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Full text of "Historia del Real Monasterio de San Lorenzo llamado comunmente del Escorial : desde su origen y fundación hasta el presente, y descripción de las bellezas artisticas y literarias que contiene"

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» . 



HISTORIA 



Y BBSCRIPCIOIV 



DEL ESCORIAL. 



HISTORIA 



DEL 



REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO 



I.LAMADO COMOBMUTX 







DESDE 



80 ORIGEN T FUNDACIÓN HASTA EL PRESENTE, T DESCRIPCIÓN DE LAS 
BELLEZAS ARTÍSTICAS T LITERARIAS QUE CONTIENE, 

escnta por el ex-Bibliotecaño de S. M. en dicho Monasteño 

Canónigo de la Santa Ig^sia catedral de Badajoz^ Rector y Catedrático de Historia 
y Disciplina eclesiástica del Seminario conciliar de dicha Capital, individuo corres- 
pondiente de la Real Academia ele Itk Historia, Miembro honorario de la Biblioteca 
Imperial de San Petersbu/go, Oficial de la Junta directiva de archivos del Ministerio 

de Gracia y Justicia, etc. 



SEGUNDA EDICIÓN. 



MADRID: 

IHPKBNTA, FUNDICIÓN T LIBRBRU DI D. KUSBBIO AGUADO. 

1854. 



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AL EIGMO. SE^OK 




Mi BABIII. r ABM. 



CONDE DE VILLAPATE^NA, GRANDE DE ESPAÑA, MINISTRO PLENIPOTEN- 
CIARIO DE S. H. C. EN LONDRES EN 1834, EMBAJADOR ESTRAORDINARIO 
EN LONDRES T PARÍS EN 1838 HASTA 1840, SENADOR DEL REINO, PRE- 
SIDENTE DEL SiENADO EN CINCO LEGISLATURAS, CABALLERO DE LA INSIG- 
NE ORDEN DEL TOISÓN DE ORO, GRAN CRUZ DE LA REAL T DISTINGUIDA 
ORDEN DE CARLOS III, DE LA LEGIÓN DE HONOR DB FRANCIA T DE CRISTO 
DE PORTUGAL, PADRE DE PROYINCIA DB LA HUT LEAL DE ÁLAVA, ACÁ" 
DEMICO DE LA HISTORIA T DE LA DE NOBLES ARTES DE SAN FER- 
NANDO, ETC., ETC., ETC. 



S 



644/0 X^. 

LíüANDO en ÍSlSme dispensó Y. E. el honor de permitirme 
que su nombre ilustre figurase al frente de la primera edición 
de esta Historia y Descripción del Escorial^ me sentí esti-* 
mtdado por un deseo vehemente de asociarme, en cuanto mi 
pequenez alcanzase, á las elevadas miras que la acrisolada 
fidelidad á nuestros Augustos Monarcas, el sentimiento religio- 
so, el espíritu de nacionalidad, y el jamás desmentido amor á 
las ciencias y á las bellas artes habian inspirado á V. E., 
entonces Gobernador de Palacio. Todas ellas iban dirigidas 
al mejor sostenimiento y mayor lustre de la inmortal obra de 
Felipe II; y no encontré otro medio de tooperar á tan nobilí- 
simo pensamiento, que dar á conocer en toda su grandeza, y 
en sus mas mínimos detalles, aquel edificio magnifico, cuyo solo 



nombre encierra toda una historia gloriosa; para que su 
ea>acto conocimiento reuniese todas las voluntades en favor de 
su conservación, y las hiciese contribuir á crearle un porvenir 
digno de su grandeza. He tenido la satisfacción de que el pú- 
blico haya premiado mi sincero deseo, leyendo con afán mi 
pequeño trabajo: mi objeto se ha logrado en parte, porque 
el interés por el Real Monasterio de San Lorenzo ha crecido 
dentro y fuera del reino; muchas ideas que podrian serle 
contrarias se ha rectificado; y el conocimiento que ya todos 
han adquirido del piadoso objeto del Fundador, la generosi^ 
dad con que todos los Monarcas sus sucesores lo han engran- 
decido, el aprecio que las naciones estrangeras han hecho de 
esta inestimable joya de la corona, y el respetabilísimo des-- 
tino que aún conserva de panteón de las cenizas venerandas 
de los Reyes de España, son otras tantas voces que se levan- 
tan sin cesar en favor de su conservación y de su gloria. 

Permítame pues V. E. que complete la mia, dispensán- 
dome otra vez el honor de aceptar esta segunda edición, como 
un testimonio insignificante de gratitud, amor y respeto á la 
persona de V. E., cuyas manos besa su atento servidor y 
Capellán, 



o^o<0e J:2e4>e^ueao. 



ADVERTENCIA PRELDONAR. 



INmGA un objeto precioso , cuya posesión hemos disfrutado 
largo tiempo, nos parece mas bello y estimable que cuando 
alguna circunstancia nos hace concebir el temor de perderlo, 
ó de verlo muy deteriorado. Entonces recordamos con entu- 
siasmo el origen de su posesión *< contemplamos mas deteni- 
damente sus bellezas , y nos parecen mayores y mas nume-^ 
rosas que nunca; analizamos hasta sus mas insignificantes 
pormenores; el presentiu)iento de su pérdida parece multipli- 
car los motivos de aprecio, eiajerando en nuestra imagina- 
ción el gran vacío que quedará al dejar de pertenecemos; y 
como si nunca lo hubiéramos sabido apreciar bastante , en* 
toncos su valor nos parece infinito. 

Tal debe haber sido el sentimiento general que de algu- 
nos afios á esta parte se nota en favor del monasterio del Es* 
corla], del primer monumento de España, y aun me atreve- 
ré á llamarle de Europa ; el mas bello y completo edificio 
que han producido las artes , el templo mas augusto de la 
cristiandad, el mas incontestable y elocuente testimonio del 
saber, civilización y poderío de la nación espafiola, la pá<^ 
gina mas elocuente de su bistoría en el siglo XYL 

Desde qué las circunstancias políticas hicieron necesaria 
la estincion de las comunidades religiosas, ha ido aumentan- 
do progresivamente la concurrencia de viajeros que de to- 
dos los puntos de Espafia , y de los mas remotos climas de 
Europa y América, han venido a contemplar y admirar la 
granae y bien entendida fábrica que concinió Felipe II , tra- 
zó y comenzó Juan de Toledo , y llevó á cabo el inmortal 
Juan de Herrera; y se han apresurado á tomar apuntes, sa- 
car diseños y copias , comenzándole á mirar con el aprecio 
que tan insigne monumento merece. Hasta entonces parecía 
olvidado aun de los mismos e«»a&oles; mas desde la época 
citada ha cundido su noi]ú>radia, ha aumentado su inter^ 



hasta un punto que se juzga una falta imperdonable no ha- 
berlo visitado» como si el tiempo faltara, como si se temiera 
perderlo para siempre. 

Jamás he creido que llegaría esta época fatal para nues- 
tra nación; nunca me he podido persuadir que el monasterio 
del Escorial se dejase arruinar ; y de ello responde , no solo 
la solidez admirable con que está construido , capaz de 
resistir la acción destructora de algunos siglos , sino mu- 
cho mas la consideración de que el Gobierno en cuyo tiempo 
se arruinase, el monarca que abandonase esta rica piedra de 
su corona, atraería sobre sí la maldición del siglo presente, 
y la execración de las generaciones venideras. 

Sin ^Bbargo, arrojada de este vasto y grandioso edificio 
la corporación religiosa que recibió del mismo Felipe 11 el 
encargo de conservarlo, cesó aquella celosa y económica 
vigilancia que se ejerce sobre la casa propia; los bienes des* 
tinados á tan noble objeto se aminoraron y distrajeron; dejó 
de existir una familia cuya vida spcial estaba identificada 
con la material del edificio; y desde entonces su decadencia 
es rápida é inevitable, porque nada se ha puesto que reem- 
plazase á aquella, y una fábrica tan colosal bajo todos con- 
ceptos, necesita mucha inteligencia, mucho amor á las artes, 
mucha actividad, celo y desinterés en la persona que ha de 
estar al frente de su conservación. 

También con la falta de la Comunidad, y con la muerte de 
la mayor parte de los individuos que la componían, comenzó 
á perecer y variar la tradición de que aquel cuerpo religio- 
so habia sido depositario , y á la vuelta de muy pocos años 
la historia del Escorial seria muy poco conocida , y estaria 
envuelta en un caos de patrañas , consejas é inexactitudes 
difíciles de desenmarañar , al menos desde la época en que 
concluyen las narraciones de los PP. Fr. José de Sigflenza y 
Fr. Francisco de los Santos, esto es, desde el año 1680, que 
es hasta donde llegan sus historias de la orden de San Geró* 
nimo. Esta es una de las razones por que emprendí esta 
Historia del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado co- 
munmente del Escorial, para fijar de un mddo cierto todos 
los acontecimientos que en él han tenido lugar, y referir to* 
dos los hechos que de cualquiera manera están relacionados 
con el edificio. Con este fin no solo reproduzco én ella todo 
lo que los dichos PP. Sigflenza y Santos escribieron acerca 
de su iBdificacion , fwdacíon y eengrandecimíento , sino que 



continúo con la mayor exactitud posible la historia hasta el 
presente , de modo qne el que la lea , muy poco ó nada 
tendrá que preguntar de cuanto pueda hacer referencia al 
Escorial. Aunque los entendidos historiógrafos antes citados 
fueron testigos presenciales de los hechos que refieren; aun- 
que sus narraciones están desempeñadas con tanto talento y 
verdad, no me he contentado con seguirlos ciegamente, sino 
que por mi mismo he examinado los documentos origina- 
les, los he comparado y cotejado con las obras impresas, y 
he enriquecido mi trabajo con algunas otras noticias que 
aquellos omitieron, tal vez por lo muy triviales y conocidas 
en su época, pero ya casi enteramente perdidas al través de 
tres siglos, y hoy sumamente interesantes. Nada hay en to- 
do el libro exajerado, nada que no sea cierto; en cada uno 
de los hechos hubiera podido copiar los documentos origi- 
nales ó citar minuciosamente el paraje de donde los he toma- 
do: pero hubiera hecho el libro ipuy voluminoso , y me hu- 
biera separado de mi objeto, que ha sido hermanar la exac- 
titud con la brevedad; por eso pongo al fin de esta advertencia 
el catálogo de los libros que principalmente he consultado, y 
los depósitos literarios de donde he tcmiado los datos. Muy 
poco me he valido de la tradición cuando no la he encontra- 
do apoyada en algún documento ; pero he tenido que ape- 
lar á ella en algunas épocas, de laa cuales, por incuria ó por 
malicia, han desaparecido de los archivos los comprobantes 
oficiales. 

Otro de los objetos que me he propuesto es escitar mas 
y mas el interés por este monumento artistico que tanto 
honra á nuestra nación , á fin de que presentándolo de bul- 
to á los ojos de todos, no haya nadfie que deje de interesarse 
por su conservación, y todos contribuyan a ella del modo 
que les sea posible; porque este edificio no es una cosa ais- 
lada y particular, es el retrato fiel de la nación espafiola y 
del monarca que la gobernaba en la última mitaa del si- 
glo XYI. 

También he tenido en consideración, que ninguna de las 
historias y descripciones que hasta ahora se han publicado 
llena completamente este obieto, porque en la, parte histórica 
ninffuno ha continuado á los PP. SigOenza y^ Santos, y aun en 
la época que estos abrazan, y que escribieron (particular- 
mente el primero) con la elocuencia , maestria y llaneza 
propias de su talento y de su pluma, mezclaron los asuntos 



de la orden de San Gerónimo , cuya historia general era su 
objeto primario, y trataron del Escorial como por incidencia; 
y esto hace que sus narraciones sean interrumpidas y algo 
pesadas , además de qué ya esla obra es de difícil adquisi- 
ción por los pocos ejemplares que quedan. Las que después 
del P. Sigüenza publicaron los PP. Fr. Francisco de los San- 
tos, Fr. Andrés Jiménez y Fr. Damián Bermejo , se ocupan 
únicamente de la parte descriptiva» abandonando la histórica; 
y la anónima^ publicada en 1843 , aunque contiene buenas 
noticias tanto históricas como descriptivas y artísticas, es su* 
mámente compendiosa. Mas no por eso se crea que intento 
rebajar en lo mas minimo el mérito de las historias y des- 
cripciones citadas; sus autores llenaron su objeto completa- 
mente^ y yo me daria por muy satisfecho si hubiera podido 
imitar la elocuente llaneza y lenguaje castizo del P. Sigüen- 
za, y la exactitud, tino y buen orden de los restantes. 

Sin embargo, puedo asegurar que no he perdonado me- 
dio alguno de cuantos ban estado á mi alcance para reunir, 
indagar y reconocer cuantos datos podian conducir al logro 
de tan noble é interesante objeto; y si el desempeñó cor- 
responde á mis esfuerzos y deseo, seguro es que mis lectores 
no verán frustradas sus esperanzas. 

Tal vez á algunos parecerá inútil describir y presentar 
(como lo hago) objetos que ya no existen: mas creo que esto 
podrá dar una idea de nuestra antigua riqueza y poderío, y 
tal vez indicará preciosidades con que otras naciones injus- 
tamente se engalanan ; y al menos nos conservará la gloria 
de haberlas i)oseido, y nos vindicará de los insultos de los 
que nos tratan de poco ilustrados y bárbaros, facnitándonos 
para devolvérselos, enseñándoles al mismo tiempo las precior 
sidades artísticas que destruyó su vandalismo ó nos arrebató 
su ambición^ y en las que estaba demostrado de un modo ín* 
contestable cuánto hablan podido , valido y sabido los q^é 
ahora están despreciados. 



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donde se lian tomado las noticias, y libros qne se 
lian eonsnliado para eserlblr esta blsiorla. 



£1 archÍTO del Real Monasterio de San Lorenzo. 

£1 archivo de la TÜlá del Escorial. 

Memorias del P. Fr. Antonio de Yillacastin, autógrafas, manuscritas. 

Memorias del P. Fr. Juan de San Gerónimo, autógrafas, manuscritas. 

Memorias sepulcrales de los monjes del Escorial, manuscritas. 

Libros de actas capitulares del mismo, manuscritas. 

Cuentas originales de la obra del panteón, por Fr. PYicolás do Ma- 
drid, autógrafas, manuscritas. 

Fr. Juan de los Reyes, estracto del archiyo del Escorial, manuscrito. 

Vida y hechos del P. Fr. Marcos de Herrera, anónima, manuscrita. 

Historia de la Santa Forma, por Fr. Francisco de los Santos, ma- 
nuscrita. 

Descripción de las pinturas al fresco que hay en el Escorial, por el 
P. Fr. Francisco de los Santos, manuscrita. 

Historia de la orden de San. Gerónimo, por Fr. Juan IVufiez, quinta 
parte, manuscrita. 

Historia de la orden de San Gerónimo, por Fr. Francisco Salgado, 
quinta parte, manuscrita. 

Relación sumaria del último incendio de 1671, por Fr. Juan de 
Toledo, manuscrita. 

Espücacion de los órganos del Escorial, anónima, manuscrita. 

Esplicacion y descripción de la librería del coro del Escorial, anó- 
nima, manuscrita. 

Relación sumaria de la célebre causa llamada del Escorial, por Fray 
Vicente Florez, manuscrita. 

Historia de la orden de San Gerónimo, por el P. Fr. José de Siguen- 
za, segunda y tercera parte, impresa. 

Historia de idem, cuarta parte, por el P. Fr. Francisco de los San- 
tos, impresa. 

Historia de Felipe II, por Cabrera, impresa. 

Relación de la última enfermedad y muerte de Felipe II, por Cer- 
Tera de la Torre, impresa. 

Las descripciones del Escorial publicadas por los PP. Santos, Jimé- 
nez y Bermejo, impresas. 

La anónima publicada en 1843, impresa. 




DEL RE4L lOMSTERIO DE SAN LORENZO, 

• 



f áft^S f ltl@l&6< 



CAPITULO PRIMERO. 



Causas de lu/undacion.^^ Diligencias que la precedieron.'^ Elección del sitio* — Invita- 
ción d la Orden de San Gerónimo para que envié monjes /itndadores^ y su aceptación. 
Desmonte del teireno, — Acordelamiento jr nivelación del mismo. — Situación -y cerca' 

nias del Real Sitio de San Lorenzo, 



La historia del suntuoso monasterio de San Lorenzo, llamado co- 
mnnmente del Escorial por su proximidad á la villa de este oom-^ 
hre^ junto á la cual está fundado, tiene su origen en el reinado dei 
Sr« D. Felipe, 11 de España, monarca lan poco conocido todavía, 
como exajeradamen te ensalzado y deprimido, paes ni han juzgado 
bien sius actos los que le han llapiado Bey santo, ni han estado 
exentos de envidia^ animosidad y mala fe los que le han apellidado 
Demonio del Mediodía. La falta de datos históricos, sepultados aún 
en los archivost ha dado margen já que sus acciones públicas no sean 
conocidas á fondo, y á que se le haya tenido por déspota, sangui- 
nario é hipócrita; mas tal vez cuando se conozofan las causas^ me- 
dios Y fines de su proceder» con loda la claridad que es necesaria 
paraluzgar, aparecéis su retrato con tintas más suaves, y la £u^ 
ropa le hará justicia. 

Su padre, el emperador Carlos V, deteriorada su salud y gra- 
vemente molestado por la gota, cansado de las penosas fatigas su-- 

PARTE I. i 



2 HISTORIA DBL ESCORIAL. 

fridas eo tantas y taa continuadas guerras^ abrumadas en cierto mo- 
do sus augustas sienes con los frondosos laureles de innumerables 
victorias, y deseoso de encontrar algún descanso, se decidió á cam- 
biar el trono por la estrecha celda de un .monje, el imperio del 
mundo por la austeridad de un monasterio, el estruendo oe las ar- 
mas, las comodidades de un palacio, el brillo de la purpura y día-* 
dema por el silencio, mortificación y soledad del desierto; y en 16 
de enero de h 556 renunció en su hijo la extensa monarquía de Espa- 
ña, retirándose á vivir al monasterio de San Gerónimo de Yuste. 
Felipe U, joven todavía, pero amaestrado ya en los negocios de 

Sobierno; de carácter inflexible y austero, naturalmente meditabun* 
o y misterioso, y si no tan. guerrero, mas político aue su padre, 
conoció la gravísima carga que comenzaba á pesar sobre sus hom- 
bros juveniles, y sintió oprimidas sus sienes por el peso de una co- 
rona que , aunque orlada de uñ poder grande y de una gloria in- 
mensa, necesitaba mucha energía, mucha fuerza y tesón para sus- 
tentarla. Cejos de mostrar cobardía por este convencimiento, el 
temple duro de su alma se escitó mas á vista de la dificultad, y 
empufió con mano fuerte un cetro que por su mucha ostensión era 
fácil se balancease. . 

La España^ cayo gobierno se habla resentido demasiado de las 
larcas ausencias del emperador , atin no tenia la suficiente uni- 
dad en sus leyes, costumbres é intereses, y abrigaba aún las ceni- 
zas humeantes de las turbulencias y discorjdias pasadas. Una guerra, 
religiosa en la apariencia, pero política en el rondo, agitaba de al- 

f;unos años antes los Paises-fiajos; los diversos y ricos estados de 
talia escitaban la envidia de algunos soberanos, entre los que se 
contaba el Sumo Pontífice; las nuevas posesiones de América recla- 
maban por si solas un desvelo y cuidado inmenso; y las intrigas de 
la Europa entera dirijian sin descanso sus tiros contra el formida- 
ble poder y engrandecimiento de los monarcas dé España. 

A todo, sin embargo, hizo frente el nuevo y joven rey; y al mis- 
mo tiempo que dictaba leyes y arreglaba la administración de tan 
vasta monarquía, un ejército, a cuyo frente marchaba el valiente y 
memorable Duque de Alba, arrimaba las escalas á los muros de Ro- 
ma para obligair al Sumo Pontífice, Paulo IV, á que aceptase la paz; 
mientras que otro mucho mas numeroso, mandado. por Filiberto 
Manuel, Duque de Saboja, se dirijia contra Francia, y después de 
amagar á varios puntos para engañar al enemigo, sitiaoa la intere- 
sante plaza de San Quintín , en cuyas inmediaciones el día 40 de 
agosto de 1 557 fue completamente destruido el ejército francés, que 
al mando del Condestable Montmorenci se dirijia en su socorro. Se 
apresuró Felipe ü á recojer el fruto que prometía tan interesante 
victoria, y al día siguiente desde Cambray se trasladó al campamen- 
to, permaneciendo en él hasta que á presencia suya fue entrada por 
asalto la plaza el dia S7 del mismo mes y año. A la de San Quintín 
se siguió la rendición de Chatelette y Han, y París consternado le 



PARTE PRIMERA. 3 

creyó ya dentro de sus muros > obligando estas victorias á que la 
Francia aceptase la paz en el tratado de Chateau-Cambresis. 

Lo grande de estos triunfos sobrepujó las esperanzas del nuevo 
monarca, que no pudo meno's de llenarse de satisfacción y orgullo 
al- ver que los primeros laureles ciue recoiía en nada desmerecían 
de los heredados;' y al ver á sus pies humillada la Francia, al con- 
templarse tan halagado por la fortuna en las primeras empresas con 
que inauguraba su reinado, determinó en su ánimo perpetuar la 
memoria de, tan célebre jornada, erijiendo un monumento que re- 
velase su poder y su grandeza á los siglos venideros. 

Esta idea, nacida en la imaginación de Felipe lien medio de la 
embriagues; de la victoria, á vista de la sangre'y los cadáveres, en- 
tre el estruendo del cañón, los gritos de los combatientes y las ruinas 
de San Quintin, recibió mayor firmeza, se arraigó mas en su Real 
ánimo cuando, convencido ele que la victoria es un don de Dios, le- 
vantó los ojos al cielo para darle gracias; y entonces, .estimjulado por 
su religiosidad, y según el gusto de su siglo, resolvió que el mo- 
numento que había de perpetuar la memoria de tan señalado triunfo 
fuese un templo,- donde día y noche se rindiesen alabanzas al Dios 
de los ejércitos, que tan cumplidamente habia coronado su primera 
campaña.* 

Después de comenzado el monasterio anduvo por al^un tiempo 
muy valida la idea, y ^un ha llegado hasta nuestros días, de que 
la realización de este proyecto habia sido consecuencia de un voto 
hecho por Felipe II á San Lorenzo, prometiendo edificarle un tem- 
plo si salía vencedor en aquella jornada; y aun algunos han. que- 
rido asegurar que fué una espíacion impuesta por el Sumo Pontífi- 
ce, y apoyada por el remordimiento-que le causabajQ las muchas víc- 
timas que había sacrificado en San Quintin. Pero es indudable que 
no hubo tal voto ni tal espíacion, como se infiere del P. Fr.Joséde 
Sigüenza, sino que dedicó este monasterio al valeroso mártir espa- 
ñol , porque además de la devoción que le tuvo en sus primeros 
años, la rota del Condestable (se^un queda anotado) fue el día 10 
de agosto, en aue la Iglesia celebra la fiesta de este gran santo; á 
lo cual añade el P. Fr. Antonio de Yillacastín, aue tantas veces y 
tan familiarmente habló con Felipe 11, que uno cíe los motivos ha- 
bía sido, que- f ara verificar el asalto de San Quinlin, habia tenido 
qxie batir ydeslruir un monasterio de San Lorenzo que estaba junto 
a dicha plaza; y nada tenía de eslraño que un monarca, cuyas ideas 
eran altamente religiosas, se propusiese resarcir con la dedicación 
de este nuevo templo , el que la necesidad de la guerra le habia 
oblfgadb á destruir. 

Uesuelto, pues, Felipe II á poner en práctica la idea que en San 
Quintin habia concebido , permanecía en Flandes esforzándose en 
componer las diferencias religiosas, que cada día tomaban un aspec- 
to mas alarmante, cuando recibió la nueva de la muerte de su au- 
gusto padre, el emperador Carlos V, acaecida en el monasterio de 



i HISTORIA DEL ESCORIAL. 

San GeróoiQío de Vusté á las dos de la noche del %i de setiembre 
de i 558. Este desagradable sucéso^dió mayor ensanche y firmeza á 
su proyecto, puesto que el emperador en su postrer codicílo encar- 

Só á sü cuidado lo que tocaba á su sepultura^ y ai lugar y parte don- 
e su cuerpo, y el de ia emperatriz su esposa, habian de ser pues- 
tos y colocados. Por consecuencia, á la delerminac^ion precedente se 
unió ia obiigacion de cumplir ta voluntad de su padre; y á la idea 
del templo se agregó la de un mausoleo digno de conservar los 
restos venerandos del mayor de los monarcas de su siglo. , 

Tan pronto como los graves asuntos que le detéiiian se lo per- 
mitieron, dejó por gobernadora de ios Paises-Bajos á su hermana 
Doila Margarita, Duquesa de Parma, y partió para España, arri- 
bando felizmente ai puerto de Laredo hacia fin de agosto de i559. 
Como una de sus primeras medidas fue trasladar la corte desde Va- 
lladolid á Madrid, comenzó dei?de luego á observar sí en sus cerca- 
nías se hallaría algún sitio á propósito para levantar el grandioso 
edificio que había dibujado en su alma. Iba comunmente á pasar la 
Semana Santa al monasterio de Guisando, situado en un monte, 
cerca de donde están los famosos toros de este nombre, entre Ce- 
breros y Cadalso; y la costumbre de ver aquel país rudo, pero ri- 
camente engalanado por la* naturaleza, aquellas peñas ásperas, pero 
vestidas con profusión de árboles, arbustos y flores, hizo que le 
cobrase afición, y pensase en plantear ,alli sus designios: mas cuan«- 
do lo consideró detenidamente se convenció dé que la aspereza de 
aquel país era indomable, y mucho lo que de Madrid distaba. Re- 
corrió las faldas de los montes situados al Norte dé la capital, co- 
nocidos con el nombre del Real de Manzanares, y tampoco en ellas 
se halló lugar á propósito; se pensó en Aranjuez, y hubo que aban- 
donar la idea por los muchos inconvenientes (]ue ofrecía. Por fin, 
resolvió se buscase lugar á propósito en la distancia media entre 
el monasterio de Guisando y el Real de Manzanares, y al efecto 
nombró una comisión compuesta de arquitectos, médicos y filósofos, 
dándoles el encargo de recorrer todas aquellas laderas, y buscar el 
sitio mas á propósito para que nada faltase en él á la realización 
completa de su grandioso<4)ensamiento; 

Con la presteza y cuidado que reaueria el mandamiento de un 
monarca tan enérgico, v que tanto haoia meditado el asunto, veri- 
ficaron los comisionados sus investigaciones, recorrieron todo el 
Real de Manzanares, sin hallar sitio á propósito; contentóles la fres- 
cura y abundante vejetacion de la Fresneda , pero por su insalu- 
bridad estaba casi despioblado ; pasaron á la Alberquilla , sitio que 
reunía cuanto podía apetecerse , mucho mas llano y alegre ^ue el 
que élijieron después^ pero escaso de aguas, y por lo tanto mutíl; 

!r por fin, un poco mas al Norte de dicha Alberquilla, ala mitad de 
a falda de una cordillera de montes que sale de las sierras de Gua- 
darrama, hallaron un sitio, que por la grande abundancia de aguas, 
fertilidad y frescura del terreno, buena calidad dé la piedra ner- 



TARTE trímera. 5 

roqueña ó de granito , y proximidad á buenos y abundantes pina- 
res para maderas de construcción, les pareció llenaría los deseos del 
monarca, á quien vueltos á Madrid, dieron parte detallado del re* 
sultado de su comisión. 

Mucho contentó á Felipe H la elección del sitio ,. porque la so- 
ledad y aspereza (|ue por .todas partes le rodea, se adaptaba mucho á 
su carácter meditabunda, á sus ideas melancólicas, y al objeto á 
que le destinaba, pues además de los fines ya indícaclos, se pre- 
ponía tener en él un retiro donde descansar de los negocios públi- 
cos, separado de la corte, -mas no tan lejos de ella que sus ausen- 
cias pudiesen perjudicar á los asuntos del Estado. No procedió sin 
embargo con precipitación, ni descansó en el solo parecer de los co- 
misionados; él mismo fue varias veces á reconocerlo y analizarlo, 
se informó detenidamente de la salubridad y fertilidad del' terreno, 

2 pesó en su penetración y prudencia las ventajas que en él se 
atiaban favorables á la realización de su gran proyecto. 
Encontrado ya sitio conveniente, pensó luego en elejir las per- 
sonas que fuesen masa propóisito para llenar cumplidamente el fin 
religioso y moral que se habia propuesto» y puso sus miras en la 
orden de San Gerónimo, no solo porque sienao nuevamente esta- 
blecida en España, estaba entonces en un estado admirable de re- 
cojimiento, virtud y observancia (i), sino también por la prefe- 
rencia y amor que le había manifestado su augusto padre, retirán- 
dose á vivir á uno de sus monasterios , y por la devoción que él 
mismo la tenia. Con este motivo, en el Capitulo general que celebró 
la Orden de San Gerónimo en el monasterio de Lupiana (provincia 
de ta Alcarria) en el año 1561^ se hizo presente de parte del rey, 
¿si aceptaría la Orden un mmasterío que pensaba edificar á honra 
y gloria de Dios, dedicado al mártir español San Lorenzo? Que vie-, 
sen lo aue en esto les parecia, y señalasen lueao personas que con 
Ululo ae Prior ^ Vicario y otros cargos fuesen a tomar posesión del 
sitio. La contestación de todo el Capitulo fue inclinar humildemente 
la cabeza, en señal de aceptar la merced con que S. R. M. los hon- 
raba , y procedieron luego á nombrar por Prior y primep fundador 
de aquella insigne casa al P. Fr. Juan de Hnete , profeso del mo- 
nasterio de. Zamora, y por Vicario el P. Fr. Juan de Colmenar, pro- 
feso de Guisando, amóos sngetos de muchísima probidad y virtud; 
dando inmediatamente cuenta al rey de la aceptación y nombra- 
mientos, y las gracias por la grande honra con que había distin- 
guido á la Orden. 



(4) Aunque la Orcieo de los inoojes de San Gerónimo hacia va algún tiempo que 
estaba establecida en Italia, y aun en España habia de algunos años atrás ermilaüos de 
este nombre, sin embargo, formal j canónicamente no se estableció hasta que la confirmó 
5 fondo en EspaSa el Papa Gregorio XI, por su Bula dada en ATÍftoo, día de San Luons 
ETangdista, 48 de octubre de 4573, nombrando por su primer Prelado á Fr. Pcd^o 
FernandeE Pecha, camarero que babia sido del rey Don Alonso XI, y después de su- 
hijo Doo Pedro, llanada el Cruel. 



6 HISTORIA DSL ESCORIAL. 

.Alegróse Felipe II con la huinildey reconocida contestación de 
los monjes, y luego con fecha H de noviembre de 1561 escribió á 
los nuevos electos, encargándoles que para el día de San Andrés 
próximo estuviesen en la villa de Guadarrama. £n cumplimiento 
de esta orden, el 30 de noviembre se reunieron en dicha villa, ade-^ 
noiás del Prior y Vicario electos por el Capítulo» el Secretario de S.H. 
Pedro de Hoyo, Juan Bautista de Toleao, famoso y entendido ar- 
quitecto, Fr. Gutiérrez de León, Prior del monasterio de San Ge- 
rónimo de Madrid» y algunos religiosos que los acompañaban, y 
pasaron al sitio destinaao, con el objéto.de ver si era á propósito 
para las. necesidades y género de vida acostumbradas en la religión 
de San Gerónimo, y si el terreno sé prestaría á la edidcacion, y 
tratar y convenir entre sí cuanto pudiese conducir á su mejor eje- 
cución y forma. 

Al subir el repecho que hay desde lá villa del Escorial hasta el 
Sitio, un huracán violento arrancó las bardas que habia sobre la pa- 
red de una pequeila viña y las arrojó á la cara de los viajeros, 
causándoles algún daño; mas ellos no se acobardaron sino que si- 
guieron su camino, y quedaron estraordinaríamente admirados de 
hallarse al día siguiente con un correo de S. M., y una carta en que 
les decia no se espantasen del aire que habia hecho, porque en Ma- 
drid habia sido lo mismo. ¡Tanto era el cuidado de Felipe II, y tan 
grande el deseo de verificar sus proyectos! 

Avisado por esta última comisión de que no habían encontrado 
dificultad alguna, sino antes al contrarío todo muy propio para lo 
que se proponía, fue el rey á pasar la Semana Santa, según tenia 
por costumbre, al monasterio dé Guisando, llevando en su compa- 
ñía al Duque de Alba, á Don Antonio de Toledo, Príor de San Juan, 
al Marqués de Cortes, Don Francisco Benavides, Marqués de las Na- 
vas, al de Chinchony otros caballeros, con su arquitecto mayor Juan 
Bautista de Toledo, que llevaba ya en muy buen estado la forma- 
ción del plano y traza del edificio. £1 segundo dia de Pascua salió 
deGuisandocontanlucidacompañía,aument,adaporlosPP.Fr.Juan 
del Colmenar, Fr. Juan de San Gerónimo y Fr. Miguel de la Cruz, 
con los que fue á hacer noche al Escorial. Se detuvo allí dos días, 
volviendo á reconocer detenidamente el sitio y sus contornos, los 
bosques inmediatos, los manantiales y fuentes, haciendo observa- 
ciones, dirijiendo preguntas y notándolo todo con estraña minucio- 
sidad é inteligencia; oespues de lo cual partió para Madrid cóh los 
que le acompañaban, quedándose solos los monjes en la villa del 
Escorial, con el encargo de hacer preparativos y comprar provisio- 
nes para cuando comenzase le obra. 

En estremo pequeña y miserable era entonces la villa del Esco- 
rial, pues el mismo Fr. Juan de San Gerónimo, como testigo ocular, 
dice en sus memorias manuscritas, que en toda ella no había ni una 
chimenea ni una.sola ventana, de modo. que la luz, el humo, las 
bestias y los hombres, todos tenían una entrada y salida común; y 



PAATB PEIMSRA. 7 

el P. Sígttenza añade « para poaderar la miseria de dicho pueblo, 
que estaba taa escondido y olvidado , (¡oe iií aun lo^ escríoanos y 
alguaciles dé Segovia» gente que anda á descubrir cuestiones para 
sus intereses ilícitos, tenian noticia del nombre del Escorial. En una 
de aquellas pobres chozas se albergaron los monjes con harta in« 
comodidad, y desde alli subían todos los dias á cuidar de los peones 

3ue trabajaban en el desmonte, que comenzó á principios de abril 
el afto 1562. 

Todo lo queocuna ahora el monasterio era entonces un iaral tan 
espesó V enmaraftaao, que los pastores de aquellas inmeaiaciones 
teniap hechos en él sus rediles para guarecer sus ganados del frío 
en el invierno, y sus abrevaderos y siestas para el verano. Babia 
dentro de él dos abundantísimas fuentes que jamás se secaban, la una 
de agua sumamente delgada y digestiva , llamada de Blasco Sancho 
(ahora está junto al estanque grande de la huerta, y se llama la 
rúente del Estribo); la otra mas apartada á Poniente , á que daban 
el nombre de Matarlas^fuentes, porque los ganados preferían beber 
de ella por tener algo mas de sal. Después oe la funaacion se la Ua- 
mó fuente de la Reina, se la formó cañería,, y estaba en el camino 
que va á las Navas del Marqués; ahora está enteramente perdida y 
abandonada» y sus aguas suelen filtrarse y correr por medio del 
camino. 

Apenas se había concluido el desmonte y arranque de la jara, 
Felipe 11, acompañado de los mismos caballeros que en la Semana 
Santa anterior, volvió al Sitio, y quiso que á su presencia se acor-- 
dolase y estacase, á fin de señalar las Uneás por donde debían abrirse 
los cimientos. Golpeados el rey y los caballeros en lugar competente 

Sara verjo' bien, ejecutó la operación el entendido arquitecto Juan 
autísta de Toledo, con arreglo al plano del edificio que él mismo 
había trazado. Para evitar, que los vientos fuertes aue reinan co* 
munmente én este sitio hiriesen de frente las Eachaaas del edificio, 
y para que las habitaciones gozasen mas el sol del Mediodía, je pa- 
reció oportuno colocarlo con poco mas de un grado de incliñacioD 
hacía el Qricnte; y con este desvío de los puntos cardinales se tiró 
la primera línea de Oriente á PónientQ en la estension de 580 pies (1 }. 
En sus estremos se levantaron dos perpendiculares de Norte á Me- 
diodía, de 735 pies cada una, cerrando con la cuarta, paralela á la 
primera, un paralelógramo rectángulo, cuyos lados situados al Orien- 
te y Poniente, tienen i 55 pies mas que los que miran á Mediodía y 
Norte. El área que quedó en medio, aunque á la vista parecía bas- 
tante plana, luego que se echaron íps niveles se vio que tenía una 
inclinación de mas de 30 píes, y además estaba llena de enormes 
peñascos, hendiduras, altos y bajos, que no costaron poco trabajo de 
nivelar. Concluida esta operación Felipe II cambió el nombre al ter* 



^ (4) PÍM cattcUanofl 6 tercias de Tara, que será la medida que usaré* tanto en la toarte 
iiisténaa coa* eo la. dcscríptÍTa. 



S HISTORIA BBL SfiCORlÁL . 

reno, y quiso que en adelante se llamase el Real Sitio db San Lo- 
BBNzo; con lo cual aquel país, antes olvidado é inculto, y en donde, 
la naturaleza se mostraba en toda so desaliñada rusticidad , quedó 
destinado á ser un verjel, ún emporio de las artes el mas famoso y 
conocido de Europa. 

Antes de continuar la historia de la fábrica del insigne monas-^ 
terio de San Lorenzo, razón será marcar su situación, y describir y 
dar noticia de sus inmediaciones, con lo cual quedará contestado de 
paso un dicho que tanto han repetido los émulos de* su fundador, y 
que en mi concepto, tiene mas de agudo que de cierto, mas de ma^ 
lícioso que de histórico, á saber: que Felipe II habia destruido y 
despoblado muchas villas y lugares para poblar un monaslerio de 
frailes; los lectores juzgarán á vista de los nechos. £1 terreno elejído 
para fundar el Real Sitio de San Lorenzo está situado á los 40* y 35' 
de longitud septentrional del meridiano de Madrid. Colocado ségun 
hemos dicho á la. mitad de la falda de la sierra llamada Carpenta- 
na, le rodean por la parte de Poniente y Norte unos altos picos (\ ), 
conocidos en el pais con diferentes nombres, de los cuales los prin- 
cipales son Macñota^ que es el que está hacia el Mediodía; San Be-* 
nito, colocado en medio -hácm el Poniente, forma á sos dos lados unas 
gargantas, por donde ;se prQcipitAn los vientos fuertes que tanto 
molestan, particularmente en invierno y primavera, pero que tan 
apacible y fresco hacen este pais en el verano. Al lado de éste ha- 
cia el Norte se eleva el ¡Halagan^ que es el que se une con las siét-^ 
ras de Guadarrama , Y en el que antiguamente habia una ^rñnitá 
llamada San Juan de Malagon, ala que los serranos del país hacían 
grandes romerías: hoy no existe ni aun rastro. Por.tóda la parte de 
Oriente y Mediodía se descubre «n lar^o y pintoresco horizonte, 
cuya vista es^ encantadora eñ Iqs días despejados de invierno; Su 
cielo es de un azul tan puro y trasparente, que con'dificoltad podrá 
encontrarse un país que le iguale; y esceptuando los diás'en que los 
vientos fuertes reinan, en los demás su temperatura es deliciosa aun 
en la estación mas cruda. Su distancia de Madrid es tan corta, que 
en los dias despejados se distingirencon la simple vista losedificios,' 



-r- 



M) Los nombres de los picos maá culminantes que rodean el EscoriaU con la altura 
que tieoea sobr« el uivel de la foiija, van paéstos á conttnuacioD éq la' stguienie tabla, 
qcce he eacoDtrado eik esta bibliotecsa. • 

• . Piés casts. 



■^ 



El primero de los Ermitaños' ma; distante al Mediodía tiene 1 ..;..:, .* ''I4S8 

£1 segando de dichos Ermitaftos ^ ' %. *. ; .'« *. • < \A%4 

El que está sobro «1, Castafiar.. .... .., ,.....>...'. ^4^ 

El de Machota ^ ..,.*... ...' ..,....;.. -1088 

El de San Benito *.:...:.,... ........'; '.'.;'........:.: . 2610 

El cabo déla Torrctírila .• .... . . i .. . í . . * i. ..... .•.:* ^^59 

El de la ventisca del Alojero.. , *......, \ 937 

El delHelechar TT. ^695 

£1 puerto de Malagon .....: .......%... ^ «..';•*.. . . • 4*94 9 

El de la Crur de Eumcdio ,...: *S99 



PARTS PniMSRÁ. 9 

y por un camino recio do llegaría á cuatro legaas: por el que lu>y 
hay de calzada se cuentan ocno y algunas varas, según la última 
demarcación. La posición topográfica de Madrid respecto del Esco* 
rial es entre Oriente y Medioola ; á este i&ltimo punto está Toledo 
á 42 leguas; al Poniente Avila, qne dista 9, y otras tantas Segovia, 
situada al Norte. 

A larga distancia se ve una eérca que tiene sobre 40 l^uas de 
circunferencia, formada de piedra seca y a^ta como de unos 40 á 49 
pi^, la cual cierra bs frescos y amenos bosques con que Felipe lí 
dotó al monasterio; y que han estado desde entonces tan poblados y 
amenos, que ya ea^u tiempo el P. Sigttenza ios comparaba á una 
mata de aibáhaca^^ái el veranojlos cuales adquirió comprándoselos 
á los particulares que lo^ poseian.- La dehesa de la Herrería forma 
parte de estos bosques, Comienza en las mismas paredes del mo^ 
nasterio, y se é^^tieade á larga distancia por la parte de Mediodía. 
Fue antiguamente término de una población llamada Isl Herrería de 
Fuente Lámparas, que se cree haber e^ado situada en lo mas alto 
de la huerta que ahora ise llama del Castañar, donde aún quedan 
algunos Vestigios; pero despoblada de tan antiguo, que ya el afto 
4443 pertenecía á un solo partieukir llamado el doctor Juan García 
de San Román de Porras, de cuyos herederos la compfó Felipe II 
en 45.000 ducados. La iglesia parroquial se cree esturvo en un ter^ 
raplen cuadrado que* aún se conserva, con su pequeña iglesia den-* 
tro del Castailar; y en su termina habia una ermita de la Virgen de 
la Herrería, cuyas ruinas permanecen aún al pie del cerro Hamado 
de los Ermitafiosi délos cuales aún hubo alguno cuando se fundó el 
monasterio. Posteriormente se mandó derribar dicha ermita «n el 
año 4595, para evitar las profanaciones tan posibles en lugar des*- 
poblado, y la imagen fue trasladada á la villa del Escpria^ donde 
se venera ahora en una capilla particular. Dentro de esta misma po-» 
sesión está el Castañar de que hemos ha1)lado ya, que es una gran 
huerta, abundante de esquisitas frutas, con varias fuentes y sitios 
sumamente deliciosos; {Particularmente la placetoela llamada de los 
Tilos es un paraje lleno de poesía y encafito. ün poco mas hacía el 
Oriente, como un tiro de ballesta del Castaúar, estala llamada Silla 
de Felipe M, que son cinco asientos abiertos á pico en lo alto.de un 
enorme peñasco, donde tradicionalmente se asegura aue se sentaba 
el rey para observar desde allí los adelantes de la fábrica^ sin que 
notasen los obreros su presencia. 

Como un tiro de balado la Herrería, y en lomas hondo del valle^ 
comienza eí parque de la Fresneda, que también fue lugar rVoblado^ 
aunque siempre de pocos vecinos, y pobres. Cuando Felipe li compró 
este terreno álos cinco que lo poséum, en la c^utidád de^l ;822.SS7 
maravedís, no tehia mas que seis-ósietei vecinos saniamente pofaiFés, 
porque no eran mas que meros renteros. TJidavía sé consei^va-ia qne 
aotiguamelite fue iglesíar parroquial baja1á< advóéáeioh de San Jnah 
BautistBi rLoiqúeftté ottona^o de la iglesia formi¿aho|'a'teinoliÉiátvio 



, 4 O HISTORIA DEL ESCORIAL. 

cercado de boena pared de cal y canto, y la capilla mayor como es- 
taba, aunque renovada posteriormente. Hay en ella un retablo es- 
timable por su antigüedad, con pinturas sobre tabla, en cuya parte 
inferior bay una inscripción de letra de la llamada comunmente gó« 
tica alemana, pero que es la monacal dé privilegios rodados, suma- 
mente estrecha, que dice asi: Este retablo mandarofi facer los seño^ 
res del consejo de está villa, siendo cura el licenciado Frias^ cañó-- 
nigo i capiscol de Toledo^ en el año de 1314. En este sitio mandó 
después Felipe 11 fabricar un pequeño palacio, y una casa de recreo 
á modo de convento, donde los monjes tuviesen su granja, y por 
esto se llama ahora la Gran/tlia. Adornó aquella quinta con iardi- 
neSy que fueron los primeros que arregló y plantó el P.Fr. Marcos 
de Cardona, sugetó de gran habilidad é inteligencia en la horticul- 
tura, embellecidos con fuentes, cascadas y cenadores; hizo cinco 
magníGcos y costosos estanques para el riego, donde se cria buena 
y abundante pesca; y se plantaron en lodo el parque largas calles 
de árboles, que hacían aquel sitio deliciosísimo, aunque muy ter- 
cianario por la humedad de los estanques. Desde que dejó de exis* 
tír la comunidad, la capilla y casa no se han reparado; los jardi- 
nes, fuentes y estanques, ya muy deteriorados desde la invasión 
francesa, se han acabildo de perder; y las zarzas y el tiempo, ayu-^ 
dado de la mano destructora del hombre, han casi borrado las be-* 
Ilezas de aquella mansión deliciosa. ¡Desgracia es qpe lo que se 
habia conservado á través de dos siglos y medio, acabe de perder- 
se por la incuria y abandonol ' . 

Por toda la parte de Oriente detrás de la Fresneda en la direc- 
ción del Norte, se estiende un frondoso bosque á mas de legua y me- 
dia de distancia, cuyo cuartel principal es las Radas. En él se en- 
cuentra un poco á la izquierda de la Granjilla eL llamado Mirador 
de la Reina , que no es mas que una pequeña, torrecilla con tres 
grandes ventanas y la puerta, para que desde ella pudiera la reina 
ver pasar la caza sin peligro, y aun tirarla con comodidad en las 
grandes batidas. Es toda de piedra berroqueña labrada, y asentada 
sobre un gran peñasco^ al que se sube por una ancha escalera tam- 
bién de piedra. 

En el mismo cuartel y un poco mas al Norte se encuentra el lla- 
mado Canto deCastejon^ aue son otros peñascos por el estilo déla 
Silla de Felipe II. Antes de llegar alo alto, grabada en una gran 
peña se lee esta inscripción: J^n 1588 á^O de abril, tiró á esta peña 
el primer arcabuzazo el prúicipe Don Felipe, tercero de este nombre, 
siendo de edad de diez años y seis dias, en presencia de la M. del rey 
Don Felipe nuestro señor, su padre, y dé la señora Infanta Doña Isa-^ 
bel su hermana. Debajo hay otrá^ inscripción, cavada también en la 
misma peña en un hueco algo mas pecpi^e, que dice asi: En el fe* 
iiz reinado de Carlos IV se renovó esta inscripción, á il d$ mayo 
de 1 803. Desde el llano donde está esta inscripción sé sube á los dos 
picos del canto por dos escalerillas abiertas en la misma peña, con 



PAATB PRIMSRÁ. 41 

21 peldaños Ó gradas la de la derecha y 43 la de la izquierda. Ealo 
alto hay también abiertos algunos asientos, y tal vez es el punto 
desde doode mejor sé goza la vista del monasterio , y la frescura y 
estension del bosque. 

Las Radas se estienden hasta encontrarse casi al Norte con las 
ricas dehesas de Campillo y Monasterio, que fueron dos lugares, con 
ptro que alli cerca había, llamado la Colaciofide las Pozas, despo- 
blado ya de tiempo inmemorial. Pertenecieron estos lugares á dos 
hermanos del apellido de. Ajofrin, que murieron sin dejar sucesión 
en la batallado AIjubarrota, que Don Juan 1 de Castilla perdió en 
Portugal; y por esta^ausa pasaron & otros poseedores. Despuesde 
varios pleitos, ventas y vicisitudes, ^vinieron á poder de los Marque- 
ses de^a&lillana, y últimamente á los Condes de Tendílla y. Duque 
de.Maqueda, á quienes los compró Felipe 11 en 10.000 ducados. 
Cuando se verificó esta compra. Campillo contaba concuños ciento 
veinte. vecinos y Monasterio con sesenta, que eran generalmente 
pobres, y se ocupaban en un poco de labranza, criar ganados y cui- 
dar la hacienda del Duque, cuya principal especulación era llevar 
y^uas de vientre para criar en los términos de dichos pueblos los 
potros, que.salían bastante buenos y de mucha fatiga. A todos estos 
colonos Qió el rey facultad para avecindarse donde mejor les pare- 
ciese, eximiéndolos por su vida del pago de alcabalas y otros pe- 
chos, y haciéndolos otras mercedes, sin perjuicio de haberles paga* 
do bien si tenian alguna propiedad. De lo dicho hasta aquí se infie*- 
re qua estos dos fueron los únicos pueblos destruidos por Fdipe ü 
para poblar un convento, lo cual no me parece que merece t^nta y 
repetida ponderación. 

En Campillo se conserva aún un castillo antiguo, aunque muy va- 
riado interior y esteriormente. £s todo de piedra, y las paredes de 
mas de ocho pies de espesor, de forma enteramente cuadrada en 
la estension de unos 83 pies ppr lado y 74 de alto i con una 
sola puerta al Mediodía* La escalera, también de piedra, está 
construida con primor é inteligeneia, y sube á una sala cuadrada del 
piso principal, que no sé si llamarla sala de armas ó de representacio- 
nes. Está abierta basta el tejado; por el piso segundo la rodea un bal- 
conaje volado con antepechos de madera, y por eltercero unos arcos 
también con antepechos, que dan á una g;alería ancha que forma el 
piso tercero. En ¡^l.principaly segundo tiene ocho puertas, que dan 
entrada á otras tantas babitaciones. Tiene este castillo una cosa 
sumamente estrailá, que es en la parte que mira al Norte arrima- 
do al angulado Oriente, un cubo todo.de piedra, pero aunque ar^ 
rimado á las paredes del castillo fabricado con entera independen- 
cia de ellas. Su forma es semicircular; y de 6 á 7 pies de diá- 
metro el hueco interior^ con tres entradas ó. puertas junto al suelo 
que dan á la parle esterior del castillo, y sin mas comunicación 
con él que una abortara junto al tejado con antepecho de piedra. 
Asomándose, por ella parece un pozo profundo; y ni he hallado no- 



42 niSTORlA DEL ESCORIAL 

ticia alguna del uso á que puc|iera estar destinado, ni ninguna de 
las personas que he consultado lo ha podido comprender. Cuando 
Felipe 11 lo compró, mandó abrirle, algunos balcones en lugar.de 
los tragaluces que antes tenia^ y arreglar algún tanto las habita- 
ciones interiores; pero cuando quedó enteramente mudado fue al 
f principiar el reinado de Felipe IV. Entonces, en lugar de la plata- 
órma que lo cubría se duso tejado, (¡uitando un balconaje de hier-^ 
ro que corría todo alreaedor. También se edificaron entonces las 
casas que hay al lado, con el objeto de que los criados que acom- 
pañaban al Rey á caza tuviesen donde alojarse. 

También los Condes de Maqueda edificaron en el término de 
dicho pueblo una grande y para aauellos tiempos costosísima fábri- 
ca, donde se labraban armas de tooas clases. Hoy no quedan ya mas 
?ue algunos trozos de pared, á que se da en el pais el nombre del 
lolino de las Armas. 

En lo antiguo andaba por aquellos pueblos muy valida la tradi- 
ción de que en el término de Monasterio, que linda con el de Cam- 
pillo, huDo un pequeño palacio, donde el rey Don Rodrigo tuvo al- 
§un tiempo depositada á la Cava, á la cual venia á ver so preteslo 
e cazar en aqueHas dehesas; añadiendo que unos resto&de edificios 
antiguos con algunas bovedillas que aun ahora se rastrean en la 
ribera del rio Guadarrama, eran los baños que, según la costumbre 
de aquellos siglos, usaba dicha señora. Mas esta tradición está repu^ 
tada por enteramente fabulosa ^n una Rteal cédula que la Católica 
reina Doña Isabel I, fecha 5 de abril de 1503, espidió mandando al 
Comendador mayor de León edificase una casa en el término de 
Monasterio, donde Su Alteza pudiese alojarse cuando pasase por 
alli. Mízose pues la casa, que después disfrutaron los Condes de Ma- 
queda, y posteriormente rué derribada para edificar el palacio que 
ahora hay, y que en 1839 aún estaba bien conservado. Su forma 
es un cuadrángulo de 120 pies de largo por 60 de ancho. Tenia mi- 
rando al Occidente una lindísima fachada toda de piedra; cinco ar- 
cos formaban la entrada ó primer cuerpo, á los cuales correspon- 
dían en<el segundo otros tantos balcones muy rasgados, con sus cor- 
nisas, jambas y dinteles perfectamente labrados. Por encima corria 
una ancha comisa, remat(iiido la fachada con un triángulo ó fron- 
tispicio, en cuyo centro había una gran ventana circular. Aunque 
desde la invasión francesa habia Quedado sin puertas ni ventanas, 
lodo ló demás del edificio se hallaba en buen estado de conserva- 
ción; pero en 4839 al administrador patrimonial le ocurrió la fatal 
idea de desmantelar este edificio, con el protesto de aprovechar sus 
maderas, y lo qne consiguió fue destruirlo enteramente, pues las 
maderas sirvieron para poco ó nada, y el coste de quitarlas y con- 
ducirlas fue mucho mayor (jue el que hubiera ocasionado reparar tan 
Hndo y bien situado palacio. Abandonado ya enteramente Sucedió 
lo que era de espei'ar; la fachada enteca se vino abajo^ (quién sabe 
si alguna mano maliciosa cortaría su clave), y ahora ya no es mas 



PARTB PRIMBRA. 43 

qué un montón de ruinas. ¡Cuántos males causa un cálculo mal he- 
cho! 

Las iglesias parroquiales de los dos pueblos de que acabo de 
tratar, pertenecían á la jurisdicción eclesiástica .de Toledo; la de 
Campillo estaba dedicada á la Santísima Trinidad: hoy aún se con- 
serva enrrente del castillo , aunque en muy mal estado, la de Mo- 
nasterio, llamada Santa María de Marrubial. Algunas otras par- 
ticularidades notables de estos bosques se tocarán en el discurso de 
esta historia. Ahora volveré al terí'eno señalado y acordelado, para 
seguir paso á paso la fábrica de tan suntuoso edificio. 




CAPITULO 11. 



Noticia del arquitecto mayor y demJs personáis notables- encargadas de la-obra^--' 
Abrense los cimientos, yyrepdranse materiales. — Orden para suspenderla Jubrica, y 
arbitrio de Andrés de ^Imaguer. — Colócase la prím^ra piedra en el edificio jr en el 
templo,'-^strechez y pobreza con que estaba .Felipe Itd los principios, — PJan y diseño 
de Juan Bautista de Toledo, — ñfotivos de cambiarlo^ y dificultades que ofreció, — Se 
adopta el dictamen del P. f^Ulacastin.'— Fincas que compró Felipe 11, ía coste, y par" 

ticularidades de alguna de ellas," 



Elejído, desmontado y acordelado el lerfedo del ya llamado Si- 
tio de Saa Lorenzo, por los avisos que el monarca envió á todas 
partes comenzaron á acudir maestros , ^bficiales y peones , canteros', 
albaniles, carpinteros, herreros y demás oficiales mecánicos. Fue 
nombrado juez veedor y contador de toda la fábrica Andrés de Al- 
maguer, na/wra/ de Almorox, hombre de buen enlendimienlo y de 
verdad, á quien luego se unió por mandado' del rey para llevar la 
cuenta y razón y tener los libros, el P. Fr. Juan de San Gerónimo, 
religioso sumamente laborioso y entendido, autor de unas me^iorías 
manuscritas que se conservan en esta Real biblioteca, de las cuales 
dice él P. Sigüenza que tomó muchas de las noticiad que publicó 
en su historia, y á quien también he consultado yo detenidamente, 
y que pintó algunas aguadas y dibujos, y formó una gran colección 
ae l^s plantas y animales que de América enviábanla Felipe 1|, en 
cuya habitación sirvieron de adorno mucho tiempo. Desgraciada- 
mente no ha quedado ni una pequeña muestra de tan prolijo cómo 
útil trabajo. 

Dirijia la obra el arquitecto mayor Juan Bautista de Toleda, ar- 
tista eminentísimo, pues además de la profesión de arquitecto, de 
qué nos dejó muestra tan aventajada, era escultor, dibujaba per- 
fectamente, entendia las lenguas griega y latina, era filósofo y ma- 
temático, y de esta última ocultad escríDíó un tratado del Cuerpo 
cúbico, que también se guarda en esta biblioteca. Le ayudaba como 
obrero mayor el P. Fr. Antonio de Villacastin, monje gerónimo de 
la clase de coristas le^os, profeso en el monasterio de lá Sisla, de 
Toledo, que habia dado pruebas de'su inteligencia en el arle de edi- 
ficar, diríjiendo la obra de la habitación que en San Gerónimo de 
¥ustc se labró para morada del emperador Carlos V. Durante la 



PARÍS PRIMERA. 4S 

fábrica de San Lorenzo desplegó tal inteligencia, celo y actividad, 
que puede llamarse el agente principal , el alma de ella. Vino por 
pagador Juan de Paz, por aparejador ó maestro principal de cante- 
.ría Pedro de Tolosa, y no obstante Fr. Francisco de la Armedilla 
tenia á su cargo todas las canteras y toda la piedra que se recibía. 
Jusepe Flecha, italiano, él era maestro mayor de carpintería. 

Admirable era la trasformacion que diariamente se notaba^ no 
soleen el paraje acordelado, sino también en todas las inmediacio- 
nes. Por todas partes resonaban los golpes del hacha, de los picos y 
mazos; -peñascos enormes desaparecían como por encanto, y hoyos 
y aberturas inmensas quedaban igualadas con el suelo de la noche 
á la maftana, al paso que por las lineas acordeladas se abrían las 
profundas zanjas donde se hablan de sentar los cimientos. £n las 
inmediaciones se hacian grandes bascas para la cal, se construían 
hornos parálese v ladrillo, se abrían las canteras, se preparaban 
fraguas, y por todo el rededor se levantaban chozas, casas de ma- 
dera y tiendas de campaña para que los laborantes se guareciesen 
del temporal, y custodiasen sus herramientas; de modo que aquel 
lagar, poco antes tan desierto, tan silencioso y sombrío, había pa- 
sado á una estraordinaria animación, y á todas horas se oía el es- 
tallido de ios barrenos, el bullicio de la obra, y los rústicos y varia- 
dos cantares de los peones. 

Entre tanto iba desapareciendo el desaliño y aspereza natural 
del enmarañado bosque, y á impulso de la inteligencia y laboriosi- 
dad del P. Fr.Maroos de Cardona, profeso de la Murta de Barcelo- 
na, se convertían en amenos verjeles los sitios que poco antes ha- 
bían servido de morada al jabalí y de madriguera al lobo. Felipe II 
le había comísioaado v dado amplias facultades al efecto, y el monje 
correspondía á ellas cíe un modo sorprendente. 

Además dalos muchísimos peones que aquí se ocupaban, cua- 
drillas, numerosas cortaban' los corpulentos y nunca bastante pon- 
derados pinos de Cuenca; é igual operación se hacia en los pinares 
que (por decirlo asi) festonean el cuadro magnífico del Escorial, co- 
190 son los de Balsain, Guadarrama, Pinares Llanos, el Quejigar y 
Navaluen^a, mientras qué otros labraban y' aserraban las maderas 
acomodadas a los ciíferentes usos de construcción, y una carretería 
innumerable las conducía al rededor de la nueva fábrica. El que 
ignorando el objeto contemplase desde cualquiera de los j)icos que 
coronan el terreno el inmenso acopio dé niateríales, y la multitud 
de gente afanosa que se movía en las laderas y en los valles, hu- 
biera creído se.trataba de levantar á la vez la capital de un grande 
imperio. 

En todo el año de 1562 y principios del siguiente, á pesar de la 
multitud de operarios y buena dirección de los maestros, no se hizo 
mas que preparar el terreno, abrir las zanjas principales para los 
cimientos, y allegar piedras y materiales de todo género. Va todo 
estaba preparado cuando Felipe II, al lener que marchar á las cor- 



<6 HISTOaiÁ DBXi B8C0RIAL. 

tes de Mo&zoB, se eacontró tan escaso de recursos, que mandó sus- 
peader de todo punto la obra comenzada. Muchísima pena causó á 
lodos la soberana determinación; porque veían los grandes pérjui*- 
cios que esta suspensión indePuiida iba á causar, los enormes gas-, 
tos que iban á inutilizarse por la pérdida de materiales, y porque 
los obreros se retirarían, y el descrédito que resultaría; pero el 
contador Andrés de Alniagner, con sus muchos conocimientos y 
claro talento, dio noticia á «$. É. de cierto aviso, del cual se saca- 
ron dineros para proseguir la obra détele monasterio, ¡os cuales du-^ 
raron hasta que S. M. señaló el dinero que se habia de gastar (<). 
La obra pues continuó sin ínterrupcion«yFelipeIl para darla mas 
impulso, y con el carácter previsor que le distinguía, envió para 
que estuviese al lado de Juan Bautista de Toledo al qué después no 
solo dividió sino que arrebató toda la gloria de su maestro, al que 
fue prez y lustre de la arquitectura española, al célebre Juan de 
Herrera, "á quien por esta razoñ se daban cien ducados anuales de 
salario ó entretenimiento (1). 

Había llegado también por este tiempo el primer Prior Fr. Juan 
de Huete, acompañado de otros dos. religiosos. Los cinco (|ue en el 
Sitio habia lo recibieron con amor y humildad , y lo condujeron á su 
nueva habitación, que era una pequeña casa que Felipe II les habia 
comprado en la villa del Escorial, que aunque muy miserable pu*- 
dieron dividirla en muy estrechas celdillas, y hacer á su lado una 
pequeña huerta. 

Pareció á Juan Bautista de Toledo que habia reunido los ma- 
teriales necesarias, y se estaba en el caso de comenzar á edificar; 
y á fin de que no faltase la solemnidad correspondiente en el prin* 
cipio de tan grande fábrica, dio aviso al Prior y monjes, que con- 
vinieron con él en que el 23 de abril de aquel año de 4 563 se co- 
locase la primera piedra. Kl Prior, por sus muchos años y que- 
brauiada salud no pudo asistir; pero lo hicieron el Vicario y demás 
monjes, á' los que se reunieron todos los maestros, oficiales y peones 
para celebrar la inauguración de la obra. Bajaron todos en proce- 
sión á la ancha y profunda zanja, que se estendía de Oriente á Po^ 
niente, y en llegando al medio de ella, puestos de rodillas, canta- 
ron los religiosos varios salmos y oraciones, invocando el favor del 
cieh), y luego colocaron en el centro de la fachada de Mediodía, 
debajo de donde ahora está el asiento del Prior en el refectorio, 



(4)> Esta noticia, de que no hacen incncioD ni ci P. SigQienia ni Fr. Joan de San Ge- 
rónimo, la he encontrado cu el libro de netas capitulares de csla comunidad, traida con 
motivo de tratarse en ella de conceder una pensión á ios hijos de Almagucr en recom- 
pensa de los servicios prestados por su padre, y señaladamente de este, sobre "t^l cual no 
dice mas que las palabras que van de letra batlardilia ; v en mis investigaciones no he 
podido encontrar cuál «fue el arbitrio propuesto por Almaguer, ó de dónde se adquirió 
nquci dinero, pero no cabe duda qñe el servicio fue señaladisim^. 

(2) Memorial de Juan de Herrera presentado á Felipe II por conducto de su scfTcIaríri 
Maleo Vayqucz. (.\ola en el libro de Acias capitulares ) * 



PARTB PRIMERA. t7 

ana piedra cuadrada, en cuyas tres caras se leián las* siguientes 
inscripciones, esculpidas por mano del mismo Juan de Herrera, se- 
gún él mismo lo dice en el memorial ya citado. 
En el plano superior. 

DEÜS O. M. OPERl ASPICIÁT. 

En el de la derecha: 

PHILIPPUS II. HISPANIIRCM REX A 

FÜNDAMENTIS ERIGIT. 

MDLXKl. 

. En el de la i^uierdá: 

JOANNES BAPTISTA ARCHITECTÜS 
MAJOR IX. KAL. MAU (\). 

También se encontró en esta operación el P. Villacastin., que 
invitado por el arquitecto y demás circunstantes para que ayudase 
á colocarla , respondió: ^^ Asienten ellos la primera piedra , ([ue yo 
para la postrera me guardo.'' Dios le concedió colmado este de- 
seo, pues no solo la colocó por su mano, sino que vivió hasta el 
año de 4602. 

Al mismo tiempo que se iban sentando piedras en todos los ci- 
mientos, formaba el arquitecto dos grandes conductos para sanea- 
miento del terreno,' dejándole completamente enjuto y sin pelí^ 
de humedad. Estos son dos grandes desagües ó brazos de bóveaa, 
de diez á doce pies de alto por cinco de ancho, donde se receje no 
solo el sobrante de las fuentes, sino también los manantiales y aguas 
infiltradas y Itovedizas. Atraviesan la mayor parte del edincio por 
los dos lados de la iglesia, terminando el uno en un sumidero ó 
pozo profundo que* hay en ella debajo del primer altar á la izquíer* 
da entrando por lá puerta principal, y el otro debajo de los jardi- 
nes, en lo que ahora se llama el Bosquecillo del Prior. 

De todo hacian circunstanciada relación y daban puntual cuen- 
ta al rey, que lo. aprobó, y dio luego aviso de que quería hallarse 
á la colocación de la primera piedra del templo. Con este objeto 
partió de Madrid hacia ipediados de agosto, acompañado de muchos 

Srandes y caballeros de su corte, y llevando consigo á Fr. Bemar- 
de la Fresneda, su <;onfesor, que ya entonces era Obispo de 
Cuenca. Apenas llegó al Sitio, señaló para la ceremonia de la co- 



(4) He copiado la« ioacripeioiH^ tal cono las trae eo tos memorias miDOscrítas el 
r. Fr. Juan de San Ger'óoiniOi testigo presencial» «jue se difereocian de las del P. Sijpleo* 
7.a, CD que este en la segunda inscripción usa del verbo pretérito erexit; j en la tercera 
omine el mnjor después de Arehifretns^ y estas me parecen mas propias. 

PARTK T. 2 



48 tlISTOllIA. DEL ESCORIAL 

locación de lá priipera piedra de la iglesia el día SO del mismo 
mes, eo que se celebra la fiesta de San Bernardo, y según su man- 
dato toda estuvo dispuesto para dicho día. Desde por lamafiana se 
prepararon tres altares: uno en el lugar designado para capilla ma- 
yor, en el cual estaba colocada una cruz de madera; otro al lado 
del Evangelio, y en él un devoto Crucifijo que había sido del Em- 
perador Carlos V ; y el tercero, que tenia una devota imagen de la 
Virgen, estaba colocado al lado de la Epístola, junto al lugar don- 
de ahora está la reja que da entrada á la sacristía,. que era donde 
se habia de colocar la primera piedra. Era esta angular, cuadrada, 
pequeña y pintada en uno de sus lados iina cruz roja, y quedó des- 
de luego puesta sobre un altar desnudo, cubierta con una finísima 
toballa blanca. ..\ 

Todos los emples^dos, maestros y peones de la fábrica , vestidos 
lo mas decentemente que pudieron , hablan bajada con anticipa- 
ción á la villa del Escorial^ y.á las tres de la tarde salió de ella el 
Rey, acompañado de algunos grandes y de stí servidumbre; y pre- 
cedido primero de los obreros, luego de la Comunidad, subió ai Si- 
tio, y ocupó un asiento que se le. habia preparado junto al altar, 
para que pudiese ver bien de cerca todas las ceremonias. £1 Obispo 
de Cuenca, vestido de pontifical, bendijo la piedra según el rito de 
la Iglesia romana; y puestos todos en procesión, el Prior y Vicario 
tomaron la piedra , aue al concluir la procesión pasaron á manos 
de Felipe 11. Este, lleno de una satisfacción que se dejaba bien 
xonocer á pesar de la natural austeridad de su semblante, con mu- 
chísima devoción 1á tomó en sus manos, y fuéá colocarla en el lu- 
gar designado. Acabáronla de sentiar los arquitectos , y luego pu- 
sieron sobre ella otra piedra grande que estaba suspendida dentro 
de la zanja , señalada también con cruces rojas jcomo la pequeña. 
Luego que los operarios acabaron de asentarla y afirmarla, torna- 
ron todos á colocarse en orden, y cantando los salmos y oraciones 
(^rescritos en el ceremonial, dieron vuelta, caminando por dentro de 
a zanja que marcaba el ámbito de la iglesia, hasta volver al mis- 
mo punto donde se habia colocado la piedra, y allí , recibida la 
bendición episcopal y concluida la ceremonia , volvieron todos á 
acompañar al Rey hasta su alojamiento, que nada por cierto tenia 
entonces de regio üi fastuoso. 

Realmente, al contemplará Felipe II en la estrechez y pobreza 
de su morada, ocurre la iaea de que al mismo tiempo que aoría los 
cimientos y colocábala primera piedra del templo material de Dios, 
tal vez el mas digno que tiene en la tierra, trataba también de pu- , 
rificar su alma, descendiendo hasta lo mas profundo del cimiento de 
la humildad. Cuando se preparaba á hacer gastos tan crecidos, 
cuando todo lo preveía , nada descuidaba para las necesidades de 
los demás; él solo parecía enteramente olvidado de si mismo, y 
nada disponía ni mandaba preparar de cuanto podía necesitarse pa- 
ra el cuidado y decoro de su persona real. Procuraba con el ina- 



^RUI£RÁ PARtE. i9 

yor esmero y solicitud que hubiese que comer para los operarios; 
mandaba á ios maestros y sobrestantes que no los sacasen de su por 
80 , é hiciesen de modo que lo que aanasen, mas pareciese limosna 
que jornal; y además» por una Keai orden fecha en Madrid á 48 de 
enero de 1563, refrendada por su secretario Pedro de Hoyo, mandó 

S|ue á ninguno de los maestros, oficiales, peones ni destajeros de la 
ábrica del monasterio se les cóbrase contribución de ningún gé- 
nero mientras durase la obra. ¡Cuan bien conocía Felipe II que 
tale mas ganar la voluntad que emplear el rigor y la violencia! 
Al mismo tiempo hizo comprar la casa mas capaz que pudo encon- 
trarse en lar villa del Escorial,* y estableció en ella un hospital per* 
fectamente montad^, que al principio tuvo once camas, y muy 
pronto se aumentaron basta setenta, para que en él se curasen los 
jornaleros enfermos; lo cual se hacia con tal esmero y cuidado^ que 
según la espresion del P.^igüenza , cotí solo el regalo y limpieza, 
sin mas medicina^ sanaban (1). 

Pues el que tan minuciosamente se habia ocupado hasta de los 
miserables peones, cuando venia á ver la fábrica^ que era con mu- 
chísima frecuencia , el palacio donde se hospedaba el monarca de 
dos mundos era una pequeña y miserable habitación en casa del 
cura, su trono una banqueta de tres pies hecha naturalmente de un 
tocón de un árbol, y en la aue se sentaba al lado de la lumbre en 
el invierno. Cuando asistía a los divinos oficios en el oratorio ó ca- 
pilla improvisada por los monjes en la pequeña casilla que habi- 
taban, se le vio no pocas veces derramar lágrimas de ternura al 
ver á Dios y á él reducidos á tanta estrechez y pobreza. La capilla, 
que era un pequeño aposento, tenia por cielo una mantilla de paño 
blanco , de las que usaban los monjes en sus camas , que servia 
únicamente para impedir qoe se viesen las estrellas por entre las 



(-1) Para qoc se pueda formar ana idea del esUdo que esta enfermería tendría, copiaré 
parte de la entrega original que de ella se hizo á los monjes después de concluida la 
obra enteramente. Dice asi: 

En la Tilla del Eseorial á 7 dias del mes de mayo de 4599 altos, en presencia de An- 
tón Alonso de PaUcio, teniente de alcalde mayor de esta Tilla, entregaron en dieba cn^ 
fermeria, etc.» de San Lorenzo el Real al P. Fr. Alonso de SegoTia: 

Sábanas «. 410 

Id. inservibles * 5 

Id. que tiene el administrador ▼ su criado. . ' -14 

Camisas nueras y viejas que pueden servir. . 515 

JEscofietas nuevas j viejaa que pueden servir. 473 

Id. inservibles 24 

Almohadas. • ..'.*...• 4<tB 

Escupideras 88 

Colchones con lana» < 477 

Caberlores 489 

Trazadas 407 

* Cajas de madera de p)no para servicios. ... 23 
■ ' Arrobas de lana de cokb^nes desbeebo;. . . 70 



so HISTORIA DXL ESCORIAL. 

lejas. El altar mayor y único consistía todo su adorno en un Cru- 
cilijo pintado concarbon en la misma pared por un monje que sa- 
bia bien poco de dibujo; el frontaltar y la casulla eran de una co- 
tonía Tieta y raida, y á proporción los demás ornamentos. La silla 
donde Felipe 11 se sentaoa durante la Misa y demás oficios del co- 
ro era muy vieja, y para mayor decencia la rodeaban con un pa- 
ñuelo francés que prestó Almaguer, que estaba ya viejo, deshilado 
y lleno de agujeros. ^Tanta era la pobreza y descomodidad con que 
estuvo por bastante tiempo! 

Después en el mismo local se edificó una casa algún tanto mas 
cómoda, si bien muy estrecha; se dividió en celdillas p*ara cada uno 
de los monjes , se arregló una capilla algo mas decente , y en ella 
mandó el Rej^ ({oe le hiciesen un aposentillo con su tribuna, para 
desde allí asistir á los Oticios y sermones ; pero todo tan reducido, 
que tenía que estar continuamente ju#lo con los monjes, y aun 
aconteció una noohe en Maitines sentarse Felipe 11 y su bufón Mi- 
guel de Antona, que le acompañaba, en un pedazo de banco donde 
estaba sentado un hombre del pueblo. Cuánta sería la estrechez 
puede aún calcularse por las ruinas de dicha casa, que boy se ven 
en la plaza de la villa del Escorial, y en cuyo recinto habitaba una 
Comunidad que ya contaba doce ó catorce monjes, y un Monarca. 
Por parte de la Orden de San Gerónimo se ponía también coan- 
ta diligencia era posible en ayudar los intentos del Rey; y el Ge- 
neral iba escojiendo en todos los monasterios de ella y enviando 
los monjes mas aventajados en virtud, mas inteligentes en las be- 
llas artes, ó que se distinguían por alguna habilidad notable, y los 
mas avezados en la administración temporal, á fin de que nada se 
echase de menos en la edificación de obra tan gigantesca. En obse- 
quio de la brevedad omitiré los nombréis, oficios, y las épocas en 
3ue fueron llegando, y solo haré especial mención' de algunos cuan- 
tenga que describir las obras aué ejecutaron, ó refiera los ser- 
vicios señalados que prestaron en la edificación. 

Se iba adelantando en la obra según el plan general formado 
por Juan Bautista de Toledo, que aunque en su traza, perfiles y dis- 
tribución principal era como ahora se ve, en lo -demás ha sufrido 
grandes é importantes modificaciones. Lástima es que pereciese 
el modelo de madera que de todo el edificio había hecho este 
aventajado artista , pues en él los inteligentes podrían estudiar el 
lleno de su concepción, y juzgar de las modificaciones después 
adoptadas. Mas ya que aquella pérdida es irreparable, crea no dis- 
gustará que indique brevemente algo de lo que he podido alcan- 
zar de su primitivo proyecto. 

Dividió el cuadrángulo que abraza todo ei terreno en tres par- 
tes iguales en la dirección de Oriente á Poniente. La del centro de- 
bía ocuparla el templo, que formaba una cruz latina ó de brazos 
desiguales; la del Mediodía el convento; la del Norte el Real pala- 
cio. Además de las torres que hoy hay en ios ángulos, debían ha- 



PART£ PRIMBBA. 34 

berse tevantadó otras dos á los lados de la fachada ó puerta pria- 
cipal, que no hay duda bubiesea becho la eutrada nms magestuosa 
y grAudl: otras dos junto á la capilla mayor mirando á Oriente, y 
en las-que pensó colocar las campanas. Esto, aunque hubiera he- 
cho algo mas armojDiosa y elegante toda la fachada de Oriente, 
que ahora presenta una vista poco grata por los muchos cuerpos 
salletes y desiguales que en ella se notan , hubiera sido muy in- 
cómodo para las personas reales, & quienes hubiera molestado mu- 
cho el tener las campanas encima de sus habitaciones. La parte 
del convento la dividió en cinco' claustros , uno gradee y cuatro 
pequeños, que juntos ocupasen tanto como el grande^ y los babia 
de separar una torre levantada en el centro de la fachada del Me- 
diodía, en la que aún se ve el resalto marcado. La parte del Nor- 
te dividió en dos porciones iguales , separadas |)or otra torre en 
correspondencia con la del Mediodía; en la sección mas oriental 
colocaba las habitaciones para los cortesanos y real servidumbre; 
y en la de Poniente debían estar las cocinas , graneros , cuadras y 
demás oficinas indispensables, fill aposento realdebia ocupar como 
ahora ^porque este fue siempre el deseo de Felipe II, para tener 
una tribuna en la capilla mayor) la inmediación de dicna capilla. 
Los claustros pequeños son los que sufrieron mas modificación, 
porque en el plan de Toledo no tenian mas que un piso con dos 
órdenes de ventanas y el principal tres, aunque unas eran solo fi* 
guradas. Los remates ó capiteles de las torres y algunas otras me- 
nudencias, y particularmente la distribución interior de la parte del 
Norte, también cambiaron notablemente, según lo exijió la necesi- 
dad en unas, ó al gusto de Herrera plugo variarla en otras. 
Aunque indicada con la brevedad posible, esta era la planta y 

Ecimer proyecto de Juan Bautista de Toledo , que al formarla ha- 
ia procurado arreglarse en un todo á los fines é idea de Felipe II. 
Pero éste , que meditaba constantemente sobre la fábrica y objeto 
á que la destinaba, conoció que el número de cincuenta monjes 

Iue al principio habia fijado era insuficiente, no solo para custo^ 
iar y conservar un edificio tan vasto, sino también para tener en 
él un culto cual correspondía á su grandeza , y cumplir las cargas 
religiosas 'que pensaba imponerles ; y se convenció de que para 
llenar completamente estos objetos se necesitaría al menos cloble 
número. En consecuencia consultó á Juan Bautista de Toledo y á 
otros arquitectos para ver cómo se habían de hacer habitaciones 
dobles de las que se habían calculado al principio, y agrandar en 
debida proporción todas las oficinas: y como sucede siempre en ta- 
les consultas, cada uno dio su dictamen, luciendo su pericia en el 
arte. Unos querían que de todo punto se varíase la primera planta; 
otros que se aumentasen claustros interiores; y otros discurrieron 
otros medios, pero ninguno que gustase al Rey. Llamó por fin al 
inteligente obrero Fr. Antonio de Víllacastin, que sin pretensiones 
de inventor, y dejando á Toledo en el lugar que le correspondía, 



22 HISTORIA DXL ESCORIAL. 

propuso lo qae ahora se ve, esto es , que «¡a variar en nada lo 
esencial de la planta primitiva , se levantase todcel edificio otro 
tanto mas. puesto que la solidez de los cimientos lo sufriálf y con 
esto se doblaban las habitaciones, y además toda la fábrica recibi- 
ría más hermosura y grandeza , la cornisa úkima correría al nivel 
por todo el rededor, las araas, tejados y caballetes subirían á una 
altura, y las fachadas quedarían por fuera mas uniformes y hermo- 
sas , dando al todo mas gravedad. No pudieron menos de aprobar 
todos este plan , aunque discurrido por un humilde lego , porque 
sobre ser ef mas fácil en la ejecución nada inutilizaba de lo ya 
hecho, y llenaba cumplidamente el objeto del Rey, á quien con-^ 
tentó mucho el talento de Fr. Antonio. 

Vencida la dificultad aue acabo de indicar, y aprobado en todas 
sus partes el proyecto del lego, se volvió con calerá la obra, prin- 
cipalmente en el ángulo entre Pqpiente y Mediodía, que en lo in- 
terior corresponde á los claustros en que ahora está la iglesia vieja 
(con este nómbreos designada comunmente, por lo que mas adelan- 
te se dirá), la enfermería, el refectorio y cocina; y aunque en lo de- 
más de la obra apenas se cubrían las zanjas de los cimientos , en 
esta parte se adelantaba mucho^ porque Felipe II deseaba con ansia 
que hubiese iglesia donde desde luego se comenzasen á celebrar 
los divinos Oficios^ y habitaciones donde provisionalmente se aloja- 
sen los monjes, no solo porque saliesen de la estrechísima y pobre 
casa que teman en el Escorial, sino también para que estuviesen mas 
á la vista, y su laboriosidad y presencia sirviese de estímulo á los 
trabajadores. 

Abrumado por los muchos afios, y quebrantado por las auste- 
ridades, murió- el primer Prior Fr. Juan de Huele; y los monjes, 
hechas las exequias, le depositaron en el campo santo (á cuyo ob- 
jeto estaba destinado un prado cercado de pareo, con una gran cruz 
de piedra en medio, que ahora se ve entre el jardin de Abajo y la 
villa del Escorial), hasta poderlo subir al monasterio. Al momento 
el General déla orden, proponiéndolo asi el rey, nombró parasoce- 
derle al P. Fr. Juan del Colmenar, que según se dijo hania venido 
de primer Vicario. 

Al mismo tiempo que Felipe II vigilaba y atendía con esmero 
á la edificación material del edificio, no descuidaba ninguna délas 
otras cosas indispensables para que su idea fuese en todo completa. 
Para que la nueva fábrica y sus habitadtes comenzasen á tener de 
donde mantenerse , compro en el afio h 563 de los herederos de 
Gómez de Yillalba las dos dehesas llamadas del Quejigar y Nava- 
luenga (I ); la primera en 42.335.909 mrs., y la segunda en 5.800 



(4) Ed el térmioo de esta posesión á Navaioenga, jurisdicción de la ciudad de Avila, 
como á unos mil pasos de distancia del rio Alberche, en la orilla misma de un arroyo lla- 
mado eo el pais de la Lüera, formadp por el a^a de ona fuente del mismo nombre, se 



PARTB PRIMBAA. 



S3 



daca4os. Sucesivamente adquirió también la Herrería , Fresneda, 
Campillo y Monasterio con sus términos, como antes dije: después 
en 4567 compró á los monjes gerónimos de Guadulupe, en la canti- 
dad de 2.037.900 mrs., el heredamiento de San Sadomin, llamado 
comufímeüiéM Sanio, situado en la ribera del rio Alberche; y en el 
mismo afio alcanzó una bula del Sumo Pontífice Pió Y, por la cual 
la abadía llamada-de Santa María la Real de Parraces fué^ unida 
en lo temporal y espiritual al monasterio de San Loreíizo/con todas 
sus rentas y posesiones. 

^ Dicha abadía. está situada en Castilla la Vieja, á cinco leguas 
de la ciudad de Segovia, y perteneció á los canónigos reglares de 
San Agustín, que en aquella época la habían abandonado.liasta el 
punto de no haber en ella mas que dos canónigos profesos v algu- 
nos racionerosr. k consecuencia oe la bula citacb, en enero ae 4 567 
el Nuncio de Su Santidad y el Obispo de Cpenca, á ^quienes había 
venido cometida aquella aujeiion, acompasados del escribano Rosa- 



eocticntra ont grao piedra berroqpeQa natural, ó como dicen vulgarmente tmcediza, que 
deja descubierta sobre b tierra una superficie de cerca de 5 varas de larga por T 



ccv 

MRCI 
CA C 



ELLT FÍLI HVIY^^ 
BrMRCCLLa 



palmos de ancbá, de forma irregular como está diseñada, y hendida por el medio. Hay en 
ella grabada una inscripción , que en mi corto entender manifiesta ser una sefial miliaria 
de loa romanos. El paso de una' senda por la misma piedra ha destruido en su mayor par- 
te las letras,* de las cuales solo he podido sacar con mucho cuidado y trabajo las que van 
anotadas, y aun las de la derecha con no mucha seguridad. ^ 



24 HISTORIA DXL BSCORIAXi. 

les de Pernia) pusieron en posesión de la abadía al P. Fr.. Joan del 
Espinar,' que represenUiba con poder suficiente ad hock la Cornil- 
nioaid de dan Lorenzo; Felipe 11 proveyó luego á la decorosa sub- 
sistencia de tos canónigos y racioneros, dándoles á unos dignidades 
correspondientes á su capacidad y méritos, y á otros pensiones que 
luego se siguieron pagando de las rentas del monasterio, hasta que 
fallecieron los que las habian obtenido. 



CAPÍTULO Hl. 



Se estttbjece un colegio y semimirio en Parmets.-^Capüuio'general que celebra la 
Orden de San Gerónimo, en '1 567, y lo que en él se concedió d Felipe II, — Estado de 
la obra. — Profesión de los primeros monjes.'— Iglesia provisional.— Comienza d ser ha-' 
hitado el nuevo edificio^ y d celebrarse constantemente el O/icio divino. — Noticia de la 
victoria de .Lepanto jr descripción del estandarte turco, — Traslación de los primeros 
cuerpos reales J San Lorenzo^ con. otros pormenores. 



Luego que á nombre de la Comunidad se> tomó posesión de todas 
las rentas, granjas y edificios pertenecientes áParraces, le pareció á 
Felipe 11 que podia ya ciomenzar aponer en planta su idea, y á co- 
jer algún fruto de eila/No se había limitado su proyecto ásoIo lo 
grande y magnífico de la obra, sino que la nación había de reportar 
también alguna utilida.d, y la religión, la moral y las 4etras habían 
de tener allí i^n asilo yjugar preferente; y para decirlo con sus tnis- 
mas palabras, se proponía que ét monasterio que edificaba'fuese un 
perpetuo seminario de santos y sabios. Dispuso, pues, que al ins- 
tante, y entretanto el edificio estaba én disposición de llenar todos 
los objetos que se había propuesto, se estableciese en el pequeño 
pero lindo monasterio de Santa María la Real de Parraces un se- 
minario, con arreglo á lo que en la sesión ^3 previene el concilio de 
Trento*! En él debían reunirse veinte y cuatro niños, que bajo la 
inmediata dirección del monje que se destinase para rector del dicho 
seminario, aprendiesen los fundamentos- de nuestra santa re^lígion, 
moral y buenas costumbres, al mismo tiempo que la gramática y 
retórica, que' enseñarían un preceptor y un repetidor ó pasante. Al 
mismo tiempo se estableció un colegio donde se estudiasen artes y 
ciencias eclesiásticas, principalmente los monjes de la Orden de San 
Gerónimo, que habian de ser también veinte y cuatro, los doce pa« 
ra comenzar artes y los restantes teología, renovándose en propor- 
ción que fuesen concluyendo la carrera. Se crearon también doce 
plazas de becas, para que pudiesen obtenerlas los seminarios hasta 



PÁRTJI PRIUBBA. 25 

•i 1 

concluir lar leología. Todas eslas plazas eran gratuitas , y de las 
rentas del monasterio se suminislraba para su alimento y vestido; 
y ¿demás las aulas eran públicas para tcídos los que quisiesen asis- 
tir á ellas, tanto 'eclesiásticos como seglares, y para la validación 
de los cursos fué incorporado á lá universidad de Alcalá. 

En e^te mismo año de i 567/en 6 de ab/il» la Orden de San Ge- 
rónimo celebró Capitulo general én San Bartolomé de Lopiana, al 
que asistip el doctor Yelasco, del consejo y cámara de S. M., ea 
cuyo real nombre presentó la escritura de fundación v dotación del 
nuevo monasterio de San Lorenzo para c|ue la Orden la aceptase, á 
la que iban Unidas algunas otras, peticiones, que sin discusión de 
ningún género fueron aceptadas y concedidas. Lo mas notable que 
á instancia del rey concedieron en aquel ca|ñtulo fué, que el nue- 
vo monasterio tuviese desde luego todas y cada una de las preemi- 
nencias que gozaban los monasterios antiguos; que los monjes, en 
llegando al numero de cuarenta, pudiesen elegir por votación canó- 
nica prior de aquel monasterio, y que el elegido, atendiendo á lo 
mucho que le ocupaba él cuidado* de la obra, no pudiese ser com- 
pelido á aceptar nmgun destino ni car^o de la Orden; finalmente, se 
aprobó lacreaciob del seminario y colegió que el rey mandaba es- 
tablecer en Parraces, y para qué ruese su primer rector nombraron 
al P. Fr. Francisco de la Serena. También quisieron mostrar á Fe- 
lipe II su profunda gratitud por lo mupho que á lá orden honraba, 
declarándole su insigne bienhechor, mandando que todos los mon- 
jes rogasen por él en la Misa, y decretando otros sufragios perpé- 
tuos, unos para durante su vida, otros para después de su muerte. 
Restituido el doctor Vélascoá h corterpresentó afréy la aceptación, 
dándole cuenta de lo que en el Capitulóse hábia hecho, con lo cual 
se mostró muy complacido, y al Instante dio las órdenes oportunas 
para]a apertura del colegio y seminatii), en los que comenzaron los 
CUIDOS escolares el 19 de octubre de este mismo año. 

Felipe 11, establecido yael colegio, volvió su consideración á la 
Comunidad, á la que quiso ya^iar mas unión y estabilidad, hacien- 
do que los monjes fuesen profesos de la nueva casa, que en la Orden 
de San Gerónimo ec|uivaleá comprometerse á vivir en ella toda la 
vida. Llevaba tam^bien en ésto la mira de que algunos cuyMis virtu- 
des, honradez y utilidad le eran bien conocidas, sé lijasen álli para 
siempre, y ayudasen sus deseos de adelantar la fábrica; y^ por me- 
dio de su secretario Pedro del Hoyo lo hizo saber á h)s monjes, 
que todos habian venido de otros monasterios. No dudaron estos en 
complacer al rey, que sabido su consentimiento quiso autorizar con 
su presencia la jsolémne ceremonia. Precedieron á esta las for- 
malidades de ser propuestos uno por uno al Capítulo, de oir éste 
los informes, y admitirlos; y concluidas estas, el dia de los Inocen- 
tes del mismo año de 1567, hicieron segunda profesión siete 
monjes, los cinco sacerdotes, un corista y un lego, que era el in- 
signe obrero Fr. Antonio de Yíllacastín. No puoo el rey disimular 



26 HISTORIA DJBIi ESCORIAL. 

ia satisfaccioa que sinlíó durante este acto religioso; ¡tanto era 
lo- que anhelaba ver resdizada 1su idea en lo formal y . mate- 
rial f (i). ... 

Mas á pesar de sus esfuerzos esta última parte adelantaba muy 
poco;' en algunos punios apenas se hablan cubierto los cimientos; 
solo en la-fachada de Mediodía se veía algua adelanto, pero tan len- 
to, que llegó á desconGar de verlo concluido en sus diks. Esta idea 
le entristecía, porque como él mismo se hiibia constituido (por de- 
cirlo asi) el iqspéctor y sobrestante, pues dice^el P. Sígttenzá, que 
cuando no calaban lo petan áUi con cuatro ^ó cinco caballeros no mas, 
estaba convencido de que no podía hacerse otra cosa, .y que todos 
los esfuerzos eran inútiles. Entonces, temió sin duda que si llegaba 
á morir la obra no co*ntínuase, y por esto sinduda mandó quejas 
habitaciones todas, apenas estuviesen'concluidas en la parte de 
cantería, sé arreglasen completamente: de modo que en concluyen- 
do el techo, las ponían pisos/ puertas, ventanas y herrage; en una 
palabra, servibles de todo punto. - . 

Por este tiempo , esto es, á fines del año 4570, tuvo el róy 

aue acceder á los deseos del P. Fr. Juan de Colmenar, aue con gran- 
es instancias hacia tiempo le suplicaba le relevase oel cargo dé 
prior, que era superior á sus fuerzas, quebrant^as ya por los ma- 
chos años. Tuvo mutha dificultad en concedérselo, porque estaba 
muy satisfecho de sus relevanCes prendas; pero conveacido.de lo 
justo de su súplica le admitió la renuncia , nombrando ea su lu- 
gar al P. Fr. Hernando de Ciudad -Real, que era entonces Prior 
en Guadalupe, y que vino á tomar posesión á princifíios del 
año 4574. ' • ; 

A pesar de la lentitud con que crecía el edificio , los esfu^ños 
que se hacían eran tantos, que. ya en este tiempo estaba levantado 
todo el lienzo que mira al Mediodía y gran parte de los de Poniente 
y Orieate, y por lo interior estaban cubiertos y puestos en perfec- 
ción dos claustros de los pequeños, la mitad de otros dos, un l^do 
del claustro principal y parte del otro, con la llamada iglesia vieja, 
que ya estaba concluida; mas como ha variado enteramente su for- 
ma interior, se hace preciso dar una idea de ella para que luego se 
comprendan bien algunas cosas que diremos adelante* 

La disposicion'y ostensión del local era la misma; pero arrima- 
do á lá pared del Mediodía, y á la altura de 45 pies, se formó un 
coro regularmente capaz con sillas altas y bajas, al modo que está 
ahora el de la iglesia principal, cuyas sillas son las mismas que aho- 
ra están en dicha iglesia arrimadas por toda la pared. Debajo del 
coro se. arregló un aposento para el rey, con una tribunilla desde 



(-1) Ebd archivo de este monasterio se hallan aún las profesiones de estos priinllivos 
iDoojc8,'4!8Crilts CD víteU, y firmadas de sa propia mano« 



TAETB PRIMSftA. 21 

donde podiese oír las Misas y OGcio divino, aunque machas veces 
se sabia al coro, y ocupaba lá silla del ángulo á la derecha del 
Prior. Basta ver el local para conocer- cuan reducido era todo esto: 
pero Felipe II ambicionaba ocuparlo mas que el mas rico palacio, y 
apenes estovo concluido cuando se fué á vivir á él, siendo el primer 
habitante de aquel famoso edificio. 

Considerada atentamente la parte que estaba concluida vio qae 
ya era posible habitarla^ y aniso que á imitación suya los monjes vi- 
niesen al momento á ocuparía. Dispuso que se habilitasen del mejor 
modo posible las oficinas y habitaciones indispensables, y dio aviso 
á todos que qaeria (si era posible) que la festividad del Gorpos de 
aquel año se celebrase ya en la iglesia provisional, ó de prestado, 
como la llama comunmente el P. Sigttenza. Todos se afanaron cuan- 
to les fué posible para que se pudiese cumplir la orden del Rey, y 
se habilitaron en lo ya cubierto la botica, enfermería, refectorio, 
cocina, vertederos j algunas celdas. £1 dia 44- de junio asistió en 
la villa del Escorial á la última Misa, que celebró el Prior en el pe- 

Sueño conventillo , y se volvió i dormir á su pequeño aposento 
ebajo del coro. El aia 42 los monjes consumieron el Santísimo 
Sacramento, mataron las lámparas de la capilla, recojieron su pe* 
qneño equipaje, y se trasladaron á los cuartos aue les hablan pre- 

J arado en la nueva fábrica. El 43 el Obispo de Cuenca Fr. Bernar- 
o de la Fresneda bendijo la iglesia y los claustros menores, para 
que pudiesen enterrarse en ellos los monjes. Lo restante del dia se 
eonsumió en los preparativos para la gran solemnidad, que era al día 
siguiente. Los claustros que estaban hechos se adornaron con gracia 

Í sencillez con yedra, flores y arbustos olorosos; la Comunidad céle- 
re los Oficios y Misa con toda la solemnidad posible; y acudieron 
muchos á la procesión que se hizo por los claustros,' y en la que el 
rey llevó una vara del palio, y las otras los x^aballeros que le acom- 
pañaban comunmente, que eran el Prior de San Juan Don Antonio 
de Toledo, Don Pedro Manuel y otros« 

Ta desde este dia continuaron celebrándose los Oficios del coro 
sin interruj;>cion alguna, y para que también padiesen comenzar á 
cumplirse los aniversarios. Misas y demás cargas que tenia deter- 
minadas, mandó Felipe II que viniesen ya los novicios que se es- 
taban educando en San Bartolomé de Lupiana. Vinieron acompa- 
ñándolos sa maestro de novicios y otro monje, y el Prior hizo tam- 
bién venir doce de su monasterio de Guadalupe. Con esto se reu- 
nió ya un número de monjes capaz de celebrar con. dignidad el 
Oficio divino, y de atender á los cargos que reclamaban, tanto los 
cuidados de la edificación como el régimen y orden interior del 
monasterio. La primera fiesta que después de la venida de estos 
monjes se celebró fué la del patrón San Lorenzo; y para mas au- 
{nentar la solemnidad, vinieron los niños del seminario de Parra- 
ees, y delante del monarca y de los caballeros de su corte represen* 
iaron en una tragedia latina el martirio del ilustre español San Lo- 



28 HISTORIA JDEL ESCORIAL. 

ronzo, con lo cual todos estuvleroa muy regocijados, siogularmea* 
te el rey, que miraba esta diversíoa como la flor que le aúun- 
ciaba los abuodaates frutos que reportaría de su piadosa fuñ- 
dacioD. 

Mientras Felipe II, siu olvidarse de los negocios del estado, aten* 
día minuciosamente al adelanto de la fábrica del Escorial, su her- 
mano Don Juau de Austria, prez y gloria de la casa de su nombre, 
y digno-hijo del guerrero emperador Carlos V, engrandecia el nom- 
bre de la nación española^ ornaba su frente con frondosos é inmar* 
cesibles laureles, y llenaba de consuelo y admiración al mundo, 
humillando todo el poder de la media luna en la memorable victo- 
ria de Lepan to. Rezando Vísperas de la octava de Todos los San- 
tos estaba el monarca de Ü^spaña sentado en la silla del coro pro- 
visional (que hace poco dije se habla hecho en la iglesia vieja) y 
en compañía de sus monjes, cuando entró D. Pedro Manuel, caba- 
llero de su cámara, manifestando en su semblante una grande ale- 
gría, y al acercarse á Felipe II dijo en voz alta: Señor, aqui está 
el correo de Don Juan de Austria oue trae la nueva de una gran mp- 
loria. El rey permaneció impasible (gran privilegio, dice el P. Si- 
güenza, de la casa de Austria, enire otros^ no perder mr ningún 
suceso la serenidad del rostro ni la gravedad del impefioh solo hizo 
al caballero una seña para que esperase, y continuó en las Vísperas 
sin que se notase la menor alteración en su semblante y serenidad 
habitual. Acabadas las Vísperas llamó al Prior, y le encargó man- 
dase cantar un solemne Te Deum; y concluido éste , antes de reti- 
rarse á su aposento recibió con alegría y agrado la enhorabuena 
de toda aquella Comunidad, á quien dio á besar su real mano. Al 
dia siguiente se hizo una solemne función , en acción de gracias, 
con procesión, Te Üeum y Misa, y al sigufeote un aniversario por 
todos los que habían mi^erto en aquella espedicion. 

Como prendas de tan señalada victoria traia el correo de Don 
Juan el estandarte Real del turco, del cual creo no desagradará á 
nuestros lectores tener alguna noticia. Su figura era un cuadrilon- 
go de tres varas poco mas ó menos de largo por dos poco mas de 
ancho; su materia, algodón y lino finísimo, sumamente bruñido y 
terso por ambos lad^s, y enteramente blanco el campo. En uno de 
sus lados estaban prolija y delicadamente bordados varios círculos, 
cuadrados y triángulos, y dentro de ellos d nombre de Dios repe- 
tido 28.900 veces, y por todo lo demás signos siriacos y turcos, con 
algunas sentencias del Alcorán, números y oraciones devotas. En el 
otro lado tenia junto al asta el nombre de Dios, y .por todo el fon- 
do colocados de dos en dos seis grandes circuios, en cuyo centro 
estaban escritos los nombres siguientes: Mahoma, Abibubcar, 
Omar, Odman, Alí , Haszen. Servíanle de orla, como en el otro 
lado, v'arias sentencias de su Alcorán , y terminaba en punta re- 
donda, llena también, como todo lo demás, de letras, signos y nú- 
meros, todos muy significativos en las supersticiones dé su sec* 



PARTS PRIMERA. 29 

ta (1)< Había también Iraido el correo ua Alcoráá magníficamente 
escrito y adornado, y cuatro de los faroles de la capitana , todo lo 
caal con el estandarte quiso Felipe 11 que se guardaseen esta bi- 
blioteca para recuerdo de tan señalada victorta; y de que aqui ha- 
bia recibido tan satisfactoría nueva; escepto dos ae los faroles, que 
quiso se llevasen al nionas^rio de Nuestra Sefiora de Guadalupe, 
como ofrenda de reconocimiento á aquella milagrosa imagen. 

Establecida ya la Comunidad pensó el Rey en llenar otro de los 
objetos de su fundación; que era la custodia y entierro de loscuer* 
pos reales, para lo cual escribió la carta siguiente. 

^*EI Rey.=Venerables y devotos PP, Prior ^ frailes v con- 
»yento del monasterio de San Lorenzo el Real: ya debéis saber que 
»por nuestra orden y mandado estaban depositados los cuerpos de 
*»la Serma. Reina üoña Isabel, mi muy cara y amada muger, 
»y del Sermo. Príncipe D. Carlos > mi hijo, que sea en gloria, 
x>en los monasterios de monjas de la Madre de Dios de Consolación 
»de las Descalzas, y de Santo Domingo el Real, e.stramuros de la 
ovilla de Madrid, por el tiempo que fuese nuestra vojuntad , hasta 
»gueotra cosa. proveyésemos: y porque agora habcmos ordenado 
«que los dichos cuerpos se entreguen , como se ha hecho, á los 
dKR. en Cristo PP. Obispos de Salamanca y de Zamora, elec- 
i>to de SigUenza, del nuestro Consejo, y á los Dnques de Arcos 
i»y Escalona, para que se trasladen y lleven á ese monasterio , co- 
smo lo hacen, y vos los encarguen, os encargamos y mandamos 
»los recibáis luego en vuestro poder , y pongáis en la iglesia de 
«prestado deste monasterio, en la bóveda que está debajo del al- 
elar mayor delta, para que estén alli en depósito; y se has^a escrt- 
Atura dello en la forma que convenga, hasta tanto que se hayan de 
«enterrar y poner en la iglesia principal del, en la parte y* lugar 
«que nos mandáremos señalar; que esta es nuestra voluntad!! Fecha 
»en el Pardo á 6 de junio de 4573.=Yo el Rby.'^ 

En consecuencia de esta orden se hizo la traslación de los dos 
reales cuerpos ; y tanto el conducirlos como el recibirlos se hizo 
con toda la pompa y solemnidad posible. Desde Madrid vinieron 
acompañados por el camino de un crecido número de religiosos de 
todas las órdenes , de toda la Capilla Reaf , de los ya dichos Obis- 
pos de Salamanca y Zamora , de los Duques de Arcos y Escalona, 
del Limosnero mayor D. Luis Manrique, y de D. Rodrigo Manuel, 
capitán de la guardia de á caballo, con su gente, y otros muchos 
empleados y sirvientes en la casa del Rey. Llegados al monasterio 
hicieron formalmente la entrega at Prior y monjes, que celebradas 



, . f 



(i) Luis del Marmol hizo por mandado de Felipe 11 la cs)ilicac¡0D de dicho estandar- 
te, que se coa8crv& en esta Bíbliotcco, tn on códtcc MS. colocado en crestante y Dáincro 
que indican loa signos stgnientcs: Y-^ij^-^tS* al fin. . •: ' '• ' - 



30 flISTOftIA DSL «aCORIáí.. 

fiara cada uno sos Misas, vigilias y sermoaes, los colocaron en el 
ugar que desliaba la carta del Rey, qae es ima peaaeña bó- 
veda que aún boy se conserva debajo del aliar mayor ae la igle- 
sia vieja. £a cada una de las cajas se puso una memoria ó escrilo 
que decia asi. 

En el féretro de Doña Isabel de Yaiois: ^<Eq este alahud está la 
Reina Doña Isabel, tercera muger del Rey D. Felipe nuestro Se- 
ñor, II de este nombre. Fue hija de Enrice 11 y de Doña Catalina 
de Médicis, Reyes de Francia; la cual murió en la villa de Ma- 
drid, en la casa real, á 3 de octubre, víspera del bienaventurado 
San Francisco, año de 4568. Fue depositado su cuerpo en el mo- 
nasterio de las Descalzas, y desde allí fue trasladado á este mo- 
nasterio de San Lorenzo el Real á 7 de junio de 4573.^' , 

£q el del Príncipe Carlos: ^^En este atabud está el cuerpo del 
Sermo. Príncipe Don Carlos, hijo primogénito del muy católico 
Rey D. Felipe 11 de este nombre, nuestro Señor, fundador de este 
monasterio de San Lorenzo el Real, hijo de la Princesa Doña Ma- 
ría, su primera muger ; el cual murió en la villa de Madrid en el 
palacio real,' vigilia del apóstol Santiago, á 84 dias del mes de julio 
de 4568, á los 23 años de su edad. Mació á 9 de julio de 1545 en 
la villa de YalladoHd. Fue depositado, su cuerpo en la dicha villa 
de Madrid en el monasterio de monjas de Santo Domingo el Real, 

Íde allí fue trasladado á este monasterio por mandado del mismo 
ey su padre, á7 de junio del 573. '^ 
Luego que estuvieron depositados los dos cadáveres arriba di- 
chos , quiso el Rey que también los de los monjes que habían muer- 
to viniesen á su enterramiento, que era los claustrillos pequeños, que 
ya estaban concluidos. Se sacaron los huesos, y con 'toda solemni- 
dad, y cantando el Oücio de difuntos, fueron trasladados. Entonces 
la casa é iglesia de la villa se arregló lo mejor que se pudo, y se 
trasladó á ella el hospital de los obreros para que estuviesen con 
mas anchura y comodidad*, señalándoles también para campo san- 
to el que había servido para los monjes, y que dije está ahora en- 
tre el jardín y la villa dfel Escorial. 

Después de estas traslaciones se vino toda la familia real al 
nuevo alucio, para lo tual ya^ se habían arreglado en la parte de 
palacio algunas habitaciones. La Reina Doña Ana estaba en el úl- 
timo mes de su embarazo, y el día de San Lorenzo se sintió fuerte^ 
mente acometida de dolores« Quiso al momento trasladarse á Madrid, 
v en efecto se puso en camino; pero la indisposición fue creciendo 
3e modo que tuvo que quedarse en el pequeño pueblo de Galapa- 
gar, en donde en la noche del día 42 dio á luz un infante, á quien 
pusieron por nombre Carlos Lorenzo. El Rey recibió mucho placer 
con jil nacimiento de este niño; pero como siempre al estremo del 

gjLQ se halla comunmente el llanto , lo turbó la enfermedad de la 
eina de Portugal Doña Juana, hermana de Felipe II. Fue progre- 
sivamenlc agravándose, y á 8 de diciembre de este año de 1 573 



■.PARTE PRIMERA. 31 

pa^ó el común tributo en uno de los aposentos del Escorial. Se la 
üicieron las-exéquias con la solemnidad posible/ y después un luci- 
do acompañamiento la condujo al ii^qnastefio-de las Descalzas Rea- 
les de Madrid, qué esta ilustre Reina habia fundado, y donde ha- 
bla preparado su enterramlenlo. Los Reyes, suínanoente a&ígidos, 
se retiraron .^1 Pardo á concluir -el invierno, según tenían de .cos- 
tumbre. * 



cápítijio lY. 



solemne traslación de todos los cuerpos Reales al Escorial ¡-^ Huracán apantoso.—' 
Diseño del.templo, sú autor, y asiento de sus primeras piedras, — Fiesta que ordenó el 
P, FiUacastin*-^yemda de Don Juan de Austria, — Noticia de un enorme pez, '^ 
Traslación del Colegio jr Senfinario de Parraces al Escorial» — Nuevas dificultades en la 

^'ihrica de la iglesia. 

Fúnebres habian sido las principales ocupaciones de los nuevos 
habitantes del Escorial durante el última medio año,][en Felidell 
pareció que no habian hecho pausa durante su. estancia en el Par- 
do, como lo demuestran las disposiciones que dictó al comenzar el 
año siguiente. En naediode los graves negocios de qué tenia ne- 
cesidad de ocuparse para el gobierno de tan vasta monarquía, ha- 
bía estleido meditando el modo de hacer la traslación de los cuerpos 
de sus antiguos padres, hermanas y demás parii^ntes, de un modo 
correspondiente á la dignidad de las cenizas que habían de trasla- 
darse. 'Redactó una instriiccion del ceremonial, solemnidad y for- 
malidades que debían guardarse en dicha traslación, tan detallada, 
Sue parecía nx) haberse. ocupado en mlicho tiempo de otro asunto, 
ien quisiera copiarla íntegra, pero tanto por ser muy larga, como 
porque tendré que referir lo principal que en ella' se ordenaba, la 
omito en gracia de la gravedad que me he propuesto. Apenas la 
tuvo concluida, con fecha 22 de enero de 1574 escribió al Vicario 
(el Prior estaba áusehte) y monjes una carta firmada de su mano, 
y refrendada de su secretario Antonio Gracían, encargándoles que 
cumplieran en ua lodo. lo que se les prevenía en la instrucción que 
les enviaba adjunta, que también.iba firmada dd su mano y re- 
frendada de.su secretario. -^ 

Con arreglo á ella , enfrente dé la ahora llamada puerta de las 
Cocinas (que entonces era la única por donde se entraba á la parte 
ya edificada) y á.diez pasos de distancia, se. construyó un ancho 
estrado de vemte y ocnó pies cuadrados, al que se subía por tres 
espaciosas gradas que le rodeaban, y qué lo mismo que el tablado 
estaban cubiertas de terciopelo negro con franjas de 6ro. En los cua- 
tro estremos se levantaban cuatro columnas con sus basas y capí- 



S2 HISTORIA DEL SSCORIAL. 

teles; todas cubiertas de brocado, que sostenian tin ancho pabellón 
ó dosei.de la misma rica tela, con sus goteras, caídas y. flecos pre* 
ciosos/que lo haciao tan vistq^o como digno. Debajo de este pa- 
bellón, y en el centro del tablado, babia ún túmulo á. manara de 
mesa,-de 5 pies de ancho por i 9 de largo, también cubierto de bro* 
cadOi Desde este tal^lado hasta dar la vuelta á la fábrica, se habia 
puesto un espacioso palenque de madera, tanto por el decoro/como 
porque la mucha gente de ia t'ábríca y pueblos circunvecinos no se 
agolpasen demasiado. 

Al mismo tiempo, de los diversos puntos de España donde es- 
taban depositados los cuerpos Reales, salían fúnebres cortejos, que 
con mucho aconipañamiento de eclesiásticos y caballeros, con toda 
la pompa posible, y haciendo cuantiosos gastos, se dirigían en so- 
lemne-procesíon al Escorial. Los primeros que llegaron fueron el 
Obispo de Jaén y el Duque de'Álcalá, que venían' encargados de 
los restos mortales del cfmperador y emperatriz , 4je la (princesa 
Doña María, y de Doña Leonor, reina de Francia, y de los infantes 
Don Fernando y Don Juan. Llegaron al pueblo de Valdemorillo el 
dÍA !2 dé febrero,, pasaron allí la noche descansando, y al. día si- 
guiente partieron para el monasterio. Después de mediodía-, el cla- 
moreo de las campanas' anunció la proximidad de la comitiva, y el 
Vicario, revestido con los ornamentos sagrados,* acompañado del 
diácono y subdiácono, y seguido de la Comunidad^ salió.nasta el^e^- 
tremo del palenque, desde donde volvieron al tablado que arriba 
dije. Mientras apeaban los féretros de las litaras y los colocaban 
sobre el túmulo alto, la Comunidad cantó los responsos de costum- 
bre/ el capitán de caballos Don Rodrigo Manuel se situó con sn 
guarda á los lados de la puerta,, y los demás se colocaron en filas. 
Entraron eñ ios claustros, donde estaban preparados otros 'dos tú- 
mulos, en los que descansaban los féretros según iban llegando, 
mientras cantaban un responso. De é^te modo llegaron á ia iglesia 
provisional, que estaba toda enlutada de terciopelo negror por todo 
el rededor de la pared habia unos bancos para lo$ eclesiásticos, en- 
frenté otra fila para los caballeros, y junto al altar mayor otros 
asientos para los Obispos. Los cadáveres iban conducidos por los 
grandeiS y monteros.por el orden. siguiente: primero Iqs dos infan- 
tes; seguían las dos reinas, y al fin el emperador y so esposa, que 
por el mismo orden fueron colocados en un túmulo* levantado en 
medio de la iglesia, cubierto de rjcos paños negros. La comunidad 
subió alcoro á cantar las Vísperas de difuntos, con las que conclu- 
yó el Oficio de este dia. 

Al siguiente, reunidos todos como en el anterior, se hizo el 
Oficio por solo el emperador Carlos V, celebrando la Misa el Obis- 
po de Jaén, después de lo cual dijo k oración fúnebre Fri Francisco 
de Villalba. Por la tarde se hizo el Oficio de sepultura, y cuando 
llegaron á la entrada de la bóveda esperaron hasta la conclusión. 
Entóneoslos encargados hicieron la entrega formal de los restos del 



PARTS PRIMBRI. 33 

emperador al Viearip y convento por medio del secretario de S.1U. 
Martin de Gáztelu, y ante el alcalde Martin Velazquez, y conclui- 
da esta formalidad los monteros depositaron el féretro en la bóve- 
da. Por el mismo orden y con igual solemnidad se hicieron el día 
5 las honras por la emperatriz, en las que celebró el Obispo de 
Segorbe, y predicó el F. Fr. Francisco de Segovia; y al día si* 

S;uiente 6 de febrero cantaron la Misa y Oficio de ángeles por los 
ufantes. , - 

£sle mismo dia se levantó un viento tan espantoso, que llenó á 
todos de admiración y temor, porque parecía (dice el P. Siguenza) 
que se habían abierto las puertas del infierno para arrebatar las 
piedras de esla casa. Donde se cebó estraordinariamenfe fue en el 
tablado que estaba frentcá la puerta de las Cocinas, del cual apenas 
dejó ras(ro. Se hallaban alli los guarda-joyas de S. M., acudie- 
ron multitud de obreros y i)eones, y aunque *^se les prometían bue- 
nos premios si salvaban los ricos brocados, nadie se atrevió á es- 
ponerse á una muerte casi segura, y los paños fueron sembrados 
por el bosque en tan menudos giroties, que no se pudo aprove- 
char ni un trozo de medía vara. {Tan horrible y furiosamente so- 
plaba el vientpl (O 

. Por la tarde sosegó algún tanto, y díó lu^ar á aue por el cami-» 
no de Guadarrama llegase otro acompañamiento fúnebre , en que 
venían el Obispo de Salamanca y el Marqués de Aguilar condu- 
ciendo las cenizas <ie la infortunada reina Doña Juana, madre del 
emperador Carlos V, y de Doña María, reina de Hungría. Para su 
recibimiento; Oficio y sofk'agios, se hizo lo mismo que en los ante- 
riores, como estaba prevemdo en el ceremonial ó instrucción de Fe- 
lipe If, comenzando por Doña Juana llamada la Loea;j al concluir 
el Oíicio de cada uno de los cadáveres se hacia la entrega formal de 
él á la Comunidad, estendiendo el auto el secretario de S. M. Martin 
de Gaztelu ante el alcalde Martin Velazquez, y colocándolo luego 
en la bóveda (2). El cadáver de Doña Juana no se quedó en el £s- 
cojial como los otros, sino que concluido el funeral fue entrega- 
do^al Obispo de Jaén y Duque de Alcalá para que lo condujesen 
á Granada, y lo depositasen en el panteón de los Reyes Católicos. 



(4^ Va al prÍDcipio be indicado lo mucho que los vieutos se dejan sentar en este Si- 
tio, particolarmentc en primavera: cst^ hecho lo demaestra, y sería nanea acabar el 
referir los destrozos que Ihl bccho ea varias épDcas.'Pero además del citado por el Padre 
Sigüeoza, sirva de ejemplo de la impetuosidad j fuerza dp los vientos an hecho que yo 
mism^hc presenciado. En 4829 arrebató seis planchas de plomo unidas sobre la bóveda 
que cnbre el altar mayor de la iglesia principal, que pesaron 49 arrobas, y las llevó co- 
mo 00 ligero papel hasta cerca 'de la torre que llaman del Prior, á mas de doscieotoa pica 
de distancia, hundiendo con su pe^o parte del empizarrado y una bohardilla. 

^2) Cs muy notable que Felipe 11, entre todas las persopas Reales, solo separase' de 
esta solemnísima pompa fúnebre á so*, tercera esposa DoRa Isabel de Valois, y al príncipe 
Carlotf'SO hijo, cutos cadávarca faeron conducidos poco tiempo antes» como quedía diobo. 

VARTB I. 3 



34 RisTORU im* seeoEíAL. 

Esta senord y $u esposo estuvieron desiiaades & viajar éespues áf^ 
muertos. 

Los monjes» cumpliendo luego lo prevenido por el rey, pusie- 
ron en cada una dé las cajas, envuelto en un tafetán doble, un per- 
gamíno en que estaba escrito el nombre de la persona cuyo era 
aquel cadáver, y. el dia, mes y año de su nacimiento y muerte, con 
la fecha de esta solemne traslación, al modo que 4ije se había he- 
cho anteriormente con los de la Reina Doña Lsíabel y el principe 

Carlos. 

A fines del año 4574 se hallaba bastante adelantada la obra en 
todo el edificio, pero en la iglesia priocipat no se había hecho mas 
que cubrir los cimientos ba^ta el mvel del snelo. Felipe II, que co- 
mo punió el mas culminante de su idea (eniá el mayor interés en 
que el. templo, además de presentar algunanovedad, fuese también 
grande y magestubso» no estaba contento con el plan de Juan Bau • 
tista de Toledo, que le parecía muy común, y poco conforme con su 
idea. Por esta causa había hecho traer planos y disefios de todas 
partes; y los arquitectos todos, ambiciosos de tener alguna parte en 
aquel edificio, gloria del siglo XVI, se esforzah>n á competencia en 
combinar planes hermosos y magníficos. Todos los reconoció mi- 
nuciosamente el monarca/y por fin se decidió por el que ahora se 
ve, presentado por un italiano llamado Pachote. Comunicó luego su 
resolución* y se comenzaron á tomar las disposiciones necesarias 
para ponerlo.por obra con la presteza con que era voluntad del rey 
se procediese en todo lo qjie al Escorial concernía. 

£1 virtuoso tego Fr. Antonio de Villacastin quiso solemnizar el 
principio de la edificación del templo; y^bajo su dirección, y con 
mucho sigilo para que causase mas sorpresa» dispuso la función 
sijgnieAte. Desoe la cantora donde se^habian sacado las primeras 
piedras que hsl)ían de colocarse (<)« salió un escuadrón we for- 
maban como unos mil hombres de los que trabajaban en la rábrica. 
Componían la vanguardia los peones, que. adornados cpn los trajes 
mas vistosos que^tes fne posible, venian ostentando los instrumen- 
tos propios de su oficio, como picos, escodas, palas, azadas, batidé-* 
ras y azadones; seguía en pos otro lucidk) esciiadron.de infantería, 
que formaban los destajeros, maestros y oficíales/ vestidos á la 
suiza, con picas, lanzas y arcabuces, y por conclusión venian cua- 
tro vistosos carros triunfales, adornados con yedra y variedad de 
flores , tirados por cuatro cuadrillas de los bueyes de la fábripa, 
que conduciaii sus respectivos mayorales, todos engalanados, con 
sumo gusto. En el primer carro venia ana imagen de San Pedro, 
piedra angular sobre la cual edificó su Iglesia Jesucristo; en el se- 



{}) {.M principales caoteras de donde se saeaba. la piedra para la fábriea, eatabso 
ea la Alberquilla, co la Fresoeda, j eu el arroyo del Sacedoo . 



VkM^ VMMSftá. 38 

gQtnillo Olía imiij^a de San Lorenzo, á coya ínvocáeion y patrocinio 
Ría i lef afilarse el iiiieto teibplo; en el tercero las cuairo yirtudes 
oiffdinaies, Prodencia, Jastícia, Fortaleza y Templama, bases sobre 
las que se levanta el Biagatico edificio de la virtod; y ea el último 
laÉ tres Marías/ que preguntado el P. Villacastin qué signitkabaa 
en aqoella fiesta, diio venían en representación de los monjes y al- 
mtó devotas que háojan de bascar en aquel templo al SeOor^ como 
las Marías habían ido á buscarle al sepulcro. Dentro de cada uno 
de estos carros venia una enorme piedra qjoe había de serrír de 
base en cada una de las colosales pilastras del templo. Llegados al 
Sitio apearon las piedras y las colocaron en sus lagares, y luego 
los de la comparsa danaaron< escaramuzaron é hicieron varios alar- 
des, terminando la función de. este día, que fue el 7 de marzo da 
1675, con la corridaile un novillo muy bravo, que divirtió muchl- 
simo sin eaiasar daño. , , 

Tras este placer la Vieron á tos ocho dias el de ver en el Esco- 
riai al ilQstre vencedor de Lepante, al valiente joven Don Juan de 
Austria, one despees de ver d^enidatueate la fábrica , visitó ilarn 
de amabilidad & todos los monjes> siñgalarmeate al P. Fr. Juan del 
Colmenar y al Prior Pr. Hernando de Ciadad-Real^ ambos postra- 
dos ya en la cama por sus muchos afios y achaques. De aquí par- 
tió el esforzado hijo del Cesar para Valiadolíd á déspedínse^ de la 
esposa de Luis Quijada, & quien s^ab^ oomo á madre por el mu- 
cho esmero con que le hatría criado. 

Poco despnes et rey admitió la renunck al P. Fr. Hernando de 
Ciudad-Real, y nombró para que le sustituyese en tan honroso car- 

{(O al P. Fr, Julián de THcío, que fue al momento confirmado por 
a Orden en 30 de mayo de 4675. 

En este mismo año, hallándose d^ui el rey con toda la Real fa- 
milia, vinieron á presentarie tas quijadas de un descomunal pez> 
cuyas dimensiones, si no se vieran de^aritas por dos tan graves tes- 
tigos como et P. SígUebza y Cabrera , que vivían y escribieron en 
aquella época , parecerían una fábula. Tal veis seria una enorme 
ballena'; pero daré las noticias que trae el P. SigUenza para que 
se pueda f(M*mar idea, anaqueiá designa cen otro nombre. Desde 
nna nave que se hallaba en el Océano, no lejos del «atrecho de 6i- 
braltar, descubrieron los marineros un enorme móistruo marino'qiie 
Íes poso espanto. Le tiraron uu cañonazo, y la bestia, herida en una 
de las aletas, rompió por el ésCredio con esbantósa vioieneia, y fue á 
encallarse en jápfiaya de Valencia, junto al lao:o de la Albufera^ don* 
de la encomiaron muerta el dia del Corpus del año 4574. La Ion«^ 

f^itud de su cuerpo era de ciento cincuenta palmos, y su grueso por 
o mas ancho como una torre de cíen palmos de circunferencia. Te- 
nia la cabeza tan desmesuradamente grande, qne podían colocarse 
Bíeto hombres en el cóncavo dé los sesos; por su boca pedia entrar 
cómodamiente un hombre á caballo, y sus ojos eran grandes como 
una rodela. Eran además de admirable grandor losr miembros de la 



36 niSTOHlÁ DBL BSCORIAL. 

generación, y sus- dos alas eran eomo las de uña galera. Tan colo- 
sales dimensiones se conciben á la vista de las quijadas que secón- 
servan, que tienen cada una diez y iseís pies de largo « con vQínte 
dientes por banda, algunos de medía vara, los mas pequeños de un 
palmo. £1 vulgo lo llamó pez mular por la semejanza de las partes 
^neratívas con el mulo, mas el P.Si^enzaés de opinión que po- 
dría ser un canis carearía macho. Felipe II quiso que estas enor- 
mes quijadas se conservasen en San Lorenzo para admiración de 
cuantos las viesen, y para memoria de haberse cojido en su tiem- 
po animal tan poco conocido y disforme. En consecuencia se col- 
garon de unas argollas de hierro en el lugar donde todavía se con- 
servan, que es cí zaguán que hay entrando por la puerta de las 
Cocinas. . « 

A 9 de julio de este mismo año tuvieron las reyes el disgusto de 
perder á su hijo el infante Don*Carlos Lorenzo, que murió en Ma* 
dríd, desde donde vino encargado de su cadáver Don Juan Manuel, 
Obispo de SigUenza, que lo entregó al Prior y monjes con las for« 
malíaades de costumbre. La Comunidad le cantó el Oficio de ánge« 
les, y lo depositó en la bóveda donde descansaban sus mayores. 
Este disgusto se templó akun tanto con el naeitniento del infante 
Don Diego, tercer hijo de la reina Doña Ana, que sucedió el 12 del 
mismo mes y ano. 

Si la posición de un monarca absoluto en a(|uellos tiempos; si 
las complicadísimas, difíciles y estraftas combinaciones políticas 
que entonces se ponian en juego; sí la Europa entera amalgamada 
contfa Felipe II no nos manifestase cuánto tenia que trabajar para 
contrarestarlas y destruirlas, y cuánto estudio, tesón y asiduidad 
necesitaba para el gobierno de tantos y tan diseminados dominios, 
parecería que el Monarca de España no se ocupaba de otra cosa 
que del convento que estaba edificando. Pero aunque asi parecía 
conitemplándole en el Escorial, sin embargo, desde su pequeño apo* 
sentó debajo del coro, desde aquel poco antes rudo desierto, su po* 
der y su talento político se hacían sentir en ambos mundos, como sí 
la política sola le ocupase. Pero sin abandonar esta, pasaba la ma* 
yor parte del año en su nuevo Sitio; y el cuidado de la fábrica, el 

f^revenir^ disponer é inspeccionar cuanto se hacia, el alternar con 
os monjes en las divinas alabanzas, el dar intpulso con su presen- 
cía á todo, era su diversión favorita, el descanso que tomaba de 
sus grandes afanes y cuidados políticos. 

Pensó por este tiempo en trasladar al Escorial el Ck)legio y Se- 
minario que provisionalmente se había, establecido en Parraces; y 
apenas lo indicó cuando se vio acometido por todas parles de los 

3ue querían que aquella abadía volviese á salir de la jurisdicción 
e los monjes. Unoj le aconsejaban lo diese á la orden dé San Fran- 
cisco; otros aue fundase un monasterio separado; algunos que se 
entregase á clérigos seglares. Esta última idea llegó a ganar tanto 
terreno, que ya Felipe II había solicitado é impetrado un breve 



PÁATB PRftfBRA. 37 

dd S. P. Gregprio XI)1 para ponerlo por obra. Pero para proceder 
Con más acierto en medio de tan encontrados pareceres^ comisionó 
al Presidente del Consejo de Ordene$, que lo era entonces Don An- 
tonio de Padíila/para queje informase de lo mas con? eniente. Vino 
este caballero al Escorial en 15 de junio de 4575, y después de un 
detenido examen, y de acuerdo con el Prior Fr. Julián de Tríelo, 
convinieron en que en el monasterio de Parraces (luego que de él 
saliese el Colegia y Seminario) quedasen nneve monjes y uu Vi- 
cario , dependientes y bajo las órdenes del Prior de San Lo- 
renzo, del ctiial serian subditos como profesos de dicho Real mo* 
naslerip. 

Conformóse el rey con este arreglo, y en su consecuencia encar* 
gó al Prior la fonnacion de las leyes ó constituciones que debían 
regir en adelante, tanto en el monasterio de Parraces como en el 
Colegio, reservándose él mismo reconocerlas y corregirlas, como lo 
hizo. Luego en S5 de setiembre se veriticó la traslación , colocán- 
dose ambas corporaciones en el claustro llamado de la hospedería, 
donde ya estaba dispuesto, aunque con estrechez, todo lo necesario, 
tanto para las celdas de los veinte y cuatro monjes colegiales, co- 
mo para los niños del seminario. Se dispusieron jambíen aulas don-^ 
dése reuniesen á oir las esplicaciones , y se habilitó una capilla 
donde los seminaristas cantasen la Misa de alba, y Iq's colegiales- 
tuviesen su rezo, lo que ahora e^ la portería principaK 

También con su anujencia destinó el Prior algunos monjes para 
que fuesen á ocupar el monasterio de Parraces, con arreglo á lo 
prevenido en las constituciones, que decian: ^^Primeramente esta- 
stuimos y ordenamos, que en la dicha casa de Parraces residan per- 
x>petuamente (mientras otra cosa no fuere nuestra voluntad) nueve 
9reIígiosbs de San Lorenzo y un Vicario, que. por todos sean diez, 
9Ó masó menos , como al Prior de San Lorenzo que por tiempo 
«fuere le pareciere: presupuesto que no ha de haber mas número 
9de los que precísaq^ente sean necesarios para cumplir las obliga-* 
aciones de aquella abadía. *' 

Al mismo tiempo quiso que los monjes mas inteligentes se ocu- 
pasen en la formación de las costumbres monásticas que habian de 
observarse en el monasterio; y en esto ocurrieron algunas diíicul- 
tades, porque como los monjes mas ancianos, inteligente^ y con- 
decorados habían venido de diferentes monasterios, cada uno se 
afanaba por plantear en este las costumbres que en su casa apren* 
diera, lo cual los hacia andar muy discordes. Esto produjo en la 
corporación tantos disgustos, que los monjes que habian venido del 
monasterio de Guadalupe se marcharon, y á pesar de las instancias 
y buenos deseos del rejf, las costumbres quedaron á medio redac- 
tar, y sin aprobación ni formalidad alguna. 

A 5 de octubre tuvo también la Comunidad el sentimiento de. 
perder á uno de sus mas respetables individuos, al P. Fr. Juan del 
Colmenar; primer monje que pisó eí Escorial, primer Vicarioy se-' 



38 HISTOHU nBL S^CORIAL. 

guQdo ;PriQr de él. Muri^ llaoo dQ di;^ y bu^a^ ^r^, dejando 
gr^ta memoria de su ejempliar vida. : 

Después de la fiesta coa que el P. Villaca^tiu babia inaugurado 
la EM)rica del templo se babia trabajado eo él c(mi grande prisa, y 
el día de San Basilio [i A de' junio de 1 575)-se sentaron laa ba$as de 
los enormes pilares que 8o$iienea toda la obra. Los encargados in-* 
mediatamente dQ la ejecución éra^a dos maestros aparejadores lla- 
mados Tolosa y Escalante, k cuyo cargo estaban las cuadrillas de 
canteros, albañtles y peones neoesarios. Mas de un afto trabaiaron 
con ardor y esmero^ pero sus esfuerzos se quedaban en zaga de los 
deseos de Felipe II, á quien otra vez volvió á asaltar el temor de que 
no vería realizada su idea po£ muchos^ aHos de vida que Dios le 
concediese. Media en su imaginación la gVandeza ddi templo, y calcu- 
lando por lo que en un año se había hecho, desfallecía su espe- 
ran^; pero con aquella fuerza de voluntad que le caracterizaba, 
trató de buscar los medios de remediarlo «Llamó á su presencia á 
los dos maestros encargados, y les hizo iadicar todos los medios que 
podrían adoptarse para que la fábrica de la iglesia avanzase mas. 
Escalante y Tolosa apuraron su imaginación y sos conocimientos 
en el arte, pero todo lo que se atrevieron á ofrecerle fue que ha 7 
ciendo el último esfuerzo posible , se baria mucho si* cada año sé 
ponia una hilada de piedras en todo el contorno de la iglesia. ¡Calcú- 
lese á la simple vista la elevación de esta, y las numerosas hila- 
das de piedra que contiene, y se podrá inferir fácilmente lo desa- 
nimado que quedaría el rey, vieaqo JU necesidad de consumir tanto 
tiempo y dinero sin tener el placer de verlo concluido ; ó de arros- 
trar el disgustó de abandonar la empresa. 

Pero esto último se avenía muj[ mal eon s^ carácter, y en me- 
dio de tal apuro aún quiso recurrir á loa conocimientos del lego 
obrero. Para que* Su Magestad no le empeciera, y dijese francamen- 
te su parecer, comisionó al Conde de Cbinchon , encargándole es- 
florase disimuladamente su modo de pensar. Verificólo el Conde, y 
r.^Antónío h contes.tó estas breves paiaJiuras: *Si S, M. quiere ver 
proníQ €0ñ€¡ui4a in iglesia t que Iraiga muchos cabos, ^0 entendió el 
Conde lo que en esto quería decir, y tomando por el brazo al hu- 
milde lego,, le condujo á ía presencia del rey, á fip d? que esnUca- 
se su lacónica respuesta. Híaolo el P. Villafastín^ maniieslanclQ cjue 
el únicQ medio era multiplicar los maestros y dar la obra á destajo. 
De este m^o, no ^olo ae adelantaría mucho, sino qu^ entrando 
entre los maestros destajeros la codicia y emolacíon, el trabajo se- 
rla mejor y mas activo* $0 amparó el monarca de esta idea como 
de la única áncora de esperanza, y en noviembre de este mi^uo año 
de 157S apandó despachar cédulas por todo el reino > invitando á 
todos los maestros á que viniesen á nacer prop^icionesjpara tpmar 
pof aa cuenta los destajos, debiendo oreaenitajr^e en el Escodalpa- 
ra el día de Navidad. Entre tanto el P. Villac^stín y Juan de Her* 
rera, por encargo especiad del rey, dividieroin la obra de la iglesia 



en die£ desligos con la mejor y. mas justa proporcioft posible , para 
que los maestros pudiesen tomarlos con iguales condiciones , por 
haber eft dios muy poca ó nm^na ventaja ni déstentaja; arregla^ 
roa el plieM de condiciones) :y lo tUTíeron todo preparado 'para la 
época sefiaiada por el fundador. 



GAmCLO Y. 



' • • • 

De^i tU dirijir la obníei a'rquUtcto Juan d4 Toied»^ jr h sucede Juom th Ütrrtra.*— 
litUvo método de edificar pfopututó por Berrera ^ jrta oposición que efteentré.-^Diri" 
shn dé la fibrka por destajos. -^Principio de la Jíihlioteea»-^ Alboroto de las eantC" 

ros.-^ Otras pormenores sobro la/anuHa Real, 



Una de Tas cosas mas ei^raiías en la bistma del P. 8i^enza es, 
que al comenzar á hablar de Juan de Herrera diga sendHamente 
que entró en lugar de Juan Bautista de Xoledo, pero sm dedr si 
c^e último habla sido despedido por el rey, si se había marchado 
yoluntaríaraenie, ó si se tabia inutilizado; é igual silencio guardan 
él P. Fr. Juan de San Gerónimo y el P. Vitlacaslin en sos memo- 
rias manuscritas, sin que haya quedado rastro alguno de cuál 
fuese la causa de abanddnar Ja obra ccinieniada. Probablemente 
serla por faJla de salud, pues la tradición asegura que murió en Ma- 
drid por este tiempo , y Don Juan Agnstin de &an trae su tes- 
tamento. Mas aun cuando así fuese, parece no debian pasar en si- 
lencio una circunstancia tan 'notable, como era dejar de dirijir la 
obra persona tan señalada como la que habia dado el plan , abierto 
ios cimientos y conducido la obra al estado que tenia en 1 575, mu- 
cho mas cükndo en sus escritos descienden á pormenores á veces 
tan nimios é insignificantes. 

Mas sea elifue fuese el motivo, lo cierto es que comienza una 
nueva ¿poca para la fábrica; Juan de Berrera era ya el encargado 
de ella en lugar de su maestro. El rey habia venido á pasar en el 
Escorial la Patona de Navidad, con el objeto de presenciar la inau- 

S ración dé esta nueva época , enterarse dd repartimiento de los 
stajos, y admitir á tos nneTou maestros. Para esto último, y pa- 
ra lo que en adelante ocurriese , creó una cmgregácUm de oCras y 
fábrica compuesta del Prior, el arquitecto mayor, el obrero náyor, 
el veedor y el eontador,.siB ninguna vetribudon, y con encargo de 
hacer los ajustes, reconocer y tasar las obras, y formar las condi- 
ciones de los laborantes en tote» materias. 

Nombrada la cOngregaciíAi luego para 4 ." de enero de 1576 se 



40 HISTORIi. 9XL BflOORUL. 

• 

presentaron hasta sesenta maestros de los mas inteligentes en can- 
tería, y entre estos y los que ya de antemano trabajaban quedaron 
elegidos veinte, los que según los informes y praeoas aparecieron 
mas conocedores y esperí mentados; y á los que no cupo {)arte en este 
trato, mandó el .rey se les diesen dos ducados por cada dia desde que 
salieron de su casa hasta que volvieron á ella, computando á razón 
de ocho leguas cada jornada. Verdaderaíhente que én lo que res- 
pecta á la fábrica ¡del Escorial, Felipe 11 no puede presentarse mas 
justo y tiumalío. •. 

