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Full text of "Historia de Nicaragua desde los tiempos prehistóricos hasta 1860, en sus relaciones con España, Mexico y Centro-America;"

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HISTORIA 



DE 



NICARAGUA 



t>ESJ>K LOS TIEMPOS PKEHISTOllICOS HASTA IHtfO, EN SUS 

iíri.aí;i(^nes con ^^spaña, ;^éxico y ^entko-^mérica 

POH 





mt &\ mnmz 




/ 



Obra premiacla en el Concurso Histórico de 1888 y 

declarada de texto para los establecimientos nacionales 

de Nicaragua, por acuerdo gubernativo 

de 1" de marzo de 1889 



I?IlIM:KIl-tV I30IOI01V 



MANAGUA 

rii'íHriiAKiA j»h ' El País," callk dl: zavala. m:m. «Ki 

1889 



^*- í-t2.£. g 



^1 

«ffilMB CDLLSBE 
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OFTHE 

&.: 17fM2 






JNv'£P5;tv 
•SRARY 



Concurso Histórico 



MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA 



AcuercLo por el que se abre un concurso psira la redacción de 
un trsitadG elemental de " Historia de Niceu:'agua, " para el 
uso de los establecimientos nacionales de enseñanza. 



El Gobierno, acuerda: 

!*• — Abrir nii concurso para la redacción de un tratado ele- 
Hieuial de '' Historia de Nicaragua. " destinado pai'aeluso de 
lo> eslableeimiontos nacionales de enseñanza, que comprenda 
desd»' los aborígenes, anteriores al descubrimiento del país, 
haí>ta la terminación de la gueira de 1857. 

'2* — Señalar, con este flu, el término de cuatro meses para 
i{\w los interesados presenten su trabajo á este Ministerio, 
acompañándolo de un pliego ceri'ado, en el cual estará escri- 
to el nombre del autor y la fecha en que la obra haya sido 
tenniímda, feelia í£ue constará también en la portada del ma- 
uiiserito, i»ara comprobar la pi*opiedad literaria á su debido 

íieliilK). 

-I" — Nombrar, concluido el plazo á que se ha hecho i'eferen- 
ria. una comisión compuesta de tres personas competentes, 
p.ira que examine los trabajos que hayan sido presentados y 
t*niita sil dictamen, indicando especialmente cuál de ellos 
merece ser adoptado. 

• 4? — El termino de cuati*o meses comenzai-á á contarse des- 
de el 1** do agosto próximo entrante. 






HARVARD C0LLE6E UBRAKV 

THE GiFT OF 
FRIENDS OF THE UBRAfnf 



HAkVARD 

UNIVER5ÍTY 

UBÍlAWr 






Concurso Histórico 



MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA 



Acuerdo por el que se abre un concurso parala redacción de 
\xn tratado elemental de " Historia de Niceu^agua, " para el 
uso de los establecimientos nacionales de enseñanza. 



El Gobierno, acuerda: 

1 " — Abrir un concurso para la redacción de un tratado ele- 
mental de " Historia de Nicaragua. " destinado pai'ael uso de 
los establecimientos nacionales de enseñanza, que comprenda 
desde los aborígenes, anteriores al descubrimiento del país, 
hasta la tenni nación de la guen'a de 1857. 

2'/ — Señalar, con este flu, el ténnino de cuatro meses para 
une los interesados presenten su trabajo á este Ministerio, 
jieoinpaiiándolo de im pliego censado, en el cual estará escri- 
to el nombre del autor y la fecha en que la obra haya sido 
terminada, techa que constará también en la portada del ma- 
iiuH'rito, para comprobar la propiedad literaria á su debido 
ríen 11*0. 

')" — Nombrar, conchudo el plazo á que se ha hecho i'ef eren- 
«•ia. una comisión compuesta de tres personas competentes, 
|iar;i que examine los trabajos que hayan sido presentados y 
♦•mita su dictamen, indicando especialmente cuál de ellos 
merece ser adoptado. 

• 4 " — El ténnino de cuati*o meses comenzará á contarse <les- 
fic el P de agí>sto próximo entrante. 



CONXURSO HISTOKICC) 



5? — El autor (Jel trabajo que obtenga la mejor califi<íaciÓD, 
será premiado con una ean^úla(I de pesos que designaní la 
comisión dietaminadora. 

6? — La primera edición de la í>bra, .será hecliu á costa ilel 
(iobierno, y consturA de cin(?o mil ejemplares, de los rúales. 
cuatro mil pertenecerán al autor, qiden conservará el dere- 
cho de hacer las subsiguientes ediciones por su cuentii y en 
su propio beneficio. 

Comuniqúese — Managua, 14 de julio de 1888 — C'arazo — El 
Subsecretario de Instrucción Pública — Oi-tiz. 



INTRODUCCIÓN 



Respetable Jurado examinador : 

No tengo la pretensión de cre'er que el tratado his- 
tórico que hoy someto á vuestro inteligente estudio, 
sea una obra completa, limpia de errores ó imperfec- 
cioues ; pero sí pienso que en el limitado tiempo que 
se me concedió para formarlo, es humanamente im- 
posible hacer más, sobre todo tratándose de un país 
cuya historia moderna y contemporánea no se ha es- 
crito aún, y en donde por añadidura, se carece de bi- 
bliotecas y archivos de consulta. 

Para escribir una obra como la presente, se necesi- 
ta la reunión de abundantes materiales, mucho tiem- 
po para compulsarlos cuidadosamente, un estudio de- 
tenido de todos ellos; y después, suprimiendo de la 
vista del público toda esa larga y fatigosa tarea, pre- 
sentar los resultados en una relación fácil, límpida y 
tan agradable como sea posible. 

En el mes de julio último, que llegó á mi noticia la 
convocatoria para el concurso de que sois juez, hacía 
justamente siete años que me ocupaba en acumular 
elementos para escribir una Historia de Nicaragua, 



6 INTllODÜOCIÓN 



completa y bastante extensa, que uo había podidcr 
principiar. Con tal objeto, visité en 1881 á Gnat^^ma- 
la, en 1883 al Salvador y en 1884 á Costa-Rica, obte- 
niendo en las tres repúblicas, datos y documentos pre- 
ciosos, que aumenté considerablemente en los años 
siguientes, en que los vaivenes de la vida pública me 
llevaron á aquellas mismas playas en demanda de un 
asilo. 

Aunque el término que se señaló para el concurso 
no pudo ser más angustiado, pensé que redoblando 
mis esfuerzos y aprovechando el estudio que tenía he- 
cho con anterioridad, lograría escribir algo que no fue- 
ra tan elemental y que, al propio tiempo que concilia- 
ra la reducción de las formas, sirviera para llenar el 
vacío que ocasiona entre nosotros, la falta absoluta de 
una obra completa de historia patria. El libro que 
tenéis en vuestras manos es el resultado de mi deter- 
minación. 

Un tratado sobre cualquiera materia, que se diluci- 
da por vez primera, tiene necesariamente que resen - 
tirse de muchos defectos. Sin embargo, puesta la ba- 
se del edificio, diseñado éste á grandes rasgos, el tra- 
bajo posterior es muy fácil y al mismo tiempo suscep- 
tible de ser mejorado. Me reservo, pues, para una se- 
gunda edición, agregarle á esta " Historia de Nicara- 
gua," un apéndice^ que abrace algunos años más, y ha- 
cerle muchas correcciones de estilo, á quo no he aten- 
dido ahora por la limitación del tiempo. 

Soy de los que opinan que las formas de la historia 

> 

han de ser muv correctas. Ella es una sabia maes- 



DíTBOUÜCíriüS 



k qoB eoseña deleitando; >* se apartaría do su obje-1 
to desdv el momento en cjae olvida™ ataviarse con I 
las mejores gala* del arte y lifjl ingenio. 
En el í!i«*o presentf, por dr-ííffnieia, oson atavíos han 
Miidrí que Hscrificiinfe á In nef-o.sidad de escribir de 
barrera y en nu término tal, inic ha sido imposible, 
^odigo pulir, ni auu revisar los manuscritos. 

Réstame hablar de las opiniones que hay acerca de I 
S manera de inscribir la Historia y del método que he | 
idoptado. • 

Laesouela" descriptiva" de Francia, cree que la me- 
jor Historia es aquella que se concreta á la simple na- 
ición cronol^ica de los sucesos, sin hacer aprecia- 
ción alguna; pero este método, ñ rai entender, viene 
á suprimir el principal objeto de los estudios bistóri- 
jfioe, que es aprovechar las importantes lecciones de 
I experiencia. Nada adehintaríiimos con saber que 
mbo en nuestro territorio campos de batalla y luchas 
sesperadas, si ignoramos el objeto de éstas y los . 
Wtivos ó cAUsas que nos condujeron &, aquellos. 

Tampoco estoy de acuerdo con la escuela " doctri- ' 

uaria" de Mr. Guizot (jue, por el contrario, quiere que 

I^Ja Historia se someta á nn sistema determinado y que 

^Bí forme con arreglo á una idea preconcebida, poi^jue 

^^Bo seria pecar contra la ley suprema de la imparcia- 

'r üdad, que proiiibe forzar los hechos. La Historia sí- ' 

gae BUS caminos peculiares y sobre ellos no tiene in- j 

(tnencia retroactiva el observador histórico. 

Entiendo que la misión del historiador no puede ser 
nimeft la de impresionar con simples rel^iones, nij 



i 
« 



1 



8 INTRODUCCIÓN 




tampoco la do tergiversar los hechos para hacer pro^ 
paganda en sentido alguno. Sa tarea, que es más no- ^ 
ble y levantada, se extiende á todos los tiempos, y 
para que de frutos en todas las generaciones y ten- 
ga saludable influencia en todas las edades y en todas 
las clases sociales, debe relatar los sucesos tales como 
han pasado y sacar de ellos las consecuencias que ló- 
gica y naturalmente se desprenden. 

Con semejante convencimiento he procurado ser 
tan imparcial en las apreeiaciones,^omo exacto en la 
relación de los liechos. 

No se entienda, sin embargo, que al hablar de im- 
parcialidad, quiero referirme á esa imparcialidad ab- 
soluta que algunos exigen y que, además de ser impo- 
sible, desdice de la elevada misión del historiador. 

Cada época tiene que estudiar la Historia bajo el 
punto de vista que la preocupa esencialmente. 

El historiador nicaragüense del siglo xvn tendrá 
forzosamente que apreciar unos mismos hechos de 
muy distinta manera que el del siglo xix. 

Yo, debo declararlo con franqueza, no puedo ni po- 
dría nunca ocultar mis simpatías por el sistema re- 
publicano, por las luchas en favor de la independen- 
cía y libertad de los pueblos, por los progresos moder- 
nos y por las avanzadas ideas del liberalismo en to- 
das sus manifestaciones. 

Mi estudio, pues, aunque sin alterar en nada la ve- 
racidad de los hechos, ha sujetado sus observaciones 
k un criterio democrático liberal, que es el de la épo- 
r*a actual de Nicaragua. 



ÍNTBODrcCIÓN 



-Al trabajar con tanto empeño y dedicación por Ile^ 

^■a-r Ib honra de ser el primero en escribir un tratado 

qv>.« abrace toda nuestra historia patria, he querido 

q.vi.« éste fuera digno de mi país y quo llenara cumpli- 

■í^"inente su objeto ante las generaciones futuras. Por 

^^tt^o, sin consideración á partidos políticos, á. perso- 

^R^ke ni á localidades, he condenado sin reserva el 

^^S.^:^ y el abuso, y me he mostrado soKcito por enalte 

■ o^i- al hombro virtuoso y digno, paro quo sirva de 

■'ti.en ejemplo, ora vista el tosco sayo del monge como 

"1 Padre Las Casas, ora los brillantes arreos del mili^ 

' ^^.r como Morazán, ora la modesta casaca del Magi 

**ado civil como don Dionisio Herrera, don José 
t*oda y otros. 

Años más larde, cnando se haya despertado eats 
■nosotros la afición á los estudios históricos, se escr^ 
^irAn tratados mejores que dejarán poco que desear, 
ílntonces, reparado de mis desvetos y fatigas, me con- 
sideraré semejante al oscuro obrero que ha agotado 
sus fnerzas derribando los árboles seculares del bos- 
que para hacer la sementera y que, después de algún 
[tiempo, cuando lo mira trasformado por la mano del 
ieultor á quien dejó allanado el terreno, se enva- 
lece del progreso que observa y siente algo que lo lie 
de gozo y satisfacción. 



k 



irso- 

■vmo 
oili - 



El Autor. 



Novicmbrp 30 de 1888. 



I^eón, 18 de febrero de lí^89. 



HoMnlUUUK hK.SíOK MlKlSTUO I>E iKfrTRUCCIOX 
ri'-llLICA— MaKAOTA 



iloinoH oxamiiiado atentamente las dos obras pre- 
Hc^iitadaK ú eso Ministerio, con motivo del acuerdo de 
14 de julio del año próximo pasado, que abrió un con- 
i'iiVHO para la redacción de un tratado elemental de 
Historia <le Nicaragua. 

Oomo resultado de ese examen manifestamos á VS^ 
que la obra que tiene por contraseña: 8x8=64 : 4=16 
OH la qnvi merece la recompensa ofrecida, por la bon- 
<lad íM plan adoptado, la belleza de la narración y la 
Honcillex del estilo, propia de las obras didácticas, así 
«•oujo por la laboriosidad del autor, que tuvo ala vista 
loH mejores datos y consultó directamente nuestras 
fuentes históricas. 

En forma de nota hemos hecho constar todas las 
observaciones que nos han ocurrido, cuando la narra- 
<!Íón del autor no está de acuerdo con los datos ora- 
l(!»8 ó esííritos qu«^ hemos podido adquirir. 

Si el autor no acepta esas observaciones, desea la 
(^omisión que se incluyan en la obra impresa por vía 
do notas, porque la Comisión aparecería solidaria de 
opiniones ó de hechos que no juzga aceptables. 

Igual dictamen expresamos respecto al catecismo 
de Historia Patria que tiene la misma contraseña. 

Tomando en consideración que la obra será impre- 
sa por cuenta del Estado, y que la primera edición se 
hará de cinco mil ejemplares, de los cuales pertenece- 



INTRODUCCIÓN 11 



rán cuatro mil ejemplares al autor con derecho de ha- 
cer las ediciones ulteriores, la Comisión asigna, por vía 
de recompensa al autor, la cantidad de cuatrocientos 
pesos fuertes. 

La Comisión cree, por último, conveniente, que el 
Gobierno disponga que el mismo autor continúe su 
obra hasta nuestros días, con el fin de que los hechos 
no se desvirtúen con el trascurso del tiempo, no obs- 
tando para ésto, la circunstancia de que aun vivan 
muchas de las personas que han figurado en nuestra 
historia contemporánea, pues el mismo inconveniente 
exist4^ con la historia del país desde el año de 1824 
hasta 1857. 

Somos de US., con distinguida consideración, aten- 
tos seguros servidores, 

R. Contreras — José Francisco Aguilar. 

Miguel Ramírez G. 



MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA 



Decreto por el que se manda publicar y adoptar la obra "His- 
toria de Nicaragua" premiada en el concurso abierto por 
acuerdo de 14 de julio próximo pasado. 



El Gobierno, deoi*eta: Publíqiiese por cuenta del Estado y 
adóptese como texto en los establecimientos nacionales de en- 
señanza, la obra elemental '^ Historia de Nicaragua, " escrita 
por don J. Dolores Gámez y premiada en el concurso abierto 
por acuerdo de 14 de julio pníximo pasado. 

Dado en Masaya á 1** de marzo de 1889 — E. Carazo — Al 
seftor Ministro de Instrucción Piiblica — Adrián Zavala. 



NOGIOMES PRELIMINARES 



De la Historia y su8 divisiones 



¿Qué es la Historia? — Su importancia y objeto— Sus divisio- 
ires, por razón de su extensión— Ciencias que la auxilian— 
Siis divisiones por épocas— Historia de Nicaragua — Divisio- 
nes y subdivisiones de ésta — Fuentes históricas. 



La Historia resucita los aconteeimieutos tales como 
se verificaron. Ante ella desaparecen, la tumba, la os- 
curidad, la confusión, la injusticia y las preocupacio- 
nes: es nuestro criterio para juzgar y comprender, no 
solamente los tiempos pasados, sino también la época 
en que vivimos, y como diría Michelet, es resurrec- 
ción de la verdad y luz que disipa la confusión de los 
tiempos pasados. 

Para la verdadera Historia, los cuentos, leyendas y 
narraciones, constituyen tínicamente el material pri- 
mitivo, la materia bruta; su alma, lo que la vivifica y 
ennoblece es aquella parte esencial que trata del desa- 
rrollo general del espíritu humano, de la civilización, 
de las costumbres y del carácter de los grandes hom- 
bres, tipofe de su raza y de totlo el género humano. 



14 lilSTOHlA DE NlCAKAU U A 



Ella no sólo aspira á conocer los acontecimientos sino 
también á comprenderlos. 

La Historia, por su extensión, se divido en general 
y particular. 

General es la que trata de todas las naciones. Par- 
ticular la que lo hace de alguna ó algunas solamente, 
como la Historia de Nicaragua. 

Las ciencias auxiliares de la Historia son, la Crono- 
logía y la Geografía. La primera es la ciencia de los 
tiempos. La segunda es la ciencia que, entre otras 
cosas, describe los lugares en que se han veriflcadi» 
los acontecimientos. 

Por razón de las épocas, la Historia se divide tam- 
bién en Antigua, Media y Moderna. La Antigua com- 
prende desde la creación del mundo hasta la muerte 
de Jesucristo. La de la Edad Media, parte de este 
acontecimiento y termina con la toma de Constanti- 
nopla en 1453. De este hecho data la Historia Mo- 
derna. 

La Historia de Nicaragua, que es una parte de la 
de Centro-América, puede á su vez considerarse di- 
vidida en tres partes distintas que harán más fácil y 
metódico su estudio: historia antigua ó aborígene del 
país, historia colonial ó de la dominación española é 
historia moderna. La primera, se remonta al origen 
primitivo de la sociedad centro-americana. La se- 
gunda principia con la conquista y dominación de 
España y acaba con la proclamación do la independen- 
cia de la metrópoli española en Gnatemala. Y la ter- 
cera y última, que se ocupa en el estudio de nuestra 
vida como nación independiente, principia con la pro- 
clamación hecha el 15 de setiembre de 1821 y llega 
hasta nuestros días. 

La historia moderna de Nicaragua abraza tres pe- 
ríodos bien marcados que hay que estudiar por se- 



15 1>E LA HlbTOKlA Y SUS DIVISIONES 



parado para su mejor iüteligencia. El del Imperio 
ríe México en que, como Provincia del antiguo Reino 
de Guatemala, tuvo que formar parte de la Monarquía 
proclamada por don Agustín de Iturbide (1821 á 1823). 
El de la República federal de Centro- América, en que 
figuró como uno de los Estados de la Federación 
( 1823 á 1838 ). Y el de la República de Nicaragua, 
en que aparece como nación libre é independiente, 
primero con el nombre do Estado soberano, y después 
«•-CU el actual de República ( 1838 á la fecha). 

Las principales fuentes para la historia antigua del 
país son, el Popolvvh ó libro nacional de los* quichés, 
del cual hay dos versiones, española la una, y france- 
sa la otra, el Memorial cachiquel de Tecpán Atitlán, es- 
crito por el cacique Xahilá, y los títulos teri'itoriales 
de algunos pueblos. 

Para la historia colonial ó de la dominación espa- 
ñola, hay que ocurrir á las crónicas castellanas de los 
ssiglos XVI y siguientes, y á los archivos de la Corona 
de Castilla. 

En cuanto á la historia moderna de Nicaragua, sus 
imieas fuentes en la actualidad son: los archivos cen- 
tro-ameriíianos, los periódicos y publicaciones con- 
temporáneas y las memorias y relaciones de algunos 
hombres públicos. 



PARTE PRIMERA 



HISTOUIA m\m Di Nli'ARAlillA 



CAÍ^ITULO I 

Origreii de la poblacrióii 



Estudio de la iiistoria primitiva de Nicaragua — Sujs rela- 
ciones con la del continente americano y especialmente 
con la de Centro- América — Su antigüedad— Fuentes á que 
Inay que ocurrir- Nombre que dio Colón á los aborígenes - 
Origen de la población — Argumentos en contrario — Descu- 
brimientos posteriores— Opinión científica — Quiénes fueron 
los primeros habitantes del país— Viajeros antiguos — Platón 
y otros autores se refirieron á América — Isagogue histó- 
rico. 



El estudio de la historia primitiva de Niiiaragua, se 
rt'lacioiui con la de todo el eoiitinent^» aiuoricaiio, y de 
una manera más especial con la de Contro-Aniériea 
di* ijue formó parte en los tiempos de Kica)) [ del 
(:¿niché, durante la dominación de España y nn poco 
«lespués; pero tanto la una como la otra se remontan 
á Hua antigüedad tal, que se hace inii)Osible llegar, con 



18 HI8TOK1A DE NICARAGUA 



toda certeza, á su origen primitivo, sobre todo t^íuieu- 
do ([ue recurrir, como úuica fuente, á las imperfec- 
tas tradiciones de los aborígenes y á las noticias tras- 
mitidas por cronistas españoles que, además de ser 
interesados en el sentido de justificar los desórdenes 
de la conquista y de sorprender con relaciones mara- 
villosas, solían, con este objeto, mezclar en sus relacio- 
nes una multitud de fábulas absurdas. 

Sin embargo, carecióndose en absoluto de otras 
fuentes históricas para ordenar la relación de los he- 
chos notables de nuestra primera época histórica y 
<lar cuenta de su civilización y modo de ser, debemos 
r<*ferirnos también á esos mismos cronistas, apartan- 
do lo que en ellos encontremos de conocidamente in- 
teresado ó inverosímil. 

Cuando los españoles tlescubrieron el territorio ame- 
ricano, encontraron varias tribus de habitantes que, 
bajo muchos conceptos, diferían de los de las nacio- 
Uíís del Viejo Mundo. 

Colón, que estaba en la creencia de que el territorio 
descubierto formaba parte de las Indias Orientales, 
dio <»1 nombre d<i indios í\ sus habitantes. 

Varias opiniones hay en la actualidad acerca del 
origen primitiv^o de las sociedades americanas; peix) 
los historiadonvs modernos no vacilan en afirmar que 
la primitiva población aborigen debió su origen al 
i continente Oriental. 

Los sabios antiguos creían un imposible el que, es- 
tando la América separada de aquel continente por 
un océano de tres mil millas de ancho por uu lado, y 
por una extensión de agua tres veces mayor por el 
otro, pudiera haber existido comunicación, máxime 
si se atiende á que, en aquella remotísima época eu 
que debió tener lugar el suceso, los buques eran pe- 
queños y frágiles, todavía no era conocida la bi-újúla, 



CAÍ', I.;-OKI0ÉK DE LA I-OBLAOIÓV 



10 



f los uuvegantes no se atrevfau ü lanzarse á mucbi 
IstADfin dé las costas. 
[ pQVO (iesffiilii'imií'nto« iiosterinres bau puesto eu ovi-J 
hucia nti iiecho desfiouooixlo por Ins filósofos de ha-1 
i treBciontüs años. La Aniérifia se va niií^aiichanda 
■pidamente ú medida quo so api-oxima ni Norte, y alitj 
} adelanta en el océano hnstii no (ineilar másqneunrf 
¡etancia de treinta y seis millas entre ella y al A»\(l¡ 
. nna travesía corta que pnedp Iincei^e fácilmente, ' 
I aquel punto, ú favor de una corriente que se dirige 
[la costa auiericana. Además, e) estrecho de Beh- 
lig se hiela complotameale en estaciones rÍgm-oeas y 't 
Sesenta otro medio de comunicación mucho más fá-l 
, por el cual se atraviesan animales de diferentes es-^ 
peeies del un continente al otro. 

La ftpologfa, cieiioia que tambiiín dcscouccieron losl 
Antiguos, nos dice que durante el período plioceno enJ 
pe apareció el hombre, yn existían los oceáuoB Pací-f 
) y Atlántico, seimrando las grandes porcioues de I 
I tierra, principalmente en las roñas tórrida y tem-J 
«da, y qiie hubo entonces y por mucho tiempo des-1 
pés la eomnnicación de América con Asia por uul 
cuyos restos existen en las penínsulas de Alaa-T 
i ( América ) y los tchukehies ( Siheria ). 
\VA estrecho de Behriug, que en su mayor profundi-j 
í«l no tiene más de 180 pies y cu cuyo centro pue-fl 

1 anclar los buques balleneroí^, marca el punto 
ne Ins revolucioues geológiens posteriores al perfod&a 

«eno. sumergieron el istmo de comunicación. 
iKit «poyo de las teoría» modernas acerca del origen J 
pins poeWos americanos, viene también la etnología 
\ nutiwli-os días que, en bUs estudios eompavativom 
í onerpo humano, eucuentra caracteres comunes t\a 
**ntrc los hijos del Nuevo Mundo y los habitauJ 
B do los pueblos mougóUcos del Asiu. 



20 • lilSXUKlA 1>£ XICAKAGL A 



Couformáudonos, pues, cou los autoret^ luoderiios, 
daremos por soutado, ijue los prímitivos'faabitautes de 
Centro- Aniériea perteneeierou á la raza mougólioa y 
tuvieron su origen en Asia. 

De las tradiciones aborígenes del pueblo eeutn»- 
americano resultn, que muchos siglos antes <iue los 
españoles descubrieran el territorio, llegaron al país 
hombres de una raza extranjera que, mezclándose é 
identificándose con los primitivos habitantes, intro- 
ílujeron los gérmenes de una civilización nueva y pi>- 
sitiva. 

Objeto de serias investigaciones ha sido t^imbiéu la 
averiguación do quiénes fueron esos extranjeros que 
importaron la primera civilización á Centro-América. 
C-on este motivo se ha recordado á los más antiguos 
navegantes de (jue da cuenta la Historia y se han he- 
cho estudios que han arrojado alguna luz sobre el par- 
ticular. En la época de Salomón habían ya hecho 
distintos viajes a Opbir los navegantes fenicios. Un 
poco después el cartaginés Jano navegó treinta días 
al Oeste del estrecho de Gibraltar, y se dice que los 
egipcios, tan hábiles y osados, organizaron también, 
()()Ü años antes d(» Jesucristo, una expedición que par- 
tió del istmo de Suez en el mar Rojo y navegó explo- 
rando por toda la costa de África hasta llegar al punto 
opuesto del istmo. 

Revolviendo archivos y biblioteíías, se ha encontra- 
do que Platón y otros muchos escritores de la anti- 
güedad, hablan en sus obras, como de una cosa co- 
rrient(í en aquel entonces, de una gran isla, mayor que 
Europa y África y que suponían situada al Occidente 

Partiendo do los datos anteriores v haciendo dedue- 
eiones, so han externado varias opiniones que sería 
prolijo puntualizar; pero los sabios que se han dedica- 
do á hacer estudios comparativos y que se han fijado 



TaIM.— OKIGEN DE LA POBLACIÓN '21 



en los inoD amentos, calendarios, geioglíficos, usos, 
creencias y tradiciones de nuestros aborígenes, han 
creído reconocer en América, rasgos exclusivos de In 
civilización Oriental v dado, casi como un hecho cier- 
to, que fueron navegantes fenicios los que importa- 
ron esios primeros gérmenes al Nuevo Mundo y los 
que mezclándose con los primitivos habitantes, ejer- 
<»ieron una superioridad indisputable en todo el país, 
pudieiido de estamanera desarrollarlos más fácilmente. 

Apoya la opinión anterior lo que refiere una anti- 
gua cróniífa aborigen, escrita poi* un español del siglo 
décimo sexto, que se conservó por mucho tiempo en 
el archivo de Ohiapas. Tiene por nombre Isagogue^ 
y en ella dice su autor, que al Oriento del pueblo de 
Ocosingo, entre edificios antiquísimos, se destacaban 
ocho torres labradas con arte singular, en cuyas pare- 
des se veían esculpidas estatuas y escudos que repre- 
sentaban personajes vestidos con trajes militares dis- 
tintos de los de los aborígenes y muy semejantes á los 
usados en otro tiempo en el antiguo mundo. Los hom- 
bres llevaban morriones y penachos, armaduras hasta 
los muslos, bandas que les ceñían el cuerpo, y los pies 
calzados con botillas que llegaban hasta media pienui. 

El autor de isagogue asegura también, que una in- 
dígena de San Juan de Saeatopéquez le dio, por vía 
de presea, una moneda do Trajano, (¡ue sólo pudo ser 
llevatla á América por romanos ó por gentes que hu- 
bieran comerciado con ellos como los fenicios. 

La existencia de las ocho torres no [)ue(h* ponerse 
en duda, jKH-que sus restos existen hasta A día y son 
justamente las célebres ruinas del PauMKiue. Lo de los 
personajes así vestidos y lo d«' la moneda de Trajano, 
debemos suponer que también sea cierto, i)or({ue pos- 
teriormente, en México y en el ( )i\ste d(» los Estados- 
Unidos, se han encontrado objetos peitenecientes á 



¿2 HISIOKIA DE NICARAGUA 



los aborígenes, que han comprobado las relaciones d 
estos pueblos con el Continente Oriental. 

El Abate Brasseur dé Bourbonrg, que jconsagró 
nuivor jmrte de 5?u vida al estudio de las lenguas, tra- 
diciones y monumentos indígenas, cree que la civili- 
za<*ión americana no fué importada del otro continen- 
te. Aquel ilustn» escritor, apoyado en argumentos 
íret'ilógicos, históricos y lingüísticos de gran peso, y 
sobiH? todo en códices mexicanos y centro-americanos, 
concluye por añrmar que el territorio de lo que es boy 
Colombia, Centro- América y México, se extendió en 
un tienipo sobro A Océano Atlántico hasta las islas 
Azores: que uui> ó varios cataclismos hicieron des- 
aparecer la pa!-te que hoy falta, y que no sólo no reci- 
bimok nada del Asia, sino que aquí fué la cuna de la 
civilización del mundo. Con esta teoría se conforma 
también la antigua historia de la Atlántida de Platón 
y la apoyan hombres tan autorizados, como el histo- 
riador don José Milla v oti'os. 



CAPÍTl'I.O II 

Contlniíaeión del orig-en do 
los habitaiilos 



Lugar por donde entraron los fenicios ó sus descendien- 
tes—Invasión de Balúm-Votáin y fundación del poderoso im- 
perio de Shibalbay— ¿Quién fué Votan?— Principios de la civi- 
lización centro-aznericana — Llegadas sucesivas de fos 
nahoas, de los mames, de los quichés y de los pipiles— Mo- 
narcas del Quiclié. 



El lugar por doude penetraron los fenicios ó los des- 
cendientes de éstos al territorio de Centro-Amóricíi, 
ha sido también tema de discusión para los que se 
han dedicado al estudio de las sociedades primitivas 
de América. Unos los hacen venir directamente del 
Asia por el estrecho de Behring penetrando por el 
Norte; otros, por las islas Aleutianas ó por una nave- 
gación directa á California, de donde se supone que 
se internaron á México y llegaron á Yucatán; y no 
faltan también quienes sostengan, que por el contrario, 
la invasión civilizadora peneti'ó por el Este, se fijó 
en Yucatán, y de ahí se extendió hasta México por el 
Norte y hasta Panamá por el Sur. 

Las antiguas tradiciones ([ue se refieren á la prime- 
ra invasión del país, hablan de varias tribus de hom- 
bres superiores que suponen provenientes de la Isla 
de Cuba, y que penetrando hasta Tabasco, sometie- 
ron fácilmente las hordas salvajes que poblaban el 
territorio. Los capitaneaba su jefe, Balúm-Votán, 



1¡4 HISTORIA DE XIGARAQUA 



por lo rual se los llamó votanes ó votáuides y verifi- 
caron su invasión »!onio mil años antes de Je*ueristo, 
pasando por partes y por la vía marítima á la piiuta de 
Yncatnn, <le donde se dirigieron á Chiapas y fnnda- 
ion el podíMoso imperio de Shibalba ó Shibalbay, ^A'í- 
halha ) <Miyíi <*apital fué la célebre ciudad de Calhua- 
í'án ó íía.'hán, ídiora ruinas de Santo Domingo del 
l*alen(|ne. 

Vjirios eronistíis dan pormenores acerca de Balúm- 
N'ntán, d<» <|uien st» asegura dejó escrita una memoria 
.|ne eontient» sus grandes hechos y viajes; i>oro otros 
ponen en duda la existencia de t4il personaje, eonside 
rándolo únií'ainente como la pei'sonificación de una 
de las épocas nnis antiguas de civilización en Améri- 
ea, y cre(Mi que la leyenda de Votan es, no solamente 
de origen nsiático, sino (|ue presenta muchos punto? 
de afinidad «'on otras del antiguo continente 

Sea <h» esto lo que fuere, las tradiciones aborígenes 
remontan á esa fecha los gérmenes de su civilización, 
atrihu vendo á Votan la enseñanza del culto é idea de 
la unidad de Dios, la agricultura y especialmente el 
cultivo del ñutí/. 

Después de tíMiulnada su obra civilizadora, Votan 
n»gresó á su país, y no vuelve á hacerse ninguna otra 
iiHMición suya en Ins cróni<*as indígenas. 

Kn ausencia de N'otán, el imperio de Shihalbay 
fué gohernaílo por una s(»rie de monarcas, que co- 
nii(»n/ji en ( 'hanún y t<»rmina en Akbal. 

La corrujíción de las costumbres y las guerras in- 
lí'stinas fueron <l<d>ilitando el imperio fundado por 
N'otán, hasta su couipleta decadencia y ruina, seiscien- 
tos años después, en (jue apareció la irrupción de los 
nahuas ó nahoas, nuevos inmigrantes capitaneados 
por cuatro omo.ioaqif(\s (sabios y guerreros), que fun- 
danni la ciudad de Tula al Sí), de Na<*hí'in. Ksta nue- 



CAÍ». IJ. — CONTINUACIÓN, ETC. 25 



X población fué muy luego una temible y poderosa 
val de la anterior, que alcanzando cada día mayor 
Tftdo de progreso y cultura, acabó por arrebatarle la 
•upreraacía de todo el país. 

Nachán corrió la suerte á(^ las ciudades vencidas v 
sus despojos sirvieron para aumentar el poderío y 
grandeza de su opulenta rival. 

Después de dos mil años, sus ruinas situadas á in- 
mediaciones del actual pueblo de Ocosingo, dan un 
testimonio evidente del adelanto que alcanzó. 

Los Nahuas ó Nahoas, más conocidos con ei nom- 
bre de tultecas se cre^ que también vinieron del Orien- 
te (1). Su jefe Quetzalcohalt (2) atravesó con ellos 
el océano y desembarcando cerca de Tampico pasó á 
Campeche y fundó la ciudad de Xicalanco en una is- 
la pequeña de la laguna de Términos. Después de su- 
írir muchas penalidades resolvió el jefe, con una gran 
parte de ellos, retirarse nuevamente a su patria; pero 
los demás, bajo la dirección de sus cuatro amoxoaques 
Pí'uetraron al territorio, se establecieron en él y se ex- 
tendieron por el Norte hasta Tehuantepeque, y por el 

Snv hasta Coat^peque, formando un pueblo nume- 
roso. 

Quezalcohalt es conocido también, en las tradicio- 
nes indígenas de Guatemala con el nombre de Gucu- 

matz. 

L*<^8 shibalbaidas se vieron ol)ligados á emigrar y 
domaron distintas direcciones. Muchos de ellos, en 
^1 siglo vil, do nuesti-a era, fueron á fundar al Norte 
'le México, un nuevo inijíorio á cuya capital dieron 



' J) Mr. Levy, autor de la '^ (h'og rafia de Nicaraíjau-' supone 
i los nalioaB descendientes de los votanes que quedaron en Cuha 

'uindo Bfiliim-Votán vino. Tal afiruiación no la encontianiot: 

rri uioguna otra parte — ( N. del A. ) 
{'!) ^filla y otros eserihen í^uezaleolmalt. 



2() HISTOKIA J)K NlCAUAírtA 



el nombre de Tula ó ToUán, de donde les vino á ellos 
el de tultecas ó toltecas; pero parece (pie en el sig^o 
XI hubo una gran escasez de lluvias que ocasionó 
hambre y peste y los obligó a regresar á Centro- Amé- 
rica, acaudillados por su Rey Topilzn Axitíl, y fun- 
daron en Honduras el Reino de Payaquí ( 1 ) con 
Copantl de capital. Sus límites se extendieron má« 
tarde á Chiquimula y á una parte del territorio del 
Salvador. 

Desde esta fecha la historia del país presenta datóte 
más seguros. 

No todos los tultecas de México se establecieron en 
Payaquí. Algunos de ellos habían emigrado varios 
años ant^s y se habían esparcido por la costa Sur de 
Centro- América, tomando el nombre de chorotegas 
ó chorotecas, de donde quedó el de Choluteca á una 
población que fundaron en el pueblo en que terminó 
su colonización ; y otros se quedaron en México y vi- 
nieron después con el nombre de quichés, asociados 
de las demás tribus (jue sojuzgaron el país, como lo 
veremos adelante. 

Después del regreso de los tultecas, aparecieron po^ 
el Norte nuevas tribus invasoras, á quienes, por su in- 
correcta pronunciación, se dio el nombre de mames. 
Estos se apoderaron del país á viva fuerza y destru- 
yeron las ciudades rivales de Tula y Nacháu. 

A su vez los mames fueron más tarde desalojados 
del territorio por las tribus de quichés, cfichiqueles y 
zutugiles, capitaneados por cuatro caudillos herma- 
nos, llamados Nimá Quiche, Balan Acab, Maehuchu- 
tabh é Icbalán. 

Dueños del territorio los nuevos invasores, estable- 
cieron tres señoríos; el de los zutugiles, al Sur del la- 



( 1 ) Otros llaman Hnejtlato — (N ilel A.) 



CAP. II. — CONTINUACIÓN, KTC. 27 



go de Atitlán; el de los cachiqueles, al Norte del mis- 
mo lago; y el de los quichés, desde la Sienta Madre 
\i&&ta la costa de Snchitepéquez. Estos tres señoríos 
formaron una monarquía y fué su jefe Nimá Quiche, 
i que era el principal de los cuatro caudillos herraa- 

A la muerte de Nimá Quiche, ocupó el trono su hi- 
jo Axopil. Éste, después de haber gobernado muchos 
tóos, encontrándose ya en una edad avanzada, divi- 
dió su corona en tres partes, que formaron tres rei- 
nos distintos. Dio el reino Cachiquel á su hijo Jiu- 
temal, el Zutugil á su otro hijo Axicoat y reservó pa- 
ra si el del Quiche. 

No tardó Axopil en probar el amai'go fruto de se- 
luejaiite medida. Axicoat, cegado por la ambición 
llevó la guerra á su hermano Jiutemal con objeto de 
arrebatarle la corona cachiquel, que quiso para sí. 
Afortunadamente Axopil era bastante poderoso toda- 
vía y su intervención logró restablecerla paz. 
Í Muerto Axopil, la corona del Quiche pasó á su hijo 
_ Jiutemal. 

Axicoat, que aspiraba al dominio completo del lago 
de Atitlán, no pudo ser indefercnte a la elevación de 
su hermano y le promovió una larga y sangrienta 
perra, que vino a terminarse hasta después de muer- 
to Jiutemal, cuando su hijo y .sucesor triunfó com- 
pletamente de los zutugiles. 

Durante la guerra de los dos hermanos, Jiutemal, 
<on objeto de dar más seguridad á sus dominios, hi- 
zo construir en su reino las monumentales fortifica- 
ciones del Resguardo y de la Atalaya, cuyas ruinas 
existen todavía, y atestiguan la civilización de aquel 
tiempo. ( 1 ) 



( 1 ) Vi*a¿e al fin la nota A. 



:lH HJSTOKIA de NrCAl'iA<UtA 



Hiimahpú, hijo y sucesor de JiiUemal, fué no sola- 
mente UD guerrero aventajado, sino también uu sabio 
rey, á quien se atribuye el cultivo del cacao y la ma- 
nera de prepararlo como alimento. 

Le sucedió en el trono su hijo Balan Acab, amigo 
y pariente de Zutuhilebpop Rey de Atitlan 6 Zntn- 

R(únaba entre ambos monarcas la mejor amistad^ 
(».uando el de Atitlan, abusando de la confianza y bue- 
na acogida de Balan Acab, se asoció (ie sn favorito 
Iloacab y cometió el rapto de las princesas Ixcum- 
socil y Ecxelispua, hija la primera y sobrina la ae- 
üjunda del Rey del Quiche, 

Una memorable y sangrienta guerra estalló onton* 
ees entre ambos reinos. Las crónicas aborígenes se 
extienden en sus detalles y la llaman "guerra délas 
princesas." 

Algunos escritores modernos creen enconti*ar en la 
leyenda anterior muchos puntos de semejanza con la 
de la hermosa Elenfl, mujer del Rey Menelao, robada 
por el joven Páris, y que dio origen á la guerra de 
Troya. 

Después de varias batallas hubo una muy sangrieu- 
ta, en la que Balan Acab perdió la vida, sueediéndole 
en el trono el general Mancotah, que también heredó 
el odio de aquel. 

Zutuhilebpop falleció poco después, sin ver termt 
nada la guerra, reemplazándole el valeroso joven Bu 
mal-Ahaux, que levantó un ejercitó <le 50 mil honi 
bres, con el cual se enfrentó á los >^i) mil que coman* 
daba Mancotah. 

Cuando se libró la batalla, aconteció el caso singa* 
lar de que Mancotah y Rumal-Ahaux combatieseu 
personalmente, saliendo herido el último y derrotadas 
sus huestes. Man<-ota.h murió poco después del triwn- 



CAP. 11. — CONTINUACIÓN, LTC. 29 



fo, cargado de años y lodeado de la admiración del 
pin^blo por sus virtudes guerreras. 

A Maucotali sucedió Iquibiláu, que reuuió 2ÜÜ mil 
combatientes, con los cuales asedió por todas partes á 
los zutugiles, arrebatándoles los señoríos de los pi- 
piles y de Zapotitlán. 

Kicab I, llamado después el Grande^ fué el sucesor 
delquibilán. En numerosas y reñidas batallas logró 
dominar completamente á los zutugiles y agregarlos á 
»u corona; y nu contento con ésto, prosiguió la con- 
quista de los demás pueblos limítrofes y extendió la 
monarquía desde los confines de Chiapas hasta los de 
Nicaragua. 

El reinado <le Kicab fué muy dilatado; pero en sus 
nltimo.< años ocurrió una revolución, que (íoncluyó 
por reducir la ' monaniuía del Quiche a sus antiguas 
posesiones, obteniendo de esta suerte su independen- 
<*ia los países vrcinos, que, celosos unos de otros, se 
íHantuvieron eii guerras no interrumpidas hasta la 
"♦^gada (le los españoles. 

(^■atoive fueron los monarcas que gobernaron el Rei- 
"0(lel Quiche desde Ninuí Quiche su fundador, hasta 
Ttípepul III, llamado también Sequechul ó Sinacán 
^l^ie fué destronado en el siglo xvi por Al varado, con- 
quistador español de Guatemala. 

De todos e.sos reinados hay crónicas detalladas, que 
revelan el alto grado do civilización que alcanzaron 
^^^ pueblos del Quiche y del cual nos ocuparemos en 
'^tro lugar. 

El) nuestra relación hemos hablado de los pipilo 

Ocupalian estos las costas de Chiquimulilla, Sonsona- 

^<?y (^haparrastique (hoy San Miguel del Salvador) y 

Aierou <*nviados de México por el Emperadoi* Ahuit- 

zol, que deseaba ir adquiriendo influencia y domina- 

•'ióü en Centro- América. Con efecto, los nuevos iu- 



3U UISTOHU D£ KICAKAGUA 



migrantes fueron bien acogidos, y aunque se le 
el nombre de pipiles, (muchachos) porque habí 
el idioma mexicano como si fuesen niños, adquir 
alguna imfluencia en el país ; pero la perdieron, c 
do trataron de introducir los sacriñcios humanos 
dos en México, que los pueblos del Occidente de 
tro- América miraban con horror. 



CAPÍTULO III 



Población de NiearagUcí 



Oscuridad de las crónicas antiguas— Los primeros habi- 
tantes—Inmigrantes que llegaron después— Causas que mo- 
tivaban las inmigraciones — Llegadas sucesivas de los vo- 
tanes, nahoas y mames— Retiro de los canbisis — Invasión 
del coaquistador quich.é— Refléjase la civilización de U ta- 
llan— Excursión mexicana. 



Manosearas todavía que las del resto de íJeutro- 
Amériea, son las crónieas que pueden dar alguna 
idea Sobro el origen del pueblo primitivo que existió 
^Del territorio do lo que es hoy Nicaragua. 

LíOs primeros habitantes, de origen mongólico, co- 
111^ loís demás del continente americano, hicieron en 
'^iií^ primitivos tiempos la vida nómade de los pueblos 
^«dvajes; pero parece ser muy cierto que inmigrantes 
d^ Méxi(»o y de las naciones vecinas, que llegaban or- 
??i^üizados en tribus, fueron sucesivamente ocupando 
^'teiTiiorio y formando de una manera paulatina la 
^•iedad aborigen de (*í>tos pueblos. 

El derecho del más fuerte reguló en América, eoim» 

♦"11 todo el mundo, el orden do las primitivas socieda- 

^í^'í?. Descansando en él, las tribus civiHzadas, que 

por lo regular eran las más fuertes, se reservaron la 

luejor parte del territorio nicaragüense, y obli^jcaron á 

las vencidas á desocuparlo y á retirarse ú las extromi- 

'lades más remotas. 

Nuestras antiguas tradiciones hablan con frecuen- 



32 HISTOKIA DE NU'AKAGCA 



cia de las varias inmigraciones que hubo eu los tiem- 
pos primitivos. Estas inmigraciones reconocían poi 
causas, bien sangrientas guerras eu que necesitaba» 
librarse de la oprobiosa servidumbre que les corres- 
pondía como vencidos, bien hambres y epidemias que 
asolaban las regiones donde vivían. 

Organizados en tribus pasaban al hermoso y rico 
suelo nicaragüense á recobrar la libertad perdida que 
a<j[uí nadie les disputaba, ó á buscar una alimeutaciói^ 
fácil y suculenta que por todas partes les brindaba o'^ 
país. 

Todo induce á creer que lt)s caribisis fueron los pr* í 
meros habitantes de Nfcaragua. Dueños absoluta 
del suelo, ocuparon los lugares más escogidos de ^ 
í'osta Sur, en donde el ardor fiel clima estaba más 
consonancia con la lit¡:erezrt do sus vestidos v en do 
de también la tierra más rica en producciones, prese 
taba facilidades extraordinarias para la vida que le^ 
vaban. 8us pueblos principales estaban inmediatc:^ 
á los lagos y á la costa del Pacífico, y la caza y la pe^* 
ca, que formaban sus ocupaciones favoritas, t*^níaD 
ancho campo donde extenderse. 

8e recordará quí? cuando lo.s uahoas vencieron á 
los votanes ó shibalbaidas, éstos se dispensaron, to- 
mando la mayor parte de ellos el camino de México y 
otros internándose al Este de la ciudad de Nachán. 
Estos últimos avanzaron hasta la parte occidental de 
Nicaragua y se establecieron, obligando á los caribisis 
á retirarse al interior. 

Los nuevos pobladoivs oí^uparon casi tada la costa 
ilel Pacífico á lo hirgo de sus playas, y los que hoy 
son departamentos de Chinandega y Bivas, formaban 
un poderoso señorío ó cacicazgo, cuyos habitantes te- 
nían el nombre de niquiranos. 

Más tarde, por los siglos xi y xii de la era cristia^ 



CXP, TSi. — POBLACIÓN DE mOABAGÜ;^ 33 



I ulgiiUDü do los tnlt^ts>a(- nit<];it!tiiio.s, quo humosvisU 
nis «.'ou p1 iininlirn il"* fhoi'ot^jgns^, se interuamii iiefe« 
í (jholateca. in • Mabeiiios vínno, á, las ri>gioiie« celitrft-| 

lU' NípavH{<ini y l'iiiulamii un iiuevu señoHo, qiie » 

ixteiidió dejado In 'ictnnl cinHívii df Lp^ti basta lasjnúi-^ 

eiKw dol Onia Liígu. 

líOS cañbisis, ilosnlojiulos nuoviuui-iilt* di^ Mlw lUti-l 

IUUI4 |to«ieirtHos y huyi-iidn áv In »scln vUud eu qutí fuisf 

smiMjntc pleljcríitii i-aí-i-, s.i rctirnvou ptn- !a wsta iiorJ 

Ru dt-l ttraii Lag", y no pai-arou hasta que lo» tseparó 

'lí «Os «nemigns In írordillera andina, f*n (juya vertieu-1 

lí oriental so estAblecicrou, osteudWildose por las pía 

í (If-i Atlántico, vxi Uu* qlie los i-íir-nnhrú OoliSti eu «tV 
lUnrio y último viajiv 
I Tn poco desputís-aljíuiias tñbus d»' los maiiiBü, liu-j 
Modu d» los quich('&, (íachiquelow y zutiigilus, se des-l 
«roü en eu fuga un taulo a! norte, «vitando iududa-j 
leuiuutti tíl contacto con los piieblotí de! tránsito, y ttq 
ItuaroD pacíficamente (.>u las vortientti'í de la uordUIoi 

i'üUtral de Nicaragrua, más allá de los lagüií. Viviel 
Mi apArtadoH de las relaciones de sus vecinos qu(> lutd 
busideraron siempre como salvajes, carecieron da 
ndes i'iudade& y sus pueblo» principales faeroDÍ 
loviguisca, Matagalpa y Palaoagüiua. Se le^desígam 
fibu el uombro de Choutales y conservaron siempre s 
liorna primitivo. 
I Ciinudo, á fiues del siglo xv, el deseo dé couíjuistu 
Bvó á Kiftab el Grande hasta el golfo de Nicoya, que j 
iTon sujet*>s ú su dominación, por algunos años, 
ribuB d'jchorotegas y niquirauos que ocupaban la pai 
■i'iitral doNicaraguii. El contacto con los qnichél 
P^dujo, i.'onio 'ts consiguiente, algunas (uodifíeocíonef 
I Ib.-^ «((«lumbres y aun en ol idioma. La civUizaeÍ6i^ 
( Utatláii reflejóse entonces en estas apartadas regioi 
!í'. nnnqii'* dí'biluipnte; pi-rolo hasta nte, para queloi 



34 HI8TOH1A DE XICABAOrA 



pueblos tuvieran ideas filosóficas, leyes, usos sociales. 
libros, conocimientos astronómicos, etc^ etc. 

Los chontBles y earibisis, según parece, no fiieroD 
dominados por el conquistador quiche. Éste, ó les 
])restó poca importancia, ó no tuvo noticia de ellos. 
Su situación geogi'áfica por una part^, su pobreza y 
atraso por otra, eran motivos más que suficientes, para 
»ijantenerIos á salvo de toda mirada ambiciosa. Debi 
do k esta circunstancia, su estado fué siempre el mis- 
mo, hasta la llegada de los españoles. 

Las crónicas mexicanas se refieren á una invasión 
«le aztecas, en tiempo del emperador Ahuit^olt, que 
lloprc') hasta las costas del Sur do Nicaragua. Proba- 
ble e.s que los restos de esa expedición se hayan mes- 
'liado con los niquiranos y orotinas y contribuido á 
la introducción de los sacrificios humanos, que prae- 
ticaron estas tribus. 



CAPÍTULO IV 

Situación de Centro- Aiuéi*iea 
á fines del sigrlo XVI 



Bstado de su civilización — División del territorio — Diver- 
sidad de lenguas-Agricultura-A^imales domésticos- In- 
dustria fabril— Papel y libros— Historia del país—Poesía y 
bellas artes— Calendario tultec a— Comercio y vías fluviales. 



Ouan<lo los españoles llegaron á Centro-América, 
encontraron una civilización bastante adelantada para 
aquella época. 

Las ruinas de las ciudades de Tula vNachán (cerca 
del Palenque ) de Utatlán, de Botzumalguapa ( Escuiu- 
tla) de Copan y de otras muchas, dan una idea muy 
favorable de la arquitectura indígena. Sus construc- 
ciones de piedra canteada y calicanto, no carecían do 
regularidad y elegancia, viéndose, en muchas de ellas, 
estatuas y bajos relieves que deben haber sido ejecu- 
tados por hábiles artistas. ( 1 ) 

Las sociedades délos pueblos centro-americanos, en 
algunas de sus principales ciudades, habían con efec- 
to, alcanzado un grado tal de adelanto, que sólo dife- 
rían muy pofa cosa de la cultura y magnificencia que 
los españoles tuvieron quo admirar cu los azteeaí: de 
México y en los incas del Perú. 

A principios del siglo x^a, so hallaba dÍA-idido el te- 



( 1 ) Véasp la notíi B, puesta al fin. 



ft 



M HISTOIilA DE NICAIIAGUA 



iritorio (le Ceutro-Ainóriea en estados iudei>eu€lieiitrs 
sobre algunos de los cuales conservaba rn-stos dv !?ob»' 
ranía el rey del Quiche. 

En lo que hoy es Guatemala, se hallabau los quiciicí?, 
í-achiqueles, zutugiles, mames y pocomaues for-uan- 
do reinos y señoríos separados; el territorio del Salva- 
dor formaba parte del Reino de Payaquí por un lado, 
del de Cuscatlán por otro, y en sus costas se cucou tra- 
ba el señorío de los pipiles; el de Honduras tormnba 
también parte del Reino de Payaquí, por un extrenif», 
y por el otro del de los mosquitos ó caribisis ; Niear?i- 
gua formaba parte del mismo Reino de los mosquitos, 
y f-n el resto de su territorio se encontraban los seño- 
ríos de los choro tegas, chon tales y niquiranos, y Cos- 
ta-Rica abrazaba el territorio que ocupaban las tribus 
do los quepos, chiripós, guatusos, guetares, pacacas, 
chiras, chorretes, valientes, orotinas y talamancas. 

Había, como es consiguiente, diversidad de idiomas 
en todo el país. En lo que hoy es Guatemala pre- 
dominaban las lenguas quiche, cachiquel, pocomáu, 
ualiualt, pipil y otras; en el Salvador, pipil, nahualt, 
í/hortí y pocomán; en Honduras, ulba, choutal ó ma- 
ya y pipil; en Nicaragua, pipil corrupta, mangue, ma- 
vibio, pontón y chontal, y en Costa-Rica, materna t 
mangue. 

La ciudad más adelantada era Utatlán, capital del 
(Quiche, hermosísima población, con suntuosos pala- 
*:iois y grandes edificios públicos, entre los cuales se 
ronlaba un colegio en que se educaban de cinco á seis 
mil jóvenes por cuenta del Estado, ( 1 ) y las monu- 
mentales fortificaciones del Resguardo y de la Átala- 



( J ) Parecerá excesivo este número; pero téugaso presenta qoc 
era colegio militar en que se educaba casi toda la juventud. Jua- 
rroB, Milla y otroá están conformes con eyto número— ( N. del A, ) 



I 



ya qne estaban mny bien sitiiadnBV oou an-oglo | 
iirte militar. Lh agrie ultum sp oiieoutmba íloroeiea 
te y los indigenus so iloilíc-abim á, ella, «i'timáui.lCn 
■•orno uuadelfts fHcntps ili» riqueza pi'iblioa. Cuq 
vaban con esmero ol maíz, (¡\w \m servía para disti 
tos nso», loí( fríjoles y giirbaiiiíofi, el catüio, oí algnilft 
•■I tabaco, los plátano», cebollns, camotes. cnlabaKai 
(iyote8, fjueqiiizqucíf, papas y otras nuirihas raíces ; 
[•laiitnA, entro las qae se contaba p! inajrutíi, que I^ 
s*»rvía pomo t<>xtil y dol cnial extraían nu jugo, el ;ítí 
í/íitf, <|ni' f«>rm(>uladn lo usaban i^oino bcbiilji aleohól| 
ffl. Beneficialian la <;orhinilla y el añil, aniiqiie 
non oaaoora imperfecta, el earaeol de tinte y alguoffl 
iitTOA colores que encaban de los vpjíetales y raineraleí 

Xo eran conocidos los animales domésticos de En 
i-ojia : pero en su lugar se domesticaban, y «ervíaii por^ 
feetAtíiente, wiervos ó venados, varias especies do fafe 
-anes, panales, pavos monteses, varias clases do g 
!liiiwíf«R, cerdos de almizclo y tcpescuintles ó gunrd 
• inAJos, que engordados les servían de alimento. 

fjA ÍDdi]í<tna fabril encontrábase bastante adolant 
■ la. Los indígenas fabricaban tejidos de algodón, qá 
tefÜÍHu con vistosos colores, daban al eobfc niczelál 
itolo cúii estaño imn consistencia tan sólida, que i 
r«>rvía para formar hachas y otros instrumentos, t 
que«e necesitaba del acero tHinpIado; (1) extraíflí 
tuptftleci preciosos y trabajaban joyas bien cinceladasl 
Aprovechando las plantas textiles, fabricaban petates 
I eKtWtts do divereos coloro», cestos, pet-acas, lazoH,, i 

baiuu'-as, etc. con las diversas clases de ealabaz4 
ioeÍAn jícnra*! y otros objetos niny bien esculpidos, i 



( 1 i K«ta uioicLs ilv ooLil', era tuay eeinojanto ni jninys i!(> tjl 

^n !■ aiü%ileda4 bo sh-viamu loa gtio;,'oif y rcimunod, compuesto jf 

* putee de coiire. 3 Hf lik'rro y » '\v «'«i}\w>—{ N. del A. ) 



nH HISTORIA DE KIOABAGÜA 



USO (loinéstico; fHbricaban vasos, jarros y otros aten- 
kíHüs (lo barro de diversas figuras, y les daban coló- 
roH ron ciertas aguas y sediineutos minerales (1); y 
finnlmente (íou plumas de distintos colores, que entre- 
togían (H>n arto y habilidad: fabricaban también pre- 
ciosos tejidos, que fueron más tarde admirados en 
Kuropa. 

Kxiistía una especie de papel, que se preparaba con 
la c(>rt(*zu <lo un árbol llamado amat^ y en éste, lo mis- 
mo quo en lienzos de algodón y en pieles de venado, 
M» coiisignaban los hechos históricos iK)r medio de ge- 
r()glííi<H)8, y se trazaban cartas geogi'áfíeas bastante 
<*xa(;tas. A Hernán Cortés le dieron una los indios 
(\o (ionzoulco, y pudo guiarse i»erfectamente con ella 
ou su expedición á Honduras. 

Había libros, y se formaban de una tira de perga- 
mino <le cuero de venado, de 30 pies de largo por 4 
pulgadas do ancho, la que se guardaba doblándola, 
como iiuct^nios hoy con los mapas de bolsillo, hasta re- 
ducirla á un pequeño volumen. En ellos se dibuja- 
ban, con tinta negra ó roja, las heredades de cada uno, 
delineándolas con sus ríos, bosques, divisiones y lin- 
deros. 

La historia del país so mantenía archivada, y per- 
sonas especialmente encargadas de ella, escribían gran- 
des libros, (¡uo se conservaban con cuidado. Desgra- 
•Madamente el celo religioso de los misioneros españo- 
les, según dice el padre Las Casas, dio fin. con todos 
»»llos, arrojándolos al fuego como tradiciones del de- 
monio. 

Las poosía.s eontro-americauas, de aquel entonces. 



( 1 ) En la biiaca de Sensuntepeque ( el Salvador ) fue rooono- 
cído, en 1800, nn vaso de loza blanca sin barniz, de fifirnra c<^>nica 
boca de clarín ( Memoria del Arzobispo Peláez V 



CAP. IV.— SITUACIÓN, ETC. 3» 



erau fluidas, sonoras, llenas de gracia y de fácil vei- 
sificacióu. No era desconocida la epopeya; pero so 
usaba más del estilo pastoril. Todavía en los depar- 
tamentos occidentales do Guatemala, en donde se con- 
servan en toda su pureza los idiomas quiche y cachi- 
quel, son recordadas muchas de las primitivas poesía?, 
y ellas atestiguan lo que dejamos dicho. 

Las bellas art^s también ocupaban un imi)ortauto 
lugar. La pintura se cultivaba, valiéndose del papel 
de amat y de lienzos de algodón y empleando los co- 
lores que producían las tierras metálicas y las plantas 
tintóreas. Pinturas hubo en losdoseles de los reyes y 
príncipes quichés,que so conservaron por muchos siglos. 

La escultura y la música, eran igualmente familia- 
res á los aborígenes del siglo xvi. De la primei'a en- 
contramos muestras admirables en los capiteles y bus- 
tos de las ruinas de Copan (1); de la segunda sabe- 
mos que era sentimental y expresiva, llegando hasta 
nosotros muchos de sus instrumentos músicos, talejs 
como el tún, la marimba ó piano indio, la flauta, h 
chirimía, etc. 

Pero en donde mejor podía valorarse el estado do 
la civilización indígena, era en el modo de medir el 
tiempo. Usábase un calendario bien arreglado, que 
correspondía al europeo, en cuanto estaba fundado 
en el movimiento anual de la tierra al rededor del sol. 
í5e diferenciaba en las subdivisiones, porque repartían 
los 365 días del año en 18 meses de 20 días, y los so- 
brantes los intercalaban al ñn de cada siglo que íí;^^ 
componía de 52 años, dividido también en cuatro pe 
píodo» de 13 años cada uno. 



( 1 ) El Gobierno del Salvadoi man ló en 1888, una comisión 
ü OBtndiar las ruinas de Copan j y la descnpción de vaina confirnii». 
^n un todo la relación de los cronistas del siglo xvi — ( N. del A. ) 



40 HISTORIA DE NICAllAGUA 



El calendario que Cortés encontró en México, cuan- 
do la conquista de Nueva España, era el mismo de 
que venimos dando cuenta. 

Un Congreso de sabios indígenas reunido en la ciu- 
dad de Tula, 600 años antes de Jesucristo, fué entre 
nosotros, el autor de esa obra tan notable que recono- 
ció como verdad matemática el movimiento de la Tie- 
rra, dos mil años antes que Galileo en Europa. 

El comercio estaba reputado como fuente de rique- 
za pública, y se hacía con los países limítrofes, dán^ 
dose géneros de algodón y otros objetos, en cambio 
de cacao, que servía como moneda corriente en todos 
los pueblos de Centro- América. ( 1 ) 

Con objeto de dar ensanche 4 ese mismo comercio, 
se establecieron en algunos lugares, ferias periódicas, 
á las que concurrían los comerciantes con su tren de 
mercaderías, hospedándose en las ventas y posadas. 

El tráfico por los ríos, lagos y esteros se hacía en 
ranoas con jremo y velas, cubiertas algunas veces con 
toldos de petntes i>ava oomoá\áná de los^ navegantes. 



( 1 ) Comerciaban con los pueblos de Mésico, en donde tam- 
bi<^n 86 recibían como mofteda^ piezas do manta, granos de oro y 
piezas de cobre, y es |>robable qne tamb5/»n nqnf fnese lo mismo — 
{ X. del A. ) 



CAPÍTULO V 



Creencias y prácticas religriosas 



Religión de los aborígenes— Ligereza de los cronistas es- 
pañoles— Indignación de éstos por los sacrificios indíge- 
oaB— Génesis qxiicbé— Variedad de creencias— Mitología re- 
ttO^oea— Divinidades mayores y menores — Festividades del 
coito—Templos — Sacrificios biunanos — Antigüedad de es- 
toe últhnos — Los sacerdotes y su confluencia social— Días 
^'descanso — Confesión auricular. 



lias creencias religiosas de los aborígenes, que los 
cronistas españoles han juzgado con demasiada lige- 
•^ uo son tan conocidas que so pueda aventurar 
^^ juicio exacto acerca do ellas. 

Examinadas filosóficamente y con algún detenimien- 
to, no se diferencian mucho de las de los demás hom- 
bres. 

En las clases sociales más instruidas, que eran las* 
4^6 creaban el dogma, existía la idea de un creador 
^premo, señor del universo ; en las otras, es decir, en 
'^ gran mayoría de los ignorantes y de los débiles, lo.s 
atributos del poder supremo so personificaban com<» 
^0 todas partes, y la idea divina se oscurecía en un 
simbolismo, tanto más grosero, cuanto más descendía 
•^ Ia.s capas populares. 

En algunos de los pueblos do Centro-América sr 
manifestaba todavía la necesidad del rescate en su 
forma primitiva y cruel, la ile los sacrificios huma- 
nos. 



42 HISTOUIA DE NICABAOÜA 



La sangre de los esclavos y prisioneros de gaerni 
corría en los altares de los dioses, derramada por )m 
mano del sacerdote, con gran indignación de los espa- 
ñoles, que olvidaban indudablemente sus autos defa 
con los herejes, en los que inmolaron á millones d0 
víctimas humanas en aras también de la misma ídem 
religiosa. 

En el Popol'Vuh hay un génesis del pueblo quich&pí 
En él se habla de miichos creadores ; pero entre todos J 
sobresale uno supremo, a quien se da los nombres át. 
** CíH-azón del Cielo'' y "Huracán" y en quien se supCKj 
ne que residen tres entidades, el Relámpago, el Trnt^ 
no y el Bayo, formando una sola persona. 

Al referir la creación del mundo se expresa en esfeoi^ 
términos "Se mandó, dice, a las aguas que se retímrj 
ran. Tierra^ dijeron, y al instante se formó. Como;; 
una niebla ó nube se verificó su formación y se levaa** 
taron las grandes montañas sobre las aguas cual ú-\ 
fueran camarones. Formáronse las tierras, los mott» 
tes y las llanuras, dividióse el curso de las aguas, ybt. 
arroyos se fueron serpenteando á las montañas. ^ 

En el mismo estilo suelto, elegante y lleno de poesb' 
continiia el génesis quiche reseñando la creación del 
mundo. 

El hombre, dice, so fabricó primero de barro, y no 
sirvió. Se hicieron después hombres de corcho y-mn* 
jeres de espadaña y los hijos é hijas se multiplioanm; 
pero le faltó el corazón y la inteligencia y se olvidaron 
del creador, por lo cual fueron secándose y un gran ' 
diluvio los ahogó, no quedando de ellos más que loff'' 
monos, que son un resto degenerado. 

Trascurrido un largo período histórico, el génesis 
habla de nuevos y variados ensayos para la creación 
del hombre hasta lograr buen resultado. 
Las creencias religiosas de los indígenas, sin embar- 



CAP. Y. — CREENCIAS, ETC. 4o 



fffii no revestían la misma forma en todos los puo- 

lin muchos de ellos existía una mitología bien hís- 
tmada, con divinidades mayores y menores. Eran 
ItB primeras el dios de los cerros, el del hogar, el de 
Ub sementaras y el de los muertos ; y las otras, el dios 
de los ganados, el de los guindales, el del agua, etc*. 
que, se personificaban en aquellos objetos ó seres ani- 
mados, que indicaban la supei'stición ó las circunstan- 
ciasde las diversas localidades. 

La mitología indígena era completa, y sus divinida- 
des poco más ó menos como las de las mitologías de 
los pueblos más cultos. 

Por lo general las divinidades mayores tenían seis 
fiestas on el año, y las menores otras seis, que se redu- 
éBOi á quemar nopal en los adoratorios y á bailar des- 
pués, al son de los instrumentos musicales. 

Era solamente en ciertas grandes festividades que 
8e hacían ofrendas dé frutos y flores y en algunos 
pueblos sacrificios de animales y de víctimas huma- 
nas. 

De esas grandes festividades se conocían dos clases : 
unas públicas y generales en que todos tomaban par- 
te; otras particulares, que celebraban algunas fami- 
lias ó determinados individuos. 

De las primeras, unas tenían tiempo fijo, verificán- 
dose al principio y fin de la estación de las Ihivias; 
'>tras, cuando lo demandaba alguna necesidad pública. 
Para fijar el día y hora de las festividades extraoi-- 
'uñarías, así como la clase de sacrificios que convonía 
¿acer, el pontífice consultaba la suerte por medio dr 
los agoreros ó adivinos. 

Los pueblos se preparaban con ayunos, martirios v 
•*astidad, para tomar parte en las solemnidades del 
'^ulto, y si no. rasgaban sus vestiduras y ponían eeni- 



44 HIBTOIÜA DE MCAHAODA 



7A\ sobre las cabezas eu los días do su ayuno, como lo 
pructicabau los antiguos hebreos. Solían, siu embar- 
go, cual un reflejo de aquella costumbre, tiznarse d 
cuei*po y extraei*se sangre dos veces al día, en señal de 
penitencia. 

Los templos, designados CQmo eu México, con el 
nombre de orchilobos, eran adornados por jóvenes 
solteros, con ramos y flores entrelazados con gusta 
A las mujeres se las prohibía la entrada. 

Como en nuestros días, las estatuas se sacaban eu 
procesión por las calles, colocándolas en andas ador 
nadas con oro y pedrería, y llevándolas en hombiw 
<Ie los nobles, al son de atabales, tunes y chirimías. 

No todos los adoratorios eran iguales. En unoe» 
destinados al uso común, todos podían quemar nopal; 
pero en otros, destinados á los sacerdotes, sólo estos I 
podían acercarse á quemar incienso en los grandes 
«lías de festividades extraordinarias. 

En los pueblos en que se acostumbraba hacer sacri- 
ficios sangrientos, había un altar especial ( 1 ) que «« 
levantaba eu foi*nia de pirámide á la altura de ub>' 
lanza. Fabricábase con arcilla cruda delante del tem- 
plo, y por una gi'adería cavada en la misma arcfllfti 
I legaba el sacerdote á la cumbre del altar y hacía ol 
ofrecimiento del sacrificio *m pri\sencia del pueblo 
prosternado. 

Era costumbre general eu todo (Jentro-Améric«, 
durante las festividades mayores, servir en todas las 
rasas grandes comilonas y también bebidas fennen- 
t adas, con las que se emborrachaban los convidados. 

Para los sacrificios humanos se solían escoger las 
víctimas entre los esclavos hechos en la guerra. 

Pijada la elección, las víctimas tenían p1 privilegio 



( I ) Llamábase Teocali— ( N del A. ) 



CAP. V. — CREENCIAS, ETC. 45 



e andur libres por la ciudad, en los días auterioros al 
acriftcio, y de entrar á comer eii cualquiera casa sin 
xceptuar la del Rey ; poniéndose especial esmero eu 
gagajarlas y atenderlas. 

Llegado el día, los sacerdotes y los nobles t<jmabaii 
i las víctimas por los cabellos y las conducían al sh- 
irificadero, situado en frente) del ídolo, al que dirigían 
sus preces en alta voz. Atábanlos después á una pio- 
«Ivtt de fonna especial, en que quedaban con el pecho 
iialtado, y en <^sta forma esperaban la hora del sacri- 
ficio. 

Momentos después, el gran sacerdote, revestido del 
ornamento pontiflcal y con una especie de mitra en 
la cabeza, se acercaba con un cuchillo de obsidiana 
^n la mano, hería á las víctimas en el lado izquierdo 
y les extraía el corazón para ofrendarlo. En seguida 
i^iaba con la sangre del sacrífício al ídolo principal, 
wojaba algun&s gotas hacia el sol y repetía la odio- 
sa ceremonia con los demás ídolos. 

Las cabezas de los sacrificados eran colocadas des- 
pués en otro altar y clavadas en escarpias ; jiermane 
•'iendo así, durante algún tiempo, para que los dioses 
se acordaran de sus peticiones y también para infun- 
dir terror á los enemigos cuando vieran la suerte qui- 
los amenazaba. 

Los cuerpos de los sacrificados eran cocidos en 
grandes ollas de barro, y de ellos probaban los sacer- 
dotes y algunas veces el pueblo, como de un manjar 
^(agrado. 

La horrible práctica de los sacrificios humanos fue 
ndudablemente importada a América del Viejo Mun- 
o. . La encontramos en los antiguos galos y breto- 
es de Europa;. se revela en los libros hebreos por el 
icrificio de Isaac y llega hasta el siglo xvm, envuelta 
a las Uaraos de las hogueras católicas y protestantes, 



40 HISXOKIA DE NÍCABAGUA 



levantadas por el fanatismo cristiano en uua hora de 
loca exaltación. 

No todos los pueblos de Centro-América gastaban 
de los sacrificios humanos. Los pipiles perdieron m 
influencia cuando trataron de establecerlos en el Oc- 
cidente?, y sólo los practicaron los pueblos que depen* 
dieron de México ó de inmigraciones aztecas. 

La idea filosófica de una vida futura se encontraba 
generalmente aceptada. Nuestros aborígenes cretea 
en ella con tal fe, que en los sepulcros depositaban a^ : 
mas, intereses y cuanto más juzgaban necesario pan 
el viaje de ultratumba. 

Pueblos hubo en que para los preparativos del via- 
je, llegaron hasta enterrar vivos á los esclavos, antes 
de la inhumación de los amos, para que so adelanta- 
ran a alistarles la posada, y en que hicieran sacrificar 
á la esposa, en In tumba del marido, con objeto de 
que se reuniera con él en la otra vida.' 

El sacerdote ejercía grande influencia en la socit^ 
dad indígena. 

Se le consideraba como una especie de Providencio^-i 
á la que acudían los pueblos en todas sus necesidad' 
y aflicciones. Les conducían en sus emigraciones 
en sus batallas, lloraba con ellos en sus derrotas, 
lebraba sus triunfos, ofrecía los sacrificios, aplacaba 
la cólera de los dioses y daba á conocer la volunta^^ 
divina, para que fuese ejecutada en la tieiTa. 

Siendo tal la impoilancia del sacerdocio, sólo podíaC^ 
aspirar á él muy determinadas jjersonas. 

Por lo regular se escogía entre los • príncipes f^ 
grandes señores al que era más reputado, para qua 
llenara la vacante. Conducido el neófito á uno de los 
templos principales, permanecía un año entero entro* 
gado á la oración y á ejercicios de piedad, sin serle 
permitida la comnnicía'ción exti^rior. Tc^rminado él 



CAP. V. — CBEENCIAS, ETC. 



iño se le horadaba el cartílago de la nariz en señal d^ 
listinción y entraba al ejercicio de sus funciones, en 
bre las grandes fiestas con que se celebraba el aconte 
cimiento. 

Los días de descanso equivalentes á nuestros do- 
mingos, eran veintiuno, se repartían en todo el año, y 
se observaba en la celebración de ellos la más absolu- 
ta castidad. 

La confesión auricular tampoco era desconocida de 
\fí% aborígenes y en muchos pueblos existían con- 
fesores, encargados exclusivamente de esa delicada 
misión. 



CAPÍTULO VI 



FonuaM de Gobierno, leyes, uno» 



y costumbres 



Gobiernos monárquico y republicano— Leyes civiles y pe- 
nales comparadas con las de Espafia— Tras misión heredi- 
taria de la Corona— Gtobiemo interior— Derecho de rebelión- 
Nobles y plebeyos— Consejo de ancianos— Monarquía mo- 
derada— Publicación de las leyes— Prácticas internaciona- 
les—Justicia y sistema penal— Respeto á la propiedad— láa- 
tiimonios — Poligamia — Abuso con los esclavos— Delitos 
contra la moralidad pública— Homicidio— Robo— Casas pú- 
blicas—Alimentos— Dormitorios — Armas — Querrás— Mer- 
cados. 



Cuando fué descubierto Centro-ATnórioa, se cono- 
ciau en el país las formas de gobierno monárquico y 
(lemoerático usados en el día, aunque con algunas im- 
perfecciones. El derecho públicío de los aborígenes 
en esta parte, presenta notaV)le^ pruebas de adelanto. 
Comparadas las leyes civiles y aun las penales de al- 
pinos pueblos de Centro- América con las que en aquel 
ti»ímpo regían en España, hay más de una en que el 
parangón es ventajoso para los primeros. 

Mientras Carlos V y Folipe II, abogaban en el fango 
Je su tiranía las libertades civiles de los pueblos, el 
Qionarca indio, que se hacía notar por su crueldad, era 
legalmente depuesto del trono por la nobleza que ele- 
gía UQ sucesor y castigaba además al déspota con la 
''^nfiscación de sus bieneis. 

4 



50 HI8T0ÍÜA DE NlCAÜAüL A 



£d las leyes penales del Quiche, por ejemplo, se 
abusaba mucho de la pena de muerte; pero jamás tm 
abusos podían compararse con los de España, en'cD* 
yns plazas públicas permanecían encandidas las ho- 
gueras de la fe y levantados el garrote vil y las horcas 
infamantes de la tiranía. 

En Centro-América se castigaba por la autoridad 
al esclavo que pretendía sustraerse del dominio de ot 
(luoño, mientras en España se dejaba al amo el derecho 
ílo vida V muerte sobre el siervo. 

llabía, sin embargo, otros puntos en la legislaeióo 
bastante atrasados; pero en lo general se notaba algún 
adelanto. 

La Corona era hereditaría, y cuando fajlecía el mo- 
narca no recaía en el hijo, sino en el hermano mayor 
Miie ya había tomado parte en el gobierno. 

Si el jefe de la nación cometía abusos, la aristocn- 
<*ia tenía derecho de destituirlo. Si fracasaba eu la 
tmtativa, el jefe de la nación castigaba á los rebelde^ 
4'on la mayor severidad, aplicándoles el tormento y la 
pena <le muerte, confiscación de bienes y esclavitad 
de la familia. 

lias !nonarquías no eran absolutas. £1 rey tenia 
\\\\ (»oiisejo de personas notables para la dirección á^ 
Ins iH'gocios públicos, y nombraba, para el gobierno 
iütei'ior de las provincias, á tenientes ó cadque^ que 
¡robernaban de la misma manera. 

lias clases sociales se dividían en nobles y plebe* 
> as, y los destinos públicos se alcanzaban por riguro- 
sa esí^ala de ascensos. 

Cuando el gobierno era democrático, el pueblo ele- 
gía directamente un consejo de ancianos respeta- 
bles para el desempeño del poder civil. Este consejo 
elegía á su vez un Capitán pai'a la guerra que, duran* 
re la paz, era también el jefe militar. Si no cumplía 



CAP. VI. — ^FOKMAH DE GOBIEKNO, ETC. 51 

ineu con sus deberes ó infundía sospechas de trai* 
dÓD, los ancianos del consejo, que gozaban de un 
giin respeto entre el pueblo, lo condenaban á muerte 
y llevaban á debido efecto esta sentencia. 

La monarquía moderada de nuestros días, era tam- 
bién conocida de los aborígenes. En algunos pue- 
Wos de Nicaragua ejercía el poder ejecutivo un caci- 
que llamado tei/te^ y el l^islativo una asamblea popu- 
lar á la que se daba el nombre de nMuexico. 

El jefe de la nación proponía lo que creía cou- 
veDiente al bien público, y la asamblea discutía de- 
tenidamente el asunto y acordaba lo que debía ha- 
i^erse. 

Las leye» y disposiciones gubernativas y militares, 
se publicaban por medio de ciertos funcionarios 4 quie- 
nes^ el eacique entregaba un mosqueador de pluma» 
que le sonría de credencial suficiente para presentarse 
al pueblo haciendo saber la voluntad suprema, escu- 
chada siempre con acatamiento y respeto. 

Cuando los funcionarios encargados de la publica- 
ción de las leyes, se hacían indis^uos de la confianza 
del cacique, se les quitaba la insignia, y con esto bas- 
taba para que no volvieran á merecer fe pública. 

Algunas tribus acostumbraban también la promul- 
l^ción de las leyes por medio de mensajeros reales 
que recorrían las poblaciones pregonándolas á voz en 
cuello. Para reunir al pueblo, agitaban fuertemente 
uiia vara que portaban como símbolo distintivo, eu 
la cual había una especie de cascabel de madera que 
bacía ruido. Al oír aquella señal corrían presurosos 
los vecinos a reunirse. 

