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Full text of "Historia del Reino de Badajoz, durante la dominación musulmana."

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Matías Ramón Martines g Martínez 




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istoria 






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del Reipc de 



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durante la dcmii>aciói> 
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UISTORm DEL REmO DE SüDüJOZ 



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HISTORIA 



DEL 



f?EINO DE BADAJOZ, 



DURANTE LA DOMINACIÓN MUSULMANA, 



POR 



f)on (batías t^amón ^arHnez y g^arHnez, 

SOCIO CORRESPONDIENTE DE LA REAU 
ACADEMIA DE tA HISTORIA 




BADAJOZ. 
Tip. y Librería de Antonio Arqueros. 

1904, 



i/Ju<Co<^ ^ ce? . / 



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INTRODUCCIÓN 




A lii-^toria antigua de Badajoz so oncnon- 
tra toílavia envuelta en la mayor oscu- 
ridad- liabiendo contribuido á rodearla 
ifT^Bi^ d(* nr'l>nh)sidades los' mismos autores lo- 
^ B^^J ^^ cales que pusieron mano en 

ella. porque dejándose llevar de 
/un mal entendido amor patrio 
r que se empeña en buscar gran- 
deza en la mayor antigüedad 
de las poblaciones, en vez de hacer una investigación 
seria y desinteresada en las fuentes históricas, apuraron 
todo su ingenio en querer convencerse y convencer á 
los demás de que Badajo? fué la antigua colonia Pacen- 
fte. En este empeño consumió sus desvelos en el si- 
glo XVI el canónigo Rodrigo Dosma'(l'), que t do cuan- 

(1) «Discurso» patrios de la Real ciudad do Badajo^, por el 
dotor Rodrigo Dosma Delgado,» La edición antigua es de Ma- 
drid, año 1601. La moderna se hizo en Badajoz, en 1870, por la 
Comisión de Monumentos. ■' 



HISTORIA DBL ftBINO DB BADAJOZ 



to escribió de la ciudad lo sacriñcó en aras de esa idea 
absm*da que le preocupaba, considerando poco menos 
que pecaminoso el negar á Badajoz el obispado pacen* 
se que floreció en tiempos de los reyes visigodos. Los 
mismos esfuerzos hizo otro canónigo del siglo XVII, 
Juan Solano de Figueroa, que en su voluminosa obra 
histórico-eclesiástica (1) dedicó casi todo el primer tomo 
á la Iglesia Pacense, por lo que puede prescindirse de 
él sin reparo. Siguieron sus huellas Diego Suárez de 
Figueroa y otros, y aún hoy mismo las siguen algunos 
escritores locales, sin que hasta el presente haya ningu- 
no investigado lo poco que se sabe de cierto acerca de 
los comienzos de la ciudad. 

No he de hacer aquí larga disertación para demos- 
trar el verdadero asiento de la antigua colonia Pacen-' 
sh (2), que se regía por el derecho itálico (8), aculLó 
monedas pregoneras de su nombre y dignidad (4), y 
fué cabeza de uno de los tres conventos jurídicos de La- 
sitania (6). El Itinerario de Antonino nos hace ver cla- 
ramente que la mencionada colonia, cuyo nombre era 
Pax Julia, estaba donde hoy la ciudad de Beja, en Por- 
tugal, como puede comprobarse por las distancias ds 
MHüÍH y Esuri, 



(1) Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de B.iiajoz, 
MS. en dos tomos en folio, que posee el Semiaario de San Atón. 
Otra copia he visto en la R. Academia de la Historia. 

(2) <ColonÍ8B: Auo^usta Emérita, Anee fluvio apposita; Metal- 
lineusis, Pacensis, Norbensis: CdBsariana cos^nomine, contribnt» 
sunt ia cam Castra Serviiia et Castra C»:iiUa; quinta Scalabis, 
qu8B Ptesidium Julium vocatur.» Plinio, Di nitarali historia, 
Ub. IV, n. 34, 

(3) Lo dice el jurisconsulto Paulo (Eesep; senté it.): <In Lu- 
sitania Pacenses et Eineritease^ iuris itxlici sutit, idem iu4 Va- 
len tini et Licitani habent. » 

(4) D. Antonio Delgado. Nuevo mdtodo de clasificación de 
medallas autónomas, en Lusitania. 

(o) «universa provinctia dividitur in conveatus tre?: E n3ri- 
tensem, Pacensem et S^alabitanum.» Plinio, loe. cit. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNE2( 



Iter ab Esuri per compendium 
Pace Julia, m. p. LXXYI. 

Mirtili— m. p.— XL 

Pace Julia— m. p.— XXXVI 



Camino de Castro Marín áBeja, 
por vía recta, kilómetros 12t3,í)2 

A Mértola — kilómetros — tíG,8ü 
A Beja— kilómetros— 69,12 



Confírmalo Ptolomeo, al hacer á Pax Julia comar- 
cana de Mirtüis (1), y todavía más lo afirman las ins- 
cripciones halladas en Beja y sus cercanías, que no ad- 
miten dada en este punto (2). Esa fué la única ciudad 
Pax que hubo en la antigüedad, y se dio el nombre de 
Fax Julia en honor del emperador que la dio el dere- 
cho latino. 

Pero los escritores españoles, á contar desde Rodri- 
go Dosma, se empeñaron en sostener qu3 Badajoz fué 
la ciudad Píix Augunta, tomando este nombre de un tex- 
to de Strabón (3), y pretendiendo que bajo él se expre- 

(1) «ITa$ toüXía-s.f-Xe 

Ptolomeo, Europa, tab, II. 

(2) Más de 20 se han descubierto hasta hoy, que .demuestran 
el nombre y la dignidad de colonia; padieado citarle como mode- 
lo una que en 1897 publicó Hübner en la Ephemf'rÍH epigráfica 
(t. VIII, p; 357), (jue dice así: 

cL. Marcio Piero \ Paceimi \ augvAtali col, Paceiisis \ et mu- 
nicipii Eborenais, \ amici oh merita eius—cer, conlato posuerunt \ 
L. Sáarcius Pierus \ honore contentus \ impensam remisit,* 

También en Monvejar, lugar cercano á Beja, se halló la que 
dice: 

€Xr. Aelio Aurelio | Commodo \ imp. Caes, T, Aeli \ Hadriani 
AfUo I nini Aug,pii,p.p, fi \ lio col, Pax Ju \ lia d.d, \ Q. Petro- 
nia Ma \ temo C, Julio \ Juliano II, viris, » 

(3) «Turdetani pressertim qui circa Bsetim loca tenent, in ro- 
manos poenitus ritus transformati sunt; nec proprlte memoriam 
lingu» seryant amplius; plurimique latini facti etiam secum ac- 
edas accepere romanos. ítaque parum abest^ quím uuiversi ro- 
mani sint; et nunc habitatae urbes, et in Celtis GalliaPaxAugus- 
ta, et alia in Turdulis Augusta Emérita, et in celtiberis Csesarea 
Augusta, et ali» colonise queedam j)ermutatos dictarum civita- 
tum ritos demonstrat.» Versión latina de Strabon. Geographia^ 
Ub, XVIL 



10 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



8a otra ciudad distinta que la colonia Pacensis de Plinio 
y la Pax Julia de Ptolomeo y del Itinerario (1). No tu- 
vieron en cuenta que todos estos tesminonios debían re- 
ferirse á una misma ciudad, porque de ser distinta la 
que cita uno á la que citan otros, ni Plinio hubiese pa- 
sado en silencio á Pa^ Auguxta, ni Ptolomeo, mucho 
menos, hubiese dejado de mencionarla, ni en Strabón 
hubiese dejado de hablarse alguna vez de Pax Julia. 
Lo que hubo en esto no fué otra cosa sino que Strabón 
equivocó el sobrenombre de la ciudad, y la llamó Au" 
gusta en vez de Julia. Como la cita en unión de Mérida 
y Zaragoza, que [se apellidaban Augustas, padeció la 
distracción de darle ese mismo apelativo á Pax y con 
ello dio motivo para que se crea que había dos ciudades 
Pacenses. Cabe en lo posible que Beja se nominase Pax 
Julia Augusta, como sucedió á otras poblaciones; pues 
Cádiz se nombraba Augusta urbs Julia Gaditana, y Co- 
rinto se tituló en sus monedas Colonia Julia Augusta 
Coñnthus. Pero Beja no se da ambos apellidos- en sus 
inscripciones ni en sus monedas, sino que en unas y 
otras se llama solamente Pax Julia; y por esto he dicho 
antes y repito sin vacilar, que el geógrafo griego pade- 
ció la distracción de llamarle Augusta, en vez de Julia, 
y co n ello dio pié para que se haya creído que hubo dos 
ciudades Pacenses, y para que Badajoz le disputase á 
Beja su antiguo obispado. Y basta lo dicho para dar por 
descartada esa cuestión enojosa, que tanto ha hecho es- 
cribir á españoles y portugueses. 

Pero lo poco que se sabe de Badajoz, desde su anti- 



(1) Han reforzado el argumeato, pretendiendo que el nom- 
bre Pax Augusta se transformó en Basaugus, y este en Badajoz; 
pero esta conjetura no tiene fundamento, como no lo tienen las 
supercherías de que también se llamó Bacalge, Badanza, Beled' 
ato y otros uombrea no ooxaprobadoa ea datos ciortoa. 



MATÍAS RATÍÓK MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 11 



güedad hasta qne fué rescatada del poder mahometano 
por el intrépido rey de León. D. Alfonso TX, permanece 
tan desconocido para la generalidad de los extremeños, 
qne casi todos los que hoy escriben de estas cosas siguen 
las huellas de Rodrigo Dosma y Juan Solano de Figue- 
roa, y" son muy contadas las personas que han llegado á 
enterarse de las noticias ciertas que nos revelan cómo y 
cuándo esai ciudad, que era una aldea insignificante en el 
siglo IX, 36 transformó en poco tiempo en población 
foi^tificadá y cabeza de un reino de los más notables que 
se foi'maron al retazarse el califato de Córdoba. Para 
dar á conocer las noticias de la ciudad y del reino, así 
como de las vicisitudes porque pasaron las demás pobla- 
ciones extremeñas hasta que se hizo la reconquista, es 
para lo que me he decidido á escribir este libro, en el 
que procuro de paso dar contestación á las muchas pre- 
guntas que me han sido hechas acerca de distintas pobla- 
ciones. 

El reinó de Badajoz abarcó en sus límites toda la an 
tigua Lusitania y parte de la Beturia, exceptuando al- 
gunas ciudades del Algarbe portugués, que se alzaron 
independientes, y algunas poblaciones situadas á la ban- 
da meridional del Duero, que fueron conquistadas por 
los reyes de León antoig que se desmoronase el Estado 
árabe; de suerte que toda la Extremadura septentrional 
y casi toda la meridional formaban parte de ese reino, y 
por eso las noticias que contiene este libro han de enca- 
minarse 'á poner en claro cuanto de las poblaciones ex- 
tremeñas arrojan las fuentes históricas conocidas. 

Pero se hace necesario hacer también relación de las 
mismas fuentes históricas, para estimular á los historia- 
dores locales á que cultiven la historia patria, á fin de 
que se conozca palmo á palmo toda ella. Muchas son las 
poblaciones importantes que no tienen aiín historia es- 



12 HISTORIA DEL REINO DB BADAJOS 

crita, como sucede á Trujillo, Coria, Alcántara, Villa- 
franca y otras. La misma Mérida, que ha tenido varios 
historiadores, está demandando uno que con mejor crite-^ 
rio histórico saque partido de sus muchísimos monu- 
mentos. 

Las fuentes de que me he valido son, pues, las si- 
guientes: 

Chronicón Albeldense. — Es un resumen muy lacónico 
de noticias, que se presume fué escrito á mediados del 
siglo IX; pero goza de buen crédito en lo referente á los 
reyes asturiano-leoneses, por no haber otra fuente más 
antigua que pudiera compensar la pequeQez de ésta. La 
mejor edición es la del Padre Henrique Flórez, en el 
tomo XIII de la EspafUi Sagrada, 

Pelayo de Oviedo, — El cronicón atribuido á este Obis- 
po, goza de autoridad en lo referente al reinado de don 
Alfonso VI, del que fué casi contemporáneo. Sé insertó 
en el tomo XIV de la España Sagrada, 

Aben Alcotia, -^"Es lo mismo que decir «el descen- 
diente de la goda», pues este escritor descendía déla 
hermosa y rica Sara, nieta de Witiza, la cual vivió en 
Sevilla y fué muy protegida por Abderrahmán I. Se es- 
cribió esta crónica á mediados del siglo X, y merece en- 
tero crédito en cuanto refiere desde que comenzaron los 
emires Omeyas, pues de casi todo ello fué contemporá- 
neo Aben Alcotía. Una traducción incompleta se publicó 
en francés; pero la Real Academia de la Historia tiene 
en preparación una edición excelente del texto árabe, 
con traducción de D. Pascual Gayangos. 

Ajbar Machmúa, — Es una colección de tradiciones 
sobre los árabes españoles, que se escribió á mediados 
del siglo X, y goza de crédito por su exactitud. La Real 
Academia déla Historia ha publicado una edición del tex- 
to árabe, con traducción de D. Emilio Lafuente Alcántara. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍKMS T MARTÍMBX 18 

Aríb. — Fué un escritor cordobés que floreció durante 
el reinado de Hakem II; escribió sobre Medicina y fué 
autor de una crónica, de la que solo conozco los frag- 
mentos publicados por R. Dozy, como apéndice á su 
edición del Baya7no4'-Mognh de Aben-Adarí (Leyden , 
1848.) 

Aben Alfaradi. — Escribió á fines del siglo X una co- 
lección de biografías, que abarca los tomos VII y VIII 
de la Biblioteca arábico-hispana, editada por D. Fran- 
cisco Codera. (Madrid, 189<3 y 1892). 

Chronicón Süense, — Se escribió en los comienzos del 
siglo XII, y merece bastante fe en sus noticias, aunque 
en su primera mitad tiene algunas fábulas. Se halla in- 
serto en el tomo XVII de la España Sagrada. 

Aben Basám. — ^Es un cronista español del siglo XII, 
solo interesante por los textos que copia de Aben Hai- 
yan, otro cronista anterior, ya perdido. Aun del texto de 
Aben Basan no sé que haya un códice completo. Abbad 
contiene muchos textos interesantes en el tomo I, pági- 
na 189 y siguientes. 

Edrisi. — Es el geógrafo Abuabdala Mohamed Ale- 
drís, que escribió una Geografía con el título de Recrea- 
ción del deseo, en el primer cuarto del siglo XII. Hay 
varias ediciones y traducciones de la parte relativa á Es- 
paña, y yo me he valido de la que ha hecho D. Antonio 
Blázquez (Madrid, 1901), de la que he insertado en Apén- 
dice la parte que interesa para este libro. También h& 
uti izado los trabajos que sobre esta Geografía publicó 
D. Eduardo Saavedra en el Boletin de la Sociedad Geo- 
gráfica. 

Chronicón Adefonsi imperatoris. — Está escrito en un 
estilo ampuloso^ y es muy encomiástico de D. Alfon- 
so VII; pero es una fuente de noticias muy apreciable, 
de las que puede sacarse mucho partido, como se ve por 



Í4 HISTORIA DlSL UUtíKO D«! BADAJO^ 



algunos textos que pongo en los apéndices. La editó Fló- 
rez en el tomo XXI de la España Sagrada. 

Chronicón Lusitanum. — Es muy exacto en las ff^cha^-, 
por lo que sirve de hilo conductor en algunas épocas oá- 
curas. Se insertó en el tomo XIV de la España Sagrada. 

Chronicón Conimbricense. — Es más lacónico que el 
Lusitano, cuyas huellas sigue, pero avanza á tiempos 
posteriores. Se halla en el tomo XXIII de Ist España Sa- 
grada. * 

Anales toledanos. — Es un cronicón muy lacónico,' 
pero muy exacto en noticias y en fechas, por lo cual se 
le cita con predilección. Está en el tomo XXIII de la 
España Sagrada. 

Aben Adari. — Es un cronista que floreció en Marrue- 
cos en el siglo XIII, y tituló su libro Al-Bayanó^'-Mo- 
grib. Fué editado por Dozy (Leyden, 1848, 1851), con el 
epígrafe: ^Hisfoire de V Afrique et de V Espagne, infifti' 
lee Al-Bayano-V-yiogrihy par Ibn-Adhari (de Maroc).» 
Gran parte del tomo II trata de España, y fué traducido 
por D. Francisco Fernández y Gon 'ález con el título dé' 
«Historias de Al-Audalus (Granada, 1860).» 

Aben- Alabar . — Es un biógrafo de comienzos del si- 
glo XIII, y sus libros son: el Mochaní, que publicó don 
Francisco Codera en el tomo IV de la Biblhfeca arábico- 
hispana (Madrid, 1886); y la Tecmila, que abarca los to- 
mos V y VI de la misma Biblioteca (Madrid, 1889). 

Chronicón T\idense. Sil título es Chronicón muridi, y 
su autor fué D. Lucas de Tuy, que le escribió en 1236. 
Tiene muchas noticias fabulosas, por lo que solo le utili- 
zo en aquellas otras que da como contemporáneo do l^s 
hechos. La edición única que* conozco es la que se ¿ou- 
tiene en el tomo IV de la España iUustrata (Francforb, 
1608). 

Rodrigo de Toledo i — Es el Arzobispo toledano I>. Ro-- 



:matía.s ramón maktIxez y Martínez 15 



(ixigo Ximenez de Rada, que escribió en la primera mi- 
tad del. siglo XI I su Ilhtoria de rebus fíispanice y s\i 
Historia Arabum. Se hace eco de algunas leyendas fabí}- 
losas, pero tiene la ventaja de que también recoge mu- 
chfts noticias de los cronistas árabes, á quienes leyó y 
consultó, y de que fué conteqi^oráneo de los hechos que 
refiere desde D. Alfonso VIH en adelante, por lo que es 
muy autorizado en esta parte de sus narraciones. Es bue- 
n^ edición de sus obras la de los Padres toledanos de Lo- 
r^^pa (Madrid, 1793). 

Aben Aljatib, — Es un biógrafo granadino que flol,eció 
eu el siglo XIV. Sus textos, no completos, se encuentran 
en la Biblioteca escurialense de Casiri; no pocos insertq, 
Abbad en el tomo II; y algunos publicó Bozy en sus Re- 
cherches, tomo I, páginas 293 y 294. La Real Academia 
de la Historia posee un manuscrito, que es el número 37 
de 8U serie. . 

Cartas.- El libro se titula Rud'-eUCartás, y su autor 
es Abul-Hasam Alí-hijo de-Abdala-hijo de-Abizar Fesa- 
no. Fué publicado el texto árabe con traducción latina, 
por Tomberg (üpsal, 1843). 

ífoZaZ.— Es una crónica arábico-marroquí, escrita en 
^paña en el siglo XIV, con el título de Al-Holal-al- 
ip4JMídya, De ella inserta mucho Abbad en el tomo II, 
página 182 y siguientes. 

Aben Zaid.—Es una descripción geográfica titulada 
«Libro que contiene cosas curiosas acerca de las excelen- 
cias de la gente de Al-Magrib.» No es obra exclusiva de 
Aben I^aid, sino que fué continuada por otros escritores; 
pero quizá se escribiera en el siglo XIII, pues hablandq 
de Herida y otras poblaciones extremeñas, alude á su 
conquista por los cristianos como á cosa reciente. El 
texto original es un manuscrito que posee la Real Aca- 
dQ04« de li^ Historia (niiua. 80j. Yo poseo una t^^duocióu 



16 btSTOBtA bBL tlBlKO DB fiÁDAJÓ¿ 

del libro tercero, hecha para mí por mi excelente amigo 
D, Francisco Codera, á quien tengo que agradecer otros 
muchos favores en la busca de datos históricos. 

Aben-Jaldum . — Es el historiador más filósofo do 
cuantos escribieron en lengua árabe, y procura refundir 
los trabajos de los cronistas anteriores que pudo hallar 
á mano. Por esta razón, aunque escribía en el siglo XIV, 
sus noticias tienen á veces mucho interés, pues se refie- 
re á cronistas cuyas obras han desaparecido hoy. El tex- 
to árabe fué editado en el Cairo (1867). La parte relati- 
va á África, fué traducida al francés por el barón de 
Slane, con el título de Histoire des Berberes (Alger, 
ISTiS). 

Abddwahid. — Es un escritor marroquí, autor de una 
Historia de los Almohades, cuyo texto árabe publicó 
Dozy en dos tomos (Leyden, 1847 y 1881). 

Almacar¡/.—E8 el historiador Ahmed, hijo de Moha- 
med-Al-Makary, que vivía á mediados del siglo XVII; 
pero como cita los autores de quienes va tomando sus 
noticias, es bueña fuente para aquéllas que recogió de 
cronistas desaparecidos. El texto árabe de sus Analectas 
fué publicado por Dozy en dos tomos (Leyden, 1865 y 
1861). D. Pascual Gayangos publicó una traducción al 
inglés (London, 1840-1843), con el titulo ^The hutory 
ofthe mohammedan dignasties in Spain, by Ahmed ibn 
Mohammed Al-Makary,» Avaloran esta traducción los 
Apéndices que le puso el Sr. Gayangos, en los que tra- 
duce textos de otros escritores árabes. 

Abbad. — Su obra es una recopilación de escritores de 
diversos tiempos, y fué editada por Dozy en dos tomos 
(Leyden, 1846-1852), con el título de ^Scriptorum Ara- 
bum loci de Abbadidis,* 

Bullarium equestris ordinis 8. lacobi de SpaUha. — Es 
hk colección de privilegios, balas y demás docunddntos 



MATÍA« RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ Í7 



antiguos de la Orden de Santiago, editada en Madrid 
(1719 . Los documentos qu3 interesan para este libro los 
he consignado en los Apéndices. 

BnUannm ordinis militcede Alcántara, — Es otra co- 
locción de documentos tan importante como. la anterior, 
y editada también en Madrid (1759i. D3 los que inte- 
resan para esta obra también he pu3sfco copia en los 
Apéndices. 

Además, he utilizado algunas noticias del Teatro 
eclesiástico de España por Gil González Dávila, de los 
DiscurHOH patrios de la Real ciudad de Badajoz por Ro- 
drigo Dosma Delgado, de los Anales de Plasencia por 
Fr. Alonso Fernandez, do la Corónica de la Orden de Al- 
cántara por Torres Tapia, de la Historia de Mérida por 
Bernabé Moreno de Vargas y algunos otros autores do 
segunda mano; más no se crea que da estos he hecho otro 
uso que el que pueda ser de provecho como fuente his- 
tórica, pu35 á únaselos he invocado como testimonios de 
hallazgos ó descubrimientos qu3 refieren, y de otros he 
tomado textos que á su vez copiaron de sus originales, 
según en cada caso he cuidado de advertir al loctor. 

En cambio he procurado seguir como guias en la na- 
rración de los hechos, los trabajos de eminentes arabis- 
tas é historiadores, que merecen aquí especial mención: 

^Histoire des musulmans d' Espagne, jiisq' á la con- 
quete de V Andalousie par les almorávides^ por Renarth 
Dozy, Cuatro tomos en 8.*^, Leyden, 1861. 

^Reeherches sur V histoire et la litteratare de V Espag- 
ne pendant le moyen age* por Renarth Dozy. Dos tomos 
en 8.°, Leyden^ 1881. 

^Specijnen e litteris orientaJibus, exhihen^i dicersirum 
scriptorum locos de regia Apthaúdarum familia, et de Ibn 
Ahduno poeta,* Por Marino Hooguliet, un tomo en folio, 
Leyden, 1839. Esta monografía la he utilizado como 



18 HISTORIA DEL REINO DE BAI)AJ0¿ 



fuente histórica, por los muchos textos de cronistas ára- 
bes que inserta. 

^CowNienfaíre hisf arique sur le poenie de Ihn Abdoun 
par Ihn Badronm, puhliée par la premie re fois, precede 
d' une infrodnction et acowpagné de notes, d' un glossai- 
re et d^ un index des noms propres.» Por lienarth Dezy, 
un tomo, Leyden, 1846. 

<í Historia de la dominación de los árabes en España,* 
Por D. José Antonio Conde; B tomos, Madrid, 1820. - No 
tiene aceptación est3 libro entre los arabistas, porque es 
una mera refundición de apuntes que el autor no llegó 
á corregir, á causa de haberle sorprendido la muerte an- 
tes de hacerlo. Resultó do esta circunstancia, que come- 
tió muchos errores, lo mismo en las fechas que en suce- 
sos importantes, especialmente en los tomos segundo y 
tercero. Me ha sido forzoso utilizarle alguna vez como 
testimonio, por dar noticia que no he hallado en cronis- 
ta alguno de los que conozco, y que sin embargo veo con- 
firmada por atros arabistas mas autorizados, ó por lo me- 
nos no contradicha ni en desacuerdo con las fuentes coe- 
táneas á los hechos que rofiareu. 

<í Decadencia y desaparición de los Almorávides en Es- 
paña*, por D. Francisco Codera y Zaidin, un tomito en 
8.^ Zaragoza, 1899. 

^Historia de Portugal*, por Alejandro Herculano; cua- 
tro tomos en 4.", Lisboa, 18S8. 

Para concluir, debo rendir aquí homenaje de mi ma- 
yor gratitud á mis buenos amigos D. Eduardo Saavedra 
Moragas y D. Francisco Codara Zaidin, que me han pres- 
tado el incomparable auxilio de proporcionarme muchos 
datos y de alentarme con sus valiosos y nunca bastante 
agradecidos consejos, á fin de que este libro salga á luz 
con los menores defectos posibles. 

Aun con todo esto, me hallo muy lejos de pensar que 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 



19 



est3 libro ha (Í3 sor d3fiaitivo, pu33 la historia de la do- 
minación musulmana está por escribir, y son machos los 
puntos oscuros que en ella se encuentran; por lo que se- 
rán mis mayores deseos coronados, si un dia no lejano 
se aumentan los datos históricos y geográficos lo bastan- 
te para que sobre los contenidos en esto libro pueda es- 
cribirse otro más completo. 




J^1F^W^WWWWWWW¥WWW^WWWÍW4^¥¥¥'¥'f^^^ 



CAPÍTULO ! 



Antigüedad de Badajoz 




A mención más antigua do Badajoz que so 
^encuentra en los testimonios históricos, es 
la de un cronista árabe de la Edad Media, 
que la llama BafalyoM, y dice que en el año 
856 era todavía una aldea (1). Partiendo 
de estos datos, veamos lo que puede pen- 
sarse acerca de su antigüedad. 

El nombre Hat al y os no tiene etimología en el idioma 
árabe, y por lo mismo se comprendo que era del que ha- 
blaban los mozárabes en el siglo IX, esto es, del idioma 
latino corrompido y plagado de voces hispanas y bizan- 
tinas; como igualmente se conoce que debía ser una de- 
rivación desfigurada del nombro genuino que tenía la 



(1 ) «Y le permitió el emir que se fuera á Batalyps y se esta- 
bleciera en él; el cual era entonces una aldea.» Aben Adarí, tomo 
U, pág. 1ÍJ5. 



22 HIFTOIUA DEL RFINO DE BADAJOZ 



población en tiempo de los romanos y visigodos. Por 
su misma forma, parece voz latina; pu:ís d^l mismo mo- 
do que PUafoH derivó do Pila^ffs^ Toledo de Tole^iini, 
Burgos do Durgn.H, ote. pudo muy bien BafaJy.is' deri- 
varse de Hatalius. /,Pero este nombre, es latino? Mi ilus- 
trado amigo D. Eduardo Saavodra, que es quien pri- 
mero hizo esta conjetura, dice que debía llamarse en 
tiempos de los romanos BatfaliuH, y que este nombre se- 
ría la forma adjetival derivada del apellido Battalus^ que 
se lee en una inscripción sepulcral hallada en Astorga 
fl). Hay que convenir, por lo menos, en que es una con- 
jetura autorizada por la existencia del nombre en tiem- 
pos del Imperio romano (2). 

Yo acepto esta explicación, que me parece la más ra- 
■ zonable, como igualmente entiendo que eso apellido 
BaifaluH no era de estirpe latina, pues no tiene clara eti- 
mología en ese idioma, mientras que pudo ser derivado 
del adjetivo griego '^áz^jíijiz, que significa libidinoso, y que 
pudo introducirse on el latín como ocurrió con otros mu- 
chos nombres propios que usaban los romanos, entre 
ellos Elena, Jíenauderj, Appuleius, Ale.rander, yfaconay 
Leander, etc., cuya etimología griega salta á la vista. 

Pudo ocurrir, pues, que algún sujeto apellidado Haffa- 
h(s poblase algún ririis ó lugarzuelo en la banda nií^ri- 
dional del íhiadiana, y de su nombre le llamasen riru.s 
BíifaUux, transformándose después este nombre en el do 
Bafalios que le dan los cronistas árabes y Badal ios, Ba- 



(1) «C. IVLIVS I C. L. BATTALV8 | DOMO KOMA CON | 

» I ....EX. TEST. I C. IVLIVS. SOLINVS- 

*L. IVLIVS ATTI I CVS POSVERAN. | XX.» Tomada de Mnra- 
tori. Emilio Hübner. (\)rj>uíf ¡nacript. Infin., voL 'i.*', iiúm, 2()'i). 

{2) No ocurre lo mismo con la íjiie i)reteiid¡ó que de Fax Au- 
(justa se formó /ía.r(fU(/os, y de éste, Badajoz; pues ese nombre 
fantástico Baxaiti/us no soencuentra en ningún documento ni en 
inscripción alguna. 



MATÍAS UAMÓN MARTÍNEZ Y MAUTÍXKZ 28 



dalloz, Badal iaucn. Badal ouve y otras muchas formas 
que escribon los documentos cristianos. El caso no es 
peregrino en la antigua geografía hispana, donde abun- 
dan los cjem})los parecidos; y, sin ir más lejos, en el 
puerto de Baños de Montemayor había un lugarzuelo 
que el itinerario llama cicas Caecilius, sin duda del nom- 
bro del fundador. Entiendo, pues, que había on la anti- 
güedad un vico ó lugarzuelo de escasa importancia, al 
que llamaron Batah'ux los romanos y Batalios los hispa- 
no-mozárabes. 

Concurre á afirmar la existencia de eso poblado en 
tiempos de los romanos, el hecho de haberse descubier- 
to algunas inscripciones y otros objetos do entonces, 
dentro de li ciudad; pim aunpi^ alganos pudieran ha- 
ber sido trasportados do otros puntos, no había de ocu- 
rrir lo mis no con todos los demás. 

Una ara de mármol fué hallada «á espaldas de Santa 

Ana. encasa do Juan Hervás que un su antepasado 

halló en el corral»; d >cía K )drigo Dosmi. Li cas.x, por 
estas señas, debía estar en li calle del Río; y en cuanto 
á la piedra, por lo mismo que era una ara, s:^giín Solano 
de Figueroa, debía tener la cara anterior rectangular, 
más alta que ancha. Las letras dicen: 



I- O- M- 

EX- IVSSV 

FVKXIA 

(}• F- L 

TVIÍRAN 



24 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

«l(oci) O(j)fímo) M.{axirno). ex iussu Furniai'c) Q(ai) 
{{ili(e) Utichis) Turran(/w.s) [viottini) sioZtvYj.» 

«Por mandato de Furnia, hija de Gr.iyo, pagó Lucio 
Turranio el voto á Júpiter Óptimo Máximo.» 

La siguiente la copió Dosma incompleta, y dice que 
estaba en el convento de monjas do Sarita Lucía «so la 
lámpara; que halló cerca un su capellán, y puso por saña 
de sepultura, por ser tablí da marra dI blanco esculpida 
de buenas letras romanas.» Un siglo después, Solano, 
que la leyó entera, decía que estaba en un patio que Ma- 
man do Santiago. Ni uno ni otro dan las dim^nsion'^.s. 

LIVLIVST-F 
CHRESCENS 
ANXIX-HSE-ST-T 
L G 

«L(i/c/w.s*) Julius Tiiti) ííüíus) Chrescens an( norwm) 
XIX, hite) s{ttuH) eist),S{tt} t{ihi) tierra) L{ecis), [Water] 
i[ilio) i^ionendum)] c(urarit),^ 

«Lucio Julio Crescente, hijo de Tito, de 19 años de 
edad, está aquí sepultado. Séate leve la tierra. La madre 
cuidó de hacer el sepulcro á su hijo.» 

La siguiente estaba en tiempos de Dosma, en la 
Iglesii Catedral, sobre la puerta de San Juan Bautista; 
pero en los de Solano estaba en el Seminario. 

P - CINCIO . PAP - RVF 

A - M . LEG - X 
P - GINGIVS . PAP - TVSGVS 
PATRI - SVO - ET . SIBI 

PER - SE . D . S - F - G 

La primera letra dftl segundo reglóia ofrece para to- 
dos tales dudas, que, no conociéndose hoy el original, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 



25 



cada uno la interpreta de su modo. El Padre Fita sospe- 
cha que acaso indique el patronímico A.(tunienHÍ), deriva- 
do de la ciudad Afunea que inserta el Anónimo de Rá ve- 
na; pero ese nombre es una corrupción del Adrum flumen 
del Itinerario de Antonino, y no es ciudad por lo tanto . 
Yo creo que la A de esta inscripción no es tal letra, sino 
que fué mal copiada, quizás por no estar clara en la pie 
dra, y que habría en ese lugar las letras IN, casi borra 
das; por lo que leo del modo siguiente, que me parece 
más aceptable: 

*P(tiblioj Cincio Feip(iHa) RnñnCo) m(iliti) leg(ionts) 
X, V(iíhlhiH) Cincius Papfír/fífj Tuscus patri suo et sibi 
per se á(e) s(uo) í(aciendum) cfuravifJ.T^ 

De otra dice Rodrigo Dosma que estaba en la antigua 
Catedral, por estas palabras: «Entrando en ella por la 
puerta menos principal, á la diestra, junto á la primera 
columna, sobre una sepultura que está por señal puesto 
un título de sepulcro gentílico romano, sacado aquí al 
lado y suplido con distinción, que pierde algo desmoro- 
nándose, cada vez que aquella se abre.» Mucho conven. 
9lría el hallazgo de esta piedra, cuya lectura apenas deja 
rastrear el nombre y postnombre del difunto, y solo os- 
tenta claramente el gentilicio: 



d: 

IVLIO 

VOCEM EX.... 

.-.ORVM-I 

- - VS - IN - SVO - L 

IVLIVS - ALLVS 
FILIVS - PATRI - SAN 
GTISSIMO - FAGIVN 
. DVM - GVRAVIT 



2(5 r HISTORIA DEL RElXO DE BADAJOZ 



«D(iíx) [Mi(anihuK) s(acrum)y Jj(u('ioj] lulio [L(ucitJ 
f(iUo] \'ogem(ioJ 'ExforafoJ? [ann]oriim L[VX] Pi]us iü 
s\\o(f<J. Lifiirins) lulius Allus filius patri sanctissímo fa- 
ciundum ciiravit.» 

«Monumento á los Dioses Manes. A Lueio Julio Vo- 
gemio Exorato de 65 años. Piadoso para los suyos, cui- 
dó Lucio Julio Alo, el hijo, de hacer el sepulcro á su 
santísimo padre.» 

De otra dice Dosma que estaba en la misma iglesia, 
junto á la capilla mayor, y que su epígrafe se hallaba 
casi gastado. Solano la vio en el mismo sitio, y dice 
«que no la consideró bien el Dr. Dosma, ó como él suele 
decir, no la rasguñó toda, y es muj'- del caso.» Allá van 
ambas copias: 

Dosma: Solano: 

LIAE.; HELIAE ....GVSTAE 

TITI-F TITI-F-Q-SEVERI 

NIVGE ANVS-CONIVGI 

«Aeliae [Lojcustae Titi ff//m^/ Q,(nintusJ Severianus 
coniugi.» 

«A Elia Locusta, hija do Tito. Quinto Sovoriano, á 
su cóny ligue.» 

«En el monasterio de San Agustín, so los vasos de 
guisar, estaba una tabla de mármol albo, que libré de 
lugar indigno, repuesta otra piedra de grano. Tiene 

aquella lindas y grandes letras romanas, poro 

fáltale lo bajo y el lado del comienzo, que los oficiales 
mal advertidos, ó sacando ó para meter en obra, que- 
braron. Puse aquí junto la inscripción, señalando por do 
está partida.» Dosma. 



'-''■-I 

■'I 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍ N-íZ 



27 



•.« 



Corn|IELIAK - HYCIAE 
L.IulVS-TAPORVS 

uxoRI- OPTIMAE 

dulGISSIIMAE 

amANTISSIMAE 

«A Cornelia Hygia. Lucio Julio Taporo, á su mujer 
óptima, dulcísima y amantísima.» 

El nombre TaporuH os geográfico, pues Plinio men- 
ciona á los Tapori entre los pueblos estipendiarios de la 
Lusitania. 

Habla Rodrigo Dosma, en el desmañado estilo de sus 
Discursos- patrios, de otras antigua- 
llas que sin duda no supo apreciar 
con exactitud, por lo que copio con 
recelo sus renglones: 

«Oasquillos de barro rae han traido, 
sacados aquí, sin letras y con letras 
romanas; y de lus qnr> ahora recuerdo, 
eran L - M - F, qu*^ debían ser letras 
iniales del nombre del sín'T;alo ú olle- 
ro en su tiempo conocido, para quien 
hubiese de comprar de él, puestas; 
mas perdiéronse por descuido. Un 
casco, 6 por mejor decir, vaso ente- 
ro, de color no tan vivo, mas de se- 
mejante loza y barro grueso y fuerte, 
que en dureza semeja á piedra, en co- 
lor tira al zemorano. cual han descu- 
bierto jnnto aquí los que han querido 
labrar tinajas, se sacó de la corrient'^ 
de Guadiana y trajo al virtuoso racio- 
nero Melchor Briceño, que Dios ha- 
ya, el QuH me la, envió, Por ser de facción extraña 





28 HISTORIA DEL KEINO DE BADAJOZ 



rasguñó su figura en la margen. Para en punta, sin 
asiento, de donde á la boca tiene casi cinco palmos: 
uno de ala sin la vuelta á un lado y otro, cerca de dos 
de cuerpo antes que comience á húsar; y allí, y al co- 
mienzo, so las alas y cuello, algo más que cuatro de 
ámbito, y por el medio cerca de cinco de circuito. Tal 
he oido haberse hallado en la calzada que sale de Mé- 
rida, no lejos de ella. Tira al mistarlo que describe Lu- 
cillo en este verso, traido por Nonio Marcelo en los 
vasos: 

UrceuSy aut longa gemirius nmtariuH ansa. 

«Parece servía en sacrificios de gentiles para el 
agua, que asentar sobre tierra tenían por piaculo, según 
Servio.» 

Se vé cuanto trabajo costaba al buen canónigo co- 
nocer la vasija que tenía ante sus ojos, pues á pesar de 
sus cinco palmos de largo y otros cinco de circuito, to- 
davía la diputa por nmtarius, y no repara en que este 
utensilio se llamaba así porque servía para mezclar el 
agua con el vino, según el mismo Lucillo á quien invo- 
ca; como tampoco demuestra saber que el mistarius so 
diferenciaba del tirceus^ no tanto por el tamaño como 
por la forma, y porque este tenía pié y aquel no. La 
grande y pesada vasija, que describió y dibujó Dosma, 
era, ni más ni menos, una ánfora de las que servían pa- 
ra trasportar el vino á largas distancias; y sabiendo que 
de Mérida se enviaba á Roma, ya por las calzadas que 
iban á Lisboa y á Cádiz, ya también por la vía fluvial, 
se comprende perfectamente la cauSa de que esta vasija 
se encontrase en la corriente del Guadiana, donde sin 
duda fué echada por causa de algún percance ó avería 
que sufriese la nave conductora, y que obligase á dejar 
lastre para aminorar la carga. Tan grande era el co- 



MATÍAS RAMO N MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 29 



mercio de España con Roma, que los tiestos de las va- 
sijas se iban amontonando en el piiarto de Ostia y for" 
marón el monte Tet^faceo, que tanto da hoy que hacer á 
los epig.'afistas rebuscadores de marcas é inscripciones 
de las vasij as. 

Volviendo á las noticias de Dosma, después de des- 
cribir el ara que se descubrió en casa de Juan de Her- 
vás, prosigue: «No he tenido logar de refigurar más 
que algunas letras de otra piedra grande y tosca, que 
tu vo en unas casas fronteras de su morada el mismo sa- 
cerdote, el cual me refirió que siendo mancebo vio una 
gran sepultura cercada de piedra mal labrada, que se 
descubrió en las viñas cercanas á la ciudad, que caen 
al poniente hacia Guadiana, con huesos por la mucho 
antigüedad casi deshechos en polvo, de los cuales, el 
más entero fué la quijada baja,» 

«Un destrozo de letra gentil está en el m'jdio cuerpo 
de la nave de San Francisco, en que no hay más que 
lo escrito en la margen. Otro en una casa 
se perdió.» 



MA 
VIRO 



«Muchas monedas romanas que aquí se hallan y me 
han traido, de cobre, plata y hierro, en copia que más 
muestra haber corrido algún tiempo, que solo haber do 
otra tierra acaso venido; de Huerto que por tales indicios 
la antigüedad romana do esta ciudad asaz se comprue- 
ba.» 

Por lo inserto queda bien patentizado que merece 
elogios Rodrigo Dosma por sus esfuerzos para sacar del 
olvido las antigüedades romanas que pudo encontrar; y 
si hoy sus noticias no so:i de más provecho para la cien- 
cia histórica, fué debido en gran parte á sus limitados 
conocimientos arqueológicos, y en parte también á su 
afán sistemático por emplazar en Badajoz la ciudad Pá- 
pense. Por esto algunas inscripciones las traduce deír- 



30 



HISTORIA DEL REINO DB BADAJOZ 



atinadamente, y se muestra poco escrupuloso en su copia. 
Poco meioró Solano do Figu^Toa las inv3stigaciones 
de Dosma. En el capítulo segundo d3 su Historia ecle- 
siástica del Obispado, interrumpe la relación para escri- 
bir lo siguiente: «Esta piedra se halló en una puerta do 
esta ciudad que llaman la Coraja, en Marzo de 663. y me 
la han traído para copiarla.» 

D • M • S 

G- SILIO- COSMO- ARABO- AN- L- ET- G* 

SIUOLABINO-ANN-XIXHSSSVT-L 

PABIA- TEOPHIME- MARITO- ET- FILIO 

DE • SVO - F • C 

♦Monumento á los Dioses Manes. A Gayo Silio Coc- 
mo Aravo, de 50 años, y á GayoSilio I.abino, de 19 
afios. Aquí están sepultados. La tierra os sea leve. Fabivi 
Troph'me cuidó de hacer á su costa el sopulcro, para su 
marido y para su hijo.» 

El sobrenombre Cosmos; deriva del griego ao^ifí-, que 
significa mundano. Trophime es del apalativo "ovf'|JLy¡, 
que significa ama ó señora. Araco es el nombre geográ- 
fico de los Aravi lusitanos. Lavino quizá sea derivación 
de Xág'ov, especie de vasija. Es notable esta concurrencia 
de apellidos de origen griego en sujetos do la familia 

En la Comisión de Monumentos hay un fragmento, 
del que D. Tomá!> Ronero de Castilla escribe: «Lápida 
sepulcral. Mármol ú otra piedra caliza. Está partida, fal- 
tándolo una mitad del lado izquierdo, esto es. la mitad 
de la inscripción del lado dond^ los renglon-^.s comien- 
zan.» «Fué encontrada esta lápida en el Castillo, do esta 
ciudad cuando se hicieron las excavaciones para el c^epó-^ 



MATÍAS RAMÓN' MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 



81 



sito do ias aguas fie qiio se surte la población. No pode- 
mos determinar la profundidad á que se encontró; pero 
sí que estaba rodada y no había en las inmediaciones 
señal alguna de sepulcro. Aun cuando se buscó con cuida- 
do el fragmento que le falta, no fué posible dar con ól.» 
^ «Dimensiones. — Alto: 0,40 m. Puede calcularse que 
no ha tenido más do cinco ó seis centímetros sobre di- 
cha medida. En el costado derecho y en el lado supe- 
rior, que se conservan íntegros, presenta un adorno se- 
mejante al marco de un cuadro, consistente en dos me- 
dias cañas. Anchura por la parte completa, 0,275 m. 
(Iriieso. 0.04 m. ( 1)» 



L • M A R 
L • F • R V F 
AN • LX • V 



VS • EMERIT • 
ESTILIA • G • F 



R V F I N|A • EMERIT 
AN • LV 'hSS-S- 

V • t'-< L 



Deja traslucir que era epitafio de dos difuntos, hom- 
bre y mujer, ambos emeritenses; pero lo que falta impi- 
de saber sus nombres, por lo que pongo al margen un 
sunbmento por conjetura. 



(1) Invi^ntario de los objetos recogidos en el Museo arqueo- 
lógico de la Coinisiüu provincial de Monumentos de Badajoz, pá- 
gina 62. 



t 




CAPÍTULO II 



Lugares comarcanos á Badajoz 




UN(¿rE en la antigüedad fué Badajoz una 
aldea insignificante, como desde mediados 
del siglo IX se fué transformando en ciu- 
f dad murada y cabeza d? un reino, adquirió 
por este Iiecho tal importancia municipal, 
que llegó á abarcar bajo su radio do acción un extenso 
término, en el que había muchos lugares pobhidos. Por 
esto importa dar noticia de los que se sabe que existían 
en tiempos de los romanos, según consta por las noticias 
que han podido recojerse. 

Por la parte meridional, en el límite de las provincias 
Lusitana y Bética, había poblados en los sitios denomina- 
dos Paredones, Villavelha, Los Arcos, La Lapilla y Ma- 
ricára. A la band\ septentrional del Guadiana, los en- 
contramos en Matanza, Sagrajas, Botoa, Casas de San 
Juan, Codosera, la Encomienda, Elvas, Jurumenha y Vi- 



84 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



llaboin. Otros muchos poblados habría dentro de todo 
este circuito; pero solo de los citados puede darse noticia- 

1.— Les Paredepes 

«En el año 1875, al contruirse la carretera que de Ba- 
dajoz conduce á Olivenza, en las inmediaciones del puen- 
te que cruza la rivera de Olivenza, sitio nombrado los 
Paredones, por existir en aquellos contornos restos de an- 
tiguo edificio, aparecieron dos piedras de mármol blanco, 
cubierta la una de relieves de estilo romano decadente, 
que fué traida al Museo, en donde se conserva. La otra, 
sin ninguna clase de labores, ostentaba, según el Sr. Ro- 
mero de Castilla, la siguiente inscripción: 

MENSORIS-^DEM-ET-PORTICVS 

»A este renglón precedia otro de seis letras que el se- 
ñor Romero no pudo leer por rotura de trozo de la piedra, 
largo, 1,34 m.; ancho, 0,46 m.; grueso, 0,13 m. Puntos 
triangulares. 

»Las dimensiones de la piedra parecen indicar el reves- 
timiento de un friso ó del dintel de una portada. 

•Recogidas las piedras por D. Manuel Saavedra, veci- 
no de Badajoz, propietario de una finca colindante, rega- 
ló la primera al Museo, y á esta dióle lamentable fin, en- 
terrándola en los cimientos de la casa que ha construido 
en esta ciudad, calle de Vasco-Núñez, números 1, 3 y 5, 
esquina á la plaza de San Francisco (1).» 

Las vagas noticias copiadas, lo mismo autorizan á pen- 
sar que existió en el sitio llamado los Paredones, algún 
templo, que á sospechar hubiera allí alguna villa ó gran- 
ja de recreo. . 



(1) Marqués de Monsalud, Boletín de la Real Academia de la 
Historia, tomo XXXTTI, pág. 152. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBZ T MARTÍNBZ 35 

X— Villavell>a 

En el término de Olivenza, cerca de las aldeas de San- 
to Domingo y San Benito, está una finca que se conoce 
con el nombre de Villa-velha, y que desde luego revela 
lo que fué, no ya solo por esa denominación de vUla vieja 
que tradicionalmente ostenta, sino también por los vesti- 
gios de antiguos edificios que allí se ven. Estando yo en 
Olivenza, vi hachas de piedra, fragmentos de vasijas de 
barro, trozos de hierro muy viejos y oxidados y alganas 
monedas de la época romana imperial, todo ello encon- 
trado en dicha finca y en distintas ocasiones; y una vez 
que estuve en ella, notó que era una porción de terreno 
avillarado donde, si bien nada ha quedado en pié, pudie- 
ra acaso encontrarse algo haciendo exploraciones. 

Quizás fuese en este despoblado donde se encontró una 
inscripción que consigna Andrés Resende y cuya copia 
dicele enviaron de Olivenza. Dice así: 

D - M - S 
C - ANTESTIVS - CALVVS 
C ' ANTESTIVS - PROCV 
LVS-H-SS- CORNELIA 
TERTVLLA VIRO-ET FILIO 
DE SVA-P-F-C 

^Díüs) M{aníf)U8) s{acrum) G(ains) Antestius Oalvus, 
c(ains) Antestius Proculus h(ec) siiti) síunt). Cornelia Ter- 
tulia, viro et filio, de sua j>(acunia) í(aciendum) c{uravif).* 
«Ofrenda á los Dioses Manes, Cayo Autestio Calvo y 
Cayo Antestio Próculo están aquí sepultados. Cornelia 
Tórtula cuidó de hacer á su costa el sepulcro, para su 
marido y su hijo.» 



86 



HISTORIA DBIi RBIKO DE BADAJOZ 



7. — Les Arcos 

Eii la dehesa de Los Arcos, lindera con la de LapíUa 
y el término de Almendral, se ven restos de antiguos 
edificios, qne acusan haber existido en aquel punto un 
poblado. En la casa de campo de la finca han tenido has- 
ta hace poco tiempo, sirviendo de poyete para la lumbre, 
una ara de granito que ostenta en su cara anterior el si- 
guiente epígrafe: 



S A G R V M 
D I A N A E 
G - A - H 



«Sacrum Dianae. C(ains) A.{cUush Kionorinusñ,» 
El nombre del dedicante es congetural. El ara acusa 
q ue hubo templete ó delubrum a Diana, diosa á la que 
estaban consagrados los bosques y florestas. 

En los manuscritos de Don Josef Comida, (jue posee 
la Real Academia de la Historia, se lee la inscripción si- 
guiente, que vio en la misma dehesa de Los Arros: 



AELIAE 


- 


RVFINA 


AN ■ 


• 


XIX 




H - 


S 


- E 




ALBI .. 


• • 




.P 



«x4.cliae Kufinaf^e^ dJi(norum) XIX. Ww) sfitaj e(e,sfj. 
Albi [nu8 -piater)] p(o»m7),» 



MATtAR RAM<')N MARTÍNEZ Y MARTINKZ 



B7 



A Elia Rufina, de 19 años. Aquí yace. Albino, su pa- 
dre, puso el monumento.» 

También halló Comido, cu la misma finca, este frag- 
mento: 



VITA LIS.. 
......PORCI 

F 

...C 



Acaso diría: «Vitalis [iMarr/i] Porci fiilii(s.,[P{ater} 
fí arienduní)] durarif).:^ 

4.— La Lapilla 

En la dehesa de La Lapilla. lindera con el término 
de Barcarrota, hay un sitio avillarado en el que se en- 
cuentran vestigios de antiguas construcciones. Entre 
ellos, hay un cipo de piedra granítica, que mide, próxi- 
mamente, medio metro de altura, y tiene en su cara prin- 
cipal la inscripción siguiente: 



T A N C I N V 


S - MATVENI 


F - HC - S 



"TancinuSj Matueni Ifilius), hfijv s^itusK» 
«Tancino, hijo de Matueno. (está) aquí sepultado.» 
Los nombres TanvinuH y Matuenua son de estirpe lu- 
sitano-vettonica, y el primero de ellos se lee ou muchas 



HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



inscripciones de pueblos extremeños situados dentro de 
la antigua Vettonia, lo que demuestra que era un nom- 
bre tan común como hoy lo son Juan, Pedro, etc., en 
los pueblos de Coria, Santa Cruz de la Sierra, Brozas, 
Hoyos, Villamesía y otros muchos. El epígrafe copiado 
nos muestra que en el pagun de La Lipilla residía una 
familia de agricultores de raza hispana, enteramente la- 
tinizada y convertida á la civilización romana; pues no 
solo los nombres han tomado la terminación latina, sino 
que se hace uso de la fórmula hic .sitm est que los roma- 
nos ponían en los sepulcros y se copia la costumbre de 
indicar el nombre del padre á continuación del que os- 
tentaba el difunto. 

5, — Naricara 

En el cortijo de Maricara se descubrió un ¿ruba vo- 
tiva que desapareció poco después, y que en el año 1897 
pudo encontrar el Marqués de Monsalud en la aldea de 
los Antrines altos, adquiriéndola para su Museo de Al- 
mendralejo. Mide dicha ara 0^42 m. de alto por 0,22 de 
ancho. Su inscripción, tan breve con la de Diana encon- 
trada en los Arcos, dice así: 



I - 


o - 


M 


Q- 


•Va 

s 


-V 



«I(oü/j O(pfimo) M(áx¿/M9). Q(?¿/nf/?ív) Va e'*s\i y(ohirn) 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 



«A Júpiter Óptimo Máximo. Ex-voto de Quineio Va- 
lente.» 

El monumento basta para revelarnos que en el lugar 
de su hallazgo hubo un poblado romano, tal vez alguna 
villa ó casa de campo, con su correspondiente templete 
consagrado á Júpiter. 

6 — plagiaría o Matapza 

El Itinerario de Antonio Pío, en dos caminos de Lis- 
boa á Mérida (ab Olisipone Emeritam), inserta una man- 
sión bajo el nombre de Plagiaría^ á la que señala la dis- 
tancia de 30 millas (60 kilómetros y 100 metros) desde 
Mérida, por lo que sin violencia puede marcarse desde 
luego su emplazamiento en el despoblado de Matanza, 
He aquí uno de los caminos, con la reducción de cada 
milla {miUia paHin:m) á 1 kilómetro y 670 metros: 



ítem alio itinere ab Olisipo- 1 


ne Emeritan. . . m. \i. 


CCXX 


lerabriga m.p. 


XXX 


Scalabim m. p. 


XXVI 


Tabucci m. p. 


XXXII 


Fraxinum m. p. 


XXXII 


Mundobriga ... m. p. 


X 


Ad septem aras m. p. 


XL 


Plagiaría m.p. 


XX 


Emérita m. p. 


XXX 



ítem, otro camino de Lisboa 
á Mérida.. kilómetros 307*40 



Alemquer kil. 

Santarem kil. 

Al O. de Abrantes. kil. 

Alpalhao kil. 

Castelloda Vide... kil. 
Casa de San Juan., kil. 

La Matanza kil. 

Mérida kil. 



50,10 
43,42 
53,44 
53,44 
16,70 
66,80 
a3,40 
50,10 



Las distancias de 56 millas desde Lisboa á Santarem 
(30 á Alemquer y 26 á Santarem) se hallan confirmadas 
en otro camino desde Lisboa á Braga, que se apartaba 
de este en ^Scalabi. La de 30 millas dssde Plagiaría i 
Emérita la vemos repetida en el siguiente: 



40 



HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



1 



Alio itinere 


ab Olisipone | 


Rmeritam.. .. 


m. 


p. < 


CXLTIII 


AritioPraetor 


m 


P- 


XXX 


Abelterio 


, m. 


P- 


XXVÍII 


Matiisaro 


. ra. 


P- 


XXIIII 


Ad septem aras m. 


P- 


VIII 


Budua 


. m. 


P- 


XII 


Plagiaría. .• . . 


. m. 


P- 


XII 


Emérita 


. m. 


P- 


XXX 



Otro camino de Lisboa 
áMérida.. kilómetros 24(),4S 



AlO.dePoutedoSor kil. 5í|,l(l 

Alter do Chao kil. 40,70 

Codosera kil. 4<),0.S 

Casa de San Juan. . kil. líí.J^O 
Ntra.Sra. deBótoa. kil. 2iUn 

La Matanza kil. 2<»,(»4 

Mérida kil. 5<),10 



Se observa en el cotejo de estos dos caminos, que el 
primero pone desde Ad sepfeni aras hasta Plagiarla 20 
millas, mientras el segundo marca 24 (ó sean 12 á Baina 
y otras 12 de aquí á Plagiaría i. Esta dificultad solo se la 
explica D. Antonio Blazquez bajo el supuesto de que 
desde Budua hasta Plagiaría hubiese un camino de 8 
millas por la orilla izquierda del Gévora, y otro de 12 
por la banda derecha. Esto no es admisible, porque en- 
tonces ese camino de 12 millas tenía que ser más largo, 
dado que la distancia de Botoa á la Matanza es de 12 mi- 
llas por lo más corto; y además, ese hipotético camino 
tendría que hacer un gran rodeo, pasando el (¡évora pa- 
ra seguir por su banda derecha, y volverlo y pasar para 
llegar á Matanza. Más razonable es creer que el primer 
camino, al partir de Mundobriga^ no empalmaba con el 
segundo en la misma mansión de Ad .septem aras, sino á 
cuatro millas más adelante, y por eso había 20 millas 
desde ese empalme hasta Plagiaría, mientras qu3 desde 
las ^Siete aran había 21, como dice el segundo camino. 
Son tan repetidos en el Itinerario los casos de empalmes 
parecidos al que indico, que no creo parezca peregrina 
mi opinión. Por lo demás, este segundo camino empal- 
maba con el primero es i^icaloAi, y desde allí han d^ con- 



MATÍAS RAMÓN MARTÍKF.Z Y MARTÍNEZ 41 



tarse las 30 millas que pone á Aritium Praetorium; pues 
precisamente en el Ponte do Sor se encontró un milia- 
rio que marcaba 96 millas hasta Lisboa, y esa es la dis- 
tancia puntual. 

La concordancia de ambos en las 30 millas desde Pla- 
giaría á Emérita, autoriza para localizar la primera de 
estas mansiones en el despoblado de Matanza, situado 
al nordeste de Tala vera la R >al, á la banda norte del 
Guadiana, y cerca de la línea férrea de Ciudad-Real á 
Badajoz, qu > por dicho despoblado se halla casi toda so- 
bre la misma base de la antigua vía romana. La mansión 
Plagiaría que debía ser un lugarzuelo pequeño, existía 
en el siglo XIIT con el nombre de aldea do la Matanza 
que todavía se dá á aquel punto (1). 



1.— SACRALIA é Sa^rajas. 



Al pié d'^ la vía romana, entre Botoa y la Matanza, 
cerca del río (iuerrero, está la dehesa de Sagrajas, don- 
de hay un pocpeño despoblado que en el siglo XIII se 
llamaba la Torre de Sagrajas (2), sin duda porque enton- 
ces había allí alguna fortaleza. El nombre mismo nos di- 



(1) «La últi na noticia que ten^o de esta aldea nos la dá una 
>e8crituradel huo 188í), en que el Obispo Don Fernando y el Ca- 
>bildo 86 convio.ien con Alfonso Yañez, Canónigo Prior de Cara- 
>pomayor, en razón de los Diezmos de la limitación de San Mi- 
»g;uel de la Matanza, que era contienda por dicto prior é costa 
9grande.> Solano de Figueroa, Hist. eclesiástica del Ob. de Ba- 
dajoz, cap. I. 

i^2) En las Constituciones sinodales del año 1258 se lee: «... é 
«desde Guadiana así como ya orne á la cabeza de la Carbonera, 
»é dende ¿ la Torre de Sagrajas, en como se estiende hasta las 
»me3t&s de Botova«» Solano, ob, cit., en el obispado de Fr. Pedro 



42 HISTORIA DEL BEINO DE 1BADAJ0Z 



ce que se trata del famoso lugar de Sacrdlias (1) donde 
Don Alfonso VI fué derrotado por los Almorávides en el 
año 1086; bien que los cronistas árabes escriban corrup- 
tamente Zulaca (2). 

Ahora bien: ese nombre Sacralias del siglo XI no es 
árabe, sino mozárabe, pues que los cronistas cristianosf 
son los que lo dan á conocer en la forma que lo pronun- 
ciaban los mozárabes, y que es la que más se aproxima 
al moderno Sagrajas. Se trata de un nombre de estirpe 
latina, pues no es más que una corrupción de la voz sa- 
eraría, plural de sacrarium, que en los mejores tiempos 
del idioma se usaba en el sentido de templo ó lugar sa- 
grado (3). 

Lo que yo presumo en este punto es que en la anti- 
güedad romana había allí algún local sagrado, ya fuese 
templum ó delubrum erigido por romanos, ó ya algún 
tumulum ó altar de los hispanos, que también esto cabe 
pensarlo, pues que había muchos de esta clase desdo 



(1) cEra MCXXIV feeit litem in campo in Sacralias ciim re- 
»ge Juceph.» Pelayo de Oviedo, núm. 12. 

«... f uit illa arrancada in Badalozio, id est, Sacralias...» An- 
uales Complutenses. 

«... in Sacralias bellnin magnum fuit. > Chron. Complutense. 

«... in loco qui dicitur Sagralias.» Chron. Conimbricense. 

«... ad faciem civitatis Badajoz, in loco qui dicitur Sagalias.» 
Chronicón lusitano. 

(2) Como los árabes le llaman Zulaca, y al norte y muy cer- 
ca está la dehesa de Azagala, que también es regada por el río 
Guerrero, se ha creído ñor casi todos que en esa dehesa, llamada 
de antiguo Azagalla, fue donde se dio la batalla en que los Almo- 
rávides derrotaron áD. Alfonso; pero el nombre Sagrajas no deja 

.lugar á dudas, pues es el mismo Sacralias de los cronistas cristia- 
nos. Por lo demás, una batalla tan larga, pudo hacer que hasta 
Aza gala llegasen las tropas en sus revueltas. 

(3) El Marqués de Morante y D. Raimundo Miguel, en su Dic- 
cionario, dan la palabra sacj^arium con la significación indicada, 
y exhiben dos textos de Cicerón: ^Ante ipsum sacrarium bonae 
*Deae (ante el templo mismo de la Buena Diosa).» € Sacrarium 
ítcoelerum Uiarum (santuario & donde llevas la ofrenda de tua 



MXTÍAS ramón MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 43 



Gaadiana hasta Valencia de Alcántara. El edifícío que 
allí hubiera fué fundamento para alguna torre ó fuerte 
construido más tarde, llamado ¿^:icráliaf< en el siglo XT, 
y Torre de Sag rajas en el XIII. 

8.— BUDVA o BcUa. 

Al hablar de Plagiaría se ha visto que Buclua era 
mansión de la vía de Lisboa á Mérida, situada á 12 mi- 
llas (20 kilómetros) de la Matanza; por lo que la distan- 
cia la lleva al santuíirio de la Virgen de Bótoa, donde ha 
persistido el antiguo nombre. 

En las tablas de|Ptolomeo se halla inventariada, en- 
tre las ciudades de los lusitanos, la de Burdua (1), á la 
que señala T\ 20' de longitud y 40° de latitud, por lo 
que no cabe duda que se trata de la misma Budun del 
Itinerario de Antonino, siquiera las señas no sean de 
apreciar en absoluto, por lo plagadas de errores que es- 
tán las cifras en las tablas del geógrafo alejandrino. Pe- 
ro me inclino á creer que este no escribió Boúpfto'jct, sino 
Bo'j^^o'ja, esto os, Buddiía; fundándome para ello en que 
la q griega es la misma d en posición invertida, y por 
tanto es muy creíble que los copistas de las tablas con- 
fundieran las dos letras (2). 

El nombre de Budua no es latino, y por consiguiente 
debe tener su significación apelativa en los idiomas his- 
panos anteriores á la dominación romana. 

El examen del terreno no ofrece huellas de que Bu- 
dua fuese una población extensa, sino más bien un vicus 
ó lugarzuelo. Barrantes dice que en la dehesa del Teso- 



(1) Ptolomeo, Geogr., Europa, tab. 11. 

(2) Preciaaniente antes de Burdua escribe Toupjiofov en vez 
de ToipjwXoü, por la misma oonfusión de la f con la \ que iw 
non la mismos £$urf^ ¿ inversa posición. 



I 



44 mSTORIA DEL ttSilNO DB BÁDÁJOÍ 

rero, al pié del santuario de Bótoa, se descubrió «una 
magnifica cañería romana de unas veinte varas de larga 
por seis de alta, próxima á unas considerables ruinas, 
romanas también, que debieron ser la mansión ó casa 
de postas de la vía. Al limpiar el caño, se hallaron dos 
cadáveres descompuestos entre el lodo, armas y cascos 
romanos oxidados é inútiles, una gumia árabe, monedas 
y medallas tanto de aquella época como posteriores... y 
ánforas y otros barros casi deshechos (1).» 

Aunque estos hallazgos revelen los vestigios de un 
lugar pequeño, no por eso se entienda que contradicen 
el testimonio de Ptolomeo, al incluir á Budua entre las 
ciudades; pues es de advertir que en aquellos tiempos, 
y en nuestra península, se llamaba civitaH, respuhlica, 
municipium y colonia, no á un gran poblado ó plaza mu- 
rada (oppidum), sino á una comarca ó extensión de te- 
rreno que formaba una municipalidad, y dentro de la 
cual había diversos poblados, ya fuesen grandes ó pe- 
queños. Un geógrafo de entonces nos da la noticia de 
que los célticos no formaban poblaciones grandes, sino 
lugares muy reducidos (2) que llamaban briga, y que 
los romanos distinguían en vicus, pagtis, villa, etc. Ocu- 
rría lo propio que hoy vemos en nuestros concejos de 
Galicia, Asturias y Santander. Así, pues, la república ó 
municipalidad de Budua pudo ser un territorio que 
abarcase casi todo el actual término de Badajoz, situado 
al norte del Guadiana, en el cual había muchos pobla- 
dos de los que se describen en estas páginas; y sin du- 
da la capitalidad estaba en el que hubo en Bótoa. 



(1) Aparato bibliográfico, tomo I, art. Bótoa. 

(2) «Turdetanis nd felicitatem regionis, vitee etiam civilitas 
et mansuetudo accedit; quod et Celticia ob vicinitatem et cogna* 
tionem contingere Poli biua ait; minus tamen his cum fori vioa^ 
ti^k habitat»*— Str^kboHi Geographiai Ub« Uh 



VATiAB RAMÓN MAETÍNBS T MAKTtHBZ 45 

9* - Septeii> arae ó les siete altares. 

Se ha visto por el Itinerario que á 12 millas de Ba- 
dua había una mansión que dicho documento escribe Ad 
septem aras, esto es, á las déte aras ó altares. Eáto bas- 
ta para comprender que lo que allí había eran siete mo- 
numentos sagrados, de carácter funerario quizás, y 
obra de los hispanos. Eá de presumir que fuesen dólme- 
nes, túmulos ó antas pertenecinientes á los tiempos an- 
teriores á la dominación romana, pues de esta clase de 
primitivos monumentos se encuentran vestigios en los 
términos de Codosera, Alburquerque, San Vicente, Va- 
lencia y demás pueblos comarcanos. Cuando construye- 
ron los romanos esta vía, como en aquel sitio se empal- 
maba con las otras, pusieron allí mansión, que conservó 
en el Itinerario ese nombres. El sitio que ocupaban, era 
en donde hoy está la casa de la dehesa de San Juan, á 
unos 20 kilómetros al Noroeste de Botoa. 

10. — MATÜSARÜS ó Codoser. 

El Itinerario coloca á Matasaviis á ocho millas de las 
Septem arae y 24 de Abelterius^ por lo que no puede va- 
cilarse en poner el asiento de esa población en la Codo- 
sera, que dista 13 kilómetros de la dehesa de San Juan y 
40 de Alter de Chao, el antiguo Abelteritis de menciona- 
do Itinerario. El nombre Matusarus no es de etimología 
latina, y por eso hay que achacarlo á los idiomas que ha- 
blaron los hispanos anteriores á la dominación de Roma, 
pues no le encuentro tampoco filiación griega ni se- 
mítica. Quizás en el nombre Codosera se conserven aún 
las huellas de Matusarus; pero, ¿quién puede lanzarse á 
conjeturas sobre esto, cuando no hay testimonio alguno 
anterior á la reconquista que cite esta población? 



1 



46 HISTORIA DSL REINO DB BADAJOS 

11.— La Eneoipiepda. 

En la dehesa de la Encomienda, á orillas del rio Ga- 
ya, se encontró en 1897 un cipo de piedra granítica, que 
fué donado por D. Manuel María Albarrán, dueño de la 
finca, al Museo de la Comisión de Monu.nsutos. Mide 
0*86 m. de alto por 0*44 m. de ancho y 0*26 m. de grue- 
so, y en su frente ostenta inscripción en letras de 
O'Otí m. de alto, que dicen: 



G-IVLIVS 
PRONTO 
VITVLAE 
B-M-D-S-D 



^Ciaiuif) {Julius Fronto) Vitulae hiene) m{erentt) á{e) 
s(no) d (fli)» 

«Cayo Julio Frontón, dio de su haber el sepulcro á 
la benemérita Vítula.» 

En el sitio «n que fué hallada esta piedra, hay vesti- 
gios de la calzada romana que pasaba al Xorte de El vas, 
muy cerca de la línea férrea, ó iba á bu jcar la mansión 
Evandriana en Villaboín. Había, pues, corea de la vía, 
un lugar poblado que acaso era un pagrs ó pequeña co- 
lonia agrícola, si no fué alguna villa ó quinta de las mu- 
chas y muy pintorescas que tenían los romanos en sus 
latifundia, ¡Cuantas fincas como esta de mi amigo don 
Manuel Albarrán estarían entonces pobladas en toda la 
comarca de Badajoz! 

12 — ELVIA 6 Elvas. 

En los cronistas cristianos se nombra la ciudad de 



MATÍAS RAMÓN MARTInEZ Y BIARTÍKBZ 47 

Elvas con los nombres de Elcos y Elvis (1). Es uno de 
tantos nombres antiguos que se conservaron por la tra- 
dición mozárabe, y hay que inclinarse á considerarle 
por lo menos de abolengo latino. 

Una inscripción romana, entre otras allí encontradas, 
induce á pensar que era lugar fortificado en tiempos de 
los romanos. Es un cipo que hoy conserva el Museo mu- 
nicipal (2) y fué hallado en 18Sí), dice así: 

G-IVLIO-GALLOEM 
E R I T E S I-V E T E R A N O 
LEG - VII - G - F-STIPEXDIS 
E M E R I T I S-A N N-L X X- 
H- -ES-T-T-L IVLIA-PRIMA 
LIB ET- CON IVX- PATRONO 
B E N E M E R I T O-D-P-S-F 

«Gí«/o) lulio Gallo EmeriteÍ7í)si veterano logiionis) 
VII g(emtnae) í(clicis) stipendis omeritis anuforiímj LXX 
\i(ic) [s(ituH)] e(.st.) sfitj t(ihi) t(erra) l(ecis.) lulia Prima 
lih(erta) et coniux patrono b3nemérito d(e) pfecujniaj 
a(tOei) f(ectf).^ 

^A Gayo Julio Galo, emeritense, veterano de la le- 
gión séptima gemina feliz, emérito estipendiario, de 70 
años de edad, que está aquí sepultado. Sóate leve la tie- 
rra. Julia Prima, su liberta y cónyuge, h'zo este monu- 
mento de su peculio, al patrono benemérito.» 

En la rivera del Varcho, á media legua al sudcsto d*j 
la ciudad, se halló una piedra con este trozo: 
....ELVIA-M-F-VI...AN.... 



(1) «Ipso dic fuitElvos et Siirmouia de christiaiiis.» Chrou, 
conimbricense. 

«Huius temporibus Helvis, Jiirmenia, Jorpia et malta alia cas- 
tra tnaurorum, christianoriioi victoriis accesseriint.» 
Bodriero Ximenez de Rada, lib. VII, cap. VI. 

(2) Hübner, Corpus ínscripi, lat., núen 5212, 



48 HISTORIA B-'.L RBINO OK BADAJOS 

«[H]elvia 'M.(arci) i(ilia) vi[xit] an(n//f )» 

Enlazando ambos epígrafes, el diligente P. Fita les 
pone el siguiente comentario: «Quizá del nombre Castra 
Elvia se formó el de Elvas. Su fortaleza, ó alcazaba, es- 
tuvo probablemente guarnecida por un destacamento de la 
egión VIII gemina feliz, así como el alcázar de Mérida 
(1).» Continuó siendo fortaleza en la Edad Media, pues 
Edrisi dice que Elvas está á la derecha dol camino de 
Santarem á Badajoz, y que es plaza fuerte, situada ai 
pió de una montaña; (2) por donde se ve que alude á la 
vía romana que describiré al tratar de Villaboín. 

17.— SÜRMENIA ó Juruti>epl;a. 

La plaza fuerte de Jurumenha, á la b.inda derecha 
del Guadiana y enfronta de Olivenza, se llamaba en el 
siglo XIII tíurmenia ó Jurmenia, según los cronistas 
cristianos (3); nombre que algunos árab( s corrompían 
en Chellmena (4), y que sin duda es derivación del que 
tuviera aquel pueblo en la antigüedad. ¿Soria quizás que 
se llamase Sur ó Jar en lenguaje hispano, y que los ro- 
manos le apellidasen Sur-moenia ó sea fortaleza de Sur ó 
de Jur? El lector apreciará en lo que valga esta conjetu- 
ra, que ofrezco solamente bajo el supuesto do que siem 
pro fuera lugar fortificado. 

14.-EVANDRIANA ó Villabcíp. 

Cita Ptolomeo entre las ciudades do Lusitania á 
Evandría, comarcana de Biidna, Cauria, Ebora y otras 



(1) Boletín de la R. Acad. de la Historia, tomo XXV, pági 
na 154. 

(2^ Vid. Apéndice II. 

(■-V) Vid. nota en Elvas. 

(4) <... fortaleza do Chellmena. ..> escribe Aben Zaid, lib. III, 
cap. 7.'' 



UATlAB RAMÓN MARTÍNIEZ Y MARTfKBSS 



49 



(1). El Itinerario la menciona bajo la forma Evandria- 
na, en el camino siguiente: 



ítem ab Olisíppone 
tam m. p. 


Eraeri- 
CLXl. 

XII 


Eqaabona m. p. 


Catobriga m. p. 


XII 


Caeciliana m. p. 


XIII 


Malateca m. p. 


XVI 


Salacia in. p. 


XII 


Ebora m. p. 


XLIV 




IX 


Dipone m. p. 


Xll 


Evandriana '. . . . m. p. 


XVII 


Emérita m. p. 


XIX 



ítem, desde Lisboa á Méri- 
da kilómetros 3(i7M0 



Povoa kil. 

En el rio Zatas ... kil. 

kil. 

Marateca kil. 



Alcocer, eiMoitalvo.. 

Evora 

Al rio Par di olla 
Monte Virgen . 
Villa Boim .... 

ERipaliiie jdiito á Bóíoa 



kil. 
kil. 
kil. 
kil. 
kil. 
kil. 



20*f>á 
20*04 
13*36 
26'72 
20*04 
73*48 
15*03 
2ÍJ*04 
28*39 
31*73 



Puntializándose la situación de Malateca en la mo- 
derna, Marateca, y la de Ebora en Evora, el resto de la 
vía se explica perfectamente, pues é, las 9 millas está el 
paso del río Pardiella, en el que es forzoso reconocer el 
fíumen Adncm; á las 12 millas están las cercanías de 
Monte Virgen, donde debió hallarse Diponey y á las 17 
se halla Villaboim, asiento de Ecandriana, En la distan- 
cia de 19 millas desde esta mansión al empalme con la 
otra vía, entiende el Sr. Blazquez que hubo supresión de 
10 millas por error de copistas; pero no hay tal, puesto 
que resultan de la suma do todas las distancias, las 161 
millas que pone el Itinerario como total. Lo que hay es 
que el Empalme de esta via no estaba en IHagiaria^ co- 
mo creyó el Sr. Blazquez, sino al sur de Botoa: pues de 
estar en el otro punto, tendrían que ir ambos o.aminos 



(1) Geo^raphía, Europa, tab. II. 



50 HI8TOR1A DEL REINO DB B.\J[>AJOZ 

muy juntos y paralelos desde B^toa hasta Matanza, cosa 
que no puede admitirse, pues no tendría razón de ser. 
Precisamente en la dehesa de la Eacomienda se ven aun 
restos de la vía, y desde este punto, para ir á Mérida, es 
forzoso encontrar al Sur de Botoa el otro camino, con el 
que necesariamente debía empalmar el que nos ocupa. 
De este modo se explican perfectamente las 161 millas 
del Itinerario, sin necesidad de enmienda. 

La identidad de la Ecandria de Ptolomes con la Emin- 
dnana del Itinerario está confirmada por el Anónimo do 
Ravena, que, tomando la vía desde Mórida á Lisboa, es- 
cribe: ^Itern in spatioaa térra ¡^panicv est.cirifas^ quoR di- 
y>cttur Augusta Merita, cutus próxima est chitas qiKB di- 
^ciftir Ecandria Iterum Bípone, Atunea,y> Se vé por es- 
tas palabras que corrompe el nombre Dipone en Bipone 
y del Adrum flumen hace el vocablo exótico Atunea (1), 



4> 



(1) Ha podido notarse que desecho en absoluto la veráión se- 
guida por muchos, que suponían á Eranarid en Garrovilla, el río 
Adrum en el deAntrines, Dipone enLobón y Atum'a en Badajoz; 
pues para esto se necesitan 40 millas más, y hay que suponer un 
camino paralelo al que venía por Botoa y la Matanza, muy cerca 
el uno del otro, cosa que resultaría desatinada para atribuirla á 
los romanos. 



< ^ . .>. ^ 



£N^ , *^ 



iltMOWttlIMMUtlMItMIlUMItfutlMtltlIlHIltMÍlínHItlIlHIl lliMIIMMlM HntMr^^ 




CAPÍTULO III 



Badajoz y Aben Merwán. 




I los escritos coetáneos nombran á Bada- 
joz durante la dominación visigótica, ni 
I la fortuna ha deparado inscripciones, 
monumentos ó vestigios que permitan 
rastrear algo de la manera de ser de la 
población durante el transcurso de tiempo que medió des- 
de la caida del Imperio romano hasta la muerte de líude- 
rico é invasión de los Árabes. Solo cabe j^ensar que Ba- 
dajoz continuó siendo una pequeña aldea perteneciente 
á la provincia de Lusitania y lindera á la de la Bética. 
Como entonces continuó rigiendo la misma organización 
judicial y poJítica que había establecido el Imperio, el 
lugar de Batalius debió seguir adscrito a la municipali- 
dad de Budiia y dependiente del gobierno provincial de 
Emérita j á cuyo tribunal acudían sus moradores á de- 
mandar justicia en alzada. También debió pertenecer al 



B2 HISTOKIA TíRU RBINO 1>E BADAJOZ 

obispado metropolitano emeri tense, lindando por esta 
parte con los obispados bétiüos de Ripia ó Itálica^ am- 
bos sufragáneos de la metrópoli de Hispalis. 

Calla igualmente la historia el nombre de Badajoz du- 
rante el tiempo que medió desde la invasión de los Ara- 
bes en 711 hasta el reinado del sultán Omeya Mahamad 
I. Como entonces subsistían las mismas organizaciones 
judicial, gubernativa y eclesiástica, con cortas diferen- 
cias, Badajoz debia seguir de la misma manera que antes, 
y siendo una pequeña y oscura aldea, que pasaba desa- 
percibida en el cúmulo de sucesos que llevaron á Merida 
á una completa decadencia. 

Había sido la colonia Augusta Emérita durante el im- 
perio romano un brillantísimo foco de la civilización la- 
tina en nuestra patria, y acaso la más populosa y rica de 
las ciudades qne los romanos fundaron en la península 
ibérica. Había dado también gallardas muestras del 
arraigo que en su suelo tuvo el Cristianismo en el siglo 
IV; y, á tal punto llevó su entusiasmo en defensa de la 
Fé cristiana durante los siglos V y VII, que el clero de 
Mérida defendió la verdad contra la heregía; con enérgi- 
ca entereza, el vecindario emeritense so alzó contra Liu- 
vigildo y en apoyo de su hijo Hermenegildo, y en Méri 
da misma se libró la más sañuda contienda entre católi- 
cos y arríanos, en la que se destacó como figura culmi- 
nante el metropolitano Masona. Cuando el país cayó ba- 
jo el califato mahometano de Oriente, la cristiana y cul- 
ta Mérida conservó su fé y sus usos y costumbres al am 
paro de honrosa capitulación pactada con Mu^a, y, salvo 
algún que otro alzamiento de las tribus misilmanas 
contra los emires, en que tomó parte la insigne ciudad 
en la primera mitad del siglo VIII, continuó su existen- 
cia deslizándose tranquila hasta que se arraigó la mo- 
narquía de los Omeyas, fundada por Abderrahmán I. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNE;5 58 

Reinando los sucesores de éste, comenzaron las amargu- 
ras pora la ilustre colonia, y á tal punto llegaron los 
quebrantos, que dieron en tierra con su grandeza. 

Solían desempeñar el gobierno de Lusitania, que- aun 
tenía su capital en Mórida, los príncipes de la familia 
real, casi siempre conspiradores contra un trono que ha- 
bían soñado ocupar. Abdalah, hijo de Abderrahmán I, 
siendo gobernador de Mérida, se alzó contra su sobrino 
Halhaquem I; y más tarde Esfah, hijo de Abdallah y cu- 
ñado del m'smo sultán, se alzó también en Mérida contra 
el soberano. Quizás por esto, y porque la política inicia- 
da por Abderrahmán I propendía á anular toda la in- 
fluencia que pudiera conservar la aristocracia árabe, el 
gobierno se hizo despótico y acabó por ser débil. Comen- 
zaron entonces los cristianos ó mozárabes á agitarse con- 
tra la dura opresión á que el gobierno pretendía someter- 
les, infringiendo los pactos que les servían de fuero des- 
de que se hizo la conquista, y en esta actitud tumultua- 
ria les secundaron los muladís ó españoles convertidos al 
Islamismo, que eran menospreciados por el orgullo árabe 
y aun tratados con dureza como los cristianos, á pesar de 
su número, riqueza y cultura. Los cristianos de Mérida 
se alzaron contra Abderrahmán II por dos veces; una 
en el año 827, en inteligencia con Ludovico Pío, rey de 
los Francos, y otra en 835, de acuerdo con los cristianos 
de Toledo. Los de Córdoba, que no podían sublevarse 
por las muchas tropas que guarnecían á la corte, adop- 
taron una actitud exhaltada, salieron predicando contra 
las imposturas del Mahometismo, y dieron muchos már- 
tires á la cuchilla de la ley. Así, cuando en oí 852 murió 
Abderrahmán II, los resortes de gobierno eran ya muy 
débiles, y las provincias comenzaban á dar señales de 
insurrección, 
£Uqy«^cIo aquel afto al troao Muhamad I^ muy a?aro y 



54 HISTORIA DEL REINO I>E BADAJOZ 

menguado, comenzó dictando medidas tiránicas contra 
los cristianos por complacer á los fakls ó teólogos musul- 
manes, y á esta conducta respondió en el año siguiente 
el alzamiento de Toledo, que se mantuvo independiente 
durante mucho tiempo. Hallábase residiendo en Córdo- 
ba un joven renegado, natural de Mérida, llamado Ab- 
derrhamán hijo de Merwan hijo de Yunos (1), que era 
uno de los rehenes llevados á la corte después de la ca- 
pitulación de la ciudad emeritense en el año 835, en cu- 
yo alzamiento había sido uno de los principales cabeci- 
llas. Por sus buenas prendas, sobre todo por su valor, 
discreción y diligencia, había llegado á hacerse simpáti- 
co en la corte cordobesa, donde al cabo llegó á desempe- 
ñar el cargo de capitán de guardias reales. Pero estaba 
enemistado con Xachim, hijo de Abdelazis, que era el 
hagíb ó primer ministro del sultán, y que, según parece, 
tenía algunas quejas de él. Hallábanse ambos un cierto 
día en presencia de los Wacires ó Winiren, y prevalién- 
dose Xachim de la superioridad que le daba su cargo, 
entre otras injurias que dirigió á Aben Merwan, le dijo: 
«vales menos que un perro», y le hizo después dar de 
bofetadas. Devorando el muladí emeritense tamañaafren- 
ta, y jurando no volver á sufrir otra alguna, reunió en 
secreto los amigos que tenía en Córdoba y les propuso 
que marchasen con él á sublevar la comarca emeritense. 
Siguiéronle los no menos decididos amigos, y habiendo 
llegado á las cercanías de Mérida, se apoderaron del cas- 
tillo de Alanje (2) donde se hicieron fuertes á todo even- 



(1) El nombre Yunos, del abuelo, parece mozárabe; tal vez 
corrupción de lunius. 

(2) Del nombre hispano-ibérico lanca, langa y lacea, que sig- 
nifica manantial, y que sin duda alguna se daba ¿ Alanje en tiem- 
pos de los romanes, a causa del manantial en que construyeron 
suntuoso balneario, consagrado á la diosa Juno, los cónyuges Li- 
oinio Sereniano Yarinia FlaoQÍnai por la salud de 9» bija Yarinia 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ V MARTÍNEZ 55 

to. Corría el año 8Bo cuando esto sucedía. Las tropas 
enviadas por el emir contra el arrogante Aben Merwán 
le sitiaron muy apretadamente; pero él resistió con no 
menos valor. Llegaron á faltarle los víveres, y tuvieron 
los sitiados que comerse la carne de sus propios caballos, 
todo lo cual soportaban heroicamente; pero cuando ya 
les devoraba la sed, comprendiendo Aben Merwan que le 
era imposible sostener más tiempo en aquella situación 
sin salida, después de haber resistido tres meses de sitio, 
capituló con las tropas del emir que le dejasen retirarse 
á vivir á Badajoz. Dice el cronista que refiere todo esto: 
«Y le permitió el emir que se fuera á Batalyos y se esta- 
bleciera en él; el cual era entonces una aldea (1).» Esta 
es la referencia más antigua que de Badajoz se conoce, 
y desde esta fecha comienza la transformación de la al- 
dea en población murada, como asimismo comienza 
siendo la cabeza de un señorío independiente que duró 
más de setenta años. 

El intrépido cabecilla no se mantuvo pacífico en su 
nueva residencia, pues se sabe que se unió á él otro re- 
negado llamado Sadun, que se había sublevado, como él, 
con una banda numerosa de muladis, y que vino á ser su 
lugarteniente en las empresas que acometían, todos 
ellos contra árabes y berberiscos, á quienes expoliaban 
y saqueaban sin piedad, y cuidando muy mucho de 



Serena. Formóse en torno del balneario pequeña población que 
continuó floreciente en tiempos de los visigodos, y ha dado de sí 
monumentos é inscripciones cristianas, siempre dentro del térmi- 
no de la colonia Emérita, y lindero á la de MetaUlnum. Forma- 
ron los árabes el nombre Al-lanche (el manantial), y por contrac- 
ción Ahinje. Llámale IjfinchfX 6 Lanjex Abu Abdala Yacub en su 
diccionario geográfico (lib. IV, p. B4H), publicado por F. Wüsten- 
feld (Leipzig, 1866 á 1871), y dice que era un pueblo de la cora de 
Mérida; y por Abenadarí se vé que tenía ya fuerte castillo en el 
sigilo IX. — Sobre este pueblo di extensa noticia en la Revista de 
Extremadura, Año II, núm. XV. 
(X) Ab^n Adarí, tomo II, pág. 105, 



56 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

no molestar á mozárabes ni á muladís (1). A esta políti- 
ca fué debido el que acudieran á cobijajse bajo sus filas 
muchos cristianos y renegados de la comarca, sobreto- 
do de Mérida, donde Aben Merwán debia teuer muchos 
amagos (2), por lo mismo que era su patria (3), Procura- 
ban guardarse la retirada, cuando tenían que huir de 
tropas mayores, en el campo yermo que había entre el 
reino de León y la comarca emeritense (4); y para mayor 
garantía, había celebrado Aben Merwán una alianza 
ofensiva y defensiva con el monarca leonés Don Alfonso 
III, que tenía por sistema aliarse con todos cuantos se 
subleban contra el sultán de Córdoba, debiéndose á esta 
alianza el que los árabes le diesen á Aben Merwán el 
apodo de «el (íallego» (6.) 



(1) Aben Jaldurn, p. 10. 

(2) Aben Adari, lug. cit. 

Qi) Aben Alcotia, pág. 89. Leyendo Dozy de pasada á ette cro- 
nista, tomó una palabra árabe que signífíca yermo j por otra que 
significa heregia ó doctrina herética; y de aquí sacó la especie in- 
fundada de que Aben Mernán predicaba una mescolanza de Cris- 
tianismo y Mahometismo. 

(4) Aben Alcotia, pág. 89. 

(5) Además de los tres citados, Abed Zaid, dice «Abderra* 
haman, hijo de Merwán, conocido por el gallego» lib. III, cap. II. 

Y así todos los cronistas; 

Pero aquí debo rectificar lo que digo en el texto, guiándo- 
me por Dozy, pues cuando ya estaba en prensa oste capítulo reci- 
bo carta de los Señores Saavedra y Codera, quienes se apresuran 
á anunciarme el hallazgo de nuevos textos árabes acerca de Aben 
Meruán, de los cuales resulta comprobada la existencia «de toda 
>una familia con cuatro ó cinco generaciones, todos con el apelli- 
»do de Aben Meruán y el apodo El Gallego. Como este apodo se ve 
>ya en uno que debió ser padre ó abuelo del fundador de Badajoz, 
»es evidente que no lo recibió este por su alianza con Alfonso lll, 
>sino que lo heredó de sus mayores y lo transmitió á sus hijos y 
»nietos.» 

Anúnciame el Sr. Saavedra que dichos textos árabes necesitan 
un largo trabajo de crítica que se ocupa el Sr. Codera, áfiu de de- 
sembrollar las contradicciones y frasea oscuras de que adolecen; 
por lo que, si llegan á mi poder m tiempo^ me haré oar^o de elloa 



^AtIaS ramón MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 57 



' Com^iizaba á imperar la auiírquía en todo el reino; 
pnes mientras el sultán consumía el tiempo acaparando 
dinero para dacíar su avarici:i. y la corte se ocupaba en 
procesar y decapitar cristianos cordobeses. Di Ordoño I 
de León entraba á saco en Salamanca y Coria (i), los Be- 
ni Casim, muladís dé abolen£^> visigótico, se hacían in- 
dependientes en Aragón, como ya lo hicieron los cristia- 
nos en Toledo; y los muladís y mozárabes de las serra- 
nías de Granada y Málaga campaban por sus respetos, 
sin reconocer en nada la sobsranía del sultán. 

Siguiendo esta corriente de disociación, en el año 802 
volvió á sublevarse la ciudad dé Mérida. Era entonces 
obispo de está ciudad Ariulfo (2j, que sin duda por cau- 
sa de este alzamiento no concurrió aquel año al concilio 



(1) '^Fué la antigua ciudad Caiira de los Wettones, en cuya co- 
* marca^vtvían las tribus de estod-Hamadas de lo^ Arragones, que 

han.-dejado su nombre en el río Arrago» Los romanos La llamaban 
Cauria y la e.inoblecieron con nnirtiilas y con pobladores latinos, 
de que hay memoria en las inscripciones. En tiempos de los visi- 

.. godos había ullí obispado, que aúu subsistía en tiempos de los emi- 
ras Omevas. l!^n tiempos de Abderrahunán I se refugió allí Abula- 

' i -miad, hi}o de l'usuf ei Firhí, hasta que la persecución de las tropas 
reales le obligó á refugiarse en los montes cercanos, que sin duda 
son los de las Jurdes. La gente mahometana que desde el tiempo 
« dela'Coaqaist.i de Kspaila ocupaba esta comarca, eran tribus ber- 
berisca». En ei año 8U(J, D. Ordoño i entró por fuerza en Coria y 
Sfilamanca, venció al wali de la frontera Zeid, hijo de Casim y 

• .ciapturóal eai4 salmantino Moz«ror y su esposa, haciéndoles mu- 
chos muertos y prisioneros: «Multas et alias civitates iam saepe 
»dictus Ordonius rex proeliando cepit, id est, civitatem Caurien- 

' » ^sem ouim-rege suo nomine Zeth, aliam quoque consimilem ejus 
»civitatem Saiamancam cum rege suo nomine Mozeror et uxore 
»8ua cepit; beliatores corum onmes interfocit, reliquum vero vul- 

- r ^gus extra oxoribus et fíliis sub corona vendidit.» Sebastián Salma* 
tiemse, Chrou., nám. 20. 

(2) Consta por el abad Samsón (en su Ajmlogeticus, lib. II, 
" ' praefatié,nÍLm* VIII), quien, hablando de los obispos que no asis- 

* tieron al concilio celebrado aquel año en Córdoba, y después por 
éartas aprobaron su doctrina, dice: «Fuera autem episcopi qui 
»epistohs me cenauerant sais absolví, hi: Ariulfus, videlicet, qui 
^concilio u<m adfuerat, Emeriten^is sedis metropoUtapua episco* 
jkUi| oto 



5í? HISTORIA DEI. REINO DE BADAJOZ 

que 80 celebro en Córdoba. Quien da la noticia de la su- 
blevación es el arzobispo toledano D. Rodrigo, más no 
dice quién fuera ol caudillo de los rebeldes. Se sabe, por 
un cronista árabe, que lo fué Aben Takit, de la tribu 
berberisca de Maznij^da. el cual se aprovechó de las cir- 
cunstancias en que el reino se encontraba, y de que Mé- 
rida tenía pocas defensas, y penetrando en la ciudad, 
expulsó de ella á los árabes y á los berberiscos de la tri- 
bu de Ketama, que residían allí. Acudieron tropas de 
Córdoba á sitiar á Mérida y ol caudillo Aben Merwán de 
Badajoz, que estaba entonces en buena paz con el sultán, 
acudió también con sus fuerzas á auxiliar á los sitiadores 
(1) Esta ccnducta de Aben Merwán, acudiendo al sitio 
de Mérida, su patria, en defensa del sultán y en contra 
de los sitiados, me la explico solo porque éstos eran ber- 
beriscos que se habían apoderado de la ciudad por fuer- 
za, lanzando de ella á sus principales moderadores, y 
quién sabe si á amigos y parientes del reyezuelo de Ba- 
dajoz. 

Sea de ello lo que quiera, las tropas reales apretaron 
el cerco de Mérida y cortaron el puente; y cuando los si- 
tiados comprendieron que no podrían sostenerse más 
tiempo por la falta de mantenimientos, se rindieron á los 
sitiadores y entregaron rehenes, que fueron conducidos á 
Córdoba. Esta vez el sultán Muhamad I, muy conveiici- 
do sin duda de que los emeritenses habrían de sublevar- 
se cuantas veces se descuidase la vigilancia, lo mismo 
que había ocurrido hasta entonces, y do que la excelen- 
te muralla romana de la ciudad y los torreones que la de- 
fendían eran un aliciente que alentaba á la insurrección 
y un obstáculo que impedía tomar la ciudad á viva fuer- 
za, mandó arrasar muralla y torreones, dejando en pió 



(1) Aben Jaldum, lug« cit. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTInEZ 59 

sobmetite la fortaleza principal, llamada hoy el Conven- 
tual, que había sido hecha ó por lo menos reparada por 
Aberrahmán lE. En esta fortaleza puso una guarnición 
do sus tropas, para que impidiese nuevos alzamien- 
tos (1.) 

Seguramente quo las obras romanas de Mórida debían 
estar ya muy ruinosas; pues además de los destrozos quo 
habían hecho en ellos los bárbaros en el siglo V, experi- 
mentaron también grandes quebrantos en el sitio que 
Muza puso á la ciudad, en las guerras civiles do los sirios 
con los beledís, en las sublevaciones do los príncipes 
Omeyas y en las de los cristianos y los muladís en tiem- 
pos di Abderrahman II. Lo poco que queda en pié os 
tetimonio de lo qu3 serían aquellos magníficos acuoduc- 
tos y aquellas soberbias construcciones alzadas allí por 
los eméritos romanos; y solamente los desastres de tan 
repetidos alzamientos y los continuos embates de máqui- 
nas sitiadoras pudieron debelar muro=?, pu-^nte, aouodno- 
tos, templos y fortalezas, luchos todos para "esafiar á 
los siglos y llamados á persistir tjdavía íntegros, si do 
propósito no los hubiese abatido el g3:iio d> lai revolu- 
ciones. Lo cierto es qu^ en esta época d-jstructora cayó la 
grandeza arquitectónica do Mérida, y se obscureció su 
grandeza social de tal modo, quo apenas va empezando 
á renacer en nuestro tiempo. 

La medida que tomó Muhamad I, de dism.intelar á 
Mérida, vino á redundar en provo?ho dol reyozu3lo de 
Badajoz; pues á su sombra fueron á cobijarso los mozára- 
bes y muladís emerit3ns3s qu3 antes estaban tan dispues- 
tos á sublevarse á toda hora contra el gobierno de Cór- 
doba, y entre los cuales había tantos amigos de la infan- 
cia del simpático Aben Meruán. Así logró aumentar el 

(1) Rodrigo de Toledo, UislQria Avahuvij cap. XXVIH. 



número de sus partidarios tan co:u;idcrabloiiioQte, quejo* 
que antes era tropa de aventureros Uegi á coi vertirse eu 
ejeTcito organizado; y lo que hasta entonces . habia sido , 
una aldea insignificante, se ensanchó sobremanera coa la 
afluencia de gentes, y se trasformó muy pronto en ciu- 
dad. Según dice el cronista árabe, *hábia edificado Aben 
^yferwán en Batalyos una fortaleza ^ y habia fijado en ella 
*su residencia, dando entrada á gentes de Mé¡ ida y otyas 
-» allegadizas de mal vivir (1).» Según razonn ble discur- 
so, esta fortaleza no pudo ser otra que el castillo que so 
haya á la parte septentrional y más alta de la población 
rodeado por el Guadiana y el Rivillas; y su construcción, 
debió ser un hecho de decisiva importancia en la tranjB- 
formación de la aldea en ciudad, pues que solo contando 
con defensas podiau los cristianos y muladis decidirse á 
formar fila en las banderas de un caudillo que tan deci- 
dido se mostraba á negar obediencia á los sultanes de 
Córdoba. 

En cuanto á los pobladores de la nueva ciudad de Ba- 
dajoz, ya vemos que el cronista les llama en lenguaje des- 
pectivo gentes de Mérida y otras allegadizas de vida 
airada, siguiendo en esto la corriente de los demás escri- 
tores árabes, que siempre que de cristianos y^ muladís se 
trata los califican de pleba valdia y aventu; )r^^. AqucUa 
plebe era, sin embargo, lo mejor de la población españo- 
la de entonces, pues era más culta que la o^v^ullosa ari:^- 
tocracia árabe y que la fanática y rapaz población bar- 
berisca; ora la qu3 cultivaba los campos, ejercía las in- 
dustrias y cultivaba las cÍ3ncias y las artos; de suerte 



(1) Abenadarí, lug. cit.— Lo coníirmó Abeaayan, se^úu otro- 
escritor: «Cuenta Abenaján que Abderrabmán hijo de Merwaii, . 
9Conocido por el Gallego, fué quien hizo nacer esta ciudad y fué 
>el primero que construyó en ella en la hegira 2G1, heredándola 
»5u nijo. » Aben Zaid, li6. 111, cap. H! 



MATf AS KAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ ^ 61 , 

quevlos recluta^o^^.por Aben.Merwan eraiij no sólo emeri-: , 
tenses paisanos suyos, entre quienes, se había declarado 
una general desbandada ciando Huhamad I desmanteló 
los fuertes de Mérida, sino otros muchos cristianos y 
mulaidís que de aventureros. pasai;on á soldados bajo la 
dirección del famoso cabecilla extremeñp. 

Como había tantgsi cristianos de Mér^da .y ^u comarca . . 
en las filas de este, el obispo emsritenss clebía m;a-nt3ner . 
conel íntimas relaciones, y quizás sería uno de lospriu; 
cipale^ elementos con que contase -^beíi.JIerwán para 
organizar su pequeño reino. Ello es que el emir de Cór- 
doba, en el año^ 868,, habia desarmadp y «enflaquecido ^ 
Mérida y extinguido en ella la sede arzobispal, resuelto 
á concluir de una vez con las frecuentes rebeliones f o- 
mentadap por los cristianos. Ben Merlán, discreto y sa- . 
gaz político, supo erigir inmediatamente en Badajoz un 
obispado mozárabe, y mostrarse cuidadoso de que no es- 
tuvieri^ huérfana por allí, la cristiana gjrey (1).» Si bien 
se mira, más bien que crear obispo, ' quizás lo que pasó 
fué que á la muerte de Axiulfo, contemporánea de la dis- 
persión de los cristianas emeritenses, no habría ya clero 
que eligiese el sucesor, porque todos habría emigrado 
(muchos á la corte leonesa y la mayor parte á Badajoz), 
y acaso los que se habían acojido á la. sombra de Aben 
Merwán harían la elección del que había de ocupar la se- 
de maltratada, y con este motivo el nuevo obispo y sus 
sucesores. continuaron en Badajoz la residencia. Do no 
ser así, lo que hubo fué que desde luego el Obispo de 
Mérida . trasladó su residencia á Badajoz, y los demás 



\i\ Feruandez-Guerra, Recuerdos de un viaje á Santiago de 
Galicia, p¿g- llt>. — No he podido hallar testimonio de esta supre- 
sióa.del Obispado deMérid!a, ni los Sres. Saayodra, Fita, j. Codera 
tampoco; por lo que suponemos que B. Anreliano lo afirmó como 
una consecuencia del rebajamiento de Mérida causado por Muhs^- 
mad L 



62 HISTORJA DEL REINO DR BADAJOZ 



obispos que le sucedieron contíiiitíiron allí, hasta que el 
Obispado so extinguió por inanición. Li cierto os que 
desde Arinlfo no vuelve á encontrarse noticia alga.i i do 
Obispos emeritenses* y en 932 vnremoí=< que había Ol)i>jpo 
en Badajo^; y esta serie de continuidad hace cu mí tanta 
füefza, que por ella entiendo que Badajoz heredó el 
Obispado de Méiida en tiempo de Aben ^[erwan, del 
mismo modo que heredó la gente cristiana que habitaba 
en la colonia emeritense, y veremos más adelante que 
heredó la capitalidad lusitana. En una palabra: en Ba- 
dajoz se refugió todo cuanto pudo salvarse en aquel 
naufragio de las grandezas sociales de Mérida. 