Los que tomaron los destajos fue Con las condiciones siguientes: 
que cada destajo sería tomado .por dos maestros , para que si mu- 
riese ó faltase uno quedase el otro; que cada destajo habia de te- 
ner una cuadrilla al menos de cuarenta oficiales, y de este número 
para arriba los que quisiesen ; que á estos oficiales se les darían 
mensualmente doscientos ducados, y si eran mas de cuarenta seau« 
mentarían en proporci^; finalmente, que concluida la obra sería 
tasada por la congregación de fábrica, y con arreglo á su dictamen 
serian puntualmente pagados los.maestros destajeros^ 

Aunque ni e^ carácter de Felipe II, del cual dice el P. Siguen- 
za que tenia en sí tanta mageslad aue, ninguno le habló, jumas que 
vqr lo menas no sintiese en sí notable mudanza^ ni la forma de go- 
bierno daban mucha libertad á sus vasallos para manifestar fran- 
camente so opinión, sin embargo, era tanto lo que se.ponderabaen- 
toñces*el coste del Escorial, tanto lo que se murmuraba deíascan- 
tidades.ya invertidas, que llegó á.llamar la atención del rey; y bien' 
fuese para acallar esta murmuración general, ó ya para tener él 
mismo un dato seguro, mandó á su arquitecto Juan de Herrera que 
formase un cálculo aproximado dé cuánto costaría, el todo de la 
obra, y lo mismo encargó á Fr. Antonio el obrero. £1 primero calculó 
millón y medio de dcicados; el segundo no quiso pasar de seiscien- 
tos miL Lo primero le pareció mucho, lo otro poco; mas tomando 
un medio entre dos estrenoíos, ya pudo formar su cuenta: el tiempo 
demostrará cuál'de los dos fue el mejor calculista en obra de tan 
grandes dimensiones* 

Juan de Herrera, que á la -esperiencia de trece años que habia 
pasado al lado dé Juan fiautista de Toledo recibiendo las lecciones 
de aquel famoso y consumado arquitecto^ unia un talento claró, un 
ingenio sobresaliente y mucbísimos conocimientos matemáticos, lue- 
go que se encargó de la obra como ^efe principal, propuso para el 
mayor adelanto y mejor éxito de la fábrica un m^odo ingeniosísi- 
mo, y para aquellos tiempos enteramente nuevo en España, que 
consistía en que la piedra toda se labrase en las canteras, de modo 
que en el edificio m en las inmediaciones apedas se oyese golpe de 
pico ó martillo. El quedaba encaiigado dé dar todas las plantillas, 
y los maestros de ejecutarlas por medio de sus ofiiciaies. Como era 
método enteramente nuevo, y sus ventajas desconocidas, nadie por 
dia comprenderlo con la claridad que su autor; y á todos los maes- 



PA&TB PRIMBBA. 41 

tros, y aop al misoao P. Yíllacastin.paredd.qae este sistiema serla 
iaexacto, em1)arazoso y de mucho mas coste; y tan conyencídos es- 
taban de esto, qué acudieren én qu^ja formal á la juota de fábrica, 
y aun al ;mísimo rey. Apoyaban, su oposición en la dificultad de que 
todas las piedras se labrasen con ia debida exactitud ño haciéndolo 
junto a donde debian colocarse; y* «en que se desportillarían al car- 
garlas y. descargarlas i Anadian que los oficiales, íenienilo que estar 
continuámentíb en las canteras, quedaban enteraoMSnte espuestos k 
los fríos y vientos rigorosos de iovierno,.'y á los abrasadores^catorea 
del verano; quenitendrian donde proveerle' de lo necesario para 
sus alimentos y refrescos, ni proj[M)rcion para coaá poner sus picos^ 
escodas, cinceles, macetas y demás instruBientos de cantería, que 
se estaban rompiendo y desportillando cada instante. Ponderaban lo 
poco y mal que se trabajaría teniendo que estar los maestros sepa- 
rados de los oficiales, porque si; asistían á ver corlar y labrai^ ks 
piedras tenian que descuidar á los que las colocaban: en eredificio, 
ó al contrario, lo cual causarla no pequeño desorden» y poca aeiivi* 
dad en el trabajo. * 

Estas razones y otras que alegaban, apoyadas en el voto del Pa* 
dre Villacastin, que era de tanto pesó parar el rey, casi le decidie- 
ron á desechar el plan de Herrera; mas este le suplicó que oyese al 
menos sus razones, y luego mandase adoptar lo qile mas le'plu- 
guiese. Hizo ver que el método que proponía no era nuevo ni des- 
conocido, puesto que los griegos y romanos lo habían usado con 
tan buen éxito, y qué todavía l^s restos de su arquitectura arreba^ 
taban nuestra admiración y permaneoían aún desauando I03 si^os, y 
resistiendo á la mano destructora de^ los tiempos bárbaros. Que los 
inconvenientes ((uelos demás encontraban no existían en la^reali- 
dad, pues las piedras labradas en la cantera quedarían tan^ perfec- 
tas y ajustadas como si la fuesen al pie de la obra. De tiempo y 
coste se ahorraba muQhisimo,.pues uoa.vez cargadas en la cantera 
en las carretas ó cangrejos; desde ellos mismQs se guindaban y subían 
al lugar donde debian colocarse,, cuando por el método antiguo no 
Se podía prescindir de acarrear mayores pesos, de eacgarlos y des- 
cargarlos dos veces, lo cual empli^aba fnucbos peones y tien^po, y 
aumeñ'tabala confusión en las iny9ediaci0nes.de l4 obra;'y al con-: 
trario, éonelplan por él propueéló'^en todas partes andarían desem- 
barazados y. espedítesk:Finalmente/hacÍ9» consistir en la adopción 
de su método; la uniformidad, hermosiura: y buen asiento de las,))te- 
dras, que partícularnpientep^ra el. interior de la iglesia no habían 
de venir de todo.puiHo labradas» simo con un grueso de cordel mas, 
y sin escodar, 16. cual ahorraba poner. cuñas entre piedra y piedra 
para nivelar jas fases esleriores de una y otrai y. no se perdía el 
trabajo de fuilir y labrar Ip^: cuatro lados; y con. únansela lechada 
de cal, y: un simple lechó de conjunción, Ía$. piedras: quedarían muy 
compactas entre sl^ y no dejaris^n huecas y falsías en isu asiento. £n 
cuanto ala dejscomodidad de los. oficiales babia mil medios deevi- 



43 HISTMIA DEL SfiCORIAL. 

tarla, lauto para iibtmioB del rigor de las esiaciMc$', crnno para 
proveerlos de herraiiiiietita8> viveree y refrescos. 

La euéslioii; sin embargo, llegó 4 hacerse tan acalonada, y sos- 
tenia cada parte su niélodo coa tanto empeflo, (fue el mismo rey 
quiso ser el jaez do esta oofilienda; y para poder juzgar por los he^^ 
chos, después de oídas y eiaminadas lasleoriasde oaos y otros, 
mandó á Juan de Herrera tfue ensayaso el plan que había propues- 
to. Asi se ejecutó, y Felipe 11 por espaeio de algunos días pre-^ 
senció varias veces el modo de cargar Jas piedras en la cantera 
por medio de una máquina llamada ewriUa} cómo e» la tUirica la 
grúa las pescaba desdo lá misma carreta sin tenerlas ^ desear^ 
gar; y en fin; el fácil modo de colocañas, y el buen asiento y her«- 
mosura que resultaba. Con su talento perspicaz conoció' que efécti* 
vamente Juan de Herrera habia discurrido coa acierto , y que so 
manera de edificar ahorraba mucho tiempo, hombres y dinero. Solo 
le quedó una diflcullad, que no comprendía bien; cómo la iglesia 
después de concluida pedria pulirse y escodarse del grueso de cór^ 
del que tenían las piedras de mas en los paramentos llanos, por- 

3ue laá cornisas y moMoras se sentaban ya de todo punto lanra- 
as y pulida; mas el entendido' arquitecto^ hizo en sir presencia 
algunas pruebas, y le dejó plenamente convencido. 

En consecuencia) mandó que el plan de su arquitecto mayor se 
guardase en todas sus partes, y le autorizó para tomar cuantas dis- 
posiciones creyese convenientes. Como por encanto en muy pocos 
días pareció surgir del suelo y estenderse una populosa ciudad en 
cada una de las canteras. Fraguas, talleres, caitas oe obra y de ma- 
dera para refugiarse los trabajadores, grandes toldos de lieniso y 
tiéndala de campafia, cantinas y puestos de comestibles, todo lo que 
pedia necesitarse se, proveyó y acumuló allí con una prosteaa im- 
ponderable. Juan de Herrera Joven, y mas interesado que nadie en- 
el buen éxito del plan que propusiera, discurría sin cesar desde la 
fábrica á las canteras y. desde estas á la fábrica ^ ya dando las plan- 
tillas é instruyendo á los canteros en el modo de ejecutarlas, ya 
presenciando el sentar de las piedras, ya trazando las máquinas; dé 
modo qué no paraba ni un momento. . 

Aumentaba su trabajo y afán la resistencia que oponían los 
maestros y oficiales á la ejecución de su nuevo métodoy qn» detes- 
taban á pesar de sos ya conocidas ventajas, sin mas razón que por- 
que era para ellos una eosa «neva. ¡Tan. difietl es en todas cosas 
cambiar de repente los hábitos y costumbres de largos tiempos ad- 
qniridosl El mismo Felipe 11 necesitó hacer un esfuerzo, y en este 
año tuvo precisión de moftiplícar sos viajos al Kscoríal, para con su 
severidad y presencia sostenéis el plan de su arquitecto. Cosió, no hay 
duda, algunos esfuerzos; mas produjo tan prontos y visíiblefi resuU 
tados, que la iglesia prinerpat, qw por el método seguido por To-- 
losa y Escaláhte hubiera tardado muchfslmos aftos en edifioafise, v 
tal vez nunca se hubiera acabado, con el nuevo plan, la' aotitidad 



PéMTM tH^OMU. 43 

y el celo de Herrara^ á io que se uoia el ioterés 4 iateUgencia del 
veedor Garda de ftrizi^ela y del ai^rejador mayoF Mateo de Mia- 
jare»» crecía por mosneale^, de mótlo que en lo restante del alio 
4516 8obí6 la fabrica del lesiplo por igual 30 pies, esto ea» basta 
el nírel de la (rfanta segunda ; y el dia 4 1 de noviembre Gregorio 
de la Poottte, qu^ tenía el destajo aue comprende el pilastroa que 
estft Jimio íl la sacri$Ua, coloca en él la primera piedra ik dicba al- 
tura» eacriUeado en ella; ir0inta pies (4). 

Lleno ya de confianza y salisfaocion se toívíó el rey á Madrid, 
porque Berrera babia disipado todos sas iemores, y calculaba ya 
poderse recrear eo so obra. Sin em&argo, no por esto levantó ma- 
no; el 7 de marzo del año siguiente volvió para acabar de allanar las 
pequ^Aas dificnltades qoe el nuevo plan ot regia; coAtinuó basta pa- 
sar 4a Semana Santa, que e»^eó enteramente en los ejercicios de^ 
voto» propios del tiempo^ otiya costiutibre conservó ya todo el resto 
de so vida. Ksperó luego la cdebracioa del aniversario de la empe* 
ratria sin inadre, y partió para Madrid el día 2 de mayo. * 

A poco tiempo se trasladó al nm^o edificio con toda la Real fa * 
mílía, y m m eompadía pasaba el tiempo, unos ralos visitando, im«^ 
peoeionando y aáimando los obreros , otros eo la caza, que ya ha- 
bía mucha en estos amenos bosques; alternando estos entreteni- 
mientos con los ^erciciós de devoción, á los que rara vez faltaba 
en compaQía de los monje^^. Desde aqui envió á llamar á sn herma- 
no Don Jaan de Austria, que llegó á principios dé setiembre; y des- 
pués de haberle instruido de sus intencioDes respecto á los países 
de Flandea, donde le enviaba como gobernador «marchó con él á 
Madrid el 39 de dicho mes^ y desde allí k de^dió f^ra aquella 
jornada, dcmde babia de terminar su tan corta como gloriosa carrera. 
Se retiró el rey como de costumbre al Pardo en la estación ri- 
gorosa de invierno, y desde allí coniecha 9 dé noviembre avisó para 
ane fuesen á traer .un Crucitiio de saármol que le regalaba el Gran 
^aque de Toscana. En cumplimiento de este mandato partió Bau- 
tista de Ca^brera con 50 peones, que Ilegaroo al Pardo en el mismo 
día, y esluf ieron de yuelta el día l't; trayendo cin hombros y en 
procesión, como babia venido de Barcelona^ el nunca bastante pon* 
aerado Cruci(]j.o de mármol, obra de Benvenató Colino, de cuya 
imagen me ocuparé mais detenidamente al describirla en el lugar 
qaa ahora ocupíii Entonces quiso Felipe U qne se colocase en lasa- 
la capitular en el lienzo do la pdjierta, hasta q«a otra cosa determi- 
nase {2j/ 



(4) ft. Antouio de Vlltacastin, Memorias MSS., fol. Ai. 

{t^ '9r, Arotoii|<i de ViHacástiD, MeraorUs MSS.» IbL 40. Ea lá mmnra ptf^ím 4 coo- 
tiowciiio fumf \¡k fÍ9«ieotp vota. «Bl que biio este Crucifijo et^nbió «n lil^nq qqe se 
iotkiria BenvtmUo <>A'n4,*del modo qae 9e>b« de (eoer para labrar ea márqafJ, to t.*! 
eaal libro trata. del Iraba^ que tuvo en labralle, t la curiosidad con que lo acabó,* y 
ctfno es la primera pieza Aa Cnicifijo qoe se ha labrado basta este dta , Tiene tatnlíien 
el didia libr* al lAh* de 41 dos simetoi- oo Wícmo ««btúraUcs.í» 



44 HISTORIA HBt ESnORUL. 

A. pocos días víQO á ver el estado de la obraá priiicipioa dedi^ 
ciembre , y eH 1 partió para Guadalupe á la entrevista que tuvo 
coQ el malogrado rey de Portiígal Doq Sebastian, que nó mieríen* 
do hacer caso de los consejos del esperímentadó Felipe II) fue yio-^ 
tima de su valor en las inmediaciones de Afri<;a, Concluida la con- 
ferencia se volvió á visitar su nuevo edificio, á dond^ llegó el Id de 
febrero, y quedó sumamente complacido-, no solo por (ó iniícho que 
habia adelantado la obra, sino por la buena armonáa que observó 
entre el arquitecto, obrero, aparejador y demás empleados; y por 
el orden, celo y esmcro<;on que procuraban servirle, tanto (pie aun* 
que lodo lo inspeccionó y recorrió detenidamente, «nada encoátró^ 
que reprender ni que advertir- ^ 

Contento, pues, del estado en que se encontraba la parte mate- 
rial, satisfecho de la virtud y observancia de los monjes, y Heno de 
confianza en aue tendría tiempo de ver realizada su idea, quiso co- 
menzar á fundar también la famosa Biblioteca. Dio 2.000 ducados 
f^ara que se hiciese una librería para uso de los monjes , que quería 
uesen al par que virtuosos instruidos, mandando también que en tp- 
das las celdas se pusiesen (tbros de ciencias eclesiásticas para qde 
se ejercitasen en el estudio. La Biblioteca se colocó en el claustro 
principal alto, donde d^pues estuvo el dormitorio de ios novicios, 
y el mismo Felipe II encargó su custodia y clasificación al P.Fr. Juan 
de San Gerónimo, á quien se hacian las entrefinas de los libros üue 
iban llegando. Ya entonce^ comenzó á ser célebre y selecta eSlaBi^ 
blioteca, porque por este tiempo se le unió la del dacto Don Diego 
de Mendoza, nombre tan conocedor y de tanto gusto en los libros, 

Íue los que Je pertenecieron son aún les mas estimables que posee, 
ambien se comenzó en este año á trabajsir en los libaos del coro^ 
para lo cual reunió los mejores pendolistas que se encontraron en 
aquella época, y que se hicieron con tal eoste y injOi que dificíU 
mente se les encontrará igual en el mundo. Al hacer su clescripcion 
diré todos los pormenores de esta famosa colección de libros dé 
canto. . ' * 

Entretenido en todos estos objetos pasaba alegremedte los días 
en el Escorial el monarca de España; y aunque los negocios f cui- 
dados del gobierno lé obligaban á abandonarlos, siempre era de 
modo que no faltase, no solo al cuidado de la fábrica .sino tambi^^n 
á los ejercicios de devoción. La Semana Santa de( año 1577 la pasó 
etítre sus monjes, siguiénidoles en sos largos y devotos rezos, y en 
todas las ceremonias y practícasele tales. dias, y al momento se Vol* 
vio á la corte: . 

Apenas.se habia marchado, cuando un incidente en su origen de 
muy poca monta vino á alterar la paz y buen orden que basta ea- 
tonces habian reinado en la fábrica y sus dependencias. En ta tarde 
del 20 de mayo, el alcalde mayor de la villa del Escorial, que lo 
era el licencijido Muñozi sacó ae la iglesia [doAde se habia reTugia- 
do) á un cantero que babia cometido un delito de pooa considera- 



PÁkLTB PRIMUA. > 45 

eioüv y lopusoí ea la caroel pública, á deade llevó, después otros tres 
que faiabian sido cémplices en el delito. Asi qtie ios tuvo presos, 
nías con ánimo de atemorizarlos que de ejecutarlo, mandó preparar 
cuatro asnos, diciendo que al dia'^síguienfe'los había de mandar azo- 
tar en público^ Los^ cuatro presos eran vizeaiaos, áe cuya provin- 
cia había muctos entre los canteros; y al saber la afrenta que iban 
á sufrir sus compañeros, llevados del amor de paisanaje, de los fue* 
ro&'de Su provincia y de la iiidal|;aia de que tanto se precian, co- 
menzaron á decir qué no debían tolerar que sus camaradas sufrier 
sen tamaña afrenta, ni^que con tal baldón se infamase á vizcaínos; 
y corriendo la voz de ufios en oíros, llegaroni á alborotarse en térmi- 
nos que se reunieron para impedir por la fuerza el eastiga*de sus 
paisanos, ;Si^no se les .otórgala de grado su perdón, ó al menos no 
se conmutaba la pena. £1 alcalde/ creyendo que con ceder me- 
noscababa su autoridad, insistió en que se llevaría á efecto la sen- 
tencia de.azotés; y entonces los obreros, alas voces de muera el al- 
calde mayor, mueran los alguaciles, se dirijieron á la viliiai arma- 
do4 con sus espadas. Sitiaron la ^arcel, pusieron sus centinelas, y 
permanecieron ea vela toda la noche, resueltos á. repeler con la 
fuerza al que intentase molestar á los presos^en lo mas mínimo. Avi- 
sados el alcialde y alguaciles del furioso tropel que contra ellos se. 
dirijía, trataron de^ evitar el primer ímpetu de aquellos hombres 
coléricos, y favorecidos por la oscuridad de la noche lograron po- 
nerse en salvo; y lo hicieron muy oportunamente, porque al ama- 
necer ya tal vez hubiera sido tardé. A los primeros albores, algunos 
de los "^amotinados comenzaron á tocar á rebato la campana con que 
se hacia señal para comenzar el trabajo, y apenas la oyeron cuan- 
do las canteras, los talleres, el monasterio y todas sus dependencias 
quedaron enteramente abandonadas. Los peones todos corrieron i 
unirse con los* amotinados, que levantaron una bandera, y á son de 
tambor se posesionaron de la villa, habiendo ya nombrado su capi- 
tán, y armádose cada uno de lo. que encontró mas á mano. lá furia 
y enojo de aquellos hombres era tremenda; y si hubiesen hallado al 
alcalde mayor, ó se les hubiesen presentada enemigos que comba- 
tir, la sangre hubiera corrido en abundancia. 

Consternado el P. Yillacastin al ver lo serio y terrible del albo- 
roto , interpuso sus ruegos y autoridadf buscó á los destajeros y 
maestros, y les suplicó se esforzasen en contenerlos; pero todo fue inú- 
til, porque no soto no les dieron oídos, sino que los llenaron de in- 
sultos y amenazas, y tuvieron que retirarse cfándose por muy con- 
tentos de haber solo detenido su furia un poco de tiempo, duran- 
te el cual huyeron ó se escondieron los oue de cualquier modo se 
creían comprometidos en aquel asunto. £1 Prior, que veía las ter- 
ribles consecuencias que ibaa á seguirse;, y que sabía el sitio 
donde se ocultaba el alcalde^^ le escribió UAa carta suplicándole 
que, para evitar mayores máíes^ cediese por entonces y pusiese en 
libertad á los presos^ Muñoz, aunque protestando la fuerza, mandó 



i6 HISTORIA IIBIi HRORIAL. 

atar ta cárcel, y los vizoaíiios fueron levantados en hombros de sas 
paísanes, y eonducídos en trianfo entre las aclamack^ies y vivas de 
aquella muUitud enfurecida. < 

Logrado ya ei objeto el iwor comenzó á calmarse, y la mayor 

E arte 'dejaron las armas, y volvieron contentos y satisfechos á su tra^ 
ajo acosl^ümbrado. Como -era natqral, á la tranquilidad siguió la 
refiexion, y los {Mríacipales <»bezss del alboroto, convencidos de la 
enormidad del atentaao que cem^tieran^ y temerosos del castigo, 
huyeron. Apenas lle^ 4 Felipe II la noticia de lo ocurrido se 
presentó en el Escorial con toda la Real familia, y acompañado 
de lina foerte guardia de alabarderos, que apenas llegaron estable- 
cieron í9üs retenes y rendas por )a &bríca, y velaban nray cuidado- 
samente, en particular por las noches. Como el rey había hasta 
emonces venido siempí^ sin e^olta, temieron todos ia severidad 
de su jukícia, particularmente los culpadois, y los que conocían 
los secretes de la política lo atribuyeron á causas muy díslmtas; 
pero el P. 8igüenza cree que fue consejo del Duque de Alba, que 
muchas veces habia hecho presente jo espoesto <^ue era pasai^nn 
monarca tan largas temporadas en aquel desierto, sm guarda niogn* 
na que custodiase su Real persona. No era el que menos tenia el 
rigor del castigo el P. Villacastín, nó por si, sino por el amor que 
tenia á.sus obreros ; y al instante se echó á los píes del severo 
monarca, reduciendo su súplica á las siguientes palabras, tan sen- 
cillas como significativas: Señar, es indtspensabk (¡Ui V. M, perdo- 
ne á €slos pobres, qw no kan pecado sino ie hidalgos , de honrados 
y de necios. Sé sonrió el rey, y prometió al boen lego que los per- 
dovama, «scepto á los motores. Asi se cumplió, y solo el que levan- 
tó la bandera, el que tocó la campana y algunos otros fueron echar 
dos á galeras; los demás quedaron libres. 

£1 monarca, accediendo á las súplicas del P. Villacastín, no 
consultó solo su clemencia sino tánibien las circonstancías; porque 
usando del rigor se hubieran ausentado muchísimos canteros, que 
tanta falta le hacían, y que informados por el obrero de que les había 
alcanzado perdón, volvieron tranquilos & su trabajo. Además, la 
nación se encontraba entonces disgustadísima con el pesado y nuevo 
impuesto del uno por diez con qiit se la había recargado, y si los 
canteros del motín hubieran seguido insurreccionados, tal vez hu- 
biesen encontrado muchos que se les unieran, y una cosa en su 
origen tan inngnificante, hubiera podido tener consecuencias bien 
desagradables. • * 

Continuó la corte en el Escorial toda la temporada de verano, 
y la Pascua de Pentecostés se pasó en alegrías y fonciones de mu- 
cho lucimiento. El primer dia el [irincipe Alberto de Austria, hijo 
del emperador Maximiliano, reieíbió en el Escorial el capelo, signo 
de la dignidad cardenalicia, que habia tenido á bien concederle ei 
Sumo Pontffíóe Gregorio XIU. La ceremonia de la entrega se hizo 
en público, y con toda lá solemnidad y magnificencia posible * £1 



Fey se pmfiealó riol^meftie yestido de gala» y adcmiaáo cm ti gran 
collar del ioiaon^ y lo misino el Duque de Alba y dcniás cabaileres 
qoe le «coiipadaoaQ. Al día síA;uienie el Nuncio de Su Santidad 
celebró de pontifical, y en la Misa hizo entrega de una rosa de 
oro que el Pontífice bendice en la dominica cuarta de Coaresma, y 
que mandaba regalar á la reina DoOa Ana, Era esta'alhaia un ro- 
saUto de una tercia de alto, de un solo pie, todo de oro cincelado 
y trabajado con suma del¡cade:3a, Lá reina, acompañada de toda la 
corte, se adelantó hasta el llano del altar mayor ae k iglesia tieja, 
y alii Gon nuic^ devoción y reverencia r^ibié la lona, y concluida 
la ceremonia lá regaló al monasterio para q^ue se colocase entre las 
demás reliauías, ai memoria del alto aprecie que Su Santidad ha- 
bía hecho ae su persona enviándola tan rico don. 



CAPITULO VI. 



Primor incencUo ie la Júbrica.^^Perro negro del escorial, — Castigo de un sodomita. — 

Pormenores sobre la edificación , y noticia de dónde se hacían los principales objetos 

para eUa,—-Aíuerte de algunas personas Reales» jr su entierro en el Escorial, — Adc' 

'lautos de la fábrica^ — Algunas noticias relatiwts día familia Real, 



- Tanta era la satisfacción de Felipe II al .ver subir la fábrica 
con tanta presteza^ que admirado d Duque de Alba le dijo ub dia: 
mas tardarán y señor, en hacerse los adornos de esta fábrica que lo 
principal; pero como s¡em()re los placeres humanos son precursores 
de algún sinsabor, esta salisfacciott estuvo muy á pique de verse, si 
no destruida, al menos muy contrariada. En la noche del 24 de ju-- 
lio de 4 677 se formó entre Mediodía y Poniente una tempestad que 
desde l«e^ infundió temor. Commizo entre once y doce, por un es« 
pantoso viento ábrego, al ípse siguió un copteso a^cero acompa- 
sado de truenos y relámpagos fuertes y muy continuados. Las nu- 
bes, cada vez mas densas y oscuras, impelidas por el viento se 
detenían j aglomeraban en la sierra que por la parle del Norte coro- 
na e) monasterio, y parecían sitiarle al son de rojidos espantosos. 
De repente se oyó un trueno seco y terrible que dejó á lodos pe- 
trificados, y id estallido se desprendieron de la nube una porción de 
rayos, eny 09 efectos se vieron tm algunas partes del nuevo edificio. 
En ta sacrístia se bailaron quemados hit «arcos de algunas pintu- 
ras, y destruidas y chamuscadas las cenefas de algunas ropas; en 
otra h^ítaeíen mas alta se encontró on grande agujero; y én la tor- 



i8 HISTORIA VEL IBSCORIÁL. 

re del Poniente (abóra llamada de la óptica), donde entonces es- 
taban coto.cadas las campanas, derribaron algunas piedras de la 
parte interior, y al mismo tiempo comenzó á arder con faría el ca- 
pitel. 

De ninguna consecuencia hubiera sidoisi alli se hubiesen pódi-r 
do contrarestar los progresos d^l incendio; pero era imposible su- 
bir á donde había prendido , y Ids que se atrevieron á intentarlo 
fueron ahuyentados por él plomo derretido aue caia por todas par- 
tes. No hubo, pues,. mas remedio que abanaonar la parte alta, en 
la que quedó todo reducijdo á^cenizas, comunicándose con pronti- 
tud á la habitación inmediata, donde estaban las campaims. Lá mu- 
cha madera de ios telares donde estaban colocadas *dH> mayor pá- 
bulo al incendio, que amenazaba esienderse á los empizarrados al 
ímpetu, del furioso viento que soplaba; de modo que en un momen- 
to se derritieron once hermosísimas campanas, y un.aproyode plo- 
mo y metal derretido corria por lá escalera, obstruyéndola entera- 
mente. ^ ' - 

Avisado Felipe II por uní) de sus criados de tan desagradable 
incidente, preguntó lo primero ^ habia muerto alguna persona, y 
díciéndolQ que ho^ dio gracias á Dios, y salió de su aposento acom- 

E añado del Duque de Alba, del Marqués de- los Velez y otros ca- 
alleros, y se colocó en el claustro de la enfermería; en el ángulo 
opuesto á la torre incendiada: El anciano Duque de Alba,^acostum- 
brado á los peligros de la guerra, no temió los del fuego, y aun- 
que estaba muy molestado de la gota, subió hasta lo altó de*!la tor- 
re. Con su acosttumbrada energía comenzó, á-poner orden enla.mul- 
titud que se había agolpado para atajar el incendio. Formó como 
un cordón de hombres desde lá- fuente hasta el; lugar incendiado, 
por cuyas manos pasaban las vasijas llenas de agua con tal rapidez, 

Íue en lo alto de la torre parcela desembocar un arroyo perenne. 
1 indicaba el punto donde convenia echar el agua; á unos manda- 
ha traer arena, á otros aplicar mantas mojadas en las puertas y 
ventanas mas amenazadas; en una palabra, su actividaa todo lo 
prevenia y arreglaba. Se señalaron principalmente entre todos dos 
soldados que se hablan escapado de Constantinopla, donde estaban 
cautivos, y hablan venido á presentarse al rey y pedirle m^cedes. 
Colocados en las dos ventanas que niiran al 'interior del claustro, 
con una intrepidez y valor estraordinarío cojian las vigas que caían 
encendidas de lo alto y las arrojaban al patio, lo cual contribuyó 
mucho á^que el incendio, naencontrando donde cebarse^fuese per- 
diendo fuerza sin estenderse mas. Tanipoco los monjes estuvieron 
ociosos en aquel apuro. Mientras los mas ancianos acudían á im- 
plorar la divina clemencia, sacando en procesión algunas reliquias 
y cantando la Letanía, otros se ocupaban eñ ayudar á los peones, y 
éh repartirles algo de comer y beber; para que trabajasen con mas 
voluntad y llevasen mejor tan penosa íatiga. 

En medio de esta terrible confusión acudían muchos de loft maes- 



^ARTS PRIBIBRÁ. l^ 

tros al rey suplicándole Diandase cortar los empizarrados inmedia- 
tos para qúc él ínóendio no se propagase, porque si salía de la tor- 
re, el líial sería írreraediable ; pero el P.Villacastinse opuso tenaz- 
mente, y aseguró que el incendio no saldría de las gruesas y solí* 
das paredes de la torre, y que la cruz de hierro y bola d^ oronce 
en que remataba el capitel, que' por ^ér de mucho peso eraü temi- 
bles aí desplomarse, caerían al jardín, donde ningún daño podían 
causar. El resultado demostró su buen cálculo , pues todo sucedió 
como .él había predicho; y á las seis de la mañana el fuego estaba 
enteramente apagado, después de síete^ horas de lucha. Felipe II se 
retiró entonces á su oratorio, á dar gracias al Señor por haber per- 
mitido se atajase tan pronto el grave mal que amenazaba destruir 
en un momento tantos afanes y dispendios. La tempestad, que aún 
no habia desahogado completamente, se corrió por la sierra en di- 
rección al ocaso, y füQ tanta la piedra que arrojó, que los términos 
de Robledo y San Martin de Yaideiglesias quedaron enteramente 
asolados. 

Hay algunas cosas en s( tan insignificantes que no merecían se 
hiciese mención de ellas, si la casuafídad no les diese una importan* 
cía ({uejlor si jamás podrían ten^r. Desde el motín de los canteros 
había comenzado acorrer la voz de que en la nueva fábrica del Es- 
corial aparecía todas las noches un enorme perro ne^ro que sede- 
jaba ver en mil partes saltando por las grúas, andamtos y pescan- 
tes como si tuviera alas, arrastrando al mismo tíenfipo gruesas ca- 
denas de hierro, y dando ahullidos espantosos', capaces de aterrorí- 
zar al corazón mas valiente y determinado. Esta fábula ridicula 
cundió con estraordinaria rapidez por toda España, de modo que en 
toda ella se tenia noticia y hablaba con .variedad del perro megro 
del Escorial. En aquel sí^lo de tanto fanatismo se comenzó á dará 
esto una suma importancia, y á interpretarlo cada uno según sus 
afecciones ó caprichos. Insistiendo la generalidad en la idea de que 
alli se consumían las riquezas de dos mundos para fundar y enri- 
quecer un conventó de frailes, decían que aquel perrose manifes- 
taba como indicando la voluntad de Dios, que se oponía á aquel 
gasto ian enorme como inútil. Los devotos por el contrario conver- 
tían el perro eO' demonio, que con sus apariciones y ahullidos ma- 
nifestaba la rabia aue le causaba la fundacion-dé un templo desde 
donde se le había ue hacer tantli guerra, queriendo; de esté ínodo 
estorbar la continuación de sü fábrica; Hasta la política hacía al 
perro negro intérprete de. sus ideas, diciendo que era un aviso por 
el recargo de la alcabala; que los ahullidos significaban los gemi- 
dps de los pueblos, y las cadenas la opresión en que los ponían tan 
exorbitantes tributos. Pero pronto se manifestó que ei perro no 
existía sino en la cabeza dejos que habían lomado esta brujería co- 
mo pretestQ de sus combinaciones. 

Tales y tan esítravagantes eran las interpretaciones que se daban 
á la aparición del perro negro, cjjando una noche oslando los mon- 



riRTE r. 



50 H18T0KIÁ BEL ESCORIAL. 

jes en.Mailines overon unos ahullidos tremendos japto á las yeota-* 
nás del aposento del rey^ que según dejo indicado estaba debajo del 
coro de la iglesia Tieja. Ellerror suspendió los cánticos sagradosr, 
y ios monjes quedaron inmobles en sus sillas. £1 perro continuó 
entonces sus espantosos ahullidos, á los que la idea que bullía en 
todas las cabezas^ el silencio y hora avanzada de. la noche> y el eco 
que retumbaba en aquellas bóvedas desiertas dieron tal.espresion, 

aue hasta los mas valientes se sintieron amilanados. Solo el P. Vi- 
acastin y otro monje pudieron hacerse superiores al miedo, y pa- 
sado el primer momento de pasmo salieron- del coro, y se dirijíeron 
hacia donde habian oido los primeros ahullidos del perro, que es- 
taba refugiado en uña de las bóvedas debajo de los jardines. El in- 
trépido lego penetró eñ ella,« y el inocente animal, que solo se la- 
menlaba ae haber perdido á sa dueño, fácilmente se dejó asir por 
el'collar,'y siguió mansamente á.susaprehensores,-que á pesar de 
su docilidad no se movian á compasión, ni quisieron dejar sin cas* 
tigo el tremendo susto que les había causado, y ahorcaron al ino- 
cente perro de uñ antepecho del claustro principal, donde á la ma- 
ñana siguiente pudo verlo todo> el mundp , y reconocieron ser un 
sabueso castizo que tenia «n mucha estima el Marqués de las Na- 
vas. Con la muerte de este pobre animal se desvanecieron todos los 
cálculos y hablillas que hasta entonces habian corrido con motivo 
del perro negro. Lo que tan poco valia, con tan poco quedó reme- 
diado. 

Continuaron aqui las personas reales todo el verano y parte 
del otoñó, y á,18 de octubre el príncipe Archiduque de Austria 
Wenceslao recibió el hábito de San Juan, haciendo en el acto la 
profesión solemne en manos. de D. Antonio de Toledo, en ^ri.rtud 
de facultad concedida por el Papa Gregorio XUl. En seguida re- 
cibió la investidura de gran prior de dicha orden; de modo qué del 
Escorial salieron hechos eclesiásticos aauellos dos principes^ sobre 
los que Felipe 11 habia tenida miras políticas de tanta trascendén*- 
cia (4). *. 

£1 Rey, con toda la real familia, salió para Madrid el día 4 de 
noviembre, y,á los tres diás se ejecutó en el Escorial un castigo 
terrible, aunoue justo. Un joven de veinte y cuatro afios,* hijo de 
un panadero ue la Reina. Doña Ana, cometía un crimen nefando, 
y para perpetrarlo se escondía en ün jiiral espeso que había debajo 
de la cocijia del Rey. Los que habian observado Isi frecuencia con 
que iba áa<iuel sitio lo espiaron, y sotprendido»en el acto,, dieron 
cuenta al Rey, que mandé ponerle preso , y que fuese juzgado por 



(4) Felipe. II había tenido á estos príncipes n\peho tiempo á sn lado Inslriiy^ndolot 
en los asuntos de gobierno, y tratándolos eon Bucba deferencia ;~ y se rree <]oe hiendo 
la depravación c incorrcgibilidad del príncipe Carlos^ los trajo á Espafia* con la idea de 
que heredasen sus reinos caso qne el muriese sin sucesión , y el principe se muriese é 
inutilizase para el mando. 



'PÁRTB PftlBIXlUL 5f 

las le]^s. En las declaraciones^ quedó confeso y convido, y en con- 
secueocia fué sentcDciado á ser quemado vito. Leida la sentencia, 
el J^. Fr. Juan de Qaemada y Fr^ Juan de Santa María le procu- 
raron los auxilios de nuestra rieHgioñ sant^, y el desgraciado joven 
recibió los Sacramentos con muestras muj marcadas de arrepenti- 
miento. Pasadas las Veinte y cuatro horas/ en la mafiana del dia 7 
de Boviembre le sacaron de la cárcel dg la villa custodiado por los 
algoacites, y acompañado de los dds^dichos monjes, que le auxiliaban 
y exhortaban en tan terrible tranide.. Le hubieron hasta el Sitio> sin 
duda para que los obreros le viesen y escarmentasen, y después le 
volvieron á bajar junto á la villa; donde estaba preparada la fatal 
hoguera, enfrente de. las caballerizas del Rey. Ataclo á un grueso 
tronco que sobresalía en medio del enorme montón de comousti- 
bles, fué en pocos minutos confertido en cenizas. Según las señas 
que Fr. Juan de San Gerónimo en sus Memorias da del lugar de la 
ejecución, creo ser en donde ahora hay una gran cruz de piedra 
colocada sobi'e un peñasco enfrente de la villa, nó lejos de la cal- 
zada, y dentro de la cerca del jardín del Príncipe. 

A los dos días (9 dé noviembre) comenzó á dejarse ver un co- 
meta famoso, de que tanto escribieron foi^ astrólogos de aquellos 
tiempos; publicando tantos y tan siniestros vaticinios para España 
y Portugal, que harto tuvieron que llorar y padecer, sin que por 
esto se crea en la influencia de los astros sobre los acontecimientos 
humanos. 

Al principiar el año 4578, el Escorial presentaba un cuadro ad- 
mirable , y tal vez mas- magnífico y sorprendente que después de 
concluido el edificio. Este comenzaba ya í descollar magestuosa- 
mente sobre los robustos árboles y peñas que cubren aquel agreste 
pero variado país ; á su derredor se estendia una populosa ciu- 
dad formada por los talleres, tiendas de campaña, chozas y canti- 
nas de los obreros: estos bullían á todas horas, y se ocupaban con 
afán en sus respectivos trabajos; y los cánticos variados y alegres 
tie diferentes provineias, entonados al son de los golpes de los mar- 
tillos y escodas ; se confundían con las voces de los que cargaban 
y descargaban, de los que pedían materiales^ subían y sentaban 
piedras > y de los que diríjian todos estos movimientos y operacio- 
nes para que los esfuerzos fuesen uniformes. Mas de treinta grúas 
estaban continuamente dando vueltas, y trasportando á los aiidamios 
piedra, eal^ agv^st, madera, y cuanto era necesario; al pié de ellas 
se veían llegar sin interrupcícm carros tirados por dos, cuatro y 
algunos por diez y seis y veinte pares d^ bueyes, que formaban un 
cordón no inlerrunipido , desde las canteras á la oofa y desde esta 
á las canteras. Sí se contemplaban separadamente cada vtm de 
los materiales que se aprestaban y trabajaban; no parecía sino que 
de él solo se había de hacer el edificio. Además de los canteros y 
álbañiles, eran ititinilos los aserradores, carpinteros y ebanistas que 
labüaban madera, yá para obras fuertes y toscas cómo eran los an- 



52 HlSTOlilA DBL KSGOllIAli. 

daniios, gruas^ cabrillas, agujas.,* tijeras y otros iogénios necesarios 
para la edificación, ya para puertas y* ventanas y maderaje de los 
techos; mientras otros se ocupaban en obras mas finas y delicadas 
de ensamblaje y embutido para cajones « sillas , estantes y otros 
muebles. , 

Quien considerara las'fraguas (dice el P. SigUenza) y el hierro 
que se gastaba y labraba, pensara que era para al^un castillo ó. al- 
cázar de puro hierro; y no Van menores las fundicione's de plomo v 
cobre, estaño y bronce. La parte de albaftilerta era inmensa, y 
muchísimos los hornos de cal, y§so, ladrillos, azulejos^ estuques; 
y no tenian número los peones que en esto se ocupaban. Las in- 
inediacípnes del nuevo Sitio resonaban continuamente cpn los gol- 
pes de las almádenas y cuñas, con el ruido acompasado de los ma- 
zos, martillos y escodas; con el r^chineo de las grúas, poleas y car- 
ros, y con los golpes tremendos de las piedras desgajadas de las 
canteras, causando á primera vista una confusión estraordínaría el 
movimiento de tantas máquinas, la actividad de tantos hombres, 
lá diversidad de tantas y tan abundantes materias; mas luego que 
se consideraban con atención se veian tan inteligentemente orcle- 
nadas, dispuestas con tabtá maestría, que no parecia sino que era 
una persona sola la que las impulsaba todas. Así era en efecto; la 
cabeza privilegiada , el talento gibante del nunca bástante ponde- 
rado Juan de Herrera, era el móvil primero de este orden admira- 
ble; Fr. Antonio de Yillacastín, el que lo sostenia y ejecutaba.' 

Sin duda que estos dos hombres eran un verdadero portento: y 
al ver todas.las contratas de aquel tiempo, redactadas, puestas las 
condiciones y firmadas por el lego Fr. Antonio; al considerar que . 
este hombre cuidaba de los peones, era el sobrestante general, re^ 
visaba lo que se hacia, preparaba lo que habia que hacer, y tenia 
tiempo para hallarse también en el coro, en la iglesia, en ¡os actos 
de la con^unidad, casi no se concibe, ni cómo tenia tiempo mate- 
rial, ni cómo no sucumbió á tanta fatiga. 

Lo que en la parte esterior todo era ruido y agitación, en lo 
interior de las haoitaciones concluidas todo era silencio y estudio. 
Las bellas artes parecia haber trasladado allí su templo, para di- 
rijir con su presencia las obras de sus alumnos, que tanto habian 
de honrarlas. Allí los famosos pjniores; el Mudo, Lugueto, Zucáro, 
Pcregrin y otros se ocupaban en trasladar sus animadas concep- 
ciones al lienzo ó á la tabla, ó las incrustaban en los lindos fres- 
cos de las paredes y bóvedas, mi/entras ó^ros bacian dibujos y oar-^ 
tones, otros, iluminaban,. otros pintaban al temple; de manera que 
el arle de la pintura se ejercitaba allí en lodos ms modos y gra- 
daciones, . .•.•.. 

Se ocupaban al mismo tiempo otros no menos distinguidos ar- 
tistas, unos en escribirlos lamosos libros del coro, adornándolos de 
viñetas, flore» y guarniciones de un ^usto esquisito; otros bordan-> 
do los ornamentos del culto con un primor que compite con el pin- 



' PARTS PRIMERA. ' 53 

cel; algunos hacían franjas, borlas y todo género de oordonería; 
y muchos cosían en raso , maraña , terciopelo , brocados, y demás 
lelas delicadas y preciosas. 

Tampoco faUanan fundiciones y talleres para los metales; y los 
escultores, cinceladores, broncistas y plateros se ocupaban én ir la- 
brando imágenes, adornos y alhajas, que luego habían de servir al 
culto y adorno del templo, y enriquecer con tanta profusión los re- 
licarios y sacristía. ^ 

Pero no era solo en el Sitio y sus inmediaciones donde se no- 
taba tanta actividad , y dónde tedias las bellas artes , todos los ofi- 
cios mecánicos contribuían á realizar el grandioso pensamiento del 
Monarca de España, porque en todos sus dilatados dominios, en 
casi tqdas sus provincias, se ocupaban de fabricar objetos de nece- 
sidad ó de adorno. Los pinares de Cuenca, Balsain, las Navas, 'Que- 
jigar, Navaluenga y otros resonaban constantemente con los gol- 
pes de las hachas y azuelas , y se estremecían al caer los enormes 
pinos que se cortaoan. En las canteras de jaspe cerca del Burgo 
de Osma y de Espeja, se sapaban mármoles en abundancia; en las 
sierras derilabres, Estremoz y las.Navas, los blancos para los pa- 
vimentos; en las riberas del uénil, pulo á Granada, en las sierras 
de Aracena, en Urda y otras partes, los pardos, verdes, negros, 
calorados V sanguíneos; ocupándose en cada uno de estos puntos 
en aserrarlos, pulirlos y labrarlos multitud de maestros italianos 

Í españoles. En Florencia y Milán se fundían grandes estatuas de 
ronce para la capilla mayor y* entierros reales. En Toledo se ha- 
cían campanillas, candelenos, ciriales, lámparas, cruces, incensarios 
y navetas de plata; en Flandes se vaciaban ven bronce candeleros 
de todos tamaños y formas, y se enviaban gran cantidad de lienzos 
al temple para adornar las celdas de los monjes; en América el fa- 
moso naturalista Hernández recojía la preciosa colección de plan- 
tas, y enviaba las masestrafiás con-los animales mas raros, que 
el P. Fr. Juan de S, Gerónimo componía en cuadros, que por mu- 
cho' tiempo adornaron las habitaciones de Felipe II (1J. De los te- 
lares de Toledo, Valencia, Talavera y Sevilla salían millares de 
pi^ezas de fopas de seda; y muchos monasterios de monjas se ocu- 

t^ában en coser y bordar albas, amitos, roquetes, palias y corpora- 
es, con las demás ropas <ie iglesia, en finísimas y esquisitas telas 
de hilo. 

Además de la enorme cantidad de hierro que en el Escorial se 
labraba, se hacían en Cuenca y Guadalajara grandes rejas para las 
ventanas del piso bajo y balconajes de los otros; en Zaragoza se 
fundían y trabajaban las lindas y magestuosas rejas de bronce que 



(1) De todos estol cuadros do ha quedado rastro olnguoo, ni se sabe^cuáodo ni 
cómo perccIcroQ. Del herbario de Herirande^í tampoco queda nada. Es dudoso, sin em- 
bargo, si alguno de los trece tomos de plantas naturales que se conservan en esta Hcal 
BilJlíolaca pertenecerá á ta dicha colección. 



54 HISTORIA BEIi ESCORIAL. 

cierran los arcos de la entrada de la iglesia ; y en Madrid se cons- 
truía parle del altar mayor y riquisimo tabernáculo^ en el cual se 
ocupaban multitud de^maestros y oficiales bajo la dirección del en* 
tendido artista Jacobo de Trezzo, del cual tomó nombre la calle 
que hoy se llama de Jacometrezo. En fio, sería muy dificil numerar 
los puntos, y describir todos y cada uno de los objetos que con des- 
tino al Escorial formaban á un mismo tiempo la ocupación de mu- 
chos miles de hombres. ^ . . 

Contemplaba Felipe II con estraordi^ario placer los productos 
de tantas manos diseminadas en tan diversos puntos de sos vastos 
dominios que se acumulaban en el Escorial, y llenaban poco á. poco 
el grandioso objeto que había concebido en' su ánimo verdadera- * 
mente real. Para contemplarlos y examinarlos por si mismo, y para 
dar al todo dé la obra mas empuje y fomento con su preSencía, 
repetía muy á menudo sus viajes al Sitio. En este aHo de 4578 vino 
como de costumbre á pasar la Semana Santa, y entregarse esclu* 
sivamente á los ejercicios de piedad, en los que le acompañaban 
también la familia real y la reina Doña Ana, (¡ue este año, imitan- 
do el ejemplo de su esposo,, celebró el lavatorio con mucha pompa, 
lavando los pies, dando de comer y sirviendo á la mesa á doce po- 
bres mugeres, que derramaban abundantes lágrimas do ternura a 
vista de tan augusta y devota ceremonia. Se hizo esta en la sala 
capitular, que á esta sazón estaba de toda pupto concluida; y él 
Rey hizo lo mismo con doce pobres en otra sala, qué era la que en* 
tonces servia de capitulo, ahora destinada á ropería. 

Pasada la Pascua marcharon á JUadrid porque la Reina se halla- 
ba ya muy adelantada en su embarazo , y á 4S de abril á las once 
de la noche dio á luz un niño, á quien llamaron en el bautismo Fe- 
lipe como á su augusto padre, y que le sucedió en el gobierno de 
estos reinos. Solo se detuvieron en la corte lo indispensable para el 
restablecimiento de la Reina,.- y á ^5 de mayo volvieron al Escorial 
á pasar la larga temporada de verai\o, y á celebrar el cumpleaños 
del Rey, que entraba entonces en los cincuenta y dos de su edad; 

J según la costumbre que tenia, ofreció cincuenta y dos monedas 
e oro de las llamadas Coronas , que presentaba al Sacerdote al 
Ofertorio de la Misa (4). 

Hacia mediados de junio partió paraSegovia, y de allí pasó al 
monasterio de.Parraces, en cuyas inmediaciones se celebraba el dia 
48 de dicho mes una.espe.cie de torneo, de qucr fué mantenedor 
Don Diego de Sandovah Las compañías de hombres de armas, que 
eran catorce, y que componían unos ochocientos hombres, rompie- 



{\ ) Esta costnrabre de ofrecer los rejos en el dia de sa cumplcalios tantas monedas de 
oro mas una cuantos años cumplían ,' ha durado hasta nuestros dias; Al Sr. D. Feman- 
do Vil, que celebraba comunmente su cumpleaños en el Escorial, le he ¥¡sto algunos 
años ofrecer un número de ochentines igual ál número de años en que entraba. * 



PAETS PEIlUaA. M 

roa lanzas, escaramuzaron y tornearon junto á San Salvador de 
Muñico [i ) , en cuya tiesta estuvieron sumamente complacidas to- 
das las personas rei^Ies, que concluido el torneo volvieron al Es- 
corial, y á pocos dias, esto es el 8 de jylio , fueron á Madrid. 

Felipe U, que no pasaba nunca mucho tiempo sin reconocer y 
visitar la fábrica, vino á celebrar la fiesta de San Lorenzo, y ape- 
nas^ hábia llegado cuando : recibió la triste nueva de la muerte del 
rey de Portugal Don Sebastian, y^ de la rota y pérdida de su ejér- 
cito. Aunque en todas las adversidades que tuvo este.nJonarca en 
su largo reinado* i amas se le vio inmutarse, entonces manifestó un 
sentimiento estraordinarío; mandó á los monjes ({ue miiltiplícasen 
sus oraciones^ é hiciesen algunas penitencias y disciplinas estraor- 
dinarias; y al día siguiente, sin querer ver á nadie» sin reconocer 
y visitar la fábrica como solia, por una puerta escusada de los jar- 
díne)s salió casi soló, y se volvió á la corte. 

En efecto , aquella desgracia era grande para la cristiandad en 
general, pero de mucha consecuencia para Portugal ; mas no era 
sola la Que babia de afligir al monarca de España. £1 24 de se- 
tiembre falleció en el alcázar de Madrid el principe Wenceslao, que 
tan poco tiempo disfrutó el ^ran prípratp de San Juan: Aunes del 
mismo mes se recibió la noticia ae otra^desgracia mayor: el joven 
y valiente principe Don Juan de Austria, gloria y prez de las ar- 
mas españolas, acababa de fallecer en Flandés en el campamento 
jtinto á la villa de Anamujr; v el 18 de ^ octubre murió también 
en San Gerónirno de Madrid el príncipe Don Fernando. Felipe II 
escribió al Prior una carta, mánifesiándoleei grave sentimiento 
que oprimía su corazón por la pérdida de tan allegados y caros ob- 
jetos, y mandando qué al gran prior de San Juan se le recibiese y 
deposítase como á las demás personas Reales que. hasta entonces 
se habían enterrado en aquel panteón. Los monjes cumplieron su 
mandato; y el 26 de octubre, que fué cuando llegó el cadáver, fué 
degósilado en el entierro real, y lo jnismp el del príncipe Don Fer- 
nando. . * ' 
. Relativamente á Don Juan de Austria, aunque su cadáver ño 
llegó hasta el' año siguiente'» diré yá, para no interrumpir luego la 
narración, que el Rey su. hermano dio comisión al maestre de cam- 
po de los estados deTlandes, Don Gabriel Niño, para que trajese 
al Escorial, el cadáver de su hermano, encargándole lo hiciese con 
todo secreto y sin pompa hasta llegar al monasterio de Santa Ma- 
ría ia Real de Parraces, .donde encontraría las instrucciones conve- 
nientes. Guando llegó á dicho punto ya estaba esperando Don 



(^) Mu3ico faé antiguamcote lugar poblado y aldea de ia provincia' de Segovia, cuyo 
téimioo confina con Labajos. Perteneció á la abadía de Santa Mana la Real de Parra- 
ees, y se ignora la causa por que se despobló. Solo se sabe que en 4486 loi canóni- 
gos mandaron derribar lu casas qae quedaban, por estar abandonadas. 



56 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

3uslo de Villegas, Obispo de Avila, que coa macbo acompañamien- 
to de caballeros y eclesiásticos, y un aparato fúQebre verdadera- 
roe«leTégio, condujo el cadáver al Escorial. Llegaron al monaste- 
rio el dia 24 d[e mayó d^4579 y fué recibido y depositado en el 
fanteon provisional , con las mismas ceremonias y solemnidad que 
éllpe 11 habia ordenado para los demás cuerpos reales. 
. jTres solos años hacia que se habia comenzado la iglesia, j ya 
á principios del año 4579 las paredes y pilastras llegaban á la ai- 
tora donde debian comenzar á volver los arcos, y estaba concluida 
la cornisa elefante y anchurosa que da vuelta á todo el templo por 
lit parte interior. Aun an^es que esta concluyese de sentarse hizo 
la fábrica sentimiento en algunas partes, causada por la desigual- 
dad del grano en algunas piedras, en lo cual se hábian descuida- 
do algo los maestros destajeros, y las mas blandas, ó que habian 
sentado sobre falso, no podiendo sufrir el enorme peso que sobre 
ellas cargaba,. se partían. Juan de Herrera comprendió al momen- 
to la causa, mando picar aqoe)las piedras y quitarlas, sustituyen- 
do en su lugar otras mas compactas y de grano mas fuerte, y con 
esto quedó remediado el daño con la perfección que hoy se ve. 

Hecba ésta operación jen 42 de marzo, se puso la primera cim- 
bra para formar sobre ella el arca llamado toral, que es el que 
corresponde sobre el antepecho del coro. Para formar uña idea de 
la actividad, enerjik y conocimiento con que se trabajaba, creo 
bastará saber.que este arco, magnífico se concluvó en solos, veinte 
y tres diás, pues dice el P. Villacastin que el I de abril se conclu- 
yó dé cerrar este arco, que es doblé y el mayor de todos; y por el 
ínismo orden y á un nivel adelantaban todos los demás destajos; 

Eues el Sábado Santo, ^8 de abril, quedó enteramente cerrada la 
óveda de la primera capilla que se concluyó, que fué la délas re- 
liquias junto á San Juan. . 

A todas ó la mayor parte de estas cosas se hallaba presente el 
Rey, que con toda la real familia habia pasado en el Sitio la Sepa- 
ña Santa. ' Después Jueron á*Toledó á celebrar la festividad del 
Corpus, y á 23 de junio volvieron y permanecieron hasta octubre. 
Solo Felipe II» que desde el retiro del nuevo edificio velaba como 
desde una atalaya sobre su monarquía, procurando desbaratar los 
planes de sus. muchos enemigos y conservar la tranquilidad de la 
nación, partió precipitadamente para Madrid á S9 de julio, mandó 
ejecutar la ruidosa prisión de Antonio Pérez y. de lá princesa de 
£boli, volviendo al Escorial en aquel mismo dia. Nada ocurrió' no- 
table en lo restante del año hasta el 23 de dicieríibre, en que fue- 
ron colocadas las jambas y dintel del pórtico principal, que mere- 
cen se haga de ellas particular mención. Entre trece ó catorce, 
enormes piedras que se habian cbrtado con este objeto, se elijieron 
las mas blancas y que manifestaban tener mejor grano. Pasa cada 
una de ellas de 24 pies de larga con ancbo y grueso proporcionar- 
dos ; de modo que causaban admiración tan enormes piezas antes 



PARTE TRIIIBBA» 57 

da colocaríais. Una de ellas faé traída por cuarenta y ocho pares 
de bueyes, y pesó 1.200 arrobas, y esto solo puede dar una idea 
de lo fuertes y bien construidos que estariaa los carros ó cangrejos 
que sirvieron para conducir moles tan íenormes. 



cAmmo Yin. 

Jornada de Felipe 11 4 Portugal,'^Caiarro coniagiosó y muerte de la reina Doña 
Aoii. -^Estado X adeláfttas de la /db'ríea.r*-''Cone1ttsion de la igfesia, jr algunas airas 
cosas notables,,-^ F^uelve Felipe II dé Portugal^ y recibimiento que se le hizo en el 
Sitio^ — ultima piedra del edifieio,'—Obnf de adorno. en lo interior^ y artistas que las 
ejecutaban»-^ Conúénzanse d celebrar los divinos Oficios en la iglesia principal.-^ 

Primera /unción. 



los acontecimientos políticos obligaron á Felipe li á separarse 
por algún tiempo del cuidado inmediato de 1^ fábrica. El año k 580 
comenzó por la muerte del Cardenal Don "Enrique, rey de Portu- 
gal, acaecida el 31 de'^enero, y la sucesión de aauellos reinos recaia 
en el Monarca de España, que partió de Madrid á 5 de marzo para 
situarse en Badajoz, donde se reuñia aquel poderoso ejército que 
había de obligar á los portugueses á reconocerle, por su soberano, 
mucho mas que los dictámenes y alegatos de los juristas que decla- 
raban su lejílimo derecho. Estando en Badajoz fué Felipe 11 aco- 
metido del catarro pestilencial que tanto estrago hizo en España, y 
que también se sintió . en el Escorial, donde enfermaron algunos 
monjes y algunos obreros, y de estos últimos murieron, aunque 
pocos. El Rey llegó á estar de tanto peligro que ordenó su testa- 
mento, y lo envió al Escoriarpara gue se custodiase en su archivo 
hasta svt muerte, ó hasta que estuviese bueno y lo pidiese. Por fin 

Budq vencer la enfermedad, que acometió en sefi;uida á la reina 
lona Ana; á la cüa^l no pudieron salvar los remedios, y el 26* de 
octubre murió víctiíAá de aquel pestilencial catarro C\), El Obispo 
de Badajoz y el Duque de Osuna fueron los encargados de condu- 
cir el cadáver, que llegó al Escorial el 44 de noviembre. Las exe- 
quias se hicieron con una solemnidad esCraordinaría , pórc|ue ade- 
más de los monjes asistiei^on todos los músicos de la iglesia prima- 
da de Toledo con los de la Capilla Real^ celebró, la Misa el Arzo- 
bispo de Toledo, Quiroga, y predicó Don García de Loáisa, que 



('I) Dice el P. Villacastin en sus Memorias, foli,75,v.', que después* de Jiiuert9 la 
Reina Dofia Ana abrieron el cadáver, j bailaron en so seno un niño lambien muerto, que 
le mcCieruo co el atabud con la iiiadre> y asi está cutcrrado con ella en este' panteón. 



58 HISTORIA rXEh ESCORIAL. 

después faé Arzobispo de Toledo; quedando el cadáver depositado, 
€omo los demás, éu el pánleon de prestado. 

£a medio de tantas y tan graves ocupaciones, fatigas y disgus- 
tos,. no se olvidaba Felipe 11 de su objeto predileclo. Escribía fre- 
cuentes cartas al Prior y arquitecto, encargándoles le diesen no- 
ticia de todo cuanto se hiciese y de los adelaiitos de la fábrica, y 
mandando que de las cosas de alguna importancia se le llevasen 
dibujos ó modelos; y asi se ejecutó , pues á Badajoz- se le enviaron 
dos ^modelos dé las sillar del coro para aue viese si le gustaban, y 
añadiese, quitase ó mudase adornos; y él lo hizo con tan buen tino 

2ue las redujo á la magestuosa sencillez que ahora tienen; de mo- 
que aunque separado portan larga distancia, nó dejaba de ins- 
Seccionar y diríjir hasta las cosas mas menudas. A este cuidado del 
lonarca se onialá continua vijilancia de ios monjes, y particular** 
mente del obrero Fr. Antonio de Yíllacastin , que cuidaba de todo 
con imponderable esmero; de modo que la'Iargá ausencia de Fe- 
lipe 11 en nada entorpeció los progresos de la. obra, que adelantó 
notablemente durante el. año 1581, sin que en todo él' ocurriese 
cosa nolable, 

ISn el Carnaval del siguiente (158S) vino á visitar el nuevo edi« 
ficio Idi emperatriz Doña María , hermana del Rey, y su hija Doña 
Margarita, acompañadas del Principié Infantas. La Comunidad sa- 
lió á recibir solemnemente á tan augustas huéspedas, que se com- 
placieron mucho en recorrer y admirar tan magnífico edificio, tan 
adelantado ya; que á la sazón estaban cerrando, la cúpula del cim- 
borrio, y todo lo Testante del edificio casi. tocaba á su término. A 
los pocos dias se volvieron á Madrid, después doJiaberse hallado 

f)resentes á un solemnísimo átiiversario que mandaron hacer, por 
as personas reales cuyos restos descansaban ya en este nuevo 
mausoleo. 

£1 23 de junio de este níismo'año fué un dia de júbilo para to- 
dos los de la fábrica. En él se acabó de colocar la última piedra del 
templo, y á todos pareció ya vencida la dificulladl todos veían ya 
aquella magnífica fábrica en* su término. Tanto los monjes' como 
los trabajadores manifestaron una alegría y entusiasmo estraordiná- 
rio; los primeros dispusieron una solemnísima procesión, en la que 
se cantó el Te^-Deum con mucha pausa y mageslad-, eji laccion de 
grapias al Todopoderoso porque había permitido se concluyese 
aquel su tabernáculo con tanta felicidad; y les segundos con todos 
los dependientes y empleados del Rey manifestaron su satisfacción 
con juegos y danzas. En seguida se procedió á la colocación de la 
cruz y veleta sobre Ja aguja del tiimborrio, cuya operación se con- 
cluyó á las seis de la tarde de aquel mismo día. ' " 

También hubo este año la casual coincidencia que en.él comen- 
zó á rejir la corrección gregoriana, y en el día 5 de octubre, (jue 
por el nuevo cómputo se llamó 15, tomó posesión el quinto Prior, 
llamado Fr. Miguel Alaejos; y en el mismo se trajo el reló princi* 



pal, trabajado eu Madrid y <;0DcIuidb coa un [irídior y exactitud 
Ul, que bien manifestó por espacio de un siglo lainteU^enciadel ar- 
tista. £1 año concluyó con la temprana muerte def principe DoaDíe- 
Í^o, que murió en Madrid á 94 de noviembre, y fué sepultado con 
os demás cuerpos reales. . • 

Concluido ya el templo, las manos que trabajaban en él se fue- 
ron repartiendo por lo restante del edinqio, que aunque con mas 
lentitud también nabra adelantado mucho, y ahora con el nuevo re- 
fuerzo de maestros^ oficiates y pebnesv todos los diás se recibía una 
nueva satisfacción viendo concluir algunas de las partas mas notar 
bles. A principios de 4583, y casia uli misjdno tiempo, se concluyen- 
ron las dos torres que hay á la entrada de la iglesia y al fin*^del 
patio de los Reyes, el claustro principal de palacio, y gran parte 
de los aposentos de Pohie^nte y Norte , con la torre que une ambos 
lienzos, También quedó enteramente coucluído el pórtioo principal 
colocado en medio de la fa*cbada.de Poniente^ y á 21 de marzo áe 
ostentó mujesluosa en el nicho que hay en medio de él la colosal y 
linda estatua de San Lorenzo, y debajo las armas reales, obras am- 
bas dp mucho primor y coste. 

AI lado, y sobre aquellas masas de piedra, se iestendian ya en 
todas direcciones' lo$ empizarrados, qÜQ con* su color. azulado for<^ 
maban un bellísimo contrasté con la blancura de -todo lo restante 
de lá fábrica. Solo la parte dónde ahora está el Colejió y Semi*- 
nario era la mas e^r^isada, porque de intento se había dejado así 
para el paso de la carretería, que aún tenia ([ué conducir muchísi- 
mos materiales. á distintos puntos del interior. Entretanto se iba 
retundiendo la iglesia y quitándola el grueso de cordel que dije te- 
nian de más las piedras, cuya operación, ({ue al principio pareció 
tan dificil y costosa, dírijida por la. feliz inteligencia Uc Herrera, 
se hizo con suma facilidad y presteza. Tampoco se descuidaban los 
adornos iúteriorQs; y al compás de la obra de cantería tocaban ya 
á su término el altar mayor, el tabernáculo; las rejas^ la sillería y 
cajonería, las puertas^ y todo cuanto bnbia de embellecer las ofici- 
nas de aquel vai$to edihcio, 

Felipe II habia entretanto tomado, posesión de Portugal, y ar- 
reglados los negocios de aquel reino nombró por v.irey y góberna-^ 
dora su sobrino el príncipe Cardenal Alberto. Aunque durante esta 
larga espedicion habia recibido noticias detalladas de cuanto se ha- 
cía en San Lorenzo, estaba sjn embargo impaciente por verlo, y 
dispuso volver á entrar por Badaioí. y dfrijirse hacia el Sitio. V¡^ 
sitó de paso los santuarios de Guadalupe, nuestra Señora de la 
Nueva en las montañas de Ávila, y el. monasterio de Guisando, y 
desde allí pasó* al Quejigar, una de las posesiones con que habia 
dotado á sus monjes, donde á ia sazón se construía una magoífica 
casa de labor bajo la dirección del arquitecto Mora, y se hacía un 
plantío de millón y medio de cepas y mas de ocho" mil olivos; y 
en la mañana del diá H de marzo se encamíDó al Sitio, donde te- 



60 HISTORIA DEL BSGORIÁL. 

nia sas delicias. Imposible sería pintar la alegría, la satísfaccíoD, 
las dulces emociones que senliria el monarca al llegar á la Cruz 
Verde , al doblar el pico del cerro llamado de San Benito ^ doiide 
sé detuvo á contemplar el editicio, que se descubre desde allí per- 
fectamcn^evLas elevadas agujas de las. torres, que parecían escon- 
der sus dorados remates en el azulado firmamento; aquella impo- 
nente masa blanca, que descollaba entre la verde alfombra forma- 
da por los frescos bosques de las inmediaciones; aouel edificio gi- 
f;ante, aun comparado con las peñas enormes que le rodean, eran 
a realidad «de aquellajdea magnífica, de aquel pensamiento subli- 
me que concibiera en la embriaguez de la victoria. Felipe II sen- 
tía entonces inas satisfacción, se. veia mas grande que cuando, ven- 
cedor de sus enemigos, contemplaba los cadáveres mutilados. y los 
montones de escombros de los fuertes muros de San.Quiutin. Aque- 
llos eran efecto del valor de sus soldados; la fábrica era el pro* 
ducto de'su pensamiento , el emblema *de su carácter, de su poder 
y grandeza. -; ' . . . 

Las aclamaciones y muestras de alegría de los obreros, que no- 
ticiosos de su llegada habían salido á recibirle, suspendieron su 
meditación , é interrumpieron sus satisfactorios pensamientos. Por 
el camino que conduce á las Navas del Marqués se adelantaba 
hacia el Monarca un lucido escuadrón, compuesto de los maes- 
tros, oficiales y peones de todas las arles y oficios, vestidos lo me- 
I'or qtie pudieron, v llevando cada uno los instrumentos que usa- 
ban en ellos, manifestando én sus acciones y semblantes la satis- 
facción que esperiméntaban al tomar á.ver entre ellos al protector 
de las artes, y no podían disimular el orgullo que sentían porque 
hallase la fabricaren tan buen estado. Después de haber saludado 
el Rey afablemente á sus obreros, se unieron á la comitiva y se 
encaminaron al Monasterio. A la puerta de éste esperaban puestas 
en procesión las tres Comunidades, y el Prior, revestido ae capa 
pluvial, y llevando en sus manos un precioso Lignum-Crucis en- 
gastado en oro, se hallaba. colocado en el mismo umbral. Luego 
que llegó Felipa .11, puesto de rodillas en un riquísimo sitial ae 
brocado que se había preparado ar intento, adoro y besó la cruz 
con muchísima. devoción, y entonces los monjes entonaron un' so- 
lemne* 7> Z)et<m , y marcharon en procesión hasta la iglesi), al- 
ternando los 'niños del seminario, que .con los inocentes y ensaya- 
dos movimientos de sus danzas manifestaban bien el placer que 
todos tenían en recibir á tan augusto huésped. £í Monarca, des- 
pués de haber dado gracias á Dios según su costumbre, recorrió 
toda la fábrica^ enseñándosela muy detenidamente ál Obispo de Vi- 
seo y demás caballeros portugueses y castellanos que le acom.pa- 
liaban. Se entregó luego á los ejercicios de piedad por largos ra- 
tos, se enteró muy prolijamente de cuanto concernía al nuevo 
edificio, y ál tercer día (27 de marzo) salió para Madrid , donde 
también se le hizo ua magnífico recibimiento y costosas fiestas. 



Eq este año volvió á su costumbre de pasar en el nuevo Sitio ta 
Semana Santa, y en todo él multiplicó las visitas , como querién- 
dose desquitar de la larga ausencia que había tenido. En cada una 
de estas venidas encontraba ya alguna cosa recientemente conclui- 
da, recibiendo en cada una satisfacciones nuevas. La parte del co* 
legio, reconcentrados en ella todos los maestros y peones que ha- 
bian concluido sus destajos en las demás partes, aumentaba pro- 
digiosamente, y ya en 24 de julio de este afio se acabó de empi- 
zarrar , y se colocó la bola y cruz de la torre llamada ahora la 
Lucerna del colegio. 

Pasó lo restante del afió sin mas novedad (¡ue la muerte de la 
infanta Doña Maria, hija de Felipe II, y á principios del siguien- 
te (1 584) tocaba ya á su término lá' obra de cantería , y se anda- 
ban quitando de todas partes los enmaderamientos y andaúiíos que 
hablan servido para la edificación. Los del interior de la iglesia y 
las cimbfas de los arcos era obra de mucha consideración y peli- 
gro, y todos los maestros, además deque rehusaban .encarsarse de 
ella, pedían por hacerlo una cantidad muy considerable. Díó esto 
lugar á muchas consultas, y se ponderó y encareció mucho mas de 
lo oue era en realidad; pero el P. Villacastin, con aquel valor ó 
inteligencia natural que tenia , comprendió fácilmente qne no era 
tanto el peligro ni la dificultad , y por sí se encargó de practicar 
esta operación, que.concluyó sin desgracia ninguna, y con solos 400 
ducados de coste, quedando toda la madera en disposición de po- 
derse aprovechar en oj^ros usos. 

Está operación se concluyó el S4 dé febrero , y entonces apa*- 
réció aauel templo en toda su o^agestad y grandeza. A .proporción 
que se nabian ido límpiando.y concluyendo de retundir y aunarlas 
paredes, iba adquiriendo mas^ hermosura; y ya del todo limpio y 
desembarazado se comenzaron á sentar los mármoles blancos de Fi- 
labres y los pardos de Estremoz, que de antemano estaban cor- 
tados y preparados para el pavimento. 

También la parte esterior iba recibiendo la última mano, y 
concluyéndose en todas sus partes. Desde el 30 'de julio hasta el 5 
de agosto se tardó en colocar sobre sus .pedestales los seis famo- 
sos y encírmes reyes del pórtico, ejecutados en piedra berroqueña 
^ninimennda por Juan Bautista Monegro, natural de Toledo. Ya 
a este, tiempo el espacioso yestíbulo que precede á la iglesia , lla- 
mado ahora el patio de los Reyes, estaba cerrado por todas partes,' 
y se iba á colocar la última piedra; iba á concluirse aquel magnifico 
edificio en la parte de cantería, que era la principal. £1 buen obre- 
ro» el anciano lego Fr. Antonio de Villacastin, que no quiso asis- 
tir al asiento de la primera piedra, prediciendo lleno de fe que Dios 
le guardaría para colocarla última, vio su vaticinio y deseo cumplido, 
y por sus manos venerandas la colocó en la cornisa de la parte del 
colegio á presencia de Felipe II, que rebosaba de alegrk ál contein- 
piar aquella operación que tanto había deseado que-ilegase. No he 



62 HISTORIA BBl BSOORTÁL. 

qoeiidó omitir las sencillas y poco eslodiadas Trases cod qoe el Padre 
Villacastia conservó este.acónlecíQiiento eh Sus memorias manus- 
critas de su mano. Dice asi en el folio 86 vuelto: En i3 dias de se- 
ti&nbre^de 4584 S9 sentó la postrera' piéirl» deste edeficio de Soñ 
Lwewío él Real, que fue una comim en la parte dfl jpórtíco i la 
mano izquierda como entramos por el palio del pórtico ^ en la cual 
se hizo una cruz negra en el papo de paliMa^ y en el sobrelecho 
deUa sekizo una caja adunde se puso en un escrito en pergamino el 
dia.y aíio^ los Evangelit)S!^ con otras cosas sanias, y quién era Bey^ 
y Papa,' y Prior de esta casa, y otras cosas de memorias. Hizose es- 
kf. veinte y das años después fue se 'coinenzó esta fábrica^ y mas ctn- 
€0 fkeses. Era Prior de esta casa^l P\ Fr. Miguel de Alaéfos, pro-* 
f£so de San Gerónimo de Juste* y o^ero el P. Fr. Ank^to der Ft- 
Uacastin, eí cual lo era cuando se asentóla primeifa piedra; de ma-* 
ñera que el. obrero que comenzó este edeficio, le acabo, etc. '■ 

Felipe l\, qué cuando fué al Escorial en cí mes de mayo último 
tenia su salad bastante deteriorada, en el largo tiempo que perma- 
neció alli presenciando todas lais operaciones que he indicaao, y en 
que recibia tanto placer, se 'restableció notablemeute. £& efecto, las 
satisfacciones y placeres tranquilos del alma Son una poderosa medi- 
cina, y nada hay que halague mas al hombre, nada mas satisfactorio 
3ue ver realizada su idea, mucho mas cuando se considera el gran-^ 
e valor y esfuerzo que se ha necesitado para terminarla. Asi es 
quQ el rey mejoró mucho su salud, se encontró.con bastantes fuer- 
zas, y á {;? de octubre partió para Madrid, y ^omenzóá hacer prepa- 
ratíyos para la jura de su hijo Don Felipe, que sé verificó en Í1 de 
noviembre e^ el monasterio de San^Gerónímo del Fradodoniagran-^ 
deza y majestad en. aquellos tiempos acostunibráda. 

^ Aunque la parte principal mas. difícil y costosa estaba ya eon-;- 
cluida, puede decirse que no era m*as que la corteza^ la caja en qué 
habían de atesorarse tantas riquezas.como se admiran hoy todavía, 
á pesar de lo muchísimo que le falta, pues la parte de adorno inte-^ 
rior considerada en cada cosa de por sí, era respectivamente tan 

Srande y tan costosa como la cantería. Sin embargo, no por esto 
esmayo eí monaróa ,. aiUes manifestó mas energía y cuidado qué 
nunca en dar calor y prisa para que todo se concluyese con perfec'* 
ción y brevedad^ nd escaseando los medios para conseguirlo; ^a** 
hiendo qué los negocios :políticos le obligarían a ausentarse por al- 
gún tiempo, adelantó su ida al Escorial paf3f>reveiiHo é inspeccio- 
narlo todo, y desde principios de dioíetnbre estaba allí viendo y ani- 
mando continuamente ^ii ios artistas, . .. .s . . 

Los famosos pintores Fernandez Navarrete (a) el Mudo, Federi^ 
cp Zucharo, Lucas Camblasio (a) Luqueto, Rómoio Cinoínatoi, Pe^ 
regrin Tibaldi, Bartolomé Garducho, Garavajal, Sánchez Cuello, 
Barroso,, los dos hijos del famoso Bergamasco, JPrancisco Urbino, y 
otros de menoscuenta, pintaban unos al óleo los cuadros para los 
altares, y otros los fresóos de bóvedas y claustros. Los humildes le- 



PAftts PRnqsRA.. 63 

gosFr. Andrés de Leony Fri Julmn de Poeole del Saz, con Am- 
brosio de Sálazar, ihiminaban las preciosas viñetas de los liorosdel 
coro, que con tanta limpieza y primor escríbian al misnio tiempo el 
monje benedictino Fr. Málrlin dé Falencia , él* valenciano Cristóbal 
Ramírez, Francisco Hernández y otros. Xos carpinteros .y ebanistas 
Flecha y Gamboa con sus oficiales sentaban la linda estantería dé- 
la. biblioteca,. y las sillas y cajones del coro. 31asigiles con sus dos 
hijos llevaba á cabo los complicados órganos de la iglesia, y Jacobo 
de Trezo. colocaba en 1^ capilla mayor los entierros reales y el taber- 
nác.Dlo,.míentrasotros^marmolistas acababan de sentar y pulir el 
suelo de la iglesia y presbiterio. Felipe II y. Juan de Herrera eran 
cómo el alma,,'Como el móvil de todas estas operaciones: el primero 
paseaba de taller á taller, de un punté á otro, animando, mandando, 
é indicando lo que no le gustaba; el segupdó diseñaba, media y diri* 
jia.todo lo que tenía conexión con la arquitectura. 1 

Sobre tantos y tan distintos objetos ejércia el nibnarca su ins- 

Í sección para que saliesen cohforme á su deseo, y para todos dejó 
as disposiciones convenientes. Pasada la fiiesta de la Epifanía dé 
1585 se fíiéá Madrid y de alli á Zaragoza, donde entró á S4 
de febrero, con -objeto de.celebjar el casamiento de su hija Doña 
Catalina, y tener cortes en el reino de Aragón. Le acompañaban ea 
esta jorniídael príncipe é infantas, y la.emperatriz Doña\Mai;ia ru6 
á pasar el verano al Escorial., donde estuvo sumamente coútentay 
le fué muy bien de salud, porque el países en laí estación calurosa* 
frcscoy muy sano. • . 

Durante la ausencia del rey se acal)aroñ de colocar los altares 
de la iglesia, y de pintar las bóvedas del coro v capilla áiáyor, en que 
tardó Luqueto ocho meses; se pusieron las'sillas, y la 'estantería para 
colocar los libros del coró, cuya operación terminó en Í3 de diciem- 
bre. Todas las' demás obras adelantaban en proporción de su prolí^ 
jidád y. trabajo., ' .-^ 

. Un año entero se detuvo Felipe II. en Aragón arreglándolos 
aisuntos de aquel reina,, y volvió á entrar en Madrid á principios dé 
marzo del586:;Táiv pronto como los cuida'dos polít¡co§se lo per-- 
mitierón volvió al Escorial, Íó lino'por continuar la costumbre de 
pasar en él la^ Semana Sanlay y lo otro por activar su conclusión, 
qué tanto deseaba. Trajo coíisigo algunas reliquias' de grande esli- 
ñia, entre ellas un hueso de la nalga de San Lorenzo , llamado el 
hueso del milagro (4) , y la cabeza dé San Hermenegildo , con un 



(4) .Se llama á este hueso de San I^orenzo el buc«o del milagro, porque (queriendo 
el Sumo PontíBce Gregorio XIU enviar una parle de érá Felipe 11 ,. mandó que con una 
sierra bien templada parliescn uiia' parte de él. Lo -intentaron dos veces, y la sierra oo 
hizo en él mella alguna cómo si fuera diamante. MÁ^do el Papa toando se probase ter- 
cera Toz, j. tampoco prpdujo-rcsul^ado la. sierra) 'aunque se babia heel^o á-propésilo. En- 
tonces descon6aron ya de poderlo partir, y lo, tenían en ias manos considerándolo, .cuan- 
do sin golpe ni esfuerzo ninguno se partió cfl por sí -mismo, no por donde qncriañ sino 
por lo mas grueso. A'si consta en la carta de So Santidad. 



64 HISTOaiA BSL ESCORIAL. 

jubileo plenisimo concedido por el Papa Gregorio XHI para el día 
en que llegase al Escorial el hueso milagroso del invicio mártir es- 
pañol. Dispuso, que para entrar con djcnas reli.quiasjBn el E^orral 
se esperase al día de San Hermenegildo (13 de abril)^ para qúc ea 
tal día se-ganase perpetuamente *el jubileo. Las santas reliquias fue- 
ron recibidas con toda la solemnidad y pompa posibles, y. colocadas 
en los relicarios , aue ya entonces estaban concluidos y llenos de 
vasos de ;mucho valor. 

Presenció al mismo tiempo la colocación .del altar mayor, y de 
ios. entierros reales que están á los dos lados , que sé concluyeron 
en fin de marzo. Entonces , calculando lo' que podria tardarse én 
acabar de sentar y pulir los adornos t|ue faltaban, determinó Jijar 
la época en ^ue podrían ya comenzarse á celebrar los divinos Otí- 
cios en la iglesia principal ; y encargando muy particularmente á 
los maestros procurasen tenerlo^ todo' concluido para los primeros 
dias de agosto, se margbó á Madrid, donde le llamaban los asúatós 
políticos. . , 

Volvió luego para la Pascua de Pentecostés con sus hi|os, y pa- 
saba largas horas presenciando ios trabajos de los marmolistas, que 
limpiaban y pulían los variados jaspes de que abunda la capilla 
mayor. A los 17 de junio se acabó de colocar el admirable, costoso 
y rico tabernáculo i y la ciistbdiá interior, también de finísimos 
jaspes, *de que yá.fto nos 'ha quedado mas que lá memoria, y de 
que daré en su logar algunas noticias y detalles. Sin embargo, 
para que su mandato se cumpliese fue necesiaria la casi continua 
presencia de tan autorizado y severo sobrestante, y aun así costó 
muchos esfuerzos el que para el dia de San Lorenzo,.. cuya festivi- 
dad quiso Fuese la primera que se celebrase en el templo que le 
había dedigado, estuviese todo desembarazado-y. limpio. Hasta el 
dia 2 de agosto no se acabaron de pulir y perfeccionar los mármo- 
les del pavimento; el 8 á^ún se trabájabaen l$i colo(;iapioh de la cus- 
todia interior del tabernáculo: pero la voluntad del Monarca era 
muy enérgica y poderosa, y el día 9 su mandato" estaba cum- 
plido. ; - * . . . 

Pata aquel mismo día quisa, que to()o estuviese en su verdade- 
ra y propia colocación; que cada cosa, cada persona ocupase ei si- 
tio que le estaha destinado; que todo adquiriese aquel carácter de 
spiiaez, orden y gravedad que había impreso en todo .el- edificio. 
Él mismo con su real familia y los caballeros de su corte- pasaron 
á hai)itar los aposentos del 'palacio que les estaban , destilados; los 
monjes trasladaron sus viviendas^ á Jas celdas del claustro rgran- 
de; se puso en sus respectivos cajones -lá gran librería del coro; 
se hizo entrega formal de las alhajas, ornamentos y ropas de- la 
sacristía; y se colocaron en la iglesia lámparas, candelero», cru- 
ces y demás adornos necesarios para servicio del altar. . 

£l Rey, previniendo de antemano hasta las cosas mas peque- 
ñas, había traído consigo á D. Fr. Buenaventura Ñateo, Alrae- 



PÁRTB PRIMBRÁ. M 

rico, de la ordea de San Francisco, Obispo de Rosa, en Irianda^ 
á qniea dio desde luego ia comisión de consagrar y bendecir todo 
lo necesario para el culto. El 5 de agosto consagró cincuenta aras 
para los altares; al dia siguiente, con mayor solemnidad, con asis- 
tencia del Rey, de los príncipes, los monjes y los caballeros de su 
corte, bendijo la fiesta principal; y el dia 9 faizo la misma cere- 
monia con los altares en particular, para cuyo acto se encendieron 
por primera vez las lámparas. 

En estos dias por todas partes se notaba actividad y movimien- 
to, y en todos los semblantes se veia rebosar la alegría y satisfac- 
ción. Por fin llegó el momento deseado. Dispuesto ya y ordenado 
todo con exactitud , en la mañana del 9 de agosto , después de di- 
chas las Horas y Misa en la iglesia vieja , á las ocho se reunieron 
en ella con las tres Comunidades el Rey y su 'Real familia, los ca* 
balleros y los dependientes y criados de S. M. y de la fátbrica, for« 
mando una vistosísima procesioú, para trasladar á la iglesia princi- 
pal el Santísimo Sacramento. Tan lucido y numeroso festejo salió 
por la puerta peque&a del claustro del refectorio, se diríjió á la 
portería, y por debajo de los arcos del zaguán entró en el templo 
por la puerta principal. £1 Prior, con ricos ornamentos sacerdota- 
les, llevaba en sus manos una preciosa custodia de oro, y en ella la 
sagrada hostia. El Rey, el Príncipe y los grandes dignatarios de pa- 
lacio llevaban las varas del palio, y por primera vez los cánticos su- 
blimes del. Dios de Abraham resonaron bajo aquellas colosales y 
magníficas bóvedas, dignas de reproducir con sus ecos el hosanna 
de Tos ángeles. La blancura de la piedra, que paréda aumentada 
por la claridad del dia, la limpieza y brillantez del nuevo pavi- 
mento, el lujo y ornato de los altares, en que ardiaa miles de lu- 
ces, la dignidad, grandeza y compostura de los que formaban el 
acompañamiento, y sobre todo el oojeto de aquella ceremonia al- 
tamente religiosa , habían conmovido todos los corazones ; todos 
derramaban lágrimas, todos se sentian anonadados en la presencia 
de un Dios, para quien era estrecha tan grandiosa morada. 

La innumerable gente que habia acudido "de los pueblos inme- 
diatos no pudo gozar mas que á medias de este sublime espectácu- 
lo, porque la guarda del Rey no dejó pasar de las rejas de bronce 
que están á la entrada sino á los que iban en la procesión; y desde 
entonces para siempre mandó Felipe 11 que ninguno, salvo los ca- 
balleros de su casa y algunas personas de distinción, pasase de 
aquellas rejas ni entrasen mas ^ue debajo del coro. Conclukia la 
procesión se dijo Misa del Espíritu Santo, que celebró el Prior, y 
otras muchas rezadas en los oemás altares, retirándose todos para 
esperar las Vísperas. Aquel dia fue para Felíue 11 tal vez el mas 
feliz de su vida; vio concluida la fábrica, realizada su idea, y su 
corazón palpitó dulcemente al comenzar á gozarse en la obra de 
sus roanos. 

Escusado sería detenernos en la descripción minuciosa de la so* 

PAUTE I. 5 



66 niSTORIA DBL ESCORIAL. 

lemnidad de la víspera y feslivid^id del iparlir español Sa^ Loren* 
zo. Por lo que he indicado de la traslación del Santísimo Sacramen- 
to, se puede juzgar lo aue seria el día siguiente. Toda la riqueza y 
I)oder del Monarca de dos mundos, todo el brillo de la corte, todos 
os esfuenos del ingenio, toda la gravedad, compostura y devoción 
de los monjes, y sobre todo los corazones , los deseos de todos, se 
habian aunado 'para hacer sensible y grande el culto de Dios en 
aquel dia. Celebró la Misa el Prior Fr. Miguel de Álaejos, predicó 
el erudito P. Fr. José de Sígttenza, y entonaron los cánticos de ale- 
gría los músicos de la capilla Real; y el Rey con sus hijos presen- 
ció y acompañó todas las ceremonias con una ternura y devocioa 
indecibles. En las segundas Vísperas de esta solemnidad rué cuando 
Felipe II ocupó por primera vez la silla del coro, del rincón de la 
derecha, donae continuó sentándose todo el resto de so vida cuan- 
do asistia á los Oficios, sin que jamás quisiese ocupar la silla del 
Prior. 

Permaneció después en el Escorial hasta eH 3 de octubre, y á 
los cinco días escribió desde el Pardo una carta cuyo tenor es él 
siguiente. 

**EI Rey .«Venerables y devotos PP. Prior y Diputados del 
«monasterio de San Lorenzo el Real , que Yo he fundado y edifi- 
9cado: porque he acordado que los cuerpos Reales del Emperador 
»y Rey mi señor y padre , y de la Emperatriz y Reina mi señora 
y>Y madre, y los demás que están depositados y á vuestro cargo en 
«el dicho monasterio, se pasen y trasladen de donde agora están á 
»la bóveda debajo del altar mayor de la iglesia principal , que es 
' »el lugar que agora mando señalar para su enterramiento, no obs* 
«tante que (conforme á lo dispuesto por la escritura de dotación y 
«fundación del que otorgué á 22 de abril del año pasado de 1567) 
«estaba ordenado que fuese en la bóveda debajo de la capilla ma- 
«yor. Por lo cual os encargo deis orden como se haga la dicha 
^ «traslación á la dicha bóveda, y que se pongan en ella de la ma- 
* «ñera y por la orden que tengo dada para tenerlos en lá guarda y 
«custodia, y con la decencia y respeto que se debe y conviene; y 
«para que esto se pueda ejecutar, por la presente alzo y quito 
«coalesquier depósitos que estuvieren hechos de los dichos cuer- 
«pos Reales en el dicho monasterio hasta agora, por cuanto con la 
«dicha traslación se habrá cumplido mi voluntad. X para que cons^ 
«te de ella he mandado despachar esta cédula , á las espaldas de la 
«cual hará fe Juan de Ibarra , mi secretario , de cómo se ha cum- 
«plido y ejecutado todo lo que aqui ordeno, de que se sacará apar- 
«te otro testimonio auténtico para enviárseme, y que Yo vea cómo 
«se ha cumplido mi voluntad. Fecha en el Pardo á 48 de octubre 
«de 4586.=3Yo el RET.=Por mandado de S. M., Mateo Vázquez. 

Como de la bóveda á donde en cumplimiento de la orden ante- 
rior se trasladaron los cuerpos reales ya no ((ueda mas que una pe* 
quena parle, preciso será para mejor inteligencia dar alguna idea 



PARTB PRIMERA. 67 

de ella. Al principio de la. fundación quiso Felipe II que el panteón 
se formase por el estilo de las anti^oas.catacumbas, con localidad 
bastante para' celebrar en él los divinos Oficios cuando se hiciesen 
los entierros de las personas reales. Con arregla á €stá idea, en lo 
mas profundo de'los cimientos del templo se formó una iglesia re- 
donda, con su cúpula correspondiente, y buéco donde pudiese co- 
locarse el altar; enfrente dé él una tribuna que sirviese de coro, y 
porlos lados concavidades bastantes para poder poner sepulcros 
de marmol ó de otra materia. Se bajaba á esta bóveda por dos ca- 
feoles secretos desde el altar mayor de la iglesia principal, y ade- 
más comunicaban con ella dos anchas y bastante claras escaleras, 
también de piedraVque tenian su entrada, la una por la casa real, 
y la otra por la sacristía del convento (I). Era esta iglesia ó pan- 
teón (dice el P. Sigttenza) una arquitectura de piedra labrada, har- 
to capaz, y ^e mucha grandeza y nobleza para e^e efecto. Des- 
pués pareció al mismo Rey que esta iglesia, subterránea estaba muy 
distante, triste y oscura; y mandó que entre esta y la iglesia prin- 
cipal se construyese* una bóveda, que el medio de ella viniese á pa- 
rar debajo del altar' mayorl Se construyó en efecto^dicha bóveda, 
Sue ocupaba todo el terreno que. cae deoajo del presbiterio, que es 
espacio que hay desde que se comienzan á subir las gradas hasta 
la pared del retablo^ y estaba dividida en tres caflones ó corre- 
dores. . ' 

. £1 Prior y monjes, en cumplimiento de 1^ orden arriba copia- 
da, se reunieron el día 3 de noviembre, y celebrada una Misaiso- 
lemne de difuntos trasladaron aquel dia cinco cajas, llevándolas en 
hombros los monjes sacerdotes; al dia siguiente las otras cinco, y 
en el tercero las seis restantes, que completaban los diez y seis ca- 
dáveres que hasta entonces se hallaban depositados en aquel mo-* 
nasterio. Los féretros fueron colocados en las bóvedas por orden de 
dignidad, según el Bey Iphabia prdeiíado; sin embargo, aquelno de- 
bía de ser su panteón^ la ejecución de este determinó Felipe H 
quedase encargada á sus sucesores ; sin duda temió empezar otra 
obra tan costosa y duradera. 



' (-1) De estas dos escaleras se conserva aún la de la parle de. palacio, .á la que se culra 
por una de las babitacioncs bajas del aposento que está detrás del altar inajor, j (fue ler- 
mina detrás de la ucoa donde está sepuUado el Sr. D. Felipe iV. La de la parte de la sa- 
cristía' venia á salir enfrente de ésta, pero abora está eqrtada por la. que se hizo nueva 
para bajar al panteón actual. 



CAPÍTULO VIH. 



Ponnenoresde la obra, y noticia de las Personas Reales. -^Conclusión del colegio jr 
seminario, y traslación ú él de los colegiales.— Destino quejé dio d las habitaciones 
que antes ocupaban, — Lo qu^ se hizo en la iglesia de prestado, "^Principio de la 
biblioteea.^Pérdida de la ann^da Invencible. '^' El faeutol del poro. ^-Rügalo del 
Pontífice á los Príncipes de España. — Consagración solemne del templo, ^Jlumh- 



nación. 



Comenzaba el año <587 cuando todas las habitaciones inlerío- . 
res del edítício iban apareciendo concluidas» formando ese mágnm- 
co todo, .que. será siempre la gloria del siglo XVI y la admiración 
<le los venideros. El Rey con todalarey familia vino á la Semana 
Santa, y se estrenó et*monumento, que.es un bíeá entendido y her- 
moso templete, todo dorado, y correspondiente á la grandeza y 
mageslad del templo, ejecutado^n madera por el bábil italiano Ju- 
sepe Flecha sobre los dibujos y traza d^ Herrera. Pareció a todos 
muy bien, y Felipe 11 quedó satisfecho de su ejecución. Los ratos 
que los ejercicios de piedad, á que nunca faltaba en aquellas qias, 
le dejaban libre, los pasaba viendo pintar á los hermanos Fabncio 

KGranelio, que 'ya por éste tiempo concloian los frescos de las sa- 
s capitulares, que Je gustaban mqcho; y' de allí saliaál claustro 
principal bajo, donde también sí pintaban valientes cuadros al des- 
eo. Para que mas pronto se concluyese este gran claustro , había 
encargado su adorno á cuatro pintores, dos italianos, que.^ran Pe- 
regrin Tibaldi y RómuloCincinato, y dos españoles,, Caravajaj y 
Barroso, aunque los tres últimos solo pintaron cada uno las estacio- 
nes de un ángulo al óleo y los arcos inmediatos al fresco; lo; res- 
tante fue obra de Peregrin. dibujando él y pintándolo sus ohciales. 
Desde allí discarria por todas las demás oficinas:,en algunas man- 
daba- quitar lo que se habia. hecho, porque le' parecía pobre ó poco 
elegante, como sucedió con las fuentes de los claustro? menores, 
que primero se hábian hecho todas.de piedra cómun berroquefia, y 
luego las mandó poner de marmol; en otras, .como la biblioteca, 
donde se colocaba entonces la rica estantería; daba sus disposicio- 
nes; y se enteraba de todo con la más detenida escrupulo^dad. 
íTste año estuvo en el Sitio algo mas de lo acostumbrado , lo 



PAnTB PRIMERA. 69 

uno porque quiso celebrar allí el cumpleaños de su hijo D. Felipe, 
que cumplió nueve eH3 de abril, y además porque habiendo reci- 
bido Ta triste nueva de la decapitación de ía mfortunkda María Es- 
tuardo, Reina de Escocia, (]uiso se le hiciesen unas solemnísimas 
honras fúnebres, y asistir á ell'a^. Juntamente con la desagradable 
noticia babia recinído un anillo de oro con uñ rico diamante tabla, 
que habiá pertenecido á la dicha Reina; y por su mano lo entregó 
al P. SigUenza, y mandó se guardase entre las reliquias , como se 
hizo. Al dia siguiente de las eitequias, que fueron. el 15 de abril, 
partió con sus hijos á Toledo, donde iba 4 recibir el cuerpo de San- 
ta Leocadia. - 

Volvió al Escorial el 7 de agosto, y mandó que para el dia 9 se 
iluminase la iglesia principal. En todos los nichos y cornisas de la 
capilla mayor, y en todos los demás altares; se colocaron cuantos 
candeleros cabían, todos con sus correspondientes velas de cera, 

aue se encendieron al anochecer del dia 9, y poco después llegaron 
e Madrid la Emperatriz é Infanta, á auienes se recibió con la so- 
lemnidad acostumbrada, entrando por la puerta principal para go- 
zar de golpe aquella vista verdaderamente sublime y religiosa. 
Realmente una grande iluminación en el templo del Escorial pro- 
duce el efecto que dice el P. Sigüenza, que al verlo pane en el alma 
un no sé qué deelemcion que no se siente en otras cosas de /^ tierra. 
He visto algunas iluminaciones^ y he derramado lágrimas de ter- 
nura; jni alma se ha conmovido dulcemente, y sé ha sentido em- 
briagada por un placer altamente religioso e indefinible. 

Se concluyó por este tiempo la parte interior del colegio y se- 
minario, y quiso el Rey que al momento fuesen á ocuparlo los mo- 
radores que le estaban destinados. Aumentó algún tanto el núme* 
ro que ai principio habia fijado, y permitió que' los colegiales 
monjes fuesen hasta treinta y dos, y los niños seminaristas cua- 
renta, y además cuatro familiares internos que los sirviesen, y que 
al mismo tiempo estudiasen. De este modo quedó ya cada cosa en 
su'lngar, y aquellas tres corporaciones, montadas todas bajo el sis- 
lema monástico, y sujetas á las- estrechas y meditadas constitu- 
ciones que el mismo monarca les habia dado, comenzaron á mar- 
char con un orden y ^armonía admirables, y á dar frutos abundan- 
tes de virtud y de saber.* La parte formal y moral del pensa- 
miento, grande al parque religioso,' estaba x^ompleta, en la mate- 
rial aún faltaba bastante. 

Como todo lo preveía, conoció qué teniendo que pasar largas 
temporadas en el Escorial para gozarse en su obra, sería de jue- 
cesidad establecer algunas oficinas para el despacho de los nego- 
cios políticos, y. para hospedaje de los oficiales de su casa ; y al 
efecto mandó construir dos anchurosas casas, que ahora se lla- 
man las de Oficios, situadas enfrente de la fachada del Norte, y 
que armonizando completamente con el edificio, le dan mucha ma- 
gestad. Entre estas y el monasterio quedó una anchurosa plaza 



'70 HISTORIA BEL BSGORIAL . 

cercada' por un fuerte antepecho de piedra^ que se estiende por las 
dos fachadas de Norte y Ponientté, que es la que ahora se lUma la 
Lonja. TarubiéU hacia la parte de Poniente se construid, bajo la tra- 
za y dirección del arquitecto Juan de Mora, el desahogado edificio 
llamado ia CompaDa, donde están todos los almacenes, fábn'aas 
y oficinas necesarias para el servicio, no solo de una numerosa Co- 
munidad sino tambíea de una grande población; 

Luego que los individuos del colegio y seminario ocuparon sus 
locales correspondientes, y quedó libre la parte que habían habi- 
tado en el mona3terio, se comenzaron á derribar tabiques, y á formar 
las oficinas séguu estaban en la planta. La ahora llamada sala de 
IaTi:inidád, por ub valiente cuadro de cs]te asunto pintado por Ri- 
vera, que 3e colocó posteriormente en su altar^ se rodeó de asien- 
tos, y quedó abierta como portería principal y sala de recibimiento. 
Lo que habia ocupado el seminario y colegio se qonvirlió en rope- 
ría; procuración y hospedería. La Iglesia vieja ó de prestado mudó 
enteramente de forma. Se deshizo el aposei^tillo y l,ribuna del Rey, 
y el coro que tenia eucima. La silleria que en él babia servido fue 
colocada al rededor de toda estasala, que quedó muy despejada y an- 
churosa; se quitó taiubien la escalera que bajaba' á la bóveda don- 
de habian estado depositados los cuerpos reales, aunque ésta, el al- 
tar majror y los dos colaterales se conservan como estaban. 

De intento he omitido basta ahora hablar de la biblioteca, para 
no poner demasiado diseminadas las noticias que pertenecen á un 
mismo objeto, y hacer menos confusa la narración de tantas tninu- 
cíosidades, pero que sin embargo las crep necesarias en una historia 
de esta clase. Ya desde el principio de la fundación se habia propues- 
to Felipe 11 formar en el Escorial una rica y escojida biblioteca'; y 
cuáles eran sus intenciones relativamente á este interesante objeto, 
cuál el concepto que tenía formado de este género de estableci- 
mientos literarios, puede inferirse de sus mismas palabras, oue he 
copiado de la instrucción que dio para la iiopresjoa de la Biblia 
regia, de que estuvo eifcargado Arias Montano. Ésta es (dice de 
la oiblioteca del Escorial] tina de la$ principaks riquezas que yo 
quería dejar á los religiosos que en él hubiesen de residir ^ amo lo 
mas úiily necesario. Para Henar, pues, está grande ¡dea, des- 
de 4575. comenzó á acumular éñ el jSseorial libros^ tanto impresos 
como manuscritos, dando él para que sirviesen de base cuatro mil 
volúmenes, muchos de ellos originales manuscritos antiguos, en va« 
rías lenguas y de diversas facultades. Su primera colQcacion pro- 
visional fue en una pieza muy capaz, que está en el claustro prin- 
cip*al alto, junto á la escalera, que después sirvió de dormitorio co- 
mún á los monjes jóvenes. El primer bibliotecario fue el P.Tr. Juan 
de San Gerónimo (segundo, como él mismo lo dice en el libro, pri- 
mera' de las actas capitulares, fol. 52), hombie sumaipente curioso 
y aplicado, y que á pesar de tener á su car^o los libros de cuenta 
y razón de la fábrica, y los cargos de archivero y secretario del 



PMTB PAIHJBEA. 71 

Capitulo, cuyas acias ealáa escritas de su mmá basta el afio 4694, 
se dedicó con taoia asiduidad al arreglo de los libros, que en junio 
de i 576 la visitó el Rey y la encontró perfectamente ordenada, á 
pesar de que era ya una biblioteca respetable , pues se le había 
reunido la del esclarecido varón O. Diego de Mendoza, que era muy 
selecta y numerosa, ^y con la que sé quedó el Rey,' obligándose a 
pagar las deudas que aparecían en el testamento de dicho D. Die* 
go. Como al describir la biblioteca he de tener necesidad de ocu- 
parme mas detalladamente omito los demás pormenores, concre* 
tándome solo á su fundación material. 

£n este año (4587) , deseoso el Rey de que todo entrase en el 
orden que habia de tener , quiso que los moújes jóvenes ocupasen 
el dormitorio común que les estaba destinado , y por consiguiente 
fuo necesario trasladar los libros á la biblioteca alta, que es don- 
de hasta ahora se han guardado los manuscritos; y tanto en esta 
iraslacion como en el arreglo de ellos, ya tomó parte el P. Signen-^ 
za por encargo especial del Rey. 

Nada ocurrió en el a&o siguiente de particular en el Sitio sino 
irse adelantando algunas délas obras y concluyendo otras. £1 fun- 
dador, en la Semana Santa que pasó en él cómo de costumbre, pa- 
recio mas devoto que otras veces, b cual hacía no solo por dar 
ejemplo 3I Príncipe so hijo, que ya le acompañaba en estos ejerci- 
cios santos, sino también para suplicar á Dios concediese una feliz 
victoria á la armada llamada la Invencible, á aquella espedicion 
que pe&saba enviar contra Inglaterra, Iamas.nomeh)sa y formida- 
ble ^ue en aquellos tiempos se viera. La nación toda lomó el mis- 
mo interés; y fueron tant^ y tan devotas las rogativas , oraciones 
y plegarias, que se hicieron, que dice el P. Sigüenza que las no- 
ches llamadas de verbena de San Juan y de San Pedro, de costum* 
bre inmemorial tan bulliciosas y alegres, parecieron Semana San- 
ta. Pero Dios por sus incomprensibles juicios no tuvo á bien escu- 
charlas; ni tampoco las de los monjes , que con este motivo re- 
doblaron sus penitencias y mortificaciones. La armada Invencible 
fue completamente destruida por los temporales; y Felipe U, al re- 
cibir la infausta noticia de este tan considerable revés político, se 
mantuvo tranquilo, y solo contestó: yo la mandaba contfa lo$ hom- 
bre$^ no contra los menios y huracanes. Sin embargo, España no 
pudo librarse de los duros sarcasmos de sus enemigos, que aludien- 
do á la mucha piedad y devoción que en aquellas rogativas se ha- 
bia manifestado, decian en sus pasquines: qm las oraciones de los 
españoles hafnan sido tantas y tan eficaces^ que la armada Inven^i- 
tíe se habia subido al cielo. En efecto, la pérdida era considerable. 

En el año siguiente á 22 de marzo volvió el Monarca con sus 
hijos al EsQorial, y tuvo la satisfacción de ver concluir y asentar el 
magnífico facistol del coro , tal vez el mas notable del mundo , y 
obra verdaderamente digna de admirarse, no solo por su construc- 
ción, grandeza y hermosura, sino por lo perfectamente nivelado que 



73 HISTORIA BBL XBGORIAL. 

se conserva al través de casi -tres siglos de un conUnuo j nanea in- 
terrumpido servicio. Esto ha dado motivo á que se dijese due esta- 
ba montado sobre un diamante; pero esto es una vuígariaad, que 
desaparece sin mas que observar su construcción interior, pues 
aquella pesada mole descansa j gira, no sobre un punto sino sobre 
un anillo formado en una gruesa barra de iiierro. 

Se estrenó este facistol en la celebración de las honras fúnebres 
€[ue se hicieron por ia Reina de Francia DoHa Catalina de Médicis, 
á que asistió el Rey; y pasada la Semana Santa, á 4 de abril íue 
á Alcalá de Henares á celebrar la oanooizacíon de San Diego de San 
Nicolás (vulgo de Alcalá), que con tanto interés había procurado, 
y á 29 del mismo volvió al Escorial para pasar en él la estacimí del 
verano. Durante esta temporada hizo al monasterio muchos regalos, 
singularmente de beJIisimas pinturas para adornar ios claustros y 
las celdas de los monjes, pues hasta estas quiso que, sin traspasar 
los limites de la pobreza y decencia religiosa, correspondiesen á lo 
demás del edificio. 

Murió á 6^ de agosto Fr. Miguel de Alaejos, quinto Prior del 
Escorial, hombre tan virtuoso y austero, tan íntelígenle y diestro 
en el gobierno, que no solo los monjes tuvieron mucho que agrá-- 
decerle, sino que el mismo Felipe 11 dijo cuando supo su muerte: 
Tarde toparán los frailes otro Fr. Miguel de Alaejos, En efecto, po- 
cos prelados han reunido tan elevadas prendas, pues á una humil- 
dad y desinterés poco comunes unia una actividad y celo admira- 
ble por la casa ; y á él se debe el útil y espacioso edificio de la 
Compaña, que no solo dejó desembarazado el monasterio de ios ta- 
llores indispensables, y que por necesidad babian de alterar el si- 
lencio del claustro, sino que es una finca tan ulil como productiva. 
Fue elegido en su lugar el P. Fr. Juan de San Gerónimo , no el 
autor de las memorias que tantas veces he citado en esta historia, 
sino el predicador. Fue confirmado á SO de agosto , y el Rey y las 
personas Reales y caballeros de su corte estuvieron presentes á es- 
ta ceremonia de Ja Orden. 

Por este tiempo concluyó Federico Zucharo de pintar los gran* 
des cuadros que hay en los nichos del altar n>ayor, que no conten- 
taron mucho al Rey, y que dijo muchas veces de este pintor, que 
era mas la fama que la habilidad que tenia ; mas sin embargo, se 
colocaron en sus sitios. También se colocaron las primeras estatuas 
de bronce , y en esta operación sucedió una cosa verdaderamente 
maravillosa. Al llegar la estatua qqe representa á San Juan Evan- 
gelistii, que es de 7 píes de altura y de mas de 600 arrobas de pe* 
so, á confrontar con el nicho tlonde está colocada, se rompió la 
maroma con que la subian, y la estatua vino al suelo; pero como 
si hubiera sido una ligera pluma, ni aun seAal htzo en tos mármo* 
les del pavimento. Esto llenó de admiración al Rey y á cuantos lo 
vieron, porque no solo debían haberse hecho trizas los mármoles 
con la caída de tan enorme peso , sino que hasta 1^ bóveda .«debió 



PARTS PRIMBRA. 73 

hundirse con tan fuerte ¿olpe. En estas operaciones, y en ver de 
todo punto concluida y colocada Ta famosa librería del coro, pasó 
Felipe II el verano muy entretenido y lleno de. placer, y marchó 
luego á Maárid el 5 de poviembre.' 

Mircho se eslrañó él año.srgoiente que el Rey dejase de 5r al 
Escorial á celebrar la Semana Santa cómo lo tema de costumbre; 
pero los ataques de gota eran ya taif fuertes y con tanta frecuen- 
cia que siti duda se lo impidieron, y dilató el ir á visjtar su Sitio 
favorito hasta el 7 de \uu\o: Se fiotó que venia acompañado de una 
fuerte guardia, y desde el momento que llegó se advirlieroft me- 
didas que jamás se habían usado. Se pudieron de nodbe y de día 
centinelas en el palacio y monasterio., se señalaron las personas 
que podian entrar eri el teniplo, que fueron muy pocas y de las. mas 

f principales, y se ejercía una rigurosa vi^'lancia sobre todos los que 
legaban ala villa ó al Sitio, teniendo el alcaide mayor del fisco- 
nal encargo muy especial 4é visitar las posadas y afojamíenlos,^ y 
de presentar al Rey toda^ lás noches una lista de los forasteros que 
habían llegado. Esto diólñgár á miles de conjeturas, sin quén^díe 

Judíese a9ertar con el verdadero motivo. Mas esto no era estraño; 
elipe If en su política estaba siempre rodeado de misterio, y no 
dejaba traslucir fácTlmente los motivos de sus operaciones cuando 
le convenia ocultarlos. 

Para el día del Corptis (ü de junio) ya el clkustro principal 
bajo estaba concluido de piútar, tanto los frescos como los cuatro 
ímgulos ó estaciones ál óleo , desembarazado de los andamios, y 
perfectamente limpio y bruñido el pavimento; se hizo por él la pri- 
mera procesión, á que asistió él Rey, el Principe y demás caballe- 
ros de su corte, llevando hs varas del palio. Los niños del semina- 
río iban enmedio de las dos filas ricamente vestidos, formando vis- 
tosas danzas, animando aquel cuadro verdaderamente grande y 
encantador. 

En los días 3, 4 y 8 de setiembre se colocaron las estatuas co* 
lósales de bronce del último cuerpo del altar mayor. Para esta ope- 
ración se había hecho un andamio muy fuerte, que cruzaba toda la 
capilla y descansaba en la cornisa de ambos lados, y sobre él esta- 
ban colocados los dos tornos para subirlas. Ef toismo Felipe II, á 
pesar, de lo muy molestado qué andaba de la gota , habia subido á 
él varías veces para inspeccionarlo, y ver el- modo cómo habían de 
colocarse moles tan pesadas. El primer dia, cuando acababan de 
colocar la estatua de San Pedro , sin amago ninguno , pues el dia 
había estado claro y serena, dio un sólo trueno pero espantoso, y 
cayó un rayo en la torre de las campanas, y después cruzó el cora, 
entrando por el balcón de la derecha , frontero al que solía ocupar 
el Rey. El susto que todos recibieron fue tan grande, que algunos 
de los monjes que estaban en el éoro cantando Completas, cayeron 
al suelo atolondrados. Felipe II acudió al momento temetoso del 
daño que pudiera haber hecho; pero se tranquilizó y dio gracias 



74 HISTORIA BKL BSCORIAL. 

al Sefior CQaado vio por si mismo que no habia causado mas de-- 
terioro que con el Kumo desdorar ua poco y hacer una se&al en 
el marco de dicho balcón. Fuera del coro tampoco tuvo conse* 
cuencias. 

La Real familia continuóen el Escorial todo el otoño, y al dia 
siguiente á la Conmemoración de los difuntos partió para el Pardo, 
sin que ya en lo restante del «ño ocurriese cosa notaole. 

Al siguiente tardó el fundador en volver algo, mas de ló que 
acostumbraba, porque. fue á celebrar la Semana Santa á Toledo, y 
se detuvo á ver el auto de- fe que hizo el tribunal de la Inquisición 
el domingo de la Trinidad de este año de \S9\ . Por este motivo no 
se halló en la confirmación del séptimo Prior^ para cuyo cargo, va* 
cante por renuncia del P. iFr. Juan de San Gerctnimo, habia nom- 
brado al P. Fr. Diego de Tepes. Vino después en la octava del 
Corpus, y trajo consigo una gran cantidad de reliquias, y muchos j 
muy preciosos relicarios y vasos de oro, plata y piedras preciosas, 
bronces dorados y cristales para colocarlas* Mientras se arreglaban 
se depositaron en una sala grande sobre alfombras y paños de seda; 
y el Monarca, ó solo ó acompañado únicamente de su hijo, iba mu- 
chas veces á adorarlas y besarlas, sin mas testigos ane el P. Sigüen- 
za, encargado entonces de la custodiado tan santo depósito; lo cual 

Erueba basta la evidencia que Felipe II no era, como algunos lo 
an calificado, un hipócrita, sino creyente y religioso de buena fe. 
A 23 de agosto llegó al nuevo Sitio el Nuncio de Su Santidad, 
Monseñor Darío Bocarm, con el maestro de ceremonias Guido, en- 
cargados por el Papa Gregorio XIV de. entregar en su nombre el 
estoque y sombrero benditos por él en la noche de Navidad al 
Príncipe D. Felipe, y la rosa de oro á la Infanta su hermana. El 
estoque era mayor que los^ montantes ordinarios de España, la ho- 
ia dorada hasta la mitad, y grabado en ella el nombre del Sumo 
Pontífice. La empuñadura de plata dorada , y en el pomo las 
armas de Su Santidad, con la sobrevaina también 4e plata dora- 
da, sembradas por ella las armas pontificias, y revuelto en la cruz 
un talabarte de oro tejido, de tres dedos de ancho, con hebilla y 
remate de plata dorada. El sombrero era de terciopelo negro for- 
rado en finísimos armiños, de los cuales dos enteros colgaban para 
atarlo debajo de la barba. En lo alto del sombrero tenia una grue- 
sa nuez de aljófar, y de ella salían como unos rayos de pro borda- 
dos, que cubrían toda la parte alta de la copa. Al un lado te- 
nia bordada con aljófar una paloma (símbolo del Espíritu Santo), 
y como para sostener las vueltas tenia otros dos gruesos bordo- 
nes, hechos también de aljófar. Estos regalos, que el Pontífice 
enviaba como señales de su benevolencia y amor, fueron recibi- 
dos en la mañana del Si de agosto por el Príncici^.» y en la tar- 
de del mismo, día por la Infanta, habiéndose publicaoo el dia an- 
tes un jubileo plenísimo, lo cual contribuyó á aumen^r la solemni- 
dad de la ceremonia y la concurrencia de los pueblos circunvecinos. 



PARTE PaiMSRA. 75 

Los achaques comenzaban á aQijir demasiado al Monarca, can- 
sadp ya de tan largo y díGcil gobierno, y abrumado por el peso de 
los años; pero sQ ánimo' conservaba aquel vigor y enérgico temule 
de alma que siempre fe habia caracleriz.ado, y que sostenia sus ae- 
caidas fuerzas: En ei kño f592, los fuertes ataques de 'gota le im* 

Eidieroh ir por la Semana Santa al Escorial, y no pudo hacerlo 
asta la yigilía de Pentecostés. Apenasilegó recorrió é inspeccionó, 
como de costumbre, las obras comenzadas, y que ya estaban todas 
á punto de concluirse, y entre ellas eran ^entonces las mas principa- 
les los frescos y estantes de la biblioteca, el t^m[)lete y jardín en 
medio- del claustro principal, llamado aho.ra él patio de los Evan- 
gelista, y el útil eclificio de la Compaña. Dio orden para que to- 
das cobtinuasen con calor y sin omitir gasto, y á pesar de su salud 
quebrantada emprendió el viaje para Yailadolid y Burgos. En es- 
ta jornada tuvo el contratiempo de perder *sas dos mejores médi- 
cos, al divino Valles Cobarrübiano y al doctor Victoria, y precisa- 
mente en el momefitO' ea que mas los necesitaba, porque habiendo 
ido á visitar el monitorio de monjes gerónimos de la EstreKa, cayó 
enfermo de taüto peligro' que todos creyeron que se moria. Sin 
embargo/ logró convalecer aunque lentamente, y-por esta pausa 
se detuvo en este vlaj¿ cerca. de un año. ^ . 

En el siguiente de ^593 pasó en el Escoriahla mayor parte del 
verano, y vió concluir las pintoras, estantería y suelo de.labiblior 
teca principal,: y gran parte de los libros quedaron colocados en su 
presencia. También sé sentaron las estatuas aue dieron el nombre 
al patio de «los Evangelistas, se avanzó mucno en la obra 'de la 
Compaña, y se hizo el pavimento de la Lonja, con los antepechos 
dé 'canlería.que la cierran por las fachadas de Poniente y Norte; y 
como sí se hubiese viciado en emprender edificios , viendo que su 
pensamiento grandioso estaba concluido^ quiso como hacer osten- 
tación de qué aún no estaba cansado ni agotadas iSus riquezas, y 
f)ara recompensar 'en algún modo los muchos servicios que la vi- 
la del jEscorial había prestado en el principio de la fundación, 
maadó que á su costa se edificase la iglesia sólida y anchurosa 
que hoy tiene. Comenzóle en i ." de enero de 4594, y quince me- 
ses bastaron para dejar perfectamente concluido este edificio, que 
Eara la pecjueñez de la villá^dónde^e hizo, no deja de ser re^io. 
.as cooaicíones fueron firmadas á 43- de enero de 1594 , por Fray 
Antonio y por Pedro Gutierre?^ Ramírez, qué fue el maestro de can- 
tería que tomó la obra á su cargo. ' • ■ . ' 

Concluido de todo punto el edificio, adornado en su interior con 
lujo y admirable gusto artístico, dispuesto de modo que nada fal- 
tase a aquel todo tan completo que se habia propuesto, todavía bua- 
claba Felipe 11 medios de ^engrandecerle, y de hacerle altamente re- 
ligioso. El templo no estaba mas que beodito, y pensó en que se le 
añadiese la consagración solemne, s^uu' la antiquísima costumbre 
del pueblo crístiajKh Con esté intento fue á San Lorenzo á prínci-^ 



76 HISTORrA DEL ESCORIAL. 

• • * 

1)ios del verano, pero llegó sütnameot^ fatigado de la gota-y mo- 
estadodelos demás achaques que padecía^ que eran muc*hQs^y 
cada año iban, tomando mayor. fuerza, en proporción que la "per- 
día su naturaleza. Sesenta y ocho años de viaá tan trabajada, y 
cuarenta dé reinado tan azaroso , eran bastantes á. destruir un 
temperamento irie bronce. £1 de Felipe II lo era, y estaba^ soste- 
nido \por un alma de un temple poco, común. 

Con la mudanza de aires , V mas que todo con la satisfacción 
que se.ntia al ver^ llevada completamente & término su idea, cono- 
ció bastante alivio, 'y se contempló con fuerzas bastantes para pre- 
senciar la ceremonia de 1^ consagración. Llamó para que la hiciese 
á Camilo Cayetano^ Patriarca de Alejandría y Nuncio de Su San* 
lidad en estos reinos , y se informó de todo lo que debia prevenir^* 
se;' y de;5pues de común consentimiento señalaron el dia 30 de 
agosto para que en él se consagrase el templo, y en lo sucesivo se 
celebrase el .aniversario de ésta ceremonia. El Nuncio publicó un 
ayuno para todos los monjes, criados y dependientes del monaste- 
rio, los vecinos del Sitio y de la villa del Escorial, en la vigilia 
de la consagración; y en el mismo dia, acompañado de Felipe lí, 
escojió en el gran depósito de reliquias qqe allí habia yá reunidas, 
alguna^ de los doce Apóstoles, de San Lorenzo y otros santos, des- 
tinadas á ser colocadas dejatro de un rico vaso, que se había de en- 
terrar en el altar mayor. Conducidas estas reliquias &.la iglesia 
Tieja, donde ya estaba preparado un ancho y bien compuesto al- 
tar, el Nuncio las encerró en el vaso, y éon ellas tres granos de in- 
cienso y un pergamino escrito en lengua launa, y firmado hor él, 
cuyo contenido en lengua castellana es el siguienle: Elañó MDXC T, 
á 30 dias dil mes de agosto^ Yo ffamilo Cayetano, Patriarca rfe 
Alejandría, Nuncio Apostólico en los reinos de España, consagré 
esta iglesia y este altar en honra de San Lorencio , y* encerré en él 
las reliquias de San Lorencio y de los doce A)póstoles, San' Esteban 
y otros máttires, y concedí a todos los fieles , hoy un año, y en el 
aia del aniversario de esta consagración, cuarenta dios de verdade- 
ra indulgencia á todos los que la visitaren, en la forma que se acos^ 
tumbra en la Iglesia, Selló luego el vaso,, y lo coipcó.en unas andas 
hechas^ propósito para este caso. S^prepararon además todas -las 
alhajas é mstrumentos necesarios. En las cuatro paredes de la igle- 
sia, sobre cada* uno de sus princípales'arcos, se habian .colocado 
once círculos de marmol blanco, y eñ cada uño de ellos incrustada 
una^ccuz de jaspe de color encarnado oscuro como de.amarantoj el 
duodécimo círculo estaba colocado en el testero detrás del altar 
mayor. Se habia también construido una fuerte, ancha y cómoda 
escalera de madera y liejizo, con sus mesas y pasamanos, pintada 
con toda perfección, que parecia de finísimos mármoles. Esta des- 
cansaba sobre ruedas> y los hombres que iban debajo de ella podían 
con suma facilidad hacerla andar, girar y revolverse, según se ne- 
cesitaba; y en fin, para no detenerme en referir todos los demás 



PAaTB PRIMBBA. 77 

preparativos de crisma saota, óleo de cateoúmeaos, incienso, ma- 
nojos deja j^erba hisopo, braseros, cenizas, sal, toballas de diver-^ 
sas clases, creo.qae bastará para prueba de la profusión , grandeza 
y exactitud con que todo estaba preparado, el saber que para éste 
sólo dia se mandaron imprimir gran número de libros que contie- 
nen el OGcio de la consagracioB , para que cada monje y cada uno 
de los asistentes pudiera lleva^rel suyo, y saber lo que debía can- 
tar y practicar, p^ra que en todo hubiese el mayor orden (I). 

También quiso: el Rey qué la noche que había de preceder á 
día tan solemne no conociese las tinieblas/ Por su mandado se ha- 
bían hecho muchos miles' de lámparas de. barro, rodeadas de papel 
de colores para defenderlas ;del viento, y las llenaron de aceite, po- 
niéndoles unas torcidas que la Infanta con sus damas había hilado 
y preparado, para tener alguna parte en aquella ceremonia. Todas 
estas lámparas se repartieron por las ventanas,.cornisas y moldu^ 
ras del edificio, se rodearon de ellas jos bordes, boceles y antepe- 
chos de las torres y cimborrio, y hasta.lás agujas y bolas en lo mas 
alto; y los antepechos y pretiles del jardínen lo mas bajo estaban 
perfilados. con lámparas. Lo mismo fue cerrar la noche cuando coa 
una prontitud sorprendente, las líneas de aquel vastísimo edificio 
aparecieron como trazadas por fajas do luz, y sus basas y cúspides 
rodeadas de una aureola radiante y luminosa, que .encantaba la vis- 
ta y arrebataba dulcemente el corazón. Al dirijir la vista sobre 
aquel duadro sublime se creiá ver reproducida la vjsion de San 
Juan, aquella <iiudad1santa de Jerusalén, que bajaba del délo ador- 
nada como la esposa, preparada para recibir á su Esposo Divino. 
£1 Escorial no parecía obra de los hombres; tenia un no sé qué de 
grande, de estraordínario^ que derramaba en el alma dulzura y 
admiración. 

/ Felipe 11 quiso disfrutar de esta vista deliciosa, y aunque su- 
mamente molestado'por la gola se hizo conducir en una silla al 
claustro principal y a otros puntos, mientras que el Principesa 
hijo, acompañado de los caballeros de su corte, recorría á caballo, 
las inmediaciones del edificio,' ya bajando alo mas hondo del valle, 
ya subiendoá los .montes' vecinos, para gozar desde todos puntos 
tan hermoso y sorprendente espectáculo. Por todas partes se nota- 
ba bullicio y movimiento de las muchas geiites que de los pueblos 
vecinos habían acudido, y. que estuvieron gozando de la ilumina- 
ción hasta que los rayos del sol comenzaron á mezclar su claridad 
con la qneaespedia el monasterio. 

* Apenas comenzó'árayar.el;dia.30 cuando los monjes bajaron 
á celeorar Misas y cantar las Horas canónicas, bara quedar desocu- 
pados y poder asistir á la augusta ceremonia. £1 Nuncio, acompa- 



0) Todavía se cpnserTauJcn la biblioteca muchos de estos procesionarios, encuader* 
nados en baquétilla, j con los canloi de las hojas dorados, conoo se encnaderDaroa para 
aquel dia. ' . ' 



1 



78 HISTORIA DBL ESCORIAL. 

fiado de machos monjes y cabailerosL, fué temprano á la iglesia, 
dispaso j reconoció detenidamente los preparativos , y luego qae 
eslavo asegurado de que nada faltaba, y que todo estaba dispues- 
to según convenía, comenzó las ceremonias de la consagración, qqe 
son largas, pero llenas de misterios, de unción y gravedad religio- 
sa. Omito la descripción detallada de esta solemnidad y de cada 
una de sus ceremonias porque temo ser prolijo, y las rúbricas ge- 
nerales, ordenadas para este caso pueden, verse eñ el Pontificalra- 
mano: V el P. Fr. José de Sigüenza, en su Historia de San Geró- 
nimo, libro '3.*, discursos X Vil y XVH I ^^ trae minuciosísimos de- 
talles sobre el modo con. que se celebró en el Escorial , y csplíca 
muchas ceremonias con aquella sencillez , inteligencia y religiosi- 
dad que tanto le distinguen. AlU pueden consultarlas los que ten- 
gan deseo de enterarse de sus pormenores, que me tomo la Irberfód 
de omitir, consqltapdo la brevedad. ^ .. 

Se hallaba el Rey fundadojr tan abatido ya por sus aflos y en- 
fermedades, estaba tan molestado, particularmente de la gota, que 
le fue imposible (según sus deseos y costumbre) asistir á la fun- 
ción, y se' contentó con que le llevasen en su silla ai coro y á la 
galería, que por aquel piso .da vuelta á toda la iglesia, y desde allí 
veía con sumo placer y notable atención todo cuanto se hacia. Para 
lo demás, en que era indispensable la presencia del fundador, de- 
legó sus facultades en el Principe D. f*elipe , su hijo , que asistió á 
¡a procesión» acompañado de muchos y muy distinguidos caballe- 
ros, y presenció, todas las ceremonias, nodeó la iglesia, y luega se 
colocó uajo un rico dosel de brocado con isu asiento de lo mismo, 

Sue ya de antemano estaba preparado á la entrada del templo, 
lesde aljí oyó el disqurso que le diríjió el Nuncio, que esíaba en- 
frente de él, sentado ^n una silla mas baja, el cual, entre otras co* 
sas , según prescribe el PontiGcal, le dijo: Es necesario que V. A, 
diga qué obligaciones y cargas deja el Rey , vuesirg padre , á este 
monasterio ^ y con que rentas ^ha dotado ó piensa dotar á.esta igk- 

.sia. k lo cual contestó el Príncipe: <*Para, la razón del dote es 
»la dehesa del Quejigal y Navaluenga, la de la Herrería , y de la 

^«Fresneda, y el Españadal ; heredades conocidas con muy anchas 
«posesiones, que les están ya agregadas. También la abadía de 
»Parraces, que es muy amplia, y. el priorato de Santo Tomé, y 
»otros muchos beneficios eclesiásticos, (^ue á instancias de mi se- 
Dfior padre ha concedido y unido para siempre la Sede Apostólica; 
»y sin esto también se proveerán otras cosas, con las condiciones, 
^^obligaciones y cargas que á mi padre le pareciere dejar., como es 
»razon, á esta tan insigne cása y convento, y á los religiosos que 
»en ella viven. Ya tenéis la respuesta de lo que se me pidé.^' Y en 
seguida entregó al^ecretario de estado D. Martin de Idíaquez.un 
pliego, quedicho secretario leyó en alta' voz , y en el que se es- 
presaban nóminalmente las fincas, bienes y beneficios ectesiásiicos 
con que estaba dotado el monasterio ,' y prometiendo aumentarlas 



»AATB VRIMBIIÁ. 79 

gegonias condiciones, obligaoiones y cargas qne 'su fundador im* 
posíese. Aceptadas por toafas las partes el dote y condiciones, se 
estendió el acta ante D. Joan Beltran de Guevara T Figueroa, pro- 
ton^ario apóstol ico>, y la refrendó después de haberla firmado y sig- 
nado con su sello el ¡Nuncio. 

Toda la ceremonia, y la Misa solemne que después de ella ce- 
lebró el nuncio concluyó á las cuatro de la tarde, habiendo perma- 
necido constantemente hasta hora tan avanzada el Rey , que no 
quiso perder nada de la funcipn, á pesar del mal estado de su 
salad. En los dias siguientes se consagraron los altares colaterales^ 

; sucesivamente los cuarenta restantes; y en el centro de la mesa 
e cada uno de ellos se colocó una cajita con muchas reliquias de 
santos, grandeza en verdad poco común en los templos Jlel mundo 
todo , y que prueba de un modo indudable el gran poder y piedad 
del Rey fundador, y sos deseos de que el Escorial fuese grande bajo 
todos conceptos. , 



capítulo IX. 



ComUion nombrada para buscar y reunir reliquias, — Jlíodo como desempeñó su come 
tido,— Reliquias jgue reunid, — Su llegada al £scoriaL'— Solemnidad coh que fueron 
recibidas, — ultima enfermedad de Felipe II, — Su muerte. 

Desde gue Felipe II concibió la idea del edificio del Escorial 
había querido reunir en él lo mas acabado y notable en bellas ar- 
tes, lo mas augusto en la religión, lo que mas pudiese contribuir al 
estimulo y desarrollo del saber, y lo mas respetable y venerando 
en los fastos del cristianismo. Lo primero lo había conseguido la pin- 
tora, la escultura^ y sobre todas la arquitectura, que estaban ya 
ostentando en el nuevo edificio toda la hermosura y belleza de que 
son capaces; tenia ya reunida una biblioteca (¡ue habia de honrar 
su memoria, y ser famosa en el mundo literario; habia establecido 
un colegio y seminario; y la religión habia ya santificado y espi- 
ritualizado, por decirlo asi, aquel monumento grandioso. Lo últi- 
mo, la reunión de objetos venerandos en el pueolo cristiano, no lo 
habia tampoco descuidado un monarca tan piadoso. 

Ya hacia algunos afios que después de obtenidas licencias, pri- 
vilegios y breves de los Sumos Pontífices, habia nombrado una co- 
misión compuesta del P. Fr. Baltasar Delgado , del orden de San 
Agustín, del doctor Cristiano Lavenberch, varón docto en derecho, 
de Georgio Braunio, comisario ^tposlólico con facultad especial 
de Su Santidad para este efecto, y de Rolando Weíerstras, notario 
apostólico, á la cual habia encargado recojiese en todos los puntos. 



80 HTSTOEU DBI, SSCOBIAL. 

iglesias y monasterios dé Alemania ; otras partes , todas las reli-* 
quias ^e cualquier tama&o é importancia que fuesen^ auoque entre 
ellas se hallasen cuerpos enteros de santos, siempre qne los po-> 
seedores quisiesen concedérselas por. donación, ó podr cualquier 
otro motivo; facultándola para gratificar con largueza álos intere- 
sados, y para que no perdonasen ningún género de diligencias ni 
gastos, con tal que lograsen realizar sus piadosos deseos. La comi- 
sión puso cuanto esmero pudo ep llenar debidamente su enc^go, 
y á fines del año 1597, con el. beneplácito de los Principes cu- 
yos estados habia recorrido en busca de tan. santa mercancía, te-- 
nian ya reunido un gran- tesorx) de reliquias^ entre ellas inuchas 
dignas de aprecio y veneración, no solo por ser.de los invencibles 
mártires y confesores de Jesucristo , sino también poc su cemoti* 
^ima antigüedad. . ' 

£1 P.rr. Baltasar Delgado, gefe de aquella comisión, llevado 
de un celo sin duda muy religioso, pero poco discreto, y que cre- 
yó que agradaría mucho al Rey, hizo lavar y dorar á trechos mu- 
chos huesos de los mártires ennegrecidos con el polvo y los años^ 
y les quitó á la mayor parte las sencillas cajas y humildes relica* 
rios con que las adquiriera, tan preciosas para la historia de la 
antigüedad como las reliquias para la religión; con cuya diligencia 
poco meditada disminuyó la autoridad de laS reliquias, y destruyó 
objetos inestimables por su antigüedad remotísima. £1 P. Sígüen- 
za, al referir este hecho , aunque con aquella modestia que le es 
tan propia, no puede disimular su disgusto por esta operación tan 
moportuna, y son dignas de notarse las palabras con que lo cen- 
sura. Como estas sanias reliquias (dice) son de sanios ian antiguos, 
y de aquel tiempo que la sinceridad y pobreza de los' cristianos res-- 
plandecian tanto en la iglesia, estaban guarnecidas muchas de eUas 
pobre y toscameniey unas en cajas de palo , otras en cobre ^ otras en 
plalay aunque poca, de grcujíosísimas y simplidsimas, aunque san-^ 
tísimas labores , y guarniciones con pedrezuelas de vidrio , alguna 
poca y pobre aljófar, que todo era un fidelísimo testimonio de la pu- 
reza, reverencia y verdad de aquellos buenos siglos en me habia tan-- 
ta fe y tan poca plata. ¥ poco después añade;. vlcoraó este Padre, 
pareciéndole hacia gran servicio al Bey y se mostraba devoto á los 
santos, lavar loshuesos y dorarlos á trechos como si fueran alcorzas; 
púsoles dijes y guarniciones de seda y oro, caireles y torzales, y otras 
cien cosas que no sé cómo las llame; cosa ridicula y de que el Bey 
recibió pesadumbre, sinservir de mas de gastar dineros y ti&npo, y 
quitar mucha parte de la autoridad: mas al fin su celo y deseo fue 
santo. 

Deseosos los comisionados de presentar á Felipe Jl el froto de 
sos diligencias, pusieron el sagrado tesoro en cuatro grandes cajas 
cerradas y selladas con cuidado,- y salieron de Colonia Agripina, 
situada en una llanura á las orillas del Rin, á 30 de diciembre 
de 1597, sacando las cajas en un carro con mucbo disimulo por 



VARTIC PRIMERA. 81 

temor de los herejes. No dejaron de tener algunos pequefios con-* , 
tratíémpos, pero por fin áM6 de marzo del año siguiente llegaron 
salvos á Barcelona, desde donde Gabriel de Roy tomó la posta pa- 
ra avisar a( Monarca la (legada á Espafia, y recibir.sus órdenes. 
Ff. Baltasar, que en este asunto, con muy buena intención, había 
tenido La desgracia de errar en iodo, dispuso entretanto hacer con 
las santas reliquias upa muy solemne procesión; y para, adornar 1^ 
cajas y andas en que debjan conducirlas, mandó ^hacer muchos 
preparativos dé seda y adornos de oro y otras cosas.^ gastando en 
esto una cantidad no corta, pero de todo punto inútil^^ porque an- 
tes^que se verificase el solemne festejo, volvió Gabriel dé ¿oy con 
orden dé S. M. para que sin ninguna ostentación, y sin detenerse, 
caminasen hasta liegaf á Barajas^ donde recibirían sus ófdenes. Eñ 
efecto , al llegar alli se encontraron éon un. mandato en que les 
prescribía que el día .8 de mayo entrasen con las reliquias en el 
palacio de Madrid, pero con todo sigilo'. Así se hizo ,1 y ei Rey se 
mostró muy complacido de tener en su poder aquel tesoro d^ "an- 
tigüedades sagradas, que habían de formar parte de la grandeza del 
i«coríal. Examinó detenidamente, no solo las reliquias sino tam- 
bién los documentos' y escrituras que probaban su autenticidad,, 
haciendo que se ios. leyesen uno por uno, mostrándose siempre su* 
mamante aevoto, y aficionado á aquéllos restos venerandos de los 
que plantaron la Iglesia con sn sangre.. . 

Satisfecha en cierto modo ^u devoción mandó trasladarlas, a! 
Escorial, üonde llegaron ^IJ^ de junio, acompañándolas Fr. Bal- 
tasar Delgado y Fr. Martin deVillanueva, que traían la instrucción 
dada por S. M. del recibimiento que en su Real casa debía hacer* 
seles. Con arreglo á lo que en ella se prescribía, se dispuso lo ne- 
cesario; 4as .cajas quedaron depositadas en la capilla del Sitio, y el 
día 4 4 se* hizo una solemnísima' procesión por medio de una herr 
Diosa calle de árboles que se formó desde la puerta del .pórtico has-" 
ta la dé la capilla; y las santas reliquias, fueron conducidas en hom- 
bros de sacerdotes vestidos de diáconos con riquísimos ornamentos 
de brocado, y al compás de los himnos sagrados, que entonaban^ 
ciento cincuenta monjes llenos de celestial unción y ternura. De' 
iodo se hizo uúa detallada y menuda relación, que se envió á 
S. M. juntamente con algunos dibujos que representaban esta 
fiesta, para que por ellos pudiese ver la exactitud* y celo cotí que 
se habían cumplido sos órdenes. 