Carecían de prácticas internacionales dignas de es¿- 
te nombre. Las diversas tribus que poblaban el país, 
se hacían la guerra frecuentemente, sin causa justa, 
4n declaratoria previa y sin otra mira que la de íM>re- 



52 mSXOKlA 1>£ MOAUAtít'A 



ceutar sns dominios. Las ciudades vencidas 
arrasadas, los campos talados y los prisioneros vendi- 
dos como esclavos ó sacrificados a los ídolos. 

La justicia se administraba regularmente por tribü-j 
nales compuestos de individuos escogidos entre m 
miembros de la aristociticia, á quienes no se podb] 
separar del cargo mientras lo desempeñaban bien. 
Ellos conocían de todos los asuntos con excepción de 
aquellos que, por su importancia, correspondían al mo- 
narca y se encargaban de la recaudación de tribufa»; 
pero eran severamente castigados si prevaricaban y 
también si defraudaban las rentas. 

La pena de muerte se ejecutaba de varias maneras; 
pero algunos pueblos preferían de8i>eñftr á los reos de 
grandes alturas. 

Distinguíase especialmente la sociedad indígena, por 
su respeto profundo á la propiedad agena^ de tal mar 
ñera que enterraban con sus riquezas á las personas 
que morían sin sucesión legítima. 

El matrimonio, más adelantado que en nuestros 
días, era un contrato puramente civil que se celebra^ 
ba con más ó menos ceremonias, según la categoría ie 
los contrayentes. Se ]*econocían impedimentos de 
consanguinidad, pero solamente en la línea recta y en 
la colateral masculina basta el primer grado. 

La celebración del matrimonio difería poco en io6 
distintos pueblos. En Nicaragua, el padre del novio 
ó el que hacía sus veces, se presentaba en casa de la 
pretendida y la pedía para esposa de su hijo. Si la 
solicitud era aceptada, obsequiábase á los amigos con 
grandes fiestas y comilonas. Después el jefe de • la 
población unía á los novios en matrimonio, juntándo- 
les los dedos auriculares de la mano izquierda y ad- 
virtiéndoles del deber que contraían de vivir en paz y 
de trabajar para aumentar sus haberes. 



CAP. VI.-— F0EHA8 DE OOBIfittKO, ETC. 53 



Concluido el acto, los convidados se retiraban y los 
cien casados permanecían largo rato viendo arder 
la astilla de ocote 6 pino resinoso hasta su comple- 
. extinción, con lo cual terminaba la ceremonia. 
ün otros pueblos, se hacían las peticiones por me- 
ín de mensajeros cargados de dádivas, cuya acepta- 
i6n envolvía un consentimiento tácito. Volvían se- 
;anda y tercera vez con nuevos regalos, y en la últi* 
na recibían el consentimiento expreso. 

Señalado el día, se iba con gran concurrencia á 
traer á la novia en andas ricamente adornadas. 

Una comisión del suegro salía á encontrarla al ca- 
mino, y llegada á la casa del novio, se sacrificaban co- 
dornices, se quemaba incienso y se daba gracias á4os 
dioBQB por el feliz arribo de la joven, á quien se colo- 
caba en un tálamo, para que presenciara los bailes, 
«uitOB y otros regocijos. 

£3 cacique tomaba después las manos de los contra- 
yentes y las unía, ataba sus vestidos por los extre- 
mos, los amonestaba á que fueran buenos casados y 
daba por terminado el acto. 

Gq algunas tribus era permitido tener varias muje- 
^ siendo una la Intima ; pero en otras, se castigaba 
<?0D penas severas al que tenía más de una mujer. 

Cuando un esclavo abusaba de la hija de su seftor, 
'*on consentimiento de ésta, se les enterraba vivos á 
los gritos de '^ mueran los malvados," y no se les con- 
nderaba dignos de quo se celebraran exequias ni se 
levase luto por ellos. 

Los delitos contra la moralidad pública, si atenta- 
an contra las leyes naturales, er&u jiftstigados seve- 
imente, entregando á los culpabl^wl furor de los 
Luchachos, quienes los apedreaban (Un descanso. Si 
-an de otra clase, t^^nían distintas penas, aunque todas 
»veras. 



V» 



CAPÍTULO vn 

Nicaragrua antes de la conquistíl 



Independen'" la de Nicaragua — Saíloríos en que se divi- 

idió-Formas de Gobierno— Divisiones sociales— -Niquiranos, 

SoiiOfotacas, chontales y caribisis— Cultura de algunas tri- 

Iyua-Su8 conocim lentos científicos é industriales— "Ucstum- 

^Wñ sociales, religión, cultos, usos y costumbres — Monedas 

7 tianBaccionos— Ciudades primitivas. 



Hemos visto en otro lugar, tanto á Nicaragua como 
' fiíjanos otros pueblos, aprovecharse de las revolu- 
ciones del grrtn reino del Quiche, para proclamar su 
[ ^dependencia de esta nación á fines del reinado de 
Kicab I. 

Desde aquella fecha, el territorio nicaragüense con- 
tinuó dividido en señoríos ó cacicazgos que se mane- 
jaban con total independencia unos de otros. 

Había en el país dos clases de gobierno: la una, re- 
publicana democrátií^a y la otra,monárquica moderada. 

Ea la primera, desempeñaba el poder civil un conse- 
jo de ancianos respetables electos por el pueblo. Es- 
tos ancianos elegían á su vez un capitán para la gue- 
"^ íne tenía las mismas funciones que nuestros ac- 
tuales comandantes generales de las armas; pero si el 
«•Apitán no cumplía con sus deberes ó infundía sospe- 
chas de traición, se le privaba de la vida y so le con- 
fisoabau sus bienes. 

En la forma monárquica, ejercía el poder supremo 
un cacique llamado tepte, y hacía de parlamento una 
ü^amblea popular. 



58 HISTORIA DE XlCAlLVODA 



Había también divisiones sociales, y la aristocracia, 
como la de todas partes, era por lo general, dura, or- 
gullosa, hipócrita y no usaba de piedad con los va- 
sallos. 

El teiTi torio, á mediados del siglo xvt, estaba dividi- 
do de ]fL manera siguiente : 

Los niqairanos ocupaban toda la part« comprendi- 
da entre el Gran Lago y el Pacífico, inclusive las islas 
de Ometepe y Zapatera, ( 1 ) y se extendían hasta el 
río Tamarindo, teniendo por jefe á Nicarao, poderoso 
«cacique que residía en Nicaraocallí, ahora Rivas. 

Los choroteganos, descendiente de los toltecas de 
México, se dividían en dirianes y nagrandanos. Ocu- 
paban los primeros, desde Jalteba, á orillas del OraY\ 
Lago, hasta Managua, y tenían por jefe, al caciqíx^ 
Tenderí, que residía en la ciudad central de Nindir^í 
y los otros, desde Imabite, hoy puerto de Momotoml>^ 
hasta León, y se gobei-naban con entera indepeudeK^' 
cia de los dirianes, con quienes se mantenían en p^ "•*" 
petuas guerras. 

Los chontales, restos degradados de los antiguo^ 
mames, ocupaban las vertientes de la cordillera cen- 
tral, más allá de los lagos; vivían apartados de las re- 
laciones de sus vecinos que los consideraban como 
salvajes; carecían de grandes ciudades y tenían por 
pueblos principales, á Lovigüisca, Matagalpa y Pala- 
cagüina. 

Por último, los caribisis, dueños de toda la vertiente 
Oriental de la cordillera andina, se extendían hasta 
las playas del Atlántico, formando tribus dispersas, 
que hablaban distintos dialectos de una misma lengua. 



( 1 ) Las islas de Oiuetepe y Zapatera estavieron dedicadas al 
culto y ÍQeroD ana especie de santaario, según lo comprueba la 
innltítnd de srrandes ídolos qne hasta el día hay en ellas — (N. del A.) 



CAr. VII.— NICAUAGOA, ETO. 59 



No todas las tribus de Nicaragua habían alcanas - 
(to un mismo grado de cultura, pues mientras los ni- 
qairanos y choroteganos reflejaban todavía la civili- 
xAción que recibieran del Quiche, los chontales y oa- 
ribisis se encontraban en un estado semi-salvaje. 

Los niquiranos y chorotegas poseían grandes cono- 
cimientos en astronomía y conocían las propiedades; 
medicinales y colorantes de las plantas. 

Cultivaban los mismos granos, frutos y raíces ali- 
menticias que los aborígeues del Quiche, y beneficia- 
ban el añil y la cochinilla, aunque de un modo im- 
perfecto. 

Trabajaban admirablemente el barro para vajillas 
domésticas, con buenos barnices y colores que resis- 
tían la acción del fuego; labraban medianamente la 
piedra dura para armas é instrumentos; daban con- 
sistencia al cobre, mezclándolo con hierro y estaño ; 
y sabían hacer toda clase de cordeles, hamacas, este- 
ra», mantas de algodón de varias clases, y dibujos y 
tegidos de plumas. 

Las costumbres de la sociedad nicaragüense eran 
por lo general suaves; su índole alegre; sus ocupacio- 
nes, nisticas; y aunque su moralidad era muy grande, 
sns guerras se resentían de mucho encarnizamiento y 
tenacidad. 

Los movimientos se hacían á pie por senderos es- 
trechos, pero bien trazados, secos en todo tiempo y 
f-onservados siempre en religioso buen estado. 

Los trasportes se hacían al hombro, por mozos de 
í^ordel que llevaban una carga de 75 libras, recorrien- 
<lo con ella un trayecto diario de 8 á 10 leguas. 

La profesión más considerada, entre las varias que 
^ conocían, era la de comerciante. 

Ediñcábanse las habitaciones con madera ó con ca- 
ñas, y los techos de los edificios se cubrían con pal- 



60 HISTOBIA DE KlGAIUGÜA 



mas ó paja; pero á pesar de aquellos pobres recarsos 
arqniteetÓDÍcH)», algunos de sns edifiiños solían presen- 
tar nn aspecto imponente. 

La religión era en el fondo, la misma de los nahoaa, 
aunque algo se diferenciaba en las formas. 

Beconocfan dos dioses principales que eran, Fama- 
gOFtad y Zipaltoval, varón el uno, hembra el otro. 
Después de un cataclismo que destruyó el mando, 
ellos lo repoblaron con hombres* animales y plantas 
nuevas. 

Los dioses menores eran los mismos de los otros 
pueblos. 

El culto, como ya lo vimos en otra parte, era seme- 
jante al practicado por todos los pueblos de origen 
nahoa, aunque los sacrificios humanos no eran fre- 
cuentes. 

Tenían libros y archivos que fueron tomados por 
los españolee y quemados solemnemente en la pLeusa 
de Managua, por el B. P. Bobadilla, en el año de 1524. 

El cacao les servía de moneda en sns mercados v 
en sus ferias, que también solían tenerlas. Lo divi- 
dían en condes de 400 almendras cada uno: veinte 
contles formaban un sJUquipU; y tres shiquipiles una 
carga. 

Managua, que existió siempre en el mismo lugar en 
que hoy la vemos, fué una grande y hermosa pobla- 
ción indígena que se extendía por la costa del lago de 
8U nombre, entonces Xolotlán, en una extensión de 
cuatro leguas, hasta la actual Villa de Tipitapa, en 
donde residía el cacique que la gobernaba, uno de los 
más poderosos entre los pueblos dirianes. La pobla- 
ción contaba cuarenta mil habitantes que vivían en 
casas diseminadas paralelamente á la playa. 

Nicaraocallí (Bivas), Jalteba (Chanada), Niquinoho- 
mo, Masaya, Jinotepe y Masatepe, fueron también 



CAP. VII. — NICAKAGUA, ETC. 61 



populosas é importantes ciudades en los primitivohi 
tiempos de Nicaragua. 

Para señalar los sepulcros, se levantaban sobre elloib 
túmulos de piedra ó de tierra, que. existen hasta el 
día en los cementerios de muchos pueblos indios. 



PARTE SEGUNDA 



ITORIA COLONIAL DE MUMU 



CAPÍTULO 1 

Orlgren de los descubrimientos 



Sube al trono de Portugal don Juan el Bastardo — Situación 
del Reino— Las relaciones de Marco Polo deslumhran á la 
Corte de Lisboa— Las luchas despiertan el espíritu aventu- 
rero de los portugueses— Expedición á Berbería— Reconoci- 
miento de la costa occidental de África— Descubrimiento 
del cabo Boj ador— Aparecimiento del Príncipe don Enrique 
el Navegante — Los portugueses descubren Porto Santo, Ma- 
deira y el Continente africano— Temores de los conquista - 
dores—El Papa concede la propiedad de las tierras descu- 
biertas—Muerte de don Enrique— Don Juan II logra desper- 
tar de nuevo el enttisiasmo de los portugueses— Éstos des- 
cubren los reinos de Benín y de 'Congo— Establecimiento de 
colonias portuguesas — Se rectifican algunos errores geográ- 
^&— Es buscado el camino para las Indias Orientales — 
Bartolomé descubre el cabo de Buena Esp>eranza — Cristóbal 
Colón descubre el Nuevo Mundo. 



En el año de 1385, subió al trono de Portugal don 
'^uan I, apellidado el Bastardo, 



t|4 JllfiTOKlA D£ NICARAGUA 



Cuando se veríficó la exaltación de don Juan, el 
queño reino lusitano se hallaba al abrigo de kMi 
gios sostenidos en el resto de la Península por los 
bes posesionados de Granada, y los españoles 
sos de arrojarlos; pero á pesar de esta favorable ^ 
cunstancia, Portugal no podía ensancharse por tíe^ 
en razón de que se lo impedía, el mayor poder de ^ 
tilla. 

No quedaba é los portugueses otro camino 
grandecimiento que el de las expc-dicionos m 
alas que se manifestaban propensos desden ^ 
anterior, en que la Corte de Lisboa se deslumbre 
las fantásticas relaciones del veneciano Marco 
acerca de un supuesto reino gobernado por el 
Juan, que unos colocaban en el confín de Asia y <^^ 
en Afri<*a. 

La^ luchas que los portugueses habían tenido €^ 
sostener en distintas épocas, exaltó en ellos ese esp0 
tu militar y aventurero que distinguía á tolas í* 
naciones de Europa en la E lad Media, y prodoj 
hombres activos y audaces, propios para grandes^ 
presas. 

Con ánimo de dar un alimento á la actividad de su 
súbd¡t^)s, don Juan I, que no cousMeraba muy segí 
ra su autoridad, dispuso una expedición contra l< 
moros establecidos en la costa de Birbería, á cuyo f 
equipó en Lisboa una armada consiiierable, coijipac 
ta de todos los buques que pudo allegar eu su r^iao 
de otros m uchos que compró á las naciones extrau jen 

Mientras ^ terminaban los grandes preparativos 

ia fi^xpediciépn, dispuso el Monarca portugués, deatac 

^IfOiuos bac^^^^ con encargo de navegar á lo largo 

í^ costa oc^^:3Ídental de África, bañada por el ocóa 

Acíántíco -y^ descubrir los países ignotos qne en ei 

''^«tefi«^^j-:r:^oníau situados. 



GAP. I.— tmiOBN, BTtt 



Annqne muy imperfecto, en aquella época, el arte 
.1<.* navegar, el estudio de la geometría, la astronomíay 
y la geografía, que habían sido importadas á España 
- Porttigal por los moros y judíos, auxilió bastante á I 
■s expedit'iou arios, que lograron no sólo doblar el ea- 1 
M. Non, barrera entonces formidable, sino también,^ 
iivanzar ciento setenta millas más allá hasta destíu-^ 
tjrir el caI>o Bojador, de donde regresaron satisfecho» 
y orgullosos sorprendiendo al mundo con sus rela-j 

^Tanto el resultado de la expedición á Bojador co- 1 

» <>1 bríllaiittí éxito obtenido en la empresa i;untra I 

I uniros de Berbería, levantaron el espíritu empren-^ 

flor íieloH portugueses y los alentaron á nuevaS'l 

btativas. 

El IMnciiH" (Ion Enrique IV, hijo del rey don JuaüJ 

otoWe por su inteligencia, su erudición y su valor,! 

né uuo de los que con más entusiasmo acogió la idea I 

hacer dencubnmientos. Se retiró de laCort«yl 

ousagró desde esa fecha, su poder, sus influencias y1 

I actividad al logro de sus propósitos. 
ÍEn H18 fué descubierto Porto Santo, por la pri- 

¡era expudición que organizó el Príncipe. 

"En I i'20 los portugueses establecidos en Porto Han- 1 

descubrieron la isla Madeira; y de 1433 á 1437,-1 

nturándose en alta mar, lograron doblar el cabo I 

¡ojador y depcubnr el vasto Continente de Africal 

jits el río de Senegal y toda la costa que se estÍeu-¡ 

Teñiré c! cabo Blanco y el eabo Vei'de. 
■ JSI ccdor ut'gi'o, cabello ensortijado, nariz aplanada! 
Klftbiu.s gruesos de los habitantes de los países recié»! 
«•ubiertos, lUfuaroii de temor á los portnguesed, pen-'l 
atid't que aquello era efecto del calor y que si avau-^ 
Aban luáíi, Ut'garíuii á una tierra de fuego en que teu-^ 

riño que porecer; pnin despi^rtada yn la sed de dps-*J 



66 HI8T0KIA DE NICAllAGÜA 



cubrimientos, no tardarou en organizarse nuevas ex- 
pediciones en las que figuraba gran número de aven- 
tureros, que acudían de todas .partes de Europa á po- 
neree á las órdenes de don Enrique el Navegante. 

En 1438, el Papa Mai-tín V, concedió á los portu- 
gueses el derecho exclusivo de propiedad sobre todos 
los países que descubriesen desde el cabo Nun hasta el 
Continente de la India. 

Acallados de esta manera los rumores de la oposi- 
ción, continuáronse las expediciones hasta las islas 
Azores. 

Con la muei*te de don Enrique, que se verificó en el 
año de 1460, disminuyó mucho en Portugal el ardor 
de los descubrimientos; pero más tarde, al adveni- 
miento al trono del Rey don Juan II, en 1481, se des- 
pertó nuevo entusiasmo y se descubrieron los reinos 
de Benín y de Congo en 1484. 

El nuevo Monarca de Portugal poseía todas las do- 
tes necesarias para la realización de grandes empre- 
sas. Deseoso de conservar sus posesiones, mandó cons- 
truir varias fortalezas en la costa de Guinea, fundar 
colonias y establecer relaciones comerciales con los 
estados más poderosos de aquellas regiones, procuran- 
do someter á la Corona portuguesa, á los débiles ó á los 
que, por luchas intestinas, se hallaban divididos. 

Las constantes relaciones con las tribus africanas y 
las observaciones que ellos mismos hacían, disiparon 
en los portugueses, ciertos errores que hasta entonces 
habían aceptado como verdades científicas 

El Continente africano que, según la doctrina do 
Ptolomeo, debía extenderse en anchura, parecía que, 
por el contrario, se estrechaba insensiblemente y se 
encorvaba hacia el Este, confirmando así las descrip- 
ciones de los viajes que los fenicios hacían antigua- 
mente al rededor de África que se creían fabulosas. 



caí», i. — OKIGEN, ETC. tí7 



Esto les hizo concebir la esperanza de que, siguiendo 
el derrotero de los fenicios, podrían llegar á las Indias 
Orientales. 

Tal pensamiento ocupó, desde esa fecha, la atencióu 
de todos los pilotos y matemáticos, y fué el objeto 
principal de las expediciones posteriores. 

Continuó el Rey don Juan II, haciendo grandes es- 
fuerzos para encontrar el paso para las Indias. 

En 1468 una expedición marítima al mando de Bar- 
tolomé Díaz, avanzó resueltamente hacia el Sur, y tras- 
pasando los límites que habían detenido á sus com- 
patriotas, descubrió más de novecientas millas de tie- 
rras nuevas. 

Sin que fuesen bastante á detenerle las tempesta- 
des violentas que sufrió, las frecuentes sublevaciones 
de la tripulación y los padecimientos del hambre, Bar- 
tolomé Díaz, continuó avanzando hasta lograr descu- 
brir el cabo de Buena Esperanza. 

La fama de estos sucesos se exteudió por todo el 
mando, y el nombre de los portugueses corría de bo- 
«•a en boca, cuando la noticia del descubrimiento de 
un nuevo mundo por Cristóbal Colón vino á ftjar la 
atención universal en el hombre extraordinario que 
llevó á cabo un hecho tan portentoso, y en la Nación 
afortunada á quien cupo en suerte la dicha de ayu- 
darle. 



CAPÍTULO II 

f 

i Cristóbal Colón 



Nacimiento de Colón^Sus padres y hermanos — Su educa- 
ción-Entra de marino— Viajes de Colón— Vida del marino 
en el siglo XV— Naufragio de Colón— Llegada á Portugal— 
Estadode este peds— Se casa— Manera de vivir— Conocimien- 
tos que adquiere— Nuevos viajes y relaciones— Pensamien- 
to de Colón— Opinión del sabio Toscanelli— Acontecimien- 
tos quo confirman el pensamiento de Colón— Se dirige al Rey 
de Poitiigal— Oposición del Obispo de Ceuta— Conducta del 
Rey don Juan — Envía á Bartolomé donde el Rey de Inglate- 
na— Qénova y Venecia— Desgracia de Bartolomé— Colón en 
Espafia— Su asilo en la Rábida— Llega á la Corte— Le reci- 
ben los Reyes Católicos — Servicios de Quintanilla — Cinco 
años de conferencias inútiles — Retírase Colón— Detiénele el 
Prior— Carta á la Reina— Toma de Granada— Regresa Co- 
lón—Firma un contrato con los Reyes Católicos — Nuevas di- 
ticultades- Carabelas armadas— Gastos y salida de la expe- 
dición. 



Cristóbal Colón, nació en Genova por los anos de 
1435 á 1436. 

Era su padre Domingo Colón, fabricante de tegidos 
de lana, y su madre se llamaba Susana Fontanarosa. 

Tuvo dos hermanos, Bartolomé y Diego, y una her- 
mana casada con el tocinero Santiago Bavarello. 

Domingo Colón murió muchos anos después de los 
primeros descubrimientos de su hijo. Poseía dos ca- 
sas en Genova, y tuvo bastantes recursos para propor- 
cionar á sus hijos los beneficios de una instrucción 
muy superior á su clase. 

Después de haber aprendido en Genova en su in- 
fancia, la lectura, la escritura, la aritmética, el dibujo 



70 HISTOKU DE NICAKAGUA 



y las nociones de pintura, Cristóbal Colón fué envia- 
do á la Universidad do Pavía, donde recibió lecciones 
de gramática, de lengua latina, de geometría, de geo- 
grafía, de astronomía y de navegación. ( 1 ) 

A los catorce años, interrumpió sus estudios uni- 
versitarios y comenzó su aprendizaje de marino. La 
historia de su vida, desde esa época hasta 1487, es bas- 
tante confusa. 

Parece que hizo muchos viajes bajo el mando de su 
pariente Colón el Mozo, celebre marino, que fué so- 
brino de Francisco Colón, capitán en los ejércitos na- 
vales del Rey Luis XI. 

La vida del marino en el Mediterráneo, se compo- 
nía entonces de viajes atrevidos y empresas temera- 
rias. Una simple expedición comercial, se parecía á 
una expedición de guerra, y á menudo el buque mer- 
cante tenía que sostener fuertes combates para cru- 
zar de un puerto é otro. 

Por los anos do 1469 á 1470, mandaba Cristóbal Co- 
lón uno de los buques de Colón el Mozo, cuando se 
empeñó un terrible combate, en los mares de Portu- 
gal, entre la escuadra de este almirante y cuatro ga- 
leras venecianas que volvían ie Flandes. 

La carnicería fué espantosa ; las dos escuadras se 
acercaron, y el buque que mandaba Colón, enredado 
con otro buque veneciano, al que habían dado fuego, 
y además fuertemente sujetí> por los garfios, no pudo 
escapar del incendio. 

La tripulación entera pereció, no salvándose de 
aquella espantosa catástrofe más que un solo hombre, 
que luchó primero, sin auxilio alguno, con las agita- 



( 1 ) Niegan algunotí críticos que Colón haya estudiado en Pa- 
vía. HemoH seguido la opini<^n de sus biógrafos man autorízadoR— 
( N. del A. ) 



cav. n.— ckistobal c-ouis 



71 



e olas, y quo luego, asido de uu remo, pudo ganar 
■ oosta ñ dos logiuis de dístaucia. 
L Este hombre era Colón, y la Providencia que lo des- 

labft para porteutosos hfchos, lo ari-ojó sobi-e lat* 
■nstas iIb Portugal, nación eótebre f ii aquella época 
ijiireus atrevidos y felices descubrimientos y por la 

Íeia y habilidad de sus uavegautes. 
[lí debía perfeeeiouarse en los conoeiniíeutoít que 
OD necesarios, para llevar á cabo el pi'oyecito que 
tarde fué el anhelo de un vida y la corona de su 
íloria. , 

■ La costa en que naufragó distaba poco de Lisboa, á 
■^bidu (te trasladó en breve y en donde lo repibierou 
^^Kstosaniente sus compatriotas. 
^^Kisboa era entonces el foco del renacimioiito geo- 
^BiUico. Reinaba Alfonso V y vivía aun el infante 
^BB Enrique, príncipe generoso, instruido y eiitLisiaíi- 
vta qne había establecido un colegio naval, elevado un 
bsarvatorio en Sagres y llamado en su derredor á los 
¡i'imbres más capaces de secundarle en las atrevidas 
"¿¡'«liciones qoe ae organizaban bajo su protección. 
■ !i pos de nuevos descubrimientos. 
Niugún otro lugar del mundo podía tenor más atrae- 
s para Oolúu. Tenía entonces 34 años y ya había 
bnirido una grande experiencia como navegante, y 
«vides designios exaltaban ya su imaginación. 
flPocii tiempo después contrajo matrimonio en Lis- 
■ t!on doña Felipa Muñiz, de noble linage, bija de 
rtoloiné Muñiz Perestrello, experto marino que sir- 
Bun las primeras expediciones del infante don En- 
pie, que había sido uno de los descubridores de las 
i de Porto Santo y de Madeira y servido por mu- 
JB aúos la gobernación de la primera de dichas m\a». 
\)ñ& Felipa se hallaba sin fortuna, y Cotón, para 
liuer su casa, se puso á vender libros con estAm- 



72 HIKTOKIA DE NICAUAGrA 



pafi, construyó globos, dibujó mapas y tomó parte en 
varias expediciones á la costa de Gninea. 

La composición de nn mapa geográfico exacto^ no 
oi'a en el siglo xv una obra vulgar. Venecia aeoiíó 
una medalla en honor de Fra Mauro, por el mapa qne 
hizo, en 1459, y Américo Vespucio compró por ♦ 5K 
fuertes, un mapa de Gabriel Valesea. 

Por su aplicación adquirió Colón un caudal de oo- 
nocimientos científíeos poco común entre los marino* 
de su tiempo. 

Los mapas, diarios y descripciones de los viajes de 
Perestrello, que encontró en poder de su esposa, le 
pusieron al corriente de los deiToteros seguidos por 
los portugueses y de las divei'sas circunstancias que 
los habían alentado y dirigido, despertando en éi vi- 
vísimos deseos de viajar. 

En 1477 hizo un viaje hasta Islandia, tocando €fD 
I\)rt() Santo, Madeira, Azores y costa de Guinea. 

De regreso, sostuvo por muchos añosf correspoo- 
d(»ncift eientífiea con varios marinos establecidps ^^ 
todos los lugares que visitó, y por medio del floren' 
tino Lorenzo Giraldi, se puso también en relaci^^ 
con el célebre astrónomo Pablo Toscanelli de Plo^ 
rencia. 

En la mente de Colón se agitaba ya el gran pensa- 
miento que le llevó á descubrir un mundo. Tenía el 
convencimiento íntimo de que la tieiTa era redonda y 
que por lo mismo debía encontrarse en el oeste otra 
tierra que equilibrase la del Continente Oriental. 

Después de haber meditado largo tiempo sobre esta 
materia y de haber comparado atentamente las obser- 
vaciones de los pilotos modernos con las indicaciones 
y conjeturas de los antiguos, dedujo que atravesando 
el Atlántico y navegando siempre con dirección al 
oeste, se descubrirían infaliblemente países nuevos 



ser otros, ¡ 
■W vasio continentf* índico. ( 1 ) 

Este peusñiii¡enty> de Colón no era más que el sofia- 
' •lescubrtmiouto del c-amiao que, eegún se ci'efa eu- 
"uc«e, debía uondacív de las costas occidentales de 
^ I ropa, á travéa dul océano Atlántico, á las costiui 
¡■^átales de Asia que él llamó siempre la Indio, 
i'olón sometió su proyecto á Toseanelli, pidiéndola 
lili instrucción detallada sobre el camino de la lodio. 
IMocto florentino le contestó, en 1474, manifestáii- 
'lo que el viaje que trataba de emprender, era mu- 
III más fácil de lo que se croía, y le envió además 
iiiu carta de marear, qne fué la que sirvió á Colón en 
I ¡'ritner viaje. 

he vatts modo, pues, el gran proyecto, que produjo 
^ tíorprendontes descubrimientos geográficos de 1492, 
(:\ desde 1474 asunto de serios estudios en Italia y 
■ u Portugal. 

Varios acontecimientos aislados, que liabían sido 
reunidos y comentados por los sabios de Portugal, y 
'">'>re los cuales se fijó, contribuyeron á dar á Colón 
'la casi Certeza de la realidad de eu proyecto. 
I'd piloto del Rey de Portugal encontró, á ióO le- 
-iiiis ni oeste del cabo San Vicente, una escultura de 
uniera de nn arte singular. Podro Correa, concuna- 
¡I de Colón, vio cerca de la isla de Madeira, otra pie- 
1 do madera esculpida, de un estilo desconocido y 
'!"<'e»>deHte también del oeste. En esos sitios se ha- 



( i ) Ll Cordunul de Ciimlimy, iliuc Pujol on bu Compendio de 
!l:ítnria IJnirermt, escribió, al coTneDxar el siglo xv, on libro ti- 

ikilo imagen del Mundo, reco¡)iIaciún do noticias coeiDOgráfioae ; 

■■"< olint incuMpleta por no predominar on ella criterio científico. 
' "i '>u MO ínEpir-'' en este libro, niimine «¡aien llevií A m\ úniínn el 

■'íivMipiínidnln fn<5 'Copt^iinelli— ( N, ilol A.) 



74 HISTORIA DE NICAKAGUA 



bían visto, además cañas colosales qae recordaban 
los bambiies de la ludia, y troncos de pinos enormeB 
de una especie desconocida, y por último, en las Azo- 
res, las aguas habían arrojado un dfa, los cadáveres de 
dos hombres cuyas ñsonomías y conjunto diferían 
mucho de los habitantes de Europa y África. 

Después de diez y ocho años de estudios y medita- 
ciones, Colón ftrmemente convencido de su idea, trató 
de hacerla práctica. Para esto no sólo era preciso ex- 
poner cuantiosas sumas, sino contar con el apoyo de 
un gobierno, a fin de poder tomar posesión, con títu- 
los imponentes y formales, de los territorios que se 
descubriesen. 

Don Alfonso de Portugal empeñado hacia el fin de 
su vida en una guerra con España, había abandona* 
(lo las grandes empresas marítimas; pero su sucesor 
don Juan II, se mostró más dispuesto á seguir las hue- 
llas del Príncipe don Enrique. 

Colón se dirigió al Monarca portugués, que le escu- 
chó favorablemente é hizo reunir un consejo de sabios 
en que se discutió si era razonable tratar de llegar á 
las Indias por el oeste, como proponía Colón, ó si era 
mejor proseguir los descubrimientos en África, que 
debían conducir al mismo resultado. 

Diego de Ortiz, Obispo de Ceuta, combatió con ca- 
lor á Colón, tachándolo de quimérico y charlatán; pero 
don Juan II, más couñado en la posibilidad del éxito, 
envió una carabela, en apariencia para las islas del ca- 
bo Verde, con instrucciones secretas para seguir la 
dirección indicada por Colón. 

Sobrevino una borrasca y los pilotos espantados 
regi'esaron á Lisboa. 

Altamente disgustado de tan desleal procedimieuto. 
Colón, ya viudo y sin ningún interés que le retuviera 
en Portugal, salió secretamente de Lisboa por la vía 



CAP. ir. — UHISTOBAL COLÓN 75 



marítima, á fines de 1484, habiendo enviado antes á 
Ha hermano Bartolomé á entenderse con Enrique Vil 
de Inglaterra. 

Algunos autores dicen que Colón, antes de dirigirse 
j ilEey de Portugal, pasó á Genova y que el Q-obierno 
[ de la República, debilitado por desastres recientes, no 
f quiso darle oídos; y que entonces se dirigió á Yenecia, 
t m donde le pasó lo mismo. 

Bartolomé no fué más feliz. Capturado por unos 
Imtas, cuando se dirigía donde Enrique Vil, necesi- 
tó de muchos años para poder llegar á Londres. Cuan- 
do lo verificó, el Monarca inglés le oyó favorablemen- 
te, y quizás le habría patrocinado, si ya Colón, en 
aquella fecha, no hubiera encontrado quien lo hiciera 
ea otra part^. 

En el entre tanto se vio un día aparecer á Colón en 
España, pobre y viajando á pie con su hijo Diego, que 
tenía d«* diez á doce años de edad. 

A media legua de Palos de Moguer, en Andalucía, 
«e detuvo una vez en el umbral del convento de fran- 
ciscanos de Santa María de la Rábida y pidió un po- 
^^ de pan y agua para su hijo. 

El guardián del Monasterio, Juan Pérez de Mar- 
^hena, hizo entrar á Colón, le dirigió algunas pregun- 
^^ y sorprendido de su instrucción y de la grandeza 
de sus ideas, le (íoncedió hospitalidad, se encargó de 
la educación de su hijo y le dio una carta de recomen- 
dación para el confesor de la Reina, don Fernando de 
Talavera, 
En 1486 llegó á Madrid. 

í^estituido de fortuna y sin amigos, ganaba humil- 
demente su vida, haciendo mapas y cartas de marear. 
No era á la verdad España la nación que se hallaba 
en condiciones favorables para intentar tan costosa y 
al mismo tiempo arriesgada empresa. En lucha aiin 



7fi HISTOUIA DE NICAKAGUA 



obstinada y sangrienta con el Reino de Granada, út' 
timo baluarte del poder sarraceno, el pueblo espafiol 
tenía empeñadas, en esta guerra, porvenir, honra 7^ 
fortuna, y la cuestión era harto vital para que pudie^ 
ran distraerle de ella proyectos más ó menos brillan^ ., 
tes de lejanas conquistas. 

Desde Córdova principió Colón á tratar de sa atr^ 
vida empresa, y en quien halló más acogida fué tíí ; 
Alonso de Quintanilla, Contador mayor de Castilla^ 
que además de ser partidario de cosas grandes, sim- 
patizó con el marino y lo hospedó gratuitamente en sa 
propia casa. 

Los Beyes Católicos escucharon á Colón con bondad 
é interés, y comisionaron, para que examinase el pro* 
yecto, á Fernando de Tala vera, confesor de la Beinai 
el mismo á quien iba recomendado. Éste consultó 
con un congreso de sabios españoles, en su mayor parte' 
eclesiásticos, que se reunió en el convento de domini* 
eos de San Esteban de Salamanca, pero tan apeados 
á las tradiciones bíblicas, que muchos negaban hasta 
los principios más rudimentales en que fundaba Co- 
lón sus conjeturas y afirmaciones. 

Después de muchas conferencias y de cinco años 
pasados en estériles debates, Talavera presentó al fin 
á los Reyes Católicos un informe muy desfavorable. 
Éstos, de común acuerdo, declararon á Colón que, has- 
ta que la guerra con los moros no estuviese termina- 
da, les era imposible empeñarse en empresas que re- 
clamaran algún gasto. Creyó Colón que su proyecto 
quedaba para siempre desechado, y determinó retirarse 
de una Corte en que le habían entretenido tantos años 
con vanas esperanzas. 

Decidido á marcharse á Francia á entenderse con 
Carlos VIII, pasó por el convento de la Rábida, donde 
se educaba su hijo ; pero el Prior Juan Pérez de Mar- 



OAP. 11. — CRISTÓBAL COLÓ» 



77 



na, que le profesaba sincero afecto, que apreciaba 
alentó y sus virtudes, y que deseaba, por otra par- 
|ii(! no se perdiese para su patria aquella iitil y glo- 
-.t empresa, se atrevió A escribir ala Reina, supli- 
i.ilijle que examinara el asunto de nuevo eon laateu- 
;i que merecía, y qne considerase que con su ne- 
'iva iba á quitar los medios de convertir á la fe ea- 
ii".! á tantos infieles que había eu loa países por des- 
■:''i'irse. 

Movida del respeto que profesaba á Juan Pérez, le 
ü'-wtó la Reina invitándolo á pasar á Santa Fe, en 
' ^'^a de Granada, para conferenciar sobre el asnu- 
'ic que le hablaba. Esta entrevista dio por resul- 
i'i ana iuvit«ción k Colón, para que volviese k la 
■'ti-, y el envío de setenta pesos con objeto do que 
jiprastí una muía y vestidos eon que presentarse. 
Imi la Corte encontró nuevos diflcnltades. El Rey 
' ij Ferunndo se oponía A las exigencias de Colón, 
'""11 (ledía ser nombrado almirante y virrey dts las 
iiiiivas que descubriera, eon el goce de la décima 
I''! de Ion beneficios. 

\iVirtu nudamente, en el año siguiente de 1492, se 
'■'lili tíranada y terminó la guerra con los sarracenos. 
'ii alejjría de la Corte fué inmensa, y aprovechán- 
" (le ella Quintanilla y Sautangel, que evan los pro- 
'<»re8 de Colón, lograron convencer á la Reina de 
üreíidad de ajKiyar á éste y entusiasmarla hasta ul 
-"•ifi lie que empeñara sus propias joyas, para los 

Sije la expedición. 

fcn iba nuevamente en camino para Francia, 
n ÍKÚ alcanzado en el puente de Pinos, por uu 

fc que iKir la postu y en «u seguimiento envió la 
Regresó en el acto, y el 17 de abril do 14!I*J, se 
I uu contrato poi' él y p<ti' Ioíj Reyí^s Católicoht 

¡Oneti^tOíi Ipponeedian todo manto haliia solicita- 



'S HISTOKU DE NIOAKAGUA 



< lo, y Colón 80 obligaba á contribuir con la octava par- 
to del uasto que ocasionara la expedición, en calidad 
do préstamo á la Corona. 

Kl Rey don Fernando dejó gravitar sobre Castilla 
toilas las oargas do la expedición, eludiendo compro- 
nusi>s ()uo juzgaba peligrosos. Luis de Santaugelí pro- 
tivtor do Colón, adelantó generosamente algunos fon- 
dos á dona Isabel, y Colón halló en el puerto de Palos 
á la familia do Pinzón decidida, no sólo á proteger la 
omprosji oon n^Mirsos, sino también & tomar en ella 
jmrto aotiva. 

Las oaral>oIas armadas fueron tres: la de mavor 
porto, á las ónlonos do Colón, recibió el nombre de San- 
ta Marta on luMior do la Virgen, á quien el marino ge- 
novós profesaba particular de voíúón; la segunda, ca- 
yo (>a[ntAn ora Martín Pinzón, se llamó Pinta^ y la 
torcera, mandaba por Yalüoz Pinzón, fué bautizada 
con 4^1 nombn» do }\hla. Las dos últimas no oran ma- 
yores tpio lan(*Iias do pescadores. 

La flotilla oxpodicionaria llevaba provisiones para 
un año v oonduoía á su bordo uu total de 1-46 hom- 
bros, la mayor parto marineros, unos cuantos aventu- 
roros (jue habían querido seguir la suerte de Colón y 
algunos caballeros do la Corto, oni*argados de acompa- 
ñarle. 

Todos los gastos do la oxpodioióii, que tanto habían 
asustado á la Corto ilo Castilla y que por tanto tiempo 
detuvieron las nogocia(*ionos de Colón, no excedieron 
do 4(X) mil roalos, ó soan vt»inte mil pesos fuertes. 

Antes de abandonar las <*ostas do España, Colón y 
todos los que le acompañaban, fueron procesioual- 
mente á la iglesia del Monasterio de la Rábida, donde, 
después do babei*se confesado, recibieron la comunión 
de manos del padre Pérez, que juntamente con ellos 
elevó preces por el éxito de la expedición. 



CAP. U. — CRISTÓBAL COLÓN 79 



Por último, eu la mañana del 3 de agosto de 1492, 
>olóii se dio á la vela en el puerto de Palos, á presen- 
cia de una multitud de espectadores, que elevaban las 
aanoB al cielo pidiéndole protección para una empre- 
a qne suponían necesitada del favor celeste. Colón 
ba, sin saberlo, en busca de un mundo, aunque en opi- 
lión de los espectadores sólo encontraría desoladas 
empestades y acaso una muerte sin amparo y sin de- 



• Aw*. 




Reinados de clon Juanlly dcnBnrique IV— Decadencia de 
ZIspeRa — La Princesa Isabel es proclamada Reina de CasU- 
Uay de León— Gobierna en unión de su esposo— Situación del 
Reino — Guerra civil— Apóyala Portugal— Actividadde los Re- 
yes Católicos— Se celebra la paz con Portugal — Don Fernan- 
do se ciBe la Corona de Aragón — Principiase la unificación 
de EspaDa — Medidas de buen gobierno — Preocupaciones i«- 
ligiosas^-Restable cimiento de !a Inquisición — VacilacioneB 
do la Reina — Rómpense las hostilidades con los árabes— 
I Lucha heroica de diea anos — Rendición de Granada y tér- 
ao de la doniinación muslímica en CspaCa— Expulsión 
lúe los judíoB— Llegada de Colón— Carácter de los españoles— 
I Hala educación de éstos— Causas de las desgracias de Amé- 



No V.V& la Espaüa del siglo xv aquella rica, podei 
a y florecientp naciÓD que, en tiempos de Carlos 
flio veía ponerse el sol en sus dominios. 

Los reinados de don Juan 11 y de don Enrique IV, 
que precedieron al de doña Isabel I, llevaron la mo- 
narquía á pasos agigantados, por el camino de la per- 
Ldicióu, á fnerza de desaciertos, condesceudencías, pu- 
¡(silaDimidad y mal gobierno. Débiles de carácter fue- 
|r(>u, I-orno Gít consiguiente, iustrumentos dóciles de 
iistiitos y ambiciosos favoritos que explotaron en ai 
lí-neficio la riqueza y el porvenir de la Nación. 
La ducadeucia del país y la corrupción de la Coi 
Bpareeian haber llegado á su colmo, cuando sobrevil 
t luum'te del último de los monarcas referidos. 
La Princesa Isabel, hermana del Rey, reeouocii 



1 



82 HISTOBIA DE KICABAGUA 



heredera del Trono á consecueacia de la exclasiÓD v 
desconocimiento de la infanta doña Juana, hija de don 
Enrique lY llamado el Impotente^ fué proclamada 
Beina de Castilla y de León, en 1474, comenzando á 
ejercer el gobierno desde esa fecha, en unión de don 
Fernando, Príncipe heredero de Aragón. 

Los nuevos monarcas inauguraron su reinado bajo 
condiciones muy desfavorables. 

La autoridad real se encontraba tan menoscabada 
que era casi ficticia, minada por los fueros y privile- 
gios extraordinarios de los nobles que, encastillados 
en sus fortalezas señoriales, no tenían de vasallos si- 
no el nombre. Jefes absolutos de fuerzas numerosas 
que servían á su capricho, ora apoyando á la Monar- 
quía, ora levantando el estandarte de la rebelión, la 
justicia no podía alcanzarlos, y el Monarca tenía que 
contemporizar con ellos y ser, muchas veces, instru- 
mento de sus pasiones. 

Los caminos se encontraban plagados de malhecho- 
res y bandidos que hacían difíciles las comunicaciones 
y paralizaban el comercio, siendo la acción de los tri- 
bunales impotente para contener los homicidios, ro- 
bos y crímenes que se verificaban diariamente. 

La industria y la agricultura corrían parejas con el 
CLtado general del Eeino. 

Empeñados en constantes guerras con los vecinos 
y en frecuentes contiendas civiles, los españoles pre- 
ferían el botín militar, que solía enriquecerlos de pron- 
to, á los productos de la industria siempre lentos en 
sus progresos. 

Las letras tampoco se atendían, no obstante el in- 
mediato contacto con los árabes que tanto las culti- 
vaban. Los conventos eran los únicos que se dedi- 
caban á ellas, y fueron éstos los que en aquellos tiem- 
pos las salvaron del naufragio que las amenazó. 



' Los nuevos raonareas tuvieron que añadir á todo ' 
l> relacioDado, los iuconvenientes de la gaerra. 
f No bien habían ocupado el Trono, algunos noble:* 
^aotaroii el estandarte de la revolución, so pretexto 
S sosteuw los derechos de la infanta doña Juana la 
eltraonja, hija bastarda de la casa de Castilla, t^^on 
"quien había celebrado esponsales el Rey de Portugal 
"ion Alfonso V que, á título de protector y esposo, iu- 
vndió L-on no ejército el territorio castellano. 

Faltos de tropas y do recursos, los Reyos Cntólieos 
lo ¡m pro visaron todo, echando mano de loa bienes 
«clesiástiaos, que el clero les ofreció volantariaciente. 
^ V(*aeidoa los portugueses y los nobles rebeldes, to- 
Bk^ continuó la guerra por más de tres años afllgien- 
Hbé las provincias frouteriza-s; pero en medio de los 
BnidadoB de aquella guerra en que demostró su genio 
vfia Mtividad doña Isabel, dedicó también su empe- 
■d á la reforma déla administración interior, cuyo ' 
Bftmentable estado hemos reseñado atrás. 
W Por fin se celebró la paz con Portugal, y este acon- 
■Éeimieato coincidió con otro no menos feliz para Cas- 
B^a. Don Fernando se ciñó la Corona de Aragón por 
Biimrte de su padre, y los reinos de Asturias, Galicia, 
B*'tn y Castilla, Aragón y Cataluña, formaron entonces 
Wia sola entidad política y sirvieron de base á los 
Beyes Católicos, para la importante obra de la uuifi- 
Bañn de la Monarquía española, que debía comple- 
Brse más tarde. 

BAsegurada la paz, la Beina de Castilla organizó uu 
Berpo de policía urbana y rural que contribuyó eíi- 
^■meute á restablecer la seguridad pi^blica; coueedió 
Beaz y decidida protección á las letras é hizo llamar 
Babios italianos que dieron lecuioues públicas en lab 
|BÍver8Ída(Ies ; mejoró y aumentó los establecí inieu- 
Hl de instrucción; concedió franquicia de derechos á 



84 HISTORIA DE NICAUAGUA 



la iutroduecióu de libros extranjeros; dictó sabias dis- i 
posiciones encaminadas á proteger la industria y el i 
comercio; revocó una multitud de privilegios otorga- ■ 
dos por los monarcas anteriores á los grandes seño- 
res; arregló la moneda; dio notable impulso ¿ la ma- 
rina militar y á la mercante; embelleció las ciudadeH, 
y con estas y otras medidas hizo cambiar, como por 
encanto, el aspecto del país. 

Desgraciadamente era opinión común en aquel tiem- 
po, que la Iglesia Católica t^nía la facultad y el deber 
de inquirir los eri'ores en materia de fe, pudiendo re- 
querir el auxilio del brazo secular para imponer el con- 
digno castigo á los que incurriesen en ellos. 

Los Beyes Católicos participaban en mucho de las 
ideas de su época, y cometieron el error de restablecer 
en España, en 1478, el odioso tribunal de la Inquisi- 
ción, olvidado y en desuso, que debió haber sido 
proscríto en bien de los pueblos y de la religión mis- 
ma que se pretendía proteger con él. 

Cuéntase que la Reina estuvo por mucho tiempo 
dudosa y vacilante; pero instada por sus directores 
espirituales y atenta al clamor de las masas ignoran- 
tes que reclamaban el sangiiento tribunal para tener 
á raya a los judíos conversos, tuvo al fin que vencer 
su repugnancia y consentir en una medida que fué 
más tarde, la ruina de España y del Nuevo-Mundo. 

Conocido el ardiente celo religioso de don Feman- 
do y doña Isabel y el deseo de engrandecer el Reino 
que los animaba, se comprenderá fácilmente la repug- 
nancia con que mirabají la ocupación por los sectarios 
de Mahoma, de la parte más rica y hermosa del terri- 
torio español. 

Un acto de provocación imprudente y desleal, por 
parte de las autoridades de Granada, precipitó los 
acontecimientos y dio principio á las hostilidades. 



Bd aquella lucha heroica que duró diez años, loB 
"■aljes defendieron con valor sii conquista y pospsión 
^' «iele siglos, mientras los espaüoiee revindicaban de 
.1 misma manera el suelo patrio, con cuyo meuosca- 
o jamás se habían conformado. 

' 'ou la readición de Granada, el 1 9 de enero de 1 492, 
iiv.i término la dominnoióu de los «rabes en España; 
: inj estp acontecimiento que acrecía ol poder y riqne- 
lí lift la Monarqnfa castellana, llevándole un euantio- 

'contiaíteate de adelantos cieutíficos, industriales y 
iLiiiufactureros, no fué estimado así por los monarcas 
■ -ipaáoles. 

Cepados por su excesivo ardor religioso, se echaron 
>lii(.' el solemne compromiso de respetarla religión 
■ los vencidos que contrajeron en el tratado de la 
. pitulación de Granada, expidiendo un tiránico de- 

iiii ¡lor p1 que se mandó salir de los dominios eepa- 
"l^s á todos los judíos que, en el término de cuatro 
" í-es, no abjurasen de su religión y recibiesen el bau- 



I 'chocientosmil israelitas, según unos; ciento ocheu- 
I rail, según otrosj industriales, manufactureros y 
iiipresarioR que sostenían la prosperidad admirable 
'ii'l Reino de Granada, emigraron de Espaüa y fueron 
ú enriquecer con su industria y couocim lentos, á otras 
¡■;i('iones de Europa que se aprovechnrou de aquel 
norde los Beyes Católicos, 

l'ftl era el estado de la Nación española cuando el 
■i!¡o de Cristóbal Cotón, ayudado eficazmente por lii. 
!iia de Castilla, la dotó con un nuevo mundo. 
Wex años de continua y esforzada lucha, habían he- 
'iio de los españoles bravos y atrevidos guerreros. 
No era, sin embargo, la educación del cuartel, la 
i de los sangi'ientos campos de batalla, ni las in- 
leraníp» y atrasadas doctrinas de la Inquisicióu, las 



86 HI8TOKIA DE KICAHAGUA 



llamadas á formar á los conquistadores de un mundo 
y á los portadores de una civilización nueva. 

La desgraciada América que dormía indolente y 
(íonfiada el sueño de la inocencia, tuvo que ser la víc- 
tima de tantos errores. Su tierra llena de encantos y 
de gracia», sus florestas, sus aves, sus tesoros, en fin, no 
fueron nunca bastantes para aplacar la codicia desen- 
frenada de las hordas aventureras que, por espacio de 
300 afios, la convirtieron en perpetuo botín de guerra, 
invocando im Dios y una civilización que estaban le- 
jos de comprender y que jamás pudieron interpretar. 



CAPÍTULO IV 



Descubrimieiito i\v América 



I Viaje de Colón— Descúbrese la tierra— Toma posesidii de 
Ib— Naturales de América— Colón dirígese al Suren busca 
I OK»— Organización deuna colonia— Violenta tempeslad— 
ega á Lisboa— Su regreso á Espafia — Entusiasmo gene- 
l—Cólmatile de honores — El Papa concede las tierras des- 
•líbiertas á EspaD a— Disgusto de los portugueses — Nueva 
bula romana — Segundo viajo — Tercer viaje — Colón preso y 
cargadodecadenas— SullegadaóEspana— Colónrepeletriun- 
íaniemenie las ac\tsaciones— Cuarto y último viaje — Deecu- 
bntoieaio de Nicaragua — Padeciraientoa y amarguras de 
ColiSii— Muere en Vallad olí d— Nombre que se da á las colo- 
iviar— Americo Vospucio — Su nacimiento y educación — Sus 
'iajes— Sus reí acionoB— Tratado de geogrslía de Straburgo- 
Carta de Watt— Opinión de Mr. Dacou — Inexactitud de ella. 



k Después de tres meses y alguaos días de una peno- 
uavegacióu por rumbos j mares desconocidos, 
«-jIód, escarnecido y amenazado de muerte por los 
mismos que le acompañaban, pasaba los días y las nor 
i'befi, fija la mirada en los horizontes, pidiendo á Dios 
HüP le presentase ta tierra en lontananza siquiera, 
eomo un premio k los sufrimientos que ya le tenían 
agoviado. 

En la uoche del ouee do octubre divisó en la costa 
una luz que se movía, y á las dos de la mañana estu- 
vo á punto de desmayarse de gozo, al oír los alegres 
írritos de la Pinta, que iba á la vanguardia y que anun 
ciaba el descubrimiento de la tierra tan deseada. 

amanecer, los primeros rayos del sol naciente^ 



-*?• ülttTOUlA JE NlL-ULiüCA 



r»i^*Qran:a j ios aroQÍtÁ>» ojo» «ielot» •íxpe«iit?ioaari»>?, 
ij¡i .'^*ensi ie •^smüníinaria belleza. 

L.i "lerrtí ; iie reman :ii ft"eate. q^ae em la isla de 
H'iaiiaüan:. zue t\)¡on llamo «iel Salvotior. et^tab^i en- 
«HirM ii«* :)Oíi4rii*5? -^speíí*)»*. y ei r'jit) t*olIa.¡** y Iok va- 
•Miiis y vT^rom^íf «MÚop»*»'ie \us dore» tropieale^ Ls hA- 
'♦!a:i arai'»^t!t*r iiieti:re y lieP!ii«)«i «fomo ain^na. Al 
misriii^ "ii^iiipo veíanse -ai? piayufif. i.'ubiertas de hijo* 
• le aiiTieiloíj bo^ries. i'.ie salían en í:n:)pei á iiiirAr<?on 
ditTii:."uiM«.'»n 'j>í* aav:oi?. «ínyus bÍ£Uie:i;¿ velas semeja- 
l-a;i ^lura -»¡Ii?í*, pajaDrí eQ«?rmeÉ«. ;«a¿ípem<os sobre las 
JUJCuas. 

i^.'Il.uJ, palpitan re ie '^ui«}«.'iou. rieameuce engalanado 
y .MHj la H<paáa «iesnaiia. ¿alto a cierra» se arrodilló 
•:»ri la areüa v despaes de besarla eres veees, oni ferro- 
ri.^sameute nn*l:endi; acracias á Dios. Lueg«>, paesto 
*-m pie «'oa ♦íl tíscau-iarte real m la iuan«\ tomó pocse- 
<i<^u formal del país »fu nombre del Rev v de la Reina 
de biSpaüa, y r»e<íil-i«> i.le los españoles que leaoompa- 
fiaban el honjeua.je «ie Virey «ie atiueilas tierras?. 

M'N:'tií:ra.> tanro ;«:s uanuralesdel país, mirando álos 
r^pafioles i.'omo <eres «^xt;rut.H'iliuari<>s «le una raza sn- 
ptrTior, ^e prosceruarou y ios reeibien.'^a con respeto. 

luíí armado Ool«>n ile «-lue mas le.j«.^s y haeia A Sur se 
^•ii».*oucraba el oro en abun^iani'ia. diriá:i«> su rumbo en 
aijuella diree«,'ióu y des4'ubn«'» a l^uba y la Elspañola. 
llamada después Haití. 

Al llegar á esre t'dtimo puuto, iiaufratí:t3 uno de los 
buijues y tuvo que dejar treiuna y ».'ine«> hombres ei>T] 
orden de organizar la primera oolt.mio. rej^résando des- 
pués á España, eu 4 de euen> de IV^X 

Durante la riavegaeióu <lel regreso j<>brevino una 
violenta tempestad que estuvo á punto «le destrozar 
los débiles barcos, y temiend«.> < 'olón que se perdiesen 
para el mundo sus imp>ortanffr*s descubrimientos, es- 



CXV. IV. — DEHODBftOnEHJO DE AUQUOA 



.' > ana relación y la aseguró en nu barril que an-ojó 
mar, ««peranzado de que pudiera llo^r á las playas 
«Tiip^as: pero habiendo disminuido la tempestad, pu- 
urrihar h Lisboa con los buques rasi destrozados y 
'I-- ahí dirif!it*e desput^s al puerto de Palos. 
Ya iÍH Portugal había llegado á Espaüa la ruidosa 
'lililí del descubrimieuto del Nuevo-Muiido, y euaii- 
*i" arribó al puerto de Palos, fui^ Colón recibido por 
mnehednmbre entusiasta que le aclamaba freué- 
¡nte, entre los estampidos del eañóu y los ale- 
repiques de las carapauas que saludaban su en- 

! Dirigióse iumediatarneute á Barcelona, donde le 
ipiftrdaban los Reyes Católicos. Les hizo una rela- 
fletallada de sus descubrimientos, presentando 
fcofstrafi de los productos del Nnevo-Mundo, mos- 
pindó á los natni-ales que habia llevado consigo y 
tciiíndo á. loB monarcas españoles una rouquista 
(ne, en aquella tedia, "no había wstado á la hnma- 
íHad ni nn crimen, ni una vida, ni una gota de san- 
)lÍ una lágrima." 

- Reyes Católicos colmaron de honores á Colón, 
iifjraierou en todas sus dignidades, y paraasegu- 
' -n la posesión de las tierras descubiertas, ocun-ie- 

■ Roma en demanda de una bula que les eoncedie- 
.iomioio y propiedad de ellas. 

ipaba la sílIa pontificia el español Roderico Bor- 
luotfido con el nombre de Alejandro VI, y este 

■ ¡ice escuchó gustí'sola solicitud de los Reyes Ca- 
>, expidiendo la célebre bnla Inicr r.tetern, en la 
idálos monarcas de España, las tieras descubier- 

\ j>ür descubrir, espontáneamente, por pura libe- 

iiind r cou la plenitud del poder evangélico. La.« 

■ ■^ütiMÚn, "con pleno poder, tiHloridnrl y jurisdir- 

-■ pi-ohíb<> íi toda clase do personas, reyes ó empe- 



tf^) UliflOKEA I>E XKXkJLGCA 



nuloThH que coutraveogan Ia bnbL bajo pena de 



rnnnióur 



\jA portugueses, que habían hecho defien 
fitíUtrioreñ y que tenían otra bnla del PafMi Martíii F, 
«-ritrarorj eu celos y disputas con los espaMd€& 

Fara cortar cuestiones entre ambas Cortes, 
cÍM/ una nueva Vjula romana, en la que, trazándose mM 
lín^a imafpnaría de un polo á otro y cien leguas iük 
tan te de laü Azores y de las islas Verdes, i^e dediié 
jfirrteneciente á España, las tierras desenbiotas ó qi 
'{lie Hf' dcHcubriesen al Occidente, y á Portugal, lasqMÍ 
'fM hulIoHcn ul Sur de dicha línea. 

Kl 25 de Kctiembre de 1493 hizo Colón un segond» 
viiijf', Kaliendo del puerto de Cádiz con 17 navios f 
ITiiK) hombres y llegó hasta las pequeñas Antillas dt 
liiH cniileH tomó posesión y regresó. 

Kti rnayo do 1498 realizó un tercer viaje con sea^i 
burcoK y coHHiderable número de familias, dirigiendo 
Mil rurnbo Inicia el Ecuador. Descubrióla Trininady 
la «'.oHÍii de la America del Sur cerca de la desemboca- 
'iiira íjül Orinoco en donde estuvo á punto d^ perecer 
l>or liiM tirecipitución de la^ aguas de este gran río, ea' 
yo tiof|4*roHo curso lo hizo calcular que debía perten^ 
i'i'V (i un continente. 

KMt.e tercer viajo do Colón terminó de una manera 
muy trinte. ihibieudo ocurrido algunos desordeno 
<«n la KKpañolu, los Roy os enviaron como arbitro á dol 
Kruric¡H(!o de Hobudilla con instrucciones de castiga 
y mandar presos á los culpables. Bobadilla^ que erJ 
<'nemÍKo de (Jolón, aprovechó la oportunidad para car 
Karlo de cadenas y enviarlo preso á España en uniói 
dn HUH hermanos Bartolomé y Diego. 

Kl Comandante del buque, Andrés Martín, indigna 
do d(« que se tratase tan mal al descubridor de ni 
inundo, quiso quitarle los grillos; pero Colón se opu 



CAf. IV. — UESc:UBBlMIKNTO DE AMÉKICA 91 



l'is eouservó en toda la traresía: hizo más aúL, 
liíA más tarde en su despacho y mandó que á su 
■<• los Dietierau en su féretro, 
i-uautú se supo imi España que Colón llegaba en- 
lado como vil cnminal, nn grito de iudigüaeióu 
■ic toda* las bocas. Entre su triunfo de Barce- 
>- rat-a cruel hamUlación, el contraste era muy 
■i.-.-. 

í"ii repelió triunfan temeute todas las acusacío- 
iiceptó como buenas las excusas que lo présen- 
los Reyes españoles los que, á pesar de t^do, 
i le devolvieron su posición. 
i. l.j():í, á los sesenta y seis años de su vida, ouau- 
.1- heridas del corazón y los achaques de la edad 
lii debilitadas sns fuerxas, emprendió Colón su 
!'• y último viaje, en busca, como siempre, del 
,11' para la India, que suponía un poeu más hacia 

■ ste de BUS viajes anterioret-:. 

! ' íi de mayo salió de Cádiz con cuatro carabelas y 
iioeiiicueuta hombres. Exploró la costa del Darién 
" H'ubrió los territorios de Honduras y Nicaragua, 
i:i posta del Atlántico. 

'limdeB fueron los padecimientos que Cristóbal 
11 tuvo que soportar durante su último viaje; pero 
I vwi libre de tantas pruebas, tenía derecho para 
iMfterse en España favorable acogida. 
''■'iia Isabel, su verdadera protectora, había muer- 
I J4 de noviembre de 1504, pocos días antes de su 

■ ío á la Península, y el Rey don Fernando lo re- 
' friament». 

' ■lóQ rttctnmó el cumplimiento de lo que se le de- 

y don Femando, aunque pareció no negarse á 

. ilpjó pasar algún tiempo y remitió las reclama- 

..(.i^ á la 'Tunta de Descargos, que siguió el mismo 

I de lentitud calculada, concluyendo por pro- 



\y¿ IIIHTOKIA 1>£ NICARAGUA 



ponerlo tituloB y haciendas en Castilla, en eompeo- 
Hfirióii do l<)8 privilegios qne le habían sido eonredi- 
doM («n Ainóricn. 

( ^ilón no qnÍHo aceptar, y Heno su corazón de amar 
Kiiru |H)r tanta ingratitud, devorado por males fíáem 
y coiKX'iondo i\\\o hu fin se acercaba, se retiró á VaDt- 
dolid (MI dondo falloció, olvidado de todos y en k«fr 
yol probn«/.fi, ol 20 do mayo do 1506 á los setanteafioi 
do odnd. 

KntorraronHo oon ól sus cadenas, y sus restos depo- 
^itiidoM snooHivamonte en el convento de San Frav- 
rifirn do Viilludolid, on el de Cartujos de Sevilla y en ] 
\i\ riit«MÍrnl iW Hanto Domingo, fueron por fin trafilar 
dndos /i la Habana donde actualmente reposan. (1) 

rrlntohal ('Ol6n ora alto, bien formado y moscnloeo- 
<ui nRoiidiiilii t<Mi(H oiorto aire de autoridad y susm»- 
iinmn oran HoriuH y dignas. Distinguíase por nnaima'' 
Kiniirión vivii, un noble entusiasmo, una moral inta-^ 
rlinblo, grando gonio inventor y una extraordinaria^ 
('«itmtanoia (*ii hum pro{K)sitos. 

A la 1 iorra dt^soubiorta por Colón se le dio el nom— • 
lili» do Aiiiñrira, á t*onsoeuenciadelos escritos qne 
linM<] Nuovo-Mnndo publicó el piloto Américo V 

|iiiriii. 

Ainórioo fiió un hombre honrado y estimado del 
tiiÍHiii(i iUAfm, 

Kra natural dí* Florencia en donde nació el 9 de 
inary,n do llfil, y fué ol hijo tercero de un escribano 
pnbliro do aquolla oiudad. 



( I ) ritiiiiaiiioiito ha aparecido un sepulcro en Santo Doroin- 
K(» í|UO Nf) pn^tondo wr el de (íolcín. El hecho no ha sido recono- 
cido jwir In comlfiíón <iue el (Gobierno espaílol mandó á Santo Do- 
ininffí»— ( N. del A.) 



tiAf. IV. — DESCUBBIHIEMTO UE AHEUICA. 

Educado eou «ísmero por su tío Georgio Aotouio 
■siJiieio, docto religioso de la congregación de San 
. iri"08, se trasladó á España eu busca de fortuun, un 
i'io ilw 1490, uQtruiido de factor 6 dependiente de 
L líran estaljlecímiento comercial de Sevilla. Más 
r>ie entró de contador en la casa d« Contratación de 
misma Sevilla y fué el encargado del armamento d^.' 
■ Imqneí: destinados al tercer viaje de Colón. 
l'.ii 14!)9, segi'iii se cree, hizo su primer viaje asocia- 
1 1 icii Juan do la Cosa. El segando coa Yáñez Pin- 
>'.i. en diciembre del mismo año, el tercero eon los 
i'itrtugiieses al Brasil, en 1501, y el cuarto con los mis- 
mes portugueses á las Indias Orientales, naufragando 
twreo de la isla Fernando Noroña. 

Américo sólo fué piloto cu estas cuatro expeiüeio- 
'ii's; ptm sus relaciones, escritas eon corrección y ame- 
nidad y publicadas en aquellos días, se tradujeron á 
''"ios los idiomas y dieron nelebridad á su nombre. 

Eü l.)07, un sabio profesor y librero alemán, cono- 
' i'if con ol nombre de Uacomilo, publicó una im- 
i' liante obra en latín reuniendo, por primera vez, 
'^ '.'nairo relaciones de Américo Vefpucío y propo- 
"iido dar al nuevo continente el nombre do Amé- 

¡■■u IMít salió en Straburgo mu tratado de Geogrii- 
■' í-u que refiriéndose á Ilacorailo se bace uso del 
""''Uo nombre de América. 

*■'" 1.Í20, una carta de marear, publicada por Joa- 
I ■■ i'i lie Watt, hace igual cosa, y de esa fecha para acá 
' Mo generalizándose aquel nombre cada día más, 
'I (¡ue Vespucio tuviora culpa ni intervención eu es- 
' i'iibo, hecho después de sus días al descubridor del 
' ¡> vo-Mnndo. 

Hace pocos muses que la prensa periódica publica- 
comunicación dirigida á la Academia de Cien- 



94 HISTOIUA DE NICARAGUA 



cias de París, por el geólogo francés, Mr. Jnlee Di 
sobre el origen del nombre de América. ( 1 ) 

El ilustre sabio afirma que el nombre de Americus^ 
AméríffOj de que se supone derivado América, es m 
bre puramente imaginario que jamás ha sido ap] 
do á persona alguna en Italia, Portugal y España; 
que Vespucio se llamó sencillamente Alberto (Al 
cmj Albérígo) cuya desinencia no pudo ser nun< 
Américo. 

'^ La verdad es, dice Mr. Dacou, que la palabra A\ 
rrica ó America es de origen indio y proviene de losj 
idiomas de los aborígenes del Nuevo Continente. IH-] 
cha palabra, traducida literalmente de las leí 
chontales y mayas de la América Central, significa jiati^ 
del viento j y con ella se designa, en aquella región, ni 
cadena de montañas conocida como muy rica en mi- 
nas de oro." 

Será muy respetable la opinión del geólogo francés; 
pero su afirmación, con respecto al nombre de Améri- 
co, está contradicha por las obras del mismo Vespu- 
cio, que llevan su nombre al frente ; por los libros de 
la casa de contratación de Sevilla qué hablan del con- 
tador Américo Vespucio ; por los escritos de Ojeda en 
sus pleitos con los hijos de Colón (2); por la carta que 
el Almirante dirigió de Sevilla á su hijo don Diego (3) 



( 1 ) Diana (le Ceu tro- America de 28 de agosto do 1888— Go»- 
témala. 

( 2 ) "Troje conmigo á Joan de la Cosa piloto 6 Américo V«- 
puche é otros pilotos." ( Eduardo Charton — Viajeros célebres,) 

(3) 'El Almirante don Cristóbal escribió, pues, desde Sevi- 
lla, üou fecha 5 de febrero de 1505, á su hijo don Diego, qne rett- 
<1ía en la Corto, diciéndole, que Américo iba á allá, llamado aobn 
cosas de navegación &." — (Navarrete — Viajes y desctd>rimiento8.) 






CAP. IV. — DESCUBRIMIENTO DE AMÉBICA 95 

f por la obra antigua de Ilacomilp, que propuso el 
lombr*^ de América en honor del erudito florentino. 

Por otra parte, las lenguas chontales y mayas de la 
iLinérica Central, que supone distintas Mr. Dacou, son 
mas mismas; y en estas regiones no sabemos que ha- 
rá actualmente, ni que haya habido nunca, cordillera 
nontafiosa conocida con el nombre He América. 



CAPÍTULO V 

Descubrimiento y conquista 
de Mear; 



Sale Colón de Cádiz— Su cuarto y último viaje— Tempes- 
tad que sufre— Descubre á Honduras— Toma posesión del 
territorio— Nueva tempestad — Descubre á Nicarag\ia— El 
pueblo de Cariay, sus b.abitantes, usos y costumbres— Toma 
dos naturales para guías y se dirige á Veragua— Vasco Nú- 
fiez de Balboa descubre el Pacifico — Pedrarias es nombrado 
Gobernador del Darién— Reconoce las costas de Nicaragua 
y Costa-Rica- Ejecución de Balboa— Andrés Niflo se dirige 
á España— Júntase con Qil^ QonzáQez— Concesiones de la 
Corte— Gastos de la expedición— Llega Gil González al Da- 
rién- Su expedición por la costa Sur — Su amistad con el ca- 
cique Nicoya— Penetra resueltamente á Nicaragua— Reci- 
bimiento del cacique Nicarao- Sus aventuras en el interior 
del pais. 



En el capítulo anterior vimos salir de Cádiz al Al- 
mirante Colón, en 9 de mayo de 1502, con cinco cara- 
belas y 150 hombres, llevando por objeto el buscar la 
comunicación para la India, que suponía existente en 
territorio americano. 

Efectuaba su cuarto y último viaje y le acompaña- 
ban su hermano don Bartolomé el Adelantado, intré- 
pido y entendido mareante y su hijo menor don Fer- 
nando Colón, casi niño todavía. 

Una violenta tempestad puso en peligro sus naves 
frente á Santo Domingo, donde le negaron el asilo. 

Siguiendo su derrotero tocó en algunos islotes y ca- 
yos que conocía desde sus anteriores viajes, y cami- 



1>8 lílSTOKIA DE NICARAGUA 



uando hacia el .Sur-oeste descubrió el í?0 de julio, las 
islas de la bahía de Honduras. 

El 14 de agosto descubrió el cabo de Cajiuas, y ei 
1 7 desembarcó en la boca del río Tinto y tomó pose- 
sión solenme del territorio á nombre de la Corona de 
España. 

Continuando siempre hacia el Sur-oeste fué nueva- 
mente arrebatado por una gran tempestad que duró 
ííerca de un mes y en la cual el peligi'o llegó á ser tau 
inminente, que las tripulaciones se confesaron unas á 
otras, preparándose para la muerte. 

Al fin, después de larga y azarosa lucha con los ele- 
mentos, el 12 de setiembre se logró doblar uu cabo, 
<*omenzó á soplar viento bonancible, calmó la tempes- 
tad, las naves siguieron hacia el Sur, y Colón, penetra- 
do do gratitud y de religioso respeto, dio á aquel lugar '^ 
A nombre de Cabo do Gracias é Dios. 

La primera tierra de Nicaragua acababa de ser des- 
cubierta de un modo providencial por el propio Colón, 
y éste dospuéá de permanecer un día en ella, continnó 
al siguiente navegando con su escuadrilla á lo largo 
ilel litoral, y á las (50 millas fondeó para proveerse de 
leña y agua en la embocadura del río Grande, en cuya 
barra perdió un bofe con su tripulación. 

Do allí se dirigió guiado por la costa á la emboca- 
dura del río Kama y ancló en la isla actual de Bosby 

V tierra lirmo, el 2.") del mismo setiembre. 

Kn aquella tierra encontró, una legua adentro, un 
pueblo indígena llamado Cariay, á orillas de un her- 
moso río, on un teireno llorido, salpicado de colinas 

V de árboles de «extraordinaria altura. 

Los habitantes, al ver las embarcaciones y los seres 
extraños «|\io navegaban en ellas, se sobrecogieron de 
temor y si* ajírt^staron á «lefenderse, haciendo uso de 
ti\\H armas. 



CAP. V. — DESCUBRIMIENTO, ETC. fH) 



Colón procedió coii toda prudencia y uo quiso des- 
embarcar aquel día ui el siguiente, hasta que logi-ó 
tranquilizar a los naturales y entrar en pláticas y arrcí- 
glos con ellos. 

SegQU el informe de Colón, atiuellos naturales eran 
altos, robustos, bien proporcionados y dt? semblante 
risueño. 

Su idioma era diferente del de los antillanos, lleva- 
ban camisa» de algodón sin mangas, eran púdicos, usa- 
ban el cabello trenzado encima de la frente y el cuerpo 
pintado de figuras extrañas de (íolor rojo ó negro. 

Los jefes llevaban una gorra de algodón tegido, 
adornada con plumas, y las mujeres tenían el talle ce- 
ñido con vistosas telas, las orejan, los labios y las na- 
rices agujereados y usaban pendientes de oro muy 
mezclado de cobre. 

En sus chozas tenían fierramientas de cobrtí ó pe- 
dernal, objetos fundidos y soldados, (*risoles y fuelles 
de pieles, y se alimentaban de la caza y pesca. 

Desembarcó el Adelantado don Bartolomé con otros 
pocos españoles, y queriendo tomar algunos datos acer- 
ca del país, comenzó á pregnntai' por í-eñas y mandó 
ai Escribano que asentase las res[)Uostas que se obtu- 
vieran. Los naturales, que al ver escribir se alarma- 
roij, atribuyendo sin duda a hechicería aquella opera- 
ción nueva y extraña para ellos, cííharon á huir, vol- 
viendo a poco con unos polvos «[ue pusitM'on á quemar, 
procurando arrojar el humo á los españoles. No me 
nos supersticiosos éstos que aquellos, creyeron á su 
vez que se trataba de hechizarlos. 

El mismo Colón pagó tributo á las ideas de su ójxr 
<'a y dio por cierto el peligro que corrió de ser asi da- 
ñado por aquellos salvajcí-. 

Continuando su excursión el Adelantado, (uicontró 
en el interior del pueblo, sepulcros con cadáveres em- 



lOt) HI8T0KIA DE NICARAGUA 



balsamados unos, y otros perfectamente conservados, 
envueltos en telas de algodón y adornados con joyas. 
En las tablas que cerraban las cajas, vio esculturas de 
animales en unas, y de rostros humanos en otras. 

Tomó Colón dos indios para que les sirvieran de 
guías, lo que causóg ran pesadumbre en el pueblo, y el 
5 de octubre se hizo nuevamente á la vela con direc- 
ción ii la costa de Veragua. 

Once años después de estos acontecimientos, cuan- 
do ya Colón dormía el sueño de la muerte y cuando 
habían tenido efecto otras muchas expediciones á dis- 
tintos puntos, el in^répido Vasco Núñez de Balboa 
atravesó el istmo de Panamá, y el 25 de setiembre de 
lillo descubrió el océano Pacífico, donde se fijó en- 
tonces la atención del Gobierno y de los aventureros i 
españoles. "^ 

Entiv estos últimos apreció por aquel tiempo, un 
personaje importante por su clase y por sus antece- 
dentes. So llnmaba Pedro Arias ó Pedrarias Dá vita, 
apellidado vi f/ahin y qI justador. Era hermano del 
Conde de Puño en Rostro y estaba casado con la hija de 
la oólebio Condesa de Moya, amiga íntima de la Rei- 
na Isabel. 

Pedrarias se había distinguido como jefe de alta gra- 
duación en la guerra de Granada y en la expedición 
al Afrioa, y gv>zaba de la protección del Arzobispo de 
Burgi^is esj>eoie de/iic/o/mw del Gobierno español, du- 
rante los rtMuados de los Reyes Católicos y de Carlos 
V de Alemania* 

Nombrado Gobernador del Darién en el año de 1514^ 
l\HÍr avias \ i no á liaeorse cargo del mando de aquel 
distrito aoonti^u'iado do uu número considerable de 
nobU^íi arr\ünad\^s. ^ue ponsal^an recuperar sus fortu- 
na;? on el ierritori\* amoríoauo. 

lMspus\^ difertM\t tv. exinHUoiiviu^^ v^ue recorrieron las 



CAP, V. — DE8CUBKIMIENT0, ETC. lOl 



<K)8ta8 del Sur de Nicaragua y Costa-Rica, y en 1520 
^ di6 principio de un modo formal á la conquista del 
^rritorio de esta última. 

En 1519 Pedrarias mandó prender al célebre descu- 
bridor del Pacífico Vasco Núñez de Balboa, y el 13 
^6 enero del mismo año, previo un proceso inquisito- 
ria], le mandó á degollar en unión de cuatro ó cinco 
rojetos más, acusándolo falsamente de quererse alzar 
ootx unos navios construidos con autorización y auxi- 
'íos que le dio el propio Pedrarias. 

XJn piloto que estaba á la sazón en el Darién, lláma- 
lo Andrés Niño, previendo el fin de Balboa, se dirigió 
Q mediatamente á España con objeto de solicitar la 
K>i:icesión de los navios embargados. 

ISiño no pudo lograr nada por sí en la Corte ; pero 
ke^l3Íéndose puesto de acuerdo con Gil González, hi- 
dalgo de la ciudad de Avil% y hombre que gozaba de 
1^ protección valiosa del Presidente del Consejo de 
Indias, logró por este medio, el 18 de junio de 1519, 
qwe el Rey se las concediera para el descubrimiento 
de las islas de la Especiería; recibiendo González un 
^^xilio de tres mil pesos y todo lo más que necesitó 
P^ra el viaje, el título de Capitán General de la Arma- 
^^y la cruz de Santiago y la orden para que Pedrarias 
f entregara los buques de Balboa y doce piezas de ar- 
^y^ría. 

, *-^os expedicionarios hicieron sus preparativos en 
^^illa, cuyo costo, comprendiendo tres navios con 
^ ^^caderías y provisiones de todo género, ascendió á 
^•'^o,833 maravedises, de los cuales 351,948 fueron da- 
^^^ por Gil González; 551,814 por Cristóbal de Haro; 
^•^58,068 por Andrés Niño; y 4,000 castellanos por el 

Andrés de Cereceda fué nombrado Tesorero de la 
^^pedición. Ésta salió de San Lucas Barrameda el 



lO'J HISTuniA DE NICAUAIU'A 



li\ de setiembre de 1519 á bordo de las naves Victoria 
de 56 toneladas, Santa María de la Merced de 100, y 
Santa María de la Con^ol<ición de 75. 

La expedición tocó en La Española (Santo Domingo) 
en donde se proveyó de muclias cosas que le faltAlian, 
entre ellas de ¿J5 yeguas, 2 bueyes y dos carretas. 

Continuó el viaje con viento próspero y desembar- 
có en el puerto de Acia (Tierra Firme) en enero de 1520. 

Llegado Gil Cíonzález al Darién, entró en dificulta- 
des con Pedrarias, que nunca le entregó nada; y des- 
pués de mil trabajos logró fabricar tres buques en el 
río de Las Balsas, pero los perdió y tuvo que coustrair 
otros nuevos y organizai- su expedición en la isla de 
Perlas, de donde salió con (;uatro embarcaciones, el 
martes 21 de enero de 152'J. 

