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IN MEMORIAM
BERNARD MOSES
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EISIflUIA DEL «MI ML miO OFICIO
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INQUISICIÓN DE LIMA
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HISTORIA
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DE LL
INQUISICIÓN DE LIMA
(1569-1820)
Exurge, Domine, et jndica
caasaxn tuam.— -Salmo 73.
(Lema del escudo de la Inqnlsicion.)
TOMO II
SANTIAGO
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1887
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BKRIIARD III08ES
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HISTOBU DEL IBIBiniiL OEL 8ASMI0
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INQUISICIÓN DE LIMA
CAPÍTULO XVI
Incidente del Provisor del obispado de ia Paz. — Id. de la fiesta de la
canonización de San Ignacio de Lóyóla. — El Virei consigne que los
españoles asilados entre los chirigimnes sean perdonados por la In-
quisición. — Auto de fe de 17 de junio de 1612 Causas despacha-
das entre año hasta el de 1618. — La Ovandina de Pedro Mexia.
Era Gaitan uu sacerdote graduado en Siguenza, habia
sido estudiante del eolejio de San Millan de Salamanca i
fiscal de la Inquisición de Cuenca desde el año de 1601
hasta el de 1606, eu que se le envió a la de Sevilla.
Dias después de haber tomado posesión de su nuevo
destino en Lima, tuvo que entender en un negocio del
Provisor del obispado de la Paz, Pedro de las Cuentas
i Valverde, en el cual, apesar de líis denuncias de mu-
chos relijiosos, que con encarecimiento ponderaban el da-
ño que de él podia resultar, »»por ser esta tierra tan nueva
y llena de gente viciosa y amiga de libertad, ir no se atre-
vió a tomar resolución alguna. Era el caso que el Provi-
sor, bastante joven i recien ordenado, habia dicho i defen-
dido que el pecado que cometia un sacerdote con mujer
soltera, era un delito simple en que no habia necesidad
de declarar circunstancias, doctrina que Valverde se ofre-
cía a sustentar publicamente en unas conclusiones i a que
se allegaban algunos clérigos niozos^ Los Inquisidores
1. Carta de 25 de abril de 1612.
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6 LA INQUISICIÓN DE LIMA
consultaron el asunto al Consejo, sin olvidarse de aj)untar
que Valverde era hijo de un hombre contra quien habia
en la Inquisición información de no ser limpio; i en vista
de lo ordenado en Madrid, se le hizo venir de la Paz i
después de oirle sus esplicaciones, fué despachado con una
^ reprensiqíj^^ji^estino^
'I •!/;Otr.d''Jié3c3ía 'qñe por aquellos dias causó alguna murmu-
.racion,.eB»Li^(í;.elifere relijiosos i personas doctas, fué que
íuegri- qué Uoá skcéi'dotes de la Compañía recibieron la bu-
la de la beatificación del padre Ignacio de Loj^ola, hicie-
ron una procesión i fiesta mui solemne, a que concurrió
el Virei, Arzobispo i todo el clero, llevando en ella al
beato de bulto, cuya imájen colocaron, a la conclusión, en
el altar mayor de la iglesia al lado del evanjelio, i en el
otro, la del padre Francisco Javier, de .lo cual se avisó al
Tribunal a fin de que remediara hecho tan insólito, ya
que el Virei a quien también se advirtió, no habia toma-
do providencia alguna, i ya que a la Inquisición no le
constaba semejante beatificación^
Fué también materia de consulta la dispensación que
se concedió a instancias del Virei, para que los cristianos
que se habian huido a los chiriguanes, i que por entonces
les servian de caudillos en sus incursiones, pudiesen ser
exhonerados de que se les procesase, a fin de que restitu-
3^éiidose a tierra de cristianos, se facilitase la entrada que
preparaba al territorio de esos indios el capitán Rui Diaz
de Guzman^.
Deseaban los inquisidores por esos dias celebrar un auto
de fe, pero se hallaban, según decian, tan cortos de recur-
sos, que no tenian como hacer el cadalso i demás gastos
que demandaba aquella fiesta, por lo cual ocurrieron al
Virei en solicitud de algún ausilio, obteniendo de él que,
a condición de postergar la ceremonia para la fiesta del
Santísimo Sacramento, podría facilitarles el tablado que
para el caso levantaba la ciudad^ En consecuencia resol-
vieron que, en atención a ser pocos los reos i mui pobres,
2. Carta de 1 de abril de 1614.
3. Id de 30 de abril de 1612.
4. Id, de 10 de mayo de 1615. .
5. Id. de 25 de abril de 1612.
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CAPÍTULO X^I T
podría tener lugar el auto en la capilla del Tribunal, como
en efecto se verificó el domingo de la Trinidad 17 de ju-
nio de 1612, »»con toda quietud, autoridad y ostentación
y concurso de gente, conforme al lugar y edificación del
pueblo^ II
Fueron los penitenciados:
Pedro de Guzman, mulato, blasfemo; Juan Gómez Caro,
natural de Chuquisaca, de veinte i seis años, por que es-
tando un dia tañendo la guitarra, tuvo la mala ocurrencia
de confesar sus amores con una dama casada, lo cual dijo
qne no se le hacia pecado. Salió en forma de penitente i
abjuró de lem.
Jerónimo de Peralta Pareja i Riberos, curtidor, de diez-
iocho años; Alonso Diaz de Escobar, arriero, de cuarenta;
Francisco González Vaquero, natural de Cocliabamba, i
Juan Alonso de Tapia, chileno, por doble matrimonio.
Por hechicera habia sido castigada en auto público de
5 de abril de 1592 Ana de Castañeda, cuarterona, que
andaba con hábito de San Francisco, mujer que habia si-
do de Fr. Diego de Medina, dominico. Procesada nueva-
mente, confesó haber hecho conjuros con invocación de
demonios i de Dios i sus santos,' i echado suerte con ceda-
zos i dado polvos de ara consagrada, i tomado simiente de
varón i un candil i soga de ahorcado, i gotas de aceite i
sangre i sal i culantro, para que apareciesen en el agua
de una redoma, haciendo cruces, las figuras de los hom-
bres con quienes se habian de casar las mujeres que se
valian de ella para sus consultas; por todo lo cual salió en
forma de penitente, en cuerpo, con vela, soga i coroza
blanca, abjuró de levi, i otro dia siguiente, adornada con
las dichas insignias, se le dieron doscientos azotes por las
calles públicas.
Juan Vicente, zapatero, natural de Campomayor, de
cuarenta i tres años, fué admitido a reconciliación, con
confiscación de bienes, hábito i cárcel perpetua irremisible,
por secuaz de la lei de Moisés.
Heniando de Najera Arauz, que se nombra Hernando
de Dios, i traia hábito de barchilón, escribano de Ecija,
6. Id. de 8 de mayo de 1618.
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8 LA INQUISICIÓN DE LIMA
acusado de haber dicho que se le habia aparecido un hijo
suyo que era muerto; de que tenia por costumbre antes
de comer lavarse las manos i de cenar de carne en viernes
i témporas: fué reducido a prisión en el Cuzco i después
de pedir misericordia por la sospecha de judaizante en que
incurriera, se le admitió a reconciliación, con confiscación
de bienes, hábito i cárcel perpetua irremisible, i fué sacado
a la vergüenza en forma de justicia.
Ademas de las causas de estos reos, despacharon los
jueces vientre año*» las de los siguientes: Por casados dos
veces, Juan Gallinato, negro libre, Mateo Sánchez Ren-
don, barbero, Diego Deza Navarro, mulato esclavo, i Alon-
so de Peña Guerrero, sevillano.
Fué absuelto ad cautelara, Gaspar López, mercachifle,
portugués, que se denunció de que sus padres ayunaban
conforme a la lei de Moisés, lo que él también habia prac-
ticado, pero que quería 3' a ser católico.
Cornieles Fors, natural de Amberes, que se hacia llamar
Pedro de Burgos, fué testificado de que llevando el cura
de la Plata el Santísimo a un enfermo, habia arremetido
por medio de la jente a fin de arrebatarle el relicario, por
lo cual el pueblo le quiso matar, i lo hiciera, si no llegara a
tiempo un oidor que por vivir allí cerca oyó el alboroto, i
haciéndose cargo del reo, le llevó a su casa. Confesó ser
cristiano, aunque habia seguido la secta de Lutero, i des-
pués de larga discusión sobre si estaba o no en su sano
juicio, fué encerrado primero en un convento i en seguida
en un manicomio.
Hasta el año de 1614 fueron penitenciados, por propo-
siciones i blasfemias hereticales, Antonio Rodríguez de la
Vaca, natural de Arequipa, que residía en su hacienda de
Chucuito, de edad de veintiocho años, porque, entre otras
cosas, decía que el estado de los casados era mejor i mas
perfecto que el de los relijiosos i que se podía decir misa
sobre la cama de los casados, i otras proposiciones seme-
jantes. En su defensa alegó que todo era testimonio que
le levantaban, concluyendo por Lamentarse largamente de
lo que, nuevo Ótelo, sufría por haberse encontrado unas
cartas de amor prendidas con una horquilla de su mujer
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CAPÍTULO XVI 9
i de que le decian cornudo; caliendo al fin condenado a
pagar ud¿i corta simia.
Julio Brugen, marselles, mercarhiHe, residente en Mo-
quegua, porque un día después de cenar bc levüntó de la
mesa en qne se sentabíin vanV^s de sus conücidos i como
regresase a poco rato, le previnieron que no era coBve-
niente que en tiempo de cuaresma anduviese tarde j)or
las calles, a lo (]iie repÜro que venia de, . , .
Cristóbal de Macliicao. se denunció de que jugando a
las tablas, viéndose perdidoso, renegaba a mas i mejor.
Por casados dos veces fueron procesados Francisco En-
riquez, Francisco Jaramillo, i Bernardo Bizarro.
En 1615, lo fueron las personas siguientes: Por haber
confesado a unos indios sin ser sacerdote, Marcos Ramirez; i
don Jerónimo Caracciolo, doctor en medicina por la Uni-
versidad de Bolonia, que se jactaba de hacer casamientos
por arte májica, i de que componia libros de señales de
manos i fisonomías de rostro.
Juan Agunde de Solorzano, procurador del número de
Potosí, por que renegaba cuando perdía en el juego.
Salvador Vañol i Duarte de Sa, por casarse dos veces.
Domingo de Ñapóles, italiano, que sostenía que el vivir
en malas relaciones con una mujer, se lavaba con un po-
quito de agua.
Francisco Osorio, maestro de escuela, que en Oruro í
Potosí fué testificado de jurar cuando perdia al juego, es-
pecialmente después de haber oido misa.
Marco Antonio, griego, que sostenía que no importaba
que uno estuviese escomulgado, pues el Patriarca de Je-
rusalen i Antioquía lo absolvía.
Juan de Balmaceda i Luis Noble, cuyas causas se si-
guieron en Chile.
En el año siguiente de 1616, también fueron procesa-
dos en Chile, Nicolás de la Porta i Diego Luis de la Ribe-
ra, i en Lima solo Jorje de Paz, portugués, mercader, resi-
dente en Chuquisaca, que importunado un dia para que
fuese a misa dijo que daba al diablo con ella, negando
ademas la resurrección de la carne; i el bachiller Juan Ga-
llegos de Aparicio, natural de Loja en el Ecuador, capellán
de un convento de monjas, a quienes de cuando en cuan-
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10 LA INQUISICIÓN DÉ LIMA
do se permitía abrazarlas i aun ejecutar con ellas actos
poco decentes, refiriéndoles a todo esto que tenia poder
para llevar almas al cielo, sacar demonios del infierno, i
que habia de haber muertes i ruinas i que él era profeta e
hijo de Dios.
En 1617 no hubo tampoco mas penitenciados que los
tres siguientes: Fr. Francisco de Jesús, lego profeso de
San Francisco, acusado de haberse Cxisado en Huaura,
donde vivia con su mujer e hijos, desempeñando las fun-
ciones de maestro de escuela, por lo cual hubo de abjurar
de. leviy i sufrir dos años de galeras; Miguel Cavali, ciru-
jano, natural de la isla de Candia, que estando asistiendo
en Cali a un relijioso que se hallaba mui enfermo, dijo
limas que se muera y se lo lleve el diablo, a él y a cuan-
tos frailes hay en el mundo, para qué son frailes, que no
son menester"; i pidiendo misericordia de estas palabras i
otras calaveradas de mozo, por ser ya de sesenta i mas
años, se le dio por libre con la prisión sufrida; i Vicente
Flores, de Dalmacia, que se denunció de que hallándose en
Cochabamba, en el campo, habia oido de repente un sonido
mui suave que bajó del cielo sobre él i le alegró muchísi-
mo el corazón, atribuyéndolo a la gracia que se concedia
de repente, como dice San Pablo, i de otras visiones se-
mejantes, de que fué absuelto en atención a su rusticidad
i espontánea denuncia.
Desde 1618 hasta 1622 fueron penitenciados los si-
guientes:
Pedro de Vildósola, natural de Cali, que después de
haber enseñado la jineta, se habia hecho escribano, testi-
moniado de doble matrimonio, así como Cristóbal Rodrí-
guez Colmenero, cirujano i barbero, natural de Jaén; el
arriero Luis Rodríguez de Cárdenas; Juan Lucero, Juan
Bautista Ginoves, carpintero, Alonso González Calderón i
Juana de Barrios,de lea, de treinta años-
Pedro de Torrejon, de veinticuatro, de la villa de Potosí,
que sostenía que el estado de los casados era el mas perfec-
to i que se 1 ... . el rabo con las escomuniones.
Antonio Leal, confitero, que hablando un día sobre
cierto joven a quien habían quemado en Lisboa, afirmó
que habia muerto mui bien, confesando siempre al Dios
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CAPÍTULO XVI 11
de Israel, i que cuando le det-ian »doado sea Jefíucnsto.n
respondía í»por siempre sea Dias loado, n i otros indicios
que le hacían Bospcchoso de judío: fué admitido a recon-
ciliación en forra a en la capilla del Tribunal, durante la
cuaresma^ en un dia de sermón, donde hulio grao concurso
de jente, por no haber auto público de próximo i no dete-
nerle mas tiempo preso, con hábito i cárcel por un año i
con confiscación de bienes^ '
Luis Fragoso, confitero, testimoniado de que impedia a
sus dependientes que fuesen a misa i los iiacia trabajar en
dias festivos, le dieron ocho vueltas de cordel a los brazos,
»»y después, tendido en el potro y atado y puestos los cor-
deles y garrotes, se le dieron otras tres vueltas a cada
molledo, muslo y espinillo, del lado derecho y izquierdo,
y asimismo, por no decir nada, se le echaron seis jarrillos
de agua, puesta la toca, y con esto cesó el tormento, con
la protestación ordinaria, que duraría una hora;ii mandán-
dose al fin suspender su causa.
Juan Antonio, hombre de la mar, natural de Amberes,
fué acusado de que en Saña habia dicho que las monjas
de Popayan habían ••remanecido preñadas, ü por lo cual el
obispo las habia emparedado, y diciéndole uno de los tes-
tigos que así se podrían arrepentí r de su pecado, habia re-
plicado que después de la falta cometida no habia arrepen-
timiento ante Dios; siendo al fin absuelto en vista de sus
descargos.
Isabel de Quiñones, viuda, e Isabel, negra de casta te-
rranova, que decían saber descubrir los hurtos, recibieron
cien azotes; i Gonzalo de Navarrete que para los mismos
fines se valia de unas varillas que ponía en el suelo en las
calles, i que según cuenta uno que solicitó el horóscopo,
se' movían para un lado i otro, levantándose a veces en
alto.
Juan Bautista Franco, arriero, Juan Crespo de Aguírre,
denunciado en Santa Cruz de la Sierra, Francisco Hernán-
dez de Espinosa, Isabel de la Rocha, de veinte años, i do-
ña Luisa del Castillo i Lizarraga, que también se valia de
7. Caria dé los Inquisidores de 10 de mayo de 1616.
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12 LA INQUISICIÓN DE LIMA
hechizos en beneficio de sus amigos poco correspondidos,
todos por doble matrimonio.
Sin estos quehaceres, no cesaban los ministros en sus
pesquisas para la averiguación de los libros que se intro-
ducían, a cuyo efecto habian hecho visitar en dos ocasio-
nes todas las librerías i nombrado personas a quienes di-
íputaban para que presentasen en el Tribunal todos aquellos
que les pareciese conteuian alguna mala doctrina®.
Pero de entre todas las obras que fueron recpjidas i pro-
hibidas por aquel entonces, ninguna de mas importancia
que la que acababa de publicar en Lima Pedro Mexia de
Ovando con el título de Primera parte de los cuatro libros
de la Ovandina. Era su autor hombre «*de capa y espadan
i la habia impreso con licencia del Virei i aprobación de don
Alonso Bravo de Sarabia, alcalde de la Real Audiencia;
pero cuando comenzó a circular a fines del año de 1621,
se formó tan grandísimo escándalo en toda la ciudad que
muchos acudieron al Tribunal a pedir que .se recojiese.
Dióse, en consecuencia, a calificar a un fraile dominico, i
de acuerdo con su informe, se leyeron edictos en la cate-
dral, conminando con penas i censuras a todo el que te-
niendo el libro no lo entregase al Santo Oficio, i se escri-
bió a Méjico, para donde el autor se habia escapado, a fin
de que en caso necesario sé le impidiese dar a luz la segunda
parte que tenia anunciada.
Daba Mejía en su libro noticia de las familias de la no-
bleza de Lima, incluyendo entre ellas a muchas que según
constaba de losrcjistros del Tribunal, eran infectas, i como
tales notadas en ellos,, i que, según aseguraban los Inqui-
sidores, habia dado cada una de cincuenta pesos para
arriba a fin de que se las incluyese en aquel célebre nobi-
lario^
8. Cartas de 20 de íibril i 4 de mayo de 1622.
9. I(L (le bs \ Inquisidores de 4 de majo citada i I.® de junio de
1625. Seg:un estos docuineiitog, la tirada habia sido de quinientos
ochenta ejemplares, de los cuales ha escapado solo uno, que sepamos,
que posee de venta en Madrid nuestro amigo don M. Murillo, iuteli-
jente librero i director del Boletín de la librería.
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CAPÍTULO XVII
Desavenencias entre los Inquisidores. — Id. con el Virei. — Llegada del
nuevo Inquisidor Juan de Mañozca. — Sus primeros informes al Con-
sejo. — Nómbrase otro Inquisidor. — Servicios prestados por Mañozca
en la defensa del país. — Auto de fe de 21 de diciembre de 1625. —
Causas despachadas fuera de auto. — Proceso de Luisa Melgarejo. —
Edicto contra astrólogos, judiciarios i hechiceros.— Auto de 27 de
febrero de 1631.
Por el mes de octubre de 1623 partía de Lima a hacer-
se cargo del obispado de Guamanga el inquisidor Ver-
dugo, dejando en el Tribunal a Gaitan, con quien en sus
últimos tiempos se habia hallado tan mal avenido que ni
hacian juntos las audiencias, ni siquiera se hablaban; i lo
que era peor para el decoro de la Inquisición, sin exhi-
birse jamas juntos en público, ni aun en las funciones de
iglesia.^
Gaitan, por su parte, no quedaba en mejores términos
con el Virei, pues desde que le quitara cierto repartimien-
to de indios que antes le tenia concedido, no le visitaba,
ni al Virei, tampoco desde ese entonces se le habia vuelto
a ver entrar a las casas de la Inquisición, i bien fuese por
estos disgustos, o porque realmente, creyese que era de su
deber, tenia ordenado que ni al Inquisidor ni oficiales se
les acudiese con sus sueldos, sin que primero jurasen que
en las arcas del Tribunal no existian dineros con que cu-
brirlos, dilijencia que, como es de suponer, encontraba
grandes resistencias de parte de los ministros.
1. Caria del Inquisidor Juan Gutiérrez Flores ^ de 31 de enero de
1626.
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14 LA INQUISICIÓN BE LIMA
A fines de setiembre del mismo año en que se despedía
Verdugo, salía de Cartajena, acompañado de su familia í
de numeroso séquito, el inquisidor, licenciado Juan de
Mañozca,* que después de haber fundado la Inquisición
en aquella ciudad, había sido comisionado por el Reí para
practicar la visita de la Audiencia de Quito, i que sin ir
derechamente a su destino, se encaminaba a Panamá, para
embarcarse ahí con rumbo a Lima.
Tan pronto como Gaitan tuvo noticia de esta resolu-
ción, recibió no poco sentimiento, i desde entonces, sin
duda, se propuso no recibir como hubiera sido de razón
al nuevo Inquisidor, que con pretesto, según afirmaba, de
inferirle desagrados, se apartaba de su camino natural í
tomaba la vuelta de la capital del víreínato.^
Esperímentó Mañozca en su viaje malísimos tiempos,
padeciendo, tanto él como su comitiva, sinsabores í en-
fermedades, hasta llegar al puerto de Paita, donde desem-
barcó, prometiéndose seguir por tierra el resto de su jor-
nada, mientras su séquito lo hacia por mar hasta el Callao.
Allí recibió carta de Gaitan en que ofrecía hospedarle en
las casas del Tribunal, a que contestó que como llevaba
tanta jente en su compañía, necesitaba de habitación
aparte, pero en verdad con el propósito de significarle de
que deseaba estar allí solo, pues como a ministro mas an-
tiguo que era í según órdenes que traía, debia correspon-
derle la preferencia. Pero Gaitan que conoció los propósi-
tos de su nuevo colega, se apresuró a ocupar el sitio que
había dejado vacante Verdugo, i ordenó al mismo tiempo
se buscase alojamiento para el visitador en casa de un
amigo que éste tenia en la ciudad, despachándole propio
para noticiarle del recibimiento que le había preparado.
I como sí desease prevenir cualquier cargo, el día 12 de
marzo en que entró Mañozca, sentado en la litera que le
2. Era éste un sacerdote de edad de cnarenj:a i siet« años, graduado
de bachiller en artes por la Universidad de Méjico, i de bachiller i li-
cenciado en cánones por la de Salamanca. Estaba en Cartajena hacia
veinte años i apesar de que se hallaba nombrado para la Inquisición
del Peni desde 1622, no había podido partir a su destino por enferme-
dad del que se nombró para reemplazarle en aquella ciudad.
3. Carta citada de Gutiérrez Flores.
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CAPÍTULO xvn 15
habia servido para el viaje, salió a recibirle en forma de
oficio, con todos sus dependientes, i con un grandísimo
acompañamiento que le bizo la jente mjis principal/
Pudo cerciorarse, sin embargo, el reeieu llegaílo que
esta demostración de preferencia era puramente esteno r,
que había de trocarse pronto *»en sequedad y corta corres-
pondencia»»; i como ambos eran »»de natural ardiente y
mal sufrido»», el pueblo esperaba i aun deseaba, según se
susurraba, que esto se tradujese en breve en abierto cho-
que, que habia de motivar, a no dudarlo, el asunto de la
desocupación de la casa. Mañozca, que como hemos dicho,
iba a Lima solo de paso, se limitó, con todo, a dar lectura
a una orden del Consejo para que se le diese preferencia
en la habitación, i por lo demás, permaneció tranquilo,
con gran disgusto de los que miraban mal a Gaitan i que
esperaban verle humillado en aquel lance.
Al mismo tiempo que daba cuenta de estos sucesos, es-
cribía al Consejo que las cosas de la Inquisición no tenían
asiento en nada, que todo estaba mal acondicionado, la
casa cayéndose, los ministros pocos i descontentos; a no
ser la justicia inquisitorial que se mantenía aun en su in-
tegridad i vigor, cuando la real tan de mala data se halla-
ba con ocasión de las funestas disensiones, homicidios i
violencias que causaban los bandos en que por ese enton-
ces se hallaba dividido el distrito de Potosí. »»Yo harto he
hecho en no llenar de escándalos el reyno, que sin duda
se llenara, sí no entrara en todo perdiendo mi derecho,
declaraba Mañozca. . . ; y si V. A. no da orden de deshacer
la garulla que digo, esto no ha de ser Inquisición sino una
junta de hombres que siguen por sus respectos la volun-
tad mas dura y terrible que he conocido en hombre, con
tan grandes desigualdades que por no nada que toque a
su gusto, chocará con el Virey, y por cuanto vale la In-
quisición no se moverá por lo que a ella importg,, resul-
tando siempre el bien o el mal por su antojo e ínteres. No
hay negocio en que no se entrometa, con tan grandes vio-
lencias que desagrada a los buenos; sígnenle los de la cua-
drilla por fuerza mas que de grado. El fiscal es un cuitado,
4. Owrta de Joan de Izaguirre de 25 de abril de 1624,
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16 LA INQUISICIÓN DB LIMA
de tal manera que aun en su casa no le deben de conocer:
es lástima darles salario, porque así como así, no se gas-
tan, y desautorizan el oficio, ir
Con ocasión de estos denuncios, el Consejo resolvió que
con recato i secreto averiguase estos particulares Juan
Gutiérrez Flores, inquisidor nombrado a firme para reem-
plazar a Verdugo, que habia llegado a Lima casi un año
justo después que Mañozca, (octubre de 1625) i sus in-
formes no fueron mas favorables para Gaitan. »«Lo cierto
de todo esto es, decia, que el Inquisidor pone particular
atención en tener gratos a los oficiales y traerlos a su ma-
no, como en efecto lo consigue. . . El secretaria no aprueba
ni contradice mas de lo que quiere, y ordinariamente le
acompaña y asiste fuera del Tribunal, sin comunicar a
otras personas del pueblo mas que a él y a sus amigos,
j)orque de todo lo demás vive muy retirado, y el trata-
miento de su persona y casa, mas es indecente que parco.
Está acomodado de hacienda y desea mucho irse a España
con cualquiera plaza de inquisidor, ya raí me ha pedido
que lo suplique a U. S . Se hace dueño, concluye Gu-
tiérrez, de los negocios del Tribunal, y está en él ampa-
rando todos los que a los oficiales les tocan, sin la igualdad
conveniente en la administración de justicia, estando esto
tan entendido en el pueblo, como lo demás, n^
Mañozca mientras duró su permanencia en Lima tuvo
todavía sus diferencias con Gaitan sobre si debia o no pro-
cesarse a algunos holandeses que habian caido prisioneros,
sirviendo de ordinario de consejero al Virei en cuanto a
las medidas de defensa que se trataba de implantar, pues
con ocasión de su residencia en la plaza marítima de Car-
tajena se daba por entendido en cosas de mar, no sin que
Gaitan lo ridiculizase a veces. Al fin, por el mes de agosto
salió por tierra con dirección a Quito, adonde llegó tres
meses después i desde donde escribía a España ponderan-
6. Carta de Mañozca, de 27 de abril de 1624. Repite estas circuns-
tancias Gutiérrez Plores en su carta citada.
6. Entre otras, merecen notarse a este respecto las demandas de
Juan Gutiérrez Flores contra el alguacil Juan de Espinosa, por valor de
setenta mil pesos, que al fin transó el inquisidor de este apellido, como
pariente que era del demandante.
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CAPÍTULO xvn 17
do el mal estado de las cosas de la fé en aquel los lagares
por las muchas hechicerías que observaba i la decidida afi-
ción de los criollos a adoptar las costumbres i hasta el
traje de los indios todavía no instruidos en los misterios
déla relijion/
Una vez solo con Gaitan, Gutiérrez se empeñó en que
se pusiese en buenos términos con el Virei, logrando al fin
que éste hiciese al Tribunal »» demostraciones bastantes a
suplir las del desabrimiento pasado n, por lo cual llegando
la ocasión, ambos fueron a darle las pascuas, visita que
hacia tiempo no acostumbraban practicar los inquisidores
por las últimas desavenencias, mereciendo así que les die-
se algún socorro para el auto que se celebró el 21 de di-
ciembre de 1625, a ejemplo de lo que ejecutaron el Cabil-
do i Consulado de los mercaderes, que contribuyeron cada
uno con seiscientos pesos para el tablado.
Tuvo lugar esta vez la ceremonia en la plaza mayor, en
día domingo, como era de ordenanza, »»con mucha autori-
dad, ostentación y grandeza y edificación del pueblo, sin
pesadumbre ni disgusto alguno, que le hizo mui céle-
bre. !l*
ifViérnes catorce de noviembre, por la tarde, se envió
un recaudo con el fiscal del Santo Oficio al señor Marques
de Guadalcazar, Virey de estos reynos, haciéndole sa-
ber cómo el dia siguiente sábado, se publicaba el auto de
la fé que se habia de celebrar a veinte y uno de diciem-
bre, esperando de su Excelencia acudiría a todo lo con-
veniente para autoridad y aplauso del, como príncipe tan
celoso de la religión católica y culto divino. A que respon-
dió con la gravedad de sus cortesías, palabras de toda es-
timación y ofrecimiento de todas las acciones convenien-
tes. Por la mañana sábado se le dio aviso al señor
Arzobispo de esta Metrópoli con el secretario Juan de
Hizaguirre, a la Real Audiencia con el secretario Martin
Diaz de Contreras; al Cabildo Eclesiástico con el recep-
tor del Tribunal; y al Cabildo de la ciudad con Juan de
7. Cartas de 25 de febrero i 11 del mismo mes del afio siguiente,
8. Carta de Oaitan de 28 de febrero de 1626. Este auto ha sido re-
ferido someramente por Fr. Buenaventura Salinas en su Memorial de
las histmas del nuevo mundo Pirú^ Lima, 1530, páj. 139.
TOMO II 2
V
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18 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Hizaguirre; a que respondieron con grandes ofrecimientos
al servicio del Santo Oficio, y agradecimiento del aviso y
prevención.
iiSábado quince de noviembre se juntaron a las diez de
la mañana, el alguacil mayor, don Juan Arévalo de Es-
pinosa, caballero del hábito de Alcántara, los secretarios,
familiares, Ministros y Oficiales en la Inquisición, de don-
de salieron a caballo, llevando trompetas, clarín, atabales
' y chirimías; y se dio el primer pregón en la esquina de la
Inquisición, el segundo a la puerta de Palacio; en las
cuatro calles el tercero; el cuarto en Nuestra Señora de la
Merced; el quinto en la Iglesia Mayor: el sesto en la es-
quina de la Concepción, y de allí se volvieron a la Inqui-
sición.
Pregón. — nA honra y gloria de Dios Nuestro Señor y
exaltación de su santa fe católica, el Santo Oficio de la In-
quisición celebrará auto público de la Fe en la plaza mayor
de esta ciudad de los Reyes el domingo que se contarán
veinte y uno del mes de diciembre próximo venidero, que es
la festividad del glorioso Apóstol Santo Tomas: Y se hace
saber a todos los vecinos y moradores estantes y habi-
tantes en esta ciudad y en las demás ciudades, villas y
lugares de este distrito, para que se hallen presentes, y
puedan ganar las indulj encías y perdones concedidas por
la Santa Sede Apostólica a todos los que asisten a seme-
jantes autos: y para que venga a noticia de todos, se man-
da pregonar publicamente. —
ifFué general el contento de la República por el deseo
con que estaba esperando las causas de las aturdidas y
alumbradas, del clérigo Almeyda y del mercader Garci-
mendez de Dueñas, antiguos en este reyno, y muy cono-
cidos en esta ciudad; y por haber mas de diez y siete años
que no se había celebrado auto geueral de la Fé, si bien en
el discurso de ellos, se han hecho particulares en la capilla,
para castigo de singulares personas.
iiDíspúsose hacer el cadalso en la plaza mayor arrima-
do a las casas de Cabildo, sirviendo el sitio de los corre-
dores para el asiento superior de su Excelencia, Inquisi-
ción y Audiencia. Tenia el tablado principal de largo
cuarenta varas, i de ancho doce y medía. Y el Tribunal
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CAPÍTULO XVII 19
en que se asentaron su Excelencia, señores Inquiaidorea y
Audiencia Real, tuvo veinte varas de largo, y en él cua-
tro gradas de la misma longitud: la primera para estar
desocupada; la segunda tenia en medio otra graflilla de
media vai*a de alto y dos de largo, para el Fiscal de la In-
quisición, y para el Capitán de la Guardia de su Exceleu-
cia, don Franeiaeo Zapata Maldonado, caballero del hábito
de Santiago, y en esta segunda, para los Prelados Supe-
riores de las Religines i confesor de su Excelencia y para
Priores, Guardianes, Comendador, Retores de la Compa-
ñía de Jesús y de San Agustín, Calificadores del Santo
Oficio y criados de su Excelencia, y confesor del señor Vi-
sitador, y para el Licenciado don Juan Gaytan; la terce-
ra grada para religiosos graves, ministros de Inquisición,
Canónigos de otras Iglesiiis; y el licenciado don Antonio
de Castro, comisario de Potosí, y oficiales de la visita,
criados del señor doctor Juan Gutiérrez Flores. Al lado
derecho del cadalso habia otras cuatro gradas, unas de
una vara, mas bajas que las referidas, de nueve varas de
largo, hasta llegar a las varadas del cadalzo. Y en figura
cuadrada corrían tres gradas hacia el tablado de los peni-
tenciados, que remataban en las barandas intermedias del
cadalso. Las primeras gradas, de las cuatro, para el Ca-
bildo Eclesiástico, y las otras dos con las tres dichas, pa-
ra la Real Universidad. Al lado izquierdo, otras cuatro '
gradas del altura de las del lado derecho, de ocho varas
de largo, las dos de ellas, para el Cabildo Secular, y las
otras para el Consulado. El pasadizo que pasaba del ta-
blado para ir al de los penitenciados, tenia quince varas
de largo y dos y cuarta de ancho, y en él cinco gradas,
que la inferior tenia treinta varas de largo, y las demás
iban disminuyendo por iguales partes, con que vino a
quedar la última grada de los relajados de nueve varas
de largo.
fí Al principio de los corredores o pasadizo en el tabla-
do principal, a la mano derecha, estaba el pulpito, y a la
izquiei*da, frontero de él, un altar, y junto a él, asientos
para el Colegio Real. En el tablado principal estaba una
tribuna cercada y con cubierta de seda, y con celosía le-
vantada^ preeminente a todas, para mis señoras doña Ma-
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20 LA INQUISICIÓN DE LIMA
riana de Córdova y doña Brianda de Córdova, hijas de su
Excelencia, su aya i sus criadas, y detras, criadas de su
Excelencia, y al otro lado estaba un tablado superior al
Cabildo, y algo inferior al del Tribunal, para las señoras
mugeres de los señores de la Audiencia. Por los lados co-
rrespondientes al pasadizo, y debajo de la tribuna habia
muchas de personas calificadas,, y de mugeres de Minis-
tros de Inquisición, y debajo de los tablados principales
hasta llegar al suelo, que cuajaban escaños y bancos, hu-
bo diversidad de tablados en tres órdenes, con modo de
ventanajes. Fué la proporción y magestad del cadalso,
tan señoril, magestuosa y preeminente, que ocasionaba a
justo respeto y alabanza. Fué la disposición del ordenada
por su Excelencia y por los dos señores Inquisidores, que
así en esto, como en todas las cosas que hicieron lustroso
el auto y concernencias del, mostraron realeza de ánimo y
magestuosa disposición. Egecutó lo tocante a carpintería
Bartolomé Calderón, maestro de este arte.
II Sábado veinte de diciembre se juntaron en la Inqui-
sición las Religiones, cada una con toda su comunidad, en
número de seiscientos religiosos, y los Ministros y Oficia-
les del Santo Oficio, a las cuatro de la tarde, llevando los
familiares varas negras aderezadas de joyas, cadenas y
cabrestillas. Salieron de la capilla en procesión por su or-
den, llevando delante el estandarte de San Pedro, mártir,
el alguacil mayor don Juan de Espinosa, a quien acom-
pañaron los caDalleros de la ciudad. Tenia el estandarte '
blanco de tela de oro realzado las armas y cruz de Santo
Domingo, y por la otra parte la imagen de San Pedro,
mártir, con cruz verde en la mano. Detras iban las Reli-
giones en dos coros, y después de ellas, los familiares y
comisarios, a quien antecedian los calificadores, y veinte
y cuatro religiosos de Santo Domigo con cirios encendidos,
y remataban la procesión los dos Secretarios del Secreto,
llevando en medio al maestro Fray Miguel de León, ca-
lificador del Santo Oficio y vicario general de Santo Do-
mingo, que llevaba la. cruz verde de mas de dos varas
de alto, puesta sobre los hombros, y asido al pié de la cruz,
un tafetán carmesí. Acompañaron los señores Inquisido-
res la cruz haata salir fuera de la capilla de la Inquisición;
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y*;
CAPÍTULO XVIl 21
salió cantando el himno de Vexilla Reges prodetmt, en
canto de órgano la capilla y coro de la Iglesia mayor, y
atiabado este himuo, coiiienzaban el ^Irao ciento oeho
uDetís laudemmecum ne tacueiis.w El himno correspondía
a la cruz y el psalmo al castigo y destrucción de los ene-
migos de la Fe. La gravedad de este acto, causaba respe-
to en todos, y la música dulce y triste obligaba a tierna
devoción. De esta suerte fueron hasta el cadalso por la
calle del Alguacil Mayor, sin que la multitud de la gente
hiciese confusión ni ruido por el silencio común, ni estor-
bo a la procesión, porque el dia antes mandó el Tribunal
que ninguna persona anduviera a caballo, ni en coche por
donde pasase la procesión, pena de perdido todo. Llegaron
al cadalso, donde se colocó la cruz verde en el altar, que
con adorno rico estaba adornado, y allí la dejaron con blan-
dones y hachas encendidas, quedando veinte religiosos do-
minicos, velándola aquella noche con cuatro familiares.
it Nombraron los señores Inquisidores para autorizar la
acción y asegurar el respeto de la multitud, cuatro gober-
nadores para la guarda del cadalso, con bastones negros,
que ejecutaban las órdenes de los señores Inquisidores,
dando los lugares, como les fué ordenado, remitiendo es-
tos cuatro a los familiares que habían de egecutar. Fue-
ron don José de Castilla Altamirano, don Pedro de Vedo-
ya, don Francisco Cigoney y Lujan, y don Alvaro de
Mendoza, que acudieron a esto con lustre, gravedad y
cortesía. Aquella noche llamó el Tribunal a algunos pre-
lados doctos para que aconsejasen y redugesen a los que
renegaban de los relajados, o la verdad, o la Fe, dando
comisión de que los pudiesen absolver sacramentalmente,
reduciéndose a verdadera confesión, prevención digna de
este Tribunal, tan copioso de misericordia, y antes honra-
ron a los prelados los señores Ynquisidores, haciendo co-
lación todos, y el Fiscal, Alguacil mayor y Secretarios.
Los prelados estuvieron hasta media noche en los calabo-
zos secretos, cada dos con el impenitente, que los entre-
garon, y desde esta hora hasta las cinco de la mañana,
otros religiosos graves y doctos ocupados en la mesma
acción.
II El Virey, que tan prevenido y cabal es en todas las
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22 LA INQUISICIÓN DE LIMA
obstentacionea del servicio de Dios y del Rey, dio orden
al Sargento mayor de este reyno Francisco Gil Negrete,
y al Comisario de la caballería don Diego de Ayala, qne
a las cinco de la mañana fuese a la Ynquisicion la compa-
ñía del barrio de San Lázaro, juntamente con la que tiene
el capitán Francisco de la Carrera, y hecha un cuerpo,
dejando la bandera en el Escuadrón, viniese con los peni-
tenciados puestos en dos hileras, y el Escuadrón contenia
la compañías de los capitanes don Andrés de los Infantes
y Méndez, caballero del hábito de Santiago, y don Luis
Fernandez de Córdova, don Diego de Agüero, y don An-
tonio Guerra de la Daga y don Antonio de Coca, guarne-
ciéndole las compañías de a caballo de lanzas ginetas
capitán Hernando de Santa Cruz y Padilla, y otra de
arcabuceros de a caballo, su capitán Pedro Fernandez de
Córdova, escuadrón lucido, ordenado y vistoso.
iiDomingo veinte y uno, desde el amanecer hasta las
siete de la mañana, se digeron misas en el altar del cadal-
so, donde estaba la cruz verde, y en otro curioso y rico,
un Cristo de acabada hechura, obrado con propiedad en
su notomía: fué el decir las misas, bendición de aquel lu-
gar, y siendo motivo de devoción, oyeron misa los que
por asegurar asiento se quedaron sin oiría.
1 1 Entre ocho y nueve, salieron veinte y un penitencia-
dos, un hombre y tres mugeres con corozas, diez reconci-
liados con sambenitos, dos relajados vivos, y dos estatuas,
y con ellas dos ataúdes de a tres cuartas, donde se lleva-
ban sus huesos, pintadas llamas por las cubiertas: iba ca-
da penitente acompañado de dos familiares, y la cruz de
la parroquia, que era la de la Yglesia mayor, cubierta de
un velo negro, significando el ir entre escomulgados. Lle-
vábanla cuatro curas y clerecía, que delante iban cantando
el psalmo wMiserere mei DeiiSy^ en tono triste, acción de
terror; seguíanse los penitentes con sus acompañados, con
la compañía en hileras, haciendo escolta y delante el ca-
pitán Francisco de la (Jarrera, a quien seguía el alcayde
de las cárceles secretas Bartolomé de Pradeda, con bastón
de ébano en la mano, que llevaba los cofres de plata,
donde iban las sentencias. Remataba la procesión don
Juan de Espinosa, alguacil mayor, y los dos secretarios
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capítulo XVII 2S
áel secreto, y copia de fiímiliares a pie y con varas altas,
rigiendo la procesión. Con eí^te orden salieron por la puer-
ta principal de la Ynqiiisicion y encamináudose por la
esquina de la Concepción, bajaron a la plaza mayor, y su-
biendo al cadalso, por escalera partieidar, se sentaron cu
las gradas por el orden que llevaba el Alcaide de las cár-
celeSj y en la grada mas alta pusieron hds dos estatuas, y
junto a cada cual sus huesos, y los dos relajados a quien
acompañaban también religiosos, que intentaban su con*
versión. Quedóse la compañía de iníantería, incorponinilo-
se en el escuadrón, en conformidad del orden de su Exce-
lencia.
!! Sentados los delincuentes entre familiares, salió su
Excelencia de Palacio, y llevando delante en la vanguar-
dia, la compañía de los gentiles hombres arcabuces, su capi-
tán don Lorenzo de Zarate, caballero del hábito de Alcán-
tara, y delante el clarín de su Excelencia; seguían a esta
compañía los ciudadanos y caballeros en mucho número,
grave y costosamente aderezados, a quien sucedió el Con-
sulado en forma de tribunal, y tras él la real Universi-
dad, llevando delante y encorporados al colegio real de
San Marcos, y el colegio de San Martin. Los dos bedeles
a caballo y con las mazas atravesadas sobre el brazo, y
ministros de la Universidad, siguiéndose los dotores y
maestros con sus borlas y capirotes, según el grado de su
facultad, y atrás el rector, dotor don Diego Megía de
Zúñiga, catedrático de Vísperas en la Universidad. Ante-
cedían a éstos los cabildos eclesiástico y secular, que lle-
vaban las mazas echadas sobre el brazo, debida sumisión
a la presencia del Virrey. Y entre los dos maceros iba el
pertiguero con ropa negra y pértigo. Luego los dos secre-
tarios eclesiásticos, y de dos en dos los prebendados y ca-
pitulares, llevando la mano derecha el Cabildo eclesiásti-
co; tras de los Cabildos los dos Reyes de armas, y tras
éstos el capitán de la guarda de su Excelencia don Fran-
cisco Zapata Maldonado, y el alguacil mayor de corte don
Agustín de Córdova, a la mano izquierda, y a los los lados,
la guardia de a pié ordinaria del Virrey; seguíanse, los se-
ñores fiscales de civil y criminal, y cuatro señores alcal-
des de corte, y de dos en dos, los ocho señores oidores y
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24 LA INQUISICIÓN DE LIMA
un jubilado; y al lado izquierdo de su Excelencia el señor
oidor dotor Juan Jiménez de Montalvo, como el mas an-
tiguo de las salas. Tras de su Excelencia el General de la
caballería don Enrique de Castrillo y Fajardo, capitán de
los gentiles hombres, lanzas de la guarda de reyno, y con
él Pedro de Zúñiga Zubaco, caballerizo mayor de su Exce-
lencia, a quien seguian todos sus criados y gentiles hom-
bres; tras ellos la compañía dicha de las lanzas. Autoriza-
do y lucido acompañamiento, copioso de noblezas, letras,
armas y adornos.
tiCon este orden entraron en la Ynquisicion, adonde
habiéndose quedado a la puerta las comunidades, cabildos,
compañías, y Universidad; la Real Audiencia entró en el
primer patio, y su Excelencia hasta el segundo, donde
halló a los señores Ynquisidores, puestos sombreros sobre
los bonetes, que llaman de auto, insignia de delegados de
su Santidad y defensores de nuestra Santa Fe; y el fiscal
estaba a caballo con el estandarte; y habiendo hecho su
Excelencia y los señores Ynquisidores sus cortesías, en
que estuvieron presentes y cabales, recibieron en medio
ai Virrey, y diciendo el señor Ynquisidor mas antiguo,
"anden vuesas mercedesn volvieron a salir como habían ve-
nido, añadiéndose solo que al fiscal y estandarte de la Fe,
llevaron en medio el señor dotor Galdos de Valencia, oidor
menos antiguo, y el señor dotor Celda, mas antiguo alcal-
de de corte. Así llegaron a la plaza mayor, donde estaba
el escuadrón dicho, que en viendo entrar por la plaza el
estandarte de la Fe y a su Excelencia, abatieron las ban-
deras en señal de reconocimiento, con salva y cortesía mi-
litar.
"Llegado al cadalso, se quedaron las compañías de los
jentiles-hombres, lanzas y arcabuces a los lados del tabla-
do, la de los lanzas a la mano derecha, y a la izquierda la
de los arcabuces, remudándose por tropas, estando de guar-
da, sin que faltase de los pueblos la mitad de cada una.
El escuadrón de la infantería estuvo formado hasta medio
dia, y después cada compañía en cada esquina de la plaza;
de suerte que estando con comodidad, la tuvieron guar-
necida; y a las cuatro de la tarde se volvió a formar el
escuadrón, como queda dicho.
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CAPÍXTJLO XVII 25
II Subió 8U Excelencia por las casas de Cabildo con el
demás acompañamiento al cadalso, donde se sentaron por
el orden arriba referido, y solo su Excelencia tuvo cojin
a los pies, de tela amarilla, y a los extremos del las mazas
de los Reyes de Armas, sin diferencia en los asientos de
los señores Ynquisidores. En el plano del cadalso y tablado
principal se sentaron las religiones y caballeros, divididos
con un pequeño pasadizo en que estaban solo los cuatro
gobernadores arriba referidos, y en el pasadizo grande que
corría del tablado principal hasta el de los penitenciados,
por el orden que llevaban de los señores Ynquisidores fami-
liares, que para esto estaban parados junto al pulpito. Y
apartado dos varas del al principio del pasadizo, estaba
una peaña con dos gradas, en que subian al delincuente,
mientras se leia su causa y oia su sentencia, teniendo a
sus lados los que antes le traian; llenaban ciudadanos el
plano del tablado, y fué tan numerosa la multitud que en
el cadalso asistió y tan lucida su variedad, que ni ha te-
nido otro ejemplar en este reyno, ni se puede estender a
mas la curiosidad,
»• Subióse al pulpito a comenzar el auto el secretario Mar-
tin Diez de Contreras, y llevando un cura una cruz y un
misal a su Excelencia, poniendo la mano sobre él, y la
Audiencia Real y Cabildos, a quien llevaron los otro? cu-
ras misales y cruces, las besaron de rodillas, y jurado por
los santos cuatro Evangelios del misal, prometieron hacer
lo que el secretario en voz alta iba refiriendo, que conte-
nia defender la fe, obedecer, ejecutar y hacer cumplir los
mandatos del Santo Oficio, y defender sus Ministros; or-
denando esta protestación con palabras de todo respeto
debidas a su Excelencia y a la Audiencia Real. Y hecha
esta cristiana y egemplar ceremonia, que tanto amplificó
el respeto al Tribunal de la Ynquisicion, y tan debida es
a nuestra sacra santa fe, se volvió el secretario al pueblo,
y avisando levantasen todos, eclesiásticos y seculares, las
manos hecha la cruz, juraron lo mismo con palabras que
contenían obediencia, promesa y sugecion a la fe y al Sanc-
ro Oficio, con palabras de menos autoridad y de mas sumi*
sion^. Acabóse el juramento con decir, que si así lo hiciesen,
jDíos los ayudase^ y sino se lo demandase^ y que respou:
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2é LA IÑQXJISICÍON DÉ LíMA
diesen Amen. El cual se dijo con innumerables voces que
mostraron el afeto y religión interior.
"Comenzóse el sermón, que predicó el maestro fray Luis
de Vilbao, calificador del Santo Oficio y catedrático de pri-
ma de teología en propiedad de la Univesidad, sermón
tan a propósito como docto, y tan espiritual como alaba-
do, siendo el tema las palabras que dijo el apóstol Santo
Tomas (cuyo dia fué), cuando abjuró su incredulidad y
^confesó nuestra fe: Dominus meits, et Deus meiis.
"Estaban nombrados para relatar las causas los dos
secretarios del secreto, y el notario de secretos Antonio
Dominguez de Balcazar; el doctor Tomas de Avendaño,
catedrático de código en la Universidad, Garcia de Tama-
yo, escribano de registros, y el licenciado Chaves, y el
licenciado Salazar, relatores de la Audiencia Diego de Ve-
lasco y Francisco Flores, secretario de la Audiencia Real,
y Rafael de Cuéllar de San Pedro, escribano de juzgado
mayor de difuntos, que en alta voz inteligible a todos, re-
latasen las causas, que sacaban de los cofres de plata, que
estaban puestos sobre bufetes, cubiertos de terciopelo, jun-
to al pulpito, donde las causas se leyeron por el orden
siguiente:
"Comenzó a relatar la primera causa el secretario Martin
Diez de Contreras.
"Francisco de la Peña, que su propio nombre es Fran-
cisco de Victoria Barahona, natural del pueblo de Pazos,
en el valle de Buron, obispado de Lugo, en Galicia, mer-
cader, descendiente de cristianos nuevos, casado en Fran-
cia con las ceremonias judaicas, y en la Puebla de los
Anjeles segunda vez con otra muger, como lo manda la
Santa Madre Yglesia Católica Romana, por observante de
la ley de Moyses, judaizante y encubridor de liereges, y
que cursó las juderías y sinagogas de Francia, y en ellas
defendía, y continuaba así su apostasía como sus errores.
"Domingo Pérez, portugués, natural de la ciudad de
Angra, cabeza de la Isla Tercera, de oficio zapatero, ca-
sado en la villa de Guancavélica, por sospechas de judío,
y que como tal nunca habia tomado bula de la Santa
Cruzada, haciendo menosprecio de ella, rompiéndola a su
muger, a quien no consentía oír misa, ni a su familia, ni
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CAPÍTULO XVIl 27
él la oia, quebrando rosarios y pisando bolsas de reliquias,
diciendo que no tenia necesidad de confeí^arsCj porque no
tenia pecados, ni ayunaba, haciendo menosprecio del ayu-
no, mostrando en esto ser observante de l.i ñet-ta de Lu-
tero; diciendo que lo que él hacia no lo habia de pagar
su vientre; menospreciaba las penitencias y actos merito-
rios, error de calvinista. Confesó sus delitos y mostró
arrepentimiento.
"Diego Moran de Cáceres, natural de Sevilla en España,
menor, por casado dos veces; la primera con una mestiza
en el pueblo de Chacayan, corregimiento de Tarama; y la
segunda en Chuquisaca, ambas vivas.
»*María de Santo Domingo, beata de su Orden, natural
de la ciudad de Trngillo, en estos reynos, de edad de vein-
te años, a quien comunmente llaman la de los dedos pe-
gados; porque fingió habérselos pegado Cristo Nuestro
Señor y su bendita Madre, durmiendo cuidadosamente,
porque no le conociesen su embuste. Y publicando haber
sudado un niño Jesús, a quien ella misma habia echado el
agua; afirmaba que era castigadora de demonios, a quien
ataba, poniendo en prisiones, y mostrando dominio so-
bre ellos, fingiendo misterios en pasteles y comidas, a que
se inclinaba, y muchas revelaciones, arrobos, estasis y vi-
sitas de Nuestro Señor y de la Virgen su Madre, y que
bajaba al purgatorio a sacar tales y tales almas, y que co-
municaba con Santo Domingo y otros santos. Confesó
muchas mentiras que habia introducido y revelaciones
que habia compuesto, y que siendo embuste lo aseguraba
por verdad, porque la tuviesen por santa, y ganar el
aplauso popular y de comer, y llevándola en una carroza
ciertas personas al anochecer, llegó al estribo un hombre
arrebujado, que pasando se reparó, por descortes curiosi-
dad, dijo ella a las demás de la carroza: »»¿no ven?»» no
vieron al Anjel Santo que llegó aquí en mi busca? a que
le dijeron, no era sino un necio arrebujado que llegó pa-
sando. De todo mostró arrepentimiento y confesó su li-
viandad.
*»Grarci Méndez de Dueñas, natural de la villa de Oli-
venza en Portugal, de edad de cincuenta i ocho años, ca-
sado en San Lúcar de Barrameda^ y tenia su muger e hi-
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28 LA INQUISICIÓN DE LIMA
jos en Francia» que se fueron huyendo déla Inquisición;
judaizó treinta y cinco años, y los mas en esta ciudad de
los Reyes, donde era mercader, herege apóstata, encubri-
dor de hereges y judaizantes; protervo y observante de la
ley de Moisés y de sus ceremonias. Confesó sus delitos, y
arrepentido de haberlos confesado, irritándose de cudicia y
vanidad, desesperó, echándose un lazo en su cárcel, como
judío impenitente y contumaz, y murió como blasfemo
desdichado; fué quemada su estatua y sus huesos.
«iDoña Inés de Velasco, natural de la ciudad de Sevilla,
de treinta y cinco años, casada con Hernando Cuadrado,
ropero, residente en Lima, a quien comunmente llamaban
la voladora; por haber tenido, creido y escrito muchas re-
velaciones, éxtasis, raptos, coloquios con Cristo nuestro
Señor, y con la Virgen Santísima, con los ángeles y san-
tos del cielo, teniendo estas cosas por verdaderas, siendo
falsas ilusiones del demonio; y en sus escritos haberse
hallado que le había dicho Jesucristo, que todas las veces
que bajaba al sacramento, se vendría a estar depositado
en ella; y que de tanto proveeho eran sus lágrimas como
la sangre de Cristo; y que recibía tanto gusto de tener su
rostro pegado al suyo, como si estuviera gozando de la glo-
ria de su eterno Padre, I que con un jubileo que ganó, sacó
cinco mil almas de purgatorio; y un día de todos Santos,
había ido con nuestra Señora, y habían sacado todas las
almas, escepto tres, y que el día siguiente volvió a sacar*
las. Halláronse en sus escritos y confesión setenta y ocho
proposiciones heréticas, falsas, erróneas, temerarias y sos*
>echosas. Quemáronse sus escritos en presencia de todos,
eida su sentencia, en un brazero de plata. Salió vestida
de negro con atavío honesto, porque confesó su engaño
con humildad y arrepentimiento.
1' Juan Ortegs^, natural de la ciudad de Burdeos en Fran*
cia, de veinte i dos años de edad, hijo de padres portugue-
ses, de casta y generación de judíos, por judaizante, qui-
tósele el sambenito en el cadalso por buen confítente.
((Diego Gómez de Salazar, que también se ha llamado
Diego de la Oliva, natural de la ciudad de Sevilla, de vein-
te y cinco años, mercader, de padres portugueses, cristia*
nos nuevos, por observante de la ley de Moyses.
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I
CAPÍTULO xvir 29
ííBernarcto Lopeís Serrano, de edad de treinta y ocho
años, mercader, iiatuml de Viílaflor, reino de Portugal,
casado en Burdeos de Francia, do casta de cristianos nue-
vos, por observante en la ley de Moisés y judaizante.
"Antonio de Salazar, que bu propio nombre es Duartc
Gómez, de treinta años, escribiente, natiinil de Lisboa, de
■adres cristianos nuevos, por judaizante j observante en
la ley de Moisés.
'^Antonio de la Palma, que su propio nombre es Antonio
Fernandez, y en Méjico se llamó Antonio de Victoria, y
aquí se llamó Antonio Sánchez, y con este nombre subió
al Cuzco, natural de Vallado! id, de oficio mercader, de
padres portugueses, cristianos nuevos, por observante de
la ley de Moyses, fué buen confitente, y quitósele en el
tablado el sambenito.
»« Juan de Trillo, natural de Priego en la Andalucía, hijo
de padres portugueses, cristianos nuevos, de edad de vein-
te i cuatro años, tratante en la Nueva España, por obser-
vante de la ley de Moyses y mal confitente, reconciliado
con sambenito perpetuo.
"Manuel Alvarez de Espinosa, portugués, natural de Va-
lladolid, mercader, por judaizante y mal confitente, recon-
ciliado con sambenito perpetuo.
»í Alvaro Cordero de Silva, que este nombre tomó para
pasar a las Indias, que su propio nombre es Estévan Car-
doso, natural de Quintena, tierra de Vergaza en Portugal,
alguacil que fué en Potosí, de cincuenta años, de casta y
generación de judíos, apóstata de nuestra santa fé y obser-
vante de la ley de Moisés, judaizante, mal confitente, re-
conciliado con sambenito perpetuo.
»» Leonor Verdugo, mestiza, natural de la ciudad de la
Plata, viuda, por embustera, y que fingía hechizos de
calaveras y yerbas para ser queridos unas de otros, y pa-
ra que ganasen al juego, haciendo ceremonias y diciendo
oraciones, siendo el dicho y el hecho mentira, sin que nada
hubiese tenido efecto, reconciliado con sambenito perpetuo.
** Adrián Kodriguez, carpintero de rivera, natural de la
ciudad de Layden en las islas de Olanda, apóstata obser-
vante de la secta de Lutero, antes negativo contumaz y
después confitente, a quien por espía antes le habían da-
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80 LA INQUISICIÓN DE LIMA
do tormentos, por declaración de los que echó al puerto del
Callao el enemigo holandés, y por indicios conoció de esta
causa el señor dotor don Francisco de Alfaro, auditor ge-
neral de Su Excelencia, reconciliado con sambenito per-
petuo.
nDoña Luisa de Lizarraga del Castillo, natural de la
ciudad de Trujillo en estos reynos, que habia sido antes cas-
tigada por casada dos veces, y agora por hechicera y embus-
tera, asegurando voluntades agenas y cosas por venir, y
que unas sombras le decian lo que quería saber; dijo no
haber tenido pacto con el demonio, y confesó haber hecho
sus embustes por ganar plata y aplausos.
* I Isabel de Ormaza o Isabel de Jesús, que trae hábito
de santa Gertrudis, natural de Lima, casada en ella, cuar-
terona de india, que fingió milagros, y que sanaba enfermos
de varias enfermedades; y veia a nuestro Señor por sus
mismos ojos, y que una rosa iba siempre delante de ella
por las calles, y que padeció las penas y dolores que nues-
tro Señor habia padecido en su pasión. Estos y otros em-
bustes confiesa haberlos hecho porque la tuviesen por santa
y que para introducirse en eso habia dicho que la incen-
saban los ángeles, y la daban música los serafines, y la Vir-
gen nuestra Señora la decia que comiese chochos. Confesó
con humildad sus mentiras y liviandades, pidiendo mise-
ricordia.
"Don Diego de Cabrera, clérigo de evangelio, natural de
la Concepción en Chile, porque se hizo ministro de la Yn-
quision, no siéndolo; y por haber confesado y absuelto
sacramentalmente a algunas personas en esta ciudad, sin
ser sacerdote, recibiendo limosnas de misas.
«•Manuel Nuñez Magro de Almeyda, presbítero, natural
de Condeja, junto a Coimbra en el Rey no de Portugal, de
casta y generación de judíos, apóstata, herege, almorzaba
antes de decir misa, e hizo y dijo cosas indignas de escri-
bir, y por judaizante, impenitente, contumaz, que desespe-
rado se mató en la cárcel, sin que amonestaciones de con-
fesores le pudiesen hacer decir Jesús, matóse de hambre y
antes de morir entró un espantoso torbellino por la ven-
tana de la cárcel que a él y a quien le estaba aconsejando
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CAPÍTULO XVII 31
los admiró el furioso terror, y cod esto espiró: quemóse su
estatua y huesos,
**Ana Maria Pérez, euarterona, mulata, natural déla ciu-
ciad de Cuenca en este rey no, llamada la platera, por ha-
berse finjidü profetisEí, y que era santa desde el vientre de
su madre, y que un hijo suyo era santo profeta, haciendo
embustes de que veia ordinarias visiones, ya del cielo, ya
del purga torioj ya del yiifierno, introducía casamientos
espirituales fingiendo reyelaciones, raptos y éxtasis: con-
fesó ser todo embuste y mentira,
»' Juan Acuña de Noroña, portugués, natural de Lamego
en Portugal, vecino de Santiago del Estero en Tucuman,
de cincuenta y cinco años, mercader, descendiente de ju-
díos, por apóstata judaizante, negativo, impenitente, here-
ge, que negaba la inmortalidad del alma: fué quemado.
»iL)iego de Andrada, que su propio nombre es Manuel
de Fónseca y Andrada, que también se ha llamado Diego
de Guzman, con cuyo nombre pasó a estas partes, y antes
en Méjico se habia llamado Manuel de Tabares, donde fué
reconciliado por la ley de Moysés el año de mil seiscientos
uno, natural de Cavillana en Portugal, de casta y genera-
ción de judíos, por judaizante, impenitente, contumaz,
negativo y relapso, negaba ser bautizado y decia que su
nombre propio era David Ruth, y el de su padre Abraham:
convirtióse después y confesó ser verdad, y que por ver
si se podia librar del castigo negaba el bautismo, murió
con demostraciones de convertido y fué quemado.
*«Las dos estatuas y estos dos últimos judaizantes fueron
entregados al brazo secular y sentenciáronlos a quemar los
alcaldes ordinarios, don Antonio de Contreras y UUoa,
don Francisco Gutiérrez de Flores. Llevólos a ejecutar la
sentencia don Alvaro de Torres, alguacil mayor de la ciu-
dad, haciendo escolta el capitán don Antonio Guerra de
la Daga con su compañía.
«» Llevados estos, el señor Ynquisidor mas antiguo dotor
Juan Gutiérrez Flores tomó sobrepelliz y estola, teniendo
a sus pies, hincados de rodillas los diez reconciliados, hizo
sus ceremonias, como tiene de uso el Santo Tribunal, ayu-
dando la música de la capilla catedral, y dando los curas
con varas a los reconciliados habiendo abjurado de vehe-
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32 LA INQUISICIÓN DB LIMA
mentí, los absolvió^ y allí quitaroví los hábitos a Juan de
Ortega y Antonio de Palma, y a todos los penitenciados
lo8 Tol vieron, trayendo la crnz de la parroquia descubierta
en señal y muestra que venian absueltos y reconciliados
con la Iglesia y su gremio, Sn Excelencia y los señores
ynquisidores, demás acompañamiento volvieron por el or-
den primero: su Excelencia volvió hasta el segundo patio,
donde se quedaron los señores ynquisidoregí y su Excelen-
cia se vino con su acompañamiento a Palacio a las siete
de la noche.
í*El dia siguiente abjuraron de levi los que no habian
abjurado de vehemeiUi, y sacaron a azotar a las dos he-
chiceras, dando a cada una cien azotes, y otros tantos a
Alvaro Cardoso, alguacil, y doscientos a la Platera; y lle-
varon a las galeras al casado dos veces, al clérigo y Alvaro
Cardoso por seis años, al^remo y sin sueldo; y por ocho
años a Adrián Rodríguez, holandés.
»»Y de todo el hecho, prevenciones, obstentacion, casti-
gos, y misericordias (que por tan desiguales delitos y des-
peñadas ofensas cometidas contra Cristo nuestro Señor y
su santa fe católica) se usaron con unos y se ejecutaron
con otros, fué el gozo común por ser el bien público, fué
la alabanza general por la magestuosa gravedad con que
todo se dispuso, y las gracias de esto a su Excelencia y
a los señores ynquisidores que lo ordenaron con toda con-
formidad y paz; y de todo junto se den a nuestro Señor
que nos tenga de su mano y nos de su gracia. Amen,
«»Por mandado de su Excelencia, y de los señores yn-
quisidores dispuso esta relación un religioso del Orden de
San Agustin. Y lo imprimió Gerónimo de Contreras, año
de mil seiscientos veinte y cinco.^n
Fuera de auto se despacharon ademas las siguientes
causas:
Pedro de Campos, mercachifle, francés, que se denun-
ció de algunas herejías,/ pidiendo ser recibido al gremio
de la Iglesia, fué admitido a reconciliación.
Andrés Comelio, flamenco, soldado del Callao, que se
acusó de que estando preso a bordo de un buque pirata,
9, Academia: i$ la Historia^ tomo 75, pieza 69,
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CAPÍTULO XVII 33
rd2áb* tarfe i^ maikitia las oraciones que deciau snñ amos,
obtuvo que úe suspemliese su causa, merced a laa satisfac-
eíoDes qutí dio,
Maüu^^l de AniujOj portugués, denunciado de judío, fué
reconcüiado.
Mai*tm López de Taide, natural de Tanja, que en una
pendencia que tuvo pmrrumpió en palabras escandalosas,
fué enviado a galerna
Gaspar de la Fuente i Cárdenas, natural de Mondcjar,
por casarse dos treces.
PedrO' Joíwies, órmndo'dé Delph, quie estando en Quito
preso i condenado a muerte por pichilingue (pirata here-
je), fué catequizado, i después de comulgar escupió -^as
fonnas; i constando de sns conffesioiies que no quería tor-
narse católico, fué enviado a galeras, siendo después man-
dado poner en libertad en virtud de real cédula, en que
se le consideraba como prisionero de guerra.
Sebastian Bogado, de veinticinco años, cuarterón, ma-
yordomo de una. chacrea, porque quitó ciertas cruces que
kvbia en el bíirrio del Malambo, «'tañendo con piedras j
cantando jacarandinas. »»
Francisco Gronzalez, fraile profeso de San Francisco, por
haberse casado, i Juan Rodríguez Calvo, escultor i pintor,
uatuiul de' Córdova, porque hizo eso mismo dos veces.
Catalina de Baena, natural de Jerez de la Firontera,
residente en Potosí, acusada de practicar ciertos hechi-
zos.
Beatriz de Trejo, natural de Potosíi fué testificada de
haber dado por escrito a otra mujer un conjuro de pala-
bras mui graves, en que se nombraba a la Santísima Tri-
nidad i a San Pedro i a San Pablo i al portal de Belén i
a loe diablos; '«y otras cosas que hacían estremecer las
carnes, y^que^deoi» la reo que el dicho corijuro tfeéia mu-
cha fuerza- para atraer a los hombres a querer a Ids mu-
geres y para<jue nunca las oh^dafíeu, y que habia oidó
decir la testigo que era tan fuerte el conjuro, que si fueíía
pofidble, levantara to solo las personas, sirio a los muertos
de laseepulturas.»'
Perode todos^lospenitenciiadosíeii este' tlem^, inclu-
sos los que fueron quemados en el auto de que acabamos
TOKOU 3
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34 LA INQÜISICIOK DE LIMA
de dar cuentfit, los que a juicio del Tribunal mereeiaii nota
especial, eran las hechiceras i alumbradas. («Tenemos por
cierto, espresaban, en efecto, los jueces con ocasión de
aquella fiesta, que se ha hecho un gran servicio a Dios
nuestro Señor, y bien a este reyno, atajando el daño que
iba creciendo con la finjida santidad de estas mujercillas,
que casi pudiéramos decir alumbradas, m
Entre las procesadas por entonces habia, con todo, una
que merecia a los Inquisidores especial mención.
i*Mas ha de doce años, referían, que ha corrido voz pú-
blica en esta ciudad que doña Luisa Melgarejo, muger del
doctor Juan de Soto, tenia relaciones, visiones y mvores
del cielo, que era muger santa, y que decia que sabia
cuando las ánimas de los difuntos salian del purgatorio,
e iban carrera de salvación, en que han corrido di&rentes
opiniones, diciendo unos que era gran sierva de Dios y
teniéndola por santa, consultándola casamientos, empleos
y viages, teniendo por cierta su respuesta y que la daba
con espíritu superior; otros y los mas cuerdos, que era
embustera, y que no era posible que habiendo tenido poco
antes largo amancebamiento con su marido, casándose con
ella compelido por la justicia, y otros descuidos en esta
ra9on, que la veyan bien comida y bien bebida, el rostro
hermoso y lleno, que no denotaba penitencia, y que los
arrobos públicos que hacia heran fingidos, enderezados al
interés e grangerías que recibia en su cassa de las mugeres
libianas que acudian a pedirle encomendase a Dios sus
cosas, y se decia público, que doña Luisa hera la ymá^en,
y el doctor Soto la vacinica, donayre dicho de don Blas
Altamirano, y tan celebrado de todos comunmente, y de
los de mas de buen sentir tenido por verdadero; y aunque
muchos hombres doctos lo murmuraban, no la testificiuron
en esta Inquisición hasta el mes de julio de mil seiscientos
veinte y dos, como parecerá por la copia del processo cau-
sado contra la susodicha que remitimos a Vuestra Señoría
con ésta.
*»I visto en consulta, en catorce dias del mes de noviem-
bre de mil seiscientos veinte y tres, se acordó se recogie-
sen los quademos y papeles que había escríto la dicha
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CAPÍTULO XVII 35
doña Luisa, de sus arrobos, éxtasis, suspenáones y revé-
lacionea
** Recogieron 86 cincuenta y nueve quadernos, luego que -^
los recibimos vimos que unos trayan letra nueva en todo,
otros en partes, algunas adiciones, también de letra nue-
va y diferente^ algunas partes borradas, y enmendadas
otras, y hojas cortadas, y por haberse hallado todos los
dichos quademos o casi todos, en poder de los padres Con-
treras, y Torres de la Compañía, pareció examinarlos y
pareció y se hizo, y van al fin del dicho processo de la
dicha doña Luisa sus declaraciones, para que vistas por
Vuestra Señoría, mande lo que fuere servido y convenga,
porque resultan culpados.
»'Hános parecido casso terrible que tratándose y comu-
nicándose al servicio de Dios y bien de la religión chris-
tiana, saber y entender si el espíritu de la dicha doña
Luisa, sus éxtasis y arrobos son de ángel de luz o tinie-
blas, y habiéndose de conocer esto mejor por sus escritos,
los padres de la Compañía, sin que les pertenezca este jui-
cio, hayan quitado, y añadido y borrado, y las palabras
que tienen calidad rigurosa y algunas manifiesta heregía,
con sus enmiendas, y adiciones la hagan dotrina cathóli-
ca, o de menos calidad, sin considerar que enmendando,
quitando o añadiendo en parte sustancial, ya no será re-
velación de doña Luisa sino curiosidad de Torres o Con-
treras, por no decir faláedad de todos^^n
Para poner -atajo a esta plaga de mujeres, entre los v
edictos impresos que por la cuaresma del año de 1629 se
leyeron i fijaron en las puertas de las iglesias acostum-
bradas, referentes a judaizantes, herejes, solicitantes en
confesión, incluyeron también los jueces uno contra he-
chiceros, astrólogos judiciarios i quirománticos, que como
muestra de esta especie de documentos i por los resulta-
dos que produjo, creemos oportuno insertar aquí comple-
to, el cual dice así:
iiNos los Inquisidores, contra la herética pravedad y
apostasía en la ciudad y arzobispado de los Reyes, con el
arzobispado de la provincia de los Charcas y los obispa-
10. Garta de Gaitan de 1.^ de mayo de 1624.
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36 LA INQUISICIÓN I>B LIMA
dos de Quito, el Cuzco^ Río de la Plat^ Tucunoan^ San-
tiago dé Chile, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Guaiofuxr
ga, Arequipa y Trugillo> y ^n todos los. reyuos, estados, y
señoríos de la pi:ovii^cia del Perú, y su vireyoado, goyei:-
Qaciou y distrito de las Audiencias reales que en las di'-
chas ciudades, reypos, proviacias y estados rpsiden, por
autoridad apostólica, ebc. A todos los. vecinos y morado-
íes estantes y residentes en todas las ciudades, villas y
lugares deste nuestro distrito de qualquier estado, condi-
ción, preeminencia o dignidad que sean^ exentos o no
exentos, y cada uno y cu^alquiera de vos, a cuya noticia
viniere lo contenido en esta nuestra carta en qualquier
manera, salud en nuestro Señor Jesucristo, que es verda-
dera salud, y a los nuestros mandamientos que mas ver-
daderamente son dichos apostólicos, firmemente obedecer,
guardar y cumplir. Hacemos saber, que ante Nos pareció
el promotor fiscal deste Santo Oficio, y nos hizo relación
diciendo, que a su noticia avia venido que muchas y di-
versas personas deste nuestro distrito, con poco temor de
Dios y en gran daño de sus almas y conciencias, y escán-
dalo del pueblo christiano, y contraviniendo a los precep-
tos de la Santa Madre Iglesia, y a lo que por Nos y por
los editos generales de la Fé, que cada año mandamos pu-
blicar, está proveido y mandado, se dan al estudio de la
astrologia judiciaria, y la exercitan con mezcla de muchas
supersticiones, haciendo juicios por las estrellas y sus as-
pectos sobre los futuros contingentes, sucesos y casos for-
tuitos o acciones dependientes de la voluntad divina, o
del libre alvedrío de los hombres, y sobre los nacimientos
de las personas, el dia y hora en que nacieron, y por otros
tiempos, e adivinando por rogaciones los sucesos y acae-
cimientos que an tenido por lo pasado o an de tener
para adelante, el estado que an de tomar los hijos, los pe-
ligros, las desgnicias o acrecentamientos, la salud, enfer-
medades, pérdidas o ganancias de hacienda que au de te-
ner, los caminos que an de acer y lo que en ellos les a de
passar, y los demás prósperos, adversos, cosas que les an
de suceder, la manera de muerte que an de morir, coa
otros juicios y adivinaciones semejantes. Iten, que para
el mismo fin de saber y divinar los futuros contingen-
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CAPÍTULO XVII 37
tes y casos ocultos, passados o por venir, exeroitan el arte
ele k Nigromíincia, Geoxnanria, Hidromancia, Pe román cia,
Onomanoia, Chiroiiiant:ia, usando de f^ort i legión, heohizoa,
enamtamieutoB agüeros, cercos, binijerías, caracteres, in-
vocaciones de demonios, teniendo coa ellos pacto enpreaso
o a lo menos tátúto, por cuyo medio adivinan los dichos
futuros contingentes, o las cosas pasadas, como descubrir
urtos, declarando las personas rpie los hicieron y la parte
donde están las cosas urtadas, y descubriendo o señalan-
do lugares dónde ay tesoros debaxo de tierra, o en la mar,
y otras cosas escondidas, y que pronostican el suceso de
los caminos y navegaciones, y de las Hotas y ai-madas, las
personas y mercaderías que vienen en ellas, y las cosas, y
casos, o muertes que an sucedido en lugares^ ciudades y
provincias muy apartadas, y declaran por las rayas de las
manos, y otros aspectos, las i íieli naciones de las personas
y los mismos sucessos que han de tener, y asimismo por
los sueños que an soñado, dándoles muchas y varias in-
terpretaciones, y que usan también de cierta manera de
suerte con avas, trigo, niaiz, monedas, sortijas, y otras
semillas y cosas semejantes, mezclando las sagradas con
las profanas; como los evangelios, Agnus Dti, ara consa-
grada, agua vendita, estolas y otras -vestiduras sagradas
y que traen consigo y dan a otras personas que traigan
ciertas cédulas^ memoriales, receptas y nóminas escritas
en ellas, palabras y oraciones supersticiosas, con otros cír-
culos, rayas y caracteres reprovados, y reliquias de santos,
piedra yman, cabellos, cintas, polvos y otros hechizos
semejantes, dando a entender que con ellos se librarán
de muerte suvitánea o violenta,. y de sus enemigos, que
tendrán buenos sucessos en las batallas o pendencias que
tuvieren y en los negocios que trataren, y para efecto de
casarse, o alcanzar los hombres a las mugeres, y las mu-
geres a los hombres que dessean, y para que los maridos
y amigos traten bien y no pidan celos a las mugeres o
amigas, o para ligar, o impedir a los hombres el acto de
la generación, o hacer a ellos y a las mugeres otros daños
o maleficios en sus .personas, miembros o salud, y que hu-
san asimismo, para estos y semejantes efectos, de ciertas
oraciones vanas y supersticiossas, invocando en ellas a Dios
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38 LA INQUISICIÓN BE LIMA
nuestro Señor y a la Santísima Virgen, su Madre, y a los
santos, con mezcla de otras invocaciones y palabras in-
decentes y desacatadas, continuándolas, por ciertos dias
delante de ciertas imágenes, y a ciertas horas de la no-
che, con cierto número de candelillas, vasos de agua, y
otros instrumentos, y esperando después de las dichas
oraciones, agüeros y presagios, de lo que pretenden saber,
por lo que sueñan durmiendo, o por lo que oyen ablar en
la calle, o les sucede a otro dia, o por las señales del cielo,
o las aves que vuelan, con otras vanidades y locuras. Iten,
que muchas personas, especialmente mugeres fáciles y da-
das a supersticiones, con mas grave ofensa de nuestro Se-
ñor, no dudan de dar, o cierta manera de adoración al
Demonio, para fin de saber de las cosas que desean, ofre-
ciéndole cierta manera de sacrificio, encendiendo candelas
y quemando incienso y otros olores y perfumes, y usando
de ciertas unciones en sus cuerpos, le invocan y adoran
con nombre de ángel de luz, y esperan de las respuestas
o imágenes y representaciones aparentes de lo que pre-
tenden, para lo qual, las dichas mugeres, otras veces se
salen al campo de dia y a desoras de la noche, y to-
man ciertas be vidas de yervas y raices, llamadas el achu-
naa j el chamico, y la coca, con que se enagenan y entor-
pecen los sentidos, y las ilusiones y representaciones
fantásticas que allí tienen, juzgan y publican después por
revelación, o noticia cierta de lo que a de suceder. Iten:
que sin embargo d^ que por lo índices y catálogos de libros
prohibidos por la Santa Sede Apostólica y por el Santo
Oficio de la Ynquisicion, están mandados recoger los li-
bros que tratan de la dicha astrología judiciaria, y todos
los demás tratados, índices, cartapacios y memoriales, y
papeles impresos, o de mano, que tratan en qualquier ma-
nera estas ciencias, o artes con reglas para saber los futu-
ros contingentes, y que nadie los tenga, lea, enseñe ni
venda; muchas personas, menospreciando las penas, cen-
suras contenidas en los dichos editos y catálogos, retienen
los dichos libros y papeles, y los leen, y comunican a otras
personas, siendo gravísimo el daño que de la dicha lección
y enseñanza resultan. Iten, que siendo reservada a Nos la
absolución de todos estos casos, sospechosos en la Fé, y
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CAPÍTULO xvir Ify
dependientes de laheregía, muchos confesores, o con igno-
rancia crasa de las dichas reservaciones, o con falsa inteli-
gencia de algunos privilegios apostólicos, se atreven ab-
solver a las personas que cometen los dichos delitos, o a
las que en qualquier manera, saven o tienen noticia de
los que los an cometido, y que los dichos confesores y
otros letrados, fuera del acto de la confesión, quando al-
gunas personas les van a comunicar los dichos casos, los
intergií'etan y qualifican con demasiada anchura, aconse-
jando a las tales personas que pueden ser absueltas sacra-
mentalmente, sin venir a manifestar en este Santo Oficio
lo que saven o an hecho, de que se sigue gran deservicio
a nuestro Señor e impedimento al recto y libre exercicio
del Santo Oficio de la Ynquisicion, y se da causa a que
crezca el abusso destos escesoe y él atrevimiento y liber-
tad de las dichas personas que los cometen, y se quedan
por punir y castigar, por todo lo qual nos pidió el dicho
fiscal que proveyésemos de competente remedio para ata-
jar los dichos escesos y los muchos daños que de ellos re-
sultan, haciendo ynquisicioh y. visita particular dellos, y
publicando nuevos editos, agravando las censuras y penas,
o como mejor visto nos fuesse. Y Nos, visto su pedimiento
ser justo, y atendiendo a que no ay arte ni ciencia humana
para manifestar las cosas que están por venir, dependien-
tes de la bol untad del hombre, aviendo reservado esto
Dios nuestro Señor para sí, con su eterna saviduría, y que
todo lo que en esta parte enseñan la astrología judiciaria
y las demás artes, es vano, supersticioso y reprovado, e
introducido por el Demonio, enemigo del género humano,
y émulo de la Magestad y Onipotencia de Dios nuestro
Señor, pretendiendo por este camino quitarle el culto y
adoración que se le deve, y usurparle para sí en quanto
le es posible, violando la pureza y sinceridad de nuestra
Santa Fé católica, y enlazando a los fieles christianos en
peligro de eterna dannacion. Y Nos quiriendo proveer a
cerca dello lo que conviene por la obligación de nuestro
cargo, y el gran sentimiento que tenemos de que la reli-
gión christíana padezca tan grave mancilla, sin aprove-
char para atajarla la solicitud ordinaria con que la procu*
ramos, mandamos dar y dimos la presente para vos y
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iO LA mqXJIBlGlOV 9E LIMA
cada uno de vos en la dicha razón, con que os amonesta-
moS; exortajQaos y requerimos^ y en virtud de santa obe-
diencia y so pena de excomunión mayor, latee sententioe
tiina canónica^ momtione proemissa, gandamos que si
supiéredes, o entejadi^redes, o uviéredes visto o oydo decir
que xjualesquiera personas, vivas, presen tos^ auseiites o
difuotaSi de qualquier grado o condicipn que sean, u^an o
ayan usado de la dicha astrología judiciaria, o la arte má-
gica, o otra alguna en que b^ contienen sortilejips^^augu-
rios, encantamientos, invocaciones y otras supersticiones
semejantes, y por ellas digan y declaren los futuros cour
tangentes y casos que están por venir, levanten figuras
por el nacimiento de las personas, o hagi^n otros juycios, he-
chizos y maleficios de los contenidos en esta carta, o otro
qualesquiera de las dichas artes, o que las enseñan y lean
otras personas, o tengan libros o caitapacios, o papeles die-
UaS; lo vengays a decir y manifestar aqte Nos, o a nuestros
comisarips diputados para esto fuera dest^i ciudad, dentro
de seis dias primeros siguientes, después de la publicación
deste nuestro edicto; o en qu^alquiera manera d¿l tengáis
noticia, los quales os assignamos por tres términos, cada
dos dias por un tjérmim), y todos seys por úlMi^o ype-
remptorio, con apercibinúeato, que p^^ado el dicho térmi*
no, demás que avreys incurrido en la dicha sentencia de
excomunión mayor, procederemos contra los que reveldea
e inobedientes fuériedes, ^¡yqr todo rigor de derecho, como
contra sospechosos en nuest^^a. Santa Fé católica, fautores
y encubridores de herejes, e impedientés del recto y libre
exercicio del Santío Oficio. Otrosí, por quanto, oomo di-
cho es, la absolución de todps los casos referj^dos y los se*
mejantes, ^omo dependientes de heregía, nos está espe^
cialmente reserbada y los Sumos Pontífices con su santo
celo de coQservar la pureza de nuestra Santa Fé católica,
y de estirpar el abuso tan introducido destos excesos y
delitos, por diversos motus propios y breyes particular^
an declarado ser comprehepdidos en la pena del derecho
común, no solamente los casos, adivinaciones y sortilegios
en que interviene pacto, espi*eao o tácito con el Depaonio
a su invocación, sino tanyien las que se cometen sin esta
circunstancia por via de enbuste, y para engañar las dichas
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CAPÍTULO XVXl 41
personas a los que consultan, o por sacar dineros o conse-
guir otros íines, y mostrar que saveii las dichas míen o
ciencias, por que si vien en los dicboa casos, de parte de
las personas que los cometen, no todas vec^s interviene
pacto alguno con el Demonio; pero es cierto, y se echa
de ver, que ú mismo Demonio se ingiere y administra
ocultamente a las didias personas en los diclaos actos,
aprovechándose de su fragilidad y poca firmeza en la
Fé, y haciendo que acierten en algunos juicios que he-
chan, y las cosas que adivinan para tenerlas siempre
enredadas en este engaño, y aumentar el crédito de
los dem^ que las comunican, por lo qual Su Síintidad,
por via de declaración y extensión, tiene cometido el co-
nocimiento y castigo destos dichos casos, como de los de-
mas al Santo Oficio de la Inquisición. Por tanto, so las
dichas censuras y penas, mandamos a t^odos los confesores
seculares y regulares, y a los demás letrados, doctores de
qualquier facultad, grado o preeminencia que sea^ que no
absuelvíin a ninguna de las personas que cerca de lo su-
sodicho e3té culpado p no uviere dicho y manifestado en
el Santo Oficio, ^le lo que de ello supiere, uviere visto
o oydg, ni fuera de la confesión se entrenaetan a calificar
e interpretar los dichoa casos, so color de que no ay pacto
con el Demonio, ni mezcla de cosas sagradas, ni debajo de
otro nipgun título,, o pretesto, antes remitan a todas las
dichas personas ante Nos, donde se verán y determinarán
la calidad y circunstancias de los dichos casos, para que
los que fueren dignos de reprehensión o castigo, no que-
den sin él, Y porque lo susodicho venga a noticia de to-
dos y nacjie pueda pretender ignorancia, mandamos que
esta nuestra qarta sea publicada en todas las yglesiaa
deste distrito. D^da en la Sala de nuestra Audiencia en la
Ynqui^cion de Láma,^Si
Oon motivo de esta publicación, »»hubo gran cantidad
de testificaciones de hechiceros y superticiososos. Prendié-
ronse algunas mujeres españolas y mulatas, a pedimento
del Fiscal, y entre ellas, una doña María de Lizarraga, que
11. Este edicto fué remitido al Consejo con carta de 15 de mayo de
1680.
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42 LA INQUISICIÓN DE LIMA
había sido penitenciada dos ^eces por este Santo Oficio, la
primera por dos veces casada y la segunda por hechicera,
que con estar desterrada, se habia vuelto a esta ciudad,
donde mudando cada día de posada, hacia grandísimo da-
ño, y murió durante su prisión; y un mulato llamado Juan
Lorenzo, que por sortílego, hechicero y de vehementemen-
te sospechoso de pacto expreso con el demonio, fué casti-
gado en la Inquisición de Cartagena, en el primero auto
que en ella se celebró. En la prosecución de su causa, de-
sesperadamente se mató (echándose un cordel a la garganta
y tapado la boca con un trapo para impedirse la respira-
ciony^ !i Habían muerto igualmente en la prisión Luisa de
Castellón, beata, hechicera, i Rafael Pérez de Freitas,
acusado de judaizante.
Con estos antecedentes comenzaron los Inquisidores a
trabajar ««con ánimo de cuajar un auto mediano, por haber
años que estaban presos los dichos y desear despacharlos,
exonerando al Fisco, tratando de sacarlos a todos en un
dia de trabajo a la capilla del Tribunal, n Dióse parte de
esta determinación al Virei, que se manifestó muí empe-
ñado en que tuviese lugar la fiesta, aunque fuese, decía,
con un solo penitente, pues tanto él como la condesa su
mujer tenían grandes deseos de presenciar una ceremonia
que hasta entonces no conocían.
Deseando pues los jueces complacer atan encumbrados
personajes, en un cuarto que se había fabricado hacia poco
junto a la capilla, colocaron una tribuna para que marido
i mujer estuviesen con la decencia correspondiente a su
rango; se levantó en un costado de la iglesia un tablado
pequeño para los jueces, i otro al frente, dando vista al
lugar que ocupaba el Virei, con sus gradas para los pocos
penitentes que habían de salir, i a un lado de aquél se pu-
so el pulpito, rodeado del bufete de los secretarios i asien-
tos de los oficiales, calificadores i prelados de las relijiones,
que fueron por esta vez los únicos invitados. En el coro
donde los Inquisidores solían oír misa, se sentaron las da-
mas i dueñas de la Vireina i algunos señores principales,
i en el cuerpo de la capilla, criados de palacio i otra mucha
12. Oarta de ¡os Inquisidores de 1.^ de junio de 1681.
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CAPÍTULO ,xvn 43
jeote, i a un lado del tablado de los jueces la música i cu-
ras que habían de asistir a la reconciliación de los reos.
Así dispuestas las cosas, ese día, 27 de febrero de 1631,
llegaron el Yirei i su mujer muí de madrugada a las casas
del Tribunal, recibiéndolos al pié de la escalera los Inqui-
sidores, para ser inmediatamente introducidos al cuarto
principal que habitaba Gutiérrez Flores i que para el caso
había sido ricamente aderezado. Oyeron luego misa i en
seguida almorzaron, para pasar a ocupar el sitio que les
estaba reservado i en donde permanecieron de incógnito.
Se mandó a poco salir a los penitentes, que se presentaron
adornados de sus insignias i cada uno acompañado de dos
familiares, con sus varas altas, i una vez colocados, en sus
respectivos lugares, entraron los Inquisidores por una puer-
ta pequeña que daba a la sacristía. A esa hora, que eran
como las nueve de la mañana, se comenzó la lectura de las
causas, prolongándose la fiesta hasta la una, habiendo du-
rante ella encarecido mucho los ilustres huéspedes el pla-
cer que habían esperimentado, aunque la pena del judio
que salió les pareció tan demasiado grave, como larga ha-^
bia sido su prisión".
Los reos que allí habían desfilado fueron los siguientes:
Alvaro Méndez, portugués, que en Francia había cele-
brado la pascua de los bollos cenceños, que usaba de la
quiromancia, enviaba dinero a Amsterdam a sus parientes
i trataba de muchos lugares do la Escritura, siendo sim-
plemente lego. Puesto en el tormento, a la primera vuelta
pidió a sus verdugos que no se molestasen pasando adelan-
te, pues desde luego confesaba que era judío; siendo des-
pués de abjurar, reconciliado con seis años de galeras al
remo i sin sueldo, hábito, cárcel i destierro perpetuos i
confiscación de bienes.
Ana de Almanza, natural de Panamá, supersticiosa i
sortílega, q¡¡ie fué desterrada del distrito de la Inquisición
por seis años i recibió cien azotes por las calles.
Luisa Ramos, mulata, del Callao, que estando atormen-
tada por los celos, echó la suerte del rosario para saber si
su amante se hallaba en brazos de otra mujer.
13. Carta citada de los Inquüidores de 1.^ de junio de 1681.
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44 LA INQUISICIÓN BE LIMA
Francisco Martel, natural de Trujillo, que echaba tres
veces las habas, m^ezcladas con pedazos de cristal, cuentas
azules i un poco de plata i oro, i diciendo primero ciertas
pakbras en secreto, adivinaba algunas cosas; i la suerte
del chapín, que clavado en unas tijeras, hacia moverse
ejecutando ademanes con el rostro.
María Martínez, mulata esclava, portuguesa, testificada
por una viuda de veinte i tres años de que se habia ena-
morado de ella, i que un dia estando juntas, habia cojido
la reo una canastilla de sauce, i con unas tijeras habia he-
cho cruces sobre el hueco de ella, i llamal>a a Satanás i
Barrabas, diciendo, («Satán, ven a mi llamado, m i contaba
cosas secretas i ocultas, dando a entender que el diablo se
las inspiraba, a quien decia que era su vida i sus ojos, i
que decia que traía un diablo familiar en la mano donde
se sangran del hígado, i que hacía siete años que no cono-
cia hombre, porque en dicho tiempo trataba con el diablo,
al cual guardaba lealtad por no enojarlo. Declarada sospe-
chosa de súeuba con el demonio, ademas de las penas de
estilo, se le aplicaron doscientos azotes.
María de Briviescas, oriunda de Panamá, mui afecta a
la suerte de las habas i a la piedra imán conjurada.
Alonso de Garníca, que afirmaba que aunque Dios dije-
se que él era chismoso, mentía.
Diego Cristóbal Bernaldez, mestízo, que examinaba las
rajaa de las manos, i^y que a las mujeres para m trallas
otras señales ocultas y adivinar por ellas, las hacia desnu-
dar en cueros a algunas y a otras las miraba las rayas de
los pies, ti Salió con coroza i soga a la garganta i recibió
cien azotes.
Gonzalo López Cordero, portugués, que sostenía que el
diablo podía mas que Dios, porque éste le daba dinero i
aquél se lo quitaba, i que no habia mañana en que no ofre-
ciese al demonio a su padre. Habiendo abonado su perso*
na, salió por libre.
Doña Inés de Ubitarte, monja profesa en uno de los
conventos de Lima, fué denunciada por un su hermano frai-
le de Santo Domingo, de que guardaba tres cuadernos en
que se contenían noventa i ocho revelaciones suyas, de cuya
calificación resulto que eran de poca importancia i que a
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CAPÍTULO XVIII
Los portngneses dnefíos del comercio de Lima. — Denunciase a nno de
ellos por judio. — Secreto con qne se verifica sa prisión. — Aprehén-
dese a sus jefes i tormento que se les da. — Despáchanse diezisiete
nuevos mandamientos. — Para despejar las cárceles resuelven los In-
quisidores celebrar un auto de fe.— És separado de su puesto el al-
caide Bartolomé de Pradeda. — Continúan las prisiones. — Alquilase
nna casa para dar mas estension a las cárceles. — Nuevos denuncios. —
Se prohibe salir del pais sin licencia del Santo Oficio. — Otros reos. —
Se publican pregones para descubrir la fortuna de los procesados. —
Jusepe Freile, ayudante del alcaide es desterrado a Chile. — Nuevas
prisiones. — Pleitos que se orijinan con este motivo. — Medidas que
se arbitran para su despacho.— Otros denuncios. — Favor que presta
el Yireí a los Inquisidoi*es.— Noticias acerca de los ministros de one
se componia por entonces el Tribunal. — Quejas de los empleaaos
subalternos. — Proceso del alcaide Bartolomé de Pradeda. — Relación
que dan los jueces de lo que resultaba contra él. — Ardides de que se
valen los presos para comunicarse en su prisión. — Falsos testimonios
qne se levantan entre si para prolongar la decisión de sus causas. —
Auto de fe de 17 de agosto de 1685. — Reos penitenciados en la ca-
pilla del Tribunal. — Horribles incidentes ocurridos durante la pri-
sión de algunos de los portugueses. — Mencia de Luna muere en el
tormento. — Relación del grin auto de fe de 23 enero de 1639 según
Montesinos. — Curiosos detalles ocumdos en el suplicio de algunos de
los reos.
Es llegado ya el momento de que procedamos a dar
cuenta del negocio que se llamó ida complicidad grande, ti
que habia de motivar el auto de fe mas sangriento de
cuantos rejistran los anales de la Inquisición en América,
i que, fieles al sistema que invariablemente nos hemos pro-
puesto seguir en el curso de estas pajinas, dejaremos con-
tar a los mismos jueces que lo prepararon i llevaron a
término.
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48 LA INQUISICIÓN DE LIMA
»»De seis a ocho años a esta parte, decían, es muy grande
la quantidad de portugueses, que han entrado en este reino
del Perú, (donde antes había muchos) por Buenos Ayres,
el Brasil, Nueva España, Nuevo Reino, y Puerto Velo.
Estaba esta ciudad quajada de ella, muchos cassados, y los
mas solteros; habíanse echo señores del comercio; la calle
que llaman de los mercaderes era casi suía; el callejón to-
do; y los cajones los mas; herbian por las calles vendiendo
con petacas a la manera que los lenceros en essa Corte:
todos los mas corrillos de la pla^a eran suios; y de tal
suerte se habían señoreado del trato de la mercancía, que
desdel brocado al saial, y desdel diamante al comino todoi
corría por sus manóse El castellano que no tenía por com-
pañero de tienda a portugués, le parecía no habia de tener
subcesso bueno. Atravessabau una flota entera con crédi-
to que se hacían unos a otros, sin tener caudal de consi-
deración y repartían con la ropa sus Éatores, que son de
su misma nación, por todo el reino. Los adinerados de la
ciudad, viendo la máquina que manijaban y su grande
ostentación, les daban a daño quanta plata querían, con
que pagaban a sus corresponsales, que por la maior parte
son de su profession, quedándose con las deudas contrahi-
das aquí, sin mas caudal que alguno que habían repartido
por medio de sus agentes.
•»Desta manera eran señores de la tierra gastando y
triunfando, y pagando con puntualidad los daños, y siem-
pre la deuda principal en pié, haciendo ostentación de
riquezas, y acreditándose unos a otros con astucia y ma-
ña, con que engañaban aun a los muy entendidos: creció
tanto su habilantez con el valimiento que a todo andar
híban teniendo con todo género de gentes, que el año de
treinta y quatro trataron de arrendar el almojarifazgo
real.
"El rumor que habia del gran multiplico desta gente,
y lo que por nuestros ojos víamos nos hacia vivir attentos
a todas sus acciones, con cuídadossa dissimulacion, quando
por un dia del mes de agosto del dicho año de tremta y
1. «Desde el mas vil ne^o de Guinea hasta la perla mas preciosa,»
dice Alcayaga, Carta de 15 de mayo de 1636. ''
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CAPÍTULO XVIII 49*
quatro un Joan de Solacear, mercader vecino desta ciu-
dad, denunció en este Santo OffivÁo de Antonio Cordero^
cajero de uno de dos cargadores de la ciudad de Sevilla^
que por no haber podido vender y despacharse el ano
de treinta y tres en la feria de Puerto Velo, subieron a
ésta, y tenian almagen frontero del collegio de la Com-
pañía de Jesús, donde el Antonio Cordero vendía, y di-
jo, que habiendo ido un sábado por la mañana a comprar
unos rengos^ al^ dicho almacén, halló en él al Antonio
Cordero con sus amos, y hablando con él le dijo si le que-
ría vender vnos rengos, a que le habia respondido, no
puedo venderlos hoy, que es sábado: y replicándole el Joan
de Sala9ar, qué tiene el sábado para no vender en él, le
habia dicho, digo que no e de vender hoy, porque es sá-
bado: y que oyéndolo el uno de los amos, el de mas edad,
le habia reprehendido, diciendo no dijesse aquellas bobe-
rías: y que entonces habia dicho Antonio Cordero: digo
que no e de vender hoy, que es sábado, ni mañana que
es domingo; y que con esto se despidió con otros dos ca-
maradas, con quien habia ido al dicho alma9en, reiendose
de ver que por ser sábado decia aquel portugués no quería
vender.
«•Y que volviendo allá otro dia, que acertó ser viernes,
halló al Cordero en el mismo alma9en almor9ando un pe-
da9o de pan con una manjana, y después de haberle salu-
dado, sin acordarse que fuesse viernes, le habia dicho, no
fuera mejor comer de un torrezno? a que habia respondi-
do Cordero, habia de comer yo lo que no comieron mis
padres, ni agüelos? y replicándole Salayar, qué? no comie-
ron sus padres y agüelos tocino? oyéndolo uno de los amos,
que se halló presente, habia respondido: quiere de9Ír que
no ^comieron lo que él está comiendo agora; y que él le
habLa replicado, no es tocino lo que come agora, y que no
passó mas por entonces.
•♦Llamáronse dos que dio por contestes: dijo el uno ser
sordo, y no habia oido las palabras formales en lo tocante
al sábado, mas de haber visto que no se compró nada. El
2. cEsIoqn^ en Castilla se llama gasa para balonas de hombres.»
Nota de los Inqnisidores.
TOMO II 4
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50 LA INQUISICIÓN DE LIMA
otro contesta solamente en lo del tocino: pare9Í<5 flaca la
testificación y quedóse assí, a ver si le sobrevenia otra
alguna cossa.
n Luego por el mes de ottubre, cuidadosos siempre en
estas materias, escribimos a todo el distrito, como dimos
quenta a V. A* el año passado, encargando a los comisa-
rios que con toda brevedad, cuidado y secreto, nos procu-
rasen imbiar el número cierto de portugueses, que cada
uno tubiesse en su partido, y algunos comenjaron a po-
nerlo en execu^ion.
"Estando la cossa en este estado, visto que se a9ercaba
la armada; acordamos poner en consulta dicha deposición
tal qual, y se puso por los fines de mar9o, en ocassion que
se habia llamado para otras causas: y visto con el ordina-
rio y consultores, salió de común acuerdo, se recogiesse
el Antonio Cordero con el silencio y secreto posible, y
fuesse sin secresto de bienes, porque quando se echasse
menos, que era fuerza no se entendiesse habia sido la
prisión por el Santo üfficio.
"Encargóse su execucion a Bartolomé de LaiTca, fami-
liar desta inquisición, que el dia siguiente, con color de
ferrar una quenta tenia con el Cordero, de algunas cossas
que le habia vendido, viéndole le metió como otras veces
en su tienda, que la tiene en la calle de los mercaderes, en
la mitad del dia, quando herbia de gente, y como a la una
dio avisso de cómo le tenia en un aposento cerrado, sin
que nadie le ubiesse visto ni sentido; imbiamos luego por
él con una silla de manos al alcaide, que antes de las dos
le puso a buen recado.
I! Echáronle menos en su cassa, y sus amos hicieron es-
traordinarias diligencias por la justicia real, y viendo que
no parecia, decian unos se avia huido, otros que le avian
muerto; algunos, que quÍ9a, como era portugués, le pren-
derla la Ynquisicion. Pero los mas bachilleres decian, no
podia ser esto, pues no se avia echo secresto de bienes,
diligencia precissamente necessaría en los negocios de la
heregía.
iiEsta prisión se higo en dos dias de abril del dicho año
de treinta y cinco, y luego pidió audienfia, en que dijo
ser natural de Arronchez, en el obispado de Portalegre,
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capítulo XVIII SI
Teyno de Portugal, de edad de veinte y qiiatro años, ca-
fisado en Sevilla y criado de Antonio de Acuña, cargador;
coiifeBsó ser judío judaÍ9aute, y quien ae lo avia enseñado
en Sevilla y denuntíió de algunos en ella» Y porque ne-
gaba la testificación, conclussa 8u causa en forma, eomo
con menor, por diminuto, en consulta se mandó poner a
question de tormento, y en él, a la primera vuelta dijo le
soltasen, que diria la verdad, y que Antonio de Acuña, su
amo, y Diego López de Fonseca, compañero, y Manuel de
la Rossa, criado deste, eran judíos, y habiéndole quitado
la mancuerda y sentado en un banquillo, fué diciendo di-
fferentes actos, ritos y ceremonias que juntos avian echo.
ffCon esta deposición, sin esperar a ratificación, por te-
mor que los dichos no pusiessen en cobro la hacienda que
la tenian junta, por estar abispados desde la falta del Cor-
dero y la armada de partida para Panamá, con parecer
del ordinario, imbiamos al alguacil maior, don Joan de
Espinosa, por ellos, que los halló comiendo y trajo presos
en su coche, secrestados los bienes, en on9e de maio.
iiFuéronse teniendo las audiencias ordinarias con todos;
y concluióse la caussa de Manuel de la Rossa, criado del
Diego López, tenido por santo, y sacristán actual de la
congregación de los mancebos, en la Compañía, natural de
Portalegre, en Portugal, de oficio sedero, y de edad de
mas de 25 años: estubo negatibo hasta el tormento, y en
él, a la segunda vuelta, confessó ser judío judaizante y que
lo eran su amo Diego López, Antonio de Acuña y su cria-
do Antonio Cordero, y otros muchos, y siempre ha ido
confessando de aquí y de otras partes.
II Antonio de Acuña, mo§o de 20 años, natural de Se-
villa, estubo negativo hasta la séptima vuelta de la man-
cuerda inclusive, y entónfes confessó ser judío judaÍ9ante
y que lo eran también su criado Antonio Cordero, y su
camarada Diego López de Fonseca y Manuel de la Rossa,
criado del; y siempre va confessando de otros muchos en
esta ciudad, Cartagena y Sevilla: a este se debe la maior
luz desta complicidad.
iiDiego López de Fonseca, natural de Badajoz, de
officio mercader, dé edad de 40 años, casado en Sevilla,
estubo negativo en el tormento, a que fué condenado in
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52 LA INQUISICIÓN DE LIMA
capiU alienum, por estar convencido, con gran suma de
testigos, y relajado al bra9o seglar, no se le pudo dar con-
formó los méritos, por un desmaio que le dio a la quinta
vuelta: cada día tiene nuevas testificaciones, que se le da-
rán en publicación.
iiEn este tiempo, las pocas cárjeles que avia, estaban
ocupadas, crecian cada dia los denunciados, porque el
Antonio de Acuña, Rossa y Cordero iban siempre con-
fessando: y para poder recoger los que estaban mandados
prender, con consulta de ordihario y consultores, acorda-
mos de despachar en la capilla las causas que estaban
determinadas a pena pública, y las demás con toda bre-
bedad; y que el alcaide Bartolomé de Pradeda dejasse su
aposento, passando a la cassa, pared en medio, que es
desta ynquisicion, y porque si antes de prender los que
estaban mandados, se hacia esto, era dar a entender lo
que se trataba, acordamos se executassen primero las
prisiones.
tiEstaban diez y siete mandamientos echos de la gente
mas valida y autorÍ9ada de la pla9a, algunos dellos, y era
fuer9a caussase grandísimo ruido, cossa que nunca se avia
visto en este reino: conociendo la gran piedad y affecto
con que el Virrey, conde de Chinchón, ha9e qualquiera
diligen9Ía en orden a honrar el Santo Oficio, nos pareció
darle parte desta resolución, y que si quisiesse entender
algo della en particular, se le re9Íbiesse primero juramen-
to, a que fué el ynquisidor don Antonio de Castro, avién-
dole oido con mucho gusto, y dado muestras del que ter-
nia, de saber quienes, y quantos eran los pressos: I1Í90 el
juramento de secreto religiosíssimamente y prometió, si
íuesse menester, yria en persona a prender al mas mínimo.
itHecha esta diligen9Ía, se repartieron el dia de San Lo-
renzo diez y siete mandamientos en pocos menos ministros,
y se les dio el orden que avian de tener, y sin que ningu-
no supiesse mas del suio, el siguiente, que fué de Santa
Clara, desde las do9e y media, que entró el primero hiis-
ta un poco antes de las dos, se executaron los diez y
siete mandamientos, con tanto silencio y quietud, que
quando el pueblo sintió lo que passaba, estaban los mas
en sus cár9ele8: fué dia del juicio, quedó la ciudad atóni-
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CAPÍTULO XVIII 53
ta y pasmada, ensal9ando la fee cathólica y alabando al
Santo Oficio, cre9Íó la gente de tal modo a la última pri-
sión, que se li¡9o en esta misma calle, que no se podia
romper por ella.'
II Otro dia sacamos a la capilla unos do9e de differentes
caussas, y el siguiente despachamos las demás, y se ocu-
paron las diez y seys cár9ele3 antiguas, y otras que tu-
multuariamente se hicieron.
ti Grecia cada dia la complÍ9Ídad, y teníamos poca sa-
tisfac9Íon del alcaide Bartolomé de Pradeda, por ser mu-
cha su cudi9¡a, y particularmente después que compró unas
ha9Íendas del campo en mucho maior quantidad que la
que alcan9aba su caudal: hallamos que estaba embara9ado
con las cabe9as desta complicidad, y que los avia enpres-
tillado y metido en fian9as, y que olbidado de su obligación
y rendido al ¿nteres, nos tenia vendidos, haciendo público
lo que passaba en las cár9ele8, y dando lugar a comuni-
ca9Íones: pedia su infidelidad una severa demonstracion;
pero considerando veinte años de servÍ9Íos y siete hijos,
y andar con poca salud, acordamos que pidiesse Ii9en9ia
3. cHa cansado grande admiración en esta ciadad su prisión, espre*
saba Alcaja^, por haber sido efecto de providencia particular de Dios,
qne en esta acción mostró muy piadosos los ojos con qne mira a este
reino, paes si su riqueza j libertad (que hay alguna en estas partes) los
arrojó a ellas para vivir con seguridad en su ley y sembrarla; les puso
Dios un tajamar con descubrirlos, sin que costase diligencia humana al-
guna; y ha sido acción que ha de ser para honra y gloria suya, porque
en su castigo escarmentarán muchos, y se persuadirán los naturales de
por acá a abrazar con mas firmeza la fé y dejar sus idolatrías.» Carta
citada de 15 de mnyo de 1636.
cLas demás prisiones qué fueron sucediendo, añade el inquisidor Cas-
tro, como eran de hombres ricos, convino hacellas de dia, porque en
los mncbos y cuantiosos secrestes no hubiera hui*tos o faltas... Iban los
ministros, alguacil mayor y notario de secrestes a ejecutar los manda-
mientos (pasada la prisión grande de 11 de agosto de 1635 que se hizo
de todoá, entre las doce y una del dia, sin que se imajinase en la ciudad)
y como después los muchachos y gente novelera estaban encarnizados
contra el nombre de judíos, esperaban a bandadas en la plazuela de es-
ta Inquisición a todas horas, y en viendo salir los ministros, los seguían,
y aunque muchas veces rodeaban calles por desvelallos, no aprovechaba,
con que muchas prisiones se hicieron con publicidad y ruido inevita-
ble, por el seguro de los secrestes, y en las que no habia este inconve-
niente, se hacían con todo secreto.» Carta de 8 de junio de 1641.
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54 LA INQUISICIÓN DE LIMA
para yr a conva]e9er. a su chácara, y con este pretesto
arrancarle antes que causara mayor daño.
MHÍ90S8e assí, y pusimos en su lugar a Diego de Var-
gas, hijo y primo de ministros, natural de Toledo, soltero,
dándole el servijio ne9esario para la buena administra-
ción de las cár9eles, y por ayudante a un mo9o, deudo de
Benardino de Collantes, nun9Ío que fué desta Ynquisi-
9Íon, llamado Joseph Freile de Moriz, que servia de antes
la portería. Fueron pressos en esta occassion de on9e de
agosto, con secresto de bienes:
iiBartolomé de León, natural de Badajoz, de offi9Ío
mercader, que dicen es deudo del Diego López de Fonse-
ca, de edad de 19 años, siguiósse su caussa como con me-
nor, estando siempre negativo: y a la monÍ9Íon del tor-
mento, confessó ser judío judaÍ9ante, y de otros muchos
desta ciudad: éste fué camarada de Antonia de Acuña y
Diego López de Fonseca, los quales dijo eran judíos, como
también Antonio Cordero y Manuel de la Rosa.
"Gerónimo Hernández, natural de Sevilla, tio hermano
de madre de Antonio de Acuña, mercachifle, de edad de
18 a 20 años, que vivia con su sobrino; estuvo negativo,
y aviéndose visto en consulta se sentenció a tormento, y
antes de la monición del, aviendo pedido audiencia, dijo
ser judío judaizante, y dio por cómplices en el judaismo
a su sobrino Antonio de Acuña, Diego López de Fonseca,
Bartolomé de León, Manuel de la Rosa y Antonio Corde-
ro, que todos vivieron en una misma casa, y a otros, así
en esta ciudad, como en otras partes.
«•Manuel Baptista Pérez, mercader, natural de Ansan,
jurisdicción de Coimbra en el reino de Portugal, de edad
de 46 años, cassado con prima suia, que trajo de Sevilla,
y con hijos, hombre de mucho crédito en todas partes, y
tenido por el oráculo de la nación hebrea, y de quien se
entiende es el principal en la observancia de la ley de
Moisés: es mucha la máquina de hacienda que tiene a su
cargo, y la que debe en quantidades gruesas, pla9os cum-
plidos, passa de ciento y treinta mili pesos, en lo que has-
ta hagora se sabe; está convito con mucho número de testi-
gos y negativo.
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CAPÍTULO XVIII 55
í'Seba^tian Duarte, su cuñado, natural de Montemayor
el Nuevo, en Portugal, de officio mercader, de edad de 30
años, cassa^lo con una hermana de la de Manuel Baptista,
sin hijos, vivían juntos en una cassa, y tienen la hacienda
en compañía proindiviso, está convencido y negativo.
"Antonio Gómez de Acosta, natural de Vergan9a, en
Portugal, de edad de 38 años, vecino desta ciudad, mani-
jaba gran suma de hacienda, imbió el año passado a Tie-
rrafirme mucha plata para hacer pagas o para ponerlas en
cobro, que es lo que mas procuran, tiene muchas deudas, y
alguna hacienda que tiene está derramada, está convenci-
do y negativo.
"Manuel de Spinossa, natural que dice s^r de Almagro,
hijo de portugueses, de edad de 32 años, está convencido
y negativo, y su causa en defensas que no importan, sen-
tencióse a relajar y tormento in caput alíenum, en esto
pidió misericordia confessando, aunque cortamente de sí y
otros.
"Jorge de Espinossa su hermano, de edad de 28 años, se
trajo presso de Panamá a donde bajó en la armadilla, y
entró en las cárceles a los 28 de diciembre, está negativo.
"Antonio de Spinosa, hermano de ambos, de edad de 24
años, fué presso en la villa de Potosí, a donde se avia hui-
do; entró en las cárceles secretas en 8 de febrero, váse si-
guiendo su causa, está negativo.
"Roque Gómez, mercader, natural de Saldaña en Casti-
lla la Vieja, hijo de portugueses, de edad de 36 años, que
tenia tienda en el Callejón en compañía de otros; su causa
está parada porque se le ha turbado el juicio o lo finge.
"Francisco Nuñez Duarte, mercader, compañero del Ro-
que, natural de la ciudad de la Guardia en Portugal, de .
edad de 44 años, tiene mucha testificación, está negativo.
"Gaspar Nuñez Duarte, su hermano, de edad de 32
años, entró presso en dos de henero deste año, está nega-
tivo,
"Antonio de Sosaa, portugués, natural de Villamean,
aldea de Viseo, en Portugal, de edad de 40 años, cassado
en esta ciudad, este es el que puso en plática el arrendar
los armojarifazgos, está negativo.
"Rodrigo Vaez Pereira, natural de la villa de Monsan^
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56 LA INQÜISICIOK DE LIMA
to en Portugal, de officio mercader, cassado en esta ciudad
con hija de portugués, de edíid de 35 afios; confiessa haber
echo quando muchacho algunos ayunos judaicos, enseñado
de un tío suio, y niega la intención y el ser judío, váse
prosiguiendo su causa, sentencióse a tormento, y ala noti-
ficación de la sentencia confessó de sí y de otros y satis-
figo a la testificación.
»» Jorge de Silva, portugués, mercader, natural de Es-
tremoz, de edad de 33 años, confiessa su judaismo, y,
aunque de espacio, ha declarado de muchos aquí y en otras
partes.
••Rodrigo de Avila, el mogo, a diferencia de su tio del
mismo nombre, mercader, natural de Lisboa, de edad de
31 años, está negativo.
'•Enrique Nuñez de Espinosa, natural de Lisboa, criado
en Francia, de officio corredor, casado en Sevilla y tiene
aquí su muger, que también está pressa, de edad de 40
años; este fué preso el año de 23 por judío, y salió libre
aviendo vencido el tormento que se le dio, según la prue-
ba e indicios que ubo contra él; y aunque entró negando,
en la mitad de la acusación confessó ser judío desde su
niñez y testificó contra algunos, pero tan corto y diminu-
to, que fué condenado a tormento, en que a las primeras
vueltas satisfigó a la testificación que hasta entonces tenia,
Vanle sobreviniendo mas pruebas, con que todavia está
negativo en muchas cossas, y en otras diminuto; váse en
su causa con attencion, porque como persona que sabia el
estilo del Santo Oficio, ha echo riticho daño.
••Jorge Rodríguez Tabares, mercader, que ha sido que-
brado, natural de Sevilla, cassado en esta ciudad, de edad
de 35 años, y que le tienen los suios por hidalgo, comen9Ó
negando, y llegando al segundo capítulo de la acusación,
confessó su judaismo, diciendo de sí y de otros muchos
una gran depossicion.
••Henrrique Jorge Tabares, su hermano, mercachifle, que
vivia con su hermano, de edad de 19 a 20 años, negó has-
ta en el tormento que se le dio entero, y después del al-
gunos dias pidió audiencia y confessó ser judío, y dijo de
su hermano Jorge Rodríguez y de otro llamado Francisco,
que lo eran, y de otros.
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capítulo xvni 67
"Domingo Monte Cid, mercachifles nutunil de Saiitaren
en Portugal, de edad de 48 añofi, fué presso con secresto
de bienes eu 14 de agosto del mismo año, niega.
*í Todos los que se liau puesto sin día de prisión , son del
11 de agosto. En este tiempo erecia el número délos
testifícados con la prosecución de las causas, con que por
no haber cárceles^ nos víamos apretados; avíase tomado la
cassa en que vivia el alcaide, como se ha dicho, passándo-
Be el ala de pared en medio, que se arrendaba por queiita
de la Inquisición, cuia es, donde hicimos quantidad de
cárceles, y quando ya estuvieron para poder habitar, echa
consulta, se prendieron en 22 de noviembre con secresto
de bienes, los siguientes:
i^Enrrique de Paz, mercader, con tienda en la cidle, en
comptiñia de Francisco Gutiérrez de Coca, familiar de este
Santo Officio, natural de la Guardia en Portugal, aunque
en la genealogía dijo que de Madrid, de edad de 35 años,
soltero, vijarro, y la gala desta ciudad, que tenia cabida aun
en los conventos de monjas y comunicación familiar con
lo mas granado del lugar; demás de la testificación de ju-
dío, se le prueba ocultación de bienes, y vístosse cogido
en ella, la confessó, negando el judaismo en que está con-
vencido.
»*E1 licenciado Thome Quaresma, cirujano, natural de
Cerpa, en Portugal, de edad de 46 años, cassado en esta
ciudad, está negativo.
»* Diego de O valle, portugués, mercader, vecino desta
ciudad, cassado, con muger e hijos, natural de Emont cer-
ca de La ciudad de Ebora, de edad de 53 años, está nega-
tivo, váse siguiendo su causa.
"Antonio Morón, portugués, natural de Fondón, obis-
pado de la Guardia en Portugal, cassado con hija de por-
tugueses, que ha pocos años le vino a buscar desde Sevilla,
de donde es, de edad de 46 años, de officio jugador, viendo
presso a Rodrigo Vaez, su hierno, trató de hacer viaje a
Panamá, y pai^a poderle hacer pidió licencia en este Santo
Officio, y aunque hasta entonces no avia testificación con-
tra él de judaismo formal, avia grandes assomos de que
era judío ^ con toda su cassa, y pareció no convenia dársela.
y porque no se ausentase con ella, pedimos al' Virrey le
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58 LA INQUISICIÓN DE LIMA
mandasse poner en la cárcel con algiin color, como que
era jugador, y siendo amonestado, no se emendaba; hÍ9olo
con gran gusto, y estando en la cárcel pública le sobrevi-
no una valiente testificación, que por ella y por lo que
antes tenia, se mandó traer presso a las cárceles secretas
deste Santo Officio, y quando se ubo de executar la pri-
sión a los 22 de noviembre, así del, como de su muger,
hija y cuñada, se inbió un recado por escripto al Virrey
pidiéndole se sirviesse de mandar recogerlo al capitán An-
tonio Morón, en un aposento de palacio, donde nadie le
comunicasse, porque ala noche yria por él el alguacil ma-
yor, hÍ9olo con grande cuidado y secreto, y aviendo traído
primero a su muger, hija y cuñada presas aquella tarde,
fué al anochecer uno de los secretarios a decirle cómo el
alguacil mayor estaba a la puerta del jardín aguardando
a Morón, y él mismo al punto, abriendo por su persona
el aposento donde le avia mandado poner, le bajó al jar-
din y dijo que se fuesse con Dios, mandando le abriessen
la puerta, y en saliendo por ella le echó mano el alguacil
mayor, y metido en su coche le trujo presso; está negativo.
iiDoña Maior de Luna, mujer del dicho Antonio Morón,
natural de Sevilla, al parecer de mas de 50 años, está ne-
gativa.
iiDoña Isabel Antonia, hija de las dos, y mujer del
dicho Rodrigo Vaez Pereira, natural de Sevilla, de edad de
mas de catorce años, está negativa.
ifDoña Mencia de Luna, tia suya, hermana de madre,
mujer del dicho Enrrique Nuñez, natural de Sevilla, dice
ser de edad de 26 años y tiene mas de 46, está negativa.
nViendo pues lo que se iban enjartando, y que según
buenas conjeturas no ay portugués de los que andan mer-
cadeando, que no sea comprehendido, y que con el espa-
cio que tenian podian ausentarse muchos, aun de los
denunciados; y que V. A. nos tiene atadas las manos, prohi-
biendo no estorbemos a nadie su viaje, ni obliguemos a
pedir licencia a los que le quieren hacer, por la necessi-
dad precissa acordamos pedir al Virrey que mandasse por
govierno a ninguno se diesse pasaje, sin la del Santo
Officio: hÍ9olo por este año; porque aunque acude con
amor y voluntad a estas causas, da resguardo a la concor-
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CAPÍTULO XVJII 59
dia, que en esta parte ha de nuniidar V. Á. se con-ija, y
emiende, pues a menos» ni las fuiusas de la fee se pueden
lograr, ni las de la hacienda: fué de grande importancia
esta diligencia, y todavía hq hnn huirlo muehns, que el in-
terés avre famino por todn:^ parteí^i. Destos huitlos erar
'«Manuel Enrriquez, natural de la ciudad de Lamego, en
Portugal, de edad de 34 años, mercachifle, que avia subido
a las tierras de arriba con hacienda de Antonio Gómez de
Acosta, preso, y así que supo que lo estaba, trató de poner-
se en cobro y se puso en camino; tubimos noticia de su
fuga, y que el dia siguiente llegaba a un tambo que lla-
man de Pachácama, cinco leguas de aquí, para donde avia
imbiado a llamar a un Joan de Acevedo, su camarada, que
estaba en esta ciudad, y la misma noche despachamos a
Antonio Domínguez de Valca9ar, notario de secrestes, con
el mismo que dio el aviso, a que lles privativos, y ordenaron
a los escribanos de cámara los entregassen a cualquiera
dilijencia nuestra: la misma se hijo con el consulado don-
de pendian algunas causas.
iiEstaba la tierra lastimada con la quiebra del banco,
de que dimos rajón a V. A. el año pasado, y hagora con
tanta prisión y secresto de bienes de hombres mercadan-
tes y que a solo crédito atravessaban quanto avia, pare-
cia se queria acabar el mundo: clamaban las partes que
tenían pleitos de redibitorias, y otras varias acciones; pe-
dian su prosecución porque con el tiempo no se les em-
peorassen sus derechos, por ausencia, o muerte de testi-
go, o otros accidentes: y otros los intentaban de nuevo.
Yímonos en aprieto, porque seguirse pleitos sin parte
legitima, no se podian, conforme a derecho; los presos no
lo eran, la necesidad apretaba, y representábanse viva-
mente los daños; y aunque nuestro negocio principal es el
de la Fee, y V. A. quiere que en solo él pongamos todo
el cuidado, quiere también que en lo accessorio hagamos
justicia, la qual no se podia administrar sin quien hi-
ciesse las partes de los presos, y así pusimos en consulta
si seria bien nombrarles un defensor: todos vizueron en
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CAPÍTULO xvm W
que sí, y que se debía hacer en todo casso, excepto el in-
quisidor Andrés Joan Gaitan, que fué de parecer se guar-
dasse la iustruecíon a la letra: nombróse por defensor Ma-
nuel de Monte Alegre, con que vamos dando despacho
con alguna aatisf acción, porque lo demás fuera un caos,
una confusión invencible.
uSenaláronse para el despacho civil, hiñes y jueves^ y
después de las tres horas de las tardes, todos los dias gas-
tamos en vista de los autos lo que ay de luz hasta la no-
che, con que damos despacho a la mayor máquina que se
ha visto, clesseando dar síttisfaccion a las partes, sin faltar
al ministerio principal de los negocios de la fee; y para
poderlo hacer con menos detrimento de las causas de la
fee, occupamos todos los dias sin reservar ninguno, lo que
resta del día desde las tres horas de la tarde hasta la no-
che, y emos ido pagando y pagamos con fian9a deposita-
ría muchas deudas, porque de otra suerte, se destruía el
comercio, y recibía daño irreparable la República por tan-
tos modos fatigada.*
II Manuel González, portugués, entró preso con secresto
de bienes en 22 de mar9o de este año.
iiManuel Alvarez, portugués, fué preso en las cárceles
secretas, en 31 de mar9o del dicho año; éste tenia tienda
en el callejón, y luego que vio las prisiones que se hacían,
cargó la ropa que en ella tenia y se huió; y en la provin-
cia de Guailas, sesenta leguas y mas de aquí, aviendo
entendido que un passajero llebaba pliego desde Santo
Officio, para su Comissario della, le procuró haber a las
manos con ruegos y plata, y no lo pudiendo conseguir,
dejó la ropa que llebaba en algunas cargas a un soldado,
que la recibió por memoria, y el se fué huiendo, y el sol-
dado hÍ90 propio luego con avisso de lo que passaba:
mandósele inventariasse la ropa, ante el Comissario que
estaba en otro lugar allí cerca, y la trajesse, o remitiesse
a esta Inquisición, y con el mismo mensajero se despachó
mandamiento contra el Manuel Albarez: la ropa vino, y
4. cCon la ocasión de las haciendas que se han embargado, declara-
ba la Aadiencia, ha quedado tan enflaquecido el comercio qne apenas
pueden llevar las cargus ordinaríasi. Caria de 18 de mayo de 1636.
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•■ .u^--*J'^
68 LA INQUISICIÓN BE LIMA
él luego, que le halló quien le fué a buscar en la provin-
cia de Cajamarca, mudado el nombre, y dentro de pocos
dias le sobrevinieron testificaciones de ser judío judai-
9ante.
«Pascual Nuñez, portugués, cajonero, entró presso en
14 de abril deste dicho año.
iiFernando de Espinosa, entró en las cárceles secretas
en 16 del mismo, era mercader en la calle, en compañia
de Lucas Hurtado de la Palma, quebró algunos dias antes
y estaba retrahido en la Merced, es natural de la Torre de
Moncorbo en Portugal, de edad de 34 años.
"Rodrigo de Avila, tio del otro preso, entró en las cár-
jeles secretas por consulta de todos, con secresto de bie-
nes, es casado en esta ciudad con muger principal y hijos,
portugués antiguo en el Perú, donde entró por Buenos
Ayres: esta prisión fué a los 17 de abril deste año, es na-
tural de Lisboa, de officio mercader, de edad de mas de
sesenta años.
»» Pedro Parias, portugués, mercader, entró preso este
mismo dia, con secresto de bienes, en las cárjeles, es na-
tural de Guimaraes, de edad de 34 años.
Antonio de los Santos, fué preso dicho dia, con secres-
to de bienes, era pretendiente de familiatura, y están aquí
las informaciones de su genealogía, buenas, al estilo de
Portugal, es de officio mercader, y en occasion que con
solo un testigo le mandaron prender, se tubo respecto a
la pretensión, sobrevínole otro, y mandósse recluir, es na-
tural de Capeludos, ar9obispado de Braga, de edad de 35
años.
»»Don Juan Arévalo de Espinosa, alguacil mayor de esta
Inquisición, por estar viejo e indispuesto, no pudo acudir
en persona a estas quatro prisiones últimas y pidió por
petición, attento a sus achaques y tantos servicios, se le hi-
ciesse gracia y merced de nombrar para sus ausencias y
enfermedades a'don Joan Tello, su hierno, caballero de mu-
chas partes, modesto, secreto, quieto y pacífico, y que está
en prueba para familiar, y lo que hasta hoy se a echo, que
es lo mas, está quaJificado: diósele el nombramiento, y
trahe la bara con lustre y ostentación, don Joan de Es-
pinosa, el mo^o, a quien el Eminentísimo y lUmo. señor
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capítulo xviii 69
Cardenal Inquisidor General, hi$o merced della en futura
subcesion, y V. A. manda en carte particular, por haber
Balido las pruebas de su mujer reprobadas, se le diga, si
instare, que su lUma. ha revocado todas las futuras sub-
cesiones: como vio la bara en mano ajena, la pidió por
petición, en virtud de su provission, acudirá a V. A. con
su queja, y la dará porque es caballero violento, y siente
la pérdida de reputación, que la quiso tener sana y hacer
su gusto, sin reparar en inconvenientes de que fué adver-
tido, y luego es la culpa nuestra.
"Sebastian Delgado, pretendiente de familiatura, por-
tugués, fué preso en 20 de abril deste año, con secresto do
bienes; es natural del Concello, deben vivir obispado de
la ciudad de Oportu, de edad de 52 años.
"Jerónimo de A§ebedo, portugués, fué preso, con se-
cresto de bienes, el mismo dia, pidió audiencia y confessó.
"Váse prosiguiendo en todas las causas y descubrién-
dose tanta copia de judíos derramados por todas partes
que nos damos a creer igualan a todas las demás naciones:
las cár9eles están llenas y por falta dellas no executamos
algunas prisiones de personas de esta ciudad; andan las
gentes como asombradas, y no se fian unos de otros, por-
que quando menos piensan se hallan sin el amigo o com-
pañero a quien juzgaban tanto. Tratamos de alquilar cassas,
y todas las circunvecinas no han de bastar: seguramente
puede V, A. affírmar a su real persona, y a todos sus Con-
sejos, que no se le a echo en estos reynos a su Mag*. y a
la Divina mayor servicio que el actual en que estamos,
porque esta nación perdida se iba arraigando en pocos
años de manera que como mala hierba avia de aogar a
esta nueva christiandad, y en la anciana hajer grandíssi-
mos estragos, porque en estas partes el último fin de los
que las habitan de passo, y aun de assiento, es el interés,
no se trata de otra cosa, a él aspiran anclando chicos y
grandes, y todo medio que facilita su consecución se abra-
9a indistintamente, en tanto tienen a uno por hombre en
cuanto sabe adquirir hacienda; y para conseguirla han ha-
llado apropósito esta secta infernal y atheismo; es el la9o
con que iban enrredando, prometiendo buenos subcesos y
grandes riquezas a sus sequaces: y dicen es esta la tierra
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70 LA INQÜISICIOIÍ Di! LIMA
de promisión, si no fuera por la Inquisición: assí pare9e de
sus confesiones. Al xpiano nuevo, o al que tiene alguna
parte, fácilmente le persuaden su opinión, y al viejo, como
sea cudiciosso, sin mucha difficultad. Justamente nos te-
memos de un grandíssimo daño solapado con pretexto y
capa de piedad; porque ussan mucho de la hypocresía: je-
neralmente, ninguno se prende que no ande cargado de
rosarios, reliquias, ymájenes, cinta de San Agustín, cor-
don de San Francisco y otras devofiones, y muchos con
cilicio y disciplina; saben todo el catecismo y re9an el ro-
sario, y preguntados cuando ya confiesan su delito, que
por qué le re9an, responden que por que no se les olviden
las ora9Íones para el tiempo de la necesidad, que es este
de la prisión, y se muestran devotos para engañar, y que
ios tengan por buenos christianos.
"Dofe familiares del número se assignaron en esta.oiu-
dad, cuando se erijió este Tribunal el año de 1571, ha ido
en augmento de población y gente, de manera que hoy
respetuosamente necessita de cinquenta, porque como los
vecinos son de ordinario tratantes y andan en sus contra-
taciones, muchas veces se care9e en la occasion de minis-
tros, y nos vemos obligados a valemos de quienes no lo
son, aventurando mucho los aciertos. De antes habemos
supplicado a V. A. se sirva de acordar en este casso lo que
mas viere convenir, y agora con maiores experien9Ías ha-
9emos lo proprio; juzgando como juzgamos, ser precisa la
necessidad del dicho número, para la buena expedición de
los negocios y mayor seguridad, advirtiendo que hoy con
la ve9indad del enemigo en el Brasil, no tienen seguridad
estos mares, y está ésto expuesto a qualquiera invassion
suia, sin reparo considerable para su defensa.
♦lA los últimos de abril tuvimos avisso de que unos
portugueses, mercaderes, que de aquí fueron con ropa a
las provincias de arriba, aviendo salido muchos dias avia
de la ciudad del Cuzco para ésta a hacer sus pagos, tenien-
do noticia de la prisión de algunos de sus corresponsales,
por el camino se avian estraviado con quanto trahian; des-
pachamos comission a todas partes, y a los cinco deste
mes de maio tuvimos proprio con nueva cierta de cómo
quatro, de cinco que eran, se avian presso, y se les avian
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capítulo xviit ti
secrestado oro, plata, ropa y veinte y tantas muías, Ud*
Tnajise Rodrigo Fernandez, Matheo de la Ciiiz, Matheo
Ervt'viquez y Phelipe Díaz, que hoy están testijicados del
judaÍKino, y se aguardan por horas: la prifision fué en la
ciudad de Guanueo, diez jornadas desta; y a quatro ocm-
co dellas, ae ponían fuera de lo conquistado a la parte del
rio Marañon. Ha acreditado grandemente este subceso los
favores particulares que Dios hace al Santo Officio,
»Fnmcisco Jorge Tabares, hermano de otros dos Taba-
res^ fué pref?so el mismo día, con secresto de bienes, por
testificíicion de sus hermanos,
■"Gonzalo Gómez Aceituno, alcaide que era actualmente
de la cárcel de corte en la Real Audiencia de la Plata, en-
tró presso en las cárceles seíiretas por sospechas de judío,
es hermano de un relajado por este Sancto Officío, el mis-
mo día.
"Diego Pereira, portugués, vino presso de la provincia
de Chucuito, el dicho dia, por sospechas de judío.
•»Joan Ramos de Rojas, alquilador de muías, vecino des-
ta ciudad, fué presso, con secresto de bienes, a los seis del
dicho: confesó luego ser morisco y haber judaÍ9ado.
"A los siete de maio tuvimos consulta, en que se man-
daron prender con secresto de bienes los que se dirán
luego; y se trató del modo que se ternia en la prosecución
desta complicidad, que cada dia se descubren mas, porque
ya passa a otros lugares y naciones; y ay, sin los pressos,
mas de ochenta testificados, que pudieran muy bien re-
cluirse desde luego, y no ay cárceles, y por estar el hibier-
no en cassa, ni se pueden labrar ni habitar, quando se hi-
ciessen, en muchos meses; tratóse también de la necessidad
que ay de mas ministros para el bueno y breve despacho
de tantas causas y para la mayor seguridad de los presos
y su servicio. Propúsosse que no se podian recoger luego,
a menos de juntarlos algunos entre sí, en el ínterin que
se daba orden en las cárceles, y que quando en los confi-
tentes no pareciesse haber inconvenientes, los avria en los
que no lo estaban. Por otra parte, en el estado presente
se juzgaba por menor daño, el que de aquí se podia seguir,
que no de que se huiessen (como lo han echo muchos), o
puBiessen en salvo la plata.
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72 LA INQUISICIÓN DE LIMA
"Fuimos de consulta los tres ynquisidores y el ordina-
rio, doctor don Juan de Cabrera, y los oidores, licenciados
don Alonso Pérez de Sala9ar, electo presidente de Guada-
lajara, don Martin de Arrióla, don Andrés de Villela, y
Andrés de Barona Encinillas, fiscal de lo civil, todos con-
sultores; los quales todos, después de haber platicado en
la materia largamente, con singular affeto y celo (en que
nos dan exemplo), fueron de parecer que se prosiga ani-
mossamente cossa tan sancta, en que consiste la restaura-
ción y conservación destos reinos, en lo espiritual y tem-
poral, sin attender a gastos, para que se debían vender
aun los cálices, pues se conocia visiblemente la poderossa
mano de Dios en los felices subcessos que cada se veian,
desde que se comen9Ó el descubrimiento desta parle in-
fernal, en su santo servicio; y digeron se tornasse toda la
ysla y se edificasse lo necessario en ella, y serian los
primeros en cargar los materiales, lo qual se debia hacer
mejor que quando un enemigo poderosso enviste ino-
pinadamente, donde todos indistintamente conducen la
fagina, para su reparo y defensa; y que era precisso recluir
a todos aquellos de quien se temia fuga o ocultación de
bienes, en cuia comparación no avii peligro en que estu-
viessen juntos algunos, dejándolo todo a nuestra disposi-
ción, en que hasta agora avian visto tan grandes aciertos.
li Esteban Diaz, avia testificado por Luis de Lima, un
Santiago del Castillo, y por decirse que era montañez,
aunque la testificación era grande y muy circunstanciada,
no se avia resuelto su prisión en otra consulta, quedando
en iguales votos, y en ésta por habérsele arrimado otro
cómplice, que contestó con el primero, se mandó prender
luego, antes de salir della, porque la misma tarde imbió a
firmar la licencia para Caístilla.
>i Santiago del Castillo, mercader, entró presso en las
cárceles secretas, con secresto de bienes, halláronsele qua-
renta y quatro barras y diez mili pesos en pesos, y algu-
na plata labrada, que todo se puso en la cámara del secreto;
hasta agora solo le piden quatro mili pesos, y él declara
deberlos: es la hacienda mas saneada que se ha secrestado.
"Alonso Sánchez Chaparro, mercader, administrador
del almojarifazgo, por el comercio^ fué presso en las caree*
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CAPÍTULO xvín 73
les secretas el dia siguiente ocho de maio: es natural de
Yafóneia de Alcántara, en Estremadura Esta prisión olvi-
dó la antecedente, porque su exterior parece bueno a la
gente sencilla. Tuvimos noticia que tenia mucha plata del
almojarifazgo, que se avia de entregar en la caja real, de
quenta de S. M,, hagora para remitirla en esta ocasión
con el demás tesoro; y al tiempo de la prission dimos avi-
eso al oidor don Martin de Arrióla, consultor desta Ynqui-
sicion y juez de al9adas del Consulado, para que asistiesse
a ella y apartasse la plata que assí avia del dicho effecto,
que ya se sabia qual era de la del prenso, no causasse des-
pués confusión j untan dosse con la sequestrada, y retarda-
sse su entrega: hí$osse assí, y entregáronse treinta y tan-
tos mili pesos deste género, y sequestráronse cinquenta
barras que se hallaron, y porque tenia de la quiebra de
Joan de la Queba, de que era juez, seis o siete mili pessos
en dinero, y otra hacienda de que constó luego, y agora
se concluía la prorata para algunos ochocientos acreedores,
se entregó todo al dicho oidor, que sabido por el Virrey,
Bos imbió las gracias de nuestro cuidado; las barras se me-
tieron en la cámara del secreto, assí en bruto como se
hallaron; dicen es quantioso su caudal, aunque embaluma-
do en pleitos, y tiene hacienda agena como hombre de
i^egocios, y ya han pedido algunas quantidades ante nos.
"Luego a los nueve, llamamos a consulta, en que se vio,
lo que avia de tiempos atrás, contra un capitán Martin Mo-
rata Ossorio, que fué una ocultación de un judío mandado
}»'ender por este Santo Officio, y alguna hacienda, y las tes-
tificaciones que le sobrevinieron el dia antes del judaismo,
y estando confiriendo, después de haberse resuelto su pri-
sión con secresto de bienes, sobre si se haria de dia o de
noche, llamaron a la portería, y entró un secretario que
sabia lo que se trataba, diciendo que Martin Morata esta-
ba en ella: pareció cossa del cielo, y mandósse detener.
*»E1 capitán Martin Morata, portugués, natural del Al-
garbe, de officio jugador fullero, que de pocos años a esta
parte se ha echo caballero, fué maestre-sala del Marqués
de Guadalca^ar, con quien passó a Spaña, y en esta corte
obtuvo cédulas honoríficas de Vuestra Real persona, y una
pan que el Virrey, conde de Chinchón, le ocupasse en uno
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?4 LA tNQÜISIClOIÍ DÉ LIMA
de los mejores offieios de su provisión; es casado en Sevi-
lla, donde fué platero, y ha andado estas Indias todas: por
ser tan insigne bellaco, ha puesto silencio en las prisiones
passadas.
»» Pedro de Soria, mercader, se prendió el mismo con se-
cresto de bienes.
"Francisco Sotelo, entró en las cárceles con secresto de
bienes a los doce del dicho.
»• Andrés Muñiz, portugués, entró presso con secresto de
bienes en 14 del dicho.
iiMathias Gron9aIez, portugués, agente de Diego de Ova-
He, presso, lo fué en 15 del mismo, con secresto de bienes.
"Ambrosio de Morales, familiar desta Ynquisicion, con
informaciones echas en Portugal, su patria, entró en las
cárceles dicho dia, con secresto de bienes.
"Manuel García Matamoros, se mandó prender con se-
cresto de bienes, y porque no avia cárcel dessocupada y
se quería embarcar para Tierrafirme, le mandamos poner
en la de la ciudad, con color de ser deudor de alguna plata.
"Otros muchos están mandados prender, que con la
prissa de la armada, y el tiempo corto y no haber donde
recogerlos, nos embaraja en su prisión: habemos echado
mano de aquellos pue podian occultar la hacienda, que
como toda es mueble, fácilmente lo hacen; la relación va
truncada, como quiera que como han ido subcediendo los
cassos, se han ido escribiendo, no mas que por darla a V. A.
por mayor, hasta que a su tiempo la podamos dar por
menor, con toda claridad; están confitentes mal qtte bien,
los anotados en la margen con ci*uz, y por momentos ay
nuevos encartados, con que nos damos a creer que es ma-
yor el daño de lo que hasta agora parece, y si Vuestra
Keal persona no manda poner remedio efficaz en estirpar
esta peste que assí cunde, ha de abrasar toda la tierra; y
es cossa cierta que el capitán Martin Morata, dia antes de
su prisión, dijo haciéndosse zelador de la honrra de Jesu-
xpo. y del servicio del Rey publicamente, en occassion que
se trataba de la prisión de Chaparro, quemen a estos perros,
que antes de mucho nos avian de hacer cargar botijas de
agua, como quien dice nos avian de hacer esclavos: es
grandíssimo bellaco y no se quede hacer poco casso de
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CAPÍTULO XVlíí 7S
cualquiera cossa que digan en estas materias, porque pre-
tenden engañar don la verdad.
hY porque pueda dar cuidado a V. A. la multitud de
los negocios civiles que ay, y yran viniendo, y el tiempo
que en su despacho se gasta, en daño de las causas de la
fee, porque hablamos señalado los lunes y martes para
ellos; después, como decimos en esta misma relación, nos
pareció ahorrar estos dias y trabajar en todos indistinta-
mente lo que queda de luz desde las tres horas de la tar-
de hasta las oraciones; con que hablamos vencido lo que
habia re9agardo, y yremos de hoy mas con el favor de Dios
dando despacho, sin faltar en cossa al nego9Ío principal,
a toda esta máquina, que es la mayor que se ha visto en
Tribunal eclesiástico y seglar, porque con cada uno que
se prende se heredan cien pleitos.
u Francisco de Vergara, mercader, natural de Estella de
Navarra, cassado con hija de Diego de Ovalle, entró preso
a los quince deste mismo mes, con secresto de bienes; es-
taba días avia votado en consulta, y por causas se habia
dilatado la execucion.