.Quando recibió estos detalles, que tanto le complacían , se ha- 
llaba ya Felipe II herido de muerte. Hacia mas de dos aí^os que una 
calentura héctíca casi imperceptible le iba insensiblemente consu* 
miendo, y sus infinitas dolencias le habían gastado y debilitado 
hasta el punto de no poder andar ni un paso; y solo el vigor y 
energía de su espíritu, de tan éstr^ordinario temple, parecían sos- 
tener aquel cuerpo enteramente demacrado, y cadavérico. Sin em- 
bargo, las noticias de la función del^ Escorial parecieron reanimarle 

PARTE I. O 



82 HISTORIA BEL BSCORIAL. 

ua poco, y á pesar del estado de postración en que se hallat)a/de«- 
t'ejrtuÍQÓ marcharse á doade tenia sus delicias. Mandó hacer una 
silla á propósito en la que podia ir casi echado ; y conducido en 
brazos de hombres, que caminaban con mueba lentitud é igualdad, 
para no producirle ningún movimiento fuerte, salió de Madrid, á 
donde ya no habia de volver. ^ ^ 

Emprendió el viaje el último dia de junio de 4598; pero como 
eraXanta su debilidaa y fatiga y tan punzantes y crueles los dolores 
que sentia en su cuerpo, tardó seis dias en este cortísimo camino. 
Entre cinco y seis de la tarde del dia 5 de julio llegó á la.Fresne- 
da acompañado de sus hijos, donde encontró al Prior y algunois (de 
los monjes mas condecorados que hábian salido á recibirle. Su vis* 
ta reanimó algún tanto el rostro ya moribundo del Monarca, que 
á jas cariñosas preguntas que los monjes le dirijian sobré el es-* 
tado de su salud, contestaba': me hallo muy bueno, y tengo las maños 
mejores que otras veces; y como, para demostrarlo tomó uno de los 
libros que consigo traía, y comenzó á abrirlo y cerrarlo con harta 
soltura. {Cuánto puede en algunos hombres la fuerza de voluntadl 

A pesar de esta aparente mejoría* pp, se atrevió á llegar al mo- 
nasterio , y pasó aquella noche en la' Fresneda, lo cual no ha- 
bía hecho nunca. £1 Príncipe y la Infanta fueron á pasar la no- 
che á Valdemojrillo; lugar legua y medía distante del Escorial, 
por no llegar al Sitio sin su aufi;usto padre, y poder pasar la 
noche con alguna mas comodidad. A la mañana .siguiente vol- 
vieron á'unirse con él y comer en su compañía, y por la larde su- 
bieron juntos, y la Comunidad salió ú recibirlos con la solemnidad 
aue otras veces habia acostumbrado. Al dia siguiente se hi^o el Rey 
llevar á la iglesia, y pasó mucho tiempo eií oración ante el Santí- 
simo Sacramento, y el 8 comenzó como su Ú4tima revista,, como la 
postrer despedida dé todos y cada uno de aquellos grandqs objetos 
que habia concebido en su atrevida' fantasía, y habia realizado con 
su energía y poder. 

Tendido en la silla ^asi sin movimiento, y conducido en brazos^ 
de sus criados, recorría todos los departamentos: vio con detención 
y dio algunas disposiciones en los relicarios, donde se estaban po- 
niendo en orden las ^numerosas reliqiiias que últimamente habia 
inandado; se detuvo bastante tiempo contemplando con placer las 
ricas bóvedas y bellísimo conjunto dé la biblioteca principal , que 
hacia poco se habia concluido; paséala de manuscritos, que esta- 
ba contigua, y se hizo subir á la alta, donde el P. Sígüenza acaba- 
ba' de hacer una nueva distribución en los estantes, y había colo- 
cado los libros con su conocida inteligencia y saber. Sucesivamente 
fue recorriendo todo el edificio, inspeccionó hasta las cosas jnas pe- 
queñas que se habían hecho de nuevo ó concluido durante su última 
ausencia, y en fin, por cuatro dias consecutivos ocupó todos los 
ratos posibles en eisie objeto, que tanto le alegraba y distraía. 

Pero en su estado de debilidad , esta misma distracción que le 



. PAaTS PBIUSRA. 83 

hacia olvidar sos dolores, y las dulces emociones que seo lia, pro- 
dajeróa bastante aUeracíoaen sus malignos humores. £1 úliimo dia 
se sintió estraordinaríam'ente fatigado ,' la calentura se desarrolló 
mucho- mas que de ordinario, y por fin se declararon unas tercia- 
nas, que aunque no muy Tuertas, dieron mucho cuidado á sus mé- 
dicos, que eran el primero de cámara el doctor García de Oñate, 
y el segundo el doctor Andrés Zamudio de Alfaro, á los que se había 
unido el doctor Juan Gómez de Sanabria. Coiuo era tanta la com- 

Eiicacion de enfermedades que afligían al Monarca, no podían com- 
atir directamente la terciana, que al fin aunque coa dificultad se 
cortó, pero mal , porque á pocos días (el S2 de julio á la media 
noche) volvió á acometerle la calentura con mas fuerza. 

Estar novedad er.a de mucha consecuencia en un hombre de 
mas de setenta años, en una naturaleza tan decaída, y atacada 
por tantas enfermedades, cada una bastante para acabarla. Hacía 
mas de catorce años aue la gota se había desarrollado notable- 
mente; y en los siete últimos, en que por su mucha edad habían 
dejado de sangrarle, fue con tanta fuerza que le hacia padecer casi 
continuos y terribles dolores, y le obligó á llevar siempre una ca- 
yadita para apoyarse. A este padecer se uñió la fiebre héctica, que le 
consumía y acmacraba hasta no dejarle mas que el pellejo y los 
huesos, j nasta agolar enteramente sos fuerzas, tanto que los dos 
años últimos tenían qua conducirle á todas partes en una silla. A 
consecuencia de esta postración se le manifestó una hidropesía, que 
aunque no era muy agilda le incomodaba mocho, porque se le.hm* 
chaban las piernas y el vientre, y le atormentaba con una sed ra- 
biosa, que contenia á costa de horrorosos sufrimientos. Los malig* 
nos humores de que estaba lleno, año y medio antes de su muerte 
rompieron por las partes mas débiles, y en los dedos índice y del 
coiazon de la mano derecha se le abrieron, *en el primero tres y . 
en el otro cuatro llagas, y otra además en el dedo pulgar del 
píe derecho, pero tan malignas, que no podía sufrir que le toca- 
se ni aun la sabana en la cama, y que le producían dolores agu- 
dísimos, en particular cuando-se Jas curaban. 

De tan penosas y mortales enfermedades se hallaba ya acpme* 
tido cuando U fuerza de su voluntad le.condójo por la última vez al 
Escorial, ó tal vez la Providencia, para que á vista de aquel in- 
comparable edificio que había levantado para gloria de su siglo 
y admiración de los venideros , y. de coya realización tanto debía 
envanecerse, esperímentasé toda la miseria de la humana naturale- 
za, y esperimenlase cuan poco vale el poder de los hombres contra 
las disposiciones de aquel cuyo dedo toca ios mas escarpados mon- 
tes y humean. 

Lax^alenlura que le había acometido el ^2 de julio se aumentó 
estraordinariamente, y los accesos.se juntaban uno con otro , po- 
niendo á cada momeólo su vida en gran peligro. Al séptimo día se 
le manifestó en el muslo derecho , un poco mas arriba de la rodí- 



84 HISTORIA DEL ESGORIAL. 

lia, una postema maligna que crecía prodigiosamente > sin que los 
medicamentos que los facultativos le aplicaroln pudiesen lograr re* 
solverla. En consecuencia convinieron en que era indispensable 
reventarla; pero lo doloroso de la operación, y la mucha debilidad 
del enfermo, hacían temer que no pudiese resistirla. Avisado del 
peligro, en que se hallaba se convenció de él, y comenzó á hacer los 
preparativ.os de muerte. Primeramente llamó á su confesor f r. Die- 
go de Yepes, y le suplicó le ayudase con sus luces para hacer oiia 
confesión general, en la que tardó -tres dias , manifestando en ella 
tanto arrepentimiento de sus culpas y tanto deseo de satisfacer por 
ellas, que no solo dé palabra protestó haría cuanto su confesor le 
mandase en descargo de su conciencia, sino que entregó por escri- 
to á D. Cristóbal de Mora, é hizo que delante de él se leyesen á sil 
confesor, las palabras siguientes: Padre, vostsláis en luaar deDios^ 
y os protesto delante de sú acatamiento que haré lo que dijéredes oue 
he menester para rni salvación, y asi por vos estará lo que yo no hi^ 
ciere, porque estoy aparejado para hacerlo todo. . 

Concluida la confesión, dos dias anles que le abriesen la pier- 
na quisó que con toda solemnidad le llevasen algunas reliquias en 
quienes tenia particular devoción, previniendo que cada uno de los 
eclesiásticos que la3 trajesen fuese preparado para hacerle ulia 
plática espiritual. Su confesor, el del Principe, que era Fr. Ga:spar 
de Córdoba, y Fr. García de Santa Maria, Prior del. Escorial» ves- 
tidos con sobrepellices y ^estolas, tomaron, el primero la rodilla de 
San Sebastian, el segundo-ia 'costilla de San Albano, que le habia 
enviado el Papa Clemente VIH con una indulgencia plenaria para 
el punto de su muerte, y otra para que todo sacerdote que dijese 
Misa en cualquier altar del monasterio, y cuantas veces quisiere, 
sacase su ánima del purg;atorio: el Prior llevaba el brazo de San 
Vicente Ferrer. Todos dijeron sus antífonas y oraciones, dirijiendp 
algunas breves y espirituales reflexiones, que le sirvieron de mucho 
consuelo. Después adoró y besó las santas reliquias con una devo- 
ción y fe admirables, y en seguida se entregó á discreción en ma- 
nos de los facultativos. Estos se resolvieron por fin á hacerle la 
operación, y el 6 de agosto le abrió el muslo el cirujano de cama* 
ra Juan de Vergara, á quien dice el P. Sigílenla había Dios dado 
no menos gracia en las manos que en la lengua y en la pluma. 
Aunque la operación se ejecutó con rapidez y acierto, sin emb^ar- 
go era dolorosisima; pero ni una sola queja, ni un $olo ay se le es- 
capó al sufrido Monarca , cj[ue parecía enteramente absorto ''en la 
contemplación^ de los misterios de la Pasión según San Mateo, que 
había mandado & su confesor la leyese mientras le operaban. Cuan- 
do vio. acabada felizmente la operación, mandó á todos los que alli 
se hallaban diesen gracias á Dios, y al momento cayeron todos de 
rodillas orando con fervor y ternura. , - 

Además de la herida que dejó la lanceta se le abrieron otras 
dos bocas, por las que arrojaba tanta cantidad de podre, 'que pa- 



• rAUTB PRIHBIIA. 85 

recia imposible (Hidiése prestar matertales para tanta y tan conti- 
nuada evacaacíoB naturaleza tan flaca y consumida. Dos escudillas 
llenas salían év las curas que le hacían mafiana y tarde ; y lo que 
padecía cuando le geringaban las llagas y le estraian las materías^ 
^ BO pnedQ ésplicarse. 

La mano del Seik)r parecía aglomerar males y multiplicar do-^ 
lores sobre aquel sufrido Monarca. La debilidad producioa por en* 
fermedades tan largas ; el ardor de la calentura que léconsunm, 
la sed insufrible de la hidropesía, los rabiosos doloresde las úlce- 
ras, todo le mortitiátba y le aniquilaba á la ?ez. Lds crecimientos 
eran mayores cada día; ca^la minuto que prolongaba su existencia 
parecía un milagro ; y k pesar de esto, aún se descubria aouella 
alma de acero, aqiiel espíritu ¡Bvencible , luchando frente á íreote 
y desafiando tanto mal. CinaieÉta y tres dias doró en este estado, 
siempre en una misma postura , qveí era boca arriba , sin poderse 
mover á ningún lado, ni ser posible mudarle la ropa de debajo; de 
mo^o xiue con las e?aeuacicíaes «atúrales , la podre de las poste- 
ma$, ío que se derramaba de los medicamentos y- el sudor de la 
tisis , se hallaba medio sumerjido en el muladar mas asqueroso, 
en^Ia cloapa mas inmunda que.jpuéde imaginarse, despidiendo un 
hedor insoportable, que hacia ¡¿decer horriblemente á un hombre 
que toda su vida había sido tan pulcro y delicado, que no había 
podido sufrir ni la mas pequeña mancha en el suelo ni una leve 
raya en la pared. La asquerosa podredumbire en que yacía se co^ 
municó á su cuerpo , y sus espaldas y asientos^ se convirtieron en 
una enorme- Uaga> tan fétida y asquerosa como la causa ciue la ha- 
bía producido; de modo que desde el dedo pulgar del pie* basta lo 
alto de la cabeza «ada tenia sano^ A los treintay cinco dias de ca- 
ma le pwsieroa una ayuda de. caldo de ave con azúcar , la cual le 
produjo onas^ cámaras pei$tile>iGiales tan abuodaates y continuas, 
que solas ellas hubieran bastado para destruir en poco tiempo la 
Baturaleza mas robusta. Este, Auevo accidente aumentaba sus pai- 
decimíeotos de un modo estraordinário , porque aquellos vapores 
corrompidos que no podía meóos de aspirar, ó le causaban letargos 

Erofundisimos de .que.era necesario d^pertarle, ó insomnios terri- 
les en los cuales jio descansaba un momento. En una palabra, el 
tormento que á todas. horas sufría es imponderable. 

En meidio de tan atroces, padecimientos parecía no encontrar 
,otro alivio que 4)cupándoae de cosas santas; y de objetos de devo- 
ción, y. cada día mandaba traer á so reducido aposento una nueva 
Teliquia* ó Virgen. En un altar que se babia colocado á los pies de 
su cama tenia mpcfaas de Jas reliquias mas notables que aquí se 
conservad; las cortinas estaban cuajadas de Crucifijos, imágenes y 
relicarios; de modo que era imposible fijar los ojos en parte alguna 
sin enecmtrarse con algún objeto piadoso. De vez ed cuando, pedia 
algunas de ellas á loa que le asistían , las besaba con ternura y las 
aplicaba á sus llagas con gran fe y devoción, pareciendo encontrar 



86 HISTORIA DBIi BSCORIÁL. 

eo esto mucho consuelo. ContíDuamente estaba mandando entregar 
á su confesor ó ásu rimosnero, que era D. García de Loaisa^ .ya en- 
tonces nombrado Arzobispo de Toledo, cantidades de considera- 
ción para que mandasen celebrar Misas, dotar huérfanas, socorrer 
viudas y ppbres, fundar casas religiosas, erijir altares y enrique- 
cer santuarios, sin olvidar los hospitales y otras obras de caridad; 
de modo que solo en dinero jpasaron de cuarenta mil ducados los 
que repartió en aquellos dias. ^ * 

Sin'embargo, todavía gobernaba, todavía daba algunas órdenes 
á su favorito D. Cristobalde Mora; y cuando supo que habian ve- 
nido las bulas para el electo Arzobispo de Toledo, quiso que al 
momeQto se consagrase, y al efecto mandó Ilaímar al Nuncio de Su 
Santidad, Camilo Cayetano, á Don Andrés Pacheco, Obispo de Se- 
gó vía, y al Obispo oe Osma, y el 1^ de agosto se hizo la cere- 
monia con toda la solemm'dad 7 pompa posibles en la Capilla ma- 
yor del templo, para que desdé su cama pudiese verla. 

Concluida la consagración llamó al Nuncio, y le rogó le conce- 
diese á nombre del Pontífice la bendición apostólica, la indulgencia 
plenaria para el articulo de la muerte, y cuantas indulgencias y 
gracias se acostumbrasen á conceder por S. S., asegurándole gue 
toda su ambición se cifraba en lAprir en gracia, y alcanzar el per- 
don^ de sus culpas. Así lo hizo el Nuncio, y luego*^ despachó un cor- 
reo á Roma, y el Padre Santo conGrmó cuanto so legado habia 
concedido, aun antes aue el Rey muriese. 

Sin embargo, aquella vida iba sensiblemente apagándose ; ape- 
nas se le entendía lo que hablaba, porque apenas tenia fuerza para 
hablar; y aun parecía un milagro la vida angustiosa y horrible, que 
prolongaba como á despecho de una naturaleza dísuelta y estedua- 
da. Conociendo él mismo que el término de su peregrinación no 
podia tardarse en concluir^ y aueriendo recibir etí su cabal juicio 
el sacramento de la^Estrema-Uncíon, pidió muy enearecidame&te 
que se lo diesen. No tenia cabal noticia délas ceremonias que de- 
bían practicarse, porque jamás lo habia visto administrar, y para 
poderlo recibir dignamente mandó á su confesor que leyese en el 
ritual romano todo lo que en la administración de este Sacramento 
acostumbra la Iglesia. Así que estuvo enterado de. todos Tos por- 
menores se preguntó á los médicos si estaba ya en el caso de qué 
se le administrase, y convenidos en que sí, se lo avisaron al Rey. 
Entonces mandó que le lavasen las manos y le cortasen las uñas; 
llamó á"* Don Cristóbal de Mora , y le dijo que quería que él prín- 
cipe su hijo se hallase presente á aquel acto, y además el Prior 
con algunos monjes y los caballeros de su casa. Así que todo es- 
tuvo preparado, á las nueve de la noche del día 4 .* de setiem- 
bre, él Arzobispo de Toledo Don García de Loaisa le administró cl 
Sacramento, hallándose junto á la cama el Príncipe é Infanta, 6us 
hijos, y las demás personas ya nombradas. Se manifestó tan ani- 
moso, estuvo viendo todas las operaciones con tanto despejó y en^ 



PART» PRIMBRA. 87 

tereza, que eseepto la debilidad, parecía no tener mal Díngauo, en 
términos que el P. SigOenza-, que se balita presente , creyó que se 
había dado con demasiada anticipación el Sacramento qoe'la Iglesia 
quiere se administre en el último traiice. 

Concluida la ceremonia quedó solo con el Príncipe su hijo y 
heredero, á quien dijo entonces: he querido, hijo mió, que os haUets 
fMresénle á este acto, pára'que veáis en qué para todo. Le encairgó 
después que mirase mucho por la religión y defensa de la fe, por 
la guarda de la justicia, y procurase viTír y gobernar de manera, 
que cuándo llegase á aquel punto, se hallase con seguridad de con- 
ciencia. Le aftadió algunas instrucciones particulares para el go* 
bienú) délos reinos de que iba á ser heredero,' y algunos consejos 
cdmo Rey y como padrea El Príncipe, salió de allí sumamente eñ* 
ternecido, y su padre continuó en aquel lecho de dolor sos largos 
padecimientos. . ' 

Desde aquel día abandonó ca^i enteramente los asuntos de go- 
bierno, y comenzó á ocuparse detalladamente de su muerte y fu- 
nerales. Primero mandó se. abriese y examinase la caja que con- 
tenia el cuerpo del Emperador y Rey su padre, para que le amor* 
tajasen á él del mismo modo. Después hizo una solemne protesta* 
cion de la fe, siguiendo la que trae tudovico Blosio en el libro se- 
gundo de sus obras. Algunos dias después mandó á Riiiz de Velas- 
co le trajese una caja , cuya guarda le había encargado muy espe- 
cialmente seis afios antes en Logroño ^ en la aue estaban gnaroa-* 
das dos vela$ y un devoto Crocinjo , qué era el mismo qu&eL£m*^ 
perador su padre hábia tenido en sus manos al tiempo de morir, 
el cual quiso que se colgase en las cortinas de«u cama, frente de 
sus ojos. Previno que su atahud se hiciese de la madera que sobró 
dé la cruz del Crucifijo grande del altar mayor, que se habia saca- 
do de la quilla deungateon portugués l(amado.(7tnco Chágas (Cinco 
Llagas) , que cuando fué á lomar posesión del reino de Portugal 
hacia mas de veinte años que estaba desechado en el puerto de Lis- 
boa. La madera de dicha quilla es de unos enormes árboles aue se 
crian en la India oriental, á que los naturales llaman Hngeli, Dé 
e^a madera se hizo el atahud, forrado por dentro con raso blanco, 
f por fuera con una leía de oro negra, una cruz de raso carmesí 
encima, y. clavazón dorada. Se^ lo llevaron junto al lecho para que 
lo viera ^ v comprendiendo él^mismó el estado de putrefacción en 
que se hallaba y el hedor insoportable que despedía, quiso que 
para el interior de aquella caja se hiciese otra de plomó, y le me- 
tiesen eñ ella sin emoalsamarle. Admirable y casi inereime pare,- 
ce que, hallándose en tal estado de martirio y aniquilamiento que 
con gran dificultad pasaba los líquidos que le daban , pudiere ocu- 
parse con tanta minuciosidad de lo tocante á>u entierro, sin des- 
cuidar éintera|mente los asuntos del reino, puesto que Don Cristóbal 
de Hora decía muchas veces, que estaba sorprendido de ver la fa- 
cilidad con que de las cosas mas graves de su gobierno pasaba a 



88 



HISTOIIIÁ VML BSOORIAI.. 



los detalles mas insígniQcantes de su entierro , como si se hallase en 
su cabal ^alud. " • 

Dos días antes de sa.mu^te, conociendo que esta se acercaba, 
quiso despedirse y. bendecir a sus hijos. Se presentaron el Príncipe 
y la Infanta; abrazólos tiernamente, y les dijo algunas palabras 
(pocas, porcjU^su estrema debilidad y postración no le permitían 
más) , relativas todas á la guarda de. la fe y religión. A la infanta 
en particular la dijo, qu0 pnes no había sido nuestro Señor servido 

3üe él la viese casada antes de llevarlo de esta vida, como lo había 
oseado, le pedia se gobe^nasecon-laprudencia que hasta allí, y 
Crocnrase acrecentar la fe en los estados que le dejaba, pues este 
abia sido su principal intento en dárselos, esperando de etlálo har 
ría como se lo dejabaí encargado', y que lo dijese asi á su primo, 
y se lo pidiere de su parto cuando le viese (1); y «n s^uida, en* 
tregando á su confesor un papel, en que estaba escrita una instroc- 
cion que San Luis, Rey de.Franda, habja dado á sü heredero.cn la 
hora de su muerte, para que se la leyese al Príncipe sin faltar pa- 
labra, les dióá besar su descarnada y casi yerta mano; echóles tne* 
go ia bendición con singular ánimo y fortaleza ^ y los despidió lie-* 
nos d&lágrimas.y amargura. 

Al día siguiente, cuando su confesor dijo Misa en el altar gue 
téiua á los p.ies de la cama, manifestó vivísimos deseos de recibir 
la sagrada comunión , que ya después de la Unción había tomado 
otras dos veces; pero los médicos habían prevenido que no podría 
tragar la hostia por sü estraordinaria debilidad, y el confesor tuvo 
que negarle esta petición. Por fin llegó la bora de que terminase 
tan larga y penosa agonía; y aunque por la tranquilidad delpacien^ 
te parecía que I03 dolores todos habían cesado , los médicos avisa^ . 
ron a. Don Cristóbal de Mora para que le diese la fatal noticia de 
que su^hora última se acercaba. Oyó este anuncio sin alteración 
alguna, y mandó llamar á su confesor, á los de sus Altezas, al Ar- 
zobispo pe Toledo'y al Prior del monasterio , para que le ayudasen 
en aquel trance. Ú Arzobispo le hizo una larga y devota exhor- 
tación, qué duró mas de media hora, concluyendo con exhortarle 
á laconfesion y protestación de la fe; y á esto contestó con voi bts* 
lante clara é intelijible: Sí, confieso y protesío. Pidió luego le leye- 
sen la Pasión según $an Juaü, y lo verificó el mismo Ai^obispo, 
niezclantlb algunas devotas reflexiones, que S^.M. <>ia éon señales 



(4) Felipe 11 paiiinócoQ el deseo de TerenUzada á su hija DoSa Isabel con el Archi- 
duque Alberto, su primo iierraano, á quienes cedió los Paises-Bajos eu Feudo perpetuo 
dependiente de los Reyes de Espafia. A continuación ^ su último codioilq, otorgado en 
SaD Lorenzo i 25 de .agosto de 4B97« y' de la misma Uira y maoo que el dieho codieilo* 
se encuentra un papel, cajo título escomo sigue: «Las condiciones con qtfe S. M. es 
servido de disponer.de lo de Flandes eu favor de la Señora Infanta t el Archiduque Al- 
berto, con quien se ha de casar.» Constan de micve artículos 6 párrafos, j cstqn sfii 
fimar, (Arebivo del monasterio, caj; A .*) 



PARTS PRIBIBRA. 89 

de ternura y seDtímiento. A* la una de I9 noche su confesor le dí- 
ríjíó otro discurso no menos santo y tierno ; y, apenas cesaban én 
estas exhortaciones, cuando et enfermo repetía: Padres^ decidme 
fna&y decidme mas; de modo, qué hacía ya algunas horas que oía 
sin cesar palabras espirituales y afectiiosas. Et Doctor Juan Gómez, 
temiendo que esto le.acabasefnas pronto, le aconsejó reposase un 
rato paca cobfar aliento, pero, él le dijo: Va no es tiempo. 

En efecto, á ^co rato^ y hora y media antes de morir, lé so1)re- 
vino una .congoja mortíl ó parasismo j que hizo creer á todos que 
había djeiadorde existir, poniué lé duró largo rato; pero de repen- 
te abrió (os ojos con viveza, y fijándolos 'en Don Femando de To- 
ledo, que tetíia en sus manos el Crucrfiio en cuyo ósculo había es- 
pirado su padre, se lé tomó y besó muchas veces. Presentóle en se- 
guida el mismo ia vela: de la Virgen de Monserrat; el Rey le miró, 
y.al tomsftla'sei sonrió tranquilamente y le dijo: DádUa acá^^ue ya es 
Aora. Entonces el Prior del monasterio le leyó la recomendación del 
alma según el fitucil romano, y manifestó que la- oía, y recibía con* 
suejocon aqiieUas palabras llenas dé unción.' Como una hora 
permaneció coh-la vela en una mano y- en la otra el Crucifijo, aue 
jbcijsaba con frecuencia, hasta que á las cinco' de la maí^ana, á los 
primeros aU)0res del día, protestando que moría como catóUco» hizo 
un pequeño estremecí miento, entreabrió dos ó tres Veces la boca, 
y aquella alma tan cihérjiea y fuerte abandonó el caerpo ya consu- 
mido, corrompido. y disuelto, &los i3 de setiembre de 1598. 

- Babia mácido este ^rtan monarea e) SI de mayo de4S27; comlUi- 
zó á reinar por renuncia de su padre el ETmperador en 1^56; prin- 
cipió ledificáf el kiunca bástante ponderado monasterio de San JLor 
renzo en j563 ; logró ver poner la última piedra en id de setiembre 
de 1584, y en el mismodia, eaiorcé a&os después, y á los setenta 
y un a$os , tres meses y veinte y dos días de su edad , murió des- 
pués de uaa enfermedad tan larga, tan terrible y llena de padeci- 
mientos/ que puede servir de ejemplo poderosisimo^para probar 
cuan poco vale él mundo enteró para aliviar la suerte del hombre 
en la enfermedad y en ^l>sepolcro. 



'■ 1 



• 1 






f. 



I 



1 #'.> 



GAmilLO X. 



Funeral de Felipe If.-^Apertum de su testamento . y aclamaeion de F^pe //f.-^ 

Zo ijue se gastó en ¡a edificación det E/tcorial. — Reflexiones sobre este gasto^^- FaUor 

de los Jornales, inantenimieñtos y ptrat cosas en tiendo de la' Jkndqeion. 



Muerto aaucl Monarca , tan téfiíído de sus enemigos durante su 
vidávcomo calumniado después de su muerte ; aouei Monarca en- 

Ía memoria ocupará aún por muchos siglos las plumas de los sá<^ 
ios, el prudente Felipe II , todos los grandes y caballeros que se 
hallaban en^el Sitio rindieron pleito-homenaje á sn sucesor y he- 
redero Don Felipe, que mandó lo primero le leyeS'enia exhortación 
que habia dejado á su confesor, y después se procediese á los fu* 
nerales y entíerro^de su padre, guardando en un todo las disposi- 
ciones que^iürante su enrermedad bábia prescrito. Según iellas, Don 
Cristóbal ele Mora y Don Antonio de Toledo, oue eran los que sop- 
léis y sin mas testigos debían^ componer el cauárer, le sacarorde 
la cama y lavaron, y rodearon y envolvieron el cuerpo en una sá- 
bana, sobre sola la cátnisa limpia* Atáronle al cuello un-cordel, 
del cual estaba pendiente una cruz dé palo sencilla; y en. este traje 
humilde y penitente le colocaron en la caja de plomo. Antes que 
la sellasen quiso su .hijo verle y contemplarle, y se retiró lleno de 
conmoción y lágrimas; porque en efecto, de aquel féretro, de aquel 
cadáver. codsumido , envuelto en tan sencilla y pobre mortaja, se 
levantaban consideraciones capaceis de conmover ae un modo fuerte. 
jBscusado es ponderar el sentimiento ^ue mostrarian los monjes 
cuando .acababan , dé perder á su fundador y patrono, al hombre 
que lo$ había élejido. para asociarlos á su grandiosa idea, y- que 
les dejaba encangado el cuidado de joya tan preciosa.- Á fuer de 
agradecidos no sabían cómo rogar al Dios de misericordia por la 
felicidad eterna del Monarca, y desde que se supo ^u muerte todos 
oraban por él. Después dé las Vísperas de aquel día se comenzó en 
el coro el Oficio de difuntos; y á las sqís de la tarde, reunidos todos 
los caballeros de la corte , todos los criados de la Real cámara y 
los monjes, trasladaron el cadáver desde su aposento á la sapristia/ 
donde estaba preparada una mesa cubierta de ricas alfombras, y 
colocada debajo de un dosel de brocado. En ella lo pusieron aun- 
que con harto ^rabajo, porciue la caja de plomo era tan pesada que 
los caballeros solos no pudieron moverla, y hubo que llamar algu- 



PAKTB PRIHBIIA. 91 

nos peones de la fábrica. Luego se retiraron todos, quedándose á 
velarle durante la noche los Monteros de cámara y los monjes. ^ 

A. la mañana siguiente se presentó el nuevd Rey con todos los 
de su corte vestidos de luto riguroso, y unidos á la Comunidad se 
hizo el Oficio, y Itiego la Misa que celebró el Arzobispo de Tole- 
do Don tiarcfa de Loaisa. El acompañamiento TAnebre salió por la 
puerta de la' anteaaicrístfa ^1 claustro principal , dio la yuelta por 
todo él hasta entrar en la iglesia por la puertaJÍamada de las Pro- 
cesiones, conduciendo el cadáver alternando los caballeros y mon- 
jes ¿asta colocarle en un túmulo de terciopelo negro recamado.de 
oro que se habia preparado debajo del cimborrio, en medio de la 
nave principal. Alli estuvo colocada durante el Oficio y Misa, á que 
asistió elPrincipe puesto de pie detrás del Téretro, hasta que con- 
cluido el cercmonial.de la Iglesia Tué depositado en -la hóveda de- 
bajo del altar mayor con. los demás cuerpos reales, y colocado su 
féretro entre el del Emperador y el de su última muger Doña^Ana* 
Al mismo tiempo se hizo la entrega al Prior y convento, de cuya 
formalidad fué el encargado' su Caballerizo mayor el Marqués de 
Denia, y notario el Secretario de Estado Gerónimo Gásol. 

AI día siguiente del entierro (15 de setiembre) llegó de Madrid 
el'presidjsnte del consejo real, Rodrigó Vázquez, y su Magestad 
mandó se-abricse en su presencia él testamento de su difunto pa- 
dre. Hízose esta ceremonia y lectura con las formalidades de cos- 
tumbre, y Felipe lU lo aceptó, maní restando verdaderos deseos de 
cumplir cuánto el difunto monarca disponía en su última voluntad, 
no sólo en lo relativo á las cosas del gobierno, sino también en las 
que tocaban á este niónasterio, al cual se referia casi todo su pos- 
trer codicilo. El temor de parecer demasiado minucioso y prolijo 
me hace omitir los pormenores de él, limitándome solo á decir, que 
en lo mucho que encargó á sus augustos sucesores el aumento, 
conservación y cuidado del Escorial, se deja ver la grande estima 
en que tenia esta piedra preciosa que había -añadido ala ricar co- 
rona de España. Contenia también la donación de heredades y ju- 
ros bastantes. para el sostenimiento del edificio aue acababa de 
levantar, y de' los ciento cuarenta monjes que hapian de cumplir 
las cargas, que ya entonces eran la vela continua ante el Santísimo 
Sacramento, diez y seis 'aniversarios anuales; siete miltrescientas 
Misas rezadas/dos diarias cantadas, y ün sinnúmero de sufragios 
y r^OQsosdé menor cuantía. : ^* 

El rey, pagado ei último tributo de respeto y veneración á los 
restos mortales de su padre,.partió para Madrid erdía 1 6, y los mon- 
jes ^continuaron los sufragios sin interrupción hasta el día séptiipo, 
en que sq^ celebraron unas solemnísimas honras fúnebres, en que 

f)ronunc¡ó el P. Fr. Antonio de León el elogio de su magnánimo 
andador. ■ , ^ 

Depositado el cadáver de Felipe II en la bóveda que él mismo 
habi& mandado preparar, y en el sitio que él mismo habia elegido 



99 HISTORIA DEL BSCOülAL. 

en tan magnífico edificio, paede decirse que completaba la obra; 
que era su caía mortuoria la última piedra que cerraba aquel to- 
berbio mausoleo, preconizador durable, de su Tqrtuna, désu valor, 
de -su ilustración y grandeza: templo augusto, donde por luengos 
siglos se habían de quemar inciensos, y retoñar las alabanzas del 
Dios de Abrabam, y donde habían de inultipliearse los sufragios 
por su alma y las de sus ascendientes y sucesores, y sepulcro glo- 
rioso qué había de conservar sus cenizas venerandas, haciendo ad- 
mirar su nombre en Las generaciones venideras. 

. Su memoria, sin embargo, hubiera llevado en pos desí una acu- 
sación terrible, la nación hubiera dírijido cargos muy graves á su 
economía, si no hubiera tenido también la dicha de encontrar un 
historiador y defensor tan íntegro, tan ilustrado, tan investi- 
gador ,. como el Rmo. i^. Fr. José de Sígüenza. Por la prolijidad, 
energía y tesón con que este templado escritor trata de<iefender á 
Felipe 11, se pueden calcular las^raves acusaciones que en su épo- 
ca se lé dirijieron, tomando por protesto ios gastos hechos en la fá- 
brica del Escoriad Tanto dentro como fuera de España se ponde- 
raban las inmensas riquezas sepultadas bajo las piedras y mármo- 
les de aquel edificio; en todas partes se creía que se habían cónsu- 
jnído en él los tesoros de dos mundos; no pocos atribuían á esta obra 
colosal la escasez de metálico que entoqces se esperimentaba; y has- 
ta nuestros días han4)asado de boca en boca, pero sin examen, las 
eiajeradas consecuencias de las cantidades invertidas-, señalándo- 
las algunos como unaije las causas del atraso y decadencia denues^ 
trá nación. Pero todas estas conjeturas, todas estas acusaciones, 

3ue no hay duda que entonce^ serían esplotadas por los eheniigos 
e Felipe II para oscurecer su memoria,.ahora, c^ue las podemos mi- 
rar sin pasión, quedarán enterami^nte desvauecidas.$oio con leer y 
meditar al mencionado P. SigUenza.' 

Después de protestar bajo palabra de historiador, mouje y 
sacerdote de decir^verdad eh este punto, y de no admitir la menor 
exajeracíón en pro ni en contra, asegura que desde el 4 de abril 
de 4569, en qué se recibió la primera cantidad, hasta fin dé 15^, 
en'que murió el fundador, touo.el dinero; que ;se recibió é invirtió 
en la fabricación del Escorial ascendió á 5,^63.570 ducados (4), 
que fué el total que resultó de los recibos y libros de los oontadores 
y pagadores qué en todo este largo periodo se fueron sucediendo; 
entrando en dicha cantidad, no solo el coste del edificio, pinturas, 
adoraos, ropas y demás utensilios de cada una de las partes de él, 



('I) Como jel ducado ha sido siempre una moneda imagioari«, j que ha teoiJb di- 
ferentes valores, para evitar todo género de dudas, y fijar el valor que se le daba en 
aquel ^empo, be eiamioado varias coenlas de aquella época, y ht visto de nn modo in- 
dudable, que el ducado valia entonces, como ahora, once reales: Nnéitros lectores po- 
drán convencerse por sí mismos , tú las noobM noticias* que ma». adelante daré sotare 
el valor de las cosas. Según esto, el coste del Escorial resulta ser de S7.899.27Q rs., 
o cuando mas 66 millones. 



»1RTB VRIMBRI. ^3 

siao también las cercas át\ bosque, las casas del Quegigal y otros 
|)UDtos, y los jardines, huertas y demás posesióaes de recreo. Ka 
fin, anmeníaDuo esta cantidad hasta iosíumo que pudo llegar, reu- 
niendo á ella el valor de algunas otras cosas que pudieron no entrar 
en cuenta, asegura que no llegó á 6.000.000 de ducados. 

Et P. Villacastin^ testigo de tanta autoridad en este asunto, di- 
ce en sos memorias manuscritas, qu^t se gastaban en solo oficiales 
y peones 10.000 ducados cada mes, ^^habíéndose gastado en tor 
»do este monasterio y casa real, y 'la iglesia, 3^ millones, po* 
»co mas ó menos, y en sola la iglesia se gastaron 500.000 duca- 
•»dos, de manera que Jo demás se hizo en 3.00j).000i^^ de modo que 
el P. Sigüenza reasume todo el gasto, y el lego obrero se limita so- 
lo á la parte de caóteHa. 

|Ve aqui toda la pérdida de España y de Gasttila! esclama el 
minucioso y entendido historiador: y en erecto, su argumento no, 
tiene réplica, v aunque ^con la brevedad.posible, me complazco en 
reproducirlo. Repártanse, dice, los &.QOO.ÓOO de ducaoos eqlos 
treinta y ocho 'años, y tocará cada uno á 160.000 ducados. ¿Y es 
esta una suma capaz.de arruinará un monarca en cuyos vastos do« 
minios ño se poma él sol? ¿Y es este dinero cantidad bastante para 
afectar de uñ modo tan trascendental á uúa nación tan rica? ¿Es una 
suma bastante j)ara dejar rastro, ni traer consecuencia ninguna 
perjudicial? Todo lo contrario, esta cantidad era una semilla fecun- 
dísima de prosperidad, de impulso para la industria y bellas artes, 
y de utilidad aurabie para la nación. ¡Cuántos miles de familias no 
se mantuvieron durante estos treinta y ocho años! {Cuántos no se 
establecieron con lois ahorros hechos en esta, fábrica! La industria y 
las bellas artes i^cibieron eñ España un impulso tal, que en van^ 
se buscará en los siglos posteriores una época que se. le parezca. 
AUi se engrandecieron Toledo^ Herrera y Mora en la arquitectu- 
ra; alli Carobiaso, Pelegrin, el Mudo, Barroso y otros tuvieron lu« 
gar de lucir sus ingenios y perfeccionarse en la pintura; y los ar- 
tefactos mecánicos de madera, hierro, bronce, ^eda y otras mate- 
rias están aún arrebatando la admiración <(e los que pueden mirar- 
los con ojosde artista. ¡Ojalá los gobiernos todos emplea^n tan mal 
sns rentas! ¡Ojalá en nuestro siglo sé emplease el dinero en objetos 
análogos al que motivó y ha dado pábulo á algunos maldicientes pa- 
ra quejarse de Felipe Ul 

Sin embargo , considerado el valor respectivo de la moneda, no 
es el coste del edificio tan pequeño como parece, pqes en la época 
de su edificación la moneda tenia casi triple valor, ó mas bien esti- 
mación, comparadacon la que tiene en nuestros dias. La falta de esta 
consideración lia hecho caer á multitud ^e personas en un error, 
que me esforzaré en disipar, tanto porque. he visto sostenerloámu- 
chfsimós de los que han visitado este edificio, sin mas fundamento 
que una traitidon equivocada ,. cuando por lar utilidad de los dalos 
que presento. para desvanecerla, y fijar de un modo clare el coste 



94 HISTORIA DEL £8C0aEAL. 

del Escorial, y la economía y buen orden adminíslrativo qaé se ob- 
servó al edificarlo.. 

Cuando después de recorrido ^ considerado el edificio, calcu- 
lada su ostensión, y medida en la imaginación su grandeza, se oye 
decir que solo costó 3 millones de ducados la parte de cantería 
y demás que constituyen el edificio, escepXoet adorno interior, real- 
mente parece tan poco, c|ue sin dificultad se recurre , para nivelar 
las dos ideas de la magnificencia y baratura^ á pensar que enton- 
ces los. jornales, tanto de los maestros como de los oficiales y peo-» 
nes, estaban sumamente bajos , y lo. mismo los materiales y ios ali- 
mentos; ponderando ésta baratura hasta el estremo de decir que los 
jornales estaban á unos pocos maravedises, y que por una corta 
cantidad de está moneda se compraba una res vacuna. Pero es de 
todo punto falso/y para demostrarlo me ocuparé ahora de los sala- 
rios y jornales, y al fin de este capitulo pondré una nota del valar 
que tenían todas y cada una de las cosas, Xanto de mantenimiento 
como de uso. 

Cuando,, arreglada y dividida la obra por destajos, acudieron los 
maestros al llamamiento, quedaron algunos sobrantes, porauesu 
número era. mayor que el de los destajos, y el rey los mandó dar 
S ducados por cada dia basta úue llegasen, á sus casas, compu- 
tándoles á ocho leguas por dia; ae lo cual se infiere, que esta can- 
tidad poco mas ó menos sería lo que ganasen trabajando. 

En la instrucción que Felipe U dio á los de la congregación de 
la fábrica para su gobierno , dice: ^^¥ cada uno de los dichos apare* 
Djadores ha de ganar á razón de S5.000 maravedises de salario, en 
»cada un aílo de los que asistiere: á los sobrestantes ha de dárseles 
»de jornal á razón de 3 reales al dia, pagados por las nóminas de 
))caaa semana, y un peón ordinario que les ayude. Al escribano á 
»razonde 6 rs. vñ. al dia^ asi los de labor como domingos y fiestas, 
»con tanto que no lleve ningunos derechos de las escrituras á Nos 
)>ni á la dicha fábrica tocantes.^' * • 

En el presupuesto de gastos qué la Comunidad presentó en el 
año 1S7$, se íncluveu los salarios de todos los empleados, y son 
los siguientes. Al.alcalde mayor .60.000 mrs.; al médico 300 duca- 
dos; al cirujano i ÓO ducados; al barbero 20.000 mrs.; y de este mo- 
do podríamos traer todos y cada uño de los criados, peroles omito 
por no parecer molesto. 

El P. Fr. Antonio Yillacastin,' en una carta dirijida al Prior, fe- 
cha en Parracesá 1 .** de dicieqobre del año 4600^ dice que al albañil 
se le den 5 rs., que es el jornal ordinario , y los.dias que no trabaje 
por estar enfermo, la. mitad ; que los pizarreros tienen por cédula 
de S. M. 6.000 mrs. cada uno cada mes. Al plomero se le dan 3 rs. 
cada dia de trabajo; á los peones se fes dará el jornal ordinario de 
2i rs. Por diferentes contratas que- he encontrado originales en el 
archivo de la villa del Escorial, se ve claramente que los oficiales 
de cantería ganaban 4 rs. diarios, poco mas ó menos. 



i^ÁmTB PKiwsaA. 95 

Luqucto, Zucharo y demás pintores tenían de iSalario 6.000 
reales de sueldo ó entretenimiento, y luego la congregación de la 
fábrica tasaba las obras y les abonaba su valor. 

De lodos estos datos resulta de un modo clarísimo, que los sa- 
larios y* jornales ea aquella época na eran tan ésajeradamenle 
cortos como se hap querido suponer para espiicar el poco coste del 
edificio, sino que eran una mitad algunos, la mayor parle un tercio 
de lo que actualmente valen; y esta misma diferencia de uno á tres 
es la que se deduce de la nota de mantenimientos y. materiales que 
va al lin. La razón hay que buscarla en el buen orden; en el cui- 
dado de que no se pagasen manos inútiles; en la prudente y sabia 
economía que en tan larga t costosa fábrica se guardó. En ella no 
había esa multitud de empleados inútiles que se acostumbran en 
nuestros días; que no suelen servir .mas que de entorpecimiento, y 
que consumen con sus crecidos sueldos la mayor parte del presu- 
puesto. Entonces no hubo directores^ superintendentes; juntas ni 
oicinas; se buscaban hombres conocedores y á propósito para cada 
cosa, y se les pagaba su trabajo. El. mismo Felipe II era el direc- 
tor, él inspector, el todo de la obra; él formó tas instrucciones para 
la congregación de fábrica, á quien estaba sometido todo el poder 
y cuidado; y está congregación se- componía solo del Prior, del Con- 
tador y Veedor, que ninguna recompensa recibían por este carga. 
El ver el cuidado, la minuciosidad, la previsión é mteligencia con 
que está redactada esta instrucción, e&io que hace concebir cómo 
pudo hacerse tan grande edificio en tan poco tiempo, y proporcio- 
nalmente con tan poco dinero. -^ 

El arquitecto mayor era el que preparaba « indicaba y dirijia 
los trabajos; v un lego, el nunca bastante ponderado Fr. Antonio de 
Villacastin, el que hacia de celador y gefe de fos obreros; *los cua- 
les estaban con tan 6uen orden distribuidos, tan subordinados y su- 
jetos al métodp que: allí habisk establecido; qu'e tan crecida masa de 
nombres parecía moverse y obrar como por un resorte. Un Conta- 
dor y un Pagador componían toda la oficina de cuenta^y razón; al 
.misino tiempo que un solo fraile, el Procurador del convente, cui- 
daba y administraba sola las fincas con que Felipe II había dotado 
eLmonasterio, y- cuyos productos servían ya para los objetos á que 
estaban destinados. Por estalas cantidades empleadas eq el Esco- 
rial parecen tan pequeñas cuando se las compara con los nobles y 
grandiosos objetos que produjeron; y atendido lo que acabo de 
manifestar, no hay necesidad de recurrir á otros medios para com« 
prender, la causa de que hubiese costado una cantidad , la cual 
es bien seguro que en nuestros días no alcanzaría para nivelar' el 
terreno, abrir zanjas y colocar la primeras piedras de sus cimientos. 



96 UlSTOHfA ]>BL ESiCO&lAL. 



ROTA de los precios de^ Comestibles, algunos materiales y otras cosas de m ^man, 
tonada de las eóBtratas orípales celeradas dorante la obra del moaasterío, qoe so 
. hallan en el archÍTO de la villa del Escorial , y del presupuesto de gastos que pre« 
sentj la Comunidad en iS71. 



.Pak* 



Desde el año 4563 hasta fin del siglo, estuvo la fanega détrir 
go desde 7} rs. hasta i 1 , aue es á lo mas que subió en Castilla^ 
que en el Escorial no pasó de 9 rs. y 4 mrs. - 

En 4964 y t$65, un cuartal de pan bien tocido y sazonado de 
dos libras y media/ costaba 9 mrs. ' . . 

- • . . ■ ' ■ ..' 

GÁrnbs bii tivo. 



Un buey de desecho de la fábrica. /....• 43 dúos. - 

Dno id. de tres años.. 45 ict. 

(Jnpuerco... •...,. ........... 4 id. 

Üna,ternera •• .•r... ..•..,.•, . 5 id. 

Un carnero • 4} id. 

Una gallina. 2 rS 

ün huevo .; ,. 3 mrs. 



I 



Carnes muertas. 



/ 



Carnero capón, libra á. . . : • 20 mrs. 

Yaca, desde Navidad á Carnaval, libra á^^. 4 4 id. 

Cabra, libra á , 40 id, . 

En la.cont/ata pública de abastos de 4589, se puso la 

libra de tocino, desdé 4 ."^ de enero hasta Carnaval, á. 48 id. 

Desde alli en adelante por todo el año, libra a 22 id. 

ToGÍnó frestOj.desdeque la Justicia mande matar, libraá. 44 id. 

Lo salpresado, desde San Andrés á Navidad, libra á. . 46 id. 

Galbos. 



Aceite, la arroba á* «n • .42 rs'. 

Vino^ la arroba á 5 rd. 



VIRTB PRIllBRA^ 07 



LxfilJlIBRES. 



Garbanzos, la fapega. • < . . .... .^ ... * ^ . « . • • 4 á ducs. 

Arroz, la arroba. . • «... i3 rs. 

Lentejas, ta fanega. r. ; . i ducs. 

Venta al pcmuEifOR. 



En el afio 1 585 se subastaron los comestibles en la liberna d^ 
la villa á los precios siguientes: 

Paaílla de aceite ....;.. » 8 mrs. 



Libra de pescado cecial remojado • . . ^ • 96 

Libra de id. seco* •.•,«•••..« • . i • • lo 

Libra de sardinas con cabeza. • • ..«•.•.•.. 1 • S6 

Libra de id. remojadas • «^ •.••••.•••... • S4 

Libra de abadejo seco é r ••.•••.. . S3 

Libra de tollo y mielga remojada. • • *•/...... 46 

Librai de id. seca.. < S6 

Libra de congrio secó. 48 

Libra de velas de* sebo. 38 

Libra de garbanzos, y lentejas y castañas apiladas. ... 16 

Celemín de saL ... . •* 48 

Libra de*jabon de la tierra. • .38 

' . . ' » • 

Materiales. 



d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 
d. 



La fanefi:a de cal, dándole al contratista los hornos con la obli- 
gación de aejatrlos como estaban, y siendo de su cuenta todos Jos 
gastos de elaboración y coiiduccion, unas veces á 55 mrs., otras á 
21 reales- 
Azulejos de florón, pintados de azul y blanco solamente, hechos 
en Talayera de la Reina y puestos en la fábrica, á 12 mrs. cada 
uno. 

Cafios pafa los conductos de las fuentes; hechos en Perales de 
Milla ó en lllescas, de barro colorado , bien cocido, de una pulga- 
da dé grueso, vidriados de amarillo y con enchufes, á real por vara. 
Ladrillos de froga y tejas, siendo de cuenta del contratista po- 
nerlos «I pie del monasterio, á 36 rs. el millar, dando un 20 por 1 00 
de quebrados. 



PARTE I. 



98 



HISTORIA JHSÍé Bfl^WIlL. 



Varias cosas bb uso. 



Coa arroba de lana costaba de». • 47 á 24 rs. 

ün colchón cop lana %..•.;* 28 id. • 

Una manta frazada : . . ^ ^ 50 id. ' 

Una sábana de estopa. 41 id. 

Una almohada de lana. . . ... . ,. jf id. 

La vara de brin curado. 2 id. 

Lienzo común la vara á«. . . . • . .^ 56 líirs. ^ 

Esteras de esparto de buena calidad y pleita, puesta de . 

cuenta del esterero^ cada vara. • «... r .....:..!, . .5 blanc. 
La de pleita estrecha^ cada dos varas. ; 6|' mrs. 

De este mismo modo podría anotar otros inñnitos articules de 
las contratas originales, tanto' de la parte de cantería como de otros 
artefactos; pero los ejemplos que presento me parecen muy bastan* 
tes para poder calcular con exactitud la economía de Felipe il, y 
de los que con él contribuyeron al cuidado de ia ediflcacion dé) mo« 
nasterio. - » - 

» « 




tM9S 35tlQ9&% 



CAPITULO rillElO. 



Recibimiento que te hito d Fdipe II i cuando 9Íño de contraer ^ttatrimonio con Vona 
Margarítm.'-'Et nombrado Pnor el Rmo, P, Sig&enaa. — Lo que hizo en beneficio 
del monasierior^ Entrega de hf bieneedlot morree, y condiciones con quO'te Aúo.— 
Muerte dei,P, yiÜavastín.-^Reiiquias jr^lhajas que el rey regaló al mona^rio.-'^SC' 
gunda elección y muerie'del P. Sigienza,-^ Presa de la recdmara de Mulei Cidan, y 
temúdon al Escorial de les manuscritos drabes, •^Muerte de la reina Doña Margarita,^- 
Principio de la obra del panteón, •^^Muerte de Felipe III, 

\JOH la corona heredó Felipe |II los vastos dominios de su padre, 
diseminados como al acaso en tan remotos países, y ya algún tan- 
to desquiciados y conmovidos; y con el patronato del Escorial re- 
cibió también el amor y áreetoá aquel edificio, el encargo especial 
de conservarlo y. aumentarlo, espreso en el testamento de su pa- 
dre, y la obligación de llevar ¿ cabo las obras qué por falta de tiem- 
po no habían podido concluirse. Entre éstas era una muy principal 
el concluir y dorar las estatuas de bronce del altar. mayor y en- 
tierros Reales, cuya operación se continuó por orden del nuevo mo- 
narca, que acompañado de toda su Real f^imilia presenció su colo- 
cación afines del año 4599. * 

También la Comunidad veía. en el hijo de Felipe .II la imagen 
de su fandador, y le amaba como á. su patrono,. y trató desde lue- 
go de darle las mas cordiales v significativa pruebas dé cariño. 
Coandb volvió de Valencia, á donde había ido a celebrar sus bo- 
das con Doña Margarita de Austria, hija del Archiduque Carlos^ 
Duque de Borgoña, hi¿o su entrada solemne en el Escorial, donde 
se le recibió con toda la pompa posible. El monasterio apareció ilu- 
minado por fuera y per dentro con tan esquisito* gusto y buen or- 
den, que al ver un cortesano á la nueva reina dentro del templo, 
esciamó: Está este edificio digna concha de tal Margarita. Pero esta 
ingeniosa adulación palaciega era muy inferior á fa idea mas na- 



400 . HISTORIA DEL ESCORIAL. 

tural que ocurría á la TÍsta sorprendente del templo iluminado; era 
la casa de aquel que no cabe en la inmensidad de los cielos. En 
efecto, en sola la iglesia pasaban de cuatro mil las luces de cera y 
aceit&que marcaban las líneas, andenes, molduras, frisos y corni- 
sas; y esta visla, unida al sonido de las campanas, á las corpulen- 
tas melodías de los órganos^ y al acompasado y solemne cántico de 
los monjes, causaban uu efecto altamente májico y religioso. Los 
monarcas, ántés de llegar, gozaron desde el camino de JHadrid el 
vistoso efecto de la iluminación, estuvieron con placer largo rato 
en el templD, y dieron gracias^al Prior y Comunidad por el sorpren- 
dente y ^rato recibimiento que íes habían hecho. 

A unitacion de su augusto padre fue á tener en el Escorial la 
fiesta del Corpus; comió en. el refectorio con los monjes^ y asistió 
con mucha devoción á los divinos üGcios en todo el verano dé 4600, 
y lo mismo en los siguientes, pues nunca dejaba la corte de pasar 
allí alguna temporada. Volvió otra vez por el mes de octubre, pero 
solo se detuvo cuatro dias y partió luego para Valladolid, á coya 
ciudad quiso trasladar la corte á instancias de su favorito el Duque 
de Lerma. Sentían mucho los inonjes esta traslación, porqué temían 
que la distancia 'hariá aue el rey se olvidase de aquel magnifico 
edificio; pero Felipe lü les aseguró que los tendría muy presentes, 

21o manifestó con sus hechos, sí bien latrasl$icion de la corte duró 
ien poco. 
En el año 4603 fue nombrado Prior áel Escorial el sabio y 
virtuoso Fr. José de SigUenza-, único á quien pareció mal verse co« 
locado en tan afta dignidad; mas aunque la recibió contra sú.vo* 
luntad, no por esto dejó de hacer muchísimo en favor del monaste- 
rio. Primeramente recibió por mandado def rey una gran porcioa 
de reliquias muy estimables, que la emperatriz Dofia María, nermar 
na de r elipe II, había dejado al tiempo de su fallecimiento; y como 
tan acostumbrado á manejar atiuel santo tesoro,*las hfzo colocar en 
muy buen orden. Luego con el gran crédito que tenia con el mo- 
narca-, alcanzó que los catedráticos del colegio^ qué hasta entonces 
habían sido seculares; fuesen'monjes del monasterio ó de la Orden, 
pues decía que habiendo en ella tantos y tan entendidos sugetos, 
era mengua que viniesen de fuera á enseñar á los monjes. 

.Alcanzada esta orden, tan decorosa para toda la religión de San 
Gerónimo y singularmente para su casa, convirtió todo su cuida-' 
do al arreglo d&la parte administrativa, que hasta entonces ha- 
bía estado á cargo de los administradores ó contadores Reales, y 
estos entregaban á la Comunidad sus productos con arreglo al pre- 
supuesto que formaba anualmente, y pagaban el importe de las 
obras. Aunque en el testamento y codicilo de Felipe Use marida- 
ba espresa y terminantemente^ que las fincas todas con que había 
dotacfo al monasterio se entregasen íntegras. al Príor y monies, has- 
ta entonces no sé habia verificado esta entrega á causa de las difi- 
cultades que suscitaban los oficiales Reales, y que se aumentaban 



PARTB SEeOIlDA. 101 

eo proporción de la tardanza. £n 7 de agosto de 4 60f , Don Joan de 
3orja, comisioniado.por el rey para entregar todos los bienes á ios 
monjes, había presentado á laComunidacfao concierto, pero com« 
prensivo de condiciones tales y tan gravosas, que no puaieron ad- 
mitirse. Se modificaron varías veces, pero siempre sin resultado de- 
finitivo, porque los comisionados por el rey lío querían ceder un ápi- 
ce de lo que llamaban regalías, y. los moifjes, alegando las cargas 
impuestas y el testamento del fundador, querían recibir los bienes 
inte^os y sm restricciones. Comprendiendo el entendido P. SigUenza 
los grayes |>erjuicios que á la Comunidad se seguían 'dé no tenerla 
administración de sus fincas, y lo imposible que era ya adquirirlas 
sin gravamen, entró como mediadqr; y después de haber sostenido 
cuanto le fue posible los derechos de la corporación aue represen- 
taba, dijo á S. M« que con arreglo .á lo acordado por la Comunidad 
en 45 de julio de i 602, y por la escritura otorgada en 4 9 de junio 
de 4603, admitía la entrega que el rey mandaba hacer de las ifle- 
besas de. Campillo y Monasterio, y. de las demás fincas y posesiones, 
con los gravámenes, perjuicios y condiciones siguientes: 

1 .^ Con la reserva de la jurisdicción para el rey, pero dándosela 
al alcaide mayor, de la villa del Escorial. 

é.* Con la reserva de la caza mayor para recreo de S. M. 
' 3.* Prohibiendo el acopio de ganados, segar yerba, recojer be- 
llota, 7 en recompensa daría el rey al monasterio 33.7t¿5 rsi 30 ma- 
ravedises situados en las rentasde Aranjuez (1). 

4/ Que se habla de poner para custodia de la caza un guarda 
mayor; dotado con iOO ducados^ 50 fanegas de trigo y otras tantas 
de cebada; dos guardas á caballo y cuatro de á pie, pagados por el 
monasterio, y nombrados, el gnarda mayor por el rey, y los otros 
por el Prior. 

5.^ Que el monasterio, durante la jornada, había de dar toda ja 
lefia. que se necesitase para el servicio dé lá corle. - 

6.* Que en la Herrería, Dehesen y Radas no tenga el convento 
mas qoe 800 cabezas de ganado vacuno, 80(1 carneros, y las caba- 
llerías del servicio. deJacasa. . - ^ 

7.f Permitiendo para recreo dé los monjes la caza menor. 

S\ Que el convento se obligue á cumplir todas las cargas que 
hasta entonces' le estaban sefialadas, con aumento de dos aniversa- 
rios, uno por el Archiduque Wenceslao, y otro por Don Juan de 
Austria. 

9.* Que el guarda mayor no pueda ausentarse sin licencia del 
Prior. Además se establecen y señalan en esta condición algunas 
otras cosas en aue el guarda mayor debía estar sujeto al Prior. 
Lá Comnníaad, por medio del Pi Sígüenza, hania arreglado es- 



(4) Esta condicioD 5.* oo estuvo completamcDle ¿u práctica mas que ud año, pues 
al aigttieDle se creyó mejor concederá la Comunidad acopiase 4.500 cabezas.de ganado 
en lugar de la renta tn metálico. 



. 4 03 llISTOttiA DBli XI^OBIAL. 

tas condiciones con Don Pedro Franqueza, comisionado por S« M., 
hizo escritura pública de so admisión en 49 de junio de 4603, y el 
rey espidió su Real cédula en 8 de julio 'del mismo año, en cuya 
consecuencia tomó posesión la CpnHioidad en 47 de jqlio de 1603. 
Después en ^9 de enero^de f655 dio su carta dé privilegio, cónGr- 
mando lodos los que gozaba el convento, fue coniirmada por Don 
Felipe IV en^SO de octubre de 1621 y por Carlos II en 2D de se- 
tiembre de 1668, y sucesivamente por lordemás monarcas. Admi- 
tido, pues, por ambas partes este arreglo y coocordia definitiva» 
la Comunidad^ntró en la plena administración 'y goce de todos sus 
bienes, cuyo producto líquido ascendía entonces á S0.500 du-*- 
cados. 

Adeinás de las .dehesas y posesiones, habia Felipe II concedido 
al monasterio los- privilegios siguientes: el de la impresión de las 
bulas dQ la Cruzada de vivos y difuntos para la corte yjeinodeTo* 
ledo, y todas las Indias occidentales; el de imprimir y vender es* 
elusivamente los libros del nuevo rezado en Castilla y en las Indias 
occidentales; el de no pagar derechos de 15.000 cabezas dé gana- 
do merino; de cobrar 300 fanegas de sal en grano en cada un afio; 
de no pagar derechos de ninguna cosa que se trajese de acarreo al 
monasterio; para sacar del reino de Valencia 100 arrobas de cer^, 
blanca en cada uñ año sin pae:ar. derechos; para tomar 4os mante- 
nimientos á los precios que valieren ^in aumentarlos, y dejarlos lle-> 
var libremente; para tener 50 yeguas dé J^ientre y echarlas al ea-* 
rañon asno; para recojer todos los años en Lisboa, en la Alhóndiga 
y casa de la contratación de la india, 1 quintal de pimienta, 1 arro* 
ba de clavo, 1 de canela, 1 de gengibre, S arrobas de incienso, 30 
libras dé benjul.de boninas,.40 arrobas de azúcar, 12 de conservas, 
y en principio de cada tres años una caja de ropa, con la obligación 
de pasarlo todo por el puerto dé El^bas^ v no por otro, sin pagar de- 
rechos por ello ni alU ni* en Badajoz. Tenia además varias bulas 
apostólicas para no pagar diezmx)s personales ni de las heredades 
que hasta entonces poseia, ni de las que arrendare, ó en adelante 
se le dieren ó comprare. * . 

Poco antes de estos acontecimientos tuvoaquella Comunidad que 
llorar la muerte del observante, sencillo € inteligente' Fr. Antonio 
de Villacastin, tanto mas sentida,, cuanto mas largo tiempo habían 
podido observar sos virtudes. Murió como el justo qo la paz del Se- 
ñor, después de cumplidos los 90 años, y de'haber disfrutado lar- 
go tiempo aquella magnifica casa, eñ cuya edificación tanto habia 
trabajado. Los eminentes servicios que prestó mereoiaa se le hu- 
biese erigido una estatúa, pero su sepulcro es humilde como habia 
sido su vida. En los últimos años pedia, que después de su muer- 
te le enterrasen á la 'puerta de la celda donde vivió desde la con; 
clusion de la obra. Logróse su deseo, y en la losa que cubre sú 
puerpo venerable se lee la siguiente inscripción: 



-PARTB. SMimiU. 403 

^ JPr. Aal; de YillacaáUn, 

HuJQs Regias Fabrica 

. Práefectus: 

Hic ante januam celuftt su» 

sep. 
' Obül nonagenarios 

IV. die Martii añno . 

■ «03. 

Arreglada la parte admioistraliva, y puesta la Comujiidad en po- 
sesión de los bienes con que el fundador Ja habia dotado, Felipe lll« 
siguiendo el ejemplo de su augusto padre, quiso también contribuir 
á Ja grandeza y esplendor del Escorial. Babia recojido un gran nú- 
mero de despojos santos traídos de varios puntos de la cristiandad, 
y adquiridos por donación ó compra, y quiso aumentar con ellos el 
tesoro que ya encerraba aquella insigne Basílica; y como tcslimo^ 
nio de su piedad v Real munifieencia regaló para colocar aquellas 
santas reliquias aoscientos veinte y dos vasos; todos de metales y 
piedras preciosas, construidos con el niayor primor artístico, fntre 
estos objeíos sagrados llamaba particularmente la atención, no solo 
por su ríaueza y valor material,. sino también por lo esmerado y 
perfecto ae su escultura, la estatua de una matrona vestida en traje 
oriental (por lo que se la dio el nombre de la Mora). Representaba 
la ciudad de Mecina, cuyos habitantes la habián regaladoá Feli- 

fít lU. Era de v^ra y media de alta, toda de plata, de peso de 220 
ibras; en su mano derecha, que descansaba sobre una columna del 
mismo metal, sostenía yna riquísima custodia de oro de peso de 26 
libras, en la que estaban encerradas las reliquias de los Santos Plá- 
cido y compañeros mártires, patronos de dicha ciudad; su izcjuier* 
da estaba estendida sobre él pecho, como manifestando la sincera 
voluntad con que ofrecía tan rico don. La adornaban además coro* 
naj collar y ceñidor de oro cuajados de perlas, diamantes y rubíes, 
en tanto número y de tanto tamaño, que hacían su valor incalcu- 
lable; y sin embargo, podía decirse^de esta alhájalo de Yirgilío: 
materiam superabal opus (\). 

Poco más de un ano faaci» que .tenía la dignidad de Prior el Pa- 
dre SígUenza,' y parecia un milagro lo que había ganado el mo- 
nasterio, tanto en los bienes materiales como en el aumento de vir- 
tud y letras; pero él, que ya tenia muchos años y bastante quebran- 
tada su salua, suspiraba, por la quietud de su celda y por sus ama- 
dos estudios, para los que no le dejaban tíém])o las obligaciones y 
cuidados de la prelacia. No cesaba de molestar al rey suplicándole 



(4) • Esta rica y preciosa joya, fue robada* y destruida por loe franceses en la guerra 
la lBflen«Dd«ni!Ífl. ^ 



de la ladependcofiia 



104 HISTOUA BBL.SSGORIAL. 

admitiese su renuncia ; y aunque el monarca conocia cuánto im- 
portaba un prelado como él, tuvo que adcéder, para no ^erle mo- 
rir de aflicción y fatiga. ¡Tanto era lo que sentía aquel sabio y hu- 
milde varón verse en tan encumbrado puesto! 

La corte tuvo á principios del año simiente el pijacer de ver 
asegurada la sucesión del reino por el nacimiento del principe Don 
Felipe, que fue el 8 de abril de 1605, y desde entonces volvieron 
á disponerse las cosas para restituir otra vez la corte á Madrid, por 
la falta dQ comodidaa que en Valladolid babian ^esperimentado, 
YeriGcóse la traslación á principios, del año 1606, y eon este mo- 
tivo el monarca volvió á visitar con mas frecuencia su Real mo- 
nasterio. Estaba siempre pesaroso de babel* admitido la renunciaal 
P. SígUenza, y á pesar de su resistencia volyió á elejírle; pero du- 
ró muy poco, pues á los 47 dias de su segundo priorato, Iune& des- 
pués de la Santísima Trinidad, 22 de mayo de 1606, murió á con- 
secuenóia de sus achaques, y de un accidente apoplético que le . 
arrebató en pocas boras. Sí la vida ejemplar de este varón santo^ si 
sus escritos admirables no formasen jsu mejor panegírico, bastaría 
para inmor-talizarle el elogio (fue de él hizo en uns^ ocasión Felipe If . 
Los que vknen á ver, esta maravilla del mundo ^ decía, tío ven Iq 
prineipal que hay en el{a sino ven ó Fr. José de Sigüenza^ que^ se^ 
gun lo merece, durará su fama mas ^ue el mismo^edificio^.aunaue 
tiene tantas circunstancias de perpetuidad y firmeza. La Comuníaad 
lloró como era justo la pérdida de un bomore de tanta virtud y sa- 
ber, y lo sepultó junto á la iglesia vieja, donde hoy se ve la lápida 
que cubre sus restos mortales, 

Al mismo tiempo que Felipe IH anadia á la mágnificepciá«del 
Escorial joyas de gran valor yfeliquias insignes, la fortuna pare- 
ció querer también contribuir i, aumentar riquezas literarias, para 
3ne á la obra de Felipe II nada le faltase para ser grande bajo to- 
es conceptos. Pedro de Lara, capitán de las galeras.de Espaílat, 
corría con su flota el mar de Berbería, y pasado ^I. puesto de la 
Mamora, junto á Zalé, encontró dos navios que conducían la re- 
cámara del rey de Marrueco^, Muley Cidan. Xcometiólos con deci- 
sión, y á pesar de su tenaz resistencia cayeron en su poder con 
toda la riqueza y efectos que conducían.. Entre las preciosidades 
que en ellos se encontraron, fue la mas notable la biblioteca de di- 
cho rey, compuesta de mas de 4.000* manuscritos árabes, turcos y . 
persas de todas materias» Mucho sintió el monarca de Marruecos esta 

f^éfdida, y trató á fuerza de dinero' de rescatar su librería; pías Ee- 
ípe III, aprovechando los deseos deb musulmán, despreció e| dine- 
ro, y quiso* manifestar su clemencia y amor á sus vasallos, pidién- 
dole en cambio de los códices, la libertad de todos los cautivos cris- 
tianos que tuviese en sus dominios. Dura y exajerada se le. hizo á 
Muley esta petición; mas sin embargo, estimaba en tanto su biblio- 
teca, que SI la rebelión de sys vasallos, y la gobrra civil que. tuvo 
que sostener, no se lo hubieran impedido, casi de seguro U hubiera 



9ARTB 8E0UKDA . 405 

aceptado. Algunos años despuejs, vi.eDdo el rey qoeel rescate era ya 
Biuy dtficil, en?ió los maascriios ai EscoríaU dirijiendo al Prior 
la caria siguiente. 

^*E1 tey.=Vefterable y devoto P. Fr. Juan de Peralta^ Prior 
»de San Lorenzo el Real. Sabed que el año pasado de mil y sqis-* 
))CÍentos y doce se hizo presa por algunos bajeles de mi armada so- 
mbre el puerto de la Mamora deja librería del rey Cidan, y mandé 
•traerla á ésta corte, y qoe se entregase á Francisco de uorslien- 
»dt, it)i errado, eme me sirve en la traduccíop é interpretación de 
»las lenguas arábiga, turquesa y persiana, para que viese y re* 
«conociese qué libros eran, los cuales están en su poder, y, me ba 
»hecho relación ^ue^on cuatro mil libros, veinte ó treinta menos, 
i»y los mas sintílulos, y hasta quinientos de ellos desencuaderná- 
baos. Que habiendo trabajado mucho en dividirlos y ponerlos en 
»orden por sos eienciasy facultades, hahallado aue dos mil cuer- 
Dpos de libros y mas soa. esposicíónes sobre el* Alcorán y cosas de 
3>aqueUos ercores, y los deniás de diversas, poaterias y letras de hu* 
»manidad, filosofía^ matemáticas y algunos de medicina^ supiicáii- 
Ddome fuese servido 'de mandar que los dichos libros se^lleven á 
»San Lorenzo el B^eal , haciéndale á él merced qué se le (jueden 
j»algunos paira sus estudios, y para traducir en nuestra lengua cas* 
•teiíana; y habiendo visto juntamente con^ esto un memorial que 
»ea vuestro nóml)re se me há dado, en' que pedís que porque entre 
»los dichos libros hay muchos vedados, se depositen ahi los que lo 
»son .(pues está ordenado se haga esto de todos los vedados),: y 
•que se pongan en la Real librería della,»como los demás que hay 
»manuscritos, he resuello y tengo por bien que el dicho Francisco 
»de Gurmendi haga llevar alli los dichos libros, y^e entreguen 
»en depósito al religioso ó persona que vos nombrárcdes, para que 
»(os tenga apartados dejos ofros libros, tanto vedados como no 
•vedados, basta que. yo ordene lo 'qoe se bá de- hacer de ellos, sin 
¿que de ninguna manera se mezclen con otros,. -poniéndolos aparte 
•en ua lado de la librería mas alta de esa casa, ó dónde mejor os 
apareciere; y <jue el dicho Francisco de Gurmeñdi se halle pré- 
nsente al tiempo de entregarlos y ponerlos en San Lorenzo, para 
•que poniéndolos con la distinción de las- materias que él ha apuñ- 
alado, esteñ juntos lo mas que se, pudiere los de cada facultad^ y 
Dse conserven y, hallen mas pronto coando convenga. Que al di- 
Dcfao Francisco de Gurmendi se le tlej'en algunos libros de todas 
•facultades y ciencias, que él tuviese por necesarios para' sus es- 
Dtudios de la dicha lengua arábiga^ como son vocabularios y otros 
•de la propiedad y elegancia de la' lengua; y el dicho^Gurmendi 
•podrá traducir en castellano algunos qoe parezcan merecerlo, por 
•ser materias morales ó de historia. £1 cual , y el religioso ó per- 
«solía á quien se entregaren los libros, se han de tratar familiar 
•y amigablemente cuándo se les ofreciere alguna ocasión de los di^ 
•chos libros; asi os mando qoe en esta conformidad ^eis orden que 



4 06 nrsToaTA dbl bsgoriál. 

»se reciban en esa casa los dichos libros, y que en la custodia dellos 
9.y lo deiQás se guarde puntualmente lo qué va resuelto y decía- 
»rado en esta mi Real céd.ula, sin esceder dello en ninguna .mane- 
i>ra, que asi conviene á mi servicio y es mi, voluntad. Dada en Ma- 
»drid £ 6 de mayo de mil seiscientos y catorce afios.=Yo bl RBY.aB 
To Gregorio de driza,'' 

En los ailos que siguieron á la restitucioa de la corte á Madrid, 
los reyes tornaron ¿ frecuentar el Escorial como solian durante la 
estación del Verano, y siempre recibian los monjes algun.'don de su 
larga munificencia» ó algún eiemplo.de piedad. Convencido de que 
las rentas no bastaban para el gasto y demás atenciones que tenia 
el xnonasterio, .señaló 18.000 aucados en las. salinas de Atiénza, 
Espartinas y otras, distribuyéndolos del modo siguiente: los 40.t)0Q 
para el convento y los 8.000 para aumentar las rentas de fábrica. 
A esté cuidado del aumento délas rentas onia un entrañable afee^ 
tQ á los monje^, y una muy constante asistencia á los divinos Ofi- 
cios y demás prácticas de piedad. £1 Señor parecía recompensaba 
esta devoción, ya dando ilustres conquistas ásus armas, como su- 
cedió en la de las islas Molucas, ya concediéndole numerosa des- 
cendencia, y la dicha de ver jurado principe heredero á su primo* 
géoito Don Felipe, cuya solemnidad se celebró en la iglesia de San 
Gerónimo de Madrid en 4608 á 43 de enero. 

Continuaban las felicidades para Felipe 111, y en el verano de 
4614 la reina Doña Margarita, hallándose en efEscorial el S3 de 
setiembre, dio á Ipz con' toda felicidad un infanlen, á quien en .el 
bautismo se dio ej nombre de. Alonso Mauricio. Todavía tluraban 
en la Comunidad los parabienes y alegrías, cuando de repente se 
convirtieron en luto v llanto. La Reina al cuarto dia«e sintió acó* 
metida de un frió violento, y luego de una calentura tan fuerte me 
el 3 de octubre dejó de existir, llenando de desconsuelo á todos 
sus vasallos, que la amaban, tiernamente. El Rey, abatido con una 
pérdida tan sensible «recurrió á Dios, único consuelo 6n Umañas 
aflicciones, y los monjes procuraron en cuanto les fué posible mi- 
tigar su sentimiento. 

Nada notitbie ocurrió en los años siguientes hasta el de 1616, 
en Que el Rey y toda la Real familia partieron para Burgos á la 
celebración de las bodas del principe Don^Felipe con Doña Isabel 
de Borbon, hermana del rey dé Francia, que casaba también con 
la infanta de España Doña Ana. Al volver de está espedicioa ha- 
llaron los príncipes iluminado el Escorial, y la nueva princesa que- 
dó agra^ablamente sorprendida con tan hermoso espectáculo. 

Desde, la muerte de la reina se había entregado Felipe ill con 
mas ahinco á los actos de devoción, y habia procurado aumentar,- 
no solo el número y riqueza material Jde las santas reliquias , sino 
también su culto; y en el año 4617 comenzó á celebrarse pna so- 
lemne fiesta con octava en honor de las reliquias que se conservan 
en tan célebre basílica , en virtud de bula pontificia que el Moaar- 



riRTE ^ SEGDVDA . 1 07 

ca había impetrado, el cual asistió á aquella festividad acompaña- 
do de sus hijos, y de todos los gi'andes y caballeros de su corte. 

£d medio de estas ocupaciones santas pareció, nó olvidarse de 
sus obligaciones de Monarca, pues en el rcliro del Escorial firmó 
el decreto de destierro del famoso Duque de Lerma, dándole al 
Prior, que lo era entonces Fr. Juan de Peralta, la comisión de no- 
ticiarle tan desagradable orden. En aquellos mismos días firmó 
también la de prísidn contra et desgraciado Conde de la Oliva y 
Marqués de Siete- Iglesias, Don Rodrigo Calderón, víctima de su 
engrandecimienlo y privanza, y ejemplo triste de las vanidades 
mundanas. 

A pesar de la actividad y celo de Felipe II en llevar adelante 
jr concluir la fábrica del Escorial, á pesar de que uno de los mo- 
tivos principales para verificarlo babia sido el de construir el pan- 
teón de ios reyes deISspaña, sin embargo, disgustado del loes» que 
E rimero se habia escojído por parecerle demasiado profundo y ló- 
regó, tal vez por qo encontrar otro que le satisfaciese, ó por fal- 
ta de tiempo, el panteón quedó sin comenzar, y en losáltimos años 
solia decir: Yo ya he hecho casa para DioSr^hora mis hijos-cuida-' 
rán de hacerla para mis huesos y páralos de mis 'oadres. En con^^ 
secuencia , además de dejarlo señalado en su última voluntad , su 
hijo Felipe III,' que se creyó también en la obligación de procurar 
todo el decoro posible á las cenizas de su padre, en el año '4617 
mandó que se prosiguiese basta su conclusión, ó por mejor decir 
^e sé comenzase la obra del panteón. 

Con este objeto hizo que vmieran de varías partes los hombres 
mas famosos y entendidos en arquitectura, y entre ellos foé e.le^ 
jido para la ejecución dé la obra Juan Bautista Cresccncío, herma- 
no del Cardenal d^l mismo nombre, persona muy instruida y co- 
nocedora de las antigüedades de Roma/de donde era natural. Para 
la parte de ejeciicioii material fué nombrado el yizcaino Pedro Li- 
zargarate, que tenia mucha íacilidad y destreza én su arte* Pareció 
al ar(]uitecto conservar la forma redonda que el local tuvo desde 
el principio, y soto rebajó cinco pies mas.erpavimento, para que 
las dimensionfis arquitectónicas' quedasen mas proporcionadas y 
bellas. Se adoptó definitivamente la traza y adornos que hoy tiene, 
. y se cóménz<S! a trabajar con tanto esmero y ahinco, que á poco tnas 
de los dos años se encontrábá~todo cubierto de marmol hasta el ar- 
ranque de la cúpula, hechas algunas urnas» y preparados y dorados 
Sran parte de los bronca que habian de adornarlo. Mas á pesar 
e tanta actividad Felipe lll tampoco pudo ver acabada esta obra. 
La muerte, producida por una erisipela maligna, arrebató á este 
monarca á. los 34 de mayQ de 1624^ Murió en el alcázar de Ma- 
drid, desde donde fué trasladado al Escorial con la sojemnidad 
acostumbrada, y depositado en la bóveda provisional jün^to á los 
féretros de sü$ mayores. En consecuencia la obra del Panteón que- 
dó suspendida por* algunos años/ 



CAPITIILO^ II, 



£mpt€Ío que tu9o el Ccndé^Duque de Olivares e» quitar d Jos monjes la» dehetae de 
.Campillo jr monasterio. — tenida al Escorial del principe de Gales, ^ su despedida.^ 
Recibimiento de Doña María Ana de Austria, y dicho de un embajador tureo,-^ 
Continua la obra del panteón,— ^Gravisimás dificúbadef que ocurrieron. — Las fsmedia 
Fr. NicolJs de JUadrid.-^ Conclusión del panteón. — Su coste. — C-arta de Felipe IF 

' sobre' la traslación de los cuerpos reales. 



Ed proporción que trascurría el tiempo y se alejaba la memoria 
dé Felipe ll^ iba creciendo ja envidia de los magnates. gue rodea- 
ban á los reyes, y estos perdian también algo de aquel interés con 
3ue habían mirado el Escorial. Las rentas y posesionen que su fuñ- 
ador le diera parecian exorbitantes , y el mucho esmero con que 
¿staban cuidadas las hacian mas apetecibles. Al principio del rei- 
nado de Felipe IV estuvo muy cerca de perder ya- algunas de sus 
mejores dehesas. Trataba el Rey de edificar. un palacio de recreo 
en las cercanías de la corte, y embeHecerio con fuentes, jardines 
y estanques (4); y sus ministros, pero mas principalmente el Conde- 
Duque de Olivares, en cuyas manos estabti el poder slipremo tfe Fa 
nación, pusieron Ws ojos en la fresca y llana dehesa de Campi- 
llo. Síii reparar en dificultades estendíó upa memoria, proponiendo 
á la Comunidad la cesión de aquella dehesa, y la remitíó.al Prior 
eon la carta siguiente toda autógrafa. • 

^^ V. P. lea esa memoria y. la comunique con 'el convento, y 
x>despues de haber tomado acuerdo sobre ello , me vea para que 
»se asiente lo que mas gusto fuere de S. 'M. y mas servicio suyo. 
*Dios guarde á V. P. muchos anos como deseo. De Palacio, sá- 
»bado.=:yo el Conde de Olivares.^^ 

Atónito quedó el Prior al vef elmodo con que le proponía un 
asunto de ta^ta importancia; y para no alentar bajo ningún con- 
cepto sus esperanzas, antes de proponer nada á la Comunidad le 
conteste^: **La resolución qne V. E. pide, aunque es fácil respec- 
to del deseo que este convento tiene de servir á S. M. (q. D. g), 
»no lo esen otras cosas, y á esta causaltiene necesidad de tiempo 
»para'm¡rarlo: será con la brevedad que yo'pueda. Solo digo por 
i>ahora, que dudo yo está casa pueda pasa^ quitándole el pasto de 
»los carneros , y en general de que esta hacienda es dote y pro- 
i>píedad.de iglesia, -dada con gravísimas y grandísimas cargas y 



(4) RsU casa ó palacio sé hito en lo 'qu« ahora llaman Buen-Retiro. 



PARTS SEGUNDA. 409 

»obiiga$iioaes. Esto. supuesto /este cpiiveato do lo puede eoagenar 
»s¡Q incurrir ea escomuniou, salvo coDeurriendo una de las tres 
»causiasi|ue pooe el derecho: necesidad, pjedad, eminente utilidad. 
DPor tíii y por este convenio prometo hacer en servicio de S. M. lo 
Doue sin ofónsa de^Dios pudiere/poffue asi presumo io quiere Su 
»Hagestad. Lo demás dejo á la pondéracíoq de V. E., como de ca-^ 
j»ballero docto, ..cristiano y- pió, á quien Nuestro Señor con aumen** 
»to de sus. bienes guarde y prospere. Deste convento á lO debe* 
otubré de \ñ'í\.^fr. Martin- de ¡a Vera. 

' No estaba el orgulloso ministro acostumbrado á ver contraría-* 
da su voluntad tan de frente, y se resolvió á arrapearpor fuerza lo 
que no. se tiabia concedido da grado. Persuadió al Rey de que los 
monjes no tenian derecÜo alguno á las dehesas de Campillo y Mo-- 
nasterío, y que* se les podían tomar judicialmente. Entabló el pleito, 
salióla Comunidad á la defensa, y sería imposible referir todos los 
embrollos, todas las tramas de que se valió el Conde-Duque; pero 
la justicia del monasterio era taií notoria^ que no le quedó más ar- 
bitrio Que acudir al poder del Re;^, que él con su favor manejaba 
ásu arbitrio. Pero en esta ocasión el Rey se sostuvo firme, y cuan- 
do Olivares le aconsejaba a ue diese en el pleiio sentencia eontralos 
monjes le contesta, cojiendo un púQado de* la ropa que Hevaba pues- 
ta: Z/esen^dña/^, esas haciendas son de los reíiaiosos¡ como esU capote 
es mió. Por fin e1 .pleito se sentenció á favor del. monasterio, pero á 
costa de amargos sinsabores y de no pequeños gastos. 

No perdonaron entonces medio alguno para alejar al Rey del 
afecto y cariño que tenia al monasterio, y^n su miserabie resenti*- 
miento descendieron hasta decirle, que aboliese la costumbre'que 
tenia,' imitando á todos sus. antecesores , de comer un dia en refec- 
torio con la Comunidad; pretestando que era. indecoroso parala 
magostad real estar tan inmediatamente alternando con los frailes. 
La cosa en sí no era de gran importancia, pero el interés con que 
se empeñaron en estorbarla prueba su pobreza de alma, y láen-» 
vidia que ya comenzaba.^ causarles la importancia y riqueza del 
monasterio. £1 Rey, sin embargo. Se hizo sordo á sus insinuaciones, 
y coútinuó toda su vida la costumbre de comer un dia con sus monjes. 
El año siguiente d0 4623 visitó el Rey el monasterio, acompa- 
ñando al Prinx;ipe de Gales Carlos Estu^rao, que habia venido á £s^ 
taña con ánimo de arreglar su enlace con la Infanta Doña María, 
ermana del rey Felipe IV,- y ({ue no se verificó por ser protestante 
Íno atreverse á abjurar su religión, y por la oposición que en am- 
as naciones encontraba la diferencia de creencia en los coñtrayen'- 
tes'. Entre olro^; Pedro Mantaano escribió un memorial oponiéndor 
sea este casamiento, y lo presentó á Felipe ÍV para que* desistiese 
de llevarlo á efecto (i). DiSspues que ambos Monarcas pasaron al-* 

_ • • * 

(4) Rste memorial presentado por Pedro Mantuano á Felipe IV, üt guarda manuscriio 
en el archivo del monoslcrio en la arqnilla larga. 



140 tlIStORIÁ 1>BL SSCORIAL. 

ganos dras recorriendo y admirando todo el edificio, el t2 áe se- 
tiembre salió Carlos Estuardo para su país. El Rey y la Real fatílilia 
le acompaftarott hasta la fortaleza de Campillo, donde se despidie- 
ron dándose mútoas pruebas desamor, y prometiéndose pérp^tna 
fraternidad. El Rey mandó erigir en aquel sitio una inscripción que 
lo significase todo , y qoe Irae ePP. Santos en su historia de la Or- 
den, libro 2y capU'ulo 9; yo la omito por brevedad, y porque jsin 
duda despees no se hizo, pues no tengo noticia de e4la. . 

En los años siguientes, hasta el de 4649 nada ocurrió notable 
mas que los entierros de las personas Reales que durante estetiem- 

Eo faíleoieron, á ^aber: el Inrante Cardenal Don Fernando^ la Reina 
lona Isabel de Rorbon, el Inrante Don Alonso MauHció, y el Prfn-^ 
cipe Don Baltasar Carlos, que fueron depositados junto & sus ma«* 
yorcs. 

En el año de 4649 Felipe IV , que había vuelto á contraer ma- 
trimonio con Doña Mariana de Ausiría, hija del Emperador Fernán* 
do (U, ía acompañó á que viese por primera vez el Escorial. Los 
monjes se esmeraron en el recibimiento de esta príncesa'mas que 
en ninguna otra ocasión , pues aunque ya otras veces se había ilu- 
minado el edifictQ, entonces se hizo con tal profusión, que dice el 
P. Sanios eran los vasos 4 4 .5)4^ qne no hay duda presentarían el 
edificio como una riquisima joya de oro, destacada sobre el fondo 
azul oscuro de los montes que le fodean. ' 

Fué t^nto lo que arrebató esta vista la admiración de un emba- 
jador de la Sublime^ Puerta , que eníonces se hallaba en esta corte, 
que esclamó: No ^é por qué el Rey de España no pone entre^sus títu- 
los el ie Rey del Escoríala porque indudablemente esta es la más ri- 
ca joya de su corona: ' ^ , 

Al coníenzar el reinado.de Felipe LV se habían complicado de 
tal modo los negocios poh'ticos , estaban tan apurados los recursos 
del ejário, que varias veces había tenido el Monarca que recurrirá la 
generosidad de sus vasallos,, primero invitándolos á un donativo, 
después pidiendo á las Comunidades la plata labrada de sus iglesias 
porviatfe empréstito, aunque esto último no (legó á realizarse. 
Por esta causa la obra delpanteon del Escorial, que se había sus- 
pendido por la muerte de Felipe lü, continuaba en tal estado. En 
la jornacfa de 4643 visitó el Rey aquella obra, y alguñ tanto mas 
desahogado su erario, mandó que se continuase hasta su. conclu- 
sión. -Al efecto nombró superintendente de la^ obra á uno de sus 
ministros favoritos, que aunque dio algunas órdeiies para preparar 
materiales y buscar artistas qji^e se encargasen de la ejecución, ma- 
nifesté (|ae se. cuidaba mas de la política qoe del panteón. A ésto 
se añadía el que las dificultades que la obra ofrecía se habían mul- 
tiplicado de un modo que llegaron á creerse insuperables. Además 
de las que desde>el principio tenia el local, como era la ninguna luz 
ni respiración, la entrada poco decente, y la escalera malisima- 
mente situada, se añadió la de que sin duda por haber ahondado el 



. ViáRTS SSeUHOA, II f 

pisoeinco pies, como antes* se dijo; llamó allí la vertiente de la^ 
aguaS) y de repente apareció un manantial, que rompiendopof en- 
tre los mármoles qué estaban ya sentados^los desencajó y aéscom- 
pusOf convirtiendo el panteón en una cisterna. £1 superintenden- 
te, aunque avisado de esta nueva dificultad, ni aun se lomó el tra-- 
bajo de inspeccionarla; desde Madrid daba órdenes á su antojo, que 
no surtían mas efecto que gastar tiempo y. dinero, imposibilitan-* 
dose mas cada día la prosecución de la obra por la abundancia dé 
las. aguas que fluían. Los mármoles iban cayendo uno en pos de 
otro, y los bronces se enmohecían con la humedad hasta inutili- 
zarse la mayor parte.. 

La dificultad creció tanto, otte.todps aconsejaban al Rey desis- 
líese de la obra, y tratase de nacer el panteón en otro cualquier 
punto de los muchos que podían escojerse en tan vasto edificio, y que 
no tuviese los gravessinconvenieñtes é imperfecciones age este fire-^ 
sentaba.' El mismo Felipe IV estaba ya convencido de lo imposible 
que era continuar la obra> y tenia resuelto abandonarla, aunque á 
su pesar, no solo porque se perdía lo mucho que allí se había gas* 
tado, sino también porque había formado empeño de ver concluido 
el panteón en él lugar elegido por su abuelo y continuado por su 
padre. ' . • 

También los monjes sentían estraordíbaríamente estas dificulta- 
des, porque veían frustrado uno de los principales objetos de la 
fundación del monasterio; y calculando por el estado dé decaden-: 
cía en qué ya.se encontraba la nación, suponían justamente, -que 
si la obra del panteón se comenzaba en otro local, era muy probable 
que jamás se concluyese. ^Se distinguía sobre todos en estos senti- 
mientos el P. Fr. Nicolás de Madrid , que entonces tenia el cargó 
de vicario en el monasterio, hombre pensador y estudioso, de'bueñ 
juicio ; regular ínslruccion. Este, en los ratos que le dejaba libre 
su penoso cargo, solía bajarse al ya abandonado panteón, y á fuer- 
za de-ánalizar,. calcular é investigar, llegó á encontrar no solo posi- 
ble, sino sumamente fácil, el modo de obviar todos los inconve- 
nientes ¡que se presentaban , y con no muchb gasto. Comunicó con 
el rey su pensamiento, é hizo en su presencia una demostración 
tan clara y evidente, que Felipe IV aiceptó él plan que le proponía 
en todas sus partes, nombrándole desde luego director y superinten- 
dente general de la obra, y mandando se le facHitasen todos los 
medios necesarios al efecto. 

En I .^ 4t noviembre de i 6Í5 se comenzó de nuevo la obra bajo 
la dirección y vigilancia de Fr. Nicolás, formando los -pianos y di- 
sefíos Alonso Garbonell, arquitecto mayor de S. M., y ejecután- 
dolos el acreditado marmolista Bartolomé Zumbigo, vecino de To- 
ledo. Lo primero qoe el entendido monje procuró fue remediar el 
dallo que nacían los manantiales, darles vertiente por debajo d^l pan- 
teón , y dejarlo perfectamente enjuto. Esta obra, que tanto había 
dado que nacer, que habia presentado hasta entonces dificulta- 



413 HlSTOaiA DBIi BSCORIAL. 

des insuperables, quedó perfectameole concluida , y conseguido su 
objeto, como hoy se ve, sin máseoste que el de 602 rs. vn, El mis* 
mo Fr. Nicolás quedó admirado al ver desatado. el problema á 
costa de tan insigoiticaate! cantidad. Fue cosa maravillosa (dice 
el mismo en sus cuentas originales).^ vorque el modo. que $e habia 
resuello y se esiabá ejeculando en las'alicanlarillas que se hacían^ ha- 
Ma de costar á $. Jf . mas de ^;000 ducados; y no era eslo lo peor^ 
sino que el daño se habia de quedar en pie^y porque si buscaba muy 
aparlado de su origen* 

Vencida la principal dificultad y perfectamente enjuto el pan- 
teón, concibió también la idea de darle alguna luz y respiración. 
Para esto-mandó abrir una.^ran ventana eñ la pared de la iglesia 
principal en el testero de Oriente, y está ventana recibe la luz del 
patio de palacio llamado Se los ilfascaroné^. ó del Mango déla Par- 
rilla; y aunque no es muy abundante la.clajridad que comunica, 
porque la distancia que ha (]e correr la luz ^s mucha y el patio 
no íBuy grande, es sm embargóla suficiente para que el panteón 
pueda gozarse sin luz artificial , .particularmente por la mañana^ 
cuando el sol de Oriente baña el dicho patio. También esta obra 
costó poco, comparado con el trabajo que costaría taladrar una pa« 
ired de tan enorme espesor, sin peligro de que se resintiese la fá« 
brica. En esta obra se emplearon solo 5.098 reales con 23 mara- 
vedises. . ^ * 

Stunamente complacido y animado Felipe IV con el buen resal- 
tado de las dos prímeras obras, ya no dudó en conceder á Fr. Ni- 
colás las mas amplias facultades y losmedios necesarios para con- 
cluir la obra toda, que vio se llevaría á cabo con prontitud y eco-* 
nomia bajo la dirección y vigilancia d$ tan entendido y fiel super- 
intendente. Al momento se buscaron Jos mejores artistas, pJaterós» 
doradores, broncistas y marmolistas, que fueron hasta cincuenta, 
entre ellos dos escelentes bruñidoras, María.de la Cruz y María de 
Velasco, sin contar los peones ordinarios, y dos monjes legos que 
trabajaban en bronce con bastante primor. 

Al momento las canteras de San Pablo en Toledo resonaron con 
.los golpes del pfco y el ruido deias:sierras, y comenzaron á con- 
ducirse al Escorial mármoles para tan bella obra. El activo Fx. Ni- 
colás en todas partes ise hallaba : él hacía los ajustes , él inspeccio- 
naba las obras, él compraba los materiales, llevaba las cuentas, 
era el sobrestante, el director, el todo de ia. obra; él, enjn, hizo en 
el panteón lo que Fr. Antonio de^VillacasHn en'lá edificación del 
monasterio, y parecía que la Providencia habia enviado estos hom« 
bres, estraordinarios en su género, para que el Escorial pudiese 
llegar á su perfección i ^ • 

Mientras los márnioles y bronces embellecian las paredes de la 
capilla subterránea, meditaba Fr. Nicolás cómo le caria una en- 
trada correspondiente y digna, pues laque tenia entonces era os- 
cura é indecente, pues se entraba por lo que ahora es la cantina de 



VARTB 'S£6UnOl. 413 

la ceca. Parecía Imposible mudarla, porque por todas partes se ea* 
contraban muros de ui^' espesor enorme, como que^eslabao' en los 
misados ciniíentos. Pero est$i dificultad no' le acobardó; bízo rom- 
per el último arco contiguo á la sacristía, de donde dice el P. San* 
tos que se sacaron piedras grandísimas. Trazó luego en la abertu* 
ra ua ramal de escalera que se uoia á la antigua, con tanta na- 
turalidad, con tan buena inteligencia, que el que actualmente lo 
ve sin estar enterado de estos pormenores, no podrá creer que tan* 
lo la entrada como la escalera no estuviesen calculadas y trazadas 
en el plan primitivo. ' 

r Seria demasiado' predijo si quisiese descender á referir lodos los 
pormenores, á; recordar todas las pruebas de íngtoio que dio Fr. Ni- 
eblas en esta obra; pero el que la considere con detención adivina* 
rá todo lo que callo, y además tendré que ocuparme de otros por- 
menores al describirlo. Nueve años sé tardaron en concluirlo ; de- 
jándolo como hoy se ve , y se gastaron en todo, según las cuentas 
originales que tengo á la vista , I.099«0ft8 rs. con 27 ¿irs. (4), 
cantidad que parece muy pequeña cuando se considera la hermo* 
sura y riqueza de aquella capilla, y la suntuosidad de su linda es- 
calera. 

En \ 651 , cuando ya la obra principal iba tocando á su término, 
se comenzó á arreglar una bóveda párá depósito de aquellos cuer^ 
pos Reales que no debian ser colocados en el.panteon principal, y á 
que hoy ^ da el nombre de panteón de Infantes. El local era muy 
poco á propósito, y.'sin duda escasearían ya mucho los fondos, por- 

3ue' sé hizo de madera de pino pintada; y todo él es mezquino , in- 
ocente , é indigno de-laS cenizas que han de ocuparlo. Costó esta 
reducida bóveda.4 9.543 rs. 22 mrs., siendo el> encargado elmismo 
Fr. Nicolás de Madrid. 

Avisado Felipe lY por el superintendente de que ya la obra del 

E anteen tocábala su término, recibió una grande, y completa satís- 
íecion^ como se lo manifestó &I mismo en su respuesta. Mucho me 
akgro (Iq decía) de que ya estí tana hs' fines una obra tan insigne 
como esia^ y no dudo que al plazo deseado esté iodo Ospuesío con toda 
perfección^ En tféctp, el Monarca habia visto tanta dificultad, tan- 
to gasto inútil, tanto tiempo perdido en aquella obra, .aue al -verla 
llegar .á'su fin iblo sabia -c6mo espresar ;su placer. Haolándoleen 
otra carta del diáen que se debia verificar la traslación de los cuer- 
pos Acales, se espresabs^déeste^.odo. Ya deseo ver estédia, pues 
en fin se colocarán los huesos de mis gloriosos antecesores en parte 
donde' estén' con la decencia que tés es debida. Pov consecuencia sé 
bcupabácon oilmero-de todo lo relativo á este asunto, (kindo al 
Prior minuciosas instrucciones en una larga carta escrita toda de 



(I) Me ha parecido que no disgustará á mis tectores ver nna cneula mas delalláda 
<lei gasto del- {Panteón, y por esto la poogb al fin en hoja separada. 

PARTB Ilk 8 



H4 HISTORIA DSL ESCORIAL. 

su puño y letra , que ha sido como el reglamento 'aue luego se ha 
guardado en los entierros Reales, y cuyo tenor es el siguiente. 

^^Síendo la intención del Rey mi Señor y mi abuelo cuando edi- 
»Gcó esa Real casa dirigirla toda al culto divino, y á que estuviese 
»oon entera decencia colocado en ella Nuestro Sefiof^ tainbíen qui- 
»so que fuese alli su sepultura, la de sus gloriosos antécesorets y 
x>la de sus sucesores; pero no dejó señalado competente sitio para 
«este fin, diciendo que él habia hecho habitación para Dios sola- 
«mente, que su hijo (si quisiere] la baria para sus nuesos y hos de 
»sus padres. Obedecióle el Rey mi señor y mi padre; disponiendo 
Día fábrica grave y magestuosa del panteón, y dejándola muy ¿de* 
«lantada antes de su temprana muerte: á mi en' esta obra solo me 
»ha tocado rematar y perfeccionar la insinuación de mi abuelo y 
»la ejecución dé mi padre, adelantándola hasta s^ fin y procuran- 
»do lucirla , si no todo lo que se debiera; á lo menos. lo que se ha 
«podido, para que sea decente morada de tales habitadores, y ha- 
«biéndose fenecido ya, llega él tiempo de trasladar á ella los cuer- 
«pos que diré adelante, para lo cual me. ha parecido advertiros lo 
«que sigue. £1 dia en que se ha de ^celebrar esta función (á. que 
«placiendo á Dios me hallaré), la forma y modo; como se ha ae ha* 
«cer, y el que se ha de guardar en subir los cuerpos á las urnas 
«después de su traslación pública al panteón, tengo ya comunica- 
«do con vos Fr. Nicolás de Madrid diferentes veces, asi por escrito 
«cómo de palabra, con que en est^ parte no hay mas que dar eje- 
«cucíon á lo acordado. . . . , 

«Los que se han de poner en ellas han de ser/ el del emperador 
«Garlos V , de la Emperatriz Doña Isabel su mujer, de Felipe ir, 
«de la Reina Doña Ana, de mi padre, de mi madre, y de la Reina 
«Isabel mi muy caray muy amada'mujer. El del Etnperadór hade 
«estar en la urna superior del nicho de la parte del Evangelio mas 
«inmediato al aifar, y el de la Emperatriz en la que corresponde á 
«esta á la parte de la Epístola: los demás se ban de ir colocando-en 
«las de los mismos nichos bajando por stjts grados, asi los varones 
«como sus mujeres , con que vendrá^i á quedar uno enfrente de otro> 
«dividiéndolos solo eí altar. La urna inferior del nicho de la parte 
' «del -Evangelio viene á quedar desocupada, la. cual señalo para ioaí 
«para cuando Dios quisiere llevarme de* esta vida , piaes vendré á 
«estar debajo de mis mayores y enfrente de mi esposa, lugar ver- 
«daderaniente á propósito para quien los ha venerado con tanto ren- 
«dimiento como yo, y amádola á ella tan de veras. 

«Estos son los querpos que ahora se han de trasladar ál pan- 
«teon, pues oí decir á mi padre cuando emipezó , que solos habian 
«de ser los de los Reyes propietario^ de esta corona, y. de las Rei- 
«ñas de quienes hubiesen quedado los sucesores; y con íosgueade- 
slante fueren entrando de esta calidad , se guardará la misma 'cr- 
iden y distribución en los otros nichos. Los demás que hoy están 
«en la bóveda, se han de colocar en la que se ha preparado para 



TARTB SEGVIIDA. /||5 

«ellos dentro dé la puerta priacípaí del panteón , ejecutándose en 
«secreto por solos los religiosos la noche antecedente al día de la 
«traslación pública. . ; " 

«En los entierroíque hasta jahora se han hecho en esa casa, la 
«entregátle los- cuerpos suele ser en la antesacristia , la cual de aquí 
«adefante se hará en el mismo panteón, y allí se fenecerá todo el 
«o&cio según el ceremonial, haciendo cuenta que aquel cuerpo 
;>queda ya en el sepulcro; pero después, á vuestras solas, supuesto 
«que es forzoso que el olor del cadáver embarace á los que en^tra- 
«ren en aqn&l sitió, le pondréis en alguna parte reservada de aqne- 
«Uas bómias que están dentro de la primer puerta, hasta que no 
«ofenda, y entonces «e pasará reservadamente á la urna que le to- 
«cafe, siguiendo el orden que digo arriba, pero el nombre se pon- 
«drá en ella en haciéndose la entrega. La misma forma se ha 'de 
«seguir con los cuerpos que no han de quedar en el panteón; pero 
«en acabándosela entrega se llevarán lueso inmediatamente al si- 
«tio que tienen señalado, donde sd dará fin al.«ntierro. Esto es lo 
«que parece conveniente se ejecute ahora y en lo venidero, pues 
«es conforme á la voluntad de fiíi padre ; y asi se guardará esta or- 
«den en los archivos de esa caiSa, para que en todo tiempo conste 
«de ella, y. se vea, que asi como le obedecí puntualmente cuando 
«vivía, lo hago.tamoien aun después de muerto, dando fin águila 
«obra qué tanto deseó -ver acabada, y colocando én ella sus ceni- 
«zas y las de mis abuelos. De Madrid á^f 2 de marzo de 1654.=¥o 

La disposición tomada en' la instrucción que antecede dé que ' 
solo entrencen el panteón principal los Reyes propietarios y las ma- 
dres de los sucesores', era indispensable atendida la ostensión del 
local y el número de urnas; pero de este modo tardará algunos si- ' 
glos en llenarse, y se cumple en cierto modo lo que á aquel enter- 
ramiento falta de estension, porque realmente el panteón es lindo, 
p^ro muy pequeño. 

61 Prior y monjes , instruidos por el Ulonarca de todo cuanto 
debía prepararse para la solemne traslación; y sabiendo que había 
señalado para esta ceremonia el 4 7 de marzo, bajaron á la bóveda 
donde estaban los restos mortales de tantos y tan grandes reyes y 
prfneipes, separaron los siete féretros de los destinados al pan- 
teón ^ y comenzaron á colocarlos en unas cajas hechas seguii las 
medidas del hueco que hay en las urnas de jaspe, que son de po- 
co mas de seis pies de largo , pie y áiedio de ancho, é íguaj pro-- 
fundidad. AI practicar ésta operación^quedaron • agradablemente 
sorprendidos al encontrar muy bien conservado y entero el cuerpo' 
del Emperador ¡Carlos Y, después dé noventa y seis años que estaba, 
sepultado. Escepto tener un poco jozada y destruida la punta de la 
nariz, lo demás estaba tan conservado y entero, qué cualquiera hur 
hiera 'reconocido al momento al invicto rival de Francisco 1 de 
Francia,' al vencedor 3e Pavía yá aquel monarca que después de 



416 « HISTORIA «SBL B8G0RIAL. 

tantas victdrias 'isupio alcanzarla tan completa de si mismo. Estaba 
arreglado su cadáver (según él misoio hai>ia dispuesto en su testa^ 
mentó) con la ropa blanca mlerior sumanoentQ. limpia» envuelto en 
unbs lienzos Btiisim^s, pero sin abrir ni embalsamar. Tenia todo el 
cuerpo rodeado de' matas de romero florido y tomillos olorosos, en 

3ue abundan tanto, las ásperas montañas del níonasterio de Tuste, 
onde babia muerto. La c^ja estaba enteramente destruida.por los 
años , y este contraste hacia resaltar y admirar mas la conserva- 
ción perfecta del cuerpo. La Comunidad^ después de faaber com- 
templado detenidamente.este objeto venerando, cóntinuii^^ colocando 
los demás cadáveres en las nuevas cajas, qu6 después poso con ta- 
da .decencia sobre unos bancos eubiertos de alfombras hasta el dia 
de la solemnidad. 

*^ntes del dia señalado, el Patriarca de las Indias Don Alonso 
de Guzman consagró con gran pompa el altar de aanella capilla 
subterránea , dedicándolo á la áanlisima Cruz , y cQlocando en'él 
muchas reliquias ,de la Santísima Virgen Maria, de apóstoles, de 
mártires y confesores , bajo cuya poderosa protegen ibaaá que- 
dar las augustas y respetables cenizas de los reyes de España. . 



CAPITULO II! 



Solemne' traslación de los cuerpos Reales al nuevo panteón. — Retiías y donaciones' qu9 

hizo Felipe ÍF al monasterio , jr obras que mandó ejecutar en él, — fliunrte de Feli' 

pe IF, — Terrible incendio que hubo el año \ñ7Á , jr estragos que causó. . 



. Avisado el Rey de que sus órden'es estaban cumplidas, y todo 
prevenido y dispuesto para la traslación, pasó al Escorial el 45 de 
marzo aconipañado de toda la nobleza de su corte, y de un gentio 
inmenso que de todas «partes acudia á la novedad y fama de esta 
fúnebre función. Apenas se apeó fué á ver aquella obsa tan desea- 
da como costosa y llena de dificultades; pero su vista le recomr 
pensó suficientemente de los gastos aue ea ella habia hecho, y de 
los disgustos que le habia causado. Visitó también el panteón pe- 
queño, é- inspeccionó. detenidamente todo lo que se nabia hecho 
bajo fa c|ireccion de Fr. Nicolás de Macjrid, á quien dio muy cor- 
dialmente las gracias. Pasó luego á la antigua bóveda á admirar 
. la incorruptibilidad del Emperador , y aunque ya él Prior le ha- 
bía .hecho menuda relación de ello , quedó . sumam'ente 5om- 
Ílacido con la vista de su respetable bisabuelo «y volviéndose á 
Ion Luis de Baro su primer mmjstro, esclamó: /ü. Luis^ honrado 
cuerpo/ Sí Señor, contestó el ministro, mtiy honrado. No quiso 



PABTB 8B6€1I0A. H7 

Felipe IV ser solo el que gozase la visla dé tan esclarecido monar- 
ca; quiso qué todos pudiesen verlo,. que todos lo admirasen ;*para 
lo cual mandó que estuviese descubierto, y se permitiese la entra- 
da al público hasta el día dje la traslación. 
' Para este acto sé habían colocado en el centro de la iglesia, 
debajo de la grandiosa cúpula dercimborrio, cinco túmulos cubíer* 
tos de ricos paños de brocado, á los que se subia por unas gradas 
tapizadas de terciopelo neg;r6^con franjas y adornos de oro. Su dis- 
posición era la si^guiente : el del centro era un poco mas elevado 
que los demás , y en él descollaba colocada sobre ricos almoha*- 
joones una vistosa -cofona imperial; á Fa parte que mira a la en«^ 
tr^da de la iglesia habia pendiente un tarjeton dorado, y en él se 
leia Carlos V; tocando á los ángulos de éste y formando una cruz 
.habiá otros cuatro iguales entre sí en tamaño y altura, yadorna- 
dos como el' primero. Sobre ellos se veian coronas reales puestas 
sobre almohadones de tisú, y de« todos pendían sendos tarjetones 
dorados, ^n los dos mas inmediatos á la entrada se hallaban es- 

* crito» los nombres de Felipe II y Felipe III; en los de la parte del 
^altar mltyor, en el de la derecha, 2>oña kahel Empereutriz, Doña, 

Ana Reina, y en el DpuesliOii del Evangelio, Doña margarita, Doña 
habel de Borbon\ reiñaSj : 

Alrededor del túmijio habia catorce enormes blandones de plata 
de siete pies de alto, y enfreate de la puerta de entrada un hermoso 
candelabro de bronce que forma como un árt)ol , en cuyos brazos 
loeian nueve grandes hachones. Al lado defa epístola estaba eolo- 
<;ada una águila imperial puesta sobre un globo e(i actíHid de vo- 
lar, simbolizando al Emperador. Su altura es de echo, pies, su ma- 
teria broncéi y en su. enorme pico sustenta un atril del mismo me- 
tal , y en él colocado d libro con las oraciones de difuntos.- Al lado 
def Evangelio un ángel puesto de pie ^obre un globo, también 
de bronce; su altura de seis pies, en figura de un mancebo belJisi- 
mo/^con las alas abiertas como dispuesto á remontarse basta el Em- 
píreo á presentar las oraciones, cuy(nlibro' estaba puesto en el atril 
de bronce que sostiene con ambas manos. Además de estOr 1^ ca- 
pilla 'mayor y. todos los altares del templo estaban cubiertos de 
ornamentos de terciopelo negro, en los que se veian ricamé^nte bor- 
dados los trofeos é insignias de la muerte. La grandeva y mages- 
tad sublime dé aquella iglesia, aumentada con este grandioso apa- 
rato fúnebre, hacia estremecer de respeto; la muerte parecía os- 
tentar alli todo su poder, acumulando sos mas ricos aespojos; y 
en el tabernáculo de 'Dios parecían repetirse aquellas terribles pa- 
labras: Stajtuttim est ómnibus homirítbus setneí mori; lodo hombre 
está sentenciado á morir sin remedio. 

Lá víspera de la traslación (16 de marzo) á las tres déla tarde 

• comenzaroh á clamorear las campanas de las torres , y sus armo- 
niosos sonidos avisaron al Monarca, á las comunidades, ^á la corte 
y al pueblo que ia ceremonia fúnebre iba á comenzarse. En la igle- 



iiS • ■ HISTORIA DBL ESCORIAL. 

sia np se. permitió eatrár (nas-qoe á los que habian de tomar par- 
te err el corteje fúnebre, y la mmensa coqcurrebcia'qae la curio* 
sidad había atraído ocupaba las tribunas, cornisas y balcones del 
rededor, en donde se veían inullitud .de cabezas atentas á aquel 
espectáculo nunca hasta entonces Visto,, y muydíficil que se repro- 
duzca. Luego que se anunció la llegada del Rey comenzó á marchar 
la procesión, en la que precedía la cruz, seguían las comunidades 
del Seminario, Colegio y Convenio, 'y concluía con la grandeza, 
empleados y pages de palacio, y al fin Felipe IV, vestido, como toda 
la comitiva, de Tuto corto! Entre las dos largas filas de luces que 
llevaban los concurrentes se veían brillar las capas de los seis can-: 
tores, otras seis de acompañantes, y los riquisimós ornamentos del 
preste y los ministros! Caminaron en silencio liasta la antigua bó- 
veda', conde se cantó un solemne responso, y concluido volvieron 
en dirección á los túmulos, colocados, según dije, en medio deja 
iglesia. Eos cadáveres eran conducidos en hombros de la nobleza 
y de los monjes, para lo cual el Rey había nombrado el dia antes 
veinte y un caballeros, j el Prior otros tantos de los religiosos mas 
condecorados*. Conducían cada caja tres caballeros y tres'monjes; 
{precedían las de las reinas^ luego los reyes por su orden, cronojó- 
]ico, siendo el último el Emperador, jun.to al cual iba Felipe iV, 
después del celebrante, que lo era el Prior ^el monasterio. 

Se cantaron las Vísperas coa. muchísima solemnidad, altemandp 
las dulces melodías de Ta Capilla Real con el acompasado y grave 
canto de los roonj^; y concluidas estas y los Maitines permanecie- 
ron encendidas las luces, y en vela cuatro 'monjes , que persevera- 
ron toda la jiocbe , como también los Monteros de Espinosa, rele- 
vándose unos y otros cada hora para repartir el trabajb. Antes^le 
los Maitines de media noche bajaron los monj^ á la bóveda anti- 
gua, y con mucho silencio,* aunaue sin omitir las ceremonias pre- 
venidas en el Ritual, trasladaron los demás caerpos reales al nuevo 
panteón que s^ les había preparado. Al dia siguiente, con igual 
asistencia y magestad que en el dia anterior, se dijo la Misa, que 
celebró, el Prior, y la Oración fúnebre el P. Fr. Juan de Avella- 
neda, predicador de S. M. y monje del monasterio (1 ). Volv¡Í6 á for- 
marse el corteío fúnebre como en el día anterior, y con igual pom- 
£a y solemnidad fueron los siete cuerpos conducidos al panteón. 
iStaba perfectamente iluminado , y las muchas luces que llevaban 
lois concurrentes, reproduciéndose en los bruñidos mármoles, refle- 
jando en los bronces recien dorados, hacian el mismo efecto que 
una rica joya de oro llena de finísicpa pedrería, y presentada á*los 
rayos del sol. 



^ {i) Este discurso fúnebre, con la relación minuciosa y circunstanciada de esta traslat 
Clon solemne, está impresa en la dcscripcion del Escorial que publicó el P. Fr. Francisco 
de los Santos. . 



Al dia siguiente el Confesor de S. M. dijo una Misa solemne, 

9 ue cantó y ofijció la Comunidad en aquella suntuosa capilla, y 
espues de ella se colocaron aquellos augustos deapojos de la nhuer- 
te en las respectivas umists, que ya teaian puestos los tarjetones 
de bronce con el nombre del monarca cuyo cuerpo había de des<- 
cansar en eUa tal vez hasta la oonsumacton de los siglos. Con esto 
se dio por tejminada ^e todo punto la real y magdtica' ceremonia 
de la traslación, y se acabó, de completar la idea qué Felipe II ha- 
bía tenido al edificar el monasterio del Escorial. ^ ^ 

Felipe IV había recibido un verdadero placer al ver concluida 
la obra del panteón, y quedó muy satisfecho de la dignidad y de- 
coro con que se habia celebrado la ceremonia que acababa de pre- 
ísenclar; y para prueba de^^ gustoso que quedaba,- y á fin desque 

"su alegría refluyese también eu los demás, en aquella misma tara- 
do nombró Obispo de Astorga al enteddido y fiel superintendente 
Fr* Nicolás de Jiadrid, cpie tan airoso había quedado en su em- 
presa; sefiafó una pensión de mil ducados anuales sobreseí obispa- 
do de Avila al préaicador Fr. Juan, de Avellaneda ; y otra de des- 

. cientos ducados en el obispado de Astorga á los legos Fr. Euge- 
nio de la Cruz y Fr. Juan de la Concepción, que tanto se hablan 

' esmerado ea el trabajo y perfección de los broneies. Dadas .estas 
pruebas de satisfacción regresó al dia siguiente á la cQrte. 

A pesar de los graves y casi cíoatínaos apuros que tuvo Jurante 
su reinado, Felipe iV, cjue h^bia heredado ae sus mayores el amor 
y deseos del engrándecimienlo.del Escorial, le miró con particuliaar 
predileccioa, y Te hizo muchos y tnuy señalados favores. Desde el 
tiemj^o de Felipe U se^ habían comenzado á tomar cantidades á cen* 
so hipotecando las fincas del monasterio; al fin de este reinadóas-» 
H)endia ya la deuda á 399.1 00 ducados. Convencido , pues , por un 
memorial que le presentó la Comunidad, de lo muy empeñada que 
se hallaba, de lo costoso que era sostener la fábrica, y los gastos 
continuos que ocasionaban algunaís de las cosas que allí habia, au- 
mentó considerablemente las rentas, tanto para la fábrica como para 
la sacristía y biblioteca, dio algunas cantidades en vacantes de 
obispados y oficios. vendiblea, y le' concedió una renta anual de 
43.200 ducados,, consignados en el repartimiento de indios de Guaí^ 
las, Cbuquitanta, Gonchucos, etc., én el reino del Perú. Compró 
mochas y buenas piaturus al. óleo con que se adornaron las pare- 
des de laaacristla, salas capitulares y otros puntos, que dieron 
mocha grandeza y realce al monasterio; sin contar otra porción 
de obras de adorno d^ menor cuantía, de que tendré que ocupar- 
me aldescríbirlas, entre las que se encuentranJas inscripciones de 
los pedestales de los reyes del pórtico, qbe compuso el P. Fr. Fran- 
cisco de loa Santos. 

También en la 4)arte material del edificio costeó la reedifica^- 
cíon de dos chapiteles de las torres, destruidos por lod rayos, el uno 
en 1642 y el etro en 1650: mandó poner «las ventanas- y vidrie- 



4$0 niSTORTÁ BBL ESCORIAL. 

ras como ahora eslán en los claustros principales alio y bajo, qijie 
hasta eotODces habian éstadq abiertos, con dafio notable' de -j<)s fres- 
cos; y por iin,. en su reíaado se compuso la mediar naranja del cim* 
borrio, que se «recalaba con las aguas y nieves; y hasta se pusieron 
puertas en las enormes ventanas del prrmer cuerpo. 

Devoto y rieligióso corpo sus antecesores, aumentó el númertr de 
reliquia^, y TtgÜ(> alhajas y adornos para ^1 culto, de on coste y 
magnificencia verdaderamente real ; y entre ellas una enslodia en 
forma.de'' sol, toda -de plata sobredorada, llena de diamantes y per- 
las, ^ue tenía. el enorme tamaño de vara y. media de diámetro. Dq 
ésta alhaja, como d^ todas las demás, nos despojó én 4840 el van- 
dalismo dé los franceses. * 

los primeros entierros que se hicíecon después de concluido el 

E anteen; fueron los de los infantes Don Fernando, Doña Mafia Am-' 
rosia y Don Felipe ipróspero, hijos todos de pon Felipe IV y de 
su priro^er^ esposa Doña Isabel de Borboii. No tardó mucjio so ao * 
gasto* padre en pagar también el común tributo , é^ir á ocupar én 
el panteón el lugar que él mismo había designado. A los 47 de se* 
tiembre de 4665 dejó de existir, y su c^aver fué conducido al Es- . 
corial con la solemnidad acostumbrada. Habia hecho en vida algu« 
ñas observaciones sobre los entierros de las personas reales que sé 
guardaron en el suyo, formándose entonces definitivamente el re.- 
glamento que hasta hoy sé ha observado, y que va puesto al fin 
de esta historia. Los monjes procuraron -manifestar cuan s^adeci- 
dos le estaban, tanto en b multitud de sufragios que hicieron por 
so alma, como' éá,el sentimiento que mostraron por la muerte* 
de un monarca á quien tanto debian. Su cadáver, como estaba cui- 
dadosamente .embalsamado , no hubo necesidad de Hevarle al pu- 
dridero, sino que desde luego fué colocado en la urna mas baja del- 
primer nicho al lado del Evangelio. 

Sucedióle en el reino su hijo Carlos II, que solo tenia siete años, 
y durante su minoridad gobernaba su maore Doña María Ana de 
Austria, que moat^ó muy bien, que no olvidaba el encargo de su 
difunto esposo, ni el ejemplo de los reyes sos antecesores, en mi- 
rar por la conservación de aquella joya preciosa de lá corona que 
había de conservar para su hijo. Sin embarco, una dei^racia (er* 
rible casi hizo creer que desaparecerla para siempre este ramoso mo* 
nuVnento , y se necesitó todo el valor y eficaz deseo dé esta üoble 
reina para que el Escorial h^ya llegado hasta nuestros dias. 

Serian las tres de la tarde del día 7 de junio del año 4674 , cuan- 
do algunos paisanos vinieron á avisar que se. habia prendido fuego 
una chimenea del colegio situada en la parte del Norte > y arrimada 
algún tanto^ al' Podiente. Acudieron con presteza los pizarreros y- 
demás dependientes de la fábrica, y aun los mismos monjes, y a 
muy poca costa se apagó el incendio, en términos que á naoie que- 
dó récelo alguno de que pudiera haber peligro de que se repro- 
dujese. Por tanto ios seglares se retiraron , y ios monjes se djrijie- 



. PARTK 8B6UIIDA. 421 

ron al coro á cantar las segundas Vísperas de San Fernando, cuya 
lésliyidad se celebraba por la prímesa vez. Ya estaban concluyen- 
do, cuando los cánticos sagrados fueron interrumpidos por las vo-^ 
ees de tos que desde el patio y la iglesia ^ritab^n desarorádamen-* 
ie fuego y, fuego. La mayor parte de los monjes corrieron asustados 
al tugar del peligro ;. la campana' anundaba con, su acompasado 
sonido la d^ésgracia que amenazaba, y ya otra vez los pizarreros 
y dependtddtes se afanaban por impeair los progresos del fuego; 
pero pB vano. 

Sin duda durante el inc^io d& la chimenea, q«ie todos ere* 
;peron perfectamente apagado, algtiuasi^ispas se habían introdii«* 
cido en los 'desvanes altos debajo de la pizarra, y propagado 
ocultamente el fuego por varios puntos. La larde, aue hasta enton- 
ces había estado muy nublada pero serena, rompió repentinamen* 
té en un viento aquilón tan espantoso, que las chispas ocultas bajo 
tas pizarras levantaron en un momento llamas enormes. El viento 
las arrojaba con violencia á la cara de los obreros^ y las propaga** 
ba con tau estraordinaria veipcidad, que no bien habían .comenza- 
do á níaniobrar ó practicar una cortadura en algún punto, cuando 
se veian obií^dos á abandonarlo sofocados por el humo y el fue- 
go. Emprendieron eatos mismos trs^bajos atrincfaeradofi en*^una pa«* 
red maestra, en uña torre*, pero apenas lo habían intentado coan- 
do las llamas los desalojaro» , y los hicieron retirar mal de Su 
grado. 

Muy poco tiempo hacia que babia comenzado el incendio, y ya 
parecja imposible á las fuerzas humanas atajarlo. El Vicario, re-- 
vestido como estaba aún üon la capa pluvial que había toiíado para 
celebrar las Vísperas tomó el Santísimo Sacramento , y cm él en 
las manos se pr^entó delante ^ las llamas devoradoras, inapto- 
rando con lágrimas el remedio del único que' podía darlo. El velo 
milagroso de Sania Águeda, que en otro tiempo había contenido la 
lava ardiente del Etna, fué presentado en vano en esta ocasión; 
los cíelos no escuchaban la» plegarías fervientes, las lágrimas an- 

f;u8tiosas de lols monjes, y los medios humanos parecían' aumentar 
a voracidad' del incendio; £1 viento de cada vez sóplate con ma-» 
yor violencia, y ráfagas de fue^ impelios por su espantoso em-¿ 
poje se estendian sowe los empizarrados, cenvirtiéndolos . al mo-^ 
mentó en cenizas. Para calcular so prontitud y actividad liaste sa- 
ber, que en poco más de tres horas habían desaparecido las cubier- 
tas'de toda la mitad del edificio aoe mira ál Norte. 

Taá-este tiempo iba cerránao la noebe, y esta circunstancia 
aumentaba la.conrosion y el elpanto. Era ya mucbüsima la'^eate 
que 'había itcndido de los pueblos inmediatos, y todos trabajaban 
con ardor én ol sitio y del modo que i cada uno le parecía, por- 
que el darles orden y dirección era impoisible, siendo ya tantos los 
puntos incendiados.. El bramido del viento /que^e cada vez soplaba 
con mas furia, el estruendo de los techos que se desplomábanse- 



4 22 HISTORIA DBL ESCORIAL. 

bre las bóvedas interiores, Ios-alaridos y |;rítos de los trabajadores, 
todo formaba uq ruido espantoso, uo bramar berrendo, aue no hay 
á qué compararlo. El hamo, abatido por la impetuósidaa del vien- 
to, ocupaba ya todas las habitaciones; el an\^biente, cuajado.de ce- 
niza y pavesas ardientes, apenas dejaba 'respirar; y los hombres 
acobardados tenian que retroceder á cada paso, porque el calpr y 
el humo los sofocaba. . ' . . . 

Sin embargo, al principióle la noch&, en medio de. tanto hpr- 
ror, quedaba alguna' esperanza de atajar el fuego, fundada en la 
disposición misma del edificioí* Los muros de la iglesia, aue son de 
mas dé nueve pies de espesor^ y lo ancho del patio de ios Reyes; 

aue dividen el edificio, se creia que imi>edirian se comunicasen las 
amas á la otra mitad, y todos .convirtieron su cuidado á impedir 
la comunicación del fuego por la biblioteca, que corriendo por 
encima del pórtico principal , une las dos partes laterales del 
edificio. -A prevención se habian puesto fuertes tabiques eñ la 
puerta del Colegio que da entrada á dicha biblioteca, y por alíi 
estaba seguro; pero las llamas me $e levantaban del empizar- 
rado del Mediodía del patio preoaieron por tres veces en las boar- 
dillas sobre la sala alta, y uñ hombre solo prevenido de cántaros 
de agua logró apagarlo. 

Al mismo tiempa que en toda la linea de Oriente á Poniente se 
esforzaban por impedir que el fuego invadiese la iglesiu, un remo- 
lino de viento, arrebatando las llamas del empizarrado, las hizo subir 
á lo alto de la torre de la izquierda de la fachada, donde estaba el 
órgano de campanas. Poco cbño parecía poder liacer en ella , por 
ser toda de piedra hasta la aguja; pero cebó en el telar que soste- 
nía el órgano j[ en la máquina para tocarlo, y en un momento la 
cúpula se convirtió en un nomo. Acudieron prontamente á apagar- 
lo, pero imposible; un arroyo de metal derretido bajaba por ia es* 
calera; y en muy pocos minutos, 38 de las 40 campanas que conte^ 
nia quedaron completamente disueltas. , 

La acción del mego se había reconcentrado de tal modo en aquel 
anchuroso patio, que hasta las piedras del pavimento abrasaban, y 
el ambiente que se respiraba en él era sofocante é insufrible ; sin 
embargo, la gente cruzaba sin cesar, acudiendo con presteza á los 
puntos amenazados.. A proporción que el combustible se consumía 
en la parte del Colegio, crecían las esperanzas de salvar la otra' 
mitad del edificio, pero pronto quedaron destruidas de un solo gol* 
pe. Una ráfaga de viento, á modo de un torbellino , arrebató un 
tizón encendido y lo llevó á mas de 200 pies de distaneia «1 empi- 
zarrado de enfrente junto á la otra torre ; y* tocar en él, y levantar 
las llamas hasta las nubes, fue obra de un solo momento^ Ni 'la 
multitud de agente que arrojaba agua en abundancia, ni los esfuer- 
zos de los obreros, ni los cortes que se piacticaban á largas distan- 
cías, ni ningún esfuerzo humano logró contener un momento su vo- 
racidad; el fuego comenzó á propagarse ^ distintas direcciones, y 



en meaos de cuatro horas todo aqael niagnífioo edificio no era 
mas que una enorme hoguera/ cuyo resplandor se estendia ala- 
gunas leguas. Solo la grande y pesada mole de la iglesia era la 
<|ue aparecía como una mancha negra en medio de aquel volcan • 
inmenso. . - ^ 

Describir todos los pormenores de aquella noche terrible; pintar- 
todos los esfuerzos que se hicieron para contener el incendio ; dar 
una idea de la aflicción, de la I&stim^ ane causaba ver consumirse 

f»or momentos aquella rica maravilla del arte, sería cosa imposible:* 
a imaginación puede concebirlo,. pero no es^facil ala lenguas- 
presarlo. Las affujas de las torres, los altos chapiteles, el volumi- 
noso enmaderado de las <;ubiertas se iban d^lomando uno en pos 
de otro con detonaciones horribles, qiie'hacian retemblar el edifi- 
cio hasta sus mas hondos cimientos; á>;ada paso se bundian gran- 
des pedazos de techumbre hechos ascoas, para luego remontarse 
|ior el aire convertidos en chispas y pavesas; el cielo, ennegrecido 
por una densa nube de humo, no poaia verise; y por el suelo cor- 
rían los metaled derretidos como la lava de los volcanes. Consumi- 
das las cubiertas y desplomadas sobre los pises inmediatos, rompia 
el fa^o por puertas v ventanas, que semejaban caída una de ellas 
á las horribles bocas del averno; las comjimcaciones se intercepta- 
tan, las voces, lamentos y desentonados gritos de los que s^ avisa- 
ban del peligro, tomaban disposiciones ó se lamentaban de tama- 
fia pérdida, aumentaban la confusión y el espanto; el calor iba pe« 
netrando hasta en las habitaciones mas retiradas; y estaba ya muy 
próximo el momento de t^er que atondonar enteramente el edifi* 
ció si qqerian salvar las vidas. En. todas partes se combatía con 
empef&o, pero en todas era escasísimo el resultado; la voracidad del 
fn^o y la violencia del viento , inutilizaban cuantos esfuerzos se 
haciaU' 

Perdida la esperanza de contener el fuego en las cubiertas y 
empizarrados, se fijaron todos en salvar la iglesia principalmente, y 
después las habitaciones mas notables, como eran la biblioteca, 
salas capitulares, sacristía y 'claustros principales. TodQS estos pun^ 
tos eran vigilados con esmero y defendidos con tesón. Las llamas 
contiguas á la iglt^ia ^ el empizarrado de la derecha del patio de 
los Reyes asaltaron la torre oe las campanas, prendiendo en los 
maderos que las sostenían y en las cabezas que les servían de con- 
trapesp. Allí se dirijieron las bombas y esfuerzos de los trabajado- 
res, pero sin efecta alguno; las campanas comenzaron á caer der- 
retidas , y el reló, qne habia comenzado á dar las diez de aauella 
noche tremenda, no pudo concluirlas, porque la campana se aerri-. 
tió en aquel momento. Por los claustros menores iba al mismo üem*- 
po avanzando el incendio. hacia la biblioteca, y acosó & los que la 
defasdían en términos que tuvieron que huir precipitadamente, y la 
ilama prendió en la puerta principal, desde la cual se comunicó á 
los primeros estantes. Ninguna ' esperanza quedaba ya de salvar 



424 HISTORIA BXL B8CX>RIAL. 

aquella joya preciosa; ios libros habían sido arrojados por ia^ ven- 
tanas á la Lonja; pero hasta los mas rudos derramaban lágrimas s|l 
contemplar Ja pérdida deaqnella rica estantería y de los valientes 
frescos de la bóveda. El dolor mismo dio entonces esfuerzo y osadía 
á algunos, que aupque con muchísimo peligro se atrevieron, á su- 
bir por los balcones, y llevando por delante (solcbones empapados 
en agua, pudieron: llegar hasta la puerta incendiada,- y amontonan- 
do colchones lograron apaga^ los estantes incendiados y la puerta, 
que después tabicaron fuertemente. 

En el claustro principal alto.se haliabtfn también tit ño menos 
apuro y conflicto. El fuego habia penetrado bü la sala de Capas, 
pieza contigua al trascoro, con el qiíe se comunicaba por una puer* 
ta. Se afanaban los monjes en sacar los sagrados ornamentos que 
en ella se guardaban, y apenas habían concluido cuando hundién- 
dose el techo con una detonación espantosa prendió el fuego en la 
cajonería, y no tardó en comunicarse á las puertas. Al ver ^tr las 
llamas por la que da paso al trascoro, un grito de espanto se dejó 
oír en todo el recinto; Ta. esperanza de libertar el coro y la* iglesia 
se perdía; eca ya imposible salvar nada. Los monjes, bafiadosen lá- 
grimas, llamaron: en su auxilio á* cuantos seglares pudieron encon- 
trar á mano, y comenzaron á sacar los magníficos y.preciosos libros 
del canto, otros los ornamentos y ropas de la sacristía en los mis- 
mos i^aiones en que se guardaban, y otro& las reliquias y alhajas. 
La confusión crecía, el temor se aumentaba, discurrían de un. lugar 
á otro con los preciosoá objetos que querían salvar, y todas las ha* 
bitaciones estaoatf igualmente amenazadas. En fin, conliarto traba- 
jo y no poco peligro, atravesando salidas donde seles chamuscaban 
los cabellos, se resolvieron á sacarlo todo á la.Lptíja. Aquella ancha 
plaza presentaba el aspecto de un campo de batalla, donde los ven- 
cedores han amontonado en desorden los despojos de los vencidos. 
Ya entonces elfue^o tocaba los ciyones de los libros del canto; la 

Imerta que comunica con et coro, por donde está la silla que so- 
ia ocupar Felipe H,^rechinaba al desprenderse la resina; ya no se 
¿speraba m^s que veda arder; pero sea que los esfuerzos se mul- 
tiplicaron, ó que la voluntad del Omnipotente quisiera reservar su 
templo del estrago, las llamas retroceoieron de repente, y el tras- 
coro quedó completamente asegurado. - . 

Alcanzado aquel triunfo nó esperado, etviiadó el incendio del coro 
y antecoro , se creyó i^ircunscríto el fuego á la isala de Capas, pero 
nó-eraasi: en aquel momento estaba tsausando en er claustro prin- 
cipal una pérdida lamentable, un daño de gravedad. En los prime* 
ros apuros del incendio, viendo que tanto la biblioteca manuscrita, 
que estaba en el patio de los Reyjes en la parte que mira al Norte, 
como la alta, estaban inmediatarnente amenazadas, sacaron de ellas 
todos los códices árabes y gran parte de ios escritos en otras len- 
guas, y los pusieron ^amontonados en el claustro príocí pal aito, que 
por ser de bóveda y estar rodeado de fiíurtes mures de piedra, pa* 






. PARTB SBGÜHDÁ. 495 

recia ii^gar muy. seguro. Junio á ios iDanaseríios-, y arrimado á qdo 
de los l^ílarQs, estaba taDfrbioD el estandarte torco tomado en la ba« 
talla de Lépanto/qoe ya dije era dé algodón. Sin dada alguaá cbj^pa 
de las^ mucnas que arrojaba el furioso volcaa que saliá por la puerta 
de ia sala de Capas preadió en dichoestandarte» que cayendo sobre 
el montón de Ui>r6s redujo en un momento á |>ayfsas aquel inmenso 
tesoro literario. Cuando notaron esta desgracia hablan perecido ya 
mas de cuatro mil manuscritQs , árabes la mayor parte, y de toáo 
el montón pudieron salvaffsemuy pocos. Desde los libros se boioo* 
nícóá las ventanas del claustro, y el rayo arrojado por la tempes* 
tad no hubiera propagado con mas rapidez el fuego alrededor de 
aqueKhermoso patÍQ. A. los pocos minutos la celda prior.al, desplo- 
mada, su' hermosa torre, estaba pon vertida entenizas, y las llamas 
estaban apoderadas de toda la parte de Oriente hasta la sala lla- 
mada Aula de moral-. 