Apenas habría caminado unas cien leguas al occi- J 
(lente, cuanclo advirtió quií toda la vasija en que con- ^ 
(lucía (il agua estaba deshaciéndose y que los buques 
empezaban á llenar^i» de broma. Determinó, pues, 
saltar a tierra i»ara rei)onerIa vasija y carenar las em- 
barcaciones. 

Mientras si» reparal)au los buques, dispuso el Capi- 
tán General hacer una excursión en el interior del país, 
con cien hombres y cuatro caballos, y dejó prevenido 
al piloto para que cuando estuviesen aderezados los 
navios, navegara unas ochenta ó cien leguas adelante* 
sin desviarse de la costa y lo aguardara. 

Gil González atravesó parte de la actual República 
(le (Josta-Rica y se hizo muy amigo del cacique Nieo- 
ya, jefe de los orotiuas, á (juien convirtió al catolicis- 
mo y de quien nn^ibió catorce mil pesos de oro (1) y 
seis pequeños ídolos del mismo metal. 



(1 ) Kl |K»i«o t\v í»ro t»eí^ún Hnfiiboldt e<|ni valía jí nn castellano — 
(X. ílol A.) 



CAÍ'. V.— t)ESCÜllRlMlENtO, tíTC*. ÍO'A 



El cacique Papagayo le regaló también 259 pesos de 

oro bajo. 

Laexcursióu de Gil González llevaba por objeto reu- 
nir oro entre los indios y buscar la comunicación in- 
ter-oceánica, que se suponía existente en territorio 
americano. 

Por medio del cacique Nicoya tuvo noticia de la 
existencia de un país inmediato mucho mas rico, go- 
bernado por el poderoso cacique Nicarao y cuyas be- 
llezas naturales y situación topos^ráfica le fueron des- 
critas con toda la poesía de la imaginación indígena. 

CW González no vaciló en dirigirse a aquel territo- 
rio, á pesar de lo mucho que le ponderaron la fuerza 
y poderío del cacique. 

Penetró resueltamente, y después de tomar sus pre- 
:^ canciones, envió una embajada á Nicarao, proponién- 
dole la paz, si aceptaba la fe católica y la sumisión al 
Rey de Castilla ó invitándolo á la guerra en caso con- 
trario. 

Nicarao, que ya tenía noticia de los españoles, acep- 
tó la paz y recibió con mucha pompa y solemnidad 
al soberbio conquistador, á quien dio diez y ocho mil 
quinientos seis pesos en su mayor parte de oro bajo, 
mucha ropa y algunas plumas ricas. (1) En cambio 
González le regaló una camisa, una gorra de paño do 
grana y algunos dijes. 

Después de algunas pláticas en que el cacique con- 
futó valientemente los misterios del catolicismo, de- 
mostrando una inteligencia bastante despejada, con- 
nno en aceptar el bautismo para él y toda su Corte. 

Estas repentinas conversiones de los indios, como 



(1) El Doctor Ayoiiy sigaiendo á Levy y á Herrera, dice (¡ne 
faeron 25 mil pesos j pero liemos tenido á la vista la cnrta ir forme 
do r;il fronzáloz al Rey de España — (X. del A.) 



104 HiSTOUIA DE NICAKAGUA 



bien se comprende y lo ha demostrado el eronista Ovie- 
do, no eran sinceras. Obligados por el temor, creían 
con justicia salvar a bien poco precio sas vidas, con 
sólo consentir en el acto de dejarse mojar la cabeza, 
que les parecía de ninguna importancia. 

Así se vio con frecuencia que los mismos bautiza- 
dos corrían presurosos á recibir nuevo bautismo, ca- 
da vez que llegaban partidas de españoles, y que si 
cerraban los templos y botaban los ídolos mientras los 
amenazaba el peligro, tan luego se alejaba, volvían á 
sus anteriores ritos y ceremonias. 

Para afirmar en su fe á los nuevos convei'sos, dis- 
puso Gil González llevar en procesión solemne una 
cruz y colocarla en la cumbre del sacrificatorio que 
tenían los indios en la plaza del pueblo. El Capitán 
español subió las gradas hincado de rodillas y derra- 
mando lágrimas. 

Nicarao tomó también otra cruz y fué á colocarla 
en el templo. Aquella divertida ceremonia carecía de 
repugnancia para él, una vez que en la religión de los 
nahoas, que él profesaba, la cruz era el símbolo del 
dios de las lluvias. 

Pasaron do treinta y do^ mil los indios que se bau- 
tizaron en los pocos días que permaneció Gil Gonzá- 
lez en Nicaraocalli, capital del cacicazgo. Los caci- 
ques de los pueblos circunvecinos acudían con multi- 
tud de gentes y se disputaban al Capellán que admi- 
nistraba el bautismo. 

De Nicaraocalli pudo Gil González contemplar el 
bello lago de Cocibolca, en cuyo centro se levantaba 
magestuosamente la isla de Ometcpte (dos cerros). 

El Capitán español fué á reconocer aquel lago y le 
dio el nombre de Mar Dulce. 

Preguntó á Nicarao si aquel lago se unía con el mar 
del Norte, y le contestó, que (Yertamente se unía más 



CAP. V. — DESCrWlUMlENTO, ETC. 10.") 



hdelante por medio de un caudaloso río; pero que el 

hgo se hallaba á alguna distancia del mar del 8uv, 

Innqne podía comunicar con éste por medio do otro 

lugo que se encontraba al Setentrión. 

I Quiso internarse á reconocer el país y Nicaiao le 

Pbeilitó hombres y unos de sus generales para que le 

NMM>mpañaran. 

1 Be<íorri6 muchos lugares, que aunque no eran gran- 

Éw, se hallaban muy poblados y en los caminos le sa- 

jkn multitud de indios, ansiosos de ver hombres 

^n barbas y conocer los caballos. 

González, queriendo impresionar más á los indios, 
IMiidó hacer 25 barbas postizas, con pelo de cabo- 
til y las colocó en otros tantos mancebos, que aún no 
¡Í0 tenían, para aumentar el número do los barbudos. 



CAPÍTULO VI 

(Vmtinuacióii de la c'iOiiqiiiHta 
de Nicaragua 



Oro que recoge Gil Gonzádez— Descubre el Golio de Fonse- 
ca-Su regreso — Recibimiento del cacique de Diriangén — 
Batalla con éste — Hostilidades posteriores— Embárcase y 
regresa á Panamá — Su disputa con Pedrarias— Huye á San- 
to Domingo— Prepárase para exi)edicionar sobre Honduras. 
Pedrarias envía á Nicaragua á Hernández de Córdoba— 
i\iiidación de las ciudades de Bruselas y Granada— Reco- 
nocimientos del lago de Cocibolca— Fúndanse las ciudades 
de León y Segovia— Encuentro de Hernández y de González 
en Hondiiras- Acción de Toreba— Llegan los tenientes de 
Cortés á Honduras— Traición de Cristóbal de Olid — Desas- 
tre y prisión de Las Casas— Sale Cortés para Hondviras. 



En su excursión por las poblaciones inmediatas al 
territorio de Nicarao, Gil Clonzález recogió oro, escla- 
vos y abundantes provisiones que los indígenas le re- 
íralaron espontáneamente para él y sus soldados. 

Una guerra que había estallado entonces entre Di- 
riangén, cacique de Diriamba, y Tenderí, cacique d(» 
Xindirí, le obligó á apartarse al oeste del lago en la 
comarca de Nagrando, y pudo entonces ver el lago de 
Xolotlán (Managua) desde la ciudad indígena de Ema- 
bite, capital de los nagrajidanos, en donde fué recibí - 
lo de paz. 

Continuando su marcha un poco al Norte, encontró 
tíI González un gran golfo que llamaban de Chorote- 
ú, al que dio el nombre de Fonseca en honor del 



lU^S HISTORIA i>£ XICAKAGUA 



Presidente del Consejo de ludias, que llevaba ese apa 
llido. 

Sin haber podido averigaar nada cierto sobre la e» 
ninnicaeión inter-oceánica, el Capitán español regn- 
só por el misma camino con dirección á NicaraoeallL 

Acercábase al término de su viaje^ cuando salió i 
encontrarle al camino el cacique de Diriangén prece- 
dido de 5ÍX) hombres, cada uno de los cuales Uevabí 
nn pavo montes de regalo. 

Tras ellos marchaban diez individuos con bandem 
blancas; en seguida diez y siete mujeres adomadu 
con muchas placas pequeñas de oro y llevando 300 
hachuelas del mismo metal; y por último el cacique 
rodeado de los señores de su Corte y acompañado de 
í'ínco tañedores de pífano. 

Al acercarse á los españoles despicaron las bande- 
ras, y tanto el de Diriangén como sns quinientos hom- 
lires, tocaron la mano « Gil González á quien ofrede- 
ron los pavos. Una de las mujeres le dio, ademi» 
vo'mtft hachuelas de oro de 14 quilates. 

lios músicos estuvieron tocando durante nu rat^ 
í-ffrca de la posada del jefe castellano, y habiendo pr€ 
guntado éste al de Diriangén sobre el objeto de sur 
Hita, contestó que la motivaba el deseo de conocer 
los hombres con barbas, montados en animales d 
í'uatro pies. 

La visita se verificaba en el temtorio de los cae 
qucH do Nocíhari, á seis leguas del de Nicarao. Lli 
mábanse esos caciques Ochomogo, Nandapia, Mombí 
rho, Nandaimo, Morati y Goatega, los qué regalare 
153,434 ])eso8 de oro bajísimo y permitieron el bautí 
nio de 12,fi()7 personas de su jurisdicción. 

Agasajó Gil González al cacique recién llegado y si 
♦•sperar más, después de haber tomado y guaMado 
oro muy bajo que también llevó, que representaba 



CAP. VI. — CONTINUACIÓN, ETC. 109 



rálor de 18,818 pesos, le dirigió la acostumbradií 

Invitación de recibir el bautismo, á lo que contestó t»! 

indio, pidiendo tres días de plazo para determinarlo. 

. El astuto cacique, que sólo procuraba ganar tiempo 

¡para asegurar un golpe contra los invasores castella- 
1108, aprovechó los tres días en contarlos y observar- 
i loe bien; y tomando su resolución, cayó de improviso 
^ lobre ellos, el 17 de abril, al frente de cuatro mil in- 
dios. 

Tan confiados estaban los espa&oles, que habrían si- 
do sorprendidos por completo, á no haberles dado avi- 
íouu indio de los de Nicarao, cuando ya los df^ í)¡- 
riangén estaban a un tiro de bayesta. 

Montó Gil González á caballo y ordenó la defensa 
WTemetiendo con los suvos v trabándose un combate 
cuerpo á cuerpo, en el que durante diez minutos pei- 
maneció indeciso el resultado. 

La victoria se decidió al fin por los españoles, que 
Movieron siete heridos y uu prisionero, al cual pudie- 
ron rescatar, gracias al empeño de los indios en con- 
^^í^'arlo vivo para el sacrificio. 

/fo dejaron los naturales ó los compañeros heridos, 
^^ á los que habían muerto en el combate, por lo que 
^^^ difícil saber con certeza el niímero de sus pér- 

^^oncluida la batalla se celebi'ó un consejo de gue- 
**^^ eu el campo esj^añol, en el que tuvieron voz y vo- 
^^ Wta los simples soldados, y en ól se decidió aban- 
ionar la empresa por el momento y volver a la costa 
^^ busca de los navios, dejando para otra ocasión 
^^ coütinuar la conquista del país. No era este el pa- 
Tí'Cer de González, que estaba por atacar a los indios 
y acabar de destruirlos; pei*o tuvo que ceder á la vo- 
luntad de los demás. 

Ordenóse la marcha con varias precauciones, for- 



no liltiToKlA DE MCAKAGUA 



mundo mi cuadro eu cuyo centro caminaban los 
dos, el oro y el tren del ejército. 

AI atravesar Nicaraocalli, residencia del cacique Nfj 
«•arao, nadie los molestó; pero no bien pasaron la 
blación, comenzaron los indios «i aparecer por la reti-j 
íjuardia en actitud hostil, dando voces y aeonsejaui 
á sus paisanos que llevaban las cargas, que las dejaMJ 
y abandonaran a los españoles 

h\\é aumentando por grado la osadía de los u¡c»-J 
raocallitanos, hasta hacer necesario el uso de las ar- 
mas. Trabóse con éstos, un nuevo combate de casi to-j 
do el día, en el une los españoles se batían en i'etiradtij 
arremetiendo de vez en cuando con los caballos y sem- 
brando el pánico en las ñlas enemigas. 

Cuando estaba jjara ponerse el sol, enviaron les in- 
dios parlamentarios á pedir ¡a paz y á excusai-se d¡- 
í'iendo (jue no eraNicarao quien había ordenado aqa«l 
ataque sino otro üaciíjuí' llamado Zoatega, queáU 
sazón se hallaba en la ciudad. (1) 

<}il (íonzález aceptó las excusas y concedió la piBi 
aunque haciendo presente que había visto y conocido 
á algunos del pueblo y (^ue si volvían á hacerle la gue- 
rra, los escarmentaría ejemplarmente. 

(Continuaron los españoles su penosa marcha áu 
encontrar impedimento hastn lli-gar al golfo de San 
V^i(?ente, en donde los aguardaba Andrés Niño con loe 
buques. 

Determinós«í el regreso (2) paraPananni y después 



(\) LUiinado A7 \ifjn, cac¡(|uu «le rt*zt»atL'ga (Chinaudega), 
^íi vfr«la>lcTo iHHuhn? era Aj^atoyte — (N. M A.) 

{"2) VA tívuvv l)(K-lor Ay<')ii cii mi ¡Usloria dr yUuraf/iM, áíct 
i^ue despiiL'S du la retirada do <íonz:Ue/., éste volvió á Xicaraooalli 
y obtuvo de Xicarao mi (.íeiieral (|ue le di<), pura que lu guian 
hasta (d interior. Ni Oviedo, ni Herrera hueen tal afírniatí^n, ai 



CAP. VI. — CONTINUAÜIÓN, EOT. 111 



1^ aua navegítción feliz, pudo Gil Gouzález verificar 
I entrada en aquella ciudad el 25 de junio de 1523. 
^^entras González expedicionaba por tierra en un 

recto de 224 leguas castellanas, que fueron las que 

>rrió, según informó al Rey, Andrés Niño con hi 
lada exploró las costas del Pacífico desde el golfo 

Nicoya, en que i*eparó sus buques, hasta Tehuan- 
ípéc. 

Por este mismo tiempo se llevaba á efecto la paci- 
eación de Costa- Rica, que costó nueve años do lu- 
bas incesantes con el famoso cacique Urraca. 
Al llegar Gil González á Panamá se ocupó preferen- 
smente en hacer fundir el oro recogido, que ascendió 
112,524 castellanos y tres tomines; habiendo además 
acogido 145 castellanos de perlas fina.s. 

Apartóse desde luego la cantidad que correspondía 
1 quinto real, y se preparaba González á embarcarse 
»ra Santo Domingo, desde donde pensaba enviarlo ú 
Sspana, cuando Pedrarias, que como se recordará no 
o veía con buenos ojos, exigió que la entrega se hi- 
ciwa á él. 

González se opuso y se marchó en secreto á Nombre 
^^ Dios, saliendo en su alcance Pedrarias, aunque sin 
resaltado alguno. 

De Santo Domingo escribió Gil González al Rey, pi- 
^i<3ndo la gobernación de las tierras descubiertas por 
<íl, con el ofrecimiento de adquirir grandes riquezas 
para la Coi-ona. Envió á su Tesorero Cereceda con el 



P*race razoiuiMe que después de Ja resolución del ConsejO; en que 
'TODzález tuvo que retirarse obligado por lo.s suyos y por la acti- 
«íide los indios, éste hubiera vuelto de paz y se hubiera interno - 
'o basta la bahía de Fonseca. í]l sefior Ayón siguió á López Go- 
lara que suele ser muy inexacto, como que nunca estuvo en Ame- 
ra-- /\. del A.) 



1 V2 MISTOKIA I)£ NiCAHAGUA 



quinto real á que solicitara el permiso de la Corte 
salir á buscar por las costas de Honduras, el dt 
(lero del lago de Cocibolca, que imaginaba habría 
»*star por aquel rumbo. 

Mientras tanto Gil González Dávila, con su actiri- 
<lad cai*acterística se ocupó en preparar la expediciÓBJ 
á Honduras, a cuyo territorio llegó con su escuadriSa] 
el año de 1524. 

( fiando González salía de Santo Domingo pai'a Hon-j 
duras, Pedrariiis lleno de ambición por una parte, j\ 
«]ucrii'nd() vtMigarse por otra, equipó una escuadr¡]k| 
cu Paiuuná, que puso bajo el mando de Francisco Her-j 
iiáiidcz do (*órdoba, ú quien nombró Teniente Cteue-i 
ral, dándole orden de desembarcar en las costas de* 
Nicaragua y ocupar todo lo que Gil González había 
conquistado. 

Era Francisco Hernández de Córdoba un hidalgo 
natural de Andalucía, valeroso y desinteresado, y es- 
cogió para compañeros á compatriotas suyos, que fue- 
ron los primeros pobladores españoles de Nicaragua. 

HiM-nández de Córdoba salió de Panamá en 1524 (1) 
y deiíempeñó fielmente las instrucciones de Pedrarias. 

Desembarcó en el ^olfo de Nicoya como Gil Gonzá- 
lez, y siguió el mismo derrotero de éste, para llegará 
Nicaragua. 

En el pueblo indio de Orotina fundó la ciudad de 
Bruselas, que fué destruida algunos años después por 
1 )iego de Salcedo. 

De Bruselas llegó á Nicaraoealli y abriéndose cam- 
po á punta de esp«da, pasó en seguida á la Provincia 
ílcl eafíique Nequecherí, jefe de los dirianes, no sin 



(1) l'll tíeñor Ayún, Milla, don J.eún Fernández y otros aatoreí, 
dicen que Hernández ^alió de Panamá en 1523. Habiendo regre- 
sado González en 1524, no pado Hernández salir en 1523. Ade- 
más, con tita en documentos oficialei? la salida en 1524 — (X. del A.) 



CAP. VI. — CONTINUACIÓN, ECT. IVi 



grandes dificultades, pues tuvo con los liabitaiites de 
aquelUis comarcas sangrientas batallas, cuyos porme- 
nores no han llegado hasta nosotros. 

A orillas de la ciudad indígena de Jalt^ba, residen- 
cia del cacique Nequecheri, fundó Hernández otra ciu- 
dad 4 la que, en honor de Andalucía su patria, dio el 
nombre de Granada, que conserva hasta el día. 

Inmediatamente después mandó construir la forta- 
leza del "Fuortecito'' á orillas del lag^, á levantar un 
Bnntuoso t^ímplo u San Franeisso que existe hasta hoy, 
y á llevar en piezas y al hombro, desde la bahía de Sa- 
linas, un bergantín con el cual hi^o reconocer el lago. 

El encargado del reconocimiento fué el Capitán Rui 
Díaz, que exploró el lago hasta dar con el buscado De- 
saguadero, por el que bajó regresando atemorizado 
del primer raudal. 

Aguijoneada la curiosidad de Hernández, despachó 
una segunda ^xpedición con el objeto de reconocer el 
río del Desaguadero y ver si era navegable hasta el 
Atlántico, y la encomendó á Hernando de Soto, aíiuel 
famoso capitán (jue sí* distinguió tanto on (»l Perú 
donde se enriqueció con el tesoro de Atahualpa, sien- 
do más tarde Gobernador de Cu-ba, Adelantado de Flo- 
rida y descubridor del Mississipí; pero Hernando So- 
to no fué más animoso que Rui Díaz y no pasó ad(* 
lauto del pueblecito de Vofo^ situado á la margen de- 
recha del río, un poco más arriba del raudal de Toro. 

En estf> tiempo el lago de Cocibol(»a ó Mar DuIcm^ 
principió á llamarse Nicaragua, por corrupción de las 
palabras ^sicarao-afiua ó agua de Nicarao, líon que por 
humorada lo designaban los andaluces do Granada. 

Pasó después Córdoba á la provin<í¡a de Iniabitc, 
dejando atrás la grande y populosa ciudad indígena 
de Masaya y fundó, á orillas del lagoXolotlán, la lui- 
mera ciudad de León, á la (jue también dotó de teni- 



114 HlSTOKfA DE XICAUAGUA 



pío y fortaleza, y euvió religiosos qu» catequizara 
bautizaran á los iudios, acompañados de un capí 
y algunos soldados que reconocieron la tierra en 
espacio de 80 leguas. 

Después de haber fundado la ciudad de Segovii 
orillas del río Yai-e, y conquistado la mayor parte < 
ten'itorio, Hernández se internó en el de Hondni 
llegando hasta cerca de Olancho, en donde á la su 
andaba también Gil González en busca del secreto 
rshrrho ó comunicneión inter-uceánica. 

Hernández hizo avanzar á Gabriel de Hojas cou 
iriiuos .soldados, y pronto se avistó este jefe cou ' 
González, que lo recibió amablemente, mauifestáud 
que no tenía inconveniente en darle á él pei'soualni 
te parte. en las utilidades déla conquista ; pero q 
«•orno á oficial de Pedrnriaí!, no le permitiría la me 
intervención, pues no tenía que hacer en aqnella tiei 

Informado Córdoba de la arrogante coutestacióu 
González, envió >in pérdida de tiempo, á Hernando 
Soto eon fuer/a suficiente y con orden de captura 
<iue consideraba como rebelde. 

González, que ya presumía el resultado de su i 
l)ue.stii, fcfoiprendió á su adversario en el pueblo de ' 
reba; pero á poco rato, viendo que la lucha se prol 
p,:.ba con pérdidas para él, pidió falsamente la ] 
mientras le llegaba un refuerzo, con el que cayó o 
vamente sobre su adversario, derrotándolo y quit 
dolé ciento treinta mil pesos de oro bajo que condn 

Aun no había reorganizado su gente Gil Gonzá 
iiiando le llegó noticia de que una nueva expedic 
española invadía su conquista por el Norte. Dejai 
en libertad á Soto y á algunos prisioneros que ha 
hecho, se dirigió á marchas forzadas á Puerto Cabal 

Eran lo» nuevos expedicionarios nada menos < 
los conquistadores de México, que venían á tomar] 



CAP. VI. — GO> TIN U ACIÓN, ETC. 1 1 



eu las contiendas de los expedicionarios de Centro- 
iérica, atraídos por la fama de riqueza que eu uu 

incipio se dio á estos países, y obrando por su pro- 
cnenta y sin ningún temor á las disposiciones de 

Gort«. 

Hernán Cortés, luego que hubo tomado la ciudad 
México y acabado de someter el imperio de Mon- 

;ama, deseoso por una parte de aumentar sus con- 

listas, y por otra de alejar de sí á ciertos hombres 
iunbif'iososá quienes los méritos contraídos durante la 
puerra habían inspirado pretensiones peligrosas, <le- 
brininó enviar expediciones capitaneadas por eso^ 
pnisiQOs hombres, á conquistar y paciñcar pueblos dis- 
^Mites. 

\ Teniendo noticias exageradas de la riqueza de Hon- 
idinraB, envió Cortés dos expediciones á este punto; 
lADE por tierra, al mando de Pedro de Alvarado, que 
fué el conquistador de Guatemala, y otra por agua, al 
mando de Cristóbal de Olid, dos de sus principales y 
más distinguidos tenientes en la guerra de México. 

Olid traicionó á Cortés y ésto envió á su deudo Fran- 
cisco de Las Casas con fuerzas sufieienti^s pnni la cap- 
tura del rebelde. 

A pesar del valor y superioridad numérica de las 
fuerzas que comaudaba Las Casas, después de inuebo 
l>atii*se tuvo que entrar en pláticas (íon Olid, y mien- 
tras lo verificaba, fueron estrellados sus bmiuos por 
iiti fuerte nprte, de cuya oportunidad se valió su om^- 
migo para vencerlo y reducirlo á prisión. 

Después de la salida de Las Casas, teiuíu-oso Cortés 
de un mal éxito, doterminó ir él mismo on porsona á 
CcU^tigar iV Olid. 

Nada fué bastante para distraerlo de su propósito, 
V el 12 de octubre de 1824, salió de México (•()n 1.')n 
caballos, 251) hombres españoles y 3,0U0 in<lios luixi- 



lltí HISTOKIA DE NlCAKAGrA 



liares, y se dirigió por tierra y por la vía de T 
al territorio hondureno. 

Dejaremos al famoso conquistador en su azar 
pedición de dos años en que apuró inútilmente 
amarguras, y continuaremos con la reseña defc) 
sos que más inmediatamente se relacionan coi 
ragua. 



CAPITULO VII 



Terminación de la eonqninta 

de Nicaragrua 



González se encuentra con Olid— Es reducido á prisión 
jeíe — Asesinato de este caudillo— Llegada del fiscal 
-Sus inteligencias con Hernández— Disgusto de los 
kes Soto y CampaCLÓn — Divisiones en Niceiragua— Di- 
Hernández al Fiscal— Conducta de Cortés— Llegada 
^Fedrarias Dávila— Proceso y ejecución de Hernández — 
de Pedrarias con Salcedo— Éste invade á Niceu^a- 
-Pedxo de los Ríos es nombrado Gobernador del Da- 
-Regresa Pedrarias al Darién — Dirígese Salcedo á Ni- 
i — Procedimientos crueles é inhumanos peu^a con 
indios — Miseria del país — Llegan á León, Salcedo y Pe- 
de los Ríos — Los regidores desconocen al último— Des- 
in de la ciudad de Bruselas— Gil González es envia- 
do México á Bspaíia— Su nombramiento y muerte— Le 
le Pedrarias Dávila— Nómbrase á Fray Pedro de Zúni- 
primer ObispK) de Nicaragua. 



Dejamos á Gil González Dávila en camino para Puer- 
Caballos, después de haber vencido á Hernando do 
>to. 

No tardó en encontrarse con Olid, y considerando 
idente no enemistarse con este jefe por lo pronto, 
eficribió en términos corteses y le propuso alianza, 
le contestó con expresiones de amistad, aunque 
y otro sólo trataban de engañarse mutuamente. 
Una vez vencido Las Casas, Olid envió á capturar á 
González por no haberle auxiliado oportunamente. 
El Capitán Juan Ruano, encargado de su prisión lo 
Wrprendió una noche en Choloma v lo condujo á Na- 



II 



HIM'OHJA l»E Mt AK.Url. A 



<í», f'U ílonfl^• lo reoibió OIi«i tratándolo eontod»' 
'•í'!i>irlf'rarMoní»s flebidas á ud (?andiIlo en «iesgrieia* 

f.íi.ij Cfl*aH y González instaron mucho por su 
fíiíl, r no haVjiendo podido obtenerla, abaj?ao«lo diíl 
^oTifiíHi/.a de Olid eon qni^n vivían, nnan^x^hel^ 
-^'wiíiti ii puñaladas. 

f><>pu#'»s de estí* asesinato, determinaron Laí* Ci 
\ (fil (rfiit/ále/.. irse á México por el camino de 6iA-| 
tí-rniílíi. píim dar ont-nta á Cortés d*^ los sucesos deHoi»] 
fluras. 

Tif'S «lías después df» los acontecimientos óltii 
Fiiíiití* refíTÍdos, llegó en nna carabela el fi^K»! Pi 
Mt»yt}i(} á quien enviaba la Audiencia de Santo Do>^ 
in¡i)((o, para pacificar los pueblos de Honduras y jMhj 
•'ar rlt'spnés á Ni'*aragua, en donde debía procurar qiB^ 
KrarM'isro Hernández de Córdoba dejase la eonqníi 
fl<* i-.*Hfa Prf)vinria á Oil González, su primer desc^ 
briflfir. 

Kl fisral, rontrariando sus instru.'^ciones, escribió & 
lirriiáníl^'Z d<> < -órdoba, aconsejándole que, supuesto 
ílispoiiín (le fuí»rzas «uficientes, solicitara del Bey el 
iM»iiibiíiiiii<Mi1o de GoV)erD ador de la Provincia con- 
• liiislaila y iW las (lue en lo sucesivo conquistase. 

Drsprrtada la amVjición de Hernández con el cou- 
sfjo (li'l fisral, r<>unió á los principales del pueblo para 
trnfni- mu olios del asunto, y aunque casi todos con- 
viiiirroii, los capilancs Hernando de Soto y Franeif- 
(Mi i|c (!aiiipaiuMi sn le opusieron enérgicamente. 

Kiiojado llenuinde/. por la oposición que se le ha- 
í'iii, lí'diijí» á prisión ú Soto; |)ero fué sacudo i>or Cam- 
pMiióii i\ui\ i\\ t'rciitr d(» doce hombres, proclamó la re- 
iM'linii ni nombre de Pt»drarias, diria:iéndose ambos 
«■npilniH's á Panuniá por el camino de tierra, 

Los ánimos se tlividieron en Nicaragua, y mientras 
nnns linbitnntes s<» n(»íral"»an á n»conocer á Hernández 



CAP. VIL — TEKMKiACIÓN, ETC. 11 J) 



otroearácterqueen el de teniente de Pedrarias, otros 
apoyaban ciegamente. Para cambiar este modo de 
excepcional, Hernández envió á Honduras un co- 
■bioQado á buscar al fiscal Moreno, con objeto de que 
miera á calmar el descontento, mostrando las órde- 
Msde la Audiencia, en virtud de las cuales se le con- 
fería provisionalmente la Gobernación de Nicaragua. 
O Capitán Garro, que fué el comisionado escogido 
por Hernández, fué apresado con toda su escolta en 
ÍBrritorio hondureno, cerca del pueblo de Naco, por 
^OoBudo de Sandoval, Teniente de Cortés á la sazón 
'tt iqael territorio. 

Informado Sandoval de lo que ocurría en Nicara- 
gaa, dio part€ á su jefe que se hallaba en Trujillo. 

Cortés manifestó al capitán Garro, que estaba dis- 
f poeeto á ayudar á Hernández á quien ofrecía su amis- 
tad; y para más halagarlo, le envió con él mismo un 
regalo de dos cargas de herramientas para el laboreo 
de las minas, varios vestidos costosos, cuatro trozos 
de plata y muchas joyas de gran valor. 

Desgraciadamente para Hernández, los aconteci- 
mientos de México reclamaron perentoriamente la pre- 
sencia de Cortas que, pensando en su pronto regreso, 
.^lo se ocupó en sus preparativos de marcha, olvidan- 
do sus anteriores miras sobre Nicaragua. 

Mientras tanto Soto y Campañóu llegaban á Pana- 
má é informaban de todo á Pedrarias. Éste, que ade- 
más tenía necesidad de abandonar á Panamá en aque- 
llos días, determinó venir á Nicaragua á castigar á su 
Tenientí^. 

Pedrarias juntó el mayor número de gente (^ue pu- 
do despoblando á Panamá, y se embarcó, en enero de 
l')26 para Nata, donde recibió nuevos informes de la 
r<*belión de Hernández. 
Poco después se hizo á la vela con dirección á Ni- 



120 HISTOKIA DE NiCAlfiAUlTA 



(!aragua y desembarcó en la isla de Chira, ea abril del 
mismo año, yendo por tierra á reunirse con él en IR 
coya, cuatro leguas al oeste, una escogida faerzail 
mando de Benito Hurtado y de Hernando de Soto. 

El astuto Pedrarias no quiso dar tiempo á Hernán- 
dez de fortificarse, ni de recibir el socorro que espe- 
raba de Hernán Cortés, y temiendo que la lenta mar- 
cha de sus tropas y su incapacidad física, eu rasóode 
sus dolencias, lo hicieran perder un tiempo precioso y 
lo expusiesen á aventurar su fortuna y su vida i It 
suerte de las armas, resolvió despachar con antieipa- 
ííión, on <*alidad de negociador, á su favorito Martín 
Estete. 

Adelantóse el comisionado de Pedrarias y llegó i 
(} ranada eu son de amigo; mas luego que se hizo car- 
go del estado de los ánimos y que notó el desconten- 
to de algunos do los compañeros de Francisco Heroto- 
<lez, con una astucia digna de su protector, lo redujo 
á prisión y lo encerró en la propia fortaleza de Gra 
nada, que Hernández había construido más para resis- 
tir á Pedrarias que á los indios. 

Sin demora comunicó Estete tan feliz nueva á su 
jefe que se hallaba en camino, próximo á llegar á Gra- 
nada. 

Ordenó Pedrarias al Licenciado Diego de Molina, 
su Alcalde Mayor, que procesara á Hernández; pero 
cuando seguía su curso el proceso, llegaron los mensa- 
jeros de Cortés, /;*\va carta á Hernández cayó ea ma- 
nos do Pedrarias. 

El prudente Cortés acousfojaba á Hernández que se 
mantuviera en la obediencia de Pedrarias; pero lo aga- 
sajaba y le hacía entreveí* su proyecto <le viaje á Ni- 
caragua, prometiéndole que si las circunstancias lo 
permitían le daría apoyo. Xo necesitó de más para 
que estallara la (•olera del Gobernador. 



CAP. Vil. — CONTINÜAI'IÓN, ETC. llM 



Oasi á contimiacióu se supo en Granada qui» IVdro 
de Alvarado se hallaba en San Miguel y que se ade- 
lantaba hacia Choluteca, por lo cual Pedrarias envió 
á Hernán Pouce de León y Andrés Garavito como 
emisarios, para que astutamente detuvieran su mar- 
e]ia, despachando en pos de ellos al capitán Campa- 
DÓn con alguna fuerza; y á fin de estar más cerca del 
teatro de los acontecimientos, resolvió salir do Grana- 
da y establecer sus reales en León, llevando preso á 
Francisco Hernández, quien poco después fué condo- 
nado á muerte y ejecutado en esta ciudad en el mes 
de junio del año de 1526. (1) 

Así terminaron los días del que fué valiente coníjuis- 
tador de la mayor parte del territorio nicaragüense* y 
fundador de susprincipales ciudades. 

Pedrarias se encargó entonces del gobierno de la 
Provincia, alegando que era dependencia de Castilla 
del Oro, de donde realmente era Gobernador. 

Deseoso de aprovecharlos disturbios de Honduras, 
df'spués de la partida de Cortés, y de apoderarse del 
puerto de Trujillo, envió el año de 1527 á un (^scriha- 
uo y dos regidores de la ciudad de León, á intimar al 
jefe de dicho puerto y á sus principales vecinos, quo 
le prestaran obediencia como legítimo Gobernador de 
aquel territorio. 
Ignoraba Pedrarias que Diego López de Salcedo 



íl) Los señores Milla, en su Hisforia dr ln-Amvrirn-Ck'nlral y 
Ayón en su Historia dr Nicaragua^ refieren que ]*etlrarias so pro 
wiitó en LeiSn, donde estoba Tlernámlez, y que <^ste confiado en 
•|ue podía desvanecer los cargos y ateniéndose á la antigua amis- 
tad que le ligaba con su jefe, lo recibi(j como amigo. Tal versi('»n 
•^á inexacta, si liemos de creer á lo qae resulta de los documentos 
Je-l archivo de Indias, que últimamente ha publicado don ^lanuel 
Mana íle Peralta en su obra titulada Nicaragua, Costa-Vira ji Pa 
mmíi^ de donde liemos sacado estos datos— (N. del A.) 



122 HISTORIA DK NICAHAGUA 



acababa de ser nombrado Gobernador de la provincia 
de Honduras y que éste á su vez ambicionaba el man- 
do de Nicaragua con cuyas riquezaá soñaba. 

De esta suerte los emisarios de Pedrarias encon- 
trando cambiadas las cosas en Hondaras, qaisieron 
volverse, pero Salcedo los detnvo para llevarlos con- 
sigo á Nicaragua. 

Al efecto, alistó ciento veinte hombres montados v 
partió, llevando consigo al escribano y regidores. 
• Por este tiempo la Corto de España envió á Pana- 
má á Pedro de los Ríos, con orden de residenciar á Pe- 
drarias y de sustituirlo en el gobierno de Castilla del 
Oro. 

El nuevo Gobernador comenzó desde luego por qui- 
tar al antiguo los indios que tenía encomendados y la 
isla de Perlas, que destinó á sí mismo. 

Informado Pedrarias de lo que pasaba y estando 
muy pronunciado ej^ su contra el sentimiento público 
de los colonos nicaragüenses, que estaban desespera- 
dos de un gobierno tan opresor, se trasladó nueva- 
mente á Panamá, dejando encargada la gobernación 
de Nicaragua á su lugarteniente Martín Estete, que to- 
mó posesión de ella en el mes de enero de 1527. (1) • 

Una vez en Panamá, el astuto Pedrarias halagó con 
tal arte la codicia del nuevo gobernador, que no tardó 
iMi convertirse de residenciado en consejero. 

Estando fija su mirada en Nicaragua y sabiendo los 
propósitos de Salcedo, Pedrarias, que deseaba poner- 
los frente á frente, persuadió fácilmente á Pedro de 
los Ríos, df» que debía ir á aquella Provincia, llevando 



(1) VA señor Ayón siguiendo á Milla dice, qoe la gobernaciún 

ta*'* encargada á Kojas, Alvarez y Cfaravito, lo mal no op exacto 

Waso Peralta, atrás citado — (X. del A.) 



C.\P. VJl. — CONTJNUAOIÓN, ETC. 123 



varios artículos de comercio, que realizaría ventajosa- 
mente para tomar posesión de su territorio por corres- 
ponder á la jurisdicción de Castilla del Oro. 

En el entre tanto, Salcedo, que había salido de Tru- 
jillo, tuvo noticia á dos jornadas de camino, de que va- 
rios españoles de los de Nicaragua, habían cometido 
algunos desórdenes con los habitantes de aquellas po- 
blaciones, y sospechando que fuesen aliados de los emi- 
sarios de Pedradas los envió presos á Santo Domingo. 

La Audiencia, juzgando las cosas sin pasión, les dio 
libertad y recomendó á Salcedo que se volviera á su 
gobernación de Honduras. 

La ambición cegaba a Salcedo, y desentendiéndose 
de la saludable advertencia que recibió, continuó su 
marcha á Nicaragua, señalando su paso pou los pue- 
blos con diferentes vejacioues y crueldades para con 
los naturales. Los ahorcaba, ó los herraba ó los man- 
daba vender como esclavos ; los reventaba á fatigas y 
maltratos, y llegó á ser tanta la hostilidad, que los in- 
felices indios huían á los bosques y perecían de ham- 
bre, por tal de no sembrar granos4)ara que los espa- 
ñoles sufrieran también escaceses. 

La miseria llegó á ser entonces espantosa, y la pro- 
pia gente del Gobernador tuvo que alimentarse de yer- 
bas que recogía en el campo. 

Después de permanecer en Olancho un raes, come- 
tiendo toda clase de crueldades con los infelices natu- 
rales, Salcedo continuó su marcha á León, donde fué 
bien recibido por los colonos, que se encontraban es- 
trechados á la vez por numerosas huestes de indíge- 
nas, rebelados por el trato inhumano que recibían. 

La codicia era el flaco del nuevo Gobernador v ten- 
tado de ella, apenas llegó a León, poi* el mes de 
abril de 1527, quitó las encomiendas á quienes las te- 
nían, y de ellas, unas se aplicó así mismo y otras dis- 



124 HISTOKIA DE MCAKAGÜA 



tri!W|'ó eutre sus compaüeros y sirvieut-es, captánJo- 
se cou ^to las odiosidades de todos los despojados. 

Los indios de Nicaragua, que también sufrían el ri- 
gor extremo y la insaciable codicia de sus dominado- 
res, tomaron la misma determinación que los de Olan- 
cbo, negándose á trabajar en las minas y á cultivar la 
tierra, y muñéndose de hambre y miseria en los bos- 
íiues; pero los castellanos no por esto disminuyeron 
sus crueldades. Los perseguían con perros que los 
destrozaban, y a los sobrevivientes, marcándolos con 
hierros encendidos, mandábanlos á vender á Panamá, 
en donde tampoco eran mejor tratados. 

En aquellas circunstancias se presentó en Nicara- 
gua Pedro de los Ríos, procedente de Panamá y 
([ue como se. recordará, pensaba disputar á Salcedo la 
posesión de la Provincia. 

Habiendo, pues, dos gobernadores en León, se reu- 
nieron los regidores con objeto de resolveren caso tan 
extraordinario. 

La resolución tuvo naturalmente que inclinarse á 
Salcedo que era el que sembraba el terror y el que con- 
taba con ejército y po'Ser. 

Salcedo, llevado de su natural despótico, quiso de- 
primir más á su rival y le previno que se marchara de 
la Provincia dentro de tercero día, bajo pena de diez 
mil pesos de multa. Ríos, que estaba entonces enfer- 
mo, tuvo que salir inmediatamente y se detuvo á con- 
valecer algunos días en la ciudad de Bruselas. 

Al saber Salcedo la permanencia de Ríos en Bruse- 
las, envió al capitán Garavito con orden de expulsar- 
lo y castigar ejemplarmente á los vecinos de la ciudad. 
Ríos no aguardó la llegada de Garavito ; pero éste, 
á pesar de no haberlo encontrado, llevó á su debido 
efecto la orden de Salcedo y arrasó la ciudad por com- 
pleto. * 



CAP. Vil. — CONTINUACIÓN, ETC. 125 



Los colonos do Nicaragua se dirigieron al Eey tus- 
ándolo vivamente para que les diese gobernador pro- 
io, y al mismo tiempo Pedrarias envió á la Corte una 
í arga relación de las riquezas de esta Provincia y pu- 
aráo en juego todas sus influencias para que se le diera 
la gobernación de ella. 

Gil González Dávila, a quien dejamos en camino pa- 
t-a México, fu^encarcelado en esta ciudad por orden 
^e los tenientes de Cortés, en noviembre de 1525. En- 
viado luego a España, preso bajo su palabra de honoi- 
y á las órdenes del Alguacil Mayor Antonio de Villa- 
roel, naufragó en la Isla de Fayal, de donde continuó 
sólo hasta Madrid. Encarcelado también en España, 
por el asesinato de Olid, al fin logró salir bien, y regre- 
saba ya con su nombramiento de gobernador de Nica- 
ragua á tomar posesión de la Provincia, cuando la 
muerte lo sorprendió en Avila el 21 de abril de 152G, 
dejando tres hijos p<>queuos de su mujer doña María 
de Guzmáu. (1) 

Muerto Gil González, á quien como descubridor co- 
i respondía con mejor derecho^a Gobernación de Ni- 
caragua, no hubo inconveniente en acceder á la soli- 
citud de Pedrarias, á quien se nombró Gobernador y 
capitán general de Nicaragua, por real cédula de 1() 
de marzo de 1527, previniéndosele, sin embargo, que 
ííontinuase dando residencia por medio de apoderado ; 
pero se le desembargaron sus bienes y se ordenó á Sal- 
cedo y á Pedro de los Ríos que no se entrometiesen 
más en el manejo de la Provincia. 

Al mismo tiempo ({ue se nombraba gobernador á 
Pedrarias, hízose también el nombramiento del Liccn- 



(1) Mr. Levy, lo supone uiuerto eii \'alladolid á piiucipios do 
noviembre Je 152C; pero los dociunentos de Peralta dicen (»tra 
«osa — (N. del A.) 



12(» JllSTOllIA DE NlCAKAürA 



ciado Fraueisco Castaüeda para Alcalde Mayor, del 
Cliautro Diego Alvarez de Osorio para Protector de 
los indios, de los oficiales reales que habían de ejercer 
los empleos do Alcaides de las fortalezas de León y 
U ranada y de los Regidores para organizar el Real 
Ayuntamiento de León. 

Separado de esta suerte el territorio de Nicaragua 
del de Castilla del Oro, fué organi»da la Provincia eu 
lo eclesiástico, elevándola á la categoría de diócesis y 
nombrándose primer Obispo al Franciscano Fray Pe- 
dro d(í Zúniga. Muerto éste, antes de su salida de 
Cádiz, le sucedió el Protector don üiogo Alvarez de 
Osorio á principios del ano de 1532. 



* CAPITULO VIII 



Noticia g:eiieral de la conquista 



Situación de Centro- América— Conducta de los conquis- 

tadoreS'Quiénes fueron éstos? — Política de España con las 

colonias — ¿Qué cosa eran éstas?— Enagenación de las tierras. 

SrLciomiendas— Abusos de los encomenderos— Castigos crue- 

^®s — -Caliticación de los nat\irales— Aparecimiento de Fray 

^^x-^olomé de Las Casas- Resolución de Paulo III— Valor 

^® lcD8 indios en el mercado— Tiranía de los conquistadores— 

irica convertida en mina de explotación — Celo del Go- 

^rmo espaíiol— El clero castellano— Política de Carlos V— 

Pilcábala y los demás impuestos— Teorías económicas— 

^■^^^ Galeones y la Flota— Los mandamientos de indígenas— 

^^^ cíontribución del repeu?timiento— Descuido de España— 

"^^-^"^ridades y división política de Centro- América. 



VJentro-Amórica durante laeouquista y después de 
^^"ta, corrió en poder de los españoles, la misma suer- 
^^ que el resto del Nuevo-Mundo. 

Los conquistadores, como lo vimos en el capítulo in, 
^^cía muchos años que sólo tenían por escuela los cam- 
pas de batalla de sus feroces contiendas civiles y do 
^^^ guerras de reconquista con los árabes; y por ho- 
S^^es, desde que podían empuñar una arma, los cuar- 
^^les de campaña en que el rigor de la disciplina, la 
^^i'eza del servicio, militur y la continua vista de la 
satigj.^^ iban poco a poco borrando la dulzura del ca- 
i^cter, la piedad y las demás virtudes cristianas que 
^^* imprimen en el corazón del hombro con ol trato do 
^ familia y con la vida tranquila y reposada do los 
P^^^blos consagrados á la industria. 



128 H18T0KIA DE NICAIUGÜA 



No eran por couBÍguíeute tales hombres, loRquep 
(iían constituirse en apóstoles de una religión deanw 
y. de la naciente civilización moderna, quetraiap 
loma no sólo el respeto á la vida y la propiedad,! 
no también la luz para todas las inteligencias. 

Si la sociedad en general se enconti*aba viciada • 
España por una educación defectuosa, debemos co 
siderar que los pobres americaíbs no pudieron con! 
siquiera con lo mejor ni aun con lo mediano de eft 

Los que atravesaron los mares en frágiles naves 
ni correr aventuras en tierras lejanas y desconoció 
tuvieron que ser, fueron por lo regular, la escorií 
la sociedad española, sobre la que, como es co 
;i;uiente, sobresalió alguna que otra medianía soei 
quien sus malas circunstancias arrojaron a núes 
playas. 

La emigración á las Amóricas llevó siempre 
norte ^^1 deseo veherñente de enriquecerse en y 
tiempo para regresar luego á España á gozar d 
adquirido, ó el procurarse en América posición, li( 
res y comodidades de que se carecía en la Peníns 
Por ésto lo mejor de la emigración, lo menos 
lo de ella se encaminó á México, al Perú y á te 
aquellos países en que abundaba el codiciciado m 
ó en que la facilidad de las comunicaciones y a 
ñas otras circunstancias parecían acercar más el o 
to (jue se traía en mira. 

Las remotas provincias de la América-Central 
apenas llamaban la atención de los codiciosos ci 
llanos, tuvieron la mala suerte de recibir la peorp 
tic la emigración que venía de España. 

Es cierto que en sus principios, atraídos por fi 
noticias, estas provincias gozaron de alguna bi 
fama, y Cortés y algunos otros (íoníjuistadores de 
portancia no vacilaron en vfMiirse á disputar la j 



CIP. VIU. — NOTICIA GESEIUL, ETC. 12M 



sión de SU suelo; mas descubierto e! engaño, se regre- 
saban lue^o, dejando por único recuerdo alguna ho 
rripilante pás^ina de sangre. 

Duro es confesarlo, pero la difícil y delicada tarea 
de la colonización centro-americana estuvo durante 
mucha parte del siglo xvi encomendada á las torpes 
manos de una soldadesca brutal y supersticiosa^ reco- 
gida por lo común e^ los garitos, en las tabernas y no 
pocas veces en las inmediaciones de los presidios es- 
pañole.<<. 

Fácil es de suponerse lo que serían en tales manos 
nuestras desventuradas provincias. 

Y como si tener por arbitros déla suerte de Centro- 
América á personas de esa clase fuese poca cosa, to- 
davía vino á empeorar la situación la desatinada po- 
lítica de España con sus colonias, en las que legisló, 
lomando solamente en cuenta sus propios intereses y 
casi nunca los de los infelice» pueblos americanos. 

Viendo en sus posesiones trasatlánticas un inagota- 
ble venero, los hombres que enviaba la Metrópoli, 
eu vez de venir á reparar los males causados por sus 
antecesores, sólo traían por objeto i'eeoger el produc- 
to de las contribuciones y alcabalas y remitirlas eu se- 
guida, para ser gastadas en las guei-ras empeñadas en 
Europa. 

Las posesiones americanas, por otra parte, no podían 
calificarse ni de colonias. No oran patrimonio d(^ la 
Nación, sino de un hombre, el Monarca, que las repu- 
taba sn propiedad particular y procuraba (explotarlas 
di» la manera más productiva, sin fijarse on los medios. 
Así (»s que en lugar de invertir grandes capitales que 
fecundizaran el suelo, de adoptar sistemas de cultivo 
y le crear grandes establecimientos que aumentaran 
la producción y la riqueza, no se pensaba más que en 
extraer sus metales, en gravarlas con censos y tribu- 



K.iO IIJSTUKIA DE NICAKACMIA 



tos y eu cargar con su oro las flotas que enriquecían 
la Península. 

Para el Gobierno español era la agricultura de nin- 
guna importancia. Para él la única fuente de rique- 
za estaba en las miuas de oro ó de plata; y convinien- 
do á su política que las tierras descubiertas tuvieran 
un solo dueño, á fin de que éste satisficiese el impues- 
to, que era cuanto se procuraba, despojábase del to 
rreno á los naturales y repartíase con extremada lar- 
gueza entre los soldados; pero como nada podían ha- 
cer con sólo las tierras, aquellos hombres que eran in- 
capaces de trabajarlas, se inventaron las epfromiendas 
en las que, con el pretexto de la instrucción religiosa, 
cada soldado fué dueño de un número considerable 
de indioSf de cuyo trabajo se aprovechaba empleán- 
dolos en la explotación de las minas, eu los lavaderos 
de oro y en las faenas agrícolas, y tratándolos con tan- 
ta crueldad, que la encomienda resultaba ser peor que 
la misma esclavitud. 

En Centro-América los encomenderos, declaraban 
esclavos sin reserva alguna á sus encomendados, mar- 
eándolos con un hierro encendido del que no excluían 
ni á las mujeres. De la misma manera que se llega- 
ba al África á recoger esclavos, los españoles salían á 
caza de indios, los dejaban para sus labores, los alqui- 
laban para las agenas, los permutaban ó los vendían 
en sus mercados y los «exportaban para la Habana y 
para otros lugares. 

En Nicaragua la cosa era más expedita. Llamaban 
á los caciques y les exigían el número de indios que 
necesitaban; y si faltaba uno solo, los castigaban que- 
mándolos vivos ó echándolos á los perros para que los 
devorasen. Los caciques, así conminados, salían á los 
pueblos prorrateando los hijos de familia de sus depen- 
dencias en medio de los llantos y alaridos del pueblo. 



CAP. VIII. — NOTICIA (JENEKAL, ETC. 131 



Lk)s castigos de que los encomenderos se valían, pa- 
ft T» compeler á los indios al trabajo, eran los azotes y 
todos aquellos que pueden oeurrírsele á una imagina- 
ción desocupada y llena de crueldad. Untarles el 
cuerpo con manteca hirviente, mutilarlos, quemarlos 
con paja, ponerlos desnudos y atados sobre los hor- 
ínigueros, tirarlos y aun matarlos de hambre ó á ga- 
wtazos eran casos frecuentes y de todos los días. (1) 
En aquel tiempo los colonos de Santo Domingo, 
ÍDe era donde residía el Supremo Tribunal de la Au- 
diencia, propagaron que los naturales del Nue^^-Mun- 
ío no eran hombres racionales y que de consiguiente 
®ra lícito servirse de ellos como de las bestias del cam- 
po y disponer de sus bienes. Semejantes teorías fue- 
ron acogidas con entusiasmo por los colonos de Cen- 
tro-América, y lo que es más raro, tuvieron eco en 
£aropa y llegaron hasta la Corte de Roma. 

Entonces apareció el gran filántropo español Fray 
Bartolomé de Las Casas, tomando á su cargo la de- 
fensa de la noble y desgraciada raza americana. Hizo 
siete viajes á España, en aquellos tiempos de tan di- 
fíciles y peligrosa navegación, puso en juego sus iu-' 
fluencias y con un celo y una actividad extraordina- 
ria, aquel verdadero apóstol del Cristo, logró aliviar 
mucho la situación miserable de los naturales. 

En el entretanto, las descabelladas teorías sobre la 
racionalidad de los indios, llegaron á Boma; y refiero 
la tradición, que la Santidad de Paulo III, no se deci- 
dió a dar su célebre bula Sublhnis Deus^ de 10 de junio 
de 1537, hasta no saber que los americanos se roían, 
atributo que consideró peculiar de la raza humana. 
En esa bula, en que también se dejó sentir la in- 



(1) Real cédula de S. M., de 1 1 de marzo de ir)r>() al l*rcsidot 
te Cerrato, citada por Pclácz. 



1 y>'¿ HISTORIA DE XICAUAGl' A 



(lueiieiu (UA padre Las Casas, se declara que los indios 
son rerdadnos homhres^ y se previene que no se les 
privíí do su libertad ni de sus bienes. 

Soniojante declaratoria fué de grandísima impor- 
laiH'ia en aquellos tiempos, y quien más la celebró fué 
ol virtuoso Las Casns, leyendo y traduciendo el breve 
y (Miviándülo á todas partes, para que los religiosos lo 
notilif'aran á los españoles. 

La (yorte de España so estimuló también con esa 
do(*laratoria y se dictaron medidas más enérgicas en 
favor rio los indios; pero los encomenderos encontra- 
ban sit^inpro modo de eludir las disposiciones y el mal 
se a(*rocentaba diariamente, causando la rápida des- 
pobhuMÓn del territorio y el casi total desapareci- 
miento de la raza conquistada. 

Se llejíó á tener en tan poco valor á los indios eu 
Niearngua, que se vlaban hasta cien de ellos por uu 
caballo, S(í por una yegua, un mozo por uu queso, y 
una niña escogida por un pedazo de tocino (1) Cuan- 
do escaseaba d alimento para los perros, también so- 
ha matárseles con la nniyor frialdad, para utilizar sus 
carnes. •• Yo vi, dice el cronista KemesaL por mis pro- 
pios o:os d trtjo donde un encomendero de Chiapas 
de4^^1laba los inilios para ilar á los perros." ("2) 

1.a tiranía de Ion españoles se hizo tan insufrible, 

*i;:c v*\>n\o lo voivnu^s adelante, los indios no se junta- 

l*ar. cv^n sus mujcivs, jn^r no dar más esclavos, y la 

r.v.crtc itci^* a sev !;\ aspiración suprema de la mayor 

: ;'t:c \;c i .i\^s v*^ 



\\ t" - :• - IV! tf z rii sus 



.vi * ' ^ . \ . 






> • 



l'AP. VIH. — NOTICIA OENEUAU KTC. IIK» 



Cuando algpiíii indio iba al patíbulo, solían acercár- 
sele los sacerdotes, ayudándolo (*on exhortaciones ca- 
tólicas, en ese supremo trance; pero negábase casi 
siempre á recibir todo auxilio espiritual, por tal, decía, 
de no encontrarse on el cielo con españoles de ningu- 
na clase. 

América fué sin duda alguna, para los conquistado- 
res, algo como el fantástico país de Jauja. 

Ya hemos visto como se conducían en lo privado. 
En lo público, amparados con reales privilegios, los 
particulares fundaban ciudades, asumían la jurisdic- 
ción civil y criminal, nombraban los empleados del 
municipio, concedían terrenos á los que se establecían 
dentro del círculo de sus dominios, y se constituían 
en verdaderos señores de horca y picota, viviendo 
como reyezuelos absolutos. 

Los altos funcionarios á su vez dábanse con mayor 
razón toda la importancia de verdaderos monarcas 
coDqnistadores. Escoltábanlos peones y gínetes, ha- 
cíaose preseder de banderas, extendían su jurisdic- 
ción hasta las comarcas no exploradas, y su grande é 
inmenso poder no encontraba límite sino en las Au- 
diencias, que solían ponerse de acuerdo con los mis- 
mos funcionarios. 



necer de la primera Inz sobre el caos, que aquellos ríos serenos, 
Uliies y perfumados, t^ue aquel suelo hermoso, semejante á la cu- 
na de flores donde la humanidad naciente durmió el sueno do hi 
inocencia, que el mundo albergue de tantas maravillas, nuevo pa- 
nuco del hombre regenerado, presenciase tantas y tan grandes ca- 
tástrofes, que ponen horror en el corazón, lágrimas en los ojos; 
¡>ero el pueblo que haya llegado a la conquista sin producir esos 
rúales, levántese y dígalo al mundo y entonces confesaremos que 
nos hemos exentado, por nuestra crueldad, do la común ley á que 
ée hallan sometidas las sociedades humanas — (Don Emilio Oaste- 
lar, en ÍJt Ámrrícn do >< de marzo de Ií^HT.) 



1 'i^ UISTOKIA DE XICARAOr A 



Hueucia del padre Las Casas, se declara que los in^ 
son rerdaderos homhreSj y se previene que no se te 
prive de su libertad ni de sus bienes. 

Semejante declaratoria fué de grandísima imfO^ \ 
tancia en aquellos tiempos, y quien más la celebró ff^^ 
ffl virtuoso Las Casas, levendo v traduciendo el bre^'** 
y enviándolo á todas partes, para que los religiosos l^ 
notificaran á los españoles. 

IjU Corte de España se estimuló también cou 
declaratoria y se dictaron medidas más enérgicas 
favor de los indios; pero los encomenderos encontré' 
lian fliempre modo de eludir las disposiciones y el ai^^ 
He urr recen taba diariamente, causando la rápida d^^ ' 
polilurión del territorio y el casi total desaparear*' 
miento de la raza conquistada. 

Sí' lle^ó a tener eti tan poco valor á los indios ^^^ 
N¡í'iini<íua, (lue se daban hasta cien de ellos por i*^ 
ruballo, KO por una yegua, un mozo por un queso, ^ 
una niña escogid¿i por un pedazo de tocino (1) Cua^^' 
<io <*H('aHeaba <•! alimento para los perros, también y^^ 
lía ma1árK<*l«'s <*on la mayor frialdad, para utilizar si^^ 
«•iirníNs. ** Vo vi, dice el cronista Remesal, por mis ^^xC^' 
pioH ojos («I tajo donde un encomendero de Cfaiapi^-^ 
dií^<illal)a los indios para dar á los peiTOS.'' (2) 

\a\x tiranía délos españoles se hizo tan insufribl^^ 
ijiH' foino lo v<M*omos adelante, los indios no se juntáis ' 
Imn con KUH mujeres, por no dar más esclavos, y 
inuorie llegó ii ser la aspiración suprema de la mayo 
parte de ellos. (It) 

( 1 ) IJíMTiru — ih'vwlas tic Indias. 

{'2} \ivuivHa\y libro vi, capitulo \\i. rítados por Peláez en ¿nv- 
MitiHtilas, tomo III, capítulo vi. 

(:í) Triste IW (pie aquellos bot)(]uc8 i nuiensoB, perfumados afui 
con el aliento <le Diotf, que aquellos astros lucientes como el ama- 



j.^ 



CAP. VIH. — NOTICIA GENERAL, ETC. IIJ.") 



titnia la riqueza, el gobierno español prohibió eii las 
Américas el cultivo de la vid, del olivo y de otros pro- 
ductos, eoii objeto de que las colonias tuvieran forzo- 
samente que tomarlos de la madre patria á trueque de 
sus metales. 

Dos escuadras llamadas, de los ijahones una, y de la 
flota la otra, hacían viajes periódicos cada año; pero 
circuuscrito el número de toneladas que podían car- 
gar á sólo veintisiete mil y tiuinientas. las nccesida- 
ílesdel Nuevo- Mundo, que carecíJEin do toda otra co- 
municación, no se veían nunca satisfechas, y los pro- 
ductos, que se vendían tan luego llegaban, eran paga- 
dos á UD precio verdaderamente fabuloso. 

Los naturales que no estaban en encomienda se ha- 
llaban, además, sujetos á la mitad ó mandamknto^ re- 
pugnante contribución de sangre que todos dejjían 
prestar desde los 18 hasta los 50 años. 

En virtud de ella se les llevaba forzosamente á dar 
seis meses de trabajo á las minas, en donde se les re- 
tribuía con un pequeño sueldo imaginario casi siempre. 
"Los infelices, dice Cesar Cantil, que iban ji estos tra- 
bajos, los consideraban como mortal y disponían do 
todas sus cosas como si no debiesen volver, v <mi ofoc- 
to, apenas sobrevivía la quinta parte." En los paíso.s 
que no había mina, llevaban a los indios a los labores 
del campo, de la misma manera. 

También pesaba sobre los naturales la contribución 
<lel rfjHirthniefito. Consistía éste en la designación 
forzosa que los empleados españoles hacían de obje- 
tos, trajes y vituallas importados de la madre patrin, 
obligándolos a tomar lo peor y á precios fabulosos. 

"A gente sin barba, dice un moderno escritor espa- 
ñol, la hacían comprar navaja, á la descalza obligaban 
á llevar medias, á la rústica y sencilla la hacían vestir 
brocados; y se cuenta de cierto 'funcionario, que obli- 



•<» HlSTOlílA OE NUAKAlilA 

.. nuj* atiiiiiiuíiírados a comprar uua caja de anteo- 

•>, iur llevaban on la hora déla misa."*' (1) 

' !sj*aiia no podía tampoco inspeccionar de cerca el 

> u I u»' «lo sus colonias, y el fanatismo y la ignoran- 

,i I.- *[uv >v valienm las autoridades españolas, para 

: . ,i.-, luuitfuer sujetas sus remotas posesiones, se 

i. ia;i;im>u do tal manera, que todavía en la actuali- 

:.i.i ^.ni uLia remora para el proi^reso do los países de 

Iai i'dail do los conquistadores, ha dicho con mu- 
ía ..uMíoia un respetable escritor eclesiástico, tuvo 
. i'M'íi particulares propias de aquella época. De- 
./.' ir .//« r/a; la invasión del país, asalto de sus ha- 
Mia:iU-.N 4-aulivorio y esclavitud. Derecho ciril : la 
i..«iva y\i' U>s esclavos, la confiscación de sus bienes, 
.iiMuu», lii servidumbre y relegación. Leyes pena- 
. ;i lA.luvitud, ol asesinato, la hoguera. Leyes que 
.^ i* M»M su cuna en la Española, que se extendieron 
.1.. iMiio.N 'Uiscubiertas en las Indias, que temprano 
.plii-aiou á Guatemala, rigiendo en su descubrí- 
: :iu', «oiiquista, colonización y despoblación, y alas 
1 . .uuidiiMiui algo propio suyo los conquistado- 

\ liv. lun Toros do la conquista de América, que la 

,'1 üK i'ouMigUH en fuerza de un deber ineludible, se 

x'i i4iado hacer un cargo especial, una especie de 

•. ii' x\v Itatulla contra el pueblo español, á quien se 

iM i\'mo oxcepcionalmente monstruoso. Esos 

. V. , Mil embargo, no corresponden en absoluto á 

\ . "\»M ia?»tt01ana, sino más bien á la época en que 

X ur.iion, en la que cualesquiera de las otras 

.. .'iiiA»|»eas (¡ue hubiera venida á América no 






CAP. VJII. — NüllCIA GENEKAL, ETC. JoT 



habría sido menos cruel, ni menos abusiva (}ue Es- 
l>aña. 

"Los auales de la historia política del siglo xvi, di- 
ce un historiador francés (1), debían ser trazados en 
caracteres de sangre, pues nunca las crueldades, los 
homicidios, los atentados, habían sido tan multiplica- 
dos y terribles; nunca los reyes y los papas habían co- 
metido tantas atrocidades; y parecía verdaderamente 
que los opresores de los pueblos en esta época, pontí- 
fices ó soberanos, sacerdotes ó nobles, monges ó sol- 
dados, se habían desafiado en sobrepujarse los unos á 
los otros, asesinando millones de hombres, violando 
millares de mujeres, incendiando ciudades y cubrien- 
do reinos enteros de desastres. En Italia reinaba un 
Jnlio II, un León X, un Pío V y un Gregorio XIII; en 
España un Carlos V y un Felipe II; en Alemania un 
Maximiliano II y un Rodolfo II; en Inglaterra un En- 
rique VIII y una María la Católica; en Francia un 
Francisco I, un Carlos IX y un Enrique III; todos 
déspotas sanguinarios, todos monarcas escandalosos ó 
insolentes, todos implacables tiranos, azotes de las na- 
ciónos que tenían la desgracia de estar sometidas á su 
f^xecrable dominio.'^ 

Ese cuadro sombrío y aterrador de Europa, trazado 
á grandes rasgos por la diestra pluma del escritor fran- 
cés, indica claramente cuál era el estado del Viejo- 
Mundo, donde existía el foco de la civilización del si- 
glo décimo sexto, y lo que podía esperar América, in- 
defensa, candorvisa v rica, en manos de los aventureros 

7 * / 

de cualesquiera de las naciones europeas. 

La primera autoridad política y militar de Centro- 
Araérica, cuando más tarde se organizó el Iteino 
'le Guatemala, era un Gobernador y Capitán General, 



I) Mam-ici<> La r'hatre — Jíifiform «le h< Ptipfts tf los ¡irires. 




13^ HISTORIA DE 2IICARAGUA 



uombrado por el Bey de España é inmediatamente 
sujeto al Consejo Superior de Indias de Madrid. 

Se dividía politicamente el Beino en seis provin- 
cias; Chiapas, Guatemala, el Salvador, Honduras, Ni- 
caragua y Costa-Biea. Cada una de ellas estaba é 
cargo de un gobernador, con excepción de Ouatemila 
que no lo tenía particular por ser la residencia del 
Capitán General. 

Las provincias se dividían en alcaldías mayores ü 
corregimientos, y los funcionarios que los servíau eraa 
nombrados también en España 



CAPÍTULO I\ 

Organización de Nicaragriia 



Prisión de Diego López de Salcedo — Entrada de Ped ra- 
nas á León— Proceso de Salcedo — Ck>nvenio con Pedrarias — 
Obtiene su libertad y regresa á Honduras— Es enviado Mar- 
tin Estete á reconocer el río del Desaguadero— Crueldades 
con los indios — Se regresa Estete del pueblo de Voto— Es en- 
viado Rojas á poblar las minas de Choluteca— Envíase des- 
pués Martín Estete, á quien se dio el hierro real paü:a que 
marcase á los indios— Ejecución de diez y ocho caciques — 
Administración de Pedrarias— Envía á Estete á Cuscatlán— 
Disputa con Castañeda — Actitud y conducta del clero es- 
pañol. 



Eu el capítulo vii dejamos á Pedrarias nombrado 
goberDador de Nicaragua y en camino para esta Pro- 
vincia. 

Tan luego sí^ tuvo en León noticia del nuevo uoni- 
J»ramieuto, los regidores y demás oficiales públicos 
que estaban fastidiados de soportar la dura coyunda 
de Diego López de Salcedo, se amotinaron y lo redu- 
jeron á prisión, impidiéndole de esta manera que se 
opusiese á la entrada de Pedrarias y se llevasen á efec- 
to las providencias que con .tal fin había tomado en 
los puertos, situando fuerzas para que no lo dejaran 
desembarcar. 

Poco después el 24 de marzo d(í 1528, verificó su en- 
trada á León el nuevo gobernador, y no hay para qué 
dmr, que se le recibió con la misma alegría y entu- 
siasmo con íjue en todas partes se saluda el sol na- 
'•iente. 



140 HISToJílA I>E MCAKAGt'A 



I 'no ílf !í>s fH'inuMos actos di^ Pedrarias fuéniamlar 
piíK'Msar íi )Salcedo por haber ejercido el golñeriio de 
la Provincia sin autorizacióu real, por perjuicios ero- 
gados á los vecinos y por las órdenes que había dado 
paia ípuí no st^ le permitiera desembarcar. 

La in-ÍKÍón á que lo redujo, sin embargo, no fué for- 
mal porque se le arrestó bajo su palabra de honor; 
pero habiéndola quebrantado se le exigió fianza, y 
<*onio no pudo darla, se le puso preso bajo custodia. 

SalíMMlo protestaba contra los procedimientos de 
Pedrarias por los males que con su ausencia se cau- 
saba á la (}o\>erna<*ión de Honduras y pedía que si se 
le residenciaba fuese pronto, para que no sufriera per- 
juicio el buen servicio del Rey. Tambiéu se defendía 
de los caraos de usurpación de autoridad, alegando 
que había llegado tan solamente por restablecer la 
trautpülidad tle los pueblos, perturbada por los capi- 
!ain»s tMiviados para su conquista. 

A los carpKs antorioivs contra Salcedo, vinieron a 
\mirse los de los vecinos lio Bruselas que reclamaban 
el valor de los daños causados; pero por fin después 
de sieie meses ile prisión, logró celebrar un arreglo 
\'on IVdrarias p^M' el cual recoihvió como límites en- 
!j>* Mondunis y Nicaragua los que se le señalaron, pa- 
\;>^ \eii\'.o !uil iH>s\\< de multa, se comprometió á vol- 
\ \M* a dar ivsideucia siempre que el Rey lo ordenase 
*• l;iív^ a!>;it::as v*!:-íis vvu\vsioui*s. 

K'í x'.vruví do* iVíi\o!Úo vviobra.lo, Diego López de 
Srt'.vOvív^ 'v.x' vuv >:v^ er. !:':vr:ctd v miu se \xf dio una 
*;v.,í\v.; í.* *•■ -v^-V-vx rvsr:*^ :::e !o a.\>m:vafiara á Hou- 



% « • » • w 



t**^ . ' V .;>•>".. . \ .* V ,.> :tv::»'.v:A3i \ir España se da- 

\i ,* ^ •'^•/ , nVvv -.s. .V ••'.•./x .* c\^:vrv.ddor para que 

V, .i ;. ,v'^ /o- .--IV' ; ^'>cuv.,^d**r».'k del lago de 

• . , *" ,• f- X v<v".:<-^-:i ir^^fl que 



CAÍ*. IX. — ÜUÜANIZACIÓX, ETC. 141 



Martín Estete á la cabeza de 15U hombres procediera 
á praotiear uu recoDocimieuto. 

En la expedición iba un gran número de indios con- 
dnciendo el tren de bo^ta y guerra y sujetos del cue- 
llo por una cadena para que do se desertaran. Suce- 
dió qne uno de aquellos infelices, abrumado de fati- 
ga y lastimado de un pie no pudo seguir caminando ; 
y para evitarse del trabajo de romper la argolla, los 
soldados prefirieron cortarle la cabeza. Este acto de 
refinada barbarie y otras muchas crueldades qu^ se 
cometieron con los desgraciados indios eran mirados 
por Estete con fría indiferencia y muchas veces con 
gusto, porque como hemos dicho antes, se estimaba en 
menos que la de un animal la vida de los naturales de 
América. (1) 

Eetete, nacido más para escriba que para solda<)o, 
«) detuvo en el pueblo de Voto situado en la margen 
derecha del río Pocosol; pero desembarcó a(juí y re- 
corrió las márgenes derechas del río San Juan, llegan- 
do hasta la Provincia de Sutrre (Boca del río Faena- 
re) en el mar del Norte. Acompañábanle por fortuna 
los capitanes Gabriel de Rojas, Diego de Castañeda, 
el Bachiller Francisco Pérez de Guzmán, Hernán Sán- 
chez de Badajoz y otros veteranos que lograron resis- 
tir á los indios, evitando que su retirada se eonvii-tie- 
seen un desastre y regresando á Granada sin haber 
logrado bajar á las bocas del buscado Desaguadero. ('J) 



(1) '* Acaesció «oxeando un judío, y siiititMidoije uial dispuesto, 
por no abrir la cadena para sacarlo, cortarlo, yendo en la misiiia 
cadena la cabeza, para sacar la collera y se hacían otras cruelda- 
des que el dicho Capitán las consentía y se liol||^aba de ello" — 
(Carta 2" de Castañeda, atrás citada.) 

i;l) Los señores Milla y Ayón, siguiendo al cronista Herrera 
'licen que Estete y Gabriel de Rojas, para ir á descubrir el Desa- 



142 III8TUU1.V UK NlCAllAGUA 

Vista la pobreza do Nicaragua, dispuso Pedrarias, 
siguiendo instrucciones de la Corte, mandar poblar 
las minas de la Cboluteca con una compañía de sesen- 
ta hombres que se conñó al capitán Miguel de RojaSi 
la que se dedicó preferentemente á sembrar granos y 
hacer acopio de provisiones. 

Oomo trascurriera mucho tiempo sin darse princi- 
pio al laboreo de las minas, el Gobernador dispuso que 
Martín Estete pasara con más gente á poblar las mi- 
nas de la Oholuteoa, y á ün de obtener todas las uti- 
lidades de este viaje, se le dio, de acuerdo con el Pro- 
tector Diego Alvarez de Osorio, con el Tesorero Die- 
j^fo de la Tobilla y con el Veedor Alonso Pérez d« Va- 
ler el hierro ó marca real, que estaba custodiado en 
una arca de tres llaves distintas que todos tres em- 
ploadot^anejaban separadamente, para quo herrara 
en el camino á todos los indios libres y no libres que 
encontrara ^1). Inútil es decir que el esbirro de Pe- 
ilrarias supo corresponder dignamente esto encargo. 

Kl li» de Junio de l.VJS, antes de los sucesos relacio- 
nados, presenció la plaza de León un solemne auto di 
iiKtnta^ mandado practicar jxm' Pedrarias. Diez 3 



i;aa>U*u\ KioionuiíiarvMi tomar el camino del Cabo de Gracias á Diot 
00 1 1 el objeto ilo rtwrrvr ináí tierra : i)ne llegados á este panto en- 
%v!i:r:ir\M>. buenas mtuas. «^ue ^ deilicaron ¿ trabajar: ínadandc 
•uíA tvM.u*iou ipie ^leii'Muiudrv^Q .V'<»»/-»i Jaén. Basta tomar ai 
í'íAi'a vU' Níoaraijiw pam cvnvenv.'eníe lie lo ab«ardo que sería to 
•iiA: A K\i\\)'\\^ kw\ Cabo j»Ar» IleiTAr Je Granada al rio San Joan, 
I a K\HiM vu- i\H>:ar\v\ia .il Key i{e K^pafia. qoe es un «locamente 
.•?'.v".'i\ li'i^Ko .ie Ü-. :vru:e *a exiHf«iioiou de Kstece tal caal esU 

■ 

•v'*v\M'.i Li a.r:;. Po: '.o i;ie lace .i la -V««^w»| J^j^en^ uo fné fnn 
•iJ.A c:- o*..i \0i n::»v» cií i'»^*- ivr e! Cauirac IM^^> de Castañeda 
\ M.' -I ,v .;»*.• ^> íIm n' .ui !;i e«.r\' 'oíi r-oai Tertf^s^^na^apa y iljaU 



» í-* rv.'. i 



CAP. JX. — OUGANIZACIÓN, ETC. 14.- 



o 



^ odio indios principales, acusados del asesinato de sus 

í «icoinenderos, fueron ejecutados en virtud de una 

•entencia verbal, que los condenaba á morir despeda- 

tadoB por los perros. 

Como si se tratara de una corrida de toros, lo más 

swcogido de la sociedad leonesa concurrió á presenciar 

k ejecución. 

Llegada la hora se sacó á la plaza al primero de los 
condenados y se le dio un palo para que se defendie- 
» de cinco ó seis perros cachorros que lé echaron en- 
«ígnida, para adiestrarlos. Cuando el desventurado 
indio después de una lucha desesperada tenía venci- 
Í08 é los perros noveles, le soltaron dos de los más f e- 
wces y amaestrados, que lo despedazaron bárbara- 
mente entre los aplausos de los espectadores. Suce- 
• «¡vamente fueron ejecutados de la misma manera los 
V ^ás, dejándose por varios días insepultos y en la 
ttiisma plaza los sangrientos despojos, para inspirar 
terror á los indios sobrevivientes, hastA que el vecin- 
dario se quejó de la pestilencia y hubo que (luitarlos 
fomo medida de policía. 

La administración de Pedrarias fué para los uatu- 
mles de Nicaragua la más funesta y cruel de todas. 
Toleró los abusos y dejó explot-ar sin piedad á los des- 
graciados indios, á tal extremo, que el país quedó ca- 
si despoblado. 

Según el cronista español Oviedo y Valdés, no ba- 
laron de dos millones los indios que sacó Pedrarias de 
bastilla del Oro y Nicarjigua, á vender como esclavos 
\n otras partes, sin incluir los que mató que fueron 
Dcontables. 

Pedrarias fué muy amigo de organizar expediciones 
lara hacer descubrimientos y con más frecuencia pa- 
a Inorar de los hechos recientemente por otros. 
Do Nicaragua envió á Martín de Estete á hacer co- 



144 llISTOKIA D£ NICAKAGUA 



rrerías por el reino de üuscatláu (San Salvador) q 
conquistaban los agentes de Al varado. Estete eon 
tió varias crueldades con los indios y redujo á esc 
vitud á dos mil de ellos, sin atender las protestas re 
tidus de las autoridades de Guatemala; pero alean 
do por fuerzas que se enviaron en pos de él, tuvo ( 
buscar la salvación en la fuga, dejando abandom 
su ejército, que devolvió lo que había tomado y 
desbandó. 

Durante una elección de alcaldes y de regidoretí 
la ciudad de León, Pedrarias tuvo una pendencia ( 
el Ak'alde Mayor Francisco de Castañeda, por hab 
se éste opuesto á que aquel diese tales empleos á * 
pendientes su vos, alegando estar autorizado poi 
Rey. 

Suscitóse algún alboroto entre los parciales de a 
bos funcionarios y llevado el caso á la Corte, la» 
fluencias do Pedrarias inclinaron la balanza á su 
vor, quitándose á Castañeda, á quieu se indemn 
<*on el empleo de Contador que tenía solicitado de 
ló'J}), que entró á servir desde luego, y concediéa< 
se al Gobernador que pudiera disponer de la vara 
Alguacil Mayor en favor de sus herederos. 

Pedrarias nombró Alcaide de una de las fortalt 
á su hijo Gonzalo, y habiendo solicitado permiso 
dos años, se disponía á pasar á Castilla, cuand< 
muerte lo sorprendió el (i de marzo de 1581 á la av 
zada edad de cerca de noventa años. (1) 

Aquel execrable personaje, que por donde qu 
<iue pasó hizo señalar su huella con ríos de sangre, 
sin embai-go, el que introdujo á Nicaragua críai 
¿canudo vacuno, <!aballares, asnales y porcunos. 



(1) Milla y Avüu dicen que murió en julio de l.)30, lo ca¡ 
es exacto, según docniuentos publicados por Peralta {X. del 



CAP. IX. — ORGANIZACIÓN, ETC. 145 



Irodujo también crías de gallina y el cultivo de la ca- 
ua de azúcar, que trajo de las Antillas. 

También durante la administración de Pedrarias se 
hiiáeroD, aunque sin éxito, reconocimientos del río del 
Desaguadero ó San Juan del Norte. 