ȒV. A. se ha de servir de perdonar las faltas desta na-
rración, que como se ha hecho a tro9os se ha atendido mas
a la verdad que al aseo, mas tal qual demuestra la gran
misericordia de Dios en habernos dado su luz para que
de un principio tan pequeño ayamos llegado a la grande-
ja que vemos; siendo assí, que todavía estamos en los
primeros umbrales de la complicidad, en que hasta hoy
que se cierra el pliego, son treinta los confitentes, que
aunque muchos dellos están diminutos, con el tiempo
yrán descubriendo cómplijes, que por nuestros pecados
son tantos, que ponen grima, y algunos de los que menos
se pensaba en esta ciudad, y supuesto que ha comenjado
a discurrir por las de otras provincias, en que hay tantos
desta nación infame, hay obra cortada para mucho tiem-
po: supplicamos a Y. A. admita nuestros buenos desseos,
cierto de que en su serviyio no habrá difficultad que nos
acobarde, y que por venjerla en honrra y gloria de Dios
y su fee santísima pondremos la vida, siendo menester.
iiEl Virey Conde de Chinchón acude a todo quanto se le
pide en estas materna con tanto affecto y tan zeloso mi-
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76 LA IN4JUISICI03Sr t>É LIMA
ra la autoridad del Sancto Officio, que aunque se lo pro-
curamos merecer de nuestra parte con la sumisión y reve-
rencia debida, se ha de servir V. A. de rendirle las gracias
de lo que hace, y en particular de haber dado orden apre-
tada a los soldados del presidio, caballería y infantería
ronden toda la noche toda esta quadra de la Ynquisicion,
como lo ha^en iucessantemente, con grandísimo cuidado^.
"Nuestro Señor guarde a V. A. largos y felices años
para bien universal de su Yglesia, como estos sus menores
capellanes desseamos y habemos menester. Lima y maio
18 de 1636. — El licenciado Juom de Mañozca. — El li-
cenciado Andrés Jvxxn Gaytan. — El licenciado don An-
tonio de Cobstro y dd Castillo^.
Cúmplenos al presente decir algo acerca de los minis-
tros que firman la nota que acaba de leerse.
. Muí poco después de la celebración del auto último de
1631, moría en Lima, a 22 de setiembre de ese mismo
año, Jua^i Gaitierrez Flores, que ademas de su título de
inquisidor había investido el de visitador de la Audiencia.
Mañozca que desempeñara un cargo semejante en Quito,
según hemos visto, se veía por entonces gravemente acu-
sado ante el Consejo, por hechos falsos, según él asegura-
ba^ pero que no habían de ser obstáculo para que algún
4. «Por la ocasión tan grave y de tan gmn servicio de Nuestro Se-
ñor, escribia al Rey el Conde cinco días antes que los Inquisidores, y
del mayor que a Y. M. podia hacerle, he asistido a los Inquisidores en
todo lo que ha sido justo y necesario y se han querido valer de mL»
Este funcionario tomaba pié del hecho de la prisión de los portugne-
ses para recomendar que por el Consejo de Inquisición i el de ludias
se agradeciese su celo al Tribunal de Lima, se vijilase mas que nunca
el pasaje de portugueses a América, i por fin, pam que se restituyese
por los Inquisidores al fisco real las sumas que se les tenían pagadas,
indicación que el soberano no echaría en saco roto, como luego lo ve-
remos. Carta de 18 de mayo de 1686.
La Audiencia pedia, a su vez, aque de nuevo se vuelva a mandar con
mayores penas de las que están puestas, que en nao ninguna traigan
portugueses, que puestos una vez aqni, es la dificultad tan grande q^ue
casi es imposible su espulsion.]» Carta de 18 de mayo dei mismo año,
6. Libro 760-10,-fol 51.
6. Se daba como autor de estos denuncios al provincial de los agus-
tinos de Quito, Fr. Leonardo de Araujo, a quien acusaban los Inqui-
sidores (como tenian de costumbre siempre que sospechaban de alguien
qne uo lea mirase bien) que cno contento con profanarlo hamanO| sino
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CAPÍTÜIO XYIII 77
tiempo mas tarde fuese nombrado cancelario de la Inqui-
sición jeneral i para otras dignidades/ Gaitan contaba ya
por ese fecha sesenta i siete años i se encontraba por de-
mas achacoso con una molesta enfermedad que poco des-
pués debía privarle en absoluto de salir de su casa i aun
llevarlo al sepulcro algún tiempo mas tarde. El otro juez
que firmaba la nota, Antonio de Castro i del Castillo, que
ejercia sus funciones desde febrero de 1627, era un sacer-
dote de cincuenta i cinco años de edad, graduado de ba-
chiller en cánones en la Universidad de Salamanca i de
licenciado en la de San Marcos de Lima, i que después
de haber sido cura i vicario de Potosí por tiempo de mas
de veinte años, i comisario del Santo Oficio, había mere-
cido la plaza que ocupaba con carácter de supernumera-
ria i sin sueldo mientras no vacase alguna de las de plan-
ta.«
Contra todos ellos Efe habían levantado quejas, partien-
do, como sucedía de ordinario, las primeras de entre ellos
mismos o de sus subordinados, que les acusaban de la as*
pereza con que les trataban o de las humillaciones que a
cada paso les inferían. Ya era el fiscal que les denunciaba
de contravenir a la disposición que mandaba se hallasen
presentes cuando se hubiese de dar tormento a los proce-
sados i de que permitían a los familiares casarse sin prac-
ticar las informaciones de limpieza de sus mujeres, a que
qne para mas mostrar sn inclinación, pasó a lo divino j fingió cuatro
cnerpos de santos qne traía de Roma, autorizados oon papeles^ j habién-
dolos hecho recibir con culto y veneración de tales, luego los dejó em-
peñados en doscientos pesos en poder del doctor Juan de Quiros, chan-
tre de la iglesia catedral.» Carta ile 31 de mayo de 1635,
Posteriormente, con motivo de temer nuevas acusaciones, que, se-
gún entendemos, nunca se realizaron, Mañozca las achacaba a cuna
^villa de doctores de la universidad,» culpando especialmente a Fran-
cisco fiarnos Galban, catedrático de Prima de Leyes, i al canónigo Je-
rónimo de Ortega, a quienes suponia resentidos contra él, apelando,
para desautorizarlos del Archivo del Tribunal, donde habia descubierto
testificaciones contra los padres de ambos. Carta de 27 de mayo de 1687.
7. Mafiozca recibió su título en Lima el 29 de julio de 1687, siendo
despnes nombrado presidente de la Ghancilleria de Gitanada, i en 1648
arzobispo de Méjico, cargo que sirvió hasta el de 1658, en que murió.
8. Relación de los Inquisuiores y Oficiales y Ministros que hay en el
Santo Oficio j etc
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78 LA INQUISICIÓN DE LIMA
estabim obligados;' ya el secretario que se lamentaba de
los compadrazgos que hacían valer, especialmente Gaítan^
para favorecer a sus criados, honrándolos con títulos del
Santo Oficio, para valerse de ellos en sus granjerias.^"
I si tal era la conducta de los Inquisidores, no parece-
rá estraño, que, como acabamos de ver de la relación que
enviaban al Consejo, los empleados subalternos no les fue-
sen en zaga. Mas, cualesquiera que sean las acusaciones
que se hacian a éstos siempre parecerán destituidas de ín-
teres al lado de las que podían hacerse valer contra el al-
caide encargado de la custodia i guarda de los presos, pues
su estudio tendrá la ventaja de dejarnos siquiera vislum-
brar la vida que llevaban en sus cárceles los procesados
por el Santo Oficio.
Desempeñaba el destino por esa época, según ya sabe-
mos, i lo servia desde 1605, Bartolomé de Pradeda, hom-
bre de mas de cincuenta años, a quien a causa de los de-
nuncios que contra él se tuvieron, los Inquisidores se
vieron obligados a encausar, llamando a declarar con este
motivo a muchos de los presos, el testimonio de uno de
los cuales, único que trascribiremos en obsequio de la
brevedad, consta* de la siguiente dilijencia.
iiEn la ciudad de los Reyes, viernes quatro de enero de
mil y seiscientos treinta y seis años, estando el señor yn-
quísidor licenciado don Antonio de (Jastro y del Castillo,
en su audiencia de la mañana, mandó entrar a ella a
una muger que vino sin ser llamada, de la qual siendo
presente, fué recibido juramento en forma de derecho y
prometió de decir verdad y de gua.rdar secreto, y dixo lla-
marse María de la Cruz, viuda, natural del Puerto de Gua-
darrama, presa que ha sido en este Santo Officio, y residen-
te al presente en esta ciudad, con licencia de los señores de
él, de edad de mas de cuarenta y ocho años, aunque de
cierto no save los que tiene, dixo que por el descargo de
9. Carta de Luis de Betancurt de 15 de junio de 1637.
10. Entre otros nombramientos debidos a la inflaeneia de Oaitan,
debe notarse el de Domingo de Aroche, que estando sirviendo de chas-
que, después de haber sido mozo de un mercader, le empleó en el Tri-
bunal, cenviándolo a Méjico con sus contrataciones j negocios.» Carta
de Martin Diast de Cmtreras de 15 de mayo de 1636.
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CAPÍTULO xvni 79
8u conciencia y por que algunos confesores se lo han man^
dado, viene a decir y a manifestar en este Santo Ofi-
cio, las cosas que sabe y las que vio y oyó el tiempo que
estuvo presa en las cárceles secretas y en la casa del Al*
cayde, del poco rrecato y falta de secreto que el dicho
alcayde Bartolomé de Pradeda guardaba en la adminis-
tración del dicho su officio, y lo que sabe es:
II Que luego que traxeron preso a las dichas corceles se-
cretas, por las carnestolendas, a lo que se quiere acordar,
de la quaresma próxima pasada, a un portugués mercachi-
fle llamado Antonio Cordero, para abolle de traer preso
pidió en presencia de esta declarante el dicho Alcayde a
su hija doña Juana, una aguja grande con un hilo de
acarreto, que dixo quera para traer un preso y montaUe
en una siUa de manos que para el caso avia prevenido, y
vio esta declarante que fué con la dicha silla y dos ne-
bros suyos, el dicho Alcayde, entre las doce y la una del
dia, y de ay a un rrato vio ansimismo esta declarante que
el dicho alcayde Bartolomé de Pradeda salió por la puer-
ta de las cárceles que sale a su casa, y en la cocina donde
esta declarante estava y algunos negros de su servicio,
dixo a esta declarante que ya abia traído el preso y lo
dexaba en las cárceles secretas y que lo avia sacado de
casa de Bartolomé de Larrea y que el preso hera un merca-
chifle portugués llamado Antonio Cordero, y para que
mejor lo conociese esta declarante, le dixo que hera un
mercachifle que los dias pasados avia entrado en casa del
dicho Alcayde en compañía de un pariente, y luego dixo
de un hermano de Águila, un escribano, a quien en México
querían ahorcar por unos libelos, y por estas señas conoció
esta declarante quien era el dicho Antonio Cordero, por
que de él había comprado ésta algunas cosas, como mer-
cachifle que andaba vendiendo por las calles. Y dijo an-
simismo a esta declarante el dicho Alcayde que la prisión
avia sido por unas palabras que avia dicho en la calle de
los Mercaderes el dicho Antonio Cordero, diciendo que qué
se le daba a él que aquellos perros judíos le quitasen la pe-
taca, y que eran unos perros judíos, y que él hera mas hom-
bre de bien que ellos y que le mirasen a la cara, que avia
de hacer que se acordasen del y que por aquellas razones
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60 LA INQUISICIÓN BB LIMA
le habiaa mandado prender, y no dixo ni nombró quie-
nes heran los perros judíos*
iiYten, dixo que sabe esta declarante que todas las
consultas que en este Santo Oficio se hacían las oya el di-
cho aJcayde Bartolomé de Pradeda, porque en habiendo
consulta, se metia en las cárceles, y se ponia a escuchar
junto a la ventana que cae a la sala del Tribunal, y allí,
encima de un bufete, se ponia a escuchar. Lo cual sabe
esta declarante, por que preguntaba a los negros que en-
travan em las canales qué hacia su amo, y le decian, en
particular un negro llamado Dominguillo, entre bozal y
ladino, que entiende es de casta bran, que su amo estaba
allí junto a la ventana, agachado escuchan.do, y la venta-
na hera la del Tribunal que cae al callejón de las cárceles;
y ansimismo le dixo Diego de Bargas, alcayde que al
presente es, que qué le parecia a esta declarante cómo el
Alcayde estaba escuchando las consultas, encima de un
bufete^ junto a la dicha ventana del Tribunal, y está
cierta esta declarante de que hera verdad que se ponia
a escuchar las consultas el dicho Alcayde, porque a esta
declarante la dixo que la habian sentenciado, y que
azotes la aseguraba que no tenia, y que de lo demás
no lo aseguraba; y ansimismo dixo quando se determinó
la causa del dicho Antonio Cordero, que bien sabia él en
qué abia de parar la cosa sobre un pobre, y de ahí, a dos
dias o tres, que le parece que fué un viernes, aunque no
está cierta dello, por parte de tarde, mandó prevenir la cá-
mara del tormento, y que la barriesen, y a su hixaladixo
que truxessen unos pebetes y unos belenes grandes, y que
ansimismo previniesen candeleros y tixeras de espabilar, y
aquella noche llamó al verdugo, porque otro dia por la
mañana vino, y diciendo esta declarante al dicho Alcayde
que allí estaba un mulato que le buscaba, el dicho Alcayde
le dixo que era el verdugo, y que le dixese que se fuera
allá fuera y esperara en la calle, y diciéndole ésta que si
hera el verdugo, que mejor será para que no le conociesen,
que le metiera en la cocina o en un callejón de las cárceles,
y el dicho Alcayde la dijo a esta declarante, que no se me-
tiera en aquello, y que le digera que aguardara en el pa-
tio, y después, a cosa de las ocho de la mañana^ que avia
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capítulo xvni 81
entrado el dieho Alcayde en las cárceles, salid de ellas y
mando prevenir sevo y víuo y carbón, y que el aevo lo
echasen en un perol íllo, y que llamasen a Montesdoca, el
cirujano, y que a él le hiciesen unos guevos para almorzar,
por ípio entendía que avian de comer tarde, y esta dechi-
rao te y la dicha su hija le previnieron todo, y le hicieron
los huebos, y después, cuando se acabó el tormento, serian
entre las once y las doce, salió el dicho alcayde y llamó al
dicho Montesdoca, que estaba aguardando en la sala, que
entrase en las cílrceles, y que poco habia sido menester,
que no estaba mui lastimado, que dos o tres vueltas le
hablan dado, lo cual se lo oyó decir esta declarante al di-
cho alc^ayde, estíindo en la cocina, y con fácil iihid enten-
dían los texedorcs que estaban en k casa del dicho alcayde,
texiendo, que heran tres, ío que pasaba en las cárceles,
porque no se rrecataba de nadie el dicho Alcayde, y le
beian alli, al veMugo y al cirujano, y las cosas que se
prevenían.
*»Yten, dixo que por el tiempo que estaba preso el dicho
Antonio Cordero, dtxo un dia en presencia de esta decía-
lante al dicho Alcayde, fulano Agalla, hermano del de
México, que le hal>ian preguntado como pensó na que era
de casa del dicho Alcayde, si acaso entava preso en la In-
quisición el dicho Cordero, porque no sabían del y enten-
dian que estaba preso en la Inquisición, o que le avian
muerto, pero (jue mas se certificaban de que estava preso,
a lo qual el dicho Alcayde rrespondió que rdlá lo vcrian,
dando a entender que estava preso, ydiciendole al dicho
Águila que no dixese nada, y que si estavan zurra^scados,
que efi lo mismo que si estaban temerosos»
«íYten, dixo que después de algunos dias supo esta de-
clarante que se avia dado tormento a Antonio de Acuña,
porque íisí lo dixo el dicho Alcayde en la cocina a esta
declarante, diciendo, Jesiis^ qué gran tormento le andado,
y le an tenido tres horas, y tiene los brazos hechos peda-
zos, y le nombró por su nombre, dit^eudo quehera el di-
cho Antonio de Acuña, por que si él no le nombrara, ni
sabia su nombre esta declarante, ni conocia quien hera, y
dijo mas, que habia sido dalle el tormento como dar en
una piedra, y que hera un mozo moreno, de rostro muy
TOMO II 6
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82 LA INQUISICIÓN DE LIMA
galán y de lindos hojos, y de lindo rostro. Y después un
dia o áos, poco mas o ménoa, pidió el dicho Alcayde a
esta declarante una sobrecama suya para ponella por so-
bremesa, y una alfombrita, y un bufetillo y una silla, y lo
metió en las cárceles, diciendo que no hora menester mas,
por que el secretario sé sentaría encima de la cama del
preso, y esta declarante se la dio, y de allí a dos o tres
horas, poco mas o menos, bió esta declarante que salió el
dicho Alcayde santiguándose y haciendo grandes estremos
y diciendo en presencia de ésta, que estaba en la cocina,
Jesús, Jesús, repitiéndolo muchas veces y santiguándose,
y bolviendo a decir esto ay en Lima, Jesús, todos los pe-
rritos y gatitos de la casa de Manuel Bautista, an de ve-
nir a comer la olla deste Santo Tribunal, y así por esta
vez y otras que le oyó decir lo mismo esta declarante al
dicho Alcayde, supo mas de quince dias antes que le avian
de prender al dicho Manuel Bautista, como le prendieron,
y lo mismo supo de todos los demás que por entonces se
prendieron, porque los nombraba, aunque esta declarante,
como no los conoce, no se acuerda de sus nombres, y si
fuera por alguna muerte y no por cosas del Santo Oficio
y no temiera a Dios, pudiera esta declarante avisar a to-
dos que los avian de prender en este Santo Oficio, y en
particular se acuerda que le dijo una noche a esta decla-
rante el dicho Alcayde, aviendo salido de las cárceles,
estando en la sala de su casa, que si la pesara a esta decla-
rante de ver en las cárceles algún conocido desta declaran-
te, y ésta le dixo qué quien seria, por que no conocia a
ningún portugués, sino heva a Antonio López que yba a
España, casado con una amiga de esta declarante, llamada
doña Antonia Melgarejo, y entonces le dijo el dicho Al-
cayde a esta declarante que el dicho Antonio López hera
judío, y que se hiva huyendo por que no le prendiesen, y
de ay a dos dias le volvió a decir en la cocina, a las doce
del dia, que si biese en aquellas cárceles algún hombre que
huviese hecho bien a esta declarante y que la hubiese
bisitado allí en casa del dicho Alcayde, que si le pesaría,
y ésta le dixo, que sí pesaría como fuese judío, pero que
sí no lo hera, que no le pesaría, y el dicho Alcayde la
replicó, pues ya sabe quien es, y ésta le dixo ai pues
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t
CAPÍTULO xvm 83
vuestra merced me ha dicho otras veces que es Antonio
López, por que no le tengo de saber, y entonces volvió a
decir el dicho Alcayde que le avian de traer preso a este
Santo Oficio, por que avian despachado por él a Pana-
má, y por otros tres o cuatro judíos, y que lo que
sintia era que avian de venir tantos que no estava se-
guro en su casa, mas que hera fuerza que se la quitasen.
II Yten, dixo que considerando esta declarante el poco re-
cato que avia en las cárceles, anda va siempre con cuydado
para dar parte de ello a estos señores, porque en particular
bió que un dia estando guisando esta declarante tm po-
llo en la cocina para Antonio de Acuña, a cosa de las once,
salió como loco el dicho alcayde de las cárceles, dexando
la puerta que sale a la cocina de ellas abierta y la llave
en la cerradura, y se fué muy apriesa, y como tardava de
volver, preguntó esta declarante a un negrito pequeño
del dicho alcayde, llamado Agustinillo, dónde estava su
amo, el qual respondió, que ya avia tomado la espada y
la capa y havia ido fuera, y entonces esta declarante ce-
rró la puerta de las cárceles con la llave y se la echó a la
faltriquera y hasta la una no bolbió, y en el ínterin vino
Diego de Vargas de fuera, que le avia embiado el alcayde
por plata, y dixo que no traya plata, y esta declarante
prestó seis reales para traer dos reales de plántanos y
quatro de vino, porque siempre el dicho alcayde andava
falto de plata, y trataron ésta y el dicho Diego de Vargas
de dar de comer a los presos, y sacó esta declarante la
llave de la faltriquera diciendo que ya era alcaydesa, que
tenia la llave de los presos, a los quales les dieron de co-
mer, y después de haber comido, como dicho tiene, vino
el dicho alcayde de fuera, y ésta le dio la llave diciéndole
que la tomase, que la avia dejado en la puerta, quedando
abierta, y el dicho alcayde la tomó sin responder palabra,
y después supo esta declarante que el dicho alcayde avia
estado en casa de doña Ana, una muger con quien el di-
cho alcayde tenia amistad desonesta.
ti Yten, dixo qué otras veces, fuera de la referida, se
dexó el dicho alcayde la puerta de las cárceles abierta y
la llave en ella, que serian como dos o tres, y salia fuera
de casa, o estaba en ella en su cuarto, y si esta declarante
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84 LA INQUISICIÓN DE LIMA
tubiera mala alma y quisiera entrar a hablar con los pre-
sos, tubo lugar muchas veces para hacello, por el descuido
del dicho alcayde, el qual era de manera que los negros
que entravan en las cárceles a dar de comer hacían bella-
querías, y en particular un dia estando dando de comer
a los presos, se le escapa aun negro, que no reparó qual de
ellos hera esta declarante, un trapito sucio, atado y re-
dondo, y ésta lo alzó, entendiendo que hera algún pata-
cón, y se lo metió en la faldriquera sin que nadie la viese,
y acabado de dar de comer, esta declarante se fué a su
aposento y desató el dicho trapito, y bió que dentro del
estava un papel escrito, y dentro del papel estaban cua-
tro pelotillas redondas, mas gruesas algo que granos de
maíz, las qualcs le olieron a esta declarante a yncienso y
sospechó y tuvo por cierto esta declarante que al negro
a quien se le avian caido las dichas pelotillas, las tenia
para metellas algún preso de las cárceles secretas, y esta
declarante, por no saber leer, aunque la letra le pareció de
muger, llevó el dicho papel a un religioso de San Fran-
cisco que no le sabe el nombre, y le dixo en confesión lo
que le avia pasado, y que leyese el dicho papel, el qual
decia, que tomase la noche antes que le hubiesen de dar
tormento una pelotilla de aquellas, y otra a todas, que no
está bien en ello, cuando se lo hubiesen de dar; y por las
razones del dicho papel, coligió esta declarante que debió
de ser su marido de quien enviaba aquellas pelotillas, y
le decia ansimismo que la persona que las llevaba hera
segura, y decia otras cosas de marido y muger, y esta
declarante quemó el dicho papel y hecho las pelotillas en
la acequia, y se determinó de dar cuenta de ello al señor
ynquisidor Juan de Mañozca, y fué aquella noche a su
casa para hablalle, y estuvo aguardando dos horas, y no
pudo por estar con su señoría un hombre que dixo el pa-
xe que habia venido de Chile, y después fué de ay a dos
o tres noches, otra, y tampoco pudo hablalle, porque dixo
el paxe que estava ocupado con el presente secretario, y
así de allí a quatro o seis noches, fué a hablar a el señor
Ynquisidor üaytan, y le contó todo lo que ha referido o
parte de ello, y después le volvió a hablar otra vez por
la mañana y le dixo, cómo no combenia que entrasen los
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CAPÍTULO xvín 85
negros del dicho alcayde en las cárceles, y que se busca-
sen unos negros bozales para que entrasen, porque ni hera
Ynquisicion, ni hem secreto, ni hera nada el dia que se,
sabia en la casa del alcayde todo lo que pasava en las
cárceles, y le contó ansimismo las pelotillas que había
hallado en la cocina, y el dicho señor Ynquisidor se azo-
ró mucho diciendo que hera un mal hombre el alcayde, y
le dixo a ésta que por qué no le avia llevado las pelotillas;
y en este estado cesó la audiencia por ser tarde, y habién-
dole leydo lo que ha dicho, dixo estar bien escrito, y por
no saber firmar, lo firmó el dicho señor Ynquisidor — -El
licenciado Castro. — Pasó ante mí — Domingo de Aroche.
"En la ciudad de los Reyes, en el dicho dia, mes y año
dicho, estando el dicho Ynquisidor licenciado don Antonio
de Castro y del Ciistillo en su audiencia de la tarde, man-
dó entrar en ella a la dicha María de la Cruz, y siendo pre-
sente, se prosiguió en la declaración que dexó comenzada
esta mañana, quatro deste dicho mes de henero, año de
mil y seiscientos y treinta y seis, y que prosiga en la di-
cha declaración debajo del juramento que tiene hecho.
"Dixo que por el mismo tiempo vio esta declarante
que un hombre pequeño de cuerpo, portugués, basto, ves-
tido de jergueta parda, con un rrosario al cuello, que es
criado de Manuel Bautista Pérez, y no le sabe el nombre,
aunque si le ve le conocerá, llegó a la casa del alcayde
una mañana entre las ocho y las nueve, poco mas o me-
nos, estando ya preso el dicho Manuel Bautista, y pregun-
tó a esta declarante por el alcayde y traya un papel cerra-
do en la mano el dicho hombre, y esta declarante llamó
al dicho alcayde, Bartolomé de Pradeda, y le dixo que
allí le llamaba un hombre, sin decille quien fuese, y vio
que salió el dicho alcayde y habló con el dicho hombre,
el qual le dio el papel que traia al dicho alcayde, el qual
dicho alcayde, sin abrir el papel, tomó su capa y se metió
con el dicho papel en las cárceles, donde estuvo mucho
rato, y cuando salió, no le vio sacar papel ninguno, y sos-
pechó esta declarante que el papel debió de ser para Ma-
nuel Bautista, por traelle hombre de su casa, pero no sabe
cosa cierta esta declarante sino solo lo que ha referido.
"Yten dixo que otras muchas veces vio que de noche
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86 LA INQUISICIÓN BE LIMA
hiva el dicho hombre de casa de Manuel Bautista, de cua-
tro a cuatro noches, poco mas o menos, y preguntaba por
.el dicho alcayde algunas veces a esta declarante, otras ve-
ces a sus negros, y avisándole, salia el dicho alcayde al
patio o al zaguán, y hablaba en secreto con el dicho hom-
bre, y otras veces avisaba el dicho hombre que estaba allí,
con Diego de Vargas, el qual ansimismo le llamaba, y después
que hablaban en secreto el dicho alcayde y dicho hombre,
veia esta declarante que metian en las ocasiones que venia,
muchas conservas con dos negros que siempre traia consi-
go el dicho hombre, unas veces botes de azahar, otras ca-
xetas de orejones y de cidra rayada, y de durazno, otras
veces unas albornias grandes de la ollería de dulces, y una
vez metió una frasquera llena frascos con vino, y otras
veces unos pastelillos de dulces regalados y panes grandes
amolletados, y todo lo tomaba el dicho alcayde y lo guar-
daba en su despensilla, llamando a su hija doña Juana
para que lo guardase, y de ello embiaba poca cosa al dicho
Manuel Bautista y a su cuñado, y con todo lo demás se
quedaba, y nunca dio de todo ello, con ser mucha máqui-
na, a esta declarante, y una noche después a cabo de dias,
vio esta declarante que el dicho hombre de casa del di-
cho Manuel Bautista llevó al dicho alcayde Bartolomé de
Pradeda una caxeta de conserva y quatro panes regalados,
y le embió a llamar con el dicho Diego de Vargas, y salió
el dicho alcayde y vio esta declarante que no quiso reci-
bir entonces la caxeta ni los panes; y el dicho hombre di-
xo, después de aberse ydo el dicho alcayde, que no debió
de haber querido porque hera poco, y esta declarante le
persuadió a Diego de Vargas que él lo recibiese y metiese
un cuchillo por los panes por si traían algo, y se los diese
a aquellos desventurados, pues el alcayde les daba tan po-
co de lo que le traian, diciendo que por qué avian de co-
mer de aquello los perros judíos, y que se estuvieran en
su casa y no ofendieran a Dios, y no vinieran a dalle aquel
cansancio, y el dicho Diego de Vargjxs no quiso tomar la
dicha caxeta y panes, y el hombre que lo traxo se volvió
con ello.
"Yten dixo que ansimismo sabe y vio que el dicho al-
cayde Bartolomé de Pradeda; se quedó con cantidad de
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capítulo xvni 87
ropa blanca de la que traían a Manuel, y luego dixo a su
cuñado de Manuel Bautista, lo qual fué una tahla.de manr
teles buena y cuatro servilletas adamascadas, y una sába-
na; y a Antonio de Acuña, de la rropa que le traxeron en
dos petacas tumbadas, que las metió como a las ocho de
la noche en su quadra con sus negros, le tomó, habiéndose
encerrado con su hija y abierto las dichas petacais, una sá-
bana y una camisa, unos calzones de rruan de cofre, cami-
sa y calzones, y la sábana de truan de fardo, y tres balo-
ñas de rrengos con puntas grandes, de la» quales dio la
una a doña Ana, su amiga, y las otras das a su. hija doña
Juana; y tomó ansimismo dos pañuelos de cambray de a
vara, y una tabla de manteles, y todo lo pudo ver tomar
esta declarante, porque aunque qe avian encerrado en la
quadra, ésta estaba en la rrecámara, donde dormia, y es-
taba entonces desnudando a una de las hijas del dicho al-
cayde que estaba enferma, llamada Marota.
iilten, dixo que faltándole plata al dicho alcayde para
dar de comer a los presos, porque siempre andaba alcan-
zado della después que tomó la chácara, le dixo un dia
antes que prendiesen a Manuel Baustista, a su negra Ma-
ría Car^.bali, que es la cocinera, que le pidiese plata a esta
declarante para que comiesen, los presos, por que él no
tenia de .donde traella, y la dicha negra se la pidió a esta
declamante, y por no tener ella, tomó una camisa suya la-
brada de seda azul, y con ella fué a pedir diez pesos pres-
tados a Juan de la Reguera, panadero, que vivía en las
casas de la esquina de esta Ynquisícion, el qual se los
prestó a esta declarante sobre la dicha camisa, diciéndole
que para qué gastava ésta tanta plata, que le debia cien
pesos sobre otras prendas, y que bien sabia que ésta no
quería la plata para sí sino para el alcayde, y que hera un
hombre desagradecido, y que nada de quanto hacia por él
se lo habia de agradecer a esta declarante, y ésta le dixo
que hera tan mal hombre el dicho alcayde, que la havia
dicho que toda la casa de Manuel Bautista avia de venir
presa a este Santo Oficio, y mucha gente portuguesa; y el
dicho Juan de la Reguera le dixo a esta declarante que
no le creyera al dicho, alcayde, y que hera un hombre mal
intencionado, y que no decía, verdad, y que si le hubiera
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8€ LA INQUISICIÓN DK LIMA
de decir las cosas que el dicho alcayde hablaba, pero que
no hacia caso del; y de allí a pocos dias vio esta declaran-
te que el dicho alcayde llevó al dicho Juan de la Reguera
a que viese su quenta, diciéndole que si la quería ver, y
le metió en las cárceles, viéndolos esta declarante entrar
a los dos, y viéndolos después salir, y que traia el dicho
Juan de la Reguera unos hinoxos y unos alelíes en las
manos, del huertecillo que el dicho alcayde tenia dentro
de las cárceles, y después dixo el dicho Juan de la Regue-
ra a esta declamnte cómo el dicho alcayde le avia ense-
ñado el huerto que tenia dentro de las cárceles, y ense-
ñándoselas todas.
iJten, dixo que sabe y vio esta declarante que el dicho
alcayde, Bartolomé de Pradeda, metió en las dichas cár-
celes secretas, dos o tres veces a la dicha doña Ana, su
amiga, y que se estuvieron dentro de las dichas cárceles,
cerrada la puerta con llave, solos los dos, como media
hora, poco mas o menos cada vez, y la decií* que entrase
a ver el huerto que tenia en las cárceles.
Tilten, dixo ansimismo vio esta declarante entrar a las
dichas cárceles, metiéndolas el alcayde a sus hijas, y con
ellas a una muger casada, llamada Mariana, que oyó de-
cil" esta declaraute que havia sido su datna del dicho al-
cayde, y las vio entrar dos veces quando davan de comer
a IOS presos, y las hijas del dicho alcayde y los hijos, los
veia entrar muy de ordinario a las dichas cárceles, y en
particular una vez que avia entrado una de las dichas sus
hijas, que no se acuerda qual fué, se acertó a soltar el pe-
chelingue, y la muchacha salió dando voces, huyendo del,
y esta declarante de presto echó el golpe a la puerta,
por que el dicho pechelingue no se saliese, y apretó con
el cuerpo la dicha puerta, porque no es de golpe sino de
loba.
ttlten, dixo que cuando se hizo el auto último en esta
Inquisición, en que esta declarante salió, oyó decir a Die-
go de Vargas que el dicho alcayde avia metido muchas
mugeres pot las cárceles secretas para que viesen el auto,
y en p¿irticular, oyó decir esta declarante a una muger
que no le sabe el nombre, y si la vé la conocerá, estando
en conversación con otras mugeres en una casa donde é4-
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GAFtrvjjo xvín 89
ta estava a* la sazón, que ella avia entrado a ver el auto
por la casa del alcáyde y por ke cárcelea, y. se. avia perdi-
do en ellaa, y ydoee a la puerta, y que después avia an-
dado poi: las cárcdes Uanciando a las puertas y diciendo
los nombres de los presos, Manuel Bautista y un Silva,
y otros, y que al cavo avia salido a v^ el auto.
itlten, dixo que Jusepe Freyle, el portero desta Inquír
^cion, le dixo a esta declarante (]ue la didia doña Ana
.le avia dicho que el aleayde Bartolomé 4e Pradeda la men-
tía en las cárceles y le enseñaba los aposentos y la huerta,
y que aunque esta declarante lo savia, se hizo de hueva¿
y le dixo al dicho Jusepe que no le creyese, porque, no
Lera cosa posible.
ttlten, dixo que Martin, de Vargas y Diego de Vargas
le digeron a esta declarante que el señor Inquisidor Qay*-
tan avia mandado a los dichos alcaydes que un dia que
uvo consulta, se estuviesen en la portería y no entrasen
en las cárceles, y que el dicho Bartolomé de Piudéda avia
andado diciendo que tenia necesidad de j'^r por carne, esh
tando ya comenzada la consulta, y que se avia descabu-
llido y metidose en las cárceles, lo qual esta declarante
se lo contó ansí al dicho señor Inquisidor Gaytan.
"Iten, dixo que sabe esta declarante que el dicho alcay*
de Bartolomé de Pradeda de oi-dinario dexava los calavo-
zos abiertos, sin llave, mas que echado el cerrojo, y lo sabe
esta declarante porque entrando un dia el dicho aleayde
en la cárcel de las mugeres, donde ésta estava con Juana
Pérez y otras, dixo el dicho aleayde que ya havian vuelto
a prender los señores al mocito, y mirilndose la dicha Jua-
na Pérez con las demás mugeres, dixo el dicho aleayde,
hablando con la dicha Juana, ahí mala hembra, que por tí,
sí viene una visita, me ha de suceder una desgracia y me
has de echar a pique, a lo qual respondió la dicha Juana
Pérez que el dicho aleayde tenia la culpa, pues dejava los
calabozos sin llave para que pudiesen salir los hombres a
verse con el judío y sacalle los piques y para que pudie-
sen entrar en la cárcel, donde ella y las demás mugeres
estaban, a verse con ellas, y que qué avian de hacer sino
callar porque no las matasen, y después de ydo el dicho
aleayde, le contó a esta declarante una de las presas Uama-
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90 LA DíQÜISICION BB LIMA
da Magdalena de Torres, que un mozo sastre y otro mozo
gordo entraran a verse con la dicha Juana Pérez y con
Isabel de Ontañon, y que ofendían a Dios y estavan jun-
tos desde las once de la noche hasta las cuatro de la ma*
ñaña, y que entravan por^un corralito que tenia la cárcel
de las dichas 'miígeres junto a la acequia, y que saltaban
por encima de otras cárceles, y que la dicha Magdalena de
Torres le avia dicho al dicho alcayde que velase por sus
cárceles y que rrondase de noche, y que él no se avia que-
rido dar por entendido, y que al baxar una noche uno de
los dichos mozos, el mas gordo, por el dicho corralito, avia
dado una cay da que por poco se matara, y que esto es lo
que por ahora se acuerda, y si se acordare mas, lo vendrá
a declarar, lo qual es la berdad debajo del juramento que
tiene echo: encargósele el secreto prometido. Y en este
estado dixo que se le acordaba, que un dia estando esta
declarante en conversación con el dicho Alcayde, le pre-
guntó si la ircristalinaii, que es doñaDamiana Ortiz, estava
ya libre, y el dicho Alcayde respondió a ésta que ya es-
tava en su casa, y ésta le volvió a preguntar, que cómo
avia negociado tan bien, y ésta no negociava, abiendo di-
cho la verdad, y el dicho Alcayde respondió que a él le
devia el aber negociado tan bien, por que la avia adver-
tido que aunque la llamasen no declarase nada, aunque la
citasen, hasta ver la acusación del Fiscal, y que por allí
echaría de ver los testigos que tenia, que la dañarían, y
que ansí avia negociado bien, y que su Señoría del señor
Inquisidor don Antonio avia andado riguroso y dicho en
el Tribunal que cómo aquello no se castigava, y que uno
de los demás señores Inquisidores avia dicho que pues
Dios nos perdonaba una y otra vez, que hera bien que
perdonásemos, y que las razones que en ésto avian pasado
en sustancia, decían las dichas referidas, y siéndole ley do
lo que ha dicho, dixo estar bien escrito, y que no lo ha
dicho por odio ni enemistad que tenga al dicho Alcayde,
ni a otra persona, sino por el descargo de su conciencia
y por abérselo aconsejado assí sus confesores: no ñrmó por
no saber y lo firmó el dicho señor Inquisidor. El liceiidado
Castro. Pasó ante mí, Domingo de Aroche, secret.
tiEn la ciudad de los Beyes, lunes nueve de junio de
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CAPÍTULO xvín 91
mil y seiscientos y treinta y seis años, se ratificó esta
testigo ad perpetuam reí memorian, en lo que avia dicho
contra el dicho alcayde Bartolomé de Pradeda, en las dos
audiencias de mañana y tarde, de quatro de enero de seis
cientos y treinta y seis años, como parecerá por el proceso
echo contra el dicho Alcayde, y añadió contra el susodi*
cho lo siguiente:
II Y añade, que saliendo de su aposento una mañana, no
se acuerda el tiempo que ha, se sentó de rrodillas en la sala
ante un cristo que estava en un quadro de- la sala del di-
cho Bartolomé de Pradeda, y dixo » Señor mió Jesucristo,
sin afrenta, o con ella, me sacad de esta casa» y» estando en
esto vide que se meneó la cama del dicho Alcayde, y que
estaba diciendo, mi vida, mi alma, y que luego salió Ma-
rucha, una moza, que entró preñada en las cárceles y es^-
tava ya parida, que avia salido a parir a (jasa del dicho
Alcayde, y ella como vido a esta declarante, se sonrrió
medio avergonzada, y ésta no le habló palabra, ni se dio
por entendida: lo que hicieron, o no, esta no lo vido, mas
sabe que después que la dicha Marucha estava suelta
venia a verse con el dicho Alcayde de dia, y se encerrava
en el aposento con ella y estavan grande rato." i»
Resumiendo el resultado de la investigación, espresa-
ban los Inquisidores:
ti Consta que por descuydo suyo y dejar las cár9eles
aviertas, ha ávido en ellas muchas coraunica9Íones entre los
presos, de grave perjuÍ9Ío, y que por dejarsse ansimismo
las puertas de las cár9eles, no las ynteriores, sino las de
afuera, aviertas, an entrado algunas perssonas ablar con
los pressos, y algunos dellos han declarado, aunque de
de oydas, que metió en las cár9eles cierto amigo de uno
de los pressos y que le enseñó la cár9el donde estaba Ge-
rónimo Diaz Gutiérrez, aviendo echo fuga de las cár9eles
secretas, fué presso en Quito y traido a esta Inquisición,
y preguntado quién le dio favor y ayuda para yrse, de-
clara, debajo de juramento, que el mismo alcayde Barto-
lomé de Pradeda le dio la tra9a para la fuga, con que pu-
lí. Espediente contra Bartolomé de Pradeda, etc. Pleitos criminales^
legajo 1. , ._.^
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92 LA IKQÜISICION DB LIMA
diessen entender los Inquisidores que él se avia uydo;
pero que el mismo alcayde le avia abierto las puertas y
sacádole a la calle, y dándole seys reales para que com-
prase pan y se fuesse, temerosso de que no declararse en
el Tribunal muchas cossas que savia contra el alcayde, y
en particular, que trataba carnalmente con una muger
mo9a y de buena tra9a, questaba pressa en las mismas
cár9eks secretas, y que la llevaba a dormir con él a su
cassa, y desto ay otro testigo que depone de vista, en
rraaon del trato carnal con la dicha muger. Otro presso,
de officio sastre, le hacia trabajar en su cár9el todas las
obras de la gente de su cassa, y para ello le* metía en su
cér9el, messa y tijeras, y otras cossas ne9essarias.
II El secreto de las cár9eles, prisiones y diligencias de tor-
mento, y otras, nunca le guardava, antes lo comunicaba
con muchas perssonas, de manera que la prission de Ma-
nuel Bauptiata Pérez, que fué de las mas ymportantes de
las que se an echo, declara un testigo que quinje dias an-
tes que se y9ÍesBe, savia que se avia de ha9er, porque
quando avia consulta, se poni¿i el alcayde agachado, ansí
lo dÍ9e el testigo, junto a una bentana del Tribunal que
sale al callejón de las cár9elas, donde, subiéndose encima
de un bufete, podia oyr sin que le viesen lo que se trata-
ba en la consulta, lo qual decia después a sus confidentes.
ifCon muchos de los que oy están pressos, a tenido an-
tes de estallo, contrataciones, y metídolos en fían9as que
ellos, ya por temor, ya por tenelle grato, ni rreusaban de
ha9er en cantidades considerables.
iiTenia en su cassa, de mucho tiempo a esta parte, te-
lares, donde se labraban lamas de oro y plata y diferentes
tegidos de sedas y passamanerías, y tiraba oro para los
passamanos, y ésto con mucha gente, y todos venian a ser
savidores de lo que passava en las cár9eles, por tener la
cassa del alcayde puertas a ellas, 9erca del obraje de los
telares, y aunque diverssas ve9es se le amonestó no los
tubiesse, si los rretiraba por tiempo, luego bolvia a ellos,
y era con tanto excesso, que poco antes que se le manda^
sse rretirar a su chácara, y que no acudiesse al ofíicio de
alcayde, ubo muchas demandas y quejas de perssoi^as
officiales de la rrepública, quejándose del, de que atrabe-
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CAPÍTULO xvra 93
saba todas las otras y que ellos no tenian con que susten*
tarse por quitárselas el alcayde con la mano del oficio que
tenia, sobre que ubo autos e informagiones, y porque la es-
trechez del tiempo no da ludar a ynbiar testimonio de lo
rreferido, se ynbiará en la primera oeassion de ésto y de
otras cossas tan grabes, con que pareció for908so atajar en
los primeros passos de la complÍ9Ídad los malos que daba
el alcaj^de, la cudÍ9Ía con que pro9edia, los urtos que hacia
en disminuir las rra§iones de los pressos, y lo que en
nombre delios rejibia, con color de rregalaJles, según lo
que se servirá V. A. hordenar lo que mas convenga. *^ti
Viéronse precisados con ésto los Inquisidores a remover
a Pradeda del cargo, nombrando, según hemos visto, para
que le reemplazase a Diego de Vargas, que hasta entonces
le habia servido de ayudante, a quien recomendaban como
persona de satisfacción; pero que luego hubieron también
de separar por hechos enteramente análogos.
Con ocasión de las numerosas prisiones de portugue-
ses que en esos dias habian tenido lugar, las cárceles
primitivas fueron absolutamente deficientes para contener
tantos presos, i así, segan también hemos visto, hubo ne-
cesidad de ocupar para el objeto la casa del alcaide, i como
ésta tampoco bastara, se tomó otra contigua, que costó
cuatro mil pesos, labrándose en todo setenta nuevas pri-
siones, que repletas ya a principios de ese año de 1636,
pensaban los Inquisidores aumentar con una mas que habia
vecina i de alquiler'*. I en efecto, a principios del siguien-
te, no solo se habia arrendado esa sino también otra, que
dispuesta convenientemente, apenas si fué bastante para
dar cabida a tanto reo.
Por la declaración de María de la Cruz conocemos ya
algunas de las tretas de que estos infelices se valian para
aliviar su situación o para comunicarse entre sí. Bajo este
aspecto es interesantísima la carta en que loe jueces dan
cuenta al Consejo de todos esos ardides, la cual, en su par-
te congruente, dice así: i'El material de las cárceles es
12. Carta de 19 de mayo de 1636. Posteriormente, en 1638, se con-
denó a Pradeda a pagar tres mil pesos de indemnización, por cierta vio-
lación qne cometió en ana joven limeña llamada Ana de Agnilera.
13. Clarea de 20 de mayo de 1636.
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94 LA INQUISICIÓN BB LIMA
flaco por ser de adobes y barro y son bajas, con que ocu-
pan grandísimo espacio, y los presos, toda gente belicosa
y cabilosa, y de mucho saber, con que por mas cuidado
que haya no podemos atajar las comunicaciones; quando
de otra manera no pueden, se entienden a golpes en las
puertas, en que cifran el A B C, o dando una piedra con
otra (que como suelo y paredes son de tierra, fácilmente
las hallan), o buscando otras invenciones diabólicas en que
nos dan que sospechar, que muchos de ellos han sido pre-
ssos por el Santo Officio, y alguno lo confiessa de si, por-
que están en el orden de processar, y en quantas cautelas
y malicias ay, grandemente diestros
"Las comunicaciones de los presos en las cárceles secre-
tas, fueron hijas de la necesidad y de la codicia de los mi-
nistros que en ellas entraban, y del continuo imaginar de
los presos, que da entendimiento; hallóse esta Ynquisicion
en la complicidad referida de tanto número de presos con
diez y seis cárceles, donde fueron menester mas de ciento;
tomáronse casas circumvecinas propias, cubriéronse puer-
tas, atajáronse aposentos, no con la división que se debia,
sino con la comodidad que el tiempo y prisas daban lugar;
habia solo las paredes en medio, en ellas hacian los reos
agujeros por donde se comunicaban a horas señaladas, y
quando los entraba a visitar el alcayde, los tenian tapados
con barro que hacian de la tierra del suelo (que todas las
cárceles estaban en bajo) y del agua que les daban para
beber. Los sirvientes para tanta gente eran negros boza-
les, que es el servicio de por acá, y aunque lo eran, los reos
como tratantes en esta mercadería, trayendo gruesas par-
tidíis de ellos desde Cartagena, les hablaban en su lengua,
y daban recados que llevasen los unos a los otros, y mu-
chas veces les daban papeles escritos con zumo de limones,
que los pedían para achaques que fingían, o para sainete
de su comida, y aunque al parecer iban blancos los pape-
les, puestos al fuego salían las letras, secreto que descubrió
el señor licenciado Juan de Mañozca. Otras veces se em-
biaban con los negros que sacaban los platos, quentas en
guarismos, en papeles viejos, que entre ellos eran cifras co-
nocidas, como parecerá en el pleyto de Manuel Bautista
Pérez que va en esta ocasión. Otras se valian para las
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CAPÍTüLa xvm' 95
cárceles circum vecinas de golpes de piedras, sefialando un*
golpe la a, dos la b, y ansí por las demás letras, y quando
llegaba la letra de que se habían de valer para la comuni-
cación, daban en ella un repiquete, y el que estaba escu-
chando los golpes, la escribia en el suelo o en la pared, y
juntas después todas las letras, sacaban la dicción entera.
Ayudaron mucho a estas comunicaciones dos ayudantes de
alcayde que hubo en diferentes tiempos, los quales saca-
ban y metían papeles de fuera, y llevaban avisos de unas
cárceles a otras. Uno llamado Jusepe Freile, que por ser
deudo cercano del Inquisidor y atendiendo a su bue-
na memoria^ habiéndose tenido mucho tiempo preso en
una galera, solo le desterró el Tribunal a Chile, donde está.
Otro llamado Francisco Hurtado de Valcazar, con título de
familiar, salió al auto por estas culpas. Un platero que por
su casa contigua a las cárceles de las casas que se alquila-
ron, daba lugar a las comunicaciones por agujeros que
tenían hechos, y una muger española que lo solicitaba, fue-
ron azotados. Descubriéronse, aunque tarde, estas comuni-
caciones, porque entrando Juan de Iturguyen, que a la
sazón era ayudante, a medio día en las cárceles a rondallas,
oyó que de una a otra se hablaban dos presos, dio quenta en
el Tribunal, y mandósele que llevase papel y tinta y con-
tinuase a aquella hora oir lo que aquellos presos decían y
lo asentase: hízose por muchos días y supiéronse cosas
importantes en razón de comunicaciones y se atajaron des-
de entonces, como consta de los autos. Las revocaciones
tuvieron principio de unos golpes que oyeron los presos
se daban en la capilla de esta Inquisición para asentar en
ella unas puertas nuevas con clavazón de bronce, entendie-
ron que era hacer tablado para auto de fee, y como espe-
raban con mucha certidumbre que habia de venilles per-
don de Vuestra Alteza, por la muchedumbre, a que decian
que mas fácilmente se perdonaba, para dilatar el auto,
trataron por sus señas y golpes, corriendo la palabra por
las mas de las cárceles, de revocar y hacerla imposible,
que este nombre dieron a esta traza diabólica: declarando
así algunos de los presos que volvieron después a asentar
en sus primeras confesiones, y es cierto. . . . *.
itComo ya diximos, continúan los demás xainistros, el
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96 LA iirQüisic^OH im lima
-año pasado, estaban oonfíteutes 'mas de treinta y seyisi,
subcedíó que por estar las puertas de la capilla rotas he*
chas pedazos, se hicieron unas nuevas, y al poner la clava-*
9on de bronce que se quitó de las viejas, ubo dentro de la
capilla en dos o tres dias grandes martillados: están las
cárceles contiguas a ellas y sonaba mucho el ruido; juzga*
ron que se hacia el tablado, y que babia aucto, y trataron
de embarazarle, tomando para ello acuerdo, unos que por
falta de cárceles estaban juntos, de ir revocando quanto
avian dicho de sí y de otros; y por agujeros que fácilmen-
te se hacen en paredes viejas y de tierra, abiertas por mili
partes, de los temblores, se fueron comunicando con los
vecinos y dieron principio a sus revocaciones; unos negan-
do lo que habian dicho de sí y de los cómplices, diciendo
se habian levantado a sí y a ellos falso testimonio; otros
afirmándose en su judaismo pero que habian depuesto
falsamente de otros. — Comen9Ó esto por un Pascual Díaz,
enfermo de a^ma, que parecia que cada noche avia de espi-
rar, y como tal estaba en compañía, que pidiendo audiencia,
se afirmó en que era judaizante, mas que habia mentido
en quanto a cómplices: ay sospecha que como a muerto
le embiaron adelante para saber cómo les salia la facción,
y después le fueron siguiendo los demás: declarando algu-
nos de ellos, antes que se resolvieran a desdecirse, que los
revocantes avian tomado este medio para dar tiempo a
tiempo y esperar perdón de España, que les parece será
imposible por la muchedumbre de presaos, que aquí hacen
sobre doscientos (como consta de un pedazo de liento es-
crito que se les ha cojido) y en Cartagena cuarenta; y ay
también argumentos llanos que con la misma intención
de alargar el tiempo y que no haya aucto tan presto, han
levantado testimonios a algunos que están pressos y a
muchos de fuera.
iiUno de estos pareció ser Alonso Sánchez Chaparro,
que en la relación passada se numeró entre los presos, que
por haberse desdicho los testigos, que fueron dos contestes
y oteo de oidas, y haber ynformacion de otros compañe-
ros de cárcel de que se habian conjurado para lebantarle
testimonio, fué suelto libremente por la mayor parte de
' la eonoúlta^ ^en que ubo votos que antes fuesen puestos a
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cjcbítüw xvm 97
qnestíon los testigos: eutregdsele su hacienda, y en barras
y reales mas de setenta y dos mili patacones que se le ha*
oian sequestrado. Hános puesto este negocio en mayor
euidado, aunque hoy por estar en cárceles distintas sepa-
rados, {si bien no dejan de hacer sus diligencias por co-
municarse^ fácilmente se aprehenden en ellas.
<* Rompen las camisas y sábanas y en los peda90s escri-
ben con el humo de las velas lo que quieren, y a los ne-
gros bozales que entran a ministerios ño exemplados,
los entregan para que los Ueben, y desta manera han ve-
nido a nuestras manos algunos. También se dan voces a
deshoras, aunque con el castigo que luego hay si sienten,
no se desmandan mucho a vocear. Y lo que mas les ayuda
a cualquiera malicia es el no haber otro género de presos
y guardarse la cara los unos a los otros obstinadamente,
como en causa común; con que aunque carga el avisso en
otra cároel, que aquella para que se dio, viene a surtir,
esoepto algunos por acreditarse de buenos christianos, ha-
biendo pedido audiencia, han hecho exhibición de estos
trapos, etc.
II Los de esta tierra y los de essa y los de todas partes,
se corresponden y se entienden unos con otros, y así avran
acudido por todos los medios a solicitar el perdón, y a
trueco de esperarle no avrá inconvencion que no hagan.
Andavan metidos en las comunicaciones en que hay bien
que hacer, deseando ver las causas en estado de poder
asentar en la verdad con las diligencias, porque sin ellas
en tanta variación no se podrá aclarar. Y es de advertir,
que los mas revocan después de haberse ratificado ante
honestas personas en sus dichos y confessiones, y que hay
alguno que habiéndose desdicho de sí y de otros, ha pe-
dido audiencia, y ratificándose en sus primeras confessio-
nes, dicho que la revocación qué hizo fué falsa, y solo
habia levauttvdo testimonio a Alonso Suuchez Chaparro,
y añade de nuevo contra algunos de los testificados.
nSi en algún tiempo se debe proceder con severidad
contra testigos falsos, es éste, en que si es verdiid lo que
dicen de haber levantado testimonios, es, demás de ser tan
atroz el d^licto, grandísimo desacato del tribunal, donde
hombns que están pressos y que no ignoran el cuidado
TOMO II 7
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98 LA IKQUiSICION PE LIMA
con que se procura la verdad, se descaran contra gente
honrrada e inocente, que si estando libres a su disposición,
lo hicieran con ¿«ninK) de hacer el. daño y, acojerse, delin^
quieran de malicia. Pero donde están cogidos y no pue-
den huir en malicia y poca vergUenja, y no hacer caso de
la instrucción, y todo lo hacen como gente sin Dios, infiel
y porfiada, fiados en la misericordia y benignidad del
Sancto Officio, porque tienen por cosa cierta que aíempre
que confiesen y pidan $er admitidos a reconciliación, lo
han de ser, con que nunca se convierten a derechas, sino
ficta y simuladamente, por huir el fuego y quedar siempre
malos judíos o buenos atbeistas. Dios guarde a Vuestra
Alteza como puede. Reyes, 18 de mayo de 1637. — £1 li-
cenciado Juan de Mañozca. — JEl licenciado Andrés Joan
Gaytan. — JEl licenciado don Antonio de Castro y del
Castillo.
El hecho era pues que entre los encarcelados había mu-
chos que lo habian sido por declaraciones arrancadas en el
tormento, o que habian levantado falso testimonio a inocen-
tes, como decian los jueces. Estas circunstancias no pasaron
desapercibidas en el Consejo, el cual ordenó al Tribunal,
en 10 de diciembre de 1636, que upara mayor acierto no
se dé paso sin grande fundamento, particularmente en lo
tocante a cristianos viejos testificados, por haberse espe-
rimentado en ese rey no que los de la nación hebrea de
Propósito declaran falsamente contra los cathólicos por
acelles daño. Esto, señor, estaba ya previsto, extendido y
esperimentado en esta ynquisicion quando recibimos la
de vuestra Alteza, decian los jueces, y habiamos dado quenta
en el Consejo por carta de 20 de mayo de 637 del subceso
de Alonso Sánchez Chaparro, mercader rico de esta ciudad,
a quien de propósito se conjuraron dos testigos a testificarle
de dos actos del judaismo, contestando en ellos, y después se
le arrimó otro de actos diferentes, con que por la consulta
fué mandado prender con secresto de bienes, y habiéndo-
se seguido la causa conforme a estilo del Santo Oficio y
revocado los testigos todos sus dichos, fué dado por libre
y se le volvieron mas de sesenta mil pesos secrestados y
salió de la prisión en 9 de febrero de 637, y siempre han
estado los que le testificaron firmes en las revocadones
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CAPÍTULO xvm 99
que del hicieron y persevemntes de ai, no solo en las au-
diencias particulares, sino en los tormentos que por va-
rios y revocantes so les han dado in captit alienum. Por
los mismos pasos ha corrido la causa de Santiago del Cas-
tillo, natural de San Vicente de la Varquera, en las mon-
tañas, a quien testificaron otros tres testigos, los dos
contestes de un acto y de otros singulares, y el otro de
acto particular: revocaron en la prosecución de la causa
todos, antes y después de avelles dado tormento, con que
salió libre en 23 de octubre de 637. .. Uno de los testi-
gos llamado Luis de Tama, de los principales autores de
las revocaciones y sumamente dañoso, está condenado a
relajar, ansí por la pena del talion, como por vario, dimi-
nuto y revocante, ficto, simulado, impenitente, de muchos
que actualmente le testifican: háse ratificado muchas ve-
ces en su dichos antes del tormento, en él, y después de
él, y luego ha vuelto a revocar, aunque no de sí, con que
de acuerdo de toda la consulta, tuvo la sentencia referida.
La misma libertad han tenido Pedro de Soria Arcilla,
Andrés Muñoz, sastre, Francisco Sotelo, Antonio de los
Santos, Ambrosio de Morales, Jorge de Avila. ... y la
causa de Manuel García Matamoros se suspendió. Las de-
mas se van siguiendo, y muchas de ellas están sentencia-
das y otras conclusas, de que se envia relación al Consejo,
con que se dispone la celebridad del auto para antes de
Navidad, con el favor divino: el qual estuviera mucho ha
fenecido, si las comunicaciones de cárceles tan pernitíiosas
al buen progreso, no lo vinieran estorvando y dado mo-
tivo a las revocaciones, que los mas de los presos hicieron,
pareciéndoles que con la dilación y hacer la cosa imposi-
ble, mejoraban su causa, metiéndola a barata y llegaría en
tanto perdón general de su Santidad y Magestad Real.
Así se ha colegido de las declaraciones de muchos reos, y
que de intento ponian unos a otros a las testificaciones
verdaderas, muchas falsas, para confundir lo que era cier-
to con lo mentiroso, que no dexan tra9a que no intenten,
ni malicia que no alcancen. Fuera de los presos, hay otros
muchos testificados en esta ciudad y reyno, que no son de
la nación portuguesa, contra quienes no se procede, aten-
diendo a la advertencia de Vuestra Alteza y a la flaque-
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100 LA INQUISICIÓN DE LIMA
za de las testificaciones que en otro tiempo fueron muy
bastantes, y con la experiencia presente sospechosas, y an-
sí se va con mucho tiento en ellas."ii
Hallándose las cárceles a&í atestadas, a fin de poder
prestar el necesario esmero a la tramitación de las causas
de los portugueses, los ministros del Tribunal, según ya
se lo hemos oido referir, resolvieron celebrar auto en la
capilla, a fin de desembarazarse de los reos cuyas causas
estaban afinadas, señalando para el efecto el día 17 de
agosto de 1635, en que tuvo lugar, con presencia de los
siguientes:
José Cortes de Loyola, natural del Callao, donde servia
de galeote, de treinta i seis años, fraile profeso i espulso
de San Francisco, sacerdote de misa.
Luis de Morales, limeño, de treinta i dos años, casado
dos veces.
Francisco Mejía Mirabel, cerrajero, natural de Tucu-
man, por idéntica causa.
Juan de Matos, oriundo de la Habana, sastre, por lo
mismo, siendo condenado en cien azotes i a galeras ^)or
seis años.
María de León, de Canarias, de cincuenta años, por he-
chicera, abjuró de levi, salió a la vergüenza i fué deste-
rrada a Potosí por seis años.
Juana Pérez, mestiza, de la Plata, de treinta años, por
idéntica causa, salió con insignias i soga al cuello.
Maxía de la Cruz, natural de Guadarrama, de cuarenta
i cuatro años, también por hechicera.
Magdalena de Torres, de Chuquisaca, de cincuenta i
uno, hechicera, se presentó con insignias i vela.
Isabel Hontaron, del Cuzco, de sesenta, id.
Sebastian de la Cruz, griego, natural del imperio de
Trapizonda, por sospechoso de hereje, salió con atributos
de penitente, abjuró de vehementi i fué condenado en des-
tierro por diez años i en mil pesos de multa para gastos
estraordinarios del Santo Oficio.
Jerónimo González Tinoco, natural de Saña, por haber
14. Carta del Tribunal de 15 de mayo de 165S.
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CAPÍTULO xvín 101
confeaado i consagrado óleos sin ser sacerdote, recibió cien
azotes i cuatro años de galeras.
I Juan de Cabrera Barba,- de veintisiete años, relijioso
profeso del beato Juan de Dios, ordenado de epístola i es-
pulso de BU relijion, por haber celebrado misa sin ser sa-
cerdote, abjuró de levi i fué destinado a galeráa'{ior.seis
añoa -:.:..
Penitenciados en la -eapilla, entre año, hcCbíán- sídQ,.ad:é*' .
mas:
José Ruiz de Peñaranda, bretón, preso por ciertas pro-
posiciones heréticas, que fué desterrado a España por
toda su vida.
Manuel Coello, presbítero, portugués, de sesenta i dos
años, recluso en cárceles por sospechas de judaizante, fué
suspendido de orden sacerdotal por el re^to de su vida.
Diego Vasquez de Acuna, también portugués i de la
misma edad que el anterior, preso por idéntica causa i
por algunas proposiciones heréticas, abjuró de vehementi
i pagó mil pesos de multa.
Andrés de Estrada Duque de Figueroa, de la Plata, por
blasfemo, salió con mordaza en la lengua i fué desterrado
por diez años.
Fr. Gonzalo Hernández, de Saña, lego de la Merced,
por haber dicho misa i confesado sin ser sacerdote, fué
privado de órdenes i enviado a galeras por cinco años.
Francisco de Valverde, natural de Avila, de sesenta
años, por haberse casado dos veces.
Reprendidos en la sala de audiencia fueron:
El maestro Fr. Diego de Cárcamo, agustino, por propo-
siciones malsonantes; José Freile de Morís, ayudante del
alcaide de las cárceles del Tribunal, por infiel en su oficio;
i Beatriz de Bohorquez por hechicera i haberae comunica-
do con algunos presos del Santo Oficio.
Se suspendieron los procesos de Manuel Bel, el capitán
Martin Morato, Gonzalo López Aceituno, Tomas Fernan-
dez, Pedro de Guzman, Juan Ramos, Manuel García Ma-
tamoros, Sebastian Delgado, Matias González de Paz i
Rodrigo Dávila, que habían sido prendidos por judai-
zantes.
Después de haber sido acusados de lo xüismo, por falso
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102 LA INQUISICIÓN DE LIMA
testimonio, según se descubrió, salieron libres i en el auto
con palmas, Santiago del Cantillo, Alonso Sánchez Chapa-
rro, Antonio de los Santos, Ambrosio de Morales, Fran-
cisco Sotelo, Pedro de Soria, Andrés Muñiz i Jorje Dávila.
Siguióse después de esto con ahinco en la tramitación
dz las; causas de los reos restantes, ocurriendo durante su
oursó várítis circunstancias dignas de notarse. Doña Mayor
d^' Jiuna, -(^ue': en un principio estuvo negativa, confesó a
- la primera vuelta de la mancuerda, i su cuñada doña An-
tonia Morón, se desmayó a la segunda. El hermano de ésta,
llamado también Antonio, i Domingo Rodríguez Muñoz
murieron en la prisión, por lo cual se siguieron sus proce-
sos con la memoria i fama de ambos. Diego de López de
Fonseca sufrió seis vueltas, »*y hablando siempre muy
concertadamente, llamando a Jesús y María, y quejándose
y diciendo que le quitasen de allí y que diría la verdad, y
nunca la quiso decir, por muchas amonestaciones que se le
dieron para ello, n
El proceso de Manuel Bautista Pérez, el mas rico de to-
dos los denunciados, »»se llevo lentamente, hasta fenecer
los de los demás acusados. Condenado a tormento in ca-
pul alienum, y habiéndosele dado seis vueltas de man-
cuerda, y quitado de ella, fué tendido en el potro y se le
dio la prímera vuelta de garrotes en los brazos, muslos,
espinillos y tudillos, y siempre estuvo negativo.» Poco
después el reo se daba de puñaladas en la cárcel, sin lograr
poner fin a sus dias.
Manuel de Paz, de edad de treinta i cuatro años, que
habia sido encerrado en la prisión el 12 de agosto de 1636,
porque en un apunte de confesión sacramental que tenia
redactado se le encontraron algunas palabras escandalosas
i porque se dijo que guardaba una biblia; fué encontrado
el 17 de noviembre, desnudo en camisa, ahorcado, habién-
dose colgado del pescuezo con una soguilla de una reja de
fierro que estaba encima de la puerta de su calabozo. Se
mandó enterrar su cuerpo en parte señalada para exhumar
sus huesos cuando conviniese^'.
Mucho mas horrible aun, si cabe, era lo que habia ocu-
15. Carta de Alcayaga de l.^' de mayo de 1687.
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CAPÍTOLO XVIII 103
rrido con Mencía de Luna. Era ésta una sevillana, hija de
padres portugaeses; de edad de veinte i seis años, casada
con Enrique Nuñez, que testificada en el tormento por
una hermana i una sobrina suyas; fué reducida a prisión
el 22 de noviembre de 1635. Se le acusaba de haber asis-
tido a las juntas que se t>enian en casa del capitán Antonio
Morón, »»de que guardaba el sábado por fiesta y se ponía
en él camisa y ropa limpia, cenaba pescado, frutas y no
carne, y ayunaba el ayuno de la reina Ester. »i El otro tes-
tigo que la denunció, José de Silva, se retractó, volviendo
en seguida a nombrarla en el tormento, i otro tanto habia
pasado con Rodrigo Vaez Pereira. Dióse tormento enton-
ces al marido de la reo, i como se mantuviese negativo,
se le condenó igualmente a ésta a la tortura.
He aquí ahora lo que ocurrió durante ella:
!iY luego los dichos señores Inquisidores y Ordinarios,
visto que la dicha doña Mencía de Luna estaba negativa,
pronunciaron la sentencia siguiente: Christi nomine invó-
calo,
iiFallamos atentos los autos y méritos del dicho proce-
so, indicios y sospechas que de él resultan contra la di-
cha doña Mencía de Luna que la debemos condenar y
condenamos a que sea puesta a cuestión de tormento,
en el qual mandamos estar y persevere por tanto tiempo
quanto a nos bien visto fuere, para que en él diga la ver-
dad de lo que está testificada, y apressada, con protesta-
ción que le hacemos que si en el dicho tormento muriese
o fuese lisiada o se siguiere efusión de sangre o mutilación
de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por
no haber querido decir la verdad, y por esta nuestra sen-
tencia, ansí lo pronunciamos y mandamos en estos escri-
tos y por ellos.
iiPronunciaron la qualidad de dicha sentencia y los di-
chos señores Inquisidores y ordinarios, dieron y pronuncia-
ron este dicho auto, y ante nos en la audiencia del dicho
Santo Officio pareció presente la dicha doña Mencía de
Luna a la cual se notificó.
»«Dijo que no debe nada, y que no sabe que responder.
«t Y con tanto fué mandada Uebar a la cámara del tor-
mento^ donde fueron los dichos señores Inquisidores y
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104 LA INQUISICIÓN DS LIMA
ordinarios, eceto del señor Inquisidor Gaytan, que se que-
dó y no fué, seria a las nuebe dadas de. la mitñana, y m-
tando en la dicha cámara, amonestada que diga la verdad
y no se quiera ver en tajoto trabajo.
iiDijo que no devia nada.
"Amonestada, y fué mandada desnudar, dijo que no
devia nada*
11 Fué buelta a amonestar que diga la verdad, donde no
se mandará poner en la cincha.
"Dijo que no debia nada contra la fee, fué desnuda y
puesta en la cincha; atados los dedos de los pies, y por los
pies y espinillos un cordel, y los brazos, y por los molle-
dos para la mancuerda.
"Estándola desnudando decía que no debia nada, y que
si en el tormento por no poderlo Uebar dijere algo, que no
balga nada ni sea válido, porque lo dirá de miedo del dicho
tormento.
n Estando ya atada en la forma dicha y puesta en la
cincha, fué amonestada que dixese la verdad, donde no, se
le mandaría dar y apretar.
"La primera de manquerda.
iiDijo que no debia nada contra la fee. Y fué mandado
dar y apretar la primera buelta, y estándosela apretando
decia, judía soy, judía soy, yo lo diré, y no cesó de decirla
"Preguntada cómo es judía, quién la enseñó y de qué
tiempo a esta parte.
"Dijo que Jorge de Silba la enseñó a ser judía, y k
mandó que ayunase el martes, y que no comiese, y que
su madre y su hermana son judías.
ttPr^untada cómo se llaman su madre y hermana, que
dice que son judías.
"Dijo que su madre se llama doña Isabel, y su hermana
se llama doña Mayor.
"Preguntada cómo son judías, su madre y su hermana.
"Dijo que lo que quisieran poner ahí pongan, y decia
Jesús que me muero, miren que me sale mucha sangre,
porque tengo sangre judía: amonestada que diga la verdad,
donde no se mandará cerrar la buelta, y dar la segunda.
"Dijo que Jorge de Silba, la enseñó a seír judíai.
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CAPÍTULO xvín 105
tiFuéle dicho que diga la verdad, donde no se le man-
dará dar y apretar la segunda buelta.
"Dijo que ha de decir que no debe nada.
. nFuéle mandado dar y apretax la segunda buelta, y es-
tándosela apretando se quejaba diciendo: ay, ay, y se es-
taba eallaado, y en este estado, que serian cerca de las
diez de la manana> se quedó desmayada; y se le echó un
poco de agua y auBque estuvo un rrato de esta suerte, no
bolbió en si» por lo qual los dichos señores Inquisidores y
ordinaHo, dijo que suspendian, y suspendieron el dicho
tonnento, para repetirle cada y cuando que. les pareciese,
y los didios seftores se salieran de la cámara e yo el ija-
frascrípto notario, me quedé en ejUa con los ministros que
asisten al dicho tormento, que fueron, el alcayde Joan dé
ütnrgoyen y el verdugo, y un negro que le ayuda, y qui-
taron de la dicha cincha a la. dicha dona Mencia de Luna,
y la echaron en un estradillo que estaba a sus pies, para
que lebautase, de suerte que pudiese ser puesta en la cin-
cha, y luego entró Joan Riesco ayudante de las diichas
cárceles secretas, y le fueron desatadas a la dicha doña
Meocía de Luna las dichas dos bueltas de mancuerda y
no bolbia en sí, por lo qual, por mandado de los dichos
señores Inquisidores, me estube en la dicha cámara del
tormento con los dichos ministros, para ver si volbia en sí
la dicha doña Mencia, y aunque me estube hasta las once
del dia, no bolbió en sí» antes estaba sin pulso ninguno,
los ojos quebrados, los labios de la boca cárdenos, el rros^
tro y pies fríos de todo punto, y aunque se le puso la
luna de un espejo por tres heces encima del rostro, salia
tan limpio como quando se le ponia, de suerte que todas
las señales que tenia la dicha doña Mencia de Luna, era
al parecer de estar naturalmente muerta; de que doy fee:
que todas las señales de muerta eran según quedan refe*
ridas, y el resto del cuerpo se le iba ansimismo enfriando,
y el lado del corazón no hacia movimiento ninguno, aim-
que le puse la mano sobre él, antes estaba frió, según que
todo pasó ante mh-*^Jocm Castillo de Benamdes^^.n
16. Fes dé la muerte y mUierrox
c£n la dudad de k» Beyes, domingo Teinte j seis días ñÁ met de
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106 LA INQÜISIOIOX DE LIMA
Los inquisidores, sin embargo, no se dieron por satisfe-
chos con ésto, sino que siguiendo la causa contra la me-
moria i fama de su víctima, en 14 de enero dé 1689 la
votaban a ser relajada en estatua, éon confiscación de
bienes"
mPublioacion del Auto de la Fé. — Sustanciadas las
causas de los que habián de salir al auto, y habiendo el
Tribunal del Santo Oficio determinado hacerlo domingo
23 de enero, dia del defensor de María, San Ildefonso (y
no sin misterio, pues éstos no la confiesan por Madre de
Dios, y así en las Ave Marías que rezaban por cumpli-
miento, no decían JESÚS) del año corriente, ordenó He
publicase a 1.® de diciembre de 1638. La pririiér dilijen-
cia que se hizo fué darle aviso al señor Conde dé Chin-
chón, virey de estos reinos, desta determinación. Lle-
vóle el señor doctor don Luis de Betancurt y Figueroa,
fiscal de la Inquisición, y contenia, que el dia* referido
celebraba auto el Tribunal del Santo Oficio, para exalta-
ción de nuestra santa Fé Católica y extirpación de la
herejías, y que se hacia saber a su Excelencia, esperando
acudiría a todo inconveniente, a la autoridad, y aplauso
del, como principe tan celoso de la relijion católica y
culto divino.
ifRetardóse este auto, aunque la dilijencia de la Inqui-
sición fué con todo cuidado, por culpa y pretensión de los
mismos reos. Fué el caso, que habiéndose puesto unas
puertas nuevas en la Capilla de Inquisición, que c^e a la
plaza della, edificio insigne, tanto por la grandeza, como
setiembre de mil seiscientos cuarenta y ocho años a hora de las diez j
media del dia, poco mas o menos, Joan de Tturgoyen, alcayde de las
cárceles e<^cretas de este Santo Oftcío, me Ilam6 a mi el secr^^tario de
este Santo Oficio^ diciendo fuese a ver las dichas cárceles secretas, por*
que querían enterrar el cuerpo de do&a Mencia de Luna, que avia muer-
to, y abiendo ido allí, vi en las dichas cárceles que hoy son en las casas
que eran de Joan Martínez de Arrova, al cabo de una acequia que es-
tá cubierta con un tabla larga, hecho un hoyo y sepultura, donde esta-
ba puesto el cuerpo muerto de la dicha doña Mencia de Luna, natural-
mente y sin cubrir con tierra, hasta que yo le viese y certiñcase de
ello, según que asi pasó y lo vi, de que doy fe. — Martin Diaz de Con-
treras,
17« Solo Gaitan fué de opinión que se sp^ndiese toda tramitacioo.
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CAPÍTULO xvn 107
por la curiosidad de varifUí y fataosas piDiuras, de que
está siempre adornada, y reja de ébano, que divide el
euerpo del altar maj^or, obra de los señores que oy viven,
y donde oyen misa todos loa diañ, y se les predica las
quaresmas, acudiendo a este ministerio los mejores pre-
dicadores del reino, y donde de ordinario se hacen autos
pai*ticu lares, que pudieran ser generales en otras partes»
Para adorno, pues, de las puertas, se guarnecieron con cla^
vaí:on de bronce, y el ruido que se hizo al clavarlas les
dio tanto en qué entender a los judíos, que con notables
estratajemas se trataron de comunicar, como lo hicieron,
diciendo: ya se llega la hora en que se nos ha de seguir
algún gran daño, que nos está aparejado, no ay sino re-
voquemos nuestras confessiones, y con ésto retardaremos
el auto, y para mejor traigamos muchos cristianos viejos
a estas prisiones, y abrá perdón jeneral, y podrá ser nos
escapemos, Assí lo hicieron, qué fue la causa de que du-
rase tanto tiempo la liquidación de la verdad, '
iiEl mismo dia, pues, y a la misma hora llevo el mismo
recaudo a la Real Audiencia, Martin Diaz de Contreras,
secretario mas antiguo de la Inquisición, a tiempo que los
señores del la baxaban del dosel, y como católicos caba-
lleros, consejeros del Grande Felipe, máximo en dar hon-
ras al Tribunal del Santo Oficio: recibieron el recaudo en
pié a la puerta de la sída^ con toda cortesía, mandando
cubrir al Secretario, y hablándole de merced, Al Cabildo
Eclesiástico en sede vacante, llevó el aviso Pedro Ossorio
del Odio, recetor jeneral del Santo Oficio. Al Cabido Se-
glar, el secretario Pedro de Quiros Arguello. A loa Prela-
dos de S. Domingo, S. Francisco, S. Agustin, Nuestra Se-
ñora de las Mercedes, de la Obsei'vancia y Recolecciones,
Compañía de JESÚS, y a los de San Juan de Dios, Martin
de Vargas, nuncio* A la Universidad, el doctor D, Anto-
nio de San Miguel y Solier, abogado del Fisco y pressos
de la Inquisición, catredátieo de Prima de Cánones, y
vecino encomendero deste Reyno, y dias después al Con-
sulado.
wEI Excelentísimo señor Virey, como ehristianísimo
príncipe y en todo cabal gobernador, embió respuesta a
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108 LA INQUISICIÓN DS LIMA
la Inquisición, estimando el aviso que se le daba, y mos-
trando particular placer de ver acabada obra tan desseada.
II El mismo recaudo embió la Eeal Audiencia. Lo mismo
lucieron los Cabildos Eclesiásticos y Secular^la Universi-
dad y los demás Tribunales y Consulado.
iiAntes de publicarse el auto» se encerraron todos los
negros que servian en las cárceles en parte donde no pu-
dieron oir, saber ni entender de la publicación, porque no
diessen noticia a los reos, pues aunque la Inquisición
usaba para ésto negros bocales, acabados de traer de la
partida (no es posible menos en este- reyno) eran ladinos
para los portugueses, que como los traen de Guinea sabian
sus lenguas, y así ésto les ayudó mucho para sus comuni-
caciones, con otras tra9aB, como la del limón y el abece-
dario de los golpes, cosa notable, la primera letra era un
golpe, la segunda dos, la tercera tres, &. Daban pues los
golpes que correspondian a la primer letra de la dicion,
y parando el que los daba, assentaba en un adobe el avi-
sado, aquella letra con un clavo, luego le daban otra letra
con los golpes, luego otra, y al cabo hallaban escrito lo
que se querían avisar, con otras cifras y caracteres con
que se entendian, claro indicio de su complicidad.
tiPublicóse el auto el dia determinado, miércoles primero
de diziembre; fué uno de los demás rcgozijo que esta no-
ble ciudad ha tenido. Hizose con mucha ostentación; iban
todos los familiares con mucho lustre, a caballo, con varas
altas, y al son de ministriles, trompetas, y atabales pas-
searon las calles principales. Detras de los ministros iban
los oficiales de la Inquisición, Martin de Vargas, nuncio,
Manuel de Monte Alegre, procurador del Fisco, Antonio
Dominguez de Valcázar notario de secretos, Bartolomé
de la Rea, contador, Pedro Ossorio del Odio, recetor ge-
neral» Pedro de Quiros Arguellos, secretario, y el capitán
D. Juan Tello, alguazil mayor. Dióse el primer pregón en
la pla9a de la Inquisición^ y el segundo en la pública»
frontero de la puerta principal de Palacio. Era ésta la
forma.
nEl Scmto Oúeio de la Inquisición haze saber a todos
los fieUs ckristianos estantes y habitantes en esta ciudad
de los Heyes, y fuera deUa, cómo celebra Auto déla Fé
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CAPÍTULO xvni 109
para eocaltaeion de nuestra sarda fé Mtóliba a lo¿ 23
de enero, dik de san Ilefonso, del a/M que viene de 1689,
en la plaza piíbUca desta dicha ciudad, para que acu-
diendo u él los fieles católicos^ ganen las indulgencias
que los Sumos Pontífices fian concedida) a los que se hd^
lian a semejantes actos, que se manda pregonar para
que llegue a noticia de toaos:
II Ocurrió gente sin número a ver esta disposicioii prime*
ra, dando gracias a Díoa y al danto Tribunal, que daba prín-
eipío a auto tan grandioso, qué todos presomian serlo
por las muchas prisiones que abia hechas. Acabada la pu^
blicacioD, volvieron loe ministros y oficiales con el mis-»
mo orden a la Inquisición.
II Publicado el auto, se llamó a Juan de Moneada, que ha
mas de 50 años que sirve en estas ocasiones a la Inquisi-
ción, y se le dio orden de que hiciesse las insignias de los
penitenciados, sambenitos, corozas, estatuas, y para los
relajados cruces verdes, recibiéndoseles antes juramento
de secreto, 3^ a sus oficiales dióseles aposento en lo inte-
rior de la casa del Álcayáe, donde las obraron sin ser vis*
tos de nadie, y en este tiempo se le dio orden al alguazil
mayor que con familiares que señalasse rondassen de
noche la quadra en cerco del Santo Oficio, sin que a esto
se faltasse un punto hasta el dia del auto, como se hiza
mDesopipcion del Tablado. — Jueves dos de diciembre,
se dio principio al tablado, que como abia de ser tan sun-
tuoso y el cadahalso tan grande, fué necesario comenzar
desde entonces. Tuvo el tablado principal de largo y fren-
te, quarenta y siete varas, y trece de ancho, y desde el
suelo al plan, cinco varas y dos tercias; fundóse en treinta
y nueve pies derechos de media vara de gruesso cada uno,
y en ellos se pusieron trece madres de palmo y medio de
gruessos, donde cargaban tablas y cuartones que hacian el
asiento, todo cercado de varandas. Sobre el plan, hacia la
parte del Cabildo, igual al de sus corredores, se pusieron
cinco gradas, cojió el sitio dellas diez y nueve varas de
lai^o. £n el plan de la última se puso el asiento para el
Virrey y Tribunal del Santo Oficio, que venia a estar dos
varas y tres quartas alto del plan del tablado, y a los la-
dos de una parte y otra corría igualmente el lugar don-
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lio LA INQUISICIÓN BB LIMA
de afaia de esfar* ki Beal Aadiencia. De las cinco gradas
dichas, la primera se dedióó para peaña del Tribunal. La
segunda en <5rdeñ para el señor Fiscal de la Inquisición, y
eapitan de la g^iárdia de su Excelencia. A los lados los
de su familia, y Pilel^os de las relijione^ La tercera pa-
ra los calificadores, oficiales, y ministros del Santo Oficio,
y religiosos graves. La quarta^ para las familias de los
señolees Inquisidores.
riAl lado siniestro del Tribunal, se levantó un tablado al
igual del, de once varas de largo y quatro de ancho, cu-
wertíd de celosía, con tanto primor, que su prevención
parece fué de anticipado tiempo para ocuparle su Exce-
lencia de la señora Virreyna, y las mugeres de los señores
de la Real Audiencia. Escogióse este sitio por llevar el
aire hacia allí la voz de los letores, y la comodidad del
passadizo. A un lado y otro de los señores de la Audien-
cia, se les señaló lugar a los del Tribunal de Cuentas.
tiAlamano derecha del Tribunal, se pusieron quatro
gradas de nueve varas de lar^o, media mas bajas que él.
Las tres del las ocupó el Cabildo Eclesiástico, y la . otra
ocupó la Universidad Real, con otras tres gradas que
volvían atravesadas al cadahalso, mirando hacia Palacio. Al
lado izquierdo del Tribunal, media vara mas bajo que él,
y el tablado de la señora Virreyna, se formaron quatro
gradas de nueve varas de largo para el Regimiento y Ca-
bildo de la ciudad, para el Consulado, y para los Capita-
nes vivos dellas y del Callao. A las espaldas del Cabildo
Eclesiástico, se levantó un tablado de doce varas de largo,
media mas bajo que el Tribunal, parte del para el Mar-
qués de Baydes, que estaba dividido con celosías, y lo res-
tante ocuparon las mujeres de los Rejidores.
itEn medio del tablado, mirando aJ Tribunal, se formó
el altar de dos varas de largo poco mas, en proporción, y
al lado derecho, al principio del passadizo o crujía, se
puso el pulpito donde se abia de predicar y leer las sen-
tencias. Lo restante deste tablado se llenó de bancos rasos,
para las personas que hubiessen de tener assiento, que
después los ocuparon religiosos de todas Ordenes y
caballeros de la ciudad, cuya disposición de lugares y
firbrica del tablado tomó a su cargo el señor Inquisidor
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cAPÍxüLo xvni 111
don Antonip de Castro, y de tratar con.au Excelencia lo
que conviniesse, y todos los señores davan licencias escíl-
taSy^¿D las cuales ninguno era peilnitido en el tablada
tiDel Palacio se hizo ún passaditopor lavpart^e.que misar
ba a la plaza, eataba cul^erto con. cc^osíaS) y por la otra^
aforrado, con tablas, tenia 18 varas ^^ largo, y dos de an-
cho; cortase un paño del balcón, de la esquina de palacio,
y desde él al plan del pa^sadizo^ se bajava por trece grar
das, divididas en tres.pajrte%. La primera de siete y. las
dos de tres cada una, puestas .a trechos, para deoénder y
subiir con toda facilidad; .pareeia!un hermosisilno baldón o
galería qijie daya adorno a los tabktdoa^ . .
ifDel principal al<;tidáhaJso délos reos, estava una crujía
de veinte varító de largo, y tres de an^eho, cercada de varan-
das, como el atablado y cadahalso. Este era de la mesma
lonjitud que el tablado principal, pero de ancho no tenia
mas qup nueve va;ras. En él abia sei» gradas, cada una de
dos tercias de alta La primera tenia 36 pies de largo la
2.» 32, la 3.* 28, la 4.* 24, la 5.» 20, la 6.% que fué absien-
to para los relajados, tenia 8, y en el plan se pusieron
muchos bancos rasos, que después ocupó gente honrada
de la ciudad. Encima de la última grada estaba la media
naranja, que formaban tres figuras de horrendos demo-
nios.
i'En el vacío que avia del tablado al cadahalso, por un la-
do y otro de la cruxía, se levantaron dos tablados mas baxos
que el principal vara y media, tenían ambos quarenta y
siete varas de largo y veinte de ancho: destas quedaron
veinte varas, diez en cada uno, para las familias ae los se-
ñores de la Real Audiencia y ministros del Santo Oficio,
y de los caballeros principales, y lo restante, el uno a car-
go de Bartolomé Calderón, maestro de esta obra, de que
le hizo gracia la Inquisición para que se aprovechasse,
por quanto avia hecho estos dos tablados a su costa, y
para decir la grandeza y sumptuosidad dellos y gran
número de gente que huvo, baste decir que se subió a
ellos por veinte y una escaleras, catorce de adobes, y la
una tan grande que se gastaron dos mil adobes en ella, y
cuando se desvarataba parecía ruina de una torre, y las
siete de madera con sus cazas, y debaxo, para comer algu-
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112 LA nrQÜISICIOK DS LIMA
XMtS' £iiin¡lía6>' huvo treee aposentos con efus puertas 43emi-
das con llaves;
II Para la sombra del tfiblado principal y los demás, se
pusieron 22 árboles, cada uno de veíiitie y quaro varab de
aito, y en ellos se hicieron fimie lae Telas, que ocnparon
100 Turas de largo y setenta de ancho, atesadas con mu-
chas vetas de cáñamo, con sus motones, poleas y quader-
nales, con que quedtS el velamen tan llano í y firme, sien-
do tan' !a^o, como si fuera puesto eh bastidor: llegó a
estar l^inte varas alto del suelo, causando apacible som ora.
' líTardó el tablado en hacetBe cincuenta días, trabaján-
dose en él continuamente, fein dex^ume 'de la manó hi aun
los dias soletünes de fiesta, siendo los obreros dos maes-
tros y los negros de ordinario diez y seis. No se le encu-
btió a los señores de la Inquisición el gmnde concurso
de gente que avia venido a ver el auto de mas de qua*
renta leguas de la dudad, y assi con la providencia que
todo previno la confussion y desorden que pudo aver so-
bre los asientos. Para esto vino sí tablado el señor licen-
ciado don Antonio de Castro, inquisidor, y los repartió
en la forma dicha, y para firme9a de lo hecho, mandó el
Tribunal pregonar qtie ninguna persona, de cualquier
calidad que Juesm, ecepto los caballeros, gobernadores,
y ministros familiares que obsistiessen a la guarda y
custodia del tablado, donde se avia de celebrar el Auto
de Fé fuese osado a erUrar en él, ni el de los penitentes,
sopeña de descomunión mayor y de SO pesos corrientes
para gastos eMrctordin/irios del Santo Oficio. Dictólo
Luis Martinez de Pla(¡a.
»*Para execucion de lo referido, nombró el Tribunal ocho
caballeros muy principales desta ciudad, que asistiessen
con sus bastones negros, en que estaban pintadas las ar-
mas de Santo Domingo, para executar las órdenes del
Tribunal, que lo hicieron con la puntualidad que de su
nobleza se esperaba. Fueron don Alonso de Castro y del
Castillo, hermano del señor inquisidor don Antonio de
Castro, don Francisco Messia, del hábito de Calatrava,
Domingo de Olea, del de Santiago, don Francisco Luxan
Sigorey, corregidor y justicia mayor de Canta, don Fer-
nando de Castilla Altamirano, corregidor y justicia ma«
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CAPÍTULO xvín 113
yor de Caxatambo, don Diego de Agüero, don Alvaro
Yxar y Mendoza y don Antonio de Córdova, que tuvie-
ron assiento desde la mesa de los secretarios, que esteva
a mano derecha del altar, por un lado, y desde el pulpito,
hasta las gradas, por otro, en quatro bancas de doblez, ha-
ciendo calle para la cruxía. Aquí estuvieron los siete de
la fama, que salieron con palma de santos testimonios,
con los caballeros padrinos.
nEl viernes, que se contaron 21 de enero del año co^
rriente, mandó el Tribunal a sus oficiales y ministros que
el sábado siguiente a las ocho estuviessen en la capilla
del Santo Oficio a la missa ordinaria, como lo hicieron, y
habiendo entrado todos en la sala de la Audiencia, el se-
ñor licenciado don Juan de Mañozca, del Consejo de su
Majestad, en el General de la santa Inquisición, les hizo
un razonamiento con palabras graves, exortándolos a que
acudiessen con amor y puntualidad a sus oficios, y por
que fué éste el primero dia en que se vieron en esta ciu-
dail de Lima los hábitos de los oficiales y ministros del
Santo Oficio, que ostentaron con grande lustre, echando
costosas libreas, pondré el decreto que sobre ellos proveyó
el Tribunal.
i}Los señores Inquisidores deste Reyno del Perú, vistos
los títulos de N. dan licencia para que se pongan el
hábito y cjviz de Santo Domingo en este presente Auto,
que se ha de celebrar a los 23 de enero próximo que
viene de 1639 y su víspera, y los demos dias que manda
Su Majestad y los señores de su Consejo Supremo de la
Santa y General Inquisición. I asi lo proveyeron y rnan-
daron y señalaron en presencia de mí el presente secre-
tario deste Santo Oficio. En los de 26 de diciembre de
1638. Rubricado de los señores Inquisidores^ Martin
Diaz de Contreras.
II Parecieron pues en las calles los oficiales del Santo Ofi-
cio, los calificadores, comisarios, personas honestas, y fa-
miliares, todos con sus hábitos, causando hermosura la
variedad, y regocijo a la gente, que ya estaba desde por
la mañana sábado en copioso número por la plaza y
calles.
II Procesión de la Cruz verde. — ^Todo este dicho dia
TOMO II 8
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114 LA INQUISICIÓN DE LIMA
estuvo la Cruz verde (que el dia antes abian llevado seis
religiosos dominicos) colocada en la capilla del Santo
Oficio, con muchos cirios encendidos, que dio la Orden de
Santo Domingo, afectuosa a la Inquisición, Era la Cruz
de mas de tres varas de largo, hermoseada con sus voto-
nes. Para la procesión della concurrieron las comunidades
de las religiones de Santo Domingo, San Francisco, San
Agustín, Nuestra Señora de las Mercedes, y sus Recolec-
ciones, la Compañía de JESÚS, y los de San Juan de
Dios, a las casas de la Inquisición, a las tres de la tarde. A
las cuatro se comenzó a formar: iba delante el estandaite de
la Fé, que lo llevava don Francisco López de Zúñiga, Mar-
qués de Baydes y Conde de la Pedrosa, gobernador, y
capitán general del reyno de Chile, del Orden de San-
tiago: una de las borlas llevava Hernando de Santa Cruz
y Padilla, contador mayor del Tribunal de Cuentas, y
otra Francisco Gutiérrez de Coca, tio de la Marquesa, y
ambos sus hábitos de familiares. Acompañaban el estan-
darte algunos ministros y muchos cab«alleros de la ciudad.
Seguíanse los Religiosos de todas órdenes, que ivan en
tanto número y concierto, que cogian tres calles en largo
quando salió la Cruz de la capilla. Luego ivan los califi-
cadores, todos los familiares y comissarios y oficiales
del Santo Oficio acompañando al P. M. Fr. Luis de la
Kaga, provincial de la Orden de Santo Domingo, que lle-
vava la Cruz. Ivanla alumbrando 48 religiosos de su fa-
milia, con cirios encendidos; detras iva el secretario Mar-
tin Diaz de Contreras, en medio del secretario Pedro de
Quiros, y del Alguazil mayor. Iva delante de la Cruz ver-
de, la Capilla de la Catedral, de superiores y eminentes
voces y diestros músicos, y la de Santo Domingo, no in-
ferior a ella: cantaban el himno Vexilla Regis prodeunt^
triunfos de la Cruz contra herejes, en canto de órgano, y
algunos salmos, que él, la gravedad del acto, el silencio
de tanta gente provocaba a amor y veneración al Santo
Tribunal y a celo fervoroso del aumento y pureza de la
Fé.
iiAssí caminó la procesión con toda magestad hasta la
piafa de la ciudad, y sin torcer llegó a las puertas principa-
les de Palacio, y desde ^U tomó 1^ vuelta a oo^er las del ta-
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CAPÍTULO XVIII 115
tlaílo, que miraban a la calle de los Mercaderes en lle-
gando a él recibió la Cruz el P. presentado Fray Gaspar
de Saldaña, prior del Convento de Santo Domingo, y la
subió al tablado, y colocó en el altar, que estaba ricamen-
te adornado. A este tiempo la música entonó el versículo
Hoc signum Crucis, y el responso, y el prior dixo la oración
de la Cruz, y dexando en su guarda los religiosos mas
graves de su convento, muchos cirios para su lustre, y
cuatro faroles de vidrieras contra el viento de la noche, se
despidió de los oficiales y ministros, con que se acabó esta
acción. Ocurrió a ella el mayor número de gente que ja*
mas ha visto la ciudad de los Reyes, ocupando las calles
y pla9as de Palacio y el de la Inquisición, y las venta-
nas, balcones y techos, y el grande número de personas
que acompañó la procession fué causa de haberse dete-
nido desde las quatro hasta la oración, que llegó al tabla-
do la Cruz, gobernando la procession el doctor don Juan
Saenz de Mañozca, y el doctor don Antonio de San Mi-
guel Solier, abogados del Fisco, y presos del Santo Oficio.
iiNoTiFicAciON DE LAS SENTENCIAS. — Estc día, entre las
nueve y las diez de la noche, se notificaron las senten-
cias a los que avian de ser relujados, y quedaron con ellos
religiosos de todas las religiones, que el Santo Oficio em-
bió a llamar para este efecto, a quien se dio aquella noche
una muy cumplida colación, y a los ministros. Mandóseles
a éstos avisassen a los que avian de acompañar a los reos
que estuviesen al dia siguente a las tres de la mañana en
las casas de la Inquisición.
II Poco después de notificadas las sentencias a los relaxa-
dos, volvieron en sí Enrique de Paz y Manuel de Espino-
sa, y con el uno hizo audiencia el señor Inquisicor Andrés
Juan Gaitan, y con el otro, el señor Inquisidor don Anto-
nio de Castro, hasta las tres de la mañana, y a aquella
hora se llamó a consulta, en que se hallaron con los seño-
res Inquisidores, el señor licenciado don Juan de Cabrera,
tesorero de la santa Iglesia, provisor en sede vacante y
ordinario del Santo Oficio, y los señores doctor don Mar-
tin de Arrióla, oydor, y licenciado don Garcia Francisco
Carrillo, fiscal de lo civil, consultores; faltó el señor oy-
dor Andrés Barahona de Encinillas por estar enfermo de
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115 XA INQUISICIÓN DE LIMA
la enfermedad que murió. En esta consulta se admitieron
a reconciliación los dichos.
itDióseles de almorzar a los penitenciados este dia a las
tres, para cuyo efecto se mandó llamar un pastelero tres
dias antes, y debajo de juramento de secreto, se le mandó
cuidase desto, de modo que antes de la hora dicha estu-
viesse el almuerzo en casa del Alcayde, que se hizo con
toda puntualidad.
iiA la hora señalada acudieron muchos republicanos
honrados, con deseo que les cupiesse algún penitenciado
que acompañar, para mostrar en lo que podían el afecto
con que deseaban servir a tan Santo Oficio. Pero para que
se entiend^i ser esto moción de Dios y para ejemplar de
todos los fieles, sucedió que don Salvador Velazquez, indio
principal, sargento mayor de la milicia de los naturales,
entró en el Santo Oficio a la misma hora que los repu-
blicanos, de gala, con espada, y daga plateada, y pidió
que le honrassen a él, dándole una estatua de las que ha-
blan de salir en el auto, que a esso solo iba, y visto su
afecto, se le concedió lo que pedia, y a otro compañero
suyo. Como iban saliendo los presos de las cárceles, se les
iba poniendo a cada uno las insignias significadoras de
sus delitos, y entregándolo a dos personas de las referidas,
a quien se les encargaba que no le dejassen hablar con
nadie, y que lo llevasen y volviessen a aquel lugar, es-
cepto a los relajados, en quanto a la vuelta. Diósele orden
a Juan Rodríguez Panduro de Duran, teniente de alcayde,
que se quedasse en el Santo Oficio en guarda de las cár-
celes.
i'Procession de los penitenciados. — Acabada esta di-
ligencia con todos los reos, llegaron a las casas del Santo
oficio las quatro cruces de la iglesia mayor y demás pa-
rroquias, cubiertas de luto, con mangas negras. Acompa-
ñávanla los curas y sacristanes, y clérigos, con sobrepe-
llices. A esta hora, que sería como a las cinco, estavan
formados dos esquadrones de la infantería española, uno
en la plaza del Santo Oficio, otro en la principal desta ciu-
dad, y quedando las vanderas en los esquadrones, vinie-
ron dos compañías destas, que fueron en escolta de los
penitenciados. Comenzó a salir la procession de las casas
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CAPÍTULO XVIII 117
del Santo Oficio: delante ivan las cruces en la forma dicha,
acompañadas de los curas, sacristanes y clérigos, en co-
pioso número. Seguíanse los penitenciados de menores de-
litos, hechiceras, casados dos veces. Luego los judayzantes,
con sus sambenitos, y los que avian de ser ayotados, con
sogas gruessas a las gargantas; los últimos ivan los rela-
zados en persona, con corozas y sambenitos de llamas y
demonios en diversas formas de sierpes y dragones, y en
las manos cruces verdes, menos el licenciado Silva, que
no la quiso llevar por ir rebelde: todos los demás Uevavan
velas verdes, Ivan los penitenciados uno a uno, en medio
de los acompañantes, y por una vanda y otra dos hileras de
soldados que guarnecian toda la procession. Detras de los
reos iva Simón Cordero, portero de la Inquisición, a caba-
llo, Uevava delante un cofre de plata, pieza curiosíssima
y de valor, iva cerrado con llave, y dentro las sentencias
de los culpados; rematavan la procession Martin Diaz de
Contreras, secretario mas antiguo, a caballo, con gualdra-
pa de tercipelo, y el capitán don Juan Tello de Sotoma-
yor, alguacil mayor de la Inquisición, y el secretario Pe-
dro de Quiros, que llevavan en medio al secretario Martin
Diaz de Contreras.
»• Caminó la procession por la calle que tuerce hasta la
del monasterio de monjas de la Concepción, y desde allí
baxó derecha hasta la plaza, que prosiguió por junto a los
portales de los sombrereros, hasta llegar cerca de la calle
de los Mercaderes, siguiendo el camino por muy cerca del
portal de Escribanos, de donde se fué apartando para lle-
gar a la puerta de la escalera del cadahalso, que estuvo
cerrada hasta entonces, la cual abrieron quatro familiares
que la guardaban, y subieron los penitenciades en la for-
ma que avian venido, y se sentaron en los lugares que les
estaban señalados en el cadahalso.
"Por las c^les por donde passó la procession fué tanto
el número de gente que ocurrió a ver los penitenciados
que no es posible sumarla: baste decir que cinco dias antes
se pusieron escaños para este efecto, y detras dellos tabla-
dos por una banda y por la otra de las calles, donde esta-
ba la gente dicha, fuera de la que avia en los balcones y
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118 LA INQUISICIÓN DE LIMA
ventanas y techos, y en muchas partes avia dos órdenes
de tablados, y en la plaza, tres.
««Acompañamiento. — El Virey, príncipe prevenido en
todo, y muy en las cosas del servicio de Dios y del rei,
avia dado orden a D. Diego Gómez de Sandoval, caballe-
ro del orden de Santiago, su capitán de la guarda, para
que tuviesse a punto el acompañamiento con que avia de
ir a la Inquisición su Excelencia, y quando avisó el tribu-
nal, que seria a las cinco y media, estaba a punto. Salió
de palacio con mucha orden el acompañamiento: iva pri-
mero el clarín de su Excelencia, como es costumbre quando
sale en público. Luego iva la compañía de arcabuces de la
guardia del rey no con su capitán D. Pedro de Zarate, que
aunque enfermo, no se escusó de tan sancta acción. Se-
guíanse muchos caballeros de la ciudad: luego iva el Con-
sulado, en forma de tribunal. Seguíanse el colejio real de
San Felipe y de San Martin, que también lo es, y a cargo
de los padres de la compañía de lESVS, en dos órdenes,
llevando el de San Martin al de San Felipe a la mano de-
recha, rematando éste con su retor. Seguíase la Universi-
dad Real, precediendo los dos védeles con sus ma^as atra-
vesadas al hombro, y de tras dellos i van los maestros y
doctores de todas facultades, con sus borlas y capirotes,
el último su retor. Seguíanse los dos cabildos eclesiástico
y secular. Al cabildo eclesiástico en sede vacante antece-
día el pertiguero, con gorra y ropa negra de terciopelo.
Luego i van los dos notarios públicos del juzgado eclesiás-
tico, y el secretario de cabildo. Seguíanse los racioneros,
canónigos y dignidades, y en último lugar, el señor doc-
tor don Bartolomé de Benavides, juez subdelegado de la
Santa Cruzada, arcediano, porque el señor maestro don
Domingo de Almeyda, deán de la santa iglesia de Lima,
no fué a este acompañamiento por estar falto de salud.
Al cabildo secular, que iva a la mano izquierda del ecle-
siástico, antecedían los maceres con gorras y ropa de da-
masco carmesí, con sus mazas atravesadas. Luego ívan loa
oficiales del cabildo, luego los regidores y alguacil mayor
de la ciudad, los jueces, oficiales reales, administradores
de la real hacienda. Ivau detras de todos el capitán don
Pedro de Castro Ijazigui, caballero del Ordea de Santia-
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CAPÍTULO xvín 119
go, y a su mano izquierda, el capitán don Iñigo de Zúñiga,
alcaldes ordinarios. Seguíanse los dos reyes de armas.
Luego i van los señores Francisco Márquez de Morales,
capitán Femando de Santa Cruz y Padilla, don Fernando
Brabo de Laguna, Alonso Ibañez de Poza, del Tribunal
mayor de cuentas; luego el capitán de la guarda de su
Excelencia, y a su mano izquierda, Melchor Malo de Moli*
na, alguacil mayor de la Real Audiencia. Seguíanse los
señores fiscales don García Francisco Carrillo y Aldrete,
de lo civil, y don Pedro de Meneses, del crimen; i van lue-
go quatro señores alcaldes, doctores don Juan González
de reñafiel, don Christóval de la Cerda Sotomayor, don
Juan Bueno de Roxas, y licenciado don Fernando de Saa-
vedra. Seguíanse cinco señores oidores desta Real Audien-
cia, doctores don Antonio de Calatayud, del Orden de
Santiago, don Martin de Arrióla, licenciado Christóval
Cacho de Santillan, doctor don Gabriel Gómez de Sana-
bria, y el doctor Galdos de Valencia: llevaban en su com-
pañía a los señores licenciados Gaspar Robles de Salzedo,
oydor de la Real Audiencia de la Plata, y doctor Fran-
cisco Ramos Galvan, fiscal della. Seguíase luego el exce-
lentísimo señor don Luis Gerónimo Fernandez de Cabrera
y Bovadilla, Conde de Chinchón, del Consejo de Estado y
Guerra, Virey y capitán general destos reynos, y a los
lados, en dos hileras los soldados de la guarda de a piá, co-
xiendo en medio la Real Audiencia en la forma ordinaria;
detras de su Excelencia ivan sus criados, y con ellos en
primer lugar don Luis Fernandez de Córdova, capitán de
la compañía de los gentiles hombres lanzas, y detras la
dicha compañía, que cerrava este acompañamiento.
iiComo ivan llegando los primeros a las casas de la In-
quisición se ivan quedando a una parte y a otra, dejando
calle por donde pasó la Real Audiencia, acompañando al
Virey, que entró en ellas, donde halló a los señores In-
quisidores Apostólicos en forma de Tribunal, con capelos
negros, insignias de su delegación, y a muía, y habiéndole
hecho las cortesías devidas, y retornándolas su Excelencia,
volvió a salir el acompañamiento por la misma calle y en
la forma que abia venido, que fué la que va derecha de la
Inquisición hasta la del arzobispo. Llevaba el estandarte
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120 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de la Fé, el señor doctor don Luis Betancurt y Figueroa,
fiscal del Santo Oficio. Llevávanle en medio el señor don
Antonio de Calatayud, oydor mas moderno, y el señor
don Fernando de Saavedra, alcalde mas antiguo, y ambos
las borlas d,e\ estandarte. Luego ivan los señores licencia-
do Christóbal Cacho de Santillan y doctor don Martin
de Arrióla, oydores, y licenciado Robles de Salcedo, y doc-
tor Francisco Ramos Galvan, oydor y fiscal de la Real
Audiencia de la Plata. Seguíase el señor Inquisidor don
León de Alcayaga Lartaun, y a su mano izquierda, el
señor doctor don Gabriel Gómez de Sanabria, presidente
de sala. Luego el señor inquisidor don Antonio de Castro
y del Castillo, y a su mano izquierda, el señor doctor Gal-
dos de Valencia, oydor mas antiguo. Detras iva su Exce-
lencia en medio del señor Inquisidor mas antiguo, licen-
ciado don Juan de Mañozca, del Consejo de su Magestad,
en el de la santa y general Inquisición, que iva a la mano
derecha, y del señor licenciado Andrés Juan Gaytan, yn-
quisidor, que iva a la siniestra.
II Detras iva el alférez Francisco Prieto, de la familia del
señor licenciado don Juan de Mañozca, a caballo: llevaba
en las manos una fuente dorada, con sobrepelliz, estola y
manual del Santo Oficio, para la forma de las absolucio-
nes, con sobrefuenta de tela morada, guarnecida de pun-
tas de oro.
II Y para dar toda honra a los que salieron libres de los
testimonios de los judíos, acordó el Tribunal que fuessen
en este acompañamiento con sus padrinos, y su Excelencia
les mandó señalar lugar con la Ciudad: fué espectáculo de
admiración ver a un mismo tiempo triunfar la verdad y
castigarse la mentira, efectos de la rectitud del Santo Ofi-
cio. Iva Santiago del Castillo en medio de don Antonio
Meoño y don Miguel de la Lastra, caballeros del Orden
de Santiago; Pedro de Soria, de don Juan de Recalde y
de don Martin de Zabala, caballero del mismo Orden de
Santiago; Alonso Sánchez Chaparro, de don Josef Jaraba,
del hábito de Santiago, y don Pedro Calderón del hábito
de Calatniba; Andrés Muñiz, de don Rodrigo de Vai'gas
y don Andrés de las Infantas, del Orden de Santiago;
Francisco Sotelo, de don Alonso de la Cueva, del hábito
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CAPÍTULO xvni 121
de San Juan, y don Francisco de la Cueva, del hábito de
Santiago. Ambrosio de Morales Alaon y Antonio de los
Santos, familiar del Santo Oficio, no sacaron padrinos,
porque ivan con sus hábitos de familiares.
nCon esta orden caminó el acompañamiento, según se
ha dicho, bajando desde la esquina de la quadra del Arzo-
bispo, por la plaza, hasta las casas de Cabildo. Quaudo en-
tró en la plaza el estandarte de la Fé, su Excelencia, el
Tribunal del Santo Oficio y Real Audiencia, llegando cer-
ca del esquadron, abatieron las banderas los alférez y los
soldados hicieron una sonora salva. Al subir su Excelen-
cia y acompañamiento por las casas de Cabildo al tablado,
se quedaron las compañías de los gentiles hombres lanzas
y arcabuces los lados del tablado, la de los lanzas a la
mano derecha, remudándose por esquadra la guarda, sin
sin que faltasse siempre la mitad de cada una. El esqua-
dron de infantería, con sus compañías tomó las esquinas
de la plaza, teniéndola guarnecida hasta la tarde.
»»Su Excelencia y los señores Inquisidores se pusieron
en sus lugares; estuvo en medio del señor licenciado don
Juan de Mañozca, que estuvo a la mano derecha, y del
señor licenciado Andrés Juan Gaytan, que estuvo a la si-
niestra. A la mano derecha del señor Mañozca, estuvo el
señor licenciado don Antonio de Castro, y a la siniestra
del señor Gaytan, el señor licenciado don León de Alca-
yaga Lartaún. Y luego por un lado y otro so seguian los
señores de la Beal Audiencia y los del Tribunal mayor de
cuentas, los cabildos eclesiástico y secular, Universidad,
colegios y comunidades, en sus lugares.
iiEn el lugar donde estuvo su Excelencia y la Inquisi-
ción, se levantó un dosel de riquísimo brocado, negro y
naranjado, las listas negras, con bordaduras costosas, y
flocadura de oro en medio del, y en lo mas eminente es-
tava un crucifixo de bronce domdo, de tres quartas de
alto, en una cruz muy rica de évano, con cantoneras de
bronce doradas, tenia colocadas algunas láminas de singu-
lar primor. En el cielo del dosel esta va una imagen del Es-
píritu Santo, con rayos que de sí despedía, esparciéndose
por el cielo, como significando el Espíritu de Dios, que
gobierna las acciones de tan Santo Oficio; y el abrazado
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122 LA INQUISICIÓN DE LIMA
deseo que en sus pechos mora, en tres serafines cercados
de rayos de plata, que pendían de las caydas del dosel.
Tuvo su Excelencia tres almohadas de estrado (qué en
este reyno vulgarmente se llaman coxines) una para as-
siento y dos a los pies, de rica tela amarilla. Y el señor
don Juan de Mañozca tuvo almohada negra de terciopelo,
ffor consejero de su Magestad, en el de la general y santa
nquisicion. Lo restante donde estuvieron los señores de
la Real Audiencia, estuvo curiosamente adornado, con ri-
cos brocateles. Delante del Tribunal estava en la primera
Erada (aviendo de ser en la segunda) el señor doctor don
uis de Betancurt, fiscal del Santo Oficio, con el estan-
darte de la fe, y el capitán de la guarda de su Excelencia.
ffEl balcón de la Excelentísima señora Vireyna, estuvo
muy bien adornado. Estava sentada con grande magestad
BU Excelencia debaxo de dosel de tela amarilla, en silla y
almohadas de lo mismo, y el Marqués hijo de sus Exce-
lencias, estuvo a un lado de la señora Vireyna, en silla
de tela sin almohada, por el respeto. Lnego se seguian
las señoras mugeres de los consejeros de la Real Audien-
cia, sentadas en sillas de baqueta pespuntadas de seda,
con sus hijas y hermanas.
iiLos lugares donde estuvieron los cabildos eclesiásti-
co y secular, se adornaron de alfombras muy vistosas, y
fué ésta la primera vez que se les dio adorno, no aviéndo-
le tenido antes en ocasiones semejantes. Y ésles debido,
pues ambas jurisdiciones ayudan a la Inquisición: la ecle-
siástica, con el juez ordinario en las causas, y la secular
con sus ministros para la execucion de las sentencias. Al
Tribunal de cuentas, que no avia tenido assiento, se le dio
aora, y estuvo en la forma y manera dicha. Otras comu-
nidades pretendieron el dicho adorno, y no se les concedió
por algunos respetos.
«Habiendo pues su Excelencia, el Tribunal y Real Au-
diencia llegado a sus assientos, hicieron adoración a la Cruz,
que estava puesta en el altar, ricamente adornado. Tenia
la imagen de Santo Domingo, como a quien tan gran par-
te le cabia de la gloria deste dia, quatro blandones de
plata, muchos ramilletes de diversas flores, 'y escarchado
gran número de pebeteros, con dorados pebetes y otros
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CAPÍTULO xvni 123
olores diversos, que recreaban los sentidos; antes del es-
taba un tapete con cuatro blandones en que ardían quatro
hachas, todo a cargo de la devoción de la religión domi-
nicana, por mano del P. F. Ambrosio de Valladolid, pre-
dicador general de aquella orden y honesta persona del
Santo Oficio, a cuya causa se le encargó ésto. Dijéronse
muchas missas en este altar, y cesó el celebrar en él luego
que salió del Santo Oficio la procesión de los penitenciados.
II Luego subió al pulpito Martin Diaz de Contreras, se-
cretario mas antiguo, y habiendo hecho sus cortesías al
Virey, Tribunal y señores de la Real Audiencia, y la se-
ñora Virreyna y demás señoras, y a los Tribunales y Ca-
bildos y religiones, leyó en voz alta, clara y grave, la
protestación de la Fé. Y el Virrey hizo el juramento or-
dinario, como persona que representaba al Rey Nuestro
Señor, que Dios guarde. Y luego todos los señores de la
Real Audiencia, sala del crimen y fiscales. Para él llevó
la cruz y missal al señor Virrey, el licenciado Juan Ramí-
rez, cura mas antiguo, y a los señores de la Real Audien-
cia, el bachiller Lucas de Palomares, cura mas moderno,
ambos de la iglesia mayor, con sobrepellices. El mismo
juramento hicieron los cabildos y el pueblo, aljando la ma-
no derecha, que con notable afecto y devoción, en voces
altas respondió con duplicado amen al fin del juramento.
Inmediatamente subió al pulpito el padre Fr. Joseph de
Cisneros, calificador de la Suprema, con su venera al cuello,
dignísimo comisario jeneral de san Francisco en estos rey-
nos del Pirú; predicó un sermón muy a propósito del in-
tento, y assí se imprimió.
«»E1 secretario Pedro de Quiroz Arguello subió luego, y
leyó en voz inteligible la bula de Pió V, traducida en ro-
mance, que habla en favor de la Inquisición y de sus mi-
nistros, y contra los hereges y sus fautores. Acabada, se
comenzaron a leer las causas, dando principio a la lectura
el doctor don Juan Saenz de Mañozca, como abogado de
los presos del Santo Oficio. Siguiéronle los demás letores,
y el primero, el doctor Bartolomé de Salazar, relator mas
antiguo de la Real Audiencia, clérigos, presbíteros, reli-
jiosos y abogados, y otras personas graves, y de auto-
ridad.
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124 LA INQUISICIÓN DE LIMA
tiEl Orden de traer los presos a la gradilla, para oír sen-
tencia encima della, la daba el Tribunal a Pedro de Valla-
dolid, familiar del Santo Oficio, y la Uebaba al capitán don
Juan Tello, alguacil mayor, que estava sentado en medio
de la cruxía, en un escabel cubierto con un tapete cayrino,
de quien la recibía Juan de Yturgoyen, alcayde de las cár-
celes secretas, el qual con bastón negro liso, sacaba los
penitenciados a oir sentencia.
uA la segunda causa que leyó, pidió el Tribunal campa-
nilla de plata, que estaba en el bufete de los secretarios, y
éste al lado derecho del altar, con sobremesa de damasco
carmesí, cenefa de tela del mismo color, con flocadura de
oro, en que estaba el cofre de las sentencias, tinteros, y
salvaderas de plata, para el uso de ambos secretarios y la
campanilla. Llevóla Pedro de Valladolid, y dióla al señor
don Juan de Mañozca, su señoría la ofreció al Virrey con
todo cumplimiento, para que mandasse en él acortar de la
letura de las causas y lo demás, y su Excelencia, como tan
gran señor, retornando la cortesía, bolvió la campanilla al
Tribunal. Prosiguiéronse las sentencias, que en suma son
conlb se siguen.
n Causas y sentesncias, poe comunicaciones de cárce-
les. — 1. Francisco Hurtado de Valcazar, natural de la
villa de Escalona, en el reyno de Toledo, vecino desta
ciudad, viudo, familiar del Santo Oficio y primero de la
Inquisición de Toledo, y ayudante del alcayde de las cár-
celes secretas, por aber dado lugar a que se comunicassen
los presos dellas, llevando papeles de unos a otros, y assí-
mismo trayéndolos de personas de afuera a los de adentro,
dejándose cohechar. Salió al auto, en forma de penitente,
en cuerpo, sin cinto, ni bonete, con vela verde en las ma-
nos, condenado a destierro desta ciudad y cinco leguas
al rededor, por quatro años, y que le fuesse quitado el tí-
tulo de familiar; túvose atención a su mucha edad, y assi
no se le dieron mayores penas.
II 2. Juan de Canelas Albarran, mestizo, natural del
Cuzco, d^ oficio platero, vecino y casado en esta ciudad,
porque viviendo pared en medio de las cárceles, dio lugar
a que por diferentes aposentos de su casa tratassen y co-
municasen algunas personas con los presos de las dichas
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CAPÍTULO xvín 125
cárceles, por agujeros que para ello hicieron, llevando y
trayendo papeles, por dádivas que le davan por ésto, en
que hizo grandísimos daños. Salió al auto en forma de pe-
nitente, sin cinto, ni bonete, en cuerpo, con vela verde en
las manos, soga a la garganta, fué condenado a cien azo-
tes y quatro años de destierro desta ciudad y cinco le-
guas al rededor.
II 3. Ana María González, mestiza, natural de la Puebla
de los Angeles en Nueva España, casada y vecina desta
ciudad, por haber violado las cárceles secretas del Santo
Oficio, por medios ilícitos, por las casas del dicho Canelas,
haciendo agujeros en las paredes de las dichas cárceles,
inquiriendo y escudriñando los secretos dellas, comunicán-
dose con los presos diversas veces, solicitando a otras per-
sonas a la misma comunicación. Salió al auto en hábito de
penitente, en cuerpo, soga a la garganta, vela verde en
las manos, condenada a destierro desta ciudad por quatro
años, y en cien azotes por las calles públicas. Fueron éslos
buenos confitentes, y por esso no se les agravaron las
penas.
II (Jasados dos veces. — 4. Juan López deMestanzo, mes-
tizo, carpintero de rivera, natural de la ciudad de Truxillo
en este reyno, vezino de Puerto Viejo, obispado de Quito,
fué preso por casado dos veces; salió al auto en hábito de
penitente, en cuerpo, sin cinto y con coroza, vela verde
en las manos, soga a la garganta, abjuró de levi: fué con-
denado a cien azotes y cinco años de galeras en las del
Callao.
iiHbchiceras famosas. — 1. Ana María de Contreras,
mulata esclava, hija de español y de negra, habitante en
esta ciudad, fué presa por hechicera y confessó su delito:
añadió que un rayo la avia partido, de que avia sanado y
quedado zahori, y que entrava los viernes en las iglesias
por no ver los difuntos, y que a las mugeres que se ves-
tían faldellín colorado, les vía todo quanto tenían, como
si estuviesen en pelota, con otras cosas desta suerte. Salió
al auto con insignias de hechicera, coroza blanca, soga a la
garganta, vela verde en la mano, abjuró de levi, y fué
condenada a cien azotes.
II 2. Ana de Campos, mestiza, natural de Guamanga,
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12é LA INQUISICIÓN DE LIMA
vecina del Cuzco, de donde se traxo presa por hechicera.
Fué buena confitente, dixo que se le aparecía el diablo
en forma de hombre, vestido de pardo y en forma de bo-
rrico y cabrón y perro prieto. Salió al auto con coroza
blanca, soga a la garganta, vela verde en las manos, abju-
ró de leviy fué condenada a cien azotes, destierro desta
ciudad, de la del Cuzco, Guamanga, por tres años.
»»3. Doña Beatriz de la Bandera, vezina y natural del
Cuzco, fué traída presa por hechizera, confessó su delito,
y entre otras cosas dixo se le aparecían los demonios en
forma de mastines y monos, con unas colas muy largas
y ramos de moUe en las manos, salió al auto con coroza
blanca, vela verde en las manos, abjuró de levi, fué conde-
nada en destierro desta ciudad y la del Cuzco, por quatro
años.
n4. Doña Estefanía Ramírez Meneses, vezina de Lima
y natural del Nuevo Reyno de Granada, fué pressa por
gran hechizera, embustera, confessó su delito, salió al auto
con coroza blanca, vela verde en las manos, abjuró de le-
vi^ fué condeuada a que saliesse a la vergüenza en una
bestia de albarda, y desterrada de las ciudades de Lima
y de la Plata y viUa de Potosí y diez leguas al rededor,
por tiempo de seis años: ésta ya avia sido castigada por
el Ordinario en Chuquizaca, por conocida hechizera, y
puesta a la puerta de la iglesia, en una escalera, con co-
roza.
I! 5. Luisa de Oñazamba, hija de negra y mulato, natu-
ral de Lima y habitante en ella, fué pressa por hechicera;
confessó su delito; tenía mucha entrada en las casas de
Lima, y para encubrirse mejor era la mayoral de la con-
gregación de los mulatos y mulatas; hizo grandes bella-
querías y daños en su oficio de hechicera. Salió al auto
con coroza blanca, so^a a la garganta, vela verde en las
manos, abjuró de leviy fué condenada a doscientos azotes
y desterrada de todo el distrito desta Inquisición por to-
da su vida.
116. Mariana de Olabe, de veintiún años, natural y ve-
cina del Cuzco, fué traída. pressa por hechicera, confessó
su delito y no la intención; tuvo pacto con el demonio,
y se le aparecía, quando quería, en diversas formas; salió
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CAPÍTULO xvín 127
al auto con coroza blanca, vela verde en las manos, abju-
ró de vehementi por el dicho pacto: fué condenada a des-
tierro de Lima y del Cuzco y veinte leguat» al rededor,
por quatro años, y que saliesse a cumplirlo dentro de nue-
ve dias. Túvose atención a sus pocos años, y assí no se le
dio mas pena. Esta causa leyó el contador Juan de Cen-
sano, criado de su Excelencia, a satisfacción de todos.
iiLoS QUE ABJURACIÓN DE VEHEMENTI POR SOSPECHOSOS DE
LA GUARDA DE LA LEY DE MOYSEN. — 1. DomiugO Monte-
cid, de oficio cerero y confitero, y que en este reyno ha
sido mercachifle y chacareto de Manuel Bautista Pérez,
natural de Santaren en Portugal, de edad de quarenta y
ocho años, residente en esta ciudad. Fué presso por judio
observante de la ley de Moysen, con secresto de bienes: sa-
lió al auto en forma de penitente, en cuerpo, sin cinto ni
bonete, vela verde en las manos. Abjuró de vehementi^ y
que salga desterrado de las Indias a los rey nos de Espa-
ña por toda su vida.
II 2. Don Simón Ossorio, alias Simón Rodríguez, natu-
ral de la villa de San Combadan en Portugal, criado en
los Estados de Flandes, de edad de veintiocho años, resi-
dente en la ciudad de Quito, a donde subió con poderes
de la Duquesa de Lerma, para administrar sus obrajes.
Quando su prisión, se le hallaron dos retratos suyos del,
el uno en hábito de muger y el otro en hábito de hombre;
por su processo pareció tener tres padres y a diferentes na-
turalezas, siendo el propio Francisco de Cáceres. Recon-
ciliado en la Inquisición de Coimbra. Hizo en Madrid
información de limpieza y nobleza, y convencido de su
falsedad, dixo que con quatro reales haría él en Madrid
informaciones, y quien quisiesse, pintándose el mas no-
ble y mas calificado, y para ostentar ésto traia grandes
mechones, y anda va muy galán y oloroso; fué presso con
secresto de bienes, por judío observante de la ley de Moy-
sen, y que la enseñava a otros, para que traia el calen-
dario de sus fiestas en cifra, que se le halló entre sus pa-
peles, quando su prisión, y tuvo testificación de averse
jatado que un hermano suyo y él tenian en la compañía
de los olandeses contra su Magestad ocho mü ducados en
la escuadra de4icad& ^ las partes del Brasil. Fué conde-
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128 LA INQUISICIÓN DE LIMA
nado a auto, en que salió en fonnade penitente, en cuer-
po, sin cinto ni bonete, soga a la garganta, vela verde en
las manos, abjuró de vehementi, fué condenado en cien
azotes y seis años de galeras en las de España, al remo y
sin sueldo, y desterrado de las Indias por toda su vida.
»»3. Francisco Vasquez, de oficio corredor zángano, na-
tural de Mondi en Portugal, casado y vecino desta ciudad,
de edad de quarenta años, fué preso con secresto de bie-
nes por judío observante de la ley de Moysen; fingióse
loco por mucho tiempo. Salió al auto en forma de peni-
tente, en cuerpo, sin cinto ni bonete, con vela verde en
la mano, abjuró de vehementi, y fué condenado en dos-
cientos pesos corrientes para los gastos extraordinarios del
Santo Oficio, y destierro perpetuo de las Indias.
11 4. Luis de Valencia, natural de la ciudad de Lisboa en
Portugal, de oficio mercader, de edad de sesenta años, fué
preso con secresto de bienes, por judío judaizante, obser-
vante de la ley de Moysen, y traído de Panamá; hazia
viajes a Nueva España; pareció estar circuncidado, aun-
que él dixo que no era sino de andar con mugeres; salió
al auto en forma de penitente, en cuerpo, sin cinto ni bo-
nete, con vela verde en las manos, abjuró de vehementi^
fué condenado en trescientos pesos ensayados para gastos
extraordinarios del Santo Oficio, y desterrado perpetua-
mente de las Indias. Esta causa leyó el autor.
11 5. Pedro de Farias, natural de Guimaraes en Portu-
gal, de edad de quarenta años, iva y venia a Tierrafirme,
y hazia los negocios de Diego Ovalle; fué preso con secres-
to de bienes, por judío judaizante: salió al auto en forma
de penitente, en cuerpo, sin cinto ni bonete, vela verde
en la manos, abjuró de vehementi, fué condenado en dos-
cientos pesos de a ocho reales para gastos extraordinarios
del Santo Oficio, y desterrado por toda su vida de las In-
dias a los reynos de España.
11 6. Rodrigo de Avila el mozo, natural de Lisboa en
Portugal, de edad de treinta y seis años, residente en esta
ciudad y en la tienda de su tío Rodrigo de Avila el viejo,
en la calle de los mercaderes; fué preso con secresto de
bienes, por judío judaizante, que no quitava el sombrero a
la cruz, ni hazia reverencia a las imágenes ni a los santos,
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CAPÍTULO xvni 129
ni al Santiflimo Sacramento quando le encontrava en la
calle: salió al auto en forma de penitente, en cuerpo, sin
cinto ni bonete, con vela verde en las manos, abjuró de
vehementi, fué condenado en cien pesos corrientes para
gastos extraordinarios del Santo Oficio, y desterrado per-
petuamente de las Indias a España.
fiT. Manuel González, casado, natural de Moncharaz, en
Portugal, cinco leguas de Villaviciosa, de edad de veinte
y siete años, soltero, residente en esta ciudad; fué preso
con secresto de bienes por judío judayzante,' salió al auto
en forma de penitente, en cuerpo, sin cinto ni bonete,
vela verde en las manos, abjuró de vehementi, fué con-
denado en destierro perpetuo de las Indias a los Reynos
de España*®.
II Reconciliados con sambenito por observantes de
LA LEY DE MoYSEN. — 1. Áutonio Cordcro, natural de
Arronches, obispado de Porta- Alegre en Portugal, de ofi-
cio mercader, de edad de venticuatro años, casado en Sevi-
lla con Ysabel Brandon, residente en esta ciudad; fué preso
sin secresto de bienes y con grandíssimo secreto, y en mu-
chos dias no se supo del, porque no se podian persuadir se
hubiesse hecho tal prisión por la Inquisición, supuesto no
habia habido secresto de bienes, por testificación que hu-
bo por agosto de 1634 de que no vendia los sábados, te-
niendo el almacén abierto, con lo demás que se refiere en
el número, (sic) Fué buen confitente y pidió misericordia:
admitido a reconciliación, y sentenciado a auto, confisca-
ción de bienes, sambenito, vela verde en las manos, abjuró
formalmente, mandóse que en el mismo tablado, acabada
de leer la sentencia, con sus méritos, se le quite el sam-
benito y vaya desterrado de las Indias perpetuamente a
España.
II 2. Antonio de Acuña, hijo de portugués, natural de
Sevilla, de edad de veinte y tres años, de oficio mercader,
residente en esta ciudad, fué preso por judío judayzante,
con secresto de bienes; vino al Perú con cargazón, en com-
pañía de Diego López de Fonseca, relajado en persona en
18. A todoe estos, a escepcion de Valencia, se les aplicó el tormento,
manteniéudose siempre negativos. N. del A.
TOMO n 9
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130 LA INQUISICIÓN DE LIMA
este auto; fué su criado el dicho Antonio Cordero; con-
fessó ser judío judayzante y pidió misericordia; fué admi-
tido a reconciliación y sentenciado a auto, confiscación de
bienes, abjuración formal, sambenito, vela verde en las
manos y cárcel por dos años, que ha de cumplir en la de
penitencia en Sevilla, y desterrado perpetuamente de las
Indias a España.
11 3. Antonio Fernandez de Vega, vecino de Guancave-
lica, de oficio mercader, natural de la Torre de Moncorbo
en el Reyno de Portugal, de edad de cincuenta años, que
por algún tiempo se llamó Antonio de Santiago; él mismo
pidió audiencia y se denunció estando libre, y confessó
ser judío; mas, porque de antes estaba testificado, tué re-
cluido en las cárceles secretas y admitido a reconciliación,
y sentenciado a auto, confiscación de bienes, abjuración
formal, sambenito, vela verde' en las manos y que en vol-
viendo a la Inquisición se le quite el hábito, y salga des-
terrado de las Indias perpetuamente a España.
11 4. Antonio Gómez de Acosta, natural de Berganza
en Portugal, de quarenta y ocho años, vecino desta ciudad,
de oficio mercader, fué preso por judío judayzante quan-
do la prisión grande de 11 de agosto de 1635. Confesó
ser judío judayzante, observante de la ley de Moysen,
sus ritos y ceremonias, y pidió misericordia; fué admitido
a reconciliación y sentenciado a auto, sambenito, vela
verde en las manos, abjuración formal, confiscación de
bienes, cárcel y hábito perpetuo, como lo es su destierro
de las Indias de España, y la carcelería, que la guarde en
la cárcel perpetua de Sevilla.
11 5. Amaro Dionis, natural de Tomar, en el Re)''no de
Portugal, de edad de treinta y quatro años, soltero, que
vino de Cartagena con negocio ageno y propio, fué preso
por judío observante de la ley de Moysen, con secresto
de bienes: era mui dado a la música y danza, preciábase
de caballero, y assí se entremetía con los que lo eran o se
preciaban de serlo, tomando siempre el mejor lugar en
qualquier parte. Confessó ser judío observante de la ley
de Moysen, sus ritos y ceremonias, y pidió misericordia;
fué admitido í* reconciliación, y condenado a auto, sambe-
^itO; vela verde en las manoS; abjuración formal, confis-
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CAPÍTULO xvni 131
cacion de bienes, hábito y cárcel perpetua, desterrado de
las Indias a España por toda su vida, y que la c?trcelería
la guarde en la cárcel perpetua de Sevilla.
11 6. Bartolomé de León, natural de la ciudad de Bada-
joz en Estremadura, de oficio mercader, de edad de vein-
tiún años, descendiente de portugueses y deudo de Diego
López de Fonseca y Jorge de Silva y Juan Rodríguez de
Silva, residente en esta ciudad de los Reyes del Pirú. Fué
preso con secresto de bienes, por judío judayzante, obser-
vante de la ley de Moysen: era camarada éste de Antonio
de Acuña, Manuel de la Rosa, Antonio Cordero y Geróni-
mo Fernandez, éstos, y los otros reconciliados en este
auto. Confessó ser judio y que guardaba la ley de Moysen
y pidió misericordia; después desto, revocó y varió en
sus confessiones; dijo y levantó muchas falsedades, y pa-
ra evadir las penas, se finjió tonto y azon9ado por tiempo:
fué condenado a auto, sambenito, soga a la garganta, vela
verde en las manos, confiscación de bienes, que abjurase
formalmente, con cárcel y hábito perpetuo, y por las dichas
variaciones, revocaciones y falsedades, se le diessen dos-
cientos azotes, y sirviesse diez años en las galeras de Es-
paña, al remo y sin sueldo; desterrado perpetuamente de
Sevilla, después de cumplidas las galeras.
11 7. Baltazar Gómez de Acosta, de oficio mercader, na-
tural de Valladolid, en los reynos de España, hijo de por-
tugués y sobrino de Antonio Gómez de Acosta, reconci-
liado en este auto, residente en esta ciudad, que hacia
viajes a Cartagena, fué preso por judío judayzante, con
secresto de bienes; confessó serlo aunque tarde, y pidió
misericordia, fué admitido a reconciliación; salió al auto
con sambenito, vela verde en las manos, abjuró formal-
mente, con confiscación de bienes, hábito y cárcel perpe-
tua, que cumpla en la de la Inquisición de Sevilla; deste-
rrado perpetuamente de las Indias.
11 8. Doña Mayor de Luna, natural de la ciudad de Se-
villa, hija de portugueses, casada con Antonio Morón, de
edad, al parecer, de mas de sesenta años, aunque ella dijo
ser de cuarenta, vecina desta ciudad, fué presa por judía
judaizante, juntamente con su marido, hija y hermana.
Doña Mentía de Luna, con secresto de bienes, era muy
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132 LA INQUISICIÓN DE LIMA
estimada en Lima, de personas principales, vestía y roza-
va telas y lamas, confessaba y comulgaba a menudo; negó
hasta lo último, después confessó ser judía judaizante y
pidió misericordia; usó de varias trazas para comunicarse
en las cárceles secretas, y en particular del secreto del
limón, cogiéronse muchos papeles blancos, y el Tribunal
con particular inspiración, mandó ponerlos cerca de un
brasero, y con la lumbre se vieron estar escritos todos los
papeles con muchos vocablos esquisitos y cifras, y todo
se ordenaba a persuadir a su hija a que no confesasse la
verdad: fué admitida a reconciliación y salió al auto con
sambenito, soga a la gíirganta, vela verde en las manos,
abjuró foimalmente, fué condenada a hábito y cárcel per-
petua, que cumpla en la de Sevilla, desterrada para siem-
pre de las Indias a España, y por las comunicaciones que
tuvo en las cárceles y papeles que escribió, le fuessen da-
dos cien azotes por las calles públicas.
!f9. Doña Isabel Antonia, hija de Antonio Morón y de
doña Mayor de Luna, muger de Rodrigo Vaez Pereyra,
relaxado en persona en este auto, natural de Sevilla, de
mas de dieziocho años, vecina desta ciudad, fué presa con
BUS padres (que el marido 5^a lo estava) por judía judai-
zante, y que guardava la ley de Moyses, con secresto de
bienes: estuvo siempre negativa hasta lo último, usando
de varias trazas y ardides para ocultar su delito, comuni-
cándose con la dicha su madre y respondiéndole a los pa-
peles que le escribia en las cárceles, con cifras y debaxo de
nombres supuestos, avisándole el estado de las causas de
otros presos, que les importaba el saberlo: después que se
descubrieron sus comunicaciones, confessó y pidió miseri-
cordia^ fué admitida a reconciliación, salió al auto con
sambenito, soga a la garganta, vela verde en las manos,
abjuró formalmente, fué condenada a confiscación de bie-
nes, hábito y cárcel perpetua, que cumpla en la de la In-
quisición de Sevilla, desterrada para siempre de las Indias,
y por las comunicaciones que tuvo en las cárceles, en cien
azotes.
11 10. Enrique Nuñez de Espinosa, natural de Lisboa en
Portugal, criado en Francia, de oficio corredor zángano,
casado con doña Mencia de Luna, hermana de la dicha
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CAPÍTULO xvín 133
doña Mayor de Luna, de edad de cuarenta añoSj vecino
desta ciudad, fué preso en esta Inquisiciou el año de 1623
y se suspeudiú su causa. En esta última prieiou, que fué de
las de 11 de agosto de 1G35, confesso ser judío judaizan-
te, y averio sido desde que tuvo uso de razón, y pidió
misericordia: éste fué el maw perjudicial judío que ha ávi-
do en este reyno, por aver dit;ho a los de su profession lo
que paasava en el Santo Oficio, y el modo de processar:
era el que mas atrevidamente se comunicara con ellos por
el oficio que tenia e intervenir en las ventas de sus mer-
aiderítis y uegros, fué admitido a reconciliación y conde-
nado a auto, Siimbenito, soga a k garganta, vela verde en
las manos, confiscación de bienes, abjuración formal, des-
terratlo de las Indias por toda su vi<la, habito y cárcel
perpetua, diez años de galeras^ al remo y sin sueldo, en
las de España, y después de acabado el dicho tiempo,
cumpla su carcelería en la cárcel perpetua de Bevilla, y
por las variaciones y diminuciones, en doscientos azotes
por las calles públicas desta ciudad.
lili. Enrique Lorenzo, natural de Moncorbo, en Por-
tugal, que iva y venia con encomiendas a Portobelo, her-
mano de Mateo de la Cruz, reconciliado en este auto,
soltero, de edad de treinta y dos años, fué preso en Píina-
má, por judío observante de la ley de Moysen, y traido
a las cálceles secretas, confesso serlo y pidió misericordia.
En sus confessiones anduvo vario y revocante: fué admi-
tido a reconciliación y sentenciado a auto, sambenito, so-
ga a la garganta, vela verde en las manos, confiscación de
bienes, abjuración formal y cárcel y hábito perpetuo, des-
tierro de las Indias para siempre, y por bis revocaciones y
variaciones que tuvo, cien azotes, seis años de galeras en
las de España, al remo- y sin sueldo, y acabado el dicho
tiempo, guarde su carcelería en la cárcel perpetua de la
Inquisición de Sevilla.
ni 2. Francisco Méndez, alias Francisco Meneses, natu-
ral de Lamego en Portugal, residente en un assiento de
minas, en el obispado de Guamanga, de edad de treinta
años. El mismo se denunció y confesso haber judayzado,
y pidió misericordia, y porque estava testificado antes,
fué preso: admitióse a reconciliación, salió al auto con
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134 LA INQUISICIÓN DE LIMA
sambenito 3^ vela verde en las manos, abjuró formalmen-
te, fué condenado en confiscación de bienes, destierro
perpetuo de las Indias a España, y que se le quite el sam-
benito después del auto.
11 13. Francisco Nuñez Duarte, de oficio mercader, na-
tural de la ciudad de la Guardia en Portugal, de todas
partes christiano nuevo, hermano de Gaspar Nuñez Duar-
te, reconciliado en este auto, de edad de quarenta y cuatro
años, residente en esta ciudad, con tienda en la calle, y
alférez en una compañía de soldados de la ciudad, fué
preso con secresto de bienes, por judío judayzante, a los
11 de agosto de 1635; confesó haberlo sido, mas tardía y
diminutamente; pidió misericordia, fué admitido a recon-
ciliación, y sentenciado a auto, sambenito, soga a la gar-
ganta, vela verde en las manos, abjuración fomial, hábito
y cárcel perpetua, destentado para siempre de las Indias a
España, y por la diminución y tardanza de sus confessio-
nes, en cien azotes y seis años de galeras en las de Espa-
ña al remo y sin sueldo, y acabado el dicho tiempo, tenga
su carcelería en la cárcel perpetua de la Inquisición de
Sevilla.
11 14. Francisco Ruiz Arias, de oficio mercader, natural
de Alcaiz, aldea de Gástelo Blanco, obispado de la Guar-
dia en el reyno de Portugal, de edad de veinte y tres años,
que hacia viajes a las provincias de arriba, estando man-
dado prender por judío, él mismo se presentó sin saberlo,
pidiendo audiencia y misericordia: fué recluso en las cár-
celes y confessó ser judío judayzante, observante de la ley
de Moyses, sus ritos y ceremonias; fué admitido a recon-
ciliación y sentenciado a auto, sambenito, confiscación de
bienes, vela verde en las manos, abjuración formal, y que
acabándose de leer la sentencia se le quite el sambenito
en el tablado, y salga desterrado de las Indias perpetua-
mente a España,
I! 15. Francisco Márquez Montesinos, de oficio mercader,
hacia viajes a diversas partes y a Nueva España, tiatural
de la Torre de Moncorbo, en el arzobispado de Braga, en
Portugal, de edad de quarenta años, fué preso en esta
ciudad por judío judayzante,, con secresto de bienes, con-
fessó ser judío, y pidió misericordia. Fué admitido a re-
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CAPÍTULO xvrn 135
conciliación y condenarlo a auto, sambenito, soga a la
eargiinta, vela verde en las manos, abjuración formal, üon-
iiámciou de bienes, hábito y cárcel perpetua, y por liis
variaciones y diminueionea de sus eonfessioues y testimo-
nios que levantó en ellas, en diez años de galeras eu las
de España, al remo y sin sueldo, doscientos azotes y des-
tierro para siempre de lius Indias, y eumpliendo los años
de galeras, guarde su carcelería en la cárcel perpetua de
SevÜla.
nlG. Francisco Hernández, merc;ichifle, natural de la
Guardia en Portugal, de edarl de treinta y cinco años,
soltero, residente en esta ciudad, fue preso con secresto
de bienes, por judio judaizante, confessó serlo y pidió mi-
sericordia: fué admitirlo a reconciliación y sentenciado a
sambenito, vela verde en las mauoíi, al >ju ración formal,
confiscación de bienea, hábito y cárcel por un anOj y dc3-
tierro para siempre de las Indias a España.
11 17. Fernando de Espinosa, mercader, con tienda en
la calle, natural de la Torre de Moncorbo en Portugal,
soltero, de edad de treinta y cuatro años, residente en es-
ta ciudad, fué preso por judío observante de la ley de
Moyses, con secresto de bienes, fué buen confitente aun-
que comenzó tarde y dixo ser judío y aver guardado la
dicha ley, pidió misericordia, fué admitido a reconcilia-
ción. Salió al auto con sambenito, vela verde en las ma-
nos, abjuró formalmente, fué condenado en hábito y cárcel
por tres años, desterrado de las Indias por toda su vida a
España y que cumpla la carcelería en la cárcel de Sevilla.