' Comenzaban ya á perderse las esperanzas de todo punto; la iut 
jdumerable multitud de gente de ios pueblos inmediatos, -que hasta 
entonces habia peleado coq .ardof y trabajado esfraoniinariamente« 
se iba causando de una lucha inútil al par que peligrosa, por<{uei 
los tránsitos abrasaban , el haino y las pavesas lo haoian invadido 
todo, los escombros interceptaban la mayor parte de los cUustros 
y escaleras, nadie data rfn paso sin temer que el pavimento se es* 
capase bajo sus* piéis,, ó que -el techo se desplomase sobre su cabe-^ 
za. £ran p^rté de los religiosos, aeojiéndos^ a la única esperanza 
que les quedaba, al poder de Dios, corrieron á la iglesia, y alli, gua- 
recidos en un' rincón de las capillas, unos imploraban la divina ele* 
mencia con oración v lágrÍAias, otros se esforzaban en desarmar -la 
cólera del cielo dándose sangrientas disciplinas. '• 

iQué aspecto .entonces ü d^ aquel templo ms^niocol Las vi- ' 
driéras estallaban una en pos de otra, cayendo deshechas en menú* 
dos pedazos; las llamaradas gue entraban por 1^ ventanas la alum- 
braban por intervalos cojno el relámpa^ de la tempestad; él^zum* 
bar Jel viento, el estruendo de los hundimientos, el crujir de láis ma* 
deras y los lamentos de los monjes se repetiañ y confundían en 
aquellas dilatadas Jbóvedas, formando un sonido fatidjco y espan-- 
to^6 , que parecía ser el esterar *de*, muerte de aquella maravilla 
del arte. . . ' - , 

Juzgando ya imposible salvar, nada en el ediKcio de lo que po- 
'dia quemarse, dirigieron todos sus esfuerzos á librar algunas* de sus 
preciosidades. Comenzaron por sacar eL Santísimo Sacramento, ve- 
rificándolo en las altas lioras de la.noche pof la puerta de San Juan,, 
que era la que ofrecía mas seguro tránsito hasta la Lonja, por don* 
de le ilevarob á h Compaña, depositándolo eii el. altar de «la en- 
fermería. La presencia del Dios omnipotente acompañado de unos 
cuantos monjes, y alumbrado por los resplandores del furioso in- 
cendio que amenazaba destruir del todo su tabernáculo santo, era 
un aspecto altamente aflictivo: la religión multiplicó en aquel mo- 



4 26 HISTORIA -DBL BSOORIÁL. 

I 

mentó las ideas de espanto; todos lloraban, porque parecía que coa 
esto tránsito de Dios como huyendo de! peligro, se arrancaba la úN 
tima esperanza de remedio. , ' * 

Al mismo tiempo* se veían discurrir por todas partes multitud 
de gentes cargadas con pinturas, reliquias y ornamentos, que se iban 
amontonando en l;t anchurosa plaza que rodea el monasterio. Los 
papeles del archivo , los caudales y documentos de la tesorería^ 
trasladaban á la pequeña casa de la huerta; en fin , nada se creía 
seguró dentro de los muros de a(^uel tan sólido como vasto edifioio. 
EstaconviccioQs'ujeriamil disposiciones sumamente^ af nesgadas, y 
aun temerarias y perjudiciales ; y los monjes tenían entonces que 
luchar también con la jenté, para que un celo indiscreto no los con- 
dujese á destruir lo que tal vez respetarla el fuego. Asi sucedió con 
un grupo de hombres que se habían empeñado en sacar del altar 
mayor el famoso y nunca bastante ponderado tabernáculo. Ta estaban 

f)revenidos de palancas, ya habían atado las maromas para roover^ 
Clonando afórtunadamente acudieron algunos monjes y los hicie- 
ron desistir de tan loco intento , que dp seguro hubiera destruido 
I )ara' siempre aquella preciosa alhaja; aquella belleza artística. En . 
in, sería no acabar nunca, Se necesitarían muchos volúmenes pa- 
ra referir todos los pormenores, de aquella noche de hicha, de hor- 
ror V de desconsuelo. 

La claridad que despedía aquella colosal hoguera había hecho 
pasar desapercibidos |os primeros albores de la mañana; berpcuan- 
do el sol se levantó sohre el horizonte, se dejó ver en todo su hor- 
ror el cuadro que había trazado la llama dorante aquella noche 
aciaga. Aquel edificio, el día antes noble y magestuoso, estaba en- 
teramente d^mantelado; las cúspides dé cnatro d&sus torres ha- 
bían desaparecido, todas sus numerosas, puertas y ventanas despe- 
dían una columna de humo espeso y negro , interrumpida de vez 
en cuando por erupciones de llamas espantosas; los bellos jardines 
que le rddeab por la parte de Oriente y Mediodía habían desapa- 
recido bajo los tizones encendidos, las cenizas humeantes y los 
montones de escombros; basta las mismas personas, ennegrecidas 
con el humo, chamuscados sus cabellos y ropas., desencajadas. con 
éldolor, la fatiga y el insomnio*, parecían haber salido de las en- 
trañas de la tierra para completar lo horribíe de aquella desgracia 
deplorable. . " * • . . 

; La venida del día disminuyó algún tanfo la confusión, y la mui- 
tilod de gentes que había acudido fue destinada á los puntos con 
alguna mas regularidad. Lo primero que procuraron fue d^mba- 
razar la lonja de los infinitos objetos preciosos que la ocupaban. Las 
reliquias y vasos sagrados fueron conducidos á la capilla del Sitio, 

Ílas ropas, pinturais, libros y algunos muebles fueron acomoda- 
os en las dos casas de Oficios, lo mejor qoeel local y las* apuradas 
circunstancias permitían. Mientras tanto oirás cuadrillas sacaban y 
llevaban al mismo punto las pintoras^ cortinajes y muebles de pa- 



PARTB ftSGUNDA. 487 

lado, y ios de las habitaciones d^. convenio y colegio á que per-* 
mitia lleg»* el inoQidio. 

Sa voracidad y fuerza eo:nada habia disminuido, y el viento, que 
continuaba tan impetuosa como por la noche, le ayudabáJi es<» 
tenderse ripidamente por el interior, causando cada momento un 
nuevo estragó. Las cuadrillas trabajaban con empefio capitaneadas 
cada uoa.de ^llas por tres ó cuatro monjes, que eran los primeros á 
lanzarse al peligro, y á darles ejemplo de valor y constancia; y 
aunque- en algunos puntos consiguieron ventajas notables, en otros 
tuvieron que abandonar la empresa y ceder el paso á las llamas. 
La biblioteca de manuscritos, que como he dicho estaba situada al 
lado de la principal, en'el patio*de los. Reyes, C|ue á mucha costa 
se había salvado en la primera noche, se incendió en la segunda, y 
todos los medios empleados fueron inútiles , porque destruidos los 
empizarrados inmediatos, hundidos y abrasados todos los corredo- 
res que conduelan á ella, fue preciso abandonarla á merced de las 
llamas. Muchos manuscritos é impresos que no se habian podido 
sacar, dos faroles de metal dorado apresados en Lepanto en la Ca- 
pitana torca, las pinturas que adornaban aquella pieza , la estan- 
tería, que era toaa de nogal, y los innobles é instrumentos» todo 
desapareció en uA momento. 

Él tercer día deh incendio se temió que todo se perdiese , hasta * 
las alhajas y demás efectos que se habían puesto en salvo. Lo tor- 
re'que se levanta entre Poniente y Norte', llamada del Seminario, 
que hasta entonces se habia conservado, comenzó á arder furiosa- 
mente; y su pro»midad á las casas de Oficios hizo temer que el fue- 
go prendiese en eHas, y. corrieron todos á situarse sobre sus^empí- 
zarrados ó á sus puertas y ventanas. £1 m^tyor peligro consistía eii 

3ue la aguja se inclinase hacia fuera, y al caer, los tizones impeli» 
os por el viento prendiesen en algún punto; pero afortunadamen* 
te' sé huodió en dirección perpendicular, y. se consumió sobre los 
techos de la ton:e,' que fueron cayendo^uQo tras otro hasta elpa* 
vimeíito firme. * * 

.No habia un punto en el edificio donde no se estuviese lu« 
chando con afán para ^lyar lo poco que auédaba. .Enfa parte 
de Oriente se pugnaba por impedir que la llama llegase a pene- 
trar eú los aposentos Reales, situados detrás de la "capilla mayor; 
en la de Poniente se tenia particular cuidado ep ¿onservar ilesa^ la 
biblioteca; in el Mediodía era mas terrible la lucha para defender ~ 
las salas capitulares, iglesia vieja v otras habitaciones, sobre cuyas 
bóvedas, tan yalientemente'^pinladias^ ardia un fuego espantoso; en 
la parle del Norte y ambos claustros principales se- hacian esfuer- 
zos inauditos para .preservarlos. Cacfa momento habia un nuevo 
rebato, se presentaba un nuevo peligro , habia que lamentar una 
nueva ^ pérdida. " - ; / 

Los monjes, sacando el partido posible de la mucha gente que 
habia acudido, luego qué veian el ruego reconcentrado sobre una 



128 HISTORIA imL BSGOKIÁL. 

bóveda, destjaaban peoaes para^ qae alli le consumieseii , y apenas 
lo habían logrado cuando la hacían descargar, arrojando los escom* 
bros por las ventanas á la Lonja ó á los patios ; y á esta previsión 

Ír diligencia se debió el que los lindos frescos de las satos capitu- 
ares, celda prioral y sacristía quedasen intactos. Hubo sin em- 
bargo algunos puntos dpndatoda diligeacia fue vana, donde ise ha- 
bla amonJU)nado tanto comhjustible, (|ue no permitia" acercarse á 
mucha distancia, ni practicar diligencia al^na. 

Quince dias se prolongó, esta lucha terrible, sin que eñ ellos se 
descansase un momento; y es facij concebir las dura» penalidades 
que sufrirían durante tan largo 4>éríodo todos los que combatían 
aquel horroroso incendio, y señaladarneüte los'monj^, que como 
mas interesados tenían que acudir á todas partes, disponerlo todo, 
y cuidar^ no solo de contener el incendio, sino de custodiar y pql 
ner á salvo las alhajas y preciosidades artísticas; de dar dé comer 
á tanta' multitud de gentes; y de otras tantas oosfts como ocurren 
en 'momentos tan tristes y^azarosos. Su» esfuerzos, anñque con-, 
trariadós por dos enemigos reunidos tan fuerces y terríbres, como et 
fuego y el viento, 'Uo fueron del lodo inútiles. Se logró preservar, 
además del templo, que quedó inlacto, casi toda la^ planta baja, 
algo de los pisos principales, tanto en el monasterio como en pa- 
lacio, dos torres,' que fueron las llamadas de la Botica y de Damas, 
aoe están opuestas/ la una eu el ángulo entre. Poniente y> Medió- 
la y la otra entre Oriente y Norte; todas las alhajas y objetos 
destinados al culto; y la mayor parte de las preciosidades artislicas 
y literarias. " * 

Por fin, el 22 de junio se logró apagan de todo ponto las lia-» 
mas. La alegría y el pesar combatían á un mismo liempo los. co- 
razones <te todos; no podian menos de oongraitularso y dar gracias 
á Diús, viendo terminado aquel incendió tan horrible , que había 

Í>arecido bastante á calcinar hasta las piedras de aquel* vasto edi- 
icio; ni tampoco podían contener las lá^rínias al ver el estado Jas- 
timoso en que quedaba aquella maravilla *del arte. Aquellos quin- 
ce dias habían obrado en ella con mas violeiK^ia que la acción de 
quince siglos. £1 Escorial parecía una antigua ciuoad abandonada 
y destruida por la mano inexorable del tie'mpo. 




CAPÍTULO IV, 



Medidas que se tomaron uara sacar ios escombros , y de lo que de ellos se utíiixó.—r' 
Primeras Junciones de iglesia que se hicieron, •^-'Personas qué envió la Reina para 
formar el presupuesto, — Primeras cantidades que se. entregaron,'— Plan que se adop- 
tó y luego se desechó.' — Ifombrofniento de una JurUa y de nuevo Prior; sus dotes perso- 
nales; aposición ^ue encontró en la Junta; dificultades que tuvo que vencer, — Estado de 

la reedi/icacion. .-•,'" 



Grande dolor causaba ver el grandioso. nionunieúto erjjido á 
tanta costa por Felipe H, enteramente desmantelado , tiznadas sus 
paredes, hundidos gfran parte de sus techos, despojado de los altos 
chapiteles y agujas (jue lo adornaban, y envuelto, por decirlo asi, 
en escombros y ceniza. Cansadísimos estaban los monjes y todos 
los que les habian ayudado en su largo* y penoso combate ; pero 
era necesario olvidarlo todo, y comenzar desde luego á poner el reme- 
dio á tan lamentable desgracia. Antes que se retirase la mucha gente 
3ue de los pueblos inmediatos habia acudido, los- monjes trataron de 
escargar algunas bóvedas y desembarazar las enlradas'principa- 
les, y al momento vino una Real orden del tenor siguiente. 

•**Don Carlos, etc., y en su nombre la-Reina'go^xernadora, á vos 
«las justicias ordenarías de seis leguas en contorno del convento de 
»San .Lorenzo el Real del Escorial, salud y gracia. Sepades , que 
«habiendo suceidido el incendio que'ha habido en dkho conV'ento, 
»y conviniendo acudir al reparo en la parte que* se pueda , visto 
»por los 'del nuestro jConsejp se- acordó dar esta nuestra carla-pafa 
»vos en la dicha razón, y nos lo tuvimos por bien.— Por la cual os* 
umandamos, que luego que os sea mostrada esta- nuestra carta, ó 
Dcopia auténtica de ella, acudáis con gente de esas dichas villas y 
slugaresal dicho convento ae San LórenzoelReal, llevando cada 
«persona espuerta, palaó azadón para^lríibajaf en lo que se ofre- 
»ciere, y sacar las fuínas de dicho incendio; y haréis llevar la pro- 
«vision necesaria para el sustento de dicha gente , yendo con ella 
«un alcalde dexajda villa ó lugar que los mande, y asistiendo allí 
«lodo el tiempo que fuere necesario, hasta que se les despida; yjos 
^unos ni los piros non fagades ende al, pena déla nuestra merced, 
«y de cíida, cincuenta mu maravedises para la nuestra cámara; y 
«mandamos so la. dicha pena á cualquier escribano la notifique 
«y dé testimonio dello. Dada en Madrid é^3 dias del mes de julio 
«de 4674 años.=Yo la Reina.'' 

Ayudados constantemente por los muchos peones que esta or - 

PARTK ir. 9 



430 ' HISTORIA DEL ESCORIAL. 

den proporcionó, se désembarazaroa prontameDte todas las habita- 
clones y claustros interiores, ocupando al mismt) tiempo numerosas 
cuadrillas en separar pizarras, ladrillos, maderas y metales^ ha- 
ciendo esto con tanto esmero^ que los monjes del noviciado entre- 
sacaron 1501) quintales de solo plomo; los dó$. leg;os plateros con 
solos seis peones á sus órdenesi llegaron á reunir mas de 2000 
quintales de metal campanil, y un montón incalculable de claVazoQ 
y hierro de todas clases. Todo esto habia cuadrillas y monjes des- 
tinados á ponerlo con método y separación en los almacenes, y fue 
de muchísmia utilidad en la reedincacion: También hicieron lim- 
piar la iglesia y demás habitaciones preservadas del incendio, y se 
volvieron á colocaren ellas las alhajas , pinturas y efectos que se 
habian sacado. 

. Es verdaderameiite admirable que-en medio de tanta y tan du- 
radera confusión, cuando' las cosas mas preciosas habia necesidad 
de abandonarlas en cualquier parte,' cuando en medid de las som- 
bras dé la noche teniafn. que pasai:. por tantas manos desconocidas 
cosas de tanto valor, nada se echó de menos. Todas las alhajas y 
caudales» todaS'las ropas y adornos , todas las pinturas y libros 
volvieron á sus sitios sin que les fallase ni una sola piedra. ¡Esto 
honra mucho el carácter español! ¡Esto prueba su nobleza, su mo- 
ralidad y honradez! ¡Este n^echo solo hace derramar lágrimas de 
consuelo y satisfacción por pertenecer á una nación tan gcnerosal 
Támpoca huLo ninguna desgracia notable, aunque hubo*personas 
que se pusieron en peligros mminentísiui^os, y que nada hubiera te- 
nido de estraño en lin edificio tan grande; y tan poco conocido de 
los qué trabajaban^ Yerdu^d es que los monjes, ya por su número, 
ya por su celo y actividad, se hallaban en todas partes, acudían ;^á 
todos ios puntos y dirijian todas las operaciones, sirviendo á los se- 
glares de guia y ejemplo. - . ' 

Como en todos los grandes acontecimientos, en que se buscan 
razones para esplicarlos y niolivarlos cuando las causasr físicas y 
naturales no son muy claras, se apeló en este á lo sobrenatural. Se 
dijo Que algunas poches antes de esta desgracia se habia visto en 
el cielo un arco de fuego que desde el palacio de Madrid se estén- 
dia hasta el Escorial; y otros, que ya este incendio estaba profe- 
tizado desde que Felipe U emprendió aquella obra. Adoro los de- 
signios d6 la divina providencia , y no niego sus incompensibles 
disposiciones; pero el que como yo haya visto un incendio en este 
edificio,.y.haya sentido los embates imponderables ^el vientos no 
tendrá necesidad de recurrir á causas sobrenaturales para «splicar 
muy naturalmente este furioso incendio. * 

Después de él se encontraban ios monjes sin celda3 donde ha- 
bitar,, pues en todo el ediíicio solo habian quedado' trece; sin. camas 
en que dormir, siiv ropas con que mudarse , y s¡n ninguno de los 
efectos de su propiedad particular: todo habia perecido entre 1^ 
llamas. Se acomodaron, pues , como pudieron en las habitaciones 



PARTE SEGUNDA. 431 

de la Compaña, donde descansaban inuchas veces en cl suelo ; y 
para prueba de la mucha observancia que entonces tenían, baste 
decir que en aquellos azarosos quince días, no dejaron de cantar 
sus. horas canónicas v celebrar ^los divinos Oficios en Ja pequeña 
capilla del hospital de los criados. 

Pasados estos fue su primer cuidado continuar su instituto y el 
cumplimiento de las cargas con la misma solemnidad y fervor que 
antes acostumbraban. El domingo 28 de junio, desembarazada ya 
y perfectamente limpia la iglesia, celebraron la traslación del San- 
tísimo Sacramento, adornando paráoste fin, no solo el templo sino 
también el tránsito desde la Compañarcon árboles, flores y altares, 
y concurriendo á esta solemnidad la. mayor parte de los que habian 
participado de su fatiga y conflicto. Todos aerramában lágrimas de 
consuelo al ver volver á su antigua morada con tan brillante acom« 

[)añamíenlo á su Dios y Señor, c^ue con tañía precipitación y so- 
edad había salido de ella, y al oír resonar otra vez los armoniosos 
cánticos sagrados bajo aquellas bóvedas. que poco antes temieron 
ver deslruiuas. Al dia siguiente se hizo otra solemne procesión pa- 
ra trasladar y colocar las santas reliquias, y desde entonces conti- 
nuaron (os ejercicios religiosos eñ el coro é iglesia como aguíes. 

La Reina gobernadora, á qúíf n desde él princ¡[)ío se habia da- 
do parte de la desagradable ocurrencia y de los inevitables pro-: 
Sresos del incendio, habia anteriormente enviado algunas personas 
e su confianza que volvieron a darle la triste nueva de que nin- 
guna esperanza había de salvar nada de tají suntuoso edificio. Sin- 
tiólo entrañablemente, y apenas la avisaron de que el fuego habia 
cesado de todo punto, envió á su arquitecto mayor D. Gaspar.de 
la PeOa y á su aparejador D. José del Olmo, para que enterados del 
daño presupuestasen el coste de su reparación. En.el primer tan- 
teo calcularon unos 500.000 ducados; pero luego, mejor conside- 
rado, lo hicieron subir á 800.000, cantidad ya de muchísima con- 
sideración, atendido el malísimo estado en que se encontraba el 
erario público. El Prior del monasterio, que era entonces Fr. Se- 
bastian de Uceda, se presentó en la 'corte y dio cuenta minuciosa 
de todo lo ocurrido., implorando el auxilio y favor de S. M. para 
la reedificacioiv La Reina gobernadora tomo este asunto con tanto 
interés, que en el momento entregó y mandó vender una de sus 
mejores joyais, cuyo producto quiso -fuese el primero que se em- 
please en la reedificación del Escorial. Se unieron á esta cantidad 
45.000 ducados que la Comunidad recibió de América, y 3.000 de 
sus rentas, con lo que se procedió á cubrir provisionalmente toda 
la casa.Xos monjes querían que se hiciesen tejados en los pisos in- 
teriores con vertientes á las ventanas, pero se empeñó el arquitec- 
to en que se habian de hacer enfollados de tablas con unas canales 
de plomo que vertiesen fuera, en lo cual segaste mucho, y lo mis- 
mo fue comenzar el otoño que llenarse todo de goteras, que hu- 
bieran indudablemente destruido la mayor parte de las bóvedas^ 



43B HISTORIA BEL ESCORIAL. 

si los moDJes durante las lluvias y nieves , no hubieran tenido un 
continuo cuidado ^ un trabajo improbo. Se convencieron por fin en 
fuerza de la esperiencia^ y se hicieron tejados en todos los claustros 
menores. ... 

Mientras se practicaba esta operación perentoria de lonciar las 
aguas, nombró la Reina un^ Junta de reparación, compuesta del In- 
quisidor general, el Duque del Infantado, el Mayordomor mayar y 
algunos otros individuos de sus Consejos^ con el encargo de .buscar 
y proponer los. medios mas prontos y á propósito para reparar el 
daño, sin gravar al reino ni á la Real hacienda. Partiendo de esta 
base noluvieron mucho que discurrir para proponer áS. M. que la 
reedifícacion del monasterio se verificase lentamente con ios pro- 
ductos de las rentas de él, y mientras dura(:e la obra los monjes 
fuesen diseminados por los .demás monasterios de la Orden. La 
Reina Doña María Ana de Austria, que amaba sincerameiíte t;l 
Escorial , conoció que adoptar esta, determinación era añadir un- 
nuevo mal, porque además de que se dejaban de cumplir los su- 
fragios y cargas por los Reyes sus predecesores, alejando A los 
monjes, que eran los más interesados, seria mayor el gasto y mu- 
cha mas la duración. Desechó, pues, abiertamente esta idea, y les 
contestó: No quiero que falle de íilli ni el menor acóUlo ó ntona- 
guillo; y para quitar de una vez toda esperanza á los ambiciosas 
cortesanos que lopretendian,><lespachó al momento el nombramien- 
to de superintendente general de las obras de reparación en favor 
del Prior del Escorial, y quiso además que el pagador y sobrestan- 
te ú obrero fuesen también monjes. En esto seguía el ejemplo de 
los Reyes sus antecesores, que con taQ^ buen éxito- habían prac- 
ticado este método, y que tan buen resultada habian tenido por 
la probidad, inteligencia y celo de los PP; VJIIacastín y Fr. Nico- 
lás de Madrid. [Y ojalá 4io se hubiera acordado de nombrarla 
Junta! ¡Cuántos gastos y disgustos se hubieran ahorrado! 

Al mismo tiempo que se practicaban estas diligencias, estaba 
encargado de ia formación del plan el arquitecto mayor Gaspar de 
la Peña.. Bien con el objeto do evitar otro incentiio semejante, ó 
por el capricho de variar y lucirse, resolvió quitar los empizarra- 
dos, sustituyéndolos con emplomados llanos á manora de terrados, 
con corredores y otros adornos ; pero este plan tenia los graves in- 
convenientes de que quitaba esbeltez y hermosura al edificio por 
rebajarle muchos pies de su altura; le despojaba de aquella grave-* 
dad y proporción tan en armenia con su objeto; ^ra mucho mas 
costoso; destruía muchas hal)itacíones ; y era sobre todo muy es- 
puesto en un país donde son tan abundantes las nieves y hielos, por 
quedar los cubiertos con muy poca vertiente para despedirlas, lo 
cual en adelante causaría mucnos gastos y perjuicios. Por estas 
razones encontró una fuerte oposición en la mayor parte de los 
monjes y personas intelijentes; pero también tuvo muchos patro- 
nos, y tan buenos (|ue su plan fue adoptado por orden de la Reina, 



PARTE SEGCIf DA. 1 33 

y seguiF ét se comenzó lá reediUcacioo en el mismo año' del íacea- 
(iio , y se-Ilegaroa á^oncluir algúnps cubiertos. Mas apenas sé ter- 
minó el primero izando se vio el malísimo tfecto óue causaban á 
la vista, y la llegada de las nieves de invierno acabo de desacredi- 
tarlos, mostrando palpablemente su inconveniencra. La Reina go- 
bernadora, convencida de esto mandó suspender la obra, y que se 
volviese á formar un plan análogo á la forma que tenia antigua- 
mente, porque este , dip, es el camino real, seguro y conocido, cov^ 
tal que en íó posible se le asegure contra los incendios. 

La Proviaencia preparaba entonces otro monje que, aunque por 
distinta camino que el P. Villacaslin y Fr. Nicolás, había de ser* 
también el alma de la reedificación, como aquellos lo hablan sido 
de la fundación y del panteón. En 29 de mayo del año siguiente 
de 1672 fue nombrado y confirmado Prior del Escorial el P. Fr. 
Marcos de Herrera, hombre de una penetración y viveza estre- 
mada, muy conocido en la corte, donde había residido muchos 
años con los cargos de procurador de pleitos, procurador general 
de ía Orden, y administrador del Nuevo Rezado. Dotado de ün ta- 
lento nada común, de regular ilustración, muy avezado en los ue- 
5 ocios, y sobre'' todo -de un carácter atrevido é inflexible, ^empren- 
íó ei negocio de la reparación con la energía y empeño i\ue con- 
venia al ¿efe de aq.uella casna. Animábanle también las palabras d^ 
la Reina gobernadora, que al presentarse Fr. Marcos á darle las 

?racias por su elección, le dijo: El Rey mi hijo os ha elejido en 
rior de aquel convento, aunque sois tan mozo (tenia entonces cua- 
renta y cuatro años de edad), por ¡os ififormes que tiene de que solo 
eos podréis con vuestra actividad hacer reparar aquella casa de lo 
que abrasó el incendio, como él y yo fiamos de vos. En efecto, los 
informes-eran exactos, y la esperiencia lo acreditó. 

Seis meses largos hacia que se hallaba, suspendida la obra, y á 
los destrozos del incendio se unian los que diariamente causaban las 
lluvias y nieves, y mientras tanto en la Junta se discutia con una 
calma inconcebible' el plan que en adelante debia adoptarse, y el 
modo de encontrar fondos para realizarlo, pero sin llegar jamás á 
convenirse ; á proponer , ni mucho menos á resolver nada. Mas 
el nuevo Prior, al moiüenta que se confirmó, se presentó en la 
corte, y de tal modo supo captarse la voluntad de la Reina, legró 
pintarle con tanta vehemencia y verdad los gravísimos males que 
se seguían de este estado de inacción, que le concedió amplias la- 
caltades para activar a(]uel asunto; y por Real cédula de 8 de ju- 
nio de 4672, no solo le confirmó en .el cargo de superintendente 
general que había tenido su antecesor, sino que le nombró también 
vocal de la Junta, con el fin de c|ue conociese por si los obstáculos 
que se presentaban, combatiese a los que procuraban suscitarlos, y 
arbítrase y propusiese los medios que creyese mas prontos y efi- 
caces. 
sAiunque los cortesanos ambiciosos llevaron muy á mal estos 



434 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

nombramíeDlos, y las omnímodas facultades que se concedían al 
Prior, y aunque los de la Junta le recibieron en su seno cpñ pre- 
vención y de mala fe, Fr. Marcos les manifestó desde luego que no 
habla recibido en vano tan honoríflcos cargos, y que no era hom- 
bre que retrocedía ante las dificultades. Se presentó lleno de valor 
á la Jun(,a, á la que hizo ver los inconvenientes de los (>laaes de 
reedificación hasta entonces presentador; invitó á los arquitectos de 
mas nota para que formasen otros; y obh'gó á discutirlos. con tanta 
prontitud, que los de la Junta se atrevieron á quejarse á la Reina de 
que el nuevo Prior era demasiado vivo para asunto que requería 
'tanta calma y aplomo. Por fortuna el chisme no produjo efecto, y 
Fr. Marcos consiguió que se adoptase y aprobase el plan formado 
por Bartolomé Zumbigo, hombre muy entendido y conocedor del 
Escoríál, donde dije había dirijido la obra del' Panteón. Este plan 
dejaba el edificio en lo esterror en su antigua forma; en ]o interior 
se tomaban muchas precauciones contra los incendios, construyen- 
do de bóveda ios techos contiguos á los empizarrados, haciendo que 
las armaduras de estos sentasen sobre unos bancos de albaflileria de 
5 píes de alto, formando atajeas á pequeñas distancias, y dejando 
el caballete de mas anchura, para que se pudiese andar por él con 
mas facilidad. Pero los partidarios de Peña aún instaban por soste* 
ner su plan; y para quitarles toda esperanza, sin tomar parecer de 
nadie marchó ai convento, 7 mandó derribar todo lo que se había 
hecho, sin consideración á que se hablan gastado ya mas de 80.000 
ducados. 

Mas el haber vencido la apatía de la Junta y consegaiclo la apro- 
bación del plan, no era bastante; faltaba vencer la dificultad princi* 
pal, que era la adquisición del dinero. Con igual prontitud propuko 
el Prior que se tomasen 450.000 ducados á censo, los 400.000 obli- 
gándose la Comunidad á pagarlos, para lo cual hipotecaria sus ha- 
ciendas, con tal que la casa Real se obligase á pagar los réditos 
anuales; y los otros 50.0Q0 se pagasen de los prodoctos de la de- 
hesa de los Guadalupes, destinada á la conservación dé la fábrica 
desde su origen. Se aprobó sin detención lo propuesto por el Príor, 
pero ya entonces no había la confianza, la buena fe, lá moralidad 
({ue en tiempo de Felipe IK Faltaba -aquella, voluntad enérgica é 
invencible que debe caracterizar á los reyes, qu^ se hacia obedecer 
sin réplica, y que contenia á todos en su deber. En su lugar hablan 
entraao la emulación, el recelo y la mala fe; y los enemigos del Prior, 
ya que no pudieron estorbar sus planes, lograron se tomasen pre- 
cauciones qué manifestaban que no les inspiraba entera confianza. 
Las cantidades procedentes de este empréstito mandaron se depó- 
sitSisen en la administración del Nuevo Rezado, que estaba entonces 
^,en San Gerónimo del Prado, donde ahora está el Real Museo de 
Pinturas, y allí habían de estar guardadas en una arca de dos llaves, 
de las cuales una estuviese en poder de la Junta y la otra del Ad- 
ministrador, sin cuya- simultánea concurrencia no se podía sacar 



PARTE SBGÜNOA. 1^5 

cantidad alguqa. Aun para las cortas cantidades que se enviaban 
al Escorial se mandó tomar igual precaución de otra arca de dos lla- 
ves^ xiue habían dé estar, una en manos.del Prior y otra en las del 
Veedor de fábrica. * , 

ISti aun estas medidaá tranquilizaron los ánimos; la Junta repug- 
naba tener en su seno al Prior, que diariamente les echaba en 
cara su apatía y mala fé. Los que habían ambicionado la super- 
intendencia de las obras de reparación/ no podían soportar quedes- 
empeñase.este cargo el Prior, cuyo desinterés y celo por el. amor 
de su casa se fatigaba en vano proponiendo medidas de econon9fa,á 
las que la ma'yorja de la Junta encontraba siempre defectos y mo- 
tjvos paira desecharlas. La lucha se habia' empeñado terriblemente; 
la actividad Y esfuerzos del Prior se estrellaban contra la resisten- 
cia de la Junta; y las*dificultades'que ésta creaba eran al momento 
jdesvanecidaa y allanadas por ertalento del Prior» Por desgracia la 
Reína.no podia mandar con la decisión conveniente; la cortejóla á 
unos y á otros, á todo^ daban la razón, y el asiunta nada adelanta- 
ba^ con notable detrimento del Escorial, en el que el invierno y los 
aires hacían grandes daños. ^ ^ . 

Viendo poríín la Junta que la tenaz actividad de Fr. Marcos 
iba á vencerlos^ discurrió un medio de paralizarlo por algon tiem- 
po. A consecuencia de una acalorada disputa sostenida en la Jun- 
ta sobre á quién pertenecía la reparación del Escorial, si al Rey co-^ 
mo patrono^, ó al convento, separándole de la opinión d,cl Prior, que 
apoyándolo en razones de mucha fuerza, y princípalofienle en las 
cláusulas de la carta de dotación y fundación, sostenía lo'prímero, 
elevaron una consulta á S. M;, en la que le decían: í>mCv en >con- 
ciencia no podia ni debia distraer los fondqs del Hedí Erario para 
la restauración del Escorial, puesto que los monjes poseían ítíUy pí»- 
g'úes y- cuantiosas rentas, con cuyos producios podían costearla. 

En ^na corte dónde puhilaban tantas ambiciones, y que no es- 
taba muy sobrada de dinero, fue la idea adoptada, por todos^ y á 
fuerza de repetirla consiguieron que los reyes llegasen á creerla 
exacta. £1. Prior trató de desvanecerla, presehlando á nombre déla 
Comunidad un estenso memorial, en que además de esforzar las ra- 
zones que había para que el coste de la reedificación no pudiese ser 
de cuenta del convento, sino del rey, se manifestaba la imposibili- 
dad material de poderío hacer, acompañando una relación verídica 
de todas las ren,tas y sus productos, de los gastos indispensal)les, y 
délos empeños que la Comunidad téhia contraidos de antemano, 
sin contar los tnuchfsimos gastos que ya habia hecho con motivo 
del incendio. Pero la'Junta cerró'los ojos y los oídos á la verdad, y 
volvió á instar diciendo que en caso de tener alguna fuerza las ra- 
zones alegada^por los monjes, minea pertenecería al rey mas que 
la reparación (jel palacio é iglesia, y. á la* Comunidad lo restante 
del eciificio. Por ambas' partes se escribió, áe alegó y se intrigó mu- 
chísimo; pero el objetó de los enemigos del Escorial se lograba: la 



1 



436 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

obra de reparación estaba aún sia comenzar. |Cuán de mal efecto 
es siempre complicar y multiplicar sin n.ccesidad las ruedas de 
una máquina! ' . 

Conociendo esto el activo é inl^ti^ble Prior se present4 á 
SS. MMÍ.> y pidió licencia para tomar parle del dinero del censo y 
marchar al bscorial para dar principio á su reparación^ suplicándo- 
les al mismo tiempo, aue para finalizar la cue^ion pendiente nom- 
brasen una persona de inteligencia y probidad que fuese al mo- 
nasterio, y en .vista de los libros, documentos y cuentas fehacientes 
desús ingresos y gastos, les informase, y pudiesen resolver boo jus- 
ticia» ¡Tan seguro estaba de la verdad de cuanto habia espuestol 
Obtenida esta licencia partió para el monasterio, llevando- en si} 
compañía al arquitecto Bartolomé Zumbido, y al aparejador Cris- 
tóbal Rodríguez, natural de Valdémpro. bu primer cuidado fue reu- 
nir los materiales necesarios; la cal^ ladrillo se comenzó á fabricar 
eñ laS inmediaciones del monasterio; el yeso en Valdemoro, en don- 
de es famoso por su buena calidad. Paradla madera, además de los 
pinares que tenia la casa, se (ornó por tres años el de San Martin 
dé Valdeíglesias, y por quince el llamado de la Garganta, perte- 
neciente á la villa del Espinar. Compró también, con dinero que. le 
dió^el Rey, una numerosa carretería que pasaba de 30Ó pares, para 
que los portes saliesen con mas economía; nombró los oficiales que 
habian de cuidar de la obra» como son Veedor, Contador y Sobres » 
lante, y por. Obrero y Pagador mayor puso al P. Fr. Diego de yal- 
demoro, hombre muy versado en asuntos de obras y cuentas, y 
que hacía mucho tiempo que desempeñaba estp cargo en el mo- 
nastQrio. 

Tomadas e'stas disposiciones en los primeros días del mes de oc- 
tubre de 1672^ se comenzó de nuevo la obra de reparación después 
de tantos disgustos, luchas y dificultades. Al momento hizo, formar 
los -pliegos de condiciones y. anunció las subastas dé las obras, en 
cuya consecuencia acudieron maestros de todos oficios, quedando 
ajustado todo con la mayor escrupulosidad y economía (4). Como 
las bóvedas mas preciosas y amenazadas eran las de las salas-Capi- 
tulares, la reedificación, según lo habia^ mandado la Reina, comen- 
zó por el lienzo de Mediodía. 



(Á) Como los datos de esta clase seo de tanta utilidad, i^o.soIg para calcular el ra- 
lor de la moneda, sino también el estado 'de la industria y manufacturas, me ba pareci- 
do no- disg^ustará tener alguna noticia de las condiciones j ajustes que en aquella época 
se hicieron. Las puertas j ventanas se ajustaron á 5' rs. pie, poniendo los maestros la 
madera j dándoles el berraíe. Las ventanas que cobren los arcos del claustro principal 
altoJT bajo, á 5 '/a rs.j)¡e de soia^hecburas. El pie lineal de tirante de pie y cuarto, á 
4 '/i ^* ^ ^^ tirante de tercia , á 52 mrs*. Cada pie superficial de armadura de loa 
empizarrados, medido de una parte de la cornisa á la-'otra, comprendiendo todo lo. oe- 
• cesario de nudillos, soleras, estribos, pares, ele, á i ^/^ reales. 

Los ladrillos de todos tamaños,.! 80 rs. el millar; y los que se fabricaron en Qnijofna, 
por ser mucho mas finos, á 425. 



PARTE SEGUNDA. 437 

Aunque en el nuevo plan,sé adoptó la idea de que sobre ios ma^- 
cizós de fas paredes se levantase un banco de albañiierfa de 5 píes 
de altura, este se hizo de; modo que en lo^ estertor no vanase de for- 
ma el edificio, dejando én los trechos correspondientes huecos para 
los camones, sobre los cuales habían de sentar las tablas de) empi- 
zarrado. En los do^ meses primeros se cubrió casi toda la fachada 
db Mediodía, y se trabajaba en.la parte de Oriente, en la. distancia 
qué corre desde la. torre de Datíias hasta la iglesia^ Los maestros 
encarados de los destajos parecian trabajar con gu^to y emulación^ 
y la vigilancia y continua inspección del Prior hacianque no se des- 
aprovechase momento, porque los dias que el temporal no permitía 
trabajar en los cubiertos, los empleaba en labrar maderas y com- 
poner poco á poco algunas de las celdas. 
• Mientras el Priói' veía con satisfacción que el Escorial se resti- 
tuía á su antigua perfección V grandeva, los señores de la Juuta de 
reparación, que no habían echado en olvido su animosidad contra* 
Fr. Marcos dé Herrera, propusieron á S. M., que para la^ averigua- 
ción dé los productos de las fincas que poseiad los> monjes, y saber 
si podían ó^no costear la reedificación, enviase por. comisionado á 
I)on Fraqci'sco Marín de Rodezoó, Prior de Roncesvalles, caballero 
de la orden dé Calatrava, y Presidente que h^bia sido de la Chan- 
cilleriade Gran&da. La Reina con la-meior fe, -creyendo que cum- 
plía con los deseos del Prior, que asi lo había pedido, y qué perso- 
na tan autorizada cumpliría la comisión con la justicia, prontitud 
y buena fe que era de desear, le espidió al momento los Reales des* 
pachos., con los que na tardó en presentarse en el EscoriaK Los 
monjes lo recibieron con señaladas muestras de cariño y alearía, no 
solo porque estaban seguros de la justicia^de su causa, sino tam- 
bién porqué el aspecto venerando ae un hombre encanecido~en tan 
honrosos destinos, sus palabras dulces, sq aparente moderación y 
las justificadas ideas que dejaba traslucir cuando se hablaba del ob- 
jeto de su comisión, les hacian presagiar viú resultado satisfactorio^ 
No tardaron mucho én desvanecerse estas halagüeñas esperanzas; 
mandó; juntar la Comunidad en Capítulo, y su Secretario, ,que .era 
un clérigo, notario apostólico, leyó en alta Voz lá Real cédula de 
comisión, en la que se le autorizahá para registrar los'libros dé ha- 
cienda y rentajs del convento; y Jos' monjes la acataron y obedecie- 
ron como debían. Manifestó luego que traía también unos despachos 
del Nuncio de Su Santidad dinjidos al mismo objeto, y aue por lo 
tanto no había nece^dad de leerlos. DiÓ que sospechar al Prior, el 
que para un asunto puramente administrativo se hubiese apelado á 
la autoridad del Nuncio, y á nombre de la Comunidad intimó al Se- 
cretario que los íeyeser íntegros^ Algún tanto se resistió el hipócri- 
ta comisionado, bajo el pretexto de que su contenido era' el mismo 
que et de la Real cédula; pero esta misma resistencia aumentó la 
sospecha, y manteniéndose el Prior inflexible, el Secretario tuvo que 
leerlos. Vieron entonces que además dé confirmarle en la comisión 



438 lusToniA dbl escorial. 

ErÍDcipal, le autorizaba taoibien el Nuncio para reformar costutn- 
resy castigar delitos, ya en el superior ya en los subditos, remo* 
ver oficios, y aun destercar algunos monjes sí lo creia conteniente. 
Absorta quedó aquella Comunidad tan observante al oir las cláusu- 
las contenidas en lospodercs dellVuncio^ y no pudo ocuHar ipar- 
•cadísimas señales de enojo y descontento, que percibidas por.él as- 
tuto comisionadQ, trató de sosegarlos diciendo' que iquelláa cláu- 
sulas oa podían lener aplicación sino contra los. que se opusiesen 
al contenido de la Real cédula, y ociiltasen documentos ó libros de 
cuentas. Callóla Comunidad por enXonces. aunque la csplícaclon 
no satisfizo; pero el Prior conoció que aquello era una persecución 
contra él, unlazo que se le tendía, y un medio malicioso para des- 
truiry desacreditar á los monjes. Apenas salió del Capituló partió 
á la corte, donde puesto á los pies de la Reina se (|uejó amarga- 
mente de, la injuria hecha á tan respetable corporación, que ningún 
* motivó había dado para aquel atropello; y no solo consiguió la re^^ 
formación del breve, sino la declaración dé S. M« de que ha'biásido 
impetrado sin su noticia; la del Nuncio de que había sido engaña- 
do; y una Real orden para que por la cámara de CastHla se espi- 
diese una cédula dándole al Prior cumplida satisfacción de tbdó. ^ 
Casi al mismo tiempp se preparaba contra el Prior otro ataque^ 
no menos incómodo y terrible*. Él Veedor y (Suarda mavor de los 
Losqucs, en venganza de haber sido reprendidos por Fr« Marcos 
porqué se. melian en lo que nó era de su inspección, y altamente 
irritados porque los hábiá hecho mudar de las casas que ocupaban, 
presentaron á una Junta que entonces había en palacio, denomi- 
nada de .obras y bosques, un escrito en que decían falsamente que 
el Prior y monjes tala.ban los montes de su pertenencia^ destruían' 
la caza que los reyes Kabian mandado reservar para su recroa, y 
concedían licencias á, otros para que entrasen á cazar; a&adiendo 
cuantas calumnias pudo'dictarlés su rescntiñfiiento. Los hechos que 
citaban eran de todo punto falsos; pero fueron acojidos por la Jun- 
ta de obras y bosques con interés, y elevaron á S. M. una consul- 
ta suplicándola pusiese remedia á los males que en aquel esórito 
se denunciaban ,' llamando al Prior y reprendiéndole ásperamente. 
La Junta de reparación, que vio en ^sto un medio de salir con su 
intento, y de hacer la guerra al Prior, que tanto les estorbaba, hizo 
cundir la voz de la destrucción de los bosques y total aiiiquila- 
miento .de la caza, con lo cual interesaron á todos los tribunales, 
y lograron por iin que fuese enviado un ministro de justicia para 
que atajase males de tanta trascendencia.' 

Fué^ta comisión encargada al correjidor de las Navas del 
Marqués, llamado F. Astoiga, que se presentó al momento. en el 
monasterio, y reunido el Capítulo notificó los despachos y cédulas 
de que venía provisto. Las Dy'eron todos con respetuoso silencio, 
aunque .con indignación por verse tan atrozmente calumniados; so- 
lo el enérgico Prior levantándose le dijo: Pongo sobre mi cabeza (O" 



PARTE SEGUNDA . 439 

do euanto acabáis de notificarme como dimanado de mi Rey y señor 
natural^ mas en cuanto a su cumplimiento no hay lugar, póraue hie^ 
re inmediatamente en las propiedades de esta Red casa , aadas en 
dolé con cargas onerosas, de las que estamos en pacifica posesión por 
más dé cien años confirmada por di ferenles bulas apostólicas. Le pa* 
recio ai juez que volverse con ésta sola respuesta era quedar des* 
airado, y dejaba sin efecto su comilón, y entonces quiso apelar á 
la fuerza; pero no bien había hecho ademan de levantar en alto la 
vara, cuando uno de los monjes se arrojó sobre él; le quitó la va- 
ra, que rompió en menudos trozos, y á empujones ie lanzó fuera del 
Capítulo/ 

. Corrido y avergonzado el correjidor de las Navas con la repul- 
sa y ultraje 'sufrido, dio cuenta al Presidente del Consejo de Casti- 
lla, que lo era entonces el Conde 'de Villaumbrosa, quejándose 
amargamente de la injuria irrogada á su persona, y del atroz alen- 
tado cometido contra sü dignidad. Creyó el Presidente que el caso 
era muy grave, y elevó consulta á S. M. para que al momento fue- 
se al Escorial un alcalde de casa y coríe, con amplias* y omnímo- 
das facultades, no solo para hacer cumplir las órdcne¿que había 
llevado Aslorga, sino también para formar causa y castigar debi- 
damente á los que con tanto atrevimiento hablan aesobedecido las 
órdenes de S. M., ultrajándola en su ministro de justicia. 

Ta la Reina había nombrado at efecto al licenciado l)on Ber- 
nardino de Valdés, alcalde de casa y co'rte, cuando se echó a i^us 
Reales pies el infatigable Prior, y^ como siempre que lo hacia, sus 
palabras llenas de celo y verdad convencieron á la* Reina: la cokúí- 
síon y nombramiento fueron revocados, y la causa del monje que 
había roto la vara al correjidor y ultrajado la justicia, fue co- 
metida al mismo Fr. Marcos , á quiBn competia como Pribr. Él 
castigó efectivamente al monje que babia roto la vara, pero tenien* 
do en cons^de^acion su celo por. el monasterio , que era el que le 
habia impulsado á escederse. Como las cosas habían pasado tan 
adelante, como habían tomado una parte tan activa en este asuú- 
ta la Junta de obras y bosques, la de reparación y. algunos tri- 
bunales, el Prior no pudó desvanecerlo con^pletamente, y la Reina 
encomendó á Don Francíscp Marín de Rodezno esta averiguación 
sobre los bosques, pero advirtíéndoleque, sin meterse en mas, for- 
mulase su dictamen*, al mismo tiempo que averiguaba 16 de las 
rentas. ■ .' 

' Los émulos del Prior y enemigos .de la Comunidad, que tan 
completamente derrotados salían de todos sus ataques, redoblaron 
sus esfuerzos por medio de Rodezno,,que era hombre muy á propó- 
sito páraL embrollos. Este ocullamenteenvíaba á las Juntas sinies- 
tros mfprmes; y su comisión, que hubiera podido evacuarse en muy 
pocos días, porque los libros y cuentas de la Comunidad estaban 
muy ciaros é inteligibles, jamás se acababa, porque cada diaforma- 
ba un nuevo enredo. Entre tanto, la Junta de reparación se nega* 



440 HISTORIA DEL ESCORIAL 

ba á dar dinero; la mayor-parte de los obreros se marchaban por- 
que no había fondos.para pagarles, y la reediñcacion caminaba con 
una lentitud de malísimos resultados. Para añadir un nuevo obs- 
táculo, la Junta de reparación envió á Rodezno una Real cédula en 
que le nombraba interventor de la obra , para que pudiese mas á 
su sabor fiscalizar y desacreditar á Fr. Marcos ; de modo que este 
digno prelado se veia combatido por todas partes, y ni aun su vi,- 
da privada estuvo á salvo de la maledícencfa y encono de sus ene- 
migos., Mas él, inmóvil como la roca-combatida por lasólas, sufría 
con evangélica resignagion cuanto tocaba á su persóna,pero soste- 
nía con valofy'sagacídad y.talento lo que alhopor de la Comunidad 
cumplia, ó á la reedificación podia ser de alguna utilidad. , . 

Cansado ^i Prior de tan mala fe, de tantas y tan maliciosas di- 
laciones, convencido de que él hipócrita y mal intencionado Ro- , 
dezno no intentaría mas que males, y <\ne aquel asunto jamás se 
vería terminado, tomó los libros de bacieMa y cuentas origínales 
de la Comunidad y se presentó con ellos á la Reina Gobernadora, 
haciendo en'su presencia uña demostración tan palpable de todo, 
queS.Jif. mandó al instante á Don Francisco Marín de Rodezno 
c^ue cesase de todo punto en las comisiones que le estaban come- 
tidas, y después envió un Real despacho á la Junta de reparación, 
en que ja encargaba solicitase medios para^ la obra del templo, 
palacio y monasterio sin distinción; añadiéndoles que este era pun- 
to en que no se podia errar, y que al. Prior se le dieren las órde- 
nes y. libramientos necesarios para sacar dinero del arca , de cuya 
inversión diese cuenta cada quiñcQ dias ó cada mes; y que el cum- 
plimiento de estas disposiciones no se detuvíesje ni un momento, 
Eara que pudiesen acabarse, ó al menos adelantarse mucho los cu- 
iertosque faltaban antes que entrase él invierno. No .tuvieron, 
pues, mas arbitrio qué obedecer y entregar al Prior los libramien- 
tos. ¡Cuánto puede un hombre de carácter sostenido y fuerza de 
voluntadl 

CAPITULO Y. 



Alegría de los obreros , y mala interpretación é intrigas de ¡a Junta, — Pormenores so- 
bre la reedi/icacion,-^.Nuevo pleito por las dehesas dé Campillo y Monasterio.^^Pri^ 
mera venida de Carlos II al Escorial^ Recibimiento y obsequios que se le hicieron. — 
Sus diversiones en este Sitio, — Refugiase Falenzuela al Eseorial^jr quiénes fueron d 
' ' i prenderle. 

Los males que ' sé siguen de las discordias entre aquellos que 
han de contribuir á un mismo fin son de tanta gravedad y conse- 
cuencia, que debia ser una regla constante délos que mandan, cor- 
tarlas apenas apareciesen. Tres meses largos hacia que los señores 



PARTE SE6D1IDA. . 4 41 

de la Junta de reparación, ocupados solo de chismes y enconos con- 
trael Prior y convento, habían oiyidado enteramente el «agrado ob- 
jeto de que estaban encargados, y por no habefr permitido al saper- 
jnténdéi^te sacar dinero, los trabajadores estaban á punto de amo- 
tinarse,. porque en todo e&te tiempo no habían* percimd'o ni una so- 
la blanca. 

Fr. Marcos, que en vir-tud.de la Real orden arriba citada ha- 
bía ya sacado 80.CI00 ducados del depósito, y que conocía bien 
el estado de miseria enque se encontraban los trabajadores, les hjzo 
dar aviso, icierto.de que ya- tenia en su poder una cantidad bastante,^ 
no solo para satisfacer sus atrasos sino también para continuar la 
obra con desabogo y pagarles religiosamente sus jornales, prome- 
tiéndoles hacerlo él en persona dentro de pocos días. Fué tal el jú- 
bilo que este aviso produjo en los obreros, que aquella m)che íor- 
máron una soldadesca, dieron música con todos los instrumen- 
tos qué pudieron encontrar, y victorearon á su placer al Rey, ala 
Reina Gobernadora y ál Prior; y nada era de estrañar qu^ irri- 
tados del proceder de la Junta profiriesen algunos denuestos con- 
tra ella. . ' ^ 

Rabiosos losque la componían dp verse siempre derrotados por un 
fraile, y no encontrando por entonces otro motivo para mbrtincarle, 
dieron á esta alearla tan natural j jusjla de los trabajadores .una 
interpretación siniestra; la graduaron de una asonada contra la au- 
toridad de la Junta,* hieieron informaciones, ponderaron las circuns- 
tancias'del que llamaron tumulto no habiendo sido mas que sere- 
nata, é hicieron recaer toda la culpabilidad' sobre.él inocente Prior, 
que Hivó que valerse de toda su prudencia para poder sufrir los in- 
sultos y dicterios que le.prodigaron en una Junta celebrada el 5 de 
agosto de 1673,. y enja que determináronse suplícase á S.M. en- 
viase un juez acompañado de la tropa de caballería c|ue había en 
la corte, para que castigase severamente á los que habían motivado 
la iisonada. ^ero también esta vez quedaron vencidos. El P. Her- 
rera corrió á los pies de la Reina, la cual, oída suespKcacion^ le 
dijo: Nops aflijáis^ tened' fe y esperanza.-^Señorá, le contestó con 
viveza, no me falla fe ni esperanza en S. M.\ caridad es lo que 
busco en ¡os demás \ y no puedo hallarla. Encontróla entonces 
como siempre en el afecto y magnanimidad de -Doña María Ana 
de Austria, que por ua Real decreto manifestó á la J.unta, que cnte« 
rada de su súplita daba orden al Prior para que>, por medio de su 
Alcalde mayor, se informase do los culpados, facuhándole para que 
los castígase á su arbitrio. Este decreto lo miró la Junta como una 
•burla: aquel fraile travieso era para ellos una pesadilla eterna; pe- 
ro para el monasterio «I ángel tutelar; los tiros rastreros y calum- 
niosos de la primera se desvanecían á vista de su talento y honradez; 
y el edificio volvía á su antiguo, esplendor á impulso de sú celo y 
energía verdaderamente heroica, y á pesar dejas infinitas dificul- 
tades que habían tratado de suscitar. 



442 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

Dcspaes de tan obstinada lucha, despaeff de allanadas tantas di-* 
ficullades y obstáculos como quedan indicados , volvió el Prior al 
Escorial, no menos odiado dé sus. enemigos j pero muc.ho mas ase- 
gurado contra la malicia de sus tiros. íl momento de su llegada, 
que fueá mediados de agosto de 4673, se conoció por la auimacíon 
y vida qtié su autoridad y triunfos comunicaron á la obra. Los maes- 
tros volvieron ásus destajos ^ se aumentaron los oficiales y peones, 
se allegó abundantísima copia de materiales; y en lo restante del 
año quedó casi enteramente cubierto el edificio» y levantados los 
chapiteles y agujas de las torres. Se hubiera hecho mucho mas, 
pero el 30 de setiembre se levantó un furioso huracán, que fue ca* 
si general , y que causó en la obra daños considerables: conmovió 
los andamios , arrancó y arrojó á grandes distancias vigas enormes, 
arrolló ydesencajó muchas planchas de plomo, é hizo gran destro-» 
zo en pizarras y vidrios. . 

También en este año se compusieron las dos torres de junto á 
ía entrada del templo; y el 21 y !22 de noviembre se colocó en la 
dé la dei*echa Insólida y bien construida máquina del leló, que ha* 
bia hecho el famoso artislá Don Francisco Filipini , italiano de na- 
ción y caballero de la orden de San Juan de Letran, juntamente con 
las campanas para las horas, y ía llamada Favordon, que pesa mas 
de .500 arrobas,' y fue fundida de los metales derretidos en 
el incendio. Al mismo tiempo se levantaban los cubiertos, se iban 
empizarrando, aunque lentamente, porque las canteras de Bernar- 
dos, pueblo de la provincia de Segovia, de' donde setraian por ser 
de muy buena calidad y .color, no podian dar todas las que se nece- 
sitaban , mayormente cuando obligaban á los canteros á llenar los 
pedidos que les hacian de Madrid, donde se reedificaba la plaza 
mayor, que también se h'abia quemado el ^ de agosto de 4671. - 

Ya parécia que la obra llegaría sin tropiezo á su fin, cuando al 
comenzar el año 4674 comenzó también á faltar el dinero. Bien co- 
noció el Prior que esta era otra dificultad que querian crearle,' y 
para orillarla pasó á Madrid y se presentó en la Junta. Entre los in- 
dividuos de ella duraba aún la memoria de las luchas pasadas.y la 
animosidad contra el Prior, á quien no solo dijeron que por en- 
tonces era imposible darle dinero, sino que comenzaron también 
á disputarle sí los pinares y carrete/ía, que antes dije se habian 
tomado con dinero del Rey, estaban bien ó mal tomados, y si la 
Comunidad debia pagar aquel gasto. Conoció Fr. Marcos que esto 
no era naas que gana de incomodarle, y de suscitar, otra cuestión 
que, Gonio las anteriores, resultaría en daño y paralización de ía 
obra, y para cortarla en su orijen admitió que los pinares y car- 
retería los pagase el Monasterio; tomó á censo 40.000 ducados que 
habian costado, los aplicó á la continuación de la obra, y la Junta 
ya no encontró -nada que oponer. 

Pero hasta los , elementos parecía haberse combinado con los 
enemigos del Escorial para impedir, ó al menos retardar su re- 



PARTE SB60liiDA\. 143 

pftfacíoQ. Desde primeros de marzo hasta ya muy entrado abril 
casr no cesó una abundante lluvia acompañada 'de vientos fuertes; 
. y como lá mayor parte de las'cubiertas estaban aún sin empizarrar, 
todQ el edificio seconvertia diariamente en uua.laguna. Los aOiji- 
dos monjes no encontraban donde recojerse-, noche y dia'lrabaja- 
ban con afán para estraer el agua de las habitaciones y. salvar al- 
guna$ bóvedas^ cuyos bellos frescos arrebatan aún nuestra admi* 
ración. Ageste ímprobo trabajo se anadia el disgusto de ver parali- 
zada la obra , porque era-imposible trabajar (fn ninguna parte; y las 
pérdidas y gastos se aumentaban. Sofo^en el palacio, que estaba 
todo empizarrado^ era doade podían trabiajar en lo interior, hacien- 
do las bovedillas altas y arreglando algunas habitaciones. No pa- 
decían níenos ios trabajadores, que no podian seguir sus destajos, 
y se veian reducidos á mantenerse de sus miserables ahorros. La 
Comunidad los favorecía algo^ pero poco, porque se encontraba 
muy pobre y empeñada; en nn, allí no^e hablaba masqué de áflic<- 
cion.y apuros. Los monjes recurrieron á Dios, único que podía 
darles el comedio, que imploraron varias veces con fervorosas ora- 
ciones y rogativas.- 

• Sus súplicas fueron oidas por fin, el temporal cesó, todo el mun- 
do volvió ásuB tareas, y lá Comunidad recibió el consuelo de sa- 
ber que el. Rey había» mandado entregar una cantidad considera- 
ble para que la reedificación continuase sin tropiezo; con este mo- 
tivo la Junta determinó' .enviar un individuo ae su senx) parác|ue 
insp^cipnase Jas obras hechas, calculase los gastos, estableciese 
economías, y la informase luego.^e todo. Recayó k elección en el 
Regente jdel Consejo de Indias Don Luis Carrillo, que desempeñó 
la comisión con celo y.reclítud; y convencido de la buena fe, iur 
fatigable celo y buen^métoda y econotoía adoptada y seguida por 
los' monjes, y satrsfechq del buen desempeño de la obra por el dic- 
tamen del arquitecto mayor de- palacio y otros que le acompaña- 
ban, presentó al Rey un memorial y ala Junta una relación, en 
?|ue alababa muchísimo la actividad y vijilañciá del Prior, el in- 
atigable celo de ios monjes, y el buen desempeño de la. obra. Este 
informe, }leno de justicia,, acabó' de disipar las hablillas calumnio- 
sas de los.eaemígos; la Junta enviaba 10.000 ducados mensuales, 
y en lo restante del afio'1674 se acabaron los empizarrados, ,1a 
maypr parte de las oficinas y habitaciones, de palacio. Lo último 
á que se atendió fué á la reparación de las celdas de los monje», 
que de intento lo dispusieroa así, para que los maldicienles lío los 
acusasen de egoismo, y de que lo primero que procuraban era su 
comodidad ; aunque nada hul>iese tenido de estraño que lo hubie- 
sen hecho asi,*cuando por mas dé tres años estuvieron habitando 
en lugares desabrigados, lóbregos é incómodos. 

A' los adelantos ya dichos se'añadió* la acertada disposición de 
reelejir por Prior en er siguiente año 1675 al P. Fr. Marcos de 
Herrera, único y necesario móvil de la reedificación, Al dar prin- 



144 niSTORIA ]>RL ESCORIAL. 

• 

cipip á so nuevo priorato cooienzó á escasear el dinero, porque las 
guerras con Francia absorvian toda la atención y consumían todos 
los medios, v la Casa Real no podía atender al Escorial. Sin em- 
bargo, Fr. Marcos halló medio de entretener la mayor parte de los 
trabajadores, que continuaron en su ocupación todo' el verano, en 
el cual quedaron habitables todas, las celdas que dan al Mediodía 
y Oriente, el dormitorio, celda prioral , sala de Capas, y gran' par- 
te de las habitaciones altas. 

También llegó por este tiempo, y se colocó en* la torre de la iz- 
quierda del-palio de los Reyés,'un orjgano de campanas^ mandado 
construir en Flandes por D. Juan Domingo de Haro y Guzmsrn, Con- 
de de Mpnlerrev, Gobernador de los Paises-Bajos, del cual se con- 
serva en la Bibíioteca del Monasterio una medalla de plata de cua* 
tro á cinco onzas de peso. Tiene en uno de los reversos su retrato, 
con la inscripción Joannes Dominicus Comes ñfonteregius, Belgii 
et BurguñdicB gubernatór^ 4675. En el otro se ve una matrona que 
representa á la España, sentada', y en actitud de; hablar á Mer- 
curio. En. el fondo está representado el mar con algunos buques, 
varias fottíficaciones, y. eñ lontananza la vista defina ciudad. En lo 
alto está la Fama tocando^ dos clarines, de los que penden unas ban- 
deretas con las armas reales de Espafta, y sobre ella se leen los 
versos siguientes:, . . • • 

Cede, nfari. Neptuoe. Tagis. Mods. rcgius. ondis. 
ImperaU et domitas. Flaodria. laeta. sliípet.' 

Dicho gobernador manifestó en el esmerocon que fué construi- 
do este grande instrumento, los deseos que tenia de complacer al 
Rey que se lo había encargado. El artífice que fundió y atonó las 
campanas 'se llamaba Meicnor de Hace; eran treinta y dos, 4'an 
perfectamente, templadas, que formaban completas escalas cromá- 
ticas, (fe modo que podía tocarse en ellas como*en cualquier otro 
instrumento músico. Vinieron embarcadas hasta el puerto, de San 
Sebastian , á donde fue en comisión el P. Fr. Martin de Esparza, 
para traerlas en fuertes carretas; y solo los gastos <te conducción 
pasaron de 50.00.0 reales. - 

' Entretanto en la Junta, en palacio y én fodos los círculos de la 
corte que tenían alguna inQñencia, se habia restablecido comple- 
tamente el crédito de la Comunidad y de su digno Prelado. La co-. 
misión nombrada para fallar sobre si' los monjes podían ó no costear 
la reedificación, en vista de los libros y datos consultados, resolvió 
negativamente; la Cámara y la Junta de obras y bosques qyeoaron 
completamente satisfechas sobre el atropello del corregidor de la? 
Navas; y al hipócrita y mal intencionado Rodezno se le mandó salir 
de Madrid, y retirarse a su Priorato de Roncesvalles. Tarde ó tem- 
prano laTcrdad y la virtud triunfan de la calumnia. Aprotecbando 
el Prior tan favorable coyuntera se presentó á la Reina , y además 



de alcanzar de su generosidad una considerable cantidad de díoerd 
para la obra, Qiereció aue le regalase un espejo con e\ marco xle 
crislal de roca, c|ue es el que hoy está colocado en medio de tos ca- 
jones dé la sacristia. 

En él año 4 676 quedó enteramenle concluida la obra de 
reedíficacioa en toda la parte esteríor, quedando- empizarrados 6 
emplomados todos los cubiertos, repuestas 'todas las chímeoeas y 
muy adelantada la p^rte interior, particularmente en el pala- 
cio, donde quedaron concluidas todas las habitaciones, tanto de los 
reyes como de. la servidumbre y ofícinas, porque se anunciaba la 
venida de SS. MM. en el próximo otoño. 

Aunque después de los rurdosos pleitos de que antes he dado 
noticia era de esperar que no volviesen á incomodar á la Comu- 
nidad con nuevas quejas, sin embargo no fue asi; y otra vez Fray 
Marcos tuvo que salir á ladefensade las propiedades y haciendas 
del convento. Don Fernando Valenzuela, Marqués de Villasierra, que 
entonces se encontraba en la cumbre dé la privanza con los reyes, 
y que llevaba sus antojos hasta donde le sujeria su ambición, qui-' 
so, á imitación del Conde-Duque de Olivares^ apoderarse de las 
dehesas de Canipillo y Monasterio. Para preparar este enredo hizo 
que uno de sus muchoa aduladores y sirvientes, llamado Don Luís 
Huso, preseptase al Rey un memoriaív en que después de calum- 
niar atrozmente al Prior y Cómunidad-^porque destruían' la caza y 
talaban los montes, concliiia por aconsejar á S. M. les quitase la pro* 
piedad, particularmente la dé. dichas dos pingües dehesas, dándoles 
en cambio otras rentas/Taa falso y calumnioso era este* escrito, que 
por el contrario la caza na *podia mantenerse por lo mucho que 
abundaba; y en 4673 habia el convento presentado un memorial á 
la Reina Doña María Ana de Austria, pidiéndole permiso parama- 
lar diez 6 doce mil gamos,, para poder sacar alguna utilidad de los 
bosques, que no bastaban ai mantenimiento de tanta res como ha- 
bia. (Pero qué le importaba á Valenzuela la verdad, cuando él la 
habia de presentar como quisiese! ¥a de antemano habia hecho que 
el Rey ie diese el poinposo título de alcaide d^ los Reales bosques; 
y apenas se presentó el memorial de Muso cuando acudió en su apo * 
yo, y sin mas información hizo decretar qué se quitasen al conven- 
to las dehesas de Campillo y Monasterio, y se adjudicasen á la Ca-. 
saReal, se pusiesen guardas por S. M./y se valuasen las fíncala 
para recompensar á los monjes. Se hallaba entonces ehUmo^ Her- 
rera en Segovia desenípefiando una comisión" de laOrden, y allí re- 
cibió la noticia de que en la villa del EscoriaI.se preparaban aloja- 
mientos para los comisionados que venían A despojar á la Comu^ 
nidad de las dehesas. Al momento se puso en camino, pasó por el 
Escorial; se informó de lo que habia, y al día siguiente ya estaba 
en Madrid* Logró al momento una audiencia del Rey, que acababa 
de ser declarado tnayor de edad; y con aquella libertad con que 
suelen expresarse los hombres enérgicos cuandolienen tranquila la 

PARTE II. 40 



f46 HISTORIA DBl ESCORIAL. 

concieacia y la justicia de su parte ^ le hizo ver lo injusto de la 
medida que acababa de decretarse, que no era menos que un aten- 
tado contra los bienes de la Iglesia, una infracción y desprecio de 
la última voluntad de los reyes sus predecesores, y una oposición 
directa á los fines de la fundación. Tampoco le quiso ocultar los 
nombres de las personas que habían urdido aquella trama. Es pre- 
ciso, Señor (le dijo al Rey), con harto dolor mío haber de decir mal 
para defenaerme bien; pero Don Luis Muso presentó á V.M. ese 
memorial sugerido; no me esplico bien ^' Señor ^ lo dio sobornado 
por Don Fernando^ Yalenzuela, Marques de ViHasiérra, fon. 60 do-* 
blones que recibió y un vestido para su mujer. 

Atónitos quedaron los que acompasaban sA Rey viendo la san- 
gre fría y aplomo con que el Prior descubría las tramas poco de^ 
corosasd'e un favorito que entonces tenia tanto poder >^ pero Fray 
Marcos nada teiriia; había dicho la verdad, v la habia dicho con la 
energía que le dictaba el celo por su casa, tuvo la fortuna de ser 
escuchado, porque Garlos II envió al momento á Don Temando de 
Alcántara, teniente de la villa de Madrid , para que averiguase la 
certeza de lo que en el memorial sedecia^ y se hiciese justicia. He* 
cha la competente información resultó que lodo lo espueslo por 
Don Luis Muso era una calumnia grosera urdida de mala fe^ por lo 
cual el Rqy revocó el decreto, y los monjes continuaron en la pa* 
cífica posesión de los bosques como hasta entonces la habían 
tenido. 

Fácil es comprender la rabia de Válenzuela viendo descubierta 
su trama y frustrados sus intentos; y en aquellos momentos dci ira 
mandó á decir al Prior que deseaba tener con él ona entrevista. La 
aceptó Fr. Marcos en casa del mismo favorito, que creyendo ipti- 
midarle con amenazas, tuvo por el contrario qne oir de su misma 
boca las amargas verdades que con tanto valor habia revelado deb- 
íante delRey. |Cuán lejos estaba entonces Don Fernando de presu- 
mir que dentro de (tocos días aquel digno Prelado habia de ser su 
mas enérgico defensor y su mejor amigol. 

En el otoño de e^e mismo año (1676) determinó el Rev hacer 
su primer viaje al Escorial; y el Pnor, que tantas veces habia sido 
escuchado con'benevoléncia y bondad, que tan bien servido habia 
sido siempre, y no menos la Comunidad, que se habia visto libre 
de tantas persecuciones, trataron de manifestarle su gratitud del 
modo que les fue posible. Nada omitienm para recibir dignamente 
á su Rey y patrono. Mas de i 4.000 luces reflejaban en los mármo* 
les y bronces de aquel suntuoso templo ai tiempo de la entrada, que 
se hizo con la solemnidad de costumbre; al día siguiente se digna- 
ron SS. MM. asistir en la celda prioral á una costosa, delicada y 
bien servida comida; soltaron en el bosquecillo para que el Rey lo 
matase (como lo hizo) un enorme jabalí que pesó en canal mas dé 
43 arrobas, y muchos venados y corzos; se trajerbn t^ros escojidos 
de la ganadería del convento para que se ensayasen unos dogos in- 



PARTB SEGülIBA. 447 

S teses que habían regalado al Rey; en los estanques de la'Fresne- 
a estaban prevenidas góndolas perfectamente construidas por el 
marino Carlos de Ravasquier, en particular un bergantín de S^ pies 
de largo, notable no solo por su esmerada construcción, -sino tan 
ricamente empavesado y amajado, en particular la cámara de popa, 
que llamaba la atención de cuantos lo yeian. Al año siguiente que 
le vio y usó Don Juan de Austria, dijo: Que no tenia inconveniente 
en pasar con él el golfo de Leofi. Por la noche los obse(]uiaban en 
palacio con danzas , bailes y música; y las batidas dianas en que 
entraban multitud de reses, entretuvieron á Carlos II por mas de 
cuarenta dias, tal vez los mas tranquilos y felices que pasó en su 
vida. ' 

.También este Monarca quiso mostrar su afecto al Escorial, re- 

f;alando algunas alhajas que aumentaron sü grandeza, y entre ellas 
a hermosa araña de cristal de roca que aún hoy se conserva en 
medio del coro, aunque muy mutilada. Tenia entonces treinta y 
seis arrobas de peso , y la había rbandado á propósito hacer en 
Milán el Marques de Astorga para regalaría al Rey. En palacio 
acabó de alhajar .una habitación que su augusta madre haoia co- 
menzado á adornar con pinturas, colocando en ella una bellísima 
colección de cuadros que le habían regalado el Príncipe de Astilla- 
ño, el Almirante de Castilla y el Marq^ués de Astorga. Reconoció 
detenidamente la obra de la reedificación, y se convenció por si 
mismo de que el Prior y monjes babian sido injustamente calum- 
niados , tanto en lo tocante al edificio como en la conservación de 
los bosques. En todos ellos halló caza abundantísima, y tanta, que 
en la primera batida general que dispuso el Prior entraron en ojeo 
mas de 6000 reses mayores; y el arbolado, á pesar de los apuros 
en que se había visto la Comunidad , estaba en uñ estado flore- 
ciente. , 

Los dias que Carlos II permaneció en él Escorial los pasó en 
una diversión no inlerruropiaa, porque la Comunidad hizo enormes 

fastos para que nada le quedase que desear. El por su parle se 
¡vertía como un niño; y por las noches, cuando no tenia en qué 
ocuparse, le decia al Conde de Benavente, que por lo cbmun le 
acompañaba: Conde, vamos á hacer la ronda , cuya diversión con- 
sistía en entrarse por las celdas de los monjes, y señaladamente 
por la del Prior, registrando los cajones y gabetas, y recojiendo 
cuantas golosinas encontraba, para luego repartirlas álos monjes y 
dependientes dO' palacio que hallaba en los claustros. 

En una de estas veces tuvo la humorada de mandar á su famo- 
so pintor de cámara Juan Garreño Miranda, representase en una 
pequeña plancha de cobre la figura de una dama joven y hermosa, 

Íal hacer la ronda la dejó metida en una pequeña cartera que el 
rior tenía en uno de sus cajones. Pasado algún rato volvió á re- 
gistrarlo, sacó la cartera y de ella el retrato, que presentó al Prior 
y circunstantes. Grande fué la turbación de Fr. Marcos al verse re- 



448 ilISTORIÁ DEL ESCORIAI. 

Erender per el Rey, que á la3 repelidas protestas aua el buen Prior 
acia le contestaba presentándole el cuerpo del aelito, y exijíéa-^ 
dolé esplicacíones sobre la persona y objeto den tener tan guar- 
dado aquel retrato. Se aturdía Fr. Marcos , protestaba que no te- 
nia noticia alguna de tal retrato , que era la primera vez en sa 
vida que lo veia, y el Rey se coraplacia en apurarle y reprenderle, 
hasta que la turbación del Prior escitó su* risa y la de* todos los 
presentes, á quienes esplicó después el chasco. • 

-Esta. y otras mil escenas de confianza hicieron que mirara al 
Prior cómo á un amigo, y Fr. Marcos sacó todo el partido posible 
de esta posición empleándola en beneficio de la Comunidad, y en 
adquirir medios para continuar la obra de reparación. Estos, sin 
embargo, eran tan cortos, Jos disturbios interiores, las parcialida- 
des V bandos producidos por las rivalidades de D. Juan de Austria, 
del F. Everhardo y demás partidarios de la Reínsí, y las guerras 
esteriorcs, habían dejado el erario tan sumamente exhausto, que á 
pesar de los buenos deseos del Rey^ de la cooperación de Doña Ma- 
ría Ana de Austria, y de la actividad y continuas súplicas del Prior, 
no se podía encontrar dinero, y la reedificación caminaba muy len* 
lamente, porque apenas se poaia atender á las cosas mas indispen-f 
sables. , . - 

Carlos II se retiró á Madrid á principios de noviembre, y muy 
pronto la política d^ su corte sufrió un cambio notable, de cuyas 
consecuencias tuvo bastante quQ sufrir el Escorial, p^r una, casua- 
lidad que comprometió altamente la paz de que habia comenzado 
á gozar aquella respetable Comunidad. A los 17 de diciembre de 
aquel mismo año de i 676, el Prior recibió un aviso del Rey para 
que sin dilación se presentase en la corte. Obediente Fr. Marcos 
corrió á ponerse á los pies de Carlos II, á, quien baltó acon^pa- 
fiado de' muchos caballeros ^e su corle; y apenas vio al Prior man- 
dó despejar, dando manifiestas sefíales de una gran turbacioa. Te 
llamo — /e //amo.. I. .lerepilió varias veces, y miraba con inquie- 
tud á todos lados, como asustado, y temiendo que alguno sorpren- 
diese sus palabras. El Prior, que habida tenido lu^ar de-conocer la 
pusilanimidad é irresolución del Monarca,, lo animó,. le bizo mil 
protestas de su lealtad, de áus deseos de servirle y complacerle, y 
le aseguró de la inviolabilidad del' secreto que le confiare. Te lla^ 
mo pues, dijo por fin el asustado Rey, porque no. tengo de quien 
fiarme sino de li: quiero que te lleves al Escorial á Valenzuelá , y lo 
salves. — Tranquilizaos, Señor, lo cumpliré como V.M, desea; solo 
me atrevo á suplicarle que se digne escucharme Hempre que para esle 
asunto tenga que hablar á V> M. 

Concedida por el Rey esta facultad, el P. Herrera, que cono- 
cía bien el estado de las cosas políticas , uue no ignoraba que la 
venida de D, Juan de Austria era inevitable , y que era mucho el 
encono que este -y los nobles que le eran adictos tenían á Valen < 
zuelá, comprendió el grave compromiso en que le ponía el Aey, 



ño solo por sí sído también ñor la Comunidadi por cuya traq^bi- 
lídad y decoro estaba obligaáo á velar. Sin embargo, para proce- 
der en todo con el aplomo y prudencia (jue CQnvenia, indagó, se 
informó, y tomó- ciertas y éslensaa noticias de los de uno y otro 
partido j y todo le fconfirmó en sus temores. La persecución y caida 
del Marqués de Víllasierrá era ya inevitable, y era muy probable 
que el odio concebido contra él se estehdiese á lodos los que^ de 
cualquier modo intentasen favorecerle. Pero el amor al Rey , los 
déseos de aminorar la pena que había manifestado este débil Mo- 
narca, y hasta los mucnos motivos particulares que tenia para mi- , 
rar al ministró caido como á su enemigo , le obligaron á cumplir 
con los preceptos áe la caridad cristianji, á seguir los impulsos de 
su corazón generoso, á cargar con la responsabilidad y compro- 
misos de salvarle. Mas esto podía resultar en detrimento de la Co- 
munidad que goberneba^ y trató de ponerla á salvo para lo suce- 
sivo. El 19 se presentó á Carlos II, y le pintó sin disimularle na- 
da el verdadero estado dé las cpsas, y los graves compromisos á 
que esponia al monasterio escondienao en él á Valenzuela; y le 
suplicó que para obviar estos inconvenientes le diese por escrito 
la orden de ejecutarlo como lo mandaba. Se convenció el Rey de 
estas razones, y le dio autógrafa la carta siguiente. 

«*E1 Rey.— Venerable y devoto Fr. Marcos de Herrera, Prior 
i>del convento Real de San Lorenzo: En caso que D. Fernando Va- 
»lenzuela, Marqués de Villasierra,, vaya á ese convento, os man- 
ado le recibáis en él y le aposentéis en los aposentos de palacio 
'»qué se le señalaron cuando yo estuve en ese Sitio, asistiéndole 
»en todo cuanto hubiese menester para la comodidad y seguridad 
líde su persona y familia, y para lo demáS que pudiese ofrecérse- 
»le, con el particular cuidado y aplicación que podé atos; en que 
*me haréis servicio muy grande. De Madrid á ?3 de diciembre 
»de4676.=YoELBEY.'^ - \^ - ' 

El contenido de Ib carta no podía ser mas espre^o para los' fi- 
nés que el Plrior se habia propuesto , y no dudo un momento en 
emprender la salvación del amenazado ministro. Aunque observó 
oue de noche , cuando se retiraba de palacio , le espiaban cuida- 
dosamente yleseguiaií el coche; aunque en una ocasión, al apearse 
de él en el cuarto del Nuevo Rezado, vio dos hombres que apunta- 
ban con sus carabinas* á la portezuela, no se acobardo; toaa^ las 
noches iba á ver á S. M.^ con quien trataba larga y amistosamenr' 
te de este y otros asuntos, y Carlos U le tenifei ya prevenido, que 
cuaúdó encontrase uñ^ momento favorable , le avisaría de secreto 
para que saliese con Valenzuela. 

Esperaba el Prior con impaciencia este mótóénto, que en réá-^ 
lídad era el mas peligroso, y elSi de diciembre por la tafde re- 
cibió mtíy enrollado un papelitó; euque se hallaban eséritas áutó* 
f rafas del Rey estas p&láoras: MMana al amanecer: Aquella efra la' 
0ra en qué Valetizuela tenia que salir de palacio, y Fr. Marcos, á 



450 HISTORIA DBL ESCORIAL. 

pesar de qae hacia una mañana terrible, no falló á la cita. Casi 
al mismo tiempo salia el ministro acompañado de la única perso- 
na que le uueaaba fiel en su adversidad, que era un oficial de la 
secretaria ae Estado Jlamado D. Alonso de Herreros, y de 20 sol-* 
dados de caballería, y el Prior acompañado de dos monjes. Tomó 
cada uno distinto camino, Yaienzuela por el Pardo .y Fr. Marcos 
por Torrelodones; La lluvia caia á torrentes ; los arroyos hablan 
crecido tan estraordínariamente, que al Vadearlos se hallaban en 
muchísimo peligro, porque el agua entraba dentro del coche; la 
niebla era tan densa (|ue no se distinguia. ixinAun objeto, y cada 
momento estaban á pique de perecer despeñaoos. A esto se unia 
el desasosiego del Prior por la suerte que en medio de tan bor* 
roroso temporal tocaría á D. Fernando, á quien amenazaba un 
peligro mas, el que hubiesen traslucido su luga. Pero afortuna^ 
damenle, aunque él camino' fue azaroso y malo, ambos llegaron 
sanos y salvos al Escorial aquella misma tarde, siendo Don Fer^ 
liando el que llegó primero, y á quien ya los monjes habían re- 
cibido y agasajado en lo posible. ' 

El semhlante de este nombre, poco antes tan favorecido y en- 
cumbrado por la fortuna, estaba abatido y triste ; á la llegada del 
Prior procuró manifestar serenidad y alegría, pero bien se conocía 
lo mal disimulado de su abatimiento. Además, en aquel momento 
no dejaba de acordarse de sus intrigas contra los intereses de aque- 
lla Comunidad, aue ahora,- en la desgracia, le abría sus puertas 
hospitalarias; y ae la enemistad personal qué había tenido contra 
el Rmo. Herrera, á cuya nobleza y generosidad iba á entregar su 
vida, su honra y fortuna : y estos recuerdos desagr;adables cubrían 
«lu rostro desencajado de una palidez mortal. El generoso Prior/ 
por el contrario, mostraba una sincera satisraccion viendo por en-- 
tonces asegurada la vida del ministro , y la ocasión de mt)strarse 
protector y escudo de su enemigo. Nada orailió para tránauilizarle, 

?r sus primeros cuidados fueron todos dirijidos á que puaiese dis- 
rutar de comodidades y regalo; y lo consiguió en términos, que 
Yaienzuela hizo venir al Escorial á Doña María de Uceda,^su es^ 
posa, á sus hijos y familia, con cuya compañía /las visitas de los 
monjes, y el paternal cuidado del Prior, llegó á estar en un estan- 
do die tranquilidad envidiable, si interiormente pudiera conse^ir- 
la un hombre colocado én la posición* en que se hallaba el Mar-r 
qués de Villasierra. . - 

En este estado tranquilo y casi envidiable esperaba ver pá-!- 
sar, ó al menos disminuir la tormenta que le amenazaba* cuan- 
do el 47 de enero de 4677, su esposa, que había salido ¿ pa* 
sear en coche, acompañada de su familia, fué sorprendida en la 
calle de los Alamos, que entonces se estendia desde el monasterio 
á la Gránjilla, por un destacamento de caballería, que reconocía 
detenidamente el coche. La dejaron continuar su camino sin decir 
ipaa pi^labras que las siguieAtes: No vme aqui; y ^jk seguida par- 



PISTB SBQCIfOA. 461 

lien)n al gatope en Ijk dírecoioft del moaasterio. La. pobre Señora 
quedó consteraada» por(iae.adiviaó la suerte que esperaba á su ma- 
rido, y el peligro que ella misma corría. Ni se atrevia á coBiinuar 
BÍ á retroceder; ya no podía llegar á tiempo de avisar á su es|>oso, 
porque los caballos le habían tomado una gran ventaja ; pero el 
amor conyugal la decidió á volver al monasterio para participar 
de su suerte* 

Valeazuela, que. desde una de las ventanas de su habitación 
contemplaba la hermosa naturaleza .aue se desplegaba á su vista^ 

Í respiraba iel ambiente puro de aquella atmósfera tan limpia y de « 
cíosa en una. tarde serena de invierno^ avisado por el tropel de 
los caballos corrió á refujiarse..á los brazos del Prior, que al mo- 
mento lo puso en lugar seguró , y salió al -encuentro de la tropa. 
Se componía esta de quinientos caballos mandados por el Duque 
de Medma^Sidoniav á quien acompañaban Don Antonio de Toledo,' 
hijo primogénito del Duque de Alba> el Marqués de Falces, Don 
Luis de Peralta, el Conde de Fuentes, el Marqués de Valparaíso 
con su hermano^ y Don Bernardino Sarmiento , capitán de la artí-^ 
lleria de Cataluña, cuyo título debía ál mismo á auien venia á 
prender. Pedro de Monforte, hombre de valor y osaaia, era el ca- 
pitán que mandaba los quinientos caballos, qne ya á tsta sazón no. 
solo había, sitiado el monasterio é interceptado todas las entradas, 
síoo que habia rntroducido los caballos en el Seminario, convirtíen- 
do en cuadras el atrio y aulas -bajas. 

La consternación babiá ya cundido .por todo aquel vasto edifi- 
cio, y algunos ancianos venerables se habían unido al Prior, que 
lleno d^ amabilidad y dulzura, invitaba á los gefes á que tomasen 
alojamiento en* el monasterio, donde se* cuidaría de su asistencia 
y regalo. Pero ellos jdespr.eciaron bruscamente tan generosas ofer- 
tas, contestando: Naia queremos, nad» necesUamos sino solo que 
no$ ml/regme al traidor de Valenzuehif Sin alterarse el Prior por 
tan descomedida respuesta íes pidió la orden del Rey, que no pu- 
díeinon presentar porque dijeron que solo la traían verbal. A esto 
contestaron los monjes únicamente, que en tal caso -en vano inten- 
taban que se les entregj^ á un h/ombre á quien tenían bajo su. 
protección y amparo por una orden espresa y autógrafa de S. M., 
y ademas defendido ppr la inmunidad eclesiástica ael monasterio, 
que estaban seguros no osarian profanar caballeros de tal rango y 
calidad. Peró^los que venian á ser instrumentos ciegos de la ven- 
ganza del bastardo,no solo no dieron oídos á tan justas y comedí^ 
djas razones, sino que se desataron en dicterios y amenazas contra 
el Prior y monjes, que las sufrieron con resi^nacix)n evangélica, pero 
sin ceder una línea del derecho que les asistía. 

Esta enérgica impasibilidad les convenció de que nada adelaá- 
•tarian per la Tuerza, y i^ retiraron á alojarse á la Compaña, á donde 
el Prior, para darles^ una lección de la caballerosidad y buena edu- 
cación que ellos habían olvidado, les envió mantenimientos y réga- 



452 lUSTOaiA DSL BSOORIAL. 

los abundantes. Trataron entonces de busear medios mas suaves, 6 
influyeron con el Prior para que decidiese á Valenzuela á tener con 
ellos una entrevista; y aunque era conocido que los agentes de Don 
Juan no podian tener en esto mas intención que asegurarse de que 
su víctima estaba dentro del edificio, Don Fernando la aceptó sin 
embargo, y Fr. Marcos se encargó de ponerles condicioi^s tales, 
que no pudiesen abusar de ^sta condescendencia. En efepto, la tn^ 
trevista se verificó al día siguiente; mas para que no fuese un lazo 
^tendido á so buena fe, y por si intentaban apoderarse violentamen- 
te de él, Fr. Marcos habia exijido que los soldados todos saliesen 
del recinto del monasterio; ói por sí habia dejado tas puertas <bíen 
cerradas, y las llaves estaban en su .poder; y solo el Duque de Me- 
dina-Sidonia y Don Antonio de Toledo fueron admitidos íl este ac* 
to, que se verificó en el primer plano de la capilla mayor á presen- 
xia de toda aquella numerosa é imponente Comunidad, que silen- 
ciosa rodeaba todo el presbiterio. Los partidarios de Don Juan fue- 
ron introducidos á él por el oratorio de los Reyes, que está á la de- 
recha del altar mayor; Valenzuela, acompaQaao de so prptectorel 
P. Herrera, salió por los oratorios de la izquierda. AmtKOs bíacados^ 
de rodillas en medio del altar hicieron una breve oración, la cuat 
concluida el Prior se unió á una de las filas de monjes, y los ene^- 
migos y su víctima quedaron frente á frente. 

Después de los saludos acostumbrados, y de las rntimaekuñes y 
súplicas que el de Medina- Sidonia dirijió inútilmente á Valenzue- 
la para ^ue, entregándose veluntariameüte, evitase las íuñestas con- 
secuencias que su resistencia podría ocasionarle ; Doü Femando, con 
aquel valor que suele infundir el mismo peKgro, se dirijió, á Don 
Antonio» de Toledo, j haciéndole una larga enumeración de los 
beneficios que le había dispensado durante ^u engrandecimiento, 
los honores que le había concedido, y las protestas de adhesiol» 

Íf fidelidad que tantas veces le habia hecho, le patentizó con toda 
a energía posible' su negra ingratitud y so proceder villano, en 
términos que H^onmoyido el Duque de medina-SidÓnia esclamó: 
Confieso que si conmigú se hubiera hecho eso, nunjHi faUaria ai lado 
de K. E, Pero esto, aunc|ue era cierto, solo sirvió para exasperar 
mas el carácter duro y violento del de Alba, y la eonfereBc|a con«* 
oluyó sin resultados. , « : 






; ■ ' ) 



GAPITCLO Yl. 



Ruidosa prisión de Kalenzuela. — Profanación del templo. '-^Esconiunion/idminada por 
el Prior, — Parsecucion quetu/ríó en consecuencia. -r-Ponnenores sobre la absolución de 
Jos escomtdgados,''^Athgja que, por la penitencia impuesta á los incursos regaló Car^ 
los llé-^Son abeueltos en San Isidro de Madrid, -r- Concluye la repanucipn del edifi- 
cio, — Su CQSite.—Nueifas persecitcipnef cont(ti el Piigr, 



Coando los deseos de venganza mueven 4 los hombres, cuando 
las pasiones violéote dírijen susaccioftesy siempre se propasan mas 
allá de lo justo. Loagefes de ac[ueila espedicíon- no oacíaii áaimo 
de volverse sin la presa que habían veoido á buscar; y no habíen^^ 
do sacado partido de ía conferencia, apelaron al recurso de la fuer- 
la. Desde luego, se notó mayor esm^ero y vigilancia en custodiar el 
edificio; los centinelas se áioltiplípáron denlro y fuera; v poco á'pO' 
eo [os soldados iban penetrando en. el íafieriorde los claustros. El 
9nwty qué conc»ció qué el pel%ro.babia aumeiitiadO' notablemente, 
escolió un escondrijo á espaldas de la iglesia encima del dormitorio 
. del Rey,. y allí escondió á Valenzuelá, promelsóndofo completa segtk- 
fidad; pÑó encargándole mucha qutelud y paciencia* Escepto la li« 
bertady.nada podia echar de m^nos allí e^escmnlido ministró; por-* 
que FrJ Marcos habiá puesto cama, ropas, víveres» vinos, y hasta 
regalos de conservas, flrulas/ pastas, escabeehesy y todos los ¿tiles 
wcesár¡DS,Bo'soló para la vida sino hasta. para' la comodidad y 
plaoer, con el fin de que Valenzuelá para n^da tuviese que salir, ni 
se pudiese notar que se le llevaba. comida* 

Otra vez volviei'on los sitiadores á las súplicas y amenazas con 
el Prior, iD|ne lé^ contestaba siempre.coo la obligación que tenia dé 
cüttiplir la* orden 'del Rey, y demnder.laiinmtintdad cdesíástíoa. 
Bramaba de -cólera Don AnCcKiio, óue i su deseo de complacer al 
bastardo, uiúa el despecho por la durezaoon que Don Fernando le 
habia tratado en preseqeia de tahle^y.la^ respetables testigos* 
Cada momento cometía on nuevo atropello ; cada palabra que di*t 
rijia al Prioff y «oajesera un iosultoi; coerb oopvenoido de quena** 
da adelantaba, rlE»}urrió á medios ímás Jniertes y violentos*. Desde el 
principio haUaa Br6hibido.abáolutamente:.enlrary salir á nadie en 
el ffionasCerib; y oesde.la entrevista, creyendo qse el hambre obli* 
garia á los' moiijes>4 eeder, estableció un riguroso bloqueoy n^de-^ 
jando entrar nada para el manGenimicnjto de los! monjes^ que. aun- 
que sufrieron algunas privaciones, ^pecíaimnnleia falta absoluta 



484 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

de p^D^se contentaban coa lo que tenian en sus provistos almace- 
nes y despensas. . / 

' . Pronto conocieron que este bloaueo no pódria surtir efecto sino 
después de mucho tiempo, y ellos aeséaban dar pronta satisfacción 
á su venganza y á la de Pon Juan; Apurados, pues, todos los me- 
dios acudieron á la fuerza^ que era el único que les quedaba que 
intentar. Los atrios^ jos claustros,. los aposentos de los monjes, el 
palacio de los reyes/el templo mismo^fue allanado por los soldados 
á roano armada. Aquellas magníGcas bóvedas, en las oue hacia un 
siglo resonaban dia y noche los cánticos sagrados del- Dios de paz^ 
repitieron en sus ecos las blasfemias de los soldados. Los altaren 
del holocausto incruento de la ley de gracia sirvieron de mesas pa- 
ra la gula y la crápula de los favorecedores de Don Juan; el tem- 
plo mas augusto, de la cristiandad se cubrió de abominación y es-* 
cándalo; £n aquel desorden^ en aquel at^opéllo de lo divinó y bu- 
mano, iiada se respetó. En algunos altares arrancaron las cafas de 
reliquias; las cruces y candderos de plata fueron objeto de la rapa<^ 
cidadde una tropa desmoralizada y rrenética» que no se estremeoió 
al entrar con las armas pr«>aradas y cubiertas las cabezas >eA d 
Sancía Sancionan, en e) tabernáculo de aquel Dios ea cuya pre- 
sencia tiemblan los querubines. Pero no es estrafio; el furor, la sed 
de venganza había c^aéo á gefes y á soldados. 

Ya entonces no podia. tener lugar el sufrimiento; el Prior bajó ¿ 
la iglesia, y con aquella energía tan propia de su carácter, aumen-* 
tada por el celo de lá casa del Señor oue le estaba encomendaday 
hizo presóle 4 Don Antonio lo inmoral, lo improtpio^ oue era de un • 
caballero de su sangre, y de tín caballero cristiano, protanar de aquel 
modo la casa del aedor. Concluyó pinr suplicarle, mandase al mor- 
mentó desembarazar y respetar el templo, ó.delo contrafio le ame**- 
nazaba con las arinas'de la Iglesia. Mas el de Alba ya no estaba en 
estado de oir; estaba ebrio de cólera; las palabras del Prior füeroft 
despreciadas, y' tuvo que retirarse entre kMS insultos y. amenaxas 
de una soldadesca desenfrenada. A pesar de este infilme proceder, 
todavía el generoso Fr. Marcos quiso apurar loé medios suaves. 
Reunió aquella tan numerosa como imponente Con^nidad, y con la 
pompa, solemnidad y grandeza qne en el Escorial se acostumbraba, 
mandó esponer el Santísimo Sacramento, y qne continuase mani- 
fiesto todo el dia. Sabía que los qué profanaban el templo eran cris- 
tianos y españoles, y jamás podo creer que no los contuviese la 
Eresencia real de su Dios, de aquel Dios que toca los. montes y 
umean. ¡Pero de qué no es x:apaz el hombre coaidq ha llegado h 
tascar elíxeno de la religión, de lá. razón y del deberl Los armo- 
niosos cánticos dejos monies eran interrompidocí ák cada paso por 
los sarcasmos, insaltos y blasfemias de losselds^os;. la Magestakf 
Divina no contuvo su desenfreno; la abominaeion se habiá apode- 
rado por asalto del trono mismo del Esoelso; y los gefes la aulori-*- 
z^bauy la aumentaban con su presencia. 



PAaTB SSGUHDA. 4g5 

Entonces el Prior falminó censaras eclesiásticas contra ellos, 

3ue aunque. fueron canónieamente amon^tados y requeridos las 
espreciaron', continuando en la horrible profanación quebabian 
comenzado. Esta tenacidad é irreiifi;ion llenó de amargura al pru* 
dente Prior, pero hubiera faltado á su deber si transijiera ; y ann- 

Jne contra su voluoM^d/ recurrió al último estremo. Acompañado 
e los doce monjes mas ancíanosconsumíá el Santísimo Sacramen- 
to, y yalíéndose de sq, autoridad , veré nuUius y casi episcopal, 
f renunció contra el Duaue de Medina-Sidoniá , Don Antonio de 
oledo y todos sus cómplices y favorecedores el último anatema 
de la Iglesia, ó como comunmente snele decirse, la escemuftion i 
mata-candelas y cesación á diviuie , acompañada de* las terribles 
ceremonias que la Iglesia tiene ordenadas para casps .semejantes. 
Concluida esta importante ceremonia, todo lo sagrado hayo del 
templo con horror. El foego santo ya no ardía en sus candelabros , 
ni en sus magníficas lámparas de plata; despnesde un siglo dejaron 
de resonar bajo aquellos áreos colosales los cánticos de Síon; los 
monjes, los órganos y las campanas enmudecieron; la casa del Dios 
de Israel estaba entregada al furor de una soldadesca sin freno, que 
como una manada de tigres hambrientos recorría todos los rincones, 
rompia los cajones y puertas, bramaba de cólera y despecho vien- 
do que eran inútiles sus pesquisas^ y se desataba en blasfemias 
horribles contra el'Prior y monjes , que aitelrrorizadós esperaban 
con ansia y resignación el desenlace de aquel atropello sin ejemplo. 
Terrible y azaroso había sido el dia i 9 para los monies, y no lo 
fueron menos los siguientes. Los. ífáe habían osado bollar lo mas 
togAisto de la religión, y no se habían estremecido al profanar aquel 
santo templo, ni habían temblado al oir fulminar contra eUos la ter- 
rible escomunion, ya nada tenían querespetar^el palacio veneran^ 
do de los reyes fue violentamente allanado varias veces, y los mon- 
jes tuvieron que sufrir en sus-reducidas celdas nn escrupuloso re- 
gistro. Sin embargo, en medio de tantos sufrimientos se consolaban 
con la esperanza de que salvarían á Valenzuela del furor de sus 
perseguidores. Cuatro días hacia que le buscaban inútilmente; ñ)u- 
chas, veces, habían pasado por junto al sitio donde estaba escondi- 
do, sin siquiera sospíechar que púdica -esbir Mii. Desconfiaban ya 
de encontrarle , y^no hubieran seguramente logrado su int^o, sí 
el miedo, pasión de ánimo tan terrible en los casos apurados, no 
hubiera obligado á Valenzuela á. descubrirse i sí mismo, Bn la no- 
che del S{ , cansados de mus, inútiles pesquisas se detuvieron algn-^ 
nos de los soldados, ua rato junto al sitio donde estaba esQonofido 
elaQíjidb ministro. El terrorse apoderó de él, creyendo que esta- 
ba desc\]bierto ; y sin saber lo que se hacia, sin considei^ar que se 
esponia á morir despeñado, hizo una so^a con la sábana y sos ligas, 
y descolgándose por el empizarrado se introdujo en uno de los ca- 
maranchones contiguos á la iglesia , conocido con el non^re de el 
camaranchón deMonserrat. Desde alli salió aturdido al clanstroprín- 



456 ' HISTORIA DBL BSCOAIAL. 

cipal alio, donde se halló con uno de los céotiaeias. Á su vista que* 
dó Don Fernando inmóvil como nna 'estátoa de mát-mol, pero el 
soldado movido á compasión le dijo para* animarle: Vaya K. £. can 
Dios^ quien k guie y [averezca en aflicción lanía; la eonlraséRa: Bru-^ 
setas. 

' Este incidente, que á otro de mas valor ó menos^ aturdimiento le 
hubiera bastado para salvarse, no sacó al infeliz de su apurada si- 
tuación, y comenzó á divagar por los tlaustros sin siabél* á donde* 
dirijrse. Sí hubiera buscado al Prior tal vez se hubiera salvado aún, 
pero sü desgracia le llevó Ul dormitorio de los monjes-jóvenCs, á cu-» 
ya£i puertas comenzó' á dar golpes.* El sileooio sepulcral que las 
constitucíoDOs déla Orden mandan rigürosamenteobservár en aquel 
sitio, interrumpido á hora tan desusada, dispertó á todos ios jóve^ 
nes, que al abrir la puerta se encontraron con el aflijido Marqués, 

, que pálido y llenos siis Ojos de lágrima3 les suplicaba le salvasen. 
Ninguno fie negó L tan generosa empresa, pero todos los que alli 
estaban reunidos eran los menos á propósito para salvarle, porque 
no ooKiocian el monasterio (4). Sin embargo, procediendo ton la 
mayor buena fe, y resueltos á defenderle á todo trance, Calieron del 
dormitorio los cuarenta jóvenes, y metiéndole en medio lo llevaron 
hacia la fiiblioteca,lo escondieron en un peqoeflo camarancbon de 
la celda coqooida con el nombre de juaaelo, poniendo no cuadro 
delante de lá ventana por donde le habían intf educido , volvién-* 
doseal dormitorio muy &»atisfechos de la seguridad .en que le habían 
dejado. Mas ó porque los centinelas observasen aquel grupo de 
monjes á hora tan desusada, ó siBgun dijo después el Duque de Me«» 
dina-Sídonia, porque un criado de la casa llamado Juan Rodrigues' 

.lo hubiera delatado, á la mañana siguiente viernes Sfi dé enero se 
vio que se multiplicaban las centinelas en el claustro de la Biblio- 
teca y en las escaleras que conducen á él , y & >pooo se presentó 
Don Antonio con los alguaciles,de corte ^ dirigiéndose sin pregun* 
tar al escondite. 

Hallaron en él al atribulado Marqués á medio vestir, ; paritcu* 
larmente una pierna la tenia enteramente desnuda ydesdalza. No 
le permitieron ni aun que se cmKlüyera dea{iftar,y en aquella 
traza irrisoria leconduieroB al alojamii^nto det Duque de Medina- 

. Sídonia, que mas caballero y mas benigno que Don Anitonió, le tra- 
tó con cortesía y amabilidad; pero cumpliendo con los deseos del 
bastardo Don Juan, en aquel miismodia salió con ^él para Madrid. 
Lle^OA aquella noche.á las Rozas, y desde alli dio pa^te á Don 
Juan, que le dio orden para que sin ps¿ar <por la corte le condujese 



('I) Hasta cumplir siete años de hábito, auc era cqaodo I09 moojessaliaD d,el ^oviciado,^ 
ó de la disciplina del maestro de "novicios, era tAota la sujeción que los jóvenes Icniap, y 
tan pocos lok |>aM8 quase les permitÍBo dar, que apenas cofioctan unos cuantos ctaostros. 
A^i lio cr8«strafio que DO supierfO dónde Jl^fr^YaleittutU» •• / ' 



PARTE SEGUNDA. 157 

á la fortaleza de Consuegra, donde quedase jDcomñoicado y en es- 
trecha prisión hasta que otra cósase determinase. Yaienzueia des- 
pués de largos y terribles padecí iníentos, fue despojado de todas sns 
rentas^ honores y dignidades, y dtísterrado á las islas Filipinas, don-^ 
de es: muy probaUe pereciese atn'uinado de pesares y consumido 
por la miseria.' ' - 

Logrado ya el objeio, parecia'que el Escoríai debía quedar en- 
teramente tranquilo ; pero por desgracia se habia quedado en él 
Don Antonio de Telodo con encargo de recojer los papeles, rique- 
zas y demás efectos que pertenecían al preso. La venganza ha-* 
bía .cegado á este -hombre hasta el estremo* de olvidarse de lo 
que se^ dd)íst k sí mismo, hasta de su educaeíon. Para cumplir 
su encargo trató brusca y descortésmente á la infeliz Doña Ma^ 
ria dé Ucecía, que á la aflicción dé habjer visto arrebatar á shes^ 
poso, sé le^uaia el estar en cinta t enferma. Aeompafiado de los 
soldados. penetró en la habitación de esta -desolada señora , y sin 
consideración á su .estado nfk lo que el pudor exigía, registraron 
basta la cama en que yacja, le quitaron la ropa de sn uso, y roba« 
ron eon iocreiETe desfachatez las alhajas y muebles preciosos que 
tenía en su habitación. Esta conducta leroz fóe para la infeliz un 
golpe de muerte; el susto ^ la incomodidad le produjeron un flujo 
espantoso que 4a puso al borde del sepulcro; y aunaue después se 
restableció algún, taato^ fue solo para apurar hasta las heces el amar* 
go c&liz de la tribulación. Después se vio presa, arruinada y se- 

? arada de su marido; y cuando se la permitió fijar sú residencia cu 
'alavera, perdió el juicio y muFÍó demente. ' ■- 

Al día siguiente de la prisión el Prior se. fue i Madrid, donde 
ya habia.entrado como en triunfo Don Joan de Austria, y habia en- 
teramente cambiado el aspecto político de la capital de España. Ya 
no tenia Fr* Marcos el apoyo de Doña María Ana de Austria, v co- 
nocía además la completa milidad del Monarca , pero no creyó, sin " 
embargo, que hubiera podido olvidar él interés y emoción cotí que 
un mes antes lei)abía)encargado<salyase á Valenzuela; pero se cqui-^ 
vocaba. líl Rey al ver al Prior le preguntó riÁdose. ¿Oné?¿Le co-» 
jier(m?--íe eofierdn f Señor ^ contestó' avergonzado el Prior, refi-* 
riéndole en seguida el suceso, sin omitir ninguna de las circunstan^ 
cías. Esperaba^ cono era muy regular, que la irreligión de los soU 
dados, la osadía de los jefes, la profanación del templo, y sobre to- 
doJa eseomunion fiílminada contra ellos llamaría la atención dd 
Monarca, y alabaría ó vituperaría su celo y firm'^za. Pero Carlos 11 
estaba muy lejos de ocuparse de esto. Lo que le hizo repetir va* 
rías veces fué el calálogade las provisiones de boca que había mo- 
lido en el eseondile de Valenzoela, y shi duda encantado de la 
abundancia y^ buena calidad de ellas esclamó : ¡Yálgcme Dios! ¿Qué 
¡e fnovió á salir dé allíí Dime, afiadió luego, ¿y lá esposa de Valen- 
%U€la?-^Seba venido ya á Madrid, y yo, Seño$\ me atrevo ásvfii- 
cfirá F. M* se digne ampararla á ella y á su desgraciado esposo.-*- 



fS8 HISTORIA DSL ESCORIAL. 

A Uno, á 8U mujer sL— Señor, ¿y será posible que $e ólnide F. M, de 
su desj/raciado Ministro?— ¡Creerás que ha habido una revdacion de 
una sierva de Dios, en quedaba á entender que hdbian deprender 
á Valenzuela en el Escorial!/ Fr ; Marcos ya no podo llevar con j>a« 
ciencia tanla tontería ni. contener su natural pronto^ y le dijo: mas 
bien' será una revelación del demonio que no de' Dios, y no crea 
S. Mi que defiendo á Valenzuela 'porinterés^ pues jamás he reeUHdo 
de él sino eslapastiUa de benjut, y sacándola se la presentó al Rey. 
Aparta Aparta dijo este retrocediendo asustado , y hacién- 
dose cruces, no la traigas contigo, que será un hechizo, un veneno» 
Mucho tuvo que esforzarse el Prior para no romper á reír á carca* 
jadas< pero ai fin era un Soberano ei que le hablaba, y se contentó 
con decirle que haeia mucho tiempo la llevaba consigo, y no ha* 
bia^ sentido la menor novedad; y. besándole la mano se retiró^ 

Desde alli fue á verá Don Juan de Austria, que apoderado ya 
de la persona de Valenzuela, no se descuidó en recojer su teisoro. 
3S.000 doblones, en que ei contraste de Madrid había tasado todo 
lo que Don Antonio de Toledo había recojido en el Kscoríal, le pa- 
recieron muy poca cosa, y requirió ál Prior para que le presentase 
el gran tesoro que el preso había llevado al ir aili. Le contestó 
Fr. Marcos con su natural energía, que jamás había sido deposita- 
rio de los bienc» que se le pedían, ni tenia noticia ninguna de ellos. 
Elbastardó se eiasperó'mas con la negativa, y amenaza terrible- 
mente al Prior si el tesoro no parecía; pero sus amenazas no produ- 
jeron efecto alguno. Sufrió sí, eñ consecuencia una persecución 
atroz; Den Juan de Austria le requirió yamenazó varias veces; pren- 
dieron al Regalero del monasterio como cómplice en la ocultación 
de alhajas; se registró escrupulosamente el cuarto del Nuevo Reza- 
do en Madrid; y por fin fue arEscoriai una visita mandada por.ei 
General de la Oraen de San Gerónimo, que reconoció escrupulosa- 
mente las celdas, papeles V muebles dei Prior, residenciándole so- 
bre la ocultación de las alhajáis: pero todas estas persecuciones no 
tuvieron mas resultado que patentizar mas la honradez de aquel 
digno Prelado. 

Los asuntos políticos habían llamado á sí la atención de todos» 
y nadie* se acontó por el pronlodeTos sucesos del Escorial, ni de la 
escómunion de los profanadores; pero apenas se restableció un po- 
co la calma, cuando todo el mundo comenzó á séfialar con ei dedo 
!f á separarse de los 'escomulgados, ooe al principio creyeron que 
es bastaría negar la autoridad del Prior para escomolgar, pero 
lue^o se convencieron de quenecesitaban algo mas. El Duque de 
Medina*Sidonia y el orgulloso Don Antonio de Toledo tuvieron que 
doblar la rodilla ante rr. Mareos para suplicarle que los absolvie- 
se, pero les contestó que fuesen por la absolución A Roma. 

Sería muy largo referir todos los trámites , todas las diligencias 
que tuvieron Qué nacer los escomulgados, ya para declinar la au- 
toridad del inflexible Prior, ya para conseguir su absolución ácuaU 



^ARTB SBOUIfDA. . 459 

?u¡ef costa; pero el Samo Pontífice, que había escrito al enérgico 
^reladouna carta sumamente satisfactoria, dápdole las gracias por 
lo. bien que se había portado en aquel asunto en defensa de la in- 
munidad eclesiástica, y qué había:sentido muchísimo la profanación, 
según lo manifestó en una carta dirijida á Don Juan de Austria, no 
quería absolverlos con tanta, facilidad. Muchísimos fueron los re- 
cursos que se hicieron, muchísimo lo que trabajaron ios tribunales; 
y el mismo Rey escribió por tres veces á Su Santidad. Eiste por fin 
concedió un breve cometiendo la absolución al Nuncio, pero impo- 
niendo á losincürsos la obligación de edificar en la iglesia del Es- 
corial una capilla correspondiente á la magesta'd y grandeea del 
templo que habían profanado, y que cuando estuviese concluida 
fuesen absueltos en ella.. * . ^ 

Mucho tiempo tenían que esperar, y mucho habían de gastar 
para cumplir esta condición; pera salieron del apuro echándole la 
carga á su débil Monarca, á ouíen hicieron servir de redentor. Car- 
los II suplicó al Sumo Pontínce que le permitiese' suplir por to- 
dos, y daria'una alhaja tan rica que sobrepujase al costo que hu- 
biera tenido la capilla. Accedió Su Santidad , y el Nuncio recibió 
por comisión apostólica una joya verdaderamente rica. Era la caja 
de un reló que habia regalado á Carlos II, su tío el emperador 
Leopoldo, toda de plata sobredorada , guarnecida de nqnísiiña fili- 
grana, y sembrada toda de turquesas, crisólitos, amatistas, gra- 
nates y esmeraldas, y construida con muchísimo primor. Su altura 
era de mas de 10 pies, y al lado del pedestal^ que era de una labor 
esquisita, estaban- Júpiter y Juno, mentidas deidades de la antigüe- 
dad gentílica. Al rededor del segundo cuerpo, que es donde estovo 
colocado el reló, y después se arregló el hueco ó trasparente para 
la custodia > estaban representadas las ciencias y artes liberales en 
bien acabadas figuras; v el todo terminaba con un Atlante en apti- 
tud de sustentar el glouo celeste. De igual gusto y primor eran 
también los colgantes, festoneas, genios y bichas que estaban espar- 
cidos por todo lo demás del templete, que fué, como todo lo de me- 
tal precioso, robado por los franceses en 4810, ' 
' M Nuncio, luego que.recibíó' la alhaja, señaló la iglesia de San 
Isidro el Real en Madrid , y la hora en que los estudiantes salían 
de las aulas, para que los íncursos fuesen castigados y absueltos. 
Un gentío inmenso ocupaba desde mucho antes las inmediaciones 
de la iglesia; y á la hora señalada el Nuncio de Su Santidad se 
presentó en lá puerta esterior, vestido de Ponlíficaly con el debido 
acompañamiento. A poco el Ducjue de Medina^Sidonía, Don Anto- 
nio de Toledo, y todos los demás comprendidos en la^escomunion, 
fueron presentándose por su orden. Iban todos descalzos, sin capas, 
y puesta una camisa sobre la ropilla. Al llegar á donde estaba el 
Nuncio se postraban á sus pies, y él los hería en las espaldas con 
anas varas que tenia en su roano, y luego tomándolos por el brazo 
ioj introducía en la iglesia rempujándoles con ademan violento; 



460 niSTOAlA DfiL ESCORIAL. 

coD lo cual termíDó aquella ruidosa causa, aunque ao los. disgustos 
para el Prior. 

Doa Anlonio de Toledo no oodía olvidar lo que fó había hecho 
sufrir, aunque justamente, Fr. Marcos, y le calumniaba por cuan- 
tos medios estaban á su alcance. El nombre delí^rior corría de 
boca -en boca de los palaciegos^ acusándole unos de favorecedor de 
los austríacos, otros de poco fiel en'matería de administración; 
basta Don Antonio le acusó de monedero falso , y todos le señalaban 
como enemigo de Don Juan : pero Fr^ Marcos, con el valor que da 
la seguridad de conciencia, á todos hacia frente, á todos contestaba 
con energía, aun en presencia misma del bastardo. . 

Mas aún le faltaba la mas terrible prueba: los monjes mismos, 
excitados por el Conde de Monterey, que desterrado de la corte 
había encontrado un asilo generoso en lá-amislád de Fr. Marcos, 
se dividieron en dos bandos, denpmioándose austríacos y valeozue* 
listas. Los primeros tomaron este nombre bajo el prelesto de amor 
á Don Juan de Austria para hacer una guerra de. mala ley.á su 
prelado; y a los monjes tranquilos, obedientes, amantes* del orden 
y tranquilidad del monasterio , los apellidaron valenzuelistas, para 

. indicar en su denominación misma su aversíoA al poder de Doa 
Juan, y corroborar su calumnia. Los que tengan alguna idea de lo 
que es el interior de un convcnto^de frailes. desunidos^ mayormen^ 
le siendo tantos en número, y con la añadidura de estar mezclados 
con la corte tres ó mas meses cada año, podrán formar una idea 
aproximada 3^ los amargos sinsabores que hicieron pasar á aquel 

< Prelado tan digno y tan amante de su monasterio» Pero no logra- 
ron ni, un solo momento domeñar su energía^ devoró en su interior 
los pesares y disgustos, pero contuvo con mano fuerte á los revol* 
tósos, sin cuidarse nada del nombre que hs^bian^ tomado para. es- 
cudo de sii i osuboxdinaciob. Todavía en 4676, cuando por' prime- 
ra vez fué Don Juan al Escorial^ se atrevieron á presentarle una 
calumniosa rep^resentacíon contra su Prelado, reproduciendo la. ocul- 
tación de las riquezas de Valenzuéla, ^ue era el punta mas suscep- 
^tible para el bastardo* No surtió efecto por el pronto, mas no que- 
dó en olvido. 

£n. medio de tanta angustia y persecución, este hombre-no ha- 
bía perdido de vista la reedificación del monasterio, y logró verla con- 
cluida en 1678. Según una memoria circunstanciada que se coaser* 
va en el archivo del Escorial, costó toda la reedificación 802 J 00 du- 
cados, de los cuales pagó el Rey í¿68.273, y la Comunidad 533.827, 
es decir, casi el duplo; y esto en fuerza de los afanes de Fr. Mar- 
cos /sin cuya energía incontrastable tal vez* jamás se hubiera re- 

' parado aquel monumento. 

Con la reedificación concluyó también su prelacia este hombre 
eslraordinario el dia 22 de mayo de 1678, pero no el encono con- 
tra su persona. Sus enemigos multiplicaron, entonces que le vieron 
desnudo de la dignidad, las acusaciones, y Don. Juan volvió á bus- 



PARTS SBGCinDA. 461 

car los tesoros deValenzuela. El presidente de Castilla, que lo era 
entonces Don Juan.de la Puente Montecillo, envió una orden al nue* 
YO Prior Fr. Domingo de Rivera, para que hiciese parecer un ca«- 
jon-barreteádo y lleno de alhajas, que se habia ocultado en el mo- 
nasterio de San Lojienzo. Aún el atribulado Fr. Marcos tuvo que 
sufrir nuevo&ínterrogatorios y registros; y tai vez no hubieran de- 
jado de molestarle durajite su víd^.si Dios no hubiese dispuesto de 
la de Don Juan de Austria, que murió en Madrid á 17 de se- 
tiembre de 1679, entre las doce y la una del dia, siendo de edad de 
cincuenta años. Su cuerpo fue Iterado al Escorial el SO . de dicho 
mes y año, j sepuHado eomo Infante de España en el panteón. Con 
este acontecimiento los partidos del monasterio perdieron mucho de 
su animosi<kd, y dejaron descansar á Fr. Marcoi». 



GAmcLO m 



Historia déla Santa Forma. -^Su traslación al altar de la sacristía ."^Se comienza 
á edificar el nuevo altar^ — Mf^erte de la 'reina Dofía María Luisa de Orleofts , ^ 
segundo casafmientp de Carlos H»-^ Recibimiento de los Reyes en el Escorial, -^Idag'- 
nifíca J'wícion para la dedicación del nuevo altar de la Sanea Fanna.-^ Alhajas que 
n^alan>n Carlos II jr su madre» — Frescos de la escalera principal y de la iglesia. — 
Regalos que ^zo Carlos JI.'^ Muerte de Dofl/i Marta Ana de Austria »— Muerte de 

Catla's II. 



Habiéndome de ocultar de la obra que motivó en el Eseorial la 
devoción de Carlos 11 á una santísima y milagrosa Forma consa- 
grada que en él se venera, daré una breve noticia del milagro que 
la hizo tan famosa. Cuando lois Psúse8^Ba}os ardian en 1^. guerras 
sangrientas que bajo el pretesto de religión los asolaban, sernturando 
la muerte y destrucción por do quiera, los herejes zuinglianos en- 
traron violentamente en Gorcanua, ciudad de Holanda, y según su 
bárbara y sacrilega costumbre profanaron los templos, 'derribaron 
las imáieAes, y en. la iglesia catedral llevaron su furor hasta d es- 
tremo de profanar el Sagrario. Entraron en él, y para robar el Co- 
pón arroiaron por el suelo las Formas consagradas, y con menosprecio 
del inefable Sacramenio basta llegaron á pisotearlas. En la que en el 
Escorial se conserva abrieron en su eirculo tres roturas^ que al pa« 
recer fueron producidas por los clavos que Uevaria en el calzado el 
que las pisó, y de las que comenzó á saltar sangre en el momento 
mismo de cometer tan horrible saerilegio. Todavía lo» bordes délas 
roturas están manchados de sangre como, cuajada, pero muy debi- 
litado el color por el trascurso de tantos siglos.. Uno de los züinglia* 
nos que observó tal y tan estraña maravilla^ se sintió lleno de tes- 

PARTE TI. 1 I 



los 



4 62 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

peto y yeaeracioD, al mismo tiempo que* de terror, por la enorme 
profanación que acababa de cometer. Un temblor general te imper 
dia moverse; quería acercarse á la Forma milagrosa para recojerla, 

Íf se estremecía mas; y por fin, aturdido logró salir ae la iglesia, y 
üe á referir el suceso al Dean de ella, llamado Juan Vander Delpht. 
El Prelado, en compaAia del mismo ya arrepentido hereje, se dirí- 
jió al templo, tomó la Forma santa, y coa mucho sigilo salieron 
ambos de trorcamia huyendo de los herejes, y se refugiaron en Ma- 
linas» ciudad del Pais Bajo austriaco, donde la depositaron en un 
convento de religiosos de San Francisco. El ya arrepentido discípu- 
lo de Zuinglio no quiso separarse de aquel milagroso pan, y abju* 
rados sus errores tomó el hábito allí mismo, para borrar con la pe- 
nitencia, en presencia de la Divinidad existente en aquella Forma, 
la ofensa .que contra ella habia osado cometer. 

En aquel convento estuvo con mucha veneración por algún tiem- 
; pero temiendo que los herejes entrasen también en Malinas, 
.os religiosos se vieron precisados á poner en salvo sus reliquias, y 
trasladarlas á otro punto para librarlas de la profanación. Lo re- 
ciente y estraordinario del milagro realzaba mas el aprecio de la 
Forma, siempre venerable, y aumentaba contra ella el encono de 
los herejes sacramentarlos, que ño hubieran perdonado medio de 
destruir, si les fuera posible, aquella prueba mas de la presencia 
real en la Eucaristía. En consecuencia importaba muchísimo sal- 
varla; y á instancia del caballero Fernando Weider, áulico del em- 
Eerador, y de otros eclesiásticos, fue llevada á Yiena, y después á 
raga, donde permaneció por espacio de once aftos. Después, por 
los esfuerzos de la. noble española Doña Margarita de Cardona, de 
la ilustre familia de los Duques de éste título, se consiguió que tan 
preciosa «reliquia fuese regalada al Señor Don Felipe TI en el año 
4593; siendo emperador de romanos y rey de Hungría y Bohemia 
Rodolfo II. 

Para que fuese conducida con toda seguridad, se aguardó la ve- 
nida de un embajador que Rodolfo enviaoa á la corte de España, 
que trajo tan estimado presente en una caja de plata sobredorada, 
cerrada y sellada, y juntamente todos los documentos y escrituras 
de su autenticidad, (fe los cuales se infiere que hace oue está con- 
sagrada esta santa Forma mas de cuatrocientos años. Milagro ver- 
daderamente grande y perenne la larguísima duración é incorrup- 
tibilidad de la especie sacramental, que se ve aún blanca y hermo- 
sa, como podia estarlo á muy poco tiempo de consagrada. 

Recibió Felipe II eáte inestimable regalo con el placer y vene- 
ración que pueae imaginarse en un monarca tan piadoso y de tan 
sólida fe, y mandó que se depositase entre las infinitas reliquias que 
había acumulado en tan grandiosa Basílica. 

Tenia Carlos II particular devoción con esta santísima Forma 
desde la primera vez que la habia adorado en el Escorial y habia 
oído la narración de su. historia; y después de la muerte de Don 



PABTB SBGONOA. 463 

Juan de Austria, y de su primer casamíeoto con Dolía María Luisa 
de Orleaos, sobrina del Rey Luis XIV de Fraacia, vdvió á acor- 
dársele su palabra empeñada de levantar una capilla en el Esco- 
rial, en satisfacción de la pena impuesta á los que habian profana- 
do aquel augusto templo cuando la prisión de talenzuela. La caja 
riquísima que dije en el capitulo anterior se habia. entregado al 
Nuncio, tal vez le pareció no era bastante para cumplir la voluntad 
espresa del Sumo Pontífice; y luego que estuvo convertida en ta- 
bernáculo, quiso que por el pronto se colocase en altar separado, 
señalando el que nabia entonces en el testero de la sacristía. Era 
este de madera perfectamente tallado y dorado; en el centro habia 
un magnífico Crucifijo de bronce dorado, 'poco menos del natural, 
que antes habia servido en el altar del panteón. Debajo de él esta* 
ba colocado el famoso cuadro de Rafael, conocido con el nombre de 
la Perla. En lugar de esta última imajen se puso en un magnífico 
escaparate de tersos cristales el nuevo tabernáculo; se adorno el al* 
tar con todo el lujo posible; y en lugar del frontaltar de bronce que 
tenia, que es el que hoy se ve colocado en el mismo sitio, mandó 
el Rey hacer uno que correspondiese á la riqueza y labor de la ca- 
ja. Era todo de plata, con los adornos afiligranados de oro , plata y 
pedrería, cubierto todo con una red, también de plata, en la que se 
leia en letras del mismo metal la inscripción siguiente: 

garolus ii. hispan. res gatboi 

austríaca süorüm^pibtate 

pr1mu8 aüt nulli sbcunoüs 

AUR. ARe. LAP. QÜB PR.IBrj. ORN. 

SANCTAB FORMAR COlfSEGRAT. MIRABILITER 

IlfALTERATIS SPEGIEBUS PERMANENTE 

OBTULIT, ANNO DÑI. MDCLXXXIV* 

3ue traducida á nuestro castellano decia asi: Carlos 11^ Rey Caiólico 
$ España^ el mas señalado, ó al menos no inferior en pieaadá nin- 
guno de sus sucesores de la casa de Austria, ofreció á la Santa For- 
ma consagrada, y que permanece milagrosamente sin alteración de 
sus especies, este altar y tabernáculo, adornado de oro, piala y pie-- 
dras preciosas, en el año del Señor de 4684. 

Luego cjue estuvo preparado el altar, eH9 de octubre de 4680, 
en presencia del Rey, de la Real familia y de los grandes de su corte 
y dimara, se* -hizo la traslación solemne, y quedó la santa Forma 
en la sacristía. 

Después de esta, traslación pareció al Rey que convendría eri> 
jir atli un altar que correspondiese en lo posible á la divinidad del 
objeto que en él se veneraba, y á la grandeza y magestad de lasa- 
cristíaydel edifício,y que al mismo tiempo armonizase con la riqué- 



164 HISTOtllA BSL ESCORUIí. 

za y hermosura del templete que en él se babia colocado. En con** 
secuencia dio sus órdenes al efecto, y en el año 1 684 se comen* 
zó el bellísimo altar que ahora ocupa todo el frente de la sacristía, 
y cuyos detalles y pormenores daré en la descripción. El diseño y 
ejecución se encargaron á Don José del Olmo , maestro mayor de 
las obras reales, bajo cuya dirección se concluyó con el prinior 
y solidez que hoy se ve en la parte de. cantería; y de los adoraos 
de bronce fue el encargado Don Francisco Filipini, italiano, que^ 
era ayuda de furriera y relojero del Real palacio. 

Para que nada fallase á la belleza y perfección de esta capilla, 
se encargó el desempeño del cuadro que cubre todo el claro del al- 
tar, y que sirve de cortina para reservar tan ricos objetos, al céle- 
bre pintor de cámara Claudio Coello. Representó en él la función 
regia que se hizo para la traslación de la santa Forma con tal pro- 
piedad y gusto, con tanta fuerza de verdad y colorido, con tanta 
corrección y valentía de dibujo, que puede llamarse sin exajeracion 
el milagro de la pintura; el último cuadro de la buena énoca; el 
primero entre los objetos de tan bella y distinguida arte. El mismo 
tiempo tardó este famoso artista en pintar su cuadro que duró la 
fábrica del altar, esto es> seis años; y se dice, que impaciente Car- 
los [1 al verla detención con oue pintaba y lo poco aue adelanta- 
ba el cuadro, le dijo: Si yo hubiera encaraado el cuaaro á Jordán, 
ya hubiera pintado una docena. Coello, lleno de confianza en su 
obra, le contestó: No lo dudo, Señor, pero el mió valdrá por todos 
los de Jordán. En efecto, no se equivocaba; ¡tanta conciencia y se- 
guridad tenia de sus conociinientos en el arte. 

En 1 2 de febrero de 4 689, sábado, entre ochay nueve de la ma- 
ñana, murió la Reina Doña María Luisa de Orleans, cuyo cadáver 
fue conducido al Escorial, y colocado en la urna quinta del lado de 
la epístola: Aunque la contestura raquítica y poca salud del monar- 
ca ofrecían muy poquísima esperanza de sucesión, sin embargo, 
habiendo muerto sin tenerla Doña María Luisa de Orleans, le acon- 
sejaron todos que se casase secunda vez. Al momento se decidió, y 
ajustó el casamiento con Doña María Ana de Neuburg, hija del Prin- 
cipé Felipe Guillermo, elector palatino del Rhin. Los comisionados 
de ambas parte ajustaron los contratos matrimoniales en Viena á98 
de julio, que luego fueron ratificados por.el elector palatino en Neu- 
burg, sobre el Danubio, á 28 de agosto, y en Madrid por Carlos l[ 
el 2\ de setiembre de 1689. Estos acontecimientos, la venida á Es- 
paña dé la Reina, y las magníficas fiestas que se hicieron á su en- 
trada en Madrid, que se verificó la antevíspera del Corpus del año 
siguiente de 1690, tuvieron ocupado al monarca y á la corte; pero 
avisado Carlos 11 de que el nuevo altar estabta del todo concluido, 
determhió su jornada al Escorial para principios de otoño. Avisó con 
anticipación á su augusta madre Doña María Ana de Austria/ para 
que se dignase asistir á la dedicación del nuevo altar y capilla; 
pero aquella señora temió volver á preseiilarse en aquella corte 



PARTS SEGUNDA. 465 

donde tanto había sufrido, j se escusó con el peligro que podía 
correr su salud, ya muy delicada; y los Reyes partieroa solos para 
el Escorial. Se detuvieron algunas lloras en el frondoso valle de la 
Fresneda, y ya entrada la tarde subieron al monasterio. Estaba este 
cercado de luces colocadas en los sólidos antepechos de los jardines 
y lonja, que parecían circundarle de una aureola de gloria. En la 
fachada principal, en el anchuroso patio de los Reyes y en el 
magestuoso templo ardían 36.000 luces, que colocadas* en las 
puertas, ventanas» basas, capiteles, cornisas y galerías, hacían 
parecer el templo k la celestial Jerosalen descendiendo del cielo, y 
trazadas sus lineas dóricas con el fuego sacro por el dedo de la Di- 
vinidad. 

AqueHa corporación agradecida salió á recibir á sus Reyes y 
patronos con las ceremonias de costumbre, que me tomo la libertad 
de describir (aunque á alguno parezcan de poca importancia) para 
que sean conocidas de todos, y destruir las consejas y vulgarida- 
des ({ue corren con este ooiotivó. 

Las tres Comunidades del convento,. colegio y seminario, orde- 
nadas en dos magesioosas filas, estaban colocadas á h) largo del 
patío de los Reyes, y á so cabeza debajo del pórtico estaba el Prior, 

3ue entonces lo era el Rmo. P. Fr. Francisco de los Santos^ vestí* 
o de- alba, estola y capa pluvial^, con el diácono y subdiácono, y 
otros cuatro monjes con ricos ornamentos de tisú. Ocho monjes con 
ro€|uetes y capas pluviales blancas sostenían las varas del palio; y 
seis cantores, vestidos del mismo modo, esperaban en medio de las 
filas el momento de entonar losc&ntícos sagrados. Delante del Prior 
á4a misma puerta principal se estendia una rica alfombra, sobre la 
Cual estaban colocados dos grande cojines de terciopelo carmesí; 
con. franjas, galones y borlas de oro. Luego que la carroza BeaLparó 
delante del pórtico, Carlos II. y su nueva esposa se apearon, y 
puestos de rodillas en. los almohaaoaes recibieron de manodel Prior 
agua bendita, que les*presentó ^un hisopo de plaia^y luegoado* 
raron y besaron un preqiosoZt^num^í^rucu engastado en oro. Con* 
cluida esta ceremonia, ios cantores entonaron el Te Deum en acción 
de gracias por el feliz arribo de SS. MM. á aquella su casa. Al 
momento se pusieron en marcha las tres Comunidades, precedidas 
de un diácono, que llevaba la cruz, y it los acólitos con ciriales; y 
al fin de ellas venían el Prior y acompañantes, y debajo del palio 
* los Reyes, seguidos de todos los caballeros y damas de su corte. Con 
paso grave y magestuoso entraron en la iglesia, donde las voces aN 
temaban con los sonoros órganos, y la inmensidad de luces reem- 
plazaba con ventajas la claridad del sol. Las dos filas se detuvieron 
á distancia conveniente; el Prior y acompañantes siguieron por me« 
dio de ellas hasta lo alto de la capilla mayor, y los Reyes Queda- 
ron al pie de las gradas, puestos de rodillas en un rico estrado pre- 
parado al efecto. Todos los demás puestos de rodillas rendían aca- 
tamiento á la Divinidad. Concluido el Te Deum, y dichas por el 



466 HISTORIA DBL BSGORIAL. 

Prior las oraciones que previene el Rilual romano, los Reyes por 
los oratorios de la izquierda se retiraron á su Real palacio, y los de* 
más volvieron á la sacristía (I)* 

Carlos II quiso dar á su esposa una prueba mas de su finora y 
amor, disponiendo que el día de los santos apóstoles San Simón y 
Judas, en que cumplia años Dofia María Ana de Neúburg, fuese el 
señalado para las primeras Vísperas de la traslación, que se veri- 
ficaria al dia siguiente 29 de octubre. El tiempo que medió entre la 
licuada de la corte y la celebración de la fiesta lo emplearon, la 
Rema en ver las muchas preciosidades aue encerraba aquella ma- 
ravilla, recorriendo con sus damas todos los departamentos; el Rey 
en la caza; y la Comunidad en hacer los preparativos para la 
función. 

La sacristía y el nuevo altar, además de la rica custodia de que ya 
hemos hablado, estaba adornado con un lujo sin igual. En él y en las 
credencias inmediatas lucian las ricas alhajas que Carlos il había 
hecho labrar en Sicilia, quecomponian un^ servicio completo de al- 
tar,, á saber: cruces, cálices, hostiarios, vinajeras, platos, bandejas, 
sacras, mieles, atriles, candeleros y ramilletes, todo de plata so- 
bredorada con adornos de filigrana y sembrado de piedras precio- 
sas, y todo duplicado, que solo esto formaba un tesoro inmenso. 

En la tarde del S8 se celebraron las Vísperas con una solemni^ 
dad sorprendente, asistiendo á ellas SS. MM. desde uno de los bal- 
cones del coro; y concluidas estas yol vio á iluminarse el templo co- 
mo él dia de la llegada de los Reyes, para que la corte, y las mu- 
chas gentes que á la fama de la nesta nabian concurrido, pudiesen 
verlo. Desde la mañana siguiente el órgano de- campanas anuncia- 
ba la solemnidad del dia, que fue uno oe los despejados y templa- 
dos de otoño. La iglesia, el claustro principal y la sacristía; esta- 
ban adornados con gusto y profusión , las ricas telas , las costosas 
alhajas, las flores del campo, el arte y la naturaleza se habían her- 
manado para embellecerlos. La corte toda vestida de gala discur- 
ría por los anchurosos claustros, mientras que los monjes se ocupa- 
ban en preyenirlo todo con la puntualidad y orden que siempre nan 
acostumbrado. 

Llegada la hora, los cuarenta cantores que de orden del Rey ha- 
bían venido acompañados de muchísimo» instrumentos, unidos ala 
capilla de la Comunidad, comenzaron la Misa solemne. Para cantarla 
estaban, como las angélicas gerarquías, divididos en nueve coros.* 
Cuatro de ellos se habían situado en medio de la nave principal de 



(4) Estas mismas ceremonias se han observado siempre eo este monasterio en el reci- 
bimiento de los reyes, desde Felipe II hasta Dofia habel II, nuestra actual Reina y Sefio- 
rat siempre que coo algún motivo han querido hacer cotrada solcmoc. Lo demis que vul- 
garmente se dice que se les canta uu rcspooso de difuntos, que no pueden ser reci- 
bidos ni entrar por la puerta principal mas que una vez en vida j otra en muerte, care- 
ce de fundamento. 



VÁBTE 8S6DffllA. |67 

la iglesia , juoto á los eoormes pilares que sostienen la torre gi- 
gante del cimborrio; otros dos ocupaban la baranda del coro; en 
cada uno de los balcones de los órganos habia otro; y el último se 
hallaba en medio del coro. Imposible es describir el efecto mágico 
de tan enorme melodía, multiplicada por el eco de aquell.as ancnu- 
rosas bóvedas. Unas veces el lleno de las voces, instrumentos y ór- 
ganos parepian remedar el trueno que anuncia la presencia de la Di- 
vinidad; otras semejaba sentirse á lo lejos la dulce armonía de los 
ángeles que entonaban el interminable hosanna; y siempre el alma 
encantada , estasiada la imaginación en medip de aquel dulce can- 
to, en aouel mar de luces, rodeada de la nube olorosa aue se levan- 
taba de los incensarios de oro, esclamaba: este es el palacio de Dios 
y la puerta del cíelo. Los Reyes, situados en el llano del altar mayor 
enfrente de los oratorios , la corte puesta en orden en la nave prin- 
cipal, el inmenso gentío que llenaba todo el vasto templo, todos si- 
lenciosos, todos admirados, compunjidos y devotos todos^ aumenta- 
ban la grandiosidad del espectáculo. 