La situación general de todas las colonias, en los 
tiempos de Pedrarias, fué por desgracia casi la misma 
de Nicaragua. El clero que, atendida su misión evan- 
gélica, pudo empeñarse como el Padre Las Casas, eu 
aliviar la suerte desgraciada de los naturales, perma- 
necía por lo regular indiferente, ocupado también 
6n procurar su riqueza. Los sabios Jorge Juan y 
Antonio ülloa, comisionados eu 1735 por el Gobierno 
de España, pura informar de los negocios de América, 
decían: 

"Tan luego como un clérigo recibe un curato, su 
primer propósito es acumular riquezas sin detenerse 
®n medios, a costa de los pobres indios, víctimas de 
la rapacidad do los corregidores. Forman cofradías, 
cada una de las cuales tiene un santo en la iglesia en 
su correspondiente altar, donde en un día señalado se 
celebra el sacrificio de la misa, por el cual recibe el 
cura cuatro posos y medio, y la misma suma por el 
sermón en que encomia las virtudes del patrono. 

"Cuando llega el día del santo, el cura barro con 
manto dinero ha podido reunir el indio durante todo 
il año lo mismo que con todas las aves y animales 
[ue su mujer ó hijos han creado en sus chozas, do mo- 
ü <iue queda la familia privada de alimoiitos, y tiene 
ue apelar á las raíces y plantas que cultivan en sus 
equefias huertas." 



10 



CAPITULO X 



Las C'asas y la eHclavitud 



Situación de los indígenas en todas las Amóricas— Con- 
ducta del clero— Bartolomé de Las Casas— Sentimiento ca- 
ritativo que lo inspira— Despierta la piedad del clero — Esta- 
tua levantada en el Capitolio— Nacimiento y educación de 
Las Casas— Se ordena de sacerdote— Su primer viaje á Cu- 
ba-Se vuelve encomendero— Su salida con Narváez— Aban- 
dona las encomiendas— Sus prédicas y trabajos en favor de 
los indios — Viaje á España— Regresa á Santo Domingo- 
Vuelve de nuevo á l^spaña y se ve obligado á proponer la 
esclavitud africana — Confesión de Las Casas— Origen de la 
esclavitud en Espafia— Vuelve á Santo Domingo el Padre 
^Casas-/rercer viaje á España- Lucha con el Obispo del 
toen— Proyecto de Las Casas y su fracaso — Viaje al Perú— 
Su contienda con el docto Sepúlveda— Es nombrado Obis- 
Po~La esclavitud negra— Horrores de ésta. 



La gran hecatombe de la conquista americana es- 
taba en su apogeo. 

Los naturales, despojados de lo que les pertenecía en 
propiedad, por una posesión no interrumpida de siglos, 
cazados como fieras, muertos antojadizamente ó re- 
ducidos á odiosa esclavitud, violadas sus mujeres, arre- 
batados sus hijos; tuvieron que apurar algo más la 
copa de sus amarguras, viendo llegar un día en que 
se les declaró excluidos de la raza humana y en que 
menos considerados que los animales del campo, se 
prefirió cortar la cabeza de uno de ellos antes que rom- 
per la miserable argolla de hierro con que lo sujetaban. 
La mayor parte de los individuos del clero, tenta- 



148 HISTORIA DE NICARAGUA 



dos de la codicia, no sólo no se oponían á aquella obra 
de iniquidad, sino que ayudaban á ella, atentos úni- 
eameute á tomar su part^ en el rico botín de los des- 
pojos. 

Cuando el torrente de las malas pasiones pareci£^ 
más desencadenado contra los pobres indios, cuando 
todo era oscuridad y sangre para ellos, de las filas d^ 
ese clero codicioso y olvidado de su misión evangéli- 
ca, se destacó la noble y simpática figura do Fray Bar— 
tolome de Las Casas, proclamando los fueros de la ha — 
manidad ultrajada en la persona de tantos desgra- 
ciados. 

Aquel hombre, inspirado por un sentimiento dki - 
no, la caridad, se levantó sobre los vicios y preocnp»- 
ciones de la época, y llevado de su ardiente fe, impul- 
sado por noble y santo celo, se multiplicó, digámoslo 
así, é hizo esfuerzos extraordinarios que la posteridad 
ha consignado con gratitud en las páginas de la histo-- 
riíi y que en su tiempo produjeron saludable reacfiióí* 
en favor do la raza condenada al exterminio. 

Mucha paite de ose mismo clero egoísta, desperta- 
do por hi tonanto voz del padre Las Casas, corrió pre- 
suroso tras ól á enrolarse voluntariamente en las ab- 
negadas filas del filantrópico ejército, que así atrave- 
sarla los maros embravecidos como las más desiertas 
y lejanas tierras, cuando se trataba de disputar ala 
codicia castellana los restos sobrevivientes de los des- 
graciados indios. 

En ol Capitolio do Washington, al lado de la de Lin- 
ooli), (»1 libertador do la raza negra en Norte- América, 
ha ^ido colocada por disposición del gran pueblo ame- 
ricano, la estatua de Fray Bartolomé de Las Gasas; 
pensándose, con justicia, que la radiante figura dd 
piadoso obispo de Chiapas, tiene que ser más grande 
que la de Colón, en cuyo pecho halló también cabida 



CAP. X. — LAS OASAtí Y LA ESCLAVITUD 141) 



el interés particular, y que las de los demás couquista- 
dores, cuyos heroicos y extraordinarios esfuerzos apa- 
recen oscurecidos por el mezquino sentimiento de la 
codicia. 

Bartolomé de Las Casas nació en Sevilla en el año 
de 1474. 

Hizo sus estudios, hasta obtener el título de Licen- 
ciado, en la famosa Universidad de Salamanca, y en 
seguida, en 1502, acompañó á América á don Nicolás 
Obando, gobernador de Santo Domingo. 

Vuelto á España se ordenó de sacerdote en 1510, y 
en el año siguiente pasó á Cuba con el gobernador don 
Diego Velázquez. 

El padre Las Casas le sirvió de consejero y le acom- 
pañó en todas sus correrías en la Isla, por cuyos ser- 
vicios fué recompensado con una buena parte del re- 
partimiento que se hizo de los indios. 

El joven sacerdote que había ido al Nuevo-Mundo 
en pos de riquezas, aceptó gustoso la encomienda ó 
hizo sociedad con un tal Rentería, logrando buenos 
negocios. 

Estando en Cuba salió en comisión con Panfilo Nar- 
váez á pacificar algunos pueblos que se habían sub- 
levado, y cuando su alma noble y generosa presenció 
los abusos y crueldades de los conquistadores, se in- 
teresó por los indios y se inflamó en aquel fuego san- 
to en que se mantuvo por más de sesenta años. 

En 1514 convino con Rentería en abandonar las en- 
comiendas y consagrarse única y exclusivamente á 
proteger y favorecer á los indios. Rentería se quedó 
en la Isla y Las Casas pasó á Santo Domingo con di- 
rección á España. 

Entonces empezó á atacar con vehemencia el siste- 
ma de repartimientos, expresándose en público y en 
privado sin ninguna reserva contra empleados y par- 



150 HISTORIA DE NICAKAÜUA 



ticulares y llevando por esto la odiosidad pi-of anda de 
los conquistadores. 

Fray Bartolomé llegó á España, pero á pocos dias 
falleció el Rey don Femando y tuvo que entenderse 
con el Cardenal Regente Fray Francisco Jiménei de 
Cisneros, que escuchó con atención sus quejas. Éstas 
le ocasionaron su primer disputa en la Corte con va- 
rios que se sintieron lastimados en sus intereses y qne 
lo acusaban de exagorado ; pero por fin triunfé, y ob- 
tuvo el nombramiento de tres religiosos de la orden 
de Han Gerónimo, para que viniendo á Santo Doiniu- 
go procurasen poner coto á los abusos. También m 
le confirió entonces el título oficial de Protecb^r «leh 
¡mllns con cien pesos anuales de salario. 

En 1.">17 aparece Las Casas en Santo Domingo cou 
ios tres comisionados; pero éstos corresponden uiid* 
su misión, V Frav Bartolomé vuelve otra vez á Casti- 
Ha á exponer sus quejas al joven Carlos V. 

Vj\ nuevo Monarca castellano había dejado elRüiu^^ 
rn manos do favoritos flamencos, á quienes solamente 
podía hablar el padre Las Casas el lenguaje de las con- 
voniencins. Atribulado, desesperado ya de salvar de 
la eschi vitad á la noble raza, objeto de su simpatía, 
propon i^ quo se aumente el número de colonos espa- 
fií.Jes y que, i)ara evitar el exterminio de los indios, se 
introduzcan á las colonias esclavos negros que ayndeu 
en las faenas de la industria. 

La proposición es aceptada, y se suspende por «-u- 
toninos la amenaza de (esclavitud para los indios; pero 
los enemigos de Las Casas lo acusan de inconsecueu- 
í'ia y dicen que (A ha introducido á América la es- 
clavitud africana, tan inicua como la que trataba de 
í'vitar. 

Las Casas confiesa humildemente su error en la His- 
toria tfi-neral de las Indias que c.-jcribió despué.?, ún 



CAP. X. — LAS CASAS Y LA ESCLAVITUD 151 



irgo de que no fué él quien introdujo la esclavi- 

kfricana. 

I I5II9 seis aüos antes de la proposición del padre 

Casas, los españoles obtuvieron una cédula del 

irca, por la cual se les autorizaba para llevar á las 

algunos negros de Guinea, porque, según decían, 

^gro hace más trabajo que cuatro indios. 

I 1512 y 1513 se expiden también órdenes con 

objeto á consecuencia de reclamaciones hechas 
os monjes de San Francisco, con motivo de la es- 
ez, penuria y grandes trabajos que sufrían los 
s; y finalmente, según el testimonio de Zúniga, ya 
10 antes de la conquista se conocía la esclavitud 
spaña, una vez que Sevilla enviaba sus naves a 
)stas africanas para traer esclavos y robar moros 
z con los cuales se hacía comercio, 
stituir una esclavitud con otra esclavitud uo fué 
ra del pensamiento de Las Casas. La idea de la 
vitud existía en el viejo Continente y se hallaba 
uerdo con la historia, el derecho, la costumbre y 
latismo religioso de aquellos tiempos y con lo con- 
do en la cédula real de 1511. 

que hizo Fray Bartolomé, fué darle mayor 
Iso llevad«>, no por la idea de sustituir una escla- 
\ con otra, como se ha querido decir, sino por hi 
ir algún reposo á los indios, 
fines de 1517 volvió el padre Las Casas í\ Santo 
ingo. Los frailes Gerónimos regresaban á Espa 

no habiendo mejorado en nada la condición de 
rotegidos, emprende nuevo viaje decidido ácon- 
r defendiendo ante el Monarca la causa de los 
s. 

su tercer viaje tuvo ya que luchar el iufatigHl)le 
ol con altas dignidades eclesiásticas. 
Obi^lhj del Darién, don Juan do Qiit)\ bdo, haoíii 



152 HiSTOUlA DE NICAIIAGUA 






también viaje extraordinario para pedir al Bey, en 
nombre de mnc^ha parte del clero, la esclavitud de lo8 
indios, fundándose en que siendo la idolatría patri- 
monio dol diablo, los idólatras debían serlo de los «ris- 
tianos. 

Carlos V citó á ambos contendientes para ana con* 
feroncia piiblica en la Corte, á su presencia y á la del 
Consejo. 

Habló largamente el Obispo, demostrando su inhu- 
mana teoría; pero Las Casas le contestó con elocuen- 
cia tan conmovedora y pei-suasiva, que lo venció y ob- 
tuvo del Monarca el permiso que solicitaba para en- 
sayar en determinado punto la colonización pacífica, 
recibiendo hombres y recursos para poner en prácti- 
ca su filantrópico proyecto. 

Desazonado y afligido con el fracaso posterior de 
su ensayo. Las Casas se retiró al convento de los do- 
minicos en Santo Domingo y tomó el hábito de la or- 
den en 1523. 

Continuó entonces sus trabajos apostólicos con el 
mismo celo, escribiendo en los momentos de reposo, 
su célebre Iliütoria t/eneral de las Ifulias. 

En 1530 lo vemos en el Perú disputando los indios 
á Pizarro y Almagro; en 1534 en Nicaragua oponién- 
dose á las arbitrariedades de Contreras; llega después 
á Guatemala, á Chiapas, á España, á todas partes en 
tiue era necesaria su presencia para salvar de la escla- 
vitud á los indios. 

El docto Sepiilvedrt, publica una obra contra los 
indios, y Las Casas contesta rebatiéndolo. El Empe- 
rador ordena una controversia pública en Valladolid 
en 1530, ante te^^logv^s y jurisconjiultos notables, y Las 
Cascas concurre á ella y voiico á tan sabio adversario. 

La actividad y celo del padre Las Civsas nunca men- 
i^uaivu. Catorce v^ves atravesó el Atlántico en frá- 



CAP. X. — LAS CASAS Y LA ESCLAVITUD V)[i 



giles naves, desafiando las tempestades y peligros, mi- 
llares de ocasiones hizo resonar la voz de su elocuen- 
cia en la tribuna, escribió, libros y folletos en latín y 
en español, formó poemas religiosos en las lenguas 
americanas, y casi no hay episodio en la conquista en 
qne no se le vea interviniendo en auxilio de sus pro- 
tegidos. 

Las Casas renunció el obispado de Cusco y aceptó 
más tarde el de Chiapas, por amor á los indios; y por 
último, después de renunciar también éste y después 
de una dilatada existencia, murió en España en 1550 á 
los noventa y dos años de edad. 

La raza americana le debe su libertad; pero esa li- 
bertad indudablemente sirvió para remachar más las 
cadenas de la raza negra. 

Alambrada la mente del codicioso Carlos V, y te- 
niendo como siempre necesidad de dinero, vendió á 
los flamencos el privilegio de enviar negros á las colo- 
nias españolas y éstos á su vez lo traspasaron á los 
genoveses por veinticinco mil ducados. 

Justiñeado el bárbaro tráfico con el respetable nom- 
bre de Las Casas, fué tomando incremento liasta ge- 
neralizarse en Europa. 

En 1532 los españoles recobraron el monopolio que 
antes habían cedido á los flamencos. 

Felipe II, en 1580, lo cedió á una compañía geno ve- 
so, que realizó grandes ganancias ; Felipe V lo conce- 
dió por doce años á los franceses, y la Gran Bretaña 
en la paz de Utrech, reclamó el monopolio por treinta 
anos. 

Los infelices negros vendidos á los europeos por sus 
propios jefes y reyezuelos, eran atados con cuerdas 
y conducidos á la costa, llevando un palo que carga- 
ban en el hombro del que iba adelante é impedía que 
el de atrás se le acercase. 



154 UISTOBU DE NICAKAGUA 



Erau encajonados en • buques construidos expresa 
mente y que levaban el ancla tan luego soplaba boe 
na brisa. 

Desnudos completamente, hambrientos, revueltos 
amontonados al fondo de una cala, donde ni siqoiei 
se les concedía el aire que necesitaba su pobre y m 
serable existencia, llegaban al Ecuador, cuyas latitaA 
agravaban su situación, enviándoles toda clase de ei 
fermedades, de las que gran parta concluían con 
muerte. 

A veces, falto el buque de provisiones, sobreviniei 
do la calma y no teniendo con qué alimentarse, se I 
anx)jaba al mar; otras, arreciando la tempestad y qn 
riendo aligerar el cargamento, los tomaban por doe 
ñas V los echaban vivos al fondo de los mares, v otn 
en ñu, las viruelas se anticipaban a la crueldad d 
i»uropeo enviándoles una terrible y triste muerte. 

Los que llegaban convertidos en vacilantes y trist 
osiiueletos eran bien alimentados, y cuando presen! 
ban biu'u asv»eeto, se les rapaba y sellaba y se vendí 
i»ii los mercados como cualquier otro objeto. 

Los colonos, cuyos sentimi«^ntos de piedad hea 
tenido va ocasión de conocer en su trato con los 
ílios, dueños y señores de la vida de sus esclavos, 
trabajaban dia y noche y lo¿ trataban como á bien 
nían, sin que hubiera nadie que se interesara por el 

La estadística moderna ha calculado que en un 
lo siglo se arrebataron á las costas de África qui 
millones de esclavos. 



CAPITULO XI 



Couqui8ta del resto de Centro 

América 



Conqiiista de Costa-Rica — £1 cacique Urraca— Lucha de 
nueve años — I>escubriiniezito del Qolío de Chira— La ciudad 
M Cartago — Llegada de Jorge de Al varado- Primer gober- 
nador de Costa-Rica— Su agregación á Nicaragua— Gil Gon- 
zález es despojado de Nicaragua — Le disputa Olid la con- 
quista de Honduras— Conquista de Guatemala— Pedro de 
Alvarado conquista hasta Cxiscatlán y regresa— Funda- 
ción de GKiatemala— Jorge de Alvarado conquista el Salva- 
dor—Pedro de Alvarado se va á España— Es nombrado Ade- 
lantado, gobernador y Capitán General del Reino— Arreglos 
con Montejo— Anexión de Honduras. 



A Costa- Rica le tocó en suerte ser el primero de los 
países de la América Central que recibió el bautismo 
de sangre de la conquista. 

Su proximidad á Panamá facilitó la exploración del 
territorio en tiempo de Pedrarias Dávila. 

El año de 1514 la expedición encomendada al Licen- 
ciado Espinosa tuvo noticia de que en Burica en don- 
de gobernaba el cacique Urraca, había oro en abun- 
dancia y se dirigió á ese punto. 

Urraca luchó durante nueve años por la libertad dv 
su país, siendo molestado durante todo ese tiempo por 
t^l ejército del Gobernador de Castilla del Oro; pero 
mientras en esa parte del territorio la guerra se man- 
tuvo encendida, en lo demás del país fué paulatina- 
'«ent^ realizándose la conquista y colonización <lol 
i'e^to do Co^ta-^Rica. 



V)i} HISTOKIA D£ NICAKAGUA 



En 151 () HernáQ Pouce y Bartolomé Hortadoiks- 
í'ubrioron el golfo de Xicoya y en el año de 15'22 ee 
hac*c> mención de la ciudad de Cartago, como pQeÜb 
ihi imiKirtancia, cuya fundación se atribuye á JmB 
Kolano y Alvaro de Acuna, sin haberse esclarecido 
luiHtn hoy, cómo, por dónde, ni cuándo entraron £- 
(í1k)h conquistadores. 

Kn ir).'tO Jorge de Al varado, hermano de don Pedro, 
íh'scnibarcó en Puerto Culebra y sujetó las tribns in- 
días de Turrialba y Suerre. 

Kn 154086 despachó a Diego Gutiérrez título deOo- 
bornador y Capitán General de Cartago, de cuyo de^- 
tino tomó ])osesión y lo desempeñó algunos años. 

MÚK tarde en 1574 la colonia fué agregada al gobier- 
no fie Nicaragua; pero después continuó gobemándo- 
Ki* por medio de alcaldes mayores y gobernadores 
propios. 

(lil González de Avila descubridor del Sur de Nica 
ra^uu fué despojado de su conquista por Hemándes 
de (Virdoha y Pedrarias, mientras él en territorio hoD 
durefio buscaba el secreto del estrecho. 

liU conquista do Honduras también le fué disputa^ 
da por Olid, y cuando regresaba de España á recnpe- 
rur lu K<>b(*rnación de Nicaragua, la muerto lo de- 
tuvo en Avihi, su ciudad natal. 

KésianoH hablar ligeramente de Guatemala y ¿ 
Kalvuílor. 

Ha ríM'ordará (jue Cortés envió de México dos expe 
dieiones á Honduras, el 13 de noviembre de 1523. Li 
una, á (rargo de Cristóbal de Olid fué por agua á diBfi 
enibarcurso á Puerto Caballos y ya conocemos su fií 
La otra, á cargo de Pedro de Alvarado, llevó un ejéi 
cito de 300 infantes españoles, 150 dragones, 4 pieza 
do artillería y más de tres mil indios amigos, de Tía 
cala y México. 



CAP. XI. — CONQUISTA, ETC. 157 

Al varado atravesó la provincia de Soconusco y tu- 
que sostener una gran batalla en las montañas de 
tanta María de Jesús. 

Poco después sostuvo otra mayor en el río Olinte- 
leque, cuyas aguas se tiñeron de sangre. 

Amedrentados los indios de Quezaltenango le ofre- 
neron la paz. 

Los quichés les presentaron batalla en una llanura 
inmediata á To ton icapán; fué muy reñida y en ella 
Alvarado atravesó con su lanza á Tecún lítoán, rey 
del Qaiché. 

Vencidos en todas partes los ejércitos quichés, ape- 
laron éstos á la alevosía y á la traición, por lo cual 
Alvarado redujo á cenizas la celebrada Utatlán, su 
capital. 

En abril de 1524, conquistó Alvarado á los zutugi- 
^68 y poco después tomó por sorpresa a Escuintla, ciu- 
dad muy bien defendida. 

Prosiguió su marcha por las costas de Chiquimuli- 
Ua y penetró al Salvador por Sonsonate, siguiendo 
siempre por la costa hasta Chaparrastique (San Mi- 
piel) en donde sostuvo varios combates. 

En Acajutla fué herido Alvarado en \\n muslo, áu- 
^Dte una reñida acción do guerra, quedando cojo pa- 
^ toda su vida. 

En San Salvador se hizo una resistencia heroica. 
La ciudad de Cuscatlán era hermosa y bien fortifica- 
rla y tuvo Alvarado que regresar, fundando en Ixin- 
ehé, adonde llegó el 21 de Junio de 1524, la primera 
eindad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, 
ine sólo duró poco tiempo, porque fué trasladada des- 
unes al valle de Pancoy ó Almolonga entro los voléa- 
les de Agua y de Fuego, el 22 de noviembre de 1527. 

Enviado al Salvador Jorge de Alvarado, hermano 
e Pedro del mismo apellido, fundó la ciudad de San 



;n>ior;iA i»K mcakaííia 

's* i.i • '. V d^ abril dt* iriíí, con el projiósitt^ il'* 
■ sri*:'-ji* ji liv'irt'-aoióu dA territorio. 

* í:-»: A*.v;.ini'.l.\ después ilo una excursión á Hou- 
■!>, i- l'-in ••.;«:• lUuuado para completar la paoifi- 

.<. ••: i: .^-jb ; r».>\.iii.ña, tun«lú á San Pedro de Tsula 
.1 ■• ■ -Ai. i K.Tipafia iK^r Trujillo. dejando por tenien- 
^ »-• i ' • í: *.'liavr;í, .¿ue continuó iiaeificaiiloHl 
. ' . ». '.' ■ '•-■{' \a .iiidad de Grae¡a^. 

* .t '. •• • V' ' i-.i. :• ^ .>íi:rh\>«*> de España, se presentó en 
. .4.1-. •■ ' ' .: irrr.v.Ala, ti 11 de abril de l-Víí», (h»d 
. .^ , íx; .». '. .> > AírLivcado. Gol>ernador y Capitán 
:.....M •' . ••• •• '^l- ■-^"Vr»'**^< <*MIainó Reinod^Ona- 
.i ti 

..,,,. ,¡ ..»r..,.sí i^ verid«>> por Tnijillo, al desem 
.. . .i X. »• :. H.t.'Tí:.;»; babusivlo nombrado gober- 

...-,'. 1 ii i '.'M •.••• Hotiiiiras. Desde Sau Pe- 

X . ¡í 1 t .-.■■ •.■•••s<:'i;v ;Tie aquellas tierras habían 

... . . >i ir.*.^ •.•■ ii.s:«.'.< -le su propia haoientla 

\:^M- .. V •■.■."•«;>*■•. Mv^r.ejo le t^»'ntestóque 

I «xi.'.t .. ^..si .-.íi' i'i» •.•' ■:í•:■^L^iur•a^, oon tal que le 

..... . *M ;, '.i.^ i.s: -lí' v^tTÜ.'o ot-n apn^barión 

« »i 

V ^ . .. I- '. 1' .1 • sfi !-jl> ;^i^r reuietitt- suyo á 

\ X .. . ■?». I .• -N i-s : n~eí> Ví ".Jb z«>b*^rLaeión de 

. .. -.1 .' .1 II ii; {«'i-i.-s Í..AS» fronteras de la 

. \ ^ \- M- «-üi •••ír*-T«^^'::¿ir: r^arouoes el 

. i .1 • V 1 1» i 'I ii. 

V ,, , . I ». XI .•.♦•' a ^f./iM-LitMia 'ie Hotiduras y 
• . .. •. ,. »• ^»- .^.•l.ll■l I :« ii V^'í'T'' ie H-íTera. 
', :. ,ii I... i i.i '^^'íia {*-" .a .;oci:[aista y 

.1 ;... .» it..icx 'i-* ' ivüifii -iH ".Ji Aoiériea- 

I . ... » .. . ..» • .».»x ¡t • ií»« •« ti ••••':j..a'ta ■;•- l»"*s -^iv. 



3..:l 

CAPÍTULO XII 

Sncesoren de Peclraiian 



Castañeda se liace elegir Gobernador— Conducta que ob- 
9»va— Exposición de los vecinos— Llegada del Obispo Oso- 
rio-Su conducta con los indios — Invita al padre Las Ca- 
sas—Convento de dominicos— Nueva exposición del vecin- 
daiio- Expedición de Rojas— Despójalo Al varado — Viaje de 
éste al Perú— Resolución del Rey— Nombra gobernador á 
Contreras — Proyéctase una expedición al río — Opónese Las 
Casas— Disgusto de Contreras— Muerte del Obispo Osorio— 
^^iajo del padre Las Casas á EspaHa— Sale la expedición al 
lio-Pormenores de ésta — Establecimientos de las Audien- 
cias de Panamá y de los Confines — Empresa de Fray Blas— 
Exploración del volcán de Masaya— Residencia de Contre- 
ras— El juez Herrera— Su conducta— Queja de los granadinos. 



A la muerte de Pedrarias se trato por el Ayunta- 
miento de León de elegir un sucesor interino que se 
hiciera cargo de la gobernación; pero el ex- Alcalde 
Mayor, Licenciado Francisco Castañeda, se presentó 
idegando que este puesto le correspondía á él, como 
contador, mientras el Rey proveía en propiedad. 

Puso en juego toda clase de intrigas, y fueron tan- 
tos y tan repetidos sus ofrecimientos de mantener las 
provincias en quietud y en justicia, que el Ayunta- 
miento convino en aceptarlo. 

No bien se hubo adueñado del codiciado puesto, en 
mar/o de 1531, Castañeda botó la máscara y siguien- 
do el ejemplo de su antecesor, se mostró tan déspota 
y rapaz como aquel. 

Ení^ontró muy luego la manera de adjudicarso ooho 



160 HISTORIA DE NICARAGUA 



9 

gi'andes eucomiendaSy distribuyendo muchas otFS^ 
su antojo. 

Convocaba el Cabildo de tarde en tarde; pero en 
propia casa y sin concederle libertad para la discusi^ ^ 
y votaciones. No hizo inventario de los caudales pi^^ 
blicos y arrendó por un bajo precio los diezmos qru — 
pertenecían á la Real Hacienda. 

Cuando alguna pei'sona se quejaba de sus injusta 
cias, la hacía poner en la cárcel por demagógica y hos^ 
tilizaba con el mayor descaro a las que le negaban 
dinero que les pedía ó le rehusaban algún servicio. 

Los miembros del Ayuntamiento, cansados desem 
jante despotismo, se reunieron secretamc^nte y escrr — 
bieron al Rey pidiéndole un juez de residencia qne tn::^ 
mase cuentas á Castañeda, cuyos abusos refirieron. 

Los infelices indios, que durante la administraci 



de Pedrarias parecían habei* tocado la meta del sufr J 
miento, iban de mal <^n peor cada día. 

üos años después, ó sea en 1532, tomaba posesió zi 
don Diego Alvarez de Osorio de la mitra episcopal de 
León. En ese mismo año, el nuevo Obispo, á virtud 
de una bula romana, erigió en Catedral la iglesia de 
la Asunción de la ciudad capital. 

El nuevo prelado diocesano, aunque de carácter apá- 
tico, pertenecía á la reacción del clero, provocada por 
el padre Las Casas, y se interesaba por los indios en 
la medida de sus fuerzas, ó lo que es lo mismo, en tan- 
to cuanto se lo permitía su carácter y la necesidad de 
vivir en armonía con las autoridades civiles, cuyas de- 
masías conocemos. 

El padre Las Ciisas, que desde 1530 había pasado 
de tránsito en su viaje al Perú, con objeto de notifi- 
car á sus conquistadores las reales cédulas on que se 
prohibía la escla\itud de los indios, se encontraba de 
regreso en León en la fecha de la inauguración del 



CAP, XII. — SUCESOKES DE PEDKAUIA8 IGl 



obispado, y fué instado vivamente por el señor Oso- 
rio para que fundara un convento de dominicos oon 
objeto, entre otras cosas, de poder hacer algo más en 
favor de los indios de la localidad, reducidos á piM)r 
condición que los del resto de América. 

La ardiente caridad del Padre Las Casas no podía 
negai-se á una demanda de esa clase, y con cuatro re- 
ligiosos dominicos que le acompañaban, fundó <mi 
León el convento de San Pablo. 

En 1535, sin embargo, el Cabildo dirigió una expo- 
sición al Rey, suscrita también por los sujetos más ra 
racterizados do la Colonia, manifestándole la nc<!rsi- 
Jad de que fuera enviado cnanto antes un juez de re- 
sidencia á tomar cuentas al Gobernador v álos Oficia- 
les reales sobre la manera como ejercían la autoridad 
qne les estaba confiada. 

Los españoles, según aquella misma exposición, 
abandonaban constantemente el país, por la mala ad- 
ministración, y se trasladaban al Pei*ú, cuyas grandes 
riquezas tenían un atractivo irresistible, al extremo 
Jeque la población castellana había quedado rt^duci- 
da solamente á León y Uranada. 

También se hacía presente que existían ([uinct» ó 
veinte carabelí»^ ocupadas perennemente eu ex[K)rtar 
indios que vendían como esclavos á las demás colo- 
nias, y que este inicuo tráfico, que toleraban los gíj- 
bernadores mediante retribución, exponía In. riqutíza 
níitural del país, así agrícola como ininenil, [»oi' la con- 
siguiente falta de brazos. 

Concluía Ui exposición diciíiuclo. cjut» el Licenciado 
Cast^ííiedu se había ausentado (1) dejando onconicu- 



(1) 8e auireiitó eii enero «le l.l^r» v siivi»'» lu irübernaciúii el 
Mbispo Otíorio hasta iiovienilne «fel luisino año — Peralt» atrás 
'itado — (N. íhíl A.) 

1 1 



162 . IIlSTülUA 1)K XK'AKAOIA 

dada la gobernación al Obispo Osorio, persona digna; 
j/oro á la cual se negaba á reconocer el Ayuntamien- 
to niiont?*as no desistiese del poder conferido por Cas- 
InfiíMhi, jM)r lo cual encarecían al Rey el nombramien- 
to d<^ nn ;;oberna<lor propietario, escogido entre las 
p<»rsí>nas (jue hubieran servido con buen éxito ese ein- 
pl(»o (»n otras partes. 

S(» ve, pues, que el bu(*no del Obispo, dejaba tam- 
liiÓM adornuMUM- su celo en favoi* de los indios y per- 
mitía (pie los vendiornn como esclavos, cuando me- 
<lial)n propina. 

Kn i'l iu\o i\o lolW, Oabriel de Rojas, que se encoii- 
I raha o(»ioso en León desde la muerte de Pedrarias, de- 
ttMininó organizar una expedición para ir al Peili en 
aiixilio de Pizarro. Había construido dos buques eu 
el líealejo y se proponía construir otros, cuando el 
Adelantado don Pedro de Alvarado pasó de Guate- 
mala <*on uiui escuadra, encaminada también á la cou- 
quista del Perú, y se adueñó violentamente de los bu- 
ques de Rojas y de los materiales almacenados. 

líoja^. al verse despojado, se asoció de doce amigos 
y salió para 1/tuuu llevando una información recibida 
anle el gobernador i^istaüeda, ai*erca de la conquist-a 
que Alvarado trataba di* hacer. 

Kl conquistador de (fuatemala fué eu efecto al Perú 
a disputar la conquista de aquella tierra: pero después 
\lc algunas diíicultadts, temeivso de perderlo todo, 
t'\>nviu\^ v'oii Almagiv eu dejarle e! campo ven ceder- 
lo *iu ojciviu^ po»- oien mi! pe<«^< «le on\ con los cua- 
!os se tvgi>^so. 

r\iaiulx^ el Koy do Ks:\^ua romo nota de la exposi- 
*uMi ^U' ;v^s \<vuu^> \lc Nicanigua, ordenó que uo se 
^xMivíiMuía Mías oí; SíK*av ir.vitos de la Provincia para 
\orxloi;x^> ou oltas {\s:ros vV.:;.^ es^^avos, que se for- 
ív.ava \ »víu*tíova un í>*4:í<Tr\^ de Ttxi^v? U>s existentes, 



UAP. -XII.— «tTOBIÚIteS DE FEDBMUAS 

■HielosgoberiiadoreadaPauaiuá y del Perfl im per- 
üüioran en eus dominioB h1 desembarco de indios 
Tf («lieates du Ceütro-Ami-rica. 
i'roveyó tambiéu el Rey la gobernación de Nicara- 
y¡.i m (Ion Rodrigo de Coutrera», caballero distinguí- 
■ radit-'ado eu la ciudad de Niifva-Segovía, yei'uo 
■' Pedrarias, y que ae había enriquecido extiaordiua- 
innentc, obligan(Íf> á numerosos indios á lavar oro 
■ir fuenta suya. 
P^n i>I mes de noviembre de 1;>35 tomó Contrenis pn- 
-ióu de su destino y se trasladó á ÍJranada con sn 
.milis. (1) 

Tna de las primeras determinaciones tlel nuevo go- 
■cuador fué instrniv un jni«io de residencia al Liceu- 
i)lo Cast^fipda; poro éste ae había ausentado del país 
11 direeción al Pera, dejando un procurador enuar- 
j liü de su defensa. 

i'pdiendo á las instancias del vecindario, mandó 
' "Utreras á preparar ana expedición exploradora del 
I Jel Desaguadero, en cuyas márgenes se pensaba 
iii-t-xistíau pueblos ricos. 

I 'liando el Padre Las Casas tuvo noticia de la expu- 
ii iión, snbiú al pulpito y la combatió con su acostum- 
lirada vehemencia. 

Contreras bastante enojado, pero de carácter prn- 
' site, llamó al Padm Las Casas y le suplicó que for- 
i parte de la expedición, para que evitara los abu- 
buB temía eooti'a los indios. El padre aceptó; pero 
Mendo que se le hiciera jefe de la expedición, para 
psele obedeciese. 

iáronse los ánimos, y el 2'^ de marzo da 1536, se 

lentó Coutreras ante el Obispí» pidiéndole que si- 

& «na información de testigos que llevaba consi- 



B) PpmlU — .Vímfií/iín, CoMn-lika i/ PiiHrim 



1 W UIKTOBI A DE XICAHAGU A 



go, .sobre puntos en que se hacía aparecer al Padre b- 
Casas como revoltoso y perturbador de la tranquil 
dad pública. 

Pendientes aun las cuestiones con el Padre Las Casa 
aconteció el fallecimiento del señor Alvarez v Osori 
Empeñado el Gobernador en llevara delante la aci 
nación contra Fray Bartolomé, hizo seguir nuevas i 
formaciones, ampliando las primeras y las envié á 
( :orte. 

Por su parte, viendo el Padre Las Casas que la ¿ 
t nación de los indios no mejoraba nada, hizo otro vi 
Jí* á (Jastilla con el propósito de trabajar por elloM. 
Sin nadie ya que contradijera la expedición al D 
saguadei'o, ésta se venficó entonces el G de abril* 
l.Vjí), al mando de los capitanes Alonso Calero y Üiej 
Machuca de Suazo, que recorrieron el río hasta su df 
einljocaílura en el Atlántico. 

La armada expedicionaria se componía de dos í^ 
tas, una de (luintre bancos y otra de doce, de dos i 
noas y <!«• una barca grande con una tilla en la poi 
i»ajo la riial iban cuarenta caballos y un corral iec: 
(Mienta rf*rdos. 

Todo el mes de abril se pasó en la travesía del lai 
y el IV de nijiyo se empezó á bajar el río. 

L^l día 2 sr dio fondo en un ancón inmediato al rí 
<lal del Toro y allí permaneció la armada hasta el 8 
siguiente mes d<» junio, en <iue levó anclas después 
haber exploradlo algunos de los ríos y pueblos vecin 
(.'OuioMaehuea había sido enviado con la caballe 
ron instruíM'iones de juntarse adelanta, la arma 
aguardó un Pocosol «lurante diez días; pero acoss 
por el liambre avanzó hasta más adelante de la b( 
i\(A Taura, <»uyo río exploraron sin resultado. 

Concluida la exploración del Taura, la armada avi 
AÓ hasta ül Atlántico, cjue Caloro tomó cquivocat 



mente por otro. lago y cuyas costas hizo exploiar [">ia 
'■! N'orte eu busca dp Machuí!», hasta el i'ío Coco, jkjh 
"' «íiiíil subió durante cinco días. I 

Eti la t*xpedi('i<'iu al Norte. Calero naufraj^ y i-stiiJ 
■■' apunto de ahogarse: la mayor parte de su geutt 

'•iimbió al hambre y á los padeeiniieutos; y habiou-J 
'" des4^nbierto, por fiu, que se hallaba en el luar deil 

*»t^, se encaminó á Nonabre de Dios en las dos úni-l 

■^ embnrcae iones que le quedaban, y gracias al buenl 
i'^npii pudo por fia llegar á este puerto, acompañado^ 
i'' f*(ilo siete hombres qne sobrevivieron. 

Alaülmca pasó también grandes privaciones eu laí 
"i'^Utafias del río San Juau que esploró hasta las niár-i 
n"t»ejii del río Coco, y acosado por el hambre tuvo qual 
"'*jjerse los caballos, y después de perder sifite hom-J 
''f**s regresar A pie á Granada. 

Oalero se preseutó en Nombre do Dios al Doctor Ro-Í 
''l^-«. Oidor de la Audiencia de Panamá, dándole oueu-^ 
' 'le sus aventuras y pidiéndole auxilio para regre- 

''■- Robles, ponsanilü que las márgenes del San I 
''ia.n (1) erau muy ricas, determinó qne su yerno, el I 
'">bernador de Veragua, tomase posesión de ellas. AI I 
"'«do capturó un correo que mandaba Calero pura I 
nicaragua, procesó ó éste por supuestos delitos, em- 1 

'"■fgó laü embarcación eSj indios y artillería que lleva- 
"■^ y le habría ahorcado, á no haberse asilado en el 

' íJlplo de San Francisco, de donde Calero ocurrió con I 

"' escrito al Monarca español. ¡ 

ttobl«í mandó construir «mbareaciooes en el Desa- 

Oadero y á practicar exploraciones á nombro de su I 
■no; pero el ocnrso de Calero y las exposiciones del I 

oljeraador Contreras y del Cabildo de Granada, oca- 1 



Ifl) &m Jtuineraol Domliroile tina de Ina emburuBcíonee ileCa-l 
DftBlliinilniliihremetiti^ toiDitcl río esto nombre — (N. itel A.¿l 



lÜG HISTOKIA DE NlCAKA(iUA 



sioiiaron la real cédula de 18 de junio de 1540, por la 
ííual se mandó poner en libertad á Calero, se ordenó la 
devolución de cuanto se le había embargado y se le dio 
autorización para continuar explorando el río (1). 

En 1537 se quejó Contreras al Rey de que el Gober- 
nador de Guatemala había poblado la villa de San Mi- 
guel, á este lado del Lempa, hasta donde llegaba la ju- 
risdicción de Nicaragua según decía. 

Con tal motivo y apoyando una exposición del vo- 
rindario, Contreras suplicaba el establecimiento de 
una Audiencia en Centro- América, por ser muy largo 
y dificultoso para estos países, el estar ocurriendo en 
sus dificultades hasta la de Santo Domingo. 

En el año de 1537 (2) fué establecida en Panamá 
una nueva Audiencia, compuesta de tres vocales; y 
por real cédula de 23 •do mayo de 1539, se le dio juris- 
dicción en Castilla áv\ Oro, provincias de la Plat^ es- 
trecho de Magallanes, Nicaragua, Cartagena, Caraba- 
ro, Nueva Castilla y Nueva Toledo. 

Los doctores Robles y Villalobos, oidores de la Au- 
diencia, quediiron encargados del mando de las pro- 
vincias, y la de Nicaragua estuvo bajo sus órdenes 
desde el 2í> de marzo de 1539, hasta el 13 de setiem- 
biv de 1543, en cuyo tiempo continuó siempre Contre- 
r; ¿i sirvit*ndo la gobernación como subalterno de la 
Audiencia. 

Kl establecimiento de ese tribunal eH Panamá no 
satisfizo á los colonos do Nicaragua y fué causa de- 
di scontonto general hasta fines del año de 1539, en 
«pH» la intixHlucción de una considerable cantidad de 



^ n Vóast> ix\ \\\\ lio esto lUm^ la uota C en qae se detalla eate 
íu'outtviunonu». 

\:.M Healoci adula^^ \lol Kiu^H'rador Carlos V eu lladríd, a lUí 
*lo tVVivrv^ vio K^^t^ V tu ValUílMivl, i L* do iuaf^o de 1537. 



pjettis e£ptiñolfis viuo á llamai* la ateiicióti geiierdi 
ive éstas V » pncificar la Provincia como por caí 

nto. 

lAutetj del aconlecimieutu icferido llamó bastaütí 
lateuciúii piíhlirn la atrevi'iísima «rapvesa de FrajH 
s ilel Castillo, quo creyendo que era oro fundida 
i corriente roja que se veía en el fondo del volcáu! 

* Mariuys, á través de unas grietas, orgauiKÓ seci-e- 1 
Menlc umi L-ompañia y bajó audazmente por el (trA- 
y siu preocuparse por el humo y gran elarídnd qn^ 

pía, del volc&n. 
pEl fraile y sus uompafiei'o.s subieron aparejos, cablef 
" Kun-uebas bft«la la cima de la montaña, fijavou uim~ 
-'Uticíi vigíi á la orilla del cráter haciéndola avanzar 
■iiu.) pie* sobre el abismo, y por su extremidad, eu 
!"e m* rolocó uua gran roldauH,'fué descolgado el ex-J 
"b>i-jy]or(jesde 270 varas, hasta una especie de phizaff 
1'**^ lo» derrumbes Imbíau formado en uua de las pa^ 
' •■♦Ipfi del cráter En este lugar se fijó en la misma forj 
'"'i ülm viga y se bajó un eablu con uua cadena á l^ 
't*»i3 SI* fijó un mortero, que sólo pudo saear escorial 
' "*rque las grietas, á través de las cuiili':* se veía hi o<Á 
' ' '**uU', no pHi'inJtieron el pase. 

lJeíf*nbiei-to el atrevido proyecto de Fitiy Bras, i 
«Uulú el Gobernador Coutrerut> al volcán, y ul 'M <ld 
'*Hl dt* 15:18, hizo practicar ásu presencia una uuevjii 
fcplnfMeión por uii"lio del mismo fraile Examinadas 

• bmsas y eerlififrado su iiingúu valor mineralógico, 
■ prohibió liíriuiíuiMiemeute á Fray Blas el qxxv cou- 
lUara exponiendo su vida eu tan vana y terneraiTl 



jDe esta manera 


terui 


linó el ineic 


BCjs temvñdad 
p^inlitiitriii, i'iiaii 


.1.- [• 

ll.Mp 


'rav BhW 
1.- .! vi.le.-in 



1(»S HlSTOHiA DE NlCAKAííÜA 

• 

■ ridad (jue íilguuas véceos llegaba hasta Granada, y de 
su seno se escapaban columnas de humo que hacían 
temer una muerte por calor ó por asfixia; pero la codi- 
cia del Reverendo no se detuvo ante esta considera- 
ción, y vestido de estola y con una cruz en la mano, 
se lanzó en busca de oro a la que entonces llamaban 
"la Boca del Infierno." (1) 

A filies del año de 1540 tuvo noticias el Gobernador 
( -nnt reras de que Hernán Sánchez de Badajoz conquis- 
taba para sí la costa norte de Costa-Rica. Acto con- 
tinuo organizó una expedición de cien españoles y 
d()S(*ientos indios, bajó por el Desaguadero y a media- 
dos de noviembre se encontró con Badajoz en las lo- 
mas de ( 'Orotapo, obligándolo á rendirse por hambre, 
el IV de di(»iembre del mismo año, después de un sitio 
doir> días. Inmediatamente lo redujo a prisión, lo 
procesó, y por sentencia de .") de marzo de 1541 le con- 
1is<»ó 4IW}) pesos de oro y lo remitió al Consejo de In- 
ílias acusado de haber usurpado su jurisdicción. 

lios capitanes Blas de León y Diego de Contreras, 
fueron encargados de la custodia de Hernán Sánchez, 
al ^lue presentaron en Valladolid el 20 de abril de 1542. 
Rl Consejo de Indias mandó encerrarlo en la cárcel 
real. 

De su prisión entabló Sánchez, en 10 de marzo de 
\'í\Ik una acusación criminal contra Contreras por ex- 
i*vüos comtMidos en su persona durante la captura y 
conliscación. Contreras, que á la sazón se hallaba eu 
la Corle reclamando las encomiendas que le quitó la 
Audi*Micia d»» los cVnfines, rechazó los cargos; pero 
ubierio á pruebas t»l juicio sobrevino la mnerte de Her- 
nán Sanche/ v no se terminó. 



y P \ rííM» t\\ fin lio osla ol>ni 1.1 not:i í>. cu «nie se refieren los 



TAI'. XII — HÜCBSUItEls UE rEDUAKIAS 



IfÜI 



Habiendo faI1eci<lo ilou Pedro de Alvaradn i'n un» 
de TOS expediciones, p(?saron eu la Corte de P^pnüii 
tos podt>rosas iiiflnencias do est« conquistador, une se 
"|Kiuta íi qne en Centro- A méi-ica hubiera otro poder 
másgraude que el suyo, y en consecuencia fué creado 
iiu Iribuoal uspecinl para estas provincias, que se lla- 
mó ¡fl Aiidieuoia do loa Confines, 

UroiU cédnla expedida en setiembre de l.'»4;i par 
t'l Era[>erador Carlos V. ordenaba que la nueva Au- 
difticia sf estableciera en la ciudad de Gracias, «n los 
«^ufiíipfi de las provincias de Guatemala y Nicaragua, 
'i)D ciiíitro letriidos, siendo uno de ellos el Presidente, 
riiui'fétH Andiencía tuviera á su earfí" la golicrnií- 
''ií>ii de dichas provincias y sus adherentes. 

Rodrigo dfi Ooutreras dejó de ejercer legalraeiite las 
ftiadones de Gobernador, y existiendo contra ^1 gra- 
vas ijBtfjas, por abusos cometidos contra los indios y 
tnmbién contra los colonos, la nueva Audiencia nom- 
bró al Licenciado Diego Herrera para que le tomara 
reeidencia. 

' bos miembros de los cabildos de León y Granada 

lidian sidn despojados por Coutreras y sustituidos 

"■'<• personas queóste manejaba en absoluto. El Juez 

'■■■ fi»'fi¡dencia devolvió sus fundones ñ los miembros 

i I t'abildo de León; pero no hizo lo mismo con los del 

■ '! ranada, donde residía el ex-Goberuador. 

I f'iiclnidns los diferentes procesos uontra Coiitre- 

I-. comprobados ya muchos delitos, Herrera se au- 

-iitó de la Provincia sin dar fallo alguno. 

^_1j08 granadinos se dirigieron á la Audiencia y uo 

^^eron atendidos. Determinaron entonces enviar una 

wcfKwición al Rey, y reunido el cabildo el 24 de no- 

jribi-edel->44, hizo una larga y detallada relación de 

''h's los abusos y pidió en conclusión la salida de 

ú>ulrern.« v su familia de la ciudad de Giaiin'la, e! ro- 



170 HISTOHIA DE NIGAUAGUA 



partimiento do las numerosas encomiendas que éstos 
tenían, un envío de negros y algunas cosas más. 



^ 



CAPÍTULO XIII 

Audiencia de los Coiitiiies 




Atribuciones de la Audiencia— Leyes de protección — Libro 
Oel Padre Lajs Casas— Conmoción que causan las nuevas 
wjee — exposición del Cabildo de Guatemala— El Padre Las 
¡.Oasas reliusa el nombramiento de Obijspo del Cuzcq y acep- 
el de Cliiapas— Nómbranse los Oidores— Residencia y ju- 
ción de la Audiencia— Quejas contra Fray Ángulo — 
so del Padre Las Casas — Toma posesión del obispado 
Cliiapas — Sinsabores que recibe— Sus disputas con la Au* 
— Reforma de las nuevas leyes — Fraude de Contre- 
laa — ^Denúncialo el Obispo— Guerra del Perú— Conducta del 
i Obispo Valdivieso — Excomulga á los alcaldes de León y 
Cteenada — Aumenta los derechos eclesiásticos— Odio gene- 
ral contra el Obispo. 



El nuevo Tribunal de la Audiencia debía eouocer 
en vista y revista de todas las causas criminales pen- 
dientes y de las que se promovieran en lo sucesivo, 
sin apelación alguna de esas sentencias, pudiendo, 
cuando lo juzgase necesario, tomar residencia á los 
gobernadores, oficiales y justicias ordinarias en su ju- 
risdicción y debiendo enviar las causas de los prime- 
ros al Consejo de Indias, y resolver las de los demás. 

En lo civil tenía la Audiencia las mismas atribucio- 
nes, sin otro recurso que el de apelación para el Con- 
sejo de Indias, en aquellos asuntos de diez mil pesos- 
de oro para arriba. 

Juntamente con la cédula real que establecía el Tri- 
bunal Supremo de la Audiencia, llegaron al país lo^ 
«lomas leyes de aquel año, insi>iradas al Em];erador 



172 HISTOKIA DK NlCAUAílÜA 



por el Padre Las Casas, que eomo se recordará salií 
l)reeipitadameute de Nicaragua, y en las cuales m 
arreglaba un sistema protector de los indios, prohL 
hiendo su esclavitud y el que se les exigiese tributa 
que no fuesen razonables. Reglamentaban la mane 
ra de hacer los descubrimientos sucesivos, se exigL 
infortnación de las Audiencias para las personas qn. 
solicitaran concesiones ízales; y aunque se ordénala 
que los indios esclavos hechos con anterioridad, pe'» 
maneciesen en esclavitud, era prohibido á los gobei 
nadores poseer ninguno. 

También se excitaba á los Magistrados de las Ami 
dionoias á temperar los excesos de los militares, qu 
hasta entonces habían manejado los negocios públi 
eos, y se estimulaba al clero á ejercer su inflaencú 
en igual sentido. ^ 

Las nuevas leyes señalaban tantas y tales restric- 
ciones para los que tuviesen indios esclavos en virtud 
tle las permisiones anteriores, que ésto, unido á la 
prohibición do hacerlos esclavos en lo sucesivo y á las 
demás prevenciones que hay en ellas, venía á importar 
de hecho una general y cuasi completa emancipación. 

Poco días después de promulgadas las nuevas le- 
yes, se publicaba en Barcelona un libro de Fray Bar- 
tolomé, intitulado fírerísima relación de la destrucción 
dt la< Indias, en el que se trazaba un aterrador cua- 
dro lio la conquista, descrito con todo el ardor de un 
temjH^n^monto nervioso y el fuego de una imagina- 
ción aj^iisionada. 

Los primeros ejemplares de las nuevas leyes 11(^- 
ixMi á Oontr\>- América jkm- conducto de Fray Pedro 
Ángulo, dominico compañero del Padre Las Ca^as, á 
quien ol Koy los enviaba antes que al Gobernador, 
acon^pañandoKvs do una carta, en que le encargaba le 
avisan^ si habia noirlij^^ncia on su cumplimiento. 



CAP. XIII.^ — AUDIENCIA, ETC. 173 



La conmoción que aquellas ordenanzas causaron 
ttu todas las Américas fue terrible. 

Bn Nueva-España y en el Perú fué tan alarmante, 
^^e se vio seriamente amenazada la tranquilidad pú- 
Imca. 

En Gen tro- América no fué tampoco menoí', y todas 
;}k8if*&s, no pudiendo dirigirse contra el Soberano, to- 
maron por blanco á Fray Bartolomé, á quien fué de 
moda insultar y calumniar. 

El Cabildo de Guatemala dirigió al Rey una larga 
exposición, con fecha 1? de setiembre de 1543, en la 
cual entre otras cosas, mostraba extrafieza de que so 
tablera prestado oídos á un fraile no letrado^ no sancto^ 
fxmdioso^ vanafflorioso, apasionado, inquieto y no falto 
<fe codicia. 

El odio contra el promotor principal de las nuevas 
feyes se desbordaba á cada paso en el memorial del 
Noble Ayuntamiento, que no vaciló en echar mano 
de la calumnia c^pntra la inmaculada reputación del 
Protector de los indios. 

Estando todavía el Padre Las Casas en Barcelona, 

¿donde fué á dar gracias al Emperador por las nue- 

^'as disposiciones y á llevarle su último libro, recibió 

el nombramiento de Obispo del Cuzco y no quiso acep- 
tarlo. 

^0 fué posible por entonces hacerlo cambiar de re- 
^lueión ; pero un poco después, convencido con razo- 
^^ de conveniencia para los indios, consintió en re- 
<*it)ir la mitra del obispado de Chiapas. 

I^espués de expedidas las ordenanzas de Barcelona 
í^ 20 de noviembre de 1542, no se dio ningún paso 
paí'ael establecimiento de la Audiencia de los Confi- 
na, hasta diez meses después, que el Emperador ex- 
pidió en Valladolid una real cédula, fechada á 3 de se- 
tiembre de 1543, nombrando los tros Oidores (jue de- 



1 74 HISTOUIA DE NICAKAGUA 



bían formar el Tribunal, bajo la presidencia del 1 
cenciado Maldonado. 

Pasados diez días, se expidió una nueva disposici 
señalando la Villa de la Concepción de Conoiayagí 
para que residiese la nueva Audiencia y dándole 
título do Villa de Valladolid. 

La jurisdicción de aquel Tribunal se extendía 
las provincias de Yucatáti, Tabasco, Coznmel, Chi 
pas, Soconuzco, Guatemala, Honduras, Nicaraga 
Veragua y el Darién. Las provincias del Salvador 
Costa-Rica, que existían entonces formando parte é 
Guatemala y Nicaragua respectivamente, quedara 
por el mismo hecho sujetas á la Audiencia. 

Los tres letrados, que debían componer el Tribo 
nal en unión del Presidente Maldonado, llegaron á 1 
Villa de Valladolid de Comayagua á principios ái 
año de 1544, y encontrando allí una carta del Preai 
dente, invitándolos á pasar a la ciudad de Gracias pe 
ser punto más central, se dirigieron á aquella poblí 
ción en donde abrieron la Audiencia el IH de mart 
del mismo año. (1) 

Habiéndose presentado algunos agentes del Cabild 
de Guatemala con protestas contra las ordenanzas á 
Barcelona v con una acusación contra el dominic 
Fray Pedro Ángulo, por haber publicado reales cédi 
las del Emperador, en que se concedían ejecatoriasd 
hidalguía y escudos de armas á varios caciques, ^ 
nueva Audiencia de los Confines elevó al Soberan 
con fecha 31 de agosto del mismo ano, un informe o 



(1) Al principio, según Juarros, no asaban hábito pccaliai 
Presidente y Oidores. En 154G se les ordenó qne portasen vai 
como los Alcaldes de casa y corte; en 1559, qne vistiesen habí 
do letrados; y en 1581 que asaran garnachas para distingoirse 
los demás letrados. — (N. del A.) 



(lAV. latl. — ^AtiltlBHtilA, BTU. 



175 



;'!ido ftlgonas de las disposiciones contenidas pn 

■ nleiianzas. 

prineipios dol año de 1545 regresó de España e! 

i.iado Obispo de Chiapas, Fray Bartolomé de kw 

1-. ncompaüado de algunos frailes doniiiiifop, 

. lus cuales se dirigi"'> á Oindad Real, asiento de la 

■illa iip sn diócesis. 

No bien hobo llegado, toda la población ospañola »e 

Viroiiunció en su contra. El cabildo no quiso ooncu- 

1 íil acto de la posesión, le negó el tratamiento ecle- 

tMO ([ue le coiTespnndía; y capitán en ndo el raovi- 

■ iiifi unos enati-o frailes de la Merced y las mujeres 
'¡L jioblaeión que parecían ser las más ensañadas. 
:i líi ciudad llegó h respirar odio contra el Prelado. 

'..tM fiíisas, sin arredrarse por ésto, comenzó á cla- 
r 'iesde el pulpito con su acostumbrada energía 

iilrii la esclavitud de los indios; y no sólo hizo que 

'iominicos predicasen en igual sentido, sino que 
liibió que se diera la absolución á aquellos que tu- 
I ait indios en esclavitud. 

'I Deán se nt^ó á obedecerlas órdenes del Prelado 
rebeló abiertflmente, por lo cual éste llegó á vi<r- 
ii la necesidad de hacerlo prender. El pueblo yn 

' l''vado, puso en libertad al Deán, invadió 1h casa 
'HjÍ8po, lo sacó del aposento» que ae había rctira- 
' lo colmó de injurias y de amenazas de muerte; 
" l'Vay Bartolomé permaneció imperturbable, 
i'fido los encomenderos, que no bastaban amena- 
zara correr al Padre Las Casas y á sus dominicoK, 
'legaron laa limosnas é impidieron que le.'* vendio- 

I \ I veres. 

iiivii por Hsta causa el Obispo que trasladarse á 
-]>»«, en donde fué bien recibido y se le prodiga- 
':i luuclia» atenciones. 

gladoK algún tanto los asuntos eclesiásticos de 



1 7<> UttSTOlUA DE NICAKAGUA 



SU diócesis, Fray Bartolomé determinó hacer uu via- 
je- i>or tierra á Gracias, para dar cuenta al Presidente 
y los Oidores del estado de aquellos pueblos y recla- 
mar el cumplimiento de las nuevas leyes, eu unión de 
los obispos de Ouat^^mala y Nicaragua, con quienes se 
había convenido de antemano. 

El anciano y valeroso Las Casas, sin arredrarse por 
las ásperas montañas y ríos caudalosos que debía atra- 
vesar en plena estación Iluviof^a, hizo su viaje á Qtn- 
í'ias en el mes de agosto; y habiendo encontrado allí 
«il lji<*i»neiado Pedroza, Obispo de Houduras, y á Fray 
Antonio de Valdivieso, electo de Nicaragua, que il>a 
á consagrarse, presentaron todos tres sus meinorialee * 
á hi Audiencia, exponiendo las injusticias que seco- 
metían con los indios, y reclamando, como protecto- 
res de ellos, la ejecución pronta y completa de las ua^* 
vas leyes. 

La Audiencia recibió con marcado disgusto aqu^^ 
líos menioriales y con especialidad el de Las Casa^^ 
que pedía también el despojo de las autoridades c^ ^ 
Ciudad Keal; y como éste insistiese en que se atendió 
ran sus reclamaciones, fué brutalmente injuriado (J- 
palabras por el Presidente. 

A i>esar de las continuas representaciones coütC*" 
las nuevas ordenanzas, y sin embargo de (jue el asuc^ 
to debía considerarse pendiente de la resolucióu d^ 
Soberano, la Audiencia fué al fin vencida por las ius^ 
tancias del Obispo de Chiapas y dispuso comisionar ^ 
unos <le sus individuos, para que fuese á aquella pro 
vincia y las pusiera en ejecución. 

l)<\jariíinos al Padre Las Casas volver á su diócesis, 
í»n doiidí* tuvo qu(» apurar mayores amarguras, insul- 
tos y amenazas, y continuaremos con la relación de 
los demás sucesos. 

Lhí. pcrtiu'baciono^iy ;;ucrra rivil que ocasionaron 



CAP. nn. — AODIBNCtA, BTO. 



177 



■I Perú las ordenanzas, y las distintas manífesta- 
' i'.'d qae de todas partes se dirigían á España, hioie- 

qae la Corte autorizara á la Audiencia de Nueva 
::iü& para que dictase, sobre el cumplimiento de las 

vos leyes, las medidas que juzgara más acertadas 
|-,ie se ret'ormaniu algunas de las disposiciones y se 

liniiera la que prohibía la trasmisión de las eneo- 
'■■ ii'ias por herencia. 

■Mii/ntras el Oidor Herrera, enviado también por la 
Aiiiliencia, llegaba á Nicaragua, el Gobernador Con- 
,inTfi8, previniéndose contra la disposición que le prohi- 
l'in teuer eucomieudas, las traspasó t'rauduleutamen- 

!i su mujer é hijos por escritura pública que hizo 
"'■■datar á la fecha de la ley. 

Ailvertido el fraude pov el Obispo Valdivieso, que 
' habfa enemistado cou Contreras por laá disputas 
I' U i^^cluvitud de los indios, dio parte al Oidor, y és- 
■ luitó todos los indios encomendados á la familia y 
" tiaKpasó ú la Corona. 

fin <A entretanto la guerra civil .ardía eu el Perú. 
' " Virrey Blasco Núñez de Vela puso en ejecución las 

'"-'vag leyes, y Uouzalo Pizarro, aprovechándose del 
^^'Wtento general, levantó la bandera de la iusu- 



' '^misionados do ambos contendientes llegaron ú 
■I' Piragua ¿solicitar auxilios y cometieron abusos, 
; '*' bii-inron necesaria la intervención de la Audiencia. 
i'l lliiispo Valdivieso, h quien vimos en Grl'acias, se 
''laljiíHii León de regreso. Era dominico, y como 
'"'"a lo» de esta orden fué celoso defensor de los in- 
'"'";iiero al lado do ese celo laudable, d Prelado ni- 
'i'agiiensH alimentaba un orgullo excesivo y una mal 
"iiUerta rivalidad «on las aivtoridades civiles. 
/.ft'Viido del deseo de hacer público alarde de su po- 
■, nombró dos iil);ii;u-Ílcs y quiso que tuvieran igiuil 

12 



17S HiSTOKlA ]>E NIOAUAGt'A 



autoridad (lue la de los alcaldes y que como éstos i^^ 
taran vara. 

Resistiéronse los alcaldes de León y los excomiil^^^ 
Impuso iífual pena á los de Granada que no acudiercí^ 
á su llamamiento; y no contento con tanto escándal 
mandó cerrar los templos en ambas ciudades, y 
permitió que los abriesen ni en los dfas de las mh^- 
f^randes festividades. 

El disgusto era general, pero el Obispo no le 
taba ninguna importancia. 

Pocos días después, llevado ya de la codicia, 
mentó excesivamente el estipendio que debía pagar&- 
en toda la diócesis, por misas, responsos, vigilias, ete -, 
de modo que, según dice un cronista de aquel tiempo, 
^^ mando moría mw hombre de mediano caudal^ era mAs 
lo qHv Iteraban los clérigos que lo que heredaba lafmm «- 
liar 

El odio contra el Obispo era, pues, muy grande y 
general, cuando se verificaron los acón tecimientosq^xae 
se referirán on el capítulo siguiente. 



I ■ 



CAPITULO XIV . 

Conjuración de los Contreras 



Se va Contreras para Bspaña— Confirma el Consejo la re- 
aotoción de la Audiencia— Bnojo de la familia Contreras— 
Aventureros del Perú— Juan Bermejo se alia con Hernando 
'dB Contreras— Prepáranse para la conjuración— Dirigense á 
X^adn y asesinan al Obispo — Robos y desórdenes que ejecu- 
lan^Birigense al Realejo y se apoderan de dos buques — Re- 
'^saea Bermejo á Granada— Los defensores de la plaza se le 
unen— Expedición de Salguero á Nicoya— Vuelve Bermejo 
al Realejo con Pedro de Contreras — Embárcanse todos para 
HloQsra— Llegada á Panamá y toma de la plaza— Captura 
étü Obispo y de otras personas— Divldense los revoluciona- 
tiOB— Reacción en Panamá— Ataque á los buques— Regre- 
sa Bermejo— Batalla que se da— Derrotados los panameños 
ae rehacen y desbaratan á Bermejo, que muere en la ac- 
ción—Persecución y fin de Pedro de Contreras — Muerte trá- 
gica de Hernando de Contreras— Su cabeza es metida en 
una jaula. 



Cuando don Rodrigo de Contreras se vio privado de 
sus encomiendas, execrado de todo el vecindario y ade- 
más con un juicio pendiente de residencia, determinó 
irse á España, dejando en Granada á su esposa doña 
María de Peñalosa y á sus dos hijos Hernando y Pe- 
dro de Contreras, 

Llegado á la Península don Rodrigo, se presentó al 
Consejo de Indias reclamando la devolución de su em- 
pleo y la de los encomendados; pero el Consejo, no es- 
timando justas sus reclamacioiJes, confirmó la resolu- 
ción de la Audiencia. 
Habiendo llegado á Nicaragua la noticia de lo suce- 



18<) UlttTOltU DE NICABAGUA 



dido, la mujer ó hijos de Contreras mostraron el más 
vivo enojo y se desataron en denuestos contra el Obis- 
po Valdivieso, á quien hacían responsable de su des- 
gracia. 

Los jóvenes Contreras, cegados por la ira, concibie- 
ron el criminal proyecto de asesinar al Prelado, alen- 
tados, según se dice, por su propia madre que, como 
digna hija de Pedrarias, no se fijaba en los medios de 
llevar á cabo su venganza. (1) 

Poco antes de este suceso habían llegado á Nicara- 
gua algunos soldados del Perú pertenecientes á la ven- 
cida facción de Gonzalo Pizarro. 

Aquella gente aventurera y perdida, luego que se im- 
puso de los proyectos de los Contreras, halagó á Her- 
nando y le ofreció ayuda. 

Capitaneaba los soldados del Perú un tal Juan Ber- 
mejo, natural de Segovia de España, que gozaba de 
gran reputación de valiente. 

Borniojo no sólo aprobó la idea de asesinar al Obis- 
\K\ sino que sugirió á Hernando el pensamiento áf^ 
asalhir la ciudad de León, levantar el mayor número 
do gente, sacar recui-sos á la fuerza, dirigirse á Pana- 
nuí, reforzar aquí la expedición, pasar al Perú y pro- 
olamai*so ivy absoluto de aquel vasto y rico pai». 

Pintalm la empresa tan fácil y hacedera, y tocó tan 
de lleno la cuoixla sensible del nieto de Pedrarias, qne 
i'sto aoi.^ió con entusiasmo el pensamiento. 

Arregladas W armas y listos todos los preparativos, 



1 ■ K1 rnmisiA Horirní iñe^ «)no U marine de loe Contreras 
)iji\ji .Hpn^1^«K^ U iN^minotA ijlo su$ lúv^ y jitinoa que antes Inen los 
ixpivutiK»; |vi\^ U ix>3il <tHÍnU »Íe t» «io octahíe de 1550 dice lo 
ivií Truno. No oixvhHNontlo Henvm otm f^niehdi qne sn «Bebo, hay 
.{ut" oivcr A U ^^Al <x\)u);ji <|ne «k<t»mn^ba en infonnaciones Tcrídi- 
cji> \ i)Q<^ rrs Allomáis «l.v)m>onio ,\ti<i.^)— \ del A., tonada de la 



«At. XlT*-COB«iaiOIÓN, ETC. 



Ú6 Pddro en Granada, pam no llamar la ateticii'm 

«m la ausencia de ambos, y Hernando se dlrigii'> mc- 

cretamonte ó León oon machos de los eonspiradoros, 

i|i\Íátido.s(? en Iii casa qne tenían los Controi-as oii 

i^H^lía dudad. 

rifspiién de algunos otros ineideutes de poca impor- 
ují'ia, reunidos y armados los conjurados, el miómn- 
'■— i!fi di' febrero de 1;j49, Hernando los arengó expo- 
mudo los perjuicios que sufrían con las nuevas or- 
ik'tmuzaí!, que los dejaban sin recurso para vivir en la 
tierra que habían ganado con su sangre, ofreció remt>- 
"liar aquellos males, llevar á cabo una empresa que 
-I tía beneficiosa para todos; y sin decir más, ni revé- 
IV lo que se proponía hacer, tomó sus armas y se hizo 
•'i|íiiir de todos, ordenando á Bermejo que atravesa- 
ra con sil lanza al que se negara á acompafiarlo. 

Llegados á casa del Obispo, la allanarou con violen- 
*ia. y aunque el Prelado quiso ocultarse, fué inútíl- 
iiiPiite, porque Hernando, ciego de ira, le dio alcance y 
I') atravesó varias veces con su daga, hasta verlo caer 
' isáaime un los brazos de su madre, á quien toeó pre- 
■fiitiar tan horrorosa tragedia. 

Consumado el asesinato, Coutreras mandó descerra- 
I IV los cofres, y después de tomar el oro, la plata y las 
■ ^-rítnras que había en elloi^i, salió á la calle y reeo- 
vriü la población con los suyos, dando vivas á la liber- 
tad y al Príncipe Contreras. 

Invadieron después la casa del Tesorero real y se 
apoderaron de mil quinientos pesos de oro; y luego, 
entrando en la de los demás vecinos acomodados, exi- 
gieron armas y caballos y reelutarou gente, hasta com- 
l'letai- cuarenta hombres. 

Uozoso de 6U hazaña Hernando de Contreras, remi- 
'ioá Pedro con un propio, la daga ensangrentada y 
epnso a) corriente de lo más que pensaba hacer. 



182 UISTOBIA DE NIOAKAQUA 



Organizada la fuerza en León, Contreras y Bermejo 
se dirigieron al Realejo y se apoderaron de dos ba- 
ques que había allí anclados. 

Asegurada la fuga en caso necesario, Hernando en- 
vió á Bermejo á G-ranada á recoger los amigos y á ro- 
bar todo cuanto más se pudiera. 

Inmediatamente después, con la muerta del Obispo 
y los sucesos de León, se supo en Granada la llegada 
de Bermejo; y temiéndose que llevara mayor número 
de tropas del que existía en la plaza, se reunieron eieo- 
to veinte personas bien montadas, entre las cuales se 
hallaba Pedro de Coutrerae, y como Comandante el Ca- 
pitán Carrillo. 

Tan pronto se presentó Bermejo, la mayor parte de 
los defensores de la plaza se rebeló con Pedro de Con- 
treras, asesinando á Carrillo y á otros é hiriendo á 
muchos. 

Reunidos con Bermejo, ocupó éste la ciudad é hizo 
salir en el acto treinta hombres, al mando del sargen- 
to Salguero, á tomar el puerto de Nicoya y a recoger 
gente, armas y dinero. 

Después do haber puesto á contribución á los veci- 
nos de Granada, regresó Bermejo al Realejo con Pe- 
dro de Contreras y con el resto de la gente. Reuni- 
doó en este punto los dos hermanos Contreras y Ber- 
mejo que era el alma de la empresa, quemaron dos na- 
vios que no pudieron llevarse y se embarcaron con di- 
rección a Nicoya, donde los aguardaba Salguero con 
sesenta hombres que había reclutado. 

De Nicoya se hicieron á la vela para la Isla de Per- 
las y encontrando dos fragatas las atacaron y tomaron, 
aumentando así su gente y sus recursos. 

Al llegar á Panamá, el 20 de abril, los revoluciona* 
rios encontraron otras cuatro ó cinco embarcaciones 
de las que se apoderaron sin resistencia, lo mismo que 



GAf . XlV. — COSJORÁCldK, ETtJ. 



*iH navio bien armado, propiedad de la madre (le 
- i'ontreras, qae había sido mandado alistar con an- 
■'¡laeión. 

7,\ Presidente (Jasüa habfa salido dos días antes de 
Luamá con direcei/m á Nombre de Dios, donde iba á 
i^ltarcarse para España, y esta circunstancia Eavove- 
r ' más á los revolucionarios que, desembarcando cou 
■í^cientos cincuenta y cinco hombres, pudieron hacer 
; 'mirada con banderas desplegadas y vitoreando íi 
¡¡ft-natiih de. Cuutreras, Principe de la libertad. ¡ 

vVpeuas posesionados de la ciudad, saqueron la «asa 
■l'.'l fíobemador Sancho de Clavijo, que andaba enca- 
"ioando al Presidente Gasea, la del Doctor Robles, en 
■ i'-nd» encontraron ochocientos mil pesos de oro que 
il>an á remitirse á Nombre de Dios, y todas las tiendas 
y casas de comercio de la ciudad que eran muy ricas. ¡ 
No quedó caballo, arma ni pertrecho de guerra de I 
que no se apoderaran, menos de los nacionales que, I 
'-fultados á tiempo por el ofieial Maitíu liuiz de Mar- 
(.■haüa, no foé posible encontrarlos. ' 

Prendieron al Obispo, al Tesorero y al Alguacil Ma- 
yor; y aunque Bermejo quiso ahorcarlos, Hernando se 
"¡'1180, contentándose con sólo exigirles juramento do 
'inv m harían armas contra él. 

Salguero con veinticinco hombres, fué mandado pa- 
ra qtie capturase en Nombre de Dios al Preeideute 
'iasca, cuya prisión ci-eía indispensable, con objeto de 
lio dejar tras de sí quien pudiera atacarlos. 

Al día siguiente, 21 de abril, determinó Hernando 
íalir antes del amanecer en alcance de Gasea, llevan- 
do seKfiita hombres más; dejó orden á Bermejo de que 
lo siguiera con el resto de la gente, y dispuso que su 
Uerinano Pedio quedara á bordo con algunos solda- 
ilos al cuiílttdo de los buques. 
Eii i.'i)ii.-M't;tiL>UL'ia du la ordeu recibida y creyendo 



184 HISTOKIA DE NlCAltAGUA 



que el vecindario de Panamá estaba en impotencia de 
tomar la ofensiva, Bermejo depositó los caudales ro- 
bados, con orden de entregarlos á él ó á Hernando, y 
salió de la ciudad sin dejar más guarnición que dos 
soldados, que se quedaron por falta de cabalgaduras. 

No bien se hubo alejado Bermejo, el Obispo convo- 
có al vecindario y lo armó y organizó militarmente á 
las órdenes de Ruiz de Marchena, elevado á la catego- 
ría de General. 

Pensando que podía sorprenderse á Salguero, que 
había salido la víspera con veinticinco hombres, los 
panameños destacaron en su seguimiento al Capitán 
Cristóbal de Cianea, quien poco después regresó, tra- 
yendo la noticia de que una parte de la fuerza de los 
rebeldes se volvía sobre la ciudad. 

Entre tanto, Pedro de Contreras que permanecía á 
bordo de los buques, oyendo repiques y ruidos, ima- 
ginó que celebraban un nuevo triunfo y envió un bo- 
te con seis soldados españoles á tomar informes. 

Como era natural, los de la ciudad capturaron el bo- 
te enviado por Contreras, y entrada la noche resolvie- 
ron valerse del mismo bote para sorprender los bu- 
ques y apoderarse de ellos. Al efecto echaron tres 
botes más con gente armada, y en uno de ellos lleva- 
ron bien asegurado á Ortiz, jefe del bote de Contre- 
ras, á quien se obligó á contestar "el quién vive'' que 
dieron de los buques. 

Engañado Pedro de Contreras por la respuesta y 
por la voz de quien la daba, dejó acercarse los botes; 
pero cuando uno de ellos embistió con furor á la fra- 
gata en que él se hallaba, salió del error y se trabó un 
combate tan desigual para los que atacaban, que éstos 
so dieron por muy satisfechos de haber podido esca- 
l>ar (?on vida. 

l>e los dos soldados, que dejó Bermejo en la ciudad, 



CM: XIV. — CüNJÜltACHIN, ETC. 18."l 

"' pudo huir y le llevó aviso de cuanto había pasa- 

I "n sn anseneia. 
Alnnuado Bermejo eou el peligro de quedar coitfi- 

■ . ivgi-esó inmediatamente á marchas forzadas, y 
111 media noche del día 22, se presentó nuevameute 
I Panamá, atacando con ímpetu los atrinoheramien- 
'- levantados por el vecindario. 
I-os vecinos, después de haberse armado, llamaron 

' Ifs negros esclavos, que eran muchos, los armarou 

" piedras y los halagaron eon la libertad y eon niu- 

iiíis recompensas si jieleaban bien, 
''reparados así, aguardaron resueltamente el ataque, 
■'* defpudierou con tal brío, que obligarou á Berme- 
> ñ los suyos á retirarse á media legua do distancia, 
'iermejo no se desalentó por ésto, y en la misma 
■lie envió correos á Salguero y Hernando iV- (Uní- 
'as, iMira que se le reuniesen luogo y so diese un 
•jue formal. 
VI siguiente día, 23 de abril, los de la ciudad, des- 

' -s de largas deliberaciones, resolvieron tomarla 
.^iuuaiva y no dar tiempo á Bermejo de que se i-epu- 



lando Bermejo vio, con sorpresa, que se acérca- 
los panameños en tan crecido número, se parape- 
•^11 un cerrillo y se preparó á defenderse. 
**«eo antes que comenzara el ataque, se le ¡neor- 
""t* Salguero eon sus veinticinco hombres y con va- 
cargos do plata, que había quitado á un buque 
Tío Ghagres. 

panameños se acercaron intimando la rendición, 

mfe, cuando se les contestó eon desprecio, die- 

prineipio al ataque. Resistieron los revoluciona- 

COD bastante vigor y obligaron á los panameños á 

¡rarse; pero temiendo que esa retirada fuese un ar- 

flWpara sacarlo de sus atrincheramientos, Bermejo 



18(> HISTORIA DE NICARAGUA 



se descuidó en perseguirlos y desbaratarlos por co'm* , 
pleto. 

Los panameños se aprovecharon de la falta de Ber- 
mejo, se organizaron nuevamente y en el mismo dfa 
volvieron á la carga. Después de algunas horas de 
lucha desesperada, por ambas partes, los revoluciona- 
rios, vencidos por el número, fueron materialmente 
despedazados, sucumbiendo ochenta y dos de ellos 
con Juan Bermejo, Salguero y otros capitanes. 

Unos pocos soldados huyeron hacia la costa y se 
salvaron en los buques que Pedro de Contreras ha- 
bía aproximado á la playa con tal objeto. Los demás, 
hechos prisioneros fueron asesinados todos en la pla- 
za de Panamá. 

Los vencedores no perdieron el tiempo ; armaron 
cuatro embarcaciones y se pusieron en persecución de 
los que habían huido en los buques. 

Próximo á ser alcanzado Pedro de Contreras, y de- 
seando esquivar el combate, desembarcó cerca de la 
punta de Higuera y se internó precipit;^damente; pero 
el jefe panameño hizo lo mismo y le dio alcance. 

Al llegar á las manos iban ya ambas fuerzas, cuan- 
do se le desertaron á Contreras treinta de los suyos,^ 
que se acogieron á las banderas reales. No pudiendc:::^ 
resistir el jefe revolucionario, tomó las más áspers^ 
montañas con seis ú ocho que le acompañaban, 8 
que jamás se haya vuelto á saber de él. 

Noticioso Hernando de Contreras del fin trágico 
su expedición y viéndose también perseguido por f 
zas reales, buscó sn salvación en la fuga. 

Pocos días después, en una ciénaga inmedia 
Nata, se encontró el cadáver de un hombre ahOj 
Por el sombrero, por un Agnus Dei de oro y por c 
prendas bien conocidas, se juzgó que era el jeC 
lo^j robuMt'o, 




CAP. XIV — CÜNJÜKACIÓN, ETC. 187 

Tal fué el fin del aturdido caudillo que soñaba, po- 
^^w días antes, con ceñir á sus sienes lá corona impe- 
^fial de los incas. 

