales; 
4 que fué ío mismo que prevenir la lámpara para la venida del 

* Esposo de las almas. > 

En consecuencia, se retiró á una Doctrina de la Provincia 
4 de Paria, donde vivió los dos años hasta la Congregación In- 
íí termedia (de t6o8) en soledad y quietud». 

4. En esta ocasión vino á Lima, por última vez, á dar el pos- 
trer adiós á aquellos lugares llenos de tantos recuerdos, y á aque- 
llos amigos tan inconsecuentes. Algunas amarguras de nuevo 
experimentaría en aíjuella ocasión, porque lejos de buscar las 
comodidades que su salud quebrantada por los trabajos podía 
hallar en Lima, apenas celebrada allí la Congregación Interme- 
dia, se retiró, dice el Cronista Torres, «á la Doctrina de San 

< Juan de Totora, pueblecillo pequeño y pobre de la Provincia 
« de CotabambaSp bien desengañado de los reveses de los mor- 





HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 183 



* tales, haciendo vida ejemplar y aprendiendo la más importan* 

í te ciencia de bien morir. >» 

5. El Padre Cristóbal de Vera llevaba minada ocultamente ta 
vida por esos grandes sentimientos, que a fuerza de inspirar 
aversión al mundo, más estrechan la unión con Dios, sin dejar 
por eso de producir un malestar que lentamente devora la exis- 
tencia; la resignación cristiana hace de ellos una prueba, y la 
más perfecta conformidad, una virtud. 

V esta resignación y conformidad no faltaron al Padre Cristó- 
bal de Vera al verse abandonado y solo en medio de las sierras 
de Cotabambas, viviendo al lado de una miserable capilla, doctri- 
nando á los pobres indios de esas montañas, las más ricas del 
mundo, siendo sus habitantes los más desgraciados. Parecía 
aquel cuadro tomado de la naturaleza reflejar tristemente el es- 
tado de su espíritu, antes tan enérgico y ahora tan abatido. 

Un alma llena de actividad, una voluntad, como la de él, fir* 
me y robusta, languidecía en aquella soledad, bajo aquel cielo de 
auras tibias y perfumado ambiente, en aquel pais en que la sua- 
vidad misma de la temperatura parece arrebatar al espíritu su 
energía y al corazón sus impulsos más nobles y generosos. 

El Padre Vera se sentía morir casi en la plenitud del vigor y 
de la vida. Y, cuando más que nunca necesitaba disfrutar de la 
dulce expansión, que sólo proporciona el trato é intimidad de 
los hermanos y compañeros de Religión, él no tenía otros que 
aquellos indios infieles ó en extremo groseros é ignorantes. 
Los más tristes presentimientos abrigaba el Padre Vera» y» en 
prevención de lo que pudiera sucederle, mandó recado á la Doc- 
trina menos distante, al Padre Antonio de la Calancha, para que 
se sirviera venir á verle á Cotabambas. 

Partió el emisario para volver dentro de varios días, pues no 
era poca la distancia, ni había seguridad además de hallar dis- 
puesto y prevenido para tal viaje al Padre Calancha; era este el 
amigo del alma del Padre Cristóbal de Vera, el amigo tanto más 
querido cuanto que después del abandono de todos habíale per- 
manecido el más fiel y cariñoso, el más adicto y decidido, 

6, Apenas despachado el mensajero, y recogfdose el Padre 
Vera á sus habituales ejercicios en que alternaban el apostóla- 



i 



^ 



184 CAPÍTULO XV 



do con la piedad, el divino ministerio con la oración, el trabajo 
con el reposo, cuando dado á éste, lleno de sobresalto despierta 
al ruido de cabalgaduras y de gente, que en esos momentos lle- 
gaba á visitarle, entre la soledad inmensa de aquellos valles y 
lejanas montañas. 

Sale inmediatamente á recibir á sus huéspedes y cuánta no 
fué su admiración y gozo al tener delante de sí al mismo Padre 
Antonio de la Calancha: el amigo tan íntimo y entonces tan de- 
seado; el compañero cuya presencia anhelaba tanto en aquel 
lugar de soledad y en aquellos momentos de suprema angustia 
y mortal tristeza. 

* Recibióme, escribe el Padre Calancha, en sus brazos, con 
« mucho gozo, diciéndome: Seas muy bien venido, aunque tan 
« sólo á enterrarme hoy te ha traido acá el Señor. Y, con no 

* menos gozo^ echándole mis brazos al cuello, le dije yo: Extra- 

< ño modo de recibir á los huéspedes es éste, con memorias tan 
« funestas, ü 

íiSentámonos en dos sillas, el uno frente al otro, mientras el 

* Padre Vera, con ternura me decía: Al tiempo que entrabas 
•t en casa, se me representó como que un sacerdote venía á en- 
« terrar un difunto y persuadíme de ser yo ese difunto.» 

* ^Mas, si algo pudiera en tales circunstancias entristecerme, 
f tan solo sería que me cogiese la muerte sin tener con quien 
« confesarme; pero teniéndole ya, en tu buena compañía, nada 

* ahora me da cuidado, sino mis culpas. » 

■ Procure divertirle de tal pensamiento, diciéndole que de or 
« dinario se soñaba lo que se discurre despierto, y así no ser 

< maravilla que él soñase con difuntos, trayendo siempre á los 

* ojos y á la memoria la meditación de la muerte. Y le supliqué 
« que se trocase la plática en el gusto de verle, y de verle con 
*! salud. ^' 

<Y pasada como media hora de animada conversación acerca 

* de la extraña coincidencia del mensaje y mi oportuna venida, 
*í cuando turbado él me dice: Los pies se han adormecido; rato 

< há que lo siento; es un hormigueo que me da cuidado, y no 

* deja de afligirme. Pasamos, sin embargo, con la conversación 

< adelante; mas á otro breve rato volvió á repetirme lo mismo, y. 



I •■lij 



IIISTORIA DE LOS ACUSTIXOS EN CHILE 



183 



f no sin mucho espanto, advertí en el demudado y descolorido 
I el semblante y pintada la amarillez de la muerte así en su rus- 
i tro» como en sus manos. Y él, entonces, alargándolas hacia 

< mi, tranquilo me dijo: esto, si no me engaño, huele á muerto.* 

«Decía la verdad; mas por consolarle yo le dije: lo que tienes 
í es la imaginación lastimada- Mas él, levantánd<xse, me respon- 
t dio: Ea, manos ala obra y á disponer mi alma; Dios me lia- 

< ma; mi visión es cierta; los pronósticos se han cumplido. V 

* luego emocionado, decía: Grande us la piedad de Dios, pues, 

* con tan indigno pecador usa tan grande misericordia, man- 
« dándome en estos momentos á auxiliarme un Religioso; y 

* ser este Religioso el que más quierol» 

íY entróse á su aposento y echóse en la cama y estúvose re- 

* cogido y encerrado hasta las cinco de ia tarde. ^ 

7. íí A esta hora, me dio voces y entré averie y estúvose con- 
t Tesando generalmente hasta las siete de la noche: cada pala- 

* bra salía de su boca acompañada de tiernas lágrimas, de afec- 
i tuosos y humildes suspiros, En cada cosa de estas que decía, 
t besaba con gran devoción, los pies de un crucifijo que tenía 
« en las manos. Y no pudiendo á lo último, sostenerle á la vis- 
« ta, con ios brazos le estrechaba contra su pecho, haciendo 
« muchos actos de humildad y contrición que revelaban la bue- 
1 na disposición de su alma en aquel trance, y el hondo cono- 

* cimiento que tenia de Dios y de sí mismo, j. 

"«Pagábale el Señor de contado, dándole tan copiosas corri en- 

* tes de lágrimas, acompañadas de tan rervorosos sentimientos 

* divinos, que su lenguage era del cielo. i> 

'í Anhelaba por recibir el Santísimo Sacramento por modo de 

< Viático: no había Sagrario en la Iglesia de aquel pueblo por 
í su pobreza; y deseaba con tinsias que amaneciese, para que yo 

* dijese Misa y le comulgase. Pero como ya la había recibido 
« aquel día en la mañana, no quiso el Señor alargarle más la vi- 
t da temporal, ni dilatarle la posesión de la eterna.» 

^Administréle el Sacramento de la Extremaunción a que el 
« mismo enfermo me ayudada y respondía. Y después de re- 

< cibido, en medio de celestiales ternuras á Cristo Señor Nues- 

< tro y besando con profunda reverencia la llaga del costado. 



■^ 



\ 



1 86 CAPÍTULO XV 



« en ella despidió el último aliento de su vida á las dos de la 
« mañana de uno de los primeros días de Mayo de 1609.» 

«Súpose luego entre los indios que era muerto su Padre; con- 
« vocáronse todos y entraron á la casa dando clamorosas vo- 
« ees, y derramando copiosas lágrimas; en el cual sentimiento 
« y demostraciones tristes, perseveraron hasta que le dimos se- 
« pultura. Besábanle los pies y manos, diciendo: Santo Padre, 
* ten lástima de nosotros: y otras ternuras semejantes, con que 
T juntamente celebraban sus virtudes y lloraban su muerte.* 

Tal es la relación que dejó dq.. ella el mismo Padre Antonio 
lie la Calancha, escribiendo sobre la tumba de su amigo el elo- 
gio de sus virtudes y el recuerdo de su amistad más duradera 
que la losa que guardó su sepulcro, y que el templo á cuya som- 
bra tantos años reposaron aquellos huesos y cenizas, (r) 

8. Bella y prominente figura, en sus principios, y luego que- 
brada y abatida, el Padre Cristóbal de Vera en todo refleja sus 
virtudes y defectos: carácter noble y firme; genio duro é inflexi- 
ble, índole austera y grave. Físta condición le hizo experimen- 
tar reveses bastantes para cortar el curso de su existencia, mas 
no para cambiar el rumbo de su vida. Tuvo méritos sobrados 
para ocupar los mayores puestos: mas no los alcanzó, porque 
para ello se necesitan numerosos amigos, cuyos defectos es pre- 
ciso, no pocas veces velar, y muchas disculpar. Kl Padre Vera 
jamás aceptó este género de transacciones. 

Fué Religioso observante, sin hacerse á sí mismo ninguna con- 
cesión, ni permitírsela á otros. Mientras fué Prelado, en Chile, 
vigilaba en tal grado las acciones de sus subditos, que mostróse 
menos complacido de las buenas obras que veía, cuanto severo 
y nada indulgente por el más leve y ligero descuido. El Padre 
Vascones que, de ordinano, ponía con preferencia la mira en la 
grandiosidad de sus objetivos, sin reparar en pequeños y frivo- 
los detalles, más de una vez desmereció en concepto del Padre 



(1) Eíita naiTátnón está tíjinadé de direrentes pñrleá. pero princípilmenl^ 
de U Crónít^tt del Pndre Torre»» ^x^en copia y ex trae tu al Padre Calam-liB, ha- 
i itíndo lo propio con ellos el autor, respetando la verdad hlütóriüa, no sin mo- 
diñcar algún tanto el eíitilo d« los ori^ioaleü 



HrSTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CIMUE 



187 




Vera, recibiendo serias y graves reprensiones, I.a austeridad 
del Padre Vera andaba cercana á la terquedad, y, por esto sus 
virtudes le conquistaron aprecio, mas no le granjearon v^imputías. 

Por esto la hora de su muerte le encontró distante de cuanto 
en la vida revela algún afecto ó cariño: lejos de Guayaquil, su 
cuna y su patria; lejos de Lima, teatro de los mejores dias de 
su juventud; muy lejos de Chile, vastísimo campo en que su ac- 
tividad y celo todavía se admiran y recuerdan. Al morir sólu 
tuvo cerca de sí á un amigo el amigo de su alma, y á Dios 
quien en aquella hora le colmó de sus misericordias, 

cj.. Sin embargo, á pesar de haber ocurrido allá, entre las so- 
ledades y montailas de Cotabambas, la muerte del Fundador de 
esta Provincia de Chile, ella operó en su seno una violenta 
transformación, súbita é inesperada, profunda y radical Como 
si la obra volviese entonces por los fueros de su autor, al tener- 
se noticias de que el primer Prior Provincial fué el Padre V>ra; 
y haberse obtenido, en el tiempo ya dicho, la independencia de 
esta Provincia de la del Perú, inmediatamente ttid^ís 1(ís Ajj;us- 
tiíiüs Chilenos se constituyeron en ardientes defensores de su 
autonomía, y entraron de lleno en el uso de todos los derechos 
y prerrogativas que las Constituciones de la Orden conceden 
á las demás Provincias. 

Al Padre Bartolomé de Montoro le tocó en suerte el hallazgo 
de este Documento de tanto valor é importancia, y que más de 
once años se mantenía muy guardado en el Archivo de aquella 
Provincia del Perú, esperándose, sin duda, la muerte del primer 
Prior Provincial de Chile, para que así nadie tomara a pechos 
la independencia de esta Provincia. Parece indudable que este 
Documento maliciosamente se mantuvo oculto durante el referi- 
do tiempo, y que, si tuvo conocimiento de él, en esta ocasión, 
el Padre Montoro, fué ó bien por ser Definidor, que á la sazón 
lo era, y tener parte en la dirección de los negocios de la Pro- 
vincia: ó bien, porque ya no se temiese divulgar la noticia des- 
pués de la muerte del Padre Cristóbal de Vera, el inflexible Pro- 
vincial de Chile. 

10, Nunca, ni por un momento, se podrá aceptar que el Padre 
Cristóbal de Vera fuese un obstáculo á la ejecución de la Paten- 



CAPITULO XV 



te del General Alejandro Senense, librada en 1 599, en favor de 
él, nombrándolo fundador de la Provincia de Chile, y su primei 
Prior Provincial; y en favor de la misma Provincia de Chile, in- 
dependí sándola, en absoluto, de la del Perú. El Padre Vera te- 
nía la virtud suficiente para no ambicionar honores, ni buscarse 
venales simpatías, ni conquistarse falsas popularidades. Su vir- 
tud era tan firme, como severa. Pero, si con valor y entereza 
cumplió con las órdenes de los Provinciales del Perú, que le en- 
comendaron la fundación de esta Provincia de Chile, nombrán- 
dolo Vicario Provincial, y no renunció ni este honor, ni este 
arduo trabajo; menos hubiera renunciado este mismo honor enal- 
tecido por la voz del General de la Orden; ni este mismo 
trabajo suavizado ya en sus mayores dificultades, vencidas ha- 
cía tiempo con tanta abnegación y heroismo. 

Preciso es convenir en que el Padre Cristóbal de Vera jamás 
renunció el Provincialato de Chile, y que ni aún tuvo conoci- 
miento de los honores que justísimamente le dispensó el General 
de ia Orden. Si hubiera tenido conocimiento de la Patente del 
General, en el mismo día los Agustinos de Chile se habrían he- 
cho inde[iendientes. Pasaron once años en absoluto sÜencía, y 
sólo la muerte del Fundador trajo á la Provincia de Chile la pa- 
labra de su independencia. 

Alegan los Cronistas peruanos que la Patente del General no 
se ejecutó porque le faltaba el Pase Real. Mas, al venir sin el 
es prueba de que entonces no era necesario. En efecto, la Pa- 
tente tie creación de la Provincia de Chile fué expedida, en 1 599, 
y ia Real Cédula que ordena el Pase Real fué prom«4gada el 8 
de Febrero de 16 10. Y, de hecho, por la sola autoridad del Ge- 
neral de la Orden se separaron de la Provincia del Perú, la de 
Quito, en [579, y la de Bogotá, en 1597. 

Por otra parte, la razón por qué el General de la Orden dis- 
puso la división de estas provincias, era la misma que militaba 
en favor da la de Chile: la excesiva extensión de la Provincia 
del Perú, de forma que los Provinciales, en todo el periodo de 
cuatro años, no alcanzaban á practicar la visita. Hecho tan 
cierto y manifiesto es este, que en más de treinta años en qu!e 
estuvo sujeta al Perú la Provincia de Chile, jamás la visitó un 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 1 89 

Provincial Peruano. Por ello el decreto del General Alejandro 
Sánense fué, en esta parte, dictado en plena conformidad con el 
derecho y Constituciones de la Orden. 

Y, por este motivo, la Provincia del Perú no pidió se suspen- 
diese la ejecución de la Patente del Padre Alejandro Senense, 
m suplicó de ella, en 1 599, porque no habría sido oída^ como le 
aconteció en los casos de las Provincias de Quito y Bogotá, Y 
no se discurrió otro expediente que ocultarla, porque de otro 
modo con su habitual entereza y resolución la hubiera ejecuta- 
do el Padre Cristóbal de Vera, 

Agregan los Cronistas peruanos otra raxón por la que no se 
Ile^'ó á ejecución la Patente del General Alejandro Senense, á 
saber: que faltaban á la Provincia de ChiLe los elementos nece- 
sanos para constituirse independiente. Mas estos elementos de 
casas y de personal los comenzó á tener, en abundancia, desde 
su principio; y muy luego ios tuvo superabundantes, á pesar de 
la instabilidad de su gobierno, mientras estuvo sujeta al Perú, 
en tal manera que los Alicarios Provinciales duraban, cuando 
más dos años, menos tiempo del que necesita un Superior 
local para mejorar un Convento, cuanto más una nueva y vasta 
Provincia. 

Venían los Relig^íosos del Perú á Chile, como de paseo, sin 
fijar ninguno aquí su residencia, porque el más hábil y compe- 
tente, el más celoso y observante la obediencia lo trasladaba á 
Lima; de modo que, si e) Padre Hartolomé de Montoro no for- 
ma un personal propio del país, no lo hubiera jamás obtenido 
ni español, ni peruano esta Provincia. 

Respecto al número de Casas, el íector ha visto como, a cada 
paso, se fundan, y habrá le ido aquellas significativas palabras 
del Padre Olivares cuando hablando del Convento de Aconca- 
gua, dice: «Duró poco este Convento porque un Vicario Provin- 
t. cial que vino del Perú lo destruyó, ó por no tener fondos con 
i qué subsistir, ó por el motivo político de que no se aumenta- 
* sen tanto en Chile las Casas Religiosas, que bastasen á formar 
fl nuevas Provincias distintas de las del Perú. tí Sin embargo, á 
pesar de tantos obstáculos, en esta época, la Provincia de Chile 
tenía fundados hacia tiempo seis ConventoSi y un personal de 



L 




igO CAPITULO XV 



más de sesenta Religiosos: base espléndida para constituirse 
por sí misma independiente una Provincia, tan separada de su 
metrópoli, que nunca pudieron visitarla sus Prelados de Lima. 
^» Por último, toda dificultad se desvanece, si se advierte que el 

í Reverendísimo Senense pura y simplemente, sin género alguno 

I' de restricciones, crea y funda la Provincia de Chile con absolu- 

1^ ta independencia de cualquiera otra, como en su Patente lo di- 

r ce: «Sabiendo que es de todo punto imposible, y del todo irrea- 

\[ « lizable, por la excesiva distancia de los lugares, que los 

I « Provinciales del Perú practiquen la visita de los Conventos de 

^ « Chile: para que no parezcamos querer imponer carga tan gra- 

« ve que no pueda llevarse, y deberes tan difíciles que no se 
« puedan cumplir, quitamos de los hombros de los Padres Pro- 
« vinciales del Perú esta carga, y relevamos su conciencia del 
« cumplimiento de este deber; por tanto, en virtud de las pre- 
« sentes, y en fuerza de nuestro Oficio y Autoridad, dividimos 
« la Provincia de Chile de la del Perú, y la separamos en tal 
« forma, que el Provincial del Perú, ya no pueda ser el Supe- 
« rior de la de Chile, ni pueda ejercer en adelante ningún dere- 
« cho, ni potestad, ni jurisdicción en ella, porque la Provincia 
« de Chile existe aparte de la Provincia del Perú.» 

1 1 . Después del presente estudio, cabe preguntar cuál sería 
la verdadera causa de no haberse ejecutado durante tantos 
años la Patente del General Alejandro Senense: y otra respues- 
ta satisfactoria no se encuentra, sino la oposición sistemática de 
la Provincia del Perú á conceder su autonomía á las Provincias 
que una vez fueron dependientes de ella. 

12. Mas, si mientras vivió el Padre Cristóbal de Vera, de te- 
mor que él la ejecutase, se mantuvo oculta esta Patente, nada 
aprovechó semejante recurso, porque el Padre Bartolomé de 
Montoro era más firme carácter, más clara inteligencia, y volun- 
tad más enérgica para llevar á pronta y fácil ejecución los De- 
cretos del General de la Orden. En vano la Provincia del Perú 
puso en juego todo su poder y autoridad en contra de la de Chi- 
le: ésta tuvo un acérrimo defensor en el Padre Montoro; desde 
1610 no se juzgó hijo de otra Provincia que de la de Chile; has- 
ta ahora la había formado y enriquecido, para amarla en adelan- 
te, como á su madre, y á Chile, como á su patria! 







Capítulo XVI 

La FroTincia de Cliile se hace independiente del Perú 
1610—1616 

1. Estado de Ifl Provincia de Chile, en 1610, al regresar á elU el Pudrt^ IS^irto- 
lomi^ de Montoro.— 2, Unánime opinión de todos los Heligioso.s at^eptftiido 
la independencia de la Provincia.- -3. Inexactitud de la relación dA Padre 
Torres, Cronista del Porú. — á. Se celebra en Santiago el 31 dií Enero de 
1611, el primer Capítulo Provincial. — 5. Es aclamado Pnor Provine iítl el 
Padre Biirtolomé dt? Montoro.— 6. Se eligen Definidores de E*rovincia y 
Priores de ('onventoB.— 7. Se compra el Molino de Santa Lucía, en Diciem- 
bre di? 1611.-8. Los hermanos legos, Juan de Ibáiiez Lepe, Pedro Navíin-o 
y Mar. útil dy Esiunoau,— 9. Se manda á Roma y á Madrid al Padre Agujjtiu 
de Vftrrnral, romo Protuirador de la Provincia.— 10. Mandíi el Provincial de 
Lima al Padrtt Pedro de Torres á intimar un decreto íl el Padre GiMieral 
en Mayo de 10^,3.— IL l^ Provincia de Chile suplica al KevertJiidísimo .'^ut>- 
penda la ejecuciün de eíite decreto. — 12. Lo que dispuso el Padrí: General 
víTX esta oi;a.siún.— 13, Opinión de ambos cleros y de tod» la í^ociedad aceren 
íle e>ttí lusunto,— 14. Extraordinario aumento de vocacionois entre los h\jop 
del paíSn 

L Cuando en los últimos días de i6io, regresaba á Santiago 
el Padre Jíartolomé de Montoro ya no investía su persona nin- 
gún carácter oficial: pocos meses hacía que había terminado en 
su oficio de Definidor de la Provincia del Peiú; y más de dos 
años eran pasados desde que cesó en su cargo da Vicario Pro- 
vincial de esta Provincia de. Chile. (l) 



ilí Ce^ó de Viii-urío Provincial, en 1608, cuando pasó k Lima á la Congregs- 
dón Intermedia, y tenninó su oficio de Definidor, en el Capitulo Provinrial 
^^elebrado, en Lima en Julio de 1610, en el cual salió elegido Provincial por 
aegunda wez^ el Pao re Mará ver. 



i 

i 




192 CAPITULO XVI 



Mas, sí en su primer viaje le trajo la vida, pues en 1602 lan- 
guidecía la obra del Padre Vera; si, en su segundo viaje, en 1606, 
k- trajo bienes con que pudiera prosperar y engrandecerse; aho. 
ra, en su tercer viaje, le trae la independencia. Por eso, en esta 
íjcasiun, no inviste carácter alguno oficial, ni exhibe títulos de 
autoridad, pues basta que el padre otra vez se muestre en medio 
de sus hijos para que todos le amen, le veneren y obedezcan. 

[^1 que conociu. en 1602, reducida la Provincia de Chile ádiez 
y ocho (2) ReÜgiosoSi contando todos los que habían pasado 
hasta esa época, y ahora la encontraba, gracias á sus propios 
O-Hfucrzos, con más de i^csenta, (3) en su mayor parte hijos de 
nobles familias del país; él que en ese año, había encontrado á la 
Pííivincia de Chile con cuatro Religiosos nacionales, y ia veía en 



f2) Lot Relipí^ioHos vtíiiidos del Perú desde 1595 hasta 160*2 son los Padres: 
( Yí^i6b&X de Vera, Fraácisco Diaz, Pedro de Torres, Francisco de Hervás, 
Juan do Satomíiyr^r. Aj^^stín Ramírez, Juan de Vascones, Francisco Gutie- 
rres. Pí^drii PJ-^óíi, i^rEiori^ro de Valenzuela, Andrés de Hiedros, Luis Villa- 
lithof^* Andrés de la Vt^ga^ Antonio Huiz, Bartolomé Toscano, Juan Franco 
HáeF., l>ieí^ f\p. Casttro y Ppdro Duran. 

Í3) Kn 1810, la Provinuiíi líe Chile tenia como personal efectivo treinta y 
ocho íiticerdotes, dií'ü y niítiv'e Profesos y diez Legos, según aparece dedocu- 
m*'utos de la época. 

Entre Iíjs Sacerdoteb se cuentan: Alonso de Almeida, Francisco de Alvara- 
do, »1 iiau de Biíiiavides, Miguel de Canobio y Bravo, Diego de Córdoba, Diego 
de (-avero, Lxiis de Chaveij^ Juan Delgado, Pedro de Figueroa, Diego Franco, 
Pedro de Taíiuierdo, Jumí .lufre de Loaisa, Bartolomé de Lepe, Diego López, 
Munuei de Mendoza, Bartolomé do Montoro, Francisco Méndez, Juan Mar- 
iiníísi. Francisco de Narváesfi. Juan Bautista Niño, Juan de Ovando, Melchor 
C) val le, Baltasar Péren dü Espinosa, Juan Bautista Pérez, Miguel Romero, 
Juan Ruiz. Juan de los B.U^s. Juan de la Rúa, Domingo de Soto, Tomás Sola- 
no. Ju&o de Ttíjeda, Crietóbul de Toledo, Nicolás de Tolentino, Bartolomé 
de Li lloa, Lviifl de Villalobos, Juan de Vargas. Agustín de Veixocal y Pedro 
di* Valdi%-ia, 

Kritre los Profesos, se enuíneran: Bartolomé de Arenas, Agustín de Arenas, 
Alonso de A ilion Bek, Nicolás de Aillon Bela, Diego de Ayala. Agustín .de 
Aí(iiilar. Juan Bautitita Castilla y Corvalán, Agustín Carrillo de Ojeda, Diego 
de Elossu, Antlréíí d*^ EIomíju, Pedro de Henestroza, Andrés de Morales. Lau- 
reano palacios. Ppdrí» Suárez de Guzmán, Francisco Suárez, Juan de Toro 
Mazóte. Martin Vicuña, Juan de Zuazola y Juan de Zapata. 

Entre lo^ Legus, i¡e hallan: Manuel de Espinosa, Cristóbal Gil de Monroal, 
Pedro Qómeí, Pedro Navarro, Gaspar de la Pemia, Bartolomé de Sánchez, 
Diago To.scano y los bermuoos Marcial, Antonio y Nicolás, cuyos apellidos 
..*4e ignoran. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



193 



la actualidad con más de cuarenta, entre Sacerdotes y estudiantes; 
éi, que en aquella época halló á la Provincia de Chile, sin más 
bienes que las tierras de Tango, baldías y sin provecho, y hoy 
la vé enriquecida con los valles más ricos y fértiles de Acon- 
cagua, Curimón, Catemu y Longotoma; él, que en aquel tiempo 
se vio con dos Conventos medios formados y dos por formarse, 
y en estos momentos contempla seis casas bien fundadas y me- 
jor abastecidas (4); él, que conoció en un principio á Ioh Agus- 
tinos en Chile muy pocos y de pocos amadoís y de muchos per- 
seguidos^ y al presente los vé contando con la benevolencia del 
pueblo, amparados de la aristocracia, favorecidos de las autori* 
dades, civil y eclesiástica; el Padre Montoro, después de tan hon- 
rosos antecedentes volvía á Chile, trayéndolc su independencia 
á esta Provincia^ como último esfuerzo de aquella su poderosa 
voluntud, le abría una era de siglos de prosperidad y grandeza. 
Pocos Religiosos más meritorios que el Padre Montoro ha te- 
nido esta Provincia: noble y rico, en España, todo lo dejó por 
ser 4\gustino; siéndolo, en nada estimó los grandes puestos que, 
como Maestro en su Orden, le ofrecían en el Perú; á todo esto 
prefirió enaltecer esta Provincia de Chile, y ser de ella el primer 
hijo, logrando por este medio ser el Padre mus querido y ve- 
nerado. 

2. Así fué que, apenas se presentó en Santiago mostrando á 
los Religiosos de esta Provincia las letras patentes tl^^l Padre Ge- 
neral Alejandro Senense, por las cuales creaba y establecía esta 
Provincia de Chile independiente de cualquiera otra, todos sin 
excepción de uno solo, se adhirieron al parecer del Padre Mon- 
toro en cuanto á su inmediata ejecución. 

3. E! relato que hace acerca de este hecho el Cronista del 
Perú, el Padre Torres, adolece de muchas inexactitudes y con- 
funde lastimosamente las fechas, mezclando los sucesos de i6í i^ 



(4) Cuaado llegó el P&dre Montoro, en 1602, comenznbiiti ií i e cantarse de 
au postración la Casa Grande y la de la Serena: los Conventos de Ñuñoa y 
de la Chimba acababnn de abrirse. El Padre Montoro mejoró loi* primeros 
y ftgregó á los ¿íeguiidos el de Aconcagua en los valles doiindoí^ pnr Alonso 
Garci» RflJíión y Francisco Sáez de Mena; y el de Lünf^ntunvu en laü tie- 
TTBS del Almirante Lameros. 
18 



— 1— 



194 CAPÍTULO XVI 



r 

t 

i 

f! en que todos los Relijiosos de esta Provincia aceptan su com- 

^^: pletay absoluta autonomía, y los acontecimientos de 1 615, en 

^ que el Padre Francisco Méndez elegido Prior Provincial, renuncia 

í esta dignidad, pero después de haber sido Prior, Definidor y 

l^ Provincial durante el régimen de entera independencia, lo cual 

t^' no significa abrigara escrúpulos acerca de la legalidad de aquella 

í situación. 

f Escribe el Padre Torres que «habiendo llevado á la Provincia 

f « de Chile la patente del General Senense el Padre Maestro Bar- 

l « tolomé de Montoro, Religioso grave y docto, trataron aque- 

■ £ líos Religiosos de usar de su derecho. Persuadióles esto el 

s< Padre Montoro, y con su autoridad y razones redujo á los más 
« á que le siguiesen. Menos impulso era suficiente para seguir 
*< un dictamen tan plausible para ellos, y así con entera resolución 
-r determinaron elegir Provincial y separar de hecho su Provin- 
' cia de la nuestra (del Perú).» 

iContradíjoles el que entonces era Vicario Provincial nombra- 
'< do, el Padre Francisco Méndez, Religioso docto, de calificada 
< virtud y prudencia y, por tal, respetado grandemente dentro y 
« fuera déla Religión.» 

Pues bien, esta contradicción del Padre Méndez no ha exis' 
tido: junto con declararse la independencia de la Provincia y ce- 
lebrarse el primer capítulo Provincial, el Padre Méndez aceptó 
los oficios de Prior de la Casa Grande y Definidor de la Provin- 
cia, durante todo el cuatrienio del Padre Montoro. Y una vez ter- 
minado este, aceptó el Provincialato en 1615, no renunciándolo 
tan pronto, como supone el Cronista del Perú, pues en Febrero 
de 16 1 6, todavía firma documentos de suma importancia como 
Provincial, y á la cabeza de todo el Definitorio. (5) 

Así es que, muy mal informado, el Padre Torres escribió en 
su Crónica, á continuación délo anterior, lo siguiente: «Como 
« la facción contraria (al Perú) era más numerosa y en tales ca- 



(5) Lo que aquí se afirma consta del Libro fCasa Grande 16%— 1626» en el 
cual día á día se anotan los actos del gobierno del Padre Méndez, como Prior; 
como Definidor actúa en el Libro «Atestados, 1G12» en la profesión del Novi- 
cio, Nicolás Verdugo; y como Provincial figura en la carta mandada al Rey 
de España, con ocasión del sistema de guerra defensiva implantadlo en 
Chile. 




1^ liillUP" 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE J 95 

« SOS, el número prepondera á la calidad, prevaleció e! parecer 
< de los que solicitaban la división, contra el parecer del Prcla- 

* do, y juntándose en capítulo eligieron Provincial al mismo que 

* era Vicario Provincial.» 

Bien sabe el lector que el Vicario Provincial, ú la llegada del 
Padre Montoro, era el Padre Francisco Méndez, y supone el Cro- 
nista que, oponiéndose tenazmente á la división, los Agustinos 
de Chile lo eligieron Prior Provincial. No se ve, ciertamente, con 
que criterio obraban los Religiosos en aquellos tiempos! Pero 
tiene mayor inverosimilitud lo que agrega: «Mas el como siervo 
■ de Dios, aunque entonces por evitar escándalos, hubo ríe per- 
« mitir su elección, la juzgó por mal segura en la conciencia, y 
ff por del todo nula, y dentro de pocos días ttejó el oíicío y se 
« volvió al Perú. (6) 

En toda esta conseja el mencionado Cronista no solo <fs inve- 
rosímil, sino también ridículo, tomando en cuenta que efeos po- ^ 
eos días duraron desde 16 il hasta 1616, en que se retiró de 
Chile el Padre Francisco Méndez. 

4. Para elogiar la santidad no es necesario falsear los hechos: 
y la del Padre Méndez queda suficientemente honrada, con decir ■ 

que siendo el Vicario Provincial, en Chile, al operarse en la Pro- " 

vincia semejante movimiento separatista, que comenzaba por j 

desconocerle su propia autoridad y reemplazarla por la que e!í- I 

giese directamente el Capítulo Provincial, no se opuso á su cele- " 

bración, que sería de lo más solemne, ni á la ace[>í ación de los ^ 

oficios que en él se le confiaron. ^ 

Haciendo pues honor á la eminente virtud del Padre Fran- d 

cisco Méndez, es deber de justicia reconocer aquí que en razón 

de su prudencia y virtud, en toda paz y tranquilidad, se opero | 

este cambio tan profundo y trascendental, en el gobierno de la 
Provincia, haciéndose independiente de una manera tan fácil y 
natural, como sin esfijerzo produce la planta sus frutos, una vez. 
llegada su estación. 

En efecto, apenas llegado, á fines de 16 10, el Padre Bartolomé 
de Montoro, con la célebre patente del General Senense, y 



Í6j Torres «Crónica Agustina del Perú» Parte I, cap \*J. 



^ 



196 CAPÍTULO XVI 



transcurrido el tiempo suficiente para que estuviesen impuestos 
íie ella tájelos los Religiosos de la Provincia, por unanimidad con- 
vinieron en la pronta celebración del primer Capítulo Provincial, 
con lo cual para siempre quedaba consagrada la independencia 
de ella. V por no deferir más el cumplimiento de tan ardientes 
ílescus, y por ser, en Chile, el tiempo más oportuno y de más 
fácil comunicación páralos Religiosos, el mes de Enero se fijó 
su postrer día para la próxima elección. 

Xo se conservan las actas de ésta, pero, por lo practicado en 
ücasioiiüií análogas, se puede colegir como en estas circunstan- 
cias procedieron nuestros Padres. Se reunían todos los Religio- 
sos, que eran Sacerdotes sin exclusión de ninguno sin más pre- 
cedencia que la antigüedad, porque, careciendo aun de grados 
y uficius en la Provincia, no estimaban justo que éstos fuesen 
tttulos de preferencia en la elección ó en el voto. 

Dispuestas, en este orden las cosas, y celebrada la sesión 
previa del día 31 de Enero de 161 1, bajo la presidencia del Pa- 
dre Bartolomé de Montoro, como el más antiguo, al día siguiente, 
reunidos en Capítulo los treinta y ocho Padres Vocales, acla- 
maron Prior Provincial de esta Provincia de Chile al mismo Padre 
Haitulomé de Montoro con todo el entusiasmo que el nuevo 
Prelado despertaba y toda la solemnidad que caso tan extraor- 
dinario requeria. 

G. Set^ún noticias tomadas de diversos documentos de la 
tí]>ncaj fueron elegidos Definidores de Provincia los Padres Miguel 
Romero, Francisco Méndez, Pedro de Figueroa y Diego de 
Mlossu. 

Entre los nombramientos de Priores, 'figura el del Padre Fran- 
cisco Méndez para Santiago; el del Padre Juan Ruiz para la Se- 
rena; y el del Padre Agustín de Verrocal para el de San Nicolás 
del Valle, en Longotoma. Mas esto consta únicamente de docu- 
inentos extraños, pues, como lo dejo insinuado, las actas de éste 
Capitulo Provincial se han perdido. 

7. Así se inauguró el primer cuatrienio: y entre los diferentes 
sucesos que lo recuerdan, hay uno propio de la época, y digno 
de mencionarse aquí, cual es el de la adquisición que hizo el 
Convento de Santiago del Molino de Santa Lucía. 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



¡97 



En el ángulo sudoeste del cerro de ese nombre, donde hoy 
se franquea al público la hermosa entrada á este paseo, único en 
d mundo, en su género, y el más bello de Sud-América, por 
mas de dos siglos se alzó la obscura celda de un Religiosa, que 
ctiidaba las faenas de aquel Molino, tan antiguo, como afamado 
en Santiago. (7) 

La adquisición de este local se debió á la acción simultánea, 
pero inconsciente de dos insignes bienhechoras de la Orden, El 
Capitán Juan de Valdovinos de Leyde que, como ya se ha vi.stei, 
fué el que constituyó varias Capellanias en favor del Convento 
de la Serena, dotándolas de suerte que no sólo bastaban para 
atender al culto, sinó muy principalmente para la construcción 
de aquella casa é iglesia, fué el mismo que, en esta ocasión, re- 
dimió los censos que entonces gravaban sus haciendas, y puso 
en manos del Padre Montoro la no escasa suma de dos mil ocho- 
cientos pesos. 

Estos, como capital que respondía por aquella carga piadosa, 
debian ser prontamente impuestos sobre un bien raiz y fruc- 
tífero: y, así, se invirtieron en la adquisición y dotación de aquel 
Molino que, además de las ventajas y comodidades que prestaba 
al Convento de Santiago, aseguró para siempre la existencia 
del principal de aquella capellanía del Convento de la Serena. (8) 

Excusado seria decir aquí de quién hubo el Cpnvento esta 
propiedad, sino fuera el nombre de doña Aldonza de Guzmán, 
mujer de! Sargento Mayor y Comisario General de las Caballe- 
rías Reales, Guillen Asme de Casanova, quién donó al Convento 
de Santiago la valiosa hacienda que poseía en las riberas del 
Lontué, mereciendo figurar por su cristiana y caballerosa gene- 
rosidad, al lado de los Sáez de Mena y los Lameros de Gallegos 
y Andrade. 



í7> Ha-stíi ayer no más se alzaba el antiguo edificio del Molino y PaaaJeriw, 
hoy dfiiitruido para hermosear el paseo del Santa Lucia. 

[S) El Convento de Santiago pagaba al Convento de la Serenapor razón de 
este censo ciento cincuenta y cuatro pesos y dos reales. La carga con que ¡^e 
íundó e^ta Capellanía del Convento de la Serena es una misa rez&dji todo^ 
loE* sábados; y cantada, si hubiere más de dos Padres Conventuales, en dírba 




IQS capítulo XVI 



8. Este es el lugar, en que deben nombrarse los hermanos 
legos Juan de Ibáñez Lepe, Pedro Navarro y Manuel de Espinosa, 
t[uienes si ilustraron la Provincia con sus virtudes, particular 
mente santificaron con sus penitencias aquellas rocas del Santa 
Lucía, aíUes escuetas, salientes y amenazadoras y hoy día con- 
vertidas en ameno y delicioso jardin. 

Nadie podria imaginarse que aquellas rocas, adonde hoy con- 
curren el lujo y la vanidad, tres siglos antes fuesen albergue de 
^iafttos anacoretas; y que esas mismas grutas en que hoy reper- 
cuten tantas músicas y alegrías, fuesen entonces mudos testigos 
de austeridades y penitencias y ecos de dolorosos gemidos. 

Uno de estos anacoretas del Santa Lucía fué Fray Juan de 
Ibáfiez y Lepe. De él dice el Padre Olivares: «Fué desde niño 

dotado de una inocencia y candor de paloma. Luego que pro- 

* fesó y fué enseñado en la práctica de oración y penitencia, se 
e aplicó á ella tan deveras y con tanta perseverancia, que fué 

■ admiración en una y otra virtud. Por ser el hermano hecho á 
4 toda prueba lo pusieron sus Prelados al cuidado de un Molino 
«que está al pié de un cerrillo, en cuya cumbre hay puesta una 
í cruz. El subía la cuesta todas las noches, meditando ternísi- 
fi mámente el camino del Redentor, desde el Pretorio hasta el 
íí Calvario: y en llegando á la cima consideraba aquel fruto de 
i vida pendiente del árbol de la cruz para nuestro remedio.» 

^En esta meditación se. encendia de manera el fuego de su 
íí amor* que casi agonizaba, entre dulcísimas penas, gozando en 

* su corazón de todo el amor y padeciendo todo dolor de su 
^ Dueño y Señor crucificado. Esto lo convirtió en paraiso aquel 

* desierto.)^ 

El mismo Padre Olivares menciona al hermano Fray Pedro 
Navarro, compañero del anterior y dice de él: «Fué muy morti- 
<■ ficado. pobre y humilde: de tanto recato en sus sentidos, que 
»- no parecía que usaba de ellos » Y finalmente hace mención no 
menos digna del otro hermano lego Fray Manuel de Espinosa, 
de quien refiere que < fué muy riguroso y continuo en castigar su 
í cuerpo con crueles disciplinas.» 

«Tanta era la fama que tenia de penitente, que, como un día 
H pidiese á un caballero un libro de la vida de San Nicolás de 



_J 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



199 



t Tolentino, le respondió este: — Si se lo daré, Padre, con tal que 
t lo gane con darse dos mil azotes. El hermano Fray Manuel, que 
ff tenía su cuerpo acostumbrado á prueba de mayores castigos* 

< aceptó el concierto. Y habiéndole cumplido de su parte, voU 

< v\6 dentro de algunos días al caballero y le dijo: Señor, ya es 
t tiempo que me entreguéis el libro, porque me he dado los dos 
4 mil azotes que pusisteis por condición.» 

í Edificado y admirado de tal espíritu de penitencia y rigor, 

< el caballero le entregó el libro diciéndole: — Padre, no había in- 
e tentado vendérselo tan caro, sino tan solo dárselo á desear 
« para que lo estimase más.» Aunque el Padre Olivares, que es 
quién nos refiere estos detalles, parece inclinado á exagerar las 
acciones de Religiosos, tratándose de estos Agustinos, no juzgo, 
que se haya excedida. Existe un documento de la época que co- 
rrobora en todas sus partes la narración que precede. El 19 de 
Agosto de 1625 , el Padre Pedro de Aguiar, hacíala visitíi délas 
celdas de todos ios Religiosos de este Convento, y, al llegar á 
una, dejó escrito en el inventario que tengo á la vista: ^ Celda 
* número diez y seis: Fray Manuel de Espinosa: tiene una ca- 
« ma de campo. * En verdad que no se pudo, en menos palabras, 
declarar la austeridad y penitencia de un Religioso, que después 
de servir tantos años á su Comunidad, apenas tenia en su celda 
una piel, en que tender sus fatigados miembros, y una piedra » 
en que reclinar su cabeza! (9) 

9. Entre tanto el nuevo Prior Provincial no podía olvidar que 
toda una poderosa Provincia, como era la del Perú, á esas ho- 
nis le disputaba, en Roma y Madrid, la posesión de sus títulos, 
y que no se dejaría recurso por tocar á fin de hacer volver la 
Provincia de Chile á su primitiva sujeción y dependencia. 

Para prevenir el ánimo del Rey de España en favor de la 
Provincia de Chile, el Padre Montoro pidió á la Real Audiencia 
que hiciese levantar una plenísima información acerca de los 
Agustinos de Chile, anotándose particularmente en ella su celo 
en la predicación y administración de los sacramentos, as! á es- 



m OUvurea ^Hiatoría de Chile.* Libro IV, cap. XXVIII y XXIX. Archivo 
de Provincia. Libro. Cttsa Grande 1695—1626» página 206. 



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200 



CAPÍTULO XVI 



pañoles como á indígenas; y como tenían, en el Convento de 
Santiago, enseñanza superior, que gratis se dispensaba á todos 
los que querían aprovecharse de ella, así fuesen clérigos ó sim- 
ples seculares. 

También la misma información debía comprender un estado 
de las temporalidades de la Orden en Chile. El 1 5 de Noviem- 
bre de 161 2, á nombre de la Provincia se presentaba ante la 
Real Audiencia de Santiago el Padre Agustín de Verrocal, so- 
licitando se hiciese la dicha información, proveyendo el Real 
Acuerdo favorablemente á esta petición y cometiéndosela al 
Doctor Gabriel de Zelada, uno de los Oidores, quien debía ac- 
tuar con citación del señor Fiscal. 

El día 27 del mismo mes empezaron á comparecer ante este 
tribunal las personas más distinguidas del clero y de la sociedad 
de Santiago, y declararon, en conformidad del anterior decreto, 
y tan satisfactoriamente acerca de cada uno de los puntos, que 
aquella información no sólo es un documento de suma impor- 
tancia, por lo que con ella se pretendía; sino también ha llega- 
do á ser prueba irrefragable de la vida ejemplar observada por 
los Agustinos en aquella época; sus trabajos y pobrezas al prin- 
cipio de la fundación, su caridad y su celo después. (10) 

No se podía ocultar al Padre Montoro la eficacia del medio 
tentado por él en esta ocasión; y así sucedió, como se verá más 
tarde, que á pesar de las vicisitudes porque pasaron la informa- 
ción y el que debía presentarla al Rey, en Madrid, cuando llegó 
á conocimiento de éste, prodüjole la más favorable impresión 
en su real ánimo, y tuvo los más felices resultados en beneficio 
de la Provincia chilena. No faltaba ya sino quien se hiciera car- 
go de esta honrosa demanda al Soberano y al General de la 
Orden: al uno, para que, en el caso presente, revocase su cédu- 
la de 8 de F'ebrero de 16 10; y al otro, para que se dignase con- 
firmar las Patentes de su Predecesor Alejandro Senense, dicta- 
das en 1 599. 

Ocurría además otra circunstancia, al parecer, muy propicia: 



(10) Esta información se ha citado á cada paso, en el curso de esta Historia, 
por lo cual no se dan aqui más detalle:^. 




la celebración de un Capítulo General de la Orden, en Roma, 
que debía tener lugar en 1614 y allí convendría hacer valer sus 
derechas y su- representación la Provincia de Chile. No era el 
Padre Montoro aproposito para emplear el tiempo en estériles 
y largas discusiones: y así vista la conveniencia fué nombrado 
Discreto para el futuro Capítulo General de la Ordenen Roma, 
en representación de la Provincia de Chile, el Padre Agustín de 
Verrocal, quien, con el resultado que se verá después, a la ma^ 
yor brevedad, emprendió su viaje á Rqma y á España. 

10, Mientras esto.se acordaba aquí, á fines de i6i2,enel Pe- 
rú era cosa resuelta en 1610; y su Provincial, el Padre Alonso 
Maraver, que, por su antagonismo con el Padre Pacheco y el 
Padre Vera, estaba prevenido contra aquella obra de évStos, des- 
pachaba instrucciones á sus Procuradores en Roma y Madrid, á 
rtn de que en ambas Cortes se desechasen las pretensiones de 
los Agustinos chilenos. No era difícil conseguir cuanto se inten* 
taba, no habiendo, hasta entonces, jamás llegado á Europa la 
vo¡£ de está Provincia de Chile; en Roma apenas se tenía cono- 
ciiniento de su existencia; y en Madrid nada importaba cualquie- 
ra determinación romana, si tenía en contra una Cédula del Rey* 
Efectivamente así se hizo: se presentó al General de la Orden, 
que lo era el Padre Juan Bautista de Asti, la Cédula del Rey de 
Kspaña, que prohibía cíividirse las Provincias sin su real acuer- 
do, y se presentó también la Patente del General Alejandro Se- 
nense, que disponía la división de las Provincias del Perú y de 
Chile. 

Y tanto temor cogió el Reverendísimo Asti de tener en su 
contra al Rey de Esparta, que sin oir á la parte de Chile en el 
asunto más grave y delicado, sentenció en i .^ de Enero de 
1612, revocando la Patente del Padre Alejandro Senense y, en 
consecuencia, declarando nulo y de ningún valor todo cuanto se 
hubiese obrado en conformidad de ella, sin permitir á la Pro- 
vincia de Chile otra cosa, que siga gobernándola el Padre Bar- 
tolomé de Montoro, mas, con el título de Vicario Provincial 

Extraordinario gozo debió experimentar el Padre Maraver al 
recibir una sentencia tan de su agrado, que apresuróse á noti- 
ficarla á la Provincia sometida, mandando como ejecutor del de- 



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202 CAPITULO XVI 



creto del General Asti al Padre Pedro de Torres, quien llegó á 
Santiago en Mayo de 1613. 

1 1 . He aquí el Decreto del Reverendísimo Asti, de i .0 de 
Enero de 161 2: 

<>Ad Patres ac Frates Provincialem et Definitores Provinciae 
^ nostra; del Perú.» 

«Mittite divisionem provinciae Chili a Provincia Peruntina et 
t procul pellite istuc tractare: quia etsi Reverendissimus Praede- 
R decessor Alexander tanquam male edoctus concessit fieri illa- 

* rum divisionem, nihilominus cum Nobis innotescat, planeque 
) * sciamus ex certa scientia id Majestati Catholicae plurimum 

* displicere, scilicet, in istis suis partibus fion t^rovinciarum di- 
« divisiones, eas prorsus vetamus; immo expeditionem quamt 
I fccit prítdictus Reverendissimus Alexander revocamus et an- 

* nullamus. quamdoquidem Domino Nostro Regi hoc ipsum 
« nuntiavi^mus. Interea praísentium tenore, et nostri muneris po- 
i téstate declaramus ac volumus electionem factam in persona 
« Fratis Hartholomíei de Montoro esse nullan, haudque Provin- 
« cialem esse legitime et canonice electum. Deinde constituimus» 
< eadem auctoritate, exsecutorem hujusce nOvStrai voluntatis et 
*£ decreti nostrum Patrem Provincialem Provincias nostrae Perun- 
« tinaí, qui poterit statim indicere hace omnia Patri Fratri Bar- 

tholomíto praídicto, decernentes ut Chili sit Vicarius Provin- 
« cialis, doñee terminabitur maturiori saniorique consilio quid- 
i quid ad praídictam divisionem pertinebit.» (11) 

Como se vé, aunque por este Decreto se revoca la Patente 
del Senense. sin embargo se deja al Padre Montoro en su oficio, 
prorrogándoselo indefinidamente hasta que no se determine otra 
cosa. Este era un triunfo para la Provincia de Chile, pues ya no 
V endrían, mientras tanto, Vicarios Provinciales del Perú. Se vé 
también, cuanto altera los hechos el Cronista del Perú, el Padre 
Torres, al afirmar que, en esta ocasión, el Reverendísimo, Asti 
c reprendió fuerte:nentc» á los Padres de Chile y que éstos no 



fll) Siicadü por el mismo autor del original que existe en el Archivo Geae • 
ral en el Kosristro del Rrao. Aí<ti 1618. Roma. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE ' 203 

admitieron el ya citado decreto «porque no venía pasado por el 
«Real Consejo de Indias». (12) ^ 

Aunque esta razón no estuviese mal invocada cr.mtra quienes, 
por tal pretexto, no habían dado cumplimiento, trece aflos ha- 
cía, á un Decreto del General Senense; sin embargo, no fué eso 
lo que alegó el Padre Montoro; la sentencia que se le notificaba 
era nula, según todo derecho, com^ pronunciada contra parte 
no oída; suplicaba, en consecuencia, al Reverendísimo suspen- 
diese la ejecución de su Decreto, mientras no Uej^ase á sus plan- 
tas el Religioso para ello delegado, en representación de los de- 
rechos de la Provincia de Chile. 

12. Y tan buena aceptación tuvo en Roma la ra^ón atiucida 
par el Padre Montoro, que estrechado nuevamente el Padre Cic* 
neral por la Provincia del Perú á que sentenciase, tan sólo pudo 
obtener esta respuesta: 

«Ad dubia et petitiones Nobis factas a Provincia uostra Pe- 
« runtina, cierca divisionem Provincias de Chile. 

«Audita parte, quae hucusque ad Nos non perveiiit, determi 
« nabimus quod magis expediré videbitur.» (13) 

Tal fué la decisión del General, Nicolás de Sant Angelo, de 6 
de Abril de 16 16; lo que vino á hacer más firme la situación de 
la Provincia de Chile y á asegurarle una paz no interrumpida 
hasta el año de 16 19, en que, como á su tiempo se verá, se es- 
tableció por disposición de este mismo General, un nuevo ur- 
den de cosas, tendente cada vez más á la separación absoluta 
de las dos Provincias. 

13. Por demás está decir aquí que la opinión de ambos cle- 
ros y la de la sociedad entera se encontraba á favor de la obra 
del Padre Montoro, muy especialmente en concepto ilel Ilustrí- 
simo Don Fray Juan Pérez de Espinosa, y de los padres de la 
Compañía de Jesús. 

Estos se hallaban en condiciones casi idénticas y, cun motivu 
de loque es referido, el célebre Padre Juan Romero escribió un 



(12. Torres Crou. Ag. Part. I, Cap. YI. 

(18» Sacado del Registro Original del Rmo. A. Sto. Angelo, Apníis HUíi. 
Archivo General de la Orden. Koma. 



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} 




204 CAPÍTULO XVI 



«Parecer en razón de la Patente de la división de esta Provincia 
« y del poder que tienen los Provinciales de Lima en ella»; pa- 
recer de que hicieron tanta estima los Agustinos que lo guarda- 
ron en la Caja del Depósito, al lado de los Documentos de más 
valor é importancia para la Provincia. 

El Padre Juan Romero era Rector del Colegio de San Miguel 
de Santiago, y gestionaba la separación de los Conventos de 
Chile de los del Tucumán; y lo obtuvo, siendo él el primer Vi- 
ce-Provincial de su Orden en Chile. El pareeer que escribió en 
la causa de los Agustinos debió, sin duda ser obra de mucho 
mérito, mas al presente no existe en el Archivo de esta Pro- 
vincia. 

14. Por último, á pesar de tantos contratiempos, la Orden 
Agustina cada día era más favorecida con nuevas vocaciones de 
hijos de las primeras familias de la Colonia y que, por su virtud 
é instrucción, aseguraban un porvenir no lejano de esplendor y 
grandeza. 

Merece citarse aquí, entre otros, el nombre del Padre Ni- 
colás Verdugo y Sarria de la Corte, hijo de la célebre señora 
Doña Leonor de la Corte; en 1641, gobernó la Provincia; y des- 
pués de ocupar los puestos más distinguidos, dejó hasta pasa- 
dos sus dias, recuerdos de muchas virtudes. 

Entre los últimos Religiosos venidos de Lima, brilla en pri- 
mer término el Padre Bartolomé de Ulloa; era español; muchos 
años fué Regente de los estudios de esta Provincia; y, por los 
aventajados discípulos que tuvo, bien puede quedar el Maestro 
acreditado de docto y muy sabio. No solamente en las letras 
descolló sino también en el gobierno de las Casas que se le en- 
comendó, y particularmente en los raros ejemplos de virtud, 
que dejó en todas partes, aunque el recuerdo de todo esto per- 
tenece principalmente á la Provincia del Perú. 





tttítt^ttttítttitttttttttttttttttttttxittiiLt 



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Capítulo XVII 



Secundo Capítulo Provincial. - Gobierno del Padre Méndez 

y del Padre Montoro 

1615 1619 



. ^ganáa Capitula Provincial celebrado en Santiago el 31 de Enero de Ifil'j. 
—H Eíi elegido Prior Provincial el Podre Francisco Méndez.— ;í. Elí^rínúíi 
lie Definidores^. Priores y demás Oficiales.— 4. Resultado déla comisión del 
Padre Agi;j-tín de VeiTocal, en Roma y Madrid.— 5. Muere en Genova, t^n 
elCoavento de laC^msoiación.— (). Últimos actos del gobierno del Padro 
Méude».— 7. Se retira ni Perú, en donde muere á los pocos años.— S. Entra 
á gobernar la Provincia el Padre Montoro, en calidad de Vicario Provin- 
CíaÍ.— 9. S^ fundan nuevas Capellanías. — 10. El Sargento Mayor, Guillen 
Aüiiie de Casanova, insigne bienhechor del Convento de Santiago, le ha<3e 
donacií'm de su haci<t!nda de Pichingueleu, el 20 de Diciembre de 1018 — 
11. Don Lope de Ullon y Lemos, Gobernador de Chile, hace merced al 
Convento ds Smtiago de mil cuadras de tierras en aquel mismo valh\ lA 4 
de Enero de IfilÜ, — líí. fie funda el Convento de San Bartolomé de la Ribe- 
ra t!t! I Maule. 



I. Entraba la Provincia de Chile, «hija muy querida y bene- 
^ ftciada del Perú^, como la llama su Cronista, á un período de 
mucha prosperidad, con solo verse libre de aquellos sus oblí^ra- 
dos tutores, tan en extremo amantes de ella que, por meros iim- 
tivos políticos, destruían sus conventos y mermaban lo mejor 
de su familia. 

Mas á partir de 1Ó13 hasta 1619, ante la enérgica, cuanto jus- 
ta actitud asumida por el Padre Montoro y, sobre todo, ante el 
alto y desapasionado criterio del Reverendísimo Sant' Anecio, 



"^ 



206 CAPÍTULO XVII 



quien dio por única respuesta á las pretensiones peruanas, que 
él pronunciaría sentencia sólo después de oir la parte de Chile, 
aquellas parecieron algún tanto sosegarse, dando así una tregua 
harto necesaria al completo desarrollo de la vida de la Provincia 
chilena. 

De esta manera vio terminarse su cuatrienio el Padre Barto- 
lomé de Montoro, y convocó á Capítulo Provincial á fin de ele- 
girse, á su tiempo y con toda regularidad, el sucesor. 

2. So existen las Actas de este Capítulo, pero hay nuijierosos 
documentos que atestiguan el cambio de personal en el gobier- 
no de la Provincia, operado ya en el mes de Febrero de 161 5 
lo que es prueba de que el Capítulo Provincial tuvo lugar el 31 
de Enero de esc año; fecha que sin precedentes de otras Pro- 
vincias, sin embargo en Chile hasta hoy día ha marcado el tér- 
jmino de la jurisdicción de todos sus Prelados. 

Fue elc^ndí) Prior í^rovincial el Padre Francisco Méndez, y era, 
sin duda, el más digno. 

3. Fueron elegidos Definidores los Padres Bartolomé de Mon- 
toro, Pedro de Valdivia, Diego y Andrés de KIossu. 

De los Visitadores de Provincia, tan sólo queda memoria de 
que lo fuera el Padre Baltazar Pérez de Fspinosa. 

Fue elegido Prior de Santiago el Padre Juan Ruiz; de la Sere- 
na» el Pudre Petlro de Fii4ueroa; y de San Nicolás del Valle, ó 
sea Limgtítnma, el Padre Manuel de Mendoza. 

Líís estudios quedaron á cargo del Padre .Diego de Elossu; y 
\ns negocios de la Provincia, como Procurador General de ella, 
se cncDinendaron á la sagacidad y vigilancia del Padre Pedro 
de Valdivia, quien, por esta causa, muchas veces aparece en los 
documentos de la é[inca con el carácter de Vicario Provincial. 

Nu aparecen los nombres de los demás Priores de Conventos, 
por ser quizás éstos de escasa importancia, y así no figuran en 
los documentos hasta ahora descubiertos. Mas, el personal, de 
que entonces contaba la Provincia, hace ver que era más am- 
plia la distribución de los oficios. 

4. Kntrc tanto la atención de todos estaba suspensa, esperan- 
do lo?^ resultados de la misión del Padre [Agustín de Verrocal en 
Kríma y Madrid; de su destreza en manejar los negocios de la 



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HISTORIA miiíOS AGUSTINOS EN CHILE 20/ 



Provincia pendíala vida ó muerte de ésta. El mismo Padre Ge- 
neral, avisado de su ida, le esperaba también con impaciencia, 
á fin de resolver, alguna vez, aquel asunto que por su mucha 
entidad no podía quedar pendiente; y que tampoco era oportu- 
no ni justo terminar sin oir antes al Delegado chileno. 

Parece que el Padre Agustín de Verrocal llegó á Madrid no 
antes del año de 1615. Y no cabe la menor duda que su [>re- 
sencia en la Corte desbarató por completólos planes de los ene- 
migos de ia independencia de la Provincia de Chile: como que, 
desde entonces, no se volvió á hablar más de la Ccdula Real 
que prohibía dividirse las Provincias, sin acuerdo del Rey. 

El Padre Verrocal apartó así de la cuestión !a parte ardua y 
peligrosa; y la que más quitaba la libertad de acción á los Ge- 
nerales de la Orden, al expedir sus Decretos que, por más con- 
forme á derecho que fuesen, á cada paso se veían entorpecidos 
por la autoridad sin igual del Rey de Paspan a; y [lor el regalis, 
mo, todavía más absorvente, de cualquiera de sus Ministros. 

Allanadas, desde entonces, las dificultades que podrían sobre- 
venir [)or la intromisión del poder civil, el Padre Verrocal no 
dejó á la Provincia del Perú otro punto de ataque que los pocos 
Conventos de la Provincia de Chile y los pocos Religiosos que 
componían su personal. Mas, el lector ya sabe que fumia<las y 
satisfactorias respuestas podían darse á este respecto. 

5. Asegurado así el éxito de su misión, en Madrid, el Padre 
Agustín de Verrocal, á principios dé 16 16, se dirigía á Roma, y 
el i.t) de Marzo líegaba á Genova, donde murió en nuestro Con- 
vento de la Consolación de esa ciudad. 

Pocas veces habrá ocurrido mayor desgracia á la Provincia. 
El mismo Padre General, al saber esta dolo rusa noticia, nu f ju- 
do menos de sentir vivo interés por una Provincia tan remota, 
cuyos Delegados rendidos á los trabajos y fatigas de tan peno 
so viaje, morían á la mitad de su camino; pero de tanto aliento 
que á pesar de los reveses y contratiempos^ todo lo arrostraba 
en defensa de sus derechos. 

Y tan de veras sintió la perdida del Padre Verrocal, que el 
mismo Reverendísimo tomó bajo de su particular custodia todo 




L 



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208 CAPÍTULO XVII 



cuanto concernía á la Provincia de Chile en la persona de su no- 
W] ble representante: así fuesen documentos ó intereses. 

1/ En Chile causó profunda consternación la muerte del Padre 

p-i Verrocal, como quiera que no abundaba la Provincia, ni en Re* 

|; ligiosos idóneos para semejante comisión, ni sobraban los recur- 

rí, sos para viajes tan largos y costosos y, al fin, perdidos. Mas, no 

« por esto se desalentó el animoso Padre Montoro: convinieron 

r los Padres en reemplazar el mismo poder del Padre Verrocal en 

y un señor de los más validos y poderosos en la Corte de Ma- 

}■ drid: Don Jerónimo de Escobedo y Altamirano. 

i En la carta de poder que le enviaron á Madrid, le decían: 

«Por cuanto teníamos dados nuestros poderes al Padre Fray 
'' « Agustín de Verrocal, Procurador General de esta Provincia, y 

' « estando en la Corte de Su Majestad, hemos tenido noticias, 

« murió; otorgamos por la presente que damos todo el poder, 
^ « en nuestro nombre y de la Provincia y Casas y Religiosos de 

« ella, á Don Jerónimo de Escobedo y Altamirano para que en- 

• « tre, pida y tome todos los papeles, instrucciones y otros re- 

• « caudos que tuvo consigo el dicho Padre Fray Agustín de Ve- 
: « rrocal; y usando de las dichas instrucciones y en especial de 

« la presente, trate y prosiga la confirmación que se pretende 
' « de la división de esta Provincia de la del Perú, así por medio 

« de Nuestro Reverendísimo General, como con Su Santidad y 
« su Nuncio Apostólico General; y pueda pedir á Su Majestad 
« se sirva hacernos merced de lo que encargamos al dicho Pa- 
« dre Fray Agustín de Verrocal, presentando para ello memoria- 
« les, testimonios, probanzas y otros instrumentos y saque las 
« bulas y cédulas y provisiones reales en la forma que más vie- 
« re conveniente.» (i) 

Nada mejor que el texto de este Poder, declara la mente y el 
estado de los ánimos, en la Provincia de Chile, á la sazón: no se 
observa ninguna duda ó perplejidad acerca del derecho con 
que se ha verificado la separación de la Provincia del Perú; es 
un derecho firme, seguro c incontestable; no piden los Padres 



(1) Archivo Nacional D. Rutal. Poder dado en 28 de Febrero de 1618. VoU 
81, página 69. En el texto se omiten muchas frases de fórmulas. 



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HISTORIA DE LOS AGl?STINOS EN Cim.E 2O9 

de Chile más gracia, ni más favor, que el que su demanda sea, 
esta vez, confirmada por el Papa, el General y el Rey. 

ó. Mientras procuraba, de este modo, la Provincia su propia 
estabilidad por tastos medios, vióse envuelta en una de las mÁs 
ardientes cuestiones que se suscitaron en la Colonia. Tratábase 
de sí convendría ó no el orden de cosas establecido por el Pa- 
dre Luís de Valdivia, con relación á la guerra defensiva. Todos 
informaron al Rey en contra de este sistema, en tal ocasión; y 
los Agustinos no hicieron menos que los demás- 

La parte que entonces tomaban los Religiosos en los nego- 
cios públicos, si bien ahora se censura, entonces se imponía co- 
mo muy principal deber de lealtad y fidelidad de un vasallo á 
su Rey. En tal circunstancia, pues, el Padre Méndez en unión 
de sus cuatro Definidores, escribió al Rey en estos términos: 

<í Señor: no cumpliríamos con nuestra obligación, así de va- 
« sall[>s fieles, como de Religiosos, si en negocio de tanta im- 

* portancia al servicio de Vuestra Majestad, dejásemos de avi- 

* sar lo mucho que importa el socorrer con gente de guerra á 
« este Reino lo más breve que ser pueda. Porque las nuevas 

* ordenes del Padre Luis de Valdivia, aunque confesamos su 
« celo por bueno, han sido causa que estos Indios, como gente 

< barba ra^ sin conocer las mercedes tan grandes que Vuestra 

* Majestad les hacía, han comenzado á envalentarse y ensober- 
« becerse de tal manera, que se atreven á cualquiera maldad, 

* diciendo que por temor y porque Vuestra Majestad no tiene 

< fuerzas les convidan con la paz.» 

*La cual, Señor, según la experiencia de tantos años, no es 
f de seguridad alguna, porque de gente sin fé^ sin Dios, ley ni 
€ Rey, no se puede fiar sino el quebrarlo todo, como siempre Iíj 
í han hecho: porque el no haberles hecho guerra este tiempo, 
t ha sido causa de su aumento y de la disminución del Ejercito 
« de Vuestra Majestad, y aún también de (jue tengan atrevi- 
« miento á hacernos todo el daño que pueden, muy á sal vi* 
« suyo.» 

«De suerte que es necesidad precisa que con brevedad se so- 

< Cí>rra con gente, y el número que sea tal que de una vez se 
€ acabe la guerra, sujetando á esta gente por fuerza: que, una 

14 




210 CAPITULO XVII 



fl vez sujetos y rendidos, podrá Vuestra Majestad usar con ellos 

* de la piedad y misericordia que Dios manda, y de un Rey tan 

* cristianísimo, como Vuestra Majestad, se espera. Pues, no só- 
íí to es necesario para lo dicho el socorro tal, sino para poder 
^ hacer rostro y defender este Reino de los enemigos piratas 
ff que, con tanto daño del Reino del Perú y gastos de vuestra 
j hacienda real, han entrado y paseado este mar y todos sus 
'[ puertos.» 

*Esto nos parece por la obligación natural que á vuestra Ma- 
-^ jestad debemos, cuya persona Nuestro Señor guarde largos 
t y felices años, con aumento de grandes Reinos para su servi- 

* cío. De Santiago, Febrero i8 de 1616. Fray Francisco Mén- 
í dez, Prior Provincial. (2) 

7. Tal es el último acontecimiento del gobierno de este Padre 
de quien tantas virtudes nos cuenta así el Padre Torres, Agusti- 
no, como el Padre Olivares, Jesuita; y, dados los antecedentes 
todos de su vida, fácilmente dejan la íntima convicción de haber 
sido un Religioso grave y de co.stumbrcs en extremo austeras. 

Al que por largos años desempeñó la Magistratura, conocien- 
do los peligros del foro; al Jurisconsulto, que tal vez sintió la 
ambición de la honra y de las riquezas; al joven, que en sus me- 
jores dias cerró los ojos á los placeres del mundo, y renunció 
para siempre honores y dignidades, y cambió la toga del Ma- 
gistrado por el hábito religioso, hay sobrada razón para creerle 
de vida austera y penitente. 

El Padre Fnmcisco Méndez era de pequeña estatura; salud 
flaca y enfermiza; á consecuencia, tal vez, de sus rigurosas peni- 
tencias, Mabicndo pasado la mayor parte de su vida bajo el sol 
de los trópicos, la fría temperatura de Chile no debía mucho 
acomodarse á su complexión débil y delicada. Mientras fué 
Prior de Santiago, por períodos considerables de tiempo delega- 
ba el oficio en manos del Padre Diego de Elossu, por no permi- 
tirle su salud desempeñar aquel cargo. (3) 



(2) Arvbiva de Indias. Espaüa. Por brevedad se han suprimidos algunos 
Acipites de tssta carta y por no conducir al fin de esta obra. 

{^} Así conetn diíl libro «Casa Grande 1595-1625 >, página 187. Archivo de 
Provincia. 



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HISTORIA DE LOS AÜLiíTtNnS EN CHILE 



21 I 



Así es de creer que al retirarse de Chile y renunciar á ser su 
Prior Provincial, después de haber desempeñado más de un añr» 
este oficio, y después de haber sido cuatro anos Definidor de l;t 
Provincia y Prior de la Casa Grande en pleno régimen de anta- 
nomía de la Provincia, no es, ni sera jamás crcible lo que afirm?» 
el Cronista del Perú, que el Padre Francisco Méndez * siendo tan 
t sier\'o de Dios, sí por evitar escándalos permitió su elección. 
« juzgándola por mal segura en ia conciencia, y por del todí* 
* nula, dentro de pocos dias dejó el oficio y se volvió á su Vm- 
« vincia del Perú.» 

Se puede asegurar, por el contrario, que la renuncia que hizd 
del Provincialato sólo correspondió á razones muy en armonía 
con el pian de vida retirada y silenciosa, alejada de carj^os v^ 
oficios, que se proponía seguir en sus últimos días, porque á 
juz^íar por lo que de él queda referido, ya debía de ser avanzado 
en edad. 

Efectivamente, nueve años apenas serian trascurridos, desde 
que se retiró de Chile, cuando, sentado á la mesa con los demás Re- 
ligiosos, en la granja de Supe, le sobrevino la muerte, sin más 
prevención que las muchas virtudes practicadas por el mientra,-* 
fué Religioso, 

8. Volvió, pues, el Padre Montoro á hacerse cargo del gcjbier- 
no de !a Provincia, firmándose á veces Vicario Provincial, y á 
veces Rector Provincial, y con esto dejando ver que entonces no 
estaban, como ahora bien definidos los títulos de esos cargos. 

Es digna de admirarse la magnanimidad del Padre Montoro 
en estas circunstancias: tratándose del bienestar de la Provincia 
de Chile, él no quiere descanso, ni acepta reposo de ningún ge- 
nero; el temple de su alma era igual sin duda, á su robusta 
complexión: nada lo acobarda, ante nada retrocede; sus traba- 
jos ya son muchos; muchos más le quedan todavía; no por estr» 
se debilita su ánimo, ni decae jamás su energía. 

Siempre se firmó Montoro; más sus contemporáneos suelen 
llamarle Mont d'oro, ó bien Monte Áureo. La verdad es Ljue. 
para los Agustinos de Chile, fué ciertamente una montaña de 
oro el Padre Bartolomé de Montoro: á su nombre ha vincuUuh> 
todo cuanto han sido ellos. 



1 



212 CArniLO XVlí 



9. En esta época fué cuando más activamente se trabajaba 
en adelantar la fábrica del hermoso templo de San Agustín» que 
por ser todo de piedra y sillería, debió de ir con mucha lenti- 
tud, á pesar de invertirse en su soberbia construcción muy grue- 
sas sumas, pues en 1646, aún se estaban cerrando algunas de 
sus bóvedas; y según informes de aquella época, á buen calcu- 
lar, los gastos ascendían á más de cien mil ducados. 
^' Ingente suma que en nuestras dias ha de estimarse más que 

í doblada, y que en ninguna manera podía provenir de fondos 

r, del Convento, sino de los de la caridad cristiana, tanto más rne- 

V ritoria, cuanto que los tiempos porque pasaba entonces la Colo- 

•' nia, eran de los más críticos. 

I Sin embargo esta es la obra del Padre Montoro, y todo en 

i; sus manos crece y prospera. Tenia en su Comunidad Sacerdotes 

^ del celo de los Padres Manuel de Mendoza, Juan Jufré de I.oaisa 

y Miguel de Canobio. Y éstos, .según refiere el Padre Olivares, 
incansables en el ejercicio del ministerio de la divina palabra^ 
en compañía de otros Religio.sos recorrian los pueblos y los cam- 
pos, así de españoles como de indígenas, predicándoles á todos 
en su idioma, con gran fruto de las almas, y no |>equeño pro- 
vecho de su Convento. 

Debieron de afluir las limosnas de los fieles en abundancia, de 

otro modo no se pudiera hacer frente á tantos trabajos en que, 

á la vez, estaba empeñada y comprometida la Provincia. Muy 

' valioso contingente prestaban a la Orden en aquellos dias los 

hermanos de Elossu, los Padres Diego y Andrés, de los cuales 
dijo el Padre Olivares, que tuvieron «la elocuencia de un Crisós- 
« tomo y el celo de un Elias.» 

Sin duda que las religiosas prendas que adornaban á estos 
Sacerdotes granjeaban á la Orden la mayor estimación de la 
^íociedad de entonces, contribuyendo largamente á la obra em- 
prendida, con tanto tesón y esfuerzo, para levantar un templo 
digno de esta hermosa Capital, y más digno del gran Padre San 
Agustín á cuyo honor lo dedicaba la Comunidad y todo el pue- 
blo de Santiago. 

No pueden omitirse aquí los nobles y generosos esfuerzos de 
los Padres Juan y Bernardo de Toro Mazóte: virtudes y letras, 



"^ 



J 




t 



HISTORIA m: LOS AGUSTINOS EN CHILE 313 



nobleza y gratules bienes de fortuna, todo lo tuvieron; y tudo 
lo emplearon, en beneficio y engrandecimiento de la Provincia. 

Nadie finalmente que conozca á Chde puede ignorarla hidalga 
generosidad con que el pueblo acude átoda obra cristiana y re- 
ligiosa. Quienes, en aquellos tiempos, lo experimentaron fi.ieron 
el Padre Bartolomé de Montoro, cuyo ascendiente social no es 
aventurada suponer; el Padre Baltasar Pérez de F^spinosa, cuyas 
influencias le valieron dar glorioso fin y remate á la obra del Pa- 
dre Verrocal; y, por último, el Padre Luis de Chaves, cuya per- 
sona jamás desmereció fi-anca y decidida protección de parte de 
la clase alta de la sociedad. 

Mas descendíeníío en particular á nombrar, como es deber de 
gratitud» á los principales bienhechores que fundaron Capellanías, 
con que hasta ahora se sostiene el divino culto, merecen citarse 
aquí al Capitán Mt^reno de Züñiga quién de una vez puso en 
manos del Padre Montoro L420 pesos, reconociemloeste capital 
el Convento en una de sus casas, como garantía de la obligación; 
doña Juliana ile Guevara, viuda de Sancho de Soto, quién con 
menos capital fundó otra Capellanía cuya dotación los Padres 
señalaron y cargaron ^^ sobre ci Molino que el Convento tiene en 
< el Cerro que llaman de Santa Lucía, y sobre las casas, viña y 

* dehesa que tenemos una legua poco más ó menos de esta ciu- 

* dad; ■ y\ finalmente, el Indio Gaspar Guanea instituyó una 
obra pía en beneficio de este Convento de Santiago, gravando 
tres sotares y casas que poseía en el barrio de la Chimba, (4) 

Pero no sería fiel este cuadro en que, á grandes pinceladas, se 
retrata el espíriru religioso y cristiano de la Colonia, si alguien 
llegase á suponer que aquella generosidad no tuvo límites: pues 
los tuvo muy señalados, entre otras personas, en don Gonzalo de 
los Ríos, quién, tomándose gran parte del valle de Longotoma, 
privó al Convento, mejor dicho, á toda la Provincia de la más 
pingüe de sus rentas. 

Contra todos estos hizo la defensa de los derechos del Con- 



í4) Lft prmK*ra Cflpííllímía, 28 de Abril de 1615 ante Eiitol; k seguada, 10 dé 
Jimio de IG12 unre Rtitívl; y la tercera 10 de Junio de 1012 ante Rural voL 5ti 
y4fi. Art^hivn Nat ioniU. 



í 

1 



L 



214 CAPITUÍX) XVII 



vento el Padre Pedro de Valdivia, mostrándose tan hábil y des- 
]>iertn en agitar todas las causas, en las cuales él personalmente 
alc^a, como docto é instruido en toda clase de leyes eclesiás- 
ticas y civiles. Prestó en estos años importantísimos servicios á 
la Früvincia ora como Procurador General de ella, ora como su 
actual IJefinidor. 

10. I'ero el insigne bienhechor, solo comparable al Capitán 
Francisco Sáez de Mena y al Almirante General Hernando La- 
mcro de Gallegos y Andrade, fué el Sargento Mayor y Comisa- 
rio General de las Caballerias de Su Majestad, Guillen Asme de 
Casanova. La gratitud le hace digno de que refiera aqui su cuna 
y sus hechos de armas, más no ha sido dado sacarlos á la luz de 
la presente investigación histórica, sin poder avanzar otro dato 
acerca de él sino que fué esposo de doña Aldonza de Guzmán, 
:íeñ»ra que desde la llegada de los Agustinos á Chile se mani- 
festó -SU más adicta y devota, apareciendo como tal su nombre, 
ya en 1598, entre los apuntes del Padre Juan Franco Sáez, se- 
í^undü \ncario Provincial de esta Provincia. 

En la que es hoy Provincia de Talca, entre los fértiles valles 
regados por el Lontué y el Claro, poseía Guillen Asme de Casa- 
nova las mejores tierras para viñas, labranza y crianza de gana- 
tíos, por títulos y mercedes que le hizo Alonso de Rivera, una el 
2 de Junio de 161 3 por la cual le concedía mil cuadras de terre- 
no en el asiento de Guincoyán, linde con el estero de las 

Palmas, llamado Gueguilguico, que lindan con la estancia y 
% tierr;\s de Pichinleu y en el camino real de Peteroa;^^ y otra, 
el 9 de Marzo de 16 14, por la cual le hacía concesión de mil 
quinientas cuadras de tierra <' las quinientas en las demasías de 
* la estancia llamada Pichinguileu, estero arriba y estero abajo; 
^'. y otras quinientas, en Papilebun, que lindan hacia el dicho Pi- 
^^ chinguileu; y las quinientas restantes en Toyanco.» (5) 

Ivsta hacienda, que con adquisiciones posteriores llegó á tener 
más de tres mil cuadras, y que se llamaba Pichingueleu, hoy Pi- 
chinga L fué la dotación de la Capellanía fundada por Guillen 
Asme tte Casanova,en favor del Convento de Santiago; dotación 



{ 5) Estos títulos originales existen en el Archivo de Provincia. 



■^ 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 215 



verdaderamente regia, si se atiende á la bondad de aquellas tie- 
rras, á las casas y viñas que comprendían, y al numeroso ganado 
de que estaba poblada aquella estancia. 

Ella fué, al menos, la que proveyó de artículos de consumo 
durante largos años, á esta Comunidad; ella, la que después de 
abastecer y hacer frente á las necesidades de este Convento, to- 
davía en dinero le producía anualmente una no despreciable ren- 
ta; y de ella tomaba posesión el Padre Pedro de Valdivia el 20 
de Diciembre de 161 8. 

11. Mas, no por esto descansó este infatigable Religioso en 
su empeño de defender los intereses de su Convento y allegar 
recursos á su Comunidad. Se dirigió de ahí á Concepción, y el 
4 de Enero de 16 19 comparecía ante el gobernador de Chile, 
don Lope de Ulloa y Lemos, y presentaba una solicitud de mer- 
ced de tierras para su Convento á fin de dar más cuerpo á la 

.mencionada estancia de Pichingueleu. 