11 18. Fernando de Espinosa Estevez, natural de la Guar-
dia en Portugal, soltero, de edad de treinta y ocho años,
que hazia viajes, primo de los Espinosas, fué traído a las
cárceles secretas desde los Conchucos, provincia deste
arzobispado, donde iva huyendo de la Inquisición, por ju-
dío observante de la ley de Moysen, con secresto de bie-
nes; estuvo negativo al principio, después confessó ser
judío observante de la dicha ley, y pidió misericordia:
fué admitido a reconciliación, salió al auto con sambenito,
vela verde en las manos, abjuró formalmente, fué conde-
nado a hábito y cárcel perpetua, que tenga y cumpla en
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136 LA INQUISICIÓN DE LIMA
la de la Inquisición de Sevilla, en confiscación de bienes,
y desterrado de las Indias a España por toda su vida.
m19. Gerónimo Fernandez, tio de Antonio de Acuña,
reconciliado en este auto, natural de Sevilla, mcrcachille,
de edad de veinte y dos años, residente en esta ciudad,
fué preso con secresto de bienes en 11 de agosto de 1635.
Confessó ser judío y aver guardado la ley de Moysen, y
después revocó y últimamente pidió misericordia: fué ad-
mitido a reconciliación, salió al auto con sambenito, vela
verde en las manos, soga a la garganta, abjuró en forma,
y condenado a hábito y cárcel perpetua, en confiscación
de bienes, y por las variaciones, revocaciones y testimo-
nios que levantó, fué condenado en doscientos azotes, cin^
co años de galeras en las de España, al remo y sin sueldo,
y en destierro perpetuo de las Indias, y que acabado el
tiempo de galeras, guarde la carcelería en la cárcel perpe-
tua de Sevilla.
11 20. Gerónimo de Acevedo, natural de Pontevedra en
Galicia, de oficio de mercader, viudo, de edad de quaren-
ta años, residente en esta ciudad, que hazia viajes, fué
preso con secresto de bienes por judío judaizante, obser-
vante de la ley de Moysen; al principio estuvo negativo,
después confessó ser judío y pidió misericordia, fué admi-
tido a reconciliación. Salió al auto con sambenito, vela
verde en las manos, soga a la garganta, abjuró formal-
mente, fué condenado en confiscación de bienes, hábito y
cárcel perpetua; y por las revocaciones de sus confessio-
nes y muchos testimonios que levantó, en cien azotes y
galeras perpetuas en las de España, al remo y sin sueldo,
y destierro perpetuo de las Indias.
11 21. Gaspar Rodríguez Pereira, natural de Villa Real,
en el reyno de Portugal, soltero, de edad de quarenta y
tres años, de oficio mercader, residente de esta ciudad,
que hacia viajes, fué preso por judío judayzante, con se-
cresto de bienes, confessó serlo y pidió misericordia. Fué
admitido a reconciliación, salió al auto con sambenito, so-
ga a la garganta, vela verde en las manos, abjuró en forma,
fué condenado a cárcel y hábito por tres añas, en confis-
cación de bienes y destierro perpetuo de las Indias, y por
las revocaciones que tuvo y testimonios que levantó, en
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CAPÍTULO xvm 137
doscientos azotes y cinco años de galems en las de Espa-
ña, al remo y sin sueldo, y cumplido dicho tiempo, que
guarde la carcelería en la cárcel perpetua de Sevüla.
n22. Gaspar Fernandez Cutiño, mercader de cajón, nar
tural de la villa de Villaflor en Portugal, soltero, de veinte
y seis años,residente en esta ciudad, fué preso con secresto
de bienes, por judío judaizante. Confessó serlo y pidió
misericordia, fué admitido a^econciliacion y murió en las
cárceles secretas del Santo Oficio, adonde fué reconciliar
do: salió al auto en estatua con sambenito, y fueron sus
bienes confiscados.
II 23. García Vaez Enriquez, cuñado de Manuel Bautis-
ta Pérez, hermano de su muger doña Giomar Enriquez, y
doña Ysabel Enriquez, natural de la ciudad de Sevilla,
hijo de padres portugueses, de edad de quarenta años, re-
sidente en esta ciudad, de oficio mercader, fué preso con
secresto de bienes, por judío judaizante. Negó al principio,
después confessó serlo y pidió misericordia. Fué admitido
a reconciliación, salió al auto con sambenito, vela verde
en las manos, y abjuró formalmente, y condenado en con-
fiscación de bienes, cárcel y hábito perpetuo, destierro de
las Indias a los réjanos de España por toda su vid<% y que
guarde la carcelería en la cárcel perpetua de Sevilla.
ii24. Gajspar Nuñez Duarte, natural de la Guardia en
Portugal, christíano nuevo de todas partes, residente en
esta ciudad, que hacia viajes, hermano de Francisco Nu-
ñez, reconciliado en este auto, soltero, de edad de treinta y
cuatro años, fué preso con secresto de bienes, por judío ju-
dayzante; estuvo negativo, después confessó serlo y pidió
misericordia, varió y revocó sus confessiones, y levantó
testimonios; fué admitido a reconciliación. Salió al auto
con sambenito, vela verde en las manos, soga a la gargan-
ta, abjuró en forma, y condenado a cárcel y hábito perpe-
tuo, confiscación de bienes, destierro de las Indias por
toda su vida, y por las variaciones y revocaciones que
tuvo, testimonios que levantó, en doscientos azotes y en
galeras perpetuas en las de España, en que sirva de for-
zado, al remo y sin sueldo.
tt25. Jorge de Silva, natural de la villa de Estremoz en
Portugal, de oficio de mercader de negros, vecino desta
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138 LA INQUISICIÓN DE LIMA
ciudad, fué preso con secresto de bienes, por judío juday-
zante, observante de la ley de Moysen, quando la prisión
grande de 11 de agosto de 1635. Confessó ser judío ju-
dayzante, observante de la dicha ley, pidió misericordia,
fué admitido a reconciliación, salió al auto con sambenito,
soga a la garganta, vela verde en las manos, abjuró en
forma, fuéronle confiscados sus bienes y condenado en cár-
cel y hábito perpetuo, destierro de todas las Indias por
tdda su vida, y por las variaciones que tuvo en sus con-
fesiones y testimonios que levantó, en doscientos azotes
y galeras perpetuas en las de España, al remo y sin sueldo.
ti 26. Jorge Rodríguez Tabares, de oficio mercader, que
quebró, natural de Sevilla, vecino y casado en esta ciudad
con doña Gerónima Marmolejo, natural de Frejenal, de
edad de treinta y cinco años, y que le tenian los suyos por
hidalgo, fué preso cuando la prisión grande de 11 de
cagosto de 1635, con secresto de bienes, por judío juday-
zante: comenzó su causa negando, después confessó ser
judío y pidió misericordia; fué admitido a reconciliación,
salió al auto con sambenito, vela verde en las manos, ab-
juró en forma, fué condenado en confiscación de bienes,
cárcel y hábito por dos años, desterrado de las Indias a
los reynos de España perpetuamente, y que cumpla su
penitencia en la cárcel de la Inquisición de Sevilla.
ii27. Jorge de Espinosa, natural de Almagro en Espa-
ña, de oficio mercader, de edad de veinte y ocho años,
hermano de Manuel y Antonio de Espinosa, penitencia-
dos en este auto, fué presso y traído a las cárceles secre-
tas dende Panamá, donde avia baxado en la armada, con
secresto de bienes, por judío judaizante. Al principio es-
tuvo negativo, después confessó ser judío y pidió miseri-
cordia, y después de averia pedido, judayzó en las cárceles,
de que tornó a pedir misericordia. Fué admitido a recon-
ciliación, salió al auto con sambenito, soga a la garganta,
vela verde en las manos, abjuró en forma, fué condenado
en confiscación de bienes, cárcel y hábito perpetuo, des-
temido de las Indias a los rejnios de España por toda
BU vida; y por los testimonios que levantó y aver judai-
zado en las cárceles, en diez años de galeras en las de
España, al remo y sin sueldo, y en doscientos azotes, y
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CAPÍTULO xvín 139
cumplido el tiempo de galeras, guarde carcelería en la
cárcel perpetua de Sevilla.
II 28. Juan de Lima, natural de la villa de Moncorbo
en Portugal y criado en la de Ossuna, hermano de Luis
y Tomas de Lima, penitenciados en este auto, de edad de
treinta años, soltero, de oficio mercader, que hazia viajes
arriba. Fué preso con secresto de bienes por judío judai-
zante en Guancavelica, y traído a las cárceles secretas, con-
fessó serlo a las primeras audiencias y pidió misericordia:
fué admitido a reconciliación, salió al auto con sambenito,
vela verde en las manos, abjuró en forma, fué condenado
a hábito y cárcel por seis meses y desterrado a los réjanos
de España por toda su vida.
n'29. Juan Rodríguez Duarte, sobrino de Sebastian
Duarte, relaxado en persona en este auto, que vino con
él y su cuñado Manuel Bautista Pérez, natural de Monte-
mayor en Portugal, residente en esta ciudad, soltero, de
edad de treinta y tres años, de oficio mercader. Fué pre-
so con secresto de bienes por judío observante de la ley
de Moysen; estuvo muchos dias negativo, después confes-
só ser judío judaizante y pidió misericordia; admitiósele
a reconciliación. Salió al auto con sambenito, vela verde
en las manos, abjuró en forma, fué condenado a hábito y
cárcel perpetua, en cuatro años de galeras en las de Espa-
ña, al remo y sin sueldo, y desterrado perpetuamente de
las Indias, y que cumplido el tiempo de galeras, guarde car-
celería en la cárcel perpetua de la Inquisición de Sevilla.
11 30. Juan de Acosta, natural del Brasil, hijo de Luis
de Valencia, portugués, penitenciado por este Santo Ofi-
cio en este auto, soltero, sin oficio, residente en esta ciu-
dad, de edad de veinte y dos años, fué preso con secresto
de bienes, por judío judaizante, estuvo negativo, después
pidió misericordia, fué admitido a reconciliación. Salió al
auto con sambenito, vela verde en las manos, abjuró en
forma, fué condenado en confiscación de bienes, hábito y
cárcel perpetua y a destierro perpetuo de las Indias, y
que guarde carcelería en la de Sevilla.
11 31. Luis de Vega, natural de la ciudad de Lisboa, en
Portugal, de oficio lapidario, cuñado de Manuel Bautista
Perez^ casado con su hermana doña Ysabel Bautista, en
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140 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Sevilla, residente en esta ciudad, de edad de quarenta
años. Fué preso por judío judayzan te, con secresto de bie-
nes, estuvo al principio negativo, fué después buen con-
fitente y pidió misericordia, fué admitido a reconciliación,
salió al auto con sambenito. Vela verde en las manos, ab-
juración en forma, fué condenado en confiscación de bie-
nes, cárcel y hábito por dos años y desterrado de las
Indias por toda su vida, y (ju^ cumpla lo que le faltase de
carcelería en la de la Inquisición de Sevilla.
II 32. Manuel de la Rosa, criado de Diego López de
Fonseca, natural de Portalegre en Portugal, de oficio se-
dero, de edad de veinte y cinco años, soltero, residente en
esta ciudad, fué preso con secresto de bienes por judío
judayzante: éste fué sacristán de la Congregación de los
mancebos, y se fingía devotísimo por engañar con la si- .
mulacion y hypocrecía. Comulgaba muy amenudo, estaba
largas horas de rodillas en la iglesia, tomaba disciplina
hasta derramar sangre, fué compañero de Antonio Corde-
ro, estuvo al principio negativo, después confessó ser ju-
dío judayzante y pidió misericordia: fué admitido a re-
conciliación. Salió al auto con sambenito, vela verde en
las manos, abjuró en forma, fué condenado en confiscación
de bienes, en cárcel y hábito perpetuo, desterrado perpe-
tuamente de las Indias, y que guarde carcelería en la cár-
cel perpetua de la Inquisición de Sevilla.
ff33. Manuel Alvarcz, hijo do portugués, natural de
Rioseco, soltero, de edad de veinte y siete años, primo de
los Limas penitenciados en este auto, residente en esta
ciudad, con cajón, el qual alzó de tienda, y fué huyendo
porque no le prendiesse la Inquisición, y porque en la pro-
vincia de Guaylas vio un hombre con un pliego del San-
to Oficio, procuró quitárselo por dádivas, y quando no
pudo, dejó la ropa que llevaba a un soldado montañés, y
se fué huyendo mudado el nombre, y habiendo dado el
dicho soldado noticia en este Santo Oficio, se dio manda-
miento contra él, y fué preso con secresto de bienes, por
judío judayzante, observante de la ley de Moysen: confe-
ssó serlo y pidió misericordia, después varió y revocó, fué
admitido a reconciliación, salió al auto con sambenito, ve-
la verde en las manos, soga a la garganta, abjuró en forma,
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CAPÍTULO xvm 141
y fué condenado a hábito y cárcel perpetua, y desterrado
de las Indias perpetuamente, y por sus variaciones y re-
vocaciones, en cien azotes y quatro años de galeras en las
de España, al remo y sin sueldo, y que después de cum-
plir el tiempo de galeras, guarde la carcelería en la cárcel
perpetua de Sevilla.
11 34. Melchor de los Reyes, natural de Lisboa y criado
en Madrid, residente en esta ciudad, de oficio mercader
de cajón en la plaza, de edad de treinta años, soltero, fué
preso con secresto de bienes, por judío judayzante; escon-
dió mucha hacienda suya y agena; tenia entrada en casas
principales; estuvo negativo, después confessó ser judío
judayzante, varió y revocó sus confessiones. Levantó mu-
chos testimonios, pidió misericordia, fué admitido a re-
conciliación; salió al auto con sambenito, vela verde en
las manos, soga a la garganta, abjuró en forma, fué con-
denado en confiscación de bienes, hábito y cárcel perpetua,
y destierro de las Indias para siempre: y por las variacio-
nes y revocaciones y testimonios falsos que levantó, en
doscientos azotes y diez años de galeras en las de España,
al remo y sin sueldo, y que cumplido el tiempo de gale-
ras, guarde carcelería en la cárcel perpetua de la Inquisi-
ción de Sevilla.
ti 35. Manuel Luis Matos, natural de Trejo en Portugal,
pariente de Pascual Diaz, reconciliado en este auto, solte-
ro, de edad de quarenta años, residente en esta ciudad,
mercader de tienda. Fué preso con secresto de bienes, por
judío observante de la ley de Moysen. Al principio estu-
vo negativo y después en audiencia que pidió, confessó
serlo y pidió misericordia. En otras audiencias revocó y
varió en parte de sus confessiones: fué admitido a recon-
ciliación, salió al auto con sambenito, vela verde en las
manos, soga a la garganta, fué condenado en confisca-
ción de bienes, cárcel y hábito por tres años, abjuró en
forma, y que salga desterrado perpetuamente de las In-
dias, y que cumpla su carcelería en la cárcel perpetua de
Sevilla. X por las variaciones y revocaciones, en doscien-
tos azotes.
h36. Manuel de Quiros o Manuel Méndez, natural de
Villaflor en Portugal, soltero, residente en un assiento de
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142 LA INQUISICIÓN DB LIMA
minas, en el obispado de Guamanga, de veinte y ocho
años, fué preso con secresto de bienes, por judío judayzan-
te; confessó serlo y pidió misericordia: fué admitido a re-
conciliación, salió al auto con sambenito, vela verde en
las manos, abjuró en forma, fué condenado en confiscación
de bienes, hábito por un año y destierro perpetuo de las
Indias.
!i37. Mateo En riquez, natural de Moncorbo en Portu-
gal, soltero, de edad de treinta y cuatro años, que hacia
viajes arriba, y yendo huyendo con otros tres compañe-
ros, a pedimento de los acreedores con cuya plata se iva,
fueron presos por orden deste Santo Oficio, sesenta leguas
desta ciudad, en Guanuco, y traidos y puestos en la cár-
cel pública della; estando assí, fué testificado y se mandó
traer a las cárceles secretas desta santa Inquisición, con
secresto de bienes. Estuvo negativo, confessó después ser
judío, observante de la ley de Moysen, sus ritos 3" cere-
monias, y pidió misericordia; fué admitido a reconciliación:
salió al auto con sambenito, vela verde en las manos, ab-
juró en forma, fué condenado en confiscación de bienes,
y cárcel y hábito perpetuo, y en destierro por toda su vida
de las Indias, y que guarde carcelería en la cárcel perpe-
tua de Sevilla.
«»38. Mateo de la Cruz, hermano de Enrique Lorenzo,
penitenciado en este auto, natural de Moncorbo en Por-
tugal, soltero, de veinte y nueve años, que hazia viajes
arriba (concurrieron en él las mismas circunstancias que
en el dicho Mateo Enriquez) fué traído a las cárceles se-
cretas, con secresto de bienes, por judío judaizante: fué
tardío y terco en confessar, últimamente confessó ser ju-
dío judaizante y pidió misericordia; fué admitido a recon-
ciliación, salió al auto con sambenito, vela verde en las
manos, soga a la garganta, abjuró en forma, desterrado
perpetuamente de todas las Indias, hábito y cárcel perpe-
tua, confiscados sus bienes, y por aver confessado tan for-
zado de la verdad, fué condenado a doscientos azotes y
seis años de galeras en las de España, al remo y sin suel-
do, y cumplidos, guarde carcelería en la cárcel perpetua
de Sevilla.
n89. Pasqual Díaz, natural de Mirandela en Portugal^
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CAPÍTULO xvín 143
de oficio mercader de caxon, residente en esta ciudad, sol-
tero, de edad cuarenta y cinco años, pariente de Manuel
Luis Matos, reconciliado en este auto. Fué preso con se-
cresto de bienes por judío observante de la ley de Moy-
sen, confessó serlo, y que avia estado en la costa de Guinea,
donde avian hebreos que vivian en su ley; pidió miseri-
cordia y fué admitido a reconciliación. Salió al auto con
sambenito, vela verde en las manos, soga a la garganta,
abjuró en forma, fué condenado en confiscación de bienes,
hábito y cárcel perpetua, y desterrado por toda su vida
de las Indias; y por las variaciones y revocaciones, en
doscientos azotes, y que guarde carcelería en la cárcel
perpetua en la Inquisición de Sevilla.
I! 40. Pasqual Nuñez, natural de la ciudad de Verganza
en Portugal, mercader de caxon, soltero, edad veinte y
dos años, residente en esta ciudad. Fué preso con secresto
de bienes por judío judaizante, luego confessó serlo y pi-
dió misericordia. Estuvo convencido de aver levantado
testimonios falsos, 3^ confessó aver escondido hazienda, y
nunca quiso confessar donde la avia puesto; mintiendo en
quanto dezia. Fué admitido a reconciliación, salió al auto
con sambenito, vela verde en las manos, soga a la gargan»-
ta, abjuró en forma, fué condenado a confiscación de bie-
nes, cárcel y habito perpetuo, destierro para siempre de
las Indias, y por los testimonios que levantó y mentiras
que dixo en el discurso de su causa, en doscientos azotes
y en galeras perpetuas irremissibles en las de España, al
remo y sin sueldo.
ii41. Pablo Rodríguez, natural de Montemayor en Por-
tugal, medio hermano de Sebastian Duarte, y agente de
Manuel Bautista Pérez, soltero, residente en esta ciudad,
de treinta y seis años, fué preso por judío judaizante, con
secresto de bienes; negó al príncipio, confessó después
serlo y pidió misericordia; fué admitido a reconciliacon:
salió al auto con sambenito, vela verde en las manos, ab-
juró en forma, fué condenado en confiscación de bienes,
hábito y cárcel perpetua y en destierro de las Indias a los
reynos de España por toda su vida, y que guarde carcele-
ría en la cárcel perpetua de Sevilla.
fi42. Tomas de Lima, natural de Moncorbo en Portu-
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144 LA INQÜBICIOJí DE LIMA
gal, hermano de Luis y de Juan de Lima, residente en
esta ciudad, hazia viíijes, soltero, de edad de treinta años,
fué preso con secresto de bienes por judío judaizante,
confessó serlo, y en varias audiencias depuso falsamente
contra muchas personas, y después de aver pedido mise-
ricordia, judaizó en las cárceles. Fué admitido a reconci-
liación: salió al auto con sambenito, vela verde en las
manos, soga la garganta, fué condenado en confiscación
de bienes, hábito y cárcel perpetua y destierro para siem-
pre de las Indias, y por los testimonios falsos que levantó
y aver judaizado en las cárceles, en quatrocientos azotes
y galeras perpetuas en las de España, al remo y sin
sueldo.
mRbCÍONOILLADOS con SAMBENrrO; QUE ESTUVIERON CON
INSIGNIAS DE QUEMADOS LA NOCHE ANTES DEL AUTO. —
I! 43. Enrique de Paz, residente en esta ciudad, de oficio
mercader, con tienda en la calle de los Mercaderes, natural
de la Guardia en Portugal, de edad de treinta y cinco años,
soltero, muy cabido en el lugar, y que le trataba con gran-
de ostentación y frisava con lo mas granado del; fué pre-
so con secresto de bienes, por judío, observante de la ley
de Moysen (y antes de prenderle, viendo muchos amigos
suyos andaba demudado y turbado, le exortaron a que se
denunciasse, y alguno se lo pidió de rodillas, poniéndole
por delante la misericordia que usaba el Santo Oficio con
los buenos confitentes); en la primera audiencia dijo lla-
marse Enrique de Paz Meló, que era soltero, natural de
Madrid, hijo de portugués, y que él y sus padres eran
christianos viejos, limpios de mala raza. Lo mismo respon-
dió a la acusación, en que se le avisaba que llamándose
su padre Simón de Almeyda, le avia llamado Simón de
Meló; después confessó que era assí, y que huyó de lla-
marse del apellido de Almeyda, porque su padre avia te-
nido oficio bajo de guardar los puertos secos, y tener pre-
sumpcion honrada y buenos pensamientos, y que por
averse criado en Madrid, con dos de los apellidos de Meló
y Paz, se los avia puesto, y que nació en la ciudad de la
Guardia en Portugal, y que por averse criado en Madrid,
se avia hecho natural de allí. Demás de la testificación del
judaismo, se le probó ocultación de bienes, con real apre-
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CAPÍTULO xvm 145
hension dellos, y él la oonfessó, estando siempre negativo
en lo demás; fué sentenciado a relajar a la justicia y brazo
seglar, por negativo, y aviéndoaele notificado, estuvo al-
gunas horas terco y obstinado, pidió después misericordia,
y confessó ser judio, observante de la ley de Moysen, y
que a los doce años se la enseñaron, y que en su obser*
vancia rezasse los salmos sin gloria Patri, y el padre
nuestro sin amen, JESÚS, y que guardasse el sábado, a lo
menos con la intención, y ayunasse el ayuno de la Reyna
Ester, y otros ayunos; que no confessasse con los sacer-
dotes, que bastaba hincarse de rodillas y pedir perdón a
Dios: dio muestras de arrepentimiento verdadero, y des-
pués las ha continuado; fué admitido a reconciliación. Sa-
lió al auto con sambenito, vela verde en las manos, soga
a la garganta, abjuró en forma, fué condenado en destie-
rro para siempre de las Indias, en cárcel y hábito perpe-
tuo, en doscientos azotes y diez años de galeras en las de
España, al remo y sin sueldo, y que acabado el tiempo de
galeras, guarde carcelería en la cárcel perpetua de la In-
quisición de Sevilla.
II 44. Manuel de Espinosa, natural de Almagro, en la
Mancha, hermano de Antonio de Espinosa y de Jorge de
Espinosa, residente en esta ciudad, de treinta y dos años,
que hacia viajes a diferentes partes, soltero, fué preso con
secresto de bienes, por judío judayzante: en sus confessio-
nes primeras confessó ser judío y pidió miseoordia, y dijo
coDtra muchas personas, levantando falsp? testimonios;
después revocó todo lo que avia confessado; de ay a poco
pidió misericordia, y declaró ser judío, observante de la
ley de Moysen y de sus ritos y ceremonias; fué adpiitido
a reconciliación. Salió al auto con sambenito, vela, verde
en las manos, soga a la garganta, abjuró en forma, fué
condenado a hábito y cárcel perpetua^ y por .sus revoca-
ciones y testimonios que levantó, a quatrocientos azotes y
a diez años de galeras en las de España, al remo y sin
sueldo, y en destierro perpetuo de las ludías, y después
de cumplidas laa galeras, guarde carcelería perpetua epi la
.cárcel de Sevilla,
TOMO n 10
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146 la inquisición de lima
"Relajados en persona por observantes de la ley
de moysen, convencidos con gran número de testioos,
Y POR FALSOS TESTIMONIOS QUE LEVANTARON. — 1. Autonio
de Vega, mercachifle, uatural de la Frontera, en el reyno
de Portugal, de edad de quarenta años, soltero, residente
en esta ciudad, fué preso con secresto de bienes, por judío
observante de la ley de Moysen. Confesó con señales de
mucho arrepentimiento aver judaizado y quien le avia
enseñado, y fué diciendo de otros, y estando ratificado en
todo, revocó de sí y de todos. De allí a algunos dias se
volvió a afirmar en sus confessiones y pidió misericordia,
y últimamente las revocó y se retractó de quanto avia di-
cho en ellas: fué relajado a la justicia y brazo seglar por
negativo, con confiscación de bienes, y murió impeniten-
te. Leyó esta causa el bachiller Francisco de Valladolid,
capellán real y persona honesta del Santo Oficio.
"2. Antonio de Espinosa, hermano de Jorge y Manuel
de Espinosa, reconciliados, hijo de portugués, natural de
Almagro, en la Mancha, soltero, de treinta y ocho años,
fué preso en la villa de Potosí, con secresto de bienes, por
judío judaizante, y traido a las cárceles secretas estuvo
negativo ai principio; confesó después de sí y de otros, y
últimamente revocó sus confessiones, y por negativo fué
mandado relajar a la justicia y brazo seglar, con confisca-
ción de bienes. Dio muestras de aiTepentimiento en el ta-
blado, mas no fueron verdaderas: murió impenitente,
»i3. Diego López de Fonseca, de oficio mercader, cama-
rada de Antonio de Acuña, reconciliado en este auto, na-
tural de la ciudad de Badajoz, de edad de quarenta y dos
años, casado con doña Leonor de Andrada, natural de Se-
villa y residente en esta ciudad, fué preso con secresto
de bienes, por observantíssimo de la ley de Moysen; es-
tuvo siempre negativo y i^ebelde, fué condenado a relajar
a la justicia y brazo seglar, con confiscación de bienes;
iva tan desmayado al auto que fué necessario llevarlo en
bíazos, y al ponerlo en la grada a oir la sentencia, le hu-
bieron de tener hasta la cabeza. Murió impenitente.
"4. El bachiller Francisco Maldonado de Silva, cirujano
examinado, con facultad de evacuar, natural de San Mi-
guel del Tucuman, en estos reyuos del Perú, de mas de
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CAPÍTULO xvm 147
cincuenta años, hijo de Diego Nuñez de Silva, cinijano
portugués, reconciliado en esta Inquisición en 13 de mar-
zo de 1605, murió en el CalLao, año 1615 o 16, curando
como médico, vecino y casado en la ciudad de Santiago
de Chile con doña Isabel Otañez, natural de Sevilla, con
hijos; estuvo trece años preso, confesó desde sus primeras
audiencias ser judío, observante de la ley de Moysen, y
que quería vivir y morir en ella, y que la avia guardado
desde dieziocho años. En las audiencias en que se le recibió
juramento, nunca quiso jurar por Dios y la Cruz, ni poner
la mano al pié del Christo que está sobre la mesa del Tri-
bunal para hacer tales juramentos, por decir no quería
cohtaminarse jurando por otro que por el Dios de Israel.
El mismo se circuncidó con una navaja y acabó de cortar
el prepucio con unas tijeras. Hiciéronse grandes dilijencias
para convertirle, llamando quantas veces quiso a los cali-
ficadores, tratando con ellos de palabra y por escrito de
dudas que tenia; y después de averie convencido mani-
fiestamente, negaba la autoridad a los profetas, y decia
mintieron, y libros enteros de la sagrada escritura, y se
acojia últimamente a decir que él era judío y avia de mo-
rir como tal. Dejóse crecer barba y cabello, como los na-
zarenos, y se mudó el nombre de Francisco Maldonado de
Silva en el de Heli Nazareo, y cuando firmaba usaba del
diciendo, Heli Nazareo, indigno siervo del Dios de Israel,
alias Silva. Ayunó en las cárceles largos y penosos ayunos,
y uno por espacio de ochenta días continuos, comiendo
unas mazamorrs^s que hacia de maíz, en poquíssima can-
tidad, y estuvo a la muerte y muchos meses en la cama,
de que se le hicieron llagas en las assentadenis. Con una
soga que hizo de hojas de choclos, que pedia para comer,
se salió de la cárcel a reducir a su le}^ muerta a los demás
presos, y con este fin les compuso décimas. Escribió varios
tratados, que algunos se quemaron juntos con él, dedica-
dos a los señores inquisidores apostólicos destos reynos, y
decia eran contra el símbolo de la Fé del padre frai Luis
de Granada. Y con no darle recaudo para escribir, de pa-
peles viejos en que le llevaban envueltas algunas cosas
que pedia, juntando unos pedazos con otros tan sutil-
mente que parecían una pieza misma, hizo las hojas de
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148 LA INQUISICIÓN DE LIMA
•
dichos tratados, y con pluma y tinta que hizo, ésta de
carbón, aquella de un hueso de gallina, cortado con un
cuchillo que hizo de un clavo, escribió letra que parecía
de molde. Permitió Dios que estuviese ya sordo al prin-
cipio de las prisiones desta complicidad y que no enten-
diesse cosa della, porque a saber que avia presos tantos
judíos, hubiera hecho diabluras por fortalecerlos, según el
celo que tuvo por su ley. Fué relajado a la justicia y bra-
zo seglar, con confiscación de bienes, y quemado vivo.
»»Y es digno de reparo que aviéndose acabado de hacer
la relación de las causas de los Relaxados, se levantó un
viento tan recio, que afirman vecinosantiguos.de esta ciu-
dad no aver visto otro tan fuerte en muchos afios.
Rompió con toda violencia la vela que hacia sombra al
tablado, por la misma paite y lugar donde estaba este con-
denado, el qual, mirando al cielo, dixo: esto lo ha dispues-
to assí el Dios de Israel para verme cara a cara desde el
cielo. .
»»5. Juan Rodríguez de Silva, de oficio mercader, sol-
tero, de treinta y seis años, natural de Estremoz, en Por-
tugal. Este vino de Panamá quando supo la prisión de su
hermano Jorje de Silva, y por un papel que de las cárce-
les le escribió el dicho su hermano, exortándole a que se
denunciasse, sé denunció de su voluntad, y dixo ser judio
judaizante, y que no avia creído estar el cuerpo de Nues-
tro Señor Jesucristo en la hostia consagrada, y depuso de
otras personas: y porque en la misma audiencia revocó lo
que acababa de decir, diciendo que se avia levantado tes-
timonio, fué mandado recluir en las cárcele secretas, con
secresto de bienes; después que revocó, siempre estuvo ne-
gativo, estando convencido con mucho numero de testi-
gos, y se finjió por tiempo loco, diciendo y haciendo cosas
de risa en las audiencias que con él se tuvieron, echando de
ver ser todo ficción y maldad: fué sentenciado a relajar a
la justicia y brazo seglar, con confiscación de bienes, y
murió impenitente.
n6. Juan de Azevedo, natural de Lisboa en Portugal,
caxero de Antonio Gómez de Acosta, residente en esta
ciudad, soltero, de edad de veinte y siete años, fué preso
con secresto de bienes por judío judaizante; a la segunda
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CAPÍTULO xvín 149
audiencia que con él se tuvo, confessó serlo y pidió mise-
ricordia, especificando tanta suerte de ritos y ceremonias
en guarda y observancia de la ley de Moysen que le en-
señaron en Guinea, . que ponia admiración, ocupando las
audiencias dias enteros; dixo contra muchos y levantó a
muchísimas personas falsos testimonios; revocó, hizo y
cometió muclias maldades, incitando a otros presos para
que levantassen falsos testimonios a los de afuera y den-
tro, dándoles el pié del lugar, de la seña y contraseña
con que avian de contestar las culpas falsíus con él, que
las pintaba con tales circunstancias que al mas vigilante
y experimentado juez le haría creer ser aquello verdad;
no dexó parte alguna donde no aya personas .comprehen-
didas en los testimonios que levantó, ni España, ni Por-
tugal, ni Guinea, ni Cartagena, ni otras partes de las In-
dias. Fué condenado a relaxar a la justicia y brazo secular,
por vario, revocante, y por los muchísimos testimonios
que levantó, fuéronle confiscados sus bienes, que no tuvo,
como otros muchos que salieron en este auto: leyó esta
causa el contador Juan de Cenzano, criado de su Excelen-
cia.
n7. Luis de Lima, natural de Moncorbo en Portugal,
hermano de Juan y Tomas de Lima, reconciliados en este
auto, de oficio mercader, que acababa de venir de Pana-
má, donde avia baxado quando la armada de 1635, solte-
ro, de edad de mas de quarenta años; vino de su voluntad
a denunciarse por principios de 1636, y por estar testifi-
cado y diminuto, se mandó prender con secresto de bie-
nes; anduvo en gran manera vario y revocante en sus
confessiones. Levantó muchos falsos testimonios, aunán-
dose para ello con el dicho Juan de Azevedo, persuadien-
do a lo mismo a otros presos, haziendo agujeros por las
paredes de las cárceles para hablarles, diciendo lo que
habían de hacer y deponer y las señas con que avían de
conocer a los que avían de levantar testimonios, a uno de
judío yapero, aJ otro de quatralbo, y deste modo otras mu-
chas señas y contraseñas y apodos: fué muy perjudicial
en esta materia de testimonios, sin poderle ir a la mano,
con mudarle diferentes cárceles, ni con dárselo a entender:
todo con color de dezir descargava su conciencia; decía
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150 LA INQUISICIÓN DE LIMA
que esta tierra del Perú, era para los portugueses, de pro-
missiOD, hallando en ella riquezas, honra y estimación de
permisión, porque cuidan los hombres della mas de ganar
plata que de vidas agenas, y que esto fuera assí sino es-
tuviera en el Perú la Inquisición, a quien ellos en gran
manera aborrecen. Yué condenado a relaxar a la justicia
y brazo seglar, con confiscación de bienes, por vario, re-
vocante y aver levantado muchísimos testimonios falsos;
dio muestras de arrepentimiento, dentro y fuera de la
Inquisición; y en el tablado, aviéndosele acabado de leer
su sentencia, estando en la grada, con muchas lágrimas
pidió perdón a Santiago del Castillo, Pedro de Soria Arzi-
1 a y a Francisco Sotelo, delante de todo el pueblo, dicién-
doles les avia levantado falso testimonio por la enemistad
que les tuvo, y en general pidió perdón a los demás que
avia levantado testimonios, y que rogassen a Dios le per-
donasse; duróle este dolor hasta la muerte.
II 8. Manuel Bautista Pérez, de todas partes christiano
nuevo, natural de Anzan, obispado de Coimbra, de edad
quarenta y seis años, vecino desta ciudad, casado con do-
ña Guiomar Enriquez, prima suya, christiana nueva, que
traxo de Sevilla, y con hijos en esta ciudad, hombre de
mucho crédito y tenido por el oráculo de la nación hebrea,
y a quien llamaran el capitán grande y de quien siempre
se entendió era el principal en la observancia de la ley
de Moysen. Teníanse en su casa las juntes en que se tra-
tava de la dicha ley, a que presidia. Tenia muchos libros
espirituales, tratavacon teólogos descendientes de portu-
gueses de varias materias teológicas, dava su parecer; te-
nia en su persona, la de su muger, hijos y casa gran osten-
tación, el coche en que andava entonces se vendió por orden
del Santo Oficio a 19 de febrero del año corriente, entré los
bienes confiscados, en tres mil y ochocientos pesos corrien-
tes, que hacen treinta mil y quatrocientos reales de con-
tado, tan rico y costoso era desde su principio. Fué esti-
mado de eclesiásticos, religiosos y seglares, dedicávanle
actos literarios, aun de la misma Universidad Real, con
dedicatorias llenas de adulación y encomios, dándole los
primeros assientos. En lo esterior parecía gran christiano,
cuydando de las fiestas del Santísimo Sacramento^ oyendo
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CAPÍTULO XVIII 151
missa y sermoneB» principalmente si Be tratava en ellos
alguna historia del testamento viejo. Confossava y comul-
gava a menudo, era congregante» criava a sus hijos con
ayos sacerdotes (pero tan afecto a su nación que, quiao
fuessen bautizados de mano de portugués); finalmente, ha-
zia tales obras de buen christiano, que deslumhraban aun
a los muy atentos a ver si podrá aver engaño en acciones
semejantes, mas no pudo al Santo Oficio ae la Inquisición,
que le prendióporjudío judaizante a los 11 de agosto, año
de 1635, en la prisión grande, con secresto de bienes,
siempre estuvo negativo, y viéndose conven(»do con mas
de treinta testigos contestes y que no tenia razones con
que poder satisfazer a la evidencia de su culpa, en su mis-
ma cárcel, con un cuchillo de estuche, intentó matarse, y
se dio seis puñaladas en el vientre y por las ingles, dos o
tres penetrantes. Escrivió papeles en cifra a su cuñado
Sebastian Duarte, a su cárcel, persuadiéndole revocasse
sus confessiones y estuviesse negativo, con que el dicho
Sebastian revocó, y se puso en el estado en que murió;
siempre dio a entender en lo exterior que era católico,
siendo evidentísimo que era judío, llevando por opinión
que solo con lo interior cumplía con la ol>servaneia de su
ley; fué relaxado a la justicia y brazo seglar, por negati-
vo, con confiscación de bienes; dio muestras de su depra-
vado ánimo y de disimulado judío en el ósculo de paz
que dio a su cuñado Sebastian Duarte, relaxado en el
cadahalso,^ y de las demostraciones de ira que con los ojos
. hazia contra aquellos que de su casa y familia avian con-
fessado y estayan allí con sambenito; oyó su sentencia
con mucha severidad y magestad; murió impenitente, pi-
diendo al verdugo hiziesse su oficio.
»»9. Rodrigo Vaez Pereira, natural de Monsanto, juris-
dicion de la Guardia en Portugal, de oficio mercader, de
edad de treinta y nueve años, casado con doña Isabel
Antonia de Morón, reconciliada en este auto, veziuo desta
ciudad, fué preso con secresto de bienes, por judío judai-
zante, quando la prisión grande de 11 de agosto; al prin-
cipio estuvo negativo, después confessó ser observante de
la ley de Moysen y pidió misericordia, y fué diciendo de
otros, levantando falsos testimonios. Dentro de pocos días
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152 LA INQÜISICIOK DE LIMA
revocó de sí y de las personas coíltrá quien avia depuesto;
volvió a dezir de sí inuy diminuta y de otros largamente,
levantando muchos falsos testimonios, confessándose coaa
Juan de Assevedo y Luis de Lima, y cometiendo los mis-
inos delitos que ellos en materia de testimonios, dando
muestras de sü« malas entrañas en los odios que le mo-
vieron a fraguar semejantes maldades; fué condenado por
Vario, revocante, y por los muchos testimonios que avia
levantado, a relaxar a la justicia y brazo seglar, con con-
fiscación de bienes. En el tablado, después de avérsele
leydo BU sentencia, dixo ser todo mentira y falsedad que
le levantavah; después en el quemadero, estando para dar-
le garrote, pidió le aflogassen el cordel, como se hizo, y
volviéndose a los demás justiciados les dixo, que qué ba-
dián pues no se volvian a Dios y confessavan su pecado?
siendo cierto que todos los que avian de ser quemados
avian judaizado como él, que avia sido judío hasta aquel
Junto en que se apartava de la ley de Moysen y creia en
esucristo nuestro Señor, y 'que de lo contrario le pesa-
va mucho: con tanto le dieron garrote al dicho, declarán-
dolo assí personas graves que se hallaron presentes.
iflO. Sebastian Duarte, natural de Montema5'^or el Nue-
vo, en Portugal, de oficio mercader, de edad de treinta y
dos años, cuñado de Manuel Bautista Pérez, casado con do-
ña Isabel Enriquez, muger del dicho Manuel Bautista, vi-
vían en una misma casa y compañía en esta ciudad; fué pre-
so por judío judaizante, con secresto de bienes, quando la
prisión grande de 11 de agosto de treinta y cinco; al prin-.
cipio estuvo negativo, confesó después de sí y de otras
muchas personas, por un papel que le escrivió desde su
cárcel Manuel Bautista Pérez, exortándole a ello; de ahí a
algunos dias revocó de sí y de todos los demás por papeles
en cifra que le volvió a escrivir el dicho Manuel Bautista
Pérez, mandándole revocasse. Prosiguió en estar simpre
negativo (haciendo largas protestas en las audiencias
que con él se tuvieron, de que era fiel católico christiano,
dando razón muy cumplida de todos los misterios de
nuestra santa fé católica) y lo que le movió a estarlo, fué
consideración entre él y su cuñado en no confesar. Dixo
que era christiano viejo, siendo cierto que Duarte Rodri-
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. CAPÍTULO xvni 153
guee, 8n padí^, fué. preso en la Inquisición de Ebora, mu-
rió jen la prieiouy fué •quemado en eistatua en auto pú-
blico de fé. que se celebró, por judío judaizante. Y
animismo en la misma ocasión, fué presa por judía judai-
zante, Ana Lopes, su hermana de padre y madre, y dos
hijos^ llamados Vicente y Simón Rodríguez, y también
prendieron a Gaspar Fernandez, marido de la dicha. Ana
López, la qual con sus hijos solieroh con sambenito, y el
dicho Gaspar Fernandez avia sido reconciliado eu otro
auto; y ansimismo tuvo otra hermana de padre y madre,
llamada Guiomar López, casada con Francisco Vaez, se-
dero, la qual, entre otros hijos, avia tenido a Antonio Ro-
dríguez Orta ya Marta López, los quales fueron peniten-
ciados con sambenito por la Inquisición de Lisboa: y en
Sevilla hizo el dicho Sebastian Duarte información de
chrístiano viejo, siendo él y todos sus parientes por con-
sanguinidad y afinidad, chrístianos nuevos, y viendo que
se sabia en este Santo Oficio su calidad, dixo que no sa-
bia si eran chrístianos nuevos o viejos. Fué sentenciado a
relaxar ala justicia y brajo seglar, por negativo, revocan-
te, y en confiscación de bienes. En el tablado se dieron él
y su cuñado Mauuel Bautista Pérez, ósculo de paz al mo-
do judaico, sin poderlos apartar los padrinos. £n el que-
madero, vietído ya muerto a su cuñado Manuel Bautista
Pérez, dio señales de arrepentimiento.
ftll. Tomé Quaresma, cirujano examinado, natural de
la villa de Cerpa en Portugal, veziuo de Lima, casado con
doña María Moran, natural de Granada, de edad de sesen-
ta ^ñoS) fué preso con secresto de bienes por judío obser-
vante de la ley de Moysen: era el que curava a todos los
de la nación hebrea y a los negros y negras bo9ales, que
traían a esta ciudad de Lima para vender. Llamávanle de
ordinario el Licenciado, era gran judío, y con la ocasión
de curar, se comunicava con mas libertad en la guarda de
la dicha ley de Moyses, y exortava a otros a que la guar-
dasen, conociendo a los que la guardavan en responderle
quando entrava a visitar los enfermos dezia, loado sea el
Señor. Su ordinario modo de hablar con ellos era, Y. M.
es teniente del Señor o guarda su ley (modos de hablar,
con que no solo éste sino los demás hebreos se conocían y
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154 LA IKQÜISICIOX DE LIMA
y conocen); estuvo siempre negativo, y assí fué condenado
a relaxara la justicia y brafo seglar, y en confiscación de
bienes. En el tablado pidió a vozes misericordia. Aviendo
baxado el señor inquisidor don Antonio de Castro y del
Castillo de debaxo del dosel a ver lo que quena, se arre-
pintió de aver dado muestras de pedirla: dize que porque
al baxar le miró Manuel Bautista Pérez como afeándole se-
mejante acción, y assí murió impenitente.
M Relaxado en estatua por la guarda de la ley de
MoYSEN. — 12. Manuel de Paz, estra vagante, natural de la
Pedrina en Portugal, soltero, que hazia viajes arriba, re-
sidente en esta ciudad, de edad de cuarenta años, fué pre-
so con secresto de bienes por judío judaizante, estando
preso, apretado de su mala conciencia, se ahorcó de la re-
ja de una ventanilla alta que caia sobre la puerta de su
cárcel, con un modo extraordinario, que se echó de ver que
el demonio avia obrado en él, porque se ahorcó de parte
que sin ayuda parecia imposible: fué relaxado en estatua
a la justicia y bra9o seglar, y sus huesos quemados, 3' con-
fiscados sus bienes.
iiLoS QUE FUERON PRESOS POR TESTIMONIOS Y SALIERON
CON PALMAS. — Tiene el escudo de las armas de la Inquisi-
ción a un lado de la cruz, una espada y un ramo de oliva,
y al otro una palma. La espada signitica el rigor de la
justicia. La oliva, la suavidad de la misericordia. Estos
atributos ya lo hemos visto en lo referido, en los relaxa-
dos, que no quisieron valerse de la piedad, lo riguroso de
la ley; en los reconciliados que se conocieron, lo tierno y
suave de la misericordia. La palma significa el honor que
se le dá al que por testimonios falsos ha padecido, la ino-
cencia de su alma y el triunfo de sus trabajos; porque si
bien regularmente hablando en las causas de fe, nadie es
declarado por inocente por sentencia difinitiva, sino tan
solamente absuelto de la instancia, con todo ésto, si por
testigos falsos fué uno acusado y consta de su* inocencia,
por revocación de los mismos, ha de ser por sentencia de-
clarado por inocente y libre de tal crimen, y el juez que
otra cosa hiziere, peca mortalraente. Rsta es opinión de
graves autores. Y el Tribunal del Santo Oficio de estos
reynos lo determinó assí en la ocasión presente, atendien-
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CAPÍTULO xvni 155
do a lo dicho y no a la petición de las partes. Fueron sie-
te los que padecieron como Joseplí y representaron la
parte alegre deste auto tan grandioso.
II 1. Santiago del Castillo, natural de San Vicente de
la Barquera, en las montañas de Burgos, hijo del licencia-
do Juan del CastilJo, letrado, y Catalina de Rabago, am-
bos naturales de San Vicente de la Barquera. Salió este
dia con vestido bordado sobre raso, botonadura de oro y
cadenas de lo mismo, con rico cintillo de diamantes, pal-
ma en las manos, en caballo blanco, con aderezo de tercio-
pelo negro, guarnecido de oro, hebillas, remates y estrivos
dorados, y sus negros de librea, con los padrinos.
ii2. Alonso Sánchez Chaparro, natural de la villa de
Valencia de Alcántara, en Estremadura, hijo de Alonso
Diaz y María González Chaparro, vezino de Lima. Salió
este dia con vestido negro, muy costoso, con botonadura
de oro, cadenas de lo mismo, y un cintillo de diamantes
de mucho precio, palma en las manos, en caballo blanco
bien guarnecido, y sacó seis esclavos bien dispuestos, con
librea costosa de raja de Florencia, color celeste acuchi-
llada, guarnecida de negro, cabos naranjados, medias de
seda. Con sus padrinos.
11 3. Antonio de los Santos, alias Santos González Ma-
duro, natural de Capeludos en el reyno de Portugal, hijo
de Antonio González Maduro v María Alvarez, de oficio
mercader, familiar del Santo Oficio. Salió vestido de ne-
gro, costoso, con botonadura de oro, palma en las manos,
en caballo blanco bien aderezado, y sus negros de librea.
No sacó padrinos por llevar hábito de familiar, como se
ha dicho.
11 4. Ambrosio de Morales Alaon^ natural de la ciudad
de Oporto en Portugal, hijo de Alejo de Alaon y María
Nuñez Camela, residente en esta ciudad y familiar del
Santo Oficio, salió vestido de negro, con botonadura y
cadenas de oro ricas, con cintillo, con palma en las manos,
en caballo blanco bien aderezado, y sus negros de librea.
No sacó padrinos, por llevar hábito de familiar.
11 5. Francisco Sotelo, natural de Cástrelo en Galicia, en
el valle de Monterrey, hijo de Esteban de la Rúa Sotelo
y de Isabel Fobela, sus padres, naturales del dicho reyno
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156 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de Galicia. Sacó vestido bordado de piñuela, con botona-
dura de orOj cabestrillo con rubíes, y cintillo y rosa de lo
mismo. Salió en caballo blanco, con aderezo de terciopelo
negro, guarnecido de oro, palma en las manos y tres ne-
gros de librea, acompañado con sus padrinos.
I! 6. Pedro de Soria Arcilla, natural de Cartagena de las
Indias, hijo de Pedro de Soria, natural de Villalpando en
Castilla la Vieja, y Ana de los Reyes. Salió vestido de ra-
so bordado, con rica botonadura de diamantes, cintillo y
lazada de lo mismo, y vistosas cadenas de oro, con palma
en la mano, en caballo, blanco, ricamente aderezado, sus
negros de librea y padrinos.
«»7. El sétimo, Andrés Muñiz, natural de la ciudad de
Puentedelgada, en la isla de San Miguel, en las Terceras,
hijo de Manuel Gonjalez y Isabel Alvarez, vezino desta
ciudad. Sacó vestido negro, rico, bordado sobre esparra-
gon, guarnecido de botones de diamantes engastados, cin-
tillo y rosa de lo mismo, con ricas cadenas de oro. Salió
en caballo blanco enjae9ado, con adere9o bordado de oro,
los hierros y estribos sobredorados, palmas en las manos,
y tres negros de librea, con cabos a9ules. Con sus pa-
drinos.
II Acabadas de leer las sentencias de los relaxados, subió
al pulpito Juan (Costilla de Benavides, ayudante de secre-
tario del Santo Oficio, y leyó las causas de los referidos,
para que campease mas la inocencia, por aver sido aquellos
los principales que tragaron y levantaron los falsos testi-
monios. Leyólas por el orden dicho, y porque se vea el te-
nor, se refiere que es en la forma siguiente:
I! f Fallamos atento los autos y méritos del dicho pro-
ceso, el dicho promotor fiscal no aver pro vado su acusación
y querella, según y como provar le convino; en consecuen-
cia de lo quiíl, qu la conversión de Rodrigo
Yaez Pereira, relaxado en el pativulo, que movió sumamente a todos
los presentes. Pásela al fin de la relación de su causa, que fué el año
pasado, y en esta va testimonio de los dichos de los que se hallaron
presentes. Segundo motivo, que por él consta que no solo fué compli-
cidad de judaismo, sino hostilidad y maquinación de crimen lesae: es
que teniendo el ViiTey, Conde de Chinchón, mucha cantidad de pólvo-
ra, y antes de las prisiones de complicidad y en el convenf^ de nuestra
señonide Guadalupe, de frayles franciscos, que está fuera de esta ciudad,
se halló una mañana comenzado hacer un agujero en la pared de la ca-
lle del almacén de la pólvora, fuerte y gruesa, y a poca distancia un
tizón apagado, causó alboroto, curóse averiguar y no se pudo. Pasados
algunos mcisei=<, se fueron haciendo las prisiones, y entre ellas la de doña
Isabel Antonia, reconciliada, hija del capitán Antonio Morón (cuya
cansa va en estos pliegos) portugués, él y su muger, y una hermana y
cañado; diósele por compañera de cárcel a una muger llamada doña
Beatriz de la Bandera, que quando entró en compañia de doña Isabel
era acabadn de llegar del Cuzco, ciento cincuenta leguas de aqui, sin
baher pisado mas calles de Jiima que las que la traxeron del camino de
esta Inquisición, sin hablar con nadie: con ésta, pues, pasado algún
tiempo, que les dio a las dos familiar amistad, quexándose doña Isabel
de sus trabajos, comunicó que el agujero que se habia comenzado a ha-
cer en el almacén de la pólvora de Guadalupe, habia sido por orden
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164 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de SQs deudos, y para volar la ciudad, y que se comunicaban con los
olandeses y que Ins aguardaban, y otras cosas que constan de la decla-
ración de doña Beatriz, la aual nunca tuvo noticia del agujero del al-
macén de la pólvora, ni del tizón, ni de otras particularidades que re-
fiere.»
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CAPÍTULO XIX
£1 Reí ordena que los Inquisidores devuelvan de bienes confiscados los
salarios que tenian percibidos. — Estrados del Tribunal, — Productx)
de las canonjías. — Venta de farniliaturas. — Procedimientos relativos
a los bienes de los presos. — Sígnense tramitando las causas de por-
tugueses. — Información contra el Obispo de Tucuman. — Causa de
Diego ^Lopez de Lisboa. — Auto de fe de 17 de noviembre de 1641.
Las noticias de estas ejecuciones contra personas de
la calidad i fortuna que sabemos, traspasando los límites
del vireinato, habian llegado hasta Méjico i España. Las
sumas confiscadas en esa ocasión por el Santo Oficio, so-
bre todo, se decia que eran enormes: nuevas que llevadas
hasta los pies del trono, motivaron la real cédula de 30 de
marzo de 1637, en que S. M. agradeciendo a los Inquisi-
dores el cuidado i desvelo que tuvieran para declarar la
complicidad de judaismo i encareciendo el celo con que se
ejecutara, dándose por bien servido i ofreciendo guardar
memoria de todo para hacerles merced, anadia (recordando
la recomendación que le había insinuado el Conde do
Chinchón) que le parecia justo que se restituyese a su
real hacienda de lo confiscado a los reos, los dineros que
se habian estraido de su real caja para el pago de sus sa-
larios percibidos hasta entonces, i que se reservase tam-
bién para lo de adelante lo necesario para el mismo efec-
to, en caso de que el producido de las canonjías no
alcanzase a Síitisfacerlos: a que el Tribunal, acatándola,
como era de su deber (aunque solo en el nombre, como
tantas veces acontecía) respondió con buenas palabras
que se daría cuenta al Consejo i al Inquisidor Jeneral,
cuyos eran los bienes; pudíendo anticipar desde luego que
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166 LA INQUISICIÓN DE LIMA
aquellos solo estaban secuestrados, que sobre su propie-
dad se había presentado un sinnúmero de pleitos, i por
fín, que habiendo resultado muchas personas inocentes de
aquellas que en un principio fueron reducidas a prisión i
sus bienes confiscados, se habían visto en la necesidad de
devolverlos.^
Posteriormente, el Rei, con acuerdo del Inquisidor
Jeneral, resolvió en 6 de marzo de 1643, que el doctor
Martin Real, del consejo de Inquisición, fuese a visitar
Illa hacienda y ministros y todo lo tocante y pertenecien-
te al real fisco de ella, y vea y reconozca todos los secres-
tos hechos a los reos, inventario de su bienes, pleitos y
demandas que a ellos y con cada uno de ellos se hubiesen
seguido y los prosiga y fenezca y acabe los que no
lo estuvieren, y vea, visite y reconozca los que estuvie-
ren fenecidos.»» I aunque se nombró notario que acompa-
ñase al visitador y se practicaron otras dilíjencias previas
a su comisión, no aparece si ésta se llevó a cabo, o siquie-
ra si se inició.
La situación pecuniaria del Tribunal, no podía, sin
embargo, ser mas brillante. Sin contar con lo embargado
a los portugueses, resultaba que desde 4 de mayo de 1630,
hasta fines de agosto de 1634, esto es, en poco mas de
cuatro años, habían entrado en sus arcas cuarenta i un
mil docientos setenta i ocho pesos, distribuidos en esta
forma: mil cuatrocientos cuarenta i nueve pesos percibi-
dos de penas i condenaciones, cuatro mil noventa i nueve,
de donaciones, i treinta i cinco mil ochocientos veinte i
nueve procedidos de quebrantamientos de escrituras de
juego.^
1. Carta de 15 de mayo de 1688. Puede tenei-se una idea aproxima*
da de lo que debieron importar las conñscaciones, pues no encontra-
mos datos precisos sobre este particular en los documentos que hemos
tenido a la vista, con solo señalar el dato que apuntan los Inquisidores
en la carta que citamos, de qne a cinco de los presos, Pedro de Soria,
Andras Muñoz, Francisco Sotelo, Antonio de los Santos i Jorje Dávila
se les devolvieron mas de ciento setenta i cuatro mil pesos. Alguien
denunció mas tarde al Virei qne los bienes conñscados en esta ocasión
pasaban de un millón. Véase el capítulo final de esta obra.
2. Memoria de la plata que se ha cobrado^ etc., firmada por Juan de
Montealegre. No se incluye en el total de la suma referida, lo que ha«
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CAPÍTULO XIX 167
No eran menos considerables las sumas percibidas de
las canonjías. Hasta el año de 1635, la de Lima habia
contribuido con veinte i cinco mil ochocientos ochenta i
tres pesos; la de la Plata con diez mil ochenta; la de Are-
quipa con cuatro rail doscientos; la del Cuzco con seis mil;
la de Quito con mil trescientos cuarenta, etc.^
Las varas de alguacil mayor i menor, en todas las ciu-
dades sujetas al distrito de la Inquisición, producian tam-
bién una fuerte entrada, pues para no citar mas de un
hecho, bastará saber que la de Santiago se remató en
1641 en seis mil quinientos pesos; auque según puede co-
lejirse, por lo menos en algunas ocasiones, el producto de
estos remates se enviaba al Inquisidor Jeneral.*
Para encarecer mas todavía de lo que mandadan las
instrucciones, la conveniencia de secuestrar los bienes de
las personas que se prendian, el Consejo dispuso, con fecha
de 21 de octubre de 1635, que en siendo alguna llevada
a la cárcel, se le tomase declaración sobre la hacienda que
tenia, haciendo juntamente información sobre ella, proce-
diendo a la vez a las demás dilijencias necesarias para su
averiguación, entre his cuales sabemos ya cuan buen efec-
to surtía la de los edictos que se leian en las iglesias i se
fijaban por carteles, conminando con censuras i las penas
del Santo Oficio a los que no se presentasen a denunciar
los bienes de los procesados. nCosa es que inviolablemen-
te se observa en esta Inquisición, decian los jueces a este
respecto, i en respuesta a la orden indicada, tomarles de-
claración de sus haciendas, luego que se prenden, porque
bian cobrado los receptores por casas, censos í bienes confíscados, pues
así se espresa en la citada memoria. Las donaciones habían sido, en
rigor, mas cuantiosas, pero por aparecer mezcladas en una partida con
lo procedido del j negro, no podemos precisarlas mas. Para que se com-
prenda lo referente aestaúltiína fuente de entradas del Tribunal, con-
viene saber que de ordinario acontecia que a veces algunos hacían voto
por escritura pública de no jugar mas, imponiéndose, en caso de que-
Ijrantarlo, alguna pena cuaijuiera en dinero, que en vista de lo que sa-
bemos, se aplicaba sin duda a beneficio de la Inquisición. En el Archi-
vo jeneral de nuestros Tribunales de Justicia es frecuente encontrar
documentos de esta especie.
3. Carta de Mañozca de 24 de mayo de 1637.
4. Id. de Gaitan de 20 de junio de 1642.
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168 LA INQUISICIÓN DE LIMA
si en alguna parte conviene, es en ésta, donde cuanto po-
seen estos hombres (refiriéndose especialmente a los mer-
caderes) es pueble, y tienen algunas raices tan acensúa^
sadas que solo les sirve de capa para sus engaños, porque
con decir que tienen tal y tal posesión, persuaden a los
miserables que contraten con ellos sus grandes riquezas y
caudales, siendo todo trampa y embuste, y la hacienda la
tienen siempre en confianza, esperando en todo caso la
mejor y mayor parte della en salvo, con que son los se-
crestos ruidosos y de poca entidad. De estos ocultantes
tenemos algunos presos en la cárcel pública, que tenaz-
mente niegan. II*
En carta acordada de 22 de octubre de 1635 se mandó
también que no se entregasen bienes algimos de los con-
fiscados a los reos, aunque se presentasen escrituras, cédu-
las ni otros recaudos de cualquiera especie, sin previa
consulta al Consejo, debiendo ordenarse aJ juez de bienes
confiscados que no ejecutase ninguna sentencia sin que
primero apelase, trámites ambos que en 9 de noviembre
siguiente se hicieron estensivos a las cantidades secues^
tradas.
Con ocasión de las prisiones de tanto comerciante rico,
los Inquisidores se vieron obligados a seguir largas trami-
taciones para poner en cobro los bienes que pertenecian
a aquellos; pero cuando en el país se notó que por cuenta
de los presos se cobraba i no se cubrían aun los créditos
mas evidentes, estando próxima la salida de la armada
en que debian enviarse los caudales necesarios para pagar
las mercaderías compradas, se temió una quiebra jeneral,
pues las deudas de los detenidos ascendían a ochocientos
mil pesos, suma en que se estimaba el caudal de toda la
ciudad; viéndose por esta causa obligados los jueces a sa-
tisfacer algunas cantidades, exijendo previamente fianzas,
requisito sin el cual a nadie se pagaba.*
rrestando pues así la atención debida a los intereses
materiales del Santo Oficio, siguieron los Inquisidores
tramitando las causas que hablan quedado pendientes a
«
5. Carta de 15 de mayo de 1631.
6. lá. de 15 de mayo de 1637.
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CAPÍTULO XIX 169
la fecha de la celebración del auto del año de 1639, man-
dando suspender la de Francisco Jorje Tavares, por judai-
zante, después de tres años de iniciada; i en idénticas cir-
cunstancias, la de Felipe Diaz Franco, Fernando de
Fonseca, Pedro Fernandez Cañones, que a la tercera vuel-
ta del tormento declaró ser judío, desdiciéndose mas tar-
de; Alvaro Rodríguez, Manuel de Pina i Francisco Arias;
la de Pedro de Santa Cruz, remitida por el Obispo de
Trujillo, por proposiciones heréticas, por haber sido decla-
rado loco; la del licenciado Francisco de Almansa, abo-
gado sevillano, que fué enviaiio desde el Cuzco, por dichos
malsonantes, por haber satisfecho en gran parte a la acu-
sación; Juan de Prado Brian, clérigo de menores, por pro-
posiciones i desacatos contra el comisario de Guamanga;
Antonio Gómez Portaces, madrileño, por sospechas de
haberse comunicado con unos judíos; i Diego Pereira
Diamante, que por igual motivo estuvo cinco años preso.
Se denunciaron i fueron reconciliados: Juan Rodríguez
Arias, en 15 de setiembre de 1639, que habia sido preso
por judaizante; i Juan Diaz, ingles, luterano, trompeta
del Marques de Mancera, i a quien, npor hablar muy ce-
rradoif, se le nombró intérprete.
Fueron penitenciados Juan de Horta, alias de la Cruz,
espulso de la Orden de San Francisco, que preso por pro-
posiciones heréticas, por los muchos disparates que dijo
en las audiencias, fué condenado a que, vestido con un
saco, sirviese por seis años en el hospital de San Andrés.
Luisa Ramos, mulata, castig^a antes por hechicera;
Francisco de Quituera Melgarejo i Francisco de Ayala,
por casados dos veces.
Duarte de Fonseca, toledano, acusado de judaismo i de
habei-se comunicado con los presos por medio de agujeros
que practicaba en las paredes, salió a la capilla con insig-
nias de penitente, recibió cien azotes i fué a servir a ga-
leras por cinco años.
Manuel Márquez Montesinos i Juan López Matos, acu-
sados de judaizantes, fueron admitidos a reconciliación
con confiscación de bienes i destierro.
Meses mas tarde se mandaban suspender las causas de
Rodrigo López, que negó siempre ser judío, i la de Luis
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170 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de Cananas i Guzman, preso en Trujillo por sospechoso
de pacto con el demonio, apesar de sus diezinueve años,
i que al fin resultó ser un mero prestidijitador.
De los negocios que por esta época se tramitaban en el
Tribunal, hai dos que por la calidad de los personajes que
en ellos figuran merecen especial mención.
A fines del año de 1634, murió en Salta el doctor Fer-
nando Franco de Rivadeneira, comisario del Santo Oficio
en aquellas partes, que habia ido a allí a recibir al obispo
de Tucuman Fr. Melcjhor Maldonado. Hallándose mui en-
fermo, llamó al jesuita Lope de Mendoza para que le hi-
ciese su testamento i se recibiese de ciertos papeles rela-
tivos a su oficio; mas, luego que espiró, cojió aquellos el
Obispo i se los guardó. De aquí tomó pié Mendoza para
escribir al Tribunal denunciando al Prelado, a lo que se
creia obligado, según decia. por haber sido siempre un
martillo contra los transgresores de la reformación de cos-
tumbres i entereza de la fé.
Comenzaba en la carta que para el efecto escribió a Li-
ma diciendo que cuantos bienes del comisario se encon-
traron habian sido embargados por el Obispo, que ««en
materia de cudicia, puedo decir con verdad que mi relijion
tiene la fama y este prelado los hechos;!i i continuando la
pitura del personaje, agregaba: »»su común vestir es de un
ordenante asufaldado (sic), pero muy galán y pulido; una
media sotanilla con muchos botones, aunque desabotonada
de la cintura abajo, de manera que se le descubre el calzón
de terciopelo de color, con pasamano. Las medias, de seda
y cx)n ligas, y zapatos muy justos y pulidos, sin jamas
ponerse roquete, ni mas hábito de su religión que la cinta
de San Agustin. Anda tan oloroso que viendo yo a cierta
persona volver las espaldas muy de priesa en una calle,
le preguntaron que donde iba tan apriesa, respondió, »»voy
así por no encontrarme con el Obispo, que como de mues-
tra, con solo el olfato le he descubierto que viene por esa
calle. II — LTn dia entré yo a visitarle de las pocas veces que
fui, y le hallé en la cama, aunque era harto tarde, y le ha-
llé con pebetes y ramilletes de flores encima de una mesa,
y en ella una escudilla de la China, llena de agua de olor,
y de cuando en cuando metía los dedos y se rociaba con
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CAPÍTULO XIX 171
ella el rostro y narices, y rociándome a mí una vez, le dije
(no sin misterio): »»mas valiera, señor, que esta agua de
olor tan olorosa fuera agua bendita que aprovechara para
lo interior del alma, y para lo exterior del buen ejemplo y
edificación ;?! pero él lo echó a placer, etc. Su cama es de
damasco carmesí, con sábanas mui delicadas, cuatro almo-
hadas muí bordadas en ella, con otros adornos, pulideras
y olores que puediera decir mui bien y aun mas a propósi-
to lo que el otro no7i bene olet, qui semper hene olet, y el
dicho de San Crisóstomo, no fuera de propósito también:
co-rpoi^ fragantia arguit intus lateH animum iummun-
dum.
iiDíceme persona que lo vio y oyó, que llegando a cier-
ta casa desta ciudad donde estaba una doncella de buen
parecer, la dijo que si se queria casar con él; lo mesmo
le sucedió en la segunda visita: y después yéndose a despe-
dir de ella, la esentó a su lado en un cogin que le avian
puesto en que pusiera los pies, y la dixo que le abrazase,
como lo hizo: y añaden los que lo vieron, que notaron que
estaba tan inquieto allí como una persona que la queria
arrebatar, o forzar, sin atreverse a ello, etc. Y que con es-
to se despidió, haciéndola mil ofertas a letra vista. Divul-
gádose ha entre algunos del pueblo, que una noche (están-
dole espiando con sospechas que tenían) le vieron escalar
una casa pegada a la de su vivienda, y que avia violado a
una doncella honrada, a la qual sin ninguna previa amones-
tación ni preparación alguna, la casó otro dia; y hallándola
el marido, no tan entera como él pensaba, y llegando a su
noticia lo que pasaba, la dexó al segundo dia y se fué a
dormir a otra casa, votando a Dios que la avia de dejar,
etc., hasta que el mismo obispo, con trazas y medios, apa-
gó el fuego que se yba encendiendo.
fiDe aquí, y de otras cosas semejantes, oy yo decir a
muchos hombres, por tantos y quantos, que no ha de en-
trar en mi casa ni visitar a mi muger. Y otro bien prin-
cipal y de brío le oy decir que le avia enviado a decir
que no le atravesase los umbrales de su casa. Otro mag-
nate desta tierra dixo en cierta ocasión: vaya el señor
Obispo a Santiago, que yo le voto a tal, que si entra en
tal casa, de echare dos balas en el cuerpo.
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172 LA INQUISICIÓN DE LIMA
II Dicen que en toda su casa apenas se alia briviario, y
que sino es en las órdenes que celebra, apenas dice misa
en todo el año. Quando exerce el pontifical es de manera
y con tiempo la gravedad, que causa mas irrisión y escar-
nio de lo que está haciendo, que otra cosa.
II Su confesor es un fray le mercenario, mozo indocto y
sordo, y de tales costumbres y modestia, que alavándose
de cosas, vino a decir que él tenia dos docenas de camisas,
que cada una valia una barra: muestra, a mi ver, de su
interior flaco y poco penitente,
iiHácese servir de rrodillas con tantas genuflexiones, re-
verencias y continencias, que espanta. Díceme quien lo
ha visto y notado, que para despavilar las candelas que
tiene en su aposento, se incan los criados de rodillas tres
veces antes de llegar a la candela, y otras tres al retirar-
se; a la manera que el viernes santo adoramos la Cruz en
las yglesias, que por este modo me lo dixo la persona que
lo vio.
iiTrata tan mal y tan de vos a boca llena a los clérigos,
teniéndolos en pié y descaperuzados, que se huyen y au-
sentan, y aun le aborrecen, anunciándole mil desventuras
y daños.
iiHa dicho que acá no tiene superior, y que qué le
puede hacer a él el Rey, ni el Papa, que está exento, que
dado caso que fuese herege, ni la Ynquisicion podría cono-
cer de sus causas, etc.
II Sé decir por remate desta carta que en muchas tie-
rras en que me he hallado no he visto ni oydo tantas ana-
themas, ni descomuniones, como en solo estos dos meses,
que ha entró en este obispado: de que está la gente y tie-
rra muy temerosa y escandalizada, h^
A este denuncio, vino luego a agregarse el de Fr.
Francisco de Figueroa, del cual copiamos los párrafos si-
guientes:
II Con la sinceridad y verdad, que atan Sancto Tribunal
se debe hablar denuncio de la persona del reverendo obis-
po de Tucuman, don fray Melchor Maldonado de Save-
dra, del qual he oydo cosas gravísimas, sospechosas en
7. Carta a Ja Inquisición de SO de noviembre de ^1634.
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CAPÍTULO XIX 173
nuestra sanf^ta fee csthólica, y corren generalmente entre
todo este Obispado, que en Salta, estiindo confirmando,
llegó una niña de buen parecer y la dixo mcxor es vuestra
merced para tomada que para confirmada, y en Córdova
este año pasado de 631, llegó otra en presencia de mucha
gente, y alzándosele la saya dixo, zape que no la he de con-
firmar para baxo sino para arriba, y con la primera se
amancevó con publicidad. Oy decir al Vicario de Tucu-
man, Juan Serrano, que una persona que nombró y no
me acuerdo de su nombre, se le quexó que le havia rebe-
lado la confesión en un viaxe que hizo de Santiago a Cór-
dova, por la cuaresma de este año de 1637, comió carne
todo el camino el Reverendo Obispo y toda su casa y cria-
dos, estando buenos y sanos, y no faltándole dinero para
sustentarlos, de lo que la yglesia manda se coma en aques-
te tiempo, y hasta el mismo miércoles sancto se la vi yo
comer al dicho Reverendo Obispo, y oy decir al padre
fray Alonso Vasquez, de la orden de San Francisco, que
queriendo denunciar de ésto, por ser casso contenido en
los edictos generales de la fee, 'no le quiso admitir la de-
nunciación el Comisario del Sancto Oficio, por cuya causa
no le denunció, n^
Los Inquisidores, en vista de estos antecedentes, se di-
rijieron al Consejo, enviándole copia de las piezas mas
interesantes, a fin de qué proveyese *»lo que fuese servido,»
i en consecuencia, en Madrid se mandaron entregar a los
calificadores del convento de Atocha para que se tomase
la conveniente resolución^
El otro proceso a que nos hemos referido fué hecho con-
tra Diego López de Lisboa, portugués, que después de
viudo, se hizo sacerdote, i que por entonces era mayordo-
mo i confesor del arzobispo de Lima don Femando Arias
de ügarte. Sucedió que una noche, a las doce, un tal Jeró-
nimo de Agreda, huésped del arzobispo, subia a las habita-
ciones de un sobrino suyo, que estaban contiguas a las de
8. Carta de 20 de enero de 1638.
9. Id. de Oaitan i Castro de 26 de mayo de 1638. Alcedo refiere,
a propósito de este obiafK), que se dedicó con el mayor esmero a la
conversión de los indios infieles i que gobernó con grande aplauso i
acierto su iglesia durante treinta afios, hasta el de 1662, en que falleció.
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174 LA INQUISICIÓN DE LIMA
López de Lisboa, en el mismo palacio arzobispal, i como no
lo encontrase, sintiendo ruido de azotes en el cuarto de Ló-
pez, se puso mui quedo a escuchar a la puerta i mirando por
el agujero de la cerradura, vio luz i oyó una voz que decia
"embustero, embaucador, por eso te pusieron a crucificar
entre dos ladrones, y sonaban los azotes; y decia mas, que
si era justo, santo y bueno, hijo de Dios, como se decia, que
por qué no se libró de aquella muerte que le dieron, etc.;ii
acertando en seguida a descubrir que estas palabras se las
dirijia López a un crucifijo que tenia debajo del dosel de
su cama, que habia descolgado de su sitio para propinarle
la azotaina.
Se decia también que el denunciado, en una ocasión,
con motivp de la traducción de cierta palabra latina, ha-
bia espresado su significado en hebreo, repitiendo "dos o
tres vocablos no mas, que sonaban en la misma lengua, n
Se anadia igualmente que el hijo del supuesto reo, el
celebrado Diego de León Pinelo, uno de los mas notables
literatos de Lima durante el período colonial, cuando oia
misa,al tiempo de alzar, se daba golpes en el pecho, pero
que en lugar de adorar la hostia, tornaba la cara a otro
lado, de lo cual se murmuraba mucho en la ciudad.
Con tales precedentes, los Inquisidores se pusieron a
rastrear luego la vida anterior del acusado, logrando des-
cubrir de que a su padre i a un tio suyo habían quemado
en Lisboa, por cuya razón se habia escapado a Valladolid
i pasado de allí a Buenos Aires i (Córdoba del Tucuman;
que en esta ciudad era voz pública que habia azotado a
un crucifijo, pues en una noche de las de la procesión de
sangre, dos hombres habían penetrado a la casa en que
estaba hospedado i le habían oído que decia a los demás
que le acompañaban »»qué buena mano aquella, n sin que
existiese demostración alguna de que se hubiese estado ju-
guando; i que en la Plata, con el objeto de ordenarse, ha-
bía rendido una información falsa paro acreditar que era
crifitiano viejo, etc.^^
10. Carta de los Jnquisidores de 15 de mayo de 1637. Este es nn
documento del mas alto intei'es para el conocimiento de la familia Pi-
nelo, paes DO solo contiene dat<.:s muí curiosos de López, sino también
de BU mujer i de sus hijos Juan Rodríguez de Leen, canónigo de Pa«-
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CAPÍTULO XIX 175
Apesar de lo que los Inquisidores lograron acopiar en
esta causa, el Arzobispo no retiró su confianza a López de
Lisboa, i la Universidad de San Marcos premió el mérito
de su hijo nombrándolo catedrático de Prima de Cánones,
con cuyo motivo repetian aquellos al Consejo que »«parecia
cosa muy peligrosa confiar la interpretación de los sagra-
dos cánones y materias eclesiásticas y de sacramentos a
personas de raíz tan infecta y sospechosa por sí, y que
podi-á dar a beber ponzoña en lugar de buena doctrina a
la juventud que le cursare", n
Poco a poco, sin embargo, fueron los jueces allegando
algunos reos, resolviéndose al fin a celebrar un autillo en
la capilla de la Inquisición el 17 de noviembre de 1641,
en que fueron penitenciados:
Francisco de Montoya o Méndez, confitero, cristiano
nuevo, de treinta i seis años, que habia ayunado cuarenta
dias continuos, no comiendo ni bebiendo hasta la noche,
después de salida la estrella: se presentó con insignias de
reconciliado, perdió sus ^bienes i fué enviado a la cárcel
por dos años.
Fernando de Heredia, portugués, residente en el Cuzco,
también cristiano nuevo i sospechoso de judaismo, logró
que se le quitase el sambenito en el tablado.
Félix Enriquez de Eivero, que habia ayunado el ayuno
de la Reina Ester, escapó lo mismo que el anterior, bien
entendido que confiscándose a los dos sus bienes, previa
reconciliación.
Bartolomé de Silva, Cristóbal i Matías Delgado, que
bla de los Anjeles, del licenciado Antonio de León, autor del Epitome
i otros libros no menos famosos, i del doctor don Diego de León Pi-
nelo. ^
11. Carta de 9 de julio de 1647. El Consejo contestó que se estuvie-
se con cuidado respecto del modo de proceder i doctrinas del doctor
León. Con motivo de la prisión de los portugueses, refieren los Inquisi-
dores que el vulgo i los muchachos «voceaban y clamaban, diciendo ven-
ga el judio de Diego López de Lisboa,» y fué cosa notoria que en aquel
tiempo, a prima noche llegaba mucha jente a las ventanas ael dicho ar-
jsobispo y decian, «eche V. 8. ese judío de su casa;» y un bufón llamado
Burguíllofi, viéndole entrar en la iglesia, llevándole la falda al dicho ar-
SEobispo^ le dijo: «aunque mas te agarres de la cola, la Inquisición te ha
de sacar.»
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176 LA INQÜISIClOK DB LIMA
habian practicado el ayuno nde la data de la leyn, lleva-
ron hábito i cárcel por un año; Juan i Francisco de la Pa-
rra, que celebraron la pascua de los cenceños, que por
otro nombre llaman del cordero, durante siete días conti-
nuos; Gonzalo i Pedro de Valcazar, ambos mercaderes í
el último de los cuales a la primera vuelta del tormento
confesó ser judío; Simón Correa, que lo dijo a la cuarta;
Alvaro Rodríguez i Rodrigo Fernandez, que fué puesto
dos veces en la mancuerda, recibió cien azotes después
del auto, se le confiscaron sus bienes i llevó hábito i cár-
cel perpetuos.
Juan Florencio, de veinte i ocho años, por doble matri-
monio; i doña María de la Cerda, natural de Buenos Aires,
viuda de un abogado de Tucuman, acusada de haber dado
polvos de ara consagrada, mezclada con sangre ínenstrual
en el chocolate a diferentes hombres para que permane-
ciesen fieles a sus amores, después de abjurar de leviy re-
cibió cien azotes por las calles.
Ademas de los reos precedentes,'habia sido penitencia-
do entre año el negro Jorje de lUanes, a quien le costó el
haberse casado dos veces cien azotes i cinco años de gale-
ras; i se habian suspendido las causas de Pedro Jorje i
Acuña i la del sárjente Francisco de Silva, por judaizan-
tes, siendo el último condenado al tormento i mantenído-
se en él negativo apesar de cinco vueltas que se le dieron.
Las labores del Tribunal decayeron mucho desde en-
tonces, pues hasta el auto siguiente que tuvo lugar en
1666, solo se resolvieron los procesos de las personas es-
presadas a continuación:
Enrique Jorje Ta vares, de edad de dieziocho años, fué
puesto en la cárcel el 11 de agosto de 1635, con informa-
ción de cinco testigos cómplices singulares, los dos meno-
res i uno que después se retractó. En 5 de diciembre fué
puesto en el tormento, recibiendo siete vueltas en la
mancuerda i tres en el potro, persistiendo en negar el ju-
daismo de que se le acusaba. Le sobrevino después nue-
va acusación de algunos compañeros de cárcel, confesando
solo algunas comunicaciones con ellos i espresando que lo
demás era testimonio que le querían levantar los castella-
nos. Después de varias revocaciones del reo, fué votado
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CAPÍTULO XIX 177
en 1639 a que se auapendieae su proceso por haber perdí-
do la razón.
Ma-nuei Henriquez, preso en 8 de diciembre de 1635,
puesto a tormento en 1637, a la segunda vuelta eonfead
de sí que em judío, hablándose acreditado durante el cur-
so de su causa que antes había sido reconciliado en Coim-
bra. Por las muchas revocaciones en que incurrió í por
otros hechos, entre ellos el de híiber citiirlo a juicio a los
Inquisidores, se tuvo sospecha de que estuviese loco, lo
que no impidió qne en 3 de julio de 1647, esto es, doce
años después de su encarcelación, fuese condenado a ser
relajado, pena que no se habia ejecutado aun en 1656
por falta de ocasión.^*
Gaspar López Suarez, también preso por judío en 1642,
en Potosí, estaba votado a tormento riguroso en 1647, el
que se ejecutó al año siguiente solo hasta la primera
vuelta, porque el reo confesó el delito de que se le acusa-
ba; siendo reconciliado ese mismo año, con cien azotes.
Luisa Ramos, hechicera, viuda, de treinta años, casti-
gada ya dos veces por el Santo Oficio, presa de nuevo en
1646, fué condenada el año siguiente a salir a la capilla
con coroza i demás insignias, i a recibir por las calles dos-
cientos azotes.
Ana María de Contreras, mulata, después de haber sido
penitenciada anteriormente, fué de nuevo castigada en
1647.
Francisca de la Peña, zamba, del Cuzco, i Bernabela
de Noguera, limeña, fueron procesadas también por he-
chiceras.
Salvador Diaz de la Cruz, de Chile, i Francisco Vaca
de Sotomayor, desterrado a Valdivia por doble matri-
monio.
Fr. Bartolomé de Sotomayor, sacerdote profeso de la
Merced, que predicando un sermón en lea dijo que aun-
que los hombres llegasen manchados al Santo Sacramento
1 2. El Consejo declaró qne en esta cíuifia i en la nnterior los jneces de-
bieron haber practicado nías dilijencias a fin de esclarecer la locura de
Icáreos, «mayormente habiendo tanto tiempo que están presos». Despa-
cho de 22 ds junio de 1646, Se hizo despnes tan evidente el estado d§
Henriqnez que al fin no fué quemado.
TOMO II 12
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178 LA INQUISICIÓN DE LIMA
del Altar i le recibiesen, el mismo Sacramento les limpia-
ba, en cuya cauvsa se sobreseyó por no descubrirse mali-
cia en el reo.
En carta de 11 de octubre de 1648 anunciaba al Con-
sejo Juan de Izaguirre, ' secretario del Tribunal, que no
existia en las cárceles otro reo que Manuel Henriquez,
En efecto, Juan Fernandez Darraña, gallego, carpintero,
procesado porque aconsejaba a los indios recien bautiza-
dos que no fuesen a misa, habia sido mandado poner en
libertad; Diego Pérez Mosquera, presbítero, espulso de la
Orden de S. Agustín, acusado de haber dicho que el áni-
ma de San Ignacio estaba en los infiernos, i que si él qui-
siera, pudiera hacer a la Iglesia mas daño que Lutero, por
lo cual habia sido reducido a prisión en Oruro, fué conde-
nado a abjurar de levi i a una reclusión de seis meses; i
los reos restantes, que eran Agustín de Toledo i Luis de
la Barreda, que habian sido remitidos de Chile, estaban
ya despachados.
En 1651 fueron castigados por doble matrimonio, Juan
Bautista, mestizo, de los Yauyos, i Juan Toribio Lara,
mulato, del Callao.
Desde 1655 hasta 1660, Lorenzo Sánchez, zapatero, de
Cuenca, Gaspar Henriquez i Juan Pérez, que murió en el
hospital, también por bigamos; Cristóbal de Toro, de Gua-
manga, blasfemo i que habia ademas abusado de sus dos
hijas, salió a la sala de audiencia, en forma de penitente, con
coroza i soga a la garganta i mordaza en la lengua, i lle-
vando puestas las insignias, se le dieron doscientos azotes
por las calles.
Fr. Francisco Vasquez, natural de Quito, lego de San
Agustín, que dijo misa, abjuró de vehementi, recibió azo-
tes i fué destinado a galeras; i Alfonso Domínguez de Vi-
Uafaña, también lego, preso por idéntica causa, recibió
igual pena, sin los azotes, que le fueron remitidos.
Rafael Vanegas, jesuíta del colejio de Santiago de Chi-
le, por solicitante.
Inés de Córdoba, en 3 de marzo de 1660 fué condenada
a salir en hábito de penitente, con coroza, vela i soga, ab-
juró de levi i se le aplicaron cien azotes; Antonia Abarca,
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CAPÍTULO XJX 179
por mal nombre la Gaviota, que usaba de polvos para
captarse el amor de los hombres; Luisa de Vargas, azota-
da por la justicia real, tambera de Pisco; Ana Vallejo,
hija sacrilega, discípula de la Inés de Córdoba; i Antonia
de Urbina, por hechiceras.
El alcaide Cristóbal de Vargas Barriga, por abusar car-
nalmente de las presas.
Luis Vela de los Reyes, sevillano, de veinte años, acu-
sado de sostener que Lutero i Calvino no se habian con-
denado i de que era buena la doctrina de la predestinación,
fué llevado a la cámara del tormento, i por haberse man-
tenido negativo, se le puso en libertad.
Diego Martinez, natural de Méjico, que decia que los
jesuitas i frailes en jeneral no eran sacerdotes sino máji-
cos, fué dado por loco.
Jiiies Garcia, por doble matrimonio; Antón, negro, acu-
sado de llevar recados de los presos, recibió cien azotes;
doña .Josefa de Baides, denunciada de ver en el lebrillo,
fué dada por libre.
Hasta 1666 fueron penitenciados: Simón Mandinga,
negro, por adivino, que recibió cien azotes; Fr. Juan Sán-
chez de Avila, que decia misa i solicitaba a las mujeres en
el confesonario; Cristóbal de Castro, procesado en Chile;
Juliana Gutiérrez, natural de Chuquisaca, acusada de mas-
car coca;Pedro Ganui, canónigo de Quito, por haber ocul-
tado la persona i bienes de un reo del Santo Oficio, tuvo
que pagar tres mil pesos; Fr. Miguel Meló, de Buenos
Aires, lego de la Merced, que decia misa; Fr. Diego Bazan,
donado de San Juan de Dios, que andaba disfrazado de
mujer, se huyó de su convento i se casó en el Cuzco, trató
de suicidarse con solimán; Fr. Cristóbal de Latorre, fraile
agustino, por solicitante en confesión; Fr. José de Queza-
da, ordenado de diácono, que decia misa; Juan de Torreal-
ba, que conjuraba la coca, i Úrsula de UUoa, de edad de
quince años, hija de una pulpera, que se encerraba a mas-
car dicha yerba hasta después de media noche; i las hechi-
ceras Ana de Ayala, Petronila de Guevara, Josfa de Lié-
vana, Juana de Estrada, Magdalena Camacho, Juana de
Cabrales i Catalina Pizarro.
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180 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Sebastian de Chogaray, mulato libre, casado dos veces,
i Fr. Jacinto de Herrera, sacerdote, natural de Granada,
de cincuenta i tres años, que en el juego votaba a la lim-
pieza de la Vírjen concebida entre demonios, i a Cristo, i
pidiendo que le llevasen los diablos.
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CAPÍTULO XX
Encuentro con el Marques de Mancera. — Id. cou el Arzobispo. — >íue-
vos disgustos con el Marques. — El Rei reprende al Conde de Alba
por su conducta para con la Inquisición. — Choque con el Cabildo
Eclesiástico. — Datos sobre los Inquisidores. — Auto de fe (ie 2S de
enero do 1664.— Id. de 16 de febrero de 1666.— Id. de 28 de junio
de 1667. — Relación de la causa de César Bandier. — Otros reos.
Si los ministros del Sauto Oficio no encontraban por
los dias que vamos historiando reos de importancia a quie-
nes procesar, no escaseaban, en cambio, disgustos a las au-
toridades, comenzando por el Virei i Arzobispo de Lima.
Servia aquel encumbrado puesto el Marques de Mance-
ra, hombre mui devoto, que por los años de 1646 intro-
dujo en la capital la costumbre de rezar el rosario a coros,
en voz alta, para cuyo efecto todos los sábados en la tarde,
asistido de su fiímilia i de gran concurso de jentes, se tras-
ladaba de su palacio a la iglesia de los dominicos. Los
Inquisidores que miraban esta práctica como indebida,
callaron durante algún tiempo, pero el 2 de febrero de
1648, dia de la Purificación de la Vírjen, que se celebraba
con gran devoción del pueblo i asistencia de los vireyes,
hicieron leer un edicto, en que, juntamente con prohibir
varios libros, condenaban la devoción establecida por el
Marques; sin que por esto, ni él ni los relijiosos i personas
piadosas cesasen en la costumbre que se reprobaba, con
manifiesto menosprecio de la autoridad de los ministros
del Santo Oficio, por lo cual hubieron éstos de dar cuenta al
Consejo quejándose del Virei. ^
1. Carta de 15 de febrero de 1648. El Consejo reprobe) la conducta
del Tribunal, según consta de la nota que le dirijió en 21 de enero de
16^9.
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182 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Con relación al Arzobispo, he aquí lo que habia pasado.
Servia a su nombre en el Tribunal el oficio de juez ordi-
nario en las causas de fe el doctor Julio de Cabrera, teso-
rero de la catedral, que por haber tenido que ausentarse
a España a negocios de su iglesia, hubo necsidad de nom-
bnirle reemplazante en el cargo que desempeñaba cerca
de los Inquisidores. Designó el prelado para sucedería,
primero al canónigo Sebastian de Bustamante i Loyola;
mas habiendo significado a éste los Ministros que su persona
no les parecía idónea, se fijó en el doctor Femando de
Avendaño, poco después arcediano, i que habia sido ya
calificador del Tribunal durante algún tiempo, catedráti-
co de mérito i rector de la Universidad, cura párroco de
varios pueblos por mas de treinta años, en cuyo puesto
redujera a la fe gran número de jentiles, * i por fin, visi-
tador jeneral del arzobispado. Presentóse, en consecuen-
cia, Avendaño al Tribunal, mas no solo no se le permitió
que ejerciera el cargo, sino que uno de los Inquisidores
le trató ásperamente, i el otro se propasó hasta amenazar-
le; tramitándose las causas sin su intervención, e incu-
rriendose así por ello en manifiesta nulidad.^ I como era
de estilo siempre que los jueces se manifestaban disgusta-
dos con alguien, luego ocurrieron a indagar quien fuera
el padre del doctor, descubriendo que habia sido per-
sona vilísima, sin obligaciones, i tan ridículo, que servia
de truhán i bufón al inquisidor Gutiérrez de Ulloa, borra-
cho público, de quien todos se reian, n siendo testigos de
ello las paredes de la Inquisición, donde se hacían las
burlas; II achacándole, ademas, al recomendado del Arzo-
bispo costumbres escandalosas, que era teólogo i no cano-
nista, etc., etc.^ A estas acusaciones se añadieron aun en
el Consejo las que dio el postergado Bustamante, que en
verdad no se espresaba en mejores términos de su com-
petidor.*
El secreto de esta resistencia por parte de los Inquisi-
2. Véase el libro del jesuíta Pablo José de AiTÍaga, EntirpcKion d$
la idolatriaj etc.
8. Carta del Arzobispo de 21 de octabre 1648.
4. Id. de Lnis Betancnrt de 2á octabre del mismo afío.
5. Id. de 20 octubre de id.
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CAPÍTULO XX 183
dores, que no habia podido doblegar ni la amistad de
cuarenta años que el Metropolitano conservaba con Gai-
tan, era, sin embargo, fácil de esplicar. Cuando se propu-
so a Bustamante i se convino después en retirar su
elección, el Tribunal significó al Arzobispo que seria
conveniente se pasase sin nombrar juez ordinario, confi-
riendo su poder a los mismos Inquisidores, pretensión
que como no tuviera efecto, le instaron en que por lo me-
nos se fijase en don Pedro de las Cuentas, que acababa
de ser promovido a la maestrecolía de la catedral, pero
que aun no habia tomado posesión de su oficio, esperando
que se le diese reemplazante en un puesto semejante que
servia en la Paz, donde residia. Las partes interesadas
ocurrieron, en vista de esto, al Consejo, donde se resolvió
que no se diese entrada en el Tribunal a ninguno de los
propuestos.
De mas nota que el ya referido eran, sin duda, los en-
cuentros que venian suscitándose con el Virei. Habia traí-
do éste de España en su compañía a un caballero del há-
bito de Santiago, llamado don Luis de Sotoma5''or
Pimentel, para confiarle la administración de las minas de
azogue de Guancavelica, de cuyo lugar hubo de regresarse a
Lima por orden del Marques, i donde, a poco de llegar,
fué preso por la Inquisición, porque siendo familiar de
ella, se le acusaba de cierto atropello cometido en la mis-
ma capital del vireinato: prisión, decia el Virei, que fué
puramente simulada, i que al fin consiguió se alzase con
el objeto de que le acompañase a las minas para donde
estaba de partida.
Decian, en cambio, los Inquisidores que el Marques se
habia hecho reo para con ellos de haberles violado la co-
rrespondencia que les venia de España, como sostenían
que ejecutaba también con la de particulares, a fin de
cerciorarse de los que le eran o no afectos.^
Los tropiezos con el Conde de Alba, sucesor del Mar-
ques de Mancera, en que le acompañaban todos los oido-
res, se habian pronunciado mui desde el principio de su
gobierno, desde que trataron de desaforar al contador Pe-
6. Carta de 22 de noviembre de 1645,
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184 LA INQUISICIÓN DE LIMA
dro de Zarate, i se habían ido continuando con la libertad
que el Virei hizo dar al jeneral Pedro de Zamudio, a quien
el Tribunal tenia asignada su casa por cárcel, en méri-
to de ciertos desacatos que se le imputaban contra minis-
tros del Santo Oficio J
Poco después solicitaba el Conde que el Tribunal con-
tribuyese para un donativo que estaba colectando, i como
con buenas razones aquél se negase, se enfureció publica-
mente, prorrumpiendo en amenazas i ofreciendo dar cuenta
de todo al Rei.® Mas tarde, sin darse por vencido con estas
manifestaciones, pretendía el Conde que el alguacil ma-
yor del Tribunal no entrase con vara a su palacio, o ya
se avocaba causas en que, a juicio de aquél, aparecían de
por medio intereses de sus ministros, por lo cual se que-
jaba al Consejo afirmando nque eran de tal calidad las
acciones, palabras y acometimientos que el Virei ha hecho,
dicho e intenüido que no buenamente se pueden referir,
y sin violencia se conoce de ellas el poco o ningún afecto
que tiene a esta Inquisición, n citando en apoyo de estas
afirmaciones lo que había referido el jesuita Leonardo de
Peñafiel, su confesor, de que decía que apreciaba mucho
a las personas de los Inquisidores, pero que del Tribunal
no se le daba nada.*
Lo cierto del caso fué que un buen dia el Conde reci-
bia una carta de su soberano, que por ser mui caracterís-
tica de la época i de quien la enviaba, trascribimos a con-
tinuación.
"El Eey. — (3onde de Alva de Liste, primo, gentil-hombre
de mi cámara, mi Virey, gabernador y capitán general de
las provincias del Perú. Ya sabéis lo mucho que Dios nues-
tro Señor es servido y nuestra santa fee católica ensalzada
7. Carta de Castilla i Zamora de 3 de setieinbre de 1658.
8. Id, de Castilla de 3 de setiembre de 1658. Decimos que tenían
razón los Inquisidores en negarae a contribuir, por cuanto babiendo
Oaitiin en años anteriores erogado cierta cantidad con un ñn análogo,
recibió una reprimenda del Consejo, en que se le prevenía que «no de-
TÍa venirse en semejantes donativos sin particular ói*den de S. M. y
nuestrat, concluía. Ya veremos en el capitulo final los términos en
que se espresabii el Yirei a propósito de estas difei^encias con el Santo
Oficio.
9. Carta de 20 de julio de 1657.
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CAPÍTULO XX 185
por el Santo Oficio de la Inquisición, y de quanto benefi-
cio ha sido a la universal yglesia, a mis reinos y señoríos
y naturales dellos, después que los señores reyes católicos
de gloriosa memoria, mis revisabuelos, le pusieron y plan-
taron en ellos, con que se han limpiado de infinidad de
hereges que a ellos han venido con el castigo que se les
ha dado en tantos y tan grandes e insignes autos de In-
quisición como se han celebrado, que les ha causado gran
temor y confusión, y a los católicos singular gozo, quietud
y consuelo; y por carecer desta gracia otros reynos, han
padecido y padecen grandes disturbios y inquietudes y
desasosiegos, y damos muchas gracias a nuestro Señor,
que así lo ha encaminado, haciendo tan gran bien a estos
reynos, y así por todo ésto como por habérmelo encomen-
dado afectuosamente el Bey mi señor y padre, que esté
en el cielo, como por lo que la estima, devoción y afición
que le tengo, y la obligación que a todos los fieles corre
xnirar por él y que sea amparado, defendido y hourrado,
mayormente en estos tiempos en que tanta necesidad hay,
y ser una de las mas principales cosas que se os pueden
encomendar de mi estado real, os encargo mucho que así
a los venerables Inquisidores apostólicos de esas provin-
cias, como a todos los otros oficiales, familiares y minis-
tros del dicho Santo Oficio, les honrreis y favorezcáis,
dándoles de nuestra parte todo el favor y ayuda que se os
pidiere y fuere necesario, guardándoles y haciéndoles guar-
dar todos los privilegios, exempciones y libertades que les
están concedidas, así por derecho, cédulas reales, concor-
dias, como de uso y costumbre, y en otra qualquier ma-
nera; de suerte que el dicho Santo Oficio se use y exerza
con la authoridad y libertad que siempre ha tenido, y yo
deseo tenga, y no hagáis, ni permitáis que se haga otra
cosa en manera alguna, que demás de que cumpliréis con
lo que sois obligado, como cathólico chistiano, y que a
vuestro exemplo harán otros lo mismo, me tendré por
muy servido, y a lo contrario no tengo de dar lugar. Nues-
tro Señor os guarde, como deseo, en Madrid a diez y ocho
dias del mes de marzo de mil y seiscientos y cinquenta y
cinco años. — ^Yo el Rey — ^Por mandado del Rey nuestro
geñor, Don Felipe Antonio Mossa, n
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186 LA INQÜISICIOK DE LIMA
Como si estas rencillas no fuesen bastantes, sobrevinie-
ron bien pronto otras con el Cabildo eclesiástico. Los ca-
pitulares habian antes asistido en cuerpo a administrar el
viático al inquisidor León de Alcayaga^^ i cuan'do murió
Juan Gutiérrez Flores, cargaron su cuerpo en hombros
hasta las puertas de la casa, sin que jamas hubiesen cobra-
do un centavo por las exequias de ningún miembro del
Tribunal; pero habiendo fallecido García Martin Cabezas,
les enviaron recado los Inquisidores solicitando su asisten-
cia para el acompamiento: a que contestíiron que como se
les pagase el estipendio acostumbrado en semejantes casos,
no tenian inconveniente para ello, en lo cual no habiendo
venido los colegas del difunto, hubieron de enterrarle sin
esta solemnidad".
A los 16 de mayo del año siguiente fallecia otro de los
inquisidores, Luis de Betancurt i Figueroa, negándose
igualmente a asistir a su entierro, dando en ambos casos
por escusa de que como la Inquisición no habia querido
concurrir al de los capitulares, no tenian por qué no guar-
dar ellos idéntica reciprocidad*^
El personal del Tribunal habia sufrido notables cambios
en los últimos tiempos: Gaitan se ausentaba en 1651, re-
cibiéndose en Lima noticia de su fallecimiento a mediados
del ano siguiente; Antonio de Castro i del Castillo, que
habia servido el puesto durante veintiún años, después de
rehusar el obispado de Guamanga, habia aceptado el de la
10. Alcajaga no se hizo notar en el corto tiempo que sirvió sn pues-
to, i apenas si se conserva en los archivos algún papel que lleve su
firma.
11. Carta, de Betancurt i Castilla de 6 de setiembre de 1658. Mar-
tínez Cabezas fué natural de Don Benito en Estreraadura. En Sevilla
le encontró de catedmtico el arzobispo de Lima Gouzalo de Ocampo,
llevándole consigo parn confiarle el puesto de provisor. Después de haber
servido varios cargos en el Cabildo eclesiástico de la Paz, fué nombrado
inquisidor. Guando falleció, era obispo electo de Cartajena.
12. Carta de Ibarra i Castilla de 27 de mayo de 1659. Betancurt
salió de Cádiz en 1687 con plaza de fiscal, enfermando a tal punto du-
rante el viaje^ que en Cartajena le bajaron dcsiihuciado. Una vez resta-
blecido, hizo por tierra la jornada de novecientas leguas que le quedaban
hasta Lima, donde llegó por mayo de 1689. Recibió su titulo de inqui-
sidor en 29 de junio de 1642.
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CAPÍTULO XX 187
Paz, en 1648". Bernardo de Izaguirre, que desempeñó su
destino poco tiempo, fué enviado al obispado de Panamá
en 1655^
De los dos inquisidores que quedaban en el Tribunal
por la época que vamos historiando, era uno Cristóbal de
Castilla i Zamora, hijo natural de Felipe IV, i el otro, Al-
varo de Ibarra, que tomó posesión de su puesto en setiem-
bre de 1659, era un limeño de talento i mui versado en
materias de jurisprudencia. No debian de andar mui bien
las relaciones entre ambos cuando el Consejo encargaba
al primero que guardase paz i armonía con su colega: a
que respondia Castilla que su compañero »»habia encami-
nado los negocios a su placer, sufriendo yo y callando;
la mayor parte del año se está en la cama con leves acha-
ques y suele venir por las mañanas, quedándose en su
casa las tardes; pero no falta D. Alvaro cuando falta
negocio preciso, o firmar cartas para España.»
Llevando aun mas allá sus denuncios, Castilla prevenia
que hasta se le habia insinuado que viviese con cautela,
pues el dia menos pensado podian envenenarlo, nuntando
el asiento del coche, un plato, una silla o estribo, que qui-
ta la vida a un mes, un dia o un año, según lo templan tt;
citando en apoyo de sus temores lo que le habia ocurrido
a Fr. Francisco de la Cruz, obispo electo de Santa Marta,
que murió de repente estando ajustando las cosas de Po-
tosí; a don Francisco Nestares Marin, que sorprendió a los
que intentaron darle el veneno, i por ello ny lo demasn
habia dado garrote a un sujeto apellidado Rocha; al obis-
po de la Paz don Martin de Velasco, que murió n apresu-
rado n; a Gómez Dávila, correjidor de Potosí, que después
de beberse una jicara de chocolate se habia quedado yer-
to, i un criado con él; i recientemente al obispo de Gua-
13. Castro era oriundo de un pueblo inmediato a Burgos, hijo de
Alonso del Castillo, correjidor que fué de Alcalá la Real, i de Inés de
Padilla. Se graduó de bachiller en Salamanca, i en Lima de licenciado,
habiendo servido antes de ser nombrado inquisidor el curato de Po-
tosí.
14. Izaguirre era natural de Toledo, i después de haber desempeña-
do las fiscalías de la Inquisición de Cartajena i Lima, fué ascendido a
inquisidor. Del obispado de Panamá pasó al del Cussco, i en 1661 al ar-
ssobispado de Charcas.
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188 LA INQUISICIÓN DE LIMA
manga, que habiendo un día salido a la visita, a la tarde
le volvieron muerto.
Por lo demás, alababa las buenas letras de su colega, i
en cuanto a él, decia que cómo podría proceder mal, sien-
do que todas las noches se confesaba para acostarse, i to-
dos los dias de madrugada celebraba misa.^^
Viéndose solos, acordaron solicitar del Consejo se les
nombrase compañero, recomendando para el caso a Juan
Huerta Gutiérrez, oidor de la Audiencia de Santiago, que,
ademas de merecer el puesto, habia indicado a Ibarra
cuando estuvo en Chile, su deseo de obtenerlo.
Era el recomendado de ambos jueces natural de Truji-
Uo en el Perú, i después de haber estudiado eb elcolejio
de San Felipe de Lima, habia pasado a servir la cátedra
de Decreto i Prima de Leyes en la Universidad de San
Marcos, desempeñando ademas las funciones de asesor del
^drei Marques de Mancera, abogado de la Inquisición, i
que habia invertido quince de los cincuenta años que con-
taba, en la Audiencia en que por entonces se hallaba ocu-
pado;*® insinuación que aceptó el Consejo nombrando a
Huerta, quien en el acto se ordenó i se fué a Lima a ser-
vir su nuevo destino, tomando posesión de él en setiem-
bre de 1664."
No pasó mucho tiempo, sin embargo, sin que el nuevo
inquisidor se viese solo en el Tribunal, habiendo partido
Ibarrra para Quito, con cargo de presidente de la Audien-
cia, por abril de 1667, i dos años mas tarde, Castilla para
Guamanga, a cuyo obispado habia sido promovido.'®
16. Carta de 14 de noviembre de 1664,
16. Id, de 27 de mayo de 1659.
17. Id, de Huerta Gutiérrez de 26 de noviembre de 1664. El nue-
vo inquisidor, hallándose .en Chile de oidor, rehusó ir a fundar la Au-
diencia de Buenos Aires, i mas tarde la 'presidencia del Nuevo Reino, a
causa de una enfermedad a la vejiga de que sufria. Con motivo del
susto que le ocasionó el temblor ocurrido en Lima el 17 de junio de
1678, obligándole a levantarse de la cama en que se hallaba postmdo a
causa de «un flujo de sangre de espaldus», falleció de las resultas nueve
dius después. Carta de Bruna Rico de 23 de agosto del mismo año.
18. Ibarra fué nombi-ado después (24 de setiembre de 1668) visi-
tador de la Audiencia de Lima, con título honorario del Consejo de In-
dias. En 1675 el Reí le presentó para el obispado de Trujillo, de aue
no llegó a tomar posesión a causa de su muerte, ocurrida en 1677. Ha-
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CAPÍTULO XX 189
Estaba reservado a Castilla ordenar un auto de fe, que
no fué de los menos celebrados que hubo en la ciudad de
Los Beyes. El 23 de enero de 1664, en efecto, se arma-
ron los tablados en la plaza mayor, üy con grande luci-
miento, decoro y devoción de los fieles, hubo tres quema-
dos, uno en persona y dos en estatua, tres reconciliados,
cuatro religiosos, que, siéndolo, se casaron, dos celebran-
tes sin ser sacerdotes, y nueve mugeres hechiceras, que
por todos fueron veinte y tres, n^*
iiEl Virey y Real Audiencia, continúan los Inquisido-
res, movieron tantas dificultades y competencias al Tri-
bunal en el acompañamiento y modo de concurrir en el
tablado, que casi nos impidieron la ejecución, porque sien-
do tan pocos los ministros, no dieron lugar a las disposi-
ciones de que se compone una materia tan ardua como la
celebración de un auto público, y lo mas sensible y que
ha causado gravísimo escándalo fué, que enviando el Tri-
bunal a la Condesa de Santisteban veinte y cuatro fuentes
de comida y un palillero muy curioso, estando presente
mucha gente, especialmente las mugeres y familias de los
oidores, con los mismos criados los hizo llevar a las cárceles
de corte y de la ciudad, diciendo que nunca llegaba tarde
el pan para los pobres, sentida de que el Tribunal se escu-
sase de comer con su marido, porque quiso ponerse debajo
de dosel en la testera de la mesa y poner por las bandas
los Inquisidores: lo que mas puede haber lastimado en
acción tan escandalosa, es que la ejecutó a las doce del
dia, al mismo tiempo que el Santo Oficio estaba haciendo
castigo de los enemigos de la fe. n"^
En 16 de febrero de 1666, volvia a celebrarse nuevo
auto en la iglesia del hospital de la Caridad, a que asistió
el Virei detras de una celosía, i en que salieron: Juan de
bía venido Ibarra a Chile a pesquisar algunos hechos ocurridos durante
el gobienio de don .Antonio de Acuña.
19. Carta de los Inquisidores de 30 de enero 1664. No nos fué posible
encontrar en Jos archivos, la relación de las causas de estos reos, i es pro-
bable que no se enviaran, pues en nota puesta en el Consejo al márjen
de la carta de Castilla e Ibarra se dice que^ para proceder, se espere chas-
ta que vengan loe papeles.»
20. Id. id.
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190 LA INQUISICIÓN DB LIMA
León Cisneros, acusado de comprar los viernes pescado sin
escama, i de que sus hijos no iban el sábado a la escuela:
por lo cual i otras cosas, salió como judaizante i abjuró
publicamente en hábito penitencial.
Juan Antonio de la Fuente, francés, hereje calvinista,
que habia venido de la Habana con un padre Valverde,
quien afirmó que aunque el reo era hereje, en lo moral era
hombre de buenas costumbres. Abjuró sus errores, fué ab-
suelto i se le quitó el sambenito.
Doña Josefa Tineo, comedianta, acusada de hechice-
rías para atraer a los hombres a su mal| amistad, de vein-
te i cinco años, aunque ya viuda, natural de Huarás, que
confesó que por amor i celos, dijo una vez a las doce de
la noche esperando a su amante en un balcón: í»Demouio,
no vinieras a remediarme?ii i luego 03-0 en las calles unos
grandes pasos de que cayó desmayada, n sobreviniéndole
una enfermedad de que estuvo mui apretada, n Salió por
las calles a la vergüenza, después de abjurar cíe levL
Fr. Nicolás Mejía, lego agustino, que se metió a con-
fesor, por lo cual apareció en hábito de penitente, descal-
zo, sin cinto ni capuUa, con vela en la mano, a abjurar de
levi.
Don Pedro de Valdes Sorribas, que se habia casado dos
veces.
Ana María de Ulloa, cuarterona de mulata, i su com-
pañera doña Juana de Vega, casada, testificadas de hechi-
ceras.
En 28 de junio del año siguiente se verificaba otro
auto con los tres reos que siguen:
Antonio de Avendaño, clérigo, natural de Lima, de
cincuenta i tres años, acusado de decir dos misas, i preso
en 19 de setiembre de 1666.
José de las Cuentas, natural de Lima, de cuarenta i
cuatro, se denunció de lo mismo i fué desterrado perpe-
tuamente del arzobispado.
Fr. Cristóbal Fernandez de Aguilar, mercenario, fué
testificado con cuatro testigos de haber almorzado un pas-
tel i bebido vino en una pastelería del Callao i en el mis-
mo dia haber dicho misa.
Después fué denunciado por su confesor, a instancias
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CAPÍTULO SX 191
suyas, que desde que tuvo once añoa halna comenzado a
dudar de los misterios, resolviéndose siempre en que erau
mentira, i otras cosas, como ser que cómo pudo padecer
Jesucristo tanto como dicen los evanjelistas, i que cómo
podia estar en la hostia; de si la institución del Santísimo
Sacramento fue en la noche de la cena; de si hubo tal
cena; que cómo puede ser en el valle de Josafat el juicio
universal, etc. En atención a estar achacoso i enfermo de
la cabeza, fué solo reprehendido.
No contentos con estas demostraciones, los Inquisidores
prepararon un nuevo auto para el 8 de octubre de 1667, mui
interesante por las persun^ua que en él figuraron, a saber:
Fr. César Pasani Bentiboli, natural de Módenaj sa-
cerdote carmelita^ que afirmaba, siendo como era mé-
dicoj que la Vírjen María después del parto padeció el
achaque de las demás mujeres. Se preciaba de fornica-
rio i diciéndole un testigo que mirase que no le casti-
gase Dios quitándole sus órganos jeni tales, respondió que
primero le quitase la vida o ambos brazos. I diciéndole
que por qué no pedia a Dios misericordia, respondió en
téiTninos desvergonzados, que primero queria hartarse de
la mujer i después lo pediria; que se jactaba de haber
conocido carnalmente en la Paz mas de trescientas sesenta
mujeres, i que muchas veces revestido para decir misa,
alzaba los ojos a un Santo Cristo i decia: >>Dios mió, en-
viadme tal, que es el vaso púdico de la mujer; que estan-
do en Turquía se había casado por fuerza, etc. n Su madre
hahia sido prima de Machiavelo, i éste le habia ordenado.
Había viajado por Italia, Francia, España, i después de
haber sido preso de los ingleses en Santa Marta, pasó a
Nueva Granada, Quito, La Paz. Cuando le prendieron por
el Santo Oficio se encontraba en las minas de Puno,
Salió sin cinto ni capuUa, descalco, en fonna de peni-
tente, con una vela de cera en las manos, con sambenito
de paño amarillo de media aspa colorada, abjuró de sus
errores i salió desterrado para ir a presentarse a Sevilla,
Francisca de Bustos, natural de Cuenca del Perú, de
cuarenta i ocho años, española, soltera, aunque madre de
un hijo, fué testificada de decir que tenia gracia de Dios
para curar; de que descubría algunas cosas secretas, dicien-
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192 LA INQUISICIÓN DE LIMA
do se las revelaban ángeles; de que sacaba ánimas del pur-
gatorio, como San Francisco, i de pecado mortal a los que
estaban en él, por gracia de Dios, etc. Salió con coroza,
hábito, insignias de penitente, abjuró de levi i fué desti-
nada a servir cuatro años en un hospital.
Era el tercer reo el preceptor del hijo del Virei, el doc-
tor don César de Bandier, alias Nicolás Legras, de edad
de sesentíi y siete años, »*frances de nación, natural de
Chancuela, pueblo del arzobispado de Sans, en Borgoña
la Baja, en el reyno de Francia, sacerdote y médico; pasó
a las Indias y vino a esta ciudad de Los Reyes el año de
sesenta y uno, por médico del virey Conde de Santisteban.
Ocultando era sacerdote, incorporóse de doctor en esta real
universidad, y se ha ocupado en la curación de los enfer-
mos, y apostatando de nuestra santa fe cathólica, ha pro-
fessado la ley natural, teniendo por Dios a la misma na-
turaleza de las cosas criadas.
•»Han declarado contra este reo cinco testigos, el primero
es un herege calvinista que está reconciliado, ingles de
nación, de mas de veinte y cinco años; el segundo, un fran-
cés, de veinte y tres años, que asímesmo está reconcilia-
do; éste vino voluntariamente y confesó sus delitos y los
ágenos, en distintas audiencias, muy por estenso. El ter-
cero es otro francés, de mas de veinte y cinco años, que
actualmente está en cárceles secretas; el cuarto, francés, de
oidas, de mas de veinte y cinco años; el quinto, de edad
de diez y ocho años, persona de suposición y crédito, a
quien el reo enseñó gramática.
»iLos tres primeros declaran latísimamente, y se redu-
cen en sustancia sus dichos a los casos y proposiciones
siguientes, y en muchas dellas contestes de un mismo
acto.
«•La primera que ocultó mucho tiempo en su ser\dcio,
al ingles calvinista, y le decia que guardase su ley, pero
que confessase y comulgase por disimularse a sí y porque
a este reo no le viniese daño de tenerle en su compañía.
«'Que Cal vino habia sido gran hombre, pero que habia
errado en no haber hecho república aparte, como Olanda
y Xinebra. Que los cathólicos romanos y los que no lo
eran, estaban errados, porque no habia cido ni infierno,
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CAPÍTULO XX 193
m mas Dios que la misma natüraleíza de las cosas, que en
ella se encerraba todo, y que muriendo los hombres, mo-
ñan sus aloaas o paraban en la misma nataralo^sa y su
eternidad.
i^Que si hubiera de haber infierno, había de ser para los
reyes y poderosos, para clérigos y frailes, que sustentan
del trabajo ageno; que no se debía eomer eame m sangre,
sÍQ)o yerbas, ^omo comen los demás animales, mientras no
instase la necesidad y los achaques y enfemoedades.
»»Decia de ordinario que para qué se ha de prohibir a hom-
bre juntarse con la mujer que Diosi^ la natural^a, la crió
para eso, y a cada uno dio su miembro para aquel efecto,
esplicando ésto con palabras deshonestas.
"Que era invención digna de reprobarse la sugecion al
rey y al papa, y el confesar a otro sus flaquezas, y que
nuestra ley evangélica al principio era suave, pero San
Pablo, con un espüitu de contradicion, la echó a perder,
prohibiendo la pluralidad de mtigeres, y dandaltigaraque
hubiese monjas y frailes, con que se impide la procreación.
i^Háse declarado con estas tres personas en distintos
tiempos y ocasiones, que no guarda la ley de Christo núes-
tro Señor, ni la de Mahoma, ni la de Moyses, refiriendo
al intento estos versos: quoa vos est élamet poretis et
Chi^tus asellits, his sai aprincipis, est tibi mundi sodus
{sic)\ que solo guarda la ley natural, persuadiendo la guar-
dasen, porque no hay mas Dios que la misma naturaleza, y
que muere la alma con el cuerpo, y así dijo: Aristóteles,
post mortem est quodjuit antea.
"Que no hubo Adán ni diluvio, ni ha de haber resurrec-
ción de la carne, ni hay diablos, ni brujas, ni Christo fué
Dios, ni está en la hostia, ni su santísima Madre fué vir-
gen, que Lázaro no resucitó, sino que fué un embuste que
se hizo para engañar, y que la que llaman estrella de los
magos fué un cometa de los ordinarios, y los christianos
han levantado el embuste de que era estrella^ y por
Christo.
"Que entre las leyes la menos mala era la de Mahom^a,
porque se llegaba mas a la natural, permitiendo seis mu-
geres, y así se habia de señorear de todo el mundo, que la
TOMO II 13
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194 LA INQUISICIÓN DE LIMA
fornicación, era cosa natural, como el escupir, orinar y ex-
crementar.
"Decia de ordinario quando se enojaba o quería asegu-
rar algo, que renegaba de Dios Padre, de Dios Hijo y de
Dios Espíritu Santo; y diciéndole uno destos testigos en
una ocasión, que temia a Dios, le respondió qué Dios, qué
te ha de hacer Dios? perro tonto, métete fraüe.
"Jactábase de que habia sido amigo de Lucilo, un he-
rege que quemaron en Tolosa, de Francia, y que habia
leido sus escritos, que fué gran hombre, y que éste decia
que la amistad que tuvo Ohristo nuestro Señor con la
Magdalena fué mala.
«'Decia que la mayor parte de este reyno, y personas
graves y religiosas creian lo que él creia, y que si lo pren-
diesen en la Inquisición, solo sentiria la prisión y molestia
della, no la muerte, porque con ella cuerpo y alma acaba-
ban, y que tenia prevenida una salida, y era que lo que
decia era como historia, refiriendo lo que Aristóteles decia
y otros, pero que él no lo creia.
'•Trató de fundar nueva secta con título de religión
christiana, que así se habia de llamar, y en ella todos serían
médicos, para que curasen por todo el mundo y en todas
las naciones, y reducirlos por este medio a la ley natural;
y de algunas de sus constituciones que se hallaron entre
sus papeles, se infiere haber sido éste su intento, porque
corresponden en sustancia a muchas destas proposiciones
y casos referídos.
"De ordinario procuraba apoyar lo que decia en detes-
tación de nuestra santa fe catholica, con algunos casos que
fingia y se han espresado en la acusación, y con estas di-
ligencias persuadió a los dos franceses a que se apartasen
della, y se redugesen a la creencia de la ley de naturaleza,
en que estuvieron mucho tiempo, como han confesado, has-
ta que uno de ellos vino voluntariamente a denunciar de sí
mismo y de este reo, y el otro que actualmente está en
cárceles secretas, en discurso de sus declaraciones lo tiene
confesado.
««Determinóse su prisión a diez y nueve de mayo deste
año de sesenta y seis por dos Inquisidores, el Ordinario y
dos consultores, todos conformes n; fué preso en veinte de
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CAPÍTULO XX 195
dicho mea y año, con secuestro de sus biencSj que alcan-
zaron a cerca de veinte mil peaos.
liPrimera audiencia se dio a este reo en 20 de marzo
de 1666, juró en forma de decir verdad en estas y en to-
das las demás que se tuvieren con él hasta la declaración
de BU causa, y declaró llamarse Nicolás Legras, habién-
dose puesto en la pila juntamente el nombre de César, y
demás del apellido de Legras, el de Baudier, por su agüe-
la materna, y en diferentes provincias ha usado con dife-
renciíis de nombre i apellidos, que es natural de Chanque-
la, pueblo del ar9obispado de Saur en Borgoña la Baxa,
del rey de Francia, de edad de sesenta y siete años, sacer-
dote, profesor de medicina, doctor incorporado en esta Uni-
versidad de Lima; dio genealogía de padres i agüelos chris-
tianos viejos, naturales de Chanquela, y que no es cierta
una información que se hallará en sus papeles de ser na-
tural de Rad, del condado de Borgoña del Rey de España,
hecha con falsedad en Cádiz, con testigos ante un escribano,
por librarse de pagar la fiírda y otras vexaciones, y que él
y sus ascendientes trasversales no han sido castigados ni
presos por el Santo Oficio; que es baptÍ9ado en la parro-
chia de Chanquela, y confirmado por el obispo de Tragea-
sÍ8, y como christiano que es, confiesa y comulga cuando
lo manda la Santa Madre Iglesia, y en pasquas y en dias
de su devoción, y últimamente por la pasqua de resurrec-
ción próxima pasada, confesando en la Compañía con un
padre que refirió, y comulgó en la Iglesia mayor; santiguó-
se y no supo persignarse, por decir que en su tierra no se
enseña sino solo santiguarse; dijo las cuatro oraciones en
latin bien, pero no los mandamientos, ni los artículos, y
dio noticia de la doctrina christiana, y que sabe leer y
escribir, en griego, en latin, en italiano, en francés y en
español; la lengua griega y la latina aprendió en Provenza
de Francia, y en la Universidad de Paris, artes y medici-
na, y en horas estraordinarias cursó dos años en theología
en la Sorbona, colcjio aparte, donde leyó Santo Thomas;
cursó un poco de jurisprudencia, siendo todos sus maestros
cathólicos romanos; refirió las salidas que ha hecho de Fran-
cia juntas con el discurso de vida; que sus padres fueron
labradores, con muchas haciendas, le alimentaron hasta
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196 LA INQX7ISICI0K DE LIMA
lo« ocho aálps, que le enviaron a estudiar a Provenza^ la
lengua griega y latina y humanidad; pasó a Eeims, don-
de en un colejio de los padres de la Compañía estudió re-
tórica y poesía; fué a Paris y estudió dos años de filo-
sophía, y dos años de medicina, y se graduó en ella; fué a
Eoma, llamado de Jacobo Lambino, francés, su amigo, para
escribir en la dataría del Papa^ donde se ejercitó dos años
escribiendo bulas, y viendo que perdía sus estudios, dejó
aquel exercicio, y siendo de veinte años, pasó a Alemania,
y se halló en exército del Emperador contra el Palatino,
donde recibió la herida, que tiene en la frente una señal,
y comenzó a curar de medicina; vido de paso las univer-
sidades de Praga, Lipsio de Yiena, pasó a Polonia, entró
en Moscovia y estuvo en la corte del Gran Duque, donde
son cismáticos todos y dicen la missa y horas canónicas
en griego, tienen monjes y monjas basilios; la corte se Ua-
ma Mosco y el duque emperador, tiene ochenta mil ca^as,
y arma en las ocasiones seiscientos mil infantes, y dos-
cientos mil caballos: entró éste arrimado al embaxador de
Polonia, por que de otro modo no le hubiesen dexado sa-
lir del reyno; de allí a un año pasó a Suecia, y estuvo en
la corte, que es algo mayor que Sevilla, llamada Utocol,
puerto de mar, casi todos son herejes lutheranos; a los cua-
tro meses entró en Dinamarca y estuvo en Copenhaden,
la corte menor que Sevilla, son todos herejes; pasó a Olan-
da, vido las ciudades principales, la Haya y Abustandan,
y otras, y las de Flandes; entró en Francia por Amiens,
fué a su pueblo y halló difuntos a sus padres en su ausen-
cia de siete años; y en su obispado fué ordenado de todas
órdenes hasta el sacerdocio, a título de patrimonio, sin ha-
berse acordado ni haberle parecido necesaria dispensación
por haber curado como médico, hasta que pasaron catorce
años, que sacó buleto, siendo capellán del duque dé Orlie-
nais;pa8Ó a Marsella, donde se embarcó con dos padrea mer-
cenarios que iban a rredimir captivos, sabiendo que éste
era sacerdote, y ganó mucha plata en la medicina; desem-
barcaron en Ofir, y a dos jomadas entraron en Marruecos,
corte como Sevilla, y el rey intentó que se quedase éste
por su médico; passaron por mar a Salas y a seis jomadas
por tie|i;ra, entraron en Fez, maior dos veces que Sevilla;
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OAPÍTULO XX 197
después a Argel, como Sevilla, y a Túnez, también como
Sevilla! allí se arrimó éste a unos armenios, j j antas tres-
cientas personas por la seguridíid de los caminos, camina-
ron a Etiopía, mas de doscieutas leguas, en Dacan, corte del
Preste Juan, como Madrid; es cismástico, y tiene mas de
cínquenta mugeres, y los clérigos y fray les son todos ca-
sados, dicen missa en lengua hebrea y caldaica, reconocen
al patriarca de Alexandría, señor soberano, con mas de cín-
quenta reynos, conocen a la Santísima Trinidad, a Cristo
Nuestro Señor y a su Madre, tienen el evangelio de Santo
Tome; pero luego confunden la fé con decir que aunque
obren mal se salvan por los méritos de Christo, con otras he-
jias: allí curó dos años, y pasó dos jornadas para ver la maior
maravilla del mundo, que es el monte Amara, que es de
peña cortada en redondo, tersa como jaspe, media legua
de alto, y de circunferencia como de treinta a cuarenta
leguas; no hay mas subida que un^ escalera como caracol
por lo interior de la peña, labrada a martillo, la qual
puerta guardan cuatrocientos hombres, de mas de otros
quatro mil en la parte alta; tiene los mas hermosos árbo-
les, frutas y jáneros, y pájaros del mundo: caudalosos ria-
chuelos qne se despeñan desde aquello alto, dexando dos-
cientos pasos de hueco; allí está el tesoro del Preste Juan,
muchos palacios, y su entierro en un convento de dos mil
monjas basilios: hecho de una sola piedra en todo él en
contorno, labrado con pico y escoplo, y diferentes pala-
cios donde están los hijos del Rey, detenidos porque no
se levanten con el reyno, y en muriendo el rey, traen el
mayor a reynar y los demás viven allí con sus familias
hasta morir; dicen haber sido este sitio donde Adán fué
criado. Passado un año, se fué a la isla de Gormas, que
fué de España, y ahora del persiano; entró en Arabia, tie-
rra del turco, siendo en todas partes bien recibido, porque
no tienen médicos y él los curaba, y se apartó del dicho
monte Amara, que está debajo de la línea del sol, a la sa-
lida de Etiopía, tierra de África; se embarcó en el mar
Bermejo, y aunque corrió por la Arabia, no le permitie-
ron llegar treinta leguas en contorno de la ciudad de Me-
ca, donde está el entierro de Mahoma, como ni a los de-
mas christianoi^> por indignos de pisar aquella tierra, diño
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198 LA INQUISICIÓN DE LIMA
es que renieguen; y caminando como doscientas leguas,
entró en Babilonia, ciudad como Sevilla, que la quitó el
turco al persiano habrá quarenta anos, con lo que peilie-
necia a Babilonia, donde están los rios Eufrates y el Ti-
gris, que se navegan con barcos y van al seno pérsico, y
entró en Yspan, corte del persiano, dos veces maior que
Madrid, mahometano cismático; después pasó al mayor
ymperio, tan grande como el del turco, donde cae el rio
Gaugues, es poderoso, que arma un millón de hombres,
era gentil y ahora la mitad del reyno se ha hecho maho-
metano, y el emperador mayor tiene guerras con el per-
siano y el tártaro, y con otros príncipes que le confinan
por el mar del oriente, que habitan en las provincias de
Cochinchina, gentiles que adoran al sol; y pasó a la ysla
de Goa, ocupada de los portugueses, y allí dijo missa, y
la habia dicho en Yspan y oti:as provincias, en donde ha-
bía cónsules de Francia: allí dijo a los padres el secreto
del vomitorio y se embarcó para las Indias Orientales, y
entró en las tierras del príncipe de Ceilan y Proruco, Su-
matra y otras: estas islas, que son mas de dos mil, con su
príncipe y su gobierno, cada una, y juntas son maiores que
la Europa, y algunas están ocupadas de ingleses, olande-
ses y portugueses, y aquellas naciones son de color loro,
ágiles como monos, cobardes, cercanos a la China y des-
pués a Filipinas, y entró en el puerto Cantón, frontero
de la China, que adoran al cielo, sin entrar dentro, porque
no le dejaran salir, y allí conversó con muchos portugue-
ses y otras naciones y médicos de la China, de donde sa-
len muchos estudiantes médicos a curar a las dichas is-
las y se vuelven quando quieren, y allí se juntó con dos
padres carmelitas, que con unos mercaderes, por tierra,
iban a Europa, y fueron atravesando toda la Cochinchina,
mas de mil leguas, y luego lai Armenia cirquesia, de dife-
rentes príncipes christianos cismáticos, costeando el mar
Muerto, muy profundo, sin olas, con cien leguas de diá-
metro, llegaron a Lepo, ciudad como Sevilla, reyno de
Turquía; entró en el puerto de Alexandría y se embarcó
para Marsella, de Francia, gastando en ver las dichas tie-
rras cerca de diez años; llegó a París como de hedad de
treinta y cinco años, y traya treinta mil pesos que habia
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CAPÍTULO XX 199
ganado: compró el oficio de capellán mayor del duque de
Orlieus, en diez mil pesos, tenia de renta ochocientos, co-
mida y otros provechos, y le decía missay a veces le con-
fessaba y le eutretenia refiriéndole de las dichas tierms,
tratándole de las plantas que tenia en su jardín, de las
mas provincias del mundo: es Orliens como Madrid, trein-
ta leguas de Paris, y le a-sistió seis años, y con la ayuda
del Duque consiguió buleto para curar, y le significo el
designio que tenia de fundar una Academia francesa para
enseñar en lengua vulgar de Francia la philosofía, ma-
temática, artes liberales y^los exercicios necessarios para
los caballeros, de esgrimir, subir a caballo, jugar las armas
y todo lo militar, para bien de los hidalgos franceses y es-
trangeros que van a aquel reyno de el de Suecia, Polonia,
Alemania, Inglaterra, Flandes y otras partes, como se en-
seña en otros reynos, en el tiempo antiguo en Grecia, en
los árabes, en Roma, en sus lenguas vulgares, con que Flo-
rencia, mas que otros el reyno de Francia, y aunque pa-
reció bien al Duque y al Consejo de Estado, donde lo pro-
puso, no hubo efecto para fundar las cátedras y escuelas.
En este tiempo el cardenal Rocheleu alcanzó del rey para
fundar y tener una ciudad en un pueblo y castillo fuerte,
donde nació, de su patrimonio, nombrado Rochileu, en
que conservaba su antigua nobleza, está en medio de Fran-
cia, sesenta leguas de Paris; y en su obsequio, cien gran-
des y príncipes de Francia fundaron cien palacios en la
nueva ciudad, que hoy poseen los duques de Rochileu,
sus herederos; propuso éste su Academia al dicho Carde-
nal en la nueva ciudad, para grandeza de ella, y el carde-
nal lloró de contento y alcanzó del rey que una abadía
de treinta mil ducados de renta se aplicase para los gas-
tos de la Academia, y embió a Roma por la confirmación,
y aunque se opusieron a ello los monjes benitos, vino un
consejero de Estado y puso en posesión a los catedráticos,
y a éste por director y intendente de la Academia, y se
comenzó a enseñar en la lengua vulgar; pusiéronse en las
caballerizas cinquenta caballos de la Andalucía y Barba-
ría, y el primer año hubo doscientos caballeros estudian-
tes que reconocieron la utilidad y el tiempo que perdieron
en estudiar la lengua latina; el segundo año hubo cuatro-
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200 LA INQUI8IOI0N DE LIMA
cientos iBstudianteB, y los días de fiesta coBsCunrierop cien
estudiantes a caballo en la plaza, en que liabia quarenta
príncipes estrangeros, doscientos piqueros y doscientos
mosqueteros, concurriendo a ver la escaramuza de diez y
doce leguas en contorno, y aunque el cardenal tenia pre-
venido renta de imprentar, molinos de papel, con el pri-
vilegio de que no se pudiese fabricar en otra ciudad, se
descompuso todo, y la abadía con la muerte del Cardenal,
y éste perdió quarenta mil ducados que allí había gasta-
do su patrimonio, que vendió, y lo que liabia ganado en sus
dichas peregrinaciones. Pasó a Valencia, ciudad del Delfina-
do, y allí se graduó de doctor, y en el puerto de Marsella se
embarcó con unos mercaderes franceses y fueron a Alexan
dría de Egipto, que después de su ruina tendrá quatro mil
vecinos y la posee el turco; a dos leguas desemboca el Nilo
en el mar, con doscientos passos de ancho; allí se embarcó
y subió el rio cien leguas aniba hasta al gran Cairo, que
tiene quarenta mil valles, quarenta mil templos, quatro
millones de almas, hablan arábigo, casi todos mahometa-
nos, armenios, judíos y griegos, y otras naciones; vivió
tres años en casa del cónsul de Francia, diciéndole missa;
bajó a Alejandría con unos mercaderes armónicos, griegos
y franceses, y allí por el Mar mediterráneo^ por el puerto
de Jope, y de allí por tierra catorce leguas a Jeruzalen,
lugar como Córdova de España, cabeza de reyno, con su
rey; vivió con unos mercaderes franceses cristianos, dijo
misa en el sepulcro, eu una capilla del santo, en la Iglesia
de la Resurrección, que es mayor que la dé San Pedro en
Roma, allí estuvo un mes, y curó al baxa Mehemet, que
después le embió a curar a un hermano suyo baxá de
Damasco, distante treinta leguas; en medio está el Jor-
dán, tan ancho como el Guadalquivir debajo de Córdo-
va, y se bañó en él seis dias, dos veces en cada uno, y
el agua por lo suave y delgada obró con él un prodigio
de enderezarle un dedo manco, y no le hubieran permitido
bañarse si no fuera por el genícero que llevaba, porque
los que concurren del Mogor Persia y otras partes ae ba-
ñan una sola vez en el año, pagando un grande tributo
al baxa; y estuvo quarenta dias en Damasco, ciudad como
Madrid, y a una jomada» baxó al puerto de Cayde, y ae
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CAPÍTULO XX 201
embarcó para Eatimiraa, puerto de Efeso, dónela fué obis-
po &in Juan Evangelista, es del turco y tiene padres ca-
puchinos y jesuitas; después se embarcó con unos merca-
deres para Constantinopla, ciudad mayor que Madrid seis
o siete veces, ccwrte del gran turco, con un admirable puer-
to; allí asistió tres años curando a loe religiosos cristianos
y a las soltans, que son mas de seis mil, que hay en su
palaciOj que es mayor que Lima, con mas de cincuenta
jardines, donde no entra otro hombre mas que los eunucos
que son negros todos, y aunque les cortan todas sus par-
tes verendas no se mueren, mostrando la experiencia
que los blancos se morian; curó al gran turco de la ceáti-
ca, con purgas y una ventosa zagada; el cual le envió a
curar al despote de Bodayna, reyno de Grecia, su tri-
butario, griego cismático, distante doscientas leguas, na-
vegando el Danubio desde Constantinapla una jomada
entra en el Mar Negro con quatro bocas, cada una de an-
cho de una legua; hizo la cura y volvió a Constantinopla,
donde cansado de curar peste, que allí casi es continua, se
embarcó dé secreto en un navio ingles para Lisboa, lle-
vando cincuenta- mil pessos en diamantes, perlas y otras
cosas, y presentó una lámpara a Nuestra Señora de la
Peña de Francia, que está quinientos pasos de Lisboa; curó
un capitán español de Cádiz, que en un barco suyo trajo a
Castilla mas de doscientos mil pesos en ámbar, almizcle,
algalia, canela, clavos, pimienta y otras drogas, y éste se
embarcó con su caudal, oro y joyas; vinieron costeando^
entrando el capitán en cada puerto que quería; llegaron
a Arenas Gordas, donde tenia trato el capitán para entrar
los dichos géneros en dos galeones olandeses, para que
de noche los metedores entrasen los dichos géneros en la
ciudad; no hallaron los navios, por que habian ido a hacer
aguada, causa de su ruyna, por que el viento sur echó
el barco a una ensenada a vista de San Lúcar. donde fue-
ron dos barcos luengos del Consulado, y conociendo que
eran de contrabando, lo rindieron, matando quatro de do-
ce que iban en él, y el reo quedó desconcertado la claví-
cula del hombro derecho, y de aquella riqueza levantaron
las dos partes, echando a el mar cuantos papeles halla-
ron, por que no se pudiera probar el hurto, en que perdió
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202 LA INQUISICIÓN DE LIMA
el reo su caudal y treinta libros suyos manuscritos de los
secreptos, gobierno, leyes, costumbres y medicamentos
de las naciones referidas, que habia visto sus títulos de
sacerdote, y el dicho buleto, y solo pudo reservar algunos
pocos libros, y entre ellos el de los rudimentos de la len-
gua francesa y la academia ruchilania, y a media noche
les echaron a tierra, encargándoles que negasen que ha-
bian estado en Lisboa, porque les darian tormento; el
reo pasó a Cádiz, donde se curó, y amparado del doctor
Valenciano, en quatro meses ganó quatrocientos pesos,
y hizo una fé falsa de su baptismo y una información de
testigos supuestos de que era borgoñon, por librarse de
pagar la farda y de la opresión de los españoles; pasó a
Madrid, donde se revalidó y asistió quatro años con Pedro
Robledo, del orden del oratorio católico, capellán del hos-
pital de los franceses, para con el común, de que el reo era
sacerdote, y el capellán escribió a su general para que le
sacase de Francia sus títulos de sacerdote y buleto para
curar, y el reo se acomodó con el virey íjonde Alba para
ir a México por su médico de cámara, y en el camino
enfermó el reo en Córdova; pasó a Cádiz y a Canarias,
donde estuvo dos años y medio, y se embarcó con el maes-
tro de campo Castrejon, que llebaba ochocientos soldados
a Flandes, y encontrando los ocho navios ingleses, los
llevaron al general, que estaba en Dunas, el qual les dexó
pasar a Burquerque, y unos pescadores de noche píisaron
por seis pesos a este reo a Calez, donde fué descubierto
y le quitaron cien doblones que llevaba en el cuerpo, y
otros escapó que llevaba en una botixuela con jarabe de
retama; fué a Miens, donde estuvo enfermo quatro meses,
después a Paris, donde de quatro meses los dos estuvo
enfermo de terciana; buscó a Simón Pelope, amigo suyo,
banco para Roma, y le halló, aunque con dificultad, por
tener Paris tres millones de almas; le comunicó sus traba-
jos y cómo iba a buscar sus títulos de sacerdote y buleto,
el qual le dixo, que les procuraría y pues que se volvía a
Canarias se los remitiría, porque era su amigo de quaren-
ta años y también lo era del padre y la madre de Luis,
su sobrino; y Pelope le dixo que se truxiese consigo a Luis,
su sobrino, y aunque lo repugnó porque no descubriese a
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CAPÍTULO XX 203
el reo, que era Bacerdote, hasta a tener sus títulos, lo ven-
ció Pelope con que dirían a Luis que el reo era un pasa-
jero y que le llevaría su tio al Peni; assí se executó;
pasaron a Rúan y se embarcaron en Absterdan y entra-
ron a la isla de Tenerife, donde entregó las llaves de su
casa a Luis y recibió carta de Pelope, en que referia ha-
berle embiado por Amsterdan y Cádiz los títulos de órde-
nes y buletos, y que por parecerle que los habia recibido,
se descubrió non su madre de Luis, de que el pasagero que
le habia llevado era su tio, y parecióle a el reo que se lo
escribiría el mismo Luis, pero el reo nunca se ha declara-
do con Luis: y. ambos vinieron, como vino, para la Haba-
na, Cartagena, por haber tenido noticia que habia mucha
falta, y con ánimo de volver a España; allí comunicó al
padre Herrada, de la Compañía de Jesús (que es el que
vino por visitador de las provincias del Perú), y absolvió
al dicho Juan Antonio, calvinista, de la heregía, en confes-
sion sacramental, sin embargo de la qual fué reconciliado,
y el reo se confessaba con él, ocultándole ser sacerdote y
que no rezaba oficio divino, pareciéndole que dexándole
de rezar, no era culpa mortal, porque no decia missa, ni
tenia beneficio eclesiástico, y porque María, criada que él
habia traydo de Canaria, y Luis, confederados, le robaban,
acomodó el padre Valverde, de la Compañía, con él a Juan
Antonio, apressado con otros calvinistas, a quienes predi-
caba para que le sirviesen, y el reo embió a María su cria-
da a Canaria, pagándole su salario, y al despedirse dijo
el reo que se guardase de Luis, porque algún dia le pica-
ría la víbora que tenia en el pecho, y queriendo el reo
paAar al Perú, le dixo el padre Alarcon que truxiese en su
servicio a Juan Antonio, aunque era herege, que el padre
Herrada estaba en el Perú y le reduciría a católico, y pa-
ra este fin lo truxo y aportó a Payta, donde llegó el señor
virey Conde de Santisteban, y le curó de unas tercianas,
y la niña doña Teresa, su hija, de lombrices, por lo qual le
hizo su médico de cámara y bibliotecario y maestro de
gramática de don Manuel, su hijo, al qual ha enseñado
muy bien la gramática, lógica, philosofía moral y cosmo-
grafía, y comunicó el reo con el dicho padre Herrada có-
mo era sacerdote^ sin títulos ni testigo, el qual le respondió
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204 LA INQUISICIÓN DE LIMA
que ya habia paces entre Francia y España, y que se fue-
se a España y que lo conseguiría fácilmente; y el dicho
señor Virey no le concedió licencia para ir ni salir de su
casa, antes le dio el salario y curación del hospital de mi
señora Santa Ana, y le ayudó a incorporarse de dotor en
esta Universidad, y después le pidió licencia para ir a los
píes de Su Santidad y fundar un horden, que habia de
llamar de los christianos, y le mostró las constitu-
ciones (de que se puso una copia en la causa), cuyo ins-
tituto habia de ser curar por Dios y de balde a todo
próximo, gentiles, judíos y moros, hereges, católicos, y en
especial a los pobres, como doctrina de Christo y sus
apóstoles, que así lo hicieron, combertiendo por este medio
mas gentes que con la predicación, y martirium et inr-
tus ex illa exibat et sanahat omnes; pareciéndole que todas
las naciones admitieran esta religión, por llevarles salud
y en todas habría noticia de la ley christiana, y en ellas
seria alabado Dios nuestro Señor, y podria ser medio para
que fuese untts pdstor et untes ahile, y éste lo ha visto en
la esperiencia, en diversidad de tantas naciones, que esti-
man mas un médico o un cirujano que a los religiosos y
sacerdotes; siendo así que en la yglesia de Dios, falta este
instituto de la curación de balde, estando imitados los
demás de pobreza y predicación, ete., y se hallará en sus
papeles escrito este instituto y las rabones de precepto de
Christo: cúrate injirmos gratis acepistis gratis dater su-
per eg7*os manus imponens et hene hahehunt (sic); y San
Barttolomé combirtió a un rey y reyno, curando al hijo
del rey, sin querer recibir la paga; y habiéndolo entendido
el Conde de Santisteban, por menor, leyéndole en presen-
cia del padre ^Bartolomé Onesia y del padre Saavedra,
que dieron parecer ser inspirado del Espíritu Santo, y que
le amparase su Excelencia, porque no le pidiese Dios
quenta de ello; el Conde tomó a su cuidado favorecer este
negocio, y escribió a su Santidad y a algunos señores car-
denales, y al embaxador de España, de que se guarda rea-
puesta, y le dijo que no era necessario su viage a Roma,
y le permitió vestirse de hábito clerical, por la mayor de-
cencia; vino cédula del Consejo de Indias, negando la
fundación y resolución de eUa, de haber escrito a Boma*
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cijpfrüiiO XX 205
ú haber prin^ero penniso de su Mage^tt^ IWfiíid este T6p<
la entrada que tuvo en su casa el dicho Pedro^ segumlo
testigo de su causa, con ocasión de abrirle unas Uminas,
por ra^on de las dichas constitucionesi con^i^ndo y cenan-
do con el reo, por ser pobre, y por el agasajo que el reo te
monstrabí», se malquistó con él Luis, su sobrino, y Pedro
le reveló cómo Luis le robaba, y el reo no teni^ de Pedro
otro conocimiento mas de haberle dicho algunos paisan<^
que era un mozo fuerte y peleador, y que W sfibia cual
era la causa de su prissionn.