También abrigo un convencimiento profu:ido (basa- 
do en razon3S poderosas) de que la basílica catedral dj 
estos Obispos mo^árabos fu 3 la misma que h^y S3 titula 
de San Juan Bautista, esto es, ocupaba el mismo sitio, 
aunque fuese un templo más pequeño. En ef acto: en las 
casas en que vivió el canónigo Rodrigo Dosma en el si- 
glo XVí, se descubrió el epitafio sapulcral dal Obispo 
Daniel (1), que murió en el año l.(XX). Dichas casa^ eran 
las primeras que hay enfrente de dicha catedral, entre 
las calles de San Blas y Moraleja, y se ve qu3 fueron el 
emplazamiento del enterramiertto de un Obispo. Si te- 
nemos en cuenta la disciplina da la Iglesia visigótica, 
que autorizaba el sapelio de los Obispos y magnates en 
las basílicas y el do los demás fíales en cementerios ad- 
heridos á las mismas, me pareca decisivo e-jte detalla 
para afirmar que á la entrada de la calle da S.in Blas ha- 
bía una basílica cristiana, y para añadir que esta debió 
ser la catedral, puesto que allí se enterraban obispos; 
dado que la Iglesia hispano-mozárabo siguió rigiéndose 
por la misma disciplina de la visigót'ca, según compruo- 



(1) Vid. Apéndice I, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ (^ 

ba el Códic? canónico dol año 1050, (ju:^ posoe la Biblio- 
teca Xacíoaal. A miyjr abundamiento, la actual Cate- 
dral .S3 con^^fcruyó en esta sitio, ensichinl^ la antigua 
basílica inozárjibr», que aún existía en tiempDí da D, Al- 
fonso X, ó por lo manos e^cistían los vestigios de ella, 
designados por la tradición oral comD antigua iglesia; 
según dice Rodrigo Dosma, que evoca también el recuer- 
do de que antes da su tiempo sa habían dascubiert^ una 
vez los (íimlentos dal antigao templo, y solo llegaban 
desde ol pulpito hasta el trascoro. 




CAPITULO IV 

Aben Merwán y los Emires 
de. Córdoba. 




^EBCA de veinte años llevaba Aben Merwán 
de vida independiente, desde qu3 por la ca- 
pitulación de Alanje se le dejó vivir en B.i- 
dajoz, y en ese tiempo había logrado for- 
marse un reino en el que se iban reuniendo 
españoles que no estaban dispuestos á obr^decer al Estudo 
árabe. Claro os qua esta empresa, por mucha constan- 
cia que se reconozca en el simpático cabecilla, no hubiera 
podido realizarse en otros tiempos de normalidad y go- 
bierno, porque el Estado hubiera podido reprimir la in- 
surrección y aplastar al insurrecto. Pero el Estado iba 
en progresión creciente hacia la anarquía. Las comarcas 
de Toledo, Aragón, Granada y Málaga, estaban también 
independientes del Gobierno de Córdoba, y acaudilladas 
por insurrectos españoles tan decididos como el de Bad^- 



1 



6Í) HISTORIA DEL UeINO DE BADAJOZ 



joz. Entre el Tajo y ol Guadiana, por las comarcas de 
Cáceres (1), Tnijillo (2), Medellín (3), Talayera y la 
Mancha, las inquietas tribus berberiscas se gobernaban 
por sí solas, del mismo modo que lioy las kabilas africa- 
nas se las arreglan sin contí^r con el sultán do Marrue- 
cos para ventilar sus mutuas contiendas, y no respetan 
la au oridad del Estado mientras éste no envía un ejérci- 
to á cobrarles los tributos. Así, pues, la comarca extre- 
meña estsba entregada á sí misma, y sólo se reconocía la 
autoridad de Muhamad I. en Mérida, ¡Dorque en ella había 
una guarnición de tropas para mantener allí la capital 
de Lusitania ó el Algarbe, que con ambos nombres de- 
signan á la extensa prov^incia los cronistas de enton- 
ces. 



(\) Cácere-j fué la antigua colonia Xor^}n Caesarina ó Capna- 
rea, que tomó el nombre porque la poblaron latinos de la italiana 
Korha^ por ello en las muchas inscripciones halladas en Cáceres 
y sus cercanías, abundan los sujetos que tenían el apellido No?^- 
banus. El sobrenombre Caesarina lo tomó la colonia en honor de 
Augusto. En tiempo de los godos habitaba allí valerosa gentecris- 
tiana, que en unión de Eméritd se alzó contra Liuvia:ildo y á fa- 
vor de Ermenegildo: pero el primero la venció, y, habiéndose alza 
do de nuevo, en tanto que sometía á Mérida, volvió el rey atrás y 
pasó á cuchillo á losNorbenses de Caesarad. Esta se sometió á Mu- 
za, hijo de Noseir, cuando capituló Mérida; y en el reparto de po- 
bladores correspondió á gente berberisca. Tomó el nombre de Cá- 
ceres, por sus fortalezas. 

(2) Trujillo. según el texto del Ravennate y según las inscrip- 
ciones, se llamó en la antigüedad Tiu^gallum ó TurcaUnm, y fué 
población importante, que ha dado de sí hasta ahora muchos re- 
cuerdos romanos, y ninguno de la época visigótica. Se estableció 
en su comarca la tribu berberisca de Nafza, gente inquieta que era 
muy aficionada á la rapiña, y muy fanática como sus congéneres 
los rifeñosdc Marruecos. 

rS) La colonia Mcfellinum fué fuudada por Mételo, cuando 
vino á España á guerrear con Sertorio, y se engrandeció en tiem- 
pos del Imperio romano. También hay r stos de monumentos cris- 
tianos. con temporáneDS de ladominacióne visigótica. Como toda la 
Lusitania extremeña, cupo en el reparto á los berberiscos,, de 
suerte que en los tiempos que se refieren en el texto, tenía tan ma- 
la gente como Trujillo. 



MATÍA.S RAMÓN MARTÍNEZ f MARTÍNEZ &7 



Los ¿i5Sunfcos de Abon Merwán habían llegado á alar- 
mar a la corte cordobesa, donde el Xachím, enemigo 
personal del guerrillero, debía insfcar vivamente al sul- 
tán para que permitiese enviar tropas contra él. Salió á 
combatirle un ejército, á las órdenes del mismo Xachím 
y del príncipe Almondir; pero Aben Merwán, que debía 
tener en Córdoba buenos amigos que le avisasen á tiem- 
po, supo oportunamente el nublado que venía sobre él, 
y no creyó oportuno dejarse cercar en Badajoz. Mandó 
á Sadum con premura á pedir auxilio á su aliado D. Al- 
fonso III, y en tanto él, al frente de tropas, salió 
al encuentro de Xachím, 3^ acampó en Carquer ó Caraquer 
í 1). Xachím acampó cerca de este punto, y mandó á uno 
de sus tenientes que ocupase el castillo de Mont-salud 
(2), que hoy se ve arruinado, en lo más alto de la sierra 
de este nombre. Puestos se hallaban frente á frente los 
dos rivales, cuando se presentó Sadúm con un cuerpo 
de tropas de D. Alfonso III, no sin antes ocultar el ma- 
yor número de ellas en una celada. El ardid produjo el 
resultado que el astuto Sadiim se proponía; pues los que 
ocupaban el castillo de Mont-salud creyeron, é hicieron 
creer á Xachím, que el ejército leonés era muy pequeño 



(1) Pelayo de Oviedo escribe Caraquei; el Ajbar Machuma, 
(^arquer; Abenadari, Caraquer. Sea cualquiera la forma genuina, 
en todas persisten las radicales Creer ( ). y no puede ser Cera- 
cuel, como opina Dozy, pues tenía que estar cerca de Monsalud, 
en la parte meridional, como observa con mucho acierto mi docto 
amigo D. Eduardo Saavedra. Quizás Carqwr haya dejado vesti- 
gios de su nombre en el río Al-carrarhr , y sería alg^n poblado 
cercano á Barcarrota; ó quizás era El Abn^ndral^ que era ya lu- 
gar poblado en tiempo de los visigodos, pues hay inscripción de 
entonces. 

[2) Mont-salitd escribe Abenadari, y no puede dudarse que se 
refiere á la hoy llamada Sierra de Monsalud, propiedad de mi com- 
pañero y amigo el Marqués que ostenta el título de e^te nombre. 
Era un castillo antiguo, análogo á las citanías de Portugal, por lo 
que hay que presumir fué anterior á los romanos, que le dieron el 
nombre. 



B8 TIISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



y sería cosa fácil coparle. Salió, pues, Xachím en per- 
secución de Sadúm con escasas fuerzas; fingió éste una 
huida, hasta conseguir internarlo en lo más intrincado 
do la sierra; le acechó en un desfiladero, y cayó sobre él 
(íon las numerosas fuerzas que estaban ocultas detrás de 
las rocas y sinuosidades del terreno. Los soldados de Xa- 
chím, que no podían desenvolverse en aquella angostu- 
ra, sufrieron lyia tremenda derrota, en la que murieron 
muchos, y, entre ellos, cincuenta de los jefes. El indica- 
do Xachím cayó prisionero, y cubierto de heridas fué 
llevado al campamento de aquel Aben Merwán á quién 
tanto había ofendido; pero el generoso muladí tenía san- 
gre española, s'n mezcla de árabe ni berberisca, y tan va- 
leroso para vencer, como noble para perdonar, le guar- 
dó al vencido ministro las condiciones debidas á su ran- 
go, y le hizo conducir prisionero á la corte del Rey de 
León (1). Tuvo lugar la batalla de Mont-salud en la he- 
gira 262 (2). 

«A consecuencia de esto, el nombre de Aben Merwán 
»se hizo tan famoso, que vino á ser el jefe de los muladís 
»del Occidente, y se le adhirió el Sorombequí. Después 
»que el ejército del Sultán se hubo alejado, salió el con 
»gran hueste; llegó á la provincia de Sevilla, atravesó 
»su comarca, y se apoderó del castillo de Talyata (8), 
»con toda su guarnición; avanzó á la provincia de Nie- 
»bla y entró en la de Osonoba (4), donde se hizo dueño 
»del monte llamado Monchique y de los demás del Al- 

(1) Aben Alcotía, págs. 8G 4 89.— Abenadari, tomo II, páginas 
102-105. — «Consnle Spaniae et Mahomat regis consiliarius Abu- 
«halit bello in fines Gallaeciaen capitur regique nostro in «Ove- 
to pe^ducitu^.^ Chron, AlbtWense, núm. 62. 

l2) Del n de Octubre del 875 al 23 de Septiembre del 870. 

i.-^) Despoblado ó ruinas de Tejada^ en el lindero éntrelas 
provincias de Sevilla v Huelva, donde estuvo la mansión Tucci del 
Itinerario de Antonino. 

\\) ÜHOjiohOj cerca de Santa Maria de Faro. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ fií) 

agarbe, desvastándolos. Y cuando se apuró el aguante 
»del emir Muhamad, envió á Aben Merwán un confiden- 
»te que le dijo: «Mira, ni tú ni nos podemos más; dinos 
»lo que deseas.* Y él contristó: «Mi deseo es que se me 
^conceda el B:x:r:n:l para edificar allí, formar una ciu- 
»dad y poblarla, y establecer en ella el culto, sin que 
»me impongan tributos, ni órdenes ni limitaciones.» El 
»B:x:r:n:l estaba frente á Batalyos. quedando el rio en- 
»tre ambos (1 1. Y se le autorizó para edificar á Batalyos, 
*á la parte de acá del rio, para que fuese defensa del Is- 
»lam, conforme á lo pactado, y así se hizo (2).» 

Tan grande era el disgusto que causó á Muhamad I el 
desastre de Xachím en Monsalud, que por humillantes 
que fueran las condiciones impuestas por Aben Morwáii, 
había tenido que transigir con cuanto éste le exigiera; 
que era lo mismo que reconocerle como soberano inde- 
pendiente^ dado que se le autorizó para poblar á Bada- 
joz y campar por sus respetos, sin pedirle tributos ni 
mandarle nada. El prestigio que esto daba á Aben Mer- 
wán debió atraer nuevas gentes á la ciudad extremeña, 
que entonces se ensancharía más, y sería mejorada con 
edificios y defendida por murallas y baluartes. 

Si enojado estaba el Emir con la mala pasada, aún le 
apenaba más la obligación que tenía de rescatar á sn ha- 
gib prisionero, pues no podia decorosamente eximirse 
de hacerlo, á pesar de que Don Alfonso 111 pedia nada 
menos que cien mil ducados por el rescate de Xachím. Pe- 
dir á aquel Sultán avaro tamaño desembolso, era poner 



(1) Las señas mismas queda el cronista demuestran que este 
lugar era lo que hoy Santa Engracia y cerro de San Cristóbal, sin 
que pueda precisar la forma genuina de ese nombre B:x:r:n:l, que 
parece decir De.jaranal, Parece que en el siglo XIl'I se llamaba ce- 
rro de Oriruiza al de San Cristóbal, y acaso este nombre fuese de- 
generación del antes apuntado. 

(2) Aben Alcotia, pág. 89. 



1 



70 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



á prueba su dignidad de príncipe; de suerte que, no re- 
solviéndose á hacer el sacrificio de sus monedas, acumu- 
laba inculpaciones contra Xachím, atribuyendo su derro- 
ta á atolondramiento y falta de precaución por su parte. 
Ninguno de los wazires, que escuchaban al Sultán estos 
cargos, hizo la menor objección contra ellos, más que 
Walid, hijo de Abderrahmán, hijo de Ganim, que á pesar 
de estar desavenido con Xachím, se atrevió á decir: 
«Dios dé la paz al Emir: no ha estado en mano de Xa- 
»chímla elección del caso, ni el librarse del decreto de 
»Dios; antes bien obró de buena fé, trabajó con ahinco y 
» combatió hasta donde alcanzaron sus fuerzas. Dios le 
«entregó á los enemigos por el abandono de los que le 
«acompañaban; mas él merece elogios y i'ecompen- 
sas (1).» Aunque llegó el Emir á desechar las prcvencio' 
lies que tenia contra el prisionero, al cabo de dos años 
sólo se atrevió á pagar la mitad del rescate. Xachím pro- 
metió á Don Alfonso III pagar la otra mitad más ade- 
lante, y pudo conseguir volver á Córdoba, dejando en 
rehenes á sus dos hermanos, un hijo y un sobrino (2). 

Ansioso de tomar (venganza contra Aben Merwán, llegó 
Xachím á la corte en el año 878. Importunó al Sultán 
para persuadirle deque ya no sería empresa ardua el 
vencor y cautivar h1 guerrillero de Badajoz; porque, si 
antes no tenía asiento fijo y sabía ocultarse con su caba- 
llería cuando tenía que eludir el encuentro con las tro- 
pas puestas on su persecución, ahora, que estaba metido 
en una ciudad. ])odía ponérsele un apretado sitio hasta 
obligarle á rendirse. Consigui() al cabo que el Emir se 
dejase convoiiccr. y le :iutorizas? j)ara mover elejérci- 



(1) Ajbar Machuina, pag. 126. 

^2.) «Qui (linn se postea rodemit, dúos fratres suos,fílLuni atqiie 
»sobriniun obsides dedit, quousque centiim millia auri solidosj re- 
gí persolvit.» Chron. Albeldense, núm. 62, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTIKBK 71 

to. Pero Aben Merwán no S3 dormía sobre sus liiareles, 
y observaba atento los p'asos que se daban contra él; pues 
por su buena amistad con Don Alfonso III, estaría bien 
informado del rescate de Xacliím, y acaso en la corte no 
le faltarían espías que le pusieran en autos da cuanto pu- 
diera interesarle. Lo cierto es que, apañas había salido 
Xachímcon sus tropas en dirección al Oaste, recibió el 
• Emir un mensaje muy categórií^o y apremiante de Aben 
Merwán: «HesabidoqueXacliín camina hacia el Algarbe, 
» ybién comprendoqueha creído poderencorrarme en una 
*ciudad para tenor en su mano el vengarse do mí; psro 
»os juro que si él pasa más acá de Niebla, pon Iré fuego 
»á Badajoz, y volveré á emprender la vida qu3 ha tañido 
i> otras veces.» Tal fué el temor del Emir anta esta misi- 
va, que inmediatamente mandó mensajeros que fuesen á 
buscar al ministro, con orden terminante de volverse á 
Córdoba con toda la tropa, pues el Emir desistia de lu- 
char contra Aben Merwán (1). 

De tal manera se iban aflojándolos resortes de gobier- 
no, que hasta la cercanías de Córdoba llegaban las par- 
tidas de sarranos, que hacía el año 880 se agruparon en 
torno del famoso guarrillero Ornar, hijo do Hafsiim y 
formaron un reino indepíudíenba en l-:i sarranía do Má- 
laga. A la sombra de tanto desorden, el rey Don Alfonso 
III hÍ20 en 881 una expedición atrevida en la que cruzó 
el Tajo por Alconetar, saqueó y depredó los castillos de 
la tribu berberisca de Nafza, que habitaba la comarca 
comprendida entre Trujillo, Logrosán [2) y Medellín, pa- 
só el (hiadiana y llegó hasta la sierra Mariánica, llován- 



(1) Abenadarí, tomo II, págs. lOVlOH. — Abenhayan, pág. 11. 

«.2) /yO(y?*f>.9/^?i 68 nombre que sin duda procede de tiempos an- 
teriores á los mahometanos. El rio Hiifcas debe ser derivado de 
los ItiicconrSy gente primitiva que habitó on aquella comarca, y 
fué sometida por Liuvigildo, 



72 HISTORIA DEL REIKO t>E BADAJOS 



(lulo todo á sangre y fuego (1). Al morir Muhamad'I, en 
el año 886, casi todo el pais estaba en comi^leta .insu- 
rrección contra el gobierno. 

Su sucesor Almondir empleó los dos años que duró su 
reinado en luchar infructuosamente contra Ornar, hijo de 
Hafsúm. Sucedióle su hermano Abdalá, que pidió la paz 
á Aben Hafsúm, y no pudo evitar que se sublevasen las 
coras de Sevilla y Niebla, siendo el ejemplo de las demás. 
Vivía en el Aljarafe la tribu árabe de Hadramut, acau- 
dillada por Corab, de la familia de los Beni Jaldiim, 
(juien procuró por todos los medios conseguir que otras 
familias yemenitas de Sevilla, Niebla y Sidonia se unie- 
sen á él contra el gobierno. Propúsose demostrar la ín 
defensión en que estaba Sevilla, para que los árabes, al 
ver que el Sultán no acudía á socorrerlos, no tuviesen 
otro remedio que unírsele. Al efecto, con gran sigilo avi- 
só á los berberiscos de las comarcas de Mórida y Medc- 
llín, haciéndoles saber que la cora sevillana estaba inde- 
fensa, por lo cual les sería fácil acometer á los poblados 
y hacer una razia provechosa. Los berberiscos, á quienes 
siempre agradaron estas ocasiones de entrar á saco en 
campo ajeno, acudieron codiciosos de buena presa, asal- 
taron y saqu'jaron á Talyata, pasaron á cu'jhillo á los 
hombres y llevaron prisioneros á mujeres y niños. 

Acudió con tropas el gobernador de Sevilla y acampó 
á tres millas de Talyata, en una montaña llamada de los 



(1) «Postea rex iioster, sarraceuis inferens belliim, exercitiini 
»movit ot Spai)i«aiu iiitravit sub era DCCCC XIX. Sicque per pro- 
»vmtiani Lusitanirt', castra de Nepza pr»idando pergeña, ikm 
•Taciim fluminoin transito ad Emeritac fin^s est progressiití: 
>et décimo milli-íii -> .-ni Einorifcam pergo-is, Anam fliiviiiin trans- 
»cendit,etad Oxiferium montem pervenit. Sed et hoc quidem glo- 
i>rio80 ex inimicia triunfavit eventu: naní ín eodem monte XV 
»i millia) capita ampliús noscuntur esse interfecta. Sicque inda 
:- princeps noster (-uní victoria sedem revertitur re^am.» Chron, 
Albeldeuao, núm. 01. 



MATIAH RMÓK MARTÍNEZ! T MARTÍNEZ 7H 



Olivos; y cuando trabó batalla con los berberiscos, Co- 
reb, que iba en las filas del gobernador y estaba do acuer- 
do con los eneinigos, emprendió la fuga, llevando tras sí 
á casi todo el ejército, por lo que elgobarnador tuvo que 
hacerse fuerte con el resto en Huevar, á cinco leguas de 
Sevilla. Los berberiscos volvieron á ocupar á Talyata, 
desde donde saquearon y depredaron los pueblos de toda 
aquella rica campiña, hasta que, cargados ya con tanto 
botín, resolvieron volverse á su patria. Cuando supo to- 
do esto Aben Merwán^ conoció que no le sería difícil ha- 
cer otra razia como sus vecinos, y la puso por la obra. 
Llegó hasta á tres parasangas de Sevilla, saqueando to- 
dos los lugares de su camino, sin que nadie le saliera al 
encuentro; hasta que la mucha carga de botin lo obligó á 
regresar á Badajoz (1). He puesto al detalle este cuadro 
de la vida social en aquellos tiempos, para que los siste- 
máticos apologistas de la cultura hispano musulmana 
vean que no había diferencia entre aquellas tribus ig- 
norantes y ladronas y las que hoy hacen la misma vida 
en Marruecos; pues no cabe en buen discurso creer que 
el mahometismo había de producir una civilización es- 
plendorosa, cuando so vé que hoy sólo cubre con su man- 
to á naciones decrepitas. 

La anarquía era, pues, la nota dominante en el reina- 
do de Abdalá,.que sólo dentro de las calles de Córdoba 
se consideraba Sultán. Los árabes habían alzado la cabe- 
za como en otros tiompos, y eran muchos los cabecillas 
que se habían declarado independientes, como Coreb, 
al frente de los Hadramitas del Aljarafe; Abdalá Beni- 
Hadja, con los Lakmitas de la campiña de Niebla; Abo- 
nataf , en la comarca de Mentesa; Abensalim, en Mjdi- 
nasidonia; Abenwadad, en Lorca; Alancar, en Zaragoza. 



(1) Abeuayán, p. IDO y sigs. 



74 HISTORIA DBl^ REINO DB BADAJOZ 



Los berberiscos también formaban agrupaciones in- 
dependientes, como la de Tamacheca, de los Bornos do 
Carmena; Muza Aben Dunzun y sus hijos, en Hiíeto, 
Uclés, Cuenca y cercanías de Toledo; Mallahí, en Jaén; 
Kalily Said, en Elvira; los Beni-Feranic, al frente de la 
tribu de Nafza, en la comarca de Trujiilo (1). Aben Ta- 
kit, de la tribu de Mazmuda, el que en tiempos de Mahu- 
mad I había entrado en Mórida peleando con los berbe- 
riscos de la tribu de Ketama, era señor de la coma'"ca 
emeritense, y sostenía continuas peleas con Aben Mer- 
wan, á quien no perdonaba el haber auxiliado al Sultán 
en el sitio de Marida y haber contribuido á que le echa- 
sen de esta ciudad {2), 

Los más decididos eran los cabecillas mozárabes y mu- 
ladís, entre los cuales merecen citarse: Omar, hijo do 
Hafsum, en toda la serranía andaluza; Aben Mastana, en 
Priego; Khair,hijo Chakir.enJodar; Said, hijo de Hadail, 
en Monteleón; Aben-Chalia, en Cazlona; Aben Hábil, en 
San Esteban y Margarita; el conde Servando, en Poley; 
Bekír, biznieto del cristiano Zadulfo, en Osonoba, San- 
ta María y Silves; Abdelmelik, hijo de Abildjawad, en 
Beja y Mértola; Aben Merwan, en Badajoz (3). En Tole- 
do eran los cristianos solos los que mantenían la rebelión. 

Aben Merwán procuraba por todos los medios en- 
grandecer su ciudad y rodearse de todos los elementos 
que pudieran aumentar su prestigio. Preciábase de la 
amistad con todos los hombres de mérito, y procuraba 
atraerlos á su lado. Florecía por aquel tiempo el erudito 
Alhasam.hijo de Sargibil, que era natural de Badajoz (-4), 



(1) Abenayáu, pags. 18, íííJ. 

(2) Abenjaldún, pá^. 10. ' 
víf) Abena^^án, p. 2B, 38, 70, 77. 

(4) Conde. Hist. de la dom. de loa árabe-j, tomo I, parto II, 
c. LXV, 



MATÍAS BAMÓN MARTÍNKK Y MARTINES 75 

y parece murió en el año 906. También florecía el juris- 
consulto Jusuf , hijo de Sofyán, del que un biografista es-^ 
cribe lo siguiente: «Jusuf, hijo de Sofyán el de Coraix, 

• natural de Badajoz, llamado por alcurnia Abu Ornar; en 
» Córdoba fué discípulo de Alolbí, de Abusalih, y contom- 
»poráneo de ambos, y en Badajoz lo fué de Mondir, hijo 
»de Hazán. Era jurisconsulto bueno y excelente. Contó- 

»me mi maestro (1) , . que Jusuf hijo de Sofyan era 

^jurisconsulto excelente por quién tenía simpatías Aben 
•Merwán, señor de Badajoz; pero habiéndose presenta- 
ndo ante éste una denuncia en la que se le decía: ^cier- 
•tamente, el habla mal de tí, y va á acojneterte* , pensó en 
•matarle, y lo deseó; pero en estedia ca^yeron siete ra- 
iyos en la ciudad de Badajoz, y habiendo caido uno de 

• ellos en un ángulo de la estancia en que estaba Aben 

• Merwán, se asustó mucho y creyó que era un aviso por 
»lo que había pensado hacer con el santo varón y se ab- 
stuvo de ello, restableciendo el honor que le profesaba. 
Murjió Jusufjhijo de Sofyán en el año trescientos uno (2), 
Dios le haya perdonado (Jl).» 

No he podido averiguar en qué año falleció Aben Mer- 
wán. y presumo que debió ser antes que el Sultán Abda- 
lá, «jue falleció el lo de Octubre del 912; por lo cual qui- 
zás el reyezuelo de Badajoz no alcanzó á conocer la ex- 
pedición desastrosa de los berberiscos al reino de León, 
capitaneados por el pseudo- profeta Ahmed, íiijo de Mo- 
hawia, en la que quedaron destrozados por los cristianos; 



ll) Aqní ingiere el biógrafo toda la serie de personas por do 
la noticia vino á parar hasta él, desde los tiempos de Aben Mer- 
wán: «Contóme mi maestro Mohamed hijo de Ahmed, (el cual de- 
»cía), contóme Ahmed hijo de Jusuf el encargado de la oración 
(el cual decía:) contóme Mondi, hijo de Mohamir el encargado de 
la oración, nue Jusuf hijo deSofián etc.» 

(2) I>el 7 de Agosto del 913 al 27 de Julio del 914. 

(ii) Aben Alfaradhí, tomo II, pág. 65, biografía 1615, 



n 



7B HISTORIA DKL RBINO DR BADAJOZ 



como tampoco conocería la expedicicHi que en ol ano 911 
hizo Don Oarcía, hijo de Don Alfonso III, por la comar- 
ca de Tala vera, estragando y pillando las moradas berb(í- 
riscas. Se sabe que á la muerte de Aben Merwáu, le su- 
cedió en el señorío de Badajoz un hijo suyo í Ij, cuyo 
nombre no revelan los cronistas. 




(1) Aben Zaid, lib. III, cap. II. 






miJAKi^ 








CAPÍTULO V 



El Califato y los Obispos de Badajoz. 




rcEDió á Abdala su uioto Abdorrahmáii ITT, 
cuyas altas dotes hicieron concebir esperan- 
Izas muy lisonjeras de que lograría restable- 
rt^ 1^ ^ cer el orden y la tranquilidad en el Estado; 
"^ y no fueron engañosas tales aspiraciones, 
pues muy pronto arrostró la situación con energía, de- 
mostrando que era el hombre necesario en aquellas cir- 
cunstancias. Desde luego comenzó por llevar la guerra 
contra los insurrectos andaluces, á los que fué poco á 
poco sometiendo con entereza y decisión, sin ocuparse 
todavía en hacer frente á los reye.^ cristianos, porque si 
bien hacían correrías en territorio musulmán, solían li- 
mitarlas á las comarcas habitadas por los berberiscos, 
que aún se hallaban insurrectos. 

En el año 914 hizo Don Ordoño II de León una cam- 



78 HISTORIA DEL IIEINO Í)E feADAJOZ 

paña por la comarca emeritsnse (1), llevando á sangre y 
fuego cuantos poblados encontraba á su paso. Ocup(> á 
viva fuerza el castillo de Alanje, pasó á cuchillo á sus 
defensores, redujo á esclavitud á muj eres y niños y pi- 
lló multitud de riquezas. Pasó luego á Badajoz, al pare- 
cer en son de paz, pues el reyezuelo do esta ciudad de- 
bía ser aliado suyo, como antes lo fuera de D. Alfonso 
III, su padre Aben Merwán. El wali de Mérida se llenó 
de espanto ante aquella razia desoladora del monarca 
leonés, y debió abrigar temor de que éste atacase á Mé- 
rida ó algunos otros pueblos de la comarca; pues lo cier- 
to es que el citado gobernador y los vecinos más princi- 
pales de Mérida se presentaron en Badajoz, ofrecieron a 
Ordoño innumerables regalos y le pidieron la paz. Otor- 
góla el rey cristiano, aceptó los ricos presentes y volvió- 
se a su reino cargado del opulento botín recogido. 

Abderrahmán III, aunque muy. ocupado en ven- 
cer á los insurrectos andaluces, no quería tolerar que 
se repitiesen las demasías de los reyes cristianos, y pro- 
curó enviar á sus fronteras ejércitos que hiciesen corre- 
rías. También intervino en los asuntos de África, para 
contener el empuje del imperio de los P^atimitas, que 
constituía un peligro para el reino de España, y logró 
adquirir para éste una part3 del territorio. Diez y siete 



(1) «Igitur anno regni sui qiiarto siib expugnation'e maurorum 
•quiescere non siistinens, peractis compendiis, ultra Eraeríten 
•sera urbem hostiliter proficiscitur. Sed et castraraentatus, quiim 
»totamprovinciam horrífero ímpetu vastaret, Castrura Colubrí, 
»quod nunc á cháldeis Alhanze nominatur, invasit. Interfectisque 
»qu08 ínibi invenit barbaris, omnes eorum mulieres et párvulos 
»cum inmenso aurí et argenti, sericorumque ornaraentorum pon- 
»dere in patriam rapuit. Cui omnes Emeritenses cum re^e eorum 
• Badalioz civitate obviam exeuntes, curvi, pronique pacem obni- 
»xiu8 postulando, ei innumerabilia muñera obtulerunt. Ipse vero 
•victor, et praeda onustus in Campeatrem Grothorum provinciam 
•revertitur.» Chron, Silense, núm. 44— Rodr. Xiraenez, líist ara- 
ftww, lib. IV, cap. XXI, 



MatIaS ramón MARTÍNEZ Y MARTInEZ 79 

años luchando sin cesar contra enemigos interiores y ex- 
teriores, acabaron con la anarquía antes tan pujante, y 
sólo las comarcas de Algarbe, Badajoz y Toledo queda 
ban sin someter. Entonces llegó el reino de Córdoba á 
sor el más poderoso de los mahometangs, porque el Ca- 
lifato de Oriente había llegado también á la anarquía y 
estaba dividido en muchos reinos. Abderrahmán, deseo- 
so de dar engrandecimiento á la dignidad real, y creyen- 
do muy modestos los títulos dé emir y sultán que hasta 
entonces se habían dado él y sus antecesores, se dio el 
de califa^ que era el apelativo reservado á los soberanos 
de Ba^^dad, como señores de las ciudades santas de Me- 
ca y Medina. Entendió que nadie mejor que él podia os- 
tentar aquel título, que consideraba necesario para im- 
poner respeto á sus siibditos, y ordenó por un decreto 
que desde el viernes 16 de Enero de 929, se le nombrase 
en todos los actos oficiales con las apelaciones de califa^ 
defensor de la ley de Dios {an-nasir lidín^-AllaJí) y Prín- 
cipe de los fieles (amir-al-muminim.) 

Para cohoiíostar este decreto con el poderío de su 
reino, era preciso acabar con los insurrectos que aiin 
quedaban en armas; y en aquel mismo año dirigió las 
suyas contra los berberiscos de la comarca de Mérida, 
que se rindieron á la presencia de las tropas reales, sin 
la menor resistencia. Sitiaron después á Badajoz, donde 
el hijo de Aben Merwán se atrevió á resistir con valen- 
tía, por lo que un cuerpo de tropas quedó enfrente de la 
plaza, y el resto marchó hacia Occidente y ocupó sin lu- 
cha la ciudad de Santarem. L?. campaña del 930 no fué 
menos decisiva, pues la ciudad de Be ja, después do de- 
fenderse durante quince días, tuvo que rendirse. Calaf, 
hijo de Bekir, reyezuelo de Osonoba, era muy amado de 
sus subditos, por lo que el Califa dispuso que se le tra- 
tase con grandes consideraciones, á fin de que los de Al- 



80 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

garbe no sostuviesen contra su ejército una lucha des- 
esperada; y en su consecuencia, se le dejó continuar en 
el gobierno de aquella comarca, obligándose Calaf á pa- 
gar el tributo anual y á nó admitir en su país a ningiín 
insurrecto que fuese á buscar asilo (1). Un. año hacía que 
Badajoz estaba sitiada; pero el sucesor de Aben Merwán, 
que heredó de su padre el valor, puesto que fué el único 
que se atrevió á resistir tanto tiempo encerrado en su 
ciudad, tuvo al fin que rendirse al vencedor (2). La úni- 
ca insurrección que quedaba era la de Toledo, y en aquel 
mismo año tuvo que entregarse por hambre (3). 

Aunque Badajoz fué sometida en el 930, el obispado 
erigido allí en tiempos de Aben Merwán, continuó sub- 
•sistiendo después, toda vez que en el año 932 (era 970) 
en un privilegio que D. Ramiro II otorgó á la iglesia de 
Santiago de Compostela, figura entre los suscriptores 
uno que firma: Julius, Epucop. de Badaliau(;u. Se ve fá- 
cilmente que este nombre es una de las formas diversas 
con que en aquella época escribían corruptamente la pa- 
labra Badajoz í4). Y ocurre desde luego preguntar: ¿qué 



(1) Arib, tomo II, págs. 211-215. 

(2) Arib, II, 215-217. 
ÍB) Arib, II, 217-224. 

(4) El P. Henriqíie Florez lejó así el nombre, y duda sin em - 
bare^o que pueda ser auténtico; pero no hubiese abrigado tal ?»os - 
peona si hubiera conocido todas las formas aon queaparefce en los 
documentos de la Edad Media, según se ve por esta li.sta: 

BatalyoSj le llaman los cronistas árabes y el geógrafo Edrísi. 

BatUos, algunos MS. de la Bibl. Escurialense. 

Batalyatis, Almakary algunas veces . 

BadaiioZj la Crónica Silense, la de Alfonso VII y la Lusitana. 

Badaliothj el Cronicón Compostelano. 

Badalocio, los Anales Complutenses y Rodrigo de Toledo . 

VadalozuTriy la crónica de Lucas de Tuy. 

Vadalocio, un privilegio de la iglesia de Astorga, 

Balladozo, los Anales toledanos segundos. 

Vadalloz, un privilegio de D. Alfonso X á la ciudad. 

Badalioíis, las Cantigas del Rey Sabio, 

Badajos, el poema de Alfonso Xl, 






MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 



81 



hacía el obispo Julio fuera de su diócesis en aqriel t^ño? 
-Lo más probable es que estuviese emigrado, por temor 
á la persecución del Califa; pues se sabe que dos años an- 
tes se había rendido Badajoz, después de una larga re- 
sistencia, y es de presumir que los sitiados no fuesen 
tratados con aquella generosidad que tenía Abderrah- 
man III para los que se sometían sin resistir; como es 
también de presumir que el obispo Julio, que como pas- 
tor de la'gente cristiana no debió pasar inadvertido para 
el Gobierno, tuviera que marcharse al reino leonés por 
considerarse amagado de persecución, hasta que pasado 
algún tiempo pudiera volver más tranquilamente á la 
ciudad. Ya veremos después, que el obispado subsistió 
en ella algún tiempo. 

Establecido el orden en todo el reino, comenzó en- 
tonces una paz octaviana, á cuya sombra se cultivaron 
las Ciencias, las Bellas Artes y la Literatura, so desarro- 
lló grandemente la instrucción, florecieron la agricultu- 
ra y el comercio y se fomentó la riqueza. La cultura 
reinante en los tiempos de Abderrahmán III y su hijo 
Alhaquem II, ha fascinado á muchos arabistas y no ara- 
bistas,, que no han tenido ojos para ver en aquel floreci- 
miento artístico y científico una mala copia de la civili- 
zación griega, afeada por la disparatada religión de Ma- 
homa con su paraíso de las huríes, su poligamia y su 
creencia en el fatalismo. El dicho de algunos cronistas, 



Badajoz, el Cronicón Burgense. 

BafJalout}ij el Conimbr ícense primero. 

BrifinlonzPy una real cartí de D. Fernando de Portugal. 

Badalfiosue, el Conimbricerise quinto. 

Bafallotifio f Bíuhillou^e, Buldlou^o^ B idíUhrhim, Badallo- 
zo, BidaioZy Badajloz, escriben varios docia:neit)3 do la^ Orde- 
nes Militares, en los* siglos* XE, XUI y XII. 

Con tantas formas, ya no puede ofrecer du la el nombro Btida- 
liau^aá^ la escritura de Santiago. 



5^ 






0^ 



:l 



^ 



1 



82 HISTORIA DBL REIKO DB BADAJOZ 

de que en Andalucía hubo entonces tantas escuelas, ha 
dado como cierto qu3 todos sabían leer y escribir; sin te- 
ner en cuenta que hoy, con muchas más ensénelas, son 
analfabetos los tres cuartos de la población española- 
Las noticias qu 3 dan de la Universidad de Córdoba, ha- 
cen creer que amurillo era un plantel de sabios no vistos 
nunca, ó inducen á pensar que todos los años salían de 
allí aventajados discípulos que constituían la clase de 
teólogos (fakis) y juristas (kadis); como si no viniera la 
experiencia á hacer espantosa rebaja en tan exagerados 
cálculos, demostrando que no podía pasar más de lo que 
hoy suceda, esto es, qu3 la juventud escolar mal apren- 
de la carrera de Derecho, para vivir después de un des- 
tino piiblico ó para perturbar con la política menuda la 
vida tranquila de las poblaciones pequeñas. Es muy 
cierto que aquella época fué la más brillante de la civi- 
lización árabe; pero no lo es menos que en ella no se en- 
cuentra nada original que revele en el pueblo mahome- 
tano aptitudes civilizadoras, y que la tradición española 
no aprovechó nada de la dominación de este pueblo. Es 
tan genuinamente latino el fondo de nuestras institucio- 
nes y costumbres, y es tan anómalo lo poco que quedó 
entre nosotros de los mahometanos, que la dominación 
de éstos en la península fué un padrón vergonzoso de 
nuestra historia, y retrasó en muchos siglos la forma- 
ción de nuestra nacionalidad. 

Volviendo á la narración, fué walí ó gobernador de 
Badajoz, Obeidela, hijo de Ahmed, hijo de Jalí, que en 
el año 949 hizo una razia en la frontera del reino de León 
por orden del Califa. (1) El cadí de la ciudad lo era el 
muy docto y virtuoso Salmón, hijo de Coraixi, que pate- 
ce falleció por este tiempo y fué muy llorado en toda la 

(Ij Abena Jari, t. II, p. 226, 



jT-^^' 



MATÍAS RAMÓN MARTÍKE2 Y MARTÍNEZ 83 

comarca (1). Reinando después Alhaquem II, muy dado 
al cultivo de las Letras y decidido protector de sabios y 
literatos, acudian éstos ala capital cordobesa, atraídos 
por la cultura y la libertad que alí reinaban. A ella lla- 
mó Alhaquem al walí do Badajoz, Abu Walid Joñas, hi- 
jo de Abdalos, célebre poeta cuyos versos recreaban so- 
bremanera á los ingenios cortesanos; pero era también 
muy sabio y virtuoso, enemigo del fausto, y por ésto pi- 
dió licencia al Califa para marcharse á una soledad del 
Algarbe, donde escribió obras ascéticas, inspiradas en el 
menosprecio del mundo (2). Gozaban también de fama 
los versos de otro poeta de Badajoz, Solimán, hijo del 
Batal, i quien llamaban por mote Aingudhi (ojos dicho- 
sos), á causa de que la mayor parte de sus composiciones 
comenzaban con esas mismas palabras (3) . 

La misma influencia que tenían sabios y escritores tra- 
jo de Orienté á otro personaje que importa dar á cono- 
cer, por el papel que más adelante desempeñará en la 
emancipación del Algarbe, donde le veremos fundar el 
reino de Badajoz. Era un persa llamado Sapor, que allá 
en Oriente tenía mucha fama por su saber, y á ésto de 
bió el que le Uamasa el califa Hakem á Córdoba y le hi- 
ciese entrar en su servidumbre como camarero (4). Este 
destino dej a comprender que Sapor no debía ser horro ó 
ingenuo, cuando el rey no le dio cargo más honorífico: y 
en efecto, el cronista Aben Alatsir le denomina *el es- 
clavo Sapur^ llamado Almanzor*, y Aben Alabar, tomán- 
dolo de Abenayán, le llama ^cliente ó liberto de Almostan- 



(1) Conde, parte II, c. LX X XII. 

(2) Conde, p. II, c. LXV. 
(3i Conde, lug. cit. 

(4) «Vino á sus instancias á Córdoba Sabur el persiano, que 
«enaus pooos años era ya docto á maravilla, y le hizo el rey au 
t3p[i\rQro » Con<le, tomo 11, p. 11^ c. III « 



H4 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



cir (el califa Alhaquem)» y dice que, contando con el 
mucho apoyo (jue ésto le prestaba, llegó á ejercer gran- 
de influeucia y reunió muchas riquezas (1). 

Todos los cortesanos eran entonces satélites de Muha- 
mad Abu Amir, (jue por sus amores con la sultana So- 
behia ( Aurora i. la madre del príncipe Hixem, era el que 
disponía de toda la influencia y el que hacía girar en tor- 
no suyo á los demás personajes do entonces. A lo que 
parece, el Califa encargó en esta ocasión al persa Sapor 
el gobierno de Badajoz y su comarca (2), y esta noticia 
me sugiere una sospticha, basada en lo que ocurrió des- 
pués. Aunque. Sapor tuviese la protección del Califa, no 
debía ser del bando de Abu Amir, y, por tanto, no conta- 
ría con el apoyo de la sultana, que era la dueña y seño- 
ra de la voluntad de Hakem ÍI. Como era el dicho Sapor 
muy avezado en política, haría sus tentativas por ganar 
algún terreno, allí donde todo lo iba copando el amigo de 
la sultana, y con ésto llegaría á ser un obstáculo, siquie- 
ra no fuese muy poderoso, á los planes é intrigas palacie- 
gas que Abu Amir traía entre maños. Debió llegar un día 
en que éste, valiéndose de Aurora, consiguiese que elCali- 
fa enviara á Sapor al Gobierno de Badajoz, ya como re- 
compensa á sus méritos^ ó ya como medio de evitar que 
interviniese en las cosas políticas; pues como Hakem II 
estimaba á Sapor en mucho, cualquiera resorte que em- 
pleasen para quitarle de en medio daría por resultado que 
el Califa le encomendase el gobierno de una provincia. 
Aunque la del Algarbe tenía por capital á Mórida, como 
ésta había llegado aun estado de grande decadencia, so- 



ri) Textoá exhibidos por Codera, cBoletín de la R. Academia 
de la Hist.. tomo IV, cuad. VI. 

(*2> «Encargó el gobierno de Badalyox y de siirt comarcas al 
»per8Íano Sabnr. su familiar y camarero, hombre docto y de rau- 
*cha política.»' Cond^, lag. cit., c. IX. 



MATfAS KAMÓN MARTÍNEZ Y 1CARTÍN-R7< 85 

lía servir también Badajoz de rtisideucia á los goberna- 
dores. 

El 6 de Febrero del año 976 tuvo lun;ai' la proclama- 
ción de Hixem como heredero del trono, prostándole ju- 
ramento de fidelidad todos los walís, waziies y altos dig- 
natarios, y extendiéndose muchísimas copias del acta, 
con arreglo á la costumbre, para que la ñrmasen todos 
los empleados de las distintas provincias. ( l"^ El príncipe 
Hixem era todavía muy niño, y no comunicaba con na- 
die, pues vivía retirado á lo interior del palacio, donde 
sólo pensaba en sus juf^gos infantiles. El persa Sapor. 
que había ido á Córdoba á prestar el juramento, como 
los demás walís, quiso hablar con el niño Hixem antes de 
volverse á su provincia; j)ero la sultana Aurora, de 
acuerdo con Abu Amir, eludió la visita de Sapor uon 
cualquier pretexto, y el walí tomó a buen partido mar- 
charse á su provincia, como hicieron los demás. ('2) 
¿Quién duda al ver esta conducta de la sultana con Sa- 
por, que obedecía á recelo que tuviesen ella y Abu Amir 
de que el astuto gobernador traía alguna intri. a al soli- 
citar la visita al príncipe? Durante el tiempo en que Sa- 
por fué camarero del Califa, debió ad(]uirir confianza non 
el niño Hixem. y quizás por esta causa algunos rivales 
de Abu Amir se valieran de la ocasión, para que habla- 
se con el príncipe y pusiese en juego alguna intriga en- 
caminada á minar la iníluencia del primer ministro. 
íQuién puede saber los propósitos de Sapor, que eviden- 



.l> Abeiiadari. 11, 2^'y-2m. 

(2) «Sabur el persiano, qae había sido camarero del rey Al- 
•hakem y había venido de Mérida para la jara del rey Hixem, 
>quiso hablar con él antes de au partida, y la sultana Sobehia le 
-excusó la visita de acuerdo con el hagib Muhamad, y luego par- 
»tió para Al^^arbe, y los demás walís á sus provincias.» Conde. 
lug. cit., c. X. 



Rfi HISTORIA DEL REINO I>E BADAJOZ 



temente inquietaban á la sultana? ¡Fué siempre tan mis- 
teriosa la política de los serrallos! 

Murió Alhaquem en Octubre de aquel mismo año, y 
desde entonces el poderío de Abu Amir no tuvo ya lí- 
mites. En 978 fué elevado a la dignidad de hagib (1), y 
una conspiración contra el, qu3 asomó entonces la ca- 
beza, fué ahogada en sangre (2); pero conoció Abu 
Amir que tenía muchos enemigos entre la gente de 
ley (cadís y fakís), la cual le tachaba por sus opiniones 
poco religiosas, y él, que no hacía caso de murmuracio- 
nes, ni siquiera de las canciones indecentes acerca de 
sus amores con Aurora, él, que quizás sería ateo encu- 
bierto, hizo concurrir los ulemas á la biblioteca de Ha- 
kem II y hacer un escrutinio de los libros de Filosofía y 
Astronomía y demás ciencias sospechosas á la religión, 
que fueron pasto de las llamas, porque con esta salvaja- 
da conseguía el hagib demostrar su celo por la fé musul" 
mana (3). También cuidó mucho de que el Califa niño se 
pasase la vida en continuas devociones, ayunos y lectu- 
ras del Corán, como si los reyes hubiesen de hacer el ofi- 
cio de penitentes, y con ésto se consiguió castrar su inte- 
ligencia y llevarla á los linderos de la imbecilidad (4) . 
Cuidó de aislar al príncipe, rodeándole de personas de su 
confianza, y de despachar por sí solo todos loa asuntos de 
Estado (5). Formó un ejército exclusivamente de parti- 
darios suyos, y emprendió una serie de campañas contra 
los cristianos, en las que se dio el título de Almanzor (el 
victorioso) (6). 



(1) Abenadíiri. II. 2<S() 2Hó. 

(2) Abena Habar, II, 115.— Almakarv, I, 286 

(3) Abenadarí, II, 316. 

(4) Ibid.. TT.270, 
Ibid., Jí. 2?n98. 
Ibid., li, 'Mr\ 



MATÍAS RAVÓN MARTÍNRZ T MARTÍKEZ 87 

Después de largas expediciones, en el año 996 se ha- 
llaba en el apogeo de su poder, había dado el cargo de 
hagib ásu hijo Abdelmolik, y so daba él los títulos de 
malik karúni (rey noble) y de said (señor ), que á nadie 
más se daban (1). Sólo le faltaba hacerse proclamar ca- 
lifa^ pero no se atrevía á hacerlo; porque, si bien no te- 
mía al rey, que tenía preso en la jau^a de oro; ni al ejér- 
cito, que era sayo y le obodecía ciegamante, temía al 
pueblo que amaba la legitimidaJ y v3Ía en Hix )m II al 
rey legítimo. La sultana conocía bien el blanco á que 
apuntaba aquel ambicioso encumbrado por ella, y no pu- 
diendo derrocarlo, le promovió conspiradores á quie- 
nes Abu Amir hizo pagar con la vida el atrevimien- 
to (2). 

En todo el transcurso de veinticuatro años, en que 
Almanzor fué el único soberano, la historia no dice na- 
da de Sapor, qu^ seguiá ejerciendo su cargo de goberna- 
dor del AlgaT'b3. La escena ocurrida en 976, cuando fué 
á Córdoba á la jura de Hixem, demuestra que Sapor no 
ora sujeto de confianza para A% i Amir. Por lo mismo, 
llama la atención que éste I3 dejase continuar dos3mp3- 
ñando su gobierno, toda vez que no reparó en quitar de 
en medio á muchos dignatarios que le estorbaban, y sin 
reparo alguno se había ido encumbrando sobre las rui- 
nas de ellos. La observación es todavía más razonable, 
si se tiene en cuenta que Sapor ejercía el gobierno de 
una provincia muy extensa, y por lo mismo tenía á sus 
órdenes un cuerpo de tropas; y claro se comprende que 
Almanzor no le hubiese dejado tranquilo en su puesto. 
8Í no hubiera contado con su confianza. Por esta razón 
hay que creer que Sapor se inclinó desde luego ante el 



i \ ) Abenadari, II, 3ir>-3ir>. 

K 2) Abenadari, II, 318-3iy.-AbenjaMún, III, 244-248, 






88 



HISTORIA DHL REINO 1>B BADAJOZ 



sol que alumbraba, por la cuenta que le reportase ó que 
el oro de Almanzor deslumbró astutamente los ojos del 
no menos astuto Sapor. 

Un testimonio valioso de aquel tiempo viene á darnos 
noticia de otro obispo de Badajoz, si bien dejando envuel- 
ta en la sombra su memoria. Es un epitafio en verso lati- 
no que se descubrió en el siglo XVI y conservado por 
Rodi'igo Dosma (1), de este modo: 






Deserit fuñera: Daniel orrida, 
Atleiis jungituv , vité celesfibus, 
Xexus milítibus, qui fuit optimufc 
Inmtinis populis ac venerahíhs; 
En jacent praesulis memhr'a purifici: 
Ltsitnathi ecce^ t estaque cenplte; 
Eaceptus spirituif arce dominica, 
Piscator ohiit prlhda ferifus. 
Corusco fruitur coeUtus gandió. 
Oh fútil Do mi ni; mense Januario 
PrecepH ducitur, erae millesimo 
In et tricésimo, bis quater addito. 



fe- 



fe 

fv. 



La traducción más puntual es esta: «Daniel, que fuí^ 
muy bueno. íntegro y venerable para los pueblos, deja 
los tristes funerales y se une á los difuntos, asociados ri- 
tualmente á las celestiales milicias. Aquí yacen los res- 
tos del deshecho cadáver del purísimo prelado; y hé aquí 
que. mientras son cubiertos por la tierra, su espíritu es 
acogido en la mansión divina. Murió el pescador herido 
por un dardo de ballesta. Disfruta en el cielo de felici- 
dad res]>landccÍ6nte, en presencia del Señor. Fué asesj- 



(1) Vid. Aim'-ikIíco i, 



r 



MATÍAS RAMÓX MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 8Í> 

nado en el mes de Enero, de la era mil treinta y ocho.» 

Considerado este epitafio como fuente histórica, nos 
revela que continuaba subsistente en Badajoz el obispado 
mozárabe, establecido allí circunstanciosamente un siglo 
antes. El haberse encontrado la lápida en las casas de Ro- 
drigo Dosma, de esquina á las calles de San Blas y Mo- 
raleja, acusa también que la catedral mozárabe estaba en 
el sitio que ocupa la actual; pues admitiéndose desde an- 
tes de los Concilios toledanos la costumbre de sepultar 
á los obispos en las basílicas o junto á ellas, y siguiéndo- 
se esta práctica después en las iglesias mozárabes, se 
comprende que la iglesia episcopal de Badajoz debió es- 
tar en el sitio en que apareció la lápida, ó contigua á él; 
por lo que se explica qjie la actual catedral se levante') so- 
bre el asiento de la mozárabe. 

Nos revela igualmente la inscripción,. que ol obispo que 
ocupaba la sede de Badajoz al finalizar el siglo X se lla- 
maba Daniel; y aunque no hay muerto que no sea bueno, 
por el testimonio de su epitafio, hemos de creer que Da- 
niel era un venerable pastor que edificaba con el ejem- 
plo é inspiraba respeto y veneración con su integridad: 
pues el poema asegura que por su virtud inflexible me* 
Yi't'in ir á juntarse con los espíritus angélicos en la bie- 
naventuranza y no hay prueba quo contradiga los elogios 
del epígrafe. 

Para que no ofrezca duda de que se trata de un obis- 
po, annque bien claro lo dan á entender los apelativos 
praeMul y piscafor, no hay más (jue notar que el poema 
es acróstico; pues tomando la primera letra de cada ver- 
so (menos en el sexto y el octavo, en que hay que to- 
mar las tres primeras», se forma el genitivo Daníelis 
epücopi. 

Nos dice el peregrino epitafio que Daniel murió ase- 
sinado df^ u'i flechazo, en el mes de Enero de la era 1038 



^ 



90 niSTORlA DBL RBINO ]Hi BAnAJOZ 

'año 1000 de J. C); dejándonos con el deseo vehemente 
de saber quién le mató y por que causa, y no dejando 
transparentar en el texto ninguna alusión á ella. Aun- 
íjue con mero carácter de hipótesis no puedo menos de 
advertir que, si el crimen lo hubiese cometido algún des- 
dichado asesino vulgar, no hubiera dejado de decirse qui- 
zás hasta el nombre del criminal; por lo cuál acaso el si- 
lencio del epigrama en este punto obedezca á que fué 
muerto Daniel por personas que ejercian autoridad, y no 
podia calificarse, ni censurarse el hecho con descaro en 
una inscripción que se puso á vista del público. ¿Quién 
sabe si hubo aquel año alguna colisión local entre cris- 
tianos y mahometanos, ó si quizás el obispo fué víctima 
de algún misterioso crimen polínico de los muchos que 
cometió Almanzor? Paree enme algo significativos los 
epitetos de pitrificus^ venerabilis é inmunis populis qxxe 
se complace en consignar el poeta, como si tácitamente 
reprobase con ello la conducta de algún tirano despia- 
dado. 

En el año 1002 hizo Alma izor una expedición contra 
el condado de Castilla, y de resultas da las heridas que 
recibiera en la batalla de Calatañazor, murió el 10 de 
Agosto en Medinaceli. Había elevado al Califato á un 
poderío militar que no tuvo ni aun en tiempo de Abde* 
rrahmánlll; pero, apenas él muerto, aquel Estado arti- 
ficial y artificioso empezó á descomponerse. Es verdad 
que continuó la misma política que él su hijo Mudhafar, 
que le sucedió en la privanza y murió en 1008; pero ya 
los espíritus estaban inquietos por lanzar del gobierno á 
la familia amírida, y cuando el otro hijo de Almanzor, 
llamado Abderrahmán, sucedió en el cargo al hermano, 
llevó su audacia hasta conseguir que el califa Hixem II 
le declarase heredero del trono, y durante una campaña 
que hizo en el año 1009, estalló la conspiración en Cor- 



r' 



MATÍAS RAMÓN MAKTÍNKZ T MARTÍ VTKZ 



91 



doba. Miihamad. hijo de Hixem, príncipe de la familia 
real, se alzó con el apoyo del pueblo, se dio el título de 
Madhí. y apoderándose de la persona del Califa, hizo 
que éste abdicara en ella soberanía. Contra él se alzó 
otro Hixem, apoyado por los berberiscos, que cayó pri- 
sionero de Madhí y fué decapitado; pero los berberiscos 
aclamaron entonces á un sobrino suyo llamado Suleimán, 
y con ésto comenzó un periodo de anarquía en el que su- 
cambió al cabo el Califato, porque los jefes de las pro- 
vincias comenzaron á obrar por cuenta propia para aca- 
bar por declararse independientes. 




^i^■> v^ muü V u Aumuu AuumuuiuuuuuumuuuuumuuiUiU uUc/ 




Ar^/ff^^•'"fm'^írr•T^••^^•r!7V:'?I!r^rfr7my^ír^rfft^f?rn 



CAPITULO VI 



Sapor el persa, rey de Badajoz 




ON motivo do haber muerto, en Abril del 
^año 1009, un cristiano muy parecido al des- 
dichado ex-califa Hixem II, el usurpador 
Muhamad, hijo de Hixém, hizo vestir el ca- 
"dáver con regios atavios y presentarlo en 
palacio, con cuyo motivo, bien porque el parecido fuese 
mucho, bien porque los llamados á reconocer el cadáver 
fueran cómplices de la farsa, se hizo público que Hixem 
II había muerto: pero en Noviembre de aquel año, cuan- 
do Suleimán al frente de los berberiscos sitiaba á Córdo 
ba, Mohamed el Madhí t-epuso en el trono á Hixem lí, 
creyendo que con ésto los sitiadores desistirían de su in- 
^^nto. Lejos de ello, Suleimán entró en la capital, obli- 
,ó á Hixem á abdicar á su favor el trono, y de nuevo lo 
olvió á su encierro. Madhí, que había conseguido esca- 
lar de las manos de Suleimán, huyó á Toledo donde lo- 



1 



94 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



gró reunir un ejército con el auxilio de los reyes cristia- 
nos y de los walís de Toledo, Valencia y Murcia, y se 
volvió á encaminar á Córdoba: Encontróse con la tropa 
de Suleimán en los campos de Albat-al-bacar, á cuatro 
leguas de la capital, y derrotadas las tropas berberiscas, 
tuvo Suleimán que ir á refugiarse á la mansión real de 
Zahara, mientras Madhí entraba de nuevo triunfante en 
Córdoba (Junio de 1010.) 

Dice nuestro Conde que en aquella ocasión pelearon á 
favor de Suleimán las tropas de Algarbe y de Merida (1). 
lo cual revela que Sapor seguía el bando berberisco con- 
tra el árabe, tal vez porque los berberiscos abundaban 
en la provincia de su mando. Aunque Conde no nombra 
á Sapor, forzoso es convenir en que las tropas emeriten- 
ses no habían de tomar parte en esta guerra sin su con- 
sentimiento, y por tanto, se vé que, obrando por moti- 
vos puramente personales, intervenía en las contiendas 
que daban al traste 'con el Califato, sin duda con la mi- 
ra de hacerse independiente; pues no podía tener empe- 
ño en defender la causa de Suleimán, sino bajo la con- 
vicción de que así era como mejor convenía á sus miras. 
Fué derrotado el Madhí por Suleimán, en el mes de 
Julio, á orillas del Guadaira, y con este motivo estalló 
en Córdoba una conspiración que en el día 23 quitó la vi- 
da al usurpador y repuso en el trono á Hixem II. El 4 de 
Noviembre tomaron los berberiscos á Zahara, degollaron 
á sus moradores y redujeron la bellísima niansióu á un 
montón de ruinas; después de lo cual acamparon en las 
cercanías de Córdoba, resueltos á cortarle todas las co- 
municaciones. En el año 1011, en que la ciudad era presa 
del hambre y la peste, una conspiración quitó la vida al 
ministro Wadhih y causó nuevos desórdenes; pero Ben 



(1) Conde, t. II, p, II, cap. XXL 




MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 95 



Abí Wada logró restablecer el orden y atender á la de- 
fen.<?a, si bien al cabo, el 19 de Abril del 1013 entraron 
los berberiscos on la ciudad, se apoderó Suleimán del 
mando y volvió á mandar á Hixem II á su encierro. 

En este tiempo, los walis de las provincias se habían 
declarado independientes, pues á excepción de Sevilla, 
Niebla y Osonoba. todas las demás comarcas se habían 
desentendido de las contiendas en que se hundía el Califa- 
to y se habían convertido en pequeños estados. Sapor es 
uno de los que parecen mirar con más indiferencia los 
asuntos de la corte cordobesa, pues por este tiempo pa- 
rece ser que trasladó su residencia á Badajoz ( 1 ) por es- 
t^r esta ciudad amurallada, y sin duda para mejor defen- 
derse en el caso de que alguno de los califas usurpado- 
res tratase de reducirle á la obediencia. Aben Alabar, 
refiriéndose á Abenayán, llama á Sapor cliente ó liberto 
del califa Hakem II, á cuya protección debió el reunir 
muchas riquezas y adquirir grande influencia en la cor- 
te; y añade que por último se hizo dueño del mando de 
Badajoz (2). Convencido de que ejx nada podía preocu- 
parle la suerte" del Califato, al declararse independiente 
en la comarca, entonces llamada de Algarbe, encomendó 
el gobierno de la cora de Mérida á un joven berberisco 
llamado Abdalá, hijo de Mohamed, hijo de Maslama, 
hombre de ilustrado ingenio y mucha chltura, en quien 
Sapor fiaba tanto, que le consultaba en todos los asun- 
tos de gobierno y le tenía nombrado tutor de sus hijos (3). 

El cronista Aben Alatsir le nombra *el esclavo Sapur 
llamado Almanzor (4j», y aun parece que el mismo pem- 



il) «.... lúe ^o la córtese trasladó ó Badajoz» Aben Zaid, 

b. in, c. I. 

(2) Codera, Boletín, lug. cit. 

(3) Hoognliet, Specimen é litterU orUntalibus, pág, 24. 
(4; Codera, Ing. cit. 



96 HI8T0KIA DEL REINO DE BADAJOZ 



poso título de victorioso le dio el poeta sevillano Aben- 
Zeidum (1). Como no consta de hecho alguno que moti- 
vase tan encomiástica apelación, es muy posible que el 
cronista equivocase la noticia, atribuyendo á Sapor el 
epíteto que se dio su sucesor en el reino de Badajoz. 

Extendíase éste por toda la actual Extremadura y 
gran paf te de Portugal, de suerte que sus linderos pro- 
bables eran entonces los siguientes: por el norte, la fron- 
tera gallega y leonesa, que en aquel tiempo llegaba por 
Portugal hasta el Duero y por León hasta cerca de Sala- 
manca; por el Este, los actuales linderos de la Extrema- 
dura leonesa, desde la cordillera de Guadarrama hasta la 
de Sierra Morena; por el Sur, esta cordillera y el actual 
Algarbe de Portugal; por el Oeste, el mar Atlántico. El 
Algarbe portugués quedó fuera del reino de Bada- 
joz; pues en Osonoba 3^^ Santa María, se declaró inde- 
pendiente en el año 1016 Abuoman Said, hijo de Hariin; 
en Mórtola se emancipó también hacia el mismo tiempo 
Aben Taifur; y en Silves hizo otro tanto Abubéquer 
Mohámed,hijo de Said, hijo de Mozain. Por el mismo pro- 
cedimiento se hizo rey de Toledo Aben Dilniim, y en el 
capítulo siguiente se verá que Sevilla, Niebla, Huelva, 
Carmena y otras ciudades, se hicieron estados soberanos. 

De Hixem II no vuelve á saberse nada de cierto, pues 
mientras unos creen que Suleimán le hizo matar, otros 
dicen que le conservó encerrado en un calabozo del pala- 
cio. En Junio del año 1016 fué proclamado califa Ali, 
hijo de HamudAledrisi,que en un principióse declaró por 
el bando de los esclavos y andaluces, pero supo luego 
que algunos conspiraban contra él, y con este motivo 
buscó el apoyo de los berberiscos; y de nu3V0 comenza- 
ron dentro de Córdoba los horrores de la p3rsecución 



{!) Hooguliet, log, cit. p. 24, nota. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 97 



contra los vecinos^que tuvieron que sufrir á los fieros afri- 
canos hasta que Alí fué asesinado por tres esclavos de pala- 
cio en 1018. Unos proclamaron á su hermano Casim, go- 
bernador de Sevilla, y otros á Abderramán IV, que á poco 
murió asesinado por una asechanza de Zawi, gobernador 
de Granada. Yahya, hijo de Alí, fué sobre Córdoba á des- 
tronar á su tio Casim, que en 1021 huyó á Sevilla, por- 
que todos le volvían la espalda por seguir al sobrino, sin 
embargo de volver más tarde á aclamarlo. El califato 
no merece ya seguir sus pasos, porque sólo ofrece horro- 
res, asesinatos y revueltas, y porque se reducen sus lí- 
mites á la cora de Córdoba; de suerte que no es más que 
uno de tantos reinos de taifa. 

Nada vuelve á saberse de Sapor hasta su muerte, 
ocurrida en el año 1022 (hegira 413;, según se comprue- 
ba por su epitafio sepulcral, esculpido en bella lápida de 
mármol (1) que fué encontrada en Badajoz. Su texto es 
el siguiente, según la traducción de Don Francisco Co- 
dera. 

«En el nombre de Allah,el clemente, el misericordioso, 
e8te(e8)elsepulcrode Sapurelhachib, compadézcase de él 

AUah; y murió en la noche del jueves 

á diez noches pasadas de xaába 
en el año tres diez y cua- 
trocientos; y testificaba 
que no (hay) Dios sino Allah.» 

Se vé que Sapor se dio el título de hachib ó hagib, es- 
to es, primer ministro del Califa, que era el que se daban 



(1) Mide 0*50 m. de largo por 0*40 m. de »ancho. Fué encontra- 
da, según dicen, por unos alarifes que hacían excavaciones en el 
año 1883 para cimentar una obra en la casa núm. 17, déla calle de 
Abril, propiedad de D. Eduardo García Florindo. Sin embargo, 
D. Tomás Romero de Castilla, en el Inventario del Museo proviu- 
cial (p&g* ld3)j dice que se encontró en el Castillo. 



1 



)ÉtStORIÁ t>BL BEIKO BE BAdA JOiS 



los usurpadores menos audaces, y fué el que tomaron 
varios de los reyezuelos de taifa, imitando en ésto la con- 
ducta que siguió Abu Amir Almanzor durante el reina- 
do de Hixem II. El dia 10 de xaába del año 413 de la hegi- 
ra corresponde al jueves 8 de Noviembre del año 1022 de 
la era cristiana. 

Recapitulando la cronología de Sapor, en cuanto 
es posible, vino de Oriente en tiempo de Hakem II, 
y debía contar entonces de 26 á 30 años de edad, pues 
la causa de llamarle el rey fué la fama que tenía de sa- 
bio, y para llegar a adquirirla debió consumir su juven- 
tud en el estudio. En Córdoba desempeñó el cargo de Ca- 
marero del Califa hasta el año 976, en que fué nombrado 
walí de la provincia de Algarbe; de suerte que, aunque 
desempeñase poco tiempo el cargo palatino, podemos 
prudentemente considerarle cumplida la edad de 30 años 
en la época antedicha. Siguió ejerciendo el cargo de go- 
bernador durante 40 años, ésto es, hasta el 1016 en que 
parece ya haberse declarado independiente en Badajoz; 
pues desde el 1011 en que auxiliaba al partido de Sulei- 
mán, hasta el 1016, observa una conducta encubierta; en 
la que se considera independiente, sin hacer manifesta- 
ción de ello. Su reinado, pues, duró unos seis años, des- 
de el 1016 al 1022 en que murió; de suerte que debía 
contar de 76 á 80 años de edad cuando le sorprendió la 
muerte. 



- J?_J^?_JLJ?_^_f?LjELJ?__í)_^^ 



CAPÍTULO VIL 



Abdala Almanzor L 




üizÁs el anciano Sapor moriría en la con- 
vicción de que había de sucederle en el 
reino de Badajoz alguno de sus hijos, 
pues así era de esperar que encaminase 
lat» cosas el joven gobernador de la cora 
de Mérida, Abdalá hijo de Mohamed, hijo de Moslama, á 
quién el persa había confiado la tutela de sus hijos, por 
la mucha fé que dicho sujeto le inspiraba; pero lejos de 
corresponder Abdalá á tamaña confianza; dio al olvido 
los beneficios que debía á Sapor, y, ciego por la ambición 
y el deseo de reinar, expulsó á los hijos del muerto de la 
provincia, y, poniéndose al frente de las tropas de que 
en Mérida disponía, se hizo proclamar rey de Bada- 
joz (1). 



(1) Casiri, Bibl, árabe, tomo II, p. ^. 



1 



100 HISTORIA DEL REINO DB BADA.702 

Pertenecía el nuevo soberano á la familiíL de Aftas, 
que, á pesar (le ser de abolengo africano, había llegado 
en España á ilustrarse y se le consideraba como si fuera 
do procedencia árabe (1). Era familia originaria de la 
tribu de Tadjib, y tuvieron sus antepasado» el solar en 
la ciudad berberisca de Mekuasa, de la cual tomaron sin 
duda el nombro otros berberiscos para darlos al lugar de 
MikuaHa 6 Mif/neza (2), que estaba á la orilla derecha 
del Tajo, cerca del puente del Cardenal, en el camino de 
Trujillo á Zamora. Eran, pues, los reyes Affasis de Ba- 
dajoz contributos Tadjibís ó Atedjibís do Tortosa y Hues- 
ca y de los Hudís de Zaragoza (3), lo cual debió ser par- 
te á que entre todos estos reyezuelos mediase buena 
amistad, y á la sombra de ella pudieran sostenerse con 
cierto poderío los de Badajoz. Debieron éstos contar con 
grandes simpatías en la comarca, pues sabido es que 
gran parte de los pobladores, los que no eran de abolen- 
go hispano, eran de raza berberisca. 

Los autores escriben diversamente el nombre de este 
rey (4); pero su inscripción sepulcral, que es testimonio 
autorizado, le llama Abdalá hijo de Mohanied hijo de 
jVlohamed hijo de Maslama, y le dá el título de at-man- 
zor (el victorioso"). La patria de Abdalá era un lugar lla- 
mado Al'haluty que estaba cerca de Calatrava, que dio 
nombre al clima ó distrito que describe el geógrafo 
Edrisi bajo el título de clima de las Encinas j pues es ese 
el significado del nombre Albalnt ó ballut, de donde vie- 
ne el de bellota. Según un Léxico geográfico consultado 



(1^ Dozy, Hhfoire. lib. IV, c. I. 

(2) Casiri, lug. cit.— Depende de Abein Aljatib.— Vid. Edrisi 
en el Apéndice. 

(8^ Hoogiiliet, liig. cit., pág. 20. 

(4) Dozy, con referencia á Abenjaldum, le llama Abu Moham- 
med Abdala-ben Mohammed-ben Maslama; Hooguliet escribe Ab 
delabeu-Maslama . 



MATÍAS RAMÓN MARTIKBS T MARTÍNEZ 101 

por Hooguliet, «Phassol-ballut (lugar poblado de enci- 
•nas) es un clima de España, contiguo á la tierra baja en 
»que está Oreto, entre oeste y sur; y su llanura esta jun- 
óte á unos montes, entre los cuales está el Monte' Bara- 
»no (Mariano?). Hay en aquel sitio pozos do plata viva, 
»de los cuales se transporta á todos los países (1). 

Cuando Abdalá comenzó á reinar en Badajoz, se ha- 
llaba Córdoba en completa anarquía, según queda dicho 
en el capítulo anterior. Casím el Hammudita, destronado 
en 1023, quiso trasladarse á Sevilla, donde estaban dos 
hijos suyos; pero era Cadí de la ciudad Abul Casim Mo- 
hamed, de la familia de los Beni Abbad, y mandaba 
á la guarnición, que era berberisca, Mohamed, hijo de 
Zirí, quienes vieron con disgusto la inesperada llegada 
del fugitivo Casím, cuyas desenfrenadas tropas eran te- 
mibles por su afán de saqueo. El Cadí y Aben Zirí, pues- 
tos de acuerdo, sitiaron á los hijos de Casím y negaron 
á éste la entrada en la ciudad; y cuando se vieron libres 
de los Hammudis y hubieron conseguido también expul- 
sar á los berberiscos, constituyeron un gobierno bajo la- 
jefatura del Cadí. Este llegó á reunir un cuerpo de tro- 
pas, con el cual mantuvo y pudo garantir el orden en 
la cora de Sevilla, durante cuatro años; pero aquella 
fuerza no era suficiente para resistir un ataque á la ciu- 
dad, y así, cuando en 1027 la sitiaron el califa Yahya hi 
jo de Alí y el señor berberisco de Carmena Mohamad, 
hijo de Abdalá, tuvo el Cadí sevillano que dar en rehe- 
nes á su hijo y reconocer la soberanía de Yahya, á con- 
dición de que los berberiscos de éste no entrasen en Se- 
vüla (2). 

El Cadí logró después alistar más tropas, y so consi- 



(1) Hooguliet, lug. ciL, pag. 24, nota. 

(2) Abbad, t, I. p. 221; II, 32, 206, ^ t.... /. 



102 RIBTO&IA DBL RBtNO DB BiJOÁJCÍB 

deró ya rey de la comarca sevillana. Deseando extender 
por el oeste los dominios que reconocían su autoridad, 
envió á su hijo Ismael á apoderarse de Beja. Esta 
ciudad se hallaba quebrantadísima con los azares por 
que había atravesado durante más de un siglo; pues 
en los tiempos de anarquía que precedieron al reinado 
de Abderrahmán III, fué teatro de sangrientas colisio- 
nes entre árabes y españoles, y ahora, con motivo del al- 
zamiento general habido en las postrimerías del reinado 
de Hixem II, había sido maltratada y saqueada por las 
bandas berberiscas que habían asolado la comarca, sa- 
queando y quemando los pueblos. Por esta causa se halla- 
ba la ciudad abandonada á sí misma, sin embargo de que 
por antecedente histórico debía considerarse pertene- 
ciente á la provincia de Algarbe. En cuanto supo Ab- 
daláel Aftasí que Muhamed hijo de Abbad de So villa, tra- 
taba de tomar posesión de Baja para reedificarla y guar- 
necerla, comprendió que su intento era tener allí un pun- 
to de apoyo para someter á su soberanía los pequeños 
estados de Mértola, Silves, Osonoba, Huelva y Niebla, y 
al mismo tiempo extenderse hacia el norte, quitando ciu- 
dades al reino de Badajoz. Las intenciones del Cadí Sevi- 
llano no podían ser más alarmantes para Abdala; y por 
tanto, mandó inmediatamente un cuerpo de tropas á las 
órdenes de su hijo Mohammed, el cual se apresuró á ocu- 
par á Beja. 

Ismail, hijo de Mohamad, unido con Muhamad, hijo de 
Abdalá, señor de Carmena, que entonces estaba aliado con 
©1 Cadí Sevillano, se presentó ante los maltrechos muros de 
Beja y puso á esta ciudad un apretado sitio. La caballería 
de los sitiadores recorría todos los pueblos de la comarca' 
de Evora, saqueando y destruyendo cuanto cogía al paso. 
Aben Taifur, señor de Mértola, á quién importaba muy 
mucho evitar ^uo Beja cayera en poder do los seviUa- 



r 



ICATÍAB BAM&N MÁRTÍNB2 Y llARTtNBt IM 

1108, envió en auxilio de Mohammed el Aftasí cuantos re- 
fuerzos pudo allegar; pero al fin éste, después de perder 
en batalla la flor de sus tropas, cayó prisionero y fué 
conducido á Carmena (1). Entonces Be ja fué ocupada por 
Ismail, y su padre el Cadí con su aliado el de Carmena 
hicieron excursiones por el reino de Badajoz, no descui- 
dando el invadir también la Cora de Córdoba, lo cual 
obligó al gobierno de esta ciudad á reclutar berberiscos 
en la provincia de Sidonia, para hacer frente á las auda- 
ces pretensiones del Rey de Sevilla. (2) 

No dan los cronistas arábigos más pormenores acer- 
ca de los hechos de armas que mediaron entre éste y el 
rey de Badajoz, ©n el año 1029, y sólo se sabe que al fin 
pactaron treguas, ó quizás una paz definitiva, por conse- 
cuencia de la cual ordenó el Cadí en Marzo del 1030, que 
fuese puesto en libertad el príncipe Mohammed, que toda- 
vía se hallaba prisionero. Cuando le dio soltura el señor 
de Carmena, le aconsejó que pasase por Sevilla y se pre- 
sentase ádar las gracias al Cadí, pero el príncipe de Ba- 
dajoz, que profesaba á éste un odio profundo, respondió 
al de Carmena con energía: «Mejor quiero seguir aquí 
^prisionero, que tener que agradecer nada á ese hombre; 
»de suerte que, si no es á vos solo á quien debo la liber- 
»tad, sino que también debo agradecerla al Cadí de Se- 
rvilla, me quedo aquí preso.» El señor de Carmena no 
insistió más, y respetando los hondos resentimientos que 
el Aftasí demostraba, dispuso lo necesario para que éste 



(1) Abba, tomo I, p. 222-223. — Confirma ésto Abenjaldum (en 
Hooguliet, p. 27, nota:) tDespués hizo guerra á Abdalá Aben Af- 
»ta8 señor de Badajoz, y envió en expedición contra esta á su hi- 
> jo Ismail con sus ejércitos; á éste acompañaba Muhamad, hijo de 

• Abdalá el Birzalita; j contra él vino Almodaffar el Aftasí. Pero 
»le pusieron en fuga y fué hecho prisionero. Le capturó el Bir^a- 

• lita y le retuvo en su poder. 

(2) Abbad, lug. cit, 



104 mSTORIA t>BL ttfilKO DH BA]>AJ01 



m archase á Badajoz con todos los honores correspondien- 
tes á su categoría. 

Pero, á pesar de la paz celebrada entre ambos reyes, 
el odio mutuo se albergaba en sus corazones, y Abdala, 
que era el que había salido mal librado en la guerra, te- 
nía que tomar venganza, á fe de musulmán. En el año 
1034, el Cadí pidió permiso á Abdalá para que dejase 
pasar por sus estados un ejército que, á las órdenes de 
Ismail, había de ir á hacer una razia en el reino de León. 
y entonces Abdalá concibió un proyecto de venganza tan 
vil como traidor. Accedió á la petición del sevillano, y 
cuando el ejército de éste iba muy descuidado atrave- 
sando un desfiladero en la sierra de la Estrella, cerca de 
la frontera leonesa, las tropas cristianas por un lado, y 
las de Abdalá por otro, atacaron al ejército de Sevilla 
que sufrió una terrible matanza. A duras penas logró el 
príncipe Ismail escapar de aquella celada, y con los po- 
cos soldados que pudieron seguirle se dirigió hacia Lis- 
boa, á donde llegó después de haber pasado grandes sin- 
sabores. Desde entonces, el odio del Cadí al rey de Ba- 
dajoz fué implacable, pero los cronistas no dan noticias 
de las guerras que sostuvieron después por causa de es- 
ta felonía. Tli 

Quizás en estas operaciones militares que desconoce- 
mos, lograría Abdalá recuperar algunas poblaciones de 
las que el Cadí le había arrebatado y quizás por las ve»? 
tajas que obtuviese en estas guerras se daría el título do 
Almanzor] pues por los datos conocidos no sabemos que 
ningún hecho suyo justificase tan sonoro calificativo. Lo 
que sí ])arece indudable es qno Abdalá tenía muy malas 
cualidades, y sobre todo le eran muy propias la traición, 
la venganza y la ingratitud. Ya sabemos cómo se portó 



(1; Abbad, 1. I, págs. 223-225.-Tomo 11, 209, 216, 



ItATiAB RAMÓN MARtIhES T MAETÍKBS 106 

con los hijos de Sapor una vez muerto éste, y ahora ve- 
mos cómo ofende al derecho de gentes con la infame ase- 
chanza puesta al ejército de Sevilla, por tomar vengan- 
za de agravios anteriores. Estas malas cualidades pare- 
cían características en los reyezuelos de taifas; pero los 
de Sevilla y Badajoz eran, sobre todos, muy crueles, as- 
tutos, vengativos y bellacos. 

Como una muestra del carácter violento de Abdala. 
puede citarse lo ocurrido en el año 1031, al declararse 
abolido el Califato en Córdoba y establecida la liepiibli- 
ca. Abuchenar, presidente del Consejo, envió mensajes 
á los reyes de taifas para que le reconociesen como suce- 
sor de los Omeyas, y prestasen homenaje al nuevo Go- 
bierno. Cuando el de Badajoz recibió la misiva, no sólo 
no dio respuesta á ella, sino que, para demostrar todavía 
mayor desconsideración, publicó un decreto por el cual 
declaraba heredero del reino de Algarbe á su hijo, el ya 
conocido príncipe Mohammed. (D 

Xo tenía por entonces que temer nada al rey de Se- 
villa, que se hallaba empeñado en arduas contiendas. El 
califa Hammudita Yahya, hijo de Alí, había conseguido 
atraer á su bando á los gekes berberiscos de Andalucía y 
apí'deíai-se de Carniona-, despojando d.> esta ciudad á 
^íohanied. hijo de Abdala el Birzalita (2); con cuyo mo- 
tivo era el jefe del partido africano, y con esta significa- 
ción ponía sus miras en apoderarse de Córdoba y Sevi- 
lla. (8) El Cadí comprendió el peligro que envolvía esta 
concentración de berberiscos, y para hacerla frente. ideó 
la formación de un part'do que llamaremos legitimista, 
bajo la bandera de Hixem II. Este desdichado príncipe 
se había escapado de su encierro cu tiempos de Sulimáu, 

(1^ Hooguliet, pág. 28. 

(2) Abenhayan, en Aben Baaaam, t. I, p. ^1, 82, 

(3) Abbad, I, 282, 



106 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOS 

y se había fugado al Asia, donde sin duda murió; pero en 
el vulgo corrían sospechas de que había vuelto á Espa- 
ña. Ello es que en Calatrava había un esterero llamado 
Kalaf, que había ido á establecerse allí en el año 1035, 
y se parecía mucho al califa Hixem. (1); por lo cual las 
patrañas que entonces corrían se fijaron en este sujeto, 
los de Calatrava le aclamaron soberano, y tuvo el rey de 
Toledo Ismail Aben-Diluím que sitiar la plaza, la cual se 
rindió después de facilitar la fuga al fingido califa. (2) 
Enterado el Cadí de lo que pasaba, hizo llamar al im- 
postor, y á nombre de éste formó una liga contra los ber- 
beriscos, haciendo que las mujeres del serrallo del autén- 
tico Hixem dijeran que aquel esterero era el legítimo ca- 
lifa, y que éste le nombrase á él su hagib ó primer mi- 
nistro. Después envió un mensaje á todos los reyezuelos 
árabes y jefes esclavos, invitándoles á rendir homenaje 
al pseudo califa, y dióle tan buen resultado esta medida, 
que el Consejo de Córdoba, el príncipe destronado de 
Car mona y los reyes de Valencia, Denia, Tortosa y Ba- 
leares, enviaron su adhesión, unos porque creyeran real- 
mente que se trataba del verdadero Hixem, otros porque 
comprendieran que convenía seguir la farsa como una 
garantía para sus intereses, y todos por la necesidad de 
hacer frente á los berberiscos, á quienes importaba ven- 
cer. Yahya hijo de Alí, desde Carmena, asolaba la co- 
marca de Sevilla, pero al fin fué muerto en una batalla 
que tuvo con Ismail, el hijo del Cadí, cerca de Carmena, 
en 1035, y el príncipe Mohamad volvió á recobrar su se- 
ñorío en esta ciudad (3). * 
Los parciales de Yahya proclamaron entonces á su 



(1) Abbad, I, 222. 

(2) Abbad, I, 222; II, a:5. 

(3) Abbad, I, 222, II, 33. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍKR2 107 

hermano Idrís, que ya reinaba en Málaga; pero otros 
habían proclamado en Algeciras á su primo Mohamed 
(1). El Cadí quiso entonces trasladar al falso Hixem á 
Córdoba, pero esta ciudad le negó la obediencia; por lo 
que se dirigió después contra Zohair de Almería y Hab- 
bus de Granada, que tampoco querían reconocer al fal- 
so Hixém, y que, saliendo con sus tropas al encuentro 
del sevillano, le obligaron á retroceder (2). Suerte fué 
para el sevillano que estos dos aliados riñeran y se traba- 
sen en guerra, pues se vio libre de dos rivales poderosos 
y pudo seguir con sus malas artes revolviendo los asun- 
tos políticos, para de este modo engrandecerse. 

Entonces no tenía contienda alguna con el rey Abda- 
lá de Badajoz, que bien necesitaba estar tranquilo por la 
frontera de Sevilla, pues por la de León le acometian en 
el año 1037 otros enemigos con los que no podía medir 
sus armas. Eran los cristianos, cuyo rey, D. Fernando 
I, reunía bajo su cetro á Castilla, León, Asturias y Ga- 
licia, y mandaba fuerzas demasiado considerables para 
que ningún reyezuelo mahometano osara hacerle frente. 
Penetraron los cristianos, por la frontera, ocuparon algu- 
nas plazas y castillos en Portugal y en la parte sar de 
Salamanca, por lo que Abdalá se apresuró á ofrecer á 
Don Fernando un tributo anual, y de este modo consi- 
guió evitar que siguieran mermándole las fronteras (3). 
Esto demuestra que no era posible á los brios militares 
del rey de Badajoz ensanchar su reino, y que no hacía 



(1) Abdewahid, p. 43 á 45. 

(2) Aben Bassam, I, 170. 

(3) Hooguliet, pág. 2í). — Es de notar que atribuye esta espa- 
tulación con Don Fernando I á Mohamed, ])ues parte del supuesto 
erróneo de que su padre Abdalá había muerto en 1037, siendo así 
que no falleció hasta el 1045; de suerte que éste fué el que tuvo que 
pedir la paz rey cristiano. 



l06 HISTORIA DBL KBIKO DB BADAJO! 

poco 8Í conseguía conservarle contra las acomet'das de 
sus enemigos por norte y por sur. 

El Cadí de Sevilla se malquistó con Muhamad de 
Car mona, á quien hizo guerra; y ya había conseguido 
hacerse dueño de Osuna y Ecija y sitiaba á Carmona, 
cuando acudieron en socorro de ésta Badís de Granada y 
un cuerpo de tropas enviadas por Idrís de Málaga, á las 
órdenes de su ministro Aben Macanna. El ejército sevi- 
llano sufrió una tremenda derrota, y su caudillo el prín- 
cipe Ismail quedó muerto en el campo de batalla < 1 1. 

Murió también el Cadí de Sevilla en Enero del año 
1042, sucediéndole su hijo Abbad; que continuó la farsa 
empezada por el padre, de llamarse hagib ó primer mi- 
nistro del falso Hixem II, áj:iuién tenían alojado en Se- 
^ villa. El joven Abbad tenía veintiséis años y todas las 

malas cualidades que podían hacerle odioso á sus subdi- 
tos; pues amén do la embriaguez y la lujuria, era muy 
pértído, cruel y vengativo. La única buena cualidad que 
todos los cronistas le reconocen, era su añción á la Poe- 
sía y las Bellas Artes, pues escribió muchos poemas, edi- 
ficó grandes palacios y protegió á muchos artistas y es- 
critores. Se dio el título de Motadid, para imitar al cali- 
fa de Bagdad así nombrado, á quién tomó por modelo. 

Odiaba á los berberiscos, pues le habían pronosticado 
unos astrólogos que su familia sería destronada por ex- 
tranjeros, y él entendió que esos enemigos no podían ser 
otros que los berberiscos, por lo que una superstición vi- 
no á ser la base de su política. Emprendió, pues, la gue- 
rra contra los de Carmona, cuyo rey Mohamod murió en 
una emboscada del sevillano (año 1043 1; poro no por és- 
\ to terminó la contienda, pues á Mohamed sucedió su hijo 

I' fshak, que se defendió valerosamente contra el astuto 

rJ) Abbad, 11, mi, ai, 207.-Abddwalüd, p. U. 



1 



iklATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTINBZ 109 

J^lotadid. y entró en inteligencia con el rey de Badajoz y 
coa otros jefes berberiscos. Abdalá el Aftasí envió en au- 
xilio del de Carmena á su hijo Mohamed y entonces el 
sevillano formó lip:a con Badís de Granada, Mohamed de 
Málaga y Mohamed de Algociras, resultando de ello una 
nueva guerra de árabes contra los berberiscos, en la que 
en vano se empefió Abualid hijo de Abucheuhar, Presi- 
dente del Consejo de (Virdoba, en conseguir que cesasen 
las hostilidades. Aprovechólas oportunamente el rey de 
Sevilla, que por entonces arrojó de Mértola á Aben-Tai- 
fur, señor de esta ciudad, y después dirigió sus armas 
contra el señor de Libia Aben-Yahya; pues por mas que 
éste no era berberisco, entraba en los planes de Mo- 
tad id el anexionar á su reino los pequeños estados dej 
Occidente, y no reparaba en nada que so opusiera á sus 
ambiciosos designios i J ). 

En esta guerra se hallaba empeñado el rey Abdalá 
de Badajoz, cuando le sorprendió la muerte, acaecida el 
día treinta de Diciembre del año 1045, según consta por 
su epitafio sepulcral (2) que traduce así Don Eduardo 
Saavedra: 



(1) Abl)ad, I, 2í>9-21f).— Abenhayán en Aben Bassam. 1, 109. 

1 2) Boletín de la R. Acad. de la'Hist., tomo XV, pág. 83. — Se- 
gún nota facilitada ¿ D. Pascnal Gayangos, y por ésta á la Acade- 
mia, en la que fué iglesia de Calatrava había una puerta tapiada 
por la cual se subía á la torre, y sobre esta puerta estaba una lápi- 
da de alabastro con la inscripción árabe, en caracteres cuyo grue- 
so era el de unpeHofneHe, «Tocándola, sonaba hueco, y creyendo 
sería sepulcro, y éste su epitafio, se levantó la piedra, pero sólo se 
halló una alhacena sin señal alguna de haber estado depositado en 
ningún tiempo cadáver alguno.» 

Don Tomás Romero de Castilla dá más noticias en la página 
131 del Invpntario del Museo Arqueol. de la Cora, de Monumentos. 
En Abril de 1883, con motivo de hacer excavaciones en la sala de 
autopsias del Hospital militar, se encontró otra piedra de 1*11 
m. de largo, 0'17 ancho 3' 0*30 m. de grueso, con la inscripción en 
un renglón solo, que pongo eii el texto. En aquel sitio había esta- 
do una pequeña mezquita árabe, sin duda panteón de los reyes mo- 



1 



lio HlStORIA DEL ItBlNO DE BADAÍOÍ 



^En d nombre de Dios clemente y mheñcordioso. Este 
^es el sepulcro de Almanzor Abdalá, hijo de MoJiamnied , 
^hijo de Maglama; apiádese Dios de él y de quién pida pa- 
»ra él su clemencia; murió en la noche del martes once 
^noches por andar de chumada postrero del año cua- 
*trocientos treinta y siete, que fué el día penúltimo de 
^Diciembre, (1) 

Cubría esta lápida el sepulcro del rey, colocado en 
una pequeña mezquita, que quizás esfcaba dedicada exclu- 
sivamente á enterramiento del primer rey de los Afta- 
síes, de modo análogo á la mezquita que en el Cairo sir- 



ros, que se conservaba en pié en el primer tercio del siglo XIX, se- 
gún testimonio de personas que la recordaban, como Don Geróni- 
mo Mendaña, maestro ebanista, que afirmó haber visto muchas 
veces la mezquita. Formando cuerpo con ésta se hallaba la igle- 
sia de Santa María de Calatrava, de la que hoj sólo existen las bó- 
vedas subterráneas; y una y otra estaban inmediatis á la antigua 
mezquita que después fué Santa María de la Sé 3 ó del Castillo. 

En 1845 se hicieron excavaciones hasta ló ó 16 pies de profundi- 
dad, y se descubrieron hasta tres pavimento?, uno por bajo de 
otro, y en el más antiguo ó sea el árabe, columnas, capiteles y ba- 
fc^amentos. En 1883, cuando se descubrió la lápida que tiene un ren- 
glón solo, y está hoy en el Museo provincial, se hallaba puesia de 
dintel de una portada, á un metro de profundidad del suelo. 

En cuanto á la otra lápida más extensa en renglones, no ha po- 
dido darse con ella, y no sería conocido hoy su texto á no ser por 
una copia que hizo en 18ÍJ9 un Racionero de la Catedral, llamado 
Don Manuel de la Rocha, y que en 1805 fué á manos de J). Luis Vi- 
llanueva, por quien pudieron conocerla y sacar copias D. José Mo- 
reno Nieto y D. Pascual Gayangos. 

Resulta de ello, que había dentro del castillo una mezquita, y 
otra al pié del mismo, que sería para el culto público, mientras 
aquella sería para el de la gente del castillo; y adherida á una de 
ellas estaría la habitación ó capilla que sirvió de panteón á Abda- 
lá, si es que nó á los demás reyes, pues según el Sr. Romero de 
Castilla, junto al sitio del hallazgo de estas lápidas se encontró la 
de Sapor, que vino á poder de D. Eduardo García Florindo. 

Llama la atención el Sr. Saavedra hacia el detalle de que la 
inscripción de Abdalá pone la correspondencia de las fechas maho- 
metana y juliana. 

{1) Ño se consigna el texto arábigo por falta de los correspoii- 
dientes tipos, 

(N. del E.) 



ÜATÍA8 RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 111 

ve de entierro al cadáver de Mehemet Alí. Es de creer 
que tal fuera su objeto único, porque sobre la puerta de 
dicho santuario había otra inscripción, que hoy posee la 
Comisión de Monumentos, y que en un reglón solo dice 
asi: 

*Este es d sepulcro de Almanzor, compadézcale Dios] 

» murió año de siete y treinta » 

Está escantillada la piedra por el final del renglón, y 
por eso le falta la palabra cuatrocientos (1). 

En cuanto á la mezquita, que fue Iglesia Catedral en 
el siglo XIII, todavía la conoció en pié Rodrigo Dosma 
en el XVI, y dice que en ella «están tres hilos de arcos 
con cada siete columnas, unas lisas y otras estriadas, de 
toda mezcla, que tienen los capiteles trastrocados, y aún 
basas sobrepuestas, según el poco aviso ó mucha men- 
gua del que con destrozos de diversas formas compuso tal 
fábrica. Son altas las columnas, que entran por la tierra 
y su fundamento no parece, porque estando el suelo de 
alrededor alto, así que se entraba por gradas, como en la 
iglesia de Calatrava y San Andrés, según que los maho- 
metanos cavándolo ó amontonando aparejan las mezqui- 
tas conforme á su superstición, para igualarlo todo se 
rehinchó el templo no ha mucho tiempo, de que quién lo 
decía se acordaba, y fuera más acertado bajar la plaza del 
cementerio (2j.» Por estas señas que dá de las columnas 
y por lo poco que hoy queda en pió del edificio, que es un 
trozo de pared con estrechas ventanas, se comprende 
que era obra de estilo bizantino decadente, ó mejor di- 
cho, de un estilo que pudiera llamarse con propiedad 
mozárabe. Los fragmentos de capiteles, columnas, jam- 
bas, etc., que conserva la Comisión de monumentos, 



a) 

(2) 



Por el motivo ya expuesto no se estampa el texto árabe. 
DisGuraoa patrios de la Keal ciudad de Badajoz, p4g. 67, 



112 



HISTORIA DEL RBINO DE BADAJOZ. 



procedentes de las excavaciones del Castillo, pueden sin 
reparo calificarse de bizantinos, sin que ostente algunos 
adornos arabescos; y este detalle me hace sospechar quo 
los artistas que labraron aquellos adornos conservaban 
la tradición, hispana, y estaban poco influidos del gusto 
árabe que se vé en la ornamentación de la mezquita de 
Córdoba. 





CAPITULO vm 



Mohamed Almodafar. 




ucEDió á Abdalá en el reino de Badajoz ó 
^Algarbe su hijo Mohamed, llamado Abu- 
'bequer; que tomó el título de Almodafar (el 
I^^^F" que triunfa por Dios), en cuyo dato, confir- 
-• mado por las monedas que acuno este ])rín- 

cipe, se descubre que se preciaba como su padre de altos 
merecimientos, y que lo mismo que el rey de Sevilla y 
algunos otros, era muy amigo de título resonante y pom- 
poso. Abenjaldúm, haciéndose eco de esta fama, dice 
que este personaje llegó á ser uno de los más poderosos 
entre los reyes muslimes de España, combatiendo á los 
fuertes y apoyando á los débiles; pero no será poco que 
tal elogio se reduzca á sus justos límites, con decir que, 
como su padre, combatía al rey de Sevilla, que era el 
fuerte, por temor á sus afanes de conquistar los pequeños 
señoríos de Algarbe que eran los débiles. Casíri, des- 
cansando en el testimonio d3 Aljatib, dice que reunía 



114 HISTORIA DEL RBIKO DE BADAJOZ 

Mohámmed tres buenas cualidades: gran prudencia, eru- 
dición y fortaleza de ánimo. Veamos lo poco que se sabe 
de su vida. 

Con el trono de su padre heredó Mohamed la gue- 
rra en que aquel se hallaba empeñado con Abu Amir 
Abbad el Motadid de Sevilla. Acudió, pues, á unirse con 
el príncipe Ishac de Carmena, con propósito de marchar 
contra Sevilla y su comarca, á fin de evitar que Motadid 
fuese á combatir á Niebla; pero éste se adelantó á tales 
proyectos, aprovechando la ocasión de que Almodafar 
no había cuidado de proveer á la defensa de sus propios 
estados; y así, mientras un ejército sevillano vino á aso- 
lar el territorio de Badajoz, el mismo Motadid, á pesar de 
que no acostumbraba á mandar por sí las tropas, acudió 
al frente de otro cuerpo á Niebla, atacó á sus enemigos 
en un desfiladero cercano á la ciudad, y les causó tantas 
bajas, que tuvieron que huir precipitados y muchos pere- 
cieron en el Rio Tinto. Mohámmed consiguió empero reha- 
cerse, y cargando contra el ejército de Motadid, tomó el 
desquite del descalabro anterior y obligó al sevillano á 
emprender la retirada. Con este venturoso suceso, vol- 
vieron Almodafar y sus aliados á invadir la comarca de 
Sevilla, llevando la desvastación á los pueblos; pero en 
tanto que en ésto se ocupaban, Motadid apuró todas las 
mañas arteras de su pérfida diplomacia y consiguió que 
Aben Yahya de Niebla, bien por temor ó bien por con- 
vencimiento, se apartase del bando de los príncipes ber- 
beriscos y se aliase con él. Cuando supo Modafar la in- 
grata conducta del de Niebla, se apropió el dinero que 
éste le habia confiado y fué á saquear los pueblos de su 
comarca, por lo que Ben Yahya tuvo que pedir pronto 
auxilio al sevillano (1). 



(1) Abhad, 1, 247-249, 



KATÍAS ramón HARTÍNBZ T MARTÍNEZ 115 

Motadid hizo que su ejército acudiese en socorro de 
Yahya, y habiéndose encontrado al ejército de Badajoz, 
le preparó una emboscada en la cual cayó éste y sufrió 
una tremenda derrota. El príncipe Ismail, hijo de Mota- 
did, marchó enseguida á la comarca do Evora, con el fin 
de que Modafar, al ver invadido su reino, tuviese que 
acudir allá y evacuase la campiña andaluza. Así ocurrió, 
en efecto, pues Almodafar puso en armas á todos los 
subditos capaces de tomarlas, pidió auxilio á Ishak de 
Carmóna, que envió un cuerpo do tropas al mando de su 
hijo, y marchó á combatir á Ismail. Los berberiscos de 
Carmona opinaban que no debía trabarse batalla con és- 
te, porque sabían por informes recibidos de Sevilla que 
el ejército que mandaba era mucho más numeroso que 
el de Badajoz; pero el rey Mohamed no quería de ningún 
modo soportar á los sevillanos dentro de sus fronteras y 
desvastando sus puebloír, por lo que entró resueltamente 
en batalla, y faé derrotado da manera tan desastrosa, 
que perdió cerca de tres mil hombres. El mismo príncipe 
de Carmona murió peleando, y los sevillanos le cortaron 
la cabeza, que enviaron á Motadid, y que éste guardó 
con feroz complacencia en la misma caja en que tenía la 
de Mohamad de Carmona, abuelo de este otro príncipe 
ahora muerto. 

Las consecuencias de esta derrota fueron tristísimas; 
pues como en ella había muerto la flor del vecindario de 
Badajoz, esta ciudad estaba muy aflijida, su3 tiendas ce- 
rradas, sus plazas y mercados desiertos, los ánimos aba- 
tidos porque el hambre se iba generalizando en el reino, 
pues los sevillanos continuaban desvastando el país y 
destruyendo las cosechas (1). Almodafar tuvo qu3 reti- 



(1) Abenhaván en Aben Baasam, I, IOS; y el poema del sevi- 
Uauo Aben Zaidum, en el mismo autor. I, 9'J, 



116 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

rarse á Badajoz con los restos de su maltrecho ejército, 
porque los aliados so retiraron y ninguno queria volve^ 
á enviarle auxilio (1^. Consumiéndose de ira, érale forzo- 
so presenciar cruzado de brazos la desolación de sus esta- 
dos por los enemigos sevillanos, á pesar de lo cual, y mor- 
diéndose los labios de cólera, no quería acceder á las ges- 
tiones de paz que le proponía el presidente de la repú- 
blica cordobesa Abecheuhar, aun sabiendo que Motadid 
no rehusaba una avenencia. 

Hasta tal punto quería hacer comprender que no le 
entristecían las desdichas de su reino, que llevó el fingi- 
miento al extremo de man dar que le comprasen en Cór- 
doba dos cantadoras. Esto no pudo menos de llenar de 
asombro á los que no comprendían la razón secreta de es- 
te modo de obrar; porque teniendo fama Mohamed de 
hombre serio, muy amante del estudio y enemigo de fri- 
volidades; tenía que causar extrStl^za el que pensase en 
adquirir cantadoras cuando la capital de su reino estaba 
tan aflijida, y las ciudadas de la comarca de Evora eran 
víctimas de las depredaciones del enemigo. La razón de 
ello no se inspiraba en otro propósito que el de demos- 
trar gran temple de espíritu; pues se había enterado de 
que Motadid de Sevilla había comprado una cantadora 
procedente de la testamentaría de un wisir de Córdoba, 
y entonces él mandó comprar dos, para demostrar que 
podía también pensar en cantadoras y que estaba de tan 
buen humor como su enemigo. Pero Abucheuhar no de- 



(1) Abenjaldúm confirma ésto en pocas palabras: «Igual- 
emente guerreó con Aben Abbad en apoyo de Aben Yahya señor 
»de Libia; porque Aben Abbad hacia guerra contra éste, y en esta 
^ocasión le quitó Aben Abbad gran parte de las tierras y castillos 
»que tenía en la frontera de los cristianos. Huyó Al-Modafán á 
»Badajoz, y allí se defendió después de dos batallas en las que 
smurieron muchos hombres. Ocurrió ésto en el año 443, Después 
»puso la paz entre ellos Abucheuhar; y murió el Modafan en el 
»año 460» Hooguliet, p&g. 4, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 117 

sistió de sus n3gDciaoioQos para que ambos rivales Ib- 
gasen á una avonencia, y al fin consiguió que hiciesen la 
paz en Junio del año 1051, después de haber estado gue- 
rreando cinco años y medio (1). 

Quizás por este tiempo existiría aún el obispado de 
Badajoz, pues aunque ninguna noticia directa encuentro 
de él, hay un dato que deja ver sus huellas. En el Códice 
canónico árabe del año 1050, que se conserva en la Bi- 
blioteca Nacional, hay un cuadro sinóptico de la división 
eclesiástica de España, y en la columna correspondien- 
te á la provincia emeritense figura, la última de todas, la 
diócesis de Badajoz ('2). Esto parece revelar que aún no 
se había extinguido la sede, que en mi sentir debió aca- 
barse á fines del siglo XI, por falta de clero y de feli- 
gresía, pues se sabe que la dominación almoravide fue 
perjudicial para la población mozárabe, que llegó en mu- 
chas comarcas á emigrar. 