Y don Lope de Ulloa y Lemos por dos títulos otorgados, uno 
en Enero, y otro en Mayo de 1619 «acordó de dar y dio en nom- 
« bre de Su Majestad, y en virtud de sus reales poderes, é hizo 
« merced al Convento y Religiosos de la Orden de San Agustín 
« de Santiago de un mil cuadras de tierras» en los Underos ya 
declarados del mismo valle. 

12. Este fué el origen de la fundación del Convento de San 
Bartolomé de la Ribera del Maule, verificada por el Padre Pedro 
de Valdivia, en compañía del hermano Cristóbal de Monreal, en 
Mayo de 16 19 en las casas del Sargento Mayor Guillen Asme de 
Casanova. 

Mas, ya en 1628, apenas transcurridos nueve años, siendo 
Prior de esta casa el Padre Bernardo de Toro Mazóte, y Conven- 
tuales los Padres Andrés Elossu, Juan de Castañeda, Juan de 
Zapata y Martín Vicuña, con superior autorización trasladaron 
el Convento, mucho más al sur, á San Francisco de Panqueco, 
lugar más próximo al que actualmente ocupa. 

Las razones que motivaron esta traslación se verán por el do* 
cumento siguiente: 

«En el Convento de Maule, en 26 dias del mes de Junio de 
« 1628 años. El Maestro Fray Alonso de Almeida, Provincial en 






I 



"^ 



2l6 CAPÍTUI.O XVII 



í esta Provincia de Chile del Orden de Nuestro Padre San Agus- 
« tindijo; Que por cuanto el Padre Prior y Religiosos del dicho 

* Convento de Maule le han pedido les dé licencia para pasar 
*< el dicho Convento de Maule á una estancia que el Capitán Juan 
« Alvarez de Luna les ha hecho donación, por una Capellanía, 

* ]a cual está dos leguas de este dicho Convento, porque en el 

* sitio y lugar donde ahora están padecen notable soledad y ne- 

* cesidad, sin tener quien les pueda socorrer, por ser el sitio no- 

* tablemente húmedo, y donde, en todo el año, acude una per- 

* sona, y sin esperanza de tener cosa alguna de que poderse 

* sustentar, porque las mandas que hicieron al Convento de ga- 

* nados al tiempo de su fundación, con haber nueve años, no se 
1 han podido cobrar, y ahora se ha de cobrar menos, por estar 
' ia tierra muy falta de ganados y ser gente muy pobre la que 

* asiste en el dicho valle, y por otras causas que el dicho Padre 
t Prior y Religiosos representaron, mandó que se haga informa- 
' ción de todo lo susodicho, para ver si convendrá dar la dicha 
« licencia. Y asi lo proveyó y mandó.» 

tV llamado que fué el Padre Prior Fray Bernardo de Toro 

i Mazóte -dijo^ que ha cerca de un año que es Prior en este 

« Convento, donde ha padecido notables trabajos, porque el in- 

* vterno está tan húmedo, por ser todo él una ciénaga, que caen 

* enfermos todos los Religiosos y andan tullidos, y que teniendo 

* ahora cinco Rdíí^iosos han vivido con notable disgusto porque 

* de más de lo que dicho tiene, en tiempo de verano, llega la 
4 quema^.ón hasta el rancho donde viven, y andan de noche y 
« de día velando los Religiosos para apagar el fuego, por no 

* quemarse; y en el dicho tiempo se seca totalmente un esterillo» 

* de manera que este año ha sido necesario ir los Religiosos, con 

* las botijas cargadas, por el agua, media legua del Convento, 
« por no tener un indio que se las trajese; de más de que las li- 

* mosnas que habían mandado al Convento no las ha podido 
^ cobrar, por muchas diligencias que para ello ha hecho.» 

* Porque si no se pudo cobrar en tiempo que había ganados, 

* menos se cobrará ahora que está el valle tan pobre que apenas 

* aicanza el Convento un Carnero de limosna cada semana para 
« sustentarse; demás que en el dicho sitio no hai donde poder 



HISTORIA DE I.OS AGUSTINOS EN CIHI.E 



217 



* sembrar, á cuya causa, en faltándoles el trígu, comtín niaiz 
i ccKrido; y que ahora el Capitán Juan Alvarez de Luna ha he 
( cho donación á este dicho Convento de cinco estancias, que 
t soQ las mayores que hay en este partido de Maule, dos leguas 
t de este Convento; sitio seco y apacible , donde se puede sem- 
f brar de temporal y riego, con una viña, casas y doscientas 
t ovejas y que con otras pocas que se pongan, tendrá sustento 
< el Convento: y que supuesto que los vecinos de las estancias 

* cercanas no acuden al sustento del dicho Convento, será más 
» fácil que tomen un poco de trabajo de andar dos leguas más, 

* que no que padezcan los Religiosos necesidades y enferme- 

* dades; y quede no haber de mudar el dicho Convento le pa* 

* rece á este declarante que será necesario demolerle, por lo 

* mucho que en el padecen los dichos Relij^iosos; y supuesto 
fl que por ser estancias nuestras las que nos ha dado el dicho 
í Capitán Juan Alvarez de Luna, hade haber en ellas quien 
i las guarde y mire, le parece á este declarante que será mejor 

< pasará ellas el Convento por no quitarle de todo punto; que 
« antes que nos diesen las dichas estancias, viviendo Nuestro 

< Padre Provincial, al ver la necesidad que paiiecían los Reli- 

* giosos, compadecido de su trabajo le quiso quitar. > (ó) 

He transcrito casi íntegro el documento anterior, porque de 
otra manera no sería casi posible formarse una idea de aquella 
época de fundaciones y de trabajos que, sin desmayar, se impo- 
nían nuestros Padres por hacer prosperar la Ortlen Agustina en 
Chile. 



(6j Archivo de Provincia. Lib. 'Documentos 1568— ISUI.ü 



*^ 







Capítulo XVIII 

Tercer ( ¡iiiítulo Provincial, Gobierno del Padre Pedro de 
la Torre } dt I Padre Bartolomé de Montoro, 1619-1623 

1, Títíeretu ¡leí Padre General Nicolás de Sant'Angelo, de 4 de Febrero de 
lClf<. ftcí^rr-ft dií lii iíidependencia de la Provincia de Chile. — 2. Lo pone en 
tíjecuciíjii el Pi'üVÍQeial del Perú y manda como Visitador á Chile, al Padre 
Podro de La Turr^í*— 3. Se celebra el tercer Capítulo Provincial en Santiago 
el 31 ílo Kin.ro de !<'i19.— 4. Es elegido Provincial el Visitador Padre Pedro 
de la Tarn^— 5. Sr* eligen Definidores. Priores y demás Oficiales. —6. Adquisi- 
ción de [^ \iim de ]^tanuel González Parías y censo á favor de las Monjas 
Agíii^riHas.— 7. E\ Maestre de Campo Don Diego Flores de León y Doüa Mel- 
ehorn de Müliim, insignes bienhechores de la Provincia.— 8. Se funda el Con- 
vento de r-mcepciún, en la antigua Penco, el 4 de Febrero de 1621.— 9. Lle- 
ga é Sftntiftgíi el Padre Hernando de Salmerón á hacer la visita de la Provin- 
uifl. á luimítre del Reverendísimo Padre General.— 10. Quita de Provincial al 
Pudrí' Pedro de bi Torre y entrega el gobierno de la Provincia al Padre Bar- 
toloiiií*' de» Montero— n. Poderes que se dieron al Padre Salmerón, para que 
proEjigft Iftíf ¿jest iones a fin de que cese toda intervención de la Provincia del 
Perú, en Iti dt- Chile. —P2. Se fundan nuevas Capellanías.— 13. El Padre Bal- 
ínxnv de los Heyesi.— 14. El Padre Juan de Castañeda. 

I. Hada )-a ocho años que las Provincias de Chile y del Perú 
impacientes esperaban de Roma la solución de sus respectivas 
diiícultaücs, cuando, al fin, el 14 de Febrero de 161 8. el Reve- 
rendísimo Padre General Nicolás de Sant'Angelo se dignó fallar 
esta cuestión tan larga, como enojosa. 

Pocas veces habrá ocurrido mayor desencanto: la simple lec- 
tura del texto de este Decreto deja comprender que, aunque 
más hubiera tardado, no pudiese, con todo, ser más desacerta- 



J 




HISTOKIA DE LOS AGUSTIN'OS EN CHILE 219 

da semejante resolución: en vez de simplificar el estado de las 
cosas, no hizo más que complicarlo; en vez de quitarse de en 
medio alg^unas dificultades, se crearon nuevas y mayores. 

Según este Decreto la Provincia de Chile tenía toda indepen- 
dencia para celebrar Capitulos, elegir Provinciales y proveer to- 
dos los Oficios, mas necesitaba de la aprobación y confirmación 
de los Provincialt^s del Perú. Pero, como es prerrogativa de los 
Generales de la Orden el aprobar y confirmar los Capítulos y 
elecciones provinciales, resultaba entonces que se imponía á la 
Provincia de Chile una doblemente odiosa tramitación, una en 
Lima y otra en Roma, pues siendo adversa la primera, se ha- 
cían inevitables los infinitos recursos y apelaciones á la según- 
da, con todo el consiguiente trastorno de una situación crítica é 
indefinida. 

Otra disposición no menos estraña era que concediéndose á 
ia Provincia de Chile tener Provincial y Visitadores pnpio^, po- 
día, sin embarga», el Provincial del Perú ó el que fuese fiar él 
nombrado visitar la Provincia de Chile; de manera que á las vi- 
sitas del Prelado Chileno se agregarían á su turno las del Vísi^ % 
tador Peruano, anulando y revocando éste, á su modo, lo rsrtle- I 
nado y dispuesto por el Provincial de Chile. 

V después de todo, quedaba todavía una tercera visita: á sa- 
ber, la que ordena el Reverendísimo Padre General. Y así suce- 
dió en este propio cuatrienio porque, fuera de la que es de go- 
bierno ordinario en la Prov^incia, vino extraordinariamente á 
hacer la visita el Padre Pedro de la Torre, á nombre de la Pro- 
vincia del Perú; y antes de que éste terminara su cometido, llegó 
el Padre Hernando de Salmerón, á nombre del Padre General, 
con los resultados que eran de esperarse. 

A primera vista, aparece que lo que se pretendió pnr el pre- 
sente Decreto fué conceder á la Provincia de Chile, para con- 
tentar á sus Religiosos, toda la independencia que era pnsible; 
mas, para no herir la susceptibilidad de los Provinciales del 
Perú, se les concedió á ellos respecto de Chile las mismas atri- 
buciones y prerrogativas de que goza el General de la ( írden- 

Ingenioso expediente, por cierto, inventado para sóh.) en apa- 
riencia poner á salvo las pretensiones de cada Provincia, pero 



I 



"^ 



1 

I 



220 CAPITULO XVllI 



que en realidad, dejando subsistentes las anteriores dificultades, 
reagravaba todavía más la situación de la Provincia de Chile. 

Y si entre tantas tinieblas con que vino á envolverla este De" 
crcto, de el mismo partió un rayo de luz cuando en él se orde- 
na que el día en que la Provincia de Chile cuente con un perso- 
nal de ochenta Religiosos y conste de ocho Conventos, desde 
ese mismo día, es independiente de la Provincia del Perú, sin 
que para ello sta menester nueva sentencia y declaración; como 
fácilmente se comprenderá, esta misma halagadora esperanza, 
la más propia para alucinar, bien pronto se convirtió en sólo 
obstáculos y mayores tropiezos. 

Hé aquí el aludido decreto: ^<Dilectis Nobis in Christo Patri- 
« bus ac Fratribus Provinciíe Peruntinai et in territorio de Chi- 
« le existentibus, Salutem.» 

«Supplicastis Nos, semel atque iterum expostulastis ut justis 
« de causis vos; monasteriaque vestra a Provincia nostra Pc- 
« runtina disjungeremus et separaremus, novamque Religionis 
« nostr.tí Provinciam constitueremus. Sed cum vos, vestraque 
« monasteria necessarium numerum ad novam Provinciam con- 
« stituéndam non attingerenovcrimus, votisvestrisannuere, quan- 
« do in majorem numerum crescatis, monasteria in majoremque 
« numerum augeantur, decrevimus.» 

«Iterim tamen,harum serie nostrarum, et nostri Officii auctori- 
« rate, et de consilio Patrum qui Xobis assistunt, vobis auctori- 
« tatem, et facultatem concedimus Capitulum Provinciale cele- 
« brandi, Vicariumque Provincialem, Definitores, caiterosque 
« Religionis Officiales juxta ordinem nostrarum Constitutionum 
« eligendi.» 

«Eritisque tamen vos et monasteria vestra, sicut antea eratis 
« sub regimine et jurisdictione Reverendi Patris Provincialis de 
« Perú: ab ipsoque confirmationem electionum et actorum vestri 
« Capituli postulare et expectare tenebitis.»^ 

* Atque in Capitulis Provincialibus Provincias nostras Perun- 
« tinas, dictus Vicarius ProvinciaHs, et unus Definitor, seu Dis- 
« cretus, a vobis in vestro Capitulo electi vocem habeant tam 
« activam quam passivam, non tamen in Capitulis Genera- 
re libus.» 



.J 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 221 



L 



(1) Copia sacada del mismo original por el Autor. Archivo Qener&L Koitia, 
Registro del P. Sant'Angelo, 14 de 161 S. 

í*2) Torres < Crónica Agustina», Lib. III, Tom. II Cap. H, 



I 



«Ipsc vero PaterProvincialis del Perú, quando opus esse ju- 
« dicaverit, poterit per se, vel per Visitatorem ab ipso eligen- 
« dum, vos et monasteria vestra visitare, corrigere, puniré et 
« emmendare, sicut quoslibet alios ex suis subdítis et inferiori- 
« bus.» 

c Quando tamen vos ad octuagenarium numcrum l'Vatrum, 
« vestraque monasteria ad octavum perveneritis, ex mine prout ^ 

« ex tune, novam et distinctam Provinciam vestram de Chile 
« esse declaramus et independentem a Provicia Peruntina et a 
« qualibet alia; declarantes vos habere omnia privilegia et au- 
« ctoritatem, jurisdictionem et potestatem quae nW^ Provincia: 
« nostríE Religionis habere solent. Bene in Domino válete.» (i) 

2. Apenas fué este Decreto recibido en la Provincia dei Perú, ] 
como tan favorable le era, inmediatamente su Provincial lo puso- ' 
en ejecución, mandando como Visitador á Chile al Padre Pedro ^ 
de la Torre, quien en manera alguna debe confundirse con el «* 
Padre Pedro de Torres, fundador y Vicario Provincial de t?sta * 
Provincia, de nacionalidad española, y de tantas virtudes, como 
ya antes queda referido. 

El Padre Pedro de la Torre, que tenemos ahora presente, «era 
« natural de México, hijo de aquella Provincia, incorporado y 
« prohijado en la del Perú, en donde fué honrado con graves 
« oficios y gobiernos», (2) y por tanto se le juzgó digno de con- 
fiársele una misión tan delicada, como la que entonces debía 
desempeñar en la Provincia de Chile. , 

3. Esta se hallaba en vísperas de celebrar su tercer Capítulo 
Provincial, cuando le llegó semejante Visitador, trayentio en 
sus manos un Decreto que heria de muerte á la Provincia, sin 
que hubiera modo de eludir su fuerza, ni desviar sus g<jlpes. 

Asi fué que el Padre Pedro de la Torre fué inmediatamente 
reconocido en su Oficio, y lo mismo obedecida la Patente del 
Reverendísimo Padre General. 

Empero, á la sazón, apareció de lleno la más grande dificul- 
tad á que da, en primer lugar, origen aquel Decreto: porque 



222 CAPITULO XVIII 



existiendo un Visitador de la Provincia del Perú, con facultad 
para revisar todos los actos del Provincial de Chile, revocar sus 
sentencias y anular, con pretexto de apelación ó recurso, cual- 
quiera de sus providencias, era evidente que la potestad de ele- 
gir Fruvincial, con ser ilusoria, tan sólo además se prestaba á 
dcüacuerdtjs y competencias funestas para el porvenir de la 
Provincia. 

Un solo medio había de impedir tantos males: y el verlo y 
practicarlo inmediatamente, sin duda, fué obra de la profunda 
sagacidad y calma del Padre Montoro. Este medio,, sugerido 
por la virtud, y aconsejado entonces por la prudencia, era ele- 
0T Provincial de Chile al mismo Visitador del Perú. Y así los 
Agustino.s chilenos obedecieron el Decreto de su General, impi- 
diendo, a la vez, aí]uellos tristes resultados que de otra manera 
infaliblemente se hubieran producido. 

Honrosa acción y diurna de todo elogio, y que merece pasar 
en recuerdo á la posteridad, pues, se repitió tantas veces, cuan- 
tas el Provincial del Perú mandó sus Visitadores á Chile, eli- 
giendo esta Provincia por Prelado suyo á aquel misma que se 
le enviaba para mantenerla sujeta, pero salvando en cambio los 
principios de subjeción y obediencia, que son los que dan vida 
á toda corporaciiSn. 

Y no solamente se obtuvo este bien, sino otro además: que to- 
dos los que vinieron a combatir la independencia de Chile, des- 
pucs ún haber sido sus Prelados, fueron los más ardientes de- 
fensores de su übertatl y autonomía. 

4, Kn tan azarosas circunstancias, y en este estado de ánimos 
se celebró Capítulo Provincial el 31 de Panero de 16 19, y. se- 
gún el ultimo Decreto, se procedió á elegir Vicario Provincial, 
resultando elegido el Padre Pedro de la Torre. 

5. Xo existen las actas de este tercer Capítulo Provincial, 
pero a juzgar por otros documentos en que se expresan los ofi- 
cios, en la presente ocasión, fueron elegidos Definidores los Pa- 
dres Juan Ruiz, Juan Jufre de Loaisa, Luis de Chaves y Balta- 
sar Pérez de Espinosa; y Visitadores, los Padres Juan de Toro 
Mazóte y Juan de Raptista. 



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HISTORIA DjE LOS AGUSTINOS EN CHILE 22^ 

Figuran como Procuradores Generales de la Provincia lo.s I'a 
dres Tomás de Solano y Juan de Zuazola. 

Prior de la Casa Grande salió entonces elegido el Padre An- 
drés de Elossu y Carvajal. 

6. Dos hechos recuerdan el gobierno del Padre Pedro de la 
Torre: la adquisición de una chácara, en la Cañada de Santia- 
go, en su acera sur: y la fundación del Convento de Concep- 
ción, en su antiguo asiento de Penco; y uno y otro aconteci- 
miento merecen aquí referirse por muy particulares motivos. 

Desde tiempos, en que estaba en esta Provincia de Chile el 
Padre Pedro de Altamirano, nuestros Religiosos alimentaban ia 
esperanza de poder fundar una casa de Recolección, 6 sea de 
Agustinos Descalzos, en los alrededores de Santiago. Y con- 
sultando esta idea con el Capitán Manuel González Farías, rico 
propietario, mediante una muy poco onerosa capellanía, hizo 
donación á los Agustinos de seis solares con frente á la Caña- 
da, en su acera sur. (3) 

Mas la condición precisa era que el Convento fuese de Agus- 
tinos Descalzos; y no pudiéndose esto llevar á efecto, fracasa- 
ron igualmente la fundación y la capellanía, devolviendo los 
Agustinos los seis solares á su dueño. Pero éste, en vez de 
aceptarlos, quiso en cambio dar más amplitud á su obra, ha- 
ciendo á los Padres venta de toda una «chácara, tierras y vi- 
ñas» que á espaldas de aquellos solares se extendían, en direc- 
ción á los cerros de Tango. (4) 

Años más tarde volviéronse á adquirir, en aquella misma par- 
te de la ciudad, otros terrenos que hasta ahora son origen de al- 
gunas obligaciones del Convento de Santiago. (5) 



(3j La adquisición de terrenos en la acera norte, donde está el Cok^jíío ac- 
tualmente, es muy posterior. Los datos aquí indicados en el texto están eu 
la escritura de venta que hizo G-onzález Farias á Andrés Lópcís de Gümboa 
de una parte de esta chácara, el 20 de Agosto de 1620. Ante Dominico Jeró- 
nimo Corvalán. 

(4) Archivo Nacional D. Rutal, Vol. 80. 4 de Febrero de 1621. 

(5) González Farias vendió al Convento esta Chácara en 8. SíX). 00; loa cuales 
se los pagó el Convento en esta forma: 1.800 en censo á favor de laa Momias 
Agustinas; 800, en la Capellanía de doce misas rezadas y dos cantada.^ cadii 
afto; el resto en efectivo. 



■' ^w n 



224 CAPITUI/) XVIII 



7, Tócales los honores de ser fundadores y Patronos del Con- 
vento de Concepción á don Diego Flores de León y á su espo- 
lea doña Melchora de Molina, ilustres abuelos de los Condes de 
Villa Palma, y nobilísimos .ascendientes de los hoy no menos 
ilustres, y nobles Blanco Encalada. 

<íp\ié don Diego Flores de León, valerosísimo soldado, natu- 
: ral de Madrid, quién, después de haberse distinguido en las 
í guerras navales contra Drack en las Antillas y en México, 
í pasó á Chile, donde bajo el gobierno de García Ramón y de 
:> Alonso de Rivera, prestó eminentes servicios militares, siendo 
■s el primero en las más sangrientas ocasiones del valor. Fué dos 
í veces jefe de las fronteras (de Arauco) rivalizando en heroís- 
: mo con el primer Juan Rodolfo Lisperguer. Casóse en San- 
:. tiago con doña Melchora de Molina, hija del Conquistador Je- 
< rónimo de Molina.» (6) 

Por parte de los Agustinos le cabe la honra de haber tomado 
el más vivo interés, en esta fundación, al Padre Luis de Chaves 
á quién pidió esta familia por fundador de la casa, reservándose 
ella los privilegios, de que gozan los Patronos. 

8. Llevóse á cabo esta fundación, el 4 de Febrero de 1621, 
siendo Vicario Provincial el Padre Pedro de la Torre. La carta 
de fundación es notable por el grande afecto á la Orden Agus- 
tina que manifestó en ella don Diego Flores de León, y por la 
largueza de la generosidad, con que dotó aquel Convento, sin 
imponerle desde luego ninguna carga, hasta que uno de sus hi- 
jos, don Jerónimo Flores de León la estableció, en virtud de atri- 
buciones, que posteriormente se le dieron. (7) En esta carta de 
fundación se lee: don Diego Flores de León que por «el gusto 
« que tendrá de que, en la ciudad déla Concepción, se funde un 
« Convento de Religiosos de la Orden del Señor San Agustín, 
« para su sustento les ofrece dar los bienes y géneros siguien- 
<^ tes: Mil cuadras de tierras, tres leguas de la dicha ciudad, en 
<í Ponongues; un molino de pan, moliente y corriente; una viña 



(0) Vicuña Mackenna € Historia ele Santiago.* Tom. 2 pág. 72. 
(7) Nueve misas cantadas y dos rezadas cada año. 




HlflTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 225 

« plantada, del año 16 19; una casa y un solar lindero con lapla- 

* ya y con otros solares, que da él con las dichas tierras.» (8) 
*y se obliga para la fundación del dicho Convento de la Or- 

€ den del Señor San Agustín, en la dicha ciudad de la Concep- 

« ción, á dar y entregar los dichos bienes y géneros, con que por ' 

« razón de estos derechos, hayan de asentar los Religiosos eo 

< perpetuidad que han de ser Patronos de la dicha fundación, 
« los dichos don Diego de Flores y doña Melchora de Molina; y 

* como á tales se les haya de dar el lugar y asiento preferido, y 

< gozar de todas las gracias y privilegios concedidos y de que 

* gozan los Patronos de las fundaciones.» 
Y quién tan pródigo se muestra de sus bienes en beneficio de 

la Orden Agustina, llegando á la imposición de la carga que de- 
bía instituir solamente dice: «Respecto de las misas que se les 
j hayan de decir será como se concertare con el Padre Luis de 

< Chaves, Definidor, y demás que van á la fundación.» 
A todo lo cual, «estando presente el Padre Maestro F'ray Pe- 

* dro de la Torre, Vicario Provincial de la Orden del Señor San 
€ Agustín de la dicha Provincia, dijo que aceptaba la sobredi - 
« cha donación, con la dicha calidad de Patronazgo y Capella- 

* nía perpetua, según se instituyere con los fundadores. - (9) 
9. Con tan prósperos sucesos iba gobernando la Provincia el 

Padre Pedro de la Torre, cuando un acontecimiento el más im- 
previsto vino á sacarlo de Chile, sin que hasta lo presente haya 
podido averiguarse, ó siquiera sospecharse la causa, ó motivo 
por los cuales el Padre Hernando de Salmerón regresó con él 
á Lima, después de haber terminado su misión en la Provincia 
de Chile. 

A fines del año anterior, en Noviembre de 1620, de España 
llegaron al Perú los Padres Pedro de la Madriz y Hernando de 
Salmerón, mandados por el Reverendísimo Padre General, el pri- 
mero como Visitador y Reformador General de las Provincias 
del Peni y de Chile; y el segundo, como su Secretario, 



(B* Di6 tambieTi: «Veinte labradas (barbechos) de ocho mil plantas;» ttre» 
€ yuntas de buejesi «con todos los demás útüesde labranza de una vifLai; dea 
* rail cabcBaa de ganado ovejuno; y cien vacas de vientre. > 

(9; Archivo nacional, ante D. Eutal. Vol. 80. 
16 




226 CAPÍTULO XViII 



f 



Este, según refiere el Padre Torres, «por la satisfacción que 

* se tenía de su mucha virtud, observancia y letras, se fió de su 

* prudencia y notoria religiosidad el acierto de aquella visita;» 
y, con todo los poderes de su delegante, llegó á Chile, en los 
primeros meses de 162 1, presentándose ante esta Provincia, co- 
mo su Visitador y Reformador. 

Difícil es apreciar en estos momentos la impresión que su ve- 
nida pudo causar: aunque, si se juzga por los sucesos posterio- 
res debió de ser muy desagradable para el Provincial mexicano, 
que estaba en Chile, á nombre del Perú; y en cambio, sería gra- 
tísima en los Agustinos de Chile, ya que el Padre Salmerón res- 
tituyó, en su oficio, al Padre Bartolomé de Montoro, haciéndose 
defensor de la independencia y autonomía de esta Provincia. 

Esto tan solo, hasta hoy, nos le pinta amable y simpático; de 
carácter amplio y nada restringido; á la par que obser\'ante y 
ejemplar Religioso. Conviene este retrato con lo que dice el Pa- 
dre Torres «que algunas comodidades y aseos se notaban» en el 
Secretario, como si quisiera censurar, en el Padre Salmerón, un 
aire algún tanto caballeroso, magnífico y liberal. 

No obstante todo esto, el mismo Cronista dice que en Chile,. 
« satisfiso loablemente á su obligación.» Y así se debe creer: 
menos en aquello que agrega: «y celebró en ella Capítulo Pro- 
t vincial: y en él salió electo Vicario Provincial, el Padre Pedro 
« de Aguiar, Rehgioso grave, de ejemplar observancia,» pues 
no era época de celebración de Capítulo Provincial, el año 1621, 
sino, cuando más, de congregación intermedia. 

Y, si no es exacta la relación del Cronista del Perú en lo refe- 
rente á la celebración del Capítulo Provincial, todavía lo es me- 
nos en cuanto á la elección de Vicario Provincial, en la persona 
tlel Padre Pedro de Aguiar, ó del Espíritu Santo, como el se fir- 
maba, pues este Capítulo y elección se verificaron dos años des- 
pués, en 1623. 

De manera que, á atenemos á la relación del Cronista, el Pa- 
dre Salmerón no se ocupó sino de la celebración del Capítulo 
Provincial, y, como éste no pudo tener lugar entonces, se dedu- 
ciría que*el Visitador y Reformador General nada hizo en Chile» 
ya que^su estadía aquí fué de muy pocos meses. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



227 



Es tan deficiente el Archivo de la Provincia en esta época que 
en él no se apuntan otras determinaciones del Visitador y Re- 
formador que las siguientes: Que los Provinciales no envíen Re- 
ligiosos de una á otra Provincia; que ni ellos, ni sus Visitadora» 
presidan en los Capítulos Provinciales; que los Religiosos, que 
anden sin licencia de sus Prelados se recojan á sus respectivas 
Provincias del Perú ó de Chile. 

Mas todo esto es de poco momento para que absorbiese por 
entero la atención de un delegado especial de Roma, que debía 
informar del estado de estas dos Provincias, y muy particular- 
mente de la de Chile, para mejor apreciar el efecto producido 
por las últimas disposiciones del Padre Goneral acerca de ella, 
es decir de independencia y autonomía. 

10. Que fué loque pensó el Padre Salmerón acerca de este 
punto es cosa manifiesta, pues no permitió un día más de go- 
bierno al Padre Pedro de la Torre, y ambos juntos regresaron al 
Perú, ese mismo año de 1621. 

Y de esía manera, otra vez más, el Padre Bartolomé de Mon^ 
toro asumió el gobierno de esta Provincia de Chile con gran re- 
gocijo de todos sus Religiosos que le reconocían más que como 
á fundador, como á su padre y maestro. 

11. Y no fué solamente esta la buena obra del Padre Salme- 
rón para con esta Provincia; aceptó poderes de ella para defen- 
der su independencia y autonomía en Lima, en Madrid y 
Roma. 

Kn la carta de poder que le extendían el 7 de Enero de 1622, 
dicen los Agustinos de Chile: «Otorgamos que damos poder 
i bastante al Padre Fray Hernando de Salmerón de la misma 

* Orden, que está en la ciudad de Lima, de partida para los: 
■ Reinos de España, ó á la persona de confianza que lo sostitu- 

* yere ,para que parezca ante Su Santidad, su Nuncio Apos- 

< tólico, y nuestro Reverendísimo General; y ante la Majestad! 
f del Rey Nuestro Señor, sus Reales Consejeros, Audiencias^ 
« Cancillerías, Virreyes, Gobernadores y otros Jueces Eclesiás- 
f ticos y Seglares; y pida lo que en orden de gobierno y justicia 
' convenga á esta dicha Provincia y sus Conventos, y para sii 

* aumento; y particularmente para seguir, y siga el pleito que 



1 



228 CAPÍTULO XVIII 



^ stf trata sobre la división de ella, con la del Perú; y de que 
^ suspendan las visitas que se han acostumbrado, por los incon- 
"f venientes y cosas que se siguen de ella, lo cual le consta al 
^ dicho Padre Fray Hernando de Salmerón, como lo experi- 
mentó en la visita que vino á hacer á esta dicha Provincia de 
■^ Chile.» (i o) 

Este documento tan importante lo firman todos los Padres, 
siibíicribiéndose como Provincial el Padre Montoro; y no apa- 
rece para nada el Padre Aguiar, el supuesto Provincial del Cro- 
nista, así en este documento como en multitud de otros. 

Mientras tanto así el Padre Salmerón, como el Padre Pedro 
<le la Torre merecen que les dedique aquí algunas líneas acerca 
tle sus últimos destinos. El Padre Hernando de Salmerón, no re* 
j^resó á España; y después de ser Prior de los Conventos de Po- 
tosí y de Omasayos, murió en el Cuzco el año de 1650. 

El Padre Pedro de la Torre, al volver al Perú, le aconteció al- 
140 parecido á lo experimentado en Chile, porque muy pronto se 
vio elevado al primer puesto, siendo elegido Prior Provincial de 
aquella Provincia, el año 1626, con tantos festejos y agasajos, 
i¡ue al decir del Padre Torres, pocas veces se habían visto otros 
mayores. 

Pero, como el mismo dice: < Publicadas las actas y definiciones 

^ y disuelto el Capítulo, comenzó á gobernar la Provincia con 

tan poca fortuna que su gobierno tuvo solamente de dichoso 

el haberse acabado presto» (11) A los siete meses de elegido 

murió en Lima, el 12 de Marzo de 1627. 

No expresa el Cronista la causa porque él se ensaña sobre 
la tumba del Padre Pedro de la Torre. Los altos puestos que 
este ocupó en el Perú y en Chile, siendo extranjero en ambas 
rrovincias, y ajeno, por consiguiente, á bastardas influencias, 
dicen de él que solo pudo ser Religioso de grandes méritos y 
, reconocidas prendas. 

Por todo lo cual parece que el haberse retirado de aquí junta- 
mente con el Padre Salmerón, no correspondió á otra causa que 



(lOí Archivo Nacional. 1). RuUl. t^ol. 81 . pág. 69 y 70. á 7 de Enero de lí)22 
(U) Torres. «Crónica Agustina» Tom. II. Libro III. Cap. II. 



r 



] 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 229 

á dejar en libertad á esta Provincia de Chile, pues, á su juicio 
á más de estar bien organizada, no había menester de la presí^n- 
cia de. tantos Visitadores, ni Reformadores. 

12. Entretanto, ál tomar el Padre Montoro el gobierno, ya 
por la quinta vez, larga y enojosa tarea sería referir las nume- 
rosas Capellanías que se fundaron en beneficio del Convento de 
Santiago. Solamente recordaré aquí la que instituyó la señora 
Juana de Porras viuda del Capitán Agustín Pérez de la Cuadra, 
que como él decía habitaba «junto y pared por medio del dicho 
^< Convento,» y que tantos y tan buenos ser\ncios prestó siem' 
pre á la Orden. 

Pues bien, doña Juana de Porras, en nada itiferíor al que fue 
su marido, en la devoción á la Orden cedió á los Agustinos to- 
da la parte de la manzana que ella ocupaba en beneficio del 
Convento, que así quedó desde entonces libre y señor de ttKÍa 
la propiedad. 

Se estimó la donación en seis mil doscientos pesos que sir- 
vieron de dotación á una capellanía que recuerda á los prime- 
ros y más distinguidos amigos que tuvieron los Agustinos al 
llegar á Chile. 

13. Pero, entre tantos bienhechores, sin duda digno de men- 
cionarse en la presente ocasión, no sólo por haber vestido el há- 
bito Agustino en estos años sino también p>or haber vinculado 
su nombre al arte nacional, y ser bastante extrañas las aventu- 
ras que rodearon su vida, es el Padre Baltazar Fernández de los 
Reyes. Hijo de un rico mercader, natural de Grecia, más lar^^o 
tiempo radicado en Lima, nació en esta ciudad ^ siendo sus pa- 
dres Jorge Fernández é Inés de Liona. Apenas terminados sus 
estudios, muy joven abandonó la casa paterna; y, recorriendo 
sucesivamente las ciudades de La Plata, La Paz y Potosí, dedi- 
cóse ora á las minas, ora al comercio, en sus diferentes ramos. 

En breve adquirió una más que modesta fortuna, porque ha- 
biendo muerto su padre, y dejádole una buena herencia, lejos 
de aprovecharse de ella, reservándose sólo el dominio, cedió el 
goce de sus rentas á su hermano Gaspar de los Reyes, Presbí- 
tero que residía en Lima, y á su hermana Pabla de San Jeróni- 
mo, Monja Agustina del Monasterio de la Encarnación, en la 




1230 CAPÍTULO XVHI 



misma ciudad. Acción tan noble y generosa no correspondía, 
sin embargo, á la vida llevada por aquel joven, dominado á la 
vez del ansia de placeres y del deseo de adquirir riquezas. Y 
no deju de pagar infeliz tributo á la flaqueza humana. Años más 
tarde contrajo matrimonio con Doña María de Córdoba. Mas 
pronto, estando en la ciudad de La Plata, enviudó, sin tener su- 
cesión; y tal fué su dolor que pensó morir de tristeza y pesa- 
dumbre; y, el 26 de Septiembre de 1605, hizo su testamento, 
que tengo á la vista, en el cual consigna los hechos que quedan 
referidos. 

Kn este interesante documento, Baltazar Fernández de los 
Keyeíí expresa el voto que hace de consagrarse al servicio de 
Dios, si le conserva la vida, porque, dice, «mi intento que tengo 
« es de ser sacerdote.» Y libre de aquella enfermedad que más 
le afligía el espíritu, que el cuerpo, sin demora abrazó el estado 
eclesiástico; y, por quitar de sus ojos aquellos lugares, para él 
de tan dolorosos recuerdos, resolvió pasar á Santiago de Chile. 
Aquí le esperaba un hermano de su mujer, el Presbítero Alonso 
Moreno de Zarate, que, á más de ser Secretario de Cabildo y 
Promotor Fiscal, fué Cura de la Catedral y del Salto, Sochan- 
tre y Maestro de Capilla. 

Como se vé era, tal vez, músico de primer orden. Baltazar de 
los Reyes no lo era menos I encontrando nuestra Catedral des 
provista de órgano, el 7 de Marzo de 161 1, ante Rutal firmaba 
tíscntura por la cual se obligaba á construir un órgano por va- 
lor de dos mil pesos, comprometiéndose á entregarlo en el pla- 
zo de diez meses. No puedo afirmar si él procedía á la fabrica- 
ción de los materiales, que parece lo más probable, ó si los 
hacía venir de Lima. Pero es lo cierto que, como consta de este 
Archivo de Provincia, el 22 de Enero de 16 14, Baltazar de los 
Reyes fi miaba otra escritura con el Padre Francisco Méndez, á 
la sazón Prior de este Convento Principal, por la que se obliga- 
ba no sólo á hacer un órgano nuevo de cinco registros, tres fue- 
lles y flautas de catorce palmos, sino también á componer el 
antiguo órgano de la Iglesia, hasta dejarlo corriente. Por todo 
pidió, al principio, dos mil pesos: mas, venido el momento de 
recibí rloSj hizo donación al Convento de mil y cien pesos, con* 




< 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 23 I 

tentándose con el resto, que sería apenas el valor de los tnate- 
ríales. 

En las sobredichas escrituras muestra tantos conocimientos 
técnicos, que deja la persuación de haber sido un notable orga 
nísta, y gran fabricante de órganos. Y, en esta remota época 
de la Colonia vino á formarse una verdadera sociedad musical 
en Santiago, compuesta de tres Presbíteros, Don Baltazar Fer 
nández de los Reyes, Don Alonso Moreno, el Maestro de Capi ^ 
ila y Don Pedro de Aránguez, quien, desde 1608, enseñaba 
música en este Convento de San Agustín, y daba lecciones de 
órgano, contándose entre sus discípulos. Juanillo, indio de diez 
y seis artos, tan hábil organista que muy pronto vino á reempla- I 

zar, en su oficio, á tan distinguido maestro. 

Mas, si de un modo tan inesperado se habían reunida estos 
tres personajes, de una manera no menos extraordinaria, cada 

cual quiso terminar los últimos dias de su vida, porque Don .^ 

Pedro de Aránguez buscóse una celda en Santo Domingo; Don 
Alonso Moreno de Zarate, en San Francisco; y Don Baltazar 
Fernández de los Reyes, en San Agustín. Esto sucedía en 1618. 
Y no fué difícil ia elección porque, en su familia, era heredita- 
rio este afecto á los Agustinos. Su padre eligió sepultura para 
sí y todos sus hijos en el Monasterio de la Encarnación^ en Li- 
ma, en donde fueron contados en el número de sus bienhe- 
chores. 

Cuando, en 1605 hacía su testamento en la ciudad de La 
Plata, Baltazar de los Reyes dispuso: «Que, si Dios, Nuestro 
e Señor, fuese servido de me llevar de esta presente vida, fuera 

* de la ciudad de Lima, de donde soy natural y tengo mí ha- 
€ cienda, sea enterrado en la Iglesia Mayor... de donde á tieni- 
« po sean sacados mis huesos y llevados y sepultados en el dU 

* cho Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación, en la 

* sepultura y lugar que está enterrado mi padre.» Allí se había 
reconcentrado toda su devoción de hidalgo y cristiano, pues 
alh' su hermana y dos sobrinas, como Religiosas de aquel insig- 
ne Monasterio, y su hermano, como Capellán, velaban los vene- 
rados restos de sus padres y hermanos, que le habían precedí - 
do en el viaje á la eternidad 



^^ 



232 CAPÍTULO XVIII 



Él vino también á emprenderlo, mas muy lejos de donde an- 
tes creyera, legando, como había dicho, en su testamento, «mi 

* ánima á Dios, Nuestro Señor, que la redimió con su preciosa 

* sangre, para la llevar á su santa gloria... y mi cuerpo á la 

* tierra, de donde fué formado.» Con tan piadosos sentimientos 
fué servido el Señor de otorgarle el descanso eterno el año de 
1625. Sus restos fueron sepultados en este Convento de Santia- 
go. El Padre Baltazar Fernández de los Reyes no sólo es acree- 
dor á este recuerdo por haberle esta Provincia de Chile sucedido 
en todos sus derechos, sino muy principalmente, por ser su vi- 
da clarísimo testimonio de como Dios usa de su gran misericor- 
dia con esas almas, que se extravían en los primeros años; como 
comienza á reducirlas poco á poco al buen camino, llegando con 
el tiempo á hacer de ellas un modelo de religiosidad y virtud. 
El Padre Baltazar Fernández de los Reyes es un ejemplo muy 
consolador de esta verdad. (12) 

14. No menos resplandece, de un modo particular, en el Pa- 
dre Juan de Castañeda, la mano de Dios que vela por el oprimi- 
do y nunca abandona al desgraciado en su dolor. Es un episo- 
dio de las terribles guerras de Arauco. Don Juan Rodulfo Lis- 
pergiier, después de defenderse con sin igual heroismo en el 
fiterte de iíoroa, perecía con sus infortunados y valerosos com- 
pañeros. La saña del enemigo nada respetaba y entre el botín 
recogido de aquel campo de muerte y desolación, encontróse 
una joven délas más distinguidas familias de Santiago, Doña 
Tnés de Castañeda, ilustre sangre de los Gobernadores del Tu- 
cumán. Conducida á triste cautiverio, nada le valió á la infeliz, 
ni ííU virtud, ni su nobleza, entre aquellos bárbaros é infieles. 

Años después el Capitán Francisco Gil y Negrete declaraba 
lo siguiente: «El año de 1606, por el mes de Mayo, estando es- 
t te testigo por Capitán de Infantería en el fuerte de la Imperial, 
* se rescató á Doña Inés de Castañeda, la cual sacó un niño en 
« sus brazos, hijo suyo que, al parecer, tendría diez i seis á diez 



il"2j Arcíiiv o de Provincia. Libro «Testamentos 1599-16ó8>, año de 1605, se 
©ncuentrtt e\ de Baltazar Fernández de los Reyes. Acerca del Presbítero 
Artingiiez ^e liabla, Libro «Casa Grande 1596-1625», páginas 141 7 siguientes. 




ÍHSTCMUA DE- LOS .^VGUftTINOS- EN GHILF 



^33 



« y siete meses.» Este. hijo de tanto deshonor y desventura fué 
el Padre Juan de Castañeda, quien, después de haber hecho sus 
estudios en el Convento de Santo Domingo, pasó á San Agus- 
tín á vestir su hábito, en Enero de 1621, siendo benemérito y 
ejemplar Religioso. (13) 



(13) Archivo de Provincia. ^Libro Primero de Atestados» año 1H2L 



i 



«^.í^^»^ 



I 



-^ 







Capitulo XIX 



Coarto Capítulo ProTincial, Gobierno del Padre Pedro de 
Acular, ó del Espíritu Santo, 1633-1627 

T. E3ctraordinftrii>s poderes que se arrogan los Provinciales de Lima. — 2. Uso 
APlritrario í^ue liacen de su pretendida autoridad'— 8" Anúlase el Capitulo 
celebrado el 31 de Enero de 1628.— 4. Se manda por Visitador de la Pro- 
vincia íil Padre Pedro de Aguiar, ó del Espíritu Santo.— 5. Nómbrase al 
Píidre Jerónimo de Paz, Presidente de Capítulo.— 6. Se celebra el cuarto 
Cj-pitulo Praviacial en Marzo de 1623.— 7. Es elegido Provincial el Visita- 
dor, Padre Pedro del Espíritu Santo.— 8. Se eligen Definidores, Priores y 
demás oficiales.— 9. El Padre Pedro del Espíritu Santo manda á Lima al Pa- 
dro Alonsu de Aillón Bela, con poderes de la Provincia de Chile, para que 
la defienda ant+? los Provinciales del Perú.— 10. Engrandecimiento del Con- 
vento áv la Chimba, ó de San Juan de Sahagún, en Santiago, mediante la 
capeUsiila del Capitán Cristóbal de Morales. — 11. La célebre fianza de don 
Pedro FJorois Lisperguer, en favor del Padre Luis de Chaves.— 12. El Padre 
Piídro dol Espíritu Santo es privado del Provincialato. — 13. Es puesto en 
su iufarnr el Padre Andrés de Elossu.— 14. Reasume su Oficio el Padre Pedro 
del Eíspírim Santo.- 16. Es enviado á Madrid y Roma, como Procurador 
General de la Provincia, el Padre Baltasar Pérez de Espinosa. -10. Au- 
n tentó de vocaciones. 



I . Después de trece años de tantos esfuerzos y diligencias 
practicadas por la Provincia de Chile, para conseguir su inde- 
pendencia, su situación en la actualidad era peor que antes; 
las concesiones que el Reverendísimo Sant' Angelo hiciera á la 
Provincia del Perú, por sus Patentes de 14 de Febrero de 161 8, 
llevadas al extremo por los Provinciales de ella, produjeron los 
resultados que eran de esperarse. Tendencias absorventes y ab- 



r 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 235 

solutistas tan marcadas aparecen, en el gobierno de los Provin- 
ciales del Perú, respecto de la infortunada Provincia de Chile, 
-que, para ellos, según dice su Cronista, el Padre Torres, «era 
« como Colonia de la del Perú.» Todo lo extremaron, hasta el 
punto de no servirse de la Patente del General Sant' Angelo, 
sino como de una base para deducir derechos y atribuciones, 
por cierto, no contenidas en aquel Decreto, ejerciendo, en con- 
secuencia, una autoridad injusta é infundada, violenta y opre- 
sora. 

2. Así, cuando el Padre General permite que, si el Provincial 
del Perú lo quiere, pueda visitar la Provincia de Chile por sí u 
por uno que le represente: facultad que no da más derecho que 
para visitar cada dos años, y de paso los Conventos de esta 
Provincia de Chile, para los Provinciales del Perú fué origen 
-del derecho, que se arrogaron, de mandar un Visitador perma- 
nente, de tanta autoridad, que los Agustinos de Chile resolvie 
ron elegirlo siempre su Provincial, porque de lo contrario equi- 
valía á tener á la vez dos Provinciales. 

Este reconocido exceso de autoridad no pudo disimularlo ' eí 
Padre Hernando de Salmerón y por ello, sin duda, sacó de Chi- 
le al Padre Pedro de la Torre, que cual los otros Visitadores del 
Perú, se había establecido y radicado aquí, como Prelado de la 
Provincia, con todas sus preeminencias y prerrogativas. 

Pero ya que este abuso se había convertido en sistema, no 
es mucho exigir que siquiera se hubiera observado con regula 
ridad, evitando en lo posible dolorosos encuentros y atropellos, 
ya que la actitud de la Provincia de Chile, si era alta en la de- 
fensa de sus derechos, era la más sumisa á los Visitadores, has- 
ta reconocerlos como Provinciales, tan sólo por evitar con- 
flictos. 

Mas esto no lo tomaron jamás en cuenta los Provinciales del 
Perú: así permitieron que en Chile se celebrase Capítulo Pro- 
vincial sin inter\^ención de ellos, para luego después, en vista 
<ie esta razón, declarar nulo todo lo obrado y proceder de nue- 
vo á convocar á Capítulo Provincial, verificándose otras elec- 
ciones non sin sumo trastorno de los Conventos y disturbios 
^ntre los Religiosos. 



i 




236 CAPÍTULO XIX 



* Y, si se examina de donde sacaban este exceso de autoridad 

» los Provinciales de Lima, se hallará en aquella simple disposi- 

f ción del General en que ordena á la Provincia de Chile pedir la 

í confirmación de sus Capítulos á los Provinciales del Perú. Más 

1 esto nada tiene que ver con la potestad que éstos se arrogaron, 

¡^ como si hubieran sido Generales de toda la Orden, de dar Pa- 

tentes nombrando Presidentes de Capítulo y convocando á él 
de nuevo una vez de celebrado, bajo el pretexto de confir- 
marlo. 

En la Orden Agustina nadie sino solo el General tiene au- 
toridad para nombrar Presidentes y convocar á Capítulo, en 
tiempo extraordinario; y jamás delega estas facultades; y el 
Reverendísimo Sant' Angelo no las delegó en su Decreto; los 
Provinciales del Perú les usurparon á los Generales de la Orden 
todo su poder y jurisdicción, con la diferencia de que éstos 
siempre la ejercen con caridad paternal, y aquellos con la alti- 
vez propia del que solo pretende abatir y humillar. 

3. El 31 de Enero de 1623 se terminaba en la Provincia de 
Chile uno de los cuatrienios de su gobierno, época precisa para 
la renovación periódica del mando en todos los oficios y em- 
pleos. Y, siendo un término perentorio, una fecha intransferible, 
aquella función capitular verificóse en su propio día, con todas 
las solemnidades del acto de más vida en las Provincias, y todo 
el movimiento y agitación inevitables de pareceres y opiniones. 
Según lo últimamente dispuesto por el General Sant'Angelo 
se remitieron las Actas á Lima, á fin de obtener la confirma- 
ción de ellas. Mas, en vez de darles ésta, el Provincial de Lima 
creyó de su deber anularlas. Cualquier razón que haya tenido 
en vista, su medida fué injusta, pues la elección de Priores Pro- 
vinciales está sometida á ciertas reglas canónicas, que si no se 
cumplen estrictamente, aquella por sí misma se vicia y adolece 
de nulidad. 

La elección que acababa de practicarse en Chile, era única- 
mente de Vicario Provincial; y por ello solo estaba garantida 
contra todo vicio de nulidad. Pero* como el elegido era el Padre 
Bartolomé de Montoro, persona á quien el Provincial de Lima 
no podía tolerar en el gobierno de la Provincia de Chile, era 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE. 237 

necesario anular su elección de Vicario Provincial; así, además, 
el Visitador del Perú entonces ocuparía, como antes, el primer 
lugar, y nó otro inferior y muy secundario, en aquella «Colonia 
de su Provincia.» 

4. Y mientras esto se resolvía en la metrópoli, y se mandaba 
ejecutar, á la mayor brevedad, partieron de Lima para Santia- 
go el Padre Pedro de Aguiar, presunto Vicario Provincial, y el 
Padre Jerónimo de Paz, con Patentes el primero de Visitador y 
el segundo de Presidente del Capítulo que debía celebrarse por 
orden del Provincial del Perú. . 

Y éste que, en otras ocasiones solía mandar á Chile Reli- 
giosos que han figurado con gloria en ambas Provincias: al pre- 
sente envió al Padre Pedro de Aguiar, ó Pedro del Espíritu 
Santo, como se firma, y al Padre Jerónimo de Paz; personajes, 
á cual más obscuros, y que por los mismos disfraces de apelli- 
dos, se hace imposible reconocer su identidad. Podría suceder 
que el Padre Pedro de Aguiar fuese aquel de quien el Padre 
Herrera escribió, diciendo: «El año 1595, después de haber es- 
« tado las reliquias del Bienaventurado Diego de Ortíz, Proto- 
« mártir del Perú, por espacio de veintitrés años guardadas en 

< la Ciudad de San Francisco, el Padre Maestro Alonso de Ma- 
« raver, Prior del Cuzco, envió á Vilcabamba al Padre Pedro 
« de Aguiar, Procurador del Convento,, á fin de que colectase 
« allí algunas limosnas. Movido por Dios, según parece, este 

< Religioso comenzó á formar el proceso del martirio de este 
« Santo, pero ante un Juez secular. Mientras se seguía el pro- 
« ceso, habiendo reclamado las reliquias del mártir, como no se 
« recabase á ningún precio su rescate, piadosamente hurtó el 
« cuerpo, trasladándolo al Cuzco.» 

Muy honroso, sin duda, es para el Padre Pedro de Aguiar 
que tan ilustre escritor Agustino le haya dedicado á su memo- 
ria algunas frases. Mas bien poco le recomiendan aquel proceso 
seguido ante Jueces laicos, ni menos aquel su piadoso hurto, (i) 



(1) Herrera, c Alfabeto Agustino.» Tomo l.o, página 193. Existe en la Biblio- 
teca de este Convento de Santiago, un ejemplar de la expresada obra, anotar 
do por el Padre Diego Barrientos; es el original autógrafo y hasta hoy deseo - 
nocido é inédito, como casi todas las obras de ese -amigo y compaflero de^ 
Padre Luis de Torelli. 



^ 



238 CAPÍTULO XIX 



El Padre Pedro de Aguiar no figura sino por esta misión de 
Chile, según el Archivo del Perú; y según este Archivo, no ha 
existido tal Visitador y Vicario Provincial: el que figura coma 
tal desde 1623 á 1627 es el Padre Pedro del Espíritu Santo; 
el mismo, sin duda, porque aparte de la identidad de épocas y 
de oficios, el llamarse Aguiar indica su origen portugués y los 
Agustinos portugueses han acostumbrado cambiarse sus nom- 
bres de familia. Igual cosa debe creerse acerca del Padre Jeró- 
nimo de Paz. 

Mientras tanto, no deja de llamar la atención que para llevar 
á cabo una empresa tan arbitraria, como mayor contraste, se 
destinaran dos sujetos llamados Paz y Espíritu Santo. 

Del llamado Paz, apenas se puede decir que sea Jerónimo^ 
pues la inicial de su nombre, única cosa conocida, no da sufi- 
ciente motivo para poder afirmarlo; del Padre Aguiar, dice el 
Cronista del Perú que era «Religioso grave de ejemplar obser- 
vancia», pero con todo, á fuer de verídico narrador de los he- 
chos, su gobierno de Chile difiere en mucho de este con- 
cepto. 

6. En tal estado de cosas y de ánimos, en cumplirñiento fie 
los mandatos del Provincial del Perú á fines de Marzo de 1623, 
se celebró nuevo Capítulo Provincial presidido por el Padre Je- 
rónimo de Paz y con asistencia de todos los Vocales entre quie- 
nes ocupaba el primer lugar el Padre Visitador, Pedro del Es- 
píritu Santo. 

Diferente aspecto hubieran tomado los sucesos, en aquella 
ocasión, á no haber estado al frente de la Provincia de Chile un 
Religioso de tanta virtud y méritos, como el Padre Bartolomé 
de Montoro. En los momentos más difíciles y más azarosas cir- 
cunstancias, jamás perdió ni la calma, ni le abandonó la pruden- 
cia: la prudencia que busca medios para evitar el mal, hallándo- 
los siempre, bien sea para anular, ó debilitar su acción. 

7. Así sucedió que, por indicación del Padre Montoro, como 
otras veces, los Vocales eligeron Provincial al Visitador Padre 
Pedro del Espíritu, con la mayor calma y tranquilidad de toda 
la Provincia. 

El elegido, por su parte, dio muestras de estar muy confor- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 339 



me, tanto que al declarar su oficio, no escribe Vicario Provin- 
cial, sino que se titula Provincial y es el primero que hace uso 
del sello de Provincia: de aquel en que aparece la imagen de 
San Agustín orlada por este lema: «Salve Pater et Dux nos- 
ter. s 

Kste sólo detalle ya le deja ver pasado á la causa de Chile; 
al menos así le muestran las apariencias, más, en realidad, era 
sólo porque no faltan nunca quienes abracen todas las causas, 
mientras ven que les aprovecha á los intereses de su propia per- 
sona, 

8. Fueron elegidos Definidores en este Capítulo los Padres 
Bartolomé de Montoro, Luis de Chaves, Manuel de Mendoza y 
Andrés de Elossu; y Visitadores, los Padres Juan Ruiz y Juan 
de Zua^íola. 

Respecto á ios Priores de Conventos, sólo queda constancia 
de que lo fué entonces de la Casa Grande el Padre Baltazar 
Pérez de Espinosa. 

9. Unas de las primeras dilijencias del nuevo Provincial fue 
afirmar su elección ante el Provincial del Perú y cualesquiera 
Tribunales, según reza el Documento á que aquí se alude, y que 
deja traslucir alguna dificultad opuesta en Lima á la confirma 
ción de este último Capítulo. 

A fin de evitar á toda costa un nuevo percance, el Padre 
Pedro del Espíritu Santo otorgó poder cumplido al Padre 
Alonso de Aillón Hela para que se trasladase á Lima en carác- 
ter <de Procurador General de la Provincia de Chile, nombrado 
< por tal en el Capítulo que se hizo para elegir Provincial, Prio- 

* res y demás Oficios, para que pueda defender esta Provincia 

* (de Chile) ante el Muy Reverendo Padre Provincial del Perú y 

* otros cualesquiera Tribunales, en razón de la confirmación 

* del Capítulo Provincial hecho en esta Provincia.» (i) 

10. YA Convento de la Chimba, ó sea de San Juan de Saha- 
gún, que desde su fundación prestaba importantes servicios re- 
ligiosos, en aquel apartado barrio de Santiago, ahora, merced á 



{l\ Archivo Nacional, D. Corvalán, Vol 83. Fué otorgado el 2 de Octubra de 
Ítt28. Cuanta o después de tantos meses no so había obtenido aún la confirma^ 
cí6q, e» pruebR que hubo serias dificultades. 



i ^ 




240 CAPÍTULO XIX 



una donación del Capitán Cristóbal de Morales, amplió su local 
con un solar más de terreno, y dotó su modesta capilla con cier- 
tas obligaciones de misas, dando más esplendidez al culto di- 
vino. 

El Capitán Cristóbal de Morales, en el documento á que se 
hace aquí referencia, dice así: «Por cuanto yo tengo muy gran 
« devoción á la Orden del Señor San Agustín, y al Convento 
» de esta dicha ciudad, otorgo por esta presente carta que hago 
« gracia y donación pura, perfecta é irrevocable de un solar que 

« tengo y poseo en la Chimba de la otra parte del Río, en 

« el cual dicho solar al presente está edificada la capilla del se- 
« ñor San Juan de Sahagün. » 

Cuando en 1601 el Vicario Provincial Padre Pedro Duran 
fundaba este Convento, para comodidad de los Religiosos que 
venían del Perú, ó bien de los que de Santiago iban al vecino 
Puerto, compró en la Chimba un solar, construyendo allí una 
capilla á la cual alude en su donación el Capitán Morales y que 
estaba edificada sobre terrenos pertenecientes al devoto vecin- 
dario. 

Este defecto fué subsanado mediante la generosidad del Ca- 
pitán Morales, quien no contento con esto, instituyó una cape- 
llanía en honor de San Juan de Sahagún, dotándola con alguna 
generosidad. (2) 

1 1 . Pero, entre todos los sucesos que recuerdan el gobierno 
del Padre Pedro del Espíritu Santo ninguno ha adquirido más ce- 
lebridad, aunque triste, que la donación de don Pedro Flores Lis- 
perguer. Aquella dádiva de príncipes, como la llama Vicuña 
Mackenna y de la cual hablan todos los escritores nacionales, 
diciendo que á favor de ella los Agustinos de Chile pudieron, 
al fin, con el oro de los Lisperguer, adquirir la autonomía de su 
Provincia. 

El historiador Olivares parece haber sido el primero en ha- 
cer circular este rumor, que todos los demás han acogido, como 



(2) Archivo Nacional. Corvaláii. Vol. 88. 18 de Septiembre de 1024. La ca- 
pellania es de tres misas rezadas y una cantada; y la dotación, un capital de 
cerca de cuatrocientos pesos. 



■¡I' 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 24 1 

prueba incontestable de la protección de los Lisperguer á los 
Agustinos. 

Si el versado Padre Olivares hubiera podido sospechar el 
maligno alcance dado á esta especie no hubiera escrito lo si- 
guiente: «Pero lo que es más estimable, ej ser Provincia de Pa- 
dres Agustinos esta de Chile, lo debe á la liberalidad del Gene- 
« ral Don Pedro Rodulfo Lisperguer; porque habiendo conside- 
c rado maduramente los Padres de Chile, que el estar tan lejos 
« el cuerpo de la Provincia de la cabeza de ella era estorbo 
« para sus medras, y que ya había Conventos bastantes para 
« poder pasar á ser Provincia separada de la del Perú, acorda- 
« ron enviar Procurador á la Corte de Roma, á fin de negociar 

< esta separación, Y como faltase el dinero habilitó el General 

< Don Pedro Lisperguer al enviado y avivó la pretensión con 
« dos mil pesos.» (3) 

El lector que sabe ya cuanto han hecho de por sí los Agusti- 
nos de Chile en Lima, Madrid y Roma para obtener la indepen. 
cia de su Provincia, comprenderá que ésta al fin la obtuvieron 
merced á su esfuerzo de voluntad, que no les hizo reparar en 
género alguno de sacrificios, sin que en la empresa mediara 
para nada ni el oro, ni la influencia de la familia Lisperguer. 

El lectqr que ha visto desfilar delante de sí á todos los insig- 
nes bienhechores de los Agustinos, conoce ya á los Sáez de 
Mena, á los Lameros y Gallegos, á los Asme de Casanova, á 
los Alvarez de Luna; más no verá, ni conocerá jamás á un solo 
Lisperguer. 

Respecto á la famosa donación, á la dádiva de Príncipes, bue- 
no es oir lo que el mismo don Pedro de Lisperguer dice: «Por 
« cuanto hay pleito pendiente ante el muy Reverendo Padre 
« Fray Pedro del Espíritu Santo, Provincial de la Qrden de San 

« Agustin,,en razón de tres mil y noventa y cinco pesos que 

« el Padre Prior Fray Baltasar Pérez de Espinosa quitó al Padre 
« Definidor Fray Luis de Chaves, por decir eran suyos y los 



(3^ Olivares, Historia de Chile, Lib. IV, Cap. XXVI. Es curioso lo que 
agrega: que «se entabló ésta (la negociación) ante el Reverendísimo Senense». 
Es nada: hacia ya 24 años que era muerto, cuando ocurrían los sucesos que 
ahora se reñeren. 
16 . 



/ 




242 CAPÍTULO XIX 



* traía fuera de la caja del depósito; y ahora para obviar 

* pleitos se ha acordado se entregue la dicha plata 

•t y para que haya seguridad de ella se den fianzas abonadasí 
f en cuya conformidad otorga por esta presente carta dos mil y 

< quinientos y noventa y cinco pesos que luego que sea re- 

t querido los dará y pagará este otorgante, como fiador y prin- 

* cipal pagador del dicho Conventó.» (4) 

Tal es la historia de la famosa fianza de la familia Lisperguer 
escrita por dictado del mismo que tuvo la generosidad de ofre- 
cerla: don Pedro Rodulfo Lisperguer. Ahora bien no hay cons- 
tancia alguna de que se hiciera efectiva esta fianza; la sola rela- 
ción del Padre Olivares no es testimonio suficiente, pues en este 
caso adolece de toda clase de inexactitudes. 

Este solo incidente, por otra parte, basta para dejar ver la 
muy pequen^ personalidad del Padre Pedro del Espíritu Santo, 
al lado de la actitud enérgica y levantada del Padre Baltasar 
Pérez de Espinosa; mientras el Prior, con celo y resolución so- 
mete al cumplimiento de su deber á un culpable, el Provincial 
sale á su defensa y le ampara en la escandalosa retención en su 
poder de enorme suma de dinero. 

ICsta conducta en extremo desdorosa para la Provincia, forza- 
da á ser impasible ante la pérdida de sus intereses, por tener á 
su cabeza Prelados indignos de serlo, é impuestos contra todo 
derecho por la Provincia del Perú, avivó en esta ocasión el de- 
seo de la independencia. Y llegó á su colmo la exitación, habien- 
do á lo último el Padre Pedro de Aguiar, contra todos los cáno- 
nes de la Iglesia y constituciones de la Orden, procedido á la 
venta de las tierras de Aconcagua donadas á este Convento por 
Sát:z de Mena y García Ramón; y decretado la demolición del 
Convento allí erigido en 1604, como dice Olivares, «ó por no 
í tener fondos con que subsistir, ó por el motivo político de que 
' no se aumentasen tanto en Chile las casas religiosas, que bas- 

< tasen á formar nuevas Provincias distintas de la del Perú.» 



(ij Archivo Nacional. Corvalán. Vol. 88. 27 de Noviembre de 1624. Tales son 
\a£ frases principales del Documento. La cantidad es mayor pero se toman 
Io]$ húmeros redondos. 



J 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 245 

El Padre Aguiar por solo este hecho quedaba privado de sti 
Oficio, pues era evidente haber él incurrido en las penas y cen- 
suras fulminadas por Paulo 11 en su famosa Bula Ambitiose de: 
I. o de Marzo de 1468. El Vicario Provincial del Perú había st>' 
brepasado la medida de todos los errores y desaciertos. Un su- 
perior de esta clase era una afrenta para la Provincia. Y así lo 
sintieron todos los Religiosos, resolviendo obrar con energííi á 
la vez que con absoluta sujeción á lo últimamente establecido 
por el Padre General. 

12. Apenas transcurridos estos últimos sucesos, se reunier(*n 
los sujetos más caracterizados de la Provincia y trayendo á cuen- 
ta aquel artículo del Decreto del Reverendísimo Sant' Angelo en 
que dispone: «Que llegado que sea el día en que la Provincia de 
« Chile cuente con ocho Conventos y ochenta Religiosos, ese 
« misipo día es libre é independiente de la del Perú, sin que ^en 
« menester otra declaración;» todos estuvieron unánimes y con- 
formes en afirmar que ese día había llegado, y que la Provincia 
de Chile era ya libre e independiente. (5) 

En efecto, ya en 16 10 el personal de la Provincia exedía ef 
número de sesenta Religiosos (6); ahora bien, después de quince 
años^ este número debió con mucho de pasar de ochenta, que 
era el designado por el Reverendísimo Sant' Angela >en su De- 
Creto de 14 de Febrero de 161 8. 

Respecto á los Conventos, el número de ocho estaba ya cum - 
plido y perfecto, pues según orden de fundación, la Provincia 
tenia los siguientes: el de Santiago, el de la Serena, eldeÑunoa,, 
el de la Chimba, el de Curimón, el de Longotoma, el de Maule 
y el de Concepción. 

Este movimiento, preparado desde tiempo atrás, indudable- 



(6) El texto dice asi: «Quando tamen vos ad octuagenarium niimerum Fra- 
« tfum, vestraque monasteria ad octavum perveneritis, ex nuncprout exl lhic^ 

< novan et distinctam Provine iam vestram de Chile esse declaramus et inde- 
« pendentem á Provincia Peruntina et á qualibet alia, declarantes vos halio- 
« re omnia privilegia et auctoritatem, juiisdictionem et potestatem qntw 

< alúe Provinciee nostrse Beligionis habere solent.» Todo el decreto está en el 
Capítulo anterior. Beverendisimo Sant' Angelo. 14 de Febrero de 1618. 

(6) Los sesenta y ocho; qué en ese Capitulo se nombran, son únicamf^Titi^ 
los que aparecen en documentos; debian de ser muchos más en esa époctí. 



\ 



244 CAPITULO XIX 



mente tenía asegurado el éxito, mientras se contara con la ad- 
hesión del Padre Pedro del Espíritu Santo, quién, como queda 
dicho, se titulaba Provincial, usando del Oficio. 

Mas, si en un principio, los Agustinos chilenos pudieron pen- 
sar en liacer su primer Prior Provincial al Padre Pedro del Es- 
píritu Santo» después de los acontecimientos últimamente ocu* 
tridos, ahora llegado el momento de poner en ejecución aquella 
idea, siguiendo el parecer del Padre Bartolomé de Montoro, to- 
dos los Padres acordaron elegir Prior Provincial al Padre Andrés 
de Elossu. 

El Padre Pedro del Espíritu Santo, que hasta entonces había 
coadyuvado al movimiento separatista, al ver el distinto rumbo 
que tomaban los negocios, ya muy tarde quiso oponerse álo ya 
definitivamente acordado y resuelto. Y así en Julio de 1625 la 
Provincia de Chile, en ejecución del Decreto del General Sant'- 
Aniíelo, se declaró independiente y, en consecuencia, usando de 
todos sus derechos, eligió Prior Provincial al Padre Andrés de 
Kióssu y Carvajal. 

13. No quedan actas de estos Capítulos, pero los sucesos his- 
tóricos están garantidos por otros documentos auténticos del 
mismo valor, como son las actas del Capítulo intermedio cele- 
brado en 1630 y las del Capítulo Provincial, que tuvo lugar el 
arto de 1632, en las cuates existe el siguiente decreto, que ha- 
biendo obtenido la aprobación del Reverendísimo Padre Gene- 
ral, da á los actos anteriormente referidos toda la legalidad que 
exige ei derecho. 

En ambas actas se lee: "; Por cuanto, en esta Provincia, fué 

* pri vatio justa y canónicamente el Padre Fray Pedro del 
- Espíritu Santo del oficio tle Provinciaí, y electo Nuestro Padre 
^ Maestro Fray Andrés de Klossu, y después restituido con fuer- 
za y violencia el dicho Padre Fray Pedro del Espíritu Santo, 

-, por mandato de la Audiencia y mano de la Real Justicia, da- 

* mos por nula la dicha restitución, por iiabcr sido contra dere- 
cho, constitución, Bula de su Santidad y Patente de Nuestro 

V Padre General, en que fué incurso, y confirmamos la dicha 
*í elección del dicho Nuestro Padre Maestro I'>ay Andrés de 
^ Elossu, y declaramos haber sido canónicamente electo y que- 



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^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



24S 



< remos que, desde ahora para en todo tiempo, le tengan pur 
« uno de los Padres de esta Provincia, y goce de todas las excep- 
te ciones, lugar y preeminencias de que gozan por Constitucitjn 

< los demás Padres de Provincia.» (7) 

14. Al cabo de un año, en que la Provincia se vio gobernada, 
como tantas otras veces, por el Padre Bartolomé de Montoro, en 
tanto que, según parece, en Lima hacían su respectiva defensa t_-l 
Padre Andrés de Elossu y el Padre Pedro del Espíritu Santo, al 
fin se dictó la sentencia de que éste fuese restituido en su oficio, 
volviendo en consecuencia á Santiago á terminar su gobierno. 

No era difícil prever semejante resolución del Provincial del 
Perú en la inteligencia del citado artículo del decreto del Padre 
General Sant' Angelo; siendo cláusula favorable á la indepen- 
dencia de la Provincia de Chile, por fuerza habia de ser ilusoria. 
Asi sucedió que en virtud de la sentencia del provincial del Pe- 
rú auxiliada por la Real Audiencia, reasumió otra vez el mandu 
el Padre Pedro dej Espíritu Santo. 

1 5 . Comprendieron con esto los Agustinos de Chile que se* 
rian inútiles todas las tentativas y vanos todos sus esfuerzos, 
mientras no se recabase de la Santa Sede una Bula que crease 
libre é independiente esta su Provincia, pues la sola autoridad 
del Padre General no era suficienterñente respetada. 

Se resolvió por tanto mandar á Madrid y á Roma, como Pro- 
curador General de la Provincia de Chile, al Padre Baltasar Pé- 
rez de Espinosa, con encargo de obviar toda dificultad que se 
presentase en el desempeño de aquella su misión, ya fuese ante 
el Rey, ante el General de la Orden y, sobre todo, ante Su San- 
tidad. 

Cuan prudente fuese esta medida bien lo declararon los suce- 
sos posteriores, pues la Provincia del Perú, no contenta ya con 
exceder las concesiones que hasta entonces le hiciera el Padre 
Sant* Angelo, había ya recabado de su sucesor un Decreto 
que tendía á perpetuar aquel estado, restringiendo á la Provincia 
de Chile la representación que antes tenía en los Capítulos de 



1 



(7) Archivo de Provincia. Lib. primero de Prov. Actas capitulares de Itao 
y 1682. 



L 




246 CAPÍTULO XIX 



Lima, reduciéndole á tres años solamente el período de sus go- 
biernos, y borrando para siempre la cláusula aquella que dejaba 
una esperanza siquiera, aunque remota, de llegar algún día su 
independencia y libertad. 

Este solo hecho declara la norma de conducta de los Provin- 
ciales del Perú: cuando oprimían á la Provincia de Chile, desco- 
nociéndole todas sus prerrogativas, y anulándole todos sus dere- 
chos, solicitaban entre tanto la revocación de aquellos Decretos 
que la misma autoridad dictara en favor de esta Provincia. 

1 6. Pero, no obstante, estos contratiempos, nuevas y extraor- 
dinarias vocaciones venían no sólo á aumentar el número de Re- 
ligiosos, sino á formar una Corporación la más seria y respeta- 
ble. El 30 de Diciembre de 1623 profesaba el Padre Ascencio 
Méndez y Barros, que en el Registro de la Provincia figura con 
el nombre de Ascencio de Flor de Rosa. En la solicitud que pa- 
ra ello elevó dice: «Soy natural de la ciudad de la Trinidad, 
« Puerto de Buenos Aires, de la Provincia del Rio de la Plata y 
« digo que deseoso de mi salvación y movido por la misericor- 
« dia de Dios y de su divino espíritu, quiero ser Religioso y pos- 
« trarme á los pies de Vuestra paternidad, con suma humildad 
« para pedirle el hábito.» Y este fervor, que desde luego se no- 
ta en este escrito, perseveró hasta lo último en este benemé- 
rito Religioso. Era hijo del Capitán Manuel Méndez y de doña 
Úrsula Barros, quiénes, según testimonio del Capitán Juan Ortiz, 
« era gente honrada y principal»; y su hijo: «muchacho virtuoso, 
« hábil y aplicado á los estudios y cosas eclesiásticas y del cul- 
« to divino.» 

Ese mismo año profesaba el Padre Juan de Zapata cuyo solo 
nombre recuerda á las primeras familias de la Colonia y más 
ilustres bienhechores de este Convento; y el Padre Bartolomé 
de Vega y Vivancos, hijo de Jerónimo de Vega y de doña Fran- 
cisca de Vivancos, al decir de los informantes «gente noble y 

« estimada, naturales de Medina del Campo, en España»; 

« honrados y nobles, caballeros calificados y con dos mil pesos 

«de renta»; «habidos y tenidos en muy buena reputa- 

« ción.» 

Parece que el Señor complacido de la obra de los nuestros les 




■w- 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



247 



mandaba cooperadores de todas partes. El 4 de Octubre de 1630 
hacía en este Convento de Santiago su profesión el Padre Al- 
berto de Manfla y Diaz de Ocampo; y, como el mismo lo dice en 
una presentación, que tengo á la vista, «mi padre Martín de 
« Manfla, es natural de Huelva, en los reinos de España; y mi 
« madre, doña Brianda Díaz de Ocampo, de la ciudad de Méxi- 
« co. » Y esta variedad de matices y de nacionalidades no sola* 
mente es el distintivo propio de la Orden Agustina en estos 
tiempos, sino también el vivo reflejo de la sociedad chilena de 
entonces. (8) 



(8) Archivo de Provincia. «Libro primero de atestados» en sus respectivoíí 
afios. 



i 



\ 




r 





Capítulo XX 

Quinto Capítulo ProTineial 

Gobierno del Padre Alonso de Almeida 

1627-1629 



* El Decreto del General Jerónimo de Ghettis, de 6 de Enero de 1626.— 2. 
Viene á egecutarlo en Chile el Padre Alonso de Almeida.— 3. Se celebra el 
quinto Capitulo Provincial. — 4. Es elegido Provincial el Padre Alpnso de 
Almeida. — 5. Se eligen Definidores, Priores y demás Oficiales. —6. Se fun- 
íin ül Convento de Valparaíso mediante la donación del Capitán Jerónimo 
Giirc'ÍR y Corvalán.— 7. El Capitán Juan Alvarez de Luna, insigne bienhe' 
char i]e la Provincia, le hace donación de cinco haciendas en Talca.— 8. £1 
Gobernador, Don Luis Fernández de Córdoba, le hace merced de todas la¿$ 
tierra.s comprendidas entre los rios Claro y Lircay.— 9. Se demuele el pri- 
mitivo Convento de Talca y se enajenan algunas propiedades. 



I, Mientras la Provincia de Chile, no sin supremos esfuerzos, 
hacía respetar la autonomía que le dejara el decreto del Reve- 
rendísimo Sant' Angelo, la Provincia del Perú recababa de su Su- 
cesor, el Padre Jerónimo de Ghettis, otro decreto que venía á 
perpetuar para siempre aquel régimen tan extraño, como anor- 
mal, arrebatando toda esperanza de libertad para lo porvenir. 

El Padre Sant'Angelo había dispuesto que el Vicario Provin- 
cial de Chile y uno de sus definidores tuvieran voto en sus Ca- 
pítulos Provinciales del Perú; esta concesión pareció excesiva á 
los Padres Peruanos; pidieron se derogase; y lo alcanzaron; en 
adelante votarían tan sólo los Vicarios Provinciales; por consi- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 249 

guiente jamás ningún chileno dejaría oir su voz en aquellas 
asambleas. 

El Padre Sant' Angelo había permitido á nuestra Provincia go- 
bernarse por cuatrienios, en razón de su distancia de Roma; 
mas, como en adelante sería gobernada por los Provinciales de 
Lima, pidieron éstos que el gobierno de la Povincia de Chile 
fuese por trienios y no por cuatrienios; y lo obtuvieron, porque, 
en realidad, el Provincial de Lima venía á ser el General de la 
Orden para los Agustinos chilenos. 

El Padre Sant' Angelo concedió para la Provincia de Chile 
elegir cuatro Definidores y dos Visitadores; esto era demasiado 
en concepto de los Provinciales del Perú; pidieron derogación 
de esta ley; y les fué concedido que en adelante no se eligiesen 
aquí Visitadores, sino tan sólo dos Definidores. 

El Padre Sant' Angelo, finalmente había dejado tránsito libre 
á los Religiosos del Perú para pasar á Chile, pues asi más pron- 
to esta Provincia formaría su personal y se constituiría indepen- 
diente; para que esto no pudiese tener lugar, se pidió que á 
ninguno le fuese permitido venir á Chile sino por llamado de su 
Vicario Provincial; y se obtuvo esta gracia, porque el General 
estaba dispuesto á conceder cuanto se le pidiera. 

Y todas estas concesiones, que jamás se habían visto, agre- 
gadas á una perfecta revocación de las pocas prerrogativas que 
le quedaban á la Provincia de Chile: he aquí en sus puntos prin- 
cipales el Decreto del Reverendísimo Ghettis, de 5 de Enero 
de 1625. 

Contrista verdaderamente ver la obra de los Provinciales del 
Perú; y más todavía al saber que este Decreto fué arrancado 
por sorpresa; pues no se explica de otro modo que el mismo 
General Jerónimo de Ghettis, en 22 de Mayo de 1627, conocien- 
do ya la verdad de los hechos, separó definitivamente la Pro- 
vincia de Chile de la del Perú, sin dar oidos á absurdas preten- 
siones, ni reclamos. 

El Reverendísimo Padre Jerónimo de Ghettis es uno de los 
Generales de la Orden más notables; su saber y su piedad le hi- 
cieron acreedor á un monumento erigido en su honor y que to- 
davía se vé en San Agustín de Roma; fué tenido en sumo apre- 




2 so CAPÍTULO XX 



CÍO y veneración por el Papa Urbano VIII, quien decía á los 
Agustinos de entonces: Tenéis por General á un santo; y las 
[Huchas obras que escribió acreditan que el Padre Ghettis no 
solo era un santo, sino también era todo un sabio. 

Mas nada de esto valía cuando estaban de por medio la as- 
tucia y la intriga hábilmente manejadas, para hacer de la Pro- 
vincia de Chile, la más apartada del mundo, tributaria para siem- 
pre del Perú. El texto de este famoso Decreto de 5 de Enero 
de J625 es el siguiente: 

eUniversíE Augustinianae Reipublicae cura, amorque erga 
í Provinciam Peruntinam noster prope singularis efficit, ut de 

< ejus, Provinciaeque nostrse de Chile commodis, tranquillitate, 
« pace et bono gubernio saepe cogitemus. Quare nostris parti- 
« bius satisfacere volentes devenimus et mandamus:» 

* Primo est in Capítulo Provinciali Provincise Peruntiniae so- 
« lüm Pater Vicarius Provincialis Praovinciae de Chile vocem 
fi habeat, et nuUo modo eligantur ad suííragandum in praefato 
fl Capítulo Definitor et Discretus.» 

'^Secundo determinamus quod dicta Provincia de Chile mane- 
t at et existat sub potestate et auctoritate Patris Provincialis 
« Peruntini, ipseque sit Superior prout hucusque extitit, volen- 
% tes ramen ut quando fuerit necesitas mittendi ad Regnum de 

* Chile Visitatorem, Pater Provincialis Peruntinus (cum ipse 
« Kabeat collectas a Conventibus de Chile) suis expensis et aere 
í mittat, nullam sapra collectam illis pro hac re imponendo.» 

«Tertio celebrabitur in Regno de Chile Capitulum pro ele- 
« ctiune Vicarii Provincialis de triennio in triennium, eligendo 

< Vicarium Provincialem, dúos tantum Definitores et non plures, 
« Priores et alios Officiales, minime auten Visitatores, cum in 

* dicto Regno tria tantum existant monasteria.» 

'itjuarto quando Pater Vicarius Provincialis visitabit mona- 
^ steria Regni de Chile, nullam novam collectam imponere vale- 

* bit, sed de sua ordinaria, expensisque cibariis, ube manebit, 

* contentus erit.» 