Bu cabeza, mandada cortar del cadáver, fué metida 
^ una jaula y colocada en la plaza de Panamá, en 
^nde permaneció bárbaramente expuesta por muchoa 
áSas, de acuerdo con las prácticas de aquel tiempo. 




tCetralo sucedo á Maldonado -Traslada la Audleí 

kat«mala— Bl Padre Las Casas renuncia el obispado de 
lapias y regresa á Espafia— Instrucciones que dejó— Se le 
a ante la Corte— Defensa y triunfo del Padre Las Ca- 
— Publica un folleto— Se pul ved a le contesta- Responde 
Las Casas con un suevo ti bro— Disgusto, residencia y muer- 
te del Presidente Cer ralo— Leyes prohibitivas— Trastornos 
del Perú— Facción de Juan Qaitán en Honduras— Ataca á 
León y es derrotado— Se le captura— Excepción de tribu- 
Ug— Eoagenaciún de encomiendas— Sale á la palestra el 
Padre Las Casas escribiendo un valiente folleto y atacan- 
do el poder absoluto de los reyes— Salva á los indios— Abdi 
caciún de Carlos V— Su retiro y muerte- Su reinado— Le su 
tede Felipe II— Jura de este Monarca— Restricción del c: 
mercio — Estado de la monarquía espa fióla- Presidente Ro- 
irigoez Quesada — Le sucede Ranilrez de Quíflones, y á éste, 
Núfiei de Laudecüo—Abusosdeéate y traslación de la Au- 
dacia é Panamé— Inconvenientes que produce— Ultimo 
*fvicio del Padre Las Casas— Le sorprende la muerte— Sus 
funerales — Restablécese la Audiencia— Sus trabajos— Orliz 
BDcede á Caballón en el Gobierno de la Provincia de Nica- 
'■Oua— Le reemplaza don Agustín de Hinojosa, y á éste Va- 
U«lfam>quin, 



Al Liaeiieiado Alonzo do Maldonado ((ue, como 1- 
sideute de ia Audiencia de los CouQues, correspondí* 
lapibemaeión del Reino de Guatemala en el cual esta-' 
íwinelnido Nicaragua, sucedió eu 1548 el Licenciado 
Alonso López de Cerrato, que fué un defensor do ios 
I indiott y lili eneniigo de los abusos de los i'onqnÍBta- 



I 



19U llISTOUIA DE KICABAOUA 



El nuevo Gobernador, apenas llegado á Grracias, con- 
sideró qué no era aquel el punto más á propósito piK 
la residencia de las autoridades supremas, sino la ciíi 
dad de Guatemala, desde entonces la más importanl 
y más poblada d^l Reino. 

Hízolo así presente al Bey en unión del Obispo c 
Guatemala, ofreciendo éste los edificios del sur de 
plaza mayor que pertenecían al Prelado, para alojj 
miento del Presidente y Oidores- 
Atendida favorablemente la solicitud, se establee; 
la Audiencia en Guatemala, durante el año sigaieni 
de 1549. 

El Presidenta Cerrato, libre ya de los cuidados d 
cambio de residencia, dedicó su atención á poner € 
libertad á los indios esclavos de Chiapas y de otn 
puntos y á hacer una tasación nueva y más moder 
da de los tributos que pagaban. 

Por este tiempo el Padre Las Casas, á quien dej; 
mos en lucha abierta con sus feligreses, después c 
haber sido llamado de México y sufrido nuevos di 
gustos, aunque sosteniendo siempre muy levantac 
su bandera, determinó renunciar del obispado ( 
Chiapas y regresar á España, en donde creyó pod< 
trabajar más en favor de los indios. 

Antes de partir dejó encargada la diócesis á un c 
nónigo de confianza, y señaló para confesores á cu 
tro dominicos, prohibiendo á los demás sacerdotes o 
en confesión, salvo artículo de muerte, en que podíf 
verificarlo, ateniéndose á un formulario secreto qi 
les dejó. 

El secreto fué divulgado y los encomenderos se qu 
jaron al Bey, acusando al Padre Las Casas de que < 
el formulario negaba á Castilla la soberanía sobre L 
Indias. 

La acusación impresionó al gobierno español. I 



CAP. XV. — SUCESOS VAKIOS, ETC. iDl 



mandaron recoger los formularios, y Fray Bartolomé 
tuvo que comparecer ante el Consejo de Indias. 

No era el a<3Usado hombre que se dejaba vencer fá- 
cilmente. Presentó sus reglas penitenciales y sostu- 
vo con valor y entereza, que los reyes de León y de 
Castilla no tenían el derecho que se atribuían de ha- 
cer guerra á los indios y conquistarlos ; insistiendo 
siempre, en que á éstos debía atraérseles á la obedien- 
cia de la Corona y á la fe católica por la persuación y 
el catequismo, con exclusión total de la fuerza. 

Sus argumentos fueron tan convincentes, sus pala- 
bras tan llenas de elocuencia, que impresionaron el es- 
píritu del Emperador y de los miembros del Consejo 
de hidias, al extremo de proscribir la palabra cow- 
Jtíwte de todas sus disposiciones posteriores y orde- 
nar que se empleara en su lugar la de pacificación. 

En defensa de su formulario publicó el infatigable 
Padre Las Casas un nuevo folleto, que intituló Trein- 
^^ proposiciones^ en el cual se sinceró del cargo de sem- 
brar principios subversivos en las colonias. 

foreste tiempo el Doctor don Juan Inés de Sepíil- 
veda, capellán honorario del Rey, su cronista mayor 
y nno de los mayores sabios que ha tenido Espaüa, 
^cribió su famoso libro en latín, combatiendo las teo- 
^as del Protector de los indios. 

Las Casas contestó inmediatamente con otro libro, 

ybabiéndose dividido la Corte con las opiniones de 

^níbos contendores, se dispuso la conferencia pública 

^® Valladolid, en que Las Casas obtuvo un nuevo 
lauro. 

Mientras tanto, enojados los encomenderos con las 
providencias humanas del Presidente Cerrato, envia- 
ron distintas exposiciones á España, imputándole fal- 
tas calumniosas, que motivaron un juicio de residencia. 

A estos motivos de disgusto tuvo que agi-egar el 



192 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



honrado Presidente, las constantes polémicas de las 
órdenes religiosas entre sí, que conmovían la socie 
dad, y la marcada tendencia del clei'o en general á 
preponderar sobre el estado civil. 

En consecuencia, resolvió retirarse y solicitó permi- 
so para volver 4 España; pero no pudo llevar á efec- 
to su viaje, porque demorado por el juicio de residen- 
cia <iue vino á instruirle un Oidor de México, fué sor- 
prendido antes por la muerte. 

En 1551 se publicaron algunas leyes, prohibiendo 4 
los indios la portación y guarda de armas, la poliga- 
mia y el que se juntasen carnalmente con negros, ba- 
jo ponas muy severas. 

Las prohibiciones de las leyes anteriores sobre abu- 
sos con los indios, produjeron nuevas perturbaciones 
en el Perú, promovidas por Francisco Hern4ndez Gi- 
rón. 

Las noticias de esos suceí^*os dieron aliento á mu- 
chos do Guatemala y Honduras que determinaron lan- 
zai-so á la revolución, tomando por caudillo 4 Juan 
Oaitán. 

Oi'ganizados en número de 4Ü castellanos y algunos 
negros más, so dirigieron á las minas de Cholat^ca, 
oon ol proiK^sito de saquearlar« pero fuei-on repelidos 
con violonoia- 

Sin desmayar iK>r aquel fracaso, los de Gaitáu se di- 
rigioixMi á la pn>vinoia do Nicaragua, en donde, desde 
ITmO, oxiíitia ol V^isoal do la Audiencia Licenciado don 
Juan Oal^\llón. con ol nombramiento de Alcalde Ma- 
vor V funoion»*s do iíobornador. 

K! Aioaldo, avisado dol tH>lijn». hizo alejar los bu- 
ques do! Koalojo jvxra \juo uv^ oayorau en poder de los 
in\asoro> y pivjví^iv la plaxa do León con objeto de 
haoor iv^isiouoia ou ollji. 

At^uada jH^v* dos|nu> la \»Ut.:^!. futrou deshechas 



OAP. XV. — SUCESOS vahíos, ETC. 193 



• -r. 



las huestes invasoras, y Gaitán tomado prisionero en 
el convento de la Merced, en donde buscó refugio. 

Entre las varias disposiciones benéficas que se die- 
ron en el año siguiente de 1551, merece especial men- 
ción una, en la cual se exceptuaba á los indios pobres 
del Reino de Guatemala de pagar tributos y derechos 
de arancel en los tribunales civiles y eclesiásticos, me- 
i dida que como es de suponerse, era inspirada por el 
i anciano ex- Obispo de Chiapas, que no perdía sus in- 
fluencias en la Corte. 

Pero en 155tí y por razones de economía, se pensó 
*^n el Consejo de Indias, que la Corona debía onago- 
íiarlas encomiendas, de la misma manera que en aque- 
ja fecha se vendían en Castilla hidalguías, títulos, se- 
* Sorfos, alcaldías, regimientos y otros oficios. 

El golpe era de muerte para la raza americana; pero 

f^r fortuna estaba ahí cerca su infatigable protector 

^' í^adre Las Casas, que rejuvenecido, por el ardor de 

^^ santa causa, salto atrevidamente á la palestra, es- 

^'^biendo un valiente folleto en el que, adelantándo- 

^^ 4 su siglo, atacó el principio del poder absoluto do 

tos reyes sobre las vidas y haciendas do los subditos 

y tfajo todas las teorías del derecho público moderno, 

^^ defensa de los indios. 

-A^quel escrito notabilísimo, contuvo la disposición 
pí^c^yectada y salvó de la destrucción los últimos ros- 
•^^ de los naturales del Nuevo-Mundo. 

^n el mismo año de 1556, se verificó la ruidosa ab- 
^^^ación del Emperador Carlos V. Este Monarca, que 
^^^nió bajo su mando la mitad de la Europa civiliza- 
^^ y vastos imperios en las Indias Orientales y Occi- 
dentales; que llevó sus armas á Italia, á Constantino- 
V\ al África y á los confines de América; que hizo 
saquear- la ciudad santa y que puso á rescate al Papa 
Clemente VII y al Rey Francisco I de Francia, con- 

i:] 



194 HISTOIUA DE NlCAUAíiüA 



cibió en su vértigo de conquistas, el granp royeeto ^^ 
dominación universal aunque no pudo llevarlo á eie^' 
to. Contrariado, enfermo, y quizás lleno también d^ 
remordimientos de la sangre que derramara con taut^i 
abundancia, abdicó de la Corona de España en favor 
de su hijo don Felipe, y de la de Alemania en el de su 
hermano don Fernando, retirándose al monasterio de 
San Gerónimo del Yuste. 

Cuéntase que Carlos V se fastidió muy pronto del 
claustro: que su ambición por un instante dormida, 
volvió á despertarse: que se arrepintió de haber deja- 
do el trono; y que viendo que no podía recobrarlo, 
sintió una feroz melancolía que alteró sus facultades 
intelectuales. Entonces se entregó al ascetismo con 
locura; inventó ruidosas maceraciones con objeto de 
atraer sobre sí la atención pública y siguiendo en est* 
camino, dispuso celebrar sus propios funerales, asis- 
tiendo amortajado á un oficio de difuntos y perma- 
neciendo encerrado en un féretro durante veinticua- 
tro horas. Todas estas exaltaciones de su enfermo 
cerebro le ocasionaron una fiebre, de cuyas consecuen- 
cias murió el 21 de setiembre de 1558. 

Fué tal la actividad de Carlos V durante su reina- 
do, que hizo nueve viajes á Alemania, seis á España, 
siete a Italia, diez á Flandes, cuatro á Francia, dos á 
Inglaterra y dos al África. 

Don Carlos fué protector de la Santa Inquisición, y 
en las hogueras y tormentos de este horrible tribunal, 
hizo perecer, en menos de dos años, a quince mil es- 
pañoles, cuyas riquezas deseaba ó á quienes temía por 
su valor. 

También fué el restaurador del absolutismo monár- 
quico en España y el que con sus constantes guerras, 
agotó el oro de América y empobreció la Península. 
Hizo dar, además, á los monarcas castellanos eí trata- 



CAP. XV. — SUCESOS VABIOS, ETC. 195 



diento de Magostad que sólo á Dios se concedía, en 
^Qgar de Alteza, que le pareció pequeño. 

Eu mayo de 1557 fué jurado en Guatemala el Rey- 
don Felipe II, elevado al trono español desde en ene- 
ro del año anterior. Su primera disposición sobre las 
colonias fué el decreto de 6 de junio de 1556, prohi- 
biendo en ellas, bajo pena de muerte y confiscación 
de bienes, el que se tratara ó contratara con extranje- 
ros de cualquier nación. 

Ningún soberano de Europa podia competir en po- 
der y en Estados con el nuevo Monarca. España y 
á poco Portugal, Ñapóles, Sicilia, Cerdeña, el Milane- 
sado, el Boseilón, los t^aíses Bajos y el Franco Con- 
dado, eran sus Estados en Europa. Tenía en África, 
Túnez y Oran, las Canarias, Fernando Pó y Santa 
Elena; y en América, el Perú, México, Centro- Améri- 
ca, las Antillas y otras posesiones, por lo cual se decía 
entonces que en sus Estados no se ponía jamás el sol. 

Por muerte del Presidente y Capitán General don 
Alonso Cerrato, se hizo cargo de la Gobernación del 
Reino de Guatemala el Oidor don Antonio Rodríguez 
de Quesada, hasta el 28 de no^embre de 1558, día de su 
fallecimiento. 

Recayó entonces el gobierno en el Oidor Licencia- 
do Pedro Ramírez de Quiñones, uno de los fundado- 
res del Tribunal de la Audiencia. 

Tanto Rodríguez Quesada, como Ramírez de Qui- 
ñones, se mostraron enérgicos con los abusos de los 
colonos y contribuyeron eficazmente á la ejecución de 
las leyes protectoras de los indios. 

El 2 de setiembre de 1559 llegó á Guatemala el Li- 
cenciado don Juan Núñez de Landecho, nombrado 
por el Rey, Presidente de la Audiencia, en unión de 
la cual gobernó el Reino, hasta el año siguiente en 
que se le encomendó exclusivamente. 



19(j HISTORIA DE NICARAGUA 



Laudecho cometió tales abusos en el gobierno, que 
el Monarca tuvo que nombrar, en mayo de 1563, al Li- 
cenciado Francisco Briceño, para que pasase á tomar- 
le residencia como Juez Visitador y se hiciera cargo 
de la gobernación. 

Briceño llegó á Guatemala bastaren agosto de 1564. 
Desde el mismo día que hizo su entrada abrió el jui- 
cio de residencia contra el Presidente y los Oidores á 
los que multó y depuso con excepción de uno solo. 
En cuanto á Landecho, como sospechara éste cuál se- 
ría el fin del juicio que se le instruía, se fugó preci- 
pitadamente por la costa del Norte, embarcándose eu 
uu pequeño bote en el que pereció ahogado. 

En -8 de setiembre de 1563, dispuso Felipe II, que 
la Audiencia se trasladara á Panamá, lo que se verifi- 
có dos años después; pero restringiendo su jurisdic- 
ción á las provincias de Veragua, Nicaragua y Hon- 
duras, y agregando á la Audiencia de Nueva España 
la gobernación do Guatemala. El Doctor Barros que 
fué el único Oidor que no había sido depuesto, condu- 
jo el sello real de la Audiencia. 

Aquella medida era uir castigo que el Rey daba á 
los Oidores por sus excesos anteriores ; pero los más 
castigados fueron los pobres pueblos, que veían ale- 
jn!se el único Tribunal que podía protegerlos en al- 
gunas ocasiones. 

La traslación de la Audiencia á Panamá comenzó á 
producir muy pronto los inconvenientes que de tan 
inconsulta medida debían esperarse. Los de Guate- 
mala andaban de cuatro á setecientas leguas para sus- 
tanciar sus apelaciones; los de Nicaragua tenían que 
hacer otro tanto para ir á Panamá. 

En tan apurado trance, los dominicos de Guatema- 
la se acordaron del antiguo Obispo de Chiapas y le 
escribieron eu nombre del pueblo, para que interpu- 



CAP. XV. — SUCESOS VAltlOS, ETC. 197 



siera su valimiento en la Corte y se atendiera una so- 
licitud del Cabildo en que se pedía el restablecimien- 
to de la Audiencia. 

Fray Bartolomé de Las Casas contaba entonces no- 
venta y dos años y se había retirado á Toledo á pro- 
curarse los cuidados que demandaba su avanzada 
edad ; pero tan pronto recibió la carta de Guatemala, 
no queriendo fiar 4 otro el desempeño del encargo, 
hizo viaje expreso á Madrid y tanto gestionó ante la 
Corte, que obtuvo formal promesa de que se restable- 
cería la Audiencia. 

Fué el último servicio que aquel hombre generoso 
pudo prestar á las colonias. La muerte lo sorpren- 
dió en Madrid á continuación, á fines de julio de 1566. 

Antes de morir pidió que lo sepultasen pobremente ; 
pero todo Madrid asistió á sus exequias y en su tum- 
ba recibió del pueblo español el homenaje respetuoso, 
merecido á sus virtudes. 

A pesar del ofrecimiento hecho al Padre Las Casas, 
todavía fueron necesarios dos años más y muchas 
otras exposiciones del Cabildo de Guatemala, para que 
se llevase á debido efecto el restablecimiento del Tri- 
bunal de la Audiencia para Centro-América. 

Hasta mediados del año de 1568 se dictó la real dis- 
posición, nombrando para Presidente de la nueva Au- 
diencia, al Oidor de la Chancillería de Granada Doc- 
tor don Antonio González, para Oidores, á los Licen- 
ciados Jof re de Loaiza y Valdés de Cárcamo, y para 
Fiscal á Cristóbal de Argueta. 

El Gobierno del Reino se dio al Doctor González, 
sin participación alguna de la Audiencia y tal como 
lo tenían los Virreyes de Nueva-España; facultándo- 
sele para distribuir las encomiendas y oficios que hu- 
biere, sin intervención dejos Oidores. 

El íl de marzo de 1570 dio principio la Audiencia á 



1 98 HISTORIA DE NICKAAQUA 



SUS trabajos en Onatemala, dirigiendo oficio á las ^' 
Nueva-España y Tierra Firme, para que le remitier^^^ 
todos los expedientes que pertenecían á estas provi ^ 
cias. 

Reseñados á vuela pluma los sucesos más importa 
tes del Reino, reanudaremos la relación de los acón 
cimientos de Nicaragua. 

El Fiscal de la Audiencia, Licenciado Ortiz, sucedí ^ 
á Caballón en el desempeño del Gobierno de la Vvtw 
víncia, en 1558. 

Durante su administración tuvo efecto el cambi^-^ 
de asiento de la Audiencia, por lo cual le sucedió eu 
el Gobierno de la Provincia, interinamente, el Alcalde 
Mayor de la misma, Hernando Bermejo. 

El 8 de abril de 1565, se expidió real título de Ck)- 
beruador y Capitán General de Nicaragua á don Juan 
Vázquez de Coronado que murió de camino, por cuya 
causa fué nombrado, el 24 de julio de 1566, don Alon- 
so de Casaos que sirvió hasta 1575. 

Desde el regreso de la Audiencia á Guatemala has- 
ta la independencia, fué Nicaragua una de las provin- 
cias quo <*ompusieron la Real Chancillería de Guate- 
mala, que comunnieute se llama Reino y también 
Capitanía General, porque el Presidente de la Audien- 
cia era Capitán General de las fuerzas de mar y tierra, 
y además jefe pretorial ó independiente que sólo re- 
cibía órdenes del Rey de España. 

Sucedió interinamente al señor Casaos en el Gobier- 
no de la Provincia, don Agustín de Hinojosa, Alcalde 
Mayor, que también había sido de Sonsonate. 

En 1575, Francisco del Valle Marroquín, sobrino 
del Obispo del mismo apellido, vecino y regidor de 
Guatemala, fué nombrado Alcalde Mayor de Nicara- 
gua, con cuyo carácter reemplazó á Hinojosa en el 
Gobierno provincial, hasta 1576. 



CAPÍTULO XVI 

Los piratas 



Artieda Cherino es nombrado Gobernador y Capitán Ge- 
neral de Nicaragua y Costa-Rica— Expediciona por la costa 
y funda una ciudad— Los piratas— Comunicación por el 
San Jiian— Drake— Arellano sucede á Artieda— Vida y cos- 
tumbres de los piratas— Leuces y Obando —Motín de Gra- 
nada—Construyese el fuerte de Santa Cruz— Golpe dado al 
Clero— Lso^ de Córdoba es nombrado Gobernador— Erup- 
ción del Momotombo — Prédica del Obispo— Trasládase la 
ciudad de León— Muerte de Felipe II — Reinado de éste— Le 
sucede Felipe III — Situación de España — Sucesores del Ca- 
pitán Lara — Misiones religiosas— Poblaciones principales— 
Divisiones locales— G«rarquías sociales— Probibiciones— 
Muerte de Felipe III— Reinado de este Monarca— Le sucede 
Felipe IV— Situación del Reino de España— Papel sellado- 
Saqueo de Matagalpa— Origen de la palabra filibustero— 
Vida y costumbres de éstos— Vecinos de Bluefields. 



En 1576 fué nombrado Gobernador y Capitán Ge- 
ueral de Costa-Rica, Nicaragua y Nicoya, don Diego 
<le Artieda y Cherino. (1) 

Amenazada la costa sur por las invasiones del céle- 
l^re pirata Francisco Drake, el teniente de Goberna- 
^lor don Silvestre Espina, encargado provisional- 
mente del mando, hizo abundantes prevenciones de 
guerra, recogió gente y fortificó el puerto del Realejo. 

Diego de Artieda encontrábase entonces expedicio- 



(1) **Cli¡rinos^' lian escrito Pcláoz, Milla, Ay(')ii y utroi?; pero 
i'M \o> (locuuieutob olLciales «pie heiuoís tcin<lo á la vista se dice 
■' Cherino'* — Véa-oe Poiíilta atráó citado — (N. «Id A.) 



12UU llISTOKIA DE NICAKAÜUA 



liando por Costa-Rica, eu virtud de instrucciones es- 
peciales del Rey, para que se acabara de descubrir y 
poblar aquel territorio. 

Desde 1578 armó tres navios y una lancha en d 
Gran Lago, subió el San Juan, desembarcó en el 
Atlántico y se encaminó a Bocas del Drago, en cuytf 
inmediaciones fundó una población de negros á kqne 
dio el nombre de Artieda. 

Durante el período administrativo de Artieda y Che- 
rino la industria decayó considerablemente por falta de 
brazos y se hizo necesaria la inmigración de negros que 
el Gobernador ensanchó en la medida de sus fuerzas. 

Los piratas, á quienes hemos visto amenazando por 
el Sur, infestaban desde algunos años antes las costas 
del Atlántico. 

Desde el descubrimiento de América, mejor dicho, 
desde que España prohibió la entrada á las colonias 
á los extranjeros, se organizaron las expediciones pi- 
ráticas en las Antillas, por aventureros de todas las na- 
ciones y de la peor especie, que se dirigían sobre los 
puntos más ricos y reputados délas colonias, los asal- 
taban a viva fuerza, saqueándolos y cometiendo en 
olios toda clase de abusos. 

Desde 1570 Centro- América se vio' obligada á co- 
merciar pur el mar del Sur, porque los piratas no de- 
jaban entrar ni salir nada por el del Norte, sino por 
los puertos de Vera-Cruz y Cartagena, de donde los 
navios salían escoltados por buques de guerra. 

Nicaragua tenía entonces que hacer su comercio por 
la vía del Gran Lago y río San Juan. Las embarca- 
ciones llegaban hasta la parte baja del río y de allí 
mandaban botes á reconocer la boca y á tomar noti- 
cias, y si éstas eran favorables, continuaban hasta 
Cartagena, eu donde tocaba la flota que venía de Cas- 
tilla y podían proveerse de los artículos de consumo. 



CAP. XVI. — LOS PIKATAS 2Ul 



Al resto de Centro- América le había quedado única- 
laente la comunicación por el mar del Sur valiéndose 
de Panamá, donde ocurrían frecuentemente por pro- 
visiones; pero en 1579, Drake infestó también el Pací- 
fico con expediciones piráticas, y entonces las dificul- 
tades fueron supremas para las pobres colonias cen- 
tro-americanas. 

En 1583 sucedió al señor Artieda don Hernando 
Casco; y á éste en 1589 don Carlos de Arellano, ex- Al- 
calde Ordinario de Guatemala en calidad de interino. 
Durante el gobierno de Arellano, la ciudad de Gra- 
bada adquirió una gi*an preponderancia como centro 
comercial, por haberse reducido á la ruta de San Juan 
todo el tráfico mercantil con el exterior; pero fué tam- 
bién en ese mismo tiempo cuando los piratas del Nor- 
te, para vigilar las embarcaciones nicaragüenses fun- 
daron sus grandes establecimientos de Bluefields y La- 
guna de Perlas, desde donde causaron muchos males 
á la Provincia. 

Los piratas ahí establecidos, eran los mismos que 
infestaban el mar de las Antillas. 

De ellos nos ha conservado la historia detalles muy 
curiosos. 

Vivían en común, y las provisiones de cada cual, ya 
fuesen de boca ya de guerra, servían para todos. 

Sus agravios encontraban la justicia en sus extra- 
ños duelos, en que la suerte decidía siempre cuál de 
los combatientes había de tirar primero. En estos 
juicios de Dios, el golpe había de recibirse en la fren- 
te, porque si la bala tenía la dirección muy oblicua 
se faltaba á las leyes del honor, y atando en el tronco 
de un árbol al culpable, se le saltaba el cráneo. 

El armamento de los que salían en corso, consistía 
en un fusil, dos pistolas y un machete. 

Embarcados en lanchas pequeñas y ligeras, se ocnl- 



202 UÍ8T0BU DE NICABAGCA 



tabau en los esteros y embocaduras de los ríos, y 
ñas descubrían algún buque, se preparaban con la 
tura de la Biblia y el canto de los salmos y después 
se dirigían á toda vela hacia la nave de cuyos dispir 
ros no se cuidaban, llegaban á sus bandas, lanzabaí 
sus garfios, escalaban su cubierta, y manejando, ya el 
sable, ya el fusil, ya la pistola, intimaban la rendición, 
ó bien i-otos y vencidos, sus cuerpos quedaban s<^pul- 
tados tai las profundidades del Atlántico. 

Si lograban apresar el buque, pasaban á cuchillo b 
goute avanzada, cogían sus provisiones y mercancías 
y volvían á la costa, donde las i-epartíau entre sí mís- 
nios, con una equidad sumamente escrupulosa. 

En el año de 1592 se hizo cargo interinamente déla 
Ooberuacióu don Bartolomé de Leuces; y el 11 de ene- 
ro de 1593 don Bernardino de Obando, en virtud de 
real nombramiento. 

En el de 1600, la ciudad de Granada, que había al- 
<?auzado el primer lugar en la Provincia por su gran 
comercio y movimiento, se alborotó de una manera 
alíirmaute, con motivo de la ejecución de las ordenan- 
zas de 1 595 que prohibían el cultivo de la vid, del oli- 
vo y de todos los demás frutos que se producían eu 
Píspaña, y por la negativa del Rey á poner en estado 
de defensa el río San Juan constantemente anienaxa- 
do i)or los piratas. 

Por mucho que fuese el respeto á las autoridades, 
las colonias tenían que rebelarse ante disposiciones 
tan injustas y despóticas. España, además de no en- 
viíir lo suficiente, tenía cortada sus comunicaciones 
portomor á los corsarios, y sin embargo pi'ohibíaá 
sus dependencias americanas el que se proveyesen 
por sí. 

Para x*alinar un tanto la agitación, so determinó 
lonstruir, do>? año.; de: puó* , vn las bocas del Sau 



CAP. XVI. — ^LOS PIKATAS 203 



.Juan, el fuerte de Santa Cruz, en el cual se colocó un 
presidio con guarnición. 

La medida fué oportuna y muy benéfica, porque el 
eomercio se hizo ya por aquella vía de' un modo más 
seguro, y Granada fué sin disputa, una de las pobla- 
ciones más ricas de América en aquel tiempo. 

El clero, que continuaba cada día con mayores as- 
piraciones, pretendiendo dominarlo todo, recibió i)or 
este mismo tiempo un rudo golpe con la publicación 
déla ley de 15 de enero de 16()1, en qui) se prohibía 
terminantemente que en las provincias de ludias pu- 
diesen los clérigos ser electos alcaldes, abogados, ni 
escribanos. 

Tal era el estado de la Provincia, cuando fuó nom- 
brado Gobernador, el Capitán Alonso Lava de Córdo- 
ba en el año de 1603. 

En 1610 hubo en la ciudad de León algunos daños 
cansados por la erupción del Momotombo. 

El Obispo Villarreal, de buena ó de mala fe, atribu- 
yo aquellos acontecimientos á castigo del cielo por ol 
asesinato perpetrado en 1550 en la persona del Obispo 
Valdivieso, y no cesó de predicar encareciendo la ne- 
oesidad de trasladar la población a otro punto. 

El pueblo, amedrentado con las prédicas del Obispo 
y temeroso por otra parto do quo el lago inundara la 
ciudad, so movió en masa capitaneado por el Alférez 
uiayor de la población, que portaba el real estandarte, 
y caminando nueve leguas al Occidente, so detuvo en 
la hermosa llanura en que existe la actual ciudad d(» 
LeÓB, que en ese día fué delineada y principiada á le- 
vantar. 

El 1.3 de setiembre de 1598 falleció ol Rey don Feli- 
pe II,. después de un reinado do (niaronta y dos años. 
Qübernó durante él con un poder absoluto y sostuvo 
iüilebidamente las guorra^i do Flando^s, que cogitaron 



204 HISTOKIA DE NIC.VUAGÜA 



á la Monarquía espaüola, mucha saugre, mucho di; 
ro y grandes perjuicios. Como su padre, sostuvo 
bión varias guerras exteriores con honra para las 
mas de España, pero con menoscabo de su riquen 
prosperidad. 

Fué el fanático más testarudo, intolerante y feí 
que ha dado España. Bajo su reinado, el furor déla 
quisición se llevó más lejos que en ninguna otra é 
y bien se puede asegurar que Felipe II fué para 
dominios un azote más horrible que la peste. £l 
quien dio esas impías ordenanzas que animaban i 
delatores; quien condenó á los suplicios del fac^go 
los libreros que vendían, compraban o prestaban obi 
I)uestas en el índice de la Santa Inquisición ; quien 
licitó de la Corte de Roma esas bulas que obligaban tí. 
los sacerdotes á exigir de sus penitentes que dennn*- 
ciaran á sus deudos ó á aquellos de sus amigos qaeto-^ 
vieran libros prohibidos, crimen por el cual se llevabl; 
á la hoguera á los más virtuosos; y por último, quien 
organizó con su gran inquisidor \'aldés en Valladoücl 
y Sevilla, aquellos autos de fe en que trescientas vícti- 
mas eran quemadas á un tiempo entre los aplausos dfi 
la Corte. Asusta la cantidad de hombres y mujeres 
que el fanatismo católico de Felipe II hizo perecer por 
medio del Santo Oficio. Vanagloriábase de su cruel- 
dad y tenía costumbre de decir, que prefería ver tortu- 
rado hasta el último español y reinar sobre un inmen- 
so desierto, antes que sufrir un hereje en sus estados. 

Reducido el país á seis millones de habitantes, casi 
sin industria, arruinada la agricultura, sin caminos. 
pues la mitad de los hombres hábiles buscaban por- 
venir en los conventos ó en la guerra, vióse, á la muer 
te de Felipe II, que todo aquel edificio estaba agrie 
tado y hundiéndose. 

Sin embargo, por su astucia política, por su activi 



XVI. — Lü8 PIBATAS 205 



oomo administrador, por su conocimiento de los 
ibres, por la protección que dio á las artes, por su 
íverancia, Felipe II es también reputado como 
de las primeras figuras del siglo XVI. 
Consumido de una calentura lenta, por espacio de 
años, y atormentado con los agudísimos dolores 
la gota á que se le juntó la hidropesía, Felipe II 
I hizo conducir al Escorial, para terminar allí su vi- 
" Cincuenta y tres días estuvo postrado en su 
iva residencia, boca arriba y lleno de asquerosas y 
aneantes llagas; y en todo este tiempo se mantu- 
invencible su ánimo contra aquella multitud de do- 
y miserias.^ (1) Su conciencia, extraviada por 
fanatismo y endurecida por las preocupaciones de 
educación supersticiosa, no solamente no lo mor- 
aba con el recuerdo de las innumerables víctimas 
^parificadas en nombre de una religión de amor y 
I' Mansedumbre, sino que lo alentaba y complacía ha- 
• eiéndole ver en cada asesinato un sacrificio agradable 
á la Divinidad y también la redención de un prójimo, 
de las garras terribles de Luzbel, su mortal pesadilla. 
Aquel hombre, á quien con justicia se ha llamado 
"Diablo del Mediodía y Monstruo del Escorial," que 
fué el mayor y más despiadado criminal de su siglo, y 
cuya crueldad no reconoció límites, murió con una 
tranquilidad de ánimo que pudiera confundirse con 
la del hombre justo, si esa tranquilidad no fuese tam- 
bién exclusiva de todo carácter enérgico que se con- 
sagra en absoluto al servicio de una causa. 

A fines de aquel reinado comenzó para España la 
época de su decadencia. El mismo Felipe tuvo que 
apelar, dos años antes de su muerte, por medio de los 
religiosos, á los donativos voluntarios do sus subditos 



(1) Mariana — Hi^storia de España. 



'JtK) HISTOIUA DE XICAUAGUA 



para sostener su casa; tal fué la miseria en que ontiéj 
íA Reino. La escuadra española se redujo á unos po- 
cos l)ajolos y los corsarios de África y los piratas del^ 
S»»t<Mitr¡ón hacían <le las suyas con las posesiono» es- 
pafiolas. 

Le sucedió en el trono y en el mismo aüo de su mae^ 
te, su hijo don Felipe III, llamado el Pindoso^ qne no 
era guerrero, ni político y que entregó el Gobierno de 
la Nación á favoritos tan poco hábiles, que hicieron 
acentuar más la decadencia de España. 

Tal era el estado general de la Monarquía al inaa- 
gurarse el nuevo reinado y por él puede colegirse A 
de las desgraciadas colonias, sobre las que pesaban 
casi todas las cargas. 

AI Capitán Alonso Lara de Córdoba, sucedió inte- 
rinamente en el Gobierno de Nicaragua, en 1622, don 
Cristóbal de Yillagrán; á éste, en el mismo año, el Ga- 
pitan don Alonso Lazo, que murió poco después ; sa- 
cediéndole en 1623, don Santiago Figueroa; en 1625, 
el Capitán don Lázaro de Albizúa; en 1627, el Capi* 
tan don Juan de Agüero; en 1630, don Francisco de 
Asagra y Vargas; en 1634, el Licenciado don Pedro 
<le Velasco; y en 1641, don Juan de Bracamonte. 

Durante las administraciones de los nombrados, se 
organizaron misiones religiosas á varios puntos de la 
costa Norte y se hicieron esfuerzos por el estableci- 
miento de la Compañía de Jesús, sin resultado alguno. 

Las principales poblaciones de la Provincia eran 
León, Granada, Nueva-Segovia y la Villa del Realejo 
Todas estas poblaciones tenían dos alcaldes, algnacil 
mayor, regidores y otros empleos, que se vendían en 
almonedas por grandes sumas. 

Ya por este tiempo principiaba á acentuarse la di- 
visión entre los peninsulares ó sean españoles venidos 
de España, y los criollos ó descendientes de aquellos, 



CAP. XV. — LOS PIBATAtí 207 



sidos en América. A los primeros se les daba, ade- 
18 los nombres de cachupines y chapetones. 
Se pretextaba para tal distinción, que los quo ua- 
an bajo el cielo y temperamento de estas provincias, 
eneraban tanto, que perdían cuanto bueno podía 
arles la sangre española. 

Había una muy marcada división de clases sociales, 
|Tie tenía por base las distintas razas que poblaban el 
meló. Ocupaban lugar preferente los peninsulares y 
an su defecto los criollos; seguían los mestizos ó ladi- 
DOfi, hijos de blanco é indio; después los mulatos de 
blanco y negro; luego los negros, y por último los in- 
üos, que casi exterminados y en lamentable estado 
de degradación y miseria, eran mirados con el mayor 
deeprecio. 

La unión de negros con indios estaba prohibida ba- 
jo penas muy severas y por esta causa no se conocían 
antonces á los zambos, producto de la mezcla de esas 
dos razas. 

Ya desde 1607 no se tomaba en cuenta á la raza in- 
dia, como elemento social de valor, pues las ordenan- 
zas de 19 de mayo de aquel año, prohiben á los mes- 
tizos, negros y mulatos tener caballos, yeguas y armas, 
lue conceden sólo á los blancos; y en bandos de la 
Capitanía General de Guatemala, de 10 de junio y 20 
le julio de 1634, sólo se permite á los negros, mestizos 
^ mulatos andar en macho ó muía, renovándoseles la 
►rohibición absoluta de portar armas corta ó larga. 
El 31 de marzo de 1621, á la vuelta de un viaje que 
izo á Portugal, murió en Valladolid el Rey Felipe III. 
Débil de carácter, fanático y entregado á favoritos 
ligares, cada paso de su gobierno fué un desastre. 
jrdió las expediciones contra Argel ó Irlanda en 1602, 
vio obligado á firmar la paz con Inglaterra, una tre- 
a de diez años con Holanda, y á reconocer la indo- 



208 HI8T0KIA DE NICAUAGÜA 



pendencia de siete provincias flamencas. En cambio» 
las armas españolas ganaron renombre en Holanda, al 
mando de Espinóla, y en Italia, África y Oceanía, al 
del Marqués de Santa Cruz, del Duque de Osuna y de 
otros. 

Digno heredero de Felipe II, llevó su intolerancia 
religiosa hasta decretar, en 1609, la 'expulsión de to- 
dos los moriscos de España que hacían florecer la agri- 
cultura y la industria en las provincias del Levante 
y Mediodía. Tan rudo golpe para la debilitada Espa- 
ña, fue el preliminar del último período de la decaden- 
cia castellana, que dejó preparado el mismo Felipe III. 

Lo sucedió en el trono su hijo Felipe IV de diez y 
seis años de edad. Afable, instruido, amigo de los li- 
teratos y artistas, y poeta también, se entregaba de 
continuo á su gusto favorito y se cuidaba poco ó na- 
da de los asuntos de Estado. En su época florecieron 
grandes hombres de quienes fué protector; pero con 
los certámenes poéticos no pudo sostener la vasta mo- 
narquía de Carlos V y Felipe II que iba desmoronán- 
dose. 

En el año de 1638 se introdujo el uso del papel se- 
llado a Centro-América bajo pena de nulidad y mul- 
ta y castigo corporal en caso de reincidencia; vinien- 
do esta nueva contribución a aumentar el número 
considerable que había antes y que abrumaba a la Pro- 
vincia próxima entonces á su decadencia. 

Las expediciones piráticas principiaron por ese mis- 
mo tiempo á hacerse sentir entre nosotros. 

La ciudad de Matagalpa fué saqueada y arruinada, 
oü 1643, por los piratas establecidos en la costa del 
Norte, haciendo oír, por primera vez entre nosotros, 
el nombre de fililmsteros con que se designaban. 

Este nombre, corrupción de las palabras inglesas 
free bootcrsj según unos, de la francesa filibastier^ se- 



CAP. XVI. — ^L08 PIKATAS 209 



jún otros, designaba á ciertos corsarios que, asociados 
ie los bucaneros de las Antillas, se daban al robo y al 
pillaje de las posesiones españolas recibiendo auxilio 
y protección de las naciones enemigas de España. (1) 
La más perfecta igualdad reinaba entre los filibus- 
teros, que llevaban el espíritu de comunidad hasta la 
mujer y los hijos. 

Seducían su ambición a un buen fusil, y tomaban 
un nombre de combate, después de haber recibido su 
bautismo de fuego en algún encuentro. 

(1) HemoH sogQÍdo en esta parte á don José de Comas^ (Co- 
Mu EspañohísJ por estar de acuerdo con la opinión más acepta- 
ba huta el día por hratoriadores respetables; aunqafi debemos ad- 
vertir, qne los etimologistas de los idiomas español, francés é in- 
giés, qne hemos podido consaltar, parecen estar más conformes con 
imiñT la paiahm filibustero del holandés y del alemán. El lec- 
tor podrá jazgar: 

Koqne Barcia, en su famoso Diccionario, después de deñnir la 
P&Ubra Filibustero, agrega: " Etimología— Holandés, vri/buifcr; 
ierry libre, y &?//fcr botín ; alemán freibeutcr; inglvSjfrccboofer; 
ginebrino, Jiibuster; francés, fiibusfier; itaVmno, fiUbusficrc. IV 
El rry holandés equivale alfree inglés y aXfrei alemán ; así como 
^ífer equivale á bootcr y beuter. — 2"* El inglés l)Ooter, que entra 
^freehootery filibustero, representa booti/f botín." 

El Diccionario de Mr. Littré, en la palabra Filibusficr, con- 
fittaque no conoce el origen ; pero la deriva al final, del holán- 
•H del alemán y del inglés. " <)n no sait pas d' ou vient le nom 
"« flibastier, etc. — Etym. — A V ongine fribustier ; du hoUandais 
'^^^mibr; allemand, /re/¿íC?<Yer; anglais, yw2>0(í/rr, maraudenr; de 
''%freiy/'rcey libre, et boof, butin : libre faiseur de butin.'- 

-^r. Webster, en su Diccionario Inglés, deriva la palabra tili- 
Weríle la española Filibofé: y la Free-bootcr^ de la alemana /Ve/- 

Kl señor Doctor dt)ii Tomás Ayón, en 8u iíisioria dr Xinn'tít/Kdj 
•foque el nombre \\c fit ibusferos j dado á los piratas, se derivó de 
ii palabra ingles;i jUbub'ticr. Como esta palabra es francesa, la 
lula queda en pie — (N. <kd A.) 

14 



210 mSTOUIA D£ NICAUAGUA 



No conocían jueces ni sacerdotes, y cuando eran 
agraviados, el insultado mataba á su ofensor. Si se ha* 
bía hecho justicia lealmente, se sepultaba al muerto; 
pero en caso contrario, se ataba al matador A un árbol 
y cada uno le disparaba un tiro 

Semanas enteras pasaban tendidos uno junto á otro 
en pos de las embarcaciones, amontonados en barcas 
descubiertas, con sólo agua y bizcochos, cuando no 
muertos de hambre. 

Toda su esperanza se cifraba en ver aparecer algún 
buque en el horizonte, al cual se lanzaban en dere- 
chura, cualquiera que fuese su porte, aconteciendo 
muchas veces que sorprendieran hasta navios de gue- 
rra de gran porte. 

Apenas se aproximaban, lanzábanse al abordaje se- 
tenta ú ochenta hombres resueltos y perfectamente 
armados, que se adueñaban preferentemente de la 
Santa Bárbara, dispuestos á prenderle fui^ y á sal- 
tar el buqao. 

Tales eran los vecinos que por aquel entonces ocu- 
paban Bluefíelds y Laguna de Perlas, entre nosotros, 
y Roatán, Belice y la Guanaja, en Honduras, con los 
cuales tuvieron que luchar constantemente las pro- 
vineias centro-americanas por espacio de muchos 
anos. 



CAPÍTULO XVII 

Los fllibusteroH 



El Capitán Ceistro es nombrado Gobernador— La situa- 
dóxi—TeiTeniotós— Descomposición del río— Los filibusteros 
en el San J\ian— Miseria general— Atraso— Primera impren- 
ta en GKiatemala— Cívica granadina— Davis saquea la ciu- 
dad de Granada— C€U3tillo de San Carlos— Gobernación in- 
terina—Castigo del Gobernador— Sucódele Salinas y Cerda— 
Ifoerte de Felipe IV— Carácter de su reinado— Le sucede Car- 
los II— Exposición de Granada— Males que ocasiona— Pri- 
sten de Salinas— Sucódele Antonio Temitio Dávila— Tomás 
Qage— Peligro de Nicaragua— Viaje del Capitán General— 
GallardiUo toma el Castillo y sorprende Granada— Alarma 
en Capaila- Es enviado Escobedo— Toma éste posesión de 
la Capitanía General y ediüca el Castillo del río— Ordenan- 
zas — lioyola es sucesor de TemifLo— Situación del Castillo- 
Fundación de la Universidad de Guatemala — Mejoras 
interiores— Reglamentación de encomiendas— Don Antonio 
Coello— Sus alarméis— Preséntase el enemigo— Se vuelve- 
Patriotismo de Calderón— Los íilibxisteros sorprenden á 
Granada y la incendian— Dampier ataca y toma á León- 
Expedición naval de Panamá— Axxxilios que se le dan— De- 
saloja á Drake— Reconstrucción de León— Destrucción de 
Segovia— Bravo de Hoyos se bace cargo del gobierno— Fal- 
sos partes que da— Sublevación de Sébaco— Solicitud de ar- 
mas — Cortes de madera. 



En el año de 1660 fué nombrado Gobernador de la 
Provincia el Capitán don Diego de Castro. 

La situación del país, durante su período adminis- 
trativo, no pudo ser más triste. 

A la falta de brazos para sostener siquiera la raquí- 
tica agricultura de entonces, á la escasez de artículos 



212 UISTOBIA DE NICARAGUA 



de comercio á que nos habían dejado reducidos las ex- 
cursiones piráticas, al desorden de la administración 
pública, crecidos impuestos y corrupción de las prin- 
cipales autoridades, vino 4 agi'egarae el mal can^fido 
por los fuertes terremotos del año de 1663, que sem- 
brai'on el terror en León y en Granada y subieron el 
cauce del río San Juan, en algunos puntos, hasta el 
extremo de hacer imposible la navegación para embar- 
caciones mayores. 

Había en el Lago, frente 4 Granada, un buque mer- 
cante de la Habana, llegado en fecha anterior y lefoó 
imposible la salida. 

El comercio del río tuvo que hacerse entonces por 
embarcaciones planas de pequeño porte, que llamabin 
chatusj con perjuicio de Granada, que se sostenía con 
el arribo de embarcaciones que calaban hasta ciento 
veinte toneladas y que hacían viajes directos de Gádis 
y Nombre de Dios 4 Cartagena. 

A las dificultades naturales que presentaba el río, 
se agi*egaba también la presencia de los ñlibusterofii 
posesionados de las bocas del Taure y del San Juan, 
que daban caza 4 las embarcaciones que entraban y 
salían por esas vías. 

La miseria de la Provincia llegó 4 ser extrema. Su 
imica riqueza fué el ganado vacuno que se había au- 
mentado prodigiosamente, a extremo de que una res 
gorda sólo importaba cuatro tostones, ó sean dos pesos. 

En cuanto al estado intelectual el atraso era mayor. 

No se conocía entre nosotros la imprenta, y apenas 
se tenía noticia de una prensa vieja que había liba- 
do á Guatemala 4 mediados del mes de julio de 1660, 
cu la cual se imprimió poco después, por el año de 1663, 
un tratado teológico de setecientas veintiocho p4gina8. 

Careciéndose de fuerza pública, porque no la había 
habido hasta entonces, y amenazada Granada con la 



CAP. XVII. — LOS FILIBUSTEROS 21:) 



presencia de los filibusteros en el río, fué organizada 
nna fuerza cívica, y se obligó á todos los vecinos a pres- 
tar servicio militar de campaña en el recinto de la pla- 
za, cada vez que se diese el toque de alarma; pero pa- 
sados cuatro años de tan fatigosa situación, los veci- 
nas se quejaron, al Gobernador, y éste prohibió al Al- 
calde de Granada que volviese a importunarlos, sin 
permiso previo de la Gobernación. 

En tal estado las cosas, llegaron noticias al Alcalde, 
de la próxima llegada del famoso pirata holandés Juan 
Da?isá quien se había visto en el rio; pero no pudien- 
do tocar alarma sin orden del Goberilador, se en- 
vió un correo á León en demanda del permiso preve- 
nido. 

Mientras tanto, el 30 de junio de 1665, Davis, con 
unos pocos piratas, desembarcó sigilosamente en Gra- 
nada á las dos de la mañana, sorprendiendo en la ca- 
ma á los confiados habitantes á quienes despojó de 
cuanto pudo. 

Algunos fugitivos tocaron por último, la campana 
de alarma, y temerosos los filibusteros de ser cap- 
turados, huyeron precipitadamente i^on todo lo ro- 
bado. 

El Gobernador y demás autoridades de la Provin- 
cia, fueron procesados y castigados por este descuido, 
que causó una terrible impresión en todo el país. 

Sucedió por esta causa, al Gobernador don Diego 
de Castro, el Maestre de campo don Juan de Salinas 
y Cerda, caballero de la orden militar de Calatrava y 
Adelantado de Costa-Rica, que tomó inmediatamente 
posesión de su destino. 

El año de 1665 falleció el Eey don Felipe IV. 

Su reinado no pudo ser más funesto para España. 

El favorito don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque 
de Olivares, proyectó que la casa de Austria domina- 



214 HISTORIA DE NICAUAGUA 



ra á la Europa entera y ésto produjo una liga contrt 
España. 

A la guerra exterior vino á unirse la civil. Se in- 
surreccionaron Cataluña, los Países Bajos, Holanda, 
Ñapóles y Portugal en distintas fechas, y la Naeién, 
agotada con tan constantes guerras, decayó conside- 
rablemente, perdiendo su puesto de primer orden co- 
mo potencia europea y retrogradando considerable^ 
mente en todo sentido. 

Felipe IV tuvo que resignarse á reconocer la inde- 
pendencia de las provincias unidas de Holanda y tam-* 
bien la de Portugal y á dejar la isla de Jamaica en. 
poder de los ingleses y algunas provincias en el de Ifi^ 
Francia. 

El desgraciadísimo reinado de Felipe IV, á qniecB- 
sus aduladores llamaron el Ghrande^ fué el penúltimo 
de la decadencia española. 

Le sucedió en el trono su hijo Garlos II, de cutto> 
años de edad, bajo la tutela de su madre doña Mari^ 
Ana de Austria, ayudada de una junta instituida por 
el Rey difunto. 

En Nicaragua, mientras tanto, fué tal el terror que 
causaban los filibusteros, que los vecinos de la ciudad 
de Granada, se dirigieron al Capitán General del Bei- 
110 protestándole que emigrarían inmediatamente sino 
se fortificaba y defendía el río San Juan. 

El Capitán General pidió informe al Gobernador de 
la Provincia, y después de vencer mil dificultades, 
tanto un empleado como otro, por la oposición que ha- 
cían los encargados de la Real Hacienda, la generosi- 
dad del primero y los esfuerzos, energía y conocimien- 
tos del segundo, hicieron por fin, que el 19 de agosto 
de 1666, quedara concluido el Castillo de San Carlos y 
en estado de sí^rvir para la defensa del San Juan. 

Durante la ausencia del Gobernador Salinas, tuvo 



CAP. XVll — L08 FILIBUSTEROS 2V) 



que ser encargado interinameute del mando de la Pro- 
vincia don Francisco Valdés, Corregidor del Partido 
de Subtiaba. 

Valdés cobró afecto a aquel puesto, y para conse- 
guirlo, informó mal á Salinas; pero sus chismes, des- 
preciados al principio por el Gobernador Meneos, fue- 
ron acogidos después por su sucesor don Sebastián 
Alvarez Alfonso, cuñado de Valdés, que presentó á la 
Audiencia un informe contra Salinas, haciéndole car- 
go de haber levantado la fortaleza en distinto sitio del 
que convenía ó invertido grandes sumas de dinero. 

Don Juan Salinas, preso y despojado por Alvarez 
Alfonso, que hacia de juez y parte en tan injusta acu- 
sación, tuvo por sucesor, en ItítíO, á don Antonio Temi- 
ño Dávila, caballero también de la orden de Calatrava. 

En ese mismo año de 1669, Tomás Gage, religioso 
inglés que peimaneció doce anos en Centro-América, 
publicó una obra importante, en la que hizo grandes 
elogios de Nicaragua, llamándola "Paraíso de Mahoma." 

La obra de Gage descorrió el velo á los secretos de 
la Colonia y puso de relieve, ante el mundo, todas las 
iniquidades que aquí se cometían por las autoridades 
españolas en consorcio con el clero. 

La invasión del pirata Da vis y el libro de Tomás 
Gage, llamaron la atención de todos los enemigos de 
España sobre* Nicaragua, que presentaba tantas faci- 
lidades para la comunicación inter-océanica y para 
organizar en su territorio un centro do operaciones 
• ontra todas las demás colonias. 

A principios de 1668 se trasladó el (Jai)itáii General 
Alvan»z Alfonso á inspeccionar personalmente el Cas- 
tillo de San Carlos, con objeto do acumular nuevos 
cargos contra don Juan Salinas; pero sus esfuerzos 
no dieron otro resultado que ovidonciar la honradez 
Je] procesado. 



álÜ UISTOIOA DE NICAKAGU A 



Confiados eu la fortaleza de San Carlos, los grana- 
dinos volvían á dedicarse al comercio y á sus acofr 
tumbradas labores, cuando fueron sorprendidos nue- 
vamente por una invasión de piratas. 

El Castillo fué entregado traidoramente al filibuste- 
ro Gallardillo, en 1670, por el castellano Gonzalo No- 
guera Rebolledo, y los invasores, después de destruir- 
lo, se dirigieron á Granada, la sorprendieron, la sa- 
ijuearon y se llevaron gran número de hombres y mu- 
jeres. 

Esto suceso, y las invasiones del mismo carácter, ha- 
bidas en territorios de Honduras y Costa-Rica, llevad- 
ron el alarma á la Corte de España, hasta entonces in " 
<liferonte á la suerte de las colonias, y por real cédula 
de 2!> de octubre de 1671, se declaró la necesidad d^ 
fortificar la boca del San Juan. 

Para la ejecución de sus disposiciones, se nombr6 
Capitán General interino del Reino á don Fernando 
Francisco de Escobedo, General de la artillería del 
Reino de Jaén, ordenándosele que pasara inmediata- 
mente a reconocer la embocadura del San Juan v á 
levantar la fortificación que creyera necesaria. 

Escobedo tomó posesión de su destino en Guate- 
mala, el año de 1672, y sin perder tiempo, se trasladó 
al río San Juan, en donde edificó el castillo de la In- 
maculada Concepción (Castillo Viejo) frente al raudal 
de Santa Cruz y fortificó el presidio allí existente, 
nombrando castellano al Maestre de Campo, don Gas- 
par Inestrosa y Vasconcelos. 

En 167!í firmó en Granada his ordenanzas del nuevo 
Castillo, y en abril del mismo año regresó á Guatemala. 

El Gobernador de la Provincia don Pablo Loyola, 
sucesor de Temifio Dávila, quedó hecho carsfo de los 
trabajos de edificación hasta el año de 1675 en que se 
concluveron. 



CAP. XV. — LOS PIRATAS 207 



nacidos en América. A los primeros se les daba, ade- 
más los nombres de cachupines y chapetones. 

Se pretextaba para tal distinción, que los que na- 
cían bajo el cielo y temperamento de estas provincias, 
degeneraban tanto, que perdían cuanto bueno podía 
darles la sangre española. 

Había una muy marcada división de clases sociales, 
que tenía por base las distintas razas que poblaban el 
suelo. Ocupaban lugar preferente los peninsulares y 
en su defecto los criollos; seguían los mestizos ó ladi- 
nos, hijos de blanco é indio; después los mulatos de 
blanco y negro; luego los negros, y por último los in- 
dios, que casi exterminados y en lamentable estado 
de degradación y miseria, eran mirados con el mayor 
desprecio. 

La unión de negros con indios estaba prohibida ba- 
jo penas muy severas y por esta causa no se conocían 
entonces á los zambos, producto de la mezcla de esas 
dos razas. 

Ya desde 1607 no se tomaba en cuenta á la raza in- 
dia, como elemento social de valor, pues las ordenan- 
zas de 19 de mayo de aquel año, prohiben á los mes- 
tizos, negros y mulatos tener caballos, yeguas y armas, 
ine conceden sólo á los blancos; y en bandos de la 
^pitanía General de Guatemala, de 10 de junio y 20 
le julio de 1634, sólo se permite á los negros, mestizos 
' mulatos andar en macho ó muía, renovándoseles la 
rohibición absoluta de portar armas corta ó larga. 
El 31 de marzo de 1621, á la vuelta de un viaje que 
zo á Portugal, murió en Valladolid el Rey Felipe ITI. 
Débil de carácter, fanático y entregado á favoritos 
ligares, cada paso de su gobierno fué un desastre. 
írdió las expediciones contra Argel é Irlanda en 1602, 
vio obligado á firmar la paz con Inglaterra, una tro- 
a de dif^z años con Holanda, y á reconocer la indo- 



208 HISTORIA DE NICARAGUA 



pendencia de siete provincias flamencas. En camb/ 
las armas españolas ganaron renombre en Holanda, ñ 
mando de Espinóla, y en Italia, África y Oceanía, a 
del Marqués de Santa Cruz, del Duque de Osuna y de 
otros. 

Digno heredero de Felipe 11, llevó su intolerancia 
religiosa hasta decretar, en 1609, la 'expulsión de to- 
dos los moriscos de España que hacían florecer la agri- 
cultura y la industria en las provincias del Levante 
y Mediodía. Tan rudo golpe para la debilitada Espa- 
ña, fue el preliminar del último período de la decaden- 
cia castellana, que dejó preparado el mismo Felipe IIL 

Lo sucedió en el trono su hijo Felipe IV de diez y 
seis años de edad. Afable, instruido, amigo de los li- 
teratos y artistas, y poeta también, se entregaba de 
continuo á su gusto favorito y se cuidaba poco ó na- 
da de los asuntos de Estado. En su época florecieron 
grandes hombres de quienes fué protector; pero con 
los certámenes poéticos no pudo sostener la vasta mo- 
narquía de Carlos V y Felipe II que iba desmoronán- 
dose. 

En el año de 1638 se introdujo el uso del papel se 
liado á Centro-América bajo pena de nulidad y muí 
ta y castigo corporal en caso de reincidencia; vinien 
do esta nueva contribución á aumentar el númei 
considerable que había antes y que abrumaba a la Pr( 
vincia próxima entonces á su decadencia. 

Las expediciones piráticas principiaron por ese mi 
mo tiempo á hacerse sentir entre nosotros. 

La ciudad de Matagalpa fué saqueada y arruinad 
en 1643, por los piratas establecidos en la costa d 
Norte, haciendo oír, por primera vez entre nosotrc 
el nombre de filibusteros con que se designaban. 

Este nombre, corrupción de las palabras inglesa 
free bootersj según unos, de la francesa fiUbustietj s 



CAP. XVI. — ^LOtí PIRATAS 209 



gún otros, designaba á ciertos corsarios que, asociados 
de los bucaneros de las Antillas, se daban al robo y al 
pillaje de las posesiones españolas recibiendo auxilio 
y protección de las naciones enemigas de España. (1) 

La más perfecta igualdad reinaba entre los filibus- 
teros, que llevaban el espíritu de comunidad hasta la 
mujer y los hijos. 

Reducían su ambición á un buen fusil, y tomaban 
un nombre de combate, después de haber recibido su 

bautismo de fuego en algún encuentro. 

— -* 

(1) Hemos seguido en esta parte á don José de Comas, (Co- 
dornos Españolas) por estar de acuerdo con la opinión más acepta- 
abasta el día por hrstoriadores respetables; aunqufi debemos ad- 
vertir, que los etimologistas de los idiomas español, francés é in- 
gl^ qoe hemos podido consultar, parecen estar más conformes con 
derivar la palabra ^^t&r/^^^ro del holandés y del alemán. El lec- 
tor podrá juzgar : 

Boqae Barcia, en su fumoso Diccionario, después de definir la 
I^Ubra Filibustero^ agrega: " Etimología— Holandés, vri/bftiicr; 
do iT^ libre, y &?/ífer botín ; alemán freibeuter; inglóa, frccboofer ; 
gínebrino, Jlihuster; francés, flihustier^ haVmno, Jilihusfiere. IV 
Elrry holandés equivale súfree inglés y al frei alemán; así como 
Mter equivale á bwter y bcuter. — 2'' El inglés l)Oot€r, que entra 
^^frechooter, filibustero, representa hootij^ botín." 

El Diccionario de Mr. Littré, en la palabra FUibustkr, con- 
ñeasL que no conoce el origen ; pero la deriva al final, del holan- 
dés, del alemán y del inglés. " On no sait pas d^ ou vient le iiom 
de flibustier, etc. — Etym. — A F ox\giue fribustier ; du hollandais 
vn/fjuifrr; allemand, /rcí6eí*/er; anglais, /rcí'&oo/rr, marandeur; de 
'Tffj/rci, /rce, libre, et hoot, butin : libre faiscnr de butin." 

Mr. Webster, en su Diccionario Inglés, deriva la palabra Fili- 
iuster de la española FiUboté; y la Frer-boofcr^ de la alemana Frci- 
t'iiler. 

El señor Doctor don Tomás Ayén, en su líistorhi de Nííjii'híjhu^ 
lice que el nombre í\í5 filibusteros, ([fiáo á los piratas, se derivó de 
a jmlabra inglesa Jtihitstler. Como esta jialabra es francesa, la 
lula queda en pie — (N. del A.) 

14 



220 . HISTOKtA ÜE NICAUA.OUA 



róu ; pero triunfaron fácilmente los primeros con solo 
la pérdida de un hombre. 

Los filibusteros, dueños de la ciudad, la saquearon 
sin excluir las iglesias y después incendiaron- la cate* 
dral, el convento de la Merced, el hospital y mnchas 
casas principales; regresándose en seguida al puerto 
del Realejo de donde se llevaron un buque mercante 
con algunos intereses, después de reducir á cenizas 
las casas y propiedades del puerto. 

Los sucesos anteriores y la permanencia de los pi- 
ratas en Amapala, su principal guarida del Pacífioo-f 
despertaron el temor de la audiencia de Panamá, qa^ 
también creyó amenazado aquel territorio. Fué ei». - 
viada por esta consideración, una escuadrilla pan^ ' 
mena, compuesta de una galera y un bergantín, co: 
orden de desalojar á los piratas del punto que oci 
paban. 

La escuadrilla llegó al Realejo en diciembre d« 
1G87 y demandó auxilios de las autoridades nicara ^ 
güeuses. 

Éstas le suministraron un navio del Perú, que habfa^ 
llegado en aquellos días, 250 hombres y provisiones de-^^ 
boca y guerra. 

Reforzada de esta suerte, la escuadrilla se dirigió á 
Amapala x logró desalojar á los ingleses. 

En el entretanto los habitantes de León se dedica- 
ron a reconstruir la ciudad, sirviéndoles de arquitec- 
to un prisionero inglés que hicieron á los piratas. 

Dos años después, en 1689, los piratas del mar del 
Norte subieron el río Coco y se juntaron con los del 
Sur, que se habían internado después de los sucesos 
de León. 

Ambas partidas, dejándose guiar por el mismo río, 
que en aquella parte toma el nombre de Telpaneca, 
asaltaron la antigua y rica ciudad de Segovia, si- 



CAP. XVII. — LOS FILIBUSTEROS 221 



taada en las márgeneSy y después de saquearla, la redu- 
jeron á escombros el 29 de setiembre del mismo año. 

Después de consumado el incendio y robo de la po- 
blación, los piratas se embarcaron en el río Aguan y 
se dirigieron á Honduras sembrando el terror por to- 
do el tránsito. 

El Maestre de Campo don Gabriel Rodríguez Bra- 
vo de Hoyos se hizo cargo por aquel tiempo de la 
gobernación de la Provincia. 

Impresionado por el terror que infundían los pira- 
tas, exageró al Gobierno de Guatemala las ubticias 
recibidas del río, haciendo aparecer sitiado el Castillo 
por el pirata Lorencillo, por sólo algunos disparos que 
se oyeron. 

Sus falsos partes alarmaron todo el Reino y ocasio- 
naron inútiles gastos, por lo cual se enagenó las sim- 
patías del Capitán General y de la Audiencia, y se le 
mandó procesar, aunque sin resultado. 

Algún tiempo después, la población de Sébaco, que 
constaba de un corregimiento y trece alcaldías, se sub- 
levó contra las autoridades provinciales, cansada ya 
íle los reclutamientos y de las extorsiones. 

El movimiento fué debelado con facilidad; pero se 
culpó al Gobernador contra quien había prevenciones; 
se le despojó y se le instruyó un proceso; socediéndo- 
le en 1693 don Pedro Gerónimo Luis de Colmenares 
y Camargo. 

Amenazados constantemente los pueblos de la Pro- 
rincia con la presencia de los piratas en la costa del 
Norte, el Gobernador solicitó coii urgencia doscien- 
tas armas para organizar la defensa. 

Las autoridades del Reino, después de los informes, 
traslados y largas tramitaciones que acostumbraban, 
resolvieron favorablemente la solicitud, pero al cabo 
de diez meses, y ordenaron el envío do sólo ci)jcuonta 



)90 



HISTOKIA DK NIOAllAGüA 



escopetas, con las cuales puede fácilmente eomprea<: 
derse la ninguna resistencia que podía oponerse i' 
hombres tan osados y aguerridos como los piratas. 

En el año de 1696 se dividió la población de G-rana; 
da en bandos políticos, con motivo de las eleccione^ 
locales que fueron refiidas y escandalosas. 

Finalizó el siglo xvii con el establecimiento de^í 
tes de madera en la costa mosquita é introduocidii 
contrabandos por aquella vía á cargo de subditos m^ 
gleses, q[ue halagados por las grandes ganancias qaS 
reportaban, fueron ensanchándolos notablemente j 
dieron después pretextos para que Inglaterra alegase 
propiedad en este territorio. 



\ 



CAP. XVUI. — RESUMEN DEL SIGLO XVII 22') 



Pequeños grupos que hoy no se atreveríau á asaltar 
á un caminante, desembarcaban en nuestras costas y 
recorrían el territorio, entrando á saco las poblaciones, 
de la misma manera que cien anos antes, pequeños 
gmpos de españoles ejecutaban igual cosa con los pue- 
blos aborígenes. 

£1 padre de familia ignoraba al acostarse, si la hija 
más hermosa y apreciada, si la que era el eu canto do 
su hogar y la esperanza de su vejez, podría amanecer 
á su lado libre y feliz como hasta entonces. 

El marido tampoco estaba seguro de que la esposa 
con quien se acostaba, no despertaría en otros brazos. 

Hordas de asquerosos bandidos se presentaban á la 
hora menos pensada; y las hijas más queridas y las 
esposas má¿ tiernas, tenían que ser repartidas entre 
ellos y convertirse en esclavas y meretrices. 

Resístese la mente á concebir la horrorosa existen- 
cia de nuestros antepasados durante el siglo xvii. 

Figurémonos por un momento todo lo que sufriría- 
mos, si llegara un día en que nos viésemos sorprendi- 
dos por una chusma feroz, hedionda á pólvora y aguar- 
diente, que después de incendiar nuestros hogares, de 
robarnos hasta el vestido que lleváramos puesto, arre- 
batasen á nuestras madres, á nuestras esposas, á nues- 
tras hijas, á nuestras hermanas, las violasen y escar- 
üeciesen á nuestra vista; y riendo de su llanto, ha- 
ciendo irrisión de su desnudez, las alejaran de nues- 
tro lado para siempre, poniendo de por medio mares 
lejanos, convertidas por el derecho de conquista, en 
degradadas esclavas. 

Tal acontecía con los infelices colonos del siglo xvii, 
en quienes se repetían fielmente lo que sus anteceso- 
res ejecutaran cien años antes y eu los mismos luga- 
res, con los indios americanos. 

Y sin embargo, hay todavía en las Américas, ver- 
lo 



224 HISTOlUA DE NICARAGUA 



recorrido, nada que mereciera la pena de apetecerse. 

Durante el siglo xvi la llegada de los españoles, que 
asesinaban, incendiaban y robaban á los pueblos en 
nombre del Rey y de la fe, es un acontecimiento que, 
como dice un escritor moderno, "pone horror en el 
corazón y lágrimas en los ojos.'' 

Avanza la conquista, y los dominadores hacen pe- 
recer á millones de americanos entre los horrores de 
la más cruel y despiadada esclavitud ; mientras ellos, 
hartos de sangre y de riquezas, y sin otra ley que la 
del más fuerte, se acuchillan entre sí, disputándose los 
despojos de América. 

Nada hay en todo esto, que merezca recordarse con 
agrado. Por el contrario, aquel siglo de depredacio- 
nes, de esclavitud y de exterminio, se presenta á nues- 
tros ojos así como esas terribles maldiciones de Jeho- 
vá, de que nos habla la leyenda hebrea, ó bien como 
esos fantásticos castigos con que los profetas de las 
doce tribus amenazaban al pueblo de Israel. 

Aparece el siglo xvii, siglo también de quebrantos 
y sufrimientos para la raza americana; pero en el cual 
llega la hora de la expiación para la raza conquista- 
dora. 

Espaüa se adueña de un mundo que no le pertene 
ce, invocando el bárbaro derecho de conquista, y con 
ese mismo derecho, aventureros de todas partes, la ra- 
lea de los países europeos, se posesionan de los mares 
y saquean durante cien años el territorio americano, 
disputando á los españoles sus robos del siglo anterior. 

España, que sólo se acordaba de sus posesiones pa- 
ra esquilmarlas, las olvida en la hora del conflicto; y 
Nicaragua, rodeada de enemigos, sin ejército, sin ma- 
rina, sin armas y sin elementos de defensa, queda á 
merced del primero que se presentaba en son de gue- 
rra á j&uií puertas. 



CAP. XVIII. — RESUMEN DEL SIGLO XVII 225 



Pequeños grupos que hoy no seatreveríau á asaltar 
aun caminante, desembarcaban en nuestras costas y 
Tecorrían el territorio, entrando á saco las poblaciones, 
de la misma manera que cien años antes, pequeños 
grupos de españoles ejecutaban igual cosa con los pue- 
blos aborígenes. 

El padre de familia ignoraba al acostarse, si la hija 
más hermosa y apreciada, si la que era el encanto de 
su hogar y la esperanza de su vejez, podría amanecer 
á su lado libre y feliz como hasta entonces. 

El marido tampoco estaba seguro de que la esposa 
^ou quien se acostaba, no despertaría en otros brazos. 

Hordas de asquerosos bandidos se presentaban a la 
hora menos pensada; y las bijas más queridas y las 
esposas mág tiernas, tenían qué ser repartidas entre 
ellos y convertirse en esclavas y meretrices. 

lístese la mente á concebir la horrorosa existen- 
cia de nuestros antepasados durante el siglo xvii. 

'^gurémonos por un momento todo lo que sufriría- 
mos, si llegara un día en que nos viésemos sorprendi- 
dos por una chusma feroz, hedionda á pólvora y aguar- 
diente, que después de incendiar nuestros hogares, de 
robarnos hasta el vestido que lleváramos puesto, arre- 
batasen á nuestras madres, á nuestras esposas, á nues- 
^í*as hijas, á nuestras hermanas, las violasen y escar- 
íiGciesen á nuestra vista; y riendo de su llanto, ha- 
cendó irrisión de su desnudez, las alejaran de nues- 
tro lado para siempre, poniendo de por medio mares 
lejanos, convertidas por el derecho de conquista, eu 
degradadas esclavas. 

Tal acontecía con los infelices colonos del siglo xvii, 
en quienes se repetían ñelmente lo que sus anteceso- 
res ejecutaran cien años antes y en los mismos luga- 
res, con los indios americanos. 
Y sin embargo, hay todavía en las Amóricas, ver- 

15 



22(í UISTOKIA DE NICAUAGUA 



gÜGDza da decirlo, quien suspire por hs felices tiempos 
fie España ! 

ludependientemente de las invasiones de los piratas 
y filibusteros, la vida social del siglo xvii en las colo- 
nias, no pudo ser más odiosa y aborrecible. 

Los peninsulares, en quienes forzosamente tenían 
quo rolar todos los poderes, continuaban mirando las 
colonias como al principio de la conquista. El Nuevo 
Mundo no era parte del territorio español, sino pose- 
siones del Rey, ó lo quo es lo mismo, rica mina que 
sólo existía para ser explotada en provecho del admi- 
nistrador y del dueño. 

En aquellos tiempos de desorganización y anarquía, 
la misma Iglesia Católica fué objeto de especulación. 

Cada Obispo era por lo regular un reyezuelo, tan 
déspota é insoportable como los gobernadores espa- 
ñoles, con quienes se repartían hermanablemente del 
botín, ó con quienes entraban en contiendas escanda- 
losas que conmovían la sociedad, disputándose hono- 
res, jurisdicción y lucros. 

Hubo entre el clero excepciones bien raras como 
Las Casas y otros dominicos, entre nosotros; Montesi- 
nos, en Santo Domingo y Claver, en Cartagena; pero 
con ser excepciones vinieron a confirmar la regla ge- 
neral. 

A América* sólo podía venirse de Europa con obje- 
to de reunir riquezas. Dinero y mas dinero fué siem- 
pre la consigna de todos los españoles quo llegaron, 
ora vistiesen la (íoraza militar, la toga del letrado, la 
sotana del clérigo, el sayo del monje ó la púrpura del 
prelado. 

Eran hombros y rendían tributo a la< ideas de la 
época. 

A mediados del siglo xvii algunas colonias tenían 
ya riqueza agrícola; pero en Nicara<]:ua no existía más 



O.U». XVIII. — ^RESUMEN DEL SIGLO XVII 227 



\ 



agrícoltura que los pobres cereales de los indios y las 
siembras de tabaco, qne se hacían por cuenta de la 
Corona. 

También se cultivaba en pequeña escala el cacao, que 
se consumía entre las familias acomodadas del país 
! 7 pequeñas cantidades de chancaca, dulce ó rapadura. 
[ El tabaco, entonces ya de uso general, y cuyo fácil 
; eoltivo pudo ser un poderosísimo elemento de riqueza 
pública, se hallaba estancado. 

La historia del tabaco, aunque muy generalizada, 
vamos á reseñarla ligeramente, por creerla necesaria 
para el mejor conocimiento del origen de nuestros 
principales productos. 
Tanto el tabaco como el uso que de él se hace en el 
- día, son de origen esencialmente americano. 

Una expedición que al interior de Cuba mandó el 
descubridor del Nuevo-Mundo, en octubre de 1492, 
^contró esa planta que, saboreada en rollo por los in- 
dios, no debía tardar mucho tiempo en generalizarse 
por Europa. 

Los primeros que usaron el taba ó tabac^ según lo 
llamaban los indígenas, fueron nuestros conquistado- 
^ y los navegantes españoles, que iban del Viejo al 
Í^uevo-Mundo. 

En relaciones con Cádiz, San Lúcar y Sevilla, los 
inarinos españoles hicieron probar la aromática plan- 
ta á los habitantes de estas ciudades que, siendo en 
fiuropa los primeros en gustarla, hubieron de propa- 
gar su uso á muchas otras naciones. 

Esto no obstante, como el sistema prohibicionista 
rigiese en aquel entonces de un modo inexorable, prin- 
cipalmente en todo lo que se refería á los productos 
coloniales, hasta el año de 1560, Francia no recibió 
esta semilla, la cual aportada allí por Juan Nicot, fué 
llamada Nicotmna. 



218 UISTOltIA DE NICAKAGUA 

Eu el mismo año se publicó también la Becopilacióu 
de Indias. 

En 1681 fué nombrado Gobernador don Antonio 
Coello. 

El temor por las invasiones de filibusteros, adorme- 
cido un momento con la seguridad que prestaba al- 
(.^astillo últimamente construido, vino á despertarais 
más, convirtiéndose en verdadero pánieo, cuando s^^ 
supo, que el filibustero Charpe recorría las costas de^ ^ 
Sur. 

Amenazados por ambos mares y sin medios de de- 
fensa, la desesperación era grande, no sólo en Nicara 
gua, sino taTubién eu todo el Reino. 

Por fin, en 1683 el temible enemigo se presentó e* 
el Realejo con tres navios de guerra. Parecía perdL. 
da toda esperanza, cuando el Maestre de Campo, doB 
Lorenzo González Calderón armó inmediatamente coi 
recursos propios, mil hombres reclutados en los pue " 
blos inmediatos á León, y se situó con ellos en el Car -^ 
don. Los piratas se retiraron sin atreverse á desem^ 
barcar, así que vieron semejante ejército. 

González Calderón continuó manteniendo por más 
de tres meses aquella gente, hasta que desapareció to- 
do peligro. 

Parece inverosímil que lo que podía hacer un sólo 
vecino de la Provincia, no estuviera al alcance de las 
autoridades del Reino; pero éste había entrado en tal 
decadencia 5^ era tanto lo que lo explotaba Espaüa, 
que carecía de recursos hasta para su propia defensa. 

Acompañaba á González, dando valor y aliento con 
su presencia, el Gobernador don Pedro Alvarez Cas- 
trillón, que había sucedido al señor Coello desde 1682. 

Las anteriores alarmas y la constante inquietud hi- 
cieron descuidar las siembras de granos, y los víveres 
esjcasoaron mucho, teniendo quo pagarse por ellos un 



CAPÍTULO XIX 

Sncesos del slgrlo XVIII 



Fallecimiento de Ceurlos II~Estado en que dejó á la Na- 
den eepalLola — Su reinado — Juicio sobre los Reyes de la ca- 
sa de Austria en Espafia— Carlos II instituye por heredero 
ds sa Corona á Felipe de Anjou — Inaugura éste su reinado, 
tomando el nombre de Felipe V— Don Miguel de Camargo 
es nombrado Gobernador de Nicaragua— Es destituido — Le 
Buoede don Sebastián de Arancibia y Sasi— Establecimien- 
tos ingleses en las costas — Auxilios que reciben de Jamai- 
cir-Habitantes de la Mosq\iitia— Miseria general de Nica- 
»Otui— Disposiciones de las autoridades superiores del Rei- 
no-Abandono de la ciudad de Segovia— Llegada del Obis- 
po Ganet y Arlovi— Sus pretenciones, sus disputas, su ex- 
tiafiamiento y muerte — Cuestiones del Gobernador con el 
^'Bsorero — Juicio de residencia que se sigue á Arancibia— Lo 
'Bemplaza en la Gobernación Duque de Estrada— Motín de 
la ciudad de León— Resolución del Gobierno de Guatemala. 
Se nombra de comisionado á Lacayo — Destitmdo Duque de 
E^stmda, ocupa su lugar Poveda— Proceso que se manda 
QStruir— Dificultades con el clero— Asesinato de Poveda. 
^nsideraciones sobre este suceso. 



El primero de noviembre del año de 1700, deséen- 
lo á la tumba el Bey don Carlos II, conocido con el 
»brenombre del Hechizado. Este Monarca, el últi- 
o de la poderosa casa de Austria en España, dejó 
Reino en tal situación, que los virreinatos, presi- 
oieias, gobiernos políticos, tenencias militares y de- 
as destinos, se encontraban vendidos y rematados 
i el mejor postor. 

Era tanta la pobreza de España, que no tenía ni un 
kvío, ni un militar, ni un sabio, ni un buen político; 



230 HI8T0BIA DE NICARAGUA 



nada en fin de lo que constituye la seguridad ó la glo- 
ria de una nación. 

España había tocado ya el último grado de la ab- 
yección y la miseria. Carlos II, juguete de venales 
cortesanos, que traficaban con su pusilanimidad y su 
idiotez, lo había conducido hasta el abismo. El ce- 
tro quizás fué para él un martirio, pues carecía de vo- 
luntad para el bien y para el mal, y no había nacido 
para el trono, sino para el claustro.- 

Su muerte puso fin á la dinastía austríaca en Espa- 
ña, que reinó durante ciento ochenta y cuatro años. 
Carlos I y Felipe II, según la expresión de un histo- 
riador moderno (1 ), ensancharon sus dominios ; Feli- 
pe III pudo apenas conservarlos ; Felipe IV y GarIo€ 
II los perdieron. Dos días de lucha, uno de descanso 
y dos de agonía: de dicha y verdadera grandeza, nin- 
guno. 

Mr. Mignet, al recorrer los hechos de los cinco re- 
yes de la casa de Austria en España, ha dicho tam- 
bién, con mucha propiedad: "Carlos V fué Q-eneral 
y Rey; Felipe II sólo fué Rey; Felipe III y Felipe 
IV ya no fueron reyes; y Carlos II, ni siquiera hom- 
bre No solamente no supo gobernar, sino que ni 

aun pudo reproducirse. ^ 

Las naciones de Europa, que vieron á Carlos II 
enfermo de alma y cuerpo y sin sucesión, trataron 
primero de nombrarle un heredero, y después, en el 
tratado de La Haya, en 1668, dispusieron repartir la 
Monarquía española entre todos los que alegaban 
algún derecho. 