Habiéndose resuelto se le diese tormento, se le llevó a
la cámara, i pi^iesto el reo en la cincha, pareció tener una»
fuente en el brazo izquierdo, i comenzándole a dar la pri-
mera vuelta, respondió, «i quedándose el feo en la cincha
y ligado los brazos, u por espacio de tres cuartos de hora»
o como decian los jueces> "durante cuatro credos,» que lie
desatasen i que iría declarando, en lo que vinieron, de^
jándole sentado en el banquillo^ Después de sus declarar
cioues, en otra audiencia, el reo «^con humildad y de rodi-r
Uas pidió misericordia. II
"Votóse esta causa en definitiva por dos Inquisidores,
el Ordinario y dos consultores, en cinco de setiembre de
1667 años, y todos fueron de parecer que este reo era
apóstata, herege de nuestra santa fee católica, observante
de la ley natural de Aristóteles y de la perversa de Epi-
curo, fautor y encubridor de hereges, y estar incurso en
su sentencia de escomunion mayor, y que sus bienes de-
bian ser confiscados y aplicados desde el dia que comenzó
a hereticar, a quien de derecho perteneciesen, reservando
su declaración a este Tribunal, y que el reo sea admitido
a reconciliación y salga a auto público de fe, en cuerpo,
sin cinto, ni bonete, descalzo, con sambenito de dos aspas
coloradas y una vela de cera verde en la mano, y allí le
sea leyda su sentencia con méritos, abjure formalmente
sus errores y toda especie de heregia, y hecha la abjura-
ción, sea absuelto y restituido al gremio de la santa fee
cathólica y sacramentos de ella, y que debe ser condena-
do en sambenito, cárcel perpetua, en degradación verbal,
destierro perpetuo de estos reynos del Perú y villa de
Madrid, y remitido a la Inquisición de Sevilla, y eatre
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206 LA INQUISIOION DE LIMA
tanto que haya armada viva con reclusión en la cárcel de
penitencia, oyga los dias de fiesta missa y sermón, quan-
do le hubiere en la iglesia catedral de esta ciudad, y vaya
los sábados en romería a la iglesia de San Francisco y reze
cinco veces el Pater Noster y Ave María, credo y Salve
Regina, de rodillas, se confiese y reciba los sacramentes de
la Eucaristía en las tres pascuas de cada año, y quede in-
hábil para qualesquiera dignidades y oficios, y no trayga
oro, seda, paño fino, armas, ni ande a caballo, ni cure en
público ni en secreto, sin imponerle otras penas de gale-
nis y azotes por su edad y estado; y su sambenito, con el
nombre y patria, sea colocado en la iglesia catedral.
•» Sentencióse esta causa en conformidad de los dichos
votos en auto público particular en la iglesia de esta In-
quisición, sábado por la mañana, ocho de octubre de seis-
cientos sesenta y siete años; hizo el reo la abjuración y
fué absuelto en diez del mismo octubre; en audiencia se
le volvió a leer la dicha síbjuracion, y fué advertido que
volviendo a caer en algunas heregías, incurriría en las penas
de relapso; hizo el juramento de secreto y aviso de cárce-
les, y amonestado, fué entregado al alcayde de las cárceles
donde se hacia la penitencia.
"La república y pueblo de Lima se inquietaron contra
este reo, de forma que aun personas de virtud y capacidad
se apercibían para quitarle la vida en saliendo a la calle,
por lo cual parecía conveniente que él ni los demás de
sambenitos saliesen a la calle en mas de dos meses, y des-
pués salieron con el recato y resguardo necesario. El Arzo-
bispo de Lima pidió las dos imágenes offendidas^^ de Chris-
to Nuestro Señor Crucificado y su gloriosa madre la Virgen
María de la Soledad, de pintura y cuerpo entero, para co-
locarlas en el monasterio de Agustinos descalzos, donde
tiene su entierro, y habiendo el Tribunal venido en ello, se
reconcilió el grande aparato que prevenía el Prelado para
recibir las santas imágenes, y pareció conveniente entre-
gaUas con toda veneración; pusieron el Santo Cristo en
21. Se referían con esto los inquisidores al dennncio qne se hisso de
que Bandier había insultado i amenazado con un cuchillo a esas imá*
jenes.
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CAPÍTULO XX 207
unas ricas andas de plata, y Nuestra Señora en otras an-
das de flores contrahechas, de grande estimación, con sus
arcos, y en una solemne procesión mui devota y tierna, de
muchas lágrimas, en que llevé el Santísimo Sacramento
en un viril, en mis manos indignas, (dice unos de los minis-
tros) concurrieron todas las religiones, nobleza y numerosa
plebe, despoblándose para venir a verla los lugares circun-
vecinos, se llevaron las imágenes desde la iglesia de nues-
tra capilla a la de Santo Domingo, en una tarde y dia glo-
rioso para la Inquisición, en que salieron los ministros con
sus insignias y luces en la mano, como la numerosa mul-
titud que llevaron las varas del palio; los calificadores can-
tando el Te Deiin laudcmms, himnos y psalmos, las calles
limpias, colgadas con tantas rosas, claveles y flores que
arrojaban de las ventanas y techos, que parecían estar al-
fombradas; a tiempo iba cada uno de los Inquisidores a in-
censar al. Señor Sacramentado. El dia siguiente volvió el
Tribunal a Santo Domingo, cuya yglesia estaba maravillo-
samente adere9ada con frontales, platas de martillo en los
altares, con muchas colgaduras, adornos y muchas luces,
donde se dijo una missa cantada y predicó el prior del co-
lejio de Santo Thomas; a la tarde del mismo dia fué el di-
cho Prelado, de pontifical, muy devoto, acompañado de
los cabildos, y eclesiásticos y seculares, y en una solemne
procesión, y llevó las santas imágenes desde Santo Do-
mingo a la Catedral, donde las tuvo con muchas luces y
les hizo tres fiestas con muchas misas y sermones, y des-
pués de una procession mas solemne que la del dia del
Corpus Christi, en que llevó en sus manos el Santísimo
Sacramento, concurriendo a ella la Real Audiencia, que
gobernaba por muerte del Virey, los tribunales, cabildo
y clerecía, religiones, cofradías y todo el pueblo, adorna-
das las calles con ricas colgaduras, muchas dan9as y lo
demás, y fuegos dignos de verse por sus artificios; y ser
larga la distancia, y los muchos años del ar9obispo, des-
cansó en la capilla de la iglesia de la Inquisición quando
pasó por ella: puestas las santas imágenes en el monaste-
rio, les celebraron personas devotas a porfía un octavario
con sus misas y sermones, y las que no tuvieron lugar, se
fueron a celebrar a otras yglesias donde habia imágenes
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208 LA INQUISICIOÜT DE LIMA
de Nii«9tra, Señora de U Soledad Digno es de referirse
que en tanto. gíMSito de ceora y adorno, no se hizo ninguno
en la Inquisición. Paa:eció referir este suceso por el placer
q^e Nuestra Alteza tendrá, y para gloria de la Divina
Majestad. 11^
£1 cuarto reo erii Luis Legras, alias Ltiis Orandier, so-
brino del doctor y preso juntamente con él, al cual se
declaró hereje^ apóstata, observante de la ley natural»
ateísta, fautor y encubridoí de herejes, se le confiscaron
sus bienes, y se condenó a que saliese en auto público, en
cwirpQ, descalzo, en forma de penitente, con sambenito de
dos aspas coloradas, vela de cera verde, abjurase devehe-
mentí i fuese reconciliado, desterrado perpetuamente, lle-
vando el sambenito dos años, sin poder cargar en su perso-
na, oro, seda, paño fino, ni andar a caballo.
Poco después resolvieron también los inquisidores las
causas de Francisco Bamirez de los Olivos, natural de Li-
ma, jesuíta, de setenta años, testificado de solicitante por
seis de sus confesadas, a quienes pedia que le tratasen con
mucha llaneza. Declaró que nunca habia conocido mujer
i que si alguna vez habia hecho levantarse los vestidos a
algunas, habia sido *»para ver la naturaleza por donde pa-
ren los hombres, pero que fue por curiosidad y ver lo que
no habia visto, h
Juan Ruiz, mulato, por casado dos veces, i Francisco de
Valbuena, mestizo, por lo mismo,lo5 cuales salieron en au-
to público particular en la capilla de la Inquisición,
Juan Ignacio de Atienza, de Sevilla, de cincuenta años,
soltero, que andaba en hábito clerical, que se decia hijo
de Felipe IV, profeta de Dios, que habia de ser pontífice,
i que habia enjendrado hijos sin conocer a sus madres por
un modo que llamaba per noctámbulos^ al fin fué dado por
loco.
Entendían también por ese entonces en el proceso de
frai de Juan de Vargas Machuca, natural de Sevilla, que
habia tomado el hábito de relijioso franciscano en Pana-
má, i profesado en Lima, maestro por su Jeneral, de edad
22; Oopia ék ¡a causa que S0 ha celebrado contra Nicelae Le^ras^ títc.y
Hfaro 760) folio 79.
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CAPÍTULO XX 209
de sesenta años, que habia ido tres veces a España i dos
a Roma, yendo en la segunda preso por orden del Rei,
quien, por cédula oficial lo habia recomendado a la vijilan-
cia del Conde de Santisteban como sospechoso de intelí-
jencias con los enemigos de la real corona. Fué acusado
por diez testigos, que depusieron contra él^ entre otras co-
sas, que xdecia publicamente que las reliquias que tienen
los padres de la Compañía de Jesiis son huesos de gallinas
y de osarios y sepidturas, y que destos se venden muchos
en Roma, y que el sancto ligiuirn cimcis que tenian di-
chos padres no era sino un pedazo de azabache, y las de-
mas reliquias eran falsas. Que su vivir ha sido y es escan-
daloso, que no dice misa, ni la oye entre año, ni acude al
coro, ni reza las horas canónicas, come carne los dias pro-
hibidos, está continuamente amancebado, con nota y es-
cándalo de su religión, y a una amiga suya, en jueves
santo, la prohibió no se confesase, dicicndola que quien lo
queria a él, no se habia de arrepentir.fi
Mandado meter en cárceles secretas, con secresto de
de bienes i papeles, fué después trasladado a la Recolección
de su Orden en Lima.
Pertenece también a esta época un ruidoso suceso ocu-
rrido en Trujillo por los años de 1 681. Habia en aquella ciu-
dad un convento de monjas, cuyos confesores eran los fran-
ciscanos, i como se dijese un dia que algunas de aquellas
estaban endemoniadas, ocurría el pueblo a verlas i sacerdo-
tes a examinarlas. Allí era de ver las contorciones, jestos i
saltos que hacían las poseídas, i de cómo hablaban en latin i
respondían por su boca los demonios tales i cuales. Pero no
faltó un jesuíta travieso que persuadido de que todo aque-
llo era una bonita farsa para encubrir hechos escandalosos,
que bien pronto habían de traducirse en resultados ... se
presentase también a exorcisar a alguna de las endemo-
niadas. De paso para el convento, metió en una bolsita
que llevaba de antemano preparada, un estiércol de caballo
que encontró en el camino; hizo Uamar a una de las monjas
que parecía mas atormentada, i colgándole al cuello la bolsi-
ta le dijo que bien pronto había de sentirse aliviada, pues
allí se contenia una reliquia muí milagrosa que estaba des-
tinada a obrar maravillosos efectos en casos semejantes;
TOMO 11 14
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210 LA INQUISICIÓN DE LIMA
i así fué, en efecto, porque bien pronto la dama dijo sen-
tirse mui mejorada.
Con el informe que el jesuita hizo al Santo Oficio, se
mandó prender a dos de las madres i se cambiaron los
confesonarios^.
23. Las monjas fueron presas en 5 de setiembre de 1681 i el 16 del
mismo mes el Tribunal remitió a España el proceso i todos sus antece-
dentes; pero no consta cual fuese el resultado.
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CAPÍTULO ni
Relaciones de los Vireyes con los Inquisidores. — ^Miembros del Tri-
banal. — Retardos qne sufren las causas. — Diferencias entre los In-
quisidores. — Causas de poligamia. — Otros procesos. — Reos despacha-
dos en la Sala del Tribunal — Causas de hechiceras. — Pedro Gutié-
rrez encíiusado por judaizante. — José de la Cruz intenta fundar
nueva secta. — Otros procesos. — Reos penitenciados desde 1707 hasta
1713. — Causa del jesuíta Martin Morante. — Id. de José de Bnendía.
— Procesos seguidos a otros relijiosos. — Id. contra brujos o hechice-
ras. — Reos despachados desde 1713 hasta 1721.
El virei, Duque de la Palata, que llevara su desden por
el Santo Oficio hasta negar a sus ministros la visita que
era de estilo, tuvo por sucesor al Conde de la Monclova,
tan afecto, por el contrario, a las cosas de la Inquisición,
que no contento con ir en pefísona a cumplir con aquella
ceremonia, se hizo acompañar para ella de toda su fami-
lia, gastando largo tiempo en examinar las oficinas i salas
que podian verse; deprimió en algunas ocasiones la auto-
ridad de la Audiencia en obsequio del Tribunal i aun lo-
gró que mediante sus empeños, se leyesen en la Catedral
los edictos de la fe, siendo que por las diferencias ocurri-
das con el Cabildo Eclesiástico, hacia cuarenta años a que
no se cumplia con semejante formalidad.
Veíase así, como bien lo reconocían los Inquisidores,
que cuando contaban con el apoyo de los Vireyes, que
por la suma de poder que investían dentro de los límites
de los teiTÍ torios colocados bajo su dirección, en nada in-
ferior al del mismo soberano, luego cobraban vuelo; i que
por la inversa, cuando la voluntad de aquellos les era des-
favorable, estaban obligados a guardar mas miramientos
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212 LA INQUISICIÓN DE LIMA
a todo el mundo i proceder en su oficio con mas cautela.
Por esto, decia Várela, i con razón, n cuanto crece y ha
crecido en estos reynos la veneración a este Tribunal, por
providencia divina, para exaltación de nuestra santa fe,
tanto ha crecido la envidia de los otros, y el escudo de
todas nuestras defensas le hemos labrado de los auxilios
de los Vireyes.11^
Por el mes de abril de 1701, falleció en el pueblo de
Sinsicapa, del obispado de Trujillo, José de Burrelo, que
venia como inquisidor, i en agosto del año siguiente, Vá-
rela, que hacia de mas antiguo; quedando solos en el des-
pacho Gómez Suarez de Figueroa, i como fiscal, Francisco
de Ponte i Andrade, hallándose ambos en el mas deplora-
ble estado de salud. Suarez, desde 1697, en que habia lle-
gado de Cartajena, donde, como hemos dicho, habia per-
manecido siete años a cargo de aquella Inquisición, ade-
mas de su avanzada edad, solia sentirse tan apretado del
asma,. que en dos ocasiones estuvo sacramentado, sin en-
contrar mas remedio a su enfermedad que abandonar la
ciudad i salir a buscar en sus inmediaciones clima mas
favorable.' La situación del fiscal era todavía peor. Desde
que llegara a Lima le habia postrado la gota de tal suer-
te que en noviembre de 1704 se contaban veintidós meses
a que no salia a la calle i catorce a que no bajaba de sus
habitaciones al Tribunal. ^'
Con esta situación de los ministros, el despacho de las
causas no solo sufría retardos, sino que a veces se parali-
zaba por completo, i aunque las de fe no eran por enton-
ces de consideración, con motivo de un breve de Alejandro
VII i un auto del Consejo de 26 de diciembre de 1666, que
radicaban el conocimiento, tanto de las fiscales como de
las de patronatos de censos en la Inquisición, los negocios
civiles sobrepujaban ya a los del mismo orden que se tra-
mitaban en la Audiencia, siendo el valor de los censos en
la ciudad i cinco leguas en contomo de cerca de millón i
medio de pesos.^ Por estas circunstancias, manifestaba
1. Carta de 25 de febrero de 1700.
2. Id, del Arzobispo de Lima de 17 de setiembre del mismo año,
8. Id, dé Ponte y Andrade de 22 de noviembre de 1704.
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CAPÍTULO XXI 213
Suarez de Figueroa al Consejo que se requerían en lo de
adelante ministros versados, de proporcionada edad, sa-
lud i fuerzas, que pudiesen aplicarse con eficacia al despa-
cho de tantos asuntos.
La resolución que esta advertencia mereció no fué, sin
embargo, de las mas acertadas, ascendiéndose a inquisi-
dor a Ponte Audrade^ i nombrándose en su lugar a Gas-
par Ibañez de Segovia, que habia píisado al curato del
Callao, después de servir el de Chilca, ndonde me retiró,
contaba, el deseo de abandonar el arduo camino de escue-
las y cátedras, que seguí por espacio de veinte años, vis-
tiendo la beca de colegial mayor de San Felipe el Real de
Lima, donde fui dos veces su rector, y desde donde obtuve
la cátedra de Digesto viejo en esta Real Universidad, que
regenté por tiempo de mas de diez años y dejé por lograr
el estado sacerdotal que ansiosamente deseaba, en mas
quietud que permite la turbulenta fatiga de la palestra
literaria, n
Junto con estos nombramientos entró la zizaña .en el
seno del Tribunal. Los títulos de los nombrados eran de
igual fecha, pero Ibañez recibió el suyo de manos de un
pasajero i no por la via ordinaria de los galeones, siendo
admitido en el acto a jurar su cargo. Junto con esto, man-
dó Suarez de Figueroa que se quitase a Ponte Andrade
su asiento en la sala i en la capilla, i que el receptor no
le pagase su sueldo. Llegó al fin el título a Ponte, i como
estaba tullido, hizo que como antes solia acostumbrarlo,
le bajasen en una silla sus criados i que le colocasen al
lado derecho del asiento que ocupaba Suarez, antes de que
alguien llegase a los estrados para presenciar el espectáculo
del mísero estado en que se hallaba. Suarez, que aquel día
tenia anunciado que no asistiría a la audiencia, fué lla-
mado en persona por Ibañez, i entrando al parecer mui
colérico en la sala, comenzó por decir que Ponte ffse baja-
ba al Tribunal sin mas ni mas. n
Estos procedimientos de Suarez no tenían, sin embar-
go, mas objeto que obtener para su amigo Ibañez la anti-
güedad del título, que, ademas de las prerrogativas inhe-
rentes al cargo, le permitiría gozar de un aumento de mil
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214 LA INQUISICIÓN DE LIMA
cuatrocientos pesos de sueldo, de capellanías, limosnas,
dotes de doncellas i de monjas, etc.
I una vez que Ponte Andrade se persuadió de los pro-
cedimientos de que era objeto, no tuvo ya interés alguno
en callar al Consejo la conducta de sus compañeros, i así
le referia: uPara que V. E. sepa qué letrados son los dos,
digo el caso siguiente. El dia 26 de agosto bajé al Tribu-
nal, y sabiendo que estaba pendiente la causa de Alejan-
dro de Vargas, pedí el profjeso para tenerlo visto para el
tiempo de la sentencia: hallé que don Gaspar Ibañez ha-
bía recibido las denunciaciones como inquisidor, por au-
sencia de don Gómez, y luego después pidió clamosa e
hizo oficio de fiscal en la misma causa, y habiéndole di-
cho yo cómo habia hecho aquello, pues habiendo hecho
oficio de juez, no podia hacerlo de fiscal, me respondió
que don Gómez le habia dicho que no importaba. Si esto
hallé en el primer proceso, ¡cómo estarán los demás! El
lugar está desesperado y los ministros del oficio de secues-
tros, porque no hay despacho de lo civil, n*
Las causas de fe, hemos referido ya, no asumian por
este tiempo la gravedad de ocasiones anteriores, siendo
las mas importantes las de poligamia i superstición: ulas
de aquesta calidad son muchas, espresaba Suarez de Fi-
gueroa, y aunque por lo inconexo y singularidad de las
testificaciones, no se hace aprecio de algunas para seguir
hasta definitiva, todas son prolijas, multiplican las tareas
y dan bastante que hacer a los ministros del secreto.^n
Estas últimas que apuntaba el Inquisidor, habían cun-
dido especialmente en el distrito de Quito, de donde el
Obispo escribía que después de tener oríjen en los indios,
habían pasado a contajiar a los españoles por el comercio
i comunicación que tenían con ellos: para cuyo remedio
proponia que la jurisdicción del comisario de la capital se
estendiese hasta proceder al castigo de los delincuentes,
que siendo en la mayor parte pobres, no habia medios
con que costear su remisión hasta Líma.^
4 Carta de SI de agosto dellOl.
6. /i, de 27 de febrero de 1703.
6. Id. de 29 de abril de 1706. La Audiencia de Quito siguió causa
en 1698 i castigó a varias majeras por haber ocasionados varios embaa-
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CAPÍTULO XXI 215
Hé aquí ahora la relación de los procesos de que el Tri-
bunal habia conocido.
En 18 de enero de 1696 fueron penitenciados Bernardo
Gal han, Santiago Pérez, Melf;hor Gallardo, Juan García
Velez, Domingo López i Manuel de Berrocal, por políga-
mos: José Ramírez i Andrés de Bracamonte por testigos
falsos; Juan Salvador i Juan Pradier, por blasfemias he-
reticales.
Petrona de Saavedra, mulata, natural de Guancavelica,
vendedora de leña, de mas de cuarenta años, que invoca-
ba al iiilustrísimo Luzbel, príncipe de las tinieblas, n pi-
diéndole que le sacase de sus empeños con muchas pala-
bras deshonetas, llamando juntamente a Santa Marta,
Santa María Magdalena i Santiago, i encargando a las
mujeres que la iban a consultar que rezasen durante el
acto, treinta i tres padrenuestros i otras tantas avemai'ías.
A otras aconsejaba que en lugar de caricias i halagos, se
pasasen la mano .... i después por el rostro i que así los
hombres las querrían.
Puesta en el tormento, na la primera vuelta dio muchos
gritos, pidiendo misericordia y confesó en parte lo que de
ella se pretendía, y estando pendiente del cincho y carga-
da la prímera vuelta, dando grandes gritos, instantánea-
mente, ni hizo mas movimiento que bajar la cabeza y do-
blar el cuerpo, de calidad que porque no se ahogase,
mandó el Inquisidor y Ordinario al verdugo que le levan-
tasen la cabeza y la quitasen, reconviniendo la poca des-
treza del verdugo y el manifiesto riesgo de que se ahogase,
y habiéndolo hecho así el verdugo, estuvo por gran rato
tes i estafas. La Inquisición que tuvo noticias del caso, reclamó el es-
pediente, que después de varios trámites, solo mereció ver en copia, i en
el cual los calificadores manifestaron que habiendo sido aquella mate-
ria del Santo Oficio, los oidores estaban escomulgados. El Obispo, por
su parte, se quejó algún tiempo mas tarde de uno de ellos, Tomas Her-
nández, por desacato a su autoridad, i de otro, Cristóbal Cevallos, por
haber hecho publicar como milagrosa «una que quiso llamar imagen de
Nuestra Señora de la Empanada, por unos borrones que parecía la for-
maban en un papel en que envolvió una de las que liizo para celebmcion
de sus años, en profano convite de numeroso concurso, propasándose a
calificarla y publicarla por milagrosa, daba culto público con solemnidad
de misa, sermón, festivos repiques.^D etc. Carta de 15 de octubre de 1712,
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216 LA INQUISICIÓN DE LIMA
suspensa; y como reparada de un grande desmayo, volvió
en sí y se suspendió el dicho tormento, con protesta que se
le hizo de proseguirle cada y cuando convenga, y no que-
dó con lesión alguna, ti
En su sentencia, se le mandaron dar doscientos azotes.
Despachados en la sala del Tribunal fueron:
Diego Ruiz Quiñones, por blafemias hereticales; Fr.
Pedro Dávila Tamayo, de setenta i dos años, relijioso de
San Agustin, acusado por veinticinco de sus confesadas
de haberlas solicitado en el confesonario; Fr. Pedro de
Peñalosa, también agustino i procesiido por lo mismo, li-
meño, de cuarenta años, que llegaba a grandes indecen-
cias; Antonio de Castro Osorio, i Ventura CoUí^o, clérigos,
por celebrar en un mismo dia muchas misas i sin estar
en ayunas,; Magdalena Jurado del Campo, i José Quinte-
ro, de Chile, por polígamos; Jorje Castrioto, irlandés, que
habiendo sido abandonado en Juan Fernandez, fué des-
pués llevado a Lima, donde, acusado de hereje nacional,
fué admitido a reconciliación en 1.** de junio de 1695.
Juan Jacinto de Vargas, español, de oficio fundidor,
natural de Lima, que habiéndose denunciado de doble
matrimonio, fué condenado a abjurar de levi i a que por
espacio de dos meses asistiese a visitar enfermos a los hos-
pitales i a rezar el rosario los sábados a la iglesia de San-
to Domingo.
Pablo Maldonado, mestizo, de oficio zapatero i sillero,
que preso en cárceles secretas con embargo de bienes,
confesó haber dado de puñaladas a su mujer para casar-
se con otra; siendo condenado a que saliese en auto pú-
blico de fe, en la capilla de San Pedro Mártir, con insig-
nias de polígamo, le fuese leida su sentencia con méritos,
abjurase de leviy se le diesen azotes por las calles i salie-
se desterrado a Valdivia por cuatro años.
Antonio de Cifuentes Guerrero, negro, de oficio prego-
nero, residente en Potosí i natural de lea, por igual deli-
to fué condenado en penas idénticas i a dos años de ser-
vicio en la Casa de Moneda.
Blas Fernandez, mestizo, natural de Jaén de Bracamo-
ros, de sesenta años, labrador; Ana María de la Rosa, ven-
dedora de frutas^ natural de Lambayeque, de dieziocho
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CAPÍTULO XXI 217
años; Juan de la Ciuz i Serna, natural de Guánueo, de
diezinueve años, platero; Francisco de Luna Castro, ne-
gro; Juan Antonio de Tejada, mereachifle, natuml de
Sioja en España, de veintidós años, residente ea Trujillo;
Nicolás de Valladares, mestizo, platero, naturíd de esta
última ciudad; Diego Díaz lloreira, alias Batalla, español,
labrador, domiciliado en Corrientes, de cuarenta años;
Marcela, alia^ Francisca de Salinas, natural de la Paz;
Juana de Casasola, mestiza; José de Alegría, soldado de
Chile; Francisco de Aspur, alias José Cortes, cuarterón
de mulato, carpintero, vecino del Callao; Marcelo de Cha-
vez, alias Gregorio Robles, sombrerero, establecido en
Loja; Diego Fernandez Rodríguez, natural de Sevilla, sin
oficio, residente en Lima; Francisco de Echazabal, alias
don Antonio Idiaquez, guipuzcoano, mercader viandante,
denunciado en la Paz; Juan Alonso Baldecoa, arriero de
Guamanga; Andrea Guajardo, de Chile; Juan Manuel Ba-
rranco, de oficio mercader, natural de Sevilla; Jacinto
Ascensio de la Cruz, zapatero, residente en Jauja; Marcos
de Muga, barbero i cirujano, oriundo de Segovia; Sebas-
tian Duran de la Calle, bordador, vecino de Cuenca; D.
Juan Giliberto, alias don Juan de Padilla Castillo Alar-
con i Córdova, sin oficio, natural de Antequera: todos
condenados por polígamos.
Antonio de Llanos, por prestar falsea juramento en una
información de soltería, fué votado a ser reprendido en
audiencia a puerta cerrada, relevándosele de otras penas
en atención a la larga prisión que habia sufrído en la cár-
cel real.
Feliciano Canales, mulato libre, sastre, natural de Li-
ma, de veinticuatro años, se denunció el 13 de mayo de
1700 de que usaba de sortilejios amatorios i en ellos de
diversos signos, como muñecos de cera, cabellos i huesos
de difuntos, polvos verdes i otras cosas para atraer las
voluntades de algunas mujeres. Era especialmente busca-
do por éstas para que les proporcionase medios de con-
quistarse a los hombres, para cuyo fin les propinaba
baños de flores i yerbas silvestres, cocidas con huesos hu-
manos estraidos de las sepulturas, i las llevaba en ocasio-
nes a una huaca a que mascasen coca i maíz, que debían
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218 LA INQUISICIÓN DE LIMA
ofrecer a las almas de los difuntos muertos sin bautismo,
a las cuales invocaban encendiendo una vela i pidiéndoles
señas para, la certidumbre del efecto. En atención a la
debilidad en que se hallaba el reo cuando se fallaba su
causa fué escusado de los azotes i desterrado a Concep-
ción por dos años.
Nicolás Ban, alias Constantino, vecino de Conchucos,
griego, casado dos veces, que durante el curso de la causa
que por ésto se le seguia, confesó haber practicado la reli-
jion de su país, siendo por ello condenado a salir en auto
público de fe con insignias de polígamo, que abjurase de
formal i los errores confesados, admitido a reconciliación,
i que fuese colocado por dos años en un convento, donde
rezase i oyese misa, nen atención a tener protestado que-
rer perseverar y morir en lá fe que confesaba y enseñaba
la Santa Iglesia Romana, n
Margarita Gallardo, de veinte años, natural de Lima,
acusada de solicitar maestros de sortilejios, hablando con
la yerba coca i conjurándola, nombrando a Macarandon
i rezando treinte i tres credos por el alma condenada.
Otras veces, con maiz blanco i cocimiento de flores refre-
gaba el cuerpo de las mujeres que iban a solicitarla para
algún efecto amatorio. Parecieron cómplices suyos nueve
mujeres i un hombre menor de edad; confesó que era ca-
sada pero que uo^ hacia vida con su marido, i que en un
principio, siendo muchacha, creia firmemente en todo lo
que hacia para sus conjuros i adivinaciones, i que después
se habia desengañado de que todo era mentira, negando
haber tenido pacto con el demonio. Fué condenada en 9
de julio de 1702 a salir en auto de fe, con coroza e insig-
nias de sortílega, donde se le leyese su sentencia con mé-
ritos, abjurarse de levi i saliese a la vergüenza, desnuda
de medio cuerpo arriba, por las calles públicas, lo que des-
pués le fué remitido upor fuertes motivos, n
Francisca Trujillo, mulata esclava, cocinera, soltera, de
sesenta años, convencida de algunos actos semejantes i de
que persuadiaalasjentesaquese quitasen los rosarios del
cuello i que no invocasen a la Vírjen María, i de que
echaba el zumo de la coca en un plato, donde veia como
en un espejo un indio, un tonto i un difunto, "todo a fin
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CAPÍTULO XXI 219
de que las mujeres que se valían de ella retuviesen la ilí-
cita amistad de sus amigos i consiguiesen fortuna con los
hombres, n La reo negó estos hechos, por lo cual fué pues-
ta en el potro, ligada i desnuda, i persistiendo en su nega-
tiva i pidiendo se tuviese lástima de ella, se mandó cesar
en la dílijencía; saliendo al fin condenada en las mismas
penas de la anterior: cuya sentencia se ejecutó el 27 de
junio de 1702.
Teresa de Llanos González, cuarterona de mulata, na-
tural de Lima, de veintisiete años, que pretendía con sus
sortilejios que los galanes dejasen su dinero, siendo por
ello denunciada por los calificadores de pacto implícito
con el demonio, sospechosa leviter in fide i graviter en
cuanto a haberse hecho maestra, i de que era heretical el
consejo que dio a una de sus cómplices de que no se con-
fesase de los sortilejios. Enfermó de tal manera en la pri-
sión que en las audiencias solo podía mantenerse en pié
apoyándose en una mesa, habiendo confesado durante ellas
varios hechos supersticiosos practicados con »*píedra imán,
polvos y yerba de la perlilla, que decia ser buena para
que los hombres quisiesen y no maltratasen a sus amigas,
y que había usado traer en una bolsita una mano de cuy
y la ala de cierto pajarillo para que sus amantes le diesen
plata. II
Juana Apolonia, zamba, esclava, vendedora de berzas,
vecina de Lima i natural de Arequipa, de cincuenta años,
fué denunciada de jactarse de tener pacto con el diablo i
ser maestra de remedios amatorios, aconsejando a sus clien-
tes que saliesen al campo con ella, •« donde habían de ver
y besar la parte posterior al dicho su patrón, ?? i que asi-
mismo usaba de un pajarillo muerto, que llamaban patilla,
i de varios ungüentos para los dichos efectos amatorios,
diciendo traía a los amigos a la ilícita amistad de las mu-
jeres por medio de la Vírjen Mana i de los santos, ncomo
también pretendiendo ser tenida por adivina, inquiriendo
los secretos que pasaban entre las dichas mujeres, m
María de Carrion, zamba,esclava, de oficio lavandera,
vecina de Realejo en Méjico, de mas de cuarenta años, fué
testificada de que daba remedios amatorios a las mujeres
que de ella se valían pai*a conseguir la buena amistad de
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220 LA IKQÜISICION DB LIMA
loa hombres, usando de varios compuestos de yerbas olo-
rosas, '1 plateándoles después (sic) las palmas de las manos
y plantas de los pies y mojándolos con ungüentos de flo-
res y zahumándolos con olores, los santiguaba» haciéndoles
la señal de la cruz y diciéndoles " Palla Ingan para que tu-
viesen fortuna eon sus galanes, y para el mesmo efecto
acostumbraba darles una hoja o penca de sábila plateada
y encintada, diciéndoles le encendiesen una vela los miér-
coles y hablasen y creyesen en dicha sábila; y también
daba la piedra imán aderezada para el fin mismo, y ase-
guraba a dichas mujeres tenia una imájen de Nuestra Se-
ñora, la cual desnudaba y dormia con ella y la hablaba,
y dicha imájen con el rostro la decia lo que habia de ha-
cer, tt Confesó que en una ocasión, invocando al demonio, vio
el bulto de dicha imájen sobre un bufete de la cocina don-
de asistía, estando antes aquella arrimada a la pared; i
añadió que hallándose otra vez cerca del fogón, mui afiiji-
da, una noche invocó al diablo con todo su corazón, con
ánimo de entregarle su alma, viendo descender entonces
por la chimenea un bulto que le pareció ser un zambo es-
clavo de la casa, i que tratando de apartarle del fogón para
que no se quemase, tocó unos cuernos i asustada cayó en
tierra.
Josefa Mudana, cuarterona de mestiza, casada, sin ofi-
cio, natural de Lima, de treinta años, que se juntaba con
otros cómplices los viernes en que habia luna Uena, i reci-
tando la oración de Santiago i santa Marta, les refregaba
los cuerpos con membrillos, diciendo, "venid fortuna, h
María de Almeida, casada, vecina del C¿dlao, natural de
Tacunga, que variaba las fricciones con ají, no permitien-
do que sus clientes guisasen la comida con sal ni manteca;
"y páralos mismos efectos, aderezaba muñecos de cera cla-
vados con alfileres, y retratos de los galanes, y de cierta
agua que componia de polvos de murciélagos tostados con
aguardiente y cocimientos de yerbas, la noche de San
Juan; y para destruir maleficios, se valia del zumo del ta-
baco y otros ingredientes. II
Cecilia de Castro, zamba, del Cuzco, de treinta i seis años,
maestra de sortilejios para fines amatorios, que ejecutaba
unas veces mascando la coca i habluido sobre ella secreta-
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CAFÍTÜLO XXI 221
mente, haciendo movimientos con la cabeza i manos i di-
ciendo que lo que recitaba eran loa evanjelios; i siempre
que mascaba la coca» la CBcendia luís i se santiguaba con
demostraciones en forma de cruz, i después echaba a arder
en aguardiente el zumo de dicha coca, ejcínitatando varias
suertes j en que acostumbraba encender dos luces, compues-
tas con los cabellos de los galanes de las mujeres, i a me-
dio arder los apagaba í echaba en la olla del aguardiente,
haciendo que dichas mujeres por quienes se hacian los sor-
tilejios no comiesen cebolla, i que después de dicha mas-
cadura i hervor del aguardiente, dijesen con ella vítores al
gran chivato i tocasen castañuelas, repitiendo "chasque,
chasque; II amonestándolas que creyesen en lo que la veian
hacer i tuviesen fe, para qne se siguiesen los efectos ama-
torios que solicitaban.
Doña Catalina de la Torre, alias la Palavecino, cuarte-
rona de mestiza, casada, natural de Guayaquil, de vein-
tisiete años, que ejecutaba sus sortilejios invocando al
*ȇnima recta y a la palla inga y repitiendo las palabras
del evanjelio de San Juan et Verhum caro facUtm est.n
Se denunció a sí misma nueve veces consecutivas ante el
comisario del Callao, diciendo que hacia catorce años a
que practicaba su arte, con ánimo e intención de que el
demonio operase en ella.
Bárbara de Aguirre, costurera, vecina del Callao, natu-
ral de Tacunga, de cincuenta años, que confesó que sus
sortilejios los ejecutaba por gracia divina, según lo que una
bruja le habia enseñado en Quito, aunque nunca habia
logrado ver al demonio.
Laura de Valderrama Altamirano, alias Lorenza la sor-
da, lavandera, de sesenta años, que ya habia sido peniten-
ciada por el Santo Oficio en marzo de 1696, i a quien por
su opinión de sabia la iban a buscar las mujeres al hospi-
tal donde se hallaba reclusa, declaró que los remedios
amatorios solo los daba en interés de que le pagasen sus
servicios.
Cecilia Rosalía del Rosario Montenegro, zamba, viuda,
costurera, establecida en Guaura, invocaba al alma conde-
nada, a quien pedia en señal de que sus actos le eran pro-
picios, que cantase un gallo, i que en otras ocasiones se
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222 LA INQUISICIÓN BE LIMA
juntaba con otras mujeres los jueves i viernes, volando
de noche en figura de patos, diciendo estas palabras: nde
viga en viga, sin Dios ni Santa María, lunes y martes y
miércoles tresn, y estándolas profiriendo en una de dichas
ocasiones, entró un chibato y rodeando a la reo y cómpli-
ces, se desaparecieron todas con él del dicho lugar. Se le
acusó igualmente de que tenia un crucifijo metido dentro
de una almohadilla de costura i de que lo punzaba a veces
con alfileres, i de que reñia a cierta persona que vivia con
ella cuando rezaba las oraciones, i de que no queria recibir
plata con la señal de la cruz.
Pedro Gutiérrez, mercachifle, residente en Trujillo, na-
tural de Toledo, cristiano nuevo, soltero, de veintiséis
años, fué testificado en Valladolid, de que él i su madre
eran judíos. Preso, en cousecuencia, en el lugar en que vi-
via i remitido a Lima, negó en absoluto los cargos que se
le imputaban, hasta que después de haberse presentado
contra él la acusación, declaró que poco antes de salir de
Salamanca para Sevilla, su padre le habia llevado al cam-
po, siendo él niño de quince años, i le dijo que solo podía
salvarse en la lei de Moisés, que siguiera siempre su fami-
lia, enseñándole que cuando pudiese debia ayunar durante
veinticuatro horas continuas. Se le hizo cargo de que los
actos de devoción que le habían visto hacer, eran simula-
dos i solo en preveucion de lo que pudiese ocurrirle, ins-
tándole para que espresase la intención con que se habia
hallado cuando su padre le dio la lección referida. Puesto
en el tormento de la mancuerda el 25 de junio de 1703,
»«a la segunda vuelta, dijo ser verdad lo que decían los
testigos y que él lo habia hecho. A la tercera vuelta, dijo
habia pecado como hombre miserable y pedia misericor-
dia, y que no habia confesado antes la verdad porque era
pecador y el demonio le habia tentado. A la cuarta vuelta
dijo ser verdad hizo unos ayunos con su padre y madre,
en observancia de la ley de Moisés, por habérselo dicho
su padre, y teniendo por cierto que ya dicha ley era la
verdadera, y falsa la de N. S. Jesucristo, y que los habia
ejecutado en compañía de su padre, madre y hermana, por
tiempo de dos años, viviendo en Salamanca, antes de pa-
sar a Sevilla, y que no habia hecho mas, y conocía habia
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CAPÍTULO XXI 223
errado como hombre en lo referido y en ocultar la verdad
a este Tribunal, movido de ser hombre de bien y no verse
toreado por las calles, n
Después de confiscados sus bienes, por sentencia de 29
de octubre de 1703, se le condenó a salir en auto de fe,
en forma de penitente, con sambenito de dos aspas, a que
abjurase de levi, fuese reconciliado en forma i encerrado
en cárcel perpetua, que debia comenzar a cumplir en Lima
mientras se le remitía a Sevilla. Hallándose en la prisión,
en 9 de diciembre de 1704, volvió a denunciarse de que
habia tenido ciertas visiones en apoyo de la lei que siguie-
ra i de la suerte que le esperaba, por lo cual hubo de ini-
ciársele nuevo proceso, que se falló en 1705, siendo conde-
nado a nueva abjuración i penitencias. Embarcado al fin
para Panamá bajo partida de rejistro, tuvo, sin embargo,
noticia el Tribunal de que habia llegado allí sin sambe-
nito, dictando para que se le pusiese, nuevas providencias;
pero al llegar a Portobelo pudo el infeliz reo escaparse
para Jamaica a bordo de un buque ingles, i apesar de que
todavía se le persiguió, las dilijencias de los jueces no
produjeron resultado alguno.
Jerónimo Fabián Vivangeris, tabernero, natural de Jé-
nova, casado, de treinta i siete años, fué testificado en 7
de abril de 1701 de que estando conversando de cosas
espirituales, habia sostenido, con motivo de la resurrec-
ción de la carne, que nadie se iría con su cuerpo al cielo;
i que en otra ocasión, habiéndosele preguntado qué quien
habia sido el primer hombre que hubiera entrado al cielo,
habia dicho que el buen ladrón, i que el cuerpo de Cristo
se habia quedado en la tierra. Secuestrados sus bienes i
recluso en cárceles secretas desde el 22 de abril de 1703,
declaró no sospechar la causa de su prisión, acusándose en
cambio de muchos actos torpes que cometiera durante su
vida de grumete. En las audiencias posteriores, los minis-
tros le hicieron una porción de preguntas sobre la materia
de la acusación, a que respondia ya en un sentido ya en
otro, confesando que no habia recibido mas instrucción
religiosa que la que habia leido en el Ramillete de divi-
nas flores, i que él mismo se habia levantado falso testi-
monio a fin de obtener misericordia. Sus proposiciones
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224 LA INQUISICIÓN BB LIMA
fueron declaradas por los calificadores como formalmente
heréticas, siendo, en consecuencia, condenado un año
cabal después de haber sido reducido a prisión, a que sa-
liese en auto público, con sambenito de media aspa, abju-
rase de vehementi i permaneciese algún tiempo recluso en
un convento, i a perder la mitad de sus bienes^
José de la Cruz y Coca, alias Márquez y Saavedra, mu-
lato, esclavo del hospital de Santa Ana de Lima i sacris-
tán de su iglesia, soltero, de diezinueve años, que por
haber leido lo que la historia cuenta de Mahoma, concibió
el proyecto de fundar una nueva secta, que debia llamar-
se saavedrina. Para congraciarse con el demonio i llegar a
tener el mismo séquito que el personaje que se habia pro-
puesto por modelo i la buena gracia de cierto a dorado tor-
mento, fabricó un muñeco de cera en forma de hombre,
que denominó Febo, que tenia en una mano espada i unas
hilachas carmesíes imitando el fuego, i en la otra un cetro
con una cédula escrita de su mano, que decia: fi Satanás,
señor mió, yo, José, me hago tu esclavo desde hoy, con tal
que esta noche os he de ver la cara para suplicaros lo que
congoja mi alma, y no fumo hasta vérosla.» Puso la figura
en un nicho de la sacristía, y revistiéndose con unas vesti-
duras sacerdotales muy usadas, estuvo incensando al ído-
lo cuatro dias, mañana y tarde, hasta que notando que
un crucifijo estaba inmediato, le pareció que se ttrendian
las paredes del edificio n, con lo que anduvo muy asustado
algunos dias, hasta que volvió nuevamente (como cuando
de lego hacia figurit^^ de santos en el convento) a fabri-
car otro busto del demonio, colocándolo también en la sa-
cristía, donde de rodillas le decia: tramigo Luzbel, ya me
pesa lo que hice en deshacer la figura del ídolo, y ahora me
arrepiento de ello y vuelvo a tí y estaré en tu compañía;
pues que hay amigos en los infiernos, vos lo habéis de ser
mió, con tal que me concedas lo que te pedí la vez pasa-
da, me deis una yerba para andar invisible, y que en cuan-
tas mugeres pusiese los ojos las atraiga a mí, y os daré en
7. £1 Consejo manifestó en este proceso su estrafieza de que estando
tan vario el reo, no hubiese el Tribunal mandado darle tormento sobre
la intención, a ñn de que se asentase en la verdad, recomendación que
ordenaba se tuviese presente en las causas de esta gravead i calidad.
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CAPÍTULO XXI 225
precio esta alma, aunque padezca perpetuos tormentos, h
En el curso de la causa se acusó también de algunas
adoraciones que había hecho en las huacas i de otras cé-
dulas que había firmado a su amigo Luzbel, de las veces
que revestido con los trajes sacerdotales bendecía el agua
en el hospital, del empleo que hiciera de las plumas de
cierto pajarillo para obtener los favores de las mujeres;
aunque negando siempre que hubiese tenido pacto con el
demonio, a quien declaraba injenuamente que jamas ha-
bia merecido ver ni oír.
Salió al fin condenado a salir en auto, si le hubiese, o
si no, en una iglesia, donde se le leyese su sentencia con
méritos, teniendo puesto durante el acto un sambenito de
dos aspas, a que abjurarse de vehemente i fuese reconcilia-
do en forma.
Juan Bautista de Mazay, tratante en mercaderías, re-
sidente en Loja, natural de Liorna, de sesenta años, preso
en el lugar donde vivía, en 1692, por bksfemo, porque
hallándose enfermo le dijo al que le curaba «voto ai cuer-
po de Cristo, que sí me lastimas me lo ha de pagar María, u
i porque otra vez reprendiéndole una persona por que lla-
maba a los demonios, volviendo el rostro hacia un crucifijo,
esclamó: nmi alma no es tuya sino de los demoniosn i co-
jiéndole en las manos, lo arrojó con rabia al suelo. Dos
calificadores espresaron que por la patria del reo, señales
que llevaba en los brazos i por hablar la lengua morisca,
debía considerársele como hereje formal, aunque los res-
tantes sostuvieron que solo era sospechoso de herejía vio-
lenta. Negando redondamente los hechos que se le impu-
taban i justificando oír misa i cumplir con los demás
preceptos de la Iglesia, fué condenado solamente a que se
presentase en la sala de la audiencia a oír la lectura de su
sentencia sin méritos, a que fuese reprendido i a que no
regresase mas a Loja.
Andrés Flores de la Pana, alias el fámulo, carpintero,
casado, vecino i natural del Cuzco, fué denunciado de ha-
ber dicho que no en balde habían crucificado i puesto en
la vergüenza a Cristo, i que estaba con mucha razón bien
azotado; que ojalá le partiese un rayo o se abriese la tie-
rra hasta ti*agarle i le acabasen de llevar los diablos; qu€
TOMO u 15
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226 LA mQüisiciON de lima
muerta una manceba suya i enterrada, dijo que pagaría
al sacristán para que le sacase la calavera para tenerla a
la cabecera de su cama i adorarla, etc. Después de negar-
lo todo, concluyó por decir que lo habia hecho por conse-
jo que le dieron en la cárcel del Cuzco; siendo al fin con-
denado a salir en auto, con insignias de blasfemo, a que
abjurase de levi, i a otras penas.
Fr. Francisco de Alzamora, relijioso profeso, corista del
convento de Santo Domingo de Lima, de veinticuatro
años, fué testificado de que estando fujitivo, habia cele-
brado misa en tres ocasiones i hecho un entierro solemne,
i que bajo de juramento habia llamado al diablo. Hallán-
dose en la cárcel pidió confesor, ponderando las aflicciones
i desconsuelos que padecia i las funestas representacio-
nes que veia en sueños. Justificáronle de que siendo de
dieziseis años, habia entrado en relaciones con cierta jo-
ven, i de temor del castigo que pudiera sobrevenirle, se ha-
bia entrado fraile, de lo cual, arrepentido, llamaba al diablo
para que le sacase de su encierro, i que en efecto, una
vez, hallándose en un platanar, se le apareció un hombre
como de vara i media de alto, blanco, con uñas mui largas
i una mano overa, que le dijo que le pondría fuera del
convento a condición de que no rezase el rosario, ni el
oficio parvo, en lo que habia venido el reo; que estando
próximo a profesar, se le apareció de nuevo, aconsejándo-
le hiciese sus votos sin intención de cumplirlos, lo que
también habia ejecutado; i de que hallándose una vez en
casa de su padre, se le presentó el mismo personaje, i dán-
dole algún dinero, le invitó a que fuese a casa de una
mujer de buen rostro, con quien habia permanecido en
ilícita amistad algún tiempo; i por fin, de que hallándose
de portero del convento, tuvo siempre numerosas aventu-
ras galantes en que se vio bien correspondido.
En atención a la calidad de su padre D. José de Alza-
mora, jeneral de la Mar del Sur, fué sentenciado a que se
presentase ei^ la sala de audiencia a oir la lectura de
su sentencia, en que se le declaraba por irregular i se le
mandaba abjurar de levi.
Fr. Antonio Montero, diácono de la Merced, de Quito,
residente en el obispado de Trujillo, testificado de haber
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CAPÍTULO XXI 227
confesada a un india i de que había celebrado muchas mi-
sas sin ser sacerdote; de que se había escapado de su conven-
to a causa de ciertas puñaladas que diera a otro hombre,
i finalmentej de que habia usado de patentes falsas, fué
sentenciado en análoga forma al anterior i desterrado de
Quito por cuatro anos,
Fr. Pedro Euiz de Rojas, corista de San Agustín, de
aquella ciudad, de quien se averiguó haber hecho fuga
en cuatro ocasiones de su convento i de varios hurtos que
cometiera donde so lia hospedarse: por haber dicho misa i
confesado, fue desterrado a Santiago,
Antonio de Corro i Cos, clérigo, residente en Lima, de
cincuenta años, acusado de haber recibido las órdenes sa-
gradas j siendo casado en Yumbel de Chile hacia treinta
años, declaró que después de haber partido de su casa pa-
ra Tacnman, habia allí recibido la sotana de la Compañía
de Jesús, creyendo que su mujerera muerta, pero que ha-
biendo sabido en Potosí por carta que ella le escribió en
que le ofrecía entrarse a un convento, que era viva, se de-
nunciaba al Tribunal para que procediese contra él; sien-
do absuelto en vi«ta de la buena fe con que parecía haber
procedido.
Fr, Diego Mesía, alias don Diego Antonio Mosquera,
limeño, lego de San Juan de Dios, se denunció también
de que después de profesar se habia casado en Chachapo-
yas, cuya causa no llegó a sentenciarse por haber muerto
el reo mientras se tramitaba.
Fr. Pedro Muñoz, sacerdote de San Francisco, acusado
de que imponía a sus penitentes mujeres que recibiesen
azotes de su mano, por detras o por delante, a su elección,
lo que declaró que hacia por el poco temor que tenían a
Dios las hijas de Eva; fué suspendido del confesonario.
Jerónimo de Ortega, clérigo de menores órdenes, se de-
nunció por consejos de su confesor, de que en tres ocasio-
nes le habia firmado cédula al demonio, el cual, sin embar-
go, no había querido recojerlas del lugar en que se las había
dejado, i que en otra ocasión en el campo, en unión de
otras dos personas, lo invocaban dícíéndole: »»Tú, que dicen
eres señor del África, como tan poderoso, ayúdanos y da-
nos fortuna, así para el juego como para nuestros amores
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228 LA INQUISICIÓN DE LIMA
y te invocaremos en adelante y detestaremos el ausilio de
Dios;n i puestos de rodillas, cojian la yerba coca en las
manos i la levantaban en alto; que se colocaba en las es-
quinas de las calles a oir lo que decian los que pasaban,
deduciendo de sus palabras lo que habia de suceder; que
sacaba pronósticos la noche de San Juan, etc.
Pr. José del Rosario, alias Francisco Antonio Harbun,
aUas Maldonado, lego betlemita, residente en Potosí, na-
tural de Viscaya, apóstata, fujitivo, casado en Tucuman.
D. Pedro Espinosa de los Monteros, sirviente de oficio,
limeño, que deseando salir de pobreza habia llamado al
diablo en diferentes ocasiones, i por no acudir a sus voces,
culpaba a Jesucristo de que no le daria licencia para ello,
por lo cual descolgó una vez a un Cristo que tenia en su
habitación, le dio cincuenta azotes i después de embadur-
narlo • . . . lo tuvo quince dias pendiente del techo. Otra
vez, culpando del silencio del diablo a cierta devoción que
tenia, la dejó, yéndose ademas a holgarse en mala compa-
ñíal
He aquí los reos que fueron aun penitenciados durante
los años trascurridos desde 1707 hasta T713, antes de que
se celebrase auto de fe:
Martin Morante, sacerdote jesuíta, profeso de cuarto
voto, confesor i predicador, natural de Piura, de cuarenta
8. En vista de las sentenoias de alanos de los reos que quedan se-
ñalados i que fueron condenados a salir en auto público, según hemos
indicado, parece que puede colejirse que esa ceremonia ha debido tener
lugar en algunos de los años anteriores al de 1707. Al mar jen o a la
conclusión de algunas de las relaciones de las causas de esta época se
dice también que la pena se ha cumplido el 20 de abril de 1704; i aun-
que los documentos no dan razón precisa de la verifíeacion del auto,
creemos que la afirmativa es mui probable.
La relaciones de las causas referidas fueron enviadas al Consejo con
carta de 12 de diciembre, en que se leen las palabras siguientes, que
apuntamos aquí como complemento a los datos que dejamos consigna-
dos a propósito de estos reos: «No se cobra un real que no cueste
actuación judicial y muchas dilijencias, que ocupan las horas de audien-
cia de mañana j tarde y a los ministros públicos y del secreto; conte-
niéndonos a no actuar muchas mas causas de fe lo gravoso que f nem al
fisco y casi imposible en el estado presente mantener la copia de reoa
que pudiesen estar en cárceles secretas, precisándonos a poner algunos
en las públicas de la ciudad, y a otros en conventos de regulares y hos-
pitales, por el miserable estado de las rentas del fisco.»
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CAPÍTULO XXI 229
i dos años, denunciado por veintisiete de sus confesadas,
cuyas declaraciones es t metamos tomando algunas al acaso.
£1 testigo primero, mujer española, soltera, denunció ^
de este reo en 24 de agosto de 1693, que confesándose con
él, estando enferma, le tocaba el rostro i pechos i en otra
ocasión su.^ partes verendas, i porque se esquivaba la decia
que si no habia conocido cuando la confesaba cuanto la
quería, »*y que en la misma forma, agrega la declarante,
la continuó visitando cuatro o cinco veces, en las cuales la
dijo varios amores y la ósculo y la instó a que le tocase
iMsque ad poUutionem habere, y refirió otras cosas perte-
necientes a sensualidad que le hablan pasado con él inde-
pendientes a confetione. w
La testigo tercera, mulata, casada, declaró que habien-
do ido al colejio de San Pablo, por llamado de Morante,
le halló sentado en un confesonario, donde la hizo hincar
de rodillas, i puesta en esa forma, le significó le habia pa-
recido mui bien, con otras palabras en orden a enamorar-
la, citándola para verse con ella en aquel sitio i forma
otras veces.
Al día siguiente de prestadas estas declaraciones, com-
pareció espontáneamente el reo a denunciarse, i habiéndo-
sele hecho cargo de que se presentaba dos meses después
de sucedidos los hechos que quedan referidos, respondió
que lo hacia porque en casa de las susodichas se hablaba
de lo sucedido, según habia sabido.
La testigo sesto, española, menor de edad, doncella, es-
puso que el jesuita era su confesor i que en el confesonario
le habia puesto la mano sobre los pechos, diciéndola: »»có- ^
mo te va, hija. Tienes escapulario? n i después, pasándola
la mano por sobre el vestido le habia dicho cómo estaba
tan gorda haciendo tantas penitencias; i que algunas ve-
ces, acabado de confesarla, intentó levantarle las puntas
del manto para verle el cuerpo, i otras llegaba su rostro a
la de la testigo, tratándola cariñosamente.
El sétimo, mujer menor, doncella, declaró que el padre
le habia metido la mano en los pechos en el confesonario,
i que habiéndose con ésto retirado, la buscó en su casa,
citándola para la iglesia, donde la volvió a hablar de amo-
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230 LA INQUISICIÓN DE LIMA
res i la persuadió a que se viese con él a solas en un sitio
que le indicó.
v^ El testigo octavo era una relijiosa, que depuso que ha-
llándose en ilícita amistad con cierto sujeto, (según parece
antes de profesar) se confesó con el reo, quien le aconsejó
que abandonase a su amante '«por no poderla remediar, y
que habiendo ido de visita a su casa, la gozó lascivamen-
te, dejándola ocupada de una hija que parió, n
Morante que habia salido de Piura mui niño para entrar
en Lima en la Compañía a los trece años de edad, después
de ordenarse, estuvo empleado en Guamanga i Trujillo.
Llevado a la cárcel a consecuencia de las denunciaciones
indicadas, se enfermó a poco, siendo a causa de ésto colo-
cado en casa del alcaide i posteriormente en el Noviciado
de su Orden. En sus confesiones, dijo ser verdaderas la
mayor parte de las declaraciones que obraban contra él,
limitándose en su defensa a decir que algunas de sus acu-
sadoras, eran mujeres públicas, circunstancia que no pudo
acreditarse sino de dos o tres: saliendo condenado a que
oyese la lectura de su sentencia en presencia de los secre-
tarios del secreto, a que abjurase de levi, en privación per-
• petua de confesar mujeres, i en destierro del Cuzco por
seis años, amen de algunos ayunos i rezos.
José de Buendía, jesuita, profeso de cuarto voto, natu-
ral de Lima, de sesenta i seis años, fué denunciado de las
t- solicitaciones, hechos i proposiciones siguientes:
Una beata dominicana de buena opinión, depuso que
siendo el reo su confesor, en el mismo confesonario, antes
\y de comenzar el acto, la solicitó e instó a que »» cayesen con
él, diciéndole que confesándose con él, estaría guardada
BU honra, que era voluntad de Dios cayese con él, a fin de
que tuviese que llorar i ser como San Pedro, lo que le
mandaba debajo de obediencia, como su padre espiritual
que era; i que haciéndole ella cargos de cómo estando con-
sagrada a Dios i habiendo hecho voto de castidad la que-
ría perder, la replicó que no era Santa Teresa ni Santa
Jertrudis, ni sabia si Dios habia aceptado su voto de cas-
tidad, ni que Dios tenia honra; que no importaba que una
beata saliese por las calles con el vientre abultado, i que
así su resistencia era soberbia^ etc.
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CAPÍTULO XXI 231
El cuarto testigo, rielijiosa de las Carmelitas, dijo que ^
Buendía la había provocado a actos torpes diversas veces ^
en el confesonario, i en algunas le refirió que alK habia
tenido .... instándola a que las tuviese la penitente, i
en otras a que le viese sus partes naturales por la rejilla
del confesonario; cobrándole también celos de otro padre.
Otros testigos le acusaron, de que venerándose en Lima
la memoria de Nicolás Aillon como santo*, habia él contri-
buido a ello con sus alabanzas exaj eradas, de lo que él
mismo declaraba tener la culpa, con el sermón que predi-
dicara en sus exequias; aunque en su abono espresaba que
nunca se pudo imajiuar que la cosa pasase tan adelante,
lo que se le probó haber espresado solo después de haber-
se disgustado con la viuda del difunto, tíon quien de antes
se hallaba en mui buenas relaciones.
En 11 de abril de 1703, compareció el reo con un papel
escrito de su mano, en que se denunciaba al Tribunal; mas,
por ser privado* del Virei, los Inquisidores resolvieron an-
te todo consultar el caso a España, donde se mandó en
diciembre de 1709 que se prosiguiese la causa. En conse-
cuencia, se siguieron recibiendo algunas declaraciones i
entre otras, las de tres sacerdotes que acusaban al jesuita
de palabras malsonantes dichas en el pulpito. Reducido
a prisión en 16 de noviembre de 1711, confesó los delitos
de que se le acusaba, insistiendo especialmente en aquellos
que habian mediado con monjas; i votada su causa en 23
de marzo de 1712, se resolvió que saliese en forma de
penitente a la sala de audiencia, para que en presencia de
los párrocos, prelados de las relij iones i de sus compañeros
confesores le fuese leida su sentencia con méritos, mandán-
dosele que abjurase de levi, quedase perpetuamente pri- '^
vado de confesar hombres i mujeres, suspendido de la
predicación por dos años, con privación de voz activa i
pasiva, i a que retractase en la parroquia de Santa Ana
las proposiciones que le fueron calificadas: lo que cumplió
en un dia de gran concurso de jente. Desterrado ademas
a Guamanga, con informe de sus prelados i de algunos cu-
9. Véase sobre este particular lo que decidnos mas adelante en el
capitalo siguiente.
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232 LA INQUISICIÓN DE LIMA
ríinderos, pretendió quedarse en el camino, pero habiendo
resultado sus escusas afectadas i supuestas, se le mandó
seguir su jornada,'^
Martin Galindo i Jacinto Colona, de Chile; Diego
Ascencio de Vera, natural de Riobamba; D. Francisco Her-
nández de Rivera, capitán de artillería en el Callao; Mar-
farita Ceballos, cuzqueña; Antonia María Saldaña, mestiza,
e Moyobamba; Nicolás Antonio de Zabaleta, de Caja-
marca; Isabel Petrona de Arteaga, mestiza, de Tarma;
Pedro Clemente, de Marsella, procesado en Chile; i Juan
Tomas de Araujo, músico, de Alcalá: todos los cuales fue-
ron castigados por bigamos.
Por idéntica causa lo fueron Antonio de San Agustín,
lego corista, profeso en Alcalá, de cincuenta años, que
después de apostatar se fué a Saña, donde se hizo médico
i comerciante i en seguida se casó; i Fr. Domingo de San
Juan, de Mechoacan, vecino de la Paz, que se habia casa-
do en Sicasica.
Fr. Tomas Martínez de Eguibar, natural de Potosí, que
hizo igual cosa en un pueblo del arzobispado de la Plat».
Fr. Juan García Cabello, lego profeso de la Merced, que
se denunció en el Cuzco.
Fr. Fabián de Castro, también lego mercenario, profeso
en Sevilla, que yendo de camino para esta última ciudad
desde Guamanga, celebró cuatro misas a persuasión de
varios arrieros en cuya compañía hacia el viaje.
Fr. Francisco de Rojas, relijioso profeso de San Fran-
cisco, guardián del convento de su orden de Guayaquil,
natural de Burgos, de cuarenta años, denunciado por soli-
citante, en Chimbo, en 1706. Una doncella virtuosa depuso
que habiéndose confesado con él a la puerta de su celda,
una vez absuelta, la levantó en brazos, i sentándola junto
a sí, tuvo con ella tocamientos, diciéndola si queria con-
descender con él, i como ella se resistiese, la entró a su
habitación, donde la ósculo i regaló dos ramos de flores.
Otra mujer depuso de que refiriéndole en confesión de
10 Bnendia es antordel libro Vida admirable y podigiosa^ virtudes
del venerable y apostólico padre Francisco del Castillo^ de la Compañía de
Jesus^ Madrid, 1693, áJ"
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CAPÍTULO XXI 233
que no la habían querido absolver por no tener bula de
cruzada, lo hizo RojaSj a condición de que entrase en re- '
laciones con él. Dos anos después de votada su prisión,
fué llevado a Lima, donde algunos meses después se le
amonesto para que se abstuviese de confesar j tten cuanto
estuviese de su parte, n
Fr, Ignacio Xinienez de Cisneros, profeso de San Juan
de Dios, acusado de haber dado la absolución a un enfer-
mo, fué reprendido i obligado a guaixlar conventualidad
en Guamanga.
Fr, Francisco del Bosano Paguegue, níitural de Gui-
púzcoa, franciscano, guardián del convento de San Diego
de Quito, se denunció ante el comisario de Cuenca de que
se habia procurado una yerba llamada espuela de caballe-
ro, que decian era eficaz para ser uno atendido de hombres
i mujeres, i que con objeto de obtener las buenas gracias
de una mujer se habia valido de unos cabellos suyos, que
habia [metido en la zuela de sus zapatos: recetas ambas
que le hablan resultado ineficaces por la poca fe con que
decia las habia empleado; que solicitó adivinos para des-
cubrir las cosas perdidas; que llamó con todas sus fuerzas
al demonio; que usó cuatro veces de la suerte del cedazo,
poniendo dentro unos caracteres en cruz i sobre ellos unas
tijeras en la misma forma, invocando los nombres de San
Pedro i San Pablo i a Cristo crucificado, para descubrir
tesoros, i que en dicha ocasión, para cerciorarse de la vir-
tud del conjuro, habia escondido un patacón en parte
oculta, donde le descubrió un cómplice, aunque en otras
no le salió cierta la dicha suerte; que habia usado también
de la de las varillas, rezando el credo, para encontrar hue-
sos de santos; i por fin, que para saber los ascensos i ho-
nores que tendría en su carrera, habia derramado un
huevo sobre un vidrio la noche de San Juan. Su senten-
cia se leyó en la sala de audiencia, sin méritos, abjuró de
levi i fué absuelto ad cautelam.
Fr. Diego de Jesús María Armentos, alias el licenciado
don Juan María de Guevara, relijioso corista, franciscano,
de la Plata, natural de Taríja, abogado, fué acusado de
que después de su profesión habia apostatado dedicándose
a la abogacía i casándose en seguida. El reo habia eatu-
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234 LA INQUISICIÓN DE LIMA
diado gramática en el seminario de Chuquisaca i artes en
Lima, graduándose de bachiller en cánones, afirmándose
en que su profesión habia sido forzada por las amenazas de
muerte que le hizo su tutor. Después de haberse debilitado
mucho en la prisión, fué recluso en el convento de su Or-
den, donde falleció en 1714, antes de que en su causa se
dictase sentencia.
Celio Riveros del Jordán, platero, natural del Brasil,
compareció espontáneamente por consejos de su confesor,
declarando bajo de jurament^o que era bautizado, que con-
fesaba i comulgaba, i que de edad de nueve años, deseoso
de ver a su padre que navegaba en los mares de su patria,
se habia enbarcado en una nave que cautivaron los moros,
siendo llevado a la ciudad de Bilbilis, donde le encerra-
ron en un lugar que llaman los baños, en compañía de
tres hombres católicos, i que allí comió del pan i bebió
del vino que tenian preparados los moros para después
de comer en señal de relijion, por lo cual cierto sacerdote
cristiano que entre ellos estaba, le dio de azotes, castigo
que le valiera ser llevado a casa de un moro, que con
grandes agasajos le cuidaba i enseñaba algunas oraciones
en su lengua; que le llevaba a su ama el cojin i la alfom-
bra al templo, donde habia una estatua del verdadero pro
feta, que decian, i donde después de predicar sus doctores,
se llegaban los fieles a una baranda, i tomaban unas tri-
pas sopladas que pendían de las orejas de la estatua i por
ellas se confesaban i pedían gracia, lo que también hacia
el reo, pero teniendo siempre cuidado de decir alguna des-
vergüenza para saber si aquel ídolo era el verdadero Dios;
i que estando ya resuelto a tornarse moro, hallándose en-
terando el plazo de cuatro años que se concedía de proba-
ción a los neófitos, había llegado un redentor que le res •
cató. Después de esta confesión, Guevara fué absuelto
ad cautelam, reprendido en la sala i colocado bajo la ins-
pección de un calificador para que le instruyese.
Maria Flores, alias Candela, mestiza, natural i vecina
del Cuzco, de mas de cincuenta años, acusada de que iba
a Lima en veinticuatro horas i volvía en otras tantas; de
que agasajaba una culebra que estaba a los pies de un
crucifijo i que tomaba a éste de las barbas cuando se ha-
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CAPÍTULO XXI 235
liaba enojada; que exijia que no rezasen el credo, porque
decia que habia de reventar al oirlo; que tenia un Ecce Ho-
mo, al cual llamaba Pepito, i le enceudia luces i cuando
estal>a disgustada con su amante le daba de bofetadas i
le decia que era un perro Pepito, metiéndole coca en la
boca para el efecto de sus maleficios; que en varias ocasiones
habia hecho bailar un huevo i unas tijeras, etc. Reducida
a prisión i habiendo negado los hechos que se le imputa-
ban, fué votada a tormento, que se le aplicó hasta la ter-
cera vuelta de mancuerda, sin que confesase cosa alguna;
siendo condenada a salir en un auto particular de fe, que
tuvo lugar en la capilla de San Pedro Mártir, el 15 Je
diciembre de 1709.
Alejandro de Vargas, mestizo, de Cajamarca, vecino de
Lima, de treinta i tres años, labrador, denunciado por
brujo i curandero, se presentó espontáneamente al Tribu-
nal, diciendo que curaba mediante los maleficios i bruje-
rías de una piedra pequeña, larga i lisa, de color negro,
que llamaba »ianchico,n con la cual refregaba la parte en-
ferma, aplicando juntamente unturas de sebo de macho,
que se esponjaba en la mano al tiempo que iba diciendo
»»en el nombre de San Pedro i San Pablo, de tí me valgo, n
i en dando vueltas la piedra, cuando caia al suelo, era se-
ñal de estar maleficiada la persona por quien se hacia la
ceremonia, i que esta piedra se la habia comprado a un
indio en veinte pesos, al ver las curaciones que ejecutaba
con ella sacando del cuerpo de los enfermos gusanos i
otras sabandijas.
Después de relatar largamente los maravillosos efectos
que habia esperimentado en sí mismo con tales artes, mas
tarde se delató de que todo era invención suya, pues lle-
vaba de antemano preparadas todas las cosas que decia
después haber estraido del cuerpo de los pacientes; i por
hallarse gravemente enfermo del mal de bubas, fué sacado
de la prisión i trasladado a un hospital para que fuese
puesto en cura, para ser después llevado nuevamente a la
cárcel i recibir tormento, »» según estilo del Santo Oficio,
y dada la primera vuelta, dijo que tenia confesada la ver-
dín y no otra cosa, y cesó el tormento, u El 11 de diciem-
bre de 1709 salió en auto particular, con sambenito de
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236 LA INQUISICIÓN DE LIMA
media aspa e insignias de polígamo (que también lo era),
abjuró de levi, fué absuelto ad cautelara i desterrado a
Valdivia, con perdimiento de la mitad de sus bienes.
Félix Canelas, mulato, sastre, penitenciado ya anterior-
mente por sortílego, fué de nuevo denunciado de que da-
ba yerbas a las mujeres (que no salian de su casa sin
pagar tributo) para que sus amantes no las olvidasen;
siendo sentenciado, ademas de las penas ordinarias, a salir
a la vergüenza, recibir doscientos azotes i marchar deste-
rrado para Concepción.
Juan de Dios Solano, mulato, del Callao, que usaba de
supersticiones análogas, i entre otras, de un gallo que me-
tía dentro de una cesta, con la invocación de San Pedro i
San Pablo.
Eosa Pita, o de la Cerda, negra de Trujillo, casada, que
daba pronósticos por las señales que dejaba en la mano la
coca mascada, salió en auto i recibió doscientos azotes por
las calles públicas.
Fernando Hurtado de Quezada, vecino de Lima, de
veintiún años, que habiendo encontrado una noche abier-
tas las puertas del Sagrario, hurtó la píxide con las for-
mas consagradas que encerraba, las cuales guardó en un
papel i las fué a enterrar en la vecindad de una acequia
de la Alameda. Preso por la justicia real i reclamado en
seguida por la Inquisición, que lo hizo estraer de la mis-
ma casa del fiscal real donde se le había detenido, su cau-
sa dio orí jen a una ruidosa cuestión de competencia que
terminó a favor del Santo Oficio, cuyos ministros se em-
peñaron en poner el reo a cuestión de tormento para
que declarase la intención que hubiera tenido al cometer
tan atroz sacrilejio, apesar de las protestas del delincuen-
te que aseguraba haber procedido solo instado del demo-
nio i no de ninguna falsa creencia; i visto que se afirmaba
en este propósito, los jueces se limitaron entonces a lle-
varlo a la cámara i atarle los brazos, para condenarlo en
definitiva a que abjurase de lem^ fuese reprendido i des-
terrado por diez años a Valdivia.
Durante los años trascurridos desde el de 1707 al de
1713 fueron absuel tos ad cautelaví, después de reconci-
liados drca relapsia algunos marineros, en su mayor parto
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CArÍTüLo XJX 237
ingleses, que habían sido enviados a Lima como prisione-
ros de guerra i que fueron presentados en el Tribunal por
los jesuítas, previa declaración que hicieron de ir errados
en el protestantismo i que querían ser admitidos en el
gremio de la Iglesia católica i seguir sus prácticas, como
único camino de salvación. La mayor parte de ellos no
entendian el castellano i sus nombres eran: Guillermo Es-
tragente, Samuel Hendy, Roberto Lanfort, Tomas Porter,
Guillermo Cullen, Juan Debáis tre, Jacobo Van Espen,
Tomas Sterling, Felipe Bemard, Jacobo Gillis, Guillermo
Waters, Simón Hatrey, Cristóbal Leech, Juan Keyby,
Tomas Brayer i Juan de Bruss.
Desde 1713 a 1721 fueron penitenciados:
Por polígamos, José Velez del Castillo, alias Juan de
Salazar, natural de Santander, que viniendo a Chile de
soldado se huyó en Buenos Aires i se casó en Tanja i
Trujillo; siendo absuelto después de ocho años de incoada
su causa.
Juan José de Otarola, alias Chope el cocinero, cuarte-
teron, labrador en Jauja, procesado por testigo falso en
una información de soltería; Juan Arias, mestizo, sombre-
rero de Riobamba, que habiéndose denunciado él mismo,
fué condenado a azotes i destierro; Francisco de Villase-
nor i Ángulo, natural de Cuenca, mercader, residente en
Oruro, que también denunció de sí; Francisco de Fuentes,
mulato libre, natural i vecino de Pativilca, que habiendo
salido en bestia de albarda, recibió doscientos azotes a voz
de pregonero; José Urbano de Espinosa, mestizo, natural
de Paita, fué esceptuado de los azotes i desterrado a Con-
cepción; Juana Petrona Caballero, que no escapó a la
vergüenza ni a los azotes; José Garcia de Arcos i Toledo,
herrero, de Tarma, condenado a lo mismo; Gabriel de
Rueda, español, mercader, residente en Paita; Felipe de
la Torre, que oyó su sentencia sin méritos i abjuró de le-
vi; Miguel de la Benita, labrador, vecino de Lima, i Juan
de San Martin, residente en Guayaquil, que habiéndose
enfermado en la prisión, fué trasladado a un hospital, do n-
de murió poco después, ücon señales db arrepentimienton;
i. José Godoi, de Chile.
Juan Bautista Busugnet, natural de Paris, soltero, de
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238 LA INQUISICIÓN DB UMA
veintitrés años, platero i lapidario, residente en Lima,
testificado en marzo de 1711 de haber dicho que no reve-
renciaba la hechura de un niño Jesús por ser de palo, sino a
Dios; que en el Santísimo Sacramento no adoraba un pe-
dazo de pan, sino a Dios; que lalei de los judios era mejor
que la de los cristianos, porque aquella la habia dado Dios
i ésta no sabia cómo lo habia sido; que no daba limosna
para las ánimas; que él era judío, i que le argumentasen;
Jesucristo un perro, que ellos (los judíos) le castigaron; i
por fin, que no quena creer en pataratas.
En el curso del proceso agregó que aunque siempre se
habia confesado i comulgado, habia dejado de hacer am-
bas cosas desde que conociera mujeres, porque no quena
renunciar a ellas. £efirió que de edad de catorce años
habia salido del lado de sus padres para ir a Amsterdam
a perfeccionarse en su oficio de lapidario, i que una vez
terminados sus estudios, se habia regresado a Paris, de
donde salió para venir a establecerse con tienda en Lima,
trayendo algunas cartas de recomendación; que en cuanto
a la causa de su prisión, solo sospechaba que seria porque
una vez se habia manifestado admirado de que hubiese
danzas en la procesión del Corpus, i porque en un entie-
rro mui suntuoso habia dicho que tanta pompa era inútil
ya que el muerto no habia de menester nada.
En el curso de su prisión el reo trató de ahorcarse, i no
habiéndolo logrado, nfué Uevado a la cámara del tormento,
y hechas con él las diligencias de derecho y estilo, habien-
do comenzado a dar la primera vuelta, dijo ser católico
cristiano. • . . ; y habiéndole dado temblor en el cuerpo y
vuelto los ojos, con palidez en el cuerpo, se mandó cesar
en el tormento, por causa de ser menor, con la protesta de
repetirlo cuando paresciese.ii
Siete dias después fué condenado ti salir en auto públi-
co, con insignias de penitente, sambenito de dos aspas,
donde se leyese su sentencia con méritos, abjurase de^br-
níiodiy fuese absuelto, con perdimiento de todos sus bienes,
i encarcelado por tres años en Valdivia. El 12 de mayo
de 1717 se celebraba en la capilla de San Pedro Mártir,
auto particular para el cumplimiento de esta sentencia.
Pedro de León, alias Pedio de Gamos, natural de Ali-
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CAPÍTULO XXI 239
cante, soltero, de veintidós años, denunciado en Buenos
Aires por haber terciado en una disputa de relijion entre
franceses e ingleses, afirmándose en que éstos se salvaban
en su lei; a que anadia el denunciante que en el discur-
so de viaje se habia observado que el reo no se persigna-
ba, ni cargaba rosario, ni practicaba devoción alguna.
Mandado traer preso desde Lima, i una vez en el Tri-
bunal, contó que siendo mui niño se habia embarcado para
Oran i que en el camino la embarcación en que navegaba
habia sido apresada por una inglesa, i ésta, a su vez, por
una francesa, en Gibraltar, de donde le llevaron a Marse-
U; que entonces figuró en varias espediciones de corso,
hasta que fué de nuevo apresado i llevado a Inglaterra, de
cuyo pais se escapó, pasando a Guinea i en seguida a Bue-
nos Aires.
Votado a tormento »»sobre la intención y falsa creencia
de lo que estaba testificado, lo que se ejecutó con el de la
mancuerda, y habiendo confesado no haber tenido mala
intención, a la segunda vuelta, dijo: Ay! Virgen soberana,
reina de las jerarquías, venga un confesor, matarme de
una vez, siempre he creido en mi ley, ay! ayl señor, digo
la verdad por la pasión y muerte; y continuando el tor-
mento, dijo que no sabia que decir, que tenia dicha la
verdad por Jesucristo, y habiéndose suspendido la diligen-
cia, se ratificó a las veinticuatro horas, i »
Quince dias después salia a la capilla como penitente,
con sambenito de media aspa, para abjurar de vehementi
i ser desterrado por tres años, con perdimiento de todos
sus bienes.
Francisco Petrel, natural de Eennes, marinero del navio
francés Santa Rosa, casado, de treinta i ocho años, fué tes-
tificado de haber dicho que la lei de Moisés era buena, que
Jesucristo habia pecado, como lo decia el evanjeüo, sobre
lo cual habia estado altercando con el interlocutor que le
denunció. En las audiencias que con él se tuvieron hubo
de emplearse el latín, porque nadie le entendia lo que decia
en su lengua. En balde el capellán de su nave le recomen-
dó al Tribunal como católico, pues hubo que encerrarle en
las cárceles, donde el infeliz se manifestó tan acongojado
que se echó de rodillas ante el alcaide para pedir perdón,
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240 LA IKQÜISIOIOK DE LIMA
lo que solo le valió que le pusiesen un par de grillos; sien-
do al fin, después de cinco meses, absuelto de la instancia por
cuanto los testigos no estuvieron medianamente acordes
en sus dichos.
Juan Caballero Coronal, vecino de Lima, soldado, cris-
tiano viejo, de edad de cincuenta años, que se denunció
de que cuando perdia en el juego se daba de golpes con-
tra las mesas i paredes, profiriendo palabras ofensivas a
Dios i sus santos, dando puñadas a las imájenes e invocan-
do a veces al demonio por los campos.
Juan de Landa, labrador, de Conchucos, se denunció de
haber solicitado igualmente al demonio, firmándole cédu-
la en que se obligaba a darle el alma dentro de veinte años,
a condición de que le diese tesoros i fortuna.
Manuel Jerónimo de Segura, lego de la Merced, proce-
sado en Santiago de Chile.
Felipe de Figueroa, natural de Borgoña, de treinta i
cuatro años, que se hallaba establecido en Cajamarca como
maestro de escuela, denunciado como hereje protestante,
sostuvo que era católico i que de niño habia servido de mo-
naguillo en la parroquia de su pueblo: lo que no le valió pa-
ra ser condenado a salir en forma de penitente i ser deste-
rrado a Chile por dos años.
Tomas de la Puente Bearne, mozo de pulpería, oriundo
de la Navarra francesa, fué denunciado de haber pre-
guntado qué cuando moria Dios, de que el Papa no podia
echar un alma al cielo i de otras espresiones, que dijo en
su descargo las habia proferido desesperado con las bur-
las que le hacian los negros de su oficio. Habria el reo
escapado probablemente del toimento si no hubiese tenido
la poca discreción de decir una vez al alcaide que los in-
quisidores eran unos ladrones que procesaban a las j entes
para quitarlos su dinero; pero estas palabras le valieron
algunas vueltas de mancuerda, que saliese con sambenito
de media aspa, destierro a Valdivia por tres años i perdi-
miento de bienes.
María Josefa de la Encamación, cuarterona, vecina de
Lima, doncella, de mas de cincuenta años, fué testificada
por tres confesadas de un mismo sacerdote de que la reo
habia tenido ciertas revelaciones, reducidas según ella
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CAPÍTULO XXI 241
misma lo contaba» a que la Vírjen se le liabía aparecido
desde la edad de cuatro años^ una vez que pidiéndole prui,
le dio su beüdicion, diciéndolcj i*hija, yo te daré el pan
de la gratña de mi Hijou. Hallindose su causa en estado
de monición, nianifestd que solo se sentia culpada de
lo que referian de ella algunas personas, de que los dia-
blos la azotaban, hecho que era tan cierto que su ma-
di^ese veia precisada muchas veces a defenderla. Agregaba
que veia en sueños a Jesucristo i a la Vírjen María; que
en la oración se trasponía como en un dulce adomiefimien-
tOj i hallándose fuera de sí, le ocun-ian las cosas que con-
tabíi. Añadió también que encontmndose en una ocasión
mui enferma i estenuada i dispuesüi ya para morir, por
la gravedad del accidente, había visto en su aposento una
cantidad de demonios que la echaban mucho fuego de luju-
ria, i abrazándose con ella uno que entró en figura de
hombre, se habia subido a la cama, haciendo que otros
la sujetasen con fuerza para conocerla camalmeute*
Asimismo espresó que la noche del día en que se le
leyó su acusación, estando dormida, vio a Nuestro Señor
en un Tribunal mui hermoso i muchos demonios en su
presencia que tenían su alma en las manos i decían, »* Se-
ñor, justicia contra ésta;n i que habiendo parecido allí la
Vírjen i San Ignacio a rogar por ella, dijo el Señor que
estaba mui irritado contra ella porque había comunicado
a las criaturas los favores que le habia concedido i tra-
bajos que la habia enviado, i que solo confesando en el
Santo Oficio todo lo que venía contando la perdonaría.
Trasladada al hospital por su crecida edad i achaques,
fué poco mas tarde condenada a recibir, desnuda de me- ^
dio cuerpo arriba, jinete en bestia de albarda, doscientos
azotes, a voz de pregonero, después de abjurar de levi i
ser absuelta ad cautelara.
Agustina Picón, natural i vecina de Lima, mujer ya
madura, que para efectos amatorios se valia de varios sor-
tilejíos, fué condenada a salir en forma de penitente, con
abjuración de levi i destierro por cuatro años.
Doña Juana Saravia, conocida con el apodo de Chana
Luciana, soltera, igualmente avecindada en Lima, que con-
fesaba que al emplear la coca para atraer a su amante,
TOMO 11 16
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242 LA INQUISICIÓN DE LIMA
esperimentaba las mismas torpes complacencias i nefarios
goces como si realmente cohabitase con él.
Ambrosio Vellido, clérigo de menores, residente en
Guamanga, que por ciertas preguntas que hizo al Comisa-
rio de su pueblo, fué condenado a que oyese la lectura de
su sentencia en el Tribunal, a puertas abiertas.
Don Juan de Mij ancas, subdiácono, natural i vecino
del Cuzco, por haber celebrado misa i oido de confesión.
Fr. Vicente de Santa María, lego franciscano, que se
denunció de que desde la edad de siete años llamaba al
demonio para que le facilitase dinero i le favoreciese en
sus amores, firmándole cédulas en las que renegaba de
Dios i sus santos; aunque añadió que habia pretendido
engañarle, ayunando por consejos de un brujo, nueve
dias antes de ir a cierta cueva donde debia tener lugar la
cita, i arrojando en ella un gallo blanco, unos grillos para
que se aprisionase i un hueso de difunto con cierto en-
voltorio que le diera su amigo el brujo i que no sabia pa-
ra qué habia de servir en aquel lance.
Fr. José Jiménez, conocido bajo otros dos nombres, le-
go franciscano, que después de asesinar a un cofrade, se
escapó para el Cuzco, celebrando varias misas en el cami-
no, por lo cual abjuró de levi i fué desterrado a Valdivia.
Fr. Pedro de Castañeda, corista del convento de Predi-
cadores de Lima, de dieziocho años, que habia ofrecido su
alma al diablo, a condición de que le proporcionase cien
pesos en cada mes.
Fr. Juan José de Zamora, lego dominico, que hizo otro
tanto, pidiendo en cambio que le diese el diablo habilidad
i le hiciese aventajar a sus condiscípulos en el estudio de
la lójica, por lo cual fué declarado apóstata i hereje; Fr.
Martin Ramírez, también lego de Santo Domingo, que se
casó en Guamanga, i Fr. Andrés de Mayorga, lego merce-
nario de Chuquisaca, que diputado para pedir limosna,
se permitió celebrar algunas misas; Nicolás de Aguirre
Calderón, subdiácono, que en Trujillo hacia de confesor;
i Fr. José Luque, relijioso franciscano de Lima, que dijo
dos misas en un día; abjuraron de levi i llevaron las pe-
nas de estilo; i por fin, el jesuíta chileno Juan Mauro
Frontaura.
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CAPÍTULO nii
Fiesta a la canonización de San Pedro Arbues. — Exequias de Felipe
IV. — Edictos prohibiendo varios lilbros. — Estado de los edificios del
Tribanal. — Situación pecuniaria. — Nuevos inquisidores. — Auto de fe
de 16 de marzo de 1693. — Cansa de Anjela Carranza. — Incendio
ocurrido en las casas del Santo Oficio. — ^Auto de fe de 20 de diciem-
bre de 1694. — Causas contra los confesores de la Carranza. — Libro
del padre Sartolo sobre la vida de Nicolás Aillon. — Prohíbense por
los Inquisidores varios actos literarios.
Alternaron los Inquisidores en el período que veni-
mos historiando el despacho de las causas de las personas
que dejamos señaladas i la celebración de los diminutos
autos de fe en que aquellas se castigaron, con algunas fiestas
que debemos consignar aquí porque acaso fueran las úni-
cas que tuvieron lugar durante toda la vida del adusto
Tribunal de la fe.
En efecto, tan pronto como se recibió en Lima la noti-
cia de que Pedro de Arbues, primer inquisidor de Zarago-
sa, habia sido colocado por la Iglesia entre los santos del
cielo\ los ministros se creyeron en el caso de festejar con
toda pompa una decisión que redundaba en tanto honor
suyo i del Tribunal a cuyo nombre procedían.
•^Comunicóla al Conde de Santisteban, virey de estos
reinos, al arzobispo de esta metrópoli, don Pedro de Villa-
gomez, a los Cabildos eclesiástico y secular, que afectuo-
sos retornaron con parabienes y singulares aplausos el go-
zo de esta noticia, ofreciendo hacer algunos festejos de
1. Véase la historia del asesinato dol Inquisidor i su beatificación, en
Llórente, Histoire critique de rinquistíion cPEspagne^ tomo I, pájs. 189
i siguientes.
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244 LA INQUISICIÓN DE LIMA
toros, tómeos y comedias, que se estimaron, aunque no se
admitieron.
M Convocó el Tribunal en su sala de audiencia los prela-
dos de las religiones, y lo mas lucido de sus ministros y
familiares, con quienes dispuso el culto, solemnidad y ador- ■
no de la fiesta; señalóse para el dia diez y siete de septiem-
bre, que fué el de su glorioso tránsito, como se expresa en
la bula de su beatificación, a que se refiere el orden de
Vuestra Alteza.
i» Miércoles diez y seis de septiembre, víspera de este
dia, al punto de las doce, comenzó el repique de campanas
(que duró por espacio de una hora) en la cathedral, reli-
giones, parroquias y monasterios, cuyo número y conso-
nancia despertó la devoción de los fieles.
»íA prima noche repitió el repique, coronáronse las to-
rres de luminarias y fuegos, el Arzobispo y Cabildo ecle-
siático y secular adornaron de hachas sus balcones, y los
ministros del Santo Oficio, y a su exemplo, mucha parte de
la ciudad, con ostentación de luces, fuegos y candeladas,
y lo mismo hicieron las religiones y parrochias en sus igle-
sias y torres.
»»E1 Tribunal dispuso en su plaza singulares invenciones
de fuego, y entre otras piezas, hubo una en que se manifes-
tó el alma del Santo, que salió de su cuerpo a vista de loa
que le martizaron, y por la parte superior, se demostró un
rótulo de letras de fuego que decia. Ora pro nobis, beate
Petrey sin otros muchos que por mas de hora y media se dis-
pararon a mano: ardian veinte hachones de resina, y en
los balcones de los Inquisidores doctores don Cristóbal de
Castilla y Zamora, y don Juan de Huerta Gutiérrez, mas
de sesenta hachas, con mucho número de luminarias en
todo el contomo y circunferencia del Santo Oficio, clari-
nes y chirimías; en las dos galerías del inquisidor doctor
don Alvaro de Ibarra, se pusieron quarenta hachas, y en
el terrado muchas luminarias en forma de estrellas, cruces
y soles, que por la variedad de luces y colores eran muy
agradables a la vista; en las quatro esquinas de su calle se
disparó un castillo de fuego, haciéndole antes la salva co-
pioso número de cohetes: tocaban a competencia dos cla-
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CAPÍTULO XXli §4Í
riñes, y generalmente deseaban tocios excederse en la cele-
bridad de esta noche,
>>La religión de Santo Domingo se esmeró en los fuegoa
y con especialidEid en el adorno de sus torres, con que to-
da la ciudad estuvo muy regocijada,
"El dia siguiente por la mañana concurrieron en las
casas de esta Inquisición todos sus ministros, compitién-
dose los seculares en gulas y libreas; pusiéronse en ala
mas de einquenta coches, en que se acompañaron al Tribu-
nal, que salió a las nueve a la iglesia de Santo Domingo,
donde le recibió el provincial y su comunidad con el ob-
sequio que acostumbra.
»*Era tan numeroso el concurso, que con mucha dificul-
tad pudo entrar en la iglesia y llegar a sus sillas, que se
pusieron en el presbiterio del altar mayor: ocuparon los
ministros las dos bandas de el crucero, cuya modestia y
compostura fué el mayor ornato de la fiesta: la iglesia, que
es uno de los mas capaces y sumptuosos templos que hay
en esta ciudad, estuvo toda alfombrada; los veinte y seis
altares que la componen se adornaron de riquísimas lámi-
nas, flores y otros sobrepuestos de argenterías de oro y
plata, tan brillantes, que apenas se dejaban percebir de la
vista: en el altar mayor ardían mas de trescientas luces
en blandones y candeleros de plata curiosamente labrados:
en medio se colocó la imagen del santo en un lienzo de
primoroso pincel, cubríale un velo de tela carmesí con flo-
res de plata, servíale de marco un hermoso iris de flores
de seda y oro, unas imitadas y otras superiores a las na-
turales: adornóse el coro de hermosos lazos de tafetanes
de diversos colores; ocupaban los blancos espejos cristali-
nos y láminas en cristal: el comedio de el crucero se com-
puso de bufetillos de plata, que sirvieron a los perfumado-
res, pomos y pebeteros, que en copioso número exhalaban
suavísimos olores.
•• Asistieron en una de las tribunas de la iglesia, el Vi-
rey y su consorte, Condes de Santisteban. El alguacil ma-
yor don García de Híjar y Mendoza, caballero del orden
de Santiago, acompañado de ocho familiares, colocó el es-
tandarte de la fee (que estaba en la sacristía) en el altar
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246 LA INQUISICIÓN DE LIMA
mayor al lado del evangelio, en un pedestal de plata so-
bredorado, al tiempo que salió el preste.
»»La bula de la beatificación del santo se puso en el
altar sobre una riquísima salvilla cubierta de una red de
oro y seda de diversos colores; recibióla de manos de el
diácono el doctor don Juan de Huerta Gutiérrez, inquisi-
dor menos antiguo, entrególa al inquisidor mas antiguo
doctor don Cristóbal de Castilla y Zamora, y cogiéndola,
la entegró al licenciado don Pedro Alvarez de Fai'ia, pres-
bítero, secretario mas antiguo de la cámara del secreto,
que acompañado de seis familiares subió al pulpito y la
leyó con expedición y a gusto del concurso.
'•Descubrióse luego la imagen del santo, y al compás de
los órganos, arpas, dulzaynas y otros instrumentos, prosi-
guieron los músicos ^1 Te Deum laudamus, que entonó el
preste; hizo salva la artillería, la cathedral, parrocliias y
religiones repicaron a un tiempo, disparáronse en las puer-
tas de la iglesia muchas bombas, cohetes y ruedas, cele-
brando todos la gloria de nuestro insigne mártir.
»»Dijo la misa el maestro Fray Juan González, rector
del colegio de Santo Thomas de esta ciudad; predicó el
padre maestro fray Juan de Isturizaga, ambos del orden
de Santo Domingo y calificadores de este Santo Oficio: la
misa se ofició a quatro coros de los mejores músicos de
este reyno, y se interpolaron algunas letras y villanzicos
en alabanza del sancto, cuya dulzura en los versos y ar-
monía en los tonos, suspendía.
»»La mayor parte del sermón se compuso de la vida del
sancto, reduciendo en breve y sin digresión de lugares, lo
mas prodigioso de sus virtudes (para que se dio orden)
porque todas se comunicasen a todos en mayor gloria su-
ya, y a su exemplo en utilidad de los fieles.
»» Repartieron dos familiares muchas imágenes del sanc-
to, que llevaban en salvillas doradas, y se admitieron con
devoción y ternura.
»*Duraron los oficios hasta mas de medio dia, y a las
tres volvió el Tribunal acompañado de sus ministros, a
asistir a las vísperas: pareció mas crecido el concurso, go-
zándose en la iglesia un nuevo cielo en resplandor de lu-
ces y suavidad de olores; excedióse la música con novedad
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CAPÍTULO XXII 247
de tonos y letras, cuya dulzura hizo breve la tarde, aun-
que se acabaran con el dia^ que fué uno de lo8 mayores y
mas lucidos que ha tenido este reino, y durará siempre la
memoria de su ostentación y gi^andeza,
"Los prelados y comunidad de Santo Domingo salieron
acompañando al Tribunal hasta la puerta del cimenterio
a dejarle en el coche» y llegando a las casas de este Santo
Oficio, con el lucido acompañamiento de sus ministros,
ocuparon la sala de audiencia, donde el doctor don Cristó-
bal de Castilla y Zamora, inquisidor mas antiguo, les agra-
deció con singular discreción las asistencias de este di a,
que sea para mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor,
y exaltación de su sancta fee cath<>lica^. n
Poco después de verificada esta fiesta, se recibía en Li-
ma la noticia del falleciraiento de Felipe IV, cuyas exequias
celebraban las autoridades i relij iones **con tanta pompa
y solemnidad, que se tiene por cierto que en parte ningu-
na de Europa se ha hecho con mas ostentación y apara-
to"*, ff Acostumbraba el Santo Oficio celebrar las ceremo-
nias de esta especie en la capilla, pero por hallarse por
entonces en mal estado, resolvió valerse para la fiesta que
proyectaba i en que no queria que nadie le aventajase, de
la iglesia del monasterio de la Concepción, que se hallaba
situada solo a cuadra i media de distancia, fijando para la
celebración el dia 28 de setiembre del año de 1668. Para
el efecto, colgóse el templo de telas de damasco negro, con
flores de plata, de Sevilla, con franjas interpoladas de
sargas anaranjadas, i a la puerta, debajo de la imájen de
la Vírjen, un marco de oro enlutado, en cuyo centro se
veian dos coronados leones, con inscripciones latinas, en
prosa i verso, alusivas a las circunstancias.
Una vez terminados los demás preparativos, salieron
los Inquisidores acompañados de sus principales ministros,
2. Relación de la fiesta que celebró el Tribunal del Santo OfidOy etc.
Tres años mas tarde trató el Santo Oficio de impedir la procesión que
se hizo a Santa Rosa, fundándose en que para ello no había autoriza-
ción en la bula de canonización, pero no se atrevió a ponerlo en prácti-
ca, porque pareció «materia de mucho ruido prohibirlo.» Carta de 17
de Junio de 1669.
8. Carta de los Inquisidores de 16 de noviembre de 1666.
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248 LA INQUISICIÓN DE LIMA
adornados de bus insignias, arrastrando «tristes lutos de
paños de Segovia» llevando el alguacil mayor entre las
dos filas de asistentes, el estandarte de la fe, que se colo-
có en el túmulo sobre un pedestal de plata.
Constaba aquél de diversos cuerpos con escudos de las
distintas provincias de la monarquía, i tenia en el centro
una esfera que representaba el mundo, con un sol eclipsa-
do en el signo del león, i cuatro ninfas del Parnaso que
sostenian en sus manos carteles con inscripciones adecua-
das a las circunstancias. Colocóse la estatua de Felipe so-
bre el mundo, alta de mas de dos varas, representando al
difunto soberano, armado de punta en blanco, ceñida la ce-
lada con una riquísima corona de oro de martillo, adornar
do de plumas negras i blancas, sustentando en el brazo
izquierdo una media columna de jaspe, en cuyo estremo
se veia un cáliz de oro con una hostia de plata, i en su
mano derecha, una luciente espada, como amparando la
columna, en demostración de su gran celo en defensa de
la fe.
Las vísperas se comenzaron a las cuatro de la tarde,
durando hasta las once de la noche, a cuya hora se reti-
raron los Inquisidores en carruajes, escoltados de numero-
so concurso i de un séquito de mas de cincuenta personas
que llevaban hachones encendidos. Al dia siguiente comen-
zaron los oficios a las diez, pasando Castilla desde su sillón
al altar mayor, con acompañamiento de doce familiares i
veinte capellanes. En seguida subió al pulpito a predicar
el sermón el padre Diego de Avendaño, provincial de los
jesuítas, alternando durante toda la fiesta once coros de
los mejores músicos de la ciudad i de las monjas del mo-
nasterio^.
Los edictos prohibitivos de libros fueron frecuentes por
esta época', siendo dignos de especial mención los refe-
rentes al del franciscano de la provincia de Lima Fr. Pe-
dro de Alva i Astorga intitulado, Sol veritatisy la Vida
de Jesucristo del agustino Fr. Fernando de Valverde, que
4. Breve relación de las honras que hizo el Tribunal, etc.
5. Véanse las cartas de 6 de junio i 5 de julio de 1651.
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CAPÍTULO xxn á4d
aun hoi dia se lee con jeneral aplauso^ i el de un papel
manuscrito que se atribuyó al dominico Fr. Antonio Me-
lendez, en que pintaba los peligros que encerraban para la
monarquía las grandes riquezas que iban atesorando los
jesuitas en América, i que concluia con unos versos que
decían asi:
Pantos aqní se dejan necesarios
Por volver a vosotros, hombres sabios,
Doctos, ingeniosos;
Cuenta con estos hombres tan piadosos
Qne si en vicios consiguen privar a todos de su tien'a,
Gaál será el tesoro que su erario encierra?
Mas, es justo decir que bajo este respecto, ni aun el
mismo arzobispo de Lima don Fr. Juan de Almoguera
escapó a la censura inquisitorial. Este prelado que mien-
tras fué obispo de Arequipa habia tenido ocasión de per-
suadirse del desarreglo en que vivian los curas de indios,
dio a luz en Madrid en 1671 una obra que intituló: Itís-
t7'uccion a curcas y eclesiásticos de las Indias, en la que,
según el parecer de los Inquisidores, no solo denigraba a
los párrocos, sino que vertía doctrinas injuriosas a la Sede
apostólica. Manifestóse el Arzobispo mui sentido de este
dictamen, aseverando en su defensa que las doctrinas con-
tenidas en su obra, no solo eran sustentadas por los me-
I'ores autores corrientes en el Perú, sino también que los
lechos que citaba eran perfectamente ciertos, apelando,
en comprobación, al testimonio de los mismos Inquisido-
res, que no pudieron menos de asentir a sus palabras, pero
que no bastó a impedir que la calificación en que tan de
mala data se dejaba al Prelado se publicase en todas las
ciudades del reino^.
6. Carta de 18 de agosto de 1678. De la obra de Valverde se habían
hecho hasta 1754 cuatro ediciones; en Madrid se publicó otra en folio
en 1871, i el año antepasado se acaba de reimprimir en Barcelona for-
mando parte de la Biblioteca amena e instructiva,
7. Carta de Almoguera de 1 de mayo de 1675, i otra de Huerta Gu-
tien'ez de 6 de junio del mismo año. Almoguera remitió su libro al
célebre Nicolás Antonio para qne lo diese a luz, según este mismo lo re-
fiere en sa Biblioteca hispana nova, tomo I, páj. 680. El Arzobispo
tuvo al ñn que pasar por lo que mandaron los Inqaisidores, limitando*
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250 LA mQÜISIClOK DE LIMA
Bien pronto habían de hacerse estensivas estas prohibi-
ciones, sin escepcion de persona alguna, a todo el que
buscase, pidiese, vendiese o comprase cintas de seda, aba-
nicos, telas, paños u otras cosas de hilo o algodón, que
circulaban con nombre de corazones de ánjeles, entrañas
de apóstoles®, etc.; mandándose, a la vez, recojerlas nava-
jas i cuchillos que tuviesen gravadas las imájenes de Cris-
to o de cualquier santo^.
Es de observ'^ar, con todo, que ni estos edictos, ni aun
los jenerales de fe se leian en la Catedral desde hacia mu-
cho tiempo, a causa de que con los disgustos que habian
mediado entre el Cabildo Eclesiástico i los Inquisidores,
éstos no aportaban por allí.^°
No podia cumplirse tampoco con esa solemnidad en la
capilla del Tribunal, porque con el terremoto ocurrido
en Lima el 13 de noviembre de 1655, habia queda-
do el edificio en tal estado que hubo necesidad de derri-
bar el techo, que Ibarra mandó después reconstruir,
haciendo fabricar al mismo tiempo un retablo tan costoso
que se pagó por él quince mil pesos. La cámara del secre-
to, que también sufrió mucho con el sacudimiento, fué
igualmente necesario echarla al suelo para reconstruirla
en mejores condiciones que las que tenia de antes. Toda-
vía, en 20 de octubre de 1687, ocurrió otro temblor que
dejó mui arruinadas las tres casas de propiedad del Tri-
bunal, i aunque las cárceles sufrieron algo esta última
vez, el estrago fué poco en comparación del que produjo
el terremoto de 20 de noviembre de 1690, en que se caye-
ron algunos calabozos i otros quedaron amenazando ruina,
habiendo escapado los presos milagrosamente: daños que
no se repararon hasta tres años mas tarde."
La situación pecuniaria del Tribunal, por fortuna, era
86 a pedir al Consejo que, ana vez correjido el libro, se le permitiese
reimprimirlo en Lima, lo qae, al menos en sos días, no tuvo Ingar, pues
murió poco antes de enterarse un año después de hecha su solicitud.
8. Carta de 21 de junio de 1651.
9. Id, de 8 de julio del mismo año.
10. Carta de 11 de marzo de 1675.
11. Cartas de 22 de agosto de 1656, 20 de noviembre de 1665, 28 de
mayo de 1666 i 29 de octubre de 1698.
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CAPÍTULO XXII. 251
excelente. Desde el año 1634 hasta el de 1649 habían en-
trado en sus arcas veintiún mil ochocientos sesenta i sie-
te pesos, por penitencias; i por multas de juego, compro-
misos i penas impuestas por los jueces, no menos de
cincuenta i dos mil pesos*^; i según otra relación no menos
auténtica, en los diez años trascurridos desde 1641 hasta
1651 habian valido al Tribunal las sentencias pronuncia-
das contra deudores, de ordinario reconciliados o relaja-
dos, ciento veintiua mil cuatrocientos sesenta i un pesos*l
Ademas, se habian percibido también cuarenta i un mil
ciento veintiocho pesos, de cuya suma próximamente las
dos terceras partes se debian a censos, i lo restante al pro-
ducto de las canonjías asignadas como renta fija al Santo
Oficio i a los cánones de arrendamiento de un tambo i varias
casas. Las causas civiles fenecidas, referentes al cobro de
bienes adventicios del gremio de donaciones i cesiones he-
chas al Tribunal, según certificado espedido por el receptor
jeneral Esteban de Ibarraen 1662, montaban desde el año
de 1572 hasta el de 650, a la cifra de dos mil setecientos
treinta i un pesos."
Fuera de las casas dadas en arrendamiento, poseia el
Santo Oficio una que habia comprado en cuatro mil dos-
cientos pesos, i la que se habia confiscado a Manuel Bau-
tista Pérez, que formaba la esquina poniente de la plaza
en que se hallaba el Tribunal, que ocupaba el primer in-
quisidor; i capilla de por medio, la que habitaba el segun-
do (que vivia en los altos) i el alcaide, que tenia la parte
Estos cuantiosos bienes estaban, sin embargo, tan mal
administrados que el receptor jeneral que habia entrado a
servir su puesto en 1674 se lamentaba de que apesar de
todos sus afanes no habia logrado establecer orden com-
pleto en los negocios. Según sus cálculos i por la razón
dicha, las rentas del Tribunal habian descendido a treinta
i cinco mil novecientos cincuenta i un pesos, ascendiendo
los gastos a un poco mas de esta suma. De este modo, al
12. Libro 760—12—, fol. 148.
13. Legajo de Hacienda^ núm, 562.
14. Id. 137.
15. Libro 760—12—, fol. 174.
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I
^h2 LÁ íl^QÜISicIOlT DÉ LÍMÁ
mismo tiempo que era fácil penetrarse de que las rentas
eran harto considerables, no podia menos de reconocerse
ue el empleo que de ellas se hacia, pagando una cantidad
e empleados i enviando al Consejo sumas no desprecia-
bles, habrían bastado todavía para ocurrir a todos los gas-
tos, si, como lo espresaba el receptor, los Inquisidores, unos
en pos de otros, no hubiesen distraido sumas relativamen-
te cuantiosas en aderezar sus respectivas viviendas hasta
dejarlas a su placer, i a que con ocasión de las frecuentes
promociones a obispados que se habian hecho de los mi-
nistros, éstos habian continuado percibiendo sus sueldos
del destino que antes desempeñaban.^®
16. Los gastos del Tribunal ea esa lépoca (1681) se descomponían
de la manera siguiente:
AI inquisidor mas antiguo, Francisco de Bruna
Rico, ($4968 2 rs.) i como juez de bienes con-
ñscados 147 pesos: total $5110. 2 rs.
A Queipo de Llanos, inquisidor 4963. 2 1-8.
A Juan déla Cantera, id 4963, 2 rs.
Al secretario Ramón de Aulestía 1654. 6 rs.
Id. id. Juan de Robles 1654. 6r8.
Al receptor jeneral 1694. 3 rs.
Al notario de secuestros 496. 2 rs.
Al abogadodel Fisco del Tribunal 165. 3 rs.
Al médico de las cárceles 50
Al procurador del Fisco 750
Al alcaide 827
Al nuncio 550
AI portero 400
Al ministro ejecutor de vara 250
Al Supremo Consejo se enviaban todos los años.. 9926. 3 rs.
Al Secretario de id 496. 2 rs.
A otro secretario 275
A otro 375
Al oficial mayor 275
Al oficial déla contaduría 200
En los pobres de las cárceles, término medio, en
el año 850
Gastos estraordinarios en varios años 2800
Gastos de cámara del Secreto 250
Gastado en aderezar las habitaciones de los in-
quisidores en siete años 7000
Carta de Pedro Noguera de 18 de enero de 1681. A no ser que es-
tuviesen vacantes sus puestos por entonces (cosa que no es probable)
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CAPÍTULO xxn 253
El personal del Tribunal había sufrido, mientras tanto,
algunas modificaciones. A Huerta Gutiérrez después de
haberse hallado algún tiempo solo, vino a hacerle compa-*
nía, en calidad de fiscal, Bartolomé González Poveda, que
llegó a Lima a fines de marzo de 1670, para ascender
cuatro años después a la presidencia de los Charcas. Juan
Queipo de Llanos, que fué proveido con igual carácter a
principios de 1672, fué también promovido en diciembre
de 1680 al obispado de la Paz. Francisco Luis de Bruna
Rico, después de haber servido de inquisidor en Cartaje-
na, se recibió en su nuevo puesto en 2 de enero de 1675;
i Juan Bautista de la Cantera, que obtuvo su título en el
mismo mes de 1681, mona el 15 de setiembre de 1692,
Hcon accidentes tan arrebatados y repentinos que apenas
tuvo tiempo de recibir los sacramentos, por haberse pri-
vado totalmente de sentido", m
El Tribunal de Cartajena, que se habia constituido ya
como en una escala de ascensos para el de Lima, habia
de suministrar todavía antes de concluir el siglo XVII
otros tres ministros, que lo fueron, Gómez Suarez de Fi-
gueroa, que después de haber desempeñado aquellas fun-
ciones solo en aquella ciudad, llegó a Lima en 1697, sir-
viendo durante varios años, hasta que murió; el licen-
ciado Alvaro Bernardo de Quiros i Tineo, que se hallaba en
Lima desde fines de 1682; i, por fin, Francisco Valera,
abogado de la Audiencia, asesor de los Virreyes, dos ve-
ces rector de la Universidad, inquisidor de Cartajena en
1682*®, donde tales encuentros tuvo con el Obispo i a ta-
les estremos llegaron sus audacias, que el Rei dio orden al
Conde de la Monclova para que sin pérdida de tiempo ni
escusa alguna lo hiciese salir para España*^
Tales fueron los jueces que respectivamente conocieron
no se esplica que el receptor no incl oyese en esta nota a un tercer secreta-
rio, (1000) notario del juzorado (1400), contador (200), juez de bienes
(1000), letrado de pobres (200), despensero (800), solicitador (100) i
barbero (100), que se contaban como empleados de planta del Tribu-
nal. Véase Memorial citado^ ibid.
17. Caria de Valera de 16 de setiembre de 1692.
18. Id. de 4 de junio de 1690.
19. Cédula del de abril de 1691.
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254 LA INQUISICIÓN ÜB LIMA
de las causas de los reos que señalaremos a continuación:
1672-1675. — Ignacio deLoyola Ponce de León, deste-
rrado a Valdivia por blasfemo; Lorenzo Becerra, natural
de Arequipa, soldado, por haberse casado dos veces; An-
tonio Zeballos, sevillano, de setenta años, mercader, "por-
que estando mal recibido en las acciones de cristiano, y
habiendo sido azotado publicamente por blasfemo, tenien-
do tienda en el Cuzco, hizo un hoyo dentro de ella, detras
de la puerta, y enterró allí una imájen de Nuestra Señora
de Guadalupe, hecha de hoja de lata, de tres dedos de
alto.n
Jerónimo de Medina, presbítero, del Cuzco, por testigo
falso; Lúcíxs Bran, esclavo, por haber sido causa de que se
casase segunda vez un mulato; Francisco, negro criollo,
de lea, i Sebastiana Caboverde, esclava, por dos veces ca-
sada.
Tomas Gago de Vadillo, clérigo, hijo de español i de
india, natural de Guancavelica, de cincuenta i seis años,
por embustero, hipócrita, por algunas indecencias que co-
v' metia con sus hijas de confesión i por algunas proposicio-
nes escandalosas, abjuró de levi i quedó suspenso de pla-
ticar, »en público ni en secreten por todos los diaa de su
vida.
Fr. Agustín Pérez, relijioso diácono, natural de Cuenca,
por haber confesado a una india; Ana María de Gozar i
Acevedo, cuzqueña, por bigamia; Antonio Pérez de Leiva,
de veinte años, mayordomo de repartir pan, natural de
Popayan, por blasfemo; María Jurado, zamba esclava,
oriunda de Con chucos, presa por embustera, sortílega i
hechicera, recibió los azotes de estilo.
Francisca Arias Bodriguez del Valle, natural de Oruro,
de cincuenta años, »»consta que mascaba la coca para atraer
a los hombres a lo que ella quería y rezaba por las áni-
mas del purgatorio o condenadas, haciendo que le pinta-
sen dos, una de hombre y otra de mujer, y les encendía
velas y les rezaba tres paternóster y tres avemarias, por
un hilo que llaman de maite, que tenia por cuenta trece
nudos, y conjuraba las ánimas diciendo: »»yo os conjuro
por el día en que nacisteis, por el baptismo que recibis-
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CAPÍTULO xxn 255
tei8, por la primera misa que oisteia, que me traigáis a
fulaDO. n
Sabina Junco, cuartcrona de mulata, limeña de veinte
años, por hechicera, fué reclusa por dos años; María de
Soria, mestiza, de Guancavelica, por doble matrímouio;
María Gómez, por testigo falso en una informacíüu de
soltería; Petrona Arias, natural de Andaguailas, casada^
por hechicera.
Fr. Antonio de San Jerman, napolitano, lego de San
Francisco, procesado por embustero, que finjiendo virtud
i revelaciones i comunicación con su ánjel de guarda,
predecia el porvenir, con lo cual adquiría dineros que gas-
taba algunas veces en usos torpes i deshonestos.
Antonio Novoa de las Marinas, clérigo, limeño, de cin-
cuenta i ocho años, porque acostumbraba decir dos misas
en un mismo dia; Francisca de Herrera, alias la pastora,
de Oruro, de cuarenta años, por supersticiosa i hechicera;
Francisca de Urriola, mulata esclava, guatemalteca, por
lo mismo; Miguel Urgiles, mozo soltero, de Riobamba,
porque tocando la guitarra hacia bailar un huevo i que se
levantase del suelo hasta la altura de su cabeza; Josefa de
Llanos, mestiza, de Cajamarca, por supersticiones; Mag-
dalena de Ucles, mulata esclava, de Quito, por haber pro-
ferido ciertas palabras de desesperación.
Inés Dávila Falcon, vecina de Lima, por casarse tres
veces; Agustín Poblete, natural de Potosí, sacerdote, es-
pulso de Santo Domingo, denunciado de que tenia la cos-
tumbre de mascar coca i tomar la yerba que llaman del
Paraguai hasta mui tarde de la noche: fué desterrado a
Chile por ocho años.
Francisco Duran Martel, diácono, natural de Guániíco,
por haber celebrado misa; Juan Manuel de los Rios, que
por medio de sortilejios prometía a los hombres los favo-
res de sus amigas; i Susana, negra de casta del Congo,
que se casó primero en Chile i después en Lima.
Durante este tiempo no se habia ofrecido mas reo de
importancia que Antonio de Campos, que habia sido pre-
so por sostener ciertas proposiciones heréticas i que por
mantenerse pertinaz en ellas habia sido condenado a rela-
jar. Tropezaban, sin embargo, para ello los Inquisidores
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256 LA INQUISICIÓN DB LIMA
con que no era posible por un solo penitente entrar en los
considerables gastos que demandaba un auto público, por
lo cual consultaban al Consejo en 1672 qué deberían ha-
cer en semejante caso* Por fortuna para Campos, poco
tiempo después de elevada esta consulta, se descubrió que
su verdadero nombre era el de Fr. Teodoro de Ribera,
agustino, i por una información hecha en Guancavelica, que
»ile habia hecho mal una mujer, privándole de su juicio
en la comida que le dabam de lo cual el infeliz llegó al fin
a persuadirse a tal estremo que en la cárcel no habia for-
ma de reducirle a que probase alimento alguno. Con tales
antecedentes fué recojido por su prelado i puesto a buen
recaudo en la cárcel del convento; mereció escaparse de
aUí a poco tiempo, concluyendo por dar tales demostracio-
nes de decadencia en su razón que los jueces resolvieron
entregarlo nuevamente a su provincial, suspendiendo su
causa i mandando que se le tratase como a loco^*.
1675-1681. — ^Leonardo de Vargas, limeño, de dieziocho
años; Alonso Ramírez de la Parra, Antonia de Neira, Jose-
fa Rodríguez de ViUaverde, Petrona Méndez, Juan Blanco
de Bustamante, José Ramón de Ojeda, Felipe de Monte-
negro, Roque del Águila, Francisco de Rojas Pacheco i
Francisco de Torres Chacón, por casarse dos veces.
Domingo de Baena, español, herrado en el rostro, i Ma-
nuel de Coyto, portugués, por blasfemos.
Fr. Juan Pichardo, lego de Santo Domingo, i Fr. Diego
de Santa María, por celebrantes.
Bernarda Cervantes, española, de Ibarra, i Juana María
de Herrera, por sortílegas.
Pedro de Espíndola Marmolejo, por adivino i curandero;
María Magdalena de Aliaga, por deshonestidades i consul-
tora de hechiceros; Leonardo Alvarez de Valdes, por ha-
bérsele hallado ima cédula en que ofrecía su alma al diablo,
i Fr. Francisco de Rojas, de la Recolección franciscana,
madrileño, de treinta i cuatro años, por solicitante.
Al fin encontraron los Inquisidores material bastante
20. Carta de Poveda i Huerta Gutiérrez delude agosto de dkho año.
^l.^ Carta de Bruna Rico i Huerta Gutiérrez de 10 de noviembre
de 1674.
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CAPÍTULO XXII 257
para un auto de fe, que tuvo lugar en la iglesia de Santo Do-
mingo el 16 de marzo de 1693, con las personas siguientes:
María de Castro Barreto, zamba, guayáquileña, de trein-
ta i seis años, cocinera i vendedora de nieve, que se daba
a las supersticiones derivadas del uso de la coca. Por
los males inmundos de que adolecia se escapó del tor-
mento a que fué votada, pero no de los doscientos azotes
que se le aplicaron par las calles, a voz de pregonero.
Matías de Aybar Morales, de treinta años, domador de
muías, por haber contraído cuatro veces matrimonio; Pe-
dro Martin de Alarcon, Benito de Campos i Josefa Rosa,
alias Chepa Manteca, por causa semejante.
Antonio Fernandez Velarde, que fué remitido de Chile.
Melchor de Aránibar, de solo diezinueve años de edad,
que se decia haber celebrado pacto con el diablo en el
Cuzco i que llevado al Tribunal ofreció a los jueces que les
haría algunas pruebas de mano, lo que verificó con gran
espanto de aquellos, por lo cual le mandaron aplicar cien
azotes.
Francisco de Benavides, por sortílego, Juan Alejo Ro-
mero, mestizo, Lorenzo de Yalderrama i doña Inés de Pe-
ñailillo, por lo mismo.
Juan Francisco de la Rosa, mulato, por blasfemias he-
reticales, i Petronila de Guevara, que ya habia salido en
auto público anteriormente i que fué de nuevo castigada
por hechicera, sortílega, supersticiosa i embustera.
Anjela de Olivitos i Esquibel, llamada también la her-
mana Anjela de Cristo, soltera, de veintiséis años, limeña,
cuárterona de mestiza, costurera, que vivía en casa de
cierto hombre casado con quien entró al fin en malas re-
laciones i en cuya casa habia sido recojida por el crédito
que tenia de virtuosa i sierva de Dios. Quejábase de 'das
esterilidades if que padecía, refería los éxtasis que esperi-
mentaba, i contaba que la asistían dos ánjeles de guardia,
que tenía el completo uso de su razón desde la edad de
seis años, i que en ese entonces la despertó uno de sus
ánjeles diciéndole que se levantase del lecho en que se ha-
llaba para adorar a Dios, pasando desde ese día en vela dos
horas de la noche; i que sufriendo, desde los siete, estí-
mulos de los sentidos, se le había aparecido Santo Tomas
TOMO II 17
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258 LA INQUISICIÓN DE LIMA
i le habia hecho una cruz, con la cual habia quedado desde
entonces libre de tentaciones. Por todo esto, abjuró de le-
vi, fué advertida, reprendida, conminada i desengañada i
condenada a reclusión por cinco años en un lugar señala-
do por el Tribunal.
Pero existia por esos dias en las cárceles del Santo Ofi-
cio una mujer cuya prisión duraba ya seis años, famosa
en los anales del Tribunal que historiamos. Era ésta An-
jela Carranza, soltera, natural de Córdoba del Tucuman,
i en esa fecha mayor de cincuenta, que desde que habia
pasado a Lima por los de 1665 dio en frecuentar los tem-
plos i santos sacramentos, logrando por este medio cap-
tarse al cabo de poco tiempo la reputación de santa i es-
pecialmente favorecida de Dios.
Mas, dejemos al inquisidor Várela que refiera los
pormenores de este interasante proceso. »»Para ahogar
el enemigo la míes católica, pretendiendo llenar las tro-
jes del infierno, espresa aquel majistrado, havíase valido,
como suele, y acostumbrado otras veces el demonio, del
medio de una mujer de éstas que llaman beatas, y lo era
del hábito del glorioso patriarca San Agustín; su nombre
era Anjela de Carranza, a quien por antonomasia de ve-
neración llamaban la madre Anjela, y ella se apellidaba
vanamente Anjela de Dios.
iiTeníase por un paraíso de perfeciones, la que solo era
sentina de errores. Era en la engañada aprehensión de
los mortales, la santa de este siglo, la maravilla de este
orbe, la maestra de la mística, la abogada del pueblo; mi-
lagros, éxtasis, raptos, inteligencias y revelaciones, se su-
ponían tan frecuentes, que el cielo se juzgaba compendia-
do en aquella muger. Era últimamente el correo de la
gloria y por un nuevo género de sagrada estafeta, llevaba
y traia del cielo no solo respuestas y despachos divinos,
sino varias alhajas, a cuya bendición viniesen vincula-
dos auxilios y felicidades. Comenzó para acreditar el trá-
fico, por cuentas, rosarios y campanillas, como cosas que
por lo sagrado del uso no repugnaban lo milagroso del
favor, y acabó en piedras y cencerros: llevábanse a su ca-
sa los rosarios y cuentas, no uno a uno, sino por cofres y
caxones, que pasaron también a essos reynos, y aun llega-
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CAPÍTULO xxn 259
ron a Roma con su fama; espadas, dagas y otras preseas de
esta calidad eran ya a un tiempo trastes y reliquias,
uniendo la incompatibilidad de lo religioso de la veneración
con lo profano del servicio; sino es el altar y la canoniza-
ción, no le faltaba otra cosa en la acepción coman del
rey no. Guardábanse ya los fragmentos de lo que por su
contacto o participación, esperaban en breve ver reliquias.
Sus vcstidoí?, muelas, unaí5 y cabellos, no eran mas de-
centes que las vendas y paños teñidos en su sangre; lo
que mas horrible fuá era lo que 0("ultaba al pueblo y solo
manifestado a sus confesores, tenia en mayor su santidad
y en notable expectación al mundo.
i*Esto eSj sus copiosos escritos en materias teol(>gicas; ■
en quince años, escribió quince libros, compuestos de qui-
nientos y quarenta y tres cuadernos, con mas de siete
mil y quinientas foxas, cuyo asunto principal, decia, se
encaminaba a que por sus escritos avia de declarar la San-
ta Sede Apostólica por de fee, el misterio de la Concep-
ción purísima de Nuestra Señora, y que para este fin la
avia Dios elegido singularmente, constituyéndola maestra
y doctora de los doctores. Tuvo engañado al género hu-
mano en este reino, sin reservarse Vireyes, Arzobispos,
Obispos y Prelados: hacia felices solo el comunicarla. Úl-
timamente, reconocido este monstruo, quitada la máscara
a esta esfinge diabólica, se halló todo el prodigio de sus
maravillas, portento de embustes, ficciones y vanidades
ridiculas, irrisorias, contradictorias y disparatadas, por la
mayor parte en las revelaciones. Sus escritos, uii seminario
de heregías, errores, malsonancias, temeridades, escán-
dalo de proposiciones cismáticas, impías, blasfemias peli-
grosas, arrogantes, presumptuosas, disparatadas, relaxati-
vas de las costumbres, injuriosas y denigrativas de los
próximos en todos estados, expresando sus nombres, sin
exceptuar Pontífices, Keyes, Vireyes, Tribunal del Santo
Oficio, Reales Audiencias, Arzobispos, Obispos, Cabildos,
eclesiásticos, sagradas religiones,, monasterios de monjas,
como también de otras personas determinadas con negras
notas de graves injurias, infamándolos no una sino mu-
chas veces, refiriendo que Dios se lo revelaba. Su vida
desahogada, inmodesta, regalada, sin penitencia ni morti-
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260 LA INQÜISICIOH DB LIMA
fieacion alguna, vana y arrogante, impaciente, iracunda,
soberbia y codiciosa en extremo, y al fin relaxada y co-
rrespondiente en todo a sus engaños, corrido el velo de
su lupocresía.^ii
Fallada la causa de la Carranza, resolvieron los Inquisi-
dores celebrar un auto público en la iglesia de Santo Domin-
go, el 20 de diciembre de 1694, para cuyo efecto se hizo la
publicación acostumbrada el dia quince de ese mes. Pero,
lisin duda el demonio por estorbar este glorioso triunfo
de la fe, hizo que como a las dos de la mañana de ese dia,
sin saberse quien ni qué personas, con poco temor de Dios
y de sus almas, pusiesen fuego a una pieza fuerte que ser-
via de custodia a los depósitos de plata que existían en el
Tribunal, contiguo a las cárceles secretas, sala del Tribu-
nal y archivos, II a cuyo efecto los supuestos ladrones, es-
calando la pared mas alta i provistos de los aparejos nece-
sarios, habian producido el incendio. Mas, tan pronto como
se notó lo que ocurria, Yalera i sus criados trataron de
apagar el fuego, i no lográndolo, despertaron a toda la
jente del barrio i empezaron a tocar a rebato en una igle-
sia vecina, a cuyo llamado acudieron los jesuítas i frailes
de Santo Domingo, con botijas de agua i hachas de rajar
leña, i la guardia de los alabarderos con el hijo del Yirei a
su cabeza. Estinguido el incendio, sin pérdida alguna de di-
nero i sin mas destrozo que el de la habitación en que éste
se guardaba, i el de las tapas de algunos libros, luego se
fijaron edictos declarando el caso como uno de los reserva-
dos i conminando a los sabedores con las penas ordinarias
de escomunion si no se presentasen en un término dado a
denunciar a los autores de la intentona que en tanto ries-
go habia puesto a las casas del Tribunal .
Llegó en ésto el dia fijado para el auto, en que la Carran-
za fué condenada a abjurar de levi i a cinco años de recoji-
miento, con prohibición absoluta de tratar, escribir ni ha-
blar con persona alguna acerca de revelaciones. »íLa moción
22. Carta al Consejo de 16 de enero de 1695.
28. Id, de Valei^a de 8 de enero de 1695. Apesar de loe edictOB,
nada pudo descubrirse, i para evitar en lo sucesivo el riesgo que corrie-
ra el dinero, se puso mas tarde en una bóveda subteri'ánea de cal i pie-
dra, con puerta de fierro. Id.^ id.
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CAPÍTULO XXlt 261
del pueblo, durante é\, concluye Várela, fué la mayor que
hasta hoy se ha vistOj absorto de ver penitenciada la que
esperaba Antes dar adorada a la posteridad; gozoso verse
libre del veneno y de las ilusiones, sagradamente irritado
con la enormidad de las iniquidades; y ultimamentej es-
carmentado con el ejemplo para evitar en muchos la caida,
y en los demás la facilidad en el engaño, cediendo todo en
mayor veneración del Santo Tribunal, gloria de Dios
nuestro Señor y de V. A., por haberse descubierto y des-
hecho al cabo de seis años este monstruo en el tiempo de
su felicísimo gobierno, y a la sombra de la suprema presi-
dencia y dirección del excelentísimo señor Inquisidor Je-
neral'**. n
Ademas de la Carranza, salieron en el auto Juan García
Muñoz y Juan de Silvela i Mendoza, polígamos, i José de
Rivera, testigo falso.
De las causas de Antonio de la Peña i Benito Cataño
daremos relación en la parte de esta obra referente a Chile.
Tan pronto como se feneció el proceso de la Carran-
za, se fijaron edictos impresos para que se entregasen en
el Tribunal, dentro de los nueve dias siguientes a la pu-
blicación, las cuentas, rosarios, medallas, campanillas,
cencerros, espadas, pañuelos, las vendas mojadas con su
sangre, retazos de sus enaguas, retratos, uñas, cabellos,
firmas i papeles, debiendo ademas, denunciarse a los que
guardasen tales objetos i a los que sostuviesen que sus es-
critos no eran dignos de censura, iisin que puedan tener-
los, espresaba aquel documento, leer los orijinales, ni
copiados ni traducidos en cualquier lengua que sean, ni
venderlos, ni imprimirlos, ni rasgarlos, ni quemarlos, ni
24. Carta citada de 15 de enero. La causa de la Carranza fué prime-
ramente dada a conocer por José del Hoyo en su Relación completa y
exacta del auto publico ^ etc., Lima, 1695, 4.**, reproducida por Odriozola,
Documentos literarios dsl Perú, tomo VIL Hoyo fué abogado de bienes
de la Inquisición desde el año de 1678, i secretario en el siguiente,
siendo nombrado coutador en 1688, sirviendo cuyo cargo falleció el 8
de agosto de 1703. Habia sido, ademas, cura interino de Santa Ana,
visitador del obispado de Guamanga, rejente de la cátedra de Decreto,
licenciado i doctor en cjinones i vioerector de la Uuiveraidad. Palma
en la Revista de Sud-América, (Valparaíso, 1862) i después en sas
Anaies de la Inquisición de lAma, ha relatado también este proceso.
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262 LA INQUISICIÓN DE LIMA
referir de memoria lo en ellos contenido, debajo de esco-
munion mayor, pena de quinientos pesos y otras a nues-
tro arbitrio, porque así conviene al servicio de Dios nues-
tro Señor y a la mayor exaltación de su fe, y lo contrario
haciendo, procederemos contra los inobedientes y rebeldes
como contra personas que sienten mal de las cosas de
nuestra santa fe católica, apostólica romana, n^
Esta medida surtió pronto sus efectos, exhibiéndose so-
lo en Lima n tanta multitud de rosarios y cuentas, que pa-
san de millones, y de tal suerte, que en diez pontificados
no ha distribuido la Sede Apostólica mas cuentas y rosa-
rios que los que distribuyó esta muger en los catorce años
que tuvo engañada a esta ciudad con su hipocresía, n En
cuanto a las espadas, velas, ropa usada, retratos suyos en
bronce i lienzo, con insignias particulares de santidad, se
hizo igualmente una cosecha tan abundante, que se llenó
con esos objetos una sala bien espaciosa del Secreto.^
En cuantc a los confesores de la reo, que lo híibian sido
el doctor Ignacio Ixar, cura de San Marcelo, i los agus-
tinos Fr, José de Prado i Fr. Agustín Román, fueron pre-
sos en cárceles secretas i procesados en forma.^
Entre las revelaciones que la beata Anjela decía haber
tenido, era una la de que el indio Nicolás de Aillon, o Ni-
colás de Dios, había subido al cielo luego de su muerte,
acompañado de Jesucristo i de muchas almas que había
sacado del piy-gatorio, i que gozaba de la misma gloria
que el reí David. Fué Aillon un sastre, natural de Chicla-
yo, casado con una mestiza nombrada Jacinta de Monto-
ya, que se titulaba la madre María Jacinta de la Santísi-
ma Trinidad, i que habia fallecido en Lima, con crédito
de siervo de Dios el 7 de noviembre de 1677. Poco des-
pués, su mujer, acompañada de varias doncellas, formaba
un recojimíento, al mismo tiempo que jestionaba activa-
mente ante la curia arzobispal para acreditar la santidad
de su marido, de que daba buen testimonio la incorrup-
tíbilidad de su cuerpo, nque despedía olorn, hecho de que
25. Edicto impreso de 22 de diciembre de 1694.
26. Carta de Yolera de 20 de abrü de 1695.
27. Id. delííde agosto del mismo año.
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CAPÍTULO XXII 263
luego se llevó denuncio al Santo Oficio, el cual por enton-
ces se limitó a recibir algunas declaraciones, i entre otras,
la de la misma Jacinta de la Santísima Trinidad.^
Las cosas habrían quedado probablemente en este esta-
do si el jesuíta Bernardo Sartolo, catedrático de Artes en
el Colejio de Santiago de la misma Compañía, no hubiese
dado a la estampa una obra sobre la vida de Aillon, que
se publicó en Madrid en 1684 i que tan pronto como ee
recibió en Lima, causó gran novedad. Aceptaba^ en efecto,
su autor como verdadera la revelación de la Carranza res-
pecto de su héroe í elojiabasin tasa al agustino Fr, Pedro
de Avila Tamayo, confesor de aquél, que habia sido cas-
tigado por el Santo Oficio como solicitante con escándalo;
amen de otros detalles conocidamente falsos í perjudicia-
les a las sanas creencias, por lo cual hubo de fijarse edic-
tos prohibiendo el libro i mandando que los que lo tuviesen
lo entregasen en la Inquisición, bajo las penas ordinarias.®
Es verdad que para esto debió influir el que con oca-
sión de las mujeres que el Tribunal habia procesado por
hechos supersticiosos i embusteros, desde antemano i en
virtud de órdenes superiores, debia hallarse mui preveni-
do sobre los divulgadores de semejantes credulidades i
fantasías; siendo mui digno de notarse que estas adver-
tencias se hicieran a los ministros precisamente con moti-
vo de una obra sobre la vida de Santa Kosa. ttEl libro
manuscrito de la hermana Kosa y calificación que a él han
dado, que todo vino con carta de 4 de mayo del año pa-
sado de 1622, decían, en efecto, en el Consejo, se queda
mirando y a su tiempo se ordenará sobre lo que debáis
hacer, y entre tanto, considerando con el limo, señor In-
quisidor Jeneral ésto y lo demás que contiene vuestra
28. Los jueces examinaron a la viuda de Aillon por un largo inte-
rrogatorio, en (|ue descendían hasta las mas secretas particularidades
de su vida marital
29. Carta de ^l de agosto de 1696. El libro de Sartolo, que tenemos
a la vista, se intitula Vida admirable y muerte prodigiosa de Nicolás de
Aillon y con renombre mas glarioso Nicolás de J)ios, etc. Madrid, 1684,
4.** Es singular que el Tribunal no hubiese procedido de una manera se-
mejante tratándose de tantos otros libros relativos a vidas de personajes
ascéticos que se publicaron en Lima durante todo' el siglo XVII, i que
están plagados de revelaciones, milagros i otros hechos semejantes.
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264 LA INi^UISICIOtí DK LIMA
ccgrta acerca de las que se l^acen ^anta^ con fingidas arro-
ba.ciones, que decxs llaman comunmente aturdidas, ha
parecido que vais continuando las causas que han sobre-
venido y adelante resultaren, con mucho recato, recibien-
do las testificaciones y haciéndolas calificar, añadiendo a
los edictos de fe lo que viéredes que conviene advenir al
pueblo acerca de la naateria, y haciendo lo demás que pa-
deciere conveniente para reprimir estas novedades, de que
iréis dando cuenta y de lo que resultare de las dichas dili-
gencias, n I lo que es mas singular todavía, que upor haber-
se intentado sacar los papeles que hay en el secresto contra
ellaü, con ocasión de las letras apostólicas sobre la cano-
nización de la monja dominicana, se les mandó, en 8 de
mayo de 1671, que respondiesen que no habia en el Tri-
bunal papel alguno relativo a ella.^
No limitaron su censura por este tiempo los Inqui-
sidores a libros e impresos, pues, con ocasión de haberse
ofrecido en el convento, de San Agustín la celebración
de unas conclusiones públicas que fueron dedicadas al
Virei por su autor el maestro Fr. José Garcia Jiménez,
habiendo éste solicitado la aprobación del Tribunal pa-
ra darlas a la estampa, no solo no se le otorgó, sino que
se le mandó entregar el manuscrito, por cuanto siendo
verdad que algunos temas podian defenderse en la Uni-
versidad, monasterios de monjas i colejios de la ciudad,
€sra. nuro el caso en que no se diesen a entender a todos en
80. Mai pronto, en virtad de esta disposición, se rieron los Inqiiisi-
dores obligados a incurrir en una mentira idéntica. Apesar de lo que
referían del libro de Bartolo, llegaron a Lima en 1711 ciertas letras
apostólicas cometidas al Arzobispo para que en juicio plenario recibie-
se^ información sobre la vida i virtudes de Aillon, i en su consecuencia,
se presentó un canónigo en el Tribunal solicitando que se le devolviese
el espediente anteriormente iniciado ante el Metropolitano i que se ha-
bia llevado al Santo Oficio con ocasión del libro del jesuíta: a lo que le
contestaron los jueces «que no habia en el Santo Oficio papeles algunos
que dar en razón de lo que se pedia, arreglándonos, seguo significaban
al Consejo, a la providencia que se sirvió V. A. ordenar en carta de 8
de marzo de 1681, para que según ella, respondiese al padre Jerónimo
Bautista, procurador nombrado para las informaciones en el plenario
de la beatificación de Santa Hosade Santa María, que pedia ciertos pa-
peles e informacione»oríjinaIes que paraban en este Secreto.» Carta de
Suarez de FigiMroa e Ibañez de 30 de octubre de 1711.
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CAPÍTULO XXU 265
romance, »*porque como son tantos los caballeros laicos
que se convidan a su asistenciaj por no tenerlos toda una
tarde mortificados sin entender lo que oyen, acostumbran
los maestros que presiden o replican, decir el punto que
Be controvieite en estilo e idioma castellano, fácil e inte-
lijible a todos^^íT
Otro taoto le ocurrió al doctor José Carrillo de Cárde-
nas, presbíterOj que trató de celebrar unas conclusiones
públicas en la Universidad para que las defendiese uno
de los colejiales jesuítas; mas, divulgado el dia en que
debia tener lugar el acto, causó tanta novedad en muchos
hombres de letras i escándalo en todos los laicos que se
convidaron para la fiestaj ^"dividiéndose en pareceres los
doctos, y los no tales, abominando la novedad, u entre los
cuales no fué de los últimos el mismo Virei, según lo ase-
gura uno de los Inquisidores^, que al finia fiesta no tuvo
logar.
SL Carta rk Vakra de 20 dp octuWñ de 1G93,
H2. Id, de 15 dn setiembre dd año anterior. La conclasion era rela-
tiva ñ ]ím sacnunentoF, preaeiitátidüsc como autor de olla al píidre jesuí-
ta Nicolás de Olea» «tenido y reputado por pniQ teóloí^o» muy vírtiioao
y circunspecto, aunque tenido por pagado de su dictamen. jí Ibid, Dos
años después de este percance publicó Olea en Lima la Summa tripar-
tita schülastícae philosophiae^ e/c,,* libro i autor cjue no mencionan los
padres Backer en sue Ecrwaim ¡Ié la Compagaie de Jésus,
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CAPÍTULO XXIII
Qíiej'as de la Inquisición contni pI Yisiitadov tle ]o% jcsnitas. — Iñ. riel
Arzobispo contra los luqaisidores. — La Inquisición i las relijiones. —
Auto de fe de 28 de noviembre de 1719. — Id. de 21 de diciembre
de 1720. — Reos penitenciados hasta 1725. — Dos causas de portu-
gueses.
'•Entre los cuidados con que se halla este Tribunal para
el despacho y espediente de las muchas causas que han ocu-
rrido y que en él están pendientes, decian los Inquisido-
res al Consejo, en carta de 4 de junio de 1701, no ha sido
el menor embarazo el que se ha ofrecido con el padre
Diego Francisco Altamirano.n Era éste hombre de mas de
ochenta años, visitador i vice-provincial de la Compañía
de Jesús en el Perú, quien entre otras disposiciones de
su cargo, tenia ordenado que ningún miembro de la Or-
den admitiese el oficio de calificador del Santo Tribunal sin
previa licencia del provincial. Ignoramos cuales fuesen las
razones que para el caso obraran en el ánimo de Altami-
rano, pero como en él se envolvia un ataque mas o menos
velado a la jurisdicción i autoridad del Tribunal, sus mi-
nistros levantaron luego un espediente a fin de descubrir
los móviles del ^ásitador, o, mas propiamente, con el pro-
pósito de desautorizarle; afirmando dentro de poco al
Consejo que los verdaderos autores de la disposición del
jesuita eran algunos padres que nombraban, i mui espe-
cialmente don Diego Montero del Águila, que después de
haber enviudado, se habia ordenado de sacerdote, logran-
do así que el Tribunal le diese el salario de abogado del
Fisco i el título de consultor. Le acusaban, en consecuen-
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26 § LA INQUISICIÓN DB LIMA
cía, de infiel en el desempeño de ambos cargos i repetían
que era público en Lima que todos ellos estaban complo-
tados para quejarse de las operaciones del Santo Oficio,
temiendo lo cual se anticipaban a informar de lo que pa-
saba para que el Consejo estuviese sobre aviso i solo diese
a las delaciones que intentaran el crédito que pudiesen
merecer después del informe que elevarian una vez termi-
nado el espediente que tenian iniciado.