Volviendo á Mohamed Almodafar, las noticias de los 
cronistas revelan que era un príncipe instruido, como su 
padre, y como él amante del estudio y la erudición; de 
suerte que la corte de Badajoz era un centro de cultura 
donde encontraban protección los escritores y los artis- 
tas, lo mismo que sucedía en Sevilla y otros puntos, pues 
los reyes de taifas se distinguieron en ésto por su pro- 
tección á los sabios, sin que se sepa que en este tiempo 
tuvieran que temer los filósofos, médicos y naturalistas 
á la intolerancia de los fakís. Un poeta natural de Tru- 
jillo, llamado Abu Mohamed, hijo de Abdón, era uno de 
los favorecidos por Modafar (3j. «Ningún hombre eru- 



(1) Abbad, I, 248. 

(2) Simonet, Historia de los mozárabes, Apéndice. 

(3) «Abu Mohámmed Abdalá hijo de Albolón, uno de los poe- 
»ta8 de Almodhaffar, Abenalaftás; rey de Badajoz.» Aben Zaid, 
Ijb. m, cap. VI. 



1 



IIR HISTORIA DEL REINO DE BADAJOS 



»inás afanoso que este Modafar por adquirir escritos, en 
»Ios que se dan reglas de el modo de escribir con elegan- 
»cia; en los cuales se trata de gramática ó se ilustran los 

• sentidos de las palabras; además se contienen en ellos 
» versos y hechos singulares, y principalmente asuntos 
>de la historia. De esta clase de escritos, reunidos de cr- 
iden suya, escribió una gran obra que tituló con su nom- 
»bre. Es de la misma dase á que pertenecen los Lugares 

• selectos de Kauhi y principalmente los gestos de Abu 
»Mohamed hijo de Kotaiba. Consta de diez gruesos vo- 
» lúmenes cuanto se conoce de sus trabajos, y en casi to- 
ados está inscripto el nombre de Modafar (1).» Con refe- 
rencia á lo mismo, dice Aben Aljatib que Modafar escri- 
bió una obra histórica á la que puso el título de Memo- 
rias^ y que constaba de 50 tomos (2); y Aben Zaid escribe 
que «él fué quién escribió el libro x^ilmotafin de literatu- 
»ra é historia en cerca de cien tomos (3)». Los diez to- 
mos que dice Abdelwahid, se convierten en cincuenta pa- 
ra Aljatib y llegan á ciento según Aben Zaid; aunque 
acaso los tres tengan razón, pues en eso de volúmenes 
de una obra, caben los tomos que se quieran, según el ta- 
maño que se les dé. 

Almodafar acuñó moneda de oro, pues de él se cono- 
cen dos ejemplares con la misma leyenda, aunque de dis- 
tinto cuño. En ambas reconoce como imán á Abdalá Al- 
moaily, siguiendo la norma de los otros reyes indepen- 
dientes que no roconocian al califa oficial, y proclamaban 
el nombre de este Abdalá, que era un testaferro del señor 
de Denía, como el falso Hixém II, lo era de los reyes de 
Sevilla, que le aclaman como imán en sus monedas. Am- 



(1) Abdelwahid el Marracishi, en Hooguliet, pág. 16. 

(2) Casiri, Hihl. arab. Escuril, tomo II, art. MDCUH. 

(3) Abu Zaid, lib. III, cap. II, 



MATtAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 119 

bos ejemplares del dd Badajoz son de buena ley, y de 
0*78 gramos de peso. La leyenda de los dos es, por el an- 
verso, dos renglones en el c3ntro: ^Xo hay Dios sino Al- 
lah, Mahoma es el enviado de Allák. La orla está borrosa 
en ambos ejemplares, pues en el menos estragado sólo 
se lee: *En el nombre de Allah fué acuñado este diñar en 

*Bat años.* Parece que debe decir Baf (olios). 

Por el reverso sólo hay esta leyenda en el centro: ^Al- 
modafar El imán Ahd ahí (L),* 

Después que so firm() la paz entre los reyes de Bada- 
joz y Sevilla, no tenía éste (|ue temer á los berberiscos, 
porque Modaffar quedaba bien descalabrado, y el señor 
de Carmona poco menos. Empleó entonces Motadid sus 
fuerzas en someter los señoríos de Occidente, basta te- 
ner por lindero el mar Occeáno. En aquel mismo año 
1051 fué acometido Aben Yahya de Niebla, y en la per- 
suasión de que le seria inútil resistir, entregó el señorío y 
se marchó á vivir á Córdoba. Abdelaziz olBecri, señor 
de Huelva y la isla de Salfcis, convencido también de que 
le llegaba su turno, se anticipó á ofrecer á Motadid, que 
le rendiría vasallaje y le entregaría Huelva, si le deja- 
ba en Saltis; pero Motadid, que finjió aceptar, luego que 
tomó posesión de Huelv^a encargó al jefe de la guarni- 
ción que no dejase á Abdelaziz salir de la isla, por lo que 
éste comprendió que todo jíara él estaba perdido, y con- 
cluyó por recibir del sevillano diez mil dinares de oro y 
marcharse á Córdoba. A continuación se emprendió el 
sitio de Silves, cuyo señor, Abulasbag Yzá hijo de Mo- 
zain, quiso resistirse y aún luchó como bueno, buscando 
la muerte; pero la ciudad fué tomada y el príncipe man- 
dado al destierro. Luego marchó el ejército á apoderarse 



(1) D. Antonio Vives, Monedas de las dinastías aribigo-espfi* 
ftolas, págs. XLVI y 149, núms. 989 y 990, 



120 HISTORIA DEL REIKO DB BADAJOZ 

de Santa María de Faro, en la que era señor Mohámmed, 
hijo de Said hijo de Harut de Mérida, tal vez de abolen- 
go español. También este se entregó pronto a los sevilla- 
nos, y la comarca de Osonoba y Santa María entró como 
las otras á formar parte del reino de Motadid (1). Todo 
ésto lo tuvo que contemplar inactivo Modaffar, que no 
podía evitar por ningiin medio que así fuera engrande- 
ciendo sus estados su enemigo el sevillano. 

Grande era el aprieto en que se vio entonces el rey de 
Badajoz, por todas partes rodeado de peligros; pues si 
por el Sur tenía un vecino tan rapaz, que después de ha 
ber sometido los pequeños señoríos del Algarbe tal vez 
intentase de nuevo acometer á Beja, Evora ó Alcázar de 
Jetawir, por el Este tenía que mirar con recelo al rey 
Aben Dilnúm de Toledo, con el cual se hallaba desaveni 
do (2), y por el Norte estaba el rey cristiano Don Fer 
nando I, cuyas tropas hacían de continuo razias desas- 
trosas. Desde que los reyes cristianos extendieron sus 
fronteras por la comarca comprendida entre el Duero y 
la cordillera nominada Guadarrama, Peña de Francia y 
Sierra de Gata, llamaban á los terrenos que ocupaban en 
esta zona extrema Durii (los extremos del Duero); ha?ta 
que haciéndose ya genérico el nombre, adjetivaron el 
del rio, y decían Extrema-Darla^ de donde nació, andan- 
do el tiempo el de Extremadura, Cuando en el siglo si- 
guiente llegue la frontera al Tajo, y luego al Guadiana, 
seguirán los cristianos llamando Extremadura á lo más 
meridional de la frontera, aunque esté ya muy lejos del 
rio Duero. 



(1) Abenjaldúm, en Hooguliet, págs. 81, 32, notas. 

(2) Abenjaldúm dice que «hubo entre él y Aben Dulnúin guo- 
>rras de memoria pasada.» Hooguliet, pág. 4, No h^ encontrado 
npticia alguna de tales guerras. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 121 

En el tiempo que siguió á la conquista del Algarbe 
meridional por el rey de Sevilla, comenzaba Don Fer- 
nando I á extender sus conquistas por los extremos del 
Duero, haciendo sus tropas algunas expediciones que 
apenas se atrevía á contrarrestar el rey de Badajoz; pues 
sobre no tener fuerzas bastantes para ello, le asaltaban 
temores de ser á la vez agredido por las fronteras de Se- 
villa y Toledo. El rey cristiano llevó sus armas hacia el 
Sudoeste, conquistó en el año 1057 la ciudad de Lame- 
go, en 1058 las de Viseo, Geisa, San Martinho de Moros, 
Travanca y Petralva; y en los años siguientes ocupó 
otros castillos comarcanos (1), y, fué estragando la co- 
marca de Coimbra, que más adelante había de ocupar. 
La frontera del reino de Badajoz quedaba desguarnecida 
por esta parte, y ante el temor de nuevas desmembracio- 
nes, no tuvo Almodaffar otro remedio que declararse 
tributario de Don Fernando. 

Dirigió éste después sus campañas contra el rey de 
Zaragoza Ahmed Almoctadir Abenkud, á quién también 
arrebató las fortalezas que poseía al Sur del Duero, y le 
obligó á hacerse tributario. En cuanto tuvo ocasión pro- 
picia, entró en el reino toledano, cuyo rey le pagó tam- 
bién tribiitos hasta llegar á Alcalá de Henares, llevándo- 
lo todo á sangre y fuego. En 1063 hizo Fernando otra 
razia al reino de Sevilla, y obligó á Motadid á pagar tri- 
buto anual y entregar las cenizas de San Isidoro (2). En 



(1) «Aora MXCY rex domiius Fernnndus cum coniuge sua re- 
»^ina domna Sancia cepit Lainecuin tertio calend. Deceinbris in 
> f estivitate Sancti Saturuini lucesreiiti, die Sabbatbi. 

•Aera MXCVI quarto calend. Angustí in die S. Cucufatis rex 
»domnu8 Fernandas cepit civitatem Viseiira, postea Geisam et 
»S. Martinum de Maiiris et Travancam et Peiialviam, atquecetera 
>castella cliristianarum vicinitatum per annos octo.» Chron lusi- 
tano. 

(2) Chron, Silense, núms, 91 áXOQ. 



122 mSTOttlA DBL RBINO DB BADAJOZ 



1064 pudo conquistar la ciudad de Coimbra (1). después 
de un sitio de seis meses. Con arreglo á lo estipulado en 
la entrega de la ciudad, cinco mil sitiados fueron entre- 
gados al servicio del vencedor, y los demás moradores 
evacuaron la población sin llevarse más que los recursos 
necesarios para el viaje; y, por último, todos los musul- 
manes que habitaban en aquella parte, hasta el rio Mon- 
dego, fueron expulsados (2). Murió á poco Don Fer- 
nando, y las guerras civiles que Don Sancho II sostuvo 
contra sus hermanos fueron un respiro para los reinos mu- 
sulmanes. Sin emb^-rgo, Almodafar no hizo nada por 
impedir que Motadid incorporase el señorío de Carmo- 
na á su reino, lo cual tuvo lugar en el año 1067. Murió 
Almodafar al año siguiente (egira450), debiendo suce- 
derle su hijo Yahya (3). 

Según queda dicho atrás, atribuyó Aljatib á este 
rey de Badajoz gran prudencia y fortaleza de ánimo. Por 
los hechos referidos no resulta del todo comprobado que 
tuviese la primera de estas cualidades, pues si la pruden- 
cia pudo servirle para impedir la total ruina de su rei- 
no, no le sirvió para evitar que el rey de Sevilla le de- 
rrotase por completo y conquistase los señoríos de Al" 
garbe, Huelva, Niebla y Carmena, y que Don Fernan- 
do I extendiese sus fronteras hasta el Mondego. Es muy 
creíble que estuviese Modafar dotado do la fortaleza de 
ánimo que el cronista le atribuye, pues nunca decayó su 
espíritu ante los revesos que sufrió peleando con sus ene- 
migos. El episodio de mandar comprar bailarinas cuan- 
do su reino estaba más afligido, revela un carácter sin- 



(1) «Aera MCII octavo calend. Angustí feria V iii vespera 
»Sancti Cristophori rex D. Fernandua cepit Colimbriíiin.» Chron. 
lusitano. 

(2) Chron. 5 ilense, núms. 87 á 90. 

(3) Abenjaldúm, en Hooguliet, pág, 4, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNIBS ' 128 

guiar y un temple de alma á toda prueba. No hay noti- 
cia de que cometiera acto alguno reprobado, como los 
cometió su padre; y la decisión con que procedía en 
sus luchas con el rey de Sevilla, induce á pensar que el 
fondo moral de Modafar era más digno y levantado que 
el de su pérfido enemigo, así como el odio que éste le 
inspiraba estaba justificado por la maldad y la perversa 
intención con que procedieron en todos sus actos, lo mis- 
mo Motadid que su padre el Cadí. 




^^ 



o^ _(?_(?_CLJ^. (^ (?• (? (? 9i 9i 9i ^' 9i' ^ 9i ^ 




CAPITULO IX 



Yahya Almanzor y Ornar Almotaukil 




oco es lo que se sabe de Yahya en el reino 
I de Badajoz, pues tan poco es lo que dicen 
los cronistas, que apenas dan ocasión para 
conocerle las noticias recogidas por Dozy, 
Hooguliety Conde. Por ellos y por las mo- 
nedas, sabemos que Yahya se daba el título de Almanzor, 
como su abuelo; por donde una vez más se viene en co- 
nocimiento de que los reyes Aftasis se pagaban mucho de 
estos calificativos resonantes. 

Dozy no hace mención alguna de Yahya en su Histo- 
ria de los musulmanes] y sólo en otra obra suya, al dar 
noticias del poeta Aben Abdúm, escribe ésto: «Era en 
»aquel tiempo gobernador de Evora el príncipe aftasi 
»Omar al-Motawakil, que prendado del joven Ben Ab- 
»dúm, cuando la muerte de su hermano Yahya Almanzor 
T^le llamó al trono de Badajoz, llevóse consigo al poeta 
•como uno de sus secretarios, empleo que conservó Ben 
«Abdúm hasta lacaida de los Aitasies (487), aceptando 



Í2é ItlStORt A DBt REINO DE BADAJ02 

» entonces otro igual cerca de Sir-ben-Abibecr (1).» Hoo- 
gnliet recoge algunas noticias de Yahya, en las que los 
cronistas que invoca le nombran incidentalmente, y ha- 
ce notar que Aljatib, Abenjaldum y Abdelwahid de Ma- 
rruecos no nombran siquiera á este rey, siao que desde 
la muerte de su padre pasan seguidamente al reinado de 
Omar. Nuestro Conde da algunas noticias de Yahya, to- 
madas al parecer de las biografías de Aben Pascual. 

Cuando murió Mohamed Almodafar en el año 1068, 
debia sucederle Yahya; pero su hermano Omar, que era 
gobernador de la comarca de Evora, no sólo no b quiso 
reconocer como soberano, sino que se declaró soberano 
independiente de toda la parte occidental del reino (2), 
Debieron mediar contiendas entre los dos hermanos con 
este motivo, por más que sobre ello nada digan los cro- 
nistas, pues Aben Pascual dice que en la hegira 461 se 
hallaban desavenidos, siendo Omar protegido por Mota- 
did de Sevilla, y Yahya por el tey de Toledo (3). Lo cier- 
to es que el reino quedó dividido y qu3 Yahya sólo reinó 
en la parte más oriental de él. 

El reino de Omar debió comprender las comarcas de 
Evora, Sines, Alcázar, Setubal (Xetawir), Lisboa, Cin- 
tra (Síntira), Obidos, Thomar, Leiria y Soure, puen ya 
se sabe que entonces la frontera cristiana, por el Norte, 
era el río Mondego y la sierra de la Estrella, y por el Sur 
era frontera del reino de Sevilla la ciudad de Beja, las 
minas de Aljustrel y la villa de Albalade. El lindero en- 
tre los dos reinos de Yahya y Omar, quizás fuese por el 
rio Sever, por el Occidente de Elvas y de Jurumenia y 
por el rio Guadiana. 



1 



(1) Dozy, Commentaire historique sur le poeme de AA-benb 
dúmpar Aben Badrám, Introductión. 

(2) Hoogaliet, pág. 84. 

^9) Conde, parte al, oau VITI. 



MAtIaS RAmÓn MARtInSZ T MAHtlKBZ 1^ 

En cuanto al reino de Yahya, debió abarcar otro tan- 
to, pues la frontera cristiana llegaba entonces á la sierra 
de Gata, la Pefia de Francia y la sierra de Grados; por 
el Este se hallaba el reino de Toledo, que debía deslin- 
darse con el de Badajoz por el puerto de Avila y una lí- 
nea que pasase al Oeste de Talayera y de Almadén; y 
por el Sur el reino de Sevilla debía partir lindes por 
Azuaga, Guadalcanal, Aracena, Aroche y Mora; y en 
cuanto al lindero occidental, con el reino de Ornar, el 
que queda dicho antes. Según las noticias que dan los 
cronistas y las presunciones más racionales, en todo el 
perímetro deslindado se hallaban las ciudades, villas y 
castillos siguientes: 

CoiHaj excelente fortaleza y bonita población, rodea- 
da de sólidas murallas, con una campiña muy fértil, en 
la que abundaban los higos y las uvas (1); y con un her- 
moso castillo que ocupaba el centro de la plaza y era 
inexpugnable por sus fuertes, á la vez que un gran ob- 
servatorio por su altura, desde donde se atalayaba una 
grande extensión (2). 

Gata era una antigua villa fortificada, que había al 
Oeste de Coria (3). El castillo de Milaria, situado entre 
los dos rios de Gata y Arrago, era muy fuerte para aque- 
llos tiempos de arma blanca^ el de Mancoras^ que hoy se 
llama Santibañez el alto (4); el de Otulia al Oeste del 
Casar de Palomera, y á la entrada del valle de las Jut'- 
des, que quizás se llamaba así entonces (5). Galiateo y 

(1) Vid. Apéadice II. 

(2) Conde, parte II I, cap. VI. 

(í3) Gata fué la ciudad de los Vettones C.ittobriga {villa, de Cat' 
to ), que subsistió con el nombre convertido en Gata] por donde se 
vé que muehos nombres tienen á veces un origen muy distinto del 
que parecen significar. 

(4) MiLana y }£ascoras los encontramos en los documentos d>3l 
siglo XXL 

(6) Sobre las Jurdes Vid. Apéndice XLIV, 



128 HISTORIA DEL RBtNO DB BADAJOZ. 

Granada eran dos lugares notables, cuya existancia com- 
prueban documentos del siglo XII. 

Al-balat, hoy despoblada, era cabeza de la cora de 
su nombre, y estaba situada junto á un vado del Tajo 
que hay cerca de Almaraz, en el término de Romangor- 
do. El lugarzuelo de Ambroz era sin duda pequeño, y ve- 
remos más adelante que lo transformó Don Alfonso VIH 
en lá ciudad de Plasencia. El lugar de Safar iz ó Jahariz, 
según nos dice un documento del siglo Xtl, estaba jun- 
to al rio Teitar, por lo que se vé que es la villa de Ja- 
raiz. Seguramente que no existía ya la ciudad vetónica 
de Capara^ de la que hoy sólo subsiste el nombre en las 
Ventas de Caparra, y un ruinoso arco triunfal por el que 
pasa la vía romana. También entre Riolobos y Q-alisteo 
estuvo la mansión Rusticana, que acaso hubiera ya des- 
aparecido en tiempos de los moros. 

En la comarca de la tribu berberisca de Nafta, que 
ya conocemos, habia pueblos no menos dignos de men- 
ción, como Turgdlo ó Trujillo, ciudad fortificadu con 
mucho vecindario y muy merodeador, como de pura ra 
za berbere. El castillo que llama Edrisi de Méknasa y 
los documentos Migueza, estaba en el hoy llamado corro 
de ARngazo, á la derecha del Tajo, éintss del puente del 
Cardenal, y en el camino de Tala vera á Plasencia (1). 
Log rosan es un lugar cuyo nombre me obliga á citarlo 
aquí, pues parece anterior a los árabes. En Madrigalejo 
debió haber población, pues la hubo en tiempo de los 
romanos; y otro tanto digo de Berzocana (antigua Len- 
ctana), de Villamesía (antes Lacinea), Naval villar de 



(1) Para fijar este castillo, aparte de las señas de Edrisi, ad- 
vierte Don Eduardo Saavedra que según Ebno Hancal, distaba 
dos días de Caceras y uno de Albalat; y, según el Istajrí, se ha- 
llaba en el camino de Córdoba á Zamora, en cuya mitad estaba 
Trujillo. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 129 

Pela (antigua Lacimurgci), del cerro de Ibor (antigua 
Aebura) y Talavera la vieja (quo se llamó AugiiHtohnga). 
El rio Ruecas tomó su nombre de los antiguos Ruccones, 
domeñados por Liuvigildo; y el Guadalupe (rio del lobo) 
fué llamado asi por la gentp mora. También sabemos que 
existía el castillo de Cañamero, que un siglo después ve- 
remos despoblado. 

Cázeres había perdido su nombre antiguo, sustituyen 
dolé por el arábigo á causa de los fuertes edificios ó al- 
cazares que tenía. Al Sur estaba Monfanche.^^ que si en 
tiempos de los romanos había sido sólo un lugarzuelo co- 
locado en la cima del J/omv 7ances^ en el tiempo que nos 
ocupa tenja fortaleza que veremos pronto ser sojuzgada 
por los cristianos ( li. Cerca (^tán Almojarin, Alco/larín, 
y Ruaties, cuyos nombres acusan la antigüedad que les 
doy al citarlos aquí. Alconetar (el puento) estaba en el 
paso del Tajo. 

Al-Cantara (el puente) era una población notable, fa- 
vorecida por su maravilloso pu >nte, junto al que había 
una fortaleza para defender su paso. Quizás existían ya 
Ceclariny Valencia^ que veremos un siglo desj)ués. 

Badajoz era una ciudad ámpli.i. rodeada de fuertes 
murallas y colocada en medio de rica campiña. Tenía un 
arrabal al Este, en el campo de San Rique, y otro al 
Norte, á la otra banda del Guadiana, en el llamado cam- 
po de San Cristóbal. En su término estaban la torre de 
Sacralias ó Sagrajas, los lugares de Bótoa y Codosera^ y 
el de Montemayor^ cerca del rio Caya, Al Sur estaban los 
de Telena ^ Berceal y Albuhera. 

Elvas era una plaza fuerte al pió de una montaña, 
con una alegre comarca llena de alquerías y con mujeres 



(1) Escribí sobre Montanohez eala «Revista de Extremadura», 



Í30 fliStORÍA DEL REÍNÓ DB BADAÍO^ 

de singular belleza (1), dignas moradoras de un «terre- 
»no en el que corren abundantes ríos y en el que lucen 
» sobremanera los campos poblados de hermosa arboleda; 
»puós adonde quiera que se vu3lva la mirada, se verá 
»un jardín ó una finca egregia (2).» Al Sur, y no lejos, 
está la fortaleza de Jurmenia, 

Xeris 6 Xeres^ era una ciudad extensa colocada sobre 
suelo montuoso, se cree por tradición que tenía un barrio 
cristiano, y so sabe por testimonios ciertos que contaba 
ya remota antigüedad (3). Tenía en sii extenso término 
varias aldeas, atalayas y castillos ó torres. El lugarzuelo 
de Alcobaza^ á 10 kilómetros al Oeste, y el de San Blas, 
otro tanto al Sur, han dado de sí inscripciones visigóti- 
cas; los de la Granja, los Prados, la Crespa y Santa Ma- 
ría de Brobales, han dado inscripciones y restos ro- 
manos. 

El castillo de Burgos (4) llamado así quizás desde la 
época visigótica, tenía en su término varios lugarzuelos 
que han brotado inscripciones romanas, y ya han desa- 
parecido, como Cañada, Doña Kimona, Santa María del 
Valle; San Coronado, la Mezquita, el Álamo, Mari Ri- 

(1) Vid. Apéndice 11. 

(2) Aben Kani en Hooguliet, pág. 86. 

(3) En J erez hubo una ciudad que yo creo se llamó Ceret y 
que Ptolomeo escribe Caeriana] pues aunque se dice que fué la ciu- 
dad betúrica Savia, co^nominada Fama Julia, yo entiendo que 
ésta fué la moderna Feria, y que las dos Jerez (la de la Frontera y 
la de los Caballeros) fueron siempre homónimas, llamándose 6V- 
ref desde que las fundaron los fenicios hasta que los árabes co- 
rrompieron su nombre en Xeris 6 Xeres, La extremeña ha dado 
inscripciones romanas y visigóticas. En el año 556 erigió una ba- 
sílica á Santa María. Cuando en el 713, después que Abdelazis, hi- 
jo de Muza, sometió á Sevilla, Osonoba y Beja, vino á juntarse en 
Mérida con su padre, debió pasar por la via romana de Beja á Aro- 
che, y de aquí por Nerf abriga, Ceret, el castillo de Burgos, Con- 
tributa fZafra) y Perecíann (Villafranca). 

(4» Se llamó Burgus (el castillo), y los hispano-godos hicie- 
ron Burgos, Al pié estaba el lugar de lanis con su basílica á la 
Santa Crac, que quizás destruyó Abdela«is. Vid. nota anterior. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ t MAR¥iNE¿ Í3Í 

vera, el Monasterio, Grano de Oro, San Vicente y Ba- 
rranca. En el Álamo hubo un balneario romano consa- 
grado á la Domus Divina, al cual sin duda los árabes lla- 
maron a2-Aama (el baño), .y el vulgo llama hoy álamo. 
En Mari Rivera se halló una vasija con 200 monedas 
árabes de plata. En la Mezquita se ven aún ruinas y se 
extrajeron trozos de columnas de mármol. * 

El castillo de Valera estaba junto á las ruinas de la 
antigua ciudad de Nertóbriga, al Sur de Fregenal. La 
Atalaya del Naharro era la actual aldea de la Atalaya, 
por cuyo término corre el Najarillo. Debía haber pobla- 
dos en Medina y Zafra y Feria, que existían en tiempos 
de los romanos^ 

Mont'Salud era un castillo que ya conocemos desde 
las guerras de Aben Merwán, y que parece haber sido 
un fuerte al que los romanos llamasen Mons Salutis. No 
sé donde estaría el lugar de Carquer ó Caraquer, en que 
acampó Aben Merwán, y que parece haber dejado hue- 
llas de su nombre en el rio Alcarrache. Debían existir 
Barcarrota, la Torre y la Parra, que han dado de sí ins- 
cripciones romanas, y Almendral y la Morera, en las 
que se hallaron aras visigóticas. Salvatierra también las 
ha dado de ambas épocas, y vestigios de monumentos no- 
tables. 

Mérida, la ciudad de los famosos monumentos roma- 
nos, hizo escribir fabulosas descripciones á algunos auto- 
res arábigos. El famoso Castillo de Alanje ya es conoci- 
do en capítulos anteriores; lo mismo que la ciudad de Me- 
delin, murada y habitada por inquietos berberiscos. Ma- 
gazeUa se llamó Contosolia en tiempos de los romanos, y 
tenía señero castillo en tiempos de íos árabes. El castillo 
de Mojafak estaba cerca de Villanueva, en donde hoy 
llaman á sus ruinas de Mojajá. Hius-ben- Harón era otro 
d^stillo que hoy llaman Aznaharóu^ á una legua de Al- 



1B2 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



madén. Arando es hoy el molino de Barandón, á la iz- 
quierda del Guadiana, entre el desagüe del rio Guadar- 
ranqne y el vado de la Mancha. Los castillos de Almor- 
rhói) y íle (iafek ó (¿ahét (hoy Belalcázar ', defendían es- 
ta comarca de Altuadén (la minai. 

Capilla era el asiento do la antiorim ciudad Mirobri- 
/ja] Zalamea lo f\\¿ (\ol municipio lulipa; Arxallen, con 
su castillo -rl/r/rr/í'f, de la ciudad de Ar^^a, Azuaga, con 
su muralla do tierra, también contaba antigüedad roma- 
na. Bevlanga. ^[onastcrio (antigua Curigai, Cala, Reina, 
fantigna /iVgrníí/ , (fuaialcannlj Usagre, Lacanfo (anti- 
gua Larunis^ hoy Fuente de Cantos), Hornachos ^antigua 
FornacisK todas ellas existían en este tiempo. 

Laresefia aut^-ior puede dar una idea do lo quese- 
ría nuestro país entonces, espr^cialmente en la parte más 
septentrional, á una y otra banda del Tajo, donde pre- 
dominaba la poblacifui berbcri.^c?,. Hace falta un mapa 
exacto y minucioso que dé á conocer todos los despobla- 
dos y ruinas de torres, castillos, atalayas, alquerías y 
demás lugares. Por lo poco que he conseguido compro- 
bar á la luz de las fuentes históricas, vengo en conoci- 
miento de que la población mahometana se estableció 
por los campos, del mismo moílo (^ue encontró á la pobla- 
ción hispano mozárabe, porque ese modo de vivir era el 
que mejor cuadraba á la organización social de árabes y 
bérberos, entro los cuales era la tribu, acaudillada por el 
geke. la sociedad más completa. Así. fuera de las pobla- 
ciones importantes, como Badajoz, Xeriz, Mérida, Mede- 
Uín, Trujillo, Cáceres, Alcántara, ('oria y algunas otras, 
lo demás eran Jugar;?uelos y alquerías en las que vivían 
las familias formando cantones ó tribus, de la misma ma- 
nera que hoy en Marruecos viv?n las kábilas, cada una 
bajo la jefatura de su bajá. La reconquista cambiará por 
completo esta manera de ser en los siglos XI y XII , en 



MATf AS RAMÓN MARTÍN BZ T MARTÍKBZ 18H 



los cuales se verá que toda la comarca extremeña, y es- 
pecialmente la cuenca del Tajo, fué teatro permanente 
de guerra entre moros y cristianos, que hizo insosteni- 
ble la vida á los primeros y acabe) por , lanzarlos de la 
comarca. Vendrá luego el siglo XII I, en el que la lucha 
se localizará en la «uienca del (luadiana, hasta quedar 
extinguida la dominación de los musulmanes. 

La circulación de la sociedad en eltiempo que ahora es- 
toy historiando, do los reyes de Badajoz, se hacía por las 
calzadas romanas que arrancaban de Mírida, de la cual 
sabemos que había sido durante ocho siglos el corazón 
de donde partían aquellas grandes arterias; pues el Iti- 
nerario de Antonino nos muestra los nueve camiuos -si- 
guientes: 

1." De Mérida á Salamanca, por Sóror ch (Casas de 
Don Antonio I, Castra Caecilla (barrio de Xorba ó Cáce- 
res), Turmuliis (A'conetar), litiMiciana (Riolobos», CVi- 
y;«ra inventas de Caparra) y el Vícus caecíluiH (Baños de 
Montemaj^or). 

2." De Mérida á Toledo por /yacv'/^pn ( Villamesíai, 
Leuriana (Navalvillar de Ibor\ Augnsfohriga (Talavera 
la Vieja). 

3.^ De Mérida á Toledo por Mefellinnni iMedellíni. 
Confob'dia (Magacela), Mirobriga «Capilla), Sisapo i Al- 
madén). 

4.*^ De Mérida á Córdoba por Mefelliniim ( Medellin ', 
Arfigi I rio Ortiga», Mellaría • Fuente Obejuna». 

5.** De Mérida á Sevilla y Huelva por Perceiana 
íVillaf ranea», (hntribufa (Zafra), Lacunls (Fuente de 
Cantos), Cartga ( Monesterio), Monis Mariorum (Sierra 
Morena). 

6.** De Mérida á Sevilla, que empalmaba con el an- 
terior al Sur de Zafra, ó iba por Regina (^ Reina), 



194 RISTORtA I>fiL HfitNO DK BADAJOB 

7.® De Mérida á Lisboa, por Plagiaría Budua, et- 
cétera; ya descrita en el capítulo primero. 

8.^ De Mérida á Lisboa por Evora, ya descrito en el 
capítulo primero. 

9.** De Mérida á Lisboa por Santarem, también des- 
crito. 

Como complemento pueden citarse otros caminos que 
indica Edrisi, á saber: 1.^ De Silves á Badajoz. 2.** De 
Evora á Badajoz (es el mismo camino 8.^ romano). 3.** De 
Badajoz á Sevilla, pasando por Hajar de Abi Jalid (Al- 
hajar) y Gibraleón. i.^ De Badajoz á Córdoba, por la 
gran calzada, b.^ De Badajoz á Mérida ípor el camino 
7.^ romano). 6.*^ de Mérida á Cantara. 7."* Do Cantara á 
Coria. 8.° De Coria á Coimbra. 9.^ De Badajoz á Santa- 
rem, pasando por Elvas (es el 9.^ camino romano), 
10.° De Mérida á Caracuel y Calatrava. 11. De Calatra- 
va á Albalat. 12. De Albahtá Tala vera. 13. De Al-Can- 
tara á Al-ilakhada. 14. De Mérida á Medellín (es el 3.° 
romano). 15. De Medellín á Trujillo. 16. De Trujillo á 
Cáceres. 17. De Mikussa á Mokhada Albalat. 18. De Cór- 
doba á Badajoz va por Dar-al-Bacar, el fuerte de Bei na- 
dar, Azuaga, el rio Etina (Rentin y Matachelí, Alanje y 
Mérida. 

No he podido apreciar, ni por conjeturas, cuál fué 
la división político-administrativa, que los reyes de 
Badajoz hicieran del territorio, pero habrá que presu- 
mir que sería proporcionada á la deuvsidad de la pobla- 
ción y extensión del territorio, pues así lo demanda 
la más rudimentaria administración pública. 

Yahya, en las primeras monadas (]ue acuñó, se titu- 
laba solamente el hagih Yahya^ pero más adelante se 
proclama Yahya Almanzor hillah. En todas invoca como 
imam á Abdalá, y en casi todas aparece por el anverso 
el nombre Monafac^ de personaje desconocido. De 1^3 



MÁTtAB ftÁMÓH MARTtMftS YMÁMÍHISI 135 

diez que reseña Don Antonio Vives, merece citarse la 
del número 991 , de oro bajo, sin orlas y con estas le- 
yendas: 

Anverso: <iAllah en Dios, él solo, Bonafac* 

Reverso: ^El hagib Yahya, El imam Abdala 

9 principe de los fieles.* 
De los direhms de cobre, la del número 994 dice: 

Anverso: Centro: *Xo hay Dios sino Alláh, y no 

*hay compañero para él, Monafac.<^ 

Orla: «JSn el nombre de Allah fué acuñado 

*este direhm en Alandálus, años seis y 

> cincuenta y cuatrocientos. > 

Reverso: Centro: *El hagib Yahya, El imáín. 

*Abdaláf principe de los fieles. t^ 
La del número 996: 

Anverso: Centro: ^Monafac, Solo Alláhes' 

» Dios ^ y no hay compañero para él,* 

Orla: « en Andalus año 

*sieie y cincuenta y » 

Reverso: Centro: « Yahya Almanzor billáh. El 

íimám Abdalá principe de los fieles,* 

Con escasas diferencias en los textos del Corám, 
las demás monedas ostentan las mismas leyendas que 
éstas. 

Las monedas de Omar forman dos grupos distintos: el 
primero es muy parecido al de las de su hermamo Yah- 
ya, y con el reconocimiento del imam Abdalá; el segundo 
muy distinto en el tipo y en el metal, que es de plata ; 
mas como no se identifican las fechas, no se puede apre- 
ciar si las de una clase son simultáneas ó sucesivas de 
las otras. Se da Omar en todas el título de Almotankil' 
aiZ-^4ZííiA (el ^ue confia en Dios}, que es también el que 



1B(> IIISTOniA DEL REIXO DB BADAJOZ. 

le dan los cronistas. De 21 monedas da noticia Don An- 
tonio Vives en su obra de las Monedas arábigo españo- 
las. La del número 1001, de oro, sin orlas, presenta la 
lección siguiente: 

Anverso: <Alláh es Dios, él solo. El hagib Majdodaula.^ 
Reverso: <^Almofankil il AUáli. El imam Abdaláj 
y>AlíNUt/ed billaJí,» 
Este hagib Majdodaula ó Machdodaula era hijo do 
Ornar, lo cual parece indicar propósito de destinarle pa- 
ra sucesor suyo en el reino. Por analogía á lo que en es- 
te ejemplar sucede, me inclino á creer que el Monafac de 
las monedas de Yahya era un hijo de éste, pues aunque 
los cronistas dicen que murió sin sucesión, ésto no impi- 
de que tuviera algiin hijo que muriera antes que él. La 
moneda 1007, direhm de cobre con orla borrada por el 
anverso, sólo ofrece los nombres de Ornar en una cara y 
su hijo en otra, sin indicación de imam: 

Anv'crso: <^Almofanki.l ail Alláh,» 
Reverso: «7?Z hagib Majdodaula.:» 

Las monedas de plata ofrecen la particularidad de os- 
tentar en una cara el título de Almotawakil y en otra el 
de Almanzor. ¿vSerá que las acuñasen á nombre de los 
dos hermanos, si al fin llegaron á reconciliarse y quedar 
reinando á la vez? ¿Será más bien que tomase Majdodau- 
la, el hijo de Omar, el título de Almanzor, que tanto 
agradaba á esta dinastía? 

Niim. 1012: Anverso: <'Almotankil ail Alláh. ^olo Alláh 

» es . » 
liívcrso: < Almanzor billd/i. Mahoma es el 
^enviado de Alláh. ^ 
Jíiim. 1017: Anverso: <iAlmoiankil aü Alláh. Solo Alláh 



MATÍAS ItAMON MARTInEZ T MABTINKZ 137 

Reverso: ^Almanzor, billáh. Dios y sin com- 
^ pañero, i> 
Xúm. 1019: Anverso: ^Almotarikil ail Alláh,* 
Reverso: <i^AImanzorhilhih.^> 

Al año de morir Modaifar falleció su enemigo Mota- 
flidde Sevilla (20 de Febrero de 1069) que, á pesar del 
tesón con que procuró á todo trance abatir á los berbe- 
riscos, sujestionado por una supsrstición de su>5 astrólo- 
gos que le habían pronosticado que su reino sería des- 
truido por extranjeros, no pudo morir con la tranquili- 
dad de haber evitado eso peligro. Había creído que ios 
extranjeros á que hacía alusión la profecía eran los ber- 
beriscos, y pronto tuvo noticia de que del desierto de 
África había salido una verdadera inundación do bárba- 
ros, convertidos al Islamismo por un sajitón ó profeta, 
que los había lanzado á conquistar la Mauritania y había 
conseguido formar en olla un vasto imperio. Estos bár- 
baros, que se llamaban Almorávides, eran efectivamente 
los extranjeros que liibíande destruir, no sólo el reino 
de Sevilla, sino todos los de las taifas españolas (l,i. 

Con nio' ivo de discordias que se promovieron en Cór- 
doba, al renunciar el mando Abncheuhar, entre sus dos 
h"j>s Ab l'^rramáii y Abdelmclik. el rey Abulmasam Ma- 
iiiim de Toledo concibió olproj'octo de hacerse dueño de 
la ciudad, y al efecto la sitió o.n 1070. Los cordobeses pi- 
dieron auxilio a Abul Casim Motatamid, hijo y sucesor 
de Motadid, lo -cual fué como escapar de un lobo para 
caer en las fauces de otro, porque Motamid envió un ejér- 
cito que. después de hacer levantar el sitio a los toleda- 
nos, entró en la ciudad, la anexión ') al reino de Sevilla y 
envió desterrados a la isla de Saltos a los dos hijos de 



(1) Abbad, I, 251; U, 6i, 62. 



Abucheuhar (1). Pero duró poco tiempo la tranquilidad 
en la antigua ciudad de los califas, porque Manúm per- 
sistía en sus propósitos de ganar á Córdoba, quizás pre- 
sintiendo que algún día necesitasen él ó su sucesor po- 
ner en ella su corte, porque cayera Toledo en manos de 
los cristianos, y acudió al rey de éstos en busca de auxi- 
lio para la empresa. Habían cesado ya las discordias ci- 
viles que trajo consigo la muerte de Don Fernando I, 
nacidas de que éste había dividido sus estados entre sus 
hijos; había muerto Don Sancho II ante los muros de 
Zamora y por la mano traidora de Ballido D'Olfos, y ha- 
bía sucedido á éste en 1072 su hermano Don Alfonso VI, 
que después de hacerse dueño de todo el reino de su pa- 
dre, comenzó á intervenir en las cuestiones de los ma- 
hometanos, conJa provechosa intención de salir ganando 
en ellas. Con él entró en alianza Al-Manúm de Toledo 
en 1074, y auxiliado por sus tropas consiguió apoderarse 
de Córdoba en los comienzos del año siguiente; pero en 
Junio del mismo año, murió allí envenenado (2). 

Dice Conde que el rey Yahya de Badajoz no pudo 
atender á estas guerras de Andalucía, por causa de las 
discordias que le promovió su hermano y por las luchas 
que mediaron entre ellos; pero es indudable que otras 
más graves razones eran las que le impedían meterse en 
asuntos ajenos, sin dejar de serlo bastante la razón de la 
guerra entre los dos hermanos. Es que las tropas cristia- 
nas repasaban de continuo la frontera de Gata, haciendo 
razias en los campos de Coria, cuyas cercanías asolaban 
y saqueaban, y aquello demostraba propósito de poner 
sitio á esta ciudad, que al fin fué tomada en un sábado 
del mes de Septiembre del 1077, con lo cual la frontera 



(2) 



Aben Bassam, I, 159. 
Abbad, 1, 40 á 48; II, 122. 



MATÍAS Rallóla XAftTlKBB T IIARTÍNBS 189 

quedó abierta por aquel lado, y las vegas del Tajo serían 
pronto teatro de correrías continuas (1). 

En el reino toledano, por muerte de Manúm, sucedió 
Yahya hijo de Ismail, llamado Alcadir, hombre tan inep- 
to como corrompido, que no era capaz de hacer frente á 
los peligros que amenazaban á su reino. Motadid de 83- 
villa no desistió de su intento de recuperar la ciudad de 
Córdoba, y después de largos embates la tomó por asal- 
to en Septiembre de 1078, apoderándose luego do todo el 
territorio toledano que se extendia al Sur del Guadiana. 
Estos hechos, y la conducta tiránica y disoluta de Alca- 
dir, le hicieron odioso á sus subditos, que en el año 
1079 llegaron á demostrarle su descontento, y le obliga- 
ron á acudir á D. Alfonso VI en demanda de auxilio pa 
ra contener á sus subditos. El rey cristiano ofreció en- 
viarle un cuerpo de tropas á cambio de una gran canti- 
dad de dinero; y como Cadir pretendiese sacársela á los 
toledanos principales, éstos se negaron á darla y él les 
amenazó con entregarlos á Don Alfonso, de lo cual re- 
sultó, como era consiguiente, que se sublevasen contra 
Alcadir. el cual escapó una noche á buscar refugio en 
el reino cristiano. Los toledanos, que no podían acudir 
al rey de Sevilla, por causa de los hechos ocurridos en 
Córdoba, buscaron entonces el auxilio del rey de Bada- 
joz, enemigo como ellos de Don Alfonso VI y del rey de 
Sevilla (2), aunque en mala situación para socorrerlos. 



(1) «Aera MCXV. mense Septembris cepit idem rex Alfonsus 
>Cauriam civitatem.» Chron. lusitano. 

«Aera MCXV, in Sabatto ipse accopit Cauriam.» Chron. Co- 
nimbricen^e. 

También lo confirma Pelayo de Oviedo. 

(2) Dozy cree que los toledanos se pusieron bajo el amparo de 
Omar Almotamkil, pero se comprende que á quien buscaron fué á 
Yahya, pues de otro modo no se explicaría que fuese éste quien 
acudiera á defenderlos contra Don Alfonso VI, en los comienzos 
del año lUSl, 



140 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOX 



El rey Don Alfonso fué entonces á sitiar á Toledo, 
para reponer á Alcadir en el trono, bajo condición de 
que había de entregarle el dinero que tuviese y obligarse 
á pagarle otra mayor cantidad luego que hubiera sido 
repuesto, quedando entre tanto ocupadas por las tropas 
de Don Alfonso algunas fortalezas. Aceptó Alcadir todo 
ésto, y en consecuencia de ello comenzó Don Alfonso en 
el año 1080 á hostilizar á Toledo (1). 

En esta ocasión dispuso- Yahya de Badajoz acudir á 
la defensa de los toledanos, y no á auxiliar á Alcadir 
contra Don Alfonso, como dice Conde, trastornando la 
narración délos sucesos, pues ya se ha visto por lo ante- 
dicho, que el rey cristiano no se proponía en esta campa- 
ña otra cosa que reponer á Alcadir en el trono, contra la 
voluntad de sus subditos que le habían expulsado, Yahya 
salió de Badajoz con escogida hueste de caballería, llegó 
á la comarca toledana, venció con fortuna á la tropa de 
Don Alfonso, la cual tuvo que levantar el campo y mar- 
charse á Castilla, talando al paso, robando ganados y 
cautivando los moradores de los lugares por don^^e huía. 
El rey Yahya, (jue con este oportuno triunfo se hizo dig- 
no del título de Almanzor que le daban sus subditos, re- 
gresó de nuevo a su reino, y habiéndose detenido en Mó- 
rida, falleció allí inesperadamente en el mismo año 1081 
,(hegira 473). Fué muy llorado de todos por sus bellas cua- 
lidades y por no haber dejado h'jo alguno que lo su- 
cediera {2}. 



(1) Abbad, II, 17,— Rodrigo.de Toledo, HÍ8t. arabum, lib. VI, 
cap. XXIII. 

(2) Conde, lug. cit., cap. VIII. 



CAPITULO X 



Ornar Almotankil solo. 




PKXAs Omar supo la mnorto de su herma- 
no. ( 01 rií'» á Badajoz á luicorso rpootiooer 
cciTio rey y organizív las (^osas de nuevo 
bajo la base de la unidad del reino, que él 
mismo había desheclio al fallecimiento de 
su padre. Encargó el gobierno de la provincia de Evora 
á su hijo Alabbás, y el de la de Mérida á su otro hijo Al- 
fadal ' 1 >; y otro hijo, el Mejdodaula de las monedas, era 
walí en Santarem ('2), por cuyos datos venimos en cono- 
cimiento de que los Aftasís procuraban encomendar los 
gobiernos de las principales provincias á sus hijos, herma- 
nos ó próximos parientes, sin duda por evitar que las tro- 
pas estuviesen capitaneadas por personas» que pudieran 
rebelarse contra su autoridad. 

Desde el comienzo de su reinado tuvo Omar que po- 



(l) Hooguliet, lug. cit., pág. 35. 

(2; Conde, lug, cit., caps, VIII y XXII. 



142 tttStOftIÁ t>BL ItBÍKO t>B ftADÁlO^ 



ner todo su empeño en defender el reino de Toledo, cu- 
yos naturales le aclamaban contra Alcadir, y al efecto en- 
vió allá un ejército á las órdenes d« su citado hijo Alfa- 
dal, gobernador de Mórida. Alfonso VI, después de la 
campaña del año 1081, había hecho otra contra el rey de 
Sevilla, en la cual acaudilló él mismo en persona su ejér- 
cito, quemó y saqueó algunos pueblos del Aljarafe y lle- 
gando hasta las playas de Tarifa, metióse á caballo en el 
agua, para poder decir que había llegado al último con- 
fín de España. En el año 1082 volvió nuevamente á em- 
prender el sitio de Toledo, y obtuvo algunas victorias; 
y si bien la ciudad se resistió cuanto pudo al año si- 
guiente, al fin las tropas de Alfadal quedaron tan destro- 
zadas, que perdida la flor de su caballería, tuvo el hijo 
Omar Almotankil que volverse á Mérida. Los toledanos, 
careciendo ya de tropa de socorro que evitase el asalto 
de la ciudad, tuvieron en 1084 que abrir las puertas al 
miserable Alcadir que se apresuró á espoliar á los habi- 
tantes para reunir la suma qus había ofrecido á Don Al- 
fonso. Pero éste no se dio por satisfecho con la cantidad 
recibida y Alcadir ofrecía dar más, poniendo entre tanto 
en fianza las ciudades, con lo cual Don Alfonso iba ocu- 
pando á Talavera, Maqueda, Santa Olalla, Madrid, Ol- 
mos, Kita, Alamín, Arganda, Caracuel, Cuenca y otras 
muchas poblaciones. Era un modo fácil de ocupar el país 
sin necesidad de lucha, porque los musulmanes no esta- 
ban en disposición de oponerse á esta conquista. Alcadir 
conocía ya que no era rey, porque Don Alfonso no deja- 
ba de estrujar le, para que manase dinero, y el día que de- 
jase de darle caería sobre Toledo la tropa cristiana, y se 
haría dueño de la ciudad sin que nadie ni nada lo impi- 
diese, pues, sobre no haber defensa alguna, los toledanos 
emigraban poco á poco hacia otros puntos. Cuando As- 
cadir vio claramente que ya no podía sostenerse más 



teATfAS RAMÓN HARTÍNBSS ir MARTÍNB2 14^ 



tiempo en una situación tan equívoca, pactó con Don Al- 
fonso la entrega de la ciudad de Toledo, entrando éste 
en ella el día 25 de Mayo de 1085, y marchándose Cadir 
á Valencia (1) 

A nuestro Ornar Almotankil, por más que soportase 
esta conquista del reino de Toledo, y la arrogancia con 
que el rey cristiano le trataba á él y al rey de Sevilla en 
las cartas que les dirigía, no le faltaba humor para dedi- 
carse á hermosear á Badajoz, para lo cual dice un cro- 
nista que «construyó en ella obras grandes é ilustres (2).» 
No dan los escritores más señas, por donde pudiera sa- 
berse qué obras hizo construir este rey; mas desde luego 
no fué obra suya el castillo, que se sabe fué debido á 
Aben Merwán, á quien tanbién debe atribuirse la mura- 
lla, á juzgar por los textos de los cronistas; ni fué tam- 
poco Omar quien levantó la mezquita, pues á ella estaba 
adherido el santuario en que fué sepultado su abuelo Ab- 
dalá, según quedó dicho en su lugar. Quizás fuera del 
tiempo de Omar el edificio que estaba rematado por la 
famosa torre llamada de Espantaperros, cuyo estilo acu- 
sa esa antigüedad. 

Omar era muy dado al cultivo de las letras y las cien- 
cias, y á ésto fué debida la protección que dispensaba á 
los sabios y poetas á quienes atrajo á su lado, haciendo 
de Badajoz un centro de cultura, al que supo dar el mis- 
mo esplendor que Motamid de Sevilla había dado á esta 
ciudad (3)^ Los cronistas hacen grandes elogios de los es- 
critos de Omar, y Aljatib afirma que muchos versos de 
los que componen la elegía escrita por su secretario 



(1) Abbad, II, 10 á 18. — Chron lusitano.— Pelayo de Oviedo, 

(2) Aben Zaid, Hb. III, cap. II. 

(3) Así lo dice Aben Zaid, lib. III, cap. II: «segán el autor del 
•libro Almohab, Almotawakil estaba en su corte de Badajoz como 
«Aimotamid Abbed Abad en auya de Sevilla,» 



144 inSTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



Aben Abdiiui oran obra del mismo monarca, que para 
honor de éste intercaló el wisir en su poema. 

Era cadileda 6 Juez superior de Badajoz Aben-Moka- 
na, que tenía gran reputación de sabio, especialmente 
en teología y jurisprudencia. También eran cortesanos 
de Ornar dos famosos gramáticos que habían sido maes- 
tros del mencionado poeta Aben Abdúm y eran Al Aláni 
y Abu Beqner-Acín hijo de Ayub. Este último era natu- 
ral de Badajoz, y autor de un comentario sobre las Esta- 
ciones de Al-Hariri (1). Brillaba asimismo en aquella 
corte un poeta natural de Medellín,- llamado Abu Zaid 
Abderrahmán hijo de Malul, que fup wisir y secretario 
del rey Omar (2). Pero el favorito de éste era el poeta 
Abu Mohamed Abdulmagid, hijo de Abdalá, hijo de Ab- 
dúm el Fehrí, natural de Evora, que á la edad de trece 
anos brillaba ya por su ingenio é inspiración, y ésto fué 
lo que le granjeó la amistad con Omar, cuando óste era 
todavía gobernador de Evora, y lo qu3 motivó qu'> al su- 
bir al trono le nombrase su secretario; pues parece que 
los versos de este poeta, generalmente conocido por Aben 
Abdúm, eran muy elogiados lo mismo en España que en 
las academias de Oriente, donde se le tenía por digno 
émulo del poeta sevillano Aben Zeidúm, que era el favo- 
rito de Motamid. Era también Aben Abdúm buen lingüis- 
ta, y logró captarse las simpatías de la corte por la mu- 
cha estimación en que Omar le tenía y por su mucha 
erudición, ingenió y cultura. Como muestra de su gran 
memoria dicen algunos autores que recitaba íntegro el 
Kitab-al agoni, gran repertorio do cantares y narracio- 
nes referentes á los árabes primitivos. Elogiábanse 
también sus versos como modelo de gracia, armonía y 



(1) Hooguliet, cap. III. 

(2) Aben Zftid, lib. UI^ cap. III, 



MATÍAS RAMÓN MAR^ÍNBfc Y MARTÍNEZ 145 

donosura; pero los arabistas modernos le señalan como 
defecto capitalísimo el rebuscamiento de frases y abuso 
de pensamientos alambicados para expresar hasta los 
sentimientos más naturales y los conceptos más sencillos, 
que pierden toda su gracia cuando se expresan con sutile- 
za. Por mi parte, aunque sin pericia para juzgar en la 
materia, por no estar bastante penetrado en el genio 
del idioma árabe, confieso que los versos d^ Aben Abdun 
que reproduce Hooguliet, conservados por los biógra- 
fos, me parecen tan sutiles y gongorinos, que no encuen- 
tro en ellos inspiración poética. Casi del mismo vicio ado- 
lecen escritores de entonces y para que el lector juzgue 
por sí, creo muy del caso copiar las noticias que dá un 
biógrafo llamado Abenjacáu, contemporáneo de Ornar 
de Badajo?, siquiera por el interés que bajo otros con- 
ceptos pueden tener para la historia (1). 

«Me contó el visir Abubóquer,hijode Cobatorna, que 
había hecho un viaje con Almotankil, cuando vino á él 
un mensajero, de que cierto ciudadano de Evora se ha- 
bía marchado fugitivo de su hijo Alabbás y se había 
acogido á Almotamid al Alláh. Después que él profirió 
repetidas amenazas y una y otra vez lanzó estas repulsas, 
he aquí que llevaron á Alabbás una carta, en la que bajo 
juramento se atestiguaba que él no se había marchado ó 
extrañado por rebelión, ni le había movido á emigrar 
otro motivo que la petulancia, pues que tenía ó necesi- 
dad ó deseo de hacerlo Entonces escribióle Almon- 

tankil (á su hijo) en la misma carta que le había enviado: 
«Puesto que estoy tan propicio para disculparte, se hace 
•necesario que para estas cosas te vuelvas más decidido 
»y las acometas con denuedo. Llegóme en verdad noti- 
»cia de lo ocurrido en la rebelión de un quídam contra 



(1) Hooguliet, cap, II, 



146 HISTORIA DBL REINO DB BADAJOZ 



»tí. Tú, en fin, no te has tomado el tiempo bastante para 
» tratar bien este asunto, ni en verdad has conocido su 
» verdadera importancia, hasta que él se fugó y abando- 
»n() su familia y su domicilio; pero esta prisa es de las 
»que traen daño, y no parece bien que venga la crisis 
»de la enfermedad antes que el enfermo haya sudado.» 

«Era Aben Hadramí su wisir; éste, en verdad, se lle- 
nó de soberbia, y por su necedad se alzó hasta las estre- 
llas de la Osa mayor. Trataba indignamente á los hom- 
bres, y en vez de beneficios les dirigía agravios llenos de 
oprobio; abandonaba la administración que le había si- 
do confiada, y no reparaba en que ésta pudiera llegará 
perderse. Pero como en todo esto desplegó toda cuanta 
soberbia ó insolencia le pareció conveniente, se hizo sa- 
ber á Almotankil la torpeza do sus actos; por lo cual le 
privó de tal honor y le removió de su ciirgo; pero él le 
escribió una carta con el fin de recabar una reconcilia- 
ción. De este modo le contestó Almotankil: «Oh señor 
»mio y el más elevado de mis baluartes, que conmigo te 

• lamentas de una cosa que ha preparado para tí tu pro- 
»pia mano, de ningún modo la mía, y de la que pido á 
»Dios que disponga prósperamente, ya que por sí mismo 
»te apartó de mí. He leido tu carta en la cual se contio- 
»nen quejas que lanzas porque te retiré mi favor con fir- 
»mísimo propósito y me apartó de tí. Así es, en verdad. 
» Vi que la administración del reino estaba perdida y se 
» había divulgado y hecho público cuan perversamente la 
» habías ejercido. Entonces me reconcentró en mi mismo, 

• busqué aquello que con auxilio de Dios pudiera me jo- 
rrar el estado del asunto, y comencé por rogar á Dios 
»que apartase do mí á aquellos con quienes tuviera amis- 
»tad, y que él mismo viese lo que yo debiera hacer. En 
•verdad, no veía ya más que un vastísimo mar, en cuyo 
«medio me encontraba, y los abismos en que me había 



M ATÍAR RAMÓN M ARTtNBZ Y MARTÍNEZ 147 

•sumergido. Desnudó mis piernas para poder vadear me- 
»jor estas aguas, cuya mole es tan grande, y seguí mi 
» ánimo según suele encaminarse rectamente en los asun- 
» tos, hasta que vadeé el mar en que me había ano ja- 
»do tu conducta, y puse el pió en la orilla, de la cual me 
»había apartado tu deseo de removerme. En íin, cúlpato 
»á ti mismo, y busca asilo y baluarte contraía deprava- 
»ción de tus actos. Si en verdad deseas conciliarte mi fa- 
»vor, invocando la pulcritud y constancia do mi ánimo y 
»la sinceridad do mi amor, yo reconozco sus indicios, y 
^confieso que es hoy tan poca como era antes mucha. 
»Por cierto, fuiste como se dice en el proverbio: «Asó 
>tu hermano la carne, y después de bien asada la arrojó 
» á la ceniza.» Obraste do tal modo, que mis enemigos so 
•atreviesen á abrigar deseos de vencerme. Demostraste 
>con audacia tu injusta soberbia ante losmoradores de mi 

• ciudad regia. Despreciaste á tus convecinos, y pensas- 
»te que eso era lo más acertado para sostenerte, si per- 
aseverabas en tu soberbia y aumentabas tu gran malig 

• nidad; hasta que excitaste los ánimos á la rebelión con- 
»tra tí y contra mí. Ya, en verdad, todo lo que en ello 

• hay de ingrato se ha trasladado á tí. Y siendo ésto así, 
•ni te hago más caso que á mis sirvientes, ni te dispenso 

• más honor que á mis esclavos.» 

«Aconteció que marchó Almotankil al país de los Re- 
ámanos para impugnar cierta fortaleza, acompañándole 
•élíel wisir Aben Alcobotorna) al rey. La tuvo sitiada 

• hasta que la expugnó, y la victoria franca y manifiesta 
•coronó el éxito.» Ilenuncio á seguir copiando los versos 
que el wisir acompañante escribió á este propósito, que 
no valen la pena. Sólo llamo la atención del lector hacia 
esta campaña de Omar al país de los cristianos, única 
que el biógrafo menciona, y eso, en las pocas palabras 
copiadas. Debió ser después de la batalla de Zalaca, pues 



148 HISTOEIA DBL ftEDfO DB BABA JOS 



antes no es fácil que Ornar estuviese en condiciones de ha- 
cer tales empresas, puesto que los triunfos de Don Al- 
fonso VI tenían amedrentados á los reyes de Badajoz y 
Sevilla y les movieron á invocar el auxilio de los almo- 
rávides. Sigo copiando del biógrafo Abenjacám lo que 
encuentro utilizable. 

«Me contó el wisir Abu Mohámmed Aben Abdún que 
una sequía continua había afligido por algún tiempo á 
la ciudad regia, hasta el punto de que se secaron sus rios 
y los cauces de éstos se cegaron de polvo. Las aves no 
modulaban ya sus cantos en el jardín antes bien regado; 
la desesperación conducía á los hombres á los mayores 
desatinos; los campos poblados de árboles presenta- 
ban un cuadro muy triste, y la tierra se quejaba al 
cielo de tanta miseria. Entonces Almontankil dejó 
la bebida y los placeres, se despojó de sus ricas vestidu- 
ras, signos de soberbia y vanidad, se cubrió de modestia, 
se postró muchas veces en presencia de Dios, y con el 
cuerpo inclinado hizo oración, hasta que el cielo se cu- 
brió de nubes, y se extendió la lluvia, y las nubes arro- 
jaron el agua, y cantaron las aves y brotando las flores 
cubrieron todos los sitios altos y bajos. Y aconteció que 
vino el músico Abu Yusuf , cuando ya la tierra estaba 
vestida con diversidad de plantas, y las nubes refresca- 
ban sus vestidos, y los valles y colinas estaban espléndi- 
damente cubiertos con pintado tapiz y los hálitos de Eu - 
ro esparcían su grato aroma. Aiín no había dejado Al- 
motankil el rigor de su penitencia, ni había desechado 
la pena de su corazón, cuando le escribió el músico: 

«Vino Abu Yusuf juntam3nt3 con la lluvia; cierta- 
amenté (^ue no sé qué es lo quo se espera más. 

^Porque yo do ningún modo renuncio, como tú mis- 
óme puedes testificar, á hallarme presente entre los que 
»ta hacen compañía. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 149 

»Ni á brillar en medio de este cielo, entro la luna y 
>Ias estrellas. 

* Y hacer volar por él los veloces caballos, con el vi- 
>no, incitados por las cuerdas de la guzla.» 

«Entonces él le envió un vehículo, y juntamente una 
carta en la que había escrito estos versos: 

«Te he enviado las alas: vuela hacia mí tan veloz, 
»que no te vean ojos humanos, etc.» 

«Me contó Aben Aldün que había hecho con él un 
viaje á la ciudad de Santarín, á la parte más alta del país 
que compone el imperio de los muslinós, cuyas alturas y 
edificios elevados se destacan de lejos, ciudad que no te- 
me á las vicisitudes de la fortuna y no se vence con la 
entrada de cualquiera, pues aquellos sitios por donde se 
ha de subir á ella son ásperos, de tal modo, que el que 
quiera trepar á ella, es herido violentamente. Tiene firmes 
ó inmobles cimientos, y se decjtaca sobre la orilla del rio, 
que la rodea del mismo modo que la mujer ciñe con su 

brazo al amado Ellos, en su viaje pasaron por El- 

vas, terreno cruzado por caudalosos rios y en el que lucen 
grandemente los can pos poblados de árboles; pues á 
donde quiera que se vuelve la mirada se vé un jardín ó 
una finca fgregia. Salió al encuentro de ellos Aben Mo- 
cana, que ejercía on la capital regia el cargo de Cadí, y 
los condujo á su casa, demostrándoles su liberalidad, y 
mandó llevar manjares; y, porque el Rey se dignó acep- 
tarlos y hacer uso de ellos, consideró ésto como un don y 
un favor para él muy honroso.» 

«Me contó Aben Zarkín que fué á una reunión donde 
se escanciaba el vino, en el s^no de la alegría y el pla- 
cer. En ella estaba la reunión de los wisires, entre los 
cuales se hallaba el wisir Abubequer hijo de Cobo torna, 
varón distinguido on generosidad, cuya virtud claramen- 
te muestra á vista de todps. Tapabióu estfibíi cou ellos 



■^ 



IhO HISTORIA DBL RKINO DB BADAJOZ 

Saidí, hijo de Almotankil, hombre en quien la juventud 
no había dejado aún su vestido, ni había marchitado su 
jazmín y su rosa. Estaban el wisir Abubóquor y sus dos 
hermanos Abu Mohámed y Abulkasám, tan amigos de 
Alphadal, hermano del joven príncipe, como lo son las 
flores de sus hojas y los cuellos de los amuletos.» Siguen 
después los versos de Aben Alcobotorna, en recuerdo á 
la amistad con Alfadal. 

Aquella corte se dedicaba mucho al placer, y con 
ocasión de ello escribían príncipes y cortesanos sendas 
anacreónticas. He aquí otra saturnal que celebraba Ornar 
con sus amigos: «Estaba cierta noche entregado á un 
banquete familiar con si\s íntimos palaciegos, y aumen- 
taba la común alegría en el círculo de sus amigos, es- 
pléndido como el sol, todo entregado al gozo Enton- 
ces llegó á él una carta en la que se daba noticia de que 
Lisboa se habia sometido á su imperio y se le había ane- 
xionado por una unión tan íntima como la de los hijos á 
su padre. Por esta causa tomó mayor incremento su go- 
zo y se mostró la alegría en las líneas de su frente, y so 
mostró benigno á sus ministros, y derramó con largueza 
los dones de su generosidad entre los convidados y com- 
pañeros de banquete. Aben Khira, que aun estaba en la 
flor de la juventud, y tenía buen lugar entre los amigos 
de Almotankil, dijo á éste: ¿Para quién sera el gobierno 
de esa ciudad? — El respondió: Para tí.— Confírmame al 
momento ese gobierno por diploma escrito, dijo aquel. 
— Al punto hizo que le trajesen una carta blanca y un cá- 
lamo, y escribió etc.» Por lo que aquí se vé, acaso Lis- 
boa había estado en insurrección, por causa de morado- 
res cristianos que no soportasen en paz el yugo árabe, y 
al cabo se sometió al rey Omar. 

«Me contó el wisir jurisperito Abnayub,hijo de Abno- 
maiya, que fué cierto día á un jardín cuyas delicias son 



MATÍAS RAHÓN MARTÍNEZ T MARTIMBZ 151 

reían graciosamente, y cuyas brisas suaves estaban em- 
balsamadas, cuando la primavera vestía los árboles é in- 
citaba á cantar á los ruiseñores y las palomas, y cubría 
los ramos de frondosa verdura, y hacía tal su belleza, 
que robaba al sol su esplendor. Superaban sus flores á 
las escrellas, y se ostentaban cubiertas de vestí iuras con 
que las habían adornado las nubes portadoras de la llu- 
via. Por tanto, quiso (el rey) pasar allí alegremente el 
resto del día, y deleitarse con sus violetas y artemisas. 
Cuando se hallaba á la mitad de una grata conversación 
con sus amigos, cogió una hoja de col bañada de rocío, 
y escribió en el extremo de su tierna palma esta invita- 
ción, al wisir Abu Talib Aben Ganim, uno de sus com- 
pañeros de alegrías y una de las estrellas de su cielo. . 

«Vén á nosotras, Abu Talib, y acércate como se acer- 
ca la rosa. 

•Pues hasta qu3 tú no estás con nosotros, somos el co- 
llar á quien le falta la perla de en medio.» 

En la biografía de Abubéquer, hijo de Alcobotorna, 
habla del jardín llamado el Badí, que acaso sería el antes 
descrito: «Pasó el wisir la noche con sus dos hermanos, 
en aquellos tiempos en que disfrutaba de juventud y go- 
zaba del grato discurrir de los días, en el lugar que se 
llamaba el Badí. Este era un jardín al que solía ir Al- 
motankil gustosamente, y en cuyas hermosas amenida- 
des se solazaba; cogía sus odoríferas plantas y flores, y 
tenía grabado en la mente su recuerdo , lo mismo en el 
sueño que en la vigilia; pues palpitaba de gozo cada vez 
que lo recordaba, y aprovechaba con afán las ocasiones 
de entregarse allí al placer con sus amigos, lo mismo por 
la mañana que por la tarde. Mandaba llevar á la orilla 
de su rio el vino embriagador, y allí violaba clandesti- 
namente la ley, ya que en público siempre la seguía.» 
¿Donde estaría ese jardín, que incitaba al buen Ornar á 



152 HIStORlA DEl. REINO DE BADAJOZ 

emborracharse algunas veces, á pesar de los preceptos 
del Korám?Si estaba á la orilla de un rio, seguramente no 
era el Guadiana, pues éste lo hubiera citado el cronista 
por demasiado caudaloso. 

Basta aquí las anécdotas más interesantes que refie- 
re Abenjacán, y que ayudan á conocer algo la corte de 
Omar. Otra refiere Conde, por estas palabras: ^Cuéntase 
de este rey Almotawakil que solazándose en sus jardines 
en compañía de su wisir Abu Talib-ben-Ganam se en- 
tretuvo tanto tiempo j que se le pasó la hora del comer, y 
era día en que tenía nobles gekeque lo esperaban, y co- 
mo llegase ya la noche y el rey no viniese, los gekes pi- 
dieron de comer y se les sirvió parte de la comida del 
rey, y recordándole su wisir la hora y los convidados, y 
(como) le dijese uno de los siervos que ya habían tomado 
parte de su comida, envió al wisir para que le excusase 
con ellos, y tomando una hoja de alcarambre ó de atarf e 
escribió dos versos refiriendo la causa de su olvido y di- 
siendo que los culpables ya tenían recibida la pena de 
su delito, siendo todos recíprocos ejecutores de ella (1).» 

Pero el reverso de todo este lujo de fiestas, banque- 
tes y escarceos literarios era lo que entretanto pasaba en 
las fronteras cristianas. La conquista de Toledo hizo com- 
prender á los musulmanes que los pequeños reinos de 
taifas estaban amenazados de muerte; y por si alguno 
dudaba de ello. Valencia fué ocupada por un cuerpo de 
tropas, acaudilladas por Alvar Yañez de Minaya, sobrino 
del Cid Campeador Ruy Díaz de Vivar, en apariencia 
para sostener en el trono á Alcadir, pero en realidad pa- 
ra ir preparando la ocupación definitiva. El señor de Al- 
barracín se hizo vasallo de Alfonso; Zaragoza, sitiada 
por éste, se hallaba amenazada de caer en sus manos; el 



(1) Conde, lug, cit., cap. XXII, 



MATlAS BAHÓN MARTÍNBZ T MARTÍNBZ 



153 



castillo de Aledo, cerca de Lorca, lo había ocupado el 
caudillo García Giménez; en la vega de Granada y en la 
cora de Almería, pequeños cuerpos de tropas cristianas 
hacían razias á que no eran capaces de oponerse los 
mahometanos. Todo anunciaba, pues, que España estaba 
á punto de quedar sometida al infatigable Don Alfonso 
VI. El Cadí de Beja, Abu Walid, anunció á Omar de Ba- 
dajoz que el rey cristiano iría apoderándose uno por uno 
de los reinos musulmanes, que por sus discordias y divi- 
siones no eran capaces de defenderse en aquella ocasión. 
En Andalucía no faltaba quien opinase que lo mejor era 
emigrar del país, porque era una insensatez quedarse vi- 
viendo en él para estar á merced de los cristianos (1). 




(1) Abbad, n, 20-2-2,-Almakary, U, 672. 



?yímmí?fTímnrí??íTr?rr?í?TT?rYTrrrrmíYím?rítTYmTfrTmímr?mm?^ 



CAPITULO XI 

Los almorávides y la batalla 
de Zalaca. 




L mismo menosprecio con que Don Al- 
fonso trataba á les reyes muslimes, anun- 
ciándoles que les había de tomar las ciu- 
¡dades y castillos, les obligaba á tomar al- 
gún partido que evitara ó por lo menos 
contuviera la eminente catástrofe. No se veía claramente 
más solución que llamar á los almorávides de África, 
cuyo emperador Yusuf, hijo de Texefín había llegado 
á ser tan poderoso, que su reino abarcaba toda la 
Mauritania, y contaba por consiguiente bajo su man- 
do numerosos ejércitos. (Ij Esto se consideraba un 



(1) La tribu de Txinitujuí era de la gente berberisca de 
Sanach 6 Zanag (de la que tomó nombre el Senegal). exten- 
dida por el Norte del desierto occidental del África. Esa 
tribu fué la primera en salir predicando el riguroso cumpli- 
miento de los preceptos del Corán, tomándolos á la letra; y 
así al calor de una idea religiosa, llegó Yusuf, hijo de Texe- 
fín 4 formar un . partido político que en poco tiempo se hizo 



156 BIBTOBIA DEL HIBtKO DS BASADOS 

remedio tan grave como la enfermedad misma, por- 
que temían mucho que aquel emperador bárbaro, una 
vez que hubiese vencido y puesto á raya á D. Al- 
fonso VI, ocuparía militarmente la España mahome- 
tana y privaría á los reyes de taifas de sus pequeños 
estados. Todo esto lo comprendían los príncipes, y 
especialmente Motamid de Sevilla y Omar de Badajoz, 
que ya tenían algunas relaciones con Yusuf , hijo de 
Texefín; pero la necesidad apremiaba, y había que 
resolverse. Sobre todo, había un partido que decidi- 
damente sostenía como ' solución la venida de los al- 
morávides, y era el del clero, que descontento de la 
libertad que había para escribir y del excepticismo 
reinante en las gentes cultas, veía en Yusuf un so- 
berano genuinamente religioso, que no conocía más 
libro que el Corán, ni admitía más conducta que la 
que marcaban sus preceptos, ni daba paso alguno 
en política sin que antes lo hubiera sancionado su 
consejo de fakís; y por tanto, esperaba este partido 
que con la venida de los almorávides á España re- 
cobraría la clase sacerdotal toda la influencia que 
desde los días mejores del Califato de Córdoba ha- 
bía perdido. 

En este pugilato de opiniones, Mota^nid de Sevilla 
tomó la iniciativa, convencido de que, entre los do? 
peligros, era preferible ser víctima de los almorávi- 
des á entregar la España mahometana á los cristia- 
nos. Escribió á Omar de Badajoz y á Abdalá d.3 
Málaga, manifestándoles su propósito de enviar un 



obedecer en todo el imperio de Marruecos, dándose cierto ca- 
rácter de piedad y de rigorismo religioso que le hacía pasar 
por santo, y sometiendo los asuntos de gobierno al consejo 
de los doctores y f aquí es, que con su nimia exactitud en la 
observancia de l^*' preceptos del Corán, crearon una intole- 
rancia insoportallü para los musulmanes ilustrados. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 157 

mensaje á Yusuf y rogándoles que cooperas'en á ob- 
tener s\i venida á España, á cuyo efecto podían man- 
dar que fuesen a Sevilla sus emisarios, para que 
unidos todos marchasen á África. Aceptaron la pro- 
posición ambos príncipes, y se reunieron en Sevilla 
el cadí de Badajoz Abu Ishac hija de Mocana, el 
oadí de Granada Abucháfar Colaí, el cadí de Córdoba 
Aben Hadan y el cadí de Sevilla Abubéquer Aben- 
zaidím, que con sendas cartas de los príncipes res- 
pectivos, fueron á embarcar á Algeciras y pasaron á 
África á presentar su embajada á Yusuf. Después de 
manifestarle el objeto de ésta y acceder el almoravide 
á lo que se le pedía, se estipularon las demás condiciones, 
entre las cua]es fué una que se obligase Yusuf bajo jura- 
mento á no despojar de sus estados á los príncipes mu- 
sulmanes de España; exigencia que revelaba, de parte de 
quienes la hacían, no sólo una paladina demostración de 
desconfianza acerca de las buenas intenciones de aquel 
mismo Yusuf, cuyo auxilio se suplicaba, sino también 
una confesión implícita de que los reyes hispano-mu- 
sulmanes se consideraban impotentes para defenderse 
en el caso de que el africano tratase de destronar- 
les. Algunas dificultades surgieron todavía, acerca del 
lugar en que desembarcarían las tropas de Yusuf, 
porque ésto pretendió que le cediesen la plaza de 
Algociras, y los comisionados alegaban que no tenían 
poderes para ello; pero Yusuf ye tomó por su mano 
la plaza, pues llevó á ella tanta tropa, que no hubo 
más remedio que ponerle buena cara. Antes de po- 
sar su pié en España, hacía conocer á los reyezue- 
los de taifas que toníau que apurar el cáliz d© la 
amargura. (1) 



(1) Abbad, I, 169, 175.-Dozy, Recherches, I, 178, 174. 



158 HISTORIA DBL KEINO DB BADAJOZ. 

Desembarcó Yusuf en Algeciras el año 1086, y 
puso una buena guarnición en esta ciudad, bien for- 
tificada y bien provista de municiones, con objeto 
de tener este punto de apoyo para retirarse, en el 
caso de que resultase malograda la empresa. Marchó 
después con el ejército hacia Sevilla, y á poco en- 
contró á Motamid, que había salido con lo más lu- 
cido de su corte y con cuatiosos presentes á recibirle; 
y después de extremosas cortesías por ambas partes, 
fueron á acampar junto á Sevilla, donde estuvieron 
detenidos ocho días con objeto de dar descanso a la 
tropa y esperar á los príncipes andaluces que ha- 
bían de ir á la expedición. Allí concurrió Abdalá el 
de Granada con 30Ü caballos, y su hermano Temín de 
Málaga con 200. Motacín de Almería envió también 
un cuerpo de ginetes, al mando de su hijo, sintien- 
do no poder acudir él mismo, porque los cristianos 
que guarnecían el castillo de Aledo le traían inquie- 
to con sus correrías. Púsose Motamid de Sevilla al 
frente de sus tropas, y tomaron todos el camino de 
Badajoz. (1) 

Caminaban delante formando un solo ejército, los 
distintos cuerpos de los reyezuelos españoles, llevan- 
do la jefatura Motamid; y detrás iba al ejército a'- 
moravide, formando aparte y haciendo las marchas 
á distancia, de manera que en el punto en que Mo- 
tamid había acampado por la mañana, allí acampa- 
ba por la tarde Yusuf; deteniéndose ambas huestes 
en la ciudad de Artuxa, (2) donde permanecieron 



(i) Para esta relación de la batalla de Zalaca me he va- 
lido de lo que escriben Abbad, el Cartas y el Cronicón lusi- 
tano, utilizando algunos datos sueltos que me han sido facilita- 
dos. 

(2) Así escribe Cartas este nombre, pero yo creo que es 
er ror, por Astyxa, que es como llamaban á Ecija, la antigua 



MATÍAS RAMÓD MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 159 

durante tres días. El rey Ornar de Badajoz tenía 
dispuestas sus tropas para unirse á Yusuf cuando 
llegase á su encuentro, y había dado orden á su her- 
mano Almostansir pa'a que tuviese provisiones en 
aquellos pueblos por donde pasase el ejército almo- 
ravide, á fin de que éste fuera bien abastecido en 
tanto se hallase en sus estados. Siguió el ejército 
su marcha, yendo quizás desde Zafra rectamente á 
Badajoz, y allí tomaron las tropas nuevo descanso. 
Llegaron sin duda á alzar el campo para emprender 
la marcha á la frontera cristiana, quizás á buscar 
el paso del Tajo por el puente de Alcántara, mas 
apenas se habían movido, don Alfonso VI se les pre- 
sentó junto al castillo de Sacralían^ al frente de su 
numeroso y lucido ejército (1). 

Cuando el rey cristiano tuvo noticia del desem- 
barco de Yusuf en Algeciras con tantas tropas, com- 
prendió el peligro que amenazaba á su reino, y se 
apresuró á reunir un considerable ejército para ha 
cer frente al enemigo. Acudieron á su llamamiento 
el caudillo Alvar Fañez de Minaya y al conde Gar- 



AstigiSj los cronistas árabes. Sin dada el ejército iba por el 
camino romano que pasaba por Carmo (Carmona), Obnlcula 
(Moncloa), Astigi (EcijaJ, Celti (lias Navas), Beyimí (Guadal- 
canal), y cerca de Cjiífvibuta (Zafra) empalmaba en el otro 
camino "que iba por Itálica (Santiponce), Moiis Ariorum (Sie- 
rra Morena), Curiga (Monesterio), Lacensls ó Lacant (Fuente 
de Cantos), Contributa (Zafra), y Perceiana (Villafranca) á 
terminar en Emérita (Mérida). Es de advertir que Edrisí cita 
un caniino de Batalios, por Alhacfiar de Aben Abichálid (Alajar 
de Aracena) A Gehal Oyun) Gibraleón y á Eubilia (Sevillaj; 
pero no es posible que rodease tanto el ejército almoravide, 
por lo que me inclino, basado en el nombre de Artux:ij A 
creer que pasó por Eoija. 

(1) Zalaca escriben los cronistas árabes, dando lugar á que 
86 crea aluden á la dehesa de Azagala^ siendo aquel nombre 
una corrupción del Sacralias que escriben todos los cronistas 
criatianosj y quQ alude ¿ la doheaa de Sagrajas, al sur de 
la anterior. 



1 



160 díSTORÍA DBL RE^NO DB BADAJO^ 

cía Ramírez, que eran Io5 más notables generales 
cristianos, si se exceptúa á Ruy Díaz de Vivar, que 
entonces estaba desavenido con el rey y se hallaba 
en el reino de Valencia peleando por cuenta propia, 
razón por la cual no se halló en esta batalla. Tam- 
bién acudieron el conde García Ordoñez, enemigo del 
Cid, los infantes de Carrión y otros muchos caba- 
lleros, no faltando tampoco muchos obispos que en 
aquellos tiempos así manejaban la espada como el 
báculo, y muchos caballeros franceses, que acudie- 
ron al llamamiento, ganosos de prez en guerra con- 
tra los enemigos de la Cruz (1). En vez de aguar- 
dar en su reino á que le invadiese el enemigo, 
prefirió don Alfonso salir á buscarle en campo ma- 
hometano; y como conocía los pasos que daba el 
ejército almoravide, por los buenos espías que tenía 
para estos servicios, se dirigió desde luego hacia 
Badajoz, y vino á encontrarse á sus contrarios en 
citado campo de Sacralias . 

Imposible es precisar el número de combatientes 
que tomaron parte en aquella lucha, porque los cro- 
nistas sólo se cuidan de hacer innumerables á los 
del bando contrario. Cartas dice que el ejército de 
don Alfonso sumaba más de 80.000 caballos, de los cuales 
la mitad eran guerreros cubiertos de fortísimas arma- 
duras de hierro, y unos 30.000 eran musulmanes que 
servían á sus órdenes como caballería ligera. En 
cambio el Cronicón lusitano, ponderando el número 
de los musulmanes, dice que allí se hallaban juntos 
los sarracenos de España, y juntamente con ellos 
muchos millares de bárbaros que habían venido con 



(1) «...unanimiter convenerant cam rege nostro c^ristiani 
«4 partibus Alpes, multique francorum in adiatorium ei af- 
«faorant*» Chroa« lusitano» 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ IGl 

Yusuf, y cuyo número ni él ni nadie sabia, pues 
sólo Dios hubiera podido contarlos (1). Uno y otro 
testimonio no se proponían otra cosa que ponderar 
las fuerzas del ejercito enemigo, para con ellos de- 
mostrar que el del bando propio hizo milagrosas 
proezas. Tampoco es creíble que los cristianos fue- 
sen 50.000 y los mahometanos 20.000, como dicen 
Abdel Wahid y Abbad, porque, á ser ésto cierto, no 
hubieran cantado victoria los sarracenos. Se com- 
prende que se hallaban frente á frente dos formi- 
dables ejércitos, extendido uno y otro por el campo 
de Sacrálias como una espesa nube de langostas (2). 
El riachuelo Ilagir (3;, que cruza aquel campo, se- 
paraba á un ejército del otro, y en sus aguas se 
abrevaban los caballos de los cristianos y de los mu- 
sulmanes. 

Apenas habían acampado las tropas, Yusuf envió 
á don Alfons) un mensaje en que Irf intimaba que 
abrazase la religión mahometana, ó que se declarase 
vasallo suyo, pagándole un tributo anual, y que de no 
someterse á lo uno ó lo otro, se dispusiese á entrar 



(1) «Rex yeró^ fugee eorum nescius, confídenter ingresus 
«est praBlium, in quo aderant omnes sarraceni totius «.Hispa- 
>nÍ8B armati. Juceph Bentaisañm, quem sibi regem assump- 
cgerant, necnon ipse Juceph multa millia barbarorutn trans- 
» marínorum , moabitarum, arabumque secum traduxerat, 
«quorum numero nec ipse, eorum, nec aliquis homo scire 
«poterat, nisi solus Dominus.» Chon. lusitano. 

(2) He aquí una frase que cada bando aplica al contrario. 
El arzobispo Don Rodrigo Ximenez, contemporáneo de Don 
Alfonso VIH, dice que Tos mahometanos ^effusi sunt terree 
faciem ut locustw,» £1 Cartas, que se escribió después, dice 
que los cristianos se movieron e7i muchedumbre innumerable 
como espesos bandos de langostas. Tal vez ambos copiaron el 
símil de algún otro cronista anterior. 

(3) £s el rio Guerrero, c^ue desde la dehesa de Azagala vie- 
ne á través de la de Sagrabas á desaguar en el Guadiana, co- 
rriendo paralelo al Gébora, 



162 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

en batalla. Muy encolerizado don Alfonso con esta 
misiva, respondió con otra que no esperaba se le 
hiciesen indicaciones tan deshonrosas para él, que du- 
rante muchos años había hecho á los musulmanes 
pagarle tributo, poro que en vista de ello, tenía un 
numeroso ejército con el que estaba dispuesto á cas- 
tigar la arrogancia de Yusuf, á quien esperaba en- 
contrar en el combate. Un andaluz, tal vez aJgiin 
poeta de estilo difaso y gongorino, escribió la res- 
puesta para don Alfonso; pero habiéndola leido á 
Yusuf, que no entendía de retóricas, la encontró de- 
masiado extensa, y la sustituyó por muy pocas pa- 
labras: «Ya verás lo que ha de suceder » 

Tratóse después de señalar el día en que los ejér- 
citos habían de medir sus armas, según la costum- 
bre de entonces, que consideraba sujetas las batallas 
á ciertas reglas, como los duelos. Alfonso envió una 
carta á Yusuf,. en que le decía que, puesto que al 
día siguiente era viernes, y por tanto fiesta, para los 
musulmanes, y al otro era sábado y debían san ti 
ficarlo los muchos judies que había en su ejército, 
y al otro día por ser domingo tenían que celebrarlo 
los cristianos, proponía que se diese la batalla el lu- 
nes, día 15 de regeb de la hegira' 479 (el 26 de 
Octubre del 1086) (1). Contestó Yusuf que estaba 
conforme en el día señalado para el encuentro; pero 
Motamid de Sevilla advirtió al emperador almora vi- 
de que no durmiese descuidado, pues el rey Alfonso era 
muy astuto y mañoso en ardides de guerra, y segu- 
ramente la proposición no era más que una aña- 
gaza para acometerles al día siguiente, cogiéndoles 



(1) Abbad dice que propuso el sábado, día IB, pero el 
Cartee hace la salvedad relativa al día santo de los judíos* 



MATÍAS KAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 163 

descuidados. Como el ejército de los reyes españoles 
ocupaba la vanguardia, era el primero que tenía que 
chocar con aquellrs crL^tianos que tan acostumbrados 
estaban á vencerlos, y por eso Motaraid no sosega- 
ba un punto, y pasó la noche en vela, dando órde- 
nes á los espías y campeadores para que observa- 
sen los movimientos del enemigo, y le avisasen á, 
la menor señal que éste diera de dirigirse contra 
ellos (1). 

Cuando Motamid se hallaba rezando la oración del 
alba, llegó apresuradamente un espía á avisarle de 
que el ejército cristiano avanzaba, por lo que envió 
con toda diligencia recado á Yusuf de que acudiera 
prontamente en su auxilio, ó le enviase algún re- 
fuerzo con que repeler el ataque. Yusuf tenía ya for- 
mado su plan, y no hizo caso de la petición de 
Motamid, pues lo importaba poco que quedasen los 
españoles de la vanguardia descalabrados, y aun pa- 
rece que hubo de decir: «¿Y qué me importa que esas 
«gentes sean acuchilladas? Al fin son enemigos (2).> 
Las divisiones cristianas mandadas por Alvar Fañez 
y García Ramírez cayeron sobre la vanguardia his 
pano-musulmana, haciendo en ella tanto estrago, que 
casi todos los grupos huyeron con dirección á Ba- 
dajoz, y sólo Motamid con su ' tropa se mantuvo 
peleando como bueno, y resistiendo con desespera- 
ción la acometida de los cristianos, apesar de en- 
contrarse ya herido. Enterado Yusuf de que habían huido 



(1) Motamid tenía miedo también porque era supersticioso, 
y un astrólogo que le acompañaba le había anunciado malas 
nuevas con respecto al resultado de la batalla; pero tuvo 
prudencia de ocultar sus temores por no contagiar á los de- 
más supersticiosos, y no dar que reir á los excépticos ha- 
ciéndoles saber que hacía caso de consultas á las estrellas. 

(2) Abbad, II, 28. Toma la noticia del Kitab-al-ictifá. 



1 



1 64 HISTORIA VUSL REINO DB BADAJOZ 

los andaluces en su mayor parte, para evitar que 
los cristianos acabasen de aniquilar á Motamid, or- 
denó á Syr, hijo de Abubéquer, que acudiese con su 
división de berberiscos almorávides á defender al rey 
sevillano, y en tanto él, dando un gran rodeo, se 
fué al lado opuesto con lo demás del ejército almo- 
ravide, para acometer al cristiano por la espalda. 
Cuando más encarnizada estaba la pelea, notó Mo- 
tamid que el enemigo, á pesar de la gran ventaja 
que llevaba, le volvió la espalda, cosa que no po- 
día atribuir á huida, pues el refuerzo de Syr no era 
bastante para obtener una victoria. Era que los cris- 
tianos se habían apercibido de que tenían á la es- 
palda otro ejército más numeroso, y acudían á hacer- 
le frente. 

En efecto: Yusuf había caido de pronto sobre el 
campamento de Alfonso, había hecho una terrible 
matanza en las tropas que le custodiaban y puesto 
fuego en las tiendas, después de lo cual venía so- 
bre el grueso del ejército cuando más ufano estu- 
viese en derrotar á Motamid. Pero los fugitivos del 
campamento cristiano dieron noticia á Alfonso de lo 
ocurrido en este movimiento envolvente, por lo que 
éste se lanzó contra Yusuf con lo mejor de sus 
fuerzas. Entonces la batalla fué ya feroz, pues no 
parecía sino que unos y otros estaban dispuestos á 
pelear hasta exterminarse, y así el campo se cubrió 
de cadáveres, y sería espantoso el continuo estruen- 
do de las armas sembrando la rau'^rte, y el clamo- 
reo incesante de los caudillos cristianos invocando á 
Santiago y de los muslimes prometiendo el paraíso 
de las hurís do verdes ojos á todos los que murie- 
sen peleando contra aquellos infieles. Varias veces 
Qada bapdo te neo el campamento del contrario y vol- 



r 



MATÍAS BAXÓN XAETÍHBZ T XARTÍNEZ 165 

vio á perderlo, y la batalla seguía horrible y es- 
pantosa, sin que nadie cediera; pero al fin los fugi- 
tivos del ejército de Motamid volvieron al socorro 
de éste, y . en tanto Yusuf lanzó á la pelea sus ne- 
gros de reserva, con lo cual se desequilibraron las 
fuerzas, porque los musulmanes ]que entraron de re 
fresco consiguieron decidir la victoria cuando ya 
era más de la puesta del sol. 

Cuando la noche cubrió con sus sombras aquel cam- 
po sembrado de muertos, Alfonso miró con profun- 
da pena su ejército destrozado, y supo con terrible 
indignación que los infantes de Carrión, el conde 
García Ordoñez y otros cobardes habían huido. El 
estaba exangüe, pues un negro de la guardia de 
Yusuf le había herido, y había perdido tanta sangre 
durante la pelea, que le acometió un síncope y tu- 
vieron quo darle vino, pues no encontraban agua. 
Cuando se halló capaz de caminar, levantó el 
campo, auxiliado por la oscuridad de la noche, y 
con los restos maltrechos de su antes brillante ejór 
cito huyó hacia el norte, pasó el Tajo por Alcántara 
y fué á refugiarse á Coria (1). Quizás sea cierto que 
la causa principnl de aquella derrota fué la cobar- 
día de lo? muchos cristianos que huyeron sin que 
nadie los persiguiera (2). Lo cierto es que Don Al- 
fonso se hallaba muy enojado con estos fugitivos, y 
que cuando, ya en Coria, se le iban presentando, mu- 

(1) «Rex autem plagatus lancea, riim nimium aítiret prop- 
9ter fluxum sanguinis decurrentís á plaga, vice aqute pro- 
•pínaverunt ei vinum, quia aquam non invenerunt, unde syn- 
>copem passna, cum liis qiii seciim aderant, reversus est 
>Cauriam, sarraceni quoque reversi sunt unusquisque ad sua 
loca.» Chron. lusitano. 

(2) «...diabolo adversante, timor magnus invasit plurímos 
•nostromm, et fugeriint ex eis multa ^illia, nullo eos per- 
>8e(|nente,< Chron. lusitano, 



1 



166 HISTORIA DEL RITINO DE BADAJOZ 

chos caballeros descalabrados ó horidos, á quienos él 
contaba muertos (1) por haberlos visto pelear vale- 
rosamente, su ánimo se fué poco á poco alegrando y 
disponiendo á pensar en el remedio, pues hasta ne- 
cesidad tenía de decisión y astucia para contrarres- 
tar las consecuencias de aquel desastre. Cuj-n.lo vio 
al Obispo de León con el roquete salpicado de sangre 
sobre las armas, en baldón de algunos cob«rd:íS que 
feamente se habían retirado y faltado en la batalla, 
que eran Don García Ordoñez y sus sobrinos Conde 
de Carrión, dixo: «Gracias á Dios que los clérigos 
hacen lo que habían de hacer los caballeros y los 
caballeros se han vuelto clérigos por los míos peca- 
dos (2).» 

Ocurrió la batalla de Zalaca ó Sacralias, según 
queda dicho, el viernes 12 de regeb de la hegira 
479; que corresponde al 23 de Octubre del año 1086 
de la era cristiana, ó 1124 de la vulgar, día que 
el calendario hispano-mozárabe consagra á San Ser- 
vando y San Germán (3) 

Si no es posible saber con certeza el número de 
combatientes que había por cada parte, todavía es 
más difícil saber los muertos que cada uno tuvo; pues 
mientras unos dicen que Don Alfonso perdió 10.000 
hombres (4), otros dicen que 24.000, y llevados ya 



(1) Según Fr. Prudencio Sandoval, eran estos valientes el 
conde Don Osorio, su hermano Don Martín Osorió, Don Gó- 
mez de Camdespina ó de Manzanedo, el conde Don Pedro 
González de Lara, Alvar Fañez Minaya y el obispo de León 
Don Pedro, que escribió estos pormenores. 

(2) Sandoval, Hist. de los reyes de Castilla y de León, 
pág. 312 (Madrid, MDCCXCII). 

(3) Abbad, II, 197.-Rud el Cartas, p. 98.— Con razón ex- 
traña Dozy que equivoquen la fecha algunos cronistas, po- 
niéndola Abdel Wahid en la hegira 480 y Ben Alcardebus en 
en la 481, pues en Andalucía se llamaba el año de Zalaca al 479. 

(4) Abbad, II, 23, 199. 



MATlAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTlNBZ 16? 

por el entusiasmo los posteriores, no se hartan de 
contar muertos, diciendo que Yusuf regaló 10.000 ca- 
bezas á Sevilla, 10.000 á Córdoba, 10.000 á Valen- 
cia, 10.030 á Zaragoza y Murcia y 40.000 á África. 
Ante tales testimonios, hay que leer con desconfianza 
á los que escribieron después del siglo XII, y cuesta 
ya trabajo admitir que llegaron á 10.000 los muer- 
tos cristianos, cuando los mismos cronistas árabes fi- 
jan en 3.000 los muertos mahometanos, y cuando los 
cronistas españoles hablan como do pasada de la 
derrota (1), siu citar cifras. Algo más de 3.000 se- 
rían los muertos moros^ para que fuesen 10.000 los 
cristianos, pues éstos no herían con cañas, ni se 
dieron punto de reposo en la pelea, matando sin 
piedad á los que sin piedad los mataban á ellos. (2) 
Se comprende que los musulmanes hayan dado tan- 
ta importancia á aquella batalla, pues que en ella 
se luchaba por sacudir el vasallaje que Alfonso VI 
venía imponiendo á los reyes de taifas, lo cual era 



(1) Se limitan á citar la fecha: 

cEra MCXXIV fecit lítem in campo in Sacralías eum rege 
Juceph.» Pelayo dft Oviedo, núm. 1*2. 

«ín era MCXXIV, die sexta feria scil. kal. Novembris, die 
sanctorum Servandi et Grermani fuit illa arrancada in Ba- 
dalocio, id est, Sacralias, et fuit ruptus rex domnus Alde- 
fonsuá,» Alíñales Complutenses. 

<Era MCXXIV, fuit illa die Badajoz.» Annales Composte- 
laiii. 

«In Era MCXXV mense Octobris in loco qui dicitur Sagra - 
lias lis magna fuit inter christianos et paganos, supradicto 
rege Ildefonso praeside, et ex parte paganorum rege lucifi.» 
Chron. Conimbricense. 

«Arrancaron moros al rey Don Alfonso en Zagalla, era 
MCXXIV.» Anales toledanos. 

[2) «Pngnavit itaque rex domnus Alfonsus et qui reman- 
«serant cum eo adversus sarracenos usque ad noctem, nullusque 
«inimicorum sustinere valebat eius prsBSentem incursión em, sed 
«se conciad entes sarraceni, interfíciebant cbristianorum« multitU' 



n 



168 fitStORlA DEL REtNO DE 5&AdAJ0* 

un preludio de la conquista de sus reinos, como ha- 
bía ocurrido en el de Toledo. Así, Yusuf se dio 
con este triunfo el título de Principe de los creyen- 
tes {amir amumenim), y envió entusiasta relación de 
la empresa á África y á las ciudades de España, 
que celebraron la nueva con júbilo y satisfacciones, 
porque veían en ella el anuncio de que iban á cesar 
las continuas razias que estaban acostumbradas á 
sufrir de aquel invencible Alfonso, que en los años 
anteriores había sido azote de los pueblos muslimes. 
No pensaban entonces en que les amenazaba la do- 
minación de los príncipes almorávides, que al fin lle- 
garía á serles no menos pesada. 




r 







CAPÍTULO XTI. 



Caida del reino de Badajoz 




L triunfo de Zalaca no aprovechó en 
nada á los musulmanes españoles, que, 
tanto habían deseado la venida de los 
I almorávides, antes, por el contrario, los 
cristianos continuaron acometiendo á las 
comarcas de los moros, y Yusuf ,por otra parte, fué pre- 
parando las cosas para hacerse dueño de todos los pe- 
queños reinos de taifas, con los cuales acabara en poco 
tiempo. 

Marchóse Yusuf á África en el mismo año 1086, con 
motivo de haber fallecido su hijo mayor, y dejó en la 
península un cuerpo de tropas al mando de su general 
Syr, hijo de Abubóquer, el más reservado y mañoso de 
los caudillos africanos. Don Alfonso VI, lejos de amila- 
narse con la arrancada que sufriera en los campos de 
Zalaoft, oomonzó dosde luego a reponer las perdidas fuer- 



1 



itO HtStORIA DBL RBINO DB BADAJO^ 

zas y á prepararse para continuar sus conquistas. El 
Cid Ruy Díaz en Valencia, García Q-iménez desde la 
fortaleza de Aledo, y Raimundo de Borgoña, yerno del 
rey, desde Coimbra y Porto, hacían continuas razias en 
los pueblos mahometanos, saqueaban, estragaban los 
campos, cobraban tributos á los que se sometían, y, en 
una palabra, consideraban todo como país conquistado. 
Tan débiles de fuerzas se encontraban los muslimes, que 
no eran capaces de evitar tales cosas, pues Motamid, 
que fué con el ejército de Syr al campo de Lorca, sufrió 
una tremenda derrota de los cristianos de Aledo, que en 
número de 300 pusieron en vergonzosa fuga á más de 
2.000. Estaba visto que eran incapaces de defenderse, 
y nuevamente suplicaron á Yusuf que viniese á comba- 
tir á los infieles. Esta vez fué el mismo Motamid en 
persona á África, y consiguió que el emperador almora- 
vide viniese de nuevo en el año 1088. Puso sitio á Aledo 
con sus tropas y las de los príncipes andaluces, pero los 
sitiados en número de 2.000 infantes y 1.000 caballos, se 
defendieron tan valerosamente, que hubo que renunciar 
á asaltarle la plaza, y conformarse con tenerla sitiada 
para que se rindiera por hambre. 

En esta venida aprovechó Yusuf el tiempo en infor- 
marse bien del estado de las cosas en España, porque 
los reyezuelos, que se odiaban mutuamente, acudían á 
él con quejas los unos de los otros, y en estas mezqui- 
nas rivalidades descubría Yusuf el punto flaco por don- 
de tenía que herir á cada uno. Los fakís, por otra parte, 
procuraban ganarse la confianza de Yusuf, cuya orto- 
doxia era para ellos una garantía de que, si llegaba á 
reinar en España, serían ellos los que tuviesen toda la 
influencia política; pues odiaban á los reyes de taifas 
porque todos se dedicaban á las 'ciencia y letras, eran 
Ubrepeusadores^ amigos de filósofos y despreocupados 



MATÍAS KAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 171 

en punto á religión. El pueblo también odiaba á los re- 
yes, porque cada una de aquellas pequeñas cortes, si 
bien era un plantel de sabios y poetas, gastaba inmen- 
sas cantidades en faustuosos dispendios, y los contri- 
buyentes no podían soportar los tributos que tenían 
que pagar á unos príncipes que, después de todo, no 
eran capaces de librarlos de las correrías de los cris- 
tianos. Todo estaba, pues, en las más. propicias cir- 
cunstancias para que Yusuf destronase á aquellos prín- 
cipes, sirviéndose de ellos mismos y de sus subditos 
para conseguirlo; y ésto fué lo que aprendió bien Yu- 
suf durante el sitio de Aledo. 

Don Alfonso acudió con 18.000 hombres á socorrer 
á esta plaza, y Yusuf, en vez de esperarle, consideró 
más prudente alzar el sitio y marcharse á Lorca; pero 
el rey cristiano, al ver que Aledo estaba casi demolida 
y su guarnición muy mermada, comprendió que no po- 
dría servirle de gran provecho, y después de incen- 
diarla se llevó la guarnición. Yusuf se marchó á África, 
no sin haber dado sus instrucciones á Syr acerca do la 
línea de conducta que había de seguir con los reyes an- 
daluces (1). 

En el año 1 .090 volvió nuevamente á España con nu- 
merosa hueste, que unida á la de Syr hizo la guerra por 
la comarca de Toledo, sin que esta vez acudiese á ayu- 
darle ningún rey español; y después de hacer una razia 
por aquella parte, fué derechamente á Granada, destro- 
nó á su rey Abdalá, y se hizo proclamar soberano en 
su lugar. Motamid de Sevilla y Almotawakil de Bada- 
joz, atraídos por el miedo, acudieron á saludar en per- 
sona á Yusuf y á felicitarle por la conquista do Granada. 
Motacín de Almería envió á su hijo Obeidela con el 



(1) Abbad, U, 23-25j 120, 199-203. 