«Quinto nostros Religiosos ad dictum Regnum de Chile mit- 
« ti minime posse, nisi Pater Vicarius Provincialitis et Patres 

* Definitorii de Chile postulaverint. » 



.J 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 25 1 



(1) Archivo Greneral. Roma. Rmi. Ghettis, B de Enero de 1626. Se omiten 
el encabezamiento y el final que contienen las penas canc^icas de estilo, 

(2) Archivo de Prov. Lib. Primero de Prov. Actas Capitulares de 1641. 



I 



«Et ita dicimus et mandamus, etc.» (i) 

Dificilmente podían acumularse en un mismo Decreto más y 
más duros preceptos, y que en lo más vivo hiriesen á la Provin- 
cia de Chile; por ello y por ser arduo su cumplimiento, á fin de 
facilitarlo, se fulminaron todas las penas canónicas contra cuan-, 
tos se atreviesen á quebrantarlos. 

2. Recibido este Decreto en Lta|a, inmediatamente el Provin- 
cial lo puso en egecución, mandando á Chile, en calidad de Vi- 
sitador, al Padre Alonso de Almeida quien, no puede haber lle- 
gado á Santiago sino á fines del año de 1626. 

No era desconocido este Visitador, pues el año de 1610 ya 
estaba en el Convento de Santiago, y tenía á su cargo la repre- 
sentación de sus intereses. Fué Religioso muy estimado en 
Chile, y muy acepto en esta Provincia, en la cual después se 
incorporó, siendo encomiados sus servicios en Actas Provincia- 
les, honor rara vez discernido y por méritos azás revelantes y 
singulares. 

Así en las Actas Capitulares del año 1641 se lee: «Porcuan- 
^ to Nuestro Padre Maestro Fray Alonso de Almeida ha sido Vi- - 
« sitador General de esta Provincia y Provincial de ella; y ha 
■^ cuarenta años que es Religioso; y treinta y uno que predica 
3! la palabra divina, con grandísima aceptación y concurso de 
< los pueblos; y veinte que es Calificador del Santo Oficio, por 
^ la Suprema; y diez y ocho que, con licencia de Nuestro Re- 
« verendísimo Padre General, se graduó de Maestro en Santa . 1 

« Teología por la Universidad de Ávila; por tanto le señala- ¡! 

« mos y proponemos á Nuestro Reverendísimo Padre General ' 

« por Maestro de Provincia.» (2) i| 

Tales eran los méritos del Padre Alonso de Almeida y que 
le hicieron digno de ser el último Visitador venido del Perú y 
Vicario Provincial de Chile, terminando con él los treinta y cua- 
tro años que estuvo sometida á extraños Provinciales. 

3. No existen las Actas del Capítulo Provincial celebrado en 




252 CAPÍTULO XX 



esta ocasión, mas á juzgar por la costumbre inalterable en 
esta materia, debió haber tenido lugar su reunión el 3 1 de Ene- 
ro de 1627, en perfecta calma y tranquilidad de todos los Re- 
ligiosos. 

El mismo terrible Decreto que entonces fué notificado á la 
Provincia, según dice el Padre Torres «recibióse sin contradic- 
« ción y ejecutóse»; de manojo que terminaron los cuatrienios, 
las elecciones de Visitadores y las colectas de Provincias; y co- 
menzó el gobierno más absorbente y arbitrario de parte de la 
Provincia del Perú. Nunca creyó más firme su gobierno en 
Chile; y, sin embargo, el trienio que principiaba fué demasiado 
largo para que el mismo Reverendísimo Ghettis no lo hiciera 
terminar antes. 

4. Según acuerdo tomado desde el comienzo, el Visitador, 
es decir, el Padre Alonso de Almeida, resultó elegido Vicario 
Provincial; y fué en extremo celoso de las prerrogativas de su 
Oficio, de suerte que fenecida la causa del Perú en Chile, toda- 
vía hubo más de un obstáculo en la susceptibilidad de aquella 
.su persona, que si bien amaba á esta Provincia, más amaba la 
dignidad de ser su Prelado. 

5. Según estudios de extraños documentos, uno de los dos 
Definidores que debían elegirse, fué el Padre Andrés de Mora- 
les y el otro, el Padre Pedro del Espíritu Santo. 

Entre los Priores figuran: de Santiago, el Padre Pedro del 
Espíritu Santo; de la Ribera del Maule, el Padre Bernardo de 
Toro Mazóte. 

6. Muy notables acontecimientos ilustraron este gobierno, 
uno de los más breves, pero fecundo en prósperos sucesos, en- 
tre los cuales bien puede figurar la fundación del Convento de 
Valparaiso, el que más vicisitudes ha pa.sado, durante la vida 
de la Provincia. 

Siendo una imperiosa necesidad para la Orden tener allí un 
Convento, por estar los Religiosos en continuos viajes al Perú, 
se extrañará que Valparaiso sea de las últimas fundaciones de 
los Agustinos en Chile; y ello tan sólo se explica por el deplo- 
rable estado á que estaba reducido el famoso puerto de nues- 
tros dias. 



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F( , ' "« -^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 253 

Tan poca cosa era entonces Valparaíso, que pidiendo licen. 
cia los Agustinos para hacer esta fundación el Obispo la dene- 
gó, diciendo: «Por no ser necesario que en el dicho puerto haya 
« más Iglesia que la Parroquial; . por no haber más gente en él, 
« que el Cura y un hombre casado.» (3) 

Demasiadamente apasionado debía ser este informe del señor 
Salcedo, pues no es de suponer siquiera tanta despoblación en 
un lugar tan frecuentado por viajeros y comerciantes. De todos 
modos, ya el 27 de Enero de 1627, los Agustinos tomaban po- 
sesión de un terreno que generosamente les ofrecieron el Capi- 
tán Juan Rodrigo de Guzmán y su mujer Doña María Hernán- 
dez, juntamente con los vecinos Nicolás Octavio y Diego de 
Ulloa. 

Todos ellos, á una voz dijeron: «Que por cuanto nosotros te- 
« nemos muy grande dev^oción* al Glorioso y Bienaventurado 
« San Agustín, mediante lo cual hemos declarado que se funde 

« en este puerto un Convento de dicha Orden para este 

« efecto, otorgamos por la presente carta de común acuerdo y 
« conformidad que hacemos gracia y donación... al Convento y 
«Religiosos de dicha Orden del Señor San Agustín de un pe- 
« dazo de tierra que habemos y tenemos en este puerto, á mo- 
« do de isla, hasta lindar con la casa que ahora tiene hecha el 
^ Padre García Hernández de Cáceres, en la cantidad que á 
« bien tuviere, para que en dicho pedazo de tierra se funde el 
> dicho Convento y haya Iglesia, la cual se ha de intitular 
K Nuestra Señora de Regla y San Nicolás de Tolentino del 
« Puerto.» (4) 

Estos generosos fundadores, que no ponían más terminó á su 
donación, que los que tuvieran á bien los Agustinos, más lar- 
gos todavía se mostraron en lo referente á una institución de 
una Capellanía, porque convinieron en que todo ello después se 
concertase. 

Y sin contar con mayores comodidades, desde luego el Padre 
Alonso de Aillón Bela fijó su residencia en Valparaiso, en com- 



I 



Í3j Palabras del señor Salcedo en su recurso ¿ la Real Audiencia pidiendo 
«e demuela este Convento. En 1628. Archivo de Indias. España. 
(4) Archivo de Provincia, Lib. Conv. de Valp. 1627-1871. 



f 



"^ 



254 CAPÍTULO XX 



pañía de otro Religioso, á fin de dar impulso á aquella obra 
encomendada, más que todo, á su celo y discresión. 

No habían pasado diez meses y un personaje de los más ca- 
racterizados de Santiago, el Capitán Domingo García y Corva- 
lán, Escribano de Su Majestad, y uno de los primeros bienhe- 
chores del Convento de San Agustín, se presentó ante el Padre 
Alonso de Almeida con una propuesta que vino á dar cima y 
el más feliz término á aquella tan sólo proyectada fundación. 

Era el 23 de Octubre de 1627 y, como reza el documento, 
«estando en el Convento del Señor San Agustín habiéndo- 

* se juntado los Religiosos de la dicha Orden el Padre Ma- 

« estro Fray Alonso de Almeida, Provincial, les propuso: como 

* el Capitán Domingo García Corvalán, en esta tarde, como 
« Bienhechor de la Casa, ha tratado de que quiere dar á dicho 
í Convento una quebrada que tiene en el puerto de Valparaíso, 
" con el edificio que en ella está y con todo lo demás que le 
« pertenece por los títulos que tiene de ella.» (5) 

No era difícil prestar su consentimiento á una proposición tan 
ventajosa para la fundación del Convento de Valparaíso y así, 
según en la misma carta se lee: «los Padres unánimes y confor- 
•i mes, por sí y por los Religiosos ausentes y por los que en ade- 

* lante lo fueren, lo aceptaron según y como va decla- 

* rado.» 

7. Por demás complacido debería de estar el Padre Almeida 
del giro que comenzaban á tomar los negocios de la Provincia; 
y más que todos el Padre Alonso de Aillón Bela, pues, sin duda, 
que la fundación del Convento de Valparaíso á su diligencia de- 
be de atribuirse, no menos que á su celo de ejemplar reli- 
gioso. 

No le iba en zaga el Prior del Convento de la Ribera del 
Maule, el Padre Bernardo de Toro Mazóte, formado también en 
el mismo espíritu del Padre Montoro, quien llenó esta Provincia 
de Chile de un personal capaz é inteligente, que la gobernó por 
espacio de casi todo este siglo. 



(5) Archivo Nacional. Antonio de Bocanegra. Yol. 98^ La capellanía que 
instituye es de cuatro misas rezadas y una cantada el 28 de Octubre de 
Hi27. 



J 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



255 



En efecto, el Padre Bernardo de Toro Mazóte al frente de 
aquella su pequeña Comunidad, compuesta de los Padres An- 
drés de Elossu, Juan de Castañeda, Juan de Zapata y Martín 
Vicuña á pesar de los esfuerzos que hacia por abrir un campo 
en que ejercer el sagrado ministerio, todo era infructuoso en 
aquella soledad de Pichingueleu. 

El Padre Andrés de Elossu, su compañero, de quien dice el 
Padre Olivares, que tenía la elocuencia de un Crisóstomo y el 
celo de un Elias, y que mejor estaría predicando en Santiago, 
que no entre los indios de Ipinguleo, á donde le llevó probable- 
mente su pasada elección de Provincial, siendo el Agustino chi 
leño que más se distinguía por sus virtudes y sus letras, al reco- 
rrer en giras apostólicas aquellos valles, llamados entonces de 
la Ribera del Maule y hoy de Talca, los más ricos estancieros 
de aquella región quedaron prendados de los talentos de este 
ilustre Religioso y hechos amigos y devotos de la Orden. 

Así el Padre Andrés de Elossu devolvió á la Comunidad en 
prestigio lo que sus hermanos del Perú le habían arrebatado 
con falta de razón y justicia, tanto en orden á su persona, cuan- 
to á su Provincia, en la que siempre será tenido como el primer 
chileno que la gobernara. 

A él debe atribuirse el súbito engrandecimiento y prosperi- 
dad que durante su estadía en Talca, rodeó al más pobre y hu- 
milde Convento de Pinchingueleu, de repente convertido en due- 
ño y propietario de casi toda aquella dilatada y fértil Pro- 
vincia. 

Era el más rico estanciero de aquella región el Capitán Juan 
Alvarez de Luna, uno de los viejos soldados venidos a Chile. 
Fué Arauco el primer teatro de su valor y de sus riquezas. En 
la época de la general rebelión de los Indios, Alvarez de Luna 
ya descuella como Alcalde, en la defensa de Angol, ya como 
el más acaudalado y de más recursos, en aquellas vastísimas 
regiones. Los reveses entonces experimentados le trajeron á los 
valles regados por el Claro y el Lircay, de los cuales llegó a 
posesionarse mediante amplísimas mercedes otorgadas por los 
Gobernadores, que lo hicieron dueño de aquellas tierras tan fe- 
races. 



J 




256 CAPÍTULO XX 



Venidos que fueron los Agustinos á ellas, el Capitán Juan Al- 
varez de Luna, á fuer de cristiano é hidalgo, se constituyó en 
su más generoso bienhechor, debiéndose de contar entre los 
más insignes que jamás haya tenido esta Provincia de Chile. 
Circunstancias tal vez extraordinarias en la vida del Capitán 
vincularon su fe y devoción á San Agustín y á su Orden; y más 
todavía el tener ante sus ojos Religiosos de prendas eminentes 
como los Padres Bernardo de Toro Mazóte y Andrés de 
Elossu. 

Apenábasele el corazón á aquel viejo soldado, y fervoroso 
cristiano, y rico estanciero al ver á cinco sacerdotes hacer vida 
de Religión, dentro de un rancho, allá en las soledades ribere- 
ñas del Lontué, en cjonde, como decía el Padre Bernardo de 
Toro Mazóte, «se padecían notables trabajos, porque el invier- 
ne no está tan húmedo, por ser todo el lugar una ciénaga, que 
« caen enfermos todos los Religiosos y andan tullidos: y en 
« tiempo de verano tal suele ser la sequía, que este año ha sido 
« necesario ir los Religiosos por el agua media legua del Con- 
« vento.» 

En consecuencia quiso el Capitán Alvarez de Luna remediar 
las necesidades de aquellos Religiosos, y resolvió hacerlo con 
toda la generosidad é hidalguía de que es capaz un español, y 
un caballero: de una vez les hizo donación de cinco haciendas, 
con sus casas, sus viñas y sus ganados, sin exigir de los Agus- 
tinos más que el recuerdo que hicieran de él en los altares. 

Merece ser leído un documento de esta clase; dice así: «En el 
« asiento y estancia de San Francisco de Panqueco, en 19 días 
« del mes de Mayo de 1628 años,... digo yo el Capitán Juan Al- 
« varez de Luna, residente en dicha estancia de Panqueco, par- 
« tido del Maule; que porque el Convento del glorioso Padre 
« San Agustín, antes de ahora, estando en la ribera del Maule, 
« me ha nombrado su Patrón, y de nuevo me vuelve á nom- 
« brar, y por una capellanía que impongo y por la asistencia y 
« buenas obras que he recibido del dicho Convento en mi 
» enfermedad, y por los Religiosos de él, y por el amor 
« y devoción que tengo á los Religiosos y Convento del 
« Señor San Agustin, por tanto de mi propia, libre y espontá- 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 257 

€ nea voluntad, sin apremio, ni fuerza, ni inducimiento alguno, 
€ y sin condición, más de por las susodichas, hago gracia y do- 
« nación, pura, perfecta, irrevocable, que se dice entre vivos, 
« al dicho Convento de San Agust/n de la Ribera del Maule, 
« de las cosas siguientes: esta estancia de San Francisco de 
« Panqueco; la estancia de Pencahue; otra que está más arriba 
« cuyo nombre está en los títulos que entregaré; otra estancia 
« llamada Guiñan Maguida; y la estancia de Panco; con decla- 
« ración que venga el dicho Convento del Señor San Agustín 
« de la Ribera del Maule y, por el dicho Prior y Religiosos del 
« dicho Convento, tome posesión de las dichas tierras, para 
< que desde ahora para siempre jamás las haya y tenga como 
« ahora las yo tengo y me pertenecen.» (6) 

Y como si fuera todavía poco esto, el Capitán Juan Alvarez 
de Luna, el 28 de Septiembre de 1628, confirmó y ratificó en 
Santiago rodos los títulos anteriormente expresados, á fin de 
que nadie pudiese alguna vez disputarle al Convento sus dere- 
chos de propiedad. Y entonces, se verificó la traslación del 
Convento de la Ribera del Maule á San Francisco de Panque- 
co, lugar más aproximado al que hoy ocupa en Talca. (7) 

8. A esta donación que justamente puede calificarse de enor- 
me, se agregó otra hecha al mismo Convento de Talca, en for- 
ma de merced, por el Gobernador de Chile, Don Luis Fernán- 
dez de Córdoba y Arce. 

El Padre Alonso de Almeida, á fin de unir las diversas pro- 
piedades del Convento, en aquel mismo valle, y fijarles unos lí- 
mites más conocidos y naturales, juntamente con presentar á) 
Don Luis Fernández de Córdoba y Arce los títulos de la dona- 
ción hecha por el Capitán Alvarez de Luna, hizo petición de 



(6) Tal es ea sus partes principales est« documento. Fué otorgado ante 
D. J. Corvalán, en Septiembre de 1628. Archivo Nacional. La capellanía fué 
de una misa rezada todos los sábados y cuatro cantadas, más dos rezadas -en 
di£|^ determinados. 

(7; El nombre de Ribera del Maule era tomado de la Provincia, asi llama- 
da, no propiamente del mismo rio, que siempre estuvo muy distante del Con- 
vento . 

17 



i 



% 




258 CAPÍTULO XX 



f i una merced de tierras fabulosa, pues, según dice el documento 

^; , era «de todas las que hubiere entre los dos ríos Claros.» 

f . Como ya aquel Convento poseía las tierras de más valor é 

l:; importancia encerradas entre los dos ríos Claro y Lircay, no 

I tuvo inconveniente el Gobernador en conceder aquella merced 

í que se le pedía; y la otorgó en Concepción el 8 de Junio de 

1628. 

I Es notable, no menos que el anterior, este documento, y en 

^ él Don Luis Fernández de Córdoba y Arce dice: «Y por mi 

í. « visto el dicho pedimento y dicha dejación, que por ella cons- 

P « ta lo referido, por la presente, en nombre de Su Majestad, y 

i « como su Gobernador y Capitán General, y en virtud de sus 

I « reales poderes, hago merced al dicho Convento del Señor 

« San Agustín de las dichas demasías de tierra arriba declara- 
« das y debajo de los linderos suso referidos, entre los dos di- 
* « chos ríos Claros, estando vacas y sin perjuicio de tercero, que 

i -, « algún derecho tenga á las dichas demasías de tierras de los 

\ * « Indios y Reducciones, con sus entradas y salidas, usos y cos- 

r « tumbres, derechos y servidumbres, sus aguas, montes y ver- 

? « tientes, en provecho y utilidad del dicho Convento.» (8) 

La magnífica donacióp del Capitán Juan Alvarez de Luna, y 
;• la no menos magnífica merced hecha por Don Luis Fernández 

í de Córdoba y Arce, hoy día tan sólo se conservan en la parte 

última y extrema, en que esos valles vienen á internarse entre 
las cumbres de los Andes, é inmensas fragosidades de sus mon- 
tañas. 
' Menos de tres siglos han .bastado para ir reduciendo insensi- 

blemente aquella propiedad, demasiado vasta para que el Con- 
vento se atreviese á explotarla, pero ni siquiera guardarla de la 
invasión de otros pretendidos dueños. Así fué que llegado el 
tiempo de verificar los anteriores títulos, á fines de este siglo, 
suscitóse la más larga y engorrosa contienda que duró no po- 
cas decenas de años. 



(8} Archivo de Provincia, Lib. Juicios 1690-1781. No existe el original, sino 
copia autorizada. La palabra dt^aeián significa estar sin dueño aquellas tie^ 
rra.s. Aqiii se transcribe la parte principal del documento. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 259 ^ 

. — . ^1 

9. Pero no ciertamente fueron así tan faustos los demás aa^n- 1 

tecimientos del gobierno del Padre Almeida, quien ante todo " j 

estuvo siempre al servicio de la idea aquella de anexar, cada | 

vez más, la Provincia de Chile á la del Perú y quitar, de enme- 1 

dio, todo lo que pudiera ser elemento separatista. 'j 

Con esta intención, casi despobló el Convento Principal de 
Santiago, repartiendo en las Provincias los Religiosos Chilenos 

más eminentes, en virtud y en letras, no sin beneficio al fin de . 

los intereses de la Orden, prosperando y engrandeciéndose, á la \ 

vez, todas sus casas, mediante el común esfuerzo de un personal ^ 

tan escogido y numeroso. -i 

El otro obstáculo que le presentaba el número de Conventos : 

trató de hacerlo desaparecer para el logro de sus propósitos. Ai' 
presente los Agustinos Chilenos tenían lleno el número prescri- 
to por la Patente del General Sant'Angelo: pues bien, el Padre 
Alonso de Almeida procedió no solamente á demoler él antiguo 
Convento de la Ribera del Maule, sino también á Vender no po- 
cas estancias, que aunque de menos valor que las últimamente 
adqui/'idas, en ellas, sin embargo, al principio, se hicieron las. 
fundaciones primitivas. En este tiempo fué enajenada la hacien- 
da de Pichingueleu á titulo tal vez de la pretendida concentración- 
de todas las propiedades dentro de los límites de los ríos Claro 
y Lircay. Empero, p"asados muy pocos años, el Convento de 
Santiago recobró aquellas tierras de su comprador, el Teniente 
Juan Alvarez de Guarida. 



-HH- 



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T^'i»"^r;**'*'*"*í"^rrTír^s^ 



Capítulo XXI 



El Pudre Baltasar Pére^ de Espinosa recaba de la Santa Sede 

} del Oeiieral U autonomía de esta ProYÍncia 

1626—1129 

1. VA Piulre Baltasar Pére^ fie Espinosa en Madrid y Boma. — 2. Recaba del 
lieverendisLtüo Padt* GenerRl Jerónimo de Ghettis la separación absoluta 
dtí hi Provijicia de Chile de la del Perú. — 8. Texto de dicha Patente. — 4. 
El Rcíveri-iKltóiiiirí ífhettia uonibra el Primer Prior Provincial y concede va- 
riotí piivilegioN íi la Provincin — 5. Texto de esta segunda Patente.— 6. Con- 
%;iu\(* lo.'í cuHtro primeros Magisterios del número.— 7. Bu!a de Su Saatidad 
yl Papa 1 1' rita no VIH en que se digna confirmar todo lo anterior. 

1. Menos de tres años de viajes y continuas diligencias bas- 
taron al Padre Balta.sar Pérez de Espinosa para dar cima á la 
ardua empresa, que vimos le habia encomendado la Provincia, 
para el logro de su definitiva independencia. El brillante resul- 
tado de sus demandas, en Madrid y Roma, nos manifiestan bas- 
tantemente la benévola acogida que le dispensaron Su Santidad, 
el Rey de Esparta y el General de la Orden. Tan prendado de 
las dotes del Padre Baltasar Pérez de Espinosa quedó el Reve- 
rendísimo Jerónimo de Gliettis, que le colmó de honor.es y dis- 
tinciones: á más de nombrarlo Prior Provincial de la Orden, en 
Chile, le concedió el goce de ciertas regalías propias sólo de 
Prelados de alto linaje, (i) 



II) El *¿A de Junio de 1027, le decía el General: cRatione calorum et infrac- 
t t«*saJuTi.s conceflítur tibi quod possis aliquantulum manare in domibus tuo- 
% niiii jiartiíLtum nobiüuin Mairiti el Toleti, et quod ibidem possis, ut faci- 
>■ üits t« ovpedias, mulatii equitare.» El que pudiese residir en la noble casa 
de 2ítt f&iEiilin, ftsi en Madrid como en Toledo, y no en Conventos; y el que le 
f tioae ootuM^dido cabalgar en muía, eran exenciones muy extraordinarias. 






HISTORIA DE TOS AGUSTINOS EN CHILE 



261 



Mas, no solamente la noble y distinguida persona del Padre 
Baltasar Pérez de Espinosa se imponían, sino también para ase- 
gurar más el éxito de su misión, llevó consigo cartas así públi- 
cas, como privadas del Ilustrísimo Obispo de Santiago, de los 
dos cabildos, eclesiástico y secular y de la Real Audiencia, que á 
una voz pedían la separación absoluta de la Provincia de Cliilt.- 
de la del Perú. 

No se acierta todavía á explicarse, como en una cuestión en 
que todos, propios y extraños, opinaban del mismo modo, sin 
embargo los Provinciales del Perú insistían, cada vez con mayor 
empeño, en mantener, en Chile, un gobierno desastroso de smI*» 
trastorno y perturbación. 

El Padre Pérez de Espinosa que, por los muchos años que re- 
sidía en Chile, á fondo estaba impuesto del estado de la cues- 
tión, no dejó de extrañarse al saber tan sólo en Roma dispcisi- 
ciones de los Reverendísimos Generales favorables á esta l^rn- 
vincia, de las cuales se servia el Provincial del Perú, no para 
ejecutarlas sino para pedir con toda instancia su revocación. 

Y al oir la verdadera relación del estado de la Provincia de 
Chile no menos admirado quedó el Reverendísimo Jerónimo de 
Ghettis, que arrepentido de su patente expedida, el 5 de Enero 
de 1625, la cual debió rasgar con indignación, como arrancada 
por sorpresa, relegándola al desprecio y al olvido, pues, ni por 
ser obra suya, siquiera la menciona en sus disposiciones poste- 
riores. 

2. Así fué que, en reparación de todos los errores hasta en 
tonces cometidos en contra de la Provincia de Chile, el Reve- 
rendísimo Jerónimo de Ghettis dictó su Decreto de 16 de May<.» 
de 1627 por el cual ordena su absoluta separación de la Provin- 
cia del Perú, declarándola libre é independiente y en pleno gi jce 
de todos los derechos y privilegios de las demás Provincias 
Agustinas. Hé aquí el texto de este Decreto: 

3. «Magister Frater Hieronimus de Ghettis Romanus, Ordi* 
€ nis Eremitarum Sancti Patris Nostri Augustini Prior Generalis, 
« licet indignus. Venerabilibus ac dilectis in Christo Patribiis 
« et Fratribus Provinciae nostrae Chilensis ejusdem Ordinis ac 



i 




i 




262 CAPÍTULO XXI r I 



« voti et universis ad quos spectare potest, Salutem in Do- 
< mino.» 

Quainquam in ómnibus agere cupimus secundum potesta- 
t tt:m quam dedit Nobis Dominus in aedificationem, et non ¡n 
« dextructionem, in his tamen illa praecipue utendum censemus 
« qux cum recens sint a;dificata, eo ipso majori destructionis 
« lierícLilo videntur obnoxia.» 

f Expositum siquidem Xobis est nomine vestro quod, cum re- 
Tí guiares nostri Ordinis domus, in regione Chilensi existentes, 
if Provincias nostra; Peruntina; olim subjicerentur: quia tamen 
t ¡iiagnum inter Chilensem et Peruntinam regionem, sive maris 
^ 5Íve terrarum interjacet spatium, justisque alus de causis, Re- 
í \ erendísimi Patres Generales Praidecessores nostri nonnulla 
't i^l)ecialiter pro bono Chilensium Conventum regímine, ac ma- 
« JDri augmento statuerunt.>^ 

Pr.tsertim vero Reverendísimus Nicolaus á Sancto Angelo, 
n per suas Patentes Literas, mense Februarii 1618, facultatem 
i concessit dicta; Provincia; Chilensi Capitulum Provinciale 
% celebrandi, Mcariumque Provincialem, Definitores, caeteros- 
fi que Religionis officiales, juxta ordinem Nostrarum sacrarum 
tf Constitutionum eligendi: ita tamen ut hujusmodi Capitula, ele- 
• Gtiones et acta per Provincialem Peruntina; Provinciae confir- 
í aiarentur; et ipse, cum opportune judicasset, per se, vel per 

V isitatorein á se deputandum, pra;dictam Chilensen Provinciam 

ct (illius) monasteria, sicuti Peruntina visitare posset; atque ex 
i eadem Chilensi Provincia Vicarius Provincialis et unus Defini- 
i tnr seu Discretus, in Capitulis Provincialibus Peruntinis vocem 
t, haberent.)^ 

*Quando tamen Chilenses ad octogeniarum numerum Fratrum 
^ ct ipsorum monasteria ad septimum sive octavum pervenissent, 
<^ ex tune novam et distinctan Provinciam Chilensem esse decla- 
« ravit, et independentem á Provincia Peruntina, et á qualibet, 
^ cum ómnibus privilegiis, auctoritate, jurisdictione et potestate» 
4^ quas alia; Provincia; nostra; Religionis habere solent, ut in 
€ dictis Literis plenius habebatur.» 

«Cum vero Litera; ipsa;, quoad alia sint exsecutioni deman- 
« data;, non sine gravissimis incommodis religiosorum Chilen- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 263 S 



« sium: quoad totalem tamen separationen praedictarum Provin- 
« ciarum non potuerunt, per plures annos, debitum sortiri efTe- 
« ctum, quia perscriptus numerus Conventuum et Religiosorum 
« Chilensium, variis temporum et hominum injuriis, perfici non 
< potuit»; 

«Quoniam vero, aliquot ante annis, praefata Chilensis Provin- 
« cía ad sex Conventus, et 1623 ad septimum excrevit, et octo- 
« ginta prope Fratres, computatis ómnibus qui in ea professio- 
« nem emiserant, aut sufficientem incorporationem obtinent, 
« complectitur: ita ut, ex número, alus aliorum Ordinum Pro- 
« vinciis, in eadem regione, separatis existentibus, partim exae- 
« quari, partim praeferri valeat: magna praeterea sit spes quod, 
« inpra paucos annos augebitur»; 

«Nomine ipsius Provinciaí et Religiosorum Chilensium Nobis 
« est supplicatum ut super eo, dictisque Literis declararemus, 
^ seu de novo statueremus quod magis é communi bono esse 
« judicaremus. » 

«Nos igitur, pniídictis Literis apud Libros nostros registratis, 
« ómnibus antea dictis, ca^terisque ín hac re inspiciendis et con- 
« siderandis mature inspectis et consideratis, quamvis aliqua 
« pro regimine dict^e Provincia et monasteriorum Chilensium 
« decrevimus, attendentes etiam quod Illustrísimi Domini Epis- 
« copi, Reverendum Capitulum, Chilensis Ecclesiae, ne Supremi 
« Justitifc atque Reipublicai, in ista Provincia, Administratores 
s et Pnefecti, par suas privatas ac públicas literas obtestantur, 
« ob plura inconvennientia et scandala vitanda, hoc unum seu 
€ pntcipuum adhiberi posse remedium, si nimirum prnidictje 
« Próvinciae iñ totum separentur»; 

«Scientes denique plures esse tam Ordinis nostri, quam alio- 
« rum Provinciív sive congregationes, non solum in Chilensi 
« Regno, sed etiam in diversis orbis partibus, quae cum pari fere, 
« aut etiam minori Conventuum et Religiosorum numero con- 
« stent, quam Chilensisi sta constare dicitur, nec tamen propterea 
« incongrue administrantur, sed cum profectu etiam in aprisque 
« bonis conservantur.» 

«Officii nostri auctoritate, ac de unanimi consilio Reverendo- 
« rum Patrum qui Nobis assistunt, prnesentium tenore, declara- 



"^ 



b 264 CAPÍTULO XXI 



« mus ac decernimus supradictam nostram Provinciam Chilen- 
« sem, postquam ad septem Conventuum et octoginta prope Re- 
« ligiosorum numerum pervenit, statim juxta prtefatas Praide- 
« cessoris nostri Literas debuisse novan Provinciam constituí to- 
« taliter á Peruntina et qualibet alia separatam et independen- 
« tem, cum ómnibus privilegiiSjjurisdictione, auctoritate et potes- 
« tate, quibus alias Ordinis Provincia? fruumtur et gaudere pos- 
« sunt. Nos, auctoritate, consilio et tenore praídictarum appro- 
« bantes, confirmamus, et quatenus opus fuerit, omni meliori 
« modo, innovamus, constituimus et semper observandum decer- 

« nimus» 

«Datum Romae die 16 Maji 1627. Frater Hieronimus Roma- 
« ñus Generalis Indignus.» (2) 

4. Para coronar su obra el Reverendísimo Ghettis, el 22 del 
mismo mes y año, expidió un segundo Decreto, en el cual, con- 
siderando los trabajos llevados á cabo, en bien de la Provincia 
de Chile, por el Padre Baltasar Pérez de Espinosa, que le hacen 
merecer bien de ella y de toda la Orden en general; y, confiando 
en su virtud, celo y prudencia con que, durante no pocos años 
la ha servido en Chile, sin rendirse jamás al cansancio, ni á la 
fatiga, no solamente en los Oficios de la Orden sino también 
como Comisario de la Santa Inquisición: se dignó nombrarlo 
primer Prior Provincial de la Provincia de Chile. 

Ordenó, en seguida, que en caso de que éste renunciara, entrase 
en su lugar el Padre Maestro Juan de Toro Mazóte «cuyos méri- 
tos, virtud, prudencia y letras le eran muy conocidas. » 

Dispuso igualmente que el gobierno de la Provincia fuese por 
tres años, y que en los Capítulos Provinciales sufragaran los 
Discretos. Nombró, por último, ejecutores de sus Decretos á los 
Padres Bartolomé de Montoro, Pedro de Henestroza y Pedro 
Izquierdo. 

5. Hé aquí este Decreto, de suma importancia para la Pro- 



(2} Traslado de su original, que existe en el Archivo General, en Roma. La 
copia existente en el archivo de esta Provincia está muy deteriorada pera 
del todo conforme con su original. Aqui se omite la parte penal, para Ios- 
efectos de la ejecución, que ningún interés tiene para la historia. 



r 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 265 

vincia, pues en él se contienen leyes particulares para su go- 
bierno. 

«Magister Frater Hieronimus de Ghettis Romanus, universi 
« Ordini Eremitarum Sancti Patris Augustini Prior Generalis, 
« licet indignus, Venerabilibus ac Nobis in Christo dilectis Patri- 
« bus ac Fratribus Provinciae nostrai Chilensis, ejumdem Ordinis 
« acvoti, Salutem in Domino. > 

«Supremum universae Republicse Gubernatorem plurimum 
« decet: ita inferiores Respublicas instituere, ut prudentes et 
« communis utilitatis máxime amantes administratores, in ipsis 
« initiis earum praeficiat.» 

«Quapropter cum nuper decreverimus Chilensem istam Pro- 
€ vinciam a Peruntina et qualibet alia esse omnino divisam et in- 
« dependentem, atque hujusmodi totalem divisionem quatenus 

< opus fuerit de novo constituerimus, ut in nostris Literis super 
« dicta divisione con fectis(adquasfiatrelatio) plenius cóntinentur: 
« videntes oportere ut talis Prior Provincialis (sicut in similibus 
« casibus fieri solet) pro illius regimine deputetur a Nobis, cui 
« Provinciae Ordinis, etiam in suis primordiis, ampliandíe et 
« augmentandae confidenter committi possint ac debeant, in 
» hoc minime deficere statuimus.» 

«Considerantesque labores a Reverendo Patre Frate Baltha- 
€ sare Pérez de Espinosa, pro ista Provincia exantlatos, quibus 
« de illa et communi utilitati optime est meritus: plurimumque 
« in Domino confidentes de prsefati Patris prudencia, virtute ac 
« Religionis celo, quibus et.Sanctae Inquisitionis Officio tanquam 
c Commissarius et Ordini nostro ín ista Regione, non per paucos 
« annos, laudabiliter et indefesse servivit: cum Offiícii nostri au- 
« ctoritate ac de consilio Reverendorum Patrum qui Nobis asis- 
« tunt, harum vi ac tenore Literarum, Priorem Provincialem, hac 

< vice dumtaxat ad triennium isti Provinciae Chilensi praefi- 
«cimus.» 

«Quod si ípse, quacumque ex causa, per se non potuerit, aut 
» recusaverit hoc munus assumere et gerere, in ejus locum, pari 
« modo, substituimus Reverendum Patrem Magistrum Fratrem 
f Joannem de Toro Mazóte, de cujus meritis, virtute, prudentia 
« et litteris non minus etiam confidimus.» 




266 CAPÍTULO XXI 



«Volumus namque et stricte praecipimus ut postquam ipse 
« Pater Balthasar, Deo bene favente, ad istam Provinciam re- 
« dierit, et pra^dictft? Literae fuerint promulgata^, tempere sibi 
« secundum Deum beneplácito, Capitulum Prvinciale congrega- 
« ri et celebran faciat, in quo ipse, nomine et vice nostra, Pra- 
« sidentis muñere fungatur cum omni auctoritate qua cfeteri 
« Praísidentes in Capitulis Provincialibus gandere solent: idem- 
« que aut ejus loco (sicut prwmissum est) pnefatus Magister 
« Joannes, tamquam verus ac legitimus Prior Provincialis ipsam 
« non aliter administrare incipiat, quam si in ipso Capitulo ad 
« Provincialatus Officium rite et canonice, juxta Constitutiones 
« Ordinis nostri esset electus; Definitores vero, c^eterique 
« Officiales in eodem Capitulo, secundum dictas Constitutiones, 
« aut alia Decreta pro illa Provincia a nostris Pra*decessoribus 
« conCessa seu confirmata, creentur.» 

«Jubemus insuper ut régimen ipsius Provinciai sit triennale 
« in perpetuum, et proinde completo triennio, dicti Provinciales 
« aliud Capitulum ad electionem novi Provincialis, cfv?terorum- 
« que Officialium, juxta pra^dictas Constitutiones, seu Decreta 
« rite et legitime fiant: et sic deinceps singulis trienniis.» 

«Ut autem in his Capitulis sufficiens sit suffragantium nume- 
« rus, statuimus et concedimus ut quamdiu Vocales de jure seu 
« privilegio in ipsis suíTragaturi ad viginti non pervenerint, in 
« illis Conventibus qui ad minus septem Fratres de familia ha- 
« buerint, eligantur Discreti qui cum Prioribus ad Capitulum 
« Provinciale iré debeant, prout Constitutiones nostra» 3 part., 
« cap. 20, in Conventibus Suppriorem habentibus fieri pr¿tici- 
« piunt.» 

«Quia, denique, frustra est jura concederé ni^ sit qui ea 
« tueatur, et dictas Literas de totali divigiione istius Provincia: 
« a Peruntina, atque has etiam quoad omnia in ipsis contenta, 
« pra^sertim quoad Provinciale Capitulum celebrandum et ins- 
« titutionem dictorum Patrum ad Officium Provincialatus, ut 
« praífertur, hac vice gerentes, cum suos plenarios effectus in 
« quocumque eventu sortiri volumus, earum exsecutionem com- 
« mittimus Venerabilibus Patri Magistro Fratri Bartholomaío 
« Montoro, Magistro Fratri Petro de Henestroza, P'atri Petro 




HISTORIA DE LOS AGÜ^INOS EN CHILE 267 

« Izquierdo, ac duobus gravioribus Patribus ex his quos ídem 
« Pater Noster Balthasar Pérez ex Hispaniis ad suam Provin- 
« ciam de nostra licentia duxerit: quibus seu illorum cuilibet 
« omnem nostram auctoritatem, quatenus opus fuerit, ut tan- 
« quam veri exsecutores dictas Literas debita? exsecutioni de- 
« mandari ac re ipsa servari faciant, delegamus et communica- 

< mus.» 

«Qua? oinnia et singula, omni meliori modo, auctoritate, con- 
íí silio ac tenore, praedictis concedimus, statuimus, pr^vcipi- 
^ muset inviolabiliter observanda esse decernimus» 

«Datum Romae die 22 Maji 1627. Frater Hieronimus Roma- 
í ñus Generalis Indignus.» (3) 

6. No se olvidó el Padre Baltasar Pérez de Espinosa de pe- 
dir para su Provincia de Chile unos cuatro Magisterios de los 
seis del número, así llamados, por estar á esos términos reduci- 
da la concesión que de ellos hizo á las provincias de España y 
de sus Indias el Papa Urbano VIII, en su Bula de 1 3 de Mayo 
de 1625. (4) 

Y los honores del Magisterio recayeron dignamente y en pri- 
mer lugar en el Padre Andrés de Elossu, á quien el Reverendí- 
simo Ghettis, al concedérselos le dijo: «Por cuanto, además de 
<' tus méritos de virtud y de probidad con que has sido reco- 
; mendado á Nos, por el más fidedigno testimonio, al presente 
<■ ejerces ej Oficio de Provincial, y de tal modo te has consa- 
^ grado á la enseñanza de la Filosofía y Sagrada Teología, que 
<: no por eso has abandonado el ministerio de la predicación, al 

< cual fi.iiste promovido algunos años hace, y has desempeña- 
« do, al mismo tiempo, con aplauso y admiración de todos, los 
<"• Oficios de Prior y de Definidor, en vista de estos tus méritos, 
« queriendo de algún modo premiarlos y recompensarlos, por 
<í la presente, en virtud de nuestro Oficio y Autoridad, te creá- 
is mos Maestro del número de esa Provincia de Chile.» (5) 



(3) Como en el anterior, aqui se suprimen las cláusulas penales. 

(4) Principia: Cupientesj ut dchibus y es propia de la Orden Agustina. 

(5) Archivo de Provincia. Lib. Primero. Los cuatro primeros Maestros 
fueron creados por Patente expedida el 22 de Mayo de 1627. Los autores ex- 
traños, al hablar de los Padres de Elossu, dan la preferencia á Diego, siendo 
asi que Andrés ocupó el primer y más distinguido lugar, por su vii-tud y sus. 
letras. 



r^ 






^ 




268 CAPÍTULO XXI 



Igual honor concedió, por una Patente colectiva, y sin enu- 
meración de méritos particulares, á los Padres Diego de Elossu, 

I Juan de Toro Mazóte y Pedro de Henestroza, tan dignos como 

S'; el anterior, pero que como más jóvenes estos dos últimos, no 

I pudieron aventajarle en recoger el premio de sus trabajos. 

'¿ 7. Rara habilidad poseía en el manejo de los negocios el 

^\ Padre Baltasar Pérez de Espinosa, manifestándola sobre todo en 

I el desempeño de la presente comisión, en la cual no omitió di- 

|. iigencia alguna, que por haber faltado fuese en adelante un 

I obstáculo, ó el más leve entorpecimiento. 

^ Aparte del correspondiente pase real obtenido para cada 

I uno de los anteriores Decretos; aparte de un Auto del Protono- 

r tario de Su Santidad en que con las más severas penas ecle- 

^ siásticas y multas pecuniarias, manda obedecerlos á toda Auto- 

F- ridad; á fin de evitar en lo posible todo subterfugio de parte de 



^" la Provincia del Perú, impetró Bula especial en que se dignó 

sanear de cualquier defecto, y confirmar, con autoridad Apos- 

|; tólica, todo lo obrado, Su Santidad, el Papa Urbano VIII, se- 

gún Rescripto de 12 de Junio de 1627. Hé aquí el texto: 

«URBANUS PAPA OCTAVUS.» 

«Al) PERPETIAM REÍ MEMORIAM.» 

'^Ut ea quíe pro Religiosorum bono, felicique ae prospero 
« statu, praísertim ab eorum Superioribus provide faeta fuisse 
« dicuntur, firma perpetuo et illibata remaneant, libenter, cum- 
« a Nobis petitur, apostolicae confirmationis robore communi- 
« mus, prout conspiscimus in Domino salubriter expediré.^ 

«Exponi siquidem Nobis nuper fecit dilectus filius Balthasar 
« chilensis, Fratrum Ordinis Eremitarum Sancti Augustini Pro- 
« vinciai Chilensis Procurator, quod cum alias Domus regula- 
« res Ordinis et Provincirti hujusmodi, illarumque Religiosi in 
« parvo numero essent, Prioris Provincialis Provincia Perunti- 
« n:i?, dicti Ordinis, regimini et jurisdictioni subjiciebantur.» 

'<Verum, cum Ordo pra?dictus in regioni Chilensi, benedicen- 
« te Domino, ita propagatus esset ut jam septem vel octo Do- 



' i .i-^wg w ii^ij j. jy wv wt i^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



269 



< mus regulares ipsius Ordinis inibi fundata? reperirentur, ejus- 
t que Religiosi ad numerum octoginta et ultra excrevissent, 
I majoraque in dies, dante Domino, sperarentur incrementa, 
í Nicolaus a Sancto Angelo, dum viveret, et Hieronimus Ghe- 
í tus modernus, dicti Ordinis Priores Generales Domos regula- 
« res, iílarumque Religiosos pra?dictos a regimine et jurisdictio- 
í íie díctis Prioris exemerunt et liberarunt, easdemque Domus 
- cuín earum Religiosis hujusmodi in Provinciam Chilensem, 

* sub certis modo et forma tune expressis erexerunt et institue- 

* runt, prout in eorumdem Nicolai et Hieronimi desuper con- 
^ fectis Patentibus Literis plenius dicitur contineri.» 

ftCum autem, sicut eadem expositio subjungerit, pra?dictus 
i Balthasar plurimum cupiat exemptiones et liberationes, ac 
« ercctiones et institutiones praedictas, pro firmiori earum vali- 
' ditate et subsistentia, apostolicíe nostra? confirmationis robo- 
' re coninmniri, aliasque desuper apprime provideri, Nos, di- 
^ ctum Balthasarem specialibus favoribus et gratiis prosequi vo- 
í lentes, et a quibusvis excommunicationis, suspensionis et 
« interdictí, aliisque ecclesiasticis sententiis, censuris et poenis, 
^ a jure vel ab homine, quavis occasione vel qualitatis, si qui- 
í bus quomodolibet innodatus existit, ad effectum praesentium 
". dumtaxat consequenduní, harum serie absolventes et absolu- 

< tum fore censentes, supplicationibus ejus hac in parte Nobis 
' humiliter porrectis inclinati, exemptiones et liberationes, ac 
' erectíones et institutiones pra?dictas, cum ómnibus inde se- 
^ quutis^ Apostólica Auctoritate, tenore prfesentium, perpetué 

approbamus et confirmamus, illisque inviolabilis Apostólica? 

* firmitatis robur adjicimus, ac omnes et singulos tam juris 
« quam facti defectus, si qui desuper quomodolibet intervene- 

♦ rint, supplemus, et nihilominus dictas domus regulares Ordi- 
í nis et Provincias hujusmodi, iílarumque Religiosos ab omni 
s et quacumque superioritate, cura, gubernio et jurisdictione 
« Prioris Provincialis ProvinciíB Peruntinoe hujusmodi de novo, 
^ quatenus opus sit, eximentes et liberantes, easdem Domos 
« cum earum Religiosis praedictis in Provinciam Chilensem 

< nuncupari, cum ómnibus et singulis privilegiis, immunitatibus 
4 jurisdLctionibns et facultatibus, ad praídictum Capitulum 



p^^^" 




CAPÍTULO XXI 



<f. congregandi, Provincialem aliosque Priores et Officiales eli- 
íí gendi, Cíeteraque omnia et singula faciendi quae aliie ejus- 
^ dem Ordinis Provincittí, juxta sacrorum canonum et Concilü 
« Tridentini decretorum, ac Constitutionum Apostolicarum dis- 
^ pusitiones faceré consueverunt, auctoritate et tenore pra?dic- 

< tis, perpetuo erigimus et instituí mus, decernentes pra?missa 
fl nec non Patentes Literas validas, firmas et efficaces existere 

* et fore, suosque plenarios et íntegros effectus sortiri et obti- 
' nere, ac Provincia? Chilensi hujusmodi in ómnibus et per om- 

* nía plenissíme suffragari.» 

'<Sicque per quoscumque Judices Ordinarios et delegatos et 
t^ Causarum Palatii Apostolíci Auditores judicari et definiri, de- 
^ clarari ac irritum et inane si secus super his a quocumque 
^ quavís auctoritate, scienter vel ignoranter contigerit attentari, 

* non obstantibus Constitutionibus et ordinationibus Aposto- 

* Ijcís, et quatenus opus sit dicti Ordinis, et juramento, confir- 
^ m alione Apostólica et quavís firmitate alia roboratis, statutis 
^ et consuetudinibus, cwterisque contrariis quibuscumque.» 

^' Datis Romae apud Sanctam Mariam Majorem, sub annulo 
« Piscatoris, die 12 Junii 1627. Pontificatus nostri auno quar- 

< to.» (6) 



(ft) Archivo de Provincia. Lib. Primero. 



-^ 








Capítulo XXII 



Friitier Capítulo Froyincial después de la separación de esta 
ProTineia de la del Perú. Gobierno del Padre Baltasar 
Pérez de Espinosa, 1629-1632. 



1 . El Padre Baltstnr Pérez de Espinosa llega á Santiago á fines de Marzo de 
11129.-2. El Padre Alonso de Almeida hace resistencia al nuevo Prior Pro- 
biíifial.— S. Mediación del Padre Gaspar Sobrino, Vice Provincial de la 
Compnñla de Je>ús.— 4. El Padre Baltasar Pérez de Espinosa celebra Capi- 
tulo Prüvineial el 10 de Abril de 1629.-5. Parte ¿Lima el Padre Bartolomé 
de Montoro á notificar al Provincial del Peni las Patentes del General y Bu- 
la de Su Santidad.— 6. Entereza de carácter del Padre Baltasar Pérez de 
Bspinosa.— 7. La Real Audiencia se niega á ampararle en sus derechos.— 
8l Lleva ü^us querellas á Lima y de ahí pasa á Madrid en donde muere.— 9. 
Ineíactiíiules de que adolece la relación del Cronista Torres.— 10. Se hace 
(?argo del gobierno de la Provincia el Padre Juan de Toro Mazóte.— 11. Se 
€«lebra la Congregación Intermedia el 9 de Agosto de 1630. 



I. Tras de cumplir con felicidad, en Madrid y Roma, svi difí- 
cil y ardua misión, volvía á Chile el Padre Baltasar Pérez de Es- 
pinosa, con el contento propio del que consigo trae la indepen. 
dencia de su Provincia. Tres años de continuos viajes y no es- 
casas fatigas estaban snficientemente compensados, con la ale- 
gría de volver á su Convento, y recibir los agasajos de sus her- 
manos. 

Según las informaciones dadas por él en Roma, el Padre Bal- 
tasar tenía la persuación de encontrar gobernando la Provincia 
de Chile al Padre Andrés de Elossu, lo cual hubiera sido admira- 



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^ 



272 CAPÍTULO XXII 



ble oportunidad para la trasmisión del mando, y establecimiento 

del nuevo orden de cosas. 

^ Mas, lejos de haberse realizado estas conjeturas, se encontró 

|tV con que estaba imperante, y masque nunca, el poder de los Pro- 

É; vinciales de Lima en Chile; toda la autoridad reconcentrada en 

|/ manos de los Padres Alonso de Almeida, Pedro del Espíritu 

I , Santo y Luis Chves, acérrimos partidarios y defensores de la 

F; • unión con el Perú; y mientras estos tres Religiosos gozaban de 

f;' todo el prestigio que su aventajada posición les daba en la so- 

H- ^ ciedad, habían sido alejados de Santiago los Padres Bartolomé 

^ de Montoro y Andrés de Elossu, con todos los que inspiraban 

y. temores al dominio del Perú. 

Y . No pudo serle más enojoso y desagradable este encuentro al 

r* Padre Baltasar Pérez de Espinosa y, sea que quisiera evitarlo, ó 



bien, sea por motivos de su quebrantada salud: que es lo más 
verosímil, al llegar á Santiago se hospedó en casa del Prebendado 
Don Tomás Pérez de Santiago. Maestre-Escuela y Tesorero de 
esta Santa Iglesia Catedral, Comisario del Santo Oficio de la In- 
quisición yde la Santa Cruzada. 

Tantos títulos y tan espléndida representación social los debía 
Don Tomás Pérez de Santiago á ser sobrino del Ilustrísimo Don 
Fray Juan Pérez de líspinosa, Obispo de Santiago y, á no du- 
darlo, hermano del primer Prior Provincial de esta Provincia de 
Chile. Así fué que bajo el amparo de una de las dignidades de 
esta Iglesia, ó mejor dicho de su sobrino, pudo el Padre Baltasar j 

Pérez de Espinosa reunir en torno de sí á los Religiosos más 
graves é influyentes y, muy pronto, toda la Comunidad. ' 

Pue^, á la primera voz de su llegada y alegre noticia de lo 
que traía, ya nadie fué capaz de contener los arrebatos y expan- 
siones de una hbertad tanto tiempo suspirada y reprimida. cY 
« se repicaron todas las campanas, como á fuego» dice un Oi- 
dor que estuvo presente (i), mientras la Comunidad entera, en 



(1) El Doctor Yaldelomar al dar cuenta á la Real Audiencia de estos suce- 
sos, los presenta como actos sediciosos; y el Seftor Amunátegui, que le copia, 
«iradamente les d¿ el mismo significado. Es necesario convenir en que ambos 
no conocían ni la cuestión, ni el verdadero alcance de estos sucesos. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 273 

bullicioso tumulto nacido solo de alborozo y regocijo, fué á pos- 
trarse á los pies de su Prelado. 

2. Mas, como era de esperarse, las alegrías de los Agustinos 
chilenos se trocaron en desabrimientos para los peruanos, quie- 
nes, especialmente los Superiores, lo atribuyeron, en un princi- 
pio, á desacato á su autoridad. Y, como tan celoso de la suya, 
el Padre Alonso de Almeida, vivamente alarmado, con hábitos 
blancos, salió á la calle á pedir auxilio á la Real Audiencia. Y 
los señores Oidores quedaron no menos tristemente impresiona- 
das, viendo que en el Convento los Religiosos entraban y salían 
sin ser ninguno respetado, ni obedecido. 

El desorden era manifiesto y la causa que lo justificaba des- 
conocida; así es que seriamente comenzaron á discurrir los reme- 
dios más oportunos para aquel mal; y aunque con mejores infor- 
mes, el Señor Oidor Licenciado don Hernando Machado dijo 
que aquello era por haber «venido Fray Baltasar con recaudos 
« de Su Santidad y de su General para ser Provincial de esta 
«Provincia;» ni fué este parecer bien recibido desús colegas, 
antes le valió el sfír recusado desde luego por el Padre Al- 
meida. 

A su tumo el Padre Baltasar recusó por su parte á los Seño- 
res Oidores que le eran adversos, viniendo á quedar mal consti- 
tuido aquel Tribunal, y no poder administrar una justicia que 
por ser contraria á la persona del Padre Baltasar Pérez de Espi- 
nosa, tan sólo prometía acabar con la independencia de la Pro- 
vincia de Chile. 

Lo cual casi estuvo á punto de suceder en aquellas azarosas 
circunstancias. No menos que el Ilustrísimo Don Fray Juan Pé- 
rez de Espinosa era mal visto de la Real Audiencia el nuevo 
Prior Provincial de San Agustín, Baltasar Pérez de Espinosa, 
aquél por sus terribles encuentros con Presidentes y Oidores, y 
éste, como lo dice el Oidor" por él recusado. Licenciado Don 
Rodrigo de Carvajal, porque: «este fraile Fray Baltasar, públi- 
« camente por plazas y calles, ha dicho infinitas injurias y pala- 
« bras feas contra todos los Señores Presidentes y Oidores, y, 



18 



-^ 



274 CAIMTULO XXn 



\ - - , ^ 

k '< como Vv- que la Audiencia no pone remedio, pasa adelante su 

i' «< atre\im¡ento.» (2) 

f 3. Tal fue el recibimiento que, al llegar á Chile el Padre Pé- 

U rez do Espinosa, le hizo la Real Audiencia, la cual, con gusto, 

K hubiera decretado un destierro al nuevo Prior Provincial, quien, 

^; dada la entereza de su carácter, nadie le hubiera visto en tono 

l j suplicante j^edír la posesión de cargos que, así como otros am- 

t bicionan, él profund.'ínx.nte desdeñaba. 

L' K\ Padre Alonso de Almeida, por otra parte, contando con 

el ñ\\(jV de la Real Audiencia, y no bien instruido probablemen- 
te i\c K;s ¡>ndc res y facultades de aquel su competidor, le hizo 
resistí iTcia i)ó.4a el punto de no poder entrar el verdadero Prior 
Provine'..] .'» :;nl)cniar la Provincia, tener sus Capítulos, é intro- 
durir (11 ella el nuevo orden de cosas, y nuevo régimen en todas 
sus partes. 

Cerno tanto lo descara la Provincia, a despecho de la Real 
Auili(nic?a y del Padre Alonso de Almeida, todos los Agustinos 
Chilenc s, dentro de muy i)ocos días, rodearon a su Prior Pro- 
vincial; y, .^.i liis circunstancias no hubieran súbitamente cambia- 
do á vi\a fuerza le llevaran á su Convento, y le rindieran obe- 
diencia, niüy á pesar de todos sus enemigos: que los Religiosos 
de ::í]ur]los tiempos, a fuerza de \Svir entre soldados y conqui.s- 
ta(^:)res, solían tener en su porte algo de marcial, conforme á los 
bríos de la época. 

Ma.' la feliz mediación del celebre Padre Gaspar Sobrino, Vi- 
ce-l^"ovincial entonces de la Comi)añía de Jesús, no mucho an- 
tes llegado á Chile, a efectuar la separación de esta su Provin- 
cia de la del Tucumán, vino, en aquellas circunstancias, á dar 
otro rumbo más tranquilo y sosegado á los sucesos, pudiendo 
ad(pjirir éstos la solemne gravedad de los grandes aconteci- 
mientos. 

{"2) Todn.s Ins palabras del Oidor llodrigo do Carvajal le declaran apasiona- 
di.NÍii'0 en (0 11 ha del Padre Pérez de K>pinosa, y las relaciones que contra él 
lleva Jil Ti .biiiial sus mi.'-nios colegas ó se las contradicen, o las dejan pa.«ar 
como (Ota que no merece ser tcraada en cuenta. Sin embargo do todo eso se 
vale el S« fíor Anninátegui para probar que el Convento de San Agustín se 
lialluba entonces en un estado de deplorable religación. Amunátcgui. íEI 
Torrera oto de Mayo». 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 27 c; 



El Padre Gaspar Sobrino, impuesto, sin duda, de todo lo con- 
cerniente á los títulos del Padre Baltasar Pérez de Espinosa, ha- 
na ver al Padre Alonso de Almeida su injusta resistencia al 
nuevo Prior Provincial; y así éste en los primeros días de Abril 
de 1629, rodeado de todos los Religiosos de su Orden hizo su 
entrada, al fin, en triunfa en su Convento de Santiago. 

4. Una vez reunida la Comunidad con su Prelado, éste cele- 
bró su famoso Capítulo Provincial, que vino á separar para 
siempre esta Provincia de Chile de la del Perú: en él tomaron 
parte los Religiosos que la Provincia tenía más distinguidos por 
sus virtudes y sus letras; no obstante faltaron los dos entoncc^s 
más célebres, el Padre Bartolomé de Montoro y el Padre An- 
drés de Elossu. 

Pláceme transcribir ahora la introducción de esas Actas qiicr 
dice así: «En diez días del mes de Abril de mil seiscientos y 
« veinte y nueVe años: 

«En este Convento de Santiago de Chile de la observancia 
« de los Ermitaños de Nuestro Padre San Agustín, Nuestro 
« Muy Reverendo Padre Fray Baltasar Pérez de Espinosa, Pn> 

< curador General que fué en la Corte Romana, presentó a tí>da 

< la Comunidad una Patente de Nuestro Reverendísimo Padre 
« General, en que dividía esta Provincia de la del Perú; y otnt 
« Patente en que le nombraba por Presidente y Provincial; y 
« otra Patente de Gregorio Naro, Auditor de Su Santidad; y 
« otra Bula de Su Santidad Urbano Octavo que confirman y re- 
« validan las dichas Patentes de Nuestro Reverendísimo Padre 
« las cuales fueron intimadas y puestas en ejecución por el l'a- 
« dre Maestro Fray Pedro de Henestroza Juez Delegado Ajxis- 
t tólico.» 

«Y fueron obedecidas de todos los Religiosos.» 
«Y juntamente fué reconocido por Presidente Nuestro Muy 
* Reverendo Padre Fray Baltasar Pérez de Espinosa, como ii 
« quien le pertenecía presidir en este Capítulo Provincial, el 

< cual, por común parecer y consentimiento de todos los Pu- 
« dres graves y doctos de esta Provincia, que se hallaron jne- 

< sentes en este Convento, ordenó que, por ser el primer Capi- 

< tulo de la total división, fuese por derecho común, donde lu- 



1 



- y 



''^ 



276 CAPÍTULO XXlI 



• dos los ¡n sacris constituti tienen voto en la elección de su 
t Prelado, r 

i^ asi dicha la Misa del Espíritu Santo con la solemnidad y 
% ceremonias acostumbradas, según lo disponen nuestras Sagra- 
ft das Constituciones, estando juntos y congregados todos los 

* Sacerdotes que se hallaron presentes en este nuestro Conven- 
.rf- to de Santiago, en el nombre del Señor fué recibido por Pri- 

íf mer Provincial Nuestro Muy Reverendo Padre Fray Baltasar 
í Percü de Espinosa.» (3) 

V entonces fué cuando, revistiéndole los ornamentos prelati- 
cios á siE primer Prior Provincial, no quiso la Comunidad ceñir- 
se íi! ritual acostumbrado, pues llevando en solemne procesión 
ni Padre Baltasar Pérez de Espinosa, en medio de todo el pue- 
blo de Santiago allí reunido, cantándose el «Te-Deum», le con- 
dujeron á la í|T|esia de Monjas Agustinas, en donde todos le 
rindieron obediencia, siendo el primero el Padre Alonso de Al- 
niejda 

\* no contento con esta sola demostración de respeto al nue- 
vo Prelado, siendo como era el Padre Almeida un orador que, 
Hcgun dicen los documentos de su época, «predicaba la pala- 
« bra divina con grandísima aceptación y concurso de los pue- 
i^ blos-, en tan fausta como solemne ocasión, dejó oír su voz 
en frases tan persuasivas como oportunas, inspiradas y elo- 
cuentes. 

I fallábase entre los circunstantes el Oidor, Licenciado Don 
I íernando Machado quien, á pesar de estar recusado, no dejó 
por eso de dar cuenta á la Real Audiencia de que el Capítulo 
de los Agustinos había tenido lugar en perfecta paz, cosa que á 
toda costa tiubieran querido impedir los otros Oidores. 

Forzoso se hace el señalar ya esta intervención de los Magis- 



{%\ E>taü Actas tan notables, pues revelan á primera vista la mucha unión 
y paz con qiAf relebró bu Capitulo el Padre Baltasar Pérez de Espinosa, son 
t*\ iiiftjor dfti^inentido de las afirmaciones contrariáis y del todo apasionadas 
que nos refierí? el Señor Amunátegui en su Obra el «El Terremoto de Mayo». 
Cita lits palabras del Oidor Don Rodrigo, más su testimonio estaba recusado 
y Uwittvift lo debe ser, por haber sido enemigo encarnizado del Padre Pérez 



flISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



277 



tmdos civiles en los asuntos domésticos y más internos de las 
Comunidades Religiosas; ella vino á ser constantemente un ele- 
mento extraño y, por lo mismo, el más perturbador en el desa- 
rrollo normal de aquellas Instituciones, durante los tiempos de 
la Colonia. ' 

Una veí^ hecho cargo del gobierno de la Provincia, el Padre 
Baltasar Pérez de Espinosa eligió por Definidores á los Padres 
Bartolomé tie Montoro, Andrés de Elossu, Pedro de Henestro- 
za, Bartolomé de Arenas; y, en defecto de éstos, á los Padres 
Juan Jufré de Loaisa, Bernardo de Toro Mazóte y Nicolás Ver- 
dugo y Sarria de la Corte. 

Los decretos que se dictaron á la Provincia, en esta ocasión, 
re\'elan en el nuevo Prelado un Superior severo y observante: 
todo lo ordena; desde el modo de formar á los Novicios, de ins- 
truir á los Profesos, hasta la manera de llevar la administración 
particular de las Casas, todo lo dejó previsto y dio preceptos 
los m;Ü5 acertados y oportunos. 

Acerca de los estudios, dice asi: «Por cuanto, los estudios son 

* los que ilustran las Provincias, y de salir los estudiantes fuera 

* de casa resulta distraerse, y faltar al ejercicio de ellos, orde- 
« namos y mandamos que no salgan sino cada mes, una vez; 

* sino es para acudir á las cosas de la Comunidad.» (4) 

5, Ocho dias duró este primer Capítulo en el cual se llevaron 
á efecto todas las disposiciones dictadas para esta Provincia de 
Chile, así por el Reverendísimo Padre General Jerónimo de Ghet- 
tjs, como por Su Santidad Urbano VIII, nombres que nunca 
han olvidado los Agustinos Chilenos, pues siempre les recorda- 
rán á sus ilustres libertadores. 

Ko faltaba otra cosa que notificar al Provincial de Lima todos 
estos decretos y hacer cesar así de una vez su intervención en 
Chile. V para esta misión fué designado el Padre Bartolomé de 



(4) Estas Actas constaron de tres hojas, de las cuales se conservan la pri- 
Tuara y ]a liltinia, en que están las firmas y el sello; en la primera se contie- 
nen la recepción del Provincial, elección de Definidores y además nueve de- 
cretos. La distribución de los demás Oficios y el plan de estudios se ba per- 
dido. 




I 



278 CAPITULO XXII 



Montoro, sin disputa el más digno y venerable de todos por sus 
tantos méritos y virtudes. 

A fines de Junio debió de embarcarse en cumplimiento de su 
cometido y llegó á Lima en circunstancias que se celebraba Ca- 
pítulo Provincial, teniendo lugar a mediados de Julio de ese mis- 
\i mo año de 1629. 

En él tenía voz y voto el Padre Bartolomé de Montoro^ como 
[; Maestro numerario de aquella Provincia, y además de esto los 

|f graves oficios que allí había desempeñado, y más que todo, los 

;. sucesos de la Provincia de Chile á él exclusivamente atribuidos, 

todo hacía que en aquellos momentos su presencia allí causase 
grande sensación. 

P>a su nombre allí muy respetado; á pesar de las naturales an- 
^ tipatías por los asuntos de Chile el Cronista del Perú, le llama al 

Padre Montoro «'Religioso grave y docto» y *de autoridad y 
razones. ¿ Los últimos acontecimientos, que le habían alejado de 
Lima hacía diez y ocho años, debieron avivar en todos la an- 
\ siedad por conocer á aquel hombre extraordinario. 

; Frisaba en aquella época el Padre Bartolomé de Montoro los 

^ .sesenta años de edad, habiendo pasado con ligeras interrupcio- 

' nes, veinte y siete en la Provincia de Chile, gobernándola du- 

] . rante seis periodos distintos, tal vez más que ningún otro Pro- 

vincial, siendo el Superior de todos más amado, no obstante de 
haber ejercido su autoridad por espacio de diez y seis años. 

Al presentarse de nuevo después de tanto tiempo, en Lima» 
en medio del Capítulo que celebraba aquella Provincia, entre 
tantos no era fácil encontrar un Religioso que pudiera aventa- 
jar al Padre Montoro en ese prestigio é importancia que más 
que los títulos dan á las personas los acontecimientos. 

Ante aquel Capítulo presentó la Provincia de Chile, por me- 
dio de éste su meritísimo delegado, el siguiente escrito: 

V El Maestro Fray Bartolomé de Montoro del Orden de Nues- 
« tro Padre San Agustín, en la mejor forma, que haya lugar en 
« derecho, parezco ante Vuestra Paternidad y digo: que por Pa- 
« tente de Nuestro Reverendísimo Padre General, el Maestro 
« Fray Jerónimo de Ghettis, Romano, confirmadas por Bula de 
« Nuestro muy Santo Padre, Urbano Papa Octavo, coladas por 



^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



279 



« el Suj^remo y Real Consejo de las Indias, divide de la Provin- 
« cia de Chile esta del Perú, para que, de hoy en adelante, no 
« tenga subordinación alguna á esta dicha Provincia, y como 
« tal Provincia dividida goce de todas las gracias, privilegios é 
« inmunidades que las demás Provincias divididas gozan; man- 
« dando por las letras dichas á todos los Religiosos, de cual- 
« quier estado y condición que sean, así de esta Provincia, co- 
« mo de aquella, so graves penas y censuras, como de ellas 
« consta, las obedezcan según y como en ellas se contiene, post- 
« posita omni appellatione et supplicaríone\ y que no se puedan 
« redargüir de dolo, ni engaño, subrepción, ni obrepción, ni que 
« no fueron de su voluntad; para cuya buena y debida ejecución, 
« por otras letras por las cuales nombra Provincial de aquella 
« Provincia, cria y nombra y constituye meros ejecutores, de 
« los cuales soy yo el primero, y haciendo relación de las dichas 
« letras de división me da (haciéndome Delegado suyo) toda la 
« potestad que para ejecutar la dicha división y poner en pose- 
c ción de su oficio al dicho Provincial nombrado, de las cuales 
« letras (así de la división. Bula de su Santidad y el nombra- 
« miento de Provincial y meros ejecutores) hago manifestación, 
« y, si necesario es, las notifico en forma, atento á lo cual:» 

«A Vuestra Paternidad pido y suplico, exhorto y, si necesario 
« es, requiero que, vistas las dichas letras, como de su superior 
« las obedezca y obedecidas, V. P. se sir\'a de librarme sus letras 
« Patentes, por las cuales se manifieste el haberlas obedecido, 
« renunciandp de todo punto la jurisdicción que los Provinciales 
« de esta Provincia han tenido sobre aquella, mandando con 
« graves penas al Vicario Provincial, que al presente está y rige 
« aquella Provincia las obedezca según y como en ellas se con- 
« tiene, para evitar todo género de escándalos y ruidos; pues es 
« justicia pido y en lo necesario etc. Fray Bartolomé de Mon- 
« toro.» 

Y este exhorto y requerimiento de parte de la Provincia de 
Chile fué proveído por el Provincial de Lima en esta forma: 

«En veinte y un dias del mes de Agosto de mil y seiscientos y 
« veinte y nueve años, el Padre Maestro Fray Bartolomé de 
« Montoro presentó aqueste escrito haciendo demostración de 



'^ 



280 CAPÍTULO XXII 



« unas Letras Patentes de Nuestro Reverendísimo Padre, y una 
« Bula confirmatoria de Su Santidad, con el nombramiento de 
« Provincial de la Provincia de Chile. » 

« Y visto por nuestro Muy Reverendo Padre Maestro Fray 
« Francisco de Castro, Prior Provincial de la Orden de Nues- 
« tro Padre San Agustín, en la Provincia del Perú, y considera- 
« das las dichas Letras Patentes de Nuestro Reverendísimo Pa- 
« dre General el Maestro Fray Jerónimo Romano, confirmadas 
« por el Sumo Pontífice Urbano Octavo, y coladas por el Su- 
« premo Consejo de las Indias, dijo: que las obedecía y obede- 
ce ció según y como en ellas se contiene, en cuya señal las tomó 
« en sus manos, besó jr puso sobre su cabeza, diciendo que des- 
« de luego se apartaba y apartó, renunciaba y renunció todo el 
« derecho, acción y jurisdicción que tenía, tiene y han tenido 
« los Provinciales de esta Provincia del Perú, sobre la Provin- 
« cia de Chile según y conforme se la concedió el Reverendísi- 
« mo Padre General el Maestro Fray Nicolás de Sant* Angelo, 
« por sus Letras Patentes, y por otras del Reverendísimo Padre 
< Maestro Fray Jerónimo Romano, siendo Vicario General; y 
« que se despache la Patente que se pide y así lo proveyó y fir- 
« mó. Fray Francisco de Castro, Prior Provincial. — Fray Ni 
« colas Ramírez, Secretario. » 

A todo lo cual se agregó la orden terminante al Padre Alon- 
so de Almeida de volverse á su Provincia él con todos los Reli- 
giosos que no estuviesen incorporados en esta Provincia de 
Chile. Mas todos^ incluso el mismo Padre Almeida, que tiempo 
ha lo había hecho, permanecieron aquí, salvo el Padre Pedro 
del Espíritu Santo y el Maestro Luis de Chaves. 

6. Estos dos Religiosos como Superiores inmediatos que ha- 
bían sido, daban acción al Convento y á la Provincia para pro- 
ceder en contra de ellos; la empresa era de lo más arriesgado, 
pues los que debían procesarse contaban con todo el apoyo y 
favor no sólo de la Real Audiencia, pero aún de las más pode- 
rosas é influyentes familias de la capital. 

No obstante, nada era difícil para la eotereza y energía de 
carácter de un Pérez de Espinosa: sobradamente capaz él era 



á 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



281 



para desafiar las iras todas de la Real Audiencia y de toda la 
familia Lisperguer. 

Sabido es como en aquel tiempo esta familia, con sus rique- 
zas y su influencia, llegó completamente á supeditar la acción 
de cualquiera Justicia en Chile al punto de ser la misma Real 
Audiencia nada más que instrumento servil de los Lisper- 
guer. 

Y pronto vinieron a relacionarse, en estrecho parentezco con 
esta familia, las de algunos Oidores; y para colmo de males, si 
antes con punible disimulo paliaban los escándalos de la aristo- 
cracia de Chile, en adelante ésta hizo pública ostentación de su 
liviandad y de «us crímenes. Y la familia Lisperguer, que en 
alto grado, pudo con sus riquezas captarse todo el poder de la 
Real Audiencia, fué la que se manchó entonces con más san- 
gre y más infamias. Es gloria, pues, del Padre Baltasar Pérez 
de Espinosa haber condenado, con enérgicas y severas pala- 
bras, nacidas al calor del celo sacerdotal, aquel desbordado y 
hasta entonces no visto libertinaje, aunque bien sabía que aque- 
llo tan solo debiera acarrearle grandes odios y persecuciones 
de la Real Audiencia y de las familias nobles y poderosas. Y, 
en tiempo en que los mismos Obispos sólo se animaban á de- 
nunciar por cartas privadas al Rey semejantes excesos, sin atre- 
verse á atacar de frente el mal, el Padre Pérez de Espinosa no 
cesó un día de censurarlo acremente, en las calles y plazas, sin 
atenuaciones ni miramientos, valiéndose hasta de las más cru- 
das frases castellanas. 

Difícil es hoy apreciar hasta, donde llegó el coraje con que 
atacó las desenvueltas costumbres de aquellos dias, la entereza 
de carácter con que jamás desistió de aquel propósito y el va- 
lor con que miró friamente desencadenarse contra él la furia y 
violencia de los Oidores y Lispergueres. Nada retrata más a 
vivo todo esto que las mismas palabras del Oidor Don Rodrigo 
de Carvajal, cuando dice: «este fraile Fray Baltasar, pública- 
« mente por las plazas y calles, ha dicho infinitas injurias y pa- 
« labras feas contra todos los señores Presidente y Oidores, y 
« Religiosos graves de otras Ordenes, y contra hombres casa- 



I 



I 



p^-ü 






^ 



282 CAPÍTULO XXII 



í dos y mujeres principales á que, como ve que la Audiencia 
Á no pone remedio, pasa adelante su atrevimiento.» 

7, Siendo tal el estado de los ánimos en contra del Padre 
Baltasar Pérez de Espinosa, bastó el más leve impulso para que 
se pusiera en movimiento en contra del Provincial de los Agus- 
tinos cuanto la pasión aconseja y el resentimiento sugiere. 

Pf>r eso, habiendo intentado procesar y castigar á los sobre- 
dichos Reli tilosos con la severidad propia de las Reglas Monás- 
ticas, el Padre Baltasar Pérez de Espinosa en vez de tener de 
su parte el favor y auxilio de la Real Audiencia, ésta por el 
contrarío, indebidamente introduciéndose en el gobierno inte- 
ñor y doméstico de la Comunidad, puso óbice al Provincial 
Agu^^tino, en el desempeño de sus primeras atribuciones y fa- 
cultades. 

Se le ordenó suspender procesos, levantar castigos, quedan- 
do inhibida su autoridad para proceder adelante, so pretexto 
de que se excedía en el uso de sus facultades. A estarse á las 
palabras del Oidor Don Rodrigo de Carvajal, el Padre Baltasar 
Pérez de Espinosa era un prelado que atacaba á sus subditos, 
armado del hierro u del látigo. (5) 



(o) Hupono qu(j iK*onietÍ<^ al Padre Henestroza con un machete, sólo por- 
que le peditt MU castiga^i* ul Padre Chaves; pero que el machete ae le cayó al 
BUt^u y nc le liirió; ni tuini»nco le recogió, para renovar los golpes. Supone 
qutf áU'i tantu> íizoti.'s ul Pudre Chaves, que se creyó muriese; y el Padre Cha- 
ves fii*'^ uno (líí Iiis primt-ro^ en irse al Perú bueno y sano. Supone, en fiíL, 
otras mil ridieulns invenciones de no motivada crueldad y fiereza; y, por lo 
mismo, iiu pudieron >in- efectivas. Sería excusado entrar aquí en esta discu- 
hiiúQ* si el r^eñor AmunáU-gui, en su mencionada obra del 'Terremoto de 
Mayo í no hubiera ulrrtijí^ dolí memoria del Padre Baltasar Pérez de Espinosa, 
dando publicidudáim documento, ¿todas luces sin mérito, ni valor histórico, á 
lo menas para lo qiít* eáte i-critor intenta probar. Pues si, según él estaba 
tftn relíijaiU la Comunidad ^>;óm() tiene á su cabeza un Superior tan rígido, 
que li las mus leves f:dtj*ík impone castigos tan severos? Si, según el mismo, 
los Agiíiitinos y lo?^ Li>iH'rgij.er son cómplices de los mismos crímenes ¿cómo 
©11 ronces s^ expli<'a el furor de la fieal Audiencia en contra del Provincial 
de lo!" Agust ino.s h a ^ta ob Hilarle á dejar á Chile? Si, finalmente, era tal la 
corrupción é ininoraüdad ctí los claustros ¿cómo el irritado Oidor tan sólo 
tiene Largos á la neveríilad, ó, mejor dicho, crueldad con que se persigue á 
loíi H^lísíiosM:* dídiiicuentes? Aquí el Seí\or Amunátegui mostró haber perdi- 
do Hu criterio* *'^ ^ 

Tambit-u el 8eftor Puon^alida, en su «Historia del Desarrollo intelectual 






HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 283 

Felizmente, en favor del Padre Pérez de Espinosa existen do- 
cumentos de la misma época, y relaítivos á los propios sucesos 
juzgados con tanta severidad por Don Rodrigo de Carvajal, y 
que evidencian en el Provincial Agustino aldigno Superior, que 
con el mismo celo y valentía que atacaba la inmoralidad de la 
alta sociedad de Santiago, promovía la observancia del Instituto 
dentro de las murallas de su Convento. 

Prueba de que el Padre Baltasar merecía de su Comunidad 
[)lena adhesión es el siguiente acuerdo tomado por los Capitu- 
lares de la Provincia: «Por cuanto habiendo entre nos tratado y 
^ conferido las cosas que adelante se pueden ofrecer, pidiendo 
c luego el remedio y no poderse le dar, porque sería necesario 
c aguardar á Capítulo Provincial para su ejecución; teniendo la 
c satisfacción que tenemos de las buenas partes, prudencia, 

buen celo, sabiduría, amor y caridad en las cosas de nuestra 
' sagrada Religión de Nuestro Muy Reverendo Padre Fray Bal- 

< tasar Pérez de Espinosa, Provincial de esta Provincia, le da- - 

< mos toda nuestra autoridad y veces, sin exceptuar cosa algu- 
« na, para que haga, en las cosas que se puedan ofrecer, las 
^ mismas acciones que nosotros haríamos dentro de este Capi 

^ tulo, celebrado con todas las ceremonias y ordenanzas que 

< Nuestras Sagradas Constituciones disponen; de manera que 
<■ si las cosas (lo que Dios no permita por su misericordia) pí- 



en Chile», página 308, toca estos hechos y, refiriéndose al Padre Alonso á*y 
Ahneida, cita la pás^ina 98 y siguientes del «Terremoto de Mayo», y con in- 
creible audacia afirma que de su lectura constan las (thazañas falderescas* 
de este Agustino. Lea cualquiera osas páginas y sabrá quo esas «hazaña- 
fulderescasv sólo existen en la imaginación de quien falséala historia con 
tanto cinismo. Ni Aniuniitegui lia escrito nada en contra de este Agustino, 
ni en los documentos citados hay algo en contra del honor y reputación del 
Padre Alonso de Almeida. 

Lo que ahi se refiere es que el Padre Pérez de Espinosa extrajo al Padru 
Olía ves de lá casa de Rafael Sierra, en donde se había refugiado huyenda 
de los castigos que le esperaban. Este es el hecho: y por más detalles que se 
acumulen al rededor de él, nada resultará en contra del Padre Chaves, qm: 
.se asila en la casa de un Ex-Corregidor de Tarapacá, amigo intimo de \o^ 
Agustinos y Padre de un Religioso; ni en contra del Padre Pérez de Espino- 
.sa, que persigue á un súl) lito rebelde y fugitivo; ni mucho menos en contra 
•del Padre Almeida, quien no tiene más parte en este aj<unto, qu»- haber acu- 
dido á la Real Audiencia, en tales circunstancias. 



é 



"^ -.UM 



284 CAPÍTULO XXII 



t diesen despojo de hábito, lo pueda hacer acompañándose con 
« el Definitorio, etc.» (6) 

La Provincia aprobó la celosa conducta de su Prelado, y no 
pudo menos de confiar en su prudencia, buen celo, sabiduí^ía, 
amor y caridad que le distinguían, en las cosas de su Reli- 
gión, 

8. Sin desmayar por estas contrariedades que le oponía la 
Real Audiencia, en el cumplimiento de sus deberes, el Padre 
Baltasar Pérez de Espinosa, menos, según parece, preocupada 
de lo que concernía á su persona, cuanto por pedir remedio al 
mismo Rey de España, haciendo ver á su Real Consejo de In- 
dias la conducta de los Oidores en Chile, partió á fines de No- 
viembre de 1629 con dirección á Madrid. 