Carlos, á pesar de su idiotismo, logró comprender 
su triste papel, y lleno de indignación hizo un esfuer- 
zo para evitar aquel repartimiento. Dispuso hacer 



(1) Eduardo Chao -Historia de Kspaha, 



I 

! 



. CAP. XIX — SUCESOS DEL SIGLO XVllI 231 



i su testamento; pero creyéndose hechizado, consultó 
r con el Papa Inocensio XII; y ocho días antes de su 
muerte, instituyó de heredero de la Corona de España 
á Felipe de Anjou y Borbón, nieto de Luis XIV de 
Francia y de la Reina María Teresa de Austria, her- 
mana del testador. 

Fué Felipe de Anjou el primer monarca español de 
la casa de Borbón, é inauguró su reinado el 1? de fe- 
brero de 1701, cuando la decadencia de España tocaba 
á 8u término. 

i En 1705 so hizo cargo do la Gobernación de Nica- 
ragua el Maestre de Campo don Miguel de Camargo; 
pero tuvo ruidosas contiendas por asuntos do gobier- 
Jio, con los habitantes de Segovia; y la Audiencia, en 
acuerdo de 22 de octubre del mismo año, lo destituyó 
de su empleo y lo confinó á la ciudad de Granada. 
En 8u reposición obtuvo el nombramiento de Gober- 
nador don Sebastián de Arancibia y Sasi. 

Por este mismo tiempo, los establecimientos ingle- 
sas de la costa mosquita, no solamente se encontra- 
^n aumentados, sino que habían organizado una 
nneva sociedad con autoridades inglesas, que resi- 
dían en la recién fundada ciudad de Bluefields. (Cam- 
pos celestes.) 

Desde el año de 1(336, la isla de Jamaica había sido 
tomada á viva fuerza por tropas inglesas, enviadas 
por Carlos Estuardo, que lograron desalojar, después 
de algunos años, á los españoles. 

De Jamaica, en donde existía un Gobernador, se 
proveía á las necesidades de los establecimientos mos- 
quitos y se enviaban armas y elementos de guerra á 
los naturales, con objeto de lanzarlos al interioi* de hi 
Provincia. 

LiOS habitantes de la Mosquitia no eran ya los anti- 
jraos caribisis que conoció Colón y que resistieron 



l!32 IIISTOIUA DE NICAUAGUA 



siempre la catequización española. Negros, uáufr»-" 
gos de varios buques tratantes, arrojados por la ten^ 
pestad á aquellas playas, se habían mezclado con ello^-v 
y sus descendientes, verdaderos zambos, componíaf» 
mueha parte de la nueva población. 

Tanto los negros como los indios, odiaban á muer — 
te á los españoles, y sus hijos, que heredaron ese le — 
gado de mala voluntad, i'ecibieron con gusto á los pi^ — 
ratas y aventureros ingleses, que llegaban animado^ 
del mismo sentimiento de odio y que les proporcio — 
naban armas y el medio de vengarse de los extenni — 
nadores de sus antepasados. 

Habiéndose tenido noticia en Granada, en 1709--a 
de que la canoa que hacía la guarda del Castillo, ha — 
bía sido sorprendida por tres botes de ingleses y zam — 
bos, entró en alarma toda Nicaragua y se determinas 
enviar un correo a Guatemala demandando aaxilicr:^ 
del Capitán General del Reino; pero era talla miserií^ 
de la Provincia, que en sus cajas no hubo dinero sufi^ — 
ciente para sufragar el gasto de ese correo. 

El Gobernador, que estaba empeñado en que se lie— 
vase á efecto la medida acordada, se dirigió al comer- 
í*io de Granada excitando su patriotismo é invocaúdo 
la salvación común, para que le ayudaran en el gasto. 
Los <'omerciantes se apresuraron á entregar sus lla- 
ves para que el Gobernador tomara cuanto tenían, y 
una vez reunido, resultó que apenas llegaba el total 
á treinta y cuatro pesos y medio. La miseria, como 
se v(», no podía ser más completa. 

Pudo, por fin, después de vencer nuevas dificulta- 
des, enviarse el correo á Guatemala, dando parte del 
peligro que amenazaba; pero las autoridades supe- 
riores se contentaron con prevenir al Gobernador que 
organizara y disciplinara sus milicias. 

Los habitantes de la ciudad de Segovia, que vi- 



CAP. XIX — 8UCE808 DEL SIOIA) XVllI 2^ 



vían constantemente alarmados con la proximidad 
del río Coco, temiendo á cada momento una invasión 
de los zambos, abandonaron la ciudad en 1711, y se 
dispersaron por los campos y lagares que creyeron 
más segaros. 

El Oobernador se cansó en vano de querer conven- 
cerlos de la necesidad que tenían de volver á sus ho- 
gares. Se trasladó con tal propósito á Segovia, para 
darles valor, y agotados los medios de persuacióu, los 
conminó con multa, pero todo inútilmente. 

Lps habitantes de Segovia tenían sobrada justicia 
para el paso que dieron. La ciudad era de importan - 
cía, carecía de medios de defensa y estaba en un lugar 
apartado y á orillas de un caudaloso río. Maa que 
imprudencia, temeridad habría sido, el continuar vi- 
viendo en semejante lugar. 

Abandonada Segovia, que era la ciudad única que 
podía avisar del avance de los zambos por el lado nor- 
te, las poblaciones del interior quedaron expuestas a 
ser sorprendidas. Así lo comprendió el Gobernador, 
é hizo grandes esfuerzos por organizar una compañía 
de conquista en las inmediaciones de Segovia; pero 
sus esfuerzos tampoco obtuvieron éxito en esta parte. 

En el mismo año de 1711 llegó á Nicaragua Fray 
Benito Garret y Arlovi, nombrado Obispo de la dió- 
cesis de León. 

El nuevo Prelado estaba poseído, no solamente de 
nna insaciable sed de mando, sino que tomó el singu- 
lar empeño de que todos los asuntos y también todas 
las autoridades estuviesen sujetos á la jurisdicción 
episcopal. Llevó sus exigencias hasta pretender que 
en su palacio y presididas por él, tuviese sus juntas 
el Ayuntamiento; reprendió con acritud á un Regidor, 
porque dio el título de Gobernador, en su presencia, 
al señor Arancibia, agregando, que donde él estuviera 



234 HISTORIA DE NIGA&AGÜA 



no podía haber otra autoridad que la suya; y por últi- 
mo, no encontrando hasta allí oposición en el Gober- 
nador, pretendió que éste y los capitanes suscribie- 
ran una acta reprobando la conducta de un canónigo 
con quien estaba enemistado, lo cual no pudo obtener. 

La soberbia del Obispo aumentaba cada día, al ex* 
tremo de entrar en altercados con el Supremo Tribu- 
nal de la Audiencia, de quien se imaginó ser superior. 
La Audiencia le despachó tres cartas de f uerza, y co- 
mo se resistiera á obedecerlas, fué extrañado del obis- 
pado, en 4 de julio de 1716. La cólera que produjo 
esta contrariedad en Fray Benito fué tal, que murió 
repentinamente. 

Después del suceso del Obispo, tuvo todavía el Go- 
bernador Arancibia un altercado con el Tesorero don 
Ambrosio de Betancourt, á quien mandó procesar por 
contrabando; produciendo este acontecimiento un 
gran escándalo, por ser el Tesorero persona muy que- 
rida é influente. 

Por fin, el 21 de agosto de 1721, cesó el señor Aran- 
cibia en sus funciones de Gobernador, por auto de re- 
sidencia que recayó en su contra, sucediéndole, eu 
1722, el Sargento Mayor de batalla, don Antonio Po- 
veda V Rivadeneira. 

Por este mismo tiempo Nicaragua permaneció eu 
constante inquietud, amagada de continuo por los zam- 
bos, que hacían frecuentes correrías en los territorios 
de Costa-Rica y Honduras, á donde penetraban por el 
río de Matina y por el puerto de Trujillo, respectiva- 
mente. 

Los zambos se habían apoderado del río Colorado, 
ramal del San Juan, y se les desalojó en 1724, después 
de un reñido combate en aquellas aguas. Con este 
triunfo pareció alejarse el peligro, y la calma renació 
en la Provincia. 



CAP, XIX SUCESOS DEL SIGLO XVllI 2^Í5 



A fines del misino año fué mandado residenciar el se- 
ñor Poveda, y nombrado en su lugar el Almirante don 
Tomás Duque de Estrada. 
En 1724 se verificó también la abdicación que de la 
' Corona de España hizo Felipe V, en favor de su hijo 
don Luis, Príncipe de Asturias, que subió al trono con 
^\ nombre de Luis I. 

Desde que Felipe V inauguró su reinado, como ¡^n- 
cesor de Carlos II, la casa de Austria protestó, y p<ir 
medio del Emperador Leopoldo I de Alemán ía^ pro- 
movió una coalición contra los Borbones, á pretexta* de 
impedir el engrandecimiento de Luis XIV y de con- 
servar el equilibrio europeo. 

Tuvo, pues, el Monarca español que sostener, aliado 
con Francia, una guerra de doce años, que se termino 
con la paz de ütrech, en 1713. Se oUifcó Felipe V i 
renunciar sus derechos eventuales á la Corona fi*^ 
Francia y á consentir en que Cárdena, Skpr»if-A, 3Í,- 
lán y Flandes, se adjudicasen á la easa de Ar^.^rrát. / 
Sicilia á la de Saboya, qne'landv GíhTsufAi* 7 yt^^.r,^ 
ca en poder de Inglaterra. 
Terminada así la íruerra, ^:?:abíe*r>S ^ ,#>-; > íh-,.- 

sión al estilo francés, exciayerido 4 .a^, v. ;, .* 

luego se dedicó á reorganizar ¿rl feea.v., :'','n.'V/vt...t.. 
la agricultura y la inda^tria* ^^z.''jt.cAt\ aj» íi^'v-* 
busteciendo la marina y err.pf>r.'^>n.v, '^./f/,*/ s- 
ntilidad pública en todo '*^,rivA<i, 

Las tentativas del llrrií*':;<, A.'*e^%»^.. ofls^-t ••,-,.• -f 

las posesione* antier::*.* -íe £*íí4.'1a ; ;a-'í -.i*- r -í i^- 

^^Kíupara la regencÍA 'ie jí }í'.^jtr\//.ii *.^\At'>^4-^ -- , .. 

'lieron otra z^^t^ rT*»er>vír rr. a .i.* íUt^ííi.h <: x^'-^ 

'•on Rusia 7 Sirria, i^j^', '-.-r^r*^ rí-VAi-níí^ crji*^- ' 

-Wnsaüia v Frai-rU. rji.>^t j* ;**« -> T-/*- /:-< • < .-. /, 




23tí UI8TOKLA. D£ NIOAUAGUA 



negocios, é inclinado, según decía, ¿ la soledad y ^ 
ejercicios de devoción, renunció la Corona de Españsk 
y se retiró al sitio de San Ildefonso, donde había le- 
vantado un soberbio palacio con amenos y frondosos 
jardines, que importaba á la Nación idgo más de 
veinticuatro millones de duros; señalándose además, 
lina pensión vitalicia de seiscientos mil pesos al año. 

El verdadero móvil de la abdicación de Felipe V 
fué su deseo de ser Rey de Francia. El joven Luis 
XV se vio á la muerte en aquellos días y su desapa- 
rición se creyó segura. Para sucederle necesitaba re- 
nunciar de la Corona de España que le alejaba del 
trono francés. 

Las gestiones de Felipe Y fueron tan manifiestas, 
que la Corte de Inglaterra, que se asustó macho te- 
miendo la preponderancia que tomaría Felipe, inter- 
vino en Francia para que se impidiese al pretendiente 
español un viaje que proyectó en aquellos mismos días. 

Luis I, niño casi, sin práctica y sin aptitudes, fué 
siempre un instrumento de su padre que, desde San 
Ildefonso, continuó mandando por su medio. Levan- 
tóse con este motivo, en la Corte de Madrid, un par- 
tido que trató de independer al Monarca de aquella 
tutela, y probablemente habrían logrado su objeto con 
el tiempo, si un ataque violento de viruelas no hubie- 
ra llevado á la tumba al joven Luis, el 31 de agosto 
de 1724, á los diez y ocho años de edad y cuando ape- 
nas contaba ocho meses de su reinado. 

Felipe V, que estaba arrepentido de su abdicación, 
obligó al hijo á que suscribiera un testamento en que 
lo instituía heredero y albacea del trono español; y 
apenas hubo muerto, se presentó en Madrid recogien- 
do la herencia. Lo dejaremos nuevamente en el tro- 
no de España y seguiremos relacionando los sucesos 
de la Provincia de Nicaragua. 



CAP. XIX — SUCESOS DEL SIGLO XVIII 237 

En el mes de agosto de 1725, estalló un motín en- 
tre los jefes y oficiales del cuartel de León, con moti- 
vo del nombramiento de Maestre de Campo, hecho 
por el Capitán General, en don Vicente Luna y Vic- 
toria. 

El Gobernador sofocó el motín, reduciendo á pri- 
sión á los insubordinados. Creyó con esto terminado 
todo, y se retiró á descansar por algunos días á la po- 
blación de Masaya. 

No bien se hubo ausentado el Gobernador, los in- 
surrectos volvieron á amotinarse, protestando enérgi- 
camente contra el nombramiento de Maestre. 

El Gobernador sacó de Masaya una fuerza compe 
tente y se dirigió á León. En el camino encontró co- 
misionados del Cabildo eclesiástico, ordenándole, en 
nombre de éste, su inmediato regreso y prohibiéndole 
la entrada á la ciudad rebelde, bajo pena de excomu- 
nión mayor. El clero de aquel tiempo hacía con fre- 
cuencia uso abusivo de los anatemas eclesiásticos, y 
como lo hemos visto, quería intervenir en todo y do- 
minar en absoluto á la sociedad. 

A pesar de las preocupaciones de la época, el Gober- 
nador despreció las amenazas del Cabildo y aceleró su 
marcha á León. A su 'llegada convocó al pueblo pa- 
ra oír sus quejas; y éste, alentado con aquella conce- 
sión, que tradujo por debilidad, se amotinó nueva- 
mente y se dispersó en grupos por las calles, vocife- 
rando contra las providencias de la autoridad. 

Llegaron en esos días los despachos del Capitán 
Genera], á quien se había informado de todo lo que 
ocurría, y en ellos se ordenaba al Maestre de Campo, 
que pasara á Guatemala á recibir órdenes, y se nom- 
braba de comisionado para pacificar la Provincia, al 
Sargento Mayor don José Antonio Lacayo de Briones. 
El comisionado, con tino y sagacidad, logró calmar 



238 HlSTüUlA DE NICAUAGCA 



la oforvescencia popular, quitó al pueblo cerca de qui- 
nientas armas, seis cañones y muchas municiones que 
tenía; y dio cuenta con la información respectiva al 
Capitán General. 

El Gobernador Duque, que resultó culpable, fué lla- 
mado por la Audien(».ia, y en su lugar fué nombrado 
por segunda vez, para Gobernador de la Provincia, 
don Antonio Poveda y Rivadeneira, el 26 de enero de 
1727. 

El Capitán General ordenó además, al nuevo Go- 
bernador, que procesara á los principales autores del 
movimiento anterior y que les impusiera el merecido 
castigo, para evitar que se repitieran iguales sucesos 
en lo venidero. 

El clero de León había sido el principal agente de 
las maquinaciones, y el Cabildo eclesiástico^ como se 
recordará, fué el que prohibió al Gobernador Duque, 
bajo pena de excomunión, que entrara á la ciudad. 

Ardua y peligrosa tarea se daba, por consiguiente, 
al señor Poveda, y comprendiéndolo éste así, se diri- 
gió al Capitán General, pidiéndole autorización para 
levantar fuerzas suficientes y tomar otras medidas de 
precaución. 

Mientras tanto procuro, con habilidad y disimulo, 
sustraer de León mucha parte del armamento y muni- 
ciones existentes. 

En el mes de junio recibió a>iso el Gobernador, de 
que en el Colegio Seminario había con frecuencia reu- 
niones públicas de seglares, en las que aealoradsmen 
te se discutía sobre los meiiios de levantar el pueblo, 
consintiéndose ademáis, juegos prohibidos, en que to- 
maban parte los alumnos. 

El Gobernador de la Provincia se dirigió entonces 
al GoWrnador del obispado, quejándose de aquellos 
hechos y denunciando al Rov^tor Presbítero don Este- 



CAP. XIX — SUCESOS DEL SIGLO XVUI 2o9 



ban Briceño, que era uno de los más activos anarquiza- 
dores. 

El Vicario eclesiástico mandó destituir al Rector y 
seguir la correspondiente información sobre los de- 
más hechos. Concluida la causa y dada la sentencia, 
se hizo fijar un cartel en la puerta principal del Cole- 
gio, notificando la destitución del Eector y prohibien- 
do las reuniones políticas y la continuación de los jue- 
gos prohibidos. 

No bien el juez ejecutor fijó el cartel, ante numero- 
sa reunión, cuando el Arcediano, don José Blásquez 
Dávila, saliendo precipitadamente de la catedral, se 
laDzó ciego de ira sobre el pliego, lo rompió en mil 
pedazos y estrujó éstos con violencia. 

Tanto el Gobernador de la Provincia como el del 
obispado, se encontraban en aquellos días de tempora- 
da en Masaya; pero al ser informados del suceso, re- 
gresaron precipitadamente á León. 

El pueblo estaba tranquilo; mas los clérigos se mois- 
traban muy inquietos, se movían en todas direccio- 
nes y no ocultaban sus miras y propósitos. 

A las 5 de la tarde del 7 de julio llegó á León el Go- 
bernador Poveda, acompañado de sólo un sirviente y 
se hospedó en la casa del Ayuntamiento. Al desmon- 
tar, mandó á tocar generala para reunir la fuerza pú- 
blica, causando con ésto mucho susto en los revoltosos, 
que Vieron una actitud enérgica que no aguardaban. 

Después de recibir muchas visitas, que fueron á fe- 
licitarlo por su llegada, el Gobernador quedó solo á 
las 7 de la noche y se retiró á su alcoba. Principia- 
ba á desvestirse, cuando ocho embozados llamaron 
suavemente en la puerta de la sala. Pensando que se 
trataba de nuevos visitantes, el Gobernador se apre- 
suró á recibirlos, pero al acercarse le dieron de pu 
Haladas. 



240 HISTORIA DE NICARAGUA 



Los asesinos huyeron, sin ser conocidos, y el autor 
del crimen permaneció siempre oculto á las pesquisas 
de la justicia. Nadie en aquellos tiempos se hubiera 
atrevido á acusar al Cabildo eclesiástico de aquel ase-« 
sinato ; pero esta.mos seguros que más de una persona 
de buen criterio, lo tuvo por autor principal del cri- 
men. Él era el iinico que conspiraba, el único tam- 
bién que podía t^mer de las providencias del señor 
Poveda y el único, en fin, que tenía interés en su 
muerte. 

Duro se hace tener que culpar de un asesinato tan 
cobarde y escandaloso á un gremio tan respetable; pe- 
ro la verdad histórica tiene que abrirse paso y mos- 
trarnos al hombre, en todas partes y en todas circuns- 
tancias, siempre débil y lleno do pasiones. 



CAPÍTULO XX 

Primera mitad del Hig*lo X VIH 



Es nombrado Gobernador don Pedro Martínez de XJpa- 
íno- Amagos de filibusteros— Vuelve á ser nombrado el Du- 
<)ue de Estrada— Administración de éste— Le sucede Gonzá- 
tez Fiíoria— Progresos de los mosquitos— Se nombra Gober- 
nador á Ortiz- Progreso del Valle de Ri vas— Invasión pirá- 
tica— LacaycT de Briones es ascendido á la Gobernación— 
Insurrección de Padilla— Su proceso y muerte — Confina- 
nüento de don Felipe Gámez— Preparativos de defensa— Sa- 
queo de Jinotega— Fuga de los invasores— Excursiones de 
^ mosquitos — Llegan refuerzos de la Habana— Se ascien- 
^® á Lacayo — Le sucede en la Gobernación Cáceres Moline- 
<io— Vuelve á encargarse Lacayo del gobierno político- 
Inauguración de la silla metropolitana— Muere el Rey Feli- 
I^V— Noticia de su reinado— Le suced 3 su hijo Fernando 
^I-Llegada de Fernández de Heredia — Paz de Aquisgrán- 
Contrabando inglés— Invasión de Chontales— Situación ge- 
^cpal de la Provincia. 



Por luuerte del seüor Poveda fuó nombrado (jober- 
^*ador de la Provincia, el Sargento Mayor don Pedro 
^lartíuez de Uparrio, que tomó posesión de su desti- 
»4o el 26 de agosto de 1727. 

Durante su corto gobierno, que fué de un año, hubo 
íimago de filibusteros en el río, y la Audiencia le pre- 
vino vigilancia y lo auxilió con l(i botijas de pólvora 
y cuatro piezas de artillería. 

En agosto de 1728 fué nombrado por segunda vez 
Gobernador de la Provincia, don Tomás Marcos Du- 
que de Estrada, pedido con instancia por el pueblo y 
milicias. 

k; 



242 HISTORIA DE NICAKAOrA 



La nueva Administracióu del Duque de Estrada fué 
t'oustantemente combatida por el antiguo Tesorero 
Betauííourt que, apoyado por el clero y con influen- 
cias on la Corte, no solamente le disputó su jurisdic- 
ción, sino que cometió otros tantos abusos en el ejer- 
cicio de su empleo, y además defraudó el Tesoro pú- 
blico y redujo al Gobernador a vivir sin autoridad. 
El Duqiuí do Estrada, aleccionado con lo que le había 
pasado anteriormente, se mostró tolerante y sólo se 
limitó ú dar informes al Capitán General. 

En 17ÍM) fué nombrado Gobernador de la Provincia 
don Bartolomé González Fitoria. Por este mismo tiem- 
po Ui Gaceta de (iaatemaía calificaba á los mosquitos 
de pueblo rival del Reino, y no sin cierto despecho 
hacía notar fjuo tenían marina, que recorrían el mar 
de las Antillas, que poseían un comercio libre cou el 
(exterior, armas y cuanto necesitaban; mientras que 
<Mi el Reino faltaba mucho de todo eso. 

lín 17oí> aparece don Antonio dc> Orti/ ejerciendo 
funciones de flo))ernador de la Provincia. 

En su tiempo, el Vallo de Rivas fué ascendido á la 
categoría do villa de Nicaragua. Esta se aumentaba 
prodigiosamente con una emigración constante do los 
demás pueblos del interior y con especialidad de Gra- 
nada. 

La nueva villa, situada en (lond<* existió la antig^ia 
y floreciente ciudad indígena de Nicaraocallí, era el 
centro de cuatrocientas ricas haciendas de cacao, que 
producían anualmente» cuatrocientas mil libras de 
aquel rico producto, del cual t binaba el clero un diez- 
mo de cuarenta mil libras, una cuantiosa nrimieia v 
el beneficio de varias capellanías. 

Líis autoridades de Granada por uiui parte, y el pá- 
rroco dr^ la misma ciudad por otra, si» opusieron con 
todas sus fiHTzas al levantamiento do aquella i)obla- 



•I 



CAt^, XX. — PRIMEAA MiDAD, ETC. 248 



sión rival; y después de una disputa un tanto pro- 
longada, los de Bivas lograron salir triunfantes, eri- 
péndose en villa á su despecho y obteniendo autori- 
cbdes y párroco propios. 

En 1740 sufrió Nicaragua un brusco ataque, que fe- 
tinnente pudo rechazar. El primer Superintendente 
de la costa de mosquitos y el General inglés Mr. Han- 
dyae, concibieron el atrevido proyecto de apoderarse 
íA Bealejo^ cuyo nombre proyectaban mudar en el de 
Puerto Eduardo, (1) La excursión se llevó á efecto, 
apoyada por las autoridades de Jamaica; pero el éxi- 
to no correspondió al esfuerzo que hicieron. 

El 21 de noviembre de 1740 fué nombrado Gober- 
nador el Regidor don José Antonio Lacayo de Briones. 

De tránsito para León, supo el nuevo Gobernador 
qoe el mulato Antonio Padilla, Capitán de una de las 
compañías de pardos ó gentes de color, y algunos otros, 
intentaban amotinarse y oponerse de hecho á la toma 
de posesión porque deseaban para Gobernador á don 
Felipe Gámez Mesía, Maestre de Campo de la Provin- 
cia y Corregidor del Realejo. Lacayo no se detuvo por 
wto, y apenas llegó á León tomó posesión solemne de 
80 destino, recibiendo, dos días después, del propio don 
Felipe Gámez, muestras de sumisión y confianza. 

Sin embargo. Padilla continuaba moviéndose do 
loa manera sospechosa, trabajando desembozadamen- 
e por Gámez y por un movimiento revolucionario. 
En tal estado las cosas y estando amenazado el país 
>or los ingleses, entonces en guerra con España, dis- 
puso Lacayo pasar revista de las cuatro compañías do 
% plaza, en un día determinado. Formado^ las cohi- 
anías de infantería, fueron amunicionadas todas, ex- 
eptuando solamente la de Padilla. Éste mandó re- 

íl ) Marnre — Memoria soltre rl ranal — 1845. 



244 HI8T0KIA DE NICARAGUA 

■ - I - - 11 ---■■■iMB ■■ --■■ ■ ■ - m ^ -m — » M ■ 

clamar las municiones por medio de un sargento; pero 
el Gobernador contestó al mismo sargento, ordenán- 
dole que se retirara de la compañía con todos los sol- 
dados, á quienes debía advertir que tenían obligación 
de abandonar á un Capitán traidor al Rey. 

Cuando Padilla fué impuesto de aquella contesta- 
ción, protestó á grandes voces contra el calificativo y 
lleno de indignación dio la orden de marcha, sin pedir 
permiso, manifestando que acuartelaría la gente en sn 
casa y que pelearía con armas blancas y piedras, si 
llegaba el caso de combatir á los enemigos del Bey. 
Lacayo mandó inmediatamente á reducirlo á prisión, 
lo procesó y lo condenó á muerte en pocos días. 

Estando el reo en la capilla hubo amagos de trastor- 
no, por lo cual Lacayo anticipó la hora de la ejecnción 
y le hizo dar garrote á media noche, colocando la ca- 
beza y una pierna en sitios públicos, para escarmien- 
to de los demás. 

Don Felipe Gámez Mesía, contra quien no apareció 
responsabilidad fué, sin embargo, separado de los em- 
pleos que desempeñaba y enviado á la plaza de Gra- 
nada, para vigilar al enemigo ; se dio de baja á alga- 
nos capitanes, y con estas y otras medidas enérgicas, 
se restableció del todo la tranquilidad. 

Amagada la Provincia por nuevas invasiones de los 
ingleses, el Gobernador, que era hombre muy activo, 
mandó formar un inventario escrupuloso del arma- 
mento (jue existía, á reparar las armas quo estaban 
dañadas y á establecer cuarteles formales en León y 
Granada. 

. La Audiencia, á instancias repetidas de Lacayo y 
obedeciendo órdenes de la Corfce, reforzó el armamen- 
to de la Provincia con cien fusiles, cincuenta quinta- 
tales de pólvora, seis mil balas, y otras cuantas muni- 
ciones. 



CaI». IX. — PKiMEitA Mitad, etc. 245 



Esos pobres y mesquinos auxilios eran del todo in- 
suficientes para resistir á la armada inglesa que nos 
amenazaba; pero no podía hacer más el Gobierno de 
Clnatemala, porque de España no se le enviaba nada. 

Mny oportunas fueron todas las medidas preventi- 
vas tomadas por el Gobernador Lacayo, para poner á 
Nicaragua en estado de defensa. El dfa 4 de noviem- 
bre de 1743, los ingleses y mosquitos, bien armados y 
en número de 150 hombres, se introdujeron por el río 
Goco y sorprendieron á los vecinos de Jinotega, sa,- 
qnearon las casas, las incendiaron después y luego se 
retiraron llevándose en sus embarcaciones cuarenta 
personas entre mujeres y niños. 

El Comandante de Estelí envió tropas en persecu- 
ción de los invasores; pero éstos, valiéndose de astu- 
cia, lograron escapar con todo lo robado. 

Las continuadas invasiones de los ingleses y zam- 
bee, y el haber caído la isla de Roatán en poder de los 
primeros, obligaron al Gobierno española mandar coas- 
íniir el Castillo de Omoa, que vigilaba la costa desdo 
¡a boca del golfo de Amatique, hasta el cabo de Gra- 
cias á Dios. 

A pesar del Castillo levantado en el río San Juan, 
is excursiones de los zambos se repetían año con año 
11 Nicaragua, llevándose mujeres y ganados, y seni- 
rando verdadero terror en todos los departamentos 
ú Norte de la Provincia. 

En tal estado los asuntos del interior, determinó la 
)rte de España poner en estado de defensa el Casti- 
I y río de San Juan, sobré el que se proyectaba uua 
rmal expedición por parte del Gobierno inglés, en- 
nces en guerra con el nuestro. Con tal objeto fue- 
n enviados á Nicaragua más de ochocientos fusiles, 
<5e piezas de artillería, municiones, dinero, ciensolda- 
s de línea de la Habana con sus correspondientes 



240 HI8aX>BTA DE NIGAUAGUA 



oficiales, sargentos y artilleros, una galera y algonof 
otros auxilios. 

Dio orden el Eey de que se organizaran milicias en 
toda la Provincia, y reconocida la aptitud del señor 
Lacayo, se le expidió título de Comandante General 
de las armas, en 4 del mes de mayo de 1745. 

Por el repentino ascenso de Lacayo, fué nombrado 
Gobernador en su lugar, don Francisco Antonio de 
Cáceres Molinedo, que sólo se encargó de las funcio- 
nes civiles. 

El ascenso de Lacayo, que era hombre muy odiado 
en León, produjo un nuevo levantamiento de los [lar- 
dos, que se resistieron en una ocasión á obedecer suí 
órdenes, apoyados ocultamente por el Maestro d© 
Campo don Felipe Gámez, que no olvidaba sus ante- 
riores leseutimientos. 

Lacayo siguió una información y dio cuenta conell^ 
al Capitán General; y aunque el Fiscal de la AudieU 
cia pidió el despojo y confinamiento de Gámez y d< 
algunos otros, el Capitán General concedió perdón i 
todos, atendiendo á las gi'aves dificultades en que se 
encontraba el Reino. 

Pasados los temores de guerra cesó Lacayo en sus 
funciones de Comandante General, y por real cédnU 
d'; 23 de agosto de 1745, el Monarca nombró Goberna- 
dor y Comandante General, al Coronel don Juan de 
Vera, con facultades de tomar á su cai^ el poder 6 
depositarlo en pei'sona de su confianza, mientras llega- 
ba don Alonso Fernández de Heredia, nombrado en 
propiedad para ese mismo destino, pero entonces oca- 
l)ado en operaciones militares por el lado de Panamá 

En octubre del propio año de 1745, se inauguró el 
arzobispado de Guatemala, con gran contento de estof 
pueblos, que en sus asuntos eclesiásticos tenían qm 
ocurrir hasta la silla metropolitana de Lima. 



CAP. XX. — PKIMEKA MITAD, ETC. 247 



Eu 174tí, pendiente aún la guerra que España, Fran- 
cia y Prusia hacían á los austríacos, por causa de la 
sucesión de María Teresa al Imperio, ocurrió el falle- 
cimiento del Eey don Felipe V. 

Su reinado es uno de los más notables de la histo- 
ria de España, porque durante él renació el carácter 
nacional del pueblo español, completamente perdido 
desde los infaustos reinados de Felipe IV y Carlos II, 
y más aún después de las terribles pérdidas de la gue- 
rra de sucesión. 

FeliiKí V volvió á dominar ou Italia por medio de 
sus hijos, recobró á Oran, defendió á Ceuta, sostuvo 
las posesiones de América contra el poder de los in- 
geses, creando una marina de la que absolutamente 
se carecía á fines del último reinado. Instituyó el Se- 
minario de Nobles: la Universidad de Cerbera: las aca- 
demias de la Lengua y de la Historia; y España, me- 
diante los esfuerzos do su Rey, pudo reaparecer toda- 
vía como una potencia de primer orden en todas las 
transacciones diplomáticas. 

Es cierto que en el reinado de Felipe V, aun pudo 
encender sus hogueras el odioso Tribunal de la Inqui- 
siciÓD, merced al fanatismo y ambición de Isabel 
Farnesio, su esposa; pero el Re)^ ya no asistió, como 
en tiempos anteriores, á aquellos sangrientos espectá- 
cnlos. El Gobierno manifestaba su desagrado por los 
actos de aquel Tribunal, y aunque no se atrevía á con- 
tener el furor desús autos de fe, no vaciló en prender 
al Inquisidor General, Mendoza, y llegó un momento 
en que el Santo üñcio estuvo amenazado de muerte 
por la mano enérgica y firme del ilustrado Macanaz. A 
pe8ar le los malos tiempos que alcanzaba la hKjuisi- 
cióu, celebró setecientos ochenta y dos autos de fe, 
durante el reinado de Felipe V, y las víctimas que se 
inmolaron ascendieron á catorce mil setenta y sois, de 



24>^ UISTOKIA DE XICAKAGUA 



las cuales mil quinientas seteuta y cuatro perecieron 
f»n la hoguera. 

Sin la influencia teocrática-muudana de Isabel Far- 
nesio, Felipe V hubiera hecho tal vez la felicidad del 
pueblo español, porque amaba apasionadamente la jus- 
ticia, prestaba atento oído á la razón, y su devoción, 
aunque no muy ilustrada, encerraba una moral austera. 

Sucedió á Felipe, en el trono de España, su hijo don 
Fernando VI, que conservó el mismo carácter noble, 
lienóvolo y pacífico que siempre lo había distinguido, 
y so dedicó con especial empeño á procurar la paz y 
mejorar la situación del Reino. 

Don Juan de Vera, en uso de la facultad que se le 
concedió, depositó la Gobernación de Nicaragua en el 
Sargento Mayor don José Antonio Lacayo do Brio- 
nes, quien continuó en este empleo hasta el raes de di- 
ciembre de 1746, en que llegó el Mariscal don Alonso 
Fernández de Hí>redia, nombrado también Comandan- 
t<* General de armas de Costa-Rica. 

Poco tiempo hacía que Fernández di* Heredia de- 
sempeñaba su destino, cuando en 1748, los ingleses se 
apoderaron por sorpresa del puerto de San Juan del 
Norte y se establecieron y fortificaron allí. 

Afortunadamente, en aquellos días de verdadero 
conflicto para las provincias del Reino de Guatemala, 
se firmó la paz de Aquisgi'án, y en conformidad de ella 
se devolvió á Esj)aña el puerto de San Juan. 

A pesar do la paz entre España ó Inglaterra, las di- 
ficultades continuaron para Nicaragua. El comercio 
inglés, interesado en el contrabando, del que sacaba 
pingües utilidades, se valía de los indios y zambos mos- 
(juitos para mantener perturbada la tranquilidad de 
la Provincia, y á favor del desorden consiguiente ha- 
cer su negocio (»n mayor escala. 

VA 22 ño diciembre de 174Í), los zambos mosquit4>j». 



CAP. XX. — PlilMERA MITAD, ETC. 249 



capitaneados por cuatro ingleses de Bluefields, inva- 
dieron los pueblos de Camoapa y Boaco, en el depar- 
tamento de Chontales, saquearon la primera de dichas 
poblaciones y destruyeron la segunda. España recla- 
mó inútilmente á Inglaterra sobre estos hechos. 

El Vicario General del obispado de León, don Do- 
mÍDgo Cabezas y Urizar, que entró en disputas con el 
Gobernador de la Provincia, lo acusó ante la Audien- 
cia por supuestas faltas en el ejercicio de su cargo. 
Seguido el consiguiente juicio de residencia, resultó 
calamniosa la acusación del Vicario, por lo cual la 
Audiencia condenó á éste en las costas del proceso, lo 
extrañó de la Provincia y lo privó de renta y beneficio. 

Hemos Ues^ado á la primera mitad del siglo xviii, y 
se hace necesario reseñar ligeramente el estado econó- 
mico de la Provincia, para poder apreciar mejor su 
situación general. 

León, la capital, era la residencia de los principales 
í^rapresarios en ganadería. 

Granada, (i pesar de sus continuadas desgracias, 
niautenía algún comercio de productos naturales y ex- 
tranjeros y pasaba por la población más rica del país. 
Llamaba la atención de todos cuantos la visitaban, 
por la decencia de sus casas y por el lujo que gasta- 
ban sus vecinos principales. En su jurisdicción, que 
era extensa, había once trapiches de elaborar azúcar, 
í*incnenta y dos hatos de ganado mayor, veinte cacao- 
tales y algunas otras fincas. 

Rivas, que era el tercer centro de riqueza agrícola, 
contaba ou este tiempo 1.355,450 árboles de cacao, cin- 
cuenta trapiches y trescientas diez haciendas de gana- 
do vacuno. 

No se hace mensión del tabaco, que era ramo estan- 
cado en aquel tiempo, ni del café que fué importado 
liastii mediados del presente siglo. 



¡¿ 



250 HISTORIA DE NlCAltAGUA 



La caña de azúcar, entonces en boga entre nosotros, 
es originaria de la India y de la China. Se cree que 
los navegantes del siglo xiii la llevaron á la Arabia. 
Aclimatada luego en Egipto y Abisinia, fué llevada á 
Algarbe por los portugueses en 1420, en donde un año 
después se inventó por un veneciano, cuyo nombre se 
ignora, un pi*ocedimiento para blanquear la negra sal 
que se extraía como azúcar. 

En 1620 los portugueses contaban en Santo Tomás, 
con sesenta ingenios para el beneficio de la caña. 

De Santo Tomás fué llevada á la Española ó Santo 
Domingo, en donde Miguel de Ballestro y Gonzalo Vc- 
losa inventaron un procedimiento para solidificar el 
jugo de la caña y darle un color enteradiente blanco. 

En 1530 Pedrarias la introdujo á Nisaragua, y de 
aquí se extendió a las demás provincias del Reino. 



CAPÍTULO XXI 

Segruiida mitad del sigrlo XVIII 



Fundación del pueblo de Tipitapa— El Coronel González 
Rancafio se encarga de la Gobernación — Fabricación del 
aguardiente en el país — Su prohibición — Son nombrados gd- 
bemadores, uno en pos de otro, don Melchor Vidal de Lorca 
y Villena y don Pantaleón Ibáfiez — Fallecimiento de Fer- 
nando VI — Carácter de su reinado— Le sucede su hermano 
Carlos, Rey de las dos Sicilias — Continúan las invasiones 
de los zeunbos— Causas que las motivan— Solicitud que ha- 
ce el comercio— Exportación del añil— Vuelve Lorca y Ville- 
na á la Gobernación de la Provincia— Ataque del Castillo— 
Lo defiende una mujer— Recompensa que se le da— Paz de 
Fontainebleau— Expulsión de los jesuítas— Nueva guerra 
de España— Nombramiento de don Manuel de Quiroga pa- 
ra Gobernador — Establecimientos ingleses en la costa — Pro- 
clamación del comercio libre — Mapa del Reino— División 
de Nicaragua— Pérdida y rescate del Castillo de O moa— Vi- 
sita del Capitán General Gálvez— Ascenso que recibe. 



Eli el año de 1753 fué fundada la población de Tipi- 
tapa por el señor don Juan Bautista Almendares que 
á sus propias expensas, la dotó de una ermita, un her- 
moso puente y algunas otras mejoras. 

En ese mismo año y en reemplazo del señor Here- 
dia, se hizo cargo de la Gobernación de la Provincia el 
Coronel don José González Raneaño, en cuyo período 
administrativo se permitió en el país la fabricación de 
aguardientes, hasta entonces prohibida. 

Con motivo de la anterior permisión, se celebraron 
contratos en todas partes, entre los agentes del fisco y 
los empresarios, se multiplicaron extraordinariamente 



252 HíSTOKlA DE lílCAÜAlilJA 



las tabernas y se observó algún movimiento^ á conse- 
cuencia del ensanche que tomó la nueva industria, á 
pesar de las restricciones con que se concedía; pero 
asustadas las autoridades con el incremento que toma- 
ba la embriaguez, especialmente entre las castas indi- 
genas, informaron al Rey, y éste suprimió la concesión 
el 23 do agosto de 1766, limitando el consumo en Gua- 
temala á solo el aguardiente que se importara de ELspa- 
fia, Méjico y el Peili. 

El Capitán don Melchor Vidal de Lorca y Villena 
flf^cendió á la Gobernación de Nicaragua, en 1756, y 
permaneció en ella hasta 1759, en que don Pantaleón 
Ibáüez fué nombrado Gobernador y Comandante Ge- 
neral de la misma Provincia. 

En ese año también falleció, sin dejar sucesión, el 
Rey don Fernando VI, después de un reinado de 13 
anos, consagrado á la riqueza nacional, á la protección 
de las ciencias y al aumento de la marina. Su muer- 
te fué ocasionada por la profunda tristeza que le pro- 
dujo el fallecimiento de su esposa. Presa de negra me- 
lancolía, nada fué bastante para consolarlo de aquella 
pérdida, hasta que agoviado por el dolor, rindió la vi- 
da, y pudo juntarse en la tumba con la compañera de 
su hogar. 

Fué Fernando VI el primero y quizás el único Rey 
á quien verdaderamente lloró la Nación española. Su 
reinado era el sólo período de paz y descanso que se 
había disfrutado desde los Reyes Católicos, al cabo de 
trescientos años de guerras, muchas de ellas promovi- 
das por intereses personales. 

Fué también Fernando VI el único Rey, desde los 
Reyes Católicos, que murió sin dejar aumentada la 
enorme cifra de la deuda pública. Su padre le había 
legado un gravamen de 45 millones de pesos, y él tras- 
mitía a su sucesor un tesoro libre por su parte, deto- 



CAP. XXI. — SEGUNDA MITAD, ETC. 25o 



da obligación y con un sobrante de seiscientos millo- 
nes, para poder atender á los gastos df^l Reino y á la 
amortización de la deuda pública anterior, mandada á 
clasificar por él. 

Darante el reinado de Fernando VI se verificó la 
separación de la Corona do las funestas influencias del 
Tribunal de la Inquisión. Los autos de fe y el núme- 
ro de las víctimas disminuyeron repentinamente, el 
espíritu de la época se pronunció mucho contra el 
Santo Oficio, y los inquisidores ya no osaron, sino con 
timidez, ofrecer en espectáculo público el bárbaro cas- 
tigo de la conciencia, de la superstición ó del error 

El reinado de Fernando VI puede resumirse en bre- 
ves frases. Sostuvo la independencia de España co- 
mo ningún otro Rey; cimentó la emancipación déla 
Corona de la Corte de Roma; dio á la Nación una paz 
inalterable de trece años, y bajó al sepulcro, dejando 
el primer ejemplo, en la historia de España, de un Rey 
qne muero sin dejarle deuda alguna, antes bien llenas 
las arcas del tesoro, y sin haber hecho derramar niiv 
guna lágrima á sus subditos, ni arrancado ayes de do- 
lor á otras naciones. 

Muerto Fernando sin sucesión, ciñó la Corona do 
Castilla su hermano Carlos, Rey de las dos Sicilias, 
después de abdicar la de este Reino en su hijo el in- 
fante don Fernando. 

En Nicaragua, mientras tanto, habían continuado 
las molestas invasiones do los zambos, bajo la admi- 
nistración del Gobernador Ibáñez. Instigados por los 
ingleses se lanzaron nuevamente sobro los indefensos 
departamentos de Chontales y Matagalpa, dejándolos 
arruinados y desiertos. Jinotega, Muymuy, Lóvago 
y Acoyapa, que aran poblaciones de importancia, fue- 
ron saqueadas y reducidas después á cenizas. 
Les zambos, una vez consumada su obra de destruc- 



254 HISTORIA DE NiOAfaAtíUA 



ciÓD, regresaron con los despojos de las poblaciones, 
llevándose también á las mujeres y ganados que pu- 
dieron. 

Por espacio de diez ó doce años las invasiones con- 
tinuaron siendo frecuentes, y un grito general de in- 
dignación se levantó entonces de todos los pueblos d«4 
la Provincia, renegando del egoísmo y fría indiferen- 
cia de España, que no podía librarnos ni de los ata- 
ques de tan pequeña y miserable horda de salvajes. 

Una de las principales causas de las hostilidades de 
tos ingleses, era la introducción de sus contrabandos 
mercantiles á favor del desorden. Los colonos, pen- 
sando con justicicia, que si había abundancia de esos 
artículos, cesaría el alto precio que motivaba su intro- 
ducción clandestina, se dirigieron al Bey, pidiéndole 
encarecidamente que autorizara la libertad del comer- 
cio entre las colonias, la apertura de un número ma- 
yor de puertos al comercio de España y una reforma 
general de la administración económica. 

La contestación de Carlos III se hizo esperar trece 
años, como lo veremos adelante. 

Por este tiempo se exportaba de Centro- América, 
con bastante buen éxito, el índigo ó tinta de añil, cu- 
ya producción, en 1773, montó á dos millones de pesos 
en todo el Reino. 

A íines del siglo xvi, la Audiencia de los Confines 
informó á la Corto de este valioso producto que se be- 
neficiaba en Nicaragua, desdo muchos siglos antes 
que llegaran los españoles, si hemos de creer las tra- 
diciones indígenas. 

En 1761 fué reemplazado don Pantaleón Ibáñez con 
el Capitán don Melchor de Lorca y Vi lien a, que por se- 
gunda vez se hizo cargo de la Gobernación de la Provin- 
cia, hasta 1776 en que le sucedió don Domingo Cabello. 

Rotas las hostilidades de España contra Inglaterra, 



CAP, XXI. — SEGUNDA MITAD, ETC. 255 



& consecuencia del Pacto de Familia celebrado entre 
Garlos III y Luis XV, las f uei-zas navales inglesas to- 
maron represalias en las colonias. 

Conocida la importancia de Nicaragua y las facili- 
dades que presentaba para la comunicación interoceá- 
nica, fué desde luego el punto objetivo de los ataques. 

De orden del Gobierno inglés, el Gobernador de la 
ida de Jamaica, hizo invadir la Provincia por el río 
San Juan, con una armada compuesta de dos mil hom- 
bres y más de cincuenta embarcaciones. 

En 1762 se presentaron los invasores amenazando 
el Castillo de la Concepción (hoy Castillo Viejo), en 
momentos en que el Castellano de la Fortaleza, señor 
don Pedro Herrera, se encontraba enfermo de tanta 
gravedad, que murió algunas horas antes que los 
ingleses afrontaran las baterías. Este suceso, que 
(coincidía con las miras del enemigo, dejó acéfalo aquel 
panto militar, pues un sargento fué cuanto quedó por 
jefe de la guarnición. 

El Comandante de la flota, informado de todo por 
algunos prisioneros que servían de atalayas en pun- 
tos avanzados, mandó pedir al sargento las llaves del 
Castillo, y éste, olvidándose de su deber militar, se 
manifestaba dispuesto á entregarlas, cuando la hija 
del Castellano, que apenas contaba diez y nueve años 
de edad, estimando como un legado el honor y respon- 
sabilidad de su difunto padre, cuyo cadáver tenía de- 
lante, se negó á sufrir tamaña vejación, y constituyén- 
dose en jefe del Castillo, hizo regresar al heraldo con 
Ku contestación negativa. 

Los ingleses entonces rorapieroa un fuego do esca- 
ramuza creyendo que esto bastaría para lograr la ren- 
dición; pero la señorita Herrera, educada en ejercicios 
varoniles y conocedora del manejo de las armas, to- 
mó ella misma el bota-fuego y disparó los primeros 



250 HISTOBIA DE NICARAGUA 

<5añoDazoSy con tan feliz acierto, que del tercero logró 
matar al Comandante inglés y echar á pique una ba- 
landrita, de tres que venían en la flota. Con este arro- 
jo contuvo el ímpetu de los invasores y mantuvo 1* 
acción en equilibrio por cinco días que duró el f aego. 

Una circunstancia bien sencilla, causó no poco te 
mor á los ingleses. Viendo la señorita Rafaela He- 
rrera, que la oscuridad de la noche impedía distinguir 
las posiciones del enemigo, hizo empapar unas sába- 
nas en alcohol y después de colocarlas sobre uuas ra- 
mas secas, dio orden de inflamarlas y echarlas al río. 
A su vista, los ingleses creyeron que se trataba del 
tradicional f negó grieífOy no pudiéndose explicar cómo 
podían sobrenadar sin apagarse aquellas masas de 
fuego; y como la corriente las arrastraba hacia ellos, 
se llenaron de pánico y huyeron, suspendiendo el ata- 
que durante aquella noche. 

Cuando fué de día, los ingleses continuaron el in- 
terrumpido ataque, pero sin éxito. Por la tarde sus- 
pendieron de nuevo sus fuegos y á la mañana siguien- 
te se retiraron dejando muchos muertos, vn rias em- 
barcaciones perdidas, algunos útiles y sobre todo, el 
triunfo de una mujer. 

El acontecimiento causó gran regocijo o.u Granada 
y en todo el Reino de Guatemala, en donde se celebro 
con entusiasmo, y la joven heroína fué colmada de 
alabanzas y bendiciones. 

Diez y nueve años después, el Gobierno español ex- 
pidió una real cédula, otorgando á la señora doña Ra- 
faela Herrera una pensión vitalicia, en premio de la 
heroica defensa que hizo del Castillo de la Concepción 
en 1762. (1) 

(1) Véanse los uúiiieros 23 de la Gaceta del Gobierno ile 1848. 
y 5 y O de la Garceta de Nicaragua de 1859, en que se relaciona 
detalladamente este sn^eso y se pablica la (Mídala — (N. del A.) 



CAP. XXI. — SEGUNDA MITAD, ETC. 257 



La celebración de la paz de Fontaiuebleau en el ano 
de 1763 libró por entonces á Nicaragua de nuevas hos- 
tilidades de parte de los ingleses. 

En 27 de febrero de 1767 decretó el muy católico 
Bey don Carlos III la expulsión de los jesuítas do to- 
dos los dominios de España, ** estimulado, según decía 
el decreto, de gravísimas causas relativas á la obliga- 
ción de Djantener en subordinación, tranquilidad y 
justicia á los pueblos, y otras urgentes, justas y nece- 
sarias que reservaba en su real ánimo." Medida igual 
habían adoptado anteriormente las demás Cortos bor- 
bónicas, y más tarde el Pontificado Romano, regido 
por Clemente XIV, suprimió la orden, (jue no reapa- 
reció sino hasta muchos años después. 

El mismo día en que se verificó la expulsión en la 
Corte, Carlos III dirigió al Papa una carta, noticián- 
dosela en términos no menos enérgicos que respetuo- 
sos. "El primer deber de un Monarca, le decía en 
ella, es cuidar del mantenimiento do la tranquilidad 
de sus estados, del honor de su Corona y de la paz in- 
terior de sus vasallos. Para cumplir con este deber, 
me veo en la necesidad urgente de expulsar a los je- 
suítas fuera de mis reinos y de hacerlos conducir a 
los Estados de la Iglesia con el fin de que puedan vi- 
vir bajo la tutela ó inmediata dirección de VS. como 
padre común de los fieles. Ruego a VS., decía al ter- 
lüinar, que considere esta resolución como medida de 
seguridad indispensable, que no he adoptado sino des- 
pués de un examen serio y la reflexión más profunda. 
Imploro vuestra bendición santa y apostólica." 

En virtud del edicto, todos los jesuítas de las pro- 
vincias fueron sorprendidos como los de Madrid y lle- 
vados á Cartagena, donde se hallaba preparada á re- 
cibirlos la escuadra de Barceló, que debía trasportar- 
los á los estados del Papa. Al llegar á Civita-Vechia 

17 



258 HISTORIA DE NICARAGUA 

el Goberuador de la ciudad no quiso consentir en su 
desembarco, sin consultar á su Soberano. El Papa 
Clemente XIII se negó á admitir á los deportados, dan- 
do por razón, que si todos los Reyes Católicos toma- 
ban igual resolución con las órdenes religiosas de sus 
dominios, los Estados de la Iglesia serian insuficientes 
para contenerlas y mantenerlas. 

Se consiguió que Córcega los recibiera, y más ade- 
lante una transacción con el Papa respecto á%u manu- 
tención, que se obligó á costear España, les abrió las 
puertas de los estados pontificios, donde se distribu 
yeron en las diferentes'casas de su orden. 

El malestar consiguiente á las medidas violentas 
contra órdenes religiosas, que tanta influencia tienen 
en poblaciones católicas, amenazó hacerse extensivo 
á Nicaragua ; pero fué sofocado á tiempo. 

En el mismo año de 1707 se encendió de nuevo la 
guerra entre Francia é Inglaterra, con motivo del auxi- 
lio que la primera prestó á las colonias norte-america- 
nas, para que realizaran su independencia de la me- 
trópoli inglesa. 

España, comprometida por el Pacto de Familia de 
Carlos III, á hacer causa común con Francia, tomó 
también parte en esta guerra que dilató muchos años. 

En 1776 fué nombrado Gobernador ó Intendente de 
la Provincia el Coronel don Manuel de Quiroga. Éste 
al examinar el estado general de los pueblos, se llenó 
de mucha inquietud por la extrema pobreza en que se 
encontraban y por los escasos medios de defensa con 
que podía contar para repeler las constantes invasio- 
nes con que se hallaban amenazados. Informó de to- 
do al Capitán General y pidió inútilmente recursos y 
elementos de guerra. 

Los establecimientos británicos de la costa Norte 
eran ya numerosos en 1776, pues los había desde Pnn- 



CAP. XXI. — SEGUNDA MITAD, ETC. 259 



ta Blanca siguiendo la costa hasta el Cabo de Gracias 
4 Dios al Norte; y siguiendo después al Nor-oeste has- 
ta eabo Bomán, frente á la isla de Boatán. No se en- 
contraba una sola boca del río, ni una islita en donde 
no hubiera ingleses en constante trato con los zambos 
y mosquitos, que tenían sus residencias en toda la ex- 
tensión de la costa; pero los lugares donde se hallaban 
los establecimientos principales, eran : ríoTinto, las is- 
las de San'Andrés y Providencia y los puertos de Blue- 
fields y Laguna de Perlas. 

Las poblaciones más formales que tenían los zam- 
boa y mosquitos eran Bracman, residencia del Gober- 
nador de estos últimos y Sandeve, asiento del Bey 
8ang, (IRng-^Sang)^ jefe de todos ellos. El número 
<1« habitantes de ambas ciudades llegaba á dos ó tres 
mil hombres de armas tomar, que constituían toda la 
tn)pa de los colonos ingleses. Éstos conservaban las 
^mas en sus casas, y cuando querían lanzar á los zam- 
bos y mosquitos sobre las poblaciones españolas, los 
Punían, los estimulaban con aguardiente y después 
los amunicionaban. 

En 1778 la población de la costa Norte llegó á con- 
tar cerca de cuatrocientos cincuenta ingleses en dis- 
tintos puntos. Disponían de cuatro mil quinientos 
esclavos africanos y de cien indios prisioneros, tam- 
bién esclavos. En cuanto á la población indígena, se 
calculaba en diez mil el número de zambos y mosqui- 
tos de todas castas y edades, sin incluir las numero- 
sas tribus de indios caribes que moraban en lo inte- 
rior de los bosques, se gobernaban independientemen- 
te y vivían en palenques. 

En 1779 mandó el Capitán General don Matías Gál- 
vez á los ingenieros don José María Alexandre y don 
Joaquín Isasi á que levantaran un mapa de Centro- 
América. Becorrieron desde Guatemala hasta Gra- 



260 HISTORIA DE NICARAGUA 



nada y de aquí hasta los puertos de Brito y Alvarado 
en el Pacífico; pero sus esfuerzos resultaron vanos, por 
que lo montañoso del país y el mal estado de los ca- 
minos no permitieron el reconocimiento del resto ^1 
territorio. 

Don José Gálvez, que conocía bien el Reino de Gua- 
temala y la naturaleza y recursos de sus mercados, 
propuso á Carlos III, en 1738, la formación de un re- 
glamento, que llamado del Comercio Uhre^ abrió el de 
América á los más notables puertos de España. Pro- 
mulgado hasta en octubre de 1778, redujo los antiguos 
derechos y autorizó la introducción de artículos ex- 
tranjeros, siempre que se llevaran en buques espa- 
ñoles. 

El golpe, que con tal disposición hubo de recibir el 
contrabando en todas las colonias, fué casi de muerte. 
Reducido á algunos artículos de lujo, extinguióse, en 
lo que tocaba á las materias de primera necesidad, y 
dando nuevo y crecido impulso al tráfico, abrió gran- 
des fuentes de riqueza. 

A pesar de todo, el comercio libre no produjo los 
efectos que se podían esperar, porque algunas de las 
trabas que caracterizaban el sistema de privilegios y 
exacciones, adoptado por los gobiernos anteriores, re- 
nacieron en la multitud de aranceles y reglamentos 
de aduana, que sucesivamente rigieron hasta muy en- 
trado el siglo XIX. 

Ese Reglamento de Co^nercio libre fué la contestación 
del Monarca español á la solicitud de los colonos cen- 
tro-americanos, hecha trece años antes. Con él se re- 
cibieron también las famosas leyes conocidas con el 
nombre de Ordenanzas de Carlos IIL 

Las nuevas disposiciones modificaban un gran nú- 
mero de procedimientos administrativos, abolían las 
encomiendas y creaban en su lugar intendencias, en- 



CAP. XXI. — SEGUNDA MITAD, ETC. 2Gl 



cargadas de recibir el tributo directamente de los 
indios. 

En lo relativo á Nicaragua, las nuevas leyes estable- 
cían que León fuera la residencia de un Gobernador 
Intendente, cuya jurisdicción en el ramo de hacienda 
comprendía las provincias de Nicaragua y Costa-Rica. 

Nicaragua se dividió entonces, para lo político y 
wonómico, en seis subdelegacion^s, cu3^os jefes resi- 
dían respectivamente: en la ciudad de Segovia, villa 
del Bealejo y pueblo de Subtiaba, Matagalpa, Masaya 
yNiearagua; y para lo económico solamente, en cinco 
pwtidos, que fueron: León, Matagalpa, Realejo, Sub- 
tiaba y Nicoya. Al de León se le conservó su título 

á« gobierno, y á los demás partidos el de corregimien- 
tos. 

Los resultados de la contienda europea, tan en ma- 
^ hora aceptada por Carlos III, no tardaron en hacer- 
se sentir, como siempre, entre nosotros. Habiéndose 
pnesto bajo la protección del castillo de San Fernan- 
do de Omoa algunos buques-registros, ricamente car- 
gaos, concibieron los ingleses de Jamaica el proyec- 
to de apoderarse de ellos, rindiendo la fortaleza. Doce 
íiavíos atacaron el castillo por varios días, obligando 
ásüs defensores á rendirse en virtud de una capitu- 
lación celebrada el 20 de octubre de 1779, en cuya vir- 
tud tomaron posesión de la fortaleza y de más de tres 
millones de pesos y de las mercancías que había en 
los buques, el 24 del mismo mes. (1) 

El Gobernador de Yucatán don Roberto Rivas, que 
ecorría la costa de Campeche expulsando á los ingle - 
es, acudió en socorro del castillo; pero llegó tarde, 
uando todo había sido trasportado al navio inglés 
^jeviatán y éste se había hecho á la vela. Afortuna- 



(1) MaríaDa y Chao — Historia (Je España, 



2l)2 HISTORIA DE MICAUAGUA 

damente naufragó, y Bivas que iba en su segaimieo- 
to pudo recobrar todo. 

Tan lu^o se tuvo noticia en Guatemala de la tomd' 
del castillo de San Fernando, el Capitán General Gil- 
vez levantó un ejército en la misma Guatemala, el cual 
fué engrosando en el camino hastA llegar á Ornea. Bl 
26 de noviembre del mismo año atacó el castillo y lo- 
gró reconquistarlo, después de cuatro días de sangriea- 
ta lucha. 

A continuación pidió Gálvez auxilio á la Habana, y 
en enero de 1780, se dirigió á Nicaragua, pasando pox" 
Comayagua. 

El 22 de febrero llegó á Granada y permaneció c 
tro meses en esta ciudad. De aquí se traslados 
villa de Masaya, donde desplegó toda su actividad 
procurando organizar la defensa de la Provincia am^^ 
U2izada con la toma del Castillo de la Concepción, cornea 
lo veremos adelante, y proyectando una invasión for 
mal al territorio mosco, de la que al fin desistió, poi 
que batidos los zambos en el valle de Matina por don- 
Tomás López del Corral, los consideró amedrentados 
para muchos anos con los destrozos que se les hizo. 

En el mes do octubre de 1780, regresó Gálvez á Gua- 
temala, en donde se le preparó una recepción triunfal. 
El Gobierno recompensó su valor ascendiéndolo á Bri- 
gadier de los reales ejércitos y señalándole doble ren- 
ta durante el tiempo de campana. 



CAPÍTULO XXII 

lltiiuoH sucesos del siglo XVIII 



Proyecta el Gobierno inglés una formal invasión y apres- 
ta en Jamaica una escuadrilla — Llega ésta á San Juan del 
Norte— Sube Nelson el río— Primer encuentro en Bartola — 
Estado del Castillo y medidas que se toman— Sitio y capitu- 
lación del Castillo — Padecimientos de los prisioneros— Lle- 
flían á Sabana la Mary se quedan los enfermos— Naufragio y 
muerte de todos— Resultados de la toma del Castillo— Difi- 
cultades de los ingleses — La epidemia— Dispersión y ani- 
quilamiento del campamento inglés — Llegada de don Juan 
<te Ayssa— Retirada de los ingleses — Pérdidas que tuvie- 
ron— Se manda demoler el Castillo y no se lleva á efecto — For- 
cease á San Csirlos— Estudios de Galisteo— Quiroga es re- 
emplazado por Estachería y éste por Ayssa — Expedición á 
río Frío — Malestar social — Reconocimiento de las costas— 
^yecto de Labastide— Lo apoya Godoy — Paz con Inglate- 
rra— Diñcultades posteriores — Nueva extipulación — Episo- 
^odel casamiento del jefe mosco — El alférez don Carlos de 
Castilla. 



Desde 177í)^los coroneles ingleses Hodgson y Lee, 
evantaron los primeros planos del tago y territorio 
e Nicaragua, y los remitieron á Londres junto con 
tros datos, que debían tenerse á la vista, para forma- 
zar una incursión armada. Ésta no fué como las 
oteriores, una correría de aventureros favorecida por 
>s gobernadores de Jamaica, sino una empresa for- 
lal^ aprobada y sostenida por el Ministerio inglés. 
II Secretario de Estado, Lord George Germain, á 
uien se remitieron los planos y trabajos, fué el que 
Tegló los últimos detalles para la expedición proyec- 
ida. 



2tí4: UISTORU D£ NICAKAGUA 



Era á la sazón. Gobernador de Jamaica Mr. JohB 
Darlling, uno de los más activos promotores de la 
t^mpresa, y como tal, el que mereció la confianza del 
Gabinete para entender en todo lo conducente. 

Bajo la dirección/ pues, de Mr. Darlling se aprestó 
una escuadrilla, compuesta de un navio de cincuenta 
y cuatro cañones, nombrado el Ulisis^ de dos fragatas, 
con otros tantos bergantines y algunos botes chatos. 
Esta escuadrilla, á las ói*denes del Coronel J. Polson, 
debía dar principio á las operaciones, entre tanto qae 
se aprontaba el grueso de la expedición en uno de los 
puertos de Inglaterra. ^ 

El 28 de marzo de 1780 llegó la flotilla al puerto de 
San Juan del Norte; pero ninguna de las embarcacio- 
nes mayores se atrevió á salvar la barra, á excepción 
de la corbeta Hmchinhroocl\ comandada por el oficia 
Horacio Nelson, el mismo que más tarde debía llenar 
í»l mundo oon la fama de su nombre y morir corona- 
do do gloria on las aguas de Trafalgar. Nelson con- 
taba outonees veintidós años solamente y comandaba 
una compañía de doscientos hombres. 

El buque dt» Nelson pudo subir hasta la isla del Mi- 
(•o, c*erca do la embocadura inferior del San Juanilla^ 
á donde fué á reunírsele el resto do la fuerza invasa^ 
ra, conducida en botos. 

Las anteriores tentativas sobre el Castillo habíate 
jíuesto sobro aviso á su Comandante don Juan de Xy^ 
ssa. Para evitar una sorpresa mandó fortificar la is-' 
la do Bartola, dos leguas abajo del mismo Castillo, et> 
la L'ual hizo colo<»ar cinco pedreros y diez y seis hom — 
bros do infantería y pardos. El sargento, comandan— 
te de esta avanzada, tenía íi su disposición dos cayu- 
(*os, con orden terminante de enviar un correo expre- 
so a la hora en que se presentasen enemigos, cuyo co- 
rroo, provisto de cohetes voladores, debía ir disparan- 



CAP. XXII. — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 2G5 



dolos de trecho en trecho, para anticipar la noticia y 
que ésta diese tiempo de enviar otro correo, para la 
cindad de Granada, en demanda de auxilio. 

El día 9 de abril de 1780, entre siete y ocho de la 
mañana, avisaron los centinelas del castillo que subía 
una pequeña embarcación, disparando los cohetes con- 
venidos. Inmediatamente mandó don Juan de Ayssa, 
un coireo á Granada, al Capitán General don Matías 
Gálvez, siendo la portadora de los pliegos la misma 
esposa del Comandante del Castillo, tanto para poner- 
la á salvo, como para que trabajara por la pronta lle- 
gada de fuerzas auxiliares. 

Los ingleses se presentaron en la isla de Bartola, 
muy temprano de la mañana del 9 y pudieron acer- 
carse baatante, favorecidos por una espesa niebla; pero 
apenas fueron observados, se rompieron los fuegos por 
ambas partes. Los invasores, guiado por un crecido 
número do zambos, que tomaban parte en la acción, 
se habían desembarcado en el bosque quo está al lado 
izquierdo de la isla y parapetados con los árboles ha- 
í^ían uü fuego nutrido. Después do tres horas de com- 
bate, en que los defensores de la isla echaron á pique 
Jos botes con sesenta hombres que trataron do asal- 
t^i' las trincheras, doscientos ingleses vadearon á reta- 
guardia el brazo más angosto del río y cayeron sobre 
la isla con bastante ímpetu. Tan solo el sargento es- 
pañol, con cuatro de sus hombres, pudo salvarse en 
^1 cayuco que le había quedado y presentarse algunas 
horas después en el Castillo dando cuenta del suceso. 

El Comandante Ayssa despachó otro correo á Gra- 
bada, hizo quemar todas las casas inmediatas al Cas- 
tillo, sembró una fuerte estacada al rededor del foso 
del Sur, hizo provisión de agua y mandó matar cuan- 
to animal doméstico se encontró en los alrededores, 
almacenando las carnes y cuanto grano pudo eonse- 



'¿i}{\ llISTOKU D£ MCAUAGl'A 



í^iiir. Dospiiós imiiuló qiUMuar un fuerte de madera, 
i\\u^ rxisiiti ou la parte más alta de la localidad y que 
servía de vigía. 

A las i'uatro de la tarde del día 11 de ^bril, se dejó 
ver el euemi>¡:o en la margeu opuesta del río, y deslió- 
las después se rompían los fu^\ü:os que duraron hasta 
Meii entrada la noehe. (1) 

Al amuuei'er el día V2 se descubrió en la puntad el 
Pailraslo de las Cruees, que es una eminencia que se 
halla al Trente ilel Castillo y lo domina, un-i batería de 
eai\oiies v al pie do una cruz una bandera iuirlesa. El 
i*uemis;o Ukv una iliaua y saludó el pabellón eun uu 
huirá prt»li>iii:ad*^ Los españoles izaron también su 
bandera, diel^Ml un viva á Carlos III y rompieron los 
t'ues¿vs dv» la arrilleria, en medio de las absoUieioues 
que repariui el x'apeliáu do la v:u:irui'.*i»"m. 

l.a fórrale /.a del Cascillo, a'iiiqu-» Uabia estado casi 
01! í-t;i;M> t':! aiVv^ an- *'"'.< m*»s. a 'aiv.L-a de ^er repara- 
vla \ .-«^r-N rv.:i:ií i'i'v- ::•.;' :iyvvj:ia'iii -i'- •.■i''i.'--a -Ir I Capi- 
':ir! vír;: ■ a*. ^i.iIn j/.. blii a';':«.\".a im^: •■.: :a iefendían 
•!Ms ^?.' • ^i'. ■•;!';'> •í.vvv:-' s •• '::\jí'^^^':\í.u dlrz y seis 
.r » ''V'rr'^^ .'i.r-fí* :i vt-si.:-* •■'>. v-l::^- rii'Iieiauos V 



-: .-,1 . V ■. i»i>>:»*' ■ '..v .". '! "'■l> "l li t ■'/> ■'«■'# 't* Ht-i- 

. . :. :u-:i*' .': :; :. : L'::í."í;i -; I. v-icuoi-.n «le 

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.. ., »-. ..^ .. • .-. . ^. '■■- • ;í* vUa*' i Te 

,. », .. ^ .. . .X . ■>-■. . ^. ■ > :"t-::L:>'ii.-* üsda- 

...... '..^ .. » . •- - r ... . Ac ia.4 T^iía. — 



CAP. XXll. — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 267 



d estado mayor, compuesto del Comandante, su se- 
gando, el Capitán de ingenieros don Joaquín Isasi y 
el capellán. Había cuatro cañones en la plataforma 
que daba al río y treinta y seis en la parte superior de 
la fortaleza. 

El fuego de la batería inglesa era terrible y los es- 
fuerzos de los españoles se redujeron á tratar de inu- 
tilizarla, loque por fin obtuvieron después de seis ho- 
ras de un nutrido cañoneo. 

El día 13, después de los toques de diana, los ingle- 
ses descubrieron en el mismo punto de la víspera, dos 
baterías de cinco cañones, calibres 4 y 5, colocadas en 
loe dos extremos de la loma. Catorce horas duró el 
cañoneo de este día, cesando el fuego por ambas par- 
tes hasta las ocho de la noche. De la batería inglesa se 
habían disparado cuatrocientos cincuenta cañonazos 
y las troneras y murallas del Castillo quedaron tan 
maltratadas, que la guarnición se ocupó, durante la 
noche, en repararlas con cal y mezcla. 

El 14 volvieron á abrirse los fuegos de artillería con 
macho estrago para ambas partes. 

El 15 fué reforzada la loma con una tercera batería 
de obuses ingleses, que lanzaban proyectiles de cali- 
bre nueve y doce. 

El 16 continuaron los fuegos con la misma activi- 
dad, y para reparar en parte el destrozo de las mura- 
llas, los sitiados echaron mano de los colchones, ma- 
deros y jergones que tenían, con lo cual lograron 
amortiguar bastante el daño de las balas enemigas. 

El 17 se continuó el cañoneo por ambas partes has- 
ta las 6 de la tarde. Aprovechando la oscuridad de 
la noche, los sitiados bajaban al río a proveerse de agua 
y á enterrar sus muertos fuera del recinto de la forta- 
leza. 

El 18 se suspendieron los fuegos de la artillería in- 



>L"i:iA l»E NH'AICAOI A 

:..m» sv dedicó á reparar su.s baterías y 

. .: iiivofii de asalto, sin ser molestado por 

^. .'•, ,iu* hiibíaii coneluido sus balas de oa- 

-. . ^ :i a:i j»ara i-aso mas extremo unas sesen- 

.• •> iiiodaban. So contentaron «^on ha- 

v i,. \k :'u<ilería, <iue duró todo el día. 

.,: .^ . i« ri»ii !os ingleses trabajando atriuche- 

> .*»> ■;:nodiatos al Castillo, y á las 4 de la 

.*....:. it* asaltar el caballero por m»>dio dt* 

;. ^ : >v a'.as. que ajíoyaron en Ips murallas : pe- 

.4 ;. afiv^iiOO frustró este intento. El Co- 

U'. v\;^:i:l«Mvunió un consejo de oficiales, 

.^' r>:>i:y liasía el último extremo v enviar 

\ V,' .; ví::ii!ada. En esta virtud fueron raau- 

.iN ¡lU'Nc de la noche, los negros Ildefou- 

\ AVüto Prado y Juan Guzmán. con 

.\ v^ai'.M'.i tíviieral íiálvfZ. Los ne- 

•vv '.: •v.v.v.r/.rt, {oruüa t-si/alera de euer- 

N ^ .v^ ^i. v'.veros j-ara «ii»-:'. días y de lo 

.. • v.i' .i .'.rv.wt •-;;!• la^ !ii"h:af:;;> des:'=*rtas 

.. .\.> :•-.•. u :;«;:is •;..• Clioniaivs: v i. ara el 

.\ ^•: .; M.*': ;:*: v.;:yu«/ - .j::-!* >- ]::i''í\ Va •-:! me- 

..V . > o-:."::Íí:.>>. :■i*v...r^ .-id,;.^ ;...■■ ^^^ ..si^u- 

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• «j^ .->• ^ . .: ... • .. .. \ ....... >r .'/Li 



CAP. XXII — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 269 

res heridos en el Castillo, y la aguada sólo pudo ha- 
•erse con mil dificultades hasta en la madrugada. 

El 22 al amanecer, aparecieron los ingleses parape- 
tados tras un nuevo y más inmediato atrincheramien- 
to, de donde hacían mucho daño, porque ya las mura- 
llas del Castillo estaban casi destruidas. A las 7 de 
la noche rompieron un nutrido fuego de fusilería, y 
los sitiados, temerosos de un asalto iluminaron los fo- 
sos y las inmediaciones del Castillo, con faginas em- 
breadas, que arrojaban encendidas desde las murallas. 
Así se pasó toda la noche (1). 

Los ataques nocturnos impidieron á los defensores 

del Castillo el abastecerse de agua, y cansados por la 

<íoustante fatiga y muertos de sed, se vieron obligados 

^ capitular con garantía de vida, quedando don Juan 

^® Ayssa y la guarnición, constituidos en prisioneros 

^® guerra, y los ingleses obligados á ponerlos en uno 

^® los puertos distantos de la América Española, pa- 

^* que de ahí se condujeran donde mejor les pareciese. 

Durante el sitio hubo en el Castillo once soldados 

'huertos, veintiséis heridos mortalmente y veintitrés 

^^ menos gravedad. Don Juan de Ayssa, el Capitán 

^^ ingenieros don Joaquín Isasi y el Teniente de in- 

^^titería don Pedro Brizio, fueron también heridos 

Y^rante el sitio, aunque sus heridas no tuvieron el ca- 

^^ter de graves. 



(1) Hemos extractado los anteriores conceptos del diario que 
^"Vó don Juan de Ayssa, publicados en los números 6 y siguien- 
'^ de la Gaceta de Guatemala de 1857. Desgraciadamente la co- 
'^^dn que poseemos está incompleta y carece del número en que 
^ refiere la capitulación del Castillo y los últimos días del asedio, 
*^th que la relación salta del 22 de abril al 3 de mayo. Hemos 
^plido la deficiencia de datos, con la relación que hace Marure en 
^ Memoria sobre el Canal — (N. del A.) 



270 HISTOKIA DE NICARAGUA 



El 3 de mayo fuerou embarcados los prisioneros ei 
canoas y piraguas, tripuladas por zambos y custodia- 
dos por un piquete de treinta soldados ingleses al man- 
do de uu sargento. Llegaron á San Juan del Norte 
el 7 del mismo mes y fueron entregados al MajorOe- 
neral Mr. Kempbell, en cuyo buque se les dio de comer. 
Tres días después hubo una tempestad y murieron dos 
de los prisioneros, golpeados por un rayo, que deshizo 
el árbol mayor del buque. 

El 7 de mayo se les trasladó al buque Monarch^ en 
el cual debían sor conducidos á Santiago de Cuba. El 
20 so hicieron á la vela, llevando veinte marineros; 
pero los vientos contrarios y las calmas no les permi- 
tieron adelantar nada. 

Después de treinta y ocho días de una navegación 
infructuosa y do haber perdido al Capitán del buque, 
á diez y seis marineros y á cincuenta y cinco de los 
prisioneros, se resolvió regresar á San Juan, llevando 
al segundo Capitán y al piloto enfermos, escasez ccím- 
plota de víveres y á uu solo marinero bueno con ^ 
manejo del buque. 

A los siete días lograron dar nuevamente fondo ^^ 
San Juan del Norte, en donde permanecieron cincueU' 
ta y un días más, esperando provisiones y marina 
Durante este tiempo la miseria llegó á su colmo pai^ 
los pobres prisioneros, á quienes solamente se le .«ti* 
ministraba una escasa ración de carne salada y un po- 
co de galleta podrida y llena de gusanos. 

El 17 de agosto volvió el Monarrh á hacerse á la v^ 
la con rumbo á Santiago do Cuba. Los vientos cat^ 
trarios, después d(^ una navegación fatigosísima, aiTO 
jaron á los prisioneros á las costas do Jamaica. Fot 
zaron todo lo posible para doblar el <\ibo do dicha isl 
y se les rompió el mastelero del árbol mayor. Sofc^x^ 
vino nueva calma y las corrientes llevaron el buqrm^C" 



CAP. XXII — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 271 



Sabana la Mar, donde el Capitán resolvió estacionar 
para reparar las averías y proveerse de víveres y ma- 
rineros. El 6 de setiembre botaron anclas y se pusie- 
ron en relación con los habitantes del puerto. 

El escorbuto, el hambre y toda clase de miserias ha- 
bían causado tal estrago en los infelices prisioneros, 
que habían fallecido ciento nueve de ellos; contándo- 
se en este número el capellán don Juan Gutiérrez y el 
cadete don Bernardo Cuervo do la Buria. Los res- 
tantes se hallaban tan enfermos, que no podían auxi- 
liarse los unos á los otros ni con un poco de agua. 

Las autoridades y vecinos de Sabana la Mar acu- 
dieron al socorro do aquellos desgraciados con cuanto 
anxilio pudieron; y por su mucha postración queda- 
ron convaleciendo en tierra don Juan de Ayssa, el Te- 
niente don Pedro Brizio, don Antonio do Antonioti 
y el soldado Carlos Aguirre, con orden sí, do ir á reu- 
nirse por tierra en Puerto Real con el buque y los de- 
más prisioneros, que se hicieron á la vela para aquel 
punto. 

Apenas restablecidos, los enfei*mos so pusieron en 
camino para Puerto Real; pero A su llegada se encon- 
traron con la triste noticia de que el Monarch había 
sido sorprendido en alta mar por un huracán terrible, 
qne se sintió el íí de octubre, naufragando en unión 
del buque de guerra inglés Vicfona y no quedando de 
él otra cosa que algunas tablas y más de cuarenta ca- 
dáveres de los prisioneros españoles, que arrojó el mar 
^ la punta de Lucía. 

En el Manar cli perecieron el Capitán Isasi, el Sub- 
teniente don Gabino Martínez, noventa y tres solda- 
dos de la guarnición del Castillo, el Capitán del buque, 
'^iete marineros ingleses y ocho prisioneros españoles 
tomados en una lancha de Cartagena, que habían apre- 
'^ado de camino. 



272 UI8T0BU DE XICAKAGUA 

Don Juan de Ayssa y sus tres compañeros, sin un 
centavo en el bolsillo, sin segunda camisa que poner- 
se, sin conocer a nadie y careciendo de todo, tuvieron 
que vivir miserablemente en Puerto Real hasta el 23 
de diciembre de 1780, en que una goleta de tránsito 
para Nueva Orleans, se compadeció de ellos, los tomó 
á su bordo y los dejó en la Habana, de donde se tras- 
ladaron a Nicaragua á principios del año de 1781. 