172 HI8T0SIA DBL KBIHO DB BADAJOZ 

mismo objeto. Tnsuf esta vez no era el mismo, pues 
mandó encerrar en una prisión á Obeidela, y recibió á 
los otros príncipes con una frialdad rayana en despre- 
cio, lo cual les hizo comprender cuan imprudentes ha- 
bían sido ellos dos en tomar la iniciativa para traer á 
España á aquel bárbaro, que al fin había de hacer con 
ellos lo mismo que había hecho con Abdalá. Marchá- 
ronse preocupados y temerosos de su suerte, proyecta- 
ron concertarse con los otros príncipes para defenderse 
contra el africano, y en último término hacer alianza 
con el rey Don Alfonso, que era el único que podía 
contrarrestar á Yusuf (1). 

Este se encaminó luego desde Granada á Málaga, don- 
de destronó á Temín, hermano del granadino; y, dejan- 
do la mayor parte de su ejercito á las órdenes de Syr, 
se fué á Algeciras. Allí pidió un informe á los fakís 
españoles acerca del juramento que había prestado en 
el año 1086, de no atacar á la soberanía de los reyes 
hispano-mahometanos, y los astutos y ambiciosos teó- 
logos se lo dieron tan amplio, que no había más que 
desear. Decíanle que los príncipes eran unos impíos, 
que cobraban impuestos no permitidos por el Korám, 
bebían vino, tenían muchos vicios, daban mal ejemplo 
al pueblo, y por último, habían tenido alianzas con Al- 
fonso, el enemigo de la ley de Dios y su Profeta, por 
todas cuyas razones no debían gobernar al pueblo de 
la obediencia de Dios, y no tenía valor el juramento que 
Yusuf había hecho de no destronarlos, puesto que su 
deber ora acabar con ellos, como defensor de la santa 
ley. El iilinoravide se marchó á África, donde aquellos 
fakís se cuidaron muy bien de confirmar el memorial 
redactado por sus compañeros españoles, y con ésto, 



1 



(2) Abbad, H, kO, 294.— Abenjaldin, n, 791 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T BCAETÍNEZ 173 

ya sin esciúpulos de cQnciencia (si es que los tuvo al- 
guna vez este beato redomado), mandó á su general 
Syr que conquistase los reinos de los musulmanes de 
España (1). 

Pyr no perdió el tiempo, sino que organizó las tro- 
pas en cuerpos diversos, y emprendió la conquista del 
reino de Sevilla en el año 1091. Tomó á Córdoba en 
Marzo, á Carmona en Mayo y á Sevilla en Septiembre; 
y en tanto Ronda, Mértola y todas las demás plazas se 
daban á partido. El reino de Almería fué ocupado sin 
resistencia en 1092; y al año siguiente cayeron Murcia, 
Denia, Játiva y todos los pequeños estados que por 
aquella comarca había, no quedando en pió más que los 
reinos de Valencia, Zaragoza y Badajoz. 

Ornar Almotawkil había incurrido en la misma flaque- 
za que los demás reyezuelos, pues cuando vio que Syr 
emprendía la conquista del reino de Sevilla, tomó como 
buen partido el aliarse con él en contra de Motamid, 
creyendo que esta conducta le serviría de recomenda- 
ción para que el almoravide no atacara á su reino, y 
hasta parece que llegó á enviar tropas al sitio de Sevi- 
lla (2). Pero Syr. rlospués de ganada Mértola, hizo ocu- 
par á Sylvos, Scir.íamaría y demás plazas del Algarbe 
meridional, y con ésto comprendió ya Omar el peligro 
que le amenazaba, y buscó la protección de Don Alfon- 
so VI. Esta no podía ser desinteresada, y por eso tuvo 
Omar que comprarla á cambio de las ciudades de San- 
tarem, Cintra y Lisboa,, que fueron puestas bajo el se- 
ñorío de Raimundo de Borgoña, marido de doña Urraca, 
quedando al frente de aquella frontera Suero Menen- 



1) Abenjaldún, II, 79-82. 

2) Abbad, II, 44, 



174 HISTORIA BUL RBIVO DB BADÁ^Z 

dez (1). El Chronicón lusitano dá á entender que Don 
Alfonso tomó á Santaróm el día 29 do Abril, á Lisboa 
el 6 de Mayo y á Cintra el 9 del mismo mes; y aunque 
las tres ciudades estuvieron indefensas, harto se com- 
prende que diez días son muy pocos para ocuparlas en 
son de conquista, por lo cual es de pensar que lo que 
hizo el rey cristiano fué tomar posesión do ellas, con 
arreglo á lo estipulado con él por Omar de Badajoz. 
Precisamente la causa de que los subditos de este demos- 
trasen una actitud sediciosa con él, y se pusieran en 
inteligencias con los almorávides, fué esta alianza que 
había hecho con Don Alfonso VI (2). 

El general almoravide Syr hijo de Abubequer em- 
prendió en el año 1093 la conquista del reino de Badajoz 
por la comarca de Evora, donde todos los pueblos se fue- 
ron sometiendo á él con prontitud; y es de notar que, 
á pesar del convenio que mediara entre Ornar y Alfonso, 
no se sabe que tropas cristianas algunas salieran al paso 
al conquistador, ni el mismo Omar envió fuerzas que 
combatiesen. Era ya el año 1094 cuando Syr puso sitio 



ri) «Aera MCXXXI, secundo calendas Maii sabbatho hora 
>nona, rex domnus Aldefonsus cepit Santarem anno regni suí 
>v¡gesimo octavo, mense quinto, sexto di e mensis. Etin cadem 

• hebdómada pridie non. Maii feria quinta cepit Ulixbonam. Post 
»tertiam autem diem octavo idus Maii cepit Sintriam, prtBpo- 
»sujtque eis geuerum suum comitem domnum Raymundumniari- 
»tum filiee suee D. Urracae, et sub manu eius Saarium Menendi; 

• ipse autem rex reversus est Toletum.» Chron. lusitano. 

(2) En prueba de esta alianza cita Hooguliet (pág. 4) estos dos 
textos de Abenjaldím: 

«Después que se apoderó de Almotawakil esta temerosa sospe- 
>cha, bascó al tirano (rey de los cristianos), y bajo su protección 
»buscó el remedio á los males que le amenazaban.» 

Hablando después de la muerte que Syr mandó dar á Omar y 
sus hijos, dice que los mató «porque le constaba la alianza que 
» había hecho con el rey de los cristianos y su propósito de entre- 
>gar á éste la ciudad de Badaioz.» 



MATÍAS RAMÓN HARTÍNB2 T MARTÍNEZ 175 

á Badajoz, donde los dos hijos del rey, Alfadal y Alab- 
bós, procuraron defender la plaza con las pocas tropas 
de que disponían, pero fueron vencidos por la fuerza 
del número, y cayeron en poder de los almorávides. Ornar 
se refugió en la cindadela con su familia y defensores, 
porque los de" la ciudad se empeñaban en obligarle á en- 
tregar la plaza; pero Syr ocupó ésta con facilidad, sin 
duda por entrega voluntaria de los mismos moradores, y 
después tomó por asalto el castillo, cogiendo prisionero 
al desgraciado Ornar con todos los suyoa. Obligóle Syr á 
entregar cuantas riquezas tuviera en su palacio, y re- 
solvió darle muerte á él y sos dos hijos, porque sabía 
los tratos que habían hecho con los cristianos, y su pro- 
pósito de entregar á Don Alfonso VI la ciudad de Bada- 
joz; pero no considerando prudente que tales ejecucio- 
nes se llevasen á cabo en la misma ciudad, hizo entender 
á Ornar que le iba á trasladar á Sevilla con toda su fami* 
lia, y dio órdenes reservadas al jefe de la caballería 
que había de acompañarles, para que matasen á los 
príncipes cuando se hubiesen alejado (1). 

No iban muy lejos de Badajoz cuando el jefe de la 
tropa anunció á Almotawkil la fatal consigna que le ha- 
bían dado, y el desdichado príncipe, convencido de que 
sería inútil que intentase ablandar á sus verdugos, se 
dispuso á recibir la muertfe. Un biógrafo de Omar des- 
cribe esta escena en estilo ampuloso: «Me contó uno de 
• sus verdugos, que él quería que sus dos hijos le prece- 
»dieran en la muerte, para ofrecerlos al Señor y hacer 
>ante la muerte de ellos una piadosa obra de resigna- 
»ción con la cual se remitiesen en parte sus pecados, 
>dado que eran las dos estrellas brillantes de su reino, 



(1) Aben Aljatib; en Dozy, Recherches, I, 179, 180.= Aben jai* 
dim en Sooguliet, lug. cit,, pá,g. 4« 



176 HISTORIA bEL ItÉÍNO DE ^ADAJO^ 



1 



»y herederos del honor que él había gozado. Fueron 
» martirizados antes que él, y subieron desde este pro- 
»fundo valle á las alturas, como dos lunas llenas; y fué 
» tanto el valor de ellos en este trance angustiosísimo, 
»que dejó estupefacto al matador de ellos, quien no acer- 
»taba á ver el sitio por donde pudiera hacerles la herida 
» mortal. Al fin se cebó en ellos su crueldad, y la muerte 
•sepultó el esplendor de ellos en la noche de la vida. 
» Cuando se postraron en tierra, Almotawkil permanecía 
»al pié de ellos rezando sus oraciones, con el alma tras- 
»pasada de dolor por la muerte de ellos; se excedía en 
» inculpaciones á los autores de su desgracia y faltó la 
•moderación á sus palabras; y se confundieron el princi- 
»pio y el fin de sus plegarias porque cuando estaba re- 
»zando su última azala, le clavaron velozmente las pun 
»tas de sus lanzas, y con ensañamiento las retuvieron 
» clavadas en su cuerpo, lo mismo que las aves carnice- 
»ras clavan los picos y las uñas en el cadáver del hombre 
» asesinado en el desierto; hasta *que al fin cayó en tie- 
»rra, no ciertamente para orar á Dios, y quedó tendido, 
»no en verdad para gozar de agradable sueño (Ij.» Pa- 
rece dar á entender el cronista, en su lenguaje redun- 
dante é hinchado, que los cadáveres quedaron insepultos 
para que fuesen pasto de fieras y buitres, pues dice así: 
«El sitio donde cayeron quedo cubierto con la roja ves- 
»tidura de la sangre de ellos, y falto de la presencia de 
»los hombres, no viniendo allí de noche sino el león ó el 
»lobo, ni dirigiendo allá su mirada piadosa nadie más 
»que el cielo cubierto de nubes, el cual sin embargo no 
•quiso llorar, frustrando la esperanza de que enviase la 
» lluvia; y sus carnes fueron pasto de los leones, y los 
» buitres volaban en derredor de ellos.» 



(1) Abenjaldím en Hooguliet» p&g« 61« 



MATÍAS RAMÓN MABTINBZ T MARTÍNEZ 177 . 

Así acabó la existencia de Omar, y con ella la del rei- 
no de Badajoz, siguiendo la negra suerte de los demás 
en que se había retazado el califato de Córdoba. Nada 
se sabe del fin que tuvieron las mujeres y demás familia 
del desventurado monarca, y sólo se dice que el hijo 
llamado Machdodaula, el que había sido walí de Santa- 
rem, fué llevado á África y encerrado en una prisión de 
Almitema; «y refería Aben Zarfón cadí de la aljama de 
•Córdoba, que en cierta ocasión le entró á visitar el wa- 
»2ir alcatib Abubequer, hijo de Alcobotorna, poco des- 
»pués de la desgracia de su padre y hermanos, y cuando 
»le vio, no pudo contener sus lágrimas, mirando en tan 
» miserable estado al que había sido t^eñor de tan ''ricas 
•ciudades, y reducido á una estrecha prisión el que solía 
•vivir en magníficos alcázares, rodeado de nobles gekes 
•que le respetaban y servían. Tales vueltas da la fortu- 
•naásu inquieta y deleznable rueda (1).» 

La tragedia en que acabó el reino de los Af tasís fué 
narrada en sonoros y muy elogiados versos por el poeta 
Aben-Abdun, que escribió una elegía titulada El collar 
de la paloma, en la cual no se limita á lamentar la ca- 
trástofe de los reyes de Badajoz, pues va haciendo una 
larga narración de trajedias sufridas por muchos prín- 
cipes, desde los antiguos reyes de Persia hasta la muerte 
sangrienta de Almotawkil'y sus hijos, de donde resulta 
que el poema no tiene nada de elegiaco, y sí en cambio 
es un alarde de erudición histórica, por el modelo de la 
que era tan del gusto de los eruditos árabes. Ni aun si- 
quiera en este punto ha podido servir de fuente histó- 
rica, pues cuanto dice de Omar lo reviste con un lenguaje 
muy hueco, con figuras oscuras y con juegos de pala- 



(1) Conde, parte III, cap. XXII, 



176 HISTORIA DBL llBINO t>t RAIVAJÓZ. 

bras, sacrificándolo todo á la elegancia de la frase. Con 
razón advierte Dozy que los versos de Aben-Abdum están 
diciendo á voces eI*trabajo que costó escribirlos y la 
tarea enojosa de rebuscar palabras en que empleó el 
poeta el tiempo; y compara aquella molesta fraseología 
con los sentidos versos que Almotamid, último rey de 
Sevilla, escribió en su calabozo, para hacer notar la 
diferencia entre la afectación de unos lamentos no sen- 
tidos y la sinceridad de los gritos de dolor que arranca 
una desgracia que se está sufriendo (1). Ello tiene sen- 
cilla explicación en la suerte de 'uno y otro poeta, pues 
Almotamid fué á parar á una prisión, donde pasó el 
resto de su vida llorando su desgracia, mientras que 
Aben-Abdím, de la masa de los poetas aduladores, des- 
pués de muerto Almotawkil pasó á ser secretario de su 
verdugo el general Syr, y continuó el resto de- su vida 
al servicio de los príncipes almorávides, razón de más 
para que no sienta la pena que debía causarle el recuer- 
do de sus antiguos señores. 

Mejor que Aben Abdím, merece elogios el wisir Abu 
Mohámed, hijo de Alcobotorna, que parece haber con- 
servado fiel memoria de los príncipes Aftasís, después 
. de su caida. Ya se ha visto antes que, estando en Áfri- 
ca, visitó al príncipe Mejdodanla en su prisión, y lloró 
amargamente al verlo tan desgraciado. Pues bien: un 
día de la fiesta de las víctimas, aniversario de la muerte 
de Ornar y sus hijos, estuvo en el jardín delicioso y ale- 
gre en que tantas veces había pasado alegres horaiS en 
compañía de Alfadal, y «vino á su mente el recuerdo 



(1) Dozy, comentaire hist. snr le poeme d^Iba Abdoun. Intro- 
ductión. — A la miama oscuridad del poema fué debido el comen- 
tario de Aben Badrum, colección de anécdotas ea lasque vá ex- 
{(licando loa hechos á que se refiere el poeta Aben Abdúu oa 
^guaJQ o(V8Í siemprQ fi^rado^ 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNE3S 179 

>de aquellos viernes y días festivos que en vida de este 
«habían celebrado, y cuanto habían brillado por su es- 
«plendor y habían regocijado con su nobleza, y pensó 
»en los buitres y águilas que habían caido sobre su cuer 
»po, semejante á un hermoso ramillete de mirobalano, 
»y en las fieras que le habían despedazado. Entonces es- 
»cribió este canto: 

»0h padre de Alfadal! No me admira tu muerte, pues 
>tales el tiempo, que nada le resiste, ni aun el mismo 
•tiempo. 

»Lo que admiro son las espadas destructoras que* te 
•quitaron la vida, siendo tú espada, cuyo adorno era 
•la victoria. 

¡Cuánto más digno de admirar es que la tierra, á la 
> que estando vivo tuviste bajo tu dominio, no hubiese 

• cubierto con su manto tu sepultura, cuando fuiste 
•muerto! 

• Ojalá que por tierno amor vinieses al sepulcro (que 

• para tí preparaste), con mis ojos y mi corazón (lo de- 

• seo), cuando no hubiera sepulcro. 

•En verdad que, después de tu muerte, reuniré para 
•llorar en esta fiesta á los jóvenes, cuyos suspiros son 

• cantos, y una elegante oración mezclada con lágrimas. 

•Las cuales contemplan que acaso brilla tu faz (igual 
•al sol) alegrando la vista; pero á cuyas miradas apa- 
•recen sombrías la fiesta mayor (de las víctimas) y la 
•fiesta del fin del ayuno (el Ramadám). 

«Cuidase de tí este compasivo servidor, provisto de 
•ardor en su alma, pues que no se han de cuidar el lobo 
•y el buitre (que te devoraron) (!).• 

Sea esta sentida poesía el mejor epitafio de la desven- 
turada familia Aftasí. 

(1) Abenj&cán en Hoogiiliet, pág. 05. 



\iMi^iWW4uuw'Wimu 




/mmrrrmnmnrTrTmmmTrtTnTtrrmrtrí?tmTrtTttímtn?mí?rmTrT< 



CAPITULO XIII 



Gobierno de los Almorávides 




A dcmiuacicn almoravide en España fué 
dfseada. no sólo por los intolerantes fa- 
qnics, sino también por el pueblo bajo mu- 
sulmán, que ayudó á los nuevos dominado- 
res africanos á apoderarse de las ciudades 
y destronar á los rej^es de taifas, porque esperaba que 
el cambio traería consigo un gobierno aceptable y me- 
joraría la situación del país. Y parece que por de pronto 
consiguió la masa general del pueblo lo que apetecía, ó 
por lo menos inducen los datos conocidos á presumir 
que las poblaciones vivían tranquilamente: pues en el 
interior gozaban de esa seguridad personal de que se 
había carecido bajo el mando de los reyezuelos; ya no 
eran tan temibles los caminos como lo habían sido antes 
por causa del bandolerismo, ya los cristianos no hacían 
las razias con que solían asolar el país, no* se cobraban 
más contribuciones que las admitidas por el Koran, y ¿ 
la sombrado este orden y de esta seguridad, mejoró la si- 
tuación económica, pues el pan se vendía á muy bajo 



182 RISTORIA 1>BL RVINO |>B BADAJOS 



prec'o y los menesteres estaban muy baratos en Anda- 
lucia (1). 

La clase de los jakís estaba entonces muy á su gusto, 
pues como los príncipes almorávides eran muy piadosos, 
y por su ignorancia detestaban el cultivo de Ins cien- 
cias, cuidábanse de inspirar toda su política en los con- 
8 ejos de la clase sacerdotal á la que encomendaban todos 
los asuntos de gobierno. Reinaba con este motivo una 
intolerancia insoportable para los poetas, los filósofos y 
demás hoiobres ilustrados, que durante el mando de los 
reyes de taifas habían gozado de mucho valimiento y 
consideración, y echaban de menos aquellas pequeñas 
cortes donde habían escuchado los aplausos codiciados 
para sus trabajos. Los judíos, por otra parte, que eran 
gente rica, y que por razón de la- intolerancia fakí su- 
frían continuos vejámenes, estaban descontentos de un 
orden de cosas en el que tenían que comprar su segu- 
ridad y tranquilidad á fuerza de pagar mucho dinero. 
Por lo que hace á los cristianos, soportaron entonces 
una situación muy penosa, porque el fanatismo almo- 
ravide, hábilmente explotado por los soberbios fakís, 
no se contenía jamás en límites prudentes, y por man« 
dato imperial se derribaban muchas iglesias cristianas ; 
de suerte que no es maravilla que el pueblo mozárabe 
conspirase contra lo existente en algunos puntos, y se 
pusiera en inteligencia con los reyes cristianos, estimulan- 
do á éstos á derribar el poderío mahometano. Así aunque 
la mayoría del pueblo musulmán se encontrase á gusto 
con la dominación almoravide y la clase de los fakis 
gozase de cierta privilegiada influencia, en cambio las 
clases ilustradas, juntamente con los cristianos y los 
judíos, estaban muy descontentos, y aunque fuesen en 



(X) Cartas, pag. l()8~Holal, fól. 38, 



MATÍAS RAMÓN MARITIKEB Y MARTlNfcí 183 

menor número, constitaían por su calidad un elemento 
demasiado importante para que dejasen de aspirar á 
destruir la situación existente (1). 

Se sabe, por lo menos, que los cristianos movían al- 
gunas querellas, y procuraban entenderse con el rey 
Don Alfonso VI, que extendía entonces sus dominios 
en Portugal. No se descuibaba Syr, hijo de Abubequer, 
en continuar la sumisión de la España mahometana al 
imperio lamtuna, pues en el año 1102 emprendió la 
conquista de Valencia. Habíase hecho dueño de ella en 
1094 el Cid Cj,mp3ador, que tuvo á raya á los almorá- 
vides cuando iban & hostigarle, y todavía desde que 
el insigne Rodrigo Díaz murió, año 1099, hasta el cita- 
do 1102, supo mantanerse su viuda Jimena con entere- 
za; pero el Rsy Alfonso «comprendió que por razón de 
la distancia no le sería posible acudir de continuo á 
defenderla, y dio orden á Jimena de que abandonase la 
ciudad y se volviera i Castilla, lo cual hicieron las tro- 
pas cristianas después de haber incendiado la plaza, 
para no dejar á los musulmanes más que ruinas. Syr des- 
poseyó después á los Beni-Racín de su pequeño estado de 
Santa María, y por último á los Beni-Hud del de Zara- 
goza, con lo que quedó terminada la destitución de los 
reyezuelos de taifas. 

Muerto Ynsuf, hijo de Terefín en 1106, á la edad de 
cien años, le sucedió en el imperio su hijo Alí que puso 
al frente del Q-obierno de España á su hermano Temím, 
el que venció á las tropas castellanas en Uclés, año 1108, 
perdiendo allí la vida el infante Don Sancho y muchos 
nobles y caudillos, pues ya Alfonso VI no salía acam- 
pana, á causa de su vejez. Murió el intrépido rey cris- 
tiano en 1109, sucediéndole' en el trono áu hija mayor 



(1) Oaayí «Wami, Ub. IV, cap, XIV. 



ÍSi HISTORIA DBL REINO DE BADAJOZ 

Doña Urraca, y quedando como condesa de Portugal 
su otra hija Doña Teresa, casada con Raimundo de Bor- 
goña. En aquel mismo año vino á España el emperador 
Alí con numeroso ejército, desvastó la comarca do Tole- 
do, tomó á Talayera y otros castillos, y puso sitio á la 
capital, pero al mes desistió de su intento infructuoso de 
tomarla y se marchó á Córdoba (1). 

Sabemos que Santarem, Lisboa y Cintra estaban en 
poder de Raimundo de Borgoña, quien, una vez muerto 
su suegro Don Alfonso, se consideró desde luego conde 
independiente de Portugal, aprovechando la coyuntu- 
ra de que eri el reino castellano-leonés había grande?» tur- 
bulencias con motivo del entronizamiento de Doña Urra- 
ca, y de que los almorávides tenían descuidada la de- 
fensa de la comarca portuguesa, porque codas sus 
campañas las dirijían contra la de Toledo. Don Rai- 
mundo hizo algunas campañas contra los sarracenos, y 
en esta ocasión debió apoderarse de Evora y de Bada- 
joz; ya por fuerza de armas, aunque estaban poco guar- 
necidas, ó ya por entrega voluntaria de los moradores , 
pues los de toda esta comarca no fueron nunca muy 
adictos á los almorávides y eran bastante separatistas. 
Lo cierto es que en el año 1110 hubo que ordenar una 
expedición por el Algarbe para contrarestar los brios 
amenazadores de Don Raimundo, y que, habiéndose 
encomendado á Syr, hijo de Abubequer, en aquel mismo 
año y en la primara mitad del siguiente, tomó las ciu 
dades de Badajoz, Ev^ora, Santarem, Lisboa y Oporto (2). 



(1) Codera, Decadencia y desaparición de los Almorávides en 
España, págs. 11, 233. 

{'A) «En la hegira 601, el principe Syr, hijo de Ababeq^aer, con- 
»quístó á Sentirás, Bataijos, Portugal, Evora, Lisbona y todo el 
»paÍ8 del Algarbe, en el mes de Dalcada, dando cuenta del triun- 
»to ik AH, prinoipe de loa ^reyeate^,» Gartis, p¿g. 105. 



MAtf AS RAMÓN MAlttÍNB% t MARTÍNEZ 185 

El conde de Portugal se vio obligado á retirarse hacia 
el norte, donde procuró buscar el desqute de lo perdido, 
apoderándose de algunos pueblos gallegos, lo cual aca- 
bó de ponerle en abierta hostilidad con su cuñada la 
reina de Castilla. 

Quizas en este tiempo, y con motivo del rescate de 
Badajoz por las tropas de Syr, fué cuando se perdieron 
las fortalezas de Coria y Albalad, que tantos años an- 
tes conquistara Don Alfonso VI. La crónica que refie- 
re ésto, no señala la fecha precisa, pues limítase á decir 
que unos hombres perversos, que se apellidaban cristia- 
nos y no lo eran, entregaron á los sarracenos la ciudad 
de Coria, y que recibieron la de Albalad, y habiéndose 
guarnecido ambas con multitud de tropas de á pié y 
á caballo, debelaban diariamente toda la Extremadura 
hasta el rio Duero (1). Dos aclaraciones merece esta 
noticia. Es la primera, que la entrega de Coria á los 
sarracenos fué obra de la traición y no de conquista, 
pues por eso dice que fué entregada por unos hombres 
malos, que se llamaban cristianos y no lo eran. La otra 
aclaración es que en tiempos del cronista se llamaba 
Extremadura á toda la comarca comprendida entre el 
Duero y el Tajo, pues se vé que Coria y Albalad, situa- 
dos en dicha extensión, las considera comprendidas en 
Extremadura. 



£1 nombre Sentiros pudiera inducir á confusión con Cintra, pe* 
ro la duda la resuelve el Chronioón lusitano, que dice: «Aera 
sMCXLIX rex Oyrus cepit Santarem sept. kal. Junii.t Repite 
la noticia el Conimbricense, con error en el año y en el día: «In 
«era MCXIX pressa fuit civitas Sancta Erene á rege Cir, VIH, 
«kal. Junii.» 

(L) «Per Ídem á malis hominibus qui dicebantur esse christia- 
>nos et non erant, tradita est sarracenis Cauria; et acceperiint 
>in Extrematura aliud castellum quod dicitur Alvalat; et munie- 
>raut Oanriam et Alvalat magna multitudine militum et peditam 
«auiqaobidiédebellabant totam Extremataram asquo ad flamen 
tDQriuia%» Chon. Adofonaiinipér.i niüm, 18« 



18^ HISTOftlA bBL BEtNO DE BADAJOÍ^ 



La dominación almorav'de llegó también ácaer pron- 
to en descrédito, porque aquellos príncipes beatos y 
menguados, que no sabían más que rezar azalas, eran 
incapaces de abatir á Toledo y de imponer respeto á los 
cristianos, á pesar de ofrecerles para ellos una ocasión 
tan favorable las contiendas civiles que desgarraban ¿ 
Castilla, á causa de las disidencias entre Doña Urraca y 
su marido, el rey aragonés Don Alfonso el Batallador. 
Además, el ejército y el gobierno se corrompieron en 
poco tiempo, llegando á hacerse insoportables al país. 
Los generales y caudillos almorávides, cuando vinieron 
á España, eran rudos é incultos, pero eran también 
honrados, sencillos y de morigeradas costumbres; mas 
después que se enriquecieron con los despojos de los rei- 
nos de Taifas, se acostumbraron á la molicie, quisieron 
convertirse en magnates ilustrados á la usanza de los ré- 
gulos á quienes habían despojado, y sólo consiguieron 
dejar de ser lo ][ue antes eran para ser caricaturas ridi- 
culas de los modelos á quienes querían imitar. Los sol- 
dados se habituaron también á la vida muelle, y ya no 
eran los que conquistaron la Mauritania y vencieron en 
Zalaca, sino una soldadesca soez y corrompida que tra- 
taba brutalmente al pueblo mahometano, y luego huía 
de la manera más vergonzosa ante el ejército cristiano. 
A tal punto llegaba la cobardía de la tropa, que el 
emperador Alí tuvo que decidirse por alistar en las 
filas á cristianos aventureros, gallegos, catalanes, bi- 
zantinos, italianos, etc., formando así unas milicias 
análogas á las de los esclavos que hubo en tiempo del 
califato; pues, en cuanto á los soldados lamtuníes, harto 
tenían que hacer con robar cuanto se ponía á su alcan- 
ce, y tratar á la población como á país conquistado. 

El Gobierno era tan inepto y corrompido como el 
ejército, Lqs fakíes^ Ueaoa de ví^uidaid y íimbicióu poi> 



MATÍAS RAMÓK MARTInBX Y MARTÍNBS 187 



que ejercían grande influencia en aquella sociedad de- 
generada, que tapaba con una hipócrita santurronería 
su falta de fé y de dignidad; los cadíes y demás miem- 
bros de l£^ judicatura, venales, corrompidos, explotado- 
res de la administración de justicia, de la que sólo se 
servían para estrujar á ios pobres litigantes y empobre 
cerlos; los recaudadores de rentas, generalmente^ judíos, 
que nunca veían satisfecha su codicia y la de los mu- 
chos funcionarios que sufragaba el país; el gobierno, 
en fin, que dejaba á los demás hacer su agosto, porque 
era tan débil como inepto; todos á porfía arrojaban la 
moralidad y la ley al medio del arroyo, y todos cou- 
tribuían á la general decadencia y desmoralización. 

El pueblo musulmán comprendió entonces que nada 
había conseguido con la venida de los almorávides, y 
Hegó á considerarlos como un azote peor que los reyes 
de taifas; pues lo único que hab'an traído al cabo era un 
gobierno corrompido é incapaz, un ejército soez, cobar- 
de é insubordinado, los campos llenos de bandidos, las 
ciudades plagadas de rateros, el comercio y la industria 
casi muertos, el hambre y la miseria reinando en todas 
partes. No había pasado una generación todavía desde 
el triunfo de Zalaca, y ya había tenido tiempo la situa- 
ción creada por los almorávides de envilecerse hasta tal 
extremo. El descontento de los españoles iba> j)ués, cu 
aumento, y llegó á manifestarse peligroso en 1121 en 
Córdoba, que se alzó contra la soldadesca de la guarni- 
ción, cuyas brutales tropelías no podían soportar los 
pacíficos y honrados vecinos do la industriosa ciudad. 
El emperador AJÍ llegó entonces do África con un nu- 
merosísimo ejército, y acudió en persona á poner sitio 
á Córdoba; pero al capitular ¿sta de buen grado, tuvo 
(jue reconocer el soberano que habí^ sido justa la causs^ 



188 HISTORIA DKL KBIKO DB BADAJOZ 

de la rebelión, y asi lo declararon también los fakíes, 
qne se pusieron de parte del pueblo (1). 

Pero ya asomaba el enemigo que había de acabar con 
aquellas menguadas instituciones, en las que las tribus 
de los Lamtunas monopolizaba todas las ventajas del 
poder; pues en aquel mismo año estalló en África una 
insurrección imponente, promovida por un aventurero de 
la tribu de Masamuda, que consiguió levantar en armas 
á todas las demás del Atlas y formar rápidamente un 
Estado que en poco tiempo acabara con el de los almo- 
rávides. Como en todos los cambios políticos que se ope- 
ran siempre entre los mahometanos, también éste tomó 
por bandera una doctrina religiosa. Fué la que hacia el 
siglo V de la Hégira enseñaba el célebre, doctor oriental 
Algazzalí, quien dedicado cfon afán á la meditación y al 
pietismo, sostenía qne no debía entenderse el Koran en 
sentido literal, sino que debía interpretarse conforme á la 
razón, para hallar el sentido intrínseco de sus enseñan- 
zas. Tal era el lema de la escuela axari, que así se la 
llamaba, y que venía á ser una especie de protestantis- 
mo mahometano en lo religioso, como en lo político 
constituía una especie de partido liberal, contra el reac- 
cionario de los fakíes que imperaba entre los almorá- 
vides. . 

Como éstos eran etageradamente formalistas é into- 
lerantes, prohibieron en África y España la lectura de 
los libros do Algazzalí, y la prohibición creó gran nú- 
mero de descontentos, pues era una escuela que tenía 
muchos partidarios á uno y otro lado del estrecho. En 
su exagorada inclinación á sostener el texto literal del 
libro sagrado, llegaron los almorávides a coincidir con 



(1) Pozy, Bi^Qivej lib, IV, cap, JV, 



^ 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 189 

ciertas sectas mahometanas que conceden á los atribu- 
tos de la divinidad existencia propia y eterna, por lo 
cual los del bando contrario los llaman politeistas, y se 
daban así propios el nombre de aUmuhanid (unitarios), 
de donde vino el llamárseles los almohades (1). 

Esta rebelión fué la causa de que Temín, goberna- 
dor de España, tuviese que acudir presurosamente al 
África, á donde su hermano Alí le llamaba para com- 
batir al terrible enemigo que amenazaba acabar con su 
imperio; y como tuvo para ello que llevarse consigo al 
ejército, quedó la Espaüa musulmana entregada á sí mis- 
ma, y era de temer que pronto comenzase á dar señales 
de insurrección. No salieron éstas á la superficie hasta 
años después, y así nadie comprendía otro medio de sa- 
cudir el dominio almoravide que el entrar en inteligen- 
cias con los reyes cristianos; y entonces se entró en ne- 
gociaciones con ellos, y comenzó una nueva era de razias 
y de expediciones, que hacía ya treinta años no se ha- 
bían conocido (2). 




(1) Don Eduardo Saavedra Nuevas lápidas arábigas de Bada- 
joz, en el tomo VIH del Museo español de antigüedades, páginas 
479 y siguientes. 

(2) Dozy, lug, cit. 



1 







CAPÍTULO XVI. 



Expediciones cristianas. 




os crístiiLnos mozárabes eran los que más 
interés tenían en librarse de 1$, opresión 
almoravide, y los que más empeño ponían 
en estimular á los reyes cristianos para que 
invadiesen la JSspafia mahometana. La 
marcha de Temin á África, dejando jgauy poca9 tropas 
en Andalucía, fué la ocasión que consideraron más ade- 
cuada para gestionar el que Pon Alfoja90 el Batallador, 
rey de Aragón, pasase á Andalucía en son de conquesta. 
Negociaron oon él en este sentido, le dieron minucio- 
sos informes del estado en que se hallaban las ciudades y 
los castillos y le ofrecieron servirle de guías y auxilia- 
res. Don Alfonso salió de Aragón en el año 1125 al 
frente de cuatro mil ginefces, atravesó el reino de Valen- 
cia, puso sitio á Guadix, y después á Granada; pero en 



Id2 BtSTORIA DEL RBINO DB BADAJOZ 

salir al encuentro del rey cristiano, que con tal motiit^o, 
y convencido de que ningún alzamiento favorecía su 
empresa, torció hasta Córdoba, estuvo en Lüque, Baena, 
Ecija y Cabra y en Ariusol, cerca de Lucena, derrotó 
brillantemente á Temín. Como no tenía fuerzas bastan 
tes para ocupar á Córdoba, fué á través de las Alpuja- 
rras hasta la costa de Salobreña, donde comió pescado 
de aquella orilla, y después emprendió el regreso á su 
país, llevándose consigo muchos mozárabes que quisie- 
ron seguirle y^ habiendo recogido cuantioso botin, no 
sin haber perdido algunos de sus soldados en la atre- 
vida expedición, en la que cuatro mil ginetes se burla- 
ron del imperio almoravide (1). 

No podía entonces esperarse otra cosa, pues las cir- 
cunstancias eran muy azarosas para la dinastía lantana. 
El emperador Alí dio el mando de España á su hijo 
Texefín, llamando á su hermano Temim á África, donde 
los Almohades invencibles iban ganando cada vez más 
terreno. También decretó una deportación de mozá- 
rabes á África y muchos millares de ellos fueron esta- 
blecidos en las cercanías de Salé y Mequinéz (2); pero 
ésta política debió exasperar á los cristianos que tuvie- 
sen facilidades para conspirar, y especialmente á los 
que vivieran cerca de los reinos cristianos, pues así lo 
hace comprender la facilidad con que las tropas ligeras 
hacían sus continuas excursiones. 

Una expedición bastante atrevida hizo en 1132 el conde 
Rodrigo González, que tenía el mando de las milicias 
de toda la Extremadura castellana, desde el Duero al 
Tajo. Si no exajera la crónica, que en ampuloso estilo 
pone muy alta la reputación militar del conde Rodrigo, 



(1) Dozy, lug» cit. 

(2) QociQrsk^ob* oit»,pig8, ld,82i 



MATÍAS RAMÓN MARTJNBg Y MAHTINBZ 198 

congregó éste las milicias de Avila y de Ssgovia y mu- 
chos soldados y caballeros de Toledo y otras ciudades, 
y marchó con ellos á la comarca de Sevilla, en la que 
hizo muchos estragos, incendió y saqueó los pueblos de 
Aljarafe, y cogió gran copia de riquezas é innumerables 
cautivos. Enterado de ésto el emir de Sevilla, Omar 
Aben Macur (1), salió con sus tropas al encuentro de 
Rodrigo, y se trabó una sangrienta batalla en la que 
Omar quedó muerto y sus tropas huyeron hacia Sevilla, 
siendo perseguidas por las cristianas hasta las puertas 
de la ciudad, con cuyo éxito regresó Rodrigo á Toledo, 
harto de botín (2). 

Sabedores los caballeros de Salamanca de la expedi- 
ción del conde Rodrigo, acordaron ir ellos á hacer otra 
en la comarca de Badajoz, guerreando por cuenta propia 
para adquirir gran prez y no tener que compartir el 
brillo y el provecho de la empresa con ningún príncipe 
ni caudillo (3). Congregaron sus mesnadas, y marcharon 
por el camino de Badajoz, es decir, debieron venir por 
la vía que de Salamanca conduce á Mérida, y al llegar 
cerca de ésta torcerían con dirección á Badajoz, pues 
el Cartas dice que entraron en la comarca de Mérida 
llevándolo todo á sangre y fuego. En ello conviene el 
cronista cristiano, pues dice, que devastaron, incen- 
diaron y estragaron la tierra; cautivaron muchos hom<- 



(l) El nombre del emir sevillano se sabe,ae;5Ún Codera (ob.cit., 
pág. 284), por Aben Alabar, en el tomo III de su Tecmila (códi- 
ce fot., pág. 210j, que dice que los cristianos mataron á Ornar 
Aben Macur en el mes de Ricüel de la hé^irA 52 J (de 18 de Mayo 
á7 de Junio de 1132), y también por el manuscrito núm. 1(>S2 de 
la Biblioteca del Escorial (fol. 26). 

(2; «Entró el conde Rodrigo González con gran hueste en el 
>Axaraí de Sevilla, é lidió con los moros, é vencidos, é mató al 
>rey Omar en Arazeda. Era 1170. ^ Anales Toledanos. 

(8) Vid, Apéndice lY, 






V 



104 HISTORIA D£SL RBÍNO DB BADÁJ02 



1 



bres, mujeres y niños y pillaron cantidad considerable 
de oro, plata, caballos, mulos, asnos, camellos, bueyes, 
vacas y toda clase de ganados. Supo el príncipe Texefín 
¡ ?. lo ocurrido al emir de Sevilla, por un cautivo mahome- 

r taño que logró escaparse del campamento de Rodrigo; y 

I - enterado de que éste regresaba á Toledo, y de que otras 

^ milicias cristianas andaban de razia en las cercanías de 

b Badajoz, marchó enseguida á su encuentro. 

Estaban acampados los salmantinos, cuando Texefín 
llegó á hacerles frente, en un lugar que Cartas llama 
Fohs Assébdb. y que dice estaba cerca del campo de Za- 
laca, donde su abuelo Yusuf había vencido á Don Alfon- 
so VI. Se acercaba ya la noche, por cuya causa no tra- 
f:, tó Texefín de acometer á los salmantinos. Al ver éstos 

I, ' tantos preparativos de batalla, comprendieron que aque- 

i ' lia multitud de cautivos sarracenos que llevaban consigo 

habría de ser para ellos, no ya una grande impedimenta, 
sino un peligro serio, pues por la imposibilidad de cus- 
Y tediarlos, acaso en algún momento lograsen escapar y 

apelar á las armas. Así, para desembarazarse de ellos, les 
dieron muerte á todos, lo mismo hombres que mujeres. 
Enterado Texefín de tal hecatombe, envió á los salman- 
tinos un emisario que preguntase quién era el príncipe ó 
*./ jefe que los acaudillaba, a lo cual respondieron que todos 

', ellos eran príncipes y caudillos de sus huestes. El cro- 

f^ nista dice que Texefín, al oir tal respuesta, los creyó á 

;y' todos locos (1); pero lo que sin duda alguna comprendió 

;; el almoravide, es que se hallaba enfrente de un ejército 

r sin disciplina ni unidad do mando, y más aún debió con- 

r vencerse de ello cuando notase que muchos habían hui- 

^.- do, porque comprendían que de aceptar la batalla, sería 

^¿r ésta desastrosa para ellos, por la superioridad numérica 

I — 

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(li Vid.AptodiQelIL 



MATÍAS KAMÓN ICARTÍNEZ Y HABTÍNEZ 195 

de las tropas mahometanas. Otros, en cambio, más deci- 
didos ó más temerarios, se mantuvieron en sus posicio- 
nes, resueltos á pelear. Apenas había amanecido cuando 
empezó el combate, que duró todo el día con grande 
furia; pero los cristianos quedaron tan destrozados^ que 
murieron casi todos, no salvándose sino muy pocos que 
apelaron á la fuga. El Cartas dá grande importancia á 
este triunfo, que sin duda no tiene ninguna por el nú- 
mero de los cristianos, y por el carácter de la expedi- 
ción, muy parecida á las que siempre, desde los tiempos 
de Indivil, Orisón y Viriato, hicieron los guerrilleros es- 
pañoles; pero el desastre de los salmantinos debió ser 
enorme, pues así lo confiesa el cronista de Don Alfonso 
YII, que de acuerdo con el mahometano, dice que Texe- 
fín se fué á Córdoba muy ufano y contento con su vic- 
toria, de la cual envió hiperbólica relación á su padre el 
emperador Alí (1), 

Estas expediciones aisladas solían entonces hacerlas los 
caballeros y las milicias de los concejos, con objeto de 
estragar los campos mahometanos y adquirir rica presa, 
pues nunca como -entonces fué la ocupación por la guerra 
un modo legítimo de adquirir la propiedad sobre las 
cosas del enemigo. Así el conde toledano Rodrigo Gon- 
zález, que tan buena recolección había hecho en el Aja- 
rafe de Sevilla, quedó aficionado á esta manera de ha- 
cer fortuna, pues todavía repitió con* buena mano la 
suerte, y aun hizo una tercera razia (quizás hacia el 
año 1130), en la cual se encaminó á Serpa, mató mu- 
chos musulmanes ó hizo devastaciones sin cuento; des- 
pués de lo cual le salió al encuentro un cuerpo de tropas 
en un lugar llamado Sishúa que tal vez fdese Encina- 



(1) Cartas, págs, 95 y sigs. — Vid. en el Apéndice JV la relación 
de la Crónica del emperador Alfonjso. ^ 



\i 



b¿.: 



1D6 niBToitiA D1X msiNo rm badajos 

sola, y apenas trabada la batalla, volvieron la espalda 
los mahometanos (1). Esta facilidad con que pocos cris- 
tianos vencían á muchos moros en aquel tiempo, sólo se 
explica por la cobardía de los musulmanes, á que me he 
ref erido en el capítulo anterior; y así se repetía á cada 
paso en Andalucía, Portugal y Aragón, el hecho de que 
pequeñas huestes de cristianos venciesen á triplo y cua- 
druplo niimero de moros. 

El rey Alfonso se hacía entretanto famoso por sus vic- 
torias, y los mismos musulmanes españoles deseaban co- 
bijarse bajo su amparo, y sacudir el yugo de los almorá- 
vides. Precisamente en el año 1131, "el rey Saf-Arldaula 
ó Zafadola (como le nombran nuestros cronistas), p • hizo 
vasallo suyo, entregándole ^'i castillo de Rueda, única 
fortaleza que le quedaba, á cambio de un señorío en la 
comarca de Toledo y la Extremadura castellana. Con 
motivo de que Texefín hizo una excursión en tierra de 
Toledo, en la que destruyó el castillo de Azua, dispuso 
el emperador Alfonso VII tomar el desquite, haciendo 
una expedición de acuerdo con Zafadola, en la que atra- 
vesaron toda la campiña de Córdoba y llegaron hasta 
Cádiz (2). 

Los sevillanos, convencidos de que los almorávides 
eran incapaces de impedir los estragos que los cristia- 
nos hacían impunemente, enviaron aquel año un men- 
saje á Zafadola, en el que le suplicaban que interesnse 
al rey Alfonso en una eiapresa enérgica que arrojase de 



' (1) «Etriirsus secunda vice... exieriiiit iii locum qui dicitur 
»Serpia, et iterum tertio toletaniis ])r¡nceps. coiígregatis suis aji^- 
»minil)ns, abie^is in terram inimiconim iniiltus f^cit strages, et 
»occidit inultos nioabitas et agare.io.s. nam r í^os eoruin, congre- 
>^ata magna mili ti tudine militum ct pe.li tu in, venerunt ad eum 

í'í '»m loco qui dicitur Silnia, et inito certainine, terga verterunt.» 

%. Chonica Adefonsi imoercU-oris, núm. 68. 



^;> (2) Codera, ob, cit., pág, 25, 

I.- ■ 



r 



HATÍA8 RAMÓN MARTÍNEZ T MAYkTÍNBZ lOt 

EspaSa á los almorávides, pues loa mahometanos espa- 
ñoles le pagarían gustosos cada £»ño un tributo mayor 
que el que sus padres habían pagado al abuelo del rey 
cristiano, y vivirían contentos teniendo por rey á Zafa- 
dola (1). Don Alfonso, sin embargo, se limitg á hacer 
excursiones continuas durante tres años, preparando las 
conquistas de ciudades fronterizas, en vez de gastar 
fuerzas en expulsar á los africanos para dejar indepen- 
dientes á los moros españoles. Tampoco se descuidaba el 
rey de Portugal, Don Alfonso Enriquez, hijo de los in- 
fantes Don Raimundo y Doña Teresa, y en el año 1139 
ganó á los moros la batalla de Ourique, después de cu- 
yo triunfo se consideró ya soberano. 

Hacia el año 1J38, trató Don Alfonso VII de tomar la 
ciudad [de Coria, que en los tiempos de Syr^ hijo de 
Abubequer, había caido en poder de los moros. 

El rey Don Alfonso hizo poner frente á Coria tres 
elevadas torres, desde las cuales sus tropas combatían 
los muros; y, deseando acabar aquella empresa, que ha- 
bía creído más fácil, preparó una emboscada para sor- 
prender á los sitiados cuando hicesen alguna de sus sa- 
lidas. En una de éstas simularon los sitiadores una huida, 
y creyéndola los sitiados señal de derrota ó de miedo, 
corrieron tras ellos confiadamente hasta más allá de la 
emboscarla, con cuyo motivo el rey y las tropas escon- 
didas cayeron sobre los de Coria, y se trabó una batalla 
en la que sucumbieron éstos, pues, al decir de la crónica, 
ninguno escapó de la muerte. El cerco seguía en tanto 
con fiero ahinco, pero la ciudad no daba señales de aba- 
timiento, ni ora fácil de asaltar por sus buenas murallas. 
Un día que el rey marchó de caza á los montes cercanos, 
dejando al frente del ejército sitiador al conde Rodrigo 



(1) Chron, Adef. imp., núm, 76. 



V 



196 HIBTOItlA DBL RBINO DB BADAJOZ 

Martínez, una flecha enemiga quitó la vida á éste, por 
lo que el rey, que estaba jb, cansado de un cerco tan in- 
fructuoso, dispuso que el grueso del ejército se encami- 
nase á León al mando del conde Osorio, llevando con- 
sigo el cadáver de Martínez, y él se marchó con el resto 
de la tropa á Salamanca (1). 

Al año siguiente sitió y tomó á Aurelia ú Oreja, en la 
comarca de Toledo; y en 1142 logró al fin conquistar á 
Coria, cuyo sitio refiere el cronista con minuciosos deta- 
lles, que demuestran el estado de indefensión en que te- 
nían los almorávides sus plazas fronterizas. Puso Don 
Alfonso los campamentos en derredor de la ciudad, y 
mandó construir una torre de madera mucho más alta 
que las murallas enemigas, y preparar máquinas béli- 
cas y toda clase de aprestos; por donde comprendieron 
los de Coria que les aguardaba un sitio terrible, y ce- 
rraron las puertas de la ciudad con pared firme. Los si- 
tiadores comenzaron á debelar las fortalezas y socavar 
las murallas, empresa que no atemorizó tanto á los sitia 
dos como la escasez de los mantenimientos; pues no ha- 
bía transcurrido mucho tiempo cuando el hambrecoinen- 
zó á reinar entre ellos, causando numerosas víctimas. 
No parece que hiciesen salida alguna para hostilizar á 
los sitiadores, ni hay noticia de que desde dentro se de 
fendieran en ninguna forma; pues se habían limitado á 
cerrar las portadas de las murallas, confiando tan sólo en 
que los sitiadores no lograrían asaltar la plaza antes que 
el príncipe Texefín acudiera á socorrerla. 

Pero el tiempo pasaba, el hambre había llegado á su 
último extremo y era imposible sostenerse más tiempo, 
pues tampoco se divisaban de noche luminarias que 
anunciasen socorro alguno. Los sitiados se vieron obli- 



(Ij Chyon. Adef . imp., núms. 62 y < 



MATÍAS RAMÓN MAUTÍNBZ Y MARtInEZ 199 



gados á proponer al emperador Alfonso que les conce- 
diera un plazo de treinta días, al cabo de los cuales, si 
no acudía ejército alguno á socorrer á la ciudad, ésta se 
entregaría sin condiciones. Don Alfonso accedió á lo 
propuesto por los de Coria, lo cual demuestra que estaba 
muy convencido de que los almorávides no podrían acu- 
dir á libertar la plaza, pues de no tener tal seguridad, 
hubiera sido gran torpeza por su parte coaiprometer 
el éxito de una conquista tan segura. 

Los sitiados enviaron emisarios al príncipe Texefín, 
dándole cuenta de la situación en que estaba la ciudad 
de Coria y el pacto que habían hecho con el emperador 
Alfonso. Fueron también á dar conocimiento de ello al 
emir de Córdoba, á quien el cronista llama Azuel, y cuyo 
nombre verdadero era Azobeir, hijo de Ornar. Dieron 
igualmente cuenta al emir de Sevilla, nombrado en la 
crónica Avenceta^ y que tal vez era Aben Seid. Ninguno 
pudo darle otra respuesta que la confesión de su impo- 
tencia para acudir al rescate de Coria, porque no po- 
dían reunir fuerzas bastantes para contrarrestar á las 
muy aguerridas que sitiaban la ciudad. Texefín les dio 
permiso para que la entregasen con arreglo á lo pactado 
con Don Alf jnso VII, y así lo hicieron los sitiados en el 
mes de Junio, en que el emperador ocupó la plaza, re- 
paró las murallas y demás fortalezas y puso allí guarni- 
ción. 

Esta preciada conquista era el principio del fin de la 
dominación musulmana en la vega del Tajo, porque des- 
de Coria saldrían en adelante las tropas á estragar los 
campos de Mascoras (Santibañezj, Galisteo y Alcántara, 
que estaban ya á merced de que el dia menos pensado 
las ocupasen las tropas cristianas. Así lo comprendían 
tombiéu loa mahometauos, pues loa de AibaJad, en ouo^u* 






áOO H18TORIÁ DEL REÍNO D6 BADAJO¿ 



to supieron que Coria se había rendido, consideraron 
imposible sostenerse más tiempo, y abandonaron el cas- 
tillo. Entonces las milicias concejiles de Ávila y de Sa- 
lamanca hicieron una razia por la ribera del Tajo, y 
entrando en Albalad, destruyeron el castillo hasta los 
cimientos. (1) 

La mezquita principal de Coria fué consagrada en ho- 
nor de la Virgen Santa María, y entonces se restableció 
la sede episcopal que desde hacía más de dos siglos es- 
taba suprimida, siendo nombrado primer obispo un reli- 
gioso llamado Iñigo Navarrón. Parece que este sujeto 
había sido canónigo de la catedral de Segovia, y después 
abad del convento de Santa María de Parraces, de canó- 
nigos regulares, en cuyo puesto se hallaba cuando fué 
consagrado obispo de Coria por disposición del Pontífice 
Calixto II (2). El emperador Don Alfonso, queriendo por 
su parte honrar la institución de la sede, otorgó privile- 
gio á la iglesia Oauriense y á su obispo ¡ por el cual se 
señalan las iglesias que quedaban comprendidas bajo su 
jurisdicción, cuyo documento fué otorgado en Septiem- 
bre del mismo año 1142, lo cual demuestra que en aque- 
lla fecha estaba ya erigida la nueva silla episcopal (3). 

También otorgó el rey fuero á los moradores de Coria, 
y, aunque no conozco ni sé que exista códice alguno de 
sus disposiciones, consta que se hizo la concesión, por- 
que algunos años después otorgaron otros reyes el mis- 
mo fuero de Coria á otros pueblos comarcanos. Entiendo 
que debió ser un trasunto, mis ó menos ñel, del fuero de 
León, porque tanto en Coria como en los demás pueblos 



(1) Vid. el Apéndice V.— cPrisó el emperador á Coria, é fué ea 
este año con huest sobre tierra de moros, é vino un porco montes 
é ferió al emperador^ é tornáronse de esta huest. Era MCLXXX.» 
Anales toledanos» 

(2) G-11 González Dávila, Teatr d a iglesias tioo, tomo II, pág. 44é« 
(8) yW. Aptattto^ VI, 



MATÍAS RÁM&N MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 2(Jl 

comarcanos rigieron en tiempos posteriores las mismas 
costumbres y leyes leonesas. La concesión del fuero re- 
vela que Coria debió ser entonces repoblada do cristia- 
nos, y que acaso no había en ella mozárabes cuando la 
tomó Don Alfonso; pues, aparte de que los vecinos ma- 
hometanos que continuasen en ella tendrían que someter- 
se á la ley que les impusieran, si hubiese habido mayo- 
ría de vecinos mozárabes, no hubiera sido necesario otor- 
gar fuero, dado que ésto no tenía entonces otro objeto 
que estimular á los cristianos, á que acudiesen á poblar 
aquellas poblaciones fronterizas ¿ los moros, donde la 
falta de seguridad en ellas retraía á las gentes de acu- 
dir, si no se les daban privilegios que compensasen la 
zozobrado estar peleando á diario. 

La manera de rendirse Coña á Don Alfonso VII ha 
dado la muestra de la situación lastimosa en que so ha- 
llaba la dominación de los almorávides. Como los almo- 
hades se habían apoderado ya de una gran parte del im- 
perio mauritano, el emperador Alí llamó á su hijo Texa- 
fín para que acudiese á evitar la ruina del trono que 
había de ocupar éste en Enero de 1113. Kl príncipe acu- 
dió al llamamiento paterno con las menguadísimas fuer- 
zas que pudo reunir, teniendo que reclutar cristianos 
para no irse sin tropas. Quedaba la península, con este 
motivo, más indefensa que antes; y como los musulma- 
nes españoles ansiaban ya acabar aquí con el gobierno 
almoravide, el mayor número consideraba muy conve- 
niente pagar tributo al rey de Castilla á cambio de su 
protección, y no pocos le estimulaban á que ocupase 
todo el país (1). No faltaron otros que, imitando la usan- 
za africana, salieron predicando una reforma religioso- 
política, que en resumen se encaminaba á promover un 



(1) Chr, AdeL imper., núiu. 89, 



1 



202 



HistoaiA DÉt nKíso bfe badajos. 



alzamiento general del país contra los lamtunas; mas co- 
mo este hecho fué el que preparó la venida de los almo- 
hades á España, y por de pronto dividió el país en pe- 
queños estados, lo mismo que había ocurrido á la caída 
del califato de Córdoba, requiere explicarlo en otro ca- 
pítulo. 




CAPÍTULO XV 



Insurrección contra los lamtunas 




ICE el eminente arabista Don Francisco 
Codera, que no es fácil señalar las cau- 
sas de la sublevación general que la Ks- 
paña árabe promovió contra el gobierno 
de los almorávides, porque éste era más 
bien débil que despótico, y aunque sus agentes no eran 
de conducta intachable, los almohades, que vinieron á 
sucederle, eran todavía peores. Sin embargo, no puede 
desconocerle que el espíritu separatista que desde los 
comienzos del siglo IX se viene notando en los españo- 
les, y que fué luego causa de la disolución del califato 
de Córdoba, debió continuar muy vivo contra los que 
habían destronado á los reyes de taifas y convertido la 
España mahometana en una provincia dependiente de 
Marruecos; de suerte que ese espíritu separatista y el 
natural amor á la independencia, eran elementos bastan- 
te poderosos para que los españoles considerasen tiráni- 
ca é insoportable la dominación almoravidc, por muy 



^01 HISTORIA DEL REINO DE BAPAJOZ 



blanda (juo so la considero; máxime, cuando los hechos 
referidos demuestran que era impotente para impedir 
que los reyes cristianos y sus huestes estragasen el país 
con sus repetidas excursiones. 

Añade el citado escritor, que acaso una de las causas I 

que más despertaron el descontento de los moros espa- 
ñoles fue la tolerancia y hasta predilección con que Alí * 
y su hijo Texefin miraban á los cristianos incorporados ' 
en sus ejércitos, lo cual debió exacerbar los odios de los I 
fanáticos sufíes, llamados en España loA hermanoM niori" I 
din ó adepfoü, pues esta sí^cta fué la que en los pr'meros 
momentos preparó y org mizo la rebelión, que, si bien 
empezó con carácter religi i^^o, pronto tomó colorido po- 
lítico aristocrático. Así so di i el caso de que mientras 
los fanáticos, invocando la religión, simpatizaban con 
los almohades, los espíritus indiferentes y positivistas 
preferían acudir en demanda del apoyo de Don Alfon- 
so VII, aun á trueque de ser tributarios suyos. 

La general rebelión contra los almorávides se perso- 
nifica en tres individuos, que la extendieron por tres 
partes de la península: Aben Casi por Occidente, Aben 
Handim por el centro y Aben Hud por Oriente. 

Abul Oasim Hamed, hijo de Al Hosain, conocido por 
Abencaaí, era natural de Silves, donde pasó lo más flo- 
rido de su juventud derrochando su fortuna, y después 
empleado en las oficinas de liacienda. Viajando después 
por España, conoció en Almería al jeke Abulabás Abe- 
nalarif , que era el jefe de la secta de los sufíes; y, des- 
pués de iniciarse en sus doctrinas, una vez muerto el 
jeke en 114;i, vino á quedar como jefe de sus sectarios, 
á quienes dio el título de morid in, ilarchó después al 
Algarbe, donde explicaba las enseñanzas del filósofo 
Abuhamid el Clazalí, y excitaba á los secuaces á la re- 
belión, consiguiendo en puco tiempo reunir muclios pro- 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTINKZ 205 

sélitos en la comarca de Mórtola, Silvas, Evora, Badajoz 
y Mérida, en las cuales los hermanos adeptos propalaban 
con entusiasmo los falsos milagros de Abencasí. Había 
entre sus partidarios más notables, uno llamado Moha- 
med hijo de Yahya, conocido por Aben Alcabila el de 
Saltis, de quien dice Aben Aljatib que era muy astuto y 
valeroso, muy notable literato, famoso- por su mucha 
elocuencia y elegantes epístolas, por cuyas prendas le 
nombró Abencasí jefe de la expedición que dio por re • 
sultado apoderarse con astucia de Mórtola el 14 de Agos- 
to del año de 1144. Abencasí se trasladó á la alcazaba 
de dicha ciudad, donde se dio el pomposo título de Imam 
Almedi bila, 

«Desde la alcazaba de Mórtola, como desde su corte, 
escribió á los pueblos, invitándolos á la rebelión, y en- 
tonces debió de comenzar á ejercer sus larguezas con el 
dinero de los hermanos adeptos, que suponía bajado del 
cielo, pues no percibía tributos. 

»Abumohamed Sidrey Abewacir, que se había rebela- 
do en Evora y Becha. y Abulualid Mohamed Abenal- 
mondir, que había hecho lo mismo en Silves, se presen- 
taron en Mórtola á prestar homenaje á Abencasí por los 
mismos dias en qn3 éste se instalaba en su corte. Hecha 
por estos dos rebaldes la visita de cortesía al señor que 
habían reconocido como jefe, y confirmados en sus go- 
biernoSy Abennazir se retiró á Becha, que parece era su 
capital, y Abenalmondir se detuvo algunos dias en Mór- 
tola: como entre éste y Abennazir habían surgido dife- 
rencias, á pesar de la amistad íntima que los unía, es de 
sospechar que Abanalmondir aprovechase estos dias pa- 
ra sembrar en Abencasí la desconfianza contra Abenna- 
zir, la cual pronto se hizo manifiesta.» (Ij 



(1) Codera, ob. cit., pág. oí». 



206 HISTORIA DBL REINp DB BADAJOZ 

Ea el mes de Ramadán del año 539 do la hógira (del 
24 do Febrero al 25 de Marzo del 1 145 do J. C.) se veri- 
ficó un alzamiento general en la España musulmana, 
pues e^ jueves 5 de dicho mes se alzo Oirboba, el 17 hi^^o 
lo propio Murcia, el 18 Valencia, y por los mismos dias 
Málaga, x^lmería y otras muchas ciudades, según nos 
dicen los cronistas. No dicen nada de Badajoz, pero por 
un testimonio muy estimado se sabe que hubo allí tre- 
menda conmoción el dia veinte y nueve de dicho mes de 
Ramadán, que fué el domingo, 26 de Marzo de 1145. Es 
una lápida sepulcral encontrada en la ciudad (1), cuyo 
texto tradujo así Don Eduardo Saavedra: «JS?n el ñora- 
*bre de Dios piadoso^ niifíericordioso. Ente es eJ> sepulcro 
*del mártir, muerto inícicanienfe (apiádese Dios de él) 
T>Obeidala hijo de Moámmed. hijo de Áhmed^ hijo del ase- 
T^sinadOy de Mérida, Matáronle los del litsan dia de per-- 
^/idia y tribulación^ y esto fué en domingo veintinueve de 
T^ Ramadán el engrandecido, año 539.» 

Precioso es este epitafio para la historia de aquella 
sublevación. Obeidala el de Mérida ora un partidario de 
Abencasí, ó mejor dicho, un moridin ó hermano adepto 
que seguía el bando de los insurgentes, .y por esto el 
epígrafe le llama mártir y dice que fué inicuamente muer- 
to; pues con el co'orido religioso que tenía aquel levan- 



• 1) «Fué ocasión para volver á la luz esta lápida la obra que 
para ensanche del cuartel de caballería de la Bomba dirige en Ba- 
dajoz el coronel, comandante de ins^enieroá, D. Juan de Quiroga. 
Hallóse el 2H de Octubre del año último (IHll)^ á tres metros de 
profundidad, ea terreno de acarreo, en la zanja practicada á 
o;)paldas de la cara izquierda del Baluarte de San Juan, para ci- 
miento del muro circular de entrada á las dependencias del cita- 
do cuartel, hacia donde está proyectada la cocina. Las dimensio- 
iiues de la piedra son 57 centímetros de alto, 28 de ancho y 3 de 
grueso.» Saavedra, lug. cit. 

p]n el mismo sitio, y juntamente con ella, se encontró otra la- 
pida á que me refiero en el capítulo siguiente. 



3ÍIATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 207 

tamiento contra los almorávides, nada más natural que 
considerar mártires de la buena causa á cuantos espa- 
ñoles sucumbieran peleando por la insurrección. Que á 
éste emeritense le mataron los almorávides, lo dice el 
mismo epitafio al llamarlos los del litsán^ que así los de- 
signaban por el litsán ó lienzo con que se cubrían la 
cabeza y cara, y que todavía hay usan sus descendientes 
los targuíes del desierto. Le mataron en dia de jjerfidia y 
tribulación, ó, cemo traduce Don Rodrigo Amador de los 
Ríos, en día de desolación y de espanto: pues sin duda 
Obeidala, como natural de Mérida, fuera el que recibiera 
la fatal comisión, de entrar en Badajoz y promover el al 
zamiento por su partido. Que ésto logró triunfar en la 
ciudad lo demuestra el hecho de que vemos á poco señor 
de ella á Abennazir. 

El que lo era, de Silves, Abenalmondir, en el mismo 
mes do Ramadán pasó el Ouadiana al frente de una tropa 
de adeptos y ocupó á Huelva y Niebla, valiéndolo para 
entrar en esta plaza la connivencia del caid de uno do 
los baluartes, llamado Jucef hijo de Ahmed el Pedruchí, 
que abrió las puerteas á los sitiadores. Con igual fortuna 
se apoderaron de Hinsalcázar, Tolliata y Azahar, en 
tierra de Sevilla, y poniendo sitio á esta ciudad, logra- 
ron ocupar el barrio de Airayana. Seguramente Sevilla 
hubiera caido también en su poder , pues en todas partes 
eran acogidos, pero acudió el general almoravide Abu 
Zacaría Aben G-aniya, que había sucedido al príncipe 
Texefín en el gobierno de España, por lo que Abenal- 
mondir levantó el sitio de la ciudad y se retiró hacia el 
Algarbe. Los persiguió Abenganía y puso sitio á Niebla^ 
pero antes que llegase á tomarla, tuvo noticia de que 
Córdoba, Valencia, Almería, Málaga, Badajoz y todas 
las principales ciudades acababan de alzarse, siguiendo 
ol ejemplo del Algarbe, y cousiderando más urgente 



1 



20H HISTORIA DBL REINO DB BADAJOZ 

acudir á apagar á aquel incendio, desistió de reconquis- 
tar el Algarbe. 

Procuró Abenganía por cuantos medios tuvo á su al- 
cance, mantener la decadente dominación almoravide en 
España, ya que en África podía darse por muerta con la 
toma de Oran, y al efecto, no disponiendo de tropas para 
imponerse por la fuerza, propúsose sembrar la discordia 
entre los caudillos rebeldes, y parece que lo consiguió, 
pues ABennazir, el señor de Badajoz y Bocha, se hallaba 
entonces desavenido con Abencasí y Abeualmondir. 

Este había marchado a Córdoba á hacer quo recono- 
ciesen por imán á Abencasí, pero al llegar allá se en- 
contró que Abenhamdín era dueño de la ciudad, y que 
Abenhud, el llamado Zafadola, se había presentado ante 
la ciudad, por lo que regresó al Algarbe. En tanto ól 
hacía esta expedición, se reconcilió x4.bennazir con Aben- 
casí; pero al presentarse de nuevo Abenalmóndir, ha- 
biendo llamado Abencací á Abennazir para que se unie- 
se á ellos, temió éste que tramasen algo contra ól, por- 
que á tales desconfianzas le inclinaba su enemistad con 
Abenalmóndir, y concluyó por rebelarse en Badajoz 
contra la jefatura de Abencasí, haciendo lo propio un 
hermano suyo en Beja. Proclamaron imán y soberano á 
Abenhamdín, el señor de Córdoba; enterado de lo cual 
Abencasí, envió contra ellos á Abenalmóndir, que fué 
derrotado y encarcelado en Beja, donde le hizo sacar los 
ojos Abdala Abenasomail, por orden de Abennazir (1). 

Este acuñó monedas en las que proclama á Abenham- 
dín de Córdoba, dándole los títulos de Almansur hila 
(victorioso por Dios) y emir almuminim (príncipe de los 
fieles), y él mismo se ostenta también como valeroso de- 



f> 






(1) P» Codera, ob. cit., pág. 43» 



MATÍAS RAMÓN MARTÍhBZ t MARTÍNEZ 209 

fensor de la ley. Cinco monedas de Abennazir Sid Ray 
reseña el eminente arabista Don Antonio Vives (I), que 
traduzco á continuación: 

Núm. 1909. Anverso .—«No hay l>ios sino AUah. Maho- 

ma es el enviado de Allah. Aben 
Wazir.» 
Reverso. — «El victorioso por Dios, príncipe 
de los fieles, Handim hijo de Mo- 
líame^.» 
Núm, 1910. Anverso, — Lo mismo que la anterior. 

liererso, — «El victorioso por Dios, príncipe 
de los fieles, Handim.» 
Núm. 1911. Anverso. —«No hay Dios sino Allah. Maho- 

ma es el enviado de Allah. Aben 
Wazir.» 
üeverso.-- Almxxjed billah Mohámed hijo 
de Abdalás.» 
Núm. 1912. ^ni?«rj?o. — «Allah es Dios y Mahoma es el 

enviado de AUah Aben Wazir.» 
Reverso. — «Almuyed billah Mohámed hijo 
de Abdalás.» 
Núm. 1913. Anverso. — «No hay Dios sino Allah. Maho- 
ma es el enviado de Allah.» 
Reverso.- «El victorioso por Dios. Sid Rey 
Abennazir.» 
Vivía por este tiempo en Badajoz un Abu Abdallah 
Mohámed, que debió ser persona de alta clase, pues su 
epitafio sepulcral fué hallado en el castillo (2), y por él 



(1) Monedas de las dinastías arábigo- españolas, números 1909 

41913. ... 

(2) Fué hallada al hacer excavaciones para el deposito de 
a^oas del Gévoi-a, y llevada al Museo de la Comisión de Monu- 
mentos. Mídela lápida 0'-1:6 m. de largo y Ü'2.) de ancho, y está 
rota por los ángulos suparioreá. L\ lectura y traducción es do 
Don Eduardo Saavedra, que suplió lo que falta de texto. 



1 



210 HlStOUlA D^L REINO DÉ BADAJOZ 



se vé que murió el 2."» de Diciembre del año 1150. Dice 
así: ^En el nombre de Dios clemente y misericordioso. To- 
^do lo terrenal es perecedero; pero es permanente la faz 
»de tu Señor, llena de gloria y magestad. Este es el se- 
i^pulcro de Ábu Abdallah Mohamed, hijo de Albaccar: 
^ murió, blanquee y santifique Dios su alma al resucitarla, 
•el primer lunes de ramadán el engrandecido, año qui- 
•nientos cuarenta y cinco. Apiádese Dios de quien pida 
»su clemencia para él y para la grey de Mahoma: la paz 
*sea sobre ella.^ 

Viéndose Sidray poderoso con la derrota y prisión do 
su enemigo Abenalmondir, en el mes de xabán de la 
hegira 540 (año 1146) acometió y tomó á Mórtola, pu- 
diendo escapar Abencasí de caer prisionero; pero encon- 
trándose tan apurado después, que habiendo perdido el 
prestigio que antes tuviera como señor de los insurrec- 
tos del Algarbe, se marchó á África, donde visitó al em- 
perador almohade Abdemuman, y le ponderó la facilidad 
con que podría apoderarse del Andalus, dado el estado 
de insurrección en que se hallaba (1). En este mismo año, 
Abenhandín, que apenas llevaba once meses de reinado 
en Córdoba, y que era reconocido como emir por mu^ 
chos de los cadíes que se habían alzado con el mando de 
las ciudades, tuvo que salir con sus tropas al encuentro 
del general almoravide Abu Zalearía, quo so dirigía á 
Córdoba; y habiéndose encontrado con éste en Ecija, 
quedó completamente derrotado y fué á refugiarse á Ba- 
dajoz, donde Sidray lo había proclamado antes, según 
queda dicho. Rehizo, como pudo, sus fuerzas, y pasó de 
Badajoz á Andújar, donde Abu Zakaría le tuvo sitiado 
durante un mes, liaste (£un con auxilio do Don Alfon- 



(IJ P. Codera, ob. cit., pág. 41, 



MATÍAS RAHÓN MARTÍNEZ Y MARTIKSZ 211 



SO VII, consiguió levantar el sitio de Andújar, si bien 
no consiguió volver á reinar en Córdoba (1). 

Logró Abencasí qup el emperador almohade enviase 
á España una expedición mandada por Berraz, hijo de 
Mohamed Almastifi, i laque siguieron otras dos, una á 
las óxdenes de Abu Imram Muza Abensaid y otra á las 
de Ornar Abensálih Assenhají. El desembarco de estas 
tropas, que se hacen ascender por los autores á unos 
20.000 infantes y 10.000 caballos, ocurrió en el último 
mes del año 510 de la hégira. que corresponde al prime- 
ro del año 1147, y fué el preludio de la dominación de 
los almohades en España. 

«El ejército almohade, que pasó á Alandalus á las ór- 
cenes de Barraz, tomadas Tarifa y Algeciras, sometió á 
uno tras otro á Abulgomar Abenazrúm, rebelde en Je- 
rez, luego á Yusuf el Petrocbí, que prestó obediencia en 
Niebla, y pasando por Mértola, recobrada sin duda en- 
tonces por los partidarios de Aboncasí, so dirigió á Sil- 
ves, que fué conquistada y pujesta bajo la obediencia de 
éste: el ejército salió luego de Silves y habiendo pasado 
por Becha y Badajoz, donde prestó obediencia Sidray 
Abennazir, incorporados todos al ejército invasor ó 
auxiliar, asistieron al sitio de Sevilla, que fué tomada el 
12 ó 13 de xabán de 541 (el 17 ó 18 de Enero de 1147), 
huyendo los almorávides á refugiarse en Carmena, no 
sin que fueran muertos cuantos fueron alcanzados (2).» 

A lo que parece, los almohades no despojaron de sus 
señoríos á los cabecillas insurrectos, pues más adelante 
se les vé alzarse de nuevo independientes; por lo que se 
comprende que fueron respetados como gobernadores 
sometidos al nuevo imperio africano. Sin embargo, Si- 



(1) F. Codera, ob. cit., págs. 5íí y ^>U. 

(2) F* Codera, ob. cit., pág. 46. * 



1 



S12 BIKTORIA DVL RKIKO Snft BAOAMB 



dray no vuelve á figurar como señor de Badajoz desde 
esta fecha, sin qne en ningún autor haya podido encon 
trar explicada la causa de ello; pues lo único que encuen- 
tro cierto es que fué nombrado emir de Badajoz Moha- 
med, hijo de Alí-Abenalhachám (1), que sin duda era 
también español, pues le vemos euseguidoi insurreccio- 
náronse. 

«Se habían instalado en Sevilla, aunque al parecer sin 
carácter oficial, pero sí con gran influericia parecida al 
mando, dos personajes que por sus abusos fueron funes- 
tísimos a la dominación almohade, siendo causa inme- 
diata de que se vertiese mucha sangre: eran estos 
Abdelaziz é Iza, hermanos del Almehdí, fundador rio la 
secta almohade, quienes se permitieron el derramani'en- 
to de sangre y se apoderaron de riquezas que no les 
correspondían: habiendo tenido noticia Yusuf el Petro- 
chi, gobernador ó rey feudatario de ¡Niebla, de que in- 
in tentaban echarse sobre él, se refugió en su país, echan- 
do de Niebla á los almohades y negando la obediencia: 
no se necesitó más para que se produjera una subleva- 
ción casi general, que secundaron Abencasí en Silves, 
Alí Abenmaimum en Cádiz y Mohamed Abenalhacham 
en Badajoz: solo Abulgomar Abenazrúm, señor de Jerez 
y Ronda, siguió fiel á la dominación almohade. 

»E1 almoravid Abonganía, que había vuelto á apode 
rarse do Córdoba con el apoyo de Alfonso Vil, tomó á 
su vez la ofensiva y se apoderó de Algeciras, entrando 
en relaciones con los de Ceuta, que también sacudieron 
la obediencia almohade. 



(1) Al'Oiinljatil', ]Ms. árabe de la H. Air.rloiuia de la Historia 
CN. 37), fól. 2oO.--Abenjalduin, t. I, ) ág. .)11 de la trad.— Nnestro 
Conde está en lo cierto en este punto, al decir que Abdelmnmen 
nombró Wftlí ó pobrrrjndor déla tierra y frontera de Badajo'¿ á 
}luhamad-benAl]Len Alhag, que es el piismo arriba Citado, 



MATÍAS RAMÓK XAKTÍNBZ T MARTÍKES 213 

•Estrechados en Sevilla los alirohados, los causantes 
de la rebelión, Abdelaziz é Iza y un primo de ambos, 
Yalsatín, hubieron de retirarse al castillo de Bobastro> 
donde se les unió Abulgomar Abena zrún, quien con la 
pocas fuerzas que quedaban á los de Sevilla unidas á 
las suyas, sitió y tomó á Algeciras, dando muerte á los 
almorávides que allí encontró (1).» 

Abenalhachám dio señales dé su independencia por 
los preciosos dinares de oro que en su nombre se acuña- 
ron en Badajoz en el año 513 de la hógira (desde 22 de 
Mayo de 1148 á 12 de Mayo de 1149). en los que se con- 
serva por completo el tipo y las leyendas de las mone- 
das almorávides. Reseña el Sr. Vives un ejemplar (2), 
que traduzco así: 

Anverso-Centro. — «No hay Dios sino Allah. Mahoma es 
el enviado de Allah. Aben Alí.» 
Orla, — «Y el jue buscare fuera del Islam algu- 
na religión, no será recibido de él, y 
él en la otra vida será de los desca- 
rriados.» 

Reverá O'Centr o, — «El imam Abdallah, príncipe de los 
fieles.» 
O.'ííz.— «En el nombre de Allah fué acuñado 
este diñar en la ciudad de Badajoz, 
«ño tres y cuarenta y quinientos.» 

«Los hernianos del Almehdí, desdo Bobastro, se reti- 
raron á Marraeces, y Abdelmumem envió á Sevilla de 
gobernador á Yusuf, hijo de Soleimám, dejando de re- 
caudador de impuestos al poco afortunado general Ba- 
rraz: el nuevo gobernador pi:do tomar la ofensiva y 



(1) F. Codera, ob. cit., pág. 47. 

(2) Vives, ob. cit. núm. 1914, 



214 HISTORIA DBIi R8INO DB BADAJOZ 



sometió los distritos de Yusuf el Petrochí, Niebla y Te- 
jada; y el de Abencasí, Silves: Alí, hijo de Iza Abenmai- 
inúm prestó obediencia en Santa Jíaría, haciendo lo mis- 
mo Mohamed, hijo de Alí Abenalhachám, de Badajoz, 
quien en prueba de sumisión envió regalos, que fueron 
aceptados: recobrada de éste una buena parte del Algarbe, 
el gobernador Yusuf,. hijo de Soleimám se volvió á Se- 
villa. 

»Poco antes de este tiempo, estrechado Abcnganiapor 
las crecientes exigencias de D. Alfonso VII, en una en- 
trevista que tuvo en Ecija con Barraz, pactó alianza, 
abandonando Córdoba á los almohades, de la que parece 
se apoderó Don Alfonso, si bien los almohades de Sevilla 
la recobraron pronto, gracias al auxilio de Abulgomar 
Abenazrun, rie Yusuf el Petrochí de Niebla y del ejér 
cito enviado por Abdelmumén á las órdenes de Yahya 
Abenyagmor, á quien los rebeldes se apresuraron á po- 
dir el amén (la seguridad ó perdón), que les fué concedi- 
do por Yahya y ratificado por Abdelmumóm. 

»En el año 545 el Sultán llamó á Salé á los jefes es- 
pañoles, quienes acudieron al llamamiento y reconocie- 
ron á Abdelmumén, renunciando el mando de sus res- 
pectivos distritos: asistieron á la cita Sidray Abenuazir, 
señor de Becha y Evora, el Patrochí, señor de Niebla, 
Abenazrun, señor de Jerez y Ronda, Abenalhachám, 
señor de Badajoz y Amil Abenmohaib, señor de Tavira: 
solo Abencasí con los de Silves se opuso á este recono 
cimiento, Jo que después fué causa de su muerte. 

«Declarado Abencasí en rebelión contra los almoha- 
des en í>45, cuando todos los demás jefes habían presta 
do obediencia, se alió con los cristianos del naciente rei- 
no de Portugal, enviando un mensaje á Don Alfonso 
Enríquez, á quien Abenaljatib llama señor de Coimbra: 
el monarca portugués recibió al mensajero de Abencasí, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 215 ^ 

regalándole un caballo de sus carros, una adarga y una 
lanza: la gente de Sil ves, disgustada de esta alianza, en 
especial el ciego Abonalmóndir que desdo la conquista 
de Becha por los almohades había vuelto á su antigua 
corte, i)repararon una conspiración, en la que fué muerto 
Abencasí en chumada 1.** del año 546 (de 16 de Agosto 
á 14 de Septiembre de 1151), siendo clavada su cabeza 
en la punta de la lanza que como regalo le había enviado 
Abenenrique, como llaman los musulmanes á los reyes 
de Portugal (1).» 

Con esto terminó la insurrección del Algarbe contra 
los almorávides, quedando afianzado el gobierno de los 
almohades en España. 




(1) Codera, ob. cit., págs. 48 y sig?. 



\iauui^aauuuuauiuuuuuu^.^uu^uiuuM6U^umu^uum¿V' 




^ynTmTm?n?mt???rrnm?t??rmrr?nmí?T?mnrmT?rrr?r?ít?Tírrn?TíK 



OAPITULO XVI 

Los almohades y la frontera 
cristiana. 




ESDE que fueron sometidos al gobierno 
almohade los cabecillas de la España 
musulmana, era de esperar que los nue- 
vos dominadores africanos tratarían de 
contener á los reyes cristianos en sus 
empresas conquistadoras; pero el emperador almohade 
se limitó á seguir en este punto la misma conducta que 
habían seguido los almorávides, pues hubo de compren- 
der bien pronto que no era lo mismo luchar contra cris- 
tianos que contra mahometanos. Seguramente que si 
la población mozárabe hubiera sido entonces tan nume- 
rosa y decidida como lo faó en el siglo IX, sus inteligen- 
cias con los reyes cristianos hubieran dado fin al pode- 
río árabe en España; pero los mozárabes eran ya pocos 
y estaban muy quebrantados, pues no habían podido ha- 
cer nada «de provecho en favor de Don Alfonso el Bata- 
llador» que sólo obedeciendo á exigencias de ellos se 



218 HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



lanzó á aquella expedición atrevida en que llegó hasta 
las playas de Málaga. 

Las noticias que la historia extremeña nos ofrece des- 
de esta fecha están ya íntimamente relacionadas con las 
campañas de los reyes de Castilla, León y Portugal, 
que al cabo dieron por resultado la conquista de nuestro 
país, y por eso hay que llevar puesta la mirada en* esos 
reyes, máxime si se considera que los emperadores al- 
mohades sólo alguna vez que otra les salen al encuen- 
tro para contener sus conquistas, y se vuelven á África 
sin sacar provecho 'de sus expediciones. Si alguna vez 
consiguen recuperar alguna ciudad ganada por los cris- 
tianos, en cuanto las tropas almohades regresan á su 
destino, vuelve la plaza á caer en poder de los cristianos, 
y así las fronteras son un continuo guerrear que hace 
insegura la subsistencia de los moradores. 

Don Alfonso VII, á quien hemos visto en inteligen- 
cia con los reyezuelos musulmanes contra los almorávi- 
des, hacía continuas expediciones á Andalucía, en las 
que espoliaba los pueblos que caían bajo su mano. En el 
año de 1168 dividió el imperio entre sus dos hijos, que- 
dando en León Don Fernando II, que había de extender 
sus armas por Alcántara, Cáceres, Mórida, Badajoz, Je- 
rez y Niebla; mientras Don Sancho III, á quien se adju- 
dicó Castilla, se extendería por Jaén, Córdoba y Sevilla. 
Don Alfonso Enriquez tampoco estaba ocioso en Portugal, 
pues no sólo favorecía la insurrección de Abencasí cpn- 
tra los almohades, segiin queda dicho en el ca2)ítulo an- 
terior, sino que entre tanto se había hecho dueño de 
Santarem, Lisboa, Cintra y Palmóla, y en el citado año 
1158 conquistó la importante plaza de Alcázar de la Sal, 
con lo cual la comarca de Alentejo quedaba abierta á 
sus empresas ulteriores, y aún sus miras ambiciosas se 
dirigíau también á Badajoz^ lo cual no habrá de conoeu- 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 219 



tir el rey de Leóu y será motivo de grave contienda en- 
tre ambos. . 

Mucho contribuyó á fomentar la reconquista, la polí- 
tica seguida por los reyes cristianos, otorgando fueros 
á los que quisiesen ir á poblar los lugares que se gana- 
ban á los moros. Como el hecho de ser fronterizos estos 
lugares hacía necesario estar de continuo guerreando 
con el enemigo, se hacía muy difícil la vida en ellos, y 
había que compensar las desventajas de esta vida aza- 
rosa con privilegios y exenciones que estimulasen á acu- 
dir á poblarlos. Las tropas reales no podían emplearse 
en guarnecer esas plazas fronterizas, porque tenían que 
estar dispuestas para ir al fonsado cada voz que el rey 
lo necesitase. Las milicias de los concejos interiores las 
formaban los mismos vecinos de ellos, y no podía con- 
tarse con su auxilio mientras no fuesen convocadas para 
ir á la guerra. Así, pues, cada vez que se ganaba en la 
frontera una ciudad á los moros, no había más remedio 
que dar carta puebla á lo5 que quisieran acudir á ave- 
cindarse en ella, concediéndoles ciertas exenciones de 
impuestos y algunos privilegios especiales á cambio de 
la obligación de defender con las armas la nueva con- 
quista. Así se formaban los nuevos concejos, cuyos mo- 
radores eran milicianos de la ciudad y se hallaban en 
primer término interesados en su defensa. Así nacieron 
también esas grandes propiedades comunales que por 
largos siglos poseyeron los municipios; pues como la 
agricultura era muy escasa en las fronteras ó extremos, 
porque el temor de que el enemigo estragase los sem- 
brados retraía á los moradores del cultivo de los cam- 
pos, y porque la continua ocu])ación en el manejo de las 
armas era incompatible con las faenas agrícolas, de aquí 
que la riqueza pecuaria fuese la que más se prestaba 
para la explotación de los terrenos, y así las \acadas 



220 HISTORIA 1>BIi REINO DB BADAJOS 

concejiles y la ganadería en común era lo que abundaba 
en los términos de las ciudades extremas ó fronterizas. 
Por mny excelente que fuese la calidad del suelo, la fal- 
ta de labores hacía que las yerbas se fuesen embaste- 
ciendo poco á poco, detrás viniera el desarrollo del mon- 
te pardo, y por iiltimo, la espesura de las selvas que lle- 
garon á ocupar comarcas enteras, donde los osos, lobos 
y otras alimañas abundaban prodigiosamente. I 

Pero un día llegó en que el sistema de los fueros no j 

fué bastante eficaz para garantir la defensa de la fronte- 
ra; pues cuando las circunstancias permitían conquistar 
nucho terreno, no podía hacerse por no contar con bas- 
tante gente que poblase lo que se conquistara, y por aso 
muchas veces no avanzaban los reyes en su cam;)aña 
más- de lo que comprendían que podía conservarse, y 
otras veces que tomaban alguna ciudad, tenían que li- j 

mitarse á estragar los campos, saquear ó incendiar, para I 

debilitar al enemigo. En la época en que nos encontra- 
mos, fueron un elemento importante para la defensa de 
las fronteras las Ordenes militares, que antes no habían 
existido, y que veremos desempeñar un papel principal 
en la conquista de Extremadura. y 

Habían sido allá en Oriente las Ordenes militares el 1 

brazo armado con que los soberanos del reino de Jeru- ] 

salen, nacido al calor de las Orusjadas, habían podido 
mantener la seguridad pública en aquel país, donde las 
rapaces tribus beduinas constituían una vecindad á ve- 
ces peligrosa y siempre molesta para los cristianos. 
Eran estas Ordenes, la de los Templarios, la de los Hos- 
pitalarios y la de los caballeros Teutónicos. Con sus vo- 
tos de guardar castidad y servir á Dios lachando contra 
los infieles, llegaron á constituir unas milicias religio- 
sas, ó mejor dicho, unas órdenes de frailes armados, que 
del ípismo modo que vivían colectivamente, rezaban las 



\y 



U 



MATÍAS RAMÓN MARTÍKBZ Y MARTÍNEZ 221 



horas canónicas y gozaban de los privilegios sacerdota- 
[ ' les del canon y del fuero, de ese mismo modo salían á 

pelear contra los sarracenos. Las reglas caballerescas 
• de su instituto, que les imponía una vida sobria, mori- 

/ gerada, prudente y virtuosa, y la valentía con que pe- 

leaban desafiando la muerte, los hicieron tan famosos en 
Furopa, que en todos los reinos cristianos se les dispen- 
só excelente acogida. En España podían muy bien con- 
tinuar la misión para que fueron creadas en Asia, por- 
que el hallarse el país en guerra permanente contra los 
musulmanes, les daba ocasión para continuar aquí su vida 
militar. Así en tiempo del emperador Don Alfonso VII 
había ya en Portugal y en Castilla milicia de las Orde- 
nes del Temple y del Hospital de San Juan. Los que va- 
mos á ver figurar en la conquista de Extremadura son 
los Templarios, que tenían por Maestre en Castilla y 
León á Frey Don Pedro Robeyra hacia el año 1 152, y 
habían obtenido ya del rey donaciones de pueblos y cas- 
tillos, entre los cuales merece citarse la famosa plaza de 
Cnlat'Raba, en la frontera meridional de Toledo. Tam- 
bién Dpn Alfonso Enriquez les donó Thomar y algunas 
iglesias en Santarem; y asimismo el rey de Aragón les 
dio Monreal y les otorg j algunos privilegios con los que 
pudiesen hacer fortnna en la guerra. 

Hacia el año 11")S t3nían los Templarios más posesio- 
nes do las qu3 p) líi.'i sostener, puis á ello obedeció el 
que, no consideráudose en circunstancias de defender la 
villa de Calatrava contra los embates de los moros, la 
entregas'^n a Don Sincho III do Castilla, quien la cedió 
á Fray Raimundo, abad de Fitero, y á Fray Diego Vo- 
lázque^. E>tos son los que dieron principio á la Orden 
militar de Calatrava, la más antigaa de las españolas, 
que obtuvo ia sanción pontificia en. el año 116 i por bula 
de Alejandro IIL Poco después ae fundó por trece caba- 



I 222 niBTOMA DBL REINO DB BADAJOZ 

! 



lleros la Orden de Santiago, que comenzó por el conven- 
to de Loyo, en Gralicia, continuó con el de San Marcos de 
León, adquirió luego nuevas posesiones, y fué aprobada 
por el mismo Pontífice en 1175. Casi al mismo tiempo na- 
cía otra Orden nueva, que entonces se llamó de San Ju- 
lián del Pereiro, y más adelante será la de Alcántara. 

Un caballero salmantino llamado Don Suero, de acuer- 
do con algunos otros en juntarse para hacer la guerra á 
los moros, fueron á buscar sitio donde establecerse, á la 
frontera de Ciudad Rodrigo, donde encontraron á un er- 
mitaño llamado Amando, que moraba en la ermita de 
San Julián de Pereiro, próxima afl río Coa, que servía 
de línea fronteriza entre moros y cristianos. Aconsejó 
Amando á los caballeros que fundasen su fortaleza al 
pió de la ermita, puesto que podían muy bien desde allí 
guerrear contra los moros y ser auxiliados por los cris- 
tianos; y considerando todos muy razonable el consejo, 
se puso desde luego por la obra, construyendo la forta- 
leza de San Julián y poniendo atalayas en las alturas 
próximas, para lo cual faeron auxiliados por muchos 
cristianos de aquella frontera. También por consejo de 
Amando se pusieron bajo la jurisdicción del obispo Or- 
deño, de Salamanca, para que les diese la regla ó esta- 
tuto porque habían de regirse, y el obispo les señaló la 
regla do la Orden del Cister, á que él pertenecía, y de- 
signó á Don Suero como cabeza' de la Orden militar que 
habían constituido. Murió éste en un encuentro con los 
moros, ignórase en qué año, y le sucedió en su cargo 
Don Frey Gómez Fernández, al que se considera como 
primer Maestre de la Orden de San Julián del Pereiro, 
que hasta el año 1177 no recibió la aprobación pontifi- 
cia. (Ij 

(1) Esta es la noticia que, como más cierta, dan los cronistas 
de la Ord^n d© Alcf^ntara acerca de su comienzo. 



MATÍAS RASIÓN MABTÍMBZ t MARTÍNB2 ^ 



Tal era el estado de cosas al mediar el siglo XII, en 
que comenzaba á reinar Don Fernando II en el reino de 
L«?ón, con la mira puesta en conquistar á Extremadura. 
En el año 1156, a instancias de los sevillanos, nombró el 
emperador almohade gobernador de Sevilla al príncipe 
Abu-Yacub, su hijo, que en unión del visir Abu Hafs 
Abenatía fué á someter entonces á algunos cabecillas 
que se habían rebelado en el Algarbe; y, en efecto, se so- 
metieron á su autoridad, Alnasiní en Tavira y Abenua- 
zir en Sil ves, y en el año 1157 arrojaron de Mértola á 
Taxfin el Lamtuni. (1) 

No se habían interrumpido las expediciones y* razias 
de los cristianos por tierra mahometana, pues ya hemos 
visto en el capítulo anterior cómo el rey do Portugal in- 
tervenía en los hechos militares de los insurrectos del 
Algarbe, y cómo Don Alfonso VII peleaba en apoyo de 
Zafadola y de Abenhaudím. Después de sometidos los 
insurrectos al emperador almohade, todavía los cristia- 
nos seguían asolando con fiero empuje los campos y ciu- 
dades. En el año 1161, Abonalhadiam, el que había sido 
señor de Badajoz, y Abengarrúm, el que lo había sido 
en Jerez de la Frontera, murieron peleando á la vista 
de Sevilla contra un ejercito cristiano. (2) En el mismo 
año, y quizás por ese mismo ejército, fué sorprendida 
Badajoz, según acredita ol texto de una lápida sepulcral 
(3), que mi buen amigo Don Eduardo Saavedra traduce 
así: ^En el nombre de Dios piadoso , misericordioso. La 
9 salvación de Dios sobre Mahoma, Todo lo que hay so- 



(1) F. Codera, oh. cit., pág. í>*2. 

('I) Abenjaldúm, Hist. de Ber., tomo II, pág. 148. 

i'i) Fué encontrada en las obras del cuartel de la Bomba, jun- 
tamente con la do Obeidalo. ol de Mérida, y mide 0,52 m. de alto, 
0,32 xn. de ancho y 0,07 m. de grueso. £1 carácter de su escritura 
es más elegante que el de la otra lápida, y no tiene defecto algu- 
no de expresión ni de letras. 



í 



\ 



224 HIStORlA DEL HEINO DEUADAJOZ 



^bre la tierra pasará, pero la faz de tu señor per mane- 
»cerá llena de gloria y majestad, (1) Este es el sepulcro 
*del venerable alfaquí Abulcásem Talaf, hijo de líasam, 
^Jiijo de Farhaun Albecrí; ilumine Dios su pureza y san- 
*tifique su alma. Padeció martirio en la parte oriental de 
*la aljama de Badajoz, cuando la sorprendió el enemigo 
*en tiempo de paz, el jueves primero de Rebi el segundo, 
*año de quinientos cincuenta y seis.% 

Corresponde esta fecha al día 30 de Marzo del año 
11()1, en que una tropa de cristianos, á quien por esto 
llama enemigos el epitafio, sorprendió á la ciudad de Ba- 
dajoz, violando una tregua de paz; y en el tumulto que 
causara esta entrada y saqueo recibió la muerte el vene- 
rable alfaquí Abulcásem, que hasta el último instante 
de su vida se mantuvo firme en su puesto, en la aljama 
ó mezquita principal de la ciudad, en cuya parte orien- 
tal cayó muerto (sufrió el martirio, dice el texto, pues 
fué muerte recibida de manos infieles.) El mencionado 
arabista Sr. Saavedra, apunta la idea de que quizás los 
cristianos que dieron tan audaz golpe de mano sobr^ 
Badajoz, fueran las milicias de Salamanca, que, segúnjla 
crónica de Dju Alfonso VIF, no cesaron en sus conti- 
nuas algaradas desde los primeros años del reinado de 
este monarca, duramente escarmentados al principio, 
cuando marchaban sin jefe ni disciplina militar, como 
lo demostró la derrota que les causó el príncipe almora- 
vide Texefín cerca de Zalaca, pero victoriosos en los 
años sucesivos en que la experiencia les hizo resignarse 
á aceptar la jefatura de un caudillo experto que supiera 
guiarlos con tino. 

Sobre la coincidencia de hallarse esta lápida junta con 
la de Obeidela el emeritense, escribe el mencionado acá- 



(3) Alcorán, cap. LV, auras 2G y 27, 



1 

] 



iíAtlAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 



démico: «Si se atioiidc á la cnaHdad do nuirtiros por su 
creencia que so atribuyo á los dos sujntoH nombrados en 
las lápidas^ se halla posible que el sitio en que aparocon 
enteihrados estuviera contiguo á una mezquita ú oratorio 
extramuros, pues la antigua ciudad no llegaba, ni con 
mucho, al sitió del Cuartel de la Bomba. Contribuye á 
creerlo así la circunstancia de no haberse encontrado en 
la proximidad del sitio del hallazgo ninguna otra hipida 
ni resto do antigüedad, más que los huesos, ladrillos y 
candiles rotos que aparecieron bajo estas piedras, no 
obstante las cuidadosas investigaciones de los ilustrados 
ingenieros que dirigen aquellas obras. No había, pues, 
allí un enterramiento general, no era aquello un cemen- 
terio, sino un sitio especial y privilegiado, como corres- 
pondía á los personajes sepultados.» (1 i 

Se ve poí esta sorpresa de Badajoz (jug * la comarca 
extremeña, abierta ya á las excursiones de los cristia- 
nos fronterizos desde que fué ganada Coria, se encon- 
traba en verdadera anarquía, y los pueblos apenas te- 
nían fuerzas para resistir á la mesnada de cualquier 
concejo cristiano. Debía estar en mucha parte yerma y 
despoblada, convertida en zona neutra en la que ni mo- 
ros ni cristianos estabau'seguros; y un ejemplo vivo de 
lo que sería la sorpresa de Badajoz lo dieron ei 30 de 
Noviembre de 1162 ciertas tropas municipales portu- 
guesas, capitaneadas por un Fernando Gronzález, que 
conquistaron á Beja, acometiéndola de noche, por aquel 
sistema de asaltos, escalamientos y sorpresas que solían 
emplearse entonces. (2) No se descuidaban tampoco los 



(1) D. £. Saavedra, art. citado. 

(•2) cPridie calendas Deceiubris, iu nocto sauoti Audreae apos- 
• toli, civitas Pace, id est, Be^ia, ab homiiiibus regís Portugallis 
»Don Alfonsi, videlicet Fernando (runsalvi et qiiibusdam alus 
»plebeiv9 militibus Qootu invaditur et viriliter capitur et 4 chris- 
«tiania poaidetur, aano regui eius XXXV, > Orón, lusitano. 



1 



22t? HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 

moros en hacer razias á tierra cristiana, piiós Edrisí, 
contemporáneo de estos hechos, nos dice que los mora- 
dores de Trujillo y Medellín se dedicaban á hacer excur- 
siones en tierra de los cristianos, empleando ardides in- 
geniosos; y que en Cáceres era donde se reunían los mo- 
ros de los demás pueblos para hacer estas razias. (1) 

Así, pues, los extremos ó lugares fronterizos no po- 
dían habitarse pacíficamente, porque sólo tenían en ellos 
buena cabida las bandas de aventureros que luchaban 
por su afán de lucro. Allí acudían moros y cristianos 
que no so avenían con la vida social porque se ganaban 
el pan con las armas, fugitivos que habían cometido des- 
afueros y so veían obligados á huir do la venganza, cri- 
minales qu'3 huían de la persecución de la justicia por 
cuentas que con ella tuviesen pendientes, facinerosos, 
apóstatas y otras gentes de mala catadura, que sólo por 
milicias armadas podían tenerse á raya. Las leyendas 
tradicionales elevaron á la categoría de héroe á un jefe 
de bandidos portugueses llamado Gerardo sin pavor, de 
quien se cuenta que, estando fugitivo por algún grave 
delito y entregado á la vida airada, conquistó á Evora 
sin otro ejército que su banda de ladrones, y la entregó 
después al rey D^n Alfonso Enriquez, ganoso de obtener 
con esta hazaña el perdón de sus culpas. Aunque pres- 
cindamos de cuanto dicen las leyendas acerca do este 
sujeto , el hecho en sí se halla muy de acuerdo con la 
manera de vivir en las fronteras en aquellos calamitosos 
tiempos en que se formaba nuestra nacionalidad. 

Entre los rey.3s de León y Portugal mediaban recelos 
mutuos acerca de los limites ulteriores entre ambos Es- 
tados. Desde el convenio que celebraron en Celanova en 
el arlo 1160, habían acordado que, en sus conquistas pos- 



(1) Vid, Apéndice IL 



matI/is ramón ma rtínez y martínbz 227 

teriores, todo lo que está á la banda oriental del Gua- 
diana había de pertenecer á León. (1) Pero el portugués 
no se aquietaba, á pesar de este concierto, y el de León 
no estaba muy confiado en la lealtad de sit vecino; y 
quizás por la sola razón de Estado, ésto es, por evitar 
contingencias futuras, Don Fernando II contrajo matri- 
monio en 1165 con la infanta Doña Urraca, hija de Don 
Alfonso Euriquez, cuyo enlace parecía establecer entro 
ambos reyes ua vínculo bastante poderoso para mante- 
nerlos en armonía. 

Un cronista árabe, al parecer bien informado, dice 
que Don Alfonso I entró por sorpresa en la ciudad de 
Trujillo en Mayo del 1165, y que en Septiembre se lo 
entregó Evora, y en Enero de 1166 se había rendido 
Cáceres, y en Abril Montánchez, Severina y Telmaniya. 
(2) Los cronistas cristianos confirman que Evora fué to- 
mada, pero por Gerardo sin pavor, ya en el año 1166, y 
que á poco de entregada esta plaza á Don Alfonso, ganó 
éste á Mora, Serpa y Alconchel, ó hizo reedificar el cas- 
tillo de Corucho. {}\) Lo que callan en absoluto es que 



ri) Así lo lia á entender Lucas de Tuy: « Vadaloísiim ad re- 

»geni Ferdinanduní de inre spectaiiteni.? - También lo dice Ro- 
drigo de Toledo, libro V^II, caj). XXIII: «Badallocium est a^res- 
»rtus. quae in divisione acquireudorum provenerat re;^i Fer- 
>nando.» 

(2) <r In luinada the second of 5(Ki he surprised the v'ity of Tru- 
?xillo, and JMlkadali of the same year did the same with lehura. 
>He also took Oazeres in Safar ofíl, aud the castle Muntajesh in 
«Jumada the first Sevorina.... aud Jelmanyyah were the Jiext to 
?fall into his handf., the forn)er haviiig surreudered to hini in 
>the last day of Jumada the férs of the same year..> Aben Lahi- 
his Salat, texto exhib. por Gayangos, en Apéndice á Almakary 
lí, pág. b22. 

(:}> «Aera MCCIV, ci vitas Elbora ca])ta et di^praodata et noc- 
>tu in^ressa áGiraldo cognominato sine pavoro, et latronibus so- 
»cí¡s eias, et trailidit eam regi 1). Alfonso, et post |)aululnm ip- 
• serex ctipit Mauram et Serpam et Alconchel, et Colurhi cas- 
>trnm maudavit reodilicare anno rogni eius XXXTX,» Chron, lu- 
sitauo. — Chrou. Couinimbriceuse. 