Concluida la Misa se ordenó la procesión , que no fue menos 
vistosa y sorprendente. A la entonces numerosa Comunidad se unie- 
ron los muchos grandes y caballeros que habían venido con S. M., 
con todos los dependientes del Real palacio, lujosamente vestidos, 
que formaban dos largas filas. £ntre ellas iban los coros de músicos, 
y en medio de ellos el hermoso organillo del Emperador Carlos V, 
que era todo de plata sobredoraida y perfectamente construido, 
ocho de los monjes mas ancianos y condecorados, vestidos con ri- 
cas capas de brocados llevaban el palio, debajo del cual iba el Prior 
sosteniendo en sus manos la custodia en que está colocada la San- 
ta Forma, objeto de tan regio.y magestuoso cortejo. Detrás iba Car- 
Jos II con los grandes dignatarios de palacio , todos con velas en- 
cendidas: la Reina acompañada de sus damas ocupaba la baranda 
del coro para ver salir y entrar la procesión. Esta «salió á dar la 
vuelta al claustro principal bajo, en cuyos cuatro ángulos estaban 
preparados de antemano ricos y vistosos altares, que realzaban no- 
tablemente su hermosura y magestad. En cada uno de ellos colo- 
caba el Prior la custodia , mientras la capilla cantaba un devoto y 
sentido villancico ; y concluido el último , que se cantó en la nave 
principal de la iglesia, entraron en la sacristía. Describir lo que fué 
en aquel momento tan bellísimo salón , dar una idea del efecto que 
sn vista causaba, es superior á las fuerzas humanas. Las innumera- 
bles luces con que estaña adornado, aumentadas por las que lleva- 
ban en las manos todos los concurrentes, y multiplicadas hasta el in- 
finito por los reflejos de los recien bruñidos jaspes del nuevo altar, 
el brillo de los metales preciosos, de la costosa y variada pedrería, 
sembrada con profusión en el tabernáculo , en el frontaltar y en los 
sagrados ornamentos y vasos , no puede compararse á nada huma- 
no; solo podrá dar alguna idea la consideración de aquella luz inac- 
cesible que baña eternamente el trono de la Divinidad. Mientras el 



468 HISTORIA OBIi ESCORIAL. 

Prior decía las oraciones y desempeñaba las demás ceremonias^ los 
Reyes estaban de rodillas en »n magnífico estrado sembrado de oro, 
colocado al lado del Evangelio: todos los demás rendían adoración 
á la Forma Santa en lo largo de la sacristía ; la capilla entonatm 
con armoniosos acentos las divinas alabanzas, y el hamo de esquié 
sitos aromas , mezclado con el fervor de los corazones , subía hasta 
la presencia del Dios de Israel. Pocos minutos después, a({aella mi- 
lagrosa Forma, sacrilegamente hollada por los zuingüanos^ queda- 
ba colocada en el trono tal vez mas digno que le podían ofrecer 
los mortales; y el templo, pocos años antes profanado , mas por la 
ceguedad de las pasiones que por la irreligión, quedaba desagra- 
viado con el nuevo altar que la piedad de su rey levantaba en ho- 
nor del Dios de misericordia. 

A la inmensa riqueza del altar, templete y ornarñentos, quiso 
aún añadir otro regalo. En el camarín que se forma detrás del al- 
tar, eñ un nicho de seis pies de alto por cuatro de ancho , que ter- 
mina en una linda concha de mármol , enfrente de la tribonilla 
donde ahora hay colocadas dos banderas, mandó colocar otra alha- 
ja también de mucho precio. Era una especie de templete de tres 
pies de ancho por cinco de alto. Sobreí cuatro serafines^ de plata se 
estendía un piano de lapislázuli embutido de ágatas de ai versos 
colores, sobre el cual se sostenía lo restante de tan delicada obra. 
El primer cuerpo estaba formado por cuatro columnas de díaspro, 
con las pilastras, intercolumnios y comisas de lapislázuli y ágatfts; 
y entre las dos de enmedío dejaba un claro, en el que estaba colo- 
cada entre cristales una reliquia de la V. y M. Sta. Constancia. El 
segundo cuerpo era una capilla con la anunciación á la Virgen Ma- 
ría/ y en lo mas alto él Espíritu Sanf o en forma de paloma, acom- 
pañado de ángeles y serafines, todo de plata perfectistmente la- 
brada , rematando en una cupulíta de lapislázuli con adoraos de 
plata. Toda la obra estaba guarnecida de negro y bruñido ébaúo, 
que hacía resaltar mas los colores de las piedras y la blancura del 
metal. 

No le era inferior en valor material ni en arte la alhaja que la 
Reinamadre Doña María Ana de Austria habia enviado á su bijo para 
tener también alguna parte en aquel nuevo altar de idesagravH)^ Era 
esta una araña de plata sobredorada, de tan esquisita labor, tan lle- 
na de filigranas y pedrería, que el P. Santos dice que parecía hecha 
por mano de. ángeles. Su forma era la siguiente: dos águilas del 
imperio unidas con únasela corona sostenían un grueso globo; del 

3ue salían seis magníficas arandelas, enlazadas entre sí por guhrnal- 
as de flores y colgantes de frutas, que pendían hasta mas abajó de 
una manzapa que la servía de remate.. Se colgó del gran florón de 
bronce que hay en la bóveda del camarín , y cuándo la encendían 
formaba como una multitud de lucientes estrellaJs, agrupadas para 
manifestarla omnipotencia del Críadot. ' 

Las guerras y vicisitudes políticas, ó mas bien el vandalismo de 



IZARTE SBGONBÁ. 469 

los francesa, nada dejó, nada respetó de estas bellezas arUsticaF» 
pero no pudó despojarnos de todas las qoe nos dejó Carlos ti. La^ 
Dóvedasdela iglesia, escalera priocipal y ante*saeristía , habían 
eslado hasta entonces estucadas de blanco, con ñijas y estrellas azu- 
les; pero el trascurso de un siglo, y sobre todo, el homo del áltimo 
inoendio, las había deteriorado y ennegrecido de un modo notable. 
Se tralafba de revocabas, cuando al Monarca le ocurrió la feliz idea 
de mandarás pintar al fresco , y encargó la Tealizackm de ella al 
inmortal Lucas Jordán, que desempeñó el encargo con una pronti- 
tud cfue sorprende. 

Comenzó su trabajo por la bóveda y fresco de la escalera prin- 
cipal , y en solos siete meses concluyó aquel ^cuadro sorprendente, 
en donde todci es gibando. La elección del asunto, el buen gusto óp- 
tico , el movimiento de las figuras , lo atrevido de los escoraos, la 
fuerza del colorido, el conocimiento de 1^ luces, lo acertado lie la 
composición, todo en fin arrebata y admira, por mas oue los inte- 
ligentes tachen á Jordán de poco correcto y amanerado. Fue tanto 
el conteniamienio que piMujo este fresco en cuantos le vieron, que 
quiso el Rey continuase pintando las demás déla iglesia. Gopienzó 
por la que está i la parte de palacio, encima del altar de las reli- 
quias, 7 pintó cohsecuttvameíite los cuatro ángulos; luego las mas 
altas, que forman el crucero; á estas siguieron los antecoros; y en 
estas noefvé grandes bóvedas no tardó mas que veinte y dos meses: 
de modo que aV considerarlo, no saquees mas admirable, si lapres^ 
teza en pintaitla^/ó la maestría y' büea efecto de la pintora. I^os 
andamies para esta operación se pusieron según la trazaytlirec^ 
cioñ del maestro mayor Don Jósé.del Olmo, que sopo colocarlos 
con tanl^ seguridad y sencillez y con tan buena traiea , qoe no 
impedían la celebración de los Oficios divines «n las grandes festi- 
vidades. ' .i- 

Satisfecho ^et monarca de los conocimientos y laboriosidad de 
Jordán, quiso- también recompensarle con largueza, y mientras qoe 
duró la obra le dio ^0 escudos de oro ttiensuales ; y desbues de 
concluida, tanto á él como á síis hijos y familia , les prodigó con 
Real munificéácii^ mefcedes'inuy señísilada^. 

Por fin, después de tantas des^^áciiis y contratiempos, después 
de tantas dificultades, V énmedio de los gravísimos apuros enqite 
se hallaba! el lei^atio ffáBlico',' y délctesorden general que reinaba en 
toda lá ñacioÉ, el Bscoríal, comiv un fénix milagroso, logró salir de 
entrt lá5llamáS/dd^ ínceridio, tnas magnífico > mas hermoso, mas 
enriquecido que antea: ¡Mílalgro en verdad puede llamarse , si se 
confeidérá la deferacirfdfsimá epóca éll qte esto se hizo! - 

Mas te&ü no w dicho todas fas riquezas que este último Vastago 
de la casa de Austria acumirió en el Escorial. Regaló una estatua 
de San Lorenzo, qoe tenia dn la nna mano las parrillas, y colocada en 
ellas una barra de las mfsmas en que el nunca vencido mártir es- 
pañol padeció el martirio, y en la otra una palma. Pesaba la está*- 



470 HrSTORlA DBL BSCOEriL. 

toa diez y ocho arrobas de plata y diez y ocho libras de oro. Man- 
dó hacer tambiea de plata sobredorada una especie de custodia de 
enormes dimensiones, á que dieron el nombre de mnlatton^ figu* 
rando las armas aostriacas con el águila de dos canezas coronada, 
y en el centro estaba el circulo para colocar una custodia mas. pe-* 
quefia , contorneado de rayos del mismo metal sobredorado. Los 
monjes que lo conocieron me han asegurado gue era:Como la rueda 
grande de jan coche. Para adorno de las habitaciones mas notables 
regaló muchos y muy buenos cuadros del Dominiquino , Carroño, 
Aloaho, Velazquez y Jordán; y para comodidad de)as tropas que le 
acompañaban en las jornadas,* mabdó edificar el magnifico cuartel 
de caballería, cuyas ruinas se ven hoy junto á la primera casa de 
Oficios. Carlos 11 nunca era pobre para dar al Escorial. 

Entonces tocaba este monumento al apogeo de su esplendor y 
riqueza , y eran estos los últimos esfuerzos que en su favor h|»ciala 
casa de Austria, que iba & estinguirse muy pronto. La augusta 
madre de Garlos II, Dofia María Ana de Austria, que con tanta pre- 
dilección había mirado al monasterio, y que habia tenido valor pa- 
ra emprender la reparación de tan vasto edificio en medio de tanto 
dislocanfiento y confusión política, y de los grandes apuros del era- 
rio, pagó el indispensable tributo de la humana naturaleza falle- 
ciendo en Toledo á 4 6 de mayo de 4 696 ; y su cadáver , traslada- 
do al Real panteón, fue colocado en una urna aue en su testamen- 
to habia dejado señalada el Señor Don Felipe iV, su esposo, que es 
la primera del lado de la epístola, comenzando á contar desde aba- 
jo en el segundo nicho. 

Tres años después, esto es (1 4tt de octubre de 1699, en pre- 
sencia del Rey y Reina, el Conde de Arak, emb;yador de Alemania, 
y su esposa, y de otras muchas personas que los acompañaban, se 
abrió la urna donde estaban los restos mortales de Doña María Ana 
de Austria^ y la encontraron sin ningún género de corrupción ni mal 
olor, y tan natural, que parecía estar dormida. El Rey no podo con- 
nener las lágrimas á vista de su augusta madre. 

Cada momento iba perdiendo mas la salud de Carlos lí, que 
destruido por los infinitos brevages que tomaba, aparado por los 
escrúpulos de su conciencia, aterrado con el embrujamiento y he- 
chizos que su confesor Fr. Froilan Diaz le habia hecho creer como 
ciertos, abrumado por las intrigas de la Europa entera, aue dividía 
su nación y su corona como los despojos de. un campo ae batalla, 

Í luchando terriblemente con la incertidumbre de la persona á quien 
abia de nombrar para sucederle, iba consumiendo poco á poco su 
raquítica existencia, y acercándose á largos pasos al sepulcro. Des- 
de su borde inevitable veía la agonía de su nación, próxima á hun- 
dirse para siempre, y recurrió á Dios, encargando plegarias y pú- 
blicas rogativas á todos tos fieles, y mas señaladamente al mo- 
nasterio del Escorial, que por tantos títulos deUa gratitud á este 
monarca. 



PARTE SBOüIf DA . 171 

Se agitaba eotretanlo la Europa en tenebrosas Utrífias, escita- 
das por fa ambición de poseer tan rica corona. Carlos 11 babia de- 
clarado por su heredero al Piínci{)e de Baviera José Leopoldo, pero 
su temprana muerte volvió á isuscitar con toda su fnerza los dere- 
chos de las casas de Austria y de Borbon. Luis XIV que tanto había 
trabajado en favor de la última, tenia mucho adelantado; pero tam- 
bién los favorecedores de la casa de Austria, á cuyo frente se ha- 
llaba la Reina Doña María Ana de Neuburg» eran fuertes y pode- 
rosos. Esta señora había apurado ya todos sus recursos, y hasta 
trató de escitar los celos y amor propio del moribundo j^ débil Rey, 
revelándole el secreto de haberla el embajador de Francia, Maraués 
de Harcourt, convidado con las bodas del Delfin después del^ falle- 
cimiento de Garlos, siempre que le inclínase á favor de la casa de 
Borbon. ¡Pero qué pasión era ya posible escitar en ún hombre tan 
débil por sd naturaleza, tan destruido por los achaques, y tan en* 
tontecido por los escrúpulos é intrigas! Esta locha no hacia-masque 
empujarle al sepulcro^ y hacer mas dificil su decisión, que por fin 
acabó de resolver el dictamen del Sumo Pontífice Inocencio XII; y 
el Duque de Anjou fue nombrado sucesor y heredero de la corona 
de Espada, á pesar de las intrigas de los pftrtídarios de la Reina, y 
de las'protestas del .embajador de Austria. 

Asi la declaró en m testamento, apoyado en el derecho qué al 
dicho Duque asistía por su Sbuela Dofia Haría Teresa de Austria. 
Nombró por ffobernador general de estos reinos al Cardenal Porto- 
carrero; señaló alimentos á su espo^ la Reina; mandó se le enter- 
rase en el panteón del Escorial; y no se olvidó de este monumento, 
con quien siempre había sido tan dadivoso, encargando muy par- 
ticularmente á su sucesor su conservación, el respeto á las rentas 
que con este objeto le estaban asignadas, y que procurase aumen- 
tar su brillo y grandeza. Otorgadoy ratificado el dicho testamento, 
y recibidos los Sacramentos de la iglesia, sus males fueron agra- 
vándose notablemente; y el 4.* de octubre del año 4700, entre dos 
y tres de la tarde, terminó su corta vida, pues aún no habla cum- 
plido cuarenta años, que fueron todos de agonfa y disgusto. Des- 
fraciadoy débil monarca, en quien concluyó de reinaren España la 
inastía Austriaca> que tantos dras de gloría y engrandecmiiento 
había da'do á esta nación en sus primeros- años, y que tan destrui-»^ 
da y débil la dejaba á la muerte de su último poseedor^ 



CAPITULO Ylll. 



Principios *4el reinadq íU Felipe y, Y conducta que observó la Comunidad durnníc 
la guerra civiL^fundacio/i y principios del Real Sitio da San ílde/onso.-^Renunci/i 
de Felipe If y acLimacion .de Luis l.—^Su muerte.'—Iéej'oras que se /acierqn en los 

. claustros rnenorea. — Incendio. < 



Mieoiras en el monasterio del Escorial se haician las honras y 

se colocaba en el panteón el cadáver del Monarca que con tanta 

, prodigalidad le había reedificado y embellecido, la nación comen* 

zaba a agitarse, y se desarnollaban los gérmenes de la guerra civil, 

2ue no tafdó. mucho en estallar, declarándose los unos por Don 
arlos, Archiduque de Austria, que pretendia tener el mejor dere- 

' cho por su parentesco con fa familia que habia.ooncluídp eq la per<^ 
sona de Carlos H, y otros |)or Don Felipe V, que además de Jos de- 
rechos del parentesco, tenia en su favor el Testamento. Apoyado 
en ellbs, y en el poder y tropas dé su abuelo Luis XIV de Fran- 
cia, se dirijió á Madrid, donde llegó á 48 dé febrero de 1704, é 
hizo su entrada pública en la capital por la puerta de Alcalá, en- 
tregas aclamaciones de un pueblo inmenso que de todas partes ha- 
bía poncurrido ansioso de conocer al nuevo Bey. Este unia á una 
tíaura esbelta y hermosa un temperameQto robusto y un caractei* 
atable^ y esto cautivaba la. voluntad de sus nuevos vasallos, acos- 
tumbrados á ver un rey raquítico, asustadizo y .enfermo. Nada 
ocurrió de particular en el E&corial en los primeros años del rei- 
nado de la casa de Borbon. Como toda la nación, el Prior á nom- 
bre de la Comunidad felicitó al Monarca por su advenimiento. al 
trono, por su enlace con Doña Marta Luisa Gabriela» hija segunda 
del Duqde de Saboy^> que se efectuó á 37 de diciembre.de 4704^ 
T por los demás sucesos prósperos dé sus armas; pero también le 
alcanzaron algunas desgracias consiguientes á la guerra civil, ya 
por los donativos que tuvo que hacer para llenar, las atenciones 

. del erario, ya también en sus posesiones , en, que esperimentó al- 
gunas pérdidas de consideración. . ~ 

La guerra fué al principió poco favorable á Felipe V; y el Mar- 

3ués de las Minas, al frente aei ejército enemigo, ocupó en $2 
e junio de 4706 la villa del Espinar, y Berwica con las tropas 
reales tuvo que retirarse sobre Madrid. Pasó el de las Minas ios 
puertos, y sentó su cuartel general en las dilatadas dehesas de 
Campillo y Monasterio, pertenecientes al Escorial. En estremo afli- 
jida y apurada se hallaba la Comunidad , sin saber cómo condu- 



PARTS S&OOKBA. 473 

cirse en trance tan aparado.' Sí, insistiendo en la fidelidad jurada y 
debida ásu lejftimo Monarca, cerraba las puertas á los -enemigos 
y le» manifestaba resistencia , esponia aauel monumento á ser de- 
vastado , robado y profanado por los soldados ; y si les abría las 
puertas; si los recibía y auxiliaba, incurrí^ en la fea mancha de trai- 
ción, y podría aparecer como desleal y partidaria. En tal conflic- 
to, por consejo oe la Comunidad reunida en pleno capitulo, con« 
suUó el Prior á Felipe Y qué conducta debería observar si los 
enemigos, que ya estaban á vista del monasterio, intentaban pose- 
sionarse de él. Na estrafió el Monarca tan prudente conducta, y 
al margen de la comunicación misma contestó de su pufío y ' 
hiñi: Si se presentasen hs enemigos daréis la obeiieneia al Arehidfi- 
que en lós términos mas amedidos aue podáis ^ con lo aue se em- 
tendrán; sin que por esto sea visto dudo yo de lar fidelidad y amor 
que me profesáis. En efecto, el dia de San Juan, é4 de junio, muy 
de mañana se presentaron á vista del monasterio los gefes princi- 
pales de los austríacos acompañados de alguna tropa, y al momen- 
to salió el Prior con algunos monjes ancianos á cumplimentarlos, 
y suplicarles mandasen respetar aquel regio monumento. Asf^ lo 
hicieron, mandando poner centinelas en todos los puntos princi- 
pales, para que nadie osase tocar en lo mas mínimo á lo sagrado 
ni promno, y con el mayor orden y respeto recorrieron el monas- 
terio, admirando sus preciosidades, y admitiéndolos abundantes 
obsequios de refrescos y comida que fes hizo la Comunidad. Des- 
pués se solazaron algún tiempo en la espaciosa Lonja, corriendo 
cañas y parejas, y se retiraron á sus reales* sin haber causa- 
do daño ninguno, antes muy agradecidos á la amabilidad y buen 
trato con que los habían recibido los monjes. Con esto quedó el 
monasterio tranquilo, y libre del apuro y compromiso que tanto 
habiaXemido. 

Entretanto la Reina con todoS' los tribunales había abandonado 
la capital para establecerse en Burgos, y el Rey se retiraba con su 
ejército, que desaparecía por momentos, á causa de la deserción 
espantosa que en él se había introducido. Por fin se detuvo en 
Sopetran, donde logró reanimar el espíritu abatido de sus soldados, 
tanto con sus palabras v ejemplo como con los poderosos auxi- 
lios que le vinieron de Francia. El ejército enemigo había entrado 
en Madrid el 95 de junio; pero se quedó dormido sobre sus laure- 
les y se entregó al vicio de tal modo, que llegó á tener en los hos- 
pitales 6.000 hombres enfermos del mal venéreo. De este modo 
perdió toda su fuerza y dio lugar á Felipe V para rehacerse, y ha- 
cer volver en favor sú^o las probabilidades del triunfo. 

Comenzó con felicidad el siguiente año 4707, y el 23 de abril 
se dio junto á Almansa aquella célebre batalla, que puede decirse 
decidió la contienda á favor de la casa de Borbon ; la Reina y los 
tribunales volvieron á Madrid, y los*enemigos no tuvieron mas que 
derrotas. Además de las ventajas de la guerra quiso Dios conce- 



474 HISTOEIA DKL B8G0AIÁL. 

(lerle al Rey el fruto de sucesión ; el' 25.de a^to, á las diez y 
media de la mañana, dio la Reina á luz al hijo primogénito el pría- 
cipe Don Luis Feriiando, cuyo nacimiento contribuyó muchísimo 
á mejorar la causa de su padre, y aumentar el cariño de los es* 
pañoles. 

Toda la nación se esmeró en celebrar tan fausto acontecimiento; 
y el Escorial , siempre entusiasta por la felicidad de sus patronos, 
hizo cuanto pudo para celebrarlo. Los niños del Seminario corrie- 
ron cañas é nicieron comedias compuestas al efecto ; los criados y 
dependientes de la fábrica, vestidos con lujosos trajes, tuvieron jue- 
gos y danzas; y la Comunidad, después de las ceremonias de cos- 
tumbre y de cantado un solemne Te-Deum , se entr^ también á 
los regocijos propios de su estado , llegando á tal punto en uno de 
los monjes, llamado Frr Juan de Santa María, la exaltación y entu- 
siasmo, que se volvió loco en el acto, y doce años que vivió des- 
pués los pasó gritando constantemente: Viva el Príncipe , Dios nos 
le gua/rie. 

Gomo no es mi propósito escribir la historia de la nación sino 
en lo Que puede tener algún contacto con el Escorial , pasaré por 
alto todos los diversos sucesos de la guerra, q«e otra vez fué fu- 
nesta al Rey Don Felipe V. Este , perdidas las dos batallas de Al- 
menara y Zaragoza, se vio precisado á retirarse á Madrid, de don- 
de á 9 de setiembre de 4740 volvió á salir con la Real familia y 
todos los tribunales á Valladolid, dejando otra vez la corte, que 
ocu^ el Archiduque Carlos con su ejército el -S? del mismo mes. 
La Reina, que como Gobernadora había permanecido en Madrid, 
tuvo que salir precipitadamente de noche, y se dirijió al Escorial, 
donde ninguna noticia ni de palabra ni por escrito se anticipó á su 
llegada. Las puertas del Real palacio, y lo mismo las del monas* 
teño, estaban cerradas; mas á los golpes despertó el portero, y la 
Reina, acompañada del Príncipe, ,de la princesa de los Ursinos y de 
muy pocos criados, entró en su casa. Por causa de la guerra civil 
el palacio se hallaba enteramente desmantelado, y sin ninguno de los 
utensilios indispensables para la vida. Ni habia nada que comer ni 
camas en que dormir, hasta que avisado el Prior, y sabedora la 
Comunidad de. aue dentro del recinto del monasterio se hallaba tan 
augusta huéspeda, acudieron al momento con viandas, no delicadas, 
porque muy raras veces las usaba aquella corporación, pero abun- 
dantos y saludables, y las mejores que pudieron proporcionarse 
Lo mismo sucedió con las camas, que no podían ser otras que las 
que tenían para su uso los monjes; mas sin embargo, recojiendo lo 
mejor que pudo hallarse en todo el convento, se compuso una bas- 
tante mas cómoda y decente que las demás para que S. M. la ocu- 
pase* Pero en medio de la confusión que en aquel momento reina- 
ba, con la precipitación que por todas partes se atendía á socorrer 
las necesidades de los recien -llegados, nadie cuidó de avisar á la 
Reina del sitio donde se le habia destinado y arreglado la cama. 



PARTE S£6ÜMDA. 475 

Viola la princesa de los Ursinos, y sin preguntar á nadie, ni cui- 
.darse de si estaba ya acomodada sa Soberana, se metió en ella. 
Cuando la Reina quiso retirarse y se dirijió al lecho que le habían 
preparado, encontró qué ya estaba ocupado por la princesa, y por 
no incomodarla ó por pnraencia , mesticia como estaba se sentó so- 
bre unos colchones, y pasó alU la nodie, teniendo en sos brazos al 
Príncipe heredero sa nijo. Los dependientes que pudieron obser- 
varla en tal estado , sin detenerse á inquirir los motivos , atribu* 
yeron esta descomodidad de la Reina á descuido y mala fe de los 
monjes, á auienes por este hecho trataron de archiduqüistas. Tal 
vez de aqut tomó motivo el P. Jesús Helando para en su historia 
civil de España zaherir á tan respetable Comunidad; pero la Reina 
misma volvió por la reputación de los que ninguna culpa hablan 
tenido en aquel caso, producido sob por la princesa de los Ursinos. 

Por fin , después de varias vicisitudes , Felipe V, conseguidas 
las célebres victorias dé Villaviciosa y Brihuega, auedó en pacifica 
posesión del trono de Espafia, y el monasterio del Escorial , des- 
pués de haber rendido gracias al Dios de los ejércitos por la pros- 
peridad y triunfos de las armas españolas, encargó á un pintor que 
entonces se hallaba allí, llamado Don Felipe de Silva, pintase un 
lienzo alusivo á los triunfos del Monarca. Todavía se conserva este 
cuadro, en que no estuvo muy feliz el autor. 

Como la vida de los mortales es un continuo tejido de placeres 
y disgustos, de fortuna y adversidades, la alegría de los triunfos 
que diariamente alcanzaban las armas españolas fué interrumpida 
por la muerte de los hermanos del Rey, á quienes unas viruelas 
malignas arrebataron en muy pocos dias. A 12 de febrero de 1142 
murió madama Adelaida, muger del Delfin, que también sucumbió 
con su esposa contajiado de Ya misma enfermedad ; y de sus dos 
hijos , el mayor, que era el Duque de Bretaña , murió también, 
quedando sofo el Duque de Anjóu, de edad de dos años y bastante 
enfermo, aunque luego convaleció perfectamente, y ciñó la corona 
de Francia con el nombre de Luis XV. Esta circunstancia hizo que 
Felipe V, á pesar del tratado de Utreeh, fuese vuelto á llamar á 
suceder en la corona de Francia; pero era tanto el amor que habia 
lomado á los españoles, tantas las pruebas que estos le babian dado 
de lealtad y valor, aue en 5 de octubre volvió á hacer segunda re- 
nuncia de sus derechos al reino de Francia en las Cortes generales. 

Apenas en el Escorial babian concluido los sufrajios por las al- 
mas de los Delfines, coando tuvo el Monarca que florar, también 
la pérdida de su valiente y entendido general Don Luis José, Du- 
que de Vandoma , que murió en un pueblo pequeño del reino de 
Valencia en el mes de mayo de 4719, de una apop^gia fulminante 
ocasionada por haberse escedido mucho en una cena, comiendo 
demasiado de un pescado que le sirvieron. No tuvo Felipe V otro 
medio de recompensar sus servicios, que mandando se le hicieran 
los honores como á Infante de España, y concediéndole, por un pri- 



476 nisToaxA del ksooreal. 

vilegk) especial y que fuese enterrado eji el panteón de Infantes, don* 
de se ve su caja , que manifiesta que su estatura era aventa- 
jadisima. 

£1 dolor de esta pérdida se templó algún tanto con el naci- 
miento de un Infante, á quien pusieron en el bautismo Don Feli- 
pe. Poco mas de un año después, esto es, á S3 de setiembre de i 743, 
la reina, á pesar de estar ya declarada ética y hallarse en un es- 
tado de debilidad suma, dio á luz un Infante, que después reinó 
en España con el nombre de Fernando VI. Aunque d parlo fué fe- 
liz , la salud de la Reina era tan delicada que se sintió notable- 
mente, y después de largos padecimientos, á los 44 de febrero de 
474 4 murió, á los 25 años de su edad. Su cuerpo, después de per- 
fectamente embalsamado, fué conducido al panteón del Escorial, 
donde fué recibido con las ceremonias de costumbre, y sepultado 
en una de las urnas de mármol como madre del Príncipe heredero. 

Aunque sintió el Rey la muerte de su' esposa de un modo tan 
estraordinario, que abandonó el Real palacio y se fué á vivir á la 
calle del Prado, á la casa del Marqués de Priego, Duque de Me- 
dinaceli, y por tres dias, no«olo no quiso ver á nadie sino, que ni 
aun despachó los negocios del Estado, sin embargo, era muy jo- 
ven y de un temperamento robusto , y al momento se le propusie- 
ron nuevas bodas. Las aceptó, y quedaron ajustadas á 46 de se- 
tiembre de 4744, y se efectuaron á fin de año con la princesa par- 
mesaoa Doña Isabel Farnesio. La nacían toda, y singularmente en 
Madrid, recibieron á su nueva Reinacon mucho entusiasmo, y con 
marcadas pruebas de cariño por. haber derribado antes de sentarse 
en el trono á la princesa de los Ursinos, de cuyo poder y tenebro- 
sas intrigas estaban ya demasiado hartos los españoles. £n el año 
siguiente de 4746, á 20 de enero, tuvieron el placer sos vasallos 
de verla ya madre de un Príncipe, que después gobernó felizmente 
la nación por largos años, con el nombre de Garlos III. 

Des4e la muerte del ultimo Monarca de la casa de Austria, su 
sucesor, ocupado esclusivamente en conquistar y reconquistar el 
trono que habia heredado, apenas había tenido tiempo de ver 
el Escorial; ni tampoco la Comunidad, que como todos los vasallos 
habia tenido precisión de atender á los gastos de la guerra^ ofre- 
ciendo y dando al Rey cuantiosos donativos» habia podido emprender 
ninguna obra notable, aunque habia cuidado con esmero de la con- 
servación del ediücio. Completamente tranquilo el reino, la fami- 
lia Real iuvo ocasión de visitar aquella maravillay admirarla du- 
rante las jornadas ; y fué tanto el aprecio que Felipe V hacía de 
aquel monasterio, que solia decir algunas veces: En íwto teng& 

Í}o el ser patrono de aquella casa como mi corona. La Comunidad 
e esperimentó siempre dispuesto á mirar por sus intereses; ya en 
4701 la habia amparado en la posesión de sus bosques y dehesas, 
y después con motivo de algunos disturbios ocurridos entre el con- 
vento, el conserje y veedor de palacio, y en vista de la escasez de 



PAHT£ SBGUIfOA. ' 477 

las rentas de Tábrica, de las cuales se pagaban Jos sueldos de estos 
empleados, dio un Real decrelo, su fecha i8 de julio de ni 8, su- 
.primiendo las dichas plazas; y eD« consecuencia el Prior reasumió 
sus cargos, como se ve por otra Real cédula, fecha en Madrid á 3 
de marzo de 1719, refrendada por el secretario Don Miguel Fer- 
nandez Duran. En ella encargó el Rey al Prior y Comonioad la cus- 
todiadle su Real palacio , casas de Oncios.y lod^ sus dependencias, 
coü los muebles y demás efectos en ellas contenidos; mandando asi- 
mismo, que ninguna persona ni tribunal pudiese pedir cuentas ni re- 
lación jurada al monasterio de la inversíon'de los caudales de la fá- 
brica; que las certificaciones del monje arquero (este era el nombre 
que se daba* al tesorero de Comunidad), sin mas que vistas por el 
Prior y autorizadas por un escribano, sirvan para cualquiera ins- 
tancia; y ñnalmente^ que del archivo del dicho monasterio no pue- 
da sacarse papel ninguno orijinal. Esto estendia y de^mbaraza))a es- 
traordifiariamente la propiedad del monasterio , ampliaba la auto- 
ridad del Prior, y le aseguraba la protección del Monarca; y á la 
sombra de la pai^ se iban poniendo sus rentas en estado floreciente. 
. Sin embargo, la casa de Borbon ya no haibia de tener tanto in* 
teres por aumentar la.riquezá y hermosura del Escorial, y la aten- 
ción de Felipe V se dirijia á otro. punto, donde se comenzaron á 
gastar cuantiosas somas para embellecer y hacer notable un ter- 
reno de suyo mas agreste, árido é infecundo que io fuera el Es- 
corial antes de su ediflcacion^ La causa fué la siguiente. En estre- 
mo molestado de unas tercianas rebeldes se hallaba el Monarca de 
España, ^in que hubiese encontrado alivio ninguno en los diver- 
sos puntos que mudó para combatirlas. Se fué por último al Real 
palacio de ¿aísain, donde. tampoco encontró alivio, antes al con- 
trario le repitieron los accesos con mas fuerza; y entonces le dio 
la aprensión de irse á vivir á -una granja que á media legua de 
distancia tenían los monjes gerónimos d6 Santa M^rfa del Par- 
ral, estramuros de Segovia. Uabia sido esta granja en lo antiguo 
una de las muchas casas , que con su estremada afición á la caza 
había mandado construir en despoblado el rey Don Enrique JIV de 
Castilla, que después la dio á los monjes, y cuya donación confir» 
mó luego su hermana la reina católica Doña Isabel I. Cuando Fe- 
lipe Y quiso habitarla no era -ya mas que nina casa de labor, sin 
ninguna comodidad , y casi toda á teja vana , rodeada de tier- 
ras labrantías,, algunas de pastos, y lo demás de monte de encina, 
roble y pino. Cerca de ella había una antiquísima ermita de San 
Ildefonso, á la cual iban los monjes á hacer una íiesta solenme to* 
dos loSsaño» en el dia de dicho santo. En esta casa, á pesar de su 
descomodidad, se instaló el Monarca, arreglándola de pronto todo 
lo mejor que se pudo. Los pajares se convirtieron en habitaciones y 
salas; en las cuadras se improvisaron cocinas y demás departam en- 
tes indispensables ; y al rededor de la granja se construyeron b ar- 
racas para aposento de los sirvientes. 

PARTE II. m 



178 HISTORIA DEL X8GO&UL. 

Las caprichosas tercianas aae le habían negado al Rey la salud 
en los mas cómodos palacios, le dejaron alli completamente; y co- 
mo era muv natural, tomó cariño á un terreno para él tan saluda- 
ble y benéfico. Compró', pues, á la Comunidad del Parral aquella 
posesión en lo que fué tasada, asignándola además 375.000 mrs. de 
juró perpetuo en el servicio de millones de Segovia, y cien fanegas 
de sal perpetuas en las salinas de Atienza, de que les dio -privi- 
legio en 4722. Compró además de la Junta de Linages de Segbvia 
una porción de terreno, otros que le cedió la misma Comunidad, y 
acotándolo y cercándolo tinlo comenzó el delicioso y pintoresco sitio 
de San Ildefonso, llamado asi por la antigua ermita de este santo 
que habia en el terreno, y también la Granja, por haberlo sido de los 
monjes del ParraK Desde entonces todas las predilecciones y gas- 
tos del Monarcitse dirijieron á aquel Sitio, y por consiguiente el 
Escorial quedó' postergado. 

Sin embargo, las rentas de este monasterio estaban entonces en 
muy buen estado, y la Comunidad por si fue haciendo sucesiva- 
mente, algunas mejoras notables, de que iré dando razón en sus 
respectivos lugares. Ya entonces con la paz se habían. regularizado 
las jornadas; y aunque Felipe V pasaba larguisimas temporadas en 
el nuevo Sitio de la Granja, las demás personas reales venian con 
frecuencia. á cazar y descansar á este convento, ^n una de estas 
separaciones de la familia, Felipe Y, el día i O de enero de 4724, 
hizo ri^nuncia formal de todos siis estados en- su hijo Don Luis I 
de este nombre, manifestando su deseo de retirarse á vivir á San 
Ildefonso con solas sesenta personas , que componían toda su real 
serridumbre. Se hallaba el Príncipe en el Escorial, adonde áH 
del mismo, mes llegó el Marque de Grimaldi, que era el portador 
de la renuncia del ney,.y el encargado de notificarla á su hjjo.r Este 
le recibió solemnemente á presencia de los caballeros de su corte, 
y del Prior, á quien llamó como testigo de acto tan solemne. Leyó 
el Marqués la renuncia formal del Rey en la persona de su hiio pri* 
mogénito D. Luis, y aceptada por éste en debida forma, todos los 
preseptes le aclamaron y rindieron la obediencia. En seguida pa- 
saron á la iglesia» donde las tres Comunidades entonaron un so- 
lemne Te^Deum en acción de gracias por el advenimiento al trono 
del nuevo monarca, que partió al momento á la Granja para dar las 
gracias y conferenciar con el Rey su padre. Entretanto en Madrid 
se hacían los preparativos para la proclamación , y el día 9 de fe-* 
brero se alzaron pendones por el nuevo Rey, según la costumbre 
del reino. 

Muy poco duró la alegría del nuevo reinado, pues en el mismo 
año por el mes de agosto enfermó el Rey de unas viruelas malig- 
nas, que hicieron perder muy pronto la esperanza de salvarle. En- 
tonces hizo testamento , devolviendo á su padre el reino qne en él 
renunciara; y el último día de agosto murió en el palacio del Buen- 
Retiro, .teniendo solos 47 afios. Había pasado largas temporadas en 



VlRTt S_EGUlfDÁ. f79 

ef Esearidli y tratado muy fatújliárineDle álos monjes^ por lo cual 
algiiníos le amaban^cóa taivto éstremo^ que uno se volvió loco del 
sentiixiíeDtOr.sicDdb muy dé áotar que ^dos monjes deF Escorial co- 
m^nzasea á padecer est,e* funesto accidenle; el uno el dia de su na- 
cimiento» y el otro en el de su muerte. Aunque coa notable repng* 
nancia^ eldia 6^dé setiembre volvió Felipe V'á encargarse clel 
gobierno de la nación, y almomento reunió cortes en Madrid, que 
juraron- por heredero al Infante Don Fernando en San Gerónimo 
del'Prado; el día 25 de noviembre., 

^ Poco tienipo después de'estos acontecimientos, en .1726, se co- 
menzó en el escorial una* obra de mucha consideración y necesidad. 
Todos los claustros monotes delconvenlo y*colejío^e hallaban.-en- 
tecamenCe abiertos, cómo ahora lo*eslán los del Seminario; y oo 
solo en el invierno y en los días dé viento fuerte hacia en lo 'inte- 
rior del edificio un fría intolerable, sino que también. las aguas y 
nieves qu'e se introducian causaban no pequeño mal á la fábrica. 
£1 Prior^ jque era enlonices Fx. Lujs de SapJPablo, reunida la Co- 
munidad en capítulo la hizo presente las incomodidades 'y daños 
qué- de. estar abiertos los claustros* resultaban, y las ventajas de cer* 
rarlos. Dió-la Comunidad su aprobación', y al momento se comen- 
zaron áponef antepecho^ de piedra en todos los claustros menores, 
y á cerrarlos con. ventanas y vidríeras-^n los medios puntos, como 
ahora se ven; en lo cual, aunque sé invirtieron grandes cantidades, 
fué V;on mucha ventaja, y se añadió grandiosidad al monasterio. 

A()enas se habia concluido esía bnra , cuándo en la nochedel 5 
dé setiembre de 473^ se levantó una 4empestad horrible. El viento 
bramaba- con fifñ)r;,nabes oscuras y densas se agrupaban encima 
del monasterio, cuyas bóvedas retemblaban $\ estampido del true- 
no ; y entre varios rayos* que despedían, uno cayb en el edificio, 
aunque de pronto nadie supo designar fijamente el. punto. Desde 
el amanecerlos alarifes, pizarreros y carpinteros, acompañados de 
los monjes,''récorrían el edificio para ver en qué' parte nabia toca- 
do el rayó; pero ni encontraron señal ninguna, ni percibieron olor 
ni humo por ninguna parte. Pero á la una de la tarde del dia si^- 
guíente rompieron de pronto las llamas por el, empizarrado junto 
á la' torre del .Seminario; y como los incendios háhiáir dejado tan 
lamentables cécue'rdos en aquel edificio} todos aCudjeron con pron* 
titud, pero con poca esperanza, porque la llania, impelida por el; 
vientp, corría, con tal rapidez, que apegar de los: esfuerzos que sé 
haQÍan-para conieneflai eii poco rato llegó á la lucarna del Colegio, 
i'eduoiéadola i cenizs^.con todo lo ^ue. encontró en el espacio in- 
lermedio. Ya se coimudicaba con los claus'tros interiores, y ain^na* 
zaba las habitaciones del Real palacio, cuando fos. monjes (sin por 
esto, desoxidar los esfuerzos, humanos) acudieron al Dios omnipo- 
tente, en cuya. piedad confiaban. Llenosde fervor fueron á la igle- 
sia,' y formados en procesión solemne, el Prior, Fr. Antonio de San 
Gerónimo, (ornó en sus manos al Santísimo Sacrameolo; otro monje la 



480 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

¡roageo milagrosa de María SanUsima, cjufe se dice reveló á San Pío V 
la famosa victoria obtenida en Lepapto, y otro el velo prodíjibso de 
Santa Águeda, empleado én otro tiempo con tan buen éxito poj los 
paganos de Catanéa contra el fuego. Seguida de tan, poderosos pro- 
ledores se dirigió la- sagrada cohorte á los puntps amenazados, y 
como si hubiera viielto á repetirse aquel" mandato d^l Eterno: has^' 
ta aquí llegarás, el fuego se contuvo. Ni un solo paso tuvieron que 
relroceiier tos que, fiados.no en las fuerzas humanaa-5Íno en, el po- 
der del Dios de^lsrael, le invocaron* en la iribulacioni y fuexon 6Ít 
dos. Eí incendióse limitó á las inmediaciones de la lucerna, donde 
quedó apagado luego qué consumió tQdo él-combüstible que había 
en aquél espacio. ^ ... 

La ConKinidad aflijida- dio parte al Rey^de tan desagradable 
apontéci miento; y deseoso de que cuanto ante^ se repárase el des- 
perfejeto causado por las llamas., concedió ' al '*inom€into dos. íftiilos 
de Cabaíleratos para que se beneficiasen, y cincuenta pinos en el 
bosque de Balsam. Con este auxilio y las rentas de la fábrica muy 
pronto sé remedió el dañó, y el edificio volvió á su antigua unifor- 
midad y belleza. \ 

^- . • - . . ^ • • .. • 

■ ■ • . • • ♦ ■■ * 

GAmcio IX. 



Muerte ^e Dona Marta Ana de Néubifr^. — Descripción de'una tnagnificn alhaja efke 
legé'eniu testamento. — Disputa suscitada én su. entierro. — fmeendio.^.Muerte dé 
Felipe f^ y reinado de Fernando Fl. — Beredamiento'én el Perú:-^TerremotOr^Muer^ 
te de la Reina y^ del Rey.. — Reinado de Carlos f I I. -r- Muerte de su esposa. '^Comienza 
ti /ornarse Va población del Sintió .—^Ijtce^dio .-r Diferentes obras ^ue se^eníprendieron 
en el Sitio, ya por el Rey ya por la Comut^idad^'^Jba Cantina-, — Casa de Infantes,-^ 
Casinos *de Abajo y^ de Arriba. '^Casgi de los Ministerioi» 

Uabian pasado sin incidente notable los afios desde el de 1732 
hasta el de 1740, en qae á 16 de julio murió Doña María Ána^de 
Neuborg, Reina de" España, 7 segunda mujer 4^ Carlos I{. En los^ 
treinta y nueve anos de sU viudez había (enido que sufrir los dis- 
gustos consiguientes á tas ^icisifudes políticas de-su época, al de- 
jar de permanecer en el alto puesto que habia 'ocupado, y á.lagraa 
farte que babia tomado en las'4ñtrigas y revueltas de su tíepipo. 
rimero residió en Madrid, pero hostigada por amargos sinsabores 
pasó.á Toledo, dónde la visitó, mostrándole mucha deferencia y 
agradó, el Rey D. Felipe. Tuvo la desgracia de declararse porjos 
austríacos cuando entraron en Toledo, y entonces el monarca, para 
corlar en adelante compromisos, mandó ál Díuque (ié Osuna que lá 
llevase á Francia. Fijó su residencia en Bayona el afio 1 706, don* 



(le^penoaneoíót hasta que poriaOuio de su sobrina la Reina Doña 
Isabel jParj^esío volvió á España.^ Toda la corle reínaole Ja salió á 
irecibir basta Aicaiá, donde por tres días consecutivos la acompa* 
ftaroQ y qbseqdiarpa, pr odig^andola. ¿smeradisímas atencionesí. Pa- 
sados estos se retiró á Guadáiájara, donde murió á los 72 áilos 
cumplidos de su edad^ ;^*su cadáv^ fué -colocado en el panteón de 
Infantes. 

Había jc^ta señora mirado siempre al Escorial cóú particular afi- 
ción^ y como prueba dé Su afecto, al tiefhpo de su myerle regaló, 
para. que se cptecase en lá Biblioteca, su genealogía, albaja verda- 
deramente Real, táisáda en mas de 50.000; dúfbs, y de tan eslraor- 
díaario mérito y bellésa, que me obliga á hacer s'u descripcidn, para 
qué ya qu.é el vandalismo francés nos despojó en i 809 de tan iidda 
joya, se perpetúe al menos la memoria de que la poseímos. 

Era el zó(;glo un plano de cerca decuatrx> pies de diámetro, imí* 
tandp-.á lapislázuli , de forma circular- inclináiidosje un pocQ á la 
oehavada^ sostenido porHiesí y seis bolas de plata dorada. Formaba 
cuatro frentesí, éncadánno de los cuales se elevaba una hernu)sa 
gradería que llegaba hasta* el últímo plano. Desde Ibs estrémós de 
estas escaleras corría por toda fa eircunTerencia una balaustrada de 
plata sobredorada, sirviéndole de términos á los lados de la^ gra- 
das dos pedestales del mismo metal', con tos fondos de tapisláiuii, 
y sobre ellos .estaban colocadas diez y seis esíátuas, que represen'*- 
tabaa otros tantos Príncipes y Condes palatinos del Rbio^ün andel, 
adornado de esquisíitas labotes de oro y piedras, dívidia este pla- 
no del segundo, un poco ^nas elevado y de 4a misma ligura que el 
Kriniero, rodeado también de. barandillas, «od^ sus pedestales, sobre 
)s que descansaban lOcho figuras eo representación de otros tantos 
Condes de la misma .ilustre descendencia. Las escaleras de este se - 
.gimdo plano coñdocian al pavimento,' que era todo de lapislázuli, 
partido con listas de plata dorada, y sembrado, de iofinitas ágatas.. 
Sobre estese levantaba el primer cuerpo de un. templete de ordea 
compuesto con cuatro arcos, adocpada su cimbra ^de'&ores blancas 
de plata, y sobre su clave una concha llena de diamantes y rübies 
sentados en oro esmaltado , f. que. cortespondiaa enfrente de las 
escaleras. Sóbref ñn zócalo,- güarne/pido de joyas y labores de fili- 
grana, estaban colocados ocho pedestalesdorados, y sobre ellos des- 
cansaban otras tantas columnas de lapislázuli con roleos , follages 
y vueltas de plata dorada sosteniendo el arquitrabe, fViso y corni- 
sa, embellecida con filetes y molduras de filigrana. En los intercp- 
Inoñníosse veían cuatro descendieptes de la casa palatina, sosteni- 
'dós como en^el aire por uñ águila y un l^on agrupados bajo sos 
pjes;Ydeb.aio deesCe magnifico templete, y en su -centro, bajo un 
rico pedéstaU se ostentaba el emperador Cafíor Magno,* troncó de 
esta ilustre estirpe» adómadD de diadema y manto imperial, tenien- 
do en la diestra mano una espada guarnecida de brillantes, y en la 
izqbierda nn globo de oro salpicaoo de piedras preciosas. 



483 niSTORLá^SL ESCORUL. 

Los remales de las columnas del primer cuerpo servían de ba- 
sa eu el seguado á ocho hermrosas matronas, que representaban d% 
dos en dos la'Paz y.lA Mageslad/la Felicidad y ia Justicia, l'^Cien* 
cía .y la Limosna, la Magnificencia yl^ Clemencia. t>étr4s detestas, 
en lugar de columnas, se desarrollaban óóho cartela^ con ranios de 
filigrapa en el vaciado. Lo& cuatro planos '(|ue entre éstas se forma- 
ban sobre ios vanos de los arcos del primer cue'rpo, estaban oconados 
sobre fondo de lapislázuli por cuatro'^águilas con las >las abier- 
tas, mostrando sobre el pecho un escudo'de oro esmaltado con las 
s^rmas ()e los descendientes de Neúburg,'rodeadas dQ -untoisondel 
mismo metal, y que remataban en una corona estrellada .de dia- 
inantes, rubíes ^esmeraldas. Los planos que quedaban entre las car* 
telas estaban adornados: con bellos colgantes de trofeos militares, 
asi como ioda la circunferencia de festones, flores y lazos dé gusto 
jesquisitó. Remataba este cuerpo envuna cornisa ricamente traba- 
jada, sobre la que se apoyaban las. cnatro partes del muQdo en fi<* 
gura de bellísimas matronas, adornadas de tas insignias qué las ca- 
racterizan. Desde la. Europa al A^ia'se estendía una ancha cmla de 
ora con esta. inscripción: ffaria Anai Reina dé J^spana^ Nuestra 
Señora. • •* - 

Desde el cornisamento arriba formaba una agraciada cnpulade 
lapislázuli, guardando proporción con los compartimentos ael pri- 
nier cuerpo, cerrada;por un artificioso remate, sofire el cui^l des- 
cansaba un globo de plata esmaltada sostenido 'por dos^guras ala- 
das, que representaban "la Fama y la' Victoria. Encima estaba d^ 
pie Doña María Aüá do Neoburs , con cetro en la mano, y adorna-* ^ 
da de corona, peto y eintillo de oro guarnecido de diamantes de 
muchos fondos, • . * . . 

: Todo el alto d« este hermoáb'teroplete erade cuatro píes y me- 
dio; tenia 43 onzas de oro, 848 de plata y SO libras de lapislasuli; 
cuyo valor unido al de las ágatas, diamantes, rtibles y esmeraldas 
ascendia á una c^^ntidad considerable, sin contar la mano de obra/ 
que era de gran mérito. Se iglioca el artífice que la construyó, solo 
se sabe que fue hecha.en Ñapóles á, fines del sigío XV^I, poV orden 
del Virey ;%|ue entonces efá el Conde de Santi- Esteban, quien la 
regaló á Doña Ana después de casada con Don Carlos. ^ 

Luego que el Rey recibió aviso, dé la muerte de^á augusta 
señora, mandó que su cadáver fuese conducido al Escorialy colo- 
cado en el panteón de Infantes, destinado lámbién á las Reinas qiie 
mueren sin dejar sucesión.* La Coúiunidad la'recibió como de tos- 
tumbrOj y ya:hábia comenzado el Oficio de difuntos cpando se orí- 
jinó un escándalo notablCt Según costumbre inmemorial, en^ todos* 
OS; entierros de personas Reales, venia el féretro cubierto. con nn 
grande p'ño, por lo comup de brocado, que cootjQuaba estendido 
sobre el túmulo hasta que, concluidos los Oficios, sé colocaba el 
cadáver en el pudridero, y despu^ quedaba en la sacristía del mo- 
nasterio para nacer omamenios. Los cocheros ^uie habían ¿ondqci* 






PAaTB SJBGUIfDA, 483 

do la iUer-a, apenas comenzó el entierro, cuando todavía el féretro 
estaba debajo del pórtico, tiraron del paño de brocado^ y sin guar- 
dar' atención ninguna se retiraban con él. Enojado justamente el 
Prior por tan estrafia grosería y falta de respeto, mdndó detener á 
los cocherosi, é interpeló al Duque de Liria, que era el encargado, 
diciéndole: Éxcmo. ^r., ¿qué es esto? ¿Cómo permite V. E. se co- 
meta esta irreverencia con el Real cadavert Tenga^ pues^ entendido 
qtte primero cmisentiri en negarme al entierro, y que el cadáver vuel- 
va por donde riño, que permitir que entre en ia iglesia sin,la decen- 
cia conveniente y y cotnaka sido costumbre en los demás cuerpos Mea^- 
les que í¡acen en el panteón. Los cocheros, como si nada hubieran 
oído, iasistieron en llevarse el paño; y el Duque, ó por ignorar el 
ceremonial, ó porque había concedido el paño como un gaje á ios 
cocheros, ó por pusilanimidad y falta de carácter, ó mas bien por 
todas estas causas reunidas, dio por toda respuesta el encojerse de 
hombros. Esta indiferencia alentó la osadía de los cocheros y exas- 
peró mas el enojo del Prior, que apelaba á su autoridad, de la^ual 
se reían los agresctfés. Por una y otra parte se dieron voces desen* 
tonadas; tomaron parle algunos monjes; contestaron otros de laco* 
mitivm y el escándalo fue completo. El Prior se sofocó en términos 
que contrajo una enfermedad agudísima, de que murió á poco tiem- 
po; los cortesanos volvieron áAfadrid ponderando cada cual á su 
hkkIq lo sucedido, y generalmente acriminando al Prior; pero los 
Reyes, aunque sintieron mucho el escándalo que se había dado en 
acto tan serio y solemne, luego que se informaron de todo aproba- 
ron la conducta del Prior y Comunidad (4 ]. 

A este entierro siguieron las exequias de Doña Luisa Isabel de 
Orieans, esposa que había sido del ya difunto monarca Don- Luís I; 
que había muerto en París en el palacio de Luiemburgo, á 4 6 de 
julio de 4742. La acabó la hidropesía oue la había acometido de 
mucho tiempo antes, cuando solo cóntaoa 32 años de edad. 

Terriblemente ha sido trabajado por los incendios el monasterio 
del Escorial. En el año 4744, atines del mes de agosto, pareció que 
las aubes habían tomado asiento &jo en los montes ^ue le circuyen, 
y diariamente se repetían tempestades tan terribles, qoe los habi- 
tantes del Sitio y pueblos comarcanos, y la Comunidad toda^. esta- 
ban aterrorizados, oyendo rugir continuamente sobré sus cabezas la 
íca del Escelso* Fr. Sebastian de Victoria, Prior que era entonces 
de la casa, recurrió á la protección de la Santísima \irgenj mandando 
comenzar un solemne novenario de Misas y Letanías* Ocupada esta- 
ba la Comunidad' en este piadoso ejercicio en la tarde:dei día 4 .* de 



(I) Por ana ót tqaellM rarezas ioconcebiblca , jamás se ha determinado po^los Re- 
yes tñtíí cuestión de la pertenencia del pafio funeral. Desde la época de este aconteci- 
miento se acostumbró á dejar el pafio en la sacristía , pero dando la Comunidad á los 
cocheros nna gratíScacioo » que regularmente eran 4.500 rs. Pero en los ñltimos en- 
iiarrot sa lo han llevado sin esperar orden de nadie. 



t8i HISTORIA DEL ESCORIAL. 

setiembre, cuando nn trueno y relámpago simultáneos y espantosos 
leá anunció la caida de algunVavo en el edificio. La campana lla- 
mada Favordon, formada ya de la lava de otro incendio, confirmó 
oon su sonido la realidad del temor; y* al salir precipitadamente del 
coro, ya las llamas les mostraron que estaba ardiendo la Compaña. 
£1 rayó habia caido en el depósito de corteza y zumaque que esta« 
ba almacenado para uso de la tenería ó fábrica* de curtidos; de él se 
comunicó á la leñera llena de jara seca para los hornos, y con tal 

f sábulo en un momento quedaron reducidos á cenizas los cuatro 
ienzos del hermoso patio de la Compaña, sin que nada pudiese evi- 
tarlo. Verdad es que el fuego hallaba alli por todas partes abun- 
dantes materias combustibles, porque es donde estaban los, alma- 
eenes de madera, hilaza, sebo, cera, y los telares de la fábrica de 
pafjos. 

La pérdida fue de grande consideración , pues además del daño 
material del edilicio, y de los enseres y muebles que perecieron ea 
el hospital, enfermería, panadería, tahona, trojes y fábrica de pa- 
tios, se quemaron 3.000 fanegas de harina, 40.000 de trigo, 5.0Q0 
de cebada; 800 de centeno y 190 de garbanzos; en una palabra, d 
acopio de todo el año, que acababa de encerrarse. £n conseciipncia 
de esta pérdida los monjes tuvieron que sufrir grandes privaciones, 
en particular de pan, que estuvo bastante escaso por machos dias. 
Afortunadamente el monumento, que estaba guardado en. uno 
de los almacenes bajos, pudo salvarse á costa de mucha esposicioa 
y grandísimo trabajó de los monjes , que por sí mismos cargaron 
con las maderas de que se. compone, y lo trasladaron á parage mas 
seguro. El fuego se limitó á la'CompafSa, y el daño material que 
causó se reparó pronto con las economías de ios monjes v el favor 
del Señor Don Fernando VI, que en reintegro de lasgraii(fes pérdi- 
das que habia tenido dio al convento un título en indias^ quehene- 
ficiaao produjo 300.000 rs. 

Esta fue la primera muestra de cariño y deferencia, que manifes- 
tó hacia este monasterio el Señor Don Fernando Vf , que por el fa- 
llecimiento de su augusto padre, acaecido en la Granja el 9 de julio 
de 1746, habia entrado á ocupar el trono de tan vasta monarquía. 
Después tuvo ipuchas ocasiones de protejer á este n>onasterio y do 
mostrar su ma^animidad. 

Por este tiempo adquirió el' Escorial un título mas y algunas 
posesiones en América. A una míiló estramuros de la ciudad de Li- 
ma ^ en .el reino del Perú , en el sitio dé los Amaneaos y ai pie del 
cerro del mí^mo'nombre, el doctor Don José de Lara GaJan había 
fundado una .ermita bajo la advocación de San Gerónimo, y habia 
establecido en ella una congregación de donados al modo de los 
gue antes habia en Madrid en Sta. Catalina. En su testamento de- 
jaba está ermita con la casa, huertas y posesiones á ella anejas, á 
su sobrino el presbítero D. Diego de Cuadros, pero solo por su vida; 
(lespues de su fallecimiento instituía por l^eredero al Real monas* 



I 
f 



partí 8X6C»DA. 185 

teriO'del Escorial, y en su^representacíon al monje admíoisirador 
del Nuevo Rezado en Lima. Muerto el sobrino se entregó con&den- 
cialmente al P. Fr. Manuel de Rojas, que era entonces el adminisr 
trador; y después, enS7 denofiembre tie 1752, le fue hecha entre* 
ga foripal y jurídica por el lime, ^eñor Don Pedro Antonio de Bar* 
roeta y Ansel, Obispo de Lima , con cuya dili^ncia obtuvo el ti- 
tulo legal oe Señor y P^itrono de dicha igle$ia, y de las focas y 
posesiones á ella unidas, para si y sus sucesores en aquella admi-- 
nistracioo, á nombre del convento. 

Apenas se babia concluido el reparo de la Compaíla, cuando se 
temió oXro accidente mas funesto y terrible. El dia \ .^ de noviem- 
bre (íe 4755 acaeció aquei terremoto ^pantoso y terrible, que fge 
casi wniversal, que llenó tantos pueblos de llanto y ruinas, y con* 
virtió á. Lisboa en un montón informe de escombros y cenizas.' Tam- 
bién el Escoriai osciló notablemente, pues he conocido aún algu- 
nos monjes auetrataroii muchos afios á los que lo presentíaron, y 
que se hallaoan en el . coro. Fue á las diez de la mañana, y de* 
cian que el sacudimiento bahía sido tan fuerte, que la araña que 
está pendiet^e^en medio del coro se había movido mucho por espar- 
ció de algunos minutos. A pesar de esto ,> la admirable solidez y 
trabazón del edificio resistió una oscilación tan tremenda, pues no 
se notó resentimiento ni desnivel ninguno en todo éL Desde cnton-r 
ees todos los años en -tal dia, después de la procesión de Todos 
Santos, cantaja Comunidad un solemne Te Deum en acción de gra- 
cias por tan maniüesio favor. 

Resaírcida la Comunidad algim tanto de la pérdida notable que 
sufriera en el ineéndio , se pensó< en ir haciendo algunas mejoras, 

Íeaire ell^s él P. Fr. Francisco de Fuentiduéña, que, era entonces 
rior, viendo lo espuestos que estaban los manuscritos de la bi-*- 
blioteca alta á perderse per no tener resguardo ninguno^ pidió per- 
mísg á lá Comunidad, y habiéirdoio obtenido en n5Q, proso mar- 
cos con alambreras en todos les estantes. Mucho mejor hubiera sí- 
do poner cristales ^.póroue hubieran evitado lo mucho que se déte* 
FÍoraa los íibr<K con el polvo , pero al menos les dio mas segu- 
ridad. 

Ya duraote la úUima.jornada se había observado la poca salud 
que disfrutaba la Reina Doña María Bárbara de Portugal, y la tris- 
teza del Rey^ aue la amaba tiernamente. Esta señora, que siempre 
que le anunciaban lá jornada del Escorial solía decir : Vamos á la 
eompañia de Ueg.es di/unías y frailes amork^ndos, no quiso hacer « 
les compañía en el sepulcro, y fundó para su panteón el convento 
de lasSalesas de Madrid , y la primera piedra de dteko templo se 
colocó el 26 de junio de 1750., £1 cielo pareció no quererle conce^ 
der sobre el trono mas que el tiempo preciso para que : labrase su 
mansoleír, eomq el gusano de la seda, que emplea toda: su vida en 
hhrícar su 'caja mortuoria » pues apenas se había eoneloidp , en 27 
de agesto de i 748 murió en el Real SittQ de Aranju^ ^ despnes de 



t86 HISTORIA DXXi BSCORIAL. 

uaa larga y asc^uerosísioia enfermedad, .pues estaba llena de gusa*^ 
nos que la comían en yida. A pesar de lo poco que le gustaba el 
Escorial, debió este convento á su Real munificencia un clavel de 
oro cincelado y esmaltado , lleno todo de diamantes abrillantados, 
pero hecho con tan buen gusto y maestría que parecía natural. 
A la Virgen del Patrocinio también U regaló un rico vesUdo. 

Afectado eslraordinariamente el Rey^ por lo asqueroso y horri- 
ble de la enfermedad de su esposa, y por la pérdida de una compa- 
ñera á quien habia amado con tanta ternura, cayó en- una profunda 
melancolía que fue minando su salud poco á poco, y antes del afio, 
esto es , eM O de agosto del siguiente 4759 , murió en su retiro de 
yillaviciosa, y so cadáver fue sepultado en las Salesas, en la man- 
sión de descanso que su querida esposa^ preparara para entrambos. 

Por muerte del Señor Don Fernando VI heredó la corona su 
hermano Don Carlos 111 , Rey de Ñápeles, que al momento partió ^ 
para España , y fue proclamado en Madrid á H de setiembre del 
mismo año> comenzando un reinado de treinta años,, tal vez los mas 
tranquilos y felices que de algunos siglos á esta parte ha disfruta^ 
do la nación. A la sombra de. la paz creció la prosperidad, y reci- 
bieron impulso el comercio, las ciencias y las artes; estas dejaron 
monumentos de utilidad y belleza, y en el Escorial tuvieron Cam- 
bien lugar de añadir hermosura y amenidad. 

la muerte, sin embargo, haoia de acibarar los primeros mo- 
mentos de su advenimiento al trono de España, arrebatando antes 
de cumplir los 36 años de edad á la Reina Doña María AmaHa de 
Sajonia, que murió en el palacio del Buen-Retiro en 37 de^setiem- 
bre del afio siguiente 4760. £1 30 del mismo mes ios monjes tuvíe-« 
ron que cumplir el triste deber de colocar su cadáver' en el panteón 
principal. 

. El carácter naturalmente austero de Felipe II habia elegido la 
soledad de aquellas sierras para fundar el monasterio, y había que* 
pido que lo que elegia para su retiro en vida ysu sepulcro después; 
estuviese en el desierto. De aquí es, gue éesde la ruiMlacioaa nun- 
ca habia habido alrededor del edificio mas casas que lasados de 
Oficios para la servidumbre Real, las tres de frente á la capilla délSi - 
tio, hechas á propósito para los catedráticos del colegio, y luego - 
que estos fueron de los monjes, para los facultativos de meaicina y 
veedor de fábrica; y las dos, conocidas ahora con el nombre de la 
la de las Pizarras y la de las Parrillas^ donde habitaban los indis* 
pensables criados y dependientes del monasterio. Aficionadísimo el 
nuevo monarca á la caza, que tanto abundaba en aquellos frondo- 
sísimos bosques, pues se computaba que habría en su recinto mas 
de 46.000 reses mayores de vientre, sin contar las crias, desde 
las primeras jornadas que hizo alEseorial llevó en su compañía, 
además de la-servidumbre y criados inÜispensables, un erecíao nú- 
mero dejnonteros,.ojeadores, perreros y arcabucerosy que, aunque 
en su mayor parte se alojabaa en la viUa 'del Escorial de Abajo, 



pasaban la tettiporadaínalf^iroanlente , y con tnúcha^ncomod ¡dad y 
estrechez. Áesloh'abfa.que añadir la multitud de. especuladores que 
seguían la jornada para yeiúler -comestibles yolros géneros; de mo- 
do qae todbs los años se formaba, tTuran te la estoncia de los Reyes 
éh éste Sitio^ come un canipament6.de báfracas y 'chozas provisio- 
nales de: madera,"! ienzos y esteras /«que adiírnás áe aiéar muehisí- 
tna, Runca prestaban comodidad: 

. Movido por esta causa el* Ministro de Estado, que lo jerá enton- 
ces el Marqi^ de Orimaldi, con. aínu^nc^a del Rey -propuso al' 
l^rior;'Do!^ solo como inedia de remediar este- inconveniente sino 
también (fon^o una especulacionutiíisima y productí^ra para él con* 
vento, que a su costa edificase algunas casas y1as>arrendase, pues- 
to. que; esto era seguro, porciué eran úiiuchas las'personas qu^ te* 
nianquV seguir inciispensablemenlelaS'jornadas. Propuesta por el 
Príér á la CkHntfnidaa la idea del Marqués «la i!e€ba9éilesdeñosa-> 
menté, bajo él pretéstp ridiculo de queera indecoroso fiíra una cor-- 
poracion lánrespetable el fmíersé'áposafkrá; f^ripmo^ km pave*- 
cer, bien insignificaDt€^.j^ poco meditado^ que jírivó á Ta Comuni- 
dad de nnfecurso muy productivo. Mas el <Prior Fr.* Antonio del 
Yálie tuvo que pederá está delicadeza emjerada, y s^o á costando 
mucho trabajo logró que los monjes acordaran que $e permjticfse á 
losparliculareseaificar casas, pero con la cóndicióa de no disfru- 
tarlas -mas que por su- vida.^ Clarores cfüé con condición tan irritaq;* 
te quedaba' froi^trada la idea^dél Ministro, poi^que nadie habia.de 
ponerse á edificar una casa qiíe nó faábia de disfrutar mas quQ muy 
pocos-años; y ^r entonces ^se abandonó este:asunto.^ ' . 

En aquella jornada, por descuidó de una planchad(ñ*^de pala- 
cio, se prendieron fuego los emípízarrados que míian a) Nocte.^ al 
añobhecer del día 8 de octubre de 1^63 ,^ y se Qomunicó á un alma- 
cén de velas y hachones que habla eñ*nna de Jas habitaciones altas; 
y. esto hizo levantar de pronto taqjtay tan activa ll^tma; que se cre- 
yó raúyHlifícil el réme(í¡o.,Mas.p()r fortuna el tiempo alabase- 
reno, y el fuego eneontró por una parte coli la torre del seminario 
y por la otra conel cortafuego denlas tocinás reales, y díó lugar á 

$ie.alli se apagase. EI^Rey dispuso al .instante que el arquitecto 
on Juan Esteban presupuestaré el coste de la reparación, qué ta- 
só en 450.000.. rsi; y por.ftéal orden dé 23 de octubre del mismo 
año, "firmada dd Marqués de Esquiiache^ tnandóaíbiíafdicba can- 
tidad,- con' la ciial quedó al momenta remediado el .daño. 

Con motivo dé la muerte de la Reina viuda Doña Isabel .Farñe-» 
sio, acaecida á principios de julio de 4765, la corte^ qué estaba jen 
la Grañoja^ se trasladó ai Escorial, mientras alli se hacían losfunor 
rales y enterraba el 'Real cadáver. Esta venida fuera de costumbre, 
y sialos preparativos que siempre precedían á la jornada, hizo sentir 
niQCbo mas laialta de alojamientos, y fue causa de' qué volviese á 
tratarse- con calor el asunto de la edificácioii de casas y y en par- 
ticular en la jornada del año siguiente 4766. El Ministro , enx>ar- 



488 HISTORIA DEL ESCOIUL. 

la fecha 5:de úoviejnbré , toIví6 á instar al Prior para (fue hicie- 
re preseoté al Capitulo, que coa la éóndiciop propuesta era irrea- 
lizable la idea de edificar alojamieDtos^lde que tanta necesidad ha- 
bía, y qiie procurasen poner qiras aceptables. Manifestaban todavía 
los monjes una 'gran repUgnanbia, pero al fip accedieron á que él 
mismo Ministro propusiese las condiciones. Ayisado^el Marqués en 
H de marzo del año siguiente 4*767, reuliida lá Comunidad en pie* 
no Ca*pitHlp ,. oyó una carta-orden que contenia las condiciones , y 
fueron aprobadas sia ninguna dificultad. Ma^ la c(^icioa octava 
imponía á los nuevos edificadores la obligación deparar por laude- 
mió I? mrs» poc vara cuadrada del lerrcno que ocupase^, y pa- 
reci<f á todos tan exhorbitante, qíie nadie quiso aceptarla: Por *«í 
misino so convenció el Man^^s <le Urimaldi de lo gravoso del lau- 
demio^y volvió á escribir para que en la .condición octava *queda- ' 
se el impuesto, reducido á 1 solo maravedí de vellón por vara cua^ 
driida. Va esto pareció razonable/ y muchos^ particulares comenzar 
rooá pedir ten'ebos. y & edificar Casas/ . , 

Deseosa la Comunidad on este" mismo tiempo de manifestar in- 
terés leerla Comodidad y recreo de las personas Reales^ biza Un tro- 
zo, de calzada desde el moíiasteno á la Portera de laGraniilla, con- 
tinuándola desde allí por él Deson y Navalonguilla Has^a las Radas, 
para que el Rey pudiese ir á cazar basta allí con su carruaje. Esto 
estimuló al Marqxiés de Gricnaldiá proponer al convento' en.^769, 

3ue continiiando el arrecife comenzado hiciese el trozo cpie^bay dés- 
ela. Portera de la Granjilla hasta eParroyo del Tercio, que consta 
de 7.180 .varas, costeando la mitad el monasterio y la otra mitad la 
Hacienda. Calculó el Capitula que esta obra atrasaría mucho sus 
fondos, y ^ negó a emprendería; pero pocos años después la hizo 
el Bey. B su costa, con los puentes, alcantarillas y demás que boy 
tiene. .• ' . ' . * ' 

Regukrmentje un^ cosas llaman é&pos de- sí otras; j la anima* 
cíc^nciue había tomado el Real Sitio de San Lorenzo desde que en 
él se nabia.come^zado á edificar, casas, los muchos artesanos, peo- 
nes y obreros que alli.se barbián reunido, y sobre lodo ia prospe- 
ridad de fa nación, ^estimularon á todos á emprender alguna obra. 
Carlos IH, con aquel deseo que siempre manifestó por el bien de 
sus vasaltos^y para la mayor^ comódidacj xle sos criados y de fa nue- 
va población 'que se Iev9intdi)á,. quiso qué-se furactieasé yna nlina ó 
camino subterráneo desde las casas de. Oficios hasta di. ReaLpala-^ 
ció, para evitar el paso deja Lonja en los diaá de nieve y vientos 
fu^rtofi'/quo suelen ser atli basta petígrosos; y al mj^mñ tiempo unos 
arcos por donde las casas de Oficios se comunicasen entpe sL Aun» 
que alguna otra vez se habiá pensado en estas obras , áiempre bar- 
bián parecido muy difíciles y costosísimas; pero llamad»- ei Padre 
Fr. Antonio de' Pontones, monje Gerónimo profeso del nionasterib 
de la Mejorada; arquitecto ya muy conocido por las muchas obras 
que había hecho en amibas Castillas, se le enteré del proyecto, lo 



fARTR 8E6ÜKDA. 4S9 

considera áiéntameote, y se comprometió, á llevarlo á cabo con fa- 
criídád y np muche cosíe* . - \ ' ■ 

* Vistos suá bueaos ¡aGormes se lejencargóki ejecución, y 'al mo- 
meólo coniíeiizaroQ á ^brir la zanjk^ desde palacio en dirección al 
Norte, A ios 4 5 pies de profundidad se encontró una abundantísíipa 
mina d^ amíiaoto, que. fue reconocida por personaiSÍ inlelígenteá; y 
se avisó álRcy, íjue se. hallaba en la- Granja, remitiéndole H]n gran 
cajón de mineral 'ep piedra y en estopa, para que lo vies^e, y dispu- 
siese 16 que fuere dé sú Real agrado. Ño quiso el Monarca que este 
descubrimiento stispendjése la obra comenzada, y por conducto de su 
ministro/ el Marqués de Grimaidí, contestó que ^ cerrase laniiBat. 
y se pusiese á su bopa wn^ piedra para que^irviese de sefíal y'per- 
pétua métQOriá.Lp cumplió^ puntualmente el P; Pontones, y pasó 
adelante con su obra, que coBcluyó con solidé;^ é jntéligencia'; y tan-, 
to en lía Cantina como^jn los arcos de comunicación entre las casas 
de OGcio^, ^é eiitaU'aron^en mármoles en las paredes dos ínscríp-^ 
cjoues del tenor siguiente. , ' 



Eji I¿ Cantina: 



♦ ^ 



' , 



1 RX6B CAR0X|O III. AtQUB BJUS fiüB ▲ÜSHGIM^ •- * 

VÁRCBIO DB GRIMALSI, IPSttS ▲ 8BCBXTI8 MIIfífiTBA . , 

< . • • •• • . 

PüBtlCJe GOHHOBITATI GOII8ül4tN8, TUM BÁNC 
• SUBTEBRAÍnSÁM SEGU]|fDintf riTXK''^* ÁTQIIB 
. f BiBSCRlPT. BOIIMAH ▲ COBUTB Í>E UOltrALBO 
▲PERIXIfD,. HIT. PÓliXOBBS MONACB»' tUBRORIM* 

COltiHISSITi PBRPICIBNDÁHQÜB CURATrr ÁimO -' --^ 

% • , ■ ' 

' ' * ' • • ■ 

Que traducida al castellana) dice así: ' . - 

ReinañdaCarlos-UÍ, y bajoju Real protección, el Marques deGrv 
maldi^ suSecreturio de Estado^ mirando por. la comodidad públicaí 
eñcarffó :aí P. Fr. Antonio Pontones^ monje Gerónimo, abriese tsld 
calle sublettinea, según la invención y traza prescrita por el Condeie 
Moníatboly cuidó llegase á.su perfección en él cm mDCCLXX* 

En ei arco de coiñbñieacion dé las casas de O&cios: 

. . • 1 

'♦ . - 

UTUB CERNÍS dPCS, AtAÑTJSBSt. IMPOSTA S9PRBK1 ' 
, * IIEMPORB .QUO P^AÜSÜS REGIA TOTA BABAT 
I/OpOlCA, QUOD irÁTÜS BR AT ^ROLOO^B ^^ITüSTVS . 

ALTERA SPB8, INFANS, RBGNA TBNXIfTIS ATI. ^ 



♦ « 



490 lUSTORU DBL ESCORIAL. 

E^ castellaDo: ... y' - ''.*...- 

Yt aqui esta obra de. utilidad; ^e conciuyó'á tiempo qüeJoág la 
ñ(^l Casa se regocijaba por el nacimiento de un- hermoso. Infante^ 
hija ^de Jos Príncipes Carlos y túisa; otra nueva esperanáa del 

Iley su ab»do, * "" ^ . * .;•-/. ' . * -^ 

• • •-■ -"••' 

Ea ;efecto, la abía se concluyó el 19 de setiembre de. \ 774 , -en 
el GÜat, haUáodose la corte en este Sitio, Dqñá Maná Luisa de Bor- 
boo, á.las^ cinco de la. tarde, dio á luz un Infante. La ceremonia del 
bauilsnte se celebra en él mismo pataoio,' mienlr^Svqüe la Comunir 
dad cantaba en la íglesia*un solelnne Te Deum; y se le pusieron los 
nombres de Carlos Clemente Antonio de Pailua. Al* dia siguiente se 
volvió á repetir el T« íeMiWyá que -asistió 4odaJajCorte, y una Mi- 
,sa Solejnne en acción da gracias» ^ ^ % .^ ^ ' ' 

En el mismo año el* Duque de Bejar, en carta- particular, avisó, 
al Prior que los Sermos. Infantes Don Antonio y^Dpn Gabriel lia- 
biaú determinado -edificar á su costa una gran casa para alojamien- 
to de sus criados, y que al efecto pasaba á aquel Real Sil jo d ar- 
quitecto Don Ju«n de Villanueva, para designar el terreno y co- 
menzarla ol^r^.. Sé suscitaron algunas dificultades por parte de>la 
Comunidad, pero en 10 de febVéro escribió laó)bien- sobré )o 'mis- 
mo el Marqués de Grimalcjj,- y' entonces* |jíOr. parte del convento se 
nombró al P. Fr. Antonio Pontones, á fia de que se entendiese con 
el arquitecto; y ambos allanaron las dificu^ades. y arreglaron las 
condiciones. En consecuencia se -comenzó la obra; primero se hicie- 
ron grandes éscavaciones á manera <le^ozos, tanto^para encontrar 
el terreno firme como para sanearlo de lósmuohQS inanantíales que 
afluían, y después se hizo la casai'siguiendo en lo esterior en lín to- 
do el orden arquitectónico del monasterio, cuya Comunidad hizo por 
su cuenta lo que faltaba hasta unir esté edificio con la Compaña; de 
modo que esta casa,'jlamadá la dt Infantes, puede decirse qüefoiv- 
ma con el edílicio un todo ho&ogéneo y vistoso, que ayuda* muchí- 
simo k la magestad y hermosura de k gran plaa^a que se estiende 
frente á lachada príDcipal del convento. 
. £1 Sitio habia adquirid,o una animación miíy semejante á la que 
habia tenido cuando ia edificación del monasterio. LaJComunidad, 
alentada por el ejemplo de los demáSt^díó (ámbién mayor éstensiqn 
á algunas de tas oficinas de la Compaña, particularmente á la íahó- 
na, que se fabricó con toda comodidad y-desabogQ.''Para'la de sus 
criados también hizo Qonstruir, bajo la dirección del P. Pontones, 
la casa que ahora hay en la población, conocida con.el nombre de la 
<Jasa dedos Frailes, que forma bon la de las Parrillás^ una estensa 
manzana. - ^ ' •• ' . 

- Tampoco se echó len olvido- el ornato dpi monasterio, y el Prior 
Fr. Julián de Villegas alcanzó permiso del .convento para empren* 



VARTB SS6UÜDA. f9l 

• 

der 09a obra que, aunque costosa en su origen, cria de mucha her- 
mosura y grandiosidad, y de gran economía para el* porvenir. En 
los jardines que rodean lací fachadas de Oriente y Mediodía, había 
por toda la pared una reja de madera para que en ella se sostuvie- 
sen los rosales, y se entrelazasen los jazmines, pasionarias y demás 

flaaias que tanto hermosean aquel delicioso paseo. La quitó ei 
tior y la sustituyó con un fuerte balcoQsije de hierro, con (o cual ' 
no solo se evitó el conlínuo gasto que ocasionaba el recomponer y 
pintar las rejas de mdderarsrno cfue aíjiacjió mucha belleza á los 
jardines.. • * • ** 

También el Príncipe Don Carlos quiso ayudar á la hermosura 
del Real Sitio dé San Lflirenzo, y en el afio 1772 mandó á su costa 
edificar en la parte de Oriente, ael monasterio un lindo casino, que 
hoy se llama la Casa de Abajo^bv estar en lo hondo del valle, ó la 
Casita del Príncipe. ^Qgún he oído á personas qíje alcanzaron aquel 
tiempo, á criados antiguos de~ la ca^a, y sin^larmente al -antiquí- 
simo (>nserje de ella Don Ignacio Santisteban , el primer pensa-. 
miento del Príncipe fué. h^cer un palom*ar , y con este intento se 
abrieron los cimientos. Le pareció mejor -después hacer una plaza de 
toros en. el lugar que ahora ocupa el jardin frente á la entrada de 
la casa; pero sabido por el Rey su padre se enojó tanto, que el Prín-*- 
cipe dio orden al momento para que con la mayor presteza posible 
se quitase todo lo que con este último intento se había hecho, y en 
su lugar se formase un jardín. La orden se' ejecutó con tal puntua- 
lidad 7 destreza, que ^ ios pocos días, cuando el Rey bajó á yer la 
obra, ni aun rastro quedaba de que se hubiese intentado la plaza 
de toros, porque lo que encontró fue un jardjn; y su enojo fue agra- 
dablemente )*eemplazado por una^sorpresa que no esperaba. 

Desde luego manifestó el Príncipe grandes deseos de acumular 
bellezas en este pequeño casino, y comenzó á depositar en él ri- ^ 
quezas artísticas de un yalor inmenso. De todas partes reunió pin- . 
turas origínales de gran mérito; cuadros dé marfil tallados de un 
modo admirable; en la casa de-ía China del Buen-Retiro se hicieron 
lindos cuadros mitológicos, ramos de flores y adornos; y sobre to- 
do colocó en la sala de aparador un riquísimo ramillete, ó como le 
llaman los franceses dessert, tasada en diez millones. Era todo de 
una finísima y esquisita piedra blanca, guarnecido.de oro y piedras 
preciosas de gran tamaño y yalor. Me han asegurado que el ge- 
neral Murat se apropió esta pequeña alhaja, sin duda para tener 
luego un motiyo ]osto de llamarnos bárbaros; y después desapare- 
ció todo lo demás que contenia. Mas después de la inyasion so re- 
cuperó gran parle de los efectos, y el Señor Don Fernando Vil 
volvió á embellecerla y^ alhajarla, como diré al hacer su des- 
cripción. 

Al mismo tiempo su hermano el Infante Don Gabriel emprendía 
á la parte occidental del monasterio la obra de otro lindo casino, 
llamado hoy la Casita de Arriba. Aunque muy pequeña, está per- 



192 HISTORIA DBL BSCOIIAL. 

fectaniente situada sobre un altozano, y tiene delicíDsfsinias vistas» 
pero minea há tenido tanta importancia ni ha reunido tanta riqae'- 
za eomo la del Príncipe. También en la descripción me vofveré á 
ocupar de ella. 

Apeaas se babia concluido la obra de la Cantina, cuando el Rey, 
viendo^ qi^e el Sitio ,jsegun la prisa que se daban á edificar casáis^ 
iba a ser una población regular, fundó y dotó en beneficio de la bu* 
manidad doliente el hospital , que de su nombre se denominó de 
San Carlos. Después, bajo la dirección del eptendido arquitecto Don 
Juan de Villanueva, mandó construir el peqúefio pQro bíea acomo- 
dado teatro que hoy se conserva, y que durante las jornadas ha 
servido siempre para diversión de la corte., 'fambien se levan- 
taron en este tiempo la Ballestería, las Perreras, el cuartel de 
guardias de Cbrps y el de fusileros, aumentando v mejorando mu- 
cho los de guardias españolas y walonas que había ediücado Don 
Felipe Y-. Todos estos cuarteles-fueron destruidos y quemados por 
los franceses, y hoy no son mas que un montón de ruinas, que afean 
muchísimo las entradas de aquel Sitio viniendo de Madrid y Gua- 
darrama. En fin, para que la gran Lonjaquedase enteramente cer- 
rada, uniforme y magestuosa, por Real orden der46 de agosto de 
4785 mandó construir la tercera casa de Oficios , llamada hoy co- 
munmente de los Ministerios^ porque efectivamente se edificó con 
el objeto de que la ocupasen las oficinas de los Ministros dorante 
las jornadas. 



CAÜTILO X. 



Donativo de la Comunidad. — Múdase el modo de elegir P nones. — Causa contra algu» 
nos monjes. — Casa del Nuevo Rezado,. — Plan de estudios. — Muerte de algunos trian- 
tes. — Muerte de Carlos lll y reinado de Carlos IF, — Desaire hecho alRejr en la elec- 
ción de Prior. — Se vuelve d variar la forma de elección. — Gobierno civil del Sitio, — Ca- 
pitulo de la Orden de Carlos III. — Donativos jr contribuciones. — Kenta de alguna 

plata. — Robo de un pectoral. 



£1 ejemplo de las Personas Reales movió á muchos de los se- 
ñores que seguían las jornadas á edificar en el Sitio pequeños 4)a- 
lacios y casas; 
yacon*^motiv 
tensiones 

se apresuraron en gran número á pedir terreno para edificar. Co- 
mo por ensalmo se vieron de una á otra jorcada aparecer fondas, 
paradores y mesones , levantarse casas y hacerse algunos pequeños 




PAftTB SBbUNbA. 493 

huertos de parlicttlares; y el Sitio, que seis añuscantes no teaíamas 
que el monasterio, unas cuantas casas y algunas chozas, se convir- 
tió- en una población grande y numerosa, puesto- que pocos años 
después pasa dé mil vecinos. Lo que nunca se pudó vencer fue la 
indolencia de los pueblos inmediatos , que para que acudan con los 
comestibles que producen sus tierras, de suyo miserables, ha sido 
necesario que al venir las jomadas se lespaíse una circular, pres- 
cribiéndoles bajo «na multa los comestibles que habían de traer 
en determinados dias de cada semana; por cuya causa el Sitio nunca 
ha sido muy surtido de víveres. 

En el año 4779, después de las graves desavenencias y guer- 
ras entre la Francia y la Gran- Bretaña por la independencia de los 
Estados-Unidos de América, se- vio Garlos 111 precisado á declarar 
la guerra á la Inglaterra, y en consecuencia de este acontecimien- 
to pararon las obras costeadas por el Rey en el Escorial, para no 
distraer fondos del erario. La Comunidad de San Lorenzo se quiso 
entonces mostrar agradecida á los infinitos favores cjue délos Re- 
ves sus patronos en todos tiempos recibiera, y acudió en apoyo de 
fa causa de la nación del modo que le era posible. Presentó un me- 
morial al Señor Don Garios III, diciéndole que para ocurrir á los 
rtos de la guerra que acababa de declarar, dispusiese libremente 
todas las rentas « Ancas y posesiones del monasterio^ como dis- 
ponía de las de su Real patrimonio ; y por de pronto suplicaba á 
S. M. aoeptaseel dopatívo voluntario de 50.000 ducados, que aque- 
lla corporación agradecida le ofrecía. Mucho satisfizo al Rey es-' 
ta generosidad y muestra de cariño, y en el mismo dia Contes- 
tó aceptando el donativo, y dando las gracias del modo mas es- 
presivo. 

Desde la fundación del monasterio , los Reyes , como patronos 
de él , habian tenido la iniciativa en el nombramiento del Prior, ó 
mas bien lo habian nombrado á su voluntad, porque én lossesen^ 
ta y ocho años primeros estaba reducido á que el Rey escribiese al 
General de la Orden dándole á entender era su gusto que en el prio- 
rato sucediese la persona que designaba, y sin mas el General lo 
eleg;ia y la Orden lo confirmaba. Los primeros nombramientos se 
hicieron sin la autorización pontificia ni bula ninguna, hasta que 
Sixto V, por un breve fecha 4 dé setiembre de 4588, autorizó eom- 

Íletamente al Rey para hacérosla elección. Continuaron todos los 
lonarcas sucesores de Felipe 11 impetrando igual breve para nom- 
brar, como patronos, la persona que mas á propósito les pareciere, 
sin que jamás en esto hubiese ningún género de duda ni oposición. 
Olvidóse la impetración de dicho oreve en el reinado del Señor Don 
Fernando ctl VL y algunas conciencias timoratas tomaron de aquí 
motivo para dudar de la validezde los nombramientos de Priores he- 
chos en toda aquella época. Avisado Garios III trató de remediar esta 
dificultad y tranquilizar las conciencias , suplicando al Sumo Pon* 
tífice que, declarando la validez de lo hecho hasta entonce8> deter- 

^▲RTS fl. 4 3 



4 94 HISTORU DXL BSGÚRlAli. 

mínase una auQva. forma^ á^ elección , que eviUSe para siempre el 
que pudiese reproducirse este olvido. 

Vacó por este tiempo el priorato de San Lorenao» y el Rey avi- 
sé que ise suspendia el nombramiento de otro hasta que. . recibiese 
una bula que había solicitado del Sumo Pontífice para mudar la 
forma de elección de Prelado de aquella casa. Estuyo, pues* va* 
cante el priorato algún tiempo, hasta que se recibió una bula del 
Sumo Pootitice Pió Yl, dada en Aoma en Saala María la Mayor 
kii de julio de 4781, en la cual mandaba que, quedando v&lidos 
todos los nombramientos hechos anteriormeBte,.en adelante la elec- 
cíQo de Prior se hiciese por ios cuarenta monjes mas antiguos por 
votación canónica, eligiendp en tres elecciones separadas otros tan-- 
tos sugetos de los que creyesen mas idóneos, y los presenlaíen al 
Rey para que, nombrase el que mejor le pareciese de kíslres. Cum-* 
pilóse lo'prescrito en la bula exactamente, y Garlos 111 eligió en- 
tre los propuestos al P. Fr^ Pedro Jiménez, sugelo de los mas no- 
tables en aquella Comunidad, que, fue confirmadoien 42 de marzo 
de 4782, . , 

£1 tenor mismo de la bula pontificia , dando por válido iodo lo 
hecho en el reinado anterior, hizo creer á algunos monjes mal con- 
tentos con su estado, que apoyándose en la falta que había habido 
en la elección de superior, podían ellos reclamar la nulidad de sus 
profesiones y dejar el monasterio* Hicieron $u reclaibacion en for- 
ma, vía llevaron hasta la Silla pontificia; pero el Santo Padre 
Pío VI, por su breve dado en Roma á 44 de enero de 4 785, no so- 
lo declaró válidas sus profesiones , sino que les impuso perpetuo 
silencio, y los conminó con la escomunion sí volvíafi á hablar so- 
bre este asunto. 

Como era natural estos hombres, jóvenes todos, descontanios ya 
de antemano, notados en la Comunidad por lo que hablan inien- 
tado, condenados por el Pontífice á un perpetuo silencio, y r^ucidos 
á la nulidad perpetua por la aversión de sus mismos superiores y 
hermanos en Jesucristo, cayeron en la mas negra desesperación, y 
algunos de ellos se atrevieron á quebrantar de noche la clausura y 
á emprender algunas otras calaveradas, que pusieron á tan respe- 
table y observante corporación en un conflicto terrible» Verdad es 
que el Prior se alucinó, y obró Con poco talento y sin ninguna 
prudencia, y esto aumentó el mal hasta el estremo que el Monarca 
tuvo que tomar la mano en el asunto, mandando suspender la cau- 
sa;, y per su Real orden, que se publicó en Capitulo el ^ de mar- 
zo de 4786, catorce monjes salieron en un dia desterrados del Es- 
corial , destinados á diferentes monasterios de la Orden, donde de- 
bían sufrir sus penitencias y condenas. Esta providencia , sabia y 
oportunamente tomada, atajó muchos males, que tal vez no hubie- 
ran tenido término; pero no pudo evitar que aquella corporación 
quedase ya un poco resentida en su observancia interior , porque 
los vínculos de la caridad cristiana se habían relajado en estremo. 



PARTE SB6ÜNDA. 195 

En medio de tantos disgustos, el Prior se empeñóla llevar á 
cabouQ proyecto qae empobreció á la Cofnunidad, escandalij^ó i 
la corte , y no ha producido resaltado ninguno en el poryí^nfr ad- 
ministrativo de esta casa. Desde el afio de 4769 estiba, ]^e^ 
un asunto importante sobre el cuarto del Nuevo RezafSo WMa- 
drid. El Conde de Aranda habia pedido á la Comunidad la casa que 

fara despacho de libros del rezo tenía junto á San Gerónimo del 
rado> con el objeto de mejorar y ensancnar aquel paseo, ofrecien* 
do dar dentro de la villa otra tan buena ó mejor que la que se ce- 
día. Convino el Capitulo en lo propuesto , y en 6 de lebrero dio 
comisión especial á dos.de sus monjes, para que con dicho Señor 
Conde arreglasen las condiciones del cambio. Se les ofreció una 
casa situada en la calle de los Dos Amigos, que habia perlenecido 
á la recientemente estinguida Compañía de Jesús; y los comisiona- 
dos de San Lorenzo, ó por esta causa ó por juzgarla de menos va- 
lor, no quisieron admitirla. 

Quedó por entonces el cambio en tal estado, hasta que en 4 786 
fue va indispensable concluir este asunto , porque la casa entraba 
en el terreno designado para levantar el Real Museo de pinturas. 
Los peritos la tasaron en 473.245 rs.; j conforpae la Comunidad 
con esta tasación , propuso al Señor Ministro , Conde de Florida- 
blanca, si queria cambiarla por la Aduana Vieja. Aunque al prin- 
cipio este cambio no le pareció mal al Ministro, después no pudie- 
ron conformarse las partes, y en 9 de junio de 4786 sé dio poder 
cumplido al P. Fr. Manuel de Almagro para recibir la cantidad de 
la tasación, como lo verificó. Dos años después, esto es en 4788, 
se había comprado una casa en la calle del León, que .forma man- 
zana con las de las Huertas y Santa María, y bajo la dirección del 
arquitecto Don Juan de Yíllanueva se comenzó á levantar aquel 
palacio ó castillo, que ninguna comodidad tiene para vivienda, que 

fiara muy poco ha servido a la Comunidad, y que jamás sacó de ella 
ruto ninguno , ni aun en el día, que tienen mucno valor- las casas 
en Madrid, se. vendería por la mitad de lo que costó, pues he oído 
asegurar varías veces á los que conocieron hacerla se acercó su 
coste á tres millones (i). 

Ya efntonces las ideas poéticas y económicas, lo mismo que la 
ilustración, habían avanzado algo á la sombra del ministerio del 
Conde deFlorídablanca, y con la edificación de esta casa se consi- 
guió aue todos seescandalizasendel lujo que allí desplegaba la Co- 
munidad de San Lorenzo. La admiración creció de punto al ver en- 
trar por Madrid los carretones que conducían las jambas y dinteles 
tirados por veinte y ocho pares de bueyes, como en otro tiempo pa- 



{4) Aunque esta cantídad pardee esajerada, h repito tal como la he oído decir, pues 
aunque he buscado con mucha detención en el ^cbivo los documentos originales, nada 
existe relativo á dicha casa ni á su coste. 



496 HISTORIA BBL ESCORIAL. 

ra las del pórtico del moD^terio ; y desde luego se dijo que allí se 
trataba de hacer , no una casa para la imprenta del rezo, sino un 
palago para los Prioreá , que diese en ojos á los'mas rícoa y pode- 
rosos. (\ qué mal tiempo venia ya esta poco meditada ostentación 
y despilfarro! ' • , 

Algo mas acertada era otra disposición que se tomaba por este 
mismo tiempo , que fue proponer al Rey un plan de estudios, por 
el que se establecian en el monasterio dos cátedras perpetuas dé 
lengua griega y árabe, á íin dé que los monjesjóvenes se instruye- 
ran en ellas, y trabajasen sóbrelos muchos manuscritos que atesora 
aquella biblioteca, enriaueciendo la. literatura española , ó dando 
honra y nombre á aquella Corporación. El Rey, por medio de Su 
Ministro el Conde de Floridablanca, lo aprobó, y sé procedió al nom- 
bramiento de catedráticos; pero las disensiones políticas y las ren- 
cillas interiores del monasterio , donde siempre la ignorancia fue 
causa de gravísimas males, no dieron lugar á que esta medida sabía 
produjese el fruto que podia esperarse en el porvenir. Sin embar- 
no, tuvo entonces la Comunidad un hombre eminente en el estudio 
de la lengua árabe, el distinguidísimo monje Fr. Patricio de la Tor- 
re, que ayudó mucho á Don^Antonio Conde en sus trabajos sobre 
los árabes: tuvo'entre. otros discípulos á Vacas Merino, que dejó al 
tiempo de su muerte muchos opúsculos y cuadernos sobre la lengua 
árabe, que se conservan en esta biblioteca. Dejó además cuarenta 
y siete manuscriios árabes que. había recojído en sus espediciones 

Eor África, para enriquecer la biblioteca; mas luego los reclamó 
)on Francisco Antonio de Góngora para entregarlos á la Real Bi- 
blioteca , se^un espresa en el mismo oficia, v les fueron enviados 
por Don Miguel Gordon eñ 43 de agosto de 4813. Ignoro si llega- 
ron á su destino. 

Fatal fue para la Real familia la jornada del año 4788. La In- 
fanta Doña María Ana Victoria, esposa del Infante Don Gabriel, se 
hallaba en los últimos meses de su embarazo , y casi á un mismo 
tiempo se vio acometida de los dolores y de unas viruelas malignas 
que le quitaron la vida el mismo día del parto, que fue á 2 de no- 
viembre. Parió un Infante, á quien pusieron por nombre Carlos Jo- 
sé, y que solo vivió siete días, por causado las viruelas con que ha- 
bía nacido. No quiso el Infante Dori* Gabriel, que amaba tierna- 
mente á su esposa, separarse de su lecha mientras duró la enfer- 
medad, y contrajo también las viruelas, cuyo mal» aumentado por 
el disgusto de tan graves pérdidas, acabó con su vida el día 23 
del mismo,noviembre. Murió en las habitaciones de la celda prioral. 
La Real Casa se llenó de espanto con la pérdida de tres de sus 
vastagos en tan pocos días, y en particular el Rey se sintió grave- 
mente afectado de tristeza. Para distraerse de ella semarchó al mo- 
mento á la Granja, y se entregó con esceso á su pasión favorita, que 
era la caza; pero tal vez esto mismo fue perjudicial á su salud, que 
comenzó á resentirse. Se calificó al principio de un resfriado, pero 



* PART£ SEGUNDA. 497 

luego que se trasladó ^ Madrid volvió á recaer^ v se le declaró una 
caieutura inflamatoria, de la cual murió eM 4 de aiciembre de 1788. 
Al morneuto se alzaron pendones por su hijo Don Carlos IV, comen- 
:i^s(ndo un reinado fatal para la Bspafia , y del que tantas guerras y 
desgracias habian de traer origen. ' 

Tres Priores se habia^n sucedido en el Escorial nombrados por 
el método de elección prescrito en el últiino breve de Pió VI, y al 
verificar le del cuarto se tocaron ya las grandeffdificnltadesqQe es- 
ta nueva forma ofrécfa en nn monasterio unido con el palacio, é 
identificado trea meses del aflo con la corte. Si en los demás monas* 
terios'hay partidos , aqni, donde los Priores tienen tanto prestigio 
y autoridad, donde tan familiarmente han tratado á los monarcas, 
y donde no podía menos de sentirse el influjo de los cortesanos, da- 
ro ^ que con el tiempo hubiera sido cada elección una reñidisima 
batalla. Carlos IVhabia manifestado de un modo bastante claro 
que al concluirse el priorato quería se eligiese á uno de los maes- 
tros jubilados; pero los electores por lo mismo se negaron á. elegir- 
le, bajo el pretesto de que entonces quedaba sin efecto y completa- 
mente eludido el modo prescrito por PioVí. Insistió el Prior Fr. Car- 
los de Arganda en que era necesario complacer á S. M. ; pero la elec- 
cton canónica no podía violentarse, y el Rey quedó completamente 
desairado. No quiso ceder Carlos iV, y nombró á su recomendado 
aunque no iba puesteen terna; pero la Comunidad se negóá darte 
la obediencia , y por primera vez después de mas de dos siglos se 
atrevió á oponerse á la voluntad de su patrono' , declarfimdpse en 
<H)mpleta independencia. 

Este paso no podía ser mas violento y perjudicial 4 una Comu- 
nidad cuya existencia é intereses dependían esclusivamente de la 
voluntad de los Reyes; mas sía embargo, los monjes estaban en so 
derecho. Carlos Iv para atajar este choque, de malísimos resulta- 
dos si se llevase adelante, adoptó un medio que lo remedió para 
siempre y lo dejó completamente vengado. >Por medio de su emba- 
jador en Roma recurrió al Sumo Pontífice Pío YI^ que con la ma-- 
yor brevedad espidió una Bula dada en Roma á 31 de mayo de 4791 , 
por la cual concedía por siempre & él y sus sucesores, como funda- 
dores y patronos del Real monasterio del Escorial, la facultad de 
nombrar por si mismos, independientemente del Capitulo del dicho 
monasterio y de las demás formalidades usadas en la Orden, á la 
persona <\ne les pareciese mas á propósito para Prior de aquella ca- 
sa. En consecuencia el Rey, por una Real cédula fecha en San Ilde- 
fonso á 9 del mismo año, nombró al P. Fr. Isidro de Jesús, y man- 
dó á la Comunidad que 16 obedeciese y acatase. No tuvieron enton* 
ees mas remedio que someterse á la voluntad del Soberano ; y los 
que no habian querido elejir á uno de sus compañeros indicado por 
el Rey, y que reunia circunstancias muy recomendables, tuvieron 
que prestar la obediencia á un forastero, pasar por la afrenta de 
este castigo, y perder con la gracia del Rey la libertad de elejir 



i 98 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

soperior á, su susto coa coaocimiento de causa. ¡Cu&q cierto es que 
no se irrita aí leon impunemente! Este método de elección, esta fa* 
caltad dada á los Reyes para nombrar tan absolutamente, es ver- 
dad que alejó de aquella Comunidad las intrigas y disgustos de las 
elecciones,* pero también ha dado una independencia á los Priores, 
que fue en los últimos años muy funesta á la Corporación y á sus 
intereses. 

También por este tiempo se hizo un nuevo arreglo en el go- 
bierno político de la población que acababa de levantarse. Ya des- 
de el Skfto 4789 se habia puesto un Gobernador como en los demás 
Sitios Reales; y« lo que era consiguiente, esta autoridad se encontra- 
ba embarazada y demasiado comprimida, tanto por los privilegios 
concedidos al Prior, como por la jurisdicción del alcalde mavor de 
la villa del Escorial, de donde eran vecinos los habítantes^e San 
Lorenzo. Pero muy pronto ensancharon sus límites y se hizo 
dueño de todo. Primeramente se comenzó por declarar al Sitio po- 
blación nueva, y á 25 de junio de 4792; el seOor Fiscsd de la Cá- 
mara Don Antonio Fita señaló los térmiAos y jurisdicción que debía, 
comprender. Se siguió* á esto un decreto de S. M. fecha 7 de se- 
tiembre del mismo año, por el cual quedaba suprimida la alcaldía 
mayor !4é!lA villa del Escorial; y su jurisdicción, con la del Sitio y 
monasterio y todas sus dependencias, quedaban á car^o del Gober- 
nador.. Para conservar en algún modo la antigua jurisdicción civil 
Íprerofi^iivas concedidas álos Priores ^ se disponía en la misma 
eal orden que el Gobernador tuviese un Asesor, propuesto en ter- 
na por el Prelado del monasterio. Mas esto ja no era mas que me- 
ras formas; la autoridad civil del Prior había ya caducado, y no pe- 
dia sostenerse. Los acontecimíentor politices que se sucedieron la 
hubieran hecho imposible muy pronto. 

En la jornada del año 1795 quiso el Señor Don Carlos IV cete- 
brar en este anchuroso templo Capítulo general de la distinguida 
Orden española de Carlos ilL para tributar á' la Concepción in- 
maculada de U Virgen una prueba mas de su fe y devoción, y para 
que profesasen vanos caballeros grandes cruces, entre los que se 
contaban los Príncipes de Asturias y Parma, y el Infante Don An* 
tonio. Toda la nave principal se cerró con bancos cubiertos de cos- 
tosas alfombras, y se entapizó todo el pavimento. En el primer pla- 
no de la capilla mayor, al lado del Evangelio, estaba preparado un 
magnifico dosel dé terciopelo carmesí con franjas y adornos de oro, 
que debia ocupar el Rey. A sus dos lados hania dos ricos apara- 
Qores; el de la derecha tenia el libro de la Ley de Gracia y la es- 
pda sobre que habian de prestar su juramento los nuevos caba*- 
fieros; en el de la izquierda brillaban en sendos azafates de oro los 
collares de la Orden. En frente del dosel estaba el sitial que debia 
ocupar el Cardenal Patriarca, que era el encargado de recibir el ju - 
ramento. En el altar mayor estaba colocada una hermosísima ima- 
jen de la Concepción, toda de plata, con los demás adornos y ser- 



vicio 4e altar que Carlos 111 había rnaadado haeer ciiaiido íastitu- 
yé la Ordaí, y que se habían tnaido de Madrid para esta solem-' 
nidad. . < 

El día 8 de dicienibre.álas.odioymfdía dela.mailaDa, los ca< 
balleros todos, v€tfitidos*ooo el gran unifbriDe de ia .(h-d^n según 
sus clases, aguardaban fofmados en el tlaustro [Hriiicipal de pabcío 
la venida del Rey, gefe de Ja Orden, que no taraó en pre^ntarse; 

Ír la comitiva se encaminó á la iglesia. Precedían dos porierosde 
a Orden vestidos de manto blanco con cuello üoreado de platají lle- 
vando en su mano un cetro de la misma .materia^ en cuyo remate 
se veia el escuda de la Concepeion. Seguían de (ks en dos loa ca^ 
balleros pequeñas cruces, y después de estos ^los. tres ministros se- 

5 jarea de la Ordea^ que sen Secretario, Maestro de Cereibonias y 
'esorera Tras estos venian losi caballeros novicios sin collares, pe- 
ro con túnicas y mantos sembrado^ de flores de lis de plata soi>re 
campo azul. OeaiHces tes caballeros grandes cruces llefabian entre 
sus nías al Príngipe de Parma, al Iniante Dooi Antonio y ál Piinci*' 
pe de Asturias, cada uno acompallado de. dos de los caballeros mas 
antiguos j co:ndecorados. Al fin de las filas venta el Rey, con bas- 
tón, las jnsigníáis jle la Orden, y los collares de San Genaro y el 
Toisón sobre el pecho. Les últimos eran el Patriarca, el Arzobisípo 
de Toledo y eL electo de Sevilla, vestidos de gran pontifical; cer- 
rando la comitiva el Principe de Maserano á la cabeza de 80 guar- 
dias. , ' . 

En la ptierta de la iglesia esperaban ya las Gomonidades pues* 
tas en orden, y por entre sus filas pasaron los caballeros , que se 
fueron colocando en los asientos, por orden de antigüedad. Él Rey 
subió al solio; la Reina, aoompaflada de toda la Real familia, salió 
por e^ oratorio y ocupó tin magnifico estrado que estaba preparado 
al intento; los guardias y alabarderos ^;estaban formados en fila de-» 
tr&s de los bancos; y mas de 48.000 espectadores ocupaban lo res- 
tante de la iglesia y los balconajes que por todas partes la hermo** 
sean. Oescribir el cuadro grandioso que entonces se veia en aquel 
templo, es imposible; todo era lujo, magestad y grandeza. El Mo« 
narca hizo la señal para. comenzar la ceremonia, y los caballeros 
novicios, Mamados ñor sus nombres por et Secretario, fueron subien* 
do al presbiterio, donde hacían su profesión y ¡pronunciaban el so-r 
lemne juramento; y luego puestos a los pies del Rey recibían de su 
mano el collar de la Orden, que el Tesorero le presentaba en un 
costoso azafate de oro. Concluida esta ceremohia se comenzó la Mi- 
sa, que celebró el Arzobispo de Toledo, y cantaron mas de 80 mú- 
sicos de la Real Capilla. Después, por el mismo orden con que ha- I 
bian venido, volvieron acompañando á SS. MM. y AA. hasta sus | 
aposento^. ' { 

Cuando esta solemnidad tenia lugar en el Escorial, ya los acon- 
tecimientos políticos habían arrebatado todas las atenciones, y ha- 1 
biau comenzado á envolver en su torrente rápido todas las cosas; ya I 



•I 



200 HISTORIA DBL ESCORIAL. 

la Earopa se agitaba*ea esa convaisíon frenética qae todavia> dura 
con iDcansable violeiícía; y el grito de, revolución y república que 
en 4793 habia dado la Francia, conmovía los cimientos políticos del 
mondo. Todas las cosas, todas las instituciones^ todas las personas 
habian de participar, cuál mas cuál menos, de los efectos de este 
trastorno. Al Escorial debia caberle no pequQfia parte; .y ya desde 
el principio tu^ la Comunidad, á cuya custodia lo fió Felipe II, pre* 
cisión de hacer agrandes sacrificios pecuniarios. 

Apenaus estalló la revolución y sonó la voz de alarma en toda 
Europa, los monjes pusieron á disposición de su Real patrono todos 
los bienes del monasterio, para que si lo creia necesario los emplea- 
se en la defensa del reino, dando además en el acto la suma de 
50.000 ducados. Pero- tos gastos y apuros del Erario habian de ser 
mocho mayores, y en el año 4708, para la amortización de vales 
Reales, tuvo la Comunidad que s^irontar la crecida suma de 300.04 % 
reates, con lo que quedaron sus arcas enteramente exhaustas. En et 
año siguiente 4799, para el pago de 400.000 rs. que pidió el Go- 
bierno con el objeto ae reunir 20.000.000 en la caja de descuentos, 
se resolvió en Capitulo que se acuñase ó vendiese la plata de lasa- 
cristia que se creyese menos necesaria para el culto. Autorizado el 
Prior por el Convento reunió mas de doce arrobas de plata de las 
alhajas que creyó de menos necesidad é importancia^ y con ellas sa- 
lió la Comunidad de aquel apuro. 

Taml)ien á 40 de octubre de este mismo año perdió el Escorial 
una alhaja de mérito y valor. Desapareció de la sacristía un famo- 
so pectoral que usaba el Prior en las grandes solemnidades. Era 
todo de oro esmaltado, de un palmo de largo; contenía ocfio esme- 
raldas, cuatro de ellas muy grandes; tinco diamantes finísimos, el 
del medio tabla; cuatro rubíes; y cinco perlas, una de ellas colgan- 
do en el estremo inferior. Esta última era de figura de una castaña, 
y de tan notable magnitud, que be oido asegurar á los que la ha- 
bian tenido muchas veces en sus manos, era casi como un huevo de 
paloma. Se hicieron cuantas dilí^ncias fueron posibles, tanto por 
parte d^ la Comunidad como por orden del Rey, pero todas fueron 
mtitiles; hasta hoy no se ha podido adquirir noticia, ñi de quién lo 
robó ni de su paradero. Pero esto no era mas que un^ preludio 
del despojo general que iba'á sufrir aquella maravilla en los pri- 
meros años del para España malhadado sígb XIX. 



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GANTüLa PRIMERO. 



Piincipios del siglo XIX. — Muerte de la Princesa de Asturias. — Erección de la capilla 
del Sitio en i^esia parroquial., jr nombramiento' del primer Cura, — Cama formada al 
Principe Don Femando, Humada del Escanaf^-^ Muerte de Don'Eugenio Caballero,'-' 
Entierro del Rey de Etruria. — Primera venida de los franceses al Escorial. — Mandan 
establecer en ¿I un hospital de sangre, — Saqueo, déla casa de Godoy, — Proclamación 

del Señor Don Femando FlI. 



lie llegado por fin al siglo XIX, al siglo en que vivimos, á la nar« 
ración de los acontecimientos qne todos saben, si bien en lo perte- 
neciente al Escorial no se conoce por lo común mas que la super- 
ficie. Yo tendré necesidad de prónindizar algo ma^ para darlos á 
conocer en toda su esteosíon, y esto me arredra,. pwqoe siendo la 
época en que este edificio perdió toda su riqueza m Aerial, en que 
quedó despojado de sus joyas, de sus bienes, de su prestigio, y has- 
ta de sus nabrtantes, ñierza me será escribir algunas paginas con 
amarga hiél, y no i>Qcas con lágrimas. lAh! cuántas veces en este 
medio siglo se ha podido preguntar del Escorial, como Jeremías de 
JerusaBn: ¿cómo es oae ahora está abatida y sola la mansión an- 
tes llena de gentes? ¿Por qué ha quedado como viudo el rey de los 
edificios? En efecto, tiempos azarosos, vicisitudes amarguisims^s 
han pasado por este edificio , gloría de la España y de las artes; y 
al referir sus desgracias resultarán cargos fortisimos contra perso- 
nas muy respetables , personas que aún viven, pero que estoy se- 
guro que no tratarán de rechazarlos , porque les seria muy dificil 
justifi^rse ante la opinión general del mondo, que juzga con im- 
parpjátidad. Sé muy bien que estas páginas me granjeimun algunos 
odios, pero los arrostro con valon lo único que puedo hacer es res* 
petar cuanto me sea dado los nombres de las personas, mas los 



202 HISTORIA DBL ESGORIAI<. 

hechos no puedo ocultarlos á fuer de historiador, que debe cerrar 
los ojos y los oidos á todo, y abrirlos solo á la verdad. Esta será 
mi guia. " • 

Conocidos son de todos tos páso^ poco acertados de la corte de 
España, desde que se puso al frente del gobierno de ella Don Ma- 
nuel Godoy en el reinado de Don Carlos IV y de Doña Maria Luisa 
de Borbon, y el desorden monstruoso que se Introdujo en la i)oU- 
tica y en todos los ramos de la-administración. Los españoles, síem* 
pre leales, siempre llenos de respeio hacía sus reyes, sufrían ta- 
maños males, aunque no ignoraban la causa' que los producía, 
póraue tenían una esperanza, el príncipe de Asturias. Éste, nacido 
en el Escorial, criado, puede decirse asi, dentro de su recinto, pues 
por lo común pasaba en él seis meses del año, lo miraba como su 
propia casa. Cuando sus augustos padres iban de jornada á la 
Granja solía quedarse* en el Escorial, y permanecía jen él hasta fi- 
nes. de enero, que marchaba con la corte á Aranjuez; y en este 
tiempo, como joven y criado entre los monjes, los miraba con 
la confianza de amigos, y no pocas veces (ayudando para ello 
la disposición del alojamiento que ocupaba, que era la celda prío- 
ral), se subía por la escalera interior al noviciado á participar de 
la compañía é mocentes diversiones de los religiosos ae la escuela*. 

Casado en el mes de julio de 4802 con su prima hermana Doña 
María Antonia de Borbon y Lorena , hija de los reyes de Ñapóles, 
volvió al Escorial orgulloso con su joven esposa, que como era na- 
tural , tomó un singular afecto á aquel edincio , y durante las jor- 
nadas trataba á los religiosos con la misma franqueza y cariño que 
su esposo. Pero desgraciadamente muy pronto se. vio España pri- 
vada de esta ¡oven. princesa, y en el Escorial fué donde abortó á 
los dos a&os de casada. Desde este fatal aborto quedó sumamente 
delicada, y aquélla señora, poco antes tan robusta» comenzó á con- 
sumirse lentamente, y á estar siempre enferma. 

Muchísimo sentían los monjes la falta de salud de la joven y 
amable princesa, é incesantemente rogaban ¿ Dios se dignase con- 
cederla el alivio. Pero todo era inútil; estaba ya herida de muer- 
te , y durante la jornada de 1 805 apenas, se pudo levantar de la 
cama. Con este nu)tivo los monjes, que habían acostumbrado á vi- 
sitarla diariamente, se vieron privadTos de esta satisfacción, porque 
protestando la mucha debilidad que tenía , se probibió la entrada 
en su cámara á toda clase de personas. Lograron- por fin verla el 
día (}oe la jomada salía para Araniuez, y al. despéense del Prior y 
demás religiosos aue la acompañaoan, prorumpió en estas sentidas 
palabras: mi amado Escorial me ha probado mal este año^ pero con Uh 
do lo quiero mucho porque es muy hermoso y y para mi gusto en tanr- 
tas tierras como he andado^ no he visía cosa más preciosa, ni eé^ieio 
mas magnifico , y que mas. honre á su fundador y al dichoso artífice 
que lo hizo. En iseguída se despidió de todos con mucha afabilidad, 
y los monjes ya no volvieron a ver sino su cadáver, que fué con* 



ducido al £(3Corial el 35 de md^y(x, habiendo muerto cu Araojuez 
el 21 del mismo. El príncipe al recibir la noticia de su muerte es- 
clamó en presencia de tod^ su serii^idumbre : Ban muerto á tnt mu- 
aer y lo mismo quierm hacer conmigo , pero Dios, mediante no lo 
lograrán. Mucho se bdbló.y se, supuso -á la sazón acerca de esta 
muerte prematuca^ muerte justamente llorada por todos; pero á 
fuer de nistoriadores oircunspectos ba3te esta sola iudícacipn, be- 
cha por su mismo augusto esposo, acerca de. un suceso que ojalá 
no hubiera pasado de la esfera de una calumnia ó una suposición', 
pues á haber sido cierto, mancha y mancha indeleble habría debi- 
do caer sobre los perpetradores. 

Mas sea de ésto lo que fuere, los males aumentaban por mo- 
mentos, la viudez d^I príncipe ajladia una nueva complicación ¿ la 
política de EspaHa, y la nación toda se ajitaba sontamente para 
oponerse en su dia á los planes, qoe. sospechaba se fraguaban en su 
seno. Mas habja al mismo tiempo un asunlo mas grande que ocu-^ 
paba la atención de la Europa entera, El genio colosal de Napoleón, 
sus rápidas conquistas y engrandecimiento, tenian absorta la aten- 
ción de todos; y Espafia veiá .sobre la cujp;i^bre del Pirineo este^- 
didas las alas de sus águilas vencedoras, dudándose aún por los 
mas entendidos, si esta actitud era para protejer ó para devorar. 
Todos los españoles discurrían sobre estos acontecimientos, y todos 
esperaban con impaciencia el desenlace de aquel drama, pero sin 
separar sus ojos del Príncipe de Asturias, que miraban como su 
único apoyoy como su áncors^de salvación^ 

Aunque las cosas políticas no daban mucho lugar para ocupar- 
se de otros asuntos , sia eipbargoi la nueva población del 3ifio de 
San Lorenzo no dejaba de hacer sus jestíones para emanciparse 
completamente de la villa de| EscoriaK Ya en 4800 se había visto 
la necesidad de establecer una pila bautismal en su pequeña Ca- 
pilla, jy el P^ior habia hecho su solemne bendición en 6 de junio 
del mismo año; pero continuando la jurisdicción parroquial del 
Cura de la villa, que cobraba los derechos de estola como en üu fe- 
ligresía, aunque el Capellán de fábrica continuaba administrando 
los Sacramentos, como siempre lo había hecho. Pero lapoblacion 
del Sitio habia aumentado mucho ^ y era necesario separar su go- 
bierno eclesiástico, como, se habia verificado ya. en lo civil. El mi- 
nistro Don Pedro. Ceballos, con fecha 9 de noviembre de 1806, co- 
municó al Prior una orden, en laque s|e ipandaba, que la parroquia 
del Real Sitio quedase separada de la villa del Escorial, sin per- 
juicio de la autoridad y jurisdicción del Prior y convento, y de la 
del Patriarca durante las jornadas. Se. encargó, la formación del 
plan al Arzobispo de Toíledo y ftl Abad de 1^ urank, y luego que 
emitieron y presentaron su dictamen se adoptó el del Abad , que 
comprendia las reglas, y condiciones siguientes. 

Habrá un Cura provisto por conourso > con la dotación anual 
de 8.000 rs. y los derechos de estola. Será nombrado por el Ordí- 



204 HISTORIA DBI/ ESCORIAL. 

nario en terna que dirijirá á S. M. por conducto* del primer Minis- 
tro de Estado. 

Tendrá un Teniente dotado en 3.000 rs. , ademán de los 30.000 
maravedises de la dotación del Capellán de fábrica, y será nom- 
brado por el Cura con aprobación del Ordinario. 

Al cura de la villa, para resarcirle de lo que deja de percibir, 
se le darán 800 ducados anuales, y los 35.000 mrs. que todos los 
años le da el convenio. ' 

Cesa el Capellán de fábrica, y para inden^nizarie se le señalan 
4.000 rs. al año. 

Todos estos sueldos ó asignaciones se pusieron á cargo del fon- 
do pió beneficia! del obispado de Córdoba. 

£1 arancel de derechos parroquiales lo propaso el Cardenal Ar- 
zobispo de Toledo; y aunque para nna población de este género es 
demasiadamente subido, fué aprobado. 

Luego que se recibió esta orden se abrió el conctirso, en eme 
sacó la mejor censura el presbítero Don Vicente Rivera, que rué 
el propuesto, y á quien se dio el competente nombramiento en 94 
de^ marzo, de 1807. Con .esto la población del Sitio quedó en na 
todo independiente de la jurisdicción de la villa, tanto en lo espi- 
ritual como en lo temporal. 

Casi á un mismo tiempo vino la corte al Escorial en 28 de se- 
tiembre de 4807, y las legiones imperiales comenzaban á bajar el 
Pirineo por la parte de Vizcaya. Los que seguían la jomada , y 
particularmente los de la Real servidumbre, parecían ajilados, re- 
celosos y tristes; y desde el principio se susurraba que tendrían 
lugar acontecimientos de mucho bulto , pero sin que nadie se fija- 
se en cuáles ni en cuándo. Sin embargo, ai principio ni se brzo no- 
vedad ninguna, ni ocurrió nada notable, y el Príncipe volvió, cómo 
cuando estaba soltero, á ocupar la celda priora) , y á tratar t^on 
los monjes con el afecto y llaneza que siempre. El primer síntoma 
de haber alguna novedad fué, que por mandado de \^ reina Doña 
María Luisa se pusieron tabiques y puertas en las comunicaciones 
que la celda prioral tiene con las salas capitulares, jardines, can- 
tmas, noviciado y otros puntos; pero á esta medida se dieron va- 
rias versiones, aunque se conocía ya que al Príncipe se le obser- 
vaba muy de cerca. Luego en 80 de octubre, nueve de los guar- 
dias de corps que acababan de salir de guardia del cqarto del 
Príncipe fueron presos en el cuartel , y conducidos en coches á 
Madrid, y con mucho misterio. 

Esta novedad , algunas personas estrañas que hablan venido al 
Sitio y vagaban jpor los claustros á todas horas, el movimiento mis- 
terioso aoe se observaba en el cuarto de la Reina y en el palacio 
de Don Manuel Godoy, anunciaban algún acontecimiento notable. 
En efecto, el dia 29 de octubre, después de haber pasado el Prín- 
cipe Don Fernando la mayor parte de la tarde en el coro, al cantar 
las Vísperas y Completas^ en compañía de los monjes, á cosa de las 



PARTK TERCERA. 205 

siete fué llaniado al cuarU) de la Reina, la cual personalmente le 
registró Qpn mucba escriípulosidad, y le encontró en el bolsillo del 
frac un papel escrito en cifra. 

A poco rato los criados de la Reina condujeron á palacio las 
papeleras del Príncipe, que fueron rejistradas en su presencia, f 
después dd esta operación í;e le permitió volver á su alojamiento, 
en cuyas inmediaciones y puertas se habían multiplicado la^ cen*- 
tinelas. A las once de la noche fué llamado segunda vez á palacio, 
y mientras estaba en él se practicó en su habitación un oetenído 
y escrupuloso rejistro, y se apoderaroo de todos sus papeles. 

La Comunidad y la corte estaban completamente aturdidas á 
vista de aquella novedad, que ni cortiprendian ni se atrevian á pre- 
guntar, cuando poco antes de medía noche vieron pasar por el 
coro al Príncipe Don Fernando acompañado de su augusto padre,' 
de los cuatro Ministros de Estado, Harina, Hacienda y Gracia y 
Justicia, con 'una escolta de doce guardias, y detrás un grupo de 
carpinteros y albañiles con las herramientas propias de su oficio, 
que seguían silenciosos á los augustos personajes. Ltegados á la 
celda prioral » Carlos lY mandó á los carpinteros y albañiles que 
clavasen ó tabicasen todas las puertas que conducen al recibimien* 
to de la celda prioral, entrando por la puerta chica; y en aquella 
pieza peaueza y no muy decente ( porque era donde comunmente 
dormía el criado del Prior), mandó qu^ se quedase preso el here- 
dero de la corona de España. La cama se la colocaron en la ei^tre- 
chisima alcoba que hay eii aquella pieza, y no le dejaron mas com- 

ÍaQfa que la desayuda de cámara Don José de Merlo, y la de Don 
omás Lobo, ambos pertenecientes á la servidumbre de la Reina, y 
Íor consiguiente puestos como centinelas de vista del Príncipe, 
ómadas estas disposiciones, el Rey intimó á su hijo hallarse en 
aqudla habitación preso é incomunicado de su orden ; mandó si- 
tuar un fuerte cuerpo de guardia en el estremo del claustro prin- 
cipal, entre las dos puertas, un zaguanete de oiuc» hombres en la 
sala grande, y centinelas en todas la$ puertas; y después se volvió 
á palacio, al parecer bastante ajilado y conmovido. 

A las seis de aquella misma tarde habían venido de Madrid por 
orden del Rey el Señor Don Arias Mon y Yelarde, Gobernador- in- 
terino del Consejo , el consejero Don Domingo Fernandez Campo- 
manes, y Don Andrés Romero Yaldés, que era Alcalde de Casa y 
Corte;- y estos; con los ministros y el Rey, se he^laron aquella 
noche reunidos en el cuarto de la Reina. Esta señora , olvidada 
en aquel momento de los naturales sentimientos de madre, ciega 
de pasión , y afectando estar íntimamente convencida de que el 
príncipe Don Fernando conspiraba contra la vida y gobierno de sus 

[ladres, propuso en aquel consejo que decapitasen á su hijo en aque- 
ta misma noche, para de este modo cortar el mal en su origen. La 
Sluma se cae de la mano al considerar tanta crueldad ei^una ma- 
ro; pero los ministros, y singularmente el justificado y benemérito 



206 HISTORIA DSl ESCORIAL. 

gobernsrdor del Cbnséio, rechazaroa esta idea sanguinaria, y pudie- 
ron persuadir á SS. HM. de la necesidad de formarle ca.usa, para de 
este modo evitar un conflicto en aue podía perecer la nación en- 
tera, á cuya vista era indispensaoJe justificar cualquier procedi- 
miento contra una persona tan elevada y digna de respeto, como 
lo era el Príncipe, ya jurado solemnemente heredero de la coro- 
na (1). En consecuencia se convino en publicar, como se hizo al dia 
siguiente, el famoso decreto de 30 de octubre de 4807> que redactó 
el eclesiástico Estala, j con el cual se dio principio á aquella causa 
tan ruidosa del Escorial, cuyos pormenores y trámites tocaré muy 
ligeramente, no solo fior ser ya tan conocidos de todo el mundo, 
sino también por la brevedad que me he propuesto ,' limitándome 
solo á algunas circunstancias locales. 

Apenas quedó arrestado el Príncipe cuando fueron presos todos 
los criados de su servidumbre: las personas de mas categoría que- 
daron arrestadas en las mismas celdas que ocupaban durante la 
jornada ; los demás fueron conducidos á la cárcel pública del Sitio. 
Al dia siguiente comunicaron al Prior una orden, mandándole tu- 
viese desocupadas habitaciones cerca de alguna de las torres, y con 
la posible independencia de la Comunídaa, pues habían de servir 
de cárcel para ios presos que se fuesen trayendo. Pareció que nin- 
gún local podría llenar mas fácilmente estas condiciones que el no- 
viciado, y alinomento se mandó q^ue lo desocupasen los monjes jó- 
venes, que durante esta causa tuvieron que habitar dia y noche en 
el dormitorio común. 

A pesar del terror que la prisión del Príncipe habia infundido 
en todos los ánimos*, los monjes , que lanto le amaban , no dejaban 
de informarse^ por medio de las muchas. relaciones que siempre 
han tenido en la corte , de lo que se hacia é intentaba, para espiar 
una ocasión de comunicárselo al preso; pero éste estaba tan vijitado, 
que era de todo punto imposible hablarle. Sin saber con qué motivo 
cundió la voz de que Fernando iba á ser trasladado al alcázar de 
Segovia, y se ponderaban las siniestras intenciones que su madre 
tenia en este viaje. Sin embaj'go, nada se notó que confirmase esta 
sospecha, y el dia de Todos ios Santos dio el Rej; permiso para que 
un monje dijese Misa en la prisión del Príncipe. Para esto se colocó 
un altar portátil en el hueco de la ventaba, enfrente de laí escalera 



(4) Todos los pormenores relativos á estir ruidosa causa, de <pe haré oso eo esta his- 
toria, 'los he tOBádo de los apimtes de varios moi^ei, testi|^s presenciales de este he- 
cho, y siDgalarmente de udo sumameote onrioso j.iqpltcado, qiio por su posición de Se- 
cretario del Prior tocó j vio las cosas muj de cerca, v las ojró referir i los mismos qae 
las maiiejaroo, y que dejó escrito un libro con este tílulo: Breue, sencilla jr verdadera 
relación de la cilébre- causa llamada del Sscúríal^ ó ptuúin del Fritibipe de jísturias 
Don Femando deiBorboni 2V« Sr.í compuesta por el P, predicador Fr, F'ice^te Flores^ 
monje del Real monasterio del Escorial jr Secretario delnmo. P. Prior Fr. CrisaiUo^ de 
la Concepdhn. Está manuscrito, y lo posee actualmente Dod Antonio Santander, ultimo 
Prior y Abad del monasterio, que ha tenido la bondad de prestármelo. 



s 



PÁRTB TERCERA. 207 

ue baja á \o$ GapHulos, y en aquel estrechísimo pasillo oyó la Misa 
el an^stiado preso , que al oir leer «a el Evangelio las palabras 
bienaventurados lós que padecen persecuciones por la justicia, .ex- 
haló un tatt fuente y sentido suspiro', que llamó la atención de los 
pocos circunstanleis que asistían á aquel acto religioso. 

Volvió & susurrarse que en la noche d^ aquél mismo dia de los 
Santos estaba resuelto sacar al preso por los jardines y bosquecillo 
HaiAado del Prior, para trasladarle á Segoviá; y sin que se pudiese 
averiguar quién había estendido la noticia ñi quién lo disponía, las 
altnraS: inmediatas al Escorial , y singularmente la cordillera que 
está á la izquierda del camino de Guadarrama , aparecieron como 
por encanto cubiertas de gentes de los pueblos inmediatos ^ en nú- 
mero demas>de 40.0ÚOhombres/que decían á voz en grito estaban 
resueltos á librar á Femando de manos de sus opresores; y que pa- 
ra qué no $e les ocultase el momento en que lo sacasen, tenían hom«- 
bres apostados junio al Favordon, campana que se oye á mucha dis- 
tancia ; que avisarían el puníto de la salida y él camino que torna- 
sen.' Mas ftiese porque esta actitud decidida del paisanaje arredrase 
á los enemigos ae Fernando, ó que no fuese mas que una sospecha 
exajerada por el temor , no se veríficóla salida, aunque el Princi- 
pe, después de estar en iibertadi habló algunas veces de este inten- 
to de llevarle á Segovia cpmo de una cosa positiva. ' 

No tardaron muchos días las celdas del noviciado en servir al ob- 
jeto á que las destinaran. El canónigo Don Juan Escoíquizfoe el pri* 
mero que traiérOB preso, y le pusieron en una de las celdas altas de 
la (orre, sin luz , sin cama, y sin abrigo de ningún género. El Du-^ 

aue del Infantado , el Mar<ioés de Ayerve , los Condes ée Bomos y 
tgaz, el Brigadier I>on Pedro Giraldo , el comerciante Don José 
Manrique y ^iros fueron llegando sncesivamente, y se vieron redü* 
cidos & aquellos estrechos cuchitriles debajo de las pizarras , donde 
índndaMemente, enmédio de la rigorosa estación que hacia hubie- 
ran perecido de frío, si e( Alcalde mayor del Sitio Don Francisco 
Carmena, que era el encargado responsable de la custodia y segu- 
ridad délos presos, no hubiera permitido á tos monjes darles algún 
auxilio. Se señaló mucho en la caridad é interés por la hqmanidad 
aflijida el P. Fr. Yvcente Flores , Secretario del Prior, que perso- 
nalmente logró ver á los presos, y los consoló, tes dio camas, bra- 
seros, abrigos y otras cosas de urgente necesidad, é inQuyó mucho 
para que personas tan respetables fuesen trasladadas á habitaciones 
mas cómodas. Lo consiguió por medio del Prior y de algunos gran- 
des de 1^ corte, tfue'fnlerpusieron su poderoso influjo con los Re- 
yes; y fueron trasladólos, el Duque del iufant^o á la celda del Rec- 
tor del Colegio, y ios demás á oirais celdas mas cómodas y abriga- 
das que las que habían tenido, y que. dejaron los monjes yéndose á 
vivir á la Compaña. 

Aunque el Príncipe Don Fernando fue puesto en libertad en la 
noche del 5 de noviembre, por la aparente mediación del Príncipe 



208 HISTORIA OBL X9G0EIAL. 

de la Paz, no por cslo cesaron los temores. La libertad del augusto 
preso.no era mas que de nombre. Ei Gentilhombre Don Kaauel de 
Andrade y el ayuda de Cámara Calatayud, que reemplazaron á 
Merlo y Liobo, eran el primero padrino y el segundo protejido de 
Godoy, y nadie podia hablar al Príncipe sino en su presencia; na- 
die se le acercaba que no fuese severamente espiado y observado 
por estos dos sirvientes. 

Sin embargo, los enemigos del Principe pudieron al diasig,uiea- 
te desengañarse de lo inútil de sus tramas^ y del entusiasmo que 
todos tenían por Fernando* En la tarde dei 6, en qne por primera 
vez salió á paseo después de su prisión, los caminos se llenaron de 
gente; y al volver por el de Guadarrama recibió una ovación que 
debió serie muy satisfactoria. El numeroso gentío qne es|>eraba en 
él dejó pasar el coche de los Reyes guardando un silencio mudo; 
pero lo mismo fue llegar su coche que lo detuvieron, v prorumpie- 
ron en tales vivas y demostraciones de júbilo, que tardó muchísimo 
rato en poderse abrir paso y. llegar á palacio. Los monjes, que ha* 
bían observado esta franca manifestación de cariño, corrieron á si» 
toarse en el antecoro, junto á la sala de Batallas; y lo mismo fue 
salir de ella^ que felicitándole, aclamándole y dándole mil pruebas 
de cariño, te acompañaron hasta la celda prioraL 
r Este triunfo fue mirado por la Reina como un insulto y despre- 
cio hecho á su persona; se la vio mas' agitada aue de costumbre; y 
tal vez temiendo que los presos no estuviesen bien guardados^ los 
celaba por si misma. En una de las rondas que todas las no- 
ches á las alias horas hacia el Gobernador del Sitio para vigilar la 
seguridad de los presuntos reos que estaban presos, al llegar junto 
á los encierros del Duque del Infantado y Marqués de Ayerve, en- 
contró á la Reina Doña María Luisa disfrazada, y con tales apa- 
rieucias de despecho, aue temió muchísimo por la vida de los presos. 
Mas no por esto se turnó la Reina, sino que hizo que el mismo Go- 
bernador la acompañase hasta su cámara, donde oyó. con bondad 
algunas reflexiones que Carmena se atrevió á dirijina. 

En este continuo tanor y agitación se pasaron los meses de no- 
viembre y diciembre, y en los últimos días de este el Rey comuni- 
có al Prior una orden, avisándole que ios señores que .componían 
el tribunal y todos los presos continuarían en el monasterio hasta la 
total terminación de la causa; y desde luego se dio la orden para 
que la ¡ornada marchase á Aranjuez el dia 30, Mucho sentia el Prín- 
cipe salir del Escoriali porquer estaba segurísimo de que allí en cada 
uno de los monjes tenia un amigo sincero, y un defensor que vela- 
ria por su existencia con todo el interés posible. Pero le era indis- 
pensable obedecer, y el día 30 partió con sos padres y toda la real 
servidumbre para Aranjuez. 