Eran sin duda infundadas las suspicacias de los Inqui-
sidores, pues ni el jesuíta ni sus supuestos consejeros pre-
sentaron queja alguna al Consejo, que debian al fin partir
de una fuente mas autorizada de la que ellos se imajina-
ban\ El acusador de sus procedimientos debia ser esta
vez, en efecto, nada menos que el Arzobispo, que, como él
mismo lo lamentaba mas tarde, por haber tolerado en un
principio los avances de los Inquisidores, ofensivos de su
dignidad i jurisdicción eclesiásca, "solo hablan servido de
basa i fundamento sólido en que han fabricado otros ma-
yores de escandalosas i perjudiciales consecuencias, n
Estaba a cargo del inquisidor mas antiguo el patrona-
do del colejio d^ niñas huérfanas, que tenia considerables
sumas asignadas para su crianza, educación i est^o. Pro-
pusieron los ministros cuatro que deseaban ser relijiosas
de velo blanco en el monasterio de la Encarnación, ente-
rándose a cada una la dote que le correspondía; pero cum-
plido el año de noviciado, se entendió que las jóvenes
manifestaban alguna repugnancia para profesar, por lo
cual el Inquisidor rogó al Arzobispo que tratase de per-
suadirlas a que lo verificasen lo mas pronto; resultando de
la conferencia que con este motivo tuvo con ellas el Pre-
lado, que dos profesaron, una se escusó i la otra vino en ello
a condición de que su profesión tuviese lugar en distinto
monasterio. Sin mas que ésto, Suarez de Figueroa pasó a
embargar todas las rentas del convento, a titulo de ase-
1. Sin detenemos en denuncios de poca importancia, no debemos
pasar aquí en silencio el que hacia a Ibañez el mercenario Fr. Juan
Fernandez Melena, de haber nombrado de calificador, cpor sns fines
particulares]^, a Fr. Miguel Altamirano, siendo notorio i público que
era hijo de un clérigo i de una mujer que nunca fué casada, «de que
estaba la ciudad admirada. i> Caria de 22 de diciembre de 1720.
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CAPÍTULO xxni 269
gurar la dote de las que debían salir, sin prevenirlo siquie-
ra al prelado, que era el llamado a conocer en el negocio.
Esta determinación causó, como era de esperarse, no poco
alboroto en la ciudad, pues siendo el monasterio de pocas
rentas, con el embargo se privó a las monjas del sustento
diario, resultando inútiles cuantas representaciones enta-
bló la abadesa, en que manifestaba que las cantidades
que se trataba de que devolviese habian sido invertidas
en alimentar a la comunidad: apesar de lo cual el embar-
go no se suspendió mientras no se verificó la restitución
que pedia el Inquisidor.
Después de inculpar al Tribunal por este proceder,
agregaba el Arzobispo, que en los concursos de acreedores
que se habian ofrecido, i en los cuales como encargado de
hacer ejecutar el cobro de varias mandas piadosas, habia
debido jestionar, los ministros, o habian archivado los es-
critos de su fiscal, o se habian desentendido de su derecho,
lien que no solo se conoce la pasión con que obran, sino
el dictamen que han hecho y acreditado de ir en todo
contra mi jurisdicción.»
Continuando en sus acusaciones, anadia que un fami-
liar de Ibañez, a quien no habia querido ordenar por varios
defectos que le hacian inhábil para el sacerdocio, sin la li-
cencia suya, le habia enviado al obispado de Guamanga,
donde se hallaba de provisor su hermano don Matías, de
quien habia obtenido que le confiriesen las órdenes, ha-
ciéndole en seguida volver a Lima. Otro tanto habia hecho
con don Melchor Ibañez, que acababa de enviudar i de-
seaba también ordenarse.
Al cura párroco de San Lorenzo de Quinti, con pretes-
to de que era deudor de cierta suma al receptor del San-
to Oficio, habiendo ido Lima a oponerse a una canonjía,
le habia dado la ciudad por cárcel, siendo el hecho mui
reparable, tratándose de un cura que tenia precisa obliga-
ción de asistir a su curato, i no obstante, le habia tenido
así muchos meses sin dejarlo partir al lugar de su resi-
dencia.
Llegaba ya con ésto el Arzobispo a lo que le habia com-
pelido a cojer la pluma, tipor los escándalos y disensiones
que se han seguido, decia» teniendo todas su orijen en la
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270 LA INQUISICIÓN DE LIMA
injusta pretensión que hizo (Ibañez) sobre que yo consin-
tiese en la permuta que intentaba hacer del curato de San
Marcelo con don Matías Ibañez, su hermano, n
Según se recordará, cuando Ibañez fué nombrado in-
quisidor, se hallaba sirviendo el puesto de cura del Callao,
que hubo de permutar en seguida por el del Sagrario de
Lima i después por el de San Marcelo de la misma ciudad.
Desde un principio se trató de declarar vacante este pues-
to, pero mediante a que el Inquisidor espresaba que su
título era meramente condicional, se convino en que era
conveniente no proceder aun a aquella dilijencia. Subsa-
nado el inconveniente que Ibañez alegara, volvióse a tra-
tar en el Cabildo Eclesiástico de la necesidad de declarar
la vacante, resolución que hubo al fin de quedar pendien-
te, merced a los amigos con que el Inquisidor contaba en
la corporación i que estaban persuadidos de que habia de
disgustarle semejante declaración; hasta que noticioso el
Consejo de Indias de que Ibañez, apesar de su título de
inquisidor en propiedad, mantenia aun el curato, despa-
chó cédula al Arzobispo para que averiguase si aquel cum-
plia con los deberes de párroco. En esas circunstancias,
Ibañez procuró que se confiriese a su hermano el provisor
de Guamanga, empeñando de tal manera en su favor al
Virei, que era entonces el arzobispo Morcillo, que en una
última visita que con ese objeto le hizo éste al Metropo-
litano, le dijo testualmente que al dia siguiente debía
consentir en la traslación, o que si no, habían de reñir.
Respondióle efectivamente en el plazo señalado, manifes-
tándole que hallándose pendiente el asunto del conoci-
miento del monarca, no podía condescender con su empe-
ño: misiva que contestó Morcillo con el mismo capellán
que se la llevó, enviando a decir de palabra a su colega
que por no desairarle no se la devolvía, pero que se que-
daba con ella sin abrirla; i junto con ésto, horas después,
le devolvía unas conclusiones que un sobrino del Metro-
politano le tenia dedicadas, negándose tenazmente a asistir
a ellas, apesar de las instancias que amigos comunes de
ambos le hicieron, i por lo cual hubo de suspenderse el
acto, retirándose las relijiones, colejios i Universidad que
estaban ya congregados con ese propósito.
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CAPÍTULO xxm 271
En estas circunstancias llegaba un despacho real que
disponía que el Inquisidor renunciase el curato, o que de
no hacerlo, se le declarase por vaco.
En setiembre de 1720, moría Gómez Suarez de Figue-
roa, i apesar de que el chasqueado inquisidor había que-
dado de esa manera sin mas compañía en el Tribunal
que la del nuevo fiscal José Antonio Gutiérrez de Zeva-
llos, que había llegado a Lima hacía dos años, el Arzobis-
po no temía denunciar al Concejo nel mucho orgullo y
codician de su antagonista, pidiendo se le ordenase, en
cuanto a los ultrajes i ajamientos que le había hecho en
su dignidad de prelado, que se le mandase dar la pública
satisfacción que le correspondía.^
Como era de esperarlo, Ibañez no dejó sin respuesta las
acusaciones que el arzobispo Zuloaga tenía presentadas en
contra suya, encargando al fiscal que hiciese presente por
él que la información que aquél habia levantado tocante
a su inasistencia en el curato era falsa i maliciosa, ocul-
tando en ella la verdad, en fuerza de penas i censuras; i
que si el prelado habia puesto de por medio en el nego-
cio el mejor servicio de Dios, no habia tenido razón para
ello, pues él mismo acostumbraba laxitudes en cuanto a la
residencia de los párrocos, ny en otros muy propios de su
cargo, concluía, que están causando grave y continuo es-
cándalo en todo el arzobispado, m^
Con motivo de haberse negado el Tribunal a asistir,
como tenía de costumbre, a la fiesta que en honor de San
Pedro mártir, se celebraba anualmente en el Convento de
Santo Domingo, éste elevó también sus quejas al Consejo,
manifestando que la causa del desaire no era otra que
los prelados i todo el majisterio no concurrían a unas mi-
sas cantadas de capellanías fundadas por particulares, de
que eran patronos los inquisidores, siendo que por sola su
asistencia recibían aquellos considerables propinas; que la
Comunidad invitaba para ellas siempre a las demás relí-
jiones, las cuales era ya corriente que se estuviesen allí
dos o tres horas esperando que llegasen los ministros, que
2. Carta de 30 de nauiembre de 1720.
3. Id de Gutiérrez de Cevallos de2Sde noviembre de id.
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272 LA IKQÜBICIOK DE LIMA
de esa manera no solo se manifestaban imprudentes, sino
también desagradecidos con los frailes de la Orden, siendo
que siempre i cuando aun no estaban aseguradas las dota-
ciones de sus puestos, les hablan socorrido liberalmente
hasta en cantidad de cuarenta mil pesos; i por fin, que era
ya usual que con pretesto de ser calificadores algunos re-
lijiosos, el Tribunal les separase de la jurisdicción de sus
prelados cuando por justas causas aquellos los recluian o
desterraban, habiendo au» acontecido el caso de que para
burlar las disposiciones dé un provincial, se hubiese eleji-
do a posteriori calificador a un fraile que habia sido des-
terrado de Lima:* denuncio a que por su parte respondían
los Inquisidores diciendo que no habían asistido a la fiest-a
que se mencionaba por no haber sido invitados a tiempo,
siendo enteramente inexacto que se esmerasen en hacerla
ostentosa, como se aseguraba, i que, por lo demás, nel
provincial de Santo Domingo y sus relijiosos, que son tan
celosos de la asistencia del Tribunal a la fiesta de su pa-
trón, que con solo una vez que con justificado motivo se
faltó a ella, concluían, recurren a Vuestra Alteza, no hi-
cieran menos si los autos de fee se llevasen a otm iglesia,
pero callaran la causa que ahora se ofrecía para executario
y que esperamos que en la estimación de Vuestra Alteza,
fuera lo bastante, pues en auto de once reos, que celebra-
mos a 28 de noviembre del año pasado de 1719, recelan-
do el mucho concurso, prevenimos seis soldados con un
oficial que asistiesen a guardar el presbiterio y los bancos
precisos para las personas del Tribunal, y para hacer mas
recomendable a dicho oficial y soldados, la noche antes
del auto, pasó a la iglesia nuestro colega don Joseph An-
tonio Gutiérrez de Zevallos, y encargó al Prior, Maestros
y otros religiosos, los atendiesen y ayudasen en la incum-
bencia en que estaban, y fué su correspondencia tan contra-
ria de esta demostración, que siendo ellos los primeros a
acomodarse y a sus familias, uno no tan muchacho ni inad-
vertido que no sea lector actual de theología, al oficial de
los soldados, sobre hacer su deber, le rompió con una llave
4. Memorial de Frai Cristóbal de Molina^ sinfecha^ visto en el Ootí^
sefo enQ de noviembre de 1719.
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CAPÍTULO XXHI 273
la boca, y le echó dos o tres dientes afuera, en medio de
la iglesia, y de tauta gente que estaba llena, y llegando
después el cuerpo del Tribunal, al entrar en la capilla ma-
yor, desaparecieron los Prelados y Maestros, y nos hallamos
con todo el presbiterio y altar preocupados de los religio-
sos, mozos de la casa y algunos de otras comunidades,
desentendiéndose todos de nuestras indiguacioues y de
las diligencias que por apartarlos hacían los ministros ofi-
ciales, de suelte que nos fué precñso retirarnos por mas
de hora y media a una tn^ssacr istia, y a no estar en la
iglesia, en un cancel, el Príncipe Santo Buono, virey de
este reino, nos hubiéramos vuelto sin executar al aut^ por
el grave desaire que experimentamos, sin que ningún
Prelado pareciese a poner en moderación a sus frailes, que
en nuestra presencia tenian el arrojo de responder que
era su casa y su iglesia, y qiie en ella debian ser privile-
jiados; y en tan calificado desacato, no se hizo otra de-
mostración que la de haberlo significado a! Prelado, y la
que éste quiso hacer con el religioso agresor de los solda-
dos, que fué una protesta formal de reclusión por tres o
quatro dias, con que manifestamos darnos por satisfechos,
por quitar la ocasión al Provincial Fray Juan Moreno, de
que actuase su desafecto, recurriendo con siniestros itifor-
mes a Vuestra Altcza^n
Según se ve de las palabras anteriores, los jueces hu-
irían celebrado auto de fe en la iglesia de los dominicos el
28 de noviembre de 1719, cuyos detalles, en cuanto a los
reos que en él se presentaron i que seguu acabamos de
ver fueron once, no conocemos. Por lo demás, salvo algunos
edictos que se publicaron para recojer ciertos libros"^, el Tri-
bunal pudo continuar tranquilamente en el conocimiento
de las causas de fe, habiéndose fallíulo desde 1721 hív^tíi
1725, las de los siguientes reos:
La del clérigo fríinces Juan de Ullos, residente en
Mendoiía, que publicaba que el Papa ni el concilio jeneral
eran los jefc?í de la Iglesia, proposición que habieudo sido
dada a calificar al jesuíta Luis de Andrade i al mercena-
5. Carfu th los Tnqimidores de 5 th dkmnhre ds 1720,
B. Véase la caita de 28 dé octubre de 171 L
TOMO II 18
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274 LA INQUISICIÓN DE LIMA
rio Fr. Francisco Galiano, como espresasen que por tra-
tarse de un francés se hacia difícil la calificación, se les
secuestró el peculio i se les metió en la cárcel.
Ensebio Vejarano, natural de Lima, residente en el
Cuzco; Juan de Valencia, platero, residente en Loja; An-
tonio Lesana, que desempeñaba el mismo oficio en Truji-
Uo; Juan Ventura de Guevara, mulato, zapatero, residen-
te en Santa; Nicolás Fernandez, labrador, en San Marcos
de Conchucos; D. Cristóbal de Oña, natural de Sevilla, i
establecido en Buenos Aires, donde se denunció: todos
los cuales fueron castigados como bigamos.
Fr. Pedro de Valenzuela, corista de San Agustin de la
provincia de Quito, que fué absuelto de la instancia por
no haberse comprobado su profesión solemne; Guillermo
Lemonier, clérigo, natural de Normandía, denunciado de
haber celebrado dos misas en un dia; Francisco José de
Osera, clérigo de Lima, de cuarenta i ocho años, que ha-
biéndose dado desde mui temprano al juego de los dados,
prorrumpia en blasfemias hereticales cuando la suerte le
trataba mal; Fr. Diego de Quiroga i Losada, relijioso do-
minico, diácono, que se denunció de haberse huido varias
veces de su convento de Lima i de haber dicho algunas
misas.
Juan Jerónimo del Valle, natural de Marchena, zapa-
tero, blasfemo; Francisco Esteban Canela, soldado, oriun-
do de Cabra, testificado de que afirmaba decir mas verdad
que la Vírjen; Juan Enriquez de Iturrizaga, clérigo, natu-
ral i vecino de Guancavelica, que se valia de brujas i sor-
tilejios para diversos fines.
Pedro de Abalos, natural de Santa Fe i residente en
Lima, de veintiséis años de edad, estando preso en la cár-
cel real se denunció al Santo Oficio de que hacia diez años a
que era esclavo del demonio, para probar lo cual referia que,
estando igualmente detenido en la cárcel de Quito por
una muerte que habia cometido, una india, su manceba, le
suministró un brevaje, i que después de un rato de haber-
lo bebido, se sintió mal de la cabeza, i entrando la india
a su calabozo, cohabitó con ella; que después, al despertar,
se habia encontrado boca abajo i sin su amiga, aparecién-
dosele de ahí a poco un hombre que le dijo era el diablo.
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CAPÍTULO XXIII 275
i que ya era suyo por lo que había ejecutado con aquella
mujer, prometiéndole favorecerle i sacarle de trabajos, a
condición de que renegase de la fe Jesucristo; i que habien-
do logrado venir a Lima, se valia de una piedrecilla que
habia estraido de la boca de un zapo i que llevaba engas-
tada en una sortija, para obtener los favores de las mu-
jeres, sin que le costase nada, i de los mercaderes las
especies que deseaba al precio que quería: por cuyos he-
chos abjuró formalmente, i fué en seguida reconciliado sin
sambenito. ,
Nicolás Solórzano, soltero, de veintiún años, cuarterón
de mulato, se denunció de que se habia valido del demo-
nio para lograr casarse con una mujer que habian ence-
rrado en un convento i que no quería acceder a sus pre-
tensiones, guiándole aquél la mano para firmarle la res-
pectiva cédula, pues él no sabia escribir; pero que como
un dia en que habia entrado a una iglesia, su amigo le die-
ra tal pescozón que lo habia tenido metido mucho tiempo
debajo de un escaño, se habia arrepentido de lo convenido.
Domingo de Estrada, de veinte años, vecino i natural
de Lima, también amistado con Satanás para que le ausi-
liase con sus conocimientos médicos.
Manuel Almeida Pereira, soldado de Buenos Aires,
procesado por haber repartido un prospecto ofreciendo a
las damas sus servicios, a fin de que por su medio i cier-
tas invocaciones, obtuviesen los favores de sus galanes.
Antonio Hurtado, mulato libre, natural de Moquegua,
de sesenta años, que para atormentar a sus enemigos se
valia de un zapo, al cual atravesaba con alfileres los miem-
bros que deseaba que aquellos tuviesen dañados. Confesó
que curando por medios naturales, sabia también hacer
creer a las j entes que estaban maleficiadas, cuyo embuste
le valió algunos azotes.
Pedro de Acevedo, capitán reformado i viejo, que se
denunció de que hallándose pobre, intentó vender su alma
al diablo.
Francisco Pastrana, negro esclavo, que comunicaba con
una bruja, a quien vio diversas veces que llamando por sus
nombres a unos muñecos que tenia parados i sentados
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276 LA INQUISICIÓN DE LIMA
dentro de un escaparate, saJian a bailar, i en especial uno
que tenia cuernecitos i rabito.
Nicolasa Cavero, mulata que habia sido esclava, porque
propinaba algunos remedios a cierta dama que se quejaba
de que su marido era demasiado exijente.
El licenciado Diego de Frias, clérigo i abogado, que por
haber negado la resurrección de la carne, fué acusado por
el fiscal, de hereje, apóstata, contumaz, impenitente, falso,
simulado, revocante, fraudulento, vario i perjuro, después
de haber estado preso cuatro años, tuvo que retractase
publicamente en la parroquial de Santa Ana.
Juan Campino, natural de Londres, marinero, que se
denunció por hereje; Juan Marfil (Murphy?) Stuart, resi-
dente en Santiago de Chile; David Jacobo, escoces, i Feli-
pe Lorenzo (Lawrence), ambos marineros ingleses, por
haber confesado que eran protestantes, fueron condenados
a las penas de estilo.
Ademas de Marfil, se procesaron también en Chile du-
rante el período de que venimos dando cuenta, Amet
Crasi, Fr. José Vázquez, María Zapata i Matías Tula.
Las causas de judaismo se iban haciendo por este tiem-
po cada vez mas raras; sin embargo, ocurrieron dos que
por sus caracteres merecen especial mención. Fué una de
ellas la de Alvaro Rodríguez, que murió en la prisión a
mediados de 1698, hallándose el proceso en estado de
prueba, por cuyo motivo se enviaron edictos a Portalegre,
de donde era natural el difunto, para que los que se cre-
yesen partes saliesen a defender su memoria i fama. Sus
bienes, que alcanzaban a catorce mil pesos, fueron confis-
cados i remitidos a España, apesar de que el proceso no
estaba concluido i de que no habia mérito para aplicarlos
al fisco de la Inquisición, por cuanto el reo carecía de pa-
rientes en el Perú i el soberano habia dictado una orden
para que, a título de represalias, se confiscasen los de va-
sallos de Portugal.^
La otra es mucho mas interesante. Habia sido preso i
puesto en cárceles secretas por los años de 1722 (i quizas
7. Carta de Sxmrez e Ihafíez de 1.® ífe didemhre de 1707.
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CAPÍTULO 5cxm 277
ántes^) don Teodoro Can di o ti , vecino de Lima, al parecer
de orí jen italiano, Cíusado i con hijos españoles. i^En 13
de mayo de 1726, diceu loa Id quiai doréis, el alcaide de
dichas cárceles hizo relación que dicho reo estaba enfermo
del accidente epidemial que estaba corriendo en esta ciu-
dad, y habiendo llamado al médico de este vSanto Oficio,
por haberle sobrevenido un curso y estar descaecido, y
í|ue oo queria admitir los medicamentos que le recetaba,
por quitárselos del cuerpo, previno seria bien se le diese
confesor por el riesgo en que estaba dicho reo, que asi-
mismo le pidió, como le habia pedido muchas veces, es-
tando sanOj y al alcaide dijese en el Tribunal, que si mo-
ría de dicho accidente, estaba inocente y que volviese por
el crédito de su fama, de sus hijos y de su familia. Y en
dicha audiencia, po]' auto se mandó citar al reveren-
do padre Alonso Messía, de la Compañía de Jesús, ex-
provincial y calificador de esta Inquisición, y estando en
eUa^ hizo el juramento acostumbrado en este caso, y adver-
tido de lo mandado en la instrucción ochenta y una de f.
treinta y seis vuelta, del año de mil quinientos ochenta y
uno, entró en la cárcel número tven, cu donde estaba enfer-
mo dicho reo, con asistencia del alcaide, y le dio noticia
de que venia a confesarle, y le respondió que estaba pron-
to pero que necesitaba de algún tiempo para prepararse
y hacer una confesión general, citándole para la mañana
del dia siguiente, y que dicho padre le exortó a que des-
cargase su conciencia para no tener emljarazo en ella, a
que le respondió que los cargos que se le bacian se redu-
cian a tres, el primero de un ayuno, que no era como *le-
cian, sino en la forma que se usa en su tierra la vijilia de
Natividad, tomando un desayuno corto y no comiendo
hasta la noc]]e, que se ejecuta eu una comida expléndida,
asistiendo un sacei'tlote a bendecir la mesa; el segundo
8. En la ctirbí que citamos mas abajo, Rehace relación r]e una orden
tkl OoíiEíejo reliitiva a esta caiiKa, rt.^cibída en Lima en wtubre de 1723.
Ahoi-a bien, entre la fonnaeion del proeeso, el cnsio de ia cotL^nlUí a
España i la contestación alndida, ha debido trasemTir, por lo menas,
el tiempo necesario par¡i qne podainos fijar la fí-cha que indteamoa en
el testo. No hemos tmcontrado en los archivos esta interesante cnuisaj
i acaso píira su desapíii-cci miento no faltabau razones
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27é ^ LA iNQÜÍSlClON DÉ LIMA
que había afínnado en una conversación que San Moisés
era un gran santo, y que en su tierra, en una parrochia, se
veneraba y estaba en un altar; el tercero, que le hablan
hecho cargo de que, estaba circuncidado, siendo falso, y
así lo declaró dicho padre en dicha audiencia, y en la de
catorce de dicho mes y año confesó a dicho reo, diciendo
en ella después, que le había hallado muy tierno y contri-
to, sin expresarle fuera de la confesión cosa que debiese
manifestar en ella. Y en la de diez y ocho de dicho mes
y año, el alcaide dio noticia que el médico habia dicho
que dicho reo estaba de mucho riesgo su vida, y que
no se le dejase solo, y luego se ordenó que el nuncio
citase a dicho padre para que visitase a dicho reo, y
habiendo comparecido en ella, se le ordenó entrar en
dichas cárceles y le visitase, y fecho, dio noticia que esta-
ba muy a lo último y con poca esperanza de vida y muy
conforme con la voluntad de Dios, y que le habia dicho
que en lo que había leido en fray Luis de Granada, sabia
que solo se podía salvar el hombre guardando la ley de
Dios, con la gracia de Jesuchristo. Y en la audiencia de
diez y nueve de dicho mes y año, el alcaide avisó que
habiendo dejado a las once de la noche de el día antece-
dente algo mas aliviado de su accidente a dicho reo y en
su compañía el preso que habia ordenado el Tribunal,
volvió a las cinco de la mañana de dicho día a visitarle y
le habia hallado difunto, y que el preso que le asistió, le
dijo que habia ayudado y exortado a dicho reo, como ca-
thólico christiano, y que habia muerto como a las quatro
de la mañana, Y en dicha audiencia, por auto, se mandó
que el secretario que asistió a estas diligencias reconocie-
se e hiciese inspección para certificar y dar fee del estado
en que se hallaba el cuerpo de dicho reo, y hecha esta di-
ligencia, certificó en dicho día que habia visto en la cárcel
número tres y reconocido un cuerpo difunto, en cama y
entre sábanas, que al parecer era el de dicho don Antonio
Candiotí; y luego, por otro, se mandó que por ahora y has-
ta la determinación de su causa, el cuerpo de dicho don
Antonio Candiotí fuese sepultado en una de las sepoltu-
ras que para este efecto están asignadas en dichas cárce-
les, señalándola para que conste» en la que fué entenado
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óapítüló xxii 279
con asistencia de dicho secretario: así se ejecuto, como
parece de su certificación, que está con dichas diligencias
y en dicha causa* .
Hé aquí ahora el epílogo de este drama, según lo refie-
ren tamoien los Inquisidores:
iiMuy poderoso señor. En carta de veinte y quatro de
noviembre del año próximo pasado, de setecientos veinte
y ocho, se sirve Vuestra Alteza, al último capítulo de ella,
mandarnos hagamos sacar los huesos de don Teodoro
Candioti, de la sepultura en que fué enterrado y se lleven
a la iglesia parroquial secretamente, en donde se les dé
sepultura sagrada y se siente la partida en el libro de en-
tierros de dicha parroquia, el dia en que murió, no po-
niendo en ella que murió en las cárceles, sino en esa ciu-
dad, lo que se hiciese saber a la viuda y herederos por si
quisiesen sacar dicha partida de su óbito, y que si dicha
viuda o sus herederos pidiesen certificación de no obstar-
les la causa seguida contra dicho don Theodoro, no solo se
les diese de no obstarles para oficios públicos y de hon-
rra, sino también para oficios del Santo Oficio. I en su
cumplimiento, noticiamos a Vuestra Alteza que por la
certificación que remitimos, con carta de veinte y tres de
diciembre de setecientos veinte y siete, habrá constado a
Vuestra Alteza la diligencia que ejecutamos de dar sepul-
tura eclesiástica a los huesos de dicho señor don Theodoro,
con todo secreto, en la iglesia del Colegio de Santo Tomas
del orden de Predicadores, por cuyo motivo no se exhuma-
ron los huesos para trasladarlos a la parroquia, pero se
hizo asentar en el libro de entierros de ella, donde tocaba
la partida de su entierro, en la conformidad que previene
Vuestra Alteza, y pasando a noticiarlo a la viuda y here-
deros, resultó pedimos luego certificación, la que se les
mandó dar por un secretario del Secreto, en la conformi-
dad que Vuestra Alteza nos manda en dicha carta citada.
Asimismo presentaron las genealogías de don Antonio y
don Juan de Candioti, hijos de dicho don Theodoro, pi-
diendo la gracia de familiares de esta Inquisición, la que
nos pareció conveniente concederles, porque expresándose
9. Caria de loa Inquisidores de 23 de mayo de 1726.
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28Ó LA INQUISICIÓN DE LIMA
en la referida certificación que no les obsta para oficios del
Santo Oficio, y teniendo la protección del Virey y todo
su palacio muy emj)eñado en favorecer a esta familia, re-
celamos que atribuiría a voluntaria negación nuestra lo
que supondría muy regular el orden de Vuestra Alteza,
y así tuvimos por preciso despacharles títulos en la forma
que en virtud de particular facultad del señor Inquisidor
General, en carta de seis de junio de seiscientos y setenta
y seis, se acostumbra con los interinarios en este Santo
Oficio,' porque, aunque discurríamos escusarnos con el mo-
tivo de extrangería, todavía en el supuesto de dicha cer-
tificación y que no se atribuyese la negación a impedir el
orden de Vuestra Alteza y del empeño del Virey, nos pa-
reció no ser bastante para certificarle. n^°
10. Carta de los Inqtmidcres de 26 de agosto de 1729.
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CAPÍTULO XXIV
Esoindalo prodncklo en BiienoR Airea i>i>r \m sermímeft de \m fnincis-
cano, — Desintclíjeíicitus entre loa Iriquisidoitífi. — Cjirír^^s contra Iba-
üez. — QuejíUi del TribiiiiiU por el míulo a que Imbiuii llegado 8U8 ne-
pfOí^ios. — -Es píiniteuf/iado el in<^le3 Roberto Slinw.— Auto de í^ de 12
de jnlio de ITítíi, — El Tribu nul iutentii procesar a don Pedro de Pe-
mita Barnnevo ixir íialser impreso k relación de esta ceremoni^i,^-
Loa 7'riiinfos del S'ttiifo Ofwio peruano i ei üuevo anto de 2íí de
diciembre de 173C. — Celébi-ase otro auto de fe en 11 de tiovieiabre
del año siguiente.
La influencia iuquisitorial se Imbia hecho sentir hasta
la época tle que ttamos cuentaj de una manera poco eficaz
en la apai'tada ciudad do Buenos Aires; pero al fin hubo
de llamar la atención del Tribunal lo que estaba ocurrien-
do ailí con un padre franciscano llamado Fr. Juan de
Arregui, denunciado de haber proferido proposiciones es-
caadalosas eii un sermón de la C^ctava de la Vírjen, i que
Uegiu-a a motivar un pasquin que se fijó en las partes mas
públicas de la ciudad. Para la averiguación de estos he-
chüs, escribieron los jueces al eomisarioj que lo eiii por
entonces el canónigo Jorje Antonio Melendez de Figueroa,
i el cualj después de haber i-ecibido las informaciones del
caso, escribía, a su vez, a los Inquisidores diciendo que to-
dos los testigos, unánimes í conteateSj afirmaban que el pre-
dicador había dicho que ^' María Santísima érala yegua
blanca de Eua, en que paseaba el Santísimo Sacramento,
a que habia añadido que ios evanjelios eran caballos de
lazOjPi frase que se comentaba en el pasquín aludido **de
que siendo yegua María, el Padre seria caballo y el Hijo
potrillo>ii Fueran ¿stas chocheces del padre Arregui, pues
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282 LA INQUISICIÓN DE LIMA
era ya muí anciano, o hijas solo de su ignorancia, era lo
cierto que a sus prédicas iba mucha jente, "como a farsa
o comedia, mas que a recibir buen ejemplo de su doctrina,
a un rato de zumba y divertimiento, porque en ellas nom-
braba por sus propios nombres a diferentes personas de su
relijion y legos ridículos, como a otras personas de este
jaez del pueblo, con que motivaba a carcajadas de risa al
auditorio.it Mas, como Axregui era cristiano viejo, el pa-
dre de provincia mas antiguo, emparentado con los miem-
bros del Cabildo, hermano del Obispo del Cuzco i muí
amigo del Gobernador, no solo no fué privado del pulpito
sino que, mediante al empeño de las mismas personas in-
dicadas, fué ascendido al gobierno del obispado, mientras
le llegaban las bulas para consagrarse: circunstancias de
que el comisario se manifestaba mui contristado, pues te-
mia, i con razón, que en tan alto cargo nadie le fuese a
la mano, con la desestimación del puesto que se deja
comprender, especialmente, como lo espresaba en su rela-
ción a los Inquisidores, »«a vista de los hereges del real
asiento de Inglaterra, en que serán mayores los escánda-
los que se orijinarán en los ridículos sermones de este su-
jeto* ;ft concluyendo por pedir al Tribunal, ya que él nada
podia hacer, con que se pusiesen estos hechos en noticia
del confesor del Rei, y que no habían de impedir al fin que
Arregui ascendiese al obispado i lo gobernase hasta su
muerte, ocurrida en 1734^
Como de ordinario, no eran mui cordiales las relaciones
que los Inquisidores guardaban entre sí. En efecto, habia
entrado a desempeñar la fiscalía en agosto de 1722' el
doctor Cristóbal Sánchez Calderón, mozo que, si bien gra-
duado en Alcalá, no pasaba de los veintiocho años, en
lugar de Gutiérrez de Cevallos, que ascendió a segundo
inquisidor, i a quien hubo de reemplazar mas tarde en este
puesto por su promoción al obispado de Tucuman, en
1730*.
1. Carta de 3 de junio de 1781.
2. Alcedo en la palabra Buenos Aires.
8. Carta del Tribunal de 81 de mayo de 1784.
4. José García Gutiérrez de Cevallos, que algunos años después de
haber sido promovido al obispado de Tucuman^ fué ascendido al arzo-
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CAPÍTULO XXIV 283
Ibañez que en virtud de su antigüedad seguia presidien-
do el Tribunal, luego se ligó estrechamente con Calderón,
i tan pronto como Gutiérrez de Cevallos recibió el título
de su promoción, le envió recado con el secretario indi-
cándole que se escusase de seguir asistiendo a las audien-
cias. ««Yo, dice aquél, hablando de este incidente, procuré
hacer de necesidad virtud, conociendo que ninguna dilijen-
cia habia de bastar a reducirlos de su siniestra intención,
pero por cumplir con mi celo y devoción al Santo Oficio
Í lastimarme muy de veras el grande atraso del despacho,
abiendo reos de trece años de prisión y once que yo ha-
ciendo oficio de fiscal, les puse la acusación por delitos de
formal molinismo' .... les manifesté a los Inquisidores
mi ánimo de asistir siempre, m Pero Ibañez, apesar de su
enfermedad de parálisis, que lo retenia en ocasiones impe-
dido por mas de tres meses, no cejó en su primera resolu-
ción, i, por el contrario, con motivo de una fiesta que hubo
en la capilla del Tribunal i por cuya asistencia cada uno
de los jueces se hacia pagar ocho pesos de propina, orde-
bispado de Lima, fué caballero del hábito de Santiago i colejial del co-
lejio del Reí en Salamanca. El obispo Villarroel en su Oobiemo ecU'
siástíco pacifico^ tomo IT, páj. 64, refiriendo cierto lance del Arzobispo,
dice que «tenia machas ayudas de costa para errar en el punto: ser muy
caballero, muy rico, muy reciente prelado, con su punta de colérico.*
En 20 de diciembre, los ministros que sucedieron a Gutiérrez en el Tri-
bunal, remitieron al Consejo unos autos, de que constaba que habiendo
ido a visitar el monasterio de monjas del Prado, salió toda la comuni-
dad a recibirle a la portería i que en la conversación one tuvo allí con
las madres les refirió que siendo obispo de Córdova del Tucuman, se ha-
bia visto obligado a sacar a una monja del convento del Carmen por-
que mantenia una comunicación entre la portería i su celda, donde se
veia a solas con cierto bienhechor del inonasterio, <íesío es, mis madres^
dijo S. I., que el dicho le echaba la pierna a la monja. Les pregunto
que para qué se habían metido monjas, y como le respondiesen ()ne pa-
ra buscar a Dios con toda perfección, les replicó que para eso mejor fue-
ra haberse casado y procrear el mundo, añadiendo, yo no he sido jamas
aturdido, y si en mi mano estuviera, de las cuatro partes y de las co-
munidades de frailes, quitara las dos o tres, y lo mismo de las monjas.»
5. El Inquisidor se refiere en este párrafo a la causa del jesuíta chi-
leno Juan Francisco UUoa i sus secuaces Solis, Yelasoo, etc., de que da-
remos cuenta en nuestra historia del Tribunal del Santo Oficio en Chi-
le. Nótese que solo en ese momento se le hacia escrúpulo al denunciante
la larga dui*aGÍon de los procesos de esos reos, siendo que, come él lo con-
fiesa, hacia once años a que les habia puesto la acusación.
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^84 LA INQUISiCION DE LIMA
nó que no se le acudiese con ella al nuevo obispo: lo que
no impidió, sin embargo, según éste asegura, que siguiera
visitándole i aun cumplimentándole puntualmente en los
dias de su santo.
Llegó en ésto el 12 de enero de 1731, en que habiendo
ido el virei Marques de Castelfuerte a visitar a Gutiérrez,
que continuaba viviendo en el edificio de la Inquisición,
manifestó el deseo de que se le permitiese conocer las salas
i dependencias del Tribunal que fuese lícito inspeccionar.
En este momento se hallaba allí inmediato el negro ba-
rrendero, que era el que guardaba las llaves, i habiéndole
llamado el Inquisidor, bajaron los tres a que el Virei vie-
se la sala de audiencia i la capilla, únicas partes del edificio
que se dejaban visitar aun a los personajes de la nota de
los Vireyes^ De regreso, pasó el negro por la puerta de la
habitación del fiscal, el cual permanecía mientras tanto
escondido tras del arco del zaguán, i haciendo que el alcaide
le preguntase si había visto el Virei la sala del Tribunal, i
como el interrogado negase, replicó Sánchez, que bien sa-
bia la parte del edificio que había visitado el Virei, »»como
no haya visto el Tribunal, está bien lo demás, t» Mas, al sa-
lir de la audiencia el primer dia en que la hubo, sigue re-
firiendo Gutiérrez, al llegar a la portería, en presencia de
los notarios i criados, Ibañez, encarándose al licenciado
presbítero Antonio de Luzurriaga, que hacia de portero,
le dijo: »»la llave del Tribunal no se fia a nadie, que ha
sido muv grande atrevimiento haberlo abierto sin mi lícen-
cia,^ porque el señor don José es ya obispo y no manda aquí,
que aquí solo yo mando, y por mi ausencia, el señor fiscahn
después de lo cual aquella misma tarde se despidió al ne-
gro.
Kste suceso no podía pasar desapercibido en la ciudad,
siendo tan grande, en efecto, el rumor que se levantó en
ella, que Ibañez, al cabo de tres dias, llamó al sacristán pa-
ra preguntarle con qué pretesto había despedido al negro,
i como se le respondiese que por cierto descuido que tu-
C. Ni aun el Arzobispo-Virei había logrado ver mas de lo que le
fué mostrado al Marques. Véase una carta de Gutiérrez citada mas
adelante.
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OAPÍTÜLO XXIV . 285
Yiera con las lámparas, le mandó que le hicieae volver a
su oficio; pero aquél, que ft debajo de su tiznado color, es-
presaba Gutiérrez, es de raucha razón y punton, se negó
a ello redondamente-
Mientras esto pasaba en el Santo Oficio^ el Virei envió
' a uno de aus jen tiles-hora l>res a casa de Gutiérrez para
pedirle que le informase de lo sucedido, i pasando en per-
sona a verle en aquella misma tarde para esprcisarle euán
sentido se hallaba con el proceder de Ibañez; a quien el
obispo procuró entonces disculpar, manifestándole que
aquel era solo un negocio entre compañeros, de que él no
debia darse por aludido .... Después de esto, Ibañez vi-
no a comprender que el paso que habia dado era manifies-
tamente ofensivo al Virei, a quien dio sus escusas, hacién-
dole presente que su enojo habia nacido de que no se
le hubiese avisado que estaba en las casas de la Inquisi-
ción para haberle hecho en persona los honores correspon-
dientes á su rango,
i) I Esplicando Gutiérrez al Consejo la razón de la malque-
* rencia de sus colegas hacia él, entra en algunos pormeno-
res que conviene declarar. Atribuíala, en primer lugar, a
los numerosos asuetos que los jueces acostumbraban darse
con cualquier pretesto, i eso nfuera de los de tabla, que
son, con poca diferencia, la mitad del año,ii siendo que el
sueldo de que disfrutaban, tanto Ibañez como Calderón,--
ascendente a cuatro mil novecientos sesenta i tres pesos i
pico, sin ayudas de costas '', bien les hubiera permitido es-
I cusarse de semejantes holganzas; el haberse el esponente
resistido a que Ibañez nombrase de secretario a Lorenzo
Rizo, que hacia de relator en lo civil, empeño en que ha-
bia salido mal, por cuanto el candidato resultó ser hijo
bastardo de un jenoves i de una mujer espuria de cierto
eclesiástico, interesado, mui codicioso i tan mal reputado,
que tenia al Tribunal con dos mil quejosos en su ministe-
rio de relator, por mas estofado que se hallase con su grado
de doctor. Referia, ademas, que otro tanto habia ocumdo
en el nombramiento de un consultor i en el del cirujano del
Tribunal, recaído en un José de Ayala, mulato, i por aña-
7. Carta de los Inquisidores de SI de mayo de 1734.
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286 LA INQUISICIÓN DE LIMA
didura, espósito; concluyendo todavía por afinnar que el
jefe de la Inquisición acostumbraba valerse siempre de
criados mestizos o mulatos, i hasta de un indio neto, por
quien se empeñara con el Arzobispo para que le ordenara,
como lo habia conseguido, porque así se imajinaba man-
dar con mas absolutismo en ellos, máxima que igualmen-
te pretendía aplicar a todos los dependientes del Santo
Oficio.
\- Citaba, en seguida, Gutiérrez los abusos cometidos por
su colega en la elección de las niñas huérfanas que habían
de entrar al colejio, cuyo patronato tenia; que hacia nue-
ve años a que no hacia publicar edictos; que habia altera-
do las horas de audiencia; i, por fin, que apesar de las de-
nuncias que habia contra el Comisario de Jauja, i entre
otras, una sobre ciertas estocadas que habia tirado una
noche, andando en hábito seglar, a don Pedro de Salazar
i que se le habian justificado por información de doce tes-
tigos, sostenía el fiscal que la tal información no merecía
ninguna fe, i en consecuencia, que no existían méritos pa-
ra proceder contra el delincuente.^
Debemos citar aquí también, que ya se trata de escla-
recer la conducta del inquisidor mas antiguo, una acusa-
ción que le hacían en cuerpo sus demás colegas, a saber,
que se habia a tal punto familiarizado con el jesuíta Ga-
n)riel de Orduña que no se miraba en revelarle el secreto
de cuanto pasaba en el Tribunal, ^manifestando en amis-
tad mas allá de su obligación; n siendo que el jesuíta, con
poco recato, no demostraba empacho alguno en revelar
esas confidencias, con tanto estremo, que ni aun sus inti-
mas relaciones con el amigo decidido con quien contaba
en la Inquisición le valieran para que por su inconsidera-
do proceder se le encausase »icomo oblocuente e injurioso
al Santo Oficio, n Hubo al fin que dar cuenta de ello al
Consejo, el cual dispuso que el mismo Ibañez llamase al
reo para significarle se contuviese en sus palabras i trata-
se en adelante al Santo Oficio con el respeto i veneración
que merecía: disposición que al fin no pudo cumplirse
porque, bien fuera por una circunstancia casual, o por las
8. Carta deñOde abrü dé 1731.
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CAPÍTULO XXIV 287
buenas intelij encías que la Compañía mantenía en España,
la resolución del Consejo llegó a saberse en Lima antes de
que se diese lectura a la orden del Consejo, de que lasti-
madisimos los ministros esclamaban dirijiéndose a aquel
alto cuerpo: i^en ésto podrá V. A, conocer el estado a que
ha llegado en este tiempo el Santo Oficio, sobre que solo
nos queda lugar a la compasión y rogar a V, A* por el
remedio». H
Habían, mientras tanto, trascurrido cinco años sin que
la capital hubiese presenciado ningún auto de fe, ni aun
de los menores que se celebraban en la capilla del Tribu-
nal o en la iglesia de los dominicos, hasta que por los
fines de 1730 se presentó en la persona de Roberto Shaw,
el solo penitenciado, la ocasión de uno, acaso el mas pobre
de cuantos hasta entonces habían tenido lugar.
Era aquel un marinero de la espedicion de (Jlipperton,
natural de Halifax, que desertándose en Panamá i me-
tiéndose en un barco español había ido a parar al Callao i
de ahí al Cuzco. Preso »»por hereje y calvinista de profe-
sión, n después de nueve meses de cárcel, pidió que le bau-
tizasen, manifestando que quería reconciliarse con la Igle-
sia católica. Diósele, en consecuencia, como instructor a
Fr. Tomas Correy, a quien, después de tenerlo mediana-
mente instruido en las verdades de la relijion, con poco
aprovechamiento de ellas, se le huyó un buen día, después
de descerrajarle un baúl i de llevarle algunas alhajas i
ciento sesenta pesos en plata, para ir a parecer a Puno,
donde se había establecido con una carnicería, en unión
de una mulata esclava i de una mujer española. Llevado
nuevamente a Lima i conclusa su causa, se le mandó ab-
solver ad cautelara, sin abjuración, con orden de que se
confesase tres veces en el primer año i rezase todos los
sábados, de rodillas, un tercio del rosario.
Mas notable había de ser el auto que se acordó tuviese
lugar el dia 12 de julio de 1733, a cuyo efecto pasó Sán-
chez Calderón a manifestar esta resolución al Vireí, Mar-
qués de Castelfuerte, quien no solo ofreció para el auto el
concurso de las milicias i la asistencia de la Audiencia,
9. Carta de 12 dé enero de 1739.
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288 LA INQUISICIÓN Di! LIMA
sino que aseguró que podia también contarse con su pre-
sencia. Volvió el Fiscal al dia siguiente a tributar las
gracias al Marqués i a significarle al mismo tiempo que
por el estado de atraso en que se encontraban las rentas
del municipio, el auto se celebraría en la iglesia de Santo
Domingo i no en la plaza, único sitio a que sus anteceso-
res habian acostumbrado concumr cuando no se hallaban
de incógnito dentro de lo que vulgarmente llamaban jau-
las. Porfió el Virei en que apesar de eso queria hallarse
presente, i como no hubiera forma de disuadirle de su empe-
ño, hubo de tener lugar la ceremonia como si se tratase
de una pública^®.
El mui famoso doctor don Pedro de Peralta Bamuevo
i Rocha, a quien el Virei, deseando perpetuar el recuerdo
de una fiesta cuya solemnidad en gran parte le era debi-
da, dio el encargo de publicar su relación, cuenta que
»» apenas habia amanecido el dia señalado, pasó una compa-
ñía de infantería con fusil i bayoneta calada a guardar el
cementerio del templo para contener al pueblo, cuya cu-
riosidad era tan grande que fué necesario resistir lo mis-
mo que se debia celebrar, n
Junto el acompañamiento del Virey en Palacio, pasó
en carroza a las casas de la Inquisición i después de apearse,
penetró en el patio del Tribunal, con la Audiencia, Tribu-
nal de Cuentas i el Cabildo, llegando hasta las gradas del
Ante-tribunal, donde ya lo esperaban los Inquisidores,
tomándolo al medio para comenzar luego la procesión.
Iba en la vanguardia un trozo de soldados de caballería,
vestidos de rico paño azul con botonaduras de plata i bandas
de terciopelo carmesí, rematadas de hevillaje igualmente de
plata, con espada en mano. El resto de la caballería se habia
abierto en dos alas para cojer en medio i protejer la pro-
cesión. Venían después bis compañías de infantería del pre-
sidio del Callao; luego seguía la cruz de la Catedral, llevada
por el cura don Ignacio Díaz, acompañado de numerosos
clérigos, revestidos de magníficos sobrepellices. Seguían
los familiares, adornados de sus veneras i hábitos, los ca-
lificadores, títulos i caballeros que iban de padrinos, todos
10. Caria de 16 de octubre de 1738.
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CÁPÍTLTLO XXIV 289
con las inaigniag del Tribuual. Iban los reos que eata no-
bleza apadrinaba, en número de doce, conducidos por el
alcaide de las cárceles, llevando el bastón, iDsiguia de su
cargo, acompañado del nuncio del Tribunal, Llevaba lue-
go el estandarte del Santo Tribuual su alguacil mayor,
en medio de los dos alcaldes de la ciudad, sosteniendo cada
uno una délas borlas. Seguía el Cabildo, el Tribunal de Cuen-
tas i la Audiencia, sucediendo al oidor mas antiguo don José
de Santiago Concha, el Virei, que tenia a su derecha a
Ibañez de Peralta, i a su izquierda a Sánchez Calderón,
cubiertos con sus chapeos o sombreros de ceremonia, a to-
dos los cuales precedía inmediatamente la compañía de
alabarderos. Tras del Virei, iban sus secretarios i j entiles
hombres i otro trozo de caballería. La procesión ocupaba
muchas cuadras entre el jentío que amenazaba desplomar
los balcones, abriéndose la iglesia para dar paso al séqui-
to. Los altares estaban cubiertos con velos negros, i a un
lado del de Santo Domingo, se veia un tablado de dos
gradas, cubierto de bayetas negras, del tamaño de la cú-
pula. En el presbiterio habia tres sillas con tres almohadas
de terciopelo verde a los pies, debajo de un dosel, a cuyo
frente se veia un crucifijo de marfil, i delante de la silla
del medio, un sitial sin almohada, con otro crucifijo, i al
lado una cajuela guarnecida de plata que encerraba los
procesos de los reos, la cual habían traído en la procesión
dos familiares. Sentóse allí el Virei i los Inquisidores, i por
su orden el resto de la comitiva. El estandarte de la fe esta-
ba en medio de la peaña del altar mayor, i los reos se colo-
caron en las gradas del tablado con las señales infamantes
de sus delitos.
Comenzó en el altar mayor la misa un fraile dominico,
quien, acabada la epístola, se sentó, i ofi-eció entonces el
Inquisidor mas antiguo la campanilla a S. E.: sonóla, i
pasándosela a aquél para que dirijiese el resto del acto
se volvió hacia el Virei i le exijió el juramento de esti-
lo. Salió en seguida al pulpito un mercedario a leer el
juramento de la fé que debían hacer la Audiencia, Cabildos,
etc., diciendo en el acto, dirijiéndose al pueblo: fialzad todos
las manos, i diga cada uno juro a Dios, etcn. Siguió luego
la lectura del edicto i constitución de Pío V. Vino des-
TOMO II 19
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290
LA INQUISICIÓN DE LIMA
pues ]a lectura de las causas de los reos, para lo cual iban
subiendo al pulpito cada uno de los señores diputados
para este efecto, comenzando el mismo secretario del
Santo Oficio, la de Maria de la Cruz, alias la Fijo, nhechi-
cera, de casta negra, natural de esta ciudad, de edad de
treinta y seis años, libre, y de estado casada, penitencia-
da por este Santo Oficio el año pasado de mil setecientos
y diez y siete, por delitos de superstición y bruxeria. Sa-
lió en cuerpo al auto, en forma de penitente, con las seña-
les de coroza de supersticiosa, hipócrita, maléfica, y em-
bustera, de soga gruesa al cuello y vela verde en las ma-
nos, por haber reincidido en los inicuos artes referidos,
solicitando personas a quienes dar medicamentos amato-
rios para ser queridas y lograr fortuna en el infame em-
pleo de sus torpes tratos; haciéndolo ella de lo que así
ganaba. Abjuró de levi, fué advertida, reprehendida y con-
minada, y condenada en que saliese el dia siguiente por
las calles públicas y acostumbradas, en bestia de albarda,
donde, a voz de pregonero que publicase su delito, le fue-
sen dados doscientos azotes (de los cuales se le relevó por
justos motivos, saliendo solo a la vergüenza) y en la pena
de destierro de la corte de S. M. y de esta ciudad, al puer-
to de Arica, y en algunas penitencias instructivas de los
misterios de nuestra santa fé y provechosas a su alma.
Fué ésta apadrinada de los marqueses de Santiago y Mon-
terico, familiares.
(( Joseph Nicolás Michel, español, natural de la ciudad
de la Paz en este reyno, y vecino de la villa de Oruro, de
edad de mas de veinte y ocho años, exercitado en enseñar
gramática a niños. Salió al auto en cuerpo y en forma
de penitente, con coroza de supersticioso, hypócrita y em-
bustero, soga gruesa al cuello y vela verde en las manos,
por los delitos de haber dicho número de quarenta missas,
sin tener órdenes algunas y haber usado de maleficios y
artes mágicos, con que convertía a la vista en negros a los
hombres blancos; y por el de la desesperación, con que,
desconfiando de la misericordia divina, intentó quitarse
la vifla varias veces en la misma cárcel, donde se le desa-
tó el lazo que se tenia echado al cuello: hallósele un em-
boltorio de varios instrumentos y yerbas, de que usaba
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CAPÍTULO XXIV 291
para sus maleficios. Abjuró de lein^ fué advertido y re-
prehendido y comminado, y condenado en la pena de
doscientos azotes, para el dia siguiente^ y en la de destie-
rro, en la forma que la reo antecedente, al presidio de
Valdivia por siete años, con algunas penitencias saluda-
bles en el hospital de San Juan de Dios del mismo presi-
dio, donde fuesse instruido en nuestra santa fe; y fué
inhabilitado perpetuamente para ascender a sacros orde-
nes. Fueron sus padrinos, don Francisco de los Santos y
Agüero y don Joachim de los Santos Agüero, regidores de
esta ciudad y familiares.
II Pedro Sigil, mestizo, natural de la villa de Guancave-
lica, residente en el pueblo de Atunyauyos en la provin*
cia de Yauyos, de edad de quarenta años y de exercicio
labrador. Salió en la forma que los preceden teSj con coro-
za de supersticioso y sambenito de media aspa, soga
gruesa y vela verde, por los delitos de haber hercticado y
apostatado de nuestra santa fe cathólieíij idolatmndo y dan-
do culto gentílico a sus ídolos, con sacrificios y adoracio-
nes en su honor, oblaciones de bebidas y frutos de la tie-
rra, y víctimas que degollaba delante de ellos, de carneros
de Castilla y de otros anímales de este pays, nombrados
llamas, que ofrecía por medio de otra mestiza, que había
erigido en sacerdotisa de aquellas falsas aras, a quien
prestaba summa reverencia: passando a afirmar que aque-
llos Ídolos eran los autores de todos los bienes, dándoles
la vida, el sustento y la abundancia de los frutos, y li-
brándolos de líis enfermedades y las pestes: actos idolá-
tricos a que habia destinado en las semauiís del año el
dia martes, y singularmente el precedente a las vísperas
del Corpus ChristL La forma de estos sacrificios era la
de matar aquellos anímales para hacerlos comida de los
ídolos, entrándoles el cuchillo por un costado; mientras la
sacerdotisa, oculta en un sótano u horno, estaba esperan-
do la sangre vertida de mano de este apóstata, que se la
entregaba cogida en unos vasos, que acá se llaman mates,
para que la diese a beber a aquellos mismos ídolos, y des-
pués la regasse por el suelo, donde la referida estaba con
el quipo, que es un atado en que los naturales guardan
sus trages y comidas. De que lograba el que los alcaldes
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292 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de su pueblo le abonassen cien pesos por la cabeza de
ganado que mataba por esta especie de sacrificios, y
otros. Abjuró de vehementi y fué absuelto ad cautela/m,
y condenado en confiscación de la mitad de sus bienes
para la cámara y fisco de S. M. y para su receptor gene-
ral en su real nombre. Fué asimismo advertido, repre-
hendido y comminado, y sentenciado a que el dia siguiente
saliesse en bestia de albarda por las calles públicas y acos-
tumbradas, desnudo, como los demás, de la cintura arriba,
a la vergüenza, y en la pena de destierro de la villa de
Madrid, corte de S. M., y de esta ciudad, por cinco años
al presidio de Valdivia, y otras saludables. Fueron sus
padrinos, don Pedro de Arce y don Balthasar Hurtado
Girón, familiares.
n Calixto de Herazo, mestizo, natural de San Juan de
Pasto, en la provincia de Quito, de exercicio labrador, de
edad de mas de treinta años, y de estado casado, residen-
te en Santiago de Guayaquil. Salió al auto en la forma
que los antecedentes, con coroza en que estaban pintadas
insignias de casado dos veces, soga y vela verde, por el
delito de poligamia o haber contraido segundo matrimo-
nio en la referida ciudad de Guayaquil, viviendo su pri-
mera muger en la villa de San Miguel de Ibarra de la
provincia referida. Abjuró de levi, fué advertido, repre-
hendido y comminado, y condenado a que el dia siguien-
te se le diesen, en la forma que a los demás, doscientos
azotes, y en la pena de destiero de la villa de Madrid y
de esta ciudad, por tiempo de quatro años al presidio de
Valdivia, rebaxándosele de éstos los de su prisión, con
otras saludables. Y en quanto al vínculo del matrimonio,
se remitió al juez eclesiástico ordinario, que de la causa
puede y debe conocer. Fueron sus padrinos, don Pascual
de Prada y don Juan Joseph de Herrera, familiares.
II Juan Domingo de Llano, alias de Kspínola, natural de
la ciudad de Genova, y residente en esta de Lima, de
edad de treinta y tres años, de ejercicio cirujano y de
estado casado. Salió en la forma que los precedentes, con
coroza, en que estaban puestas insignias de casado dos
veces, por el delito de poligamia o segundo matrimonio,
que celebró en el pueblo de Corocotillo de la provincia de
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CAPÍTULO XXIV 293
Braeamoros, del corregimiento de Chachapoyas, en el
obispado de Trujilloj vivienda su primera muger en esta
ciudad. Abjuró de kvt, fué advertido, reprehendido y
conminado, y condenado a que el dia siguiente saliese por
las calles públicas en la manera que loa antecedentes,
donde le fuesen dados doscientos azotes, cuyo castigo se
le suspendió por justos motivos, mandándose que solo sa-
liese a la vergüenza; y en la pena de destierro de la corte
y capital refeiida, por tiempo de cuatro años al presidio
de Valdivia, y en otras espirituales y edifi cativas. Y en
cuanto al vínculo del matrimonio, se remitió al juez or-
dinario eclesiástico, que de Ja causa puede y debe conocer,
. Apadrináronle don Diego Miguel déla Presa, regidor per-
petuo de esta ciudad, y don Luis Carrillo de Córdova,
marques de Conchan j familiares.
Tf María Atanasia, negra criolla, eselavaj natural de esta
ciudad, de ediid de veinte y nueve años, y de estado ca-
sada. Salió en la forma referida, con coroza, en que se
veian puestas insignias de casada dos veces, soga al cue-
llo y vela verde en las manos, por el mismo delito de ha-
ber contraído segundo matrimonio en esta ciudad, vivien-
do en ella a un mismo tiempo su primer marido. Abjuró
ilelem, t\ié, como los demás, advertida, reprehendida y
conininada, y condenada a que saliese por las calles pú-
blicas y acostumbradas en bestia de albada, desnuda de la
cintura arriba, donde, a voz de pregonero que publícase su
delito, le fuesen dados doscientos azotes; y en la pena del
destierro por tiempo de cinco años al lugar que se le asig-
naría, rebajándole el de su prisión, y en otras saludables
y espirituales. Y en cuanto al vínculo del matrimonio^
se remitió al juez ordinario eclesiástico, que de la causa
puede y debe conocer. La apadrinaron don Francisco de
Sosa y don Manuel Pérez VictorianOj familiares del Santo
Oticío.
n Manuel de Jesús, alias Zaboga, negro de Guinea, de
casta congo, esehivo ile Li hacienda de San Juan que po-
see la sagrada Compañía de Jesús en el distrito de esta
ciudad, de mas de sesenta años de edad^ viudo. Salió al
auto en la forma de penitencia que los reoa antecedentes,
con coroza de supersticioso, hipócrita, embustero, soga al
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294 LA INQUISICIÓN DE LIMA
cuello y vela verde en las manos, por los delitos de la
superstición y la impostura, en cuyos infames artes era
famoso maestro, como artífice de singulares maleficios, eje-
cutados con varias yerbas, cocimientos y fricciones inho-
nestas del cuerpo de las personas de ambos sexos, al tor-
pe y engañoso fin de producir alguna fortuna en sus
ilícitos amores, y a otros de curarlos de los dolores que
sentían por los maleficios que les persuadia que padecían.
En cuyas operaciones mezclaba varias cosas y palabras
sagradas a los conjuros y santiguos que hacia, valiéndose
del sacrilego auxilio de nombrar a los santos, y haciendo
señales de cruz con palma bendita, sobre las cuales man-
daba que pasasen las personas referidas; a quienes fricaba
los desnudos cuerpos, con cuyes (animales semejantes a
los conejos) y propinándoles bebidas de ciertas aguas con-
fecionadas de varias inmundicias y polvos que finjia ser
medicamentos de botica; vendiéndose por intelijente en
medicina, por haber asistido en su mocedad a la botica de
la referida sagrada Compañía, para lograr por precio de
sus embustes las cantidades que les pedia. Abjuró de le-
viy fué advertido, reprehendido y conmimado, y condena-
do a que saliese por las calles públicas y acostumbradas,
en la forma que los demás, donde le fuesen dados dos-
cientos azotes (los cuales no se ejecutaron por justos mo-
tivo?) y en la pena de destierro por tiempo de seis años
al lugar que se le asignaría, y en otras instructivas y salu-
dables. Fueron sus padrinos don Matías Vázquez de Acu-
ña, conde la Vega del Ren, y don Gerónimo Vázquez de
Acuña Iturgoyen, comisario general de la caballería y ba-
tallón de esta ciudad, familiares del Santo Oíicio.
»»Juan Joseph de Otarola, quarteron de mulato, libre,
natural y vecino de esta ciudad, de edad de mas de qua-
renta años, de officio bordador y de estado casado; peni-
tenciado que fué por el mismo Santo Officio en el año
passado de mil setecientos y quince, por testigo formal y
falso, para que cierta persona religiosa y professa cele-
brasse matrimonio, que desde luego se efectuó. Salió al
auto en forma de penitente, con coroza, en que se veían
insignias de casado dos veces, con soga gruesa al cuello,
y vela verde en las manos, por el delito de haber contrai-
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CAPÍTULO XXIV 295
do segundo matrimonio en esta ciudad, viviendo en el
pueblo de la Japallanga en la provincia de Xauxa, au pri-
mera muger. Abjuró de levi^ fué advertido, reprehendido
y comminado, y condenado en la pena de doscientos azo*
tes, que se le diessen por las callea públicaSj a voz de pre-
gonero que publicaaae su delito, en la de destierro por
tiempo de cinco años al presidio de Valdivia, donde sirva
a S. M. a ración y sin sueldo, y sea instruido por el co-
missario del Santo üfficio en los misterios de nuestra
santa fe y doctrina christiana, y en otnis saludables y
espirituales. Y en quanto al vínculo del matrimonio, se
remitió al juez ordinario eclesiástico, que de la causa pue-
de y debe conocen Apadrináronle don Joseph de Llamas,
general del Callao, y don Antonio Sarmiento Soto mayor,
conde del Portillo, familiares del Santo Officio»
'«Juana Caldera, quarterona de mulato, libre, natural y
vecina de esta ciudad, de edad de mas de treinta años,
de estado casada, y sin exercicio alguno. Salió en cuerpo
al auto, en forma de penitente, con coroza, en que estaban
delineadas insignias de supersticiosa, hipócrita y embuste-
ra, soga y vela verde, por maestra famosa en las artes de
superstición y el maleficio, con que solicitaba personas a
quienes propinar bebidas amatorias, atractivas de los hom-
bres, así para que éstos las amasen, como para que no se
apartasen de aquella ilícita comunicación, con que logra-
ban las conveniencias del dinero y fortuna que les produ-
cía. A que añadía varias aguas confeccionadas de diversas
yerbas en que las bañaba, con encantaciones y conjuros,
en que mezclaba palabras sagradas y la señal de la cruz:
todo a efecto de vender este maléfico beneficio por la
plata, que era el precio de su paga. Abjuró de levi, fué
advertida, reprehendida y conminada, y condenada, como
los precedentes, en la pena de doscientos azotes (que
por justos motivos no se ejecutaron) y en la de destierro
por tiempo de cuatro años, que hubiese de cumplir en la
ciudad de lea, reclusa en el beaterío de dicha ciudad, y en
otras instructivas y saludables. Fueron sus padrinos, don
Isidro Cosío, del orden de Alcántara, prior del Consulado
de esta ciudad, y don Juan Antonio de Tagle, familiares
del Santo Oficio.
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296 LA INQUISICIÓN DE LIMA
f! María de Fuentes, mestiza, natural del pueblo de la
Gloria, de la jurisdicción de Santiago de Chile, en que era
residente, de edad de mas de treinta y seis años, de oficio
tejedora, de estado casada y sirviente en el hospital de
San Juan de Dios. Salió en la forma que los reos antece-
dentes, con coroza pintada de insignias de casada dos ve-
ees, por el delito de haber contraído segundo matrimonio
en dicha ciudad de Santiago, viviendo su primer marido.
Abjuró de levi^ fué advertida, reprehendida, y conmina-
da en la forma que los demás, en la pena de doscientos
azotes, y en la de destierro por espacio de tres años al
lugar donde se le señalase por el Santo Tribunal, y en
otras espirituales e instructivas. Y en cuanto al vínculo
del matrimonio, se remitió al juez ordinario eclesiástico,
que de la causa pudiese y debiese conocer. Fueron sus pa-
drinos don Luis de Oviedo y Echaburu, conde de la Gran-
ja, y don Francisco Hurtado de Mendoza.
II Francisco de las Infantas, mestizo, natural del pueblo
de Lucanas de la provincia de Otoca, en el obispado de
Guamanga, residente en la de Abancay, de edad de mas
de cuarenta años, de oficio labrador y de estado casado.
Salió en la forma de penitente que los demás, con coroza,
y en ella insignias de casado dos veces, por el delito de la
poligamia, cometido en haber celebrado segundo matrinio
en el valle de Abancay, viviendo su primera muger en
dicho pueblo Lucanas. Abjuró de levi, fué advertido, re-
prehendido y conminado, y condenado a que se le diesen
doscientos azotes, y en la pena de destierro en la manera
que los antecedentes, por tiempo de cuatro años, al lugar
que se le señalaría por el Santo Tribunal, como lo fué el
de la isla del Callao, donde trabajase en cortar piedi-a, y
otras saludables. Y en cuanto al vínculo del matrimonio,
se remitió al juez eclesiástico ordinario, que de la causa
puede y debe conocer. Apadrináronle don Francisco de
Paredes y Clerque, marques de Salinas, y don Agustín de
Echeverría Zuloaga, marques de Sotohermoso.
ff Sebastiana de Figueroa, cuíirterona de mestizo, natu-
ral y vecina de la ciudad de León de Guánuco, de estado
viuda, de edad de mas de sesenta años, y de ejercicio hi-
ladora. Salió en forma de penitente que los reos prece-
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CAPÍTULO XXIV 297
dentes, con coroza, en que estaban pintadas insignias de
supersticiosa, hipócrita, embustera, y con sambenito de
media aspa, soga y vela verde, por los delitos de haber
hereticado y apostatado de nuestra santa fe católica, dan-
do adoración y culto al demonio, y valiéndose de este
maestro del engaño para los que ejecutaba, y para los
diabólicos artes con que pervertia a unos y maleficiaba
a otros, con daños que les hacia en sus personas y en sus
bienes y causando a algunos el aborrecimiento a los que
amaban: exercicio en que por medio de supersticiosos
medicamentos adivinaba a otros su próxima muerte, cuya
predicción comprobaba lo triste del suceso. A que anadia
diversos otros maleficios, haciendo a varias personas fric-
ciones con yerbas prevenidas, y con cierto knimalillo de
color blanco, en cu57^o vientre (que para esto abria) las in-
trodueia con alguna plata; sin que por esto muriese el
referido animalillo, a quien, hallado después vivo, arrojó
a un rio. En que no parando sus delitos, pasó a cometer
los de quitar a muchas personas la vida, y a otros encan-
tos, como al de embarazar la voz a alguno por medio de
una espina atravesada en la^garganta de un muñeco he-
cho de cera, (figuras de que se le hallaron varias, forma-
das de hombres y mugeres) y a los de usar de baños con-
feccionados de diferentes yerbas, que daba a las mugeres
para ser queridas de sus galanes o maridos, con el torpe
permiso de dejarlas libres para vivir con toda la licencia
que deseaban, por la infatuación que introducia en aque-
llos para que no la advirtiesen, vengándose, al contrario,
de los que resistían semejante libertad, con la crueldad
de fulminarles graves dolores y una total insensatez, a que
después de haber penado mucho tiempo, les hacia poner
por término la muerte, fuera de otros muchos execrables
crímenes que cometía, como sequaz famosa de la apostasía
e insigne artífice del maleficio. Abjuró de vehe7)ienti, fué
advertida, reprehendida y conminada, y condenada en
confiscación de la mitad de sus bienes para la cámara y
fisco de 8. M. y su receptor general en su real nombre, y
que al dia siguiente se le diesen doscientos azotes en la
forma que a los demás (los cuales se le remitieron por
justos motivos) y en la pena de destierro por cuatro años
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298 LA INQÜISIOION DE LIMA
al lugar que se le señalase por el Santo Tribunal, donde
fuese instruida en los misterios de nuestra santa fe, con
otras saludables y espirituales. Fueron sus padrinos don
Joseph de Tagle Bracho, marques de Torre Tagle, y don
Ventura Lobaton y Hazaña, familiares del Santo Oficio.
11 Concluida la lectura de las causas y sentencias, baja-
ron los reos de el tablado donde estaban, y conducidos al
presbiterio de la capilla mayor, se separaron de los demás
los dos que tenian sambenito de media aspa, e hincados
de rodillas delante de la mesa y asiento de los señores in-
quisidores, puestas las manos sobre la santa cruz y evan-
gelios que allí estaban, repitieron la abjuración ae vehe-
mentí, que les fué le^^endo don Joseph Thoribio Román
de Aulestia, como secretario del Secreto. Y levantado en
pié el señor Inquisidor mas antiguo, doctor don Gaspar
Ibañez, con estola morada al cuello, recitó en el Manual
Romano las oraciones señaladas, a que habiendo seguido
el himno Veni creator spiritus, cantado con devota ento-
nación por la comunidad de los religiosos asistentes, hizo
el referido señor Inquisidor a los postrados reos las pre-
guntas de los artículos de la fe, en cuyas respuestas ma-
nifestaron su creencia y su instrucción; y pasando a decir
el psalmo del Miserere destinado a la penitente ceremo-
nia, los clérigos que habían acompañado la cruz de la ma-
yor parroquia, que ya allí se hallaban prevenidos, como
sacros ministros de la piadosa pena, les herian con sendas
varas las espaldas, haciéndole a cada verso los repetidos
golpes, ecos de arrepentimiento de las voces de la contri-
ción: acto a que sucedió la absolución que les dio el In-
quisidor, según la forma del mismo Manual y el sacro
estilo de semejantes casos. Después de cuya acción, apar-
tados los dos reos referidos, llegaron los demás, y arrodi-
llados ante los mismos señores en la forma que aquellos,
pronunciaron la abjuración de levi, que les fué leyendo el
mismo secretario. Con que habilitados todos por mano de
la penitencia a la asistencia del sacrosanto sacrificio de la
misa, que había suspendido la presencia de los que antes
eran detestables, prosiguió luego en el altar mayor, ante
cuya peaña postrados éstos, y encendidas las velas que
llevaban, al tiempo del Sanctus, fué cada uno besando la .
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CAPÍTULO XXIV 299
mano del sacerdote, luego que se acabó la misa, con que
se terminó toda la acción del teniplon.
En el mismo orden que habia ido, fué el Virei en proce-
sión a dejar a los Inquisidores, hasta despedirlos a la puer-
ta del Tribunal.
Al dia siguiente salieron los reos entre las compañías
de a caballo i ministros ordinarios del Santo Oficio i fa-
miliares que los conducian, montados en caballos adorna-
dos de ricos jaeces, con sus insignias i varas de justicia,
seguidos del Alguacil mayor i del secretario menos anti-
guo, también »»en caballos de manejon, con gualdrapas de
terciopelo negro. Los penitenciados, "unos a la vergüenza
i otros al dolor, fueron llevados por las calles acostumbra-
das, donde la cabeza i la espalda, sujetas a la coroza i al
azote, tuvieron la asistencia de la infamia i el golpe, que
formaban todo el tenor del castigo, n"
Pero acaso lo mas orijinal de este auto fué la escapada
que hizo su panejírista e historiador de caer en las manos
de los Inquisidores cuyo fama colocaba tan alto; pues con
ocasión de haberse notado en la relación algunas proposi-
ciones que i'se habian hecho reparables, ir estuvo a pique
de ser encausado, debiendo su salvación solo a que por
haber trabajado de orden del Virei, los jueces no se atre-
vieron a procesarlo, temiendo se siguiesen »»perniciosas
consecuencias, por no haber de persuadirse se hacia por
causa de las proposiciones, sino en odio de que corran pú-
blicos sus simulados aplausos, n^^
El ejemplo del doctor Peralta Barnuevo, encontró, con
todo, bien pronto un imitador en don José Bermudez de
la Torre y Solier, alguacil mayor de la Audiencia i con-
sultor del Tribunal, al cual con reverente humildad de-
dicó su libro Triunfos del Santo Oficio peruano, en que
se contiene la relación de los dos autos de fe celebrados
el 23 de diciembre de 1736 i el 11 de noviembre del año
siguiente.
11. Obra citada de Peralta Bamnevo.
12. Carta de 18 de noviembre de 17S3. fin el Consejo se ordenó,
sin embargo, qae las proposiciones se calificasen i votasen, i sin pasar a
vias de hecho, se enviase el espediente a Madrid. Oarta de loa Inqui-
gidares de 16 de febrero de 1785.
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300 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Como era de costumbre en tales casos, el fiscal Diego
de Unda, que por ascenso de Sánchez Calderón, habia pa-
sado a ocupar el puesto que éste dejaba vacante, fué a
trasmitir la noticia al Virei Marques de Villagarcia, i para
que llevase el estandarte de la fe, a su hijo, que servia de
capitán de la guardia de alabarderos, i al Arzobispo, que
no habia de asistir a la fiesta. El secretario Eoman de
Aulestía, con igual objeto, pasó a notificar a los Oidores,
Cabildo Eclesiástico i Secular, a la Universidad i Consu-
lado. Hízose, en seguida, la publicación de estilo con os-
tentoso aparato, i ya listos los tablados en la plaza i co-
locados en su sitio el Virei e Inquisidores, dijo el sermón
acostumbrado el padre Fr. Juan de Gacitua; se prestó el
juramento de estilo, i acto continuo, se dio principio a la
lectura de las causas de los reos.
Fueron éstos: Antonia Osorio, alias la manchada, mu-
lata, limeña, viuda, de cuarenta ños, acusada de propinar
maleficios amatorios, que se presentó (como los demás reos
de este delito) en cuerpo, en forma de penitente, con
sambenito de media aspa, coroza de supersticiosa, soga
gruesa al cuello i vela verde en las manos: abjuró de ve-
hementi, fué absuelta ad cautelam, i condenada a que
saliese al dia siguiente por las calles públicas, en bestia
de albarda, desnuda de la cintura arriba, i recibiese dos-
cientos azotes a voz de pregonero, con destierro a Guaya-
quil por diez años, i otras penitencias.
Micaela de Zavala, cuarterona de mulata, también li-
meña, soltera, de treinta i tres años, vendedora de jamón;
i María Teresa de Mallavin, esclava, de veintiocho.
María Hernández, alias la pulga, i su hija María Feli-
ciana Fritis, alias la pulga menor, chilenas; Sabina Rosalía
de la Vega, mulata libre, natural del pueblo de Caravelli,
de cuarenta años, casada, de oficio hilandera; Teodora de
Villarroel, natural i vecina de Lima, de veintiocho años,
sin oficio, soltera; Rosa de Ochoa, alias la Pulis, negra crio-
lla, limeña, soltera, sin oficio; todas las cuales recibieron
la misma pena de la primera.
Juan de Ochoa, lego espulso de Santo Domingo, lime-
ña, de cuarenta años, conocido por galante i obsequioso
familiar de algunas de las antecedentes, i, entre ellas, por
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CAPÍTULO XXIV 301
el título i renombre de la "docta plumaft» que salid al autOj
en cuerpo, en forma de penitente, con saml>enito de media
aspa i demafj insignias, abjuró de vehementi^ fué adverti-
do, reprendido, couniinado i absuelto ad caittelam por
sospechoso en la fe; i por justos motivos, dice Berra udez,
"se le relevó de la pena de azotes, dispensándosele a es-
ta docta pluma que se le diera el grado de maestro en dia-
bólicas artes i doctor en malvada brujería, sin paseo en
que se oyese el rumor de trompetas i atabales, dejando de
sonar éstos en sus espaldas, i aquellos en las voces que
por él fuese echando el pregonero, tí
Felipe de la Torre, cuzqueño, cíisado, de cincuenta años,
batihoja, i que ya habia sido sentenciado por polígamo
en 1719, salió con sambenito de media aspa, coroza, soga
al cuelloj vela verde en las manos i mordaza en la boca,
por haberse finjido reo del Santo Oficio, diciéndose relijio-
so sacerdote^ i por blasfemias' hereticales. Estando preso en
la cárcel de corte, se le acusó de haber Uísado de figuras i
yerbas para conseguir mujeres, habiendo intentado por
tres veces ahoixarse en su prisión. Abjuró de vehemcntít
fué absuelto arf c^iutelam, sentenciado a recibir doscien-
tos azotes por las calles i a ser\dr por tiempo de diez años
*a S, M* en Valdivia, a ración i sin sueldo^ i*y a cumpHr
otras saludables penitencias, instructivas de los misterios
de nuestra santa fe, espirituales y edifi cativas, tí
Bernabé MoriUoj alias Juan Bernabé de O taróla, negro
criollo, esclavo, cocinero, residente en el Callao, testifica-
do de pacto con el demonio, "y haberse introducido a ase-
gurar a las mujeres estar maleficiadas, ofreciendo curarlas,
sacarles de los cuerpos culebras y sapos, y darles fortuna
con los hombres: M abjuró de vehementi i se le dieron dos-
cientos azotes.
María Josefa Cangas, negra, de mas de cincuenta años,
que para vivir mas holgadamente con su amante, adminis-
tró a su marido tales maleficios que le privó de razón. Ab*
juró de levi i fué sentenciada a servir cuatro años en un
hospitab
Pascuala Gonzale;;, negra, de Trujillo, también por he-
chicem, recibió una pena análoga a la anterior.
Nicolás de Araus i Borja, cuarterón de mulato, maestro
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302 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de primeras letras, que por medio de varillas i un sello de
papel del Santo Oficio i pacto con el demonio, pretendia
descubrir tesoros i riquezas. Fué desterrado a Valdivia
por cuatro años.
Por polígamos fueron condenados: Juan de la Cerda,
quiteño, Juan Matías del Rosario, zapatero, que se casó
primera vez en Santiago, Juan Bautista Gromez, Tomas
José de Vertís, Matías de Cabrera, de Quito, Bernardo de
Aguirre, arriero, de Arequipa, i el negro José Lorenzo de
Gomendio, que se casó segunda vez en Concepción: todos
los cuales salieron en forma de penitentes, con coroza, in-
signias, soga gruesa i vela verde.
Juan González de Rivera, que habia vivido entre los in-
dios de Guanta, vistiéndose a su usanza i casádose allí con
tres mujeres, i que ademas de espreso pacto con el demo-
nio, se habia hecho agorero, valiéndose de las plumas i can-
to de las aves; abjuró de vehementi i fué absuelto ad
cautelam, con servicio de tres años en la isla de San Lo-
renzo, a ración i sin sueldo.
Francisco Javier de Neira, clérigo santiaguino, de cuya
causa daremos cuenta en otra parte.
María Francisca Ana de Castro, alias la madama Castro,
natural de Toledo, vecina de Lima, de cincuenta años, ca- '
sada, por *ijudí a judaizante, convicta, negativa y pertinaz,
salió aJ auto en cuerpo, con sambenito o capotillo entero,
de dos aspas y pintado de llamas y figuras espantosas y ho-
rribles, coroza en la cabezp., soga al cuello y cruz verde en
las manos, y por observante de la ley de Moisés, fué rela-
jada en persona a la justicia y brazo secular, observando
el Santo Tribunal en su sentencia la fórmula que acostum-
bra en la relajación de reos, encargando a los jueces secu-
lares se hayan benigna y piadosamente con ella, n
En estatua salieron Pedro Nuñez de la Haba, i José
Solis i Obando; siendo igualmente relajados en estatua el
jesuita Juan Francisco UUoa i Juan Francisco de Velasco,
de cuyas causas, por referirse a Chile, trataremos en otro
lugar.
Terminada la lectura de las sentencias, se entregó para
que se llevase a la hoguera a la Castro, i las estatuas i hue-
sos de los reos a ella condenados, al jeneral Martin Mu*-
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capIttjlo xxit 303
daña i Zamudio, asiatido de sus tenientcB i del escribano
de cabildo para que diese fe de todo; i, entre las milicias
que marcihaban con bayoneta calada i un inmenso jentíoj
iiy formando todos un perfecto círculo, termina el narra-
dor de aquella trajcdia, llegaron a ocupar el embarazado
terreno» en cuyo espacioso ámbito se ejecutó el dispuesto
suplicio, entregando la rea al estrecho dogal y después a
la encendida hogueraj que al furor de sus activas llamas
la redujo a pálidas cenizas, en que igualmente quedaron
sepultados las estatuas, como también los huesos del reo
sentenciado a ésta que propiamente fué última pena, en
que acompañó al incendio la ruina, para la total estincion
de su memoria* tf^^
Maria Ana de Castro fué la última persona que el Tri-
bunaldel Santo Oficio de Lima condenó a la hoguera. Su
causa i su muerte han dado tema a una novela que hemos
visto citada varías veces, pero que no conocemos.
El siguiente auto de fe se celebró, como hemos indicado,
el 11 de noviembre del año siguiente, en la capilla del
Rosario de la iglesia de los dominicos, donde se erijió una
tribuna con celosías para que asistiese el Virei a ver pe-
nitenciar las personas que a continuación se espresan*
Juan Ferreira o Juan Antonio Pereira, soltero, corre-
dor, acusado de que después de la celebración del auto de
28 de dicembre de 173G, en que había sido rehijada por
judia judaizante Mañana de Castro, habia dicho: nías bru-
jas están sueltas y Mariana de Castro quemada; miren que
tierra esta! Qué Cristo, ni Crísto! Cristo no fué judio?»*;
por cuyas proposiciones i otras semejantes, después que
le secuestraron sus bienes, fué encerrado en cárceles se-
cretas el 8 de enero de 1787. En sus confesiones de-
claró el reo haber espresado que al tiempo de dar garrote
a la Castro, junto al quemadero, habia manifestado mu-
cho esfuerzo i valor, poniéndose ella misma el cordel i
arreglándose el cabello para morir. Contando el discurso
de su vida dijo que, siendo soldado, fué hecho prisionero
13. Triunfos del Santo OJici? penmno^ folio 159, Pam mayores de*
talles de eetc auto remití moa ai lector a k parte de nuestro Hbrü refe-
rente a Chile.
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804 LA INQUISICIÓN DE LIMA
6ii la batalla de Almansa, i que una vez en libertad, había
pasado al Brasil, Buenos Aires i Lima, por la vía de Chi-
le. Votado a tormento i cuando ya iba a ser puesto en la
mancíuerda, se descubrió que tenia una gran hernia, lo
que si bien le permitió escapar de la tortura por el peli-
gro en que su vida podia hallarse, no le libró de las ab-
juraciones de estilo i de recibir doscientos azotes.
María Antonia, negra criolla, esclava, que invocaba al
diablo valiéndose de muñecos, i guardaba un cuernecito
de chibato, creyendo que tenia la virtud de impedir que
su amante cayese en brazos de otra, hechos que fueron ca-
lificados de heréticos i de que arguian pacto espreso con
el demonio, i que por lo tanto, constituian a la reo vehe-
mentemente sospechosa en la fe, lo cual le valió que se le
aplicasen no pocos azotes.
José Calvo, también negro criollo, que se ejercitaba en
varias especies de suertes invocando al diablo cojuelo; Sil-
vestra Molero, alias la china Silvestra, casada i costurera,
en cuya habitación se reunian las maestras del arte divi-
natorio i hechiceras.
Catalina Bohorquez, limeña, de veintitrés años, que por
haber nacido tuerta i una prima suya mui hermosa, en
venganza de Dios que tal agravio le hiciera, cuando se
confesaba se acusaba solo de los pecados leves, enseñando a
las niñas el arte de pecar a fin de que por su parte también
le ofendiesen.
Nicolasa de Cuadros, de cincuenta años, casada en Li-
ma, que se acompañaba de un negro su amante para dar
baños i propinar remedios a los que deseaban obtener
buenos sucesos en sus amores; Félix Canelas, que habia
sido penitenciado ya dos veces por sortílego, compañero
de la reo antecedente; i Juan Baustista Vera Villavicencio
por casado dos veces.
No habia aun trascurrido un mes desde la celebración
de este auto cuando moria Ibañez a la edad de sesenta
años.
Apesar de tan repetidas muestras de los castigos que
el Tribunal habia estado decretando en los últimos tiem-
pos, encontraron todavía los ministros material abundan-
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CABtrmo nov 305-
te pama nueTOB ecmdenabkmeB, ÓBqv» daá btieim ntieeira
los ireo» sígmentoB:
Franékco Hazaña, negiro bo¿al» de casta terrano^^
acireditado de brujo i que curaba los maleficios con palma
bendita, romero i oHvo tostados en un tiesto da gmda^
zalumiando.la cfisa, asperjando con agua bendita losün*'
conea, ÍMialeteanodói» eonla capa como para eroaultar algu-
na Doaa^ hasta llegar a la puei^ de calle, donde ienteqraíba'
un cui prieto, clavado con alfileres.
Luisa Contreras, negra criolla de Lima^ soltera, de trein-
ta anos, que se Talia de remedios prohibidos para que kt
quisiese su galán, i Urania Blanco, mestiza, natural de Gua^
manga, hilandera, de cuarenta años, por el mismo delito.
Dominga de Rojas, natural de Pisco, que sospechando
estar maleficiada per cierta mujer, habia buscado nninaes*»
tro del arte que le habia recomendado que procurase un
zapato viejo de su enemiga i un cuerno^ i que haciendo un
agujero en la puesta por donde entrase, 'enterrase ambas
cosas, llenando preTÍamente el cuerno con ajos, ají seco i
sal, i en seguida orinando i escupiendo en él, con lo eual
era seguro que habia de atajar el paso a la brújai
Rafaela Rodríguez, casada, de veintiséis años, vendedo*»
ra de gallinaSi, que be valia de. hechiceros a fin de eseapar
del mal trato que le daba su marido. Es curioso lo que
ejecutó en compañía de otra mujer a fin de impedir que
uja amigo fuese desterrado a Valdivia. Dispuso tres muñe*
eos, que representaban otras tantas personas de autoridad
tiy egercicioir, los dos vestidos de golilla i el tercero de
eeícarlata, i así dispuestos, pusieron sobre carbones encen*-
didos una olla con aguardiente, coca mascada i azúoav^ i
levantando la olla en alto, azotaban la llama oon los um-
ñecos, invocando al demonio con las palabras, ticojuelo,
que no vaya fulano a Yaldiviaii, para cuyo efecto todas
las dé la asamblea se qmtabazx previamente los rosarios,
bebían aguardiente i fumaban cigarroa
Bartolomé de Gisneroa, limeño, cigarrero, de treinta i
tres años, denunciado por su mujer de que hadiemdo ella
una novena a San José i no habiendo obtenido lo qne de*
seaba, dijo que San José» ni la. ..^ • i otras espresiones de
este calibre.
TOMO u 20
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3fl6. LA IKQITlBIOIOSr DE LIMA
. Franeíaea de Mondragon, aliajs la cagateoho, onarfeero-
na, del Callao, que pretendía curarse de un maleficio; Ma-
ría. Moaserrate i Sañtisteban, mulata,, de treinta años, que
incdnaolable por él abandono de su amante, buscaba re*
medios a su pena consultando bechiceras; Petronila Ortiz,
müiataj lavandera, acusada pov. cierta mujer que deoia la
tenib maleficiada; i Juana Novoa, residente en /Drujillo,
que por medio de becbizós pretepdia volver a su amistad
a su seductor.
Cayetano Zenteno, cuarterón de mulato, arriero, de-
nunciado de que yendo cerca de unas huacas, babia co*-
meneado a renegar i votar desesperadamente.
Roque de Espilcueta, natural de Buenos Aires, tratan-
te, de cuarenta i un años, acusado de doble matrimonio;
Fr. Manuel de Ouzmah Vargas de la Cadena, corista del
convento de San Agustin de Lima, que ee denunció de
haber confesado a una mujer; Ignado de Chanis i Echeve-
rría, natural de Azpeitia, comerciante^ casado en Córdova
de Tucuman i en Guayaquil; Juan Antonio Neira, que se
casó también dos veces i una de ellas en Concepción; i
María del Rosario Perales, alias Muzanga, mulata, viuda,
vecina de Lima, por hechos sortílegos.
Nicolás Flores, clérigo, cura de la doctrina de San Pe-
dro del arzobispado de los Reyes, de cuarenta i ocho años,
acusado de haber escrito un papel en que con relación a
los confesores que habian auxiliado a la Castro, sostenía
que la reo habia sido injustamente acusada, contravinien-
do de esta manera a los dispuesto por el IVibunal de que
nadie hablase ni tratase sobre la materia. Fué acusado
igualmente de que en un escrito que enviaba al obispo del
Cuzco, dándole cuenta del auto de fe en que el padre
Ulloa habia sido quemado en estatua, se afirmaba en qne
no habia podido condenársele a dicha pena por no haber
mediado contumacia de parte del reo. Estas proposiciones
fueron calificadas por el fiscal como itheréticas de fauto-
ría, escandalosas, temerarias, denigrativas e injuríosasii,
concluyeoido por pedir que Flores fuese puesto a cuestión
de tormento, quien al fin salió condenado, entre otras pe-
nas, a quinientos pesos de multa, debiendo declarar que
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CAPÍTÜIiO XXIV 30y^
rf todos estübaa obligados a creer y cosifesár que Im deter-
mmacionea del Santo Tribunal son ieonformes y justas, tt
Fr. Juan Ventura de Aldeeoa, natural de Bilbao^ mer-
cader de Potosí, denunciado de que conversando en el
claustro de la Merced de Sevilla, se habia sostenido an
que los Jnquiaidores habían procedido con pasión en la cau-
sa del padre Ulloa, no sabiendo siquiera lo que era de au
obligación. Con este motivo se le previno, una vez que fué
reducido a prisión, que las causas del Santo Oficio se se- ^
guian con toda independencia, sin pasión ni odio» i que
sus resoluciones se debian venerar, por ser siempre arre*
gladas a lo que constaba del sumario, estando prohibido a
los particulares abrir discusión sobre los motivos de dichas
sentencias; concluyendo por condenarle a que para en-
mienda en lo futuro, abjurase de léai i pagase quinientos
pesos de multa.
En eate tiempo se fallaron también las causas de los
secuaces del padre Ulloa, Umanzoro, las Gronzalez» Mu-
guerga, la Villanueva» la Flores, i Cristóbal Sánchez o
Guimaraes, de que daremos cuenta por estenso al tratar
de la Inqusicion de Chile.
A principios de 1737 el Tribunal remitió a España la
causa de Pedro de Zubieta, canónigo de la catedral de
Lima, ttpues siendo persona egréjia, por lo tocante a la
dignidad que obtiene, decian los Inquisidores, nos ha pa-
recido no proceder en ella hasta consultar con V. A*ii
El reo se denunció en 30 de enero de 1737, diciendo
ser natural de Lima, de edad de cincuenta i tres añosi i
de que siendo cura de la doctrina de Chiquian, habia co-
menzado a confesar a doña Lorenza de Fuentes, relijiosa
profesa del monasterio de la Concepción, ministerio en
que se habia pcupado durante cuatro o cinco meses, oyén-
dola cada quince dias i a veces cada ocho. Qué habiendo
tenido que ausentarse, le escribió algunas cartas, i a su
regreso *i habia tenido con ella grandísimas conversaciones
amorosas y deshonestas en el confesonario; n i que no con-
tento con ésto, de común acuerdo, hablan abandonado
para el intento el confesonario i seguido sus charlas en el
locutorio.
La monja, que por su parte entró también en escrúpu-
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308 LA mqumiaion bb lima
lo8y 86 vslió del J69QÍta José Mudana para que Uevaae por
escrito su denuncio^ Tribunal, el cual, con vista de todo,
comisionó al mismo jesuita para que trasladándose al mo-
nasterio recibiese su declaración a la denunciante, reduci-
da a que cuando acordaron oon su confesor seguir las
conversacioiies en ú locutorio, aquél le tomaba la mano
en señal de cariño i la instaba a que en seguida se confe*-
sase con él.
Denunció también al canónigo. Sor Eujenia Evanjelis-
ta, monja del monasterio del Prado, de edad de veintitrés
años, espresando que hacia diez a ique se confesaba con
él, habiéndose poco a poco ido apartándose del buen
camino hasta cojerle las manos i en seguida echarte los
brazos con alguna impureza. Otras veces, ü después de eele^
brarle sus partes esteriores que veia i sabia de mí, dice la
testigo, pasaba a celebrarme las interiores que suponía de
mi cuerpo, n Preguntóle entonces el delegado del Tribunal
que a qué partes interiores se referia, según sus palabras,
el confesor, respondiendo »que de las partes verendas que
suponia en la denunciante y también de las demás ocul-
tas, it Añade que solia en el confesonario leerle algunos
versos que le dedicaba, «y en el mismo lugar, concluye
sor Eujenia, sabiendo que me pretendía un sujeto para
pecar, preguntándome quien era, y dicíéndole yo que pa-»
ra qué quería saber, me dijo que por ver quien era quien
tenia tan buen gusto. En el mismo lugar solicitó saber si
me valia del instrumento de navaja para cercenar las su-
perfluidades que nacen en las partes materiales, y para
este fin me trajo una: • . • . celebraba las prendas que su-
ponía haber en mí como muy aptas y a propósito para el
acto camal;. ... me ha referido en dicho lugar varios mo-
dos de pecar en pecados de sensualidad n .... Al fin en
1743, Zubíeta fué reprendido, aconsejándosele que no si-
guiese confesando.
En autos celebrados en 10 de junio de 1740 en el con-
vento de Predicadores, i en la capilla de la Inquisición el
7 de febrero de 1741, 2 de marzo de 1742 i 7 de febrero
de 1743, salieron:
Diego Nuñez de la Haba, de diezinueve años, acusado
por una beata de haberle visto azotar una crua; Juan de
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CAPÍTULO XKTF 809
Max^siUa» natoiral de Santiago del Estero, oartetero, que
viajaba de Mendoza a Buenos Aires^ procesado porque en
las noches cuando alojaba, junto al fogón, sacaba un <iris-
to sin brasos i atándolo a un azador le daba de bofetadas;
Fx. FrajDücisco Jurado, de Trujillo, lego profeso, acusado
de haber contraído matrimonio; José de Meneses, zMnbo
Umieño, testificado de haber dicho estando en su casa en
compañía de varios amigos: i'ah! demonios, tráiganme
aquí un melón, n el cual habia repartido entre las visi*-
tas.
Doña Kosa Gallardo, que pretendía valerse de hechizos
para atraerse a un amante; María Rosalía, cuarterona, ca-
sada, acusada de sortílega; Pedro Martin de Basail, vecino
i natural de Lima, que sostenía que el que moría en peca*
do mortal no se condenaba, que lá simple fornicación no
era pecado, i que el casado que moría tocaba a las puertas
del cielo, i que, por el contrarío, a la mujer que se encon-
traba en iguales circunstancias, la echaba San Pedro para
abajo, como diciéndole se fuese a los infiernos, todo por
los muchos disgustos de que sin duda habría sido causa^
Juana de Santa María, mestiza, de Guancavelica, de-
nunciada de gastar polvos^ ungüentos i otros mistos para
engatuzar a los hombres; Andrés Labrada, gallego, aficio-
nado a blasfemar; Fr. Manuel Mosquera, relijioso de San
Juan de Dios, que hallándose encarcelado en su convento
por algunas faltas, le dijo al lego que le llevaba de comer
que si creía que el cuerpo de Crísto estaba en la hostia
consagrada, i contestándole el interesado que sí creia, le
replicó consagrándole el pan que le servia; Fr. Antonio de
Sotomayor, lego franciscano del Cuzco, por celebrante; Fr.
Pedro de Aranda, franciscano, cura de la Magdalena, de-
masiado inclinado a besar i estrechar las manos a sus pe-
' nitentes.
Manuela de Castro, que estando presa, solicitó a otra
mujer para que con diabólicas artes hiciese volver a su la-
do cierto amante que se le habia escapado; María de Va-
lenzuela, de veintiocho años, costurera, que no bastándole
sus gracias naturales, pretendía valerse de maleficios para
sacar el dinero a los hombres; Alvaro Cáceres, amansador,
de Córdova, procesado por bigamo; Crístóbal González,
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310 LA IKQÜISIOIOX DE LIMA
esdavo del convento de la Merced de Chimbarongo, por
hechicera
Ignacio Gregorio de Mieree, natural del Cairo, casado,
de cincuenta i cinco años, fué denunciado por el ama de
su mujer de que habiéndole pedido licencia para dormir
en 8U casa i dádosela por dos veces en cada semana, había
respondido que lo demás era p. . . ; que el pan de la misa
era lo mismo que el que se comia todos los dias, i que
oyéndole hablar de ]a dicha su mujer,, habia dicho que la
quería mas que a Dios; José de Guzman, malagueño, mer-
cachifle, por doble matrimonio; Jacinto Mino Llulli, por
celebrante; José Zambrano, sevillano, que juraba i renega^
ba atrozmente; Pedro Timermans, flamenco, a quien le sor-
prendieron una conversación en que sostenía que no habia
purgatorio; i Francisco Anastasio de la Cruz, mestizo, de
Jauja, por doble matrimonio.
Santiago Haden, bostones, por hereje, cuya causa ter-
minó por la conversión del reo al catolicismo; Fr. José de
Villavicencio, lego de la Recoleta dominica, organista en
Lima, que pretendía descubrir los hurtos, valiéndose de
encantamientos; Sebastiana de Jesús, lavandera, de cin-
cuenta i cuatro años, que sostenia que en su casa aposen*
taba al demonio, encarnado en tres gallos, i que al tiempo
que rezaba oía que decian los gallos i'creo, creon i que
ella les respondía Mah! perros, en qué habéis vosotros de
creer! II
Fr. Femando López de la Flor, sacerdote franciscano, i
el licenciado Clemente de Paz i Miranda, presbítero, na-
tural de Canarias, por solicitantes; i Fabiana Sánchez,
mestiza, tejedora, casada, por bruja.
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I
CAPITULO XXV
E) Consejo reprende a los Inquisidores. — ^Vicios cometidos en la cansa
de Ana de Castro.— Id. del pidre ülIoa.-^Id, de Pedro Nnfiea.—
Dilapidación de caudales .-^ Vida escandalosa de Sánchez Calderón i
Unda. — Nómbrase visitador al docto^r Arenaza. — Es recibido en Li-
ma í destierra a sus colegas. — Sus procedimientos en el Tribunal. —
Su amistad con el Yirei i los jesuítas.— Mándase suspender la visita.
De tales vicios habian estado plagadas las causas de fé
tramitadas por el Tribunal en los últimos años que, con
referencia a las relaciones enviada» por' los Inquisidores
en carta de 18 de abril de 1737, el Consejo proveyó un
auto acordado en que^ después de sentar que iban n dimi-
nutas y cautelosas, if resultando de ellas la ignorancia e
inordinacion con que se procedía aun en las materias mas
claras, anadia estas tecrt^ualés palabras: nque quedaba el
Consejo con el mayor desconsuelo y escándalo, por ver
como se trataban los negecioi^ de la relijion, en ofensa su-
ya y de la justicia, y del honor del Santo Oficion; conclu-
yendo por manifestar que si en ¿delante no se condujesen
los ministros con la correspondiente integridad i obser-
vancia de las leyes, se les quitarían sus empleos: amenaza
que iba dirijida especialmente a Sánchez ' Calderón, pues
Ibañéz^ que en sus últimos años habia eaido én una espe^
cié de insensatez, era ya muerto, Unda no pasaba de ser
un mero instrumento suyo, i el fiscal' Mateo de Amusquí-
bar podia decirse que acababa de llegar.
Acaso la resolución del Consejo hubiera' sido poi* enton-
ces diversa, si i hubiese estado en posesión de todóiá los
antecedentes ocurridos en el curso de los procesos, en cu-
ya relación se habia tenido cuidado especial de omitid cir-
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312 LA INQUISICIÓN DE LIMA
cunstaucias de gravedad, i que uno de ]os mismos jueces
hubo de revelar mas tarde.
Sea el primero el de Ana de Castro, quien, como se re-
cordará, fué entregada a la justicia secular, para ser ahor-
cada i quemada en seguida en el brasero. Por él urecono-
cerá V. A., significaba al Consejo el juez aludido, cuan
temerariamente se quitó la vida a esta reo, contra órdenes
espresas de V. A. m
Los antecedentes enviados a España alcanzaban hasta
el momento en que áel)ia darse tormetito a aquella infeliz,
estando ya votada a relajación. Esperaba el Consejo, con
este motivo, nque si de la dilijencia del tormento i .au-
dienóía con calificadores antecedentes, resultase no arre-
pentirse la reo y confesar su delito, sino mantenerse en
el mismo estado de negativa, sin novedad alguna, se eje-
cute en ella la sentencia de relajación; y sobreviniendo
novedad, confesando sus delitos y estimándola arrepenti-
da, se le reconciliará en forma. «^
•Sucedió que el día antes de salir al suplicio, la Castra
fiolidító i obtuvo dos audiencias voluntarias, nenias cuales
no parei^e puede dudarse que confesó lo que bastaba y
aobpaba^ sino para tenerse por verdademmente arrepenti-
da» de modo que se le hubiese de admitir luc^o ü la re*
conciliación . . . i ; porque en aquel confiioto y natural tur-
bación y baJQ de una pregunta jemeral» ¿qué v)m pudo
hacer ni expresar una pobre mujer, especialmente- iguo^
rando, como debia ignorar, la celada que le tenia armada
Calderón (que hacia de fiscal) en el efujio de si contestar
ba o QO enteramente con todos sus cómplices y particulares
sucesos de sus observancias? n
No constaba, ademaS), del proceso que se le hubiere nor
tifícado el auto de relajación, ni del cuaderno de yotos
aparecia comprobación alguna de este acuerido^ i aun m
oaso de que hubiese existido, era nulo por haberse verifí--
cado sin asistencia del Ordinario, pue^ aunque se daba
por cierta la de éste i tres consultores, solo se veían, allf
las rúbricas de Ibañez i Unda. I ¡o cierto fué que ^^p^ar
de las DOJafeAÍones déla Castrp, ocurridas el dia que pre-
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cedió al de eu inerte, ni siquiem ae reuoieron los jueces
ni el Ot dinario imiu acoixlar mu\, ^aeva resoLiif^iou cual-
quiera. , .
iiEstoe >etcesQ$ taH grav^ que p^'^oen er^p ^n ig»^,
cotatináa Amusquíbar, uo mereqi^iK)^ 1& prerri9g^ivft d&
ünicoB, por los quid coipetÁeion nus colagaa en la causa
contra el pftdre Jtuan Franoisoi) 4e Ulloa; y ú V. A^ se
sirve de ootejaír lo dispuesto por las iustrucQÍoues y jk> ^
tuado en esta causa, no dudo que ha de creceríeui^l justi-
cado y piadoso ánimo de V. A. al ultimo gradq el f9Qán-
dalo con que dice estaba de verlos excesos com/etido^ eipi
las otras ca^usas y el deseo deponer el mas pronto remedio
para atajarlas. 1 1
Habíase^ en efecto, comenzado en ella por contravenir
a instrucciones espresas, iniciáadola contra la memofift
del reo sin n tener entera probanza para lo condenar, m cor
mo se ordenaba, i habia, por fin, sido mandado relaja^* en
estatua, no solo mediando discordia en los yptos. sino
pareceres para que fuera absuelta aquella, mediando úni*
camenteen contra el voto del Inquisidor ünda i dos
consultores: t»de que resulta, terminaba Aniusquíbar» d^
que dupUcadamente contravinieron mis colegas a dicha
in8truccioi\, pues, ya que no distinguieron si era o no esta
causa de relajación, debieron, según la misma instruccioUi
ejecutar el voto de los mas», que absolvieron al rean
i^Pero el gran celo del inquisidor Calderón, que había
hecho de fis^, para que no&dtase al auto público que ae
habia dispuesto, esta tan especial solemnidad y sonada cir-
cunstancia, allanó todas estas dificultades, inventando
nuevos modos de proceder en el Santo Oficio. Hizo que
se volviese a votar la causa en grado de revista^ sin haber
interpuesto apelación o recurso alguno; y para no errar el
tiro, llamaron para esta segunda votación a loe dos con-
sultores que en la primera estuvieron contra el reo; exclu-
yeron a los dos que votaron en su favor, y tambiea al
Ordinario, que ahora es obispo de Guamanga, asistiendo
eomo tal el cura del Oallao, quien habia dado censuras
muy acres como calificador a los cuadernos de pláticas
?ue se suponían ser del reo. No paró aquí su actividad,
dispuso que se votase en día ferialdo y en que el inquisi-
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314 LA IKQÜISICIOK DB UMA
dor Ibáfléz §e escüBÓ de asistir, y que en tugar dé los dos
eoasultolres esduidos hiciesen de tales el Conde délas To-
rres, oidor de esta Real Audiencia, su estrecho amigo, y
don Francisco Javier de Saladar, alcalde del crimen, de
jenió (según dicen) hartó criminal. Todos los cuales ha-
biéndose impuesto en autos tan difusos y dificultosos en
el breve espacio de una mafiana, votaron conformes la re-
lajación y se ejecutó ésta en 23 de diciembre de dicho
año (ir8e)».n
Pero si estos detalles los ignoraba el Consejo, los tenia
í mui completos respecto de lo que habia ocurrido en la
causa de Pedro Nuñez de la Haba, natural de Trujillo, en el
Perú, cuya sentencia conocemos. Así sabia que desde las
audiencias de oficio hasta la acusación, habian mediado dos
años; que habiéndose fugado el reo, su mismo padre lo ha-
bia presentado al Tribunal, lo que no habia obstado para
obligarle a pagar hasta el último centavo gastado en la
conducción de su hijo; que a éste, luego de restituido a la
prisión, se le habian aplicado doscientos azotes por la fuga
que realizara, i que, habiéndole declarado solamente sos-
pechoso los ealificadores, se le votó como hereje formal,
teniéndose por «» injusto y atentado n todo lo obrado en la
causa' desde el auto de prisión, i, en consecuencia, también
por nula su reconciliación con sambenito.
Si esto estaba ocurriendo'con los presos del Tribunal, en
las causas civiles, Unda o no asistía a fallarlas a causa de
su gota, o por su ciega condescendencia con su colega, rara
vez era juez mas de en el nombre, de que naciaíi «varias
monstruosidades y contradicciones, n siendo no la menor
el que contra órdenes espresas i recientes del Consejo,
Calderón hacia prevalecer disposiciones Suyas i aun su me-
ro antojo.
No se observaban tampoco los mandatos superitares que
rejian en la admisión de los pretendientes a oficios, i se
suspendía o expelía a los que los ejercían con lejítimo tí-
2. El principal instigador de la canea oon£ra Clloa^ no podo oeokarae
él mismo sn proceder, igegun consta de un borrador 4^carUal(JoQflejo
de sa puño i letra, que se le sorprendió en el embargo.de bus papeles,
cqueria paliar con visos de ceío sn frenesi.» Pero si esto se llama celo,
esclama Amnsquíbar, qné seri injuscicia? Carta de 21 de al>ril dé 1748.
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OAPÍtüLO XXV 315
tulo, como había acontecido con Jerónimo de la Torre, se-
cretario de secuestros, i con otros.
Distribuían las dotes de los patronatos a personas tales
(•que unM no pueden nombrarse sin escándalo, otras aco-
modadas, incapaces o indignas, prefiriéndolas por solo ser
dependientes de algunos sujetos a quienes el inquisidor
Calderón queria hacer este obsequio* n
Las visitas de cárceles no se practicaban conforme a las
instrucciones, notándose ademas en ellas abandono i exce-
sos punibles^
Calderón había gastado mas de cinco mil pesos en ador-
nar sus habitaciones, i por haberse opuesto a que el recep-
tor interino Juan Esteban Peña renovase su fianza; con la
quiebra que hizo, había sido el Tribunal defraudado en
considerables sumas.
Las noticias que bajo este punto de vista llegaban al
Consejo eran verdaderamente alarmantes. Se decía, en
efecto, que el receptor Manuel de Uarduy resultaba alcan-
zado en mas de doscientos treinta mil pesos, i se añadía
que en otros ramos, como eran »»fisco, buenas memorias,
reducciones de censos, se comprendían partidi^ de conside-
ración de mas alcance suyo*, h
ünda, que al partir de España en 1785 había recibido
encargo especia) de estudiar esta materia, informaba mas
tarde, al tomar posesión de su destino, a principios del año
siguiente, que en cuanto a la limpieza con que se admi-^
nistraban los caudales, solo había notado un disgusto, na-
cido de que Sánchez Calderón instaba al receptor para que
rindiese las cuentas que tenía a su cargo, depositando los
idcances en arcas del Tribunal, i que por su oposición, se
había precedido a embargar sus bienes, dilíj encía que se
suspendió en virtud de recado verbal de Ibañez, que ha-
bia hecho sospechar que estaba en colusión con él; mas,
8. La mayor ^rte de estos detalles no solo consta de la carta de
Amnsqnibar ya citada, sino qne, como el mismo lo reconoce, fneron to-
dos comprobados con certificaciones i testimonios. Para que no se con-
ceda a) autor de ese documento el mérito de haberse hecho eco de estas
quejas, no debe olvidarse que solo las espnso cuando ya sus relaciones
con tus cdegiis estaban interrumpidas, según luego lo veremos.
4. Caria de ünda de marzo de 1748.
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316 LA IXQUISIOBON DE LIMA
que al día aigui^ite eunodo ee trató de contáuuar el em-
bargo, el receptor habia ocultado una caaatidad de plata
ejgitalegada i muchiaima ropa de la tierra i de Castilla que
tenia almacenada, encontrándose los alguaciles con solo un
platillo i las vinajeras del servicio de un oratorio.
No contento con este paso, liarduy sabiendo que el
nuevo Inquisidor venia deoaminoi se e«K^pó de Liom, sar
liéndcde al encuentro en el pueblo de Gluaura, para ponde-
rarle los agravios que se le bacian, mui ajenos, según
declaraba, a su fidelidad, cuidado i limpieza en la adminis-
traciocí de los fondos qne corrían a su cargo;^ añadiendo
quiC ae le estaba ya llamando por edictos i pregones i que
sin duda se le pondría en prisión: todo deducido, a su jui-
cio, de la enemistad que le profesaba Sánchez por iiparti*
culares pasiones, n Aseguróle allí el recien libado que,
ai como afirmaba, no habia fraude ni colusión de por me-
dio, se regresase tranquilamente a Lima, que él le garan-
tizaba que no solo no se le molestaría, sino que continua-
ría en el oficio, si^oipre que sus cuentas apareciesen en
debida forma. Vino en ello Ilarduy, i aunque tardó en
llegar a Lima bastantes dias i que en seguida pidió termi-
no para la rendición de cuentas, al fin reintegró cincuenta
i tantos mil pesos de alcances, tomándole Calderón, ade-
maa de otras partidas de consideración, una escritura de
mas de setenta mil que a su favor le otorgara un Miguel
Gómez de los Rios, pariente inmediato de aquél, ascen-
diendo de esta manera el embargo a rnaa de ciento sesen^
ta mil pesos.^
Unda habia traido en su compañía a Ignacio de Irazá-
bal, en calidad de secretario del Secreto, que Ilarduy se
llevó a . vivir a su casa, captándoselo de tal manera, que
hallándose de contador del Tribunal, aprobó sin reparos
5. Conviene advertir qae Gómez debiendo aaeentarse para España,
dejaba pendiente ea la Sierra laas de noventa mil pesos en créditos,
sobre los «cuales le prestó Iki'duy los sesenta mil que despaes le embar**
gó el Inquisidor^ ane era pariente de aqnél. Calderón afirma que el re-
ceptor entró en el negocio, proponiéadoselo a él por medio de sa com*
padre el alcaide de las cárceles Francisco fiemo, a fin de ver modo de
conseguir por este medio que cesase el juicio de caentas que tenia pen-
diente.
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capítulo XXV 317
anift euentii suya que después remito plagada de vicios
irresolubles, i no contetito con ésto, se avanixS basta ofra*-
cer a Unda una crecida cantidad i cancelarle los présta-
mos que habia contraido pajra gastos de su trasporte, a
condición de que autorizase su restitución al oficio, (i que al
fin hubo de conseguirlo en España,) siempre que otorgase
fianzas competentes.
Con motivo de la manifiesta parcialidad de Irasábal, éste
fué igualmente separado del destino, como lo fué también
Jerónimo de la Torre, otro de los secretarios, que habia
perdido públicamente el respeto al Tribunal, negándose a
cumplir cierta orden que éste le diera, Pero Calderón i
Unda que tan severos se mostraban de esta manera, de-
jaron, sin embargo, en su puesto a Romo el alcaide, com*
padre i amigo del receptor, apesar de que se justificó que
habia facilitado a éste medios de introducir en el fuerte
(nombre con que se designaba la caja del tesoro) parte de
las cantidades que de él habia sacado para sus negocios;
guardándose mui bien los jueces de espresar en sus infor^
mes cual era la causa de esta singular tolerancia hacia el
cómplice del hombre contra quién de esa manera proce-
dían. Mas no les faltaba razón para ello.
Era Romo padre de dos muchachas llamadas Magdalena
i Bartola. Cayó ésta en gracia a Calderón, i como habita-
ban el mismo edificio, se intimó tanto luego con ella que
se la llevó a vivir a su lado, no sin que la joven le hiciese
padre de varios hijos, tres de los cuales, que eran muje-
res, hizo entrar de monjas en el convento de Santa Cata-
lina, donde eran conocidas solo por nombre de las Inqui-
sidoras.* Unda, en llegando a Lima, conoció también a
Magdalena, i como tenia por dentro de la casa i de las
cárceles secretas comunicación con las habitaciones de la
familia del alcaide, trabó luego relaciones con ella, con
grandísimo descaro i nota pública, i como con ésto diera
6. Tuvo también relaciones Calderón con una chola, a quien des-
pneí metió de monja de velo blanco, o donada, en el convento de la
Concepción. En este orden, se le probó también haber estraído del go<>
lejío de nifias huérfanas a una que casó con el mayordomo de su chacra.
Constan estos hechos de las deposiciones de siete testigos que declara-
ron en la causa de visita.
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3^18 LA INQUI8I0I0N DS LIMA
en galán, no tarditS tampoco en exhibirse con chupa de tir
aú, bien almidonada camisola, pañuelo bordado, i encajes
en la gorra i cuelloJ
Todos los que se habian visto así maltaratados por los
Inquisidores, dirijieron sus esfuerzos a desunirlos, insi*
nuando desde luego a Unda que públicamente se murmu-
raba de su miedo hacia el colega i de cuan ceñido se ha-
llaba a sus resoluciones, sin aprecio por ésto en la opinión,
que lo pintaba como si viviese metido debajo de una me-
sa.** Pero tales empeños debian por esta parte resultar
vanos, ligados como se hallaban los jueces del Santo Ofi-
cio por tan estrechos lazos de familia. • . .
La vida que ambos llevaban se habia hecho tan pública
que el fiscal Amusquíbar lo supo viniendo de camino, i co-
mo si ésto no fuese aun bastante, era notorio a todos que
Unda se dejaba corromper con dádivas en la administra-
ción de justicia i que Calderón comerciaba por mar i tie-
rra, bajo el nombre de un capellán suyo, i con tal usura
que solo en el año de 1739 habia remitido a España
ochenta mil pesos.' Este mismo tráfico, para el cual se ha-
bian sustraido de la caja del Tribunal los fondos necesa-
rios (que se devolvieron a tiempo) le habian proporciona-
do también hacerse dueño de una valiosa propiedad a las
puertas de Lima,
Cuando el Consejo se hallaba ya en posesión de tales
antecedentes, llegaron a España Felipe de Altolaguirre,
secretario que hábia sido del Marqués de Villagarcía, i
yerno dé Ilarduy, acompañado de un relijioso; llevando
entre ambos cien mil pesos, destinados a servirles en la
corte de poderoso auxiliar en sus pretensiones de infor-
mar en contra del Inquisidor Calderón. Ilarduy habia
despachado antes a otro emisario, también con buenos
pesos, para negociar su restitución al empleo de que fiíera
7« Espediente de visita.
8. Carta de Unda de marzo de 1 748, Amusquíbar dice que su pri*
mera acción en llegando a Lima fué desalojar de los bajos de su habita-
ción a la familia e hijas del alcaide, haciéndolas pasar a la casa conti-
gua de penitencia. Carta de 9 de agosto de 1761.
9. Espediente de visita.
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♦ CAPÍTULO XXV 319
separado, i como se ha vísto, con éxito completo. No po-
día, pues, esperar inferior resultado de la comisión que
acababa de confiar a su hijo político, que en aquellas cir-
cunstancias había de jestiona)* por él con mayor empeño i
mejores recomendaciones. I tan seguro de ello estaban
Altolaguirre i el relijioso, que, desde áates de salir de
lima i en Bxienoa Aires, cuya ruta siguieron, publicaban
que no regresarían al Perú sin haber conseguido separar
de $u plaza al inquisidor Sánchez Calderón.
El Consejo, en efecto, persuadido de lo que ocurría en
el Tribunal de Lima i merced al dinero de los delegados
de Ilarduy, acordó nombrar visitador, que con las instruc-
ciones del caso i gran suma de poder, se trasladase al Perú
a remediar los abusos que de tanto tiempo atrás se lo te-
nían denunciados^^
Fijó su elección aquel alto cuerpo en la persona del
doctor Pedro Antonio de Arenaza, provisor, vicario jene-
ral e inquisidor de Valencia, a quien para que aceptase
se le prometÍ45 sueldo de catorce mil pesos, i agregados. I
como sí ésto no bastase, los enviados de Ilarduy, que eran
vizcaínos como él, según asevera Calderón, le representa-
ron que era aquel un negocio que había de proporcionarle
crecíaos caudales, ya de las multas que podía sacar a los
Inquisidores, a quienes se pintaba poderosos i cargados
de plata, ya porque podía beneficiar los correjimientos de
Piura i el Cercado, por los cuales le ofrecían desde luego
treinta i seis mil pesos; ya porque ellos mismos habían
de costearle el viaje, ya, en fin, por el tráfico dp los ricos
jéneros que podria llevar; asegurándole que a su regreso
10. cAltolaguirre y Ilarday públicamente se jactan de haber saUdo
con la snya de ver destruidos a ios inqaisidores co^ los doblones que
dicen dieron al señor Inquisidor jeneral y consejeros por estas palabras
que el Altolaguirre dice: ccon cuatro doblones (}ue les metí los ata-
ranté, conseguí todo lo que quise, y si mas hubiera pedido, mas me
hubieran concedido; y esto en la esquina de la plaza, junto al Arzobis-
po.» Carta de Jtigueí León de Prado a Miguel Ortiz de 3 de diciem-
bre de 1745.... «Ilarduy dijo en público y en presencia de ministros su-
balternoSf haberle costado cuarenta mil pesos la deposición, que habia
invertido en la corte don Felipe ^Altolaguirre^ su yerno.» Carta del mis-
mo, de 29 de marzo d^ 1747.
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d90 LA INQt?tSICI^K Dil £IMA
a España no fié séntairia ef<i el Consejo Btn tvaier ménoe de
cien mil pe6ós'\
Consiguidse con el Rei que se permitiese a* árénaza
embarcarse- en narío de Portugal, por temor a laa escua-
dras inglesas; i después de proveerse de sesenta cargas de
mercadería;s preciosas i de algunos negros, destinado todo
a venderse, el visitador i Altolaguirre satian ée Lisboa en
dirección a Rio de Janeiro, adonde llegabais, a mediados
de 1744, después de sesenta i dos dias de viaje, "hechos
un esqueleto, enteramente desfigurados, como t?odos los
demás del navío^^.n
A principios de noviembre Arenaza se hallaba en Buo*
nos Aires, donde tuvo noticias de que en Lima se sabian
ya todas las circunstancias de su viaje, lo que le hacia
esclamar: i'así vuelan estas noticias, y así se resguardan los
recelosos de su conducta^^ ir
Biguió desde aUí por tierra hasta Santiago, en compa*
nía del obispó recien nombrado, don Juan González Mel-
garejo, entrando en la ciudad en medio de las demostrar
cienes públicas con que manifestaba *»su gran veneraron
en obsequio del Santo Oficio, acción muy propia de la
nobleza de su solar^*;» llegando, por fin, a Lima a prin-
cipios de mayo de ese mismo año. El 15 presentó sus
despachos**, i acto continuo, en compañía de los demás
Inquisidores i ministros pasó a tomar razón del dinero
que existia depositado en el fuerte. Dos semanas mas tar-
de, una mañana, al bajar de sus habitaciones a la capilla,
para oir la misa, el notario de la visita notificaba a Unda
11. Representación que por tm de recurso hace él doctor don Cristóbal
Sánchez Calderón^ páj. 11, impreso.
12. Carta de Arenaza de 80 de agosto de 1744, datada en Bío de
Janeiro.
18. Id, de 6 de noviembre del mismo año.
14. Id, de 14 de febrero de 1745.
15. Merece notarse que en el interrogatorfo que en España se dfó al
Visitador para que por él examinase los testigos, se encuentmn las pre-
guntas sigaientesj qne manifiestan, como se verá, de nna manera índn-
dable, que allí se estaba peifectamente al cabo de la vida que en Lima
hacían los Inqnisidores.
«Si saben que los dichos inquisidores y cada uno de ellos viven hones-
tamente y sin tener acceso a las mujeres presas o hijas o padentaa de
presos o difuntos llamados por el Santo Oficio, o de sti9 parientes de los
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CAPÍTULO XXV 321
que se trasladase a la residencia de Amusquibar, donde
estaba ya Arenaza, i quien en el acto de entrar Unda,
hizo que el notario le advirtiese que incontinenti, td como
se hallaba, se metiese en un forlón que esperaba a la puer-
ta i en compañía de un secretario se trasladase al conven-
to de franciscanos del inmediato pueblo de la Magdalena,
con prohibición de que tanto en el camino como allí, co-
municase con persona alguna. En seguida, sin pérdida de
momento, el visitador en persona pasó a practicar el em-
bargo de sus bienes, cerrando i asegurando previamente
todas las puertas de la casa i poniendo en ella guardia de
soldados durante un dia^^
El 3 de abril por la mañana se cerraban las puertas de la
Inquisición, resguardadas por cuarenta soldados de la guar-
dia del Virei, e inmediatamente, el alguacil mayor, cuyo
cargo desempeñaba de nuevo el mismo Yrazabal, antes
separado, dejando dos centinelas del lado de afuera, pene-
traba, en unión de otro corchete, a las habitaciones de
Calderón. Estaba éste en cama hacia tres dias, i en aquel
momento se hallaba asistido por su médico i un capellán,
a quienes hizo salir de la estancia tan pronto como el
alguacil le previno que iba a leerle un auto del visitador
en que se le advertia que quedaba suspendido de su oficio
de inquisidor, que se le mandaban embargar sus bienes i
que él mismo debia salir desterrado a Limatambo. I sin
mas tardanza, Irazabal cojió las llaves de todas las puertas,
cajas i baúles, i procedió a inventariar cuanto encontró en
la casa, dilijencia que por no haberse podido terminar ese
dia hubo de continuarse en el siguiente. Mientras tanto.
Calderón no se movió de su lecho, vijilado ya no solo por
los soldados, sino por dos frailes franciscanos que allí se le
pusieron i'como monumento, n todos con orden de que no
se permitiese al preso hablar con persona alguna, ni dejar
tales llamados, o si alguno de los ofíciales han incurrido en lo susodicho.
34: Si saben que el alguacil carcelero y otro algún ministro del dicho
Santo Oficio haya dado licencia o permitido que la mujer de algún pre-
go o marido o mujer o otra peraona alguna de su casa o de fuera ha-
blase con él o con ella o con otro algún pi*eso o dádole algún aviso
de palabra, por escrito o de otra manera.^»
16. Cwria de Unda de marzo de 1748.
TOMO II 21
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322 LA INQUISICIÓN DE LIMA
salir a nadie de la casa. Al otro dia, el Inquisidor, acom-
pañado del secretario Altuve, salía en el coche de Amus-
quíbar (no habiéndosele permitido enganchar el suyo) i
atravesando la ciudad, llegaba a la hacienda elejida para
su destierro, donde ya le aguardaban dos relijiosos domi-
nicos encargados de custodiarle, para ponerse nuevamente
en marcha el 3 de mayo con dirección a Guaura, villa a
que se habia removido su carcelería.
Dejáronse los soldados a las puertas del Tribunal du-
rante un mes, continuando el embargo de cuanto se halló,
de propiedad de Calderón, inclusa la chácara, para cuyas
dilijencias se habilitó al mismo Jerónimo de la Torre, que
también habia sido antes suspendido; se despacharon chas-
ques en busca de otros bienes a partes distantes, i se llamó
a declarar a los que se denunció como que tenian en su po-
der valores o especies del inquisidor suspenso. 1 1 Viendo que
en todo lo embargado, dice éste, no habia para adquirir di-
cho señor visitador, los crecidos caudales que por via de
multa le habian representado mis émulos, pues lo principal
que se hallaba entre mis bienes resultaba ser estraño, por
varias confianzas que de mí habian hecho sus dueños, que
lo repetirían, dispuso la astucia manifestar finjida compa-
sión, proponiéndome hacer embargo de los alzamientos
hechos, con condición de que diese fianza de cincuenta mil
pesos por las resultas de juzgado y sentenciado, ofrecien-
do, en consecuencia, que con dicha cantidad y veinte mil
pesos del inquisidor Unda, se cancelaría la visita, se com-
pondría todo a voluntad de las partes y seriamos resti-
tuidos a nuestras plazas, n
Mientras Calderón i su colega permanecian alejados de
Lima, Arenaza empezó a comerciar desde luego en el des-
pacho de negros i j eneros que habia traído, tráfico que
como se hiciese notorío en la ciudad, se valió de los jesuí-
tas, que le franquearon una pieza en el convento, para
que el secretario Gabiría vendiese los negros i mercade-
rías.
Los ministros que habian recibido títulos del Santo
Oficio frieron obligados a presentarlos, recojiéndose los de
algunos que los habian obtenido sin la pureza necesaría
i especialmente los de muchos allegados o parientes de
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CAPÍTULO XXV 323
escribanos. En cambio, todos los oficiales que estaban co-
mo interinos, fueron nombrados en propiedad, i ademas,
un quinto secretario para que hiciese oficio de fiscal,
iisiendo un colejialillo ridículo que nunca ha podido leer
una cátedraii, dándose preferencia a todos los que como el
visitador y Amusquíbar eran vizcaínos. Ylarduy, entre-
tanto, seguia recaudando todas las dependencias de Are-
naza, por medio de un soldado que le estaba asignado de
ordenanza, arrancimdo de este modo a los deudores, no
solo el principal sino también crecidos intereses;*^ y de
este modo los negocios y lucros del visitador, al cabo de
mui pocos meses, se hallaban en tal estado de adelanto
que pudo remitir por la vía de Portugal cuarenta mil
cuatrocientos pesos en oro.*®
Arenaza, que en Chile habia sido mui atendido por el
presidente don José de Manso, i a quien éste ocupó luego
de su elevación al vireinato para que por conducto del
Santo Oficio le encaminase a España ciertos pliegos, se
hallaba con él en las mejores relaciones. Esmeróse Lima
en celebrar su promoción regalándole con fiestas i ocho
dias de toros, a que asistió el visitador en su palco, necha-
do de pechos en el balcón, con los brazos de fuera, dando
a las damas, dulces y helados él propio, con grande de-
senvoltura, tanto que llegaron a tirar desde mas arriba a
capadas las cascaras de naranjas, ti ^^
Los términos en que se hallaba con los jesuítas, que
eran los habían enviado a intrigar a Madrid a uno de los
suyos contra los Inquisidores, en compañía de Altolagui-
rre, i que después, como acabamos de ver, habían facilitado
sus propios claustros para que Gabiría espendiese los ne-
gros, terciopelos i sederías del visitador, no eran menos
íntimos, estendiendo sus agasajos, no solo a éste, sino tam-
bién a su secuaz Amusquíbar. Con ocasión de los dias del
santo de este último, invitaron a ambos los padres a su
hacienda de Bocanegra, donde desde la víspera les tenían
17. Carta de Calderón de 6 de enero de 1746. En otra de Miguel de
Oreña dirijida a Miguel Ortiz, de 8 de agosto de 1748, se dice que
Arenaza remitió a España hasta la plata labrada embar^Etda a Unda.
18. Carta citada de Greña.
19. Id, dé Prado a OrtizdeS de diciembre de 1745.
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324 LA INQUISICIÓN DE LIMA
preparadas fiestas i saraos, aunque se sabia <}ue esta& ma-
nifestaciones i condescendencias no eran tan desinteresa-
das que no fuese ya voz común que todo lo hacian upor
ver cómo habian de ocultar otra causa que el Santo Tri-
bunal habia o tenia contra otro tcatino, y aun tenian
mandado prenderle, y pusieron, quitado el reo, otro, mu-
dado el nombre, n** Se anadia aun que la intimidad no pa-
raba en eso, pues se juntaban en casa del Virei, i que allí
habian, entre otras cosas, acordado en la causa de Calderón
que se le trajese preso a las cárceles secretas del Tribunal,
i aun que lo hubieran ejecutado así, a no haber ocurrido
en el Consejo la novedad que referiremos.
Lo cierto era, sin embargo, que estas estrechas relacio-
nes de los jesuítas con los inquisidores triunfantes, comen-
zaban a costarles caro. En efecto, el padre Zovalve, que
habia escrito a España contra los depuestos, habia muerto
ti sin poder siquiera decir Jesús, n a las once horas de fir-
mada su carta; se habia prendido fuego a los cañaverales
de azúcar de la hacienda en que se habia dado el convite
a Arenaza i compañero, en el punto mismo en que ambos
se retiraban de allí, incendio que les valia cincuenta mil
pesos de pérdida; i, por fin, al dia siguiente de aquel en
ue el padre Silvestre Moreno habia contribuido a acor-
ar la prisión de Calderón, moria repentinamente.*^
Se temia en vista de estos hechos que el fin del mundo
debia estar próximo, nqueriendo Dios empezar por este
Santo Tribunal de la fe, decia un contemporáneo, porque
ha descrecido tanto de sí que no puede ser mas, y según
todos dicen, no será posible vuelva jamas a aquel pundo-
nor en que antes estaba, porque todos vemos que en él no
hay mas que codicia, falsedad y tiranía, m^
Calderón, a todo ésto, no cesaba de manifestar al Con-
sejo lo que estaba ocurriendo, pintando al mismo tiempo
el triste estado a que se veia reducido, con sus bienes em-
bargados, casi teniendo que comer de limosnas, con sus
amigos perseguidos por la parcialidad de vizcaínos que
20. Caria eüada de Prado.
21. «., id.
22. /rf., id.
i
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CAPÍTULO XXV á2$
aseguraba se había adueñado del Tribunal, «porque se di-
rije su maldad a sofocar mi paciencia y ver si logran aca-
bar conmigo, por que no haya quien saque a luz sus vio-
lencias, injusticias y tropelías, y la suma decadencia,
deshonor y desautoridad a que ha llegado el Tribunal,
mayormente con haberse hecho los padres de la Compañía
arbitros de la voluntad de dicho visitador y su compañero
Amusquíbar, quienes reputándolos en gran precio y uti-
lidad, han resignado su voluntad en ellos, de forma que
hoy se gobierna la Inquisición por este conducto, sin que
haya para ellos Inquisición, ni para los que son de su
afecto e inclinación, n®*
La condición de los reos, en medio de todo este desba-
rajuste, era lamentable, sin habérseles concedido siquiera
una sola audiencia, n pareciendo por esas calles sin esperanza
de su despacho, y valiéndose de muchos de ellos los minis-
tros para sus fábricas particulares, ii Con el temblor grande,
en erecto, ocurrido en octubre de 1747, las casas de la Inqui-
sición se habían arruinado, aprovechando de ellas Arenaza
solo algunos materiales para labrar su vivienda, nfuera
de lo que usurparon los peones, que daban los palos que
valían diez y doce pesos, por cuatro reales, y su soldado
no dejó cosa perteneciente al Tribunal que no vendiese
sus maderas. 11^ Así, hubo que trasladarla Inquisición nal
patio de un colejio particular, fabricándole de firme muy
estrecha e incompetente, pero a conveniencia, acompaña-
da y resguardada de costados de familias de ambos sexos,
sin mas resguardo que una leve quincha, y que para el
despacho y audiencias de fe, se lleven por las calles los
reos y ministros, que da horror el sacarlo a consecuen-
cía. II**
Calderón, que, como es de suponer, mantenía buenos
ajenies en Madrid, hallándose en las circunstancias di-
chas, recibió por la vía de Potosí, noticias del fallecimien-
to del inquisidor jeneral Orozco, que era el que había
confiado sus poderes a Arenaza, i con ésto encontró bas-
23. Carta de ^ de enero de 1746.
24. Id. citada de Oreña de S de agosto de 1748.
25. Id. de Unda de marzo de 1748,
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326 LA INQUISICIÓN DE LIMA
tante pretesto paiu sostener que la comisión del visitador
habia terminado, poniéndose, en consecuencia, en camino
para Lima, adonde en el acto de llegar recusó a su juez,
amenazándole con matarle de un balazo, i pidiendo al
mismo tiempo al Virei que no impartiese auxilio algimo
de la fuerza pública si contra él llegase a pedirse. Sobre-
vino entonces, según refiere el mismo Calderón, nía fuer-
za del empeño de dichos padres de la Compañía, quienes
para allanar la voluntad de dicho Virey, le franquearon
algunos regalos de valor, de que resultó volver casaca y
escribirme que a él no le tocaba mas que dar el auxilio
que se le ordenaba, y que yo recurriera a España, como
si estuviera en la otra cuadra, y dejando desairado mi re-
curso, me obligó a salir dentro de diez horas, sin preven-
ción ni auxilio alguno, n^
Arenaza escribia, por su parte, a un hermano suyo que
estaba en la Península, que Calderón habia intentado
comprarlo, i como no lo hubiese conseguido, habia ocurri-
do al sistema de amenazas, ncon que no ha de lograr rea-
lizar su ánimo, porque estoy resuelto, afirmaba, a dejarme
primero freir vivo en una sartén en lo público de la plaza
mayor, n ¡Hasta este punto habían llegado las animosida-
des de los que en un tiempo habían sido amigos i hasta
compañeros de colejio!
Lo cierto era que Arenaza, en el ínteres de ganar tiempo
para continuar sus granjerias, ya con las dilatorias que el
residenciado habia opuesto, habiendo llegado hasta re-
cusarle, o ya con el pretesto de no recibir respuesta de
España a sus notas, la visita adelantaba bien poco. En el
Consejo, ante el cual seguía jestionando activamente el
apoderado de Calderón, se acordó, al fin, adoptar nueva
resolución, disponiendo en abril de 1747, que los inquisi-
dores suspensos fuesen repuestos en el acto en sus anterio-
res destinos, alzándoseles el embargo de sus bienes i pa-
gándoseles los sueldos de que permanecían insolutos; que
el visitador cesase enteramente en su comisión por lo tocante
a sus colegas, continuando solo su cometido en cuanto a
los demás ministros i asuntos del Tribunal; i, por fin, que
26. Garta citada de Q de enero de 1746.
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CAPÍTULO XXV 327
se tuviese por juez para todos tres a la persona que el Vi-
rei elijiese.
Calderón, que fué el primeio en recibir el anuncio de su
reposición, se fué acercando inmediatamente a Lima; es-
cribió al Virei poniendo el hecho en su noticia, i como és-
te le contestase que por su parte no habia recibido despa-
cho alguno, hizo propios al Obispo de Trujillo por si por
algún acaso le hubiesen llegado a él. Arribaron, al fin, por
la via de Chile, los anhelados pliegos, i en el acto, el dia
cuatro de marzo, entraron a la ciudad Calderón i Unda,
con comitiva de tres coches, chirimías, cajas, matracas, i
con acompañamiento de multitud de negros i mulatas,»» por
su naturaleza escandalosas, n que iban derramando flores i
victoreando la función por las calles i plazuelas. De esta
manera llegaron los inquisidores a palacio, a cuyos corre-
dores salieron los ministros del Rei, que estaban en au-
diencia, i el mismo Virei para dar orden que se apartase
la chusma, que a la salida de los recien llegados siguió
aclamándolos, al son de los repiques de campanas de los
monasterios de monjas, donde aqueUos eran patronos o
tenian sus hijas, hasta restituirse a sus casas, continuando
por las calles todo aquel dia i el siguiente los vítores de
los negros i mulatas.
Arenaza se vio así obligado a sufrir el triunfo de sus
colegas, cuyos partidarios »tvoceaban descaradamente ha-
berlo obtenido al crecido costo i dispendio de noventa mil
pesos, que decían unos, o de ciento treinta mil que decían
otros, gastados por Calderón en el recurso, n^
El Virei trató luego de ver modo de desempeñar la co-
misión que- se le confiaba, aunque, según lo afirmaba al
Consejo poco después, no le había sido posible encontrar
persona que se hubiese querido encargar de tan espinoso
cometido^: lo que aseguraba Calderón, no pasaba de ser
27. Breve resumen con algunas reflexiones del orijen de la visita^ ete.j
impreso, fol. 9.
28. Oartaáe 1.® de marzo de 1761. «En esta ciudad y su Cabildo
eclesiástico, reñere Manso, habia sujetos que podian llenar la comisión,
mas no fué posible que ninguno la aceptase, y a cuantos procuré per-
suadir me representaron que a vista del modo con que se habia tratado
al señor Arenaza^ concebían la visita peligrosa y espuesta, por(](ue des-
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328 LA INQUISICIÓN DE LIMA
un pretesto para que 9u amigo Arenaza siguiese disfrutan-
do de los bienes que a él se le tenían embargados**, aseve-
ración calumniosa pai*a Manso, pues tan pronto como el
que eso escribia llegó a Lima, se habia ido a vivir a la
cbaei'a que comprara con título de mera hipoteca i que en
esos precisos momentos acababa de desocuparle el arren-
datario a quien se la tenia entregada.
•*Siendo preciso tomar alguna providencia, espone el Vi-
rei, hice concurrir al señor Arenaza con los Inquisidores, y
haciéndoles saber que la visita no podia actuarse por la
falta de persona que aceptase la comisión, después de una
larga conferencia, quedó acordado que a los inquisidores se
les desembargasen sus bienes y que asistiesen al despacho
del Tribunal y se suspendiese toda actuación de visita has-
ta que el señor Inquisidor Jeneral resolviese con su noti-
cia. El señor Arenaza presidia el Tribunal en virtud de
las facultades que se le dieron, y aunque después de algu-
na resistencia me prometieron los inquisidores asistir con
él al despacho ordinario, no lo ejecutaron^, n
Continuó así el Tribunal, como de antes, a cargo del
Visitador i Amusquibar, pues Unda fallecía el 27 de mayo
de ese mismo año de un ataque de apoplejía que le habia
acometido estando de visita en casa de un compadre suyo
con cuyas hijas estaba sindicado de hallarse en mala amis-
tad, siendo enterrado tan tristemente que Calderón se es-
cusó de asistir a su inhumación diciendo que »isu compa-
ñero habia muerto como habia vivido, n
Por fin, en virtud de disposición del Consejo de 12 de
diciembre de 1749, que se recibió en Lima a fines del año
siguiente, se mandó suspender definitivamente la visita,
embarcándose Arenaza en el Callao el 11 de agosto de
pues de trabajar en negocios tan graves y laboriosos, solo se podia es-
perar la pérdida del honor y la reputación, y que no se pondrían en tér-
minos de bascar enemigos tan poderosos, habiéndose puesto la comisión
en estado de no ser posible evacuarla sin ofensa de algnno.]» Memorias
de los Vireyes^ lug. cit.
29. Carta de 15 de marzo de 1748. Manso se inclinó manifiestamen-
te a favor del visitador, calificando a Calderón de insolente i provoca-
dor i atribuyendo su resistencia a salir de liítna a la esperanza que
abrigaba de poder continuaren el Tribunal.
80. Memorias de los VireyeSy lug. cit.
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CAPÍTULO XXV 329
1751, quejosísimo de que el sueldo de catorce mil pesos
que al partir d^ España se le ofreciera, hubiese quedado
reducido a cinco mil novecieutüfj^\
31, Brevp remmm^ efr,, füL I(K Se le etiti-egaron adenius diez i odio
mil íiuíiiientos pesos «de luplHta íjue se cojiói* |iin-a satisfacer m\H eiiii>c-
ñm íiel VIH je n Liiiui, i ocho niíl que se h aTitiei|3ai'0ii prtm él de su re-
^ii^m a lu Corte. Carta de Ammguibar de 9 de agosto dti 175] , Areola-
Zi\ para obtener aquella suma jm*ü que cu coche, gimrtiiciouüSf librfjm i
mulaa le teuian gastado de 8U cuenta cuando lle^ó a Lima mas de sie-
te mil pesos, i que otroa tnntoí? iialíia importatloel arrer^lode su vivien-
da. Cítriaáii 2tí de octubre de 1745. Areuaaa murió en Caitajeua de
ludina, antes de llegar a la Peníngnla,
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CAPÍTULO XXVI
Qaeda Amnsquíbar solo en el Tribunal. — Estado en que éste se halla-
ba. — Terremoto de 28 de octubre de 1746. — Auto de fe de 19 de
octubre de 1749. — Detalles de la causa de Juan de Loyola. — Nóm-
brase inquisidor a Die^^o Rodríguez Del«:ado. — Desavenencias con
SQ colega. — Cédula de 20 de julio de 1751. — Muerte de Rodríguez.
— Negociado de dos títulos de Castilla. — Quejas contra Amusquíbar.
— Es denunciado por sospechoso en la fe. — Francmasones i herejes.
— Auto de fe de 6 de abril de I761.--Causa de Francisco Mojen.
Con la partida de Arenaza, el Tribunal quedó a cargo
de solo Amusquíbar, uno de los inquisidores mas jóvenes
que hasta entonces hubiese habido, pues para recibirse al
ejercicio de su cargo en setiembre de 1744, habia tenido
que esperar cumplir treinta años, precisamente, como se
ha visto, en la época en que nunca habian sido mas críti-
cas las circunstancias del Santo Oficio.
Sus entradas estaban reducidas por esos dias a treinta mil
pesos anuales, siendo que desde que Amusquíbar entrara
en el Tribunal, fecha en que se habian remitido al Conse-
jo diezinueve mil pesos, no habia de verificarse nueva reme-
sa; i con los enteros hechos al visitador, apenas si queda-
ban en caja poco mas de cuarenta mil, i eso por salarios
retenidos a los inquisidores suspensos, que aun no se les
habia mandado entregar.
Para colmo de desventuras, a las diez i media de la no-
che del 28 de octubre de 1746, un espantoso terremoto
reducia a escombros la ciudad de los Reyes, sepultando
entre sus ruinas cerca de ocho mil personas, si bien los
presos de las cárceles secretas escaparon, cuando estaban
a punto de ahogarse por el desborde de una acequia in-
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332 LA INQUISICIÓN DE LIMA
mediata, merced a las dilíj encías de Arenaza. La capilla
se encontró en tal estado que los ministros, temiendo que
con su caida sepultase las sagradas formas, las llevaron al
dia siguiente en procesión con los clérigos del oratorio de
San Felipe de Neri a la iglesia de San Pedro. Las casas
quedaron totalmente arruinadas, habiendo escapado el Vi-
sitador mui maltratado entre los escombros de la que ocu-
paba, con pérdida de uno de sus familiares, que quedó se-
pultado.