1 



328 HISTORIA DEL RBIKO DB BÁDAJOI 

Trujillo, Céceres y Montánchez fuesen ganadas por el 
rey de Portugal, por lo cual, si tiene algún fundamento 
la noticia del cronista árabe, hay que reducirla á alguna 
razia que hizo Don Alfonso Enriquez hasta Trujillo, en 
la que entró por sorpresa, como en Cáceres y Montán- 
chez, conformándose con saquearlas. Hay, sin embargo, 
que tener en cuenta que mientras el portugués hacía es- 
ta campaña, Don Fernando II de León conquistaba á 
Alcántara, por lo que es lo más seguro presumir que fué 
este rey quien ganó á Montánchez, Cáceres y Trujillo; 
mucho más si se tiene en cuenta que poco tiempo des- 
pués oci:paban estas plazas los caballeros de Santia;?o y 
San Julián del Poreiro. La fortaleza Jelnianiyyah. que 
menciona el cronista moro, ora Jurumenha, y la que lla- 
ma Secerina, si no es confusión de nombre con Serpa, 
debió ser algún castillo próximo al río Sever, cuyo nom- 
bre parece haberle tomado de ella. 

En la primavera del citado año 116'), en tanto que 
Don Alfonso Enriquez ocupaba á Evora, Mora, Serpa, 
Alconchel, Jurumenia y Severina, Don Fernando II se 
hallaba empeñado en otra conquista no* menos impor- 
tante, que era la do la plaza de Alcántara, á la que Edri- 
si llama encomiásticamente maravilla del mundo. Las 
miras que el rey de L3Ón tenía sobre Badajoz y todo el 
territorio situado á la banda Sur del Onadiana, debieron 
demostrarle la necesidad de hacerse dueño del magnífico 
puente romano de Alcántara, que era el mejor paso del 
caudaloso Tajo para las tropas cristianas. Pasó la sierra 
por el puerto de Porosín y ocupó la fortaleza de Santi* 
bañez de Mascoras, que hoy se llama el alto, por hallar- 
se sobre un elevado y pedregoso monto, que domina el 
campo cruzado por el riachuelo Arrago. También se hi- 
zo dueño de la fortaleza de Milana, situada igualmente 
en una altura entre los ríos Arrago y Gata. Debió ocu- 



MATÍAS RAMÓN MARTtHBE T MARTINBfe 229 

« 

par asimismo la villa de Gata, la antigua Cattobriga de 
los Vettones, si es que no era daeflo de ella desde que 
su padre tomó á Coria; pues no es posible suponer que 
al poner sitio á Alcántara, dejase atrás fortaleza alguna 
en poder de moros. Al cabo sitió á Alcántara, á la que 
tomó sin mucho esfuerzo, pues quizás la sorprendiera 
exhausta de tropas y medios de defensa. (1) No abrigo la 
menor duda de que entonces Don Fernando pasó dSsde 
Alcántara á Cáceres, á Montánchez, quizás á Mérida y á 
Trujillo, y todas las ocupó con facilidad (hubiéralas ó 
no invadido e4 rey portugués) y ya á la entrada del oto- 
ño regresó á León, pasando el Tajo por Alconetar, pues 
en Noviembre estaba en Astorga. 

La empresa debió ser tan importante, que el Gober- 
nador de Badajoz no consideraba ya segura esta ciudad, 
y ante el temor de que al año siguiente repitiese Don 
Fernando 11 la campaña y desmembrase más la provin- 
cia, tomó á buen partido celebrar con él un pacto por el 
que s© declaraba vasallo suyo y se obligaba á pagarle el 
tributo. (2) Las ciudades y lugares conquistados era ne- 
cesario ocuparlos cuanto antes, para evitar que los mo- 
ros los recobrasen y que Don Alfonso Enriquez intenta- 
ra cosa alguna sobre ellos, dado que ya había infringido 
el convenio de Celanova, ocupando á Alconchel y Serpa. 
Entonces fué cuando las Ordenes militares empezaron á 
adquirir posesiones en la Extremadura leonesa. Don 
Fernando II donó á la Orden do Santiago las villas de 
Cáceres y Montánchez, y quizás también Trujillo. Rs- 
conoció á la Iglesia metropolitana de Compostela sus de- 



(1) La fecha puntual consta por la data de una carta do la 
Iglesia de Astorga ((ül González, T^'atro Hclvslástivo) que dice: 
«Facta carta in Asturica mense Novembris, era MCCIV, eo anuo 
»quo is famosiduimns rex cepit Alcántaram.» 

(2) «Fernando, whnse tributary and vassal the gobernor of 
»Badajoz was.» Aben Sahibis, lug. cit. 



1 



230 HISTOIUA. DEL REINO DE BADAJOZ. 

» 

recíios sobre Mérida. A la Orden del Temple le dio las 
fortalezas de Milana y Santibañez do Mascoras, y quizás 
también los lugares de Portezuelo y Alconetar; porque 
si bien estos pueblos, lo mismo que Ambroz, Alvalad, 
Granada, Almofrague y otros muchos, debían estar des- 
poblados por la circunstancia ya indicada de bailarse en 
la extrema frontera, una vez que fueron conquistadas 
otras poblaciones á la banda Sur del mismo río, impor- 
taba á Don Fernando que el paí=o de Alconetar estuviese 
defendido, para poder pasar el Tajo sin estorbo, é impe- 
dir que las tropas de los moros lo pasasen. 

La misma necesidad había de tener defendida á Al- 
cántara, y por eso la dio el rey en señorío al conde de 
Urgel, llamado Don ArmengoL comprendiéndose en es- 
ta donación todos los términos de la hermosa villa, co- 
mo los partía con los moros por la sierra de San. Pedro. 
Este conde catalán era hijo do otro Don Armcngol (jue, 
por haberse desavenido con el rey de Aragón, trasladó 
á León su residencia y hubo de merecer del rey buena 
acogida y algunos lugares en s*eñorío; por cuya causa 
servía con las tropas que podía alistar entre sus vasa- 
llos cuando había que ir al fonsado. Eu ol privilegio de 
donación se indicaba que la causa de ella habían sido 
los buenos servicios que había hecho Don Armengol eu 
la conquista de Extremadura, en unión de otros caba- 
llera s catalanes, cuyos nombres eran Arnal de Ponte, 
Berenguer Arnal, Arnal de Savaugia, Beltrán de Taras- 
can!, Pedro do Bolvis, Rernal de Mida y Ramón de Vi • 
Malta {1) Qaodó Alcántara entonces sometida á la juris- 

(1) Rades de Andrada, que es el que da estas noticias, en su 
Crónica de Alcántara i^cap. IV), dice que había leido en el Archi- 
vo de Uclé.s el privilegio de donación á Don Armengol, y toma 
del mismo documento estas noticias; pero Torres Tapia (Corón. 
de Alcánt., tomo I., pág. fíG) dice que en su tiempo no so encon- 
traba eu el Archivo esta carta. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 281 

dicción episcopal cl(^ Coria, no sólo porque se presumie- 
ra con mndamento que en lo antiguo había pertenecido 
á la diócesis, sino también porque el obispo de Coria 
Don Suero, sucesor de Don Iñigo Navarrón, contribuyó 
por su parte á la conquista de la plaza, haciendo gran- 
des dispendios para ello, y quizás hallándose tambióa 
personalmente en el ejército, como lo hacían los prela- 
dos de entonces siempre que de guerrear con moros so 
trataba. (1) 




(n La anexión de Alcántara á Coria consta por la bula In 
emÍ7iPnt¿s sfdis Hppcuhi que, dio Alejandro III á Don Sunro en 7 
de Agosto del año IIHS, octavo de este Pontífice, en la que dice 
éste que confirma al Obispo los bienes que su iglesia posee y pue- 
da poseer, y entre ellos, tvtllam quae nanrupatur Alcántara 
•quamtíé fraier Episcope, ecclesiae tuae non sine multo labore 
*adqui8ivistú* Torre Tapia, Corón de la O. de Alcánt., lug. sit., 
páa. 67. 



« í^^íSw íT?!^ j /víStüív -.^^ /T^> /^^2l\ rííS^.i* 







CAPITULO XVII 



Campañas de Don Fernando II 



de León 




os recelos del monarca leonés, con respec- 
to á la conducta de su suegro el de Por tu- 
gal, no eran infundados. Don Alfonso Enri- 
tjuez, faltando á lo convenido con Don Fer- 
nando II, había pasado el Guadiana, se había 
hecho dueño de Alconchel, Mora y Serpa, y como habían 
transcurrido dos años sin que su yerno le moviese por 
e«te hecho contienda, su ambición so alzó a mayores. 
Quizás sea cierto, como dice una crónica, quo' el aven- 
turero Gerardo sin pavor hizo en 1168 una entrada por 
la tierra de Badajoz (1); y aunque pudiera este hecho 
imputarse solamente al famoso jefe de bandidos, tampo- 
co es temeraria la sospecha de quo aquella razia acaso 
fuera antes acordada con el rey de Portugal, como prue- 
ba para ver si D. Fernando II protestaba de ella; pues 



(1) >In era MOOVl quinto nonas Malí interiit alcaide Geral- 
»diis Badalou^i^» Chron. Conimbricenso. 



234 HISTOBtA DBL RBÍNO &B BADAJOZ. 



s© trataba de un sujeto que no obraba por su cuenta so- 
lamente, desde que la toma de Evora le había reabilita- 
do á los ojos del rey Don Alfonso, i^o cierto es que éste 
no demostraba propósitos dt) cumplir con lealtad lo con- 
venido con Don Fernando, pues ni aun siquiera la coa- 
sideración de que era su yerno fué bastante para que res- 
petase los territorios del lado acá del Guadiana, ni para 
contenerle en los proyectos ambiciosos que acariciaba 
sobre Badajoz. 

Era esta ciudad una notable fortaleza^ dotada de ex- 
celentes murallas, según Edrisí; pero los arrabales ex 
tramuros y las aldeas y alquerías del término, que antes 
habían tenido mucha más población que la ciudad misma 
se habían ido despoblando, primero por causa de las re- 
beliones contra los almorávides y los almohades, y des- 
pués por la vecindad de los cristianos y sus continuas 
razias por el término; pues ocupando ya los cristianos á 
Alcántara y Alconchel, constituían una vecindad tan 
peligrosa para los moros que vivían en las aldeas y al- 
querías, que fueron quedando éstas deshabitadas, y sus 
moradores se iban concentrando en la ciudad. Ansiaba 
Don Alfonso Enriquez la conquista de ésta, porque era 
un seguro punto de apoyo para conquistar después los 
demás pueblos extremeños situados á la banda izquierda 
del (iuadiana; importándole muy poco hallarse obligado 
por el convenio de Celanova á no pretender tales con- 
quistas, pues ante los cálculos de su conveliiencia, eran 
muy poca cosa los tratados, y no era Don Alfonso Enri- 
quez hombre en quién la lealtad y la buena fé pusieran 
freno á la ambición. Pero sus cálculos tenían que fraca- 
sar en esta ocasión, porque Don Fernando lí no tenía 
otro campo para extender las fronteras leonesas que las 
comarcas de Mérida y Badajoz, y no podía consentir que 
oata ciudad, quQ ya era tributaoria suya, quedase iacor- 



MATIáB ftAMÓN MAR*rÍN1SZ T MARTÍMBK 285 

porada al reino de Portugal y le cerrase el camino para 
Jerez, Aroche, Aracena, Niebla, etc. 

En la primavera del año 1169, se presentó Don Alfon- 
so Enriquez con un ejército ante los muros de Bada- 
joz (1), y los defensores, después de corta resistencia, se 
fueron poco á poco encerrando en la alcazaba, y cedien- 
do el terreno á los portugueses, que ocuparon al fin la 
población. Procuraron los sitiados sostenerse con tesón 
en el castillo, esperando que algún ejército habría de 
venir en su socorro, si bien comprendían que si tardaba 
en suceder ésto, tendrían que rendirse á la superioridad 
numérica del enemigo, ó sería el castillo tomado por 
asalto. Pero en esta situación angustiosa se encontraban, 
cuando Don Fernando II do León se presentó con su 
ejército ante la ciudad, y ésto demuestra que habría sido 
avisado con premura por los de Badajoz, ó que él estaba 
muy prevenido para este evento y tenía buenos espías 
que le avisasen ¿ tiempo. Don Alfonso Enriquez se en- 
contró entonces haciendo el doble papel do sitiador de 
los del casti'lo y sitiado por las tropas de su yerno. 

Según el arzobispo toledano Don Rodrigo Ximénez 
Rada, el rey portugués salió con su ejército á dar la ba- 
talla al de León; pero fué derrotado por éste y tuvo que 



(1) La fe^ha de estos sucesos está comprobada con la data de 
un privilegio de la Iglesia de Astorga, citado por Gil González 
Dávila en el Teatro vclcsiúHtico de la Iglesia de Badajoz; «Facta 
«carta eoannu quo Dominas famosíssimus Rex Ferdinandus vic- 
>toriosíssime cepit Regem Portugalensem in Badalozio, era 
»MCCVII.. 

Lo confirma Aben Sahibís, que dice ocurrió en la hegíra 6^54, y 
ésto empezó el sábado 6 de Octubre de 11(>8 y acabó el jueves 21 
de Septiembre de lir>9; de suerte que debió ser en la primavera ó 
el verano, puós en Noviembre estaba Don Alfonso en la la Caldas 
de Alafoens curándose la herida, segiin se verá en otra nota. 

Florcz (en la hlupaiui sagrada, tomo XXII, pág. 95) demue<itra 
con dorumentos irrecusables que el descalabro de Don Alfonso 
Enriquez debió ocurrir de Abril á Junio. 



1 



2B6 HISTORIA DKL RISINO DS BABAJ0B 



meterse de nuevo en Badajoz, donde no podía sostener- 
se de ningiin modo, porque tenía que luchar con dos 
enemigos á la vez, por lo cual escapó como pudo, y al 
salir por una de las puertas, chocó con la rodilla en el 
cerrojo, produciéndose tan tremenda fractura, que no 
pudo tenerse á caballo y cayó prisionero de las tropas 
leonesas (1). Un cronista inglés de aquellos tiempos, tan 
mal informado de las cosas de España como lo están hoy 
casi todos sus compatriotas, refiere las cosas de otra ma- 
nera. Dice que los mulaumanes sitiados en la alcazaba 
pactaron con Don Alfonso Euriquez que le entregarían 
el castillo pasados siete días, si antes no venía tropa al- 
guna á socorrerlos. y quo aiií 'ís de expirar ese plazo, cier- 
to día que los portugueses nidaban muy desanimados, 
merodeando por las cercanías de la plaza, y que su rey 
se hallaba retirado á su campamento, precisamente dur- 
miendo, se presentó Don Tornando II de pronto y aco- 
metió al portugués, mientras los sitiados hacían una sa- 
lida y le atacaban por otro lado. Entonces Don Alfonso, 
que despertó aturdido y sobresaltado por el tumulto, 
montó velozmente en un caballo, salió á todo escape, y 
al cruzar la puerta de la muralla se rompió la pierna por 
el choque contra el cerrojo, á pesar de lo cual siguió co- 
rriendo alguna distancia de la ciudad, por evitar que lo 
cogieran sus perseguidores; pero al fin cayó en un hoyo 
profundo, y de allí le sacaron unos pastores, que le (jn- 
tregaron á las tropas de Don Fernando i2). 



m Rodrigo de Toledo, UisfoHa. lib. VÍF, cap. XXIII. 

(2) E. d* Hovenden, Anuales^ en Savile, lievnm Anglicnmiritm 
scriptores,pá.gB. 64í) y sig. Hovenden escribía oti país lejano y algu- 
nos años después del suceso; de suerte que os inexacto en cuanto 
al lugar, pues dice que ocurrió en Si Ivés y en cuanto á la fecha, 
que pone en 1187. Por eso dice con sagaz oportunidad el ifisigne 
Alejandro Herculano, que quizás en ese año llegaría el Hecho ásu 
noticia, desfigurado por el tiempo y por la distancia. 



MATÍAS RAMÓN MABltmOS T MARTÍNEZ 237 



Tenemos, empero, el autorizado testimonio del cronis- 
ta árabe Aben Sahibi, que fué contemppráneo de estos 
hechos y vivía cerca del lugar de, ellos, por lo cual su re- 
lación debe tener preferencia. Dice que Don Fernando 
envió un cuerpo de tropas á la alcazaba, que reforzase 
la defensa de ésta, y los sitiados en ella les abrieron las 
puertas, en tanto que él, con el grueso de su ejército si- 
tiaba á Don Alfonso; por lo que éste se vio acometido en 
las mismas calles de Badajoz, de una parte por su yerno 
y de otra por los del castillo. Hicieron unos y otros gran- 
de mortandad en los portugueses, por lo que éstos tuvie- 
ron que abandonar la ciudad atropelladamente, y esca- 
pando como mejor les fué posible. Don Alfonso huia á 
todo correr para salir por una de las puertas, y al cruzar 
éste chocó contra el cerrojo, se quebró la pierna y cayó 
al suelo trastornado por el fuerte dolor de la fractura. 
Los quo huian con él le alzaron á toda prisa y siguieron 
fugitivos con dirección á un sitio próximo denominado 
Bekayah (tal vez Wad Vaijah ó rio Caya); pero los gine- 
tes leoneses que los porseguian lograron alcanzarlos y 
cogieron prisionero al rey (1). 

La tradición popular ha conservado en Badajoz re- 
cuerdo del descalabro que dentro de sus muros sufrió 
Don Alfonso Enriquez, piiés á la puerta donde se rom- 
pió la pierna se le ha llamado á través de los siglos la 
Pivevta de la traición. Es la que se encuentra cerrada ha- 
ce mucho tiempo hacia la parto nort? de la muralla, en- 



(1). Ibn-Sahibi-s on (íayang^.s, Vol. II, pá^?. 522,— Lucas <le 
Tuy concuerda con el cronista mahometano: «Commisso autem 
>praelio, devicti sunt portugalensen. Kex autem Adefonsu», dum 
»fagiens equo supersederet, et agrederetur per portam civitatis 
»de Badalozo» casu in vecte férreo portae impegit, et crus eit^Q 
>|ractum est.» 



29B mRTOKTA 1>IBL ftUKO 0B BADAJOS 

frente á la desembocadura del riachuelo llamado Rívi- 
llas ó Riverillaí^ en el Guadiana (1). 

La situación de Don Alfonso Enriquez en aquel tran- 
ce no podía ser más infortunada. Se encontraba prisio- 
nero del rey á quien había traicionado por dos veces, 
apoderándose de castillos y lugares que no le correspon- 
dían por el convenio de Celanova, y queriendo apode- 
rarse de una ciudad que era ya tributaria de ese mismo 
rey. Vencido el fiero ánimo del portugués ante su des- 
dicha, confesó que había sido desleal y ofreció á Don 
Fernando entregarle todo su reino si le devolvía la li- 
bertad; pero Don Fernando, á quien todos los cronistas 
proclaman generoso y magnánimo, demostró en esta 
ocasión sus nobles sentimientos, conformándose con que 



(1) La Comisión de Monumentos de Badajoz guarda en su Mu- 
seo un pequeño plato ó joyero de bronce, en cuyo fondo se leen, 
formando orla circular, estas letras: R. A.® H.z ANO MCXLVII. 

Del hallaz^ de este objeto nada se sabe con certeza, pues mi 
amigo Don Tomás Romero de Castilla dice que la Comisión lo 
compró á unos ambulantes mercaderes de antigüedades, que qui- 
zás lo adquirieron en Llerena ó en Zafra, porque en estos puntos 
habían adquirido otros objetos que también vendieron á la Co- 
misión. 

La inscripción parece decir Eeg¿ Alfonso Enriquez an\^ii)o 
MCXLVII. Pudiera creerse que la leyenda no está en latín, sino 
en portugués (Eei Affonso Henriquez auno 1141) ó en español 
(Rey Alfonso Enriquez año ÍÍ47J] pero, si se refiere á este monar- 
ca, tenía que estar en latin, porque ese era el lenguaje usual eu la 
epigrafía, y porque el español y el portugués estaban entonces en 
formación. 

La palabra ano en vez de annOy la atribuyo á impericia del ar- 
tista, á falta de mejor explicación; pues mayores defectos se ven 
en epígrafes y documentos de entonces. 

Lo más excepcional del texto es la fecha 1147, que, de referirse 
á Don Alfonso Enriquez, está expresada por la era cristiana, pues 
este rey nació en 1111 y murió en 1185. En este caso, el objeto 
debió labrarse fuera de España, pues en nuestra patria se conta- 
ba por la era vulgar, que es ;^ años anterior á la era cristiana. 

Si la fecha está computada por la era vul^rar española, corres- 
ponde al año llílí) do Jesucristo, y no puede referirse á Don Alfon- 
so Henriquez. 



MAfrÍAS ItAMÓN 1IARTÍNB2 V KARtkKBZ 239 



el portugués le devolviese cuanto le tenia usurpado. >Se 
dice que Don Alfonso restituyó entonces veinte y cinco 
castillos y entregó veinte caballos de batalla y quince 
acémilas cargadas de oro, pero ésto debe ser exagera- 
ción de nuestros cronistas (1). Lo único que puede afir- 
marse como cierto es que las ciudades de Toronho y 
Limía y algunos otros castillos de (íalicia pasaron en- 
tonces á poder de Don Fernando (2), como igualmente 
pasó Alconchel (3), y es de inferir por ésto que también 
pasarían Mora, Serpa y cuanto Don Alfonso hubiera 
conquistado al Este de Guadiana. Volvió éste á su reino 
después de dos meses de retención en poder de Don Fer- 
nando, y marchó á las Caldas de Alafoes á curarse de la 
dolencia que había adquirido en su malhadada empre- 
sa (4), laque le imposibilitó para poder dedicarse en lo 
futuro á la vida de campaña, que durante tantos años 
había hecho (5). 

Las noticias de lo ocurrido en Badajoz llegaron á 
África en el mismo año 1169, con cuyo motivo el empera- 
dor Abuyacub Yusuf despachó para España á sus her- 
manos el visir Abuhafs y Abusaid. Cuando llegaron á 



(i), Lucas Tudense, Chron.— Rodrigo de Toledo, Hist., li- 
bro Vil, cap. XXIII. 

(*2). Lucas Tirdenso, liig. cit. 

i 8; Consta que entoncen pasó al reino de León este castillo, 
porque dos años después lo donó D. Fernando II á la Orden de 
Santiago. 

(4) En la escritura de acotamiento de la heredad de Oliveira 
dos Frades, junto al rio Vouga, dice así la data: «Facta est huius 
• cauti firmitudo mense Novembri, in era MOGVII, quando Rex 
>venit de Badalioz, et iacebit iafirmus in balneis de Alafoeu.» 
Es cita de Herculano, tomada del Archivo nacional da Torre do 
Tombo, mazo 12 de Foraes atitigos, niims. B, fól. iy.h 

('}). «Sub custodia feré per daos menses retinuit Ipse au- 

^tem Rex, quamvis solutus á viuculis, tameu usque ad ultimum 
»diem anímae suae aggrosionis é siio corpore permansit ínutilis.» 
Vida de San Rudesindo, en la Espaila, Sagrada, tomo XVIII, pa- 
rirá mt. 



240 HISTORIA DEL BBIKO DE BADAJ02 



Sevilla^ que debió ser ya por los comienzos del año 1170 
fl). supieron que los rej'es cristianos no estaban en Ba- 
dajoz, jDor lo que Abuhafs consideró más conveniente ir 
á combatir al reyezuelo de Murcia, Abenmerdanix. y 
enviar á Abusaid á Badajoz con un cuerpo de tropas. Es- 
te se encaminó desde luego á Portugal y celebró un tra- 
tado de paz con Don Alfonso Enriquez, que no se ha- 
llaba en condiciones de hacer ptra cosa; sin que se sepa 
que entrase en la comarca de Badajoz ni hiciese por des- 
alojar á los cristianos de ninguna de las plazas y castillos 
que ocupaban, pues fué desde Portugal á juntarse con 
su hermano, para someter a los mulsumanes rebeldes, en 
cuya tarea estuvieron ocupados ambos príncipes aquel 
año y el siguiente (2). 

Entretanto se ocupaba Don Fernando II en proveer á 
la defensa y población de la frontera extremeña, donde 
los caballeros de las Ordenes procuraban ir reparando 
poco á poco las fortalezas que podían, pues era difícil 
conseguir que acudieran gentes . á poblar los lugares 
deshabitados. Los caballeros do Santiago eran los que 
más principalmente mantenían esta frontera, pues te- 
nían su principal convento en la villa de Cáceres, y por 
esta razón los llamaban los freí res de Cáceres (3). En 
Febrero del año 1171 celebraron una concordia con el 
Obispo y la Catedral de la Iglesia Metropolitana de San- 



(1). Fué en la hegira 565, que empezó el 25 de septiembre de 
11()9 y concluyó el 14 de Septiembre de 1170. 

(2). F. Codera, ob. cit., pág. 148. 

(B) En una carta de donación de posesiones en Astorga, fecha- 
da en León y Febrero de 1179, dice el rey: «....Do Deo et vobi.s 
»Domno Petro Fernandiz Magistro Fratrum de Cáceres et om- 
>nibu8 Fratribas einsdem loci » 

En otro documento de 1171 dice el Maestre: «Ego Petrus Fe- 
>rrí?.ndi Magister militum de Cáceres cum cousensu totius oon- 
»fi^egationÍ8 loci illius parí voluntati facimus cartam donatio- 
ai8«,. .«,«.» BuUarium Ordifús núlitiae Sancti Jacobi, pága« 8 y 4« 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBZ Y MARTINM 241 

tiago, por la cual ol Arzobispo Don P(^dro doclara que 
recibe como canónigo al Maestro Don Pedro Fernández, 
y éste se obligíi á recibir la insignia ó bandera de San- 
tiago para militar bajo ella con todos los demás caballe- 
ros, como igualmente á recibir en sus castillos al Arzo- 
bispo y. sus vasallos cuando fueren en expedición con el 
Rey. Pero lo más principal en esta concordia es que la 
Iglesia de Santiago, en cambio de lo dicho^ hace dona- 
ción á la Orden de la mitad de Jas ofrendas que percibe 
en los obispados do Zamora, Salamanca y Ciudad Rodri- 
go, todas las que le corresponden en Avila y Trasmiera, 
la mitad de Alburquerque y lu cuarta parte de Méridaj 
pero con la expresa condici()n de que defiendan la plaza 
de Alburquerque, y habiendo en cuenta que las dona- 
ciones que le hace en Zamora, Salamanca y Ledesma son 
por el tiempo que durare la situación azarosa en que se 
encuentran Alburquerque, Cáceres y Mérida, ésto es, 
hasta que cese la zozobra en que se encuentra la Orden 
en estos lugares, por la necesidad constante de defender- 
los í^l). So vé por este documento que Mérida estab.i, ocu- 
pada militarmente por los caballeros y que tenía parte 
en ella la Iglesia de Santiago, lo cual hace comprender 
que había sido ganada antes, aunque nada dicen de ello 
los cronistas; á no ser que, como v^n el año 1119 había 
dispuesto el Papa Calixto II, por bula, que la ya supri- 
mida sede de Mérida se trasladase á Santiago de Com* 
postela, los arzobispos de ésta considerasen pertenecien- 
te á su jurisdicción la ciudad extremeña para el caso 
eventual de que fuese ganada á los moros. Igualmente se 
vé por el documento antedicho, que Alburquerque había 
sido ocupado por los cristianos, y estaban encargados de 
su defensa los caballeros de Santia^xo. 



"O^ 



(1), Vid. Apéndice VII, 



242 HISTORIA DEL REiKO DE BADA J02 

En aquel mismo año hizo donación á éstos Don Fer- 
nando II, de ciertas posesiones en el término de Bada- 
joz, á saber, el Valle de la Albuhera (que debe ser la 
famosa aldea de la Albuhera), los lugares de Lucena y 
Cantiñana (hoy ya desaparecidos) y el castillo de Mon • 
temayor, próximo á la desembocadura del rio Caya en el 
Guadiana (1). Les dio también en la comarca de Bada- 
joz el castillo de Alconchel, que, al decir del regio docu- 
mento, se halla situado ea un punto fronterizo muy 
adecuado para combatir á los enemigos de la Cruz (2). 
Les donó asimismo el castillo de Alraofrag, situado en 
la ribera del Tajo, frontera délos sarracenos (3); en cu- 
yas palabras se dá á entender claro que por el sur de Pla- 
sencia sólo llegaba la frontera hasta el Tajo, excepción 
hecha de Trujillo, que ya sabemos había sido ganada 
por los cristianos en 1166. También el rey de Portugal 
Don Alfonso I, les dio el castillo de Monsanto (4), al 
norte de Idanha, por todo lo cual se vé que la orden de 
Santiago tenía ocupada la frontera extremeña por varios 
puntos. 

No se sabe que en este tiempo adquiriesen los Templa- 
rios más posesiones en Extremadura, por no tener un 
Bularlo completo de esta Orden, pero és de presumir 
que algunos castillos ocuparían también en la frontera, 
si bien su atención estaba entonces más fija en Portugal, 
donde les hacía aquél rey algunas donaciones. En cuan- 
to á la Orden de San Julián del Pereiro, le concedió Don 
Fernando II el Puerto de Perodi^oJa, Almendra seca, 
una heredad en Raigada y la (Jranja de Pereiro, luga- 



(l). Vid. Apéndice VIH. 
(2). Vid. Apéndice IX. , 
(3). Vid. Apéndice X. 

(4j. «....decastello meo proprio quod dicitar Mons Santos. > 
Baliariiiia O. mil.S.j lacobí, página 9, 



í 



MATÍAS RAMÓIV MARTtNHZ T MARTÍNBZ 243 

res todos cercanos á la fortaleza de este nombre, lo cual 
p rueba que esta Orden se hallaba todavía en sus co- 
mienzos y no había podido tener aumento bastante para 
extenderse á poblar castillos en la frontera. 

Vino á España á fines del año 1171 el califa almohade 
Abuyacub Yusuf , y en Sevilla acudió á unírsele su her- 
mano Abuhafs, de vuelta de una campaña á Murcia. Li- 
mitóse el emperador á hacer una expedición á Ubeda y 
después á Huete, á las que no pudo tomar, pasando des- 
pués á Murcia, cuyo rey había muerto, por lo que sus 
hijos se sometieron al emperador. Volvió éste á' Sevilla 
en el año 1172, y contrajo allí matrimonio con la herma- 
na del difunto rey de Murcia (1). Ignoro que en aquella 
ocasión hiciese expedición alguna á nuestra Extrema- 
dura; pues sólo se sabe por Rodrigo de Toledo y por Lu- 
cas de Tuy que, antes de divorciarse Don Fernando II 
de Doña Urraca, lo cual ocurrió en 1174, el gobernador 
de Sevilla sitió áSantarem, á cuya noticia acudió don 
Fernando en auxilio de su suegro, y cuando llegó allá 
supo que las tropas de éste habían derrotado al mahome- 
tano (2). 

Los mismos cronistas antedichos nos dicen que el año 
1175, el caudillo cristiano Don Fernando Ruiz, que por 
desavenencia con sus reyes servía en el ejército almoha- 
de y era conocido por el Castellano, fué con un ejército 
por la frontera de Portugal haciendo una cabalgada san- 
grienta, y llegó hasta poner sitio á Ciudad Rodrigo, pe- 
ro no pudo tomarla, porque acudió á tiempo de impedir- 
lo el rey Don Fernando II, que estaba en Benaveute (3). 
Aunque con menos fuerza que el caudillo de los nloros. 



(1). F. Codera, ob. cit.. págsj. 151, 155>. 

(2). Lucas Tíldense, lug. cit.— Rodr. do Toledo, hig. cit. 

(B). Rodrigo de Toledo, Hist., lib. VII, cap. XXI. 



1 



^44 «IBTORIA DBL RBIKO Dfi BADAJOS 



logró el rey de León vencerle en batalla en el campo de 
Camates, lugar situado entre la población y San Felices; 
y parece que entonces entró el monarca en negociacio- 
nes con Don Fernando Ruiz, y consiguió atraerle á su 
servicio (li. 

En este año fué cuando, por vez primera, el rey de 
León concedió privilegio de protección y amparo á la 
Orden de San Julián de Pereiro, tal vez porque sus ca- 
balleros, que tenían su residencia tan cerca de Camates, 
tomarían parte en la batalla contra los mahometanos, 
con arreglo á su instituto (2). Dos años después, el Papa 
Alejandro III otorgó tara bi'n bula de protección á esta 
Orden (3). 

En la primavera del año 1177 salió el rey Don Fer- 
nando II en expedición por la frontera meridional de 
Badajoz, haciendo su entrada por la comarca de Jerez 
(4). En aquella ocasión debió sojuzgar el castillo de 
Mont-salud, quizás á la fortaleza de Oaraquer y la de 
Salvatierra que también pudo coger al paso para Jerez y 
no sería difícil que después, y al regreso, entrase en el 
alfoz del Castillo de Burgos que entonces se erguía alti- 
vo al pié de un antiguo camino que llegaba hasta Zafra. 
Hé aquí una expedición de la que nada dicen los cronis- 
tas, y de la que nada sabríamos si no la mencionase un 
documento regio; por donde puede comprenderse lo difí- 
cil que es explicarse muchos hechos con los datos que se 
conocen. 



i' 1). Lucas de Tuy, Chron. 

(2). Biillarium O. mil de Alcántara, pan;. '2. 

(H). Bullaruim O. mil de Alcántara, pá;^. H. 

(4j. Consta la noticia por la data de uu privilegio «lue otorf^ó 
el rey aquel año en Rema, en favor del monasterio de Tores Al- 
tos, hoy de San Juan de Toses, cerca de Sobrado. Dice: «Facta 
»carta apnd Ueinam qnarto nonas Derembris in reditu no.strao 
»expeditionis de Xerez, sub era MCCXV.» Torres Tapia, Corón, 
de la O. de Alcántara, tomo I, p. 81. 



r 



MATÍAS RAMÓN MAUTÍNCíZ Y MARTÍNBZ 245 



Habiéndose reunido Cortes en Salamanca en el mes de 
Septiembre de 1178, concurrieron á ellas Don Guido de 
la Garda, Maestre de los Templarios, Don Pedro Fer- 
nández de Fuenteencalada, que lo era de la Orden de 
Santiago, y Don Pedro de Arcis, Prior de la de San 
Jnán; y celebraron allí una concordia por la cual las 
tres Ordenes se obligaban á auxiliarse mutuamente, en 
la paz y en la guerra, contra todo el que atentare á los 
derechos de cada uno de estos institutos, como asimis- 
mo á darse satisfacción de las injurias que mutuamente 
pudieran inferirse (1). 

Quizás en este tiempo se hallase vacante el Obispado 
de Coria, pues su Obispo Don Pedro no figura entre los 
firmantes de los documentos reales desde el año 1176, y 
en los de 1180 y 81 se dice expresamente que vaca la se- 
de de Coria; no apareciendo como Obispo de ella Don 
Arnaldo hasta 1183. Era este prelado de nacionalidad 
flamenca, y había venido á España conFr. Sancho, pri- 
mer abad do Retuerta, y con Fr. Domingo, primer abad 
del convento do la Vid, todos tres de la Orden Premos- 
tratense y fundadores de los conventos que entonces tu- 
vo esta Orden en España. De nuestro Don Fr. Arnaldo 
se escribo que era muy docto, virtuoso y asceta, pues 
ayunaba todo el año, dormía vestido, su cama era una 

(1). «Cony;regatÍ3 in unum apiid Salrnanticam Fra tribus Hospi- 
♦ fcfilis, Fratrihiisque roilitiae Templi et Fratribus S. lacobi era 
sMOCXVJ. Míense Septerabrio quaiido Rex Fernandus habni^ Cu- 
»riain suam in Salmaiitica cum Episcopis et Baronibus re^ni siii, 
^et inatitutiones terrae íniae per decreta sua firmiter ordinavit, 
*placuit divina inspirante gratia praedictis Fratribus pacem et 
>veram concordiam uuanimiter ínter se liabituram de mandato 
»MagÍ8trorum suorum, videlicet, Domini Petri de Arcis Hispanüs 
•Prioris, et Doraini Guidonisde Garda Magistri MilitiaeTerapli, 
?et Domini Petri Fernandi Magistri Militiae S. Tacobi qui hane 
^constitutionem in c.ipitulis suis in virtute obedientiae firmiter 
¡►teneri praeceperunt, statuere.« Bullarium O., vi. S lacobi, 
p&g. 29. 



346 HlSTOUl A DBL RBINO DB BADAJOS 



tabla, asiáfcía al coro en todas las horas canónicas y ma- 
taba el resto del dia en trabajos manuales. Desde el con- 
vento de la Vid fue elevado á la silla de Coria hacia el 
año 1183, y se hallaba al año siguiente en Caceres cojí 
el rey Don Fernando II, que en los últimos días de Fe- 
brero de aquel año otorgó allí privilegio por el cual de- 
claraba exenta á la Orden de Santiago del tributo. llama- 
do el nuncio, que debían cobrar los nobles á los caballe- 
ros (1). 

Entiendo yo que la venida de Don Fernando II á la 
frontera extremeña en dicho año 1184, y el hallarse en 
Cáceres el día 20 de Febrero, no tenía otro objeto que 
esperar allí prevenido la acometida de las tropas almoha- 
des; pues en los comienzos del año vino el emperador 
Yusuf , ó hizo que se le uniesen los gobernadores de Se- 
villa, Córdoba, Granada, Murcia y otros puntos, para 
hacer una campaña (2); y después de reunir un numero- 
so ejército, en la primavera entró desvastando á Extrema- 
dura,scguramento <¿ue tomó á Trujillo, Montánchez, Cá- 
ceres, Alburquerquc y Alcántara, y después de volver á 
llevar la frontera más allá del Tajo, entró en Portugal, pu- 
so sitio á Santarem, donde recibió graves heridas, y regre- 
só á Andalucía, después de cinco semanas de campaña (3). 



(1;. El Chronicon lusitano, despué» de decir que trajo Juisuf 
numerosas tropas de África, añade: «missit etiam íitteras etnun- 
»tio8 ad filioa Huos qui erant citra mare, videlicet, Abozaoh qui 
»eratrex Sibilliae, et Abdacu Abuialnequi erat rex de Corduba, 
.^e/ Abdarrama Abuzeid qui erat rex de Granata, et ad (raum qui 
»erat rex de Murcia et de Valencia, ut omnes praepararent so iu 
5>praelium » 

(2). Dice así la data: «Facta carta apud Canceres VIH kal. 
^Ma^tii era MOCXXII.regnante re^je domno F. Legione,OftllecÍR. 
• Astnriis et Extrematura.» En las suscripciones, dice una: «Ar- 
>ualdus Cauri ensis Episcopus conf.> Bullarium O. vi. S, Incobi, 
pág. 29. _ 

(3). «Iu era MCCXXII mense Jnnii vigilia sci Joannis Baptis- 
>tae imperatof sarracenorum nomine Aboiac venit cum exerciti- 



MATÍAS RAMÓN MARTÍKBZ T MARTÍNEZ 247 

He dicho que en esta expedición debieron peíderse 
e3as poblacioaes antss ganadas por Don Fernando IT, 
porque desde esta focha no vuelve á saberse que las ha- 
bitasen los cristianos hasta que más adelante fueron re- 
cuperadas por Don Alfonso IX. Adamas, el cronicón de 
Coimbra dice literalmente que Yusuf desvagtó toda la 
Extremadura^ y esta comarca debía ser la nuestra, toda 
vez que la Extremadura de Portugal estaba ya muy le- 
jos de la frontera mahometana, de la cual la separaba 
casi todo el Alentejo, y la Extremadura castellana estaba 
lejos del teatro de esta expedición, limitarla al Sur por la 
comarcado Toledo. 

Por ésto se comprendo con claridad que Yustif pene- 
tró primero en Extremadura, fué ocupando los castillos 
y lugares que desde Trujillo á Alburquerque guarnecían 
los caballeros de Santiago, acaso derrotase en algún 
combate á Don Pernando, y después de ganada Alcánta- 
ra, fué ionizando Portugal, hasta llegar á Santarem. En 
este punto fuá* desastrosa para Yusuf la campaña; pues 
dio orden de que so moviesen las tropas con dirección á 
Lisboa-, pero su hijo Ishac entendió que había mandado 
regresar á Andalucía, y durante la obscuridad de la no- 
che levantó el campo, dejando á su padre con una pe- 
queña división. Cuando vieron los cristianos que esta 
tropa de Yusuf se movía en dirección contraria á la que 
había tomado el grueso del ejército, cayeron sobre ella 
con grande ímpetu y la desbarataron por completo; re- 
cibiendo el emperador tan graves heridas en aquella de- 
rrota, que murió de ellas antes de llegar á Sevilla (1). 



»bu» suis, etobsedit Snalabicastram et vastavit totam Extrema- 
»taram, et fiiít ibi per quinqué fleptimanas.» Chron, Conimhri^ 
cense, 

(1). F« Ood«ra» ob. cít., pig. 161. 



248 HISTORIA del8 rbik odb Badajoz 

Le sucedió en el imperio su hijo Yacub Almanzor. Al 
año siguiente murió Don Alfonso Enriquez, sucedióndo- 
le en el reino de Portugal su hijo Don Sancho I. Kn 
cuanto á Don Fernando II de León, no se sabe que en el 
resto de su vida, que acabó en 1183, llevase á cabo em- 
presa alguna en la frontera extremeña, antes al contra- 
rio, apenas pudiera irse disponiendo á recobrar lo perdi- 
do, tuvo que trabarse en guerra contra Don Sancho I de 
Portugal, á quien en 1887 hacia grandes estragos en la 
Beira, desvastando los términos de Piñel, Prancoso. Ca- 
lórico y Linhares. 




r 




.^mmn?nrTnmmmnmrrrfrmrfffmñrT?mnr?mrm?TínrTnm??T' 



CAPITULO XVIII 



Empresas de Don Alfonso VIII 
de Castilla. 




11 o\ Alfonso VIII de Castilla ora empren- 
dedor como su abuelo Don Alfonso VII 
y como su tío Don Fernando II de León. 
A vueltas con los cabecillas moros y 
coadyuvando á las sublevaciones de éstos 
contra los almohades, procuraba entretanto ir fortifican- 
do la frontera meridional del reino de Toledo, y ocupan- 
do otros lugares del lado sudoriental, como Cuenca y sus 
pueblos comarcanos. Hacia el año 1185 debió ser cuando 
vino é Extremadura y fundó la ciudad de Plasencia, pues 
en el siguiente le vemos ya en ella firmando documentos 
en los que se dá á la ciudad este nombre. El arzobispo 
toledano se limita á decir en tono ampuloso que el insig- 
ne monarca convirtió su mano á nuevos trabajos (^des- 
pués de los militares en que antes se ocupara) y edificó 
la ciudad de la gloria, a la cual constituyó por fortaleza 



250 mstORtA DEL ItElNO Dft ftADA^O^ 



y le puso por nombre Placencia, atrayendo ¿ ella pobla- 
dores, ensanchando sus términos y poniendo allí sede 
episcopal (1). El mismo privilegio do fundación, que se 
otorgó cuatro años después, dice que el rey había funda* 
do la ciudad en un lugar que antiguamente se llamaba 
Arnhroz (cuyo nombre conserva un riachuelo que corre 
al oeste de su término y junta sus aguas con el Jerte al 
pió de Galisteo), porque es tarea de suyo piadosa cons- 
truir en los lugares fronteros á los moros, ciudades en 
que se establezcan los cristianos, para servir desde ellas 
de baluarte contra los infieles y tributar alabanzas al 
Creador; y añade que ha puesto á la nueva ciudad el 
nombre de Placencia, por la razón entendida que lo mo- 
vió á fundarla, ésto es, para que plazga á Dios y á Ion 
hombres (2). 

Sin duda alguna los lugares de Ambroz, Jaraíz, G-alis- 
teo, Granadilla, Jerte y Almaraz, no los había poblado 
Don Fernando II antes, ó se hallaban entonces despo- 
blados por causa de la expedición de Abuyacub en el 
año anterior; y sin duda cuando Don Alfonso VIII viera 
que el sultán almohade despojaba de Trujillo, Cáceres y 
demás pueblos al rey de León, si estaba desavenido con 
éste, puso la mira en ensanchar su reino por aquella par- 
te, y por eso comenzó por fundar la ciudad de Plasencia, 
poblarla con nobles castellanos que la guarneciesen, y 
estimarla como punto de apoyo para las conquistas que 
intentaba hacia el sur. Ello es lo cierto que en AbrU del 
año 1186 se hallaba Don Alfonso VIH en Trujillo, lo 



(1) «Convertit manum od novitatem operum, et edificavit de - 
>nuocivitatemgloriae, stntuit in ea praesidium patriae et nomen 
»eius vocavit Placeatiam. Convertit populos in arbem novam, et 
>exhaltavit ibi tyaram Pontifí^is, sacerdotio Legis ordinavit eam 
>et düatavlt términos easis sui.» Rodrigo de Toledo, Hi^f., lib.VII 
cap. XXVIU. 

(2) Yid.elApéadioe^LU. 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTIKEZ T MARTfSBZ 5251* 



que Jineta que la había ocupado á los moros, puesto que 
allí CDi&mo concedió á los caballeros de Santiago la mitad 
de los diezmos que correspondían á la Corona en Trujillo 
y É-us léi mines, y la mitad de las iercias de las iglesias 
de la misma ciudad y de los términos de ésta que se po- 
blasen desde el Tajo al Guadiana (1); en cuya extensa 
d onaci^n se vé bien claro que el Rey estimulaba á la Or- 
deu; con el cebo de las rentas, áque se estableciera en la 
ciudad para que la tuviese guarnecida contra los moros. 
En Diciembre del mismo año se hallaba el Rey castella- 
no en Plasencia, lo que prueba que estaba fundada la ' 
ciudad, y se le daba este nombre, pues así consta en pri- 
vilegios que otorgó allí á la Iglesia de Burgos y á la 
Orden de Santiago (2). Como es de presumir que en aquel 
año había hecho alguna expedición por la comarca de 
la Serena, no es de creer que en aquel intervalo se 
fundase á Plasencia, y por eso he dicho más arriba que 
quizás se fundó en el año anterior, pues no acepto la 
aserción de que fuera en 1180, como escribe un historia- , 
dor de la ciudad (3). 

Quizás en el año 118H ocupó á Medellín, pues en Oc- 
tubre de ese mismo año donó á la Orden de Santiago los 
diezmos de todas las rentas que poseía en dicha pobla- 
ción (4). También en Mayo de dicho año había donado á 
Don Gómez, Maestre de la Orden de San Julián del Pe- 
reiro, la villa de Ronda, en el término de Montalván; y 



(1). Vid. Apéndice XI. 



«Facta cfiArta apud Placentiam II nonas Decembris, era 
MCCXXIIII» «Facta carta apud Placentiam VIII idus Decem- 
bris, era MCCXXIIII.> BtUlarium O. m, S, lacobi, pág. 84. 
(3J. Alonso Fernández, AncUes. de Plasenciay lib. I. cap. III. 
(4). «Otro de como dio el rey Don Alfonso al Maestro Don San- 
> clio Fernandez é á la Orden los diezmos de todas las rentas de 
• Medellín, era de Mili CCXXVl años, V kaleudas Novembris.t 
DuUaiiumj pág. 228, núm, 32. 



HISTORIA DBIi BKINO DB BADAJOZ 



en el privilegie se llama á esta Orden, la de los caballe- 
ros de Tiujillo. por donde se comprende que tenían fun- 
dada casa en esta ciudad (1). 

En aquel mismo año falleció Don Fernando II de 
León, su cediéndole su hijo Don Alfonso IX, que era to- 
davía muy joven, pero había demostrado ya ser un espí- 
ritu inquieto, mucho menos generoso y magnánimo que 
su padre,pero más desasosegado y batallador. Aunque to- 
davía inexperto, bien comprendía el monarca leonés que 
sjx reino estaba como entallado entre dos rivales podero- 
sos, al de Portugal y el de Castilla; y por eso consideró 
lo más conveniente el entrar en alianza con uno de 
ellos, para tener á raya al otro. Como el de Castilla era 
el más poderoso, con él celebró su alianza el de León, 
aunque acaso le diera motivo para ello el portugués Don 
Sancho I, que aunque se hallaba entonces muy ocupado 
en la conquista de Algarbe, no descuidaba medio de mos- 
trar su desvío al novel monarca. Asistió este á las Cor- 
tes de Carrión, celebradas en aquel año, y allí fué arma- 
do caballero por su primo Don Alfonso VIII, juntamente 
con Conrado de Suavia, hijo del emperador alemán Fe- 
derico. Advierte con fruición el arzobispo Don Rodrigo 
que, por el hecho de besar la mano á Don Alfonso, al 
armarle caballero, quedaba el Rey de León en cierto mo- 
do como deudo del de Castilla,y que, considerando esta su- 
misión como impropia de su real categoría, apenas hubo 
regresado á su reino dio muestras del sentimiento que en- 
conaba su ánimo y le incitaba á romper, con su aliado y 
padrino. Quizás la fundación do Plasencia^y la conquista 
de Trujillo, los cuales lugares, juz^íasc ol leonés porteño- 
cientos á su reino, serían alicientes para tener muy disgus- 



^ 



(1). Buüarium O. m. de Alcántara, ^kg. 11. 



MATÍAS HAMÓK HARTÍKSZ Y MARTINBZ 358 

tado á Don Alfonso IX, aunque por desigualdad de fuer 
zas no se atreviese á romper con el de C" stllla. 

En el mes de Febrero del año 1189, cencedió éste á la 
Orden de Santiago el diezmo de todo el pan y vino que 
correspondiese á la Corona en la ciudad d^ Trujillo (1); 
y sin duda se hallaba el Key en ésta cuando hizo tal con- 
cesión, pues en los primeros dias de Marzo estaba en la 
de Plasencia, y otorgó á ésta entonces el privilegio de 
fundación y señalamiento de términos (2). Eran tan exten- 
sos los que dio á la nueva ciudad, que no se explica ta- 
maña largueza más que por el deseo de mortificar á Don 
Alfonso IX, disponiendo de terrenos que habían sido 
ocupados por su padre en años anteriores. Porque no se 
considere temeraria esta sospecha, remito al lector á la 
data singularísima del privilegio fundacional, donde se 
hace intencionadamente el recuerdo de que era el año 
segundo ^después que él serenísimo Alfonso, Rey de Cas- 
tilla y de Toledo ciñó á Alfonso, Rey de León, el cinturón 
de caballero y este mismo Rey leonés Alfonso besóla ma- 
no del dicho Alfonso, Roy de Castilla y Toledo.* ¿A qué 
venía esa indicación «lo que el leonés había rendido plei- 
to homenaje al castellano, que no otra cosa representaba 
el acto de besar la mano el novicio al padrino que le ar- 
maba cabal oro y le ceñía la espada? Pues no obedecía 
más quí^ al deseo do mortificar á Don Alfonso IX con un 
recuerdo <[ue le punzaba enconadamente el alma. Toda 
vía se convence más de la situación de ánimo en que se 
hallaban entre sí ambos reyes, cuando se toma en con- 
sideración el grandísimo término que en aquel docnmen- 



(l). «Otro (le como (lió Don Alfonso á la Orden ó al Maestro 
>Don Sancho Fernandez el diezmo de todo el pan é vino de Tru- 
»í^iello. EradeMill CíWXVII años, VI Idus Februarii . Bulla- 
riiim O. m. lacobi. ]>««:. '2*28, núm. 31. 

(2). Vid. Apéndice XII. 



%4 B18T0B1A DBIi KBinO DB BABAJOZ 

ío se señaló á FlaseTicia, y que esta ciudad no podía po- 
blar por sí sola en manera alguna. 

En efecto: comienza el lirdero 611 el Tajo, por el que 
llama vado de -/l/cr? ira, cerca de Peraleda de la Mata. 
y desde allí vá fc Balando puntos con los nombres 
de Cabeza mayor de la Pedernalesa^ Piedrahifa y Cabe- 
za de Terrazas (cuyos nombres modernos desconozco); 
sigtie luego el paso del rio Tietar; señala después la Gar- 
ganta de Chiella, en la que es forzoso ver la moderna vi- 
lla de Garganta la Olla; va por una cañada, que llama 
Valle Vellido^ á una altura que nombra Cabeza de Don 
Pedrolo, que es sin duda la villa de Cabezuela, próxima 
á la orilla de Forte; signe luego nada menos que al rio 
Tormes; al arroyo de Muía, afluente suyo; al alto de Fal- 
g08in, donde nace el moderno Sangusín, afluente del 
Alagan; y^ por último, á la calzada de Quinea, que no 
puede ser otra que la que atraviesa el término de.Valde- 
lacasa, en la vía romana de Mérida á Salamanca. En to- 
do lo que va indicado se vé que el lindero estaba, sobre 
poco más ó menos, en lo que entonces ora límite entre 
León y Castilla. No marca lindero alguno por norte ni 
por oeste, que niarque la separación de Plasencia con 
Granada, Coria, Galisteo y Alconetar, como si quisiera 
con esta omisión dejar abierta la puerta á su deseo de 
que Plasencia se trague á todas estas poblaciones. El lin- 
dero del sur no puede ser más disparatado. Desde el va- 
do de Alarza va al puerto de Ibor, y de éste al rio Al 
monte^ cuidando de advertir que queda fuera del térmi- 
no, y con jurisdicción independiente, el castillo de Al* 
balaf con su alfoz, que sin duda era el término actual de 
Romangordo. Sigue como lindero el Almonte hasta el 
desagüe do su afluente el Glevu] pasa desde aquí al ria- 
chuelo Tatnuja^ on cuyo señalamiento se vé que deja 
fuera del término plastníino el doTrujillu. Después, v^- 



HATÍAS ramón MA11TÍNB2 V MARTÍNEZ 25?» 

mo quien no dice nada, va á parar á la Zafra de 
Montanchez y á Sierra de San Pedro, como si quisie- 
ra que Cáceres quede dentro de la demarcación; y 
todavía, para dejar pendiente la amenaza con puntos 
suspensivos, desde la Sierra de San Pedro concede á los 
plasontinos cuanto sean capaces de adquirir hacia ade- 
lante. Dentro de tan descomunal demarcación, que para 
Plasencia fué siempre puramente fantástica, estaba á 
orillas del Tajo el castillo de Almofrague, que había do- 
nado Don Fernando TI á la Orden de Santiago, y que 
arrebataron á ésta los moros en 1184. Pues bien; Don 
Alfonso VIII agrega á Plasencia la aldea de Almofra- 
gue, y advierte que se reserva en ella el castillo. Con lo 
dicho se comprenderá que la fundación de Plasencia, sin 
dejar de proponerse el afianzamiento del territorio ex- 
tremefio contra los moros, como base para conquistas 
posteriores, se encaminó principalmente á menoscabar 
el reino de León, cerrando el paso por este lado. 

También concedió Don Alfonso VIH á los plasentinos 
el Fuero por el. cual habían de regirse, pero no se cono- 
ce hoy el original auténtico de este código local, pues el 
texto que se conoce es una ampliación que se fué hacien- 
do en tiempos posteriores, á medida que lo exijían las 
necesidades sociales. Se cree generalmente que las 38 
primeras leyes del cuaderno conocido fueron de Don Al- 
fonso VIII; pero yo entiendo que á algunas otras pueden 
adjudicarse la misma antigüedad. 

Concede á los pobladores de Plasencia todo sa térm i- 
no, con montes, aguas, pastaje, caza y mináis. El que tu- 
viere casa poblada en Pla33n3Ía no pagará más pDcho 
que el servicio del castillo de la ciudad y de los demás 
castillos y torres de su término, es d3cir, la defensa del 
territorio. Si faera caballero qu3 tenga en su casa caba- 
lloao enalbardado, tampoco está obligad<^ á pechar por 



I 



25(» HISTORIA DEL RBÍKO DE BADA.ÍOZ. 

castillos, es decir, que entonces, por lo mismo que está 
en condiciones de ir al fonnado cada vez que sea preci- 
so, no estí^ obligados á pechar por ningún otro concepto. 
Todos los moradores do la ciudad, sean ricos ó pobres, 
hijosdalgos ó villanos, están sometidos al fuero sin dis- 
tinción alguna, pues en Plasencia no ha de haber más 
que dos palacios, el del rey y el del Obispo; y, por tanto, 
cualquier conde, infanzón ó caballero que allí se avecin- 
dare no es más que un vecino como otro ciíalquiera. Los 
pobladores de Plasencia no estaban sujetos á mañería, 
que así se llamaba el derecho que tenían los reyes de he- 
redar á los vasallos que muriesen sin sucesión legítima . 
Además, el que convirtiese al Cristianismo á un siervo 
suyo que fuese moro, si éste moría sin hijos, heredaba 
sus bienes. El concejo de Plasencia no estaba obligado 
á ir en hueste más que á su frontera ó al mando del Rey, 
y ésto sólo por tres meses en el año. Ningún vecino de 
Plasencia estaba cbligado á pagar por ,su ganado mon- 
tazgo ni portazgo, ni aquende ni allende el Tajo; ni te- 
nía obligación de dar posada á infanzones ni á escolares . 
Estos y otros preceptos damu3stran que el Rey se pro 
puso hacer de su predilecta fundación una privilegiada 
ciudad de realengo, y explica el que se poblase y enri- 
queciese en tan poco tiempo, viniendo á ser uno de los 
mejores modelos de las municipalidades castellanas (1). 

Para mayor encumbramiento de la ciudad, toda víaDon 
Alfonso VIIE obtuvo del Papa Clemente III que erigiese 
en ella silla episcopal, cuyo hecho debió ocurrir á poco 
de otorgarse el privilegio de fundación, pues dicho Pa- 
pa gobernó la Iglesia desde el 6 de Enero de li8á hasta 
el 25 de Marzo de 1191, en que murió. En el documento 



(1) El fuero de Plasencia, bellamente editado por el Ilustrísi- 
mo Sr. Don Jos:. Q^a vides Checa i^Roma, 1896). 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 257 



pontificio, alabando el propósito del Rey de Castilla de 
extender la fé cristiana, y reconociendo el deber qne tie- 
ne el Pontífice de acceder á lo solicitado por dicho mo- 
narca, se dispone la creación del obispado en la ciudad 
de Plasencia, fundada en terreno quitado valerosamente 
á los ismaelitas; y se ordena que esta Iglesia catedral, 
conforme ¿ lo pedido por Don Alfonso, tenga su diócesis 
jurisdiccional sobre las villas y lugares concedidos á Pla- 
sencia, y sobre las agregadas de Trujillo, Santa Cruz, 
Mofrague y Medellín (1). El primer obispo placentino 
fué Don Bricio, del que no hay más noticias que el ver- 
le suscribir los documentos regios desde 1195 hasta Till. 
Vista ya la importancia social y política que tuvo la 
concesión de términos y fuero á Plasencia, vuelvo á la 
narración délas conquistas hechas por su fundador, del 
que ya se sabe que se hallaba en esta ciudad en Marzo 
de 1189. Ahora bien: en esa primavera hizo una expedi- 
ción por la comarca de la Serena, en la que tomó a Ma- 
gacela, Renay un lugar llamado Baños , que ignoro cuál 
fuera; hizo después otra, siempre acompañado del reye- 
zuelo de Mallorca y Valencia, y ganaron á Calasparra 
(2). Don Sancho I de Portugal se hallaba en tanto muy 
empeñado en pelearen el Algarbe, donde conquistó á 
Silves con otros lugares próximos. Para contrarrestar 
estas conquistas, el sultán Abunusur lacub llegó á Espa- 
ña en la primavera del año 1190, y uniéndosele su her- 
mano Mohamed hijo de lusuf , gobernador de Córdoba, 
invadieron el reino de Portugal, pero sin otro resulta- 



(1) Vid. Apéndice XIII.— Es una bula de Honorio III, en la 
qne está inserta la de Clemente III, pero sin la data. 

(2) cPrisó el rey Don Alfonso é el rey de Mayorga á Reyna é 
>Magacela é Bagnos é otros castiellos muchos, é vinieron esa 
»hue8t, é después fueron ambos estos reyes Alaxarah é llegaron 
«hasta la mar éprisieron á Calasparra. Era MCCXXVII.» íItui- 
(es <oledano««— léSte Alaxarah debe aer I«a*Aiarqaía« 



2o8 mSTORlA DBL ttBIKO DB BADAJOZ 



do que hacer algunos estragos en Sil ves, Santarem, To- 
rres novas y Thomar. 

Desavenido Don Alfonso IX de León con su primo el 
de Castilla, buscó la alianza del portugués Don Sancho 
I, y para más estrecharla, contrajo matrimonio con la 
hermana de éste, Doña Teresa, en la primavera de 1191, 
á cuyo efecto fué á Guimaraes. De esto resultó una liga 
ofensiva y defensiva, en la que entró también el Rey de 
Aragón, y ya sin reparo, el leonés y el aragonés rompie- 
ron contra el castellano, haciéndole guerra cada uno des- 
de su frontera. En 1193, respondiendo sin duda á las 
tendencias avasalladoras del privilegio otorgado á Pla- 
sencia, concedió Don Alfonso IX de León á Don Arnal- 
do y su Iglesia de Coria la tercia de las rentas reales en 
Coria y otras villas del obispado, .y además la tercia de 
las mismas en Cáceres y la décima de las de Alcántara, 
si Dios permitía que estas villas volvieran á librarse del 
dominio de los moros; habida consideración á que en 
tiempo del obispo Don Pedro habia éste ejercido la ju- 
risdicción episcopal en ambas villas, hasta que en castigo 
de los pecados las quitaron los moros del dominio de los 
cristianos (1). Pronto se rompió la liga entre los reyes de 
Portugal y León, contribuyendo mucho á ello el que en 
1195 tuvo éste que repudiar á su esposa, por haber anu- 
lado el Papa el matrimonio, por impedimento de paren- 
tesco. 

En aquel año, Don Alfonso VIII, siempre ganoso de 



(1) Tengo desgracia con el cartulario de la Iglesia de Coria» 
del que apenas conozco documentos. Lo único que sé del que alu- 
do en el texto es lo que inserta Alonso Torres Tapia en la Cróni- 
ca de Alcántara, tomo I, pág. 9ü: <In Alcántara decimam par te m, 
»si Deus eas temporibus vestris vel surcessorum vestrorum de 
>manu Sarraceuorum liberare dignatus faerit, in quibus duabus 
• ultimis villis Dominus Petrus antecessor vester episcopalem ge- 
»rebat administra tionem, quando peccatis exigentibus Sarraceni- 
»ca í«riUtQ Climtiaiii9 i^Uatae faoraat.» 



r 



HATf AS KAHÓN NARTÍN1SZ T MAKTÍNBE 



atraer á sus fronteras á las Ordenes militares, con objeto 
de defenderlas, hizo donación á la de San Julián del Pe- 
reiro (á la que llama de Trujillo el documento), de la ciu- 
dad y el castillo de Trujillo, la villa y el castillo de Alva- 
lat, situada en la ribera del Tajo, el castillo situado en el 
áspero monte cercano á Trujillo y conocido con el nom- 
bre de Santa Cruz, y otros dos castillos llamados de Ca- 
banas y Zuf eróla (cuya situación debió ser en la misma 
comarca); y para el mantenimiento de estos castillos les 
concedió también una renta anual de tres mil áureos so- 
bre la greda de Magán, que les habría de pagar el almo- 
jarifazgo del Rey (1). No eran infundados los deseos del 
monarca de guarnecer esta parte de la frontera, pues el 
sultán de Marruecos había desembarcado aquel año con 
numeroso ejército, y se dirigió en Julio contra la fronte- 
ra meridional de Toledo, donde derrotó grandemente á 
Don Alfonso VIII cerca de Alarcos, 

Esta vez Don Alfonso IX hizo alianza con el sultán al- 
mohade y con Don Sancho VII de Navarra contra los re- 
yes de Castilla y Portugal, y así en el año 1196 se mo- 
vian todos á la vez, luchando cada uno por la paHe que 
convenía á sus intentos. El sultán Miramamolín puso en- 
tonces la mira en la frontera extremeña de Don Alfonso 
VIII, tal vez de acuerdo con el de León; salió de Sevilla 
por la via de Mérida, combatió fieramente á Montanchez, 
Santa Cruz, Trujillo y Plasencia, corrióse después por 
la vega del Tajo, pasando por Talavera, el Olivar, Ol- 
mos, Santa Olalla y Escalona, en todos cuyos moradores 
hizo sentir el peso de sus armas; combatió sin éxito á 
Maqueda,.y por último fué á cercar á Toledo, ante cuyos 
muros estuvo diez dias estragando viñedos y plantíos de 
sus alrededores; y, convencido de que no podría rendir 



(i) Vid. Apéndice XXV. 



260 HISTORIA DBL UUHO DB BADAlOV 



la capital, regresó á Sevilla (1). En tanto que ésto suce- 
día, el rey de León peleaba á la vez contra los de Casti- 
lla y Portugal, que en ésto se hallaban empeñados aquel 
año. Como al siguiente repetía el sultán su expedición á 
la comarca de Toledo, en la que saqueó y destruyó po- 
blados, los reyes cristianos tomaron á buen partido pro- 
ponerle una tregua, que él aceptó. Según el cronista 
Abenjaldúm, el sultán encomendó el gobierno de Bada- 
joz y su frontera á Abu-Rabí y el de Algarbe á Abu- 
Abdullah, sobrinos suyos, é hijos del príncipe Abu- 
hafs (2). 

Necesitaba Don Alfonso VIII la tregua para combatir 
á los reyes de Navarra y L<^ón; poro éste, que veia con 
ella arreciar el peligro, poique se vería acometido á la 
vez por portugueses y castellanos, sin contar ya con el 
auxilio de los moros, solicitó la paz con el de Castilla, y 
por mediación de la esposa de éste, Doña Leonor, se ce- 
lebró á fines del año 1197 el casamiento de Don Alfon- 
so IX' con Doña Berenguela, hija de Don Alfonso VIII, 
y devolvió éste á aquél muchos lugares que le había qui* 
tado (3). No entró Plasencia en esta restitución, así co- 
mo tampoco Trujillo y Santa Cruz, por más que estas 
dos poblaciones debieron volver á poder de los mahome- 
tanos con motivo de la campaña hecha por el sultán eu 
el año anterior. 

Hubo después una década de años en que estuvieron 
ociosas las armas, tanto cristianas como musulmanes, 



(1) «Prisó el rey de Marruecos á Montanchez, á Santa Cruz, é 
>Truxillo, ó Placenoia, é vinieron por Talavera, é cortaron el Oli- 
»var, é Olmos, é Santa Olalla, é Escalona, é lidiaron Maqueda, é 
>non la prisieron, é vinieron cercar Toledo, ó cortaron las viñas 
>é los árboles, é duraron y X dias en el mes de Junio, era 
>MCCXXXIV.» Anales toledanos. 

(2) Abenjaldum, tomo I, págs. 250 á 259. 

(3) Rodrigo de Toledo, Hisf.^ lib. VII, cap. XXXI. 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTtmCZ Y MARTfWZ 261 



obedeciendo esta quietud á causas diversas. De una par- 
te por el atraso agrícola y eí continuo estado de guerra, 
en cuanto por cambios meteorológicos se perdían ó me- 
noscababan las cosechas, sobrevenía el hambre, y tras 
ella las epidemias contagiosas, y así se sabe que el año 
1202 hubo hambre general en la península (1). De otro 
lado, los almohades se hallaban en África empeñados en 
guerras civiles, y no estaban en condiciones de hacer 
campañas en la península; y esta situación empeoró con- 
siderablemente con la muerte del sultán Miramamolin, 
porque su hijo y sucesor Mohammed Annasir era más 
incapaz que él de hacer frente á la insurrección promo- 
vida por las tribus de las montañas de Gomera. 

Así, toda la primera década del siglo XITI transcu- 
rrió en un estado de relativa calma, apenas interrumpi- 
da por las discordias que á veces 'mediaban entre los re- 
yes de León y Portugal, ocupados entonces más princi- 
palmente en arreglar sus asuntos interiores y en repo- 
blar la frontera. En 10 de Marzo de 1203, hallándose 
Don Alfonso IX en Bena vente, verificó una permuta con 
la Orden del Temple y su Maestre Don Fernando Diaz, 
por la cual les cedió la villa y castillo de San Pedro de 
Tarace á cambio del castillo de Milana (2). Era ésta 
una hermosa fortaleza con excelentes muro y barbacana, 
situada en lo más alto de un cerro, en el punto en que se 
juntan los dos ríos de Arrago y (lata, á tres leguas de 
Coria, siete de Alcántara y una de Moraleja, cuya situa- 
ción topográfica duplicaba la importancia estratójica de 
dicha fortaleza en aquellos tiempos de arma blanca, y 
así estaba muy bien dispuesta para resistir cualquier 
sitio, pues hasta tenía una cueva secreta, que hoy mismo 



(1) Chronicón Tu róñense. 

(2) Vid. Apéndice XV. 



262 HISTORIA DBL KBINO DE BADAJO! 



se vé, por la cual podían los defensores bajar al rio por 
agua. 

Don Alfonso VIH, que era sin duda el más emprende- 
dor de I09 reyes cristianos de entonces, se preparaba ya 
para acometer las fronteras de los moros en cuanto expi- 
rase ]a tregua que tenía con los almohades. En la prima- 
vera del año 1210 fundó la fortaleza de Mora, que los 
musulmanes consideraban ya como una provocación. En 
el verano de 1211, estando Don Alfonso con su hijo Don 
Fernando en la Sierra de San Vicente, hizo elinfanto 
una razia por las comarcas de Trujillo y Montanchez, y 
después de hacer presos y devastaciones regresó á To- 
ledo en Agosto (1). Murió al poco tiempo este príncipe, 
lo cual fué un golpe doloroso para su padre, pues Don 
Enrique, su segundo hijo, ora muy niño todavía y ora 
do temer que Don Alfonso VIII muriera antes que el nue- 
vo heredero del trono llegase á la mayor edad. El con- 
tratiempo no impidió, sin embargo, los propósitos del 
rey de Castilla, que hizo grandes aprestos militares para 
reñir al año siguiente descomunal batalla con los almo- 
hades. Acudieron á su llamamiento los reyes de Aragón, 
Navarra y Portugal y muchos caballeros franceses y 
provinciales; pero no acudió Don Alfonso IX, que otra 
vez estaba desavenido con el de Castilla, pues el único 
vínculo que antes los ligaba, que era el matrimonio del 
leonés con Doña Berenguela, lo había declarado nulo 
ei Papa on 1204, por razón do parentesco. El resultado 
de este concurso de fuerzas fué la gloriosa batalla do las 



(1^ «Estando el rey don Alfonso é el infant don Fernando con 
»todo su regno en la sierra de San Vicent, fné el infant don Fer- 
«raiido en i'onsndo con todas las gieiites á Trnxiello é á. Mentau- 
>r.lu»s, é tornó daqiiol fonsndo á sn ]>ndrtí en «i mes dfl^osto, era 
»MCCIL.» Anales toledanos. - Kodrigo de Toledo. Jib. VII, capí- 
tulo XXXIV y XXXV, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNEZ 



Navas de Tolosa, que se libró el 16 de Julio de 1212, y 
quebrantó por completo á los almohades. 

En tanto que ésto ocurría en Castilla, Don Alfonso IX 
de León aprovechaba las circunstancias para invadir el 
reino de Portugal, so color de favorecer las pretensiones 
de la infanta Doña Teresa contra su hermano Don Al- 
fonso II, que reinaba en el vecino reino desde el año 
1211. Quizás el de León concibió entonces grandes es- 
peranzas de reducir á estrechos límites el reino de Por- 
tugal que tan molesto vecino era para el suyo, y acaso 
lo hubiera conseguido á no venir en auxilio del portu- 
gués el rey de Castilla. Elle es lo cierto que Portugal 
fué invadido por las fronteras de Gralicia y Extremadu- 
ra, y los pueblos extremeños enviaban sus milicias á 
hacer estragos en la Beira baja; pues se sabe que los ca- 
balleros y peones de (ialisteo hicieron una razia en la 
que devastaron los campos de Sortelha, y libraron sen- 
dos combates con los moradores de esta villa (1). A todo 
este anómalo estado de cosas puso fin Don Alfonso VII F 
en la primavera del año 12 L3, celebrando un tratado de 
paz con el rey de León, en el cual devolvió éste los luga- 
res que había tomado al de Portugal y recibió en cam- 
bio los que el de Castilla le tomara (2). 

En esta manera de concluir la paz se vé la iniciativa 
de Don Alfonso VIII, cuyos altos pensamientos no po- 
dían avenirse con perder el tiempo en pelear con los re- 
yes cristianos, en vez de sacar las consecuencias á que 
necesariamente se' prestaba el triunfo obtenido en las 



(j) Lucas deTuy, Chron. En la carta de donación del Concejo 
de Sortelha al monasterio deMazanaria, datada en la era de 1251, 
86 lee en los linderos; «per illum locum ubi pugnavimus cura illos 
»de Galisteo et mortuus fuit Pe:rus Salvatori.». En el Archivo na- 
cional de Lisboa, Grav. 1,*, Maco 4, núm. 22. 

(2> Lacas de Tuy, Chron,— Rodr, de Toledo, lib. VII, cap. XII, 



264 HISTORIA DEL RICINO DB BAüAJOZ 



Navas de Tolosa, qua tan fatal había sido para los almo- 
hades. Así, pues, terminada la paz, indujo á su primo el 
rey de León á salir con todas las fuerzas que pudiese 
reunir, á conquistar ciudades y castillos á los moros, á 
cuyo efecto le ofreció el auxilio de un cuerpo de tropas, 
y él por su parte se lanzó á conquistar pueblos en la sie- 
rra de la Mancha. 

Cree el cronista de la Orden de Alcántara que en esta 
ocasión, y en el año 1213, ganó Don Alfonso IX el lugar 
y castillo de Santibañez de Mascoras, que antes había 
sido de los Templarios, y también se perdió, á lo que pa- 
rece, cuando Alcántara volvió á caer en. poder de los al- 
mohades. Era Santibañez un lugar fuerte colocado en 
un alto y empinado monte, que tenía murada la pobla- 
ción y dotada de foso y barbacana la fortaleza, por lo 
que es de presumir que debió ser arduo el comienzo de 
aquella campaña, si bien el ser numerosas las tropas leo- 
nesas quizás no dejase lugar á mucha resistencia. La em- 
presa, parecía, sin embargo, necesaria para lanzarse des* 
pues á la conquista de Alcántara, pues no era posible de- 
jar atrás este padrastro que pudiera servir de entorpeci- 
miento ulterior. Quizás entonces el mismo Don Alfon- 
so IX hizo donación de Santibañez de Mascoras á la Or- 
den de San Julián del Pereiro, para que la guarneciese 
con sus caballeros (1). 

Don Alfonso VIII, cumpliendo lo ofrecido, envió al 
rey de León seiscientos ginetes al mando de Don Diego 
López de Haro y de su lugar teniente Don Lope Diaz, 
que tomaron parte en la empresa de Alcántara, junta- 



(1) El privilegio no se conoce, ni lo encontró Torrres Ta- 
pia cuando escribía su Crónica déla Orden de Alcántara, ni fi- 
gura en el BuUarium de ésta; pero en otro privileo;io hace confir- 
mación' de esta donación el mismo Don Alfonso IX; como se vorá 
máe adelante^ 



MATÍAS UAM«'»\ MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 'Jn*» 

montí* con It»? «MSalI'-'r'">< «Ip la^ OrJtni ^ y Ki^ inilli í.k- 
de I.'ís ffMir»*j.>"5, pn.'s era Aluáiuara eiit.»iu<'s nna villa 
demasiado fuerte ¡>ara emanarla por analto, y ^e ha -ían 
Ti<H*esarias m'ielia^ fii^^rza-^ para manr:^n t na si: i») s.^^n- 
ro. La.-í bu»^iia< iimrallas «pie tenía, el fiiertv» oa^íill'^ ecw 
locado en sitio t»niinent»^, la defm-ia '[U»» á la calveza del 
puente impide ¡«asar las tropas por grupos, la profundi- 
dad y el caudal d»^l majostuoso Tajo en a jU'dU j»art ^. 
eríin todos oKsrá«'ulos que s<')lo con d» o's¡»ín y snptM'ioi i- 
dad de tmpas j>odían vencerse. Los cronistas no dan de- 
talles acerca de los incid»Mitjs de t»sre sitio 1 , i>or lo 
fjne debe acoj^rs.» con reparo la relación que hace To- 
rres Tapia, rpie dice haberse inspirado en la tradiii^ín 
oral y en meiporiales antiguos quo había consnitado; 
mas, por lo que (piiera qu3 valga, voy á exponerla en 
pocas palabras. 

Conocieron los de Alcántara la intención decidida de 
Don Alfonso IX, y, para hacer frenta al sitio (pie les 
aguardaba, cortaron el último arco del magnífico puen- 
te, retiraron las barcas del pasaje del rio. pidieron á In^ 
moros de los luganos vecinos que acudiesen á escaramu- 
zar con los cristianos y se proveyeron dt». ba>timentos. 
Llegado el ejército cristiano al frente de la ciuildd, Don 
Alfonso hizo construir bar(!as para el paso del rio, y 
trasladó á la otra banda el mayor námjro de sus tropas. 
Para mejor distribuir las fuerzas, colocó un campamen- 
to en un lugar alto qa3 hay al ponionto de la ciudad, 
llamado OibeUal- furrias ("monte do las Vigasi, desdo el 



(1) cEt accopto ii Re;^e Gcidtollae ia aiixilium siii potontí^imo 
• viro Did.ico Lnpi, -^'niipsit arma contra sarracoiios, ot oh.soilit Al- 
•cántaram, et oepil «miui.» Lucas ile Tay, Oliroii. 

«Etrex Legionid iu eo introitu cepit Alcaiitaram, munitiouem 
•nobileiii, quam poátoa dedit fratriOu-j Calatravae»» Kodriüro d^ 
TolQdo, Hitjt,, lib, VIIL cap. XIII. 



^QQ HIBTORIÁ t>teL RbINO DB ÉADÁJOÍ 



cual se domina con la vista la población. Las tropas que 
habían pasado á la banda meridional del rio, las dividió 
en dos cuerpos, uno acampó al Este, junto á un arroyo, 
y otro al Sur, en un sitio llamado Azober de Mezdtuyu. 
y en nuestro idioma el Osario, Acudieron tropas de mo- 
ros vecinos á hostigar á los sitiadores, y después de al- 
gunas escaramuzas se hicieron fuertes en un cerro que 
hay en la Mira de Matamoron; pero los cristianos logra- 
ron hacer en ellos tan grande matanza, que huyeran los 
que pudieron escapar de ella y no volvieron á acudir al 
socorro de la ciudad. En ésto comenzaba á hacer vícti- 
mas el hambre, pero se sostenían los defensores con te- 
són. Don Alfonso dispuso que se asaltase por la puerta 
de la villa, con objeto de que los sitiados acudiesen á 
defender aquel punto, como en efecto sucedió; y enton- 
ces mandó á otro cuerpo de ejército asaltar la puerta del 
Jartin, donde se pudo escalar el muro sin hallar apenas 
resistencia, y penetrar á degüello y á saco en la pobla- 
ción. Los pocos defensores qu© se habían encerrado en 
el castillo se dieron á partido á los pocos dias; siendo 
la entrada el 17 de Enero de 1214. Como aquel dia lo 
dedica la Iglesia á la festividad de San Antonio Abad, 
la villa de Alcántara edificó un templo en honor de este 
santo, para perpetuar la memoria de la conquista, ó hi- 
zo voto de celebrar anualmente la fiesta con cultos so 
lemnes (1). 

Una vez tomada Alcántara, marchó Don Alfonso á si- 
tiar á Cáceres, pero en vano trató de tomarla, pues la 
encontró bien defendida y tuvo que alzar el sitio (2). 



(1) A. de Torres. Cron. de la O. de Alcántara, pá^. 144. —Dice 
que fué la toma de Alcántara, en 1213; pero los Anales toledanos 
la ponen en 1214, como se vé por la nota siguiente. 

(2) «El Rey don Alfonso de Castiella é el Rey de León ficieron 
•paa, é f loieron pleyto que fuesen cada uno en hueat sobre moroa 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNBX 2()7 



En aquel mismo año murió Don Alfonso VIIÍ de Castilla, 
á quien sucedió Don Enrique I, todavía menor do edad, 
y ésto hizo que los castellanos no pudiesen entonces con- 
tinuar sus conquistas en Andalucía. 



T*^ 



• por 8U frontera, ó dio el Rey don ^Vlfonsoal Rey de León Diago 
»ljop. é Lop. Díaz con DC caballeros bien guisados en ayuda, é 
^fue^on é prisieron Alcántara, é fueron ende á Ciincies, é non la 
•podierou prender, ó tornóse el Rey de León con su huest, era 
^MCCLII.» Anales toledanos. 



r 




CAPITULO XIX 

Ultimas conquistas de Don Alfon- 
so IX de León 




\l ESDE la batalla de las Navas de Tolosa 
pueí^V darse por acabada la dominación 
de los almorávides en España, pues ya 
son los musulmanes españoles los que 
por sí solos tienen que habérselas con 
los cristianos, siempre perdiendo terreno en la lucha. El 
sultán Arjiíasir se marchó á África lleno de despecho por 
la derrota sufrida en las Navas, y ya no volvió á pensar 
en nuevas expediciones á la península. En 1214 le suce- 
dió su hijo Abu Yacub Almostansir, que, sobre ser inep- 
to para el imperio, lo encomendó á validos tan ineptos 
como él, y además venales y corrompidos. Las circuns- 
tancias eran las más propicias para que los reyes cristia- 
nos pudieran ir ampliando sus Estados con nuevas con- 
quistas. 



270 HISTORIA DEL RBINO DB BADAJOZ 



En Ccstüla, sin ombargo. no estaban en condiciones 
de dedicarse á estas empresas. Hnbo discordias intesti- 
nas con motivo de la tutela del rey niño, Don Enrique, 
que murió en 1217, y se continuaron durante el corto 
reinado de su hermana Doña Berenguela, la esposa de 
Pon Alfonso IX de León, que también tomó parte en 
ellas, á pesar de estar anulado su matrimonio. Tuvo Do- 
fia Berenguela que renunciar la corona en su hijo Don 
Fernando, habido en las nupcias con el monarca leonés, 
y, niño todavía, por lo que no cesaron con ésto los in- 
convenientes de la minoridad. El rey de Portugal Don 
Alfonso II era el que entonces se dedicaba á la conquis- 
ta de Alcázar de la Sal, auxiliado por los cruzados que, 
de paso para Palestina, hacían escala en los puertos por- 
tugueses. Defendía la plaza Abu Abdalá Abennazir, go- 
bernador de la frontera de Algarbe, y acudieron ¿ soco- 
rrerla los walíes de Badajoz, Sevilla, Córdoba y otroH 
puntos; pero la obstinada valentía de los cristianos, y 
especialmente de los caballeros Templarios, logró derro- 
tar al ejército mahometano y tomar después la ciudad. 

El arzobispo de Toledo y notable historiador Don Ro 
drigo Ximenez do Rada, que florecía por este tiempo, 
solicitó del Papa Honorio III en el año 1217 que le con- 
cediese la jurisdicción de las muchas iglesias que en la 
frontera de su diócesis se habían erigido y se erigiesen 
en lo sucesivo, y entre ellas las que pudieran construir- 
se hasta el lindero de Chillón, Migneza, Magazela, Me- 
dellín, Trujillo, Safariz (junto al río Tietar) y en todo el 
campo de Arañuelo hacia Toledo (1). Se ve que este lin- 
dero era el que aates se había puesto ¿ la diócesis de 
Plasencia, ¿ la que habían pertenecido esos pueblos has- 



(1) Vid. Apéndice XVI. 



Matías kamón itARTi^BZ y Martínez 271 

ta 1196, on que volvió á recobrarlos el sultán almohade; 
de suerte que por mis que entonces estaban esos lugares 
eu poder de loá moros, qusdaron excluidos de la conce- 
sión hecha á la mitra de Toledo, en previsión de que se- 
rían al fin conquistados y podríi m^var contienda sobre 
ellos la de Plasencia. Ea cuanto á esta ciudad, si la ocu- 
paron ios moros en 1195, con") S3 dic3 en lo? An*l33 to- 
ledanos, debió ser sólo al paso, ó fui en53gaida recup3- 
rada por el rey d<3 Castilla; pues su obispo Dja Bricio 
figura sin int3rrupción firmando lo? docu n<ínto3 regios 
hasta 1211, y en tod>á ellos se titula Obispo Placentino. 

Los lugares que reseña la bula pontificia, son los si- 
guientes: «c/íra Chilon, et Migaeza, et Magazella, et Me- 
dellln^ et de Targellum, et Safariz iuxta ftatmn qaod di- 
citar Teytar^ cum tota campo de Arañuelo versas Tole- 
tum,^ 

Ckilon es sin duda algttna la villa de Chillón, próxima 
á Almadén, que en tiempos de los mahometanos daba 
sus ricos veneros de mercurio, como en la antigüadad y 
como hoy; pues es sabido que esta población llevó el 
nombre fenicio Sisapo, qu3 significa mina, y por ella 
pasaba un camino de Mérida á Toledo, como también el 
nombre árabe Al-maden significa la mina, 

Migneza es el mismo lugar qu3 Elrisi llama .to/f^a^Mt, 
distante dos días d3 Alvalad; pero Ebno Haucal dice 
que distaba dos di ts de Cioeros y uno de Alvalad; y el 
Istajrí asevera que se hallaba en el camino d3 Córdoba 
á Zamora, en cuya mitad e>taba T.*ujillo; con cuyas se- 
ñas, advierte Don Eduardo Saavedra, resulta que il//^- 
na(¡a estaba en el hoy llamado carro da Minga zo, á la 
derecha del Tajo, antes del puente dil Cardenal, en el 
cruce de los caminos de T^ujillo á Z vm jra y do Talave- 
ra á Plasencia. 

Magazella, al Sur de Yillanueva de la S3rena, era la 



272 HISTORIA DEL RBINO I>S BADA^OiB. 



antigua ConfosoUa puesta en la ría romana de Mérida á 
Córdoba, quo en los siglos medios transformó su nombre 
en el que hoy lleva y ya llevaba en los tiempos de los 
almorávides y almohades; y sin duda tenía entonces el 
magnífico y señero castillo que le daba importancia es- 
tratégica para aquella frontera tan recorrida por Don 
Alfonso VIH, cuando ocupó á Medellín y Trujillo. 

Safariz, según la misma bula pontificia, estaba al pié 
del río Tietar, por lo que nadie pondrá reparo á la afir- 
mación de que era la moderna villa de Jaraíz, situada 
entre dicho río y el Jaranda. De Safaríz, Jafariz 6 Ja • 
hariz salió por metátesis Jaraíz. 

El río Tetffar, también llamado así por el arzobispo 
Don Rodrigo (1). es el mismo que en el Ajbar Machmüa 
se denomina l^eide (2), donde dice que se juntaron Muza 
y Tarik para ir á pelear con los cristianos á la comarca 
de Salamanca, haciendo la aclaración de que estaba en 
el distrito de Talavera (3j. La metátesis de Tietar por 
Teitar es obra del lenguaje vulgar, y ofrece millares de 
ejemplos en Extremadura. 

Había en la comarca de la Serena un castillo llamado 
de Arando, según Edrisi, situado á orillas del Guadiana 
entre Mérida y Calatrava, de suerte que debía hallarse 
en esa frontera de Don Alfonso VÍII, en el distrito de 
Herrera del Duque; y acaso haya persistido su hombre 
en el molino de Barandón, á la margen derecha del 
Guadiana, á 7 kilómetros del desagüe de Guadarranque 
y 8 del Vado de la Mancha. 



(1) «....iuxtA rivam qni Teitar dicitur....» Hist. Arabum, libro 
III, cap. XXIV. 

(2) La nota que indica esta llamada, son dos signos arábigos 
que no estampamos por carecer de caracteres á propósito para 
ello. 

(3) Ajbar Machmüa, pág. &), 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 273 

En el mismo año 1217, Don Alfonso IX otorgó en To- 
ro privilegio á la Orden de Calatrava y su Maestre Don 
Martín Fernández, de donación del Castillo y la villa de 
Alcántara con todos sus términos, según se hallaban 
deslindados con Portugal, con Coria, con Galisteo, con 
Alconetar y con los sarracenos (1); por cu /os últimos 
colindantes se ve claro que al Sur de la villa no habían 
conquistado nada los cristianos desde el 1214. El objeto 
de esta donación era atraer á León á la Orden de Cala- 
trava, que no tenía posesión alguna en este reino; y al 
mismo tiempo, asegurar para la plaza de Alcántara una 
buena defensa, por lo mismo que era el paso más impor- 
tante del río Tajo. 

En esta frontera, entre Alcántara y Badajoz, estaba 
Alburquerque, que ya en 1171 había sido de la Orden de 
Santiago y después fué arrebatada por los moros cuan- 
do la campaña de 11 84. Debía entonces hallarse Albur- 
querque abandonada, porque la vecindad de Alcántara 
hiciera difícil á los moros su defensa, de suerte que es- 
taba en una situación excepcional en la que ni moros ni 
cristianos la ocupaban. A fines del año 1217, un caballe- 
ro portugués llamado Don Alfonso Tellez de Meneses, 
casado con una hija bastarda del rey Don Sancho I de 
Portugal, ocupó el castillo de Alburquerque, que pobló 
con sus vasallos, también portugueses, y reparó las mu- 
rallas y fuertes como buenamente pudo, para resistir las 
embestidas de los moros de Badajoz (2). La vecindad de 
esta ciudad era muy peligrosa para Tellez, que, si bien 
podía ser socorrido por Alcántara y Portugal, nb se li- 
braba de tener que luchar continuamente con los moros. 



(1) Vid. Apéndice XVII. 

(2) Vid. Apéndice XX.— Dice la bala, dotada en 1225, que ha- 
cia ya siete añoa que Alíonao Tellez ocupaba la villa, de suerte 
qucí debió entrarla k finea del 1217 ó comieaaoa del siguiente. 



274 HISTORIA bBL REtNO DB BADAJOÍÍ 

Sin duda la posesión de Alcántara por los caballeros 
de Calatrava ofrecía serias dificultades al reino de León; 
pues teniendo esta Orden sus rentas en el de Castilla, no 
podía Don Fernando III mirar con buenos ojos que las 
empleasen en la defensa de Alcántara, debiendo desti- 
narlas á fortificar las plazas que los mismos caballeros 
tenían en su reino. Don Alfonso IX pesó bien el pro y 
el contra de este asunto, pues para que los de Calatrava 
pudieran defender la frontera leonesa contra los moros, 
y dedicarse, sobre todo á la tenencia y defensa do Al- 
cántara, les hizo donación en Enero de Í218 de un- cille- 
ro en Alba de Tormos, una heredad en Moreruela de los 
Infanzones y varias que el rey poseía en Gama (1). Los 
de Calatrava no pudieron quizás dar buena satisfacción 
á los deseos de ambos reyes, y por esta causa entraron 
en inteligencia con la Orden de San Julián del Pereiro, 
para cederle la plaza. Estando el rey en Ciudad-Rodri- 
go, el 16 de Julio del año antedicho, se celebró la con- 
cordia por la que el Maestre de Calatrava Don Martín 
Fernández cedió al Maestre de San Julián del Pereiro, 
Don Ñuño Fernández, y á su Orden, la villa de Alcán- 
tara y todas las posesiones, rentas y privilegios que tu- 
viese la de Calatrava en el reino de León, con la cláusu- 
la de que los de San Julián del Pereiro quedan obliga- 



(1) «Celarium meum de Alva de Tormes cum suis directuris et 
^pertinentii8, quantum ego ibi habeo, et haereditates totas quas* 
»nabeo vel haber e debeo in Xeiua et in suo termino et haeredi- 
>tatem quam habeo in Morerola de Infanzones; haec inquam do 
»eÍ8 ac •concedo ad defensionem frontariae regni mei adversus 
»Mauros, et specialiter ac praecipué ad tenentiam et ad defensio- 
>nem Alcantarae. Ita quod de proventibus harum haereditatum, 
>8eu aliarum haereditatum vel possesionum, quas in Regno Le- 
>gionis acquisieriut, non liceat eia aliquid transferre ad aliud 
»Regnum, nisi ut superiüs dictum est, ad defensionem Alean ta- 
>rae, vel alterius loci in Regno Legionis, qui eis k me seu á meis 
»sncces8oribas ad commorandum fuit deputatua^» BuUarium 0« 
m« d« Alc&ntMa, pág« 77, 



MATÍAS RAMÓN MARTInBZ T MARTÍMBZ 275 



dos á recibir la visita del Maestre de Calatrava, según 
la Orden de Cister, pero no á recibir por Prior á ningún 
monje, á no ser por su voluntad (1). 

Con este motivo, que alejó del reino de León á la Or- 
den de Calatrava, consideró necesario Don Alfonso TX 
engrandecer á la Orden de San Julián, que desde enton- 
ces se llamó de Alcántara, y al efecto la fué enriquecien- 
do con donaciones que la estimulasen á poblar la fronte- 
ra. Estando en Ciudad Rodrigo, en Julio de 1219, le do- 
nó la villa de Navas Frias, sita en el término de Sabu- 
gal, ^ñalándola como término un radio do una legua 
por cada parte (2). En Villafafila puso fin el 27 de' Sep- 
tiembre del 1220 á la contienda que había entre la Or- 
den del Temple y la de Alcántara, acerca de la posesión 
de los lugares de Santibañez de Mascoras y el de Porte- 
zuelo, que antes habían sido de los Templarios, y que, 
recobrados después del poder de los moros, habían sido 
dados á los de Alcántara; y así, para evitar discordias, 
el rey concedió á los Templarios la villa de Alba de Aus- 
te, y éstos, por órgano de su Maestro Pedro Albitez, 
renunciaron cualesquier derecho que pudieran tener so- 
bre Santibañez de Jlascoras y Portezuelo, y confirmaron 
la permuta de Milana por San Podro de Tarce, que ha- 
bían celebrado años antes con el Rey (3). En Toro, el 2 
de Octubre del mismo año, concedió á la Orden de Al- 
cántara el portazgo de varios lugares de Galicia, para 
que con sus rentas pudiese costear las reparaciones ne- 
cesarias en el castllo do Alcántara (4). Entonces debió 



(1) Vid. Apéndice XVIIT. 

(2) «.... concedo I)eo et volús... illuní locum qu¡ dicitur Navas 
>Frias, in termino Sabuíí;ali, ita qiuxl habeat ad omnem partera 
^in circuitu leuguaní unani.^ TUillaríum O. m. de Alcántara, pá- 
gina 22. 

(3) Vid. ApéndídeXlX. 

(4) B^illariura O, m. de Alcántara, pág. 26. 



276 niBTORTA DKL RBIMO D8 BADAJOS 



ser también cuando donó la Orden el castillo de Milana, 
y le otorgó latísimo privilegio por el que le anticipaba 
la donación de todos los castillos y lugares que ganasen 
á los moros en la frontera de la Extremadura leone- 
sa U)- 

Así fué prosperando la Orden de Alcántara , y se puso 
en condiciones de acometer á los moros fronterizos. En 
la primavera do aquel año ocupó esta Orden á Valencia 
de Alcántara, y aunque el cronista Torres diga que la 
ganó por fuerza, es de presumir que estuviera despo- 
blada, ó por lo menos sin defensa, como estaba Albur- 
querque cuando la pobló Alfonso Tellez, y como se halla- 
ban sieqjpre los lugares pe(]ii^ños enclavados en la fron- 
tera. Un ejemplo curioso de ello nos ofrecen los Anales to- 
ledanos con su habitual brevedad, al referir un episodio 
acaecido en el mes de Agosto de aquel año, que por curio- 
so copio á la letra: «Vino Sancho Ferrandez, Filio del Rey 
»D. Fernando (2), filio del Emperador, á Toledo, é dixo 
»que iba al Rey de Marruecos quel avie dar grandes ave- 
»res, é creyéronle muchos cristianos é muchos judies, más 
»de XL mili; é puso con ellos que fuesen con él á Sevi- 
»lla, é que los pagarían y (3), é fueron con él por ir á Se- 
»villa, más él descaminó é f ué á Cañamero, un castiello 
»ermo, é poblólo, é fizo mucho mal ende á moros é á 
»chrÍ8tianos, é fué un dia martes á muont (4), é vino un 
»oso ó mató á Sancho Ferrandez; é á tercer dia jo ves 
»vino el rey de Balladozo (5) con grand poder de moros, 
»é prisó Cañamero, é descabezólos todos. Esto fué XXV 



(1) No figuran estos privilegios en el Bnllariuvi de la Orden, 
y sólo se sabe de ellos por referencias que se hacen en otros pos- 
teriores de confirmación de los mismos. 

(2) Don Fernando II de León. 
(8) «y> equivalo .4 allí. 

(4) «monte» 

(5) «Badalloa;» 



r 



MA Tías ramón üARTtina r MAKrimoB 277 

»dias de Agosto, era MCCLVIII.» El cuadro no puede 
86T más vivo. Sancho Fernández, sin duda, malquisto con 
su hermano el Rey de León, se marchó á Toledo, donde 
su espíritu inquieto no cesa de buscar gente para lanzar- 
se á una aventura análoga á la de Alfonso Tellez en Al- 
burquerque, y después de engañar á muohosj so color 
de que irán á Sevilla, donde el rey de Marruecos les pa- 
garía buenas soldadas, se va con ellos á poblar un 
lugar extremeño, situado en aquella frontera estra- 
gada y desierta que no se atreven á ocupar moros ni 
cristianos, sino á cuenta de rudos combates para mante- 
nerse en el campo. Tan despoblado se hallaba Cañame- 
ro, que las fieras campaban allí como únicos moradores; 
y sin duda el monte á donde fué de caza el atrevido San- 
cho Fernández, y en donde un oso le quitó la vida, era 
la vecina sierra de Gruadalupe, que por lo visto se halla- 
ba cubierta entonces de espesas selvas. 

En el año 1222, hallándose ya Don Alfonso IX en paz 
con el rey de Portugal, con quien antes guerreaba, se 
decidió á hacer una ca-npaña á la frontera y poner sitio 
á Cáceres, en cuya 1 1 ja se hallaba empeñado á fines de 
Junio (1). Allí se encontraban los freires do las Ordenes 
militares y otras muchas gentes, no sólo de milicias con- 
cejiles. si:io tambim de las que armaban los obispos (2); 
y era decidido el propósito que tenían de tomar la plaza 



(1) Consta por la data de un privilegio: «Facta carta apud Cá- 
ceres, sab era MCCLX ec VIIII kalendas Julii.» BuUarinm O. m. 
S. lacobi, página 74. 

(2) En un documento de la Iglesia de Astorga, de fines de No- 
viembre de 1225, dice el Rey: « recognosco quod non ex debito 

»aliquo quod mihi vel Regno meo Episcopus vel Ecclesia Astori- 
»censi8 tenerentur, duxit Dñs Petrus quartus, ejusdem Ecclesiae 
»£pi»copus, milites in exeroitum de Cázeres, et in alium quem 
• postea contra Sarracenos feci, sed tantum ex mora gratia, et lí- 
» oertate propria et noccatorum suorum remissioue.» Torres Tapia, 
Cron. de la O. de Alcántara. 



278 HISTORIA DBL RKINO DB BADAJOS 



por asalto, pues batieron las murallas con las máquinas 
debeladoras, y consiguieron derriba»" algunas torres y 
murallas, de suerte que esíaban á punto de obtener un 
buen éxito. Pero en aquella sazón recibió Don Alfonso 
un emisario del rey de Marruecos, que le ofrecía una su- 
ma considerable de dinero si levantaba el sitio de Cáce- 
res y se marchaba á su reino; y aceptando el incauto 
rey de León la oferta, se retiró con los prisioneros y e] 
botín que había hecho, y se encontró luego burlado, pues 
el sultán almohade no se cuidó de pagarle la suma ofre- 
cida (1). Esta confianza imprevisora dio por resultado 
que los moros fortificasen á Cáceres y se hiciese mas di- 
fícil tornarla después. 

En 122:] murió Don Alfonso II de Portugal, y le suce- 
dió su hijo Don Sancho TI. Los almohades se hallaban 
entonces envueltos en graves discordias civiles;, pues 
muerto sin sucesión el sultán Almostansir, y habiendo 
sido proclamado Abdulwahid, hermano de Almanzor el 
que ^anó la batalla de Alarcos, le salió un rival en su 
sobrino Abu Mohamed, hijo de Almanzor y gobernador 
de Murcia, que se consideraba con mayor derecho al 
trono; y contando con el aj)oyo de otros walíes cu Espa- 
ña y África, se alzó en armas y consiguió que destrona- 
sen á su tio y le aclamasen á él. Entonces se declaró in- 
dependiente Abu Mohamed, hijo de Alí Abdalú, gober- 
nador de Baeza, que buscó el apoyo de Don Fernando III 



(1) «El rey de León fizo cruzada por tierra do moros, é fué 
»cercar Candes é fueron. y todos losfreyres de España, é grandes 
>gientes de España, ó lidiáronla con almajanequis é de libra, é de- 
«rribaron tórrese acitaras, é estaban en horádela prender; má-s 
»adiibos, el rey de Marruecos con el rey de León, por grand aver 
»que le prometió, que descercase la villa, ó non entrase en tierra 
*de moros, é fizólo ansi,é oativ-aron mnrhos cristianos, é murieron 
•muchos sin cuenta: más después el Rey Moro falleció de los mrs 
♦qe prometió. Era MCCLX.» Analco toledanos, 



r 



^AtÍAS RAMÓN MARTÍNE2 t MARTÍNE2 279 

de Castilla, pero éste fué el que sacó el fruto de la re- 
vuelta, puéy invadió á Andalucía y conquistó á Jaén 
Ubeda y Baeza. 

Entre tanto Don Alfonso IX seguía ocupado en la 
frontera do su reino. Sin duda en 1225 debía llamarle 
con ahinco Alfonso Tellez, el poblador de Alburquer- 
<jue, que durante siete años había guerreado desde su 
castillo cpntra los moros, y muchas veces había estado 
expuesto á perecer, porque le poüian apretado sitio que 
le obligaba á defenderse desesperadamente, falto de pan 
y solo con carne y agua; así es que tuvo que acudir á la 
mediación del Papa, para que éste recomendase á los 
Caballeros de Santiago, á quienes en vano Tellez había 
pedido auxilio varias veces, para qzo acudiesen apres- 
társelo siempre que los moros atacasen á Alburquerque 
(1). Es de presumir que cuando Alfonso Tellez acudió al 
Papa en demanda de auxilio, no dejaría de haberlo soli- 
citado más de una vez del rey de León, que acaso acudi- 
ría en aquel año, pues hizo una expedición por la co- 
marca de Cáceres, talando los campos y regresando con 
rico botín (2j. 

En la primavera de 1226 hizo otra expedición á la co- 
marca de Badajoz, mientras el rey de Portugal se diri- 
gía contra Elvas, siendo muy posible que esta acción si- 
multánea de los monarcas no fuese casual, sino nacida 
de convenio entre ambos. Don Alfonso ÍX atravesó el 
Tajo, sin duda por Alcántara, penetró en la comarca de 
Badajoz y llevó todo á sangre y fuego, no perdonando 
m.edio.de dejar quebrantados á los moradores de campos 
y arboledas. Don Sancho II de Portugal no se contentó 
con hacer razias pn los campos de Elvas, sino que aco- 



(1) Vid. Apéndice XX. 