Los jueces que habian quedado en el Escorial continuaban la 
causa sin levantar mano, y el 8 de enero de 1808 vino un decreto 
del Rey para que el 4 4 del mismo estuviesen reunidos en el Esco- 



riai todos Foá consejeros y camaristas, á fin (Je oír las d&fensas do los 
reos y fallar cleíiaitivanieote la causa. Recibida la orden, él Presi- 
dente del Consejo suplicó al Prior que con la Comunidad rogase á 
Dios ios iluminase y diese acierto en asuntó de tamaña importan- 
cia, y el Prior lo hizo, encargando al momento algunas oraciones 
estraordinarías, asi públicas como privadas. Al día siguiente (15 de 
enero) se dijo Misa dc^ Espíritu Satilo en eloralorio .de lá celda 
prior al, donde se hallaron todos loa señores del Concejo; y en se- 
guida pasaron al salón grande, c|Qé con anticipación se había ador- 
nado y preparado para que sirviere de tribunal: A las diez de la ma- 
ñana se comenzaron á oír las defensas, que continuaron en los días 
18, 19 y 20. El 25 volvieron á reunirse los jueces, pero lo hícieroo 
en la celda llamada de Juanefo, por haberse puesto enfermo de al- 
guna gravedad el Consejero de Castilla Don Eugenio Caballero. Al 
lado de su cama, y en. aquélla pequeña habitación, se falló tan rui- 
dosa .y comprometida causa^ y acordaron la sentencia definitiva, por 
la que se declaraba ^ los encausados enteramente libres» 

Al dia siguiente $6, el GoJ)ernador del Consejo envió un posta 
con el encargo de entregar el pliego que contenía la sentencia en 
mano propia del Rey, mas aunque* ló procuró no le fue i^osible; la 
Iteíua se apoderó del pliego, y en lugar do- la aprobaron que' se 
esperaba por estar la sent<;nc1a tan conforme á justicia, se hallaron 
con upa cosa bien estraña. £1 $B volvió el posta y entregó al.Gd- 

- bernador una Real ordenj^por la que se le mandaba que él y todos 
los jueces que habían concurrido k la causa volviesen á Madrid á 
sus respectivos destinos. Traía al mismo tiempo otro pliego {>ára el 
Gobernador del Sitio, én el que iban incluidas las sentencia^ de 
destierro de casi todos los presos. Unos y otros obedecieron el Real 
mandato, y el 4 de febrero comenzaron á^salir para sus destinos 
asi jueces como encausados, y la Comunidad quedó desembaraza- 
da de huéspedes, en los que' además de la grande incomodidad de 
tener los monjes que dejar sus habitaciones, había gas.tádo en sa 
asistencia. 55.1 68 rs., que auoque luego se dio orden para que se 
pagasen, nunca se llegaron á cobrar* 
. Al dia siguiente del fallo de la sentencja se agrav.0 muchísimo 

V la enfermedad del Señor Don Eugenio Caballero,, en términos que 
el ^9 por la (árdese le administró solemnemente el Viático,.al que 
•asistieron todos los señores del Consejo^ las tres Comoiiidadés y mu- ' 
chos de los criadosi de unos y otros, y el 31 murió en la dictia ha- 
bitacipn de Juanélo, después de recibidos todos los auxilios^espíri** 
tuales. Sus Testos mortales fueron conducidos al Campo Santo del 
Sitio, y colocados en uno de sus nichos. . 

Concluida aquella caiusa que tauto había ocupado todos los áni- 
mos, lavComunidad del Escorial quedó tranouila, y las cosas todas 
volvieron á su estado de costumbre: Ya el oía 6*de febrero habitf 
el Prior recibido una Real orden avisándoleque llegaría muy pron- 
to á aquel, monasterio el cadáver del Rey de Etruria, Luis I de 

PÁBTB 1(1. 14. 



2\0 HISTORIA OSL B&GORIAL. 

Borbon, y en ella se le mandaba le hiciese el recibimiento y fuñe- 
^rales acostumbrados con los Reyes. Llegó en efecto el día 1 6 con 
la escasa comitiva encargada de su conducción, y ^u la misma ga- 
lera en que hábia salido de Florencia, atravesando los Alpes y ri« 
rineos. La Comunidad comenzó á practicar las ceremonias de cos- 
tumbre; pero el Señor Morbiani, que era el encargado del Real 
cadáver, se negó rotundamente á bacér la entrega en público. En 
vano eI:Prior'se esforzó en manifestapíe las órdenes, reglamentos y 
costumbres usadas desde Felfpe II; el italiano se negó á todo, y la 
galera con el cadáver quedó en medTo del patio de los Reyes, don- 
de permaiieció toda la noche sin luces,' sin acompañamiento, y co* 
mo pudiera quedar uita galera, vacía en el patio de un mesón cual- 
quiera. A la mañana siguiente, por orden del encargado se comen- 
zaron á quitar las muchas cubiertas de hule, paja, esteras y ence- 
rados que traia el féretro, y se hizo la entrega y el OGcio cómo siem- 
pre, hasta dejarlo depositado en el panteón de Infantes. 

A esra sazón los acontecimientos políticos se iban agolpando; las 
tropas francesas se habían estendido^ ya por toda h Península, y 
teman ocupadas muchas de nuestras pmas fuertes; cuando. el le- 
vantamiento de Arahjuéz y prisión de.Godoy, que sucedió el 4 9 de 
marzo de 1808, puso en movimiento á toda la nación. £1 24 del 
mismo mes llegaron las primeras tropas frjincesas al Escorial, aun* 

3ue de paso para Madrid, y el 29 vino el general Rarbou con una 
i visión de 8 á 4.000 hombres. Dieron .orden para que se des^- 
ocupase el Seminario, y alli se alojaron las tropas, y los gefes en 
el monasterio ; y comenzaron á causar tantas incomodidades á los 
monjes, y tantas vejaciones á la Comunidad, que el Prior se vio 
obligado á representar, suplicando los mandasen salir de todo el 
convento. Al principio. no surtió esta reprqgentación mas efec- 
to que contestar al Prior gue se daria cuenta al Gran Dtique de 
Serg; pero después, el dia 8 de abril> recibieron orden los france- 
ses para desalojar completamente el monasterio. Sin dudadlo mo- 
tivo á esta orden la venida de los Reyes de España, que llegaron á 
este Sitio el dia 9 á cosa de las siete de la tarde. El Rey Fernan- 
do no se deti|vo mas que aquella noche, y al dia siguiente salió en 
dirección a Rurgós; los Reyes padres lo verificaron el 22. 

Luego que á consecuencia del memorable Dos de Mayo se dio 
en toda la nación el grito de guerra , de libertad é independencia, 
las tropas francesas se comenzaron á preparar para la conqqista del 

Sais que babian ocupado como amibos. Mandaron establecer en el 
scorial un hospital de sangre, y ai efecto pidieron á la Comuni- 
dad 600 camisas, otras tantas sábanas y 200 tablados ó tarimas, y 
no hubo mas remedio que aprontarlas. Poeo les duró á los enemi- 
gos esta disposición, porque á consecuencia de las victorias obte- 
nidas por el general Castaños en Andalucía, tuvieron. que abando- 
nar la corle y luego el Escorial. Desembarazados los habitantes del 
Sitio de tan desagradables huéspedes, y libres del temo/ que leí 



pausaba la prcsepcia de los franceses, comenzaron á desahogar los 
sentimienibs tántp tiempo comprimidos, y que lan comuüéseran en 
toda^lá úacíon^ £1 31 de julio de iBOS'se comenzaron á reunir al- 
gunos grupos, y á gritar ^*viváFernando y mueran los traidores/' y 
' á poco rato la niayor parte de la población se dirijia en tropel hacia 
el camino de Guadárrama^^donde estaba el palacio de Don Manuel 
Godoy, que asaltaron al momento^ Los ricos muebles, las elegan- 
tes colgaduras, los grandes espejos^, todo fue en pocos, minutos des- 
truido, hecho trizas y arrojado por las ventanas^. Ya que nada que- 
dó én el interior de la casa, echaron .sogas, á la magnifica estatua 
ecuestre de Godoy, que estaba colocada en su picadero, y con 
grandes vópes y algazara la,arraslraron muchas vecespor todo el 
pitio llenándola de denuestos, hasta que ya cansados la llevaron 
á la Lonja,. y alli,'en el espacio.que media entre el pretil.y la casa 
de Infantes; acumularon algunos fragmentos dé los mismos muebles 
que habian destrozado, y la quemaron en medio de imprecaciones 
y mueras á Godoy y á4os franceses. .Sin em.bargo, después de este 
desahogo, en que ningún dáno se causó á las personas, la pobla- 
ción' del S¡tio,'*que de suyo es tranquila y pacíiica, no isolo no vol- 
vió á alterarse, sino que muchas Tamrlias fran(?esas que habian sa- 
lido huyendo de la corte y otros puntos, hallaron alh buenajlran- 
quila hospitalidad, y nadie los incomodó en lo mas mínimo. 

. DésdQ aquel dia Hodo fue bolja y algazara; et Sitio era lo que 
todas las ponlaciones de España lio ocupadas por los franceses. Qa* 
da noticia que venia, aunque fuese- lá mas absurda é increíble, da- 
ba motiTO' á vivas, repiques de campanas y otras demostraciones 
de placer. VenTicada en Madrid. la solemne 'proclamación* del Rey 
Don Fernando Vllf ño quisieron lo$ del Sitio quedarse .en za^a, y 
al momento comenzáronla* hacer los preparativos. ÉH8 de setiem- 
bre fué el señalado |)ará esta cérei^onia^ á la que concurrió el Go- 
bernador Don Francisco Carmena, qoh- todos los deiúás empleados 
del Gobiemo y jo- mas notable de la población. Bajaron al monaste- 
rio llevando el Gobernador el pendón Real, que era hecho.a pro- 
pósito, dé terciopelo carmesí con bordados y cordones de oró, con 
el asta dorada y la ranz.a'de oro y. plata. En un lado se leia: Accla- 
matio augusta Ferdinandi Vil, y. en el reverso las armas Reales 
con la .orla: El amor y Italiad de los habilaníes del Real Sitió del 
if^¿roná¿. A la puerta del monasterio esperaban las' Comunidades, 
que récibiQron á 1^' comitiva con la misma solemnidad que cuando 
se recibe á los Reyes. Por la mañana se cantó "el Té Deum y se hi^ 
zo üñá solemne función de iglesia, y por la tarde el Prior, tr. Cri- 
santo de la Concepción,, haciendo las veces de alférez ReaU levan- 
tó el pendón é hizo la proclamación en tres distintos tablados, cu- 
biertos de alfombras y^prepáradós al efecto, él primero enfrente 
del pórtico de la LoñjaVel segundo 'en, el Sitia en la plazuela de 
Santiago, y el tercero en la plaza, gritando en todos ellos: Eseo- 
rialy Escorial^ Escorial,' por ñuesiro católico Monarca el Señor Don 



SIS ' HISTORIA DEL BSCaRlAL. 

Fernando VII, áue Dios guarde. Pero bieo* pronto estos placeres 
efímeros, estas néslas hijas del entusiasmo, habían de convertirse 
en amargos sinsabores,. y habían -de hacer derramar' runchas lágri- 
mas. La guerra había aún de asoUr nuestra nación, y él recon^-. 
quistar nuestra independencia hábia de costárQos' mucha sangre. 



CAPITULO II. 



FuelvAn los froneesés.-^El Prior abandona el monasterio, — Lo ahandgnan después el 
y icono y la mayor parte de Ids monjes,^^ Los franceses incendian la viUa fiel Escorial 
y suben al Sitio.-*- Disposi<fiones que tomaron sobre el monasterio.-'^ S^ permite d los 
monjes que conUnúinhabUJndolé, — Federico Quillet.-^ Despojo de" la'íglesia.'—OeS'- 
tracción del tabernáculo. — Robo de' las alhajas. ^—Uñ monje salva la Santa Fohiia y 
olgitnas otras alhajas. '^Retirada de los franceses. -^ Co/nisionados ' españoles, --^Pato 

de los ejércitos aliados. 



. • • • *• 

Repuestos algún tanto los franceses del pasmo que. les había 
causado el heroico levantamiento en ma^ de una nación que juz* 
gabán hnposibilitáda de Oponerles la mas (eve resíStehdia, y éngrq-*. 
sadás sus fiías por los numerosos batallones que diariamente atra- 
vesaban el Pirineo, comenzaron i desarrollar toda su fuerza; y muy 
pronto nuestras tropas bisoftas fueron batida^ ea todas partes, y los 
enemigos vencedores revolvían hacía la capilaL Se dirijía a ella el 
Prior coniínímo de cumplimentar ala Junta central nuevamente es* 
tablecida; pero halló el camino cubierto de gentes que huían de los 
invasores, ponderando la crueldad y Ja barl)árre con que estos tra- 
taban & los es(>año1es que tenían la desgracia dé caer en sus manos. 
Un terror, pánico precedía á aquel ejército que ya estaba sobre Má-*" 
dríd; y participando de élel Prior, abandonó la carretera y se di- 
rijíó'á la cá^a-administracioD del Santo.. 

Eclesiásticos, monjas,- paisanos y soldados, gentes de todas cla- 
ses y categorías comenzaron á llegar en aquel mismo día al Esco- 
rial, y á difundir tan desagradables noticias, que muy pronto fue- 
ron conGrmadas por una carta que la esposa del Gobernador del Si? 
tío desdé las Rozas dirijió á su marido, dándole cuenta, del estado 
en que se bailaba la'corte, y Dartícipándole de parte del Prior, pa- 
ra que lo hiciese saber á la uomunídad, que ya no pensaba eá yoN 
ver ál monasterio, sino eñ salvarse. Los monjes que se rel1rab*an de 
paseo, enterados de estos pormenores, sin consultar más que al es^. 
panto que se apoderó de ellos, se determinaron á huir cada lino co- 
mo pudiese. Todo era confusión; todos se agitaban, corriaUf pre- 
guntaban; los que iban llegando daban de cada vez noticias jnas. 
siniestras; y por ñn^ llamado el depositario, cada uno tomó la pe-* 



VARTB TBRCEAA. St3 

quefia cantidad que le correspondía^ y ai anochecer el monasterio 
quedó. enteramente abandonado. . / -. . ' 

Algunos de ios monjes, ya por sus muchos años y achaques; ó 
por haliatse con valor para esperare! peligro ro^s de cercad-no pa- 
saroíi aque)la,npche.del Castañar^ y voívieron 'al día siguiente al líio- 
naslerió. No tar4aron^eii presentarse multitud de soldados dispersos 
y estropeados que confirmaban las tristes nuevas del dia anterior, 
pidiéndola la Comunidad que loj auxiliase; y aunque nadie estaba 
para ocuparse de nada, se les proporcionó ai>uadante comida como 
se pi|do , á unos en medio de los claustros y las yeldas, á otros en ei 
refectorio. Al dia siguiente (3 de diciembre de 4 808) se óia pe/fec- 
iameate ef estruendo, del cjifion/se anunciaba la llegada de lo^ fran- 
ceses de un momento á otro, y erane^esario volver á abandonar ei 
monasterio. Entonces el Vicario juzgó ujecesario.tolnar alguna de* 
terminación, y mandó reunrr la mayor parle de las ^Ihaj^as; y aun* 
que había parages donde hubiera sido seguro salvarlas, con'tapre- 
.cipitacion dejaron porción de ellas detrás del altar de la sala dé 
Capas, o.tras en la cantina, llamada dé la Cera, y las mas pequor 
fias, perq de mas valor, en la bóveda que está sobredi Cristo de 
las procesiones en la iglesia princi|)al. f^ractícada esta operación 
^íjo á los monjes qu^. cada uno se salvase como pudiese, y por el 
camino de Valdemorillo^se encamina con algunos que le siguieron 
al punto donde crefa encontcái* a| Prior , pero este ya había mar*- 
chado á'S.evilla. ' . ' -.\ 

Entre tanto en ^ el Sitio el Gobernador j su segundo Don Mi« 
.^uelde Q«evedo,- unidos á J)on Manuel Sandoy, teniente .de caba- 
llería, reunían ^guna fuerza y se preparaban pava resistir á los fran- 
ceses, á quienes salieron al encuentro. Amparados del bosque mata- 
ron algunos dragones i que se dijo habían llegado á vieínte y CQatro; 
perq esto no detuvo la marcha de la columna enemiga^ que Ile^ó 
¿la villa del Escorial como á la$t)'cho de la noche. Entraron én ella ' 
destrozándolo todo, niatáronalsacristañ 5 sobreguarda, y pegaron 
fuego al pueblo por varios puntos.. Los paisanos^del Sitio y las pocas 
tropas que se habían reunido; animados poreLejemplodel Goberna- • 
dor. y' alentados por un .monje joven llamado 'Fr.^ilvestre Ruix, que 
$e había puesto a su frente, 'esperaban á los enemigos en lo alto de 
la Parada v los Terpefos; y apenas vieron arder la villa y supieron 
que estaban en ella los franceses , comenzaron a tocar 'Cl Favocdon 
con $úma. prisá^.y á disparar tiros sin; orden ni concierto. Entu-> 
síasmado Fr. Silvestre y gritando á ellos comenzo.á J}ájar rápida- 
mente'la cuesta , pero nadie le s^eguiá; y aúnno habría andado 300 
pasos cuando fue nMierlo por |,oS. mismos paisanos qué capitaneaba, 
qué* na hacían mas qué disparar tiró'iS sip saber á quién» El pobre 
monje reeibió un balazo en los ríñones, de que quedó muerto en el 
acto, mucho anted de que asomasen les enemigos. Estos subieron 
formados en columna hasta el principio de la Parada; pero igno- 
rando 4as fuerzas que podría ocu^ltar tap vaste edificio, ni qué geun* 



214 HISTORIA DBIi BSCOaiAL. 

te ni cuáota era ia que les bacía fuego, se replegaron, y pasaron la 
noche iunlo ala villa. . > 

' Habian permanecido en el monasterio tres ó cuatro monjes muy 
ancianos, y uno de ellos; llamado el P. Prado, muy de mañana con- 
sumió el Santísimo Sacramento , y huyó como lo habían hecho to- 
dos ios demás en la noche antecedente. £1 dia 4. el General franjees 
Lausayey el coronel Laiit, al frente de los regimientos de dragones 
numerosas y 19, subieron sin contradicción, y formaron enfrente 
de la fachada pringipal del monasterio , cuyas puertas^todas estaban 
cerradas. Algunos criados que se habian quedado en el convento 
hicieron dé repente algunos disparos^ y mataron un capitán y dos 
caballos. Irritado ef General con este atentado mandó hacer algu- 
nas descargas contra la cerradura de la puerta del Seoi¡nario> de 
cuyas ventanas habian salido al parecer los tiros; más aunque sal- 
tó la cerradura, jio llegaron á la puerta. 

Temeroso entonces el General deque dentro pudiese haber al- 
guna emboscada , ó estuvieseescondidá alguna fuerza respetable, 
no se atrevió á entraren él edificio,. y puestas las centinelas con- 
venientes se retiró al Sitio y acuarteló la tropa. Dio orden al mo- 
mento para aue comparecieren en su presencia el Gobernador dei 
Sitio y todos los monjes que se encontrasen. Don Francisco Carmo-' 
na, ique' se bahía, refugiado eúRobledo, fue traído ai Sitio, y. con él 
unos cuantos ancianos á quienes la edad-,, los achaques y el atur- 
dimiento no les habian permitido alejarse, y todos quedaron presos 
en los cuarteles. Lo primero que les dijo el General al llegar á su 
presencia.fue que los iba'á mandar fusilar como autores y cómpli- 
ces de Ui muerte delcapítan; pero sus canas y sus lágrimas, y los 
ruegos de mas de 118 familias alcanzaron perdón, y $e les permi- 
tió volver al monasterio. ErGobernadoriue depuesto en el acto, 
Íf. nombraron á Don Jorge Galvañ, afrancesado^, y comandante de 
os jurados aragoneses. ■ -r . , ^ * 

Nadí.e por el pronto volvió á incomodar á los monJQsj y esta tran- 
quilidad decidió á algunos ótrós que se habían quedado en los pue- 
blos inmediatos á unirse á sus compañeros^ Volvieron en lo posible 
á su acostumbrado método de vida, tenían su coro, refectorio y vi- 
da común , cttidahan del edificio y de sus rentas; y huérfanos de los 
legítimos superiores qué los habían abandonado , eligieron por Pre- 
siaente al P. Fr. Jorge Martínez Raposo, que despuesfu^ nombra-» 
do Prior por el Monarca intruso José i. 

El decretó de este nuevo Rev esceptúando este monasterio de 
la estincion general, y declarándole común para todos los monjes 
de la Orden de San Gerónimór, alentó; muchísimo su esperanza de 
que^odrian continuar tranquíMs en.sú casa; pero muy pronto vie- 
ron caer destruidas .estas ilusiones. El 20 de agosto oe 1809 se 
presentó un edecán del Rey acompañado del Gobernador Galván, y 
iñandó reunir la Comqnídad en las salas capitulares. Al momento 
que estuvieron reunidos les leyó unaorden Real, mandándoles en- 



: PÁATB TERGBll A ¿ SIS 

tregar en el acto las llaves de todas-las oficinas; que se «quitasen el 
' hábito; y en el términod^e quince dias saliesen del monasterio, permi;- 
tiéndolés sacar únicamente los efectos de su propiedad particular. 
.En el acto obedecieron todos; las llaves fueron entregadas; la igle- 
sia, la sacristía, la. biblioteca y argunas otras puertas fueron sella- 
das; y los^aflijidos monjes comenzaron & sacar sus pdbresr efectos, 
que sufrían al salir un escrupuloso registro á las puertas por los 
ara^oneáes afrancesados de Galvan. Nada sentian tanto aquellos 
ancianos y afligidos religiosos como verse arrojados de su casa, de 
aquella casa donde habían pasado con tanta tranquilidad toda su vi«-" 
da; y aunque con mucho miedo se resolvieron á .suplicar, ea una 
reverente esposicion aue diríjierpn at Rey José I, les permitiese con<- 
tinuar habitfl^ndoen el monasterio. Concedióseló ai momento', sefia- 
iándeles los claustros llamados-de los Treinta-Pies para sus habita^ 
clones^ seis reales diarios de pensión á cada' uno, uñ cocinero para 
todos, y asistente ó criado á s& voluntad. 

Llenos de placer volvieron aquellos monjes dignos de memoria 
á ocupar sus pobres celdas y á cuidar del monasterio, sobre el cual 
también el Gobierno tomó algunas disposiciones útiles. Babia en- 
cardado el cuidado dei edificio á un monje lego sumam^nre virtúo* 
soe inteligente en arquitectura, llamado Fr. Cristóbal Tejada, j 
jamás entraban ni paisanos ni soldados á ver . el monasterio áin ir 
acompañados de uno ó mas oficiales de la guarnición, y sin llevar 
una orden ISrmada por el General ;para el lego Fr; Crisitóbal, que 
los acompañaba con el interés del que cuida su casa , y con el cui- 
dado' que inspira la inteligencia y amor á las bellas artes. Este 
mismo lego era el que cuidaba de las obras de reparación, y el* que 
hacía de procurador de aquellos pocos monjes: los franceses lores- 
petaban, porque 'él saber y la virtud tienen mucho valor. ' 

. En 7 de setiembre del mismo año fue nombrado por el Gobier- 
no francés, administrador general de los bienes del monasterio el 
cura Vicario dé la villa del Escorial Don Gregorio Mateos, honabre 
justo y de buenos sentimientos; pero cansado del mucho trabajo é^ 
incomodidades qtie esto le daba lo renunció al momento, y nom- 
braron en sa lugar á Bou Saturnino Burgos, vecino del Sitio, que 
continuó -siéndolo hasta el año 4 84 2 (1 }• ^ 

Fuerza es retroceder algún tanto, para dar^á conocer k un hom- 
bre que pareció vomitado por el infierno para daño del Escorial. 

£1 año de.tSOT se había presentado en el Sitio y permanecido 
largo tiempo én él un viajero bastaúte conocedor en bellas artes, fran- 



(4) Ette Satariiino Burgpi fue padre del famofo ciego CorncHo Bucgoj, qne tanto 
llama ahora la ateocioo por el buen modo con que acompaña á tollos los viajeros i sir- 
TÍéndoIcí de Cicerone para ver todas las preciosidades que encierra e\ monasterio. Ya loa 
muchot aftos y'lori trabajes que ha sofrido le bao entorpecido un poco, pero anteé era 
mía CM» retdMdvrtimnU adnirablc su lioo j bil«ia memoria, . 



Sf 6 HISTORU DSL SSCOAIAL. 

césde nacioD, llamado FedericoQuilleL Este hombre bipócrila y em-» 
bustero, desatándose continuamente en dicterios contra el Emper 
fadoir, y con la publicación de un folleto que intituló Napoleón sin 
máscara, había logrado captarse el cariño y la amistad de algunos.^ 
monjes que le creyeron de buena fe. Con este motivo le habjan 
proporcionado vertuánta^ riquezas-de todo género encerraba el mo- 
nastcrio, y él lo apunlaha/odo con cuidadosa puntualidad, con el 
pretesto de su aiición á las artes. Apenas ocuparon los franceses la 
capital habia desaparecido, y en 4809 se volvió á presentar con 
una Real orden, por la- que sq le coní'eria él encargode trasla- 
dar á Madrid ioduiS los erectos preciosos que contenía el Escorial, 
escepto las alhajas. Arrojada entonces la máscara hipócrita con que 
la primera vez se hábia presentado , comenzó á desempeñar sü co- 
misión del niodo mas bárbaro y .atroz que puede imaginarse. Sa 
primer empeño fue destruir todo lo que ao se podía 'trasladar, y pa- 
ra llevarlo á cabo pidió permiso al General que mandaba las fuer* 
zas acantonadas en este Sitio para destruir á balazos los hermosos 
frescos de la escalera principal, y particularmenle los que represen* 
taban la célebre jornada de San Quintín; y aunque ésta absurda 
petición le fue negada, insistió en que se. le permitiese al menos 
disparar cohetes para mancharlos, pero el General volvió a negár- 
selo, y tuvo que d^jstir de tan malvada intención, que tal vez era 
díestruír del mismo. modo todos los demás frescos dd las bóVedas'si 
se hubiera visto apoyado, • • * ^ * 

No habia género de insulto que no prodigase á los monjes, en 
cuya presencia se complacía en pronunciar blasfemias horribles 
contra la religión, burlándose de sus prácticas sagradas. £n cides- 
empeño de >u odioso cargo se portaba como un .cómitre; armado 
siempre de un látigo castigaba sin piedad á los pobres jornaleros, y 
no se te notaba placer sino cuando hacia algon daño de considera- 
ción. Ya había quitado la& pinturas del altar mayor, iglesia v sa- 
cristía, y se empeñó en quitar las estatuas de bronce del retal)lo y 
entierros Reales, sin mas préparatí ros que echarlas una njaroma 
por detrás y arrojarlas al éuelo. A pesar- de que todos los jornale- 
ros se estremecieron al tener que ejecutar aquella bar))aridad que lo 
hub[era destruido todo, nadie se atreyió á contra decirle. -Ya toan á 
echar las maromas, cuando avisado Fr. Cristóbal Tejada se presen- 
tó en la iglesia, y se 'opuso á aquella operación destructora con t^n- 
ia decisión y energía, que Quillet se vio precisado á. ceder , y per- 
míiir al lego que se encargase de apeartas á su modo. Ui^o un an- 
damio á propósito, y bajó las ocho prkneras; y al llegar al suelo la 
del evangelista San Lucas se llegó el impío y malvado* francés, 
y puesto delante de aquella estatua veneranda decía con sonrisa fn- 
fernal: Adiós, Señor Don Lucas y ¿quién k había de decir á V: que 
Juibria en el mundo un Federico que te sacase á pasearse por 
esos andurriales? Al disgusto de ver destruir y arrancar tan. pre- 
ciosos objetos , unian los monjes el de tener que oír tan groseros 



VktLXB TBRCBAA. 2l7 

insultas; ¿paro qué t>abi^a de hacer en aquellas circunstan- 
cias , en que el conservar la vid^ se tenia por upa gracia de los 
opresores? . r 

Con los ojos llenos de/lágrímas yieron desarmar, ó por mejor 
decir hacer pedaieos el famoso tabernáculo del altar mayor, un 
vizcaíno' Mamado M'apueWdiondo fue el encargado de esta (¡lelicada 
operacioi\> en la cfue tardó cinco semanas; y aunque procuró hacerlo 
con él mayor cuidado posible, era tanta la prisa que íe dabarel 
malvado Quijlet, que se rompieroh bastantes piezas y se perdieron 
otras. Concluida la operaci9n* se enviaron á Madrid .63 grandes 
cajones^ que cóntenian la obra maestra de Jacobo de trezo. £^ ta- 
bernáculo interior « qoe era lindísimo y de muchísimo valor , fue 
colocado por el pronto en la iglesia de* San Isidrode Madrid, de 
donde desapareció después , sin que basta ahora se halla podídor 
averiguar su paraderg, ni por qué mandato se 'sacó xiealli. Deba- 
jo de la enorme piedra que sirve de base al Tabernáculo se encon- 
traron algunas metj^llas, de las cnafes se '^conserva nna c^s bronce 
en el monetario de eátá biblioteca,^ otra en la habitación de 
S. M. ca este Real palacio. 

Se apresaraba cuanto pedía ef impío francés en cumplir su co- 
misión^ y mandaba em|)aquetar cu$intos objetos de bellas artes en- 
contraba en el monasterio: pinturas; estatuas, los libros de coro, todo, 
estaba destinado para adornar la capital de Francia. Con 1» auto- 
rización del Gobierno intruso embargaba, todas las caballerías y 
carretas de los pueblos inrnedíatoá, de módó que hubo día éu que 
se vieron reunidas 300 carretas y 500 cabaMerías, que n)archaroná 
Madrid cargadas con los objetos preciosos que la jeflerosidad y gran* 
deza de los monsgrcas de España habla acumulado allí po^ espacio 
de mas de dos siglos, dejando el esqueleto solo de aquella maravi- 
lla. Además de estos medios de conducción había ?4 carros cubier- 
tos que estaban continuamente «haciendo viajes; y cuando poí'-acn-* 
dir á la batalla de Ocaí^a no t)udieFon venir, Quilki hizo trasladar 
algunas pinturas ábombro. 

Afortunadiatmente para bien de nuestra literatura-, para que la 
ricaí biblioteca se salvase, el Gobierno franca comisionó para trasla- 
darla á nuestro conocido .literato y arabista Dbn^ Antonio Conde. 
Este, que aunque adicto álos franceses^ no podía como hombre de 
instrucción desentenderse del amor patrio, y qne conoció muy bien 
el valor y mérito de las riquezas de que iban á despojarnos , puso 
cuidadosamente en cajones todos los manuscritos, é hizo que en* 
liladrid se colocasen encuna capilla del convento de la Trinidad» 
mandando luego hacinar sobre dichos cajonea multitud de carros 
de libros impresor, *en tanto número que impidieron que nadie pu«* 
diese llegar á ellos, ni aun isaber dónde "estaban; durante aquellos 
cinco años de Hes^racia y trastorno. En los impresos, que también' 
fueron llevados á Madrid, se esperimentó alguna masr pérdida, tan- 
to porque al cóndueirios.lo hicieron en serones puestos en carretas, 



9 1 8 HISTORIA DEL BSCOñl AL. - 

cuaoto pof la confusión con aue estuvierónjeo la Trinidad; y mu- 
chas obras quedaron descabalada^. 

Se conservaban haSla entonces como olvidadas las alhajas es-* 
condidas , y las estatuas y vasos de los relicarios , que eran todos 
de metales y piedras preciosas, porque no sis estendia á esto la co- 
misión connada á Quillet ; pero el 7 de enero de 4840 se presen-- 
taron en el £scbrial Don Lorenzo Nlgueruela, Comisario de policía 
de -Madrid, y Don Carlos Ríboel, oficial de Hacienda, acompaña- 
dos de 300 caballos. Pidieron, á los monjes las llaves del templó, 
sstcristía y relicarios, llamaron al anciano legO'Fr. Cristóbal Teja* 
da, y se^ encerraron con él en la iglesia. A]lí, después de haberle 
e)ríjíao juramento; y dé haberle amenazado con la mtierte si ño de- 
cia la verdad, leH)bligaron'á declarar dónde estaban ejscondidas la^ 
alhajas. Atemorizado el pobre lego , y partiéndosele el corazón de 
pena,, les indicó la cantina de la sacristía y la. bóveda de la iglesia, 
donde las habían escondido. Lo avanzado de la hora,- porque era 
ya muy de noche, hizo* que. los comisionados suspendiesen el sa- 
carlas hasta la mañana siguiente. Aprovechó esta pequeña dila- 
ción- uno de los monjes llamado Fr. Pedro Tomellosa, y acompa- 
ñado de un solo criado, que era. erque tocaba el órgano de cam- 
panas, y con una ilave'que óonservaba de una de las puertas de la 
iglesia, entró en ella , y lieTadomas de la piedad que de la codicia 
subió donde estaba el sagrado depósito, y tomó de él la pequeña cus* 
todia donde se conserva la Santísima Forma, la imagen de la Virgen 
llamada de San Pió V, un bestiario y dos vinajeras, que ocultólo 
mejor qué pudo debajo de la ropa. Hubiera podido salvar otras 
muchas cosas menudas y de gran valor, pero era talsu azofamien- 
to y temor, que ni sabia lo que hacia, ni acertaba á salir, te- 
miendo itx sorprendido. Por fin fué á esconder su piadoso y sa- 
grado robo á una cantina de la procuración, j^ lo metió todo en un 
agujero de la pared , que lodo con -barro. Cinco años estuyieroa 
allí escondidos estos santos objetos, y el piadoso monje, á qnien he 
conocido y tratado, no dejó pasar díia ninguno' sin ir á .reconocer 
su escondite mucbas veces, y orar ante aquel agujero doiMle se 
ocultaba lo mas venerandodel eielo y de la tierra. ] Cuánta piedad! 
I Cuánta fe! • . 

Aldia siguiente los comisionados bajaren á la ii^sia bien de 
mañana, y los monjes vieron arrebatar aquel rico tesoro donde ha* 
bia tanto valor, tanta preciosidad artística xeunida. En seguida 
hicieron bajar (je los relicarios todos los vasos, tempietes~y figuras 
que contenían ios huesos y reliquias santast y arreglados en el sue* 
lo en la sacristía examinaron si estaban todos , valiéndose para 
esto de unas listas y apuntaciones que el infame Quillet habia for« 
mado durante su estancia en 4807. Concluida es^ revista i diri- 
jiéndose el comisionado á.los monjes, y acompañando usus palabras 
con una sonrisa atroz é infernal, les dijo: Paans, nosotras no fwe- 
remos huesos, que YV. tal vez apreciarán en mucho ^ lo que venimos 



PARTB TERGBRA. SI 9 

á llegamos es. solo oro^ plata y piedras preciosas. Entonces los mon- 
jes bañados* en lágrimas prepararon unos cestos, cubriéndolos in- 
teriormente con paños de seda y brocado, y comenzaron á sacar 
de los relicarios con mucha reverencia y cuidado. aquellos restos 
venerandos, aqaelios sagrados despojos de los mártires de Jesu«- 
crístó, recojidos á tanta costa por la piedad dé tantos reyes.y prín- 
cipes. Pero á los comi^onados parecía que les hat>ia de faltar tiem- 
po para salir de allí cargados con tan rico botíú, y desnudos de 
toda piedad y religión cojian los relicarios, rompían sus -cristales 
de ua;^oIpe, arrojaban en cualquier parte las sagradas reliquias, 
y échanan el metal precioso en los cajones en que habían de con- 
ducirlo. Los'monjes'sentian rasgárseles las entrañas, se les eriza- 
ban los cabellos á vista <ie tanta impiedad , y no ^é atrevían á 
proferir ni una sola palabra. Las abundantes lágrimas qi/e derrár 
maban iban á mezclarse en los cestos con ios vestijios de los mar* 
tires del cristianismo. Pocas boras des|Hies diez carros de campa- 
ña cubiertos, custodiados por los comisionados y Jos 300 caballos,' 
caminaban hacia Madrid conduciendo aquella riqueza inmensa. 
iCuántfis personas distinguidas, cuántos hombres que después han 
hecho ostentación de sus riquezas en ei: vecino rjeinó de Francia, 
las deberán tal vez al robo: sacrilego y vandájico que entonces hi- 
cieron en el Escorial. . . \ " . 

Pero aún se había salvado ál^o; las alhajas escondidasdetrás 
del altar dé la sala de Capas, única iglesia que se había dejado á 
los monjes, se habían librado de este primer robo: |)éro sin duda 
algún español iúdigno (Je tal nombre, alguno de quien se habían 
fiado los monjes-, hubo de! avisarlo. Se hallaba en Madrid el Vi- 
cario de aquella pequeña Comunidad, aue lo era Fr^ Matías Gómez, 
y fué llamado á la intendencia, De.alli salió acompañado ¿de un 
comandante francés y algun^- escolla^y s^ le hizo venir al Esco«. 
rial. Ni á él ni á nadie preguntaron porlas alhajas, sino que- el 
comandáaté se dírijió al lugar. donde estaban ocultas, _y fueron 
llevadas á Madrid en otros cuatro carros. 

Ta nada quedaba en aquella maravilla-que pudiese llamar la 
atención de nuestros rapaces opresores. Aquellos moros antes en- 
tapizados con las ma^s beijas y lamosas producciones del. arte, es- 
taban enteramente desnudos; en la biblioteca y en. los anlecoros no 
quedaban mas que las maderas; en los relicarios ya no brillaba 
aquel tesoro incalcolat^é^ gloria de JSsp^ña y envidia de la Europa; 
y en la.igtesia, además de la joya inestimable del tal)erñácuIo, ral- 
taban las pinturas y adornos de los altares, las ropas yalbajas de 
la sacristía ^ las lámparas de metal precioso con que antes se os- 
tentaba tan rica y adornada. El precioso Crucifijo de Benvenuto, 
mutilados sus brazos por-el. infame Quillet.jr metido en un cajón, 
yacía tirado en la portería, gracias á que ningún carro se atrevió 
á cargarlo por su:enorme/peso. ¡Qué diferencia de aquellos ttempos 
en que venia esta misma imagen conducida en hombros de hombresl 



S20 HISTORIA DBL SSCOEIAL. • ' 

CoD la álüma preciosidad artística b¿tbia marchado aquel abo-- 
minable Federico, qiXe parecía como la jfuria íaferoal, como el ins- 
trumento escogido por la cólera del cielo para destruir el. Escorial; 
pero su;$ robos ;'habidQ sido .tan escandalosos, sus majdáde^ tantas; 
que Dios no quiso que se gomase en el-fruto sacrilego de sus rapi- 
fias. Llamado a París fué resideneíado por los tribunales, que. le 
senlencíaron á muirle; y bajo la cuchilla de la guillotina, dejó de 
existir aquel hombre perverso^ á quien hubiera sido mucho mejor 

no haber 'nacido» 

Lágrimas y- profundo pesar causaba á los pobres oáonjes^ que 
ya eran solo catorce, lá mayor parte ancianos, ver aquella. magr 
uííica iglesia y casa tan vacía y desmantelada;* y. jpara reemplazar 
de algún mddo ios. objetos^ preciosos que les hahíian arrebatado, 
c9nsiguieron por medio del Cura de lá villa, Don Qregorio Mateos, 
qiie les diesen algunas estatuas de talla, y lá>coleccion'de cuadros 
que habian estado en los claustros de- San Francisco el Grande.de 
Madrid. Con las primeras llenaron los^^huecos del altar mayor, de 
dondeha^ian quitado las estatXias de bronce, y los segundos ocur: 
paron en la sacristía y salas capitularas los lugares donde, habian 
estado las famosas producciones de los' rnas célebres artistas. Ea 
el hueco del tabernáculo pusieron la imágeñ.^de la Virgen del Pa- 
trocinio, que después fue trasladada al ajtar que'.hoy tiene ¿nía 
capilla.de las Vírjencs,,y fué reemplazada pof un templete de ma- 
dera dorada, que. boy sirve en un ál.í^rpára Is^ procesiones del 
Corpus. En esta pobreza continuaron el cúUo, les .sufcajios y el 
ciiidado de aquélla, insigne casa del modo queles fué posible, y atra- 
vesaron aquellos dos anos de sustos y contídMas privaciones. AQa- 
dióselésen 26 de noviembre de 181 1 el disgusto de perder al buen 
lego Fr. Cristóbal Tejada, que tan útil les.habia sido en aquel tiem- 
po de tribulación, ^ que con su muchísima intelijencia y práctica 
había conservado el edilicio. Algún po'éo dé tiempo antes de su 
muerte se había quedado taii estremádamente sordo, <]ue era kn^ 
posible hacerle eutébder nada; y aunque; los monjes, que sospe- 
chaban que hatia escondido algunas alhajas , se lo pi^eguntaban con 
afán de palabra y por escrito, jamás man,ifestó darse por entendido 
en ^quel asunto; de modo que murió sin que diese indicio alguno 
de aquello, ni entje s^is papeles se encontró ápuata^iOQiJii decla- 
ración de ningún género". • . 

Ya parecía que nada quedaba en el Escorial capas dé escitar la 
ambición de los enemigos; pero estos concluido el saqueo de- ios 
metales preciosos dieron taiüibíen tras de los comunesL £1 nu^lvado 
Quíllet nabia obtenido yá licencia para arrancar las rejas y bal- 
cQoajés dé bronce de la' iglesia,. y no haMa tenido, tiempo de eje- 
cutarlo.; ydéspges de sií partida^ el min^.tro de hacienda Cábarrús 
dio orden para apear -y destruir las caifl panas; Ya se había ^pre- 
sentado en el Sitio tma cuadrilla de vizcaínos; que armados <fe enor- 
mes martillos reclamaban se les. adjudicasen las campanas qué ha* 



frÁRTB TKRCSftl. Sí | 

'biaa eontraiado; y al oír sonar el Favordon ^tuYo pes6 escede de 
500- arrobas, apo'^laban Ilétios.de placer á cuál dé ellos ja rompe- 
ría del primer martinazo. Aflijidfsimbs los monjes* acudieron al co- ' 
mandante francés Mri Agastin Bolé, aue (¿ando suspender la eje- 
cttcton, 7 representó cpotra'esta medí(|a. Fué oída su súplica, y 
habiendo dado la casúalidacl de qué la orden para que' no se lle- 
gase 9 las campanas viniese él Sábado Santo , fué tanto el placer 
y entusiasmo de algunos vecinos del Sitio^ que se subieron á fas 
tqrres y todas á la vez las echaron. á vuelo, y continuaroit tocán- 
dolas la mayor, parte deldiai - ' : • 

Ya en este tiempo la 'causa de losMnvasóres iba d^cayeódo^ y 
nuestras tropas habían conseguido algunasseñaladas victorías/que 
ayudadas dejos acontecimientos políticos de Europa obligaron á 
ios franceses S einpcender su retirada. El dia S3d& julio dé 1813 
se presentó ua cuerpo de ejército, fuerte de 20.000 hombres, acom- 
pañando ai rey intruso José I, )qu&se díríjia á Cástílja' ht Vieja por 
Guadarrama. Descahsó en el Escorial y se hospedó en -el Real pa- 
lacio solo una noche, poraue al dia siguiente 94 siguió su marcha; 
y con éf abandonaron el 9jti9 cuantos franceses haoiá. iocTusos los 
enfermos. Todavía no habrían llegado los enemigos á Guadarrama^ 
Cuando los guerrilleros de aquellas inmediaciones, entre los cuales 
iban Don Antonio Mayoral y un médico llatnado Dqo Vicente Bér- 
nal, entraron en el Silio.y monasterio llamando traidores á lodos^ 
y amenazando. con fusilar & cuantos habiaa hablado con los inva- 
sores. Por fortuna los hechosno correspondieron á las amenazáis, se 
contentaron con poner preso al administrador Saturpino Burgos, 
que no tardó- en verse otra< vez en libertad, mediante la soma de 
2.000 rs. que les entregó en el acto. 

Mas 'aún no habla concluido elsaqued del Escorial: todavía lo^ 
cspafloles habian^de entrar á recojer el /esto de sus despojos. Un 
tal Hermosilla, natural de San Martin de Valdéiglesias,. se presentó 
el S5 de julio con poder.es de la Jdntade Madrid para encargarse 
de la administración genera! del monasterio y sjus bienes. Al dia 
siguiente Don José Sánchez^ de Toledo, natural de Cebreros, se 
presentó con nombramiento ^y poderes de la misma Junta de Ma- 
drid, pero mucho mas áípplios.qué lo§ que había presentado Her* 
mesilla. Nadie sé les opuso/nadíe tampoco podia oponérseles, por- 
que el apodo de traidor y afrancesado contestaba por todo. Losi 
añicos catorce monjes qíie habían quedado ^n el monasterio, an- 
cianos, achacosos y acobardados, uo se atrevían á reclamar una;" 
propiedad (]ue tanlegítimamente les pertenecía; y ni aun los mis- 
mos administradores, disputaron sobre la prioridad de su nombra-^ . 
miento, ni sobre cuál de ios dos debía quedarse, ni suscitaron ri-^ 
validades de ningún género. Lo$ dos unidos tómaroa posesión del 
.monasterio, y entre ios dos acabaron de recojer lo poquísimo que 
habían dejado los franceses. Entre otras cosas, veinte y cuatro cá- 
lices que se habían poHído'salyar y estaban escondidos, desaparc* 



S^B niSTORIA DJSti ESCORIAL. 

cieroD en-aqu6llos.diaat sia que hasta ahora se haya podido saber 
su paradero (<). - - 

En aquellos momentos-todo era confusión y desorden, y cada 
uno mandaba ásu arbitrio. En el Sitio se había vuelto á presentar 
el médico guerrillero .con el nombramiento de Goberbaaor, cuyo 
cargo desehí peñó sin óposicionr ninguna, porque Galvan no había 
C|[uerid6 esperar al suceso?, y los vecinos son naturalmente pitcí- 
fieos. ^ . . i / 

Tras esto se siguió 'el continuo paso dé tropas íiíglesas y porta* 
guesas, y señaladamente una división de mas dé 40.000 hombres, 
que ocuparon todo el monasterio y Compaña, y quemaron muchí- 
sima madera. En la biblioteca alta habia mas de SOO ingleses ha- 
cíeñdoTapátos; en la baja se habían colocado los portugueses, que 
dentro de ella. misma cocieron los ranchos; v en* los claustros, en 
las celdas, en todas partes había soldados: 'todo el edificio era cuar- 
tel.^Los jefes se habían alojado en palacio y en las casitas de Abajo 
y Arriba; y aunque dieron varías órdenes para<jue los soldados no 
hiciesendaño ninguno, sin embargo, eramuydihcílconlenerá tan- 
ta jenté. El 9 de setiembre llegó lord Wellington, y al momento fue 
á visitar el sepulcro de un general y un capitán de su ejército que 
habian muerto en este palacio. Los enterraron en el jardín del mo- 
nasterío, junto á la pared primera que los divide, enfrente del 
panteón por la parte de dentro^ donde ahpr^ hay una frondosa lau* 
ra. Estaban metidos dentro de una caja forrada de; bayeta negra, 
desnxidos, envueltos en una sábana, y, con un plato de sal colocado 
en ei' vientre. £1 ilustre General oró uñ momento junto á aquel si- 



(4) Despu^ de publicada la primera- edición, el Sr.' Don Juan Sánchez de Toledo* 
á nombre j en representación de sus hermanos^ roe mabjfcstó so deseo de vindicar la me- 
moria de sn ja difunto padre de la ofensa que en este párrafo cree se le bace, y al efec- 
to tuTO la bondad de presentarme tartos documentos orígÍDales, justificativos de la hon- 
radez j pureza dé Don imé Sánchez dé Toledo. Mi deseo como historiador ba sido solo 
consignar la verdad de los hechos, con abstracción completa de las personas, j tengo nna 
satisfacción en acceder á tan justa exigencia filial,, mauifestabdo que d« los documentos 
quf me fueron presentados resulta: que eb la causa de infidencia qué se fornfó al dichto 
Si*. Don José'jSanches de Toledo se sobreseyó, declarándole libre, stli costas, y siíiqiie 
la causa formada le sirviese de nota, ele ; como consta de auto de la Chanctllería ' de 
Valladolid^^su fecha 26 de enero de 4945, confirmado por. Real orden de 25 de junio del 
mismo afio. 

Pero como me se podria ji;;lamcnte acusar de demasiada ligereza y- poco cslfodio de 
los hechos que consigno.en mi historia si limitase mi rectificación al párrafo que antece- 
de, .debo afladir, que también entre dichos documentos aparece un recibo espedido á 
favor de Don José Sánchez de Toledo, fi'cho en 25 de abril de 4844, por el cual consta 
haber' entregado á dos Regidores de la villa de Cebreros noventa y dos libras y seis oa- 
zas de plata en varias alhajas pertenecientes á la Real Capilla y Convento del Eseo" 
rial, que se le habian entregado en 28 df Julio de iH^2, cuyo rceibo, al mismo tiempq 
que justifica á Don Antouio Sánchez de Toledo, confirma plenamente y es una prueba 
irrevocable de la verdad- del hecho consignado. 

Quede, pues, salva' la pureza del Sr. Sánchez, de Toledo, pero también la verdad de 
Ja historia, que es mi esclosivo objtlo. 



PAETB TERCBRA. S23 

lio, y mandó que ea la pared se pusiesen dos lápidas con inscripcio- 
nes, que. revelasen ája posleridadjsus nombres y valor: mas por el 
poco tiempo que \Yellington y las tropas se detuvieroq en este Si- 
lio, no llegaron á ponerse. . ^ ' ^ • . 

Viendo los tnonjes'.que por (ina parte las tropas quemaban 
cuantas oíaderas encontraban, y cuanao faltaban estás hasta las 
puertas y ventanas, y que por otra los nuev^os administrado- 
res Toledo y Hermosilla no iban á dejar ni clavos^ ansiosos de sal- 
var al^o dis lo poco que quedara después de tantps desa3tres, en 12 
de setiembre de 4812 elevaron una esposicídn á nombre de todos, 
firmada por el antiguo Vicario Fr. losé de Malágon, suplicando «e 
les entr^asen las llaves todas del monasterio, y se les permitiese 
conservar aquellos restos aún preciosísimos , que hábia. perdonado 
el vandalismo de los enemigos, y que probablemente desaparecerían 
por la ambición de los nuevos administradores: Mas^ tuvieron el. 
disgusto de que se les devolviese dicha esposícion con un decreto del 
Intendente al margen que decía: No ha lugar á la solicitud del P. Yu 
corto .i^Cortabarria. 

. Mas aún no babian concluido los sobresalto^; el 3 de noviem-* 
brc las tropas francesas volvieron árocupar el monasterio , y el Vi- 
cario tuvo que huir y retirarse al Santo. Quedó la divisioif alema- 
na en el Sitio , y comenzó á fortificarle como una plaza de armas. 
Hicieron parapetos, fosos y baterías eñ la Parada, en los Terreros, 

Ír en el camino de Guadarrama; establecieron puestos avanzadosen 
a casa de Arriba , en el Campo Santo y otros puntos de la parte 
alta de la población , y hacian sus rondas y centinelas tapto de no* - 
che como de dia. Asi permanecieron basta el S8 de mayo del afto 
siguiente 4843, en que pasó por el Escorial la división del Mariscal ' 
Soult, Duque deDalmacia, y con ella salieron todos los franceses, 
qué ya no volvieron mas. Sin embargo, dejaron en este monumen- 
to recuerdos tan amargos, que no se olvidarán jamás. 



j ' 



CANTULO lil. 






l^vteHifen ht monjes d- tornar. posesión dé sus reatas í-^-IYuevo Pñór^ y svu^esjfuerzús ad^ 
minisiratiuos,'^ Eiüierrps He algunas personas Reates. r- Cúttsiitmdpn política de k 820, x 
tus ^consecuencias en el monasterio . .^Incendio de la- torre y órgano de campanas »^^ 
Heapeion d&ko2$i r devolución de los Vienes á los moÉJes, — Estado administrativo de 
la casa. •^Nombramiento del Rma. Crttz.'—SaconJian:Kt com el Rejr.'^Lo mucho ^ue 
femando -f^lí favoreció ál monasterio. — Restaurqcion del tabernáculo.-— Alhajas. ^-^ 
Pulpitos nuevos,— diuerte déla Reina.'— Accidente que acometió- al Rej^."^ Concesión 

. al PHor del uso de pofitifical. 



Cualro años habían pasado de continuos azares y disgustos, y 
cuatro sfglos no hubieran hecho sentir al Escorial taatas y tan ir- 
reparables pérdidas; y aunque comenzaron á vislumbrarse dias de 
tranquilidad y reparación, ya este monumento no habia de recobrar 
la riqueza material que se habían repartido ios franceses, y sus pre- 
ciosidades 'artísticas habían de quedar muy mutiladas. Éü copse- 
cuencíade4a orden general, ds^da por las Cortes para que á su vuel- 
ta á Madrid estuviesen reunidas todas las corporaciones religiosas, 
el Vicario Er. José «le Malagon volvió á presentarse' reclamando á 
nombre d<Q^la corporación ios bienes y rentas del monasterio. Pero 
aún encontraba oposición en todas partes, y ;sus pasos, hubieran si* 
do por entonces infructuosos si Don Francisco Antonio de Gongo- 
ra,. Intendente entonces de Madrid, no hubiese llamado al P. Fray 
Agustín de Qastroj editor del periódico titulado AJlaíaya déla Man-- 
cha^Y i"<)QJ6 ^ 6ste Real monasterio^ quién le enteró de todos los 
pormeBores,*y le decidió á da?un decreto fecha \ 6 de enero de <&< 4, 
mandando que inmediatamente se pusiese al P.' Vicario en pose- 
sión del monasterio y .todas sus dependencias. ,^ 

Imposible es pintar la "alegría .y satisfacción que^ recibieron 
aqueUos pobres ancianos al leer el decreto que los volvía á Ja en- 
tera pQsésión de sa casa, conservada con tanto esmero poV ellos y 
S]/i^ antecesores por espacio de dos siglos y medio. Con recha !2Ó de 
enero reclamó -el Vicaría el cumplimiento de la orden; y al día si- 
guiente el Gobernador, acompañado del Administrador; ae su com- 
paHeró y el escribano, se presentaron á dar la posesión, y sé comen- 
taron los inventarios. Para este acto ya se presentaron los monjes 
vestidos de hábito, que ya no se quitaron; y al instante que estu- 
vieron concluidos los inventarios, el 9 de febrero se procedióla la 
entrega solemne, que se hizo con cierto aparato y publicidad.' 

.No tardó én presentarse el antiguo Prfor Fr. Crisánto dé la Con- 
cepción, queá su pasó por Madrid habia conseguidlo el nombra- 



, PAftTB TBRGBRA. $'¿5 

miento de administrador general del Escorial, míeatras se deter- 
minaba por el Gobierno la entrega total de 1^ fincas. L$l Comuni- 
dad le recibió como á su superior legitimo, y volvió alomar pose- 
síoQ en 10 de marzo de 4844. El 1 5 de mayo del mismo afio entró 
en Madrid el deseado Rey Don Fernando Vil, entre las aclamacio- 
nes de un pueblo entusiasmado, que tanta sanaré habia vertido por 
conservarle .la corona y arrancarle del cautiverio; y en consecuencia 
el Escorial, "como todo lo demás, fue volviendo al estado que antes 
tenia, y poco á poco se les fueron entregando á los monjes sus fin- 
cas y posesiones. El Priorf arreglado ló mas principal, fue á feli- 
citar al Rey en 9 ^e junio; pero realmente su conducta, aunque al- 
Sun tanto disculpable por el miedo, no habia sido la mas acerta- 
a. Habia abandonado aquel edificio y aquella Comunidad confia- 
da á su cuidado, cuando mas neoesitaDa de gefe y protector; y asi 
es que. no encontró simpatías en la corte: Antes de presentarse en 
eUa ya se tenia noticia de la nueva elección hecha por el Rey, que 
recayó en el P. Fr. Francisco de Cifuentes, sugeto de mucha ins- 
trucción y virtud, de una conducta irreprensible^ y aunque austero, 
de carácter dulce y benéfico . 

Luego que fue confirmado en 7 de agosto comentó á al't^glai' 
aquella corporación, que se encontraba disTocadísima, como era con- 
siguiente en las circunstancias que se habiao atravesado. Las ne- 
cesidades «ran muchas, algunas urgentísimas; los medios ningunos; 
las administraciones estaban arruinadas; y era necesario arreglar 
con preferencia la parte administrativa. Convirtió, pues, á ella to- 
do su cuidado, ayudándole muchísimo con sü infatigable laboriosi- 
dad, con sus conocimientos, y sobretodo con su virtud, el P. Fray 
Gregorio Sánchez Rubio, á quien liabia nombrado su secretario de 
cámara , que tanto honor dio después al Escorial, y que tantos y tan 
indelebles recuerdos de su celo pastoral ha dejado en las iglesias de 
Osma y Avila, de que |ue dignísimo Obispo. Este modesto monje 
fue el que sujirió al Prior la idea sigüientéi Con motivo de los do^ 
nativos que todos hacian al Monarca para levantar algún tanto la 
postración del erario, la Comunidad (que alcanzaba aiRey'en una 
crecida deuda procedente de juros no cobrados y de pensiones so- 
bre la corona), le hizo donación de todas estas deudas, y además 
dio 400.000 rs. en efectivo; pero adquiriendo eii cambio el' omní- 
modo y absoluto usufructo de todos los bosques que pertenecen a 
su dotación, sin ninguna de las restricciones con que se habían to- 
mado en tiempo de Felipe III. Desde entonces la Comunidad volvió 
en cierto modo al sistema económico del tiempo de Felipe II; fue libre 
para tener, tanto de su propiedad como acopiado de particulares, 
todo él ganado lanar y vacuno que quiso; pudo segar yerba, hacer 
carboneos, cortar lefias; en una palaora, disponer de sus, fincas (es- 
cepto para venta ó permuta) con toda la plenitud del derecho de pro- 
piedad. Verdad es que con este^ derecho tuyo que admitir algunos 
gravámenes, y que con la facultad de nombrar alcalde mayoir del 

PARTB III. 45 



226 HISTORIA BBL BSCORIAL. 

Sitio, como en tiempo del fundadür, recibió la car^a de pagarle su 
sueldo, el de los alguaciles /maestros de primera educación y otros; 
mas esto era muy losignifícante comparadp con los productos é in* 
mensas ventajas que resultaban. Muy pronto las esperimentó^la Co* 
munidad, que además dé tener cubiéptos'sus gastos ordinarios con 
bastante desahogo, en 42 de mayo de 4846 pudo hacer al Rey un 
regalo de 50.000 rs., con motivo de la celebración de sus bodas con 
Doña Marísi Isabel de Braganza. 

Otro asunto no menos dificil y mucho mas odioso fue encarga* 
do al Prior, á quien por Real i)rden de 3 de abril de 4 84 6 se le 
mandó proceder á la averiguación del paradero de las alhajas y de- 
más efectos robados al convento por los particulares durante. la do- 
minación francesa. £1 Rey por su parte habia reclamado del go- 
bierna francés las pinturas y alhajas; las primeras volvieron en su 
mayor parte, si bien con la pérdida sensible de mas de doscientos 
originales; pero dé las segundas nada se pudo recobrar; todas se 
habían acuñado, ó habían desaparecido en manos de los invasores 
que se habían apoderado de ellas. D^ poco efecto fue también la 
comisión dada al Prior, porque todo se nabia vendido, malbarata- 
do y destruido: algunas ropas y libros fue todo lo que pudo recojerse. 
Por fortuna muchos de los efectos empaquetados por Quillet no ha- 
bían isalido de*Madríd, y muy pronto se recobraron los cajones que 
contenían el tabernáculo desarmado, muchas pinturas; ^ sobre todo 
la biblioteca entera volvió á llenar la hermosa estantería que antes 
ocupaba, aunque siempre con alguna pérdida. 

A. estas disposiciones administrativas unió ^1 Rmo. Cifuentes 
otras no menos útiles para el gobierno interior de la casa» para la 
conservación del edificio; y para propagar entre los monjes la ilus* 
tracíon y amor al estudio: pero aquella Comunidad no era ya la 
misma que antes de la invasión; sus individuos se opusieron con te- 
nacidad á las' reformas útiles: y el buen Prior tuvo tantos y tan 
amargos disgustos que puso su renuncia, suplicando á S. M. muy 
encarecidamente que se la admitiese. Le fue admitida en efecto, y 
en 6 de junio de 4847 fue confirmado en la dignidad Príoral su su- 
cesor Fr. Pablo Yela/que había sido catedrático en el Colegio. 

Aunque lentamente la fábrica iba reponiéndose en su parte ma- 
terial de los desperfectos causados por el abandono de seis años; 
volvían á regularizarse los productos de las fincas; y la Comunidad 
se reorganizaba en su observancia y en el .cumplimiento de sus 
cargos. En 22 de abril habia ya recibido con la solemnidad y de* 
coro acostumbrados antes de la invasión el cadáver del Infante Don 
Antonio Pascual, tio del Rey, que habia muerto en Madrid á 20 del 
mismo mes, año 4847. 

Nada notable ocurrió en los años siguientes mas que el entier- 
ro de Doña María Isabel de Braganza, que murió en Madrid el 26 
de diciembre de 484 8^ y á quien se enterró juntamente con la- ni- 
ña que le habían estraiao del vientre^ y que aunque de soeorxo re- 



PAETB TSRCBRA. 2S7 

cibió el agua del bauUsmo, y los nombres de María Isabel Luisa. 

'Poco tiempo después siguieron los funerales de Dofia Maria Luisa 
de BorboD,. que había fallecido en Roiiia el 4 2 -de enero de 4849, 
y los de su esposo Don Carlos IV, que niuríó en Ñapóles el 49 del 
knismo mes y año. Siis restos mortales, perfectamente embalsama- 
dos, llegaron k este su Real panteón el 4 8 de setiembre del mismo 
año, y fueron colocados en el pudridero, donde permanecieron aún 
algunos años. 

Todavía el Escorial y sus posesiones no se babian repuesto com- 
pletamente de los descalabros y pérdidas sufridas dprante la gúér* 
ra de la Independencia, cuando ocurrieron los memorables aconte- 
cimientos de 4820, y el cambio de la ley fundamental del Estado. 
La acataron los monxes, y reunidos todos en las salas capitulares el 
45 de abril, juraron solemnemente la Constitución política de la 
monarquía en manos de su Prelado, que lo era aún Fr. Pablo 
Tela, á quien en 6 de julio del mismo año sucedió el P.-Fr. Tori- 
bio López, catedrático jubilado en sagrada Teología^ que muy pron- 
to na tue ya Prior mas que en el nombre. • . 
. - Aunque én la ley general de estincion de los monacales las Cor- 
tes habían esceptuado al Escorial, sus fincas todas pasaron al Es- 
tado; y el Rey mismo cedió á la nación todos los derechos que pu- 
diese tener sobre loé bienes de ^quel monasterio, reservándose solo 
el |)alacio y los jardines. En consecuencia Don Miguel Baquer, co- 
misionado 4^1 Crédito público, tomó posesión, dejando por adminis- 
trador á Don José iVigo de Marta. Entonces algunos monjes; apro- 
vecbaindo lá libertad que les daba la ley política, salieron del mo- 
nasterio; pero la mayor parte, entre ellos algunos jóvenes, perma- 
necieron en él, y poco después se fes unieron algunos del monaste-. 
río de Guadalupe. Reducidos á la pensión aue el Gobierno les ha- 
bía asignado, tuvieron que unirse para poderse manlener; y aun-* 

' que con alguna menos solemnidad y grandeza, continuaron la for- 
ma de Comunidad, el culto no sufrió alteración, y ayudaron con su 
celo á la conservación del edificio^ 

El nuevo Prior, ^r. Toríbio Lopeí , qut¿ por sos años no tenía 
mas que 9 rs. de pensión, víó la imposibilidad de sostener el ran- 
eo debido á su persona y cargo con una cantidad que apenas le 
Bastaba' para pagar el correo, y elevó á las Cortes una reverente 
esposicíen pidiendo un asignado correspondiente á la dignidad que 

• ejercía. No tuvieron las Corteg por conveniente atenderle; y no pu-^ 
diendo salir de otro modo del apuro, obtuvo su secularización, jun- 
tamente con la de su secretario Fr. Damián Bermejo. Reunida la 
Comunidad en Capítulo el 42 de octubre de 4824, notificó su se- 
cularización' y* la vacante del Priorato; que el Rey proveyó en el 
P. Fr. Juan Valero, y tomó posesión en 44 de febrero de 4822. 

Había entretanto elCrédito público vendido algunas de las fin- 
cas^ del monasterio^ mas la reacción de 4823 dio por nulas todas 
estas ventas, y por Real orden de la Regencia de 48 de junio de 



928 HISTORIA DBI. ESCORIAL. 

^823, fue reintegrada ea ledas sus' posesionas y derechos la Co- 
munidad, que agradecida hizo á la Regencia un donativo de 50.000 
reales. 

También el Rey, para dar mas fuerza al Prior, en uso de las 
facultades que le coAceden las Bulas Pontificias, confirmó en 4 O de 
marzo de 1824 ea la-dignidad Príoral al mismo P/FK J^an Vale- 
ro. Era este un hombre virtuosísimo, estremado en la observancia, 
verdaderamente pobre dé corazón; un monje completo como par«- 
tículan pero ya septuagenario, de escasos conocimientos, dé carác- 
ter brusco, era poco-á propósito para estar al frente de aquella Co- 
munidad, bastante dislocada jr resabiados sus individuos por las cir- 
cunstancias políticas que habiatU atravesado; y lo era. mucho m^nós 
para manejar los negocios en la corte, que él en su austeridad mi- 
raba con aversión. Todo su celo y conato se fijaban en el coro j. en 
la observancia; pero la parte aamínistrativa y econqmica estaba 
muy lejos de adelantar nada. ^ 

Los deterioros materiales de un edificio, tan vasto, mal atendi- 
do por. tantos ahos, comenzaban á ser de mucha trascendencia/ á 
pesar de su solidez; las .rentas estaban en un estado dé decadencia 
espantoso; y los monjes recien reunidos reclamaban una asistencia 
como la que antes tuvieran, en cambio de la observancia estricta 
que el Praado les exijia. Recurrió este al Rey pintándole el estado 
apurado y angustioso de la casa; pero los cortesaíios se lo pintaban 
de otro modo, y Fernando YH, que invertía gruesas sumays en resta* 
blecer en. el Escorial los daños causaos por los franceses, y en re- 
parar el estrago que en lá jornada de 1836 había causado un in-- 
cendío que duró 48 horas y consomió* todo el lienzo dei^e la torré 
.de Damas hasta cerca de la iglesia, estaba en la persuasión de que 
las rentas del monasterio eran mas aue bastantes á sostener la Co- 
munidad y á conservar el edificio, viendo, pues, él P. Váléto que 
sus súplicas no eran oidas, puso su renuncia, qué le fue admitida, ^ 
nombrando en su lugar al P. Fr. José de la Cruz Jiménez, que fue 
confirmado en 40 degenero de 4827. 

Tan convencido estaba el P. Valero del mal estado de las ren- 
tas del monasterio, que al dar la enhorabuena á su sucesor le dijo 
con los ojos llenos de lágrimas: No si si dar á Y. P.la enhúrabue- 
na ó el pésame^ porque estot/ cierto que antes de tres meses' no po-^ 
drá V. P.-dar á la Comunidad ni aun sopas.-^^Asi'lo creo^ le coih- 
testó el nuevo Prior, i^rro haré cuantos sacrificios estén á mi ¿Ucan- - 
cf, y Dios proveerá. A este mal precedente se a&adia que* la elec- 
ción del P. Cruz fue muy.mal recibida de algunos monjes influyen* 
tes en la Comunidad, que^habian ambicionado para sí el Priorato, 
y que habían trabajado muchísimo en la corte para t^nseguirlo. 
Aún no había tomado posesión, y ya se habian presentado al Rey 
varias esposicíones tachándole por su opinión liberal , y dando por 
prueba haberse secularizado durante la Constitución. Uno y otro era 
cierto; pero el Rey no quiso dar oídos á estos gritos de pasiones mi- 



PARTB tircbráí 229 

serables, y los acalló del todo, mandando desterrar á uno de los que 
las habían promovido. 

No era muy halagüefia por cierto la perspectiva que se le pre- 
sentaba al nuevo efecto, pero lejos de arredrarse emprendió con ca- 
lor el remedio de tantos males. Tenia entonces el Prior poco mas 
de cincuenta allQs; era de presencia agradable; su carácter .era bon- 
dadoso, pero reservado; wy tenia, como se dice comunmente, don de 
frentes. Aunque babia seguido en este Colegio la-carrera de filoso- 
ía y teología, no era bombee muy instruido; pero tenia en cambio 
4nucho conocimiento de mundo, muchisíma facilidad para intro- 
ducirse, y sabia gobernarse y gobernar. Fue su primer cuidado po- 
ner al frente de la administración personas de su entera confianza, 
Í capaces de dar valor á jas posesiones que tan deterioradas se 
altanan. Trató' luego de captarse la confianza del ftey y de la cor- 
te,, y lo consiffoió tan completamente, que pocos Priores del Esco- 
riál'han tenido tanta representación y grandeza, pocos han conse- 
guido tanta familíaridaa y afecto de los Reyes. Siguiendo. im cami* 
no enteramente opuesto $1 de su antecesor, no de^oridó {a obser- 
vancia religiosa, que procuraba sostener por. medio de sus subal- 
ternos; pero, él personalmente se .dedicó mas k adquirir influencia 
en la corte que á cantar en el coro; y esto produjo tan buenos re- 
sultados como mostró la espetíéncia. 

Dado so primer paso en se^ro, que fue adquirir -el amor y 
confianza del soberano, y prevenidos en favor de la Comunidad to- 
dos los altos dignatarios oe palacio y adn del .Gobierno, espuso á 
S. M. la decadencia deplórame en qu&SQ hallaban las rentas y po- 
sesiones del monasterio, el estado ruinoso que tenia el edificio, can-* 
sado por el completo abandono en que estuviera su reparación por 
mas ae veinte a&os casi consecutivos; jndicó.sus planes ulteriores 
tanto administrativos como literarios y de^ ffobiemo interior^ y por 
fin, patentizó con tanta evidencia la imposibilidad de levantarse de 
aquella postración sin el apoyo de la Real munificencia, que el 3e- 
ñor Pon Fernando Vil se oecidió á tomar el monasterio bajo su po- 
derosa protección, par^ que volviese al estado floreciente que haíbia 
tenido en lo antiguo.' 

Combinó con el Rmo. Cruz los medios de llevar á cabo tandig* 
no pehsamiento, y comenzó á entregarle cuantiosas sumas, que pa- 
saron de 8.000.000, de cuya inversión daba cuenta confidencial á 
S. M. Desde los cimientos hasta las cúspides se recorrió el edifi- 
cio todo; nada quedó imperfiecto , nada deteriorado. La Compaña, 
cuyos techos estaban amenazando ruina, se renovó completamen- 
te; se recorrieron las bóvedas de la iglesia y los empizarrados, en 
los que se pusieron nuevos larffos trozos de armadura; y á princi- 
pios de 4 828, aquella Comunidad tan ahogada un afio antes, co- 
menzaba & pagar sus atrasos, á redimir ó arreglar sus censos, y á 
estar asistida con la decencia y decoro acostumbrados. 

En este intermedio ocurrió el memorable viaje del Rey á Cata- 



230 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

luna, y á 22 de setiembre ^alíó del Escorial, donde quedó la Rei- 
na con los Infantes y toda la Real familia. Antes de su partida dio 
las órdenes competentes para que continuasen con actividad todas 
{as obras comenzadas, y el Prior quedó encargado de activarlas^ y 
particularmente la del tabernáculo, que quería estuviese concluido 
para la iornada del año siguiente. 

Vuelto el Rey de Cataluña anunció que era su voluntad que la 
(¡esta de la restauración del tabernáculo^ tan bárbaramente desar- 
mado por el sacrilego' Quillet, se celebtase en la próxima festivi- 
dad de San Lorenzo, para cuyo dia ofreció Don Manuel Urquiza, su 
broncista de cámara, que estaría acabado. Al momento se comen- 
zaron á hacer preparativos para esta gran solemnidad; se remedia- 
ron los desperfectos que hania en jel pavjmento del templo; se lím- 
)íar6n sus paredes; se bruñeron ios bronces de sus balconajes y re- 
as; .todo en fin manifestó su brillo y hermosura: la iglesia parecja 
laber vuelto á aquellos días en que. el inmortal Joan de Herrera 
acababa de darle la última mano. . . * 

También la piadosa y Joven Reina Doña María Amalia de Sa- 
ionía, con notable desprendimiento, quisocontríbuir con sus joyasá 
ra restauración de la morada del .Eterno, y regaló una linda y bien 
labrada custodia de oro/brillantes y rubíes,, cuyo valor (según en- 
tonces^oí á varias. personas) pasa de 4.000.000 de reales. En lugar 
del antiguo y preciosísimo templete interior, recaló el Rey uno de 
cerca de 4 pies de alto, de bronce y plata; añadiendo otras muchas 
alhajas del mismo metal para el servicio del altar y templo, que con- 
sistían en ^4 ciriales, 2 incensarios con sus navetas y cucharillas, y 
4 cruz y 6 candeleros de bronce dorados .á fuego, de todo lo cual se 
hizo entrega á la Comunidad por Don Francisco Rlasco , á presen- 
cia de Don Tadeo Galomarde, Marqués de Bélgida, Duque ae Hijar 
y otros altos funcionarios de palacio, el dia' 7 de a^sto de 4828. 

puisieron los Reyes presenciar la solemne función de la restan* 
ración, y fueron ál Escorial algunos dias antes. El Prior y monjes, 
que ya tantos favores les debian, salieron á recibirlos solemnemen- 
te á la puerta del pórtico, y en el palio de los Reyes y en laigle* 
sía ardían 40.000 luces colocadas en marcos de madera, que seña- 
laban-las pilastras y arcos, y los cercos de todas las ventanas y puer- 
tas. El Escorial parecia haber vuelto á los tiempos de su'^mayor 
prosperidad y grandeza; y el 40 de agosto de 4 828 volvió á quedar 
colocado el Santísimo Sacramento debajo del tabernáculo, en me- 
dio de los cánticos sagrados.de. los monjes, y en presencia de Jos 
Monarcas y Real familia. 

La piedad de Doña María Amalia, que hubiera llamado la aten- 
ción por su virtud aunen la estrechez y mortificación de un claus- 
tro, aumentaba muchísimo el cariño que ya el Rey tenia por el Es- 
corial. Durante la jornada, el único y mas dominante placer de la 
Reina eran los ^erciciosde devoción, uniendo casi siempre susora> 
cienes con las de los monjes, á cuyo coro asistía diariamente. El 



PAETB TBBGBRA. 231 

Rey, qae trataba de complacerla , nada perdoiuiba para iá mayor 
decencia del culto y adorno de la iglesia. Los frontaltares, que ames 
se vestían diariamente segnn el color y ríto^ de la festividad, fueron 
todos puestos de estuco pQ( mano de Don J(¿é Marzal; y continuaba 
la obra de los pulpitos, que se hicieron con el motivo siguiente. Su- 
po el Rey que en el jnonasterio de Sania María la Real de Parra* 
ces^ había un pulpito antíquísímo'construido de preciosos alabastros, 
- y mandó á su marmolista fuese á reconocerlo. Este le informó no 
solo de lo estimable de la materia^ sino que serrando los tableros, 
que eran muy gruesos, podrían hacerse dos pulpitos añadiendo al- 
gunas piezas. Al instante sé puso por obra; y aunque no armonizan 
con la gravedad y arquitectura del templo,, no dejan de ser lindí- 
simos.. Los bronces, ele cuya materia son sus adornos, pasamanos 
j tornavoces, se hicieron sobre dibujos del Señor Galvez, bajo la 
dirección de Don Manuel Urquizá, y después por muerte de este 
<^oedó encargado D.on Manuel Lacaba. El coste de estos dos pulpitos, 
sm contar por supuesto el valor de los mármoles, sino los bronces y 
hechuras, ascendió á 75.000 duros. 

También tomó DofiaMaria A mali» muchísima afición por la Ca- 
* sita llamada de Arriba,- y al momento se trató de mejorarla y dar- 
la mas ensanche. Pidió el Rey terreno para rodearla de bosque, y 
la Comunidad lo concedió al momento. Aunque el terreno no era 
muy bueno, en poco tiempo se hizo el bosque y jardín, que quedó 
sin concluir por la qiuerte de la Reina. 

Mas en este círculo inmenso, sembrado siempre de bienes y ma* 
les, qu<^ describen las cosas humanas; en esa. rueda instable, cuyo 
movimiento rápido, inevitable, atrae sobre los hombres y sobre las 
cosas^ vicisitudes tan contrarias, iban á volverse á presentar para el 
Escorial azares de consecuencia inmensa. La joven Reina Doña Ma* 
ría Amalia de Sajonia murió en Aranjuez el dia 47 de mayo de 
1839, cuando sólo contaba veinte y cinco años, cinco meses y seis 
.días de edad; derramando un profondo sentimiento en todos los es- 
pañoles, que la amaban porque era buena, virtuosa, anjel de paz 
en medio del suelo español; y al Escorial afectó mas directamente 
esta pérdida, porciue su piedad le aseguraba su protección y le ofre- 
cía engrandecimiento. 

No se afectó menos Don Fernando Vil, que la amaba tierna y 
cordialmente, pero Iá dignidad de Monarca le obligaba á disimular 
su sentimiento. A este sufrimiento interior , y al recuerdo de esta 
pérdida, se atribuyó el accidente de que fué acometido en el coro 
del Escorial en el otqflo de este mismo año. Asistía, como lo tenia 
de costubre, á la letanía, en un sábado de octubre, y ocupaba la 
silla prioral del coro alto , puesto de rodillas y apoyado sobre el 
reclinatorio. Allí era el sitio donde siempre encontraban sus ojos 
á la devota y ¡oven Reina; desde aquel punto mismo la había con* 
templado mucnas veces hermosa como un ángel y devota como un 
anacoreta; y sin duda afectado por este recuerdo cayó de repente 



238 HISTORIA DEL B8G0RIAL. 

al suela, revolcándose violeatamenle entre el reclinalorío -y la silla 
con mncbisimo peligro de estropearse. El Infante Don Gárfos, qae- 
estaba á sn lado de rodillas, quedó inmóvil como una estatua, y 
levantados los ojos y ambas manos al cielo clamaba:. Señor; sal-, 
vád al Rey. Él gentilhombre de cámara corrió á dar aviso á pa- 
lacio, y los monjes se agolparon para sostenerlo jrjacarle del es«* 
trecho.paraje en que se hallaba ,' colocándole al pronto sobre' un 
montón de sus mantos que habían hacinado en el suelo. Todos '<^or*- 
rian, todos se ajítaban^ todos estaban aturdidos,. sin atreverse á to- 
mar disposidon ninguna. Los monjes, aunque participaban de este 
mismo atu»iimiento, hacían algo sin embargo; unos le aflojaban 
la ropa, otros le rociaban líjeramente con agua» le aplicaban vina* 

{;re a las narices; pero el Rey no volvía de su accidente. XJno de 
os monjes .trajo un colchón de su cama, sobre el cual se le colocó, 
y fué conducicK) á palacio en manos de los monjes , que se volvieron 
al coro á rogar á Dios por la salud del Monarca, d^ quien tantos 
favores habían recibido. Afortunadamente la indisposición del Rey 
fué muy pasajera, y su salud estaba restablecida pocos dias después. 
Aunque había tenido Femando Vil tres esposas^ en ninguna se 
habia logrado la suciesion, y España suspíraoa por un heredero. * 
Esta consideración le decidió á formar otro nuevo enlace,- y contra- 
jó matrimonio con Dofiia Maria Cristina de Borbon, princesa de Ña- 
póles, por cuya elección se decidió con tan plena voluntad, que yo 
mismo le oí decir: Otras veces mé han casado, ahora mé caso yo. 
En efecto, la juventud, las gracias, el talento, el carácter dulce de 
la nuqva esposa eran mas que bastantes ¿ cautivar'el corazón de 
un Rey; y al preseiítarse en Espafia llevó tras si las simpatías de 
todos sus vasallos, que muy pronto vieron colmados sus deseos y 
asegurada la legitima sucesión por el nacimiento de una heredera 
del trono, de nuestra Reina y señora Doña Isabel II, que fué jura- 
da príQcesa de Asturias en virtud de la pragmática-sanción publi- 
cada en SO de marzo de f 830. Cuando Doña María Cristina fué por 
primera vez al Escorial ya ent madre, y aque\la Coipunidad tuvo' 
el placer de recibirla juntamente con la heredera del trono, que 
entró debado del palio en brazos dé su nodriza. 

Eo medio de -estos acontecimientos no se habia olvidado el Rey 
de llevar á cabo el restablecimiento del Escorial, que por el testa- 
mento de Doña Maria Amalia habia recibido 600,000 rs. en dinero 
ó alhajas, pero también Is^ pesada carga de tres aniversarios anua- . 
les, muchas Misas rez^id^s y dos diarias de hora fija, esto es, una 
á las siete v otra á las once. El Prior, que habia sido reelejido en 
principios de 4830, quería que se emplease esta cantidad en redi- 
mir censos; pero los testamentarios dilataron nnucho la entrega del 
dinero, se intrigó para que el dictamen del Prior no se adoptase, 
y por fin se compró y reedificó una casa en la calle de Preciados^ 
esquina á la de las Veneras, 

En este segundo trienio tuvo el Rmo. Cruz la satisfacción de 



PARTB rVACBRA. 233 

recibir una Bula del Papa Pió Vil, dada en Santa María la Mayor 
á S8 de setiembre de 4830, en que se le concedía el uso de Pon- 
tifical como i ioS/ Abades mitrados de la Orden de San Bernsurdo 
en el reino de Portugal. No cabe duda jque esta concesión aQadia 
mucho brillo y decoro, no solo al culto de aquel magnífico templo, 
sino también a la, dignidad Prioral; y era muy honroso y satisiac- 
torio (lara el Rmo. Cruz, á quien personalmente venia hecha la 
concesión. Sin embargo^ él, celoso siempre del lustre de la corpo- 
ración, no quiso para sí' solo, tan singular gracia, y suplicó á S. M. 
pidiese .que esta concesión se ampliase á lodos los Prelados sus su* 
cesores, comease hizo por otra nueva Bula del mismo Sumo Pon* 
tlfice. (Guán poco había de durar esie' último honor dispensado á 
lan^insigne . monaslerió. 



CAPITULO lY. 



Muerte del Rey, jr sus funerales, '■^ Causa de infidencia contra el Prior del Escorial,-^ 
Conducta indigna de algunos monjes,^- Conclusión de la causa contra el Prior, y su vuel^ 
ta y recibimiento en el monasterio. '-'¡nombramiento de nuan Prior. — Ocurrencias 

■ • particulares. 



Desde los memorables atcontecimientos de la Círanja en se- 
tiembre de 4839, la salud del Monarca de Espafta no bahía pre-^ 
sentado esperanza ninguna de liiejoría, y los partidos políticos se 
preparaban para cuanao llegase el ínorneuto de su nbuerU. .£n muy 
mal estado y con mucha dificultad fué trasladado & Madrid, donde 
al año le repitió el accidente, y murió á las cuatro de la tarde del 
29 de setiembre de 4833; Su cadáver fué conducido al Real Pan-' 
teon« y colocado en el pudridero con las formalidades y ceremonias 
de costumbre. 

Mucho sintió la Comunidad la muerte de un Monarca que tan-, 
to 4a había favorecido, y que tan cuantiosas sumas había inverti- 
do ea restaurar el edificio y el culto. A fuer de agradecida, ya en 
vida le había concedido en un acto capitular el título de Restaura» 
dor del Escorial , y le había acordado los mismos sufrajíos que á 
Felipe II y á los demás reyes de la casa de Austria. En su muerte» 
después del entierro, que se hizo con toda la pompa y solemnidad 
posible» determinó el Convenio hacer uoas solemoísimas honras, 
que se celebraron el 44 de octubre del mismo afio; y para esta 
triste función se estrenaron los pulpitos que había mandado cons«- 
truir á su costa, y en el del lado del Evangelio pronunció la Ora- 
ción fúnebre el autor de esta historia , que volvió á cumplir este 



934 HISTORIA DBL BSOORIÁL. 

triste deber en igaal día del aQo siguiente de 4834 en presencia 
de una. comisión enviada por la Reina Gobernadora, de que ve- 
nia encargado el Excmo. Sr. D. Juan Villaronte,. hoy Contador de 
la Real Casa. 

Después de la muerte del último Monarca se tabian agolpado 
sobre esta nación vicisitudes y males de gran consideración. Habia 
aparecido la libertad; pero los que vivian de abusos tolerados por 
tantos aftos, los enemigos de la lejUima sqcesora al trono de Es- 

f^aña, habian encendido ya la guerra civil, que comenzaba á aso* 
ar las mejores y mas ricas provincias: las pasiones desbordadas 
habian manchado con sangre inocente las calles y templen de 
la capital, al mismo tiempo que el azote del cielo, el cólera asiáti* 
-co, diezmaba de un modo horrible el número de sus habitantes. . 
Ninguno de estos male$ habia llegado al Escorial, que se man- 
tenía pacifico y floreciente ala sombra de la bueih administración 
establecida; pero no había de tardar mucho en sentir los efectos 
de la revolución: muy pronto liabían de invadirlo las pasiones po- 
líticas, que querían á toda costa ganar prosélitos, ó aestruir á los 
que Suponían enemigos. Desde la muerte del último Monarca ha- 
bia comenzado á correr la' necia vulgaridad de que en el panteón 
del Escorial se oían arrastrar cadenas por la nocnes; que la som- 
bra de Fernando YII aparecía' con* frecuencia en aquellos anchos 
claustros; y que al mismo Prior 'le había declarado la nulidad de 
su último testamento. En el siglo XIX nadie cree ya. en apariciones 
de níuertos, ñi da crédito á revelaciones de esta clase,* y todo el 
mundo reía al oír estas patrañas, como de las consejas ae brujas 

{duendes que se cuentan á los niftos para, entretenerlos. Sin em- 
argo, esto llevaba un objeto, que el Rmo. Cruz lleno de 
previsión comprendió perfectamente; y recuerdo que, hablándole 
un día 'de lo ridiculo y pueril de estas voces, me contestó estas pa- 
labras proféticas: Aunque es teicdad que en el fondo son ridieulasj 
en la realidad.no lo son tanto; esas voces ^ue se esparcen son un tiro 
contra la Comunidad^ t/ esas cadenas quierq Dios no vencían á caer 
sobre mí. La esperiencia mostró bien pronto que no era infundado 
su cálculo. ' ' 

Había en los últimos meses tomado algunas disposiciones útiles 
en fovor de la Comunidad; habia contenido con mano fuerte, y aun 
habia formado causa y arrestado á algunos monjes jóvenes insen*- 
satos, que intentaban temar parte en las reyoeftas é intrigas po- 
líticas, dando cuenta de todos sus actos á S. M. por conducto de su 
Mayordomia mayor; y en todo vivía muy sobre aviso, pero tranqui* 
lo y confiado en su conciencia y recto proceder. 

Salía la Comunidad del refectorio cerca de las 49 del día 49 de 
diciembre de 4834 j cuando vio invadidos sus claustros por unos 
cuantos paisanos de la población, lo mas. miserable y andrajoso.de 
ella, que armados de carabinas y puftales iban en busca del pacifico 
Prior, como lo hubieran podido nacer para penetraren la cueva del 



PARTB TERCERA. 235 

mas atroz y desalmado bandido. A este íninundo tropel segaia el co- 
misario regio , que era an Alcalde de corte , escoltado por diez ó 
doce hombres de cuerpos francos de los llamados enioaces peseteros, 
y de un escribano y dos escribientes. A. su llegada var las puer-r 
tas de la celda prioral estaban cercadas y tomadas por los jpaisanos; 
y el Prior, que desde la mañana tenia aviso cierto de la llegada de 
una comisión regia , esperaba tranquilo én la secretaria, donde iba 
á sentarse á la mesa. No tuvo el iuez consideraron á esta circuns- 
tancia; en ei momento le intimó la* orden de arresto y le hizo pasar 
á su habitación particular (la celda chica), que registró detenida- 
mente, y después comenzó un escrupuloso escrutinio en sus pa* 

peles. 

El primer momento fue de susto y espanto para la Gomú* 
nidad, y su primer impulso de indignación hacia aquellos aue, tan 
contra la lej y el deber,, hablan allanado de un modo tan bárbaro 
aquel edificio tan respetable. Pero nadie se atrevió á tomar medida 
ni precaución ninguna; solo el que escribe estás lineas sé atrevió á 
llamar al jere de un destacamento de Guardia Real provincial que 
estaba en el Sitio, y á pedirle protección contra aquella turba que 
invadía el monasterio, y de cuyo carácter y traza todo podia temer- 
se. Aquel pundonoroso y noble militar acudió al momento con toda 
la fuerza que mandaba, y la situó en el claustro principal alto. Al 
momento se presentó al juez y al jefe de los tiradores , á cjuienes 
advirtió qoe ^n nada impediría elcumplimiento de su comisión, pe- 
ro estando encargado de la gaarda del edificio y sus preciosidades, 
castigaría con todo el rigor de la 'ordenanza á cualquier soldado ó 

f»aisano de ios que habían entrado con S.Sría. que osase escederse en 
o mas mínimo. Hizo luego «alir álodbs los paisanos armados, rele- 
vó las centinelas de tiradores sustituyéndolas con sus granaderos* 
ya consecuencia de estas medidas ermonasíerio quedó á cubierto 
de todo desmán, y los monjes seguros en cuanto á sus personas. 

Corrí en seguida á dar cuepta de tan desagradable aconteci- 
miento al Sermo. Señor Infante Don Francisco de Paula, que se ha- 
llaba en el Escorial con toda su Real familia, y S. A. me recibió 
con una amabilidad que no olvidaré jamás, y me manifestó lo mu- 
cho que sentia aquella desgracia, por el singular afecto que síem-r 
pre habia tenido á la Comunidad, y por su Prelado. Pero S. A. 
nada podiá hacer,' puesto que se trataba del cumplimiento de una 
comisión Real y de los trámites de justicia. 

Toda la tarde se invirtió en el riguroso registro de la celda ^ 
papeles, y á la noche el juez determinó llevarse al Prior preso á 
una casa de la población, y él estableció su tribunal en la fonda de 
Milaneses. En vano le hice presente la ninguna necesidad.de sacar al 
Prior del monasterio, y los graves inconvenientes que de ello po- 
drían seguirse; en vano le supliqué permitiese á un monje acon\- 
f)añarle en el arresto para sostenerle y consolarle en aquella tribu* 
ación: el juez contestaba con palabras dulces que le era imposi- 



236 HISTORIA DEL BSOORIiX. 

ble, qoe'su deber sagrado' se lo prohibía, y su mandato fue cum- 
plido. A las nueve de la noche el Prior fue saoado del monasterio 
y llevado á casa de una sobrina suya, donde quedó incomunicado 
con centinelas de vista. . - . 

Si el juez hubiera procedido de buena fe, indudablemente hu- 
biera conocido en su ilustración que los primeros procedimientos de 
aquella causa, al menos en la parte que concernia al Prior del Es- 
corial, eran una calumnia grosera y bajamente fraguada por el ca- 
pitán de peseteros Don Antonio Amieba, qoe la habia comenzado, 
con el objeto sin duda de esplotar la riqueza de los dos monaste- 
rios del Paular y del Escorial, á cuyos Pfehidos se hacia Ggurar en 
ella; y después de no haber encontrado ni una. sola prueba, ni una 
sota sospecha, ni el mas leve indicio en su largo y minucioso escru- 
tinio, hubiera tratado al Prior con mas benignidad. Pero entonces 
se tenia un interés en que aquella Comunidad, cuya existeifcia ha* 
bia respetado hasta José Bonaparte, apareciese en su Prelado,Como 
enemiga de las actuales instituciones, y de alli tomar protesto para 
acabar con ella. Cerró por tanto el juez sus ojosáfa evidencia 
y sus oidos á la voz de la justicia, y las indagaciones se comenta- 
ron con tanta parcialidad, con tan marcada animosidad contra el 
Prior, aue aturdia hasta á los mismos enemigos. 

. No faltó, por desgracia, quien entrase en sus ideas y quien le 
ayudase en su injusto proceder. Algunos monjes aue estaban can- 
sados déla larga Prelacia del (Imo. Cruz, olvidaaosde lo que se 
debian á sí mismos, y de qué contríbuian á la destrucción y ruina del 
monasterio, pidieron Ucencia al juez para declarar contra su Pre- 
lado. Por fortuna ninguna de sus delaciones calumniosas trataba 
de delitos de infidencia, sino de chismes puramente domésticos y 
administrativos, que otro juez hubiera rechazado con indignación, 
puesto que nada tenían que ver con su comisión, que no se ésten- 
día á fiscalizar los actos pertenecientes al gobierno raterior de la Co- 
munidad ó á su administración. Pero los voluminosos .autos que 
entonces se formaron, pueden atestiguar aún de que se buscaba un 
delito que no existia. 

Diez y noeve.dias hacia aue el Prior estaba preso é incomuni- 
cado en aquella Qasa particular, y aún no se le habia tomada la 
trímera declaración indagatoria que la ley manda se tome en las 24 
oras después de verificada la prisión ; prueba de la mala fe del 
t'uez, aue buscaba caraos qoe poder hacer, y que antes no resulta- 
tan del proceso. Por fin, tomada la primera declaración en 7 de 
enero , dispuso el juez que el Prior y otro monje aue habia preso, 
llamado Fr. Fidel María Carrasco, fuesen trasladados á la casa del 
Nuevo Rezado en Madrid, como se verificó el dia 9. Allí continua- 
ron presos, incomunicados y con alguaciles de vista , cuyas die- 
tas ascendían á cerca de 300 reales diarios, sin contar el gastó de 
comida. 

Referir todas las nulidades, todos los amaños, todas las intrigas 



PARTE TERCERA. 937 

de aquella volumÍDOsa causa, sería iaterminable, y me alejaría de 
mi propósito; por lo tanto, sin mas que indicar sus trániites pasaré 
á su cQnplttSÍon. Nó se dio por completo el sumario hasta el 2f de 
febrero, en cuyo dia pasó la causa al fiscal. Este tardó hasta 4.® 
de abril en devolverla, pidiendo se recibiesen á la mayor breve- 
dad las confesiones con cargos. En esta operación se empleó hasta 
eH^, y en ella los principales encausados se retractaron, pública- 
mente de sus primeras declaraciones, afirmando solemnemente que 
hablan sido violentados á declarar contra el Prior del Escorial. Que- 
dó este en comunicación desde el dia 40 en que le fue tomada la* 
confesión con cargos/y los autos volvieron al fiscal el 85 de dicho 
mes de abrif. 

Por mas diligencias que se hicieron, por mas medios de todo 
género que se emplearon, no se podia lograr que el fiscal emitiese 
su dictamen. Pasaba los meses en aquella inacción, la salud del 
Prior comenzaba á resentirse de tan largo encierro, y los gastos eran 
muy considerables. Cada dia inventaban un nuevo motivo para no 
devolver los autos; cada dia se fraguaba uña nueva intriga: sin em^ 
líargo, nada consiguieron; la inocencia triunfó tan pronto conrio la 
causa salió de manos de hombres interesados en faltar ala justicia. 
Cansado el abogado defensor, que lo era el Excmo. Sefior Don Joa* 
quin.María López, y el procurador Don Mauricio de los Mártires, de 
las dilaciones antilegales del fiscal y de los amaños del juez, formu- ' 
laron un escrito lleno de verdad y energía, y consiguieron que se 
pidiese' el sobreseimiento, y pasase en consulta al Supremo tribunal 
de Justicia; y el fiscal de la ley, con fecha 1 4 de ^tiembre de 1 835, 
dio su dictamen arreglado á justicia, que entre otros párrafos con- 
tiene los siguientes. 

^^Respecfto al Prior del Escorial y demás consortes comprendi- 
9dos en el auto consultado, se observa desde luego que han sido 
«víctimas de la inmoralidad y conducta relajada de algunos crimi- 
»ttales, que pensaron disminuir su delito y libertarse del castigo 
»que les espera, complicando en.lá causa á cuantas personas les pa- 
asaron por la imaginación, y creyeron conveniente envolverlas con 
sellos. Los cargos que á los unos ise les han hecho y la culpa que á 
»otros se les ha imputado, todo se ha desvanecido completamente, 
9ya con la retractación de los testigos mas principales , ya por no 
«resultar prueba ni aun semiplena de los Hechos de quedan sido 
«acusados; de modo que la intriga y la calumnia, que han sido úni* 
«camente Jas que han comprometido el sosiego y tranquilidad' de 
«estos procesados, ha quedado en descubierto , y preisentádose con 
«todos $us horrorosos matices. 

«Esto supuesto es indispensable , en concepto de este ministerio 
«fiscal, que la Sala no solo apruebe el sobreseimiento, sino que de- 
«clare que al Prior del Escorial y consortes no debeservirles de no- 
via alguna en su buena reputación la prisión que han sufrido, ni la 
«formación de ésta causa, con las demás aqlaracíones de reserva de 



238 HISTORIA OBL BSCORíAL. 

«derecho oue corresponden y son consiguientes^ puesto que ni aun 
«esta satisfacción podrá de modo alguno recompensarles de las in- 
'» comodidades, disgustos y gastos que indispensablemente han debí- 
»do producirles estos procedimientos crímmales, etc.^' 

No podía ser mas espjfcito y satisfactorio el dictamen fiscal, que 
la Sala aprobó en todas sus partes; y el Prior y el otro monje que 
con él estaba preso fueron inmediatamente puestos en libertad, y 
restablecido su buen nombre por la sentencia que el Supremo tri- 
bunal dio en S3 de setiembre de 4835, y de (rae conservo copias 
atíténticas. Obtenido este documento , el atribulado Prior fue á dar 
las gracias yá despedirse de la augusta Reina Gobernadora, poníen- 
' do al despedirse en sus Reales manos la renuncia de una prelacia 
que con tanto lustre y acierto habia desempeñado por espacio de 
nueve años, y que tan amargos sinsabores le habia producido. 

Sin embargo, le esperaba una satisfacción completísima, una 
alegria que solo puede concebir el que, después de una larga tri- 
bulación, haya participado alguna vez de' sus dulces emociones. 
El 28 de setiembre verificó su vuelta al monasterio, y desde que 
entró en la Lonja , el pueblo todo se agrupó al rededor del car- 
ruaje. Qombres y ^mujeres, niños y ancianos, todos gritaban: Vi- 
va el Prior ^ viva la imcéncia. Al apearse del carruaje, frente ai 
pórtico, fue tanto el afán por verle y besarle la mano, tanta la gen- 
te que se agolpó á felicitarle, tantos los que querían manifestarle su 
alegría , que tuvo c|ue estar largo rato detenido para dar lugar á 
tan tierna como satisfactoria escena. La Gomunidaa, formada en dos 
filas y acompañada de los niños del Seminario , esperaba dentro 
del magnifico patio de los Reyes: 450 monjes lloraban de ternura y 
placer viendo ya libre á su Prelado, y lavada aquella corporación 
de la fea mancha que se le había querido imputar. Concluido el Te 
Deum^ dadas las gracias al Todopoderoso por el completa tríunfo de 
su inocencia, y recibidos los tiernos abrazos -v parabienes de los 
monjes, se retiróla su celda a esperar tranquilo la admisión de su 
renuncia,* admisión que fue una desgracia para aquella casa. 

Durante su larga prisión, las pasiones, escitadas por las circuns- 
tancias, habian trastornado el interior del monasterio, y personas 
entonces *de algún valimiento habian comenzado i ejercer en él 
una influencia perniciosa. La renuncia del Rmo. Cruz debia ser ad- 
mitida muy pronto i para comenzar á poner en ejecución los planes 
que la ambición dé algunos habia concebido; y en efecto, no se 
hizo esperar muchos oías. Las circunstancias estraordinarias ba« 
bian sido causa de que durante estos acontecimientos se hallase de 
Vicario del monasterio un joven que, por su poca salud, en jos pri- 
meros años no habia podido seguir los estudios, y las vicisitudes 
políticas y su contestura, entonces enfermiza y débil, le habian 
obligado á pasar la vida fuera del monasterio: era por consiguiente 
de los qué menos le iconocian teórica ni prácticamente. Mas sin em- 
bargo, por influjo del entonces Secretario de la Máyordomía ma- 



PÁRTJI TBRCBRA. 239 

yor, S. M. tuvo á bien nombrarle Prior del moaasterio del Esco- 
rial , y de poner en sus mauos la suerte de aq.úel inmortal monu- 
náeñlo, y de aqdella numerosa y respetable Comunidad ; y á pesar 
del estaao político de la nación , fue confirmado en 7 de setiembre 
del mismo año. 

No podía ser mas satisfactorio el estado económico-administra- 
tivo del monasterio al tiempo de «tejar su gobierno el Rmó. Cruz. 
£1 edificio estaba en muy buen estado' de ^conservación ; las fincas 
todas estaban perfectamente cultivadas y cuidadas; siis casas-iadmi- 
nistraciones, además de muy bien amuebladas^ contenian porción 
considerable de granos , calaos y' otros productos; los réditos de 
censos que gravitaban sobre las reatas del monasterio estaban paga- 
dos con retigiosidaH hasta el último semestre vencido; y la tesore- 
ría de la casa (el arca) encerraba aproximadamente 700.000 rea- 
les en metálico, sin contar mas de 250.000 que formaban un depó- 
sito perteneciente á los monjes particulares, y las provisiones y 
efectos que encerraban sus almacenes. 

Los primeros actos del nuevo Prior fueron una oposición ma- 
nifiesta a su antecesor^ y los hombres sensatos conocieron por 
este proceder , y' por algunas de las personas á quienes puso al 
frente de la administración, lo poco que había que esperar; y la Co- . 
munidad toda previo el daño material que en lo sucesivo le cau- 
sarla Ja influencia, ó mejor dicho .el dominio que sobre el nuevo 
Prelado ejercía el Alcalde mayor del Sitio» que era iin joven Je 26 
años, protejido del entonces Secretario déla Mayordoroía mayor, y 
que disponía á su arbitrio lo que mejor le placía. El misma dijo que 
se proponía (fonveríir su empleo en un benencio simple, y lo consiguió 
coínpletamente. La primera gracia que el nuevo Prelado: le conce- 
dió me nombrarle asesor del monasterio con 8.000 rs., contra lo 
establecido en la Comunidad; su favorecedor en Madrid le nombró 
administrador del Sitio ; y la mayor parte de los antiguos emplea - 
dos fueron depuestos por aesafectos, sin sueldo ni consideración. No. 
había mas ley que su voluntad; la Comunidad y la población no se - 
atrevían ni aun á auejarse del Alcalde, que desde allí había de co- 
menzar á figurar aígun tanto en la arena política. 

No era otra la senda que se seguía, en lo interior del monai$te- 
rio: él Prior, apoyado en el favor que entonces disfrutaba, se había 
declarado dueño absoluto de todo; las constituciones de la .Orden 
fueron holladas; las formalidades que se observaban en la parte ad- 
ministrativa fueron abolidas; la respetable diputación de ancianos, 
que revisaba las cuentas y aconseiaba en. los asunto^ graves, quedó 
estin^uída de hecho; el gasto se iba estrechando diariamente; y los 
monjes eran tratados con dureza y hasta con desprecio. . 

Del modo mas misteriosoy oculto que puede imaginársele tra- 
taba entre tanto de la suerte futura del Escorial, y se causaban á la 
obra de Felipe II males sin término, que aún están afectando y afec- 
tarán por muchos años su conservación material. Sin contradicción 



240 HISTORIA DBL BSCORIAt. 

de Díngan género, sin pádir siquiera que se tomase en debida pro- 
porción la parle de censos correspondiente, dejaron c|ue se declara- 
sen bienes nacionales. la abadía de Parraces j el priorato dé Santo 
Tomé de Pie de Puerto: las fincas que se habían vendido eñ los años 
desde 1820 á 1823 volvieron justamente á sus dueños, pero sin to* 
mar en consideración sus mejoras, y sin que la Comunidad haya 
sabido hasta ahora qué se hizo de los muebles y efectos que conte- 
nían. Tampoco se hizo reclamación alguna sobre el soto amenísi- 
mo del Piul, aunque constaba que no se había pagado, ta casa del 
Nuevo Rezado en Madrid fué vendida, y gracjas á las reclamaciones 
de la ilustre Academia de la Historia, fue anulada su venta. A esta 
misma corporación^ yásus nunca bastante ponderados esfuerzos se 
debe el que la biblioteca, que el Gobierno habia declarado nacional 
por decreto de 14 de febrero de 4836, quedase bajo la inspección de 
este .cuerpo literario, esencialmente conservador, que ha tenido la 
gloría, no solo de conservarla intacta, sino de mejorarla y aumen- 
caria al través de las difíciles y azarosas circunstancias políticas 
ocurridas en tan lar^o período. En fin, para que nada quedase in- 
tacto, nada sin recibir daño, el archivo, con motivo de la formación 
del espediente de pertenencia que aún está por resolver, fue des- 
pojado de sus documentos originales, que fueron trasladados á 
Madrid, sin hacer cjaso de las repetidas y terminantes Reales jór- 
denes que lo prohibían severamente. 

Por este tiempo, el aumento- de las facciones en la provincia de 
Toledo y valle de Tietar infundió temores de. que pudiesen dar un 
golpe de mano al Escorial; y las alhajas que habia regalado el di- 
funto Monarca, con la custodia y {8 cuadros de los mas famo- 
sos y notables-fueron traslaidados al Real palacio de Madrid, junta- 
mente con algunos efectos de palacio y la mayor parte de los cua- 
dros de la casita del Príncipe. Ni las alhajas ni los cuadros han 
vuelto; las primeras continúan en Madrid, y los segundos fueron 
posteriormente colocados en el Real Museo de pinturas. Después, 
cuando ya el peligro de las facciones habia pasado^ se continuó 
desnudando al Escorial de sus mejores bellezas artísticas, para co- 
locarlas en el Museo con el rótulo del Escorial. No sostendré que 
tan buenos cuadros estén mal en donde se hallan, pero confieso ^ue 
no alcanzo tampoco la utilidad de quitarle importancia aun edificio 
que, por espacio de casi tres siglos, se afanaron todos los monarcas 
por aumentarla; y aun creo que cada cosa que se le quita, se da un 
golpe.mas para destruirlo. . 



CAPITULO V. 



Medidas antilegales tomadas enia administración y gobierno interior del monasterio, ^^ 
Estineion^de la Comunidad. — Salida violenta 6 mas bien espuisicn^e b>s monjes.'^ 
Capilla que quedó para el cultc'-^Mnl modo con que se establecía, y efectos de esta 

medida.-^ Conclu^Qn^ 



Habían ya las Cortes acordado, y sancionado S. M.,. los dos de* 
cretos de estíncion^ y en el segundo no se hacia á fayor del Esco- 
rial la escepcion que en las épocas anteriores y en eF primef decre- 
4o se había hecho. Por consecuencia la Comunidad del Escorial es*, 
taba estinguida de hecho, si bien por la inmediata dejpendencia qu« 
sieünpre había tenido de la Caáa Real, y por eVderecho de patrona- 
to de los reyes,' no sé hizo novedad ninguna notable, ni nadie re* 
clamó seriamente .contra ia existencia de aquélla corporación. Sé 
cbroponia esta entonces de 150 monjes, entre ellos mas de 60 que 
no llegaban á 30 a&os^de edad,. y todos sin embargo jiermane- 
cieron tranquilos. y sumisos como si no hubiesen sido eslinguidos. 
El verse despojados dé la intervención y conocimiento que según 
sus leyes debian tener en la administración ; el ver que el Superior 
cubría con un misterio sos|;>e(;hoso todas susaqciones^ sin que la 
Comunidad tuviese parte ni conocimiento alguno de sus asuntos 
domésticos; el vejr la-miseria con que se les trataba, todo les hacia 
lamentarse en silencio de sii desgracia, y presentir los males que 
ya rujian sobre sus cabezas, como et rumor sordo que precede á la 
tempestad. Mas ostensiblemente todos luvier'on una paciencia y su- 
frimiento beróico; todos esperaron con fe, la determinación de su 
Reina y Señora. El 28 de junios sin haber precedido aviso ni ante- 
cedente ninguno, se les comunicó una Real orden mandando que al 
día siguiente todos se quitasen el hábito y sé vistiesen de seglares; 
y la orden fué. cumplida con la mayor puntualidad, si bien con 
grave disgusto. Uq algunos ancianos, que sentían despojarse del traje 
qua hablan vestido tantos años. * 

Esta npiisma tranquilidad de una corporación tan aumerosa, el 
poco deseo que todos manifestaban de salir del convento, era sin 
duda un estorbo para lletar á cabo los planes de los que se habian 
erijído en dueños absolutos del Escorial, y cuya ejecución estaba 
encargada al Prior. Este, cubierto siempre con el velo del misterio, 
huía hasta dé la vista dé los demás, y muy rara vez se presentaba 
en ningimo de les actos de Comunidad, contestando con ambigüe- 
dades á los pocos ancianos que se atrevían á preguntarle sobre su 

PÁRTB III. i 6 



242. HISTORIA DBL BSGORIÁl. 

suerte 'fatura. Viendo esta apatía, se intentó, otro medio mas di- 
recto y fraudulento. Un dia se presentó en refectorio, y leyó una 
orden de S. M. en la cual se decia , qué al monje que usando de la 
esclaustracion decretada por las Cortes quisiera salirse del monas- 
terio, se le .auxiliaría con la cantidad de 2.000 rs., -pagados dé los 
fondos-de la corporación. A la lectura.de la orden añadió el Prior 
algunas observaciones, reducidas .á convencer, que el qué no acep- 
tase'aquel donativo que S. M. gratuitamente le hacia, pata que 
cómodamente pudiese trasladarse al seno de su familia, tendria tal 
vez que -salir sin auxilió ninguno. El Vicario y el Maestro de novi- 
cios, combinados con el .Prior, y bajo la palabra de colocarlos en 
el arreglo definitivo, fueron los primeros que' abandonaron el mo- 
nasterio, á fin de que su ejemplo arrastrase á los jóvenes, y la or- 
den produjese el efecto que se deseaba. Perx) á.pesar del sigilo con 
que fué inan/3jada esta mtriga , los liombres sensatos conocieron 
que este era un lazo insidioso que se tendía para que la Comuni- 
-aad se disolviese por sí misma; y solo muy pocos jóvenes cayeron 
en el engaño separándose voluntariamente de la corporación. * 

Visto que este amaño no produjo el efecto que se deseaba, y 
que aquella Comunidad no moriría sino de golpe violento, fué ne* 
cesarlo resolverse; y el 30 de noviembre, precisamente en aquel 
mismo día en que 2*76 ¿ños antes se había reunido en Guadarra-** 
ma por mandado de Felipe U la respetable comisión para comen- 
zar á levantar el Escorial, fu^ el elejido para darle el golpe de 
muerte. El dia de San Andrés d^ 4837, á las^O de la mañana, 
se hallaba la Comunidad reunida en la sala prioral srande. Dos 
seglares presidian aquel acto: los ojos de los monjes buscaban al 
Prior entre los dem'ás^ pero este no tenía valor para dar por símis- 
mo á aquella corporación, digna de mejor suerte, el ^oipefatatque 
él mismo había coiUHbuido á prepara)- con tanto misterio y anti- 
cipación. Uno dejos seglares, sin preceder ningún aviso ni lorma- 
líuad, sin leer ningún documento que le autorízase para ejercer 
esta misión, leyó una orden de S. M. por la cual, con arreglo á lo 
decretado por las Cortes , quedaba estinguida aquella corporación; 
añadíendo.que era la voluntad tle S. M. que ninguno de Ips mon- 
jes, ni aun los nombrados capellanes, pudiese continuar viviendo 
dentro del monasterio. Para dar mas fuerza á esta última parle de 
la orden, y para precisar á su cumplimiento, >se añadió de palabra, 
que solo al día siguiente se pondría comida, pero que al otro ya 
á nadie se permitiría guisar en él convento. Luego sé leyó otra 
%eal orden, por la cual se nombraba al Prior, Abad administrador 
del eslinguidó .monasterio/ y se dejaba en él una Capilla compuesta 
de 46 Capellanes üombrados á propuesta del Príor. 

Pintar la escena que siguió á la lectura de 'estas' órdenes, re- 
cordar aquel día tremendo de amargura y de llanto «qnebranta, 
todavía el corazón mas inhumano é tnsíenstbie« Mas de 60 ancianos, 
todos* septuagenarios, entre los que había maebos que desde la edad 



PARTE TER£BRA. 243 

de 45 años no habian- abandonado aquel sagrado recinto^ algunos 
que ni aun habían pisado las calles del Silio\ lloraban á la vez. 
Abrazados los gnos á los otros se despedían , y suplicaban á voces 
les dejasen morir en un rincón deaquejlos claustros, bajo cuyas 
bóvedas habian pasado su larga vida., Preguntaban como enajena- 
dos qaé habian de" hacer,. á dónde habían de ir. Se encontraban 
muchos sin familia, otros á larga ti ístantia de ella, todos "sin re- 
corsos, 'sin medios de ningún género para prolongar ni ün soló^dia 
sü* achacosa y trabajada esislencía. ¡Qué será de nosotros, escla* 
maban !..<;.. Pero nadie los oia. 

£1 Abad Administrador,, encerrado en su aposento, rodeado de 
algunos de sus amigos, no presenciaba estas escenas que desgarra- 
ba]! el corazón; no veía la muerte violenta de aquella corpoiacion, 
3ue aMravés de tres siglos había sido siempre respetada en me- 
íode las mas desastrosas ocurrencias políticas; y por consiguien- 
te, los pobres ancianos no recibieron ni una sola palabra de con- 
suelo., ni socorro de ningún género en aflicción tanta. Pero la or- 
den era terminante,- y la determinación del nuevo gefe no daba 
lugar á detenciones; poco mas de treinta y seis horas era el tiem- 
po que podían estar, en el ^monasterio ; después, ni tenian medios 
de comer, ni á quien recurrir. Apenas pasaron los primeros nn>- 
mentes de pena, aquella Comunidad salió. x()mo desbandada por 
la' población á tuscar cada uno donde alojarse ; y por fortuna los 
vecinos del Sitio, llenos de cooipasíon y amabilidad, abrieron á to- 
dos las puertas de sus pobres casas, y" aun se disputaron lá satis- 
facción de recojer á alguno de los ancianos. 

£1 aspecto que al día siguiente presentaba el Escorial solo pue- 
de compararse al saqueo de una ciudad invadida por los enemigos; 
Por toaas las puertas, salían multitud de mozos cargados con Jos 
p^l^res ajuares de las tel.das'de los monjes; estos discurrían llenos 
dé tristeza de una parte á otra; por las ventanas se descolgaban 
fardos y muebles para jsacarlos mas pronto del monasterio-: al ano- 
checer del día \^ de diciembre; éste había quedado desierto ^ solo 
el naevo Administrador y cuatro ó cinco de sus amigos no se ere- 
yeron cíomprendidosien la Real orden, y se quedaron á vivir en el 
convento. " ' ' 

Cuaíqulera que hubiese sido el comisionado «eglar que en aque- 
llas círcustancias hubiera id<ó á cumplir la Real orden v cerrar el 
monasterio*,, indudablemente ja suerte de los monjes hubiera sido, 
si no mejor, al menos no tan sensible ; pero todo cuanto pasaba alH 
era irritante y cruel. Los monjes .todos, constituidos siempre en. la 
mas rigurosa vida común, carecían de todos \bs muebles, de todos 
los utensilios indispensables para la vida^ particular. £1 monasterio 
estaba lleno de víveres y efeclos de todas clases; ai Prior le cons- 
.laba la pobreza de la mayor parte ; pero ya nada les pertenecía: ni 
un hilo de ropa,' ni on bocado de pan se les había de dar; y pare- 
cieron destinados por la Providencia á cumplir aquellas terribles 



S44 HISTORIA BEL ESCORIAL. 

palabras de Jeremías: ama nostra pecunia bibimus^ li'gna nosíra 

Eretio comparavimus. ^^£1 agua que 'manaba dentro de nuestros 
ogares nos costó el dioero, y por preció adquirimos^ la lefia que 
Aos pertenecía.'' En efecto, poco tiempo después se hizo almoneda 
pública de los efectos del monasterio , y los monjes compraron en 
ella los platos mismos en que habían comido, y las camas que eran 
suyas/¿ Y qué produjo estaventa? |Ocho mjl reale^l! Pero apar- 
témonos de este cuadro desagradable y sin ejemplo ; la posteridad 
juzgará á los^ue el trazaron. Gran parte de los monjes» que pasa- 
ron por este amargo trance descansan ya en el Señor; los que aún 
viven, derramarán lágrimas al redórdar estas escenas desgarradoras. 
Aunque se hubiera discurrido para encontrar lo peor, no podia 
haberse tomado una medida mas, antieconómica, mas perjudicial á 
la conservación del edificio, y mas inútil bajo todos conceptos: El 
haber dejado completamente cerrado el edihci» hubieca sido me- 
nos perjudicial, porque no hubiera sucedido lo que sucedió, que 
po(5o á poco en los claustros altos, en los desvanes y parajes escu- 
sados fueron arrancando tpdo el herraje, ladríflos, azulejos, y aun 
maceras; las ventanas y puertas interiores quedaban abiertas, y 
los vientos las desquiciaban v destr^iian; y de repente faltó todo, 
aquella vijilancia continua, la reparación minuciosa y constante, 
y aquellos habitantes que lo miraban con el interés dé una casa pro- 
pia: los deterioros creciañ con una rapidez increíble. 

Si de buena fe , si con sinceridad, se hubiese querido la conser- 
vación del E^orial, el decoro del cuitó y el posihje cumplimiento 
de.las. cargas que los reyes habían asignado en su testamento, se 
hubiese aconsejado á S. M. la estincion de la corporación monásti- 
ca,- entonces indispensable porque no armonizaba con La política, y 
porque tal vez no se hubiera tolerado su existencia; pero se le hu- 
biera hecho ver la utilidad y necesidad de dejar alli 40 ó.mas de 
los mismos monjes, sin mas innovación que el vestir de clérigos, 
si asi parecía conveniente, y quitar algunas Costumbres que pug- 
naban con la ilustración de laepoóa. Entonces este tránsito hubie- 
ra sido fácil, natural, y de^eguros y buenos resultados. Aquella 
corporación, acostumbrada á la vida común, bebiera con guSto con- 
tinuado en ella, y hubiera gastado ícenos de los 6.000 duros que 
aproximadamente importaba el presupuesto de la nueVdT capilla, 
ifra en realidad la corporación misma á quien el previsor monarca 
Felipe II había confiado su obra magnifica; y por deber, por gra» 
titud, por tradición y coiStum'bre, hubiera seguido conservando el 
edificio, hubiera continuado el culto con esplendor, hubiera tenido 
abierto ^1 colegio, y sería una corporación útil. Tampoco habria 
sido desacertado, el que administrasen sus bienes, rindiendo 'cuen- 
tas á la Real Gasa, .que con esto se hubiera ahorrado en cada año 
algunos miles de duros, y la Reina, autorizada competentemente 
por las Bulas pontificias, de que ya he dado noticia, para nombrar- 
fiuperior á su arbitrio, tenia siempre en su mano la suerte de aque- 



PAETB TSEbERÁ. 245 

l]a casa, y la facultad de separar al que> descuidase su administra- 
ción, su coíiservacjOD y su buen orden interior. . 

Pero ja corporación allí establecida no podía llenar ningu- 
no de estos objetos indispensables ; el número de 16 no podía le- 
vantar las cargas , ni cumplir con el culto con decoro; ningún 
vínculo los ligaba ya con el edificio^ ni fíl espirku de cuerpo los podía 
estimulará mirar por su conservación, ni tampoco estaban faculta- 
dos para ello; y f educidos á un sueldo y á la vida particular abso- 
luta, al interés general sustituyó completamente el interés indi'- 
vidual. Por consiguiente / el edificio quedó no solo* deshabitado si- 
no solo, enteramente solo; nada de lo que podia estimular ásü con* 
servapion y aumento existía; no, le quedaba mas que su nombre y 
su grandeza material P^ro aun esto sb hizo mal; ni á esta Corporar 
cion se le dio un reglamento, ni se establecieron bases de conser» 
vaqion del edificio, ni se le asignó dotación nueva, ni se conservó 
la que le impuso Felipe II y los revés sus sucesores le habían seña'- 
ládo; todo se fió al acaso, todo hania de depender de circunstan^ 
cias casuales, y asi fueron y son aún los resultados. Aun bs títu- 
lo); con que se había honrado al jefe, eran hasta ridículos y vanos. 
£1 de Áaministrador era el único que podia convenirle , pero el de 
Abad no tenia ya sobre que recaer. Lá Corporación np exis'tia, 
y la Abadiado Santa María la Reálde Parraces se había entrega- 
do al Crobierno; por Consecuencia, era un título sin objeto, un AlbaJ 
sin abadía. Tampoco podia tenerlo bajo'el aspe(^to 'can()nicó, pop* 
qué la iurisdicpion del territorio veré nullius estaba concedida, po á 
la persona sino á la dignidad de Prior^ y estando estínguid^ ésta, 
la jurisdicción de hecho y de dere^cho había vuelto aí Sumo Pontí- 
fice, único que tegalmente podia ejercerla, único que podía dele- 
garla. ¡Cuántos males materiales y morales hubieran poaido evitar- 
se si se hubiera oído el diclamen de las personas inteligentes y 
amantes del Escorial! Mas se había atropellado por todo, y la par- 
te canónica no había dé quedar ilesa. 

En consecuencia del nuevo arreglo se comenzaron á tomar al-, 
gúnas medidas, y las. celdas de los monjes se convirtieron en ofi- 
cinas del nuevo Admiqistrador, y el monasterio dejó de serlo, y no 
fue mas que qI gran palacio del Ab%d. Duró sin embarco muy poco 
tiempo; y en el torbellino político que todo lo envolvía con rapi- 
dez, cayeron del favor los hombres que habían formado aquel plan, 
y en enero dé \ 838 vino úná comisión , y en su consecuencia el 
Abad Administrador después de un largo espediente que se le for- 
mó, y que obrará en la Intendencia de^palacíó, quedó solo con la pre- 
sidencia de la capilla, y s^ su* vez fue también obligado á salir del 
monasterio. Desd6\entonces quedó allí establecida una administra- 
ciojü como todas las que dependen de la Real Casa, servida por se- 
glares. 

Fuerza ha sido hacer mención de todas estas circpnstancjas, por- 
que han sido, y aún serán por muchos años, de una consecuencia in* 



246 HISTORIA SBL BSGOAIAL. 

meQsa para el edificio. Ya en 4839 eran muy notables los delerior 
roi^, y él moaumento que tanto horira á.naestra patria, caminaba á 
pasos ajígantados á sa completa ruina. Los empizarrados y emplo- 
mados estaban en malísimo estado; el agua y las nieyjes se haoían 




^jetaba abundantemente en sus -cornisas y 
chísimas de sus vidrieras; uno de los cbapiteles de las torres ame- 
nazaba desplomarse de un instante á otro; y cada dia oue pasaba 
se íba.haciendo mas difícil su remedio. Dn hundimiento de conside- 
ración habría acabado de decretar su ruina y abandono. 

Por fortuna no llegó estecasp; la Real Casa, dirigida por el 
tutor de S. M. Don Agustín Atgüelles, bajo la administración del 
Excmo. Sr. Don Martin de los Heros, personas tan paras co- 
mo ilustradas , dirigió una mirada de interés hacia aquel monu« 
mento artístico , hacía aquella piedra preciosa de laxorona, que 
ikménazaba ya dqsprenderse de su engaste, y desde 4B41 á 4842 se 
hizo nuevo enteramente el capitel de la torre llamada d^ la Botica; 
se compusieron las bóvedas ael templo, las del clausfro principal 
alto, y la dé la sala de Batallas, que se cubrieron y emplomaron de 
nuevo; y se repararon grab parte de los desperfectos, bajo la direc* 
cion de Don Teodoro Galvez^ ayuda de arquitecto de lá neal Casa: 
de modo que el edificio recibió una reparación qué le aseguró por 
gtlgunos años. . ^ ^ 

I Los jefes aue sucésfvamente han regido la administración dé la 
Real Casa, todfos han hecho esfuerzos laudabilísimos por la conser- 
vación de aquel monumento. El, Excmo. Sepor D. Pedro Egaña, 
calculando con verdad que un edificio tan vasto no podía conser- 
varse sin habitantes, aconsejó á S. M. que la Corporación de cape- 
llanes, que víviaen casas particulares, aumentada hasta el número 
de 30 individuos pasase á ocupar y cuidar del monasterio; y asi se 
mandó por Real decreto de 9 de febrero de'4847. Mas esta dispo- 
' sicion, justa Y acertada en el fondo, era ya tardía. Los.vínculos de 
la antigua corporación, su identidad con él edificio estaban destrui- 
dos, y el decreto no los restablecía. Diez años habían creado intere- 
ses nuevos ; los capellanes mismos se habían acostumbrado á una 
vida enteramente diversa de la del monasterio ; y lo que en 1837 
era facilísimo y útil , en 1847 ha presentado grandes dificultades, 
que aún no se han vencido > y no ha producido ni puede prodiicir 
el resultado que se apetece^ la mejor y mas económica conseirvacíon 
del edificio! . . * " 

La salida de D. Pedro Egaña fue causa de que por el pronto no 
tuviese' efecto esta Real determinación, mas no por esto se des- 
cuidó la conservación del mausoleo de los Reyes de España. El 
Excmo. Señor Don José Peña Aguayo, que sucedió en la, Inten- 
dencia de la Real Casa.y Patrimonio, viendo que las rentas' no al- 
canzaban con mucho á cubrir el presupuesto ae la administración, 



PARTE TERCERA. 247 

que harto bacía con pagar sus empleados, señaló 6.000 duros anua- 
les,- pagados por la tesorería de la Jleal Casa, y con destino esclusi- 
vo á la. conservación del edificio; y con este auxilio continúa en i» 
regular estado de conservación. - 

Toma entonces las riendas del íjobierno de Palacio el Exorno. 
Señor Marqués de Miradores, que ásus vastísimos conocimieú- , 
tos políticos une los literarios y administrativos, ^ heroiana el 
esplendor de. su cuna con una laboriosidad y actividad poco co- 
munes] y si bien sus miras se fijaron en aumentar el decoro y es- 
I>lendor del troná, se estendieron a un tiempo ala mejorando, todas 
as dependencias del Real patrimonio, y se aíjijíeron con preferen- 
cia aL Escorial ^^ donde comenzó á echar las bases de un porvenir 
halagüeño. La Corporación de capellanes comenzóla habitar el 
monasterio; mandó establecer cátedras públicas; la- biblioteca, esta 
rica joya de la literatura, fue á sus instancias reincorporada al Pa- 
trimonio de S. M., y la asignó 1 .000 rs. mensuales para hacer pna 
nueva estantería, dotrde loirmanuscritos se conserven con mas de- 
cencia y esmero. Sobre las fincas pertenecientes al Escorial había 
preparado justísimas reclamaciones; y la conservación del edificio 
y de las belleza^ artísticas y literarias que encierra era atendida 
con preferencia. Pero* su gomerno fue demasiado corto; no tuvo 
tiempo para desplegar completamente su grandioso proyecto , ni 
aun para demostrar xon tos rebultados lo justo, lo entendido, lo bien 
calculado de sus planes. Pero gracias á sus esfuerzos el Escorial 
subsiste. ¡Ojalá los siglos venideros puedan repetir lo mismo, para 
gloria de es^a nación y orgullo eterno de los españoles amantes de 
sn patria. ^ . • 




< » 



> I I 



aiDM^sr^ 



Restablccin^ento de la Comunidad. -^Ifombramiento de Prior jr 3u continuación»^-' 
Ceremonia de lajnstblacion en ^ de maya de 1854.. ' 



Se bailaba ya- enr prensa lesta segunda edición, cuando S. W. la 
Reina Doña Isabel II tuvo á bien es|$edír el Real decreto de 3 de 
mayo de este año disponiendo el resta))leci miento en el Escorial 
de una Comunidad de religiosos, rejida ^ gobernada por la regla de 
San Gerónimo, volviendo á conGar el cuidado de aquel célebre mo- 
numento á los mismos. á aniones su Fundador lo dejó encargado, y 
que al través de tres siglos lo habian conservado con tanto celo, 
interés y economía, como ha podido notarse en el discurso de esta 
historia. ' . 

En consi^cuencia, pues, de esta soberana disposición, el día 90 
del mismo mes, preparadas de antemano las cosas necesarias i la 
gran solemnidad qué iba-i tener lugar en aquella casa del silencio, 

Ídespue^^de cantarse la hQra de Prima por I03 monjescon ol n^im- 
re de capellanes, se retiraron á las celdas preparadas al efecto, 
y alli vistieron el hábito lOs que habian asentido á:.ocupar el mo- 
nasterio que recibiera^sus votos. A las nueve de la mañana del men- 
cionado día bajaron ala sacristía ocho monjes del Escorial; cuatFO de 
otros conventos de la Orden que habian de entrar én aquel, uü no- 
vicio que babia de recibir qI' hábito, y el nuevo Prior nombrado 
ErS. M. , Rmo. P. Fr. Gerónimo. Pagés; se dirijieron á las sa- 
\ capitulares, donde esperaban el Emmo. Sf. Cardenal Arzobis- 
po de Toledo (nuevo superior de aquella) revestido con las insig- 
nias pontificales;* le 'acompañaban el Excmo. Sr.' Patriarca dé las- 
Indias, el Sr. Nuncio de Su Santidad, y el muy Rmq. P. General 
dHa Orden de San Gerónimo-. El nuevo sacristán mayor, P. Fray 
Rainon Arévalo, leyó entonces, el Real decreto <)e queqtu^da hecha 
mención, relativo al restablecimiento de la Comunidad del Esco- 
rial. £1 Emmó. Sr. Gardenat hizo una reseña, histórica de lá Orden 
de San Gerónimo, y en especial de la Comunidad del Escorial; de- 
mostró al nuevo Phor el gran' peso que iba. á caer sobre sus hom- 
bros oon el* cargo que S, M: te. habiá conferido, y lá gran respon-^ 
sabilidad que contraía ante Dios con'la inobservancia de la regla; 
concluyendo con hacer presente á los monjes la obligación en que 
se hablan constituido de cumplir exactamente los votos 4e obe- 
diencia, po1)reza y castidad. Todos los circunstantes oian con re- 
cojimiento y atención la palabra 4^ su anciano Prelado ; muchos 



S50 HISTORIA DEL ESCORIAL. 

se conmovieron; los monjes derramaban lágrimas abundantes, y el 
Prior SQ postró a los pies de su Pastor. Confirmado éste, y reves-^ 
lido de capa pluvial, se dífljieronal coro procesional mente, donde 
se practicó el acjto mas tierno que exije acuella regla á la profe- 
sión de ün novicio: todos se abrazaron mutuamente; el Cardenal 
se confundió con el lego, el superior con. el subdito y el anciano 
con el joven.- . " 

Acto*continuo baiaron á ocupar las gradas del altar mayor del 
templo, euNCuyo anchuroso y bien dispuesto presbiterio renovaron 
sus votos- los monjes 'profesos de los diversos monasterios dé la Or- 
den que habian de quedar en el Escorial, y. tomó por primera vez 
el hábito el nuevo novicia. Entonces se ordenó dé nuevo la proce- 
sión en ía misma forma que se acostumbraba en á(|uel monasterio 
antes de la esclaustracíon , esto es, bajando á tos pies de la iglesia, 
dando vuelta al patia de los Evangelistas por el claustro bsgo, y vol- 
viendo á entrar en el templo por la puerta de las Procesiones. Aeto 
continuo se cantó á música una Misa solemne, que celebró de pon- 
tifical jel Emmo. Sr. Cardenal, y en la que pronunció un buen dis- 
curso de gracias el P. Fr. N. Navajas, nuevo monje deP Escorial. 
Concluida la Misa y reservado el Santísimo Sacramento, los nK)njes 
cantaron las demás horas canónicas en aquel suntuoso coro de qne 
poQo antes habian tomado, posesión, bajando después á la sactistia» 
donde esperaba el Emmo. Sr. Cardenal y demás acompañamiento. 
De aliase díríjíeron todos á la iglesia mayor, y saliendo d^ ella por 
la gran puerta de bronce, volvieron á entrar eo el monasterio por 
la de la Trinidad, cernando esta y demás entradas del monasterios 
con lo que que'dó puesta'U clausura, abierta' al público. poT.^spacio 
de tanto tiempo. 

¿a ceremonia dió.principio alas nueve de la mañana y concluyd 
á las dos de la tarde, T^stl es la función que ha tenido lugar en uno 
de los templos mas grandiosos del universo. Una lucida concurren- 
cia de la eortO; u^ gentío inmenso dé los pueblos circunyecisos, la 
población toda de aquel Real Sitio, asistieron á ella con el recoji- 
mienta que siempre distinguió álos españoles en estas ceremonias 
religiosas. - 

Uesdc'éste dja comienza para el magnífico monasterio de San 
Lorenzo una nueva era, y el brillo de la Corona y la austeridad del 
claustro vuelven á rennirse^para conservarle y engrandecerle. 

Este es el voto dé todo español amante «de su patria y de las 
artes.- " . 



^^AtV\MV\lv 



I IPT DÉ LA UlSrORlA» 



CEREMONIAL 



QUE SE OBSERVA 



El LOS tSTimOS DK LOS RBYfiS U ESPAÑA Y DBlAS PHSOIAS «SALES. 



JjD el momenlo de espirar el Rey, los capíCanes de su guardia, 6 
en auseocia de estos los gefes de mas graduación, mudan el cüep* 
'po de guardia al cuarto del Principe sucesor. 

Juntos entonces los médicos y cirujanos de cámara, hacen el 
reconocimiento del cadáver, y le embalsaman, si asi lo ha-.dispues-^ 
to el difunto^ v las visceras interiores se .colocan en una>caja de 
plomo dentro de otra de madera^ forrada en brocado y guarnecida 
con galones de oro. Embalsamado y vuelto "á componer el cadav^er, 
los Gientilea hombres de su cámara le visten con el gran uniforme 

3ue solía usar en los dias de besamanos/ con los collares de las ór-' 
enes, cruces, condecoraciones, manto y demás insignias; 

Entre tanto el Presidente de Castilla, el Mayordomo maryor y 
Sumiller de Corps llevan al Príncipe sucesor el testamento cerra- 
do, y piden licencia para que se abra. Concedida esta licencia vud- 
ven al aposento del Monarca difunto, donde uno de los del Conse-r 
'o de Cámara provee auto en la forma lórdinaria, para aue se reci- 
a información de los testigos que se hallaron al acto def otorga- 
.miento; y hecha en su presencia vuelven al cuarto del sucesor, abre 
el testamento, y lo entrega á un Secretario dé Estado para que lo 
lea delante de todos. , . 

.£1 cuerpo se pone en el salón grande, á cuyo efecto se pone un 
tablado de .tres gradas en alto en el testero del salón, arrimado á la 
puerta déla pieza que llaman de las Furias; se alfombra, se colo- 
ca encima un dosel, y debajo se arma una rica cama, sobre la que 
queda espuesto el cadáver. 

Algo apartado del tablado se pone un altar donde se dicea las 
Misas de pontifical, con su credencia aliado para colocar lo$ orna-^ 
meatos. Al lado del Evangelio la silla para el Señor 'Mayordonóo 
Mayor, y seguido el banco de los Grandes; y enfrente al lado de ia 



t 



252 CEREMONIAL 

£pístol$t el banco de los capelláDes coipo están en. la Capilla. A un 
lado y otro ()e¡ sálon', arrimados á la pared, se ponen seis alta- 
res para las.Misas rezadas. •, . * - 

£1 coro se popé h los pies dej salón; la entrada de él poí* de- 
trás,* y cercado con una vaHa que sé prolonga por uno y otro lado 
hasta cerca del banco dé los Grandes y capellanes, para que la gen- 
te no embarace. 

Los dias que el cadaverAse detiene en Madrid van las Comuni- 
dades á.decir la Vigilia, Misas cantadas y rezadas, y Responsos; y' 
por las tardes se dicen Vísperas de difuntos. > 

Cuando se coloca el cuerpo en la caja la cieirra el Sumiller ante 
el Secretario, hace la entrega al Prelado y Mayordomo Mayor , y á 
este último le entrega la llave. Desde entoncesse ponen de guardia 
doée Monteros de Espinosa , seis sobre la tarima y otros seis abajo, 
por mitad á uno y otro lado del túmulo. 

- £1 Mayordomo Mayor oficia al Prelado que noml^ra S. M. paira 
que acon^ipañe él cadáver; al Capellán mayor, avisándoíe el oia-y 
• hora en que ha de salir el Real cadáver, para que nombre doce ca- 
pellanes, un^furfier7 dos mozos de oratorio; al Caballerizo Mayor 
Eara que tenga prevenido lo concerniente á su dependencia. Nom- 
ra doce Gentiles hombres de Boca, y otros doce de Casa;,es- 
crihe al Presidente de Castilla para que nombre doce Alcaldes de 
^ Corte.; da orden á un Mayordomo'para que prevenga lo necesario, 
y.éste arlos Capitanes dajguardias; y al Contralor para el carrua- 
je, ^escolta, casa,,convento y demás de su pertenencia; al Ugier de 
sa'laj)ara^que pase avisó álos Gentiles hombres de la Boca y Casa. 

£1 Contralor previene el carruaje y avisa á los conventos de 
Santo Domingo^ San Francisco, San.Agustin y-el Carmen, para Que 
de cada imo asistan doce religiosos, y al tiempo necesario cía orden 
para que un correo de la Caballeriza les haga llevar las' muías á su 
casa. ' * 

^ Llegada la hora del entierro bajan el cuerpoiíasta la puerta del 
zaguanete ó'íardin.por donde sale el entierro, los Grandes, Ma- 

Íordoroos y Gentiles hombres de Cámara , y allí le toman Los de 
oca hasta ponerle en la litera; y después', siempre que es me- 
nester bajarle' ó ponerle, lo hacen Jos de Boca, y. siendo necesario 
ayudan los .monteros, escepto en San Lorenzo, que le suelen tomar 
los Grandes y los Mayordomos de Cámara. 

La Capilla Real baja qon el cadáver hasta la puerta del zagua- 
nete, y también le acompañan hasta Mi el sucesor ó Infantes (si les 
hay) con capuces^ y lleva la falda eL-Sumiller. 