Retiráronse con ésto los Inquisidores a vivir a la huer-
ta del colejio mayor de San Felipe, instalándose en barra-
cas provisionales i en toldos de campaña. La cámara del
secreto pudo, con todo, habilitarse para sala de audiencia,
i la del archivo, para secreto. Donde antes estaba la sale-
ta en que se recibían las confesiones a los reos, se levan-
taron algunos cuartuchos de cañas, i repuestos unos pocos
de los calabozos, se restituyeron a '«sus tenebrosos encie-
rros n los presos, trasladándolos allí desde los diferentes
sitios en que se les tenia en depósito.
En esta emerjencia, lo peor del caso era que para la re-
construcción de lo destruido no se podia contar con mas
de seis mil pesos anuales, que era lo único que sobraba de
las rentas ordinarias del Tribunal, después de pagados
los salarios.^
Do los reos habia por entonces bien poco que esperar.
Con los temblores i discordias de los Inquisidores, no ha-
bia podido hacerse casi nada en este orden durante los
últimos años, pues solo hablan sido penitenciados, de or-
dinario secretamente, unas cuantas pesonas, en su mayor
parte relijiosos, a saber:
Fr. Pedro Pablo de Herrera, franciscano, natural de
Astudillo, en Castilla la Vieja, por haberse entrado en re-
lijion, profesado i ordenádose in sacrís, dicho misa i con-
fesado, siendo casado en Madrid, donde aun vivia su
mujer.
Fr. Diego Videla, también franciscano, por delitos co-
metidos en Chile.
Fr. Anjelo de la Cruz, lego franciscano, natural de Are-
1. Carta de Amasqnibar de 9 de agosto de 1751.
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CAPÍTULO XXVI 883
quípa, de treinta i dos años^ que había sido fabricante de
loza, porque hallándose en el pueblo de Sicuani, celebró
dos misas i confesó a varias personas, entre otras a un
comisario de Jerusalen. Metido en cárceles secretas en
agosto de 1746, confesó que yendo camino del Cuzco a
entrarse fraile, i habiendo llegado a aquel pueblo, sin te-
ner avíos con que poder continuar su ^áaje, el cacique le
habia entregado ocho reales para que le dijese una misa,
i que queriéndose aprovechar de ellos, después de hacerse
cerquillo, se habia llevado industriando como decirla, re-
solviéndose a salir al altar i ejecutar todas las ceremonias,
aunque sin leer nada ni pronunciar palabra alguna; i que co-
mo el cacique le ofreciese cabalgadura a condición de que
le confesase su familia, habia también venido en ello. Ese
mismo año de su prisión fué condenado a salir en auto
público de fe, si le hubiere de próximo, i si no, a una igle-
sia, donde, en forma de penitente, con coroza i soga al cue-
llo le fuese leida su sentencia con méritos, abjurase de le*
vi i fuese gi'avemente advertido, reprendido i conminado,
i al dia siguiente saliese por las calles públicas i acostum-
bradas, desnudo de la cintura arriba, jinete en bestia de
albarda, i que así, a voz de pregonero que publicase su
delito, le fuesen dados doscientos azotes, i desterrado en
seguida por cinco años a Juan Fernandez: sentencia que
no se ejecutó hasta el 9 de setiembre de 1757, en auto
particular de fe que se celebró en la capilla del Hospital
de Lima.*
Fuera de estos reos no parece que hubiera durante este
tiempo mas penitenciados que los que salieron en el auto
particular de 19 de octubre de 1749. üCJoncluidos los pro-
cesos de sus méritos y causas, refiere don Eusebio de Lla-
no y Zapata, determinaron los señores celebrar con ellos
el dia 19 de octubre auto particular de fe en la iglesia de
Santo Domingo. Y para que la función se practicase con
la mayor solemnidad que se deseaba, el señor inquisidor
menos antiguo, pasó el dia catorce al palacio del Exmo.
2. Llano i Zapata en su obra que laego citaremoe, dice qae los reos
que salieron en esa ocasión fueron siete, faltando, por oonsíguiente, al-
gunos nombres a los que quedan sefialaike.
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S34 LA INQUISICIÓN DB LIMA
señor Conde de Superunda, virey de estos reynos, quien
informado de lo que se trataba executar con los afxJstatas
y enemigos de nuestra santa fe cathólica, mandó que sus
soldados y guardias estuviessen a las órdenes de los seño-
res del Santo Tribunal.
11 El siguiente dia, que fué el quince, don Joseph de
Arezcurenaga, secretario mas antiguo del Secreto, puso
en noticia del R. P. F. Bernardo Dávila, prior del con-
vento grande de predicadores, la comission que llevaba de
los señores Inquisidores, para la celebridad del auto par-
ticular de fe que habian determinado hacer en su iglesia
de nuestro padre Santo Domingo, como era de costumbre.
Y al punto, con la orden que para ello dio el E. P. prior,
se previno el magestuoso templo de los aparatos necesa-
rios para el cumplimiento de la función que se esperaba.
iiEl dia dieziseis, don Andrés de Muguruza, nuncio y
alcayde del Santo Tribunal, vestido de terciopelo negro a
lo militar, con costosa venera y hábito del Santo Oficio, y
montado en un generoso bruto vistosamente enjaezado,
hizo publicar por las esquinas y calles que habian de ser
tránsito precisso a la procession de reos, el pregón si-
guiente, que decia assí, en voz del pregonero :
u Manda el Santo Oficio de la Inquisición que todos los
vecinos y habitadores de las casas y tiendas de las ca-
lleas que corren desde dicho Santo Oficio hasta la iglesia
de Santo Domingo, las limpien y barran para el do-
mingo diez y nueve del presente mes de octubre, en que
ha de ser la procesión del auto particular, pena de diez
pesos y otras arbitrarias,
II En este mismo dia, el licenciado don Bernardino Fer-
nandez Quixano, presbítero, portero del Santo Oficio, hi-
zo el convite de parte de los señores a toda la nobleza
de esta ciudad, para que precediendo la solemnidad del
juramento que en semejantes ocasiones se acostumbra,
viniessen con insignias de ministros y familiares a autho-
rizar la función con sus personas, como lo executaron to-
dos los mas calificados y distinguidos sujetos, acreditando
con su asistencia el zelo de la religión y el culto que se
debe al Santo Tribunal de la Fé en venir con las órdenes
de sus sagrados y venerables jueces y ministroa
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CAPÍTULO XXVI 335
nEl dia diezioclio, don Andrés de Muguruxa, con las
mismas insignias y tren que se acabó de expressar, publi-
có a voz de pregonero en todas las calles acostumbradas
el pregón, que es del tenor que se sigue:
w Manda el Santo Oficio de la Inquisición^ que ningu-
na persona de qualquier estado^ calidad o condición que
sea y jiueda detenerse en coche ¡ ealeza ni cabal lería, ni
que emhaí^aze coii inesds, ni escaüos el ceritro de las ca-
lles que corren desde la Inquisición a la iglesia de San-
to Domingo, ni atraviese la procession en parte alguna
a la ida ni a la vuelta,7na7lana diez y nueve del contente
en que ha de celebrar auto particular de Fe. Y también
que ni en dicho día, ni en el de los azotes sea osado al-
guno a tirar a los reos manzanas, piedras, naranjas ni
otra cosa alguna: pena de cien pesos ensayados, siendo
espafíol el qus contraviniere, y de diez pesos y quatro
dias de cárcel, con las demás que tuviere por convenien-
tes, siendo de otra casta.
II Cumplidas estas prevenciones, con la formalidad y
circunspección con que el Santo Tribunal solemniza sus
hechos, llegó el dia diez y nueve, que se destinó para la
celebridad del auto. La curiosidad que siempre madruga,
en esta ocasión parece que veló. No habia calle donde
antes del amanecer no se viesse el numeroso concurso de
las gentes que se encaminaban a la iglesia de Santo Do-
mingo, plaza mayor y casas del Tribunal. En las cercanías
de los vecinos pueblos también fué grande la tropelía de
los que atrahidos de la novedad, se conduxeron a esta cor-
te. En menos de tres horas ocuparon las calles por donde
se habia de encaminar la procesión mas de treynta mil
personas de todo sexo. Y a no haber los soldados que
guardaban las bocas-calles, observado puntualmente el
orden que se les dio para desembarazar el passo, se hubie-
ra hecho inaccesible el tránsito a causa de la confusión de
los que entraban y salían.
»» Serian ya como las siete y media de la mañana, quan-
do los títulos, mayorazgos y caballeros de las órdenes mi-
litares, vestidos todos de gala y honrosamente decorados,
con las insignias de venera y hábito del Santo Oficio,
ocurrieron a la casa de en medio del Tribunal, para acom-
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336 LA INQUISICIÓN DB LIMA
pañar en la processíon a los señores Inquisidores, como
sus miuistros y familiares. Luego que se juntaron todos
los oficiales, secretarios y ministros, don Andrés de Mu-
guruza, alcaide de las (árceles secretas, comenzó a sacar
de los calabozos a los reos, llamando a cada uno por su
nombre, según la lista que de ellos tenia; de los que con
otra nómina, que también los expresaba, se hizo entrega
al alguacil mayor, quien los dio a los caballeros familiares
y ministros, que les habian de apadrinar en la procesión,
que, ordenada en los patios del Tribunal, principió tenien-
do el cuydado de dirigirla y ordenarla los ministros fami-
liares que se siguen: don Ventura Ximenez Lobaton, don
Joseph Sánchez de Orellana, don Juan Baptista de Arrie-
ta, don Felipe Barba y Cabrera y don Juan de Acha y
Ulibarri. Iba por delante el portero del Santo Oficio, a
quien después seguian con las infames insignias de sus
méritos los reos, conducidos del alcaide. Y a cada uno de
ellos le apadrinaron dos familiares, guarneciéndoles el
lucido trozo de caballería, que en dos alas, con espada en
mano, marchaba al compás de la procesión.
»»A poca distancia, dos lacayos, vestidos de costosa li-
brea, cargaban una estatua, que trayendo al pecho un
rótulo, gravado en una lámina de plata de delicado buril,
expresaba el nombre y apellido del inocente don Juan de
Leyóla, que falsamente calumniado de los abominables
delitos de herege y judío judaizante, murió por los años
de 1745, presso por este Santo Tribunal, aunque poco
antes de su fallecimiento ya había empezado a descubrir-
se la iníqua conspiración de los falsos calumniantes. Era
el vestido que llevaba de lama blanca, color que simboli-
zaba su inocencia, guarnecido de fiuíssimoa sobrepuestos
de oro de Milán, con botonadura de diamantes, y salpi-
cado de varias joyas de quantioso precio, que hermosea-
ban toda la tela. En la una mano traia la palma, insignia
de su triunpho, y en la otra un bastón de puño de oro,
con riquíssima pedrería, por haber obtenido en la ciudad
de lea, donde era nativo (siendo originario de la ilustrís-
sima casa de Loyola en el lugar de Aspey tia de la provin-
cia de Guipúzcoa) los honrosos y distinguidos cargos de
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CAPÍTULO XXVI 837
maestre de campo de la oaballería, y varias veces el de
alcalde ordinario.
"Inmediatamente don Luis de los Rios y Miranda, rec-
tor que fué del real y mayor colegio de San Phelipe, y
don Thadeo Zabala y Vazques, colegial del real de San
Martin, trahían de unas argollas de plata pendiente la
cajuela, en que se incluian los processos y sentencias de
los reos, que después habian de leer en público los minis-
tros, a quienes se cometió el cargo de este negocio.
11 Continuaban después los notarios, familiares, minis-
tros, calificadores, consultores y comissarios, que se com-
ponian de lo mas ilustre del exemplar clero, de lo mas
sabio de los doctores y cathedráticos de la real universi-
dad, con los tres reales colegios, y de lo mas venerable y
docto de los maestros y prelados de las esclarecidas reli-
giones, que haciendo un cuerpo con la nobleza que assis-
tió, iban todos mezclados sin preferencia de lugar. Sobre-
salia por la grandeza del vestido y costosísima gala, que
para tan plausible dia dispuso don Ignacio de Loyola y
Haro, a quien el Santo Tribunal, en renumeracion de la
expressada calumnia que padeció su hermano don Juan
de Loyola, habia honrado con el decoroso empleo de su
alguacil mayor de la ciudad de lea, su patria, dando asi-
mismo títulos de familiares y ministros a sus sobrinos,
don Sancho de Loyola, presbítero, y los reverendos padres
Fr. Francisco de Loyola y Fr. Marcelo de Loyola, del or-
den seráphico, que iban los últimos de tan lustroso acom-
pañamiento. Seguíase el oficio del Santo Tribunal en la
forma que se expressa.
nDon Manuel Boman de Aulestía, marqués de Monte-
alegre, que haciendo el oficio de alguacil mayor por en-
fermedad del propietario, que lo es don Ignacio de Ira-
zábal, trahía el estandarte de la Fé. Llevaba la borla de
la mano derecha el coronel de infantería española, don
Melchor Malo de Molina, marqués de Monterico, conde
del Puerto y Humanes, correo mayor de las Indias, y la
siniestra el maestre de campo don Miguel de Mudarra y
Roldan, marqués de Santa María. Era el estandarte de
terciopelo negro con fina flecadura de oro y borlas de lo
mismo. Tenia en el medio bordadas de oro de realce en
TOMO II 22
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338 LA INQUISICIÓN DE UMA
campo verde de oliva, cruz y espada, armas del Santo
Oficio, y por orla las siguientes palabraa del psalm. 73.
Exsurge, Domine, et jucUca causam tuam.
fiProcedian en fila a la mano derecha de los señores in-
quisidores, don Manuel Castellanos, secretario jubilado,
don Ignacio Altuve, secretario del Secreto, doctor don
Bartolomé López Grillo, colegial del real y mayor de San
Felipe, secretario fiscal, doctor don Miguel de Valdivie-
so y Torrejon, cathedrático de vísperas de leyes y aboga-
do del real fisco.
fiPor la izquierda, guardando la misma orden, don Jo-
seph Arezcurenaga, secretario mas antiguo del Secreto;
don Juan Baptista Gabina, presbítero, secretario de visita
del Secreto; don Gaspar de Orue, secretario del Secreto;
don Juan de ügalde, contador ordenador y del Santo
Oficio.
"Venían cubiertos de los chapeos o sombreros de cere-
monia propios de su dignidad y delegación pontificia, los
muy ilustres señores doctor don Pedro Antonio de Are-
naza y Gírate, del consejo de S. M. en el supremo de la
santa general Inquisición de España, visitador general,
juez de bienes confiscados y superintendente general del
real fisco de ésta de los reynos del Perú, y doctor don
Matheo de Amusquíbar, inquisidor apostólico, que sobre-
saliendo como athlantes, que sobstienen el firmamento de
la fe, o como antorchas que ilustran la esphera de la reli-
gión, presidian, colocados en el medio de tan venerable y
supremo Tribunal. Parece que en cada uno de estos se-
ñores se hacia admirar lo respetoso del semblante, noble-
mente unido con la authoridad de las acciones. El cielo
quando destina a los sugetos para los empleos, proporcio-
na a sus espíritus el carácter de los accidentes, para que
no degeneren de la dignidad que representan, los minis-
terios que exercitan.
"Seguíanse luego por atrás sus familiares, que proce-
dían con los capellanes del Santo Tribunal en la forma
que se expressa: don Juan Cabrera Barba, don Pablo Ro-
xas, don Francisco. del Castillo, don Francisco Rivagaray,
don Melchor Bravo de Rueda y don Juan Pedro de Gu-
raya. Cerraba este magestuoso cuerpo del Tribunal y lu-
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CAPÍTULO XXVI 339
ciclo acompañamiento de ministros y nobleza otro trozo
de caballería, que marehando de retaguardia, embara-
zaba el bullicio y tropelía de la numerosa plebe, que
atrahida de la curiosidad, sobrevenía ala procesión.
**A8sí se encaminaba desde las casas del Tribunal hacia
la iglesia de Santo Domingo, formada la procession, quan-
do llegó a la plaza mayor, donde miran las galerías del
palacio, en que ya el Excelentísimo señor Virey, que por
el justo recelo de los temblores, que aun hasta hoy se re-
piten , no assistiu con algunos señores de la Real Audien-
cia^ que le acompañaban, mientras passó el Santo Tribu-
nal de la fe, estuvo en pié, acatándole con el mas debido
rendimiento, que inspinii'on a su ánimo cathólico el celo, la
piedad y la religión; y los señores del le correspondieron,
guardando las ceremonias y etiquetas de su dignidad y
empleo,
n Luego que se acercó este admirable espectáculo a la
plazuela del referido templo, la infantería, que guardaba
su cementerio 3^ pucrta-s, se puso en dos filaos, estando a la
derecha su capitán, el teniente coronel don Manuel Au-
guatin de Caycoegui y Aguiñiga, caballero del orden de
Santiago, para que por el medio del centro que ocupaba,
passasse la procession a tomar las puertas, donde el R. P.
Prior, con toda la venerable comunidad de predicadores
reníbió y ministró la agua bendita a los señores Inquisi-
dores, que al entrar, deponiendo los chapeos, tomaron los
bonetes. Y assí, acompañados de la religiosa comunidad,
subieron hasta el presbiterio, de donde después de hecha
oración al augusto sacramento del altar, pasaron a ocupar
las dos sillas, que con igual número de almohadas a los
pies, de terciopelo verde, estaban al lado del evangelio^
puestas baxo de un dosel del mismo género, en cuyo me-
dio se veían de realce y fabricadas de oro bordadas las
armas del Santo Tribunal, y por delante, un bufete cubier-
to de rico terciopelo verde, con su flecadura y alamares
en que editaba una imagen de Cristo crucificaílo sobre el
libro de los quatro evangelios, unos tinteros con su cam-
panilla y la caxuela con las causas y sentencias de los
reos. En la misma linea en que se puso el dosel, se colocó
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S40 LA INQUISICIÓN DB LIMA
también el estandarte de la Fé, que en la procesión traxo
el alguacil mayor del Tribunal.
iiDespues, fuera del presbiterio, al mismo lado del evan-
gelio, seguían quatro bancas cubiertas, que ocuparon por
su antigüedad el alguacil mayor, secretarios y oficiales
del Santo Tribunal. En frente, al lado de la epístola, sobre
el mismo presbiterio, estaban en asientos distinguidos los
ministros que se habian nombrado para leer las causas y
sentencias de los reos, que ya habian subido al tablado o
theatro, que cubierto de paños negros, se erigió de com-
petente altura, con quatro gradas para la subida, cuya
frente ocupaba todo el espacio que hay desde la pilastra
del pulpito hasta la capilla mayor, igual al diámetro des-
de la cúpula en el crucero. Allí cerca, en taburete raso,
con bastón negro de puño de plata, insignia de su cargo,
estaba el alcayde, que habia de sacar y poner los reos en
la xaula o ambón, quando cada uno de ellos, leido el pro-
cesso de su causa, hubiesse de oir la sentencia que le da-
ban, en vista de sus méritos.
iiDesde la pilastra del pulpito, dexando en medio el ta-
blado, en cuyas gradas se habian levantado los reos, se-
guían unos escaños que sé destinaron para asientos de los
consultores, calificadores, comissarios y familiares que
concurrieron a la procession, mezclados con la nobleza que
asistió: entre quienes, acompañada por uno y otro lado de
los distinguidos sujetos que le apadrinaron, se colocó la
estatua de don Juan de Loyola, sucediéndole inmediata-
mente, en la misma orden de asientos, su hermano y so-
brinos.
"De esta suerte se habia todo executado, quedando com-
petente guarnición de soldados, assí en las puertas regla-
res del convento, como en las de afuera de la iglesia, para
contener el inmenso concurso de los que pretendían atre-
pellar la entrada, no siendo possible cupiesse mayor nú-
mero de concurrentes en el magnífico templo, que el de
mas de diez mil personas que ya ocupaban su recinto.
iiNo habia passado mucho, quando haciendo el sehor visi-
tador señal con una campanilla, salió la missa, que en altar
mayor, cubierto de un velo morado, principió el R. P. M.
F. Miguel Campanon, prior del convento de la Magdalena
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CAPÍTULO XXVI 341
jcomissario del Santo Oficio, quien, acabada la epístola,
suspendió el sagrado sacrificio y tomó asiento en una si-
lla de terciopelo violado que estaba en el presbiterio, al
lado de la epístola, de cara hacia los señores Inquisidores.
Y hecha con la campanilla segunda señal, subió al pulpi-
to don Joseph de Arezcurenaga, que volviéndose al pue-
blo dixo: alzad todos las víanos y cada uno de los cir-
cunstantes haga el juramento
II Concluida la lectura de la constitución, que
es contra los que pretenden embarazar e intentan impe-
dir la jurisdicción del Santo Tribunal, cuyo original lati-
no comienza con las singulares palabras Si de protegendis,
se procedió a la lectura de las causas y sentencias, que en
el pulpito los ministros que se habían deputado para este
fin leyeron, guardando la orden que se sigue.
iiBemabé Morillo, alias Otarola, negro, nativo del puer-
to del Callao, dos leguas de Lima, de cuarenta años de
edad, de estado soltero, de exercio grumete, que por los
delitos de superstición y apostasía ya habia sido peniten-
ciado por este Santo Tribunal, en el auto general de fe
que por los años de 1736 celel3ró a 23 de diciembre, en
la plaza mayor. Salió al auto con hábito penitencial de
media aspa, por herege, idólatra y apóstata, y estando
en forma de penitente, confesso y contrito, se le leyó su
sentencia con méritos, abjuró de veheraenti, y siendo ab-
suelto ad cautelam, gravemente reprendido, conminado
y particularmente advertido de sus errores, fué condena-
do a cárcel perpetua y a que el día siguiente, desnudo de
medio cuerpo, saliese en muía de albarda y se le diessen
doscientos azotes por las calles púbUcas y acostumbradas;
fueron sus padrinos don Joseph Bravo de Castilla y don
Felipe Colmenares.
II Juan Joseph Meneses, esclavo, de casta zambo, natu-
ral de Lima, de edad de veinte años, de estado soltero y
de oficio ollero y entintador de imprentas, salió al auto
con insignias de sortilegio, supersticioso y blasfemo; y es-
tando en forma de penitente y con soga de dos nudos al
cuello, se le leyó su sentencia con méritos; abjuró de levi,
fué absuelto ad cautelam, y condenado a que el dia siguien-
te al auto le diesen doscientos azotes por las calles públicaa
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342 LA INQUISICIÓN Dfi LIMA
y acostumbradas, y a destierro de esta ciudad, villa de
Madrid, corte de su Su Majestad, al presidio de Valdivia,
donde sirviesse cinco años a ración y sin sueldo, cumplien-
do con las laudables penitencias de comulgar tres veces
por espacio de dos años, en los dias de Pascua de Navi-
dad, Resurrección y Asunción de Nuestra señora, y que
por este tiempo rezasse todos los viernes un tercio del ro-
sario a María Santísima, Señora Nuestra. Fueron sus pa-
drinos el doctor don Isidro Tello de Guzman, rector que
ha sido de la real universidad de San Marcos, y don Gas-
par de Morales y Rios.
iiJoseph Ventura de Acosta y Montero, español, natu-
ral de la isla de Tenerife, en las Canaiías, y residente en
el puerto del Callao, de exercicio piloto, soltero, de edad
de cincuenta i tres años, salió al auto con sambenito de
media aspa, por proposiciones heréticas y escandalosas; y
estando en forma de penitente, confesso y contrito, se le
leyó su sentencia con méritos, abjuró de vehementi, fué
absuelto ad cautelam y condenado a destierro de esta
ciudad de Lima, villa de Madrid y corte de S. M., por es-
pacio de ocho años, y treinta leguas en contorno, y que
todos los sábados del expressado tiempo reze una parte
de rosario a María Santísima, y en confiscación de la mi-
tad de sus bienes, aplicados a la cámara y fisco de S. M.
y en su nombre, al receptor general del Santo Oficio.
Fueron sus padrinos don Lorenzo de Zarate y don Joseph
de Salazar y Solórzano.
f I Juana Nicolasa Crespo, negra esclava, natural de Lima,
de estado soltera, de exercicio lavandera y de cuarenta
años de edad, salió al auto con insignias de blaphema he-
retical y con soga de dos nudos al cuello y mordaza; y es-
tando en forma de penitente, se le leyó su sentencia,
abjuró de levi, fué condenada a que el dia siguiente al
auto, desnuda de la cintura arriba, se le diessen doscien-
tos azotes por las calles públicas y acostumbradas, y que
reclusa por espacio de cuatro años en el hospital de cari-
dad de esta corte, confiesse y comulgue tres veces los dos
primeros años, en la Pascua de Resurrección, dia de la
Santísima Trinidad y Assumcion de Nuestra Señora, con
tal que en ellos reze todos los viernes y sábados de rodi-
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CAPÍTULO XXVI 343
lias un tercio de rosario a María Santísima. Fueron sus
padrinos don Gaspar de Zeballos y don Francisco de los
Ríos y Tamayo, marqués de Villa Hermosa.
II Juan Esteban Flores, alias de Andrade, mestizo, natu-
ral de la ciudad de San Francisco de Quito y residente en
la de Cuenca, del mismo obispado, de oficio zapatero, y de
edad de treinta años, por dos veces casaxio, salió al auto
con insignias de polígamo; y estando en forma de peni-
tente se le leyó su sentencia con méritos, abjuró de levi y
fué condenado a doscientos azotes por las calles públicas
y acostumbradas, y a destierro de esta ciudad de Lima,
de la de Quito y villa de Madrid y corte de S. M., por
tiempo de cuatro años, que cumplirá en el presidio de
Valdivia, y que en los dos primeros años confiesse y co-
mulgue en cada uno tres veces, las Pascuas de Navidad,
Resurrección y Espíritu Santo, y que los sábados, durante
su destierro, reze un tercio de rosario a María Santísima;
y en cuanto al vínculo del matrimonio, se remitió al Or-
dinario Eclesiástico, que de la causa debe conocer. Fue-
ron sus padrinos don Nicolás de Salazar y don Luis de
Vejarano y Bravo, conde de Villaseñor.
iiJuan Joseph Graciano de Santa Clara, alias Juan de
Mata, pardo esclavo, natural de la ciudad de Truxillo, de
estado casado, de oficio albañil y de mas de treinta años de
edad, por dos veces casado, salió al auto con insignias
de polígamo; y estando en forma de penitente, se le leyó
su sentencia con méritos, abjuró de levi y fué condenado
a doscientos azotes por las calles públicas y acostumbra-
das, y a destierro de esta ciudad, villa de Madrid y corte
de S. M., por tiempo de cuatro años a las ciudades de lea,
Pisco o Nasca; y que por espacio de dos años confiesse y
comulgue las Pascuas de Navidad, Resurrección y Espíri-
tu Santo, y que los sábados del expressado tiempo reze
un tercio de rosario a María Santísima, y en cuanto al
vínculo del matrimonio, se remitió al Ordinario eclesiás-
tico, que de la causa debe entender. Fueron padrinos don
Francisco de la Fuente e Ixar, marqués de San Miguel y
el doctor don Fernando Román de Aulestía, colegial del
Real y mayor de San Felipe.
nJoaquin de Rivera, alias don Antonio de Ormaza,
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344 LA ii^üisieíoír rm lima
alias JoaqnÍQ Fasmino, español, natural de la ciudad de
San Francisco de Quito, de estado casado, de exercicio
pintor y después boticario, de edad de mas de veinte y
cinco años. Salió al auto con insignias de polígamo, por
haberse casado tres veces, viviendo su primera legítima
muger; y estando en forma de penitente, con soga de dos nu-
dos al cuello, se le leyó su sentencia con méritos; abjuró de
levi y fué condenado a doscientos azotes por las calles públi-
cas y acostumbradas y a destierro de esta ciudad, de la
de Quito y villa de Madrid, corte de S. M., por espacio
de seis años, que cumplirá en la ciudad de Guayaquil, y
que por tiempo de dos años confiesse y comulgue tres ve-
ces en cada uno por las Pasquas de Navidad, Resurrec-
ción y Espíritu Santo, y durante el destierro reze todos
los sábados un tercio de rosario a María Santísima; y en
quanto al vínculo del matrimonio, se remitió al juez ecle-
siástico que de la causa pueda y deba conocer. Fueron
sus padrinos don Francisco Arias Saavedra, marques de
Moscoso, y don Diego Santa Cruz y Zenteno.
iiJoseph Pantaleon Pardo, esclavo, natural de la ciudad
de lea de este arzobispado, de estado soltero y sin exerci-
cio, de edad (al parecer) de quarenta años. Salió al auto
con insignias de testigo falso, siendo inventor, promove-
dor, director y cabeza de la conspiración que principió y
fomentó contra el inocente don Juan de Loyola y Haro,
imputándole ser judío judaizante, con muy execrables
delitos de palabras y obras, y pretendiendo afirmar la
falsedad del hecho y calumnia con apariciones y locucio-
nes sobrenaturales e injuriosas a nuestro Señor Jesucristo
y a su Madre Santísima, fingidas por el despravado áni-
mo de este reo. Y estando en forma de penitente, se le le-
yó su sentencia con méritos y fué condenado a doscientos
azotes y a que sirva a S. M. a ración y sin sueldo perpe-
tuamente en el presidio de Valdivia, y que todos los vier-
nes reze una parte del rosario a María Santísima, y por
particular misericordia del Santo Tribunal no se le relaxó
al bmzo secular. Fueron sus padrinos don Juan Baptista
Casabona, mayordomo del Excmo. señor Virey, y don Jo-
seph de Rozas, gentil hombre.
itFrancisco del Rosario^ alias el chileno, de casta zambo.
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CAPÍTULO XXVI 34S
eselavo, natural de la ciudad de SaaitiagD del reyíK) de
Chile, de estado soltero y sin oficio, de edad de mas de
treinta años. Salió al auto con insignias de testigo falso
por haber sido inventor, promovedor y director de la fal-
sa calumnia de judío judaizante que padeció la inocencia
de su amo, don Juan de LoyoJa, con muy execrables de-
litos de palabras y obras. Y estando en forma de peniten-
te, se le leyó su sentencia con méritos y fué condenado a
doscientos azotes y a que sirva a S. M. a ración y sin
sueldo perpetuamente en el presidio de Valdivia, y que
todos los viernes reze una parte del rosario a María San-
tísima; no habiéndosele relaxado al brazo secular por con-
miseración particular que tuvo con este reo el Santo Tri-
bunal. Fueron sus padrinos don Joseph Miguel de Ovalle
y don Martin de Texada, gentiles hombres del Excmo. se-
ñor Virey.
iiJuan de Hermosilla, negro esclavo, natural de Lima,
de estado soltero, de oficio botijero, y al parecer de treinta
años de edad, que murió presso por este Santo Oficio. Sa-
lió al auto en estatua, con insignias de testigo falso, por
la falsa calumnia de judío judaizante que imputó a su amo
don Juan de Loyola. Y estando en forma de penitente, se
le leyó su sentencia con méritos. Fueron sus padrinos don
Joseph Cayetano Hurtado, caballero del Orden de Santiago,
y el coronel don Diego de Chavez y Messía, maestre de
campo del batallón de esta ciudad.
ifCatharina, alias Catha de Vera, zamba de indio, libre,
de exercicio cocinera y lavandera, natural de la ciudad
del Cuzco, de cincuenta años de edad y de estado viuda,
salió al auto con insignias de testigo falso, por haber in-
ventado y promovido la falsa calumnia de judío judaizan-
te, contra el inocente don Juan de Loyola, en cuya casa
sirvió de criada desde sus primeros años; y estando en
forma de penitente, se le leyó su sentencia con méritos y -
fué condenada a doscientos azotes por las calles públicas
y acostumbradas y a que por tiempo de diez años sirva
en el hospital de la Caridad o en otro de esta corte, según
dispusiesse el Santo Tribunal, y a que todos los viernes
reze una parte de rosario a Mana Santísima. Fueron sus
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346 LA IITQÜISICIOK DB LIMA
padrinoB don Antonio Bansi, gentilhombre del Exmo. se-
ñor Virey, y don Justino Solórzano.
n Juan de Loyola Haro de Molina, natural de la ciudad
de lea, donde obtuvo los honrosos empleos de maestre de
campo del batallón y varias veces de alcalde ordinario,
siendo de primer voto en su Ilustre Cabildo y Regimien-
to, de poco mas de sesenta años de edad, de estado solte-
ro, que presso por este Santo Oñcio muiió; salió al auto
en estatua, y estando en forma de inocente, con palma en
las manos y vestido de blanco, se le leyó su sentencia ab-
solutoria, dándole por libre de los delitos de heregía y ju-
daismo, que por maliciosa conspiración' y falsa calumnia
se le imputaron. Restituido, pues, al buen nombre, opi-
nión y fama que antes de su prisión gozaba, se mandó sa-
liese en el acompañamiento, entre dos sujetos distinguidos
que el Santo Tribunal señaló para que le apadrinasen en
la procesión de reos, y que al tiempo de actuarae la fun-
ción en la iglesia, se colocasse la estatua en medio de lo
mas calificado del concurso; que levantados cualesquiera
secuestros y embargos hechos en sus fincas y bienes, se
entregassen del todo, según el inventario que de ellos se
hizo cuando se secuestraron; que si su hermano, sobrinos
y parientes quisiessen passear la estatua por las calles pú-
blicas y acostumbradas, puesta en un caballo blanco her-
mosamente enjaezado, le executassen el dia siguiente al
auto en que los ministros del Santo Tribunal hablan de
hacer cumplir la pena de azotes que se impuso a cada reo,
y que en atención a haberse, de orden del Santo Tribunal,
sepultado secretamente su cadáver en una capilla de la
iglesia de Santa María Magdalena, Recolección de Santo
Domingo, pudiessen exhumarlo para hacerle públicas exe-
quias, trasladándole al lugar que por su última voluntad
señaló para su entierro, y que a su hermano y parientes
se despachassen testimonios de este hecho para que en
ningún tiempo la padecida calumnia les sea embarazosa a
obtener los mas sobresalientes empleos, assí políticos, co-
mo cargos del Santo Oficio, honrándoles el Tribunal con
las gracias que juzgare proporcionadas para comprobar la
inocencia del espressado don Juan de Loyola, difunto.
Fueron sus padrinos don Fermín de Carvajal, conde del
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CAPÍTULO XXVI 347
Castillejo, y don Diego de Hesles Campero, brigadier de los
reales exércitos de S. M. y secretario de cámara del Exmo.
señor Conde de Superunda, virey de Lima.
fiFenecida la lectura de las causas y sentencias, baxaron
del pavoroso cadalso dos de los reos que tenían el hábito
penitencial a media aspa, y puestos de rodillas cerca de la
mesa que estaba junto a las dos sillas, que baxo del dosel
servian de respetoso asiento a los señores inquisidores, to-
caron con las manos la cruz y libro de los Evangelios, ha-
ciendo abjuración de vehementi, que les repetía don Jo-
seph de Arezcurenaga, secretario del Santo Tribunal.
Puesto entonces en pié el señor visitador, doctor don
Pedro Antonio de Arenaza y Gárate, con estola morada
al cuelloj recitó en el Manual Romano las oraciones pre-
venidas para' casos semejantes, a que acompañando el
himno Veni Creatoi^ Spimtus, devotamente entonado por
la religiosa comunidad, hizo a los reos, postrados en su
presencia, las preguntas de estilo prevenidas en el cere-
monial; y repitiendo después la misma comunidad el sal-
mo del Miserere, destinado a la penitente ceremonia, seis
religiosos sacerdotes, revestidos con sobrepellices, hirieron
con unas varas las espaldas de los reos. Acabado, pues, el
último versículo del expressado salmo, les absolvió el se-
ñor visitador, según la fórmula del mismo Manual y sa-
grada costumbre que se observa en iguales ocasiones. Ter-
minada esta ceremonia, conduxo el alcaide cuatro reos, que
en presencia de los señores, arrodillados como los otros,
pronunciaron la abjuración de levi, que les leyó el mismo
secretario; y assí reconciliados con la Iglesia por medio de
la absolución y arrepentimiento, prosiguió la missa que el
celebrante habia suspendido mientras hicieron la detesta-
ción y abjuración de sus delitos, conforme la naturaleza
de ellos, y llegando al Sanctus, encendieron las velas verdes
que tenian en las manos; después, postrados delante la
peña del altar, las ofrecieron al sacerdote, besándole la
mano, luego que terminó con toda la acción del templo el
sacrosanto sacrificio de la missa.
II Concluidas estas sagradas demostraciones en la iglesia,
que recibe en su gremio a los apóstatas de la fe, cuando
reconciliados por mano de la penitencia se reúnen a ella,
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34B LA iKQüXSIOlOír DB LIMA
volvió a formarse la procesión con aqnella orden que ha-
bía entrado, y procediendo otra vez por la plaza mayor,
el Exmo. señor Virey, que también le esperaba a la vuel-
ta en la galería del palacio en que antes se habia dexado
ver, repitió con el Tribunal Santo de la Fe las mismas ca-
tólicas demostraciones que a la ida le habian dictado su
religioso celo y fervorosa cristiandad.
iiContinuando, pues, el ilustre acompañamiento, siguió
la procesión hasta restituirle al Tribunal, donde terminó
aquel admirable espectáculo de la fe, con las atenciones
de urbanidad y cortesanía que actuaron los señores Ynqui-
sidores con la nobleza que asistió a apadrinar los reos,
que entregados al alcaide, los volvió a sus calabozos, para
que el dia veintiuno, saliendo en muías de albarda por las
calles públicas, a la vergüenza, se executasse en ellos, a
voz de pregonero, la sentencia de azotes, que se practicó
assi.
fiVenian los primeros a caballo, el alcaide y portero del
Santo Tribunal. Conducíanse luego en muías de albarda
los reos, desnudos de la cinta arriba, con las afrentosas in-
signias de coroza a la cabeza y soga gruesa al cuello; y, en
cada esquina de las calles públicas y acostumbradas, el
fiel executor , a voz de pregonero que publicaba sus deli-
tos, les hería con una penca las espaldas, para que cum-
pliéndose assí la sentencia de azotes que, en vista de sus
méritos, se les impuso, pagassen con este linage de castigo
otras penas de cárcel y destierro, las abominables culpas
que cometieron contra el candor y pureza de la ley.
iiDespues, quatro lacayos, costosamente adornados de
libreas de paño azul fino, con botonaduras, alamares y
franjas de plata, conducían de unos cordones de seda el
generoso blanco bruto, que con riquísimos encintados de
tisú de oro, silla de terciopelo carmesí bordada de plata
de realze, con artificiosos lucientes briscados, estribos y
hevillages de oro de martillo, cargaba la estatua de don
Juan de Loyola, que ostentando con la palma que llevaba
el triunfo de la calumnia, se hizo símbolo de la inocencia.
Acompañábanle por uno y otro lado, con igual grandeza,
assí en los jaeces de los caDallos, como en la riqueza de los
vestidos^ los dos calificados sujetos que le habian apadri-
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CAPÍTULO XXVI 349
nado en la procession de reos y celebridad del auto. Se-
guíale a pocos pasaos, vestido de terciopelo negro con
hábito y venera del Santo Oficio y vara alta, insignia de
su honroso cargo, el alguacil mayor del Santo Tribunal,
Marques de Monteálegre, en un brioso bruto, que airosa-
menete manexaba. Iba con igual lucimiento a su lado si-
niestro, don Gaspar de Orue, secretario del Secreto, acom-
pañándolo de retroguardia un trozo de caballería, resto de
todo el cuerpo militar, que con espada en mano, guarne-
cian por frente y costados el mísero y abominable espectá-
culo de reos.
iiAssí passearon veintidós calles, habiendo subido hasta
la plazuela de Santa Ana, y de aquí, descendiendo por la
real cassa de Moneda y colegio de Santo Thomas, se resti-
tuyeron al Tribunal, donde el alguacil mayor volvió los
castigados reos al alcaide para que, puestos otra vez en
sus encierros, saliessen el señalado dia a cumplir sus cár-
celes, depósitos y destierros. Y para que en cumplimiento
de los mandatos del Santo Tribunal, no quedasse orden
sin executarse, el dia seis de noviembre, en la iglesia del
colegio máximo de San Pablo, con la assistencia de la ma-
yor parte de la nobleza de esta ciudad, convidada por los
dichos calificados padrinos, se hicieron públicas exequias a
don Juan de Loyola, cuyos huessos, exhumados de la bóve-
da en que secretamente se habian sepultado en una capilla
de la iglesia de Santa María Magdalena, se trasladaron a
este templo, donde se les señaló sitio para su depósito y
entierro, en que yacen en cerrado cajón, debido honor a
su inocencia.
TfDe este modo se cupaplieron todas las órdenes del San-
to Tribunal, reconociéndose en lo mas arduo indeficiente
el celo del señor consejero visitador y señores Ynquisidores,
pues en medio de una general desolación, continuada pla-
ga de temblores, repetidas epidemias y otraa calamidades
que bastaban a perturbar el ánimo mas constante, siempre
se ha esperimentado vigoroso su espíritu para atender a
lo económico y civil del Tribunal. De manera que aunque
se deshizo el material de sus fábricas, se mantuvo en per-
fección lo formal de su gobierno, a espensas del desvelo y
cuidado de tan celosos ministros, que aun a peligro de
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350 LA INQUISICIÓN DE UMA
SUS propias vidas, desempeñaron la obligación de su cargo.
Y se espera en la bondad divina que pues los previno para
defensa de tanto riesgo, los continuará para reparo de tanto
mal, interesando la cristiandad en este nuevo mundo, con
la actividad de su infatigable celo, muchas medras en la
pureza de la religion.^ii
La mas notable de las causas de los reos que quedan
referidos, i por sus circunstancias i resultados una de las
mas interesantes que jamas se hubiesen presentado en el
Tribunal, fué sin duda la de Juan de Loyola.
Habia sido éste denunciado en lea, el 15 de abril de
1743, por un esclavo de don Diego de los Rios, que con-
taba que habiendo en un dia viernes oído que tiraban un
cohete de la casa de Loyola, notó que en seguida habian
salido al campo tres bultos negros, en uno de los cuales
habia reconocido a don Juan, i que junto los tres, pasada
la media noche, se iban a la falda de un cerro despoblado,
donde ante una luz pequeña, sentia que daban de azotes
a alguien; i que a otro negro le habia oído que el denun-
ciado tenia un crucifijo enterrado debajo del quicio de la
puerta de su casa, en su hacienda, i que al que pisaba allí
encima, aunque fuese por acaso, le hacia agasajos; i que
tenia también otro Cristo de rostro mui hermoso metido
dentro de una tinaja grande, donde guardaba pallares i
cecinas.
Este era el denuncio mas serio que obraba en el proce-
so, i con su vista, se votó en que el reo fuese preso con
secuestro de bienes, lo que se ejecutó en 9 de julio de
1743.
Mientras tanto, el Comisario de lea comunicaba al Tri-
bunal siete dias después, que el preso habia otorgado
escritura de donación de su hacienda, casa i viña a favor
de cierto beaterío, a lo cual se persuadía habia dado mo-
tivo la voz que corría en el pueblo de que Loyola era
judío.
En 8 de agosto era el reo remitido a Lima i una vez
encerrado en cárceles secretas, se continuó recibiendo las
8. Llano y Zapata, Relación del auto particular de fe^ ete.^ Lima,
1750, 4.»
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CAPÍTULO XXVI 351
deposiciones de los nuevos testigos que se habian presen-
tado i que en sustancia ni siquiera alcanzaban a dar mas
luz que lo que ya constaba en el proceso. Junto con ésto,
el Comisario repetía oficio al Tribunal diciendo que no
habia procedido a escarbar en el sitio donde se afirmaba
que estaba enterrado él crucifijo, porque una nueva voz
pública aseveraba que la denunciación hecha al reo no ha-
bía tenido mas propósito que el de robar a Loyola, i que ya
una mujer de las que haoia declarado, en artículo de
muerte, habia confesado al padre jesuita Manuel de Bus-
tos que la denunciación era falsa.
Apesar de eso, se tuvo con el reo la primera audiencia
el 21 de dicho mes de agosto, diciendo él ser soltero, de
edad de sesenta años, maestre de campo por su grado mi-
litar, i que en cuanto a los hechos de que pudiera acusár-
sele, no podia sino atribuirlos a la mala voluntad que le
tenian sus criados.
Dedujo el Fiscal, sin embargo, doce capítulos de acusa-
ción contra el reo, aceptando plenamente las deposiciones
de los testigos i haciéndole, ademas, cargo de que nunca
habia procurado que sus esclavos muriesen sacramentados,
i a que hacia tres años a que no oía misa ni se confesaba.
Llegado el caso de las ratificaciones, comenzó a descu-
brirse que el denunciante se jactaba de ser el autor de la
prisión de Loyola i de la libertad de sus esclavos, por lo
cual, a mediados de febrero de 1745, se le mandó encarce-
lar a él i cuatro de los demás declarantes.
Loyola, que aparecia gravemente enfermo, fué traslada-
do a un convento en julio de ese mismo año; pero habién-
dose agravado mucho, el Guardian ocurrió al Tribunal a
preguntar lo que haria en tal coyuntura, siendo requerido
para que exhortase al reo, antes de confesarlo, a que dijese
la verdad.
A todo esto los jesuítas, que no habian puesto los píes
en el Tribunal desde que el padre Ulloa habia sido conde-
nado, hacían todo j enero de esfuerzos en solicitud de la
libertad de Loyola; pero éste se hallaba ya tan postrado
que en 27 de diciembre de 1745 fallecía ncon grandes
señales de salvación,» según afirmaba un fraile del con-
vento en que se hallaba recluso, i, en consecuencia, se le
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352 LA IITQÜISKIION I>£ LIMA
mand<5 enterrar allí secretamente, i de donde después se
exhumaron sus huesos para que se le hiciese entierro pú-
blico, según hemos visto/
Ya hemos indicado que con la partida de Arenaza,
Amusquíbar habia quedado solo en el Tribunal. Algunos
meses después, llegaba, sin embargo, de la Plata, a hacer-
se cargo del puesto de inquisidor el canónigo Diego Ro-
dríguez Delgado, que por las circunstancias que sabemos,
tuvo que irse a vivir en casa aparte de la que ocupaba su
colega en el colejio de San Felipe.*
Muí pronto informaba al Consejo de que se consideraba
completamente incapaz de proceder al reconocimiento de
las cuentas del receptor, según se le habia ordenado, por-
que "era imposible a los mas linces ojos rejistrar los lejí-
timos cargos en que se halla descubierto; si resultan con-
tra él por su culpa o neglijencia; su importe líquido, etc.»
Apuntaba, igualmente, que, según sus informes privados,
lo que se gastaba en los reos no pasaba de mil pesos al
año, partida que en las cuentas se hacia ascender a cuatro
mil; que se estaban debiendo mas de setenta mil pesos de
rentas de fincas i canonjías; que con las rebajas de sueldos,
que, por ser exorbitantes, proponía que se redujesen, ese
capital subiría sin inconveniente a cien mil pesos, con cu-
ya suma habría de sobra para reedificar las casas i la capi-
4. En España, con vista del espediente, se resolvió que cía prisión
había pido injusta, por no haber en la sumaria prueba convincente del
delito, pues solo habia un testigo formal, decían los consejeros, y éste
de inñma condicions; que antes de la prisión se debieron calificar los
hechos, amen de otros defectos del proceso, que se pn5ier<xi todos a
cai*go del inquisidor Calderón para cuando se obrase la visita. Carta
de Arenaza de 6 de noviembre de del 749. Ya sabemos que semejante
cargo al fin no se hizo efectivo.
5. Rodríguez era natural de Oropesa en Estremadura, i habia cursa-
do en Alcalá mas de siete años. El obispo Casíaní le llevó como secreta-
rio a Oartajena en 1713, de donde regresó a España cinco anos mas
tarde. En 1723 obtuvo la tesorería de la catedral de Santa Martfl, i
cinco años después la chantría. Habiendo sido promovido un hermano
suyo al obispado de Panamá, le llevó en su compañía como secretario,
para pasar, en seguida, a servir el curato de la villa de los Santos, duran-
te ti-es años. En 1782 cuando su hermano fué trasladado a los Charcas,
le llevó también consigo. Hasta 1736 estuvo en la Paz, para ser ascen-
dido a una canonjía de la Plata en 1739. De su puesto de inquisidor
tomó posesión el ata 9 de diciembre de 1751.
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OÁPÍTÜLO XXYI 3ñ3
Da del Tmbünal; »^Nx> puedo, omitir a U. &, aunque sea
de paso, concluía, que en el tiempo del receptor anterior
a el actual, se confiscaron mas de sesenta mil pesos por la
causa de Francisco Ubau, discípulo del padre UUoa, quien
fué castigado por este Tribunal por sus dditosj cuya noti-
cia se me ha participado, y aunque he solicitado secreta^
mente raeon de este embargo, su consumo y existencia,
no lo he podido adquirir, ti^
A poco andar, los malos informes que trasmitía Jio se
limitaron ya al receptor, tachando juntamente a todos los*
empleados que por vizcaínos estaban ligados en. facción
aparte. De su colega, a quien el secretario Torres, califica-
ba de torcida intención i suma hipocresía, contaba que
»^su amor propio era imponderable y le hacia inflexible- y
distante del conocimiento de la razón y de todo lo que se
pueda enderezar a la paz y a la rectitud del Tribunal; vive
tan pagado de su dictamen, que aun. en las materias claras,
leves y cortas no hay espresiones que le basten ni incli-
nen a lo justo, siendo tan irresoluble y- voluntarioso en
otras que estando una causa cerca dé un año ha en estado,
de sentencia definitiva en revista, no he podido conseguir
concurra a su determinación, tr Añadía, que era mui de re-
prochársele que en una vivienda armada de cañas, .fabri-
cada en medio del patio de un colejio, frecuentado no solo
por los colejiales i sus sirvientes, sino por la jente ordina*
ria que se hallaba allí recojida con ocasión del. último^
temblor, »»gobierne y dirija sus empeños, escriba billetes,
confiera, asuntos.» Achacábale, en seguida, su estrecha
unión con Ylarduy, »*de natural- voluntarioso, recio y malí
inclinado, de rencor y soberbia incorrejibles;ii con el ad-
ministrador de patronatos i con el secretario Bartolomé
López Grillo, que constituían entre todos una alianza de
vizcaínos tan firme e inseparable, que dificultando en es-
tremo toda providencia, hacia indispensable una reformad
El oríjen de esta separación de los dos únicos miembros
del Tribunal, que como aconteció siempre en semejantes
casos, llegó a dejenerar en odios irreconciliables, lo atribuía
5. Gariü de 28 de diciembre de 17<52.
6. Id. de 26 de abril de 1758.
TOMO II 23
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354 LA INQÜISIOION BB LIMA
por SU parte Amusquíbar a las íntimas relaciones que su
colega Rodríguez cultivaba con Calderón, que aun penna-
necia retraido en su chacra, i por servir cuyos intereses
en la dote de cierta monja, habia no solo tomado su
partido, sino avanzándose hasta enviar a la puerta del
colejio en que vivia una compañía de soldados armados^
Lo cierto era que ambos inquisidores, no contentos con no
verse, despachaban cada uno en sus respectivas viviendas,
que, comq^ hemos advertido, a causa del temblor de 1747,
no estaban ya en el mismo edificio, sino en casas separa-
das i hasta distantes.
No podia tampoco Amusquíbar perdonar a Rodríguez
que con ocasión déla real cédula de 20 de julio de 1751,
que negaba a los ministros del Santo Oficio el fuero acti-
vo en lo civil i criminal, incurriese "en la vergonzosa de-
serción n de no haber resistido su cumplimiento, poniendo-
se de parte del Virei, que lo exijia, no habiendo sido de su
mismo parecer en adoptar la escusa que para ello se daba
de no haber sido pasada esa real disposición por el Conse-
jo de la Jeneral Inquisición, siendo que a todas luces esa
orden importaba el golpe mas tremendo que jamas se
hubiese asestado a los privilejios i autoridad del Tri-
bunal®.
Así, poco mas tarde, para descargo de su conciencia,
según sus testuales palabras, pedia terminantemente que
por la notoria i total insuficiencia de su colega, que le
constituía inútil para ministro del Santo Oficio, se nom-
brase otro sujeto idóneo i se colocase a aquél en una mi-
tra, que, según se decía, anhelaba ansiosamente, buscando
para el efecto informes favorables del Virei «»con que de-
bilitar y desvanecer los que estaban anticipados contra su
persona- en el Consejo y Cámara de las Indias, por el Ca-
bildo eclesiástico, Presidente, Real Audiencia y Fiscal de
los Charcas; y aun en el caso de no poderse proporcionar,
añadía, la insinuada promoción, es urjentisima la necesi-
7. Garfa de Ammquibar de 26 de abril de 1758.
8. Los autos que se sigaieroa (K)n motivo de esta competencia son
bastante voluminosos, pero nos ha parecido bastante dejar aquí cons-
tancia del hecho, para tratarlo con alguna mas estension en el capitulo
final de esta obra.
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CAPÍTULO XXVI 355
dad que hay de esta misma providencia, pues el inquisidor
Rodríguez lo ea solo en el nombre, no habiendo dictado
en dos años que ha que juró su plaza una cláusula en au-
dieucia^ despachos, cartas, estractos, relaciones de causas,
ni siendo capaz de hacerlo sino con el empeño que se deja
entender por el de los votos que ha dictado con ocasión
de discordia^n
Por fortuna para el decoro del Tribunal, como se espre-
saba Amusquíbar, Rodríguez murió repentinamente el 31
de octubre de 1756. Vino, pues, aquél, con este suceso a
quedaí' nuevamente solo en el Santo Oficio^ i aunque po-
co después se designaba para acompañarle a José de Sa-
lazari Cevallos, canónigo de Arequipa, no alcanzó éste a
tomar posesión del destino a causa de su fallecí miento,
que se anunció a Lima por correo especial eu noviembre
del año siguiente de 1757.^°
Según se habrá notado, de algún tiempo atrás, los in-
quisidores no se enviaban ya de España, como de antes,
sino que se elejian de entre los eclesiásticos establecidos
en Indias i aun naturales de ellas, apesar de que era co-
rriente por esa época la opinión de que los criollos no eran
aparentes para puestos de justicia." Con este sistema no
ob^decia el Consejo Jeneral a una opinión diversa de la
que le trasmitían sus ajentes de América, sino a que con
este medio se evitaban los cuantiosos gastos que deman-
daba el pasaje desde España de los inquisidores i sus sé-
quitos, deseoso de verificar por este medio economías que
permitiesen proceder de una vez i de una manera seria a
la reconstrucción del arruinado edificio de la Inquisición.
A este propósito tendían las instrucciones que se habian
entregado a los ministros últimamente nombrados i que
habian motivado de parte de ellos i mui especialmente de
9. Carta de 16 de enero de 1754.
10. Garta de Jerónimo de la Torrea de 17 de noviembre de Ubi,
11. €Los criollos de estas provincias, no son para ministerios de jas-
ticia,» decia La Torre en la carta que acabamos de citar. Desde la fun-
dación el Tribunal todos los ministros habian estado repitiendo lo
mismo, avanzándose aun a afirmar que criollo ei*a sinónimo de todas
las malas cualidades que pudieran verse reunidas en una misma per-
sona.
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358 LA IKQÜISIOION DH LIMA
Mas aun: en el mismo Tribunal i hasta en su propio
jefe habia venido a encontrar acojida un delito contra la
fe, tan notorio en Lima, que el mismo Arzobispo se vio
en el caso de denunciarlo al Consejo. En efecto, el fraile
franciscíino Fr. Joaquin de la Parra, habia predicado en
la iglesia de su convento#que, según revelaciones que ha-
bian tenido nueve pei-sonas mui virtuosas, pronto habia
de quedar Lima reducida a cenizas por la ira del cielo.
Es fácil calcular la conmoción i el espanto que se apoderó
de la ciudad al oir semejante especie: hubo llantos, confe-
siones jenerales, i tal alboroto que el Prelado, por medio
de su provisor, hizo examinar al franciscano tocante al
orí jen de las revelaciones de que se habia hecho eco en la
cátedra sagrada. Parra, que estaba sumamente satisfecho
del efecto causado por sus prédicas, confesó que las reve-
laciones eran perfectamente ciertas, i que aun para que
no se terj i versasen sus palabras, habia rogado al Inquisi-
dor se hallase presente a oirías, las cuales, por lo demás,
antes de publicarlas, las habia consultado con personas
mui doctas i graves, que le dijeron podia declararlas en
público. Mas, instado por el delegado arzobispal José Po-
tan para que declarase los nomores de las personas que
habian sido favorecidas con tales anuncios, declaró que
solo podia hacerlo respecto de uua de sus confesadas,
pues las otras (que todas eran mujeres) eran hijas de con-
fesión de otros sacerdotes. »iDíjome, pues, espresa Potiiu,
que su confesada era mujer de edad de treinta y cinco a-
ños, poco mas o menos, doncella e hija de familia, de com-
plexión sana, aunque de muy poco sueño, de lai'ga ora-
ción, de mas de tres horas de noche, y de una profunda
humildad. Esta, pues, (dijo) la víspera de la Asunción de
Nuestra Señora deste presente año de 1756, estando dor-
mida, se le representó que el Señor arrojaba desde el cie-
lo contra cada una de las casas desta ciudad tres lanzas o
flechas de fuego, con que se incendiaba toda ella y queda-
ba reducida a cenizas, en castigo de las graves culpas que
se cometían, especialmente por los individuos del estado
eclesiástico, secular y regular, en que se incluian las mon-
jas, n Que para cerciorarse de la verdad de tan funesto
anuncio, se le habia ocurrido que si su confesada le repi-
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CAPÍTULO XXVI 859
tiese en latín algunas espreaiones conducentes al asunto,
le prestaría asenso, i que, en efecto, al dia siguiente le ha-
bía manifestado su penitente que había oído una voz muí
penetrante í sutil que decía, ircUits e$t Dominus, »icon lo
que quedó del todo persuadido n. Respecto a indicar quie-
nes fuesen los directores espirituales de las otras mujeres
que habian tenido también revelaciones, quedó de consul-
tarlo previamente i pasar en seguida a decirlo a casa del
provisor, para lo cual habría de subir en la calesa que Po-
tan quedó de enviarle al convento, «'y aunque le envié la
calesa, dice éste, en su informe al Arzobispo, a la puerta
principal del convento y dado recado al portero, como me
lo previno, no salió ni dijo cosa alguna al dicho portero,
sin duda porque con haber estado con U. S. I. se impuso
de que no era necesario verme a mí. n^®
iiDespues de todo, decia el Prelado al Consejo, y bajo
de la protesta que llevo hecha y de que solo me mueven
los justos recelos de lo que en otras ocasiones se pueda
ofrecer de semejante, me es preciso, particular y reserva-
damente, participar a V. S. I. que este señor Inquisidor
don Matheo de Amusquibar, ha sido el autor, o a lo me-
nos el principal promovedor de las citadas revelaciones,
que al principio dieron mucho que temer a la ciudad, y
después no poco que censurar, considerando que un suje-
to de tal graduación y ministerio, se hubiese mezclado en
semejantes lixerezas y facilidades de gentes menos re-
flexivas, y sobre todo de monjas y beatas que por su sexo
y débil condición, son tan espuestas a dar por revelacio-
nes qualesquiera sueños o fantasías de su jnnaginacion.
iiNo ay duda que este caballero en todo lo demás es un
muy arreglado y exemplar eclesiástico, pero ha demostrado
siempre una gran flaqueza en esta parte de bautismo. Ya
en otra ocasión le previne muy reservadamente por medio
de un billete, que se abstuviese de dirigir religiosas, por
questo no parecía bien en un señor Inquisidor, y de que
di parte a ü. S. Y sin embargo, aunque cessó de frecuen-
tar los^monasterios, no por eso a dexado de tener algunas
comunicaciones por medio de villetes, con el título de
16. Informe de Potan delQ de noviembre de 1756,
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360 LA lyqüisiGiox Bfi uma
conciencia, que clandestinamente se lintroducian sin^tie
las viessen las suporioras, como se deve executar y prac-
ticar aun con los de las personas mas propincuas de las
religiosas recoletas: assí lo executó en el suceso presente,
remitiendo ipapeles a una religiosa capuchina nombrada
SoPor Andrea, muy tentada de todo lo que es .revelación,
por lo que le es muy grata a dicho señor Amusquíbar; y
embiando recado por medio del segundo capellán, el licen-
ciado don Gregorio de Zapata, que es también de los que
dan por este camino a las dichas capuchinas, cuya comu-
nidad se puso toda en conternacion e inquietud, aun mu-
cho antes que el padre franciscano las hubiese publi-
cado, n*^
Mas, dejando lo referente a las querellas internas que
seguian trabajando a los ministros del Santo Oficio i
las acusaciones que co.. tra ellos iban formulándose, es tiem-
po de que entremos a ocuparnos de los reos que conti-
nuaban presos en sus cárceles, dando la preferencia por el
momento a los que se consideraba culpables de un delito
que por vez primera vamos a ver presentarse en la ya lar-
ga lista de los que llevamos enumei*ados. Nos referimos a
los francmasones.
En 21 de agosto de 1751, el Consejo enviaba a Lima
una comunicación del tenor siguiente:
»»Siendo preciso al Consejo sabei' loe sugetos míhtares y
políticos, habitantes en esos reynos, que hayan ocurrido a
ese Tribunal o a sus ministros a delatarse espontáneamen-
te de francmasones, se os encarga, señores, que luego ha-
gáis foinnar lista de los que constaren delatados en vues-
tro distrito, con espresion de los que cada uno de éstos
hubiere delatado por cómplices, y porque conviene que
todos los culpados en esa congregación sean oídos como en
forma espontánea, por ahora y con todo el posible secreto,
daréis providencia oculta para que, bien sea por espontá-
neos que hubieren venido v fueren amigos de los que no
hubieren hecho esta saludaí)le dilijencia, o por ministro o
ministros que hallareis mae proporcionados para este ofí-
17. Carta de Pedro Antonio^ arzobispo de Lima al Inquisidor Jene^
ral, 20 de febrero de 1757.
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•cío de piedad, se les sugiera vengan al seno de la piedad
de este Santo Oficio, que nada desea mas que el remedio
espiritual de sus almas con la absolución de su excomu-
nión y •sospecha vehemente de heregía, declarada por la
sede apostólica, estando ellos dispuestos a dete&tair tal con-
^egacion y el juramento en ^lla hecho, y a sepamrse y a
nunca tenerse por tales congregantes, y que estén muy
eiertos de que pueden y deben declai-ar cualquier secreto
y crímenes que supieren o hubieren entendido, y todos
los sugetos que supieren congregantes, con la seguridad de
que serán despachados secretísimamente, sin que pueda
atrasarse su honor, grado y reputación, ni que pueda en-
tender el Rey ni sus ministros esta diligencia, entes bien
amonestándoles de que si no lo hicieren, llegará el tiempo
de que no pueda hacerse con esta secreta gracia, eiho jx>r
la via judicial y pública del Santo Oficio, que les traerá
tan grande daño; y porque se ha entendido que algunos
BUgetos han llegado a declarar espontáneamente ante algún
ministro de fuera, y que no se les ha absuelto por no te-
ner facultad, y ellos han quedado falsamente ciertos de
que han cumplido; se os ordena reconozcáis si algunos es-
tan sin absolución y dispongáis dársela por algún inquisi-
dor fuera del Tribunal, o por ministro oportuno, en su casa,
encargándoos que estas listas vengan con la posible bre-
vedad. Dios os guarde. Madrid, veinte y uno de agosto
de mil setecientos cincuenta y uno. n
Despacho que contestaban los Inquisidores, diciendo
«'que en todo el reyno no hay ni leve indicio, y solo se
tiene noticia haberse estendido en Europa por algunas
papeletas y Merxurios que se han recibido de dos o tres
años a esta parte. ?i Pocos dias antes de recibirse el ofi-
cio que acaba de leerse, se habian recojido, sin embar-
go, de poder de un comerciante unas estampas que pin-
taban el modo con que eran recibidos en el gremio los
afiliados, estampas que en el acto fueron remitidas a Es-
paña^*. I como ya con ésto el camino quedaba abierto,
mui poco después de datar la carta en que enviaban al
Consejo semejante noticia, los jueces abrían proceso por
18. CMa de loé Inquisichrea ie90 de diciembre de 1 758.
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362 LA mQinsicioK ve lima
el delito indicado al gobernador de Valdivia Ambrosio
Saez de Bustamante, de que en otro lugar trataremos, i
a Diego de la Granja.
Era Granja, o Lagrange, un cirujano francés que fué
denunciado en Lima en noviembre de 1773 por una mu-
jer llamada Inés de Medina, ^la qual, por descargo de su
conciencia, dijo y denuncia que ahora dos meses, poco mas
o menos, estando la declarante en casa de la hija de don
Martin Delgart, casa assesoria a la declarante, le oyó decir
en conversación, a un francés nombrado Diego de la
Granja, de exercicio cirujano, que era farmason, y los de
esta asamblea eran conocidos por unas insignias, las que
se reducian a un escapulario, . en el cual tenian una ima-
gen en medio, como del Salvador, con una bandera en la
mano; a un lado de esta imagen una espada, al otro lado
una llave y por otros lados unas letras como abreviadas.
"La otra insignia era una banda negra, y otra colorada
con listas amarillas; y que dijo el dicho francés que estas
eran las insignias de los farmasones, que dijo también
que éstos farmasones tenian iglesia aparte, que no se con-
fesaban con ningún sacerdote, sino con Dios, que ' sus
abuelos habian sido hereges, pero sus padres cristianos;
que desde edad de nueve años habia aprendido la farma-
sonería en la academia de París de Francia; que ahora
era maestro en dicha farmasonería o asamblea; que pre-
guntándole la hija de don Martin Delgart, nombrada do-
ña María Delgart, y doña Mariana de Medina, hermana
de la declarante, qué significaban las insignias del esca-
pulario, respondió el dicho francés Diego de la Granja,
que la espada era para defender la fee, la llave era del
templo de Salomón, con las letras donde estaba encerrado
el secreto; y que preguntándole qué religión era ésta de
farmasonería, respondió que era una religión muy buena,
hermandad que tienen entre ellos, en la cual no se hace
daño a nadie, sino todo el bien que se pudiese; que
no es admitido en dicha hermandad persona pobre ni de
vicio de embriague:?, porque no declaren el secreto que se
profesaba en dicha hermandad; que si alguno estuviese
con indigencia de plata lo socorriesen todos, que se hacia
juramento de guardar secreto sobre los santos evangelios;
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CAPÍTULO XXVI 363
y que preguntándole si ésto de ÜEirmasonería se reducía
contra el sesto mandamiento, respondió con mucha ale-
gría, ésto es estar por comer bien, y se alegrar y estar
una cosa muy buena, y si usted quiere le dijo a la dicha
niña, le enseñaré la farmasonería, que también hay en
Francia muchas señoras en ella; que quando se recibía una
señora habia mucha asamblea, con la distinción que habian
dos fiestas, una de hombres y otra de mugeres, en la de los
hombres no entraban las mugeres, mas en la de las mu-
geres entraban los hombres; que deseando el rey de Fran-
cia saber de esta farmasonería, hizo que su hijo el delfín
la aprendiese, por saber el rey lo que contenia, lo que no
ha podido conseguir, porque el hijo, por el juramento que
hizo, no ha querido decirle nada.
»«Tambien dijo el dicho francés, que en esta ciudad ha-
bia quarenta farmasones, que nombró a uno que vive en
frente de La puerta de los judíos, nombrado don Esteban
Urrutia, de oficio mercader, que entrando en una ocasión
en la mencionada casa de doña María Delgart, con un
francés nombrado don Lorenzo Fiat, panadero de la cha-
carilla de los padres de la Compañía, dijo i'el señores tam-
bién farmason,!! a lo que respondió el dicho don Lorenzo:
no diga usted eso, que los farmasones son hereges, y lo
llevarén a usted a la Inquisición; y que a esto úlíimo no
se halló presente la declarante, mas se lo dijo doña Ma-
riana Medina, hermana de la declarante.
II Preguntada si hay algunas personas que sepan lo que
tiene declarado y dónde vive dicho francés Diego de la
Granja — dijo que el dicho francés vive en la calle de San-
ta Rosa, en casa de doña María Delgart, que el marido de
la dicha doña María nombrado don Joseph Zamur se
halló presente en dicha conversación, y también una mu-
ger nombrada Isabel del Molino; también dijo la decla-
rante que el dicho francés es de cuerpo espigado, de bue-
na cara, narigón, de ojos azules, colorado de cara y no
blanco, y de edad de treinta y tres años; que usa peluca
de pelo propio, con su bolsa, y que ésto es lo que sabe y
dice por descargo de su conciencia, y que todo lo que ha
dicho es verdad por el juramento que tiene hecho, y sién-
dole ley do, dijo que estaba escrito bien, y que no lo dice
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364 LA tKiil^ISlÜIdK 0B LniÁ
ípot'odio nilüak Volútttadqüe tenga o haya tenido a la
persona denunciada, sino por descargo de su conciencia:
éncargósele el secreto 'prometido y lo firmó con el dicho
padre maestro comisario — Fray Joseph Hurtado, comisa-
rio del Santo Officio — Inés Medina. — Pasó ante mí, Fray
Mariano de León, notario del Santo Oficio.
Siguieron declarando a este tenor hasta otros cuatro tes-
tigos, i en vista de lo acordado por el Inquisidor Jeneral,
las dilijencias actuadas se remitieron a Madrid por el mes
de febrero del año siguiente. Mas, pocos dias después, so-
brevino nueva denuncia de la Medina, espresando que el
iidicho Diego tenia sobre la mesa del cuarto un librito
pequeño con el forro prieto; y llegándose la declarante
a ver lo que contenia el dicho libro, no pudo entender
otra cosa que unas letras abreviadas donde decia: pregun-
ta y respuesta. Preguntóle la declarante qué contenia ese
librito, y para qué fin lo estaba trasladando a otro papel,
porque así lo halló la declarante quando entró a su quarto.
iiY le respondió el dicho Diego de la Granja, que en el
dicho librito estaban contenidas las cosas que pertenecían
a su asamblea, y que lo estaba trasladando para darle el
trasunto a ün sujeto, profesor de la misma facultad de
fracmason, el qual estaba para ir a su tierra, y que en
caso de no llevar esas insignias, no le abririan la puerta
de la asamblea, ni tampoco le darían entrada, y para que
este sugeto (cuyo nombre no quiso declararle el dicho
Diego de la Granja) consiguiera su intento, le daba un
traslado del original, el que mantenía en su poder, por si
acaso volviese a su tierra. Preguntóle la declarante cómo
se entraba en su asamblea, respondió, que dando señales,
que sin éátas no le abririan las puertas; las quales seña-
es eran: dar tres, cinco, siete golpes con la mano, la que
había de estar medio empuñada, esto es, medio abierta y
medio cerrada, y la palma para arriba. Preguntóle la decla-
i'anté que le dixese el modo con que se entraba y lo que
pasaba en su asamblea, y díjole el dicho Diego, que luego
que se daban los golpes en el orden espresado, se. abría la
puerta y se manifestaba un hombre muy respetuoso y se-
vero, él qüal pregunta al que toca a la puerta, qué es lo
que busca? y entonces responde el que toca, busco la luz,
i
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OAFÍTULO XSVI 36¿'
fondado en el evangelio que dioe pedidyiBe^ o» concederá;
y entonces dice el portero, para llegar a ver esa luz, hay
muchos trabajos que sufrir y tormentos que pasar. Aquí
díxole el dicho Diego a la declarante: los trabajos, que hay
que pasar aquí son, oscuridad muy grande, fuego sin verlo,
unos precipicios muy espantosos, como son ruedas de na^
vajas y amagos que causan mucho terror al que entra, que
por medio de estos tormentos se purifique y pase a ver la
luz. Así (dijo) que le sucedió a él quando entró a la dicha
asamblea, de suerte que le parecía que estaba en^ el mis-^
mo infierno, y que todo lo sufrió para purificarse y con-
seguir ver la luz por medio de estos tormentos, sin los
quales no se consigue esta gloria. Preguntóle la declarante
qué tiempo se mantenía entre esos tormentos el que se
iba a alistar a su asamblea, dijo, muchas horas se pasan en
ellos, y luego que se acaban se llega a ver la luz. Aquí^
qué gloria, qué consuelo! se entra en una hermosa sala y
en ella se manifiestan tres columnas: una al oriente, otra
al poniente y otra, al septentrión, en cada columna hay
un hombre vivo, y a cada uno de éstos le da prueba el
que se recibe ser de la asamblea:
H Pregunta el que está én la primera columna, qué es
lo que busca? y él da su respuesta; los otros dos también
le preguntan, y responde a cada uno de los dos lo que
solicita. Y preguntado el dicho Diego de la Granja por
la declarante qué preguntan eran las que hacían los de
las tres columnas, y sus respuestas, no quiso decirlas, solo
sí, se rió, y dijo, la señora Ygnacita pregunta bien; vol-
viéndole la declarante a preguntar, qué era lo que se tra-
taba en la asamblea, y en qué se instruian, no lo quiso
declarar, porque (dijo) estaban obligados a guardar todo
secreto, so pena de ser degollados, quemados y arrojadas
las cenizas al mar; todo lo qual lo advertía el maestro
que enseñaba en una hermosa cáthedra, el que^ encargaba
mucho el secreto bajo de las espresadas penas y el jura-
mento hecho sobre los evangelios. Y preguntándole la de-
clarante, después de lo referido, al dicho Diego de la
Granja, por qué razón en el recibimiento de las mugeres
concurrian los hombres, y no en el de loa hombres las muge»-
res, respondió que a las mugeres no se les cargaba el ri>
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366 LA INQUISICIÓN DE LtMA
gor de los tormentos que se practicaban con los hombres,
y con éstos, no por igual sino con el mismo orden, con los
ricos menos tormentos, y con los pobres mayores. Y acor-
dándose aquí de una muger que entró, se empezó a reir,
el dicho Diego, diciendo, que quando la dicha mu^er en-
tró a la asamblea, luego que vio la rueda de navajas, se
espantó y dijo, ay, ay, ay, ay. Preguntóle la declarante
si tenia noticia alguna de esta asamblea antes de haber
entrado, dijo que no, pero que desde que entró en ella
se hallaba mas seguro de salvarse que antes, y prosiguió
diciendo el dicho Diego, si yo guardara todos los requisi-
tos de mi asamblea, tenia tan segura la gloria y estuviera
tan cerca de ella, como estoy de aquí a mi cama, que no
dista de mí cuatro o seis pasos. Preguntóle, en fin, la de-
clarante para qué destino guardaba ese librito, quando
no se había de ir a su tierra, dijo que lo guardaba como
que era la principal insignia que habia de llevar a su asam-
blea en caso de irse a su tierra, y sin ella, aunque se ha-
llase en trabajos, no podía ocurrir a la luz, razón por que
no lo daba todo, sino solo un traslado.
iiY hablando la declarante después de ésto sobre las
erradas máximas en que vivían los judíos, le contó al di-
cho Diego que en esta ciudad habian quemado a una ju-
día, por no haber querido convertirse a la fe cathólica;
entonces le preguntó el dicho Diego, qué señora fué esa?
doña Mariana de Castro, díjole la declarante; a lo que dijo
Diego de la Granja: buena señora, que supo dar la vida
por no dejar su fe, hizo muy bien y he de ir a buscar donde
está esa heroína muger. Preguntada la declarante si le
vio o oyó decir otras cosas al dicho Diego de la Granja,
dijo que en otra ocasión, entrando el dicho Diego de la
Granja a la vivienda de la declarante, tomó un librito
que trataba de las ceremonias de la misa, que tenia sobre
su mesa; abriólo, y al instante lo cerró con grande golpe
y enojo diciendo, me enfadan estas estampas que hay en
este libro, y luego quiso disimular su dicho, dando por
razón que eran feos los rostros y mal pintados. Pregun-
tada la declarante si habían otras personas que hubiesen
oído los dichos, el dicho Diego de la Granja, (dijo) que
quando abrió el librito estampado de las ceremonias de la
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CAPÍTULO XXVI 367
missa y lo cerró con furia, se halló presente Pedro. Josef
Salguero; pero cuando dijo lo expresado arriba, no habia
persona alguna, pues pasó lo referido solamente entre él y
la declarante. Preguntada donde vivia el dicho Diego de
la Oranja, (dijo) ya no viviaen la casa de don Josef Zamar,
sino en la calle de la Chacarilla, que viene a ser la calle
donde está la puerta falsa del Estanco de tabacos, en una
caaita que tiene las puertas de la calle dadas de verde y
con unos clavos finjidos de color blanco; y a lo segundo
respondió, que el motivo de no haber venido, aunque lo
deseaba mucho, fué por haber estado bien enferma y ser
su casa muy distante, lo que ha hecho ahora por hallar-
se mejor, y que todo lo que ha dicho es verdad, por el
juramento que tiene hecho, y siéndole leido, dijo que es-
taba bien escrito, y que no lo dice por odio, ni mala vo-
luntad que tenga o haya tenido al denunciado, sino por
descargo de su conciencia; encargósele el secreto prome-
tido, y lo firmó con el padre maestro Coriiisario.ii
Con estos antecedentes, se trató en el Tribunal de des-
pachar mandamiento de prisión, con secuestro de bienes,
contra el denunciado; pero en esas circunstancias el Virei
despachó al reo para la Península, en mérito de ciertos de-
litos ajenos a la fe*^
Debemos citar también en este lugar otra orden, datada
en 13 de julio de 1758, en que, a instancias del Inquisidor
Jeneral, el Rei habia dispuesto que se estuviese a la mira
de los herejes que con real permiso estaban en las fábri-
cas españolas: «'con cuya ocasión hacemos presente a V.
A., decian los ministros de Lima, seria muy conveniente
se celase con particular cuidado en la Contratación de Cá-
diz que no pasen a este reino en los frecuentes navios de
permiso que se despachan los muchos estranjeros que se
conducen entre la tripulación de ellos, sin total certeza y
comprobación de ser católicos, en especial los que son de
naciones que profesan la herejía libremente, pues algunos
de éstos se han reconciliado a nuestra dilijencia con la
19. Lagrange despaes de permanecer preso algún tiempo en la cár-
cel pública de Cádiz, f oé paesto en libertad, i estaba ya contratado como
médico de nnoe cómicos <}ue se hallaban de partida para el Callao, coan*
do fué de nuevo denunciado i aprehendido.
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368 LA mqmsíCKm'BE lima
Santa Mésía Católica^ y otros muchos ¡no la han ejecuta^
do> quedándose no pocos^ ocultos en estes provinciaa» sin
ser posible contenerlos a bordo en el largo tiempo que se
demoran los navios, aunque lo procuramos: cuyo inconve-
niente es taU' grave como se deja considerar, de mas del
que resulta y puede provenir en lo político de cualquiera
venida, de estranjeros alas. Indias.»^
Esta representación mereció la mas favorable acojida
del fiscal del Consejo, recomendando que en caso de conr
cederse alguna licencia a algún estranjeix», se diese noticia
al Tribunal de Lima, upara que éste investigue si es. cató-
lico cristiano, hijo de padres cristianos, o si hereje, o recien
convertido, para que a éste no se le permita usar de la li-
cencia^ representando a V. M. los- inconvenientes que se
pueden seguir de semejantes permisiones, n
Por las causas que mas atoas quedan espresadas, no es
de estrañar que los trabajos del Tribunal en asuntos to-
cantes a la fe hubiesen sido casi nulos durante este último
tiempa Es verdad que en 1757 se habia celebrado un au-
to particular^'; mas, durante los años de 1759 i 60, solo.
se habian despachado en la sala de audiencia^ i eso a puer-
tas cerradas, tres causas de» solicitación en el confesonario:
una contra Vicente Gómez de Castilla, presbítero,, natural
de Cuenca, en el reino de Quito; otra contra el limeño Fr.
Diego Montero, de los Mínimos de San Francisco de Pau-
la; i por fin, la del . franciscano de Chuquisaca Fr. Diego
Chacón.
Después de tanto tiempo, »»habiendo lo» señores Inquisi-
dores despachado algunas causas secretamente, por el ca-
rácter de los reos y naturaleza de sus delitos, y teniendo
conclusas y votadas otras seis, cuya noticia podia salir al
público, determinaron celebrar auto particular de fe el dia
6 de abril de 1761. Pasó a noticiarlo al Exmo. señor Vi-
rey de estos reinos el señor inquisidor fiscal, y S. E., con.
el innato amor que profesa al Santo Oficio y al bien públi-
co, que tanto depende de la conservación de la purega de
20. Carta de 8 de febrero de 1760.
21. Este hecho consta de una Carta de los Inquisidores de 9 de abril
de 1761) i aunque ignoramos los nombres de los reos aue eA el auto fL*^
gnraron, puede aseverarse que debieron sen muí conmos*
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CAPÍTULO XXVI 869
nuestra sagrada religión, lo celebró con atentas espresio-
nes de obsequio al Santo Tribunal, ofreciendo de la tropa
de infantería y caballería la que fuere menester y todo lo
demás que pudiese conducir al mas autorizado lucimiento
y decencia de la función.
«»La estación del tiempo todavía ardiente y otros justos
motivos movieron a los señores Inquisidores a que por la
ruina de la capilla tuviesen el auto en la sala de audiencia,
a puerta abierta. Mandaron citar a todos los ministros del
Santo Oficio, oficiales, consultores, calificadores , comisa-
rios, varones honestos y caballeros familiares, que compu-
sieron un respetuoso concurso, a que se agregaron otras
muchas personas de la mas distinguida calidad, a quienes
convidó el celo a las cosas de nuestra santa fe católica; y
fuera de dicha sala, concurrió innumerable jente de todas
clases, sin que hubiese habido desorden, por las premedita-
das disposiciones de los señores Inquisidores, cuya dilij en-
cía previno todos los medios de evitarle.
"A la hora señalada, que fué la de las ocho de la maña-
na de dicho día 6 de abril, se empezaron a leer las relacio-
nes de las causas siguientes*^:
Fr. Diego Pacheco, relijioso corista, espulso del con-
vento de San Francisco del Cuzco, su ciudad natal, por
haber celebrado misa, oído de confesión i solicitado ad
turpia a varias mujeres i admistrado la estremauncion
repetidas veces, salió con sambenito de media aspa i de-
mas insignias de estilo, para abjurar en seguida i partir
desterrado a Juan Fernandez perpetuamente, a ración i
sin sueldo, después de salir a la vergüenza;
Matías Ponce de León, oriundo de Tucuman, por haber
dicho dos misas, siendo laico; Francisco de Toro, mayor-
domo de una hacienda, el mestizo Juan de Salas i Rafael
Pascual de Sedaño, de Cádiz, todos por dos veces casados;
i, finalmente, Francisco Moyen.
Era éste un fi-ances que habia sido aprehendido en Po-
22. La relación de esta ceremonia se imprimió en Lima ese mismo
año, cou el título de Relación del auto particular de Fee^ celebrado en el
Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lima el dia 6 de abril de
1761, 4.*^, 6 hojas, i ha sido reproducido por Odriozola en el tomo VII,
páj. 410, de sus Documentos láerarios del Perú,
TOMO n 24
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370 LA INQXnsIOION DE UMA
tosí, en virtud de la denuncia que copiamos a continua-
ción:
»»En la villa de Potosí, en treinta dias del mes de mar-
zo del año de mil sietecientos cuarenta y nueve, a horas
quatro de la tarde, ante el señor doctor don Joseph de
Licaraza Beaumont y Navarra, cura rector propio mas
antiguo de la Santa Iglesia Matriz, consultor del Santo
Oficio de la Inquisición y comisario de él en ella, y juris-
dicción de su distrito, pareció sin ser llamado un hombre
español, de el qual, estando presente, fué recibido jura-
mento por Dios nuestro Señor y una señal de cruz de que
dirá verdad de lo que viene a declarar y le fuese pregun-
tado y guardar secreto de ello; y dijo llamarse don Joseph
Antonio de Soto, soltero, natural de la villa de Redonde-
la en el reyno de Galicia, residente en esta villa y comer-
ciante en ella y otros lugares de este reyTio y el de Chile,
de edad de veinte y nueve a treinta años, el qual por
descargo de su conciencia dijo y denuncia que el dia
quince o diez y seis de marzo del presente año de mil se-
tecientos cuarenta y nueve, en el parage de Pumaguasi
o Rio Blanco, que está en el camino real de la ciudad de
Juxui a esta villa, y en el marquesado de Tajo de la pro-
vincia de Tucuman o Chichan, y distrito de la Real Au-
diencia de los Charcas, donde el denunciante hizo real, en
mansión y compañía de don Diego de Alvarado, sugeto
comerciante de la carrera de Buenos Ayres a esta villa,
de el doctor don Diego Martínez de Iriarte, clérigo diáco-
no, entrambos residentes al presente en esta dicha villa,
y viven juntos en la calle de San Agustín; y don Fran-
cisco Moyen, de nación francés, oriundo de la corte de
Paris, que al presente reside también en esta villa, hospe-
dado en casa del coronel don Antonio Rodríguez de Guz-
man, por bajo de la plaza principal, en la calle de Santo
Domingo; habiéndose armado en dicho parage, entre siete
y ocho de la noche, una tempestad de truenos y relámpa-
fos, dijo que temeroso de estar en compañía de dicho
ranees, porque recelaba algún castigo de la ira divina,
por los delirios que le habia oido contra nuestra santa fee
cathólica, como tiene denunciado en este Sato Tribunal,
se apartó de la carpa donde estaba dicho francés, y se fué
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CAPÍTULO XXVI 371
a la del enunciado doctor don Diego, en fin de pregar en
su compañía a Dios por la evasión de aquel peligro, {co-
mo lo hizo) y que después de serenada, habiendo vuelto
en compañía de dicho doctor a la carpa donde estaba el
citado don Diego con el referido francés, entraron dicien-
do; gracias a Dios, que nos hemos librado de esta tempes-
tafl; a que respondió don Diego dieiéndolea ai hablan
estado rezando, y respondió el declarante que sí, y para
cuyo efecto se habia apartado, y que a ésto dixo el
mencionado francés, cuya estatura es proporcionada, gor-
do, carifarto, de barba copiosa, cerrada y rubiaj blanco,
chaposo y nariz roma, labios gruesos, ojos grandes y tra-
viesos, con una señal de cuchillada en la quijada izquier-
da hasta el estremo de la boca: en vano ^e cansan ustedes
en rezar, pues, como he dicho, no son capaces loa hombres
con sus oraciones de hacer que Dios derogue lo que una
vez tiene determinado; a que el mencionado doctor se le
opuso con razones y también el declarante, diciéndole que
si la ira de Dios no se aplacase con las oraciones y com-
punción de loa hombrea, serian vanas y inútiles las que
nuestra Santa Madre Iglesia nos enseñaba, los conjuros y
demás remedios que ordenaba, con cuyo uso les habia
persuadido muchas veces la experiencia, su eficacia; y que
a todo respondía el mencionado francés haciendo fizga y
menosprecio, y conforme se iba hilando la declaración,
engarzaba sus errores diciendo que no tenia el Pontífice
facultad para conceder indulgen citis, y que éstas eran una
quimera y patarata, como el que el Papa fuese cabeza
universal de la Iglesia, y que a éste se le debiese obedien-
cia, pues no era posible el que a un solo hombí^ se le
sugettusen tantos, y mas cuando éste concitaba tropíis a
favor de unos príncipes o monarcas contra otros, Y que
habiendo todos los circunstantes, con las rajones de que
podían y les dictaba su christi andad, impunándole sus
detestables errores, hacia fizga y menosprecio de todoj
concluyendo con decir, ah! si ustedes leyeran los libros
escritos en idioma francés que yo he leydo, qué bien se
desengañaran ustedes; a lo que el declarante le dijo:
munsieur, esos libros no deben de leer los católicos, ni
nuestra España los admite, porque tenemos un Santo Tri-
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372 LA IKQÜXSIOIOK BE LIMA
bunal de Inquisición que solo permite correr los libros
saludables a la christiandad y conformes a nuestra santa
fee cathólica, y que a ésto respondió el citado francés,
ustedes hacen mucho blasón y alarde del Tribunal de In-
quisición que tienen, siendo así que es un Tribunal que
sin justificación alguna y sin oir descargos pasa a castigar,
como lo observé en Lisboa. Y que a esto respondió el de-
clarante: yo no he estado en Portugal, pero sé que éste
es un Tribunal justificadísimo, que no pasa a imponer
castigo o pena sin que antes se halle plenamente probado
el delito, procediendo en todo con mucha circunspección,
sigilo y rectitud, usando al mismo tiempo de piedad y
misericordia con los arrepentidos que detestaban sus erro-
res, y de rigor y tirantez con los contumaces y rebeldes,
y que habiendo apoyado esto mismo el citado don Diego
de Alvarado, calló el mencionado francés, y que conti-
nuando la conversación, dijo también dicho fr^ices, no se
acuerda con qué ocasión, que parecia que Dios habia erra-
do en la creación del hombre, pues sabiendo que habia de
ser infiel y ofenderle, lo habia criado; manifestando en
ésto como ingratitud a los hombres respecto a los que
daba el ser para condenarlos. Y que a ésto le hizo impug-
nación el mencionado doctor don Diego, con razones que
se acuerda, y que a ellas replicaba el referido francés muy
fervorÍ9ado y tenaz en sus dictámenes, sin convencerse; y
que también le dijo el declarante, que los mismos hom-
bres por sus culpas eran causa de su eterna condenación,
y que como hubiese escuchado que el citado francés para
prueba de sus errores, citaba testos de la sagrada Escriptu-
ra, le dijo, por último, el denunciante, enfadado: ustedes
los hereges interpretan las sagradas letras como quieren,
y dan a los lugares el sentido que les parece para aludir a
sus errores; y con ésto se salió de la carpa, dejando eñ ella
al referido francés, quien también quedó disgustado. Pre-
guntado quienes se hallaron presentes a todo lo ocurrido,
respondió, don Diego de Alvarado, doctor don Diego Mar-
tínez de Iriarte y don Antonio Ruiz, andaluz, que se
halla hospedado en la calle de la Comedia y casa de don
Manuel de la Cueva, en esta villa; y preguntado si el pre-
dicho francés, quando dijo todo lo que tiene enunciado
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CAPÍTULO XXVI 373
eíítaba o nó en su sano juicio, • - . ; y que todo lo que ha
dicho es la verdad por eí juramento que tiene fecho, v
siéndole ley do, dijo que estaba bien escrito, y que no lo
dice por odio ni mala voluntad que tenga y haya tenido
al denunciado, sino por descargo de su conciencia, íi
Siguió el Comisario tramitando el proceso durante un
año, i una vez terminadas las dilij encías del sumario, en-
vió el reo a Lima, adonde llegó éste después de un viaje
de dos años. En la primera audiencia que le concedieron
los Inquisidores, dijo ser de edad de treinta i dos años,
comerciante, músico i pintor, que no tenia hijos ni era ca-
sado; que su padre habia sido músico de la real cámara;
que habia estudiado matemáticas con un maestro que le
tenian en la casa, i por fin, la esgrima. A los diezisiete
años, con licencia de su padre, haoia partido para Santo
Domingo, pero solo habia alcanzado hasta Nantes, donde
habia vivido de los recursos que se proporcionaba con su
violin. En 1738, partía para las Indias Orientales, de
donde regresaba al cabo de dieziocho meses para pasar
a Santiago de Compostela i a Lisboa, donde pudo frecuen-
tar el palacio real i hacerse de algunas relaciones entre la
jente noble. Habiendo muerto su abuelo, habia regresado
por poco tiempo a Paris, para volverse en seguida a Lis-
boa i enbarcarse para Rio Janeiro, de donde poco después
volvia a Lisboa para tornar nuevamente al Brasil i a Bue-
nos Aires. En esta última ciudad habia tenido un desa-
fío con el correjidor que estorba provisto para Potosí, dán-
dole una cuchillada en el rostro, que le obligó a asilarse
en el convento de Santo Domingo, de donde fué sacado
por la justicia. A mediados de 1748, podía, sin embargo,
salir en compañía del futuro correjidor de Porco i de seis
o siete personas mas entre chapetones i criollos, con direc-
ción a Potosí, adonde se encaminaba a levantar el plano
de un injenio de metales. Contó también alK a los jueces
las terribles peripecias i amarguras sin cuento que habia
debido esperimentar en el camino desde que fuera preso
hasta su llegada a las cárceles secretas. Por lo demás, no
negó lo de que se le acusaba. Calificáronsele trece proposi-
ciones, i después de otros tantos años de prisión, salía en
el auto en forma de penitente^ con sambenito de media
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374 LA INQUISICIÓN DE LIMA
aspa, coroza, soga al cuello, mordaza en la lengua i vela
verde en las manos, abjuró de vehementi, fué absuelto ad
cautelara^ con confiscación i perdimiento de la mitad de
sus bienes, i perpetuo destierro de América i corte de Ma-
drid, por diez años, que debia cumplir en uno 'de los pre-
sidios de África o en una casa de penitencia de Sevilla.
Al dia siguiente del auto, salia todavía a la vergüenza, es-
capándose de los doscientos azotes que se le habian manda-
do aplicar, así como antes, del tormento, por el achaque de
gota coral de que padecía.®
23. Amusquibar se creyó en el caso de dar esplícaciones al Consejo
acerca de la larga duración de este pi'oceso, apuntando como justifica-
tivos, las competencias en que se habia visto envuelto, sus propias en-
fermedades i la gota coral de que adolecia Mojen, i, por fin, que el abo-
gado del fisco, a quien se habia encomendado la defensa, habla estado
siempre muí ocupado con otros quehaceres de su oficio. Carta de d de
abril de 1761. El Consejo no aceptó semejantes escusas, i, por el con-
trario, en carta acordada de 14 de febrero de 1762, espresaba al Tribu-
nal de Lima, «que los diez afios que han corrido desde la prisión del
reo hasta su sentencia, es dilación excesiva y grave omisión del Tri-
bunal.]»
La causa de Moyen fué dada a conocer por el señor Vicuña Mac-
kenna en un folleto dado a luz en Valparaíso en 1868, con q1 titulo de
Francisco Mof/en, o lo que fué la Inquisición en América, traducido al
ingles i publicado en Londres al año siguiente por James W. Duffy.
El señor Vicuña ignoraba cual hubiese sido el destino posterior del reo,
acojiendo la tradición de que habia perecido en el naufrajo del navio
San Juan Bautista, en que fué embarcado. De los documentos del ar-
chivo de Simancas consta que Moyen llegó a Cádiz en noviembre de
1761, de donde fué trasladado a Sevilla en el siguiente mes, para ser
mas tarde remitido a Oran, donde se le eximió de servir a ración i sin
sueldo.
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CAPÍTULO XXVII
Auto particular de fé de 1.® de setiembre de 1773. — Causas falladas
por el Tribunal hasta fines del siglo pasado. — Reos procesados por
lectura de libros prohibidos. — Ati-asos que esperimentan las rentas
del Santo Oficio. — Datos acerca de algunos de sus ministros. — Pé-
nense a venta los oficios de la Inquisición. — Se procesa i suspende al
^inquisidor Pedro de Zalduegui. — Ultimas causas de fé. — Supresión
del Santo Oficio. — Inventario de sus caudales i efectos. — Saqueo de
sus oficinas por el pueblo.— Restablecimiento del Tribunal. — Su abo-
lición definitiva.
Uno de los últimos autos de fé de que haya constancia
en los documentos que nos han servido para la compaji-
nacion de este libro, fué el que se celebró el 1.® de setiem-
bre de 1773 en la capilla del Tribunal, con presencia de
ocho reos, solo de dos de los cuales conocemos sus nombres
i delitos: José Joaquin Santistéban i Padilla, arequipeño,
por haber predicado, celebrado misa i oido de confesión
sin ser sacerdote, i José Calvo de Arana, natural de San
Lúcar, por bigamia.^
Un examen atento de los papeles que se conservan de
esta época, hasta la estincion del Tribunal, nos permite,
sin embargo, añadir todavía a la ya larga lista de nombres
que tenemos apuntados, los de las personas siguientes.
En 1759 fué acusado de hereje el francés Pedro Fos,
natural de Grenoble, hijo de padres protestantes, cocine-
ro de oficio; habiéndose suscitado en su causa tal discordia
que mientras el Ordinario pretendia que se le considera-
se como hereje formal, Amusquíbar i Grillo sostenían que
1. Caria de López Orillo de 15 de diciembre de 1778.
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376 LA INQUISICIÓN DE LIMA
debía admitírsele a reconciliación, disintiendo el primero
en cuanto a la confiscación de sus bienes (que ascendían
a cinco mil pesos) por cuanto era hereje nacional i no fac-
to, como quería el Ordinario, apoyándose en que ya se le
habia informado de que la fé de la Iglesia católica era la
infalible.
En Quito, un jesuíta era obligado, en 1761, arecojerun
sermón que habia publicado, advirtiéndosele que no lo
reiterase i que se abstuviese de predicar durante un año,
lo que motivó de parte de la Orden una apelación a Es-
paña.^
Ese mismo año se denunció el teniente cura de Cuyoa-
V can por solicitaciones, siendo penitenciado diez años mas
tarde.
. En 1762 se procesaba al jesuíta Mateo de los Santos,
^ que se hallaba en Roma, también por solicitante.
En 1769 se remitió al Consejo la causa de José Cam-
borda, natural de la Mancha, denunciado de que estando
en cierta casa había dicho que los jesuítas eran herejes,
que San Ignacio no era santo, i que en el bolsillo andaba
trayendo con que probarlo. En la declaración jurada que
prestó con este motivo dos años mas tarde, se afirmó en
lo dicho, iipues admitían a tantos de las naciones infectas,
habiendo leído en un Mercurio de España, que los jesuí-
tas hacian voto con espresion de no obedecer a los mo-
narcas, ni al Papa, sino en cosas de misión, lo que era
herejía conocida; y en cuanto a San Ignacio, negó que
hubiese dicho que no fuese santo, sino que tras la imájen
del Santo, en un cuarto de un jesuíta, se habia hallado un
papel en que se decía que habia sido canonizado a empe-
ño de muchos monarcas .... Y visto que escluye toda
sospecha, se le advirtió que escuse iguales conversaciones
con todo j enero de personas y especialmente con jente
laica. II
En 1771 se denunció al negro José Feliciano de la Oli-
va, penitenciado ya por superticioso, i que hubo de serlo
mas tarde en 1779.
Aquel mismo año, el franciscano limeño Manuel de Col-
2. Carta de Zopeá Orülo de 9 de didmbre de 1763.
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CAPÍTULO XXVII 877
menares, cuya causa se mandó suspender en 1778, fué
testificado de solicitante por varias mujeres i, entre otras,
por una lavandera de diezinuve años de edad, que le acu-
saba de haberle dicho en medio de su confesión. nMe has
descompuesto, me has hecho mucho daño, me has muer-
to, tú eres muy ardiente; ¿quié te tentó a- que vinieras
aquí? II
En 17 de marzo de 1772, el Tribunal remitió la causa
de María de Jesús Cornejo, alias la jabonera, por hechi-
cerías. Fué esta mujer denunciada en Lambayeque, en
enero de 1756, por Luisa Guerrero, casada, de cuarenta
años, quien nen descai-go de su conciencia, n la acusó (íe que
tenia tratos con brujos, que usaba de unos polvos amari-
llos que le llevaba un mestizo serrano, con los cuales vio
que se untaba ella y varios amigos, y que preguntada por
la eficacia de esta receta, dijo que era para no estar pobre
y para que los hombres la quisiesen; que estuvo en ilícita
amistad con un hombre que se hallaba para casarse, de
quien dijo que no lo habia de hacer, y en efecto el novio
vino después donde ella, y que a poco después de entrar
a su casa se supo que estaba moribundo a causa de cierta
bebida que le diera en un mate; que una noche se la habia
encontrado en una rueda de indios, en figura de tigre,
bailando y mochando en lo oculto de unos bosques; que
habia dado a guardar a cierta mujer un talego i que abrién-
dolo éstA por curiosidad, habia encontrado dentro uñas,
cabellos, piedras y otras cosas, de cuyo hallazgo sintió la
Cornejo pena estremada, diciendo que ya no se casaria
con ella el sujeto a quien amaba y que antes la aborrece-
ría; y tenia una piedra negra redonda con la cual refrega-
ba a sus hijas para que las quisiesen, hasta tanto que la
piedra sudaba gotas gordas; que tenia amistad con un bru-
jo de la tierra a quien hacia muy buen agasajo, y que ca-
da vez que venia limpiaba las paredes con un gallinazo
para tener buena fortuna; etc., etc.
Recibidas las declaraciones de los testigos, el Tribunal
mandó calificar los hechos a los principales frailes, teólo-
gos i doctores de la Universidad, quienes se pronunciaron
por que la mayoría de ellos eran supersticiosos i la reo vehe-
mentemente sospechosa en la fe, con lo cual )a jabonera
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378 LA INQÜl^SIOION DB LIMA
fué puesta en la cárcel i a buen recaudo. Era entonces como
de sesenta años, dos veces viuda, mediana de cuerpo,
gruesa, de grandes ojos azules, »«a quien habiéndola rejis-
trado el alcaide, no le halló cosa alguna de las prohibidas.»
Declaró que era católica, que como tal se confesaba i co-
mulgaba; signóse i santiguóse, dijo el pater noster, ave-
maria, credo i salve en romance, i en cuanto a sospechar
la causa de su prisión, que seria porque viviendo en malas
relaciones con una hija suya don Pedro Albo, la Guerrero,
envidiosa de tan buena fortuna, le gritaba públicamente
que era una hechicera, bruja arbolaria, i que no habia de
paraif hasta ponerla en el Tribunal. Mas, quiso la buena
suerte de la acusada que fuese defendida por el Marques
de Casaconcha, que tomando con celo su defensa, justificó
que todo debia atribuirse a imajinacion de mujeres.
En 1776 se denunció por blasfemo a un esclavo de Gui-
llermo Miquena (Mackenna), siendo su causa fallada cua-
tro años mas tarde.
En 1777 fué acusado José González de la Cámara por
doble matrimonio, i penitenciado en 1781.
En 1778 fué testificada de supersticiosa i curandera la
negra Juana Echavarrfa i salió en un autillo que tuvo lu-
gar en la sala de audiencia al año siguiente, en compañía
del negro Pedro José Zavala, guayaquileño, a quien se
denunció en Guamanga por blasfemo, i de Paula Molina,
alias la »»pan i queso,» casada, pescadora, por supersticio-
sa, embustera i jactanciosa.
En el año de 1779 se procesó a Fr. Fracisco Bueno,
misionero de Ocopa, por solicitaciones hechas en Córdoba,
i.al presbítero José Ignacio Gutiérrez por hechos análogos
\. ocurridos en Tarija. También lo fué en lea, por el mismo
motivo, José Manuel Basualdo, pero su causa solo se falló
^^en 1794.
En 1782 se penitenció en Lima por polígamo a Bernar-
do Idobro Cabeza de Vaca.
Por estos años ocurrió, según parece, una nueva com-
plicidad de judaismo, pues en 1774 escribia el Tribunal
que las solas causas que habia pendientes eran trece de esta
especie, *ide ninguna sustancia, y las dos restantes, agregar
ba, poca esperanza de adelantar su justificación. nNombrá-
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CAPÍTULO xxvn 379
banse los reos Amaro de Sosa, Gi iria Nomhela, Anto-
nio üribaldo, Agustín Ortiz, Fr, Ja\ier Olivos, espulso de
San Francisco, Antonio Cava, Francisco Blanco, Bernardo
de Silva, José Fernandez, Juan Dorado, Antonio Correa,
Rosa Argote i María Bravo.
De los procesos de esta época fueron sin duda los mas
notables los seguidos a algunas pei'sonas por lo referente
a liliros prohibidos.
En virtud de orden del Inquisidor Jeneral, en 20 de
octubre de 1748, el Tribunal mandó suspender las licen-
cias concedidas a algunas personas para leer semejantes
libros, i es lo mas que probable que se cumpliese al pié de
la letra con esta disposición, pues en los anales del Santo
Oficio no encontramos espediente alguno sobre esta mate-
ria, hasta el año 1782, en que ocurrió la denuncia de San-
tiago de Urquizu.
Era éste un joven de edad de veintiocho años, balanza-
rio de la Casa de Moneda de Lima, e hijo del oidor decano
de la Audiencia, don Gaspar de Urquizu Ibañez. Su padre,
que lo destinaba a j^gurar en la Península, con solícito afán
habia durante muchos años compartido su tiempo entre
el Tribunal i la educación de su hijo, a quien, fuera de la
enseñanza común, habia instruido en la física i matemáti-
cas. El joven, por su parte, correspondió bien a estos es-
fuerzos, i durante las largas horas que pasaba en la mui
surtida biblioteca del oidor, manifestó especial inclinación
a las obras relijiosas, estudiando el griego i el latín para
leer en sus orijinales las obras de los Padres de la Iglesia,
sin olvidarse de rezar las horas canónicas, con el propósito
de hacerse mas tarde sacerdote. El demasiado estudio, sin
embargo, hubo de ocasionarle tal decadencia en su salud que
se le aconsejó buscar alivio en pasatiempos i en la sociedad
mundana, concluyendo por jugar de cuando en cuando,
asistir a comedias i frecuentar jente divertida. Deseando
hallar apolojía a su conducta, quiso seguir en materia de
lecturas un camino opuesto al que llevara en un principio,
encontrando luego medios para procurarse algunos libros
prohibidos, i, entre otros, algunos que compró al correjidor
de Guaylas; i entregándose, por fin, a largas conversacio-
nes con cierto fraile dominico de vida non sancta, pronto
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380 LA mQuisioioif db lima
se apoderó de él el arrepentimiento, i, siguiendo sus impul-
sos, se fué a delatar al Tribunal, el cual le mandó entregar
todos los libros prohibidos, le hizo confesarse, entrar a
ejercicios i rezar de rodillas el rosario, etc., etc.
No es menos curioso lo que le ocurrió a Fr. Diego de
Cisternas, monje de San Jerónimo, a quien se le quitaron
las obras de Voltaire, que fué denunciado por el padre
Juan Rico, de que habiéndole ido a visitar le habia mos-
trado aquellos libros, que tenia en lo alto de un estante,
i otro en que con estremada insolencia se satirizaba al
Santo Oficio por las prisiones injustas qne acostumbraba,
i alguno contra los jesuítas i a favor de Jansenio. Se le
habia ademas oido "darse por uno de aquellos espíritus
singulares que conocen en verdad a Jesucristo i a su
relijionir contra el común de los maestros; se d^cia que
siendo confesor de una beata le atribuia haber conocido
a Dios antes de nacer i haber sabido por ciencia infusa
las obras de los Cantos Padres; que el demonio la habia
convertido durante un año en piedra de Guamanga, ha-
biendo también concebido un hijo ^ este espíritu ma-
ligno; que habia asistido a los moribundos predestinados
del ejército español que peleaba cerca de Arjel; i, por fin,
que habia sudado sangre i muerto muchas veces para re-
sucitar otras tantas por un milagro perpetuo de la provi-
dencia.
Como Cisneros se hallase en íntima amistad con el oi-
dor José de la Portilla, cuyos dictámenes seguía el Virei,
apesar de estar el fraile tildado de espíritu inquieto i ca-
viloso i de poco afecto al Santo Oficio, uno de los Inqui-
sidores, después que le quitaron los libros, fué a visitarle
"para darle satisfacion,» lo que no impedia que el mismo,
en carta al Consejo lo calificase en aquellos términos i pi-
diese que se le mandase retirar a sus claustros.^
Hízose también proceso, por lo tocante a esta materia
contra el asesor del Virei don Ramón de Rozas, de que da-
remos cuenta en otro lugar; i, finalmente, contra el Barón
de Nordenflicht, que habia pasado al Peni en comisión del
Reí para el estudio de las minas, i con licencia especial,
8. Carta de Abarca i Mati^nzo de 15 de diciembre de 1786.
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CAFÍTOLO ZXVH 381
qad llegado el caao exlubió, para poder leer. M Tribunal di6
cuenta de que el Baron^ abusando del permiso, no solo leía
sino que también prestaba libros prohibidos, previniéndo-
se por el Consejo que si el denunciado no se abstuviese
de semejante conducta para lo sucesivo, i^se procediera
contra él a estilo del Santo Oficio, advirtiéndosele que
aun cuando permaneciese en el dia en la relijion luterana,
no tenia licencia ni estaba autorizado para prestar a nadie
libros prohibidos en los dominios de 8. M.h*
Aparte de estos incidentes, podemos apuntar que aun
en 1787 se anunciaba el envío de cinco causas, contra Fr.
Nicolás de Zumaran, mercenario, i Fr. José Hurtado de
Mendoza, dominico, por solicitantes; contra Fr. Pedro Mo-
Uinedo, por falso celebrante, i contra Jpsé García i Lean-
dro Jofré, por bigamos.
En Córdoba, una beata denunció en 1790 al clérigo
Fermín de Aguirre, por haberla solicitado en el confeso-
nario, por lo cual se le condenó, tres años mas tarde, a oír
la lectura de su sentencia, sin bonete ni cinto, en presen-
cia de doce sacerdotes, debiendo ademas abjurar de levi i
llevar otras penitencias.
Por proposiciones fué encausado en 1791 Femando de
Rivas, soldado de Buenos Aires, i en el año siguiente, Fr.
Joaquín Mana Albo, alias don Joaquín Cabrera, natural
de Ibarra, relijioso corista de la Merced, por haberse ca-
sado.
En Quito se procesaba por proposiciones hereticales al
francés Pedro de Flor Condamine, sobre el conocimiento
de cuya causa se había trabado una competencia entre el
comisario i el alcalde ordinario en 1791, que el Consejo,
estando ya el reo votado a prisión en Lima, mandó suspen-
der en 11 de febrero de 1793.
En 7 de agosto de 1804 se denunció a José Arbíte, viz-
caíno, soltero, de treinta años, de que negaba que hubiese
Dios, infierno ni santos, i apesar de que el fiscal pidió
auto de prisión contra él, no se accedió a ello en un prin-
4. Orden de 19 de noviembre de 1801. Lo (jne no pudo entonces el
Santo Oficio lo realizó mas tarde una señora chilena que impuso al Ba-
rón, como condición previa para entregarle su blanca mano, que renun-
ciase a la relijion luterana.
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382 LA INQUISICIÓN DB LIMA
cipio, creyendo hubiese colusión entre los denunciantes;
mas, formalizada la acusación i despachado mandamiento,
el gobernador de Buenos Aires se negó a darle cumpli-
miento.
Si tan notable decaimiento se hacia sentir en orden a
las causas de fe, iba también haciéndose manifiesta la dis-
minución que esperimentaban las rentas del Tribunal. A
principios de 1777 se debian a los ministros mas de vein-
tiún mil pesos de sus salarios; i apesar de laa activas dili-
jencias que el receptor practicaba, no perdonando jestiones
oficiosas ni embargos, no se conseguian las cobranzas, por-
que luego se formaban concursos de acreedores que dila-
taban los juicios por diez i veinte años, ya por estudiada
morosidad de los ocurrentes, ya por falta de compradores
de los fundos.
Las casas de los inquisidores no estaban tampoco ter-
minadas, i alguna en tal estado, que López Grillo se habia
visto obligado a alquilar una para si, distante una cuadra
del Tribunal.
Dimanaba la decadencia de las rentas, de que con
el terremoto de 28 de octubre de 1746 se rebajaron
los censos, que redituaban el cinco, al tres por ciento;
de que ya no tenian lugar las pingües condenaciones
que durante tanto tiempo se hablan aplicado a los
reos; i a que las canonjías supresas no producían lo que
de antes. La de Quito estaba debiendo cerca de die;^ mil
pesos, once mil la de Trujillo, i aun hasta la de Arequipa,
que habia sido siempre la de mas consideración, con la
baja de precio de los frutos, habia esperimentado notable
quebranto. La contribución para la Orden de Carlos III, i,
por último, el establecimiento de los derechos de aduanas,
eran de por sí, decían los ministros, no pequeñas causales
para la ruina del vireinato; que si llegaba a fundarse, co-
mo se pensaba, el de Buenos Aires, ni aun quedaría renta
suficiente para dos inquisidores, 1 1 porque se establecerá el
comercio en aquella ciudad, donde se llevarán los cauda-
les, y ésta de Lima quedará en lamentable pobreza, hecha
una Galicia, n*
5. Carta de 8 de febrero de 1777.
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CAPÍTULO xxvn 383
Con el terremoto ocurrido en todo el distrito del Cuz-
co el 13 de mayo de 1784, las canonjías de la Paz, Are-
quipa i de aquella ciudad, produjeron todavía menos, de
tal modo que se hizo indispensable urjir porque se supri-
miese la plaza de un tercer inquisidor, i aun llegó a facul-
tarse al Tribunal para vender nías posesiones i otras cosasir
i poder pagar a los ministros sus salarios por trimestres
anticipados.**
Sin embargo, esta visible decadencia del Santo Oficio
en el número de causas i sus calidades^ podia considerarse
insignificante al lado de lo que estaba pasando en su mis-
mo personal. Amuaquíbar habia fallecido el 21 de abril de
1763, de tercianíiSj desintería i fiebre, con opinión, según
sus colegas, nde justo, santo, padre de pobres, i sin mas
hábito que un tosco sayal a raiz de las carnesn;^ i en su
lugar se habia ascendido a López Grillo, quien después de
treinta i dos años de servicioSj espiraba^ a su vez, de una
parálisis, que le había durado veinte dias, en la noche del
2 de febrero de 1777/ El 19 de junio, por fin, moria de
tisis renal Juan Ignacio de Obiaga, después de haber ocu-
pado su puesto cerca de dieziocbo años.
Francisco Matienzo Bravo del Rivero, sobrino del
Obispo chileno de este apellido, que había acompañado a
López en el Tribunal deade diciembre de 1766, salia de
Lima treinta años mas tíirde para ir a desempeñar el obis-
pado de Guamanga. Era oriundo de la Plata, i después de
estudiar en el colejio de San Maitin^ a cuyas aulas entró
en 1743, se recibió de abogado en 175 1» pasando a ocu-
par mas tarde el cumto de Tacna i varias dignidades de
la Catedral de Arequipa, hasta llegar a ser provisor jene-
ral. Con su ausencia liabia quedado solo Francisco Abarca
Calderón, natural de Santander, que habia tomado pose-
sión de su plaza de fiscal en abril de 1779, pero que en
los primeros años de este siglo se hallaba ya tan achacoso
que no podia dedicarse una hora de seguida a su obliga-
6. Carta de 28 de junio de 1784-
7. Icl de 26 de febrero de 17(>S-
8. Id, de 8 de febrero de 1777. Lope^ se recibió de fiscal el 20 de
mayo de 1758, coaado aun do hacia un año a qne ae habia ordenado;
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^84 LA mOUISIOION DE LIMA
eion.^ El canónigo de Trujillo José Ruiz Sobrino, desem-
peñaba la fiscalía desde 1798, i, por fin, Pedro Zalduegui,
que de barrendero i sacristán de la capilla del Tribunal,
habia ascendido a Inquisidor apostólico.
Todo el mundo conocia en Lima el oríjen de Zalduegui
i la historia de su carrera. Se sabia que habia dado mil
pesos al capellán mayor del Santo Oficio para colocarse en
su lugar, que era nun jentil badulaquen, que nunca habia
pensando sino en comercios i testamentarias lucrosas, i
que el título de bachiller en teolojía con que se decoraba,
lo habia comprado también. Los vecinos de Lima no po-
dían tomar su promoción a lo serio, i de tal manera, que
con pretesto de su recibimiento se reunieron algunos para
darle la enhorabuena, concluyendo por convertir el feste-
jo en una solemne burla. Atando cabos, luego se dijo en
la ciudad que su título de Inquisidor lo habia comprado,
i de averiguación en averiguación, se descubrió que ello
no solo era verdad, sino que en la secretaría de la Jeneral
Inquisición, el oficial mayor Cristóbal de Cos tenia en
venta los puestos del Santo Oficio, sin que pura obtener-
los hubiese mas trepidación que la suma que habia de en-
terarse a«u ájente en Lima, Fernando Piélago, uno de los
secretarios del Tribunal. ^*^ En comprobación de esta creen-
cia, se citaban varios hechos. Manuel del Vado Calderón
habia dado tres mil pesos por la secretaría de Secuestros; el
mismo Piélago otro tanto por un destino análogo; Narci-
so de Aragón, seiscientos; Manuel Arrieta, por jubilarse en
los términos que lo pretendió, mil etc.
No faltó quien enviase informes al Consejo de lo que
pasaba, añadiendo no solo nuevos hechos a los ya espresa-
9. Abarca nació en 1748, estudió en el convento de San Francisco
de su ciudad natal, se ordenó de misa en 1774, obtuvo, en seguida, un
beneficio en novales i mas tarde el rectorado de la Univeraidad de Oña-
te, donde rejentó la cátedra de Instituta civil.
10. (rDon Lúeas de Quiñones i don Cristóbal de Cos empezaron a
escribir cartas a Lima a don Manuel del Vado i don Fernando de Pié-
lago, pariente de Cos, que todo el que quisiese pretender empleo en el
Santo Oficio, les enviasen poderes i dinero, que aunque la cosa fuera
de la mayor dificultad, se conseguiría, porque tenían valimento para
todo, como asi se verificó. i> Carta de Podro de Amaran de 20 de julio
de 1798.
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CAFÍTüiiO xxvn 385
do8, SIDO también detalles mui poco halagadores de los que
por dinero habían comprado sus oficios. Así, se decia, que
José de Arescurenaga, el primero que hubiera merecido
jubilarse, habia dejado su plaza a un hijo suyo nde con-
ducta desbaratada!!, lleno de vicios, suspenso por el Ordi-
nario i tildado de toda la ciudad; que Gaspar de Orue,
también jubilado, habia cedido su lugar a su primo Pablo
de la Torre, ü sujeto de lengua voraz, enfermo, de cuasi
ninguna asistencia a su obligación, lleno de dependencias,
de malos créditos, i que apenas sabia escribir!!,- que Zal-
duegui habia obtenido el puesto de capellán, apesar de ser
un sujeto que pasaba los dias nde tienda en tienda de los
comerciantes, de conducta notada de todas las j entes, inep-
to para su empleo, distraído i sin cabeza; n i por fin, que
creciendo en audacia, con asombro de la ciudad, habia
merecido comprar en catorce mil pesos su puesto de In-
quisidor.^^
Tan escandaloso llegó a parecer este tráfico, iniciado en
el año de 1789, que el 23 de setiembre de 1792, frente a
la Catedral, en uno de los pilares de los portales de la pla-
za principal de Lima, amaneció fijado un cartel, formado
con letras impresas recortadas de otros papeles, que decia:
Al público. Quien quisiese hacer posturas a empleos
de Inquisición, acuda a la oficina de don Femando
Piélago, secretario de ella, que los tiene de remate, en
virtud del poder de sus amigos y parientes en la corte,
sin obstar el ser tendero, ni para Inquisidor fiscal. Un
IDIOTA.
Con estos antecedentes, el Consejo no pudo ya disimu-
lar mas, disponiendo que Abarca i Matienzo abriesen una
información sobre todos los puntos denunciados, i al efecto
levantaron aquellos un espediente en que, sin profundizar
demasiado las cosas, llegaron a persuadirse que cuanto se
11. Carta de Pedro de Amaran yacitada, Segan pareció despnes, esta
firma era solo un seudónimo, empleado sin duda para no captai*se la
mala voluntad de los denunciados, quienes, por cierto, no habían de
agradecer el interés que en ella se manifestaba por las cosas del Santo
Oficio.
TOMO II 25
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386 LA INQUISICIÓN DB LIMA
decía tocante a la venta de empleos como a las aptitudes
de los nombrados, era perfectamente cierto.^*
Pero Zalduegui no babia de quedarse atrás i mui luego
escribió al Consejo informándole que desde el momento
en que tomara posecion de su destino, se propusieron sus
colegas "con esfuerzos y empeños atraerlo a sus designios
enteramente para que no hubiese en el Tribunal quien pu-
diese hacer la menor jestion, reparo ni contradicción a lo
que arbitrariamente estaban practicando, con gravísima
ofensa del ministerio apostólico e intereses del real fisco,
demás ramos y públicos, conduciéndose por el estímulo
de sus fines particulares y también relaciones de las per-
sonas a quienes creian necesitaban ganar y complacer, n
. . . i'El Obispo de Trujillo, anadia, el afio próximo pa-
sado, en los meses que estuvo en esta capital, no pudo
menos que significar que aquí los Inquisidores y oficia-
les no asistian al Tribunal, según la frecuencia con qne
los veian hacer visitas, y fuera, en las horas y dias que no
eran feriados, n^^
Llegó, sin embargo, un dia en que los colegas de Zal-
duegui no pudieron desentenderse de su inepcia, i con oca-
sión de una disputa que sostuvo con un tal Bartolomé
Guerrero, acerca de si era o no herejía el que el autor de
la oración fúnebre de la Condesa de Guirior hubiese di-
cho que estaba adornada de la gracia santificante, le hicie-
ron calificar la proposición i a continuación lo encausaron,
suspendiéndolo del oficio: medida que el Consejo hubo
mui luego de revocar.^* Tal es el último proceso de fé de
que dan cuenta los antecedentes que hemos tenido a la
vista para la compajinacion de este libro.
Aunque, como afirma Vicuña Mackenna, puede decirse
12. Ctvrta de 8 de noviembre de 1794. Los autos que acompañan a
este documento se encuentran en el archivo de Alcalá de Henares,
Hacienda, legaio 282.
18. Carta al Cardenal Lorenzana de 11 de febi*ero de 1796.
14. La suspensión de Zalduegui es indiscutible, mas no aparece con
claridad de los documentos que hemos consultado si lo fué con poste-
rioridad a la causa que se le siguió con motivo de su disputa, o ante-
rior a ella. Por lo demás, tampoco puede dudarse de que fuei*a repuesto,
pues él mismo en carta al Arzobispo de Zaragoza de 6 de junio de 1803,
afirma que lo fué por esos dias.
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CAPÍTULO xxvn 387
con verdad que la Inquisición murió a las puertas del si-
glo en que vivimos, cúmplenos todavia citar aquí algunos
casos que ya dio a conocer la brillante pluma de nuestro
inolvidable compatriota i amigo, valiéndonos para ello de
.relaciones de j entes que si un dia pudieron ser recusados
por herejes, hoi nos han de parecer no por eso monos ve-
rídicas i auténticas.
»»Discutiendo un dia, dice el distinguido viajero ingl^ i
secretario de Lord Cochrane, W. B. Stevenson, con cierto
fraile Bustamante, dominico, acerca de la imájen de Nues-
tra Señora del Rosario, concluyó ex-abrupto, asegurándo-
me que oiría hablar de él mui pronto. Esa misma noche fui
a un salón de billar, donde jugaba el Conde de Montes de
Oro, Noté que éste me miraba i que hablaba en seguida
con algunos amigos que estaban del otro lado de la mesa.
Inmediatamente recordé la amenaza del padre Bustaman-
te, pues, sabia, ademas, que el Conde era alguacil mayor
de la Inquisición. — Pasé delante de él i lo saludé: al instante
me siguió hasta la calle. Le dije que suponia tuviera algún
recado para mí; preguntóme mi nombre — diciéndome que
asi era en realidad. Le dije que lo sabia, i que estaba pron-
to a comparecer al momento. Después de pensar un rato
añadió: »»Es este un asunto demasiado serio para tra-
tarlo en la calle, n i me acompañó hasta casa, donde me
comunicó, no sin cierta vacilación, que a la mañana si-
guiente debia ir con él al Santo Tribunal de la Fé; repli-
quéle que estaba pronto, i le habría hecho relación de
todo, si él, tapándose los oidos con ambas manos, no hu-
biera esclamado: ¡oh! por amor de Dios, ni una palabra,
yo no soi inquisidor, a mi no me conviene saber los secre-
tos de la Santa Casa,i! agregando el antiguo adajio: ^^Del
Hez i la Inquisición, chiton. Solo espero i ruego a Dios
que sea V. un cristiano viejo, como yo.u Me aconsejó de
la manera mas solemne que permaneciese en mi habitación
i que ni viera ni hablara a persona alguna; que me pusiese
a orar i que por ningún motivo contase a nadie que él se
hubiese anticipado a comunicarme órdenes, porque ésto
era absolutamente opuesto a las prácticas de la Santa Casa,
Lo tranquilicé sobre este punto, i le aseguré que volvería
con él al café i que lo esperaría a las nueve de la mañana
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áidé LA INQUI^IOION DE LIMA
siguiente en mi casa. A la liora convenida, un corchete
entró a mi cuarto, i me dijo que el Alguacil mayor me es-
peraba en la esquina próxima. Cuando lo encontré, me
ordenó que no le hablara, pero que lo acompañase a la In-
quisición. Así lo hice, notando que el corchete i otra per-
sona nos seguian a cierta distancia. Mostréme despreocu-
Sado, hasta que entré al pórtico, tras del Conde, seguidos
e nuestros dos acompañantes. Entonces me habló el Con-
de i me preguntó si estaba preparado: le contesté que sí lo
estaba: golpeó, en seguida, la puerta interior, que abrió el
portero. No se pronunció ni una palabra; permanecimos
sentados en un escaño durante algunos minutos, hasta que
el familiar volvió con la contestación de que aguardase.
El anciano Conde se retiró entonces, enviándome con los
ojos un largo adiós; pero sin decir palabra. Algunos mi-
nutos después, un bedel me dio orden de seguirlo. Atra-
vesé una puerta i después otra antes de llegar a la sala de
audiencia: era ésta pequeña, pero alta, alumbrada por una
escasa luz que penetraba difícilmente por ventanas enre-
jadas colocadas cerca del techo.
»» Cuando yo entraba salían de la sala, por la misma puer-
ta, cinco frailes franciscanos, cuyos rostros encubrían las
capuchas, con los brazos cruzados, las manos ocultas en las
mangas i los cordones al cuello. Parecían jóvenes por su
porte i marchaban solemnemente en pos de su superior,
un fraile viejo i de aspecto grave que llevaba la capucha
echada sobre el rostro, pero el cordón en la cintura, indi-
cando de esta manera que no hacia penitencia. Me sentía
no sé como, los miraba compasivamente, pero me sonreía
apesar mío al imajinarme el efecto que a media noche ha-
bría producido aquella procesión en cualquiera ciudad de
Inglaterra. Volví los ojos a los tres terribles jueces que
estaban sentados en un estrado , bajo un dosel de tercio-
pelo verde ribeteado de azul pálido, teniendo a sus espal-
das, pendiente de la pared, un crucifijo de tamaño natural.
Delante se veía una mesa grande, cubierta i adornada co-
mo el dosd, i sobre ella, dos velas verdes encendidas, un
tintero, algunos libros i papeles, que me hicieron acordar
de Jovellanos que describía la Inquisición diciendo que se
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ÓÁPÍTÜLO XXVII 389
componía de un Santo Cristo, dos candeleros i tres maja-
deros.
»» Sabia lo que era inquisidores; pero cuan diferentes de
lo que eran en otro tiempo! El raquítico i retinto Abarca,
en el centro, que parecia nadar en su sillón; a su izquier-
da, el obeso Zalduegui, que, oprimido su enorme cuerpo por
los brazos de la silla, resollaba por- las narices como cer-
do cebado; i a su derecha, el fiscal, Sobrino, que contraia
sus pobladas cejas i hacia lo posible por dar a su estúpida
fisonomía una apariencia de sabio.
*» A cada estremo de la mesa estaba un secretario; uno de
ellos me mandó aproximarme; para obedecer subí tres gra-
das, quedando así al mismo nivel de la trinidad que acabo
de describir. Me ordenaron acercar un pequeño banco de
madera, haciéndome señal con la cabeza para que tomara
asiento, ofrecimiento que contesté inclinándome un poco i
sentándome.
»»E1 fiscal me preguntó entonces, con voz solemne, si sa-
bia por qué se me habia ordenado comparecer ante ese
santo Tribunal. Contesté que lo sabia, i me preparaba a
continuar, cuando me gritó que callase; advirtiéndome que
jurase decir verdad en lo que se me iba a preguntar. Re-
pliqué que no lo haria porque siendo yo estranjero no de-
bia él estar seguro de que fuera católico, ni era necesario,
en consecuencia, que prestara un juramento que talvez no
me obligaba a decir la verdad.
»»E1 fiscal i el inquisidor mas antiguo cambiaron algunos
signos misteriosos i en seguida me preguntaron nueva-
mente si diria la verdad. Contesté que sí.
»»Por último, abordando la materia, se me preguntó si
conocía al reverendo padre Bustamante. Contesté: »« Co-
nozco al fraile Bustamente, lo he encontrado a menudo en
los cafées; pero supongo que el reverendo padre que Uds.
dicen debe ser algún personaje que no frecuenta tales si-
tios, n ¿Trató V. con el padre Bustamante sobre asun-
tos relijiosos?!! — »»Nó, pero sí sobre algunos supersti-
ciosos, n — «'No debe hablarse sobre asuntos semejantes en
los cafées,!! dijo Zalduegui. — ««Nó, repliqué, e igual cosa
dije al padre Bustamante. ü — tiPero V. debió callarse, me
contestó, ri — *»Sí, i dejarme injuriar por un frailelü
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390 LA INQUISICIÓN DE LIMA
"Zalduegui se puso encarnado, i me preguntó cual era mi
intención al hacer tanto hincapié sobre la palabra/raiZe. —
»» Cualquiera, le respondí, tómelo V. como guste, n
*»Despues de un diálogo semejante, que duró mas de
una hora. Abarca tocó una campanilla, entró el bedel,
quien me mandó que me retirase.
I! Algunos momentos mas tarde se me llamó nuevamente
i se me dijo que fuera al dia siguiente a las ocho de la ma-
ñana a ver a Sobrino a su propia casa. Hícelo así i almor-
zó con él.
!i Aconsejóme que en lo futuro evitase toda clase de dis-
cusiones relijiosas, sobre todo con personas desconocidas,
agregando, en seguida, ule pedí a Ud. esta entrevista por-
que desde mi asiento de juez no podia hablarle a usted
como lo hago ahora. Debe usted saber, agregó, que está
usted sujeto al Tribunal de la Fé, lo mismo que todas las
personas que viven en los dominios de su Majestad Católi-
ca; debe usted, en consecuencia, amoldar su conducta a la
que acabo de espresarle. Diciendo esto, se retiró, dejando
a mi cuidado que saliese de su casa como pudiese, lo que
efectué en el acto.
11 En la noche fui a un café donde vi a mi amigo, el frai-
le Bustamante; se sonrojó, pero saludándome con mucha
cortesía, me señaló un asiento a su lado; me encojí de hom-
bros i devolví su saludo de una manera significativa i quizá
algo burlona, lo que parece entendió, porque se fué pronto.-
En seguida, me encontré con el anciano Conde de Montes
do Oro que me miró, vaciló un poco i un momento después
pasando cerca de mí, me tomó una mano i me la estrechó;
pero no me habló ni una palabra.
iiDurante mi residencia en Lima, vi a dos individuos pe-
nitenciados por la Inquisición, uno por haber celebrado
misa sin estar ordenado, i otro por brujo i hechicero. Lle-
vóseles una mañana temprano a la capilla del Tribunal,
ambos vestidos con sambenitos, una especie de túnica cor-
ta i suelta, cubierta con pinturas ridiculas de culebras,
murciélagos, zapos i llamas, etc. El seudo sacerdote lleva-
ba en la cabeza una mitra de plumas, i el otro, una corona
de lo mismo; estaban de pié en el centro de la capilla, ca-
da uno con una vela verde en las manos. A las nueve su-
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capítulo ¿xvií 39 i
bíó al pulpito uno de los secretarios i dio lectura a la
sentencia en que se les castigaba. El infeliz celebrante pare-
cia mui arrepentido, pero el viejo agorero, cuando comen-
zó el relato de sus hazañas, prorumpió en risa, siendo
seguido por muchos de los que estaban presentes. Trajé-
ronse dos muías hasta la puerta i se subió en ellas a los
culpables, con la cara vuelta hacia atrás. Dióse con ésto
principio a la procesión, encabezada por el Conde de Mon-
tes de Oro, seguido de varios alguaciles; marchaban des-
pués las muías guiadas por el verdugo (hangman), en
tanto que los Inquisidores en sus coches de gala cerraban
la marcha. Dos frailes dominicos llevaban a los lados de
los coches grandes ramos de palma, siguiendo en este or-
den hasta Santo Domingo, a cuya puerta fueron recibidos
por el Provincial i la comunidad: se colocó a los peniten-
tes en el centro de la iglesia i se dio lectura en el pulpito
a los mismos documentos, según los cuales aquellos fue-
ron condenados a servir en un hospital, a voluntad de los
Inquisidores, n^^
El mismo Stevensón refiere también que el último de
los penitenciados fué un marino andaluz (ürdaneja) upor
proposiciones heréticas i lectura de los filósofos franceses,
i resultando condenado a encierro, ayunos i oraciones en
los Descalzos de Lima, armó tal zalagarda con los frailes
en la primera noche de su espiacion que los Inquisidores
hubieron de desterrarlo al castillo de Bocachica, en la
bahía de Cartajena. De allí se escapó, sin embargo, el úl-
timo hereje i fué a prestar sus servicios a los independien-
tes de Méjico, en cuyo país murió, n"
16. Twenty years residence in South America^ t. i., páj. 261
. 17. Vicuña Mackenna ea su libro Francisco Jioi/en, páj. 107, dice
Íue los particulares que dejamos apuntados los supo de boca de don
'rancisco Mariátegui, oue presenció el auto.
El viajero francés Mellet, que visitó a Lima en 1815, refiere que en
el mismo año en que fué penitenciado Ürdaneja, fué acusado de hechi-
cero un saltimbanqui que se ganaba la vida haciendo bailar perros i
gatos. «Seria imposible, dice con este motivo, formarse una idea del
estado lastimoso á que habia sido reducido este infeliz al ser puesto en
libertad después de seis meses de prisión, asi como de los tormentos que
habia sufrido, i que no se atrevía a contarlos, limitándose a contestar a
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392 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Llegó por fin a Lima el decreto de las Cortes, espedido
en 22 de febrero de 1813, aboliendo el Tribunal del Santo
Oficio en todos los dominios españoles, que en el acto hizo
el virei Abascal publicar por bando en la ciudad, a fines
de julio de ese mismo ano. En su consecuencia, el 30 de
dicho mes, el vocal de la Diputación Provincial, Francisco
Moreira i Matute se trasladaba al Tribunal a practicar el
inventario de cuanto allí se encontrase, comenzando por
el caudal depositado en el fuerte, que con la plata la-
brada de la capilla i otras alhajas ascendió a setenta
i tres mil ochocientos ochenta i ocho pesos, que fueron
trasladados a las cajas reales. De los estados presentados
por el contador del Santo Oficio aparecía que el capital
de los censos i valor de las fincas, tanto del fisco como de
las obras pías, ascendían a la suma de un millón quinien-
tos ocho mil quinientos dieziocho pesos. ^^ Inventariáronse
todos los autos i papeles, poniendo en lugar aparte i re-
servado los de fe, índices de personas notadas, libros
prohibidos i estampas deshonestas, las cuales fueron luego
recojidas por el Arzobispo, i cuando todo presajiaba que
los encargados del Virei podrían terminar felizmente su
cometido ocurrió un suceso inesperado.
Alarmado, en efecto, el pueblo de la capital con que los
libros de índices no se hubiesen destruido, quebrantó las
puertas de las oficinas i cárceles i sustrajo a su antojo los
papeles i parte de los muebles que encontró, i el destrozo
hubiera, a no dudarlo, continuado mas adelante, si el Vi-
rei, noticioso de lo que pasaba, no hubiese enviado un pi-
quete de tropa encargado de contener el desórden.^^
los que le interrogaban, que había sido absnelto. Lo que parecia evi-
dente era que se le habría tomado por un esqueleto salido del sepulcro.»
Voy age dam VAmérique Meridionales páj. 120.
18. En esta suma se comprende el valor del patronato de Mateo Pas-
tor de Velasco del colejio de Santa Cruz de niñas espósitas, que en su
fundación ascendió a 341,626 pesos, i durante el gobierno de frai Gar-
cía de .Tabeada i Lemus a cerca de 395,000, que producían quince mil
de renta. De ellos se empleaban próximamente nueve mil en salarios de
maestros i alimentos de las niñas. Memorias dé los VireyeSy tomo YI,
páj. 50. Cuando se estinguió el Tribunal, el capital del patronato pasa-
oa de medio millón de pesos.
19. Carta de Moreira al Rei^ de 7 de díciembi*e de 1813. De los aa-
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CAPÍTULO xxvn 095
He aquí tx>mo refiere esta escena Stevenscmi que se
halló presente.
»'La señora doña Gregoria Gainza, esposa del coronel
Gainza^ me comunicó que ella i algunos amigos habían
obtenido permiso del Virei Abascal para visitar el ex-tri-
bunal; invitándome para que al dia siguiente los acompa-
ñase, después de comer. Fui, según habia prometido, i
visitamos al monstruo, como se atrevían a llamarlo ya.
•»Por hallarse abiertas las puertas de la sala, entraron
muchos que no habían sido invitados i al ver que para ello
no habia obstáculo, las primeras víctimas de nuestra furia
fueron las sillas i la mesa, las que se destruyeron bien pron-
to; después de lo cual algunos echaron mano a las cortinas
de terciopelo del dosel i las tiraron con tal fuerza que
tos de inventario que existen por duplicado en Alcalá i Sevilla^ en cuyo
ai-chivo encontramos la carta anterior, tomamos el siguiente detalle del
mobiliario que se halló en lus oficinas del Tribunal.
Ikvbntario formado de los bienes i objetos pbrtenecientes a
LA extinguida INQUISICIÓN EN LiMA.— «En quincc de agosto de mil
ochocientos trece, continuando los expresados señores en la ocupación
e inventario decretado por las cortes generales j extraordinarias, proce-
dieron a él, por ante mi el infrascripto secretario, en la forma y manera
siguiente:
«Primeramente, el edificio en general, que comprende las tres casas
destinadas para habitaciones de los tres señores Inquisidores, portería,
sala principal de audiencia, cámara del secreto, saleta, archivo, cárceles
secretas, habitación del alcaide de ellas, secretaria de secuestros, conta-
dnria, capilla y sacristía. Dentro de las piezas que se han referido, a
exepcion de las casas en que habitaban los dichos señores Inquisidores
y alcaide, cuyos muebles en ellas contenidos son de la pertenencia de
BUS habitantes, se encontraron por pertenecientes a los bienes del Tri-
bunal, lo que sigue:
«En el cuarto de la portería y su cuarto inmediato: dos escaños de
madera pequeños y muy antiguos; una caxa vieja sin chapa y en ella
tres cortinas de terciopelo verde forradas en listadillo, que servían para
colgaduras de las puertas de la calle de las tres casas de los señores In-
Quisidores; un mamparon de madera tallado al frente de la sala de au-
diencia.
«En esta sala, un cancel de madera tallado, compuesto de tres puertea
en el frente y los costados; una campanita de metal para el uso del por-
tero; un lienzo de San Pedro mártir, con marco de madera dorado;
una mesita forrada en baqueta, y flecos de seda; dos taburetes de idem;
nueve bancas también foiTadas en lo mismo; un banquillo, todo de ma-
dera; una alfombra grande de tripe, ocm flores; dos tiras laigas de alfom-
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394 LA mQülSIOlON D8 LIMA
dosel i crucifijo vinieron al suelo con grandísimo estré-
pito.
"Sacaron el cracifijo de entre las ruinas de la pompa
inquisitorial i se descubrió que la cabeza era de movi- >
miento.
"Hallábase una escala escondida detras del dosel, i de esta
manera se esplicó todo el misterio de la imájen milagrosa.
Un hombre se ocultaba en la escala con las cortinas del
dosel, e introduciendo la mano por un íigujero, hacia que
la cabeza se moviese de modo que indicara asentimiento
o negativa.
"I Cuántas veces ha podido influir el empleo dé esta im-
postura en personas inocentes para confesarse culpables
de crímenes en que jamás pensaronl
bras del país, may usudas j antiguas; la mesa grande que servia para
el despacho, con faldones de terciopelo verde, flecos de seda y encerado
pintado en la parte superior; tres sillas grandes foiTadas en terciopelo
veixie; una cruz pequeña con Santo Cristo, peaña y cantoneras de me-
tal dorado; un misal viejo con cantoneras al parecer de plata; un libro
forrado en terciopelo carmesi con cantoneras de plata, titulado Orden
de procesar; otro idem, índice expurgatorio; otro idera por Carena,
Tratado del Santo Oficio; otro idem. Directorio d^ Inquisidores; otro
idem, Curia Filípica; otro idem. Compilación de las Instrucciones del
Santo Oficio; varios papeles sueltos; otro idem manuscrito de varios
apuntes pertenecientes al Santo Oficio ; un dosel grande de terciopelo
verde y en él un crucifixo de tamaño regular en una cruz con cantoneras
al parecer de plata sobi'edorada; cuatro ventanas con reja de fierro y sus
correspondientes vidrieras.
cEn el cuarto de tránsito para el secreto: dos ventanas con vidrios;
una mesa de madera ordinaria; cuatro sillas viejas forradas en baqueta;
dos mapas geográficos de esta América; un plumero regular.
cCámara del secreto: cuatro ventanas con vidrios; un lienzo de Nues-
tra Señora de Monserrate, con su dosel de damasco carmesi y amarillo,
viejos; otro lienzo con un Santo Cristo en su dosel de hule pintado; diez
y siete lienzos pequeños; ocho alhacenas con sus puertas, papeles y libros
de asuntos pertenecientes a las causas de fe; dos armarios, ídem, idem.;
cinco mesas regulares con cinco carpetas para el despacho de los secre-
tarios; otra dicha mayor con su carpeta y forro de hule para el despacho
del señor inquisidor fiscal; nueve taburetes fon-ados en baqueta; aos si-
llas grandes, viejas, con el mismo forro; tres tinteros de hoja de lata;
un obleario de plomo; cuatro salvaderas de idem; dos banquitoe; un
caxoncito con exemplares de índice expurgatorio; una botella grande
para tinta; una caxita rotulada Constituciones del Monasterio de la
Tmidad; una campana de metal para llamar a loe secretarios. — JuAV
Rondón, secretario.-— No tiene rúbrica.»
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CAPÍTULO xxvn 895
»»Sobrecojidos por el miedo, i condenados por un mila-
gro, como creían, dando lugar la verdad a la mentira,
confesándose la inocencia, como tímida, culpable.
(^Todavía bai víctimas en los calabozos h gritaban exas-
perados por el furor cuantos presenciaban esta escena; e
inmediatamente se procedió a hacer un rejistro jeneral,
rompiendo con presteza la puerta qne comunicaba con el
interior. La que encontramos a continuación se llamaba
del secreto, i como la palabra estimulaba la curiosidad, no
tardó el obstáculo en ser derribado. Conducía a los archi-
vos. Allí se encontraban hacinados en rimeros los proce-
sos de los condenados o acusados ante ese tribunal; i allí
pude leer los nombres de muchos amigos que estarían
lejos de imajínarse que su conducta hubiera sido exami-
nada por el Santo Oficio o de que su nombre se encontra-
ra inscrito en tan espantoso rejistro. Algunos de los cir-
cunstantes descubrieron los suyos en las listas, las cuales
tuvieron cuidado de guardarse.