(2) LuQMdQTay^Crlión. 



280 HISTORIA DEL REINO DR BADAJOZ 

metió el sitio de la hermosa plaza y hasta llegó, con más 
valentía que prudencia, á colocarse al pió de las mura- 
llas, donde sin duda alguna hubiese perecido si Alfonso 
Méndez Sarracines no se hubiera metido en la cava para 
salvarle (1). 

De vuelta de la expedición antedicha, se hallaba Don 
Alfonso IX en Octubre en la villa de Sabugal, que en- 
tonces era de León y hoy es de Portugal, y que había si- 
do poblada poco antes por el mismo rey leonés. Allí dio 
á la villa de Navas Frias privilegio por el cual se deslin- 
da su término del de Sabugal^ por el riachuelo de Code- 
sal, hasta su desagüe en el rio Algada (2). Allí dio tam- 
bién carta de deslinde á las villas de Milana y Moraleja , 
ambas unidas, disponiendo que se limiten con Coria por 
el rio Arrago, comenzando donde desagua en el rio Ga- 
ta, siguiendo luego por la calzada de Almazaid, tal co- 
mo va á Gata, y asimismo que partan lindes con Tre^ 
bejo por la sierra del Oelteruelo, y por el monte de las 
Tinajas] y que se deslinden con Peñas Rubias por el 
monte de Majadas, por Cartel Bernardo, por la Pefía de 
Sequeros y por Gata (3). 

En el mes de Enero del 1227 se hallaba en Ciudad Ro- 
drigo, donde á petición de Don Frey Arias Pérez, Maes- 
tre de Alcántara, dio privilegio de deslinde de términos 
de la villa de Santibañez de Mascoras, por los puntos si- 
guientes: desde la Mezquitilla, encima del puerto de Al- 
mazayd, según se va á Coria, hasta el riachuelo de Arra- 
go; desde aquí á Encinar Vellido; luego á las Zahúrdas 



(1) « pro multo bono servitio quod mihi feciatis, et maxtmé 

»in Elvas, ubi intrasti in cavas exponendo corpus tuum mor ti 
»prome.> Donación á Alfonso Méndez Sarracines, «data apud 
Elvas» Julio de 12*26. Documento del Cartoriade Aronca, citado 
por firandao, Monarchía lusitana, lib. XIV, cap. VII. 

(2) Bailar ium O. m. de Alcántara, pág, 25, 

(3) Vid, Apéndice XXI, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 281 



del Mazar ron] luego al Toconal, aguas vertientes á Be- 
llotada y á la Parra; después al Guijo (de Coria), según 
vierten las aguas hác'a las Broceras, á la Higuera y al 
Pozuelo con sus términos; á la Peña de Pelay Sorrenda; 
después á la Sierra de Santa Cruz^ al Otero Demonio, á 
Val'de-Cona, al Espinazo del Can, según vierten las 
aguas á Santibañez, entre Puñonrostro y Buen Consejo; 
después á Robledillo y á lo alto de la sierra, según vier- 
ten las agaas hacia Santibañez; y por lo alto de la Sie- 
rra de Pedroüin hasta la Mezquitilla (1). 

Hallándose el Roy en el raes de Noviembre en Coria, 
dio á los mismos Caballeros de Alcántara la villa de Sal- 
valeón, lindera do las de Sabugal y Navas Frías, otor- 
gando á los que fuesen á poblar la villa el fuero de Co- 
ria (2j. Presumo yo que el estar en esta ciudad en No- 
viembre obedecía á que habría repetido aijuel año sus 
correrías anuales á la frontera, y se hallaba ya de regre- 
so; como creo también que en una de estas correrías de- 
bió librar alguna batalla cerca de Arroyo del Puerco, 
sin más fundamento que la tradición oral (3j. 



(1) Vid. Apéndice XXII. 

(2) Bullarium O. m. de Alcántara, pág. 85. 

(«SJ Aunque las leyendas populares suelen ser en su mayor par- 
te fabulosas, contienen en muchos casos algún fondo de veraad, 
y no deben despreciarse en absoluto, por lo mucho que contribu- 
yen á dar á conocer noticias locales. A media legua de Arroyo del 
Fuerce hay un santuario llamado de Nuestra Señora de la Luz, 
situado en" el valle de los Moros, por el cual va el arroyo nomina- 
do de la Matanza; y cuentan que al pié de la ermita había una vie- 
jísima encina que se conocía con el nombre de la Bandera, Con 
estos datos se comprende ya la leyenda que corre en el país. En 
aquel punto, dice el pueblo, se trabó entre moros y cristianos una 
sangrienta batalla, que no llevaba trazas de concluirse cuando 
sobrevino la noche; pero entonces se apareció sobre la encina la 
imagen de la Virgen, que estuvo, con una luz en la mano, alum- 
brando hasta que los cristianos consiguieron la victoria, hacien- 
do en los moros una terrible matanza. £n qué tiempo ocurriera 
eata batalla, nadie puede asegurarlo, porque en muchas ocaaio- 



282 HISTORIA DEL ttElNO DK BADAJ0Í5. 



Por este tiempo era obispo de Plasencia Don Domin- 
go, natural de Béjar, que había sido electo para la mi- 
tra en 1214, en cuyo año fué testigo en el testamento de 
Don Alfonso VIII, y en el de 1216 obtuvo bula del Papa 
Honorio III, por la que éste le confirma la jurisdicción 
sobre todas las iglesias do Béjar y su término (1). En 
1220, el mismo Pontífice dio otra bula á la Iglesia Pla- 
centina, en la que confirmó la otorgada por Clemente III 
cuando fundó el obispado. El obispo Don Domingo y las 
milicias de Plasencia servían en las tropas de Don Fer- 
nando III cuando hizo las conquistas en la comarca de 
Jaén, y debieron sor las que intervinieron más adelante 
en la conquista de la comarca de la Serena. 

En la Iglesia de Coria, Don Amoldo, que había co- 
menzado en 1176, duró hasta el 15 de Octubre de 1214, 
en que murió (2); y su sepulcro fué puesto en la Cate- 
dral de Santa María, junto á la pila del agua bendita. Lo 
sucedió Don Gerardo, que murió en Abril del 1226, se- 
gún el epitafio de su sepulcro en el monasterio de Saha- 
gún, donde fué enterrado por sor monje de la Orden de 
San Bonito (3). Fué su sucesor Don Pedro, cuyo pontifi- 
cado duró desde el 8 de Enero de 1227 hasta el 30 de 



1168 pasaron por allí moro.s y cristianos, en son de guerra; pero 
todo inclina á pensar que pudo ser en tiempos de Don Alfonso 
IXf paés cuando erigieron allí la ermita, estaba fresca en la me- 
moria popular la razón de con sagitaria bajo el título de la Virgen 
de la Luz. 

(1) Vid. Apéndice XXIII. 

(2) En un libro titulado MaHircúogio, que estaba en el conven- 
to fie la Vid, leyó Gil González (Teatro eclesiástico, tomo II, pá- 
gina 44')) lo siguiente: 

tidibus Octobris obiit vir beatae memoriae don Frater Arnol 
»duSy profesus praemostratensis, canonicus hujus Ecclesiae et 
»Episcopus Caurienais, qui sanctisimé rexit Ecclesiam illam per 
»aliquot annoj.» 

(3) «Hic requiescit Giraldus, Episcopus Cauriensis et Mona- 
»chu8 hujus S. Facundi, qui obiit aera 12(>4, XIII kalendas ^aii. 
»£Jua anima requieacat m pace. Amen.» Gil Gt>DX&les, lug, eit« 



WATt AB ftAlt6K MARThmS T MARTINES 383 



Marzo de 1230, en cuyo tiempo le vemos figurar en las 
conquistas líltimas llevadas á cabo por Don Alfonso IX. 

En cuanto á las Ordenes Militares, en la de Alcántara 
fué Maestre Don García Sánchez desde 1219 á 1227, en 
que le sucedió Don Arias Pérez; en la de Santiago lo era 
Don Pedro González Mengo, y en la del Temple, Don 
Esteban de Belmente, todos los cuales acudieron con sus 
freires á las conquistas que voy á referir después. 

Las discordias civiles seguian manteniendo la anar- 
quía entre musulmanes; pues Abdala, que se había he- 
cho proclamar emperador al ser asesinado su hermano, 
se encontró al llegar á Marruecos con que habían procla- 
mado á lahya, hijo de Almanzor, lo cual renovó la gue 
rra civil entre los almohades. Entre tanto, un descen- 
diente de los Aben Kud de Zaragoza se declaró indepen- 
diente en Andalucía en 1228, y consiguió que le fuesen 
aclamando en Murcia, Dénia, Játiva, Granada, Almería, 
Málaga y Córdoba; de suerte que, al comenzar el año si- 
guiente, podía considerarse terminada la dominación al- 
mohade en España, paés apenas algunas ciudades anda- 
luzas seguian prestando obediencia á los reyes de Ma- 
rruecos. 

Don Alfonso IX, que ya era viejo, parecía dispuesto 
á redimir sus antiguas faltas, conquistando toda la parto 
extremeña que se extiende al sur del Guadiana, y á buen 
seguro lo hubiese logrado á no atajarle la muerte cuan- 
do le quedaba poco por hacer. Tenía en su corte dos va- 
lerosos caballeros portugueses, que no encontraban sa- 
tisfacción en otra cosa que en las altas empresas milita- 
res; el infante Don Pedro Sánchez, hijo del roy portu- 
gués Don Sancho I, que ejercía el cargo de mayordomo 
á^l rey de León, y el bastardo Martin Sánchez, alférez 
mayor de las tropas leonesas en Galicia. Esto.s dos sujo- 
tos gozaban de mucho prestigio militar en León, y des- 



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plegaban toda su inñuencia para conseguir que se mo- 
viesen las tropas hacia las fronteras de los moros, apro- 
vechando la oportuna simultaneidad con que se movían 
las de Portugal y Castilla. Así, pues, Don Sancho II se 
disponía á sitiar á Elvas y Don Fernando III penetraba 
por los campos de Andalucía y enviaba á su padre Don 
Alfonso IX algunas tropas auxiliares. 

En la primavera del año 1229 se juntó el ejército leo- 
nés ante los muros de Cáceres, que, aunque era plaza for- 
tificada, al decir de Lucas de Tuy, no debía tener guar- 
nición bastante para una larga defensa, pues se rindió 
el 23 de Abril, fiesta de San Jorje (1). En el mes de Ma- 
yo estaba el rey en Galisfceo, donde procuró aqu etar á 
los caballeros de Santiago, que se creian con derecho á 
poseer la villa de Cáceres por haberla tenido ya antes, 
con motivo de habérsela donado Don Fernando II; pero 
como deseaba el Eey que la villa fuese de realengo, le 
señaló término y otorgó fuero de población, y, para sa- 
tisfacer á la Orden de Santiago, le donó las villas de Cas- 
trotoraf y Villafafila y una suma de 2.000 maravedís, 
prometiéndole además que, si algún día lograba conquis- 
tar á Trujilio, Santa Cruz, Montanchez ó Medellín, daría 
alguna á la Orden mencionada (2). El IC del mismo Ma- 



(1) Consta por el encabezamiento del fuero de Cáceres: cln no- 
>mine Domini nostri lesu Christi Amen. Sub era MCCLXVII, 
ámense Aprili, in feato S. leorgii, Dominus noster Jesús, quinun- 
»quam spernit orationes populi christiani^per manus illustrisBÍmi 
»necnon gloriosissimi !Hegis Alfonsi; Legionis et Galliciae, dedit 
>Caceres christianis, ab illa vero expuUa Paganorum gente, et 
>reintegráta Christianorum societati. Meinoratus Rex dedit iu 
• concambio Fratribiis de Spatar qni demandabant Caceras, pro 
»sua haereditate, Villanfafilam, Castrotornfe, et dúos mille ma- 
»ríipetinos pro ista villa Caccres, populatoribiis tranqueatam, et- 
»cétera.». 

(2) «ítem obli^^o me et successorea meos, qnod si Deus aliqu« 
»témpore nobi.s dederit castrum de Turgiello, velde* SanctaCraz, 
?aut de ^lontancliez, aiit de M^delin, qi\od demi\8 ipftum vobifi 9t 



MATÍAS RAMÓN MABTÉNBS Y MAKTÍNBS 285 

yo, estando en Coria, otorgó á los mismos caballeros fa- 
cultad para adquirir toda clase de bienes procedentes de 
clérigos, nobles y fijosdalgo (1). 

En tanto que el Roy se ocupaba en estos asuntos, el 
ejército había pasado de Cáoeres á Mórida, ocupando al 
paso, y sin resistencia, á Montánchez, con sus lugares co- 
marcanos de Almoharín, Alcuescar, Carmonita y Alju- 
cén (2). El jefe dol ejército era el ya citado Don Pedro 
Sánchez, que tanto empeñe habia tenido en que se hicie- 
se esta linda campaña (3); y el entusiasmo del buen éxi- 
to con que en poco más de un mes fueron ganados Cáce- 
res, Montsinchez y Mérida, hace decir á algún cronista 
que en aquella empresa apareció visiblemente Santiago 
con multitud de soldados blancos derrotando á los sarra- 
cenos, frase que bien puede aplicarse como elogio á la 
Orden de Santiago, por el denuedo con que peleaba en 
nombre del cielo contra la morisma (4). Ello es que Mé-. 



»Ordini vestro iure haereditario.» En la data dice: «Facfca carta 
>apud Galisteum mense Maii, era MCCLXVII.» Bullar, O. m. S. 
lacobi, pág. 149. 

(1) «Facta carta apud Caiiriam XVI die Maii, era MCCLXVII.» 
Ibid. pág. 157. 

(2) Los anales toledanos fijan la toma de Mórida y Montán- 
chez en la era MCCLXVIII, pero yo creo que aquí los copiantes 
del original pusieron una I de más; pues ya veremos que el 3(.)de 
Mayo de la era l2Vu hacía el Rey donación de Mérida á la Iglesia 
de S.inti.\g;o, por lo que debía estar ganada en esa fecha. 

(B) «Era MCCXXV^JII dedit Dominus villam quae vocatnr Me- 
>rida domno Alfonso regi Leo;¡onen8Í per manum infantis dorani 
»Petri filii regís domni Santii primi Portugalis et reginae dorianae 
♦Dulciae. Ipso die fuit Elvos et Sunneiia de Christianis, et ad 
• fe-jtum Sancti Spíritns redditii fuit B ulaloz rex Alfonsus Legio- 
>nensis.» Chron. Con imbrícense. —El error de poner 1228 por 12B8 
muestra la facilidad con que fie turbaban las cifras por los copis- 
tas; y al señalar este cronicón la misma era que los Anales tole- 
danos, que son más antiguos, revela que siguió á éstos. 

(4) «In ipso bello visibiliter aparuit beatus lacobus cum mul- 
stitudine militum albarorum, qui sarracenos in manu valida pos- 
tternabant. Beatus otiam confesor Isidorus quibusdam aparuit 
?%iQorae anter^uam Emérita caperetur, et bellum fieret, et dixit 



ntSTOKtA VKL RBIHO BB BADA JOl 



rida cayó también en Mayo, y la prontitud de estas con- 
quistas revela que ias placas tañían poca defensa y se 
rendían al primer amago de un ejército tan numeroso, 
relativamente, y tan decidido. 

El dia 30 de Mayo se hallaba Don Alfonso IX en el 
CB,stillo de Átala f/a ^ que debe ser la Atalaya de Coria, 
pues que el 16 del mismo mes se hallaba en esta ciudad, 
según queda dicho. Allí, y en la fecha indicada, otirgci 
privilegio de donación de la villa de Mórida á favor de 
]a Iglesia metropolitana de Santiago de Compostela; en 
lo cual no hizo otra cosa que seguir la tradición de sus 
mayores, que desde que en 1122, por la bula de Calix- 
to II, se dispuso que la sede Compostelana tuviese la 
jurisdicción emeritense, consideraron áMérida como co- 
sa perteneciente á dicho arzobispado; y por eso Don Al- 
fonso IX le concede la posesión de la ciudad extremeña, 
apenas cae ésta en manos de sus tropas. La Orden de 
Santiago, por su sumisión al arzobispado de Composte - 
la, obtuvo después la mitad de Mérida, y más tarde la 
otra mitad; pero estos hechos son muy posteriores á los 
que ahora nos ocupan. 

Lo que hay de más notable en el privilegio antedicho, 
es el deslinde del término que Don Alfonso IX señaló á 
Mérida, que dá á conocer mucha parte de la topografía 
de la comarca. Le señala el rio Bárdalo como lindero con 
MedelUn, y más al norte una angostura donde hay un 
berrocal y tiene su origen el rio Fresneda, Por el lado 
de Montanchez se marcan como puntos terminales el la- 
do norte de Val-de-la-yegua, en Aljucen^ el valle IRnojo- 
so y el puerto de Carmonita, Después la deslinda con 



»eÍ8 se auxilium Aldephonai regia ciim sanctomm exercitu prope- 
*rare, et qnod sihi dictam tradcret civitatem.» Lucas de Tuj, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ X MARTÍNEZ 28? 

Cáceres por la sierra de SU nombre, donde marca dicho 
puerto de Carmonita, el de la Mezquita y el de la Cale- 
ra^ el cabezo del Parar y la sierra de Nañoblanco, Sigue 

¡ luego el lindero con Badajoz por el puerto de Loriaría^ 

el Aguijuela y el Casar Bermejo, hasta la desembocadu- 

' ra del Triu (rio de Antriu) en el Guadiana. Por la parte 

sur de este rio se extiende considerablemente el lindero; 
pues sube por el cauce del Triu^ vá á la Atalaya del Pe* 
lado (que estaba en el cabezo de la Atalaya, entre la 
Morera y la Parra), á la aldea entonces de Feria] á la 
de Zafra, a la Atalaya del Naharro (que era la moderna 
aldea de la Atalaya, regada por el Najarillo), al rio de 
Larja (hoy ribera de Laja, en el término de Medina de 
las Torres), al cabezo de May mona (hoy sierra do los 
Santos de Maymona); y vuelve de allí con dirección al 
norte, partiendo lindes con Alanje (1). 

Por el mismo tiempo que las tropas leonesas tomaban 
á Mórida, las portuguesas se hacian dueñas de Elvas, 
Jurumenia y Serpa (2). Es de presumir que una vez ga- 
nada Mérida, trataría el ejército leonés de seguir avan- 
zando en sus conquistas; pero se supo que Aben Hud ha- 
bía sido avisado por los de Mérida, antes de que ésta 
fuese tomada, y comprendiendo la necesidad de salirle 
al encuentro, para evitar que recuperase la villa, se dis- 
pusieron á esperar. Aben Hud, por más que había pro- 
curado acudir al llamamiento de los moros extremeños, 
tardó en reunir tropas, por cuya causa, cuando llego a 
la vega del Guadiana, no sólo estaba Mérida en poder de 



(1) Vid. Apéndice XXIV. 

(2) Vid. nota anterior, del Chronicón de Coimbrta. I^ confirma 
Don Rodrigo de Toledo (lib. Vil, cap. VI): cHuius temporibus 
*HelvÍ8, Jurmenia, Serpia et malta alia castra maiiroruin victo- 
»riia aocesserunt,» 



288 HISTORIA DEL R£1N0 DE BADAJOZ 



los cristianos (1), sino que acaso había transcurrido ya 
el verano del año 1229, y aun quizás había comenzado 
el siguiente (2). Sin duda debió venir por la línea de 
Córdoba, pasando por Puente Obejuna y Zalamea, y 
acaso acampó en las cercanías de esta villa ó de la do 
Hornachos, pues por allí estaba un sitio que se llama en 
algunos privilegios las Posadas de Abenfud (3), y yo 
creo que el nombre alude al hecho de haber acampado 
allí este caudillo moro. Encontróse Aben Hud con el 
ejército cristiano cerca de Alanje (lo cual me confirma 
en la sospecha de que venía por el camino de Córdoba), 
y se libró una sangrienta batalla en la que el mahome • 
taño quedó enteramente derrotado, con pérdida del ma- 
yor número de sus tropas; por lo cual tomó á buen par- 
tido marcharse de nuevo á Andalucía, no sólo por serle 
imposible seguir luchando con un ejército muy superior 
al suyo, sino también porque en Valencia le disputaban 
el maiido algunos rebeldes, y además avanzaban las 
tropas do Castilla por el reino de Córdoba. 

El dia 30 de Marzo del ano 1230 se hallaba Don Al- 
fonso en la Z^rza junto á Mérida, según dice un privi" 
legio (1) por el cual hace donación á la Orden de Alean, 
tara, de unas casas de Mérida que fueron del moro Ab- 
dalem Abentobrita; y unas aceñas que están más abajo 
del puente, hacia la contigua puerta de la villa, y que 
pertenecieron á Pada^ani de Badajoz; y asimismo de un 



(1) El Cartas, Almakary y Abenjaldaiu, dan á entender que 
los cristianos derrotaron á Abenkul antes de tomar á Mérida; pe- 
ro Lucas de Tuy, que era contemporáneo de e-ítos hechos, dice 
que la batalla fué después. Lo mismo se desprende del documen- 
to que pongo en el Apéndice XXV. 

(2) Por el Apéndice XXV se vé que el 30 de Marzo de 1230 ya 
se habia dado la batalla, y estaba el Rey en la Zarza, junto á 
Mérida. 

(3) En el capitulo siguiente hablo de esoa privilegios, 

(4) Vid. Apendiee XXV, 



r 



MAtÍAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MAUtlNEZ 2.SÍ) 

i huerto do Alí Coxo qiio ostá en la isla, por oncima dA 

I puente, y unas viñas que hay en el valle llamado Han- 

I daca Abenazmon. Dícese en el documento que esta dona- 

! ■ ción responde á los buenos servicios que la Orden había 

I prestado al Rey en muchas ocasiones, y especialmente 

I en la toma de Merida y en la batalla campal que tuvo con 

Aben Htid más allá de las aguas de Guadiana, cerca de 
la ciudad susodicha; por cuyas palabras se deja enten- 
I der que la batalla de Alan je había sido posterior á la to- 

I ma de Mérida. En la data del privilegio so dice que fué 

I hecho el documento en la Zarza junto ú Mérida^ en cu- 

j yas señas se ha creído que alude á la Zarza de junto á 

I Alanje; pero fue en la Zarza de Montánchez, pues de 

I haber sido en la otra, no diría que la batalla librada con 

Aben Hud, había tenido lugar más allá de las aguas del 
Guadiana (ultra aquam DianaeJ. De todas suertes, se vé 
por los documentos de la Cámara regia que Don Alfon- 
so, desde que empezó la campaña en 1229, andaba cerca 
del ejército, acaso al frente de tropas de reserva. 

Badajoz se hallaba ya en situación muy apurada; 
pues si la toma de Mérida y Cáceres poclía estrecharla 
por el Este, empeoró más cuando los portugueses toma- 
¡ ron á Elvas y Jurumenha por el Oeste; pues enseguida los 

caballeros Templarios, tanto de León como de Portugal, 
comenzaron á recorrer por el Sur los cara])03 de Xerez. 
No le quedaba á Badajoz medios de establecer avanza- 
das de defensa, y seguramente que hasta los moradores 
de las pequeñas aldeas de Sagrajas, Botoa, Montemayor, 
Telena, Berceal y otras muchas que había en su térmi- 
no, se hallarían concentrados en la ciudad, porque no 
era posible que tuviesen seguridad alguna en las afue- 
ras. La única esperanza que había era que viniese de 
Andalucía uu ejército de socorro; pero cuando vino 
Aben Hud y sufrió espantosa derrota, la eaperanxa últi* 



i 



21K) HISTORIA DEL REINO DE BADAJOZ 



ma debió desvanecerse, 5^ mucho más al ver que el grue- 
so del ejército cristiano llegaba á Jas cercanías y ponía 
decidido sitio á la plaza. Es de presumir que se rindie- 
ra ésta á los primeros embates, á juzgar por la brevedad 
con que lo refieren los cronistas, lo mismo moros que 
cristianos; pues mientras uno se limita á decir que se 
entregó por no tener esperanzas de socorro (Ij, otro se 
conforma con decir que fué rendida i2j, y alguno dá á 
entender que la tomó el rey de León (3j; dándose hasta 
el caso de que Lucas de Tuy, que era contemporáneo del 
suceso, no dá detalles algunos de él, lo cual induce á 
tjonfirmar la sospecha do que debió ser empresa fácil. El 
cronista de Coimbra dice que la toma de la plaza fué el 
dia de la fiesta del Espíritu Santo, que en aquel año de- 
bió corresponder al 3 de Junio. 

La ocupación de Alconchel, Xerez, el castillo de Bur* 
yoH y el í'rexe/iaZ, debieron ser obra de los meses del 
verano, pues afines de Septiembre murió el Rey, y ya 
había hecho donación de estos lugares á los Templarios. 
iVLuy denodado debió ser el esfuerzo de éstos, pues mien- 
tras las tropas cristianas ocupaban el campo de Badajoz, 
en que se hallaban los lugares de Olicencia, Albuhera ^ 
Los Arcos, Monsalud, Almendral^ Salvatierra y otros 
muchos, los Templarios llegaron hasta la sierra de Aro 
che, pues muy hiogo se les ve dueños de Alconchel, Tá- 
liga. Cheles, Valencia, La Granja de Oliva, Zahinos, Xe- 
rez (con sus aldehuelas en los Valles, Alcobaza, San 
Blas, la Crespa, la Granja y los Cuellos), el Frexenal, 
el castillo de Valera (en las ruinas de la antigua Nerto- 
briga)y Valencia del Ventoso, el castillo de Burgos (con 
sus aldehuelas en la Mezquita, Alhama, el Peñón de Ma- 



(1) Almakary, 1. 8. cap. 4. 

(2) ChroQ. Conim brícense, ea la nota puerta anteriormente, 

(3) lioa AiKÜoa toledimoa, era 12tíB« 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNVZ T MARTÍKIEZ 291 

ri Rivera, el Monasterio, San Vicente, Santa María del 
Valle, Valverde y Atalaya del Naharro, ya nombrada en 
el deslinde de Mérida). Ello es lo cierto que Don Alfon- 
so IX donó álos Templarios Xerez, Frexnal, Burgos y 
Alconchel. apenas fueron ganados á los moros 1 1 ); y en el 
alfoz de esas cuatro poblaciones existían ya todas las al- 
deas que quedan citadas anteriormente, según se ha com- 
probado por documentos ó por hallazgos de objetos ára- 
bes en ellas. Hasta los nombres de los rios de esta co- 
marca son de entonces. Es el principal el Ardila, así 
nombrado en documentos do los Templarios (2); y son 
afluentes suyos: eliMurtiga, en el término de Eucinasola; 
el Alcarrache, el Godolin (tal vez icad-oUn ó rio Olin), el 
Benfene (quizás de AbenTerre) y el Brobales, en el ter- 
mino de Jerez; y el Bodion Tacaso ?rad-¡/on) y el Xaharro 
(de naharj arroyo) on el do Burguillos. 

Ignórase en quó fecha otorgó Don Alfonso á los Tem- 
plarios el privüogio do donación do estos lugares; como 
igualmente se desconoce cuando dio á la Orden de Al- 
cántara una iglesia y otros bienes en Badajoz, cuyo he- 
cho consta por una bula do (Jregorio IX (3). Sin duda 
alguna Don Alfonso debió marcharse á León en el raes 



(1) Consta por un privilegio que Don Alfonso X otorgó á los 
Templarios en Sevilla, el S de Marzo de 1283, en el que se lee es- 
to: « é rae pidieron merced que les diese Xerez de Badajoz é 

»el Frexenal, tóvelo por bien, é dógelos con todos sus términos, 
• según se contiene en el privilegio que el rey don Alonso mío 
•abuelo dio á don Estevan de Belmonte é á la Orden sobredicha, 
•porque les dio Burgos é Alconchel, dógelos por juro de heredad 
•para aíem])rc jamás, assí como lo mejor é más complidamente 
•ovieron.» D. Pedro Rodríguez de Campomanes, Dissertaciones 
hist. del O. y Cab. de los Templarios, pág. 228. 

(2) En acta de capítulo celebrado en Jerez por los Templarios, 

en ¿t de Junio de 1272, dice: « tenemos por ben de dar por tér- 

•mino á nosa villa de Valencia de Ventoso, por el agua del Ro- 
•dión, como entra en Ardila arriba, é de otra parte por la tierra 
•de la Orden de Santiago. > Bullarium O. m, S, lacobi, pág. 200, 

(3) Bullarium O. m. de Alcántara, pág. 80. 



1 



292 HISTORIA DBt HBtNO DB BADAJOS 



de Julio, pues en el día 1 ^ de Agosto se hallaba en Za- 
mora; y tai vez en uno de esos meses otorgó á Céoeres 
el privilegio de deslinde de sus términos y fueros porque 
habían de regirse en el uso y disfrute de los mismos, do- 
cumento de capital interés para conocimiento de la to- 
pografía de aquella comarca (1). Comienza el deslindé 
con Montánchez por tina Torrecilla que había sobre una 
peña y hoy se llama Torre de Santa María, y de aquí 
marca luego Abal travieso (tal vez la aldea de Albalá de 
Montánchez); después el punto en que la calzada se cru- 
za con el rio At/uela (que viene á ser junto á las Casas de 
Don Antonio) donde dice que se deja á la derecha la 
Atalaya Davencalez (la cual debió llamarse de Aben Ca- 
led, y se llama hoy de Vencaliz). Marca luego la Atala- 
ya del Guijo de la sierra de Alctiesca (que, por lo vist'^, 
estaría al oeste de Alcuescar, á juzgar la dirección que 
lleva el lindero que va señalando). Cita después al Casar 
del Conde Don (rónzalo y el sendero de la Carmonita, á 
través do la sierra (de San Pedro), al arroyo de Alpo- 
trac fhoy Alpotreque), y el arroyo abajo, según cae en 
el rio de Boto va (hoy Botoa). Luego, el cruce de Boto- 
va con el camino de Badajoz, y el arroyo de Zagalla 
(hoy Azagala); hasta el cruce ó puerto de la sierra, y de 
aquí á la caida del arroyo de Albocar lal oeste de Alise- 
daj en el rio Salor; y después al desagüe de Araya en 
dicho Salor, Iba después al oeste de Brozas por Alma- 
dronal (¿Navas del Madroño?], por la Mata, Alconetüra 
(Alconetar), á la Peña de Bofdongo i¿V), al desagüe del 
arroj'ü de la Figtiera en el rio Almout, y derecho a Ta- 
lavan. Después, a la Torre de Velasco Muza, y al desa- 
güe del arroyo d(^, este nombre t'u el rio Tajo. Después 



(1) Vid. ApóiKÜiieXXVJ. 



MÁTtAft ItAKÓK lUUTÍNBl T ItAftTiKSI 



vuelve á tomar el deslinde el lado de Montanchez, empe- 
zando por la Torre de la Zafra (de Montanchez), al cas- 
tillo de Tamuja, por la Mata al arroyo de Geblanco (Gle- 
ba), los Almadenes (¿?), el cruce del sendero de Don Un- 
mundo (¿?) con el rio Almont (quizás en la venta de la 
Barquilla); y por medio de las Cabezas de Mont roy, se- 
gún dicho sendero entra en la Xara, al desagüe del arro- 
yo de la Covacha en el Tajo, y de aquí al desagüe de 
Velasco Muza. 

Se ignora en qué fecha dio fueros Don Alfonso IX á 
Badajoz, pero no es de dudar que se los otorgó, según 
de ello dan señales escritores dignos de crédito, y aún 
alguno dá á conocer texto de ellos que parecen de aquel 
tiempo (1). Por este dato se comprende que la ciudad 
fué poblada por cristianos, aunque quedasen en ella mu- 
chos moros; y sin duda desde la conquista se establecie- 
ron allí, entre otros linajes, los de los portogaleses y los 
de bejaranos, que en tiempos posteriores mantenían en- 
tre sí rivalidades sangrientas. 

En el dia 1.*^ de Agosto se hallaba Don Alfonso IX en 
Zamora, donde otorgó á la Orden de Santiago el privile- 
gio de donación de la villa de Montanchez y su castillo; 
en cuyo documento se intitula ya Rey de León, Galicia 
y Badajoz (2). Djspués de esta fecha, estando en Mansi- 
Ua otorgó otro privilegio á la Orden de Alcántara, por 
el cual 1'3 cedió todos sus derechos sobre los abadengos 
del reino de León; y en este documento también se pla- 
ce en recordar qno fué en el año en que venció á Aben 
Hud y ganó la ciudad de Badajoz (3). El 24 de Septiem- 
bre estaba en la comarca de Luijo, en Villanueva de Sa- 



(1) Vid. ApénilireXXVIT. 

(2) Vid. Apéndice XXVIJI. 

(3) Torres, Crónica de la O. de Alcántara, I, 248. 



294 



HISTORIA DSL BEINO DB BADAJOE 



rria, de paso para Santiago de Compostela, á donde iba 
á visitar el sepulcro del Apóbtol; y en aquel puato le 
sorprendió la muerte. 








AYrmrr??r?rrrnír?r?írrYím?írTrírT??í?Y?r?ríTTmmmmTYY?m??fií?YYYn' 



CAPITULO XX 



Fin de la conquista de Extremadura 




L morir Don Alfonso IX quedaba con- 
cluida en España la dominación de los 
almohades, porque los mahometanos es- 
pañoles seguían la voz de Aben Hud, que 
se había hecho independiente. En nues- 
tra Extremadura, los Caballeros de la Orden del Temple 
habían llevado su frontera hasta las sierras de Arocha y 
Aracena; los de Santiago, como partícipes en la pose- 
sión de Marida, llegaban hasta Zafra, el Atalaya del 
Naharro, Medina de las Torres, el cabezo de Maymona 
y la comarca de Alanje; y el concejo de Plasencia y el 
de Cáceres hacían frontera con la comarca de Trujillo. 
Quedaban, pues, en poder de los musulmanes, Trujillo, 
Alanje, Medellín, Hornachos, Fuente de Cantos, Monte- 
molín. Reina, Azuaga, Zalamea, Magacela, Benqueren- 
cia, Almorchón, Alcocer y Almadén. 

Pero hubo un incidente que llamó la atención de las 
Ordop^es militares y de los Concejos hacia los asuntos in« 



296 flíStORÍÁ DEL RKÍNO DB lAkük,)oÍ 



teriores del reino de León, é impidió que se continuase 
la conquista de estos pueblos, á pesar de favorecerla 
grandemente el estado de anarquía en que se hallaban 
los moros españoles. Don Alfonso IX, por desavenencia 
con su hijo Don Fernando III de Castilla, había decla- 
rado heredera del reino leonés á su hija Doña Sancha, 
habida en su primer matrimonio con la infanta portu- 
guesa Doña Teresa; y como esto daba ocasión á una con- 
tienda de índole turbulenta, el rey Don Fernando JII, 
que se hallaba empeñado en ruda campaña contra los 
moros de Andalucía, acudió presuroso á León, acompa* 
nado de su madre Doña Berenguela, á fin de conjurar á 
tiempo el peligro. El maestre de Alcántara Fr. Don 
Arias Pérez había proclamado como reina de León & la 
infanta, y en este propósito le habían seguido casi todos 
los nobles de Galicia y Asturias, y no pocas ciudades, 
entre ellas Coria, Ciudad Rodrigo, Cáceres, Mérida y 
Badajoz. Pero Don Fernando III penetró resueltamente 
en León, logró atraerse los concejos, los obispos y mu- 
chos nobles, y después su madre tuvo una entrevista con 
Doña Teresa en Vaten9a do Miño, donde quedó concer- 
tada una pensión anual para las infantas Doña Sancha y 
Doña Dulce, que desde aquel momento dejaron de servir 
de bandera para la inminente rebelión (1). 

Recorrió Don Fernando muchos lugares del reino de 
León, álos cuales confirmó sus fueros y privilegios, con 
objeto de hacerse acojer de todos; y precisamente a me- 
diados de Dicie'ubre de 1230 se hallaba en Asiorga, don- 
de dio privilegio á la Orden de Alcántara, por el que les 
concedió una pensión de 600 mjbravedís sobre las rentas 
de Ciudad Rodrigo, en cambio de las décimas de los Ci- 



(1) Kodrigo de Toledo, lih. Vil, cap, XXV, 



MATÍAS RAHOX MARTÍNEZ V MARTÍNEZ Ül^T 

Ueros que les había donado Don Alfonso IX para las re- 
paraciones del castillo de Alcántara (1). 

En Santiago de Compostela autorizó con su presencia 
una concordia que en Abril del 1231 celebraron el Ar- 
zobispo Don Bernardo y la Orden do Santiago, repre- 
sentada por su Maestre Don Pedro González Mongo, en 
la que el primero cedió á la Orden la mitad de todas las 
rentas y do la jurisdicción que tenía en la ciudad de He- 
rida, cuya defensa y guarnición quedaba á cargo do los 
caballeros (2). En la cláusula principal, en la que se es- 
tablece que la Mitra y la Onlon partirán todas las ren- 
tas y temporalidades, se dice á la letra que ufados los 
lucros, todoH los rendimientos^ todas las quintas de los 
Sarracenos y de otros despojos, ;/ todas las demás obven- 
ciones que se refieren al dominio, siempre las dividan fiel- 
mente entre si.» Sin duda alguna, se refiere este texto al 
quinto de lo que se cojia como botín en la guerra con los 
moros, y que en Marida debía pagarse á la Iglesia Com- 
postelana,por ser la que tenía la jurisdicción, asi como en 
Caceras y Plasencia, que eran de realengo, correspondía 
ese quinto de los sarracenos á la Corona. Esta concordia 
fué aprobada por el rey Don Fernando III el 10 de Mayo 
de aquel año, en cuya fecha se encontraba en Burgos {H), 

Congregáronse ios freires de Santiago con los do Al- 
cántara y con el Obispo de Plasencia Don Domingo, y 
con gran golpe -de soldados de á pié y á caballo sitiaron 
á Trujillo, que fué tomada el dia 25 de Enero de 1232, 
según los Anales toledanos (4). La tradición popular re- 
vistió este hecho de colorido religioso y poético que tan- 



{1) Torrea Tapia, Chron. de la O. de Ale, tomo I, pág. 2oO. 

(2) Vid. Apéndice XXIX. 

(3) Vid. Apéndice XXX. 

(4j «Los freires de las Ordenes é el Obispo de Plasencia prisie- 
>ron á Turgiellodia de Conversión Sancti Pauli en Jane^o, era 
«MGCLXX.9 An. toledanos. 



3B8 HISTORIA DKL KKINO Difi BADAJOZ. 



tu se destaca eu la memoria del valgo acerca de la re- 
conquista, y así una leyenda piadosa se ha encargado de 
referirnos que la Virgen María favoreció la empresa de 
los cristianos, y que en memoria de ella levantaron los 
trujillanos un santuario á Nuestra Señora de la Victo- 
ria, al cual se celebraba romería en el aniversario indi- 
cado, ésto es, el dia 25 de Enero. Todavía indican el mur 
ro y torres donde la imaginación popular supone que se 
apareció la Virgen, y en verdad que la leyenda ha servi- 
do de motivo para el escudo de armas de Trujillo, que 
consiste en la imagen de la Virgen sobre un muro, y en 
medio de dos torreones, y en el muro una piadosa quin- 
tilla (1). 

Nada notable encuentro en el año 1233, más que una 
concordia celebrada entro Don Sancho, Obispo de Coria, 
y su Cabildo de Canónigos, de una parte, y Don Frey 
Arias Pérez, Maestre de Alcántara, de la otra, sobre 
rentas eclesiásticas (2). Convínose que el Obispo perci- 
biese el tercio de los diezmos de todas las iglesias que 
la Orden iuviese eu la diócesis de Coria, un ducado de 
oro anual por cátedra do cada una, y otro tanto por j>ro- 
curación, excepto en Santibañez de Mascoras, donde co- 
braría tres ducados, y Milana y Moraleja, que pagarían 
dos. La Orden percibiría la tercera parte de las fábri- 
cas ' y la tercia de los clérigos, y habrían de proveer de 
capellanes las iglesias, los cuales serían presentados al 
Obispo, y habían de concurrir al sínodo diocesano á re- 
cibir la instrucción necesaria á la cura de almas. Des- 



(1^ En esta torre Juliana, 

Donde con verdad se muestra, 
Sacra Virgen soberana, 
Contra la gente pagana 
Os mostrasteis Madre nuestra. 

Fr. A. Fernández, Anales de Plasencia, pág. ÍU. 

03) Yíd. Apéndice XXXI. 



MATÍAS RAMÓN MAKThnft T MARTimaB 299 



pues, entre otros acuerdos menos importantes, se convi- 
no en que lá Orden podía edificar nuevas iglesias en to- 
dos los lugares, excepto en Ceclavín. 

En Febrero de 1234 se firmó una concordia entre los 
concejos de Coria y Alcántara sobre división de térmi- 
nos hacia el rio Tajo, que se hizo por cinco hombres 
buenos de Plasencia y otros cinco de Ciudad Rodrigo, 
nombrados por el rey Don Fernando para este cometi- 
do (1). Los linderos que señalaron son desde la Fuente 
del Alcornoque en línea recta á Fresnepa, hasta el ria- 
chuelo de este nombre, comenzando por el sitio que mi- 
ra al Turuñuelo; y de aquí al Casar de los Guijos blan- 
cosj que está cerca del Turuñuelo; después, por los hitos 
que pusieron los arbitros, hasta el Valle Felechoso, pc- 
sea cada villa lo que toca á sus términos, de tal modo, 
que entre Fresnepa y lá Fuente del Alcornoque^ nada po- 
iseañ los de Coria en aquel rincón. Además, Juan PeJaez 
y Sebastián, vecinos de Coria, tendrán por heredad la 
riiitad do la canal llamada de Constancio en el rio Tajo, 
como la tenían antes; y tengan también una barquilla 
para nu servicio en aquella pesijuera; y los de Coria ten- 
gan balsa para el paso de sus ganados por el rio (2). 

En este año murió el Maestre de Alcántara Don Arias 
Pérez, y le sucedió Don Pedro Yañez, que fué electo en 
los primeros dias de Abril. Antes de este mes, los caba- 
lleros de Santiago y los de Alcántara hicieron una cam- 
paña en la que tomaron los castillos de Santa Cruz de la 
Sierra y Alhanje y la villa de Medellín (3). También 



(1) Vid. Apéndice XXXII. 

(2) ~ 



£1 discreto lector puede conocer cuanto interés tienen los 
documentos del Apéndice, no sólo para la geografía local, sino 
también para los usos y costumbres, como se vé por el que indico 
en el texto. 

(3) «Los froires do las Ordenes pris i orón Medellín (\ Alfanjo é 
>Sancta Cruz, era MCCLXXII.» Anales toledanos, 



.300 HISTORIA DKL RBlNO OS BADAJOS 



tomaron el castillo de Mojafar, que estaba á orillas del 
Guadiana, en frente á Villanueva de la Serena, y que 
hoy ^stá arruinado y llaman de Mojaja los moradores de 
dicha población (1). Tomaron igualmente á Magacela 
(2), aunque yo presumo que esta empresa la llevó á ca- 
bo solamente la Orden de Alcántara, pues el 24 de Abril 
de aquel año le hizo donación de ella el monarca al nue- 
vo Maestre Don Pedro Yañez, quien en el mismo privi- 
legio de donación declara que la Orden renuncia á to|io 
derecho que pudiera tener sobre Trujillo^ basado en que 
habia sido en otro tiempo posesión suya (B). Presumo 
también que Alanje fué ganado sólo por los caballeros 
do Santiago, pues á ellos ye les donó más adelante por la 
Corona. En cambio la toma de Medellín fué obra de am- 
bas Ordenes reunidas, y por eso á ambas galardonó Don 
Fernando III con bienes en dicha villa; pues precisa- 
monte en Agosto de aquel año, hallándose el Rey en 
Berlanga, cerca de la frontera aragonesa, otorgó á Don 
Pedro Yañez y su Orden privilegio de donación por el 
que les cedia en Medellín, y en pago del servicio que le 
habían hecho en la conquista de esta villa, unas casas, 
un huerto, diez yugadas de tierra y seis aranzadas de vi- 
ña (4). 

Sin duda alguna que los de Santiago, una vez tomado 



(1) Clirón. déla O. de Alcántara, tomo I. pág. 252. 

(2) «Los freiree de las Ordenes prisieron á Magazella en Febre- 
»ro, era MCCLXXIII » Anales toledanos. En esta fecha hay una 
T de sobra, quizás por culpa de copian tos, pnés el documento del 
Apéndice XXXIII dice en la data: Fncta carta apud Zamoram, 
»vigésimaquarta die Aprilis, era milésima dnceutésima septua- 
»gósima secunda, eo videlicet anuo (|uocnpta fuit Medellín. > Se 
vé pues que sien Febrero estaba ganada Magacela, ya lo estaría 
Medellín, que estaba antes de llegar á ella; v se vé que Magaoela 
fué tomada en el mismo año que Medellín. 

(3) Vid. Apéndice XXXIIÍ. 
r4) Vid. Apéndice XXXIV. 



MATf A8 BAH^ HAKTtKVl T VAKThnB ^t 

Alaoje, se extendieron hacia el snr. y conijuístaron ¿ 
Hornachos y pues en Abril del afip I ¿35. les hizo dona* 
ción de ella Don Fernando III, qne se hallaba en esa fe- 
cha en Toledo > li. Parece qne pasó Inego á L?óii y de 
aquí, por Alcántara y Medelb'n, fnó hacia Córdoba, don- 
de las tropas se hallaban empeñadas en la conquista. 
Beñeren los cronistas un episodio ocurrido al monarca 
en Benqaerencia qne merece reproducirse. Era el alcai* 
de de esta villa un moro muy cortés, que «tubo noticia 
que el Bey venia ¿ hacer alto a una fuente no lejos do su 
Castillo y Villa: salió á besarle la mano, y no quiso irse 
con las suyas vacías: llevóle un gran presente de pan. 
vino, carne y otros regalos con que se hallaba: hizolo el 
Bey muy buena acogida, y pidióle le entregase aquella 
fuerza; no asintió el Moro á esta petición, antes escusán- 
dose con la obligación que tenia á ser fiel á quien se la 
había entregado, le respondió: Señor, ros vais ahora so* 
hre Córdoba; después que la hagáis ganado, yo os la en- 
tregaré y sei'viré con mi persona y hacienda, Dixo ¿ato 
cómo por burla, pareciéndole imposible la condición que 
había puesto {2}.* 

El 24 de Julio de este año 1235 fué dado á Mérida pri- 
vilegio de fuero por el arzobispo de Compostela Don 
Bernardo, juntamento con Don Rodrigo Iñiguez, Co- 
mendador do la (Jrden de Santiago en el reino de León, 
por mandado del Maestre Don Pedro González Men- 
go (3). Los preceptos que contiene este documento dan 
curiosa noticia de la vida local, por lo que considero ne- 
cesario hacer aquí relación detallada. 

Todo morador de Mérida ó de su término pagará (»1 
portazgo de las cosas que llevare á tierra de sarracenos. 



(1) Vid. Apéndice XXXV. 

(2) Torres Tapia, Ohr., tomo I, páp:. 2S0. 
r-}) Vid. Apéufi^rc XXXVI. 



902 HIRTOKIA BBL UnvO 1>B BA1>49M 

Ó trajera de allá, excepto de lo que trajere ó llevare por 
•causa de redención de Jos cautivos emer i tenses, ya de la 
ciudad, ya de su término, y do las provisiones que sir- 
ven á los ciudadanos y á los campesinos. 

El Arzobispo y la Orden recibirán el tercio de las tio* 
rras, prados, egidos, huertos, rios y arroyos; otra tercia 
parte será para los actuales moradores de Mérida; y la 
otra tercia se reservará para los moradores futuros. 

Los moradores de Merida no podrán vender, donar, 
permutar ó enajenar de ningún modo sus tierras, á no 
ser á favor de otro morador de Mérida ó de su término, 
que sea vasallo del Arzobispo y de la Orden. 

La mitad de la renta del montazgo será para el Arzo* 
bispo y la Orden de Santiago, y la otra mitad para los 
vecinos, y entrambas partes custodiarán los montes* 

De los bosques de conejos que vulgarmente llaman 
dehesas, el Arzobispo y la Orden recibirán y custodia- 
rán los que les pertenecen, y los vecinos harán lo propio 
con los suyos. 

Las i>cnas ó caloñas quo se paguen, según el fuero do 
Cáccrcs, se distribuirán por tercias [martes entre el Ar- 
zobispo y la Orden, el querellante y los- Alcaldes. 

Los Alcaldes se pondrán anualmente por el Arzobispo 
y los freires, á propuesta de los hombres buenos de la 
ciudad y su término que sean vasallos de dichos señores, 
y prestarán juramento de ser fieles y justos. 

Los vecinos de la ciudad y su término pagarán el 
quinto de las cabalgadas, excepto la requinta de las al* 
deas y la séptima del Juez. 

Se conceden á los actuales vecinos las aranzadas de 
viña que al presente poseen justamente; pero cada pa- 



(l) Vid. Apéndice XXXVII, 



MATÍAS KAlldx ■AWrtNSK T MAmTiKBI ^^^ 

rroqaiano pagará i ;»a iglesia los diesmos y prímicias* 

De toda demanda conocerán ea primera instancia lo^ 
Alcaldes. La primera alzada será ante el Jnez, con arre- 
glo al libro de los Jneces qne tienen los vecinos, ísej^in 
el nso de Cáceres. La segnnda alzada será ante el i Co- 
mendador de Keri<la. y la última ante el Arzobispo. 

Los Alcaldes serán dos: nno del Concejo y otro de la 
Hermandad; ambos elegidos por el Arzobispo y los Frei- 
ré». 

Otro docnmento carioso nos ofrece el mismo afio, y 
es ana bala de Gregorio IX, datada en el mes de Jnnio, 
por la que confirma á la Orden de Alcántara todas sns 
posesiones, y da otras reglas á su instituto (11. La parte 
que mayormente interesa á nuestro propósito es la que 
enumera las iglesia.^?, castillos, villas y dejnás po5iesione«s 
que la Orden tenia entonces, á saber: Las iglesias de 
Santa María de Almocobar en Alcántara , Sania Haría 
en TVi/enría de Alcántara, Santa Miaría en Badajoz^ San 
Benito en Tórdoba, Sanfa María en Baeza, Santa María 
í-n Matella, San Pedro en Sanfibañez de J/ímooi-cm, Santa 
María en Portezuelo, Santa María en Salamanca, Santo 
Tomás en Alba de Termes, Santa María en Zamora, 
Santa Cristina y Santa María en la ribera del Duero, 
San Juan en Toro, Santa María en Moraleja^ Santa Ma- 
ría en MUana, Santa María en Majadas, San Pedro en 
GarciaZj San Miguel en Barceal, San Nicolás en Piedras 
Albas, San Juan en Natas Frias, San Esteban en Cas- 
tr'overde, Santa María en Mayorga, San Pedro en Mon- 
santo (Portugal) y las iglesias de Sanarges y Almecis. 

Pocesiones: el castillo y villa de Alcántara. 

El castillo de Esparragal, en territorio de Valencia do 
Alcántara. 



(Ij Vid. Apeadlos XXXVII. 



8(4 HISTORIA DBL RRINO DIC nADAJO^ 



La villa de Valencia de Alcántara. 

El castillo de Magazela con la villa y lugares anejos. 

La villa (le Malelías ó Maleja* 

El castillo y villa de Mediolano, en Galicia. 

La villa de Moraleja, en tierra de Alcántara. 

El castillo de Portezuelo, lindero de Alcántara. 

El de Santibafiez de Mascoras con sus aldeas. 

La villa de Navasfrias. 

La villa de Serena ó Villanueva de la Serena. 

Las villas que tenían junto á Zamora. 

Villa Ester y Villa de Alfonso, cuya situación ig- 
noro. 

La villa de Brozas, ou territorio de Alcántara. 

La villa de Conserta, en Galicia. 

Batandeira, Raijada, Torpino, Ferreria, Almendxase- 
ca y Granja en (lalicia. 

Posesiones en Méridüy Badajoz, Córdoba, Peñamocor, 
Coria, GalUtteo, Sabugal^ Ciudad Rodrigo, Alba de Tor- 
mos, Salamanca, Toro, Castroverde, Mayorga (cerca de 
Alburquerque), MedelUn y Bena vente. 

Cuenta el cronista de Alcántara que, una vez ganada 
Córdoba (el 29 de .Junio de 1236), el Maestre Don Pedro 
Yauez regresó á la comarca de la Serena y se presentó 
en el castillo de Benquerencia, donde requirió á su alcai- 
de para que le entregase la plaza, en cumplimiento de la 
palabra que diera á Don Fernando III en el año ante- 
rior, dado que se había cumplido la condición de haber- 
se rendido Córdoba. No se dio á partido el moro, por lo 
que fué forzoso al Maestre tomar el castillo á viva fuer- 
za; y no debió ser empresa fácil, pues ocupa el castillo 
la cima de un alto y empinado cerro, en cuya falda se 
halla la población (1). Entonces debió ser también cuan- 



(1) Torres Tapia,Chr., tomo T, pág. 381, 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNR2 T MARTtHBZ ^^V) 



do ganó a Zalamea, de cuya empresa nos dá el mi^^m^ 
Maestre noticias, pnés dice que la sitió, ocupó a los tres 
dias la población y la saquearon sus huestes: y que la 
morisma que la defendía se acogió á la fortaleza, que 
ora fuerte y buena. Allí resistieron veinte dias de con- 
tinuo luchar, hasta que el alcaide Muley^ Abenarrax alzó 
bandera de paz en la torre del homenaje, pidióla de ve- 
ras, entregó castillo y villa, y los moros la desalojaron. 
Fué repoblada con cristianos y gente de pro, y qued(> 
allí por Comendador Fr. Gronzalo Ordoñez, que aún lo 
era cuatro años después, cuando el Maestre otorgó á los 
pobladores el privilegio de exención de tributos por diez 
años (1}. 

En tanto ésto ocurría, la Orden del Temple y su Maes- 
tre Don Esteban Belmente, que se habían apoderado de 
Capilla y su comarca, promovían pleito á los de 
Alcántara sobre la propiedad del castillo de Esjiarragal, 
sito en el térmiíio de Valencia do Alcántara, que había 
sido dado á los Templarios por Don Fernando If. y des- 
pués de perderse lo poblaron los de Alcántara cuando se 
hicieron dueños de Valencia y toda la tierra de la vega 
del Salor; pero el Uey dirimió esta contienda mantenien- 
do á los de Alcántara en la posesión de Esparragal, y 
dando á los del T^smple el castillo de Almorchón, cuyo 
alfoz era lindero del de Capilla {2), 

Red'Jicidos se hallaban los moros extremeños á muy 
cortos pueblos, toda vez que la rendición de Córdoba 
había hecho ya imposible que se mantuvieran indepen- 
dientes los de toda la comarca de la Serena, y así no es 



(1) Vid. Apéndice XXX VIII.— Xos falta la fejhi ea que és- 
to ocurrió; pero la vecindad de Zalamejk con BenqiierenciA 
demuestra que ambas debie ron g^aar.se de:3puéd de G6rdoh.\^ en 
cujo sitio estuvo el Maestre raüez. 

(íá) Vid. Apóniioe XXXIX. 



n06 II18TORIA DEL KKIMO DK BADAJOS 

aventurado asegurar que los Templarios se hicieron due- 
ños de toda la parte de Alcocer y Siruela, mientras los 
íle Alcántara llegaban hasta el rio Ziíjar, y los de San- 
tiago ocupaban Puente de Cantos, Reina. Montemolín y 
(iuadalcanal. No hay noticias concretas acerca de las fe- 
chas en que todos estos pueblos fueran sometidos; pero 
todo hace presumir que, así como la conquista de Cór- 
doba facilitó la de la Serena y Alcocer, cuando más ade- 
lante se conquistó a Sevilla, debió quedar el resto de 
Extremadura sometido á la Orden de Santiago. Por en- 
tonces ganaba Don Sancho II de Portugal á Mértola, Pe- 
ña de Alfajar y Ayamonte, que partía lindes con (ieba- 
loleyom, Olba y Saltos por el rio Odiel (1). 

En Abril de 1240, reunidos en las Posadas de Aben 
Hud, cerca do Zalamea, varios caballeros de las Ordenes 
de Alcántara y Santiago, redactaron carta do deslinde 
entre Magacela y Benquoroncia, pertenecientes á la pri- 
mera, y Hornachos, y Reina, que eran de la segunda: 
por donde se vé que la villa de lit>ina pertenecía ya á 
los de Santiago, y que por consiguiente llegaban ya has- 
ta ( ruadalcanal. Los linderos que marcaron son éstos: el 
rio (ruadamez (wad Hamed?) será línea divisoria entre 
Hornachos y Benquerencia; irá después por la corriente 
del rio arriba hasta Canfel Rubio (quizás el moderno lu- 
gar de Monterrubio); luego al camino que va á las Posa- 
das de Aben Hud, después á Piedra Lohar, de aquí á las 
Posadas dichas, al arroyo contiguo, al Olmo, á la Cabeza 



(1) Es noticia de Herculano, basada en documentos de la Or- 
den de Santiago. En el deslinde de Alertóla dice: < «contra 

>Serpiam et Alfajar de Pena et Ayamonte duae partes de térmi • 
»no sintde Mertoia et tertia pars sit de praedictis castris.» En 
otro deslinde de Ayamonte llegan sus términos «contra Gebol-al- 
»eyom et Olva et Saltes; et dividantur termini praedicti casteUi 
»per Odiel,» Alejandro Herculano. Híat. de Portuval, tomo 11, 
pig.347. 



lUTf AS RAMÓN MABltUBE T XASflrf RBE 807 

grande sobre líiJara, á la atalaya de Bas Quexón^ y de- 
recho al rio Suja (Ij. 

Indudablemente, por el mismo tiempo en que los do 
Santiago ganaron á Reina, se hicieron también dueños 
de Berlanga, ( íualdalcanal y Azuaga. De Berlanga no 
tengo otro fundamento que el nombre para sruponer que 
existía durante el dominio mahometano. En cuanto á 
Azuaga, sabemos por Edrisi que era un fuerte situado 
en una altura, y que tenía una muralla de tierra que la 
circunvalaba. Por esta población pasaba un camino de 
Córdoba á Badajoz, que cerca de Llera cruzaba el rio 
Etina^ en cuyo nombre fácilmente se vé que se trata del 
riachuelo Rentin^ afluente del Matachel; y aún es de 
presumir que todo el Matachel se designaba bajo el nom- 
bre Etina en tiempos anteriores, y que luego quedó ese 
nombre relegado al pequeño arroyo Rontín (2j. En cuan- 
to á Guadalcanal (el rio canal) se sabe quo existía ya en 
tiempos de los romanos, por los monumentos hallados en 
sus cercanías, y la tradición tiene por cierto que su igle- 
sia de Santa Ana habia sido mezquita, lo cual quizás só- 
lo sea conjetura del, autor de cierto manuscrito históri- 
co (3). El nombre de la población, y los de los rios Bena- 
lija y Guadaciar (rio de Viar) que cruzan su término, 
son árabes. 

Que hacia el año 1*241 estaba ocupada por los cristia- 
nos toda la orilla del rio Suja, en la que eran dueños los 
de Alcántara, excepto Ahnorchó]i y Capilla que eran de 
los Templarios, se comprueba con la carta de coiifírma- 
ción de Benquerencia que en Abril de aquel año otorgó 



(1) Vid. Apóndice XL. 

(2) Vid . Apóndice II. 

(3) Guadaicaual en Barrantes, Aparato bihliuíjráficoy tomo II. 
—Según una carta extensa que poseo del discreto D. R. Garcia- 
Plata deOsma merece una escasa fó este manuscrito por conte- 
ner muchas inexactitudes. 



906 HISTORIA DBL RBIMO DB BADAJOZ 

Don Fernando III á los alcantarinos, en la cual se mar- 
ca á la población el sendero siguiente: que parta lindes 
con la villa y Castillo de Gdhet (hoy Belalcazar), seña- 
lando á éste dos tercias partes del término y á Benque- 
renoia una; y por los costados de Hornachos y Magacela, 
que vaya el lindero como iba en tiempo de los sarrace- 
nos; y por la parte de Talavera, que sea lindero el rio 
Guadiana, y después parta lindes Benquerencia con el 
castillo de Peña, como so contiene en el privilegio de 
donación de dicho castillo al Arzobispo de Toledo; y por 
la parte de Capilla, por el lindero que marca el privile- 
gio otorgado á los del Templo cuando se les hizo dona- 
ción de esta villa; y por la parte de Alniorrhón, que se 
extienda el término hasta una legua de este castillo, co- 
mo marca el privilegio de donación del mismo, que se 
otorgó también á los del Temple < 1). Cerca de este lin- 
dero, por el lado de Retamar y el Campillo, está el des- 
poblado de Arsallém, donde existen las ruinas del casti- 
llo que llamaron los moros de Algalet, según el Padre 
Tovar, que en el siglo XVIII daba señas de calles toda- 
vía empedradas y do paredes de fortísimas casas, y en- 
tendía con buen acuerdo que aquel sitio fué el asiento do 
la ciudad Arsado los tiirdulos de la fíaefnvia (2k 

Electo Maestre de Santiago Don Pelay Pérez Correa 
en 1242, el rey Don Fernando ÍII otorgó privilegio de 
donación á esta Orden y de confirmación dol castillo que 
yaposeia, que llaman de Alanje^ con los mismos térmi- 
nos que tenía en tiempos de los sarracenos (3), cuyo do- 
cumento fué datado en Burgos li 10 de Septiembre do 
124y. 



(1) Vid. Apéndice XLT. 

(2) Bárranlos, Apáralo híbíior/ráficOj tomo I, v, Azviaga. 
(o) Vid. Apéndice, XLU. 



XATtAfi RÁIIÓH MARTÍNBE T MJLRTÍMBI 909 

En Pozuelo de Alarcón, á 12 de Abril del 1245, donó 
el mismo Rey a la Orden de Alcántara el castillo de Al- 
cocer con todos sus términos, deslindados de modo que 
la parte que media entre él y el castillo de Peña se divi- 
da adjudicando á Alcocer un tercio y al de Peña dos (1). 
El castillo de Alcocer se hallaba á media legua de la Pue- 
bla de su nombre, y hoy sólo quedan de él las ruinas. El 
de la Peña estaba á orillas del Guadiana, á tres leguas 
de la misma Puebla, y tampoco queda de él otro recuer- 
do que los despojos que no ha consumido el tiempo. 

Según la tradición oral afirma, los caballeros de San- 
tiago fueron los últimos que tuvieron que pelear con los 
moros dentro del territorio extremeño. Cuenta Ilades de 
Andrada, anteponiendo un socorrido se dice, que el Maes- 
tre Don Pelay Pérez Correa hacia guerra á los moros 
por. las sierras de Montemolín y Monesterio, y que en 
una de ellas sostuvo una descomunal batalla durante to- 
do un dia, sin que llevara traza de vencerlos; por lo cual, 
viendo que el sol iba á ponerse y sintiendo que le faltase 
su luz en aquel trance, se encomendó á la Virgen y lo 
dirigió con fervor esta plegaria: Santa María, deten tu 
dia, Y diz que el sol detuvo su marcha y el Maestre al- 
canzó la victoria. Por ésto dice la leyenda que el Maes- 
tre mandó construir allí el santuario que hoy conserva el 
nombre de la Virgen de Tentudia ó de Tudia, y por la 
misma causa, al arroyo que corre próximo á la ermita se 
le llama hoy de Matamoros (2). Los detalles locales que 
conserva esta leyenda inducen á admitir el hecho de que 
en esta ocasión y con motivo de haberse emprendido la 
expedición contra Sevilla, los caballeros de Santiago y 
su maestre Pelay Pérez batieron á los moros en aquel 



H) Vid. Apéndice XLrn. 

(2) Kadeó, Cróm dtí Us Ord. mil,, cap. XilV. 



310 III8T0K1A. DSL BHIHO DB BADAJOS 



punto, y lo.s ganaron los lugares de Montemolín, Gala^ 
Benageto, el Finojal (hoy Hinojales) y otros varios, acá 
bando así de afianzar en la serranía Mariáiiica la domi- 
nación cristiana (1). Al menos, en aquellos puntos se dio 
j)or deslindada con la sanción del tiempo la Extremadu- 
ra leonesa, pues por ello los últimos lugares que pobló 
allí la Orden de Santiago llevan el apelativo de León, 
como dependientes de la jurisdicción de San Marcos de 
León, y lo vemos comprobado en los pueblos de Calera 
de León, Cabeza de la' Vaca de León, Fuentes de León 
y Segura de León. 



0^ 



(1) No he encontrado el documento á qu© se refiere el Diccio- 
nario de Don Pascual Madoz (v. Montemolín), al decir que Mon- 
teniolín pasó á la Corona, pero que según privilegio de 2!2 de Mo.- 
yo de V¿^ij, ¿11 e.x'ercitu prope Sevillarn, á cambio de Cantillaua, 
cedió el Rey á la Orden de Santiago «los lugares de Montemolín 
>y Benageto con toíos aus montadejos y portadejos y to Ioh los 
•demás derechos con qu^ ovieron d« los moro3 estos lugares.» 



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/mnrmrYmmmrmnnmmnrr?TyírrmírrTirm?ínrrmtm?TtínrTnTT^ 



APÉNDICE I. 



Epitafio de Daniel, obispo de Badajoz 



£n el capiinlo V he hecho uso del epitafio del obispo 
mozárabe de Badajoz, qne murió de un flechazo en el 
año ICOO; y como este monumento hoy perdido es de 
grande interés, tengo que dedicar algunas lineas á su au- 
tenticidad y á su lectura. 

El único escritor que conoció y poseyó la losa en que 
estaba el epígrafe, fué Rodrigo Dosma Delgado, que lo 
inserta en la página 12Ü do la edición moderna do sus 
Discursos patrios de la real' ciudad de liadajoz^ de este 
modo: 



DESERIT FUÑERA: 
ALLETIS JUNGITUR, 
NEXÜS MILITIBUS 
INMÜNIS PO pulís 
EN JACENT PRiESULIS 
LISIMATHI ECCE, 
ESCEPTUS SPIRITUS 
PISCATOR OBIIT 
CORUSCO FRUITÜR 
OBTUTU DOMINI; 
PRECEPS DUCITUR, 
IN ET TRICÉSIMO, 



DANIEL ORRIDA 
RITE CELESTIBUS, 
QUIF ITOPTIMUS: 
AC VENERABILIS 
HEMBRA PURIFICI: 
TESTAQUE CESPITE; 
ARCE DOMINICA. 
PRILULA FERITÜS, 
COELITUS GAÜDIO 
MENSE JANÜARIO 
ERwE MILLE8IM0 
BIS QUATER ADDITO, 



• Del hallazgo detesta maoripción habla Dosma o u su 



314 HISTORIA DEL REINO DB BADAJOZ 



mencionada obra (pág. 62), por estas palabras: «Y aquí 
'se ha hallado memoria de obispos antiguos en los sola- 
>re8 junto de mis casas, que es una losa marmórea de se- 
»pultura con doce versos, que fué sacada con una pila 
^juntamente que servía para agua bendita. Esta tabla en 
»bajo de tieVra se quebró al cavar, ó yo hube el mayor 

• trozo de quien lo guardó ha buen número de años, que 
•tenía los fines de los metros y algunos últimos enteros. 

• Fué Dios servido que se descubriese al derredor ha 
•tres años el otro trozo de la cabeza; porque no se per- 
•diese la memoria de los santos prelados, que en medio 
•de los árabes infieles sustentaban su santa religión. • En 
otro lugar del mismo libro (pág 120) dice: «En mi casa 

• está una piedra blanca de sepultura, hallada cuando mi 
•tío Alvar Pérez Dosma, arcipreste de Cáceres, canónigo 
•en esta iglesia, las labraba en los solares de alrededor. 
•Tiene doce versos latinos dodecasílabos acrósticos, en 
•letras entre romanas y góticas.» 

En grande estima tenia el canónigo Dosma esta pie- 
dra y en su deseo de conservarla y perpetuarla en la igle- 
sia catedral, donde él había de ser sepultado, consignó 
en el testamento, que otorgó en 6 de Agosto de 1699, 
una cláusula que dice: «.... y quiero que en la pared cor- 
lea de mi... (sepultura?) seynxieran las tablas de már- 
•mol blanco que yo tengo guardadas en la baxa cámara 
•de la torrecilla, que son epitafios de antiguos obispos 
•desta ciudad y letreros de romanos que yllustran su me- 
•moria y pilas de agua bendita, y trozos é losas de mar- 
•mol blanco que en la dicha iglesia sirvan ó se pongan 
•en lugares competentes.. ... (Pág. LII del Prólogo 
•puesto á la edición moderna.» 

Sin embargo, la piedra se perdió desgraciadamente, 
pues ni en la catedral ni en parte alguna logró verla más 
«delante Juan Solano de Figueroai que tenía muchísimo 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNSB T MARTtlimB 815 

interés en hallarla, porque, del mismo modo que Dosmaj 
la consideraba un argu'nento irrebatible de que Badajoz 
era la cabeza del antiguo obispado Pacense. No es de 
extrañar est^ pérdida, teniendo en cuenta que la misma 
suerte corrieron las demás piedras, monedas y otras an- 
tigüedades que dejó Rodrigo Dosma, y sin duda mira- 
ron con menosprecio los albaceas y parientes del canó- 
nigo; pues apenas murió éste se lanzaron á ruidosos plei- 
tos por la adquisición de sus bienes, y ¡gracias que 

imprimieron detestablemente sus libros y pudo salvarse 
del olvido el texto del peregrino epitafio! 

No entendió bien Dosma el verdadero sentido de éste, 
pues creyó que los vocablos alletis, inmuiüií, purificuis, 
lysitnathus ^ prüula eran nombres propios de personas y 
se le antojó que se trataba del epígrafe de todo un ente- 
rramiento de siete obispos. Solano de Figueroa. también 
extraviado en la lectura, creyó que los obispos sólo eran 
tres: Daniel, Lysimatho y Prilula; pero apoco que uno y 
otro, que eran buenos latinistas y no medianos helenis- 
tas, se hubieran fijado en el hipérbaton del texto, nacido 
de la exigencia del verso, hubieran logrado deshacerlo, 
poco más ó menos, de este modo: 

• Daniel, qui fuit optimus, inmunis ac renevábilu popu' 
^IÍ8, deserit fuñera (h)onnda^ ai jungitur letis, nexus vité 
^militibus celesfihus En iacent memhra lisimaihi purifici 
^praesuUs. ecceque, fecfa cespite^ spirifus exceptus arce 
^dominica. Piscator obiit ferituM prilula. Fruitur coelitua 
T^gaudio corusco, obtutu Domini. Ducitur precepn niense 
^Januarió, in erae millesinw et tricetámo bhs quater 
» addito, 9 

Con ello hubieran notadl» desde luego que el epigrama 
aludía sólo á un obispo, Daniel. Y es en verdad extraño 
que tan torpe anduviera en comprenderlo así Rodrigo 
Dosma, pues estuvo bastante listo para notar que los do* 



316 HISTORIA DEL BSXNO D8 BADAJOS 

ce versos eran acrósticos de la frase Daniélis episcopio 
según puede verse: 

Oeserit fuñera Daniel (h)orrida, 
!>lletis jungitur, rite celestibus, 
^exus militibus, qui fuit optimus, 
hnnmunis popnlis ac venerabilis. 
^n jacent pracsulis membra purifici 
tr» 

C^imathi ecce, tectaque cespite, 
tP^sceptus spíritús arce dominica. 

xcator obiit prilula feritus. 
Oorusco fruitur coeütus gaudio, 
Obtutu Domini. Mense Januario 
'^receps ducitür, erae millesimo 
«-• in et tricésimo bis quater addito 

La voz alletis del segundo verso es una juxtaposición 
de dos palabras, at y letis, donde la t de at se asimiló á 
la I siguiente. 

La palabra lysimathi es una contracción de la» dos grie- 
gas lisis (disolución) y sooma, en caso oblicuo soomatos 
(cuerpo); de suerte que este helenismo está empleado en 
el texto en sentido de cuerpo deshecho ó pulverizado, pues 
se refiere á las cenizas del obispo Daniel. 

En el verso sexto hay también la locución teda cespi- 
tCi que á la letra dice cuhurtos con el césped^ ésto es, 
concuerda la voz, teda con la anterior, membra en el 
sentido de cubiertos los restos con la tierra. 

El verso octavo llama piscator al obispo Daniel, . en el 
mismo sentido alegórico en que Cristo, en el texto evan- 
gélico, llamó á los apóstoles pescadores de hombres. 

La voz prilula es un barbarismo de la época, sin que 
pueda ofrecer duda que os la misma palabra latina pilula 
diminutivo de pila , que significa flecha. 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNB2 T MAKTINBZ 317 



La locución p recepa ducitur del verso undécimo, dice 
á la letra es conducido precipitado; y se vé que es un re- 
curso para completar al verso su número de sílabas con 
una frase que sólo quiere decir: es asesinado. 

Bis quater additOy dice dos veces añadido ctvatro. ?sto 
es. ocho; de suerte que es una redundancia {)ara comple- 
tar el último verso. 

La traducciÓTi puede verse en él texto. 



r 






APÉNDICE n 



Textos de la descripción de España por Abu 
Abdalla Mohamed el Edrisi. 



ümí oaiiltiilo I 



Después se encnentra la provincia de Sevilla, situada 
al N. de la precedente, que cuenta en el número de sus 
ciudades Sevilla, Carmona, Galsana, y otros puestos for- 
tificados. Esta provincia limita con el Aljarafe, situado 
entre Sevilla, Niebla y el mar Occéano, que comprende, 
entre otros lugares fortificados, Hisnalcázar, la villa de 
Niebla, Huelva, la isla de Saltis y Gibraleón. 

Después está la provincia de Campania, de la cual de- 
penden Córdoba, Zahara, £!cija, Baena, Cabra y Luce- 
na. Aquí se encuentra un número considerable de gran- 
des castillos de que nos ocuparemos más tarde. 



Después la provincia de las Cuevas, donde están Zori- 
ta, Hita y Calatrava. 

Después la de Balalita, donde hay diversos lugares 
fortificados, siendo los más importantes, Pedroches, Ga- 
fic; HÍ8n*ibn-Harón. También hay otros que no son tan 
grandes. 



B20 HISTORIA DHli RUINO UK HA I>AJOZ 



AI Occidente de esia provincia está la de Al-Oarb, y 
en ella se encuentran Santa María, ;\f¿rtola, Silves y \xn 
gran niímero. de castillos y villas. 

Con esta provincia limita la del Castillo, donde se en- 
cuentra el castillo á que dá nombre Abu-Danis, y son 
también allí Evora, Badajoz, Xerez, Mérida, Cantara-as- 
saif y Coria. 

Después se encuentra la provincia de al-Ba-lat, donde 
están la villa de este nombre y Medellín. 

Después la provincia de Balata, donde están Santa 
réra, Lisboa y Cintra. 

Después la de las Sierras, que comprende Talavera, 
Toledo, Madrid, Alfamin, Q-uadalajara, Uclés y Huete. 

ümí eapltulo II 



De Silves á Badajoz, tres jornadas. 

De Evora á Badajoz, al oriente, dos jornadas. 

Badajoz es una villa importante, situada en una llanu- 
ra y rodeada de fuertes murallas. En otra época tenía 
hacia el oriente un barr'o más grande que la misma vi- 
lla, pero se dQspobló por consecuencia de revoluciones. 
Está edificada en la orilla de lana, gran río que tambiéi\ 
recibe el nombre de rio subterráneo, porque después de 
haber podido ser navegable por su caudal, se mete en la 
tierra hasta ^\ punto de desaparecer todas sus aguas; con- 
tinúa enseguida su marcha hacia Mértola y acaba por 
desaguar en el mar, no lejos de la isla de Saltis. 

De Badajoz^ á Sevilla se cuentan seis jornadas, pasan- 
do por Hajar Ibu Abi Jalid y Gibraleón. 

De Badajoz á Córdoba, por la gran calcada, seis jor- 
nadas. 



r 



MATÍAS KAMÓN MARTÍNKZ Y MARTÍNBS 821 



De Badajoz á Mérida, siguiendo la orilla del lana, al 
Oriente, íK) millas. En el intervalo hay un fuerte que el 
viajero que vá a Mérida, deja á su derecha. 

La villa de Méridafué residencia de Mérida, hija del 
rey Orosus, 5- existen vest¡í2;ios quo atestiguan la poten- 
cia, la grandeza, la gloria y la riqueza de esta reina. En 
el número de estos monumentos se encuentra el gran 
acueducto situado al Oeste de la villa, notable por su 
altura, longitud y el número de sus arcos. Por encima 
de estos arcos han practicado arcos abovedados que co^ 
muniean la extremidad del acueducto con el interior de 
la ciudad ó que hacen invisible al que marche por ellos. 
En la bóveda hay un tubo que vá hasta la villa. Los 
hombres y los animales pasan por encima de estas bóve- 
das, cuya construcción es de las más sólidas y el trabajo 
de los más notables. También hay muros en Mérida de 
piedras cuadradas y de gran solidez. 

Entre las habitaciones de la cindadela que están en 
ruinas, se vé una que se llama la cocina, 3^ hé aqui por 
qué: esta sala está colocada encima de la sala do recep- 
ciones del palacio, el agua llega allí por medio de un 
canal del que aún quedan trazas, bien que ahora esté se- 
co. Se colocaban platos de oro y plata que contenían to- 
da clase de manjares en el canal, por encima del agua, 
de tal modo, que conducidos por ésta llegaran á colocar- 
se delante de la reina, y entonces se depositaban sobre 
la mesa. 

Cuando la comida había terminado, se volvían á colo- 
car los platos sobre este canal y volvían al alcance del 
cocinero, que los sacaba después de haberlos lavado. El 
agua descendía enseguida á las alcantarillas del palacio. 

Lo que había todavía más curioso, era la manera de 
conducir las aguas á este edificio. Se habían elevado mu- 
chas columnas llamadas subterráneas^ ó sifones, que sub* 



B22 HISTORIA DBL BBINO DB BADAJOZ. 

sis ten todavía sin haber sufrido las injurias del tiempo. 
Las había más ó menos altas, según lo exigía el nivel 
del suelo encima del cual so colocaban, y la más alta te- 
nia 100 codos. Todas estaban colocadas en línea recta. 
El agua llegaba allí por medi ) de cañerías que hoy no 
existen, pero las columnas existen todavía y están cons- 
truidas con tanto arte y solidez que podría creerse que 
eran de una sola pieza. 

En el centro de la villa se vé una arcada, por delante 
de la cual puede pasar un jinete llevando una bandera. 
El niimero de piedras de que se compone este arco, es 
de once solamente, á saber: tres de cada lado, cuatro pa- 
ra la cintra y una para la clave de la bóveda. 

Al mediodía de la muralla hay un pequeño edificio 
con torre, donde estaba colocado el espejo donde se mi-» 
raba la reina de Marida. Este espejo tenia 20 palmos de 
circunferencia, y gii'aba sobre goznes en sentido verti- 
cal. El lugar que ocupaba, todavía exista. Se dice f|ue 
Mérida le había mandado construir á imitación del que 
Alejandro había hecho fabricar en el faro de Alejandría. 

De Mérida á Cantara as-saif , dos jornadas. 

Cantara as-saif es una de las maravillas del mundo. 
Es una fortaleza construida sobre un puente. La pobla- 
ción habita en esta fortaleza, donde está al abrigo de 
todo peligro, porque sólo se le puede atacar por el lado 
de la puerta. 

De Cantara as-saif á Coria, dos jornadas cortas. 

La villa de Coria está hoy en poder de los cristianos. 

E.odeada de fuertes murallas es antigua y espaciosa. 
Es una excelente fortaleza y una bonita población. Su 
territorio es extremadamente fértil y produce frutos en 
abundancia, sobre todo uvas é higos. * 

De allí á Coimbra se cuentan cuatro jornadas. 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBB T MARTfNBZ 823 



De Santarém á Badajoz se cuentan cuatro jornadas; á 
la derecha del camino está Elvas, plaza fuerte situada 
al pié de una montaña. En la alegre comarca (|ue la ro- 
dea, hay muchas casas y bazares. Las mujeres son de 
una gran belleza. 

De allí á Badajoz. 12 millas. 

Déi oapftiilo III 

De Mérida á Caracuel, fortaleza, tres jornadas. 

De Caracuel á Calatrava, sobre los bordes del lana — 

Este último río tiene su nacimiento en unas praderas 
situadas más arriba de Calatrava, pasa cerca de la villa 
ó fortaleza de lana, después cerca de Calatrava, des- 
pués por la fortaleza de Aranda, después por Mérida, 
después por Badajoz, después cerca de Xerez, después 
por Mértola y después desagua en el Occéano. 

De Calatrava á Aralia, fortaleza, dos jornadas. De és- 
ta á Toledo una jornada. 

De Calatrava, dirigiéndose al N. á la fortaleza de al- 
Balat, dos jornadas. 

De este fuerte á Talavera, dos jornadas. 

De Cantara as-saif á Al Makhada, cuatro jornadas. 

De Al-Makhada á Talavera, dos jornadas. 

De Mérida á Medellín, dos jornadas cortas. Esta últi- 
ma fortaleza está bastante poblada; sus caballeros y sus 
peones hacen incursiones y razias en el país de los cris- 
tianos. 

De Medellín á Trujillo. dos jornadas cortas. 

Esta última villa es grande y parece una fortaleza. 
Sus muros están sólidamente construidos y hay bazares 
bien provistos. Sus habitantes, tanto jinetes como in- 
fantes, hacen continuas incursiones en el país de los 



824 HISTORIA DBL REINO DB BADAJOS 



cristianos. Ordinariamente viven del merodeo y se valen 
de ardides. 

De allí á Cáceies dos jornadas cortas. Esta última pla- 
za es también fuerte; allí es donde se reúnen para de- 
vastar y saquear el país de los cristianos. 

De Miknesa á Makhada al-Balat, dos jornadas. 

De al-Balat á Talavera, dos jomadas. 

En cuanto á este último río, tiene su origen en los 
montos quo so prolongan dosdo Alcalá hasta Alpuente; 
después, dirigiéndose al Oeste, desciende hasta Toledo, 
después á Talavera, después al Makhada, después á Al- 
cántara, después á Conetira Mahmout, después á lavi'la 
de Santarém y después á Lisboa, donde vierte sus aguas 
en el mar. 

Del oapltulo V 



No lejos de Constantina está el fuerte de Firris, don- 
de se encuentra una cantera de una clase de mármol ala- 
bado por su belleza y conocido con el nombre de Firris. 
Este mármol es, en efecto, el más blanco, el mejor ve 
teado, y el más duro que es posible encontrar. De este 
fuerte á Gibraleón, hay tres jornadas cortas. 

El itinerario de Córdoba á Badajoz, es como sigue: 

De Córdoba á Dar al Bacar. do que ya hemos hecho 
mención, una jornada. 

Desde allí al fuerte de Beiñadar, una jornada. 

Después á Azuaga. fuerte situado sobre una eminen- 
cia y cuyo muro de circunvalación es de tierra, una jor- 
nada. 



r 



MATiAB RAMÓN MARTfNBZ T MARTÍNBS 825 

Después al río de Etina una jornada. 

Después á Alanje, fuerte muy elevado, bien construi- 
do y de muy buena defensa, una jornada. 

Desde allí á Mérida, una jornada corta^. 

Desde allí á Badajoz, una jornada corta. 

Lo que forma para el total de la distancia que separa 
á Córdoba de Badajoz, siete jornadas. 

(De ]a traducción de Don Antonio Blázquez, Madrid, 1901.) 



B28 HISTORIA DBL REINO DE BADAJOZ 



blaron siete linajes ó razas distintas, cada una de las 
cuales conservó sus usos y costumbres, y tuvo sus jue- 
C2S y caudillos propios. Por eso en el fuero que otor- 
gó á la ciudad Don Alfonso VI, se dice en el artículo 
CCXCVIII: «En Salamanca non aia sonon VII alcaldes 
»é VII iusticias, é si mays alcaldes ó mays iusticiají y 
• metieren, caia tod' el Conceio en periurio.» 

Esta separación de razas continuó por mucho tiempo? 
y á ella fué debido el que la tropa concejil que peleó 
cerca de Badajoz contra Texefín, la formasen siete gru- 
pos, capitaneados por otros tantos jefes, y el que no hu- 
biese un general de todo el ejército. Así las razas, aun- 
que vivían en el mismo Concejo, estaban separadas en- 
tre sí y se consideraban extrañas las unas á las otras, 
naciendo entre ellas antagonismos y rivalidades. Por 
eso se negaba á nombrar caudillo para toda la hueste 
municipal; pues, considerándose cada raza como cabeza 
de sí misma, y con cierta libertad y autonomía respecto 
de las demás, S3 creerían desairadas todas aquellas á que 
no perteneciese el caudillo que se nombrase para dirigir 
á todas. 

¿Qué razas eran éstas? Lo sabemos por una escritura 
de 22 de Mayo de 1246, en que se designan las justicias 
y al'^aldes de cada una, en estos términos: «Jurado de 
» Bárranos, Yllan, hijo de don Adalid; de Castellanos, 
»don Ulan, yerno de Garci Pérez; de Toreses, Martin 
» López; de Francos, don Pedro de Limoges; de Bregan. 
»cianos, Domingo Millan; de Portogaleses, don Benito, 
»y de Mozárabes, don Aparicio. Y Alcaldes : de los Por" 
»togaleses, Pascual Guimarra; de Bres^ancianos, Pedro 
»M«.rtin; de Castellanos, Domingo Juanes; de Mozára. 
»bes, Miguel Pelaez; de Toreses, Domingo Moro; de 
•Francos, Pedro Garnell, y de Sarranos, Domingo 
Nunno*» 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBZ T MARTÍNEZ 329 



Las razas eran, pues, éstas, que reseña Martín Villar 
García, en su Historia de Salamanca (tomo I, lib. II, 
capítulo I): 

1.*. Los francos ó franceses, que vinieron con el con- 
de Don Raimundo de Borgoña, yerno de Don Alfonso 
VI, y entraron á repoblar á Salamanca siendo su caudi- 
llo Don Giralt Bernal, progenitor en la ciudad de los 
Bernales. 

2.* Los sarranos ó serranos, nombre que aún lleva 
una calle del distrito que poblaron, vinieron con Don 
Pruela, de las montañas de Asturias y León, y de este 
linaje proceden los Flores. 

3.* Los castellanos, que vinieron del antiguo conda- 
do de Castilla con el conde Don Vela de Aragop, de 
quien proceden los Rodríguez de las Varillas. 

4.* Los bregancianos, vinieron de las conquistas he- 
chas á los moros do Portugal, que pertenecían á la coro- 
na de León, y tenían por jefe á Don Pedro de Anaya. 

5.* Los portogaleses, que vinieron de Portugal con 
Don Godino de Coimbra, de quien descienden los Godi- 
nez, duques de Tamames, y los condes de Santibañez. 

6.* Los toreses, que vinieron de Toro con el conde 
Don Martín Fernández, hijo natural del rey Don Fer- 
nando I el Magno. 

.7.* Los mozárabes y que eran los cristianos que po- 
blaban la ciudad durante la dominación mahometana, y 
continuaron en ella después de la conquista. 

Hubo otra raza, que si no entró entre las repobladoras 
de la ciudad, por lo menos debió egtablecerse no mucho 
después en ella, y era la de los judíos, de la cual dice el 
Fuero, en tiempos de Don Fernando II, que no tenga 
otro señor sino el Rey y el Concejo de Salamanca, que 
los ha de amparar en sus derechos. 






APÉNDICE IV 



Expediciones de los toledanos y salnnantinos. 



Post mortem Guterii Hermenegildi Toletanae militiae 
principis, sicut superius dictum est, cónsul Rodericus 
Gundisalví invenit gratiam in conspcctu Imperatoris; 
Imperator fecit eiim principem Tolotanae militiae et 
dominum totius Extrematurae, qui congregans magnam 
militiam Castellaa et Extrematurae, insuper milites et 
pedites Toleti et aliarum civitatum, quae sub conditione 
Toleti sunt, ascendit in terram Sibilliae et destruxit to- 
tam illam regionem, et fecit multas strages et incendia; 
et omnia arbusta fructífera fecit incendi: et accepit 
magna spolia eorum et captivationem hominum et mu- 
lierum et parvulorum, quorum non erat numerus: aii- 
rum et argentum, vestes pretiosissimas abundanter: 
greges equorum ot equarum et asinorum et boum et va- 
ccarum, et omnia pécora campi siije jiumero. Hoc vi- 
dens Bex Sibilliae convocavit multa millia Moabitarum, 
et Arabum et Agarenorum ab Insulis maris, et mariti- 
mis, et vicinos, et amicos, et multos principes et ducos, 
et persecutus est castra consulis. Hoc autem non latuit 
comiti: et cónsul movit exercitum de castris, et stete- 
runt sarracenis obvíam^ et divisi sunt pedites Chr istia- 



BTBTOftIA hVL RfllHO DB BADAJOS 



iiornm in duas acies, efc viri sagitarii, et fundibularii 
cum eis, et primi certaminis omnes potentes, et deinde 
acies militum Avilae contra acies Arabum; secunda 
acies Secoviae contra acies Moabitarum et Agarenorum: 
Cónsul vero stabat in novisima a cié Toletanae militiae 
et de Trans-Serram. et Castellae, ut auxilium ferret im- 
becilibus corde et consolationis, vulneratis. Inito autem 
certamine, Sarraceni clamabant tubis aeréis, et tambo- 
ribus, et vocibus, et invocabant Mahomet. Christiani 
autem ex toto corde clamabant ad Dominum Deum, et 
ad S. Mariam, et ad S. Jacobum, ut eorum misereren- 
tur et obliviscerentur peccata Begum, et eorum, et pa- 
rentum, et ceciderunt vulnerati multi ex his, et ex illis. 
Novissime vero quia vidit Cónsul firmiorem partem 
exercitus Regis Sibilliae, convenerunt cum ipso in bello 
omnes constantes corde, et irruit in eum: et Rex Sebi- 
Uiae cecidit in bello, et mortus est, et multi Principes 
et Duces cum eo; et omnes acies Paganorum contritae 
sunt, et lugerunt. Cónsul vero persecutus est eos usque 
ad portam Sibilliae, accepitque spolia eorum, et prac- 
dam, coepitque re ver ti in sua castra. 

Eodem tempere optimates Salmanticae introierant 
térra Badalioz dicentes inter se, cum viderent Consulein 
ad terram Sibilliae iré volentem: Eamus et nos in térra 
Badalioz, et faciamus nobis nomen nostrum grande, et 
non demus nomen gloriae nostrae ulli Principi aut Du- 
cí. Et congrégate nimio exercitu, abierunt viam, quae 
ducit Badalioz, et vastaverunt totam teriam illam; et 
fecerunt magnas strages et incendia, et magnam capti* 
vationem vivorum, et muliernm et parvulorum, et to- 
tam Rupollectilem domorum, ot locupletationem auri et 
argenti abundanter: insuper ceperunt opes magnas, 
equos, et mullos, et camellos, et asinos, boves et vaccas, 
et omnia pécora campi. Et dum ista geruntur, rex Te- 



MATÍAS EAMÓM MAftTÍMBZ T MAKTÍNSZ 33B 



xafímus congregavit exercitum sicut arena quae est in 
littore maris, ut pugnaret cum Conaule Roderico; et 
cum cognovisáet á quodam viro sarraceno, qui f agora t 
de castris Consulís Roderici, quod mortuus esset Rox 
Sibilliae, et nobiles eius, timuit illo iré: et á praefato 
viro sarraceno iterum cognovit quod castra Christiano- 
rum essent in regione Badalioz, et sequutus ost eos, et 
posuit castra sua á facie castrorum Christianorum, ot 
illo die non commisit praelium adversus eos, qiiia nox 
instabat. Christiani vero hoc videntes, occiderunt om- 
nes Sarracenos captivos, tam viros quam mnlieres, ne 
forte castra eorum turbarentur ab illis, acceptis armis. 
Et rex Texufinus jussit suis interpretibus ut interrogas- 
sent Christianos ¿quis esset Dux aut Princeps militiae 
eorum? Quibus Christiani responderunt ; Omnes sumus 
Principes et Duces capitum nostrorum. Hoc audilt», Te- 
xufinus cognovit quod essent insensati et sine sensu; et 
magno gandió gavisus est, et dixit circunstantibus: sci- 
tote quod Deus illorum dereliquit eos insensatos. Et 
multi optimates Salmanticae videntes ea, quae futura 
erant. substraxerunt se de castris et fugerunt. 

Mane autem facto. inito certamine, terga verterunt 
Christiani, et omnes milites et pedites mortui sunt; et 
non remanserunt ex eis nisi pauci, qui fugerunt pedibus 
equorum; et munimenta castrorum capta sunt; et facta 
est magna ruina super Christianos. Rex vero Texufinus 
toUens omnia spolia Christianorum, victorioso reversus 
est ad Cordubam civitatem suam. 

(Chronica Atlephonsi iinperatorÍ8, iiúms. oíí, 51 et oo.) 



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APÉNDICE V 



Conquista de Coria por Don Alfonso Vil 



Sed postquam capta est Aurelia, evoluto tempere duo- 
rum annorum et sex mensium, Imperatur applicuit ad 
Coriam, et circumdedit eam castris; et jussit artificibus 
suis faceré quamdam turrem ligneam, quae eminebat 
super omnes muros civitatis, et machinas, et ballistas, 
et vineas, cum quibus coeperunt suf federe muros civi- 
tatis, et destruere hurres. Sed Moabites et Agareni qui 
erant in civitate, timore magno perterriti, clauserunt 
omnes portas muro magno et firmo; et prohibebantur 
ingredi et egredi. Praevaluit tándem fames valida in ci- 
vitate, et multi Agarenorum fame perierunt. Sed post- 
quam Moabites viderunt se oppresos valde, petierunt 
dextras pacis Imperatori tali tenore, ut quaererent qui 
liberaret eos usque ad triginta dierum spatium; sin au- 
tem reddercxit civitatem pacificé cum ómnibus captivis, 
et regalibus redditibus. Quo audito placuit Imperatori 
et ómnibus consili'ariis eius. Missis itaque nuntiis regi 
suo Texufino, qui regnabat pro Hali patre suo, et in do- 
mo Begis Avencetae, et in domo Regis Azuel, nuntiave- 
runt eis omnia quae iliis acciderant, et quale pactum ha- 
bebant cum Imperatore Legionis. Box itaqu e Texufinua 



336 HISTORIA DBL RBINO DE 9ADAJ0Z 



et coetoin Reges, non habentes potestatem liberandi eos, 
ñeque civitatem suam, multum plahgentes jusserunt red- 
di civitatem, et liberare aniinas suas, et complere om- 
nia quae pepigerant Imperatori; quod ita absque mora 
factnm est. Postquam autem ci vitas reddita est Impera* 
tori, mnndata est ab inmunditia barbaricae gentis et a 
contamiuatiooe Mahometis: et destructa omni spurcitía 
paganoruní civitatis illias et templi sui, dedicaverant 
ecülesiam in honore S. Mariae semper virginis et om- 
nium sanctorum; et ordinaverunt ibi episcopum virum 
religiosum nomine Nabarronem, sicuti antiquitus faerat 
sedes episcopalis tempore Ildefonsi Archiepiscopi et Re- 
caredi Regis, quando tota illa térra Christianorum erat 
á Mediterráneo usque ad mare Occeanum. Capta est au- 
tem civitas Cauria in era MCLXXX, et in mense Junio. 
Postquam Imperator, auxiliante Deo, tali triumpho et 
victoria ditatus est, cum exercitu suo, laudantes Deum, 
cnyus misericordia continet omnia saecula, reversus est 
honorifi< í' ct pacifice in civitatem suam, quam dicuntur 
Salmantiam. 

Videntes autem Moabites et Agareni, qui erant in Al- 
balad, quod capta esset Coria, magno timore perterrití 
sunt: et abeuntes reliquerunt castellum vacuum. Vene- 
runt autem viri Christiani Avilae et Salmanticae, et 
destruxerunt illud usque ad fundamentum. 



('Chronica Ailophonsi imperatoris, núms. 74 y 75.) 



r 







APÉNDICE VI 



El nuevo obispado de Coria, en 1142 



Jura exigunt ratíonis^ut Caurieusis Eccleaia quae miil- 

tis temporíbus sub captivitate Sarracenorum permansit 

obnoxia, et nimc per Dei misericordiam liberata, pristi- 

naeque dignitati suae Poutifioali, pristinaeqne libertati 

per ea-íidem Dei misericordiam est restituta, digiiis fo- 

ris, dignis honoribus, dignis in perpetuum ditetur here- 

I dit^tibus. Hujiis roi gratia ego Aldephonsua Hi.spaniae 

I Imperator, por ciijiis Imperii potestatem Domimi« suo 

I providentiae auxilio Cauriensem Ecclesiam á eaptivita- 

I te sarracenorum eripere, Dignitaüíjue suae voluit mi- 

j sericorditer reformare, una cum uxore mea Berengaria 

I grato animo, volúntate spontanea, dono jure hereditario 

I eidem Cauriensi Ecclesiae sub honore Boatae Mariae 

fnndatae, Dominoque Navarroni eidem Ecclesiae novo 

ordinato Epiacopo, omnes ipsíus Civitatis Ecclesias, 

etc. Facta Carta Burgia I' I kalendas Septembris Era 

I MCLXXX praedicto Imperatore Aldephonso imperante 

in Toleto, Legione, etc. 

(Florez, Cspaüa sagrada^ tom. XÍV^, pág. (51). 



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APÉNDICE VII 



Concordia entre la Iglesia metropolitana de Santiago 

de Coinpostelu y la Orden de Santiago, celebrada 

en Febrero de 1171. 



In nomine Domini nostri Jesu Cristi, Amen. Era 
MCCVIIII. et pridió Idus Februarii. Thesaurus memo- 
riae est scriptura, ad quam expedit recurrere, quotiens 
contingit de couventionibus du hitare. Eo videlicet pros- 
peetu praesenti scripto, quasi testimonio qnodam tám 
praesentibus quam fnturis notum fiori volumus, quia ego 
Petras Dei gratia secundas. Compostellanus Arehíepis- 
copuH, ouní eonsensu et volúntate Canonicorum meoruui 
volens fidem, ot Ecclosiam Dei propagare, iuvare, pro- 
tegeré ct dilatare, recipio vos Petrum Fernandi Magis- 
trum ililitum Sancti Jacobi in socium ct Canonicum 
Ecclesiao S. Jacobi, quod idom concediraus universis 
successoribus vestrL^. qui locum vestrum tenueriut, hoc 
cst. qui Magistri JVIilitum fuerint, ut diximu«, Sancti 
Jacobi, caetcrüs autem Fratrcs vestros, et vos iyisum, et 
qui post vos Magistri Militum fuerint, in Vassallos et in 
Milites Beitissimi Jacobi Aposfcoli, sub Christo milita- 
turos in vexillo S. Jacobi ad honorem eius Ecclosiaé, et 
Fidei amplificationem. Meque ipsum Petrum Composte- 



B40 niS^tOBíA DBL REIKO DE BADAJOS 

Uanum Archiepiscopum Dei gratia in Socium vestrum 
et Fratrem offero, et trado, et quod me ad uiium ves- 
trum admitatis» Deo et vobis gratias ago, quod et mane- 
re ratum, et oonsequens volumus apud universos suc- 
cessores nostros et posteros, qui Cathedram Composte- 
lia nam tennerint, prout quisque successerit, in fraterni 
tatem et in societatem vestram venerabiliter suscipiatis. 

Unde ob hanc mutuam fraternitatem et salut^rem de" 
votionem in primis munimus vos et donamus Vexillo 
Sane ti Jaoobi, immo Christi et Jacobi, ut sub Christo 
militetis S. Jacobo Beatissimo Patrono et Apostólo nos- 
tro hac ope nostra semper adiuti, ut quandocumque No- 
bis posse datum fuer i t vel per nos, vel cum Bege, auxi- 
lio vestro simus cum Vassallis ct militibus nostris consi- 
lium, et auxilium, arma et armatos praestantes, prout 
melius valuerimus. Vos autem Nos, nostrosque successo- 
Tes Archiepiscopos fratres, socios cum Vexillo S. Jaoobi 
ad ejus honorem, et Fidei augmentum suscipiatis vene- 
rabiliter cum devotione. 

Si autem interdum evenerit, quod eveniet, quod absque 
persona nostra, vel successorum nostrorum Milites, et 
Vasalli nostri Regis expeditioncm sequentcs, vel spcoia 
liter in castra vestra venientes Magistrum vestrum, vel 
Vices-Magistri vestrum Tenentem tamquam me ipsum 
sequantur fidelissime, ac revereantur, 

Ad honorem igitur S. lacobi, etejus Vexilli oxaltAtio- 
nem donamus vohis. tradimn«, et <-rm<;<Ml¡iiins medieta- 
teni Voloruin. «juae liabomu« in liis irilius partibus: Za- 
mora, Salamanca, Civitat*', et oarum I Tiuiíi'.s: üni verija 
ítem Vota r\ inii;gro u^«[UO aJ uninu «jU.ie ji'I Noj^ speo 
lant in Episjcupatu dü Abula, vcJ ojus toiiniais cuui óm- 
nibus illis do Transsorra; et médium illius Alburquerque 
cum medietate terminorum suorum, et quartam partem 
Civitatis Emerilae cum una de melioribus Capelli8,^t 



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MATÍAS RAXOM BUSTÍNES T MAKTIKBZ 84L 

ciim medietate oinniíim corum. quae infrá suos términos 
ad Nos jure Regali pertinere noscixntur ejusdem civiüi- 
tis, «alvo in ómnibus jure Pontificali. Luctuosas quoquo 
omnium Militum, quae ad nos de térra 8. lacobi spectant 
cum devotione vobis concedimus. Hace enim dona quae 
prescripsimus, si ve oblationes vobis perpetuo habendas 
concedimus, ufc teneat's et defendatis Alburquerque op- 
pidum. Ad cujus tuitionem et coeterorum defensionem, 
quorum labor vobis incumbit, et aliorum adquisitionem 
superadimus vobis medietatem fructuum omnium haere- 
ditatum, et medietatem consuetudinum, quas posside- 
nius sub Zamora, Salamanca, Ledesma, et earum termi- 
nis, scilicet eo pacto, ut tanto tempere possideatis hos 
haereditatum fructus et percipiatis, quousque Albur- 
querque, Canceres, Emérita á labore Sarracenorum ac 
vigiliis et desudatione tenendi frontariam cessaverint, 
hoc est, cum civitates aliae vel castella huno laborem 
contra Sarracenos priucipaliter sustinere contra sarra- 
cenos susceperint, ab eo inquam tempore fructus haere- 
ditatum quorum medietatem sub Zamora, Salamanca, 
Ledesma et earum toruniiis vobis concessimus, redeant 
cum omni integritate in ius pristinum. et posessionem 
Ecclesiao S. Jacobi. 