Las repetidas fatigas de tan largos y penosos viajes, empren- 
didos uno casi en pos del otro, aceleraron sin duda el último 
día de! Padre Baltasar Pérez de Espinosa que le sorprendió en 
España en los primeros meses de 1630. Como el Ilustrísimo 
Don Juan Pérez de Espinosa, su hermano, en un genial arran- 
que de carácter, salió de Chile en la esperanza de volver vence- 
dor de sus enemigos, mas la muerte les sobrecogió á ambos en 
España, cada uno en su Convento, así el Agustino, como el 
franciscano, dejando en Chile imperecederos recuerdos de seve- 
ridad y entereza. 

9. El lector que pase en revista los sucesos referidos, si los 
compara con los que narra el Cronista Torres de la Provincia del 
Perú, se convencerá de la inexactitud no sólo de sus apreciaciones 
sino aun de los mismos hechos; como cuando se atreve á decir: 
•ílue^ío que vino á noticia del Provincial del Perú la intempesti- 
« va y mal fundada elección del Padre Fray Baltasar en- 

* vio á mandar con aprieto á los Padres de Chile que se Uama- 
« ban Provincial y Definidores diesen razón de lo que 

* habían obrado contra derecho, etc.» (7)- 

Se ve pues que el Padre Bernardo de Torres careció por en- 
tero del conocimiento necesario de los antecedentes que justi- 
ficaban todo lo obrado por la Provincia de Chile, como que lo 



(fti Acuerdo del 19 de Abril de 1629. Lib. Prim. de Prov. 
Í7j T.Tres. Crónica, Lib. I, Cap. VI. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 2S5 

hemos visto dispuesto por la suprema autoridad de la Orden y 
de la Iglesia. No es extraño que de este modo el mismo Cn> 
nista afirme que el Padre Montoro fué á Lima á dar explicacio- 
nes siendo que fué precisamente con exhorto y requeri- 
miento á exigir de aquel Provincial la obediencia á los Decrctujs 
del General de la Orden, so pena, en caso contrario, de decla- 
rarlo incurso en todo género de censuras. 

Dice finalmente el mismo Cronista, hablando del Padre Ral- 
tasar: «aunque ascendió á la dignidad (de Provincial), nunca le 
« gozó con quietud, porque se le crecieron gravísimos desabí i- 
« mientos y litigios con los mismos que le habían elegido.» Ks- 
tos desabrimientos y litigios, ya lo sabe el lector, no vinierun 
de parte de los que eligieron al Padre Baltasar, pues le eligiu el 
mismo General de la Orden, ni menos de los Religiosos de es- 
ta Provincia de Chile, sino de los Padres Almeida y Chaves, ul- 
timos representantes de la autoridad del Perú. 

Sirva tan solamente de excusa al Padre Torres el no haber 
tal vez tenido á la vista los documentos con que ahora se le re* 
futan sus infundadas apreciaciones respecto á la Provincia clt.* 
Chile. 

10. Esta, durante los dos años siguientes de 1630 y 1651 es- 
tuvo gobernada por el Padre Juah de Toro Mazóte, quien á su 
turno experimentó la acción, no de la Real Audiencia, sinti la 
del Ilustrísimo Señor Doctor Don Francisco Salcedo, ObiNjni 
de Santiago. 

11. Fuera de este aún más extraño litigio, quesera matt/iia 
del siguiente capítulo, no hubo otro acontecimiento notable cti 
la Provincia que la celebración de la Congregación Intermedia, 
que tuvo lugar el 9 de Agosto de 1630. 




I 



^ 



^ 




Capítulo XXIII 

El Ilutstríttíim) Señor Don Fniucisco de Salcedo y los 
Agustinos 162$-1634 



. El Ila^trísiimo Señor Don riMTioi-s<:í> At^ Salcedo. — 2. So opoiii' A la ftii^ilíi- 
ció Q del Ctiu vento de ValpflrniMj.- 3, El Gobernador, don Liiv^ Kernúndeji 
df* Córdoba y An-e, dn licencia püni que se haga la fundación, A2Í de Ju- 
lio de Hí!a7.— 4. Pide el Obispo a la líeiil Audiencia que ordei^ü la deiiio- 
lioión de tísto Convento y de otnks ríiico más, según prescripciones de Ptíu- 
lü V en su Dula dada, el 28 de Setiembre de 1011, a petición del Rey d'* 
Ks-jjiifirt. — 5. La Rí?¡il Aitdieneiu fiillii qut* no ha lugar á la deiii<díciúu. f ii 
VÍstíi de lo íileg-tídfi por los Agustinos. —O — El Obispo levanta iiiformfií'i«in 
arerCft del estjidu de los Convt:'Dro> Agustinos y pide al Rey d^* Espafui la 
iiem*^lición de Conventos,— 7. Los Agustinos protestan dcaqUMÍbi informa* 
citm* — 8, Hacen lüv.intar iufort nació u afterca de la necesidad t'l^'l Conven t*j 
de Valparaiiso.- 9. r>brífna4^l Obi^iuF del Rey de España la Cédula que or- 
denii la dtimolieií'íu lUi sí'ís Conventos y pide á la Real Audiincio que r-e 
fjerute— K». ^uplic^n los Aíftistinos ^e Hispendasu ejecución, bfliñeiidí» sii 
defensa ante el Roy j bi K^ítd Audiencia*— IL La Real Audieinia rehdt*> 
Mj fallo á lo que dtíüids el Itey. - 1^* Ordena el Rey por segunda ve^ la de- 
molieión de k>?-Conventí>>,— l^i Muere el Obispo y no se demutde niu^L^im 
iíonveut^. 



[. Todos los Obis[>Ós de Santingo de Chile se han distinjj;ui- 
cío por su celo pastoral; algunos por sus letras; el Señor Salce- 
do por su acción contra las Ordenes Religiosas, especialmente 
la de Agustinos. Los Regulares para este Obispo son *la plaga 
de las Indias Tí como él los llama en la siguiente carta dirigida al 
Rey^ el lo de Febrero de 1632* Nada mejor que ella revela el 



á 




HISTORIA DE LOS Aíil'STINOS EN CHILE 287 

espíritu que animaba á este Prelado: hela aquí en la parte que 
se refiere á las Comunidades: 

«Los Conventos que hay en esta Ciudad son cuatro: Santo 
í Domingo tiene ordinariamente 70 y más Religiosof^; San 

< Francisco 40, San Agustín más de 30, La Merced 25 a 30. 
^ ¡Como podrán sin molestia llevar sobre sí estos pocos vt^cinos 

< y moradores tanto peso! Y así conforme van adquiriendo Ins 
'-< Conventos heredades, censos y posesiones, no tardarán mti- 
^ chos años en hacerse dueños de lo que resta. Esto es ^TKve 
* inconveniente al estado y consenación de estas IVovincias. 
' Esta es plaga universal de las Indias. Diré á Vuestra Majcís- 

< tad lo que vi en la Serena cuando la visité^ que siendo i\c tan 
' pocos moradores, tiene cuatro Conventos, un Cura y ViC*uio, 
-^ ermitas y hospital; y son más los frailes que los vccinus, ijtiL* 

< con gran sentimiento me dieron á entender la molcsii;! que 

< padecen con importunas limosnas, y no pocos desconcicrtoíi, 
^ que en Conventos pequeños... acontecen.» 

Xo es solo este daño el que causa la multitud de frail ^ que 
' hay en Chile. Ellos vencen cuant05> pleitos hay en esta Au- 
'< diencia Real, por ser tan validos de deudos y amigos, y tanto 
« el decoro que les guardan los Oidores, no sé si diga tcnuir, 
" que no hay cabildo, proveimientos de Oficios, encomiendas 
^ de Indios, casamientos, y en cuanto el Gobernador y la Au- 
^- diencia ejercitan su jurisdicción en que no metan manos kís 
-< frailes en perjuicio de otros que pueden menos; y es forzoso 
« por ser tantos que busquen en qué entretenerse » 

«Xo queda razón de duda de que no conviene traer frailes tie 
« España: que los pueden sacar de este Reino para otro, sin 
« hacer falta á las obligaciones de sus Religiones.» 

Así hablaba de las Ordenes Regulares un Obispo que tenía 
una Diócesis tan vasta como toda España, y en la cual escasa- 
mente habría un centenar de clérigos; sin embargo pedía al Rt^y 
no le mandase de Europa un solo Religioso más; y que le haría 
singular merced en sacarle para otra parte los que tenía en Chi- 
le. Y las razones alegadas en él darían hoy pábulo á sectarios 
que pidiesen la expulsión de los Regulares y la confiscación de 
sus bienes. 



I 



i 




288 CAPÍTULO XXIII 



2. La guerra abierta que declaró á los Agustinos comenzó 
por la fundación del Convento de Valparaíso en 1627, median- 
te las generosas donaciones del Capitán Juan Rodrigo de Guz. 
man y del Escribano Jerónimo García y Corvalán. No pudo 
menos de aceptar su oferta la Comunidad Agustina, pues el 
constante movimiento de Religiosos del Perú á Chile, hacía in- 
dispensable el poseer una casa en Valparaíso, en donde pudie- 
ran disponer su viaje los que salían, ó bien hospedarse conve- 
nientemente los que llegaban de una navegación fatigosa. 

3. El Gobernador de Chile Don Luis Fernández de Córdoba 
y Arce, el 21 de Julio de 1627, concedía la licencia para llevar 
á cabo la misma fundación en estos términos: «Por mí visto el 

< dicho pedimento, con los pareceres informados del Señor 

< l^^iscal de Su Majestad, de la Real Audiencia de Santiago, y 
' del Cabildo y Regimiento de ella, en que afirman y declaran 
<^ ser útil y conveniente la fundación y erección del dicho Con- 
' vento, en el Puerto de Valparaíso, hacia el servicio de ambas 
« Majestades, como para los demás buenos efectos que en los 
« dichos pareceres y autos se contienen, en cuya conformidad 

< por la presente, en nombre de Su Majestad.... concedo licen- 
' cia á la dicha Religión de San Agustín para que los Padres 
<■ de ella puedan edificar, fundar, erigir el dicho Convento en el 

< dicho Puerto de Valparaíso.» 

Efectivamente, no sólo los Agustinos estimaron conveniente 
para los fines de su Orden tener allí un Convento, sino también 
del mismo parecer fueron los vecinos todos de aquel lugar, la 
Real Audiencia y el Cabildo .de Santiago, por exigirlo así el 
servicio religioso de aquella localidad, que ganaba inmensamen- 
te con la diaria y continua asistencia de algunos Religiosos que 
allí vinieran á fundar y establecerse. 

4. Pero el Obispo, á quien se pidió primero la licencia y la 
negó contra el parecer de todos, se irritó sobre manera al saber 
que el Padre Alonso de Aillón Bela vivía en la casa donada á 
los Agustinos, en Valparaíso, y que dentro . de ella celebraba 
los divinos oficios. Inmediatamente «Su Señoría pronunció un 
« Auto.... en el cual ordenaba al Vicario que no consintiese que 
« los dichos Religiosos levantaran iglesia, ni pusiesen campana. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 289 

< ni consintiese decir, ni oir misa en ellas, con las penas del 
€ dicho mandamiento.» (i) 

El Obispo invadía, con esta orden, los derechos de los Regu- 
lares. Aquél puede oponerse á la erección de una Iglesia Con- 
ventual; pero la pieza en que celebraba el Padre Aillón Bala, no 
era Iglesia; y la casa en que vivía no era Convento; si tenía 
campana, era porque con ella los Religiosos se llaman á sus 

distribuciones; y finalmente, si el edificio tenía vistas á la ca- ,^ 

He, como éstas no se habían aún trazado en Valparaíso, en 3 

cualquier parte que estuviesen las puertas siempre se hubiese 
dicho que daban entrada á un público que entonces no existía. -^ 

En consecuencia, existiendo razones para que no fuese obe- 
decida la orden del Señor Salcedo, el Padre Aillón Bela conti- ■ 
nuó celebrando dentro de la casa, porque para ello no necesi- | 
taba más facultades que las de su Provincial, ni era menester «Ü 
excluir á los fieles de su asistencia á esta misa, pues hasta en 
los oratorios privados de los Regulares se puede cumplir con 
ese precepto. 

Esta resistencia de los Agustinos mortificó al Señor Salcedo 
y, como si quisiese acabar con ellos, pidió á la Real Audiencia 
que se diera cumplimiento á lo ordenado por Paulo V, en su 
Breve de 23 de Septiembre de 161 1, por el cual, á petición del 
Rey de España, mandó que fuese demolido todo Convento que 
no contara con el número de ocho Religiosos. Y como los Con- 
ventos Agustinos de la Serena, Longotoma, Valparaíso, la 
Chimba, Ñuñoa y Maule no tenían este número de Conventua- 
les y se habían erigido, según afirmaba el Obispo, sin licencia 
de Rey, ni del Diocesano, por tanto, el 5 de Octubre de 1628, 
el Señor Salcedo pidió á la Real Audiencia «mande con efectc» 
« despacharme llanamente la real sobre carta para demoler el 
« dicho Convento (de Valparaíso)... y así mismo se me despa- 
« che provisión real para demoler los demás llamados Con- 
« ventos.» 

Y, como si fuese cosa de poca entidad pedir la demolición 



(1 } Palabras tomadas de la Información hecha por el Obispo el 22 de Sep - 
tiembre de 1628. 
19 



"^ 



290 CAPÍTULO XXIII 



de seis Conventos, el Obispo agregó la de negarse á conferir 
las órdenes sagradas á los Agustinos, sin que para hacerle cam- 
biar de resolución fuesen bastantes ni los ruegos de los Gober- 
nadores, ni las súplicas de la Real Audiencia, ni los empeños 
de las personas más íntimas é influyentes en el ánimo del Señor 
Salcedo. 

La Real Audiencia, en aquel terrible trance para la Provincia 
Agustina, no proveyó felizmente la petición del Obispo, sino que 
se contentó con decretar: «Traslado á la otra parte y que para 
« la primera audiencia responda.» Y el Padre Diego de Ayala, 
Procurador General de la Provincia, á nombre de ella respondió: 
que el llamado Convento- de Valparaíso no era Convento, si no 
hospedería de los Religiosos y mostró, además la licencia que 
para ello se tenía del Gobernador Don Luis Fernández de Cór- 
doba y Arce. Respecto á las otras Casas, alegó que todas se 
habían fundado con las debidas licencias del Rey y de los Dio- 
cesanos; y que, si era verdad que no contenían el número de 
ocho Religiosos, ello únicamente dependía de que el Obispo no 
quería conferir Ordenes á los Religiosos Agustinos, á pesar de 
tener la Provincia, muchos sujetos hábiles y competentes. 

5. En vista de todo lo cual, la Real Audiencia que mejor que 
nadie estaba convencida de la fuerza y violencia que á los 
Agustinos hacía el Obispo, no permitió se llevase á ejecución 
ni la Bula de Paulo V, ni la Real Cédula de 12 de Diciembre 
de 16 1 9. Y con sobrados motivos, pues aquellos Decretos se 
dictaron para Diócesis y Provincias ya fundadas y bien esta- 
blecidas; las de Chile estaban todavía fundándose y estable- 
ciéndose, en medio de mil dificultades, que no permitían se 
cumplieran, por el momento, aquellas leyes, fuesen reales, fue- 
sen pontificias. 

6. Mas, en tanto que los tribunales debían fallar, para si fue- 
so adverso su fallo, tener recurso expedito al mismo Rey de 
España, el Obispo Salcedo abría información acerca del estado 
en que se encontraban, á la fecha, aquellos seis Conventos 
Agustinos que se proponía hacer demoler, consistiendo esto, 
según explicación del Papa Paulo V, y del Rey, en destinar 
desde luego aquellas casas á usos profanos, quitándolas del do- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 29I 

minio de la Orden; ó cuando menos, adjudicándolas á otras 
Ordenes Regulares. 

Pudo el Obispo reunir, para el efecto, los testimonios de cua- 
tro eclesiásticos y de cuatro seculares, quienes interrogados 
acerca del número de Religiosos Agustinos que asistían en esos 
seis Conventos, todos contestan que, con excepción del Con- 
vento Principal de Santiago, en el cual existían cerca de treinta^ 
con gran clausura y observancia, y fama de doctos y predica- 
dores, en los demás pequeños Conventos á lo más habitaban 
cuatro Religiosos. Y preguntados los mismos declarantes sobre 
si sabían que los Agustinos hubiesen pedido licencia para tales 
fundaciones, los más dicen que lo ignoran, salvo el Conventó de 
Valparaíso del cual les consta haber negado Su Señoría la li- 
cencia. Y preguntados, finalmente, si saben que aquellas Casas 
se llaman Conventos y si sus Superiores son reconocidos como 
Priores, todos contestan afirmativamente, delarando algunoi? 
que eso sucede porque al presente la Provincia de Chile se se- 
para de la del Perú, y que tan solo en ese concepto se ha dado 
en llamar esas Casas Conventos y esos Prelados, Priores. 

7. Al mandar instruir semejante información, el Señor Salce- 
do citó judicialmente al Procurador General de la Provincia á 
fin de esclarecer «cuantos Conventos tiene en este Obispado el 
« Orden de San Agustín, y con que número de Religiosos cada 
« uno, y en qué sitio y distancia, y con qué clausura para po- 
« ner, se decia, el remedio que convenga é informar á Su Ma- 
« j estad.» 

El Padre Diego de Ayala, á nombre de la Provincia, contes- 
tó en estos términos: 

«Manda Vuestra Señoría hacer información de los Con- 

« ventos que hay en este Reino de dicho mi Orden, y el núme- 
« ro de Religiosos que hay en ellos; la cual información y cita- 
« ción, como más haya lugar de derecho, contradigo, sin que 
« sea visto ser algo lo que en sí es nulo y sin que sea_ visto 
« atribuir alguna jurisdicción á donde no la hay; porque querer 
« V. S. atribuirse jurisdicción en semejante caso, vienen á ser 
< derogados nuestros privilegios y estatutos, pues son tantos 
« los que nos exceptúan de semejantes conocimientos; y, para 



I 




292 CAPÍTULO XXIII 



« cualquiera que se pueda pretender ó ante Su Santidad, ó ante 
« Su Majestad y Real Consejo de Indias, está hecha informa- 
« ción en la Real Audiencia de este Reino de los Conventos 
s< que hay poblados y Religiosos de ellos. » 

«Por lo cual, hablando como se debe, requiero las veces que 
« el derecho permite, no prosiga V. S. Reverendísima en el co- 
« nocimiento de la dicha información, con protestación que ha- 
« go, de lo contrario, de usar de los derechos que por Bulas 
<¿ nos están concedidos; demás de que protesto el real auxilio 
<^ de la fuerza:» 

«A V. S. Reverendísima pido y suplico mande sobreseer en 
<; la dicha información habiéndola por contradicha y la citación 
<- que para ello se me mandó hacer, haciendo en todo según que 

< tengo pedido, para que en todo tiempo conste lo contenido en 

< este mi escrito, para ocurrir con él y su proveimiento á donde 
<^ más convenga, pido ante todas cosas se me dé testimonio.» 

Esto ocurría el 22 de Septiembre de 1628 y los Agustinos se 
contentaron únicamente con protestar, mientras tanto el Obispo 
adversamente informaba al Rey, remitiendo al Consejo de Indias 
toda cuanto en perjuicio de* la Orden y de sus Conventos en 
Chile pudo reunir y alegar, con la ventaja de no tener contradic- 
tor, y la autoridad que tenían las palabras de un prelado en el 
ánimo de los Reyes de España. 

Mas, conste para honra de los perseguidos, á pesar de todo el 
empeño del Obispo Salcedo, las informaciones por él obtenidas 
no arrojan ninguna sombra sobre el honor y reputación de los 
Agustinos: el cargo principal es que tienen Conventos asistidos 
tan solo de dos Religiosos. Cargo bastante bien pequeño, si se 
recuerda que la Provincia estaba todavía en el período de su 
fundación. 

8. Por fin los Agustinos el 14 de Octubre de 1630, iniciaron 
la información que debía presentarse al Rey en defensa del Con- 
vento de Valparaíso, y fué excelente: los personajes más nota- 
bles y distinguidos vecinos declararon que era de necesidad un 
Convento en Valparaíso, y de suma utilidad para el servicio re- 
ligioso de todos los fieles. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 293 



I 



9. Pero ya era demasiado tarde: el Obispo recibía la siguiente 
cédula de 16 de Diciembre de 1631, que dice: 

«El Rey — Presidente y oidores de mi Audiencia Real de la 
« Ciudad de Santiago en la Provincia de Chile: Por parte del 
« Obispo de la Iglesia Catedral de esa ciudad me ha sido hecha 

< relación que estando prohibido por diferentes' cédulas reales 
• fundarse Convento en esa tierra, sin mi licencia y mandato por 
« breve de Su Santidad que los que con ella se hubiesen erijíido 
« y fundado, no habiendo en cada uno ocho Religiosos Con- 
« ventuales y la Orden de San Agustín, contraviniendo á ello, 

ha fundado en esa Provincia diferentes Conventos, sin órdeiu 
ni regla, con solo dos Religiosos y el que más con tres ó cua- 
tro, como ha sido en Coquimbo, Valle de Longotoma, Chimba» ^ 

« Partido del Maule, Ciudad de la Serena, en una Viña una le- I 

« gua de esa ciudad, y al presente tratar de fundar otro en el I 

<< puerto de Valparaíso, donde no hay mas moradores que un 

^ cura y un hombre casado, sino es cuando á él arriban algunos 

« navios, sin haber necesidad allí de Convento, por haber, como 

< hay. iglesia parroquial, donde cada día se celebra»; 

«Y de todo lo cual se siguen crecidos inconvenientes, y estar^ 
« como están, con mucha indecencia los altares, por ser un apu- 

< sentó cubierto de paja; y aunque había dado cuenta de ellr», 
^ en esa Audiencia, y pedido el cumplimiento de las Cédulas y 
f Ordenes que de esto tratan, no habíais proveído cosa alguna^ 
« suplicóme atento á ello, mandase proveer, en el caso, del re- 
<í medio conveniente para las dichas fundaciones, y la adquisí- 
' ción de bienes, y defraudación de diezmos, que por este crtmi- 

< no adquiera la dicha Orden»; 

«Y visto por los de mi Consejo de las Indias, con lo que, en 
« esta razón, dijo y pidió mi fiscal de él, fué acordado que debía 
X mandar dar esta mi Cédula, por la cual os mando guardéi.s y 
« cumpláis, hagáis guardar, cumplir y ejecutar precisa y |nm- 
« tualmente las cédulas, que están dadas para que no se funden • 
« en esas Provincias ningún Convento, sin mi licencia, comCi lo 
« habíais haber hecho por lo pasado, sin haber dado lugar á 
« que, con tanto exceso, se haya contravenido á ellas, con aper- 
« cebimiento de que no lo haciendo así, demás de que me ten- 



I 



"1 



294 CAPÍTULO XXIII 



^ tiré por deservido, mandaré hacer, en el caso, la demostración 
% f[ue convenga > ; 

i Y luego que recibáis esta mi cédula, haréis que todos los 

Conventos que la dicha Orden ú otras hubieren fundado, en el 
« ílbtricto de esa Audiencia, sin mi licencia, se demuelan y qui- 
7 ten y reduzcan los Religiosos, que hubiere en ellos, á los de 
« ilnnde salieron; 

Lo cual ejecutareis sin admitir sobre ello réplica, ni excusa 
i- alguna, y de como así se hubiere hecho, me avisaréis en la 
^ primera ocasión. Fecha en Madrid á 16 de Diciembre de 1631 
-r años — yo el Rey. > 

Al leer este documento, parece increible que el celo pastoral 
llevara al señor Salcedo á pedir la demolición de casi todos los 
Conventos Agustinos y otras Ordenes, como dice francamente 
i el Rey, por ser aquello ^ remedio más conveniente para las dichas 

' funtlaciones y la adquisición de bienes y defraudación de diezmos. » 

Parece igualmente increible que el mismo Real Consejo de 
Imlias que en 1627 autorizó la creación déla Provincia de Chile, 
con aquellos siete Conventos, porque todavía no puede poblar- 
los á cada uno de ellos, con ocho religiosos, en menos de tres 
artos, mandase demolerlos, despojando á los agustinos, por la so- 
la raí:ón de que el Obispo pueda percibir mayor renta, en la co- 
branza de los diezmos. 

Pues, no era razón la falta de licencia para fundar Conventos; 
el lector lo ha visto, cada fundación hecha por los Agustinos no 
solamente fué en debida forma autorizada por los gobernadores, 
sino que aún más, éstos hacían á los mismos Conventos merced 
de tierras, como todo en su lugar queda, en esta historia, referido. 

10. La impresión que entonces causó aquella Cédula, entre 
los Agustinos, se manifiesta en los términos con que el Padre 
Juan de Toro Mazóte se expresa diciendo al mismo Rey: «se 
< sirva sobreseer la Cédula que ganó con siniestra relación el 
^ Reverendísimo de este Obispado de Santiago, Doctor don 
a Francisco de Salcedo, advertido que es hombre que no le go- 
íf bierna justicia, sino tema; y en esta conformidad, no repara en 
« hacer mil estratajémas; Vuestra Majestad esté advertido que 
* es hombre de tormenta.» 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 295 



El Padre Bartolomé de Arenas, Procurador General de la 
Provincia á la sazón, á nombre de ella presentó á la Real Au- 
diencia, la siguiente súplica, digna de ser conocida, para así 
mejor apreciar el estado en que entonces se hallaban los Con- 
ventos de Regulares, y su mucha superioridad sobre los Curatos 
y sus Doctrinas, ella dice así: 

«Muy poderoso señor. — Fray Bartolomé de Arenas co- 

« mo más haya lugar, parezco ante Vuestra Alteza y digo: que 
« á mí se me ha dado traslado de un escrito presentado por par- 
« te del Dr. don Francisco Salcedo, Vuestro Reverendo Obis- 

« po con una Real Cédula, en cuya virtud y ejecución pi- 

« de se demuelan los Conventos que están fundados sin licencia 
« de Vuestra Real Persona, y s^ ejecución se cometa á uno de 
« vuestros oidores; que respondiendo á ella y el dicho su escrito 
« digo: que es de obedecer y no cumplir» 

«Lo primero porque, conforme á la relación que el dicho 
« Vuestro Reverendo Obispo hizo y la decisión de la dicha 
« vuestra Real Cédula, supuso que había en este Reino muchos 
« Conventos fundados, sin licencia de Vuestra Real Persona, y 
« en especia! de mi Religión, siendo así que todos los que hay 
« se han fundado con ella.» (2) 

«Lo segundo, se hizo siniestra relación en cuanto se informó 
« á Vuestra Real Persona de que la dicha mi Religión tenia un 
« Convento fundado en Longotoma, y otro en nuestra Viña, una 
« legua de esta ciudad, y otro en la Chimba, siendo así que note- 
« nemos tales Conventos, ni lo son, como protesto probar siendo 
€ necesario, pues diferentes cosas es tener un fraile, dos ó tres 
« en nuestras haciendas, para que cuiden de ellas, y en el Orato- 
« rio que cada una tiene, los días de fiesta, digan misa en ellas 
« para que la gente del servicio las oiga y los demás circunve- 
« cinos que hubieren devoción, á que por esos sean Conventos» 

«Pues en ellos no se entierra persona ninguna, ni hay sacra- 
« mentos, ni tienen Capellanías, subvenciones, ni otras limosnas, 
« sino la que por derecho recibimos como mendicantes y Re- 
« ligiosos.» 



\ 



(2; Aduce las razones ya conocidas y los hechos que son notorios. 







296 CAPÍTULO XXIII 



<Y querer quitar que, en las dichas nuestras haciendas, no 
« tengamos algunos Religiosos para que cuiden de ellas, y en 
€ ellas se digan misas, no es justo, ni conforme á derecho; pues, 
« como otro cualquier dueño de hacienda, de los que hay en este 
€ dicho Reino, tiene sus Capellanes pagados para que le digan 
« misa, podemos tener en ella nosotros un Religioso sacerdote, 
« para que la diga á la gente de servicio, y para todos los de- 
« más, que la quisieren oir, pues de esto no se sigue á los Curas 
<f perjuicio alguno, sino antes á todos muy gran provecho y uti- 
« lidad.» 

«Lo tercero, también se hizo relación siniestra, en cuan- 

< to á decir tratábamos de fnndar, en el Puerto de Valparaíso, 
« otro Convento sin licencia, porque se hallará haberla conce- 
« dido, el año pasado de 1627, vuestro Gobernador... Don 
c Luis Fernández de Córdoba.» (3) 

<'Lo cuarto, porque también se hizo siniestra relación, en 
« cuanto se expresó estaba mandado por Breve de Su Santidad 
« que los Conventos que, en esta Provincia de Chile, no hubie- 
« sen ocho Religiosos Conventuales, se redujesen á otro Con- 
« vento, porque jamás hemos tenido noticia de semejante Bula, 
« ni se ha practicado en este dicho Reino, por ser nuevamente 
« reducido á la Santa Fe; y, por ser muchas las partes donde 
« han de asistir para la predicación y buena doctrina los Reli- 
« ^iosos, no los pueden haber bastantes Sacerdotes, por no ha- 
<t berlos querido ordenar dicho Vuestro Reverendo Obispo^ 
« siendo hábiles y suficientes para ello.» 
I «Sobre que Vuestro Presidente Don Francisco Lazo de la 

« Vega le pidió los ordenase, y en esta misma conformidad 
^ « Vuestro F'iscal presentó petición para que lo hiciese...» 

«Lo quinto, porque también se hizo siniestra relación, en 
« cuanto se expfesó que las Iglesias de lo dichos nuestros Con- 
« ventos eran de paja y estaban indecentes; porque se hallará 
« que no solamente las Iglesias de los Conventos de la dicha 
« mi Orden que están fundados, en todo este Reino, las tienen 



(3) Hace presente el informe del Cabildo, peticiones de Capitanes de Na- 
vios, solicitud de vecinos para que se fundase Convento. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 297 

< de adobes y tejas y muy decentes, sino también los Oratorios 
« de nuestras Haciendas con más decencia, buen orden y adu- 
« rezo que las Iglesias de los pueblos, que están á cargo de los 
€ Curas y Vicarios clérigos.» 

«Pues casi todas las de este Reino son de paja, excepto una 
« ó dos, y apenas las hay por estar todas caidas, sin puertas. 
€ llaves, ni aderezo alguno; y las más hechas habitaciones d** 
« cabras y ovejas, caballos, lechuzas y murciélagos; todo lo 

< cual protesto probar.» " 
«Y como han hecho y hacen á entrambas Majestades los 

« Religiosos de la dicha mi Orden y de las demás, con las fun- * 

< daciones de los Conventos que tienen, muy grandes servicios 
« ocupándose en la predicación y administración de los Santos 
€ Sacramentos á españoles como á los naturales, con gran fer- 

« vor y espíritu; viviendo en los dichos sus Conventos con f 

« grande ejemplo de virtud y observancia de sus reglas é insti- I 

« tutos; saliendo á predicar y confesar á los pueblos de Indios, 

« á donde no hay Conventos, así los Religiosos de nuestra Or- 

« den, como los de las demás: que los unos y los otros confie- 

* san y declaran haber confesado muchísima gente que no se I 

c ha confesado, ni doctrinado, por no haber visto en su vida 

« Sacerdote, ni haber recibido el óleo, ni el Sacramento de la " 

« Confirmación, y muchos están bautizado por los pasajeros:. . ' 

« de donde se sigue la necesidad de Religiosos y Conventos. , i 

« y si faltasen, faltarían mucho los auxilios de la fe á los natu- 

« rales y á los españoles su grandísimo consuelo. » 

Casi al mismo tiempo el Padre Juan de Toro Mazóte, con 
una precisión y claridad de ideas y conceptos muy propios de 
aquella época, hace ver al Rey que las fundaciones de los Re- 
gulares, en Chile, en nada perjudican á los Obispos, ni á los 
Curas, en la cobranza de los diezmos, siendo cada una de las 
Ordenes el más poderoso auxiliar de ellos, en la predicación y 
demás ministerios sagrados. (4) Este escrito es un monumento 
de hidalga franqueza, dice así: 

(4) Tan sólo se ponen aquí las frases que no están comprendidas en la an- 
tenor relación. Todas las piezas que componen este expediente son muy es- 
tensas y aei solamente se presenta lo que tiene más interés histórico. 



r 




298 CAPÍTULO XXIII 



«Señor: A instancias del Obispo Don Francisco de Salcedo... 
« Vuestra Majestad se sir\^ió de mandar que los Conventos de 
« mi Orden... se demoliesen y quitasen y los Religiosos que 
« hubiese en ellos se redujeran á los de donde salieron... ha- 
« blando como debo... suplico y pido se sobresea en su ejecu- 
« ción... lo uno porque se siguen graves daños á la propaga- 
re ción de la fe... lo otro, porque ni por esto se sigue perjuicio 
€ á los Curas, ni se defraudan los diezmos, antes se le sigue 
« muy grande utilidad con las dichas fundaciones.» 

<f Porque en la Ciudad de Santiago y su jurisdicción, ahora 
« cuarenta y cuatro años, había muchos Indios, la tierra más 
« opulenta y las Religiones menos, por no haber llegado los de 
« Nuestro Padre San Agustín; y entonces valían los diezmos de 
« cuatro á cinco mil pesos, cada año. Y hoy hay más Religio- 
« sos, los Naturales menos, y el Reino menos poderoso; y valen 
« de trece á quince mil pesos. En que se esperimenta que Dios 
« Nuestro Señor aumenta y multiplica los bienes temporales 
« por medio de estos Religiosos » 

^Y este Reino experimenta, con mucha lástima, la falta que 
« hacen los Religiosos á los Naturales, pues hay muy pocos 
« que conocen á Dios, y los más no saben si le hay. Y habien- 
€ do Convento cesará la falta que se reconoce de haber un solo 
« Cura, el cual como la Doctrina no le vale más de doscientos 
« pesos, que cobra en cabras, y en dos ó tres años, se multipli- 
« can, con tan excesiva ganancia, trata de ella y deja á los mi- 
« serables Indios sin sacramentos.» 

«Y aunque las Religiones tienen estancias de ganados, hay 
« Religiosos que acuden á ellas y éstos no se ocupan en otra 
« cosa; porque el que ha de acudir á predicar y confesar, trata 
« solamente de aquel ministerio. Y el Cura, tratando de sus 
« granjerias, no puede acudir, siendo solo á sus Doctrinas y al 
« dicho puesto:... que hay estancias y reducciones de Indios 
« que, en más de dos ó tres años, no ha llegado el Cura, ni los 
« ha visto.» 

«Y luego piden el estipendio y cuando replican los vecinos 
« que si no han doctrinado sus Indios, ni enterrado, ni bautiza- 
re do, ni confesado, ni visto ¿cómo se piden? Responde el Obis- 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EX CHILE 



299 



« po: que paguen; y no se metan en más. ¿Y qué jornalero hay 
ft que lleve su jornal sin haber trabajado?... Y es muy ordinario 
ü el enterrarse los Indios unos á otros, sin que se halle el Cura; 

* con que v^ven y mueren como salvajes, lo cual es causa que 
« les mueve á no tener amor á la fe, faltando quien los instruya 
JE en ella. ^ 

1!. En tan terrible conflicto, como se hallaba la Real Au- 
diencia de Santiago, constreñida por el Rey á ejecutar su Real 
Cédula, y el Obispo que no perdía momento á fin de informar 
al Real Consejo de Indias de cuanto ocurría en la cuestión, no 
supo proveer otra cosa en favor de- los Agustinos, por los cua- 
les estaba ahora decidida, que esto: «Infórmese á Su Majestail, 
c conforme á lo que de estas (peticiones) resulta.» 

12. Pero, en Madrid, el 31 de Octubre de 1635 se decretó: 
f Que se cumpla la Cédula de 16 de Diciembre de 163 1, en 

* que manda demoler todos los Conventos de esta Orden ü 
€ otra fundados sin licencia de Su Majestad.» 

13. Había llegado, pues, la hora suprema, tan esperada del 
Señor Salcedo, en que creía ver extinguida la Orden Agustina 
en Chile: mas, el año anterior de 1634, habíase acabado, con la 
vicia de aquel Obispo, esta serie de querellas y litigios; y no se 
demolió ningún Convento, antes bien, muy pronto aumentóse 
su numero con regocijo de la Orden y contento de los vecinos. 



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Capítulo XXIV 

El Padre Nicolás Escobar y Yillarroel de los Ríos 

y Don Luis de Yenegas y Sotomayor, Gura de La Ligua 

1631-1634 



1. Objeto del presente Capitulo.— 2. El denuncio del Obispo Salcedo.— 3 
Comentarios del escritor edesiAstico DonCrescenteErrázuriz.— 4. Conjetu- 
ras de Vicuña Mackenna.— 6. Afirmaciones del Señor Amunátegui. - t». 
Se rohtituye la verdad á los hechos.— 7. El Cura de la Ligua, Don Luis de 
Venegas y Sotomayor.— 8. El Padre Nicolás Escobar y Villarroel de los 
Ríos. 



I. «Conste para honra de los perseguidos, se dijo en el Ca- 
« pítulo anterior, á pesar de todo el empeño del Obispo Salce- 
« do, las informaciones por él obtenidas no arrojan ninguna som- 
« bra sobre el honor y reputación de los Agustinos: el cargo 
« principal es que tienen Conventos asistidos tan sólo de dos 
« Religiosos. Cargo bastante bien pequeño, si se recuerda que 
« la Provincia estaba todavía en el período de su fundación.» 
Sin embargo hubo un hecho del cual no dejó de aprovecharse 
este Prelado, denunciándolo repetidas veces al Rey, á fin de 
obtener el Decreto de demolición de los Conventos de Agusti- 
nos en Chile. Y debió de causar impresión en el ánimo del Mo- 
narca, dada la persistencia con que intimó por dos veces aquel 
mandato respecto de una Orden Religiosa fundada no hacía 
muchos años á expensas de la Real Hacienda, y poco ha reco- 
nocida independiente de la Provincia del Perú, por contar la de 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 301 



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Chile, á juicio del mismo Rey, con suficiente número de Reli- 
giosos y de Conventos. 

El hecho, sobre que recayó semejante denuncio, es tan único, 
tan aislado, tan sin antecedentes, que en manera alguna jamás 
puede comprometer el honor de una Orden Religiosa, pero ni 

siquiera del Religioso que lo cometió: tan extraño de su mucha jl 

nobleza y elevado carácter es el crimen de que se le acusa! 
Sin nubargo, á pesar de que en este hecho, más que todo, ubra- 
mil la irreflección y el arrebato, para los escritores de nuestros 

días no solamente fué un crimen alevoso, sino que él fija la pau- | 

ta más segura para juzgar del estado de suma desmoralización ' 

en que se pretende colocar á la Provincia de Agustinos en aque- ^ 

líos tiempos. Y la acusación dirigida en su principio á un sólo ' 

individuo, hoy se ha hecho extensiva, por la procacidad de ! 

ciertos historiadores, á todas las Ordenes Regulares. A no me- 
diar esta causa, excusado sería entrar á referir un hecho que 1 
por más deforme y criminal que se pinte, nunca llegará á afee- ' 
tar sino al que lo ejecutó, quedando limpio y sin mancha el ho- 
nor de su grande é ilustre Corporación. Pero muy poco sería 
demostrar esto, que ya el lector se lo sabe, si fuese lo imico 
que por el momento se le prometiese poner á la vista en el pre- 
sente Capítulo: el denunciador es tan apasionado y, por otra 
parte, tan vacilante en sus declaraciones; y los otros testimo- 
nios son tan antojadizos, inexactos y destituidos de fundamen- 
to, que no habrá quien, siendo aún el más prevenido contra los 
Agustinos, que no lo3 absuelva de toda responsabilidad. 

2. En carta dirigida al Rey, con fecha de 20 de Noviembre 
de 1651, el Doctor Don Francisco de Salcedo, Obispo de San- 
tiago, cuenta como Doña Catalina de los Rios, esposa de Don 
Alonso Campo Frío y Carvajal, disgustada con el Cura de la 
Ligua, Don Luis de Venegas y Sotomayor, según allí se expre- 
sa, í porque no casaba Indias ajenas con sus Indios; y los 
« prohibía que no se confesasen con él», mandó que lo matase 
* según parece», como allí mismo se lee, al Padre Nicolás Esco* 
bar, Agustino que residía en Longotoma, y era primo hermano 
de aquella señora. Nadie, hasta el menos perpicaz, dejará de 
observar que por tan leves antecedentes no se pudo adoptar 




302 



CAPÍTULO XXIV 



usía resolución tan grave. Mas en todas las cartas del Obispo 
no se apunta otra razón que la dicha. Y así no es extraño que, 
d ¡6 de Mayo de 1633, escribiese «que Don Alonso de Carva-. 
« jal y Doña Catalina de los Rios, su mujer, al parecer sin cau- 
< sa, mandaron á un fraile Agustino, primo suyo, que matara 
K al Cura y Vicario que los doctrinaba.» En verdad, jamás se 
habrá hecho denuncio más enorme, con menos conocimiento de 
causa, ni expuesto crimen más atroz sin que aparezca motivo 
alí^runo justificado. 

\í\ Señor Salcedo, según propia confesión, ignoraba lo subs- 
tancial del hecho, y sin embargo individualizó, en sus más pe- 
queños é ínfimos detalles el suceso: lo que no dejará de admi- 
rar, por cierto, cuando el Oidor Don Cristóbal de fa Cerda y 
Sotomayor, en el acuerdo de la Real Audiencia, tenido el 1 5 de 
Febrerode 1633, decía: «Este negocio es de dificultosísima 
* probanza, por ser hecho de noche y en el campo.» No obs- 
tante, para el Obispo de Santiago las circunstancias todas del 
hecho les son más conocidas, que si éste se hubiese verificado 
en pleno día, hallándose él mismo presente á todo lo ocu- 
rrido, 

í^ero volviendo á la carta de 20 de Noviembre de 1631, en la 
cual con más extensión se refiere el hecho, sucedió de esta ma- 
nera: resuelto el Padre Nicolás Escobar, aunque al «parecer 
^ !sin causa», á cumplir la orden de asesinar al Cura de la Li- 
^ua, acompañado de un negro esclavo, un mestizo y un in- 
dio, salió un día de las casas de Doña Catalina de los Rios, su 
prima, en busca de Don Luis de Venegas. No hallándole en la 
Parroquia por haber ido á sacramentar un indio, le puso espías 
en el camino y le aguardó en el paso de un río pequeño, donde 
Uivo razones con él: y el negro le derribó del caballo; y, tenién- 
iliile asido de los brazos y el mestizo de las piernas, el Padre le 
dio de palos con uno «esquinado» que llevaba prevenido, cau- 
sándole seis heridas en la cabeza y otras en el cuerpo. El negro 
le Jijo: «Padre, ya está muerto; no le dé más.» Con lo que se 
volvió á casa de Doña Catalina y se sentó á cenar con ella y su 
esposo, <'Con gran chacota y pasatiempo.» El ladrido de los pe- 
rros atrajo gente al lugar del crimen, y éstas «desatando» al 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 303 

Cura, le llevaron á su casa y le curaron; y, volviendo el otro 
día á ver el lugar del suceso, encontraron los santos óleos de- 
rramados y el suelo ensangrentado. 

Por todos estos minuciosos detalles, aparece muy bien infof* 
mado acerca de la ejecución del crimen el Señor Salcedo, si se 
atiende á esta sola carta. Pero si se examinan las otras que es- 
cribió con el mismo objeto, se encontrará que varía tanto la re- 
lación de este suceso, que pone en evidencia que el Obispo es- 
cribía guiado sólo de vagos rumores, que él siempre acogía con 
la mejor buena fé del mundo. Así, mientras en una carta dice 
que el Padre estaba acompañado de «un negro esclavo, un mes- 
« tizo y un indio», en otra afirma que pudo cometer aquel cri- 
men «valido de dos esclavos y otros domésticos»; en ésta desig- 
na el lugar del suceso, diciendo: «Dio (el Padre al Cura) tantos 
« palos y heridas, que sólo lo dejó, porque lo dejó por muerto, 
« arrojado en una ciénaga»; en aquella señala el teatro del cri- 
men y dice simplemente: «Le aguardó en el paso de un río pe- 
« queño»; en la primera parte de la relación afirma que mien- 
tras «el negro tenía asido (al Cura) de los brazos, y el mestizo 
« de las piernas, el Padre le dio de palos»; en la segunda parte 
de la misma relación cuenta que, al ladrido de los perros, acu- 
dió gente y «desataron al Cura y lo llevaron á su casa y lo cu- 
raron. » 

Y no es esto todo, porque ni por haber dicho el Oidor Don Cris- 
tóbal de la Lerda y Sotomayor: «Este negocio es de dificulto- 
« sísima probanza, por ser hecho de noche y en campo»; no 
por esto el Señor Salcedo deió de ver clara y distintamente el 
palo «esquinado» que llevaba el Padre; el negro, el mestizo y el 
indio que le acompañaban. Y tan bien posesionado estuvo de 
todo, que vio cuanto éstos hicieron, y cuanto entre sí hablaron. 
Una sola cosa por la oscuridad de la noche, tal vez, no pudo 
distinguir, si el lugar del crimen fué el río ó una ciénaga muy 
parecida; si el Cura asido por un negro y un mestizo, en media 
de la corriente de las aguas, caía derribado á los golpes de ,su 
enemigo, quedando allí hasta el día siguiente las huellas de la 
sangre y de los santos óleos; ó si Don Luis de Venegas, atado 
á un árbol del camino, fué inhumanamente maltratado por el 



! 



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304 CAPÍTULO XXIV 



Padre Nicolás Escobar, hasta dejarle por muerto. Mas si este 
conjunto de detalles tan prolijos como extraños alguien dijese 
que el Señor Salcedo pudo muy bien conocerlos por el mismo 
Cura de la Ligua, sería evidente que, al darse cuenta de todo lo 
sucedido, desde su principio hasta el fin, Don Luis de Venegas 
no fué víctima de un atentado que le redujera, como se supone, 
á los términos de la muerte. De lo que evidentemente se deduce 
ó que el ataque estuvo muy distante de adquirir las proporcio- 
nes que se le señalan, ó ese cúmulo de minuciosos y aterrantes 
detalles no son más que pura invención de la fantasía. 

Y esto no tendría nada de aventurado, tratándose del Señor 
Salcedo, quien en sus cartas al Rey nostró á cada paso una cre- 
dulidad infantil, dando acogida á cuanto rumor llegó á sus oidos 
sin que importara que fuese el hecho más inverosímil y absur- 
do. Si, el ser anciano de cerca de ochenta años, pudo la edad 
reducirle el vigor de sus fuerzas intelectuales, no es del caso 
averiguarlo aquí, porque tal se muestra en esos sus escritos el 
Obispo de Santiago, que su criterio á nadie puede inspirar se- 
guridad ni confianza. 

En su carta de 10 de Abril de 1634 principia por denunciar 
al Rey los amoríos de Don Pedro de Valdivia, con la gran no- 
vedad de ser un siglo anteriores á la fecha en que escribía este 
Prelado. Y lo hace tan defectuosamente que la historia no co- 
rrobora sus asertos, porque si el Conquistador de Chile antes de 
hacer venir de España á su esposa se vio sujeto á esas anoma- 
lías del que largo tiempo vaga fuera del hogar, verificóse esto 
en forma muy distinta de la enunciada por el Obispo de San- 
tiago. 

A continuación de lo anterior, al hablar de la abuela de Do- 
ña Catalina de los Rios, dice: «Fué una buena señora que tuvo 
« muchos hijos é hijas y las tuvieron en esta República por en- 
« cantadoras como se experimentó por un duende que en su 
« casa alborotó toda esta tierra, con quien decían tenían pacto. » 
Al leer esto no habrá en verdad quien pueda formarse muy ele- 
vado concepto del criterio de un Obispo que da cuenta al Rey 
de encantamientos, de pactos con el diablo y de duendes que 
alborotan toda la tierra de Chile. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 305 

Pasa en seguida el Señor Salcedo á referir: «Esta Doña Ca* 
< talina, dice, de quien se trata al presente, mató á su padre con 
* veneno que le dio en un pollo, estando enfermo.» El General 
Don Gonzalo de los Ríos, que es la persona aludida, llegó á 
una edad avanzada rodeado del prestigio inmenso del que varias 
veces había ejercido el mando, entre sus conciudadanos; y del 
cariño de los suyos, á quienes legaba un nombre ilustre, y una 
herencia cuantiosa. 

Xo es posible, pero ni siquiera verosímil que, en su última 
enfermedad, una hija juntamente con la dieta le propinase el ve- 
neno. Y aunque es cierto que, á su muerte, como á la de los 
grandes personajes, circularon varios rumores que llegaron has- 
ta la Real Audiencia, también es cierto que estos resultaron in- , 
fundados y quiméricos. 

Bastaría lo contado para dar á conocer al Señor Salcedo, por f 



sus acusaciones; pero no es posible renunciar, entre tantas como 
se ofrecen, á la última que también se refiere á doña Catalina. 
«Quiso matar, dice, por su persona á Don Juan de la Fuente, 

< Maestre Escuela de esta Santa Iglesia y Vicario General de 
« este Obispado, corriéndolo con un cuchillo porque procuraba 
« impedir sus liviandades». Al oír esta peregrina relación, no 
habrá quien no se figure asistir á un paso de entremés. Debió 
de ser muy poco hombre aquel buen Prebendado, al ser corri- 
do con un cuchillo por una mujer! 

Si todos estos hechos á cual más grotescos estuvieran esparcí- 
dos en varios volúmones, no habría quizás motivo para desconfiar 
de su relator, pero están tomados de una misma carta en que 
abundan otros del mismo jaez, como cuando habla de las «yer- 
f bas con que Doña Catalina quiso envenenar el agua de la ti- 
€ naja que bebía el Gobernador, Alonso de Rivera;» y muy 
particularmente, al referir como «Doña Maria de Encío mató á 
« su marido estando durmiendo una siesta, echándole azogue 

< en los oídos. * Hechos todos son estos que sólo han existido 
en la imaginación del vulgo, y que ni la historia, ni la ciencia 
jamás pudieron comprobar. 

Pero volviendo al Padre Nicolás Escobar, en su antedicho en- 
cuentro con el cura de la Ligua, Don Luis de Venegas, el testi- 
20 



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3o6 



CAPITULO XXIV 



monio del Señor Salcedo no debe ser admitido por apasionado. 
Quien haya leído el capítulo anterior sabe á qué extremos el 
Obispo de Santiago llevó sus persecuciones contra los Agusti- 
nos. Y, si de todos los Regulares dijo que eran «la plaga de las 
« Indias», y pedía al Rey no le mandase de Europa un Religio- 
so más y que le haría singular merced en sacarlos para otra 
parte los que tenía en Chile; respecto de los Agustinos pidió, 
con repetidas instancias, que fuesen demolidos sus Conventos. 
En tan grave medida no le favorecía al Prelado otra razón que 
la de tener los nuestros sus Casas asistidas de menor número de 
Relijiosos, que el que ordenaba entonces el derecho. No era 
ésta, por cierto, razón para obrar contra los Agustinos, porque 
en igual estado se hallaban las demás Ordenes en Chile, sin que 
por ello fuesen molestadas. Habiendo, como se ha visto, toma- 
do desde un principio, en 1628, alarmantes proporciones esta 
cuestión, fácil es de suponer con cuanta facilidad, en 1631, dio 
acogida el Señor Salcedo á un rumor que venía tanto á com- 
prometer, á su juicio, el nombre de aquella Orden, cuya existen- 
cia en su vastísima Diócesis, no podía ver con buenos ojos. 

El suceso de la Ligua vino, pues, á servir admirablemente á 
los intentos del Obispo y, por eso, no es de extrañar que desde 
i 63 1, en cada carta que escribiera al Rey, no dejase de tratar 
este asunto, aunque siempre variando los detalles, con lo que 
demuestra no sólo haber dado acogida, con suma lijereza, á ru- 
mores varios é infundados; sino, muy particularmente, haber 
cedido á impulsos de una malquerencia. 

3. Así, por lo menos, debiera haberlo comprendido el Pres- 
bítero Don Crescente Ertá7uriz, el primero en exhumar estos 
antiguos documentos: el primero en explotar ese riquísimo ve- 
nero de noticias, que en sí encierra la correspondencia de los 
Obispos de Santiago con el Rey. Mas, teniendo á su disposi- 
ción tal cúmulo de datos, que de sus manos debiera salir aqui- 
latada la verdad histórica, sucedió todo lo contrario, en el pre- 
sente caso, porque no sólo no duda de cada expresión que vier- 
te el Señor Salcedo, por más contradictoria que en sí sea; sino 
que abultando los sucesos, como para hacerlos más sensaciona- 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



30/ 



leSj el hecho de la Ligua, para él, es un asesinato, y los hecho- 
res, unos asesinos. 

En el diario íE! Estandarte Católico», el 29 de Mayo der 
1875, escribía: ^Por último, quiso doña Catalina asesinar al 
f Presbítero, Luis de Venegas, Cura de la Ligua, porque se opo- 
t nía á ciertos manejos indecorosos. Lo hizo espiar y sus cria^ 
« dos lo dieron por muerto En este último escandalusct 

< atentado declara cómplice, el Obispo de Santiago á un Reli- 
■ gioso Agustino» próximo pariente de Doña Catalina. El Ctirií 
* Venegas no muño, como sus asesinos habían creído. Fué 

< después uno de los miembros más distinguidos del clero chile-^ 
« no. Rector del Seminario y Deán de nuestra Catedral.» 

El Señor Errázuriz, al hablar de asesinato y asesinos, olvida 
que el mismo asesinado jamás dio tal importancia á lo ocurrido 
en su Curato de la Ligua; para él tan insignificante fué el he- 
cho, que jamás intentó querellarse de él, ni ante el Obispo, ni 
ante la Real Audiencia; y si escribió una carta privada refirien- 
do lo acontecido, nunca estuvo en la mente de su autor llevar 
aquello á loS Tribunales civiles ó eclesiásticos. Solo dos años 
después de ios sucesos, cuando más arreciaba la contienda en- 
tre el Obispo y los Agustinos, á insinuación del Señor Salcedo^ 
sin duda alguna, ei 5 de Febrero de 1633, haciendo uso de 
aquella carta se presentaba ante la Real Audiencia el Capitán 
don Juan Venegas, padre del Cura de la Ligua. Y, á ser un ata- 
que tan alevoso, debiendo el Obispo desde el primer momento 
fulminar las penas eclesiásticas sobre los hechores, tan lejos es- 
tuvo de esto, que solamente después de haber visto que el nego- 
cio no adelantaba en manos de los Oidores, él se resolvió á avo- 
carse ante sí aquella causa. 

Se dirá que en privado denunciaba el hecho al Rey; pero dtr 
forma que nadie lo sabía ni podía contradecirlo; y este expe- 
diente pone más en claro el resorte de que se valió el Obispen 
á fin de recabar del Rey la orden de que fueran demolidos los 
Conventos de los Agustinos en Chile. Y no es vana suposición 
ésta, porque el Señor Salcedo, en su carta de 25 de Marzc^ de 
1634, después de referir, por cuarta ó quinta vez, lo ocurrido. 



{ 



^ 



308 



CAPÍTULO XXIV 



termina diciendo al Rey que: «todo es causado de que los dichos 
Conventos permanezcan.» 

También no deja de llamar la atención, cómo el Señor Errá- 
yuriz, después de compulsar debidamente los documentos, al 

* juerer espresar la causa del atentado, diga que todo sucedió 
porque el Cura de la Ligua se oponía á ciertos manejos inde- 

- bidos.» Y no se entiende de qué manejos habla el menciona- 
do escritor, porque en la primera carta del Obispo, que le de- 
bió ser muy conocida, el seP.or Salcedo explicando los disgustos 
de Doña Catalina de los Ríos con don Luis de Venegas, dice 
que << porque éste no casaba Indias ajenas con sus Indios y los 

* prohibía que no se confesasen con él.» Con lo que los mane- 
jos indebidos estarían de parte del Cura, que arbitrariamente 
se negaba á casar y confesar á sus feligreses. Mas lo que prin- 
cipalmente en este punto olvida el Señor Errázuriz es lo que el 
Obispo dice acerca de esto, que todo «al parecer fué sin 

causa.» 

Por último para dar talvez mas realce á su tragedia, dice el 
mismo escritor. <'E1 Cura Venegas no murió, como sus asesinos 

habían creido. F'ué después uno de los miembros más distin- 
« guidos del clero chileno,. Rector del Seminario y Deán denues- 
c tra Catedral.» En lo cual no se muestra muy al corriente de los 
hechos el señor Errázuriz, porque habiendo entrado, como Rec- 
tor del Seminario, don Luis V^enegas, en reemplazo de donjuán 
Ordóñez de Cárdenas, fué muy breve su rectorado, aparte de 
quxt no le daba la suficiente consagración á este oficio el otro que 
entonces desempeñaba, de Visitador del Obispado, especialmente 
en la Provincia de Cuyo. Y mayor cosa cabría afirmar de su pre- 
,sunto Deanato, pues, como luego se dirá, nunca fué Canónigo, 
ni Dignidad. 

4. Sorprenderá ahora al lector oir lo que respecto á este su- ' 
ceso escribió Vicuña Mackenna, quien discurriendo acerca de su 
«origen y propósitos, se expresa así: «El Obispo acusador dice 
£ que fué al parecer sin causa, pero el Cura de la Ligua, que 
« doctrinaba las encomiendas de aquella mujer pérfida y asesina, 
< era talvez estorbo á su crueldad. ^'O el buen sacerdote quiso, 

* como el Vicario de Santiago, sujetarla en sus desmanes de 




HlSTORiA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 3O9 



* ot ro genero? No es posible hoy aclarar estos vacíos de proce- 

* sos antiguos, mutilados ó perdidos El actual Ilustrísimo 

* Arzobispo de Santiago, muy versado, como se sabe, en cosas 
= de la Colonia, se inclina á creer que la causa del atentado con- 

* tra el Cura de la Ligua, en que hacía cabeza un Padre Agus- 

* tino» pudo ser el rigor que el Obispo Salcedo puso en supri- 
' mir los conventillos que las Ordenes Regulares tenían en di- 

* versos parajes del país El fraile Agustino, que atacó al 

« Cura de la Ligua, debió ser probablemente el Padre Juan de 
« Lisperguer, hijo talvez de don Fadrique, don Bartolomé, ó don 
^ Mauricio Lísperguer, y primo por tanto de doña Catalina 

* Treinta ai\os después de esta fecha en 1662, existía un sobrino 
' de doña Catalina en el claustro de San Agustín. Era este el 

* Provincial don Pedro Flores, de quién en otra ocasión talvez 

* contemos algo de interés. > (i) 

Como se ve, la investigación histórica avanzó un punto en este 
autor, aunque por otna parte se pierde en medio de sus propias 
conjeturas. El Padre Juan Lisperguer jamás ha existido. Y el 
Padre Pedro Flores, de cuyo nombre tanto ha abusado Vicuña 
^íackenna, no era sobrino, sino primo de doña Catalina de los 
Ríos y Lisperguer. Pero este error es insignificante, si se recuer- 
da que, gracias ala feliz invención de este escritor, el Padre Pe- 
dro Flores, ante que naciera, en 1604, ocultaba en su celda á su 
tía doña María Lisperguer y Flores, y ahora en 1631, antes de 
tomar eí hábito Agustino, es fiel ejecutor de las órdenes de su 
prima doña Catalina de Jos Ríos y Lisperguer. 

5. Vicuñíi Mackenna que tanto erraba en lo que más se preció 
de saber, cuaíes fueron sus estudios sobre esa célebre y antigua 
familia, de paso no deja de decir que el celo desplegado por el 
Obispo Salcedo contra los Conventillos era «porque la moral de 

* estas casas era muy dudosa»; y porque los Agustinos, espe- 
cialmente en esta época, «eran acusados de díscolos y alborota- 

* dores. El señor Amunátegui, en otro estudio histórico no me- 
nos célebre que los de Vicuña, y no menos plagado de errores^ 



I 



(1) Vicuña Mft<-k^nna cLa Quintrala.-) pág. 96 y %. Segunda edición, en el 
Tifxto y en laü notas. 



^ 



310 CAPÍTULO XXIV 



agregó á la frase de este: í: Vuelvo á repetir que ignoro por com- 
< pleto el origen del cuadrillazo dado contra el Párroco Venegas; 
« pero puedo afirmar que, no sólo la moralidad de los Conven- 
« tillos era muy dudosa, sino también la del Convento grande de 
« Santiago.» 

Kntre las frases sueltas con que, á modo de disparos al aire 
acostumbra narrar los sucesos este historiador, por venir ellas 
más al caso, pueden leerse estas: «Aquel implacable sayón de 
« cerquillo y de cogulla era pariente en cuarto grado de la se- 
« ñora Ríos. ¿Qué causa, que obligación, ó que promesa le ha- 
« brían introducido á suministrar el auxilio de su fornido brazo 

« á su hermosa prima? No lo sé Sea lo que fuere, la celada 

« de la Ligua sucedió en la forma referida. El Cura fué dejado 

« por muerto en la estacada El fraile Agustino se sintió sa- 

« tisfecho después de haber perpetrado su proeza de saltea- 

« dor ¡Aquellos malvados asaltantes habrian sido capaces 

« de azotar á Dios! Don Cristóbal de la Cerda y Sotomayor puso 
« la querella del Capitán Venegas en conocimiento de don Jaco- 
te bo de Adaro y San Martín, su único colega de tribunal 

« en la mañana del 7 de Febrero (de 1633) no pudo resolverse 

« nada Advertiré, entre paréntesis que el señor Cerda era 

« en extremo devoto, é infundió este espíritu en su familia. Uno 
^ de sus hijos fué clérigo; otro, jesuíta, dos, religiosos de San 
^ Agustín.» (2) 

No es del caso desmentir esas frases generales, conque estos 
dos escritores acusan de muy dudosa moralidad á los Conventi" 
líos: su más perfecta refutación se contiene en toda la presente 
obra. Sirva, sin embargo, de prueba de cuan ignorantes estaban 
en esta materia, el ver cuan errados andan en lo que presumie- 
ron mejor haber aprendido. El señor Amunátegui ni siquiera sa- 
bía el nombre del Agustino en cuestión, sin embargo le pinta 
fornido y rollizo y primo en cuarto grado de doña Catalina de 
los Ríos. Pues bien era un noble y delicado joven de treinta años 
el Padre Nicolás Escobar Villarroel, primo hermano de aquella 
señora en el más próximo grado, al fin como hijo que era de do- 



(2) Amunátegui «Terremoto de Mayo» págs. 94 y 82—88 y 84. 




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( 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 3II 



fla Mariana de los Ríos, hermana del General don Gonzalo de 
los Ríos. Pero menos instruido se muestra el señor Amunátegui 
al decir que el oidor don Cristóbal de la Cerda y Sotomayor te- 
nia dos hijos religiosos tn San Agustín. Muy honroso fuera 
ciertamente esto para la Orden, pero jamás aquí han existido 
tales Padres Agustinos. 

6. Por todo lo expuesto se llega fácilmente al conocimiento de 
que todos los que han tratado de este hecho, no lo han conocido 
y por esto incurrieron en tantos errores y contradicciones. Es 
preciso pues restituir la verdad á los hechos: estos aparecen con 
su propia fisonomía, con solo aclarar el misterio de aquellas pa- 
labras del señor Salcedo, cuando dice que todo aquello pasó 
« al parecer sin causa.» No podía el Obispo de Santiago expre- 
sar la causa, porque lo era él mismo, con sus órdenes violentas ^ 
y arbitrarias en contra de los Agustinos. 

Según las informaciones hechas para la demolición de sus 
Conventos, el 22 de Septiembre de 1628, ante el mismo señor ] 

Salcedo declara el Visitador Alonso de Pereda y Rivera que: 
« Su Señoría mandó al Vicario (de Valparaíso, el Padre Gar- 
« cía Hernández de Cáceres) que no consintiese que los Agus- 

« tinos levantasen Iglesia, ni pudiesen campana, ni consintiese í 

« decir, ni oir misa en ella con las penas que constan del dicho 

« mandamiento.» Y no hay duda que el Cura de Valparaíso noti- J 

ficó al Prior de los Agustinos de esa ciudad semeiante orden. 
Mas, como el Padre Alonso Aillón Bela era tan reportado, sólo 
contentóse con no obedecer aquel mandato. ¡ 

Igual orden acaso se libraría en contra del Prior de Longoto- I 

ma y el Padre Nicolás Escobar Viliarroel no tendría la suficiente 
serenidad para oir los apercibimientos con que se le conminaba, 
si no procedía inmediatamente á cerrar su Iglesia y Convento. 
Y la réplica fué tremenda, y sería inocente víctima de la obe- 
diencia ciega á las órdenes de su Prelado, el Cura de la Ligua, 
don Luis Venegas y Sotomayor. Mas en lance tan extraño, co- 
mo propio de la época, nunca pudieron tener lugar ese cúmulo 
de detalles falsos y contradictorios, á que la pasión en unos, y 
la ligereza en otros dieran fácil acogida. 

No era don Luis Venegas y Sotomayor sacerdote capaz de 




312 CAPÍTULO XXIV 



suscitarse enemigos, que tramasen su muerte: su virtud y buen 
carácter le tenían a salvo de estos extremos; contra él no pudo 
haber proyectos de asesinato, ni los hubo; de lo contrario no lle- 
garía jamás á comprenderse como, habiendo continuado de Cura 
de la Ligua, ni se renovaron los ataques á su persona, ni él te- 
mió por segunda vez exponerse á ellos. Ni hubo, pues, asesinos, 
porque á haberlos, éstos no hubieran cejado en su criminal em- 
peño de llevar algún día á cabo sus intentos, ni hubo siquiera 
amago de asesinato, así por la pronta mejoría del que se ha su- 
puesto víctima de tan alevoso ataque, como por haber seguido 
gozando de la más amplia y franca libertad. 

Natural de Santiago, hijo del Capitán Juan Venegas de 
Toledo y de doña Agustina Sotomayor, don Luis de Venegas y 
Sotomayor fué primeramente Cura de Lora, en Vichuquen, y 
después de la Ligua. Gozó de toda la estimación del Obispo Vi- 
llarroel, quién en su «gobierno pacífico» le llama «un muy hon- 
« rado y virtuoso Presbítero,» y en carta de 20 de Mayo de 1650 
lo recomendó al Rey, en estos términos: «El Padre Luis Venegas 
« de Sotomayor, ha más de veinte años que es Sacerdote, sirvió 
« Curato de Indios más de diez años, y tres un Curato en la Ca- 
« tedral; ha sido Visitador de la Provincia de Cuyo; es hoy Rec- 
< tor del Colegio Seminario; hombre virtuosísimo, y aunque no 
« es graduado, es suficiente para una canongía en mayor Iglesia.» 
Esta recomendación surtió, sin duda, su efecto y el Rey debió 
de presentarle para un asiento del coro de esta Catedral. Pero 
no alcanzó á ocuparlo. El 29 de Diciembre de 165 1 testaba dán- 
dose el solo título de Visitador: y diez y ocho dias después ocu- 
rrió su muerte. (3) 

7. No menos interesante figura, principalmente por su mucha 
nobleza, es la del Padre Nicolás Escobar y Villarroelde los Ríos. 
Nació en Julio de 1600 y fueron sus padres el Capitán Bartolomé 
Escobar y Villarroel, y doña Mariana de los Ríos, siendo ambas 
familias de las más ricas y principales de Chile, y las que por 
muchos años tuvieron el gobierno de Santiago, en los Alcaldes 
ordinarios de ella, ó en sus correjidores. Hasta el padrino de 



v8) Pedro Velez. 16 de Enero de 1652. Archivo de la Biblioteca Nacional. 



— ^. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 313 

pila de este Religioso fué uno de éstos, el General don Juan de 
Ugalde. 

En 161 8 vistió el hábito de nuestra Orden, haciendo su profe- 
sión el año siguiente, no sin renunciar en favor de este Cünventt> 
de Santiago los derechos que le correspondían á su legitima, 
según consta de los inventarios levantados, en 19 de Agosto de 
1625, por el Padre Pedro de Aguiar, ó del Espíritu Santo. 

Ordenóse Sacerdote en Diciembre de 1624, segi'm informa- 
ciones que tengo á la vista. En el Capítulo Provincial celebrado .■ 
el año 1632 se le nombró Procurador General déla Provincia, 
con todos los derechos y privilegios de que gozaban los de Li- 
ma, que fueron siempre, sino iguales, superiores á los rlc los Ma- 
estros y éx-Provinciales. Y es muy singular que, siendo tan 
minuciosos los Libros de Provincia, no quede en ellos el menor 
vestigio de lo ocurrido al Padre Nicolás Escobar y Villarroel en 
esta época de su vida. Y es tan ejemplar como religiosa su con- 
ducta que le merece los puestos de más lustre y confianza. 

En 1638 fué nombrado Subprior del Convento Principal de 
Santiago y, como tal. Maestro de Estudiantes. En 1641 fuú ele- 
gido Primer Visitador de la Provincia, en compañía del Padre 
Pedro Suárez de Guzmán, de no menos noble y distin¿;uida fa- 
milia. En la Congregación intermedia celebrada el año 1645^ 

se le creyó digno del nombramiento de Maestra de Novicios^ ''i 

puesto que no sólo excluye toda mala nota de su vida^ antes 
bien le acredita de rígido y observante. En 1650 fué elegido 

Definidor General en la Curia Romana, con asiento inmediato á , 

los Padres Maestros. {4) 

En el Capítulo Provincial celebrado el año 1653, el Padre 
Agustín Carrillo de Ojeda le eligió su primer Definidor. Y, co- 
mo tal, obtuvo la Presidencia del Capítulo siguiente, en 1656, en I 
el cual se dictó en favor suyo este Decreto: «Por cuanto nues- 

« tro Padre Presidente tiene treinta y ocho años de h ibíto y ha- " 

« ber trabajado en esta Provincia y ahora haber eje "^¡ do dicho I 

« oficio tan preeminente, como de Presidente de est:^ Capítulo | 



(4) Estos nombramientos constan del Libro Primero de Pro . naia^ eu la 
fecha arriba indicada. 



.-^ 



314 CAPÍTULO XXIV 



1 < Provincial, ordenamos y mandamos tenga lugar después de 

Í« los Padres de Provincia.» 
Mas, como en ese mismo Capítulo, secretamente confedera- 
. dos el Padre Nicolás Escobar y Villarroel y el Fiscal de la Real 

I Audiencia, Don Alonso de Solórzano y Velasco, trabajaron 

i aunque sin resultado alguno, por hacer Provincial á su inme- 

1 diato deudo, el Padre Pedro Lisperguer y Flores, cediendo á 

[ ^ las influencias de la sangre, el Padre Nicolás Escobar y Villa- 

\ rroel escribió al Rey informándole en contra de las elecciones 

r verificadas bajo de su misma Presidencia, en aquel Capítulo. 

Llegado que fue este hecho á conocimiento de los demás ca- 
pitulares, como se verá en su lugar, no solamente escribieron al 
Monarca protestando de ello, sino que reunidos, en 1657, en la 
congregación intermedia, á la cual no se atrevió á comparecer 
el Padre Nicolás Escobar y Villarroel, en castigo de aquella falta, 
[ decretaron la revocación de todos aquellos sus privilegios, dicien- 

^ do: '< Por cuantoen este definitorio se alegó por los interesados que 

^ « el Capítulo Provincial había dado la precedencia al Padre Fray 

¡ « Nicolás de Escobar, que no tenía ni por profesión, ni por título, 

i « se acordó de mandar, como por la presente manda, que ob- 

)' « serve la antigüedad de su profesión, sin exceder, ni hacer per- 

« juicio á los que por título, ó por profesión le preceden y de- « 
« ben preceder.» (5) 

Hecho es éste que viene á desmentir lo aseverado por el señor 
Salcedo, en su carta de 25 de Marzo de 1634, cuando afirma 
que no se ha puesto ningún remedio á los escándalos denuncia- 
dos, entre otros motivos, por «el patrocinio que su religión ha 
« hecho al dicho fraile,» porque, según se vé, el castigo ño se 
hacía esperar á los culpables, por más nobles -y titulados que 
fuesen. No mucho después de estos sucesos, ocurrió la muerte 
del Padre Nicolás de Escobar y Villarroel de los Ríos, en los 
primeros días de Julio de 1660. 

Y, al poner fin á este Capítulo destinado á la defensa de la 
verdad histórica, sólo me ocurren aquellas palabras del ilustre 



(6) Libro Segundo de Provincia. Año 1657. Congregación intermedia. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



3í5 



Villarroel, Obispo de Santiago: «Siempre entendí que no es esta 
« tierra de las Indias tan abundante y feraz de minas como de 
« calumnias.» (6) 



(6) Villarroel «Gobierno Pacífico.» Tom. 1 pág. 268. Segunda edición 





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Capítulo XXV 

Segundo Capítulo Proyincial 

Goliierno del Padre Juan de Toro Mazóte 

1629 1635 



. DecretOM del Reverendísimo Gerónimo de Ghettis promulgados en el Ca- 
pitalo General celebrado en Boma, en 1025; y admitidos en esta Pi-ovincia 
de Chile.— 2. Se da impulso á la observancia, a los , estudios y á la obra de 
la propíigBcíóii de la fé.— 8. Prerrogativas concedidas á los Maestros de No- 
vi(;ioH.— 4. TJtíiití lugar el segundo Capitulo Provincial, el ?1 de Enero do 
Hi32.— 5. Es eJtígido Prior Provincial el Padre Juan de Toro Mazóte.— 0. 
Prohibíi admitan los Religiosos los cargos de Comisarios del Santo Oficio 
i'i de la Han t a Cruzada. — 7. En todo impone la más estricta observancia. — 8- 
He ordena bat.'er la Procesión del Santísimo Sacramento todos los Domin- 
gos cuartot- dt» cada mes.— 9. Se señalan las prerrogativas de los Patronos 
de los Coiivfjntüs.— 10. Se celebra la Congregación Intennedia el 1. o de 
Agosto de l*VA^. 



1. Junto con haberse constituido independiente la Provincia 
de Chile, adoptó por norma de su gobierno los decretos del Re- 
verendísimo Padre General Jerónimo de Ghettis, que merecien" 
do la aprobación del Capítulo General habido en Roma el año 
de 1625, muy oportunamente vinieron á ponerse en práctica, 
en esta Provincia recién erigida y todavía no del todo bien or- 
ganizada. 

Habiendo sido especialmente promulgados estos Decretos en 
todos los primeros Capítulos Provinciales y vivamente encarga- 
da su puntual ejecución, se hace indispensable ponerlos aquí> 







HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 317 



porque mejor que cualquier otro documento, dejan ver clara- 
mente los nobles anhelos y grandes aspiraciones de los Religio- 
sos de aquella época. Helos aquí: 

«Decreta Fratrum Ordinis Eremitarun Sancti Augustini in Co. 
€ mitiis Generalibus Romí\3 ordinata et a Reverendíssimo Patre 
« Magístro Fratre Hieronimo de Ghettis Romana General í eíe- 
<s cto pro bono ipsius Religionis statu publicata: » 

«Venerabiles Patres ac Fratres in Christo dilectíssimi.x 

«Quamquam Augustiniana nostra Familia, divina quadam 
« Providencia, per felicis ac sanctf^ recordationis Patres Pnvde- 
« cessores nostros, optimis legibus, sacrisque Constitutionibus, 
« instructa fuerit atque munita, quia tamen mystica corpora, 
« non secus ac naturalia temporum vicissitudine diversas solent 
« wgritudines ac corrüptiones contrahere, ideo nova remedia 
« ssepe a Superioribus, tamquam a peritis medicis oportet ad- 
« hiberi: quod quiden Nobis experientia satis compertum est, 
« dum Sanctíssimi Dominini Nostri benignitate, ad supremun 
« Ordinis clavum tenendum, nihil tale cogitantes evecti, per 
« menses quatuordecim navem hanc, quaí viribus nostris ex alto 
« concessa fuit, ad utriusque felicitatis portum direximus. \- 

«Quapropter non sine magna optati otii spe, ad finem Vica- 
« riatus nostri regiminis, diligenter curavimus ut sacra; nostri 
« Ordinis Constitutiohes, non solum cum aliquo, ad facilíorem 
« ipsarum notitiam et observationem, augmento, sed adjunctis 
« etiam permultis Declarationibus ac Decretis qurt3 a Sede Apos- 
« tolica emanarunt, in omniun manus darentur. » 

«Postquam vero, in Generali Capitulo proxime celébralo, nul< 
< lis sane suffragantibus meritis, nullo tamen ex electoribus íns- 
« crutabili Supernis Patris dispositioni refragante, super aure- 
« um fuimus candelabrum repositi, feliciori Ordinis nostri 
« regimini, prout oportet, providentes, cum ómnibus Definito- 
« rii Generalis Patribus, nonnulla in commune bonuní con- 
« sulimus.» 

«Unde ómnibus placuit ad religiosam ipsius Ordinis observa- 
re tiam et reformationen promovendam, pluresque abusus sub- 
« movendos et corrigendos, infrascripta sanctiones et Decreta 
« condere, quaB Nos proinde ejusdem Generalis Capituli ac nos- 




3iS 



CAPÍTULO XXV 



€ tri etiam officii auctoritate, tamquam rite ac legitime condita 

* promulgamus, omnesque ac singulos Ordinis nostri Patres ac 
« Fratres ciijuscumque gradus et conditionis existentes, ad exa- 
« ctam eorum omnium observationem paterno affectu, quantum 

* ín Deo possumus, exhortamur et respective adstringimus at- 

* que compellimus. Hinc enim fructus uberes religiosas obser- 

* vantiíi: et virtutum incrementa universum Ordinem susceptu- 

* rum speramus. Decreta autem sunt hujusmodi.» 

1, ^In primis Decreta felicis recordationis Clementis Octavi 

* a Sanctíssimo Domino Nostro Urbano Papa Octavo innovata 

* et confirmata, quée jam dudum vobis transmisimus omni 

* studio ac diligentia observari volumus ac mandamus.» 

2. ^ Animadvertentes quod plerique, quo sunt vitae atque mo- 
1 rum iiuegritate et scientiíií commendatione caiteris praestan- 

* fiares, proindeque instruendis Novitiis aptiores eo magis hoc 

* charitatis officium detrectant et forte etiam dignitate sua in- 

* dif:;num allusinati existimant, idcirco ut salten praimio allecti, 
« ad laborum hunc accingantur, statuimus ut Baccalaurei, qui 

* sahem triennio integro actu fuerum Magistri Novitiorum ad 

* mores ¡leputati, in comitiis Provincialibus Provinciarum seu 
« Congregationum, in quibusadhuc idem munusactu excercení» 

* \ ocem activan habeant et passivam, quoque etiam postquam 

* pra?díctum munus Magistri Novitiorum laudabiliter obierint, 
^ etsi Prioratus officio numquam functi sint; non Baccalaurei ve- 
« ro aciu exercentes similiter vocem habeant activam in Capi- 
« tulis íVovincialibus, etiam in Conventibus Generalibus et Pro- 
<f vtncialibus, et ante omnes Lectores locum teneant. Quoad re- 
« ceptiomen ad habitum, volumus ut Novitii acceptentur in 
« Comitiis Provincialibus vel in Congregatione Intermedia. Et 

* circa Inca pro Novitiatibus instituta et instituenda et ipsorum 
« Novitiorum nnmerum, serventur Decreta Clementis Pap?e 

* Octavi.^ 

$. -yuia mülti ex Baccalaureis otio dediti talentum Domini 

* Sui, lanquam servi inutilis sepeliri non erubescunt, gradus- 

* que siñ honores sine oneribus habere cupientes, contra do- 

* ctrinam Apostoli volunt sine certamine coronan: huic malo oc- 
« currere volentes pracipimus ut Baccalaurei qui, in Conventi- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 319 

< bus Generalibus vel Provincialibus, per sex annos íntegros 

« Praedicatores insignes non fuerint, vel Regentis officium non 

« exercuerint vel ad minus casus Conscientifv?, a Superioribus 

c deputati per idem tempus, cum laude non perlegerint, loco et 

« voce penitus careant, et ad gradum Magisterii sint inhábiles. á 

« Non est tamen nostrae intentionis sub hac lege comprehende- 

« re Baccalaureos qui ante decennium hujusmodi gradu sínt 

« insigniti.» 

4. «Quoniam experimento constat prrtí penuria Confessa- 
« riorum ecclesias nostras minus frecuentari et populi erga nos 

« devotionem diminuí, alias vero ad id muncris non omnesindif- 4 

« ferenter esse admitendos, ne vituperetur ministerium nostruní 

« idcirco, ut major idoneorum copia suppetat stricte praicipi- 

« mus ut in principalioribus Provinciarum Conventibus, a Pa- 

« tre Provinciali instituatur idoneus Lector qui bis saltem in 

« hebdómada, namque die Luna» et die Jovis lectionem practi- ^ 

« cam habeat casuum conscientiie, in morem Summistarum 

« cui lectioni intersint omnes Sacerdotes, omnesque non Saccr- || 

« dotes Professi, et in ejus difficultatibus sese exerceant eos in- 

« vicem conferendo, et frecuenter meditando, ut dignam Eccle- 

« ciae Dei, cum animarum fructu et decore Religionis, exhibiré 

« valeant servitutem: Qui vero huic lectioni interesse neglexe- 

« rint, primo a Priore moneatur, et deinde, siopus fuerit, puni* 

« antur.» 