-£1 cortejo fúnebre sale o|*deoado del modo siguiente: delante los 
clarines roncos y los alguaciles de corte; las órdenes religiosas -por 
su antigüedad con hachas encendidas ; dos. Alcaldes de corte; doce 
Gentiles 4)ombrés de Casa; seis Caballerizos; doce Gentiles hombres 
de Boca; la Caballeriza con el guión; fa Capilla Real con la cruz; 
el Capitán de fa guardia, sí no es Gentil hombre 4e cámara; 



DB L09 XHTISBROS. 253 

Mayordomos; Grandes; después el féretro; i% pages con hachas á 
los lados ;^y i% Monteros mas afuera. Detrás el Mayordomo mayor 
á la manó derecha, y el Prelado á la izquierda; después los isenti- 
les hombres de cámara; concluyendo con la Guardia de á caballo 
con lanzas- y banderillas negras, y el jefe en medio detrás de los 
Gentiles hombres. 

Para las puettiis de las iglesias donde se hace tránsito, ha pre- 
cedido ja enviar tropa de infantería. 

£1 Mayordomo mayor lleva carta de S. M. para el Prigr de San 
Lorenzo el Real, que envia con un correo algunas .horas ant^s, á 
iin de qifé lodo esté prevenido. 

En todas partes d^nde se detiene el cadáver á Misa, ó por cual, 
quier otro accidente, el Mayordomo mayor ó Mayordomos, ácuyo 
cargo va el entierro, preceden al Prelado. 

En (legando el cortejo al puente del Tercio , el encargado des- 
pacha un correo, avisando al Prior la hora en que llegarán al con- 
vento. ElPrior dispone que para aquella hora estén ya concluidos , 
los Oficios divinos ordinarios. En la villa del Escorial se vuelve á 
ordenar- él entierro como salió de Madrid, y desde allí se colocan, 
delante el sobreguarda, 4os guardas y guarda-^bosques, la justicia 
de ia villa, el Alcalde mayor del Sitio, y ios demás dependientes. La 
C^mujaidad sale en procesión hasta el pórtico principal, y en el za- 
guán, debajo' de la Diblioteca, se coloca sobre una alfombra un bu* 
fete cubierto con un rico paño-dé brocádor 

' En 4le^ando la litera delante de la puerta , los Monteros de Es-^ 
pinosa baijan él féretro , que entregan á los Gentiles hombres de 
l)oca, y al umbral de la puerta lo tomanrios Grandes y Mayordo- 
mos, qiie le colocan sobre el bufete. Entonces el Pn'or pide la or- 
den del monarca sucesor para encargarse del cadáver , y el encar- 
gado se la alarga abierta, besando su firma. El Prior la toma| y Ka* 
ciéndo igual i^cktamiento la alarga á su Secretario , que la lee ^n - 
altavoz. La fórmula de dicha orden /con solo el cambio de nom- 
bres, es la siguiente, usada desde el entierro del Seftor Don Feli- 
pe IV, de la cual es copia. ^ 

La KÉnxA.^ Venerables y devotos Prior y religiosos del monas-- 
terio de ,San Lorenzo el Real. Habiéndose Dios servido de llevarle 
para sí al Rey mi Señor [Q. D^ 6.) el jueves^ M del corriente i las 
cuatro horas y media de la mañana , he mandado qu^ el Marqués 
de Montealeare , su Mayordomo y Gentil hcmbre de Cámara, vaya 
aeompanánao y os entregue su Real cuerpo* Y asi os encargo y or- 
deno le recibáis y coloquéis en el lugar que S, M. señaló para su en- 
tierro; y del entrego se hará por escrito el acto aue en semejantes ca- 
sos se acostumbra. De Madrid á iS de seliemhre de 46é5.=Yo la 
Rxnf A.=Z)oa Blasco de Loyola.^Ai Prior de San Lorenzo, 

Enseguida el Prior, pidiendo' atencjon, manda siempre leer 
otra cédula del Señor Don Felipe lY, cuyo tenor es>«l siguiente: 

El RíBY.=Por haberse ofrecido desavenencia entre los de mi Ttial 



954 'CERBMORIAL 

Capilla y esíe Convenio Real, en oeasim que se trajo á él el cuerpo 
del Príncipe D.Felipe PrósperOi mi hijo, sobre la entrada de la cruz 
de laCapilla', y conviniendo dar en esto una regla fija para que se 
escusen semejantes controversias, y que corra de toda buena confor^ 
midad, como se requiere, parlicularmenle siendoambas capillas mías, 
he tenido por bien^declarar que, en losMsos de esta calidad, entren 
juntas las cruces de la Capilla y Convento hasta un paso antes de em- 
parejar con el principio de los dos pilares primeros que están á los 
pies de la iglesia, y llegando á éste sitio $e encaminará la déla 
Capilla al altar de San Jorge, que está en el hueco del pilar del lado 
de la Epístola y mira á la reja de la entrada de la. iglesia, donde se 
ha de arrimar, y proseguirá la cruz del Convento á ponerse y estar 
en su lugar acostumbrado durante los Oficios: y asi mando se obre 
y ejecute precisa é inviolablemente en lodo tiempo, sin contravenir 
á ello en manera alguna, que tal es mi voluntad, para lo cuf^l man- 
dé des'oachar la presenté, firmada de mi mano , refrendada de Don 
Luis, ae Oyanguren, mi Secretario de. Estado y del despacho univer- 
sal, y sellada con mi sello secreto. Dada en San Lorenzo á 3 de no- 
viembre de 16(y^ año5.=Yp Eii R£T.:=Z>on Luis de Oyanguren. 

CoQcloídá esta lectara , los músicos de- la Real Capilla enlonañ 
UD resgoQSo cuya oración dice el Cura de palacio, y en seguida el 
Prior comieo.za el Oficio, que coatinúa la Comunidad, y comienza á 
marchar cantando un Miserere. De este modo llegan fiasta el me- 
dio del templo, donde hay colocado un túmulo de dos cuerpos , y 
sobre él se pone la caja, cubierta con el paQo de brocado que trato 
en la litera. Los Monteros de Espinosa* quedan de guardia al lado 
del túmulo como en palacio, teniendo los dos primeros en un aza- 
fate, la corona v cetro el uno, y la espada y bastón el otro. ' 

La Comuníciad sube al coro, donde se dice el Ofició entero de di* 
funtosy la Misa, y al concluir las Laudes, qpe cantan en la iglesia al 
lado del túmulo, se dicen los responsos. Coñcluidose^los, los Gran- 
des y Gentiles hombres de cámara toman. el cadáver en hombros, 
y siguen en medio, de las filas hasta la puerta del panteón. AlU 
quedan la Coinunidad y demás acompañamiento, y solo bajan con 
el cadáver los que ban de presenciar la escena. 

Llegados al panteón principal se coloca la caja sobre un bufete 
preparado en medio de él , y se espera á qu0 los cantores Godclu- 
yan el Benedictus, Entonces el Prior celebrante dioé la oración úl- 
tima, y el encardado del cadáver abre ja caja de tisú con la llave 
que trae, y el Notario de reinos ó Secretario de S. M. llama á los 
Monteros de cámara, y en voz alta les dice: ¿Juráis que este es el 
cuerpo del Rey Z>. iV. . . . . ^ue en tal hora de tal dia os fue entregado en 

el salón de sú RealpalacioporD. N ? (el nombre del encargado). 

Ellos contestan: Sí lo es, y lo juramos. Entonceis dirigiéndose al 
Prior y .monjes diputados les dice el Notario: P. Prior y PP. di- 
putados, reconozcan VV. PP. el cuerjoo del Señor D, N,..,.qne 
conforme al estilo y ia orden de S. M. que os ha sido dada , os 



DE LOS ENTIERROS. - 2^5 

i)oy á cfiíregc^ para que lo íengáis^en mestra gualda y cuslodia. 
El Prior y monjes se acercan sucesiyamente, y reconocen el cadá- 
ver por la visera que sobré el rostro liene en la caja de plomo; 
después dicen: Le reconocemos. Entonces el encargado vuelve á cer^ 
rar la caja y entrega la llave al Prior , de todo Iq cual da fe el 
Notario de reíaos, y saca tres testimonios de dicha entrega, uno 
que reserva para presentarlo aljsucesor, otro que entrega aiPrior, 
y el tercero lleva el encargado. . 

En el entierro del Se&or Don Fernando Vil ^á que me ha* 
lié présente) se añadió la siguiente ceremonia. El Capitaa de 
Guardias,- que lo e)*a entonces el Exorno. Sr« Duque deAlagon, 
despu.es del reconocimiento del* cadáver por el Prior y mOnjes, an^ 
tes (^ueel Excmo. $r. Marques de Yaiverde, que era el encargado, 
volviese á cerrar la caja, (legó junto álá visera, dijo eq alta voz: 
Señor, Señor, Señor^ hizo ujíia breve, pausa, y esclamó luego: el 
Bey es muerto. Rompió contra la rodilla el bastón ({ne llevaba en lá 
mano, quiera negro con cabos dé marfil, lo arroj;^ al suelo, y salió 
precipitadamente del panteón. 

Concluida la eotrega el cadáver queda solo y cerrada el pañteonf 
hasta que á la tarde ó al dia siguiente (s@gun la hora á que- ha coq« 
cluido el entierro) la Comunidad sin pompa ni látigos coloca el 
cuerpo «n la urna correspondiente ó en el pudridero. 



— . r 




Nota DBt pormenor ¿b los gastos hechos ew la obra del PAnTEon 

BEL. ESCORIAL, SACADA DE LAS. CUENTAS ORIGINALES DEL P. FRAY 
-NICOLÁS DE MADRID. ' 

És. wí. Mrs. 

^ I - ■ I I 



Reparo del agua 6(Í2 < » 

Abrir la v^nlana en la pared de la iglesia. . . .". . 8.098 23 

Jornales-de toda clase de obreros. ?20,78< * 

Oro para dorar los bronces . * - • • • 533,880 » 

AzQ"^ue. .1 ...'....••••** • -.-;.. * 3.966 » 

Agiui fuerte y aparadores de vidrio /. . : 4.045 w 

Colores de cera y: Aleráania...... *-. 2.498 » 

Carboü de brezo y encina* . * . . * ^ .^'"te Z 

Bronce, cobre y^ latón r I }cí jí 

Herramientas.. ••••• ¿•Jf- y- 

Plata para soldaduras .....•.;........ - 5.462 47 

Velas de sebo. . . * . • ,• • • ^^^^ ^" 

Al maestro marmolista Bartolomé Zumbígo ..... 328. 4 28 » 

Saca de marmol- en San Pablo de Toledo. ......; 33.676 »- 

PortW de dichí) iparmol... -.;..;...-...-... . ' ^^^T^^ * 

Gastos de los mismos en la Qaniera . para ser- » 

rarlos.... .:....-..... -. . . ..r..,.., ^ 7.646 » 

Inslrumenlos y materiales ....,•. *o o^I * 

Arena para aserrar los mármoles 9.876 » 

Velas dé sebo para alumbrar á los oBciales 3.546 » 

A Juan de Vim^erg por las cuatro puertas 4 8.54 0^' » 

Escalera de piedra .berr^quefla ^ . . . 22 .566 » 

A Juan de Vimberg por las dos puertas de en- » 

trada • • • • H .300 

Altar del panteón % . . . .s. . . * *. . 54 .64.4 9 

Beparacion de los jaspes antiguos del panteón. . . ' 40.344 47 

El panteón pequeño ó de Infantes cosió en todo. .49.543 22 



4.099.058 27 



GATÍLOGOÍdE^ÍiOS PRIOR^ QUE HA TENIDO ESTB MONASTERIO I>£S0B SÜ 
ORIGEN HASTA EL PRESENTE. * • 'i 



Fr. Juan de Huete, Prior i .*; tomó posesión en i .* de marzo de 
4563; murió en 25 de junio de 4565. 

Fr. Juan del Colmenar, Prior 2.°; tomó posesión en 30 de junio 
de 4565; renunció en 3f de diciembre de 4570. 

Fr. Hernando de Ciudad-Real, Prior 3.°; tomó posesión en 46 
de enero de 4574 ; renunció en 23 de febrero de 4575. 

Fr. Julián de Tricio, Prior 4."*; tomó posesión en 20 de mayo 
de 4575; se dio por concluida so prelacia en el Capílufo general del 
año 4582. . 

Fr. Miguel de Alaejos, Prior 5.°; tomó posesión en 45 de octu- 
bre de 4582¿ 

Fr. Juan de Sisin Gerónimo, Prior 6.**; fue confirmado en 20 de 
agosto de 4589. Vacó en el Capítulo general en mayo de 4594 • 

Fr. Diego de Yepes, Prior 7.**; fue confirmado en 46 de junio 
de 4594. 

Fr. García de Santa María, Prior 8.°; profeso de Lupiana, en 
469i. 

Fr. Miguel de Santa María, Prior 9.°; profeso del Escorial, fue 
confirmado en 44 de mayo de 4600. 

Fr! José de Stgttenza, Prior 40; fue confirmado á 45 de mayo*^ 
de 4604; profeso oe este Real monasterio. Renunció. . 

Fr. Juan de Quemada, Prior 44; fue confirmado en 21 de agQS-^ 
to de 4604> por haber renunciado Fr. José de Sigüeñza. 

Fr. José de Sígttenza, Prior 4 2; reelegido en 2 de mayo de 4606, 
y murió á poco tiempo. 

Fr. Andrés de San Gerónimo, Prior 43; confirmado en 6 de ju* 
lio de 4606. 

Fr. Juan de Peralta ^ Prior 44; fue confirmado en 8 de ¿unió 
de 4642. 

Fr. Martin de la Vera, Prior 45; fiíe confirmado en 24 de mayo 
de4624¿ 

Fr. Lucas de Alaejos, Prior 46; fue confirmado gn 42 de tnayo 
de 4627. 

Fr. Juan de Madrid, Prior 47; fue confirmado en 22 de octubre 
de 4634. 

Fr. Antonio Mauricio^ Prior 48; fue confirmado en 28 de abril 
de 4636. 

Fr, Juan de Lerena, Príol* 49; fue confirmado en 40 de diciem- 
bre de 4 636. 

Fr. Baltasar de Fuéniabradá, Prior 20; fue confirmado en 6 de 
junio de 4 642 .' 

Fr. Nicolás de Madrid, Prior 24; fue confirmado en 24 detnayo 
de 4648. 

47 



258 PRIORES BEL MONASTERIO. 

Fr. Francisco de Vega, Prior 22; fue confirmado en 43 de mayo 
de 4654. 

Fr. Francisco del. Castillo, Prior 23; fue confirmado en 21 de 
setiembre de 4660. 

Fr. Sebastian de Uceda, Prior 24; fue nombrado presidente en 
48 de noviembre de 4665. 

Fr. Marcos de Herrera, Prior 25; fue confirmado en 25 de ma- 
yo de 4 672. 

Fr. Domingo de Rjvera, Prior 26; fne confirmado en 22 de ma- 
yo de 4678. 

Fr. Francisco de los Santos, Prior 27; fue confirmado en 4 4 de 
mayo de 4684. . " 

Fr. Diego de Valde'moro, Prior 28; fue confirmado en 2 de ju- 
nio de 4 687. 

Fr.Alonso de Talayera, Prior 29; fue confiro(iado en 5 de mayo 
de 4690. 

Fr. Francisco de Madrid, Prior 30, de esta casa; fue confirma- 
do en 48 de mayo de 4696. 

Fr. Francisco de tos Santos, Prior 34 , reelegido; fue confirmado 
en fin de octubre de 4697. 

Fr. Juan de Santisteban, Prior 32; fue confirmado en 27 de ma- 
yo de 4699. 

Fr. Manuel de la Vega, Prior 33; fue confirmado en 20 de ma* 
yo de 4706. 

Fr. José de Talavera, Prior 34; fne confirmado en 43 de mayo 
de 4744. Fue promovido á Obispo de Valladolid. 

Fr. Eugenio de la IJave, 35, Vicario presidente;. nombrado en 
34 de mayo de 4746, fue confirmado Prior en 28 de abril de 
4747. 

Fr. Luis de San Pablo, Prior 36; fue confirmado en 5 de mayo 
de 4723.^ 

Fr. Antonio de San Gerónimo, Prior 37; fue confirmado en 25 
de mayo de 4729. . . 

Fr. Pedro Reinóse , Prior 38; fue confirmado en la dignidad á 
4 8 de mayo de 4735. 

Fr. Sebastian de Victoria, Prior 39; fue confirmado á 40 de ma- 
yo de 4744. Fue nombrado Obispo de ürgel. 

Fr. Blas de Arganda, Prior 40; fue confirmado á 47 de octubre 
de 4745. 

Fr. Francisco de Fuentidneña/ Prior 44; fue confirmado en 30 
de mayo de 4753. 

Fr. Antonio del Valle, Prior 42; fue confirmado en 29 de abril 
de 4764. 

Fr. Bernardo Lorca, Prior 43, fue confirmado en 4 4 de mayo 
de 4768. Fue nombrado Obispo de Guadix. 

Fr. Julián de Villegas, Prior 44; fue confirmado en 43 de fe- 
brero de 4773. 



PRIORES DEL MONASTERIO. 259. 

Sede vacante, diciembre 1784. ^ 

Fr. Pedro Jiménez, PHor 45 y 1 .f* de elección ; Tue confirmado 
en 4 2 de marzo de i 782. 

Fr. Antonio. Moreno, Prior 46 y 2.'' de elección; fue confirmado 
en 45 de febrero de 4 785, 

Fr. Carlos de Arganda, Prior 47 y 3."* de elección; fue confir- 
mado el dia 45 de marzo de 4788. 

Fr. Isidro de Jesús, Prior 48, ya, de elección Real; fue confir- 
mado eHO de setiembre de 4794. 

Fr. Diego de la Mota, Prior 49, de elección Real; fue confirma- 
da en 4 4 de mayo de 4797. 

Fr. José de Manzanares, Prior 50; fue confirmado enJI9 de agos- 
to de 4799. 

Fr. Eugenio de Val verde, Prior 54; fue confirmado en 30 de 
agosto de 4802: - ^ 

Fr. Crisanto de la Concepción, Prior 52; fue confirmado en 34 
de agosto de 4805. 

Fr. Jorge Marti nez Raposo^ Prior 53; fue nombrado, por el Bey 
intruso José I. 

Fr. Francisco de Cifuentes, Prior 5.4 ; fue confirmado en % de 
agosto de 4844. 

' Fr. Pablo de Yela, Prior 56; fue confirmado en 6 de junio 
de 4847. . . 

Fr. Toribio López, Prior 86; fue confirmado en 6 de julio de 4 820, 
Renunció y se secularizó en 42 de octubre de 4824 . * 

Fr. Juan Valero, Prior 57; fue confirmado primera vez en 4 4 de 
febrero de 4822, y. segunda en fO de marío de 4821. 

Fr. José de la Cruz, Prior 58; fue confirmado en 40 de enero 
de 4827. 

Fr. Antonio García Santander, Prior 59; fue confirmado en 7 
de diciembre de 4835. 

Fr. Gerónimo Pagés, Prior 60; fue confirmado en 30 de mayo 
de 4854. 



/ 



DESCRIPCIÓN DEL NONilSTEBIO. 



DESGRIFGIOH BREVE 



DEL 



REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO 



LLAMADO 



DEIi fi^CORIAIi 



de las bellezas artísticas que en él se haUañ, con la del Real Palacio, y 

Casinos del Principe é Infante, 



lioifCLUiDA la naTracion histórica del Real monasterio de San Lorenzo, 
y becha mención de los acontecimientos principales que^ en él han te- 
nido lugar desde 8|i fundación hasta nuestros dias, preciso es dar á co- 
nocer á nuestros lectores este monumento mas detalladamente, descri- 
hiendo cada una de sus partes, y pintándolo con la imperfección que 
puede hacerse con la pluma. Esta parte me arredra , porque las des-. 
cripcíones no interrumpida8> ademas de admitir poca elegancia, son de 
suyo frías» pesadas y monótonas; y para calarme de las mismas espre- 
siones del erudito P. Fr. José de Sigüenza, como es imposible significar 
la grada^ el ornato^ la grandeza, la entereza^ la igualdad y la unidad 
y la magestad que todo este edificio representa , si la vista y el Auen 
juicio no lo comprenden^ yo mismo me enfado de escribirlo , y jamás me 
harto de verlo y que esto tiene la arquitectura cuando se escribe (i). 

Si un hombre de tan vasto ingenio y tan profundo saher se espli- 
caba en estos términos al emprender la descripción del Escorial, nada 
tiene de estrafio que me asuste mas á mí, que aun encuentro otra difi- 
cultad, que es no ser artista, para poder escribir esta^ parte con el 
acierto y propiedad que desearla; pero esto mismo me ánima, porque 
mis lectore? me serán mas indulgentes, y disimularán mis faltas en gra- 
cia de mis buenos deseos, y de la precisión indispensable de que á la 



• (í) P. Fr. Josc de Sigüenza, íliMoria de la Orden de San Gerónimo, parle 3, li- 
bro 4*, discurso 43, pág. 799, col. 4.* 



264 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

historia acompaiie la descripción, porque la una sin la otra quedarían 
incompletas y mancas. Las dos han de comunicarse luz y auxiliarse mu- 
tuamente : ep la descripción se hallarán so|>re cada uno de los objetos 
muchas noticias históricas, que no han podido tener cabida en la narra- 
ción do los hechos sin hacerlos aparecer mas oscuros é incoherentes, 
y innchos detalles interesantes que no se marcaron al referir su edifica- ' 
cion^ y por el contrario, la historia hará que se entienda mejor la des- 
cripción, y se sepa la caíusa y origen de mucjias de su9 preciosidades. 

Sobre todo, la historia esdtará naturalmente en los que la leyeren 
el deseo de visitar este monumento; y los que le visitaren antes ^ no po- 
drán menos de manifestar interés por saber la historia do los grandiosos 
objetos que han arrebatado su admiración. Unos y otros necesitan un 
guia, un Cicerone que les acompañe y dirija al visitar este monumento; 
y cuando do puedan verificarlo, tener un diseño que les dé una idea, 
aunque realmente muy imperfecta. Con este objeto voy á trazarlo con 
la brevedad y exactitud que pueda, guardando el mismo orden qu^ co- 
munmente observan los viajeros; y puesto que de su situación y cer- 
canías ya he dado noticia, comei^ré por la . 

LONJA ¥ JARDINES. 

Antes de llegar- al monasterio se entra en una gran p)aza llamada ia 
Lonjcu, que forma como el plano donde se levanta el edificio, y le rodea 
por toda la ostensión de r^orte y Poniente. £1 suelo está compartido con 
hiladas de piedra berroqueña, que corresponden á las pilastras, fajas,* 
puertas y claros de la fábrica; y está toda cercada de un fuerte antepe- 
cho de piedra, que dista de la pared 130 pies por la parte del Norte y 
196 por la de Poniente. En este antepecho están abiertas nueve entra- 
das, adornadas de pilastras y bolas, y cerradas con fuertes cadenas de 
hierro; y por la parte interior la sirve como de pedestal una grada de 
4 pies de anchorPor debajo de ésta corre un ancho conducto para dar 
salida á las aguas que vierten del edificio á la Lonja, que con este ob- 
jeto tiene un desnivel ád mas de 2 pies de vertiente hacia el ante- 
pecho. 

Al rededor de esta gran plaza están las casas de Oficios, de Infan- , 
tes, y parte- de la Compaña, que son también de piedr«i, imitan el or- 
den arquitectónico del edificio, y le dan mucho realce y magostad. To- 
das estas casas están enlazadas entre sí por áreos de comunicación (es- 
cepto la de Infantes), y con el edificio por el camino ó cantina subter- 
ránea que dije se hizo en tiempo del Sr. D. Garlos III, que atraviesa la 
Lonja desde la segunda casa de Oficios hasta la puerta del palacio. La 
casa de Infantes y la Compaña se unen al monasterio por un tránsito 
que cierra esta gran plaza por la parte de Mediodía, hecho también de 
piedra, cubierto de pizarra y adornado de pilastras, ventanas con rejas 
de hierro, y siete arcos al fin. Entre todos estos edificios y el pretil de 
la Lonja, queda un camino bastante ancho para el tránsito de car- 
ruajes. 



DESCRIPCIÓN! DEL MONASTERIO. 865 

En los lados do Oriente y Mediodía corresponde á la Lonja tin be-^ 
llísimo terraplén de 100 pies de ancho, formado sobre 77 arcos de can- 
tería (1), qne se elevan á la altara de 20 pies, y que siguen todos loé 
cortes d^l edificio en la ostensión de 1.950 pies. Por todo su contomo 
oorre un antepecho de piedra bien labrado, y entre éste y la fábrica 
están colocados unos lindos jardines, que pueden llamarse pensiles, por- 
que están sobre bÓTodas adornadas de fajas, y apoyadas en pilastras 
formando capilletas, nichos y asientos de mucbo gusto, y á las que se 
baja por doce magníficas escaleras, colocadas de dos en dos enfréntele 
cada una de las fachadas de las torres (2). También sñryen de comuni- 
cación con las huertas y bosques de las inmediaciones. 

Hay en estos jardines doce fuentes sencillísimas, en las que surte el 
agua por una pifia de piedra berroqueña colocada en el centro de un 
pilón cuadrado de la misma materia. Al rededor de cada ftaente hay 
cuatro cuadrados- de boj, recortados con tanta igualdad y maestría, que 
al mirarlos desde los balcones del monasterio parecen bordados sobre 
una alfombra. En estos cuadros, y entrelazadas en las rejas de hierro 
que arriman á la pared del edificio, hay todo el afio abun¿nda de flo- 
res que embalsamaQ el ambiente, y hacen déliciosísinio este paseo. 

En medio de este gran plano se eleva el edificio,' que ya dije tiene 
la forma de un jMiralelógramo rectángulo, cuya área se estiende en el 
espacio de 3.000 pies castellanos, que abraza un terreno de S00.00§ 
pies de superficie aproximadamente. La materia es toda piedra berro- 
queña ó de granito; su orden arquiteeténico, dórico en su mayor parte; 
las c!\ibieftas son todas de pizarra azul ó de planchas de ph»no; y sus 
torres, cimborrios ^ capiteles y frontispicios le dan estraordinaria gran- 
deza y hermosura. 

• * 

FACHADAS ESTEWORES. 

^Para conformarse y seguir estrictamente la doctrina de los SS. PP. 
en punto á la situación de las iglesias cristianas, en las qne se debe ca- 
minar de Poniente á Oriente, á cuyo punto debe estar colocado ,el altar 
mayor, la fachada y puerta principal está mirando ai Ocaso. Tiene 741 
pies de larga, con dos torres á sus estremos, altas de mas de 900 pies, 
adornadas con mucho ventanaje, pasamanos de hierro, acroteras y bo- 
las. Terminan cBchas torres en unos capiteles piramidales cubiertos de 
pizarra, que rematan en una bola de mas de dos varas de diámetro, for- 
mada de planchas de cobre, y sobre días una cruz y veleta de hierro. 

En el medió de la fachada, y en la ostensión de 140 pies, se eleva 
el muro hasta la altura de 145, haciendo un poco de resalto, y figu- 
rando que arrima á él la portada principal. Sobre un zócalo de vara do 



* • 

(^ ) Eo cate núnrar* no osttn comprendidoa los que bay al rededor del eataDque, oí 
los que arriman al camino de Madrid. 

(2) Ábora no se nota cxactameQle la correspondencia de estas escaleras con las tor- 
res que debía haber según el plan primitiyo de Juan Bautista de Toledo. 



266 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

alto levanta el primer cuerpo, que es de orden dórico, y U^a hasta el 
nivel de la oornisa, que á los 62 pies de altura da vuelta á todo el edi- 
ficio. Dicho zócalo sirve de asiento á ocho medias cañas, cuatro de cada 
parte de la puerta, divididas de dos en dos, y en cuyos intercolumnios 
se forman cuatro nichos, y sobre cada uno dos ventanas, una encima de 
otra. En el ckro del medio está l(i puerta, que es de 12 pies de ancha 
y doble de alta, con jambas, dinteles y sobre-dinteles de piezas enteras, 
cortadas en una misma cantera, y traidas en un fuerte carretón hecho 
á propósito, tirado por 48 pares de bueyes. Sobre el capirote de la 
puerta hay una ventana, y á sus lados unas parrillas resailtadas, ter- 
minándose el primer cuerpo en su arquitrabe, friso y cornisa sostenida 
por canes. 

£1 segundo cuerpo, que es jónico, descansa sobre la cornisa del 
primero, y no tiene mas que cuatro medias columnas, en cuyo claro 
está colocada en un nicho una estatua de San Lorenzo de i 5 pies de 
alta, ejecutada en piedra berroquefia (escepto la cabeza, pies y manos, 
que son de mármol blanco), por Juan Bautista Monegro, que llevó por 
las hechuras 1.900 ducados. Por debajo hay un grande escudo de ar- 
mas reales, de muy buena ejecución y relieve, esculpidas en piedra 
jpor el mismo artífice, y que costaron 700 ducados. A las medias cañas 
estremas del primer cuerpo corresponden en este cuatro pirámides sobre 
pedestales, en los que terminan dos cartelas que bajan desarrollándose 
de' lo alto;. y sobre las medias cañas jónicas sienta un frontispicio trian- 
gular con acroteras y bolas, en que remata todo el pórtico principal. 

£n el medio de «las distancias y á cada uno de los lados, hay dos 
puertas iguales de 1 ;pies de anchas por doble altura^ con jambas, din- 
teles y sobre-dinteles de una pieza (todas las puertas y ventanas de 
este edificio tienen igualmente las jambas y dinteles de. piezas enteras, y 
quede dicho para todas), con sus capirotes encima, apoyados en unos 
modillones. Dan entrada, la de la derecha á las cocinas y claustros me- 
noi:;es áei convento,: y la de la izquierda al Seminario. Tienen también 
sus portadas, que se componen de cuatro pilastras que suben hasta* la 
cornisa; y sobre las dos. estremas carga una cartela que baja desarro- 
llada desde la comisa inferior del tímpano, y queda contenida entre ellas 
y unos pedestales con sus bolas. ^Sobre las del medio cargan otras dos, 
que sirven de marco á dos grandes ventanas de medio punto, puestas 
una schre otra, y sostienen el frontispicio triangular con acroteras y 
bolas, en que termina á los 100 pies de elevaciout 

Por lo bsgo de toda la fachada corre á lo. largo un zócalo do 1 vara, 
por lo alto una cornisa sostenida por mbdiUones cuadrados, que es la 
que corre al nivel por todo el edificio, y sobre la que sientan los ompir- 
zarrados, que tienen 26 pies de elevación hasta el caballete* Enmedio 
hay una faja que cine unas pilastras perpendiculares, y comparten cin- 
co órdenes de ventanas, las dos primeras filas con rejas de hierro, y las 
restantes con antepechos de piedra. Son todas las ventanas de esta fa- 
chada, contando las de los empizarrados y torres, 266, y 3 puertas. 

Dando la vuelta al edificio se encuentra la fachada de Mediodía, que 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 267 

es la mas hermosa de todas, no solo por su magestuosa sencillez, sino 
porque mirando á la parte mas baja del terreno tiene mayor altura. En 
toda la distancia de 580 pies que tiene de larga, sé levanta sobre el 
terraplén de los jardines un estribo de i 8 liasta* encontrar el nivel de 
la Lonja, adornado con ventanas cuadradas y con rejas en su declive. 
Sirve como de pedestal á toda la fachada, que no tiene mas adorne que 
la faga y icórnisa que á un nivel rodean todo el edificio, y cuatro ér.de- 
nes de veptanasy las primeras con hermosas rejas de hierro voladas, y 
las terceras sobre la imposta con antepechos de lo mismo. £1 número 
de todas ellas es de 296, con tres puertas peqnefias en 4o bajo, una 
en cada torre y otra en ¿1 centro. . ^ 

PASEO DE LOS ENFERMOS. 

* - % 

f 

' Aflade grandeza y magostad á este lienzo un lindísimo corredor que 
da paso'á la Gompafia.y entrada á los jardines en el piso bajo, llamado 
comunmente el Paseo de los enfermos, porque estando kl mi^md piso y 
contiguo á la enfermería, resguardado del Norte y Poniente y abierto 
al Oriente y Mediodía, solían los convalecientes pasearse por él, go- 
zando las hermosas vistas que ofrece. La pared arranca desde ia esqui- 
na-de la botica, de modo que tOjda la galería queda fuera del cuadro de 
la fábrica, con la qué se comunica por ún balcón de hierro colocado 
sobre la comisa, que ensancha un poco mas con este objeto. Tiene este 
. paseo 20 pies de ancho y lÓO de largo en la dirección de Poniente, re- 
volviendo luego hacia el Mediodía en otra tanta ostensión. Forma dos 
cuerpos ó galerías: la baja, ál mismo piso de los jardines, es de orden 
dórico, y mirando á Oriente tiene una portada compuesta de cuatro co^ 
lumnas, dos de cada lado, dejando en el medio xin arco, y un nicho con 
asiento en cada intercolumnio. En la parte esterior sobre columnas en- 
teras dan vuelta ocho arcos, quedando algunos intercolumnios mas es- 
trechos y cuadrados , correspondiendo en la pared interior unos grandes 
nichos del mismo claro de los arcos, y otros pequeños con asientos en 
los cuadi^ados. El segundo cuerpo es de orden jónico: mirando á Oriente 
se forma otra fachada como la de abajo, pero con pil$stTas resaltadas, 
y por todo ló demás de la galería á la parte esterior hay una linda ba- 
laustrada de piedra, con antepechos de lo mismo, dividida por los pedes- 
tales de las columnas que cargan á plomo de las del priiáer cuerpo. Ter- 
mina toda esta' fábrica en su' arquitrabe, friso y cornisa con dentello^- 
nes, trabajado todo.com mucho primor ^ y dirijido y diseñado por el ar- 
quitecto Juan de Mora^ - 

£1 lienzo de Oriente tiene también los i 8 pies mas de altura como 
el anterior, y su ^tensión en la línea recta de torre á torre es de 744 
pies, aunque si se sigue la área que forman los resaltos qué hay en ella, 
llega á 1.098. Aunque no deja de tener hermosura, es el mais desagra- 
dable de todos, lo primero por el enorme murallon que está á espaldas de 
la capilla mayor, y que se eleva enmedio de la fachada , enteramente 
liso hasta el frontispicio triangular en que remata , y después por los 



268 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

cinco cuerpos efluentes y desiguales que hay. 'Loe dos estremos son por 
dentro unos tránsitos desde el templo á la habitación Real; los segundos 
los arranques de las torres que debieron levantarse allí según la prime- 
ra planta, y el palacio, que tiene dos órdenes de ventanas « lo primeras 
al piso del jardin con rejas voladas, y las segundas con antepechos de 
hierro. Lo demás de este lienzo es enteramente igual al del Mediodía, 
y tiene en. todas 386 ventanas y 9 puertas, 2 en las torres de los es- 
tremos, otras 2 á los lados de la habitación Real 9 y la ultima enmelo 
de ella, que «s al mismo tiempo reja. 

La fachada que mira al Tforte tiene,- como la de Mediodía, 580 pies, 
y su adorno consiste en un- zócalo de 3 pies de alto, sobre el que apo- 
yan unas pilastras resaltadas, que se atan por la imposta á los 30 pies, 
y terminan en la comisa alta, compartiendo i 80 ventanas y 4 puer- 
tas. Tres de estas- ultimas son grandes, de i O pies de ancho por doble 
alto, y dan paso, la del medio á las cocinas y oficios del palacio, la de la 
derecha al colegio, y la de la izquierda á las habitaciones Reales^ La 
cuarta, que es muy pequeña, está «n lo bajo de la torre llamada de Da- 
mas , y fué la que siempre usó Felipe 11, porque junto á ella está la 
antigua escalera principia de palacio. 



ZAGUÁN DE LA ENTRADA PRINCIPAL. 

Después de dar la vuelta al edificio, y de haber considerado su os- 
tensión y hermosura estertor, volveremos á la puerta principal, que da 
á un bello zaguán de 30 pies de ancho y 8^4 de largo , con puertas en 
sus testeros, y encima de cada una su ventana. La bóveda es de piedra 
bien labrada, adornada de fajas y lunetos,' y lo mismo las paredes , que 
tienen pilastras resaltadas, y entre ellas seis grandes arcos, tres de cada 
parte. Al Poniente, en el arco del medio, está la puerta de entrada, y 
sus laterales macizos. Los que corresponden enfrente están abieilos, y 
dan entrada al grandioso patio de los Reyes, al que es menester volver- 
le ía espalda para considerar la linda fachada que forma por la parte 
interior este zaguán, sobre el que están colocadas ambas bibliotecas. 

Los tres arcos por donde se ha entrado están entre pilastras de me- 
dio pie de resalte, y á sus lados hay otros dos arcos cerrados, de can- 
tería,- con tres ventanas abiertas en sus clai^. A estos cinco arcos cor- 
responden en el segundo cuerpo, isobre una comisa de 2 pies de vuelo, 
otros tantos balcones con antepechos de hierro , sobre loe que se halla la 
cornisa principal del patio. Encima de ella corresponden cinco, venta- 
nas cuadradas, que sirven para dar luz á la biblioteca principal, una 
imposta divide las últimas ventanas de otras tantas, redondas, que per- 
tenecen á la sala de manuscritos, y dan mucha gracia á esta* fachada, 
que termina á los f 40 pies, po<^ mas ó menos. 



S69 



PATIO DE LOS REYES. 



Se le da esto nombre por las estatuas de seis monarcas del Antiguo 
Testamento, que están colocadas en la fachada del templo, y son las que 
mas llaman la atención. Tiene este atrio 230 pies de largo por 1;36 de 
'ancho. Sus paredes laterales están adornadas con pilastras resaltadas que 
apoyan en el pedestal; enlazan én la imposta á los 34 § pies y terminan 
en la comisa, que es de bastante iruelo, y está sostenida por unos mo- 
dillones cuadrados. Comparten dichas pilastras cinco órdenes de ventanas, 
las primeras y segundas con rejas, las cuartas con antepechos de hier- 
ro, que son en todas 267, contando las de los empizarrados y torres. 

40 pies antes de llegar al templo se forman, en la altura de 
5, siete-. espacÚQsas gradas que atraviesan todo el ancho del patio, y 
^obre ellas queda una gran mesa , que sirve como de peana al fron- 
tispicio del templo. Este tiene en lo bajó 5 arcos de 1 4 pies de ancho 
por 26' de alto; los dos estremos quedan como fuera de la fachada; los 
tres del medio, un, poco mas salientes, están entre 6 medias cañas dóricas, 
.las del medio solas, y las de los lados pareadas, con basas, capiteles, 
arquitrabe, friso y comisa correspondiente. Encima de los cinco arcos 
correspondea otras tantas ventanas, anchas de 7 pies por 12^ de altas, 
con sus antepechos de hierro; y termina este primer cuerpo en la cor- 
nisa del patio. 

Perpendicularmente á las medias cañas dichas cargan 6 pedestales 
con sus basas y cornisas de 13 pies de elevación, y sobre ellos se osten- 
tan 6 estatúas colosales, altas de i 8 {nos .cada una, labradas ^n piedra 
berroqueña, con las cabezas, pies y manos de mármol blanco, por el 
célebre escultor Juan 'Bautista Monégro. Sacó estas 6 estatuas, j la de 
San Lorenzo que está i^bre el pórtico, de una misma piedra, cuyos 
restos permanecen en un prado de la jurisdicción del pueblo de Peralejo, 
llamado por esta circunstancia el Prado de los Reyes, En dicha piedra 
se Teen estos versetest 

í 

Seis reyes y tío santo 
salieron de csle canto 
y quedó para otro tanto. 

Representan estas estatuas otros tantos monarcas de la tribu de Judá 
y familia de David, que en diversos tiempos contribuyeron al esplendor 
ó á la restauración del templo de Jerusalén. Se pusieron en este sitio por 
consejo del inteligente Arias Montano,, que por mandado de Felipe II 
hizo las inscripciones que.debian ponerse en los pedestales; pero no 
.habiéndolas colocado al pronto, se perdieron, y el erudito P. Sigüenza 
hizo otras, que trae en su historia, lib. 4, Discurso 2, pág. 702; 
pero tampoco aquellas se pusieron, tal vez por ser muy largas. Las que 
hoy tienen se ignora quién las eligió, aunque se cree que fué el P. pan- 
tos» y están escritas en los planos de los pedestales^ con letras negras, 



270 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

puestas sobre un plano de mármol blanco, lo mismo que el nombre de 
cada uno de los reyes, cuyo orden, comenzando de izquierda á' derecha, 
es el siguiente. • . * 

JOSAFAT. 

Tiene en su mano derecha una segur de cortar lefia que pesa ^ 
arrobas, y junto á sí dos panes y un macho cabrío, en señal de haber 
destruido los bosques profanos y restablecido los sacrificios legales, que 
es lo que está indicado en la inscripción del pedestal, que dice asi: 
lAtcis ablaiis^ iegempropagavit. 

EZEQDIAS. 

Para significar la restauración del altar, verificada en su tiempo, y 
la celebración de los sacrificios, tiene en su inano una naveta de bronce 
que pesa 8 arrobas, y á los pies un cabrón, con la letra siguiente en el 
pedestal: Mundata domo^ Phase ceiebraimt. 

DAVID. 

Descubre por entre el manto la empuñadura enorme de un alfange 
que pesa 5 arrobas menos i libra dé bronce, y apoya la otra mano en 
el arpa, que también es del mismo metal, de 14 arrobas y 15 libras 
de peso. Recibió del mismo Dios el diseño del templo, que no quiso edi- 
ficase por las muchas guerras que tuvo. En el pedestal «e lee: Operis 
exempíar á Domino recepit, 

SALOMÓN. 

Su hijo fué el que lo edificó y dedicó^ y en señal de su sabiduría, en 
que aventigó á los demás hombres, tiene en su mano un libro, y en el 
pedestal la inscripción: Templum Domino (BdificeUum dedicavii. 

JOSIAS, 

Deja desarrollar un poco del volumen de la ley encontrado en su 
ti^po, que también es bronce y pesa 1 arrobas. La letra del pedes- 
tal dices Fóíumen legis Domini invenit* 

MANASES. 

Tiene en la izquierda un compás y una escuadra, indicando la res« 
tauracion que hizo del templo después de su cautividad, significada por 
una cadena y el trage de cautivo que tiene á los pies, y en el pedestal 
esta letras Contrüw^ aitare Dommi insÉauravtí» 

Tienen además todas estas estatuas cetros y coronas de bronce do« 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 271 

radas á faego, como lo son todas las ínsigfnias que hemos referido, y 
costaron: cada corona 400 ducados, y pesan á 4 arrobas unas con 
otras; cada cetit) 200 ducados, y cada estatua ^.200; de modo que su 
total importe, añadiendo 1.000 ducados que poco mas ó menos costaron 
las insigilias, es de 195.8Cro rs. 

Entre los pedestales hay un balconage de hierro^ y por debajo se 
forma un tránsito que corre toda la fachada. A espaldas de las estatuas 
se eleva el segundo cuerpo, formado por seis pilastras en corresponden* 
ciá con las seis medias columnas del primero, y en ellas sienta un fron- 
tispicio triangular, adorn>ido con, cinco bolas sobre sus almenas, en, que 
remata la portada. Entre dichas pilastras hay tres grandes ventanas, y 
sobre la imposta que las enzala, á la distancia media, hay otra en arco 
de 1 3 pies de ancha por doble de alta, qv^e rompe la cornisa inferior del 
frontispicio, y queda toda su vuelta dentro del tímpano. 

A los lados de esta fachada están' embebidas en el edificio dos torres 
de piedra, que no se descubren hasta la altura de los 80 pies. Sobre 
los caballetes de los empizarrados asoma la cornisa del segundó cuerpo, 
en la que sienta un pedestal de 8 pies, y sobre él cuatro pilastras de 
medio pie de resalto, pareadas á los lados. Entre cada dos de estas hay 
dos nichos, uno sobre otro, divididos por una faja, y en el claro del 
medio dos ventanas; la dé abajo cuadrada, la de encima redonda, y en 
esta ultima, en la torre de la derecha está colocada la muestra del reloj, 
rematando este cuerpo en una comisa de gran vuelo. El tercer cuerpo 
es igual al anterior en sus adornos, solo que en lugar de las dos ventanas 
hay en este una sola grande, en arco, de 14 pies de ancha por 32 de 
alta, habiéndose abandonado en eUa la proporción dupla, que es la mas 
perfecta y hermosa, por lo mucho que las líneas rectas disminuyen á 
tanta ^altura. Sobre la gran cornisa en que termina esté cuerpo corre, 
una balaustrada de piedra, con pedestales y bolas á plomo de las pilastras 
del anterior. En medio de esta plataforma se levanta un pedestal circu- 
lar, sobre el que descansa la media naranja, que concluye en una lin- 
terna con ocho ventanas, cerrada por otra cupulita. De esta sale una 
espiga, también de piedra, y sobre ella está colocada una b<^ un poco 
prolongada, de metal campanil, fundida en dos mitades, que tiene 5 pies 
de diámetro, y termina con-su cruz de 12 pies de alta, y veleta, que tie- 
ne 9, á los 270 pies. En la de la derecha está el reloj y campanas; en la 
de la izquierda no' hay nada, por haberse quemado dos veces el órgano 
de campanas que estaba colocado en ella. 

ZAGUÁN A LA ENTRADA DEL TEMPLO. 

A los cinco arcos de U fachada del esttemo del patio corresponden 
en la pared de frente otros cinco, todos con puertas: las tres del medio 
dan entrada á la iglesia, las de los lados á unos patinejos. Entre estos 
10 arcos se forma un vestíbulo de 138 pies* de largo por 20 de ancho, 
obra de mucha fortaleza y muy bien entendida, adornada de pilastras, 
nichosi cuadros.y círculos, fajas y lunetps en la bóveda, todo de cantería 



272 DESCRIPCIÓN. DEt MONASTERIO. 

trabajada con prime». En ambos testeros hay dos puertas de 8 pies de 
ancho por 16 de alto, que dan entrada á las porterías principales del 
convento y colegio. Las puertas idel templo tienen los marcos y arma- 
dura de finísima ácana, y los tableros de encina; pero la ignorancia, que 
todo lo Ticia y desvirtúa, hizo que las pintasen al óleo de color azul, 
quitándoles á la vista todo su mérito y hermosura. La del centro ocupa 
todo el arco; y las dos laterales, que son cuadradas, dan lugar en la 
vuelta del arco á dos medallones esféricos de mármol negro, en los que 
están escritas con letras de bronce, dorado á fuegOt las inscripciones 
siguientes. La de la izquierda del espectador: 

D. LAURSlfT. MÁRT. 

PHILIPP. 01IIf« HÍSP. REGN. UTRIÚSQüE SICIL. 

[hiERUS. etc. reí, HÜJUS TEMPLI PRimUSI DE- 

niCAVIT LAPIDEM I). BERNÁRDI SAGRÓ piE. 

ANNO MDLXIII. 

RES DIVINA FIERI IN EO COEPTA PRIDIB FS8TUM. 

D. LAURENT. ANTfO MDLXXXVI. 

La de, la derecha*. 

PHILIP. II. 

Olflfl. HISP. RE6N0R. ÜTRIUSQÜE SIGILs 

HIBRüS. ETC. KEX GAMILLI GAJET. ALEXAIfDR, PATRI- 

ARGHJE nUNTII APOST. MINISTERIO HAlfG BASILLI- 

GAH 8. CHRISMATE GOIfSECRAIfD. PIE AG DSVOTE 

GÜRAVit DIS XXX ADGüST; AUN. MDXCV. 

Traducidas al castellano dicen asi: D&n Felipe^ rey de Unhs ios 
JSspañas^ de las Das SkUias^' de Jerusalen^ «te, colocó la primera 
piedra de este templo^ dedicado d San Lorenzo Mártir^ el dia de San 
Bernardo del año MDLXIII. Se conmuarim d celebrar en él los divinos 
Oficios la tüUia de San Lorenzo del año MDLXXXFL 

La segunda: Don Felipe 11^ rey de todas las Espofñas^ de las Dos 
SicUicLS^ de Jerusaíen, etc,^ lleno de piedad y devoción procuró que esta 
óasáica fuese consagrada con el crisma santo por mano de Camilo 
Cayetano^ Patriarca de Jl^andrt^ Nuncio apostólico^ el dia ZO de agosto 
del año MDXCF. 

En la parte interior del templo están repetidas estas inscripciones. 

BAJO CORO Ó ATRIO DEL TEMPLO. 

Entrando por cualquiera de las tres puertas dichas se halla el bajo 
coro^ que en el espbcio de 60 pies en cuadro forma como un diseño del 
templo. Cuatro poMes cuadrados, cortadas sus esquinas interiores, tra- 



DCSCRIPCION D^L MONASTERIO. 273 

isan un «rocero, ca cuyos es Iremos se hacen cuatro grandes arces do 1 3 
pies de ancho p.or 26 de alto, que son otras tantas puertas; la de entra- 
da, las dos laterales que dan a los pátinejos, y la* de frente (esta no tiene 
puerta), que da paso á la iglesia. También forman como dos na^yes meno- 
res 9 en cuyos ángulos hay cuatro capilletas: las del lado de la entrada 
«iryen de canceles; las otras dos, cerradas con rejas do hierro, son dos 
altares dedicados á )os santos mártires Cosme y Damián el uno, y á San 
Blas ei'Otro. Hay cuatro pilas pafa el agua bendita, labradas en mármol 
pafdo, colocadas en el corte, interior de los cuatro postes, sobro los que 
se sustenta una bóveda admirable, que á pesar de su lar^a fuga se to 
¿an Uatfa.cemo elpavimento, y aun con alguna convexidad. 



CORO DE LOS SEMINARIOS. 

■ 

Pasado el arco abierto en dirección del templo se halla un espacio 
de 14 pies de ancho por 48 de largo, rodeado de asientos do nogal, y 
i^paldares con pilastras dóricas, entre las cuales se forman alacenas, en 
que se guardan los libros de canto para los niños seminaristas, á quienes 
este espacio servia de coro. 

Se sale de él por tres grandes arcos, el del medio de 13 pies de ancho, 
por 26 do alto, y los otros de 9 por 18, todos cerrados con elegantes y 
costosas rejas de bronce, compuestas de un ancho pedestal, balaustres 
estriados adornados de bellas molduras, una cornisa que las ata al nivel 
de los capiteles de las pilastras de los arcos, y que deja separados los 
medios puntos. £1 del medio esta. adornado de semicírculos, triángulos, y 
an círculo con una. cruz en inedio, todo de bronce, de cuya materia son 
también los grandes. aros en que están fijas; y sobre los dos menores hay 
sobre mármol negro las mismas inscripciones que afuera. 

< • . . • • 

TEMPLO. 

' 'El cuerpo de la iglesia- os un cuadrado perfecto do 1^0 pies; su 
materia piedra berroqueSa; el orden de su arquitectura dórico. £n me- 
dio ^lo la planta hay cuatro pilares fortísimos de 30 pies de grueso, 
colocados entre sí á la distancia de 53 pies medidos por sus bases, 4 los 
que corresponden de- frente otro ocho resaltados de las paredes,' que dis- 
tan 30 píes de Jos primeros. Sobre unos y otros dan vuelta 24 arcos, 
quedando pov cualquier parte que se mire dos anchas naves de 53 pies, 
que forman la cruz griega ó de brazos iguales, y las otras cuatro que 
dan la vuelta^al rededor, ancha» do 30 pies. 

Los cuatro grandes machones del medio tienen en la parte interior 
cortado el víto de las esquinas , y en los lados que miran á las naves 
anchas tiene cada uno dos pilastras estriadas do i pie de resalto, do- 
jando un espacio! do 6 de una á otra. En las que íniran á las naves 
menores las pilastras son lisas, y entre ellas hay dos nichos de 9 pies 
de ancbó por duplo de alto, y el mismo adorno y distribución tienen 

18 



274 DESCRIPCIÓN DFÍL MONASTERIO. 

con los pilares de las paredes que les cori^spondeD de frente. Los nichos 
Imjos en uno y olro lado son altares de <iuo mé ocuparé después; los 
altos tienen antepechos* do hronce, y eslan vacíos. 

A los estremos de la nave mayor que corre de Norte á Mediodía,' se 
Ten dos facliadás iguales. En lo bajo se forma;! tres arcos como los de 
entrada, nnb grande en medio y dos pequeños á los lados, divididos por 
su^ pilastras y traspilastras, cerrados todos con rejas de madera imitando 
hierro y molduras bronceadas; .y detrás de ellas se forma otra naye 
estrecha ó capilla en qne hay tres altares enfrente de los arcos. Sobre 
la cornisa se Jevanta un zócalo de 1 pies de alto, que ocupa todo el 
ancho de la nave, adornado también' con pilastras, que dejan entre sus 
claros tres ventanas cuadradas en correspondencia con los arcos de abajo, 
adornadas con balcones de bronce. Por encima de estas ventanas, y á los 
55 pies de elevación, corre otra cornisa con balconaje de bronce, y so- 
bre ella sienta un órgano que -ocupa todo el ancho, y sube hasta los 95 
pies de altura. La caja de dicho órgano esta formada poir seis columnas 
corintias que apoyan sobre un zócalo con pedestales resaltados, dejando 
entre 'ellas cinco claros donde están colocados los caffones. Los cuatro 
claros estremos son cuadrados, el del medio sube en arco rompiendo el 
arquitrabe, friso y cornisa, y quedando su vuelta en el tímpano de un 
frontispicio triangular, que remata con tres bolas sobre sus almenas. La 
fachada d^ frente es enteramente igual. Las cajas de ambos órganos son 
de pino de Cuenca perfectamente dorado, y ejecutadas por Jusepe Flecha, 
italiano, y los instrumentos por el constructor Masigiles y sus hijos. En 
aquel tiempo eran unos órganos de primer orden, tenian treinta y dos 
registros y dos teclados; ahora no tienen mas que las fachadas, y están 
inservibles. GostaroU' estos órganos con los del coro 26.899 ducados 
con 300 mrs. , 

En los testeros de las cuatro naves menores hay ocho arcos de 13 
pies de ancho por doble alto: los que arriman á la parte de Oriente son 
dos relicarios; los del Mediodía tienen rejas de madera y comunican con 
la sacristía y claustro principal; los del r^^orte, también con rejas de 
madera, tienen enfi«nte un altar dentro de las capillas menores; y los 
de Poniente, que están á los lados de la puerta de entrada, tieneii, como 
aquella, las rejas de bronce, por e^las ultimas se entra en dos capillas 
enteramente iguales, de €8 pies d^ largo por 22 dé ancho, con bóvedas 
de piedra lindamente compartidas con fajas y lunetos. Enfrente do la reja 
hay enjambas un arco grande que es puerta al patinejo, pero en la del 
lado izquierdo hay ahora colocado un altar, en qne Se venera la imagen 
de Ntra. Sra. del Patrocinio. Las paredes de estas capillas están adorna- 
das con pilastras resaltadas, y entre ellas hay cuatro aliares, con otros 
dos colocados en nnas capilletas que se forman en el hueco del arco de 
los testeros. En esta capilla se guardan también el tenebraiio que sirve 
en Semana Santa,' y un candelabro que se pone á la cabecera del féretro 
en loe entierros de los reyes. Ambos son magníficos, ejecutados en bronce, 
y de enorme peso. En la capilla que corresponde á ésta en la parte del 
Inerte, el un testero, en lugar del altar, esti ocupado por una fuente 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 275 

labrada en mármol pardo, donde se layaban las manos antes do celebrar 
los monjes Regíales. ^ 

En esta capilla se ba quitado el altar del lado derecbo del arco que 
da al patinejo, para colocar en su lagar el. sepulcro de la Sra. Infanta 
D. Luisa Carlota, madre del Bey IV. S. 

Dicbo sepulcro es de finísimo mármol blanco de Garrara* La traza 
es del arquitecto D. Domingo Gómez de la Puente; y los bajo-relieves 
y adornos, y la estatua de bronce en que termina,'y que representa á 
dicha Sra. Infanta del tamaño natural en actitud de orar, son obra del 
Sr. Ponpiano, ejecutada con el primor que distingue todos los trabajos 
de tan entendido artista. Pero por desgracia ni la elección del local, ni 
las luces á que está colocado el sepulcro, ni su traza, contribuyen en 
nada á la magostad, severidad y armonía que tanto se procuró en la edi- 
ficación de aquel templo, y que formaba «el mas grandioso de sus en- 
cantos. 

Sobre los once arcos que arriman á las paredes en las cuatro naves 
menores, están colocadas, en otros tantos círculos de mármol blanco, 
cruces de diaspro sanguíneo!, que se pusieron en el acto de la consagración 
del templo; la duodécima está detrás de lá mesa del altar^ mayor. 

A los 30 pies de altura da vuelta por toda la iglesia una comisa, i 
cuyo nivel hay unos tránsitos que se forman entre las paredes esteriores 
y los' pilares interiores, adornados todos los claros con antepechos y 
balaustres de bronce, con formas correspondientes á las pilastras de abajo. 
En la parte de Oriente hay en lugar dOv estos tránsitos unos relicarios; 
en la de Mediodía y raerte hay cuatro altares á sus estremos; la de 
Poniente la ocupa el coro y antecoros. 

Sobre los arcos de las naves menores y. los capitales de los gtandes 
pilares á los 65 pies de elevación; hay un ancho arquitrabe y friso, con 
su adorno- competente; y á los 80 sale una cornisa de mas de S pies de 
vjielo, que rodea todo el templo. A su mismo nivel, y dentro del macizo 
de las paredes, que son de 17 pies do espesor, hay un tránsito en arco 
de 4 pies de ancho y altura dupla^ por el que se da vuelta á toda la 
iglesia pasando por detrás delültimó cuerpo del altar mayor; y por un 
balconaje de hierro, que colocado sobre dicha cornisa atraviesa el coro. 

Sobre los cuatro arcos que en el centro del crucero dan vuelta so- 
bre los grandes pilares y sobre sos pechinas, sienta un arquitrabe con 
su fíleton y cornisa, en la qae apoya un pedestal circular, que deja un 
claro de 76 pies de diámetro. Desde él se levantan 16 pilastras resal- 
tadas, entre las cuales quedan abiertas ocho enormes ventanas en arco, 
anchaé de 13- pies por 27 de altas. Sobre estas corre otra cornisa de 
gran vuelo, eñ que apoya la pesada media-naranja, compartida en 10 
fajas, que arrancando desde encima de las pilastras van á terminar en el 
claro de otro fanal pequeño. En este hay abiertas otras ocho ventanas 
de 18 pies de altura, y en su cupulita termina el cimborrio por la parte 
interior del templo. / 



•T 



27G 



VENTANAS, 



Dan luz.á e^ta grandiosa basíHca 38 ventanas distribuidas del mo- 
do siguiente: las 16 del cimborrio; 2. sobre los órganos del crucero., de 
12 pies de anchas por doble.de altas; 3 en el coro; y encima de él 
sobre la cornisa, i enorme de 16 pies de ancha por 32 de alta; 2 en 
cada uno de los antecoros; 1 sobre cada uno de los. altares de las re- 
liquias; ^ las restantes repartidas al rededor de las naves en el tránsito 
que dije se hace en el macizo de la pared, y que corresponden en lo in- 
terior á los arcos y lunetos que se, forman sobte la gran cornisa, sin 
contar la que hay detrás del sagrario. Todas están cerradas con vidrieras, 
y dan muchísima alegría y claridad á todo el templo. En fin, el pavi- 
mento está solado de mármoles blancos y pardos de FÜabres y Estremoz, 
formando bellas labores que corresponden á la severa magestad-del cpn- 
junto.^ El coste de toda este templo, en la parte de cantería, .fué de 
5.512.144 rs. vn. 

Considerado el templo en su parte arquitectónica, describiré su par- 
te de adorno, comenzando por las bóvedas, construidas todas de rosca de 
ladrillo, y cubiertas en lo esterior de froga y planchas de plomo. En lo 
antiguo quedaron estucadas de blanco y sembradas de estrellas azules; 
pero ya he dicho en la historia el motivo por que en el reinado del scííor 
Don Carlos II fueron todas pintadas al fresco por el famoso Lucas Jordán, 
qué con tanta verdad como maestría trazó en ellas los asuntos siguientes. 

FRESCOS DE LAS BÓVEDAS DEL TEWLO. 

En la que está sobre el relicario del lado del Evangelio, representó el 
misterio de la Encarnación. Se ve al lado de Oriente aquella gran se&al 
que apareció en el cielo, una muger vestida del sol, con la luna bajo sus 
pies y coronada de doce estrellas, á quien el ángel anuncia la misteriosa 
concepción: el Espíritu Santo la cubre con su sombra; el Padre Eterno 
la contempla afectuoso; y el Hijo la mira como Madre, y la acompaña sa 
fiel custodio San José con la vara floreciente. Al Mediodía está la ado- 
ración de los reyes; al Norte, el Arcángel San Miguel da aquella gran 
batalla en que fueron precipitados los ángeles malos, y á la de Poniente 
los ángeles buenos glorifican al Criador, todos colocados sobre nube^ de 
rosicler, y pintados con un movimiento y valentía indefinible. En las 
pechinas de los ángulos están las cnatro Sibilas gentílicas: la^Cumana, 
que predijo la Encarnación y está señalando á la pintura, tjue la repre- , 
senta; lá Eritrea,^que vierte la cornucopia; la Pérsica levanta su. mano 
para verter el agua de una concha; y la Líbica, distinguida por el pez y 
el pan; acompañadas todas de graciosos niños, que manosean con placer 
los libros de sus vaticinios^ 

Sigue á ésta la vuelta del grande. arco del crucero principal, en el 
que está representado el viaje de los hijos de Israel por el desierto y el 
paso del mar Rojo. Moisés desde una altura les señala el tránsito abier- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO, 277 

lo en m^o de las aguas, en las que ja han comenzado á sumerjirse 
Faraón, su poderoso ejército, sus carros y caballos. María, hermana de 
A«ron, colocada en otra altura y acompauáda de otras mugcres, canta 
al son de varios iastrunc^ntos taa'.estraordiuario suceso; y el Seüor, 
desde jun claro qué se ve en el cielo, ordena, á sus ángeles que destru- 
yan á los enemigos de su pueblo. Sobre las ventanas están los artistas 
Betheseleel y Eliab, que fahricaron el tabernáculo y el arca, y en el 
opuesto Elíeíer y Gerson, sobrinos de Moisés, que salieron desde Ma- 
dian á recibirle y celebrar su triunfo. En el testero, á los lados de la 
ventana, está figurada la lluvia del maná, que los israelitas recejen dí- 
lyentes; y Sansón contemplando el enjanjibre de abejas que sale de la 
euotme boca del lepn que poco antes había desquijarado. 

£n el ángulo entre. Poniente y Píorle se admira el triunfo de la 
Iglesia militantOr á quien sé ve, adornada con el traje pontificio, senta- 
da en un majestuoso carro triunfal, acompañada de la Fot Esperanza, 
Caridad y demás "Virtudes. En su marcha triunfal va derribando y atre- 
pellando á los famosos herejes Arrio, Nicolao, Calvino, Lutero y otros; 
y mueven este carro misterioso los santos Doctores, á cuyo frente, reu- 
niendo tedüs los tirantCF, se ve al Dr. Angélico Santo Tomás de Aquin(\ 
que en su inimitable, teología reuiúó las doctrinas de todos los otros. Las 
cieneias todas, en figura de lindísimas doncellas, celebran aquella vic- 
toria; y la Gracia desde lo alto' y ier te abundantes dones, figurados en 
unas florea que recejen los ángeles para tejer lindas coronas. 

£n la vuelta del arco toral se ve la Resurrección, promovida . por 
el sonido de las trompetas que cuatro ángeles di r i jen á las cuatro par- 
tea d^l mundo, y obligan á los sepulcros á devolver sus nduertos para 
que se presenten al juicio final. En el centro, en un grupo de nubes sos- 
tenido por algunos ándeles, están sentados los Apóstoles, qUe rodean 
ei 0*0110 del Kijo iéí liombre,<qne sé ve en lo mas elevado con corona y 
cetro de oro, y. una segur en su mano derocha. Ocupa su lado la Ma- 
dre de pecadores intercediendo aun ppr sus hijos; y sobro las ventanas 
se VeD grupos innaoperables,. que separados por ministerio de los ánge- 
les, caminan á eumplir su sentencia de premio ó pena eterna. A los la-r 
-dos de las ventanas se corresponden el Asia y Europa, el África y 
Aaiérica. - 

En la bóveda que corresponde sobre la capilla del Patrocinio está 
representada lapureaia virginal de María Santísima. So ve á esta Scíío- 
ra- vestida de blanco ^ con manto azul^ suelto el cabello, con cetro en la 
mano; y una cormaa que sostiene .un ángel sobre su cabeza. DescariFa 
en un magnífico carro, en cuya proa el Esposo divino,, en figura de cor^ 
dero, abraza la cruz, y vuelve el rostro para mirar á su Madre Santí- 
sima. Multitud de vírgenes y mártires santas empuian las ruedas, y fi- 
guran darle movimiento por medio de unos tirantes que vienen á reu- 
nirse t^s en el Amor divino, que las guia, y desde cuyo rededor mu- 
chos angelitos disparan flechas inflamadas á las vírgenes. También acom- 
pañan este triunfo algunas santas del estado conyugal , que forman co- 
mo un. coro separado. En las £>echiuas están representadas las famosas 



278 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

bcroinas del pueblo de Israel: María, bermana de Aaron; Bébora, jaez 
y profetisa, sentada bajo la palma donde celebraba sus juicios; Ester, 
en el momento de oir de boca de Asnero, que no por ella sino por to^ 
dos los demás se babia dado la ley dé proscripción ; y Judit, qué corta- 
da la cabeza de Holofernes -la tiene bajo su planta varonil. En la distan- 
cia entre estas por todo el recinto interior están Jael, Abisag, Ratone- 
beca, Raquel, Susana, Abigail, y otras que se distinguen entre si por 
sus ropajes, y por-los instrumentos que llevan en las manos. 

En la gran vuelta del arco, encima del órgano de U derecha, está 
representada la victoria que el pueblo de Dios obtuvo contra los ama- 
Iccitas. Josué, á caballo en medio del campo de batalla, arrolla con su 
brazo poderoso multitud de enemigos, y manda al sol detenga su curso 
mientras completa su derrota. Sobre la cumbre de una colina inmediata, 
Moisés, acompañado dé Aaron y de Hus, tiene los brazos levantados al 
ciclo para asegurar el triunfo de su pueblo. Sobte las ventanas de los 
lados están en una Otoniel y Aod, y en la otra Gedeon y Jefté, jueces 
insignes del pueblo hebreo. En los lados de la ventana del plano del arco 
está , en el uno Elias recibiendo de mano del ángel el pan y agua que 
16 confortan hasta subir al monte del Seiíor; y al otro David, recibien- 
do de mano del sacerdote Aquimelec los panes sagrados. 

En la que está en el ángulo frente á la sacristía se ve una multi- 
tud de bienaventurados mezclados con los coros de los ángeles, y á San 
Gerónimo presentado ante el tribunal divino, donde se le manda azo- 
tar en castigo de haberse aficionado estremadamente á la lectura de los 
buenos autores. latinos. Tres de los principales Doctores de la Iglesia la- 
tina ocupan las pechinas, y en la cuarta, el león guarda el manto y ca- 
pelo de San Gerónimo. 

La última, que es la inmediata á la Capilla mayor, figura á la par- 
te de Mediodía la muerte de la Virgen, que está colocada sobre an le- 
cho de flores que rodean los Apóstoles. Algunos, de estos que no estaban 
presentes, son conducidos por el aire en manos de ángeles; y de lo alto, 
entre bellísimas nubes , de£cienden San Joaquin, Santa Ana y San José, 
que se adelantan al encuentro del alma purísima de su hija y de su 
esposa. Enfrente los Apóstoles admirados rodean el sopukro de la San- 
tísima Virgen, de donde los ángeles la han trasladado al cielo, &k ca-^ 
yos resplandores aun se marca el camino por donde ha pasado su cuer- 
po ya glorioso. A los lados de la ventana de la dereclía están José y 
Josafat, y en el capialzado Abraham é Isaac en el acto del sacrificio* En^ 
los de frente se ve á los reyes Josías y Ezequías; y en el capialzado^ Ja* 
cob, viendo en sueños la escala misteriosa, figura de la Virgen. 

ALTARES DEL TEMPLO. 

Anles de entrar en la Capilla mayor, fuerza les será á los aficiona- 
dos á la bellísima arte de la pintura' dar otra vuelta al rededor dd tem- 
plo, para no confundirse, y poder considerar las ricas pinturas coloca- 
das en sus altares. Estas están en el hueco de los nichos que se forman 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 279 

en los pilares, sin mas adorno que un marco dorado, y un sencillísimo 
frontispicio en arco. Las mesas de altar son todas de piedra berjoque- 
fia-, y los frontales de escayola, ejecutados en 1829 por D« José Mar- 
zal. Todaé sientan sobre una meseta de mármol pardo de medió pie de 
alta, que en el invierno está cubierta con una alfombra proporcionada, 
£1 numero de los que hay en la planta baja, entrando á su tiempo en. 
las capillas, es de 4 2,. que comenzando por junto al pulpito del lado del 
Evangelio guardan el orden siguiente. 

i, San Pedro y San Pablo, pintados por Juan Fernandez Navarro- 
te, conocido por el Mudo, 

2. En frente, San Felipe y Santiago; por el mismo» 

3. Altar de las reliquias. En lo interior y esterior la Anunciación 
del ángel á la Virgen; por Federico Zucharo^ retocado y enmendado por 
Jvan Gómez* ■ , ■ 

4. . En la capilla. Santa Ana; por Lucas Canhtaso ó Luqueto, 

5. En id. La predicación de San Juan en el desierto; por el mismo* 

6. Los evangelistas San Juan y San Mateo; por el mismo, 

7. Enfrente , San Lucas y San Marcos, Evangelistas; por el mismo. 

8. En la capilla. Los arzobispos españoles San I^efonso y San Eu- 
genio; por Luis de Carabajal, ~ ' • 

9. En id. La batalla de San Miguel y caida de los ángeles malos; 
por Peregrin Tibaidi. 

ÍO. En id. San Isidoro y San Leandro, hermanos; por Carabajal, 
11. San Fabián y San Sebastian; por el mismo. 
Í1, Enfrente. Los-. niños mártires Justo y Pastor; por Juan de 
ürbina, 

13. En la capilla, £1 martirio de San Mauricio y de la legión te- 
tea; por JRómulo Cincivato, ,• 

14. Capilla llamada de los Doctores, San Ambrosio y San Gregorio; 
por Jlonso Sánchez Mello, 

15. Enfrente. San Gregorio Nacianccno y San Juan Crisóstomo; 
por Carabajal. ■ ^ . 

16. ' En id. San Basilio y San Atanasio; por Jlonso Sánchez. 

17. En id. San Buenaventura y Santo Tomás do Aquino; por Ca- 
rabajal, 

18. En id. San Gerónimo y San Agnstin; por Jlonsó Sánchez, 

19. San Pablo, ermitaño, y San Antonio Abad; por el mismo, 

20. En frente. San Lorenzo y San Esteban, mártires; por el mismo. 
2 1.. Debajo del coro. San Sisto, Papa , y San Blas, Obispo; por Ca- 
rabajal, 

.22. Los Santos mártires Cosme y Damián; por el mismo. 

23. Las santas hermanas Marta y María Magdalena; por Juan 
Gómez. * 

24. Enfrente^. San Vicente y San Jorge , mártires ; por Jlonso 
Sánchez. " : ■ = : - 

25. En la capilla.' La Virgen del Patrocinio. Está colocado c}, altar 
en el arco grande que da al patinejo. Su materia es madera pintada al 



/ 



280 DESCRIPCIOIX DEL MONASTERIO. 

Óleo, imita Ddo mármoles, y el retablo forma en medio como on casca- 
ron, en que está colocada la Virgen, que es de talla, y Ycstida reg^ufór- 
mente de seda ó terc\(ípelo. '^ . 

26. En id. Santa Leocadia y Santa Engracia; por Carabajal, 
.27. Santa Clara y Santa Escolástica; por Alonso Sánchez. 
28.. Santa Águeda y Santa Lucía; por Carabajai. 
29. Santa Cecilia y Santa Bárbara; por el mismo. ~. • 
■ 30. Santa Pauk y Santa Mónic^; por Alonso Sánchez, 
31.' Santa Catalina y Santa^ Inés; j9qr 0/ »ii>mo^ 

32. Al lado de esta capilla, y en él estremo de lá pequeña jiave que 
fe forma bajo los tránsitos, hay otro altar con un Crucifijo del tamafio 
natural con el título de IdíMuena Muerte, de buena esenltura, ejecutado 
en pasta. 

33. San Martip y San Tricólas, obispos; joor Carabajal, 

34. Enfrente. San Antonio de Pádua y San Pedro Mártir; por 
Juan Gómez, 

35. En la capilla. Santo Domingo y San Franc5isco de Asís; por 
Carabajal, 

36. En id. El martirio de las Once Mil Vírgenes; dibujado por Pe- 
regrin Tibaldi y ejecutado, por Juan Gómez, 

37. En id. San Benito y San Bernardo, abades; por Jlonsó Sán- 
chez. 

38. San Bartolomé, y Santo Tomás, apóstoles; por' el Mudo,- 

39. Enfrente. San Bernabé y San Matías, apóstoles; por el mismo, 

40. Altar de las reliquias. En la parte esterior; San Gerónimo en el 
desierto. En el interior, en una de las puertas el mismio santo Doctor, 
y en la otra el Descendimiento de la Cruz; por Federico Zucharo^ reto- 
cadas y enmendadas por Juan Gómez» 

4.1. Santiago y San Andrés, apóstoles; por el Mudo. 

42. Enfrente. San Simón. y San Judas; por el mismo. Costaron Jos 
cuadros de todos estos altares 26.460 duca^ó^ con 34 mrs. 

Recorrido todo el cuadro de la iglesia, volvemos al medio' de ella 
para considerar la capilla mayor. 



PULPITOS. 

Antes de entrar en ella se encuentran dos pulpitos de mucho valor 
y hermosura, aunque disonantes, y poco á propósito para aquel gran- 
dioso templo. Según dije en la parte histórica, se hicieron con las pie<- 
dras de otro pulpito que habia en Parraces. Son de alabastro y már- 
moles finísiinos, con* columnas, pasamanos y adornos de bronce, de cu- 
ya materia hay en los tableros, en medallones de medio relieve, en el' 
úe la derecha los cuatro Doctores y las armas del monasterio, y en el 
de la izquierda los cnatrb Evangelistas y las armas Reales.. Desde la 
baranda se levantan cuatro columnas sumamente delgadas, que sos- 
tienen los tornavoces, que son, como. los demás adornos, de bronce 



DESCRIPCIÓN DEL HONASTEIllO. fiS! 

dorado á fuego por dentro y por fueva, de mucho trabajo y pritnoj*, 
p6r<r de.poco ^to y efecto. Sobre las dichas cúpulas están la Fe y la 
Beligíon,- táimbiéD dé Ijronce. Costaron aproximadamente 1.50(^.90(> 

rcaíba itellon^ 

■ . . * ■> 

CAPIlLÁ Y ALTAR MAYOR. 

• * » • 

> • - » 

La primera es una contimiacioB de la nave mayor del templo, y m 
. forma en un espacio de 70 pies de largo (que es la distandá que hay 
desde la primera grada hasta la Teñí ana que está á espalda» de la cna- 
todia), y en la latitud de 83. Divídese de lo demás del templo por un 
grande arco que Tuelve sobre tres pilaistrones resaltados y sobrepues- 
íos uno á otro. En lo ancho de estos, y ón la altpa de 10 pies, se for- 
man 12 gradas de mármol sanguíneo q:ae atraTiesan de uno á otro lado, 
escepluando las primeras, que dejan libires las escaleras de los pulpitos 
y basas de las pilastras. A nivel de la liltima grada se estiende una 
mesa de I S pies, cubierto el payimento de jaspes de diversos colores, 
embutidos y enlazados entre sí, formando labora bellísimas. A los la- 
dos de este plano están los oratorios y entieTros.realci', de que me oclu*- 
paré después. 

Desde jéi. se suben otras cinco -gradas de mármol sangi}íneo, ploro 
cortadas para dejai' libre la entrada á los oratorios « y conducen á of rp 
plano también de 15 pies hasta encontrar coa el retablo. En. medio de 
éste plano hay otras dos gradas, sobre las que sienta la mesa de altar, 
que está una vara distante de laparcfd, para poderla servir con mas eth 
modidad y reverencia. Su largo es de 12 pies, su ancho 5, su materia 
mármoles y jaspes embutidos, cubierta de una rica piedra jaspe de una 
pieza, toda consagrada eñ ara. En los testeros de este segundo plano 
hay dos bancos labrados en maderas finas; el de la derecha para sen- 
tarse eifelebrante y ministros en la Misa solemne, el de la izquierda 
para prelados eclesiásticos, si quieren desde alli asistir á la Mipa. Junto 
á estos hay unos balcones de bronce dorado, que cubren lo que quedó 
cortado de las gradas, y afiadcn adorno y hermosura. Entre los dicjioa. 
. asientos' y la mesa del altar hay colocadas dos credencias. iabri(das4m 
maderas finas v donde se tiene preparado cuanto púode ncce^tarse en el 
sacrificio. • 

Sobre el ultimo descanso hay ún zócalo de 10. pies de altura, -con 
.su friso y comisa que ocupan todo. el ancho de la capilla, todo de mar* 
mol sanguíneo, con compartimentos dts jaspe vcfrde, en corresponden- 
cia con los intercolumnios del' primer Cuerpo. A los lados de la- mesa 
hay , en- este zócalo dos puertas lindísimas de 3 J- pies de aneh» y doblé 
de alto, con jambas y dinteles de jaspe verde. Sn materia por la. parte 
interior es caoba, y por el anverso están embutidos finísimos jaspes de 
colores sumaiúente variados y hermosos, con marcos' de bronce dorado á 
' taego adornados con molduras. Estas dos puertas son las del sagrario. • 

En el zócála dicho apoya el primer cuerpo del retablo, que es de 
orden dórico. Seis columnas de marmol sanguíneo de 2| pies de diáne- 



282 DESCRIPCIÓN DEL UOMASTERIO. 

tro por 16 dQ alta, estriadas. de alto á- bajo, con basas y capitieles de 
bronce dorado á fuego, se presentan en primer t^mino, y. detrás 
les corresponden pilastras cuadradas, también con basas y capiteles de 
bronce dorado. Para evitar repetición, todas las basas, capiteles y ador- 
nos del altar son de bronce dorado á fuego. Eñ los espacios que com- 
parten dicbas columnas se forman cinco nichos por el orden siguiente; 
los estreñios, de 4} pies de ancho, se dividen en 2 nichos con fondo de 
jaspe verde 4 puestos uno sobre otro, y en ellos están colocadas cuatro 
estatuas del tamaño natural, que representan los cuatro Doctores de la 
Iglesia^ trabajados ccm una delicadeza y primor admirables. £1 ancho de 
ios siguientes es de 7 pies, en lois que están colocados do^ cuadros al 
óleo, que en figuras algo mayores que el natural representan el naci- 
miento del Seuor y adoración de los Beyes, pintados ambos por Vere*-\ 
grin Tibaldi. Tiene el ¿el centro 11 pies y medio de ancho, formándose 
en él un grande arco vestido de jaspe de diversos colores, bajo el cual está 
colocado el tabernáculo , que por su preciosidad y mérito merece par- 
ticular mención. Termina este cuerpo en un ancho arquitrabe con los tri- 
gh'fos y gotas de bronce, y las metopas de jaspes finísimos de diversos 
colores, que lo hacen muy vistoso* 

£1 segundo cuerpo, que es jónico, é igual en su dispoácion al an- 
terior, sienta sobre un podio de marmol sanguíneo, resaltados los pedes- 
tales de las columnas, que son del mismo jaspe con embutidos verdes. 
Sobre ellos se levantan , como en el primer cuerpo, seis columnas, y en 
los claros que dejan están, en ios estremos los cuatro Evangelistas, algo 
mayores que el natural: en los dos siguientes Jesucristo con la cruz 
á cuestas, y en su correspondiente la flagelación, pintados ambos por 
Federico Zncharo; y en el medio el martirio de San Lorenzo," por Pere- 
grin'Tibaldi. Enmedio del arquitrabe hay un bocelon de un jaspe san- 
guíneo oscuro de mucho brillo, sobre él que resaltan los dentellones de 
bronce que este orden pide. 

£1 tercer cuerpo es corintio, y consta foIo de cuatro columnas, en cu- 
yos tres claros están colocados otros tantos cuadros al óleo, todos de 
.mano de Zucharo. El del medio e^ la Asunción do la Virgen, y los late- 
rales la Resurrección de Señor y venida del Espíritu Sañto« En los es- 
tremos de este cuerpo, y debajo de la gran cornisa de la iglesia, hay dos 
pirámides de jaspe verde, á plomo de las columnas estremas del segundo 
cuerpo, y entre estas y las columnas estremas están colocadas laa esta- 
tuas de San Andrés y Santiago el Mayor, altas de. 7^ pies. 

£1 ültimO' cuerpo es de <)rden compuesto, y tiene solo dos columnas 
en las cuales- se hace una capilla cuadrada , vestido todo su fondo de 
marmol verde, en la que hay un gran Crucifijo, con la Virgen y San 
Juan á los lados. La cruz es la que dije se habia sacado del palo ipayor 
del navio portugués Cinco Ll<iqas, Sobre los capiteles de las columnas, 
apoyado en modillones de bronce, carga un hermoso fronti^icio.de mar- 
mol sMkguíneo de figura triangular, en que remata todo el retablo, to- 
cando en la dlave del arco de la nave. Desde él bajan desarrollándose 
unas cartelas llanas, de jaspe verde, que terjninaa en los pedestales de 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 28S 

los oslremos. En ellos sientan dos estatuas de mas de 9 pies de altura, 
que representan á los apóstoles San Pedro y San Pablo. Al pie de esta 
ultima se lee: Pompeiús Leonius f, 1588. Be este y de su padre» León 
Leoni, son todas las quince estatuas de broncQ dorado que hay én todo 
el retablo r cuya altura total es de 93 pies por 49 de ancho. Costó todo 
el altar 345.802 ducados y 114 mrs. 

Por las dos lindas puertas del zócalo^ al lado áé la mesa deUaltaT, se 
entr» en el 

SAGRARIO. 

^Consiste eñ un» grande arco de $ pies de fondo, formado en el ma- 
cizo de la pared, al que conducen desde las puertas dos escaleras do 
marmol. A las tres gradas forman uña. meseta, y desde ella revuelven 
por otras ocho hasta encontrarse en un plano 1 pie mas bajo que el asien- 
ta del Tabernáculo, Enfrente de él hay abierta una gran ventana, quo 
recibe la luz pdr el patio do la habitación Real, y en la que se corren 
velos de seda áé diferentes colores según la festividad. Por la parte del 
templo queda abierto el arco, y por él se reserva y manifiesta el Santí- 
simo Sacramento, se limpia el Tabernáculo, etc. Hasta la altura^ de esta 
última meseta, las paredes están vestidas de marmol sanguíneo con em- 
butidos blancos^ y desde alli hasta la vuelta del arco, en que está' figu- 
rado un arco' iris, están representadas, en los lados de las ventanas y sus 
correspondientes,, cuatro historias del Antiguo Testamento, figurativas del 
inefable misterio do la Eucaristía , á saber: Abraham ofreciendo á Mel- 
quisedec las ddcimas de la victoria; los israelitas cojiendo el i&aná; la 
cena legal; y. Elias rec;l)iendo de mano del ángel el pan subcinericio, 
pintadas al fre^o por Peregrin Tibaldí; y esto fue lo primero que pintó 
en esta casa, donde dejó luego tan aventajadas muestras de siis vastos 
conocimientos en el arte.' 

TABERNÁCULO. 

Es una de las joyas mas ricas, y la obra mas perfecta queso ha he- 
cho en esto género. Está colorado debajo del arco que dije se forma en 
el intercolumnio del primer cuerpo del altar. Su orden arquitectónico es 
corintio; su forma redonda; su materia piedras finísimas y bronces dora- 
dos á fuego. Sobre un zócalo de jaspes compartido con fajas de bronce, 
están colocadas á igual distancia ocho columnas de diaspro sanguíneo 
con yetas blancas, do singular belleza, y tan duras qíie tuvo el artífice 
que tornearlas á fuerza de diamantes,. con sus bases y capiteles de bron- 
ce dorado, de cuyo metal son también lois canes, florones y demás ador- 
nos de la comisa quo sienta sobre ellas. Rodea dichas columnas un 
cuerpo ó caja cilindrica con encasainentos, molduras, nichos y puer- 
tas, y estas con guatnicioncs y frontispicios de bronce. A los cuatro 
puntos cardinales corresponden cuatro pfiertas; las de Oriente y Ponien- 
te abiertas y defendidas con cristales, las otras cerradas con una plan- 



2S4 DESCRIPCIÓN DEL I^ÍONASTERIO. 

cha de alabastro biaDco. En la de la derecha se i^uso cuando sé restauró 
la inscripción siguiente: 

Penétraie Jesu Chrisio sacrum Galiorum (iggression^ tíirutum Ferdinan- 
du3 FU, Bex Pius, Ju^. resiüvát^ MDCCCXXVIJ. 

En los otros intercolumnios se forman cuatro nichos cerrados, en que 
están colocadas cuatro estatuas de los apóstoles, tan pcrfoctamNile. aca- 
badas que. son unos modelos. 

Sobre la cornisa corre un podio con ocho pedestales resaltados, que 
sirven como de término á las columnas de abajo, y de peanas á otras 
tantas figuras de los apóstoles, también de bronca dorado y de 1 pie do 
altfis; de suerte que con las cualro de los nichos completan el ax>o8tola- 
do. Sobre este pedestal sienta la cúpula, que está compartida por fsgas 
de bronce en correspondencia con los pedestales^ y ^ntre ellas se Ten 
picidras muy preciosas y de. colores sumamente' estráüos. En- la me* 
día naranja apoya una pequeSa linterna con su cupulita, y encima una 
figura del Salvador, del mismo tamaño y materia que las d$ los após- 
toles. 

En \fi antiguo el interior estuvo yestido de una piedra oscura finí- 
sima, y tenia, como cerrando la bóveda, un florón de oro esmaltado, 
y en él un topacio del tamaño del puño de un hombre, que desapa- 
reció <;uaHdo le desarmaron. En la restauración se forró de marmol 
blanco. 

' .£1 alto de toda esta magnifica ¡custodia es de 1 6 píes, y su diámetra 
de 7}.. La invención y traza fue dé Juan de Herrera, y la labró Jaco- 
bo de Trezo, que. inventó muchas y muy útiles herramieiitais y máqui- 
nas para poderla labrar con el prnnor que se ye, y con todo tardó siete 
años en hacerla. ' 

En el zócalo bajo, entrólas dos columnas de la parte del.SagrariOt 
se lee esta inscripción del Doctor Arias" Montano: JesuChristo Sacerdoíi 
acvictimcp^ Philippus IJ.^ Rex D^ opas Jacolñ Trezü medioíatien., talum 
Hispano é lapide^ que en castellano dice asi: El Rey Felipe J I dedicó d 
Jesuórisio^ d un tiempo sacerdote y^ victima^ esta obroy toda de mármoles 
dm ÉspafiOnt ejecutada por Jacobo Trezo^ mUanés. 

OllATOmOS REALES. 

En una y otra parte del primer plano de la capilla hay dos arcos, 
anchos de Q8 pies» en cuyo hueco' están los entierros y oratorios Bea^ 
les». Al nivel del plano hay en cada lado tres puertas, labradas en áca- 
na, con marees de bronce y tableros dé jaspe, jambM, pínteles y ca* 
pírotes de marmol verde. Las primeras junto á las gradas son paso para 
la sapristía y relicarios^ las otras dos -dan entrada á los orttorios, que 
son en cada lado dojs piezas pequeñas en forma de capillitas, con sus pi* 
lastras, eornisas y cúpulas, cnfoi^to'su sndo/ paredes y bóvedfeis de már- 
moles de distintos colores, «perfectamente ensamblados y emlbiitidos. En 



DK9CRIPCI0N DRL MONASTERIO. SS5 

el testero de Oriente hay eif ambos un -altar (ahora no hay mas que las 
mesas) donde oian Misa las personas Ueates. El del lado de la Epístola 
correspondo á la alcoba donde murió Felipe II. 

ENTIERROS REALES. 

Estos oratorios sinren como de pedestal, y á los 12 pies atraTÍesa 
todo el arco una coriiisa, sobre la que apoyan dos columnas estriadas dó- 
ricas, de 17 pies de alto, con dos .pilastras cuadradas que correspon- 
den á los estremos del arco, .todas con basas y capitales de bronce do- 
rado. Detrás de ellas se forma como una capilla de 10 pies de fondo 
hasta la pftred, en la que corresponden á las columnas de fuera pilas- 
tras de marmol sanguíneo ensambladas de yerde, y todo lo demás cu- 
bierto de una finísima piedra negra , que fue sacada do las canterái» del 
lugar de Anda, 5 leguas distante de Miranda de Ebro, y costó 1.650 
ducados; £1 marmolista italiano que la sacó y lahró se llamaba Antonio 
Marpja.. " 

Entre Ist» dichas columnas quedan tres. claros; los dos estremos es- 
tán vacíos, y en el del medio, en la parte del Evangelio, so ven cinco 
estatuas; la primera, el Emperador Garlos V,' armado y con manto im- 
perial, en el que está incrustada el águila de. dos cabeza?, q«e es de una 
piedra negra que imita el color de esta ave. Tiene descubierta la cabe- 
za, las manos juntas en actitud de orar, y puesto de rodillas en. un ^al- 
mohadón delante de un sitial, cubierto con un rico paño de brocado, to- 
do ejecutado en bronce dorado á fuego. A su. derecha está la Emperatriz 
Dofia Isabel; detrás su bija Dopa María, ambas con manto y águila im- 
perial; y después las dos hermanas del Emperador, la una Reina de Fran- 
cia, la otra de- Hungría. En el claró que detrás corresponde en la pared 
se lee, entallado en letras de bronce dorado á fuego, el siguiente epitafio: 

• • - .• 

D. O. M. 

Carolo K BonuJLn, Imper. Jugust» hor. regnorum t//r. SiciL ^et 
Hierusaiem Begi , Jrchiduci Justr.^ ' Óptimo Parentt Phiiippus 

FUmP. , 

Jacent simul Eüsabelha uxor^ ef Maria plia^ ImpwcUrices : Eleonora et 
¡fíariaj sórores, ií/a-Francice, hcec J/ungaríce Jlegince. 

Que én castellano dice: > 

* J honra y gloria de JDios Omnipotente y ñfáafimo^ y de dorios F^ 
Emperador augusto^ Itey de estos reinos, de las Dos Sicilias y de Jeru*" 
safén^ Jrchidvque de Juslria, su escelente padre, /as maridó colocar sU 
Aíjo Felipe JI, Están también etiterradas agutí Isabel, su tsposfí , y Ma- 
rta su hija, Emperatrices^ Leonor y María, sus hermanas. Reinas, la 
primera de Francia, (a otra de Hungría, 



28C DESGRiP(;:iON del monasterio: . 

i ' 

X 
\ • 

£n los espacios yacíos hay también inscripcipiies; la mas próxima 
al altar dice: ' - ; 

HwMo locum si quis poster, Caroi. F.^haóiiarn .^oriám rerum ges^ 
tarum splendore superaveriSf ipse solas occwpato^ cceteri reverenter 

abstmele, '■ •>• 

Que quiere decir: '. * 

aSí aigupo de ios descendientes de Carlos í^ sobrepujare la gloria 
de sus hazañas j ocupe este lugar ^ los den¡ds^ obténganse con re- 
verencia. 



• • % 



En el testero que está contiguo, la siguiente: 

Caroli F* Romanor, Jmperatoris stemmata gentilicia paterna^ quod locus 
cospit angustiór suis gradibus distincta et serie. . 



V • 



EstQ es: 

I . 

« 

Blasones de armas de parle del Emperador Carlos V^ según sus 
grados y ramas i no todas ^ sino las que cupieron en este lugar es-- 
trecho, 

~ En el espacio que queda á la parte de la iglesia: 

Provida posteritatis cura in liberorum nepotumque gratíam atque usum 
relictus locus post longam annorun^.seriem^ cuni debitum natura per^ 

solverint^ occupandus. 

En castellano: 

El cuidado previsor de los descendientes deje este tugar vacio d los 
hijos y nietos, para que después de largos años de vida le ocupen cuan- 
do pagaren la deuda natural de la muerte. 

En el testero inmediato dice lo mismo que en el de frente, solo que 
en lugar de sbr los blasones paternos, son los maternos. 

Remata este primer cuerpo con un arquitrabe adornado de triglifos 
j gotas de bronce, con ias metopas de jaspes variados y su correspon- 
diente cornisa. Sobre esta sientan dos columnas jónicas, que. sostienen un 
frontispicio triangular, en ique remata á los 53 pies de altura. A los 
lados tiene dos estribos de marmol verde, que Van á terminar en las 
acToteras de dos medias bolas de bronce, que arriman al arco sobre- las 
pilastras de abajo. Entre las dos columnas de este segundo cuerpo se 
forma un cuadra de marmol sanguíneo, á que están sobrepuestas las ar- 
mas del Emperador, adornadas de vistosos timbres y penachos, sosteni- 
das por el águila de dos cabezas, de piedra que imita el color aquiiíucoi 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 287 

de ciiya materia son también los blasones y campos, buscadas las pie- 
dras con mucha diligencia y trabajo para que correspondan coa los co- 
lores fier^ldicos. 

El enterramiento del lado de la Epístola es enteramente igual ial que 
acabo de describir. Tiene en el claro del medio otras cinco estatuas de 
bronce del tamafio natural, todas descubiertas las -cabezas, de rodillas y 
en actitud de orar. Representan á Felipe II con armadura y manto Beal, 
incrustadas en él sus armas de piedras, con sus colores naturales, que 
«on de mucho trabajo y valor. A la derecha está la Reina Doña Ana, su 
cnarta mujer; detrás Boua Isabel de Valois, que fue la tercera; á su la-* 
do Bofia María dé Portugal, madre del Ptíncipo Garlos, que está detrás 
de todas. Las inscripciones de esta capilla dicen: 

D. O. M. 

Philippi II, omn. Hisp. Regnor. utrjusque SicUicR et tíierus. Rex Ca^ 
tkoL^ Jrckklux Justr.j in hac sacra' epde quam á fundam. eximxU sUn 
Fi P. Quiescunt simui Jrma^ Elimbeiha ei Mariaj aacores^ cum Carolo 

Principe^ filio primogénito. 

En castellano: 

ji honra de' Dios Omnipotente y máximo, Felipe 11^ Rey católico 
de todas las Espafías, de las Dos Sicilias y de Jérusalén, archiduque 
de Austria f viviendo aún las mandó colocar en memoria suya^ en esta 
sagrada basílica, que fundó desdé sus cimientos. Juntamente con él des-r 
cansan Jna^ Isabel y Maríny sUs esposas, con^l Principe Carlos <i su 
hijo primogénito. 

En el espacio junto al altar: 

Hic locus digniori intér posteros ilh qui ullro ab eo abstinuiti virtutis 

ergo asservatur, alüer immuríis esto. 

Interpretándolo ón castellano dice: 

Este luga/r queda reservado por el que voluntariamente se abstuvo 
de ocuparle^ para el mas digno en virtud, de sus descendienlesf de noj 
permanezca vacío. 

En el mas próximo á la iglesia: 

íolerti liberorum studio posíeris post diuiina spa4ia ad usum destinatus 
locus claris cum natura concesserint monumentis decorahdus. 



28S ' DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

« 

En castellano: . . * 

£ste tugar queda destinadh^ con particular cuidado de los hijos, pa- 
ra que tos esclarecidos descendientes, cuando^muri^rjBn después de larga 
vida, le adornen con monumentos. 

Los dos testeros dé esto estaban destinados, como los del anterioTt á 
los blasones de* armas, y las inscripciones que en ellos bay son las mis- 
mas, solo mudado el nombre; y ni unas ni piras tienen hoy objeto, por-* 
quo los blasones ó árboles genealógicos que indican no llegaron á colo- 
carse. 'Los diseños de ellos se conserran en cuatro cuadros pintados ai 
óleo por ^antoja de la Cruz, que están en. la iglesia yieja. 

Remata esle entierro como el de enfrente, soio que.las armas son las 
de Felipe IT, de mucho mas precio y mas esmeradamente ejecutadas. Cos- 
taron todas las armas y fígutas de bronce do ^stós entierros 140.000 
ducados. 

Últimamente, la bóveda de toda la capilla está pintada al fresco por 
Luquete, 'que representó en ella la coronación de la Virgen, y los cuatro 
profetas mayores á los lados de las ventanas. 

RELICARIOS Y RELIQUIAS. 

£n los testeros de las naves menores, en su parte de Oriente, están 
los dos principales Relicarios, antes llenos de una riqueza material in- 
calculable, de que los despojaron los franceses, pero riquísimos aiin en 
objetos venerandos en nuestra religión santa. Sobre el ))alconaje que 
hay en la cornisa se forman otros retablos de lAadera con puertas entre 
sus pilastras, que terminan en un frontispicio triangular. £n el interior 
y esterior de dichas puertas están varias imágenes de santos, pintadas 
por Bartolomé Garducho. Por la espalda , tanto los de abajo como - los 
altos, tienen grandes fiuortas de ácana y caoba, por donde se colocan y 
limpian las reliquias. 

Cada uno de los bajos tiene en lo. iñteriot' siete tablas forradas de 
terciopelo morado como el fondo, distantes una do otra como 3 pies, y 
entre cada dos otra menos saliente, en las que están distribuidos con mu- 
cho orden los vasos que contienen las santas reliquias, que son en lo 
general do bronce dorado, cristales, y algún poco de lapislázuli. Sus for- 
mas son templetes, cajas, pirámides, brazos, cabezas y fanales; y el 
número de los- que contienen ambos relicarios es de 212, pQCo'mas ó 
menos. 

£1 describir detalladamente todas las reliquias, aunque ine limitara 
á solo las mas notables, sería cosa muy prolija, 5 me apartaria do la 
brevedad que me be propiiesto; y asi solo en resumen diró que el total 
de las que se conservan en esta basílica es de 7422,- entre ellas jnucbas 
de Jesucristo, de la Virgen y de los Apóstoles. Cuerpos enteros hay 10; 
cabezas 144^ huesos enteros del brazo y de las piernas 306. Si alguno 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 289 

quisiere conoc^er mus detaUadamente la calidad de dickas reliquids^ y los 
nombres de los santos á quienes pertenecieron, puede consultar una ta^ 
bla que hay en el antecoro junto á la pila, donde están anotadas con 
tod)ai especificación. 

Por la. reja que está junto al relicario de la derecha se entra en un 
pequeño tránsito adornado con cuatro arcos, de los cuales el primero á 
la izquierda es una -escalera, el segundo la entrada al panteón. Este ül-' 
timo está cerrado por una puerta de caoba, ébano y otras maderas finas; 
y lo mismo los que corresponden enfrente, que son unos cuartos para' 
gnardar cosas del servicio de la sacristía. 

ATRIO DE LA SACRISTÍA. 

Se pasa á él' por una puerta de 8 pies de ancho y doble alto. Es una 
sala de 26 pies en cuadro, solada de mármoles, y las paredes lucidas de 
blanco hasta la cornisa en que arranca la bÓToda, que está pintada al 
frescp por Fabricio y Granelio. En el centro de ella se rei^resenta un 
trozo de cielo abierto, por donde ^e^ciende un ángd con un jarro y tda-^ 
Ha en las manos;. y lo demás es del género grotesco. La fachada de 
Oriente la ocupa una fuente labrada en mármoles, donde se lavan las 
manos los sacerdotes. Sobre seis modillones estriados sienta una pila de^ 
marmol pardo, toda de una pieza, de 16. pies de larga por 4* de ancha. 
Sobre su borde interior seis pilastras de orden dórico comparten cinco 
nichos, y debajo de-^áda uno corresponde una cabecita de ángel de* 
bronce dorado, qué tiene en su boca el girifo ó surtidor del agua. Ter* 
mina esta fachadita con su arquitrabe y comisa, sobre la cual corre un 
podio con pedestales resaltados , y por remate una bola de jaspe. A los 
lados de la pila hay, dos puertas de. 7^ pies de alto, con jambas, din- 
teles y capirotes de marmol pardo, que dan entrada la de, la derecha á 
una, alacena, y la otra á las bóvedas subterráneas. Lo restante 
de la sala está rodeado de asientos con respaldares bien labrados en no^ 
gilf que al mismo tiempo sirven de arcas para ro|^, escepLo la fachada 
que da á la sacristía y el lugar que ocupan las tres puertas grandes* 
Las paredes están adotnadas con los diez cuadros siguientes^ 

iJ". 'Al lado de la puerta de la iglesia. Una Sacra Familia, en que el 
niflo Dios esiiende los brazos hacia un ángel que le presenta las insig-^ 
nias de la pasión; pintado ejn lienzo por SimonelU 

2.° £1 profeta Isaías sosteniendo una especie de escudo con esta le- 
' tras Et iivore ejtts sancUi sumusi Figura menor del natural, en tabla; por 
Pedro de Corlona, 

3.^ Tabla de 4 vara$ de largo por 2 de alto, con un resalto enci- 
ma. £1 descendimiento de la Cruz en figuras menores del* natural; por 
Atberto Ihtrero. 

. 4.^ La Sibila Eritrea con esta letra en el escudos Morte propria 
mortuos suscüavitf por Pedro de Cortona. 

S-^ y 6.^ A los lados de la puerta'de la sacristía. Dos cuadros apai- 
sados con figuras del natural y menos de medio cuerpo, que représen- 
lo 



290 DESCKlPCiON DEL MONASTERIO. 

táñ la adoraciop de los pastores y la incredalidad de Santo Toínis; por 
Pablo Matei. . ^ . "^ ' 

7.^ San Juan de la€r!]z orando; por Lúeas Jordán* 

8.^ La adoración de los Beyes; por el mismo.' 

9.^ La Virgen sentada juntp á una cuna con el Píiño en i>razos y 
San Juan que le ofrece unas frutas; de escuela wneciana, , 

10. San Gerónimo, sumamente estenuado, se agarra de una ciíerda 
para incorporarse; figura del natural; por José Ribera* 

Hay por debajo de los cuadros unas tablas con marco, con las con«- 
cesiones pontificias de los jubileos que pueden ganarse en esta iglesia. 

SACRISTÍA. 

Por la puerta del zaguán, que confronta con la del templo, se en- 
tra en la sacristía, que es una sala de 108 pies de larga por 33 de an- 
cha, y 38 de elevación hasta la clairede la bóveda. Al kdo de la puer- 
ta de entrada tiene dos alacenas donde se guardan las cosas necesarias 
af servicio diario del altar. Recibe toda su. luz de 14 ventanas que tie- 
ne en la parte de Oriente, 5 rasgadas sobre el pavimento, que alternan 
con cuatro alacenas ricamente labradas en maderas finas, y 9 en lo alto 
sobre la cornisa, á las que corresponden otras tantas figuradas en la 
pared de enfrente. Por*toda la parte de Poniente se estiende una cajo- 
nería de ácana, caoba, ébano, cedro, terebinto, boj y nogal, que consta 
de dos cuerpos. £1 primero está, formado por unas -pilastras que dividen 
todo el largo en siete partes iguales, y en cada una de ellas hay cuatro 
cajones con los fondos de cedro, tan grandes, que cabe en ellos una ca-* 
pa de coro perfectamente estendida. £1 esterior de .ellos está adornado 
de molduras, embutidos y ensamblajes, ejecutados con mucho cnidadQ y 
primor. Cubre toda esta cajonería una gran mesa de nogal adornada con 
una rica alfombra, sobre la cual se colocan todos los ornamentos que 
diariamente sirven para el culto. 

£1 segundo cuerpo es desorden corintio, y apoya en esta larga me- 
sa. Sobre un podio labrado en las maderas dichas se levantan columnas 
de ácana estriadas de alto á bajo, sobre las que descansa el arquitrabe, 
friso y cornisa, sostenida en canecillos de boj, labrado todo con estraor- 
dinario primor. Los tableros de los intercolumnios j9on puertas de otras 
tantas alacenas para guardar los vasos y ornamentos sagrados. £n el 
centro está colocado el lindo espejo guarnecido de cristal de roca que 
regaló la augusta madre de Garlos II, y á sus- lados hay otros sei3 me- 
nores colocados á distancias convenientes. 

£1 piso es de mármoles pardos y blancos, como los del templo , aun- 
que mas pequeños; las paredes están blanqueadas hasta la cornisa, y la 
bóveda pintada á lo grotesco por Fabr¡cioj<iranel¡o, Las fajá^ resal- 
tadas se finjen cubiertas de piedras preciosas, y en los espacios inter- 
medios unas pateras con adornos de follajeá, flores, templetes y anima- 
les lindamente ejecutados. ^ 

De esta sola pieza, con pretesto de amor á las artes^ se han sacado 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 291 • 

mas de 24 cuadros magni&cos; los restos que hoy quedaá son los si- 
guiente^: , 

1<^ Sobre la -alacena de la derecha* ün florero; pintado por Mario 
Nuzu 

2.® Una sacra Familia, en que San Juan está con una manzana en la 
mano, como esperando despierte él I^iño, que está dormido; por Pablo 
Peronés. \ . , 

3«° En el nicho. San Francisco de Asís, en oración; del Greco. 

4.* San Pedro Alcántara orando delante de una cruz rodeada de res- 
plandores; por Francisco. Zurbardn, 

5.^ San Francisco de Asís estendiendo los brazos y como estasiado; 
por Mibera, 

6.® En el nicho. Un andano anacoreta que tiene en sus manos un 
rosario;' por el jn^stno. 

7.** La Transfiguración del Señor; copiada del original de Rafael, 

8.° Jacob guardando el ganado de Laban; por Ribera. 
• 9.* La Virgen dando, el pecho al Ifiño; de la escuela de Fandyk. 

10. La Virgen gentada*, tiene en su regazo al IXiñOt á quien Santa 
Isabel presenta una jnanzana; al rededor hay varias mujeres con niños, 
y algunos hombres; de escuela, florentina. 

1 1. Otra copia de la Transfiguración de RafaeL 

' Í1. Lienzo de 19 pies de largo por 7 de alto: Jesucristo en el acto 
de lavar los pies á sus Apóstoles en, el cenáculo; por Tiatoreto. 

13. En el nicho. Una Concepción; de la escuela de Peronés. 

14. La Virgen^ San José, y San Juan en ademan de imponer si- 
lencio, observan al Ifilio dormido sobre unos almohadones; por Zavinia 
Fontanar 

15. El descendimiento de la Cruz; en tabla. 

16. San Pedro en la prisión vuelve la cabeza para mirar al ángel 
que viene á darle la libertad; bellísimas figuras del natural; por Ri^ 
bera. . ' 

17. San Juan Bautista y San Juan Evangelista; por el Greco^ según 
su prioierá manera. 

18. La Asunción de la Virgen; copiada del original de Rafael. 

1.9. Una imitación alterada de la Perla j de Hafael; de escuela vene- 
ctana. 

20. En el nicho. David cortando la cabeza dol gigante filisteo; en 
tabla; por Miguel Cusin. 

21. Cristo cargadof con la Cruz, y un soldado armado que con 
una mano tira de un cordel, y pone la otra sobre la cabeza del Salva- 
dor; jK)T, Guido Rennu 

22. - La Circuncisión de Jesús, figuras no enteras; del Parmesano. 

23. En el ipcho. San Gerónimo, penitente; por Ribera. 

24.. Parte dé las ventanas. El descendimiento de la Cruz; de la e^- 
cueta de Peregrin Tibaldú 

25. Jesucristo llagado y coronado de espinas orando sobre la cruz; 
por Tintoreio, 



292 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

26/ San GerónimOf penitente^ por MattcLs de Torrea 
^27. ün Crucifijo casi del natural; por Ticiano, 

28. £1 Padre Eterno con* el Espíritu Santos al Jiecho; por Pablo 
Feronés, 

29. San Eugenio,- Arzobispo de Toledo; por el Greco^ según su ul- 
tima manera. 

30. San Antonia do Padua; de escuela valenciana, 

31. San Onofre cubierto su cuerpo de cerdas, ce&ido con hojas de 
árbol, puesto' en oración, y á su lado la corona y cetro Real) por 
Jiibera. " - ' 

32. La Magdalena recien conyertida orandqen su lujoso aposento; 
por Tisíioreto. 

33. La beroina Jael; tiene á sus pies á Sisara, general dé los cana-» 
neos, j está en actitud de implorar el fayor divino ^ntes de traspa- 
sar sus sienes con el clavo y mazo que tiene ^ en sus manos; por 
Jordán, 

34. San Juan Bautista abrazando un cordero. Copiado del original 
de Ribera < i * ^ 

35. San Podro Apóstol en pie; por el Grecos según su ultima ma- 
nera. 

36. El descendimiento de la Cruz én figuras pequeñas'; por Oírlos 
Ferónés, 

37. ^an Juan Bautista eii el desierto; por Tictano. 

:{8. UiiEcce-BLomo y San Podro á su lado llorando; de autorz-desco- 
nocido. ^ ^ * 

39. DaVid muy joven: tiene en la derecha el alfange, y. bajo au pie 
la cabeza de Goliat; por J)on José Montier, 

40. La gloria en lo alto, y debajo el infierno con multitud de figuras 
que imploran la divina clemencia.. En primer término se reconoce el re- 
trato de. Felipe II; por el Greco, 

41. . Sobre la alabena. Ün florero; por Mario Nucc.u 

.42. Encima de la puerta de entrada. El entierro de 'Jesucristo en 
figuras del tamaño natural; por Ribera, 

BORDADOS EN LOS ORNAMENTOS. 

A pesar de lo muchísimo que en la invasión francesa se destruyó y 
perdió de las ropas y ornamentos de esta Sacristía , donde halia algu- 
nos que la vara de tela costó en aquel tiempo á 550 rs., se conservan 
átln algunas cosas notables. Entre ellas es de un valor inapreciable un 
temo, eí campo de tela de plata frisada de oro, con cenefas del ultimo 
metal matizado, en las que están bordadas muchas historias de la vida 
del Salvador, pero de un modo taii acabado y admirable, que parece no 
pueden mejorar el pincel y los colores lo que alli pintaron la aguja y la 
seda. Según el P. Sigüenza, esta manera de bordadura sobre los hilos de 
oro es invención de espafioles, nacida «n Giudad-Bodrigo. Estos fueron 
hechos aqni por los mismos legos Bordadores, y bajo su dirección, sobre 



DESCRIPCIÓN DEL UONASTCRIO. 293 

dibajos de Peregrio, el Mado y otros pintores. Estos dibnjos se comer- 
ystn en la biblioteca, y los picados á aguja y aun mancliados del carbón 
con que se pasaron a la' tela^ de cuya existencia ya nadie tenia noticia; 
tengo la gloria de haberlos recojidó, encuadernado y puesto en esta bi- 
blioteca. 

CAPITÜLARIO. 

También es de nracho mérito y estima un capitularíó que se guarda 
en esta sacristía; su tama&o es en folio, sus cubiertas de terciopelo car- 
mesí, con adornos, cantoneras y' manecillas de plata. Está escrito por' el 
célebre pendolista Fr. ])fartin de Falencia, monjil benedictino, y contie- 
ne i 8 viñetas ó historias,- con lindas cenefas y adornos» pintadas á com- 
petencia por Fr. Andrés de León, Fr. Julián de Fuente-el-Saz-y Ambro^ 
sio de Salaz^. ' ' . ^ 

t 

ALTAR DE* LA SANTA FORMA. 

' Todo el testero de Mediodía está ocupado por el altar de la Santa 
Forma, cuya historia, asi como el motivo de haberse construido esta 
capilla, queda ya referido. Ahora ^haré su descripción. 

Sobre el pavimento sientan seis pedestales, tres de cada parte del al- 
tar, de jaspe con embutidos de marmol, y adornados sus .planos de me- 
dallas y follajes de bronce dorado. Sobre los cuatro estremos descauj 
san otras tantas columnas enteras de 10 pies de alto, con sus pilastras,, 
y sus basas y capiteles de -bronce,. y sobre los del medio dos pilastras,' 
adornados sus planos con hojas y racipios de vid y espigas de bronce. 
En el claro entre estas dos se forma una capilla trasparente de 9 pies de 
ancha por cerca de 20 de alta, que rompe la cornisa del primer cuer* 
po y llega á lo alto del segundo. 

En los intercolumnios estremQs hay en cada uno una lindísima puer- 
ta labrada en maderas ñnas con adornos de concha y bronce, reparti- 
dos eñ sus tableros castillos y leones de este último metal , y sobre el 
dintefun león, que con una de sus garras sostiene un globo, y empufia 
en la otra un cetro; todo dé bronce. Desde dicho dintel hasta el tope 
de la cornisa se forma en cada lado un nicho en medio punto , cubierto 
con bajo-relieves ejecutados qu marmol blanco. En el de la dere- 
cha del altar está representado el emperador Rodolfo. lí en el acto de 
entregar la Santa Forma á los comisionados por Felipe II, y en el de la 
izquierda á este piadoso monarca én el acto de recibirla. Sobre la cla- 
ve de estos dos nichos hay dos águilas, abiertas sus alas, y pendientes 
de sus picos collares de la insigne Orden del. Toisón, también de bronce 
dorado. 

A plomo de las pilastra^ del primer cuerpo cargan en el segundo dos 
machones de mármol, sobre los que se mueven las vdiutas que forman 
todo el alto de la capilla trasparente. Los planos de estos machones, es- 
tán adornados de follajes de bronce, pendientes de dos serafines de mar- 



294 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

mol blanco de Genova colocados en los capiteles; y sobre las volatas se 
ven sentados dos ángeles de bronce coronados de laurel' y con. palmas 
en las manos. Cierra la clave ot^o serafin dej mismo marmol blanco, co- 
ronado de lánreh, el cual figura sostener un tarjeton de bronce, en el que 

está escrita en caracteres negros la letra siguiente; 

> 

r 

EN MA6NÍI OPERIS MIRACVLUM - 
INTRÁ MIRÁCULÜU M;DNDI ^ 
COCLI HIRACULO; CONSBCRATÜM. 

Sobre, las columnas estremas sientan cuatro pedestales, en que están 
colocados otros tantos niños de marmol blanco, puestos de pie y soste- 
niendo unos flameros de bronce. Entre estos bay en eada lado un círculo 
con un- bajo-relieve, que representan', el de la derecba á los zuiñglianos 
pisando las Formas, y el de la izquierda q1 acto de tomar el hábito de 
San Francisco el hereje que se arrepintió á vista del milagro. En la 
parte superior de estos círculos hay dos serafines con coronas Reales so- 
bre sus cabezas, y á los lados unas palmas ^.de bronce. Todo el altar ter- 
mina siguiendo la vuelta de lá bóveda. 

Todo el' trasparente está cubierto .con un cuadro al óleo, en que se 
representan la sacristía y h grandiosa procesión que se hizo al trasla- 
dar la santa Forma á la capilla qué acabo de describir. Este lienzo es- 
tá pintado por Claudio GoeUo con tanta verdad, con tal corrección de 
dibujo, con tal fuerza de colorido, con tanta propiedad en la perspecti- 
va, que el altar, el Prior que manifiesta eñ sus^ manos la custodia, el Rey 
Carlos II, que acompañado de su IVeal familia la adora, y la Comuni- 
dad que canta las divinas alabanzas, todos parecen moverse, todos salir- 
se del cuadro. En lo alto hay unasi^guras que representan algunas vir- 
tudes , y unos ángeles que figuran levantar una cortina carmesí y sos- 
tener una cinta con esta letra; Megalis mensa prmbe(nt deudas 
Begiíms, 

^ En los.dias de jubileo, que. son ellS de. setiembre y el 28 de no- 
viembre, en que se manifiesta la Santa Forma, este cuadro se baja á tor^ 
no hasta esconderse debajo del pavimento.' Entonces se ve colocado en 
medio de la capilla sobre- unas gradas un templete de bronce dorado á 
f oego^ de '1 varas de alto y de muy buen» gusto. En el zócalo tiene va- 
rios huecos distribuidos en buena proporción, en qué están colocadas^ 
algunas reliquias de San Lorenzo, y de. sus dichosos padres Orencio y 
Paciencia. Sobre este zócalo, en sus cuatro ángulos, sientan ocho co- 
lumnas pareadas con su correspondiente arquitrabe v comisa^ en que 
descansa la cúpula en que remata. Fue hecho por Fr. Eugenio de la 
Cruz, monje lego de este monasterio, de quien es también el frontaltar 
de dicho retablo. 

De la clave de la capilla es(á pendiente un Crucifijo de bronce casi 
del natural, que figura estar sostenido como en el aire por dos ángeles 
también de bronce.- 



DESCRiPCIOM DEL MONASTERIO. 295 

SAGRARIO DE XA SANTA FORMA. 

. Eatrando por la puerta de la derecha del altar se halla una pieza do 
10 pies de ancha, 32^ do larga y 1\^ de alta. RcfCibe la luz de Orion- 
te por dos ventanas una sobre otra; y en la segunda hay* un antepecho 
de marmol con balaustres de bronce solo de' adorno. Las paredes,' el pa- 
vimento y. la. bóveda están vestidos de mármoles y jaspes de diferentes 
colores. Las paredes tienen pilastras resaltadas sobre sus pedestales, y 
en los planos de los intercolamnios, florones ó estrellas embiitidas con mu- 
cho primor. La bóveda está compartida con ángulos y aristas en cor- 
respon'dencia con las labores del pavimento; y en esto, frente al altar, 
hay un lindo florón que corresponde con otro de bronce qiíe esta enci- 
ma como cerrando la bóveda. Be este último pende una araña también 
de hronce, que viene á quedar en medio del trasparente, que por esta 
parte es mucho mayor por la fuga del arco. A las ventanas de Orien- 
te corresponden en la parte opuesta, en lo bayo una puerta de igual la- 
bor y forma que la de entrada, y encima una tribunilla de 8 pies cua«- 
drados, cubierta como todo lo demás de marmol .y jaspe. Tiene delante 
un antepecho de marmol pardo, sostenido por 'cuatro pilastras de lo 
mismo, y balaustres de bronce con unos jarroncitos por términos. En el 
testero de esta tribuna hay un nicho de 4 pies de ancho por 6 de alto, 
-querjKnata en una concha. Ahora hay cruzadas delante de él dos 
banderas, que tradicioñalmente se dice ser tomadas en la rota de San 
Quintín. 

La arquitectura del altar y demás es de orden compuesto; su traza 
y ejecución de Don José de Olmo, y los bronces de Don Francisco Fi- 
üpini. Lo demás véase on la parte histórica. Por la puerta de la iz- 
quierda del altar se pasa á otras dos piezas en el piso bajo y otras 
dos en el alto, rodeadas de cajone>ría y escaparates para, guardar or- 
namentos, conocidas comunmente con el nombre de salas de Iqs Ca- 
potiUos. • ' 

PANTEO]>f PRINCIPAL Ó DE LOS REYES. 

En el tránsito desde la iglesia á la sacristía Pernos indicado la 
puerta del panteón. Entrando por ella -se bajan doce gradas en direc- 
ción á Oriente, donde hay una ventana, y debajo de ella una meseta ó 
descanso. A la derecha está colocado el retrato del limo. Fr. Poicólas 
de Madrid, digno de este honor por los muchos y señalados servicios 
que prestó en la conclusión de esta obra magnifica. Volviendo sobre la 
izquierda se bajan otras tl^ce gradas de pi^ra berroqueña, como las 
anteriores, hasta llegar á otro descanso en que está colocada la portada. 

PUERTA DEL PANTEÓN. 

Es de orden compuesto, ejecutada en marmol y bronce por el arqui-* 
tecto Bartolomé Znmbigo. Tiene dos cuerpos, que ocupan todo el claro 



296 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

de un arco de íñ} pies' por mas de 6^ de ancho; el primero está for- 
mado por dos zócalos, en los .que sientan dos medias cañas, no enterap, 
sino figurando sus dos terceras partes embebidas en las jambas, pilas- 
tra» y traspilastras, .que todas tienen sus basas y capiteles de bronce, de 
cuya materia son también los inodilloncillos qiíe sostienen el Yuelo de 
Jia cornisa, y los demás adornos de la portada. ^£1 claro del medio se 
cierra con una reja de dos hojas, formada de. balaustres bien torneados, 
que apoyan en un zócalo de 2 pies do alto, todo de bronce dorado á 
fuego. 

Sobre la cornisa en que termina e} primer cuerpo hay una lápida de 
marmol negro de Italia, en la que en letras de bronce dorado,está pues- 
ta una inscripción elegante y bien entendida, que compuso Don Martin 
La-Farína de Madrigal, abad panormitano, aunque al ponerla se hizo 
alguna pequeña enmienda. Dice asi: 

4 

% 

D, O. M. 

locus sacer mortalitatis j^xoyus' 

'gatholicorüm REGUM 

á rfstáuratore titjib, gtjjus arar max. 

Austríaca adhüg pietate subjacent 

optatam diem spectaiitiuh.. 

quam p05thumam :sedem sib|, st 6üi8 

jurolus cabsahum hat. in y0ti$ hab1tit; 

FHILIPPUS II RE6ÚH PRUBENTISSIMÜS BI1E6IT, 

PHILIPPUS I|I TERE PfUS IIVGHOAYIT; 

PHILIPPÜS IV. 

CLEMENTIA, GONSTANTlA, RS^IGIONE MA6NUS 

AUXIT, ÓRIfAYIT, ABSOETIT 

A^irO pif(. MBCLIT. 

que traducida al castellano, en gracia de los que ik> conocen el idioma 
ktino, dicie asi: ^ . ' ' 

J gloria de Dios Omnipotente- y Mdocimo. Lu^ar sagrado donde se 
guardan los despojos mortales de los Reyes Calólicos^ que esperan del 
restaurador de la vida (bajo cuyo altar mayor quiso la piedad de la Ca- 
sa de Justriii que estuviesen) el deseado dia de la resurreccfonf cuya 
última morada deseó para si y para sus hijos el Máximo de los Cesa - 
res Carlos^ Felipe If^ el mas prudente de los Reyes ^ ia eligió; 'Feli- 
pe JJI^ verdaderamente piadoso^ la comenzó; y Felipe JFy grande en la 
clemencia^ en la constancia^ en la religión , la aumentó , adamé y con- 
cluyó año del Señor MDCIJF. 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 297 

A loe lados de esta lápida se Ten dos bichas de bronce arrimadas 
i dos niachoncillos'de marmol, con varios adornos de bronce, sobre que 
descansa la ccMmjsa adornada de filetes j dentellones interpolados de me- 
tal y jaspe. Encima de esta comisa se. levanta un frontispicio en arco 
qne no lle¡ga á. unirse, dejando un claro en'el que está colocado un es- 
codo de armas de 'cerca de 2 pies de largo por 1| de ancho, cuyos 
blasones eran todos de metales y piedras preciosa», ahora arrancados y 
destruidos. Sobre la parte esterior de la yu^tai del frontispicio están 
Tocostadas dos figuras de bronce eji*cutádás en Italia; la de la derecha 
>reiH«senta á la I^aturaleza humana desfallecida, cayéndosele la corona de 
k cabeza,.y su mano izquierda parece abandonar el cetro para sostener 
UQa targeta en que se lees Natura occicUt, Al otro lado está la Esperan^ 
za sosteniendo ea su izquierda un flamero, y. eti la derecha una targeta 
en que dice: Spes excUtat, 

j 

ESCALERA DEL PANTEÓN. 

C!omienza desde esti^ portada, y^ en la distancia de 64 pies forma 
treinta y cuatro gnuias con tres descansos. Su ancho es dé~6 pies, sa 
alto Gontaiido la vuelta del cañón, de 13; y toda ella es de esqnisitos jas- 
pes de Tortosa y mármoles de Toledo, tan perfectamente ensamblados y 
unidos qoe parecen una sola pieza. En las paredes, por toda la estén- 
sion de ellas hasta la altura de. 3 j pies, hay un antepoQho compartido 
con embutidos de jaspe, en cuya correspondencia están los tableros de 
las paredes adornados conmoldurastde jaspe, y cortados por fajas de la 
misma materia embutidas. Sobro estos carga una «imposta, y en ella apo- 
ya la vuelta del arco del cañon^ compartido Cambien por cinchos de 
marmol. 

Bajadas trece gradas se encuentra el primer descanso, que forma co- 
mo una capilleta con cuatro pilastras, sobre que dan vuelta dos arcos, 
y ea sus claros dos puertas labradas en caoba y ébano, que no son mas 
que de adorno, con jambas, dinteles y, sobredinteles. Dentro de la vuel^ 
ta del arco hay dos formas con círculos y triángulos bien dispuestos y 
de buen efecto. En las cuatro pilastra^ apoya una linda cupulita cerra- 
da por un florón de bronce» del qne está pendiente una^ araña con seis 
meehforos, también del mismo metal'. 

Continuando por otras trece escaleras hay otro descanso' mi todo 
igual al anterior, con la ^la diferencia que torciendo en él. la direcdon 
de la escalera sobre la derecha , sus ángulos 'son desiguales formando 
un contraviaje de mucho movimiento, ejecutado con habilidad y hermo- 
sura grande. Las dos puertas de este descanso conducbn, la de la' dere- 
cha á la sacristía del panteón y uno de los pudrideros, y la> de la iz- 
quierda á otros dos pudrideros y' panteón dé Infantes; de unos y otros 
haré mención después. 

Besdeeste bajan otras siete gradas, al fin de las cuales hay; otro 
». Tiene á sus lados, como los anteriores, cuatro pilastras, pon 
la diferencia que las dos en qu^ termina la escalera son de marmol con 



298 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

nna fonna encima, y las otras dos de bronce dorado, sobre las que des- 
cansa el dintel de la puerta. Hay en ella una reja dé igual primor qae 
la primera, también con balaustres de lironoe, sin mas qae sus pedesta- 
les están embutidos de marmol. 

» 

PANTEÓN DE LOS REYES. 

Es una pieza ochayada de 36. pies de diámetro por 38 de alto. £1 
orden de su arquitectura es compuesto, y su materia jaspes de Tortosa 
y mármoles de Toledo, adornados con bronces dorados que le dan mu- 
cha riqueza y magostad. £1 paTÚnenlo tiene en medio nn gran, florón 
de mármoles y jaspes de diversos colores, de que salen fajas en direc- 
ción de las pilastras y cntrepilastras .de4a fábrica, formando como nna 
estrella. Desde la planta, y siguiendo todas las líneas de su oircunferen- 
cía, se ley anta un zócalo de 2 pies de alto con una faja de ^ pie 
que corre por sus dos estremos. En el espacio intermedio se van hacien- 
do recuadros- en jaspes muy variados, guarnecidos de marcos de bronce 
imitando hojas de laurel de medio relieve. SoLre^ este pedestal, y á dis- 
tancias iguales en todo el circuito, sé elevan hasta la altara de 15^ 
pies, 16 pilastras de jaspe estriadas y de orden corintio, con basas y 
capiteles de bronce. Su ancho es de 20 pulgadas, y entre cada 2 y sos 
traspilastras, que son de marmol, queda un recuadro dé la misma ma^ 
teria, de 1 pie de ancho,, cefiido por una moldura de bronce. Sobre las 
pilastras carga el arquitrabe con filetes y dentellones de metal dorado; 
sigue el friso, que tiene sobrepuesto un vistoso foUage de bronce; ter-: 
minando á los 22 pies en la comisa, sostenida por canecillos del núsmo 
metal. Desde esta arranca la cüpula^ que se jeleva 16 pies, y sobré la 
cornisa se forman ocho lunetos de Qpies de alto por todo el ancho de los 
intercolumnios, cayos arcos son de jaspe, y sus huecos de marmol ne- 
gro de Vizcaya, con molduras de U'oncé. Los dos de la parte de Orien- 
te sirven de ventanas, que reciben tercera luz del patio de los Mascaro- 
nes; al lado' opuesto hay otra que. da al panteón de Infantes; y otra en- 
tre estas, con la que se comunica la habitación Beal; y todos los ca- 
pialzados con adornos de bronce. Perpendiculares á las pilastras de aba- 
jo salen otras tantas fajas de jaspe, resaltados y adornados sus daros, 
que son de marmol, con foilag^ de ¿ronce, ^^ suben compartiendo toda 
la cüpala. hasta. unirse en la clave, que es un anillo de jaspe de 18 pies 

de circuid ferencia. 

• • • 

ARANA DEL PANTEÓN. 

En el centro de dicho anillo hay un gran florón dé^ bronce, y pen- 
diente de él una arafia del mismo metal, de figura ochavada, de 7 "pies 
de alta por 3^ de diámetro, hecha en Genova á propósito. para esta ca- 
pilla por Virgilio Faneli. Tiene 24 brazos compartidos en tres órdenes; 
los. superiores están sostenidos sobre las cabezas-de unas bidias que 
tienen detrás un águila; los 8 del medio por oíros tanlos ángeles pnes- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 299 

tos áé ródilfos sobre las solutas de unas cartelas qve sirTen de cade- 
nas^ y los infetiores por usos niños -alados, sélitados en el borde djs la 
•yacía. Debajo de estos están en otras cartelas los cuatro. Evangelistas, y 
el árbol sobre (jtié todo esto apoya está lleno de adornos y trofeos mi- 
'litares. En la parte superior forman el asa dos bichas colocadas sobre 
una corona Real, y en la inferior cuatro culebras enroscadas. 

Bn los claros entre las pilastras quedan unos ochavos de 8 pies de 
ancho por í^^áe alto, uno lo ocupa la puerta de entrada, y su corres- 
pondiente el 

ALTAR DEL PANTEÓN. 

* * 

Su misína mesa sirve de pedestal á dos columnas ie jaspe verdo de 
Genova, con basas y capiteles de bronce, qné se elevan hasta los 11^ 
pies. Sobre estas descansa el arquitrabe, friso y comisa del mismo 
maraiol, con filetes, follajes y canes de bronce, rematando en un fron-. 
tispicio «n arco, que queda abierto en medio para dar lugar á un tar- 
jetón, de bronce, en qué^está escrito en letras negras: Resurréctio nos-^ 
tra. En el intercolumnio sobre^dos pilastras da la vuelta un arco, y den- 
tmde él se hace una caja cuadrada toda de pórfido, en que está colo- 
cado en una cruz de marmol negro de Vizcaya un devoto Grucifija de 
bronce „ do 5 pies- de alto, clavado ton cuatro clavos, obra de Pedro 
Tacca de Garrara, y colocado por el famoso pintor Bon Diego de Ye^ 
lazquez. ' ' * . 

La mesa de altar' tiene cerca de' 4 pies de altura^ es también de mar- 
mol negro, y está toda cedida por una moldura de bronce dorado de | 
píe de ancha, de cuya materia es también el frontaltar, qde es calado, y- 
tiene en el centro un bajo- relieve que representa el entierro del Salva- 
dor, labrado por Fr. Eugenio de la Gruz y Fr.* Juan de la Goncepcidn, 
legos de está -casa. Toda la fábrica de esta capilla está colocada en el 
hueco del ochavo, de manera que no interrumpe sus líneas. 

URNAS SEPULCRALES DEL PANTEÓN. 

' A cada lado del altar hasta la puerta , quedan tres ochavos todos 
iguales. En cada uno se forman cuatro, divisiones /forrados sus fondos 
de marmol negro, con moldaras de bronce y dos cartelas del mismo mth 
tal á los lados* En cada uña de estas divisiones hay colocada una urna; 
su materia és marmol pardo, su largo 7 pies, su alto 3,' y su aného 
poco menos. Están sostenidas por cuatro enormes garras de león , de 
bronce dorado; ^uego 'forman un bocelon grabde de marmol con foUages 
de meta^ en sus* esquinas; mas arriba hay un junquillo del mismo bron- 
ce, al que signe una media ca&a que ciñe toda la caja. La cubierta for^ 
ma.un cuarto bocel con dos fajas encima, á las cuales siguen 21 es- 
tríenlas de bronce y gallones de marmol que bajan et declive de otro 
bocelHk) que le sirve de rematOe En el centro de la caja tiene^una gran 
tarjeta de bronce, en^que con letras negras de relieve se pone el nombre 



300 DESCRIPCIÓN DEL MONibSTERl.0. 

del Rey ó Rema cuyas cenizas guarda. Las uroas son exactamente igua- 
les, j coQipoDen en todarel nüineró de 26, contando las dos que hay 
sobre lá puerta de entrada, • 

Comenzaron á ocuparse por las mas t^róximas al altar y de alto á 
bajo, los Reyes al lado del £?angelio, y las Reinas madrefis del Príncipe 
heredero, en el de la Epístola, siguiendo el orden cronológico, 



Nombres de los Reyes que deícansan en el panteonprineipal 

Primer ochavo. El Emperador tíarlgs V, Felipe II, Felipe III, Fe* 
lipelV. ' ' \ 

Segühdo ocháyo. Garlos II, Luis I, Garlos III, Garlos IV. 

TsRCER OCHÁYO. Femaudo VIL , 

A la izquierda corresponden. 
> Prihbr ocháto. La Emperatriz Dofia Isabel, única esposa del Em- 
perador. Dofia Ana de Austria,' cuarta mujer de Felipe II. Dofia Marga- 
rita, única mujer de Pelipe III. Dofia Isabel de Borbon, primera mujer 
dé Felipe IV (l). -^ 

SsevifAo OCHAVO. DoSa María Ana' de Austria, segunda mujer de 
Felipe ^V. Dofia María JLuisa de Saboya, primera mujer de Feli- 
pe V (2). Doña María Amalia de Sajonia, única mujer de Garlos III. 
DoSa María Luisa de Borbcin, única esposa de Garios IV. 

PtDRIDEROS. 

Las puerta^ que están en el- segundo descanso de la escalera condñ^ 
cen á los pudrideros, cuyo uso esplicar% para desvanecer las mudias 
patrañas que sobre ellps 6e cuentan. Son tres cuartos á manera de al- 
oobap, sin luz ni ventilación ninguna. Luego que se concluyen los Ofi- 
cios y formalidades de' entrega^ del Real cadáver que ha de quedar en 
uno ^e los panteones, el Prior, acompañado de algunos monjes an- 
cianos , baja al panteón donde ha quedado el cadáver ; * llevan- 
do consigo los albañiles y algunos otros criados. Estes sacan de la dé 
tisú .ó terciopelo que la cubre la caja de plomo sellada que contiene' el 
cadayer, y la conducen junto al pudridero. Mientras los albañiles der- 
riban el tabique , los' otros abren cuatro ó mas agujeros en la caja de 
plomo, la colocan dentro del cuarto ó alcoba soA>re cuatro cuñas de 
madera', que la ctostienen.como dos ó tres pulgadas levantada del sueloi 



{Ay En la serte de los Rejes qae se han sucedido en Eapafia deafle el Emperador, 
fahao aqai Don Felipe V y Don Jcrnando VI con sus esposas, que se hiderOD enterra* 
míenlo particular. En la dé las Reinas, Felipe lY quiso conceder á sus dos eaposas la 
{^acia de ser enterradas en las urnas, de modo que una de ellas ocupa el lugar' da 
una de las esposas de Carlos II, aunque en ninguna tuvo sucesión. 

(2) Esta'acfiora ocupa el lugar que correspon<Ua á la espota dt tu bíio Luis I, qn« 
iiHirí¿ tn Francia, también sin suceaion. 



D£SCRIPCION> DEL MONASTERIO. 301 

y en el momento los altaüiles ynelven é ^formar el tabique doble que 
derribaron. AUi permanecen los cadáveres treinta, cuarenta ó inas años, 
J^asta que consumida la humedad, y cuat^do ya* no despiden mal olor, son 
trasladados ál respectiyo panteón. Las cajas esteriores de las personas 
Reales que han de pasar al df Infantes, permanecen en la sacristía del 
diclio panteón , hasta que yueíve á colocarse en ellas la' de plomó con el 
cadayer según yinieron. Las de los Reyes se deshaceh y aprovechan pa- 
. Ta ornamentos, píbrque y«a nó han de tener uso, pues sus restos se colo- 
can en las urnas de n&armol. 

PANTEÓN DE INFANTES. 

. Lo primero que se encuentra es una sala dé 36 pies de largo por 
1 6 de -ancho, en que hay dos pudrideros. Ál estremo de esta se en- 
cuentra una escalera de caracol incómoda y angosta, por Isi que sé sti- 
be á otra pieza semejante á la de abajo, pero de figura irregular; y ar- 
rimados á sus paredes hay unos como* estantes de pino pintado imitando 
marmol. La división de tres órdenes de nichos que hay unos sobre 
otros la forman unos machoncillos c^e la misma materia y pintura, con 
basas y capiteles dorados, que.apoyan en un zócalo de 2 pies, y termi- 
nan en una imposta. La piás alta tiene per adorno unasvbolas doradas. 
£n. sus intermedios se hacen 51 nichos, en que están colocadas las cajas 
sepulcrales, cada una con una tarjeta pintada de amarillo, y escrito en 
ella el nombre de la persona cuyos restos mortales contiene. 

En Honor de la verdad, esteiocal, que no tiene luz ni ventilación 
ninguna, es demasiado pobre, y hasta poco decente para que estén -en 
él depositadas las cenizas de personas tan augustas y respetables en vi- 
da y en i^uerte; y este panteón es la única cosa que en el Escorial no cor- 
responde á la grandeza y magnificencia de lo demás. Tal vez con la in* 
significante cantidad de 5 á 6.000 duro» podría en una de las bóvedas 
de la sac^tía bacerse un panteón, si no- de gran lujo, al menos decoroso, 
y correspondiente al rango de las personas que han de ocuparlo. 

El catálogo de las personas Reales cuyos restos descansan en este 

panteón, ta puesto al fin de la descripción. 