Egü quoqu*^ Potrus Fcrnaudi Magister Militum Beati 
Jacobi, licet indignus, una cum consensu M»litum et 
Fratmm no.^trorum, oh praedicta bnnefioiorum merita 
recipinius vos IJominum Petrum (Jompostellanum Ar- 
rliiopiscopum, vcstroí5<|Uc succossores, qui Cathedraní 
Gompostcllanam tenuoriuf , iu iu»strain societatem et fra 
tornam dilcotionem. Me ((uoquc. nitosquo successorcb? 
et fratres nostros universos contraiimus et asserimus in 
vasallos et Milites S. Jacobi, ut iuxta praescriptum te- 
norem in houorom ejusdem gloriosissimi Apostoli sub 
ejus Vexillo perpetuo jmilíteailis in Cbristo, 



^■^ 



842^ HISTOHIA. DBL RBtNO DB BÁD4J0I 

Ego Petrus Del gratia Ecclesiao Beati Jacobi secuu 
dus, ArcLiepiscopus hoc scriptum proprio robore confir- 
mo. Petrus Dei gratia Jacobitaiiae Ecclesiae Dccaiius 
conñrmo. Ego Pelagiiis do Lauro Ecclesiae Bí;ati Jacobi 
Arcliidiaconus conf. Ego Potrus Judex conf. Ego Bor. 
uardus Coiniiostellanae Ecclesiae Cavdiualis conf. Pela- 
gius Gund. Ecclesiae Beati Jacobi Cantor conf. Ego Pe- 
trus Stephani Archidiaconus conf. Magister Potrus Car- 
dinalis, Archi Prcsbytcr de* Giro conf. Ego Petrus Prae- 
positus Ecclesiae Beati Jacobi Canonicus, et Doiniui Ar- 
chiopiscopi Caiicellarius confirmo. 

( Bullarium Ordiiiis Militiae S. Jacobi, pág. 5 (Madrid, 171í).) 



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APÉNDICE VIH 



Donación de varios lugares en la comarca de Badajoz 

á la Orden de Santiago, hecha por D. Fernando II 

en n71 



In Hornillo Doiniai Jesu Christi. Amen. ínter coetera 
qaae Regiam Maiesfcafconi decorare videnfcnr. siimma et. 
2)raoeipua virtus esfc R3ligiosas porsoiias diligore, vene 
rari, et largis muaeribiis ditare, et eo^ praenipue, qui ab 
jectis secnlaribiis concupi.soontüs pro d^fansione Chris* 
tianitatis contra iaimicos Crucis Christi sempar railitaro 
sancto stataerunt proposito. Hiiius rationis intuitii Ego 
Dominas Fernandus Dei gratia Hispaniarum Rex una 
cum uxoro moa Regina Domina ÜJraka et filio meo Re- 
gó Aldefouso do Deo at vobis Petro Fernandi, Glorio- 
sissirai Patroni uostri Apostoli Jacobi Magistro, et óm- 
nibus successoribus vestris, neeuou et ómnibus Militi 
l)us qui sub Vexillo ipsius Apostoli Deo iam militant, 
vel deiuceps milita verint, istas haereditates, quae suut 
infrá términos de Badallozo, videlicet: Vallem de AL 
buera, cum Luchena, et Cantinuanam. et illud CastoUum 
quod dicitur Mons Maior, cum illo rivo qui vocatur Ca- 
día, sicut defluit in Oiiadianam, et sicut aquie decidunt 
in Cadiam, cum ómnibus directuris et partinentiis suis. 
Ut ab hao die deiucepg vos et sacoessores vestri hab ea- 



íWi HISTORIA DEL RRIXO DB BADAJOZ. 



tis istas praodlctas liaeroditates, efc jur(5 haereditario ¡a 
2)erpetimm possideatis. Hoc autem facimus, ut ille, qui 
dat salateni Regibus, Nos et Regnuní nostrum servet in- 
cólume ín hac praesenti vifca, et in futura aeterna prao- 
mia largiri dignetur. Si quis igitur, tam de nostro gene- 
ro quam de alieno, hoe nostrum voiuritarium factuní ¡n- 
fringere tomptavorit. iram Omuipotentis Dei, et Hegiam 
iudignationem incurrat, et eum .luda Domini traditore 
in inferno sit damnatus. ot j^ropfccr temerarium ausum 
partí Regíac centum libras auri porsolvat, et haeo carta 
ñrma iu perpetuum maueat. Facta carta iu Xerit, era 
MCCVIIII Regnante invictissimo Rege Domino Fernan- 
do cum uxore sua Regina Domina Urraka in Legione, 
Gallecia, Asturiis et Extremadura. Ego Domnus Fer- 
nandus Dei gratia Hispaniarum Rex. hanc eartam quam 
fieri iussi, proprio robore confirmo. 

Petrus Compostellanae Ecclesiae Archiepiscopus sc- 
cundus confirmat. Joannes Lucensis Episcopus confirm. 
Fern. Astoricen. Episcopus oonf. Joan. Legión. Episco- 
pus cbnf. Gunsalvus Oveten. Episcopus conf. Stephanus 
Zamoren. Episcopus conf. Petrus Salamant. Episcopus 
conf. Petrus Cauriensis Episcopus conf. 

Comes Urgellensis 3[aiordomu8 Regis dominans in Li • 
juia et Toronio confirmat. Comes Gómez dominans in 
Trastamar conf. Comes Adefonsus dominans in Asturiis 
conf. Fernandus Roderici tenens Turres Legionis conf. 
Petrus Pelagii de Portugal Signifer Regis conf. Fernan- 
dus Poncii Mayor tenens 8enabriam confirmat . 



(Bnllar, Onl. mil. S. Jacohi. pág. 6.) 



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JK^&Jt. Ja..vM/ Ja..JR^?t.v1S^-Í^^ v^^JS^ jlL.S. JS^Ja . .flL 



APÉNDICE ]X 



Donación de Alconchel á la Orden de Santiago, en el 

año 1171 



In nomine Domini, etc. Ego Domnus Fernandas l)ei 
gratía Hispanorum Rex, una cum uxore mea Domina 
Urraka et filio meo Rege Aldefonso, do Deo et vobis 
D. P. Fernandi Militiae S. Jacobi Magistro, et ómnibus 
successoribus vestris, necnon et ómnibus Militibus, qui 
sub nomine ipsius Apostoli Deo iam militant. vel dein 
ceps militaverint, Alconcher, videlicet Castellum illud, 
quod est ultra Badallocium apté situm ad expugnandos 
Christi Crucis inimicos. Hoc autem fació tam pro me, 
quam pro ómnibus successoribus meis, etc. Facta carta 
in Orunna, era MCCVIII, etc. 



(BuUar. Ord. mil. S. Jacobi, pág. 7.) 



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® ^Sí S^^ Si S:^ ¡Si S,S Si>@>^>^'^^ S' 






APÉNDICE X 



Donación de Almofrague á la Orden de Santiago, 
en el año 1171 



In nomine Domini nostri Jesu Christi Amen. Ad rein- 
tegrationem memoriao utilis inolevit consuetudo, iit id 
confirmetur scripto, quod á Eegibus publice donatiir 
Deo. Ejus intuitu rationis ego Domnus Fernandus Dei 
grátia Hispaniarum Rex una cum uxore mea Regina 
Domina Urraka, et filio meo Rege Aldefontío scripti tes- 
timonio do Deo et vobis Domno Petro Fernandi Glorio- 
sissimi Patroni nostri Apóstol! Jacobi Militiae Magistro, 
et ómnibus successoribus vestris, necnon et ómnibus 
Militibus, qui sub invocatione praedicti Apostoli Jacobi 
pro dilatanda Christi Fido contra Crucis ejus inimicos, 
semper dimicare compromisserunt , vel deinceps com- 
promisserint, Al-Mofrag, Castel'um scilicet quoddam, 
quod esít in Bípa Tagi in frontera Sarracenorum . Et 
hoc fació, etc Facta carta era MCCVIIII, etc. 



(Bullar. Ord. mil. S. Jacobi, pág. 7.) 






APÉNDICE XI 



Donación á la Orden de Santiago de ciertas rentas en 
la comarca de Trujillo, hecha en 1186 



Quoniam ea quae á Regibus sunt, scripto firmantur, 
ne post temporum diuturuitate oblivioni tradantur, id- 
circó ego Aldefonsus Dei gratia Rex Castellae et Toletí 
una cum uxore mea Alienor Regina libenti animo et vo- 
lúntate spontanea fació cartam donationis, concessionis 
et stabilitatis Deo, et Jacobitano Ordini et Militiae, et 
vobis Ferrando Didaci ejusdem Ordinis Militiae Magis- 
tro, et ómnibus succossoribus vestris et Fratribus dicti 
Ordinis praesentibus et futuris, pro animabus parentum 
jn(?oruni et salut? propria perpetuó valituram. 

Dono i taque vobis ot ooncodo medietatem Decimao, 
quae de ómnibus meis redditibus tam ex agricultura, 
quara quibuslibet alus modis de Trugello, et ómnibus, 
terminis suis proveniet et emerget, et medietatem Ter- 
tiarum do Eeclosiis de Trugollo et ómnibus terminis suis 
qui populabuntnr do Tago usque ad Guadianam^ et me- 
dietatem totius juris Ecolosi.istici, quod ad Episcopum 
dignoscitu]" portinoro, resérvala una tcrtia Decimarum 
Ecclesiae Ecclosiarum Clericis. et alia tertia concilio ad 
fabricam Ecclesiarum designata. Si quis vero hanc car- 
tam infríngele praesumpserit iram Dei Omnipotentis 



860 HISTORIA. DKL REINO DR BADAJOS 



líleuarií' iiicurrat, et insuper Regiae parti mille Áureos 
iii cauto pcrsülvat, ct dararuim quod vobis iutulerit duj)- 
platum rcstituat. Facta carta apud Turgellum, era 
MCCXXIIII, et XI kalon. Maii. 

Gundisalvrs Toletanae Ecclesiae Archiepiscopus et 
Hispauiarum Primas confirniat. Joannes Conchen. Epis* 
copus conf. Garsias Oxomen. Episcopus conf. Martinus 
Segont. Episcopus conf. Dominieus Abulonsis conf. Co- 
mes Petrus conf. Comes Ferrandus conf., etc. 



iBullar. Oíd. mil. S. Jacobi, pág. ;^i.) 



.APÉNDICE XII 



Privilegio de fundación de Plasencia, otorgado 
en 1189 



Qiiaiito largiüs fide.s pullulat, et augetur Cbristiana 
Religio, tautiO magis ex iuvocatione divini rioiniíiis su- 
perna gloriatur maiestas, et suis fidelibus exhibet quod 
spopondit. Uiide pium est, et saluti animarum expedit, 
his in loéis Paganorain rogionis affinibus urbes cons- 
truore, Ohristicolaruin aggregatioues plantare, quae iu- 
fidelium noquitiae sint iii obataculum et omnium Crea- 
tori in laudem et gloriam. Quaproptor ego Aldephonsus 
Dei gratia Rex Castellae et Toleti, una cum uxore mea 
Eleonora Regina, et cura, filiabus meis infantisis Be- 
rengariá et llrraka, ad honorom Dei, in loco qui anti- 
quitus vocabatur Arabroz, urbom aedifico, cui Placentia 
(ut Doo placeat et hominibus) nomen imposui, eique, et 
ejusdem Concilio praesenti et futuro, et filiis et posteris 
eorum assigno, dono et concedo términos per suscriptas 
metas, et mojones inclusos versíis urbem, signa tos sub- 
sequenti modo, et divisos cum nemoribus et aquis, et 
fontibus, et cum ómnibus directuris et portinontiis suis, 
ita quod teneant et possideant términos illos desertes 
aut populatos, quomodocumque voluerint, sive ad pas- 
qua, sive ad agricultaram, et de eis et iu ois quid quid 



V- 



352 HIKTORIA DEL RFJNO DE BADA^Ol^ 



volueriufc faciant. In partibus quae sunt ultra Tietar, sit 
eis terminus circa Tagnm, sicut dividit per illum vadum 
de Alarga, quod ost in Tago; sicut itur in directum ad 
Cabecam maiorem de la Pedernalosa; et de Pedernalosa 
in directum ad Petram fictam; et de Petra ficta in direc- 
tum ad Cabe(,^as de Terrajas; et de Cabecas de Torrabas 
in directum usque in rivum Tietar; et ultra Tietar ad 
(xargantam de Chiella; et do Garganta de Chiella per il- 
lam carreram rectam, qua itur ad summum de valle Ve- 
llido; et per vallem Vellidum ad iussum, sicut itur in di- 
rectum ad Cabe9am de don Pedrolo; et de Cabe9a de don 
Pedrolo ad iussum sicut intrat via in rivum Tormis; et 
Tormis ad iussum usque ad arroium de Muía, ubi cadit 
in Tormos; et arroium de Muía arriba sicut exit ad sum- 
n um de Falgosim; et de Falgosim ad iussum, sicut itur 
ad Cal(;*adam de Gruinea; et ultra fluvium Tagum, de su 
pr adicto vado de Alar9a, sicut exit carrera de vado et 
itur per eam ad portum de Ibor, praeter castellum de 
Alvalat, cum suo termino, quod est sicut cadunt aquae 
versus castellum de ómnibus partibus ultra Tagum; et 
de portu de Ibor, sicut itur in directum ad rivum qui 
dicitur Almont; et Almont ad iussum, sicut cadit Qebla 
rivo arriba, sicut itur ad Tamujam; et ad directum et ad 
(^.afram de Montanches, et ad Campum de Lucena, et ad 
Serram de Sancto Petro, et in antea ad directum, quan- 
tum potuerint adquirere Placentini. Et infrá praedictas 
metas, concedo vobis Monsfrac pro aldea; ita tamen, 
quod ego teneam castellum; et haec mea terminonim 
donatio rata et stabilis permaneat, et inviolata perseve- 
ret. Si quis vero hujus meae donationis et concessionis 
paginam in aliquo rumpere, ve] infringere, aut dimi- 
nuere praesumpserit, iram Omnipotentis Dei plenarié 
incurrat, et cum Juda traditore aeternas penas susti- 
neat, et Kegia parti mille libraa auri puriesimi in coto 



^AtÍAS RAMÓN MARTÍNRZ Y MARTÍNEZ Bo3 



persolvat; et damnum quod vobis in supradictis tormi- 
nÍH íntnlerit, duplicatum restituat. Facfca carta apnd Pía- 
centiam era MCCXXVII, octavo idus Martii, secundo 
anno postquam serenissimus Alphonsus Rex Castellae et 
Toleti AlphoQsum Begom Legioneusem ciugulo militiae 
einxit, et ipse Alphonsus Rex Legionensis osculatus est 
manum dicti Alphonni Regís Castellao ot Toloti. ot idem 
saepe dictus Alphonsus illustris Rox Castellao vi T<det¡. 
Romani Imperatoris filium Conradum nomine, in novum 
milítem accinxit, et ei filiafn suaní Berengariam tradidit 
in uxorem. Et ego Alphonsus Regnans in Oastella et 
Tolete hanc cartam manu propria roboro et confirmo, 
etc. 



(Alonso Fernáiiiddz, Hist. y Anales de PlAReucia, pág. 9. 
Madrid^ 1627.) 







APÉNDICE XIII 

Fundación del Obispado de Plasencia, bula confirmada 
por otra del año 1220 

Houorias Epi«copTi8 servus servorum Dei, Vouerabili 
fratri Episcopo ot dilectis filiis capitulo Placeutinu, sa- 
la(>em et apostolicam benedictionem. In registris felicis 
inemoriao Clementis Papae predecessorís nostri litteras 
invenimns in hanc modum: 

Clemens ^E^piscopits servas servorum Dei, carissimo iu 
Christo filio illustri Re^i Castellae salutem ot apostoli- 
cam bonediütionem. Tuno Dei benepiacitum in human is 
impletur actibus cum corda principum ad hoc conspici- 
mus viribus totis intendore, ut cultus divini nominÍ8 di* 
iatctur et inimici fidei catholicae conterantur. Unde nos 
(jui quorumlibet pia desideria quadam manu sollicitudi- 
nis adjuvare tenemur, tanto ad couceptorum executio- 
nem eos volumus diligenti adhortatione inducere et an- 
nuendo quae postulant invitare, quanto pia exordia quae 
de bona intentione pro'cedunt sperantur laudabilionim 
exitu concludenda. Inde est quod intentionem regianí 
modis ómnibus commendantes de ampiificandis cristia- 
nae religionis terminis iam conceptam in placentina ci- 
vitate quam in térra per strenuitatem tuam de manu ys- 
maelitarum acquisita, divina prosperante clementia po- 



856 HISTORIA BKL UBIKO D« BADAJOZ. 

pullasse dinosceris anctoritate apostólica episcopaiem 
cathedram constitiiimus, dioecesim quoque habendam 
iuxta dispositionem Regiam ab eadem ecclesia cathedra* 
li decernimus, ni villae sicut praesenti scripto concludi- 
tur quae tua sunt ei largitione concessae dioecesano ju- 
re ad eain perpetuo debeant pertinere: Turgellum scili- 
cet et Medelinum, et Mons fragorum et Sancta Crux 
cnm ómnibus pertinentiis suis. Ut autem haec concessio 
futuris temporibus integra et illibata servetur, statui- 
mus ut nuUi omninó hominum, etc. Si quis autem, etc. 

NoH igitur concesionem eamdem ad preces carissimi 
in Christo filii nostri F. TUustris Regis Castellae ancto- 
ritate apostólica coníirmainus et praesentis scripti pa- 
trocinio communimus. Nulli ergo omnino hominum li- 
ceat hanc paginam nostrae confirmationis infringere vel 
ei ausu temerario contraire. Si quis autem hoc attemp- 
tare praesumpserit, indignationem Omnipotentis Dei et 
beatorum Petri et Pauli apostolorum eius se novorit in- 
cursumm. Datis Lateranis XVIII Kalendas Decembris 
pontifícatus nostri anno quinto. 

tD. José Beuavides, El fuero de Plaseucia, pág. 189 (Roma^ 18?><».) 



(WC i?^E€ííéiSÉ¿S¿¿»«iS»S^^ 



APÉNDICE XIV 

Donación á la Orden de Trujillo, por D. Alfonso VIH 
en el año 1195 



Kegali sane Maiestati expedit, et ad salutem anima* 
rum et Chrístianitatis provectum accedit, víros robus- 
tos et constantes in fide contra infidelium perfidiam in 
locis, quae asidua per eos importunitate infestantur 
constituere, praesertim ad Deí laudem, et dívinum 
huiusmodí obseíjuium tales debent assumi, qui divina 
inspiratione, spreta saeculari pompa, sub voto et dispo- 
sitione regulari pié ac simpliciter viventes, in defensio- 
nem Christianae Fidei se murum indefesum contra sae- 
vitiam paganornni opponunt. Efí propter ego Aldefons^us, 
Dci gratia. Rex (Jastellae et Toloti. una cum uxoro mea 
Alienor Regina ot cum tílio me Ferrando divino intuitu 
pro aiiiínabus parontum meoruní et salute mea, fació 
chartam donationis et concessionis et stabilitatis Deo et 
coiiventui fratrum de Truxello praesentium et futuro* 
rum et vobis domiio Grometio eiusdem conventus instan- 
ti Magistro, voHtris<)ue succossoribus perpetuo valitu- 
ram, dono itaque vobis ct concedo villam et castellnm 
4Uüd vocant Turgellum, et villam et castellum quod vo- 
cent Albalat situm in ripa Tagi, castellum quoque quod 
V ocant Satictam Crucem prope Trugellum sit^m in mon- 



358 HISTORIA DBL RBIIYO DB BADAJOB 

te Arduo, et alia dúo castella, quorum alterum vocatur 
Cabannas, reliquura vero Zuferola, praedictas siquidem 
villas et castella vobis dono et concedo integrí», cum óm- 
nibus terminis suis, haereditatibus, solaribu^% aquis, 
pascuis, et cum ingressibus et exitibus, et cum ómnibus 
directuris et pertinentiis suis iure hereditario habenda 
in perpetuum et irrevocabiliter possidenda. Ad munitio- 
nem igitur et manutenontiam perpetuam praedictorum 
castrorum et villarum vobis assigno, dono et concedo 
annuos redditus trium millium aureorum de Greda mon- 
tis de Magam, per manum Almogeriti mei singulis an- 
nis, usque in finem immutabiliter percipiendos. 

Si quis vero hanc chartam infringere vel diminuere 
praesumpserit. iraui Doi omnipotentis pkmarie incurrat, 
et cum Domino proditore Juda infernales poenas susti- 
neat, et insuper Regiae parti mille libras auri purissimi 
in coto persolvat, et damnum quod vobis vel vocem ves- 
tram pulsanti tulerit diiplicatum restituat. 

Facta cbarta in Annover propé Toletum, era millessi* 
ma ducentessima trigésima tertia, secundo Nonas Mar- 
tii. Et ego rex Alfonsus rognans in Castella et Toleto, 
hanc chartam, quam fieri iussi, roboro et confirmo. Mar- 
tinus To'etanae Ecclesiae Archiepiscopus et Hispania- 
rum Primas confirmat. Martinus Burgensis Episcopus 
conñrmat. Ardericus Palentinus Episcopus confirmat. 
Martinus Oxomensis Episcopus confirmat. Guterrius Se- 
coviensis Episcopus confirmat. Roderícus Segontinus 
Episcopus confirmat. Garsias Calagurritan. Episcopus 
confirmat. Joannes Conchensis Episcopus confirmat. Bri 
cius Placentinus Episcopus confirmat. Gómez Petrus 
confirmat. Gómez Ferrandus confirmat. Gonzalvus Ro- 
derici confirmat. Egidius Gómez confirmat. Brodericus 
Sancii confirmat. Gonzalvus Gómez confirmat. Guilliel- 
mub Gonzalvez confirmat, Koderious Pelri confirmat. 



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ftAtiAS RAMÓN HARtInBJS Y MARTÍNEZ 359 

Alfonsus Telli coufirmat. (Tenniindus Potri coufirmat. 
G-arsias Ortiz confinriat. Didacus Lnpi Merinus Regís in 
Oastella confirmat. Signuní f Aldefonsi Regís Castellao. 
Petrus Roderici do CTazniáii Maiordomiis Curiao Rogis 
coufirinat. Didacus Lupi de Faro Alférez Regis coiitír- 
niat. Dídaco Garsiae existente Cancí^llavio. Magister Mi- 
ca Doinini Rogis Notarías seripsit. 

(Bullarium Ord. railít. de Alcántara, pái?. Ihí.) 






APÉNDICE XV 

Permuta del castillo de Milana por San Pedro de Tara- 
ce, en el año 1203 



In Dei nomine. Quia saepissímé oblivionis incurrnnt 
incommoda, cum oa quae agimus scripturae non com- 
mendamus; idcircó ego Aldefonsns, Dai graüa, R^x L>- 
gionis efc Gallaeciae, una cum uxore mea regina Doña 
Berengaria et cum filio meo infante Dono Fernando per 
hoc scriptum perpetuo valitarum, notum fació praesen- 
tibus et futuriá quod ego permuto vobiscum Do"ño Fer- 
nando Didaci Magistro Militiae Templi in Hlspania, et 
cum fratribus vestris villam et castellum meum de Sanc- 
to Petro de Tarase, cum totis terminis et pertinentiis 
suis, pro casteilo de Milana, quod mihi datis cum totis 
terminis et pertinentiis eius pro illo: ita inquam cambio 
vobiscum, ut vos perpetuo illud quod ego do vobis te- 
neatis cum omni iure suo et pertinentiis, et ego simili- 
ti^r istud quod mihi datis teneam et de illo totum velle 
meum faciam. 

Si quis autem nostram hanc chartam irritare voluerit, 
vel cassare, iram et maledictionem incurrat Omnipoten- 
tisy et concambium amittat, et insuper pectet parti al- 
teri mille morabetinos. 

Eramillesima ducentésima quadragesima prima, fac 



802 mStOftlA DEL RBtMO DE &ADÁ^02 

ta charta apud Benaventum quartó Idus Martii. Ego 
Rex Don. Aldefonsus, cum uxore mea Regina Dona Be- 
rengaria et cum filio meo infante Dono Fernando, et 
ego Fernandus Didacus Magister Militiae Templi in 
Hispania, cum fratribus nostris, hanc chartam concam- 
bií, quam ñeri iussimus, sigillis nostris divisam per al- 
phabetum munimus et confirmamus. Petro tertio Com 
postellano Archiepiscopo. Manrico Legionensi Episco- 
po. Joanne Ovetensi Epíscopo. Gunsalvo Salmantino 
Episcopo. Martino Civitatensi Episoopo. Arnaldo Cau- 
riensi Episcopo. Gunsalvo Ruderici Regis Maiordomus. 
Gunsalvo Joannis tenente Limiam et Montem Rosum, et 
Trastamaram. Ruderico Petro tenente Extrematuram et 
Transerram. Alvaro Diaz tenente Sierium et Oasum. Mu- 
nione Rudorici Regis Signifero. Petro Fernandi de Ba- 
ña vides Reginae Maiordomo. Signum f Aldefonsi Regis 
Legionis. Petrus Petri Regis Notarius scripsit. Archi- 
diácono Potro Suerii et Dono Froila tenentibus Cance- 
llariam de Domino Archiepiscopo. 



(Bullarium Ordínis milit. de Alcántara, pág. 15.) 



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x-CTF^X'ji^XX^JCOtxNV^sX-x^V^-v^íflksxsv^^^^ x xnx xn*.V.«vXvx x\«sr«XNvxs'«iB4E.x<x:Vxaf 



APÉNDICE XVI 



Bula sobre jurisdicción del Arzobispo de Toledo, dada 
en el año 1217 



Honorius Episcopus, servus servorum Del, Venerabi 
1¡ fratri Roderico Archiepiscopo Toletano salutem et 
Apostolicam benedietionem. 

Cam á nobis petitur quod iustum est et hoaestum, 
tám vigor aequitatis, quám ordo exigit rationis, ut id 
per solicitudinem officii nostri ad debitum perducatur 
nfíectutn. Eapropter, venerabilis in ChrÍBto frater, tuis 
iustis postulationibus grato concurrentes assensu eccle- 
sias de Alcaraz cum ómnibus pertinentiis suis, ecclesias 
de Riopal, de Heznavexore, de Castro Dominarum, de 
Bilch, de Bannos, de Tholosa, de Alarcos, de Caracuel, 
de Benavent, de Zuqueca, de Petrabona, de Malagon, de 
Guadalfer9a cum ómnibus terminis suis, decimas om- 
nium redituum Regalium supradictorum locorum, eccle- 
sias de Aben9aiet et de Calcinis, quae tempere tuo a sa- 
rracenorum manibus ereptae, divina gratia inspirante, 
ad manus tuas devenisse noscuntur: 

Quin etiam omnes illas ecclesias, quae sunt citra Mon- 
tana de Rupe S. Petri, et de Riopal, et de Secura, et de 
Torre Albeg, de Portu de Muradal, at de Bor lalamel, 
et Anduiar, et citríi Cbilon, et Migneza, et Magazella, 



864 HISTORIA DDL ftflnrO DB BADAJOS 

et Medellin, et do Turgelum, et Safariz iuxta flamen 
qiiod dicitur Teytar cum teto Campo de Arañuelo ver- 
sus Toletum construendae sint, tibi et per te Ecclesiae 
Toletanae concedimus et praesentis scripti patrocinio 
communimus. 

Nulli ergo omninó hominum liceat hanc paginam nos- 
trae concessionis infringere vel ei ausu temerario con- 
traire. Si quis autem hoc attentare praesumpserit, in- 
dignationem Omnipotentis Doi et Beatorum Petri et 
Pauli Apostolorum eius se noverit incursurum, Dat. La 
teran. VI. Idus Februarii, Pontif. nostri auno primo. 

(Bullarium Ord. mil. Sancti Jacobii pág. 63.) 



r 






APÉNDICE XVir 



Donación de Alcántara á la Orden de Calatrava, 
en el año 1217 



In nomine Domini Amen. Ea quae in praesenti sunt, 
citó a memoria elabuntur, nisi in scriptis redigantur, 
scriptura enim nutrit memoriam, et oblivionis incommo- 
da procul pellit. Idcirco ego Alfonsus, Dei gratia, Rex 
Legionis et Gallaeciae, per hanc chartam notum fació 
ómnibus tám praesentibua jnám futuris, quód do et hae- 
reditario iure concedo vobis Domino Martino Ferrandi 
Magistro de Calatrava et successoribus vestris et con- 
ventui de Calatrava illud castrum et villam quae dicitur 
Alcántara, cum ómnibus directnris ot pertinentüs suis, 
intus et extra, cum suis directis, portaticis, molinis et 
aquaeductibus eorum, canalibus, pisoAtionibus et aquis 
earum, pratis, pascuis, exitibus et regressibus, et cum 
quanto ibidem ad praestitum hominis esse videtur, et 
cum quanto ibidem vel babeo vel babero debeo, cum do 
minio villae praedictae et cav^tri, sicut ergo villa ipsa 
dividit cum Portugal, cum Cauria, cum Galisteo, cum 
Alconetear et cum Serracenis, sic do et autorgo illam 
vobis, ut eam habeatis et liberé possideatis, : sicut ea 
quae melius habetis et liberiüs possidetis, cum quanto 
^ajn ampliare et apcrescere potuerítis; ita tamen quod 



866 HISTORIA DEL RBIKO DB BADAJOZ 

semper guerram et pacem do ea quando cumque et qui 
buscumque mandavero faciatis, et cum ea mihi fideliter 
serviatis, sicut de alus meis villis et castellís, et tenea- 
tis ibi bonum conventum cum suo Magistro ad servien- 
dum Deo, et habeatis illam in soecula soeculorum. 
Amen. 

Hoc autem vobis fació pro bono et grato servitio, 

quod míhi fecistis et ibidem facturi estis, et pro anima 

mea et parentum meorum, et quia de bonis et orationi- 

' bus quae in Ordine vestro Deo iugiter exhibentur, par- 

tem desidero promereri. 

Si quis igitur tám de meo genere quam de extraneo, 
contra hanc meam donationis chartam venire praesump- 
serit, sit maledictus et cum Juda Domini traditore, et 
Datam et Aviron quos vivos térra absorbuit, poenas 
luat perpetuas in inferno. 

Facta charta apud Taürum quinto Kalendas Junii, 
Era millesima ducentésima quincuagésima quinta. Ego 
Aldefonsus Rex Legionis et Gallaeciae hanc chartam, 
quam fieri iussi, roboro el confirmo. Ego infans Dona 
Sancia Regis Legionis filia confirmo. Ego infans D. Diil- 
cis Regis Legionis filia confirmo. Petro Compostellauo 
Archiepiscopo. Joanne Ovetensi Episcopo. Roderico Le- 
gionensi Episcopo. Petro Astoricensi Episcopo. Marti- 
no Zamorensi Episcopo. Gunsalvo Salamantino Episco- 
po. Lombardo Civitatensi Episcopo. Girardo Cauriensi 
Episcopo. Domino Sancio Fernandez Regis Signifero, 
tenente Legionem, Zamoram, Extrematuram et Transo- 
rram, et de manu eius Forrandus Sancii Signifer. Co- 
mité Domino Alvaro Regis Maiordomo, et pro eo Petrus 
Marinus. Domino Roderico Gómez Transtamar, Montem 
Nigrum et Montem Rosum. Domino Fernando Guterri 
Limiam, Buhal et Lemus. Domino Roderico Ferrandi 
Astoricam et Benaventum. Domino Ferrando Gonsalvi 



r 



ííXTtAS RAMÓN MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ 36? 

Taurum et Maioricam. Praesentibus Garsia Guñsalvi. 
Petro Pelagii. Sebastiano Gaterrii. Joanne Ferrandi de 
Alixe. Didaco Froile et multis alus. Abbas Auriensis 
de mandato Domini Regis propria manu soripsit. 

(Bullarúm Ord. mil. de Alcántara, pág. 20.) 



r 






APÉNDICE XVIII 



Cesión de Alcántara á la Orden de San Julián 
de Pereiro, año 1218 



In nomino' Domini nostri Jésu Christi^ Amen Notum 
8Ít ómnibus, tam praesentibus quam futuris, per hoc 
scriptum perpetuo valiturum quod Dominus Alfonsus, 
Dei gratia, Rex Lfegioais et Gralleciae, ad honorem Dei 
et servitium et ad utilitatem Regni suí statuit de bene 
plácito Magia tri et conven tus de Calatrava ex una par- 
te, et Magistri et conventus de Pirario ex altera, in 
hunc modum: quod Magistor et conventus de Pirario 
recipiant visitatiouom ot obcdientiam Magistri de Cala- 
trava secundum Ordiiiom (/isterciensem, et quod num- 
quam recipiant Moiíachuní pro Priore nisi voluerint; 
sed cum Priorem faceré debuorint, recipiant illum de 
domo sua vcl do Calatrava, aut de filiabus suis, dummo- 
do monachus non sit, Magister autcm et Conventus de 
Calatrava daut Magistro et conventui de Pirario Alcanta- 
ram et omnes possosioncs, cum cartis et privilegiis suis, 
et mobilia quaecumque habent in Regno Legionensi tam 
ex Regia donatione quam ex alia acquisitione. Cum au- 
tem Magistrum de Calatrava movi aut remover! contin- 
gerit, ad sustitutionem alterius vocetur Magister de Pi- 
rario. Magister vero de Calatrava numquam babaat po- 



870 HISTORIA DEL RE^NO DR 1lADÁJ0%. 

testatem alienandi vel transferendi aliqua de rebus de 
Pirario sine consensu Magistri et conventus de Pirario, 
quod si faceré atentaverit, Rex Logionis habeat potes- 
tatem meliorandi illud. 

Actum publice et confirmatum apud Civitatem Rodé- 
rici, decima sexta die Julii, era M. CC. LVI. Praesenti- 
bus Lombardo Episoopo Civitatensi. Cresconio Decano 
Civitatensi. Petro Siiarez Cautore Civitatensi. Michaele 
Archidiácono Civitatense. D. Sanctio Fernandez fratre 
Domini Regis. Petro Joannis Marino, Vicesignifero. Jo 
hanne.Ariae de Roberedo, Vice Maiordomus. Fernando 
Ariae, fratre eius. D. Petro Alveriz, Magistro Templi, 
Joanne Didaci, Priore Hospitalis. Petro Ortiz, Fratre 
Hospitalis. Donrinico Petri, Comendatore Fratre Tem- 
pli. Ego Don Alfonsus Rex hanc charta n roboro et con- 
firmo, et sigillo meo communio. Ego Martinas Fernan- 
dez, Magister de Calatrava, cum consensu totius con- 
ventus roboro et confirmo. Ego Munio, Magister de Pi- 
rario, cum toto conventu eiusdem roboro et confirmo. 
Ego Paulus, Prior de Pirario, roboro et confirmo. Petro 
Petri, Archidiácono Salmantino, tenente Cancilleriam 
Magistri. Michael Domini Regis Notarlas, scripsit et 
confirmat. 



(Torres, Crónica <le la Onlen de Alcántara, tomo I, pág. 181.) 



M^Jltiy¿liMii^.i 








APÉNDICE XIX 



Concordia entre las Ordenes del Temple y de Alcánta- 
ra, sobre Santibañez, el Portezuelo y Milana, celebrada 
en el año 1220 



In Dei nomine. Amen. Quoniam ea quae in praesenti 
fiunt, citó á memoria elabuntur, nisi in scriptis redigan- 
tur, scriptura enim nutrit memoriam et oblivionis in- 
commoda procul pellit. Tdcircó ego Frater Petras Albiti 
Magister Militiae Templi trium Regnorum Hispaniao, 
videlicet, Legionis, Castellao et Portugalliae, notum fie- 
ri velo ómnibus, tám praesentibus quam futuris prae- 
sentem paginam inspecturis, quod ego, una cum volún- 
tate et consensu omninm fratrum nostrorum et totius 
nostri coiiventus, fecimus pactum amoris de compositio» 
ne et de bona pace vobiscum Don Garoia Sancii Magís* 
tro Militiae Pirarii et Alcantarae et cum vestro conven- 
tu Et ego Fr Petrus Albitii Magister Militiae Templi, 
cum cunctis nostris fratribus et universo nostro conven* 
tu, quitamus nos vobis de demandis, quas faciebamus 
vobis do S, Joauno do Mascoras oí d^ Portezuelo, et de 
totis terminis ipsorum, et quitamus nos inde vobis in 
perpetuo, sive sit nostrum directum sive non, quód nec 
nos ñeque aliquis alius pro nobie possit vobis unquam 



S72 HISTORIA VfKL RVtVO DB BA1>A10X 

modo aliquo faceré hanc demandam. Quód si forte Ma- 
gister Templi vel aliquis frater eiusdem Ordinis hanc 
demandam faceré attentaverit. vobis aut successoribus 
vestris in perpetuum, pect.at Magistro et Ordini PirarU 
et Alcantarae quinqué millia marapetinorum, et num- 
quam reddeat in istam demandam. De Milana autem 
pactum quod Fernandus Didaci Magister Templi Mili- 
tiae in Legione, Castella et Portugallia posuit, et fecit 
cum Domino Alfonso illnstri Rege Legionis, nos cum 
universo conventu nostro concedimus et confirmamus. 

Facta charta apud Villam-Fafillam vigésima séptima 
die Septembris, era millesima ducentésima quinquagesi- 
ma octava. 

Factum est hoc in praesentia Domini Alfonsi illustris 
Regis Legionis, et in Curia eius, ipso regnante in Le* 
gione, Gallecia, Asturiis et Extremadura. Petro quarto 
existente Archiepiscopo Compostei'ano. Roderico Epis- 
copo Legionensi. Joanne Ovetensi. Petro Astoricensi. 
Episcopo. Martino Zamorensi Episcopo. Comitc Domino 
Gundizalvo Signifero Regis, tenente Trastamaram, Mon' 
tem Rosum, Toronium. Domino Fernando Fernandez 
Maiordomo Regis, tenente Beneventum, Sanabriam et 
Oabreram. Domino Martino Sancii tenente Limiam e*^ 
Montem Nigrum. Domino Gil Mauricii tenente Maiori- 
cam et Taurum. 

Sciendum praetereá quod ego supradictus Petrus Al- 
bitii Magister Templi, una cum consensu fratrum nos- 
trorum, chartam istam in generali capitulo concedi fe- 
cimus et confirmari, Dominum Regem Legionensem 
constituentes Vicarium; quód si unquam aliquis Magis- 
ter vel frater Templi contra hoc factum venire attenta- 
verit, Rox Legiononsis habeat potestatem compellendi 
Magistrum et Ordinem Templi ad poonam supradictam, 
Magistro et Ordini Pirarii et Alcantarae persolvendam . 



MATÍAS RAUÓK MAKTÍNBZ T UlARTÍmBB 373 

Ego autem Dominus Alfonsus Rex restituo propter 
lioc Magistro et Ordini Militiae Templi Albam de Alist, 
cum directis suis et alias haereditates. Et ut factum 
istud maioris firmitatis robur contineat, de consensu 
ntriusque partis sigillii nostri appositione praesentem 
paginam fecimus communiri. Testes autem quí viderunt 
et audierunt, scilicet, Martinus Sancii. Ferdinandus Fer 
dinandi de Bregancia. Eodericus Fernandi de Vallor- 
niae. Gil Mauricii. Garcías Gutiérrez de Candamio. Pe 
trus Pelaez Asturiano, Sebastian Gutiérrez. AlvarusRo- 
dericii. García Martínez Repostarius Regís. Munnio Ru- 
dericí de Cotes Judex Regís. Garcías Muniz de Zamora. 

(BuUariam Ord. Mil. de Alcántara, pág. 23.) 







APÉNDICE XX 



Bula á la Orden de Uclés, sobre auxilio á Alburquerque 
contra ios nnoros, año 1225 



Honorius Episcopns servas servorum Dei dilectis fi- 
liis Magistro et fratribus Uclens, salutem et Aposto li- 
eam benedictionem. 

Cum secundum Apostolum alter tenoatur alterius one- 
ra supportare, si ad exequendnm mandatum huiusmodi 
aliquando vos ApostoUcis lifcteris invitamus, non credi- 
mus, vos difficiles invenire, quotiens necessitas exígífc, 
et utilitas id exposcit. Ex parte siquidem nobilis viri 
AlphoQsi Tellii fuit nobis humiliter supplicatum ut cum 
castrum suum de Alborquerque, quod sarracenorum est 
frequentia circunspectum, propber gaerram eorutn con- 
tinuam et obsidionem, etiam deficiente pane et carnibus 
et aqua dumtaxat, sub periculo capitis, ab eorumdem 
infidelibas ad honorem fidei Christianae diutius defensa- 
ret, etiam per septem annos eis continué guerram de 
castro fuerit supradicto, et ipsos quoad vixerit infesta- 
re, proponat; ne (quod absit) propter eorumdem agare- 
norum incursus, ipsum in confassion2m nostrao fidei et 
exaltationem ipsorum, d^Sc^rero comp:jUatur, provid 5re 
miserioorditer dignaremar. 



376 mSTOKIA DEL RBINO DB BADAJOS 



Inde est quod universitatem vestram rogandam du- 
ximus attentiüs commonendam/ per Apostólica vobis 
scripta mandantes, qnatenus si quando castrum prae- 
dictum fuerit á sarracenia obsesum, dicto nobili ad de- 
fendendum ipsnm, cum ab eodem vel ab ipsis qui ad 
eiusdem castri custodiam fuerint deputati, fueritis re- 
quisiti; non obstante si forte terminis assístatis viriliter 
et potenter. Dat. Reat. Idibus Julii pontifioatus nostri 
anno nono. 



(Solano de Figueroa, Híst. del Obispado de Badajoz, 
cap. V, p. IX.) 



APKNDTOE XXI 

Composición entre la Iglesia de Coria y la Orden de Al- 
cántara, sobre Milana y Moraleja, año 1226 



In nomine Domini. Amen. Quoniam ad hoc constituti 
sunt Principes, ut per eos unicuique ius suum reddatur, 
litesqne et iurgia sopiantur. Idcireo ego Aldefonsus, Dei 
gratia, Rex Legionis et Galleciae intentionem et lites, 
quae inter Concilium Cauriense et Dorainum Q-arsiam 
Sancii Magistrum et fratres de Alcántara, super termi- 
nis stint exortae, sedare cupiens, villam quae dicitur Mi- 
lana et aliam quae dicitur Moralegia á Caurla divido, si- 
ve determino, per flumen quod dicitur Arrago, incipiens 
ubi cadit in fluvio qui dicitur Gata usque ad Calzadam 
Dalmaciaide, et exinde per ipsam Calzadam sicut exten- 
ditur usque ad Qatam, ultra (iatam vero divido sive de- 
termino easdem villas á Trebello, per Serram de Cellei- 
roUo et exinde per JMontem de Tinnal^as per aquas ver- 
tentes. Divido etiam sive determino easdora villas á Pen- 
nas Rubias per Montom qui dicitur Malladas ét deindo 
ad Castel Bernaldo et ab inde quomodo dividit cum Pen 
na de Sequoyros et inde ad Gatam per aquas vertentes. 

Si quis igitur hanc divisionem á me factam infringere 
attentaverit, vel ei ausu temerario contraire, iram Dei 
oiami>otentÍ8 et Begiam indignationem iucurrat, e^ 



378 HIBTORIA DBL RRfNO »B BADA.T02 



quantum inva8erit duplo componat, et pro ausu suae te- 
meritatis Biegiae partí mille marcas argenti in poenam 
exolvát, poeua soluta, divisioiic i[)Ha uihilomiaüs suo ro- 
bore ptu'manente. 

Facta charta apud Sabugal, sub era miliesima ducen- 
tésima sexagésima quarta. decima die Octobris. Bernal- 
do existente CompostoUaneusi Archiepiscopo. Joanne 
Ovetensi Episcopo Roderico Legionensi Episcopo. Lau- 
rentio Auriensi Episcopo. Michaole Lucensi Episcopo. 
Stephano Tudensi Episcopo. Mariino Mindonensi Epis- 
copo. Martino secundo Zemorensi Episcopo. Vacante 
Salamantina Sede, Lombardo Civitatensi Episcopo. Gi- 
raldo Cauriensi Episcopo. Nunnio Astoricensi electo. 
Infante Dono Petro existente Maiordomo Domini Regis, 
tenente Legiouem, Zemoram, Taurum, Extrematuram 
et Transerram. Donno Martino Sancii- Domini Regis 
Signífero , tenente Limiam, Sarriam et Toronium. Don- 
no Roderico Gómez tenente Trastamaram, Montem Ro- 
sum et Montem Nigrum. Donno Roderico Fernandez te- 
nente Astoricam, Benaventum, et Maioricam. Dono Al- 
varo Roderici tenente Infantatum. Donno Fernando Gu- 
tiérrez tenente Portii/am Beati Jacob*. Donno Potro 
Petri Magistro Scholarum, Canónico Compostellanensi 
existente, Domini Regis Cancellario. Ego Sancius Fer- 
nandus Clericus Auriensis, Domini Regis Notarius scrip- 
si et confirmo. , 



iBullariura Ord. Mil. de Alcántara, pág. 2ík) 



r 




APÉNDICE XXTI 

Deslinde terininal de Sanctibañcz de Mascoras 
año 1227 



Notum sit ómnibus per hoc seriptum quod ego :^lde- 
fonsus. Dei gratia, Rex Legionis et Galleciae dedi olim 
Domino Benedicto Magistro de Pirario Sanctum Joan- 
nem de Mazcoras cum pertinentiis et terminis suis; sed 
quia in charta illius donationis non fuerunt expressa no- 
mina terminorum, ideo vobis Domino Ariao Petri Ma- 
gistro de Pirario et de Alcántara et succossoribus ves- 
tris et Conventui de Alcántara, omnes términos eiusdem 
Sancti Joannis de Mazcoras, per hanc chartam dono et 
assigno, nomino et confirmo, videlicet: do loco fiiii dici- 
tur Mezquiella. in cima do Portu qui dicitur Almazay, 
sicut vadit via ad Cauriam, usque ad rivum qui dicitur 
Arragd, et deinde á Encinar Vellido, et deinde á las Za- 
f urdas del Mazarrón, et deinde al Toconal, quomodo 
vertent aquas á Vellotatora et á la Parra, et deinde al 
Guijo, quomodo vcrtcnt aquac á las Broccras, et á la Fi- 
guera, et al Pozólo cum suis icrmiiiis, et di vid i t á la 
Penna de Pelai Sorrenda, et deinde ad Serram de Sanc- 
ta Cruz, et deinde á Otero Demonio et á Valdecoria, et 
per cima del Spinazó del Can, quomodo vertent aquas 
(td Sanctt^ Johannem entre Puño en rostro et Buen 



880 HISTORIA DBL RBIKO DB BADAJOS 

Consello, et deinde á Robrediello Vellido, et quomodo 
vadit ad cimam de la Sierra, quomodo vertent aquas 
contra Sanctum Joannem de Mazcoras, et per sumum 
de Serra de Pedrosim usque á la Mezquitiella, quomodo 
vertent aquas aliae contra Civitatem et aliae contra 
Sanctum Joannem de Mazcoras. 

Data in Civitate Roderici octavo die Januarii, era mi- 
Uesima ducentésima sexagésima quinta. Ego Alfonsus 
Rex Legionis et Galleciae hanc donationem laudo et 
confirmo ob remedium animae meae. Bernaldo existente 
Compostellano Archiepiscopo confirmat. Roderico Le 
gionensi Episcopo confirmat. Joanne Ovetense Episcopo 
confirmat. Nunnone Astoricensi Episcopo confirmat. 
Martino Zamorensi Episcopo confirmat. Pelagio Sala- 
mantino Episcopo confirmat. Michaele Civitatensi Epis* 
copo confirmat. Petro Cauriensi Episcopo confirmat, In 
fans Domino Petro Maiordomo Domini Itegis, tenente 
Limiam, Legionem, et Zamoram, Taurum, Strematu- 
ram, et Transerram. Domino Roderico Fernando de Yel- 
dóme Signifero Regís, tenente Maioricam, et Astori 
cam, et Benaventum, et Ovetum. Domino Roderico Gó- 
mez tenente Montem Nigrum, et Montem Rosum, et 
TrastÉi-maram. Domino Petro Petri Magistro Scholarum 
Cauriensi, et Canónico Compo«tellauo, Cancellario Du- 
mini llegis. 



( Hiillarium Ord. Mil. Je Alívuitarn, juíg. 27.) 



I 



APÉNDICE XXIII 



Bula confirmatoria de la anexión de Béjar al obispado 
de Plasencia, del año 1216 



Honorius Episcopus servus servorum Dei venerabili 
fratri Dominico Episcopo Placentino, salutem et Apos- 
tolicam bonedictionem. 

Cuna á nobis petitur quod iustum est et honestum, tam 
vigor aequitatis quam ordo exigit ratiouis, ut id per so- 
llicitudinem officii nostri ad debitum perducatur effec- 
tum. Quapropter, vonorabilis in Christo frater, tuis iustis 
postulationibus grato concurrenfces assensu, de Bejar et 
de termiuis suis ecclesias, sicut instó possides, et quieté^ 
auctoritate tibi Apostólica confirmamus, et praesentis 
«cripti patrocinio communimus. 

Nulli ergo oninino hominum liceat hanc paginam nos- 
trao oóiifirmatioiüs infringnro, yol oi anau tomorario oon- 
trairo. Si quis antom hoc attontaro praosnmpserit, indig- 
nationem Omnipotcntis Dci ct beatorum Petri et Pauli 
Apostulorum eius se uoverit incursurum. Datis Laterani 
décimo sexto Kalendas Decembrib, Pontiticatus nostri 
anno primo. 



(Alonso Fernández, Anales de Plasencia, p¿.g, 24,) 






APENDrCE XXV í1) 

Donación de varios bienes en Mérida á la Orden 
de Alcántara, en el año 1230 



Xotum 8Ít omnibu3 per hanc charfcam quod ego Domi- 
ñus Aldefonsus, Dei gratía, Rex Legionis et (íalleciae 
de consensu fíliarnm mearum Domina Sancia et Domina 
Dulcedo, et iure hereditario in perpetunm concedo Deo et 
vobid Domino Ariae Petri Magistro et Conventui Alean - 
tarae, et per vos Ordini vestrisqae successoribas, domos 
qiiasdam in Emeritensi Civitate, quae sunt subtus pon- 
tem ciusdem villae ad portam fl aminis, quae fuerunt de 
Padazani de Badalloz, et ortum qui est in Algecira su- 
pra pontem, qui fuit Ali Coxo, et vineas quasdam ultra 
aquam Dianae, quae icaccnt ¡ii valle qui dicitur Handaca 
Abenazmon. Do inquam vobis omnia praedieta, ut oa vos 
et omnes successores vostri in perpetuum possideatis, et 
de eis ad utilitatem vestram et Ordinis vestri disponatis, 
sicut de his quae melius habetis et liberius possidetis. 
Ho3 autem fació ob remedium animae meae et animarum 
parentum meorum, et pro multo bono servitio quod mihi 
in pluríbus loéis fecistis, et specialiter in captione civi- 



(1) Eq el original que dejó dispuesto para la imprenta el ma- 
logrado autor de esta obra, aparece omitido el Apéndice que de- 
biera ir señalado con el númer.) XXIV, ignorando el editor 
si tal omisión fué debida 4 error numérico de los Ápéndicps ó á 
la falta de alguno que estuviera perfeccionando cuando le sor- 
prttidid U maorto. 



884 RISTORtÁ DKL RBtNO DB BADAJOS 



tatis praedictae* et in bello campestri quod habui cum 
Abenfut ultra aquam Dianae, propé civitatem saepe dic- 
tam, et ut de bonis et de orationibus quae á vobis Deo 
jugiter exhibentnr, ipso largiente mihi partera valeam 
promereri 

Nulli igitur omnino hominiim liceat hanc meae dona 
tionis et concessionis ehartam infringere vel ei ausii te- 
merario contraire, quod qui praesumpserit, iram Dei 
omnipotcntis et Eegiam indignationeni iucurrat , et 
quantum invaserit, in duplum restituat, et pro ausu te- 
merario Begiae parti in poenammille morapetinos exol- 
vat, charta nihilominus in suo robore permanente. 

Facta charta apud Emeritam trigésima die Martii, era 
millesima ducentésima sexagésima octava. Bernaldo exis- 
tente Composte llano Archiepiscopo. Joanne Ovetensi 
Episcopo. Roderico Legionensi Episcopo. Nunone Asto- 
ricensi Episcopo. Martino secundo Zamorensi Episcopo, 
Martino Salamantino electo. Michaele Civitatensi Epis- 
copo. Petro Cauriensi Episcopo. Infante Domino Petro 
Maiordomo Domini Regis, tenente Legionem, Limiam, 
Taunim, Zamoram, Extrematuram, et Transerram. Do- 
mino Roderico Fernandez Signífero Domini Regis, te- 
nente Astoricam, Maioricam, Ovetum, et Benaventum. 
Domino Roderico Gómez tenente Trastamar, Montem 
Rosum et Montem Nígrum. Domino Fernz Gutierriz te- 
nente Porticam Sancti Jacobi. Domino Ramiro et Domi- 
no Didaco tenente Almazam, Rodam et Arbolom. Domi- 
no Petro Ponz tenente Vaabia. Petro Petri Magistro 
Scholarum Auríensi. Canónico Compostellano, existente 
Cancellario Domini Regis Alfonsi, Domini Regis scrip- 
tor, scripsit et confirmat. 

(Ballarium Ord. Mil. de Alcántara, pág. 32.— En otra copia qad 
inserta Torree en la Crónica de la O. de Alcántara, pone en la 
data: Faota charta apud Atalaiam apnd ümeritam, eto«) 




APÉNDICE XXVI 

«Fuero de las leyes que el rey Don Alonso nono 
de León dio á la villa de Cáceres.» 



De moros era Truxielo, y Santa Cruz, y Montanche«, 
Marida y Badajoz, cuando yo Alfonso, rey de León, di 
y otorgué al Concejo do Cáceres estos términos, que en 
este fuero son escritos, y desta guisa departidos; á pri 
meras, con M ontanches de la Torreciela, que está en 
una peña en derecho de Santa María, y como va por 
Abaltraviesso, y á mojón cubierto por ao passa la Cal- 
cada en Ayuela, y dexa el Atalaya Davencalez de dies- 
tro, que es todo esto de Ca9eres; y desde como entra la 
Cal9ada en la Sierra, y dende á los Fitos, ó cae el arro- 
yo de la Atalaya del Guijo de la Sierra de Alcuesca, al 
Cartar del Conde Don Gon9alo, al sendero de la Car mó- 
nita; y dessí, á Sierra traviessa, y des^í al arroyo de 
Alpotrec; y el arroyo ayusso, como cae en Botova, y 
como passa la carrera de Badajoz en Botova, y como exe 
el agua de Zagalla^ fasta en el Puerto, y dessende como 
exe el arroyo de Albocar, y cae en Salor; y como cae 
Araya en Siilor; y dessende como vierten las aguas en 
Araya; y dessende como vierten los aguas á Alconctara 
por la Mata; y dessende como vienen por Almadronal; y 
dessi como viene á la Penna de Bololongo y dende como 
cae el arroyo de la Figuera en Almont; y en so derecho 



BB6 HISTORIA DDBTL KElKO DE BADAJOZ. 

á Talavan; y dessí á la Torre de Velasco Mii9a; y corao 
cae el arroyo de Velasco Mu^a en Tajo. De la Torre de 
la Zafra, como parte con Montanches, á mojón cubierto 
al Castillo de Tamuja; y el Castiello de Tamuja de Cace- 
res es, y como va assomo de la Mata al arroyo de Ge- 
blanco; y el arroyo ayusso, como va por los Almadenes; 
y dende como passa el sendero de Don Unmundo en Al- 
mont; y por medio de las Cabe9as de Montroy, como 
entra el sendero de Don Unmundo en la Xara; y dessen- 
de como cae el arroyo de la Covacha en Tajo; y Tajo 
arriva y Tajo ayusso, vados, y puertos, entradas, y exi 
das allende, y aquende, con todas sus carreras también 
allende como aquende, de como cae el arroyo de la Co- 
vacha en Tajo, hasta como cae el arroyo de la Torre de 
Velasco Mu9aen Tajo. Do yo todo al Con9ejo de Ca9e- 
res, pora portar y passar, y pora ser su heredad; y man- 
do que la defienda el Concejo de Ca9eres; y si algún ome 
de Ca9eres defendiendo estos fitos, que son dichos, y de 
los fitos adentro matare algún ome estraño, ó el estrafto 
al de Caceres, atal fuero aya como dirá sobre defendi- 
miento de Casa. 

Et acatamus istos términos que nuUa cabanna de ga- 
nado que entrare in istos términos sine mandato de Con- 
cilio, que vecino non fuere, tómenle de la cabana de las 
vacas ii Bacas, et de la cabana de las ovejas, prendan X 
carneros, ó de porcos V, y esto prendan por montadgo 
cada ocho días, fasta que hiscam de termino, la meitad 
al Concejo, y la otra meitad á los montara9es. 

Todo ome que no fuere nuestro vezino, y casa hizie- 
re en nuestro termino, quien lo fallare prenda de su ha- 
ber V maravedís, é si la valia non oviere, ádugan'e e| 
cuerpo prcsso, fasta que peche estos V mrs, terciam par- 
tem Concilio, y terciam partem Alcaldibus, y aliam par- 
tem qui iuvenerit eum. 



MATlAS RAMÓN MARTf NEZ Y MARTÍNEZ S87 

Todo orne que tajare encina, ó alcornoque, ó rama, ó 
tueros, peche V maravedís, la meitad á montaraces, y 
la meitad al Concejo, si no fuere pora casas ó pora cosa 
q. á labor pertenezca, et si pora puercos tajare, prén- 
danle V porcos, et si dice, non fice esto, juren dos mon. 
taraces, por la jura que ficieron á Concejo, que cortando 
los tomaron, et peche; et si montaraces se no se acerta- 
rem hi, fírmelo con fcres vezinos ó fijos de vezinos, y 
peche, si no, sálvese con iiii. et ille V. et el otro la man- 
quadra; et todo este montadgo préndanlo ornes de Con- 
cejo, y otro orne non aya hi poder. 

(Ulloa y Golfín, Fueros y privilegios de Cáceres. Sin foliatura* 
Tal vez sea traducción del mismo Ulloa.) 



yiyMy"y w y« A «y w y i ^wywai y yiyiy^ 



I 



I 







APÉNDICE XXVII 



Los fueros de Badajoz, según Guevara 



Una cuestión sin resolver, y sin fácil solución, es la 
autenticidad de los fueros de Badajoz que insertó Fray 
Antonio de Guevara en su epístola al Obispo de Bada- 
joz, fechada en Valladolid, á 20 de Abril de 1526, y que 
es la señalada con el niimero XIX en su colección de 
Epístolas familiares y editada en Salamanca en 1577. 

Ya en esta fecha Ja conocía Rodriíjo Dosma, y lo que 
ha puesto en tela de juicio la veracidad de dichos, fue* 
ros, han sido ostas palabras que ol canónigo de Badajoz 
puso pii sus D¡M'urso!< patríoft (pág. 127 de la edición 

moderna': «Don Alfonso JX pobló la ciudad y tierra 

»de cristianos, á quien dio los fueros llamados de Bada- 
»joz, que yo tengo ciertos, no los finjidos de Guevara: 
»ísalvo que algunos moros por pleitería se quedaron por 
^moradores.)» De ésto parece deducirse que los fueros 
que explica Guevara son una patraña, porque no con- 
cuerdan con los que se contenían en el ejemplar que de« 
cía tener el canónigo. Aumentan las dudas el que si bien 
Guevara dice (jue su ejemplar era de los fueros que dio 
Don Alfonso IX, por el lenguaje de ellos y por la mane- 
X^ dé explicarse el Obispó de'Mondoñedo, parece aludir 



mSTOAlA D«L M9INO DB BADAlOS 



á Don Alfonso IX. Además, al tacharlos de fin j idos Ro- 
drigo Dosma, por no concordar con los que él tenia^ se 
vé que parte del principio de que eran de Don Alfonso 
IX unos y otros. 

Yo no puedo creer que los fueros citados por Guevara 
fuesen una patraña con la cual se engañó éste, pues era 
lo bastante ilustrado en materias paleográficas é histó 
ricas para no dejarse sorprender tan fácilmente' por una 
superchería. Tampoco creo que fuesen una patraña in- 
ventada por él, como pasatiempo, pues para ello tenía 
que ser una mentira cuanto dice del hallazgo de este li- 
bro de los fueros: «En el año 1622 pasando yo por la vi- 
gila de Zafra, me allegué á la tienda de un librero, el 
•cual estaba deshojando un libro viejo de pergamino 
»para encuadernar otro libro nuevo, y como conocí que 
»el libro era mejor para leer que no para encuadernar, 
»díle por él ocho reales, y aun diérale ocho ducados. Ya, 
•señor, sabréis como era el libro de los fueros de Bada- 
»joz, que hizo el Rey Don Alonso XI, príncipe que fué 
»muy valeroso y no poco sabio.» Este muy valeroso es 
el que me hace creer que se refiere á Don Alfonso IX, y 
así al menos lo debió entender Rodrigo Dosma, pues en 
otro caso no calificaría de falsos los fueros, por no con- 
certar con los que él conocía, puesto que si eran de dis- 
tintos reyes los unos que los otros, nada más natural que 
esa discordancia. 

Se vé, pues, que Guevara refiere cómo adquirió el li- 
bro, y no podemos presumir que mienta en su explica- 
ción, porque entonces tendría que ser una calumnia lo 
que dice al Obispo de Badajoz en estas palabras: «.... si 
*yo no motiera a vuestro secretario en mi estudio, ni él 
■ fuera portero, ni vuestra señoría importuno. Decisme, 
• beñor, que os dijo haber visto en mi librería en un ban- 
> co de libros viejos, dellos góticos^ dellos latinos, deoail 



r 



MATÍAS RAMÓN MABTfNIBZ T MARTÍNEZ 891 



•mozárabes, dellos caldeos, dellos arábigos, y que acor- 
ado hurtarme uno, el que hacía mucho á vuestro propó- 
»sito. En lo que él os dijo, él os dijo verdad, y en lo que 

•hizo, él me hizo miíy grande ruindad Como yo, se- 

Ȗor, no tengo otra hacienda, ni otros pasatiempos en 
•que me recrear, sino en los libros que he procurado, y 
•aun de diversos reinos buscado, creedcne una cosa, y 
»es, que llegarme á los libros es sacarme los ojos.» No 
es posible que de este modo sacase á luz Ouevara el hur- 
to, si era falso, pues no había de mentir y calumniar al 
secretario del Obispo de Badajoz, que lo era entonces 
Don Pedro Sarmiento, hijo de los Condes de Rivadeo. 

Veamos, pues. Jos textos de los fueros, tal como en la 
carta aparecen. 

*Qui dixer, hastas homes, hastas hornea, peche diez ma^ 
-^ravedis á los camperos: mas si se firmare con tres, no, 
apeche cosa,^ Todo el que ante sí y por sí gritare «al ar- 
ma», pagud X maravedís á los custodios del campo; mas 
si probare con tres testigos que no dio tal grit'^, qu© no 
pague pena alguna. 

« Todo home que truxer cochiello en villa ó en villar^ 
apeche de caloña tres maravedís » Todo el que usare pu- 
ftal en la villa ó en aldea, pague la multa de tres mara- 
vedís. Caloña es toda j)ena pecuniaria. 

« Todo home que ir quisiere fuer de villa ó fuer áe vi* 
Mar, si ezquerdare cuchiello sin fé de campero, peche de 
^caloña diez maravedis.» Todo el que saliere de villa ó 
aldea, si llevare puñal sin licencia de campeador, pague 
de multa X mrs. Ezquerdar es llevar al lado izquierdo; 
verbo arcaico que rara vez se encuentra después del si- 
glo XV. 

• Todo hurgo que ficier en forza al campero camprean 
*do, si ficier apellido y non fuer subvenido, peche una 
»gran caloña. • Todo el que cometiere la sioraxóu de uo 



392 mStOWA DHL REÍNO DB ÍADÍIto^ 



socorrer al campeador, estando recorriendo el campo, 
siempre que hiciere llamamiento de alarma, pague una 
gran multa. Subvenir es auxiliar. Facer apellido, hacer 
llamamiento. 

« Todo home que al dia compra mas de una dinerada 
^de pan ferial , peche diez marai-^edis.* Es medida contra 
los acaparadores del pan, para revenderlo más caro. Sin 
duda se alude aquí á la cantidad de pan que podía com- 
prarse por una dinerada, lo mismo que hoy dice el vul- 
go un real de carne, ó bien, una perra gorda de sal. 
Guevara traduce dinerada por maravedí, pero no debe 
ser así, pues en los textos copiados S(í conoce esa voz 
maravedí y no había de usar ésto otra. Creo que dinera- 
da es lo que en aquellos tiempos llamaban un dinero, de 
lo« jae diez componían un mftravedí, diez de éstos un 
húrgales y seis burgaleses un maravedí de oro. 

^Mande Concejo que non manquen en ferial los ocha- 
^vos y ochaoeros, porque no anden hi malas entrañeras, 
*tf si anduvieren, los alcaldes las enfornen.* Mande el 
Concejo que no falten en el mercado las fanegas de ocho 
y los medidores, para que no usen alh' malas medidas, y 
sí las usaren, que las quemen los Alcaldes. 

füMoquilon que vez destajare y ficiere aviesso, peche al 
*que se lo firmare cinco maravedís, y si tomare alfadias 
^sea- encepado. T» Maquilador que una vez se extravíe y 
cometa delito, pague á quien se lo pruebe V mrs; y si 
tomare cohecho, sea metido en el cepo de Concejo. 

«Qwi ficier tal aviesso y enforcias, que no merezca cá- 
*loña, los freses ó seises le enforquen en ferial.* Al que 
cometa tan gran delito y sinrazón, que no pueda ser re- 
dimido con pena pecuniaria, los Regidores (treses ó sei- 
ses, según su número) le ahorquen en día de mercado. 

cjbdo home mesturgo que mesturgare del concejil al 
•Rejf, quanto havier le manque, y le apelliden mesturgo 



NATÍAS RAIti^K MAinÍNB^ t ÜCAmTf MBZ 



*sine caloña.* Todo hombre cizañero que llevare cizaña 
al Bey contra el Concejo, pierda cuanto tenga y sea 
apellidado cizañero, sin caer en malta por llamárselo. 
Mesturgo es la misma voz mesturero (sembrador de dis- 
cordias) que en el poema del Mió Oíd se lee, en estas 
palabras de Jimena á su marido: 

Por malos mestureros, de tierra sedes echado. 

« Texeros de Badajoz mellaren in viUa y villar á diñe- 
»r€ula de texa y ladriello,T> Los tejeros de Badajoz co- 
brarán en villa y en aldea á una dinerada por el millar 
de teja ó ladrillo. 

« Todo descallador de Badajoz empalme tres doce fie- 
Turras á maravedi, y en ferieU medio más.* Todo herra* 
dor de Badajoz ponga tres docenas de herraduras por 
un maravedí, y en dias de mercado medio más. 

• Rexa que non huebrare por descura del ferrer, peño- 
árenle un maravedí para el huebrero.* Si una reja no 
ara por descuido del herrero, penen á éste en un mara- 
dí para el arador. 

iíTodo homs riero qui aduxer pexe á Badajoz, hi h 
*venda, y si lo vendier fora del tablado, pague caloña al 
»fossado.* Todo hombre pescador que trajere pescado á 
Badajoz, véndalo aquí, y si lo vendiere fuera del despa- 
cho público, pague multa al fonsado. Se llamaba fonsa 
dera la contribucíím que se pagaba para reparación de 
fosos y fortalezas. 

^Jarrer de Badajoz non interesse mas de quartezna de 
*todo lo que medier, y si más interessare peche á la pa- 
*vessada un maravedí,* Ningún tabernero de Badajoz 
interese más de una cuartezna de lo que midiere, y si 
interesa más, pagará á la fortaleza un maravedí. Cuar- 
lezna llama Guevara al cuartillo; pero más bien es en 
general la cuarta parte de una medida cualquiera; y en 
este texto parece darse á entender que el tabernero le 



894 HteítOftlA t>BL tlBllLMO I>S BADÁJOls 



cobrará al cosechero del vino la cuarta parte del vino 
que venda. 

^Jarrera de Badajoz aduzga en si quartezna y media 
^quartezna, dinerada y media dinerada, y si non fueren 
* rejados en concejo^ peche tres maravedís. 9 Toda taberna 
do Badajoz tenga para medir su cuartezna y media cuar- 
tezna, dinerada y media dinerada; y si estas medidas no 
estuvieren selladas por el Concejo, pague tres marave 
dís de multa. No me atrevo á establecer equivalencias 
entre estas medidas y las modernas. 

* Campero que hasta azulada pedier, enforcias siguien» 
*do, préstenle tres maravedís de Concejo,^ A todo cam- 
pero que pidiere auxilio persiguiendo delitos, suminís- 
trenle tres maravedís de los fondos d^l Concejo. 

^Horne que en lid deslineare á otri, antes de fin hacer á 
9la arrancada, pierda el quiñón y mestecenle la barba.» 
No comprendo la razón de ser de esta ordenanza, que á 
la letra parece decir: Hombre que en lucha deslineare á 
otro antes de dar término á la victoria, pierda el quiñón 
y arránquesele la barba. Parece mucho rigor con el que 
se adelanta á los demás en acometer antes de acabarse 
la contienda. 

« Todo home fiel de Badajoz sea creído por su fiadurta, 
»y el que non fuere con el alcalde peche medio maravedí.» 
Todo fiador sea creído por su palabra, y el que no res- 
pondiere de ella ante el Alcalde pague de pena medio 
maravedí. 

No consigna el obispo Guevara más que los diez y 
ocho textos que quedan consignados, y es lástima que 
no se conozca el texto íntegro, que pudiera resolvernos 
las dudas que hoy ofrecen estos fragmentos. 



r 



APÉNDICE XXVIII 

Donación de Montanchez á la Orden de Santiago, 
en el año 1230 



In nomine Domiai nostri Jesu Cristi, Amen. Catholi- 
corum Regum est loca et personas religiosas diligere et 
venerari, iura sua illis illaesa servare, et eas possessio- 
nibus ampliare. Idoiroó ego Alfonsus Dei gratia Rox 
Legionis, Galleciae et Badallotii notum fieri voló ómni- 
bus et futuris per hanc chartam, quod cum consensu et 
volúntate nobilium Infantium filiarum mearum Dñae S. 
et Dñae D. do et iure hereditario in perpetuum concedo 
vobis Dño Petro Gonzalvi Magistro Ordinis Militiae S. 
Jacobi et vestris successoribus, necnon et ves tro Ordi- 
ni, castrum et villam de Montanchez cum totis terminis 
novis et antiquis, directuris, montadis, et pertinentiis 
suis, cum pratis, pascuis, montibus, fontibus, aquis, in- 
gressibus et exitibus, et ómnibus alus quaecumque 
sint ad ipsum castrum et villam spectantia, quolibet iure 
et qualibet ratione. Vos vero et successores vestri ex 
pactione tenemini faceré pacem et guerram et treguas 
ex ipso castro et villa, pro me et praedictis filiabus meis 
et prole earum, vel alteríus, si alia prole non habuerit, 
prole inquam, quae Regnum Legionis obtinuerit, salva 
tamen Religione Ordinis vestri. Tenemini etiam recipe- 



dd6 BiarORIA DBL KBIHO DB BADAJOS 

re in iam dicto castro et villa homines et vassallos meos 
et praedictarum filiarum mearum et prole earum vel al- 
terius, si alia prole non habuerit. 

Hoc autem fació pro salute animae meae et parentum 
meornm, et ob multa servitia quae mihi facitis et fecis- 
tis, et ut de bonis et orationíbus quae in Ordine vestro 
Deo iugiter exhibentur, partem mihi valeam promereri. 
Si quis igitur, tám de meo genere quám de extraneo, 
contra hanc meae donationis et concessionis cartam ve- 
ñire praesumpserit, iram Dei omnipotentis et Ilegiam 
incurrat, et quantum invaserit vobis duplet, et Begiae 
parti mille marabe tinos exolvat, carta nihilominas in 
suo robore permanente. Facta carta apud Zamoram, pri- 
ma die Augusti, era M. CC. LXVIII. 

(Bullariuiíi Ord. Mil. S. Jacobi, pág. 143.) 



ii^mmmmm^mmmmmmmiM 



APÉNDICE XXIX 

Confirmación que en 1234 hizo el Cabildo de la Igle- 
sia Compostelana, de una concordia celebrada en 1230 
entre el Obispo Don Bernardo y la Orden de Santiago 



Innotescat ómnibus praesentem pagiuam inspecturis, 
quoB nos universum Compostellanae Ecolesiae Capitu- 
lum pactíonem et conventionem, quam veaerabilis Pa- 
ter noster Dominus Bernardus Compostellanus Archíe- 
piscopus iniit cum Magistro et Fratríbus Militiae Sancti 
Jacobi Buper Emérita ratam et fírmam habuimus et ha- 
bemoS; quae convenientia facta est sub hac forma: 

In nomine Domiui. Haec est convenientia inter Domi- 
num Beruardum Archiepiscopum Compostellanum et 
Domiuum Petrum Gonoalvi ^[agistrum et Pratres Mili- 
tiae Sjiiicfci Jacobi tacta supcr Emérita in praesentia 
Domini Fernandi illustris Regis Castellae et Legionis, 
et sereuissimae matris saae Dominae Berengariae, de 
consensu ot beneplácito eorumdem. Dictas Archiepisco- 
pus dat Magistro et Fratribiis Militiae Sancti Jacobi 
medietatem civitatis Emeritae et sui termini, iure hae- 
roditario, quantum ad temporalia in perpetuum possi- 
dendam, et aliam medietatem retinet sibi et Ecclesiae 
(Jompostellauac, retinet etiam sibi et Ecclesiae suae et 
Episcopo qai futuras est ibi, plenam ias m spmtaali* 



aiSTOftlA D8L RBIHO IXA BADAJO! 



bus, ita tamen, quód si aliquos redditus vel lucrum Ar- 
chiepiscopus aliquando habuerit de ecclesiis civitatis 
Emeritae et sui termini, cum dictis Magístro et Fratri- 
bus partietur, et hoc ¡dem facient praedictí Magister et 
Fratres, scilicét, quod de redditibus et lucro, quod ha- 
buerint de eccJesiis ipsius civitatis et sui tormiai, abs 
que diminutione medietatem Compostellano Archiepis 
copo semper dabunt, ot hoc ideiil est in temporalibus 
observandum, scilicét, quod omnia lucra, omnes reddi- 
tus et omnes quintas do sarracenorum et aliorum spoliis, 
et omnes alias obventiones, quae spectant ad dominium, 
semper inter se fideliter partientur, ita quód para quae 
alteri psrti in sua medietate iniuriam vel fraudem fue- 
rit, vel de eo quod perceperit, sine diminutione medie - 
tatefn non dederit, quod sic detinuerit, cum duplo et 
cum expensis, quas altera pars super hoc fecerit, exsol- 
vet. Dicti autem Archiepiscopus et Fratres, Episcopo 
futuro (vel si forsan ibi Episcopus non fuerit, et fuorit 
ibi Ecclesia Conventualis. Episcopo vel Clericis Conven- 
tualis Ecclesiae) de possesic»nibus ipsius civitatis et sui 
termini communiter providobunt.Iu hoc autem quadrien- 
nio dabit Archiepiscopus apud Lcgionem, dúo millia et 
quingentos áureos dictis Fratribus annuatim ; medieta • 
tem in festo Sancti lacobi de lulio, et medietatem in 
Domini Nativitate in Decembri, et Dominus Rex sic de- 
bet faceré cum ipsis Fratribus, quód in hoc quadriennio 
teneant ipsam civitatem, et defendant sine onere Ar- 
chiopiscopi, ita quód Archiepiscopus in nullo in toto 
íjuadriennio ex debito teneatur, nisi in dictis duobus 
miJlibus et quingentis aureis annuatim, ut dictum est 
superius, exsolvendis. Sí vero elapso quadriennio Ar- 
chiepiscopus noluerit habere civitatem Emoritam, ce 
dat ius auum in temporalibus Domino Kegi, plenum ius 
iñ spiritualibus, sibi retinens et Ecclesiae suae, Si verg 



ikATiAS RAMÓN HAÍtTÍKB¿ 7 ttAÉTINllS 



habere et retiñere voluerit snam medietateía ipsius ci- 
vitatis, vel cutn ipsis Fratribus sic componat, quod ipsi 
ex toto teneantiir ad custodiam civitatis, vel per se et 
suos partem suam, secunduin quód necesse fuerit, faciat 
custodiri. Dictum autem quadriennium incipiet in ka- 
lendis Maii próximo venturi. Dicti autem Magister et 
Fratres non debeant nti beneficio privilegiorum snorura 
in ecclesiis eivitatis Emeritae et su¡ termini, nisi in hoc 
quod liceat eis, cam genérale interdictum fuerit, sibi et 
familiae suae, expulsis interdictis et excorannicatis, di- 
vina celebrare, et Fratres et Fámulos ecc'esiasticae tra- 
dere sepulturae. Et ut haec non povssint processu tem- 
poris in dubium revocari,Nos supradicti Bernardus Com- 
postellanus Archiepiscopus et Petrus Gon9alví Magis- 
ter militiae Sancti Jacobi sigillorum nostrorum muni- 
mine hoc scriptum fecimus roborari. Acta sunt hae sub 
era MCCLXVIII. qt. XVI kal. Maii. Praesentibus me 
B. Dei dignatione Compostellano^Archiepiscopo. F. Me- 
nendi Comendatore de Montanclies. Menendo Froilae 
Comendatore Distrianao. Xemeno Petri Maiordomo Ma- 
gistri. Vincentio lohanis. Petro Stephano, Maiordomo 
S. Marci. Sanchio Indico. Cardiiiali Dominico. Garsia 
Bermundi, Martino Pclagii Canonicis Compostellanis. 
Martino Martini. lo. Pntri Capellanis Dfii Archiepisco- 
pi. Petro Reymundi eivo Compostellano et Maiordomo 
Dñi ArcHiepiscopi. Ego Petrus Stephani Capellanus dic- 
ti Magistri de mandato Dñi Archiepiscopi et eiusdem 
Magistri scripsi. 

Nos autem universum Compostellanae Ecclesiae Capi- 
tulum supradictam ¿onvenientiam. presente supradicto 
venerabili patre nostro Bernardo Compostellano Archie- 
piscopo et assenssum praebente, sigilli nostri munimine 
et quorumdam de Maioribus Ecclesiae nostrae subscrip- 
tionibus fecimus communiri, Dat. apud S, IcNcobum 



461) mStOHtH tíÜÍL RlftAO DB BAI»AJ<l¿ 

XVIII kalen. Maii sub era MCCLXXII. Inno ab Incar- 
natione Domini MCOXXXIII. Ego I. Cresconi Arohi- 
diaconus Tenens Vices Decani. Ego Adam Fernandi Ar- 
ohidiac. Ego Ebrardus Thesaararins. Ego Johanes Car- 
dinalis. Ego Dominious Dídaci Cardinalis. Ego Marti- 
nas Bernaldi Cardinalis. Ego I. Pelagii Cardinalis Com- 
postellann^. 

(BuUarium Ord. mil. S. lacobi, pág, 141.) 



^% x.%XY!y>s\, -%s%> V ^, V^ X X ^ ^=_^ __ 



APÉNDICE XXX 

Confirmación que Don Fernando III hizo en 1231, de la 

concordia entre el Arzobispo de Santiago y la Orden 

de este nombre, sobre la ciudad de Mérida 



Per praesons scriptnm iiotnm s¡t ómnibus hominibus, 
tam praesontibus quam fntnris, quod ego Perrandus 
Dei gratia Rex Castellae, et Toleti, Legionis et Galle- 
ciae, una cum uxore mea Regina Beatrice, st cum filiis 
meis Alfonso, Frederico, Ferrando et Henrico, ex as- 
sensu et beneplácito Reginas Dominae Berengariae ge- 
nitricis meae, fació cartam concossionis, confirmationia 
et stabilitatis vobis Domino Petro Gon^alvi Magistro 
Ordinis Sancti lacobi vestrisqiio successoribus et Fra- 
tribus eiusdem Ordinis praesentibus et futuris perpetuo 
valituram. Concedo itaque vobis et confirmo medietatem 
civitatis de Merida cum siiis terminis, et medietatem 
frtietmim Ecclesiarum in oadem civitate et eius tormi- 
nis positariim,'quae vobis iam dictih Magistro et Fratri- 
bns Bernaldus Compostellanus Archepiscopus de con 
sensu et beneplácito sui Capituli dedit, sicnt in instru- 
mentis inter vos et dictum Compostellanum Archiepis- 
copura inde factis apertiiis continetur. Et haec meae 
concessionis et confirmationis pagina rata et stabilis 
omni tempere perseveret. Si quia autem hanc cartam 



402 HISTORIA DBL REINO DB BADAJOZ. 

infringere seu in aliquo diminuere praesumpserit, iram 
Dei Omnip oíentis plenarió incurrat, et Regiae parti mi- 
lle morabetinos in cauto persolvat, et damnum super 
hoc illatum vobis restituat duplicatum. Facta carta apud 
Burg. X die Madii era MCCLXIX. 



r 




APÉNDICE XXXI 

Concordia celebrada por el Obispo de Coria 
con el Maestre de Alcántara, en 1231, sobre jurisdic- 
ción y temporalidades 



In nomine Domini nostri Jesu Christi. Amen. Notum 
sit ómnibus praesentem cartam inspecturis, quod nos 
Sanotius divina praemissione Episcopus et Capitulum 
Canonicorum Cauriense ex una parte pro bono pacis et 
ad evitandam discordiam et ad pacem omnimodo conñr- 
mandam, et Arias Pérez, Magister et Conventus Fra- 
trum de Alcántara et Pirario ex alia, super decimis, pri- 
mitiis et procurationibus et cathedratico et praesenta- 
tione capellanorum et super ómnibus iuribus Cauriensis 
Ecclesi'ae, talem facimus compositionem. Quod Episco- 
pus et Capitulum Cauriense recipiant tertiam partem 
decimarum de ómnibus Ecclesiis á praedictis Fratribus 
possesis et etiam possidendis in Episcopatu Cauriensi. 
Ilecipiat etiam Episcopus pro catedrático de unaquaque 
Eclesia unum aureum annuatim. Recipiat etiam aliura 
aureum ab unaquaque Eclesia in procuratione, praeter- 
quam de Ecclesia Sancti loannis de Mascoras, unde de- 
bet recipere tres áureos pro procuratione. Et de Ecclesia 
de Milana dúos, et de Ecclesia de Moraleja dúos. Et quod 
Fratres recipiant tertiam fabricarum et tertiam Clerico- 
nim de Ecclesiis noviter erigendis, Conoedimus etiam 



404 HISTORIA DBL REINO DK BADAJOS 



prout modo possident, ita possideant de erectis; et de 
erigendis percipiant, prout hactenus percipere consue- 
verunt, et dent Ecclesiis capellanos qui ibidem serviant 
et íd Ecclesiis celebrare divina malitiosé non desistant. 
Et isti capellani non sint ausi, tamquam iam ínstituti 
prius, divina in Ecclesiis celebrare, doñee Pontifici Cau- 
riensi vel eius Vicario á Fratribus praesententur. Nos 
Sanctius Episcopus et Capitulum Cononicorum Caurien- 
se concedimus praedictis Fratribus omnes primitias 
Ecclesiarum suarum in nostro Episcopatu aedificatarum 
et aedificandarum, de quibus nos tertiam partem secum- 
dum consuetudinem Episcopatns recipere debemus. Con- 
cedimus etiam quod licitum ost eis erigere altaría et 
aedificare Ecclesias in ómnibus locis ab eis noviter popu- 
landis et etiam populatis, excepto Ceclavin. Concedimus 
etiam quod si forte instigante Diabolo, á quodam vel á 
quibusdam in Ecclesiis supradictis ab eisdem possessis 
sacrilegium commissum fuerit, de satisfactione sacrile- 
gii Pratres recipiant duas partes, et tertiam partem 
Ecclesia Cauriensis. Capellani Ecclesiarum istarum de- 
bent venire ad Synodum nostrum semel in anno audire 
salutem suarum animarum et parrochianorum, et tenen- 
tur super praedictis articulis, et pro iam dictis nostris 
iuribus riostras sententias observare, eos nequáquam in 
aliquibus petitis et sententiis agravando. Et nos Arias 
Pérez Magister et Conventus de Alcántara damus et 
concedimus praedicto Episcopo tertiam partem decima- 
rum de Ecclesia dePortezolo et omniura Ecclesiarum nos- 
trarum aedificatarum et aedificandarum in Episcopatu 
Cauriensi salvis privilogiis et indulg^^ntiis Romanorum 
Pontificum; constitutione Innocentii de possessionibus 
post Concilium acquisitis et acquirendis in suo robore 
duratura, similitor autem et cathedraticam et procura 
tioneju secundum quod debet recipere de alus nostrip 



MATÍAS RAMÓN MARTÍMSZ T MARTÍNSt 405 

Ecclesíis. Siqua partium contra compositionem istam 
venire auso temerario praesumpserit, vel in aliquo in- 
fringere tentaverifc, et post commonitionem ínfra trigin- 
ta dies corrigere distulerit, mille áureos alteri parti per- 
solvat. Compositione nihilominus in sno robore duratu- 
ra. Quod ut ista compositio robar obtineat firmitatis, et 
sit in perpetuum valitura, hoc instrumentum per alpha- 
betum dividimiis, et cum sigillis Sanctii Episcopi et Ca- 
pituli Canonicoruin Cauriensis et Ariae Petri Magistri 
et Oonventus de Alcántara facimus communire. Facta 
compositione apud Truxellum, sub era 1271, mense Ja 
naarii. Ego Sanctius Cauriensis Episcopus assentio et 
subscribo. Ego Arias Pe tris Magister subscribo. Ego 
S. Cauriensis Decánus assentio et subscribo. Ego Domi- 
nicus Cantor assentio et subscribo. Ego Joannes Archi 
diaconus Cauriensis assentio et subscribo. Ego Domini- 
cus Thesaurarius assentio et subscribo. Ego Petrus Ar- 
naldi Canonicus assentio et subscribo. 



(Torrea Tapia, Coron. de la Ord. de Alcántara, tomo I, pág. 255.) 




APÉNDICE XXXII 

Escritura de deslinde entre Coria y Alcántara 
hecha en -1234 



ín nomine Domini nostri Jesu Christi. Amen. Noium 
sit ómnibus praesentem paginam iuspecturís, qood nos 
Magister et conventus Fratrum et conoilium de Alean-, 
tara ex una parte, et ooncilium Cauriense ex alia, supra 
contradictione termiuonim praedictamm villarum ver- 
sas Tagum, qaam mter nos habebamus, pro bono pacis 
et ad discordiam et lítem sedandam (mediante Fratre 
Ramiro et quinqué bonis hominibus de Civitate Roderi*^ 
ci et totidem de Placentia, quos Dominus Rex ad inqui- 
rendum de praedictis terminis destinarat) talem inter 
nos facimus compositionem: videlicet, quod á fonte de 
Alcornoque incipiendo, secundum quod venit recta linea 
ad Fresnepa intra, ultra rivulum de Fresnepa, incipien 
do ab illo loco qui recté respicit Turunolum, et recté si- 
militer respicit fonfcem de Alcornoque; et á moxone co- 
operto usque ad illum Casareum de los Quixos blancos, 
qui est cirea Turunolum, ubi positus est moxon: et per 
íUos moxones quos Frater Bamirus et praenominati de • 
cemviri posuerunt; et exinde de Casare, secundum quod 
vadit á moxone cooperto usque ad Vallem Felechoso, 
possideat unaquaeque villa secundum quod iungitur ter- 
minia sois; ita tamen quod in illo rincone, qui est inter 



406 mSTORlA DBL RBtNO DE ^AdAJOIB 



Fresnepa et foatem de Alcornoque nihil habcmnt Cau- 
rienses. Insuper habeant pro haereditate Joannes Pela- 
gii et Sebastianua vicini Caurienses dimidiam canallem 
in flumino Tagi, quem ante compositionem habuerunt, 
qui dicitur de Consta ntio, et disponant de ipso sinut de 
8110; habeant etiam barquetum parvum ad serviendum 
in ipsa pesquera; habeant Caurienses balsaderum suo- 
rum fi:anatoruni in Tago, et parent sarcinam suam in- 
ipso barqueto vel in balsis. Prohibemus etiam qaod in 
ipso barqueto non passent alios homines vel sarcinam, 
nisi quod dictum est superius. Si aliqua pars contra 
hanc compositionem venire praesumpserit, pectet alteri 
parti mille áureos, compositione nihilominus in sao ro- 
bore duratura. Ad maiorem rei firmitatem cartam sigi- 
llorum nostrorum et Domini Episcopi Cauriensis robore 
muñiré facimus. Facta carta Cauriae, sub era 1272, pri- 
die idus Februarii. 



(Torres Tapia, Coron. de la Ord. de Alcántara, tomo I, p4g. 260.) 



Kvvewv^i^xxx**: ^ ^-_- 



APÉNDICE XXXIII 



Donación de Magacela á la Orden de Alcántara, 
en 1234 



Per praesens scripfcum tam praesentibus quam futuris 
nobam sit.ac manifesbum quod ego Ferraudus Dei gra- 
tia Rsx Castellao efc Toleti, Legionis ét Galleciae, una 
cum uxore mea Boatrice R'sgina et cum filiis meis Al- 
fonso, Frederico, Ferrando et Henrico, et assensu et 
beneplácito Beginae Domínae Berengariae genitricis 
meae, fació chartam donationis, concessionis^.conñrma- 
tionis et stabilitatis Deo et Ordiní do Alcántara et de 
Peroro, vobisque Domno Potro Joannis eiusdem instanti 
Magistro, vostrisque suijcessoribus, ©t convontui Fra- 
trum ibidem dogentium perpetuó valituram. 

Dono itaque vobis et concedo Magacellam, villam quae 
est ultra numen de Guadiana, cum suo castello et cum 
ómnibus terminis, pertinentiis et dirocturis suis, ut cam 
iure haereditario haboatis et in aetornum irrevocabili. 
ter possidoatis, et hoc faoi> vobis ob remadium anim ae 
meae et parontum mooram, et propter malta et m agna 
servitia quae mihi semper exhibaistis et oxhibore quoti- 
dié non cossatis. Et vos et totus conventus vostor de Al- 
cantara et de Peroro quitatis mihi totam vocem, totam 



410 HlfttORtA. Í>BL EBIHO I>B BADAJOft 

demandam, totum ius et quidquid iuris habetis in Tur- 
gello, si vé per donationem avi meí illustris Begis Domi- 
ni Aldefonsi piae recordationis, sivé per litteras suas, 
sive quorumcumque aliorum vel quocumque alio titulo 
donationis. 

Et ego supradictus Petras Joannis Magister de Alcán- 
tara, cum consensu totius conventus de Alcántara et de 
Peroro, quitamus vobis totam vocem, totam demandam, 
totum ius quod habemus in Turgello, sicut supradictum 
est, et facimus vobis inde chartam nostram aptam, et si 
aliquandó aliqua charta apparuerit super donationem de 
Turgello, nuUas vires habeat et totius careat roboris fir- 
mitate. 

Et haec charta istius donationis rata el stabilis omni 
tempere perseveiet. Si quis vero tám de meo genere 
quám de alieno hanc chartam infringere, seu in aliquo 
diminuere praesumpserit, iram Dei Omnipotentes et Re- 
giam indignationem incurrat, et cum Juda Domini pro- 
ditore poenas luat perpetuas in inferno. 

Facta charta apud Zamoram vigésima quarta die Apri- 
tis, era millesima ducentésima septuagésima secunda, 
eo videlicét anno quo capta fuit Medellin. 

Et ego praenominatus Bex Ferrandus, regnans in 
Castella et Tolete, Legione et Gallecia, Badallocio et 
Baecia, hanc chartam, quam ñeri jussi, manu propria 
roboro et confirmo. Rodericus Toletanae sedis Archie- 
piscopus Hispaniarum Primas confirmat. Infans Domi- 
nus Alfonsus frater Domini Regis confirmat. Bernaldus 
Compostellanae sedis Archiepiscopus confirmat. Mauri- 
tius Burgensis Episcopus confirmat. Tellius Palentinus 
Episcopus confirmat. Bernaldus Segoviensis Episcopus 
confirmat. Lupus Segontinus Episcopus confirmat. Joan* 
nes Calagurritanénsis Episcopus confirmat. Dominicus 
Abulensis Episoopus oonfirmat« Gbnzalvas CoaokensiB 



r 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T HARTÍNBZ 411 

Episcopiis confirmat. Adam Placentinus Episcopus con- 
firmat. Alvarus Petri confirmat. Rodoricus Qunzalvi 
confirmat. Didacus Martini confirmat. TuUius Alfonsi 
confirmat. Gonzalvus Gonzalvi confirmat. Rodericus Ro- 
derici confirmat. Egidius Malrici confirmat. Joannes 
Oxomenpís Episcopus. Dominí Regís Concellarius con- 
firmat. Joannes Ovetensis Episcopus confirmat. Nunnius 
Astoricensis Episcopus confirmat. Martinus Zamorensis 
Episcopus confirmat. Martinus Salamantinus Episcopus 
confirmat. Michael Lucensis Episcopus confirmat. Lau 
rentius Aurensis Episcopus confirmat. Michael Civita 
tensis Episcopus confirmat. Ecclesia Legionensis vacat. 
Erodericus Ferrandi confirmat. Rodericus Gómez confir- 
mat. Ferrandus Guterrii confirmat. Ramirus Frolez con- 
firmat. Rodericus Frolez confirmat. Petrus Poncii confir- 
mat. Ferrandus Joannis confirmat. Pelagius Ariae con- 
firmat. Signum Ferrandi Regís Castellao, et Toletí, 
Legionis, Galleciae. Garsifts Ferrandi Majordomus Cu* 
riae Regis confirmat. Lupus Didaci de Faro Alférez 
Domini Regis confirmat. Alvarus Roderici Major Me- 
rinus in Castella-confirmat. Sancius Pelagii Major Me- 
rinus in Galléela confirmat. Garsias Roderici Major Me- 
rinus in Legione confirmat. 

(BuUariuin Ord. de Alcántara, pág. 39.") 



.S/%2L>S^.S^xJLx5^vfi^v5/xSLfiyvS^NS^vS^xA.Sy.S^.S^x&JL^^ 



APÉNDICE XXXTV 

Donación de ciertas heredades en Medellín á la Orden 
de Alcántara, hecha en 1234 



Per praesens scriptum, tam praesentibus quám futu- 
ris, notum sit ac manifestum quód ego Ferrandus Dei 
gratia Rex Casfcellae, Toleti, Legionis et G-alleciae, una 
oum uxore mea Beatrice Regina et cum filiis meis Al- 
fonso, Frederico, Ferrando et Henrico, ex assensu et 
beneplácito Reginae Dominae Berengariae genitricis 
meae, fació chartam donationis, confirmationis et stabi- 
litatis Deo et vobis, Domino Petro Joannis Magistro de 
Alcántara et de Perero, vestrisque successoribus necuon 
et toto couventui eiusdem, praesenti et futuro perpetuó 
et irrevocabiliter valituram, pro magnis itaque et gratis 
servitiis quae mihi fecistis, máxime in captione de Me- 
dellín, et quotidié faceré non cessatis. 

Dono itaque vobis et concedo in ipsa Medellin haere- 
ditatem ad decem juga boum sufficientem ad anni vi- 
com, et sex arenzadas vinearum, hortum unius arenza- 
dae et domos in ipsa villa. Haec inquam omnía dono vo- 
bis et concedo, ut ea jure haereditario habeatis et sine 
contradictione aliqua in perpetuum possideatis. Et haec 
meae donationis pagina rata et stabilis omni tempor^ 
perseveyet. 



414 BISTORIA DBt. UtW> BB ftU>A30S 

Sí quis vero hanc chartam meae donationís inf ringere 
seu in aliquo diminuere praesumpserit, iram Dei Omni 
potentis plenaríe incurrat, et Regiae partí mille áureos 
in cauto persolvat, et damnum super hoc illatum vobis 
restituat duplicatum. 

Facta charta apud Berlanga décima die Augusti, eo 
videlicet anno quo c^pta fuit Medellin, era millesima 
ducentésima septuagésima secunda 

Et ego supradictus Rex Ferrandus, etc. 



(Tiene las miomas ñrmas que el anterior, y además las de los 
Obispos Domingo de Baeza y Esteban de Tuy; y falta en este do- 
cumento la de Juan deOsma.— Bullarium Ord. de Alcántara, pá- 
gina 4().) 




APÉNDICE XXXV 

Donación de la villa de Hornachos á la Orden 
de Santiago, en 1235 

Tam praesentibus qaam futuris notum sit ac manifes 
tum^ qaod ego Ferraudus Dai gratia Bex Castellae, et 
Toleti, Legíonis et Galleciae, una cum nxore mea Bea- 
trice Regina et cum fílíís meis Alfonso, Frederíco et 
Ferrando, ex assensu et beneplácito Reginae Domiuae 
Berengariae genitricis mea^ fació cartam donationis, 
concessionis, confírmationis et stabilitatis Deo et Orditii 
militiae Sancti lacobi, et vob's Domno Petro Gon9alvi 
eiusdem instanti Magisbro, vestrísque áuccessoribus, to- 
tique conventui eiusdem militiao, praesenti et futuro 
perpetuo valituram. Pro multís itaque et magnis servi- 
tiis quae mihi fideliter exhibuistis et cotidié exhibere 
non cessatis, dono vobis et concedo villam quae dicitur 
Fornachos cum montibus, fontibus, rivis, aquis, pratis, 
pascuis, vineis, terris cultis et incultis, arboribus, et 
cum ómnibus pertinentiis suis, et cum ómnibus terminis 
suis, quos habebat tempere sarracenorum. Hanc inquam 
villam dono vobis, ut eam iure haereditario habeatis 
perpetuo et irrevocabititer possidendaTi. Et haec meae 
donationis pagina rata et stabilis omni tempore perse- 
yertft. Siquis vero haao oartam iuf rigere vel in aliquo 



416 HISTORIA D«L RBlNO DS ^ADA.t02 

diminuere praesumpserit, iram Dei Omnipofcentis plena- 
rié incurrat, et Regiae partí mille áureos in cauto per 
solvat, et dapnum super hoc iilatum vobis restituat du- 
plicatum. Facta carta apud Toletum Rog. Exp. XXII 
die ApriHs, era MCCLXXItl. 

(De una bula de confirmación de Inocencio IV.— Bullarium 
Ord. mil. S. lacobi, pág. 163.) 




APÉNDICE XXXVI 



Fuero otorgado á Mérida en 1235 



In nomine Domini. Amen. Ea quae inter praesontes 
geruntur, ad posteros in perpetuum derivanda, ideó car- 
tarnm apicibus commendantur, ut eorum memoria per- 
petué tur in aeternum. 

Bernardas Divina miseratione Compostellanus Archie- 
piscopus, cum consensa Majorum Ecclesiae Composte- 
Uanae, et Domnus Rodericus Enneci Comendator totius 
regni Legionensis, de mandato et consensa nobilis et 
religiosi viri Domni Petri Gansaivi Magistri militiae 
Sancti lacobi, damas et concedimus foram habitatori- 
bus de Emérita civitate et de toto termino sao, tam illís 
qai modo ibi habitant, qaam illis qui ia faturam habita- 
bant ibi, qaod foram in subdictis continetnr. 

De ómnibus quae habitator de Emérita vel de termino 
sao detulerit ad terram sarracenorum vel reduxerit, det 
portaticum, nisi de illis quae duxerit vel detulerit pro 
redemptione captivorum Emeriteiísium, sive de civitate 
si ve de termino, vel nisi de illis quae nutriunt Emeriten- 
ses in suo, sive in civitate sive in termino. De caeteris 
vero nobis dabunt portaticum. 

De terris vero in tota térra de Emérita et in toto ter* 
mino 8U0, tam in pratis quam in fluminibus, et rivalis, 



418 maroft^tA bVL ubino bs )ftAbi>ó%. 

et hortis, et exitibus, retineat sibi Archiepiscopas cum 
Fratribus militiae Sancti lacobi et cum Episcopo futuro 
tertiam partem, reliquas vero duas tertias habeant habí- 
tatores de Ementa qui modo ibi sunt, et alia tertia re * 
servetur dividenda iuter habitatores futuros. Istas au- 
tem possessiones sive térras non habeant habitatores de 
Emérita nec de suo termino potestatem vendendi, do- 
nandi, commutandi, vel quocumque modo alienandi ali 
cui, nisi illi qui sit habitator de Emérita vel de suo ter- 
mino, et sit vasallus Archiepiscopi et Pratrum militiae 
Sancti lacobi. 

De montatico vero hoc statuimus, quod medietatem 
eorum habeant Archiepiscopus et Fratres,. et aliam me- 
dietatem habeant habitatores, et custodiant per médium 
ipsos montos. 

De nemoribus vero cuniculorum, quae ipsi vulgaritér 
defesas vocant, accipiant Archiepiscopus et Fratres suas 
defesas et eas custodiant, et ipsi habitatores de Emérita 
accipiant suas et custodiant eas. 

De vocibus vero sine calumniis hoc statuimus, quod 
solvantur sive pecteatur secundum forum de Canceres, 
ita tamen quod tertia pars de illis applioetur Archiepis- 
copo et Fratribus, et tertiam habeat querellosus, et ter- 
tiam partem Alcaldes. 

Alcaldes vero ponantur annuatim per Archiepisoopum 
et Fratres cum consilio bonorum hominum de civitate, 
et quicumque morantúr in civitate vel termino, vel dé 
oaetero morabuntur, sint vassalli Archiepiscopi et Fra* 
trum, et Alcaldes debént esse jurati quod sint fideles et 
justi. 

Additur in hoc foro quod habitatores de Emérita vel 
de termino suo solvant fideliter Arohiepiscopo et Fra- 
tribus quintam de cavalgadis, salva requinta de aldeis, 
ot Mptima ludioia. 



lUtUS %A¡k6n MAftttHll Y lUJttUttS 41d 

lilis, qui nano sunt habitatores de ^Ernerita, conoedi- 
mus síngalas aran9ada8 de vineis, qaas hodie tenent jas- 
te, decimas vero et primitias dabant parrochiani Eccle- 
siis sais« 

ludicia vero et appellationes hoc modo procedent: 
Primo cognoscent Alcaldes oivitatis Emeritae, et si qais 
volaerit alciari se ab eia, alciet se ad libram si ve foram, 
qaem libram ipsi cives habent de ludiciis secundam 
asnm de Canceres, eo salvo quod tertia pars applicetar 
Archiepiscopo et Fratribas at supradictum est. A ludi- 
ciis vero libri appelietar ad Oomendatorem val qui pro 
ipso faerit; á Comeiidatore aatem appelletur ad Domi- 
num Arohiepiscopam vel qui pro ipso faerit, et altrá 
nen appelietar. 

Alcaldes aatem sapradictí ponantur per Archiepisco 
pam et Fratres, et sit anas de mana Archiepiscopi et 
Fratram, qaod valgariter dioitar de Concilio, et alias 
similiter sit de mana Archiepiscopi et Fratram, quod 
valgariter dictar de Q-ermanitate, et isti dúo Alcaldes 
sint iUi quos elegerit Archiepiscopus cum Fratribas. 