5. «Quia profana sacris ullo modo sunt miscenda et in loco 
« remissionis precatorum pecata cumulare scelus esset inexpia- 
« bile, ad omnem etiam suspitiomen hujusce rei, scandalum 
« quoque pusillorum tollendum, stricte praecipimus in meritum 
« salutaris obedientiae, ne quís in Confessionariis aliud quippiam 
« etiam mínimum, praeter ea quí« locum Confessionis Sacra- 
« mentalis decent, tractare pra^sumant. Qui secus lecerit a c<ín- 
« fessionibus andiendis eo ipso sit suspensus: circa vero a^tatem 
€ eorum qui ad Confessiones audiendas admittendi sunt, exacte 
< serventur Constitutiones Ordinis absque ulla dispensatione. > 

6. «Cum ofñcia honoratoria, prwsertim vero Praílatur^e iis f>o- 
« tissimum committi debeant qui rerum scientia et morum inte- 
« grítate ceeteris praestare dignoscuntur, reprímendam quonm- 




^ 



320 CAPÍTULO XXV 



<c dam ambitionem qui,quo minus in se merita agnoscunt, eo se- 
« cularium ac etiam Praelatorum et Principum favores procurant, 
« ut caiteris praeponantur: statuimus et ordinamus ne ad offi- 
« cium Proris aut Vicarii deinceps quispiam admittatur qui ab 
« Examinatoribus in qualibet Provincia deputandis non fuerit 
« adjudicatus idoneus et ab Ordinariis locorum ad audiendas se- 
« cularium confessiones non fuerit admissus: qui secus in Prio- 
« rem assumptus fuerit eum tamquam inhabilem ipso facto ab 
« Officio suspensum declaramus. Provincialis vero ac Definitorcs 
I « decretum hoc in Capituiis Congregationis et alias quottes 

* « oportuerit inviolaviliter faciant observan.» 

7. «Quoniam experimento compertum est juvenes statim 
í> « emissa professione, in literis humanioribus nondum cxercitatos 

?1 « per potentium favores studiis altioribus sese ingerere, et con- 

r . « sequenter literarum primo fundamento destitutos in Fhilosn- 

I' « phia et Theologia débitos progressus non faceré, illorum insci- 

p « tiam sí^pe animarum periculum et Ordinis ignominiam secum 

[ ^ trahere; huic malo quantum possumus providere volentes, 

I « prHícipimus ut Professi ad studia non promoveantur nisi post 

t « tres annos ab emissa profesione; interim vero in humanioribus 

I « literis sese exerceant in Profesoriis clausis per singutas Pro- 

[r « vincias institutis, ut Constitutiones Ordinis disponunt; et cum 

;. « tempus su?e promotionis advenerit, non misi praevio riguroso 

« examine promoveantur, filiique Provinciarum ab illorum Defi- 
« nitorio, et filii Conventuum Generalium ab eoruní Capituiis 
« postulentur. Qui secus fecerit non possit habere gradus, ñeque 
« subsidium a Conventis. Si quis vero in praedictis litteris huma- 
« nioribus ante tempus prtefinitum singulares progressus fecisse 
« compertun fuerit, ab eodem Definitorio vel a Capitulo Reve- 
ce rendísimo Patri Generali poterit commendari.« 

«8. Quoniam Studentes per eosdem fautores, aliosque qui bus 
« possunt modos efficatiores, ante tempus legibus nostris pra^- 
« fixum, studiorum prajmia et gradus procurant, etiam studio 
« nondum completo: praecipimus, ne deinceps hujusmodi gra- 
« dus per se vel per alios petere praísument ante tempus a nos- 
« tris Constitutionibus praefinitum, qni secus fecisse compertus 
« fuerit, eo ipso ad gradum sic postulatum inhabilis sit, et stu- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 32 1 

« dio ac gradibus quos habet ipso facto sit privatus. Regentes 
€ vero non nisi praefixo tempore transacto apud Reverendissi- 
€ mum Patrem Generalera pro hujusmpdi gradibus obtinendis 
t intercedant.» 

«9. Pro majori autem eorumdem studentium commoditate 
« statuimus et determinamus in Sicilia Conventum Messaní^, in 
« Provincia Apuliae Conventum Licensem, in Calabria Conven- 
* tum Montis Leonis, et in Provincia Tarvicina Conventum 
« Vincentirtí, in quibus habeatur lectio lógica et philosophica 
« tantum. Similiter advertentes quod multum refert diversarum 
« linguarum peritia ad catholicae fidei propagationem, cu i ex 
« animo cupimus in diversis mundi partibus summa cura atten- 
« dere Fratres nostros: volumus in Conventu Matritensi esse 
« Lectorem pro lingua arábica, in Conventu Crethensi pro lin- 
« gua greca, in Conventu Fluminensi pro lingua illirica.» 

«10. Indecorum est et mullo modo ferendum ut viri Deo 
« consecrati £t religiosum ejus cultura professi ad profanos 
« raundi abusus revertantur: irao ad ea etiara sese abjiciant quw 
« Ínter ipsos sectatores mundi adeo viluerunt, ut non nisi ab 
« abjectioribus usurpentur: idcirco innovamus et confirmamus 
« Decreta Reverendissimi Patris Magistri Nicolai a Sancto An- 
« gelo Praedecessoris nostri circa vestimenta et ludos alearum ac 
« taxillarum, cura oranibus illorura prohibitionibus, censuris, 
« aliisque poenis et clausulis, ac si omnia hic de verbo ad ver- 
« bum essent inserta; preecipimusque sub iisdem censuris ac 
« alus poenis, ne quis ea in toto vel in parte interpretare au- 
« deat, declarantes insuper prsedicta Decreta vira habere Con- 
« stitutionis quippe qui jam in tribus Capitulis Generalibus con- 
« firmata fuere.» 

«II. Similiter nostrse pastoralis officii ratio postulat ut pro- 
« hibeamus quae occasionem scandali facile afierre possunt et 
« fratribus audaciam praestare, quee ex adverso opponitur quie- 
€ ti et lenitati quse sunt Religiosomm virtutes: eam ob rem 
« statuimus et determinamus ut nemo cujuscumque gradus vel 
< dignitatis existat, sub quovis praetextu et occasione audeat vel 
« praBsuraat deferre vel apud se in cubículo tenere, seu servare 
« pugiones, gladios, secares, aliaque armorum genera quaecum- 
21 



322 CAPÍTULO XXV 



« que etiam ad particulare commodum spectantia, sub poena 
« excommunicationis latae sententia? ipso facto incurrenda, quam 
€ trina canónica monitione praemissa in his scriptis ferimus licet 
€ inviti. Excipimus tamen cultellos seu gladios ad communes 
« usus, dummodo palmi unius mensuram non excedant. Prio- 
« res vero qui noverint aliquam hujusmodi armatenere, vel scire 
« neglexerint ab Officio suspensi esse intelligantur: quibus 
« propterea stricte praecipimus ut juxta formam Constitutionum 
« ad minus bis in anno celias fratrum visitent» (i) 

2. Tales son los Decretos del Padre General Jerónimo de 
Ghettis: tienen toda la severidad monástica, á la vez que cierta 
solemnidad pontificia; en ellos se revela una inteligencia tan 
vasta, como comprensiva: en ellos se promueve enérgicamente 
y se estimula la acción de la Orden, así en los grandes centros 
de civilización europea, como en medio de estos países ameri- 
canos recién descubiertos, medio conquistados por el poder de 
la Religión y de las armas. 

En estos Decretos se dio un vigoroso impulso á la observan- 
cia, que es la vida de todas las Ordenes Religiosas, á los estu- 
dios, que forman su prestigio y constituyen su mayor fuerza y 
poder en la sociedad; y á la propagación de la fe, fin supremo 
a que se enderezan todas estas Instituciones,, y que, á no tomar 
parte muy principal en esta obra, estarían de más figurando en 
el campo militante de la Iglesia. 

En esta Provincia de Chile la conversión de los Infieles fué 
la obra predilecta de nuestros Religiosos. Durante casi todo el 
siglo diez y siete, el primer título que se otorgaba era el de 
Predicador y Confesor de Indios, Negros y Mulatos, llegando á 
ser este nombramiento el codiciado premio de los que termina- 
ban los estudios que preparan al sacerdocio y al desempeño del 
ministerio sagrado. El aprendizaje de la lengua indígena se hi- 
zo, pues, indispensable y fué una de las obligaciones impuestas 



( 1 ) Sacado del Lib. Prim. de Prov. pág. 87. Aquí se omite el último decre- 
to qae ordena las preces por Su Santidad Urbano VIH y otros bienhechores. 
Debieron asistir á este Capitulo General cerca de doscientos Beligiosos, pues 
tan sólo las ñrmas de los Definidores pasan de sesenta, entre las cuales figura 
un-Obib-po. 




historia.de los agustinos en chile 323 

en la enseñanza. Y para más estimular los ánimos á este fin, stí 
recabó de Su Santidad Paulo V un Breve por el cual concedíu 
«que veinte Religiosos pudiesen ordenarse de veinte y tres años, 
« á titulo de la lengua.» (2) 

En consecuencia, excepto los Conventos de Santiago, la Se- 
rena y Concepción, todos los demás tuvieron su asiento entre 
Indígenas, que fueron evangelizados por los Agustinos en Val- 
divia, Millapoa, Perquilauquén, Cauquénes, Talca, Rapel, Alhué_ 
Ñuñoa, la Chimba, Putaendo y Longotoma. Y tanto celo des-- 
plegaron los nuestros en esta obra, que algunos en ella empleii- 
ron gustosos toda su vida; y otros llegaron á recibir de la Santa 
Sede particulares favores por sólo haber convertido á la fe gran 
número de infieles. 

Y si á esto se agrega cuanto en las Ciudades se trabajaba en 
el desempeño del ministerio de la enseñanza, se hallará que á 
las Ordenes Antiguas debe la Iglesia la adquisición de todos 
estos pueblos, que hoy la aman y la sirven; se hallará que estas 
mismas Ordenes fueron el factor principal en la obra de la civi- 
lización de estos paises, hechos que no solamente parecen ha- 
ber olvidado los modernos libres pensadores, sino también, en 
parte, algunos católicos. Mas, el lector ilustrado puede juzj^ar 
de los hechos y de como los Agustinos cumplieron las órdenes 
de su Padre General. 

3. Fuera de estas generales disposiciones del Reverendísimo 
Ghettis, figuran también las prerrogativas que en sus Decretos 
concede al que desempeña el cargo de menos lustre y de ma- 
yor responsabilidad, al Maestro de Novicios; él es el que cuii 
con una labor oculta, pero la más activa, va preparando las 
futuras generaciones de las Provincias; y él es, sin embargo, en 
las Religiones un operario sin títulos, ni distinciones- 

El Padre Jerónimo de Ghettis ordenó, por consiguiente, que 
los Maestros de Novicios tuviesen precedencia sobre los Lecto- 
res y sufragasen, en los Capítulos Provinciales, á peSar de que 



(2) Archivo de Provincia. Libro «Casa Grande 1ü95-1626> página 202. Nt» 
cito la fecha de este Rescripto porque no existe su original, sino solaniünu- 
feu referencia entre las Actas de Visita de la Provincia, el año 1025. 



( 

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1 



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"^ 



324 CAPÍTULO XXV 



no tengan ningún grado escolástico; porque, caso de haberle 
obtenido, les concede á perpetuidad voz y voto, como á los 
Maestros en Sagrada Teología. (3) 

4. Preocupado de aplicar en esta Provincia de Chile estos 
Decretos estaría su Vicario Provincial, el Padre Juan de Toro 
Ma7.ote, cuando, después de dos años de gobierno, el más aza- 
roso, por los violentos ataques del Ilustrísimo Salcedo, vio lle- 
gar el 31 de Enero de 1632, en que debiera celebrarse Capítulo 
Provincial y renovarse, según derecho, todos los Oficios. 

No era ciertamente difícil prever el resultado de esta elección, 
ya que la alta personalidad del Padre Juan de Toro Mazóte, si 
hasta entonces descollaba por su saber y sus virtudes, desde la 
partida á España del Padre Baltasar Pérez de Espinosa, ocupó 
tan dignamente el puesto que éste abandonara en la Provincia, 
que en nada se resintió ni su gobierno, ni su representación. . 

Antes, por el contrario, parecen haber adquirido más estabi- 
lidad y firmeza, sobre todo ante la Real Audiencia, quien desde 
e) tntíHiento que subió á regir la Provincia el Padre Juan de To- 
ro Mazóte, suspendió todas sus hostilidades, declarándose tan 
parcial y favorable á los Agustinos, que nada pudieron contra 
ellos^ ni la acción del Obispo Salcedo, ni las disposiciones que 
este supo obtener del Soberano. 

Nunca ha tenido esta Provincia de Chile un Prelado de ma- 
yares influencias en el gobierno y en la más alta sociedad: todo 
también contribuía en el Padre Juan de Toro Mazóte á darle 
autoridad por su nobleza, veneración por su observancia y pres- 
tigio por sus muchas letras. El mismo Cronista del Perú, á pe- 
sar de su inquina por los Agustinos Chilenos, hablando del Pa- 
dre Juan Toro de Mazóte parece inspirarle veneración y respeto 
su nombre. 

' 5. Así es quCj sin competencia de ningún otro, fué elegido 
Prior Provincial en este Capítulo, entrando por segunda vez á 
líobernar la Provincia, que harto necesitaba de su presencia y 



i%} E^ notable que este voto de gracia se concediese cuando ya los había 
aUolido t^ara España é ludias Clemente YIII, en 1600, por su Breve Admatiet 
Nfjíi Domitius; y Urbano VIH, en 28 de Mayo de 1628, por su Breve Alias per fe- 
/ii^iit^ eit-6ndió la misma disposición á las Provincias de Italia. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 325 

dirección, ya que los tiempos aquellos eran demasiado críticos, 
y la ruina, con que el Obispo Salcedo amenazaba la Provincia, 
demoliéndole casi todos sus Conventos, era total y extrema. 

Así la firmeza del Obispo vino á ser contrastada por la cons- 
tancia del Provincial Toro Mazóte: el Señor Salcedo rehusa 
conferir órdenes á los Agustinos: el Padre Toro Mazóte los 
manda ordenarse a Lima ó Buenos Aires; y el Convento de 
Valparaíso se mantiene en pié, sin cerrarse, ni demolerse, te- 
niendo siempre al frente á su fundador, el mismo Padre Alonso 
de Aillón Bela. 

Para esto, el Padre Juan de Toro Mazóte contaba con el aijo- 
yo incondicional de todos cuantos le conocían y rodeaban, sea 
en las familias poderosas y acaudaladas, á las cuales él perte- 
necía por su cuna; sea en el Palacio de Gobierno, en donde sus 
deudos fueron Secretarios perpetuos; sea en los claustros de su 

Orden, en los cuales cinco períodos de Provincialato, en época.s \ 

las más difíciles, le muestran como uno de los Religiosos má^ 
notables que haya tenido esta Provincia de Chile. 

Estaba recién elegido Prior Provincial, en 1632, y la Nación 
le nombró su Procurador en Madrid ante el Rey de España. En 
las Actas de este mismo Capítulo se lee: «Por cuanto Nuestro 
« Padre Provincial nos ha hecho relación, diciendo que bien no- 
« torio es como esta Ciudad de Santiago y Cabildo de ella lo 
« ha pedido vaya por su Procurador General á España; cono- 
« ciendo las conveniencias que hay para su ida, así para el 
« bien de la Provincia, como de todo el Reino, damos licenciít 
« al dicho Nuestro Padre Provincial para dicha ida á España: y 
« nombramos á Nuestro Padre Maestro, Fray Andrés de Elossi\^ 
« lo creamos y elegimos y señalamos para Vicario Provincial 
« de esta Provincia para que la gobierne en ausencia de Nm^s* 
« tro Padre Provincial.» 

Esta honrosa comisión coincidia con la celebración del Capí- 
tulo General, en Roma, al cual debía asistir el Padre Juan de 
Toro Mazóte, acornpañado del Definidor General, el Padre Har- 
tolomé de Lepe: siendo ambos los primeros Agustinos Chilenos 
que debieran representar á esta Provincia en Asambleas Gene- 
rales de toda la Orden. Así y todo, es lo más probable que este 



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^ 



326 CAPÍTULO XXV 



viaje no se realizase, porque año y medio después el Padre Juan 
lio Toro Mazóte celebró la Congregación Intermedia, la cual no 
h:ibría alcanzado á presidir, caso de ausentarse de esta Provincia. 
6. Entre los decretos que ilustran su gobierno muchos hay 
verdaderamente notables porque revelan todo el alma de este 
celoso Prelado que, á título de mayor observancia, prohibió á 
sus subditas aceptar dignidades en el Santo Oficio, ó en la Santa 
Cruzada según consta de la siguiente determinación tomada en 
aquel Capítulo; 

%Por cuanto se han seguido muchos inconvenientes de tener 
^ los Religiüstks de nuestra Orden y admitir Oficio de Prelacia 
y dignidad tx/ra Ordine^n, causa de faltar muchas veces á 
las obediencias y disciplina regular, por ía presente manda- 
i mos y ordenamos que se guarde y cumpla nuestra constitu- 
ción que prohibe el admitir tales Oficios, sin licencia de Nues- 
tro Reverendísimo Padre General, ó del Definitorio; y así or- 
denamos que todas las Comisarías del Santo Oficio y de la 
Santa Cruzada, que se hubieren admitido sin licencia de Nues- 
f tfíí Padre General, ó del Definitorio, dentro de tres días las re- 
■ nuncien los que las tuvieren; declarando que si hubiere de dar 
licenci.i el Provincial y Definidores á algún Religioso, sea con 
aditamento de no contravenir á la obediencia regular; y en 
mandándole el Prelado que renuncie (aquel oficio), lo renuncie 
dentro de veinticuatro horas.» 

No podía ir mas lejos el Padre Juan de Toro Mazóte, en su 
celo pur !a disciplina regular. Es evidente que los Comisarios 
del Santo CHlcicj, ó de la Santa Cruzada en fuerza de su misma 
dignidad y prelacia, en el ejercicio de ellas, con lustre de la Or- 
den y no pequeño servicio de la Iglesia, disponían á su albedrío 
de un tiempo que, muy posible era, la Comunidad quisiese apro- 
vechar en otros ministerios; pero, esto era exigir más de lo justo. 
El Reverendísimo Padre General al revisar este decreto, en la 
parte que se reñere al Santo Oficio, lo derogó diciendo: «lo 
c^ aprobamos, menos en lo tocante al Santo Oficio, al cual es 
- nuestra obligación servir en todo.» (4) 



(4J Acta-H dol Huso. Jerónimo de Rígoli. 16 de Septiembre de 1684. 






HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 327 

7. Respecto á las demás observancias religiosas, no menos 
estricto se mostró el Padre Juan de Toro Mazóte, cerrando por 
completo la entrada á cualquier abuso que pudiera introducirse- 

Así al menos debió estimar los retratos de los Religiosos, con- 
tra los cuales dictó el siguiente decreto: «Por cuanto el retratarse 
« los Religiosos es acto irreligioso, y de que los seculares reciben 
« escándalo, mandamos ninguno se retrate, y los retratos que 
« hubiere los queme el Padre Prior^ castigando á los que con* 
« travinieren á esta nuestra acta.» 

Muy sensible es por cierto que se cumpliera con tanto rigor 
este decreto, pues la Provincia no conserva el menor recuerdo 
de sus fundadores, y de sus primeros Prelados tan célebres y 
dignos de ser recordados, no solamente por sus hechos, sino tam* 
bien conocidos por su fisonomía, que siempre alguna proporción 
y semblanza guarda con aquellos. 

8. No menos notable es el decreto siguiente, cumplido hasta 
nuestros días: y que constituye una costumbre solamente de es- 
ta Provincia, á pesar de no estar muy en armonía, con lo que 
acerca de este caso particular disponen las constituciones de la 
Orden tercera, ó de los cinturados, y lo que, además, se prac- 
tica en las otras Provincias. - 

El Padre Juan de Toro Mazóte, entre otros decretos, dice: 
« Ordenamos se guarde la Constitución, en cuanto á la Proce. 
« sión del Santísimo Sacramento, que dispone se haga cada mea, 
« y señalamos para su celebración el Domingo en que se hace 
« la Procesión de la Cinta. » Y como día de gran concurso para 
todos los más devotos de la Orden, dispone el Padre Juan de 
Toro Mazóte que, en esta ocasión, se haga la fiesta de los San- 
tos más notables de la Orden Agustina, pronunciándose su pa- 
negírico que siempre estaba á cargo, según los decretos del Re- 
verendísimo Ghettis, de alguno de los lectores, con nombramiento 
de predicador mayor. 

Este oficio era inamovible durante seis años, obteniendo los 
que lo habían ejercido casi las mismas prerrogativas de los 
maestros en sagrada teología. Los predicadores mayores solo se 
nombraban para los Conventos de Santiago, la Serena, Penco y 
Maule. En el presente Capítulo fiíeron nombrados predicadores 



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328 CAPÍTULO XXV 



mayores los Padres Agustín Carrillo de Ojeda, Diego de Ayala» 
Juan Jufré de Loaisa y Agustín de Arenas. 

Entre estos predicadores había otro que desempeñaba el car- 
go más importante: el encargado de enseñar y doctrinar á los 
indios; y acerca de esto, mándase á los Priores «que pongan to- 

< do cuidado en predicar y doctrinar á los indios y enseñarlos to- 

* das las noches á rezar, diputando un Religioso para ello. » 

9. Es también digno de citarse aquí el especial decreto acer- 
ca de las prerrogativas de los Patronos de los Conventos, ó sean 
los insignes bienhechores de la Orden en esta Provincia. Como 
se comprende este era punto de suma importancia en aquellos 
tiempos de ceremoniosa monarquía, trasladada á su más modesta 
y apartada Colonia. 

El decreto dice así: «Ordenamos y mandamos que, de aquí 

* adelante, se guarde y cumpla con los que fueron Patronos de 

* la Provincia y de los Conventos, con puntualidad, la preemi- 
■ nencia que suelen tener en Nuestra Sagrada Religión; y parai 

< que de esta suerte se animen los fieles á ayudarnos, y para 

* que se sepan las preeminencias que se les deben guardar, de- 
^ clara este Definítorio que son: tener asiento en la Capilla ma- 
' yor, (5) voto en las consultas de Hacienda; darles la paz; y el 
'■'■ día que Dios los lleve de esta vida, en Comunidad ha de ir el 

< Convento á cantarle un responso y enterrarlo, con obligación 

* de cantarle una misa y vigilia. » 

10. Finalmente la parte relativa á los estudios de la Provincia 
quedó arreglada de esta manera: los cursos superiores de Teolo" 
fjía se encomendaron á los Padres Bartolomé de Ulloa y Agus- 
tín Carrillo de Ojeda; el de Filosofía, al Padre Ascencio Flor de 
Rosa; el de Latinidad, al Padre Andrés de Bocanegra. 

Después de lo que queda referido, nada de importancia ocu- 
rrió en la Provincia, fuera de la celebración de la Congregación 
Intermedia, el i.o de Agosto de 1633. 



(6^ Asieato era el derecho á ser sepultado, y la Capilla Mayor, el Presbi- 
terio. 




Capítulo XXVI 

Tercer Capítulo ProTincial 

Gobierno del Padre Andrés de Elossu y Caryajal 

1636—1638 



i 



1. Se celebra el tercer Capítulo Provincial en el Convento de San Nicolsi> <lel 
Valle, en Longotoma, el 31 de Enero de 1635. — 2. Es elegido Prior Provin- 
cial el Padre Andrés de Elossu. — 3. Hace diligencias para reivindicar Iíiíí 
tierras de Catemu, Curimón y Pi chingúele u.— 4. Impetra del Padre (tejie- 
ra, un decreto en que se prohiben las ventas de fundos y de sus doin filo- 
nes. — 5. El molino de Gomero.— 6. Fundación de los Conventos de San 
Juan, Mendoza y Colchagua. — 7. Nombramiento de predicadores de In- 
dios. — 8. Diversas disposiciones. — 9. Se reciben de maestros en so^i^iíiiíii 
teología en las Universidades de Santiago.— 10. Toma el hábito Agustino 
Fray Pedro Lisperguer y Flores—ll. Muerte del Padre Andrés de Eloíisa 
y de su hermano Diego. — 12. Muerte del Padre Bartolomé de Montoro. — 
13. Notables vocaciones. 



I. Nada parecerá más extraño, ciertamente, que elegir para 
la celebración de un Capítulo Provincial un sitio tan agreste y 
solitario, como Longotoma: allá en la falda de verdes montañas, 
donde junto al río que las bordea levantábanse la rústica Capi- 
lla construida años hacía por el Vicario Juan Varas, y arrimada 
al templo su casa de muy pocas y bastante incómodas y estre- 
chas habitaciones, (i) Mas todo era soportable á fin de estar le- 
jos los Capitulares de las influencias de los Magistrados y de la 



(1) La mensura y avalúo de casa y capilla, con la descripción completa de 
ella está en el inventario practicado en 1610. Libro cLongotoma 1591— 1*119,1 
Archivo de Provincia. 



^ 



330 CAPITULO XXVI 



aristocracia de Santiago. Estos, á la voz de Capítulo, parecían 
despertar de aquel eterno sopor en que se pasaba la vida, en 
tiempo de la Colonia. Movíanse, en tales ocasiones, los unos y 
los otros con rara actividad no sin ejercer dentro de los claus- 
tros la más indebida é injusta presión, y desplegar un lujo de 
fuerza y de violencia verdaderamente autoritarios. 

A fin, pues, de sustraerse á tales vejámenes, con frecuencia los 
Agustinos celebraron sus Capítulos fuera de la Capital: en Lon- 
gotoma, en Mendoza, en Valparaiso, en Talca, en Penco y hasta 
en la Estrella. Y esta manera de proceder la conservaron siem- 
pre, mientras el Padre General no dispuso lo contrario, en vista 
de que la celebración del Capítulo Provincial en lugares distan 
tes y de pocos recursos impedía la asistencia de los Religiosos 
á veces más graves y doctos de toda la Provincia. 

Mas en esta circunstancia todos los Capitulares se trasladaron 
á Longotoma y tuvieron allí el tercer Capítulo Provincial, res- 
pirando todos aquella apacible calma de esos valles. 

2. Fué elegido Prior Provincial el Padre Andrés de Elossu 
cuyo saber y virtudes son ya bastante conocidas. 

Formaron su Definitorio los Padres Miguel Canobio Bravo, Ni- 
colás, Verdugo, Pedro Suárez de Guzmán y Agustín Carrillo de 
Ojeda. La dirección de la Provincia quedaba, de esta manera, 
en manos de aquellos que fueron los primeros que en Chile vis- 
tieron el hábito Agustino, pues, hacía de Presidente en aquel 
acto, el Padre Juan Jufré de Loaisa. 
► 3. Uno de los primeros acuerdos tomados en Capítulo fué el 

de reivindicar algunos de los bienes de la Provincia enajenados 
por los Vicarios Provinciales del Perú, y se dictaron los Decre- 
tos concernientes á fin de recuperar las antiguas tierras de Acon- 
cagua, en Catemu y Curimón; y en Talca, las de Pichingueleu. 

El Alférez Juan Alvarez, después de diez años de litigios, 
devolvió al Convento de Santiago la estancia de Pichingueleu; 
no pasó igual cosa con los terrenos de Aconcagua que jamás 
volvieron á poseer los Agustinos. 

4. A fin de impedir quo en lo sucesivo se realizaran semejantes 
actos, se pidió al Reverendísimo Padre General de la Orden un 
Decreto especial para la Provincia de Chile, prohibiendo toda 







til 

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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 33 1 i 

clase de ventas de fundos ó de sus dotaciones. Era General de 

la Orden el Maestro Fray Hipólito Monti, quien no pudo me- 
nos de acoger con viva complacencia una idea sugerida por los 

mismos hijos de esta Provincia, en vista de su propia estabili- 
dad y conservación; y el 22 de Junio de 1636 expedía el Deere- j 

to siguiente: 

«Magister Frater Hippolitus Montius Finalensis Ordinis San- J 

« cti Augustini Prior Generalis, licet indignu^j» 
«Temporalium cura bonorum quibus ab Auctore rerum juva- 

« mur, ne tanquam mortales ipsius sequelai adducti in via de- 

« ficiamus, sane Religiosos viros non dedecet; cum ita per eam 

« transeundum sit doñee ^eterna consequi contingat, eam ob rem 

« Pater familias villicum suorum bonorum dilapidatorem poe- 

« ñas luere dedit, qui si sedulo administrasset, pni'mia digna 

« tulisset.» 

«Nos ergo, quibus Augustinensis familift» nedum spiritualium 

« sed et temporalium rerum sollicitudo commissa, etiam oppor- 

« tune eisdem consulere debemus, ut ita religiosas observantií<3 

« studium perseveret quod facultatum quibus alimur profectus 
« non despiciatur.» 

«Hinc non ¿eque ferimus qurt? in ista nostra Provincia Chilen- 
« si irrepsit injuria alienandi a bonis Monasteriorum imo ven- 

« dendi pra;dia agros sive cujuscumque generis possessionis, et | 

« alia qu^e de genere rerum movilium existunt qua ita imminet 
« Monasteriorum ruina, ut nisi diligentia nostra et auctoritate 
« ocurreremus, nimis sane injuncto muneri injure fieremus.» 

«Quapropter tenore praesentium praecipimus ómnibus et sin- 
« singulis Provincialibus, Prioribus ac Fratribus cujuscumque 
« status et dignitatis, in meritum salutaris obedientiaí, et sub 
« rebellionis nostra^ poena, privationeque graduum et officio- 
« rum nec non in subsidium sub excommunicatione majori la- 
ce tse sententiii?, qnam trina canónica monitioni pnemissa, in his * 
« scriptis licet inviti ferimus, ipso facto incurrenda ne in poste- 
as rum Monasteriorum bona stabilia cujuscumque generis cum 
« adjunctis ovilibus sive praesepibus, quobis prwtextu, aut colo- 
re re venderé, alienare, aut in alia bona commutare liceat, sine 
« expressa íacultate a Sacra Congregatione et a Nobis in scrip- 



^ 



332 CAPÍTULO XXVI 



« tis impetranda, ita tamen publica Patrum instantia non solum 
■ a Capítulo illius Conventus, sed ab ipso Definitorio etiam fir- 

* mata exhibeatur qua Nos certiores reddamur venditionem aut 
t commutationem illam publicae utilitati interesse.» 

«yuibus addimus et pariter inhibemus ne vacas, oves, ca- 
« pras et quaecumque alia in his príediis existentia animalia 
€ ad foetus apta nisi senio gravia et uso inepta, nec non de con- 
€ silio Patrum Conventus per sex annos futuros interficere, 
4 quamcumque ob causam, possint secus autem facientes om- 

* nes detrimentm et damuum ipsi Conventui reparare tene- 
« antur.» 

«Datum Romae 22 Junii 1636. — Frater Hippolytus Montius, 

* Generalis Indignus. » 
5. En este Capítulo Provincial se nombra por primera vez el 

fundo de Gomero propiedad del Convento de Concepción y que 
produce una de sus mejores rentas; y quizás, por ser uno de 
los fundos á propósito para ello y estar atravesado por un río 
se le llama «el Molino de Gomero.» 

Al dotar con este fundo la así nombrada Capellanía de aquel 
Cunvento el Capitán Alvaro Núñez de Pineda y Rascuñan, pa- 
dre del célebre autor del «Cautiverio Feliz», se hace digno de 
consagrarle aquí algunos recuerdos á su grata memoria. Liga- 
do á la Orden Agustina por medio del Padre Juan Jufré de 
Loaisa fué insigne bienhechor de los Agustinos, probándoles 
con larg^enerosidad la gran devoción y afecto que les tenía en 
la persona de aquel Religioso, cuyas virtudes tantas veces ya 
se han elogiado en esta historia. (2) 

Ocurre también anotar aquí como el General Don Diego Flo- 

ITus de León, no siéndole posible cumplir, por las incursiones 
de los indígenas, con la Capellanía fundada en las tierras de Po- 
nongues, le hizo donación al . mismo Convento de otra estancia 
llamada Gualquilemo, situada en el Partido del Maule 
i 6. En esta época se dio nuevo y vigoroso impulso á otras 

* fundaciones de Conventos: como fueron los de San Juan, Men* 



Í2) El Capitán Alvaro Núftez de Pineda y Bascufiáti era casado con Doña 
Magdalena Jufré de Loaisa, hermana del Padre Juan, á quien llama tio el 
famoso Poeta y á quien consagra más de un tierno recuerdo en sus obras* 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 333 

doza y, por último, de Colchagua; las cuales, aunque no llega- 
ron á realizarse en el período del gobierno del Padre Andrés de 
Elossu, el fué, sin embargo, el que promovió esta idea y mandó 
allende los Andes á los Religiosos más caracterizados á fin de 
establecer Conventos Agustinos en aquella vastísima región. 

En efecto, fueron enviados á San Juan los Padres Bartolomé 
de Arenas y Alberto Nafonte; y á Mendoza, los Padres Juan 
Baptista (3) y Nicolás de Oliva; y á Colchagua, el Padre Alonso 
de Baliamondes. Todos estos Religiosos recibieron título de 
Priores de las Casas que fundasen, en esos puntos, lo que hace 
suponer hubiese muchas garantías para llevar á efecto, y á la 
vez, todos esos proyectos. 

No eran hasta entonces conocidos los Agustinos en la Pro- 
vincia de Cuyo, ni del Tucumán, á pesar de ser territorio seña- 
lado para sus fundaciones en las Cédulas de Don Felipe II, que 
ordenaban crear esta Provincia de Agustinos en Chile. 

El actual proyecto, á más de otras causas superiores, parece 
debido al Padre Fray Ñuño Báez y Collazos, quien, viajando el 
primero por la Argentina y el Brasil, pudo conocer la oportuni- 
dad y conveniencias que había para la Orden de establecer 
Conventos al otro lado de los Andes. 

7. El medio más eficaz con que contaba el Padre Andrés de 
Elossu para propagar la Orden por todas partes, era la predi- 
cación. Como quiera que él mismo fué siempre el más celoso en 
d ministerio sagrado, de tal manera, en su concepto, merecía es- 
te punto muy especial atención, que para ello dictó los Decretos 
síguientfis: 

f Por cuanto nuestro principal instituto es la conversión de 
c los infieles y la enseñanza de los recién convertidos, por tanto 

* nombramos por Predicadores de los Naturales á los Padres 
ff Definidor Fray Miguel Canobio Bravo, Visitador Fray An- 
< drés de Morales y Fray Bartolomé de Lepe y Fray Juan de 

* Ovando. Y encargamos estrechamente á los Priores cuiden 



1 



(:í| Est^ Piidrtí Juan Baptista se llamaba Juan Bautista Pérez, mas casi 
t^iempre ñrma del primer modo; cosa muy común dejar el apellido de familia 
y tomar a! del Santo- 




334 



CAPÍTULO XXVI 



< de continuar enviando Religiosos á confesar á los lugares cir- 
« cunvecinos. » 

Y mientras estos eran especialmente destinados para los In- 
dígenas, nombraba al mismo tiempo á otros para misionar en- 
tre criollos y españoles, recorriendo sus haciendas ó estancias. 
Para ello, también decretó: 

« Nombramos por Predicadores y Confesores á los Padres Lee- 
« tor Fray Ascencio f'lor de Rosa, Fray Juan Bautista "Corva- 

< lán, Fray Andrés de Bocanegra y Fray Bartolomé de Vega; y. 

< por Confesores á los Padres Fray Juan de la Rúa, Fray Agustín 
^ de Hévia, Fray Ñuño Báez y Collazos y Fray Alonso de Ba- 
r hamondes; y por Predicadores á los Padres Fray Gregorio 

< Serrano y Fray Ambrosio Méndez.» 

Y mientras estos en los campos desempeñaban su ministerio 
sagrado de la predicación, en Santiago y los otros Conventos 
lie importancia eran Predicadores Mayores los Padres Agustín 
Carrillo de Ojeda, Pedro Suárez de Guzmán, Nicolás Verdugo y 
Juan de Toro Mazóte, cuya afamada literatura esparcida en va- 
rias producciones de su ingenio, apenas hoy día se ha podido 
recoger en algunas cartas suyas y defensas de esta su Pro- 
vincia. • 

8. En este Capítulo se acordó hacer presentación al Reve- 
rendísimo Padre General para Maestros en Sagrada Teología 
en el Padre Fray Juan Jufré de Loaisa de quien entre sus mu- 
chos méritos se dice «que es Religioso de más de treinta y tres 
« años de hábito; y haber obtenido Oficios de Prior de la Casa 

< Principal de esta Provincia; y Definidor que ha sido en tres 
^^ Capítulos; y al presente Presidente de éste; » y también en los 
Padres Laureano de Palacios y Agustín Carrillo de Ojeda. 

En el nombramiento de Maestro de Novicios, que recayó en 
el Padre Miguel Canobio Bravo, se agrega la siguiente cláusula: 
*^cum voto, et loco ante Lectorem juxta Decreta in Comitiis 
í Generalibus Romse ordinata pro bono statu totius Religionis 
* a Reverendissimo Patre Nostro Magistro Fratre Hieronimo de 
« Ghettis Romano statuta et in hac Provincia recepta et ad- 
« missa.» 

9. Llama la atención, igualmente, la siguiente disposición del 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 335 



Padre Andrés de Elossu, acerca del modo de alcanzar el Ma- 
gisterio en Sagrada Teología, dice: «Por cuanto de ver premia- 
« das las letras con honores, se animan los que menos saben á 

< estudiar con más fervor, y se honran las Provincias, permiti- 
« mos y damos facultad al Capítulo Privado para que pueda dar 

< licencia á todos los Predicadores que quisieren graduarse en la 
« Universidad de Santiago, hasta Maestros en santa Teología.» 

Los Padres de la Compañía y los de Santo Domingo tuvie- 
ron concesión de la Santa Sede para conferir grados universita- 
rios y á estos claustros se dirigían con este objeto los Agusti- 
nos á laurearse de Doctores. 

No agradó al Reverendísimo Hipólito Monti este expediente y 
el 16 de Octubre de 1636 ordenó: «Declaramus ad solum Ge- 

< neralem pro tempore pertinere licentiam daré recipiendi insi- 

< gnia Magistralia in Universitate, et similiter nominare Magi- 
« stros a Provincia recipiendos etiam illos qui sunt ex número.» 
Con lo cual terminó este proyecto de ir á solicitar grados á 
claustros extraños. 

El Reverendísimo Hipólito Monti es autor de varias resolu- 
ciones dirigidas á esta Provincia y que aquí omito por ser leyes 
de puro gobierno y carecer de interés histórico; más, en todas 
estas decisiones revela una perspicacia digna de elogio y admi- 
ración. (4) 

' Habiendo insistido otra vez esta Provincia en prohibir á sus 
Religiosos aceptar Prelacias y Dignidades del Santo Oficio, ó 
de la Santa Cruzada, bajo pretexto que de este modo se exi- 
mían de la obediencia de los Prelados de la Religión, el Reve- 
rendísimo Monti, siendo más explícito que su antecesor, no qui- 
so aprobar este excesivo celo de autoridad en los Provinciales 
Chilenos: y sentenció que las Comisarías del Santo Oficio y de 
la Santa Cruzada no eran Dignidades fuera de la Orden y, por 
consiguiente, no había porque impedirlas á los Religiosos. 

Quien gozaba de estas inmunidades en este tiempo era el 
Padre Alonso de Almeida, á lo cual añadía haber sido Provin- 



1 



1 

1 



(4) Estas Declaraciones del Rijao. Monti las tiene impresas la Provincia, 
formando parte de sus Privilegios, confirmados por el Rmo. Rodrigues^ 
en 1899. 




CAPITULO XXVI 



cíal y ser Doctor en varias Universidades; y, más que todo, ha- 
ber prestado eminentes servicios á esta Provincia de Chile desde 
los primeros años de su establecimiento, bajo el régimen del 
Padre Montoro. 

No menos di^na de anotarse es otra decisión del Reverendí- 
simo Hipólito Monti, condenando un abuso que fácilmente se 
introduce en las elecciones capitulares, cual es el de remitir al 
celo y prudencia del nuevo Provincial electo la provisión de 
Oficios de la mayor importancia en la Provincia. Como esto 
suele convertirse en sólo medio de ganarse adeptos, el Padre 
General lo condenó para siempre enérgicamente en estos tér- 
riiinos: tCirca provisiones Priorum Conventuum et Suppriorum 
a non admittimus compromissiones.» Con lo cual no coartó mu- 
cho el celo y prudencia de los Provinciales electos, pues les de- 
jó á su arbitrio la provisión de los Oficios menores que, aunque 
humildes, son los más meritorios. 

Finalmente, en cumplimiento de la Bula de Clemente VIH/ 
que concedía seis Ma^j^isterios á las Provincias de España y de 
Indias, y de la de Urbano VIII relativa á la manera de conferir 
grados dentro de !a Orden, el Padre Andrés de Elossu pidió al 
Reverendísimo Hipólito Monti se dignase designar quienes de- 
herían ser los Examinadores de los promovendos al Lectorado, 
ó al Magisterio, 

Y el Padre General á fin de proveer para siempre á la disci- 
plina en este punto, dispuso el i6 de Septiembre de 1636 que 
estos Examinadores fuesen los tres Maestros más antiguos de 
la Provincia, y en defecto de cualquiera de ellos, los Lectores 
más antiguos. Lo cual así se practicó; no pudiendo así los Pro- 
vinciales llegar, á su agrado, á promover al Magisterio los Re- 
ligiosos de su particular afecto; sino los Maestros más antiguos 
de la Provincia fuesen los únicos llamados á examinar y resol- 
ver acerca de los méritos y competencia de los pretendientes. (5) 



(5) La Bu]ft de Clerneute VIII, Admonet Nos, es de 1600; y la de Urbano Vm 
Rmtmitua Fontifoj:^ es de 1621. El Decreto del P. General dice asi: «Nominamus 

< exajJiiri atores, scilicet, tres Patres Magistros Antiquiores in Provincia rece- 

< ]>to^, quL aliquando fui'riiLt publici Lectores, quorum aliquo vel aliquibus 

< deficientibiis suceedat Lector aut Lectores Teologi» antiquiores usque ad. 
4 tr^^.» 16 Septiembro lii36. Lo mismo decret^i para la Provincia de Quito. 



^.--:-yT7-T-y"/-T— ^ ■ ■ ' 1 ■ ' ' ".^fwi y ' . y ■p ^ p ^^y^tT" 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 337 

10. Mientras así parecían competir en celo por el bien y 
prosperidad de esta Provincia de Chile el Padre Andrés de 
Elossu y el Reverendísimo Padre General Hipólito Mnnti, los 
Agustinos Chilenos casi habían duplicado su personal, debido 
^sto probablemente . á los esfuerzos últimamente hechos por 
aumentar el m'imero de Conventos y Religiosos. 

En estos diez últimos años comienzan á figurar muchos nue- 
vos nombres de Religiosos, casi todos hijos de la Provincia, é 
individuos pertenecientes á familias largo tiempo radicadas en 
Chile, aunque de origen y sangre española. Los mestizas eran 
desechados como indignos é incapaces, á tal punto que cuando 
é.stos llegaron á predominar por su número y calidad, todavía 
se les cerró la puerta con superiores leyes, que solo el tiempo y 
el buen sentido consiguieron abolir. 

En cambio, siendo de pura i noble sangre española, aunque 
fuesen bastardos, todos tenían entrada franca y expedita en to- 
das partes: son tan difíciles de corregir los defectos de una épo- 
ca, que en ellos incurren hasta los más remirados y juiciosos. 

En efecto, ei 20 de Octubre de 1637, tomaba el hábito Agus- 
tino un hijo de la primera familia de Chile, sobrino de Doña 
Magdalena Lisperguer y Flores y de Don Pedro Lisperguer y 
Flores, personajes los más célebres por su linaje y riquezas en 
tiempos de la Colonia; y primo hermano de Doña Catalina de 
los Ríos y Lisperguer, más célebre aún por haber excedido á 
su nobleza y riqueza con sus crímenes. 

Muy favorecida condición ha sido siempre la de un hijo de 
noble y rica familia, pues, con ser de tan pobre y mezquina 
figura, casi todos los escritores chilenos se ocupan del Padre 
Fray Pedro Lisperguer y Flores, como si en Chile la Orden 
Agustina todo su poder é influencia se lo debiera á él, siendo 
así que él con el hábito Agustino echó un velo sobre los miste- 
rios que envolvían su cuna. 

Ai pretender el hábito y hacerse las informaciones de dere- 
cho, Doña Magdalena Lisperguer y Flores, bajo juramento de- 
claró: í^que sabe y es verdad que el dicho Fray Pedro Flores es 
« hijo natural del Capitán Don Juan Flores, porque como tía 
í suya, nunca supo que fuese casado; y que siempre el dicho 
*22 



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338 CAPÍTULO XXVI 



« Fray Pedro fué criado y alimentado en casa de Leonor Ro- 
« dríguez, por hijo del dicho Capitán Don Juan, hasta edad de 
€ doce á trece años.» 

«Que esta declarante le hubo por tal hijo del dicho Capitán 
^ y le llevó á su casa, como tía suya, donde le tuvo siempre 
< criando y enseñando virtud y letras hasta tomar el santo há- 
« bito; y que de su limpieza no dice por su notoriedad; y que 
*< sabe su madre no fué casada en el tiempo que le hubo el di- 
« cho Capitán Don Juan, y ser mujer principal y de mucha no- 
« bleza.» (6) 

Hé aquí el más humilde origen de este Lispergiier y Flores, 
que según escritores chilenos «habría sido el mayor orgullo de 
« su familia ver abrirse las puertas del claustro y empinarse la 
« tarima del altar bajo la sandalia de uno de sus propios her- 
« manos.» Toda la imaginación del célebre Vicuña Mackenna 
no fué bastante, auxiliada por tantos estudios hechos acerca de 
los Lisperguer, ni para descubrir el padre de Fray Pedro Flores, 
ni saber que no tuvo hermanos. 

Supone, hasta con candor, Vicuña Mackenna que en 1604 
este Lisperguer ocultaba en su celda á sus tias perseguidas por 
el Gobernador Rivera. Y tan poco firme y seguro es el criterio 
de este mismo escritor que no teme ser descubierto en sus erró- 
neas afirmaciones, al contar que en 1662 era Provincial de San 
Agustín el mismo Padre Fray Pedro Lisperguer y Flores. Real- 
mente lo era, mas este solo dato excluía lo primero. 

Finalmente no hay por qué agregar aquí que nunca cifró su 
orgullo la familia Lisperguer en el Padre Pedro Flores, y menos 
la Provincia de Agustinos de Chile. 

1 1. Pero viniendo á referir los sucesos más importantes ocu- 
rridos, en este trienio, son de la más lúgubre y triste memoria, 
pues, en él aconteció la muerte de los Religiosos más distingui- 
dos: en 1636 inesperadamente murió el Padre Andrés de Elos- 
su; no mucho después terminó igualmente sus dias su hermano 
el Padre Diego de Elossu. 

Ambos parece fueran gemelos de la virtud y del genio: en el 



f iVtf Archivos de Provincia. cLib. Primero de Atestadlos.» 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHII^ 



339 



mismo tiempo vistieron el hábito agustino y de igual modo 
honraron esta Provincia desempeñando en ella los más eleva- 
dos cargos, con tanto celo como modestia. Por eso ambos hará 
llegado á confundir sus nombres al través de los recuerdos^ 
siempre vagos, que quedan de los pasados siglos. 

Ambos Elossu y Carvajal pertenecían á una familia de lar 
más nobles de Concepción, por línea materna entroncada cora 
la de los Duques de San Carlos. 

Acerca de la muerte del Padre Andrés de Elossu no existe- 
otro dato, en el Archivo de la Provincia, que el siguiente: «Eiii 
í veinte y ocho dias del mes de Enero de mil y seiscientos y 
« treinta y seis años. Habiendo tocado á Capítulo el Padre Prior 
« de este Convento de Santiago, Maestro Fray Juan Jufré de- 
€ Loaisa, propuso á toda la Comunidad como á diez y ocho de 

* éste fué Nuestro Señor servido de llevarse á Nuestro Padre 
r Pro\4ncial, Maestro Fray Andrés de Elossu, en el pueblo de 
" Cotchagua, habiendo salido de esta ciudad para visitar \os^ 

* Conventos de Maule y Concepción.» 

El Padre Jesuíta Olivares dice de él: «Fué gran Prelado y de^ 
« vida inculpable; lo honró Dios con la incorrupción de su cuer- 
*£ poj que se manifestó por cierta contingencia, después de um 
« año de su sepultura.» Dato es este que, con más probabilidad,. 
tlebe aplicarse á su hermano el Padre Diego de Elossu, ^ues e,s' 
muy dificií creer que fuesen trasladados á Santiago los restoíí 
del Padre Andrés. En lo que ciertamente se equivocó el men- 
cionado historiador fué al decir: «luego, después de su muerte. 
* le sucedió en el mismo Oficio su hermano»; porque el Padre 
liíego de Elossu nunca fué Provincial. Según las Constitucio- 
nes de la Orden incumbía en aquellas circunstancias el gobier- 
no de la Provincia al Padre Juan de Toro Mazóte; y lo asumí»»' 
entonces, ya por la tercera vez, con la misma energía de siem- 
pre, 

1 2. Pero ta más sentida pérdida para la Provincia fué la muer- 
te del nunca lo bastante amado Padre Bartolomé de Montura- 
Ningún detalle he podido averiguar que venga vagamente si- 
quiera á iluminar el último día de esa grande y vigorosa exis- 
tencia. 




340 



CAPITULO XXVI 



Hasta para conjeturar que su muerte debió de ocurrir este 
año de 1637, no existe más fundamento que el encontrar su fir- 
ma por última vez en un acta de 3 de Noviembre de 1 630; mas 
su muerte no debió haber entonces acontecido, pues siendo el 
Padre Montoro el primero de los MaestVos numerarios de la 
Pro\áiicia, tan solamente el año de 1638 se dio aviííO al Padre 
General para que llenase esta vacante. 

V como esta diligencia solía ser tan premiosa, ella es indicio 
seguro de haber fallecido el año de 1637. 

El nombre del Padre Bartolomé de Montoro recuerda á esta 
Provincia de Chile todo cuanto en ella ha habido de más gran- 
de y memorable: á él le debe sus primeros Conventos, sus me- 
jores propiedades y la formación de una Comunidad la más bri- 
llante por sus virtudes y la más distinguida por sus letras. La 
muerte vino á sorprenderlo no en la mitad de su carrera, sino 
después de haber visto cumplidos todos sus anhelos de formar 
y engrandecer esta Provincia. 

Llegó á la más venerable vejez rodeado del amcjr y del res- 
peto de todos los ReHgiosos, que en él veían al verdadero fun- 
dador de la Provincia y padre de todos ellos. En las actas no se 
le da otro nombre, ni otro distintivo que Nuestro Padre 
Maestro, título que á nadie mejor competía que á él cierta- 
mente. 

Parecerá demasiado prolijo tal vez el detalle que va á leerse 
aquí, [>ero nada es nimio tratándose de personajes como el Pa- 
dre Bartolomé de Montoro, tanto más cuanto que da á conocer 
aquel su paternal- ascendiente que tuvo en medio de su numero- 
sa y escogida Comunidad. 

Era el 9 de Agosto de 1630; y se celebraba la Congregación 
Intermedia para proveer á las más urgentes necesidades. Per- 
mi tíasele entonces á la Provincia dictarse algunos Decretos, Y 
se dictó uno, precisamente, que condenaba á culpa grave á to- 
do el que tratase á su hermano de tú, ó de vos. Mas pronto vi- 
no á la memoria de los Capitulares el tratamiento que solía dis- 
pensarles el Padre Montoro; y entonces se agregó al Decreto 
esta cláusula: «Exceptuamos la persona de Nuestro Padre Maes- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



341 



« tro, en cuanto á llamar de vos á los Religiosos, por hacerlo 
« de amor que los tiene, y no por menosprecio.» (7) 

Xo es necesario repetir aquí la relación de sus virtudes, que 
están señaladas á cada paso en el curso de esta historia; baste 
ahora afirmar que sin el Padre Bartolomé de Montoro, hoy no 
existiría la Provincia de Agustinos de Chile. 

Deseosos de penetrar más las interioridades de la vida del 
Padre Montoro, los Agustinos de hoy querrán conocer el mo- 
desto ajuar y humilde lecho de su fundador y entrar á aquella 
celda, que él honró con tantos méritos y virtudes^ Vivía en la 
celda número nueve, según el inventario que tengo á la vista, en 
el cual se lee: «Eh la celda de nuestro Padre Maestro Fray Bar- 
« tolomé de Montoro hay una cuja, una mesa de libros, un bu- 
« fete y cinco sillas, una de la Comunidad y cuatro que trajo de 
« Lima y tiene á su uso; un retablo de San José y otro peque- 
« ño, con sus puertas^ de Nuestra Señora.» (8) 

Bastante honrada está ahí la religiosa pobreza en esa cuja, 
que le servía de lecho, es decir, en esa mirerable armazón de 
piel extendida sobre bancos de madera, más propia de un escla- 
vo que no de un prelado que enriqueció esta Provincia, y que 
tuvo en sus manos, más de una vez, los grandes caudales de las 
primeras familias de la Colonia. 

Tan inmensa reputación se había granjeado en la sociedad 
de entonces, que puede asegurarse que no se realizaba cosa de 
entidad, en las familias, que no se le consultase; y se dejara á la 
resolución de sus virtudes y de su talento hasta las últimas y 
postreras disposiciones, acerca de caudales fabulosos, como 
constituian los bienes y las rentas del General Don Pedro Lis- 
perguer y Flores, quien dio poder para testar, en su nombre, al 
Fadre Bartolomé de Montoro. 

La sola noticia de la enfermedad del Padre Montoro debió 
cié traer al rededor de su lecho lo. más selecto y distinguido de 
la sociedad; y su muerte, causada por el cansancio de los años. 



{ 7i Lib. Primero de Prov. Quinta Definición de la Congregación Interme- 
<lia celebrada el 9 de Agosto de 1630, página once vuelta. 

(8) Inventario levantado en 1626 por el Padre Pedro del Espíritu Santo* 
-\johivo de Prov. Lib, Casa Grande. 1596-1625. Página 205. 




CAPITULO XXVI 



puesto que no podría ser menos que octogenario, debió ocurrir 
en medio de un centenar de Religiosos, por él formados é ins- 
truidos, á quienes legaba una herencia de virtudes, que no han 
agotado todavía \oi^ tiempos, en su larga y destructora carrera. 
13. Para resarcir á la Provincia de tan dolorosa pérdida y 
pronto pudiera renovarse en ella la era de sus grandes hombres, 
-el Scilor le suscitó nuevas y extraordinarias vocaciones. En 
1638 profesaba en este Convento principal de Santiago el Pa- 
dre Bartolomé de Zuloaga y Vendessu, cuya figura se destaca 
entre Liü primeras délos Agustinos del siglo diez y siete. Nació 
en Santiago el año 1622 y fueron sus padres el Capitán don 
iSÍ ¡colas de Zuloaga y doña Mariana de V^endessu, gente noble 
y principal, pues según aparece en informaciones que tengo á 
la vista, cuando llevóse á bautizar á este niño «vestía un capi- 
* sayo de Rabr» 

No menos notable es el Padre Jerónimo Serón y Lazcano. 
Kl 25 de Diciembre de 1637, doña María de Lazcano, tía suya, 
tlecia de él: ^Ha más de veinte años que vino á esta ciudad de 
*i Santiago, tle la Provincia de Chiloé, y entonces en compañía de 
s su hermana doña Catalina le trajeron consigo de más de dos 
1 años, ^ Niño privilegiado creció entre los mimos y caricias de 
los suyos. Doña Catalina, tia suya también, declara: «Le vi na- 
cer y le crié á mi.s pechos. » Sin embargo esta familia de tan- 
tos recursos, que emprendía largos viages por sólo educar á este 
niño, quiso ante todo consagrarlo al servicio de Dios en estos 
claustros, en donde llegó á ser uno de sus Religiosos más ilustres. 
Dií^no de figurar al lado de estos es ciertamente el Padre Je- 
rónimo de i barra y Caro, que hizo su profesión este mismo año 
de 163B. Sus padres, al decir de todos los informantes, son te- 
^ nidos y reputados por cristianos viejos y nobles.» «Y que don 
'i. Juan de 1 barra, siendo paje del señor gobernador don Pedro 
' Osores de Ulloa, cuando se vino á recibir por Presidente de 
« esta Real Audiencia, bajó con su Señoría á esta ciudad de 
<i Santiauu. - Hste Religioso Agustino de origen tan esclarecido 
también ilustrr) con sus virtudes nuestros claustros. (9) 



íl*j ArcíiivM lie Provincia. cLibro primero de Atentados» en sus respectivos 
años. 




Capítulo XXVII 

Cuarto Capítulo Proylncial 

Oobiemo del Padre Pedro de Uenestroza 

1638-1641 



1. Se celebra el cuarto Capítulo Provincial, el 31 de Enero de 1638, en el Con- 
vento do Yalparaiso.— 2. Es elegido Prior Provincial el Padre Pedro de 
Heneatro^ft.— 3. Algunos decretos y nombramientos. — 4. Resoluciones da- 
das por el Ktjverendísimo Hipólito Monti.— 5. Se declara nula la elección 
del Padre Pedro de Henestroza.— 6. Es elegido Provincial el Padre Laurea- 
no Palacios.— 7. Apela el desposeido á la Eeal Audiencia y al Virrey de 
Lima.— 8. Entra á gobernar la Provincia el Padre Juan de Toro Mazóte.— 
y. El Reverendísimo Hipólito Monti reprueba todo lo obrado.— 10. Nom- 
bra iin tribunal que examine y falle la cuestión.— 11. Resultado final.— 12. 
Nuevas vocaciones —13. Los Padres Lope de Henestroza y Carlos de Mo- 
rales, • 



I. Kn Valparaíso, en el centro de este Puerto á raiz de la que- 
trada que todavía lleva el nombre de San Agustín, frente al an- 
t:iguo desembarcadero, se alzaba el primitivo Convento funda- 
dlo por el Padre Alonso de Aillón Bela. Y después de siete años 
de incesante empeño por demolerlo, de parte del Obispo Salce- 
Jo, se mantuvo siempre en pié. Y ahora, en el tiempo á que lle- 
gamos, se engalanaba para recibir á los Padres Capitulares de 
toda la Provincia. Y allí, por donde con más fuerza habían co- 
menzado los afanes de ese Obispo para acabar con casi la tota- 
lidad délas casas de Agustinos, hacía tres años, que estaba este 
Convento de Valparaíso señalado para la celebración del Capí- 




344 



CAPÍTULO XXVIl 



tulo Proviacial. A estar vivo aquel Prelado, de seguro hubiera á 
toda costa impedido, en tal lugar, semejante ostentación de vita- 
lidad de parte de nuestros Religiosos. 

Pero, lo que principalmente movia á los Agustinos á elegir 
aquel Convento para la celebración de su Capítulo era, como 
está dicho, substraerse á las influencias de los señores Oidores, 
y de algunos nobles caballeros, que en semejantes ocasiones to- 
maran á descortesía no apadrinar alguno de los sujetos más re- 
comendables de la Orden, ó de la familia, á fin de facilitarle la 
subida al primer puesto de la Provincia. 

Por esto sucedía que, una vez hecha la elección de Provincial, 
forzados de la necesidad se trasladaban los Capitulares 'al Con- 
vento de Santiago, por ser éste el único que les ofrecía comodi- 
dades para tales actos, y así, de común acuerdo resolvían venir 
a la Capital á poner término á las sesiones. Esto, por otra parte, 
daba ocasión á que el ceremonial tuviese más brillo, por tomar 
parte no solamente los Religiosos, sino también el pueblo, y lo 
más distinguido de la sociedad. Pues todos se dirigían fuera de 
Santiago á salir al encuentro al Electo, quién, entre entusiastas 
saludos y aclamaciones y cánticos sagrados, era conducido á su 
Convento, recibiendo allí de toda la Comunidad los homenajes 
correspondientes á su Prelacia. En lo cual, no era por cierto me- 
nor mal rodear de tanta publicidad al acto periódico de la trans- 
misión del mando, sino la violación flagrante de algunas leyes 
de suma trascendencia, no siendo raro que un Presidente de Ca- 
pítulo, después de ejercidas sus funciones, reasumie^se el puesto, 
y siguiera en otra parte, contra todo derecho, dictando nuevas 
leyes á la Provincia, lo cual era un procedimiento el más inco- 
rrecto, según las constituciones de la Orden. 

2. Mas, este modo de pensar, tan propio de los tiempos .mo- 
dernos, solo hubiera merecido unánime reprobación en aquella 
época, en que una elección de Provincial era cuestión de estado. 
Y así, reunidos que luéron los vocales, el 31 de Enero de 1638, 
en el Convento de Valparaiso, el día siguiente, salió electo Prior 
Provincial, el Padre Maestro Pedro de Henestroza. 

Había ya desempeñado, hasta el presente, los cargos más ho- 
noríficos de la Provincia, debidos tal vez á sus méritos, pero^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



345 



más que todo, á su nobleza; la cual coh ser mucha, todavía él 
procuró darle mayor lustre en su persona, por medio de los ofi~ 
dos de más distinción y respeto, dentro de la Orden. 

Era él, sin duda alguna, en los claustros de San Agustín, el 
más prestigioso representante de esa nobleza de la Colonia que, 
después de tres siglos, aun ocupa en Chile el primer puesto por 
su elevada alcurnia y por sus cuantiosas riquezas. El Padre Pe- 
dro de Henestroza era tio de doña Marcela de Henestroza y 
Sáez de Mena, esposa de don Francisco Bravo y Saravia, señor 
cié Almenávar y Marqués de la Pica, gran personaje de su siglo; 
y que, al decir del célebre escritor Vicuña, casóse con la famosa 
«doña Marcela de Henestroza, lucero y primavera de Santiago; » 
« flor de la hermosa rama de los caballeros de Ecija,» como la 
llamó el no menos ilustre historiador, Rosales. 

Por demás está añadir ahora que, á tan celebrados primogeni- 
tores se ha ido agregando, con los siglos, la gloria de familias^ 
como la de Portales, Irarrázabal y Larrain, que estrechamente 
vinculadas entre sí, son en estos tiempos de la República el vivo 
recuerdo de las más antiguas, pero no pasadas grandezas de 
Chile. 

Sin embargo, casi excusado parecería en una historia Reli- 
giosa descender á estos profanos detalles, si la nobleza del nue- 
vo Prior Provincial no estuviera ligada intimamente al recuerdo 
de uno de los más insignes bienhechores de este Convento de 
Santiago, el célebre Capitán don Francisco Sáez de Mena. El 
Padre Maestro Pedro de Henestroza era hermano del Capitán 
Juan Egas de Henestroza casado con doña Catalina Sáez de Me- 
na; viniendo así la Provincia Agustina de Chile á honrar la me- 
moria de aquel su ilustre bienhechor, en uno de sus deudos, á 
la sazón, elegido Provincial. 

3. Como de costumbre, en este Capítulo, se dictaron varios 
ciecretos para toda la Provincia que, por carecer de valor histó- 
rico, aqui omito, sin referir más que el séptimo, que dice de este 
triodo: 

«Por cuanto los premios y honores son debidos á los méritos, 

« atendiendo á los de Nuestro Padre Presidente, Fray Agustín 

^ Carrillo de Ojeda, Padre Definidor Fray Juan Bautista Pérez, 




j— ^íTr»,íf T-», ^^^ji .-VI 




346 



CAPITULO XXVII 



ii^ 



« Padres Predicadores Fray Juan Jufré de Loaisa, Fray Agustín 
€ Egas de Henestroza y Fray Laureano de Palacios, los propo" 
« nemos y postulamos á Nuestro Reverendísimo Padre General 
€ por Maestros de esta Provincia.» 

«Y suplicamos á Su Paternidad Reverendísima se sirva de 
« conceder licencia' para que cierto número de Religiosos idó- 
« neos y suficientes puedan recibir el grado de Maestros, en esta 
« Universidad de Santiago.» 

«ítem, porque la distancia de aquí á Roma es grande, y los 
« Lectores que la Provincia nombra llevan el trabajo sin gozar 
« del premio, por no ser confirmados por Nuestro Reverendí- 
« simo Padre General; á Su Paternidad Reverendísima humilde- 
« mente pedimos se sirva de conceder facultad á los Provinciales 
« de esta Provincia, para que los que el Capítulo Provincial nom- 
« brare, concurriendo las partes y haciendo las diligencias que 
« Nuestra Sagrada Constitución dispone, los puedan confirmar 
« y gocen de las preeminencias que dicha Constitución les con- 
« cede.» 

A lo cual el Reverendísimo Hipólito Monti, según Patentes del 
mes de Noviembre de 1639 contestó, en los siguientes términos: 

«Circa Magistros non liceat Provinciali, ñeque Definitorio daré 
« licentiam graduandi in Universitate aliqua, ñeque recipere Ma- 
« gistros ex numero, cum solum id spectetad Generales pro tem- 
« pore; si secus fiat, omnia nulla sint. » 

«Circa Lectores, vero, solum qui actu legunt gandeant con- 
« suetis exemptionibus Provincia?.» 

Pero estas exenciones tan buscadas, como pretendidas en 
aquellos tiempos, al presente apenas se comprende su impor- 
tancia, hasta el punto de formarse la más triste idea de una 
época que suele tacharse vana, á la vez que frivola porque hi- 
ciera cifrar en despreciables pequeneces el premio y el afán de 
grandes méritos; las decantadas exenciones de estos Lectores, 
fuera de la precedencia, consistían en el. título de Paternidad; y 
en poder ellos sentarse antes de ser dada la señal por fcl Superior. 

4. Pero, de todas las regalías la que estimaba más esta Pro- 
vincia y que iba amplian do á más y mejor, cuando ya estaba 
revocador desde diez años atrás por su Santidad Urbano VIII, 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 347 

era la relativa á los Maestros de Novicios. Respecto á ellos, se 
lee en las actas de este Capítulo: 

«Praeficimus in Magistrum Novitiorum, cum voto et loco ante 
« Lectorem, juxta decreta in Comitiis Generalibus Romae ordi- 
« nata, pro bono statu totius Religionis a Reverendísimo Patre 

< Nostro Generali Fratre Hieronimo de Ghettís Romano statu ta 

< et in hac Provincia recepta, Patrem Pr«edicatorem Fratrem 
« Joannem Baptistam Corvalan; » 

«Declarantes quod ad hoc ut pra?fatus Magister Novitiorum 
« de novo electus, et ca?teri in posterum eligendi, possint in Ca- 
« pítulo Provinciali sufTragium praestare, modosit Baccalaureus; 
« aut non, est necesse ut triennio integro praídictum munus 
« Magistri Novitiorum exerceant. Sin aliter acciderit ad Capitu- 
« lum Provinciale tanquam unus ex Vocalibus nuUo modo iré 
« praesumant.» 

A esta exposición, ya tan explícita, de los votos de la Provin- 
cia de Chile, el Reverendísimo Hipólito Monti se sirvió proveer 
lo siguiente: 

«Magistri Novitiorum nen habeant vocemin Capítulis Provin- 
« cialibus, cum jam vota ex gratia sublata sint a Santísimo Do- 
« mino Nostro Urbano Octavo per speciale Breve.» (i) 

5. Por último, disuelto el Capítulo é idos los capitulares cada 
uno á su destino, contenta y tranquila toda la Provincia; y sali- 
do á la visita de sus Conventos el Padre Pedro de Henest roza, co- 
menzóse primero á susurrar entre los Religiosos cierta vaga 
sospecha de nulidad del Capítulo, en que acababa de ser elegi- 
do, pues, con todos los votos adversos á este Padre Provincial, 
no le quedaba el número suficiente para que, según derecho, 
pudiera calificarse de canónica su elección. Conferido el punto 
^ntre algunos Capitulares, se vio, casi con evidencia, que eran 
rnuy fundadas las anteriores sospechas, y que era menester es- 
tudiarse la cuestión é indagar secretamente el hecho en cada 
Vino de los Electores, á fin de esclarecer aquella duda, por sí 



(1) Declaraciones tomadas del Archivo del Rmo. Padre General y que se ha- 
llan en el Begistro del Padre Monti, Noviembre 1689. Las otras citas proce- 
den de las mismas Actas Capitulares conservada en este Archivo de Pro- 
vincia. 




348 



CAPITULO XXVII 



capaz ella sola de poner en agitación y alarma á toda la Pro- 
vincia. 

Practicada esta diligencia quedó fuera de duda que la elec- 
ción pasada de Prior Provincial no había sido canónica, á me- 
nos que el Padre Pedro de Henestroza se hubiera dado el voto 
á sí mismo. No podía ser más bajo é indigno este procedimien- 
to y sublevó de tal modo la conciencia de aquellos inie^errinios 
Electores, que ya no pensaron sino en poner pronto remedio al 
mal, y ejemplar castigo al culpable. No les pareció decoroso 
dudar, si el voto único del cual dependía el ser canónica aquella 
elección bien podía atribuirse, con más probabilidad, á algún 
otro Vocal descontento, que por motivos posteriores negara ha- 
ber sufragado por el Padre Henestroza. Ni se tuvo presente que 
las funciones Capitulares se habían desempeñado am la mayor 
corrección, sin que apareciera cosa alguna capaz de acusar in- 
validez, tanto más cuanto que aquella votación- se hace por cé- 
dulas secretas, que, una vez escrutadas se entregan :í las lla- 
mas. 

Pero la más poderosa dificultad para proceder contra el Pro* 
vincial provenía de las Constituciones de la Orden, según las 
cuales, terminado el Capítulo, solamente al Padre General com- 
pete el juzgar de sus nulidades, correspondiéndole á el en eétc 
caso, por derecho devolutivo, y en ninguna manera á la Provin- 
cia, la elección del nuevo Provincial. Mas, el recurso al Gene- 
ral era del todo ineficaz, pues que cualquiera resolución que 
adoptase vendría á llegar á la Provincia de Chile, después de 
terminado el Provincialato del Padre Henestroza. 

En consecuencia, parecía ser necesario proceder á una nueva 
elección de Provincial; pero esto importaba otra vez convocar á 
Capítulo y nadie en la Provincia gozaba de tal potestad; esto 
suponía el nombramiento' de Presidente y faltaba la autoridad 
que pudiera constituirlo; esto por último, equivalía á juzgar y 
sentenciar al mismo Provincial, y ni todos los electores juntos 
podían formar un tribunal competente. 

Saltaba á la vista que, para salvar aquella supuesta incorrec- 
ción, no quedaba otra vía sino acudir al Padre General; mas es- 
to era lo que menos podía contentar á aquellos acérrimos cela- 




;w' v t * ' - 7 .' ^^^ ' g ' sv "^ .^ ' 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



349 



dores de la honra de la Provincia. Dieron, pues, en consultar el 
caso con los Señores de la Real Audiencia; y éstos se admira- 
ron de que no hubiesen procedido antes á convocar Capítulo y 
elegir nuevo Provincial, habiendo tantas leyes que lo permitían, 
y sobre todo contando para esto con el apoyo decidido de to- 
dos ellos. 

Nada más bastó para que aquel hasta entonces latente susu- 
rro se convirtiese en vasta conflagración, apenas eran pasados 
diez meses, después de haber tenido lugar el Capítulo. Y así, 
sin otra ulterior diligencia se reunieron los Capitulares en San- 
tiago, procediendo según aparece de los documentos siguientes, 
á celebrar nuevo Capitulo y hacer nueva elección de Provincial: 

«In nomini.Domini Nostrijesu Christi benedicti. Amen. En 
^' 15 dias del mes de Noviembre de 1638 años, se celebró Capí- 
• tulo Provincial en esta Provincia de Chile del Orden de Nues- 
< tro Padre San Agustín, por haberse hallado no haber hecho 
<■<• elección canónica, cuando á dos de Febrero del dicho año, se 
« comenzó á celebrar el Capítulo Provincial en el puerto de VaL 

« paraíso, para donde se convocó á todos los Capitu- 

« lares.» 

('Y habiéndose comenzado y procedido á elección de Provin- 
« cial, por error que tuvieron los escudriñadores, que declara- 
« ron por Provincial al Padre Maestro Fray Pedro de Henestro- 
« za, no habiendo habido elección canónica; y habiéndole dado 
« la obediencia, se continuó hasta este dicho tiempo, en el cual 
« se averiguó, por consentimiento común de todos los Capitula- 
re res no haber habido elección canónica, conforme los sagrados 
« cánones, principalmente en el Capítulo Cum auctoritate Ecle- 
« sice. De electiane, Electi potestatc y el Capítulo que se registra 
« codem titulo.^ 

«Y ser necesario volver á elegir y proceder á segundo escru- 
« tinio, para lo cual, consultados los Letrados y los hombres 

< más doctos de esta Ciudad, dijeron que en el Presidente de 
«> Capítulo residía la autoridad de tal Presidente, como delega- 
« do de Nuestro Reverendísimo Padre General, hasta tanto que 

< con efecto se hiciese la dicha elección canónica para que fué 
« reconocido por tal Presidente. » 



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350 



CAPÍTULO XXVII 



*^Por lo cual, habiendo uno de los Capitulares requerido al 
dicho Padre Presidente reasumiese otra vez el dicho Oficio y 
constituídose por tal Juez, habiendo hecho la averiguación de 
que no había habido elección canónica, conforme al Capítulo 
I7rmcns 2 de teslibus), con los Padres Capitulares convocóse 
á Capítulo para que se prosiguiese en la dicha elección á se- 
gundo escrutinio.» 

«Y habiendo hallado ser así, se despacharon las Patentes 
convocatorias para que viniesen á votar los electores, proce- 
diendo á segundo escrutinio, por no haber surtido efecto el 
primero, por defecto de no haber sido canónica la dicha elec- 
ción, conforme el Capítulo 26 (Si elcUio título de electiom\ 
FJccti pote State in 6j.» 

«Y habiéndolas obedecido (las Patentes convocatorias) los más 
de los Capitulares, vinieron á este nuestro Convento y Casa de 
Santiago, donde por orden del Gobernador y Presidente de 
esta Real Audiencia, para obviar inconvenientes que se pu- 
dieran recrecer, se ordenó por ruego y encargo al dicho Pa- 
dre Presidente y algunos de los Padres Capitulares se prosi- 
guiese á segundo escrutinio en el dicho Convento, por haber 
Cédula de Su Majestad para que no se hagan los Capítulos 
en lugaVes pequeños y pueblos de Indios.» 

En cuya conformidad, hallando ser el Definidor más anti- 
guo el Padre Fray Miguel Canobio Bravo... y habiendo reci- 
bido la obediencia por los dichos Capitulares que pronta y 
humildemente se la dieron; y visto todos los autos hechos en 
esta razón en presencia de los dichos Padres Capitulares, 
aprobó, confirmó y ratificó todo lo hecho y actuado, como 
más largamente consta de los dichos auto^. » 

«6 Todo lo cual así dispuesto y ordenado, con la solemnidad 
y ceremonias acostumbradas,... en el nombre del Señor fué 
electo canónicamente con todos los votos en Prior Provincial 
de esta Provincia de Chile, el muy Reverendo Padre Lector^ 
Fray Laureano deTPalacios. » (2) 



i'2) Actas lie este Capitulo. Archivo del P. General Boma. F. F. 27. Según 
í?l texto se procedió haista dictar Decretos y renovar por completo los snte- 
►riaress nombramientos; aquí no se apunta más que la elección de Provincial. 




'^^T'-r'ir'W^r 'j'^. ^-íift^^t-v, »"^«- ,^'í£'w'^^^:í^-7Y!^ t'^""!?,' . . y. y | ^ !* ' ^^yF ii «w?yyi ! ^, ^ ^vai^a 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 35 1 



Este Religioso^ para que en situación tan anómala reuniese 
en su persona los votos de todos, debió ser dotado de muy be- 
llas prendas de carácter. Hasta entonces sólo había ejercido 
la enseñanza; y ahora, aunque elevado al primer puesto con 
aplauso de todos, se abstuvo de gobernar la Provincia y se re- 
tiró al Perú de donde, no pocos años hacia, había pasado a Chile. 
Difícil es, con las escasas noticias que restan de tales suce- 
sos, entrar á averiguar los móviles que le indujeron á obrar con 
tanta cordura como religiosidad, de por sí abandonando un 
puesto al cual no se creyó legítimamente llamado, á pesar de la 
manifiesta voluntad y adhesión de la Provincia; y, más que to- 
do, á pesar de tener en su favor el apoyo y auxilio del Gober- 
nador y Real Audiencia. 

7. Mientras tanto el Padre Pedro de Henestroza, del cual tan 
sólo se dice en las anteriores actas de este último Capítulo, « que 
por rebeldía no quiso venir», en la situación más crítica y de- 
sesperada, abandonado de casi todos, en vano se dirigió á la 
Real Audiencia en demanda de recurso de fuerza. 

Contra la constante práctica de ese Tribunal, no se dio oidos 
á semejante reclamación; de manera que el Provincial, despoja- 
do de su Oficio y Dignidad, sin más Convento que el de Lon- 
gotoma, ni más subditos que dos Religiosos, comenzaba amar- 
gamente á expiar su falta, caso de ser culpable, por haberse 
ciado á sí mismo el voto, según se había sospechado. Mas, aun- 
<^ue justamente merecido fuera este castigo, los Jueces que lo 
liabían impuesto eran del todo incompetentes, de forma que 
aquello no pasaba del más violento é injusto vejamen á su per- 
dona y dignidad. En consecuencia, el, Padre Pedro de Henestro- 
za, ya que la Autoridad en Chile se negaba á impartirle auxilio, 
«dicií*ndo que le tocaba al Virrey», partió á Lima, á demandárse- 
lo, para que de nuevo se redujese á su obediencia la Provincia. (3) 



(3) El Obispo Villarroel, respecto á este hecho, en su «Gob. Pa«^if.> dice: 
'«Habrá siete afios que el Padre Maestro Fray Pedro de Henestroza pidió el 
« Beal auxilio, porque esta Provincia le alzó la obediencia & título de nuli- 
« dad en su elección, y nó se le quiso la Real Audiencia impartir, diciendo que 
< le tocaba al Virrey, y él se le impartió... Este caso se opuso á la posesión 
« que tenia la Real Andiencia», etc. £s decir no obró en este caso según la 
práctica hasta entonces seguida. Gobierno Pacifico, Tomo 2, página 369. 



352 



CAPITULO XXVII 



Era el Padre Henestroza audaz y temerario en sus resolucio- 
nes, y nada escrupuloso, estando de por medio la honra de 
su familia, según se dejó ver en otra ocasión memorable en los 
analeíí de la Colonia. Y así es que, tomando la defensa de su 
nombre y de su dignidad, no desistió jamás de su empeño de 
cumplidamente recobrarlos, hasta obtener del Virrey de Lima 
el ser repuesto en el Provincialato, aunque no pudo ser sino ya 
en las postrimerías de su trienio. 

$. Más, en tanto que» esto tenía efecto, gobernaba pacífica- 
mente la Provincia de Chile y, por la cuarta vez, el Padre Juan 
de Toro Mazóte, á título de ser el Ex-Provincial más inmediato. 

Autor, sin duda alguna, de toda la evolución pasada, pues 
nadie sino él era capaz de ejecutarla, así por el ascendiente de 
que gozaba sobre toda la Comunidad, como por las influencias 
sin límites de que disponía ante la Real Audiencia, el Padre 
Juan de Toro Mazóte, ó por exceso de celo en la pureza de las 
elecciones provinciales, o por exceso de ambición, llevó á cabo 
la malhadada empresa de sustituir un Provincial dudosamente 
elegido, por otro, el más ilegalmente electo. 

A pesar de todo, asombra en el Padre Juan de Toro Mazóte 
esa influencia que hacía pesar sobre el Gobierno de la Colonia, 
el cual, ansioso, como siempre, de intervenir en los asuntos 
Conventuales, sin embargo, estando de por medio intereses de 
este Agustino, ó descadaramente toma parte en ellos, sin hacer 
casa ni de las amenazas del Rey, ni de los reclamos del Obispo; 
ó bien se abstiene hasta renunciar á sus más nobles regalías. 

Y si esto y mucho más, sin esfuerzo alguno, llegaba á ejecu- 
tar el Padre Juan de Toro Mazóte, en medio de la Real Audien- 
cia, es decir, en medio de un Tribunal el más preponderante, 
excusado es decir lo que podría dentro del ánimo de una Pro- 
vincia nueva, que ciegamente obedecía y respetaba sus determi- 
naciones. El Padre Juan de Toro Mazóte es una de las figuras 
dí¿ína de estudiarse durante la época de la Colonia. 