»*Tomé de allí quince espedientes i me los llevé a casa,
aunque resultaron de poca importancia. Cuatro por blasfe-
mias tenían sentencia idéntica, que consistía en tres meses
de reclusión en un convento, confesión jeneral i otras
penitencias, todas secretas. Las otras eran acusaciones de
frailes solicitantes in confetione, a dos de los cuales cono-
cía, i aunque era peligroso el descubrirlo, les referí después
lo que había visto.
»»Habia en el cuarto muchos libros prohibidos, que pron-
to encontraron dueño. Con gran sorpresa nuestra, descu-
brímos también una inmensa cantidad de pañuelos de
algodón con dibujos. Estos, desgraciadamente, habían de-
sagradado a la Inquisición por tener estampada en el cen-
tro una imájen que tenia en una mano un cáliz i en la otra
una cruz, colocada allí seguramente por algún imprudente
fabricante que pensaba asegurar compradores con tan de-
votas pinturas; pero que no se acordó del horrible pecado
de sonarse i escupir sobre la cruz. Para evitar semejante
crimen, este relijioso tribunal tomó las mercaderías al por
mayor, olvidándose de pagar su importe al dueño, quien,
sin embargo, debía considerarse afortunado con que no le
llevaran todo el almacén.
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396 LA iNQüisicioír tyt lIma
«De este cuarto nos dirij irnos a otro que, con gran sor-
presa e indignación, vimos que era el del tormento. En el
centro había una mesa mui sólida, como de ocho pies de
largo por siete de ancho, en uno de cuyos estremos se
notaba un collar de hierro que se abña horizontalmente
en el medio, para recibir el cuello de la victima; a cada
lado del collar habia también gruesas correas con hebillas,
para sujetar los brazos cerca del cuerpo, i a los lados de
la mesa, para las muñecas, correas con hebillas, que se
comunicaban con cuerdas colocadas debajo de aquella i
aseguradas al eje de una rueda horizontal; ai otro estremo,
dos correas mas para los tobillos, con cuerdas atadas a
la rueda de un modo semejante. Así, era evidente que es-
tendiendo el cuerpo de una persona sobre la mesa i haciendo
jirar la rueda se podia tirar en ambas direcciones al mis-
mo tiempo, sin ningún riesgo de ahorcarle porque las dos
correas de debajo de los brazos, cerca del cuerpo, evitaban
ese peligro; pero, sin embargo, todas las articulaciones
podian dislocarse.
»*Despue8 que se descubrió el diabólico objeto de esta
maquinaria, todos se estremecieron e involuntariamente
miraban hacia la puerta como temerosos de que se cerrase
sobre ellos.. Al principio se oian maldiciones por lo bajo,
que luego se cambiaron en terribles imprecaciones contra
los que inventaron i usaban de tales tormentos; pero tam-
bién Uovian bendiciones sobre las Cortes por haber aboli-
do ese tiránico tribunal.
«*En seguida, examinamos un cepo vertical allegado a la
muralla; tenia un agujero grande i dos mas pequeños, i al
abrirlo, levantando la mitad del aparato, percibimos hoyos
en la pared, siéndonos fácil darnos cuenta del objeto del
instrumento. Se aseguraban bien los puños i el cuello del
culpable en los agujeros del cepo, escondiéndose la cabeza i
las manos en la muralla: así los legos dominicos podian azo-
tarles sin peligro de ser reconocidos i se evitaba el que se
les descubriera por cualquier accidente.
»«En las paredes se veian colgadas disciplinas de diferen-
tes materiales, algunas de sogas anudadas i no pocas tie-
sas con la sangre; otras de cadenas de alambre con puntas
i ruedecillas como las de las espuelas; éstas también estaban
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CAPÍTULO %xvn 99T
manchadas de sangre; cilicios de tejidos de alambre con
puntas salientes, como de un octavo de pulgada, liácia el
interior, cubiertos con cuero por el esterior i provistos de
cordeles para amurrarlos» Los habia de diversos tama-
ños, para la cintura, los muslos, las piernas i los brazos.
Loa murallas también se veian adornadas con camisas de
crin, que no serian de un uso mui agradable después de
una ñajelacion; huesos humanos con una cuerda a cada es-
tremo para amordazar a los que hablaban mas de lo nece-
sario, i mordazas destinadas al mismo objeto^ hechas con
dos pedazos de caña atados en los estremos, que abriéndo-
los en el medio, al ponerlas en la boca, i amarrándolas de-
tms de la cabessa, como las de huesOj apretaban la lengua
con gran fuerza*
'*En un cajón habia muchas argollas para los dedos, he-
chas de pequeños pedazos de hierro en forma de semi-cír-
culos o medias lunas, con un tomillo en uno de sus estre-
mos, de manera que colocándolas en el sitio adecuado, se
podian apretar todo lo que se quisiera, aun hasta el punto
de reventar las uñas i romper los huesea
íí Viendo semejantes elementos de tortura^ quién podria
disculpar a los monstruos que los usaban para establecer
la fe ensenada por el dulce, humilde i santo Jesús con sus
preceptos i divino ejemplo! ¡Ojalá que el que no los mal-
diga, como merecen, caiga en poder de esos infames!
**Fué destruido en un instante el tormento i el cepo, por
que tal era el furor de mas de un centenar de personas
que allí habian logrado entrar, que aunque hubieran sido
de hierro no habrían resistido a la violencia i empuje de
los asaltantes. Hallábase en un estremo un caballo de ma-
dera pintado de blanco^ supúsose luego que debia ser otro
instrumento de tortura; pero mas tarde se supo que una
víctima de la Inquisición que, quemada, fué declarada des-
pués inculpable, como una satisfacción a su muerte, se ha-
bia deelanulo públicamente su inocencia, i su efijie vestida
de blanco i montada en ese c^baIlo,paseada por líis calles de
Lima, Alguien dijo que el individuo de que se trata habia
sido procesado en Lima, otros que en España, i que por un
decreto del Inquisidor Jeneral se habia llevado acabo esta
ÉBursa donde quiera que existia un Tribunal de IiiquiBiqion
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398 LA iNQüisioioír de lima
en los dominios españoles. Penetramos hasta los calabozos,
que hallamos todos abiertos i vacíos, i que, aunque dimi-
nutos, no eran del todo incómodos para ser prisiones. Al-
gunos tenian un pequeño patio anexo; otros, mas solita-
rios, ninguno.
•'Habiendo examinado todos los rincones de tan miste-
riosa prisión, nos retiramos ya de noche, llevándonos li-
bros, papeles, disciplinas, instrumentos de tortura, etc.,
etc., muchos de los cuales se repartieron en la puerta, es-
pecialmente varios de los pañuelos criminosos, ii
A consecuencia de este atentado, se mandó por el Virei
publicar bando i por el Arzobispo se fulminaron censuras
para que los asaltantes devolviesen los papeles i especies
sustraidas, disposiciones que produjeron tan buen resulta-
do que el menoscabo de papeles pareció de mui poca con-
sideracion.**
Siguióse, con todo, pagando sus asignaciones a los mi-
nistros del Tribunal, con escepcion de Piélago que habia
aceptado el correjimiento de Canta i algún otro emplea-
do subalternóos hasta que Fernando VII mandó restable-
cer nuevamente los Tribunales de la Inquisición, por de-
creto de 21 julio de 1814, que insertamos aquí según el
testo de la copia que se envió al Presidente de Chile.
iiEl Rey nuestro señor se ha servido expedir el decreto
siguiente — El glorioso título de católico con que los reyes
de España se distinguen entre otros príncipes cristianos,
por no tolerar en el reyno a ninguno que profese otra reli-
gión que la católica apostólica romana, ha movido pode-
rosamente mi corazón a que emplee, para hacerme digno
de él, quantos medios ha puesto Dios en mi mano. Las
turbulencias pasadas y la guerra que aflixió por espacio de
seis años todas las provincias del reyno; la estancia en él
por tanto tiempo de tropas extrangeras de muchas sec-
20. Carta citada de Moreira. Entre otros objetos, faltaron cinco pa-
res de grillos, dos de bragas, un potro apolillado de madera, once aspas
i medias aspas, diez i seis corozas, tres pares de mordazas, diez i seis ve-
las de cera verde i treinta i cuatro cajones pam embarcar metálico. La
nrna de plata en que se llevaban las sentencias a los autos se perdió tam-
bién, devolviéndose solo una de sus abrazaderas.
21. Id., id.
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oafítulo xxvu 39&
tas, casi todas inficionadas de aborrecimiento y odio a la
religión católica; y el desorden que traen siempre tras
sí estos males, juntamente con el poco cuidado que so tu-
vo algún tiempo en proveer lo que tocaba a las cosas de la
religión, dio a los malos suelta licencia de vivir a su libre
voluntad, y ocasión a que se introduxesen en el reyno y
asentasen en él muchas opiniones perniciosas, por los mis-
mos medios con que en otros países se propagaron. Desean-
do, pues, proveer el remedio a tan grave mal y conservar
en mis dominios la santa religión de Jesucristo, que aman
y en que han vivido y viven dichosamente mis pueblos, así
por la obligación que las leyes fundamentales del reyno
imponen al príncipe que ha de reynar en él, y yo tengo
jurado guardar y cumplir, como por ser ella el medio mas
a propósito para preservar y cumplir a mis subditos de di-
sensiones intestinas y mantenerlos en sosiego y tranqui-
lidad, he creido que seria muy conveniente en las actuales
circunstancias volviese al exercicio de su jurisdicción el
Tribunal del Santo Oficio, sobre lo qual me han represen-
tado prelados sabios y virtuosos, y muchos cuerpos y per-
sonas, así eclesiásticas como seculares, que a este Tribunal
debió España no haberse contaminado en el siglo XVI de
los errores que causaron tanta aflicción a otros reynos,
floreciendo la nación al mismo tiempo en todo género de
letras, en grandes hombres y en santidad y virtud. Y que
uno de los principales medios de que el opresor de la Euro-
pa se valió para sembrar la corrupción y la discordia de que
sacó tantas ventajas, fué el destruirle, so color de no sufrir
las luces del dia su permanencia por mas tiempo, y que
después las llamadas cortes generales y extraordinarias,
con el mismo pretesto y el de la constitución que hicieron
tumultuariamente, con pesadumbre de la nación, le anula-
ron. Por lo qual, muy ahincadamente me han pedido el
restablecimiento de aquel Tribunal; y accediendo yo a sus
ruegos y a los deseos de los pueblos que en desahogo de
su amor a la religión de sus padres han restituido de sí
mismos algunos de los Tribunales subalternos a sus funcio-
nes, he resuelto que vuelvan y continúen por ahora el
Consejo de Inquisición y los demás Tribunales del Santo
Oficio, al exercicio de su jurisdicción, así de la eclesiástica,
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400 LA INQÜI9I0I0K DE LIMA
que a ruegos de mis augustos predecesores le dieron los
pontífices, juntamente con la que por su ministros los
prelados locales tienen, como de la real que los reyes le
otorgaron, guardando en el uso de una y otra las orde^
nanzas con que se gobernaban en 1808 y las leyes y pro-
videncias que para evitar ciertos abusos y moderar algu-
nos privilegios, convino tomar en distintos tiempos, Pero
como ademas de estas providencias, acaso pueda convenir
tomar otras y mi intención sea mejorar este estableci-
miento, de manera que venga de él la mayor utilidad a
mis subditos, quiero que luego que se reúna el Consejo de
Inquisición, dos de sus individuos con otros dos de mi
Consejo Real, unos y otros, los que yo nombrase, exami-
nen la forma y modo de proceder en las causas que se
tienen en el Santo Oficio y el método establecido para la
censura y prohibición de libros; y si en ello hallasen cosa
que no sea contra el bien de mis vasallos y la recta ad-
ministración de justicia, o que se deba variar, me lo pro-
pongan y consulten pam que acuerde yo lo que conven-
ga, Tendréislo entendido y lo comunicareis a quien co-
rresponda. — Palacio, 21 julio de 1814. — Yo El REY —
Cuando esta noticia llegó a Lima a fines de setiembre,
vivian todavía Abarca^, Zalduegui i Ruiz Sobrino, i según
noticia de ellos mismos, el Virei »*se habia propuesto por
objeto no contribuir al cumplimiento de lo que nuestro
católico monarca tiene ordenado, y ya que le faltó el valor
para una declarada oposición, trata de entorpecer las rea-
les resoluciones por medios indirectos, atrepellando y ve-
jando las prerrogativas del Santo Oficio en odio a su res-
tablecimiento; y la verdad que la retardación de diez y
ocho dias en contestar nuestro primer oficio, con escánda-
lo del pueblo; en no prestarse a la publicación por bando
que se le propuso; en no haber circulado la real orden, según
se le manda, y el haberse negado enteramente a la pronta
devolución en todo y en parte del dinero y alhajas que de
su orden se pasaron a cajas reales, son pruebas nada equi-
22. Abarcase jubiló en 1816. Era entóces pensionado de la Ordea
de Garlos III, del Consejo i Cámara de Indias, i honai*ar]o de la Snpre-
Oía Inqaisioion. Meadibam^ Diocionarío,
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cÁPÍruLo xxvn 401
vocas de su oculto designio^, i» **Eatas fK>n, añaden mas
adelante, las lastimosas circunstancias en que se ve este
Tribunal, sin fondos de que disponer para sus atenciones,
pri vatio, por su falta, de reducir a prisión varios reos man^
dados recluir aun antes de su suspensión^ postergado dos
meses hace el pago de los ministros de sus respectivos
sueldos, los edificios del Tribunal faltos de lo mas preciso
y en la mayor indecencia. - . - n
Mientras los Inquisidores vivían ausentes de su nido, las
cárceles del Santo Oficio no se habian visto solitaiítis: las
autoridades españolas habian allí encerrado a los que por
insurj entes eran enviados a la capital del vireinato de las
diversas provincias que luchaban entonces por su inde-
pendencia.
Como se sabe, las Cortes liberales de 1820, por decreto
de 9 de marzo, abolieron definitivamente los Tribunales
del Santo Oficio. »»Esta supresión, cuenta un escritor pe-
ruano, fué recibida en Lima, según las noticias que se nos
han dado, con frenéticas muestras de entusiasmo. La mu-
chedumbre espresaba en su locura la transición que hacia
de un estado de continuas alarmas i de inseguridad, a otro
en que se podia reposar sin temor en el hogar doméstico.
»*Como en 1821 se juró en Lima la independencia del
Perú, quedó confirmada de hecho la supresión del Santo
Oficio. Los bienes que éste poseia pasaron al dominio del
Estado, i su administración se confió a una oficina llamada
Dirección Jeneral de Censos. Estos bienes fueron desti-
nados a la instrucción pública, con el objeto, sin duda, de
emplear en el progreso intelectual los mismos recursos de
que antes se habia echado mano para detenerlo^, n
23. Carta de 14 de junio de 1815. Los Inquisidores culpaban de la
conducta del Virei al contador mayor don Joaquín Bonet, su conseje-
ro, quien, por sus ideas liberales, decían, no podía mimr con buenos ojos
el restablecí mientx) del Santo Oficio.
24. García Calderón, citado por Vicuña Mackenna, Francisco Moyeiij
páj. 110, nota.
TOMO II 26
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CAPÍTULO FINAL
Aplanaos tribntfldoa al Stiuto Oficio do Lima por siis óontoniporíUiPOS.
— Vaatoa limitüa do su jurisdiocíon, — Dütaliüs deal^-íiiias dü laa ina-
toriafi de que conocía. — La coca í la yerba -nía te. — Perseeuciou a loa
dcsüfectoaa la Iiiquisiüion. — Bula de Sixto V n fuvor de los Inqui-
sidores. — Protecciou i priv^ilejioB que les acuerdis el Reí. — Üisg-ustoa
canseuloa por los Inquisidores a las autoridades del y iré i nato, — Deli-
tos cometidos por Í03 depetidieates del Tribunal que quedan impunes,
— Leí real que exime a loa ministros de la Liquisicion del conoci-
miento de sus causas por la justicia ordinaria, — La Audiencia de Li-
ma solicita remedio a los abusos de la Inquisición en este punto. — -
El Tribunal niega al íiecal de la Audiencia la apelación en cierto pro-
ceso. — El Coudü del Villar denuncia el proceder ¡arbitrario de loa
Inquisidores,— El Marques de Gánete huce otro tanto. — La ínquisi*
cion deja sin efecto una provisión real, --Quejas del Cabildo de Lima,
— Ccd u ias de co n co rd i a . — Co n ti n ií an I os d is^u a tos con las a u to ri d a -
des. — ^Acusacion que hace a los Inquisidores don Guillen Lombardo.
— Denunciación del Conde de Alba. — Cédula de 1751 que priva del
fuero activo a los ministros de la Inquisición. — Estos se hacen abo-
n-ecibles a todo el mundo. — Estadística de los procesados. — Entre
las costumbres i la fe. — Las costumbres peruanas según el Conde del
Villar. — Disolución de los frailes. — Edicto contra los solicitantes en
confesión. — Medidas tomadas por el Marques de Castelfuerte pam
prevenir los amancebamientos.— Lo que refieren Frezier i Jorje
Juan. — Resumen i conclusión.
Ya que en el curso de las pajinas precedentes hemos
ido estudiando en detalle i casi paso a paso la marcha
que en su larga existencia siguió el Tribunal de la fé que
Felipe II mandó fundar en Lima, conviene ahora que, por
vía de recapitulación, insistamos en alguna de sus fases
mas culminantes.
Desde luego, es innegable que el Santo Oficio fué jene-
ralmente aplaudido en América.
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404 LA INQUISICIÓN DB LIMA
"El Tribunal santo de la Inquisición, decia el reputado
maestro Calancha, poco mas de medio siglo después de su
establecimiento en la ciudad de los Reyes, es árbol que
plantó Dios para que cada rama estendida por la cristian-
dad fuese la vara de justicia con flores de misericordia y
frutos de escarmiento. El que primero egercitó este oficio
fué el mismo Dios, cuando al primer hereje, que fué Cain,
. .Dios le hizo auto público condenándolo a traer hábito
de afrenta, como acá se usa hoy el sambenito perpetuo, n
»*E1 primer inquisidor que sostituyó por Dios, fué Moi-
sés, (continua el mismo autor) siendo su subdelegado, que
mató en un dia veinte y tres mil herejes apóstatas que
adoraron el becerro que quemó; S?
Un siglo cabal después de estampadas las anteriores pa-
labras, otro escritor no menos famoso en Lima que el que
acabamos de citar, el doctor don Pedro de Peralta Barnue-
vo, declaraba, por su parte, que aquel Tribunal "fué un sol
a cuyo cuerpo se redujo la luz que antes vagaba esparci-
da en la esfera de la religión. Es ese santo Tribunal el
propugnáculo de la fe y la atalaya de su pureza; el taber-
náculo en que se guarda el arca de su santidad; la cerca
que defiende la viña de Dios y la torre desde donde se
descubre quien la asalta; el redil donde se guarda la grey
católica, para que no la penetren el lobo del error, ni los
ladrones de la verdad, ésto es, los impíos y hereges, que
intentan robar a Dios sus fieles. Es el rio de la Jerusalen
1. Coronica moralizada^ Barcelona, 1688, páj. 616.
Con relación a esto mismo el poeta chileno Pedro de Oña, en sn poe-
ma inédito El VaaaurOj se espresa asi, hablando del Tribunal del Santo
Oficio:
Aqael que con Elias las apuesta
A ríjido, a celoso, a Tijilante,
I a cuyo nombre diente da con diente
Quien teme, o saco infame, o fuego ardiente.
Oh! tribunal euablime, recto i puro
En que la fe cristiana se acrisola
Su torre de homenaje i fuerte muro
Donde bandera candida tremola;
Alcázar en que vive a lo seguro
Ornada vírjen, vírjen española,
Sin cuyo abrigo fiel, hecha pedazos
Hoy la trujeran mil herejes forazosl
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CAPÍTULO FINAL 405
celeste, que saliendo del trono del Cordero, riega con el
agua de su limpieza refulgente el árbol de la religión, cu-
yas hojas son la salud del cristianismo. Sus sagrados mi-
nistros son aquellos ánjeles veloces que se envían para el
remedio de las gentes que pretenden dilacerar y separar
los sectarios y los seductores: cada uno es el que con la
espada del zelo guarda el paraíso de su inmarcesible doc-
trina y el que con la vara de oro de la ciencia mide el
muro de su sólida firmeza.'»
Pintando los beneficios que llegara a realizar en las vas-
tas provincias sujetas a su jurisdicción, aquel cronista agre-
gaba: *iA los Inquisidores, mas beneméritos del titulo de
celadores de la honra de Dios que Finées, debe este Perú
la excelencia mayor que se halla en toda la monarquía y
reynos de la cristiandad, pues ninguno se conoce mas lim-
pio que éste de herejías, judaismos, setas y otras zizañas
que siembra la ignorancia y arranca o quema este Tribu-
nal, siendo su jurisdicion desde Pasto, ciudad junto la
equinocial, dos grados hacia el trópico de cancro, hasta
Buenos Aires y Paraguay, hasta cuarenta grados y mas
hacia el sur, con que corre su jurisdicion mas de mil le-
guas norte sur de distancia, y mas de ciento leste oeste, en
lo mas estrecho, y trescientas en lo mas estendido. Todo
ésto ara y cultiva la vijilancia deste Santo Tribunal y el
incansable cuidado des us inquisidores; ti i aunque, como se
recordará, en 1610, se cercenó del distrito que le fué pri-
mitivamente asignado las provincias que pasaron a for-
mar el de Cartajena, el territorio sometido a su jurisdic-
ción resultaba siempre enorme.
En virtud de las atribuciones de que estaba investido,
sabemos ya hasta donde llevaba el Tribunal su escrupulo-
sidad en materia de delitos i denunciaciones; pero como
si ésto no fuera todavía bastante, hubo una época en que
nadie podia salir de los puertos del Perú sin licencia es-
pecial del Santo Oficio; sus ministros debían hallarse pre-
sentes a la llegada de cada bajel para averiguar hasta Los
palabras que hubiesen pasado durante el viaje; no podia
imprimirse una sola línea sin su licencia; los prelados,
2. Relación del auto defe^ etc.y Lima, 1783.
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406 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Audiencias i oficiales reales, debian reconocer i recojer,
en virtud de leyes reales, los libros prohibidos, conforme
a sus espurgatorios, i, en jeneral, todos los que llevasen
los estranjeros que aportasen a las Indias^
' Por mas absurdas i ridiculas que hoi nos parezcan las
prácticas i ceremonias de los hechiceros, que tanto que
entender dieron al Tribunal, ya hemos visto el papel que
en ellas desempeñaba la coca, cuyo uso tan arraigado en-
tre los indios bien pronto se estendió a los españoles i espe-
cialmente a las crédulas mujeres, haciéndoles soñar en su
virtud para el conocimiento del porvenir i éxito maravillo-
so de amores desgraciados; tanto que, no solo los Inqui-
sidores, sino muchos de los Vireyes en jeneral, desde don
Francisco de Toledo, trataron a toda costa de proscribir
su uso, sin llegar a resultado alguno en un pueblo que lo
aceptaba por tradición i por necesidad i que hasta hoi
desde el Ecuador hasta las altiplanicies de Bolivia lo con-
serva en su forma primitiva.
Pero si en su empleo se creia ver una invención diabó-
lica, no habia de pasar mucho tiempo sin que se hiciese
igual sujestion respecto de otra planta americana, tan jeiie-
ralizada en otra época casi tanto como hoi el tabaco en mu-
chos de los pueblos de la América del Sur. El reverendo
jesuita Diego de Torres, provincial que fué en Chile, Tu-
cuman i Paraguay, espresaba, en efecto, al Tribunal, a
principios del siglo XVII:
iiEn estas dos gobernaciones de Tucuman y Paraguay
se usa el tomar la yerba, que es zumaque tostado, para vo-
mitar frecuentemente, y aunque pare9e v¡9Ío de poca con-
sideración, es una superstición diabólica que acarrea mu-
chos daños, y algunos que diariamente toca su remedio
a ese Sancto Tribunal: el primero destos es que los que
al principio lo usaron, que fueron los indios, fué por pacto
y sujestion clara del demonio, que se les aparecía en los
calabozos en figura de puerco, y agora ser a pacto im-
plícito, como se suele decir de los ensalmos y otras co-
sas; segundo, que casi todos los que usan deste vijio, di-
cen en confesión y fuera de ella que ven que es VÍ9Í0,
8. Leyes 7 i 14 del titulo XXII, libro I de Itidiae.
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CAPÍTULO FINAL 407
pero que ellos verdaderamente no se pueden enmendar, y
entiendo que así lo creen y de 9Íento no se enmienda uno,
y lo usan cada dia, y algunas vezes con harto daño de la
salud del cuerpo y mayor del alma; tercero, júntanse
muchos a este VÍ9Í0, etiam quando los demás están en
misa y sermón, y varias veQes lo oyen; cuarto, totalmen-
te quita este VÍ9Í0 la frequen9Ía de los sacramentos, es-
pecialmente el de la Eucarestía, por dos razones, primera,
porque no pueden aguardar a que se diga la misa sin to-
mar esta yerba; segunda, porque no se pueden contener,
habiendo comulgado, a dexar de vomitar luego, y así no
hay casi persona que use este vicio que comulgue, sino que
el domingo de Resurrección, y entonces procuran misa
muy de mañana, y los mas hazen luego vómito, con suma
indecen9Ía del Santísimo Sacramento, y por ésto, muchos
de los sa9erdotes no dicen misa sino raras veces. Estas
indecencias y inconvenientes tiene el tabaco y coro, que
toman también en vino por la boca, aun con mas frecuen-
9ia; quinta, salen con gran nota de las misas a orinar fre-
quentemente. No digo los demás inconvenientes que tocan
al gusto y salud, y a los muchos indios que mueren co-
giendo y tostando esta maldita yerba, que es gran lásti *
ma y compasión, y el escándalo que los españoles y sacer-
dotes dan con este VÍ9Í0: solo digo que ellos y los indios
se hacen holga9anes y perezosos, y van los venidos de Es-
paña y los criollos y criollas, perdiendo, no solo el uso de
la razón, pero la estima y aprecio de las cosas de la feé, y
temen tan poco el morir muchos como si no la tuvieran,
y de que tienen poca, tengo yo muy grandes argumentos.
11 Otra causa y raíz desta poca feé, es que no solo ha en-
trado por Buenos Aires y San Pablo alguna gente portu-
guesa que se ha avecindado nueva en ella entre la mucha
que hay; pero como desde el principio se ha poblado estas
dos goberna9Íones de alguna gente foragida y perdida del
Perú y ha habido pocos hombres doctos y de buenas cos-
tumbres, están éstas muy estragadas, y cada dia serán peo-
res.
iiTodo lo qual entiendo ha permitido Dios Nuestro* Se-
ñor en estas gobernaciones y los demás males en la de
Chile, por el servicio personal (\\xe en ellas se ha conserva-
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408 LA INQUISICIÓN DB LIMA
do contra todo dereiílio y 9édula8 reales, que ha sido oausa
de que se hayan consumido los indios y haya tantos infieles
y los cristianos vivan como sino lo fuesen, y se hu3^an,
pero que los españoles hayan vivido en mal estado, como
también sus gobernadores y confesores, que por ventura
tienen la principal culpa, y mientras esta raíz de todos es-
tos males y de el de las malocas no las quitaren los mi-
nistros de S. M., a cuyo cargo está, dado que los demás
medios surtan y tengan efecto; y no digo a Vuestra Seño-
ría los gravísimos males que han resultado de una maloca
que desta se hizo para traer indios al servicio personal,
porque veo no pertene9er el remedio a ese Sancto Tribu-
nal, si bien le podia tocar por ser el medio mas 9Íerto con
que el demonio impide la conversión de la gentilidad, y
que con ella desacredita totalmente nuestra sancta feé y
ley evangélica; segunda, que baptÍ9an a estas piezas sin
prueba y cathecismo bastante porque no se las quiten, y
unos venden y otros se vuelven, que todo es en menos-
pre9Ío y daño de los sacramentos y religión.
iiEl daño de la yerba tiene muy fácil remedio, sirvién-
dose el señor Virey de mandar con graves penas que no
se coxa, atento a que por ello han muerto muchos indios
y seguídose gi'avísiraos inconvenientes, porque no se coxe
sino en Maracayá, cien leguas mas arriba de la A8un9Íon,
a cuyo comisario se pudiera también cometer que no la
consintiera baxar, y convenia mucho quitar este trato
porque por ser en el camino de San Pablo vienen con los
que andan en él, los que pasan por allí.»*
No hai constancia en los archivos del Santo Oficicío del
Perú de que apesar de tan eficaces recomendaciones se in-
cluyese la yerba-mate en la vulgar opinión en que se en-
contraba acreditada la coca; pero en todo caso este re-
cuerdo nos servirá para manifestar cómo se discurría en
esa época por hombres tan ilustrados como el firmante de
la anterior esposicion. Quién hubiera podido imajinarse
después de ésto que tan execrables i diabólicas yerbas
4. Carta al Santo Oficio d$ Lima^ fecha en Córdoba a 24 de aetiem-
bre de 1610.
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CAPÍTULO FINAL 409
hubiesen sin embargo de figurar con aplauso en la farma^-
copea de nuestro siglo!
Bien se deja comprender que a la sombra de las dispo-
siciones que dejamos recordadas nadie vivia seguro de sí
mismo, ni podia abrigar la menor confianza en los demás,
comenzando por las jentes de su propia casa i familia; pues,
como de hecho sucedió en muchas ocasiones, el marido de-
nunciaba a la mujer, ésta al marido, el hermano al herma-
no, el fraile a sus compañeros, i así sucesivamente; encour
trando en el Tribunal no solo amparo a las delaciones mas
absurdas, sino aun a las que dictaban la venganza, la en-
vidia i los celos. Ni siquiera se escusaba el penitente que
iba buscando reposo a la conciencia a los pies de un sacer-
dote, pues, como declaraba con razón el agustino Calancha,
sus centinelas i espías eran todas las relijiones i sus fami-
liares todos los fieles^
El pueblo que por sus ideas o creencias no podia resistir
su establecimiento, en jeneral no hizo nada para sustraer-
se de algún modo a las pesquisas de ese Tribunal; mas, no
asi la Compañía de Jesús, que no solo supo dentro de la
disciplina de sus miembros encontrar recursos para el mal,
sino que también llegó hasta atreverse a invadir el campo
de sus atribuciones, no sin que por eso supiera librarse
en absoluto de las dentelladas que en mas de una ocasión
le asest-ara el Santo Oficio.
Desde el proceso de Luis López, es decir, desde los pri-
meros años en que el Tribunal comenzó a funcionar en
Lima, ya se habia visto que la Compañía, de una manera
disimulada, trataba de combatir la preponderancia de los
jueces, propinando en el confesonario absoluciones de ca-
sos que les estaban reservados, i hasta espresándose mas o
menos claramente en contra de la tiranía inquisitorial, que,
celosa como era de sus prerrogativas, si pudo perdonarle a
López ser causa de la perdición de los dominicos secuaces
de Cruz, no podia transijir con que se pusiese en tela de
juicio sus atribuciones. Bastante esperiencia, por lo demás,
habían cosechado los discípulos de San Ignacio en el caso
5. Corónica moralizada^ ete.j páj. 620.
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410 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de los fundadores de la Orden en el Peni para que desde
entonces no se esforzasen en escapar de las sentencias in-
quisitoriales.
Bien pronto, en efecto, uno de sus provinciales dispuso
que sin licencia superior, ningún miembro de la Compañía
aceptase puesto alguno en el Tribunal, circunstancia que
no pasó tan desapercibida que éste no la entendiese i no-
tase, i sin duda que semejante proceder habría parecido
destituido de gran importancia si uno de los mismos jesui-
tas, ministro que fué i procurador para Roma de las pro-
vincias de Chile, Tucuman i Paraguai, llamado Antonio de
Ureña, no hubiese denunciado por estenso al Santo Ofi-
cio, fatigado de su conciencia, según espresaba, todas las
tretas a que dentro de la Orden se estaba ocurriendo en
menosprecio del Tribunal de la fe.
Contaba, pues, el denunciante, que pareció sin ser llama-
do, en 25 de agosto de 1622, que todos los miembros de
la Compañía que en el Santo Oficio habían delatado algu-
na cosa habian sido reputados por díscolos i por indignos
de todo cargo. *»Que en el año de seiscientos y diez y
ocho, a primero de agosto, se comenzó la congregación
provincial en este Colegio de San Pablo, al qual vino una
carta dirigida a la misma congregación o al provincial, la
qual vio este denunciante oculaimente, que se la mostró y
leyó el padre Juan de Villalobos, rector que a la sazón era
y consultor de provincia del noviciado, la qual carta con-
tenia que en el Colegio de Oruro (y le parece también que
en el de Potossí) algunos de la (Jompañía habian solicitado
en confesión algunas indias bonitas, las quales habiendo
ido a confesarse con el que escribió la carta, le decían que
como no le decían en la confesión vida mía, mis ojos y
otras palabras de amores que en la dicha carta están en
lengua de indio, y que se acuerda de zonco paca^ que
quiere decir mí corazón, y otras de que no se acuerda,
mas que todas ellas son de amores y deshonestas, y que el
que escribió la carta las había dicho, hijas mías, en confe-
sión no se usan esas palabras, a lo qual habían respondí-
do ellas riéndose que así lo hacian los padres de la Com-
pañía, por lo cual decía la dicha carta y encargaba mucho
que mirasen los superiores por la Compañía, porque por
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CAPÍTULO FINAL 411
las dichas y otras razones que contiene la dicha carta, iban
los de la Compañía camino de ser de los alumbrados, y
que la dicha carta la dejaron los padres Juan de Soxo y
Éemabé de Cobos, ministros de Guamanga, que la habia
escrito un fraile francisco, y que el dicho fraile francisco
apurándole los de la Compañía, habia dicho que uno de
la Compañía se la habia dado, y que aunque le digeron
los nombres del dicho fraile francisco y del dicho padre
de la Compañía, no se acuerda, pero que es esta carta tan
común en la Compañía que no hay ninguno que no se
acuerde de ella, en particular los que se hallaron en dicha
congregación, y que esta carta original tiene por cierto
estará en el archivo del Colegio grande', donde se suelen
guardar papeles de importancia; y que este archivo está en
el aposento del padre provincial, y también estará un tanto
de ella en el archivo que tiene también el padre rector en
su aposento, y lo que aquí no esté se hallará en poder del
padre Juan Vasquez, que es compañero y secretario del
provincial, y tiene en su poder los papeles del padre Fran-
cisco de Araabieru, en cuyo tiempo se escribió; y que los
archivos son dos alhacenas que hay entre ambos aposentos
de provincial y rector, y en el aposento del provincial un
escritorio y dos cajones; y también tiene por cierto que
habrán enviado un tanto de esta carta al Jeneral a Roma,
y que cuando leyó esta carta el dicho padre Juan de Vi-
llalobos a este denunciante, le dijo: el que ésta escribió
mucho sabe de nuestras cosas, mucho hay que temer.
«*Y que después tratando con el dicho padre Bernabé
de los Cobos de esta carta, le dijo a este denunciante algo
habia de lo que decia la carta, pero no tanto, y lo mismo
le parece que le dijo el dicho padre Soxo, hablando del
colejio de Oruro y Potossí.
»»Y lo que obró esta carta fué casi total mudanza en
los colegios de Oruro y Potossí, si bien comunmente se
dice en casa por los padres graves de ella que entendieron
de dicha carta, que el padre de la Compañía que la habia
escrito era poco afecto a ella; y que porque la escribió o
por sospechas que tenian de que la habia escrito, le habían
aflijido; y tiene por cierto este denunciante que al padre
Peña que despidieron en el Cuzco, habrá tiempo de un
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412 LA INQÜIBICIOK ]>S LIMA
afio, la escribió, aunque la carta le pareció demás de hom-
bre de mas talento^ si bien pudo comunicarla con otros mas
bien entendidos.
"Y que por dicha carta se acuerda que mudaron de Oru-
ro al padre Gabriel Perlin y lo enviaron a Buenos Aires,
y desde ésta al dicho padre Bernabé de Cobos a Arequi-
pa, y que no sabe si por esta misma causa mudaron al pa-
dre Coleri y enviáronle a Tuli, y otros que no se acuerda.
iiY que del depósito mandaron a Agustín de Aguilar y
al padre Conde, que ambos estaban en Arequipa; al padre
Juan de Figueroa, a quien afligieron mucho y le enviaron
a Chuquisaca o a ]a Paz y al cabo le echaron, y es fraile
agustino, y que aunque mudaron al padre Ordoñez a Qui-
to, piensa no fué por la dicha carta; y que otros mudaron
también del dicho colegio, que no se acuerda y lo dirá si
se acordare, y que por razón de la dicha carta sabe este
denunciante, porque las escribia por su mano, que se hi-
cieron órdenes muy apretadas en aquella congregación
que no saliesen los religiosos a confesar a la iglesia sino
en cierta forma, y que no pudiesen hablar con las indias
bonitas sino tiempo limitado y muy corto y en dias seña-
lados, como constará de la dicha congregación, y por ha-
ber dado la hora cesó la audiencia, y siéndole leido lo que
ha dicho, dijo estar bien escrito y lo firmó de su nombre.
— Antonio de Ureña. — Y pasó ante mí. — Juan de Iza-
guirre, secretario.
11 En la ciudad de los Reyes, a veintiséis dias del mes
de agosto de mil y seiscientos y veintidós años, estando
en su audiencia de la mañana el señor inquisidor licen-
ciado Andrés Juan Gaytan, pareció en ella el padre
Antonio de Ureña, y continuando la dicha su declara-
ción, debajo del juramento que tiene hecho, dixo que
sabe por cosa cierta que muchos de los privilegios que tie-
ne la Compañía ad tempus y no perpetuos, han espirado
mas ha de seis a ocho años, como de ellos mismos consta-
rá, y sabe que no obstante la cesación de ellos, han usado
y usan actualmente de ellos los padres de la Compañía,
contra lo dispuesto por su Santidad muchas y varias ve-
ces, sobre lo cual consultaron las Provincias al general
Claudio Aquaviva» y Muccio Viteleschi, que es ahora, y de
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CAPÍTULO VINAL 41S
ella respondieron que se fnessen con su buena fe, y tiene
por cierto que escribieron de Boma los secretarios que lo
habían comunicado con su Santidad; y yendo a Boma y
tratando este punto este declarante con el padre Nicolás
de Almanza, asistente de España e Indias, le dixo a este de-
nunciante que él no sabia de tal comunicación con el Pon-
tífice y que mirasen lo que hadan; y en este mismo tiem-
po, para confirmación de esta verdad, su santidad el papa
Paulo V, el año de doce o trece, despachó una bula, cuyo
tenor tiene este denunciante en su baúl, al fin de los pri-
vilegios, impresa en Boma, no uno sino dos traslados, en
la cual bula, a ruego de los arzobispos y obispos de estos
reynos, que gravemente se quejaron al Pontífice de que la
Compañía les usurpaba su jurisdicción, dejándoles casi sin
ninguna, usando indebidamente de los privilegios y aun
escediendo en ellos, por lo cual la bula susodicha vino
quartada en gran manera: por lo cual viendo los padres
de este colegio de San Pablo cuan atadas estaban las ma-
nos por la dicha bula, hicieron pareceres, en especial el pa-
dre Juan Pérez Menacho, de que todos los privilegios
etiam ad tempus eran perpetuos, el que, al parecer, apre-
ció la congregación dicha del año de mil seiscientos y
dieziocho, y el padre Nicolás Duran, que enviaron por
procurador le llamó a Boma, y habiéndole visto el (Gene-
ral y no atreviéndose a comunicarlo con el Pontífice, sa-
biendo que no lo habia de conceder, respondieron con el
mismo padre Nicolás Duran que el parecer dicho les era
muy bueno y que con él pasasen y usasen de su privile-
gio y dispensasen como antes, y que este denunciante, co-
mo sabia lo que pasaba en Boma, porque estuvo en ella
nueve meses y que el Pontífice no concediera los tales
privilegios porque era muy celoso de la autoridad de los
obispos, y por este escrúpulo, en los casos que se le han
ofrecido a este denunciante, no ha querido dispensar en
virtud de los dichos privilegios y órdenes del General, por
tenerlos por ningunos, y en particular lo hizo este mes de
abril pasado habiéndosele ofrecido la rehabilitación de un
matrimonio, acudió al doctor don Juan Velasquez, arce-
diano de esta santa Iglesia y comisario de la Cruzada paxa
que dispensase, como cosa que le pertenecía, por ser tal co-
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414 LA INQUISICIÓN DB LIMA
misario, y le dio la dicha dispensación y la despachó el
padre Juan de Tamayo y le costó trece patacones y dos
reales, que dio a Pedro Bermudez^ thesorero de la Cruza-
da, como parecerá por sus libros, a que se remite, y que no
sabe otra cosa que decir en este caso.
II Preguntado en qué ocasiones y en qué lugares han
dispensado los padres de la Compañía después que se aca-
baron los dichos privilegios: dixo que en todo el reyno
sabe que han dispensado y es cosa ordinaria en el tra-
to común de casa referir las dispensaciones que han he-
cho, y que particularmente cuando van a las misiones dis-
pensan en todos los casos que se ofrecen, que no se acuerda
formalmente de las personas ni de los lugares.
n Preguntado si IJevan por las tales dispensaciones algu-
na limosna, dixo que no, ni tal ha entendido jamas.
hiten dixo que el año de 614, partiendo de esta ciudad
para Roma el padre Juan Vasquez, que iba por procura-
dor, le oyó decir que habia todo lo que le habia
de suceder en el viaje con una persona, la cual le habia
dicho que tuviese cuidado al embarcar y desembarcar y
que con eso tendría buen viaje; y después entendió que
la persona que le dixo ésto fué un indio hechicero y que
sospechó que era del Cercado, porque sabe que los mismos
padres que viven en el cercado le han dicho que por de-
bajo de la puerta de Santa Cruz, donde están los hechice-
ros y hechiceras, les han consultado muchas personas de
fuera, españoles, indios y mestizos, y aunque se puso al-
gún cuidado para que no acudiesen a la puerta, no sabe
que haya remedio total, ni que se deje de hacer.
iilten dixo, que sabe que el año de 617, estando de
partida en Sevilla para este reyno con el dicho padre Juan
Vasquez este declarante, le dixeron que el dicho padre
Juan Vasquez habia consultado a un grande hechicero ni-
gromantino para saber qué suceso habia de tener en su
viage, el cual le parece que vivia en Jerez de la Frontera,
lo cual le digeron el padre Pedro Bol y Juan Fernandez,
que desde Cartagena se volvieron otra vez a España, por
pesadumbres que habían tenido con el dicho padre Juan
Vasquez, los cuales escribieron que vivian en la provincia
de Aragón, en Zaragoza o Valencia, y a su ruego lo escri-
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CAPÍTULO FINAL 415
bió al padre Diego Alvarez de Paz con este declarante el
hermano Pedro de Armendariz, que ahora está en este
colegio, y podrá ser que la carta esté en el archivo, por-
que este declarante ee la entregó y dio en mano propia y
se la vio leer al dicho Diego Alvarez de Paz, que enton-
ces era provincial; y asimismo sabe de ésto el licenciado
Cristóbal Frontín, que entonces era de la Compañía, y en-
tiende este declarante que ahora está aquí o en el Callao,
y que no se acuerda ahora de mas testigos.
irlten dixo, que predicando este denunciante el año de
619 en la villa de Guaura, le dixo el licenciado Alonso de
las Cabanas, cura y vicario de la misma villa de Guaura, que
viniendo a visitar la idolatría dos padres de la Compañía,
cuyos nombres no se acuerda, llegaron a la villa de Baque-
ta, media legua de Guaura, pueblo de indios y anejo al
mismo vicario, y que teniendo noticia de un grande he-
chicero que vivia en el dicho pueblo de Baqueta, le hicie-
ron untar, hechizar y las demás cosas que solia hacer el
indio invocando al Zupay (que es el Diablo), con los cua-
les conjuros e invocaciones el indio perdió el juicio y es-
tuvo como muerto algunas horas, y después volvió ha-
ciendo mil visajes endemoniados, diciendo cómo habia
estado en tal o cual región, de lo cual le dixo el dicho vi-
cario a este declarante que se habia escandalizado grave-
mente, y aun a este declarante le pareció cosa muy abo-
minable, de lo cual todo dará mas larga relación el dicho
vicario, que todavía lo es y vive en la misma villa.
iilten dixo, que el año de 615, estando este declarante
en Roma, y juntamente el padre Juan Vasquez, habia fal-
ta de agnus benditos a causa de que habia ocho o diez
años que no los consagraba Paulo V, pontífice que enton-
ces era, y deseando traer muchos agnus a este reyno el
dicho padre Juan Vasquez, es pública voz y fama que
buscando moldes hizo los dichos agnus falsos, sin las ben-
diciones del Pontífice y oblaciones y crismas con que se
consagran, lo cual escribió en la dicha carta el dicho her-
mano Pedro de Armendariz, como íntimo suyo, que lo sa-
bia muy bien y se lo dixo a este denunciante y al dicho
licenciado Cristóbal Frontín, y tiene por cierto que tam-
bién lo saben el hermano Juan María Gallo, italiano, que
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416 LA UÍQIJISICION BB HMA
era su compañero en Boma, y vio este denunciante que
tenían allí gran amistad, y también el hermano Samanie-
go, que fué su compañero desde aquí a Roma y volvió con
él, y ahora está en el colegio de Arequipa o Tuli, y que
diciéndolo este denunciante al padre Diego Alvarez de
Paz, provincial, que le habia parecido muy mal, le res-
pondió que entendia habia de haber una biila para poder
hacer aqui de los agnus quebrados enteros, y replicándole
este denunciante que ésto habia sido en Roma y no de
quebrados sino de cera por bendecir, donde hay grandísi-
mas penas y excomunión papal a quien lo hace, dixo que
él lo vería y no sabe que se haya hecho ninguna diligen-
cia mas, ni mas castigo; y por ser dada la hora cesó la au-
diencia, y siéndole leído lo que ha dicho, dixo estar bien
escrito y lo firmó de su nombre. — Antonio de Ureña.
— ^Pasó ante mí — Jiixin de Izaguirre, secretario.
nEn la ciudad de los Reyes, a veintisiete dias del mes
de agosto de mil y seiscientos y veintidós años, estando
en su audiencia de la mañana el señor Inquisidor, licen-
ciado Andrés Juan Gaytan, pareció en ella el dicho padre
Antonio de Ureña, de la Compañía de Jesús, y continuando
la dicha su declaración debajo del juramento que tiene
hecho, dixo que el padre Bernabé de los Cobos, que ahora
es ministro del colegio de Guatemala, le dijo que en el co-
legio de Oruro, el padre Claudio Coloni habia manifestado
una confesión declarando a un superior de una religión un
pecado de un subdito suyo, que habia sabido en confesión
sacramental, y que entiende que el superior y el religioso
eran de la Orden de Santo Domingo, y debe de haber que
pasó éstp tres o cuatro años, y que este padre Coloni se fué
con el padre Joseph de Arriaga, a España, en el armada
que partió del Callao el mes de mayo de este año, y dicen
que va a Roma.
»«Yten, dijo que en este colegio de algunos años a esta
parte suelen ser padres espirituales, que toman quenta de
la conciencia y juntamente confesores y consultores, per-,
sonas que luego infaliblemente vienen por provinciales o
rectores de la misma casa, como lo fué el provincial que
ahora es, y el padre Diego Alvarez de Paz, rector y pro-
\ijicial, y que también corre público en la casa que el pa-
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CAPÍTULO FINAL 417
dre Gonzalo de Lira ha de ser provincial, y le dieron el di-
cho oficio, y le exerció hasta que, fatigado de la asma, se
fué a convalecer a la Sierra, de lo qual se sigue que sabién-
dolo los de casa, se retraen en las confesiones de decir co-
sas graves, si las hai, por temor de que después les han de
regir por ellas a premiar o castigar, tomando ocasión de
otras, y la verdad es que el castigo no lo hacen al religio-
so, por lo que dicen, manifiestan y publican los superiores
sino por lo que saben en confesión de sus conciencias del
subdito o subditos a quien castigan, como públicamente,
lo dijo el padre Esteban Pérez en unos casos de concien-
cia, un lunes, diá en que tratan dellos en la Compañía, que
podrían muy bien aprovechar los superiores de lo que sa-
bían en las confesiones para el régimen de los subditos:
por lo cual ha sabido este denunciante que se han hecho
muchas confesiones sacrilegas, así por ésto como por la di-
ficultad grande que tienen en dar licencia para absolver
de cosas reservadas, por lo cual algunos han inventado
nuevas y estraordinarias opiniones para no pedirla, sa-
biendo esta dificultad, como el año de 1616, en Santa Fé
de Bogotá, siendo rector el padre Luis de Sanctillan y
provincial el padre Gonzalo de Lira, estuvieron presos en
la Compañía ocho o diez religiosos, entre los quales fué
Zamavilla, excelente músico de la iglesia de Toledo, por
que decían que bastaba cuando el superior el dia de fies-
ta dice la misa a la comunidad, aquella absolución general
que dice misereatur vestri o aquella que se dice antes de
comulgar indulgentiam absolutionem, etc., para quitar la
reservación, por lo cual despidieron a algunos de ellos, y
al maestro de ellos, que era LÍ9arraga, lector de teulogía,
enviaron a España el año de 617, y desembarcó en Lisboa.
"Y que esta dificultad en dar licencia la ha esperimenta-
do este denunciante yendo a pedir algunas para personas
de dentro de casa, que se querían confesar con él, los qua-
les sin grandes limitaciones y sin inmensa dificultad no pu-
do conseguir, y tan pocas que no pasaron de dos, teniendo
este denunciante que espresar si había cómplice en el
pecado del penitente que pedía la dicha licencia, por ser
reservado el caso que pedia y obligaba a pedir la tal li-
cencia, y que no hai pecado exterior mortal, sino es la
TOMO II 27
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418 LA INQUISICIÓN DE LIMA
omisión del rezo que no esté reservada, porque aunque el
Pontífice por su bula señaló materias que se pudiesen re-
servar, y no otras, por aquella facultad que añadió que
los capítulos y congregaciones generales podrían añadir
los mas que les pareciese necesarios, con esta latitud, en
la primer congregación general, añadió la Compañía has-
ta no dexar pecado mortal, sino es la omisión del rezo:
pecado mortal entiéndese exterior.
«» Yten, dijo que por cuanto sabe que hai un buleto de Su
Santidad, y ha leydo y ha oydo decir en la Compañía a
muchos religiosos de cuyos nombres no se acuerda ahora,
que se despachó a petición de este Santo Tribunal, tomán-
dole por toda la Inquisición, de que no se admitiesen ni
aconsejasen, fuera de caso de necesidad, a mujeres mozas,
hacer nuevas confesiones generales, por haberse esperimen-
tado que esta general noticia de la vida de la tal persona
daba avilantez a los tales confesores para impetrar y al-
canzar de ellas cosas no lícitas, el qual buleto porque, o
muchos no le saben, o por otras razones, no le guardan; y
que este denunciante ha esperimentado muchas veces que
no se practica, y en especial se lo dixo al dicho padre Juan
de Villalobos, que confesaba ynnumerables mugeres, ge-
neralfnente que a este denunciante le parecía que no ha-
bía necesidad de que hiciesen confesión general sino parti-
cular, y le parece a este denunciante hay necesidad precisa
de mandar a los padres de la Compañía que guarden y
cumplan el dicho breve.
»» Yten, dixo que ahora se acuerda que dicho padre Juan
de Villalobos dijo a este denunciante, tratando, de la pru-
dencia que se debía tener en las penitencias que se daban
por cosas reservadas, que en un colegio un rector había
mandado al confesor que le pidió licencia para un caso re-
servado, que mandase al penitente salir con una pública
disciplina al refitorio, por lo qual conoció el superior el
que había delinquido.
"Y otro rector mandó traer un cilicio muy áspero a un
confesor que le fué a pedir otra licencia para un peniten-
te, y como le mandó que diese en penitencia al que había
cometido aquel pecado reservado el dicho cilicio muy ás-
pero, haciendo diligencia para saber quien tenia el cilicio
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CAPÍTULO FINAL 419
que él le habia espresado le mandase poner, porque edifi-
caba mucho en casa por su aspereza, conoció que el que le
tenia era la persona para quien habia dado la licencia del
tal caso reservado; y que algunos superiores aunque saben
que hacen mal en descubrir el que tiene caso reservado por
los caminos dichos, y otros lo hacen porque de esa mane-
ra, y con tales finezas ganan opinión de exactos obser-
vantes, celosos, y así son superiores toda la vida, porque
de estas cosas se avisa muy particularmente a Roma, de
lo qual, pagado el General, les confirma los oficios, como el
provincial presente Juan de Frías Herran, que ha treinta
y cuatro años continuos que es ^superior, y otros muchos,
y el padre Oñate ha diezyocho o veinte años que es supe-
rior continuamente.
•»Yten, dijo que el privilegio para traer en este reyno
altar portátil, aunque es tan útil en algunas partes, no se
usa en él con la debida decencia cuando se dice misa, co-
mo este declarante ha visto en lugares no limpios y en
partes donde corría riesgo llevarse el aire la hostia con-
sagrada, lo cual convendría avisarles en este particular
que usasen del dicho breve con moderación y mas de-
cencia.
«» Yten, dijo que en las anuas que todo los años hacen
los provinciales de todos los casos notables que han suce-
dido aquel año y les envian a Roma y a España, en las
cuales anuas se ponen muchos casos que pasan en confe-
sión, aunque sin señalar parte, y otros que tocan a la hon-
rra y reputación de personas graves, por lo cual se viene
en conocimiento de las tales personas, con grave pérdida
de su honrra y reputación, porque como las personas son
conocidas de los religiosos de casa y especifican tantas cir-
cunstancias y el Perú es un callejón donde todos se co-
nocen sin dificultad ninguna, aunque no se ponga el nom-
bre, se viene en conocimiento de la persona, y este decla-
rante ha venido en conocimiento de algunas personas y de
casos gravísimos por las tales anuas, por lo cual las tiene
por perjudiciales y dañosas para las honrraá, por los tales
casos, y necesario se les mande que no escriban los tales
casos que envian en latin a Roma y en romance a todas
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420 LA INQUISICXOK DB LIMA
las provincias de España, y que no se le acuerda por aho-
ra otra cosa que decir, y que todo lo que ha dicho y de-
clarado en las dos primeras audiencias, y en ésta es cierto
y verdadero, y que no lo ha dicho por odio ni enemistad
que tenga a la Compañía, religiosos de ella, sino por des-
cargar su conciencia, y siéndole vuelto a leer lo que ha di-
cho en las dos primeras audiencias y en ésta dijo estar
bien escrito: encargósele el secreto, y prometiólo, y lo
firmó de su nombre. Antonio de üreña. — Pasó ante mí
Jv^n de Izaguirrey secretario.
"En la ciudad de los Reyes, a tres dias del mes de se-
tiembre de mil y seiscientos y veinte y dos años, estando
en su audiencia de la mañana el señor Inquisidor, licen-
ciado Andrés Juan Gaytan, mandó entrar a ella al dicho
padre Antonio de Ureña, de la Compañía de Jesús, que
vino sin ser llamado, y siendo presente fué del recibi-
do el juramento en forma debida de derecho, so cargo
del cual prometió de decir verdad, y siendo preguntado
dijo llamarse el padre Antonio de Ureña, de la Compa-
ñía de Jesús, natural de Medina de Rioseco, sacerdote
predicador y confesor en la dicha Compañía, de edad de
treinta y cuatro años, y dijo que se le ha acordado, de
mas de lo que en las audiencias pasadas dijo, que el
padre Graviel Cerrato, de la Compañía, predicando en la
Paz, habrá tiempo de cuatro años, dijo como a ningún sacer-
dote que hubiese cometido pecado de carne con muger le
perdonaba Dios, lo cual dijo en la congregación de los clé-
rigos de la dicha ciudad, de que se escandalizaron notable-
mente, lo cual le refirió a este denunciante el padre Cris-
tóbal de los Cobos, que se lo oyó decir, que le parece a es-
te denunciante tener alguna conexión con la herejía de
Tertuliano, que enseñaba ser imposible perdonarse el peca-
do al adulto después que recibió el bautismo, y que también
fué heregía de los anabaptistas y otros que decían que ca-
da vez que pecaba un hombre era menester volverse a
bautizar: y que lo que ha dicho es la verdad, y no lo dice
por odio ni enemistad que tenga al dicho padre Graviel
Cerrato, sino por descargo de su conciencia, y siéndole
leydo, dijo estar bien escrito, encargósele el secreto y pro-
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CAPÍTULO PIÑAL 421
metióle, y lo firmó de sa nombre* Antonio db Urbña. —
Pasó ante mí, Juan de Izaguirre, secretario.'
.... "En casa se publicó pena de excomunión para que
qualquiera que hubiese entrado o llevado carta mia para
ese Tribunal, lo viniese manifestando al padre provincial,
reservando en sí la absolución, con lo qual el viejo Mar-
tin de Jauregui lo manifestó y le dieron su salmorejo. Sa-
bido pues que habia tenido origen de mí y no de U. S.
la yda a sse Santo Tribunal, la noche siguiente, luego que
vine, me metieron en un infernal aposento, obscuro, lóbre-
go, poniendo tres llaves, y por una ventanilla solamente
me daban de comer, que era solo pan negro y agua, que
añadido al suelo por cama, me hizo tal impresión en el
estómago que no podia retener nada con continuos vómi-
tos. Viendo ésto, por temor de la muerte, dige me llama-
sen al provincial, que ya sabia por qué era tanto rigor;
vino, y habiendo tratado con él varias cosas, me dijo si
tenia otra cosa que se la dixese, para remediar, tirándo-
me tiros que luego entendí — ^yo entonces viéndome en el
apretura referida y que el aposento se c^ya sobre mí, que
entendí ahogarme de polvo, sin retener nada en el estó-
mago, saltando como perjuro el juramento, le descubrí
tres cosas de las que denuncié; bien es verdad que pri-
mero que las dixese, le dije que en conciencia no podia:
aquí me respondió que por evitar alguna deshonra a la
Religión, que no tuviese escrúpulo en manifestárselo: lo
que le dije fueron estas tres cosas: primera, la consulta del
padre Juan Vasquez con el hechicero, no añadiendo mas,
a que me respondió que ya se habían desdicho los testigos
"y que entendía habia sido dicho no mas. Lo segundo que
le dije fué lo de los privilegios falsos, que sintió muchísi-
mo sobre manera, sobre que tuvimos muchos dares y to-
mares, por lo qual esta armada se harán fuertes diligen-
cias para ganarlos del Pontífice nuevo, que afirman ser
muy afecto a la Religión, que por ser punto tan esencial, ha
dado y dará grandísimo cuidado y mas del que U. S.
5. aConcuerda con su original que queda en el dioho libro en la Cá-
mara del secreto del Santo Oficio de la Inquisición del Pera de donde
la saqué yo. Martin Diaz de Contreraa, secretario.» Lib. 760-8, f. 74.
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422 LA INQUISICIÓN DK LIMA
puede imaginar, pues ya son subditos de los señores obis-
pos o sus superiores, y como ahora los dos arzobispados
de este rey no están vacos, como a parte indefensa y sin
defensor, entiendo perecerán; pero este cuidado mas les
toca a los señores prelados, que a mí; solo afirmo que si
Paulo Quinto viviera, ni se lo pidieran ni los concediera
jamás, pues en el uso hay abuso y prodigalidad, poco re-
curso a los señores obispos, ninguna subjecion, menos
estimación. Lo tercero, fué lo de la carta de las solicita-
ciones: cayó luego en ello, pero dixo que el frayle seria
castigado, pues no avisó; preguntó si alguno en particular
estaba encontrado, dije que nó, y señalando algo al que fué
a España a otro propósito, me preguntó con ansia si habia
de aquel padre otras cosas, mas tan de veras que me hizo
reparar: esto es lo que solamente le dije, con harto dolor de
mi alma: con que dé lo que hubiese delinquido pido per-
don: pasó ésto a 16 de setiembre.
«•No paró aquí el negocio, porque el padre Alonso Me-
sía, ansioso o temeroso de haber sido comprehendido en
algo, negoció con el padre provincial, (salvo si fué traza
de entrambos) de que me confesase ai Mesía, por saber lo
que me habia pasado y el provincial por si habia oculta-
do otra cosa, y aunque yo pedí otro padre (porque a Me-
sía jamás por su poca verdad, mucha caballeria e indecible
presunpcion le habia podido tragar) no tuvo remedio, sino
que habia de ser él, como si el confesar fuera casamiento
indisoluble o violencia tiránica; en fin, vino, (comencérae
a confesar, y luego hqnts in Jabidationem) viera ü. S.
tanto apremio, que solo le dixe, que no es usted, que solo
es una consulta que el padre Juan Vasquez hizo en Espa-
ña a un hechicero, y aunque me desolló, no dixe mas,
y de aquello pésame harto en verdad, yo no sé si por
no le haber dicho mas, o porque luego me revolvió
con el provincial, no tanto como él lo está con el Ge-
neral ....
»»Lo que resultó de haber dicho al provincial los tres
puntos, fué darme palabra de sacarme otro dia; luego
aquél mismo, la comida buena y abundante, cama y mejor
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capítulo final 428
aposento y dejar que los de casa me hablasen, y en este
estado estoy ahora^ . n
. • !?Con lo qual no hay quien se atreva, no le suceda lo
que a mín, terminaba Ureña.®
Según desde un principio ha podido comprobarse, los
obispos no recibieron en jeneral con aplauso el estableci-
miento de la Inquisición en sus respectivas diócesis, bien
fuera porque así se les cercenaba considerablemente su j^-
risdiccion, o porque con el curso del tiempo pudieron cer-
ciorarse de que en sus ministros solo podían encontrar ver-
daderos perseguidores de su conducta, cuando no gratui-
tos detractores.
Bajo este aspecto, el Tribunal no se andaba con escrú-
pulos, pues donde quiera que notase el mas mínimo sínto-
ma de enemistad, de mero descontento, o de simple falta
.de aprobación de sus procederes, jamas dejaba de encontrar
en sus archivos, o de forjar para el caso, informaciones
que rebosaban veneno, destinadas a enviarse al Consejo
de Inquisición o al Rei, por medio de sus jefes inmediatos.
No solo el infeliz reo que después de ser penitenciado
se desahogaba quejándose del modo como habia sido tra-
tado o de la poca justicia que se habia usado con él, esta-
ba sujeto a caer en primera oportunidad de nuevo bajo el
látigo inquisitorial, pero los que por algún motivo cualquie-
ra, aunque fuese el mismo decoro del Tribunal, ajado i pi-
soteado por la avaricia o vida escandalosa de sus miembros,
creían oportuno dar aviso al Consejo de Indias o al de In-
quisición, i hasa los mismos prelados que en cumplimiento
de sus deberes se creían en el caso de formular la mas li-
jera indicación que pudiera contrariar los planes de los
Inquisidores, eran denunciados, calumniándolos muchas
veces sin piedad. Fué este un sistema a que desde los
primeros dias amoldaron su conducta con una rara inva-
riabilídad.
No recordaremos el caso en que con todo descaro, obe-
diendo a un sistema preconcebido, negaban los Inquisidores
7. Carta de [Trena a Qaytan^ de 22 de noviembre de 1622. Número
1 de TesUficacioties contra loa Padres de la Compañía, fol. 482.
8. Carta al Beide 6 dealrü de 1623.
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424 LA INQUISICIÓN DB LIMA
la comunicacioiL de los documentos que en sus archivos
existian tocantes a Santa Kosa cuando se trató de canoni-
zarla; pero si no fueran ya bastantes los numerosos testi-
monios que sobre la táctica del Tribunal dejamos consig-
nados, queremos aquí estampar una última muestra de la
impudencia con que la baba inquisitorial se cebaba hasta
en las personas que la Iglesia ha elevado hace tiempo a la
categoría de santos.
Hé aquí en efecto, lo que uno de los ministros decia
con referencia a Santo Toribio i demás obispos congregados
en concilio provincial:
iiHemos tenido mucha experiencia en este reyno de que
generalmente no dio gusto venir la Inquisición a él, a las
particulares personas, por el freno que se puso a su liber-
tad en el vivir y hablai*, y a los eclesiásticos, porque a los
prelados se les quitaba ésto de su jurisdicción, y a los de-
mas se les anadian jueces mas cuidadosos, y a las justicias
reales, especialmente Virrey y Audiencias, porque con ésta
se les sacaba algo de su mano, cosa para ellos muy dura,
por la costumbre que tenían de mandarlo todo sin escep-
cion; y así, para que esta contradicción en sus ánimos se
olvidase, y en lugar de ella le subcediesse afficion y amor,
el que a tan Sancto Oficio se debe hacer, hemos estado y
estamos muy cuidadosos de que en nuestra manera de
proceder y en la modestia de nuestros ministros, no solo
no hubiese cosa enojosa, sino toda afabilidad y concordia,
guardando lo que debemos en lo demás; y con todo este
cuidado hallamos siempre que reparar en unos y en otros
tribunales, que no mirando a lo mucho que su magestad
les encomienda nuestras cosas, comunmente las desfavo-
recen en lo que pueden, especialmente los obispos, no con-
siderando que con la Ynquisicion les quitó Vuestra Seño-
ría lo con que mas encargaban sus conciencias, pues no
usaban de ella sino en los casos y con las personas con
quien con su jurisdicción ordinaria no podían, y en los
que derechamente heran dtj este fuero hacían lo que en
los demás ordinarios, según hemos visto por los procesos
hechos por ellos que se nos remitieron; — y con este funda-
mento, y no cierto con otro, estando loa obispos de estas
partes congregados en esta ciudad en concilio provincial,
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CAPÍTULO FINAL 425
después de muchas discusiones que entre sí tuvieron y en
que lo que nos fué posible, les quitamos con nuestra in-
tervención,^ entre las pocas cosas en que se convinieron
fué una el capítulo de una carta que escribieron a su ma-
gestad, cuya copia será con esta, en que tratan de nues-
tros comisarios, y certificamos a Su Señoría que en nin-
guno de los que hemos tenido, ha halládose cosa de las
que en este capítulo se les imputa, sino, demás de lo di-
cno, creemos que será la causa el haber los obispos del Cuz-
co, (que es difunto) y el de la Plata y el de Tucuman pre-
tendido de nosotros que los hiciésemos comisarios en sus
obispados, y habérselo negado, en conformidad de lo que
Vuestra Señoría nos manda, de lo qual han mostrado mu-
cho desplacer — ^y hemos sentido mucho que personas que
a tanto están obligadas, hayan, sin fundamento alguno
de verdad, alargádose a escribir a su magestad, desacre-
ditando ^/aestros ministros — conociendo todos y confesan-
do que la Inquisición ha hecho y haze en estas partes, en
servicio de Dios y de su magestad, mas que juntos todos
los otros ministros que en ellas tiene, y creemos cierto que
el ser esta la voz del pueblo, despierta en ellos estas y
otrajs calumnias
iiPara que en lo que hemos dicho que los obispos del
concilio provincial escribieron a su magestad, se persuada
Vuestra Señoría estuvieron demasiados, diremos lo que ha
pasado, y es, que habiendo hecho ciertos decretos y publi-
cádolos, en que mandaban que los obispos ni otros cléri-
gos jugasen, sino en cierta cantidad, que no tratasen ni
contratasen por sí ni por interpósita persona, y otras co-
sas, so pena de excomunión ipsofacto incurrenda, y de
otras penas, nos informaron que escribieron a su mages-
tad ésto que havian ordenado, diciendo que para que los
demás lo cumpliesen se obligaban primero a sí mismos al
cumplimiento, y desde algunos dias hicieron un decreto .o
declaración y renovación en quanto a ellos toca, cuya co-
pia será con esta, dándose facultad de dispensar con los
demás clérigos, el qual decreto hicieron sin secretario, y
después se le hicieron firmar, sin ver lo que era, para te-
nelle secreto, aunque por descuido del Obispo de Tucu-
man se descubrió, y por lo que se ve en los mas de estos
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426 LA INQUISICIÓN DS LIMA
prelados, se ha dado causa de que se diga y crea, fué pa-
ra acrecentar sus haciendas, fi**
La insolencia i orgullo de los Inquisidores no debe, sin
embargo, parecer estraña, amparados como se hallaban
por la suprema autoridad del papado i del i-ei, en unos
tiempos en que, después de Dios, nada mas grande se co-
nocía sobre la tierra. Precisamente el mismo año en que
se creaban para América los tribunales del Santo Oficio,
Pío V dictaba una bula o motu propio del tenor siguiente:
11 Si cada dia con diligencia tenemos cuidado de am-
parar los ministros de la Iglesia, los cuales Nuestro
Señor Dios nos ha encomendado, y Nios los habemos reci-
bido debaxo de nuestra Fe y amparo, cuanto mayor cui-
dado y solicitud nos es necessario poner en los que se
ocupan en el Santo Oficio de la Inquisición contra la he-
rética pravedad, para que siendo libres de todos peligros,
debaxo del amparo de la inviolable authoridad de nuestra
Sede Apostólica, pongan en execucion cualesquiera cosas
tocantes a su Oficio, para exaltación de la Fe Cathólica?
Assí que, como cada dia se aumente mas la multitud de
hereges, que por todas vías y artes procuran destruir el
Santo Oficio y molestar y ofender a los ministros de él,
hános traido la necesidad a tal término que nos es neces-
sario reprimir tan maldito y nefario atrevimiento con
cruel azote de castigo. Por tanto, con consentimiento y
acuerdo de los Cardenales, nuestros hermanos, establece-
mos y mandamos por esta general constitución, que cual-
quiera persona, ahora sea particular o privada, o ciudad o
pueblo, o señor, conde, marques o duque, o de otro cual-
quiera mas alto y mejor título, que matare o hiriere o
violentamente tocare y ofendiere, o con amenazas, con-
minaciones y temores, o en otra cualquiera manera impi-
diere a cualquiera de los Inquisidores o sus oficiales, fis-
cales, promotores, notarios o a otros cualesquiera ministros
del Santo Oficio de la Inquisición, o a los obispos que
exercitan el tal oficio en sus obispados o provincias, o al
acusador, denunciador o testigo traido o llamado, como
quiera que sea, para fee y testimonio de la tal causa; y el
9. Carta de Gutiérrez de Ulloa al Consejo , fecha 26 de abrü de 1584.
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CAPÍTULO FINAL 427
que combatiere o acometiere^ quemare o saqueare las igle-
sias, cosas u otra caalquiera cosa pública o privada del
Santo Oficio, o cualquiera que quemare, hurtare o llevare
ciuüesquieru libros o procesos, protocolos, escrituras, tra-
suntos u otros cualesquiera instrumentos o privilegios,
donde quiera que estén puestos, o cualquiera que llevare
las tilles escrituras o alguna de ellas, a tal fuego, saco o
robo, en cualquiera manera, o cualquiera persona que se
hallare en el tal combate, fuego o saco, aunque esté sin
armas o fuere causa, dando consejo, favor y ayuda, en
cualquiera manera que sea, de combatir, saquear u quemar
las dichas cosas tocantes y pertenecientes al Santo Oficio,
en cualquiera manera que sea, o prohibiere que algunas
cosas o personas del Santo Oficio no setin guardadas o de-
fendidas; y cualquiera persona que quebranttire cárcel pú-
blica o particular, o sacare y echare fuera de la tal cárcel
algún preso, o prohibiere que no le prendan, o le recepta-
re ü encubriere, o diere o mandare que le den facultad,
ayuda o favor para huir y ausentarse, o el que para hacer
y cometer alguna de lat* dichíis cosas o parte de ellas, hi-
ciere junta o cuadrilla, o apercibiere y previniere a algu-
nas pei'sonaa o de otra cualquiera manera, en cualquier
cosa de las sobredichas, de industria diere ayuda, cionsejos
o favor, pública o secretamente, aunque ninguno sea
muerto, ni herido, ni sacado o ochado, ni librado de tal
cárcel; y aunque ninguna casa sea combatida, quelu^anta-
da, quemada ni saque¿ula; finalmente, aunque ningún da-
ño eu efecto se haya seguido, con todo csso, el tal delin-
cuente sea excomulgado y aiiatLematizado, y sea reo lescp
marjestati y quede privado de cualquier señorío, dignidad,
honra, feudo y de todo otro cualquiera beneficio temporal
o perpetuo, y que el juez lo califique con aquellas penas
que por constituciones legítimas son dad^is a los condena-
dos por el primer capítulo de la dicha ley, quedando apli-
cados todos SUR luencs y hacienda al fisco, así como tam-
bién está constituido por derechos y sanciones canónicas
contra los hereges condenados; y los hijos de los tales
delincuentes queden y sean sugetos a la infamia de sus
padres, y del todo queden sin parte de toda y cualquiera
herencia, sucession, donación^ manda de parientes o es-
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428 LA INQUISICIÓN DS LIMA
trafios» ni tengan ningunas dignidades, y ninguno pueda
tener disculpa alguna ni poner ni pretender dgun calor o
causa para que sea creido no haber cometido tan gran de-
lito, en menosprecio y odio del Santo Oficio, si no mos-
trare por claras y manifiestas probanzas haber hecho lo
contrario. Y lo que sobre los susodichos delincuentes y
sus hijos hemos estatuido y mandado, esso mismo quere-
mos y ordenamos que se entienda y execute en los cléri-
gos y presbíteros, seculares y regulares, de cualquiera orden
que sean, aunque sean exemptos, y en los obispos y otras
personas de mas dignidad, no obstante cualquiera privile-
legio que cualquiera persona tenga; de manera que los ta-
les, por authoridad de las presentes letras, siendo privados
de sus beneficios y de todos los oficios eclesiásticos, sean
degradados por juez eclesiástico, como hereges; y así raí-
das sus órdenes, sean entregados al juez y brazo seglar, y
como legos sean sugetos a las sobredichas penas. Pero
queremos que las causas de los prelados sean reserva-
das a Nos o a nuestros sucesores, para que, inquirido y
examinado su negocio, procedamos contra ellos, para depo-
nerlos y darles las sobredichas penas, conforme y como
lo requiere la atrocidad de su delito. Y cualesquiera que
procuraren pedir perdón para los tales o interceder de
cualquier otra manera por ellos, sepan que han incurrido
ipsofacto en las mismas penas que las sagradas constitu-
ciones ponen contra los favorecedores y encubridores de
hereges. Pero si algunos, siendo en mucho o en poco cul-
pados en los tales delitos, movidos, o por zelo de la Reli-
gión Christiana o por arrepentimiento de su pecado, des-
cubrieren su delito antes que sea delatado o denunciado,
sea libre del tal castigo; pero en lo que toca a todixs y a
cualesquiera absoluciones de los tales delitos y las habili-
taciones y restituciones de fama y honra, deseamos que
de aquí adelante se tenga y guarde en esta forma: Que
nuestros sucessores no concedan ningunas sino fuere des-
pués de haber passado por lo menos seis meses de sus
pontificados, y habiendo sido primero sus peticiones veri-
ficadas y conocidas por verdaderas por el supremo Oficio
de la Inquisición. Y assí estatuimos y ordenamos que to-
das y cualesquiera absoluciones, habilitaciones y restitu-
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CAPÍTULO FINAL 420
ciones de esta manera que de aquí adelante se hicieren^
no aprovechen a nadie si primero no fueren verificados
los ruegos y peticiones; y queremos y mandamos que esta
nuestra constitución, por ninguna vía ni parte sea dero-
gada ni revocada, ni se pueda juzgar haber sido revocada
ni derogada, sino siendo el tenor de toda nuestra consti-
tución inserto on la tal revocación, palabra por palabra; y
mas queremos, que la tal gracia y revocación sea hecha
por cierta ciencia del Romano Pontífice y sellada con su
propia mano; y si aconteciere que por liviana causa se hi-
ciere la tal revocación y derogación, queremos que laa ta-
les derogaciones y revocaciones no tengan ninguna fuerza
ni valor. Iten mandamos, que todos y cualesquiera pa-
triarcas, primados, arzobispos, obispos y los demás prela-
dos de la Iglesia constituidos por todo el orbe, procuren
por sí propios o por otras personas publicar solemnemen-
te en sus provincias, ciudades y obispados esta nuestra
constitución o el traslado de ella, y cuanto en si fuere
hacerla guardar, apremiando y compeliendo a cualesquie-
ra contradictores, por censuras y penas eclesiásticas, pos-
puesta toda apelación, agravando las censuras y penas
cuantas veces bien visto les fuere, invocando para ello, si
fuere menester, el auxilio del brazo seglar; no obstante,
cualesquiera constituciones, ordenaciones apostólicas y
cualesquiera cosas que parecieren ser contrarias. Y quere-
mos que los traslados de estas nuestras letras sean impres-
sos, publicados y sellados por mano del notario público, o
con el sello de otro cualquiera de la Curia Eclesiástica o
de algún prelado; y los tales traslados queremos que en
cualquier parte y lugar que fueren publicados, hagan tan
entera fee y testimonio como si el propio originíd fuera
leído y publicado. Iten, rogamos y amonestamos a todos
los príncipes de todo el orbe, a los cuales es permitida la
potestad del gladio seglar para venganza de los malos, y
les pedimos, en virtud de la Santa Fe Cathólica que prome-
tieron guardar, que defiendan y pongan todo su poderío
en dar ayuda y socorro a los dichos ministros en la puni-
ción y castigo de los dichos delitos después de la senten-
cia de la Iglesia; de manera que los tales ministros con el
presidio y amparo de ellos, executen el cargo de tan gran-
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430 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de oficio para gloria del Eterno Dios y aumento de la Be-
gion Christiana, porque assí recibiríln el incomparable
iniaenso premio que tiene aparejado en la compañía de la
eterna beatitud para los que defienden nuestra Santa Fe
Católica. Y mandamos que a ninguno sea lícito rasgar o
contradecir con atrevimiento temerario esta escritura de
nuestra sanción, legación, estatuto, jussion, ostentación y
voluntad; y si alguno presumiere o intentare lo contrario,
sepa que ha incurrido en la indignación de Dios Todopo-
deroso y de los bienaventurados San Pedro y San Pablo.
Dada en Roma, en San Pedro, a priníero dia del mes de
abril del año de la Encarnación del Señor mil quinientos
y sesenta y nueve, en el año cuatro de nuestro Pontifi-
cado, n^®
En esta virtud, cada vez que la ocasión se ofrecía en que
la Inquisición debiera ejercer en público algunas de sus ce-
remonias relacionadas con el desempeño de sus funciones,
tenia cuidado de exijir a los Vireyes, a la Real Audiencia
i al pueblo el juramento que insertamos en seguida.
El Virei juraba: «»V. E. jura y promete por su fe y pa-
labra, que, como verdadero y cathólico Virey, puesto
por S. M. cathólica, etc. defenderá con todo su po-
der la Fe cathólica, que tiene y cree la Santa Madre Igle-
sia apostólica de Roma, y la conservación y augmento
de ella; perseguirá y hará perseguir a los hereges y após-
tatas contrarios de ella; y que mandará y dará el favor y
ayuda necessaria para el Santp Ofíicio de la Inquisición
y ministros de eUa, para que los hereges perturbadores
10. Constitución de nuestro muy santo padre Papa Pió Quinto:^ in-
serta en la Relación del auto de fe de Peralta Barnuevo.
No tenemos para qué entrar aauí en la enumeración de las gi'acias
que los Pontifíces tenían concedidas a los Inquisidores, pero el lector
podrá encontrarlas en un libro impreso en Lima, en 1707, por Fernan-
do Eoman de Aulestía, i reimpreso cincuenta años mas tarde, por man-
dato del Tribuna], que existe en nuestra Biblioteca Nacional i que se
titula Summario de las vidulgencias plenarúis. Jubileos y gracias espiri*
tuales concedidas por los Summos Pontificss a los señores Inquisidores,
fiscaleSj etc.
La familia de Aulestia sirvió sin interrupción al Santo Oficio durante
mas de ciento treinta años, según consta de la Relación de méritos y ser-
vicios de José Toribio Román de Aulestia^ impresa por orden de la
Marquesa de Montealegre, que tenemos a la vista.
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CAPÍTULO FÍNAL 431
de nuestra religión christiaDa sean prendidos y castigados,
conforme a los derechos y sacros cánones, sin que haya
omission de parte de V> E., ni excepción de persona algu-
na, de cualquiera calidad que sea, Y S- R respondía: Assí
lo juro y prometo por mi fee y palabra. En cuya conce-
cuencia deciael mismo señor Inquisidor a S. E. : Hacién-
dolo V. E. asd, como de su gran religión y christiandad
esperamos, ensalzará Nuestro Señor en su santo ser\acio
a V. E. y todas sus acciones, y le dará tanta salud y lar-
ga vida, como este reyno y servicio de S, M. han menes'
ter< n
La Audiencia; i^Nos el presidente y oidores de esta
Real Audiencia y chanci Hería real^ que reside en esta
ciudad de los Reyes, justicia y regimiento de dicha ciudad,
alguaciles mayores y menores y demás ministros, por
amonestación y mandado de los señores Inquisidores que
residen en esta dicha ciudad, como verdaderos christianos
y obedientes a los mandamientos de la Santa Madre Igle-
sia, prometemos y juramos por los santos Evangelios y la
Santa Cruz que tenemos ante nuestros ojos, que tendre-
mos la Santa Fe cathólica que la Santa Madre Iglesia
romana tiene y predica, y que la hai-emoa tener y guar-
dar a todas otras cualesquiera personas su ge tas a nuestra
jurisdicción, y la defenderemos con todas nuestras fuer-
zas contra todas las personas que la quisieren impugníir
y contradecir, en tal manera, que perseguiremos a todos
los hereges y sus creyentes y favorecedores, receptadores
y defensores, y los prenderemos y mandaremos prender,
y los acusaremos y denunciaremos ante la Santa Madre
Iglesia y ante los dichos señores Inquisidores, como sus
ministros, si supiéremos de ellos en cualquier manera.
Mayormente lo juramos y prometemos, cuando acerca de
este caso fuéremos requeridos. Otrosí, juramos y prome-
temos, que no cometeremos ni encargaremos nuestras
tenencias, ni alguacilazgos, ni otros officios públicos, de
cualquiera calidad que sean, a ningunas de las dichas
personas, ni a otras ningunas a quienes fuere vedado o
impuesto por penitencia por V. S. o por cualesquiera se-
ñores Inquisidores, que en este Santo Officio o en otro
hayan residido^ ni a ningunas personas que el derecho
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432 LA INQUISICIOK DB LIMA
por razón del dicho delito lo prohibe; o si los tuvieren, no
los dexaremos usar de eUos, antes los puniremos y casti-
garemos, conforme a las leyes de estos reynos. Otrosí,
juramos y prometemos, que a ninguno de los susodichos
recibiremos ni tendremos en nuestras familias, compañía
ni servicio, ni en nuestro consejo; y si por ventura lo con-
trario hiciéremos, no sabiéndolo, cada y cuando a nuestra
noticia viniere las tales personas ser de la condición suso-
dicha, luego las lanzaremos. Otrosí, juramos y promete-
mos, que guardaremos todas las preeminencias, privile-
gios, y exempciones e immunidades dadas y concedidas
a los señores Inquisidores, y a todos los otros officiales,
ministros y familiares del dicho Santo Officio, y los ha-
remos guardar a otras personas. Otrosí, juramos y pro-
metemos, que cada y cuando por los dichos señores In-
quisidores o cualesquiera de ellos, nos fuere mandado
executar cualquiera sentencia o sentencias contra alguna
o algunas personas de los susodichos, sin ninguna dilación,
lo haremos y cumpliremos, según y de la manera que los
sagrados cánones y leyes que en tal caso hablan, lo dis-
ponen; y que assí en lo susodicho, como en todas las otras
cosas que al Santo Officio de la Inquisición pertenecieren,
seremos obedientes a Dios y a la Iglesia Romana y a
los dichos señores Inquisidores, y a sus sucesores, según
nuestra possibilidad. Assí Dios nos ayude y los santos
cuatro Evangelios, que están por delante, y si lo contra-
rio hiciéremos, Dios nos lo demande, como á malos chris-
tianos, que a sabiendas se perjuran. Amen.n
I, finalmente, el pueblo: »» Juro a Dios y a Santa María,
y a señal de la Cruz, y a las palabras de los Santos Evan-
felios, que seré en favor, defensión y ayuda de la Santa
'e cathólica y de la Santa Inquisición, officiales y minis-
tros de ella, y de manifestar y descubrir todos y cuales-
quiera hereges, fautores, defensores y encubridores de
ellos, perturbadores e impedidores del dicho Santo Officio;
Ír que no les daré favor ni ayuda, ni los encubriré; mas
uego que lo sepa, lo revelaré y declararé a los señores
Inquisidores, y si lo contrario hiciere, Dios me lo deman-
de, como a aquel o aquellos que a sabiendas se perjurao.
Amen. II
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CAPÍTULO FINAL 433
El Rei, por sü parte, habia colocado desde el primer
momento bajo su salvaguardia i protección a los inquisi-
dores de Indias, a sus ministros i oficiales, con todos sus
bienes i haciendas, disponiendo que ninguna persona de
cualquier estado, dignidad o condición que fuese, directa
ni indirectamente «isea osada, (son las palabras de la lei)
a los perturbar, damnificar, hacer ni permitir que les sea
hecho daño o agravio alguno, so las penas en que caen e
incurren los quebrantadores de salvaguardia y seguro de
su Rey y señor natural, n^^
Desde el Consejo de las Indias hasta el último juez de
los dominios americanos, ninguno debia entremeterse Ȓpor
vía de agravio, ni por vía de fuerza, ni por razón de no
haber sido algún delito en el Santo Oficio ante los Inqui-
sidores suficientemente castigado, o que el conocimiento
del no les pertenece, ni por otra vía, o cualquier causa o
razón, a conocer ni conozcan, ni a dar mandamiento, car-
tas, cédulas o provisiones contra los Inquisidores o jueces
de bienes sobre absolución, alzamiento de censuras o en-
tredichos, o por otra causa o razón alguna, y dexen pro-
ceder libremente a los Inquisidores, o jueces de bienes,
conocer y hacer justicia y no les pongan impedimento o
estorbo en ninguna forma, «»
Estaban exentos de pagar sisas i repartimientos. «»Y
mandamos, declaraba el soberano, a los vireyes, presiden-
tes y oidores de nuestras Audiencias reales de las Indias
y otras justicias y personas a cuyo cargo fuese repartir,
empadronar y cobrar cualesquier pechos, sisas y reparti-
mientos y servicios a nos debidos y pertenecientes, v en
otra cualquier forma, que no los repartan, pidan, ni cooren
de los oficiales de la Santa Inquisición, entre tanto que
tuviesen y sirviesen estos oficios, y les guarden y hagan
guardar las honras y exempciones que se guardan a los
oficiales de las Inquisiciones de estos reynos, por razón de
los dichos oficios, pena de la nuestra merced y de mil du-
cados para nuestra Cámara, n'^ Alguno de los Vireyes se
olvidó mas tarde de esta disposición i obtuvo que para un
11. Lei 2, tíb. XIX, Hb. I de Indias.
12. Id. 4, id., id.
TOMO II 28
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434 LA INQUISICIÓN DE LIMA
donativo contribuyese con cierta suma uno de los Inqui-
sidores, lo que le valió a éste una reprimenda del Consejo
i una advertencia de que para lo futuro los ministros del
Tribunal se abstuviesen de concurrir a semejantes contri-
buciones.
I no solo se les eximia de pagar contribuciones i se or-
denaba que se les facilitase buenos alojamientos, sino que
también los carniceros de las ciudades donde residiesen los
Inquisidores o sus ministros, debian suministrarles gratis
la carne que hubiesen menester para el consumo de sus ca-
sas, privilejio que el fundador del Tribunal exijió de los
carniceros de Lima inmediatamente de llegar i que se re-
glamentó mas tarde, mandando el Rei que de las reses
que se matasen para el abasto común se suministrase a los
Inquisidores i ministros los despojos de diez, »con lomos
de ellasii lo cual se les debia dar por sus precios, como
los demás, ^sin dar lugar a que sus criados tomen los
despojos para revenderlos, u^^
Debia suministrárseles también lo que hubiesen menes-
ter »»de todo jénero de mantenimientos y materiales de
clavazón, cal y demás cosas que suelen venir en los barcos
y fragatas del trato, al precio justo y ordinario. . . . n
I para que hubiese siempre bienes de que pagarles sus
sueldos se obtuvo del papa Urbano VIII que en cada una
délas catedrales de Indias se suprimiese una canonjía i
sus frutos se aplicasen a ese objeto^*.
No es, pues, de estrañar que amparados i favorecidos
de esta manera los empleados del Tribunal, el que podia
tratase a toda costa de obtener un título cualquiera en la
Inquisición, siendo tan considerable por los años de 1675
el número de familiares, que en la capital debian ser solo
doce, según su planta, que se contaban mas de cuarenta**.
Es verdad que al principio no se encontraron los Inqui-
sidores satisfechos de la calidad de las personas que se
ofrecían a servir los puestos, aun los de mas importancia,
como ser calificadores i consultores, porque, o carecían de
18. LH 80, tít. XIX, lib. I de Indias.
14. Id. 24, tít. XIX, lib. I.
15. iJarta ds Huerta Gutiérrez i Oomalez Poveda de 27 de mayo de
dicho afio.
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CAPÍTULO FINAL 435
las letras suficientes, o eran de malas costumbres, o esta-
ban casados con mujeres cuya jenealojía no era toda de
cristianos limpios. »» Según los pocos cristianos viejos que
acá pasan, decia Ulloa en 1580, así letrados como de otra
jente, tenemos sospecha que el que no pide estas cosas, no
le debe de convenir, i?*^
Cuando Ruiz de Prado practicó la visita del Tribunal
tuvo cuidado de examinar las pruebas de oficiales, comi-
sarios y familiares, resultando que muchos no habian ren-
dido información, que otros aparecían casados con cuarte-
roñas, sin que faltase alguno que lo estuviese con morisca,
i que por estas causas, apesar de la mucha tolerancia que
en ésto se tuvo, hubo necesidad de separar a varios de sus
puestos.
Cincuenta años después de la fundación del Tribunal
subsistía aun el mal, i en tales proporciones, que Mañozca
no pudo menos de llamar la atención al Consejo signifi-
cándole la falta que habia de ministros i familiares »»de
calidad i aprobación n i que aun los pocos que aparecian
sin tacha bajo estos respectos, no usaban siquiera de las
cruces i hábitos en los dias a que estaban obligados.
1? Materia es ésta aun mas considerable de lo que pare-
ce, observaba uno de los sucesores de Mañozca, y de ge-
neral consecuencia para todas las Inquiciones de las Indias,
sobre que será forzoso decir a U. S. lo que siento y he
probado con la esperiencia, de que en ocurrencias de Mé-
jico he dado a U. S. algunos avisos: y hánse de suponer
dos cosas, la primera, que en las fundaciones de estos Tri-
bunales, para darles ministros y familiares, se admitieron
algunos sin hacerles las pruebas en las naturalezas de sus
padres y abuelos de España, contentándose los Inquisido-
res con la buena opinión que acá se tenia de su limpieza
y recibir información de algunos testigos que deponían
de ella, y aun después acá se ha usado desta liberalidad
con algunos, y las esperiencias han mostrado que llegando
a las naturalezas, se halla diferente de lo que acá se probó.
La segunda cosa es, que por ser los distritos de las Inqui-
siciones tan dilatados, los pocos españoles de capa negra que
16. Cfarto de 8 de abril.
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436 LA INQUISICIÓN DE LIMA
viven en los lugares distantes y puertos de mar, y menos
los eclesiásticos capaces de ser comisarios, se acostum-
bra echar mano de los que hay para la visita de los na-
vios y los demás negocios que allí ocurren, sin darles tí-
tulo en forma, sino una comisión por carta para estos
efectos, no pudiéndose ésto escusar, habiéndose de dar
cobro a los negocios del oficio, como quiera que los incon-
venientes que dello resultan son patentes: el primero,
la corta idoneidad de los sujetos para tales confianzas; el
segundo, el exceso con que abusan de la potestad que se
les da, por mas que se les limite, llamándose comisarios,
alguaciles mayores y familiares del Santo Oficio, y valién-
dose deste nombre y exempcion para cien mil dislates y
competencias de jurisdicción; el tercero y mas considerable,
la opinión en que se introducen de personas calificadas
por el Santo Oficio para sus pretensiones, campamientos y
otras utilidades.»»"
Los Inquisidores, según refiere Stevenson en su obra
anteriormente citada, usaban sobre sus trajes sacerdotales,
una faja azul a la cintura, como distintivo de su oficio;
por la lei se les recomendaba escusar las visitas a parti-
culares;'^ eran servidos por criados españoles, i saJian siem-
pre acompañados de capellanes, »» retirados de los concur-
sos, y para lo muy preciso, saliendo en coche a cortina co-
rrida, ir* Se hacian seguir también de negros con espadas,
costumbre que usaron hasta principios del siglo xvn, en
cuya fecha el Marques de Montesclaros, la prohibió, i
apesar de que sobre ello hicieron autos llamando a decla-
rar a muchos testigos en apoyo de la antigua práctica, el
monarca, en la cédula de concordia del año 1633, ratifico
la orden del Virei.*^
La arrogancia e insolencia que la impunidad aseguraba
a los inquisidores por su carácter i que se estendia hasta
el último de sus allegados, desde un principio, como se re-
cordará, jamás reconoció límites. Los disgustos i bochor-
nos que este proceder ocasionó durante el largo período
17. Caria de Gutiérrez Flores de 81 de enero de 1626.
18. Lei 30, tit. 19, lib. I de las de rndias.
19. Carta de Castilla i Zamora de 14 de junio de 1660.
20. Id. de Verdugo i Gaitan de 5 de febt^o de 1618.
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CAPÍTULO FINAL 437
q^ie historiísunos, a todas las autoridades civiles, desde el
Virei abajo, i aun a las eclesiásticasr, serian difíciles de con-
« tar; pero es tan característico bajo este aspecto i a la vez t^
gráfico el conocimiento de esta fase de la vida del Tribunal
del Santo Oficio de Lima, que no podemos menos de con-
signar aquí como comprobantes de nuestro aserto, fieles al
sistema de no avanzar un hecho sin justificarlo en seguida,
algunos casos que sirvan paxa autorizar lo que acabamos
de espresar.
El interesantísimo espediente de visita de Juan Ruiz de
Prado, que, como se tendrá presente, comprende en sus ob-
servaciones solo los veinte años primeros de la exis-
tencia de la Inquisición en el Perú, nos suministra algu-
nos pormenores dignos de recordarse. Consta, en efecto,
de ese documento que en el breve espacio de tiempo en
que, por diferentes causas ya indicadas, los dependientes
del Tribunal eran mucho menos numerosos de lo que des-
pués lo fuei-on, se habían tramitado ciento sesenta i cinco
causas civiles i no menos de cincuenta i siete criminales
contra familiares i comisarios, en que, salvo rarísimas es-
cepciones, (^stos habían quedado siempre impunes o triun-
fantes. Pedro Tenorio, familiar, mató a un esclavo de
Francisco Pedroso, i quedíi sin castigo. Martin de Valencia,
que tenia igual título en Potosí, tuvo una pendencia con
Luis Vasquez, en que éste salió herido, se pidió el espedien-
te a la justicia ordinaria, i nada se hizo. Otro tanto succr
dio en Lima con Diego de Carvajal, el primero que tu-
vo la vara de alguacil mayor. José Gutiérrez, mató en
Potosí a Tomas Jinés i resultó impune.
Francisco Cervantes, criado de Gutiérrez de UUoa, dio
a traición, en la cabeza, a Andrés de Velasco, un golpe con
la espada desnuda, i estando convencido del caso, por la
justicia ordinaria, reclamó el espediente el coraisarip, i con
ésto se terminó el proceso, porque el ofendido manifestó
que ya nada tenia que pedir.
Francisco Bucar de Zumaiga, por un delito idéntico,
fué dado en fiado libremente. En Guamanga, Antonio Ma-
ñueco, hombre nque se tocaba del vino,ii fué a matar a su
casa a Gonzalo Isidro, m sobre hecho i caso pensado, con
armas ofensivas i defensivas, n i nadie se atrevió a mover
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438 LA INQUISICIÓN DE LIMA
el asunto. Contra Pedro de Chaves procedieron los alcaldes
de corte en Lima hasta condenarlo a vergüenza pública, a
cuatro años de galeras i a que se le clavase una mano en
el rollo, pero, por ser criado de UUoa, reclamó el fuero de
la Inquisición, i en el acto se inhibió a la justicia real, se
escomulgó al secretario de la causa, se le negó al fiscal en
lo civil la copia que del proceso solicitaba, i al ofendido
no le quedó mas recurso que presentarse esponiendo que
perdonaba al delincuente i que ya nada pedia contra él.
A este respecto, llegó a tanto el atrevimiento inquisito-
rial que estando una vez Francisco Oñez de Loyola, el
mismo que fué mas tarde gobernador de Chile, ahorcando
en Potosí a un mulato porque no se quería confesar, dice
el documento que venimos citando, un mero familiar,
Juan de Arratia, se presentó a reclamar al reo i en el acto
hubo de entregársele.
Lo mas curioso de todo esto era que cuando alguien se
permitia decir que no se atrevia a pedir justicia contra al-
guno por ser dependiente del Tribunal, como le aconteció
ajPedro Calvo que deseaba acusar a Baltasar de la Cruz, fa-
miliar, que le amenazaba con el Santo Oficio, sin mas que
ésto, se le formaba proceso, escapando siempre, por cierto,
bastante mal.
Si los que de esta manera se veian amparados i favore-
cidos se hubiesen siquiera limitado al uso lejítimo del ar-
ma poderosa que el rei les confiaba, habría parecido ésta
mas tolerable; pero iban trascurridos apenas tres años a
que Cerezuela desplegaba su omnipotencia en el Perú,
cuando la Audiencia de Lima se veia obligada a ocurrir al
soberano denunciándole los abusos inquisitoriales.
II Con los Inquisidores, espresaba aquel alto cuerpo, se
padece mucho trabajo por estender su jurisdicción mucho
mas de- lo que deben y pueden, por que no solo a las per-
sonas que Vuestra Magestad da exención para el conoci-
miento de sus causas, pero a sus criados e hijos la estien-
den y proceden con demasiado rigor, no siendo cosas to-
cantes a la fé: a Vuestra Magestad se suplicó lo mandase
remediar, y se respondió a los alcaldes y al Virey se habia
enviado la orden que se habia de tener, la qual nunca ha
enviado, y como el oficio es de suyo tan bueno y es razón
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CAPÍTULO FINAL 439
que m favorez;ca, no les hemos ido a las manoa porque no
ae entienda que hay discordia. Vuestra Magestad provea
del remedio ques necesario, porque todos los negocios que
quisieren tomarán por suyos, y no habiendo acá superior,
mal se pueden desagraviar los agraviados, «r^
El Fiscal de la Audiencia representaba, por su parte, en-
trando ya en hechos concretos, que habiéndose tratado
pleito en el Santo Oficio sobre el conocimiento de una
causa contra un esclavo de Domingo de Garro, que se ti-
tulaba notario del Tribunal, por la muerte que diera a
otro esclavo, habia interpuesto en ella apelación de lo re-
áueltOj pero que no solo se la hablan negad o, sino que has-
ta habian rehusado darle copia del proceso. 22
No necesitamos recordar aquí lo que le habia acontecí-
do al anciano Conde del Villar en vísperas de su partida a
España, cuando por haber dado tormento al doctor Sali-
nas, apretesto deque éste era abogado de la Inquisición^
los jueces se habían avanzado hasta escomulgarlo. "Señorj
le decia el Rei, porosos dias, por las cosas de que he dado
cuenta a Vuestra Magestad cerca del proceder de los In-
quisidores en esta tierra, se habrá entendido cuanto se van
acrecentado las desórdenes y excesos, con que tienen ame-
drentadas las repúblicfis y temerosos y oprimidos los mi-
nistros de Vuestra Magestad, con la libertiid y brío que
han dado a los suyos, y se habrá parecido cuanto he desea-
do la quietud y concordia con que Nuestro Señor y Vues-
tra Magestad se sirviesen y los negocios se encaminasen a
mejores fines, para lo cual, éntrelos medios que para ésto
he tenido, no se pudiera hallar ninguno tan eficaz para
escusarse muchos daños que se esperaban, como la repor-
tación que Dios ha sido servido darme en todos los suce-
sos, dende el auto público de la fe y causas del doctor Sali-
nas y don Fernando Niño, que en otras he referido; mas,
como ya por lo pasado, en que no han visto sus familiares
y oficial ei5 re fonn ación ni castigo, saben ijue acá no tienen
superior en niiiguna causa suya, aunque sean de las que
deben y pueden conocer las justicias reales, no tienen fre-
21. Carf/i de la Aiidimicia de Límn al Rcí^ 27 de enero de 1573. Á< de I,
22. Id. de Alonso d& Carcncu¡a de 8 ík marzo de J577. A* de L
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440 LA INQUISICIÓN DE LIMA
no SUS atrevimientos y desacatos, ni los jueces y vasallos
de Vuestra Magestad pueden valerse con ellos, ni alcanzar
justicia de deudas que deban, iii delictos que cometan las
partes que con ellos litigan, y ésto es muy general en
cualquiera de las ciudades y pueblos de acá, donde por ser
tantos los dichos ministros, y con mas oficios, varas y
comisiones que pueden y debian tener, y que por sus
puesto les dan, siendo, como son, los mas de ellos ricos y
feudatarios, y que tienen otros cargos y oficios de Vues-
tra Magestad, está reducido a su obediencia y voluntad lo
mas y mejor de este reyno, y por ésto, como a Vuestra
Magestad tengo escripto, serian el virey y Audiencias es-
cusados en él, sino se remediase y castigase, conforme ala
mucha necesidad que dello hay: la cual llega a tanto que
tabiendo, en un dia del mes de julio del año pasado, dado
un mandamiento el corregidor de la ciudad de Guánuco
para que un Grabiel Martínez de Esquive], escribano pú-
blico del Cabildo de aquella dicha ciudad, pagase sesenta
pesos que debia de los gastos de justicia de que era recep-
tor y se le habia hecho alcance en las cuentas que él le ha-
bla tomado, y respondiendo desacatada y libertadamente
al Alguacil mayor que lo ejecutaba, y pareciendo en con-
tienda de ésto ante el dicho CoiTegidor, dijo que no los
habia de pagar, ni él juez suyo, porque era familiar del
Santo Oficio, y estaba en comisiones suyas, y dando gran-
des voces dijo, »»aquí los del Santo Oficio»», y resistió con
gran alboroto y escándalo la dicha ejecución, y el Corregidor
no le prendió, antes el dicho familiar prendió un escribano
con quien el dicho Corregidor le habia hecho un requeri-
miento y le aprisionó y trató afrentosamente, con nombre
y voz del Santo Oficio, como se verá por los autos e in-
formación que el dicho Corregidor sobre ellos hizo y carta
que escribió al acuerdo desta Real Audiencia, cuya copia
de todo será con ésta, sobre lo cual los Inquisidores escri-
bieron al dicho Corregidor una carta que a Vuestra* Ma-
gestad envié con otra, que el dicho Corregidor me escribió,
en el despacho pasado de diezynueve de abril, y ahora
también las vuelvo a enviar, cerca de haber muerto en una
heredíid del dicho escribano, un indio hecho pedazos en
un trapiche de azúcar, donde, contra lo prevenido por or-
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CAPÍTÜÍX) FINAL 441
deuanzas 7 provisiones ocupa los indios que se le reparten
para sementeras: visto lo cual llamé por una provisión al
dicho escribano que pareciese ante mí, por proceder con
mas templanza y sin ocasión de encuentro con los di-
chos Inquisidores, por ser familiar suyo, y habiéndosele
notificado, con palabras desacatadas respondió a ella, escu-
sándose con las comisiones del Santo Oficio, siendo escií-
bano de Vuestra Magestad y público de aquel Cabildo, sin
tener atención a las obligaciones que por esta razón y por
otras tenia de cumplir lo que se le mandaba: la copia de
todo lo cual y la carta que el coiTegidor sobre ello me es-
cribió, será con ésta, que suplico a vuestra magestad se sir-»
va de mandarlo ver todo, porque ansí conviene a su real
servicio. Yo me he detenido en proceder adelante en este
negocio, y siempre que lo haga será con la consideración
y justificación que de mi parte se ha conocido, y en lo
demás me ha parecido, por escusar los inconvenientes que
en servicio de Nuestro Señor y de vuestra magestad se
pudieran seguir, aunque ya va la desorden de manera que
no sé si será de mas inconveniente pasar por ello y me-
nos servicio de entrambas magestades, y ¡ansí quedo con
dubda y confusión de lo que mas convendría hacerse pa-
ra remedio de estas libertades y otras muchas que no re-
fiero, con que ha venido la autoridad de los ministros de
la justicia real en notable menosprecio del respeto con
que debe ser acatada, y son cometidas por ministros tan
conocidos por indignos de serlo del Santo Oficio que es-
panta a quien lo considera, habiendo en este reyno tan-
tas personas de las partes que se requieren para ello, las
cuales no tiene este escribano, ni el doctor Salinas, como
lo tengo escripto, que anda ya par esta ciudad, y los In-
quisidores le traen libre por ella, sin haberle castigado, co-
mo si hubieran sido unos delitos muy ligeros y cometidos
contra quien hubiera lugar de disimulados, que para po-
der llevar ésto, es bien menester el sufrimiento y reporta-
ción que se deja considerar.
11 Y no se han contentado con haber hecSio las cosas que
he referido, mas han procurado, por los medios que pue-
den, impedir que yo no pueda sentenciar el pleito en que
voy procediendo contra Joan Bello, mi secretario, y del
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442 LA INQUISICIÓN DE LIMA
fobierno que fué, por los cohechos y delitos que cometió,
e que envié relación a vuestra magestad el año pasado,
y en haberle tenido preso y penitenciádole juntamente:
ahora parece que le quieren favorecer con impedir por al-
gunas vías que no lo . sentencie, y ansí, pareciéndoles que
yo saliera de este reyno con mas brevedad, so color de
decir el fiscal del Santo Oficio, que tenia necesidad de sa-
car del proceso del dicho Joan Bello algunas cosas para
acumular en el que yo procedí contra el dicho doctor
Salinas, mandaron dar compulsorio para que el secretario
Navamuel entregase el dicho proceso original a su secre-
tario, y habiendo respondido que estaba recibido a prue-
ba y que iban ratificando los testigos y que era necesario
el dicho proceso original para ratificar los que faltaban, le
mandaron con censuras que luego le entregase, e yo le
mandé lo hiciese, porque respecto de las cosas que han
pasado y manera de proceder de los Inquisidores, lo me-
nor fuera prenderle, y ansí se le entregó a los veinte y
tres del mes de marzo de este año; y después de haber
pasado algunos dias, viendo que no le volvian, envié a
llamar al dicho su secretario y le dije la necesidad que
habia del dicho proceso para proseguirle y acabarle, y que
dijese a los Inquisidores lo mandasen volver, y no sola-
mente no se hizo, pero no me volvió a dar respuesta; y de-
jando pasar algunos dias mas invié el dicho secretario
Navamuel para que de mi parte lo pidiese a los dichos
Inquisidores, y ni ésto, ni haberlo inviado después a bus-
car con el Guardian de San Francisco, ha bastado, ni nun-
ca nos ha querido volver este proceso, como todo lo podrá
vuestra magestad mandar ver, siendo servido, por el tes-
timonio que será con ésta. Este negocio he sentido en
particular por lo que importa al servicio de vuestra ma-
gestad y exemplo de esta tierra, hacer justicia en él y que
queden castigados los delitos que ha cometido el dicho
Joan Bello, como lo haré, volviéndose el proceso, y pues
esto pide el propio remedio que lo demás, suplico a vues-
tra magestad lo mande proveer como mas se sirva.
ifDespues de haber pasado lo que he referido en los
atrevimientos y desacatos del doctor Salinas y lo que han
hecho los Inquisidores para que no se castigasen, he visto
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CAPÍTULO FINAL 443
otro no menor en una petición que presentó ante ellos,
mas digna de castigo que de admitirse, porque dice en
ella que se mande al secretario de la gobernación le dé
testimonio cómo después que Antonio Bautista de Zala-
zar dijo un dicho contra él a instancia mia, le proveí para
que hiciese una revisita, con cierto salario, para lo presen-
tar en la causa que trata, contra mí en aquel Tribunal sobre
los agravios y daños que dice le he hecho, j para ello le
mandaron dar compulsorio, que los Inquisidores conozcan
contra mí: yo no lo he sabido hasta agora, ni entiendo que
lo puedan hacer en este casso, por lo que ha pasado y
merced que vuestra magestad me ha hecho de ponerme en
este cargo, ni por otra cosa alguna, por la misericordia di-
vina, sino por su pasión, que demás de haberla bien mos-
trado en las demás cosas de que he dado cuenta a vuestra
magestad y la doy en ésta, lo hacen ahora con no menos
evidencia en admitir la dicha causa y petición, debiéndo-
lo antes castigar todo, pues no es justo que nadie se atre-
va a ello, y particularmente a querer dar a entender que
yo hiciese instancia a que en este negocio, ni en otro, por
gravísimo que fuese, dixese ningún testigo mas de lo que
supiese, y aunque entiendo que no fuera menester satis-
facer a vuestra magestad, diré lo que passó, y es, que a es-
te Antonio Bautista le mandé tomar un dicho para que
dijese lo que sabia en el negocio del dicho doctor Salinas,
por la forma que se acostumbra, y él lo dijo sin otra ins-
tancia, y después de haberle llamado en el Santo Oficio
para tomarle su declaración cerca dello, a lo que se entien-
de, y pasados muchos dias, habiéndose pedido por parte
de unos indios cierta revisita para remedio de algunos
agravios que habían recibido de su encomendero y proveí-
do persona que la hiciese, se escusó, y después le recusa-
ron, y a otro que por esta causa proveí, por lo cual se
buscó persona sin sospecha, y habiéndome dicho que lo
haria bien el dicho Antonio Bautista de Salazar, por tener
esperiencia y habilidad, lo proveí en ella, como lo podrá
vuestra magestad mandar ver, siendo servido, por el tes-
timonio que de todo invio, certificando a vuestra mages-
tad con toda verdad que para ello no me acordé si había
hecho la dicha declaración o nó, y cuando me acordara
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444 LA IirQUJSIiCl^K DS UMA
dello, DO parara en esto y le cometiera la dicha reviaítai sí
entendiera que tenia partes ptara ello, como fui informado
que las tenia; pero como se entiende que el fin de Ips In-
quisidores va enderezado a que parezcan falsos los testigos
que dijeron contra el dicho doctor Salinas, para sanear lo
que han hecho, no me maravilló. Vuestra magestad, para
castigo y remedio desto, como de lo demás de que tengo
dada cuenta a vuestra magestad, y es de creerlo habrá ca-
da hora, mandará proveer lo que fuere servido, que espero
no será menos que lo que al servicio de Dios y de vuestra
magestad conviene, pues aquí no le hay, ni se puede dar. n^
El Marques de Cañete, que sucedió al Conde, no tenia
menos motivos para quejarse de lo que ocurría en el Tri-
bunal, según podrá verse del párrafo de carta suya que
copiamos a continuación.
»»En todas las ocasiones que se han ofrecido, he dado
cuenta a V. M, lo que conviene que mande resolver en lo
que toca a las exenciones del Santo Oficio, por que los de
este Tribunal estiin tan exentos y sin reconocer a nadie, que
se ha pasado y pasa en esto mucho trabajo, y no hay hom*
bre visitado, ni que pretenda no pagar lo que debe a la
real hacienda, ni que se le tome cuenta, que no procure
una familiatura o oficio, y hasta Alvaro Ruiz de Nava-
muel, secretario de la Gobernación, se ha hecho ahora fa-
miliar del Santo Oficio y contador (por ausencia de Joan
de Cadahalso) y por esta vía, pretenderá eximirse de su
visita y de las demás cosas que se le puedan ofrecer, y los
oficiales reales también son familiares, y uno de los de
Arequipa, que también lo es mandándole tomar cuenta
de su oficio, ha pretendido escusarse por ser familiar; así
que ésto está acá muy estragado, y conviene mucho que
lo mande remediar V. M.n^
El virei don Luis de Velasco anadia, a su vez: *»Desde
luego que entré en este gobierno, advertí el modo de pro-
ceder que aquí guardaban los Inquisidores, así en las co-
sas esenciales de su oficio, como en las acciones esteriores,
23. Carta del Conde del Villar al Rei. de li de mago d£ 1589. A
del.
24. Jd. al Rei de 12 de abril de 1596. A. de I.
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capítulo final 445
cuales son, acompañamientos, número de familiares y ce-
remonias de ósculo de paz y evangelio que se les dá en la
misa, donde la oyen, pareciendo nuevas y no usadas ni
admitidas de los de la Nueva España; demás de la supe-
rioridad y mano que en la república quieren tener para
que no les falten colores o de autoridad o jurisdicion, so-
bre que se han ofrecido y de ordinario se ofrecen pesadas
competencias con esta Real Audiencia, en que siempre ha-
cen de hermanos mayores, paresciéndoles que lo pueden
ser, y que los ministros superiores de V. M., a cuyo cargo
está la paz y quietud de la república, han de ceder su
derecho por evitar escándalos, como lo hacen, de que los
Inquisidores tienen poco cuidado, como de negocio que no
corre por su cuenta: con verdad certifico a V. M. que an-
dan en todo tan apuntados, que si no se contemporizase
con ellos, ora sufriendo, ora haciéndome desentendido, ha-
bría muchos encuentros. En lo de la paz y evangelio, de
industria he disimulado, porque pasa allá donde van a
misa y no en mi presencia, y también porque, si advertidos
de que lo causasen, no se rindiesen, como es de creer no
se rendirian, habia de hacer pública demostración: de todo
he dado aviso a V. M., suplicándole fuese servido de pro-
veer sobre ello y dar el orden que deben guardar, y por no
haberse dado, están todavía en pié y corren las mismas
dificultades, con desautoridad deste Oficio y Real Audiencia
y con vejación y molestia del pueblo, cargándole de man-
datos y sumisiones, que algunos son mas de ostentación,
(de que hay muchos) que de necesidad, aliende las otras
de competencias de jurisdicción, en que los vasallos de
V. M. carecen del amparo y defensa que en sus causas de-
ben tener; y poco há que habiendo ido a la Inquisición el
oidor mas antiguo desta Real Audiencia a conferir sobre
cierta competencia, fué tan mal acogido de los Inquisido-
res, que le dieron asiento fuera de dosel, como si fuera
llamado para consultar, no haciéndose así en la de Méjico,
de que toda esta Audiencia está con sentimiento e yo en
propósito de no dar lugar a otro caso semejante, por la in-
decencia, mientras aquí estuviere: humildemente suplico
a V. M. sea servido de mandar asentar ésto de forma que
entre estos Tribunales baya toda conformidad y buena
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446 LA INQUISICIÓN DE LIMA
correspondencia, y que cada uno sepa hasta donde ha de
llegar sin salir de sus límites, que dello se servirá Nuesto
Señor y en este reino habrá paz y quietud; que aunque
yo salgo del, por lo que toca al decoro y autoridad deste
Oficio, tengo obligación de suplicarlo a V. M.n^
Pero si los Inquisidores burlaban las disposiciones de la
primera autoridad del vireinato, no estaba lejos el dia en
que habían de atreverse a dejar sin efecto las mismas ór-
denes del Reí. Aconteció, en efecto, que en la ciudad de
la Plata el escribano de la audiencia Fernando de Medi-
na, *»casado y velado con Beatriz González, su mujer, de
quien tuvo hijos lejítimos, y haciendo vida maridable con
ella, viviendo con mucha honra, paz y sosiego, el doctor
don Jerónimo de Tobar y Montalvo, fiscal de la dicha au-
diencia, con color de la mucha amistad que tenia con el
dicho Fernando de Medina, comenzó a visitarle y a la di-
cha su mujer, y a solicitarla a que tuviese amores con él,
y dentro de pocos días lo había conseguido y tenia acce-
so carnal con ella, en casa del dicho Fernando de Medina,
entrando para el dicho efecto a horas estraordinarias y de
noche, la que, olvidada de la fidelidad que debía al dicho
su marido, no se contentando con la injuria y ofensa que
le hacia en cometerle adulterio, y estando el dicho su ma-
rido ausente de la dicha ciudad de la Plata, en la villa de
Potosí, en cosas tocantes al real servicio y otras veces ocu-
pado en su oficio, con acuerdo y orden del dicho fiscal, se
salia en hábito de hombre, con una negra esclava suya, y
se iba en casa del susodicho, donde estaba mucha parte de
la noche cometiendo el dicho adulterio, y otras veces en
hábito de india, causando nota y escándalo en la dicha
ciudad y la infamia que dello resultaba al dicho Fernando
de Medina por haber sido muchas veces vista en los di-
chos hábitos; y no contento con lo susodicho, el dicho fis-
cal, dio orden con la dicha Beatriz González, que de la
hacienda del dicho su marido le tomase parte della y se
la diesC;^ como se la dio, en que le consumió mas de seis
mil pesos; y por encubrir la susodicha el dicho delito, ha-
bía intentado diversas veces de matar con veneno al dicho
25. Carta al Reí de 10 de mayo de 1604. A. de I.
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CAPÍTULO FINAL 447
SU marido, ayudándose para ello de ciertas indias hechi-
ceras, con polvos que para ello le daban, con que le decían
trastornarían el juicio para que no viese ni entendiese el
agravio que se le hacia, y la susodicha, poniéndolo en exe-
cucion, los habia echado algunas veces en el vino que habia
de beber; y teniendo noticia dello el dicho Fernando de
Medina y que era público en la dicha ciudad el dicho adul-
terio, habia muerto a puñaladas a la dicha mujer.»*
El agraviado escribano, que así sabia vengar su honra,
luego se presentó a la Audiencia acusando al seductor de
su mujer, obteniendo que fuese suspendido del oficio i se
le tuviese recluido en su casa; pero en este estado del ne-
gocio, Gutiérrez de UUoa, por una de las arbitrariedades
que tanto acostumbró, avocándose el conocimiento de la
causa, declaró que Medina no era parte para acusar al fis-
cal, i mandó que éste continuase en su oficio i que al acu-
sador se le privase del suyo. Ordoñez i Euiz de Prado,
mirando las cosas bajo el mismo aspecto, a título de que
el escribano era familiar, continuaron en el conocimiento
del negocio i al fin le condenaron en destierro de cinco
años i mil pesos de multa para el Santo Oficio.
Mas, el Kei a quien se dió aviso del negocio, no podia
consentir en que quedase impune uno de sus ministros
encargado de velar por las costumbres de sus vasallos i
que con sus actos de tan escandalosa manera comprome-
tía su nombre, i, en consecuencia, dispuso que haciéndose
mas luz en el negocio, se le castigase con rigor. Cuando
esta orden llegó a la Audiencia, ya el fiscal habia fallecido,
pero como aun estaba allí Medina, aunque ya mui pobre,
pues los mil pesos de multa, según lo espresaba su apodera-
do, le habian salido al fin importando, con los gastos del
proceso, cincuenta mil, se dió orden de prenderle i secuestar-
le sus bienes. No se despachó el mandamiento tan en secreto
que el aludido no lo supiese, i así fué que cuando el corche-
te encargado de prenderle se presentó en su casa, ya él se
habia trasladado con cama i petacas al convento de Santo
Domingo, de donde, por medio de lejítimo representante,
ocurrió a Ordoñez para que, como a familiar del Santo Ofi-
26. Real cédula de 2 de marzo de 1598.
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448 LA INQUISICIÓN DB LIMA
cío, le amparase de la nueva persecución que se había desa-
tado contra él, emanada esta vez del mismo soberano; pero
el Inquisidor, haciendo valer los fueros del Santo Oficio i
de que el Rei sin duda no tenia noticia de que Medina era
familiar, ordenó al alcalde de corte encargado de la comi-
sión que se abstuviese de todo procedimiento, bajo pena
de excomunión mayor i quinientos pesos de multa para
gastos estraordinarios^.
En 1608, el Cabildo de Lima escribía al Rei manifestán-
le que desde el establecimiento de la Inquisición habia
acompañado siempre el estandarte de la fe, ayudado a la
fábrica de los tablados i esmerádose por cuantos medios
estaban a su alcance a fin de complacer a sus ministros;
pero que últimamente éstos lo hablan compelido con cen-
suras i otras penas a que en los dias en que aquellos se le-
yesen fuesen en cuerpo a la iglesia mayor para sentarse
en escaños, sin alfombras, siendo precedidos hasta por el
alcaide de la cárcel, con gran detrimento de la autoridad
del primer municipio del vireinato.^
Dos años mas tarde, habia aun de acontecer a los cabil-
dantes algo mucho mas desdoroso. En virtud de mandato
de los Inquisidores fueron de acompañantes a la lectura
de los edictos, i como a la salida de la iglesia los dos al-
caldes, que iban a caballo, como los restantes de la comi-
tiva, se colocasen a los lados de aquellos, comenzaron en
alta voz a decirles que ese no era el lugar que les corres-
pondía, i viendo que no les obedecieron tan pronto, man-
daron prenderlos i los tuvieron, en efecto, seis dias deteni-
dos en las casas de cabildo, hasta que por influjos del Virei
se logró les pusiesen en libertad.^
En la cuaresma siguiente, temerosos los alcaldes de que
les aconteciese un lance semejante, ocurrieron al Virei soli-
citando arreglase que sus asistencias a la iglesia no se ve-
rificasen con tanto desdoro del alto cuerpo que representa-
ban, autorizándoseles para que pudiesen estar en el coro
de la catedral mientras duraba la lectura; lo que llevaron
27. Autos y diligencias hechas con el licenciado Francisco Codlo^ al-
calde de corte y juez de comisión de In cmisa de Femando Medula^ etc.
28. Carta de 20 dé mayo de 1606. A. de I.
29. Id de 14 de abril de 1608,
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CAFÍTtrLO TIKÁL 449
tan á mal los Inquisádoies que allí miémo l6s ecicomulgaxoii
i multaron en quinientos pesos a cada uno; con lo cual
lod eseomulgados de vieron privados de asistir a las sesio-
nes del cabildo, habiendo necesidad de que el Yirei, que
estaba entendiendo en las. fortifíx^aciones del Callao, se
trasladase a Lima a interceder para que les levantasen la
esGomunion, lo quct no obtuvieron sino después de sumisa
petición, cuya resolución debieron aguardar mas de una
hora a la puerta del Tribunal, it entre penitentes de hábito,
haciendo cuerpo con ellos n.** n Proveyeron un auto, espresa
el Virei, en que los mandaron absolver a reinoídentia
por los dias que quedaban de la cuaresma; acabado este
término, harán lo que quisieren, porque la gente es vo-
luntariosa y presumen que no hay mano superior que los
enfrene, ni aun los resista. Mucho se debe considerar la
desorden con que proceden y que estos vasallos de V. M.,
que tan distantes se ven de su persona, no tengan ampa-
ro y defensa a los golpes de su honra, m'^
itDe algunos años atrás, manifestaba el Cabildo con mo-
tivo de este lance, acudiendo los Inquisidores, mas por
particulares intentos de sus personas, que por causas de-
bidas a sus- oficios, han inquietado e inquietan a los cria-
dos y ministros de V. M., tratándolos con tanta aspereza
y menosprecio, que aun no dan lugar que el Virey, que tan
inmediatamente representa la persona de V. M., los valga
y ampare, cosa que espanta y escandaliza a los vasallos
de V. M. y aun loe pone en conocidos peligros, n*^
El Arzobispo, por su parte, decia al Rei en estos mismos
dias: uaquí he hallado que los Inquisidores han introduci-
da, que, así en los actos de Inquisición, como en los que no
lo son, y cuando cualquiera de ellos está en alguna igle-
sia, aunque sea no en forma de oficio, baje a darles a
besar el evanjelio y paz el diácono, contra la regla del mi*
sal y lo que la Iglesia tiene ordenado .... No he querido
dari^e por entendido y me escusaré de ir a mi iglesia loa
30. Oarta del Cabildo ^ sin fecha, Ai*chivo de Indias.
81. Id. del Marques de MonUsclaroSy de 31 de marzo de 1609.
Archivo de Indias.
32. Id. del Cabildo, de 29 de marzo de 1609. M.
TOMO II 29
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450 LA IKQÜlBIGION DB LIMA
días de edictos de la fé para no ver con mis ojos semejan-
te abuso, ii'*
El mismo prelado daba cuenta mas tarde de un nuevo
abuso que los Inquisidores habian introducido en la
lectura de los edictos que se hacian en la catedral, obli-
gando a que tilos prebendados todos los sa]gan a rescebir,
siendo así que al Virey y Audiencia salen solamente tres
o cuatro, como V. M. lo tiene mandado, n^
Así, ante los multiplicados denuncios que llegaban
puede decirse que dia a dia a los pies del trono, vióse el
Rei en la necesidad de dictar medidas jenerales que ata-
jasen en cuanto fuese posible la serie de abusos de que
se habian hecho reos los ministros de la Inquisición; dispo-
niendo que juntándose dos de la Jeneral con dos del con-
sejo de Indias formulasen un reglamento que en adelante
sirviese de norma a los inquisidores en su conducta i des-
lindase sus relaciones con las autoridades civiles. La real
cédula que lo aprobó i que lleva la fecha de 1610, fué siem-
pre conocida bajo el nombre de concordia^ pero en realidad
de verdad constituye en cada uno de los veinte i seis
artículos de que consta otras tantas sentencias condena-
torias contra los ministros del Tribunal de Lima.
Se mandaba en ella, en primer lugar, que los inquisi-
dores, de ahí adelante, tácita ni espresamente, no se en-
tremetiesen por sí o por terceras personas, en beneficio
suyo ni de sus deudos, ni amigos, a arrendar las rentas
reales, ni a prohibir que con libertad se arrendasen a
quien mas por ellas diese.
No debían tratar en mercaderías ni arrendamientos,
por sí ni por interpósitas personas; quedarse por el tanto
con cosa alguna que se hubiese vendido a otro, a no ser
en los casos permitidos; tomar mercaderías contra la
voluntad de sus dueños, i los que fuesen mercaderes o
tratantes o encomenderos, debian pagar derechos reales,
pudiendo las justicias reconocerles sus casas i mercaderías
S8. Carta de 15 de marzo de 1610, Id. cPorescnsar las competencias,
diferenciae e inconvenientes que se han recurrido», se encargó a los
Prelados no asistiesen a la lectura de los edictos de fe. Leí 19, tit. 7,
lib. I de Indias. •
84. Id. de 26 de abril de 1620. Id.
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capítulo final 451
i castigar los fraudes que hubieren cometido en los rejis-
tros;
Que nombrando los jueces ordinarios depositario de
bienes a algún familiar, le pudiesen compeler a dar cuenta
de ellos i castigarle siendo inobediente;
Que los comisarios no diesen mandamiento contra las
justicias ni otras personas, si no fuese por causas de fe; i
que los mismos i familiares no gozasen del fuero de inqui-
cion en los delitos que hubieren cometido antes de ser
admitidos en los tales oficios;
Que en adelante no prohibiesen a ningún navio o per-
sona salir de los puertos aunque no tuviesen licencia de la
Inquisición;
Que no prendiesen a los alguaciles reales sino en casos
graves i notorios en que se hubiesen excedido contra el
Santo Oficio;
Que sucediendo por testamento algún ministro o de-
pendiente de la Inquisición en bienes Htijiosos, no se lle-
vasen a ella los pleitos emanados de esta causa;
Que cuando algunos fuesen presos por el Santo Oficio
no diesen los Inquisidores mandamiento contra las justi-
cias para que sobreseyesen en los pleitos que aquellos tu-
viesen pendientes;
Que tuviesen cuidado de nombrar por familiares a per-
sonas quietas, de buena vida i ejemplo, i que cuando
elijíeren por calificador a algún relijioso no impidiesen a
sus prelados trasladarle a otra parte;
Que los familiares que tuviesen oficios públicos i delin-
quieren en ellos o estuviesen amancebados, no fuesen
amparados por los Inquisidores;
Que los Inquisidores no procediesen con censuras contra
el Virei por ningún caso de competencia, etc.
Si la circunstancia sola de haberse dictado este código
está manifestando que obedecia a una necesidad, deduci-
da de los hechos, es fácil reconocer que los que en este
orden sirvieron indudablemente de base, fueron los mis-
mos de que hemos ido dando cuenta en el curso de este
. libro. Desde la primera hasta la última de sus disposicio-
nes caben como dentro de un marco dentro de los abusos
cometidos por los Inquisidores, que, paso a paso, hemos ido
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452 LA IKQÜI8I0I0K DB LIMA
anotando. Se les prohibia arrendar las rentas reales, i se
recordará que Gutiérrez de UUoa lo verificó por medio de
su hermano; no debian tratar en mercaderías i tenemos
ya la constancia de que Ordoñez Flores despachaba ajen-
tes a Méjico, provistos de los dineros del Tribunal; se les
mandaba que no impidiesen salir del reino a ningún na-
vio o persona, i ellos mismos daban cuenta de la resolu-
ción que dictara esa prohibición; que tuviesen cuidado en
nombrar familiares de buena conducta, i hasta hace un
momento hemos venido viendo quienes desempeñaban de
ordinario esos puestos; se les privaba de escomulgar a los
vireyes, i no se habrá olvidado lo que le ocurrió al conde
del Villar en las vísperas de su partida para España.
Mas, este fallo del soberano estaba en rigor limitado
meramente a reglamentar el modo de ser de las personas
dependientes de la Inquisición, i en vista de las repetidas
controversias de jurisdicción i exijencias de los jueces
del Santo Oficio, depresivas de las autoridades civiles i
eclesiásticas, hubo de completarse mas tarde con una nue-
va real cédula, que lleva la fecha de- 1633, i que estaba
especialmente destinada a zanjar i prevenir los repetidos
encuentros que con tanta frecuencia habían venido susci-
tándose.
En virtud de las disposiciones contenidas en ella, no
habían de escusarse de los alardes militares los familiares
que no estuviesen actualmente ocupados en dilijencias del
Santo Oficio; debian abstenerse de proceder a conminar
con censuras a los soldados o guardias de los bajeles que
trajesen provisiones, cuando hubiese escasez de ellas; no
debían embarazarse en compras de negros; se les prohibía
proceder con censuras a llamar ante el Tribunal a los jue-
ces i justicias, "como somos informado se ha hecho por lo
pasado, II decía el Reí; no entremeterse en las elecciones de
alcaldes ni oficios de la república; debian cobrar solo cua-
tro pesos de derechos a los navios que hiciesen visitar,
en vez de los que antes exijian; no podían consentir
que en sus casas se ocultasen bienes de persona alguna
en perjuicio de tercero, etc. Creemos inútil prevenir que
estas disposiciones obedecían enteramente a la resolución
de los hechos i cuestiones que se habían presentado en la
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CAPÍTULO FINAL 453
práctica, como de ello queda .comprobacioii en los capítu-
los pasados de esta historia,
Pero no se crea que por mediar estas disposiciones rea-
les, los Inquisidores cesaron en sus exijencias. Fuera de al-
gunos casos que ya conocemos i que manifestaban su pro*
pósito de continuar como de antes, citaremos otros que
sirvan de confirmación a este aserto.
Por muerte de Francisco de Sierra se siguió pleito en
Lima en el juzgado de bienes de difuntos sobre validación
de los testamentos que otorgara poco antes de su muerte,
de que resultó uno criminal contra su albacea Diego Fer-
nandez de Carvajal, por ocultación de haberes por mas de
cuarenta mil pesos, i estando a punto de darle tormento,
declinó de juridiccion, reclamando el fuero de familiar del
Santo Oficio, el cual en el acto solicitó la entrega del pre-
so, conminando al alcalde ordinario i juez que conocían del
asunto con censuras i penas pecunarias; por lo cual la Au-
diencia hubo de entregar el preso i su causa*^.
I no solo continuaron con la práctica de que se les die-
se la paz por el diácono i se les saliese a recibir por todos
los prebendados, sino que en la capilla mayor de la cate-
dral dieron en sentarse con la espalda vuelta al coro, don-
de se instalaba la Audiencia con el Virei, i que un criado
les llevase las faldas levantadas al entrar, sino que tam-
bién, cuando solicitaban el viático, habia de llevárselos el
Dean i cabildo^-
En uno de los dias de Pascua de Espíritu Santo del año
de 1657, hallándose en la catedral el Virei i la Audiencia,
arzobispo, cabildos, tribunales i relijiones, mandaron los
Inquisidores que subiese al pulpito el notario i leyese al-
gunos edictos espurgatorios de libros, el decreto de la erec-
ción del Tribunal, i penas impuestas a los transgresores,
sin reservación de personas; i apesar de que se aconsejó al
Conde de Alba que allí mismo hiciese bajar al notario del
pulpito, «'que le ocupaba tan sin tiempo ni causa,!? se re-
portó hasta el último, apesar de aquello, según las palabras
35. Carta de la Audiencia de 15 de julip de 1647. Archivo de In-
dias.
86. Id. de SelasUan de Buatamante i Lot/ola de 10 de setiembre
de 1651.
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454 LA INQUISICIÓN DE LIMA
de la Audiencia, que mas que a un fin propio de su oficio,
parecia enderezado a desautorizar la presencia del Virei''.
El mismo Conde de Alba hizo reparo en que cuando el
Tribunal iba a darle las pascuas, (para lo cual entraba in-
mediatamente después de la Audiencia), se hiciese acompa-
ñar hasta el salón por el alguacil mayor, que cargaba la
vara, por lo cual hubo de mandarle a éste que se saliese para
afuera; i en que cuando algún inquisidor pensaba visitarle,
le enviase recado para que le señalase hora, ««porque no se
usa hacerle esperar, n*
Subió aun mas la sorpresa del Virei cuando tratando de
castigar los excesos que cometían los labradores i otras
personas • en el exhorbitante precio a que vendian el tri-
go, en contravención a la tasa mandada pregonar por la
autoridad, estando procesando por esta causa a Pedro de
Gárate, de la Orden de Santiago, cuando menos lo espe-
raba, los Inquisidores ordenaron al escribano de gobierno
que se presentase ante ellos a darles cuenta del espedien-
te, i como aquél se negase, repitieron el mandato, agraván-
dolo con censuras, viéndose obligado el Virei a escribirles
manifestándoles que aquel negocio era de su esclusiva
competencia, i, como apesar de ello, no cejasen, hubo que
suspender el proceso i remitir el caso en consulta al Rei,
Resolución semejante hubo de dictarse en otra causa so-
bre aguas, que corria igualmente por la secretaria de go-
bierno, i que hubo al fin que entregar a los Inquisidores
para no producir un escándalo'*, no sin que con este mo-
tivo, aburrido ya el Conde, espresase al Kei que "la reite-
ración y multiplicidad de los excesos de juriaiccion podia
ser que obligasen a romper con todo, si de otra suerte no
se pudiese mantener el gobierno con la autoridad y mano
87. Oarta ds la Audiencia de 12 de julio de 1657. Archivo de In-
dias. En consecnencia de la representación del Yirei, vino orden real
para qne en adelante no se repitiese semejante hecho, pero el Triba-
nal probó con información que estaba en posesión de esa costumbre, i
siguió haciendo leer los edictos como anteriormente.
88. Relación que el Conde de Alba hace del estado del Perú, etc., páj.
191. — Carta del mismo al Rei, fecha 9 de julio de 1657. Archivo de
Indias.
89. Carta de la Audiencia de 12 de julio de 1657, diversa de la cita-
da. Archivo de Indias.
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OAPÍTÜLO FINAL 455
que conviene. 11^ I aludiendo en otra comunicación al so-
berano al caso de Gárate decía: >» cuanto hacen los Inqui-
sidores es a fin de extender su juridiccion, y como esto no
se puede conseguir menos que excediendo en la elección
de los medios, usan algunos solo ajustados a sus intencio-
nes, pero no a los derechos que debieran respetar, con áni-
mo de que se entienda que no hay Virey y Audiencia que
los pueda resistir, w^^
Por toda contestación a estas quejas se limitaban los In-
quisidores a espresar que nunca habian tratado de estorbar
el cumplimiento de los autos i órdenes de gobierno, (»sino
de que los oficiales que contravinieren a ellos sean castiga-
dos por el Tribunal y no por otras justicias, porque no se
ha de dar mas a un Virey y un Acuerdo que a las leyes y
órdenes de S. M., siendo así que no se hace poco en con-
sentir que comprehendan a los oficiales del Santo Oficio,
pues aun taspremáticotS reales no tienen Juerza para con
los familiares de la Inquisición de Sicilia^ según refiere
Narhona. ti**
I en cuanto a los disgustos ocurridos con el Arzobispo
i Cabildo secular decian al Consejo, ('¿a quién mejor se
pueden abatir las banderas que al Tribunal de la fe, que
es templo vivo de Dios? ... Es verdad que en el Cabildo
concurren algunas personas de calidad y letras, pero tam-
bién es cierto que ha habido muchos de raíz infecta, igno-
rantes y mestizos, y nunca se ha de hacer consideración
para las preeminencias de lo que pueden ser, sino de lo que
actualmente son, fuera de que en ambas consideraciones
ha tenido este Tribunal sujetos de muchas prendas y que
ascendieron después a las mayores iglesias de estos rei-
nos. . . La interposición délos Vireyes corre sin límite ni
razón, llevando los casos que se ofrecen al Acuerdo por vo-
to consultivo, haciendo reo al Tribunal, y con la ambición
de parecer mas el Acuerdo y ser nuestros jueces, peligran
los fueros del Santo Oficio, y en el efecto es lo mismo que
con auto de fuerza, y aun éste seria mas decente porque
40. Carta de 80 de junio de 1657. A. de I.
41. Id. de 8 de jalio de 1657. A de L
42. Id. de Castilla e Ibarra^ de 15> de janio de 1660.
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áSi6 LA XNaüIBIOIOIf DO LIMA
se cupiera él ténmiuo que podia tmev. . .Y en pvueba de
lo dicho, traemos a la memoria de V. A. el papel que «e
mandó recojer de don Guillen Lombardo, en cuyo reme-
dio, si V, A. no interpone toda su autoridad, se pueden
seguir muchos inconvenientes, con manifiesto riesgo de la
paz pública y derogación de los fueros del Santo Oficio, n*'
Habría valido masf para los firmantes de este documen-
to, exajerado i calupinioso, no mover el asunto de Lom-
bardo, no tanto por la grave reprensión que de parte del
Consejo les valió, sino especialmente por cuanto de su con-
ducta en el asunto se desprendia manifiestamente la poca
limpieza de sus procedimientos.
En efecto, véase lo que el monarca escribía en 31 de
diciembre de 1651.
ifEl Rey. — Conde de Alba de Aliste, primo, gentil —
hombre de mi cámara, mi virey, gobernador y capitán ge-
neral de las provincias de la Nueva España. En carta que
me escribisteis en veinte de abril próximo pasado deste
año, me dais quenta de que don Guillen Lombardo^ que
dice ser de nación irlandés, habia passado a ese reyno el
año de setecientos y quarenta, dando a entender iba con
orden particular a tratar de diferentes negocios de mi real
servicio, y que contrahizo diferentes firmas, falseando al-
gunos despachos y cartas, de que entonces se me dio quen-
ta, y de que la Inquisición lo prendió en veinte y seis de
octubre de seiscientos y quarenta y dos, por astrólogo jur
diciario, con mala aplicación de sus estudios, y refirió que
la víspera de pasqua de Navidad del añq de seiscientos y
cinquenta, en compañía de otro preso llamado Diego
Pinto, quebrantó la cárcel de la Inquisición, y que a las
tres de la mañana del dia siguiente fué a palacio y dio a
un soldado de la compañía de vuestra guardia, un pliego
ordinario, sobre escrito para vos, encargándole su entrega
quanto antes, porque era de la Habana y importaba a mi
servicio, y que habiéndole recibido, hallasteis cuatro par
peles que hablaban con vos^ que en el primero refería quB
se le habia aparecido la noche que murió don Juan de
Manorca, que fué arzobispo de esa santa iglesia, como uno
48. Carta 4# lo« miamos de U de jomo de 1660.
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de loa prio^pales aujboi?es de 9ü pmúm y visitador dal
TribojQal de la InquÍ8¿cioii; m el segundo^ dice que le con-
vidaron las Inquisidores a que se al9ase con ese rey no; en
el tercero, y otro que está con.él^ hace relación (Je su de-
gendencia, partes, q&tudios y servicios, oponiéndose a los
cargos que le hizo el Tribunal, con, raros y heréticos ar-
gumentos, tratando de ignorantes a los Inquisidores, con-
tando muy por menor la vida y costumbres de cada uijio,
forma en que adquirieron las pla9as, miserable tratamien-
to que se hace a los presos, y que las haciendas secresta-
das a mas de sesenta familias, que aprehendió el Tribunal
los años pasados, con pretesto de judaismo, importaron
mas de un iiaillon, y le repartieron entre ellos, y que tratan
y contratan con la cantidad que a cada uno le cupo, y que
atendiendo Dios Nuestro Señor a la defensa de nuestra
sancta fee católica, le habia mandado os intimase lo refe-
rido y que se formase una junta de diferentes personas,
donde, con noticia de lo referido, se resolviese el prender
a los Inquisidores y demás ministros de aquel Tribunal,
confiscarles sus bienes y proceder luego al castigo que to-
dos merecian: referís, asimismo, que el primer día de pas^
qua de Navidad, amanecieron fijados en la iglesia Cate-
dral de esa ciudad y de otras partes, algunos papeles deste
hombre contra la Inquisición, y que aunque causó alboro-
to este caso, como luego el Tribunal os dio quenta de la
fuga y se publicó edicto en su nombre y bando en el mió
para que nadie los ocultase, se apaciguó todo; y el tercer
dia de pa^qua, pareció don Lombardo en casa de un pobre
hombre, que sin saber quién era, le habia recogido, y Die-
go Pinto pareció en otro parage, y que ambos fueron res-
tituidos a la cárcel, y que teniendo el Tribunal noticia de
que los papeles referidos habian llegado a vuestras manos
(aunque no de las particularidades que contenian) don
Juan, de Manoz<?a, en nombre del Tribunal, os insinuó
importaba recoger todos los que este hombre hubiese sem-
brado; pero, como demás de algunos casos pertenecientes
a la fee, tocaban otros quiei miran a sus particujiare^ l)ar
ciendas, rehusasteis el dar todos los papeles, enviando sola-
mente el que trata de haberle soltado de la prisión. El Ar-
zobispo difunto, con ánimo de poner los otros tres en mis
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458 LA IKQtJISIOIDN DIfr LIMA
manos, para que viendo lo que contenían, se tomase la re-
solución conveniente, pero que después porfió el Tribunal
en recogerlo todos, y tomando por pretexto que quando
le prendieron le hallaron un pliego intitulado al visita-
dor don Pedro de Galvez y que podría ser haber dado
antes otros, publicaron censuras contra la persona o per-
sonas de cualquier estado, calidad o condición que fuese,
en cuyo poder parase algún papel de don Guillen, que no
le entregase dentro de seis horas, y que habiendo vos co-
municado luego esta materia con sugeto de ciencia y con-
ciencia para que declarasen si todavía podríades rehusar el
entrego de dichos papeles, pues vuestro intento no era
otro que ponerlos en mis manos, fueron de parecer que
respecto de haber en ellos algunos puntos tocantes a la
fee y estar sometida, aun mi real persona, a la Inquisición
en semejantes casos, no se podia escusar el enviárselos,
menos que incurriendo en la excomunión, con que se los
remitisteis luego, señaladas las hojas de vuestra mano, co-
mo consta del recibo (de que enviáis copia en esta carta):
y habiéndose visto todo en mi Consejo Real de las Indias,
como quiera que se me dio quenta de todo para que re-
mitiese esta noticia al Inquisidor general y él diese la or-
den conveniente para que el Tribunal de la Inquisición
de esa ciudad haga justicia con brevedad en lo que toca
al dicho don Guillen Lombardo, me ha parecido daros no-
ticia de ello y deciros que bien pudiéi^ades haber escusa-
do el allanamiento de haher entregado los papeles que
este hombre os envió, supuesto que contenian cosas que
miraban a sindicación de los Inquisidores y de los bie-
nes confiscados y de otras cosas que tocaban a la causa
pública, pues la Inquisición no podia despachar censu-
ran contra vos, comx> mi virey, y, por lo menos, pudiéra-
des haberos quedado con copias de los dichos papeles, y
para lo de adelante lo tendréis entendido así en otros casos
que se ofrezcan desta calidad. De Madrid, a treinta y uno
de diciembre de 1651 años. — Yo el Rey. — ^Por mandado
del Rey nuestro señor. — Gregorio de Leguiva.»**
44. Libro 760-14, fol. 25. Las frases señaladas con carsiva se hallan
«9i en el orijinal.