Et hoc foram, quod Dominas Archiepiscopus et Fra* 
tres dant Emeritensibus, sit stabile in perpetuum, ita 
quod non liceat Archiepiscopo et Fratribus uUis un- 
quam temporibus transgredí istum forum, et Emeriten- 
ses sint boni vassalli diligentes commodum Archiepisco • 
pum et Fratres, et servantes omnia quae boni vassalli 
debent servare ad suum Dominum. Ut aatem praesens 
scriptura perpetuam et inviolabilem obtineat vigor em, 
sigillorum Domini Archiepiscopi et Comendatoris muni* 
mine roboratur. Facta carta hujus fori apud Sanctum 
laoobum, XV kalendas Augusti, sub era MCCL XXIII. 

Qui praesentes fuerunt loannes Crescon Archidiaco- 
nus. Sancius Petri Magister scholarum. Ebrardus The- 
^aurarius. Manió Petri lude^, Petras Ordinii. loannes 



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Pelagií. Michael Didaci Cardinales Compostellaní. Pe- 
trns Petri de Barroco Pardo. Laurentius Viene de Vi- 
nal. Suerius Didaci Comendatores militiae Sancti laco- 
bi. Baymundus de Sigur. Petnis Velasci. Petras Jacob, 
Petras Saerii cives Emeritenses. 

Ego Manió Martini clericus Domini Archiepiscopi de 
mandato sao et Domini Boderici Enneci Comendatoris 
sapradicti scripsi praesentibus et concedentibas civibas 
Emeritensibos suprascriptis. 

(Bullarium Ord. mil. S. lacobi, pág. 106.) 



sw. . ce . . 


^v^ 





APÉNDICE XXXVII 

Relación de los bienes que poseía la Orden de Alcánta- 
ra en 1235, según se contiene en una bula de confirma- 
ción que la otorgó Gregorio IX 



Locum ipsum, in que praefata Domus sita est, cum 
ómnibus pertinentiis suis. Ecclesíam Sanotae Mariae de 
Almooobaria cum Hospitale et pertinentiis suis. EccIq- 
siam Santae Mariae de Valencia cum pertinentiis suis. 
Ecclesiam Sanctae Mariae de Badajoz cum pertinentiis 
suis. Ecclesiam Sancti Benedicti de Córdoba cum perti- 
nentiis suis. Ecclesiam Sanctae Mariae de Baecia cum 
pertinentiis suis. Ecclesiam Sanctae Mariae de Malelia 
cum pertinentiis suis. Ecclesiam Sancti Petri in castro 
Sancti Joannis de Mascoras. Ecclesiam Sanctae Mariae 
in Portezolo cum pertinentiis suis. Ecclesiam Sanctae 
Mariae in Salmantica. Ecclesiam Sancti Thomae in Alva 
de Termes. Ecclesiam Sanctae Mariae in Zamora. Eccle- 
siam Sanctae Cristinae et Ecclesíam Sanctae Mariae in 
ripa de Dorio. Ecclesiam Sancti Joannis in Tauro. Eccle- 
siam Sanctae Mariae iu Moralegia. Ecclesiam Sanctae 
Mariae in Milana. Eeclesiam Sanctae Mariae in Mala- 
das. Ecclesiam Sancti Petri in Carcia. Ecclesiam Sancti 
Michfielis in Barcep^li. ^cclesi^tpi Sa^cti ^icolai in Petris 



422 tttsTORU ML wmm ra badajob 

Alvis, Ecclesiam Sancti Joannes de Navas Frígidas, 
Ecclesiam Sancti Stephaui in Oastroviridi. Ecclesiam 
Sancfcae Mariae in Majorica. Ecclesiam Sancti Petri de 
Monte Sancto. Ecclesiam de Sanarges. Ecclesiam de Al- 
meciis cum ómnibus pertinentiis suis et possessiouibus 
eorumdem. 

Castrum nominatum Alcántara cum villis et pertinen- 
tiis. Castrum de Espar9agal cum villis et pertinentiis 
suis. Valentiam cum villis et pertinentiis suis. Castrum 
Magacellae cum villis et pertinentiis suis. Villam de Va 
lelias cum aldeís et pertinentiis suis, Castrum Milanae 
cum villis et pertinentiis suis. Villam de Moraleja oum 
aldeis et pertinentiis suis. Castrum de Portezolo cum al 
deis et pertinentis suis. Castrum Sancti Joannis de Mas- 
coras cum aldeis et pertinentiis suis. Villam de Navas 
Erigidas cum possessionibus et pertinentiis suis. Villas 
quas habetis apud Zamoram cum possessionibus et per 
tinentiis suis. Villam de Serena cum pertinentiis et pos- 
sessionibus suis. Villam Ester, et villam Alfonsi cura 
possesionibus et pertinenteiis su's. Villam de Brozas cum 
possesionibus et pertinentiis suis. Villam de Conserta 
quam habetis in G-allecia cum possessionibus et perti- 
nentiis suis. Batondoria cum possessionibus et pertinen- 
tiis suis. Radicatam cum pertinentiis suis. Villam de 
Torpino cum pertinentiis suis. Ferrariam cum pertinen- 
tiis suis. Colmenar cum pertinentiis suis. Almendram 
Siccam cum piscarla, pascuis, et ómnibus pertinentiis 
suis, quae do mus vestra habuit antequam susciperet 
Cidterciensis ordinis instituta. Granjam in aldea de Pon- 
tesico cum vanéis, agris, pascuis et universis pertinen 
liis suis. 

Possessiones quas habetis apud Medellin, et posses 
sione» quas habetis apud Emeritam. Possessiones jquas . 
habetis apud Batallocium. Possessiones quas habetU. 



r 



Aá^ÍAS ftAMÓM ia&¥ÍÍN82 1t MAftTiNBZ 42B 

apud Cordubam. Possessiones quas habetis apud Pen- 
nam Mocor. Possessiones quas habetis apud Cauriam. 
Possessiones quas habetis apud 'Qalisteutn. Possessiones 
quas habetis apud Sabugal. Possessiones quas habetis 
apud Civitatera Boderici et in ejus termino. Possessio- 
nes quas habetis in Alva de Tormes et in ejus territorio. 
Possessiones quas habetis apud Salmanticam et in ejus 
termino. Possessiones quas habetis apud Taurum et in 
ejus termino, cum ómnibus pertinentiis suis. Possessio- 
nes quas habetis apud Castrum viride cum pertinentiis 
suis. Possessiones quas habetis apud Majoricam cum 
pertinentiis suis. Possessiones et molendina quae habe- 
tis apud Benaventum et in ejus termino. Possessiones et 
pórtagium quae habetis apud Sanctum Martinum de Ve- 
mesas cum pertinentiis suis, necnon alias possessiones 
vestras, cum pratis, vineis et pascuis in bosco, et in pla- 
no, et in agris, et molendina, et in viis, et semitis, et 
ómnibus aliis libertatibus et immunitatibus suis. 



(Bullarinin Crd. de Alcántara, pág. 42.) 



r 



fíWmrmwry?n>m^í?T?hi^^ 



APÉNDICE XXXVin 

Privilegio otorgado á Zalamea por el Maestre de Al- 
cántara en 1240 



En el nombre de Dios. Amen. Porque las cosas que 
los homes facen é ordenan, por traspassamiento de tiem- 
po son muchas vegadas olvidadas, el sabio consejo é la 
ley manda que sean por testimonio de escritura confir- 
madas; é por ende conocida cosa sea á quantos esta carta 
de privillejo vieren, como yo Don Pedro Yañez, Maes 
tre de Alcántara, acatando á que yo conquerí la antigua 
villa que los moros dicen de Zalamea en tres dias, con 
las mis huestes ó con los de mi Orden, en que ganaron 
mucha prez ó saquearon de lo que fallaron; é porque la 
morisma de la villa se habia á la fortaleza, que assaz es 
buena é fuerte, acogido, la combatí por muchos dias, é 
después de los veinte que assí la tenía en gran estreche- 
za, Muley Abenarrax, Alcayde de ella por el que se de- 
cía Rey de Gordo va, de la torre del Omenax alzó vande- 
ra de paz, é pidió seguro, é me entregó la fortabza é 
castillo, é los moros se fueron ende; ó yo fiz poblar de 
cristianos é gente de pro, é puse por Alcayde é Comen- 
dador d» ella á Prey González Ordoñez, Comendador de 
la Puente, que aun se halla en la dicha villa ó fortaleza 
con algunos Freyres Cavalleros para la defeusar. E yo 



426 HISTORIA DBL RBtKO DS BABA^rol 

havia prometido á los nuevos pobladores el mi privillejo 
de libertad por diez añps, para que no fuessen apremia- 
dos á pafi:ar cosa alguna de pechos nin derechos, salvo 
diezmo á Dios, ni les demanden terralgos ni otros acha- 
ques, é por cumplimiento del prometimiento, di su fe- 
cho por la presente, etc. 



^(Documento en pergamino que guarda el Archivo de la Villa. 
Este privilegio está fechado en Posadas de Abenfud, en 3íJ de 
Abril, era de 1288.— Origen y milagros del Santísimo Cristo de 
Zalamea, por Fr. Antonio de San Felipe, pág. 41. (Madrid, 1745. 




APÉNDICE. XXXIX 

Donación de Almorchón á los Templarios 
y Cabeza de Esparragal á los de Alcántara en 1236 



Modernis et posteris praesentibus innotescat, quos 
cum Ínter Stephanum de Bellomonte Magistrum militiae 
Templi in 'istis regnis Hispaníao et fratres eiusdem ex 
una parte, et Petrum Joannem Magistrum de Alcántara 
et conventum eiusdem ex altera, controversia vertatur 
super quadam haereditate, quae vulgariter appellatur la 
Cabeza del Esparragal, exhibitis ex utraque parte privi 
legiis ot documentis, ego Ferrandus Dei gratia Rex Cas- 
tellae, et Toleti, Legionís, Galleciae, et Cordubae, prop- 
ter dilectionem quam ad utrumque Ordinem gero et ge- 
rere teneor, quia mihi et progenitoribus meis ad votum 
servierunt viriliter et devote, et in eodem proposito fir- 
miter perseverent, supradictam causam studui in pace 
et amicabiliter terminare; ad mearum igitur precum ins- 
tantiam, supradictus Magister militiae Templi cum fra- 
tribus suis quaestioni cessit de plano, et instrumentum 
illustris quondam Regis Ferrandi, bonae memoríae, a vi 
mei, cui nitebantur in causa superius memorata, mihi 
contulit quod et ego Magistro de Alcántara continuo 
tradidi, et supradictam haereditatem, videlicét, la Cabe- 
lla de Esparragal cum ómnibus terpainis suis, prout ins- 



RISTOKIA DBL RBIKO DB BADAJOZ 



truniento supradícti avi mei Regís Ferdinandi nominati 
snnt et distincti, supradicto Magistro de Alcántara nec- 
non et successoribus suis ómnibus totique conventui 
eiusdem, tám praesentibus quám futuris, jure haeredi- 
tario do et concedo, ut eam cum terminis suis, bicut su- 
pradictum est, perpetuó et sine contradictione ahqua 
habeant et possideant, sicut ea quae unquam melias ha- 
buerint; et Fratribus militiae Terapli, ne Fratres de Ai- 
cantara ullo tempere super dicta haereditate possint im- 
petere, perpetuó silentium impono, et ad defendendum 
Fratres de Alcántara cum ista haereditate, -confíteor me 
teneri ad hoc, supradicto Magistro militiae Templi, et 
Fratribus ejusdem volons faceré gratiam, pro gratia 
quam fecerunt, videlicet, quod precibus meis acquiesce- 
re non tardarunt, castrum meum quod Almorchon vul- 
gariter nuncupatur eisdem jure haereditario dono et 
concedo, cum terminis subnotatis: á parte Castellao con- 
tinuetur torminus do Almorchon termino Capillae; et ex 
ómnibus alus partibus, in circuitu per unam leucam dic- 
ti castri terminus protendatur;' supradictum i taque cas- 
trum , cum his terminis , memórate Magistro militiae 
Templi et successoribus suis ómnibus et Fratribus ejus 
dem, tám praesentibus quám futuris, dono et concedo, 
ut illud jure haereditario perpetuó et sine contradictio- 
ne aliqua habeant et possideant, sicut oa quae unquam 
melius habuerint. Et super haec dno privilegia ejusdem 
tenoris per alphabetum divisa fieri mandari, quorum al- 
terum habuit Magister de Alcántara et reliquum Magis- 
ter militiae Terapli, ad hujus facti raomor'am conservan 
dam. Siipradicta itaque donahiouis v.t concossionís privi- 
legia ego Ferrandus Dei gratia Kex Castellae, et Toloti, 
Legionis, et Gallociae, ac Cordubae, una cum filiis meis 
Alfonso, Federico, Ferrando, ex assensu et beneplácito 
Eeginae Dominac Berengariae gcnitricis meae fieri de- 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBE T MARTÍKBZ 429 



crevi, volens et statuens quod fi^'ma et inconcusa semper 
permaneant, ot perpetuam obtineant firmitatem. Siquis 
vero hanc cartam infringere seu in aliqao diminuere 
praesumpserit , iram Dei Omnipotentis plenarié incu- 
rrat, efc Kegiae partí mille áureos in cauto persolvat, et 
damnum supor hoc illatum vobis restituat duplicatum. 
Facta charta apud Burgos decima sexta die Decembris, 
era millesima ducentésima septuagésima quarta, eo vi- 
delicét anno quo capta fait Corduba, nobilissima civitas. 
Et ego praenominatus Rex Ferrandus regnans in Caste- 
Ua, et Tolete, Legione, et Gallecia, et Corduba, Baecia 
et Badallocio, hanc chartam, quam fíeri jussi, manu pro- 
pria roboro et confirmo. 

(Bullarium Ord. de Alcántara, pág. Tó,) 



r 






APÉNDICE XL 

Partición de lindes entre Magacela y Hornachos, 
Reina y Benquerencia, hecha en 1240 



Conocida cosa sea & todos los ornes que esta carta vie - 
ren como yo Doa Pedro Yañez Maestre de Alcántara, 
con nuestro Prior Don Juan, é con nuestros Fréjoles, é 
con Arias Yañez Comendador de Magacela, ó con Fer- 
nando Yañez Comendador de Benquerencia, é con Die- 
go Pérez, é con Pedro Gómez el Clérigo, é con Pero 
Rodríguez, é con Martin Garcia, é con Frey Blasco, ó 
con Sancho Cozo, é con Frey Martin, ó con Fernán Pé- 
rez; ó yo Guillen de Aves Comendador de Alanxe é de 
lo que ha la Orden de Santiago en el reyno de León, con 
nuestros Freiles, e con Alonso Martínez Comendador de 
Alhanza, é con Pedro Pérez Comendador de Hornachos, 
é con Don Ñuño Gutiérrez Comendador de Merida, é 
con Juan Garcia el Clérigo^ é con Juan Arias, é con 
Juan Martínez, é con Diego Pérez; Júntamenos á partir 
términos entre ambas las partes, entre Magacela é Hor. 
nachos, entre Rsyna é Benquerencia, assí como dicen 
las cartas que habemos partidas por A. B. C. E fuimos 
acordados de partir á bien vista, é partimos por el rio 
de Guadamez, que de la parte de Hornachos ñaque á la 
Orden de Santiago, é de parte de M'ig<i:>dU e B3a][ue 



4B2 HlibTOttU DibL RBtNO D< ftlDÁJO» 

rencia finque á la Orden de Alcántara. E por medio del 
rio arriba sobre Castel Rubio fasta donde se parten las 
carreras que van á las Posadas de Abenfut y á Piedro 
Lobar, et ende á las Posadas de Abenfut, é por ese ca- 
mino hasta el agua que pasa por las Posadas do Aben- 
fut, so el otero do están las casas; é por el arroyo hasta 
el Oimo, y do el Olmo salir de el Arroyo, é ir á mojón 
cubierto; y de allí derechamente á la Cabeza grande, en- 
cima de la Xara, á diestro del Arroyo. E este mojón es 
puesto encima de la Cabeza, ó de aquel mojón derecha- 
mente á mojón cubierto á la Atalaya de Blas Quoxon, ó 
de la Atalaya de Blas Quexon derechamente á Suxa. Es- 
to hecimos ambas las partes por amor é por paz é por 
asosegamiento de las Ordenes; é si por ventura alguna 
de las partes se tuviere por agraviada, é quisiere partir, 
metan soga é pártanlo assi como dicen las cartas parti- 
das por A, B, C, que tenemos. E porque esta cosa sea 
más firme é mas conocida, hecimos dos cartas partidas 
por A, B, O, é selladas de nuestros sellos, de el Maestre 
ó de el Comendador mayor. Facta en Posadas de Aben- 
fut, quince dias Aprilis, en era de 1278. 



(Torres Tapia, Coron. de la Ord. de A.lcántara, tomo I, pág. 297.) 






^aavadLa.cXciavaaü.aciaaci<aadLciaciciaciciciaayicicitfitfiavitficiav 



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APÉNDICE XLI 



Donación de Benquerencia y deslinde de su térnnino, 
hecha en 1241 



Tám praesentibüs quám futuris notum sit ac manifes- 
tum, quod ego Ferrandus, Dei gratia, Rex Castellao, efc 
Toleti, Legionis, Galleeiae, etCordubae, una cum uxore 
mea Regiiia Joaiina, et cum filiis raéis Alfonso, Frederi- 
co, Ferrando efc Henrico, ex assensu et beneplácito Re- 
girse Dominae Berongariae genitricis meae, fació char- 
tam donationis, concessionis, confirmationis et stabilita- 
tis Deo et Ordini de Alcántara et de Perero, et vobis 
Domino Petro Joannis instanti ejusdem Magistro et 
successoribas veslris, tofique Conventui fratrum ejus- 
dem loci, praesentibüs et futuris perpetuó val turam. 
Dono itaquo vobis et concedo, pro remedio aniínae meae 
et parentum meorum, cnstium et villam quao vocatur 
Bienquerencia cum ómnibus terminis suis, et termini 
8unt isti: 

Ita quod quantum continetur á Bienquerencia usque 
ad Gahet, in illo directo sit ita divisum, videlicet, quod 
habeat Gahet duas partes et Bienquerencia tertiam par 
tem; et ex parte Sibillae et de Fornachos, quod habeat 
terminum Bienquerenc'a sicut habebat illum tempore 
earracenorum; et ex parte Magacellae, sicut erat tempo- 



484 flíBtOBIA DBL RBIKO DB ÍftADA>02 

re sarracenorum; et ex parte Talaverao, quod praeten- 
datur terminus Bienquerenciae usque ad rivuin qui vo- 
catur vulgaritér Guadiana; et dividat terminum Bien- 
querencia á castello quod vocatur Peña, sicut contine- 
tur in privilegio quod ego dedi Archiepiscopo Toletano, 
de donatione ipsius castelli; et ex parte Capillae, sicut 
dicit privilegium quod tenent á me fratres militiae Tem- 
pli de donatione ejusdem castri de Capilla: et ex par- 
te castelli de Almorchon, quod praetendatur terminus 
Bienquerenciae usque ad unam leucam de Almorchon, 
sicut continetur in privilegio meo quod habent ¿ me fra- 
tres militiae Tempii. 

Et de his terminis supradictis ad intra, contra Gaste 
Uum Bienquerenciae, quod habeatis viliam et castrum 
de Bienquerencia jure haereditario, cum cmnibus termi- 
nis suis, cum ingressibus et egressibus, cum montibus, 
fontibus, rivis, aquis, pratis, pascuis, et cum ómnibus 
directuris et pertinentiis suis. Et haec meae donationis, 
concessionis et confírmationis pagina rata et stabilis om 
ni tempere perseveret. 

Si quis vero hanc chartam infringere seu in aliquo di- 
minuere praesumpserit, iram Dei Omnipotontis plenarié 
incurrat, et Begiae parti mille áureos in cauto persol- 
vat. et damnum super hoc illatum Ordini de Alcántara 
et de Peroro restituat duplicatum. 

Facta charta apud Toletum vigésima quinta die Apri- 
lis, era millesima ducentésima septuagésima nona. 

Et ego supradictus Rex Ferrandus regnans in Caste- 
Ua, et Tolete, Legione, Gallccia, et Corduba, Badallo- 
cio, et Baecia hanc chartam quam fieri jussi manu pro- 
pria roboro et confirmo. 

Rodericus Toletanae Sedis Archiepiscopus, Hispania- 
rum Primas, confinnat. 

Inf ans Alf ousus f rater Domini Begis confirmad 



ItATtASRAHÓN lUftTÍKBt Y MRTIHBS 435 

Joannes Compostellanae Sedis Archiepiscopas con- 
ñrmat. 

Joannes Burgensis Episcopus, Domini Regis Canee 
Uarius confirmat. 

Tellius Palentinns Episcopus confirmat. 

Bernardus Segoviensis Episcopus confirmat. 

Petras Oxomensis Episcopus confirmat. 

Gonzalvus Conchensis Episcopus confirmat. 

Ferrandus Segontinus Episcopus confirmat. 

Lupus Cordobensis Episcopus confirmat. 

Aznarius Calagurritanus Episcopus confirmat. 

Dominicus Beaciensis Episcopus confirmat. 

Ecclesia Abulensis vacat. 

Garsias Ferrandi confirmat. 

Alfonsus Lupi confirmat. 

Egidius Malrici confirmat. 

Bodericus Ferrandi confirmat, 

Q-onzalvus Q-onzalvi confirmat. 

Rodericus Roderici confirmat. 

Alfonsus Telli confirmat. 

Martinus Legionensis Episcopus confirmat. . 

Joannes Ovetensis Episcopus confirmat. 

Martinus Salamantinus Episcopus confirmat. 

Petras Zamorensis Episcopus confirmat. 

Nunnius Astoricensis Episcopus confirmat. 

Michael Lucensis Episcopus confirmat. 

Laurentius Auriensis Episcopus confirmat. 

Michael Civitatensis Episcopus confirmat. 

Martinus Mendonensis Episcopus confirmat. 

Sancius Cauriensis Episcopus confirmat. 

Rodericus Gómez confirmat. 

Rodericus Ferrandi confirmat. 
. Ramirius Frolez confirmat. 

Rodericus Frolez confirmat. 



436 HISTORIA DBL RBINO DB BADAJOS. 

Petrus Poncii confirmat 

Ferrandus Joannis confirmat. 

Ordonius Alvari confirmat. 

Sebastianas Guterri confirmat. 

Pelagius Ariae confirmat. 

Pelag'us Petri confirmat. 

Signum ^ Ferrandi Regís Castellao, ot Toleti, Legio- 
nis, Galleciae, et Cordubae. 

Rodericus Gunzalvi Majordomus Curiae Regís con- 
firmat. 

Dídacus Lupi de Faro, Alférez Domíni Regís confir- 
mat. 

Martínus Gonzalvi, Major Merinus ín Castella confir 
mat. 

Nunuio Ferrandi, Major Merinas in Galléela confirmat. 

Qarsías Roderici, Major Merinas in Legione confirmat. 



(Bullarium Ord. de Alcántara, pág. 50.) 






APÉNDICE XLII 



Donación de Alanje á la Orden de Santiago, 
del año 1245 



Tám praesentibus qnám futuris notum sit ac manifes- 
tum quód ego Ferrandus Dei gratia Rex Castellae, et 
Toleti, Legionis, et flallecíae, Cordubae et Murciae, ex 
assensu et beneplácito Reginae Dominae Berengariae 
charissimae genitricis meae, una cum uxore mea Regi- 
na loanna et cum filiis meis Alfonso, Frederico, Ferran- 
do ét Henrico, ficio cartam donationis, concessionis, 
confirmationis et stabilitatis Deo et Ordini militiae Sanc- 
ti lacobi, et vobis Domno Pelagio Petri ejusdem Ordinis 
instanti Magistro vestrisque successoribus perpetuo et 
irrevocabiliter valituram. Dono itaque vobis et concedo, 
pro multis et magnis sorvitiis quae mílii fecistis et face- 
re cotidie non cessatis, castellam illud quod appellatur 
Alfango, cum ómnibus terminis suis quos habuit tempore 
sarracenorum, cum montibus, nemoribus, rivis, aquis, 
fontibus, pascuis, cum ingressibus et egressibus, cum- 
ómnibus directuris suis et portinontiis. Supradictum, in- 
quam, castellum dono vobis et concodo, ut illud semper 
jure haereditario habeatis et in aeternum possideatis pa- 
p^fice et quieté. £}t haec meae dpnfktionis et concessionis 



488 BtSTOltU DBL ttSINO 1>B B iDAJOft 

pagina rata et stabilis omni tempore perseveret. Siquis 
vero hanc cartam infringere seu in aliquo diminuere 
praesumpserit, iram Dei Oinnipotentis plenarié incurrat, 
et Regiae partí mille áureos in cauto persolvat, et dam- 
num vobis et Ordini illatum res.tituat duplicatum. Fac- 
ta carta apud Burgis, X die' Septemb. era M CC.LXXI. 

(Bullarium Ord, mil. S. lacobi, pág. 159.) 



^^S) 




APÉNDICE XLITI 

Donación del castillo de Alcocer á la Ordem 
de Alcántara, hecha en 1245 



Tám praesentibus quám futuris notum sit ac manifes- 
tum quod ego Ferrandus Dei gratia Rex Castellae, efc 
Toleti, Legionis, et Galleciae, Cordubae, et Murciae, ex 
asseneu et beneplácito Reginae Dominae Berengariae 
regnantis genitricia meac, una cum uxore mea Regina 
loanna et cum filiis meis Alfonso, Frederico et Henrico, 
fació chartaní donationis, concesai >nis, confirmationis et 
stabilitatis Deo et Ordiui do Alcántara et de Peroro, et 
vobJB Domino Petro Joaunis cjnsdem Ordini instanti 
Magistro, vestrisque successoribus, et universo conven- 
tui fratrum ejusdem Ordiuis, tam praesenti quám futu 
ro perpetuo et irrevocabiliter valituram. Dono itaque 
vobis et concedo castellum quod dicitur Alcocer cum in- 
gressibus et egressibus, cum montibus, nemoribus, fon- 
tibus, rivis, aquis, pratis, pascuis, et cum ómnibus ter- 
minis, directaris et portinentiis suis, ita tamen quod ex 
illa parte quae est inter castellum de Penna et castellum 
de Alcocer, taliter termini dividautur, quod habeat cas- 
tellum de Pc^nna duas partes termini, et Alcocer habeat 
tertiaiik partem, Sopr^diotom, inqoAmi castellum de Al* 



440 mStOltiA DEL ftfelHODd ftADAJOt 



cocer dono vobis, ufc illud semper jure haereditario ha- 
beatis, et in aeternura possideatis pacifice et quieté. Et 
haec meao donationis, concessioni*' et confirmationis pa- 
gina rata et stabilis omni tempere perseveret. Siquis 
vero hanc chartam infringere sen in aliquo diminuere 
praesumpserit, iram Dei Omnipotentis plenarié incurrat. 
et Regiae parti mille áureos in cauto persolvat. ot dam- 
num Ordini illatum restituat duplioatum. Facta charta 
in Pozuela duodécima die Aprilis, era millesima ducen- 
tésima octuagesima tria. 

Et ego pracnominatus Rex Ferrandus regn^ns in Cas- 
tella, et Toleto, Legione, et G-allecia, Corduba, et Mur- 
cia, Badallocio, et Baecia hanc chartam quam fieri jussi 
manu propria roboro et confirmo. 

Rodericus Toletanae Sedis Archiepíscopus, Hispania- 
rum Primas confirmat. — Infans Dominus Alfonsus fra- 
ter Domini B^gis confirmat. — Joannes Compostellanae 
Sedis Ar.^hiepiscopus confirmat — Joannes Burgensis 
Episcopus confirmat. — Tellius Palentinus Episcopus con- 
firmat. — Bernardus Segoviensis Episcopus confirmat. — 
Ferrandus Segontinus Episcopus confirmat. —Gronzalvus 
Conchensis Episcopus confirmat. - Petrus Oxomensis 
Episcopus confirmat. Benedictus Abulensis Episcopus 
confirmat — M. Oalagurritanus Episcopus confirmat. — 
Lupus Cordubensis Episcopus confirmat. — Dominicus 
Beaciensis Episcopus confirmat. — Adam Placentinus 
Episcopus confirmat. - Alfonsus Lupi confirmat. - Ro- 
dericus Ferrandi confirmat.— Gonzalvus Gonzalvi con- 
firmat.— Rodericus Roderici confirmat. — Nunnius Gon- 
zalvi confirmat.— Simón Roderici confirmant. — Alvarus 
Egidii confirmat.— Joannes Garsiae confirmat. —Petrus 
Zamorensis Episcopus confirmat. — Martinus Salamanti- 
nus Episcopus confirmat. — Michael Lucensis Episcopus 
Qonfirmat,— Laurentius Aurieasis Bpisoopus oouflrmat, 



hatías ramón martímiz T If artinus 441 



— Martinas Mindoniensis Episcopue coofírmat. — Lucas 
Tadensis Episcopus confirmat. — Sancius Cauriensis 
Episcopus confirmat. — Petrus Astoricensis Episcopus 
confirmat. — Michael Civitatensis Episcopus confirmat. 
— Nunnio Legionensis eleotus confirmat. — Kodericus 
Duetensis electus confirmat. — Rodericus Gometii confir- 
mat. — Rodericus Ferrandi confirmat. — Remirus Frolaz 
confirmat. — Rodericus Frplaz confirmat. — Petrus Pontii 
confirmat. — Ferrandus Joannis confirmat. -S3bastianus 
Guterrii confirmat. — Alvarus Didaci confirmat. — Pela* 
gi as Petr i confirmat. —Signum ^ Ferrandi Regis Caste- 
llao, Toleti, Legionis, et Galleciae, Cordubae, et Mur- 
ciae. — Didacus Lupi de Faro, Alférez Domini Regis con- 
firmat.— Rodericus Gonzalvi, Majordomus Curiae Regis 
confirmat. — Ferrandus Gonzalvi, Major Merinus in Cas 
te Ha confirmat. — Nunnio Ferrandi, Major Merinus in Ga- 
licia confirmat. — Garsias Rodericus, Mijor Merinus in 
Leg'one confirmat. 

• 

(BuUariam Ord. de Alcántara, pág. 53.) 






^ ^=3^*^'"'!^^^* "^W ^ 



APÉNDICE XLIV 

La comarca de las Jurdes y sus pobladores 



Desde el siglo XVII comenzó á formarse la opinión 
de que los jurdanos eran descendientes de antiguos go- 
dos, que se refugiaron en aquellos ocultos valles huyen- 
do de los árabes, y allí permanecieron ellos y sus des- 
cendientes durante siglos, por lo que perdieron su reli- 
gión, su civilización y sus antiguas costumbres, llegando 
al estado de la más completa barbarie. Tendría que ex- 
tenderme demasiado si hubiese de explicar cómo se ha 
ido formando y extendiendo esa opinión errónea, por lo 
que, dándola desde luego por desautorizada, voy á limi- 
tar este Apéndice á exponer la vida histórica de las Jur- 
des durante la dominación musulmana, según puede pen- 
sarse racionalmente, á la luz de los pocos datos que pue- 
den recogerse en un trabajo que publicó La Defensa de 
la Sociedad en el año 1876, debido al discreto notario 
que fué del Casar de Palomero, Don Romualdo Martín 
Santibafiez, titulado Un mundo desconocido en la provin- 
cia de Extremadura. 

Se designa hoy con el nombre germánico de las Jwr-. 
des un cuadrilátero de montañas que mide diez leguas 
de ílste á Oeste y cinco de Norte á Sur, puesto en el 



444 HISTORIA DBL ftHINO DB BADAJOS 

lindero de las provincias de Cáceres y Salamanca, cer • 
cado por los términos de Robledillo do Gata, Villanueva 
de la Sierra, Granadilla y Alberca. El interior de ese 
cuadrilátero lo constituyen tres grandes valles: uno al 
Sur, por el que corre de Oeste á Este el río Pino ó de 
los Angeles; otro en el centro, regado por el río Jurde ó 
Jurdano; y otro al Norte, que atraviesa el de Ladrillar; 
llevando estos tres ríos sus aguas al Alagón. Con lo di- 
cho se comprende que el nombre Jurde era exclusivo del 
valle ó región central, pues hasta los tiempos modernos 
no se ha hecho extensivo a toda la comarca. No he de 
lanzarme á congeturas sobre ese nombre, al que no he 
podido encontrar etimología satisfactoria, y que en mi 
sentir debe ser de raiz h spano-primitiva, lo mismo que 
Surmenia ó Jurmenia, y que la moderna Urda de la co- 
marca toledana; ya se adopte la forma Surde que escri- 
bió González de Manuel (en su Manifiesto apologético de 
la antigüedad de las Batuecas, publicado en 1693J, ya se 
mantenga la forma Jurde, que es la sancionada por el 
uso vulgar, el mejor testigo en el caso presente, en que 
no hay testimonio escrito anterior al siglo XII. 

Sin hacer aquí una descripción minuciosa del país, 
debo citar algunos puntos que son de tener en cuenta 
como únicos datos ciertos en las oscuridades históricas 
de esta comarca. 

Dentro del valle más meridional está el río de Espa- 
rabán, que va de Norte á Sur á desaguar en el de los 
Angeles por el lugar del Pino franqueado. Allí hay un 
lugar llamado de las Erias, una Atalaya, los restos de 
un antiguo castillo llamado de Trehel 6 Zambrano, (en 
cuyo nombre veo el mismo del Treb^lío ó Trevejo de los 
.documentos dados en estos Apéndices), una cueva cuyo 
fondo nadie ha visto, una eminencia llamada del Moro, 
y una fuente de Roldan^ de la que cuentan que manó de 



MATlAS RAMÓN MARTÍ NSS Y MARTINKS 446 

una lanzada del famoso guerrero francés. Mas al Este se 
encuentra la alquería de Mensejar, la de Cambrón^ el 
Camino morisco que cruza este valle por Cambroncino, 
la Mesa santa, y el vado del Arco romano, cerca del des- 
agüe del río de los Angeles en el Alagón. A la otra banda 
del río de los Angeles, empezando otra vez por el Oeste, 
está la sierra de Otulia, en cuya cima supone la tradi- 
ción que hubo una ciudad de este nombre, por más que 
los vestigios sólo acusan la extensión de un castillo ó 
fortaleza pequeña. Cerca están los llanos de la Meance* 
ra, con su boca de mina que revela haber sido. trabajada 
por la mano del hombre, y á corta distancia se halla la 
hermosísima catarata llamada el chorro de la Meancera. 
Junto al despeñadero, en la profundidad formada por 
las sierras y el río, está una tiuevecita en que encontró 
una imagen de la Virgen un Cardenal penitente de la 
Orden de San Francisco, retirado á esta soledad, donde 
fundó el convento de la Virgen de los Angeles. Si segui- 
mos hacia el Est^, sobre la sierra de Altamira se en- 
cuentra el Cotorro de los Abalientos, después el puerto 
del Judio, la alquería de Azábál, la villa del Casar de 
Palomero, y al Sur de ésta las ruinas del fuerte de la 
Palomera, que arrastradas cuesta abajo llegan hasta el 
Casar por una vertiente y hasta Marchagaz por la otra. 
Siguen, el Pico de Santa Bárbara, la sierra del Castille* 
j^> y por fin, la alquería de la Pesga, cerca del vado del 
Arco romano. 

En el valle del centro, regado por el río Jurdano, y 
que por lo mismo llamaremos propiamente el valle de la 
Jurde, hay en su extremo occidental un sitio llamado el 
Cotorro de las Tiendas, que ocupa el enlace de la sierra 
de Gata con la de Francia. En la banda izquierda del río 
Jurde están los lugares de Gasea ^ Martilandrán^ Hue^ 
tre, Asegur y Valdelazor, 



446 HISTORIA DBL KBIKO DB BADAJOZ 

En el valle del norte, atravesado por el rio del Ladri- 
llar, merece sólo citarse el Vado Morisco, cerca del 
desagüe en el Alagón; y el Puerto Pinto ó Por del Ven- 
toso al sur de Herguijuela de la Sierra. A orillas del rio' 
Batuecas está el famoso convento de las Batuecas, que 
tiene al norte el puerto de Monsagro, y más al norte el 
exconvento de la Peña de Francia, donde fué hallada 
una imagen de la Virgen. 

La rápida reseña de nombres tópicos antes hecha, en 
la que sólo he indicado los que parecen ofrecer interés 
histórico, basta por sí sola para desmentir la opinión fa- 
bulosa de que los habitantes de las Jurdes estuvieron 
escondidos á los ojos del mundo durante la dominación 
mahometana. Es muy posible que aquellos profundos va- 
lles sirviesen de escondite á cristianos fugitivos en los 
albores del siglo VIII, y aún puede asegurarse que ocu- 
rrió este hecho, acreditado por el hallazgo de dos imá. 
genes de la Virgen, una en la Peña de Francia y otra 
cerca del chorro de la Meancera; percf pasado el primer 
momento del temor, los cristianos vettones que allí se 
escondieran al saber que Muza iba al frente de un ejér- 
cito por la calzada romana, ó que había derrotado y 
muerto á Rodrigo en los campos de Segoyuela, debieron 
ir poco á poco habituándose á soportar á los nuevos do- 
minadores, y saldrían de sus escondites á buscar sus 
hogares y sus tierras ó á buscar satisfacción á sus nece- 
sidades materiales y morales . Es imposible presumir un 
aislamiento absoluto de los moradores de las Jurdes, sin 
conocer más mundo que el encerrado en aquellas mon- 
tañas, cuando tal aserto lo desmienten un Camino mo- 
risco en el centro de aquellas fragosidades, atalayas y 
castillos en diversas alturas, que sólo en tiempos de las 
guerras entre moros y cristianos pudieron levantarse. 
Pon gran instinto adivinatorio asegura Martín Santi- 



UA*ñXB RAMÓK MARTÍKB2 T ItARThnBZ 447 

báñez que los moros y los cristianos llenaron aquellos 
valles de alquerías y cultivaron las tierras laborables ó 
extendieron la ganadería por las montañosas. 

Cuando Don Fernando I y Don Alfonso VI extendie- 
sen la frontera hasta aquellas, sierras, debieron ser sus 
alturas puntos estratégicos disputados en cruda guerra 
entre moros y cristianos, y sus valles debieron servir de 
escondites á unos ú otros en mil ocasiones. Ganada Co- 
ria por Don Alfonso VI en el año 1077, se hacía ya in- 
sostenible la vida pacífica en aquellos lugares, pues las 
gentes de vida aventurera que acudían á morar en los 
extremos fronterizos, debieron tener allí muy excelentes 
guaridas para esconder el botín de sus rapiñas. Pero, 
por lo mismo que los llanos ofrecían poca ó ninguna 
seguridad contra las razias que hacían los cristianos, es 
también de presumir que en la abrupta serranía se ha- 
llaban alojadas familias moras al abrigo de las entradas 
enemigas. 

Una leyenda curiosa refiere Martín Santibáñez, que 
si no es verdadera, refleja, por lo menos el recuerdo de 
aquellos tiempos. Dice que es tradición en el país que en 
los campos de Sentica d^rroti Djn Fernando I á los mo- 
ros, haciendo tan cruel matanza, que las familias jurda- 
nas quedaron huérfanas, y tuvieron que someterse al 
vencedor. También presume que el mismo rey destruyó 
hasta los cimientos el fuerte de Altamira, y, que por en- 
tonces se erigió allí el santuario de Santa Bárbara, en el 
ara de cuyo altar se lee bien clara la cifra MCLXI. 

A estos tiempos refiere otra leyenda más poética, de 
la que también quiere sacar partido. Dice que en las 
Casas de la Palomera residía el Cadí de la comarca jar 
daña, que eramuy rica y productiva, pues el dicho lu- 
gar constituía un verdadero verjel por su linda vegeta- 
ción. La villa de Granada, que era plaza fuerte de los 



448 ttlStORtA DlfeL RBtNO DB BADAJOS 

cristíauos, estaba al mando de su gobernador, padre de 
una hermosa joven de la que se hallaba locamente ena- 
morado el Cadí del Casar; pues como había paces entre 
moros y cristianos, se comunicaban unos con otros y 
había muy buena relación entre ambas poblaciones. 
Cuenta que el padre cristiano accedió á otorgar al Cadí 
la mano de su hija, siempre que éste abasteciese á Gra- 
nada con las aguas de la fuente de la Helechosa y del 
chorro de la Meancera; y que el Cadí, aceptando la con- 
dición, puso por la obra la construcción de un acueducto, 
que no se terminó porque entre tanto falleciera la bella 
cristiana que fuera causa de tales afanes. Dice el narra- 
dor que las señales del acueducto están aún patentes en 
un trayecto de más de tres leguas, con algunas inte- 
rrupciones, y que aún se ven puentecillos, unos caídos y 
otros enhiestos. Martín Santibáñez, presciadiendo de los 
amores, y teniendo en cuenta que Granada podía abas- 
tecerse con las aguas del Alagón, que lo tiene bien cerca, 
presume que este acueducto debió construirse para el 
Casar, y yo también pienso que ésto es lo más probable. 
Otra leyenda más curiosa presumo que en aquellos va- 
lles existían familias moras, refugiadas allí para librar- 
se de las correrías cristianas. Los ganaderos cristianos 
que bajaban detrás de los ejércitos en busca de buen 
pastaje para sus ganados, vieron en la cueva que hay en 
el cotorro de las Tiendas señales evidentes de haber sido 
poco antes habitada por gente mora. Parece que «pa- 
•sando un pastor cerca del arroyuelo donde un hermoso 
•chorro de agua cristalina salta de una dura peña... s^ 
»le presentó una bellísima joven, iavitándole á que vie- 
»ra su tienda ó comercio, que tenía colocado un poco 
»más arriba, á lo que'accedió el rústico. Preguntado por 
» la joven llena de alegría qué cosa era la que más le 
•agradaba, y como le aseguraba que unas tijeras, el'a 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNEZ T MARTÍNSZ 449 

» montando en cólera le dijo que servirían para cortarle 
»la lengua, lo que ejecutó en el acto con unas fuerzas y 
»una maña increíbles, desapareciendo luego joven y co- 
•mercio sin volver á saberse de ellos. El pastor volvió á 
»su majada en el lamentable estado que se puede el lee- 
»tor figurar, y aunque sus compañeros trataron de to- 
»mar venganza de la joven mora, todas sus pesquisas 
»fueron vanas. Pasado algún tiempo, hallaron la cueva 
»que hemos descrito ya, desierta, aunque con señales de 
»haber sido habitada poco antes.» El narrador no da cré- 
dito á nada de lo que á esta leyenda se refiere, y añade 
que los del país cuentan otras muchas análogas, de otros 
sitios comarcanos. 

Los nombres tópicos, las ruinas de antiguas construc- 
ciones y las leyendas, demuestran, como se ha visto, que 
las Jurdes no fueron en tiempos de la dominación maho- 
metana una comarca desconocida, y que sus moradores 
no vivieron en ese aislamiento absoluto que ha querido 
suponerse. Datos del siglo XIII nos ponen de manifiesto 
que después de la reconquista tampoco estuvieron escon- 
didos los jurdanos, viniendo por completo a acabar de 
desautorizar el pretendido origen visigótico de los jur- 
danos, su olvido de la religión, el anabaptismo, la sodo- 
mía y demás patrañas que á costa de aquellos infelices 
se han escrito. 

Aduce Martin Santibañez en apoyo de este aserto que 
Don Fernando I agregó al Casar de Palomero, al hacer- 
le villa, los caseríos de Palomero y Marchagaz, y que en 
el año lOBO hizo donación de todo ello á las monjas co 
mendadoras de Sancti-Spiritus de Salamanca, cuyas no- 
ticias constan por la carta de donac'ón á que se refiere, 
y que por no haber yo encontrado es una laguna de estos 
Apéndices. 

Añade que en el archivo de la Aberca existe auténtica 



450 fltSTORtA DBL REÍÑO^DÉ BAPÁJ02 



la escritura de donación que en 1288 hizo la villa de 
Granada á favor de su aldea aneja la Alberca, á la que 
le cedió la dehesa Jurde, la de las Batuecas y el terreno 
de Camino morisco, quedándose Granada con todo el Pi- 
no Franqueado, Pesga y Rivera de Oveja. De esta es- 
critura inserta todo el párrafo siguiente: «Otrosí vos da- 
»mos por defesa de concejo destos lugares que aquí irán 
•dichos, como comien9a en Porciel Ventoso ó va todo 
» carrera fasta la vega de Gorio, é dende la Aceituna 
» arriba como partimos con Ciudad Rodrigo, é por onde 
•vierten aguas á la foz de Aceituna ó de Riomalo por 

• cima de las cumbres, é da encima de Batuecas, ó donde 

• vierten aguas á estas foces sobredichas fasta otorno 
•Porciel Ventoso. E todo lo dicho vos damos libre ó qui- 
eto, ó que ningún ome de otra parte que non fuere vues- 
»tro vecino que vos non mantei concejo, nin vos lo to* 
»me, nin ande á caballo, nin coja venado ninguno, nin 
>vos meta hi colmenas ni otros ganados ningunos, nin 
•corte verde, nin puesque en los ríos, nin interbusquen, 
•nin saquen hi corchos: é si alguna vez contra esto pa- 

• saren, que cualquier persona ó cualquier coto vos hi 
•pusieredes, que tal vos peche, ó que no metan en esa 
•defesa monteros nuestros de la villa, senon los buestros 
•que vos hi pusieredes: esto vos damos en tal manera 

• que non corrades desta defesa de la Jara. E porque esto 
•sea firme damosvos ende esta carta, sellada con nuestro 

• sello colgado, é rogamos á Juan García Notario del Rey 

• en nuestra villa que ponga en ella su signo, ó á Juan 
•Domínguez Notario del Rey en Miranda que ponga en 
>ella su signo, que fué fecha á ocho dias de Enero, era 

• de mil é trescientos ó veintiséis. E yo Juan Domínguez 
•Notario sobredicho á ruego del Concejo puse en esta 

• carta mío signo. • Para que Granada hiciese esta dona- 
ción á la Alberca fué autorizada por su señor el infante 



r 



MATÍAS KAMÓN MARTfNBE T MASTIHBE 451 

Don Pedro, que tenía el señorío de Granada por merced 
de su padre Don Alfonso X. 

Hasta aquí cuanto interesa acerca de las Jurdes. Pu- 
diera citar hechos posteriores, como la fundación del 
convento de las Batuecas, de la Orden carmelita, la vi- 
I sita de Don Juan II á este país, la historia del convento 

¡ de los Angeles, los pleitos habidos con los concejos de 

I Alberca y Grranada por las vejaciones que cometían con 

los jurdanos, hechos todos que en documentos fehacien- 
tes acreditan haber estado las Jurdes en comunicación 
abierta con el mundo durante los siglos XIV, XV y XVI; 
¡ y que por tanto el descubrimiento, puesto en escena por 

! Lope de Vega y referido por el Padre Alonso Sánchez 

en su Anacephaleosis de rebus Hispaniae, es una patraña 
sin fundamento alguno. El atraso en que los jurdanos se 
encuentran es un pecado de la Alberca y de Granada, ó 
mejor dicho, de anomalías históricas que no han tenido 
remedio hasta el siglo XIX, y eso sólo en parte. 



iNDlgE SEOgRÁFlgO 



(I) 



ABAL. El -46a/ travienso, lindero del término de Cáceres. 
ABALIENTOS. El cotorro de Abalientos en las Jurdes. 
ABENFUD. Las posadas de Abenfud ó Aben Hud, cerca 

de Zalamea. 
AEBURA. Vid. Ibor. 
AFARRIAS. El monte de Afarrias (o de las Vigas), 

extramuros de Alcántara. 
ALAGON. El río Alagón. 

ÁLAMO. Despoblado de la huerta del Álamo ^ en el tér- 
mino de Burguillos. 
ALANJE. Lo ocupó Aben Merwán...=Lo saqueó el Rey 

deLeón...=Lo cita Edrisi...=Era lindero de Mérida... 

=Lo conquistaron los caballeros de Santiago...=:Lo 

donó Fernando III a la Orden en 1243. 
ALARZA. El vado de Alarza, en el Tajo, lindero termi 

nal de Plasencia. 
ALBALAT. El castillo de Albalat, junto al Tajo...=Lo 



(1) El mah>grado autor de este libro dejó escrito este índice 
Geográfico y con intención, sin duda^ de ñjnr la página á donde 
correspondiera cada ima de las voces que en él se explican, con- 
forme so fuesen imprnniondo los pliegos de la obra, labor punto 
menos que imposible para el editor, que no se dio cuenta de tal 
índice hasta <^ue el libro tocaba á su fín. Esto no obstante, consi- 
derándolo de importancia, aún sin paginación, decidió estamparlo 
en el lugar que el autor le señalara. 



454 HISTORIA DBL RBINO DV BADAJOZ. 

cita EdrÍ8Í...=Lo ganó Alfonso VI...=Se perdió el 
1110...=Lo arrasaron las milicias de Avila y Sala- 
manca en 1142...=Lo deja independiente de Plasencia 
Alfonso VIir.,.=En 1195 lo donó á la O. de Alean 
tara...= 

ALBERGA. Aldea de Granadilla^. .=lie señaló ésta en 
1288 dehesa concejil en la dehesa Jurde y Batuecas.. = 

ALBOCAR. Arroyo lindero de Cáceres, que desagua en 
Salor. 

ALBORQL'EEQUE. En 1171 la ocupaban los caballeros • 
de Santiago... =En 1217 la ocupó Alfonso Tellez...= 
En 12V5 pedía auxilio á los de Santiago. ,.== 

ALBUERA. Aldea de Badajoz. 

ALCÁNTARA. Lacita Edrisi...=En 1116 la ganó Fer 
nando II...=La dio al conde de Urgel Don Armengol. 
=Quedó bajo la jurisdicción episcopal de Coria.. =En 
1184 se perdió. ..=En 1193 dio D. Alfonso IX dere- 
chos al Obispo de Coria sobre Alcántara, para cuando 
se conquistase.. .=En 1214 li. conquistó el mismo rey. 
=En 1217 la donó á la Orden de Calatrava...=En 1218 
le dio rentas el rey para la defensa de la plaza. ..= 
Los de Calatrava la ceden á los de San Julián del Pe- 
• reiro...=En 1233 celebran concordia el Obispo de Co- 
ria y el Maestre de Alcántara sobre reDtas...=En 1234 
otra concordia los Concejos de Alcántara sobre linde- 
ros en el Tajo...=Existía la iglesia de Santa María de 
Almocobara...= 

ALCARRACHE. Río lindero entre Jerez y Barcarrota. 

ALCOBAZA. Despoblado en el término do Jerez. 

ALCOCER. Castillo en la Puebla de su nombre. 

ALCOLLARIN. Aldea de Montanchez. 

ALCONCHEL. En 1166 la ganó Alfonso Henriquez de 
Portugal... =En 1169 la entregó á Fernando II de 
León...=Este en 1171 la donó á la O. de Santiago*., 



HATÍAS RAMÓN MABTÍNBK T MARTÍNEZ 465 



=En 1184 debió perderse... =Eii 1230 la ganaron los 
Templarios... 

ALCOÑETAR. Fué la antigua Turruhirn,.,=hB, gana- 
ron los Templarios. .=Partía lindes con Alean* ara. = 
Y con Cáceres...= 

ALCORNOQUE. Fuente en el lindero entre Alcántara y 
Coria. 

ALCUESCA. Aldea lindera de Cáceres y Montanchez. 

ALGA DA. Río lindero entro Navas frías y Sabugal. 

ALGALET. Castillo ruinoso en el despoblado de Avsa- 
lien, asiento de la antigua ciudad de Arsa,., 

ALGARBE. Reino de Algarhe, antigua Lusitania, 

ALGUIJUELA. Lugar lindero entre Mérída y Badajoz. 

ALIA. Aldea comarcana de Logrosán. 

ALJUCEN. Lugar lindero entre Mórida y Montanchez- 

ALMADEN. Antigua Sisapo (mina), llamada por los 
árabes Al madén (la mina). 

ALMADENES. Lugar de minas, en el lindero oriental 
de Cáceres 

ALMADRONAL. Lugar en la linde occidental do Cáce- 
res, quizás Navas del Madroño. 

ALMAKADA. Castillo también llamado Migueza. 

ALMAZAYD. I a calzada dd Almazay conducía á Gata. 
=.Pasaba por el | uerto de Almozayd, en el lindero 
terminal de Santibañez de Mascoras y de Milana... 

ALMENDRAL. Existía de antiguo y quizás fué fhira 
quer... 

ALMOFRAGUE. Castillo en la rivera del Tajo, ganado 
en 1166 por Fernando lI...=Lo dio en 1171 ala O. de 
Santiago... =En 1184 debió perderse... ==Lo ganó Al- 
fonso VIII, y en 1189 le dio la aldea á Plasencia y se 
reservó el castillo. ..=En 1190 fué incorporado á la 

' diócesis de Plasencia... = 

ALMOHARIN. Aldea comarcana de Montanchez. 



456 tfifitORiA Ml &áiNO toa badaItob 



ALMONTE. Río afluente del Tajo y lindero de Plasen- 

cia...=También de Cáceres 
ALMORCHON. Castillo ganado por los Templarios, á 

quienes lo donó Fernando III.. =Partía lindes con 

Benquerencia. 
ALTRIN. Río Trin ó Al Trin, lindero entre Mérida y 

Badajoz. 
ALPOTREQÜE. Arroyo Alpotrec, afluente del Bótoa y 

lindero de Cáceres. 
AMBROZ. Lugar antiguo, donde se fundó Plasencia. 
ARANDO. Castillo citado por Edrisi. 
ARAÑUELO. Campo lindero á Plasencia. 
ARA YA. Riachuelo afluente del Salor y lindero de Cá- 
ceres. 
ARCOS. Despoblado romano. 
ARDILA. Río de Burguillos y Jerez. 
ARRaGO. Riachuelo de la comarca de Milana. 
ARSA y ARSALLEN. Vid. Algalet. 
ARTIGI. Vid. Ortiga. 
ASEGUR. Alquería de las Jurdes. 
ATALAYA. Ruinosa en las Jurdes. 
ATALAYA D* ABENCALEZ. En el lindero de Cáceres. 
ATALAYA DE BLAS QUEXON. En el lindero de Ben- 

querencia. 
ATALAYA DE CORIA En el término de Coria. 
ATALAYA DEL GUIJO. En el lindero do Cáceres. 
ATALAYA DEL PELADO REMELLADO. En el lin- 

dero de Mérida. 
ATALAYA DEL NAHARRO. En el lindero de Mérida. 
AUGUSTOBRIGA. Vid. Talavera. 
AYUELA. Río lindero de Cáceres. 
AZABAL. Alquería de las Jurdes. 
AZNAHARON. Castillo arruinado á orillas del Gua- 

diana* 



HATÍAS RAttÓN MARTÍNBZ T MATtTiNÉZ 45? 



AZOBOR. Cerro en Alcántara. 

AZÜAGA. La cita EdrÍ8Í...=La ganó la O. de Santiago. 

BADAJOZ. =Fué aldea ó vicus Battalius,.. ^=S\\8 restos 
romanos. ..=Vicisitudes....=La ocupa Aben Merwan 
en 852... =En ella se refugian los emeritenses...=Fun- 
dacióu del castillo.... =E1 obispado mozárabe.... = La 
basílica cristiana... =EI barrio Bexarnal...=El erudi- 
to Alhasan...==El jurisconsulto Yu8uf...=En 914 en- 
tra Ordeño II en Badajoz... =En 930 toma á la ciudad 
Abderrahmán III....==E1 o'bispo .TuHo ....=El walí 
Obeidela....=El cadi Salmón ben-Coraix....=^El walí 
Abu Walid....=Solimán ben Batal....=Sapor el per- 
sa.... =E1 obispo Daniel. ...=En lOlB empieza á rei 
nar Sapor...=Su epitafio sepulcral... =En 1022 entra 
Abdala Almanzor....=Su sepulcro y mezquita.... ^= 
Luto de la ciudad en 1060 por causa de las guerras.... 
==EI obispado.... =Barrios y aldeas... =Caminos....= 
Obras hechas por orden de Omar....==La corte de és- 
te... =Sequía..,=Keunión de los wisires en fiesta... = 
Jardín de Omar....=El llamado Badi....=Los almorá- 
vides en Zalaca...=Sitio de la ciudad en 1094 y muer- 
te del rey.... =Nueva toma en 1110... =Insurrección 
en 1145 por Abenvazir, y muerte de Obeidela...=Aba 
AbdaJa Mohamed. ..=En 1146 se refugia Abenhamdín 
en la ciudad. ...=Mohamed-ben-Alí, nuevo señor de 
ella....=Conmoción popular en 1161, y muerte de Al- 
faki...=Iíoticia delEdrisi...=Correría de Gerardo sin 
pavor.. =En 1169 sitia á Badajoz Alfonso Henriquez.. 
Cae prisionero dé Fernando II...=Lugares del térmi- 
no dados en 1171 á la O. de Santiago....=En 1230 es 
tomada la ciudad por Alfonso IX...=Donación á la 
O. de Alcántara de una iglesia y otros bienes... =Fue- 
ros de la ciudad. ..:= 

BAEANDON, La fortaleza Arando que cita Edrisi, 



458 HISTORIA DBL EBIHO DB BADAJOZ 



BARCARROTA. Existió en tiempos de los romanos. 

BARRANCA. Despoblado en Burguillos. 

BATALIOS y BATTALIVS. Vid. Badajoz. 

BEKAYA. Quizás Vad Caya, en las afueras de Badajoz. 

BATUECAS. Porción de las Jurdes. 

BELALCAZAR. Antes Gahet. 

BELLOTADA. En el lindero de Santibafiez. 

BENALIJA. Río de Guadalcanal. 

BENAGETO. Aldea arruinada. 

BENFERRE. Riachuelo de Jerez. 

BENQUERENGIA. En 1235 la ganó la Orden de Alcán- 
tara. ..=En 1240 se desliado con Reina. ..=Ea 1241 
se hizo otro deslinde. 

BERLANGA. Debió existir en tiempo de los moros. 

BERCEAL. Aldea de Badajoz. 

BERZOGaNA. Antiguamente Lacipea. 

BODION. Río afluente del Ardila. 

BOTOA. Fué la antigua Budua. . Era una aldea de Ba- 
dajoz... 

BOTOBA. Río lindero de Cáceres con Badajoz. 

BROBALES. Despoblado de Jerez. 

BRUCERAS. Lindero de Cáceres. 

BROZAS. Poblada por la O. de Alcántara. 

BUDUA. Vid. Botoa. 

líURDALO. Río lindero de Mórida con MedelUn. 

BURGOS. Castillo de Burgus romano. ..=Lo debió ocu- 
par Abdelazis...==Lo ganaron los Templarios. 

CABANAS. Castillo desaparecido. 

CABEZA-DE-DON PEDROLO. En el lindero de Pía- 
sencia. 

CABEZA-DE-LA-XARA. En el lindero de Benqueren- 
cia. 

CABEZA-DE PEDERNALOSA, En el lindero de Pla- 
aeaoittt 



M ATtAB «AMÓN MAVTflIBZ Y MASTIKEZ 459 

GABEZA-DE-TERRAZAS. En el lindero de Plasencia. 

CABEZ\S-DE-MONTROY. Ea el lindero de Cácerea. 

C ACERES. Antigua Norha ^ac^arin a... = Vicisitudes... 
=l-a cita EdrÍ8Í...=En 1166 la ganó Fernando II, que 
la dio á la O. de Santiago.... =Esta se llamó allí O. 
de Cáceres...=En 1184 estaba allí el rey, esperando 
la acometida de los moros, que ocuparon la plaza.... 
==Concei«ión en 1193 de rentas en Cáceres al obispo de 
Coria.... =En 1214 la sitió Alfonso IX....=En 1222 
volvió á sitiarla... En 1229 la tomó...=L3 dio fuero y 
carta de deslinde de términos.... =La villa aclamó á 
Fernando 111...= 

CAECILIVS VICVS. Hoy Baños de Montemayor. 

CAERIANA. Vid. Jerez. 

CALA. Aldea de la frontera de León. 

CALERA. Aldea de la frontera de León. 

CAMBRÓN. Alquería en las Jurdes. 

CAMINO MORISCO. Camino en las Jurdes. 

CAÑADA. Despoblado en Burguillos, 

CAÑAMERO. Castillo desierto en el siglo XIII. 

CANTIÑANA. Aldea de Badajoz. 

CAPARA. Despoblado antiguo... 

CAPILLA Antigua J/íro6rtgrfl... =La ganaron los tem. 
piarlos... 

CARAQUER. I o ocupó Aben Merwán...=Su situación. 

CARMONITA. Aldea en un puerto lindero de Mérida... 
=Y de Cáceres. 

CASAR BERMEJO. En el lindero de Mérida con Ba- 
dajoz. 

CASAR DEL CONDE ÜONZALO. En el lindero de Cá- 
ceres. 

CASAR DE LOS GUIJOS BLANCOS. En el lindero en- 
tre Alcántara y Coria. 

CASAR DE PALOMERO. Villa en las Jurdes, 



400 BtSTOKIA DBL BMHO 1>B BAHAJOB 

CASTEL BERNARDO. Lindero de Milana y Moraleja. 

CASTEL RUBIO. Lindero de Benquerencia. 

CASTILLEJO. Ruina en las Jurdes. 

CASTRA CAECILIA. Suburbio de Cáceres. 

CAURIA. Vid. Coria, 

CAYA. Rio lindero de Badajoz. 

CECLAVIN. Lugar de Alcántara. 

CELLERUELO. Sierra en el deslinde de Milana y Mo- 
raleja. 

CERET. Vid, Jerez. 

COBACHA. Arroyo en el lindero de Cáceres. 

CODESAL. Rio lindero entro Navasfrías y Sabugal. 

CODOSERA. Antiguo Matusarus, 

CONSTANCIO. Canal en el Tajo, perteneciente á Coria. 

CONTOSOLIA. Vid. Magacela. 

CONTRIBUTA. Vid. Zafra. 

CORIA. Antigua Cauria ó Caura. Vicisitudes. Obispa- 
do. Entrada de Ordeño I...=Notas de Edrisi y Con" 
de...=Caminos...==En 1077 la ganó Alfonso VI...= 
Se refugió en 1086 en ella...=Hacia 1110 se perdió... 
=En 1138 la sitió Alfonso VII...==En 1142 la tomó... 
=Se estableció la Sede episcopal ..=Le otorgó el rey 
fuero... =Anexionóse á su obispado la jurisdicción de 
Alcántara...=Los Obispos... =Concesión de Alfonso 
IX en 1193 álos obispos. ..=Én 1227 estaba allí el rey 
y otorgó el fuero do Coria á Salvaloón...=Obispos... 
=Coria reconoció á Fernando III... =En 1233, celebra 
concordia el Obispo con la O. de Alcántara. ..=Eu 
1234, los concejos de Coria y Alcántara hacen un des- 
linde... 

CRESPA. Despoblado de Jerez. 

CUELLOS. Despoblado do Jerez. 

CUKIGA. Vid. Monesterio. 

CHELES, la ganaron los Templarios. 



MATÍAS BAMÓV MARTfNBS T XAltTflISS 461 

CHILON. Lindero á la diócesis de Toledo. 

ELVAS. Antigua /feZt5m...=Noticias de Edrisi y Aben 
Kakani...=En 1226 la sitió Sancho lí de Portugal... 
=Fué ganada en 1280 á los moros... 

EMÉRITA. Vid. Mérida. 

ENCINAR VELLIDO. En el lindero de Santibáñez. 

ENCOMIENDA. Desp. romano de Badajoz. 

ERIAS. Alquería de las Jurdes .. 

ESPARRA(iAL. Castillo de Valencia de Alcántara. 

ESPERABAN. Río de las Jurdes. 

ESPINAZO DEL CA'N. En el lindero de Santibáñez. 

ETINA. Vid. Matachél y Benlin. 

EVANDRTANA. Vid. Vülaboín. 

EXTREMADURA. Se decía Extrema Durii y Extrema- 
dtt ría... =Hacia el 1110 se extendía este nombre has- 
ta el Tajo...=En 1184 se da á terrenos situados al Sur 
del Tajo...= 

FALGOSIN. Alto en el lindero Norte de Plasencia. 

FERIA. Fué la antigua ASíír/a...=Era aldea lindera de 
Mérida. 

FIGUERA. Arroyo afluente del Almonte, lindero de Cá- 
ceres. 

FINO.JAL. Hoy Hinojales, ganado por la O. de San- 
tiago. 

POHS ASSEBAB. I ugar cercano á Sagrajas. 

FORNAGT>. Vid. Hornachos. 

FRESNEDA. Río lindero á Mérida. 

FREXNAL. Fué ganada por los Templarios. 

FREXNEPA. Arroyo lindero entre Coria y Alcántara. 

FUENTE DE CANTOS. Antigua Lacunvi, después Le- 
canto.,. 

GAHET. Villa y castillo llamado hoy Belalcázar, linde- 
ro de Benquerenca. 

QALJSTEO. Villa fortificada., ..=En 1211 sus ;uora4o- 



iNDlgE KEOgRÁFlgO 



(O 



ABAL. El Abal traviesso, lindero del término de Cáceres. 

ABALIENTOS. El cotorro de Abalientos en las Jurdes. 

ABENFUD. Las posadas de Abenfud ó Aben Hud^ cerca 
de Zalamea. 

AEBURA. Vid. Ibor. 

AFARRIAS. El monte de Afarrias (ó de las Vigas), 
extramuros de Alcántara. 

ALAGON. El río Alagón. 

ÁLAMO. Despoblado de la huerta del Álamo ^ en el tér- 
mino de Burguillos. 

ALANJE. Lo ocupo Aben Merwán...=Lo saqueó el Rey- 
de León... =Lo cita Edrisi...=Era lindero de Mérida... 
=Lo conquistaron los caballeros de Santiago...=Lo 
donó Fernando III a la Orden en 1243. 

ALARZA. El vado de Alarza, en el Tajo, lindero termi 
nal de Plasencia. 

ALBALAT. El castillo de Albalat, junto al Tajo...=Lo 



(1) El mah)grado autor de estts libro dejó escrito este índice 
Geográfico, con intención, sin duda^ de fíjar la página á donde 
correspondiera cada^na de las voces que en él se explican, con- 
forme se faeseit impnmioiido los pliegos de la obra, labor punto 
menos qne imposible para el editor, que no se dio cuenta de tal 
índice hasta que el libro tocaba á su fín. Esto no obstante, consi- 
derándolo de importancia, aún sin paginación, decidió estamparlo 
en el lugar que el autor le seüalara. 



imm mmknm 



(O 



ABAL. El Ahal traviesso, lindero del término de Cáceres. 

ABALIENTOS. El cotorro de Abalientos en las Jurdes. 

ABENFUD. Las posadas de Ahenfud ó Aben Hud^ cerca 
de Zalamea. 

AEBURA. Vid. Ibor. 

AF ARRIAS. El monte de A f arrias (ó de las Vigas), 
extramuros de Alcántara. 

ALAGON. El río Alagón. 

ÁLAMO. Despoblado de la huerta del Álamo, en el tér- 
mino de Burguillos. 

ALANJE. Lo ocupó Aben Merwán...=Lo saqueó el Rey- 
de León... =Lo cita EdrÍ8Í...=Era lindero de Mérida... 
=Lo conquistaron los caballeros de Santiago... =Lo 
donó Fernando III á la Orden en 1243. 

ALARZA. El vado de Alarza, en el Tajo, lindero termi 
nal de Plasencia. 

ALBALAT. El castillo de Albalat, junto al Tajo...=«=Lo 



(1) El malogrado autor de estw libro dejó escrito este índice 
Geográfico f con intención, sin duda, de ñjar la página á donde 
correspondiera cada^na de las voces que en él se explican, con- 
forme 80 fuesen imprimiendo los pliegos de la obra, labor punto 
menos que imposible para el editor, que no se dio cuenta de tal 
índice hasta que el libro tocaba á su fín. Esto no obstante, consi- 
derándolo de importancia, aún sin paginación, decidió estamparlo 
en el lugar que el autor le señalara. 



ÍNDlgfi gEOgRÁFlgO 



(O 



ABAL. El Abal traviesso, lindero del término de Cáceres. 
ABALIENTOS. El cotorro de Abalientos en las Jurdes. 
ABENFUD. Las posadas de Abenfud ó Aben Hud, cerca 

de Zalamea. 
AEBURA. Vid. Ibor. 
AF ARRIAS. El monte de A furrias (ú de las Vigas), 

extramuros de Alcántara. 
ALAGON. El río Alagón. 

ÁLAMO. Despoblado de la huerta del Álamo, en el tér- 
mino de Burguillos. 
ALANJE. Lo ocupó Aben Merwán...=Lo saqueó el Rey 

deLeón...=Lo cita Edrisi...=Era lindero de Mérida... 

=Lo conquistaron los caballeros de Santiago...=IiO 

donó Fernando III a la Orden en 1243. 
ALARZA. El vado de Alarza, en el Tajo, lindero termi 

nal de Plasencia. 
ALBALAT. El castillo de Albalat, junto al Tajo...=Lo 



(1) El malogrado autor de este libro dejó escrito este índice 
Geográfico, con intención, sin duda^ de fijar la página k donde 
correspondiera cada^ma de las voces que en él se explican, con- 
forme se fuesen imprimiendo los pliegos de la obra, labor punto 
menos que imposible para el editor, que no se dio cuenta ae tal 
índice hasta (^ue el libro tocaba á su fin. Esto no obstante, consi- 
derándolo de importancia, aún sin paginación, decidió estamparlo 
en el lugar que el autor le señalara. 



466 HISTORIA DBL RBIKO I>B BADA JOI 

'- ' ■ 1 

RENA. La ganó Alfonso VIII.. . 

RENTIN. Afluente del Matachel, antiguo Etina, 

RIOMALO. En las Jurdes. 

ROBLEDILLO. En el lindero de Santibañez. 

ROLDAN. Fuente en las Jurdes. 

RL'ANES. Tuvo antigüedad romana. 

RUOCONES. Vid. Ruecas. 

RUECAS. Río en la comarca de Logrosán, que tomo 
nombre de la tribu vetónica de los Ruccones^ domeña- 
dos por Liuvigildo. 

RUSTICANA. Fué mansión de la vía romana, próxima 
á Riólo bos y Galisteo. 

SABUGAL. La pobló Alfonso IX. 

SACRALIAS. Vid. Sagrajas, 

SAFARIZ. Vid. Jaraíz. 

Sagra JAS. Fuó lugar romano... =Se llamó castillo de 
Sacralias en el siglo XI, en que vencieron los almorá- 
vides á Alfonso VI...=Los árabes escriben Zalaca..., 
=En el siglo XIV se llamó Torre de Sagrajas. 

SALOR. Río lindero de Cáceres. 

SALVALEÓN. La pobló Alfonso IX. 

SALVATIERRA. Tuvo antigüedad romana y visigó- 
tica. 

SAN BLAS. Despoblado de Jerez. 

SAN CORONADO. Despoblado de Burguillos. 

SAN PEDRO. Sierra en el lindero de Plasencia. 

SANTA CRUZ. Villa y castillo que ganó Alfonso VIII, 
quedó incorporada á la diócesis de Plasencia... =l^a 
conquistaron las Ordenes . 

SANTA MARÍA DEL VALLE. Despoblado de Bur- 
guillos. 

SANTIBAÑEZ. Se llann) do Mascoras...=^Lsí, ganó Fer- 
nando II...=Dióla Alfonso IX á la Ord. de Alcánta-, 
ra... = Deslinde... =Iglesia y jurisdicción... 



XATtAB KAH6k UkVtfKSSt T UAMtWKOL 467 

SAN VICENTE. Despoblado de Burguillos. 

SEPTEM ARAE. Mansión de vía romana, al norte de 
Bótoa. 

SERIA. Vid. Feria. 

SEVERINA. Castillo ribereño al río Sever?... 

SISAPO. Vid. Almadén, 

SUJA. Río lindero de Benquerencia. 

SURMENIA. Vid. Jurumenha. 

TALAVAN. Aldea lindera á Oáceres. 

TALA VERA la Vieja. Antigua Augustobriga. 

TALIGA. Aldea de Alconchel. 

TAMUJA. Río lindero de Plasencia...=Y de Cáceres. 

TELENA. Aldea de Badajoz. 

TEIDE y TEYTAR. Vid. Tietar. 

TIETAR. Río llamado Teide por los árabes.... = reiear 
por los mozárabes...=Era lindero de Plasencia ...=Y 
de la diócesis de Toledo. 

TIENDAS. El cotorro de las Tiendas, en las Jurdes. 

TINAJAS. Lindero de Milana. 

TOCONAL. En el lindero de Santibañez. 

TORGIELO. Vid. Trujillo. 

TORMES. Río lindero de Plasencia. 

TORRE de Miguel Sesmero. Tuvo antigüedad romana. 

TORRE de Santa María. En el lindero de Cáceres. 

TREBEJO. Lindero de Milana. 

TREVELL. Castillo en las Jurdes. 

TRIN. Vid. AlMn. 

TRUJILLO. Fué el Turcallum de loá ro manos.... =ror- 
jielo escriben los árabes.... =Vicisitudes....=Noticias 
de Edrisi...=La ganó Alfonso II y la dio á los caba- 
lleros. .=Se perdió en 1184..=La ganó Alfonso VIII.. 
=La dio á la O. de Alcántara... =Se perdió de nue- 
vo... =La ganaron las Ordenes en tiempo de Fernan- 
do ni. 



468 HI8tOl»A DKL RBIHO DB BADAJOS 



TÜDIA. Sierra cerca de Monasterio, ermifca y bata 

Ha... 
TUEGALLUM. Vid. Trujillo. 
TUKMULUM. Vid. Alconetar, 
TTJRUÑUELO. Lindero entre Alcántara y Coria. 
USAGRE. Tuvo antigüedad visigótica. 
VADO MORISCO. En las Jurdes. 
VAL-DE-CORIA. En el lindero de Santibañez. 
VAL-DE-LA-YEGUA. En el lindero de Mérida. 
VAL-DEL-AZOR. En las Jurdes. 
VALERA. Castillo al Sur de Fregenal, fué asiento de la 

antigua Nertobrigai.,=heL ganaron los Templarios. 
VALENCIA-DE-ALCANTARA. Tuvo antigüedad ro- 
mana... =La ganó la O. de Alcántara. 
VALENCIA-DEL MOMBUEY. Fué de los Templarios. 
VALENCIA-DEL-VENTOSO. Fué de los Templarios. 
VAL VERDE. Aldea de Burguillos. 
VALLE-FELECHOSO. Lindero entre Alcántara y 

Coria. 
VALLE-HINOJOSO. Lindero de Mérida. 
VALLE- VELLIDO. Lindero de Plasencia. 
VEGA-DE-GORIO. También Vega de Coria, en las 

Jurdes. 
VELASCO MUZA. Torre y arroyo en el lindero de Cá- 

ceres. 
VILLABOIM. Antigua Evandriana. 
VILLAR DE PELA. Antigua Lacimurga, 
VILLA- VELHA. Despoblado de Badajoz. 
XAHARIZ. Vid. Jaraíz. 
XARTIN. El río Jartín, que da nombre á una puerta de 

Alcántara. 
XEREZ y XERIS. Vid. Jerez. 
ZAFRA. Fué la antigua Contrthuta Vtiltuniacum.,.^=^ 

Era lindera de Mérida... 



MATÍAS RAMÓN MARTÍNBZ Y MARTInBZ 463 



ZAFRA-DE-MONTANCHEZ. Era lindera de Piasen- 

cia...=Y do Cácores...= 
ZALLAGA. Arroyo lindero do Cáceres. 
ZAHINOS. Fué de los Templarios. 
ZALACA. Vid. Sacralias. 
ZALAMEA. Fué la antigua lulipa.,, =lteL ganó la O. de 

Alcántara. 
ZARZA. Aldea de Coria. 
ZUFEROLA. Castillo de la O. de Alcántara. 




yu^mumiuuummiiiuu^mmuu^uiuu^mmmmuauiuuuiv ; 




7iTm?rmTnrf?mí?tt?ínT??í?rír??Tmn?ríTr?í?r?mníT??YmYñYmnmt\ 



HOMENAJE 

A 

D. Matías R. Martípez y Martípez 

@. ..... . .^^ 



Accediendo á los deseos manifestados por varios amigos del llo- 
rado autor de esta obra, ha acordado el editor insertar á modo de 
Corona fúnebre loa artículos necrológicos que la prensa de Cáceres 
y de Badajoz dedicara á la memoria del ilustrado historiógrafo 
y diligente investigador de cosas extremeñas D. Matías R. Mar- 
tínez y Martínez, cuya personalidad literaria se destacaba de ma- 
nera gigantesca entre sus contemporáneos, que veían en el fin p do 
al perfecto caballero y al erudito escritor. Su pérdida doja un hon- 
do vacío en las filas de los intelectuales, difícil de llenar, dadas 
las altas dotes de cultura é ilustración que adornaban al Acadé- 
mico, que dejó más de una vez oir su opinión en el seno de la 
docta Sociedad, que presidiera el ilustre estadista Cánovas del 
Castillo. 

"bON nflTíns RíinóN r\m\m t nñRTlNEz 



(Necrología) 

Ha muerto!... Y cuando se ha perdido nn amigo del 
alma, cuando ha desaparecido de esta suerte un ser tan 
querido y que tanto valía, no se puede escxibir; se siente 



4t2 CORONA FÚNBBRE 



y se llora nada más; porque el pulso tiembla y la pluma 
se agita entre los dedos sin poder trazar una línea, y 
porque los ojos lloran y las lágrimas caen también en- 
tonces abundantes sobre el papel, inutilizando las cuar- 
tillas en que tratamos de estampar nuestro dolor inmenso. 

Cúpome la dicha de tratar íntimamente y conocer á 
fondo al ilustre finado, y tócame el triste privilegio de 
llorar su sentida muerte en la Revista de Extremadura 
de que era tan adicto y á la que profesaba grande entu- 
siasmo, como bien claramente lo dicen sus numerosos ar- 
tículos, con los cuales honraba las columnas de esta pu- 
blicación... ¡Quién lo creyera!... Cuando en los primeros 
días de este mismo año vino á Mérida en busca de algo 
interesante para 'sus trabajos históricos y en cumpli- 
miento de promesa hecha al que ésto escribe, muy lejos 
estábamos uno y otro de creer que tan cerca acechase la 
implacable Parca para cortar de allí á poco una existen 
cia tan preciosa, una vida tan necesaria á las letras y á 
la historia patrias. 

Matías Ramón Martínez nació en Burguillos (Badajoz) 
en Febrero de 1855, y apenas frisando en los 21 años de 
su edad, se recibía de Doctor en Filosofía y Letras, en 
la Universidad Central (Junio de 1876), y algunos años 
después en la de Sevilla se licenciaba en Derecho Civil 
y Canónico. Muy conocido y apreciado fué por profeso- 
res y condiscípulos el joven extremeño, dadas su aplica- 
ción constante, su asidua labor y sin igual aprovecha- 
miento; pero siendo este círculo muy reducido para sus 
talentos, necesitaba más dilatados horizontes, y era pre- 
cisa una ocasión, que no muy tarde se ofrecía, para dar- 
se á conocer, su fama se extendiese y su nombre fuera 
tan respetado como ambicionados sus escritos. 

Con motivo del segundo Centenario de nuestro poeta 
Ci^lderóu de la Barca (año 1881), presenta una memoria ^ 



HOMENAJE A MATÍAS R. MARTÍNIBZ 478 

Calderón ante la filosofía, que fué premiada por el Claus- 
tro de profesores del Instituto de Badajoz, el cual había 
abierto concurso y ofrecido premio. Su laureada Memo- 
ria fué objeto de científica discusión, pues el sabio Pe- 
nitenciario de Badajoz entonces, hoy de la Primada de 
Toledo, Doctor D. Ramiro Fernández Valbuena, creyó 
ver en el trabajo de Matías Martínez conceptos filosóficos 
de cierto sabor krausista, y uno y otro contendiente hi- 
cieron gala y derroche de erudición profunda y conoci- 
mientos vastísimos en el campo de la filosofía. 

Esto fué y ésto bastó para que su fama se extendiera, 
y aquí comienza, puede decirse, y de aquí parte la ver- 
dadera labor literaria de nuestro llorado amigo, quien 
sin descanso alguno y con una constante actividad pu- 
blica, entre multitud de artículos, que las más ilustradas 
y conocidas revistas pretenden para sus columnas, tra- 
bajos históricos tan importantes é interesantísimos como 
El Obispado Muzárabe de Badajoz, Los Fueros de Bada- 
joz, El Fuero del Bailio, Nertóbriga Beturiense, y otros, 
á que hemos de agregar algunos folk lorísticos como 
Lenguaje vulgar extremeño, La fiesta délos Pilares, Re- 
franes, coplas y dichos locales y varios más. Tampoco he 
visto cosa igual como refranero y á su siempre grata 
conversación gustaba salpicar con sinnúmero de ellos, 
tan oportunos y chistosos, que la hacía más amena y 
agradable. 

En 1892 da á luz su hermosa obra El libro de Jerez de 
los Caballeros que acabó de completar su fama de histo- 
riador profundo, publicando después sucesiva y aislada- 
mente, varios trabajos monográficos acerca de Horna' 
choSy Trujülo, Alanje, Montánchez, Coria y otros pue- 
blos, en la Renista, y quedando algunos más, de la mis- 
ma índole inéditos, que tuve la suerte de ver y saborear. 

Tan modesto como sabio, me haoía el honor de ense- 



474 CORONA FÚKBBBK 



ñarme sus cuartillas, más^ creo yo, para consultarme 
en cuanto á la forma que en cuanto al fondo de sus es* 
oritos, porque nada podía enseñarse á aquel que era acá- . 
bado maestro en literatura y en historia; y no obstante, 
más de una vez le hice modificar su criterio y romper 
alguna de aquellas, sobre todo en sus artículos de pólé' 
mica ó de critica^ en los cuales era incisivo, mordaz y 
y fuerte; porque, decía, «no poder ni deber consentir se 
mintiera á sabiendas, desfigurando la verdad histórica, 
cuando por amor á la terruca se pretenden blasones y 
antigüedad para sus pueblos por noveles escritores, más 
llenas sus huecas cabezas de falsas crónicas que de ver- 
daderos y fundados conocimiontos de la historia». Y no 
se diga que fustigaba á tontas y á locas; no es así, pues 
Matías Martínez tuvo siempre palabras de aliento para 
todo aquel que demostraba aptitudes, ponía á su disposi- 
ción sus vastísimos conocimientos para ilustrar á quien le 
consultaba, y su rica biblioteca, que era completa en 
cuanto á Extremadura se refiere, estaba siempre de par 
en par dispuesta á ayudar con sus volúmenes los traba- 
jos de investigación de quien á sus puertas llamaba. Lo 
que no podía ver con paciencia era que se consignaran 
hechos que sirviesen á empañar con deficiencia, y más 
con desatinadas exageraciones, la verdad de los hechos. 

Conocido el mérito de labor tan asidua, la Real Acá 
demia de la Historia le llamó hacia si. nombrándole Aca- 
démico Correspondiente, y en má?? de una ocasión fué 
consultado su sabio parecer y más de una vez informó 
en su seno acerca de puntos difíciles, que siempre supo 
resolver x?on su mirada de águila, d id ^-^ sus profundos 
conocimientos en el amplísimo campo de la historia. 

Uno de sus más decididos empeños fué orear en Jerez 
de los Caballeros un Colegio do primera y segunda en* 
gCñanza y ampliación para carreras especiales, á cuya 



HOMBMAJB A MATÍAS R. MARTÍNtt 475 



empresa me asoció á sí, y para cuya consecución hubo 
do tropezar y tuvo que vencer no pocas dificultades; pe» 
ro al fin vio realizados sus propósitos, año 1900, y aún 
subsiste todavía, cada vez más floreciente este centro de 
enseñanza, que es posible desaparezca con la muerte de 
su ilustre fundador, en población tan importante. 

Largas horas nos pasábamos en su despacho registran- 
do manuscritos, consultando volúmenes, desempolvando 
infolios y corrigiendo cuartillas, coleccionadas unas ve 
ees, otras en desorden sobre el tapete; y allí vi, y á tro 
zos y á ratos leía, los trabajos hechos acerca de su His^ 
tona del reino de Badajoz durante la dominación maho- 
metana, su Estudio sobre la historía de Btirguülos, y al- 
gunos otros, que es de lamentar no sean dados á luz y sa- 
boreados por los amantes de la historia de Extremadura. 
Creo que las cuartillas del primero de los libros mencio- 
nados están en las oficinas tipográficas encargadas de 
publicarle, pues según nuestro llorado amigo me comu- 
nicó la última vez que nos vimos, tenía muy adelantada 
la corrección de pruebas... ¡ojalá sea verdad tanta be- 
lleza! 

Y hemos do hacer notar ahora: que en el trato íntimo, 
en el paseo y en casa, al lado de su mujer y sus hijos, era 
cuando más agradaba, era cuando daba á conocer mejor 
su corazón cariñoso, sus elevados sentimientos, su trato 
familiar, sus dulces expansiones; y entonces su mujer, 
sus hijos, los amigos gozábamos con él, viéndole comple- 
tamente transformado. 

Pero ha muerto el investigador hábil, ha muerto el co- 
leccionador regional, el historiador profundo, el pole- 
mista incansable, el crítico eruditísimo, el orador castizo 
y ameno; ha muerto el que preparaba materiales abun- 
dosos para la Historia de Mérida romana y visigoda; ha 
muerto el historiador, el sabio, el literato; ha muerto 



476 CORONA FITNBBEB 



también el padre, e] esposo, el amigo queridisimo; y ha 
muerto, en fin, el cristiano, el verdadero creyente, y co- 
mo tal del mundo se. ha despedido. 

Ha muerto joven aún el amigo Martínez, pues apenas 
había cumplido 49 años; y al sentirse casi de pronto he- 
rido de muerte, dióse cuenta de su estado, y con esa 
grandeza de alma, propia de los hombres de su temple, 
él sin precipitarse ante el peligro, sin anonadarse ante la 
muerte que amenazara su existencia, principia con áni- 
mo sereno á preparar sus cosas del tiempo, (después de 
haber buscado en vano remedio á su mal), y á disponer 
su conciencia para la eternidad, que se le acercaba. El 
mismo alienta á los suyos, les aconseja, arregla sus 
asuntos, está en todo, á todo atiende, y... así ésto, eleva 
su mirada á más altas regiones, invoca á Dios, llama á 
la cabecera de su lecho á sus ministros en la tierra, y 
desde este instante y por completo se abandona ya en 
los amorosos brazos de nuestra Religión bendita y de 
allí á pocos días, 16 del actual, muere... ¡Fecha tristísi 
ma para todos será ésta, en que dejó de existir el insig- 
ne bibliófilo extremefio, D. Matías R. Martínez! 

Murió, sí; y con tan sentida muerte hemos perdido al 
amigo y compañero; ha perdido la Revista, un colabora- 
dor asiduo; ha perdido Burguillos su hijo más ilustre; ha 
perdido Extremadura su historiador más fecundo; han 
perdido las ciencias y las letras uno de sus más renom- 
brados cultivadores; todo ésto se ha perdido. Y al cum- 
plir por mi parte y en nombre de la Revista de Extrema- 
dura^ este deber de la amistad y de gratitud, que me ha 
cedido, no dudo afirmar que en nuestro corazón levan- 
tamos un altar consagrado á su memoria, y ante su tum- 
ba depositamos una y muchísimas lágrimas, testimonio 
de nuestro cariño al que fué amigo del alma. 

Que el cielo proteja la vida de los desventurados hijos 



UOMflNAJE Á MATÍAS K. MARTÍNEZ 47^ 

de Don Matías R. Martínez, pequeñuelos aun, quienes 
en el transcurso de sólo diez días han visto morir á su 
padre, primero,, y después á su virtuosísima madre doña 
Consuelo Pereda. Esta, al sentir sobre sí el peso abru- 
mador de tan inmensa desgracia, perdió la razón y con 
ella, de allí á poco, su misma vida. Sepan los huérfanos 
de nuestro carísimo amigo, é igualmente su distinguida 
familia, que si en algo puede mitigar sus penas el senti- 
miento de los que se honraron con la sincera amistad 
del que fué su padre y deudo, no duden que nuestra par- 
ticipación en ellas es grande, y nuestro dolor tan agudo 
como inextinguible. 

Juan José Conxélez, 
Arcipreste. 
Mérida, 2; de Maye de 1904. 

^Revista de Extremadura y Cáceres-Jiinio 1904.) 



"bOfT nflTlflS í\finÓN níll\TlNEZ 



La enfermedad que, según dimos cuenta á nuestros 
lectores, padecía nuestro querido amigo el ilustre y sa- 
bio historiador de Extremadura Don Matías Ramón Mar- 
tínez, tuvo el temido funesto desenlace el día 16 del ac- 
tual en su residencia de Jerez de los Caballeros. 

No era muy joven nuestro querido amigo, y sin em- 
bargo podemos asegurar que su vida la ha segado en flor 
ia guadaña de la miierte, porque ahora empezaba á dar 
los suculentos y sazonados frutos que esperábamos todos 
ver brotar de su pluma, saturada de la erudición más 



478 rORONA FÚNBBRK 



sólida y el criterio más cimentado y profundo de cuan- 
tos historiadores se han ocupado en desempolvar los en* 
marañados documentos que contiene la no nacida his- 
toria de Extremadura. 

No hace muchos meses, con ntí^ivo de la edición de 
su último libro Historia del reino moro de Badajoz que 
ha quedado incoada, nos decía con animosa esperanza: 
Ha llegado al fin el momento de dar al público todo el 
fruto de mis largos trabajos, valgan lo qiie valgan, aun 
que no sirvan más que para estimular á los que vengan 
después. 

Y en efecto, tenía preparados, además del libro que 
publicaba, otro ú otros acerca de Mórida romana y visi- 
gótica y otra porción de monografías históricas tan con- 
cienzudas y pensadas como todos sus trabajos. 

Con la muerte de este insigne historiador, pierde Ex- 
tremadura la esperanza por algún tiempo abrigada, de 
ver construida la base firme que necesita su no empeza- 
da historia. '^ 

Con Barrantes se perdió al coleccionador infatigable 
de datos y documentos, con Matías Ramón Martínez per- 
demos más; perdemos al historiador erudito, al sabio 
pensador, al narrador castizo, sobrio y ameno á la vez, 
y sobre todo al escudriñador hábil, de aguda y clara in- 
teligencia para desenmarañar los intrincados repliegues 
de nuestra abandonada historia regional. 

Sus numerosos trabajos aislados que han visto la luz 
on varias revistas doctas, sobre todo en la Remsta de 
Extremadura y su Libro de Jerez hacían esperar con im- 
paciencia á los eruditos las ulteriores producciones de 
tan' docta pluma. 

El libro que se estaba editando venía á Henar un va- 
cío en la historia de nuestra patria y de nuestra ciudad, 
dificilísimo de haberse llenado siu la excepcional compe* 



ÉOUlHAlB i Uktikñ ÉL. ikÁftfiUtÉ 4?9 



tencia del malogl-Ado escritor, y al mismo tiempo co- 
menzaba á satisfacer las ímpaüícncias do los amantes de 
uueatra historia, ror ver los sazonados frutos do la labo- 
riosidad de Martínez. 

Sabemos que el manuscrito estaba terminado y no 
creemos que su atribulada familia renuncie al dulce con- 
suelo de dar al público su última producción, ni prive á 
Extremadura de esta, joya que el insigne extremeño que- 
ría legar á la literatura y á la historia de la región. 
' Ignoramos las disposiciones testamentarias que el fí- 
nado liay a hecho respecto á estos asuntos , aunque supo- 
nemos que algo haya dispuesto, pues según nuestras no- 
ticias, ha muerto conociendo la^ cercanías de la última 
hora y esperándola con la serenidad y resignación del 
cristiano, fortalecida el alma con los consuelos espiritua- 
les de los Sacramentos, y tranquilo el ánimo después de 
ordenar con serena y resignada calma sus últimas dispo 
siciones sobre las cosas de la tierra. 

Creemos que al dar el pésame á la desconsolada fami- 
lia del ilustre académico, podemos hacerlo extensivo á 
las letras y á la historia patria que han perdido en él á 
uno de sus mas ilustres cultivadores.» 

(Noticiero Extrem'^ño de 19 de May9 i90i.) 



"f)ON ÍATIA8 % 0ARTINEZ 



La enfermedad que hace años venía padeciendo el no- 
table publicista extremeño, ha tenido el triste desenlace 
que todos esperábamos. 

Ya en máquina nuestro número anterior, en el que 



480 CORONA P¿MBBE]Í 



dábamos cuenta de su gravedad, recibimos la noticia de 
su fallecimiento. 

Joven aún y en singular torneo, alcanzó el premio 
que el claustro de profesores de este Instituto creara pa- 
ra el mejor trabajo que se presentase á propósito de Cal- 
derón de la Barca. 

El Sr. Martínez era una persona de ilustración poco 
común y competensísima en asuntos históricos. Perteno- 
cia á la Real Academia de la Historia. 

En los Museos y en los Archivos pasó casi toda su vi- 
da y muere cuando se proponía darnos á conocer los fru- 
tos de su infatigable trabajo. 

El Boletín- Revista , publicación meritisima fundada 
por el claustro de profesores de este Instituto, siendo di- 
rector Don Máximo Fuentes, le contó entre uno de ssus 
más distinguidos colaboradores, dando allí idea de lo 
mucho que podía esperarse de él en materias históricas, 
el estudio minucioso que hizo de las luchas entre porto • 
galeses y bojaranos. 

La Revista de Extremadura honró muchas veces sus 
columnas con la firma do D. Matías. Sus escritos se dis- 
tinguen por su lenguaje frío, serio, s*n alambicamientos 
en la apreciación de lo? hechos y sin refinamientos en la 
forma, que es el lenguaje del historiador. 

El Sr. Ramón Martínez analiza el hecho, saca sas con- 
secuencias sin apasionamientos, con alteza de miras y 
no se preocupa de fabricar frases ampulosas, que la ma 
yoría de .las veces han servido para falsear la verdad 
histórica, 

Há poco que nuestro infortunado amigo estuvo en és- 
ta para ultimar algunos detalles de la edición de su obra 
Reino moro de Badajoz, que no ha visto publicada. 

Tañía en preparación y casi ultimada Mérida romina. 
y visigótica. 



HOMENAJE Á ICATÍAB E. MAETÍNBS 481 

¡Pobre amigo! 

£1 día antes de morir escribía á nuestro estimado ca- 
marada, Sr. Arqueros, que no le mandase más pruebas, 
«que no las podía corregir.» 

En sus últimos momentos se acordaba de sus libros. 

Ignoramos si en el testamento deja dispuesto algo 
acerca de la publicación de sus obras, que se esperaban 
con verdadero interés. 

Su muerte ha producido honda impresión de tristeza. 

La viuda y sus hijos pierden al esposo y al padre 
amantísimo: nosotros, los que nos honramos con su amis- 
tad al amigo cariñoso, y Extremadura un narrador de 
&US grandezas. 

Todos estamos de du'^lo.» 

(La Coalición de 25 de Mayo de 1ÍX)4.) 



^^^¿^^ 



1 



IME DE MATERIAS 

PáltMS. 

Dedicatoria 

Introducción • 7 

Capítulo I. . . • Antigüedad de Badajoz 21 

Capitulo II Lugares comarcanos á Badajoz 33 

Capítulo III Badajoz y Aben Merwan 51 

Capítulo' IV Aben Merwnn y los Emires de Córdoba. 66 

Capitulo V El Califato y los Obispos de Badajoz. . • 77 

Capítulo VI Sapor el Persa, rey de Badajoz í 3 

Capítulo VII , Abdala Almanzor 1 99 

Capítulo VIII ...... Mohamed Almodafar 118 

Capítulo IX Yahya Aloaanzor y Omar Almotawkil . 125 

Capítulo X Omar Almotawkil solo 141 

Capítulo XI Los almorávides y la batalla de Zalaca. 155 

Capítulo XI ( • . Calda dol reino de Badajoz 169 

Capítulo Xlll Gobierno de los Almorávides 181 

Capítulo XIV Expediciones cristianas • 191 

Capítulo XV Insurrección contra los lamtunas 203 

Capítulo XVI Los almohades y la frontera cristiana . 217 

Capítulo XVII Campañas de Don Fernando II de León 233 

Capítulo XVIIl . . . , Empresas de Don Alfonso VIII de Cas- 
tilla..... 249 

Capítulo XIX Ultimas conquistas de Don Alfonso IX 

de León , 269 

Capítulo XX Fin de la conquista de Extremadura . . . 295 

APÉNDICES 

Apéndice I Epitafio de Daniel, obispo de Bada joz. . 311 

Apéndice II Textos de la descripción de España por 

Abu A bd^lla Mohamed el E^risi. , , 319 



Apéndice III Los repobladores de Salamanca 827 

Apéndice IT Expediciones de los toledanos y salman- 
tinos ^ 881 

Apéndice V Conquista de Coria por Don Alfonso VII 335 

Apéndice VI ...... . El nuevo obispado de Coria en 1142. . . . 887 

Apéndice VII Concordia entre la Iglesia Metropolita- 
na de Santiago de Compoetela y la Orden de Santiago, 
celebrada eu Febrero de 1171 889 

Apéndice VIII . . *. . Donación de varios lugares en la comar- 
ca de Badajoz ¿ la Orden de Santiago, becba por Don 
Fernando II en 1171 ai3 

Apéndice IX Donación de Alconcbel á la Orden de 

Santiago en 1171 • 31 j 

Apéndice X Donación de Almofrague á la Orden de 

Santiago eu 1171 . • . • ^ ... . 317 

Apéndice XI Donación á la Orden de Santmgo de 

ciertas rentas en la comarca de Trujillo, hecba en 118G.. 349 

Apéndice XII Privilegio de fundación de Plasencia, 

otorgado en 1189 351 

Apéndice XIII Fundación del Obispado de Plasencia, 

bula confirmada por otra del año 122íJ 355 

Apéndice XIV Donación á la Orden de Trujillo por Don 

Alfonso VIII, en el año 1195 , 357 

Apéndice XV Permuta del castillo de Milana por San 

Pedro de Tarace, en el año 1203 361 

Apéndice XVI Bula sobre jurisdicción del Arzobispo 

de Toledo, dada en el año 1217 368 

Apéndice XVII Donación de Alcántara á la Orden de 

Calatrava. en el año 1217 86o 

Apéndice XVIII. . . . Cesión de Alcántara á la Orden de San 

Julián de Pereiro, año 1218. 369 

Apéndice XIX Concordia entre las Ordenes del Temple 

y de Alcántara, sobre Santibañez, el Portezuelo y Mila- 
na , celebrada en el año 122() 371 

Apéndice XX Bula a la Orden de üclés, sobre auxilio 

á Alburquerque, contra 4oá moros, año 1225 375 

Apéndice XXI Composición entre la Iglesia de Corio y 

la Orden de Alcántara, sobre Milana y Moraleja, año 1226. 377 

Apéndice XXTI Deslinde terminal de Santibañez deMas- 

coras, apo t227 , ■. •,...,.:,.;.,...,.... 379 



úí 

Apéndice XXIIÍ Bula confirmatoria de la anexión de Be- 
jar al obispado de Plasencia, del aüo l^ltí .... * dBl 

Apéndice XXIV No aparece en el texto 

Apéndice XXV Donación de varios bienes en Herida á 

la Orden de Alcántara, en el año 1280 , ^ dS3 

Apéndice XXVI • Fuero de las leyes que el rey Don Alon- 
so IX de León dio á la villa de Cáceres 38") 

Apéndice XX VU Los fueros de Badajoz, según Giievara. 3S7 

Apéndice XXVUi... Donación de Montanchez á la Orden de 

Santiago, en el año 1230 395 

Apéndice XXIX Confirmación que en 1234 hizo el Cabil- 
do de la Iglesia Compastelana, de una concordia celebra- 
da en 1 ?3U entre el obispo Don Bernardo y la Orden de 

Santiago 397 

Apéndice XXX Confirmación que Don Fernando III hi- 

I zo en 1231, de la concordia entre el Arzobispo de 3antia- 

i go y la Orden de este nombre, sobre la ciudad de Mérida. 401 

i Apéndice XXXI..... Concordia celebrada por el obispo de 

I Coria con el Maestre de Alcántara, en 1231, sobre juris* 

dicción y temporalidades 403 

Apéndice XXXII . . Escritura de deslinde entre Coria y Al- 
cántara, hecha en 12-34 407 

Apéndice XXXIII. . Donación de Magacela á la Orden de 

Alcántara, en 1234 401 

Apéndice XXXIV . . Donación de ciertas heredades e.i Mede- 

I Uín á la Orden de Ak-á.itara. hecha en 1234 413 

Apéndice XXXV . . . Dotiació.i do la villa de Hornachos á la 

< Orden de Santiago, en 1235 4L5 

I Apéndice XXXVI. . . Fuero otorgado á Mérida en 1233 417 

I Apéndice XXXVII. . Relación de los bienes que poseía la Or- 

den de Alcántara en 1233, según se contiene en una bula 

de epnfirmación que le otorgó Gregorio IX .... 421 

Apéndice XXXVI El. Privilegio otorgado á Zjilamei por el 

Maestre de Alcántara en 1210 423 

Apéndice XXXÍX. .. Donación deAlmorchóná los Templa- 
. rios y de Cabeza de Esparragal á los de Alcántara, en 

1235 , 427 

Apéndice XL Partición de liu es entre Magacela y 

Hornachos, Reina y Benquerencia, hecha en 1210 431 

Apéndice XLI Donación do Benquerencia y deslinde 



de su termino, hecha en 1241 433 

Apéndice XLII Donación de Alan je á la Orden de San- 
tiago, del año 1246 437 

Apéndice XLIII .... Donación del castillo de Alcocer á la 

Orden d'j Alcántara, hecha en 1215 439 

Apéndice XLI V .... La comarca de las Jurdes y sas pobla- 
dores 443 

índice geográfico 453 

Homenaje 463 






Al estiipable lector: 



Terminada la impresión de la Historia pbl Reino de 
Badajoz, cumple al deber de los deudos de su malogrado 
autor, D. Matías Ramón Martínez y Martínez y al editor 
de ella, significar aquí la expresión más viva de su agra- 
decimiento hacia el Sr. D. Francisco Franco y Lozano, 
docto Catedrático del Instituto provincial de Badajoz, por 
cuanto contribuyó de un modo eficaz y decisivo á la mejor 
terminación de la obra. 

Para desdicha de la hRstoria de España, y muy espe- 
cialmente de la de Extremadura, muerto el Sr. Martínez y 
Martínez, cuando apenas si irían impresas cuarenta pá- 
ginas de este libro, el Sr. Franco aceptó noble y desinterés 
sadamente la corrección de pruebas y ordenación de ori* 
ginales que se le suplicara, siendo de admirar la actividad 
y el celo con que hubo de proceder en el desempeño de 
la misión verdaderamente penosa que echó sobre sí y que 
es merecedora de la más sincera gratitud, sin que quiera 
decir ésto, ni el hecho de no llevar fe^de erratas esta obra, 
que carezca de ellas; las tendrá ciertamente, por haber 
pasado inadvertidas á uno ó á otros, corrector ó cajistas, 
esperando que las subsanará el buen juicio de los lectores. 



Esta obra se acabó de itnprimir en el 

establecimiento tipográfico de 

D, Antonio Arqueros , el 

día 3 de Junio dd 

año 1905.