9. Pasados que fueron dos años, es decir, tan solo en No- 
viembre de 1640, el Reverendísimo Hipólito Monti tuvo conoci- 
miento de lo ocurrido en la Provincia de Chile, y con esa fecha 
lo señaló en su Registro particular, con estos términos: 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



353 



«Celébrate Capitulo Provinciae nostr«e Chilensis repertum est 
€ Patrem Provincialem Electum sibi suffragium dedisse, et re 
« post aliquod tempus detecta, contra ipsum reclamatm est non 
« esse legitimum Provincialem. Tune Praesidens dicti Capituli 
« iterum Comitia congregavit et in Praesidentem recognitus pri- 
« vavit Provincialam suo muñere. Prout etiam informatur in 
« scriptis.» 

lO. «Decretum est: Capitulum esse nullum cum sua informa- 

< tione tanquam sine competenti auctoritate. Deputenturque 
« Commisarii pro informatione, an sibi Pater Provincialis fuerit 
« sufTragatus: debeant pro ajquitate rem declarare et definiré. 
« Commisarii vero deputantur unus pro parte Provincia?, alter 
« pro parte Patris Provincialis. Insuperdeclarentenquisnamdebe-^ 
« at intrare loco Provincialis Absoluti.» 

En lugar de esta comisión, nombrada para el efecto por el Re- 
verendísimo Padre General, vino á cumplir su cometido algu- 
nos años después, en Octubre de 1645 la Congregación inter- 
media, en los siguientes términos: 

cPor cuanto en primero día del mes de Febrero de 1638 
« años, en el puerto de Valparaíso, en nuestro Convento de San 
*^ Nicolás de Puerto Claro, se celebró Capítulo Provincial y en 
« el salió por Provincial electo de esta Provincia el Padre Maes- 
« tro Fray Pedro de Henestroza, y dicha elección confirmó 
« Nuestro Reverendísimo Padre General, aunque por razón de 
« litigios que hubo en esta Provincia sobre si fué legítimamente 
<c electo ó nó, despachó Patente Nuestro Reverendísimo Padre 
-« General para que se nombrasen dos Comisarios de una parte 
^ y de otra, como consta de la Patente despachada, en esta ra 
« zón y estar pendiente dicho pleito, y no ser este Capítulo, ni 
<c otro cualquiera Juez de esta causa hasta tanto que sus Pater- 

< nidades los Comisarios determinen, y nuestro Reverendísimo 

< Padre General mande lo que ha de haber en esto, mandamos 

< que a dicho Nuestro Padre Maestro Fray Pedro de Henestro- 
« za todos le tengan por Provincial Absuelto y Padre de esta 
« Provincia, y que como á tal se asiente en el Libro de ella, 
«guardándole todas las exenciones que se acostumbran guar- 

28 



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ifj«NPvuuip;iPi||| 



3S4 



CAPITULO XXVII 



* dará los dichos Padres de Provincia.» (4) 

11. No había aún despachado el Reverendísimo Monti sii& 
Patentes, cuando en Agosto de 1640, pocos meses antes de ter- 
minarse el período de su gobierno, volvió á reasumirlo el Padre 
Pedro de Henestroza, en virtud del Real auxilio impartido en 
su favor por el Virrey de Lima. 

Al volver á su Provincia hizo su entrada en ella, según apa- 
rece de algunos documentos déla época, con ánimo ofendido y 
justiciero. El Padre Juan de Toro Mazóte, que gobernaba la 
Provincia, creyó prudente tomar la fuga, á pesar de contar con 
el favor de la Real Audiencia y del Obispo Villarroel. {5) 

12. Aparte de tan desgraciados sucesos, la Provincia se hizo 
en este tiempo de vocaciones dignas de particular mención. En 
163? profesaba el Padre Cristóbal de Gaete, quién según infor- 
maciones que tengo á la vista, era «hijo del Capitán don Fran- 
^ cisco Gaete, caballero principal, conocido en este Reino. ^ Y 
lio menos notable adquisición hizo la Orden en la persona del 
Padre Pedro Garragurri y Núñez de Figueroa, natural de la Se- 
rena, quién sobresalió siempre entre les primeros, por toda clase 
de oficios y prelacias. 

i 13. Mas quienes descuellan sobre los demás Religiosos, en 
esta época, son los Padres Lope Alvarez de Henestroza y Carlos 
lie Morales y Negrete de Herrera y Toledo, ambos á cual más 
nobles y de distinguidas familias. El primero profesaba en 1640 
y entre los informantes declara, según allí se expresa, «mi se- 

* ñora doña Beatriz Alvarez de Henestroza» diciendo <íque es 
t verdad que ella se casó el 31 de Julio de 1623 con el Maestre 

* de Campo, don Gregorio de Henestroza y que dio á luz á Fray 
^ Lope el 21 de Mayo del siguiente año.» El Capitán don Diej^o 
de Rivadeneira y Villagrán, declarando acerca de los padres de 
este Agustino, diio: «Son personas calificadísimas'de todos cuatro 



(4) Lib, Prim. de Prov. pág. 60 vuelto. 

í5i El Señor Amuiiátegui en hu obra «El Terremoto de Mayo» trae nna en- 
po&ición que hace en la Real Audiencia un Señor Oidor acerca del Padre 
Henestroza. Mas allí mi^nio le contradice el Oidor Don Pedro de Lu^o 
quien aplaude sin reserva todo cunnto r.quel hubiere hecho en pro de la co- 
rrección paterna y regular observancia. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



355 



« abolengos, como es público y notorio. » Y el Capitán Cristóbal 
Grasso: «que conoce á don Gregorio de Henestroza, desde el 

* año 23, que le bajó este testigo en su navio á la ciudad de " 
« Lima, y aquel mismo año sabe que se casó allí con doña Bea- 
< triz Alvarez de Henestroza; y al cabo de dos ó tres años su- 

* bieron los susodichos á la Provincia de Atacama por Corre- 
c gidor; y de ahí á esta ciudad de Santiago, habrá cosa de cinco 
■ años» 

También, el 19 de Marzo de 1640 profesaba en este Convento 
de Santiago el Padre Carlos de Morales. Su padre, el Licenciad» 
don Juan Morales de Negrete fué Alcalde Ordinario y Teniente- 
de Corregidor en Santiago, y uno de sus vecinos encomendero?^ 
más acaudalados; Corregidor de Concepción y Mendoza; y Au- 
ditor General del Reino, durante diez y seis años, sin aceptar 
remuneración alguna. Y fueron hermanos de este célebre Agus- 
tino los Generales don Pedro y don José de Morales y Negrete^ 
<\UG, en Santiago, desempeñó este último los oficios de Procu- 
rador General, Regidor, Alcalde Ordinario, Corregidor, Justicia 
Mayor y Teniente de Capitán General. Pero, debiendo de tratar 

más adelante de este Religioso servirá esto de excusa para no 

^inticipar acerca de él otras noticias. (6) 

(6) Archivo de Provincia. «Libro primero de [Atestados ? en los años di* 
X <í38 y HWO. 






ttttttttttttttttttttttttttrttiittttttttttttt 



Capítulo XXVIII 

Es preconizado Obispo de Santiago de Cliíle 

el Padre Gaspar de Tillarrool 

20 de Abril de 1637 

1. Antecedentes de la ÍMnilia del Padre Gaspar de VilUrri>el.— 2. Su iiifiea y 
a^lolescencia. 1698-1607.— o. Toma el hábito AgUítiiio li307.^. Kjeree el 
profesorado hasta doctorarse. 16*^.— ó. Se dedica á la predicm-ión cotí un 
éxito extraordinario.— 6. Importantes Oficios que dtfseiupefta en U Proviii" 
oia del Perú. 1621— 1027. —7. Hace su viaje á Espaftn 1028,-8. Priniera* im- 
presiones que allí recibió. — 9. Da á luz sus dos prinuMU,-^ ol^rai*: Lnn tivit H- 
bros sobre ¡os Evangelios de Cuaresma. 1681: y ('(numen fitrití íh LiMti» Jtfiíirítio. 
1630.— .10. Sus triunfos oratorios en Madrid.— 11. Es prtícoiiizttdo QbÍj>po 
de Santiago de Chile, el 20 de Abril de H»87. ' 

I. Don Fray Gaspar de Villarroel es un ini^enio americano: 
netamente criollo, es menester remontarse á sus abuelos para 
encontrarlo, en un principio, venidos de lísparta ai Nuevo 
Mundo, y no en el ejercicio de las armas, sino en el desempeño 
de cargos no menos elevados, que distinguidos. La familia Vi- 
llarroel y Cárdenas no fué de conquistadores, sino de grandes 
Obispos y grandes Letrados. 

Tío abuelo del Padre Villarroel era Don Fray Luis Zapata 
de Cárdenas, Arzobispo de Bogotá, ilustre Franciscano, natural 
de Llerena, en Estremadura, quien, después de haber sido Co- 
misario General de su Orden en el Perú, nombrado primeramen- 
te Obispo de Cartagena, fué promovido en seguida á Santa Fé, 
de cuya Metropolitana tomó posesión en 1573. (1) 



(I) Los mejores datos del Padre Villarroel están en smsí obras. Lo prt»>ente 
se halla: Oobienio Pacífico Tomo 2.» página 261; y en I*udrtí Hortiáez, OfnspfM 
de Bogotá. Se advierte que cada vez que se cita el «Gobierno Parifico» es en 
su segunda edición. 




4 



'1 

HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 357 .^ 



En esta Ciudad y al lado de tan ilustre Prelado, fijaron su re- 
sidencia, durante no pocos años, el Licenciado Gaspar de Vi- 
llarroel y Coruña y Doña Ana Ordóñez de Cárdenas, padres 
que fueron del ilustre Gaspar de Villarroel, Obispo de Santiago 
de Chile. 

Mas, aunque residente en Bogotá, ninguno de los esposos 
era natural de este país, pues el Licenciado era Guatemalteco 
y su señora Venezolona, y su larga estadía en Colombia fué mo- 
tivada por la presencia del Arzobispo Don Fray Luis Zapata 
de Cárdenas, á quien acompañaron hasta su muerte ocurrida en 
1591. 

Este mismo año, en busca de un lugar más aproximado á la 
Ciudad de los Virreyes, debieron pasar á Quito, en donde na- 
ció, en 1592 (2) el más noble hijo de. tan digna familia, forzada 
á emigrar de uno á otro pais, hasta llegar á Lima, por propor- 
cionarse en esta Ciudad más holgura á su vida y más lustre y 
representación á su nombre. (3) 

«Mi padre, escribe el Obispo Villarroel, que me dejó por he- 
*" rencia no sus virtudes, sino su nombre, era, (no importa que 
* yo lo diga) de los mayores Letrados que se vieron en las In- 



Í2) Casi todos los historiadores suponen habpr nacido Villarroel el año de 
1587, lo que no está conforme con lo que él mismo dice en su «Gobierno Pací- 
fico», ¿ saber: «Estudié este punto, porque, ramo me entré fraile tan niño, es tan- 
« to lo que con el anillo episcopal me embarazo, que le tengo por pensión de 
«mi Oficio.-. M»» Villarroel tomó el hábito en 1607, profesando nel608; luego 
resultaría del primer cómputo que, cuando Villarroel tomaba el hábito em 
joven de veinte años, lo cual es de todo contrario á sus palabras: «me entr*^ 
«fraile muy niño.» 

De todo esto sh deduce que Villarroel en 1608, año en que profesó, no tenia 
más que 16 años, que es la edad canónica. 

(3» Varios escritores sentimentales, tomando ocasión de aquellas conocidas 
palabras de Villarroel, cuando dice: «Nací en Quito, en una casa pobre, sin 
« tener mi madre un pañal en que envolverme, porque se habla ido á España 
t mi padre.» han llegado á creer que el estado de miseria de esta familia era 
lamentable. Mas, ella no podía ser tanta, cuando el Padre de Villarroel po- 
día costearse viajes á España, llevado á allá por sólo interés de su casa. Ha- 
biendo sido éste Boctor y pedido rehala de la mitad de las propinas para 
doctorarse, le fué denegada tal petición; y su hijo, Don Juan de Cárdenas 
también fué Doctor, recibiendo una educación la más esmerada- 
La carta de donde se han tomado aquellas palabras no tiene ningún valor 
histórico; ella no corresponde á los hechos, sino al estado de ánimo en quo 
se encontraba Villarroel en 1654. que fué cuando la escribió. 



L^. 



358 



CAPITULO XXVIll 



« dias: hay hoy de él bastante memoria en las escuelas y no se 
< apagará su crédito sino se acaba el nombre de sus discípu- 
« los. » Fué Justicia Mayor del Cuzco, y, una vez que enviudó, 
se hizo Sacerdote, siendo así que ya lo eran dos de sus hijos, el 
Padre Gaspar de Villarroel y el Doctor Don Juan Ordóñez de 
Cárdenas, que fué Cura Rector de la Iglesia Catedral de San- 
tiago, Rector del Seminario y Visitador General de este Obis- 
pado. 

2. De esta familia de Obispos y Licenciados y Doctores, que 
brillaron al resplandor de la Iglesia, había de surgir uno que á 
todos aventajase, con la más justa celebridad que pueden al- 
canzar, con sus virtudes pastorales, los Obispos;con doctas é im- 
})erccederas obras, los sabios y literatos. 

Las fuerzas intelectuales y morales, que le distinguían desde 
niño, debieron de tomar en Gaspar de Villarroel, una dirección 
profundamente religiosa, dado el medio ambiente que le cupo 
en suerte, el más favorable al desarrollo de sus facultades, 
y al desenvolvimiento de sus privilegiadas aptitudes, que forma- 
rían uno de esos caracteres más suaves é insinuantes y una in- 
teligencia de las más ricamente cultivadas. 

Aun las dotes físicas estaban en armonia con aquel bello con- 
junto de tan nobles cualidades, pudiendo su dueño decir de si 
mismo, en aquel su estilo propio, tan característico y natural, estas 
palabras: «Dicen que era yo, entonces, (cuando niño) muy bo- 
'^ nito: y á este título me criaron con poco castigo.» (4) 

Cuenta el mismo que, muy niño todavía^ recibió de manos de 
Santo Toribio de Mogrovejo el sacramento de la Confirmación, 
habiendo crecido teniendo siempre á la vista aquel ejemplo de 
virtudes que, más tarde siendo ya adulto, le hacían exclamar: 
Felices los ojos que pudieron verle y admirarle! Y confiesa que 



(4 ) Carta de Villurroel al Padre Torres, 8 de Agosto 1654. 



\ ?■'; 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



359 



al espíritu de tan insigne Prelado le debe primero el haber em- 
prendido los combates del alma cristiana, y el haberle llevado 
en seguida al claustro, al sacerdocio y hasta la suprema digni- 
dad episcopal, (;} 

3. Con tan felices disposiciones para la carrera eclesiástica en 
1607 vistió el hábito Agustino, en el Convento principal de Li- 
ma, conformándose del todo las inclinaciones de su ingenio, las 
tendencias de su espíritu y las prendas de carácter, que le distin- 
guían, con las de la Orden que abrazaba y que entonces se ha- 
cía notar por ese su rigor mas bien suave, que austero; por esa 
su ilustración más literaria, que científica; y por esa su influen- 
cia social, que fácilmente elevaba á sus alumnos á las más altas . 
dignidades. 

«Éntreme de fraile, dice el mismo, y nunca entró en mí la 
-« fraiha: pórteme vano: y, aunque estudié mucho, supe menos 
^ de lo que de mí juzgaban otros.» Estas sus palabras, como to- 
^as las su>vis, revelan su genio fácil y festivo, su índole franca y 
tiondadosa. Casi siempre es el historiador de si mismo; en sus 
T^iuchas obras raro es el capítulo en que á su propia vida node- 
^ilique algún recuerdo; pero siempre es el mismo: el más ingenuo 
Aik' saleroso. 

Inoficioso sería referir aquí los progresos que hizo en todos 

T*js estudios, baste notar con uno de sus contemporáneos «que 

^ su ingenio fué la admiración de muchos y el agrado de todos,» 

X^orque supo adquirir la ciencia sin mostrar nunca asomos de 

^irrogancia; porque supo practicar las virtudes religiosas, sin re- 

"Vestirse jamás de un vano aparato de falsa austeridad. Fué des- 

^e niñu tan cumplido caballero, como ejemplar religioso; de tan 

:xioble alma, como de costumbres las más puras é irreprochables. 

Mientras era estudiante en Lima, sucedió que vino de España 

^1 Perú el Padre Diego de Salmerón, con el fin de colectar limos- 



tos fllluHi iü iirirnn nostrapuerili aetate vidimus et e sacris ejus maníbuss 
sacT&mentum coiifinnationis accep.imus, ordine et spiritu tanti Prsesulis jam 
^Q Cbristi nüliTiu UL^át^ripti, accinti primum ad cristiana bella: quo felici omine 
iíá fasfigium Epiíji^opalis dignitatis evecti fuimus. Adulti jam. ac discretionis 
íünif>s attin^entea >ftnrTum virvini cognovimus, illiusque acta miranda per 
decen anuos per^íijexiiiius: de nobisqiie seepe dictitabamus: Beati oculi qui vi- 
dení qua; tí>3 videtis^i Gob. Pacif. Tom. 2. pág. 171. 



•' "^TjapffT" 




360 



CAPITULO XXVIII 



1^^' 



ñas para la canonización de San Juan de Sahagún. A donde 
quiera que iba, llevaba consigo una imagen del Santo, que llegó 
Á hacerse célebre por sus prodigios, despertando en los Agus- 
tinos del Perú el más vivo deseo de quedarse con ella. Mas para 
conseguirlo nada valieron ruegos ni suplicas. 

Terminada su misión, el Padre Diego dfc Salmerón regresaba 
á España llevando siempre consigo la deseada imagen. «Pues la 
* España posee las reliquias del Santo, le llegaron á decir, hon- 
íf re Vuestra Paternidad á Lima con este retrato.» Mas el Padre 
Salmerón, con manifiesto desagrado contestó: «Preferiría que me 
« hicieran pedazos, antes que* consentir en separarme de tal com- 
« pañero.» 

Los K el i jíi osos jó venes tildaron de g-osería esta contestación^ 
y, tomando por si solos venganza de aquel agravio, le hurtaron 
bi imagen. El Padre Salmerón apenas notó el hecho, puso el 
grito en el cielo. Reclamó á los Superiores; éstos entraron en 
investigaciones; mas, como dice el mismo Villarroel: «No sé si 
3 los Prelados sintieron mucho el hurto, porque la pesquisa no 
^ la vi muy apretada.» 

Suponiendo entonces, el Padre Salmerón, que los mismos su- 
í>eriores eran cómplices en el hurto, desesperando de poder ob- 
tener justicia y recobrar su apreciado cuadro, queriendo sacar 
el mayor provecho de la situación, declaró entonces: que su pri- 
m *ra negativa había sido tan sólo un ardid para hacer más apre- 
ciable el obsequio; pero que siempre había sido su intención de- 
jar la imagen en el Perú. 

Al oír esto Villarroel, con la más oportuna é ingeniosa agu- 
deza le contestó de esta manera: 

Iba un día cierto labriego por un camino, vendiendo una lie- 
bre, y se encontró con un caballero que, manifestando deseos 
de comprarla, exigió previamente tomarla el peso. El labriego 
pasó la liebre: más, apenas el caballero la tuvo en las manos, 
apretó las espuelas al caballo y echó á correr. 

Burlado el labriego le seguía; pero faltándole el aliento, le 
gritó: «Escúcheme, señor, escúcheme una palabra.» El de á ca- 
ballo seguro de qu: no le arrebataría la presa, por la distancia, 
volviendo la cabeza, le dijo:« ¿qué quieres?» El labriego entonce» 



•-T^ír-, 



r'Tf M f ^jgi ^ j ;' 



THSTORÍA DE LOS AGl STINOS EN CHILE 



361 



^on voz muy insinuante le dice: «Señor mío, cómasela en mi 
nombrel» (6) 

Celebradísinia fué esta ocurrencia; la imagen de San Juan de 
Sahagún apareció; más, su dueño se contentó con llevarse una 
copia, regalando el original á la complacida comunidad. 

4, También es notable lo que el mismo cuenta haberle ocu- 
rrido en Lima, llevado del deseo de asistir á la representación 
de una comedia, en el teatro; fueron tantos los percances, y de 
tanto colorido es la descripción, que es menester dejar la pala- 
bra á su mismo autor; dice asi: 

i En el religiosísimo Convento de mi Padre San Agustin de 
* Lima, donde tomé e\ hábito y me crié, aunque toda la disci- 
plina regular se guardaba con admiración, ponían los Prelados 
« todo su desvelo en desviar de las comedias á los Religiosos; 
« ptro, en los mozos, parece que los preceptos despiertan los 
« apetitos. Éralo yo mucho entonces, aunque habia acabado ya 
« de enseñar un curso de Filosofía.» 

í Alabáronme mucho una comedia, que se hacía, por devota 
« y bien representada: y entré en tantas ansias de verla, que 
^ rompiendo por el re-:ato, dispuse la entrada. Pagóse una celo- 
^ sía, que en tiempo que era yo tan pobre, que me reía del Rey 
^ Baltasar, cuando hacía á mis amigos un banquete, que costa- 
^ ha seis reales y ponía unos apuntes de clase por manteles; 
^^ eran gran negocio cinco pesos: ese fué el primer trabajo de 
■*^ aquel mi divertimiento.» 

«Salí á la una del día, que por lo extraordinario de la hora, 
^ y por ser día de fiesta, dos cosas que dificultaban la salida, 
^< costó cien embelecos ganarla. Ya va creciendo la costa de 
^^ aquella triste comedia, íbamos modestísimos yo y mi compa" 
^ ñero; entradas las manos en las mangas, aforradas las cabezas 
^ en las Capilías; y sudando, porque juzgábamos que cuantos 
^ nos encontraban, nos leian en las caras el delito.) 

«Llegamos á una puerta extraordinaria, por donde entran en 
< el teatro los hombres de bien; encontrónos un caballero, y pa- 
* sames de largo, con que fue forzoso dar la vuelta entera y ro- 



(0) Villarrocl. Historias Sagradas y Eclesiásticas Morales. 



/ 




CAPITULO XXVIII 



dear cuatro cuadras; esto mismo nos sucedió seis veces, con- 
que, i las dos dadas, aun no pudimos ganar la puerta.» 

<í Entramos al fin por un largo callejón y, en viéndonos en 
nuestro aposento bien cerrados, dimos por fenecidos nuestros 
trabajos todos. Pero pudiéramos decir lo que aquel otro, para 
significar la continua alternación de las penalidades: Finiunt 
pariier renovantque dolores. Eran caniculares aquellos días, y 
cuando en Lima más nos asan los calores; y pudiéramos tomar 
las iioctones en el aposento, según estaba abrigado.» 

f Eran las cuatro de la tarde y como no había tanta gente co- 
mo quisieran los comediantes, buscaron dilatorias para su 
farsa; y estando ya lleno el teatro y en el tablado la Loa, co- 
menzó á temblar la tierra. Estaba en alto mi triste celosía, y 
el edificio era de tablas; era tal el ruido, que parecía que se 
nos caía el cielo. Si nos quedábamos encerrados, peligraba la 
vida; si huíamos á vista de tanto pueblo, se perdía la honra... 
Pero más pudo conmigo el pundonor que el deseo de vivir y 
pasé mi penalidad con aquel pavor, que podrá entender el que 
sabe que es temblar.» 

* Sosegóse el auditorio, salimos del susto, y, comenzada la 
ubra, comenzó también en el vestuario una pendencia; hirie- 
ron al del papel principal; con que fuera Tragicomedia, si la 
in felice comedia se acabara; pero dejóse para otro día. Este 
pareció el trabajo postrero de mi fiesta; pero comenzó otro de 
nuevo; que no ¿fe iba la gente y venia ya la noche.» 

ft Ciérrase en mí Convento á la oración la puerta principal, y 
es caso de residencia entrar por la que llaman falsa. Dábame 
á mi esto gran congoja sobre un tan largo encierro tan sin 
frutíL Salí en efecto, representándoseme en cada sombra el 
Pro lado de mi casa; y, pasando, como quién corre la posta, ó 
cniHM quién va seguido de una fiera, aquel largo callejón de 
que ya hablé, entraba muy paso á paso un caballero de casta, 
de aquellos que quieren saberlo todo, a enterarse del fracaso 
su CL ti ido » 

«Este con grandes reverencias, y con unas prolijas cortesías, 
que le perdonara yo de buena gana, me comenzó á preguntar 
[inr mi salud. Y díjele turbado yo: Señor mío tiene vuestra 



J 



~1^W l'i ' '.«ll«l^ií>l|M^P««, 



HlSTORrA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



363 



" merced mucha discreción para ...... detener al que huye de la 

ajusticia suélteme vuestra merced, que voy huyendo de 

« que me vean; básteme mi trabajo de que vuestra merced me 
« haya visto.» (7} 

5. En 161 9 debió haber terminado todos los años de ense- 
íianza entonces requeridos para doctorarse, pues en 31 de Ma- 
yo de 1620 el Reverendísimo Padre Qeneral Nicolás de Sant' 
J^ngelo expedía al Padre Gaspar de Villarroel una Patente por 
la cual le facultaba para doctorarse en cualquiera Universidad 
íiprobada, lo que debió de tener lugar ese mismo año en la 
Universidad de San Marcos, en Lima, con aplauso universal, 
pues el nuevo Doctor era tan afamado por sus letras como por 
sus raras dotes oratorias. 

A pesar de ser tan joven y no tener entonces el Padre Villa- 
rroel más de veinte y siete años de edad, el claustro pleno de 
aquella Universidad le designó para que hiciese en el día de su 
Patrón, San Marcos, el Panegírico de la fiesta á la cual concu- 
rrían el Virrey y la Real Audiencia y la gente de más lustre en 
la Ciudad. Entre los concurrentes se notaba al célebre Oidor 
Don Juan de Soíórzano, «varón tan docto, como escribe el mis- 
' mo Villarroel, que en todas letras es un admirable prodigio; 

* sí, es su elocuencia tanta que se despoblaba todo Lima, y se 

* tupían las Escueías por oirle hablar en romance y en latín, 
^ sin que el más presumido pudiese graduar los dos idiomas, 
« ni alcanzar en cual lengua hablaba con mayor elegancia.» (8) 

Fácil es, pues, comprender el trance tan apurado para un 
Sacerdote tan joven como Villarroel; el mismo lo expresa di- 
ciendoi c^ Durábame aún entonces un supersticioso cuidado, que 
< tienen ios Predicadores mozos: traer en el pecho el papelillo 
í en que por puntos, aún desde mis principios, solía yo sumar 
^ lo substancial del Sermón. Bajé aprisa del pulpito, y al bajar 

* se me cayó el Sermón. Estaba cerca del pulpito la silla del 

* Señor Solór7ano, levántalo del suelo, y habiéndolo reconocido, 

* lo entró en la faltriquera. Esperábale en su casa un Caballero 



r7) Villarroel GoLk Pacif. tomo. 1. pág. 326 

(8) Este Oidor es él célebre jurisconsulto autor de las Obras De Jure India- 
r^im y IMJ Kenf Putmnato Don Juan de Solórzano y Pereira. 



V 




CAPITULO XXVI ir 



« para un negocio; leyóle algunos puntos del papelillo y díjole, 
« habiéndosele leido: «Más, quisiera predicar como Villarroel, 
« que ser Oidor.» 

Solórzano y Villarroel fueron dos ingenios que se encontra- 
ron en el mismo camino: ambos ensayaron las fuerzas de su- in- 
genio en el mismo terreno; y ambos, como autoridad, mutua- 
mente se citan; y ambos, con admirable reciprocidad de ideas y 
opiniones, se aplauden y se elogian. Jamás la envidia alzó entre 
ellos la voz de esa crítica apasionada é irrespetuosa de todos 
tiempos y épocas. 

Pero no todos fueron triunfos, según cuenta el mismo Villa- 
rroel, los que como Orador obtuvo en Lima, principalmente de 
mano de uno de sus Arzobispos. El hecho pasó de esta mane- 
ra, conforme sus propias palabras: 

ícKl Señor Don Gonzalo de Ocampo, Arzobispo que fué de 
« Lima, ni en Sevilla, ni en Roma, moría por Frailes; porque 
í aunque sin pecado, les fué muy poco afecto. Testifícanlo los 
^ litigios, que aún sin sentarse en su silla, tuvo con ellos; hálle- 
me á todos, que no lo afirmara, no habiéndolos visto. Yo era 

* Vicario Provincial de nii Religión: y, porque en un Sermón 

* que anda impreso, de mi Padre San Agustín, pensó que ha- 
« biaba con él, en una cláusula tan comedida, que se la puede 
ft decir al Papa, me quitó el Pulpito por un Auto, aunque con 
í brevedad le repuso.» 

6. Entre tanto el Padre Gaspar de Villarroel, apenas tenien- 
do veinte y ocho años, desempeñaba en la Orden los cargos 
más elevados: de Secretario del Padre Visitador General Pedro 
de la Madriz;.y luego, desde 1622 hasta 1626, de Definidor de 
la Provincia y Vicario Provincial de Lima. En este mismo tiem- 
po el Reverendísmo Padre General Jerónimo de Ghettis, en Ma- 
yo de 1625, según Breve de Urbano VIII, creó al Padre Gas- 
par de Villarroel, con aplauso de todos. Maestro Supernumera- 
rio, con aquellos derechos y prerrogativas que gozan en la Orden 
Agustina. 

Con todos estos títulos, cargos y oficios, era de esperarse 
que en el próximo Capítulo Provincial el Padre Villarroel ocupara 
el primer puesto en la Provincia; mas, sucedió todo lo contra- 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



365 



rio, operándose en su brillante carrera un rápido é inesperado 
descenso. Fuera de la Orden experimentó un doloroso fracaso: 
pues, vacando una de las cátedras de Teología en la Universi- 
dad de San Marcos, y oponiéndose á ella concurrió juntamente 
con el Padre Villarioel el Doctor Don Pedro Ortega y Sotomayor, 
llevándole éste la preferencia, ó por más docto, ó por más influyente 
que el Agustino en aquella ocasión; porque ambos, no mucho des- 
pués, fueron promovidos al Episcopado, eclipsándoVillarroelá So- 
tomayor en renombre y gloria como Obispoy como sabio. 

Es gracioso como Villarroel, bajo la forma más velada, hace 
referencia ti este fracaso en uno de sus sermones. Dice así: 
< Opúsose un Doctor á una Cátedra: admiró con el argüir, pas- 
^t mó con el leer, arrastróse la afición popular. Atravesósele ó 
€ el soborno, o el favor. Y, cuando le espresaba el triunfo, juz- 
« gando el aplauso común que tardaba el regular, salió el Be- 
« del á publicar la Cátedra por del menos bien visto opositor, 
f Vienen sus amibos con él; y arrebátase la Escuela al que per- 
* dio la suerte: logra los vítores quien malogró las demostrá- 
is clones. ;Qué es esto? Aplausos á un hombre vencido. » (9) 

Pero sí aquel triste desdén de la fortuna debió vivamente 
herir á un joven de treinta y dos años, época de las más gran- 
des aspiraciones de la vida, el inexplicable desenlace del Capí- 
tulo Provincial celebrado en Lima, en Julio de 1626, sin duda le 
hizo comprender al Padre Villarroel, que tenía mas que admi- 
radores, émulos fuertes y poderosos. Nadie podía desconocer 
el ingenio de Villarroel: pero á nadie se ocultaba haber él adqui- 
rido los primeros puestos en edad demasiadotemprana y por 
obra del Visitador General de las Provincias del Perú y Chile, el 
Padre Pedro de la Madriz. 

Era demasiado odioso el recuerdo que dejó en el Perú este 
Padre Visitador, cuya acción se redujo á privar de su Oficio al 
Provincial de Lima y á retirar de Chile al Vicario Provincial, 
el Padre Mexicano Fray Pedro de la Torre. Una medida tan 
violenta trajo consigo en la Provincia del Perú pronta reacción, 
que se hizo sentir en el primer Capítulo Provincial; y en él fué 
elegido Prior Provincial el Padre Pedro de la Torre, el mismo 



(0J YÍHarroel Com. y Disc- sobre las Dom. del año. dlsc. 4 del Dom. 16. 





366 



CAPÍTULO XXVIII 



Vicario Provincial poco antes desposeído, ya que el Pdre Gon- 
zalo Díaz y Piñeiro, su compañero de desgracia, andaba en Ro- 
ma haciendo la defensa de sus derechos. 

No es extraño, pues, que el Padre Gaspar de Villarroel, que 
tanta parte tomó en aquella Visita General, una vez pasada 
ésta, él también pasase de Lima al Cuzco como Prior de aquel 
Convento. Mas, muy en contra de lo que opinaron talvez enton- 
ces sus émulos, en el Cuzco fué en donde halló mejor punto de 
partida su ingenio para desde allí volar á la patria de sus abue- 
los, á la grande España. 

Era Obispo del Cuzco el Doctor Don l^orenzo Pérez de Gra- 
do, quien cobró por el Padre Gaspar de Villarroel la más gran- 
de afición, tomándole desde luego por su Confesor y nombrán- 
dole su Albacea, habiendo ocurrido la muerte del Señor Pérez 
de Grado en 1627, es muy probable que la munificencia de 
aquel Príncipe de la Iglesia no dejaría de contribuir á la realización 
del por tanto tiempo soñado viaje del Padre Villarroel á las Hispanas, 
cuna de sus mayores, y entonces celebrada reina del mundo. 

7. Sin tardar, pues, se dirigió por la vía de Buenos Aires á 
la vieja Europa, llevando manuscritas algunas de sus obras y 
en su mente muchas otras que le hacían entrever por allá un 
porvenir de grandezas y, talvez, de esperanzas. (10) 

El Padre Gaspar de Villarroel llegado á España, fijó prime- 
ramente su residencia en Lisboa, que en aquel tiempo era su 
segunda Capital. 

8. El recién venido era todo un espíritu el má^i cultivado, fino 
y atento observador de las leyes y costumbres de la época: era 
un criollo de ideas avanzadas que reprochaba altamente la dife- 
rencia establecida entre españoles peninsulares y españoles 
americanos; y no admitía que éstos, los más fieles vasallos del 
Rey y que más dilataban sus dominios y acrecian su poder y 
sus riquezas, éstos, sin embargo, fuesen los más gravados de 
impuestos y contribuciones, privados de toda clase de lueros y 
libertades y excluidos por sistema de todos los grandes títulos 
y dignidades, así fuesen civiles y eclesiásticas. 



(10) Para que mejor conozca el lector como Vicuña Mackeima sabia histo- 
riar y proveerse de documentos, léase al respecto lo que en su Discurso d& 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



1^7 



Las primeras impresiones del Padre Villarroel fueroa peno- 
sas; y porque, si es verdad que por sus méritos, después de diez 
años de permanencia en España, al fin vio abrirse delante de sí 
*as puertas del palacio, esto no fué sino en pos de algunas amar- 
gas repulsas. 

El mismo Villarroel con la más cruel invectiva lo censura y 
recuerda en estos términos: *íCon qué blandura se debe recibir 
« en España al que viene de aquella tierra de las Indias! Minis- 

* tros hay que se truecan en erizos para dar Audiencia á Crio- 

* Uos, Si vienen por Oficios, no vienen á arrebatarlos, sino á 
í ped irlos. Es fue rza o fend e rl o s? I m po rta d esco n sol arlos? Ven i r- 
« le de otro mundo á buscar es una grata lisonja al Rey: enton- 
« ees se muestra más Señor, cuando después de tres mil leguas 
« de peregrinación se le eclian sus vasallos á los pies... Después 

Incorporación en In Uijívereídad, el 27 de A^oi^to de 1852, íiecla: * Entromete- 
^ sü «Q ijsta part^f, entre la pomleracitia de los Cronistas» la [iiaiio ridíuscAdo* 

* TB de latradíci^Ti» porque es fama coniiia en el Perñ qm¿ ^\ Fraile YiUa- 

* rroel sie fué á Eí^paña* huyendo del Vistjtador de su Orden que iba a pedirle 
*> cuenta de su mais vida, y aún añaden que se embarcó fiirtivaniente en Fai- 

< ta. llevándole para &u viaje oiertass alhaja.*? de la Iglesia, i 

Eata peregrina relación la corrobora con el documento que sigue: «Esto 

< nos hft referido eu Lima, entre otros nincbos anciano^t el nonagenariü ca- 
4 balleco de Arequipa, Don Manuel Cuadrocí* c|uien a8egura se consiervii atsta 
« tradición eo bu pueblo Oiital desde que «btuvo en él de Obispa el in^ígiie 
■í ViUftrrtiel.» 

Sabe el lector que Villarrool f u*'^ el propio Secretario del Visitador La Ma- 
*^iz y por infiuencift de ést*:» fué elegido Definidor y Vicario Provincial, cuan- 
<3o apenan tenía 28 aftoíi; que cuando Villarroel fué enviado de Prior al Cuzco 
3^ de Vicario Provincial» h contiuuacióa, en 1626, el Vij^itador ya había salido 
<lel Perú y naufragado eu la¡5 Antillas; cualquiera, pues* 3'a pue«le per>uadir- 
**e de la pretendida desgracia de A' illa rroel y de esa supuesta fuga de nb por 
*aita. 

Eh un hecho que V.llarroel verificó su viaje á Europa jjor Buenos Aires, 
■l^a sus Discursos y Comentarioa, página 182, dice: t Tengo exfieriencia i^ue 

* en la niar, cerca de tierra, son man grandes las tormeutaa, no sólo porque^ 

* entonces ea la tierra nuestro mayor enemigo, por el peligro dw varar, y por- 
^ que amenazan la^ roea^^ ei ei!^ él viento de travesía, sino porque el fi>nda 

* despide las ola:^ más recio: digalo quien navego el rio de la Plata » Y en 
•íl 'Gobierno Pacífico» tomo primero, páginii 25j cuenta como e^tando de pa- 
**o por la Ciudad de Córdoba del Tucumáii^ los Padres de la Compañía de 
Jesús le dedicaron un Acto. 

No es extraño que el señor Vi cufia yerre tanto^ si loi* doeuníento>¡ do sus 
Sutorias eran caballeros? nonagenarios» cjí decir, ant ianot^ dementados qua- 
tintineaban hechos de tres siglos atrá:^. 



* 



i 

f 



368 



CAPITULO XXVIII 



« de tantos pasos en las conquistas, han de ser mal vistos sus 
*; pasos? » 

« A estos Criollos deben los gloriosos Reyes de España el ha- 

í; ber dilatado su señorío á un Mundo Nuevo. Y es justo pa- 

< ra la prelación en los Oficios tener atención á los Naturales. 
'Muchas razones hay de justicia; pero esta que diré mira á una 
« santa razón de Estado, que es la entera conservación del 
*' pais. Con diferentes ojos le mira el que nació en él. Más le 
'■'. ama el que derramó su sangre en la conquista.» 

«Superfluo es encarecer la hermosura del Paraíso y el com- 
^ partimento de sus jardines, la belleza de sus flores, lo fecun- 
de sus frutales; basta decir que su aliño corre por cuenta del 
« que le plantó por sus manos: el que plantó una huerta la her- 
íí mosea: el que la arrendó la disfruta » (i i) 

Cuando Villarroel se excedió á sí mismo en indignación fué 
al contemplar la desigualdad de los derechos y obligaciones de 
los españoles peninsulares y de los españoles americanos, ó sea 
los criollos. «Es poco, dice, que los que nacieron libres, vivan 

esclavos: y que siendo todos criados de una misma tierra, 
í obedezcan unos é imperen otros? Que unos pidan exacciones 
'* y otros contribuyan?» 

«Que los tributos, unos los impongan y otros los paguen? 
^Oue unos puedan hacer pesar sin temor de residencia,, y que 
^ esos otros no tengan más aliento para su defensa que rogar á 
í quien los quiere ofender? Pues, sí, es mucho dolor.» (12) 

Cualquiera que lea estas y otras frases, comprenderá que 
Villarroel en España está muy lejos de ser aquel mismo que ha 
pretendido pintar el Señor Amunátegui, tomando la semblanza 
de Villarroel nó de sus discursos oratorios, nó de sus disertacio- 
nes jurídicas, que son los títulos de celebridad de este ilustre 
ingenio sudamericano. El Señor Amunátegui encuentra vigoro- 
samente delineada la figura de Villarroel en la menos conocida 
de sus obras y la menos importante: en las Historias Sagradas 



(11« Villarroel Comentario y Discurso sobre los Evang. de las Dom. del 
uño. Discurso 3 del Dom. 10 

Íl2) Villarroel. Com. y Dis sobre los Evang. de los Dom. del año disc. 9 
del Dom, 18. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



369 



j' Eclesiásticas Morales. De este repertorio de anécdotas edi- 
ficantes, que Villarroel escribió al azar, el señor Araunátegui, 
con tino admirable y el más razonado criterio, sacó el retrato 
del ilustre Villarroel con tal parecido, que no habrá quien no 
juzgoíe de necio y ridículo, al escritor más clásico y fecundo del 
tiempo de la Colonia, al literato más insigne y atildado de aque- 
lla época, al célebre y, bajo todos conceptos, celebérrimo Obis- 
po Villarroel. 

A los ojos de Amunáfegui el famoso Villarroel es solo un sim- 
plecillo, que estando en Madrid juzgó al Rey un santo, y á la 
Reina una Santa, sin llegar á sospechar siquiera en Felipe 
IV, al que llenó la Corte de España de bastardos, al que vi- 
vía de comedias y mascaradas, al que afrentó al severo trono 
rfe su abuelo y de su padre con costumbres las más. libertinas y 
1 icencinsas. El Señor Amunátegui más celoso de la moralidad 
f Pública y privada de los Reyes, llega á hacer este cargo á Vi- 
llarroel: «Sí no podía reprender, como, en ocasiones memora- 
« bles lo hicieron otros Ministros del Señor, faltas tan numero- 

< sas y tan graves, no le era lícito ensalzar al culpable hasta 

< presentarle como un dechado de virtudes.» (13) 

Pues bien, esas valientes reprensiones, esos atrevidos repro- 
ches, esas ardientes invectivas contra el libertinaje del Rey, 
abundan en los discursos de Villarroel; y si el Señor Amunáte- 
gui no los conoce, tan sólo ha sido causa de la.^oca afición que 
tuvo á leer sermones y á escucharlos. Pocos, con más valiente 
serenidad que Villarroel habrían censurado los vicios de los Re- 
yes: pocos con más desembozada ironía les han lanzado en ros- 
tro sus liviandades. 

Léanse sus discursos y se hallarán á cada paso ejemplares 
del celo apostólico con que duramente condenó la vida delicio- 
sa y holgazana que se daba en Palacio Felipe IV, en tanto que 
la Monarquía caminaba á su más completa ruina. Hé aquí al- 
gunas de sus mismas palabras: 

íTodo lo delicioso parece que reside en los Palacios: lo blan- 
« do y lo regalado del vestido, dice el Redentor, que se halla en 
« ellos; mejor es \'estir soldados que palaciegos. Despojóse un 



{\Z} AmimitoguL «Terremoto de Mayo» página 202. 



370 



CAPITULO XXVIII 



Rey harto engreído, para vestir un soldado; sus mismas ar- 
mas dio Saúl para armar á David...» 

Mas, «en el Palacio está de asiento el recreo. Y habien- 
do de explicar el Redentor su opuesto, lo áspero con que se 
trataba San Juan, propuso los regalos de las Casas de los Re- 
yes. Y he dudado por qué cargó lo delicioso á los criados de 
los Reyes. Fué porque se presupone que ellos son el ejemplar 
y que sus costumbres se comparan en todos los que los asis- 
ten? Yo pienso que fué damos á* entender á todos, que 

en quien se echa á cuestas un mundo entero, no cabe un solo 
pensamiento de regalo...» 

...«Parecen muy bien los Reyes con las armas en la mano ... 
No es para ellos la gala, sino la gola: no tanto la púrpura, co- 
mo la malla» <^ Y, á la verdad ese parece más vuestro Rey, 

que sabe pelear por vosotros; á quién nos sabe defender tene- 
mos sujeción más natural Desdichado será el pueblo que 

siempre adorare Reyes que no lo quieren sacar de sus peli- 
gros» (14) 

«Cuando considero á Herodes adúltero, incestuoso y amigo 
de bailes y banquetes, gobernando á Galilea, no necesito de 
que me digan las ruinas de su tierra: porque un Rey tan deli- 
cioso, de solo un hilo tenia colgado el Reino, tiranizado el ce- 
tro de su padre y con injusto decreto del imperio dividido. 
¡Y él tan cui<tedoso, tan regalón, que por baile ofrece la mitad 
de un Reino! Banquetes entre tantas exhortaciones! Oh señor! 
entonces quisisteis venir, cuando estos delitos del Rey tenian 
vuestro pueblo en tanta necesidad.» 

«Qué haya Reyes que se entretengan al son de la artillería! 
Qué tenga el ejército á la puerta y se trate de la vianda! Qué 

el son de las cajas no pueda despoblar las mesas! Un 

milagro he visto en Babilonia, dice el Profeta A que tiem- 
po se reduce esta maravilla? Está entendido el prodigio. 

Que se vea un Rey cercado: que tenga arrimado al muro un 
ejército enemigo; que oiga el ruido del asalto y no reciba sus- 
to; que toquen á acometer y cuide de que se pongan las me- 



<14» VillaiToel. Comento y Disc. sobro los Evang. de los Dom. del año, Dic. 
8 y 9 del Dom. 2.» 



K 



I 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



37« 



i sasl Asómbrame en Baltasar la grande diligencia que hf- 

r zo para que se acabase su Reino; no pudo dar mejor traza^ 

« para que se apurase al fin su Monarquía» 

„. *Mas es milagro que haya un predicador bueno para un Re)r 

* malo. Qué consejo ha de dar quien no sea el Precursor? A un 

< Rey deshonesto, qué predicador le alaba la castidad? Quién la 
« piedad á un cruel? Qué Consejero, ó Presidente, no $e rige por 
« su semblante? Qué importa la junta, si se resuelve sólo su an- 
« tojo en ella? Para qué es el Sermón, si no le han de decir ver- 
« dad? No llamo yo grandes predicadores, sino á los que 

* dicen verdades.» 

«A estos les pertenece como por herencia, Señor, desenojaros: 
o inciimbeles por su enojo, quitaros el enojo. Ha de ser un Le- 

* vita poderoso á quitaros la espada de la mano, en vuestro más 
^ grande furor, os ha de reducir á vuestra antigua serenidad- 

* En qué pudo fundar tanto poder? Dejó por Dios sus padres: 

< qué mucho que haga imposibles! Gime el natural y hácese 

< un alma sorda por Dios: la sangre da voces, pero el alma cie- 

* rra los oídos.» (15) 

9. Por último, sería alejar demasiado la relación histórica de 
los hechos, si se hubiera de seguir haciéndose aquí un estudio 
por demás extraño y prolijo de la elocuencia vehemente y ner- 
viosa de Villarroel, solo por contestar el más injusto é inmere- 
<^ido cargo del nombrado escritor nacional, señor Amunátegui, 

Baste por el momento decir que durante su permanencia en 
l^lspaña, tanto en Lisboa, como en Sevilla y Madrid, Villarroel con 
^u elocuencia formó época, contribuyendo poderosamente á ella, 
^1 haber dado á la prensa cuatro volúmenes de lo más notable, 
^ 1 los que acabó de asentar su reputación de sabio y erudito . 
instas obras fueron «Los tres Libros sobre los Evangelios de 
^ Cuaresma» compuestos en 163 1; y el cuarto libro <E1 Comen- 
^ tario sobre el Libro de los Jueces» compuesto en 1636. 

De esta última obra dice el Cronista Torres que está «escrita 
^ con mucha elegancia y agudos picantes» Villarroel lo escribid 
^?n latín por ocuparse en ella principalmente con los Jueces de 



Í15í Villarroel. Com. y Dis. sobre los Evang. y Dom. del año Dix I.» y 



4." 



1 



372 



CAPÍTULO XXVIII 



Israel, es decir, con los Reyes dé España, de cuyas semblanzas 
y paralelos resultaron algunos agudos picantes, al decir de en- 
tonces. Parece que tampoco leyó esta obra el señor Amunátegui, 
de lo contrario, algún miramiento hubiera atajado su pluma. 

10. Y volviendo á tomar el hilo de los acontecimientos, éstos 
tan favorablemente se encadenaron, que el Padre Gaspar de Ví- 
llarroel vio ante sí franqueadas las puertas de la Corte, más que 
por el favor de sus validos, por la fama universal que le rendia 
en todas partes aplauso y admiración. 

Muchas veces predicó delante de Felipe IV y de su Corte, 
cobrándole el Rey y sus Grandes la mayor estima y aprecio que 
pudiera alcanzar un Religioso oscuro, sin más antecedentes que 
sus muchas virtudes y su mucho ingenio. 

11. En consecuencia' fué presentado á Su Santidad Urbano 
VIIÍ, para Obispo de Santiago de Chile, siendo preconizado, en 
el Consistorio habido el 20 de Abril de 1637. 




A 




Capitulo 



Permanencia de Tillarroel en la Corte de Madrid 
1630—1638 

1. Influencias de Villaproel dentro de Palacio.— 2. Asiste á las fiestas reales. --3. 
Acompaña á la Reina en su visita á un Monasterio de Madrid.— 4. Fiestas 
con que Villarroel celebra su promoción al Episcopado.— 6. Su opinión acer- 
ca de las comedias.— 6. El Sermón de los Comediantes.— 7. Asiste Villa- 
rroel a un auto de fe. — 8. Sus ideas acerca de la Inqui.sición. 

I. Hasta ahora se ha atribuido la promoción del Padre Villa- 
rroel al Obispado de Santiago de Chile á las influencias de don 
García de Haro y Avellaneda, Conde de Castrillo y Presidente 
del Supremo Consejo de las Indias, apoyándose todos en aque- 
llas palabras del autor del «Gobierno Pacífico» dirigidas á ese 
elevado personaje, en cjue le dice: «Oiga Vuestra Excelencia con 
« la piedad, que acostumbra, á un infeliz Prelado, á quien tantas 
« veces benévolo escuchó en el pulpito, y pues me hizo Obispo, 
« atiéndame menesteroso.» (i) 

Pero con haber sido decisivo en favor de Villarroel el voto del 
Presidente del Consejo de Indias, no por esto dejarían de ser 
muy eficaces otras influencias de no menos distinguidas personas 
de la primera nobleza de España, con las cuales el nuevo Obis- 
po de Santiago estaba ligado por los más estrechos vínculos de 
familia. Al decir de don Pedro Machado de Chaves, oidor de la 
Real Audiencia de Chile, Villarroel contaba con muy buenas 
relaciones dentro de Palacio, según aquellas palabras: 



(1) Villarroel «Gobierno Pacifico» Tomo 2.o pág. 678. 



374 



CAPITULO XXIX 



«Dejo lo ilustre de su sangre y nobleza, descendiente de las 
« esclarecidas casas de los señores Duques de Maqueda,V¡Ilarroe" 
« les, Mendozas, Ordoñez, por notorio, y por su modestia, y por 
« apreciar más Vuestra Señoría la nobleza de las virtudes.» (2) 

Estas relaciones de familia con la primera nobleza de España 
fueron muy eficaces para la elevación de Villarroel, quién, me- 
diante el valimiento del Duque de Maqueda y del Conde de Or- 
gaz, vio franquearse delante de sí las puertas del Palacio. A lo 
menos, de estos dos nobilísimos personajes hace particular men- 
ción Villarroel, como si debiera á su influencia haber sido varias 
veces en sus Sermones escuchado por el Monarca, y haber sido 
especialmente invitado á tomar parte en algunas fiestas reales. 

Así lo escribe Villarroel en estos términos: 

«Debiendo yo predicar un día delante de Su Majestad, nevó 
« mucho, y juzgando yo que aquel mal tiempo tendría como 
« preso al Rey en su Palacio, amaneció en mi celda el Conde de 
<< Orgaz, uno de los cuatro Mayordomos de su Majestad, suma- 
<- mente declarado en mi íavor, y dióme el pésame de que no me 
« oía el Re}', añadiendo, que había sido desgracia mía no poder 
« entrar él en Palacio por estar en cuarentena.» 

«Pues, á poder él entrar en Palacio, y poder ser\ir su oficio y 
« entrar en la Cámara, dijera á Su Majestad que predicaba yo 
« y le suplicara que me honrase, porque la piedad de este Sobe- 
« rano Príncipe es tan grande, que cualquier criado de mediano 
^ porte que se lo suplique en ocasión semejante, suele honrar un 
« predicador.» (3) 

No menos íntimo familiar y en extremo favorable á Villarroel 
como el mismo escribe, era: «P21 señor don Jaime de Cárdenas, 
« hijo y hermano de los Duques de Maqueda, y Nájera, quién 
«^ por ser el Conde de la Cámara y haber servido gran tiempo 
« en ella y tener de todo noticia, me afirmó que era tal la can- 
« didez de la condición del Rey, tan admirable la blandura de 
« su natural, tan vivo el ingenio, tan sosegado el juicio, tan pres- 
« to, y tan cierto el discurso, que si hubiera nacido un caballero 
« particular, debieran por sus partes hacerlo Rey.» (4) 



(2) Machado de Chaves Carta á Villarroel 10 de Marzo de 1640 Santiago. 
(8) Villarroel c Gobierno Pacifico> Tomo 1 pág. 368. 
(4) Villarroel «Gobierno Pacifico» Tomo 1 página 364. 




1 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 375 

A este Duque de Maqueda, pues, como inmediato deudo de 
Viliarroel y al Conde de Orgaz, caballero, como el dice, <suma- 
« mente declarado en favor suyo», ambos personajes íntimos fa- 
voritos de Felipe IV, debió sin duda alguna su promoción al 
Episcopado el Padre Viliarroel, y no al Ministro de este Príncipe, 
ni al Presidente de su Real Consejo de Indias, porque el Obispo 
de Santiago, en sus numerosos escritos, apenas nombra á estos 
últimos solo por ocasión de alguna inventiva, ó, talvez amarga 
censura. 

Pocos, en efecto, como Viliarroel han censurado con más acri- 
tud la aspereza con que los Ministros de Felipe IV trataban á 
los Americanos, y el desdén que de ellos hacían excluyéndolos 
por sistema de toda dignidad y oficio, no solamente en España, 
sino también en las mismas Indias. 

«Bien es seguir la corte del Rey, escribía Viliarroel, pero el 
« que viene de lejos la sigue con grande incomodidad. (5) Está 
« hoi tan introducido el mal tratamiento de un forastero, que ya 
< se contentará el que pasó dos mil leguas de mar, con solo que 
« le hablaran bien: pero que sean malas las obras y peores las 
« palabras. (6) Ministros hay que se truecan en erizos para dar 
« audiencia á criollos! (7) 

«Hoy un cortesano cualquiera, sin otros cursos que los de la 
« calle mayor, quiere atrasar los ilustres estudios de un crio- 

« lio Mas ni perjudica á la virtud, ni acredita el vicio la na- 

« ción. Qué importa que el otro nazca en Caldea, ó en Egipto, 
« para que no se piense que es hombre virtuoso? Por ventura, 
« sólo en una región hay cristiandad? Y si el ser forastero hace 
« que en otro pais sea mal visto, porqué no le honran en el 
« suyo? Si no lo desmerece la virtud, por qué lo han de desau- 
« torizar? ¡Qué consuelo de una Provincia, que la gobiernen los 
« suyos!» 

«Con eso son todos más rendidos á la voluntad de su Princi- 



pó) Viliarroel, Discursos sobre los Ev. y Dom. del año pág. 860. 

(6) Viliarroel. Discursos sobre los Ev. y Dom. del año pág. 862. 

(7) Viliarroel. Discursos sobre los Ev. y Dom. del año pág. 195. 



376 



CAPÍTULO XXIX 



« pe, cuando con enviarles Ministros de entre los suyos, califica 
« sus capacidades. Vea una Provincia por jueces los hijos suyos, 
« que asi se encamina el servicio del Rey con más utilidad: esos 
€ ejecutan las órdenes del Soberano con menos sentimiento de 
« los pueblos.» (8) 

«Oh! esto de forastero qué achacoso! ¡Cómo crece la envidia 
« de los naturales, al paso que descuellan los advenedizos! Por- 
« que los que tienen mano son naturales y no quieren que en 
« presencia del Rey luzcan más los extranjeros. ¿'Hanle de pa- 
« recer al Rey mejor? Pues, dispóngase que no los escuche el 
« Rey.» 

«Qué diremos de esto, Doctos de Indias? ¿Es dibujar ahí, que 
« para los favores solo hay letras en Salamanca? ¿Y letrados en 
« los términos ultramarinos para predicar hasta morir, para com- 
« prar almas con nuestras vidas? ¿Tan sólo para encartarnos en- 
« tre los sabios que mueren, somos sabios? ¿Y para agregarnos 
« á los que alcanzan favores hemos de ser ignorantes?» 

«¡Así, que procuran que los Reyes no conozcan los sujetos! 
« Y así no las felicidades de la monarquía, sino sus penalidades 

« mayores tocan á los Indianos! Sin embargo todo ha de 

« perecer primero, que en aquel pais falte la fidelidad Oh! 

« qué ya tutubeó tal vez! Mas ninguno de los rebeldes na- 

« ció allá: embarcada pasó á Indias L ponzoña.» 

«Nuestros Reyes no tienen más finos vasallos que los criollos; 
« no entran siempre en Palacio nuestras finezas; y como vienen 
« desde tan lejos, expiran en los umbrales. Nosotros no somos 
« tan ceremoniáticos, pero somos más finos; no somos con los 
« Príncipes lisonjeros, pero somos muy sus enamorados; no pe- 
« dimos á voces que alarguen" los suyos con nuestros años, pero 
« daremos por ellos nuestras vidas.» (9) 

Sería desviarse demasiado de la narración histórica el acumu- 
lar más citas de Villarroel, en que con las más ardientes frases 
vitupera el procedimiento de los Ministros del Rey de España 
al alejar, por sistema, de los empleos civiles ó dignidades ecle- 
siásticas á los criollos; motivo que hace presumir que las frases 



(8) Villarroel. Discursos sobre los Dom. del año, pág. 363. 
(9; Villarroel. Discursos del afto, pág. 348. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 377 

aquellas de Villarroel anteriormente citadas y dirigidas al Pre- 
sidente del Consejo de Indias, lejos de significar un hecho, no 
son más que la expresión de una fina cortesía. 

Villarroel estuvo siempre persuadido de que al habérsele he- 
cho Obispo de Santiago, el Rey premiaba en su persona los 
grandes ser\'icios prestados á la Monarquía Española por sus 
abuelos, los Duques de Maqueda, tan ilustres en los reinados 
de Carlos V. y Felipe II. Así, á lo menos, parecen declararlo 
aquellas sus palabras, cuando dice: «Es grande alabanza en los 
< Reyes que para honrar á los hijos, busquen mérito en sus 
« primogenitores. ¡Quién no se animará á servir á su Rey, si le 
€ ve tan amigo de premiar servicios, que paga aún los de los 
« muertos!» (10) 

2. No cabe, pues, duda de que los Duques de Maqueda y el 
Conde de Orgaz fueron los que introdujeron á Villarroel en la 
Corte y Palacio de Felipe IV, (11) en su tiempo llamado el Gran- 
de, y en nuestros dias Rey de comedias y farsantes. 

De él cuenta Villarroel, diciendo: «Yo le vi gobernar fiestas 

« de Cañas que mandó hacer en Madrid Edificóse una pla- 

« za en el Prado de San Jerónimo: fueron de noche las fiestas 
« y tantas las luminarias, que hizo nuestro Rey de la noche día, 
« emulando la luz artificial la claridad del sol. Asistíamos en 
« un balcón dos Obispos; el de Gaeta, y yo, acompañados de 
« Religiosos de nuestros hábitos: y la plaza toda conmovida y 
« nosotros con ella victoreábamos á gritos á nuestro Rey, sin 
« podernos reprimir, por ver un prodigio de aquel juego, por 
« ser el mayor hombre de á caballo que se ha visto en nuestros 



(10) Villan'oel Discursos del año pág. 866. 

(11) Hé aquí el origen de los títulos de los Duques de Maqueda: Diego de 
Cárdenas, primer Adelantado Mayor del Reino de Granada, obtuvo de Car- 
los V est« título en 1530: su hijo Bernardino sirvió al Emperador en la jorna- 
da de Túnez; y á Felipe II como Virrey de Navarra i Valencia; siendo su 
nieto, Bernardino de Cárdenas, Virrey y Capitán General de Cataluña y Si- 
tilia y Defensor de Marina en 1699. A éste le sucedió su hijo Jorge de Cárde- 
nas y Manrique, que llegó á ser General de la Armada del Mar Océano, Al- 
caide y Capitán General deMazalquivir, Tremecen y Fez, y habiendo muerto 
sin sucesión, heredó sus títulos su hermano Jaime, quien fué el introductor 
de Villarroel en el Palacio de los Keyes de España. 



^ 



3/8 



CAPÍTULO XXIX 



« siglos; y porque es amor cordial el que tiene á su príncipe el 
« Español, y con más razón á un Rey tal.» (12) 

Apenas parecerá creible que esta simple exposición de las 
impresiones de un momento sea motivo para que el ilustrado 
Señor Amunátegui se ensañe, en contra del ilustre Villarroel, 
presentándole como un Obispo palaciego, incapaz de leer en la 
frente de aquel Rey, el deshonor de sus públicos adulterios. Mas 
olvida el famoso escritor chileno que los aplausos tributados á 
un actor sobre las tablas tienen por recinto el Teatro que los 
escucha, no el Palacio que con ellos se deshonra y envilece. 

Si los aplausos del Obispo Villarroel fueron tributados al ac- 
tor, ó al Rey, díganlo sus propias palabras: 

«Con letras sagradas, dice, y con la autoridad de los padres 
« de la Iglesia, hablaremos con la reverencia que se les debe á 
« los Reyes. Y comenzando por David, ya sabemos, que des- 
« pues del adulterio y muerte del desdichado marido, con tan 
« grave escándalo de su Reino, quiso Dios que de su parte fue- 
« se Natán á afearle aquellas culpas... Y es de notar que disfra- 
« zó el Profeta aquella culpa con una grave parábola del Rico 
« que teniendo muchas ovejas le mató al pobre una sola ove- 
«. juela que tenía, entendiendo en ella á Betsabé y en el Rico á 
« David, cuyas muchas concubinas quiso paliar con aquella 
« multitud de ovejas.» 

Y como si fuera poca esta alusión, afeando la torpe conducta 
de Felipe IV que, mientras peleaban valerosamente sus Gene- 
rales, él no salía de palacio, preocupado tan sólo de sus amo- 
ríos, Villarroel añade con la más fina ironía: 

«No se dejaban ver los Reyes Asidos, y hacían bien, si ha- 
« bían de verlos como vieron á Sardanapalo. Pudo Arbacto, en 
« cierta ocasión, entrar al camarín del Rey, hallándole entre hi- 
^ lados y oficios de mujer. Sólo á ese título se atrevió á efec- 
« tuar una atrevidísima conjuración. Tomó las armas contra 
« aquel Rey que, á su despecho, trocó por la malla )os vestidos 
« de señora...» 

Y escarneciendo así la vida holgazana de Felipe IV en la 



(I2j Villarroel c Gobierno Pacífico» Tomo I, pág. 864. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 379 

muelle y afeminada vida del más vil de los Reyes, Sardanapalo, 
Villarroel, termina diciendo: 

« Está hoy nuestro Rey, como perfecto varón, siguiendo glo- 
« riosamente los pasos de su invicto bisabuelo, el grande Em- 
« perador Carlos V, .sin desnudarse el acero en el campo de ba- 
« talla, y despachando negocios á vista de todo el mundo.» (13) 

Quien con tanto ingenio como agudeza sabía echar en rostro 
sus culpas á los Reyes, no merece ni como predicador, ni mu- 
cho menos como Obispo ser titulado de palaciego. 

3. De este jaez y no mejor fundados son los cargos dirigidos 
á Villarroel por ciertos elogios que se complace en dispensar á 
la Reina; y que en manera alguna pueden llamarse hijos de la 
adulación servil, sino alabanzas hechas á acciones de suyo dig- 
nas de ellas, por lo ejemplares. 

Efectivamente, Villarroel en sus historias cuenta de la Reina 
lo que sigue, en estos términos: ^ 

«El dia de la Encarnación sirve la Reina, asistida de sus da- 
« mas, doce pobres mujeres á la mesa: y á éstas les ponen doce 
« cestas en que reservan lo que les sobra de la comida. Y es 
« tal ella que los botilleros de los príncipes esperan las cestas 
« para comprarlas. Ellos las compran para revenderlas y debie- 
<^ ran almas religiosas comprarlas para reliquias!» 

No puede ser más fina esta sátira dirigida contra los cortesa- 
nos. El Señor Amunátegui no lo comprendió así, pues quien, 
como él, tan toscamente asienta la pluma, apenas alcanza de 
las palabras sino el sonido. 

En otra ocasión Villarroel refiere: «La Reina, nuestra Señora, 
« en fé de su grande Religión y afecto raro á las cosas del cie- 
« lo, ha introducido en un interior Oratorio de su Real palacio, 
« que cada semana de la Cuaresma, tres tardes se le prediquen 
« tres sermones. Óyelos Su Majestad, sus damas, sus dueñas y 
« las criadas de las unas y de las otras: y hacen todas (yo las 
« he visto porque las he predicado) un numerosísimo enjambre 
« de señoras, sin que á ese tiempo se halle entre ellas un meni- • 
« no. Con esto, es opinión en Madrid que la bendita Reina tie- 



(18) Villarroel «Gobierno Pacifico» Tomo I, pág. 40. 




38o 



CAPITULO XXIX 



« ne con las damas sus dias de disciplina. ¡Sea alabado Dios 
« que sabe hacer un prodigio tal!» 

<^ Entró esta grande Reina, esta religiosísima Señora, Doña 
« Isabel de Borbón, mujer áe\ Rey Católico, Don Felipe IV, el 
« Grande, (yo me hallaba presente) en el S^nto Monasterio de 
« las Capuchinas... Y, como todo lo que es virtud le arrebata á 
« esta santa Reina el corazón, juzgóse entre aquellas santas 
« Monjas tan hallada que les dijo: que volvía como por fuerza 
« á su palacio...» 

«Al salir por la portería, traían un presente á la Abadesa y 
« alegre ella, juzgando que ya tenía con que regalar á la Reina 
« y á sus damas, halló que todo el regalo era un vaso de barro 
« y una disciplina. Mostróse afrentada la buena religiosa. Y di- 
« jóle la Reina con risa: No os parezca pequeño el regalo, pues 
« yo os lo quito.» 

«Condesa, le dijo á la Camarera mayor, llevadme vos ese va- 
« so de barro, que la disciplina yo quiero vaya en mi manga- 
«Y vos, Madre, le dijo ala Abadesa, sabed que yo tengo en mi 
« casa otras Monjas y que también se azotan mis damas. i> 

Termina Villarroel esta narración diciendo: «¡Dichoso siglo 
« cuando el Palacio se hace Monasterio!» Hem osa exclamación 
que suscita las iras del Señor Amunátegui, sin tener más motivo 
aquellas sus censuras, en este caso, que la profunda aversión de 
un exaltado republicano á la Monarquía Española, 

4. No menos mal comentadas generalmente han sido aquellas 
palabras con que Villarroel recuerda su promoción al Episcopa- 
do diciendo: «Hiciéronme Obispo de Santiago de Chile: y fui 
« tan vano, que, para no aceptar el Obispado, no bastó conmi- 
« go el ejemplo de cuatro frailes Agustinos, que, electos en 
« aquella ocasión, no quisieron aceptar.» (14) 

Sería revelar muy poco juicio crítico el recibit- estas expresio- 
nes, en que el autor atenúa sus propios méritos, como una con- 
fesión vulgar de sus mismas ambiciones. Lo común, sin embar- 
go, ha sido interpretar toda la carta, de que se han tomado las 
anteriores frases, en toda su por demás artificiosa rudeza! 

Verdad es, no obstante, que Villarroel dice. «Que cuando Su 



(Í4) Villarroel carta al Padre Torres Arequipa 8 de Agosto de 1G64. 



rv^T'^^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



381 






« Majestad fue servido de presentarme á este Obispado, quise 
« recrear á mis Frailes, como á mis hermanos, y á mis bienhe- 
« chores, y di dineros para tres comedias. Y á la primera que 
« se nos representó en el Jardin del Almirante, asistieron las dos 
« santas comunidades de Agustinos Calzados y Descalzos.» (15) 
Mas esta acción, que pudiera significar la loca alegría que 
despierta una grande ambición satisfecha; en aquellas circuns- 
tancias no puede revelar más que los inevitables festejos, y en- 
tonces acostumbrados agasajos entre personas de un mismo 
Instituto, cuando alguno era elevado á tan superior dignidad. 

5. Y llama la atención el género de agasajos y la clase de 
festejos presentados por ' Villarroel; esto lo explica aquel siglo 
poseido de la monomanía de las comedias; siglo en que un Rey 
llevaba á honra ser cómico, en que los clérigos y frailes llegaron 
á ser célebres dramaturgos, en que los claustros con frecuencia 
se convertían en teatros, sin que con el bullicio y profanidad 
de sus escenas se creyera perturbar en lo demás la austeridad y 
^ silencio de la vida religiosa. 

Bien pronto la experiencia vino á demostrar lo contrario, 
f>orque lo que ganaban las letras lo perdian las costumbres. Mas, 
p^recisoes confesarlo: Villarroel tan amante fué de las buenas le- 
tras y tan apasionado por la cultura intelectual, que respecto 
<ie las comedias y del teatro moderno en general sostiene siempre 
Isis opiniones más benignas. 

«Que lo demás, dice Villarroel, fuera condenar á bulto, y 
« poner á Lope de Vega en el infierno, habiendo vivido tan 
« reformado en sus postreros años, ordenándose de Sacerdote, 
« y dado á Dios lo asentado y sesudo de su edad. Hizo sus co- 
« medias á vista del Arzobispo Toledo y ojos de los Nuncios 
« de su Santidad.» (16) 

6. Con todo, el Señor Amunátegui se ensaña contra Villa- 
f foel porque en cierta ocasión aplica á los cómicos el epíteto de 
<^^.nallas, diciendo el crítico chileno estas palabras: «Es en ver- 

^ dad bien extraño que el Señor Villarroel, junto con manisfes- 



{ib) Villarroel «Gobierno Pacifico > tomo Ipag. 326. 
CIQ) Villarroel «Gobierno Pacifico» tomo I pag. 323. 



382 



CAPÍTULO XXIX 



« tar á la canalla de los comediantes el desprecio que acaba de 
« verse, ensalzase tanto á un Rey y una Reina que^e habian 
« alistado, puede decirse, en su gremio.» (17) 

«Prediqué yo, refiere el mismo Villarroel, en Madrid la gran 
< fiesta que celebran los comediantes en San Sebastián, día de 
« la Encarnación. Y... aunque me habian prevenido que alabase 
« á los comediantes mucho, y que así podria crecer la limosna 
« del sermón; y el año antes se le oí predicar al Doctor Juan 
« Rodríguez de León, que con su grande 'ingenio y agudeza 
« rara, halló mil elogios de ellos en la Sagrada Escritura: yo sin 
« embargo, hallándome embarazado entre aquella canalla, no 
« pude acabar conmigo el pronunciar una palabra de esta gente 
« perdida. Y lo que me valió el Sermón fue quererme ape- 
« drear.» (18) 

Como se ve, el proceder de Villarroel y sus palabras, en la 
relación que precede, lejos de manifestarle inconsecuente con 
sus ideas, ó palaciego, le son altamente honrosos, pues ellos re- 
velan al Obispo de Santiago hombre superior á su siglo, á ese 
siglo en que los oradores sagrados olvidándose de explicar las 
sublimes verdades de la Religión, hacían del pulpito un lugaj 
de chistes y agudezas, cuando no de bufonadas é indignas cho- 
carrerías. 

No puede ser mas aviesa y apasionada la crítica del Señor 
Amunátegui: sin abrazar jamás el conjunto, se detiene en una 
sola palabra para juzgara un individuo, no importa que le ponga 
en desacuerdo con las ideas y actos todos de su vida. 

7. Y esta crítica aviesa y apasionada del Señor Amunátegui 
aparece todavía más claramente al recordar que Villarroel asis- 
tió en Madrid á unos famosos Autos de te. El Señor Amunáte- 
gui se expresa así: 

«Las preocupaciones no sólo ofuscan el entendimiento sino 
« además alteran la índole... A pesar deque Villarroel era en ex- 
« tremo bondadoso, se extasió con los Autos de fe. Estos ho- 
« rribles sacrificios humanos... estas espantosas y repugnantes 
« fiestas produjeron el más inefable contentamiento al bueno 



(11) Amunátegui Terremoto de Mayo pag. 217. 
(IS) Villarroel «Gobierno Pacifico* tomo I pag. 822. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 383 

< del Señor Villarroel, quien naturalmente prestaba crédito á 
« todas las patraiias, con que se intentaba iustificarlas, y llegó 
« á declarar, en un arrebato de entusiasmo, que el placer de 
« contemplarlas sería motivo suficiente para atravesar el Océano, 
« trasladándose de las Indias á España.» 

«Léase lo que escribió sobre esta materia: Felipe IV el Gran- 
« de, Rey de las Españas, con aquel celo religiosísimo que como 
« Rey Español, tiene á la fe, quiso celebrar un triunfo en su 
« corte de Madrid, á la verdad de nuestra Religión. Para eso, 
« mandó hacer un solemnísimo Auto al glorioso Tribunal del 

< Santo Oficio... Señalóse día para que triunfase la fe en España: 

< y fué el más festivo y celebrado que vieron este, ni los pasa- 
« dos siglos. Cuando no hubiera yo ido desde las Indias a Es- 
« paña, sino sólo á verlo, fuera un viaje dichoso.» 

«En este Auto quemaron unos judíos que, conservando con 
« Cristo, Señor nuestro, el odio de sus pasados, hicieron mil inju- 
« rias y sacrilegios á una Imagen de Su Divina Majestad muer- 
« to en la cruz. Azotáronlo sacrilegos: y hablóles piadoso aquel 
« divino trasunto. ¡Desdichados! les dijo, ¿por qué me tratáis 
« así? ¿no veis que soi vuestro Dios? Y estas palabras, que 
« ablandaran corazones cortados de una roca, los dejaron más 
« duros que una peña. Y arrebatando obstinados el Santo Cru- 
« cifijo, dieron con él en el fuego; y ellos, en fuego, comenzaron 
« á pagar un tan enorme pecado.» 

«Al leer el trozo precedente, dice el Señor Amunátegui, se 
« nos figura percibir olor á carne humana asada, ¡Prodigioso 
« efecto del fanatismo! El Sacerdote cristiano que ha escrito con 
« sangre, más bien que con tinta esas lineas atroces, sin embar- 
« go, estaba muy lejos de ser un caníbal. » (19) 

8. El Señor Amunátegui incurrió en el mismo defecto que 
censuraba y, al decir «que las preocupaciones no solo ofuscan 
« el entendiniento, «sino además alteran la índole» lo propio le 
ha sucedido á el mismo cediendo á sus preocupaciones antirre- 
ligiosas, cebándose, también, en la persona del Obispo Villarroel 
cuyo carácter siempre fué mansísimo, y cuya mansedumbre es 
proverbial. 



n9>) Amimétegui «Terremoto de Mayo» páginn 218, 



384 



CAPÍTULO XXIX 



Si al referir la grandiosidad de aquel espectáculo, cuyos por- 
menores por inoficiosos aquí se omiten, Villarroel se siente ex- 
tasiado, no es ciertamente por el atroz suplicio de aquellos in- 
felices, ni mucho menos, porque apruebe los procedimientos de 
la Inquisición Española. 

Agradará, sin duda, saber como Villarroel pensaba acerca de 
este famoso tribunal, y como las ideas del Autor del «Gobierno 
Pacífico» estaban muy por encima de la vulgaridad de los pen- 
sadores de su siglo. Léanse sus propias palabras: 

«;Sería justo, dice, que cueste la vida un homicidio, un hurto, 
« un adulterio, y que no haya pena igual para un Judío? iQué 
« quemen aquien cercenó la moneda, y se reserven al que sem- 
« bró la herejía? ¿Qué pague un hombre con la vida una Ma- 
« jestad humana lesa, y que quede vivo el que conspiró contra 
« la Majestad divina? confieso, que es pérdida para la Iglesia 
« que se le condene un alma: mas ella no lo procura, antes lo 
« llora; la casa de David no tuviera paz, si no hubiera muerto 
« en la batalla á Absalón. Así la Iglesia, comprando, con la 
« muerte de algunos hijos malos, las vidas de tantos pueblos, 
« el logro de los que se salvan, le enjuga las lágrimas que aque- 
« líos desdichados le sacaron de los ojos.» 

«Yo tenía antiguamente por opinión que el creer se había de 
« remitir á la voluntad. De manera que contra el que faltó á la 
« fe, que profesó, no había de hacer la fuerza, habia de obrar la 
« maña; no se había de levantar la cuchilla, sino la disputa; no se 
« había de mover la espada, sino la lengua y la pluma; porque de 
« otra manera fuera tener muchos herejes disimulados, en habi- 
te to de Católicos; pero esta opinión me la hizo retractar, no la 
« ajena Teología, sino la experiencia.» 

«Cómo, entonces se han de entender las palabras del Reden- 
« tor: No arranquéis la cizaña, que me lastimaréis la sementera, 
« quédese todo así hasta el día del ¿uicio? En las mismas pala- 
« bras del Redentor se echa de ver en que ocasión se puede 
« sobreseer en el quitarle al hereje la vida, que es cuando el 
« castigo no se puede ejecutar sin hacer á los Católicos grande 
« lesión. A esto mira la libertad de conciencia que permite la 
« Iglesia, en Francia. (20) 

('20J Villarroel comentarios y discursos sobre los Evangelios etc. pag. 207. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



385 



Las opiniones de Villarroel son su mayor elogio y su mejor 
vindicación sus propias palabras; con un talento admirable ex- 
plica y defiende el proceder de la Iglesia; cómo la misma es en 
España perseguidora y en Francia tolerante; cómo, si esto no es 
contrario al Evangelio, tampoco desdice de la legislación gene- 
ral de los pueblos; si bien, por lo que mira á sus íntimos senti- 
mientos y propias convicciones, Villarroel dice que es pérdida 
para la Iglesia que se le condene un alma, y que es de llorarla, 
pues aunque la muerte de algunos malos hijos asegure la vida 
de tantos pueblos, el logro de los que se salvan no basta á en- 
j ugar las lágrimas que aquellos infelices le arrancaron de los 
ojos. 

Este manera de pensar del Obispo de Santiago no solamente 
le honra á él, sino también á la Iglesia universal. 




25 



uvjá^¿v¿Wji^:wf^».^(r>:^ 



Capitulo 



£1 Padre Gaspar de Yillarroel toma posesión de su Iglesia 
de Santiago de Chile el 29 de Noyiembre de 1688 

1. Villarroel en la Corte de Felii^e IV.— 2. 8u despedida del Rey.— 3 —Eli- 
ge por compañero al Padre Luis de Lagos.— 4. Llega á Panamá.— 5. Se con- 
ba§fra en Lima.— ü. Recibimiento que le hace la Ciudad de Santiago. 



I . El Señor Amunátcgui, en sus dos estudios históricos, titu- 
lado el uno cLos Precursores de la Independencia», y el otro 
«El Terremoto de Mayo», ensaya aplicar el sistema filosófico á 
la historia de la Colonia, haciendo moverse á todos los perso- 
najes más importantes de aquella época al sólo influjo de este 
principio: «El Dogma de la Soberanía Real»; ó más bien dicho: 
«La Idolatría al Rey de España.» 

Bien pudo este escritor forjar cualquier otro principio, más 
amplio todavía ó más reducido, de todas maneras adolece del 
mismo defecto, porque si una serie de acontecimientos puede 
comprenderse en una sola fórmula, no así los hechos de un in- 
dividuo, que brillan, á veces, por la más absurda aberración, y 
siempre campean con la más extraña libertad. 

«El Dogma de la Soberanía Real» y «La Idolatría al Rey de 
España», puestos en acción, como se lo imagina el Señor Amu- 
nátegui, no han existido januis. El haber estado, en todas épo- 
cas, luchando por recobrar sus antiguos fueros, dentro de la 
misma España cada una de sus Provincias; el haber estado 
constantemente en insurrección, hasta hacerse libres é inde- 



HISTORÍA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



3^7 



pendientes, los diversos Reinos que en Europa tenía la Espa- 
ña sometidos; el haber estado dispuesta á lo mismo la infelíx 
América, á pesar de su decantada ignorancia y sumisión; son 
hechos que demuestran no haber existido ni «El Dogma de la 
Soberanía Real», ni «La Idolatría al Rey de España.» 

Mas, como el Señor Amunátegui en la aplicación de su sis- 
tiema filosófico necesitaba un principio social que reflejase las 
tendencias regalistas y religiosas de aquella época, no discurrió 
otra fórmula que mejor explique los atrasos de la Colonia, su 
pésimo gobierno y detestable administración, que «La Idolatría 
al Rey de España», predicada por el Obispo de Santiago, Gas- 
par de Villárroel. 

Para el Señor Amunátegui es incuestionable la adoración que 
Villarroel tributó siempre á los Reyes de España, y evidente la 
funesta influencia de esta idolatría practicada, con el más perni- 
cioso ejemplo, por aquel Obispo de Santiago. Y para probarlo 
Je basta citar dos ó tres anécdotas ejemplares que Villarroel re- 
fiere haber presenciado en las personas de los Reyes de Espa- 
ña, mientras duró la estadía de él en Madrid. 