* 

ESCALERA LLAGADA DEL PATROCINIO. 

Se Ja da este nombre porque antes estaba colocada en frente de ella 
k imagen de la Virgen que con dicho título se venera en esta iglesia. E^- 
tá.á la derecha saliendo del panteón; tiene mu<;ha anchura y claridad. 
El primer descanso que en ella se hace es el tránsito que va al presbi- 
• terio; á mano derecha hay en él una reja grande de hierro, dehnte de 
tres armarios- que servian para guardar vasos sagrados; y áda izquierda 
otras dos; la primera sirve para cerrar la escalera ó el tránsito según 
convenga; y la otra está antes de llegar á unos armarios donde se guarda^ 
ba el servicio de oro y plata del altar mayor. Ent^e estas dos rejas hay 
á la izquietda unas, grandes puertas en lo alto, que' dan al relicario, y á 



n 



302 ^ DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO, 

la derdeba otra pequeña que» tiene una linda fochadita de marquetería 
alemaua, que comunica cdn la habilaciotí Real. En el testero hay un 
cuadro de la Virgen con el P^ilío eu brazos, sobre fondo dorado, de manie- 
ra antigua. - . . 

TRÁNSITOS AL REDEDOR DEL TEMPLO. 

.Al fin de esta escalera se hs^llan unos tránsitos bastante capaces, que 
en la parte de palacio están interceptados, formando lo que llámau Ora- 
torios de Damas. Junto á la escalera se encuentra un altar que remata 
en un pequefio medio punto, en el que hay una tabla que representa á 
Jesncnsto y la Virgen en actitud de rogar al Padre Eterno, y entre ellos' 
una cruz tendida sobre un mundo. En la. par te de. palacio le corresponde 
otro altar en que está Santa Ana y demás Sacra Familia, también en ta- 
bla, 'pintados ambos por Miguel Gussin. A los. lados tienen dos puertas 
iguales, y siguiendo el tránsito se hallan otras que van á los órganos y 
nichos altos, y al fm otro altar igual al anterior, en que está San Geró- 
nimo penitente, pintado por Fr. Nicolás Borras, monje geronimiano. Al 
lado de este hay un arco por donde se entra en los • ^ ' 

ANTECOROS. - 

• • • • • 

Llámanse asi, por estar á los lados del coro en la eslension de Me- 
diodía á ^orte. Sus pavimentos son de marmol', y en cada uno hay dos 
ventanas á Poniente, una sobre otra, la de abajo rasgada y con balcón 
de hierro. En el testero de este antecorq hay <Jos púprtas que dan al 
claustro principal. alto, y entre ellas una capilleta labrada en marmol 
pardo con embutidos 'de jaspe. A los 3 pies de alto tiene una gran 
pila para el agua bendita, y sobre ella entre pilastras se forma, un ni- 
cho donde está colocada una estatua de San Lorenzo, .del tamaño natu- 
ral , ejecutada en marmol blanco. Tiene .un traje algo parecido al de 
los diáconos, en la mano izquierda un libro, y en la derecha unas parri- 
llas de bronce dorado á fuego. Esta estatua fué hallada en Roma en una 
de las escavaciones, y enviada á Felipe 11 por su embajador en aquella 
corte. En lo alto un cuadro del nacimiento del Salvador, de escuela 
italiana. 

La bóved» está compartida eñ cuatro lunetos, y en ellos- pintadas 
ai fresco por Lucas Jordán cuatro historias de David. En la primera el 
profeta I^atan le reprende, por su adulterio y homicidio; enfrente, en 
castigo de su ambicien^ el profeta Gaad le dice de parte de Dios elija 
hambre por tres años, guerra por tres* meses ó peste por tres dias, y . 
le muestra un ángel que desciende de lo alto Uevando en sus -manos el 
azote, la espada y la calavera, en representación de los tres castigos di- 
chosr; en la tercera está ofreciendo sacrificio al Señor, que le perdona, 
en cuya significación se ve en- el aire un ángel envainando la espada de 
la divina justicia; en la última entona las alabanzas del Señor al son 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. . 303 

do su arpa, contemplando entre tanto un 'diseño del templo, y unos án- 
geles que le muestran el lugar dónde había/ de edificarse. 

El otro antecoro es igual á este , solo que en el testero no tiene mas 
que una pequeña puerta en arco, y detrás una fuente con su facha-:, 
ditar y pila de marmol pardo. Encima hay un lienzo de la escuela de 
Ribera, quo representa á San Gerónimo. A los lados de esta fuente si- 
guen dos tránsitos^ el de la izquierda conduce al Colegio, el otro á 
palacio. A la entrada de este último se encuentra un altar como los del 
«tránsito opuesto, con un lienzo que representa la vocación de San Pedro 
y San Andrés, pintado por el Mudo. • • 

La bóveda de este an^ecoro,. también pintada por Lúeas Jordai^re- 
presmita en el primer luneto el acto en que el sacerdote Sadoc y erpro- 
fetá Kathan unjen á Salomón' por rey de Israel; en el -segundo está en 
aquel sueño en que Dios le infundió. tan universal sabiduría; el tercero 
representa jsu primer juicio, en que mandó dividir el niño vivo pitra co- 
nocer 'su verdadera madre; y en el último, la reina de Sabá adnúra la 
facilidad con que le esplica los enigmas que le propone. • 

.Parte de las paredes de uno y otro están ocupadas por la estantería 
j libros de coro, de que hablaré después. 

• CORO. : 

Se entra en él por dos grandes arcos en que terminan los anteco- 
ros, y está situado sobre la entrada del templo, por delante, tomando 
:todoel ancho de Ja nave principal, y á la altura de los. 30 pies, tiene 
un balconaje de bronce, y desde éste hasta la pared de Poniente hay 
96 pies por 56 de ancho, y 84 de alto hasta la clave de la bóveda. 
Enfrente queda un tránsito algo mas estrecho que los antecoros, solado 
de mármoles, como. lo está también^ todo el coro. Gompónese de dos 
órdenes de sillas, colocadas unas 3 pies mas altas que las otras, cuya 
arquitectura es de orden corintio. Fueron trazadas por Juan de Herrera, y 
ejecutadas en ácana, caoba, ébano, terebinto, cedro, boj y nogal por. el 
intelijente ebanista Jusepe Flecha, y bajo su dirección por otros cuatro 
maestros españoles llamados Gamboa, Quesada, Serrano y Aguirre. Las 
sillas bajas son sumamente sencillas; sus respaldos están formados por 
unos pedestales que sientan sobre ios brazos , abrazan unos tableros con 
molduras y embutidos, y terminan con una pequeña cornisa á poco mas 
de la altura de un hombre. Por la espalda tienen también pedestales y ' 
tableros, que son otras tantas alacenas, formando encima un facistol por 
todo el contorna. Al medio de este coro bajo, y á sus estremos, hay 4 
cortaduras con sus escalerillas de marmol que dan paso al coro alto, al 
que también se sube'por otras dos escalentas que hay á la entrada, ador- 
Bs^das con antepechos y balaustres, de bronce dorado. 

Entre la sillería baja y alta queda un anden de 1 pies, que da vuel- 
ta al coro'. Las sillas altas son enteramente iguales á las bajas, hasta el 
alto del respaldar, que aquí sirve de pedestal á un bellísimo, orden do 
columnas, enteras, estriadas de alto á bajo, todas de ácana, con basas y 



304 . DESCAIPCIOÑ DEL MONASTERIO. 

capiteles de boj , ejecutados con tal perfección y delicadeza qué parecen 
Taciados en una turquesa.'Detrás. les corresponden pilastras cuadradas 
con ig^iales tiasas y capiteles, y en sus claros unos tableros de cedro 
c6ü guarniciones' y molduMis de ácana y ébano, sobre ios cuales corre 
el arquitrabe y cornisa. Enciiha de ésta sienta un ^odi^ saliente, Tam- 
bién cqn pedestales y tableros^ que apoya en unos canes puestos enfren- 
te de las columnas, cubiertos con una hoja de cardo bien imitada en te- 
rebinto^ y en^ el recuadro inferior que se. foirma entre cada dos de estos, 
un florón de la misma madera. Todo este podio sirve como de dosel á 
las sillas altas, que terminan en él á la altura de 1 6 pies. 

fjí el testero de Poniente está la silla priora!, colocajla en medio de un 
bellísimo trozo de arquitectura , taCmbien corintia , formado por 1 6 co- 
lumnas. Ocho de ellas appyan en el estremo esterior de los brazos de 
.las sillas, y las otras ocho mas adentro^ con sus pilastras detrás. En 
las ocho del medio se forma un arco, adornada su vuelta con molduras 
y florones de boj, y encima sienta un frontispicio cuadrado, compues-^ 
to de 4 columnas pareabas coa 'sus pilastras detrás, y dos cartelas que 
le sirven dé estribo. En el intercoluiñnio hay un cuadro que representa 
al Salvador, figura de medio cuerpo, terminando todo en otro pequeño 
frontispicio, cuyas volutas dejan en medio un claro en el que está una 
estatua pequefüa* de San Lorenzo. Las 8 columnas de atrás forman á 
cada lado otra silla que^ termina en cuadro. 

£1 número. de sillas en ambos corO's qs 124, y la que está en el., 
ángulo derecho del testero es la que siempre ocupó Felipe II. Es un 
poco mas ancha que las demás, y tiene al lado una. puerta escusada, 
por donde recibía algún pliego ó recado urjente, sin que tuviese el que 
lo llevaba qqe entrap por el coro, ni llamar la atención 'dé los que can- 
taban ü oraban. Costó dicha sillería de solas hechuras 24.2 O Q ducados. 
Be un enorme barren de hierro dé mas^ de SO arrobas de peso, y que 
viene á caer en medio del coro, e.stá pendiente una magnífica arafia 
de cristal de roca, formada por cuatro pabos reales que unen en el cen- 
tro sus colas estendidas, terminando por la parte superior en una.águi' 
la sobre un medio globo. Por todo lo demás tiene varios jarroncitos de 
flores, colgantes y otros adornos que distribuyen y Jorman sus arande- 
las, que son en todas 27. Su peso es de 35 arrobas. En la pajina 147 
indiqué su procedencia, y el estar ya muy mutilada. 

ÓRGANOS DEL CORO. 

Desde donde concluye la sillería hasta la gran cornisa que da vuel- 
ta al templo, están las paredes pintadas al fresco, y en medio de cada 
uno de los lados hay un órgano colocado encima de la sillería alta, sobre 
la que apoya un balcón de bronce donde se colocan los músicos de voz. 
- Letrás'de este balcón se halla la ci^a del órgano, cuya arquitectura es 
corintia, su materia pino de Cuenca -bien dorado, su ancho 20 pies y su 
alto proporcionado. Sobre cuatro pedestales resaltados dé un gran zócalo, 
sientan otras tantas columnas enteras estriadas, que dejan entre sí tres 



DüSCRirCiON DEL HONASTFRIO. 303 

claros, los de los tres estrcoios cuadrados, el del medio en arco, que 
silbe rompiendo el arquitrabe, friso y cornisa, y deja toda la vuelta en 
el plano de un frontispicio triangular, que concluye con tres bolas so- 
bre sus acroteras, tocando la del medio la cornisa. Los claros están ocu-. 
pados por los cañones del órgano; el de la derecha tiene tres órdenes do 
teclado, y el de la izquierda dos, y á espaldas del que toca tienen am- 
bos sus caderetas, que forman otra fachadita igual á la de los órganos. 
Fueron construidos, como todos los demás que hay en este templo, por 
Masigiles y sus hijos; y el de la derecha fué modernamente aumentado 
y reformado por D. José Berdalonga. Costaron, con los otros dos del 
crucero, 26.899 ducados con 300 mrs. 



FRESCOS DEL CORO. 

A los lados de estos órganos hay cuatro grandes cuadros pintados 
al fiesco por Rómulo Gincinato, que tienen sus marcos figurados. Los< 
de la parte de Mediodía representan el uno á San Lorenza siguiendo al 
santo Pontífice Sisto, cuando le conducían al martirio ; . y suplicándole 
no le abandonase; y el otro al mismo Santo, presen} ando al tirano co- 
mo verdadero tesoro de la Iglesia cristiana una multitud de pobres , en 
lugar del tesoro material que le pedia. Enfrente se ve en un cuadro ¿ 
San Gerónimo escribiendo los comeniarios de la Biblia, y un ángel quo 
toca á su oidouna trompeta, en representación de lo muy presente que 
siempre tenia el Santo el juicio final; en lontananza fo lo ve haciendo 
penitencia. En el otro el máximo Doctor está esplicando la Biblia á sus 
monjes; y en lontananza %u entierro. 

Junto al testero hay dos balcones, uno de cada parto, de los cuales 
el de la derecha no sirve mas que para que se oiga bien desde el coro 
una campana del reloj que hay junto á él, y el de la izquierda para 
tribuna de las personas Reales. Tienen ambos sus jambas y dinteles 
pintados figurando jaspe, y sobre ellos dos nichos, fondo de oro, en que 
se representan en figuras de matronas la Fe y la Iglesia al Mediodía, 
y la Prudencia y la Justicia al Norte. Sobre los arcos por donde se en- 
tra al coro hay también unos nichos figurados en fondo de oro en que 
están puestas de pie la Caridad y Esperanza en uno, y la Fortaleza y 
Templanza en otro. En el testero entre las ventanas están San Lorenzo 
y San Gerónimo, do tamafio mayor quo el natural; y todas estas figura?, 
escepto los cuadros, son de mano do Lucas Canhiaso ó Luquete. 

Bel mismo autor es la vuelta del arco sobre la cornisa, en que fe 
fig^ura la Anunciac^^on, quedando la Virgen á un lado y el ángel áotro 
de la gran ventana que allí hay. En la bóveda representó Luquete la 
Gloria; hacia el testero se ve á la Santísima Trinidad sobre un trono de 
Inz rodeado de querubines y espíritus.celestiales; á la derecha de Jesu- 
cristo está su Madre Santísima, y después el coro de los Apóstoles, 
entro los quo se distingue á San Juan Bautista en lugar muy preferente, 
por todo lo demás están distribuidos los coros do ángeles y santos de . 

20 



306 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

todos estados y condiciones, qae se reconocen por sos hábitos , insignias, 
6 instramentos de sn martirio. 

Tío es esta bóveda de gran efecto óptico, ni su composición y coló* 
rido agradan, pero el dibujo, en opinión de los inteligentes, es magní- 
fico y bien entendido. A la entrada de esta bóveda, sobre la comisa de 
la izquierda, puso Luqaeto el retrato d^ P. Fr. Antonio de YUlacasfÍD, 
única memoria material que nos ha quedado de tan insigne lego^ y de- 
trás el suyo. Tardó once meses en pintarla, y se afanó tanto en postu- 
ra tan incómoda , que murió á poco tiempo de concluirla. 

FACISTOL. 

Está á la entrada del coro, colocado sobre un zoco de jaspe sanguí- 
neo, con compartimentos de mármol blanco. Sobre dicho zoco sientan 
cuatro pilastras de bronce dorado, con las . esquinas esteriores cortadas, 
á imitación de los postes del templo, y en ellas apoyan unos barrónos 
de hierro, que se unen en el árbol del centro. Es éste también de hier- 
ro, y en él se forma un anillo sobre el que gira toda esta enorme mole. 
Su materia es ácana , con fajas de bronce dorado , de cuyo metal le cifie 
por debajo una cornisa, de medio pie de vuelo , donde apoyan los libros 
del canto. Su periferia por esta cornisa es de 40 pies, y su peso de mas 
de 500 arrobas. Desde ella va subiendo en disminución hasta perder 10 
pies de circunferencia. Las esquinas están también cortadas, y en cada 
una hay abierta una visera, para por ella dirijir la vista al medio del 
altar mayor y dejarle de frente. Sobre la cornisa en que termina hay 
cuatro bolas de bronce, y tiene por remate un hermoso templete com- 
puesto de doce columnas, que sientan sobre" un pedestal en forma de 
cruz, formando en sus cuatro estremos otras tantas fachaditas con. sus 
frontispicios triangulares, entre los que se levanta la cupulita, labrado 
todo en ricas maderas. Debajo del templete hay unar estatua de la Vir- 
gen, y sobre su cúpula un Gruciñjó de bronce, en que termina todo esto 
grandioso facistol. Tiene de alto hasta el estremo superior del templete 
16 pies, y 10 en sn mayor ancho. Costó de solas hechuras, sin contar 
el valor del zócalo, bronces y hierros, !2.076 ducados. 

CRUCIFIJO DE MARMOL. 

Detrás de la silla prioral queda un hueco en el macizo de la pared, 
con tres grandes balcones al patio de los Beyes. Se entra 'á él por dos 
puertas que se hacen entre las sillas del testero y confrontan con los 
andeles del coro alto, y entrando por la de la derechs^ se encuentra una 
pintura en tabla, con portezuelas á manera de oratorio portátil, que 
representa la adoración de los Reyes, pintada por Lucas de Holanda, y 
encima los desposorios de la Virgen con San José, también en tabla , de 
manera gótica antigua. Enfrente del balcón del medio se forma un altar 
en un hueco cuacado, en el que está el famoso Crucifijo de mármol 
blanco, ejecutado por Benvenuto. Celino en Florencia elaüo 1562. 



ÜESCRIPCIOM DEL MONASTERIOS 307 

Está la efigie, que es del tamaño que se cree tenia el Salvador, según 
la medida de la sábana santa que se conserva en Sa^boya, clavada en una 
cruz de mármol negro de Garrara, asegurada en otra de madera. Su es- 
cnltura es verdaderamente un portento de) arte, pero psrticvlarmente la 
cabeza es inimitable. A los lados bay dos cua^bros^ qne e¡a el tamaiío na- 
tural representan á la Virgen y San Juan« con los paños de solo claro 
oscuro, pero de lindísimas cabeiÉas coloridas, pintados por el Mudo. 

En el otro testero bay una tabk como é» 5 pies en cuadro, en cuyo 
centro está Jesucristo ^ y al rededor los siete vicios caípitáles, y en cua-^ 
tro círculos- que bay en los ángulos los Novísimos, ejecutados por 'Geró- 
nimo fioBco. Sobre ésta bay otra de Vara de ancbo y poco mt» de alto^ 
que representa el infierno « pintado pot el mismo Bosco^ ó por Pedro 
Brugel. 

i 

ESTANTERU Y LIBROS DEL CORO. 

Detrás del anlecoro de la parte del convento queda una sala de 77 
pies de larga por 25 deancba, dividida en tres porciones iguales por 
dos arcos que apoyan en unos macbones resaltados de la paíredf y divi* 
den igualmente la bóveda en tres compartimentos. Recibe la luz de un 
balcón solo que da al patio de los Beyes, y á uno de los ángulos de di* 
cba sala está la puerta escusada del coro, junto á la cual, dije, se sen- 
taba Felipe II. En el testero donde está dicba puerta bay un Crucifijo 
del tamaño natural, con la Virgen y' San Juan á los lados, pintado sobre 
fondo encamado por el Mudo. En lo demás de las paredes bay los cua*- 
dros siguientes: un San Gierónimo penitente, por Sebastian de Herrera; 
una resurrección del Señor, una adoración de los Reyes y un entierro do 
Cristo, copiados de los originales de Ticiano; otra copia del lavatorio, 
de Tintoreto; sobre la ventana un San Pedro en otacion; y do frente una 
Virgen de cuerpo entero, sentada, con el Niño en braíos, copiada del Ti- 
ciano; y por debajo de esta última unas gratides tablas, donde en miles 
de figuras rarísimas están representadas ks tentaciones do San Antonio 
Abad, por Gerónimo Bosco. ^ . 

En esta pieza principalmente y en los dbs antecoros, es donde arri- 
mada á las paredes está la estantería en que se guardan los libros de 
canto, que es también de maderas finas como el coro,- con sola la dife- 
rencia de que en éstos bay mucba encina < paira que resistan el enorme 
peso.y continuo roce áo las ruedas de los libros. La ejecutaron los mis- 
mos maestros, y costó de solo manos 4^770 ducados, y su forma es la 
siguiente. Sobre unos canes de encina sienta una miesetá de lo mismo que 
vuela 3 palmos mas que los estantes. En ella apoyan unas pilastras 
dóricas con sus basas y capiteles, y entre sus ciatos se forman cinco ái-- 
visiones con taUas de encina de 1 pulida de grueso , que corren de alttf 
á bajo. Algunos estantes tienen solo cuatro divisiones, y otros seis, se- 
gún etijió el local, pero siempre guardando proporción y armonía.. Se 
cierran con una barreta de bierro fija en una pilastra, y con cerradura 
en la otra, i^ el friso que corre sobre las pilastras, en lugar de trigU- 



308 DESCRIPCIÓN DE!. HO:(ASTBRI0. 

fos hay colocadas unas tablitas con nnt targeta, qae indica lo que 
contiene el libro que está debajo, igual á la que éste tiene en su cu- 
bierta. 

En 8 de agostó de 1586 comenzaron á colocarse en esta estantería 
los libros, qno indudablemente son una grande^ que no tiene igual en 
el mundo. Son en todos 216 de fundación, y 3 que se han hecho des- 
pués, pero muy inferiores en mérito á los primeros. Están distribuidos 
116 en los trascoros, 33 en él antecoro dei convento, y 69 en el del 
colegio. Tiene cada uno de alto 5 palmos por 4 de ancbo, y sus hojas 
son todas de piel de macho, tan bien curtida y trabajada, que ambas 
caras quedaron perfectamente blancas. Estas pieles, que aproximada- 
mente componen un total de ,17.000, se trajeron 14.000 de Valencia, 
y de ollas habla el Sr. D. Felipe II al Prior do este monasterio en carta 
de 29 de julio de 1572, y dice le han parecido bien. Costaron éstas á 
1 1 rs. unas con otras, y las que se trajeron (!o Flandes á cerca de 20. 
En cada página de las que tienen canto-llano hay solos cuatro renglo- 
nes, y en las que no lo tienen, diez.-£l carácter de la letra es de las que 
llaman peones, y los principales escritores fueron: el mejor, Cristóbal 
Ramírez, natural de Valencia (murió á poco tiempo); Fr. Martin de 
Falencia, monge benedictino de Valladolid ; Francisco Hernández, vecino 
de Segovia; y Pedro Salóverte, vecino de Burgos; y en 1581 vino Pedro 
Gómez, vecino de Cuenca. Lo que á estos escritores se les pagaba era 
desde 28 á 34 rs. por cada ocho hojas de leturia y 20 por las de cau- 
to, sin contar las letras quebradas, que se las pagaban á real y medio 
cada una. Además les daban casa, y asistencia de médico y botica. 

Todos estos libros están escritos con singular hermosura, igualdad y 
limpieza; las virgulas y letras iniciales vistosamente iluminadas, y con- 
tienen además, al principio de las grandes festividades, unas setenta vi- 
^ netas que representan otros tantos misterios é imágenes do Santos pri- 
morosamente ejecutadas. Los iluminadores fueron el incansable y en- 
tendido Fr. Andrés de León , monje lego de esta casa ; su discípulo Fr. 
Julián de Fuente-el-Saz , también lego profeso de ella; y Ambrosio Sa- 
lazar. Por si algún inteligente quisiese cotejar el gusto y mérito de és- 
tos entre sí, puede ver los tres pasionarios y el oficio de Santiago Após- 
tol, que son de mano de Fr. Julián, y el principio de la Misa de San Si- 
món y Judas, que es de Salazar. A éste, todo cd tiempo- que estuvo tra- 
bajando en los dichos libros, se le daban 7 rs. diarios, y 25.000 mara- 
vedises^ ayuda de costa en cada un a&o, con casa, botica y asistencia 
de facultativos. 

, Su encuademación también es magnífica. Forman sus cubiertas dos 
tablas de encina de ^ pulgada' de grueso, forradas de baqueta, sin mas 
color que el que toma en el curtido, con ocho cantoneras de bronce con 
bullones y listas del mismo metal que cubren sus cortes. En el centro 
de la cubierta tienen dos medallones calados, y en un cnadrito que do- 
jan enmedio, en un lado las parrillas, y en el otro una targeta de per- 
gamino que indica la parte del Oficio divino contenido en aquel volu- 
men. Se cierran con dos broches del mismo metal, del que son también 



DE&CRIPCION DEL MONASTERIO. 309 

tres ruedas que tienen en la parte inferior, para poderlos manejar con 
facilidad y eritar se estropeen. Fueron todos encuadernados por Pedro 
del Bosque j sus dos oficiales, que se llamaban los Panees. 

CORNISAS. 

Debajo de los grandes arcos que diriden el coro de los antecoros baj 
en cada uno dos puertas", que dan, las esteriores á una tríbunilla de las 
que hay sobre los altares de la iglesia, y la otra á un pasillo, donde en 
unos armarios de pino se guardan los instrumentos y archivo de. música. 
En el de la parte del convento el pasillo se continúa hasta el trascoro, 
y como al medio de él se encuentra una escalera que conduce al órga- 
no. Desde allí se divide en dos ramales, de los cuates el de la izquierda 
va á la torre de las campanas , y el de la derecha á lo que comunmente 
f>c llaman las Cornisas, que es el tránsito que dije hay abierto en el 
macizó de la pared, por el que se puede dar vuelta al templo á nivel de 
la gran comisa que vuela por todo su rededor. li^te es uno de los pun- 
tos desde donde, al pasar por el balcón que hay sobre el coro, se goza 
toda la ostensión y magnificencia de la nave mayor del templo^ y desde 
los cruceros y demás claros y lunetos que hay alnertos en los arcos, se 
ven muy bien los oscelentes frescos de las bóvedas. Al pasar por detrás 
del altar mayor, al llegar al contacto de las estatuas de San Pedro y 
San Pablo, colocadas en el último cuerpo, queda uno admirado al ver 
aquellas moles enormes de bronce, trabajadas con un primor y delicade- 
ta tan admirable como su estension colosal. No llama menos la atención 
lo bien entendido de la arquitectura en toda la ostensión del tránsito, en 
que se hacen recortes y contra viajes dificilísimos, y en que los inteligen- 
tes hallan mucho que considerar. 



CIMBORRIO POR LA PARTE ESTERIOR. 

Desde este tránsito por cuatro escaleras diferentes se sube á la gran 
torre del Cimborrio. Al salir so encuentra una plataforma cuadrada de 
110 pies por lado, rodeada de una ancha comisa, Sobre la que descansa 
una hermosa balaustrada de piedra adornada de términos, pilastras y 
bolas. En los cuatro ángulos hay cuatro cupulilas bien labradas en pie- 
dra, en las que rematan las cuatro escaleras que suben desdo las cor- 
nisa?. Enmedio de dicha plataforma so levanta la enorme y pesada mole 
del cimborrio, dejando Ireclu) hastiante para que pueda darse vuelta al 
rededort La ostensión d*e su circunferencia por esta parte exterior es de 
295 pies, y en este trecho hay abiertas ocho grandes ventanas en arco, 
de 34 pies de alto por la mitad de ancho, que van disminuyendo en los 
14 pies que tiene de grueso el muro, hasta quedar en lo interior de 13 
por 27. Entre cada dos de éstas se elevan dos medias cañas dóricas, con 
nichos y cuadrados ''en los intercolumnios, con sus pilastra» resalladas 



310 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

detrás (i). Sobre dichas medias caCas carga el arquitrabe, adornado de 
triglifos y gotas, y una cornisa do gran vuelo , en la que corre otra ba- 
laustrada con acroteras y bolas puestas á plomo de las medias cañas. 
Pbr cuatro escaleras de caracol abiertas en el macizo de los pilares se 
sube á este balcón, que ofrece una vista deliciosa. Desde él se ve per- 
fectamente toda la traza y división del edificio; los jardines y buertas 
que le rodean, las poblaciones del Sitio y do la villa, las casitas de re- 
creo, los bosques, y un horizonte sumamente vasto y delicioso. 3 pies 
mas adentro de la balaustrada se levanta un zócalo circular con su cor- 
nisa, sobre la que descansa la media naranja, compartida por diez y seis fa- 
jas resaltadas, en correspondencia con las medias ca&as del primer cuer- 
po. Entre éstas hay cuatro escaleras esteriores que soben piramidal- 
mente hasta una linterna que se eleva enmedio de la cúpula. Tiene tam* 
bien esta última linterna ocho ventanas cuadradas do 1 8 pies de alto, 
divididas por uñas pilastras resacadas en lo bajo » y que van disminu- 
yendo hasta encontrar la cornisa, donde carga otra cupnlíta. Desde ella 
solevanta una pirámide estriada, toda de piedra, terminando en una 
bola de metal campanil fundida en dos mitades y de figura algo elípti- 
ca, que tiene 7 pies en su mayor diámetro, y pesa 136 arrobas. Enci- 
ma de la bola hay una cruz de hierro, que para mayor seguridad tiene 
1 5 pies metidos en la pirámide de piedra, y descubre 1 6. Sus brazos son 
de 8 pies de largo, y de mas do 10 el arpón ó veleta, y pesan entre to- 
do 73 arrobas. Hasta el estremo de esta cruz toda la altura del cim- 
borrio desde el pavimento del templo es de 330 pies, á los que si se 
afíaden los que está mas bajo el terreno por la parte de Mediodía, re- 
sultará que su altura, considerada desde el estanque do la huerta, es 
de 360. 

Hacia el medio de la pirámide en que termina el cimborrio se nota 
un punto brillante, que es una plancha de cobre dorado á fuego, del 
tamafío de un pliego de papel marquiUa, en que están grabadas una 
cruz y algunas oraciones. Esta sirve para indicar el punto donde Feli- 
pe II mandó colocar, metidas en una caja de madera forrada de plomo, 
varias reliquias, en particular de los santos Apóstoles San Pedro y San 
Pablo, y de Santa Bárbara. En las otras dos agujas de las torres que 
están al estremo del patio de los Reyes, hay otras dos cajas de reli- 
quias, cubiertas con una plancba algo mas peqne&a. 



(I) Up poco de scnlimicnlo que hicieron algunas piedras de" loa pilares de la iglesia, 
aun antes de cerrar los arcos , según dije en Ja historia , hiio temer que no resistirían 
ti pcio de un zócalo de 44 pies, que debía haberse pncsto bajo de estas medías canas. 
Su falta se nota mucho, porque todo el primer cuerpo áe gota poco , por quedar aboga* 
do en la plataforma, y U torre enana-. 



PARTE DEL CONVENTO. 



Para lleyar algún orden en la descripción, fácil de que le sigan los 
\iajero8, supondremos, después de recorrido todo el templo, que yoIto- 
mes á salir de él, y que nos hallamos en el vestíbulo que so forma en- 
tre éste y el patio de los Reyes, en cuyos testeros dije había dos puer- 
tas. Por la que está á la parte da Mediodía se entra á la 

PORTERÍA PRINCIPAL DEL- CONVENTO. 

Lo primero que se encuentra es un recibimiento con su bóveda de 
piedra; á la izquierda tiene una ventana por donde recibe la luz del pa- 
tinejo, y á la derecha una puerta peque&a que comunica á los claustros 
menores. 'Enfrente de la de entrada hay otra puerta igual en grandor, 
con reja de hierro y puerta, por la que se entra á una sala de 60 pies 
de larga por 35 de ancha, con su bóveda compartida por fajas resalla- 
das,^ y -toda rodeada de asientos con respaldares. En el testero de fian- 
te á la puerta hay un hueco, donde hasta hace muy poco ha habido un 
altar con un lienzo que representaba la Santísima Trinidad, pintado por 
Ribera, y do di tomaba nombre la sala, que se llamaba de la Trinidad, 
Al lado derecho tiene dos puertas pequeñas, y. al izquierdo otra igual á 
la de entrada que da al claustro. 

CLAUSTRO PRINCIPAL BAJO. 

Es una magnífica galería casi cuadrada, de 210 pies de Üotte á Me- 
diodía y !207 de Oriente á Poniente, con 24 de ancho y 28 de alto, 
labrado todo en piedra berroqueña; escepto el pavimento, que es do 
mármoles pardos y blancos. En cada lienzo se corresponden de frente 
24 pedestales de 5 | pies ,de alto, sobre que sientan otras tantas pi- 
lastras resaltadas con basas y capiteles de orden dórico. Sobre estas dan 
vuelta los arcos, dejando á cada lado once nichos con sus antepechos 
de j>iedra del mismo alto que ios pedestales. En el espacio que dejan es- 
tos antepechos hasta la clave del arco, que es de 15 pies de alto por 
10 do ancho, los de la parte interior están cubiertos con ventanas de 
nogal y pino bien ensamblado, pintadas por lo esterior, y los medios 
puntos con vidrieras. En la parte interior hay en cada nicho una bis- 



312 DKSCKÍPCION DEL MONASTERIO. 

loria de la vida Jesucristo piulada al fresco por Peregriii Tibaldi, aun- 
que de su mano uo hay mas que el lienzo de Oriente; los demás, aunque 
dibujados y coirejidos por él, están coloridcs por sus oficiales, y se 
nota bien la diferencia. El orden de las historias comienza al lado de 
una pueita que hay en el lienzo del Korte, llamada de las ProcesioneF, 
porque F'alen y entran por ella en las grandes solemnidades. En d pri- 
mer arco está reprcFcnlada la Concepción de la Vil gen anunciada por 
el ángel á San Joaquin y Santa Ana, que están abiazandcsc frente la 
pyerla dorada del templo de Salomón. Conclu}en dichas historias en el 
otro lado de la puerta miema, donde e^tá icpi ementado el juicio final. 
Por cumplir con la brevedad, y porque los asuntos representados en es- 
tos frescos son tan conocidos de todos, omito su descripción, limitán- 
dome solo á las pinturas al óleo que hay en los cuatro ángulos. 

ESTACIONES DEL CLAUSTRO BAJO PRINCIPAL. 

t 

En cada uno de los ángulos de esta galería se forman dos éapille- 
tns ó altares, en que hay colocadas unas grandes tablas al óleo, con 
puertas pintadas también por ambas haces. En cada uno hay^ represen-* 
tadas tres historias del IXuevo Testamento, según coiiesponden al or- 
den que van siguiendo en los demás arcos, repelido el mismo asunto 
dentro y fuera, para que abiertos ó cerrados uo se interrumpa el or- 
den del historiado. 

. En el ángulo 'primero que ¿e forma entre Koile y Orienté- está en 
el altar la Natividad del Señor dentro y fuera, aunque vanadas; y on 
las puertas abiertas, en una hoja la adoración do los pastorefs, y en la 
otra la Circuncisión. Cuando están cerradas, estas dos últimas hastorias 
se ven representadas al fresco en lo que queda de claro á los lados del 
altar; y quedo dicho para los demás ángulos. En el otro altar está la 
adoración de los Reye?, y en las puertas el bautismo' do Jesucristo en 
el Jordán , y su primer milagro cuando en las bodas de Cana de Galilea 
convirtió el agua en vino. Todas estas labias, con los frescos de los dos 
medios puntos en que están colocadas , las pintó con mucho cuidado y 
esmero Luis de Carbajal , hermano del escultor Juan Bautista Mo- 
negro. 

Al fin de la banda de Oriente, y en el ángulo que forma con la de 
Mediodía, se hallan otros dos retablos pintados por Rómulo Cincinato. 
£1 asunto principal del primero os la trasfiguracion de Jesús en el Ta- 
bor; y en las puertas, en la una la Samarilana, y en la otra la mujer 
adúltera acusada por los fariseos. En el altar inmediato está {untada, 
fuera la cena legal que el Salvador celebró con sus Apóstoles, y den- 
tro la Eucaristía; y en las puertas, en la una su entrada triunfante en 
Jerusaldn , y en la otra el lavatorio de los pies á sus discípulos. 

En el tercer ángulo está, en el primer altar Cristo crucificado, y en 
las puertas, el acto de clavaile en la Cruz en una, y el descendimien- 
to en otra. En el inmediato el asunto principal es la resurrección del 
Señor; y on las puertas, on una cuando colocaron su cuerpo «n el 



» 



DESCRIPCIÓN D^L MONASTERIO. 313 

palero,' y en la otra su descendimiento al limbo. Este ángulo está pin- 
tado por Peregrin Tibaldi , aunque la tabla grande de la resurrección 
no es toda de su mano, sino dibujada, y después de colorida, retocada 
y correjida por él mismo. 

En el cuarto ángulo, en el primer nicho, se ve la ascensión del Se- 
fior, y en sus puertas dos apariciones á sus discípulos después do resu- 
citado; y en el del lado la venida dc?l Espíritu Santo, en el retablo, y 
en una puerta los discípulos imponiendo las manos á los nuevos cre- 
yentes , y en otra San Pedro predicando al pueblo judío. Todo este án- 
gulo está pintado por el español Miguel Barroso, y es de gran mérito 
y dulzura ; y los frescos de los lados , aunque de artista jwco ejercitado 
en este género, no desmerecen de los demás. Todas estas pinturas, con 
los frescos que adornan todo el claustro, costaron 38.171 ducados 
y 2 reales. 

PATIO DE LOS EVANGELISTAS. 

En el centro de la gran galería que acabo de describir quec|a un 
palio de 166 pies por banda, en el que bay colocado un lindo jardin. 
Mirado por su parte interior , los arcos de los, dos claustros forman cua- 
tro hermosas fachadas compuestas de dos cuerpos, de los cuales el que 
corresponde al claustro bajo es dórico. Da principio en unos pedestales 
de ^ pies , sobre los que apoyan medias caiías resaltadas de los pilares 
del claustro, que rematan en «u arquitrabe, friso y cornisa, ^con los 
adornos propios' del dicho orden, á los 30 pies de altura. Sobre ésto 
carga el segundo cuerpo, que corresponde al claustro principal alto, y 
es do orden jónico, formado también por medias cañas sobre un zócalo 
igual al. de abajo , y con sus basas , capiteles , arquitrabe, friso y corni- 
sa competentes. Por encima de esta última corre una lindísima balaus- 
trada , también de piedra , con acroteras que cargan á plomo de las me- 
dias caiías, y termina en unas bolas á los 60 pies. 

TEMPLETE EN DICHO PATIO. 

En el centro hay un cenador ó templete de forma ochavada, la- 
brado en lo esterior en piedra berroqueña, y revestido en ló interior de 
mármoles y jaspes de diversos colores* En los cuatro ochavos mayores 
hay cuatro portadas, que se cruzan en correspondencia de las calles del 
jardin, formadas por dos columnas dóricas enteras, coñ su arquitrabe, 
friso y cornisa , sobre la que corre una balaustrada que sigue todas las* 
vueltas y movimientos de la fábrica. Dentro de hi balaustrada se le- 
vanta un zócalo circular, y en él sienta la media naranja refajeada, qu'd' 
termina ^n una linternilla cerrada, adornada de nichos, sobre cuya cu- 
pulíta está colocada una cruz de la misma piedra. 

En los ochavos menores hay cuatro nichos, y en ellos colocadas 
olrat tantas estatuas que representan los Evangelistas, de donde tomó 
nombre el patio. Son de 7 pies do altas, y están ejeeutadas en mármol 



314 DESCRIPCIÓN DEL H0?IÁSTER10. 

blanco de Genova por Juan Bautista Monegro. Cada uno de estos 
Evangelistas tiene en sus manos un libro abierto, y escrito en él un 
testo de su. Evangelio en el idioma que originalmente los escribieron, y 
traducido al latin. En el de San Mateo dice, en hebreo t /</, y ense^ 
fiad d todas las gentes^ bautizándolas en el nombre del Padre^ del 
Bijo^ y del Espíritu Santo, En el de San Marcos, en latin: El que cre- 
yere y fuere bautizado será salvos el que no creyere se condenaráf las 
señales que acompañaran d, los óreyentts serán éstas»' en mi nombre 
lanzarán los demonios^ etc. En el de San Lucas, en griegos ro os 
bautizo con aguai vendrá otro mas fuei te que yo: éste os bautizará con 
el Espíritu Santo ^ y con fuego. En el de San Juan, en siriaco: En 
verdad os digo^ que el que no renaciere por el agua y el Espíritu San- 
to na puede entrar en el reino de IHos, A los pies de cada uno está 
la figura simbólica que los distingue, á saber: el águila, el león, el be- 
cerro y el ángel, labrados también en mármol de Genova. Delante tie- 
nen unos términos de mármol pardo, con coberteras de jaspe sanguí- 
neo, y un cafáo por donde vierte el agua á cuatro estanques que se for- 
man enfrente. 

Dentro de cada lina de las portadas, debajo del mismo arco, que 
tiene 10 pies'^de ancho por 23 de alto, hay dos nichos (labrados en 
una sola pieza con una sierra que se inventó á propósito para este 
efecto), con sus asientos debajo: en el centro de toda la obra se forma 
una capilleta primorosamente embutida, con otros cuatro asientos, y 
formando con los mármoles y jaspes cuadrados, fajas y cornisas. Be- 
mata en una media naranja cerrada, refajeada, y adornada en corres- 
pondencia con las labores del pavimento, que es también de mármo- 
les y jaspes. 

Enfrente de cada una de las estatuas hay un estanque de mármol 
pardo, solado de lo mismo, cortado por el lado donde arriman al tem- 
plete. Por fuera tienen dos gradas, yá'su rededor hay doce cuadros 
de boj, con hermosas labores recortadas en él, y llenos de fioírcs que 
embalsaman aquel recinto.- Junto á los arcos del claustro corre una 
calle de 10 pies de ancha, y enmedio, pasando por el templete, se 
cruzan otras dos algo mas estrechas, todas pavimentadas con losas de 
piedra berroquefia. 

Volviendo á salir al claustro, y dando la vuelta por él, se encuen- 
tran seis puertas de 8 pies de ancho pw doble alto; una enmedio de 
la fachada del lYorte, otra que le corresponde en la de Mediodía, 
y otras d<;s en el lienzo de Oriente con sus correspondientes al Ocaso, 
cuyo uso esplicaré sucesivamente. La del ]Vorte es la que dije de 
1a8 Prooesionesf las dos de Oriente dan á.la sacristía; y la del Medio- 
día á las 

SALAS DE capítulos, 

•Toda su estension es de 200 pies en la dirección de Oriente á Po- 
niente, y se compone de tres salas, una enmedio, que sirve de enteca- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. SIS 

mará, y dos grandes á los lados, todas ^soladas de mármoles pardos j 
blancos^ La del medio tiene 30 pies de ancho por 34 de largo, con cua- 
tro yentanas frente á la puerta, tres al nivel del pavimento, y otra en- 
cima de la cornisa. En los otros testeros hay en cada uno tres puertas 
que se corresponden de frente, una grande enmedio con jambas, dinte- 
les, pilastras y Sobre'vdinteles dé piezas enteras, y dos menores á los 
lados. Lo demás, hasta la cornisa, está lucido de blanco, y desde allí 
la bóveda está pintada al fresco á lo grutesco. En el medio de ella se 
finje un cielo abierto, por donde bajan algunos ángeles con guirnaldas 
de flores en las manos, y en doce nichos que se forman sobre las puer- 
tas y ventanas, Job y los Profetas. Lo demás está lleno de adornos y 
follajes de buen gusto. 

Las otras dos piezas tienen cada una 34 pies de ancho por 80 do 
largo, con catorce ventanas, siete sobre el piso y otras tantas sobre la 
cornisa, á las que corresponden en la pared de frente siete nichos figu* 
rados. Por todo el rededor de ambas salas hay unos asientos con res- 
paldares bien labrados en nogal y pino de Cuenca, y á las fres puertas 
de entrada corresponden en los testeros opuestos olro>s tres huecos igua- 
les. Los de los lados son puertas, los del medio unos altares labrados 
en mármol pardo con embutidos de jaspe y adornos de bronce: En el 
de la derecha, llamada sala Yicarial, está colocado un lienzo que re- 
presenta á San Gerónimo en «1 desierto; y en el de la otra, llamada sala 
Prioral, la oración del huerto, ambos pintados por Ticiano, y moder- 
namente restaurados. . 

Encima de éstos y de las puertas del medio que les corresponden, 
hay pintados unos encasamentos, donde en marcos dorados hay cuatro 
bajo-reliéves de pórfido sobre fondo de mármol blanco. Dos de ellos 
representan la cabeza del Salvador, y otros dos la Virgen con el Ififio 
en brazos; por debajo de ellos se leen estas inscripciones que compuso 
el docto Benito Anas Montano. 

Sobre el altar de la sala al Oriente: 

HIG LAPIS OFFEÍfSVS FERIET FEÜETQVB RVlNABt 

» 

HIC ET IKOFFERSUS PETRA SALVTIS ERIT. 

En castellano suena asi: - 

Ofender d esta piedra^ daña y acarrea la ruina^ la misma no ofen^ 
diUa, es piedra de salud. 

Sobre la puerta de enfrente bajo la imagen de la Virgen: 

HAIfC HJiEG MIRARDAM TIBÍ PROTVLIT VNIO GEHUAM. 
AUGTORI CHARA EST UTRAQUE PETRA DEO. 

Esta unión -(se refiere á la de la divinidad y humanidad) produjo en 
favor tuyo esta admirable piedra preciosa. Jmbas piedras son sU" 
mámente gratas d Lios^ su autor. 



3í6 DESCRIlHlipN DEL HONASTElllO. 

Sobre ol aliar de la sala de Poniente. Débayo de la cabeza del Sal- 
vador: 

JBSU CHRISTO BlVIIf I TSHPLI LÁPIBI PRIESTINTISSIMO D* 

Dedicada d Jesucristo, piedra pj eciostsima del templo divino. 
Enfrente sobre la puerta, debajo de la imagen de la Virgen: 

ABRÁHAHir.áB LAPIDIGIMAB SPEGIMIÑI BUPLtCI INCOMPARABILI S. 

Consagrada d las dos muestras incomparables de la cantera de 
Jbraham. 

La bóveda está toda lindamente pintada á lo grutesco por los dos 
bijos del Bergamasco, Fabricio y Granelio, y lo restante de la cornisa á 
los respaldares de los asientos lucido de' blanco. Este espacio^ tanto en el 
atrio como en las salas, está adornado de multitud de pinturas al óleo 
que no me atrevo á describir, porque hace mucho tiempo que están sin 
colocación fija, y mezcladas con lienzos que no merecen ocupar aquel 
lugar; pero pondré al fin una nota de los que se conservan en estas salas 
dignos de.memorie. (Véase al fin.) 

IGLESIA VIEJA. 

En la parte del claustro que da á Poniente dije que babia dos puertas 
en sus estremos: la una es la portería principal, la otra corresponde á la 
iglesia vieja. Ya en la paTle histórica dije la causa de llamarse asi, ó igle- 
sia de prestado,, como en sus cartas la llamaba Felipe II, y esplique la 
distribución y uso que touia. Ahora es una gran capilla que se estiende 
109 pies de Korte á Mediodía por 34 de ancho, solada de mármoles 
blancos y pardos, y con bóveda compartida en tres divisiones por tres 
:arcos resaltados, que dan vuelta apoyándose en unas pilastras de piedra, 
sobre cuyos capiteles corre por todo el rededor una imposta ó cornisa de 
medio pie de ancha. En el testero del Kortc está la capilla mayor, for- 
mada por tres altares de mármol pardo con embutidos de jaspe y ador- 
nos de bronce, compuestos de pilastras con su arquitrabe y rx)rnisa, y un 
frontispicio en que terminan. Al mismo piso de la iglesia están los dos 
pequeCbs. En el lado del Evangelio hay un cuadro que representa la 
adoración de los santos reyes y en su frontispicio un £cce~Homo, ambos 
de Ticiano. En el de la Epístola el entierro de Cristo, copiado del ori- 
ginal de Tíciapo, de quien es original una Contemplación que e^fá en el 
frontispicio. Entre estos dos altares se forma una escalinata de siete gra- 
das, de marmol sanguíneo, con pasamanos de lo mismo, por la que se 
sube al altar mayor. Hay colocado en él- un gran cuadro que representa 
el martirio de San Lorenzo, también original de Ticiano. Debajo de las 
gradas y plano del altar hay una pequeña bóveda donde estuvieron colo- 
cados los cuerpos reales mientras se construía la iglesia principal. 

Recibe esta pieza toda su luz de cinco ventanas abiertas en el tes- 
tero de Mediodía, dos á nivel del suelo, con rejas que dan á los jardines, 
y tres sobro la cornisa. Entre las dos ventanas bajas hay cinco sillas, y 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 317 

sobre los bracos de la de enmedio se fofína uña linda fachadita, en cuyo 
frontispicio está coMcada una pintura que representa á Jesús con la cruz 
á cuestas, ejecutada por el Greco según su primera manera. Lo restante 
de la pieza está rodeado de sillería, labrada en buenas maderas, sobre 
cuyos brazos apoyaa pilastras con basas y capiteles, y los intermedios 
cubiertos con tableros do pino de Cuenca, terminando en su arquitrabe, 
friso y cornisa á los 7 pies de altura. Lo restante, asi de la bóveda como 
de las paredes, está lucido de blanco, y adornadas las últimas de buenas 
pinturas colocadas por el ordeu siguiente , comenzando desde el altar 
mayor por el lado del Evangelio. 

I.** San Juan Evangelista en la isla de Patmos, del tamauo natural; 
por Sebastian de Herrera, 

1.^ El descendimiento de la Cruz, con figuras medianas en tabla; de 
escueta alemana. 

3.^ San Juan bautizando á Cristo en el Jordán; por Jacobo Palman el 
joven. 

4.**. £1 enterramiento real del lado del Evangelio, según está en la 
capilla mayor del templo; por Panioj'a de la Cruz. 

5.** San Juan Bautista en el desierto, del tamaño natural; por Se- 
bastian de Herrera. 

6.° Las. once mil Vírgenes, figuras del tamaüo natural, con la im- 
propiedad de baber un solo verdugo; por Lucas Canhiaso ó Luqueto. 

7.^ Utia tabla prolongada. £1 paraíso terrenal, con Adán y Eva en 
figuras pequeñas; por el ¿oseo. 

8.® Santo Domingo, el Soriano, de rodillas delante de la Virgen, 
que le muestra en un lienzo el retrato de Santo Domingo de Guzman; por 
Lucas Jordán. 

9.* Blasones de la casa de Austria; por Juan Panloja de la Cruz. 
Estos son el diseño de los que debian colocarse en los testeros de los 
entierros reales en la capilla mayor del templo. 

10* Las Marías buscando al Salvador én el sepulcro, y un ángel en 
lo alto que muestra una targeta en que está escrito: £Í vitam resurgendo 
reparavití por Parrasio, 

í 1. San Juan Bautista predicando en el desierto; por Jordán. 

12. La adoración de Ips reyes; de escuela italiana. 

13: Sobiie los anteriores. Una sacra Familia; San José trabajando en 
su taller de carpintero, y la Virgen sentada con el ^iño dormido en su 
regazo, y San Juan al lado, en figuras del natural; por José Ribera. 

14. Blasones de la casa do Austria; Diseños como los del número 
9 ; por Pantoja. 

15. Testero sobre la ventana. San Pedro con las llaves «n la mano, 
poco mas de la cabeza, del tamaño natural; de escuela italiana. 

16. El nacimiento del Salvador y adoración de los pastores; por 
Federico Zucharo. 

17. LaL adoración de los reyes; del mismo. Este y el anterior fuefon 
pintados con mucbo esmero por Zucbaro para el altar mayor del tcmploi 
pero no contentaron á Felipe IL , 



318 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

18. Santo Domingo (al parecer); por Jordán, 

i 9* Blasones de la casa de Austria. Diseños como Jos anteriores; 
por Pantoja. 

^0. Un lienzo de 11 piestle largo por 8 de aitoi el nacimiento del 
SaWador y adoración de los pastores; por Ribera* 

til. Una tabla con portezuelas, á modo de oratorio. En la tabla 
principal el martirio de San Felipe, que muere apedreado y puesto en 
cruz; en una de las puertas el mismo santo predicando, y en la otra un 
dragón que persigue á algunas gentes; por Miguel Cussin. 

22. Santa Margarita con el dragón á sus picst copiada del original 
de Tidano. 

23. Una tabla <Mn puertas á modo de oratorio. La significación de 
esta tabla es la interpretación de aquellas palabras de Isaías: toda carne 
es henoj de cuya yerba ba figurado una carreta cargada, y encima los 
deleites bumanos, que se afanan por alcanzar multitud de personas. En 
una de las puertas está el paraíso, el engaña de la serpiente, y el ángel 
que arroja de él á Adán y Eva, y en la otra el infierno; pintadas por 
Gerónimo Sosco, 

24. ' Blasones de la casa de Austria; por Panfila. 

25. Una repetición del infierno pintado en la portezuela del numero 
23; por Sosco. 

26. San Miguel arrojando del cielo los ángeles rebeldes; por Luqueto. 

27. Entierro real del lado de la Epístola, según está en la capilla 
mayor del templo; por Pantoja. 

28. £1 martirio de San Bartolomé; de la 'escuela de Jordán. 

29. San Gerónimo, penitente; por Jordán. 

ESCALERA PRINCIPAL. 

Siguiendo el claustro por la parte de Poniente se encuentran cinco 
de sus arcos esteriores abiertos. Los dos estremos son tránsitos para los 
claustros menores; los tres del medio corresponden á la escalera prin- 
cipal, que por su grandeza, magestad y adorno puede tenerse por una 
de las cosas mas notables de esta casa. La traza de ella la dio Juan Bau- 
tista de Gastelió Bergamasco, y la ejecutó Juan Bautista de Toledo. La 
uniformidad y simetría, tan guardada en todas y cada una. de las partes 
de este edificio, fué causa de que su entrada quedase abogada; mas luego 
que se pasa el arco de entrada sorprende mas su magnificencia. En loa 
dos arcos de los lados se forman unas capilletas, y en cada una dos grades 
nicbos con asientos, y un arco que da á la escalera. El hueco de esta 
desde el claustro basta el testero de frente es de 59 pies, por 4 i de 
ancbo. Desde el claustro sube recta, en dirección á Poniente, por 25 
gradas de mas de 1 6 pies, todas de piedra berroqueña y de una pieza. A 
la mitad forma un descanso de 8 pies, y continúa por otras 13 basta 
una gran mesa de 1 2 pies de ancha, y larga todo el hueco de la caja. 
En esta hay tres grandes nichos con asientos, que confrontan con los 
tres ramal¿ de la escalera; y en los testeros dos arcos abiertos, que 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 319 

dan entraba al piso segando de los claustros menores. Desde aqni so 
diyíde la escalera en dos ramales, que suben paralelos por otras 26 
gradas, díTÍdidas también por un descanso, hasta desembocar en el claus- 
tro principal alto. Los costados y pasamanos son también de piedra y de 
piezas de enorme grandor, adornadas dé cuadros, triángulos y buenas 
molduras. . ' 

A nivel del pavimento del claustro alto corre por todo el contorno 
de la caja una imposta de 1 pie de ancha, sobre la que sientan 14 ma- 
chones con pilastras resaltadas en medio con sus basas y capiteles, y entre 
ellos se forman otros tantos arcos de 10 pies de ancho por doble de alto, 
distribuidos en correspondencia, tres en cada una de las fachadas de Orrán- 
te y Poniente, y cuatro en cada una de las de Mediodía y IVorte.* Todos 
tienen antepechos de piedra de una pieza, escepto los que dan salida al 
claustro, y los tres de Poniente con su inmediato en una y otra parte quo 
son cerrados, formándose en ellos cinco capilletas como las del claustro 
bajo. Sobre estos arcos apoya el arquitrabe, friso y cornisa que corre' á 
la altura de 50 pies, y á los 60 hay otra, dejando entre las dos un friso 
de 9 1 pies de ancho. Desde esta última arranca la bóveda, elevándose 
hasta la altura de 82 pies; y sobre la última cornisa hay abiertas 14 ven- 
tanas con sus luñelos en correspondencia con los arcos de abajo, que le 
dan mucha claridad y hermosura. 

Desde la altura de los 30 pies hasta lo alto de la bóveda está ador- 
nada de valientes pinturas al fresco, distribuidas del modo siguiente. En 
los cinco arcos cerrados «e continúa el orden de las historias del Kuevo 
Testamento, que correspondian á los cinco arcos abiertos en el claustro 
bajo. Los pintó todos cinco Luqueto; pero no gustaron á Felipe II los 
tres del testero de Poniente, y mandó picarlos y que los pintase Pere- 
grin Tibaldi, como lo ejecutó, imitando la manera de Luqueto, de cuya 
mano quedaron los dos inmediatos. Lo demájs está todo pintado por Lucas 
Jordán. 

En tres lados del ancho friso que queda entre las dos comisas, re- 
presentó en el de Mediodía la batalla que precedió al asalto de San Quin- 
tín, en la que fué roto el ejército francés, y preso el Condestable Mont- 
morenci con su hijo y otros muchos de la nobleza de Francia. En la de 
Poniente figuró las disposiciones del sitio, situación de las baterías y 
asalto de la plaza; y en el del líorte el momento en que los soldados 
vencedores presentan á Filiberto Emanuel, Duque de Saboya, las ban- 
deras tomadas en el asalto, y preso al Almirante de Francia, que la 
defendía, á quien se ve delante del Duque á caballo, pero descubierta la 
cabeza y desarmado. En la parte de Oriente se ve á Felipe II de pie, y 
delante á los famosos arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de 
Herrera, acompañados del insigne lego Fr. Antonio de Villacastin, mos- 
trándole.la traza y planta del Escorial. En el otro estremo de este mismo 
lienzo se figura parte de la obra en su principio, y varios operarios 
abriendo zanjas, conduciendo piedras y colocándolas otros. 

La cornisa que corre sobre este friso está perfectamente dorada, y 
lo mismo los marcos de las ventanas. A cada lado de estas últimas hay 



320 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

unos ángeles, apoyados en escudos, en que están los blasones de armas 
de EspaSa^ y en los lunetos de las mismas unos medallones imitando 
pórfido, en que están representadas algunas de las victorias del empera- 
dor Garlos V, escepto en el del medio der la parle de Oriente, en que se 
finje grabado en bronce el retrato de Felipe IV, y en el que le corres- 
ponde á Poniente- el de D. Garlos IJ. Sobre este ütimo se ve fínjida en 
la bóyeda una galería, desde donde dicho monarca está mostrando á su 
madre. Doña María Ana de Austria, y á su segunda esposa , Doña María 
Ana de IXeuburg, aquella obra. 

Lo restante de la bóveda representa la Gloria. £n lo alto se ve el 
trono de la Trinidad Santísima, rodeado de luz y espíritus celestes; á su 
derecha la Virgen, y detrás unos ángeles que sostienen las insignias de 
la pasión. Enfrente de. estos están agrupados todos los santos que supie- 
ron unir la santidad con la corona del imperio, como San Fernando, San 
Etermenegildo, San Enrique y otros; y debajo San Gerónimo, con hábito 
cardenalicio, introduce al emperador Garlos V y á su hijo Felipe IJ, que 
presentan ante el trono de la Divinidad, el primero las dos coronas de 
'emperador y rey, y el segundo un globo, en representación de su gran 
poder. En el otro lado, San Lorenzo se acerca al Dios do misericordia 
en ademan de interceder por tan ilustres personajes. En los cuatro án- 
gulos están las cuatro virtudes cardinales, y agrupadas en torno suyo las 
que de ellas traen origen. En la parte de Mediodía está representada la 
Magestad real, y enfrente la Iglesia católica, en figura de bellísimas 
matronas, adornadas con los atributos é insignias que las caracterizan. 
Por todo lo demás so ven multitud do ángeles, que parecen moverse en- 
tre hermosos grupos de nubes, y juguetear en aquel espacio inmenso, 
que coa tanto gusto óptico supo trazar Jordán en solo siete meses. 

CLAUSTRO PRINCIPAL ALTO. 

V Corresponde sobre el bajo, y su disposición y arquitectura es en- 
teramente la misma, con sola la diferencia que los lienzos de Poniente y 
Oriente fe prolongan hacia el Mediodía, hasta encontrar con los balcones 
que dan al jardin; y que los arcos cerrados de la parte interior están 
cortados por todo él con una imposta que corre al nivel de los capiteles 
de las pilastra^, dejando separados los planos de los arcos. En estos, en 
los lados de Poniente y Píorte, están pintados unos balconcillos con 
antepechos de hierro, que en los otros dos son verdaderos, y sirven para 
dar luz á dos galerías con habitaciones que hay á aquella altura. Los 
claros de los arcos, y los lunetos y compartimentos de la bóveda, están 
lucidos de blanco, y el pavimento os de mármoles como en el bajo.' En 
cada uno de los arcos de Oriente y Mediodía hay una puerta que co- 
munica á las celdas do los monjes, y por todo él otras varias^ cuyo' uso 
esplicaró según so vayan encontrando. Adornan las paredes muchos 
cuadros al óleo, que comenzando desde el inmediato á la escalera prin- 
cipal, guardan el orden siguiente: 

1.** La creación del mundo; por Bassan, 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 321 

!2«^ una velada, donde hay unas mugeres qué se quedan dormidas 
trabajando, y un muchacho encendiendo luz á' soplo en un tizón; par 
ei' vnisfno» 
' 3.** Cristo con la cruz á cuestas ayudado por el Cirineo, figuras del 
natural de medio cuerpo; copiado del original del Otierctno. 

4.** La vocación de San Andrés, que está arrodillado á los pies de 
Jesucristo, y San Pedro que se arroja de la barca; por Federico Barrocci^ 
pero está sin concluir. 

Aqui continua la prolongación del lienzo. Al principio hay dos 
puertas, una enfrente de otra, con sus fachaditas de marquetería alemana 
perfectamente embutidas, y de ricas maderas, que comunican, la de la 
derecha al dormitorio de los novicios, que es una sala de 80 pies de larga 
por 30 de ancha , lucidas ^ de blanco sus paredes y bdveda, y con tres 
ventanas al Mediodía. Enfrente de estas tiene una puerta grande, que salé 
junto á la escalera principal. 

La puerta de la izquierda es la del noviciado, que nada tiene de 
particular. Sus habitaciones son abobardilladas, y situadas en los empi- 
zarrados, sin ninguna comodidad. Hay en él dos pequeñas capillas, y en 
elFas, en una la imagen de la Virgen, y en otra un Crucifijo de pasta 
de malísima escultura^ pero que^ tiene la particularidad de ser una de 
las primeras imágenes que fabricaron los americanos después del descu'» 
brimiento de aquellos paises. Amba^ están colocadas en pobres al- 
tares. 

Siguiendo el orden de los cuadros en esta prolongación están: 

Xt,^ Los ángeles presentando viandas á Jesucristo en el desierto des- 
pués del ayuno de cuarenta dias; por Lucas Jordán. ' 

6«^ ^Jesucristo resucitado, como suspendido en el aire, aparece á su 
Madre Santísima qué está puesta en oración; por el Mudo» 

7.** La degollación de los inocentes; copia de Jordán. 

8.** Una repetición ó boceto pequeño del entierro de Cristo ; por 
Ticiano. 

9.^ San Pedro arrepentido, figura de medio cuerpo; copiado del ori- 
ginal de Ribera. 

10. Abraham adorando á uno de los tres ángeles que se le apare- 
cen; copia del original del Mudo. 

11. £1 martirio de Santa Justina , figuras de medio cuerpo; por 
Jordán imitando á Yeronés. 

12. Un Ecce-Homo, donde está Pilato con dos sayones; por Pablo 
Feronés. ^ 

13. San Lorenzo vestido de diácono; de autor desconocido. 

i 4, Santa Brígida y su marido Hulfo, con lá Virgen y el Ifiño,, 
^uras de medio cuerpo; copia del original de Castelfranco. , 

15. La aparición de Jesucristo á los Apóstoles en el castillo de 
tlmaus; copia del original de Rubens. 

16. Retrato de San lYicolás Factor* figura de medio cuerpo; de es- 
cuela valenciana» 

17. San Gerónimo peúitenfe; copia del original de Ticiano. 

21 



322 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

18. £1 nacimíeiito del Señora copia en peque&o ^el original de Ri- 
bera. 

Aqui se prolonga también el claustro, y se bailan otras dos puertas 
de marquetería semejantes á las anteriores. La de la derecha es de sola 
perspectiva; la de frente es la de la 

CELDA PRIORAL ALTA. 

Es una sala de 34 pies en cuadro, que ocupa todo el hueco de la 
torre, en la que se unen la9 fachadas de Mediodía y Oriente, á cuyos 
puntos tiene tres balcones, en cada uno con antepechos de hierro, y en 
los otros lados. tres puertas, la de entrada, y otras dos que comunican 
con las habitaciones de su dependencia. Por lo bajo tiene un friso de 
azulejos; por lo alto da la vuelta una cornisa, sobre la que apoya una 
bóveda artesonada lucida de blanco, como lo están las paredes. En es- 
tas hay colocadas algunas pinturas al óleo. 

1 J^ 1 Sobre la puerta contigua á la entrada. Una copia de la famosa 
Perla, de Rafael; por el P. Santos. 

2.° ün lienzo de mas de 10 pies de largo, apaisado. La predicación 
del Bautista en el desierto;, por Pablo Feronés. 

3.** y 4*^ A sus lados los retratos de Don Fernando VII y Doña 
María Cristina; por 2>. ñíanuel Miranda. 

5.^ Sobre otra puerta. Una Sacra Familia; original iU Julio Ro- 
mano. 

6.** Sania Paula con el hábito de su Orden; por Jordafi. 

7.® lYuestra Señora del Pez. Copia del original de Rafael; por el 
P. Sanios. 

8." y 9.** Los marcos solos. 

10. San Gerónimo con el hábito de su Orden; por Jordán. 

11. La Concepción. 

12. Retrato de D. Felipe III, de cuerpo entero; copiado del origi- 
nal de Pantoja. 

13. Los desposorios de Santa Catalina; copiado por el Greco del 
original del Correggio. 

14. Retrato, del Señor Don Felipe II, de cuerpo entero; por Anto- 
nio Moro. 

15. Un martirio de San Lorenzo. 

16. Retrato del P. Sigüenza,- figura de medio cuerpo; por Jlonso 
Sánchez Coello. 

« 

17 y 18. Retratos de Don Carlos IV y Doña María Luisa; por 
Goya. ' 

1 9. Entre estos. £1 convite de Heredes, donde fue presentada la ca- 
beza del Bautista. 

20. El apóstol Santiago, figura de. mas de medio cuerjpo; copia del 
original de Murillo. 

Adornan además esta sala un Crucifijo con la Magdalena al pie de 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 9Í£3 

la Cruz, todo de bronce, colocado sobre ana mesila de maderas j esca- 
yola^ y á sus lados dos papeleras chapeadas de concba. * 

Por una de las puertas de la parte del Inerte se entrü en un pasillo 
que conduce al recibimiento (en él estuvo preso el Séüor Don Feman- 
do y 11)9 en que hay también siete cuadros, á saber: la Virgen, el I9iño 
y Santa Catalina, jugando con un corderillo, de escuela italiana. Tres 
lienzos apaisados, que son: Tobías, Sara desterrada, y el Profeta Elias 
despertado por el ángel, los tres de^ Lucas Jordán. Y en otros dos las 
cabezas de San Pedro y San Pablo, copia'das de los originales de 
Guido Reni. 

ORATORIO. . 

La pieza anterior comunica con un oratorio que tiene 34 pies de 
largo por 11 de amicho, con su bóveda bien compartida y una ventana 
al Oriente. Enfrente de esta, detrás de una mampara de cristales con 
marco dorado, hay un retablo de talla con una escultura de la Gontep- 
cion^ y á la mano derecha una tabla á manera de altar, que remata en 
medio punto y tiene puertas. En una de éstas están los Apóstoles, y en 
la otra Santa Inés con varias santas. En la tabla principal está la Virgen 
sentada junto á una fuente, y varios santos y santas qae cojen frutas 
de los árboles para presentárselas: de manera gótica. A la izquierda del 
altar otra .tabla que representa un milagro dé San Antonio de Pádua, por 
Lucas de Holanda. En lo restante del oratorio habia una j>reciosa colee- 
cion de cuadritos de mérito, de que ahora está despojado. 

SALA PRINCIPAL BAJA. 

Volviendo al pasillo que sale de la sala grande se encuentra una es*- 
paoiosa escalera que conduce á la celda prioral baja, que es igual á la 
alta, solo que su pavimento está cubierto de mármoles como las salas ca- 
pitulares, con las que comunica, y la bóveda está pintada .al fresco por 
Francisco Ürbino, única obra qué hay de él eá esta casa, donde murió 
acabado de pintarla. En las pechinas están representados los cuatro 
Evangelistas; en los encasamentos sobré la cornisa las virtudes y algu- 
nos Profetas; y. en el centro el primer juicio de Salomón. Parte de los 
cartones de esta bóveda sé conservan en la biblioteca. En las t>!iredes 
habia antes varios retratos de reyes de España, de que ahora la han 
despojado. ^ 

Continuando el orden de cuadros del claustro se encuentran en la 
pndongacion: 

19. La presentación de la Virgen al templo, que unos atribuyen á^ 
Zurbari^n y otros' á Morales. 

20. La Anunciación deL ángel á la Virgen; copiado por Benvenuto 
Garofalo del original de Alessandro Allori, que se conserva en Floren- 
cia y cubren con siete velos. 



3^4 IIESCRIPCION DEL MONASTEKIO. 

1Í, La presentación de Jesús al templo; pQrZurbardn ó Morales^ 
como el número 19. 

!2!2. Una aparición al Saúto Rej D. Fernando en un templo gótico. 
Lienzo de 10 pies de ancho por casi doble alto, que termina. en medio 
punto; por Jordán.' 

23. Copia de la Perla de Rafael; por el JP. Santos. 

24. La adoración de los Reyes; de escuela veneciana. 

29. El milagro de la multiplicación de los panes y los peces, re- 
presentado en tabla; por yoachvno Jndralta. 
26* £1 diluvio universal; por ^a^^ano. 

27. La entrada de los animales en el arca antes -del diluvio; por el 
mismo. 

28. Jesucristo atado á la columna y dos sayones azotándolo; copia 
del original de Julio Romano. 

29. '"r¥oé> ocupado con su familia en la fabricación del a^-ca; por 
Bassano. 

30. £1 mismo asunto; por el mismo. 

31. San Cristóbal pasando un río con el Niño Dios solure el hom- 
bro; de escuela alemana. 

32. San Gerónimo penitente; de escuela flamenca. 

AULA DE MORAL. 

Una gran puerta de 8 pies.de ancho por doble alto, que aqai se 
o encuentra, es la del aula de moral. Como su mismo nombre indica, ser- 
via para que los monjes tuviesen su estudio y conferencias morales. 
Tiene 34 pies eii. cuadro, y el pavimento^ solado de mármoles, con su 
bóveda lucida de blanco, como lo .están las paredes. A estas arriman 
unos bancos con respaldares, y en el lado de Mediodía dos' sillas, sobre 
cuyos brazos se levantan unas columnas estriadas, sosteniendo un trozo 
de buena "arquitectura, ejecutada en maderas finas. En medio de la 
parte de Oriente está la cátedra, y á sus lados una puerta y un balcón, 
con otra ventana sobre la cátedra. En la del Norte tiene dos puertas á 
los lados y enmedio un altar , en el que está representado San Joaquin 
retirándose como avergonzado por no haber sido admitido al sacrificio 
á causa de su esterilidad. A lo íejos se ve el altar, janto á él el sumo 
sacerdote, las tablas de la ley y algunos ministros, pintado por Miguel 
Gussin. Adornan las paredes algunos cuadros, que comenzando desde di- 
cho altar y siguiendo por la derecha, son los siguientes. 

1.° Sobre el altar, Jesucristo resucitado aparece á la Virgen acom- 
pafiado de una multitud de santos; por Pablo Feronés. 

2.? San Gerónimo penitente, del tamaño natural; por Jacobo Pai^ 
ma, el joven. 

3.* San Hipólito . y compañeros llevando á enterrar el cadáver de 
San Lorenzo; por el Mudo. 
' 4.'' San José. 

fi.*^ La resurrección de la hija de Jairo; por Gerónimo Af aciano. 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. , 323 

6.^ Jesucristo y un sajón que le ata á la colonma, con un mucha- 
cho que guarda sus Testiduras; por Zuqueto, 

7." £1 descendimiento de la cruz; por Carlos Feronés* 
8.** La anunciación del. ángel á la Virgen^ por Pabló Feronés. 
9..^' £1 entierro de Cristo, figuras del natural no enteras ; por Tm- 
tareto* • 

i O* El Nacimiento y adoración de los pastores; por el mismo» 
11. Ün cuadro de mas de 2 varas de ancho con alto proporcionadb, 
Santa Margarita asustada por el dragón que tiene á sus pies; tenido por 
original de Ticiano. 

Volviendo á salir al claustro y continuando la serie de los cuadros 
colocados en 41s 

33. Sobre la puerta del aula. Santa María Magdalena penitente ; se 
cree de Jordán , copiado de Ticiano. ^ 

34. San Gerónimo en el desierto, y el león bebiendo en un arro- 
yuelo que corre por un bellísimo pais. Lienzo de mas de 2 varas de an-r 
cho por doble alto; por el Mudo- 

35. Otro lienzo igual aí anterior. El nacimiento del Salvador y ado-. 
ración de los pastores; pbr el mismo. 

36. La fábula de Arachne convertida en tela de arafia por la diosa 
Palas; por Lucas Jordán}* . - 

37. La fábula del sátiro Marsias, desollado por el dios Apolo, con 
quien se atrevió á competir en la música; por el mismo, 

38. £1 sacrificio de Abraham; por Jndrea del Sarto* 

39-* I^na tabla de 7 pies de ancha por 6 de alta. En un círculo do- 
rado una coronación de espinas, en donde Pilato y euatro sayones están 
representados en figuras estrafias; por Bosco- 

40. La Virgen de la Silla; copiada con alguna alteración de la ori- 
ginal de Guido Rani. 

41. Una tabla en que á un lado se ven unos moQJes cubiertos los 
rostros, y enfrente San Pedro mártir, puesto de rodillas; suplica á la Vir- 
gen y á Jesucristo, que están también de rodillas en aptitud de interceder 
con el Padre Eterno que está en lo alto. Los fprimeros estaban- castiga- 
dos por la Inquisición, y los demás ruegan por ellos; de escuela alemana. 

42. La Magdalena arrodillada ante el Salvador , que se le aparece 
en figura de hortelano; copia del original de Pablo Veronés. 

. 43. El descendimiento de la cruz, figuras del natural; de escuela ve • 
neetono, aunque algunos le tienen por de Carlos Feronés. 

Las dos grandes puertas que aquí se encuentran son las del coro, y 
sobre ellas están colocados: 

44 y 45. San Gerónimo y Santa Paula con el hábito de la Orden; 
por Jordán, 

46. Job en el muladar, y al otro lado su muger y sus tres amigos; 
por el mismo. 

47» Una Sacra Familia del tamaño natural. Sobre el pavimento hay 
pintada á un lado una perdiz, y al otro un perro y un gato riñendo; por 
el Muda. 



3*26 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

48. La flagelaeion de Jesucristo, figuras del tamafio natural^ por el 
tnistno» 

49. La aparición del Salvador á sus discípulos én el castillo de 
¥jm«as^ por Jassano, 

50. £1 yiaje de Abraham y su familia y ganados desde Harán á 
Ganaan; por él mismo. * ^ 

sacristía del coro, llamada sala de capas. 

Antes de los dos últimos cuadros bay una puerta igual á las del 
coro, por la que se entra en la sala de Capas^ llamada asi porque se 
.£^u ardan en ella las que los cantores usan en el coro en las festividades. 
Tiene 60 pies de larga por 34 de ancha, con buena bÓTeda, lucida de 
blanco como lo están las paredes. Es algo oscura, porque no recibe mas 
que segundas luces de dos ventanas que bay al lado de Oriente, y de 
otras tres al Pooiente, tjue dan á los claustros menores. Por todo el 
contorno' y enmedio bay una cajonería de nogal, en que se guardan las 
capas de coro ; en el .testero del Norte, en un hueco que antes era 
puerta de comunicación al trascoro, hay una mesa de altar, y sobre 
ella una imagen de San Miguel con el diablo á los. pies, ejecutada en 
madera por Dofia Luisa Roldan, escnltora de .cámara derSefior Don 
Garlos II. También se guardan en esta pieza un ángel y una águila de 
bronce que sirven de atriles, su autor Juan Simón de Amberes, donde 
se labraron año 1571. De estas dos figuras ya hablé en la parte his- 
tórica. 

Sus paredes están adornadas por algunos cuadros, á saber: copia del 
original de Tintoreto, que representa el convite dado á Jesucristo en 
casa del Fariseo; otra del entierro de Cristo, de Ticiano; otra del Naci- 
miento del Salvador, de Pablo Matei^ un Crucifijo de escuela veneciana^ 
la crucifixión de ^an Pedro, tenida por de PoUdoro Caravaggioi^ y un 
San Antonio en oración. 

camarín. 

Es una piececita en forma de caüon, á la que se entra desde el au- 
la de moral por la puerta que está al lado derecho de la cátedra. En él 
se guardan una infinidad de reliquias y objetos curioso^, esculturas, 
pinturas, y algunos libros, que si se hubieran de describir detallada- 
mente ocifparian mucho tiempo. Por lo tanto indicaré solo lo mas nota- 
ble. La bóveda está pintada al fresco por un monje de esta casa; en uno 
de los testeros tiene un balcón al jardin, y enfrente hay un altar que 
ocupa todo el ancho de la pieza. En lo mas alto de él y dentro de un 
retablo dorado bay un altarcito de ébano, en cuyos ocho intercolum- 
nios están representados, en bajo-relieves de plata sobredorada, varios 
pasajes de la vida de Jesucristo. Según tradición de este monasterio es 
parte del altar portátil que el Emperador Garlos Y usó en sus espedí- 
ciones militares. lEnmedio de las gradas sobre la mesa se ve una está- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 327 

tna de 3 pies meno^ 2 pulgadas de alta, que representa á San Juan 
Bautista vestido de pieles, muy bien ejecutada en alabastfo por un tal 
Hicolás, según se Te en fiu, peana. . ' 

Entre las demás preciosidades son notables seis libros; el primero y 
mas antiguo es un tratado ^e San Agustin sobre' la administración del 
bautismo á ios párvulos, que tradicionalmente se tenia por autógrafo del 
santo. Sin embargo no lo es, sino de mas de un siglo después, esto es, 
de la primera imitad del siglo VII, mas (M)r esto no menos digno de 
apreciow £1 otro es un libro qjue contiene los Evangelios que se cantaban 
en la iglesia griega en tiempo de San Juan Grisóstomo, á cuyo santo 
doctor se cree baber pertenecido. Los otros cuatro^ son autógrafos de la 
insigne y virtuosa española Santa Teresa de Jesús: el uno, en folio, con- 
tiene su vida; otro de igual tamafio, que es el de sus fundaciones; el 
tercero, en cuarto, contiene el modo de visitar los conventos de su or- 
den; y el último, también en cuarto, el Camino de perfección. También 
se conserva el modesto tintero con que escribió. tan santas páginas esta 
sublime maestra de la vida espiritual. 

También es notable por su remota antigüedad una de las bidrias en 
que Jesucristo hizo su primer núlagra convirtiendo el agua en vino. Es-. 
taba con mucha veneración en el castillo de Lagembutg, á dos leguas po- 
co mas de Viena, de donde la sacó el Emperador Maximiliano para en- 
tregársela al Marqués de Almazan, que la envió á Felipe II, 

Sobre la mesa del altar está colocado en una urna un esqueletito, qtie 
se diqe ser uno de los niños Inocentes jdegoUados por mandado de Heredes; 
y por todo lo demás hay infinidad de reliquias colocadas en cajitas, cua- 
dros, cruces y otros diges. 

Entre las pinturas, á pesar de los muQhos despojos que ha sufrido 
esta pequeña habitación, quedan aún notables: dos cuadriles ochavados, 
pintados sobre piedra ágata por Anibai Garacci; otro sobre jaspe verde, 
de Ticiano; otro en pizarra, de Basan; dos en tabla, de Quintino Melsis; 
y otros varios de Alhérto Durero, Alonso Gano, Maella, Rubens, Lucas 
de Holanda, y un retrato de San Pío V adorando á Jesucristo en el se- 
pulcro, por Parrasio; sin otra infinidad de nüniaturas é iluminaciones , en- 
tre las que hay algunas de los dos legos de ésta casa Fr. Andrés de León 
y Fr. Julián de Fuente del Saz. Entre las puertas hay un lienzo que re- 
presenta á Jesucristo muerto, apoyado en INicodemus^ á quien acompaña 
la Virgen, tenido por del Masaccio. 

CLAUSTROS MENORES. 

Junto á la escalera principal hay dos tránsitos de 13} pies de 
ancho, con er pavimento de mármol, en cuyos lados interiores -están 
los arcos de la escalera principal, y en los esteriores, el de Mediodía tie- 
ne una puerta grande en medio, que es la del dormitorio de lo's novicios, 
con dos huecos como de ventana á sus lados, y en^l de frente corres- 
ponden otros tres huecos iguales, pero sin puerta. Estos pasillos están 
adornados con algunas pinturas de poco mérito en lo general, y sobre los 



328 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

doB arcos en qae torminan hay colocados un Ecce-Homo y una contem- 
plación por Ticiano, la ultima sobre pizarra. Por estos dos arcos se en- 
tra en los clauslros menores, que son cuatro, comprendidos én una estén- 
sion igual á la de' la galería principal qué acabamos de ver. Están corta- 
dos por seis corredores de 238 pies de largo por cualquier parte que se 
miren, disididos en 20 lienzos que dan Tuella alrededor de cada uno. En 
la parte esteripr son en lo general celdas, y en lo interior por cada uno 
de sus lados hay nueve pilares de 3 pies en cuadro por 9 de alto, sin mas 
adorno que una imposta de medio pie, que les sirve de' basa y capitel. 
Sobre ellos se forman siete arcos adornados con un pequefio bocel, y sus 
claros están con antepechos de piedra, y cerrados con ventanas hasta el 
medio punto, que lo está con vidrieras. De los demás pormenores me ocu- 
paré al considerarlos desde el piso bajo^ ahora continu^renmos por ellos 
hasta la 

BIBLIOTECA PRINCIPAL. 

En la parte histórica no hice mas que indicar lüuy ligeramente algu- 
nas noticias relativas á la fundación de esta biblioteca; mas ahora, aun- 
que con rapidez, trazaré su historia, haré su descripcien, y aunque muy 
en globo indicaré las preciosidades literarias que encierra. 

Su primer origen fueron 4.000 voltbnenes que Felipe II entregó de 
su biblioteca particular, entre los cuales habia algunos maíauscrítos en 
todas lenguas, y que se distinguen por la encuademación, que regular- 
mente es en tafilete negro ó morado sobre tabla?, y con sus armas gra- 
badas en el centro. Se Mzo la primera entrega en 1 1{75, y adn se con- 
serva un códice que contiene el catálogo de los libros que se iban reci- 
iMendo, según venian en los- cajones. En una de estas listas se hallan ano- 
tados el Códice áureo, el libro de San Agustín , y el de San Juan Gn- 
sóstpmo. 

A principios del año siguiente 1V76 se le unió la biblioteca de Don 
Di(^o de Mendoza, que adquirió Felipe II de sus herederos, obligándose 
á pagar las deudas que contra dicho Don Diego resultaban al tiempo de 
su muerte. Estos indudablemente son los mejores libros que posee esta 
biblioteca, pues además de los manuscritos, tenia muchas edhi^iones del 
siglo XV, algunas de ellas rarísimas. También se distinguen en lo gene- 
ral por su encuademación particular. Una de las cubiertas es negra y la 
otra encarnada, y en medio de cada una un medalloncito elíptico con al- 
gunas figuras de relieve dorado^ como también lo son unas líneas para- 
lelas que corren de alto á bajo. El corte de las hojas está Jtambien en 
muchos de ellos con los dos colores. 

Ademas, por mandado de Felipe II se trajeron de la Capilla real de 
Granada 133 voldmenes. De la testamentaría de Don Pedro Ponice, Obis- 
po de Plasencia, recojió y envió Ambrosio de Morales, comisionado al 
efecto, 94 libros. Del famoso historiador de -Aragón y secretario Geróni- 
mo d» Zurita, se trajeron entre impresos y manuscritos 234. Del doctor 
Juan- Paez de Castto, 87. En Mallorca, Barcelona, y en los monasterios 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 829 

de la Murta y Poblet se recojieron 293 Tolilmenes, la mayor parte per- 
tenecientes á las obras de Raimando Lnllio. Be D. Diego González, prior 
de Roncesvalles, envió Don Martin de Córdoba, visitador nombrado al 
efecto, 31 manuscritos. De los que Serojas tenia del rey, 130 cuerpos. Li- 
bros prohibidos en todo ó en parte, se trajeron de la Inquisición 139. Don 
Alonso de Züfiiga regaló para esta biblioteca 45. Arias Montano regalo 
206, entre ellos 79 manuscritos hebreos. De la biblioteca del Marqués 
de los Velez 486. De la testamentaría del Cardenal de Burgos 935, y de 
Don Antonio Agustín 135, la mayor parte manuscritos griegos; sin con- 
tar otros muchos que varios particulares regalaron, entre los qtte son 
notables por la antigüedad y mérito algunos de los que dio el doctor 
Burgos ite Paz. * ~ 

Gomponian ya todas estas entregas una suma de mas de 10.000 vo- 
lúmenes, que basta el nombre de las personas que los habían poseído para 
reconocer su mérito^ y provisionalmente fueron colocados en la pieza que 
después sirvió para dormitorio de los novicios, siendo el primer encarga- 
do y bibliotecario el laborioso P. Fr. Juan de San Gerónimo , de quien 
tantas veces he hecho mención en la historia. Allí los clasificó el célebre 
Benito Arias Montano, ayudado del dicho Fr. Juan y del P. Siguen- 
za, que después quedó de bibliotecario, y por mandado del rey en 1577 
los trasladó á la llamada ahora biblioteca alta, mientras se concluían las 
magníficas piezas donde debían quedar colocados* Estuvieron estas de 
todo punto corrientes en 1593, y entonces el mismo P. Sigñenza colocó 
en la sala principal todos los impresos, los manuscritos en una sala con- 
tigua que ocupaba casi la mitad de la fachada del patio de los Beyes 
que mira al Norte, en que había una rica estantería toda de nogal; de- 
jando en la alta los libros prohibidos y duplicados, por ser los de me- 
nos uso. 

- En 1609 se le unieron también los libros del licenciado Alonso Ra- 
mírez de Prado, que Jiabía adquirido el sefior Don Felipe III por la apli- 
cación de los bienes de dicho licenciado á su real fisco; j posteriormente 
en 16.14 se enriqueció con la famosa biblioteca árabe de Muley Zídan, 
emperador de Marruecos. 

Conocía muy bien el señor Don Felipe II que estos establecimientos 
necesitan una renta fija para, sostenerse y aumentarse; y por real cédula 
de 1 5 de julio de 1573 destinó para la biblioteca y sacristía los productos 
del Nuevo Rezado. Después el señor Don Felipe lY aumentó esta con- 
sígnadon^ señalando 1000 ducados anuales en dos beneficios simples, des- 
tinados también por mitad á los gastos de sacristía y biblioteca, y esclusi- 
vamente para la dltima 300 ducados sobre las rentas de Indias; de 
modo que podía contar con una consignación anual de. 20 O O ducados 
aproximadamente. Le concedieron además el privilegio de recojer. gratis 
un ejemplar de las obras, todas que se imprimiesen en los dominios de Es- 
paña, y en 1619 se recomendó su observancia álos vireyes de Nápdes, 
Milán, Sicilia, Flandes y otros reinos, y lo confirmaron los reyes su- 
cesores. 

Con tanta protección y tantos elementos, la biblioteca del Escorial 



330 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

debía ser la primera de Europa, bo solo en el numero de libros, sino 
también en su elección y mérito; pero por desgracia no ba sucedido asi. 
£1 primer yerro que se cometió fueren 1613 , en que el Prior, que em 
entonces Fr. Juan de Peralta, pidió permiso á S. M. para quitar todos los 
brocbes, manecillas y adornos de metal precioso que tenian las^encuader^ 
naciones antiguas, para Tenderlos y comprar con sú producto libros nna- 
Tos. Ifo dudo de su buena intención, pero también (bs cierto que (á juz- 
gar por unas solas armas reales esmaltadas en .oro, y un broche ád pla- 
ta cincelado que ban quedado en dos solos deyocionarios), destruyó belle- 
zas artísticas de un mérito incalculable, despojó los libros de aquellos 
adornos dé antigüedad tan yenerada, y el producto seria bien corto. 
¡Tanto importa no fiar estos establecimientos sino á manos que sepan 
apreciarlos I 

Tampoco el priyilegio se obseryó como debía, pues ya el P. Santos 
á mediados del siglo XVI se quejaba del descuido y mala fe de los eficar- 
gados de recojer los libros. Posteriormente casi ha sido nulo este priyi^ 
legío. Las rentas que para su conseryacion y aumento se le hablan asigna- 
do desde luego entraron en el fondo común del monasterio^ y la biblioteca 
jamás las ha percibido, ni se han destinado á enriquecerla, ni á hacer en 
ella ninguna mejora material. Por esto no debe admirar que haya que- 
dado tan .reducida , y que se encuentre hoy menos rica que lo era dos 
siglos atrás. 

Verdad es que además de estas caucas ha tenido desgracias lamenta- 
bles. £1 incendio de 1671 deyoró mas de 4.000 manuscritos y muchos 
impresos: en la traslación que de ella se hizo á Madrid en 1810 tam- 
bién perdió algunos manuscritos é impresos, y quedaron algunas obras 
incompletas; desde 1820 á 1823 sufrió también alguna pérdida, contán- 
dose entre los libros que entonces desaparecieron un manuscrito que con- 
tenia yarias cartas del sefior Don Felipe II relatiyas á la muerte del Prin- 
cipe Garlos, otro en que, estaba la comedia original y autógrafa de Cas- 
tillejo intitulada la Constanza; y algunas ediciones notables de cancio- 
neros y poetas españoles. 

Otra alhaja, otro recuerdo histórico perdió esta biblioteca, y aunque 
con sentimiento me yeo precisado á consignarlo, porque el error es muy 
fácil de deshacer, y tal yez se acuse algún día al que no haya tenido 
culpa. Con fecha 4 de octubre de 1766 se comunicó por el Marqués de 
Grimáldi al Prior de este monasterio una real orden, en que se le anun- 
ciaba que el rey, en yista de^ solicitud del embajador de Marruecos, en 
que pedia se enyíasen á su Soberano los Alcoranes de lujo que se guar- 
daban en esta biblioteca, había resuelto regalar al emperador de dicho 
reino algún ejemplar del Alcorán; y en la misma real orden se manda- 
ban retirar los de lujo que habia, dejando solo uno, que era el que co- 
munmente se ensefiaba, por ser el mas moderno y de menor aprecio; y 
se preyenia, que si el embajador preguntaba por los otros, se le dijese 
habían perecido en el incendio del afio 1763. A pesar de tan justísimas 
precauciones el embajador recibió un Alcorán, y desde aquella época ya 
no se encuentra rastro ni noticias alguna del tomado en la- jornada de Le- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 331 

panto. Por este mismo tiempo publicaba sa biblioteca Arábigo-Espá&ola 
Don Mignel Gasirí-, y ja no hace mención en ella de este manuscrito, 
que parece no debia omitir, tanto por ser un recuerdo, histórico. tan glo- 
rioso, como por su lujo j antigüedad. £1 que después se ha dicho ser el 
tomado en aquella batalla naTal no lo es, ni puede serlo, porque está es- 
crito en el año 1574, mas de^ dos años después de dicha victoria de 
Lepante. Ademas, el P. Santos, al referir en el lib. 2 , fol. 92 , que se 
salvó del incendió, marca alguna» señales de las que caracterizaban aquel 
libro magnifico, y ninguno de los Alcoranes que hay en esta biblioteca 
las tiene. A nadie culpo de esta perdida, .pero el Alcorán tomado en Le- 
pante no existe en esta biblioteca. Pasemos á describirla. 

La biblioteca está situada sobre el zaguán del pórtico principal, y su 
entrada la tiene por el ángulo que los claustros menores del tercer piso 
forman entre Poniente y Norte. Aqui se encuentra una portada compues- 
ta de dos columnas estriadas en espiral, que sientan sobre dos pedestales 
y sostienen la cornisa. Encima de esta hay un frontispicio abierto ^ y en 
medio de él finjida una lápida negra ovalada, en que está escrita la esco- 
munion fulminada contra los que sacaren libros ó algún otro objeto de 
ella. El intercolumnio lo ocupan las puertas, que, como toda la fachada, 
son de maderas finas, ensambladas con una exactitud admirable. Por ellas 
se entra á un salón de 184 píes de largo por 34 de ancho, y 36 hasta 
lo alto de la bóveda. El pavimento es de mármoles blancos y pardojs; á 
las paredes arrima una lujosa estantería, diseñada. por Juan dé Herrera 
y primorosamente ejecutada por Jusepe Piocha, en caoba, ébano, cedra, 
naranjo, boj, terebinto y nogal. Todo lo demás, desde encima de la es- 
tantería, está pintado al fresco.' En medio de la sala hay cinco mesas de 
mármol pardo con cercos de bronces^ colocadas sobre un lócaikry pilastras 
también de marmol y jaspe, entre las cuales se forman dos senos llenos 
de libros. Entrémoslas mesas hay colocados dos veladores de pórfido so- 
bre pies de madera imitando á bronce, con dos globos encima. Estos fue- 
ron regalo del señor Don Felipe IV. Al fin de las mesas y en la misma 
línea hay una gran esfera armilar de madera, según el sistema de Pto- 
lomeo, sostenida* por un pie que forman cuatro sirenas. 

Recibe abundantísima luz por cinco balcones de 7 pies de ancho y 
12 de alto, rasgados á nivel del piso y con antepechos de hierro, á los 
que corresponden encima cinco ventanas que miran al patio de los Reyes. 
En el otro lado hay otras siete ventanas con antepechos de piedra embe- 
bidos en la misma pared. 

Considerada la sala en globo, descenderemos á sus bellezas en particu- 
lar. La estantería es de orden dórico, y sienta toda sobre un pedestal 
de jaspe sanguíneo de un pie de alto. Sobre este se levantan otros pedes- 
tales cuadrados con sus basas, capiteles y molduras, sosteniendo una me-« 
sa de nogal, que sirve como de arquitrabe á este primer cuerpo ó sota- 
banco , dejando en los claros un hueco que está lleno de libros en folio. 
Encifna de la mesa y á plomo de los primeros hay otros pedestales resal- 
tados, cuya distancia intermedia está cubierta por una puerta de nogal 
puesta en declive, que al mismo tiempo que puede servir dé atril, cierra 



332 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

Otro seno en que también hay libros. En los últimos pedestales apoyan 
columnas de ácana enteras, estriadas, con las basas de boj y los capiteles 
de naranjo, con sus pilastras detrás^, entre las cuales se forman cuatro 
senos, que ascienden de mayor á menor, cerrados, como todos los demia 
con rejillas de alambre dorado. Por encima corre el arquitrabe, cuyo pla- 
no inferior está adornado con recuadros; y en cada uno de ellos un gra- 
cioso florón de terebinto, de que "son también los canecillos que sostienen 
la cornisa. Por remate hay un podio dividido por unas pilastriUas, y so- 
bre cada una, una bola de naranjo. Costó esta estantería de solas hechu- 
ras 12.727 ducados. 

Toda la sala está dÍTidida en tres porciones por dos arcos sobre pi- 
lastras resaltadas de las paires, con las que nivela el fondo de los es- 
tantes; y entre las columnas de la estantería, que abrazan dichas pilas- 
tras, hay colocados cuatro retratos originales del tamafio natural, á sa- 
ber: el primero á la derecha, el emperador Garlos V á la edad de 49 
afioF, tomado por Pantoja de la Cruz de los originales de Ticiano. En- 
frente Felipe II, dé edad de 71 años, también orijtnal dé Pantoja. En el 
segundo arco á la derecha, Felipe III á la edad de 23 aüos, por el mismo 
Pantoja; y enfrente Garlos 11, de 14 años, pintado bellísimamente por 
Juan Garreño Miranda. 

8 pies mas arriba de la estantería corre por toda la sala una gran 
comisa perfectamente dorada con labores de claro-oscuro, y el espacio que 
queda entre ella y los estantes está pintado al fresco por Bartolomé Car- 
ducho, asi como toda la bóveda lo está por Peregrin Tibaldi. La idea de 
los frescos de la bóveda, asi como la elección de las historias que hay en 
las paredes, quiso el fundador que fuesen del P. Sigiienza, que las dispu- 
so con la sabiduría y tino que á aqu^l hombre eminente distinguian. Di- 
vidió la bóveda en siete partes, y en cada una de ellas quiso se repre- 
sentase una ciencia ó arte liberal; escojió dos historias sagradas, fabulo- 
sas ó profanas para cada una; y sefialó los bcmibres eminentes en cada 
facultad, para que ocupasen los medios puntos y capilletas; y á la enten- 
dida elección de los asuntos, correspondió de vta modo sorprendente la 
ejecución artística. Peregrin Tibaldi, en unos jóvenes que figuran soste- 
ner ya los arquitrabes, ya unos pafios y círculos que se finjen'en los lu- 
netos de las ventanas, puso una completa escuela de dibujo, presentó ac- 
titudes dificilísimas, ejecutó escorzos admirables; en fin, nada dejó que 
deseart y Bartolomé Garducho, en el plano que queda entre la comisa 
y los estantes , desempefió las historias con no menos verdad y arte, y 
uno y otro pintaron con una fuerza de colorido , que se conserva puro 
al través de tres siglos. Veamos ahora lo que dichos frescos repreamtan. 

En los dos medios puntos que sobre la cornisa se forman en los dos 
testeros, están representadas en figuras colosales la Filosofía y Teología, 
como las ciencias que abrazan todos los conocimientos humanos, la pri- 
mera los adquixidos por el estudio, la segunda los revelados. En el de Me- 
diodía está la ciencia santa, rodeada dé resplandores y suspendida una co* 
roña sobre su cabeza, á la que acompañan los cuatro Doctores de la Igle- 
sia latina. Bebigo ile la comisa el primer concilio general celebrado en 



D1SSGRIPC10N DEL MONASTERIO- 333 

Kicea, prendido por el emperador Constantino, donde fué condenada la 
doctrina de Arrio, y donde qnedaron declarados los artículos deja fe, ba- 
se de la teología cristianad En el del lYorte se ye la Filosofía acompaña- 
da de los cuatro faimosos filósofos de la antigüedad, Aristóteles, -Platón, 
Séneca y Sócrates, á quienes señala uñ globo que tiene delante. 

Por debajo de la cornisa están representadas las dos sectas en que 
se dividieron los filósofos atenienses, en cuya representación, Genon y 
Sócrates «stán desde las cátedras esplicandó á sus discípulos sus doctri- 
nas respectivas. Desde este estremo comenzarismos á considerar los demás 
f^^escos, porque desde aqui comienza en ellos el orden ascendente en el 
saber humano. 

Primera división. En d recuadro de la bóveda se finje un trozo dé 
arquitectura, y énmedio nn claro abierto en que está la Gramática sen- 
tada sobre nubes, rodeada de varios niños con libros y cartillas, á quie- 
nes presenta una corona -y deja entrever un látigQ.En el capialzado se 
forma un círculo abierto, por donde baja un ángel ó genio llevando en 
las panos alguna insignia ó instrumento propio de la ciencia ó arte á 
que alude, y á los lados de las ventanas sobre la cornisa, y de ua;ine- 
dallon dorado en los arcos de Poniente, hay representados dos de los 
filósofos que mas se distinguieron en cada una de las ciencias. Tanto en 
la bóveda como en los capialzados se ven á cada lado cuatro mancebos 
desnudos , que dije figuran sostener los arquitrabes y paños que se 
finjen. 

Esta misma distribución y adorno guardan los restantes comparti- 
mentos, por lo que me escusaré de repetirlo', asi como de poner los 
nombres de los filósofos que acompañan en cada uno de los arcos ,~ por- 
que todos lo tienen, escrito. 

Debajo de la cornisa corresponden dos historias, que ocupan todo el 
ancho del arco. En la de la derecha, en esta primera división, está re- 
presentada la confusión de las lenguas en la torre de Babel, de donde 
la necesidad de las gramáticas para aprender las lenguas que allrtuvie* 
ron origen. Enfrente la primera escuela de gramática de que hay noti- 
cia, establecida en Babilonia por mandado de Habucodonosor, para en- 
señar á los n^ños hebreos la lengua caldea. 

Dividen cada una de estas ciencias tres anchas fajas, que dan vuelta 
á la bóveda en correspondencia de las pilastras y .entrepilastras de los 
arcos, las dos estremas con grecas sobre fondo de oro, y la del me- 
dio á lo grutesco, formando capilletas, follajes y adornos de buen gusto 
y linda ejecución. En los arranques de los dos arcos resaltados se fin- 
jen unas capilletas, en que se ven otros tantos hombres eminentes en la 
ciencia y arte que inmediatamente les corresponde. 

Sscduda niTisiON. Está en la bóveda la Retórica, á quien se ve con 
el caduceo en una mano y un león al íado. Las liistorias por bajo de la cor- 
nisa que le corresponden, representan, en la derecha á Marco Julio Gi** 
cerón defendiendo ante el senado romano á Gayo Rabirio, acusado del 
crimen de lesa nación; y en señal de haber con su elocuencia alcanzado 
su absolución, los soldados cortan los cordeles con que está atado el 



334 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

reo. A la izquierda se finja que de la boca del Hércules francés salen 
una porción de cadenas de oro y plata, que prendidas á los oidos de un 
grupo de filósofos los lleva en pos de si , para indicar con esta alegoría 
el poder y fuerza de la elocuencia. 

Tercera ditisioh. En esta se ve á la Dialéctica en figura de ma- 
trona , coronada por la luna en menguante, y le corresponden las his- 
torias: á la derecha Zenon Eleates estableciendo el criterio de ios sen- 
tidos, para lo cual se acerca á dos puertas, en las que se lee: venias^ 
falsitas^ y está en aptitud de tocarlas para manifestar que si la vista 
ha podido dejar en duda , el tacto, la desvanece y encuentra la verdad. 
Le corresponde en el otro lado San Agustín disputando con San Ambro- 
sio, y Santa Ménica puesta de rodillas entre ambos, en aptitud de rogar 
por la conversión de su hijo. Debajo está escrito en latin: libradnos, 
Señor de la lógica de Agustín;. para mostrar la sutileza j vehemencia de 
sus argumentos. 

Cuarta división. En medio de la bóveda está la Aritmética, rodea- 
da de varios jóvenes que sostienen tablas con números, por bago de la 
cornisa la reina de Sabá, que habia ido á admirar la ciencia de Salomón, 
le propone enigmas, y él declara aquellas palabras del salmo : todo lo 
hizo el Señor ctín númeroj peso y medida^ que es lo que indican los ob- 
jetos que hay sobre la mesa, y lo que en lengua hebrea está escrito en 
el tapete- de la mesa á que los dos están sentados. En la banda opuesta, 
algunos grupos.de antiguos gimnosofístas echan sobre la> arena cálculos 
matemáticos, mientras otros observan los números pares é impares de 
un triángulo, con cuya figura comparaban el alma racional , creyendo 
llegar a poder comprender por su cálculo su naturaleza , afecciones y 
potencias. 

^ Quinta división. Se distingue en el siguiente á la Música con ros- 
tro placentero y una Mra en la mano. Las histoiias que recuerdan el 
mágico poder de sus encantos, son: á la derecha David mitigando con ' 
los sonidos de su arpa el enojo de Saúl, que está' en actitud -^e haber- 
le disparado la lanzan enfrente la fábula de Orfeo , que sin mas armas 
que los acordes de su lira penetró en el infierno , adormeció al Cán- 
cer vero, y sacó á su esposa Eurídice, que le habia robado Pintón. A-nn 
estremo se ve la entrada del infierno, y al otro la salida á un deUcioso 
campo. 

Sesta división. Sigue en el claro de la bóveda la Geometría, ocu- 
pada en medir con el compás una porción de picos desiguales, y le 
hacen alusión. por bajo de la comisa, á la derecha los sacerdotes egip- 
cios, que después de las grandes inundaciones del ÍVilo están restable- 
ciendo los limites de las posesiones, para devolver á cada colono el 
terreno que proporcionalmonte. le correspondía. A -la izquierda Arqui- 
medep, embebido én la solución de ün problema geométrico que tiene 
trazado en el suelo, no oye el asalto y toma de Siracusa, ni las ame- 
nazas de los soldados de Marco Marcelo , que lo matan sin dejárselo 
concluir. 

Séptima división. En la última se representa la Astrología, recos- 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 335 

tada sobre el globo celeste. En la historia de la derecha se ve á San 
Dionisio Areopagita y á Apolofanes, que están obserTando con el fis- 
trolabio el eclipsé acaecido en la muerte de Jesucristo , causa de su 
cbuTersion, y varios grupos de filósofos que lo observan en 'distintas 
direcciones. A la izquierda el rey Ec^quias, enfermo en lá cama, recibe 
del profeta el anuncio de que Dios le ha concedido quince afios mas de 
vida, dándole por señal el retroceso del cuadrante que habia mandado 
construir su padre Acaz. Las pinturas al fresco de toda está magnifica 
sala costaron de solas manos , sin contar el valor del oro y coloref , 
25.000 ducados. , ■ ^ 

Además de las pinturas al fresco, en los huecos de las ventanas de 
la fachada de Poniente hay en la primera dos retratos^ en lienzo, el 
uno de Arias Montano, el otro del P. Fr. Fernando Geballos, monje Ge- 
rónimo, ambos poco mas de la cabeza. En la segunda otros dos retratos 
en tabla, que se ignora su autor y qué personajes representan^ aunque 
algunos inteligentes los han creído retratos del Emperador Garlos. V y 
de la Emperatriz siendo muy jóvenes. En la tercera dos bajo-relieves 
circulares de estuco^ con marcos dorados, que son. los dos anversos de 
la* medalla, que Felipe II concedió á Juan de Herrera, y grabó Jacobo 
de Trezzo. En la cuarta uñ busto de Cicerón en marmol bkpco, que se 
dice fue encontrado «n «las esca vaciónos del Herculano, y otro en yeso 
del célebre marino español Don Jorge Juan. En la quinta el retrato de ' 
Juan'de Herrera, de medio cuerpo, y enfrente una tabla, y pegados á 
ella varios juguetes deH31ben8, pintados al temple en vitela ó papel. . . 

BIBLIOTECA ALTA Ó DE MANUSCRITOS; 

Sobre la sala que acabo de^describir hay otra enteramente igual en 
estension, aunque- mucho mas baja de techo y mucho^mas' pebre eja sus 
adornos. £1 pavimento es de ladrillo, el techo de entramado de pino 
de Cuenca, de cuya materia son también los estantes, que están 
pintados al óleo imitando maderas finas^ y cerrados con rejillas de alam- 
bre dorado. Como una cuarta parte de dicha sala está cortjida por una 
reja^de madera, detrás de la cual se guardan la mayor parte dolos ma- 
nuscritos. Recibe luz por cinco círculos abiertos en la parte de Orien- 
te y seis ventanas á la de Poniente. Las paredes están blanqueadas, 
y en^ el espacio que queda entre los estantes y el techo hay una. colec- 
ción de retratos de escritores españoles , la mayor parte pintados por 
Don Antonio Ponz. 

Dar una idea de las riquezas literarias y artísticas que contienen los 
libros de estas dos salas, sería obra mas prolija que lo que me hé pro- 
puesto. Sin embargo, daré una noticia muy general de lo mas notable. 
El número total de cuerpos que contiene es aproximadamente de 
3S.000, aunque los libros ó tratados son muchísimos mas. En este nú- 
mero están comprendidos 1920 maúnscritos árabes, 562 griegos, 72 he- 
breos, y 2tO latinos y en las demás lenguas vulgares, qué componen 
un total de manuscritos de 4564. La sala principal está destinada á los 



336 DESCRIPCIÓN PEL MONASTERIO. 

libros impresos, entre ellos algunos rarísimos, y machos de los llama* 
dos incunables, de los cuales t^ mas antiguo es el Specuium vktB hu- 
niarup,* impreso en Boma por Pedro Máximo, año 1468. También hay 
algunas ediciones^n Titela, entre las que se cuentan dos ejemplares de 
la Biblia Begia de Arias Montano, el uno incompleto; todas las obras de 
Santo Tomás de Aquino; una edición de Virgilio de 1470, y otra de las 
Cartas de Cicerón del 1475, esta última algo mutilada. Se guardan 
también grandes colecciones de grabados bellísimos, y una en particular 
que tiene muchas láminas de Alberto Durero, Lucas de Holanda, Mi- 
guel Angél y otros famosos grabadores. 

^ Los manuscritos árabes son e|i lo general muy estimables , porque 
siendo de la parte de Africaí además de ser menos comunes y conocidos, 
son de mucho interés para la historia de nuestro pais. Entre los grie- 
' gos hay mucha riqueza en obras y opúsculos de los Santos Padres, al- 
gunos de ellos inéditos, y una Biblia de antigüedad remotísima, que 
perteneció al emperador Cantacuzeno. Entre los latinos son notabilísi- 
mos él Códice Áureo, que contiene los prefacios de San Gerónimo, los 
Cánones de Ensebio de Cesárea, y los cuatro.£Tangelios, escritos en le- 
tras de oro por mandado del- emperador Conrado, y concluido en el aik) 
f 050, en tiempo de su hijo Don Enrique. Todo es digno de Tonen- 
cion en este códice: el testo, la antigüedad, el lujo, y hasta las Tifietas 
de que está' adornado, que roTelan la infancia del renaciqúento de las 
artes. Aún son mas antiguos los códices Yigilano y Emilianense, que 
comprenden la gran colección de concilios, escritos el primero en 976 
y el segundo en 994, y el de concilios toledanos, conocido con el nom- 
bre de Beteta, quQ es del siglo XI. Biblias ricamente escrita^ hay 19, 
algunas del siglo XII y XIII, y una del siglo XIV al principio, notable 
por su peque&o'Tolumen en 8.**, la finura de sus Titelas,.y lo micros-: 
cópico de su letra, que sin embargo es clara y muy igual. También hay 
dos Apocalipsis notabilísimos, el primero del siglo X, adornado con pin- 
turas de aquella época, y otro de últimos del siglo XIII, escrito con un 
lujo, pintado y adornado con tanta profusión, que puede decirse que es 
una de las cosas mas notables que encierra esta biblioteca. 

Entre los castellanos hay muchas crónicas , entre ellas riquísimos 
ejemplares.de la general del Bey Don Alonso, de quien hay también 
dos yodices de las Cantigas, el uno coetáneo de dicho monarca, y tal Tez 
el que usó él minnoy á juzgar por la infinidad de viñetas que le ador- 
nan, y el lujo y limpieza con que está escrito; su colección de juegos 
de ajedrez, dados y tablas, también -con viñetas; y su Libro de monte- 
ría. Se guardan también seis volúmenes del censo general de España 
mandado formar por Felipe II; algunas traducciones del antiguo Fuero- 
Juzgo; muchos ordenamientos de Cortes, entre ellos auténtico el famoso 
de Alcalá, adornado con una viñeta, y de orólas letras iniciales. También 
hay siete Biblias castellanas, unas completas, otras que comprenden al- 
guna parte de ella, y con viñetas y adornos de mas ó menos mérito, se- 
gún la época en jque se escribieron. 

A^o es menos rica esta' biblioteca en la parte artística , y en ella 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 33? 

pnedeii seguirse paso á paso los progresos de la pintura desde los pri- 
meros esfuerzos del «iglo X hasta fines del ^\^, Hay en este género 3^ 
breTÍarios y 14' deyocionarios, qne además de la estima que. merecen 
por haber pertenecido á la inmortal Reina católica Doña Isabel I, al 
Emperador Garlos Y, á su hijo Felipe II y-otros monarcas, están llenos 
de adornos, orlas y yifietas de . gTian ^méritow Se guanla también una 
magnífica colección de^ códice^ florentinos del siglo XV :, adornatdos con 
▼ifietas, orlas y letras de oro, que comprenden los clásicos latinos. Be 
pluma hay un trabajo esquisito, que son las antigüedades de Roma , di- 
señadas por Francisco de Holanda, reinando en Portugal Don lu«a III, 
y la copia de los bajo-relieves de la columna Trajana, hechos por Apo- 
lodoro Ateniense. De lápiz y de claro-oscuro se conservan los dibujos 
originales que Peregrin, Luqueto, el Mudo y demás famosos artistas bi-^ 
cieron aqui^para los bordados dé la sacristía, y parte de lo^ cartones 
del ñresco de la celda prioral baja, de Francisco Ürbino. 

También se guardan con esmero 13 grandes yolümenes de plantas 
naturales pegadas al papel. No se sabe quién fue el que formó esta co*- 
lección, y se duda si algunos pertenecerán á la que por comisión de Fe- 
lipe 11 formó Hernández. Por la encuademación, el tamaño y aun an- 
tigüedad se conoce ser dos colecciones distintas. Nunca acabaria si hu- 
biera de esplicar todo lo que* abraza este rico depósito literario, pero he 
procurado dar una idea de sus preciosidades mas notables. Ahora yo1« 
Tamos al edificio. 

CLAUSTROS MENORES. 

Aunque los heñios ya considerado en el piso á la altura de los 30 
píes, es indispensable los Tolyamos á ver en la planta baja, por ser muy 
ditoente, y para dar noticia de las oficinas que en ellos se hallan. Su 
distribución, orden arquitectónico y demás es lo mismo que en los al- 
tos, y todos cuatro son iguales entre sí. Por consiguiente, considerado 
el interior de uno de ellos habranos visto los demás. En el centro de 
cada uno, que forma un patio cuadrado con el suelo de piedra berroque- 
fia, hay una- fuente,' compuesta de un pilón redondo de marmol 
pardo de 29 pies de circunferencia. En medio, sobre un pedestal, se'le^ 
Tanta un balaustre que sostiene una taza, y continúa hasta terminar en 
una hokii de la que sale el agua por cuatro mascaroncillo^ con sus ca- 
fios, que Tierteñ á la taza y de esta al pikm. Forman en sus respectivos 
lados cuatro fachadas ^ con los tres órdenes de ateos que corresponden 
á los tres pisos, y componen el numero de 4 8,. todos con ventanas pin- 
tadas de verde y los medios puntos con vidrieras. A los 45 pies de ai- 
tora corre una coniisa, sobre la que sientan los empizarrados. Estos es- 
tán por esta parte divididos en dos, uno mas llan<í sobre el cuarto piso 
de la casat y otro muy pendiente hasta «1 caballete, con dos órdenes de 
bohardilla» que dan luz á los tránsitos interiores, y son en cada pa<» 
tSe 28. 

En la parte interior estos claustro» están separados entre sí por un 

22 



338 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

espacio en forma de cruz, de 38 pies de ancho. £1 centro de él está ocu- 
pado por una torre, á que so da el nombre de lucerna porque sirre 
para comunicar luz á los tránsitos y habitaciones que bay á su rededor, 
y á este efecto tirae en lo interior 12 puertas en el piso bajo, que sir- 
ven, unas de comunicación á>los claustros, otras de alacenas, y las tres 
de Mediodía daa entrada al refectorio. Sobre estas puertas corresponden 
cinco ordenes de ventanas: las inmediatas á ellas son balconcillos de un 
tránsito por donde se comunican los claustro» intermedios, abiertos par- 
te en el macizo de la pared, y lo restante pasa por unas pechinas en lo» 
ángulos con balconaje de hierro; y las siguientes salen, ya á los claus- 
tros menores, ya á algunas habitaciones. £1 niimero de ventanas que 
esta torre tiene en su interior, contando las 8 que hay abiertas en k 
media naranja en que termina, es de 68. Por la parte esterior tiene á 
los 85 pies de elevación una gran cornisa de cantería, sobre la que 
apoya un alto capitel empizarrado, octógono, que sube- piramidalmente 
hasta rematar, como todas las demás torres del edificio, en bola de cobre, 
cruz y arpón de hierro. Su pavimentóos de piedra berroqueña, de 'cuya 
materia es también una fuente que tiene enmedio, pero sin pilón. 

£n el espacio dicho se hallan las habitaciones siguientes. Entrando 
por una de las dos puertas que dan á la fachada principal, se encuentra 
primero un zaguán con piso y bóveda de piedra , y una gran reja de 
madera enfrente de la puerta, que es la bajada á la bodega. A los lados 
están suspendidas de unas argollas de hierro las dos descomunales qui- 
jadas del pez que dije en la historia habia muerto en la playa de Va- 
lencia el año 1574, y debajo de ellas dos puertas, por donde se entra á 
la cocina principal. Esta pieza es muy espaciosa y desahogada, su altu- 
ra ocupa dos pisos, y tiene dos fuentes para su servicio y limpieza; pero 
está mal situada, y era tan humosa, que afeaba muchísimo la fachada 
esterior. En los' dos testeros del dicho zaguán hay dos puertas que co- 
munican con los claustros menores. ' 

En el. otro estremo al Oriente, detrás de la caja de la escalera prin- 
cipal, corresponde el vertedero, que es el mismo en los tres pisos. En 
el bajo es una gran balsa de piedra , donde vierte una fuerte abundan->- 
tísima^ y dispuesta de modo que todos los dias podía limpiarse, para 
evitar todo mal olor. En los otros dos pisos corresponden, encima de es- 
ta gran balsa, los comuned, en los que también hay una fuente en el 
segundo y dos en el tercero; y todo lo demás con mucha ventilación, y 
con la 'comodidad y linípieza posibles. 

- REFECTORIO. 

En el brazo de Mediodía está el refectorio principal, que es una sala 
de 120 pies de larga por 35 de ancha, con una bóveda bien comparti- 
da, con üG^as resaltadas y lunetos, lucida de blanco como las paredes. El 
pavimento es d^ ladrillos y azulejos, de los cuales rodea la pared un al- 
to friso que sirve como de respaldo á los bancos que hay por todo el 
rededor. Las mesas son de nogal sostenidas por colamnl» de piedra. 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 339 

que sientan sobre un podio de la misma materia. En el testero^ de Me- 
diodía tiene cinco ventanas, dds con rejas al nivel del piso y tres encis- 
ma. Debsgo de estas está colocado nn lienzo de dnco varas y media de 
ancho, apaisado, y representada en él la famosa cena del Tiziano. Ahora, 
intimamente, so han colocado también allí un caadro de Yelazqne^, que 
en figuras del tamafio natural representa á los hijos de Jacob' presen- 
tándole la túnica ensangrentada de José; dos tablas al claro-oflcsro^ que 
son , la una la resurrección del Seftor , y la otra el descendimiento al 
limbo, de escuela italiana; y nn Nazareno con la cruz á cuestas, pintado 
en tabla por Crerónimo Bosco. A la mitad de la sala hay dos pulpitos 
labrados en piedra berroqueftd^ á los que se sube por una ingeniosa es- 
calera abierta en el macizo de la pared, y servian para que desde ellos 
un monje leyese mientras eomian los demás. Al estremo hay dos gran- 
des puertas que comunican con los claustros; las tres del testero salen 
á la lucerna. 

ropería. ' 

Al refectorio corresponde en el lado del Korte otra sala semejantet 
aunque algo mas corta, porque por frente de ella continúa seguido .el 
danstro, donde tiene su entrada. Eii el testero de IVorte tiene seis ven^ 
tanas al patio de los Reyes. Se llama la Eoperúi^ porque era donde se 
guardaban y hadan los vestuarios de los monjes, y á este efecto 4ie«C' 
ne perchas de hierro, y cagoneria junto á ías paredes, y enmedio. 

Lo restante de esta planta baja lo ocupan los cuatro claustros. En 
los de la parte de Mediodía se encontraban^ en el primero' la enferme- 
ría, botica, cocina y refectorio de los enfermos, y la puerta de comu- 
nicadon con el paso á la Gompafia, y en el segundo algunas celdas. En 
la parte del Norte, en el primero la procuración, almacenes de comes- 
tibles y porterías de las cocinas, y en el segundo solo algunas puertas 
de comunicaeion eon la ropería y porjtería prindpal. En los ángulos de 
estos cuatro claustros hay otras tantas escaletas que suben á ^odoi 
los demás piso» de la casa. 

Exk el piso segundo o(wrespondian , por el mismo orden que en el 
anterior, oeMas de enfermería^ oratorio para los convalecientes, barbería 
y hospedería , que está sobre la procnraeion. Antes adornaban estos 
claustros y oficinas algunos cuadros y objetos notaUes; ahora están 
de^jados enteramodte. 

En el piso tercero es donde no hay ninguna oficina mas que las an- 
teriormente esplicadas; lo demás todas eran habitaciones pata los mon^^ 
jes, y lo mismo en. el piso coarto. En estos claustros del piso tercero es 
dende. únicamente han. quedado algunos cuadros; los de la vida de San 
Lorenzo, que son once, ocho^píntadoB por Bartolomé Garducho; los de 
la vida de San Gerónimo, seis de elloa pintados por Juan Gómez, y los 
restantes de manera flamenca; las cuatro estaciwM del año, copiada/» de 
las de Basan, hqo; una Vifgen del Pópulo, copia del original de Si^o- 
ferrato, y enfrente otra: Nuestra Seiora dando de mamar al NiJIo , co^ 



340 DESCRIPCIÓN DEL MONASTfiRIO. 

piada por Luis Garabigal del oríginal del Parmesano. Los demás son re- 
tratos y lienzos, en lo general de escaso^ mérito. 

COLEGIO. 

Hemos r^feorrido dos partes de las tres en qae se divide todo el pa- 
ralelógramo, y nos falta la que está «tnada al Norte. A esta parte, en 
el zagnan. qne preceda á la iglesia hay nna puisrta qne corresponde con 
la portería principal del conyenlo , y es la del colegio. Al entrar por 
ella se halla una sala cuadrada que ocupa todo el ancho de la torre, y 
se llama ScUa de secretos, porque la configuración de la bÓTeda hace que 
hablando bajo en un ángulo se oiga en el otro sin percibirse en el me- 
dio. Lo demás de dicho colegio es igual á los claustros menores ^e 
acabo de describir, con sola la difereiícia que uno de sus cuatro patios 
no tiene arcos, y sirve para el senrício de las cocinas del colegio. £n el 
espacio que en forma de cruz los separa, como á los del convento, tiene 
en el' centro otra lucerna igual en lo esterior, pero en lo interior ni tie- 
ne fuente en el pavimento ni ventanas en sus paredes: solo en una de 
ellas hay colocado un gran lienzo, fia el que está pintada una esfi^a se- 
gún el sistema de Ptolomeo. Las demás oficinas están, con poca diferen- 
cia, en la misma disposición que en el convento, y son también codna, 
vertedero y refectorio. Este solo tiene 60 pies de largo por 28 de aur 
cho, y un pulpito á la izquierdi^. 

PASEO DEL COLEGIO. 

En lo qne corresponde á la ropería del convento, esto es, en la par^ 
te de Mediodía, hay aqui un paseo hermosísimo , qne parece hecho á 
propósito para actos ó representaciones públicas. Su largo es 112 pies 
y su ancho de 26, solado de piedra berroqueña, y con un cielo raso 
pintado al óleo por Francisco Llamas. Bor el'Gontomo de esta gran pieza 
hay 1 9 arcos abiertos, en correspondencia de los que forman los claus- 
tros menores de sus lados, dejando entre unos y otros rsñk galería de 13 
pies de ancha. Sobre estos arcos hay, en el piso segando, otros tantos 
balcones con antepechos de hierro, que le dan mucha hermosura. Los 
dos últimos arcos hacia el Mediodía corresponden al claustro que cor- 
rQ por todo el largo de Oriente á Poniente, y desde sus pilastras ar- 
rancan dos arcos que atraviesan todo el paseo. Desde estos hasta la pa- 
red del patio queda. como separado un espacio en que hay dos puertas 
de 8 pies de ancho por doble de alto, que son las de las aula» de filosofía 
y teología. Estas son dos salas, lá una de 8lf y la otra de 75 pies de lar- 
gas, y anchas de 27, rodeadas de asientos de nogal y i^no con respal- 
dares, y una cátedra en la parte de Mediodía, colocada entre 14 venta- 
nas que hay en la una y 16 en la otra, que dan todas al patio de los 
Reyes. Una reja de hierro que apoya sobre un pedestal de piedra, de* 
ja en ambas separada nna cuarta parte del aula, donde asistían los oyen- 
tes seglares sin tener comunicación ninguna con los moiyes. 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. ^ 341 

• .PINTURAS DEL TECHO DEL PASEO. 

En el espacio desde 1% pared á los arcos forma el cielo raso un gran 
lienzo; al que sirve de marco una cornisa- dorada que le rodea. En él e»^ 
tá representada en el centro la filosofía, y por el contomo la aritmétir 
cá, ^geometría, astronomía, óptica, maquinaria j demás artes y ciencias, 
entre .las que se disting'iien algunos de los hombres eminentes que las 
GultiTaron. 

Entregos dos arcos se Te á la dialéctica sentada en un carro triun* 
fal tirado por cuatro caballos, y á sus lados y en las pechinas Genon, 
Eleates, Homero, Séneca, Arquimedes y otros filósofos. 

Lo restante desde los arcos hasta el fin es un gran cuadro, en cuyo 
centro se representa á la Trinidad Santísima en acción de crear al uni- 
verso, cuyas partea se ven como saliendo de una masa confusa. Mas 
alúgo Adán y Eva sentados al pie del árbol de la ciencia, quebrantando 
el 'precepto de su Criador, comiendo el fruto vedado. En uno de los es* 
tremes está la Iglesia, representada en una hermosa matrona ivestida de 
pontifical , y acompañada de San Pedro y San. Pablo y de los cuatrQ 
evangelistas; y en el opuesto la sinagoga, en figura de una muger an- 
ciana y descarnada, sentada sobre un altar de tierra destruido, y á 
qui$n acompañan lYoé, Moisés, Aaron y David. Por los lados-, en el de 
Poniente, están las virtudes teologales, y en el opuesto los doctores de 
la Iglesia. Por todo lo restante del cuad|:o se ven grupos de ándeles y 
nubes, targetas y escudos dorados, en que se representan en pequeño 
algunos misterios. 

Se comunica esta planta -baja con el piso intermedio y alto por dos 
escaleras, la una en el ángulo que forman estos claustros entre Ponien- 
te y Mediodía, y la otra al lado de la portería, que es la principad , y 
tiene 9 pies de ancha. En el piso a los 30 pies, sobre el paseo de aba- 
jo^ 60 forma otro semejante, aunque mas corto, también con 20 arcos 
abiertos en correspondencia de los de los claustros, y dejando 'todos por 
cuatro lados un corredor de 1 3 pies de ancho. Sobre los arcos hay otros 
tantos balcones con antepechos de hierro, y sobre ellos, por todo el con- 
tomo, una cornisa en que apoya la bóveda, artesonada, con comparti- 
mentos y molduras de buen gusto. El pavimento es de ladrillo y azu- 
lejos. 

CAPILLA DEL COLE6IO. 

En este mismo piso, por una puerta que hay en el ángulo de Me- 
diodía y lYorte, se entra á una capilla donde los monjes colejiales reza- 
ban el Oficio divino. Enfrente de esta plierta hay otra que sale al knte- 
coro del convento. El pavimento es de piedra berroqueña, la bóveda es- 
tá dividida en dos mitades por un arco que da vuelta ^obre sus pilastras, 
resaltadas de las paredes, que están lucidas da blanco como también la 
bóveda, y recibe toda la luz de un balcón con antepecho de hierro, que 



342 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

da al patio de los Reyes. Tiene esta capilla 28 pies de ai)clí(0, y se es- 
tiende por 67 de Sforte á Mediodía. En el testero de esta parte hay ó)- 
locado un altar de talla dorado^y en él un Crucifijo do bronce, obra de 
Lorenzo Bemini, y que en la antiguo estUTo colocado en el ahar del 
Panteón. Alrededor de las paredes hay unos bancos con respaldares , j 
frente al altar una silla, labrado todo en nogal y pino de Cuenca , y en 
las paredes están colocadas las pinturas siguientes. 

Dos cuadros grandes que se hicieron para la iglesia principal: el uno 
representa el martirio de San Lorenzo, por Luqueto; el otro el de San 
Mauricio y compafieros mártires, por el Greco ^ dos tablas prolongadas 
puestas al lado* del altar, que son la Anunciación y el Nacimiento, de 
manera flamenca; otro de 3 Taras de ancho por doble alto, la degolla- 
ción de Santiago, por el Mudo; Cristo crucificado en medio de dos la- 
drones, y una multitud de figuras pequeñas al pie, por Ribalta; un San 
Gerónimo penitente, por Jordán; la Virgen sentada con el Nifio en pie 
sobre sus rodillas y San Juan al lado, de escuela florentina; Santa Inés 
en el martirio del fuego, en tabla; San Gerónimo azotado por. un ángel, 
por Diego Polo, imitando á Ticiano; una Magdalena, por el mismo; una 
copia de la gloria í de Ticiano, por el P. Santos. 

SEMINARIO. 

Ocupa las inmediaciones de un solo patio, situado junto á la torre 
que une las fachadas de Poniente y Norte. Es. enteramente igual á los 
del convento y colegio, sin mas diferencia que no tener ninguna venta- 
na ni vidriera. Su entrada principal es una de las puertas laterales que 
hay en la fachada esterior de Poniente. Como era una Comunidad ente- 
ramente separada de las otras dos, tiene cuantas oficinas son indísiMsn- 
sables, sus aulas, refectorio, sala de estudio y dormitorio común, todo 
con mucho desahogo y amplitud, celdas para el rector* y becas, enfer- 
mería y oratorio para que oyesen Misa tos convalecientes. Por lo demás 
nada notable hay en él. 

PALACIO. 

Ocupa éste una mitad de' las tres partes en que está dividido el edi- 
ficio, ó lo que es lo mismo una cuarta parte de él, no contando la igle- 
sia y patio de los Beyes, y además todo el cuerpo saliente que rodea la 
capilla mayor, y abraza m^dia fachada de Norte y t>tra mitad de la de 
Críente hasta encontrar con la iglesia. La planta baja es casi igual á la 
del claustro principal del convento, solo que en esta el patio grande está 
dividido en dos mitades por un trozo de fábrica con dos órdenes de ha- 
bitaciones; las bajas son oficinas del ramillete, las altas alojamientos 
para la servidumbre real. A la parte de Oriente queda un patio de 170 
pies de largo por 100 de ancho, y la otra mitad está también dividi- 
da, dejando á cada lado un patinejo con su fuente colocada en uno de 
sus arcos. Su arqiiitectura interior es bien sencilla, y se compone de dos 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 343 

eoerpos; el primero lo forman unas pilastras de 6 pies en cuadro por 1 8 
de alto, con solo zócalos y fajas sin molduras , y sobre ellas dan yuelta 
nueve arcos por banda, cerrados xon ventanas y vidrieras, terminando á 
los 30- pies en una imposta qué le sirve de cornisa. En esta apoya el 
segundo cuerpo, en que en vezde arjcos hay balcones con dinteles, 
jambas y capirotes, y adornados de fajas y pilastras resaltadas á los 
lados de las jambas, terminando en una cornisa , sobré la que corre una 
balaustrada de piedra. Alrededor de estos patios se forman tres galerías 
de 218 piesdje largo por 20 de ancho, con el piso y bóveda de piedra 
-berroqueña. La cuarta, que arrima al colegio, está ocupada por las co- 
cinas y despensas. 

En la galería del Norte, y junto á una de las puertas de la fachada 
esterior, está la escalera principal, que se hizo en tiempo del Sefior Don 
Garlos IV, bajo la dirección .del arquitecto Don Juan de Yillanueva, 
que á pesar de la estrechez del local sacó todo el partido posible. £1 
frontis de dicha escalera está compuesto de dos pilares cuadrados, y so- 
bre ellos se forma un arco grande en medio, y dos puertas cuadradas 
á los lados. Por debajo del arco sube la escalera que condu.ce á todos 
. los pisos, y á las habitaciones reales. 

£1 hacer la descripción de todas y cada una de ellas, y marcar el 
uso á que están destinadas, sería» de poca utilidad y enfadoso para el 
lector; por lo tanto me limitaré á describir las preciosidades artísticas 
que dicho palacio encierra. Todas las paredes de las habitaciones reales 
están cubiertas de riquísimos tapices, hechos la mayor parte en la fá- 
brica de Madrid, sita junto ala puerta de Santa Bárbara, bajo la di- 
rección de Don Gabipo Stuich, sobre dibujos de Goya. Quedan todavía 
algunos flamencos dibujados por David Teniers, unos y otros de muchí- 
simo mérito y valor, y ejecutados con una perfección que admira. £n 
lo demás, las habitaciones están colgadas y amuebladas con la decencia 
y lujo que á las personas augustas que han de ocuparlas corresponde. 

PIEZAS DE MADERAS FINAS. 

Sqh notables por su riqueza y costé, que se calculó en 28 millones 
de reales, y por sa primor artístico, cuatro pequeñas habitaciones for- 
madas en el cuadro de la torre en que se unen los lienzos de Oriente y 
Norte, que son el despacho, ante-reclinatorio, reclinatorio y retrete de 
S. M. Se llaman las piezas de maderas finas, porque sus pavimentos, 
frisos, contraventanas, ventanas, puertas y molduras son todas de deli- 
cadísima obra de taracea. ó ebanistería. En ellas se ven paises, jarrones 
con flores, lazos, colgantes y adornos de todas clases, ejecutados en ma- 
dera con un primor que compite con el pincel. Se comenzó esta obra, 
verdaderamente regia, en tiempo del Señor Don Garlos IV, que solía 
pasar sUgunos ratos en la sencilla diversión de trabajar en maderas, tan<^ 
to en la ebanistería como en el tomo , y se continuó luego higo la di- 
rección de los ebanistas de cámara , y seiíaladamente de Don Ángel 
Maeso, que ftie el que en 1831 las acabó de sentar. 



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t ■ 



344 DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 

£1 herraje de todas las puertas y Tentanas fue trabajado tambieii 
en los talleres reales por Don Ignacio Millan. Es de hierro abrillantado 
con embutidos de oro, pero hecho con tan prolija y esmerada perfec- 
ción, que admira, y honra mucho á este inteligente artista .espaüol. La 
mesa de despacho es. también una miiy acabada obra de ebanistería, y 
lo mismo los taburetes. Estos y los claros de las paredes están forrados 
de ricas telas de seda y oro, de diferente color y gusto en cada íina de 
las habitaciones. Los techos están pintados, el despacho, reclinatorio y 
retrete por Maella, el antereclinatorio por Galvez, y en les huecos de 
las Ventanas y otros puntos del despacho hay ülganos paisitos pintados 
en cobre por Bartolomé Montalvo.' 

£n el reclinatorio hay un devoto Crucifijo de marfil, y alrededor 
los cuadritos siguientes. Un Crucifijo en la agonía, á la aguada; una Sa- 
cra Familia, en miniatura, de la escuela de Bafiíel; la Virgen de la silla,- 
coiHada del original de Guido Reni, sobre pizarra, por Cisneros; y un 
bajo-relieye en marfil , que representa el bautismo de Jesucristo en el 
Jordán. ' ."' 

SALA DE BATALLAS. 

Otra de las preciosidades artísticas que encierra este palacio es una 
gran sala que se forma á la parte de Mediodía , de 1 9B píes de lai^ 
por 20 de ancha, y 26 hasta lo alto de la bÓTeda, que está pintada á lo 
grutesco por los hermanos Fabricio y Granélio. Se le da el noinbre de 
9cUa de BataJUas^r las que estos artistas pintaron en sus paredes con el 
motilo siguiente. 

En unos arcenes viejos arrumbados en el Alcázar de Segovia se en- 
contró un lienzo de 130 pies de largo, en que estaba representada al 
claro-Qscuro, y con muy buen gusto para la época en que se habia pin- 
tado, la famosa batalla que Don Juan II de Castilla dio cpntra los mo- 
ros de Granada en el año 1431, llamada de la Higueruela por el terre- 
no donde se comenzó el choque. Se los presentaron á Felipe II, que apre- 
ciador de las bellas artes , y deseoso de perpetuar la memoria de los 
triunfos (le las armas españolas, encargó á los dichos hijos del Berga- 
masco, que en la pared de esta galería que linda con la iglesia copiasen 
aquellos lienzos con toda exactitud, sin mas que correjir el dibujo, pero 
sin alterar en nada la forma de las armas y armaduras , la colocación 
de los campamentos y trincheras, ni la distribución y orden militar de 
los escuadrones. Ejecutáronlo' estos famosos artistas figurando tres lien- 
zos pendientes de unas escarpias y en ellos trazada Ja dicha batalla. En 
d primero se Te el campamento del rey de Castilla con sus tiendas, trinche- 
ras y fardaje^ después el ejército de ambas partes puesto en orden de batalla: 
el castellano lleva por general al famoso y desgraciado Condestable Don 
Alvaro de Luna, á quien se distingue por sus pendones, armas, sobrevesta 
y lucido acompañamiento. £1 rey va en medio del ejército, armado de to- 
das armas; y mas adelante, donde se representa lo mas encarnizado del 
choque, se le encuentra rodeado de moros y peleando como un soldado de 



DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO. 34^ 

Talor, lo mismo que 9I Condestable. En el liltinio lienzo sé representa al 
ejército agareno en completa' dispersión y derrota, j á los valientes cas- 
telhinos penetrando ya en los arrabales de Granada, en la que todo es 
confasion y espanto. Se ve á las inoras, unas asomadas á las ventanas y 
axóteas, y otras huyendo á los montes con sus pequeños hijos. 

En-los testeros están representadas las dos espedi.ciones marítimas 
que con tan buen éxito hizo la aniñada de Felipe II á las islas Terceras; 
y en la parte del Norte entre los macizos de las ventanas, que son nueve, 
algunas victorias de Felipe II, señaladamente las que alcanzó en la jor- 
nada de Picardía. En el .1.^ están los preparativos del átio que se peso 
á la plaza de San Quintin; en el 2.^ la batalla que se dio el dia 10 de 
agosto de