El Gobierno español ascendió á don Juan de Ayssa 
a Teniente Coronel, á don Pedro Brizio á Capitán, 
con sueldo^ á don Antonio Antonioti á Subteniente 
de artillería; y al soldado Carlos Aguirre lo recompen- 
só con un escudo mensual, según consta en real orden 
de 12 de junio de 1781- 

Mientras tanto, los ingleses dueños de la fortaleza 
del Castillo, por tanto tiempo codiciada, para adueñar- 
se desde ahí del resto del país, no alcanzaron los re- 
sultados que se prometían, por haber obtenido el triun- 
fo demasiado tarde. 

Cerca de dos meses habían empleado eu sabir el río, 
apoderarse del Castillo y hacer sus demás preparati- 
vos, dando lugar con todo este tiempo á que las auto- 
ridades del país se pusieran en armas y fortificaran la 
boca del lago. Resultaba de todo esto, que al paso que 
los españoles se hacían cada vez más fuerte, con los 
auxilios que recibían de San Miguel, Choluteca y otras 
provincias inmediatas, en la escuadrilla inglesa se ha- 
llaba todo en el mayor desorden. 

Habíanse extraviado algunos botes de los que se re- 
mitieron á San Juan con los prisioneros del Castillo, 
y otros se habían inutilizado; de manera que los que 
(luedabau eran insuficientes para llevar adelante la co- 
juenzada irrupción. 

Aumentaban las dificultades de los ingleses^ la falta 
de bogas y prácticos, pues los zambos, con quienes se 



CAP. XXU. — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 273 



contó al principio, se habían ido retirando, nnos por 
efecto de su natural inconstancia, otros por el trata- 
miento bárbaro que recibían. No obstante, las opera- 
ciones continuaron, haciendo de bogas los soldados 
que, no acostumbrados á ese ejercicio doblemente pe- 
noso en un clima ardiente, sucumbían sin adelantar 
nada. Así fué que, á pesar de haber llegado sucesiva- 
mente con algunos refuerzos considerables, Kempbell, 
Dalnipmple y Leiht, sólo pudo conseguirse que subif>- 
ra hasta el Lago el boto llamado Lord Germaui, mi r] 
que los españoles se imaginaron ver un bergantín. 

El resto de la expedición nunca pasó de las inme- 
diaciones del Castillo, en donde la sorprendió el mal 
tiempo de las lluvias, que fueron recias y copiosas, y 
las enfermedades comenzaron desde luego á producir 
8U8 naturales estragos. 

La insalubridad del clima y la mahí alimentafjióu 
desarrollaron en el campamento inglés una terrible di- 
sentería, que arrebató la vida á muchos invasores y 
obligó á los restantes a huir precipitadamente de aquel 
antro de muerte. 

El mismo Nelson se vio al borde del sepulcro; y de 
los doscientos hombres de su compañía solamente se 
salvaron diez (1). 

Las tropas del Coronel Polson cuando huyeron del 
Castillo se acamparon en la boca del San Juan, pero 
la epidemia los persiguió. 

A pesar de tantos y tan con tinuado.s contratiempos, 
la fuerza expedicionaria permaneció aún haciendo inú- 
tiles tentativas, alentada con la esperanza de recibir 
los socorros que ge esperaban directamente de Ingla- 



(1) Beatson'd — Memorias Navaks ¡j Militares de la (irán Bre- 
fafia, tomo v, págiuu 97 y tomo vi, página 230^ citados j)or 1*. 1/'- 
vv, Geografía de Nicaragua, página 48. 

18 



274 HISTORIA DE NIOABAGUA 



tfirra; pero esta esperanza quedó también frustrada á 
oausa de haberse declarado la peste en la escuadrilla 
inglesa á la llegada á Jamaica. 

La noticia de aquel nuevo contratiempo^ añadido á 
los muchos que había experimentado desde un princi- 
pio la oíícuadrilla de Polson, la obligó á emprender su 
retirada, que efectuó á mediados de noviembre del 
mismo año (1). 

Tal fué el éxito de la expedición inglesa contra Ni- 
caragua y tales los incidentes que la hicieron tan des- 
graciada. La Gran Bretaña perdió en esta vez cerca 
de cuatro mil hombres y más de tres millones de pesos. 

Las fuerzas situadas en la fortaleza de San Carlos 
que defendían la entrada del lago, no tardaron en ob- 
servar la falta de enemigos en el río y resolvieron 
avanzar, por medio de una columna exploradora, que 
ocupó el Castillo en los primeros días de enero de 1781 
en donde, según dice una consulta de aquella fecha, se 
encontraron siete oficiales ingleses, sin duda enfermos, 
que fueron hechos prisioneros. 

Una vez recuperado el Castillo, se trató de averi- 



(1) £1 señor Ay(^n, siguiendo al Arzobispo Peláez, qao alga- 
lias veces suele ser inexacto, refiero que ol Gobernador fde la pro- 
rinda según éste, de Ja fortaleza según aquel) don Jaan «le Ayssa, 
con unos pocos reclutas de Granada y Masaya, recuperó el Casti- 
llo y derrotó los 1800 ingleses do Polson y Nelson. Semejante 
fábula carece hasta de verosimilitud. Don Juan de Aysaa se en- 
contraba entonces en Sabana la Mar, y no eran Xelson y sus tro- 
pas dü línea los que se dejahin derrotar por reclutas indígenas, ann 
ruando los comandara don Juan de Ayssa. 

Mucha parte de nuestra relación descansa en Marure, atrás cita- 
do, que tuvo á la vista las Memorias manuscritas del Corom^l 
11 >d<'s )n V muchos documentos oficiales. Las fechas difieren no- 
tablemente de las de Peláez, Levy y Ayón; pi^ro coinciden con 
los biÓ£rfaXos do Nelson — (N. deUA.) 



CAP. XTtU — ULTIMOB &0CK80B, HtC. 



27;-, 



Hugí 



tíoav si el enemigo existía ó no eu la embocadura del 
in, y con tal objeto so enviaron dos piraífnas j un bo- 
- iiasta llegar al punto donde estuvo situado el «aui- 
^mento inglés, qoe so encontró abandonado y con- 
;Ído en cementerio. Numerosas sepulturas, algu- 
de ellan con tarjetfls ^ inscripciones, atestiguaban 
lü terrible mortandad que ocasionó la epidemia en el 
ejéieito invasor. 

Encontráronse todavía tres piragua* grandes, una 
fragata, cinco piraguas menores, una elialupa y mu- 
• líos útiles do marina, olvidados por los ingleses pii la 
¡irecipitación de la retirada. 

Vista la inutilidad del Castillo de la Concepción, pa- 
ra 8er defendido con éxito, ordenó el Gobierno de Es- 
paña que fuera demolido; pero no se llevó á efecto es- 
ta orden, no sabemos por qué motivo, y las autorida- 
des de k Provincia, tan «olamente ae limitaron á re- 
ducir la guarnición que lo custodiaba y á robusteeei 
la de la fortaleza de San Carlos, que se creyó inexpug- 
nable. 

U facilidad de una comunicación interoceánica uo 
-'ír ü(!ultaba A nadie, y para comprobarla se comisionó 
*' ingeniero don Manuel Galisteo, en el propio año de 
l'Sl, para que hiciera estudios detenidos sobre la ca- 
nalización del istmo de Rivas, aprovechando las aguas 
del Lago y río San Juan. 

OaliMteo declaró impracticable semejante pensa- 
""«nto, fundándose en que la altura del Lago sobre el 
Patiifico era de ciento treinta y cuatro pies castcUanost 

'te pulgadas y nna línea ; y que el mayor fondo de 
Ws aguas uo excede de ochenta y ocho pió» y seis pul- 
las, por lo cual, y siendo menor el cauce del caaal, 
^^Ddría k consumirse en poco tiempo, no solamente 

Ho San Juan que se abastece del Lago, sino tam- 

iti éste. 



276 HISTORIA DE NICABAGÜA 



En el año de 1783 se hizo cargo de la GoberDaeióo 
é Inteiidencia de la Provincia, en lagar de don José 
de Estachería, que había sucedido á Quiroga en 1779, 
el Coronel don Juan de Ayssa, á quien el Rey hizo 
merced de este empleo por cinco anos, en recompensa 
de la heroica defensa del Castillo de la Concepción en 
1780. 

En el mismo año de 1783 fué enviada á río Frío una 
expedición militar, con objeto de reducir á los indios 
guatuzos. 

Durante el gobierno del señor Estachería, se marcó 
más el malestar social, á causa del odio entre los crio- 
llos y los peninsulares. El despotismo y la insolencia» 
de éstos era mayor cada día, y mayor por consiguien- 
te la inquina contra España y contra todo lo que de 
ella provenía. 

En 1785, la escuadra española hizo un reconocimien- ^ 
tu de las costas occidentales del Reino, y se obserr^^ 
algo más de interés en la defensa de estas provinciafcr - 

Cuando el estudio de las costas fué publicado, s^^ 
presentó uu especulador, Martín de Labastide, qu^ 
proponía eomunicaí* el Lago con el Pacífico, dandc^ 
mayor aucliura á un canal natural, que suponía exi^^ 
tente en el golfo de Papagayo. Este canal era el rí^^ 
S .poá, y en la misma memoria se indica otro corteen^ 
1ro el mismo Sapoá y el golfo de Nicoya. 

Labastide hizo la publicación de su memoria basta* 
en 1791, apoyada por el favorito Godoy, entonces Pría ' 
cipe de la Paz; pero los graves acontecimientos del^ 
Levolución francesa, que preocuparon á la Corte deEs- 
paña como si se hubieran verificado en su propio t^' 
rritorio, fueron causa de que se olvidara completa- 
mente el proyecto de Labastide. 

Después del tratado de París de 1783, en que se ajo.»- 
tó la paz entre Inglaterra, Francia y España, y se con- 



^iio que los ingleses abniídouat'íau todos los establci-J 
'■ituieutos que tu%'iorau hu «I coutineute español, sel 
creyeron termiuadas para siempre las dificultinies con I 
las tribus zambas y mosquitas de la costa Norte; perol 
no fué así, porque el Gobierno británico retuvo inde- 1 
bidnmente ese tenitorio, alegando que no pertenecía I 
^1 continente español, sino al americano, y que por I 
|'f>asiguiento no quebaba incluido en el tratado. 

En virtud de esa negativa hubo enérgicas gestiones I 
''•^ parte del fiabiuote do Madrid, hasta ITfití en que sel 
"lobró un tratado adicional y aclaratorio del de París, [ 
■iitre Inglaterra y España, estipuliiudose la evacúa- J 
■ióii del territorio mosquito por los subditos ingleses I 
'l«í) on ('I residían y el reconocimiento de la soberanía I 
"'apañóla en todo su litoral. 

En cumplimiento de esa estipulación, loa ingleses r 
''cados t'n la costa Norte de Centro- América, aban- 1 
'ouaron eus establecimientos en enero de 1787, y I 
lUedarüu los indios zambos y moscos entregados ásusí 
■ '»""ip¡aíi fuerzas. 

Era caudillo de los primeros el Bey Jorge (Gem,, 

'^ inij) y de los segundos elJefe Britón (Bretón). Am-j 

' "^s procuraron inteligencias con las autoridades os- 1 

'- "ixñolas, procurando sacar el mejor partido de la diff-, 

' I situación en que estaban colocados. 

Eii aquel tiempo ocurrió un episodio que llamó mu- 
' 1^0 la atención pública y lisonjeó por un momento 1%^ 
~pei-au/,a que las autoiidades del Reino tenían dal 
'^-^n^íiarse sin violencia del territorio mosquito. 
_IÜQ ana de las excursiones de 1782, los moscos í 
pearou la ciudad de Juigalpa en Chontales y se lle-j 
hron consigo á una niña blanca de diez años llama-l 
a María Manuela Rodríguez y íi cinco mulatas mái 
íl la misma población. 
|E1 jefe mosco BreU'm, residente entonce» cu Ta 



278 HI8T0BIA DE NICARAGUA 

bappi, recibió en su casa á las caativas y las trató eo0 
alguna dureza; pero conforme crecía y desarrollaba 1a 
joven Rodríguez, fué cambiando de conducta, á can^^ 
de sentirse cada día más apasionado de ella. 

A pesar de todo, Bretón respetó, no solamente el pu- 
dor y la inocencia de la cautiva, sino también su reli- 
gión, permitiéndole que la practicara en el departa- 
mento que le había señalado para habitación en S'Xi 
propia cabana. 

Las mujeres y demás servidumbre del jefe, también 
respetaron á la prisionera; y ésta, rodeada de las mi^' 
latas ehontaleñas, que la servían y cuidaban, entró ¿ 
la plena juventud llena de gracias y virtudes. 

Una pasión novelesca se apoderó entonces del eaU" 
«lillo indio, jsiu quo la Rodríguez diera muestras tl^' 
í-oíieederle nunca la mouor <*speranza. Pudo entoii- 
res Bictihi abusar de su poder; pero le pareció indigno 
y prefirió la astucia á la violencia. 

Así estaban las cosas cuando se verificó la salida de 
los ingleses do la costa Norte. Inmediatamente des- 
pués el Gobernador Intendente de Nicaragua reclamó 
de los moscos y zambos la devolución de los prisione- 
ros que retenían, y fué imposible negarse. Bretón con- 
testó (jue pondría en ia propia capital de la Provincia 
lo,i que guardaba aún. 

8u situación con la Rodríguez no mejoraba, y con- 
siderando que su conversión al catolicismo podía inte- 
resar su earífio, le pidió el bautismo, que le fué admi- 
nistrado por una de las mulatas. Como este acto cam- 
bió favorablemente la disposición de la cautiva, hizo 
que también se bautizaran sus concubinas, su herma- 
no y sus dos hijos, logrando de esta manera compla- 
cer más á su amada. 

Por fin se hizo imposible retener más á los prisio- 
neros, y en el mes de junio dé 1 788 fué devuelta la 



CAP. XXU. — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 279 

joveu Rodríguez, acH)iupañada de dos de las mulatas, 
de un mestizo costarricense, llamado Cubero, y de una 
hija del jefe mosco, encomendada á la misma Rodrí- 
guez para instruirla en el catolicismo. Cuidaban de 
sa Custodia un Almiral mosquito, con su mujer é hijo, 
un Coronel, un oficial y dos sirvientes también pios- 
qmt08. 

Llegaron todos á León el 25 del mismo mes de ju- 
uio y fueron solemnemente recibidos. 

El Almiral, que era plenipotenciario del jefe mos- 
co, significó al Gobernador Intendente don Juan de 
Ayssa, la disposición en que se hallaba el jefe mosco, 
DO sólo de aceptar el catolicismo para sí y sus subdi- 
tos, sino también de sujetai*se en absoluto al dominio 
«ipaüol y hasta cambiar de residencia, si se le cou ce- 
día la mano de la Rodríguez. 

Inútil es decir que el Gobernador español, alucina- 
do con los ofrecimientos del indio, correspondió con 
toda clase de promesas y arregló en su mente y á su 
manera el porvenir de los mosquitos. Colmó también 
de agasajos y obsequios al plenipotenciario, hizo >>au' 
tizar solemnemente y con deslumbrante pompa á la 
hija de Bretón, dio su consentimiento para el matri- 
inonio de éste con la Eodríguez, y dispuso que una 
«omisión compuesta del Capitán don Luis Tifer y de 
í'ray Manuel Barrueta pasara á Tubappi á traer al jo- 
fe mosco. 

Antes del regreso del Almiral, dispuso también 
el Gobernador, que visitara el pueblo de Mateare, don- 
óle quería que se establecieran el jefe mosco y su tribu . 

El 10 de julio del mismo año se verificó el regreso 
del Almiral mosco y su comitiva, acompañados de 
los enviados del Gobernador Intendente. 

Fray Barrueta estuvo antes á visitar a la Rodríguez, 
líiqíiole manifestó, que aunqtíe la tuvieran bajo* ta tie 



280 IllSTOKIA D£ NICARAGUA 



rra toda su vida, siu mirar el 8ol y sofriendo los 
yores castigos, no volvería á la Mosquitia, y que al J^- 
í'e do ella, lü le había tenido jamás, ni le tenia entoo- 
<*os voluntad para casarse con él. 

Mientras tales acontecimientos se verificaban en N^í' 
earagua, el Jefe mosco, acompañado del Rey de los 
zambos, hizo una visita en Cartagena al Virrey de to 
Nueva- Granada, que lo era el Arzobispo don Juan An- 
tonio Caballero y Góngora. 

fírftnn, llevando adelante su farsa de conversión, en 
su primera entrevista con el Virrey, le manifestó su 
amor al cristianismo y su deseo de ser bautizado nue- 
va monte, por tener algunas dudas acerca del sacra- 
mento que le había administrado la mulata que ser- 
vía a. la Rodríguez. 

Es do suponerse el gusto con que aquel elevado fa'ü* 
oionario recibiría semejante solicitud del jefe de ntx^ 
tribu, que hacía tantos años mantenía en constan.** 
alarma todo ol litoral do la costal Nort^^ de Centi*^' 
América. 

El (> de •lulio del año de 1788, la ciudad de Cartagp^ 
na í^stuvo do plácemes. El Virrey en pei*soua baut^' 
zó solemnemente al jefe mosco, concediéndole, coiP^ 
señalada distinción, los nombres de Carlos Antonio 
(le Castilla, que correspondían al Monarca español. 

El Rey Jorge, aunque se mostró renuent.e á bauti- 
zarse, ofreció no obstante, que permitiría en sus domi- 
nios \íi entrada y permanencia de misioneros católicos. 

Llenado el objeto de la visita de los caudillos indios^ 
que ora ponerse bien con las autoridades españolas, 
pormanocioron todavía en Cartagena durante el mes 
do julio y después regresaron, siendo hasto el último 
día muy atendidos y obsequiados. 

Al llegar don f -arlos Antonio de CastiUa á sus do- 
minios, se encontró con los comisionados Tifer y Ba- 



CAP. XXII. — ÚLTIMOS SUCESOS, ETC. 281 



rraeta, á quienes obsequió lo mejor que pudo. Se apar- 
tó luego de sus mujeres, hizo bautizar á éstas y á los 
principales de su Corte, y por consejo de Fray Barrue- 
ta y aprovechando el regreso de un antiguo misionero, 
escribió é la Rodríguez, dándole cuenta de los progre- 
808 de su fervorosa conversión y solicitando nueva- 
mente su mano. 

La libada á León del Misionero, certificando la siu- 
eeridad de'tan milagrosa conversión, y más que todo 
el interés de sujetar á los mosquitos, hizo que el Obis- 
po en persona se encargara de convencer á la Rodrí- 
guez, quien al fin cedió "sacrificándose generosa y 
noblemente al interés público de la reducción fie la 
Mosquitia (1). 

El jefe mosco se embarcó en el mes de noviembre* 
con dirección al río San Juan. En el fuerte de San 
Carlos fué atendido y recibido con honores militaros, 
lo mismo que en Granada y León. 

El 20 de diciembre de 1788 se celebraron con regia 
pompa, las bodas do don Carlos con la Rodríguez, y 
poco después regresaron ambos á la Mosquitia, acom- 
pañados de algunos misioneros. 

Llegados á Tubappi, a principios de 1789, hizo íU'eer 
^1 jefe mosco á su esposa y á los misioneros, que tra- 
taban de rebelarse los pueblos contra él por la presen - 
<íia de aquellos, y de esta manera logró despedirlos. 

Se olvidó poco después del cristianismo y de la pro- 
paganda católica; y más tarde, sin duda cuando so 
fastidió de la Rodríguez, la devolvió á Juigalpa, ha- 
biéndole creer que trataban de asesinar íi ambos y que 
Wrían graves peligi'os en Tubappi. 

Volvió el jefe mosco á su vida y costumbres do an- 
taño; y algún tiempo después caía muerto á pufiala- 



íl) Peláoz — Memorias, tomo iii, página 164. 



282 HISTORU DE N1GAKA6UA 



das por su sobrino Alparis qne, ayudado de los zam- 
bos, le usurpó el mando. 

Doña María Manuela Bodríguez tuvo de su matri- 
monio un hijo, á quien se dio el nombre de su padre 
y el grado de Alférez de los reales ejércitos, con el 
cual servia en la plaza de Granada, cuando se procla- 
mó la independencia de Centro- América, 

Así terminó ese asunto que en aquel tiempo llamó 
la atención de todo el Heino y dio lugar á distintas 
versiones (1). 



(1) El Alférez don Carlos de ( -astilla, pasó mucha parte de so 
j aventad en Granada, en casa de don Gerardo Reyes, hisabnelo 
del antor de este libro. — (N. del A.) 



CAPÍTULO xxm 
UltlnioH afiOB del sigrlo XVIII 



Don Juan de Ayssa es nombrado Gobernador Intendente 
de I<eón— Estalla la Revolución Francesa— Efectos que pro- 
duce en el Nuevo-Mundo— Muerte de Ccu^los III— Su reina- 
do—Le sucede Carlos rv— Exploración de los grandes ríos 
de Segovia — Espafia declara la guerra á la República france- 
sa—Don Juan de Ayssa pasa á la fortaleza de San Carlos— 
Le sucede en la Gobernación de la Provincia el Coronel don 
José Salvador — Es habilitado San Juan del Norte— Se anexa 
toda la costa Norte á la Nueva-Granada— Mirada retrospec- 
tiva—Los conquistadores y el clero— La instrucción pública. 
La Universidad de Quatema] a— Preocupaciones coloniales. 
Riquezas eclesiáisticas- Sevilla y sus grandes privilegios— 
Sucédele Cádiz— Restricciones del comercio— Derechos fis- 
cales— industria— Sistemas económico, penal y administra- 
tivo-Entrada al siglo XIX— Reinado de Carlos IV— Su de- 
claratoria de guerra á Francia y su alianza con esta Nación. 
El favorito Godoy— Es proclamado Fernando VII— Abdica- 
ción de Carlos IV — La vacuna— Creación de cementerios- 
Escasez de grranos — Los mosquitos. 



Por real cédula de 23 de diciembre de 1786 fué iiom- 
Ijrado don Juan de Ayssa Gobernador Intendente do 
la Provincia de León, de acuerdo con las ordenan- 
zas de Garlos III. 

Un año después, se vericaba en Europa la gran Re- 
volución Francesa, aquella titánica revolución que 
ilerrumbó el trono de los reyes 6 hizo surgir de sus es- 
combros la gloriosa proclamación de los derechos del 
hombre, cuyos gratos ecos resonaron y se repercutie- 
ron por todos los ámbitos del Nuevo-Mundo. 

De esa fecha en adelante el malest^ir social so mar- 
ca máí V mái?. 



284 HISTOBU DE NIOAllAGUA 



Las Ordenanzas á^ Carlos III toleraron la introduc- 
ción de algunos libros extranjeros. Abierta de est« 
modo la puerta á las ideas del siglo, aquellos pueblos 
ansiosos de luz, absorvieron por completo, pudiera de- 
cirse, las avanzadas doctrinas de Yoltaire, de Roa- 
sseau, de los enciclopedistas y de Mont«squien. 

Aquellas doctrinas fueron para las colonias como lí^ 
lluvia para un terreno sediento. Se acabó como po»" 
encanto el derecho divino de los reyes, el título de pro^ 
piedad de América concedido á España por la Santi - 
dad de Alejandro VI, la infalibilidad del clero y toda** 
las otras enseñanzas del reinado de la colonia. 

En el Reino de Guatemala las divisiones sociales se 
acentuaron: creció el odio contra los peninsulares; y 
las elecciones de muchos pueblos dieron lugar á esce- 
nas sangrientas. 

El 14 de diciembre de 1778 falleció en Madrid el Bey 
don Carlos III, á consecuencia de una fiebre. Había 
reinado veintinueve años, tiempo que pareció harto 
breve a la Nación española en su pesadumbre. A ex- 
cepción de su antecesor don Fernando VI, ningún 
otro monarca fué llorado con tanta sinceridad y jns- 
ticia. 

Carlos III no era hombre fecundo en grandes inspi- 
raciones, ni su inteligencia se elevaba á las regiones 
del águila; pero aceptaba las ideas de sus Ministros 
con entusiasmo y las llevaba á ejecución con perseve- 
rancia. 

Las ideas propagadas en Francia por Voltaire, Rou- 
sseau, Montesquieu y los enciclopedistas, habían in- 
fluido en España, donde muchos hombres pensadores 
cultivaban así los amenos como los profundos estu- 
dios. El Conde de Aranda, Floridablanca, Campoma- 
nes, Jovellanos y otros, manifestaban tendencias libe- 
rales, aunque diferían entre sí en el grado y modo de 



CAP. XXIII. — ÚLTIM08 AÑ08, ETC. 285 

!oTQeutarla8. Carlos III tuvo el acierto de inspirarse 
^n los reformadores, ó inició una serie de medidas be- 
iieficiosas para el porvenir y para el prestigio de Es- 
paña. 

8i Be compara el reinado de Carlos III con el de su 
padre Felipe V, parecen ambos separados por un es- 
pacio de muchos siglos. El desarrollo de las luces fué 
muy rápido durante este último periodo, y hasta los 
núsmos inquisidores de las provincias se vieron obli- 
gados á adoptar principios de moderación, desconoci- 
dos en los tiempos anteriores. La Inquisición se es- 
condía ya del pueblo y huía de la luz, como avergon- 
zada y arrepentida de sus propios errores. En 1762 
86 vio ya cortada en su facultad de previa censura y 
aprobación de los libros que hubiesen de circular en 
lispaña, y más tarde el Conde Aranda prescribió lími- 
tes á su poder y le prohibió castigar con el oprobio de 

la cárcel, sino en los casos de un grave y patente de- 
lito. 

Al abatimiento de la Inquisición, siguió el renací - 
íuiento de las ciencias, la literatura y las artes. Diría- 
^ que el genio español, libre al fin de cadenas, podía 
^'^plegar sus alas. 

Cíosa extraña: el iniciador del renacimiento filosófi- 
co en la Península fué, como en Centro-América, un 
Nle. El Padre Benito Gerónimo Feijoo fué para 
los españoles, lo que el padre Liendo y Goicochea i)a- 
^ los centro-americanos. 

l"n fraile había sumergido a España en las tinie- 
^ias de la ignorancia, y fué otro fraile quien alejó las 
tinieblas y derramó sobre ella la luz de la moderna ci- 
víJizacion. Torquemada había, por decirlo así, que- 
fnado el pensamiento en sus hogueras y el Padre Fci- 
oo removió las cenizas y en la chispa que halló toda- 
ía, encendió la antorcha do la nueva filosofía. 



28<> HISTORIA DE NICAKAGUA 



El Padre Feijoo fué un aventajado dÍ8CÍpalo de los 
filósofos naturalistas de su siglo, que derrocaron el 
principio de la autoridad, protector de la tiranía cien- 
tífica, y colocaron on su altar la diosa razón, apoyán- 
dose en la duda. Embriagado el monje en sa retiro, 
con la idea de hacer en España la grande revolución 
moral que en otras naciones estaba verificando la doc- 
trina de aquellos pensadores, escribió su valiente) Tea- 
tro crítico^ en el que llamó á juicio á todas las clases 
do la sociedad, acusándolas de sus decepciones y ex- 
travíos. La charlatanería que se decoraba con el nom- 
bre de ciencia, la credulidad del vulgo en que se ci- 
mentaban mil absurdas aberraciones, los falsos siste- 
mas, los pretendidos milagros, las costumbres perni- 
ciosas, todo fué pasando ante su vista y recibiendo de 
sus manos el agua bautismal de la nueva filosofía. La 
Inquisición había ahogado la inteligencia nacional; y 
la voz que llamó á ésta á nueva vida, salió del fondo 
íle un claustro solitario. ¡Ley providencial sin duda, 
que envía un parricida á toda institución degenerada 
ó corrompida! (1) 

El reinado de Carlos III fué uno de los más glorío- 
sos y felices que tuvo España desde Felipe II. Todo 
mejoró en el Reino, creándose entonces un espíritu 
verdaderamente nacional, empleado constantemente 
en promover los progresos de las ciencias y las artes 
y todas las obras y proyectos, favorables al bienestar 
de los pueblos. Las Américas fueron divididas polí- 
ticamente en cuatro grandes virreinatos: México^ Pe- 
rúy Ntteva-Granafh y Buenos-Aires y ocho ca{ii tañías 
generales. 

Por muerte de (>arlos III, ocupó el trono español su 
hijo el Príncipe de Asturias, que tomó el nombre de 



(1 ) Eduardo Chao — Hisioria de España, 



CAP. XXIII. — ÚLTIMOS AN08, ETC. 287 



Garlos IV. Las buenas intenciones de éste, su carác- 
ter bondadoso y su mediana instrucción, daban espe- 
ranzas de que su reinado sería una continuación en 
todo del reinado anterior; pero los acontecimientos 
extraordinaidos que se verifiacaron después, con mo- 
tivo de la Revolución francesa, demandaron hombres 
de otro temple al del nuevo monarca, que como lo ve- 
remos adelante, sólo logró exhibir su nulidad y com- 
prometer la independencia de España. 

Los que sabían las interioridades del Palacio Beal y 
conocían la debilidad del carácter de Carlos IV, su 
desmedida afición á la caza, la humildad de sus pen- 
samientos y la vergonzosa dependencia en que lo te- 
nía constituido su esposa, no se hicieron muchas ilu- 
siones acerca del nuevo reinado. 

En efecto, la Reina María Luisa de Borbón y Par- 
ma, que tanta inñuencia tenía en el ánimo apocado 
del monarca, no podía inspirar esperanzas muy lison- 
jeras para el porvenir. Sus mal disimuladas faltas á 
la fidelidad conyugal, que habían acibarado los últimos 
días del honrado Carlos III, hacían presagiar ya un 
reinado afrentoso para el trono y funesto para la Na- 
ción. 

En Nicaragua, mientras tanto, y durante la Admi- 
nistración de don Juan de Ayssa, se exploraron los 
río;í Coco y Matagalpa y se emprendió por muchos 
puntos la catequización de los indios mosquitos ó sea 
de la Tologalpa, como llamaban entonces á la faja de 
terreno desde el río Tinto hasta más acá del Rama. 

En 1793 declaró España la guerra á la República 
francesa, y necesitando poner en estado de defensa 
el río San Juan, nombró Comandante de la fortaleza 
de San Carlos y director de las obras que en ella ha- 
bían de emprenderse, al Gobernador Intendente don 
Juan de Ayssa; sucedióndole por esta causa, en el 



288 HISTOBIA DE NIGABAGUA 



Gobierno de la Provincia, el Coronel don José Salva- 
dor, en diciembre del mismo año, con el sueldo de 
$ 3,500. 

En febrero de 1796 fué habilitado San Juan del Nor- 
te como puerto de entrada; y en marzo siguiente se 
tomaron las medidas necesarias para su colonización. 

Amenazada la costa del Norte por las fuerzas nava- 
les de las potencias con que España se hallaba en gue- 
rra, se decretó la anexión de esa misma costa al Bei- 
üo de Nueva-Granada, con objeto de asegurar su 
defensa por medio de los grandes recursos acumula- 
dos en el astillero de Cartagena; pero tal disposicióu 
no se llevó jamás á la práctica. 

Hemos llegado al último año del siglo xviu, y se ha- 
ce indispensable suspender por un momento nuestra 
relación, para dirigir una mirada retrospectiva sobre 
el pasado y ponernos al corriente del estado en que 
nuestros colonos despertaron á la luz del siglo xix. 

En los primeros años que siguieron al descubrimien- 
to de Nicaragua, la población se hallaba, en cuanto á 
letras, cu completas tinieblas. Los aventureros espa- 
ñoles que llegaban á nuestras colonias tenían más afi- 
ción á la espada que á la pluma, y era raro el que si- 
quiera sabía escribir su firma. 

Los escritos de aquel tiempo, confiados á las perso- 
nas más inteligentes é instruidas, ponen de manifiesto 
la ignorancia de sus autores. 

El clero fué entre nosotros, como en muchas otras 
colonias, el que descorrió el velo á la enseñanza co- 
menznndo á propagarla. 

Poro la instrucción clerical sólo se limitaba á las 
castas privilegiadas y se reducía á las primeras letras 
V á la doctrina cristiana. 

Más tarde se estableció en León un Colegio Semiua- 
rio, para fabricar los sabios de la colonia. Sfe estudia- 



CAP. XXIII, — ÚLTIMOS AÑOS, ETC. 289 



ba allí latinidad, ciei*to embrollo metaf isleo -religioso 
que apellidaban filosofía, y teología moral y dogmática. 

La sabiduría y la ciencia no pasaban nunca más 
allá de los dinteles de la sacristía. 

Se creó después una Universidad en Guatemala; 
pero tanto en ésta como en el Seminario de León, no 
se podía avanzar más de lo que conviniera á la políti- 
ca de España en las colonias. 

En 1794 había en la capital del Ueiuo diez y seis 
conventos, muchas iglesias, varios cuarteles y una so- 
la escuela de primeras letras. 

El clero, que era el arbitro de la enseíianza y el bra- 
zo fuerte del poder civil, se apropiaba del niño desde 
su nacimiento, le inculcaba las ideas que más conve- 
nían á su objeto, y perseguía al hombre en todas sus 
edades, sin despedirse de él, ni aún al borde del se- 
pulcro. 

Así se explica que explotara la credulidad pública 
con tanto aplomo,, en provecho propio y ou el del Rey 
á quien servía. 

Por donde quiera levantábanse ermitas á imágenes 
milagrosas, que constituían la renta del gremio cleri- 
cal. En la villa de Esquipulas existo hasta el día, un 
rico santuario de una imagen negra del Crucificado. 
Ese santuario atraía peregrinos hasta de México; y 
en el pequeño valle se llegaron á reunir hasta cien mil 
personas devotas de la imagen á quien, según el cro- 
nista Juarros, se la veía sudar por tres veces, "tenien- 
do el privilegio, aquel sudor, de restituir la vista á 
los ciegos y el habla á los mudos'' 

El sabio don José Cecilio del Valle, hablando de la 
Universidad de Guatemala, decía en 1830, que duran- 
te el primer siglo no se enseñó en ella el derecho civil 
que regía sino el de los romanos, que no tenía fuerza 
de ley; y si después se citaba el de Castilla, las leyes 

19 



290 HISTORIA DE NIOABAOÜA 



de Boma erau siempre el texto principal y las de lis - 
paña el accesorio. En filosofía se enseñó, alterada por 
sus intérpretes, la escolástica de Aristóteles. En me- 
dicina, la que era propia de los tiempos más oscnros, 
sin que hubiera nunca clases de ciencias naturales, ni 
de ciencias exactas, ni de ciencias económicas y mu- 
cho menos de ciencias políticas. 

Fué únicamente de 1795 en adelante, es decir, vein- 
tiséis años antes de nuestra emancipación, que la en- 
señanza en Guatemala se extendió al estadio de la Fí- 
sica, Química, Matemáticas y Ciencias Naturales, de- 
bido á los esfuerzos de Goicochea y Flores. EU pri- 
mero, escudado con su hábito monástico, fué á Madrid 
en los tiempos de Carlos III, estudió noche y día y 
volvió trayéndonos la última palabra del movimiento 
científico del siglo xviu en Europa; mientras el otro, 
por la observación y con el auxilio de su gran talento, 
se adelantaba á Galvani y Balli en experimentos físi- 
cos sobro la electricidad, y á Fontana en las estatuas 
do cera, para el estudio de la anatomía. 

Cuando más tarde en París, vio Flores en embrión 
casi, los mismos experimentos y teorías que había 
desarrollado en Guatemala, escribió á Goicochea: "En 
las lecciones que redacté á mis discípulos hace ocho 
años, encontrará Ud. el electróphoro, las descargas, 
etc. etc., con otras cosas á que yo me adelanté, guiado 
nada más que por la analogía y por la misma extruc- 
tura de las partes, y por la imposibilidad de poder ex- 
plicar y dar ideas claras con las ideas viejas.^ 

Al finalizar el siglo xviii entre nosotros, solamente 
el clero podía hacer alarde de prosperidad. Sus ren- 
tas, según refiere un reputado escritor inglés, (1) no 
bajaban de cuarenta y cinco millones de pesos. 



(l) TomíisGaye. 



CAP. XXI ri. — ÚLTIMOS AÑOS, ETC. 29l 



Tan sólo la Orden de Predicadores de Guatemala, 
administraba muchos pueblos y tenía una hacienda 
de trigo, un molino de agua, un ingenio de azúcar y 
una mina de plata, de la que sacaba anualmente una 
renta de treinta mil ducados de once reales cada uno, 
ó sean, diez y seis mil quinientos duros. (1) 

El comercio de Nicaragua, que fué de los más gran- 
des del Reino de Guatemala, apenas tiene una histo- 
ria. Su escasícima importancia, durante los tres si- 
glos recorridos]" no arroja datos para trazar un cuadro 
lleno de animación y vida. 

En todo ese largo período no se hizo inás que crear 
inmensos privilegios que, constituyendo un sistema 
absolutamente prohibitivo, fueron una valla al desen- 
volvimiento del tráfico. 

El sistema prohibitivo, no sólo se extendía á las na- 
ciones extranjeras, sino que comprendía también á to- 
da la Península cuyos puertos, excepto el de Sevilla, 
no podían enviar sus naves á las colonias. 

Todo en aquel entonces se hallaba concentrado en 
Sevilla. Por espacio de dos siglos, los privilegios con- 
cedidos á esta ciudad, continuaron siempre en su vi- 
gor y fuerza, por más que en la forma de loa mismos, 
se introdujeran algunas modificaciones, que nada va- 
riaban su fondo. 

En 1774 Sevilla tuvo que llorar la pérdida de sus 
grandes privilegios. Adjudicados á Cádiz, que tenía 
un puerto mucho mejor para el tráfico, las colonias 
entraron en cambios que uo habían conocido hasta 
entonces. 

En los principios de la conquista, las naves emplea- 
íias en el tráfico debían ser de propiedad y construcción 
española y estar tripuladas por marineros de España. 



(1) Tomás Gaye 



292 HISTORIA DE NICARAGUA 



Alguna que otra vez se concedieron licencias á ba- 
ques extranjeros, á fin de que pudiesen nav^ar en 
conserva con las flotas enviadas á las América^ ; mas 
esto fué considerado por el Consejo de Indias como 
un gravísimo peligro, y por real cédula de 22 de mar- 
zo de 1613, se renovaron las Ordenanzas de la Gasa de 
Contratación que, expedidas en los primeros años de 
la conquista, hicieron retroceder el comercio á los tiem- 
pos de su infancia. 

Aparte de los privilegios concedidos á Sevilla, que 
estancaban en esta ciudad el comercio de las colonias, 
se fijaron grandes y restrictivos derechos á cuantas 
naves se dedicaban al mismo. Conocíanse el de tone- 
ladas, el de avería, almojarifazgo ó aduanas, almiran- 
tazgo y el de la media annata que se suprimió en el 

siglo XVII. 

El derecho de avería consistía en el pago de un 5% 
sobre el valor de las mercancías que se exportaban de 
Cádiz y Sevilla, y en un 21% sobre los productos que 
se importaban de las colonias. Este impuesto se des- 
tinaba al sostén de las escuadras que escoltaban los 
galeones. 

El derecho de almojarifazgo equivalía al impuesto 
actual de aduanas, y recargaba con un 15 ó un 20% to- 
dos los frutos que se importaban á España, y con un 
7 ó un 10% los que iban para América. 

El derecho del almirantazgo se hallaba fundado en 
una regalía concedida á los descendientes de Colón, 
que eran considerados como Almirantes de las Indias. 
Consistían en cien reales de plata ($ 5-^00) que se im- 
ponían á todos los bajeles que cargaran ó descarga- 
ran en Sevilla. 

Felipe V imaginó el célebre Proyecto de 1720, que 
fué un reglamento con el que se fijaron extraordina- 
rios gravámenes á la navegación y al comercio. 



CAP. XXIII. — ÚLTIMOS AÑOS, ETC. 293 



Por aquel tiempo, á más de crearse uu recargado aran- 
cel sobre el tributo de almirantazgo, se estableció el de- 
recho depalmeo 6 de capacidad y se llevó el sistema prohi- 
bitivo á una exageración verdaderamente espantosa. 

A este cúmulo de impuestos y restricciones, el ra- 
quítico comercio de Nicaragua tuvo que agi*egar las 
invasiones y saqueos de los piratas, las enormes con- 
tribuciones de las autoridades locales, los impuestos 
de la iglesia y las caridades á los templos, cofradías y 
conventos. 

La industria agrícola también se encontraba em- 
brionaria. Elaborábase con dificultad el añil, en poca 
cantidad, y la caña de azúcar. 

El cacao y el ganado vacuno constituían la mayor 
riqueza del país; pero no se exportaban. 

El tabaco y el aguardiente continuaban en los rea- 
les estancos, prohibidos á todo el mundo. 

Además de ésto, los sistemas penal, administrativo 
y económico de España en las colonias, no pudieron 
ser más defectuosos. 

El primero prodigaba horriblemente las penas de 
muerte, de azotes y de infamia; establecía el tormen- 
to como prueba y se imponía sobre las conciencias 
creando delitos contra la divinidad é inventando otros 
imaginarios y absurdos, como los que se referían á los 
brujos y hechiceros. 

El segundo establecía la supremacía de los peninsu- 
lares sobre los mismos descendientes de los conquis- 
t-adorés; hacía que los empleados fuesen siempre ex- 
traños á los intereses de la colonia y abría un abismo 
de odio y sangre entre la Península y sus dependen- 
cias americanas. 

Por iiltimo, el tercero se basaba en los monopolios, 
en las restricciones, en los impuestos y en todo aque- 
llo que hoy condena la Economía Política. 



294 HIBTOBIA DE NIGAUAGUA 



Entrábamos por consiguiente al siglo xix, llegábamos 
á la víspera de nuestra emancipación hablando mala- 
mente el idioma castellano, llena la cabeza de cuestio- 
nes teológicas y metafísicas ; pero en lo demás tan po- 
bres y atrasados como cuando Nicaragua fué á reci- 
bir á Gil González. 

Carlos IV, como hemos dicho antes, ocupaba el ti-o- 
no de los Reyes Católicos. 

Al ano de haber inaugurado su gobierno, estalló la 
revolución de París de resultas de la cual y de la eje- 
cución de Luis XVI, declaró la guerra á la Repúbli- 
ca Francesa; pero las hostilidades duraron solamen- 
te dos años, porque los republicanos franceses se 
batían, á la desesperada, con un valor asombroso, 
multiplicaban sus ejércitos como por encanto, y des- 
pués de haber ocupado las provincias vascongadas, 
amenazaron las Castillas, en 1795, y obligaron á Car- 
los IV á pedir la paz que le fué concedida en el Con- 
greso de Basilea, con pérdida de la parte que poseía 
España en la isla de Santo Domingo. Hizo más Carlos 
IV, pues celebró á continuación un tratado de alianza 
ofensiva y defensiva con la República Francesa. 

Dirigía la política española el favorito don Manuel 
de Godoy que, de simple guardia de Corps, fué eleva- 
do á los pocos meses, por el favor de la Reina, á pri- 
mer Ministro de Estado con el título de Duque de 
Alcudia, alcanzando después el de Príncipe de la Paz 
y enlazándose con la hija mayor del Infante don Luis. 

El favorito Godoy era un instrumento de Bonapar- 
te, y por su consejo declaró España la guerra á la Gran 
Bretaña, valiéndole este' paso la destrucción de su ar- 
mada en Trafalgar. 

Carlos IV, inspirado siempre por Godoy, auxilió 
también á Napoleón con quince mil soldados, que 
marcharon al Norte á las órdenes del Marqués de la 



CAP. XXIII — ÚLTIMOS AÑOS, ETC. 2J>5 



Romana; cedió al Emperador francés la Luisiaua, en 
virtud de un tratado secreto y en pago de un título 
de reina para una hija suya y de una promesa de tro- 
no para su favorito sin que, tan humillantes sacrifi- 
cios, impidiesen la invasión del territorio español por 
las tropas francesas. 

Indignado el pueblo español se sublevó en Aran- 
jaez, en 1808, contra el favorito, proclamando Rey á 
don Femando Príncipe de Asturias. 

Con objeto de salvar á Godoy, Carlos IV abdicó en 
favor de su hijo, proclamado ya por el pueblo, quien 
tomó el nombre de Fernando VII. Más tarde, al pa- 
sar por Bayona, el mismo Carlos IV nombró por su 
sncesor á Napoleón Bonaparte; retirándose á lioma, 
después de uno de los reinados más funestos que ha 
tenido España. 

Á Carlos rV, sin embargo, debió América la intro- 
dncción de la vacuna. Descubierta y propagada en 
Europa por el célebre médico inglés Eduardo Jenner, 
en 1796, el Monarca español tomó empeño en quo las 
colonias participasen cuanto antes de los beneficios 
del nuevo descubrimiento. 

El 30 de noviembre de 1803 zarpó del puerto de la 
Coruña la expedición vacunadora: hizo su primera 
escala en Canarias, la segunda en Puerto-Eico y la 
tercera en Caracas. En este punto se dividió en dos 
secciones; partiendo la una para las costas de Carta- 
gena, a cargo del Subdirector general don Francisco 
Salvani, y la otra, con el Director general don Fran- 
cisco J. Balmis para la Habana y Yucatán. 

La comisión se formaba de varios facultativos y 
veintidós niños escogidos, destinados á conservar pro- 
gresivamente el precioso fluido, trasmitiéndolo de 
brazo en brazo y de unos á otros en el curso de la na- 
vegación. 



296 HISTORU DE NICARAGUA 



Los eucargados de la comisión volvieron á Rgpafia 
en 1806, llevando una colección muy rica de plantas 
y de dibujos sobre objetos de historia natural, tanto 
del Perú, como de México y Nueva-Granada. La na- 
turaleza de América pagó con gusto su tribntO| en 
cambio del preservativo de la viruela para sus habi- 
tantes. (1) 

Los enterramientos de cadáveres en los templos, 
por la falta de cementerios, originaban en muchos 
pueblos, en que tal vez sólo existía una pequeña ermi- 
ta, enfermedades epidémicas y mal estar constante en 
la salubridad pública. Informado el Monarca de este 
inconveniente, dispuso, por una real cédula fechada 
en 27 de marzo de 1789, que los Virreyes y Capitanes 
Generales de América, ayudados de los diocesanos, 
informaran si era posible que los fondos de fábrica de 
las iglesias costearan la construcción de cementerios. 

En una nueva cédula, expedida en Aratíjuez á 15 
de marzo de 1804, se previno por fin la construcción 
de cementerios fuera de poblados y costeados con los 
fondos do fábrica antedichos, en obsequio al decoro y 
salubridad do los tomplos. Esta disposición llegó á 
Guatemala el fi de noviembre del mismo año, y el Ca- 
pitán General la mandó poner en práctica en todo el 
Reino. 

En ol ano de 1802 hubo en Nicaragua una gran es- 
casez do maíz y de granos de primera necesidad. El 
pueblo por esta causa padeció hambre y estuvo en ver- 
dadora miseria. 

En el año siguiente de 1803, ochenta mosquitos, al 
mando de un General y dos Capitanes, se pi*esentaron 
en la boca del río San Juan y exigieron al jefe del es- 
tablecimiento español que allí existía, pólvora, balas 



(1 ) IMaza — Jíi.'ifnria dr CoJnwhin. 



CAP. XXm — ÚLTIMOS AÑOS, ETC. 297 



y otros artículos, amenazándolo cou regresar é inva- 
dir dentro de tres meses si no se le daba lo que pedían. 
Esto causó gran alarma en Nicaragaa y se ocurrió al 
Capit&n General, quien mandó á reforzar el puerto y 
á construir fortificaciones. 



CAPITULO XXIV 

Preliminares de la Independencia 



Revolución de Francia — Napoleón Bonaparte— Conquista 
de España— Heroica defensa de esta Nación— José I— Jun- 
tas Gubernativas que se forman— Retraso de las noticias- 
Propaganda patriótica — Retratos de Napoleón — Delegados 
de las provincias— Junta de Gobierno— Independencia de 
las colonias— Hidalgo en México— Su muerte— Medidas to- 
madas en Guatemala— El Capitáüi General Bustamante— 
Primer movimiento revolucionario en Centro-América — Es 
deshecho — Se concede amnistía. 



La iumensa hoguera de la Bevolución francesa alum- 
braba al mundo con sus rojos destellos, cuando apa- 
reció el primer día del siglo xix, llamado en la histo- 
ria, el siglo de los progresos humanos. 

La Revolución promulgó los derechos del hombre en 
el tumulto de las barricadas, entre el terror de los ca- 
dalsos y el delirio de todas las pasiones, á manera de 
inmensa tempestad que todo lo conmueve y trastorna. 
Su gran estallido hizo temblar á los reyes é hirió de 
muerte á los privilegios de abolengo. ¡Catástrofe in- 
mensa que convirtió en ruinas la Nación francesa y 
trasformó políticamente toda la Europa! Ella vino á 
proclamar en la tierra los principios de libertad ó igual- 
dad y á redimir al hombre que gemía aún bajo la ti- 
ranía del poder civil. 

De las ruinas de aquel vasto incendio surgió un mi- 
litar de fortuna, un gran aventurero de genio que se 
adornó con los despojos de la Revolución, la convir- 
tió en instramento de sus pasiones, y no contento con 
ceñir á sus sienes una corona imperial, soñó con la 



ÍJOO HISTORIA DE NICAHAGüA 



dominación universal y declaró la guerra á los monar- 
cas de Europa. 

Napoleón Bonaparte, hijo y el^do del pueblo, ol- 
vidando su origen, reconstruyó la vieja monarquía 
francesa, resucitó las antiguas dignidades de la Corte 
de Luis XIV, se rodeó de un ejército de lacayos y 
quiso darse el lujo de repartir coronas y ducados á 
sus hermanos y generales. 

Después de terminada la conquista de Portugal, 
Napoleón fijó sus ojos en España, cuya Corona había 
ofrecido á su hermano primogénito José Bonaparte. 

La Península se hallaba violentamente agitada por 
las cuestiones intestinas de Carlos IV y de su hijo el 
Príncipe de Asturias, después Femando VIL 

Napoleón aprovechó ese estado excepcional de EIs- 
pafia para apoderarse de las ciudades fronterizas, in- 
troducir considerables fuerzas en el interior, obligar 
á los dos príncipes á que abdicasen y colocar la Coro- 
na de Castilla eu la frente de su hermano José, ya 
Rey de Ñapóles. 

El pueblo español se levantó en masa contra el usur- 
pador, é instalando una Junta Suprema en Sevilla, 
lanzó una declaración de guerra contra Francia. 

Inglaterra, la implacable enemiga de Bonaparte, 
apoyó la insurrección española, proporcionándole . di- 
nero, fusiles, cañones y un refuerzo de treinta y cin- 
co mil hombres. 

Napoleón juzgó entonces que se necesitaba de su 
presencia, y colocándose á la cabeza del ejército, mar- 
chó sobre Barcelona, y de victoria en victoria llegó á 
las puertas de Madrid, que se apresuró á capitular. 

En el mismo día que se rindió Madrid, el Empera- 
dor abolió la inquisición en todas las Españas, po- 
niendo de esta manera ñn al más sangriento y bárba- 
ro de los tribunales. 



i 



CAP, X2UV — PKEUMÍNAKES, ETC. 301 

M 

Napoleón se lanzó en persecución de los ingleses 
piara cortarles la retirada á la Coruña y privarlos de 
embarcarse ; pero en el momento que llegaba su reta- 
guardia, recibió despachos de París en que le anun- 
ciaban que el Austria se preparaba á entrar eu cam- 
paña contra Francia. 

B^^resó á Madrid, dejando á uno de sus generales 
el cuidado de pers^uir á los ingleses; instaló á su 
hermano José en el trono de España y volvió a em- 
prender el camino de Francia. 

Garlos IV fué destronado en 1808, y su sucesor José 1 
reinó hasta 1813; pero su reinado fué casi de nom- 
bre, porque el pueblo español, en su mayor parte, se 
mantuvo en insurrección permanente, y en América 
jamás se le reconoció. 

Para atender á la defeiTsa del Reino, los españoles 
sublevados organizaron en todas partes Juntas Guber- 
nativas, encargadas de mantener la inviolabilidad de 
la Nación y de su Rey legítimo don Fernando VII. 

La» Juntas se hicieron extensivas á América. Ellas 
ayudaron mucho á las Cortes y Regencia de Cádiz y 
condujeron la guerra contra el usurpador, con una 
energía y resolución de que hay pocos ejemplos en 
la historia humana. 

En todos los pueblos y ciudades de América reco- 
gieron dinero y material de guerra que mandaron á 
Elspana. Los mismos esclavos de Omoa contribuye- 
ron á esas donaciones. 

Era tal el estado de cosas de las colonias en esa épo- 
ca y tan escasas y difíciles las comunicaciones, que 
hasta dos años después, es decir, á principios de 1810, 
se supo en Centro-Américi la entrada de Napoleón á 
España y la deposición del Rey, cuando ya en Méxi- 
co y Sud- América se habían levantado las primeras 
actas de independencia. 



302 HISTORIA DE NICAKAGUA 

Puede suponerse la consternación y el atardimíea* 
to de los empleados españoles, al tener noticia de tan 
tristes sucesos 

En aquellos días de suprema angustia para Eispa- 
fia, sólo se pensó en halagar á las colonias y en sacar 
de éstas todo el auxilio posible. 

Las autoridades españolas, atentas sólo á la angus- 
tiosa situación de la Península, olvidaron la polítiea» 
anterior, para dar entrada de lleno á las ideas de eman — 
cipkdón y libertad, con objeto de levantar el senti- 
miento patrio contra el invasor francés. 

Aquella propaganda, en un pueblo que contaba tres.*- 
siglos de oprobiosa servidumbre, fué para los espafio- ^ 
les como una espada de dos filos, algo así como 
chispa que debía prender en las colonias y en día 
lejano, el elemento acumulado en tan dilatado tiempcv 
de venir sufriendo. 

En el mismo año de 1810 llegaron á Granada ubo^ 
bultos de género con la estampa de Napoleón ; perc^ 
bien cerrados, en cajas de madera y por la vía de Car- 
tagena. Cuando lo descubrió la autoridad, embargó • 
dichos bultos y los quemó en público, con aplauso de 
la población. 

La Regencia de España decretó, en principios de 
1810, la admisión de veintiséis delegados de las 
colonias en el seno de las Cortes y la emancipación 
del comercio ultramarino; pero á las pocas semanas 
revocó la última resolución á instancias de los nego- 
ciantes de Cádiz. 

Todas esas bellas promesas y reformas aparentes 
fueron tardías y sólo sirvieron para precipitar el cur- 
so de los acontecimientos. 

Las Cortes y la Regencia trataron de mejorar la 
condición de las colonias y declararon, en consecuen* 
cía, que todas las posesiones españolas, en ambos he- 



CAP. XXIV — PRELIMINARES, ETC. 308 

- — ' •" * - 

misferíos, formaban una sola monarquía, una sola 
nación y una misma familia con iguales derechos. 

Con respecto á Nicaragua, decretaron también, las 
Cortes de Cádiz, que hasta nueva orden sería gober- 
nada, en unión de Costa- Eica, por una Junta de Di- 
putados de las siete Provincias que las componían, 
nombrándose Presidente de dicha junta al Obispo de 
León don Nicolás García Jerez. 

El primer ejemplo de insurrección estaba dado á 
las colonias por la misma España, al verse oprinfida 
7 sojuzgada. 

América, despertada por las redentoras doctrinas 
del 93, alentada por el ejemplo de la madre patria, 
vuelve los ojos sobre sí misma, mide sus fuerzas de 
una sola ojeada y cree que puede proclamar contra la 
metrópoli española los mismos principios que ésta 
había hecho valer contra el conquistador del siglo. 

En el propio año de 1810, las mismas Juntas Guber- 
nativas, decretadas por España, reconocen su impor- 
tancia política y manifiestan francamente su deseo de 
hacerse independientes de la metrópoli y formar es- 
tados autonómicos entre sí. 

Venezuela, Buenos- Aires, Nueva-Granada, Quito, 
Perú y Chile, se despiertan del letargo colonial y pro- 
claman su libertad. 

El incendio prende por todas partes y las chispas 
llegan á México. El cura Hidalgo, en la humilde al- 
dea de Dolores de la rica provincia de Guanajuato, le- 
vanta el estandarte de la guerra y proclama la inde- 
pendencia de su patria. 

La revolución ^e hizo popular; pero el generoso Hi- 
dalgo es capturado y fusilado en 1811 y el movimien- 
to se calmó un poco. 

En Guatemala y sus provincias se procuró ocultar 
la noticia de los movimientos independientes ó si se 



304 UISTOKIA DE NICARAGUA 

hablaba algo de ellos, era desfigurando los sucesos y 
pintanto á los patriotas como monstruos. 

Se propaló que los independientes eran acaudilla- 
dos por agentes secretos de Napoleón, que trataban 
de destruir el culto católico y que proyectaban con- 
vertir los templos en caballerizas, degollar á los sacer- 
dotes, violar á las vírgenes, profanar los vasos sagra- 
dos del culto y entregarse al saqueo y á la matanza. 

Para corroborar tan groseras calumnias se fingían 
milagros, se inventaban castigos del cielo, se fulmina-- 
ban excomuniones y se empleaban otras mil superche-- 
rías, procurando siempre atraer sobre los patriotas 1^ 
execración de los pueblos crédulos. 

Al mismo tiempo que así se desacreditaba álospatri* 
tas independientes, las autoridades españolas de Ga 
témala echaban mano de cuanto medio estaba á su 
canee para agasajar y tener quietas las provincias. 

Se ofreció exención de todo tributo y servicio per- 
sonal á los indígenas que permaneciesen sumisos; s^ 
abolieron varias penas infamantes y fue suprimida I ^ 
ceremonia vergonzosa que se celebraba anualmente 
para perpetuar la memoria de la conquista. 

Tal era el estado de las cosas cuando, por nonibr»' 
miento de la Eegencia, entró á gobernar el Beino ol 
Teniente General don José de Bustamante y Guerrd; 
español que había dado muestras en Montevideo de 
su celo contra los independientes. í 

Bustamante, que era hombre muy activo, sistemó 
la persecución y las delaciones, tuvo un tino particu- 
lar para elegir sus agentes y expías, desobedeció cons- 
tantemente las disposiciones moderadas que solía dar 
la metrópoli y se avocó del modo más arbitrario el co- 
nocimiento de las causas; siendo el blanco de sus per- 
secuciones los centro-americanos más distinguidos, 
por tener opiniones liberales é ilustradas. 



CAP. XXIV — PRELIMINARES, ETC. 305 



A pesar de semejante sistema, los gérmenes de la 
independencia continuaron desarrollándose en el sue- 
lo centro-americano. 

El 11 de noviembre de 1811 estalló el primer movi- 
miento revolucionario en la provincia del Salvador. 

Los curas de la ciudad de San Salvador, Doctor don 
Matías Delgado y don Nicolás Aguilar, dos hermanos 
de éste, don Juan Manael Rodríguez y don Manuel 
José Arce, acaudillaron una conspiración contra el 
Intendente de la Provincia don Antonio Gutiérrez 
ülloa, con objeto de apoderarse de tres mil fusiles 
íinevos, que se encontraban en los almacenes de armas 
y demás de doscientos mil pesos que existían en las 
c^jas reales, para dar con esos recursos el grito de li- 
bertad. 

Una gran parte del pueblo salvadoreño secundaba 
sus miras y estaba en combinación con las poblacio- 
iiea de Metapán, Zacatecoluca, Usulutáu y Chalate- 
nango, donde se hicieron sentir sucesivamente al- 
gunos sacudimientos parciales. 

Las demás poblaciones de la Provincia, en vez de 
^^undar el movimiento, asumieron una actitud lios- 
W) por lo que los patriotas se llenaron de desaliento y 
abandonaron una empresa á que habían dado princi- 
pio, invocando el nombre de Fernando VII. 

El 3 de diciembre llegaron fuerzas de Guatemala, 
ocuparon San Salvador; y la benignidad con que los 
jefes trataron á los revolucionarios, concediéndoles un 
perdón incondicional, dieron la última mano á la pa- 
cificación de aquella Provincia. 

Pero la chispa revolucionaria estaba encendida eu 
Centro- América; y aunque se apagó en San Salvador, 
fné para arder con más fuerza en otros puntos. 



20 



CAPÍTULO XXV^ 

Movimientos revolucionarios en 
Centro-América 



£^to de las nuevas ideas filosóficas— Hevoluciones de 
León, Rivas y Granada — Carácter de esta última— Mala fe 
<ie los funcionarios españoles — Proceso de los independien- 
tes—El bando del Virrey de México— Conspiración de Belén. 
Hestablecimiento de la Constitución — Inauguración del 
winado de Femando VII — El padre Goicocliea— Matrimonio 
del Rey— Indulto de 1817— Es nombrado Capitán General 
del Reino don Ceirlos de Urrutia— Carácter de éste— Gonzá- 
lez Saravia es nombrado Gobernador de León y Sacasa co- 
Diandante de Granada — Progresos de la causa independien- 
te-Las Cortes de Madrid— El Diputado Sacasa. 



Nuevas ideas germinaban ya en los cerebros de la 
juventud centro-americana, en los primeros años del 
presente siglo. 

A pesar de lo escaso ó imperfecto de la educación 
que permitía España, el deseo de instruirse era gene- 
ral; y aunque el régimen de la colonia tenía prohibi- 
da la introducción de libros que enseñaran el libre- 
pensamiento, no por eso dejaban de entrar de contra- 
bando y de ser leídos con ansiedad. 

Voltairef Rousseau, Volney, Holbach y los demás 
escritores franceses del siglo xviii, eran quizá más co- 
nocidos entonces por los jóvenes de Centro- América, 
<iue en la actualidad. Sus obras corrían clandestina- 
mente de mano en mano, burlando las pesquisas del 
confesor y del poder civil; y las ideas avanzadas en 
filosofía y en política se difundían con rapidez. 



308 HISTORIA DE NICAKAGCA 



Así se explica que en nuestros primeros años de' 
da política, dominaran las mismas ideas de los rev^^ 
lucionaríos franceses, formando contraste con las v*^ 
tustas enseñanzas de la colonia. 

El año de 1811 fué año de revoluciones para tod^ 
el Reino de Guatemala. 

Aun no se había logrado la completa pacificación^ 
de San Salvador, cuando la ciudad de León se insa— 
iTCccionó en la mañana del 13 de diciembre. 

La sublevación fué secundada, en 26 del mismo me^^ 
por Bivas, Potosí y otros pueblos del departamento 
Meridional; pero, lo mismo que la de San Salvador^r 
quedó reducida á algunos tumultos populares y á l9^ 
deposición del Intendente don José Salvador. 

Granada, en aquel entonces, era el centro de má^ 
vida y movimiento de la Provincia. 

Sus hijos, á pesar de Voltaire y de todos los enci-^ 
elopedistas franceses, permanecían bien hallados cobíu 
las ideas políticas y filosóficas de la colonia; pero he-^ 
rederos del orgullo y carácter preponderante de lo^ 
conquistadores, no podían avenirse con vivir eterna — 
mente menospreciados y humillados por los peninsa^ — 
lares. 

Las divisiones sociales estaban bien mai*cadas; 
lo que no pudieron las buenas doctrinas, vino á rea^ 
lizarlo la necesidad. 

El odio de los criollos contra los españoles había Ue^ 
gado á tal grado, que se trataba abiertamente de arro- 
jarlos del país. ^ 

El 22 de diciembre se reunió el pueblo granadi- 
no en un cabildo abierto, convocado por el Alcalde 
don Juan Arguello, por el Regidor don Manuel An- 
tonio de la Cerda y por otros cuantos criollos de im- 
portancia, y pidió á gritos la deposición de todos loe 
empleados españoles. Estos se intimidaron y presen?^ 



CA1\ XXV — MOVIMIENTOS, ETC. 309 

í^ron sus renuncias, huyendo para la inmediata vi- 
^ de Masaya, de donde pidieron auxilio al Capitán 
C^eneraL 

Los sublevados, después de organizar sus autorida- 
des locales, armaron en guerra varias piraguas y sor- 
prendieron el fuerte de San Carlos, reduciendo á pri- 
sión á los jefes europeos. 

El Obispo don Nicolás García Jerez que, desde su 
Hígada á León, había recibido instrucciones del Ca- 
pitán Gteneral para hacerse cargo de la Gobernación 
é Intendencia, en caso de un trastorno político, creyó 
que había llegado ese caso de las instrucciones y 
Mnmió, en consecuencia, la Gobernación é Intenden- 
cia de la Provincia. En seguida organizó, el 14 de 
diciembre de 1811, una Junta Gubernativa compuesta 
de los señores don Domingo Galarza, don José Valen- 
tía Fernández Gallegos, don José Carmen Salazar y 
don Francisco Quiñones, con el carácter de vocales; 
don Nicolás Buitrago, con el de Asesor General y Au- 
ditor de guerra, y don José Santiago García de Sala, 
<í^n el de Asesor específico. La Junta reconoció al 
Obispo como Presidente de ella y como Gobernador 
líitendente de la Provincia. 

Los revolucionarios de Granada, á pesar de su iic- 
t^tnd resuelta, no se mostraron disidentes del Gobier- 
^^ de León, antes bien reconocieron á la Junta Gu- 
l^inativa y determinaron mandar dos Diputados quf5 
los representaran en la misma Junta. Así mismo re- 
conocieron como Intendente, al Obispo Fray Nicolás 
(Jarcia Jerez, á quien protestaron obedfífíír ^n to- 
do, menos en aquellas medidas en quí; cnjyeran 
encontrar tendencias á favorecer á Ion í;rnpl<«ados 
expulsos. 

El Obispo envió de comisionado para i>íi/'i(ír!ar á lo« 
rebeldes, al clérigo don Benito Soto, horuhrh vírtiiono, 



31U HISTOIUA DE NICAKAGüÁ 



de carácter enérgico y que estaba adornado de 
muchas cualidades. 

El comisionado procuró llenar cumplidamente 8U mi — 
sión; pero al ponerse en contacto con los empleador 
españoles, que estaban acampados y con fuerzas eoi 
Masaya, pudo convencerse de que el fin de la gaerr& 
que se hacía á G-ranada, no era otro que anonadar & 
los criollos. Este convencimiento unido á las burlas 
que los mismos empleados le hicieron, por ser también 
criollo, lo determinó á hacer causa común con los gra- 
nadinos y á seguir su misma suerte. 

En la madrugada del 12 de abril de 1812 se presen- 
taron atacando la plaza de Granada más de mil hom- 
bres, venidos de Tegucigalpa por orden superior, al 
mando del Sargento Mayor don Pedro Gutiérrez. 

Los granadinos tenían cubiertas de barricadas to- 
das las avenidas de la plaza principal, y puestos en 
batería doce cañones de grueso calibre. 

Los peninsulares ó cachupines avanzaron hasta la 
plazuela de Jalteba é hicieron algún daño en la parte 
de la población que estaba fuera de las fortificacio- 
nes. El ejercito se componía del batallón de more- 
nos de Trujillo y Yoro, de seiscientos hombres de 
Olancho, cuatro compañías de Tegucigalpa y algunas 
otras de los partidos de Gracia, Choluteca y Comaya- 
gua, y de medio escuadrón de Nueva-Segovia. 

Durante todo el día 12 el fuego se sostuvo por am- 
bas partes, corriendo la primera sangre centro-ameri- 
cana por nuestra emancipación de España; pero al 
aproximarse la noche, los realistas regresaron á Masa- 
ya, temerosos de que les cortaran la retirada, dejan-* 
do veintiocho muertos y llevando cuarenta y tantos 
heridos. 

Al amanecer del día 22 se iniciaron negociaciones 
de paz, que terminaron en el mismo día con una ca- 



CAP. XXV. — MOVIMIENTOS, ETC. 311 

pitnlación, en que los jefes de ambos bandos dieron 
por terminadas sus diferencias, jurando solemnemen- 
te que sería cumplida con toda fidelidad. 

En la capitulación se estipuló, además, que la plaza 
sería ocupada por una división realista y que los gra- 
nadinos entregarían todas las armas y pertrechos de 
gaerra existentes en su poder; ofreciendo Gutiérrez, 
i nombre del Bey, del Capitán General y bajo su pa- 
labra de honor, que no se tomaría providencia algu- 
na contra los que habían defendido la misma plaza, 
de cualquier clase y condición que fueran. 

En la mañana del 28 las tropas reales recuperaron 
la plaza de Granada y todo pareció terminado por 
entonces. 

Habiéndose dado cuenta al Capitán General de 
Guatemala con el convenio de la capitulación, Busta- 
mante lo desaprobó alegando que el Bey no podía 
contratar con rebeldes, y ordenó al Obispo de León 
que tomara todas las medidas conducentes á la 
aprehensión y castigo de los culpables. 

El Obispo, alegre de encontrar una ocasión en que 
mostrar su celo por la causa real, nombró a don Ale- 
jandro CaiTascosa, tan enemigo como ól de todos los 
criollos, para que en concepto de Juez Fiscal se cons- 
tituyera en Granada y formara causa á todos los cons- 
piradores. 

Existía un bando, de 25 de junio do 1811, que aca- 
baba de publicar en México el Virrey don Francisco 
Javier Venegas, que es la muestra más irrefragable 
de la barbarie con que se condujeron los mandarines 
españoles, respecto á los americanos independientes. 

Según el espíritu de ese bando, cualquiera podía 
matar impunemente á los insurgentes; los cabecillas 
de éstos debían ser fusilados tan luego fueran apre- 
hendidos, y los subalternos diezmados, sin darles más 



312 HISTORIA DE NICARAGUA 



tiempo que el muy necesario para morir cristiana- 
meote^ 

A Carrascosa se le dio orden de sujetarse extricta- 
monte á ose bando, y cumplió fielmente su encargo^ 
desplegando gran severidad en la secuela del procesen 
y confiscación de bienes de los encausados. 

En el entretanto, los granadinos, confiados en lais 
reales promesas y en la fuerza del tratado y no ima- 
ginándose nunca tanta perfidia y mala fe, fueron sor- 
prendidos en sus casas y reducidos á prisión. 

Carrascosa desplegó con los desgraciados presos to- 
do el lujo de barbarie de que solían hacer gala los em- 
pleados españoles en casos semejantes; se les despo- 
jó de sus bienes, y al cabo de dos años de sufrimien- 
tos inquisitoriales, fueron sentenciados á muerte los 
cabecillas, á presidio perpetuo nueve individuos, y 
ciento treinta y tres á presidio temporal. 

Corda y Arguello, que figuraban entre los presos, 
fueron considerados como cabecillas y por consiguien- 
te condonados á muerte; pero les fué conmutada la 
ptMiíi con presidio perpetuo en los puertos de Ultra- 
mar. 

Todos los condonados á muerte y á presidio perpe- 
tuo fueron autos llevados a Guatemala, en donde se 
los proporcionaron nuevos sufrimientos en las carée- 
los y calabozos húmedos y mal sanos de aquella capi- 
tal. 

Do (Juatoniala fueron conducidos á los puertos de 
ritramar do dopondoncia española, donde perecieron 
algunos y los domas vivieron entro cadenas hasta 1817. 

Kn I8l;> fué descubierta en Guatemala una conspi- 
ración, quo tenía por objeto la prisión del Capitán Ge- 
neral y autoridades principales y la libertad de los 
presos granadinos. 

La conspiración se redujo á unas cuantas reunió- 



CAP. XXV— l£L»^UII£yTV>5s ETC- o lo 



^es en ri Convmto de Belén: pero los espauoUstas 
CLXiisieron darle ana importancia qne no tenía, y pn^- 
ligaron las prisiones^ los maltratos y las iH^ndenas á 
Bauerte y á presidio, que afortunadamente no se lle- 
varon á efecto. 

En el mes de setiembre de 1812 se recibió la Oous- 
titución de la Monarquía española de 19 de nmi*Ki> dt^l 
mismo año, y las reales cédulas de 18 de mar/.o y 21» 
í^ mayo que prescribían el orden y la soloninidad de 
sa publicación, lo mismo que el indulto (H)needido a 
tod.os los reos que no hubieran cometido delitos atro- 
<íos. También se recibió un decreto do las Oortt^s, en 
®1 que establecía los Ayuntamientos electos poptilar- 
Bienteen todos los pueblos aunque no tuvieran mil 
habitantes. (1) ' 

El 13 de mayo de 1814 regresó Fernando Vil A Ma- 
írtd, después de la feliz terminación do la guerra fraii- 
<iftsa. Fué recibido con gran entusiasmo por los hom- 
bres de todas opiniones; pues esperaban de él la ron- 
^lidación de un gobierno fuerte, p(5ro ¡Instnido é 
igualmente benévolo y tolerante para todos. Hin em- 
bargo, apenas llegado el ingrato Monarca, defendido 
^U tanto heroísmo por el pueblo español, niufidó n^- 
d^oir á prisión á todos los Diputados liherales, y hii 
P^ruer decreto fué el de la aljolición de la ííonstitu 
cíoii de Cádiz que había jurado íMimpIir. Ut'HUi\)Uu*Wt 



(X) Las Cortes de Cádiz concedieron Urobi^'-ri 4 Niritrui/iiii, mi 

* ^e enero de 1812, qae el .Seminario Conciliar d<; Ui t.\wUy\ d^ 

^^Q pudiera erigirse en l'niverífidad, con I^ih nií^rnu» ím.ttUtnU'n 

V^^ los demás de América; y por f\f'J:T*:to M lulAtnn tifio, al t\ith 

^ I^vincia taviera ana Janta f'ro'»inc¡al ti*: (^ohi«;rno M^ropu^N 

tft ele los Dipntados de los partídfM tU: f/;/,r*, ('h^inr líi/vft, ^*.t'.{/ru 

v>a, Xí caragoa, Matagal pa y N' i co y a : c < j y a. J f i r . f ;i <<- i r i < f <* I /# p / » r 

el mes de octubre de 1813. — V '\':\ \ 



314 HISTOBU D£^NICABAGUA 



la Inquisición, las torturas y todos los aditamentoGK- 
del antiguo y corrompido gobierno; proclamó el rei — 
nado del absolutismo, encargó de la enseñanza á los 
Jesuitas, á quienes también restableció en España, y 
fundó escuelas de tauromaquia en la Península. 

En el mismo año de 1814, eu que tan funestas noti 
cias se recibieran de España, murió en Guatemala el 
sabio maestro Fray José Antonio Liendo y Goicochea, 
natural de la ciudad de Cartago. 

Dotado de un extraordinario talento y de una grau 
obseiTación, Liendo y Goicochea pudo comprender 
muy luego toda la ridiculez de la enseñanza colonial 
y se dedicó á la investigación y al estudio. Avanzó 
mucho; pero no tanto como él deseaba, por lo cual 
viajó á España, escudado con su hábito. 

Llegó á Madrid en los florecientes tiempos de Car- 
los III, cuando la Nación recibía un impulso feliz en 
todos los ramos útiles y las doctrinas francesas del si- 
glo XVIII estaban de moda en la coronada Villa. Goi- 
cochea, sediento de luces, estudió sin descanso, se 
t^mpapó en las ideas modernas y regresó á Guatemala 
trayendo la buena nueva de la enseñanza á sus her- 
manos. 

Cerca de treinta años se ocupó en dar lecciones 
como catedrático de Filosofía y Teología. En ellas 
hizo conocer á la juventud, que el pensamiento, sofo- 
cado por el escolasticismo, es el atentado más gi*ande 
contra la naturaleza humana. Inspiró gusto por las 
Matemáticas, y comunicó á la juventud su entusias- 
mo por la literatura, por las bellas artes y por el apren- 
dizaje de los idiomas cultos. 

En 1817 Fernando VII contrajo matrimonio, y en 
celebración de este acontecimiento, que daba á los 
osx>añoles "íoííi tierna madre en sn muy amada y queri- 
da t sposa, la Beina" y también en la de la paz y trau- 



CAP. XXV — HOYIHIEKTOS, ETC. 315 



QCtilidad de sus dominios, expidió una real cédula, á 
^ de enero del mismo año, dando indulto geuera- 
"& los infelices que gemían en España, Indias y Filia 
ptx^as, bajo el peso de sus crímenes. 

£l Capitán General de Guatemala, don José Busta- 
itt^nte y Guerra, después de besar y poner sobre su 
cafceza la real cédula, ordenó la libertad de los presos 
políticos, el 4 de julio inmediato, aniversario del ca- 
sa, ixiiento del Monarca. 

lia Provincia de Nicaragua, que tales muestras ha- 
bf «^ dado de rebeldía, fué también castigada con la 
at>olici6n de la Junta Gubernativa de León; nom- 
biréndose tn su lugar á don Miguel González Saravia 
P^i-a Gobernador de la Provincia. 

lios primeros pasos dados en favor de la indepen- 
dencia fueron infructuosos. Nuestro pueblo, domi- 
^^ do aún por las preocupaciones de una educación 
defectuosa y calculada para mantenerlo en perpetua 
servidumbre, no podía tomar interés por una causa 
Q^e ni siquiera se imaginaba. 

3Mal podía secundar la causa de los independientes 

^^ pueblo acostumbrado á no oír otra voz que la del 

í^Xiatismo, que alimentaba sus creencias con absurdos 

^^travagantes, entretenía su curiosidad con falsos 

^ilagrog y veía con horror todo lo que tendía á sacar- 

^^ de su abyección¡é ignorancia. 

Pero había corrido ya la sangre generosa de mu- 
chos patriotas, había habido mártires por causa do 
nuestra independencia, y la idea de ésta no i)odía pe- 
recer. 

En Granada, donde fué raru el hogar <iue no tuvo 
que enlutarse por los sucesos del año de IHll, las 
ideas políticas sufrieron brusco y -ííomplcto cambio 
en favor de la emancipación absoluta. 

Las víctimas deportadas á lo.-, presidioí:¿ dt^ ultra- 



31() HISTORIA DE NICARAGUA 



mar, regresaron en 1817 y fueron incansables propa- 
gandistas de la emancipación centro-americana. 

En 1818, sin embargo, fué menos adversa la suerte 
de los centro-americanos amigos de la independen- 
cia. 

Al implacable Bustamante, á quien indudablemen- 
te se debía la retardación de nuestra libertad, suce- 
dió el Teniente General don Carlos de ürrutia y Mon* 
toya en la Gobernación del Reino. 

El nuevo Gobernador era de carácter muy débil, y 
por lo mismo el más aparente para que, baje su sua- 
ve mando, cobrara algún respiro la causa indepen- 
diente, después de tan largos y aciagos años de te- 
rror. 

Las ideas de independencia y libertad cobraron 
poco á poco nuevos bríos, hasta llegar al año de 1820 
en que, con el restablecimiento de la Constitución de 
Cádiz, su expansión fué completa y vigorosa. 

En el año de 1818 comenzó á ejercer funciones de 
Gobernador é Intendente de la Provincia de León, 
el Teniente Coronel don Miguel González Saravia, 
espaüolista á carta cabal, que caminó en un todo 
acorde con el Obispo García Jerez. El nuevo Gober- 
nador era hijo del Teniente Coronel don Antonio Gon- 
zález Saravia, Comandante General de la Provinciiu 
de Oaxaca, en donde fué fusilado por Morelos, el 2 de 
diciembre de 1812, después del asalto de aquella pla- 
za por los independientes de México. El hijo no ol- 
vidó nunca la f usilación del padre, y excitado por este 
recuerdo fué, como García Jerez, un fanático del tro- 
no y del altar. 

Al mismo tiempo que González Saravia se encar- 
gaba de la Gobeitiación é Intendencia de León, se 
nombraba Comandante de armas de la plaza de Gra- 
nada al Coronel don Crisanto Sacasa, criollo de im 



CAP. XXV — MOVIMIENTOS, ETC. 31 7 



portancia, dotado de talento y finas maneras y bien 
aceptado por todas las clases sociales. 