Efectivamente, el Padre Villarroel refiere lo siguiente: «En 
*c San Felipe de Madrid, dice, era el Jueves Santo, toda mi de- 
^ voción esperar hasta media noche que viniese á la estación. 
-< el Rey. Veía al. mayor Monarca del mundo, devoto y desa- 
' compañado, que se arrojaba en el suelo á adorar y besar los. 
< divinos pies de un Crucifijo. Y, viendo postrada aquella Ma- 
^ jestad en presencia de mi Señor, solía yo decir: Este es un 

^ solemne triunfo de mi fe» 

«Vi yo, en otra ocasión, en este Rey Católico un raro ejem- 
-*< pío de su admirable piedad y de su gran religión. Salió de su 
^^ palacio una tarde, en forma de triunfo, á Nuestra Señora de 
^ Atocha, con la Corte entera, llena de gozo y de galas para 
-« dar gracias á Dios que, por intercesión de su Madre había 
-« dado una victoria solemne al Serenísimo Hernando, Eminen- 
te tísimo Cardenal Infante.» 

«Al pasar por una calle, comenzó algún ruido: y detúvose 
« algo el grande acompañamiento. Preguntó el Rey la ocasión 
« y díjole un camarista: Señor, un Cura grosero, que lleva á ua 



388 



CAPITULO XXX 



« enfermo el Viático, quiere atravesar la calle, pidiéndosele que, 
« á costa de un corto rodeo, no detuviese este triunfo. » 

í^ Apenas lo hubo el religiosísimo Monarca oído, cuando arri- 
« mó las espuelas al caballo, rompiendo por el pueblo todo. El 
« Conde Duque, su valido y su camarero, como quien bien co- 
« nocía su virtud, adivinó lo que había de hacer el Rey. Puso 
« piernas al caballo; y en el camino quitó el fiador al ferreruelo; 
« y por presto que se arrojo Su Majestad del caballo á vista del 
« Santísimo Sacramento, estaba en el suelo el Conde, echada ^ 
« en él su capa para que el Rey se arrodillase sobre ella.» 

«Pidió el Gran Filipo una hacha y, con asombro del mundo, 
<. acompañó su Dios Sacramentado hasta la casa del dichoso 
« enfermo. Mandóle dar una gruesísima limosna, y acompañó 
« al Señor hasta la Iglesia. En cerrando el Sagrario el clérigo, 
<^ dijo el Rey a uno de los Mayordomos: ¿Qué hachas habéis 
« prevenido para volver á palacio.^ Cuatrocientas, le respondió 
« él. Pues, déjense dijo el Rey para esta Iglesia... Y vos, Padre, 
« le dijo al Cura, ^ como buen Ministro, habéis hecho vuestro 
<^ Oficio; y y pues, por hacerlo bien, me ocasionasteis á cumplir 
« con tan justa obligación, yo lo tendré en memoria para hace- 
os ros merced.» 

Pues bien, éstas en tan alto grado bien intencionadas narra- 
ciones, y otras por fíl estilo, que más tienden á infundir en el 
pueblo el respeto debido á la Majestad de Dios que nó á la 
persona del Rey, son motivos suficientes y pruebas irrefraga- 
bles en concepto del Señor Amunátegui para afirmar que: 

«El buen fraile cegado por una especie de idolatría, no supo 
<i o no quiso creer los escandalosos amores del Rey con damas 
« y cómicas, ni las liviandades de la Reina con el Conde de 
« Villamediana. Ignoró que Felipe IV, olvidando los graves ne- 
<x gocios de una Monarquía que iba á la decadencia y á la rui- 
« na, empleaba todo su tiempo en el galanteo y la disolución. 
« No advirtió que el Monarca en vez de reprimir con acertadas 
« disposiciones, fomentaba con su ejemplo la corrupción de una 
« Corte donde pudo tener lugar por entonces el proceso de las 
<c Monjas (|e San Plácido, de Madrid. El Padre Villarroel no 
« paró mientes ni en éstas ni en otras cosas parecidas. No atinó 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



3^9 



i más que á ponderar y ensalzar los actos del Rey y de ía Rei- 
« na. A creerle, el palacio era una santa casa de oración i^ (i) 

Poca importancia y ninguna tendrían en esta historia las in- 
vectivas del Señor Amunátegui en contra de ki Corte de Feli- 
pe IV, si con ellas no quisiera ante todo delustrar una de las 
más gloriosas figuras del Episcopado Chileno, presentando al 
Obispo Villarroel como indigno Ministro del Señor, que no se 
avergonzó de ser panegirista de Reyes corrompidos y escanda- 
losos. 

El Padre Villarroel que, como queda más atrás referido, par- 
ticipaba de las ideas políticas más avanzadas en punto á la su- 
jeción de las Colonias respecto de la Metrópoli, como todos los 
criollos, y que en pleno siglo diez y siete escribía frases como 
éstas; íí;Es poco que los que nacieron libres vivan esclavosr ;Y 
^ que siendo todos criados de una misma tierra, obedeitcan 
« unos é imperen otros? ¿'Qué unos pidan exacciones y otros 
í contribuyan? ¿Que los 'tributos unos los inifítm^an y otros 
í lo paguen? ;Que unos puedan hacer pesar sin tumor de 
« residencia, y que esos otros no tengan más alientos para su 
a defensa que rogar á quien los quiere ofender? ; (2) el Padre 
Villarroel que así se indignaba ante el servilisnn* á que estaba 
sujeta entonces la América Española, no menos severas voces 
tuvo para condenar la conducta de aquel Rey de farsas y co- 
medias. 

Véase como Villarroel condena esa piedad mezclada de li- 
bertinaje, tan propia de aquella Corte de Felipe l\\ en estas 
valientes frases: «Infelices devociones las que después se disuel- 
^ ven en convites! Desdichado siglo en que en .sus fiestas los 
íf fieles resucitan saturnales!» 

A'eamos si les ajusta lo que dijo Tertuliano en su Apologc- 
< tico á los gentiles en las fiestas á los años nue\os de sus Km- 
*f peradores: Juzgáisnos injustamente por mal afectos á nuestros 
íT Césares, porque no somos aduladores; porque el día en que 
« se festejan sus años hacemos la fiesta, no con lascivia, sino 
* con buena conciencia.» 



(1) Amuaátegui. Terremoto de Mayo, página 192. 
(S? Villarroel. Sennones de Adviento, página 369. 



390. 



CAPÍTULO XXX 



Grande fineza es manchar en estos días la República, sacar 
« á las plazas las mesas y aún las camas; comer en tropas y 
« hacer unas portátiles tabernas; que corra el vino por las ca- 
<i lies; y que las injurias y deshonestidades sean más públicas!» 

<¿No hay otro camino de manifestar una general alegría, sino 
« profesar una pública deshonra? ¿Es buena forma de hacer un 
<c día festivo, obrando en él lo que fuera indecencia en uno de 
« los ordinarios? ¿Es servicio a la Religión el obsequio a las des- 
« honestidades? ¡Oh! con cuanta razón nos condenáis á noso- 
« tros porque en día que los Cesares cumplen años, somos bue- 
« nos! Que en una tan pública alegría, ya sé que tuvierais por 
« acertado que hiciera cada marido de su familia y su casa 
<í una casa pública ese día!» 

^cjQué desdicha si la de los Católicos hubiesen ya tomado el 
<c color de aquellas fiestas!» (3) Villarroel adquiere la grave en- 
tonación de los primeros Padres de la Iglesia; hay en sus pala- 
bras la rudeza de Salviano y la vehemencia de un Crisólogo, Y 
si de este modo vitupera las saturnales del palacio y de la Cor- 
te, puede oirse como reprocha el libertinaje de aquel Monarca 
que manchaba i:on la presencia de miserables cómicas el lecho 
de tantos augustos reyes. Pero, mejor es oir sus propias pala- 
bras para admirar la apostólica Hbertad con que el Padre V^illa- 
rroel, desde el pulpito, reprendía los excesos de los Príncipes y 
Reyes. 

^c Predicaba San Juan á los pecadores, que con la penitencia 
« lavasen sus pecados. Agregaba á sí cuantos de verdad se que- 
< rían arrepentir, porque esos animasen á los demás. Suele un 
« pecador convertido sanar un linaje entero.» 

cRedújose Raab al conocimiento de Dios, >^ pide en recom- 
« pensa del hospedaje y tutela á las espías, que en el asalto de 
« Jericó quede con inmunidad su casa. Prometicronselo ellos y 
« fué notable condición que cualquiera que aquel día no se ha- 
« liase en su casa, había de perder la vida.» 

«No es cosa rara que en una Ciudad no se salven más vid^is 
« que las que quiso encartar una Ramera! Que tenga inmunidad 




[O) Villarroel. Sermones de Adviento, página 356. 



ppir^^^"' 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



391 



« sola su casa! ¡Oh! cuidado estupendo en el Emperador!... ¡Oh 
« justa estimación de su verdad! ¡Que atento á cumplir lo pro- 
< metido, no tenía tanta solicitud de vencer como de pagar; no 
« movía la cuchilla hasta cumplir su palabra: primero era el 
« bando de que se reservase la casa que los que tocaban en 
« disponer la guerra!» 

«¿Con una pecadora tal cuidado?» (4) Así tan abierta y de 
sembozadamente hablaba el Obispo Villarroel, á pesar de ser, 
en conformidad de su dulce carácter, ésta su máxima favorita: 
«Háse de predicar, sin que quede un oyente co;i lesión; es de 
« predicadores sesudos desviar del golpe el amago; y quien, no 
« maltratando la reputación del delincuente, echa un resguardo 
« á su honor, le gana su voluntad. Cristo tiene á Saulo rendido 
« entre los pies del caballo, y, con quejarse de él, deja en pié su 
« autoridad; está tan lejos de jactarse victorioso, que se está 
querellando perseguido. 

«A lo5> Señores no se ha de cortar, sino limar las costumbres; 
« poco á poco se va reduciendo un Príncipe; á lima sorda se ha 
« de convertir un Conde. Escuse el Predicador estruendos con 
« hombres tan poderosos.» (5) Mas^ á pesar de lo prevenido que 
por su carácter y costumbres estaba el Padre Villarroel para la 
observancia de estos preceptos, se vé que más que todos esto^s 
reparos podían en él el celo apostólico que debe tener un Mi- 
nistro del Señor en el desempeño de su Ministerio Sagrado. 

2. Este tono noble y elevado con que el Padre Villarroel ca- 
racterizó sus predicaciones en la Corte de Madrid hicieron que 
todos abrigaran por él la más alta estimación de que se mani- 
festó poseido hasta el mismo Felipe IV, cuando llegó á despe- 
dirse de él el nuevo Obispo de Santiago de Chile. 

Siempre en tales ocasiones ha sido de rigurosa etiqueta dar 
los Reyes a besar las manos; Felipe IV no permitió hiciera es 
to el Padre Villarroel; la veneración que el Monarca profesaba 
á su predicador no consentía tal acto de vasallaje. Más dispues- 
to se sintió el Rey á besar las manos de aquel Sacerdote, cuyo 



(4; VillarroeL Sermones de Adviento, página 77. 
(6> Villarroel. Sermones de Adviento, página 60. 



k 



IüLkiíí '. 




392 



CAPITULO XXX 



saber acataba y cuyas virtudes distinguía, que á dejar al Obispo 
de Santiago cumplir con aquellas ceremonias de palacio. 

El Señor Amunátegui, lejos de guardar con el Prelado de la 
Iglesia chilena la respetuosa deferencia con que le honró el mis- 
mo Rey de España, sólo atribuye á servilismo las instancias que 
en tal ocasión hiciera a Felipe IV; y á indigna complacencia el 
haber tantas veces hecho mención de semejante entrevista con 
aquel Monarca. 

Pero, cada vez que lo refirió el Padre Villarroel, hfzolo con 
propósitos muy diferentes de los alegados por el Señor Amuná- 
tegui. No hay para qué darse trazas de interpretar un hecho j si 
su significación la declara el mismo que la ejecuta. Villarroel lo 
dice de esta manera: «Deben las Audiencias Reales, pues ^on 

< vivas representaciones de los Reyes, honrar mucho á los Pre- 

< lados, como lo hacen ellos; nuestros Reyes Católicos, en sc- 
"■ nal de que los estiman mucho, cuando van á besársela ellos, 
v: nunca les dan la mano.» 

«Yo hice instancia con Su Majestad cuando me venía á mí 

< Iglesia, suplicándole que me diese su real mano, para que ha- 
í biéndola besado viniese á Reinos tan apartados con algún 

< consuelo. Retirómela sin responderme palabra: é instando yo, 

< fuera de lo que se acostumbra, á vista de tanta soberanía, me 
: dijo, ablandando el semblante, como dándnse por servido de 

< mi porfía: Nunca doy la mano á los Obispos, id con Dios.^^ (6) 
El que sepa el exagerado regalismo quo alardeaban las Rea- 
les Audiencias de aquella época viviendo en perpetuo conflicto 
CDn los prelados de las Iglesias, exigiendo de éstos el cumpli- 
miento de ostentosos ceremoniales de que el mismo Rey los dis- 
pensaba, comprenderá el alcance de la relación del Obispo Villa- 
rroel al narrar su entrevista con Felipe IV y su famoso besamanos. 

Por otra parte este acto en manera alguna puede atribuirse á 
servilismo de ningún género, pues así lo establecen los usos de 
la Corte, y hasta la época presente los Reyes exifjen su cumpli- 
miento aún á prelados que les son extraños; por lo que el haber 
eximido Felipe IV de este ceremonial al Padre Villarroel no 



(6) Villarroel Gobierno Pacifico. Tomo 11, pág. 68. 



4 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



393 



significa otra cosa que la elevada opinión y grande concepto que 
.se formara por el nuevo Obispo de Santiago de Chile. 

3. Y si, como vasallo del Rey de España, cumplía con leal- 
tad sus deberes el Padre Villarroel, no menos ejemplarmente, 
como Religioso Agustino, se dirigió al Reverendísimo Padre Ge- 
neral pidiéndole su bendición antes de partir para su ObispadtJ. 
ís Guardando, dice, á mi General el decoro, como le tengo, y ten- 

* drc en aquel lugar que ocupa en mi corazón mi Padre San 
*í Agustín, hice súplica al Reverendísimo Fray Hipólito Mentí 
« Finalense, General de mi Orden, para que echándome su ben- 
« clición viniese con alegría á servir esta mi Iglesia, y me diese 

* por compañero al Padre Fray Luis de Lagos. E hízolo su Pa- 
« temidad Reverendísima con la piedad que acostumbra en una 
« amorosa carta que es como se sigue:» 

Muy Reverendo Padre: El haber presentado Su Majestad 
« Católica la persona de Vuestra Paternidad Muy Reverenda al 
* Obispado de Santiago de Chile es claro testimonio de los mé- 
K ritos de Vuestra Paternidad Muy Reverenda y del prudentísi- 
^ ino juicio con que Su Majestad dispuso eso con tan grave 
^ acuerdo. De que nosotros hemos recibido muy particular ale- 
^ griaygozo, así por la honra de su persona y de la Religión, 
■= como por las medras que ella puede recibir de la presencia y 
^ Dignidad de Vuestra Paternidad Muy Reverenda en aquellas 
^ partes tan remotas. No dejando también de nuestra parte de 
^ encomendársela con la mayor eficacia que podemos en todas 
^ las ocasiones que se ofrecieren, para que como á Madre le 
8* muestre amor de hijo. Y con mucha voluntad le damos núes- 
*■ tra bendición y licencia para llevar consigo al Padre Fray 
"*: Luis de Lagos, de la Provincia del Perú, de tal manera que de 
^ otro ninguno nuestro inferior pueda ser impedido para que no 
^ asista de continuo la persona de Vuestra Paternidad Muy Re- 
« verenda. Y vea en que cosas podemos con nuestra autoridad 

* darle gusto con seguridad de que lo haremos con prontitud, \^ 
« suplicamos le dé el Señor toda felicidad. Boloña, 18 de Abril 
« de 1637. Fray Hipólito Monti, General Indigno.» (7) 



(¡) Villarroel. Gobierno Pacifico Tomo I, páginas 215 y siguientes. 




T=-- ,- 



394 



CAPITULO XXX 



w-r 



Del Padre Luis de Lagos dice el mismo Villarrael: «íEs mi 
« compañero, mi confesor, mi mayordomo, con especial poder y 
« general administración de mis rentas, mi visitador general, mi 
« secretario y mi limosnero, para este último oficio tiene rara 
« virtud, y para esos otros sobrada capacidad.» En otra ocasión 
dice de este su compañero que: «por la autoridad de su hábito 
« y por su cabal excepción, no es su familiar, sino su huésped, 
<c amigar comensal y consejero.» 

El Padre Luis de Lagos al lado del Obispo Villarrnel era la 
personificación de la Orden Agustina, á quién el dedicó siempre 
todo su amor y veneración. A su turno el Padre Lagos tanta 
adhesión mostró por el Obispo que, como éste lo cuenta, las más 
lisonjeras proposiciones no fueron capaces de apartarlo jamás 
de su lado. 

«El Padre Maestro Fray Nicolás Verdugo, dice, siendo Pro- 
« vincial en esta Provincia de Santiago, se resolvió con su Capí- 
« tulo todo, en hacer Provincial, su sucesor, al l*adre Fray Luis 
(t de Lagos mi compañero. Y habiéndomelo representado y hé- 
« chome grande instancia para que le diese licencia, me dejé 
« rendir á aquella gran demostración de voluntad; porque me 
« ama esta Provincia (Agustina de Chile), como si yo me hubie- 
« ra criado en ella; di mi beneplácito; pero resistióse tanto mi 
« compañero que, diciendo estimaba más mi lado que ser Obis- 
« po, descaminó la merced que estos Padres nos hacían á el y 
« á mí; y no quiso trocar el título de mi compañero por un tan 
« honroso Provincialato. » 

Era el Padre Luis de Lagos peruano é hijo de esa Provincia; 
en la Orden obtuvo el grado de Presentado, que es el más próxi- 
mo al Magisterio. Acompañó en todos sus viajes al Padre Villa- 
rroel, llegando á ser su trato y conversación el único solaz de su 
vida privada. Debió de estar dotado de muy singulares prendas, 
pues al perderle en Arequipa, fué esta una de las grandes pesa- 
dumbres del Padre Villarroel, según en 1654 escribía diciendo: 
« Quitóme Dios mi compañero, y quitóme en él la mitad de mi 
« corazón.» 

«Estando yo en Madrid, escribe en otra parte, y conmigo el 
« Padre Luis de Lagos, mi compañero, que ha que lo es casi 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



395 



í veinte y cuatro años, persona siempre de grande virtud, y en- 
' íonces de poca edad, le mataban algunas mujeres virtuosas, 
í porque las confesara; y, aunque estaba aprobado, no podía 
« Jiasta que tuviese de edad cuarenta años. Supliqué se dispen- 
'^ sase con mi compañero la falta de edad á título de su sufi- 
' ciencia y virtud. Era el Obispo muy escrupuloso y muy santo. 
V aunque con las cortesias de quién era, negóme lo que le pe- 
^ Aía; las beatas importunaban, el Obispo se defendía y mi com- 
'' pañero se congojaba. » (8) Y refiere en seguida como él sacó 
fíe tantas congojas á su querido compañero, por quién el Obis- 
po Villarroel sintió todos los desvelos de la más pura y noble 
amistad. 
HJ Padre Luis de Lagos llegó á alcanzar muchas distinciones, 
y durante su permanencia en Santiago de Chile, merced á aquel 
puesto, de tanta intimidad y confianza en el ánimo del Obispo, 
^ozó de un grande influjo en el clero y en la sociedad, pues el 
"ad re Villarroel no perdía ocasión de honrarlo y distinguirlo so- 
^^^ rnanera. 

O^ él escribe lo siguiente: «Sale de mi casa mi compañero en 

'^ Ci la y con dos criados; y los Religiosos de esta Provincia (He 

^^^ile) me lo agradecen y me lo alaban. El pueblo se edifica 

^^ i f^ ndo la estimación que hace el Obispo de su hábito y de su 

^^^^ rnpañero. Danle mis Prebendados lugar entre sí, y pónenlo 

^*^>lDre sus cabezas los clérigos. Confiésame en mi Iglesia, senta- 

^'^^^^ en mi misma silla.» 

^^^^ ^^recerán tal vez estos detalles insignificantes pero son casi 

^^ Xjnicos de la vida íntima de tan ilustre Prelado Americano, 

, ^^ no tuvo en su vida más afecto que el estudio, ni más amis. 

^^ <jue los libros; porque incansable en las obras del ministerio 

^^^ "^^rdotal y del celo pastoral, como Obispo, el resto del tiempo 

i o empleó en otra cosa que en escribir esos diez ó más volú- 

■^es que atestiguan su literatura, como aventajado escritor de 

*- 1 y amena dicción, y sobre todo una erudición pasmosa, en 

^^^ o lo que abrazan las ciencias eclesiásticas. 

"^^. Finalmente, en los primeros meses de 1638, el Padre Vi- 



lo. 



fi. 



Víij YiUarroeL Gobierno Pacífico. Tomo 1. pág* 495. 




CAPITULO XXX 



llarroel dejó á Europa, y por la vía de Panamá resolvió hacer sti 
viajera Chile, recibiendo la consagración episcopal en su Con- 
vento de Lima, donde había iniciado su carrera tan brillante en 
las virtudes y en las letras. 

Pocos Obispos más tildados de regalismu que el señor Vi lla- 
rroel: y, cosa rara, pocos Prelados más celosos de sus prerroga- 
tivas que él; la celebridad de su nombre ha ido con el tiempo 
envolviéndose de tal manera con la fama de regalista que, al leer 
sus obras y juagar los actos de su vida, con verdadera sorpresa 
se encuentra el historiatlor que aquella censura de regalismo es 
inmerecida c ijijusta. \' i llarroel como Obispo defendió hasta en 
sus más mínimos ápices las j^reeminencias de su dignidad y no 
permitió jamás, durante su gobierno, la menor invasión del po- 
der civil en las que se llaman inmunidades eclesiásticas. 

Los que, dejándose llevar de aquella fama, han censurado de 
regalismo este Obispo, ni conocen los actos de su vida, ni han 
leido sus obras. Si \1 llarroel no lanzó excomuniones sobre los 
gobernadores, ni puso en entredicho á Santiago, no fué porque 
hiciera traición á los derechos de la Iglesia, sino porque fué más 
conciliador que otros Obispos. «Trece años que ha sirvo este 
í Obispado (de Santiago de Chile), escribía al Rey, el 20 de Abril 
« de 1651, y no se ha tocado á entredicho; ayudando al sosiego 

< de que esta tierra goza las grandes letras y rara virtud de los 
V. Oidores que tiene Vuestra Majestad aquí, sin que por esta 
<t concordia pierda la Iglesia su inmunidad ni Vuestra Majestad 
« un solu punto de su suprema jurisdicción; que lo contrario, en 
^ ellos sería delito; en mí sacrilegio.» (9) 

r^l hecho siguiente ocurrido, en Panamá, demuestra hasta don* 
de era susceptible el Obispo Villarroel en las prerrogativas de 
su persona: cuánto más lo sería en llegando á los fueros de la 
Iglesia, como á su tiempo se verá, en esta misma historia. Mas 
iratánilose de ua escritor tan ameno, es conveniente cederle á 
L'l mismo la palabra. -Píisé, dice, por la ciudad de Panamá y era 

< Presidente allí don Ivnrique Enríquez, de la Orden de Santiago, 
^ caballero de rara \ irtud y de grande discresión. Envióme á 



*\^ Ciirtft y prúlogíí á k>s Sf?rmones de Adviento por Villftrroel. 



* ' " ^' ^ l. "^^ l^-l ' ii *' 



T7"^ 



'^^m^^ 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



397 



1^ 



* visitar, no le había visitado yó, estando en el Convento de los 
^ Recoletos Agustinos, donde me hospedé. Esperé el siguiente 
c día que me visitara; y ni en ese, ni en otros cuatro me visitó.» 
ijuíígaba yo, que andaba corto ejj la cortesia no visitando á 
un Obispo recien llegado; y que esperar que le visitase prime- 
ro, era querer gozar de la prerrogativa de que solo los Virre- 
yts gozan. Hálleme embarazado, habiendo de salir á pagar vi- 
sitas, con que me viesen en la calle, sin haber visto en su casa 
^l Presidente. Verle sin haberme visitado, era hacer que diera 
la dignidad mucho de sí.» 

«Cuando á mi me afligía este cuidado y me resolví á salir, y 
^alí de hecho á visitar, estaba el Presidente en no menor aprie- 
t o: porque por lo caballero, por lo entendido, y por lo religioso 
r miagaba que debía ser primero al recién llegado. » 
-fiSíY aunque el no vernos importaba tan poco, de todo se babla 
'■ducho en lugares pequeños. Los que con los Ministros tenían 
^^eriiía, decían, que se hollaba la Iglesia. Esto hirió el ánimo de 
i_ <juel buen Caballero: y añadiendo el haber yo de predicar el 
t ia de San Ignacio, en el Colegio, se redujo á pundonor el no 
z — me íi oír, por no haberle querido visitar. El tenía á unos 
. M>ros míos tanta afición, que juzgaba que, con no oírme, sien- 

^ Á su entender mío el delito, era él el castigado.» 
- IPidióle á un amigo que me rogase que le enviase sólo un 
^^cado, enviando á decirle que quería verle y que él me pre- 
^f^ndría, con tanta prisa que estaría en mi casa, antes que yo 
^^ líese en mi carroza,» 

^Blendíme á la cortesía y pidiendo á mi dignidad licencia, 
c^=^ ordándome que antes del Báculo era unpobre frailecillo; pare- 
^«ome que haberme detenido tanto, era una señalada lista de 
í^"* freimiento: y, teniendo ya yo por honra no dejarme vencer en 
^^^ Ttesías, salí sin avisarle de mi casa, Y aunque fui tan de prisa, 
^*- biéndome el Presidente puesto espías, anduvo tan caballero 
•-^ € apenas estuve yo en su patio, cuando estaba ya él en 
convento.» 
IZon que me hube de volver y hállele en mí celda con lo 
^jor de la Ciudad; y quedó indeciso cual era mas corte- 
^^^:no.» 



IV 



398 



CAPITULO XXX 



«Es forzoso advertir, para tomar en este punto resolución, 
« que aquel Señor Obispo tan cortés, era tan grande amigo 
« de su comodidad, que á ser el Presidente un poco escaso, 
« holgara de haberle visitado primero; .porque, si hubiera sido 
« con comisión del Rey, no le hubiera sabido tan costosa la 
« visita. Cargóle al pobre Presidente la Cámara de popa y el 
« matolaje, con que le valió en Panamá, más la visita de un 
« día solo, que las visitas todas de su Obispado. > (lo) 

5. No menos celoso de las preeminencias de su Dignidad de 
Obispo, lo fué en honrar su hábito de Religioso Agustino, Decía: 
«Es especie de ingratitud dejar el Obispo Religioso el hábito 
« de su Religión. En Lima hallé celebradísimas las memorias 
« del Señor Perea, Obispo de Arequipa, y Señor Don Fernando 
< de Vera, del Cuzxo, electo Arzobispo de los Reyes, por que 
« con la retención del hábito de mi Padre San Agustín, no pa- 
'< recían dos tan grandes Pontífices, sino dos muy pobres frailes, 
^ á cuya imitación, por tener yo algo de Religioso, conserve mi 
« hábito.» 

«Consagróme un Señor Obispo de mi Religión, Don Fray 
« Francisco de la Serna, Obispo de Popayán: Su Señoría y yo 
« hijos del Convento de Lima, y aunque fuimos Catedráticos 
« juntos y Doctores en la misma Universidad, fué mi Maestro 
« en la Teología él. Y él, usando de su derecho, se había quita. 
« do el hábito y apretóme tanto en que me lo quitase, que me 
« amenazó con que no me consagraría. Y respondíle: Nunca he 
« tenido de Religioso más que el hábito, y no he de dejarlo, 
•< aunque deje de ser Obispo. Concluí en chanza lo que comen- 
« zó pendencia, diciéndole: Ea Señor, rompa Vuestra Señoría 
« dificultades, y no busque cómplices.» 

6. Consagrado Obispo en Lima, el Señor Villarrod se dirigió 
á Chile á tomar posesión de su Iglesia de Santiago adonde debió 
llegar á fines del mes de Noviembre de 1638. La fama del nue- 
vo Prelado le había precedido mucho antes que llegara: así fué 
que se preparó un recibimiento como jamás se hizo á otro. «Se 
« acostumbraba que el nuevo Obispo entrase en la ciudad mon- 



(10; Villarroel Gobierno Pacífico, Tomo 2, pAgiiia 110. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



399 



< tado en una muía ricamente enjaezada, llevado en medio de 

* dos Oidores y seguido por los miembros del Cabildo y de la 
t Nobleza, todos á caballo.» 

«Sin embargo, los Oidores, en esta ocasión, vista la excelen- 

< da del Prelado que les llegaba resolvieron acompañarle en 
« cuerpo. 3 (i í) Pero si tan complaciente como nunca estaba la 
Real Audencia, ese eterno rival de los Obispos en tiempos de 
la Colonia, el nuevo Prelado, á pesar del regalismo que se le cen- 
sura, dio en tales circunstancias pruebas inequívocas de todo lo 
contrario, sosteniendo las prerrogativas de su Dignidad con al- 
tiva nobleza. 

Uno de los Oidores ocupaba una parte del Palacio Episcopal 
de Santiago: y á toda costa, quería Don Pedro de Lugo man- 
tener allí su honroso domicilio como otro de sus antecesores. El 
Obispo Villarroel se opuso á consentir esta servidumbre, y no 
valieron para nada las influencias del Oidor. 

Este sin embargo ante la Real Audiencia, se quejó, son sus 
propias palabras, de haber « pretendido el Obispo, desde el Perú 

* y luejío que vino á este Reino, que le desembarazase el Palacio 

* á título de dignidad y persona y otros pretestos, no dejando 

< para conseguirlo de mover medio alguno, hasta no querer 
« entrar en la Ciudad, si no se le desocupaba, deteniéndose fue- 

< ra de ella, en la Viña del Maestre de Campo Don Diego 
^ González, tres ó cuatro días.» 

«Y llegó su empeño á tanto, que, se dijo, había dicho que si 
« no se le daba la dicha casa, no entraría en esta Ciudad, donde 
^ está la Catedral, sino que se iría á hacer su asi.stencia setenta 
« leguas de ella, en la de la Serena.» (12) 

Traía el Padre Villarroel un ascendiente hasta entonces des- 
conocido en los Obispos de Santiago: desde que llegó de tal 
modo supo dominar á la misma Real Audiencia, que no sólo el 
Señor de Lugo le despejó el Palacio, sino que muy á pesar de 
él, todos los Oidores salieron en cuerpo á recibir al Obispo, no 
dejando éste de mostrar algunas susceptibilidades. Pues habién- 
dosele indicado que el lugar que se le destinaba era el izquierdo 



"11) Amunátegui Terremoto de Mayo página 221. 

'121 Palabras del Oidor Don Pedro Lugo en el Concejo de la Real Audien- 
cia, Archivo de ella. Año de 1641. 



llti 




CAnTULO XXX 



al lado del Oidor mas antiguo, el Obispo con mucha cortesía, 

contestó: 

ií Sírvase Usía y los Señores sus colegas recibir la expresión 
t de mí más profundo agradecimiento por la merced que la Au- 
^ diencia ha querido hacerme; pero, permítame suplicarles que 
* me honren solo dos Señores Oidores, llevándome en medio, 
« porque de otro modo, la entrada parecería, no mía, sino del 

< Señor Oidor que ocupase el lugar dé proferencia. » (13) 

A vista de tan inesperada respuesta del Obispo, lejos de darse 
por ofendidos los Oidores, más que nunca se dieron por obliga- 
díís á cumplimentar y agasajar al nuevo Prelado, acudiendo á 
recibirle todos los miembros de la Real Audiencia, con todo el 
Cabildo y Nobleza. 

El Cabildo Eclesiástico nn quiso sérmenos, y en esa ocasión 
tan notable como cuenta el mismo Obispo Villarroel, llevóme la 
« falda á mí; en mi entrada, el Doctor Don Francisco Machado 
<í de Chaves, Maestre Escuela de. la Santa Iglesia de Santiago 
"f de Chile, Provisor y Vicario General, Comisario de la Santa 

< Cruzada, hijo y hermano de dos Oidores harto ilustres. No 
-) advertí quien la llevara, qvic no se lo consintiera; y cuando lo 
t vi en el Altar fué para mí grandísima mortificación, aunque 
« por su humildad y gran virtud fué una acción bien gustosa 
^ para él.» (14] 



(13) YilUmjííl Gt>bierno Pacifico. Tomo I página 25. La redacción es del 
S. AmuMátt:»Kui, 
Íl4i Villarroel iTohicmo Pacífico. Tomo I página 26, 



-HK- 



Capitulo XXXI 

Tida ejemplar y austera del Obispo Tillarroel 
1638-1651 



Yida privada del Obispo yillarroel.'-2. Orden que mantuvo en su Palacio. 
—8. Siempre vistió de Religioso.— 4. Frugalidad de su mesa.-^. Pobreza 
cié su lecho.— 6. Sus visitas á los hospitales y cárceles.— 7. Sus limosnas. 

--8. Su donativo al Bey.— 9. Su odio al nepotismo. — 10. Disposiciones para 
después de su muerte. 



I . Fué Villarroel el Obispo de más afable trato y el menos cere- 
^^^onioso de todos. «El demasiado tumor, decía, y el lujo de 
■^^"^ hacerse acompañar en algunos Obispos y el sobrado engrei- 
^ miento de algunos Prebendados han llegado á hacer del come- 
*^ dimiento cuestión, y de la cortesía, disputa. Algunos Obispos 
"^^^ son tan celosos de su dignidad que cada niñería les parece 
'^ que les lastima.» 

'<En esta Iglesia que yo sirvo hubo un muy santo prelado; 

•^-^ pero de tan ferviente celo en los ápices de Obispo, que vivien- 

"«? do en el Colegio Seminario, que está á gran distancia de la 

•«s Iglesia, siendo esta tierra de muchas lluvias en el Invierno, y 

^ de peligrosísimos calores en el verano, afectó mucho los 

« acompañamientos. Afligíanse los prebendados con el pplvo y 

« con el Iodo; levantáronse muchos litigios; y esos pleitos los 

« dejaron tan enseñados que me matan con acompañamientos.» 

«Viene á mi casa el Cabildo en procesión, trayendo su Cruz, 

« aunque no me vaya á vestir de Pontifical; trampeóles de ordi^ 




402 



CAPÍTULO XXXI 



« nario la cortesía por una portezuela falsa que hay de mi casa 

* á la Iglesia; despídoles acabado el Oficio y tjuédomc rezando 

* sólo, y son ellos tan comedidos que me están amaitinando por 
« volver conmigo. Así han de litigar los hombres de bien: ellos 
« porfían en honrar, y el Obispo en desviar esa honor. * (i) 

Y después de expresar así su hermosa manera de pensar, agre- 
ga que tan solamente acepta estos honores trtrs ó cuatro veces 
en el año y «en las grandes solemnidades salgo, por la piara, por- 

* que están en ella mi casa y la Iglesia; y voy con mis prebenda- 

* dos y mi Clerecía.» 

Canto pocas Misas de Pontifical: en que fué tan observante 
« mi antecesor, que traía molidos los prebendados con Misas, 
1 dentro y fuera de su Iglesia. Había entre ellos uno muy dis- 
« creto y agraciado, y solía decir que el Obispo había semana 
a en que cantó nueve misas. Súpolo el Prelado y queriendo re- 
« prendérselo en Cabildo, le dijo: Dígame, Señor Canónigo, si 
« tiene siete dias una semana, como pueden decirse en ella uue- 
« ve Misas? Y respondióle él: Señor, la semana en que cae la Na- 
s tividad.» (2) 

Pero si tan parco en el ejercicio del Pontifical se muestra el 
Obispo Villarroel, tan profuso en cambio fué de la predicación, 
que no será aventurado afirmar que casi diariamente dirigía al 
pueblo la divina palabra, con aquella elocuencia natural y fácil, 
que siempre le hizo descollar entre los primeros Oradores Sa- 
grados de su tiempo, así en Lima como Madrid. 

A este respecto el mismo Villarroel escribe: <íLa adulación 
fi ha levantado en mi alma un grande escrúpulo: hay muchos 
íí que cuando predico, no encontrándose quizás con otro estilo 
<i para alabarme el sermón, me dicen que me encargan la cons- 
« ciencia porque no les predico cada día. Mas, si los Obispos 
« antiguos, á que no me persuado, predicaban cada día, lo lle- 
« varía el fervor de aquella primitiva cristiandad; pero hoy están 
« tan resfriados los pueblos y los ánimos tan tibios que en gran- 
« des festividades, con grandes predicadores, venios nuestras 
« Iglesias despobladas. » 



(1) Villarroel. '^Gobierno Pacifico*. Tomo I, página 551. 

(2) Villarroel. 'rGobierno Pacífico», Tomo I, pág. 615. 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN tlflLE 



«Este pueblo que yo sirvoTes muy numeroso: predicanse en 
^ mi Catedral, en tiempo de la Cuaresma, tres sermones cada se- 
^ mana; y cuando más crecido es el auditorio, no pasa de seisper- 
t sonas.., Y yo conozco un señor Obispo de las Indias, que 
« atronó a Lima con sus sermones: y á la verdad tiene listas de 
* grande predicador. Oyéronle con mucho gusto en su Obispa- 
< doy continuó tanto el pulpito, llevado de su celo, que el pue- 
« blo entibiado y entrando en hastío, se retiró de manera que ya 
^ para que le vayan á oir se vale de la excomunión.* (3) 

Quien, con este desgaire habla de sí mismo y tan saleroso es 
en calumniarse, era el Obispo de más afable trato, así porque le 
nacía de su carácter el ser con todos acequtbie y llano, como 
por haber afectado siempre la más singular modestia, en un gra- 
do que llega á manifestarse vano en el mismo desprecio que 
hace de toda vanidad: leve defecto que da á las Obras de Villa- 
rroel un tinte tan agradable como original, á cuya luz se descu- 
bren no solamente los hechos de su vida, sino aún las interiori- 
clades de su alma. 

2. Esta idiosincracia de Villarroel permite escribir los meno- 
r-^s rasgos de su vida, sintiendo las mismas impresiones de su al- 
rrra, pues tuvo a bien reflejarlas con tanto candor en sus cscri- 
tios, que si se engaña la modestia, la sinceridad encanta y 
admira, 

Al lado de la Catedral vivía el Obispo Villarroel en un pala- 
<z:io que parece haberlo él mismo arreglado y dispuesto y que, 
^egún relaciones de escritores de la época, constaba de «un cu- 
rioso jardín y muy alegres piezas y cuartos altos y bajos y 
^ soportales de ladrillo con corredores á la plaza principal de 
S^antiago,^ 

A pesar de las comodidades de esta habitación, el Obispo 
X'ivía muriendo en Chile á consecuencia de sus grandes fríos, de 
forma que « en dias con sol, dice él mismo, me retraia á mi 
« aposento valiéndome de la luz del candil, sin que veinte an 
« tepuertas pudiesen valerme del aire; porque nadie se puede 
^ defender del ambiente. ?> (4) 



{3) Villarroel. ^Gobierno Pacifico», Tomo I, página?. .541 y 5+2. 
{if Villarroel. f Gobierno Pacifico», Tomo I, pág. \U 



404 



CAPITULO XXXI 



Este forzoso encierro á que el clima de Santiago reduda á 
su Pastor le fué, en cierto modo, muy favorable al cultivo de las 
letras que por lo general buscan la soledad y viven del retiro. 
Los primeros años del episcopado de Villarroel fueron los más 
fecundos en producciones literarias: pues, encerrado en su alco- 
ba, vivía sólo en compañía de sus libros, sin interrumpir sus es- 
tudios, sino por asuntos propios de su Dignidad. 

No obstante de ser de un carácter en extremo amable é insi- 
nuante, Villarroel cultivó muy pocas relaciones. Sea por su 
afición particular al estudio, sea por fervor monástico, ó bien 
fundada suspicacia en el trato de la sociedad de entonces, es lo 
cierto que este Obispo de Santiago, aparte de algunas amista- 
des de estricta etiqueta y cortesía, como lo fueron siempre los 
Oidores y los Prelados de Ordenes Regulares, redujo su intimi- 
dad y confianza á un círculo muy limitado de personas eclesiás- 
ticas, únicas que tenían amplia entrada en su palacio. 

Entre éstas ocupa el primer lugar el Padre Luis de Lagos, 
su compañero de hábito y profesión, por cerca de treinta años, su 
Limosnero y Secretario, su Confesor y Visitador General del 
Obispado. De él dice Villarroel que es «digno de toda estimá- 
is ción por su gran fidelidad tantos años experimentada de mí y 

* por su grande virtud, tan notoria en España como en las In- 
« dias.» 

Segundo en la confianza, aunque primero en la Dignidad, fué 
el Doctor Francisco Machado de Chaves, su Provisor y Vicario 
General, de quien hace este sentido elogio: «Con ser también 

* Comisario de la Santa Cruzada, viene al Coro con calentura, 
« y el Facistol no es más asistente en él: que la modestia y vir- 
« tud parece que no pueden pasar de ahí.» (5) 

Gozó de toda la estimación de Villarroel el Padre Bartolomé 
López, de la Orden de Santo Domingo, de quien el Obispo di- 
ce así: í H ícele mi Visitador General y es varón de grandes le- 
^ tras criadas en Salamanca, y es él el solo Seminario de las que 
« goza su Religión en estas Provincias tan dilatadas, porque es 
< Maestro de cuantos hoy las profesan.» 



(5> Villarroel, cOobierno Pacifico*. Tomo primero, pagina^i 214 y Sfil. 



MrsTORIA t)E Los AOtÜStiKOS EN CHü,Iv 

«Vi que visitaba sus Religiosos con aquel espíritu primitivo 
« con que Santo Domingo y su grande sucesor Jordán visitaban 
^ su ilustre Religión, y quise, para cuando visitase yo» tener en 
^ él un buen ejemplar, y visto de manera que no puedo llegar 
^ allí. Celó mucho las honras de los Clérigos; remedió los peca- 
"^ dos sin ruido, y los Curas los dejó reformados y contentos. 
^No fuera gran dispendio de los Obispos no valemos de tales 
« Religiososrj* (6) 

Por algún tiempo ocupó un distinguido puesto en ei gobierno 
y dirección de la Diócesis un deudo inmediato del Obispo, un 
hermano suyo, el Doctor Don Juan Ordóñex de Cárdenas, (7) 
Cura Rector de la Iglesia Catedral, Rector del Seminario y Vi- 
sitador General del Obispado. Mas un caso doloroso é impre- 
visto, que veremos adelante, vino á separar del lado del Señor 
Villarroel á este hermano, cuya compañía le era de tanto alivio 
y descanso. 

No fué éste el único miembro de su familia que acompañara 

aj Obispo en Chile: una Señora, hermana suya, residía por algún 

tienipo en Santiago, tomando una hija de ella el velo de Monja 

Agustina en el Monasterio de esta Ciudad, honrando aquel acto 

el Señor Villarroel, con su presencia y su elocuente palabra. 

Mas, todas estas razones de parentezco nunca fueron parte 
p>ara que el Obispo, olvidado de su austeridad monacal, les 
ci iera á estas Señoras habitación en el Palacio. Pues, como el 
í^nismo Villarroel escribe: «Es cosa decentísima y digna de ala- 
«: banza que los Obispos no tengan consigo, por santas <]ue 
•* sean, sobrinas ni hermanas.» 

* Muchos inconvenientes pudieran apuntarse do tener herma- 
^ nas los Señores Obispos en sus Palacios. Tener un Obispo 
^ parientes principales en su casa y no fiarles la superíntenden- 
^ cia, es dudar de sus virtudes; y dársela, es poner tutores apre. 
^ tados á los pobres. Y deudos codiciosos con ánimo de hacer- 
^ se ricos, poco ayudarán al Prelado. » 

*Y porque lo digamos todos: ¿es inconveniente pequeño un 



(ti) Villarroel. cQobierno Pacifico», tomo 1, pág^a 4\}1. 
(i) l^te eclesiástico, segdn la costumbre arbitraria de la época, tomó el 
apellido materno. 



Á 




406 



CAl»ITl'LO XXXI 



* comercio forzoso entre las criadas de las hermanas y los pajes 
í£ del Obispo? ¡Oh! que son viles!... El argumento que dice que 
ít son necesarios en Palacio los ministerios mujeriles, porque los 
« hombres son inhábiles para cocinar, amasar y otros. A esto 
« se responde que en las cocinas del Rey y de los Señores no 
« presiden mujeres. Yo me crié en un Convento de doscientos 
« frailes, y todas las oñcinas las gobernaban hombres. » 

«Al otro argumento que se alega del buen cobro de la ha- 

* cienda, los robos que se estorban habiendo una mujer que 

< entienda en las cosas de casa: yo soy tan ruin que llego á sos- 

* pechar que añadiéndose á la familia una mujer, se añade con- 
« tra las temporalidades un enemigo más.» 

«Oí al Señor Marqués de Montesclaro?, Virrey que fué del 
« Perú, que había un loco en Sevilla, y que su locura tenia un 
í notable tema: persuadir que él era la Santísima Trinidad. Era 
<E Asistente el Marqués: y viendo al loco hecho pedazos, le dijo: 

< ¿Si eres tú la Trinidad, cómo estás tan roto? Y respondióle: 
« ¡Eso es, Señor, porque somos tres al romper! ^Fácil es laapli- 
« cación». (8} 

En concepto del Obispo Villarroel no existe razón que sea 
aceptable y que aconseje á los Prelados tener en Palacio algu- 
nas mujeres, siendo lo más plausible en toda ocasión prescindir 
de ellas, aún en aquellos ministerios en que el derecho lo per- 
mite; y aún en aquellas mismas circunstancias, en que el paren 
tezco aleja toda nota ó maliciosa sospecha. Tanta fué la auste- 
ridad de vida de este Obispo de Santiago! 

No se vaya á creer, sin embargo, de la exclusión sistemática 
de toda clase de mujeres de Palacio, que éste se hallase poco 
menos que desierto, pues, como graciosamente lo dice el mismo 
Villarroel, «t consta mi casa de treinta personas, y entre ellas de 
« pajes y muchachos, que por los rincones se quedan dormi- 
« dos. » Y estos pajes, á que suele aludir, eran hijos de las fa- 
milias más nobles del país, que tenían á honra entonces poner- 
los bajo la inmediata tutela de un Príncipe de la Iglesia. 



(S) Villarroel «Gobierno Pacífico». Todo el articulo VíáQ la Cuestión U de 
la primera Parte se ocupa de esta materia. Aquí se ponea los pasaje* mÁs 
cttTJict^díiticort solamente. 





HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CMÍt,E 



Por Otra parte, al lado de la austeridad moTiástica del Obispo 
brillaba la modestia del más pobre menaje de casa. Villarroel 
no tuvo carrozas ni libreas; su carruaje no pasó de ser carreta 
y su lacayo, carretero, según el mismo Obispo lo dice con estas 
palabras: «Y en cierta cortedad que usó conmigo el Cabildo, 
c sobre no pagar los portes de mi carruaje, enfadóse el Chan- 
« tre mucho y, en presencia de sus compañeros, denuncio de 
€ las cuartas que me debían; exhibiéronlas al punto, y pagó el 
« Chantre con ellas á los carreteros.» (9) 

Y el Marqués de Baides, refiriendo las peripecias de la Visila 
famosa del Señor Villarroel y de la desaparición de seis Indios 
juntamente con los bueyes conductores del con\'oy episcopal, 
dice: «que se le desviaron las carretas,» para significar k aquel 
« tan grande desacato» cometido en la persona del Obispo y de 
toda su familia. (10) 

El Obispo Villarroel, recién llegado de Euro|>a, en donde ha- 
bía visto el brillo de la Corte de los Reyes de España y la mag- 
nificencia de los Prelados de la Iglesia, siempre complacido re- 
cordaba la modestia de los de acá, que tanto les hacía entonces 
asemejarse á los primeros Pastores de la primitiva Cristiandad, 

Así, con singular gracia y naturalidad refiere que poco antes 
que él llegase á Panamá, el Presidente de esta Ciudad ^^ había 
« visto pasar por allí sólo un Prelado; y que le había visto con 
« las alpargatas y calzones blancos, con que pasó los ríos y los 
« vados de Portobelo.» Y del Obispo de Trujillo cuenta del mis- 
mo modo, que «solía ir tan solo, que sólo le acompañaban su 
« bordón y un perro; y que sentándose en un poyo en la calle, 
« una vez la dijo á una vieja, que estaba vendicmlo ciertas ha- 
« ratijas: Descálceme, madre, y cúreme esta pierna que me aflí- 
» je esta llaguilla. Hizo ella con mucho gusto lo que le pedía, y 
« él con más volvía á su Palacio.» (11) 

3. Estos cuadros de primitiva sencillez, pero, á la verdad, 
demasiado naturales, nunca pudieron tener cabida en Obispos» 



^9) Villarroel, «Gobierno Pacífico». Tomo 1, página 554. 

(10) fiiarqués de Baidés, Carta á Villarroel, Concepción .HCI de Mayo de lü40. 

(11) Villarroel. «Gobierno Pacifico*. Tomo 1, página ñ'Ti. 



4o8 



CAPITULO XXXI 



como Villarroel, de una cultura esmerada y fina, á pesar del re- 
ligioso abandono con que, sin ajar su Dignidad, trató siempre 
su persona. Hablando de sí mismo, en cierta ocasión, dice: «Yo 
« conozco mucho un Obispo que sólo cuando dá vive con gus- 
€ to. Tienen dos mil transformaciones su vestidos; cuando por 
« roto y cien veces remendado está insufrible el manteo, hace, 
« como dice el vulgo, de aquella capa un mal sayo, porque á lo 
« remendado no pudo hurtarle el cuerpo. Trae unas medias de 
« lana; y unas con millares de puntos mal cogidos, le sirven 
« seis inviernos » (12) 

Y en otra parte se espresa así: «Un hilo no he trocado de 
« mi hábito, y no me distingo en el vestir de un Lego, no 
« juzgando que sea incompatible con la Dignidad Episcopal ni 
« lo ancho de las mangas, ni otros padrastros de los hábitos de 
c los Religiosos Agustinos; porque trocar el Obispo Religioso 
« su hábito, dejar totalmente la forma de él, no es 'loable, antes 
« induce menos estimación, desdice algo de la prudencia y cír- 
« cunspección del que ocupa tan alta Dignidad; lo cual se prue- 
« ba por la voz universal con que se murmura de los Obispo*^, 
« que dan de mano á sus hábitos, y el general aplauso con que 
« celebra el mundo á los que en traje se conservan Religiosos- s 

«Don Fray Luis López de Solís, Fraile de mi Religión, ha- 
« biendo sido Provincial en la Santa Provincia del Perú, le sacó 
« Dios por su santidad á ser tres veces Obispo, con general 
« aprobación del mundo, del Paraguay, Quito y las Charcas. 
« Fué grande limosnero, dando á los pobres, no sólo sus ren- 
« tas, sino sus alhajas; lo halló un día su Camarero desnudo, 
« remendando su hábito. Lastimóse el buen criado mucho de 
« aquella santa avaricia de su dueño, y suplicóle que no se 
« ocupase en un tan humilde ejercicio, y que de la Mesa Capi- 
« tular estaba caído un tercio de que podía hacer eren hábitos de 
« brocado.» 

«Idos con Dios le respondió el Obispo, que yo soy un pobre 
« Fraile y Mayordomo de los que no lo son. Ese dinero no es 
« mío; con este hábito vine á ser Obispo; y habiéndole pedido á 



(12j ViUarroel. ^Gobierno Pacifico-^. Tomo 1, página 171. 





Historia de los agustinos en chile 



409 



« Dios que me entierren con él, sino lo remiendo, no lo hará 

< sin milagro.» 

«Los que de Senadores ó grandes Caballeros se trasladaron 
« á Obispos, pueden usar mayor fausto; pero si no tienen pa- 
« trimonio han de saberse moderar, considerando que tienen 
« pleito de acreedores, y que están mejor graduados los pobres 
( que todas las humanas vanidades, porque la Iglesia no tiene 
« sus tesoros para que los Obispos luzcan, sino para que no pe- 
« rezcan los pobrecitos á manos de sus necesidades.» (13) 

4. Un Obispo que así comprendía sus deberes y que así, en 
beneficio de los pobres, cercenaba el fausto en el vestir, tiene 
derecho á que se crea cuando al hablar de la frugalidad de su 
mesa escribe: «Como de un plato solo; y mis criados todos an- 
« dan de la misma librea que su amo, que no atesora, ni tiene 
« más gastos que socorrer los necesitados. » 

5. Un Obispo que, como Villarroel, se excedió ciertamente 
en sus Umosnas á los pobres, debe ser admirado, cuando al ha- 
blar de su modesta alcoba, dice: «Tengo una cama de un gal- 

< go: y es de algodón un pabellón muy vil, no tanto para abri- 
« gar, como para encubrir, porque la cama no es para ver.» (14) 

6. De esta manera se comprende el sentido de profunda ve- 
neración que encierran aquellas palabras del Marqués de Bai- 
des, cuando al Obispo Villarroel le dice: «Vuestra Señoría tiene 
« tasadamente cuatro mil pesos de renta: y dá, cada año, tres 
« mil de limosna. Su vestido es el mismo hábito del Señor San 
« Agustín, con que entró en este Obispado; y le vemos tan re- 
« mendado como el del más pobre Capuchino. No tiene carro- 
« zas, ni aparatos de casa; y con eso sé que á un Clérigo, llama- 
« do Bueso, porque le vio una necesidad le dio su vestido inte- 
« rior, rogándole que lo callase; y él lo divulgó con lágrimas en 
« toda esta tierra. Va Vuestra Señoría al Hospital cada mes, 

< cargado de dulces y de dineros. Dá á cada cama su limosna; 
« y al pobre que está más asqueroso le sirve de rodillas, y le 
« da de comer con su misma mano.» (15) 



(18) Villarroel. «Gobierno Pacifico» en las páginas 197 i siguientes del tomo 
primero. 
(14) Villarroel. Gk)biemo Pacifico», tomo 1, página 171. 
(16) Marqués de Baidés, Carta A Villarroel, Concepción 30 de Mayo de 1646. 



4IO 



CAPITLI.O XXXi 



7. Acciones tan dignas de un Obispo están corroboradas por 
el testimonio de todos ios personajes más notables de aquella 
época, 

Don Pedro Machado de Chaves, Oidor jubilado de la Real 
Audiencia de Chile, hablando de Villarroel, se espresa así: *Las 
«t virtudes que más en él me llevan á mí los ojos y arrastran 

* los de esta Ciudad de Santiago, son sus limosnas espirituales 

< y temporales: con aquellas enseña sus ovejas, sin perdonar 

< riesgos de la vida, por comunicarles la luz y sal de su doc* 
« trina, ni trabajo, predicando y leyendo á sus Clérigos Teolo- 
« gía Moral, con mucho aprovechamiento suyo y ejemplo pu- 
« blico; con éstas socorre sus pobres con tanta abundancia y 
« generosidad, que parece milagro en un Obispado tan pobre, 
« que apenas tiene la congrua- ^> 

«Dejo lo ejemplar de su vida, lo templado en su sustento, lo 

* modesto en su persona, lo eficaz en su doctrina, lo abrasado 
« de su espíritu, lo singular en lo casto, la igualdad en lo sufrido, 
t la constancia en su gobierno, la grande¡ta en la silla, el incan- 
« sable trabajo de las Visitas en que tantas veces ha arriesgadQ 

< su vida.» (16) 

El Señor Fiscal, Protector de los Indios, Don Antonio de La- 
guna, en una carta suya le decía al Obispo Villarroel: «A la 
^ virtud de pacífico, se une en vuestra Sertoría la de caritativo 
« y limosnero; y en su extremo, sea el menor encarecimiento 
« dar de limosna las tres partes de su renta, dejando la menor 

* para su congrua; y considerando lo mucho que en Vuestra 
« Señoría resplandece esta virtud, hallo que deja de tener caridad 

* consigo mismo, por tenerla,s con los pobres, >? ([7) 

El Padre Jacinto Jorquera, Provincial de los Dominicanos, es- 
cribía á Villarroel: «Por esta marca conocería yo i Vuestra Se- 
<í ñoría entre todos los Señores Obispos de las Indias: porque te- 
« niendo tan corta renta, da mucho, pues la da toda. Trae unos 
B hábitos muy remendados, con unas medias de lana, viviendo 

* mucho más pobre en el Obispado, que vivía en su Convento; 



(16) Manijado ele ChavtíH. Carta. Suritiago. la de Marzo de Íí>46, 

(17) Lftguiift. CartA á VillarraalK Se hnUa ai principio del iGobiarno Facíñc^u.» 



r^' 



klí^TORIA DE LOS AGUSTINOS EN^ CHILE 



411 



f el Pectoral y el Anillo se han visto muchas veces empeñados 
€ en tiendas y en casas de juego, porque faltándole á Vuestra 
« Señoría dinero los sábados, cuando reparte su limosna á mas 
< de doscientas mujeres, no ha tenido mas recurso para hacerlas 
€ bien, que empeñar las santas insignias de su apostólica Dig- 
« nidad.» (18) 

El Padre Francisco Rubio, Provincial de los Franciscanos, á 
su vez, dice de Villarroel: «Hable todo el Reino de Chile, pon- 
t deren todos tantas limosnas, tantos beneficios recibidos, que 
« acertarán quizas, aunque lo dudo, que lo caritativo, lo piadoso, 
€ lo franco y liberal de Vuestra Señoría es soberanía grande para 
« la corta esfera de la más viva ponderación.» 

«Es Vuestra Señoría el Padre Común de todos: y siéndolo 
€ y estando á su amparo, no hay quien se llame huérfano. Dejo 
€ de referir las gruesas limosnas por no sacarle á Vuestra Seño- 
« ría las colores al rostro: publique su pecho generoso el Hos- 
« pital de San Juan de Dios, donde cada sábado acude á dar de 
« comer á los pobres; testigo yo que he visto muchas veces á 
« Vuestra Señoría estar de rodillas, ministrándoles el alimen- 
« to.» (19) 

El Padre Alonso de Aillón Bela, Provincial de los Agustinos, 
quien conoció en Lima á Villarroel de simple RHijioso, y por 
consiguiente mejor informado que los demás, dice de él: «El ser 
« piadoso y limosnero no parece en Vuestra Ilustrísima obliga 
« ción, sino naturaleza.» 

«Cuando Religioso partía de su corto depósito con los pobres; 
« y algunos, viendo que era poco lo que tenía y que carecía de 
« lo que daba, se admiraban diciendo, que aquella caridad ven- 
« dría bien cuando fuese mayor el caudal. Después que le ha 
« puesto Nuestro Señor á Vuestra Ilustrísima en la Silla Episco- 
« pal, parece que con sus limosnas responde á los que le nota- 
« ban Fraile, que ya es Obispo, que le dejen ejercitar su natu- 
« ral piadoso, y su encendida caridad.» 

«¿Qué huérfano no halló amparo en sus paternales entrañas!^ 
« ¿Qué viuda le ha representado necesidad, de que no se haya 



(18) Jorquera. Carta á Villarroel Santiago 24 de Abril de 1646. 

(19) Rubio. Carta á Villarroel Santiago, 28 de Abril de 1646, 




41^ 



c!apitulu xxxt 



« conmovido, procurando el remedio de ella? Testigo es la po, 
« bre madre del Beneficiado Diego de Alegría, que viéndola 
« Vuestra Ilustrísima cargada de años y enfermedades, sin tener 
« un rincón en que albergarse, le mandó cercar una cuadra y 
« hacer vivienda en ella coií su misma gente, quedándose todo 
« aquel tiempo sin un esclavo que le sirviese en su Palacio, que- 
« riendo más que faltase á la ostentación de la Dignidad, que 
« á la caridad de sus piadosas extrañas. Justamente se llama la 
€ cuadra del Obispo: título que le solicitó la piedad de tan be- 
€ nigno Pastor, de tan amable Padre * 

tCon menos de cinco mil pesos de renta hace Vuestra liustrí- 
« sima tan grandes limosnas que tiene por día infelice el en que 
« no vé su Palacio lleno de pobres, reservando apenas la cuar- 
€ ta parte para la obligación de criados y casa. ;yuíén pone 
« los ojos en su hábito, que no confiese esta verdad? Juzgan á 
« Vuestra Ilustrísima, no por Obispo, sino por un Fraile Agus- 
« tino pobre, pues sin mudar el hábito, viste lana, como el más 
€ observante: y aun parece no haber salido de la Religión, se- 
€ gun tiene el celo en sus aumentos. ^ (20) 

8. Y no vaya á creerse que las obras de misericordia del 
Obispo Villarroel se dejaban ver solo en el socarro de'infelices 
pordioseros, poniendo en sus manos modestas sumas, porque el 
mismo sentimiento generoso se admiró en este Prelado, cada 
vez que, exhausto el erario de los Reyes de Esparta volvían 
sus ojos á América,. en solicitud de subsidios para su monarquía. 

Encomiando este patriotismo de Villarroel, á la vez que en- 
careciendo su admirable desprendimiento, el Marqués de Baides 
dice: «Vimos á vuestra Señoría en un donativo vender su Pon- 
« tifical: y resistiéndolo los Señores Oidores y yo, porque sa- 
« bíamos sus muchas limosnas, y lo poco que vale su renta, 
« argüyó contra nosotros y añadió otro gran retazo, dando por 
« si solo en dinero, otro tanto como dio su Cabildo.» 

«Y después sustentó de carnes, dando en pié las reses, á dos- 
« cientos soldados, que envié de socorro al puerto de Buenos 
« Aires. Y habiéndome valido de la industria y de la autoridad 



<aO) Aillón Bela. CarUi á Villarroel Santiago, 22 de Mnr?,o de ICM . 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



413 



< de Vuestra Señoría para que aniípase a otros para el donativo, 
« les habló en sus casas y en los Pulpitos.» 

«Y ahora nuevamente ha ofrecido gran cantidad de harina 
« para el socorro del Presidio de Valdivia. Y en esta materia 

< pudiera decir muchas cosas, en que ha mostrado Vuestra Se- 
« ñoría cuan de corazón ama y sirve á su Majestad.» (21) 

Y bien sabido es que, en aquellos tiempos, la Majestad del 

Rey era la tutela de la Patria y la salvación de los pueblos. 

9. Los únicos extraños á la munificencia de este Obispo de 

Santiago fueron su propia persona y la de sus parientes; pocos, 

como Villarroel, han aborrecido el nepotismo. 

En cierta ocasión . debiendo de sentenciar contra su propio 
hermano, el Doctor Don Juan Ordóñez de Cárdenas, lo hizo con 
tanto rigor, que apelada la sentencia al Metropolitano, el Arzo- 
bispo de Lima escribió al Señor Villarroel estas notables pata- 
rras: «Más quisiera ser su enemigo, que su hermano.» 

"Y por otro hecho que tiene relación con este mismo hermano, 
^^c:ía á Villarroel el Fiscal, Protector de Indios, Don Antonio de 
Laguna, las siguientes palabras; «Reprende San Gregorio los 
^ lardados que anteponen sus deudos y parientes á otros. Bien 
^ pudiera Vuestra Señoría, sin incurrir en esta nota, cuando tari 
'^ c:onocidas son los dotes del Doctor Don Juan de Cárdenas, su 
^ liermano, letras, virtud y méritos, haberle hecho merced de la 
^ Capellanía de cuatrocientos pesos de renta, que impuso el 
« Señor Obispo Don Diego de Medellín; y sin atender á sus in- 

< comodidades, quiso más acomodar en ella tres Sacerdotes 
« pobres, que á su propio hermano, dejando de tener, como 
« dije, caridad consigo mismo, por tenerla con ellos.» (22) 

10. Este desprendimiento que tuvo el Obispo Villarroel por 
los suyos y olvido de su propia persona están retratados en 
aquellas palabras con que contestó á los que parecian sugerirle 
la idea de poder costearse un mausoleo á su memoria, alegando 
que varios Arzobispos de Lima habían hecho igual cosa en sus 
Catedrales; á lo cual el Obispo de Santiago contestó: «Digo que 



(21) Baldes. Carta á Villarroel, Concepción, 80 de Hayo de 1646- 
(32; Laguna. Carta ¿ Villarroel, Santiago, sin fecha. 



T^IE» 



4H 



CAPÍTULO XXXI 



« eso €15 muy justo; pero en eso no he dudado, porque pienso 

4 enterrarme donde se entierran los Negros y los Indios. Los 
« Obispos que dejan en marmoles sus memorias, hagan esas 
■ diligencias.! (23) 



{23) Villarrocl. Carta en que oontesta A la Ke&I Audiencia de BaDÜngo, 9 de 
Agosto íle IMñ. 





Capitulo XXXII 

De como el Obispo Yillarroel fomentó la piedad en 

el clero y en los fieles 

1638 1651 

1. Establece Villarroel la EsclavQaia del Santisimo.— 2. Introduce la via sacra 
por las calles de la ciudad.— 3. Funda la Congregación de Clérigos.— 4. Va- 
rias instituciones de piedad.— 5. Las Cofradías del Rosario y de Nuestra Se- 
ñora de los Remedios.— 6. Escribe al Papa pidiéndole la canonización de 
San Francisco Solano.— 7. Trata do celebrar el Sínodo Diocesano. 

I . Muchas obras de piedad nacidas al calor de la devoción 
del Obispo Villarroel han llegado hasta estos días, mereciendo 
por tanto que las conozca el lector, á fin de que pueda comple- 
tar su juicio sobre aquel Prelado, uno de los más ilustres de la 
Iglesia de Chile, así por sus virtudes, como por su sabiduría; 
quedando de ésta y de aquellas, en testimonio, numerosos escri- 
tos y numerosas obras, que reflejan todavía la piedad de su es- 
píritu. 

El Padre Vicente Mondell, Provincial de la Compañía de Jesús, 
hablando de Villarroel y al pasar revista, á la ligera, á las obras 
de religioso celo emprendidas por aquel Obispo, entre muchas 
allí señaladas, (i) expresa ésta, diciendo: «Dejo (de encomiar) la 
« Cofradía de los esclavos del SantívSimo Sacramento que Vues- 



(1) Mondell. Carta á Villarroel. Santiago de Chile y Marzo 26 de 1646; se ha- 
lla al principio del primer tomo del «Gobierno Pacifico. > 



4i6 



CAPÍTULO XXXI T 



* tra Sertona fundó en la Catedral, para cuya renta, dando los 
9 demás á diez pesos por su entrada, le dio Vuestra Señoría cua* 
^ trocientos, * 

Mas explícito, al referir lo mismo, se muestra el Padre Juan 
de Salas, Provincial de la Orden de la Merced, diciendo: «Justa 
t es la admiración en lo que se ve exceder los limites de lo na- 
c tural. ¿Quien no gusta néctares de bienaventuran^.a, oyendo 
« las palabras de Vuestra Setuíría llustrísinmr ¿Quién pudo ha- 
« llar indiferencia en su voluntad? Oh! ¿Cuándo, en la persuacíón, 
€ pudieron ser solas sus láj^rimas, creciendo en todos la devo- 
«£ ción á fervor y calor tan grander No tuvo, no. el imán para 
<t el acero tanta virtud. ^ 

«Todos los de esta ciudad (de Santiago) asistimos á un ser- 
« món, que Vuestra Ilustrísima predicó en una de las fiestas del 
€ Santísimo Sacramento, que cada mes se celebran en la Santa 

* Iglesia Catedral, por la congregación que tuvo su principio y 
« se conserva en la devoción de Vuestra Ilustrísima, ^ 

<^ Y fueron tan eficaces sus palabras en la persu ación de la 
« frecuencia de los sacramentos, que el Domingo siguiente co- 
« mulgaron todos, siendo los primeros el ser^or Marqués de Bai- 
< des, Presidente de esta Real Audiencia, Gobernador y Capi- 
í tan General de este Reino, y los señores Oidores; y, á su i mi- 
•: tación, todos los demás, hasta el último plebeyo.» 

*;Qué confesor no testifica el copioso fruto de que se hizo en 
« las almas? Yo puedo decir de confesiones bien dilatadas, de 
« contriciones bien conocidas en sujetos que estaban bastante- 
« mente distraídos. ¡Oh! Espíritu Apostólico! Depositó Dios en 
tf Vuestra Ilustrísima la vivacidad y eficacia de sus palabras.» (2) 

El mismo Villarroel no deja de aludir á la gran devoción que 
se despertó entre los fieles, á fin de venerar al Santísimo Sacra- 
mento, cuando dice: «Ha casi doce años que tomaron los señores 
^ Oidores por su cuenta celebrar las fiestas del Santísimo Sacra- 
« mentó, toda su Octava; y hiicenlas con tamaña grandeva, que 
^ aunque hemos hecho cuanto se ha podido para poner á su li- 



(2) Síilftíi. Carta A Villítrroel. Santiago de Chile 3Ü de Marzo dü Iftlíí. Se ha 
lU ül pritieíplo dtíl pnm**T tomn dí*l ^Gf>bjerno Paí^iifico, 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



417 



« beralidad algún término, se le hace romper su mucha devo- 
* cíón.» 

«Y las señoras Oidoras vienen á poner los ramilletes, los olo- 
res, y las pomas, pendenciando con sus criadas, si ponen la 
« mano en un tan santo ejercicio, juzgando que las defraudan 
« de tan estimado fruto.» (3) 

^ - Quedan aun recuerdos en esta ciudad de Santiago de Chile 

de otra devoción introducida por su Obispo Villarroel, cual fué 

la. "V^ía Sacra rezada en público, ante imágenes ó pinturas de la 

I>a.^l ón, dispuestas convenientemente en algunos ediñcios que, 

Ter»^<Z3vadas con el tiempo, aún las exhiben con gran piedad de 

los íieles. 

-^^cerca de esta devoción dice su mismo autor; «Diez años ha 

* ^1 "•Je instituí la Procesión de la calle de Amargura, y no se ha 

/ "^-^isto que mujer haya hablado una palabra en ella;» (4) pon- 

^'"^ndo con estas palabras la piedad y recogimiento, con que 

^^ fieles rodeando á su Pastor, recorrían las calles de Santiago, 

^'^do público y solemne testimonio de su fe y religión. 

^^1 Padre Jacinto Jorquera, Provincial de la Orden de Predica- 

•"^s en Chile y Tucumán, refiríéndose á estas obras del celo 

* CI>bispo Villarroel, escribe: «Otra obra de harta importancia 

^ ^ue, px)r ser de las espirituales, es mayor que las referidas 

^^ esta.» 

^ I nstituyó Vuestra Señoría la calle de Amargura, haciendo 

^ix^tar los pasos en las calles y sacando la Procesión el primer 

^^iernes de la cuaresma desde la Iglesia de mi Religión hasta 

*^. Parroquia de la señora Santa Ana; y, habiendo predicado 

^^^t enees dos horas, sudado y trabajado mucho, fué con la 

^^rocesión, por mover con su ejemplo la ciudad.* 

"^ Nuestro Señor le ha pagado á Vuestra Señoría este santo 

^^elo, con la grande edificación y devoción con que todo género 

^ ^e gentes continúa, siete años ha, estas santas estaciones.» (5) 

3. Pero la más insigne institución del Obispo Villarroel, laque 



(3) Villarroel «Gobierno Pacifico» tomo 2.o pág. 684. 

(4) Villarroel «Gobierno Pacifico» tomo 2.<» pág. 582. 

(5) Jorquera. Carta á Villarroel Santiago de Chile 24 de Abril de 1046, hálla- 
se al principio del ^Gobierno Pacifico.» 

27 




41ÍÍ 



CAPITULO X\X1I 



más revela su espíritu, fué la congregación de Clérigos» de la 
cual el mismo dice; «Instituí la congregación de los Clcrigos, en 
« la Ij^lesia de la compañía de Jesús, señalándoles por fiesta la 

* H\I>ectación. Acuden todos los Lunes á ella, desde el Deán 
^ hasta el Sacristán menor; háceseles una plática y dícese una 
« Ix^tanía.» (6) 

Parece excusado decir aquí que estas conferencias semanales 
del clero eran presididas por el Obispo Villarroel quién, hábil- 
mente aprovechando aquella ocasión, exponía á sus clérigos las 
reglas de conducta por que deben gobernarse asi en el desem- 
peño de su ministerio sagrado, como en el trato con la sociedad. 
Así sucedió lo que el Marqués de Baides refiere, cuando escri- 
bía al Obispo: «A sus clérigos los tiene tan ajustados y tan reco- 
ff letus, que parecen Religiosos.» (7) 

Tan vivo interés sintió el Obispo Villarroel por esta su con- 
gregación de Clérigos y tanta importancia tenia en su concepto 
esta obra que, para allanar tropiezos y dificultades, sufragaba los 
gastos por ella originados, según dice el Padre Vicente Mondell, 
Provincial de la compañía de Jesús, con estas palabras; «Fuera 

< alargarme mucho querer descender á casos particulares: y así 
« no digo la congregación de Clérigos que Vuestra Señoría ins 

^ tituyó en la Iglesia de la Compañía, fomentándola y sustentán- 

< dola siempre de cera y de todo. lo necesario para el lucimiento 

< de sus fiestas. » (8) 

4, A juzgar por los recuerdos que el Obispo Villarroel ha dejado 
en su^ escritos pintando el carácter de los Chilenos, eran estos 
singularmenre religiosos, sin que la piedad cristiana de este pais 
haya sido jamás estorbo á la natural arrogancia y valor de sus 
habitantes. Pocos escritores, como Villarroel, se han mostrado 
más vivamente complacidos por unas y otras prendas* 

Ivs Chile, dice en una desús obras, por naturaleza un suelo 

* que produce orgullo; por influjo del cielo y por especial cons- 
« telación son valientes sus naturales. Cien mil Indios Peruanos 
t ahuyentó en el Cuzco el Capitán Mansin Sierra con el ruido 



(íij Villarroel. ':Gobierno Pacifico.* Tomo 2.^* i^íá^na r>H#S 

17} Marqué.s de Baides. Carta á Villarroel. Concepeitiii HO de Mayo de lírtó. 

(íSí Mondcll. Carta á Villarroel. Santiago M»rj5n 2fi úv> 1S46 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



419 



< de unos cascabeles; y cuatro Indios chilenos han despoblado 

* al Perú de hombres. Poblóse esta tierra de Chile de caballeros 
« ilüslres y tienen de indios chilenos solos los corazones; hay 
í mozos sin barbas aquí que asombraran á Flandes.» (9) 

Sin embargo estos mismos caballeros que, según la frase de 
Viílarroel, «en la guerra pudieron obscurecer al Cid por su cali- 
« dad y valentía;» á pesar, según el mismo afirma, que «los pri- 
t meros conquistadores fueron más valientes, que letrados; por- 
t que comenzaron por soldados aquellos siglos y éstos, por la 
« mayor parte, son poco religiosos; porque las Indias arden en 
« guerras y la milicia es licenciosa y dificultosamente se enfre- 
4 na; j* con todo, el mismo Obispo Viílarroel ha trazado cuadros 
tan tiernos, como en extremo edificantes, de la religiosa piedad 
de esos mismos hombres. 

A ser justiciero, podría aquí asegurar que no poca parte de 
esas ejemplares acciones por él referidas deben su origen al reli- 
gioso celo del mismo Obispo, que tuvo el consuelo de ver la na- 
ción más guerrera y belicosa transformada en pacífica y morige- 
rada cristiandad. 

^fPara que se vea cual es la gente de estas partes, escribe el 
« Obispo Viílarroel, quiero advertir que instituí la congregación 
c de Clérigos, envidioso de una que los seculares siguen y sirven 
« con asombro: toda la Cuaresma, tienen tres noches de disci- 
« plina cada semana; y asisten á ella, al ejemplo que se les pre- 
« dica, desde el Corregidor hasta el último alguacil, y desde el 
^ mayor caballero, hasta el oficial más ordinario. He ido á ella 
« tal y^zy vuelvo con admiración.» 

«Durante la semana santa se hacen se hacen siete Procesio- 

* nes de sangre y tanta es la gente que acude á ellas qué, con 
« sola la cera que se gasta, pudiera quedar rica una República.» 

*DÍez años ha que se fundó en mi Catedral la Cofradía de las 

* Animas y se han dicho por ellas poco menos de cuarenta mil 

* misas» que en tierra tan agostada es esta una limosna prodi- 
" giosa. Para el día de los dituntos hacen á su costa un Túmulo 

* los Cofrades, que compite con los de las honras de los Reyes.» 

<**J VilUrroel, ^Gobierno Pacifico. > Tomo 2 página 6. 



'ñ 



420 



CAPÍTULO XXXII 



«Los chilenos para el culto divino son tan profusos, que no 
« parece que dan, sino que derraman.» 

«La Rea! Audiencia, desde su primera institución, celebra por 
« tres días á Nuestra Señora en su Monasterio de la Merced, la 
« fiesta de la Natividad; y en esta crece mucho la costa. El ca- 
« bildo, justicia y regimiento tiene, por voto, seis Procesiones en 
« que es el gasto mayor, con que en todas consumen una grande 
« suma. Tienen en pié la Cofradía de la Vera Cruz que sale el 
« Jueves Santo, y sácanla con mucha costa y solemnidad; la Pas- 
€ cua de Resurrección, antes del amanecer sale otra gran Proce- 
< sión; y el que no se asienta por Cofrade no se juzga bastante- 
« mente noble.» (lo) 

5 El Padre Jacinto Jorquera, Provincial de Santo Domingo, 
en una carta al señor Villarroel le dice; «Quiso Vuestra Señoría. 
« como verdadero devoto de Nuestra Señora, autorizar en mi 
« Convento la Cofradía del Santo Rosario; asentóse en ella y 
« dio en su entrada ciento y treinta pesos de limosma, y señaló 
« para cada mes cierta cantidad de cera, en forma de jornal; y 
« celebró en mi casa, como lo ha hecho en otras, el Sacramento 
« de la Confirmación sólo para darnos de limosnas las ofrendas 
« y las candelas. Y cierro esta materia, con que el primer día 
« que entró en mi casa, proveyó largamente la lámpara de Nues- 
« tra Señora. El Espíritu Santo licencia nos dá para alabar las 
« letras y las virtudes de Vuestra Señoría.» (ii) 

Y el Padre Juan de Salas Provincial de la Merced, como en 
corroboración de lo que antecede, á su turno dice: «El año pa- 
« sado tomó á su cargo Vuestra Ilustrísima fervorizar los oyentes 
€ en la devoción de la Virgen Santísima, y conocieron bien lo 
« vivo de las palabras las Cofradías de Nuestra Señora del Ro- 
« sario en el Convento de Predicadores, y la de Nuestra Señora 
« de los Remedios, fundada en esta Casa. » 

^De esta digo, como testigo de vista, debe su hermosura y 
« lucimiento á aquella fervorosa Oración de Vuestra Ilustrísima. 
«Oh sol singular! oh doctrina de encendida luz! ¿No es esto dar 



(10) Villarroel. 'Gobierno Pacifico.» Tomo 2.<», página 5»i^ y 584. 

(11) Jorquera. Carta á Villarroel. Santiago Abril 24 de 1646. 






HISTORIA DE LOS AGISTINOS EN CHILE 42 1 



* hermosura espiritual á la Iglesia? ¿No es dar jugo y verdor á 

* la semilla de la divina palabra? Luego bien juzgamos sol á 

* Vuestra Ilustrísima los que tocamos estas propiedades.» (12) 
A todo la cual el Padre Vicente Mondell, Provincial de la 

Compañía de Jesús agrega; «Porque lo que se dice sólo con la 
f lengua, se desliza y pasa con el sonido, y lo que se escribé se 

* eterniza y permanece, por eso no contentándose Vuestra Se- 
« noria con repartir de palabra su erudición y doctrina, sinc» que 

* ta deja impresa para utilidad y provecho de todo el Orbe, 
t quedará eterno en la admiración de todos estampado su nom- 
« breen mármoles y bronces.» (13) 

«¿Quién se aplicará á ver los libros que Vuestra Ilustrísima 
f hizo del Rosario, que no se abrase en amores de María Sántísi- 
« ma. Nuestra Señora, y no experimente esta verdad? Con los 
« flamantes rayos de sus animados escritos, con ellos aumenta 
< Vuestra Ilustrísima el calor fervoroso que comunica la vida es- 
f piritual», añade el ya mencionado Padre Salas. 

6! Pocos Obispos como el Señor Villarroel, se han visto tan 
llenos de elogios de parte de los Prelados de las Ordenes Regu- 
lares, pues no parece sino que éstos á porfía se esforzaron en 
prodigarle las más justas y merecidas alabanzas á su celo apos- 
tólico y virtudes pastorales. 

Mu)^ largo sería enumerar aquí cada una de esas obras de ce- 
lo pastoral, bastando decir que no omitió este Obispo trabajo 
que pudiese conducir á la mayor pureza de la fé en esta Iglesia 
cié Santiago de Chile y mayor reforma de las costumbres, así en 
el Clero, como en los fieles de esta, en aquel entonces, no del 
todo bien organizada Diócesis. 

Por tanto, al ver quizas agotadas sus fuerzas, buscó por todos 
medios el auxilio divino y singularmente el patrocinio de los 
Santos, cuidando de favorecer estas nuevas cristiandades con el 
de aquellos primeros Apóstoles venidos á América y á cuya 
primera voz se levantaron en este suelo las primeras Iglesias, 
creciendo á su alrededor tantos nuevos como vigorosos pueblos. 