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CAPÍTULO FINAL 459
"M Consejo, a su vez, dirijia, con este motivo, a los Inqui-
sidores la siguiente comunicación:
fiRecibimos vuestra carta de 9 de julio de 1657 en que
avisáis del recibo de la acordada de 22 de junio de 1656,
en que se mandan recoger y prohibir in totum los dos
papeles del Protector de Inglaterra, el uno intitulado
manijiesto de dicho Protector, y el otro Proclamación, v
premática mandada publicar por él, de que hicisteis pubh-
car edicto, y también decis en ella que, a pedimento del
fiscal de ese Santo Oficio, añadisteis al dicho edicto, man-
dando recoger y prohibir in totum otro papel en un pliego
manuscrito, titulado: Declaración de los justos juicios de
Dios, y comienza Excelentísimo Señor, yo don Gruillen
Lombardo, y acababa con una firma del dicho nombre,
cuya copia recibimos con dicha carta, la cual se sacó de
una que envió el Conde de Alba de Liste, virey de ese
reyno, a vos, el Inquisidor don Luis de Betancourt y Fi-
gueroa, (que por haberlo enviado a pedir se lo volvió) y
referís os movió a prohibirle ser contra el señor don Joan
Mañozca, arzobispo de México, Inquisidores y ministros
de la Inquisición de aquellos reynos, cuya publicación
se hizo en presencia de dicho Virey, de que no se dio por
entendido ni exhibió el dicho papel que paraba en su po-
der, y porque cerca de la publicación del edicto y prohibi-
ción de dicho papel, dio cuenta a su Magestad en el Consejo
de Indias, con gran sentimiento de que habiéndole comu-
nicado en confianza a vos el dicho inquisidor Betancourt,
se faltase a ella, hiciese la prohibición y publicase el edicto
en su presencia y de los de la dicha Audiencia de ese
reyno y dia tan festivo y privilegiado como uno de los de
pascua del Espíritu Santo, (cosa no acostumbrada) como
lo veréis por la copia del resumen de la consulta hecha
por dicho Consejo de Indias, que con ésta se os remite, y
del decreto de su Magestad, su fecha de ocho de este pre-
sente mes, con que la envió al Ilustrísimo señor Obispo
Inquisidor General: visto todo, presente su Señoría Ilus-
trísima, ha parecido deciros, señores, se ha estrañado mu-
cho hayáis procedido en este caso con tanta aceleración,
debiendo haber dado primero cuenta al Consejo y remití-.,
do copia del dicho papel y calificádole por los calificadores
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460 LA mQTmsmov db lima
de ese Tribunal, y de Iba cendums que se dieron a él, para
que con. vista de ellas y de lo que se acordase executar,
se os mandara lo mas conveniente, no queriendo tanta
aceleración este negocio, ni teniendo autoridad para ello
sino en caso muy urgente y preciso, y no menos el haber
faltado a la urbanidad y cortesía debida al dicho Virey,
pues habiéndoos comunicado el dicho papel, en confianza,
a vos el inquisidor Betancourt, y no habiendo noticia
corriese en ese reyno, ni del se siguiese escándalo, y que le
tenia y llegó a sus manos siendo virey de la Nueva Es-
paña, y que él antes del, se le envió cuando quebrantó las
cárceles secretas, como os lo refirió a vos el dicho inquisi-
dor Betancourt; por lo que se debe a su persona y a la
dignidad que representa, no debiórades haber publicado
el edicto en que excedisteis, y no menos en haberlo publi-
cado en dia tan festivo, con^o uno de la pascua de pente-
costes, en su presencia y de los de la Real Audiencia^
cuando en caso que importara el hacerlo, se pudiera hacer
en otro dia, como se acostumbra, ocasionando discordias,
que tanto se deben evitar, antes valeros de los medios de
urbanidad y templanza, que son los mas a propósito para
aumentar la estimación y veneración de ese Tribunal, sus
oficiales y ministros, como lo han hecho los Inquisidores,
vuestros antecesores, con los Vireyes que han sido en
esos reynos, y porque conviene enterar el real ánimo de
su Magestad y satisfacer a su real decreto y a lo consul-
tado por el Consejo de Indias, se os remite para que sobre
cada punto de lo en ello contenido, nos informéis muy
particular y individualmente, sin omitir parte alguna de
lo que contienen, con su parecer, u**
No aparece en los archivos inquisitoriales la respuesta
que el Tribunal diera a esta orden; aunque bien se deja
comprender que habia de su parte demasiado interés en
no aclarar los hechos denunciados por Lombardo para que
Sodamos pensar compasivamente que el partido mas pru-
ente que adoptó por entonces fué guardar sobre todo
absoluto silencio.
£n la cédula de concordia ya citada se mandaba a los
46* Lihroé^ fol.l7i.
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CAFÍTÜZ4) VINAL 461
I]iq\iÍ8Íd<»es quena se entremetieBen a estorbar el gobier*
no de los prelados de las órdenes relijiosas^ de cuyo hecho
algan caso hemos dejado ya consignado en el cnrso de
esta obra; i, como nueva comprobación, daremos aquí cuen-
ta de los embarazos que ocasionaron a los dominicos por
la época que vamos relacionando, i que constan del si-
guiente documento, cuya veracidad garantizaba al Conse-
jo de Indias el Conde de Alba, en carta de SO de agosto de
1657.
ti El año de 45 queriendo esta provincia hacer, como hijo,
provincial a fray Francisco de la Cruz, se opusieron los
inquisidores Andrés Juan Gaitan y don Antonio de Cas-
tro, pidiendo votos en contra para el maestro fray Cipria-
no de Medina, diciendo era causa del Tribunal, y apretaron
grandemente a los vocales, que eran ministros; no así don
Luis de Betancurt, que, de escusas de su compañero, obraba
diferente.
iiEn las demás elecciones también se han entrometido
solicitando votos para el dicho sugeto, a quien los religio-
sos no tienen en éste concepto.
•»En esta elección constará a V. E. el empeño que han
hecho con los frailes vocales, en especial García Martinez
Cabezas, contando que no es creible, según lo refieren los
religiosos. También los hicieron don Bernardo de Ey9a-
guirre y don Luis de Betancurt, aunque ^ste con mucha
remisión, y don Bernardo, con templanza, don Cristótal de
Castilla en ninguna manera.
"Ahora corre han de dar al maestro Machuca, que va
mal contento, despachos para los comisarios que le hagan
buen pasage, que se dice que va por tierra a Cartagena:
ya se hizo con fray Nicolás de Acuña, un fugitivo, y muy
escandaloso, de quien se dirá.
"El año de cincuenta y cuatro motivados los fraylesque
S. M. habia presentado en la iglesia de Santa Marta a fray
Francisco de la Cruz, provincial actual, le negaron la obe-
diencia, siendo cabeza el maestro fray Juan de Barnasan,
que se intituló vicario general, y el caudillo, el maestro
fray Cipriano de Medina, a quien seguia el maestro fray
Diego de Trejo y presentado fray Francisco de Paredes y
otros pocos sacerdotes, con los mas de la casa de novicios,
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462 LA INQÜISIdON DB UMA
qU6 hacen la observancia, con escándalos y descréditos ta-
les que no son para repetidos. Fomentáronlos los Inquisi-
dores, y con empeño, Cabezas, tanto que queriéndose el
presentado Paredes ir fuera de casa sin licencia, y man-
dándole el provincial no fuese, dijo iba al Tribunal, en
en que no tiene ejercicio el provincial: le respondió pi-
diese licencia, no quisso, y el Tribunal envió a don García
de Ijar, su alguacil mayor, en forma, a decir al provincial
que como impedia fuese aquel religioso a la Inquisición,
y el provincial respondió que solo impedia fuese sin li-
cencia.
»» Quedó la obediencia de gracia; quiso el provincial re-
parar tanto daño; fué de los rebeldes fray Pedro Román,
persona honesta, que llaman, de la Inquisición, frayle que
no habia estudiado,'y parecióle empezar por él, por ir pru-
dentemente, temiendo a los Inquisidores, que aunque
no tienen juridiccion en ésto, como ni hay fuerzas ni re-
curso, no es bien ponerse a decir: mandóle ir al Callao, y el
inquisidor Cabezas envió un recado que lo suspendiese.
Escusóse el provincial cortesmente, y dentro de muy po-
cos días vino orden del Tribunal que era necesario aquí
para su ministerio. El provincial trájolo a la Eecoleta; in-
quietaria mucho a todos; mandóle con censuras que fuese
y viniese al Tribunal vía recta y que acabado lo que tenia
que hacer en la Inquisición, se fuese a Trujillo, y el Tri-
bunal envió a notificar un auto con censuras al provincial,
que notificó don Pedro Faria su secretario, que repusiese
el auto y censura contra el padre fray Pedro Román: re-
púsolo y trájole a este convento, con que, conociendo que
los principales agresores del tumulto eran calificadores,
habian de hacer lo mismo y quedar en peor estado, se re-
tiró y quedó la religión en el miserable que hoy tiene.
ti Enviaron los rebelados por su procurador a España a
fray Nicolás de Acuña, hombre escandaloso, que aquí con
un pistolete se defendia, y en Quito hizo grandes excesos
contra los prelados; ahogóse en la almiranta que se per-
dió en los Mimbres: a éste se le dieron despachos, porque
fué por Quito, para los comisarios que le ayudasen, y los
llevó también del comisario general de San Francisco fray
Francisco de Borja, de los de la Inquisición; hubo aquí
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CAPÍTULO FINAL 463
papeles que lo certificaban; llevd cartas en su abono y cré-
dito de procurador a Cartagena del inquisidor Cabezas, y
con un poder falso y dicho abono de persona para que le
diesen pasage y hiciesen favor, al gobernador y a don
Gonzalo de Herrera, vecino de aquella ciudad, que tenia
de est'C convento once mil pesos para comprar negros, y
se fué con ellos; se perdieron, y así se ha dado por des-
cargo de parte de don Gonzalo, que no pudo prevenir no
fuese procurador del provincial el que iba acreditado de
un Inquisidor, electo obispo de aquella ciudad. Es verdad
que hasta ahora no se han visto papeles, porque se ha de-
jado, viendo que de España no se provee de remedio sino
que antes se le premia; esto es lo que hemos entendido, n^
Seria largo citar todas las cuestiones que siguieron
ocurriendo, aun con los mas frivolos pretestos, entre los
Inquisidores i los Vireyes, i especialmente con el Duque
de la Falata, que por tener de asesor a don Pedro Fraso,
hombre mui versado en leyes i autor de una voluminosa
obra sobre patronato, no cejaba un punto en las regalías
de su puesto. No debemos olvidar, con todo que habién-
dose hecho causa contra José de Aponte, porque yendo
de ronda la noche del 5 de julio de 1698 el doctor don
Juan Pérez de Urquizu, alcalde del crimen de la Real
Audiencia, por la calle de la Catedral, encontraron los mi-
nistros ti un hombre abrazado con una mujer, que tenia de-
bajo del capote, arrimados a un poste del cementerio, y pre-
guntándole quien iba a la justicia, se resistió sacando una
pistola cargada, prorrumpiendo en palabras indecentes y
desacatadas contra el juez y los ministros;ii mas, al se-
gundo dia de iniciado el proceso, el Santo Oficio despachó
un auto, mandando que por ser el reo hermano del fiscal,
se notificase a los alcaldes del crimen entregasen luego el
preso i la causa, pena de escomunion mayor.^^
Pero, al fin, tanto apuraron la materia los ministros del
Santo Oficio que llegó un dia en que siguiéndose causa de
concurso en el Consulado de Lima sobre los bienes de Félix
Antonio dé Vargas, ordenó el Tribunal, »»por el interés de un
46. Archivo de Indias, est. 70, cajón 2, leg. 28.
47. Carta de la Audiencia de Lima de 12 de febrero de 1699. A. de I.
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4^4 LA IKQÜSSIGKIIC Bfir LIMA
secretario suyo, i» que se le enviasen los autos para que ante
él se siguiese el juicio; y paredéndole al del Consulado qne
esto seria en agravio de sus fueros, se presentó ante el Gobier-
no, el cual, con dictamen del Real Acuerdo, dispuso que se
formase sala de competencia, lo que reaostió la Inquisición
con pretesto de no ser caso de duda el fuero activo de sus
ministros titulados.
El Virei Manso a su llegada a Lima encontró el espediente
en este estado i comprendiendo, como él dice, que en él
estaba interesada la causa pública, después de nuevas trami-
taciones sin resultado, hizo llamar a su gabinete a los In*
quisidores para ver modo de tratar privadamente el nego-
cio, logrando que se allanasen a formar sala refleja, en
que se declarase si el punto era de la de competencia.
Pero en esto surjió una nueva dificultad, que consistía en
que el oidor decano instaba en que se le admitiese con ca-
pa i sombrero, i la Inquisición que habia de entrar con to-
ga i con gorra, empeñándose cada parte en sostener su
dictamen como si se tratase de la cosa mas grave. Des-
pués de nuevas actuaciones judiciales i nuevas conferen-
cias privadas se resolvió al fin que los ministros go-
zaban del fuero, como lo pretendia el Santo Oficio. Mbs,
no pensó el Rei lo mismo, pues en vista de los autos, es-
pidió la cédula fecha 20 de junio de 1751 declarando que
los ministros titulados i asalariados del Santo Oficio solo
debian gozar del fuero pasivo, así en lo civil como en lo
criminal, i los familiares, comensales i dependientes de los
Inquisidores ni en uno ni en otto, sin olvidarse tampoco
S. M. de resolver el caso de la capa i sombrero. . .^
Pero si el Tribunal se mosteaba tan celoso de sus fue-
ros, verdaderos o supuestos, no era ménbs exijente cuan-
do alguien se permitía arrogarse su nombre, sin derecho o
contra su consentimiento i voluntad, de lo cual dejamos
ya constatados numerosos casos.
Apenas necesitamos insinuar aquí que cuanto se ha di-
cho de los jefes del Tribunal es enteramente aplicable a
sus delegados, comisarios, familiares i dependientes»
48. Véase el detalle de estos incidentes en las Memorias de los Vire"
yesy t. iv. pA}\ 73 i sigts.
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CAPÍTULO FINAL 465
No tione, pues, nada de estrafio, ni a nadie sorprende*
rá que por todos estos motivos el Tribunal del Santo Ofi-
cio se hiciese desde su instalación aborrecible a todo el
mundo, a las autoridades civiles, a los obispos, a los pre-
lados^e las órdenes i al pueblo, de tal manera que los
Inquisidores no solo vivian persuadidos de este hecho,
sino que aun tenían cuidado de recordarlo a cada paso co-
mo un título destinado a enaltecerlos; i para no citar mas
del testimonio de uno de ellos, famoso en los anales de es-
te Tribunal, trascribiremos aquí sus propias palabras:
itHemos tenido mucha esperiencia en este reino, decia
Gutiérrez de UUoa, que jeneralmente no dio gusto venir
la Inquisición a él, a las particulares personas por el
freno que se puso a la libertad en el vivir i hablar, i a los
eclesiásticos porque a los prelados se les quitaba ésto de
su jurisdicción, i a los demás se les anadian jueces mas
cuidadosos, i a las justicias reales, especialmente Yirei
i Audiencias, porque con ésta se les sacaba algo de su
mano, cosa para ellos mui dura por la costumbre que te-
nían de mandarlo todo sin escepcion/® nCon ocasión de una
queja déla Audiencia de Panamá, en queesponia al sobe-
rano los agravios que los delegados del Tribunal hacían a
sus vasallos, los Inquisidores repetían todavía de una ma-
nera mas categórica, nque los ministros del Tribunal, por
el mismo caso que lo son, son tan aborrescibles a los jueces
reales que les procuran hacer y hacen molestia en cuantas
cosas se les ofrecen/®ir
El alborozo con que en Lima se recibió la noticia de la
abolición del Tribunal i las pruebas inequívocas del odio
del pueblo, que*&ucedieron a ese acontecimiento, están de-
mostrando claramente que con el tiempo no desmereció
el Tribunal de la opinión que desde un principio se captó.
Pero, como se comprenderá fácilmente, si para algu-
nos se habían hecho especialmente aborrecibles, como
ellos lo espresaban, para nadie con mas justo título que
para los infelices que por un motivo o por otro eran ence-
rrados en las cárceles secretas. Los largos viajes que debian
48. Carta de 26 de abril de 1584.
49. Id. de los InquieidoraB de 3 de abril de 1581.
TOMO U 30
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466 LA INQUISICIÓN DB UMA
emprender, de ordinario engrillados, a causa de una sim-
ple delación, muchas veces de un solo testigo, acaso ene-
migo, que motivaron tantas quejas de los Vireyes, la ma-
la alimentación que se les suministraba en las cárceles,
las torturas a que se les sometia obligándoles casi siempre
por este medio a denunciarse por delitos que jamas come-
tieron, el no conocer nunca a sus delatores, el atropello
de sus personas por la mas refinada insolencia, la eterna
dui-acion de sus procesos,** constituia tal odisea de sufri-
mientos para estos infelices de ese modo vejados, que en-
contraba muchas veces término en el suicidio mas cruel, ya
desangrándose, ahorcándose de un clavo, privándose de
todo alimento i hasta, lo que parece increible, tratán-
dose de ahogar con trapos que se metían en la boca. I
acaso lo que hoi parezca quizá mas horrible a nuestras
sociedades modernas, llevándose la saña contra ellos, no
solo a dejar en la horfandad a sus familias, privando a
sus hijos de los bienes que les debian corresponder por
herencia de sus padres, sino, viéndose junto con ellos,
condenados a perpetua infamia por un delito que jamas
cometieron.
No es fácil poder determinar de una manera exacta
cuantas fueron las personas procesadas por el Santo Oficio
de Lima. El espediente de visita de Ruiz de Prado nos
manifiesta que de las causas de algunos reos no se envia-
ba relación al Consejo, por omisión voluntaria o no, que
no lo •sabemos. Por otra parte, la documentación del siglo
xvín, bajo este aspecto, no es tan completa que pueda ne-
vamos a formar una estadística cabal i exacta. Consta sí,
según lo hemos ya espresado,**' que en el solo período de los
veinte años primeros de la existencia del Tribunal habían
sido encausados, según los apuntes del visitador, mil dos-
50. Ya sabemos lo qae aconteció con la Pízarro, con Mojen, eta;
pero aquí debemos recordar todavía otro hecho semejante.
En 8 de setiembre fué denunciado en Oajamarca, Santos Beyes Mon-
tero, que daba fortuna con amores i curaba con maleficios, i ^ue se es-
cepcionó diciendo que habia sido acusado por un enemigo capital suyo.
Habiendo sido objetado el proceso desde España, vino a fallarse en no-
viembre de 1749.
51. Véase la páj. 262 del tomo I de este libro.
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CAPÍTULO FINAL 467
cientos sesenta i cinco individuos, i aun mas, i que el in-
quisidor Verdugo, como también lo hemos indicado ya,**
luego de su llegada a Lima, en 1602, mandó suspender
no menos de cien procesos. Ahora bien, sin comprender
los de oríjen chileno, que ascienden mas o menos a otros
tantos, en nuestra obra hemos dado noticias de mil cuatro-
cientos setenta i cuatro, cuya enumeración por orden alfa-
bético, publicamos al fin del presente volumen. Es verdad
que en estos últimos damos cabida a algunos que se com-
prenden en la lista de Ruiz de Prado; pero, tomando en
consideración todas las circunstancias que dejamos apunta-
das, creemos que un cálculo prudencial nos permite fijar
aproximativamente entresjnil el número de personas en-
causada» por el Tribunal.
Ahora, si consideramos que no estaban sujetos a la In-
quisición los indios, que componían en su inmensa mayo-
ría la población de las diversas provincias del vireinato,
debemos llegar forzosamente a la conclusión de que aquella
cifra, especialmente por lo que a los primeros años de la
existencia del Tribunal se refiere, es realmente enorme.
De los mil cuatrocientos setenta i cuatro nombres que for-
man la lista que indicamos, ciento ochenta corresponden
a mujeres; ciento uno a clérigos; cuarenta i nueve a frailes
franciscanos; treinta i cuatro a dominicos; treinta i seis a
mercedarios; veintiséis a agustinos, i doce a jesuítas. Por
proposiciones, fueron procesados 'ciento cuarenta; por ju-
díos, doscientos cuarenta i tres; cinco por mahometanos;
por luteranos, sesenta i cinco; por blafemos, noventa i sie-
te; por doctrinas contrarias al sesto mandamiento, cuaren-
ta; por doble matrimonio, doscientos noventa i siete; por
hechiceros, ciento setenta i dos; por solicitantes en con-
fesión, ciento nueve; i por varios hechos, doscientos seten-
ta i seis.
Treinta fueron quemados en persona, i de entre ellos
quince, vivos; en estatua i huesos, dieziocho.
No necesitamos consignar aquí cuantos de los conde-
nados eran realmente locos, ni cuantos aparecen que lo
fueron siendo inocentes, según la misma relación de sus
52. Tomo I, páj. 829.
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468 LA mQÜISIOIOK DE LIMA
causas, porque el lector bi^i liabrá podido comprender-
lo ya.
La observación mas notable que a nuestro juicio pudie-
ra establecerse respecto de los delitos de los procesados,
es la que se deduce de la manera como se castigaban los
que delinquian contra las costumbres i los que pecaban
contra la fe. Así, Francisco Moyel' que negaba que faltar
al sesto mandamiento fuese un hecho punible, recibió trece
años de cárcel i diez de destierro, i el sacerdote que ejer-
ciendo su ministerio abusaba hasta donde es posible de
sus penitentes, llevaba una mera privación de confesar
durante un tiempo mas o menos limitado i algunas penas
espirituales. Esta contradicción chocante es realmente sor-
prendente.
Es verdad que el estudio de las costumbres nos mani-
fiesta que el pueblo, los eclesiásticos, i mas aun los Inqui-
sidores vivian a este respecto tan apartados de las buenas,
que apenas si hoi podemos esplicarnos semejante estra-
gamiento. Lo que se ha visto de Ulloa, Ruiz de Prado,
Unda, etc., nos manifiesta que si la investigación hubiera
podido adelantarse por circunstancias especiales, como ha
acontecido con aquellos, merced a la visita del Tribunal,
serian mui pocos los inquisidores, ministros i familiares
del Santo Oficio que hoi pudieran presentarse libres . de
esta mancha; pero lo que se conoce es ya suficiente para
tener una idea aproximada de lo que fué el Tribunal bajo
este aspecto.
Lo que los Inquisidores han cuidado de decir de los
obispos con quienes no llegaron a tener amistad, nos ma-
nifiesta, igualmente, cuan poco podia esperarse de su ejem-
plo, i ahora espondremos brevemente cómo este mal se
encontraba arraigado en todas las clases sociales, i, espe-
cialmente, en los eclesiásticos.
Desde antes de la llegada de Cerezuela, el agustino Bi-
vero significaba al Rei el estado de las costumbres en el
Perú, granjerias, crueldades cometidas con los indios, aban-
dono absoluto de su enseñanza relíjiosa, avaricia de loa
prelados^ etc.
La relación que algunos años mas tarde enviaba el Rei
al Conde ^el Villar no era menos lastimosa.
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CAtirVLÓ MKAL 469
I! En lo que toca al estado eclesiástico, deeia, están vacos
los obispados de el Cuzco, la Plata y Quito, y así gobiernan
en ellos los Cabildos de las iglesias, en los cuales hay tan-
ta división entre los capitulares y tantas pretensiones y
diferencias que cada uno acude a su particular interés y
de los a quien quiere favorecer, de manera que 6e entien-
de que con su gobierno «e desirve Dios y Vuestra Mages-
tad, y la doctrina y conversión de los indios no se hace
cómo ni por los ministros que se debia; y así parece que
conviene que Vuestra Magestad se sirva de mandar pro-
veher con brevedad de prelados en los dichos obispados,
en los demás vacaren en estas partes y en personas que
tengan las que se requieren, y siendo posible no sean de
los que los pretenden, porque la intención de los tales no
se entiende que es el aprovechamiento de las ánimas si-
no el de su caudal, y algunos lo mercadean como si fuera
de su profesión, ocupando para ello a los sacerdotes de su
districto. a cada uno en el suyo, y disimulándoles por ésto
sus descuidos y vicios, y ellos a los indios los que tienen,
por las grangerías con que viven, como de ésto hay muy
notoria experiencia.
I! Los clérigos particulares de este reyno, son en tres
maneras: unos vienen de Castilla y otros se ordenan acá,
aunque nacieron en ella, y otros son nacidos y criados en
esta tierra: a pocos de los que vienen de Castilla se en-
tiende que les trae el deseo de servir a Dios sino el de
enriquecer, y así los mas no cuidan de saber la lengua,
sino de las inteligencias y grangerías con que pueden
ganar de comer, no solo entre los indios de sus doctrinas,
pero fuera de ellos, y cuando ya tienen caudal para no
tener tan insaciable codicia y saben la lengua y entienden
las costumbres de los indios, se vuelven a España; y así
hay necesidad de que en su lugar entren otros nuevos,
que solo sirven de lo que los otros y de esquilmar a los
indios y llevarse el salario, sin hacer aprovechamiento; y
aunque hay algunos clérigos de buena vida y ejemplo, lo
general es lo que .digo, y sirviéndose de ello Vuestra Ma-
gestad, me parece convenia que a los clérigos que pasan
a este reyno, no se diese licencia para salir de él sin que
hayan residido diez o doce años, o los que Vuestra Mages-
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470 LA INQUISICIÓN DB LIMA
tad se sirviere, y que si fueren sin ella, los vuelvan acá o
se les ponga otro vínculo, porque se suelen ir por el Nue-
vo Reyno de Granada y otras partes, y también me parece
que conviene que después de el dicho tiempo se les dé
licencia para poderse volver a Castilla, porque de otra
manera entiendo que dejarían de pasar acá y seria de
inconveniente por las razones contenidas en los capítulos
siguientes.
iiLos que se ordenan acá de los nacidos en Castilla, re-
gularmente son soldados delincuentes y hombres que por
culpa suya se hallan nescesitados de ordenarse, aunque
también hay quien lo hace por christiandad y devoción;
y los que son de los primeros de este capítulo, pierden tar-
ae las costumbres antiguas y todo redunda en daño espi-
ritual y corporal de los indios, y muchas veces en inquie-
tudes de el reyno que los tales sacerdotes suelen inventar;
y los nacidos y ordenados acá, aunque suelen ser expertos
en la lengua de los indios, pocas veces tienen aprobación
de costumbres ni las partes que deben tener los que han
de dar pasto espiritual, principalmente a gente nueva y
inculta en la fee; de estos segundos y terceros, se entiende
que hay muchos en las doctrinas de los dichos obispados
vacantes, y que en este arzobispado concurren los de me-
jor aprobación y los que mas bien disciplinados y corre-
jidos están, por el cuidado de el Arzobispo presente, que
personalmente los visita, y castiga con rigor sus exce-
sos.
II Religiosos de la orden de San Francisco hay pocos en
este reyno, y son de los que se entiende que hacen la
doctrina con mayor cuidado y exemplo y menos codicia,
y así he puesto algunos en doctrinas de indios, de mas
de los que habia en otras.
»»Los dominicos, aunque hay mayor número, no tienen
tanta aprobación, porque es muy grande el de los mozos
criollos que hay en la Orden, y el de los que cada dia re-
ciben en ella, aunque no sepan leer, por ser muy niños, y
lo es también la cudicia que muchos de ellos muestran en
las doctrinas que tienen.
••Entre los agustinos hay mas número de viejos y de
hombres de aprobación que entre los dominicos.
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CAPÍTULO FINAL 471
itLos de la Compañía de Jesús viven con particular
cuidado de dar buen exemplo y de la manera que lo hacen
en Castilla.
fiLos mercenarios reciben muchos mozos criollos y mes-
tizos, y aunque entre ellos hay algunos de mucha aproba-
ción, en general los de esta Orden viven cen no tanta
como parece que convenia, y así tienen mucha necesidad
de ser visitados y corregidos por personas graves, y que
la tengan y vengan a ello y vuelvan a dar cuenta a su
superior, porque los que pretenden quedar acá tratan mas
de grangear amigos y riquezas que de atesorarlas para el
cielo.
iiLos correjidores de este rcyno, o son proveídos por
Vuestra Magestad, o por los Vireyes y gobernadores de él:
los de allá lo son y viven con máxima de que son inme-
diatos a Vuestra Magestad y a su Real Consejo de las
Indias, y así, en lo general, viven y proceden olvidados
de que han de dar cuenta, o pareciéndoles que no habrá
quien les vaya a seguir su residencia al dicho Real Con-
sejo, y como vienen empeñados y gastados de Castilla, se
procuran desempeñar y enriquecer en el tiempo de el
oficio con tratos y grangerías y otros medios, que algu-
nos hallan, y aviándose con los caciques y sacerdotes, y
atienden poco a las obligaciones de sus oficios, y algunos
han puesto sus repúblicas a riesgo de perderse; y los pro-
veídos en esta tierra, aunque son y viven mas subjetos y
con mas cuidado, nunca dejan de tenerle de sus grange-
rías y aprovechamientos, ocupando en ellos a los indios;
pero acudiré al remedio quitándolos cuando conviene,^ y
de los unos y de los otros son pocos los que proceden de
otra manera, aunque ahora con.... mandé llevar la plata de
comunidades y residuos, cesará mucha parte .... y en los
corregimientos se procura elegir personas cuales con-
vienen, o las de mas aprobación que se pueden hallar.
••Los vecinos encomenderos y situados de este reyno,
generalmente están pobres y empeñados por la carestía
que hay en todas las cosas, y sus excesivos gastos, y viven
con deseo de servir a V. M., aunque cuando han sido lla-
mados para las ocasiones que se han ofrecido de presente,
algunos se han asperado y puesto dificultades, parecién-
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472 LA INQUISICIÓN DB LIMA
doles o dando a entender que no tienen esta obligación,
sino solamente de residir y defender la ciudad donde son
vecinos, de lo cuíjl, a lo que yo he entendido, tienen mas
culpa que ellos las personas que les han favorecido para
ello, de que en carta doy mas particular quenta a V. M.
"Pretensores hay gi-an número en este reyno, porque
como los conquistadores y primeros pobladores han deja-
do hijos, cada uno de ellos pretende la gratificación ente-
ra de lo que su padre sirvió: los unos diciendo que son
mayores, y los otros necesitados, y las mugeres. por serlo;
y así como van multiplicando los hijos y descendientes, cre-
cen los pretensores, y porque lo son muchos que nunca
sirvieron y tuvieron mérito, sino que lo toman por entre-
tenimiento y porque cualquier ocasión, aunque muy ligera,
en que sirven a V. M., no obstante que sea por sueldo, es
para ellos muj^ grande, para pretender gratificación y es-
tar ya tan acostumbrados a ésto que casi lo tienen por re-
fujio los hombres perdidos y se quejan tan de veraa de
que no se les haga merced, como si de rigor se les debiese;
y a los que se entiende que mejor lo merecen, se satisface
repartiéndoles lo que hay y se ofrece en el reyno, que no
es mucho, por lo cual y porque se procura entretener a
muchos, no les cabe la cantidad que cada uno quena, y de
cualquier manera que se haga con ellos, no es posible con-
tentarlos, como se desea y procura.
**Los gentiles hombres de las compañías de los lanzas
y arcabuces, respecto de que la consignación de donde se
pagan rentas, menos que las que se les debe, no les alcanza
el sueldo entero y andan de ordinario necesitados, aunque
son los que mas a la mano están para servir en lo que se
les manda, por lo cual he puesto en la corona de V. M,
algunos repartimientos para que, acabada la vida de los
a quien hice merced de los tributos de ellos, en su real
nombre, queden para la dicha consignación, como lo tengo
escrito a V. M., y parecióme usar de este medio porque
si se pusieran en la dicha corona de V. M. para que desde
luego lo gozaran las dichas compañías, causara desconten-
to a los que esperaban la presente gratificación, y aunque
por la dicha causa ahora na Jo gozan los lanzas, lo harán
adelante y podrá haber mayor número de ellos» y hacer
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CAPÍTULO FINAL 478
gratificación con las dichas plazas a los que tttyieren mé-
ritos para ello, en lugar de la que se les habia de hacer de
los dichos repartimientos.
»iLa demás gente española de el re3nio, a quien llaman
soldados, unos se ocupan en grangerías, trayendo empleos
de España y Nueva España, y Tierrafirme; otros de unas
partes a otras, de este reyno, o de él al de Chile; otros
beneficiando minas, y algunos son labradores de el campo;
y otros en el trato de la coca; y otros vagando sin oficio
ni entretenimiento, mas que pasearse y acudir a comer a
las casas de los vecinos y de otros hombres ricos que los
sustentan, y aunque éstos son muchos, se entiende que
hoy son menos que solian, respectivamente de la gente
que habia y hay de presente en este reyño, porque en
cada flota pasa mucha y son pocos los que vuelven a Cas-
tilla, y de los dichos ociosos, pocos paran en esta ciudad,
porque los mas se van a las de arriba, y los unos y los
otros, aunque tienen el nombre de soldados, huyen en las
ocaciones de serlo y se juntan con dificultad para ello.
*iEl trato general de los hombres es igual sin diferencia
y como si todos fueran calificados y ninguno lo dejara de
ser, y lo mesmo el de las mugeres, cuyo trage es costosí-
simo.
üLos caciques y principales de los indios, aun'que tie-
nen subjetos a los subditos, no con la opresión que solian,
sino en lo que conviene, porque les van a la mano las jus-
ticias dellos; y los indios particulares, a lo que se entiende,
están poco fundados en nuestra santa fee, que es gran lás-
tima, en especial porque no es toda la culpa suya sino de
los que los tienen a cargo, como está referido, y de los que
les dan mal ejemplo, que no son pocos, no obstante que se ,
pone el remedio que se puede para ello.n'^
Los procesos seguidos en el Santo Oficio nos dan sobre
las costumbres dominantes en los claustros las mas tristes
noticias.
Hai algunos reos de entre los frailes, como Luis Corona-
do, Ambrosio de Rentería, etc., a quienes se les ha per-
mitido contar por menor la relación de todas sus torpezas,
58. Carta de 8 de mayo de 1588. A. de I.
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474 LA INQUISICIÓN DB LIMA
tan asquerosas que la pluma se resiste a entrar en este
terreno*^.
¿Qué decir de lo qne pasaba en el confesonario? El nú-
mero de sacerdotes procesados lo está claramente manifes-
tando. Los Inquisidores alarmados con lo que estaba suce-
diendo, especialmente en el Tucuman, ocurrieron al Consejo
en demanda de que se les permitiese agravar las penas im-
puestas en tales casos, i no contentos con ésto, promulgaron
edictos especiales, como los que hablan fulminado contra
los hechiceros, para ver modo de poner atajo a las solicita-
ciones en confesión, según puede comprobarse por el que
trascribimos en seguida.
»»Nos los Inquisidores contra la herética pravedad y
apostasía, en la ciudad y arzobispado de los Eeyes, con el
arzobispado de la provincia de los Charcas, y los obispa-
dos de Quito, el Cuzco, Rio de la Plata, Tucuman, San-
tiago de Chile, la Paz, Santa Cruz de la Sierra, Guamanga,
Arequipa y Truxillo; y en todo los reinos, estados y seño-
ríos de la provincia del Pirú y su vireinado, gobernación
y distrito de las Audiencias reales, que en las dichas ciu-
dades, reynos y provincias residen, por autoridad apostó-
lica, etc.
»» A todos los vecinos y moradores, estantes y habitantes
en todas las ciudades, villas y lugares deste nuestro dis-
trito, de qualquier estado, condición o preminencia que
sean, exemptos y no exemptos, y cada uno y qualquiera de
vos a cuya noticia viniere lo contenido en esta nuestra
carta, en qualquier manera, salud en nuestro Señor Jesu-
christo, que ete la verdadera salud, y a los nuestros man-
54. «Por la relación del negocio de Fr. Fitincisco de la Craz verá U.
8., decían los Inquisidores en 18 de marzo de 1575, cómo confiesa ha-
ber caído en el pecado nefando con dos frailes de su Orden, y asimis-
mo conñesa que se entendía por los frailes de aquella casa que habia
entre ellos algunos que cometían aquel pecado, y mucho, en particular
algunos; y parece por la dicha confesión que acerca deste pecado hay
mucho daño en aquel monasterio y Orden, y mayormente le habia en
aquel tiempo entre los frailes novicios. Damos desto noticia a U. S. pa-
ra que, pareciendo que conviene para obviar este daño que por nuestra
parte se hiciese alguna diligencia, sea U. S. servido de nos mandar el
orden que tendremos:» a lo que se respondió en 24 de enero de 1576
que no se entremetiesen en ésto.
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CAPÍTULO PIÑAL 475
damientos, que mas verdaderamente son dichos apostóli-
cos, finnemente obedecer, guardar y cumplir. Hacemos
saber que ante Nos pareció el promotor fiscal deste Santo
Oficio y nos hizo relación diciendo que a su noticia habia
venido que muchos sacerdotes confesores, clérigos y reli-
giosos, pospuesto el temor de Dios, nuestro Señor, y de
sus conciencias, con grave escándalo del pueblo christiano
y detrimento espiritual de sus próximos, sintiendo mal de
las cosas de nuestra santa religión y santos sacramentos,
especialmente del de la penitencia, y en menosprecio de
las penas y censuras por Nos promulgadas en los edictos
generales de la fe que mandamos publicar, se atreven a
solicitar a sus hijos e hijas espirituales en el acto de la
confesión, o próximamente a ella, antes o después, indu-
ciéndolas y provocándolas con obras y palabras para actos
torpes y deshonestos, entre sí mismos, o para que sean
terceros o terceras de otras personas, y que en vez de re-
conciliarlas con Dios por medio del dicho santo sacramen-
to, que es la segunda tabla después del naufragio de la
culpa y el único remedio que el mismo Christo dejó en la
Iglesia para su reparo, le convierten en veneno mortífero
y cargan las almas que, arrepentidas, le buscan a los pies
de los dichos confesores, con mayor pesso de pecados. I
que demás desto, continuando los dichos confesores su da-
ñada y perversa intención a fin de huyr y castigar por
este medio las penas y castigos del dicho delito, quan-
do los dichos sus hijos o sus hijas espirituales se van a
confesar con ellos, antes de persignarse, ni comenzar la
confesión sacramental, las divierten de aquel santo pro-
pósito, diciéndolas y persuadiéndolas que no se confiesen
por, entonces, y las solicitan y provocan para las dichas
deshonestidades o tercerías, y que otras veces, con el mis-
mo intento, fuera del acto de la confesión, se aprovechan
de los confesonarios y otros lugares en que se administra
el dicho sacramento de la penitencia, como mas libres, se-
guros y secretos para tratar con los dichos hijos e hijas
espirituales las mismas torpezas y tener otras pláticas y
conversaciones indecentes y reprobadas, fingiendo y dan-
do a entender que se confiesan; y perseverando por mu-
cho tiempo en la continuación de los dichos pecados y sa-
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mm
476 LA ÜMítTttlCtON Ü» LIMA
crilegios, prohiben a las personas con quien los cometen
que no se confiessen con otros confessores ni puedan sa-
lir del engaño en que los tienen, de que no son casos to-
cantes al Santo Oficio; y que demás desto, otros confeso-
res, con ignorancia de que el conocimiento y punición
dellos nos está cometida privativamente por diversas bu-
las e indultos de la Santa Sede Apostólica, o dándoles
siniestras interpretaciones, absuelven en las confesiones
sacramentales a las personas culpadas en los dichos deli-
tos, y a las que han sido solicitadas y tenido los dichos
tratos y conversaciones deshonestas, o saben de otras que
las han tenido, sin declararlas la obligación que tienen
de manifestarlo ante Nos. Y que a otros letrados y per-
sonas doctas o tenidas y reputadas por tales, cuando se
les consultan y comunican fuera del acto de la confession
algunos destos casos, se adelantan en conformar y dar
pareceres de que no son de los tocantes al conocimiento y
censura del Santo Oficio, aunque ademas de estarles ésto
prohibido en los edictos generales de la fee, impiden el rec-
to y libre exercicio del dicho Santo Oficio, y quedan sin
punición y castigo pecados y excesos tan graves y opues-
tos a la pureza y sinceridad de nuestra santa fé católica:
porque nos pidió el dicho fiscal, que, atenta la gravedad
y frecuencia de los dichos delitos y las muchas y graves
ofensas que con ellos se cometen contra Dios, nuestro Se*
ñor, proveyéssemos de competente remedio, mandando
publicar nuevos edictos, agravando y reagravando las
censuras por Nos fulminadas, y executando contra los
transgressores y sus fautores y encubridores, en cualquier
manera, las penas estatuydas por derecho y por los di-
chos breves, indultos y bulas apostólicas, especialmente
por las de los Sumos Pontífices Pió IV, Paulo V y Gre-
gorio XV, de felice recordación.
II Y por Nos, visto su pedimento ser justo y que habien-
do crecido tanto la exhorbitancia y abuso de los dichos ex-
cesos, toca a nuestra vigilancia y obligación proveer de
medios mas eficaces para atajarlos, y que las cosas sagra-
das y sacramentos de nuestra Santa Madre Iglesia se tra-
ten y administren con la integridad, acato y reverencia
que se les debe. Mandamos dar y damos la presente para
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CAPÍTULO unaji 477
vos, y cada uno del voe, en la dicha razón, por la qual os
amonestamos, exhortamos y requerimos, y siendo necesa-
rio, en virtud de santa obediencia y so pena de excomu-
nión mayor latee sententioB trina canónica monitione
praemissa ipso facto incurrenda, mandamos que si su-
piéredes, o entendiéredes, hubiéredes visto, sabido o oydo
decir, que alguno o algunos confesores, clérigos o religio-
sos, exemptos, o no exemptos, de qualquier orden, grado,
preminencia o dignidad que sean, aunque inmediatamen-
te estén sujetos a la Santa Sede Apostólica, que por obra
o de palabra hayan solicitado^ provocado o intentado, o
intentaren solicitar y provocar qualesquiera personas, hom-
bres o mugeres, para actos torpes y deshonestos, que en-
tre sí mismos se hayan de cometer, en qualquier manera,
o para que sean terceros o terceras de otras personas, o
tuvieren con ellos o ellas pláticas y conversaciones de amo-
res ilícitos y deshonestas en el acto de la confesión sacra-
mental, o próximamente a ella, antes o después, o con
ocasión y pretexto? de confession, (aunque realmente no la
haya), o sin el dicho pretexto, fuera de confession, en los
confessonarios o qualquiera otro lugar en que se oigan
confessiones o esté diputado o señalado para ellas, con ca-
pa y demostración que se confiesaan o quieren confesar,
hicieren y perpetraren qualquiera de los delitos de suso
referidos, sin comunicarlo con nadie, (porque assí convi-
niese) lo vengáis a decir y manifestar ante Nos, en este
Santo Oficio, y fuera de esta ciudad, ante nuestros comi-
sarios de los partidos, dentro de seis dias después de la
publicación de nuestro edicto, o que del sepáis y tengáis
noticia, en qualquiera manera, los quales os asignamos
por tres términos y canónicas moniciones, cada dos dias,
por un término, y todos seis, por último y peremptorio,
con apercibimiento que el dicho término pasado y no lo
cumpliendo, demás de que habreys incurrido en sentencia
de excomunión mayor, en que desde luego os deiclaramos
por incursos, procederemos contra los que rebeldes e in-
obedientes fuéredes, por todo rigor de derecho, como con-
tra personas sospechosas en nuestra santa fe católica, e in-
obedientes a los mandatos apostólicos y censuras de la
santa madre Iglesia.
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478 LA INQUISICIÓN DB LIMA
ff Y por quanto la absolución de los dichos crímenes y
delitos, como dependientes de la heregía y sospechosos
della, nos está especialmente reservada, y assí la reserva-
mos, mandamos, debaxo de las dichas penas y sentencias
de excomunión mayor vpso jacto incwj^enda, que ningún
confesor clérigo, o secular, ni religioso, de qualquier gra-
do, dignidad o preminencia que sea, ni so color de nin-
gún indulto o privilegio (aunque haya emanado de la San-
ta Sede Apostólica, la qual, en quanto a ésto los tiene
todos reservados) no sea osado a absolver sacramental-
mente a ninguna persona que fuere culpada en qualquiera
de las cosas sobre dichas, o supieren de otras que lo son,
antes las adviertan la obligación que tienen a denunciar-
lo y manifestarlo ante Nos. Y hasta haberlo hecho, no les
concedan la absolución sacramental, ni fuera de la confe-
sión se entremetan a interpretar las dichas bulas y breves
apostólicos, aconsejando y dando pareceres sobre si las
cosas que se les comunican son de las comprendidas en
ellos o no, y pertenecientes al conocilniento del dicho
Santo Oficio, al qual las remitan, con todo secreto, donde
se les dará el despacho conveniente. — Dada en la ciudad
de los Eeyés, en 1630."
Pero el mal no cesaba, i un siglo después el Marqués
de Castelfuerte daba todavía cuenta al Éei del estado de
las costumbres de seglares i eclesiásticos, en los términos
siguientes:
II Señor: — El público escándalo de los amancebados me
constituyó en la precisa obligación de ver si podía ocu-
rrir en parte al remedio de tan diabólicas consecuencias,
por haber llegado este delicto en estos payses a su mayor
desenvoltura, y haberme acusado la conciencia muchas
personas de elevado espíritu; tuve por conveniente dar
comisión especial para estas providencias al doctor don
Thómas de Brun, alcalde del crimen de esta Real Audiencia,
para que las atendiese con la xptiandad y prudencia corres-
pondiente, como en carta de trece de setiembre tengo par-
ticipado a V. M., y aunque es así que con mi aplicación y
celo y el que asiste a este ministro, se han estinguido
55. Libro 760-9, fol. 11.
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CAPÍTULO FINAL 479
algunos de estos excesos en el todo, y se tiene apercibido
a muchos para que se contengan en ellos; habiéndose con-
seguido estos fines hasta el presente, sin estrépito judicial,
por lo delicado de estos asumptos, esperando las resultas
de estas prudentes advertencias, para pasar, en casos ne-
cesarios, a los castigos prevenidos por derecho; pero, como
todo lo executado y prevenido se ciñe a los seculares, se
hace mas irremediable este delicto por la publicidad con
que le cometen los sacerdotes, así seculares como regula-
res, de algunas religiones; de forma que tienen éstos de
su cuenta diferentes mugeres con hijos y familia, yendo
a sus casas, como un padre de familia a la suya; pudién-
dose decir que es tan ofensivo el modo como la ofensa; y
aunque comprehendo la dificultad en lo práctico para el
remedio de este exceso, pero si los prelados eclesiásti-
cos contuviesen con el castigo a sus subditos, no podia
dejar de estinguirse una gran parte de tanto mal, y cuan-
do menos en territorio que se compone de ser los mas nue-
vamente convertidos, ha de traer infelices consecuencias,
que en los sacerdotes parezca licencia la tolerancia, ma-
yormente no bastando las providencias a que puede con-
cretarse la justicia secular para con los sacerdotes, espe-
cialmente no esperimentando abrigo alguno en los prelados
eclesiásticos, desentendiéndose éstos en parte y en el todo,
así por lo que mira al castigo, como a cualquiera otra
expedición conducente al reparo de tan perniciosos males:
cuya libertad me ha extimulado a representar a V. M.
estos excesos para que, enterado de sus infelices conse-
cuencias, se sirva mandar a los arzobispos y demás prela-
dos de las religiones que vigilen sobre el modo de vivir
sus subditos, especialmente los curas de almas que están
encargados del cuidado pastoral de diversos lugares re-
cien convertidos, en que se necesita para la enseñanza de
lol5 indios de sugetos de conocida literatura y virtud que
prudentemente los eduquen con su aplicación y exemplo;
porque sin éste, han de vivir aquellos expuestos a su re-
lajación, sin que puedan experimentar en sus parrochias
la enseñanza y la correcion de sus excesos, no siendo me-
nos que en estas materias sensuales el desorden en los
mismos curas eclesiásticos, y de un público comercio en
480 LA IKQÜISICIOl^ DE LIMA
que entienden con la misma libertad que si fueran secn-
lares, sin atender al estado sacerdotal, ni conocer superior
que se les embaraze, ni menos los corrija, obrando con esta
contratación y celebrando las escripturas de sus tratos,
contra todo lo que debia ser de su obligación, desenten-
diéndose de las sanciones canónicas y conciliares de su
prohibición; en cu3^08 términos parece. ha de convenir el
que V. M. se digne ordenar a los arzobispos, obispos y
prelados (que con tanta tibieza y omisión toleran estos
inconvenientes, por las utilidades que de ésto se les sigue
en sus visitas) procedan con yigilancia y celo, a de^sarraigar
los vicios de la sensualidad escandalosa y públicos tratos
que celebran sus subditos, para que por su continencia en
estos dos asumptos tan destructivos del bien común, se con-
siga el remedio universal que debe solicitarse, pues con el
castigo en dichos eclesiásticos y su corrección, que pudie-
ra reducirse a desposeerles de sus prebendas y a estrañar-
les del reyno, se facilitaría el que los demás se contuvie-
sen, temerosos del castigo y aplicación de sus prelados;
agregándose el que yo, en los casos expresados, les daría
el auxilio que me pidieren para el efectivo cumplimiento
de las providencias mencionadas, las cuales no pueden
tener el que xptianamente les corresponde (por mas que
mis instancias, celo y aplicación lo soliciten) en el ínterin
que V, M. por su real cédula se digne advertir y mandar
a dichos prelados eclesiásticos, la execucion de aquellas,
con lo demás que sobre este punto fuere del mayor servi-
cio de V. M, — Dios guarde la C. R P. de V. M. como la
xptiandad ha menester. Lima 25 de marzo de 1725. —
El Marqués de Castelfiierte. n"
El francés Frezier que visitó a Lima por esta época, ape-
sar de su corta estadía en ella, llegó a vislumbrar lo sufi-
ciente para que sus apreciaciones concuerden en un todo
conlas del Marqués. nParece, dice el distinguido viajerft,
que por el número tan crecido de conventos i casas reli-
jiosas de ambos sexos, se debia conjeturar que Lima fuese
una ciudad en que reinase la devoción mas grande; falta
mucho, sin embargo, para que estas hermosas apariencias
56« AKhivo de Indiac.
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CAPÍTULO FINAL 481
Be «aeaentren comprobadas pot la piedad de los que la habi-
tan, porque la mayor parte de los frailes llevan una vida
tan licenciosa, que hasta los superiores y provinciales sacaü
de los conventos que gobiernan, sumas considerables para
atender a los gastos de una vida mundana, y, algunas ve-
ces, tan públicamente estragada^ que no se hacen esfuerzo
alguno en confesar los hijos que así tienen y de conservar
a su lado tan auténticos testimonios de su disolución, a
quienes a menudo dejan por herencia el hábito que car^^
gan: lo que se estiende a veces a mas de una jeneracion,
si debe prestarse asenso a lo que me han dicho allí mismo.
tilias monjas, con escepcion de tres o cuatro monaste-
rios, solo guardan la mera apariencia de clausura que de*
ben, porque en vez de vivir en la pobreta común de que
hacen voto, viven en particular y a sus espensás, con gran
séquito de domésticas, esclavas, negras y mulatas, que les
sirven en la verja de terceras en sus galanterías.
II No se puede hablar de la vida deiuni^o del otro sexo,
sin aplicarles estas palabras de San Pablo, túlléns meinhra
Christi fadam membra meretrioiB. 1 1^
Los (Pebres marinoe ei^pañoles, Jotje Juan i Antonio
de Ulloa, que visitaron el vireinató veinte años mas tar-
de, refieren sobre este particular pormenores decisivos.
iiEntre los vicios que reinan en el Perú, el coucubinaje,
como majB escandaloso y mas jeneral, deberá tener la pri-
macía. Todos están comprendidos en él, europeos, criollos,
solteros, casados, eclesiásticos, seculares y regulares . . La
libertad con que viven las relijiosas en aquellos países es
tal que ellas mismas abren las puertas al desorden. En las
ciudades grandes, la ma3'or parte de ellas viven fuera de
los conventos, en casas particulares Lo mismo suce*
de en las ciudades pequeñas, en las villas o en los asientos:
los conventos están sin clausura, y así viven los relijiosos
en ellos con sus cuncubinas dentro de las celdas, como
aquellos que las mantienen en sus casas particulares, imi-
tando exactamente a los hombres casados .... Ademas de
lo referido, es tan poco o tan ninguno el cuidado que po-
nen estos sujetos en disimular esta conducta, que parece
56. RBlatim du va^e éhíaMeréki Suá^ paj. 208, Paris, 1782,4.o
TOMO 11 31
482 LA INQÜIIBICIO^ DS LIMA
hacen ellos mismos alarde de publicar su incontinencia;
así lo dan a entender siempre que viajan, pues llevando
consigo la concubina, hijos y criados, van publicando el
desorden de su vida. . . .
iiTodo ésto que parece mucho, es nada en comparación
de lo demás que sucede, debiéndose suponer que apenas
hay uno que se escape do este desorden, ya sea viviendo
en las casas de la ciudad, en la hacienda, o ya en los pro-
pios curatos, porque asi en unos como en otros parajes,
viven con igual desahogo y libertad, Pero lo que se hace
mas notable es que los conventos estén reducidos a pú-
blicos burdeles, como sucede en los délas poblaciones cor-
tas, y c[ue en laa grandes pasen a ser teatro de abomina-
ciones inauditas y execrables viciosn^ . • .^
. Viniendo, pues, en este medio, los Inquisidores no solo
no procuraron atajar el mal, sino que, por el contrario,
bien pronto se contajiarpn con él en un país, que, como se
if espresaba Alcedo, parece, que bien pronto hace a uno ju-
dio: h I si en un principio loi^ ministros del Tribunal se
enviaban de España, mas tarde, cuando por economía se
elijieron de entre los mismos eclesiásticos peruanos, es fá-
cil compreuder que, por lo mismo, menos dispuestos ha-
brian de manifestaría a reaccionar contra un sistema que
entraba por. mucho en los hábitos del pueblo.
Por mas depravadoB que fuesen los Inquisidores, es lo
cierto que por el mero hecho de desempeñar ese puesto,
se creian con derecho, como la práctica lo confirmaba, a
mas elevados cargos, si cabe, como eran los obispados. Des-
de Cerezuela, que renunciaba una oferta del Bei en este
sentido, a Verdugo, Mañozca, Gutiérrez de Cevallos i has-
ta el apocado e infeliz Zalduegui, que habia comprado el
cargo i para quien, por su inutilidad, su colega Abarca
reclamaba una mitra, todos ellos pretendian ese honor
como la cosa mas natural.
£1 apego que siempre manifestaron al dinero, salvo con-
tadas escepcipnes, jamas reconoció límites, considerándose
el puesto de inquisidor tan seguro medio de enriquecerse
que, como sabemos, se compraban los puestos de visitado-
57. Noticias secretas dé Amiríca^ páJB. 490 i sigaieniea.
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fcA*ÍTtííto FINAL 483
res, como tciais tardé hnbieron de venderse en almoneda
pública hasta los destiíios mas ínfimos.
8u puesto lo utilizaron bajo este aspecto, ya comercian-
do con los dineros del Tribunal, ya partiendo con los acree-
dores el cobro de stra créditos, haciendo para ello valer las
influencias del Santo Oficio, ya imponiendo contribuciones,
ya captando herencias de los mismos reos, i, sobre todo, con
el gran recurso de las multas pecunarías i confiscaciones im-
puestas a los reos de fe, de las cuales ningunas tan escan-
dalosas como las que sufrieron los portugueses apresados
en 1635 i que pagaron en la foguera el delito de haberse
enriquecido con su trabajo; siendo tanta su avaricia que
como ejemplo i norma de lo que después estaba llamado a
suceder, recordaremos el caso de uno délos fundadores
del Tribunal, que, según el testimonio de su mismo secreta-
rio, se murió de pena por habérsele huido dos esclavos.
Los casamientos ventajosos realizados a la sombra del
nombre inquisitorial, los remates de rentas reales verifi-
cados por interpósitas personas, todo lo utilizaban a fin
de allegar caudales.
Desunidos entre sí i tan enemistados que vivían perpe-
tuamente odiándose; altaneros con todo el mundo, comen-
zando por sus mismos dependientes; vengativos hasta no
perdonar jamas al que cometía el atrevimiento de denun-
ciarles o siquiera espresarse mal de ellos; ocurriendo
siempre al arsenal de sus archivos para encontrar o for-
jar rastros hasta de los mas recónditos secretos de quie-
nes se proponían perseguir; desempeñando sus oficios con
tanto descuido que difícilmente podía hallarse, según lo
acreditan los espedientes de visita, una sola causa tramita-
da conforme a su código de enjuiciamiento; habiendo co-
menzado por hacerse odiosos i terribles, para concluir en
el mas absoluto desprestijio i burla; secundados por jente
siempre a su altura, porsu espíritu de venganza, ignorancia,
avaricia i disolución de costumbres; crueles hasta lo increí-
ble; muriendo, por fin, como habian vivido: tales fueron los
ministros que con nombre del Santo Oficio estuvieron en-
cargados de mantener incólume la fe en los dominios es-
pañoles de la América del Sur.
Si los pueblos sujetos a su férula no descendieron mas
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484 LA IKQÜJBIOON Wí UMA
en au jiivel moral, . intelectuiJ i BociaJ; fué pwque el apo-
camiento humano tieue ciertos limitea que es imposible
franquear; Dero siempre el estudio deísta fax de la vida
de los pueblos americanos se impo]»ir4i a todo el que quie*
ra penetrar un tanto en el conocimiento de las causas i
elemeuto9 que hoi constituyeu m sooiabUidad.
PIN DEL TOMO SEGUNDO.
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LISTA DE LOS INQUISIDORES
QUS HUBO KM K.
TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO DE LIMA^
Andrés de Bustamantb. 1569.
Servan de Cerezübla. 1569-1582.
Antonio Gutiérrez de Ulloa. 1571-1597.
Juan Rüiz de Prado. 1587-1694. 1596-1599.
Antonio Ordoñbz i Flores. 1596-1611.
Francisco Verdugo. 1601-1623.
Andrés Juan Oaitan. 1611-1651.
Juan de MaIíozca. 1624-1688.
Juan Gutiérrez FLOREs.l624-16dl.
Antonio de Oastro i del Castillo. 1627-1648.
León de Alcataoa Lartaun. 1688—
Diego Martínez Cabezas. — 1658.
Luis de Betancurt i Figueroa. 1642-1659.
Cristóbal de Castilla i Zamora. 1656-1669.
Bernardo de Izaguirre.— 1655.
Alvaro de Ibarra. 1659-1667.
Juan de Huerta Gutiérrez. 1664—
Bartolomé González Povbda. 1670-1674.
1. No incluimos aquí los nombres de los fiscales, a no ser de aíj^nellos qne
íaeron ascendidos a inquisidores, pero en tal caso solo por el tiempo qne
desempeñaron este último puesto.
486 LA INQUISICIÓN DE LIMA
Juan Qubipo ds Llanob. 1672-1680.
FfiANoisco Luis db Bruna Rico. 1675—
Juan Bautista de la Cantera. 1681-1692.
Alvaro Bernardo de Quirós i Tineo. 1682—
Jos¿ DB Burrelo. 1701.
Franoisoo Várela. 1692-1702.
OOMEZ SUARBZ DB FjGUBROA. 1697-1720.
Francisco Ponte i Andradb. 1707.
Gaspar Ibañbz de Sbctotia. 1703-1737.
José García Gutiérrez Gevallos. 1718-1730.
Cristóbal Sánchez Calderón. 1730-1748.
Diego de Unda. 1735-1748.
Pedro de Arenaza i Garate. 1744-1751.
Mateo de Amusquíbar. 1744-1763.
DiBGO Rodríguez Delgado. 1751-1756.
José DE Salazar i Cevallos.— 1757.
Juan Ignacio de Obiaga. 1759-1777.
Bartolomé López Grillo. 1763-1777.
Francisco Matienzo Bravo del Bivero. 1766-1796.
Francisco Abarca Calderón. 1779-1816.
José Ruiz Sobrino. 1798—
Pedro de Zaldubgux. 1798-1820.
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LISTA DE LAS PERSONAS PROCESADAS
FOB EL
TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO DE LIMA
DE QUE SE DA NOTICIA EN ESTA OBRA
Abalofl (Pedro de) t. 2, páj. 274
Abarca (Antonia) t. 2, p. 178
Abarca (Hernando) t. 1, p. 169
Acevedo (Jerónimo) i. 2,pJR.69,ld6
Acevedo (Jnan de) t. 2, pjs. 59, 148
Acevedo (Pedro de) t. 2, p. 275
Aoosia (Jnan de) t. 2, p. 139
Aoosta (Rodrigo Alonso de) t. 1,
p.320
Acosta i Montero (José Ventara de)
t. 2, p. 342
Acnña (Antonio de) t.2,pjs; 51, 129
Acnña de Norofía (Jnan) t* 2, p. 31
Adán (Adrían) t. 1, p. 336
Adarme (Fr. Dionisio) t. 1, p. 299
Agniar (Mannel) 1. 1, p. 320
Agniar (Fr. Pedro) t. 1, p. 132
Agnilar (Antonio de) t. 1, p. 338
Agnilar rDiego de) t. 1, p. 149
Agnilar (María de) t. 1, p. 312
Agnilar (Pedro de) t. 1, p. 253
Agnirre ^Bárbara de) t. 2, p. 24
Agoirre (Bernardo de) t. 2, p. 302
Agnirre (Fermin de) t. 2, p. 381
Agnirre Calderón (Nicolás de) t. 2,
p.242
Agnirre de Solórzano (Jnan) t. 2,
p.9
Affreda (Miguel de) t. 1, p. 337
Amrcon (Joan de) 1. 1, p. 147
Alarcon (Pedro Martin de) t. 2^
p. 257
Albo (Fr. Joaqnin María) t. 2, p, 381
Albitei (Hernando) t. 1, p. 300
Alcaraz (Andrés Toríbio) t. 1, p. 46
Alcocer (Hernando de) t. 1, p. 300
Aldecoa (Fr. Jnan Tentnra de) t. 2,
p. 208
Alegre (Rodrigo) t. 1, p. 142
Alegría (José de) t. 2, p. 217
Almanza (Ana de) t. 2, p. 43
Almanza (Francisco de) t. 2, p. 169
Abneida (María de) t. 2. p. 220
AlmeidaPereira (Mannel) t. 2; p. 275
Almendras ^María de) t. 1, p. 370
Almognera (Fr. Juan de) t. 2, p. 249
Almon te (Hernán de) 1. 1, p. 48
Alonso (Alvaro) t. 1, p. 312
Alvarado (Fr. Mateo de) 1. 1, p. 325
Alvares (Alonso) t. 1, p. 29
Alvarez TJuan) t. 1, p. 29
Alvarez (Manuel) t. 2, p. 67
Alvares Oíanuel) t. 2, p. 140
Alvarez Cabral (Nufio) t. 1, p. 847
Alvarez de Carmena (Hernán) t. 1,
p.48
Alvarez de Espinosa (Manuel) t. 2,
p. 29
Alzamora (Fr. Franoisoo de) t. 2,
p.226
488
LA INQUISICIÓN DE LIMA
Ana (negra) 1. 1, p. 189
Ana María, 1. 1, p. 300
Andrada (Diego de) t. 2, p. 31
Andrade (Jerónimo) t. 1, p. 334
Andrea (maestre) t. 1, p. 253
Andrea (Miguel) t. 1, p. 296
Anjeles (Inés de los) t. 1, p. 51
Ángulo (Isabel de) t. 1, p. 299
Ángulo de Cabrera (Juan) t.l^p. 190
Anrique Fonseca (Diego) t. 1, p. 337
Anriquez (Manuel) t. 1, p. 305
Antón (negro) t. 1, p. 341
Antón (negro) t. ?, p. 179
Antonia (negra) 1. 1, p. 144
Antonia (María^ t. 2, p. 304
Antonio (negro) t. 1, p. 258
Antonio (Juan) t. 2, p. 17
Antonio <[Marco) t. 2, p. 9
Apoloat4_( Juana)' t. 2, p. 219
Aranda (Fr. Pedro de) t. 2, p. p. 309
Aranibar (Melchor de) t 2. p. 267
Araujo (Juan Tomas de) i 2, p. 232
Aran jo (Manuel de) t. 2, p. 33
Araus i Éorja (Nicolás de) t. 2, p. 301
Arbite (José) t. 2, p. 381
Arceo (Alonso de) 1. 1, pjs. 48, 147
Arcos (Juan Gaixsía de) t 2, p. 237
Arcos (jEtodrigo de) 1. 1; p. 48
Arenas (Diego de) 1. 1, p. 48
Arffote (Rosa) t. 2, p. 379
Anas (Francisco) t. 2, p. 169
Arias (Juan) t. 2, p. 237
Aris Lobo (Pedro de) t. 1, p, 325
Arismendi (Domingo de) t. 1, p. 299
Arli(Heliz)t. 1,p. 306
Armenta (Alonso de) t. 1^ p. 188
Armentos (Fr. Diego de Jesús Ma-
ría) t. 2, p. 233
Arriaza (Juan de) t. 2, p. 45
Arrospe (Juan Martin de) t. 1, p. 48
Arteag a asabel Petrona) t* 2, p. 232
Aspur (Francisco de) t. 2, p. 217
Atanasia (María) t. 2, p. 293
Atienza (Fr. Blas de) t. 1, p. 48
Atienza (Juan Ignacio de) t. 2, p. 208
Avendarfo (Antonio de) t.2, p. 190
A^ila (Rodrigo de) t. 2, itjs. 56, 68,
128
Atís (Rieharte de) 1. 1, p. 306
Axli (Enrique) t. 1, p. 298
Ayala (Ana de) t. 2, p. 179
Ayala (Francisco de) t. 2, p. 169
Aybar Morales (Matías de) t. 2,
p.257
Ayllon (Fr. Juan de) 1. 1, p. 128
B
Baena (Catalina de) t. 2, p. 33
Baes (Bebaatían) 1 1, p. 296
Raides (Josefa de) t. 2, p. 170
Baldeooa (Juan Alonso) t. 2, p. 217
Balmaceda (Juan de) t.>2) p. 9
Baltasar (Fi-ay) t. 1, p. 149 n.
Ban (Nicolás) t. 2, p. 218
Bandem (Beatriz de la) t. 2« p. 226
Bandier (César de) t. 2, p. 192
Baptísta (Diego) t. 1, p. 312
Baptiata (Juan) 1. 1, p. 25d
Barba Cabeza de Yaca (Juan) t 1,
p. 143
Barba (Rodrigo) 1. 1, p, 190
Barranco (Joan Manuel) i. 2, p. 217
Barreda (Luis de la) t. 2^ p. 179
Barrios (Juana de) t. 2, p. 10
Basail (Pedro Martin de) t. 2, p. 309
Baatante (Pedn^ t 1, n. 347
Basnaldo (José Manuel) t. 2. p. 378
Bautista (Juan) t. 1, p. 334
Bezan (Fr. Diego) t. 2, p. 179
Bazan (Jerónimo) 1. 1, p. 190
Bel (Manuel) i ^ p. 65
Bello (Arias) 1. 1, p. 35
Bello (Juan) i. 1, p. 258
Bello Kaimuncjo (Francisco) t. 1,
p. 253
Bena vides (Francisco de) t. 2» p. 257
Beneroso (Horacio Camilo) t« 1.
p. 336
Benita (Miguel de la) t. 2, p. Í237
Benito (Alonso) t. 1, p. 31
Benocla (Alejandro) t. 1, p. 347
Bernabé (negro) t. 1, p. 341
Bernal («luán) t. 1, p. 150
Bemard (Felipe) t. 2, p. 237
Berrocal (Manuel de) t. 2, p. 215
Betanzos (Ignacio de) 1. 1, p. 143
Bivas (Luis) t. 1, pjs. 190, 196 n-
Blanco (Francisco) t. 2, p. 379
Blanco (Úrsula) t. 2, p. 305
Bocanegra (Pedro de) 1. 1, p. 168
Bogado (Sebastian) t. 2, p. 33
Bohorqnez ^eatriz de) t. 2, p. 101
Bohorquez (redro de) t. 1, p. 254
Benoonte (Pedro de^ t. 1, p. 31
Borja (Juan Pablo de) t. 1, pjs. 192.
253
Bracamonto (Andrés) t. 2, p. ti5
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ÍNDICE ALFABÉTICO
489
Bran (Juan) 1. 1, p. 2%
Bravo (María) t. 2, p. 379
Bravo de Verdugo (Pedro) t. 1,
p. 188
Brayer (Tomas) t. 2, p. 237
Bries (Guillermo) t. 1, p. 307
Briviesca (María de) t, 2, p. 44
Brugen (Julio) t. 2, p. 9
Brasa (Juan de) t. 2, p. 237
Buendía (José de)t. 2, p. 230
Bueno (Fr. Francisco) t. 2, p. 378
Butlar (Juan) t. 1, p. 156
Butlar (Enrique) t. 1, p. 157
Bustamante (Fr. Juan de) 1. 1, p. 111
Bustos (Francisco de)t. 2, p. 191
Busugnet (Juan Bautista) t. 2, p. 237
Caballero (Juana Petrona) t. 2,
D.237
Caballero Coronel (Juan)t. 2, p.240
Cabello (Fr. Juan) t. 1, p. 254
Cabezas (Leonor) t. 1, p. 260
Oabrales (Juana de) t. 2, p. 179
Cabrera (Diego de) t. 2, p. 30
Cabrera (Matías de) t. 2, p. 302
Cabrera Barba (Juan de) t. 2, p. 101
Cáceres (Alvaro) t. 2, p. 309
Caldera (Juana) t. 2, p. 295
Caldera de Bojas (Juan) 1. 1, p. 190
Calderón (Alvaro) t. 1, p. 191
Calderón (Alvaro) t. 1, p. 253
Calderón (Juan) t. 1, p. 190
Calderón (Juan) t. 1, p. 196 n.
Calvache (Cristóbal) 1. 1, p. 189
Calvo (José) t. 2, p. 304
Calvo ae Arana (José) t. 2, p. 375
Camacho (Malgdalena) t. 2, p. 179
Camborda (José) t. 2, p. 376
Campino (Juan) t. 2, p. 276
Campos (Ana de) t. 2, p. 125
Campos (Andrés de) t. 1, p. 52
Campos (Benito de) t. 2, p. 257
Campos (Pedro de) t. 2, p. 32
Canales (Feliciano) t. 2^ p. 217
Cananas i Guzman (Luí») t. 2, p. 170
Candia (Juan de) t. 1, p. 253
Candioti (Teodoro) t. 2, p. 277
Canela (Francisco Esteban) t. 2,
p.274
Canelas (Félix) t. 2, pjs. 236, 304
Canelas Albarran (Juan de) t. 2,
p. 124
Cangas (María Josefa) t. 2, p. 301
Cansino (García^ t. 1, p. 34
Caracciolo í Jerónimo) t. 2, p. 9
Carbonera jfFr. Antonio) t. 1, p. 148
Cárcamo (Fr. Diego) t. 2, p. 101
Cárdenas (Gutierre de) t. 1, p. 347
Caro de Porras (Miguel Jerónimo)
t. 1, p. 340
Carranza (Anjela) t. 2, p. 258
Carrion (María de) t. 2, p. 219
TOMO II
Carrillo de Cárdenas (José) t. 2,
p. 265
Casasola (Juana de) t. 2, p. 217
Casco (Fr. Pedro} t. 1, p. 149
Castañeda (Ana de) t. 1, p. 296; 2, 7
Casta&eda (Fr. Pedro de) %, 2, p. 242
Castellón (Luisa de) t. 2, p. 42
Castillo (Juan Bautista del) t. 1,
p. 341
Castillo (Santiago del) t. 2, pjs. 72,
155
Castillo i Lizarraga (Luisa del) t. 2,
p. 11
Castrioto (Jorje) t. 2, p. 216
Castro (Cecilia de) t. 2, p. 220
Castro (Cristóbal de) t. 2, p. 179
Castro (Manuela de) t. 2, p. 309
Castro (María Francisca Añade) t. 2,
Castro ?Fr. Fabián de) t. 2, p. 232
Castro (Francisco de) t. 1, p. 300
Castro Barrete (María de) t. 2, p. 257
Castro Osorio (Antonio de) t. 2 p.216
Catalán (Pedro Alonso) t. 1, p. 148
Catalina f negra) t. 1, p. 311
Cataño (Benito) t. 2, p. 261
Cataño (Isabel) t. 1, p. 299
Catalán (Tomas) t. 1, p. 189
Cava (Alonso de la) t. 1, p. 341
Cava (Antonio) t. 2, p. 379
Cavali (Miguel) t. 2, p. 10
Cavero (Nicolasa) t. 2, p. 276
Cea (Gabriel de) t. 1, p. 253
Ceballoe (Margarita) t. 2, p. 232
Cerda (Juan de la) t. 2, p. 302
Cerda (María de la) t. 2, p. 176
aeza (Alvaro) t. 1, p. 26
Cifuentes Guerrero (Antonio de) t. 2,
p.216
Cintron (Esteban) t. 1, p. 335
Cisneros (Bartolomé de) t. 2, p. 305
Cisneros (Fr. Diego de) t. 1, p. 335
Cisternas (Fr. Diego de) t. 2, p. 380
Claros (El licenciado) t. 1, p. 193
Clavijo (Mariana) t. 1, p. 302
32
í|Rp~
490
LA INQUISICIÓN DB LIMA
Clavijo (Fr. Pedro) 1. 1, pjs. 129, 269
Clemente (Pedro) t. 2, p. 282
Coello (Manuel) t. 2, pjs. 66, 101
Colmenares (Gabriel de^ t. 1, p. 336
Colmenares (Mannel de) t. 2, p. 376
Colona (Jacinto) t. 2, p. 232
Collao (Ventura) t. 2, p. 216
Contrera? (Pedro de) t. 1, p. 310
Contreiiis ( Ana María de ) t. 2,
pjs. 125, 177
Contreras (Luisa) t. 2, p. 306
Córdoba (Ana de) t. 1, p. 306
Córdoba (Inés de) t. 2, p. 178
Cordero (Antonio) t. 2, pjs. 49, 129
Cordero de Silva (Alvaro) t. 2, p. 29
Comej;Diego)t. 1, p. 188
Cornejo (María de Jeaus) t. 2, p. 377
Comelio (Andrés) t. 2, p. 32
Cornieles (Francisco) t. 1, p. 307
Coronado (Fr. Pedo) t. 1, pjs. 192,
254
Coronel (Jerónimo) t. 1, p. 334
Corral (Fr. Andrés) t. 1, p. 326
Correa (Antonio) t. 1, 338
Correa (Antonio) t. 2, p. 379
Correa íCárlos) t. 1, p. 253
Correa (Simón) t. 2, pjs. 65, 176
Corro i Cos (Antonio de) t. 2, p. 227
Cortes de Loyola (José) t. 2, p. 100
Costa (Marco Antonio) 1. 1, p. 311
Corzo (Juan Baptista) t. 1, pjs. 7,
26,51
Corzo (Pedro) t. 2, p. 346
Crasi (Amet) t. 2, p. 276
Crespo (Juana Nicolasa) t. 2, p. 342
Crespo de Aguirre (Juan) t. 2, p. 11
Cruz (Fr. Anjelo de la) t. 2, p. 332
Cruz ^Bartolomé de la) t. 1, p. 324
Cruz (Fr. Francisco de la) t. 1, p. 63
Cruz (Francisco Anastasio) t. 2, p. 310
Cruz (Jacinto Asencio de la) t. 2,
p.217
Cruz (María de la) t. 2, pjs. 78, 100
Cruz (Mateo de la) t. 2, pjs. 77, 142
Cruz (Sebastian de la^ t. 2, p. 100
Cruz i Cooa (José de la) t. 2, p. 224
Cruz i Serna (Juan de la) t. 2,p.217
Cuadramiro (Fr. Antonio) t. 1,
p. 149 n.
Cuadros (Nicolasa de) t. 2, p. 304
Cuaresma (Tomé) t. 2, pjs. 57, 153
Cuentas (José de las) t. 2, p. 190
Cuentas i Valverde (Pedro de las)
t. 2, p. 6
Cuevas (Hernando de) t. 1, p. 191
CuUen (Guillermo) t. 2, p. 237
Chagaray (Sebastian de) t. 2, p. 180
Chaves (Fr. Diego de) t. 1. p. 313
Chacón (Fr. Diego) t 2, p. 368
Chaves (Fr. Francisco de) t. 1,
p. 149 n.
Chaves (Marcelo de) t. 2, p. 217
Chepe (Enrique) t. 1, p. 306
Chanis i Echeverría (Ignacio de)
t. 2, p. 306
Darmas (Luis) t. 1, p. 142
Dáviia (Fr. Diego) t. 1, p. 336
Dávila Tamayo (Fr. Pedio) t. 2,
p. 216
Debaistre (Juan) t. 2, p. 237
Degutado (Martin) t. 1, p. 304
Delgado (Cristóbal) t. 2, p. 176
Delgado (Matías) t. 2, p. 176
Delgado (Sebastian) t. 2, p. 69
Deza Navarro (Diego) t. 2, p. 8
Diaz (Fr. Alonso) t. 1, p. 313
Diaz (Esteban) t. 2, p. 72
Diaz (Felipe) t. 2, p. 71
Diaz (Fernando) t. 1, p. 337
Diaz (Francico)t. 1, pjs. 262, 297
Diaz (Juan) t. 1, p. 319
Diaz (Juan) t. 2, p. 169
Diaz (Pascual) t. 2, pjs. 60, 142
Diaz Becoso (Fr. Alonso) t. 1, p. 313
Diaz de la Cruz (Salvador) t. 2, p. 177
Diaz de Escobar (Alonso) t. 2, p. 7
Diaz Franco (Felipe) t. 2, p. 169
Diaz de Lucena (Luis) 1. 1, p. 337
Diaz Moreira (Diego) t. 2, p. 217
Diaz Ta vares (Gregorio) t. 1, p. 338
Diaz Tirado (Pedro) t. 1, p. 341
Dionis (Amaro) t. 2, DJs. 60, 130
Dominguez (Gregorio) t. 1, 148
Domínguez de villafafie (Alfonso)
t. 2, p. 170
Dorado (Juan) t. 2, p. 379
Drac (Juan) t. 1, p. 254
Duarte (Manuel) 1. 1, p. 337
Dnarte (Sebastian) t. 2, pjs. 55, 152
Duque de Estrada Monroy Cerezae-
la (Juan) t. 1, p. 192
Duran (Alonso) t. 1, p. 142
Duran de la Calle (Sebastian) t. 2,
p.217
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ÍNDICE ALFABÉTICO
491
Echazabal (Francisco de) t. 2. p. 217
Echavarría (Jnana) t. 2, p. 378
Echeverría (Antonio de) t. 1, p. 192
Encamación (María Josefa de la)
t. 2, p. 240
Enriquez (Diego) 1. 1, p. 311
Enriquez (Dnarte) t. 1, p. 337
Enriqnez (Francisco) t. 2, p. 9
Enriqnez (Mateo) t. 2, pjs. 71, 142
Enriquez (Pero ¿uis) 1. 1, p. 297
Enriquez de Guzman (Luis) t. 1,
p. 133
Enriqnez de Iturrizaga (Juan) t. 2,
p. 274
Enriquez de Rivero (Félix) t. 2,
p.176
Escobar (Francisco de) t. 1, p. 191
Escobar (Pedro de) t. 1, p. 319
Espilcueta (Roque de) t. 2, p. 306
Espinar (Hernando de) 1. 1, p. 190
Espinosa (Antonio de) t. 1 , p. 30Q
Espinosa (Antonio de) t.- 2, pjs. 55,
146
Espinosa (Fernando de) t. 2, pjs. 69,
135
Espinosa (Francisco de) t. 1, p. 312
Espinosa (Iñigo de) t. 1, p. 300
Espinosa (Isabel de) t. 1, p. 296
Espinosa (Jorje de) t. 2, pjs. 55,
138
Espinosa (José Urbano de) t. 2, p . 237
Espinosa (Manuel de) t. 2, pjs. 55, 145
Espinosa Estevez (Femando de)
t. 2, p. 135
Espinosa de los Monteros (Pedro)
t. 2, p. 228
Estacio (Antonio^ 1. 1, p. 14
Estaoio (Antonio) t. 1, p. 128
Estacio (Ojier) t. 1, p. 148
Esteban (Juan) t. 1, p. 259
Estrada ^Antonio de) t.l , p. 258
Estrada (Domingo de) t. 2, p. 275
Estrada (Juana de) t. 2, p. 179
Estrada Duque de Figueroa (Andrés
de) t. 2, p. 101
Estragente (Guillei-mo) t. 2, p. 237
Farias (Pedro) t. 2, pjs. 68, 128
Felipe (Diego) t. 1, p. 300
Fernandez (Antonio) t. 1, p. 322
Femandez (Blas) t. 2, p. 216
Fernandez (Francisco) t. 2, pjs. 60,
135
Fernandez (Gaspar) t. 2, pjs. 61,
137
Fernandez (José) t. 2, p. 379
Femandez (Juan) t..l, p. 258
Fernandez (Nicolás) t. 2, p. 274
Fernandez (Rodrigo) t. 2, pjs. 71, 176
Femandez de Aguilar (Fr. Cristó-
bal) t. 2, p. 190
Femandez Bautista (Juan) t. 1,
p.319
Femandez de Brito (Antonio)¡t. 1,
p.337
Femandez Cañones (Pedro) t. 2,
p, 169
Fernandez Darraña (Juan) t. 2,
p. 178
Femandez GuUio (Juan) 1. 1, p. 304
Femandez de las Meras (Juan) 1. 1,
p. 310
Femandez Mexia (Pedro) t. 1, p. 48
Femandez de Pablos (Juan) t. 1,
p. 341
Fernandez de Vega (Antonio) t, 2,
p. 130
Fernandez Velarde (Antonio) t. 2,
p. 257
Fernandez Viana (Francisco) t. 1,
p. 337
Fernandez Viana (Pedro) 1. 1, p. 337
Ferreira (Juan) t. 2. p. 303
Ferroel (Richarte) 1. 1, p. 254
Figueroa (Anjela de) t. 1, p. 319
Figueroa (Felipe de) t. 2, p. 240
Figueroa (Juan de) t. 1, p. 313
Figueroa (Sebastiana de) t. 2, p. 296
Flambel (Giles) t. 1, pjs. 189, 312
Flor Condamine (Fedro de) t. 2,
p. 381
Florencio (Juan) t. 2, p. 176
Flores (Fr. Diego) t. 1, p. 347
Floros (Juan Esteban) t. 2, p. 343
Flores (María) t. 2, p. 234
Flores (Nicolás) t. 2, p. 306
Flores (Vicent^t. 2, p. 10
Flores de la Pana (Andrés) t. 2,
p. 225
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492
LA INQUISICIÓN DE LIMA
Fonseca ^Daarte de) t. 2, d. 169
Fonseca (Fernando de) t. 2, p. 169
Fonseca (Manuel de) 1. 1, p. 347
Forg (Cornieles) t. 2, p. 8
Fo8 (Pedro) t. 2, p. 376
Fragoso (Luis) t. 2, p. 11
Francisco (negro) 1. 1, p. 253
Franco (Jnan Bautista) t. 2, p. 11
Freile (J nsepe) t. 2, p. 63
Fresneda (Pedro de) t. 1, p. 46
Frías (Diego de) t. 2, p. 216
Frías Miranda (Diego de) 1. 1, p. 189
Frías Miranda (Fr. Gaspar de) 1. 1,
p.313
Fntis (María Feliciana) t. 2, p. 300
Frontanra (Juan Mauro) t. 2, p. 242
Fuentes i Cárdenas (Gaspar de la)
t. 2, p. 33
Fuentes (Francisco de) t. 2, p. 237
Fuentes (María de) t. 2, p. 296
Fuentes (Pedro Miguel de) t. 1,
p.l94
Funes (Gaspar de) 1. 1, p. 190
Galdin (Juan Bautista 1. 1. p. 142
Galindo (Martin) t. 2, p. 232
Gallardo (Margaríta) t. 2, p. 218
Gallardo (Melchor) t. 2, p. 216
Gallardo f Rosa) t. 2, p. 309
Gallegos delAparício ( Juan)¡t. 2, p. 9
Gallinato (Juan) t. 2, p. 8
Galvan (Bernardo) t. 2, p. 216
Galvan(Bla8)t. 1, p. 340
Gal vez (Fr. Fi-ancisco de) 1. 1, pía.
149, n., 300
Gamarra (Fr. Bernardo de) t. 1,
p. «99
Gamboa (Fr; Jerónimo de) 1. 1, p.297
Ganui (Pedro) t. 2, p. 179
García (Andrés) t. 1, p. 320
García (Jines) t. 2, p. 179
García (Francisco) 1. 1, p. 300
García (José) t. 2, p. 381
García Uabello (Fr. Juan) t. 2, p. 232
García Jiménez (Fr. José) t. 2, p. 264
García Matamoros (Manuel) t, 2,
p.74
García Muñoz (Juan) t. 2, p. 261
García Velez (Juan) t. 2, p. 215
Gamica (Alonso de) t. 2, p. 44
Gamica (Pedro de) t. 1, p. 191
Garro (Pedro do) 1. 1, p. 190
Gaseo (Fr. Alonso) 1. 1, p. 56
Gauna (Juan de) t. 1, p. 311
Giliberto (Juan) t. 2, p. 217
GilKs ( Jacobo) t. 2, p. 237
Ginoves (Juan Bautista) t. 2, p. 10
Goiñ (Sant Joan de) 1. 1, p. 258
Gomendio (José Lorenzo de) t. 2,
p. 302
Gómez ^Alonso) 1. 1, p. 346
Gómez (Ana) t. 1, p. 306
Gómez (Antonio) t. 1, p. 260
Gómez (Duarte) t. 2, p. 46
Gómez (Francisca) t. 1, p. 304
Gómez' ^nan Bautista) t. 2, p. 302
Gómez (Boque) t. 2, p. 55
Gómez Aceituno (Gonzalo) t. 2, p, 71
Gómez de Acosta (Antonio) t. 2, pjs.
55,130
Gómez Bravo (Juan) t. 1, p. 297
Gómez Caro (Juan) t. 2, p. 7
Gómez de Castilla (Vicente) t. 2,
p. 368
Gómez de Ojeda (Fr. Bodrígo) 1. 1,
p. 336
Gómez Palomo (Fr. Gaspai) t. 1,
p.339
Gbmez Pifiero (Pero) 1. 1, p. 322
Gómez Portaces (Antonio) t. 2,
p. 169
Gómez de Salazar (Diego) t. 2, p. 28
González ^ Alonso^ 1. 1, p. 253
González (Alvaro) 1. 1, p. 26
González (Ana María) t. 2, p. 125
González (Cristóbal) t. 2, p, 309
González (Francisco) t. 2, p. 33
González (Grada) 1. 1, p. 128
González (Juan) t. 1, p. 253
González (Manuel) t. 2, pjs. 67, 129
González Qíatías) t. 2, p. 74
González (Pascuala) t. 2, p. 301
González Calderón (Alonso) t. 2*
p.lO
González de la Cámara (José) t. 2,
p. 378
González Holgado (Alonso) t. 1, pjs.
188, 193
González de Mendoza (Pedro) 1. 1,
p.31
González de Miranda (Alvaro) t. 1,
p. 338
González de Bivera (Juan) t. 2,
p. 302
González Tinoco (Jerónimo) t. 2,
p. 100
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ÍNDIOB ALFABénOO
4dd
González Vaqnero (Francisco) t. 2,
p.7
Gordillo Farfan (Juan) 1. 1, p. 191
Granja (Diego) t. 2, p. 362
Gre (Tomas) 1. 1, pjs. 260, 307 ^
Gribaldo (Antonio) t. 2, p. 37^
Griego (Jorje^ t, 1, p. 38
Griego (Jorje) t. 1, p. 296
Grin (Enrique) t. 1, p. 306
Guevara (Juan Ventura de) t. 2,
p. 274
Guevara (Petronila de) t. 2, pjs. 179,
267
Gutiérrez (Pedro) t. 2, p. 222
Gutiérrez (José Ignacio) t. 2, p. 378
Gutiérrez (Juliana) t. 2, p. 179
Gutiérrez (Lorenzo) 1. 1, p. 347
Gutiérrez de Logrona (redro) t. 1,
pjs. 191, 263 ^
Gutiérrez de Molina (Diego) t. 1,
p. 346
Gutiérrez de Perales (Juan) .t« 1,
p. 299
Gutiérrez de Soto (Gabriel) t. 1,
p. 297
Guzman (José de) t. 2, p. 310
Guzman (Pedro de) t. 2, p. 7
Guzman Vargas de la Oádéna (Fr.
Manuel de) t. 2, p. 306
Haden (Santiago) t. 2, p. 310
Hans (Nicolás) t. 1, p. 306
Hatrey (Simón) t. 2, p. 237
Hazaña (Francisco) t. 2, p. 305
Helix (Juan) 1. 1, p. 306
Hendy (Samuel) t. 2, p. 237
Henriquez (Gaspar) t. 2, p. 178
Henriquez (Manuel) t. 2, p, 177
Herazo (Calixto de) t. 2, p. 292
Heredia (Fernando de) t. 2, p. 175
Heredia (Juan Luis de) t. 1, p. 189
HermosiUa (Juan de) t. 2, p. 345
Hernández (Antonio) t. 1, pjs. 25, 41
Hernández f Antonio) t. 1, p. 296
Hernández íDiego) t. 1 , p. 159
Hernández (Gómez) t. 1, p. 35
Hernández (Fr. Gonzalo) t. 2, p. 101
Hernández (Gregorio) t. 1, p. 305
Hernández (Jerónimo) t. 2, pjs. 54,
136
Hernández (María) t. 2, p. 300
Hernández (Mateo^ t. 1, p. 347
Hernández (Miguel) t. 1, p. 111
Hernández (Ñuño) 1. 1, p. 336
Hernández (jFr. Pedro) 1. 1, p. 149
Hernández de Córdoba (Diego) t. 1,
p. 189
Hernández de Espinosa (Francisco)
t. 2, p. 11
Hernández de Rivera (francisco)
t. 2, p. 232
Hernández de Soto (Bartolomé) 1. 1,
p.48
Hernández Sotomayor (Gonzalo)
t. 1, p. 259
Hernández de Villarroel (Antonio)
t. 1, p. 135
Hernández Vizuete (Francisco) 1. 1,
p. 158
Herrera (Fr. Alonso de) t. 1, p. 340
Herrera (Cristóbal de) t. 1, p. 191
Herrera (Francisca de) t. 1, p. 296
Herrera (Francisco de) t. 1, p. 320
Herrera (Fr. Jacinto de) t. 2, p. 180
Herrera (Jnan de) 1. 1, pjs. 299, 311
Herrera (Fr. Pedro Pablo de) t. 2,
p. 332
Herrera (Rodrigo de) t. 1, p. 139
Herrera (Sebastian de^ 1. 1, p. 41
Herrera (Sebastian dejt l,p. 189
Hervas Sarmiento (Francisco de)
t. 1, p. 299
Hoces (Agustín de) 1. 1, p. 335
Holanda (Oristóbaí de) 1. 1, p, 259
Hontaron (Isabel) t. 2, p. 100
Horta (Juan de) t. 2, p. 169
Huerta (Fr. Gaspar de) 1. 1, p. 110
Hurtado (Antonio) t. 2, p. 275
Hurtado de Mendoza (Fr. José) t. 2.
p. 381
Hurtado'de Qae^da (Femando) t. 2,
p. 136'
Hurtado de Valcázar (FyandBco) t. 2,
p. 124
Hurtado de Zaldivar (Juan) t. 1,
p.341 .
TOMOn
33
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494
LA INQXTISICIOK DE LIMA
I
Idobro Caben de Yaca (Bernardo)
t. 2, p. 378
manes (Jorje de) t. 2, p. 176
Ulanos (Fr. Mateo de) 1. 1, p. 334
Infantas (Francisco de las) t. 2,
p. 296
Isabel (negra) 1. 1, p. 341
Ixar (Ignacio de) t. 2, p. 262
Jaoobo (David) t. 2, p. 276
Jacques (Bicharte) t. 2, p. 306
Janun^o (Pablo) t. 1, p. 347
JaramiUo (Francisco) t. 2« p. 9
Jesns (Fr. Francisco de) t. 2, p.
Jesns (Manuel de) t. 2, p. 293
Jesns (Sebastian de) t. 2,p. 310
Jiménez ^Cristóbal) t. 1, p. 337
Jiménez (Francisca) t. 1, p. 312
Jimenezjr. Joeé) t. 2, p. 242
Joanes (Pedro) t. 2, p. 33
Jofré (Leandro) t. 2, p. 381
Jorje (Domingo) 1. 1, p. 347
Joije (Hernán) t. 1, p. 310
Jorje I Acuña (Pedro) t. 2, p. 176
10 Jnarez (Cristóbal) t. 1, p. 329
Jnarez de Yaldes (Pedro) 1. 1, p. 149
Julio (Juan) t. 1, p. 320
' Juliian (Luis) t. 1, p. 296
Jurado íFr. Francisco) t. 2, p. 309
Jurado del Campo (Magdalena) i. 2,
p. 216
Keyby (Joan) 1 2, p. 237
Labrada fAndres) t. 2, p. 309
Lagares (Bartolomé de) t. 1, p. 299
Landa (Juan de) t. 2, p. 240
Lanfort (Boberto) t. 2, p. 237
Latorre (Fr. Cristóbal de) t. 2,p. 179
Layin (Fr. Juan de) t. 1, p. 149, n.
Leal (Antonio) t. 2, p. 10
Leech (Cristóbal) t. 2, p. 237
Legras (Luis) t. )¿, p. 208
Lemonier (Guillermo) t. 2, p. 274
León (Bartolomé de) t. 2, pjs. 54,
131
León (Gkibriel de) 1. 1, p. 258
León (Juan de) 1. 1, p. 51
León (María de) t. 2, p. 100
León (Pedro de) 1. 1, pjs. 189, 253
León (Pedro deU. 2, p. 238
León Cisneros (Juan ae) t. 2, p. 190
Leonis (Bartolomé) 1. 1, p. 30
Leonis (Francisco) 1. 1, p. 195
Leonor (negra) t. 1, p. 48
Lesana (Antonio) t. 2, p. 274
Li (Guillermo) t. 1, p. 307
Liébana (Josefa de) t. 2, p. 179
Lima¡( Gonzalo de) t. 1, p. 334
Lima (Juan de) t. 2,p. 139
Lima rLnis de) t. 2, pja. 62, 149
Lima (Tomas de) t 2, pjs. 65, 143
Lira (Fr. Juan de) 1. 1, p. 190
Lirios (Antón de^ t. 1, p. 341
Lizamo (Fr. José de) 1. 1, p. 147
Lizarraga (María de) t. 2, p. 41
Lizarraga del Castillo (Luisa de)
t.2, p.30
Loaisa QBemardino) t. 1, p. 8
López (Domingo^ t. 1, p. 341
López (Domingo) t. 2, p. 215
López (Felipa) 1. 1, p. 321
López (Juan) 1. 1, p. 305
López maspar) 1. 1, p. 337; t.2, p. 8
López (Hernán) 1. 1, p. 253
López (Lorenzo) 1. 1, p. 300
López (Luis) t. 1, p. 99
López (Manuel) 1. 1, pjs. 157, 192
López (Manuel) t. 1, p. 338
López (Pedro) 1. 1, p. 337
López (Bodrígo) t. 2, p. 169
López de Agurto (Gaspar) t. 1,
p.253
López Cordero (Gonzalo) t. 2, p. 44
López de la Flor (Fr. Femando)
t. 2, p. 310
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Índice alfabético
495
Lopes de Fonteca (Diego) t. 2, p. 61|
146
López Gnarnido (Jeróaimo) t. 1,
p.29
Loyola Haro de Molina (Joan de)
t. 2, pjs. 346, 350
Lopes de Lisboa (Diego) t. 2, p. 173
Lopes Matos (Juan) t. 2 , p. j 69
Lopes de Mestanso /jnan) t.2, p. 125
Lopes de Obuiui (Francisco) t. 1,
p.296
Lopes Serrano ^Bernardo) t. 2, p. 29
Lopes Soarez (Graspar) t. 2, p. 177
Inopes de Taide (Martin) t. 2, p. 33
Lopes de Vargas (Diego) 1. 1, p. 337
Lopes de la Yega (Cristóbal) t. 1,
p. 148
Lorenzo (Diego) t. 1, p. 189
Lorenzo (Enriqne) t. 2, pjs. 61, 133
Lorenso (Felipe) t 2, 276
Lorenso ( (Juan) 1. 1, p. 189
Lnoena (Baltasar) t. 1, p. 322
Lucena (Gaspar) 1. 1, p. 322
Lucero (Juan) t. 2, p. 10
Lucio (Marcos) t. 1, pjs. 188, 193
Luis (Catalina) 1. 1, p. 335
Luis (Di^o) 1. 1, p. 338
Lujan (Felipe de) t. 1, p. 311
Luna ruonsalo de)t. 1, 330
Luna (Mayor de) t. 2, pjs. 58, 131
Luna (Menoía de^ t. 2, p. 58
Luna Castro (Franoisoo de) t. 2,
p. 217
Luque (Fr. José) t. 2, p. 242
Llano (Juan Domingo de) t. 2,
p.292
Llanos (Antonio de) t. 2, p. 217
Llanos González (Teresa de) t. 2,
p. 219
M
Madariaga (Sancho de) t. 1, p. 312
Machicao (Cristóbal de) t. 2, p. 9
Magaña (Diego de) 1. 1, p. 48
Maldonado (Francisca) t. 1, p. 312
Maldonado (Fr. Juan) 1. 1, p. 299
Maldonado (Melchor) t. 1, p. 313
Maldonado (Fr, Melchor) t.2. p. 170
Maldonado (Pablo) t. 2, p. 216
Maldonado de Silva (Francisco) t. 2,
p. 146
Mallarin (María Teresa de) t. 2,
p.300
Mandinga (Simón) t. 2, p. 179
Manrique(Fr. Hernando) 1. 1, p.296
Mansilla (Juan de) t. 2, p. 309
Mariaca (Martin de) t. 1, p. 847
Marfil (Juan) t. 2, p. 276
María (negra) 1. 1, p. 253
María Anjela (negra) 1. 1, p. 296
María Rosalía, t. 2, p. 309
Manca (negra) t. 1, p. 144
Marín (Francisco) 1. 1, p. 337
Marle (Andrés) 1. 1, p. 298
Márquez de Guzman (Juan) t. 1,
p. 254
Márquez Montesinos (Francisco) t.2,
pjs. 60, 134
Márquez Montesinos (Manuel) t. 2,
p. 169
Martel (Francisco) t. 2, p. 44
Martin (Diego) t. 1, p. 319
Martin (Ignacio) 1. 1, p. 336
Martin (Jirardo; t. 1, p. 341
Martin (SimcAí^ 1. 1, p. 259
Martin Rafael (Francisco) t. 1,
p.296
Martínez (Bernabé) 1. 1, p. 341
Martines (Diego> t. 2, p. 179
Martinez (María) t. 2, p. 44
Martínez CPero) t. 1, p. 195
Martínez í Fr. Pedro) t. 1, p. 149, n.
Martinez (Pedro) t. 1, p. 254
Martinez de Eguibar (Fr. Tomas*^
t. 2, p. 232
Madríz (García de la) t. 1, p. 191
Mateo (negro) t. 1, p. 258
Matos (Juan de) t. 1, p. 296
Matos (Juan de) t. 2, p. 100
Matos (Manuel Luis) t. 2, pjs. 60,
141
Mayorga (Fr. Andrés de) t. 2, p. 242
Mazay (Juan Bautista de) t. 2,
p. 225
Medina (Juan de) t. 1, pjs. 165, 190
Medina (Fr. Juan de) 1. 1, p. 313
Medina (Martin de) t. 1, p. 346
Medina Anuncibay (Juan de) t. 1,
p. 339
Medrano (Cristóbal de) 1. 1, p. 341
Medrano (Juan de) t. 1, p. 159
Mejía (Fr. Nicolás) t. 2, p. 190
Mejía Mirabel (Francisco) t. 2,p. 100
Melendez de la Oliva (Alonso) t. 1,
p. 337
Melgarejo (Luisa) t. 2, p. 34
Meló (Fr. Miguel) t. 2, p. 179
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496
LA nriQÜIBiOION DE LIMA
Mena (Catalina de)t. 1, p. 312
Méndez (Alvaro) t. 2, p. 48
Méndez (Dnarte) 1. 1, pjs. 306, 324
Méndez (Francisco) t. 2, p. 133
Méndez (Víctor) t. 1, p. 306
Méndez de Dueñas (Garoi) t. 2,
p.27
Méndez Hernández (Salvador) t. I,
p.9
Mendieta (Diego de) 1. 1, p. 300
Mendoza (Fr. Alonso de) t. 1, p. 800
Mendoza (Fr. Diego de) t. 1, p. 190
Mendoza (Juan de) t. 1, p. 341
Meneses (José de) t. 2, p. 309
Meneses (Juan José de) t. 2, p. 341
Mercado (Martin de) 1. 1, p. 336
Mesa (Francisco de) 1. 1, p. 313
Mesa (Pedro de) t. 1, p. 334
Mesía (Fr. Diego) t. 2, p. 227
Mexia de Ovando (Pedro^ t. 2, p. 12
Meneses (Ignacio Gregono de) t. 2,
p. 310
Michel (José Nicolás) t. 2, p. 290
Mi^oIIa (Gabriel de)t. 1, p. 188
Mi]ancaa (Juan de) i. 2, p. 242
Millar (Juan) t. 1, p. 26
Mino Llulli (Jacinto) t. 2, p. 310
Miranda (Fr. Pedro) 1. 1, p. 149, n.
Molero (Silvestra) t. 2, p. 304
Molina (Paula) t. 2, p. 378
Mollinedo (Fr. Pedro) t. 2, p. 381
Mondragon (Francisca de) t. 2,
p.306
Monaerrate i Santisteban (Maiía)
t. 2, p. 306
Montaner (Juan) i 1, p. 820
Monte (Ft. Pedro de^ t. 1, p. Sil
Monte Cid (Domingo) t. 2, pjs. 67,
127
Montenegro ^Cecilia) t. 2, p. 221
Montenegro (Juan cíe) t. 1, p. 263
Montero (Fr. Antonio) t. 2, p. 226
Montero (Fr. Diego) t. 2, p. 368
Montes (Juan Antonio) t. 1, p. 297.
Montoya (Erancisco de) t. % p. 176
Morales (Anabrosio de) t. 2, pjs. 74,
155
Morales (Luis de) t. 2, p. 100
Moran de Cáceres (Diego) t. 2, p. 27
Morante (Martin) t. 2, p. 228
Morata (Martin) t. 2, p. 73
Moreira (Domingo) t. 1, p. 347
Moreno Q^icolas) t. 1, p. 297
Morillo (Bernabé) t. 2, pjs. 301, 341
Montrartu (Lúeas de) t. 1, p. 306
Morón (Antonio) t. 2, p. 57
Morón (Isabel AÁtonia) t. 2, pjs. 58,
132
Mosquera (Fr. Manuel) t. 2, p. 309
Moyen (Francisco) t. 2, p. 369
Mozambique (Juan) 1. 1, p. 347
Mudana (Josefa) t. 2, p. 220
Muga (Marcos de) t. 2, p. 217
Muñiz (Andrés) t. 2, p. 156
Mufloz (Fr. Pedro) t. 2, p. 227
Muñoz de Acuña (Manuel) 1 1, p. 193
N
Nájera Arana (Hernando de) t. 2,
Ñapóles (Domingo de) t. 2, p. 9
Narbasta (Sebastian de) t. 1, p. 191
Narvaez (Pedro de) t. 1, p. 143
Natera (Luis) t. 1, p. 320
Navarrete (Gonzalo de) t. 2, p. 11
Navarrete (Fr. Juan) t. 1, p. 193
NaVarrete (Juan Antonio) 1. 1, p. 341
Navarro (Diego) t. 1, p. 320
Negron (Eujenio de) 1. 1, p. 144
Neira (Francisco cfavier de) t. 2,
p. 302
Neira (Juan Antonio) t. 2, p. 306
Nicolao (Benito) t. 1, p. 300
Nicolao (Griego) t. 1, p. 334
Nieves (María de las) t. 1, p. 39
Niño (Gonzalo) t. 1, p. 182
Noble (Luis) t. 2, p. 9
Noguera (Baltasar de) 1. 1, 188
Noguera (Bemabela de) t. 2, p. 177
Nombela (Gregorio) t. 2, p. 379
Norambuena (Fr. Gaspar de) t. 1,
p. 336
Noria (Gabriel de) t. 1, p. 312
Nordenfiidit (Barón de) t. 2, p. 380
Novoa (Juana) t. 2, p. 306
Nnñez (Alvaro) t. 1, p. 337
Nuñez (Antonio) 1. 1, pjs. 305, 338
Nuñez (Fr. Antonio) 1. 1, p. 147
Nuñez (Diego) t. 1, p. 32
Nuñez (Jorje) t. 1, p. 307
Nuñez (Luis) t. 2, p. 66
Nuñez (Pascual) t. 2, pjs. 68, 143
Nuñez rt^edro) 1. 1, p. 337
Nuñez de Cea (Duarte) 1. 1, p. 323
Nuñez Chaparro (Francisco) t. 1,
p. 340
Nuñez Duarte (Francisco) t. 2, pjs. 56,
134
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ÍBÍDICK ALFABénCO
497
Knfies Dnarte (Gaspar) t. 2, pJR. 56, Nuffez Jnarez (Andrea) t. 1, p. 322
137 Nuñez Magro de Almeida (Manuel)
NuSez de Espinosa (Enrique) i. 2, t. 2, p. 30
pjs. 56, 132 NaSez de Oliveira (Francisco) 1. 1,
Nufiez de la Haba (Pedro) t. 2, p. 321
pjs. 308, 314 Nuñez de Bilva (Diego) 1. 1, p. 337
Ocampo (Jerónimo de) 1. 1, p. 46
Ocampo (Fr. Jnan de) t. 1, p. 313
Ocampo ^ Lucía de) t. 1, p. 312
Ochoa (Juan de) t, 2, p. 300
Ochoa (Martin) t. 1, p. 319
Oohoa (Rosa de) t. 2, p. 300
Olave (Mariana de) t. 2, p. 126 .
Oliva (Fr. Antonio de la) 1. 1, p. 313
Oliva (José Feliciano de la) t, 2,
p;376
Olivera (Antonio de) 1. 1, p. 167
Olivera (Gaspar de) t. 1, p. 341
Olivitos i Esqnivel (Anjela) t. 2,
p. 257
Olivos (Fr. Javier) t. 2, p. 379
Ofia (Cristóbal de) t. 2, p. 274
Oña (Luisa de) t. 2, p. 126
Once (Nicolás de) t. 1, p. 333
Orbieto (Sebastian de) t.l, p. 296
Ordoñea de Yiliaquiran (Antonio)
t. 1, p. 191
Orduña (Juan de) 1. 1, p. 296
Ormaza (Isabel de) t. 2, p. dO
Oropesa (Juan de) t. 1, p. 190
Ortega (Jerónimo de) t. 2, p. 227
Ortega (Juan) t. 2, p. 28
Ortega (Manuel de) t. 1, p. 336
Ortigas (Rodrigo de) t. 1, p. 311
Ortiz(Agustin)t. 2, p. 379
Ortiz (Alonso) t. 1, p. 300
Ortiz (Francisco) t. 1, p. 33
Ortiz (Gonzalo) t. 1, p. 334
Ortiz (Petronila) t. 2, p. 306
Ortiz (Rodrigo) t 1, p. 325
Ortiz Cabezas (Juan) t. 1, p. 347
Ortiz Melgarejo (Nicolás) 1. 1, p. 259
Ortiz de Mena (Diego) 1. 1, p. 189
Ortiz de Oña (Alonso) t. 1, p. 347
Ortufio Sierra (Domingo) 1. 1, p. 341
Osera (Francisco José de) t. 2, p. 274
Osorío (Alonso) t. 1, p. 300
Osorio (Antonia) t. 2, p. 300
Osorío (Francisco) t. 2, p. 9
Osorío (García) t. 1, p. 258
Osorío (Simón) t. 2, pjs. 60, 127
Osorío Fonseca (Antonio) 1. 1, p. 167
Oiárola (Juan de) t. 1, p. 258
Otárola (Juan Joeé de) t. 2, pjs. 237,
294
Ovalle (Diego de) t. 2, p. 57
Ovando (Rafaela de) t. 1, p. 324
Oznen (Juan) t. 1, p. 156
Pacheco (Fr. Diego) t. 2, p. 369
Pacheco (Fr. Pedro) t. 1, p. 313
Padilla (Bartolomé de) t. l,p. 311
Padilla (Juan de) t. 1, p. 148
Padilla (Liquina de) t. 1, p. 189
Paguegue (Fr. Francisco del Rosa-
río) t. 2, p. 233
Palacios Al varado (Hernando) t. 1,
p. 188
Palar (Cristóbal) t. 1, p. 307
Palma (Antonio de la) t. 2, p. 29
Palomares (Rodrigo de) 1. 1, p. 311
Palomino (Pedro) t. 1, p. 299
Paniagua (Andrea de) t. 1, p. 304
Pardo (José Pantaleon) t. 2, p. 344
Pasani Bentiboli (César) i. 2, p. 191
Pastor de Dios (Miguel) t. 1, p. 341
Pastrana (Francisco) t. 2, p. 275
Paz (Enríqne de) t. 2, pjs. 57, 144
Parra (Francisco de la) t. 2, p. 176
Parra (Juan de la) t. 2, p. 176
Paz (Fr. Francisco de la) t. 1, p. 300
(Jorje de) t. 2, p. 9
(Juana de la) t. 1, p. 300
(Manuel de) t.2, p. 154
Maldonado TPedro de) t. 1,
p.300
Paz i Miranda (Clemente de) t. 2,
p. 310
Pedro (negro) t. 1, p. 191
Peña f Antonio de la) t. 2, p. 261
Peña (Bernardino de la) 1. 1, p. 48
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498
LA INQUISICIÓN DE LIMA
Pefia (Francisco de la) t. 2, pjs. 26,
177
Pefia (Lope de la) 1. 1 , p. 26
Peña (Lorenzo do la) t. 1, p. 300
Peña Guerrero (Alonso de) t. 2, p. 8
Pefiailillo (Inés de) t. 2, p. 257
Peflalosa (Fr. Pedro de) t. 2, p. 216
Peñalver (Clemente de) t. 1, p. 190
Perales (María del Rosario) t. 2,
p.306
Peralta Pareja i Riveros (Jerónimo
de) t. 2, p. 7
Perea (El canónigo) t. 1, p. 48
Perdomo (Diego) t. 1, p. 253
Pereira (Diego) t. 2, p. 71
Pereira Diamante (Diego) t. 2,
pjs. 65, 169
Pérez ^Ana María) t. 2, p. 31
Pérez iComieles) t. 1, p. 192
Pérez (Diego) t. 1, p. 38
Pérez (Domingo) t. 2, p. 26
Perez(l8abel)t. l,p. 296
Pérez (Juan) t. 1, p. 267
Pérez (Juan) t. 2, p. 178
Pérez (Jnana) t. 2, p. 178
Pérez (Manuel Baptista) t. 2, pjs. 54,
150
Pérez (Marcos) 1. 1, p. 296
Pérez (Santiago) t. 2, p. 215
Pérez (Simón) t. 1, p. 190
Pérez de Acosta (Diego) t. 1, p. 338
Pérez de Carranza (Ana) t. 1, p. 300
Pérez de Freitas (Rafael) t. 2, p. 42
Pérez Mosquera (Diego) t. 2, p. 178
Pérez de Pineda ( Jerman) t . 1 , p. 337
Pérez de Segura (Juan) t. 1, p. 191
Pérez Tavares (Juan) t. 1, p. 334
Peso (Gaspar del) t. 1, pjs. 148,312
Petrel (Francisco) t. 2, p. 239
Picón (Agustina) t. 2, p. 241
Pila (Lope de) t. 1, p. 21
Pilar (_M]guel del) t. 1, p. 254
Pino (Manuel de) t. 2, p. 369
Pinero (Fr. Diego) t. 1, p. 320
Pita (Rosa) t. 2, p. 236
Pizarro (Bernardo) t. 2, p. 9
Pizarro (Catalina) t. 2, p. 179
Pizarro (Fr. Diego) t. 1, p. 189
Pizarro (María) t. 1, p. 68
Ponce de León (Matías) t. 2, p. 367
Porras (Isabel de) 1. 1, p. 311
Porras i Santillan (Alonso de) t. 1,
p. 190
Porras i Santillan (Alonso de) t. 2,
p. 311
Porta (Nicolás de la) t. 2, p. 9
Porter (Tomas) t. 2. p. 237
Portilla (Juan de la) t. 1 , p. 299
Pradeda (Bartolomé de) i, 2, pjs. 53,
78
Pradier (Juan) t. 2, p, 215
Prado (Alonso de) 1. 1, p. 300
Prado (Clara de) t. 1, p. 306
Prado (Fr. Josó de) t. 2, p. 262
Prado Brian (Juan de) t. 2, p. 169
Prieto (Fr. Juan) 1. 1, p. 324
Puente Beame (Tomas de la) t. 2,
p. 240
Quezada (Fr. José de) t. 2, p.
179
Quezada (Pedro de) t. 1, p. 337
Quintero (José) t. 2, p. 216
Quiñones (Isabel de) t. 2, p. 11
Quiíoga i Losada (Fr. Diego de)
t.2, p. 274
Qniros (Manuel de) t. 2, p. 141
Quituera Melgarejo (Franciaoo de)
t. 2, p. 169
Rabanal (Fr. Francisco) t. 1, p. 313
Ramirez (Cosme) t. 1, p. 140
Ramirez (José) t. 2, p. 215
Ramirez (Marcos) t. 2, p. 9
Ramirez (Fr. Martin) t. 2, p. 242
Ramirez Meneses (Estefanía) t. 2,
p. 126
Ramirez de los Olivos (Francisco)
t. 2, p. 208
Ramo(Jaüan) 1. 1, p. 341
Ramos (Diego) 1. 1, p. 189
Ramos (Francisco) t. 1, p. 300
Ramos (Luisa) t. 2, pjs. 43, 169, 177
Ramos (Manuel) 1. 1, pjs. 338, 347
Ramos de Rojas (Jnan) t. 2, p. 71
Reid (Tomas) 1. 1, p. 307
Reinoso (Pedro de) t. 1, p. 324
Rengel (Fr. Pedro) t. 1, pjs. 189,300
Rentería (Fr. Antonio) 1. 1, p. 296
Reyes (Gaspar de los) 1. 1, p. 48
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índice ALFABénCO
49i9
Reyes (Joan de los) t. 1, p. 32
Beyes (Melchor de los) t. 2, pjs. 61,
141
Ribera (Alonso de) t. 1, p. 8
Ribera (Fr. Antonio de) 1. 1, p. 260
Ribera (Diego Lnis de la) t. 2, p. 9
Riberos (Manuel) t. 1, p. 296
Riberos (Pedro de) t. 1, p. 338
Ricardo (Juan) t. 1, p. 300
Rincón (Fr. Sebastian) t. 1, p. 268
Riofrío (Fr. Francisco de) t. 1,
p. 313
Rivas (Femando de) t. 2, p. 381
Rivera (Joaqnin de) t. 2, p. 343
Rivera (José de) t.2,p. 261
Riberos del Jordán (Celio) t. 2,
p.234
Rocha (Isabel de la) t. 2, p. 11
Rodas (Juan de) t. 1, p. 336
Rodrigaez T Adrián) t. 2, p. 29
Rodríguez (Alvaro) t. 1, p. 334
Rodríguez (Alvaro) t. 2, pjs. 169,
176, 276
Rodríguez (Fr. Alvaro) t. 1, p. 168
Rodríguez (Ana) 1. 1, p. 300
Rodríguez (Andrés) 1. 1, p. 321
Rodríguez (Cosme) t. 1, p. 36
Rodríguez (Elvira) t. 1, p. 128
Rodríguez (Francisco) t. 1, pjs. 308,
321
Rodríguez ^Oaspar) 1. 1, p. 322
Rodríguez (Gonzalo) t. 1, p. 253
Rodríguez (Isabel) t. 1, p. 322
Rodríguez (Manuel) t. 1, p. 324
Rodríguez (Pablo) t. 2, p. 143
Rodríguez (Rafaela) t. 2, p. 305
Rodríguez (Tomas) t. 2, p. 65
Rodríguez de Acevedo (Nufio) t. 1,
p. 334
Rodríguez Arías (Juan) t 2, p. 169
Rodríguez Calvo (Juan) t. 2, p. 33
Rodríguez de Cárdenas (Luis) t. 2,
p. 10
Rodríguez Colmenero (Crístóbal)
t. 2, p. 10
Rodríguez Duarte (Juan) t . 2, pjs. 65,
139
Rodríguez Guerrero (Manuel) t. 1,
p.299
Rodríguez de Herrera (Matías) t. 1,
p. 297
Rodríguez de León (Antonio) t. 1,
p.337
Rodríguez Padilla (Pedro) t. 1,
p.340
Rodríguez Pereira (Gkupar) t. 2,
p.136
Rodríguez de la Rosa (Diego) t.
p. 189
PcKlríguez de Silva (Juan) t.
pjs. 63, 148
Rodríguez de Silvera (Diego) t.
p.337
Rodríguez Tavitfes (Jorje) t.
p. 336
Rodríguez Ta vares (Jorje) t. 2, p. 66,
138
Rodríguez de la Taca (Antonio) t 2,
p.8
Rodríguez 2^mbrano (Jerónimo)
t. 1, p. 189
Rojas (Fr. Francisco de) t. 2, p. 232
Roldan (Rodrígo) t. 1, p. 83
Román (Fr. Agustín) t. 2, p. 262
Román (Juan) t. 1, p. 46
Romano (Fr. Francisco) t. 1, p. 324
Romero (Juan Alejo) t* 2, p. 257
Romero (Martin) t. 1, p. 7
Romero Ferrer (Isabel) t. 1, p.
Rosa (Ana María de la) t. 2, p.
Rosa (Diego de la) 1. 1, p. 167
Rosa (Josefa) t. 2, p. 257
Rosa (Juan Francisco de la)
p. 267
Rosa (Manuel de la) t. 2, pjs. 51,
140
Rosales (Francisco) t. 1, p. 340
Rosarío (Francisco del) t. 2, p. 344
Rosarío (Fr. José del) t. 2, p. 228
Rosarío (Juan Matías del) t. 2,
p.302
Rozas (Ramón de) t. 2, p. 380
Rueda (Gabríel de) t. 2, p. 237
Ruiz (Alonso) t. 1, p. 166
Ruiz ( Anton) 1. 1, p. 337
Ruiz (Fr. Antonio) t. 1, p. 259
Ruiz (Fr. Diego) 1. 1, p. 334
Ruiz (Juan) t. 2, p. 208
Ruiz Altamirano (Cristóbal) t. 1,
p.49
Ruiz Arías (Francisco) t. 2, p. 134
Ruiz de Córdoba (Juan) 1 1, p. 166
Ruiz de Peñaranda (José) t. 2,
p.l01
Ruiz Quiñones (Diego) t. 2, p.*216
Ruiz de Rojas (Fr. Pedro) t. 2,
p.227
Ruiz de Yildésola (Pedro) t. 1,
p.300
Rumbo (Juan) 1. 1, p. 306
299
216
t 2,
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500
LA INQUISICIÓN DB LIMA
Ba (Dttarte de) t. 2, p. 9
Baavedra (Petrona de) t. 2, p. 215
Saes de Bustamante (Ambrosio)
t. 2, p. 362
SaladoÍMateo) t. 1, p. 62
Salas (Fr. Baltasar de) 1. 1, p. 336
Salas (Juan de) 1. 1, p. 333
Salas (Juan de) t. 2, p. 3C9
Saks (Sebastian de).t. 1, p. 304
Salazar (Fr. Andrea de) t. 1, p. 313
Saladar (Antonio de) t. 2, p. 29
Salcedo (Juan de) t. I , p, 334
SaMaña (Antonio Macía) t. 2. p. 232
Salguero (Francisco) t. 1, p. 347
Salinas (Francisca de) t. 2^ p. 217.
Salvador (Juan) t. 2, p. 215
Sanabría (Fr. Diego de) t. 1, p. 325
San Agustín (Antonio de) t. 2,
p. 232
San Bernardo (Agostía de) t. 1,
p. 341
Sánchez (AWaro) t. 1, p. 3C0
Sánchez (Baltasar) t. 1, p. 189
Sánchez (Cristóbal) t. 1, p. 8
Sánchez (Diego) t. 1, p. 340
Sánchez (Fabiana) t. 2, p. 310
Sánchez (Isabel) t. 1, p. 340
Sánchez (Juan) t. 1, p. 299
Sánchez (Lorenzo) t. 2, p. 178
Sánchez (Pedro) t. 1, p. 189
Sánchez (Pero) t. 1, p. 51
Sánchez de Aguirre (Miguel) t. 1,
p.38
Sánchez Ahumada (Alonso) t 1,
p.336
Sánchez de Avila (Juan) t. 2, p. 179
Sánchez Cano (Luis) t. 1, p. 341
Sánchez de Ceballos (Cristóbal) t. 1,
p. 189
Sánchez Chaparro (Alonso) t. 2,
pjs. 72, 155
Sánchez de Funes (Alonso) t. 1,
p. 334
Sánchez Navarro (Alvaro) t. 1,
p.311
Sánchez Niño (Alonso) t. 1, p. 147
Sánchez de Ojeda (Gabriel) t. 1,
p. 346
Sánchez Palomares (Luis^ 1. 1, p. 340
Sánchez Rendon (Mateo) t. 2, p. 8
Sánchez Serrano (Juan) t. 1, p. 325
San Juan (Fr. Domingo de) t. 2,
p.232
8
San Martín (Juan de) t. 2, p. 237
SantA Clara (Juan José Graciano de)
t. 2, p. 343
Santa Cruz (Fr. Felipe de) t. 1,
pjs. 149, n. 258,311,
Santa María (Juana de) t. 2, p. 309
Santa María (Fr. Vicente de) i. 2,
p.242
Santa Ménica (Fr. Agustín de) t. 1,
p. 148
Santiago {Jm}b de) 1. 1, p. 191
Santillaua de Guevara (Juan de).t. 1,
p.311
Santistéban i Padilla (Josa Joaquín)
t. 2, p. 375
Santo Domingo (María de) t. 2, p. 27
Santos (Antonio de los) t. 2, pjs. 68,
155
Santos (Mateo de los) t. 2, p. 376
Saravia (luana) t. 2, p. 241
Sedaño (Pascual de) t. 2, p. 369
Segura (Manuel Jerónimo de) t. 2,
p. 240
Serna (Fr.' Francisco de la) t. 1
p. 191 •
Serpa (Fr. Pedro de) t. 1, p. 300
Serrano (Juan) L 1, p. 166
Sigil (Pedro) t. 2, p. 291
Silva (Bartolomé de) t. 2, p. 175
Silva (Bernardo de) t. 2, p. 379
Silva (Francisco de) t. 2, p. 176
Silva (Hernando de) t. 1, p. 296
Silva (Jorje de) t. 2, pjs. 56, 137
Silvela i Mendoza (Juan de) t. 2,
p. 261
Silvera (Gaspar de) 1. 1, p. 337
Sil vera (luán de) t. 1, p. 337
Silvestre rjuan^ t. 1, p. 313
Simón (.lácome) 1. 1, p. 193
Shaw (Roberto) t. 2, p. 287
Solano ^luan de Dios) t. 2, p. 236
Solano (Luis) t. 1, p. 26
Solis Ovando (José) t. 2, p. 302
Solórzano (Nicolás) t. 2, p. 275
Soria (Pedro de) t. 2, pjs. 74, 156
Sosa fAmaro de) t. 2, p. 379
Sosa (Antonio de^ t. 2, p. 55
Sotelo (Francisco) t. 2, pjs. 74, 155
Soto Silíceo (Diego de) t. 1, p. 347
Sotomayor (Fr. Antonio de) t. 2,
p. 309
Sotomayor (Fr. Bartolomé de) t 2,
p.l77
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ÍNDICE ALFABÉTICO
501
Sterling (Tcmua) t. 2^ p. 237
Stevenaon (W. B.) t. 2, p. 387
Snares (Vasco) 1. 1, pjs. 25, 40
Talayera (Pedro de) 1. 1, p. 296
Tamayo (Bartolina) t. 1, p. 188
Tapia (Juan Alonso de) t. 2, p. 7
Tavares (Antonio) t. 1, p. 189
Tavares (Enrique Jorje) t. 2, pjs.
56, 169, 176
Tavares (Francisco -^oije) t. 2, p, 71
Tejada (Juan Antonio de) t. 2,
p.217
Terruela (Bartolomé) t. 1, p. 305
Tillert (Eduardo) t. 1, p;298
Tillert (Walter) t. 1, p. 298
Timerman» (Pedro) t. 2, p. 310
Tineo (JoBefe) t. 2, p. 190
Tinto (Fr. Luis Próspero) t. 1, p. 149
Toledo (Agustín de) t, 2, p. 178
Toledo (Pedro de) 1. 1, p. 335
Toquer (Juan) 1. 1, p. 307
Toro (Cristóbal de) t. 2, p. 178.
Toro (Francisco de) t. 2, p. 369
Toro (Fr. Pedro de) t. 1, p. 61
Torre (Catalina de la) t. 2, p. 221
Torre (Felipe de la) t. 2, pjs. 237,
801
Torrealba (Juan de) t. 2, p. 179
Torrealba (Fr. Juan de).t. 1. 258
Torrejon (Pedro de) t. 2, p. 10
Torres (García de) t. 1, p. 340
Torres (Magdalena de) t. 2, p. 100
Torres (María de) 1. 1, p. 304
Trejo (Beatriz de) t. ^, p. 33
Trillo (Juan de) t. 2, p. 29
Tmjillo (Francisca) t. 2, p. 218
Tula (Martin) t. 2, p. 276
u
übitarte (Inés de) t. 2, p. 44
Ullen (Juan) t. 1, p. 306
Ulloa (Ana María de) t. 2, p. 190
ÜUoa (Juan Francisco de) t. 2, p. 302
Ulloa (Úrsula de) t. 2, p. 179
Ullos (Juan de) t. 2, p. 273
ürbina (Antonio) t. 2, p. 179
Urdaneja, t. 2, p. 391
Urízar Carrillo (Juan dé) 1. 1, p. 165
Urquizn (Santiago de) t. 2, p. 379
Urrea (Pedro de) t. 1, p. 341
Vaca (Diego) t. 1, p. 97
Vaca (Francisco) t. 2, p. 177
Vaez Enriquez (García) t. 2, p. 136
Vaez Machado (Francisco) 1. 1, p.305
VaezPereira (Rodrigo) t. 2, pjs. 55,
157
Valbuena (Francisco de) t. 2, p. 208
Valcázar (Gonzalo) t. 2, p. 176
Valcázar (Pedro de) t. 2, p. 176
Valderrama (Laura de) t. 2, p. 221
Valderama (Lorenzo de) t. 2 , p. 257
Valdes Sorribas (Pedro de) t- 2,
p. 190
Valdivieso (Juan de) t. 1, p. 313
Valdivieso (Martin de) t. 1, p. 253
Valencia í Feliciano de) 1. 1, p. 322
Valencia (Gonzalo de) t. 1, p. 390
Valencia (Juan de) t. 2, p. 274
Valencia (Luis de) t. 2, p. 128
Valenciano de Quiñones (Aglestin)
t. 1, p. 111
Valenznela (María de) t. 2, p. 309
Valenzuela (Fr. Pedro de) t. 2, p. 274
Valera (Francisco) t. 1, p. 336
Valverde (Francisco de) t. 2, p. 101
Valladares (Nicolás de) t. 2, p. 217
Valle (Juan Jerónimo del) t. 2,
p. 274
Vallejo (Ana) t. 2, p. 179
Vallejo (Pedro de) t. 1, p. 304
Van Espen (Jacobo) t. 2, p. 237
Vanegas (Rafael) t. 2, p. 178
Vaflol (Salvador) t. 2, p. 9
Vaquera (Alonso Martin de la) 1. 1,
p. 341
Vargas (Alejandro de) t. 2^ p. 235
Vargas (Juan de) t. 1, p. 40
Vargas (Juan Jacinto de) t. 2, p. 216
Vargas (Luisa de) t. 2, p. 179
Vai'gas (Martin de) t. 1, p. 341
Vargas Barriga (Cristóbal de) t. 2,
p. 179
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502
LA INQUISICIÓN DE LIMA
Vargas Machuca (Fr. Juan de) t. 2,
p. 208
Vaaquez (Fi-anoisoo) t. 2, pjs, 64, 128
Va8quez(Fr. Francisco) 1. 1, pjs. 193,
312
Vasquez (Fr. Francisco) t. 2, p. 178
Vaaquez (Fr. José) t. 2, p. 276
Vasquez (Pedro) t. 1, p. 305
Vasquez de Acuña (Diego) t. 2, p. 101
Vatres (Fr. Francisco) 1. 1, p. 340
Vega (Antonio de) t. 2. pis. 60, 146
Vega (Iñigo de la) t. 1, pfs. 191, 263
Vega(Jn^na de) t. 2,p. 190
Vega (Luis de) t. 2, pjs, 69, 139
Vejai-ano (Ensebio) t. 2, p. 274
Vela de los Beyes (Luis) t. 2, p. 179
Velasco (Inés de) t. 2, p. 28
Velasco (Juan) 1. 1, p. 149
Velasco (fuan Francisco de) t. 2,
p. 302
Velasquez (Alonso) 1. 1, pjs. 166, 258
Velez(Fr. Andrés) t. 1, p. 98
Velez del Castillo (José) t. 2, p. 237
Vellido (Ambrosio) t. 2, p. 242
Vello (Sebastian) t, 1, p. 333
Venera (Fr. Francisoo) t. l,p. 149
Vera (Catalina de) t. 2. p. 345
Vera (Diego Asencio de) t, 2, p. 222
Vera Villavicencio (Juan Bautiata
de) t. 2, p. 304
Verdugo (Leonor) t. 2, p. 29
Verdugo (Luis) t. 1, p. 148
Vergara (Francisco de) t. 2, p. 75
Vertiz (Tomas José de) t. 2, p. 302
Vicente (Juan) t. 1, p. 330; 2, 7
Victoria (Pedro de) t. 1, p. 313
Victoria Barahona (Francisco) t. 2,
p. 45
Videla (Fr. Diego) t. 2, p. 332
Vildósoía (Pedro de) t. 2, p. 10
Villadiego (Pedro de) t. 1, p. 148
Villagra (Pedro de) 1. 1, p. 325
Villalberche (Pedro de) t. 1, p. 30
Villaseñor (Francisco de) t. 2, p. 237
Villavicencio (Fr. José de) t. 2, p. 310
Villarroel (Teodora de) t. 2, p. 300
Vivangeris (Jerónimo Fabián) t. 2,
p. 223
Waters (Guillermo) t. 2, p. 237
w
Xerez (Antonio de) t. 1, p. 296
Xervel (T'omaa) 1. 1, p. 156
Ximenez Cerrato (Alonso) 1. 1, p. 347
Ximenez de Cisneros (Fr. Ignacño)
t. 2, p. 233
Zabaleta (Nicolás Antonio de) t. 2,
p. 232
Zambrano (José) t. 2, p. 310
Zamora (Fr. Juan José de) t 2,
p. 242
Zapata (María) t. 2, p. 276
Zapata de Mendoza (Gaspar) t. 1,
p. 205, u.
Zavala (Micaela de) t. 2, p. 300
Zavala (Pedro José) t. 2, p. 378
Zenteno (Cayetano) t. 2, p. 306
Zubieta (Pedro de) t. 2, p. 307
Zuloaga (Andrés de) 1. 1, p. 258
Zumaran (Fr. Nicolás de)t. 2, p. 381
Záñiga Loyola (Alonso de) 1. 1, p. 346
Zurbano (Jerónimo) t. 1, p. 312
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ÍNDICE
PájB.
CAPÍTULO XVI
Incidente del Provisor del obispado de la Paz. — Id. de la fiesta de
la canonización de San Ignacio de Loyola. — El Virei consigue
que los españoles asilados entre los chiriguanes sean perdonados
por la Inquisición. — Auto de fe de 17 de junio de 1612 Cau-
sas despachadas entre año hasta el de 1618. — La Ovandina de
Pedro Mexia A 5
CAPÍTULO XVII
Desavenencias entre los Inquisidores. — Id. con el Virei. — Llega-
da del nuevo Inquisidor Juan de Mañozca. — Sus primeros in-
formes al Consejo. — Nómbrase otro Inquisidor.— Servicios pres-
tados por Mañozca en la defensa del país. — Auto de fe de 21
de diciembre de 1625. — Causas despachadas fuera de auto. —
Proceso de Luisa Melgarejo.— Edicto contra astrólogos, judi-
ciarios i hechiceros.— Auto de 27 de febrero de 1631 13
CAPÍTULO XVIII
Los portugueses dueños del comercio de Lima. — Denunciase a
uno de ellos por judío. — Secreto con que se verifica su prisión.
— Aprehéndese a sus jefes i tormento que se les da. — Despácha-
se diezisiete nuevos mandamientos. — Para despejar las cárceles
resuelven los Inquisidores celebrar un auto de fe. — Es separa-
do de su puesto el alcaide Bartolomé de Pradeda. — Continúan
las prisiones. — Alquílase una casa para dar mas estension a las
cárceles. — Nuevos denuncios. — Se prohibe salir del país sin li-
cencia del Santo Oficio. — Otros reos. — Se publican pregones
para descubrir la fortuna de los procesados. — Jusepe Freilo,
ayudante del alcaide es desterrado a Chile. — Nuevas prisiones.
— Pleitos que se orijinan con este motivo. — ^Medidas que se
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504 ÍNWOB
arbitran para su despacho. — Otros denuncios. — Favor que pres-
ta el Yirei a los Inquisidores.^Noticias acerca de los ministros
de que se componía por entonces el Tribunal. — Quejas de los
empleados subalternos.— -Proceso del alcaide Bartolomé de Pra-
deda. — Rebcion que dan los jueces de lo que resultaba contra
él. — ^Aixiides de que se valen los presos para comunicarse en su
prisión. — Falsos testimonios que se levantan entre si para pro-
longar la decisión de sus causas. — Auto de fe de 17 de agosto
de 1685. — Reos penitenciados en la capilla del Tribunal. —
Horribles incidentes ocurridos durante la prisión de algunos de
los portugueses. — Mencía de Luna muere en el tormento. —
Relación del gran auto de fe de 23 enero de 1639 según Mon-
tesinos. — Curiosos detalles ocurridos en el suplicio de algunos
de los reos 47
CAPÍTULO XIX
£1 Rei ordena que loe Inquisidores devuelvan de bienes confisca-
dos los salarios que tenian percibidos. — Estrados del Tribunal.
— Producto de las canonjías. — Venta de familiaturas. — Pro-
cedimientos relativos a los bienes de los presos. — Siguense tra-
mitando las causas de portugueses. — Información contra el
Obispo de Tucnman. — Causa de Diego López 4e Lisboa. — Au-
to de fe de 17 de noviembre de 1641 165
CAPÍTULO XX
Encuentro con el Marques de Mancera. — Id. con el Arzobispo.
— Nuevos disgustos con el Marques. — El Rei reprende al Conde
de Alba por su conducta para con la Inquisición. — Choque
con el Cabildo Eclesiástico. — Datos sobre tos Inquisidores. —
Auto de fe de 23 de enero de 1664.— Id. de 16 ae febrero de
1666. — Id. de 28 de junio de 1667. — Relación de la causa de
César Bandier.— Otros reos 181
CAPÍTULO XXI
Relaciones de los Vireyes con loa Inquisidores. — Miemlwros del
Tribunal. — Retardos que sufren lis causas. --Diferencias entre
los Inquisidores. — Causas de poligamia. — Otros procesos. —
Reos despachados en la Sala del Tribunal. — Causas de hechi-
ceras.— Pedro Gutiérrez encausado por judaizante. — José de la
Cruz intenta fundar nueva secta. — Otros procesos. — Reos pe-
nitenciados desde 1707 hasta 1713.— Causa del jesuíta Martin
Morante. — Id. de José de Buendía.— -Procesos seguidos a otros
relijiosos. — Id. contm brujos o hechiceras. — Reos despachados
desde 1713 hasta 1721 211
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ÍN1>I0B 505
CAPITULO XXII
Fiesta a la canonización de San Pedro Arbuea. — Exóquias de Fe-
lipe IV. — Edictos prohibiendo varios libros. — Estado de los
edificios del Tribunal. — Situación pecuniaria. — Nuevos inqui-
sidores. — Auto de fe de 16 de marzo de 1698. — Causa de An-
jela Carranza. — Incendio ocurrido en las casas del Santo Oficio.
— Auto de fe de 20 de diciembre de 1694. — Causas contra los
confesores de la Carranza. — Libro del padre Bartolo sobre la
vida de Nicolás Aillon.— Prohíbense por los Inquisidores varios
actos literarios 248
• CAPÍTULO xxin
Quejas de la Inquisición contra el Visitador de los jesuitas. — Id.
del Arzobispo contra los Inquisidores. — La Inquisición i las re-
lijiones, — Auto de fe de 28 de noviembre de 1719. — Id. de 21
de diciembre de 1720. — ^Beos penitenciados hasta 1725. — Dos
causas de portugueses 267
CAPÍTULO XXIV
Escándalo producido en Buenos Aires por los sernK)nes de un
franciscano. — Desintelijencias entre los Inquisidores. — Cargos
contra Ibafíez. — Quejas del Tribunal por el estado a que habian
llegado sus negocios. — Es penitenciado el ingles Roberto Shaw.
—Auto de fe de 12 de julio de 1733.— El Tribunal intenta
I)rooesar a don Pedro de Peralta Bamuevo por haber impreso
a relación de esta ceremonia. — Los Triunfos del Santo Oñcio
peruano i el nuevo auto de 23 de diciembre de 1786. — Celé-
brase otro auto de fe en 11 de noviembre del año siguiente. ... 281
CAPÍTULO XXV
El Consejo reprende a los Inquisidores. — ^Vicios cometidos en la
causa de Ana de Castro. — Id. del padm Ulk». — Id. de Pedro
Nuñez. — Dilapidación de caudales. — Vida escandalosa de San«
chez Calderón i Unda« — Nómbrase visitador al doctor Arena-
za. — Es recibido en Lima i destierra a sus colegas. — Sus pro-
cedimientos en el Tribunal.— Su amistad con el Virei i los
jesuitas. — Mándase suspender la visita « 811
CAPÍTULO XXVI
Queda Amusquibar solo de el Tribunal— Estado en que éste se
hallaba.— Terremoto de 28 de octubre de 1746.— Auto de fe
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■I
r.
506 ÍNWOB
de 19 de octubre de 1749. — Detalles de la cansa de Joan de
p. . Leyóla. — Nómbrase inquisidor a Die^o Rodríguez Delgado.
t? ■ — Desavenencias con su colega, — Cédula de 20 de juliode 1751.
— Muerte de Rodríguez. — Negociado de dos títulos de Castilla.
— Quejas contra Amusquíbar. — Es denunciado por sospechoso
'^y ' en la fe. — Francmasones i herejes. — ^Auto de fe de 6 de abril
|J^ ' de 1761.— Causa de Francisco Moyen 331
f ".'■
I CAPÍTULO XXVII
Auto particular de fé de 1 .** de setiembre de 1778. — Causas falla-
das por el Tribunal hasta fines del siglo pasado. — Reos proce-
^ . sados por lectura de libros prohibidos. — Atrasos que esperi-
|í^r mentan las rentas del Santo Oficio. — Datos acerca de algunos
1?^ de sus ministros. — Pónense a venta los oficios de la Inquisi-
ción. — Se procesa i suspende al inquisidor Pedro de Zaldnegai.
— Ultimas causas de fé. — Supresión del Santo Oficio. — Inven-
: I ' tario de sus caudales i efectos. — Saqueo de sus oficinas por el
1^ pueblo. — Restablecimiento del Tribunal.— Su abolición defi-
7^. nitiva 375
CAPÍTULO FINAL
Aplausos tributados al Santo Oficio de Lima por sus contempo-
ráneos. — ^Vastos límites de su jurisdicción. — Detalles de algunas
de las materias de que conocía. — La coca í la yerba -mate. —
Persecución a los desafectos a la Inquisición. — bula de Sixto
a favor de los Inquisidores. — Protección i privilejios que les
acuerda el Rei. — Disgustos cansados por los Inquisidores a las
autoridades del vireinato. — Delitos cometidos por los depen-
dientes del Tribunal que quedan impunes. — Lei real que exime
a los ministros de la Inquisición del conocimiento de sus cau-
sas por la justicia ordinaria.~7La Audiencia de Lima solicita re-
medio a los abusos de la Inauisicion en este punto. — El Tribu-
nal niega al fiscal de la Auaiencia la apelación en cierto proce-
so. — El Conde del Villar denuncia el proceder arbitrario de los
Inquisidores. — El Marques de Cañete hace otro tanto. — La Iñ-
Juisioion deja sin efecto una provisión real. — Quejas del Cabil-
de Lima. — Cédulas de concordia. — Continúan los disgustos
con las autoridades. — Acusación que hace a los Inquisidores
don Guillen Lombardo. — Denunciación del Conde de Alba. —
Cédula de 1751 que priva del fuero activo a los ministros de la
Inquisición. — Estos se hacen abon-ecibles a todo el mundo. —
Estadística de los procesados. — Enti*e las costumbres i la fe. —
Las costumbi'es peruanas según el Conde del Villar, — Disolu-
ción de los frailes.— Edicto contra los solicitantes en confesión.
— Medidas tomadas por el Marques de Castelf uerte para preve-
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ÍNDICE 507
nir los amancebamientos.— Lo que refieren Freziet i Jorje
Jnan. — Resumen iconclasion 403
Lista de inquisidores 485
Lista de personas procesadas 487
331
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