(1^) Sal4lB. Carta á Villarroel. Santiago, 30 de Marzo de 1646. 

(14) Mondell. Carta á Villarroel. Santiago; 26 de Marzo de 1646. 



422 



CAPITll/í XXXU 



El Obispo Villarroel trabajó especialmente por colocar á su 
grey bajo la tutela de San Francisco Solano, escribiendo para 
ello á Su Santidad en los siguientes términos: 

«Santísimo Padre: La Constitución en orden á la nueva for- 
€ ma de proceder en la canonización de los Santos, que hizo la 
« Santidad de Urbano VIII, antecesor de Vuestra Beatitud, ha 
« causado notable dolor en toda la Cristiandad; porque habién- 
« dose de retardar aún los primeros pasos cincuenta años ente- 
« ros, no hay quien tenga tan dilatadas las esperaníías de una 
« larga xida, que se pueda prometer haber visto vivo y alcanzar 
« canonizado el Santo á quién tuvo afecto. ■■> 

«Vi este sentimiento en España: esperimentélo en las Indias; 
« y estóilo tocando con las manos en esta Iglesia que sirvo^ en 
« en que se oyen suspiros que llegan hasta el cielo, de ver tan de- 
« tenida la canonización del Bendito Padre Pray Francisco Sola^ 
« no, varón notoriamente Apostólico, de la Orden del Seráfico 
« Padre San Francisco.» 

«No dudamos, Santísimo Padre, que serían altísimos ios mo- 
« tivos que tuvo el santo antecesor de Vuestra Beatitud; pero 
« serían inhumanas las leyes, sino admitieran algunas dispensa- 
« ciones; y si en alguna le ha de haber, en ninguna puede con* 
•« currir tan apretada razón.» 

«No alego para que se abra la puerta de este estatuto: la ví- 
« da santísima é innumerables prodigios que ha obrado Dios por 
« este su Siervo tan calificado, de que está ya lleno el mundo, 
* porque lo dirán los procesos, a 

«Lo que sólo represento á Vuestra Santidad es lo que toca á 
« la utilidad común y lo que con este caso se puede socorrer á 
« esta nueva cristiandad. Lob Indios de aquestos Reinos son, 
« por el número, una parte muy crecida de la Iglesia y por la 
« cortedad de sus talentos deben arrebatarse el afecto todo del 
« que es Vicario de Cristo, pues á Cristo Señor Nuestro los 
« más necesitados son los que más le llevan los ojos.t&... 

«En cuya conformidad Vuestra Beatitud, atento á que es en 
« la tierra un Vice-Dios, y que debe tener el corazón con las lis- 
< tas de la divina piedad, se ha de servir de hacer un espiritual 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



4^3 



* socorro á estos cuitados Indios con la canonización del Santo 
*f Padre Solano. 

K Discurrió por innumerables pueblos; amáronle éstos natura- 
t les mucho; veíanle descalzo y desnudo; sobre un cilicio muy 

< áspero un hábito de sayal muy roto; vieron que se rasgaba 
« las carnes con crueles disciplinas; seco y enjuto, por no co- 
« íner ni beber, como los discípulos de San Juan.» 

«Y como en estos Indios es flaca la fe, juzgábanle desdicha- 
« do, porque se privaba de los deleites todos del mundo; y de- 
t cían en su lengua, como Bárbaros, lo que dijeron esotros, co- 
« mo precitos: Su vida la estimábamos locura. Jüsgábanle loco, 
i porque se hacía guerra á sí mismo. Digan, pues ahora. Padre 

< Santísimo, con ellos, poniéndole Vuestra Beatitud en el Catá- 
V logo de los Santos: He aqui que ha sido contado entre los ¡ti- 

* jos de Dios y es su suerte la de los escogidos del Señor. » 

«Muchos hombres ven estos Indios cada día en los altares: 

* muchos Santos veneran con esta honra; pero no vieron sus 

* vidas. Vean ahora colocado al que vieron desnudo: venerado 
í de los Pueblos, ai que por descalzo y hambriento juzgaban 
« loco; y tengan contra el común enemigo un tan eficaz argumen- 

* to y queden persuadidos á que no es ancho el camino del cie- 
t lo y que no se conquista con gustos sino con trabajos» 

«Añado á lo dicho. Santísimo Padre, que pues está Vuestra 
t Santidad colocado en el solio de San Pedro, mire con pater- 
i nales ojos los que vivimos en este tan apartado mundo; y de- 
f clarándonos por Santo un ciudadano nuestro, nos quite la no- 

* ta que padecemos y la pena con que vivimos, de que en 

* tierra de tantos tesoros, nos faltan los tesoros verdaderos.»... 

«Guarde Nuestro Señor á Vuestra Santidad, como toda la 

* Cristiandad ha menester. En Santiago de Chile, etc.» (14) 
Tales fueron las preces elevadas á la Silla Apostólica por es- 
te Obispo de la Iglesia Chilena, notables ciertamente por el em- 
peñoso celo que en ellos manifiesta, solicitando de la Santa Sede 
todo aquello que más contribuyese al bien espiritual de la grey 
que le encomendara el Señor. 



\\\) Viilarcoel. iGobieruo Paclücq^ T«)mo I, pág. 2*2. 



^24 



CAinTl'l.O XXXll 



7. Finalmente, entre las obras que más enaltecen el celo y 
piedad de los Obispos, es una, sin duda, la -celebración de Síno- 
dos Diocesanos; ellos, por lo común, son el resultado de las Vi- 
sitas pastorales, y el fruto de largos trabajos empleados en co- 
nocer las necesidades de una Diócesis y aplicarles su oportuno 
remedio, hasta eliminarlas y hacerlas por completo desaparecer. 
Nada, por consiguiente, mejor que los Sínodos, refleja la acción 
de un Prelado sabio y virtuoso. 

Habiéndose primero empeñado el Obispo Villarroel en hacer 
la visita á su Diócesis, extensa en aquel tiempo más que una 
nación entera y que sm embargo él la llevó á cabo, venciendo 
difícultades que, ajuicio de todos sus antecesores, eran tenidas 
como insuperables y que no podían allanarse sin riesgo de la 
vida; y habiendo sobrevenido en pos de estos trabajos el más 
espantoso terremoto que asolara toda esta región, no pudo lle- 
var á efecto la celebración del Sínodo Diocesano, á pesar de es- 
tar ya todo ello ordenado y dispuesto hasta su misma con- 
vocación. 

«Yo me he detenido, dice Villarroel, en hacer mi Sinodal por 
« enterarme con mis Visitas primero del estado todo de mi Obis- 
« pado; y porque mi Visita de la otra parte de la Cordillera me 
« detuvo un año entero; pero ya hoy se ha convocado para ce- 
« lebrar el Sínodo.» (15) Esto escribía en 1646 y el año siguien- 
te, á consecuencia de la indicada catástrofe, toda la atención 
del Prelado hubo de convertirse al remedio de otras más urgentes 
y premiosas necesidades. 

Y de seguro que, pasado algún tiempo, no desistiría de su 
primer propósito de celebrar Sínodo, si no se lo hubiera impe- 
dido su traslación al Obispado de Arequipa; hecho bastante 
sensible para la Diócesis de Santiago, que la privó de uno de 
sus Obispos más ilustres, y de una Sinodal que hubiera forma- 
do época entre las que conocemos del tiefmpo de la Colonia. 



(15) VilUrroel. «Gobierno Pacifico». Tomo II, página, 666. 



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Capitulo XXXIII 

O«lo pastoral del Obispo Tillarroel en el gobierno de sn 
Diócesis 1638-1651 

1. Impresiones del Obispo Villarroel en Chile.— 2. Nobleza de carácter de 
^<:>s Chilenos. — 3. Virtudes de la mujer chilena.— 4. Los dos Monasterios de 
^3^onjas en Santiago.— 5. Las Ordenes Regulares.— 6. El Seminario.— 7. El 
C3abildo Eclesiástico.— 8. Hace la Visita general de Ja Diócesis. 

I. Al venir por su Obispo á Santiago el ilustre Padre Gas- 
p3ar de Villarroel, nacido en climas tropicales y acostumbrado á 
^^^ivir países en que la conquista había ya dado fin á sus horro- 
í:"es, se encontró en Chile con un temperamento muy contrario 
á su salud y con un cuadro de guerra y desolación que le ha- 
cirían decir: «Tengo á ]-,ima en el corazón;» «Aquí en Chile vivo 

•« muriendo;» «Triste cosa será morir en esta Libia, desterrados 

^ de nuestra patria en ajeno sepulcro.» 

«Esta tierra todo es armas, toda es penas: y mis pensamien- 

^ tos son todos paz y no aflicción.» (i) «Estos años pasados 

« han congojado estos países los Indios y los Holandeses; y 

< aunque unos y otros han sido tan perjudiciales, no nos lasti- 

< man tanto todos juntos, como nuestros mismos soldados. Vie- 
« nen á enjambres á deshacernos por rehacerse; hablo así, por- 
« que es este el lenguaje de acá. Los soldados de mi Obispado 
« á todo estendieron la mano, como gente con quien para lo 



(1) Villarroel. Carta al Rey. Santiago 20 de Abril de 1651. 




■ilP 



426 



CAPITILO XXXIII 



« ju*^to efectúa poco el estipendio, y para crueldades y ofensas 
«no necesitan de paga.jp 

i Entre estas penalidades tienen el secundo lugar los destem- 
s pies, sierras, nieves, despoblados y ríos, con que es este Obis- 
« padn tan penoso, que después que se fundó no ha habido 
« Prelado en éf^ue le dé vista cabal. De la otra banda de b 
« CordilL'i'a (así llaman acá las sierras altísimas, nevadas, que 
« ciñen toda la América) está la Provincia de Cuyo, que es tam- 
« bien á mi cargo; pásase á su tiempo y es intratable é inacce- 
ft sible.> .. 

«El Reino de Chile há cien años que tiene Españoles. Y aun- 

* que á pocos años de su conquista estuvo llana casi toda la 
<t tierra, levantáronse generalmente los Indios; y, como son fe- 
« roces, lleváronse siete Ciudades, quedando tres solas en pié... 
< No tiene el Reino seguridad,,. {2) Es la guerra de Chile tra- 

* bajo sin fruto y presidio cerrado; grandes los peligros, cortísi- 
^ mos ios socorros; aborrécenla de corazón los soldados. ^ 

«2. Y es muy para jíonderan que siendo la gente de Chile 
« toda honrosamente altiva por valiente y por calificada, están 

* los Chilenos tan enfrenados por sí mismo y tienen tanta reve- 
t renda íi la justicia, que se pasan dos y tres años sin sacarse 
^ una espada. (3) Aquí pudiera yo esplayarme mucho: son cor- 
ff tos elogios para bien nacidos.?^ 

«La candad de la gente de esta tierra compite con las mayo' 
« res de Europa; en ella no hay los que llaman Tambos en el 
^^ Perú y Ventas en España. Harán el Reino todo millares de 
advenedizos; apeanse donde les anochece, ó donde les coge 
^ el medio día, con la misma satisfacción que pudieran en sus 
í casas. Acarícianlos, hospédanlos, regálanlos, dánles viáticos 
í para el camino; y tienen una grande arenga estudiada para pe- 
dirles perdón del regalo que les han hecho. s 
«Esta caridad se envuelve con la virtud de la Religión, porque 
" para el culto divino son tan profusos, que parece no que dan. 

* sino que d:^rraman. Hablemos en la entereza de la fe: há más 



(2; ViU»m)tíl Uobi'^ríioPftctficd^, Tomci2, p&gmívs^ü2y 183. 
{!d\ Viilarrotjl íGuUltírim Purtficüí, Tu mu 2, página;? 5iS4 y "jii.1. 



HISTORIA DÉ LOS AGUSTINOS EN CHlLh' 



427 



de un siglo que está este Reino fundado y no se ha vista un 
Hombre sólo castigado por el Santo Oficio.» 
3. Pero viniendo á la nrujer chilena «en toda la Cristiandad no 
se há visto este sexo, ni más honesto, ni más detenido. Acá si 
una ^mujercilla no tiene la opinión entera, es infamia de una Se- 
fS ora hablarla una palabra; no hay coches, ni galanteos, no 
hay alamedas, ni lo que en otros lugares llaman damas.» 

«Vino á este Reino, por cierta ocasión, un Caballero del Perú, 

discreto y galán, muy cortesano y muy dadivoso. Y, como los 

Caballeros de la tierra son tan halagüeños con los advenedizos, 

rio hubo en toda ella quien no le entrase en el alma.» 

«Aborreciéronle las mujeres de manera que le tiraban lanzas. 

Admíreme de este aborrecimiento común, y más cuando supe 

que se escondian de él: y qué oyendo misa se echaban los 

iTiantos sobre las caras. Queríale yo muy bien, y tenía para 

ello mucha razón. Hice grande diligencia para descubrir la 

' raíz de esta conjuración; y no daban más causa, sino que se 

' reía con ellas, y les quitaba la gorra. Dispensó una: y hubié- 

f rase de abrasar la tierra. Hoy es monja. Y díjome él, con bue- 

^ -na gracia: Señor Obispo, yo he hecho un grande servicio á 

* Dios, porque con esta dama le he dado tres Monjas, y 

«Tierra donde se hila así en materia de honestidad, hemos de 

« juzgar que hallaránse pocos pueblos en las Indias en que así 

^ se convengan hombres y mujeres en respetar las virtudes. » (4) 

«Cuantas Señoras hay de importancia en esta tierra, se han 

"^ hecho congregadas. No pondero que comulgan á menudo, 

^< porque acá no nos causa asombro; de personas que comulgan 

'« cada día, hay un admirable número en esta tierra. Yo tengo 

'^ devoción de comulgar el pueblo; y cada vez traigo propósito 

^ de no repetir esta mi devoción, porque vuelvo á mi casa con 

^ el corazón en prensa, viendo unos Caballeros tan galanes y 

« tantas mujeres hermosísimas derramando arroyos de lágrimas, 

'< tantos niños y niñas, tantos Indios é Indias y tanto número de 

'- Negros y de Negras, acusando mi devoción de tibia; y juzgo 

« que voy á este ministerio sólo para que en mí sea mayor el 



{-♦1 






(4) Villarroel «(iobiarno Pacifico». Tomo 2, páginaü 582, 583 y 585. 



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42 íí 



CAPITULO XXXIH 



« cargo, pues, siendo el enseñar mi ofícto, me enseña todo mi 

* pueblo, if 

«4. Tara alabar los dos Monasterios de Monjas que hay en 
« esta tierra, habíamos de convidar á los Angeles ó tener yo sus 

* virtudes; tamaña luz á nadie se puede esconder.^' (5) 

«No habrá ido hombre de Chile á Lima que no se haga len- 
I guas en alabanzas de Monjas: si alabo las de mi obediencia, 

< es alabar mis agujas; si callo de ellas á título de mías y trato 
^ de las í^nandes virtudes de la de Santa Clara, habrá quien, no 

* conociendo las unas ni las otras, juzgue que las Agustinas no 

* ^on di^íias de mis alabanzas; su proceder santísimo es un per 

* durable elogio.» 

«De estos dos Monasterios solo no tengo de callar un acto de 

■ prodigiosa virtud: de Lima me prometieron enviar una gruesa 
« limosna para que !a repartiera entre estos dos Monasterios de 

* Monjas y las vistiera conforme á las necesidades de cada una, 
« Fué uno sólo el espíritu que las movió; respondieron como 
« por una sola boca: no queremos vestimos, sino encerrarnos; 

< queremos andar desnudas, pero no sin cerca, >» 

<Y habieiKln venido la limosna referida en excelente ropa. Ja 
€ vendieron; y de lo procedido de ella se cercaron é hicieron 
*£ algunas otras oficinas; de este porte son acá las Monjas,* 

«5. En la materia de este artículo entro muy á mi despecho: 
« porque como soy Obispo Relifrioso y los amo y estimo mu- 
i cho, no quisiera estudiar, sino en como puedo servirlos. Son 

■ en la Iglesia un gremio ilustrísimo y á los Obispos los dio ia 

< Providencia Divina como Asesores y comparteros.» (6) 

«Para la digna estimación que debemos los Obispos hacer de 

* ios Religiosos, hay una bien delgada alegoría en el Evangelio 
« y basta acordarse de la Nao de Pedro y de aquella notable 

* pesca, en que hallándose apretado para sacar la red, llamó á 
^ los Pescadores de la otra Nao; tiraron todos de la red y llena 
« salió á la playa-» 

íQué dos Naos son estas que concurren á una pesca? En la 



(6J Villarroel «[gobierno Pacific^M, Tumo 2, pigiiia 680. 

{ñ} Villarroül flCiobitsrtiO Pacífico i. Tomo 1, pigUiAh 4^jí) y 8*1. 



HISTORIA DENLOS AGUSTINOS EN CHILE 



429 



*' primera no se duda, porque iba San Pedro en elía; son allí los 
Pescadores los Obispos y la Clerecía. ¿Los compañeros al 
pescfir y :il arrastrar la red, quiénes diremos que son? Son los 
í^eiigiosos que en la pesca de las almas ayudan á los Obis- 

'Ks necesario honrar á los Religiosos porque nos ayudan mu- 
cho en Itís Pulpitos y en los Confesonarios. V estos Padres de 
Chile llévíiiise los ojos por Santos y por pobres. Y cuando 
« entre los Religiosos hay paz y vemos los Prelados en unos 
• Conventos pacíficos, nos arrastran las ahnas y nos llevan los 
< ojos. í 

Y si tanto aprecio y estimación hacía el Obispo Villarroel de 
lo,^ Religiosos, según se verá por los documentos que van en se- 
fíuitla, todas las Ordenes Religiosas de Chile á aporfía le corres- 
pondieron á este Prelado con adhesión á su persona, aplausos á 
sü ingenio y admiración á sus virtudes. (7) 

Asi es que el Padre Jacinto Jorquera Provincial de Santo Do- 
mingo le escribía: íPIl Espíritu Santo licencia nos da para ala- 
' bar las letras y las virtudes de Vuestra Señoría. Ponderan 

* mucho ]a rara concordia con que Vuestra Señoría se ha por- 

* tado con los Magistrados; y yo pondero la que ha tenido con 

* los Religiosos: porque generalmente los Señores Obispos no 

* llevan con gusto nuestros privilegios, » 

«Esto ha dado ocasión en muchas partes para abrasarse la 
tierra con gran numero de Conser\'atorías; pero Vuestra Se- 
' ftoría ha sido tan Padre de las Religiones, que le aman ellas 
^ de manera que habiendo salido de su casa por solo ocho di as, 
■ sin convocarse las unas á las otras, con una general conspira- 
oión, llenaron de luminarias sus torres y sus muros la noche 
' de su entrada, con tan general alegría como si cada Religión 

* viera venir del Cielo á su santo Fundador.* 

*V lo que más admiro es la rara prudencia con que sin celos 

* y sin quejas, las ha conservado todas, imitando en esto la sa- 

* biduríade Dios, de quien dijo Nuestro Padre San Agustín: que 



(7) Todos lob tictrattos de ti&rUa qutj !>ü leen an el texto, sfl htU&n eü priTwji- 
í'ipio del primer tomo del Gobierno Pacíñco/, 



430 



CAPITULO XXXJ^ 



« así cuida de cada uno de nosotros, como si tuese él sólo; y asj 
« de todos como de cada uno. (8) 

\o menos entusiasta se muestra el Padre Francisco Rubio, 
Provincial de los F'ranciscanos, que haciendo eksgios del Obis- 
po VHlarroel, le escribía así: ^Con su nrjblc proceder V^iestra Se- 
^: noria se ha granjeado la voluntad de todos: Seculares y Hcle- 
« siásticos; honrando éstos y conservando aquellos, con tal 
í prudencia, que entre grandes disturbios é inquietudes que han 
« padecido en estos siglos otros Obis|>ados, en el de Vuestra 
« Señoría nunca ha habido entredichos, ni discordias, sino céle- 
te braciones puntuales y osten tosas del divino culto* =» 

«Oh! qué le deben á Vuestra Señoría las Religiones! Hablen 
« los Conventos de Monjas y Frailes: que lo caritativo, ¡o pia- 
<£ doso, lo franco y liberal de Vuestra Señoría es soberanía gran. 
« de para la corta esfera de la más viva ponderación, Ks Vues- 
íí tra Señoría el Padre común de todos; y siéndolo y estando á 
« su amparo, no hay quien pueda llamarse huérfano: este Con- 
íf vento de mi Padre San Francisco de Santiago es el máiS inte* 
« resado en la correspondencia por ser de los más beneficiados.» 

«:Oh! ilustrísimo Príncipe! veo á Vuestra Señoria dentro de un 
« círculo de virtudes que le adornan; á todas luces es grande; 
" á todas luces perfecto. No temo en esto nota de lisonjero: que 
' cuando me precipitara el afecto, todo es debido al que Vuestra 
M. Señoría tiene á esta Religión Seráfica y á su Fundador. » (9) 

Los Agustinos de Chile, pocas veces más afortunados y feli- 
ces, con la presencia del Obispo V^illarroel, casi es excusado 
referir que á él le debieron protección y amparo, sino muy 
particularmente una acción decidida en favor de la obser\^an- 
cia y de los estudios en sus claustros. Así lo dice el Padre 
Alonso de Aillón Bela, Provincial de la Orden, hablando en 
estos términos: 

^Disculpadme, oh excelso Príncipe, si cobro aliento, falto de 
ff retóricos elogios, para manifestarlos á Vuestra Ilustrísima. 
* por no faltar á la deuda de mi sagrada Religión, y tan honrada 



(8) Jotquera, Carta. Santiago, 24 de Abril delGéd. 
(SJ Fadre Rubio. Carta- Santiagíi, 2H dt* Abril dp lMi\. 



HISTORIA DE LOy AGUSTINOS EN CIIIÍ.K 43 I 

^ del hijo á quien hoi venera por Padre y de quien goza, en los 

* dos estados» opimos y crecidos frutos, ^ (10) 

í^yuien pone los ojos en su hábito, juzga á Vuestra Ilustrlsr 
« ma no por Obispo sino pi^r un fraile Agustino pobre, pues 
t- viste como el más observante; y aún parece no haber saüdo 

< 5e la Religión, según tiene el celo en sus aumentos; pues ve- 

* mos después que está Vuestra Ilustrísima en este Reino, fo- 
' mentados los estudios, crecidas las obras y en su punto la ob- 
^ servancia con que está lucida esta Provincia en Cátedras, 

* pulpitos y virtudes. >í 

* Visita Vuestra Ilustrísima la obra de nuestra iglesia, como si 
« fuera Prior del Convento y la levanta como si tuviera rentas 

* muy crecidas. Y con haber sido con esto tan grande su des- 

* velo, tan discreto es 'en la distribución de sus beneficios, que 

* sin dar lugar á que estén celosas las demás Religiones, todas 

* hallan el mismo amparo en tan sabio Prelado, en tan prudente 

* Pastor y en tan piadoso Padre. 

No menos esplícito es el Padre Juan de Salas, Provincial de 
la Merced, quien se expresa así: 
*Junta las voluntades de todos Vuestra Ilustrísima, uniéndose 

* con todas en el amor de Dios primero, pues, por adelantarse 

< en este sus feligreses, solicita rendido; y, atropellando ocasio- 
nes de su comodidad, á la paz de su Iglesia atiende; á tfídos 

*■ nos busca y pone sobre sus hombros, a 

*0h verdadero Pastor, imitador de Cristo! Quién de lo secu- 
« lar y qué religión no confesará lucidas ostentaciones en su au- 
« mentó espiritual y temporal para prueba de esta verdad? Dí- 

* galo la continua asistencia en nuestras Iglesias, indicio del 
^ amor con que Vuestra Ilustrísima nos trata; acrediten la fine- 

* 7.a de este amor las limosnas con que alcanza socorro núes- 
^ tra pobreza, s 

A'' cuando en nuestra necesidad podemos obligar tan poco, 

' obra Vuestra Ilustrísima por solo Dios, siendo en esa li- 

' beralidad todo atraer, todo granjear para Dios y dar vida es* 
'^ piritual á las almas. { i í ) 



"1 

i 



(10) Pedre Aillon Beíft. Cfirtí*. S&ntiago 22de Mariso de IMa 
\U} Píiflre SaJas. Curta. Santiago, 80 de Mai'zo de \(H*i 




432 



CAPITULO xxxni 






El Padre Vicente Mondell, Provincial de la Compañía de Je- 
sús, á su vez escribía: 

«Si las demás Religiones publican lo mucho que Vuestra Se- 
« noria las ha engrandecido, la Compañía de Jesús no puede de- 
« jar de pregonar los favores y elogios que ha recibido de Vues» 
« tra Señoría, mostrando en todas ocasiones el singular afecto 
« que tiene á todos los hijos de ella.» 

«Aunque la^Compañía de Jesús se reconoce la menor y la úl- 
« tima entre todas las Sagradas Religiones, no se confiesa infe- 
« rior en la obligación y amor que á Vuestra Señoría debe, en 
« quien ha reconocido siempre singular patrocinio y amparo: y 
« así en aclamación tan universal y concurso común de prego. 
« ñeras lenguas, no será razón cercenar con el silencio las alas 
« á la fama en que Vuestra Señoría glorioSamemte vuela; antes 
« bien añadirles plumas de merecidos elogios, aunque siempre 
« cortos y desproporcionados á la grandeza del objeto.» 

«Es tan fecunda y copiosa la mies de heroicas obras y virtu- 
« des que todas exceden á la elección, ni vsé á que parte me in- 
« cline para escoger... donde la grandeza del sujeto, lo superior 
« de las obras, lo encumbrado de la ciencia, lo aventajado de 
^ los escritos están excediendo en Vuestra Señoría á las mayo- 
<< res alabanzas » 

Y en prueva de ello el ilustre Padre Mondell pasa á referir 
algimos hechos de los muchos que, á su debido tiempo se con- 
tarán en la presente historia y que revelan el espíritu verdadera- 
mente pacífico y apostólico del Obispp Villarroel, su celo extra- 
ordinario, su vida ejemplar y su profundo saber que hacen de él 
uno de los Prelados más célebres é ilustres de las Iglesias Sud- 
americanas. 

6. Prelado tan emineute puso toda su atención en rodearse 
de un Clero ilustrado y virtuoso, no omitiendo para ello ningu- 
na diligencia hasta constituirse directamente en Maestro de aquel 
Clero, en el ramo principal de las ciencias eclesiásticas. El mis- 
mo Villarroel lo declara en una de sus cartas al Rey dicién- 
dole: 

«Tengo entendido que como la Iglesia donde no se enseña no 
« tiene Cátedra, usurpa sin razón el nombre de Catedral; y así 



/ 



HISTURIA t)K U)S AGUSTINOS E\ CHILK 



433 



< he ocupado el tiempo, quemis Visitaíi (del Obispado) han per- 
« iiiJtido leer casos de conciencia á toda mi clerecía, porque no 
« hay canonjía en esta iglesia que haga este oficio, . {12) 

Esta acción se la celebraba el Marqués de Baídes y Cjoberna- 
dor de Chile diciéndolc al Obispo, entre otros muchos elogios: 
« A sus clérigos lee Vuestra Señoría casos de conciencia, y los 
■^ tiene tan ajustailos y tan recoletos que parecen Religio- 

"- ,*30S.s (13) 

A^uy ejemplar sin duda llegó á ser la vida de los clcrifios, 
merced al celo y vigilancia del Obispo en reformar las costum- 
í>res, pues él mismo complacido de su obra exclama: 

^ Oh como holgara de que ajena mano escribiera las virtudes 
* ci^ mis clérigosl Que el amor del Padre obliga tal vez á mos- 
« trarse enamorado de un hijo contrahecho, y es achaque de la 

* naturaleza que los hijos de menores virtudes arrástrenlos co, 

* razones de sus padres, Vo juzgo que no caben estas listas en 

* hijos del alma. ^ 

*7. Hago testigo á Dios que en diez años que ha que sirvo 

* esta iglesia, en pueblo donde se sabe todo, no lie silbido ni en- 

* tendido una sola palabra menos limpia de algunos de mis Pre* 

* bendados; sólo uno hay viejo, ese nunca fue mozo: y los mo- 

* zosque tengo son unos Religiosos observantísimos.* 

íEn el encierro y en el hábito haránle ventaja los Cartujos, 
< pero no en las virtudes, ni en el Coro; su obediencia, su reve- 

* rencia al Prelado y su humildad son toda mi confusión. ^ 

«Prebendado pudiera yo nombrar que tiene cada día ocho ho- 
i ras de oración. í> (14) 

8, Ha podido contemplar el lector el cuadro de la Iglesia de 
Santiago de Chile en todos sus más hermosos detalles, con el 
mismo colorido que le dieron sus autores, en aquellos dias. V si 
en él pareciere haber profusií'm de luz y escasear algún tanto 
las sombras, adviértase que este es un ligero esbozo que deja 
ver en trasparencia el resultado de la acción del Obispo Villa- 
rroel, en el Gobierno de esta Iglesia. 



I 



^12) Viüarroel. CartA. Santiago, 20 de Abril de 1651. 

(13/ Marqués de Baidea, Carta. Concepción, 30 de Mayo de I64fl. 

14) ViUarctiel. *G^bÍerfio P.i^lfico , Toma 2**, pi^g. 6Síi. 



^▼i ■^^rvi^-'^ — ^^•-' 



434 



CAPÍTl LO XXX ni 



Mas para llegar al éxito hubo de sufrir no pequeñas contra- 
riedades, € imponerse trabajos que revelan en aquel Prelado un 
celo verdaderamente apostólico, asi en la reformación de su cle- 
ro, como en el gobierno de esta Diócesis de Santiago, vastí- 
sima en aquel tiempo y peligrosísima tanto que, sólo con riesgo 
de la vida, podía un Prelado visitarla en su totalidad. 

Acerca de esto Villar roel escribía al Rey en estos términos: 
fíDe la otra banda de la cordillera, así llaman acá las sierras 
« altísimas nevadas que ciñen toda la América, está la Provin- 
« cia de Cuyo, que es también á mi cargo. No ha ido á visitar- 
« la Obispo después que se fundó este Obispado. Llevóme á 
« ella el escrúpulo y gasté en la visita un año entero.» 
' «Llamáronme después negocios de mi Catedral; volví á ella. 
«Pero, al emprender el viaje al través de la cordillera, la nieve 

* era tanta, que llenando los valles, los igualó con los montes. 
«No sufría la tierra cabalgaduras; y bajáronme más de cinco mil 

< estados dentro de una espuerta, arrastrándome con sogas, con 
« mil peligros de la vida el Obispo y su familia toda.»(i5) 

Este celo del Prelado fué el asombro y admiración de todo 
Chile; su Gobernador de entonces, el Marqués de Baides, cuen- 
ta este mismo hecho de la manera siguiente: 

A^olvió Vuestra Señoría de aquella peregrinación, huyendo 
tf de víboras, chinches, calores, hambres, rayos y aguaceros, de 
« que abunda aquella Provincia de Cuyo en el verano. Y arro- 

< jándose en la cordillera, por Navidad, lo que no sucedió otra 
« vez, estaba tan cerrada por la nieve que no pudiendo bajar á 
<E muía, sin evidente peligro de la vida, se puso en otro peligro 
K mayor, que fué ir rodando pí)r la nieve más de cinco mil esta- 

* dos, arrastrándole con una soga en un pellejo, ¿ 

«Y como los valles hondos igualaban los montes con la mucha 
*( nieve, pudiera, como ha sucedido algunas veces, hundirse y 
í ahogarse. Y por su buen celo le libró Dios de este peligro, pe, 
« ro con tanto trabajo, que cuando en algunas mesetas de las 
« cuestas quería sudando descansar un poco, le recostaban so- 

< bre la nieve y le cubrían con la capa de un paje.> 



(Ifij VilUnofl. CiiHíi jil Key. Sitntiagu, 21) de Abril de 1661. 



TíxJsÍhí. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



43 S 



«Llegó Vuestra Señoría al desierto de Uspaüata con una re- 
( císima calentura; y habiéndose perdido su cama y no llegan- 
f do las de sus criados, se acostó sobre la piel de un toro. Y 
i para comer no tuvo más rej^alo que un poco de cecina tosta- 
' tada y molida, sin más pan que un poco de maisi. V uno de 

* ios Señores OMores qie dijo que esta no fué Visita, sino una 
f Misión Apos.úlica,* {i6). 

Tales fueron bs trabajos de esta Visita á juicio del Goberna- 
dor y de los Oidores, pues, en concepto del Prelado no debie- 
ran tomarse en cuenta éstos sino los frutos de ésa llamada Mi- 
sión Apostólica. Ue ella Villarroel hablando al Rey le decía: 

*Dejé confirmadas en la Provincia de Cuyo más de tres mil 
í personas. Bauticé seiscientas: y éstas tan adultas, que siendo 

< la menor de veinte años, no habían recibido el bautismo. Tres- 

* cientos indios de ciento de edad, necesitaban la confirma- 

< ción.» {17) 

Mas no fueron únicamente estos hechos los que ilustraron 
aquella célebre Visita, el Padre Alonso de Aillón Bela, Provin- 
cial de San Agustín, refiere además lo siguiente: 

«El hacer con prudencia las limosnas es loque más engran- 
« dece á Vuestra Ilustrísima; pues haciendo confirmaciones en 
■' el valle de Quillota» donde muchos querían carecer de este Sa- 
í cramento, por no manifestar que era tanta su pobreza^ que no 
ff tenían para una vela de cera; porque ios necesitados no pa- 
^ deciesen empacho de su miseria, mandó Vuestra Ilustrísima 

* poner edictos en que ordenaba que nj los ricos ni los pobres 
« que se viniesen á confirmar trajesen velas. Diligencia fué esta 
« para que en aquel valle se confirmasen esta vez más de cua- 

< trecientas almas. j> (i§) 

El Provincial de San Francisco Fray Francisco Rubio, cele- 
brando esta misma determinación de Villarroel, le decía: ^(Sien- 

* do hasta entonces sólo doce los que llegaron á recibir el Sa- 
» craraento de la confirmación, pasaron el día siguiente de 



(16) Mflniuéíi íle Baidet*, Curta k VilUrroeL Concepción, 30 do Mnvo de 

{11} Villarroel, Carta al Eey. Santiago, 20 de Abril de 1661 

(18 ALUon Bi^la. CartA á YilbrroBL Santiago, ^ da Mjui^a da lt>46. 




436 



CAPITULO XXX I IJ 



c quinientas almas; acción que no habían hecho ni hicieran á 
« faltar este medio.» (19) 

Con estas y otras mejores trazas pudo el Obispo asegurar al 
Rey, en la ya mencionada carta, lo siguiente hablando de la con- 
firmación: «Hela administrado en personas de todas suertes, á 
« más de trece mil, sin perdonar mis riesgos, ni embarazarme 
« los insufribles frios que, habiéndome criado en temple beníg- 
« nísimo, pudieran habérmelo impedido 6 estorbado.?^ 

En esta famosa Visita tuvo ocasión el Obispo Villarroel de 
admiraren los chilenos el espíritu guerrero y su ahción á las ar- 
mas y así dice: «Si el estruendo de las armas es tan ajeno de la 
« Prelacia que desdice de la lenidad debida, no vaya un Obispo 
« en Chile á confirmar, pues no llega á parte donde no vea ma- 
« tar mil reses: Indio he confirmado yo ensangrentado todo, sin 
« que deje de la mano el cuchillo.» (20) 

Pero lo que no quiso contar el ilustre Villarroel fué el hurto 
que talvez estos mismos Indios cometieron en la misma perso- 
na del venerable Obispo, desapareciendo un día de su lado seis 
Indios con todos los bueyes que servían las carretas, único ve- 
hículo de que entonces pudiera valerse el Preiado y sus Clérigos, 
en aquella tan larga y penosa visita. 

El Marques de Baide, recordando este suceso dice que en 
tan extremo desagradable percance «Vuestra Señoría no sólo 
€ no se enojó, ni habló palabra; pero qutriendo yo hacer casti 
« gar aquel tan grande desacato, me pidió con instancia que no 
« hiciese pesquisa alguna.» (21) 

Mas no fué la pérdida de su desaviado convoy la que única- 
mente sufrió el celoso Obispo en esta Apostólica Misión, pues 
a fuer de tan gran limosnero, imputó aqd^l hurto á las muchas 
obras de misericordia con que acostumbró socorrer á todos los 
necesitados. Lo que aflijio al ilustre Villarroel fué el gran me- 
noscabo de su salud, y la pérdida irreparable de ciertas prendas 
del más subido precio para un orador. 

El mismo lo declara en los siguientes términos: 



(19) BHbio. Carta á Villarroel, Santiago, 26 de Abril de 1346. 

(20) Villarroel. «Gobierno Pacifico^. Tomo I, pAg. 373, 

(21) Marques de Raides Carta á Villarroel Concepción 8*1 de Mayo di 1648. 



HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



437 



«Tiene mi natural tan grande antipatía con el viento norte 
* desde mi niñe^, qne aun antes que llegue, me lo avisa mi ca- 
« t>€^za, y me dura en ella el dolor, lo que tarda en retirarse él; 

* y como es tan infestada de estos aires esta región de Chile, 
« me coje su furia en mayor edad; y los achaques que contraje 

* ^n una Visita que me obligó á pasar dos veces la Cordillera 
E J^í" evada, me la tienen tan flaca, que no tiene ya mi cabeza 
^ |z>ñra tan grande enemigo resistencia. ^ 

« Llegue estos años postreros á desconfiar de la vida; cerrado 
^ cié noche en mi alcoba, me decía mi cabeza el viento que corría. 
^ (:22} Tanta es la destemplanza de este país y mi poca salud, 

* «que aunque a mi me hicieron Obispo por Predicador, y sé del 

•^ arte lo que basta, para apacentar mis ovejas, hanme derriba- 

* «lo unos importunos corrimientos los dientes altos: y, en ca^ 

« yéndose los que han quedado, me hallo inútil para este 

^ Oficio. 1^ (23) 

Tal es la historia de esta célebre Visita general de la Diócesis 
de Santiago hecha por el Obispo Villarroel, tal como él y sus 
contemporáneos la describieron, en sus trabajos y penalidades, 
en sus frutos y benéficos resultados. Pero Ío que más ¡mpre* 
sión hace en su lectura es el celo de aquel insigne Prelado de la 
Iglesia Chilena por la cual jamás rehusó ningún trabajo ni fati- 
j^aj estando siempre dispuesto, como el Buen Pastor, á dar la 
Vida por sus ovejas. 



f22) VillorrotíL Goterwü PadficoTomo I pag. 19* 
(23 VíUílitoqI üúbieTTio Patificú Tomo 1 ptig, lOl. 



6i^í;^ 








ittítfftí:íttíífÍXttlIXÍXtÍlTl"lXiÍííli^ 



Oapítulo 



De como el Obispo Villarroel 

pnmí en ?Igor la disciplina esclesláatica en ambo» eleroB 

1638—1651 

1. UeMpetot qiJt? tuvo Villwrtiel (lor los PriviliígmB délos E^guíares -S.Rigú- 
poKoií tMiiiíteti que obsísr^'ü pura ürfÍ«iiATlt»H y aprobnHoí* de Confesores. — 
H. VÍgÍl&nc;ift qUB tuvo hobre la vJtlíi y <:fistmiibres fie loís Clérigos. --4. Im- 
püiuj la ftí-jattíiicia ni eorp é, loa Canrtuigoíi.— 5. Reduce á 1» obediencia «1 

I . Aunque indcpundientes fK>r disposición Apostólica las Or- 
denes Regulares, pueden los Obispos de distintas maneras ejercer 

sobre ellas una influencia favorable, ó funesta á su desarrollo y 
engrandecimiento. Muchos Obispos de tal modo se desentienden 
de las Ordenes Regulares, que su desvio les acarrea á ellas in- 
menso desprestigio: no pocos de ta] manera se oponen, ó difi- 
cultan al progreso y prosperidad de ellas, que se produce su 
aniquilamiento casi sin esfuerzo; algunos, que son los menos, las 
apoyan decididamente con su autoridad episcopal, facilitando 
la acción de ellas, defendiendo de sus intereses y acrecentando 
su poder y sus medios de acción. 

Los elogios sin iguales, que se han leido en páginas anteriores, 
dirigidos con perfecta unanimidad al Obispo Villarroel, por to- 
dos los Superiores de las Ordenes Religiosas entonces existen* 
tes en Chile, prueban con evidencia que fue para todas ellas 
verdadero padre c insigne bienhechor. E^^te prelado no solamen- 




HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 



439 



te les facilitaba á los Regulares nuevas fundaciones de Conventos» 
sino que las auxilió en ía construcción de sus claustros é igle- 
sias, en [a erección de numerosas Cofradías, en la adquisición 
de bienes y rentas y hasta en la solución de sus deudas. 

iComo soy Obispo Religioso, decía V^illarroel, y los amo y 

* estimo mucho, no quisiera estudiar en como puedo gravarlos, 

< sino en como puedo servirlos, (t) V estos Padres de Chile 
t Ilévanse los ojos por santos y pobres. (2) Contraen las Comu- 

* nidades algunas deudas; retardan, ó imposibilitan las pagas; 

* piden ante el Obispo las partes; y, por que la experiencia que 
' tengo de lo que las Religiones me aman, me he dado á 

* entender, que efectuará más con los Religiosas una intercesión 
« mía que dos sentencias. Y, como quiera que nunca dejan de 

* pagar, sino por no tener, pareciera mejor que un Obispo les 

< ayudara á las pagas con sus limosnas, que, pudiendo escusar- 

< lo, hacerse Juez de sus causas. * (3) 

Quien así se esforzaba en erigir como reglas de Derecho Ca- 
nónico los principios por que regía su bondadoso corazón» jamás, 
como á sus Predecesores, le ocurrieron encuentros de jurisdicción 
con los Regulares, teniéndolos, como ningún otro Obispo, más 
humildes y sujetos, más adictos y agradecidos. Jamás Villarroel 
pidió al Rey suspendiese el envío de Religiosos á Chile, porque 
éstos con sus fundaciones disminuían las rentas episcopales. 
Jamás promovió á los Regulares la odiosa cuestión de los 
diezmos. 

Y no vaya á creer alguien que esto sucedía con mengua de 
la autoridad del Obispo de Santiago. Nada menos que eso, 
pues, nunca se ha visto la autoridad episcopal más acatada y 
obedecida por los Regulares. Para probarlo, bastará un ejemplo 
sacado de esta misma historia de los Agustinos, ya que su autor 
no está suficientemente ilustrado, en lo que concierne á las de- 
más Ordenes ReHgiosas. 

El Obispo Salcedo, inmediato antecesor de V^illarroel» con 
una violencia sin igual, durante diez aftos, persiguió ante el Rey 



{l¡ ViUíUToel «Gobierno Pacífico > tomo 1 papr, 4tífK 
\2) VÜkiToel -Golíierno Pacíficos rmiio 1 psg. W^ 
l3} VilUrro*! nohii^rno Píicftico tnjriy I fiag. 47li y 471. 




440 



CAPITULO XXXIV 



la supresión de los Conventos Agustinos de Chile, excepto el 
de Santiago, sin ver cerrarse ninguno á pesar de haber recurri- 
do á todos les medios que estaban á su alcance. 

Se presenta Villarroei, en Santiago, y pronto los A Justinos 
cierran tres conventos á la vez: el de la Chimba, el de Nuñoa y 
el de Longotoma ¡Si bien es cierto que el mismo Villarroel Ic8 
su^irií) la idea tic íiumentar el de V^íiljjaraistv, y de fundar los de 
Mentlo/.a y San Juan, con mayor pr<ívechn de !a Orden y ma- 
yores ventajas para el servicio religioso de los fieles en toda la 
Diócesis! f.íi larga y enojosa cuestión habida entre el Sertor Sal- 
cedo y los Agustinos, con niotivfj de la fundación del Convento 
de Valparaíso, la zanjó Villarroel ctm tanto tino, como acierto, 
porque siendo el lugar tan despoblado, y las rentas tan escasas 
que no eran suficientes para el decoroso mantenimiento de la 
Parroquia, ésta la cedió el nuevo Obispo á nuestros Religiosos. 
En el informe que, en 1642, acerca de la dotación de Parroquias, 
presentaba á la Real Audiencia el Diocesano de Santiago decía* 
«Kl puerto (de Valparaíso) tiene veinte pesos de cada navio. Un 
<a año con otro llegan doscientos pesos, y es renta incierta. En' 
fl tera (la Parroquia} tendrá treinta indios, con lo cual ha tres 
fl años que está en po<Íer de los Religiosos de mi Padre San 
^ Agustin, sin que haya Clérigo, en todo el Obispado, que la 
4 haya apetecido. * 

El Sef.or Víllarroel prevenía el cumplimiento de sus órdenes, 
haciendo antes beneficios. Tan llenos de cstf^s estaban los Agus- 
tinos que, para mostrarse agradecidos, en la celebración de sus 
Capítulos Provinciales, comprometían sus votos en la persona 
del Obispo para que él, más á su agrado y satisfacción, eligiese 
los superiores del Convento Principal. Pero el Obispo no quiso 
aceptar aquel compromiso, según restan las Actas Capitulares. (4) 
por no .ser ello conforme á las constituciones de la Orden, y 
dejar en completa libertad á los Religiosos en el gobierno inte- 
rior de sus casas, Y penetrado de los mismos sentimientos» su 
compañero, el Padre Luis de Lagos, aunque rogado de los Agus- 



^i) Acias. Ctt|íitularí'K rtt* 23 dü Agosto Jy IBlíí Libni PrimtUo ñv Provitiei* 
páginas 74 y 7t^. 



J 



} 



HISTORIA DE LOS AOUSTINOS EN CHILE 



441 



tinos para que aceptase el Provincíalato, como ya sabernos, re- 
husó con modestia ese honor (5) 

No menos nfortunados que los Agustinos fueron los Francis- 
canos. < Presupongo, dice Villarroel en su tiobierno Pacifico, que 
í lasJMonjas sin expresa licencia del Sumo Pontífice no pueden 
í sujetarse á los Religiosos. V en materia de la clausura, para 

* reconocerla y mandar observarla en los Monasterios (que están 

* sujetos á los Regulares) da el Derecho gran jurisdicción á los 

* Obispos... Mas, en ocho años que ha que soy Obispo, no solo 
■r no he intentado visitar en orden á la clausura un Moi^sterío 

* de Monjas de Santa Clara, que está en esta Ciudad sujeta á 
i los Religiosos de San Franciscc>... pero afirmo y también aña- 
- do que, si los Regulares sacasen á pasear todas las M<mjas 

< que tienen en el Monasterio de esta Ciudad, en que vivo, no 
4 tengo de contender con ellos.^ (6) 

Cuan prudente reserva del Obispo era esta, lo demostraron 
los sucesos que muy luego se verificaron, apenas V^íUarroeise en- 
caminó á su segunda Sede de Arequipa. 

No fué éste el solo conflicto que evito con los Regulares, 
por que, como Villarroel refiere: -En este mi Obispado juraron, 

* antes que yo viniese á él, por Patrón del Reino al bendito 
f Fray Francisco Solano, de la Orden del Señor San Francisco, 
^í varón verdaderamente Apostólico, pero aun no beatificado: sí 
<! bien, á ¡o que entendemos está su causa en buen ]>unto. Pin- 
í láronse muchas imágenes: halleias en casi todas mis Parroqinaíí 

< colocadas en los altares; y en la Capilla Mayor de un conven- 

< to que tiene su Orden en esta Ciudad, se le hizo un altar muy 

< suntuoso. Certificado de todo hablé á los Prelados sin ruido; 
^ tratóse la materia con recato; y como el altar del bendito So- 
í laño era de pincel y no de talla, arrimóse á su imagen la de 

< un Santo Crucifijo; y juzgando aquel retrato comíj accesorio, y 

* porque sin escándalo no se pudtí mas, dejóse así. Hn mis 
€ Parroquias dispuse que se quitasen los retratos de los altares 

(5 1 El Biflor Amimáte^^ diee que el Pailri: Lagoh era FmudfíD&nQ: m^is 
taD Agiistino fof^ íjuí* estíos prtíttiQditirofv h^ctíHu Provincial en «1 capitulo 
cí'ltibrfttlo vi año 1044 

(6) Tilittrropi Gobierno Fatlfitii* ionio 1 pájíinii» 504Hiürí y fitm. 




442 



CAHtUU) XXXIV 



ai y se dejasen dentro de las Iglesias en lugares decentes.* (7) 
2. Pero en lo que eí Obispo Villa rroel no cedió jamás un 
ápice fué en lo relativo á Ordenes y Confesiones^ contando a] 
respecto» no sin mucha gracia, un hecho que revela lo poco 
exigente que en esta materia fué uno de sui? predecesores, 

I Ocupo, dice V'íUarrnel, una silla, casi caliente, de un antece- 

* sor mío tan poco aficionado á ia Audiencia de este Reino, y 
« por ella tan mal afecto á todos los Oidores del Mundo, que 

* examinando para Ordenes un Religioso, y hallándole poco 

< aprovechado, le preguntó ;como siendo )^a de edad había es- 

< tudiado tan poco? Respondióle: que habia tomado ¡a frailía 
« con barbas, y que en el siglo no se había ocupado en el Latín, 

* sino en el arte de marear.» 

ífPidió entonces el Obispo un Mapa, que tenía de ordinaria 

< en su estudio, y díjole al Religioso: yo trato de irme á lispaña, 
fl y no quisiera ver Oidores en mi vida; hágame aquí un derro- 

< tero, por donde pueda ir sin ver Oidor; que no es poca Gra- 
« mática saber andar tres mil leguas, sin que en tanta distancia 
« se vea una Audiencia. Seftalóle el Puerto de Buenos Aires y 
« el Brasil, escala de Portugal; con que quedó el Obispo con- 
4 tentó y e! Ordenante aprobado. ^ (8) 

El Obispo Villarrocl era más exigente. A los Religiosos ha 
tf de conferirles las Ordenes el Obispo Diocesano, dice en su 
•f Gobierno Pacífico, y este derecho guardan excelentemente 
€ en mi Obispado los Prelados de las Religiones con su Obispo: 

* nunca envían á ordenarse fuera de el á los que saben muy bien 
i Latín,., y si los Religiosos, por diferentes respetos, envían á 
« recibir las Ordenes de manos de Obispos extraños ;qué deben 
« hacer los Obispos?.., Lo que yo: que es agradecérselo mucho 
« á los Prelados; porque es juzgar muy bien de mí tener por 
« más liberal á otro Obispo en negocio donde es lo mejor estre- 

< charse más. Ll Religioso que, teniendo con salud su Obispo, 

* se va cien leguas á buscar otro, lleva la información consigo 
« de que no está muy provecto.» (g) 



(1) VilJarroel t Gobierno Pacific o > tomo 1 página 488. 
(8) ViUíirrotíl t Gobierno Pacifico í tíiino 2 pá^mi 12. 
iU) Villarrocl. ^iiobierno Prcíücoi. Tumo 1, pá^find 4í<a* 



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HISTORIA DE LOS AGUSTINOS EN CHILE 443 | 

Esta ejemplar severidad del Obispo Villarroel, al conferir ¿| 

Ordenes á los Religiosos, se la elogiaba encarecidamente el Pro- >} 

vincial de los Agustinos, el Padre Alonso de Aillón Bela, con a 

estas notables palabras: «Juzgan á Vuestra Ilustrísima no por / j 

« Obispo, sino por un Fraile Agustino... y aún parece no haber ^^ 

« salido de la Religión, según tiene el celo en sus aumentos, ., 

« pues vemos después que está en este Reino, fomentador los , 

5 estudios, crecidas las obras y en su punto la observancia; por- ^J 

« que á los que pretenden Ordenas, si no son idóneos, hábiles y ; 

« virtuosos, los reprueba, con que está lucida esta Provincia en ■' 

« Cátedras, Pulpitos y virtudes.» (10) ''] 

Mucho más exigente todavía era con respecto al confesona- ,^ 

rio. Decia Villarroel: «Puede suceder, como me ha sncedido á 1^ 

« mí, hallar que un Religioso está mil leguas de lo que basta i-í 

« para poder administrar el Sacramento de la Penitencia; tiene Jü 

« habilidad y principios; para saber si estudia, limitarle á éste :' 

« el tiempo es ponerle un estímulo para el estudio. Está otro j 

« aprovechado en materies llanas; no ha visto punto de tratos y 
« contratos; no leyó en su vida la definición de la usura; ¿por 
« qué no le limitaremos los Mercaderes, hasta que sepa? Y an- 
« tes es mostrar buen afecto el Obispo, no repelerle para todo 
« género dé personas; porque no teniendo suficiencia para algu- 
« ñas, había justa causa para prohibírselas todas.» (11) 

A esta limitación de tiempo y de materia, que más que todo 
refleja los bien intencionados procedimientos del Obispo Villa- .-; 

rroel, agregaba otra talvéz de excesiva severidad con los Regu- 
lares: «Tengo por llano, decía, por seguro y por santamente ! 
« practicado, limitar el confesar mujeres hasta los cuarenta 
« años; y que los Confesores á quien se les limita ó prohibe, 
« tienen la jurisdicción ligada hasta que ó llegue el tiempo, ó 
« dispense con ellos el Obispo. » 

«Y no e3 pasión de los Prelados, si los Obispos no ponen esa 
« Umitacian á los Clérigos; y si talvéz hay un Cura mozo, como 
« los Curatos se proveen por concurso, no podremos escusar la 
« nominación por la falta de edad, ni nos lo consintiera el Patrón.» 

(10) Aillón Bela. Carta, Santian^o 22 de Marzo de 1646. 

(11) Villarroel. ^GobiernoTacifico». Tomo 1, pá|[ina 496. 



444 



CAPITULO XXXI^T 



3. V si de este tnodo desplegaba Villarroel todo su celo pas- 
lóral en bien de los Regulares, excusado es referir aquí cuanto 
hizo en favor de los Clérigos, 

Procuró, en primer lugar, corregir un abuso largos años intro- 
ducido, íisi en Esparta coma en America, a sabtT, de vestir man- 
teo y sotana simples seculares, sin desautorizar por eso, antes 
bien .honrando el trajeeclésiástico, porque como dice Villarroel: 
? Muchos son caballeros, modestos, letrados, y en este porte de 
*^ personas antes granjean, que pierden ei manteo y la sotana ^ ( J 2) 
t Maü si la visten» no lo niego, personas ilustres y modestas; 
« tampoco puede negarse (jue la visten muchas viles que la 

* traen [>ara vivir licenciosamente, quedándostí los delitos sin 

* castigo, por evadirse los tales de la juristlicciún secular, á títu- 

* lo de í|üe son eclesiásticos, por la apariencia del hábito exte- 
» rior; y también de la jurisdicción eclesiástica, porque realmen- 
^ tesón seculares.» (13) 

Laméntase Villarroel de este abuso que, en el menor de los 
males, venía á resabiar á los verdaderos clérigos de los modales 
de a(|uellos que lo eran solo en el traje, y que conservaban, por 
lo demás, en sus personas, según su edad y condición, bien sea 
la aristocrática peluca del caballero ó del anciano, ó tal vez la 
profusa y bien ri;eada cabellera <Ie los jóvenes y galanes. ^íY es* 

* te diabólico abuso, dice Villarroel, se ha hecho ya lugar entre 
t eclesiásdcos.» (14) 

í Criar el cabello las hombres fue en la antigüedad indicación 
-i de pena y de dolor, fue insignia tle luto en casus ad\ersos .,, 
< Mas hoy yiensará alguno que el criar guedejíLs tjs tle gente 
ft ociosa, ¡(^h que engailol ;(>ciüso un hombre que embaraza im 
hf barbero tantas huras para que iguale lo que nació desigual 
« aquella noche? ;Gcnte que entra en consulta para cualquier ca- 
í bello? Allí! si se le esparció el cabello, se junta con cuidado, 

* Allá! sí se desacompaña, le compelen á residir en la frente. Oh! 
í como se enojan si el maestro paso la tijera mencjs advertido, 

* y cortó lo íjue no cortara en el cabello <Íe una señora! Cómo 

{VS) Viilnrnml Goliirmii l^icitií^o.' lomu L ptígiiui *y¡il 
(L-í) Vülarracl :tit>bÍL"nio Paellico.^ tomo 1. i^iij^iuii riJTy ft4rt 
(lé) VílJarruúl. Goítiürucí Píiellico,* iwuio 1, pá^iriü tU4. 



HISrcíRlA 1>K LOS AGl^STÍNOS EN rilU.E 



445 






í s^ encienden si se le dejan caído, o ajado! Si algunas hebras 

< ci^^jaron su lugar y desbarataron el rizo! ¿Cuál de estos no sen- 
' ti «:^¿ menos ver turbada su República, que hallar descompues- 

* ti^^ *^ sus guedejas? :Cüál no cuida mas de su cabello, que de su 
í ^^a^liidr jCuál estima en tanto la virtud, como el aseo? Una gen- 

* t^ tan entretenida entre el peine^ y el espejo ha de decirse que 

* í^*r^está uciosa.'^ 

« Vi yo en Madrid, por decreto ex])reso del Rey, andar por 

< 1^1^ caites las justicias dando con los guedejudos en las tienda?; 

* ^^ los barberos; y fué tal la trasquila, que sacaban espuertas 
^ cío guedejas. (15) Las mujeres usan sobre la frente, en estos 

* ti Pimpos, un cerrillo de cabello, que* no sé con que alusión, 
'^ llaman pepino. Imitan esfe adorno los gufidejudos: dejan ere- 

* Oer una madeja sobre los ojos, cchanla á un lado, ajiistanla 

* rnil veces con la mano, cada día, y llámanla pedrada, ^^ (ló) 

« En el tomo primero de mis Comentarios dije allí, más su- 

* cinto de lo que era justo, un texto raro del gran Doctor de !a 

* Iglesia: este Santo abomina en los varones tanto aseo en la 
^ «cabeza, un tanto insufrible cuidado en el cabello, y di celes con 

* ^ran energía: iParan como las mujeres, pues mueren por no 
*^ parecer hombres! Mo sé como pudiera el Santo afrentarlos 

* niás, que sólo el no parir tiene el que se en guedeja, de no 
^ iTiujer.ip ...... 

«Mi clero, en cuanto á guedejas, está refwmadísimo, con po- 
^ <^a diligencia mía, porque la gente de Chile es naturalmente 
^ rnodesta. Si los que vienen á ordenarse se han descuidado en. 

* reformar el cabello, escuso al barbero yo de ese trabajo, por- 

* que la tonsura hago que sea tonsura verdadera.* 

'^'Hay, sin embargti, en esta ciudad un mancebo bien nacido 
^ y conocidamente virtuoso: es él feísimo, pero tan supersticio- 
* sámente enamorado de su cabello, que sobre su mala cara dis- 
*^ ponen sus muchas guedejas que sea no retrato, sino original 

* de una furia, haciéndole más disforme la melena. Usa el há- 

* bito de clérigo, desea mucho ver.se ordenado: y opónesele á 



tlñj VillarrofíL tGübierno F&cífieo, tomo 1. pigitm 3tKr 

fifi) V'illarroel. --Gobiiinio Patítico.- tomo I. pí^^'"»* ÍjH yíHO. 



446 



CAPÍTULO XXX tV 



« este descocí temor de las tijeras del Obispo, Quiso destajar 

< la indemnidad del cabello; hablóme un caballero, deudo suyo, 

* publicadas Las Ordenes en unas Témporas; rogóme mucho que, 

* al ordenarle, le conservase el cabello. No quise darme á par- 

* tJdo; y hasta hoy no se ha ordenado, ni ha mudado el hábito, 
« ni reformado los crespos. ^ (17) 

Si tan hu placables con las guedejas de sus Clérigos era el 
Obispo X'iliarroel, fácil es suponer cual sería su celo en reprimir 
cualquiera otrn abuso que fuese todavía más desdoroso, ó con- 
Irario a líi disciplina eclesiástica. Nn tengo cárcel de Clérigos, 
« dice Villarroel, porque no hallo delitos; sólo no dejarme ver 

< de un Clérigo, es para él un horrible castigo; si como hombres 
« tienen algún descuido, es sólo su tormento que llegue á saber* 
« lo eí rrelado-* (iS) «Fués, lo que sé decir de mis Clérigos y de 
t mi, es, que ora por mi mala condición, ora por su. mucha hu- 

* mildad, apenas hay uno solo, que en disgustando al Obispo, 
« no represente un difunto. (19) 

Y es de afirmar que llevado del celo de ver en todo su vigor 
establecida la disciplina eclesiástica en la diócesis de Santiago, 
el Obispo Villarroel no omitió diligencia alguna para ello. Mas, 
á pesar de todos sus esfuerzos, surgía entonces en Chile una di- 
ficultad que el mismo Villarroel díce que: * Me trae en cruz esta 
í escrúpulo.^ (20) 

En este pais, en aquel entonces era tanta la escasez del nu- 
merario, que los fieles no podían satisfacer con dinero sus obli- 
gaciones con los Curas y lo efectuaban poniendo á disposición 
del Párroco algunas cabras. Estas, como es de suponer, se ve- 
nían á multiplicar de manera que formaban centenares y milla- 
res, originándose de ahí ¡a necesidad de arrendar fundos para la 
guarda y en seguida la venta de tal ganado. 

Villarroel, con angustiada conciencia, estudia el punto y sólo 
en fuerza de los hechos, tennina diciendo: ^^En mi Obispado 
« siempre se ha usado tener los Clérigos cabras, criarlas, matar- 



(17) Villarroel. -^Gobierno Pacifico. ■ tomo 1^ págiüa 644. 
íl8) Villarroel. -íioljíemo Pacifico, tomo 2, página 6Sfi* 
{1*JJ Villarroel, üobíertio P*kCÍfit^o, ■ tomo 1, págíaa 313 
(2líí Villiurroel. * Gobierno Pacífico, > tomo 2, página 27iL 



1 

1 



^ 



4 



HISTORIA DE I/)S AGUSTINOS EN VlWhK 



447 



l^.^^ , y vender sus cordobanes. Y si estos ganados son nuestros 

tfV«.j.tos» porque en Chile es esa la gruesa de nuestros diezmos, 
si los tomásemos para beneficiar nuestras especies; ó de los 
<1 ^-^ e sacan dispensas cobrásemos en cabras, por facilitar la pa- 
^^m^ ; y las recogiésemos, criásemos y tomásemos, no me pare- 
entrariamos en la categoría délos Clérigos mercaderes.» (21} 
etalles son estos que revelan el estado del Pais en aquel 
»^~m.po, el grado de atraso en que se hallaba la Colon ia» después 
«r-*nás de cien aftos de su fundación, pudiéndose así apreciar e 
•^ito de aquellos primeros Obispos, qu : con tanto celo traba- 
-~^^l^ por el adelanto moral é intelectual de los Chilenos, no obs- 
tine que á cada paso tropezaban con obstáculos invencibles, y 
^■^rultades, las más de las veces, casi insuperables. 
-=^. MaSj si los hechos anteriores manifiestan las raras dotes de 
^-^^ligencia y de fuerza de voluntad que en sumo grado adorna- 
'^^ al Obispo Villar roel, al implantar en todo su vigor La disci- 
■»na eclesiástica en ambos cleros, éstas brillan sobre manera en 
^modo como supo conducirse con sus Prebendados y Cañó- 
los, 

Conocedor Vi llarroel de que de esta corporación eclesiástica 

_^^^^^^ ían dimanar para los Obispos enojosas cuestiones, ya antes 

venir á hacerse cargo de su Diócesis, como el mismo lo re- 

e: tEn llegándomelas Bulas de Su Santidad, y celebrada mi 

^ ^ronsagración, en Lima, autentique In hecho y con los ejecu. 

^ noriales, y Bulas remití los testimonios á esta ciudad de San- 

^ ^iago, y df el gobierno al cabildo todo, sin querer innovar en 

"* ^1 nombramiento de Provisor; movióme en este negocio el 

^ ^nimo de entrar en mi Obispado, sin dar á mis Prebendados 

^ celos, y por huir aún los amagos de parcialidad, p (22) 

Mas esta providencia del nuevQ Obispo que debiera captarle 

^-« simpatías de todo su Cabildo, no le mereció á Villarroel al 

t-^**íncipio, sínó la mas tenaz y obstinada oposición y resistencia 

'^^ todos, menos uno, de sus Prebendados y Canónigos. El Deán 

^^ rebeló contra el Obispo, el Magistral le llenó de injurias des- 









*1. 



(21) VillftrroeL íGobiema Patific-o. tomo 2, página 276. 

(22) ViUftiToel. iGobierno PnoíAco.* tomo 1, página IftJi. 



448 



fAi'h'ri.f» NXM 



L 



de el pulpito, jiiientras tanto el coro de la Catedral de Santiago 
permanecía desierto. 

«Ha habido muchos prebendados, escribe Villarroel, que en 

< mandándoles los Obis|>os algo, que aunque sea de obligación, 
« no es de su i^usto, recurren á la Audiencia Real, y como re- 

* vientan algunos jueces seglares por ensanchar sus jurisdiccio- 
ft ncs, no han menester mucho para ensancharse en todo; y, así 
f hfíllantlo las disposiciones del derecho Canónico, y pisando la 

* ínmuLiklatl y libertad eclesiástica, se ingieren muy sin escrúpulo 
n en los negocios todos de la Iglesia» quedantlo noto ñamen te ex- 
« comul^fados, como también los que recurrieron á ellos, jc (33) 

«Kl Deán de cierta Igleíiia de las fndias, recurrid á la 

< Audiencia Real para que declarasen si había de pedir al 

K Obispo la bendición del incienso, y si le había de incensar es- 

* tando en el Coro V !a Real Audiencia citó las partes, 

« recibiendo la causa á prueba. (24) 

'Otro caso se ha pretendido proponer de cierto Canónigo Ma- 
t gistral. Predicó en su Iglesia Catedral a una fiesta grande un 

< harto docto sermón, pí>rqiie era excelente letrado él. Estaba 
« el Prelado fuera de la ciudad, y argüyeron al predicador sus 
« mal afectos, que había lastimado al Obispo en un discurso. Y 

< el Vicario General, sin más fundamento que esa maliciosa pre- 

* sunción suspendió al Canónigo del ejercicio del pulpito. Trató 
€ de recurrir al Virrey. Mas era ci Prebendado muy docto y 

< viendo que erraba el camino, entró por otro más llano.».». (2 5) 
Aunque en forma velada habla Viltarroei de estos sucesos, 

sin embargo por el mismo contexto de las cuestiones, en que se 
ocupa de ellos, no deja duda de que esos Prebendados y Cano* 
nigos fueron de Santiago y, á pesar de haber llevado sus litigios 
á toda clase de tribunales, no pudieron triunfar ni de la Intel i. 
gencia, ni de la entereza de carácter de su sabio y bondadoso 
Obiispo. -í - 

* Hallándome ahogado, dice este, con dos Comisarios, uno de 
€ cruzada y de inquisición el otro, con un Arcediano muy viejo 



(2Hí Villiirroel, Gobierno Paeitito. tomo 2, piiíi:iun 4íH* 
(£4) VilUrroeU Gobierno Fa.t:iícQ.* tomo Ü. páffínn r>05. 
(26 j Villürroel. cQolñemo Pwíifioo.- tomo 2. piiginn U)^. 



UrSTOKIA I>i: l.ííS AííL.STIMíS KN C ÍIILE 



449 



3^ fcaldado, con un Tesorero anciano y achacoso y con un Chan- 
tf"^ de noventa años, representé á Su Majestad la necesidad de 
rn. i Coro: y habiéndose servido de proveer en ello, dio la orden 

^ifz^uienteijf 

^ <3s ruego y encargo obliguéis y apremiéis al dicho Deán y 
3V'"T aestre-Escuela á que acudan al servicio del culto divino y 
d^^-mls cosas que tienen obligación por razón de sus Preben- 
^ ^m^& ...... y si no ¡o cumplieren y ejecutaren les vacaréis las 

I*''K^ebendasD ...... 

^ Signifiqué á los dos Comisarios, casi por sertas lo mandado 

^ «"^ esta carta, y bastóles saber su obligación ..,,.. escribiéndole 

3^^ ^Z3 al Rey estas palabras: Para los Comisarios ha sido de mu- 

*^ ^t^a importancia saber que me ha mandado Vuestra Majestad 

^^ ^^je les vaque las Prebendas; porque sin embargo que esto no 

^^^srá, es grande estímulo que sepan que puede ser Yo usaré 

t ^^n templadamente de esta merced que me hace Vuestra Ma- 

M ^Sístad, que no el tiro, sino el espanto, tenga en pié la grave- 

^^^ ad de mi Coro.» (26} 

S. Y, a pesar del gravísimo estado de exaltación de los áni- 

^^^:rks que los precedentes hechos reflejan en el Cabildo eclesiás- 

^^^«:3, todo elloá penas es parte insignificante del más deplorable 

^^* borden, en que se revolvía en los momentos mismos en que 

^ "^ Obispo Villarroel, después de consagrarse en Lima, se embar- 

^^tra á principios de Noviembre de 163S, en dirección á su dió- 

^^sis de Santiago. 

Apenas había llegado á la Serena, primera ciudad de impor- 
tancia de su Diócesis, cuando los más tristes y escandalosos su- 
^^sos, ocurridos entre el Deán y el Vicario Capitular de Santia- 
go, vinieron á noticia del jiue^o Obispo: el Deán como Comisa- 
rio General del Santo Oficio, en competencia de jurisdicción con 
el Vicario Capitular había excomulgado á éste» yéste á aquél, 
estando el clero, las autoridades y los fieles todos divididos en- 
tre el uno y el otro, en el más doloroso cisma. 

No hacía mucho que el Deán mandara á la Serena un Dele- 
gado suyo que, en medio de los gritos del pueblo y violencias 



iWri) VillarroeL ^Gobiamo Paüifico.» tomti 1> pñ^na 4&7 y 4óJí. 



^ 



450 



CAPITULO XXXV 



de la autoridad, fuera cogido preso; y mientras el Obispo Vilia- 

rroel permanecía de paso allí, llegó un segundo Delegado, más 
soberbio y arrogante que el primero, pero que muy |>resto hubo 
de volverse á Santiago humillado y abatido, trayendo por res- 
puesta de su comisión, tan solo las censuras de su Prelado. Y 
así fincedlo que Uefjandu el nuevo Obispo á Santiago, a tomar 
posesión de su Sede, el desairado Ueán, lejos de salir á recibirleí 
excusó en lo posible comparecer en su presencia. 

Mas por fucnía llegado el caso, el Obispo severamente le re- 
prendió, no sin aíl adirle una ligera multa, en castigo de su falta 
y desacato. Pero irritado e! Deán protestó apelando de aquella 
sentencia. Lleno de indignación el Obispo entonces ordenó que 
le prendiesen. Al día siguiente le hizo venir a su presencia, y 
asesorado el Obispo de los letrados y de su Vicario General, to- 
mó declaración al Deán, dándole por caree! su propia casa y se- 
ñalándole dos guardias para que vigilasen sus pasos. 

No tardó el Deán en maquinar audazmente contra el mismo 
Obispo, y resuelto éste ya á dar un ejemplar castigo á aquel re- 
belde y sedicioso sacerdote, sabedor de ello y temiendo la justa 
indignación del Prelado, refugióse el Deán en el Convento de 
San Agustín y, para mejor gozar de su indemnidad, se hizo ves- 
tir del hábito Agustino. Sólo entonces el Obispo le excomulgó y 
desde el pulpito Vlllarroel pidió á los fieles rogasen á Dios por- 
que volviese al buen camino al extraviado Deán, 

Mas este contestó excomulgando á su vez. á tos Vicarios del 
Obispo Vi 11 a rroel, viendo que nada valía ya la ley^ ni el derecho 
pidió el auxilio del brazo secular y por orden de la Real Audien- 
cia, el alcalde extrajo violentamente del Convento de San Agus- 
tín al Deán que, despojado con ignon^inia de! hábito Agustino, 
en medio de mucho pueblo fué trasladado, como á su prisión, al 
Convento de Santo Domingo, en donde el mismo Vicario Gene- 
ral le hizo remachar un par de grillos. 

Este ultimo acto de justa severidad rindió por fin al empeci- 
nado Deán, que cayó entonces á los píes de su Obispo y reparó 
con acciones cjem];)lares sus pasa ó os extravies. Era este Deán 
dtm Tomás IYtcz de Santiago, sobrino de don Fray Juan Pérez 
de P^pinosa, mediata antecesor de Villarroel, y sobrino también 



HISTORIA DK IOS A(;lSTINt)S KK CHILE 



451 






^d r*ac3rc Baltasar Bérez de Espinosa, primtír Prior Provincial 
íie csti^ Provincia Agustina de Chile, Esta fué, sin duda, la causa 
fíe cjucr, á pesar de ser Agustino el Obispo, los Agustinos en su 
Coii^^c^nto dieran refíifíio al perseguido Deán. 
L.WLí^ luemorias de este episodio, olvidado en las antiguas hís- 
^^ri^^^ jio ha mucho han revivido por haberse encontrado las car- 
pís qij^í dirigía el Deán al Inquisidor General de Lima; en las 
cual^.^ escribiendo bajo las impresiones de los sucesos, y sin te- 
^^r tociJavía conocimiento del bondadoso carácter del Obispo 
^rIJ3.t*T-cíel, pues que sólo entonces, en tan desfavorables circuns- 
^noi^^ llegaba á tomar posesión de su Sede en Chile, Pérez de 
^riti^^o se permite contra su Obispo expresiones de exagerada 

^^^C refiriendo el Deán como Villarroel recibió en la Serena al 
^*^^^^do, dice que á el lo llamó ^ Deanejo de burlas* y que 
rito ^Icomo su emisario merecían hacerlos volver á Santiago 
^t^<rl os á la cola de un caballo; y que hizo dar tantos azotes 
^*^*^l <^gíido, hasta dejarle las espaldas ^como un sombrero ne- 
^ cuenta su prisión el Deán diciendo ^que me echó dicho 
"%^'Ísor unos grillos muy bien remachados y dormí toda aque. 
^*^*. oche con ellos, que es la primera cosa que ha sucedido en 

dilles 

*^ ^^er ciertas estas expresiones, bien puede afirmarse de ellas 
^^Tan el mejor correctivo aplicado á aquel delincuente, pues 
^^ ^rdaderamente manía, ó furor el del CÍtmisano General de 
^4^uisición al hacer procesos y levantar sumarios en este Pais 
^^*e, según una expresión de Villarroel: t<Ha más de un siglo 
M.^^^ está este Reino fundado, y no se ha visto un hombre solo 
^^^tigado por el Santo Oficio: porque, cuando en Santiago hu- 
*^i^Ta habido algunas flaquezas, no se puede, sino alabar su 
St'íEnde entereza en la fe,? (27) 
1*h1 es la relación de este suceso que, á haber intervenido en 






Indias, ni en todo el mundo; ^ y que cuando al fin se arro- 
^*.nte el Obispo a pedirle perdón, este te dijo: '^ensu lengua 
"m-i su pluma está su vida.^ 



1^ Xtx 



^^-ÍT^ Vinítrrtjel. f»fílJÍémo Pneífieo,. tomo 2, pA^riii» .V^a. 



4S2 



CAPÍTULO xxxrv 



ello desde un principio el Obispo Vilkrrpel, nunca se hubiera 
verificado^ pues su prudencia y su bondad, de sef^uro que, niuy 

á tiemfX), lo liubieran impedido. (28) 

Í28í Loa dmalleá ña e&ty biie^su so com(>rut>b&u por lo.s dormrientoís aludi* 
dos tm el testo y que fannaQ parte de 1& eulec^rión del historiador Vícuftft 
Míii'k».?niia, qxüén Iwí'Uiprovechóen au « Historia de Santiago» y eti su » Dis- 
curso de Tivcorporafión> en liv Únivetsidad 27 de Agosto de 1852 y que ee h^ 
Ha en ma - Analtí^ < tointi 15 página 129. 



'1 





.^ — 




' 



Capítulo XXXV 

Cómo el Obispo Villarroel defendió las iiiuiiiuidHde^ 
de la Iglesia l(i3S-1651 

1. Opinión de Vülarroel acercp de iüs intnunidadoif eiile^iáííticfis.— 2 Cóitio 
estuvo aieitipre pronto á defiende ü^liü^, MU repurnr en peliííi>:fa,— 3. Siu* pt4- 
meroa encuentros con el Oidor Don Pedro de Lugo,— i. Lu Re«l Au Jientíiíi 
OD la cuestión del Aífpcrges.-' 5. El óstiulo del libro de los Evangelios.— 
Luí comedias da la Heirced.— 7. La pubhcju'if^in de la Bula In CiFUfi Do 
mini. — 8. Prisión y excomunión de límpleatloB Civiles.— 0. Sentencia de 
destierro dada contra el Doctor Juan Cárdenas de Ordófieíí.— 10. Ardientes 
cuestiones entre Villarroel y la K(!íil Audiencia, von motivo de la reedífl- 
c&ciún de la Catedral— U. Retrato que de áÍ Imce Villarroel,— 12^ Es in- 
merecido el dictado th^ Uegalmhu cun qoe hoy se tilda á Villarroel. 

1. Al hablar de las inmunidades eclesiásticas, el Obispo Vi- 
llarroel se expresa así; Las personas eclesiásticas tienen excep- 

* ción de toda potestad civil, no sólo en las causas meramente 
' eclesiásticas, que en estas ninguno ha negado que tienen ex- 

* cepción por Derecho Divino, sino en las civiles y criminales, 

* en la solución de tributos, exacciones, sisas y otras cargas 
« que se imponen á personas legas.,. Las leyes civiles que di- 

< recta ó indirectamente se oponen á esta inmunidad de las 

< personas eclesiásticas y las que se ojjonen á la libertad é in- 
í munidad de la Iglesia, son inicuas.* (i) 

ií Bastantemente queda probado, en ta Sagrada Esc ri tura ^ que 

< peligran los Reyes y los Reinos cuando los Ministros preten* 



^1) VlUarroel ^Gobterao Pacifico., Tomo 2, píigiua m. 



454 



cafítl'lí) XXXV 



« den ajar los eclesiásticos ¡Oh! si llegasen á entender los Reyes 

* que el deteriorarse sus Reinos se orííjina de los Ministros, que 
€ á título de servicio suyo se ingieren en lo Eclesiástico! ¿Qué 
^ peligro na podrá tener un Rey Católico en la conservación de 
« sus Estados, si tuviere Ministros que pisen á la Igleria sus 
í derechos? Y en estas materias son los pelifíros mayores en los 
- Ministros Reales ingerirse en estos negocios, á su parecer, con 
« buen celo. Y para Consejeros |Kx:o cristianos, es en éstos de 
« grande tropiezo cualquier materia que les parece toca al Pa- 

* tronaxgo! Hay algunos que á título de favorecer la fábrica, 
í quieren gobernar la Iglesia! i> (3) 

«Ni podrá alegar la Audiencia que representa una gran so- 
« beranía, y que es retrato del Rey. Pero para eso ¡qué importa 
« que sea retrato del Rey, si tampoco lo puede el original! (4) 
« ¡Pasarse un átomo de la jurisdicción de! Rey, es ponerse en 
« estado de condenación! ¡Y no ensancha esta jurisdicción eco- 
t nómica ó política el derecho de Patronazgo: porque el Patro- 
« nazgo no hace á ios Reyes en la jurisdicción superiores á los 
« Obispos!» (5) 

flfPuso Dios en dos hermanos, Moisés y A a ron, las dos potes- 
« tades, civil y eclesiástica, porque esas dos potestades conser- 
« vasen hermandad. . Hoy no pudiera, sin milagro. He visto 
< Iglesias algunas que las miran los Magistrados como fronteras. ;> 

«Talvez no tiene más de malo un precepto que haberlo pues- 
t to el Obispo. En el Consejo nos hacen sospechosos. Mo hay 

* enfado de Ministro, que en la relación no sea un encuentro con 
tf el Patronazgo. No hay hoy jurista que tome la pluma, que no 
íí parezca que empuña la lanza para acortar la jurisdicción de 
«£ la Iglesia, cuando los Reyes Católicos se muestran con ella 
-t tan píos[ [Sin embargo, algunos Oidores hacen degenerar á 
« sus Reyes, que siendo para ia Iglesia no sólo hijos, sino de* 
« fensores, quieren torcer contra ella sus santas y justificadas 

* leyes; y no sólo no ayudan á los Prelados para extirpar los 



(2) ViUarroeí ttíoUiarno Ptit-íHí^íi^, Tomd 1, páj?imi.^ 144 y IC^ 

(3) ViUarroel * Gobierno Paclficoi, Tomo I, pAí^iaaíi 1-14, li;i y 141. 
(4/ V i 1 lar roe I í Gob i prn r> P^u^í fteo . To f n a 2. pág i n s* 509 . 

(6) VilUirruei «Gobíiirtio Piy-iñi:o>. Tufuu 1. (lá^uius 141 y 140. 






4 



HISTORIA DE I.OS AGUSTINOS EN CHILE 



45 5 



t abusos; pero reduciendo todas la.s causas á frivolas competen ■ 
t cins, enervan la disciplina Eclesiástica!- [6) 

^ 2. En i^randc af>nctn íse hallará un JVeladcj^ siendo pacíficu, 
t Oleando una Audiencia Real no sólo le usurpa su jurisdicción, 
<= sino que quiere juzgarle