En abril de 1819 se presentaron en el Realejo al- 
gunos buques de los independientes sud-americanos, 
armados en corso, y capturaron los bergantines espa- 
ñoles San Antonio y Neptuno y las goletas Sofía y Lo- 
reto que pertenecían al comercio de Nicaragua. Fué 
tal el espanto que este acontecimiento produjo en las 
poblaciones del Realejo, Chinandega y Viejo, que 
todos sus habitantes huyeron á los montes, viendo en 
cada independiente sud-americano, una fiera más te- 
mible que las del campo. 

Los buques procedían de Buenos- Aires, y regresa- 
ron algunos días después, cuando hubieron hecho sus 
provisiones en el Realejo. 

Las tentativas de los patriotas sud-americanos, no 
se redujeron á sólo la captura de buques. El 20 de 
abril de 1820 se presentaron en el puerto de Trujillo, 
comandados por el General Aury, y con una escua- 
drilla compuesta de dos bergantines, cuatro goletas, 
cuatro pailebotes, un falucho y una balandru. 

Después de las intimaciones y pláticas de estilo, que 
duraron ese día y el siguientí^, se rompieron los fue- 
gos en la mañana del 22, y después de una acción de 
ocho horas, los invasores, que habían efectuado el 
desembarco y tomado algunas trincheras, se vieron 
forzados á retirarse, dejando cuarenta hombres entre 
muertos y heridos, varios caballos y cuatro buques 
averiados. 

El 25 del mismo mes se presentaron los buques in- 
dependientes en Omoa. Durante dos días lucharon 
por efectuar un desembarco; pero habiendo sido va- 
nos sus esfuerzos en este sentido, levaron anclas y 
desaparecieron: 

En España continuaba Fernando VII, el Deseado 



318 HlStORIA DE NICARAGUA 



de los pueblos, gobernando con absolutismo indocto 
y brutal. "Las camarillas de chalanes, aventureros 
y viciosos, se colocaron al frente de los negocios, y el 
Monarca no halló freno para sus caprichos y arbitra- 
riedades. Con talento suficiente para burlarse de to- 
dos y sin ninguno para gobernar bien, ingrato, lo mis- 
mo con su familia que con los patriotas que salvaron 
su Trono, de índole perversa incapaz de sinceridad y 
rectitud, pasó su vida en un juego miserable, prome- 
tiendo y faltando á sus conapromisos, jurando y per- 
jurando, poniendo en ridículo á los hombres máks dig- 
nos, usando chanzonetas de ebrio, palabras lúbricas 
y equívocos repugnantes, y probando, en ñn, el gra- 
do á que pueden llegar los errores y crápulas de des- 
ordenados gobiernos y la credulidad y la ignorancia 
de pueblos sometidos á tradicional dictadura y á la 
rutina de las costumbres." (1) 

Era imposible, sin embargo, que el absolutismo pu- 
diera imperar largo tiempo sin oposición en un país 
tan en inmediato contacto con Francia, en donde es- 
taba el foco de las doctrinas del 93 y vivo aún el ejem- 
plo de aquella titánica y redentora Revolución. Or- 
ganizáronse sociedades secretas por todas partes con 
el fin de desautorizar al clero, la principal base del ab- 
solutismo de Fernando VII, de trabajar por una refor- 
ma política constitucional y de crear prosélitos en el 
ejército y en la clase artesana y obrera. Las suble- 
vaciones militares de Mina, Portier, Richard, Lacy y 
Vidal, una en pos de otras, fueron el resultado de 
aquellos trabajos. (2) 

Por último, sucedió que un ejército que se formó 
en las inmediaciones de Cádiz, para ir á América á 



(1) Pujol — Compendio de Historia J^n i versal, 

(2) Castro — Tlisforia de España. 



CAP. XXV — MOVIMIENTOS, ETC. oíd 



contener la insurrección sudamericana, se sublevó, 
^ 19 de enero de 1820, en Las Cabezas de San Juan, 
^ixúo el primer grito su jefe el General don Rafael 
^^l Biego, proclamando la Constitución de 1812. Este 
íJzainiento, secundado por la Nación, obligó á Fer- 
nando VII á jurar de nuevo la Constitución de 1812, 
á Convocar las Cortes del Reino y á variar aparente- 
^mente de conducta, aunque en el fondo viviera cons- 
*?iitement^ conspirando contra la misma Constitu- 
ción que se le imponía. 

Í21 5 de mayo de 1820, el Capitán General don Car- 
los de Urrutia dirigió de Guatemala una circular, par- 
ticipando á los pueblos de su jurisdicción la noticia 
V^e, por conducto del Capitán General de la Habana, 
^<^baba de recibir, de haberse restablecido en España 
1^ Constitución de Cádiz. 'Dos meses después, en ju- 
1^^ inmediato, se publicó el decreto juntamente con 
1* eonvocatoria á Cortes. 

B3n la Constitución de la Regencia ó Gobierno pro- 
^^^ional sólo se admitía un Representante por cada 
; iiTeinato ó Capitanía General, elegido por el Virrey 
^ Cíapitán General entre los presentados por los Ca- 
"^l^os de las capitales; mientras en España, hasta las 
^^Xiores provincias estaban representadas por dos 
*^il>utados, que elegían libremente las juntas provin- 
^í^X^s. 

^1 Reino de Guatemala, por consiguiente, tenía que 

^'^Sir ^íi representante; pero la ley de convocatoria 

1® t>ermitió designar á dos representantes en calidad 

^^ suplentes, para mientras llegaban á la Península 

lo^ Diputados que tenía que elegir conformo á la mis- 

^^ ley. Fueron designados como tales, el Canónigo 

guatemalteco don Juan Neponuc/eno de San Juan y 

ei abogado nicaragüense don José Sacasa, hijo del Co- 

itiandante de armas de Granada. 



320 HISTORIA DE NICARAGUA 



Apoyado el sistema colonial en las costumbres y 
marchando con ellas en íntima unidad y perfecta ar— 
monía, el colono había sido educado precisamente, 
como dice un escritor moderno, para vivir siempre li- 
gado á la servidumbre y para no desear ni conocer 
siquiera una condición mejor que aquella á que esta- 
ba sometido. Las leyes y las costumbres conspira- 
ban de consuno á ocultarle su importancia moral y á 
destruir su individualidad; no tenía conciencia de sí 
mismo, y todo él, su vida y sus intereses, estaban ab- 
sorvidos en el poder real y teocrático. Puede consi- 
derarse lo poco que tenía que temer España de repre- 
sentantes así educados. 

Las Cortes se abrieron en Madrid, el 9 de julio del 
mismo ano de 1820, en medio de una agitación públi- 
ca extraordinaria. Los absolutistas, que formaban la 
camarilla del Monarca, aconsejando á éste el terror y 
las medidas de represalia; los liberales y los Diputados 
en la mayor exaltación propalando la anarquía; la pren- 
sa desbordada; el pueblo en insurrección, y las socie- 
dades secretas, manteniendo vivo el fuego en todas 
partes, habían croado una situación tan tirante como 
difícil. (1) 

EIn medio do aquella Asamblea tan libérrima, el.Di- 
putado Sacasa con otros representantes de las colo- 
nias, solicitó que se aumentara la escasa representa- 
ción do éstas, ou la proporción que marcaba la ley, 
do un Diputado por cada setenta mil habitiintes. Su 
piH>posioión, recibida con despreciativa frialdad, lo- 
Sró, después do mil dificultados, obtener segunda lec- 
tura: poiH> cuando so trató do su discusión, las Cortas 
so negaron í\rbitrarianionto á concederlo este trámite*. 

Saoasíu indiirnado, tomó entonóos la palabra para 



\\^ i\'ít<tro — //K^/»>rAi kU' AV/m»'!!». 



CAP. XXV — MOVIMIENTOS, ETC. 321 

protestar, en nombre de las provincias, contra una 
resolución tan adversa á sus intereses y al indiscuti- 
ble derecho que les competía, para hacerse represen- 
tar en el Congreso en la proporción establecida por 
la ley; pero apenas había comenzado á pronunciar 
sos primeras frases, cuando los Diputados de la Pe- 
nínsula ahogaron su voz con murmullos amenazantes, 
y el Presidente de la Cámara le mandó que guardara 
silencio. 

Viendo que se le prohibía el sagrado derecho de la 
palabra, Sacasa quiso formular su voto por escrito, y 
también se le impidió, ordenándosele que no dejara 
su asiento, ni saliera del salón de sesiones, no obstan- 
te permitirlo el Reglamento y ser práctica admitida y 
muy usada. (1) 

El desprecio por las colonias y por sus i*epresentan- 
tes era general en toda España, y de su influencia no 
estaban exentos ni los hombres más avanzados y de 
luces, como eran los miembros de las Cortes de 1820. 



(1) ComuuicaciÓD de 30 de agosto do 1820, del DipuUdo Sa- 
casa al Ayuntamiento de Teguoigalpa, citada por Vallejo, Hislo- 
ría (le Honduras^ página 133 — (N. del A.) 



21 



\ 



\ 



CAPÍTULO XXVI 

La Independencia 



Libertad de imprenta en Guatemala— Efectos que produ- 
jo— m doctor Molina funda "El Editor Constitucional" y 
don José del Valle, " El Amigo de la Patria"— Entablan una 
famosa contienda de la que resultan dos partidos-— Molina 
es reconocido como jefe del partido de los " Cacos" y Valle 
del de los "Gazistas**— Elecciones ruidosas para Diputados 
é. Cortes— XJrrutia deposita el mando en el General Gainza. 
Independencia de México— Movimiento revolucionario de 
Cádiz— Sublevación de Riego— Plan de Iguala— Trabajo de 
los cacos— Independencia de Chlapas— Reunión de las au- 
toridades de Guatemala— Habla Valle— Contesta Ljarre3rna- 
ga— Terciem. leus galerias— Huyen los peninsulares — Procla- 
niación solemne de la independencia— Valle redacta el ac- 
ta del 15 de setiembre de 1821. 



Cuando se restableció la Constitución española de 
1812, la imprenta fué declarada libre, y de ese pode- 
roso elemento se valieron los patriotas, para acabar 
de generalizar, en todas las provincias, la idea reden- 
tora de nuestra emancipación absoluta. 

El doctor don Pedro Molina comenzó, en 24 de ju- 
lio de 1820, á publicar en Guatemala "El Editor Cons- 
titucional," notable periódico que habló sin embozo 
el lenguaje elocuente del patriotismo, sosteniendo los 
derechos que asistían á los americanos para gobernar- 
se por sí y criticando sin piedad los vicios de la ad- 
ministración colonial. 

Por ese mismo tiempo el Licenciado don José Ceci- 
lio del Valle fundó "El Amigo de la Patria," periódi- 
co muy bien escrito, publicado también en Q^uatema- 



324 HISTORIA DE NICAKAGUA 



la y muy Heno de erudición, en el que se hacían ver 
las ventajas de la civilización, y se trataba con acier- 
to de importantes cuestiones científicas; pero eu el que 
también se combatían las ideas de Molina. 

El Licenciado del Valle, que después fué uno de los 
proceres de nuestra independencia, era natural de Cho- 
luteca en la Provincia do Honduras, y figuraba, en el 
tiempo de que venimos haciendo referencia, entre los 
pocos criollos partidarios de los peninsulares. 

Durante la administración del cruel Bustamante^ 
don José Cecilio sirvió de fiscal de los granadinos in — 
dependientes y fué el ad látere sumiso y fiel de los do — 
minadores de su patria. 

Molina, por el contrario, era enemigo implacable dc^ 
los peninsulares, y con don José Francisco Barrun- 
dia acaudillaba el bando que los estigmatizaba y le» 
hacía constante guerra. 

Las controversias de los dos periódicos guatemal- 
tecos se hicieron extensivas á todo el Reino, en el 
que se formen ron dos partidos, cuyos focos principa* 
les se encontraban en Guatemalft. 

El partido acaudillado por Valle y formado con los 
peninsulares y los artesanos de Guatemala, se llamó 
bando gazista. 

El que acaudillaban Molina y Barrundia, que se 
componía de todas las familias criollas ó nobles y de 
los independientes, tomó á su vez el nombre de cucos. 

Los gazistas contaban con la protección de las au- 
toridades coloniales: los cacos con el entusiasmo de 
los independientes y con el apoyo del pueblo deshe- 
redado. 

Se acercaban las elecciones de Diputados á Cortes 
y de individuos de los ayuntamientos; y ambos ban- 
dos se empeñaron en ganarlas en Guatemala, para 
hacer valer sus ideas. 



CAP. XXVI — LA INDEPENDENCIA 325 



Los gazistas triunfaron en las elecciones, merced á 
la intervención del Poder y á la influencia del oro que 
prodigaron. 

La derrota de los cacos sirvió para despertar en ellos 
mayor ardor. Viéndose perdidos, procuraron atraer- 
se á los artesanos, enemigos de la nobleza criolla, lo 
que consiguieron creando un partido medio que se 
alejó aparentemente de ella. 

Así las cosas, la Junta Provincial, que se había reins- 
talado el 13 de julio del mismo año, estrechó al Gene- 
ral TJrrutia para que delegara los mandos político y 
militaren el sub-inspector. General don GabinoGainza. 
tJrrutia era enemigo de la independencia; pero vie- 
jo y achacoso, no tuvo valor para resistirla, conserván- 
dose en el Poder, y se retiró resignando el mando el 
9 de marzo de 1821. 

Gainza tenía un carácter débil y voluble, que lo 
hacía susceptible de recibir las impresiones que qui- 
sieran darle una vez llegado el caso. 

El 9 de mayo de 1821 se tuvo noticia en Guatemala 
del grito de independencia dado en Iguala por el Ge- 
neral don Agustín de Iturbide; y á pesar de los esfuer- 
zos de Gainza para desfigurar la noticia, la efervescen- 
cia que produjo en Guatemala, dejó ver muy claro la 
facilidad que había para proclamarla también entre 
nosotros. 

Sin embargo, todos parecían atentos a los sucesos 
de México, presintiendo que de su resultado dependía, 
casi en absoluto, nuestra emancipación del poder es- 
pañol. 

El estado de las cosas en la metrópoli, también ve- 
nia á auxiliarnos en aquella ocasión. 

En el mes de enero de 1820, se reunieron tropas en 
Cádiz para enviarlas á las colonias americanas que 
estaban insurreccionadas. 



326 HISTOKIA D£ NICAKAGCA 



Las tropas, comandadas por el G^eneral Riego, se 
insurreccionaron también, como dijimos en el capítu- 
lo anterior, pronunciándose por el restablecimiento de 
la Constitución liberal de 1812. 

Pronto el país en masa se adhirió al patriótico pro- 
nunciamiento de Riego, y el Rey se vio compelido á 
jurar nuevamente la Constitución que más aborrecía. 

Fernando Vil no cumplió sus promesas; pero el 
movimiento de Riego, además de impedir el auxilio 
de las tropas, encontró eco en las colonias que aún no 
se habían insurreccionado. 

En los primeros días del mes de setiembre, se cono- 
ció en Guatemala el célebre plan de Iguala y se tuvo 
noticia de la independencia de México, bajo el mismo 
plan. 

México, según aquel documento, formaría en lo su- 
cesivo una nación independiente, monárquica-constí- 
tucional, bajo el gobierno de un príncipe español. La 
religión católica sería la del Estado y se mantendrían 
amistosas relaciones entre americanos y españoles. 

Tales bases, que llenaban las aspiraciones de todos 
los partidos, hicieron popularísima en México la cau- 
sa de la independencia y allanaron el camino de la 
nuestra. 

Sabida la independencia de México, los cacos hala- 
garon la ambición de Gaiuza, ofreciéndole el mando y 
haciéndole mil promesas, si imitaba el ejemplo de 
Iturbide. 

Como Gainza permaneciera irresoluto, los patriotas 
hicieron salir precipitadamente para Oaxaca á don Ca- 
yetano Bedoya, con objeto de participar al General 
Bravo, Gobernador de aquel Estado, el pronuncia- 
miento que se iba a verificar en Guatemala y reque- 
rir los auxiliosLy apoyo decidido de México en caso 
necesario. 



Ln miaióu de Bedoya no tuvo resultado, porque ] 
tm que fuem evacuada, llegó á Guatemala la uo- 
de que la Pi-oviuoia de Chiapas, que formaba 
■te d« Centro-América, se había adherido al plan 
Iguala y proclamado su iudopeudeucia. 
Al saberse lo sucedido eu Chiapas, cuya noticia cir- 
io en Guatemala el día 14 de setiembre, hubo tal eu- 
liasmo, que la Diputación ó Junta Provincial, se vio 
obligada á convocar, para el día síguieute, á todas las 
antoridadefí y funcionarios públicos de la capital, pa- 
ñi que reunidos en junta extraordinaria, acordaran 
nna medida definitiva que cortara el malestar general. 
Tan luego se hizo piiblica la reunión proyectada, el á 
ítor Molina, don José Fraueiseo Barrundia, don Ma--^ 
ino de Aycinena y otros cuantos caudillos del par- I 
ateo, derramaron sus agentes por todos los arra- I 
les de ia ciudad y los pusieron en monmionto, con I 
objeto de dar una actitud imponente á la reuuión 6 I 
intimidar á los españolistas. I 

Toda la noche del 14 de setiembre fué de agitación I 
lovimiento para los patriotas de la capital. 1 

las 8 de la mañana del 15 de setiembre, ya esta- I 
ocupados el portal, patios, corredores y aiitesa- 4 
la» del palacio de Gobierno, por una inmensa y eom*l 
pacta muchedumbre, acaudillada por Molina, Barrun- 1 
y demás cacos de importancia. I 

iSuceeivamente fueron llegando dos Diputados por I 
la Corjioración, el Arzobispo, los Prelados de laB I 
itintas órdenes religiosas y los jefes militares y de I 
:ienda. I 

unidos todos los funcionarios públicos cou los iu-i 
tduos que componían la Diputación Provincial ym 
lididos por el General Gainza, se abrió la sesión j^J 
_ dio lectura, inmediatamente después, á las actas dflJ 
independencia de Chiapas. ■ 



ti28 HISTORIA DE N1CAKA.GÜA 



Don José Cecilio del Valle se puso luego de pie y 
tomó la palabra. Su discurso fué elocuentísimo y 
demostró la necesidad y la Justicia de la independen- 
cia; pero concluyó manifestando que no convenía 
hacer su proclamación sin oír previamente el voto de 
las provincias. 

Siguieron en el uso de la palabra algunos otros na- 
zistas que apoyaban a Valle; pero luego se levantó el 
erudito nicaragüense don Miguel Larreinaga, y con 
su palabra de fuego combatió valientemente la idea de 
todo aplazamiento, equivalente en aquella ocasión á 
muerte de la idea redentora proclamada en aquel me- 
morable día. 

Gálvez, Delgado y otros muchos patriotas que figu- 
raban en la Diputación, en la Audiencia, en la Muni- 
cipalidad y en otros puestos, vinieron después en 
apoyo de Larreiuaga. 

Las galerías terciaron en la cuestión de una mane- 
ra eficaz, dando vivas y aclamaciones á los oradores 
que pedían la proclamación inmediata y rugiendo des- 
contentas y amenazadoras, cuando hablaban los con- 
trarios. 

Atemorizados los enemigos de la independencia con 
la actitud del pueblo, fueron retirándose sigilosamen- 
te, y no quedando más que los amigos, entre quienes 
se contaba el Ayuntamiento y la Diputación Provin- 
cial, se consideraron éstos como los legítimos órganos 
de la voluntad pública y acordaron en seguida los 
puntos de la famosa acta de ese día. 

Valle no parecía vencido. Radiante del gozo, pal- 
pitante de emoción se encargó gustoso de redactar el 
glorioso documento en que consta la primera y más 
grande reinvidicación de los derechos centro-ameri- 
canos. 

Valle redactó también el manifiesto, que publicó 



CAP. XXVI — LA INDEPENDENCIA 329 



Cfainza en ese mismo día; y entrando de lleno en las 
grandes vías de la revolución, dio la espalda al pasa- 
do y rindió fervoroso cnlto al nuevo régimen. 



PARTE TERCERA 




CAPITULO I 



Prliiieros pasos políticos de 
Centro-América 



21 acta del 15 de setiembre— Disposiciones de ésta — Auto- 
ridades encargadas del Gobierno— Situación del país — Jura 
de la independencia — Se opone la provincia de León — Junta 
de Granada — El Comandante Sacasa— Partidos políticos- 
Actitud de éstos — Comunicación de I turbide— Resolución 
de la Junta — Conducta veleidosa de Qainza — Voto de los 
Ajruntamientos— Proclamación del Imperio- Sublevación 
de San Salvador — Es enviado Arzú— Derrota de éste— Caída 
de Gainza— Es enviado Filísola— Elecciones de 1822— El sa- 
bio Valle. 



La memorable acta del 15 de setiembre de 1821 li- 
jaba las bases de un nuevo régimen. 

Se determinó en ella que se eligiesen por las pro- 
vincias Representantes para formar el Congreso de la 
Nación, al que tenía que corresponder el señalamien- 



332 UISTOKIA DE NICAKAGÜA 



to de la forma de gobierno que había de regirnos y la 
formación de la ley fundamental. 

La elección de Representantes, debido á las influen- 
cias de Valle, quedó acordada que se hiciera por las 
mismas juntas electorales que habían elegido dipu- 
tados á las Cortes de España, obseiTándose las leyes 
anteriores para el procedimiento de la elección. 

Por cada quince mil hombres debía elegirse un Di- 
putado, y el Congreso se inauguraría el 19 de marzo 
de 1822; no debiendo hacerse alteración alguna has* 
ta su reunión, ni en la observancia de las leyes espa- 
ñolas, ni con respecto á los tribunales y funcionarios 
existentes, ni con relación al culto católico. 

Mientras el país se constituía, el jefe don Gabino 
Gainza quedaba encargado del Gobierno superior, po- 
lítico y militar, pero obrando de acuerdo con una Jun- 
ta Provisional Consultiva, formada de la Diputación 
Provincial existente y de varios otros ciudadanos im- 
portantes de las distintas Provincias. 

Al sabio nicaragüense, Licenciado don Miguel La- 
rreinaga, cupo la honra de representar á Nicaragua en 
la Junta Consultiva. 

A pesar de las ideas predominantes en aquella épo-- 
ca, el acta de independencia tuvo que ser eminente- 
mente conservadora, en atención á los antecedentes y 
circunstancias de los pueblos. 

México se vio obligado á hacer más que nosotros, 
puesto que en el plan de Iguala no sólo conserva 1» 
forma monárquica, sino también que promete la Co- 
rona á un príncipe español. 

Se operaba una gran revolución, se daba un salto 

peligrosísimo de un antiguo á un nuevo régimen, y la 

prudencia exigía que se halagaran todas las clases y 

aspiraciones sociales. 

Atendiendo á tales consideraciones, los padres de la 



CAP. I — ^PRIMEKOS PASOS, ETC. 333 



Patria, aunque suprimieron de golpe el insoportable 
gobierno de España, conservaron el organismo guber- 
nativo de la metrópoli, halagaron al clero, entonces 
más poderoso que en nuestros días, y como por vía de 
gracia ó transacción, dispensaron algunos meses más 
de vida á las autoridades y leyes españolas. 

Las provincias representadas en la Junta Consulti- 
va de Gobierno eran, León, Comayagua, Costa-Rica, 
Quezaltenango, Solóla, Sonsonate y Ciudad Real de 
Chiapas. 

La independencia, que en otros pueblos costó to- 
rrentes de sangre y hechos heroicos, aquí en Centro- 
América vino por fin á realizarse sin violencia y con 
la mayor tranquilidad. 

No todas las clases sociales estaban contentas con 
la proclamación del 15 de setiembre. En la misma 
Guatemala, las familias españolas y el clero no hacían 
mistmo de su desagrado. (1) Unos y otros veían des- 
aparecer de improviso los privilegios y abusos de tres- 
cientos años. 

La población* de San Salvador fué la primera que 
juró solemnemente la independencia el día 22 de se- 
tiembre. 

En Guatemala se celebró la jura hasta el 23 del mis- 
^0 mes con todas las demostraciones del más vivo v 
puro entusiasmo. 

La provincia de León, bajo la influencia del Obispo 
García Jerez, del Intendente González Saravia y del 
Coronel Arechavala, todos tres españoles, so opuso 
primeramente á la proclamación de la independencia, 



(1)— Mi padre, como buen español que era, uo vio cou gusto la 

^tnancipación do £8paua Mis hermanos mayores, en su calidad 

<le 8etni-espa£¡oleB, tampoco vieron al principio la emancip^usión con 
agrado^^ García Granados --M'e:io^ i as . ) 



334 HISTORIA DE NICARAGUA 



y en acta del Ayuntamiento y Diputación ProvinciiJ 
de la misma ciudad, se acordó, á principios de octu- 
bre, que los pueblos de la Provincia permanecerían 
independientes del Gobierno español '' hasta tanto que 
se aclarasen los nublados del día y pudieran obrar con 
arreglo á lo que exigieran sus empeños religiosos y 
verdaderos intereses.'' 

Como en Guatemala se tenían desconfianzas de las 
autoridades de León, Gainza, al comunicar la inde- 
pendencia, ordenó la creación de la provincia de Gra- 
nada con una Junta Directiva independiente de la de 
León, y nombró Comandante General de las armas, 
en la misma ciudad, al criollo don Crisanto Sacasa. 

Esta medida oportuna, pero que fué iñás tarde ori- 
gen de una sangrienta rivalidad, hizo que la indepen- 
dencia fuese saludada en Granada con mayor entu- 
siasmo, por todas las clases sociales, las que, como se 
recordará, odiaban profundamente á los peninsula- 
res. 

En el mes de noviembre, la Junta Provincial de 
Guatemala, declaró libre el comercio ^con todos los 
Estados que no se opusieran á la causa de su inde- 
pendencia, y con esta medida, al propio tiempo que 
se ensanchó el comercio del país, se alivió mucho á 
los pueblos. 

Mientras que en todas las provincias del antiguo 
Reino de Guatemala se trataba la cuestión de inde- 
pendencia, se dividió la capital en nuevos bandos po- 
líticos. 

Todos los partidos, en épocas de exaltación, son 
más ó menos hostiles entre sí ; pero esto llega al ex- 
tremo en las poblaciones pequeñas, en donde al es- 
píritu de partido se suelen mezclar intereses y pasio- 
nes personales y lugareñas. 

Eso fué precisamente lo que sucedió en Centro- 



CAP. I — PRIMEROS PASOS, ETC. 3?u} 



-^^órica en aquellos días. Elementos heterogéneos, in- 

^^'■©ses opuestos unidos por la necesidad de sacudir el 

T^go de una dominación insufrible y oprobiosa, no 

Pedieron menos de romper el acuerdo feliz que ha- 

Wan efectuado, tan luego logizaron el fin propuesto. 

IjOB nuevos partidos tomaron los nombres de Uhe- 
f^les 6 fiebres y moderados ó serviles. Los primeros 
eran partidarios de las ideas modernas republicanas 
y enemigos de los privilegios y de la dominación del 
clero; los otros, partidarios del antiguo sistema mo- 
nárquico y amigos de los españoles y de la preponde- 
rancia del clero 

La opinión predominante en Guatemala, en aque- 
llos días, era la de los liberales. Los conservadores 
reaccionarios veíanse en minoría. 

Barrundia, Molina y Córdoba, eran los caudillos de 
los fiebres. A la cabeza del pueblo de la capital dis- 
ponían de las masas y las conducían á las galerías de 
la Junta Consultiva, para que interviniesen en las de- 
liberaciones de la misma Junta. 

Los patriotas querían la reforma del acta del 15, que 
prevenía que las elecciones para Diputados fuesen 
hechas por las últimas juntas electorales, obra de los 
peninsulares y gazistas. 

Así lo representaron á la Junta y ésta acordó de 
conformidad; pero creyendo peligi'osa la concurren- 
cia del pueblo á sus sesiones, por la presión que ejer- 
cía, determinó celebrarlas en secreto. 

Los criollos ó nobles que se habían imaginado que 
dominarían en Guatemala de la misma manera que 
lo hicieron los españoles, se sintieron mortificados y 
heridos, cuando vieron que tenían que compartir el 
poder y que relacionarse y mezclarse con hombres que 
el día anterior habían sido sumisos vasallos. 

Los criollos, pues, descontentos con aquel modo do 



336 HISTORIA DE NICARAGUA 



ser, temerosos de que su continuación diese en tierra 
con sus intereses de clase, con sus privilegios de abo- 
lengo y con su orgullo cifrado en los hábitos de una 
antigua dominación, volvieron los ojos á México que, 
según el Plan de Iguala, debería tener un monarca, 
que indudablemente les conservaría lo que tanto te- 
mían perder. 

La actitud de León y Comayagua, que siguieron el 
mal ejemplo de Chiapas adhiriéndose al Plan de Igua- 
la, fué secundada, en 13 de noviembre, por Quezalte- 
nango. Estos pronunciamientos unidos á algunos 
trastoraos de San Salvador y á la declaración de neu- 
tralidad hecha por Costa-Rica, pusieron en dificulta- 
des á la Junta Consultiva. 

En la sesión del 28 de noviembre, la Junta dio cuen- 
to con un oficio de don Agustín de Iturbide, en que, 
contrayéndose al artículo 29 del acta de 15 de setiem- 
bre manifestaba, que Guatemala no debía quedar in- 
dependiente de México, sino formar con éste un gran 
imperio; que Guatemala se hallaba impotente para 
gobernarse por sí misma y podía ser objeto de la am- 
bición extranjera; y que por esta causa, marchaba 
de México á la frontera un gran ejército de protec- 
ción. 

La Junta determinó precipitadamente contestar á 
Iturbide, que no se creía con facultades para resolver 
por sí en un negocio de tanta importancia y que se 
oiría en cabildo abierto el voto de los pueblos. 

Gainza, tan voluble como siempre, se hizo comple- 
tamente del lado de los imperialistas. 

Los patrio tos eran insultados y vejados y hasta se 
solicitó el destierro de Bar rundía y de Molina. 

En la noche del 30 de noviembre hubo una lacha 
en las calles de la capital, entre ambos partidos, de la 
que resultaron muertos dos independientes. 



CAP. I-^BIUEBOa PASO», ETC. 



a37 



QaÍDKa mandó á los Ayuntamientos, con fecha '¿(Xm 
■ '4e noviembre, quo en el perentorio término de un mes ■ 
idi&scn cuenta con el voto de los pueblos. ■ 

W Hechos el escrutinio y regulación de votos en loa I 
Brimeroe días del mes de enero de 18'22, resultó que I 
Bh contestaciones de los Ayuntamientos estaban di- 1 
■ididas en cuatro "clases. Unos dejaban aí Congreso I 
Háciunal la resolución sobre si debían ó no anexarse I 
K'Héxico; otros aceptaban de lleno el peusamientp; I 
^boM lo aceptaban bajo condiciones, y otros se romi- I 
^pn al voto de la Junta. I 

^pinchos Ayuntamientos no pudieron emitir su opÍ- I 
K6ti por falta de tiempo, y otros jamíis recibieron la 1 
Krcular de Gainza. I 

tEn la sesión del 5 de enero, tí-ainza leyó un largo y I 
^budíado discurso sobre la necesidad de la aneüóu. 1 
^fa)oii Júsó del Valle manifeettí, que debía difei-irse la I 
^Bolucióu del asunto hasta oir ol voto de t>7 Ayunta- I 
Elieutos que faltaban; pero tan justa reclamaeióu fué I 
Hesatendida. I 

■|A pesar de la divergencia que se notaba eu los vo- I 
^B de los Ayuntamientos y de las representaciones 1 
^B albinos Diputados en el mismo sentido, la anexión I 
■ México fuL' decretada en ese mismo día, con gran M 
■Uegría del clero y de las clases privilegiadas. I 

h Disperso el pueblo de Centro-América on un vasto ■ 
^■rñtorio, no pudo ocurrir á la capital á defender sus I 
^Breckos. I 

BTj06 miembros de la Junta, bajo la presión de Gaiu- * 
Hb y de los imperialistas, los que no hubo medio de que 
no ocharan mano, no encontraron ni el apoyo del 
^■leblo que se había alejado, temeroso como se halla- ■ 
Hk do las amenazas del poder y del falso anuncio d»! 
^bco mil mexicanos que habían traspasado la fron*l 
HHra y se dirigían !i luarchiis foi'zada.s sobre Guatemala^ 



338 HltíTOlilA DE NICARAGUA 



Decretada la anexión á México, la Junta Provisional 
Consultiva se declaró disuelta en 21 de febrero de 
1822. 

Gainza "el comodín de todos los partidos'^ (1) con- 
tinuó ejerciendo las funciones de Capitán General del 
Gobierno mexicano, convocó á los representantes nue- 
vamente electos para la diputación provincial y con 
ellos instaló poi* tercera vez este cuerpo el 29 de mar- 
zo de 1822. 

Apenas se tuvo noticia en San Salvador de la reso- 
lución tomada, el pueblo, en Cabildo abierto, levantó 
una acta, fechada en 17 de enero de 1822, en la cual 
sostuvo con firmeza su pronunciamiento de indepen- 
dencia absoluta y declaró separada la Provincia de 
su anterior unión á Guatemala. 

En Nicaragua fué proclamada la anexión, tanto en 
León por González, como en Granada por Sacasa; pe- 
ro en esta última población el descontento fué gene- 
ral. Ya el pueblo había probado el sistema republi- 
cano y se horrorizaba á la sola idea de verse sujeto á 
un nuevo yugo. 

' El nuevo Gobierno de Centro- América, trató como 
sediciosos á todos los opositores á México, y como 
execrables herejes á los independientes que protesta- 
ban contra ese hecho. 

Gainza organizó inmediatamente una división al 
mando del Coronel Arzú y la envió a que sometiera 
la Proviocia de San Salvador. 

Arzú en Santa Ana vio engrosada su división con 
fuerzas de esta Villa y de Sonsonate, que se habían 
declarado por Guatemala; y con estos nuevos refuer- 
zos atacó la plaza de San Salvador el 3 de junio del 
mismo año; pero después de nueve horas de fuego, se 



(1) Ramón Rosa — Biogrírfia de Valle. 



CAP. I — PBIMER08 PASOS, ETC. 339 



vi6 obligado 4 retirarse precipitadamente, perdiendo 

60 su faga muchos elementos y desorganizándose la 
foerza. 

Estas noticias llevadas con exageración á México, 
bicieron despertar sospechas acerca de la lealtad de 
Gfainza. Fné por esta causa llamado á la capital, y 
se di6 orden al General don Vicente Filísola para que, 
con una división mexicana, pasara á Guatemala á ha- 
cerse cargo del mando y á pacificar y sojuzgar los 
pueblos rebelados. 

Mientras Filísola llegaba, tuvieron efecto, el 10 de 
marzo de 1822, las elecciones populares para nom- 
brar Diputados al Congreso de México. El sabio Va- 
lle fué designado por Tegucigalpa, y habiendo toma- 
do su asiento en el mes de agosto inmediato, mereció 
ser nombrado Vice-Presidente del mismo Congi'eso é 
individuo de la comisión encargada de formar la Cons- 
titución, puesto en el cual trabajó por la libertad del 
Beino de Guatemala,^ haciendo conocer la desgracia- 
da historia de su sujeción á México y preparando 
los ánimos con la propagación de los principios del 
Derecho Público. 

Agredido el Congreso, el 26 de agosto de 1822, por 
el golpe de Estado que dio Iturbide en aquel día, fué 
Valle reducido á prisión en el Convento de Santo Do- 
mingo, en donde se le mantuvo incomunicado y con 
centinela de vista durante tres meses. 

De aquella prisión se le sacó, el 23 de febrero de 
1823, para servir el cargo de Ministro do Relaciones 
Exteriores del Gobierno imperial, que renunció varias 
veces sin éxito. 

Concluido el imperio, Valle volvió á ocupar su asien- 
to en el restablecido Congreso de México, y el 12 de 
abril de 1823 pidió con instancia que se declarase que 
las tropas mexicanas, mandadas por el Brigadier Fi- 



340 HISTOBIA DE NICABAGUA 



lísola, debían retirarse inmediatamente de todo 
rritorio de Guatemala, porque habiendo desapat 
el plan de Iguala y el famoso tratado de Córdol 
virtud de los cuales el antiguo Reino se había 
á México, Guatemala y todas las demás prov 
estaban en el derecho de constituirse como mejoi 
viniera á los intereses de sus pueblos. 



CAPÍTULO II 

Iturbide 



Quién fué Iturbide?— Sus relaciones con los patriotas—Su 
^^^^0cción y crueldades — Es acusado y renuncia del puesto 
q^ desempeñaba— Se presenta de penitente— El Virrey lo 
nombra Gtonersd expedicionario— Aparecimiento del Gene- 
^ Guerrero al frente de los patriotas-^Se entiende con él 
Iturbide— Traiciona éste al Virrey— Plan de Iguala— Procla- 
°^ACión de la independencia de México— Capitula el jefe es- 
pañol 0*Donojú— Tratados de Córdoba— Organiza Iturbide 
^ iarobiemo— Disputas con el Congreso- Qolpe de Estado — 
^ aperador Agustín I— Actitud de los Estados-Unidos y 
de la República de Colombia— Disolución del Congreso— 
^'oclamación de la República mexicana— Nueva reunión 
del Congreso y caída de Iturbide— Se traslada á Europa- 
Ofrece su espada al Congreso— Se le pone fuera de la ley— 
Su regreso y muerte. 



Don Agustín de Iturbide perteneció á una familia 
acomodada de Valladolid en México. Era criollo, de 
buena presencia y de un valor é inteligencia poco co- 
munes. 

Desde el año de 1809 estuvo en relaciones con los 
patriotas de México; pero habiéndole negado Hidalgo 
el grado de Teniente General que deseaba, se pasó re- 
sueltamente á los españoles y fué, como sucede siem- 
pre en tales casos, el más sanguinario y encarnizado 
perseguidor de sus antiguos amigos. 

Cuando estuvo con mando militar, sus crueldades 
fueron remarcables. En un despacho que dirigió al 
Virrey en 1814, le comunicaba, que para celebrar dig- 



342 HISTORIA DE NICARAGUA 



ñámente el Viernes Santo de aquel año, "había fusi- 
lado á trescientos excomulgados," (independientes). 

En 1816 varias familias respetables de Querótaro y 
de Guanajuato se presentaron acusándolo por su ra- 
pacidad y escandalosas exacciones. 

Se le llamó á México, se le procesó, y de resultas 
renunció de sus funciones v de su sueldo. 

Después de una vida de escándalos y desórdenes, 
para ganarse la confianza del Virrey don Juan Buiz 
de Apodaca, que era sumamente devoto, tuvo el des- 
caro de presentarse en público en un convento de la 
congregación de San Felipe Neri, como penitenta re- 
ligioso, á quien le toca de improviso la gracia divina. 

El candoroso Virrey cayó en el la^o; y creyendo 
ver en Iturbide á un nuevo Sanio, lo paso al frente 
de las fuerzas acantonadas entre México y Acapnlco, 
concediéndole el serado de General en Jefe de las mis- 
mas. 

Guerrero, último jefe de los patriotas mexicanos, 
mantenía el fuego de la revolución; y sus partidas, 
que alarmaban constantemente á las autoridades es- 
pañolas, eran perseguidas por el General Armijo á 
quien sustituyó Iturbide. 

El nuevo Jefe de las fuerzas españolas, cuyos an- 
tecedentes conocemos, alimentaba en su pecho una 
vasta ambición, que se proponía satisfacer por cual- 
quier medio. 

Dueño del ejército, su primer paso fué entenderse 
con Guerrero, el indomable jefe de los insurgentes, con 
quien tuvo una conferencia en una aldea inmediata á 
México, en uno de los días del mes de enero de 1821. 

Entendidos ya con los revolucionarios, Iturbide es- 
cribió al Virrey, participándole su determinación de 
proclamar la independencia de Nueva-España. 

Llenada la formalidad anterior, Iturbide marchó á 



CAP. n — ITUBBIDE 343 



vpkúa^ pueblo á cuarenta leguas al Sur dé México, y 
^1 24 de febrero publicó su famoso plan. 

Los conceptos, bien calculados, de la proclamación 
liecha por Iturbide, surtieron todo el buen efecto que 
éste se prometía. 

La revolución de México, que tantas veces había 
fracasado, alcanzó luego una victoria completa sin 
que se derramara una gota de sangi*e. 

Los pronunciamientos se sucedieron en todas par- 
tes, y el Virrey preso y depuesto ^n la capital por sus 
mismos partidarios, fué sustituido por un oficial su- 
balterno, que tampoco pudo contener el torrente re- 
volucionario. 

Los amigos de España eligieron á otro Virrey, á 
O'Donojú; pero éste se vio obligado á encerrarse en 
el Castillo de San Juan de Ulúa, de donde entró en 
arr^los con Itubide, firmando los tratados de Córdoba. 

Se estipuló en ellos, que el Gobierno español acep- 
taría el plan de Iguala, y que en México, entraría á 
gobernar una Junta de treinta y seis personas que 
debía reemplazar el poder legislativo, hasta la convo- 
cación de un Congreso. Como poder ejecutivo, se 
nombraría provisionalmente una Regencia, mientras 
se recibía de España una respuesta acerca de la Co- 
rona ofrecida al Rey ó á uno de los infantes ; perma- 
neciendo en vigor la Constitución española de 1812. 

Iturbide nombró, entre sus amigos, las treinta y seis 
personas que debían componer la Junta, y se colocó 
él mismo como Presidente á la cabeza de la Regencia; 
uniendo á este poder las funciones de Generalísimo 
de mar y tierra y ostentando el lujo de un Virrey, en 
momentos en que la miseria pública llegaba al extremo. 

En febrero de 1822 se reunieron las Cortes mexicanas. 

La gran mayoría del Congreso era monárquica y 
enemiga de Iturbide, y cuando éste quiso leer su men- 



344 HISTORIA DE NICARAGUA 



saje á la der^ha del Presidente, lo obligó á pasar á la 
izquierda y lo humilló públicamente. 

Iturbide se había asignado á sí mismo ciento veinte 
mil pesos de sueldo anual, á su padre diez mil, á cada 
Ministro ocho mil y á cada Diputado á Corte tres mil. 
No contento aun con este crecido gasto, aumentó el 
contingente del ejército y exigió que se le pagara de 
preíerencia. 

El Congreso trató de reducir el ejército y los gas- 
tos, y rompió por esta causa con Iturbide. 

Los ánimos se agriaban más y más cada día. Ha- 
biéndose recibido la noticia de que el Gobierno espa- 
ñol negaba su aprobación á los tratados de Córdoba, 
Iturbide dio un golpe de Estado y sí> hizo proclamar 
Emperador por el mismo Congreso constitucional, el 
21 de mayo de 1822, tomando el nombre de Agustín I. 

Los que conocieron al nuevo Emperador de Méxi- 
co, decían que se asemejaba á San Martín y á Bolí- 
var, en su ambición, eu lo reserv^ado y en el lenguaje 
equívoco y arte de disimular de que se valía para to- 
dos sus asuntos. 

Tenía de común con Bolívar las maneras seducto- 
ras y hasta la costumbre poco franca do fijar la vis- 
ta en el suelo durante la conversación ; pero sin el ta- 
lento y sin la ilustración del Libertador, fué menos 
modesto en el ñn que se propuso y menos escrupulo- 
so en la elección de los medios. 

Iturbide fué también un soldado experto y afortu- 
nado y de una constitución tan robusta, que lo hacía 
capaz de resistir las mayores fatigas. 

El Emperador obligó al Congreso á decretar la he- 
rencia de la Corona, á que nombrase Príncipe de la 
Unión á su padre y á que le diese á éste, lo mismo 
que á él, el tratamiento de Alteza Imperial. 

El clero y el ejército apoyaban el poder y el fausto 



OAP. II — ITDUBIDE 



.'Wó 



leí nuevo monarca; pero en todo el país y en el seuo 
'leí Congreso había vivísimo descontento. 

Loa Eatados-Unidos se negaron á retíonoeer el Im- 
perio, y en la embajada de Colombia hubo una cons- 
[ i ración, cuyo fin principal era proclamar la Hepública. 
Prineipiaron los lovantamiento.i populares on el 
uits de octubre; y habiendo entrado en disputas con 
el Congreso, el nuevo Emperador quiso expaditar sn 
acción y lo mandó disolver el 31 del mismo mes, en 
el pereotorio término do diez minutos; formando eu 
"H lugar una Junta ínstttxtyente, compuesta de indivi- 
luos escogidos entre los antiguos Diputados, que se 
inangnró el Ü de noviembre. 

^w fin, los pueblos cansados de aquella farsa de 
^iionarquía, que costaba muchos millones de posos al 
■^liiinsto Tesoro, proclamaron la República, unit^iido- 
' il fieneral Sautana que había levautado la baude- 
' t Ja Ift insurrección en Vera-Cruz. 

Itiirbide disponía del ejército, y envió tropas á 
'■'jmljatir á Santaua; pero los jefes se pusieron de 
Lifuerdo con éste y firmaron el \° de febrero de 1823, 
''1 convenio de Casa-Mata, pqr el eual se proclamó el 
''*i*UbIecÍmiento del Congreso, aparentando no obs- 
tüiile dejar á salvo la persona del Emperador, á quien 
''Uviarnn copia de todo. 

El valor y la energía parecieron abandonar á Itur- 
l^ida eu lance tan supremo. Dejó pasar el tiempo sin 
moverse, ni tomar providencia.s eficaces. 

Cuando todo lo creyó pei'dido, convocó extraordi- 
"ii'iamente el mismo Congreso que el había disuelto, 
'o abrió personalmente el 7 de marzo, y el líl presen- 
^' su abdieacióu de la Corona, confesando humilde- 
'"finte, que al subir al Trono había perdido el afecto 
'i*ifí se había grangeado libertando al pueblo del yugo 
■ ''oíos españoles. 



346 HI8TOBIA DE NIGAfiáOÜA 

' ' ■ ■ ' 

El Congreso, que ya no tenía que temeri i 
la abdicación, que implicaba el reconocimi 
derecho al Trono, declaró nula y de ningún 
elección de Iturbide y privó del Trono de 1 
los Borbones que habían sido llamados por € 
Iguala. 

Iturbide se fué á Europa. 

Hall&base en Inglaterra cuando supo que 
Alianza proyectaba una expedición contra s 

El 13 de febrero de 1824 escribió á las C 
México denunciando el hecho y ofreciendo s 

El Congreso resolvió no responder á la notí 
bidé, y lleno de saña contra él, declaró, en 28 
que quebaba fuera de la ley si pisaba nueva 
territorio mexicano. 

En el entretanto, Iturbide inocente de lo 
ba, se presentó en julio siguiente en el puc 
to de la marina, acompañado de un capel 
esposa y de dos tiernos niños. 

Se le recibió con agasajo, y una vez in 
le redujo á prisión en Padilla y se le ejec 
tamente después en la plasma pública, el 1 
1824. 

Así terminaron los días del libertado' 
en la hora precisa en que arrepentido ' 
venía á ofrendar su vida y su sangre e^ 
bertad de la patria. 



.CAPÍTULO III 

La República Federal 



Llegada del Gteneral Filí sola— Conducta de este jefe— De- 
posita el mando y marcha sobre San Salvador — Anexión á 
los Estados-Un idos—Sitio y rendición de San Salvador- 
Diócesis salvadoreña — Rivalidades con Guatemala— Insu- 
rrección de Granada— Cleto Ordóñez*se pone á la cabeza — 
Ataque de Granada — Es rechazado Saravia— Retírase á Ma- 
laya y disuélvese su ejército — Junta Provincial de León — 
Revolución de Costa-Rica— Regreso de Filísola— Convoca 
al Congreso— Instalación y trabajos de éste— Conducta del 
Imputado CafLas— La República Federal— Constitución de 
1824— Sublevación de Ariza en Guatemala — Liberales y 
^ioderados — Renuncias de Molina, Villacorta y Rivera — 
Se organiza el Poder Ejecutivo— Muerte del Doctor Flores — 
Situación de Nicaragua— Organización de las juntas de León 
y Granada — Prisión de Sacasa— Preparativos en Managua- 
astado general de la Provincia. 



El General mexicano don Vicente Filísola marchó, 
con 600 hombres sobre la Provincia de Chiapas, que 
se había unido á México, y después, obedeciendo ór- 
denes de Iturbide y el llamamiento de las autorida- 
des de Q-uatemala, se trasladó á ésta ciudad el 13 de 
julio de 1822. 

Filísola se invistió el 21 del mismo mes de julio con 
el título y poder de Capitán General; pero prudente 
y humano, sus trabajos de pacificación se concreta- 
ron á negociaciones con los rebeldes de San Salvador. 

Agotadas las medidas de conciliación y habiendo 
recibido orden especial y terminante del Emperador, 
para reducir á la obediencia inmediata á los rebelados 



348 HISTORIA DE NICARAGUA 



salvadoreños, se puso en marcha á la cabeza de dos 
mil hombres y dejó en su lugai', en Guatemala, á su 
segundo el Coronel Codallos. 

En el entretanto, el Congreso ó Junta Provincial 
de San Salvador decretó, el 2 de diciembre, la anexión 
de la Provincia á los Estados-Unidos de Norte-Amé- 
rica, formando un nuevo Estado de aquella Repúbli- 
ca y adoptando su constitución y leyes. Este paso, 
sin deliberación acogido no tuvo ningún resulta- 
do ; pero los patriotas alentaron al pueblo, haciendo 
propalar que tropas americanas venían en sü auxilio. 

La ciudad de San Salvador resistió valientemente 
hasta el 7 de febrero de 1823, en que Pilísola se apo- 
deró de ella á viva fuerza; pereciendo en el combate 
como 88 salvadoreños entre muertos y heridos de gra- 
vedad. El resto de tropas salvadoreñas que se retiró 
con dirección á Honduras, capituló en Gualcince, 
cuando tuvo noticia de la clemencia con que Filísola 
trataba á los vencidos. De esta manera quedó toda la 
Provincia sujeta á México. 

Durante la guerra contra los imperialistas, los sal- 
vadoreños erigieron una diócesis en su territorio, con 
objeto de ser más independientes de Guatemala. De 
esto procedimiento se originaron después muchos 
desórdenes y disputas que tuvo el Gobierno, no sólo 
con el clero y con la Santa Sede sino también con las 
autoridades civiles. 

El Arzobispo de Guatemala, enemigo de los salva- 
doreños con doble motivo, los excomulgó solemne- 
mente; pero los salvadoreños se rieron de las censu- 
ras, echaron fuera á todos los curas partidarios del 
Arzobispo, y á su vez hicieron excomulgar á éste y á 
todos los suyos. 

De las disputas políticas y religiosas entre guate* 
malteeos y salvadoreños, nació esa funesta rivalidad 



CAP. m — LA BEPDBLICA FEDEKAL 



349 



I 



queee conserva hasta el dia, y las denominacioaes do 
i-hapines y f/uanacos. (1) 

Aun ne se había terminado la pacificación do ¡San 
Salvador, euaudo la 'ñiidad da (íraiiada qnc, como se 
recordará, estaba descontenta de la buena voluntad 
cou qne el Comandante Sacasa reconoció el Imperio, 
fit) lanzó ala vía de los hechos, protestando contra 
'«inel acto. 

Alentados por el ejenaplo de San Halvador, los gra- 
nadinos, á las órdenes del artillero Cleto Ordófioz, 
asaltaron el «nartel á las diez de la noche del l(í de 
enei-o de 1823, y después de apoderarse de las arma», 
lieeeonoeieron é. Iturbide v proclamaron la Repú- 
blica. 

Tan Inego se supo en León el pronunciamiento de 
'íranada, el Obispo Jerez y el Intendente Saravia, hi- 
'■'ieron marchar mil hombros, á cuya cabeza se puso 
si ultime, con el objeto de someter á todos los rebe- 
lados centra el Imperio 

Ordóñez, que apenas contaba con unos pocos reclu- 
tas, rodeó la plaza de barricadas, situó en ellas la ar- 
tillería, dispuso la defensa en toda la línea y dio alíen- 
lo y valor al vecindario. 

tíonzález Saravia se presentó poco después en G-ra- 
uada, atacando la plaza el 13 de febrero; pero los si- 
tiados hicieron tan bnen uso de la artillería, y lo 
obligaron á replegarse á Masaya, cou pérdida de al- 
gunos hombres, entre ellos su segundo jefe. 



|H>{1} t'egi'm so agegara en iin anlíguü luanaaciito que el autor 

^m# «n Qnezalteuango, la palabra chapín, quo bo aplicaba ú una 

^^rma ■}« tacúu de bota, BÍrvÍó parn designar li los opresores ; y la 

jMilabra guanaco, nombro de una oEpecic de uiervo, pnra laa vfoti- 

luué de aquella opreei<íD, á quienes bc suponía níaticas y montara- 

..— [N. del A.) 



350 HlSTüKlA DE NIOAIUGÜA 



Preparábase Saravia á dar un segundo ataque, para 
cuyo efecto había solicitado auxilios de Filísola, cuan- 
do le llegó la noticia de los sucesos de México, termi- 
nación del Imperio y decreto de convocatoria á un 
Congreso centro-americano. Esto produjo la disolu- 
ción del ejército de Saravia, que fué llamado de Gua- 
temala y Granada libre de enemigos se organizó 
nuevamente, creando una Junta Gubernativa de 
acuerdo ya con las autoridades de Guatemala. 

Mientras tanto, la Diputación Provincial de León, 
con vista del decreto de Filísola y considerándose en 
orfandad respecto al Imperio, acordó, en 17 de abril 
de 1823, instalar una Junta Gubernativa, compuesta 
de cinco vocales, dos por parte de la misma Diputa- 
ción, uno por el noble Ayuntamiento y dos por el pue- 
blo, con dos suplentes más, la que ejercería las fun- 
ciones de gobierno soberano, en los casos que lo exi- 
giera la necesidad. 

En consecuencia, fueron electos por aclamación uná- 
nime, para componer dicha Junta Gubernativa, los 
señores. Presbítero don Pedro Solís y don Carmen Sa- 
lazar, por la Diputación Provincial: el Doctor don 
Francisco Quiñones, por el Ayuntamiento: don Do- 
mingo Galarza y don Basilio Carrillo, por el pueblo; y 
don Valentín Gallegos y don Juan Hernández como 
suplentes. 

La Junta así organizada, quedó facultada para re- 
solver si admitía ó no la invitación de Filísola para 
concurrir al Congreso de Guatemala ; debiendo ejercer 
las funciones de Jefe Político el vocal 29 don Carmen 
Salazar y cesar el Brigadier don Miguel González Sa- 
ravia ou todos los mandos que hasta entonces había 
ojorcido. Para esto efecto, le ofició la misma Junta, 
ordenándolo t^uo coíuira on sus hostilidades contra Ora- 
nada y <íuo out robara his armas á un comisionado. 



CAÍ'. UI— LA ItEPÚBUCA FEDEBAL ^51 



La provincia d» Costa-Rica, qae casi no tuvo mág I 
'lue cuatro pueblos de importancia y que por so sitaa- I 
(ion aislada, hasta eutoiices se había manteuido qniet* 
ta, sufrió ai fíu la iiifliiencia do los antagonismos. 

Cartago, la antigua capital, se pronunció por la I 
"uión al Imperio; pero San José y Alajnela «stnvie- 
ron ea contra. 

ÜL'spués do un combato on el punto llamado "Las 
Ugnnas," los cartigíneses se rindieron ú los josefinos, 
luedead*" entonces trasladaron la capital á San Jos»*'. 
El General Filisola regresó á Guatemala en marzo 
'te 181í:í, t^íniendo ya la noticia de que el Trono Impe- 
rial estaba próximo ú derrumbarse en México. Expi- 
fiió entonces, en 19 del mismo mea y en concepto de 
-Jefe superior, un decreto para la reunión del Congre- 
so Nacional, que fué acogido con entusiasmo por los 
)iuebIos. El gobierno del iniporio fué de los peores eu 
Centro- América, pues thxvante él se vieron contribu- 
ciones exorbitantes, aranceles bárbaros, papel mone- 
da desacreditado, donativos, préstamos, gastos consi- 
derables en pomposas juras del Emperador, y sobre 
todo, en el sosteuimiento de la divisióu protectora, ver- 
dadera plaga para todas las poblaciones con que tocó. 
Para el 19 de junio de 1823 fué convocado el Con- 
¡o por FUisola; pero éste no pudo reunirse, sino 
:a el 24 del mismo mes con cuarenta y nn repre- 
sentantes, que formaban la mayoría, y sin la concu- 
rrencia de Chiapas, que no quiso separarse do México. 
Tomó el nombre de Asamblea Nacional Constituyente 
y abrió sus sesiones el día 2!). 

Los trabajos preparatorios ae hicieron por personas 
entendidas, escogidas entre los que fueron en oti-o 
tiempo miembros de las Cortes de España y de Mé- 
xico. 
■ha nueva Asamblea, cuyo presidente era ol Doctor 



IQ!&sti 



352 HISTORIA DE NICABAGUA 



don Matías Delgado, dio al país el nombre de " Pro- 
vincias unidas de Gen tro- América" y lo declaró libre 
é independiente de la antigua España, de México y de 
cualquiera otra potencia, siendo cada uno de sus Es- 
tados libre en su gobierno y administración inte- 
rior. (1) 

El Congreso duró diez meses y sus principales tra- 
bajos fueron los siguientes: 

Instalación en Guatemala de un poder ejecutivo, 
compuesto de tres individuos, los señores don Pedro 
Molina, don Juan Vicente Villacorta y don Antonio 
Rivera. 

Abolición de los tratamientos de Magestad, Alteza, 
Excelencia, Señoría, Don, etc. y supresión del hábito 
talar en los magistrados, abogados y empleados de jus- 
ticia. 

Designación del escudo de armas y pabellón nacio- 
nal. El escudo debía contener un triángulo con cinco 
volcanes dentro y por encima un arco iris y bajo de 
éste el gorro frigio esparciendo rayos. Los colores del 
pabellón debían ser azul y blanco, horizontalmente co- 
locados, con la inscripción "Dios, Unión, Libertad." 

Excitación á los cuerpos deliberantes de ambas Amé- 
ricas, para formar una confederación general, que re- 
presentara unida á la familia americana y garantizara 
su libertad ó independencia. 

Abolición de las bulas de la Santa Cruzada. 

Doolaraoión de que el territorio de Centro-América 



(l) — Los (liputuilos de Nicaragua en la Asamblea Na<»oiuil 
i'onstituyento que se incorporaron eu setiembre, eran : el Doctor 
i!on Manuel Harbea»no y don Toribio Arguello, por el partido de 
l.eón : el Licenciado dt>n «losé Benito Rosales y don Manuel Men- 
iloza, por el de (i ranada: el Licenciado <lon Filadelfo Benaveate, 
por el tle Matagal^^a: y el Licenciado don José Manuel de la Cer- 
da, por el de líivas — (N. del A.'^ 



i un asilo inviolable para las personas y las propie- ' 
ides de los extranjeros, y qae por ningún motivo 1 

bdfan confiscarse dichas propiedades; permitiéndose I 

netuás, á los miemos extranjeros, dedicarse á la in- 
istría, arte ú oficio que quisieran, y proviniendo á* J 
( funcionarios del gobierno les facilitaran su tránsi- 

ji al interior del país. 

I Ordeu para que se colocaran en el salón de sesioue& 1 
B retratos del Libertador Simón Bolívar, de Fray Bar- J 

pIoRié de las Casas y del señor de Pradt. 

1 Declaración solemne de que los esclavón que t 

¡Bsen ea cualquier punto de Centro-América eran li-i 
s desde ese día (23 de abril de 1824), y que todo el I 

be pisara el territorio no podría estar en esclavitud, í 

I ser ciudauos los qne traficasen con esclavos, 
¥ por último, un decreto para qne cada Estado fe- 1 

teral tuviese su congreso ó asamblea para su gobier- 1 
interior, bajo las bases de la Constitución general. 

iTodos los decretos, expedidos por la Asamblea Na-- 
¡Duat Constituyente, revelan la elevación de ideas del 

buel ilustre Cuerpo y son un timbre de justo orgullo I 
Lra los centro-americanos de todos los tiempo»; me- 1 
leiendo, á nuestro entender, especiales elogios, aquell 
1 que, levantándose sobre las preocupaciones de sw! 
tepoca, estableció que en Ceutro-Amóriea el hombre nofl 
faodía jamás ser esclavo del hombre. 

t Débese la proposición de ese inmortal decreto á un 

lérigo venerable, al Doctor don Simeón Cañas, Dipu- 
do por Chímaltenango y digno émulo de Montesinos J 

í^ Las Casas. 

^ Cuéntase que el 81 de diciembre delH23, el virtuosa í 
^aciano, que se hallaba postrado en cama, se hizo con- 
ducir al salón de tas sesiones y tomando la palabra, i 
__<Íijo, con solemne entonación: 

"Vengo arríiatráudomo, y si estuviera agonizando^] 



354 HISTORIA DE NICARAGUA 



agonizando viniera, por hacer una proposición benéfi- 
ca á la humanidad desvalida. 

"Con toda la energía con que debe un Diputado 
promover los asuntos interesantes á la Patria, pido, 
«que ante todas cosas y en la sesión del día, se decla- 
ren ciudadanos libres nuestros hermanos esclavos; de- 
jando salvo el derecho de propiedad que legalmente 
prueben los poseedores de los que hayan comprado, y 
quedando para la inmediata discusión la creación del 
fondo para indemnizar á los propietarios." 

Después de exponer la manera cómo pensaba que 
debía verificarse la indemnización, el filantrópico clé- 
rigo concluyó de esta manera: ^ 

"Todos saben que nuestros hermanos han sido vio- 
lentamente despojados del inestimable don de su li- 
bertad, que gimen en la servidumbre, suspirando por 
una mano benéfica que rompa la argolla de su escla- 
vitud. Nada, pues, será más glorioso para esta au- 
gusta Asamblea, más grato á la Nación, ni más pro- 
vechoso á nuestros hermanos, que la pronta declara- 
toria de su libertad, la cual es tan notoria y justa que 
sin discusión y por general aclamación debe decretarse. 

"La Nación toda se ha declarado libre, lo deben ser 
también los individuos que la componen. Este será 
el decreto que eternizará la memoria de la Asamblea 
en los corazones de esos infelices que, de generación 
en generación, bendecirán á sus libertadores. 

"Mas para que no se piense que intento agraviar á 
ningún poseedor, desde luego, aunque me hallo pobre 
y andrajoso, por que no me pagan en las cajas ni mis 
créditos, ni las dietas, cedo con gusto cuanto por uno 
y otro título me deben estas cajas matrices, para dar 
principio al fondo de indemnización antes dicho." 

Los representantes don José Francisco Barrundia 
y Doctor don Mariano Gálvez, apoyaron con entusias- 



CAP. lll. — LA KEPÚBLICA Í'EDEBAL 355 



mo la proposición del Doctor Cañas, iniciada también 
por ellos algunos días antes, y la Asamblea la adoptó 
con unanimidad de sufragios. 

Los miembros del Poder Ejecutivo, al recibir el de- 
creto manifestaron, llenos de entusiasmo, que mere- 
cía tablas de bronce; y que si el primer hombre que 
escUvizó al hombre, debía ser la execración de los si- 
glos, el primer Congreso de Guatemala, que restituye 
sus derechos á nuestra especie, debía ser el honor del 
género humano. 

Todos cuantos tenían esclavos en la República, los 
manumitieron en el acto que se publicó el decreto, 
sin exigir ninguna remuneración; siendo los primeros 
en dar el ejemplo los miembros del Poder Ejecutivo 
Nacional. ' 

El 22 de noviembre de 1824 se decretó la Constitu- 
ción de la nueva República Federal, la cual fué recibi- 
da con entusiasmo; y el 23 de enero de 1825 cerró sus 
sesiones la Asamblea Nacional. 

En la Constitución se consignaron disposiciones li- 
berales, relativas al desarrollo del comercio y de la 
industria, y á la libertad de la prensa y libre impor- 
tación de impresos, cualesquiera que ellos fuesen. 

Se consignó también en la nueva Constitución, des- 
pués de acalorados debates y con mucha oposición, 
el que el Estado tuviera religión, pero tolerando la 
práctica de todos los demás cultos. 

El 14 de setiembre de 1823, pocos días después del 
^oitiro de Filísola con las tropas mexicanas, y cuando 
ecfc Guatemala se preparaban para la celebración del 
^Cfc. "iversario 29 de la independencia, el Capitán Rafael 
^'k:* iza, que aspiraba al mando general de las armas, 
^^ «ublevó con las tropas de la guarnición. 

^H)ijeron los sublevados que sólo querían reclamar 
^0^ sueldos que se les debían, y algunos de ellos llega- 



35(5 HISTOKIA DE NICARAGUA 



ron hasta entrar á la sala de los Diputados, lanzando 
gi-itos y exclamaciones. 

La excitación en la ciudad duró como una semana, 
mientras los sublevados estuvieron juntos; pero cuan- 
do el caudillo se fugó, los otros se sometieron y fue- 
ron castigados algunos de los más culpables. 

Desde la reunión de la Asamblea, los imperialistas 
y republicanos habían desaparecido, para dar lugar 
nuevamente á los liberales y moderados. 

Como los moderados habían estado en minoría, 
cuando tuvo efecto el pronunciamiento de Ariza, 
hicieron circular el falso rumor de que el Ejecutivo 
había promovido esa sublevación, para solicitar fa- 
cultades extraordinarias y situar en la capital tropas 
del Salvador, que habían llegado de auxilio. 

Molina, Villacorta y Rivera presentaron entonces 
sus renuncias; y después de varios nombramientos no 
aceptados, vino á constituirse nuevamente el Poder 
Ejecutivo, hasta en el mes de marzo inmediato, des- 
empeñado por los señores don José del Valle,* don Ma- 
nuel J. Arce y don Tomás O'Horáii. 

En el mismo año de 1824, murió en Madrid y á una 
edad avanzada, el Doctor don José Flores, después de 
haber recorrido las principales ciudades de Europa, 
dejando en todas partes muy bien sentada su repu- 
tación científica. 

El Doctor Flores había nacido en Ciudad Real de 
Chiapas, por el año de 1751, y desde muy joven pasó 
a Guatemala á hacer sus estudios. 

Fué Flores un anatómico distinguido y uno de esos 
hombres extraordinarios, que guiado por las inspira- 
ciones de su gran talento, pudo como Goicochea, me- 
ditando y estudiando solo, penetrar los arcanos de la 
ciencia, que se le presentaban velados por la educación 
oolonial. 



CAP. III. — L.i KEPUBLIOA FEDEKAL ;J57 



Persuadido Flores de que la medicina era una cien- 
cia meramente conjetura), se dedicó á la observación 
y procuró hallar en el estadio de la anatomía y ñsio- 
logia los fundamentos de la patología y de una tera- 
péutica racional. Fué el primero á quien ocurrió la 
Wizidea de disponer y representar en cera colorada 
'as piezas anatómicas, procedimiento entonces desco- 
nocido en Europa. Las estatuas que hizo en Guate- 
'^ala fueron tres do tamaño natural. En la primera 
^ demuestran la osteología, la angiología y neurplo- 
SÍa; en la segunda, la myología; y en la tercera, la ex- 
P'^enología. Restaba demostrar el sistema de la mu- 
^^^j que dejó iniciado, cuando partió á Europa. La 
^J^tistrucción de estáis estatuas supone infinitas disec- 
^^^nes de cadáveres y un trabajo constante y dura- 
d^íro. 

Se sirvió de la máquina eléctrica, multiplicando su 
^^tificio, para demostrar los fenómenos de la electrici- 
dad. Él creía, y enseñaba á sus discípulos, que el flui- 
do eléctrico era el agente productor de la sensibilidad 
y movimiento animal. 

Explicaba la sanguiñcación conforme á la doctrina 
de los químicos: descomposición del aire atmosférico 
<^n los pulmones, fijación de una parte del oxígeno en 
la sangre y combinación de la otra con el ázoe, forman- 
do el agua que se exhala por la respiración. 

Flores, después de haber enseñado muchos años la 
medicina teórica y práctica, dándole un particular im- 
pulso á la cirugía, obtuvo los honores de Médico de la 
Real Cámara, y más adelante, licencia para viajar á Eu- 
ropa, á donde lo llevaban sus deseos de adquirir nue- 
vas luces. Antes de partir obsequió á la Universidad 
con sus estatuas y su selecta librería; despidiéndose 
de Centro-América el 25 de noviembre de 1796. 
En el año de 1824, á donde hemos llegado con núes- 



358 ' HISTOKIA DE NICAKAÜUA 



tra relación histórica, el bello país de Nicaragua, " el 
Paraíso de Mahoma" como le llamó Gage, se convirtió 
en un teatro de guerras civiles. 

Los diversos partidos de que se componía la Pro- 
vincia, se hicieron mayor oposición á medida que ad- 
quirieron mayor libertad; y esta oposición, aumenta- 
da con el antagonismo que existia entre las varias ciu- 
dades, con las aspiraciones é intereses de los principa- 
les hombres, y más que todo, con el fanatismo religio- 
so, que se explotó como nunca, lanzaron á los pueblos 
en la carrera de las revoluciones. 

Después de la expulsión del Intendente Saravia, la 
Junta Gubernativa se hizo cargo del Gobierno de la 
Provincia de León, y el Teniente Coronel don Basilio 
Carrillo continuó con el mando general de las armas. 

En Granada, después del triunfo, Ordóñez se pro- 
clamó en 20 de abril de 1824, General en Jefe del Ejér- 
cito protector y libertador de Granada, y quedó man- 
dando como Comandante General de la Provincia, 
asociado del Jefe Político don Juan Arguello. Exis- 
tía, además, una Junta Gubernativa con las mismas 
facultades que la de León, la que se manejaba con ab- 
soluta independencia de ésta. (1) 

Al antiguo Comandante Saeasa se le redujo á prisión 
y se le mantuvo en el fuerte de San Carlos bajo la vi- 
gilancia del jefe de la guarnición. 

La villa de Managua, aunque aparentemente some- 
tida al Gobierno de León, se preparaba en secreto pa- 



(1) Arguello era Jefe l*olítico de la revoluciÓD, y lo reeropla- 
zaba á vecee^ como Alcalde I'', el ilustrado Juan José Gazmán. 
Integraban la Juuta Gubernativa^ los Presbíteros José Antonio 
Velazco y Bernabé Montiel, D. F. Venancio Fernández, T. C. 
Nicolás de la Rocba. — (Pedro Francisco de la Rocha, Esttidios 
sobre la historia de la revolución de Nicaragua J, 



GAP. III. — LA REPÚBLIOA FEDEBAL 359 

ra hacerse independiente y era el punto de reunión 
de todos los llamados serviles y desafectos al nuevo 
sistema, acaudillados por el Obispo García Jerez que 
residía en León, el cura Irigoyen, el peninsular Blan- 
co y el criollo don Pedro Chamorro. 

Las demás poblaciones se hallaban poco más ó me- 
nos en el mismo estado de insubordinación, agregán- 
dose hoy á un partido, mañana á otro y cambiando 
constantemente de autoridades y jurisdicciones. 

Tal era el estado general de la Provincia, cuando 
principió el año de 1824, en que estalló la sangrienta 
^erra de ése nombre. 



CAPÍTULO IV 

La grnerra (le 1S24 



Ijevantamiénto de León— Caída de Carrillo— Don Justo 
^üla es comisionado para pacificar á Nicaragua— Se pre- 
senta en León ó inicia sus trabajos— Se subleva el pueblo y 
*^ depone— Disposiciones del Gobierno federal— Gobierno 
^® Granada y León— Fuga de Sacasa— Pónese al frente de 
^ Involución— León y Granada lo atacan— Sorpresa mal lo- 
^^da— Sitio de Granada— Junta del Viejo— Nombra Coman- 
^J^te á Salas— Júntaseles te con Sacasa— Actitud del Obis- 
^^^^^Sitio de León— Es enviado Arzú para pacificar á Nica- 
^gua— Tratados que se forman— Alevosía de Salas— Arzú 
®® Pone á la cabeza de los sitiados— Muerte de Sacasa— Fu- 
9a de Salas— Llegada de Arce con quinientos salvadoreños— 
^^Udición de Managua— Carácter de esta guerra— Pérdida 
^^ í^icoya. 



El pueblo de León desconfiaba mucho del Coman- 
dante don Basilio Carrillo, por las opiniones nada 1¡- 
Wales que había manifestado en tiempo del Imperio. 
Esta desconfianza fué aumentándose hasta el 13 de 
ollero de 1824, en que la población en masa se levantó 
como un solo hombre, pidiendo su retiro absoluto. 
La Junta Gubernativa local tuvo que acceder y nom- 
brar en su lugar al jefe político don Carmen Salazar. 

El estado anterior de inquietud y la falta de armo- 
nía en el gobierno de los distintos pueblos de la Pro- 
vincia, decidieron al Poder Ejecutivo de la República 
á nombrar á don José Justo Milla, para que pasara á 
Nicaragua, lo pacificase y dejara el gobierno á cargo 
de una sola autoridad. 



362 HISTOKIA DE NICARAGUA 



El 18 de enero se presentó en León el nuevo Inten- 
dente, y para llenar los objetos de su misión recorrió 
los principales partidos de la Provincia, logrando que 
las autoridades de Granada, villa de Nicaragua y otros 
puntos celebraran un convenio, por el que se obliga- 
ban á reconocer un solo gobierno central, que residi- 
ría en Managua. 

Milla regresó á León, muy contento del buen éxito 
obtenido; pero cuando menos lo pensaba, las tropas 
de la ciudad, unidas al populacho, se insurrecciona- 
ron y pidieron tumultuariamente el despojo del In- 
tendente y Comandante de armas. Ambos fueron de- 
puestos y ocuparon sus destinos el Alcalde don Pablo 
Meléndez y el Teniente Coronel don Domingo Q-alarza. 

Cuando en Guatemala se tuvo noticia de los suce- 
sos anteriores, dispuso el Poder Ejecutivo que mien- 
tras la Provincia elegía sus autoridades constitucio- 
nales, fuese gobernada política y militarmente por 
una Junta General, compuesta de dos vocales por cada 
una de las que existían en León, Granada, Managua 
y Segovia. Esta disposición, sin embargo, no se lle- 
vó jamás á la práctica y el malestar continuó. 

En Granada, después del triunfo sobre Saravia y 
de la retirada de éste de Masaya, se recibieron comi- 
sionados de León, con los cuales celebró Ordóñez, el 
26 de abril de^l823, un tratado de ocho artículos, en el 
cual estipuló la terminación de la guerra, el nombra- 
miento do Diputados para el Congreso General, y la 
libertad en que se dejaría á los pueblos para adherir- 
se á uno ú otro gobierno, (León y Granada). 

Se firmaron también tres artículos adicionales, pac- 
tando, que si el Gobierno de León convenía en que 
provisionalmente residiese el mando de las armas en 
Granada, ésta á su vez consentiría en que el Gobier- 
no político de toda la Provincia residiera en León; y 



GAP. lY. — LáL GUEERA DE 1824 363 



^^^« en caso de no hacerlo así, quedarían interinamen- 
te divididos los dos gobiernos, hasta la resolución del 
P^éximo Congreso. 

A consecuencias de este convenio, ambos gobier- 
nos halagaban á los principales pueblos procurando 
atraérselos. 

Eil ez-Comandante Sacasa continuaba preso en la 
fortaleza de Sap Carlos, de la que era Comandante, el 
^pañol don Francisco Gámez (1) y capellán un clé- 
Jngo de Granada. Estos dos empleados simpatizaban 
JKKJO con Ordóñez y pertenecían al partido servil ó mo- 
rrada de que Sacasa era caudillo, por lo cual encon- 
traron modo de facilitarle la fuga, salvando las apa* 
ciencias de complicidad. 

Sacasa se dirigió ocultamente a Managua, donde 
«e encontraban refugiados sus correligionarios de im- 
portancia. Éstos á su llegada, lo nombraron Coman- 
dante General de las armas y organizaron una Junta 
Gubernativa, independiente de las de Granada y León, 
bajo la presidencia del Cura Irigoyeu. 

La división de los partidos estaba muy marcada. 
1j08 fiehreSj mandaban en León, Granada, Masaya y 
otros pueblos subalternos; los serviles en Managua, 
San Felipe, Viejo, Rivas, Jinotepe, Juigalpa y otros 
puntos. 

Las Juntas de León y Granada mandaron fuerzas 
sobre Managua; pero Sacasa salió al camino y las 
batió. 

Lu^o con la actividad que le era característica, 
hizo una llamada falsa a Ordóñez por el lado do Tipi- 
tapa y se dirigió por otro rumbo a Granada, más no 



(1) AlguDos señalan al T. C. Raimundo Tiftír, como Coman 
dantede San Garlos; pero esto no es exacto. Tifer se encontra- 
ba entonces prestando sns servicios en Granada — (N. del A.) 



:Jtí4 HISTORIA DE NlCAKA(iUA 



pudo sorprender la plaza, porque se encontró con nna 
escolta enemiga. 

Malogrado el plan de sorpresa, Sacasa regresó á 
Managua á esperar nueva ocasión, que por fin encon- 
tró o\ 3 de agosto de 1824, logrando ocupar sin resis- 
tencia la iglesia y convento de San Francisco de Gra- 
nada donde se parapetó á satisfacción, en momentos 
en que Ordóñez se hallaba de paseo en el inmediato 
pueblo de Nandaime. 

La plaza estaba desierta y Sacasa la hubiera ocu- 
pado también sin resistencia ; pero un soldado- corrió 
á la barricada por donde venían los invasores y dis- 
paró el cañón, hiriendo al Capitán de la Compañía de 
vanguardia, quien se retiró inmediatamente á San 
Francisco. 

La detonación del cañonazo advirtió á Ordóñez de 
lo que pasaba y apresurando su regreso pudo llegar á 
tiempo de cubrir sus antiguas posiciones. 

Después de veintiún días de inútil asedio, Sacasa 
recibió comunicaciones de Managua, en que le parti- 
cipaban que de León se habían movido ochocientos 
hombres bien equipados sobre aquella plaza, á las ór- 
denes del Coronel Osejo, y por esta causa levantó 
precipitadamente el campo para auxiliarlos; pero al 
llegar á Managua, se encontró con que sus amigos 
habían derrotado á Osejo, que se presentó antes, y 
celebraban alegremente el triunfo. 

En el pueblo del Viejo, mientras tanto, se organizó 
una nueva Junta Gubernativa para dar vida y movi- 
miento a la guerra contra los de León. Esta Junta 
se instaló el 24 de agosto y nombró Comandante Ge- 
neral de las armas al Coronel don Juan Salas, emigra- 
do peruano, que había llegado al Realejo en el mes 
anterior, huyendo del Libertador Bolívar. 

Salas organizó con actividad un ejército é hizo que 



CAP. IV. — hk GÜEKKA. DE 1824 3Ü5 



la Junta viejana llamara á Sacasapara que, uuidos los 
dos ejércitos, atacaran con éxito á León . 

Sacasa aceptó la invitación, y con una fuerza res- 
petable se dirigió al campamento de Salas, á donde lle- 
gó con toda felicidad, después de haber derrotado al 
Coronel don Román Valladares, que salió de la plaza 
con algnnas trop^ á disputarle el camino. 

El Obispo García Jerez, enemigo implacable de los 
liberales, se escapó de León en aquellos días y fué 
también á engrosar las filas de los sitiadores. 

Juntas las dos fuerzas expedicionarias, montaron á 
mil trescientos hombres, á cuyo frente se pusieron 
Salas, como primer jefe, y Sacasa como segundo. 

El 13 de setiembre se posesionaron de los primeros 
arrabales de León, hasta llegar á la plaza de San Juau, 
que tomaron para cuartel general. 

En los 14 días que duró el asedio de la plaza de León, 
hubo encuentros casi diarios, sosteniéndose combates 
encarnizados en las calles, en el interior de las casas 
y aun en el recinto de las iglesias. 

Durante aquel sitio se cometieron horrorosos exce- 
sos. En el campamento de San Juan, los de Salas azo- 
taban cruelmente á algunos prisioneros, á otros les 
cortaban las orejas y en sus odios llegaron hasta de- 
moler muchas casas desde sus cimientos, después de 
haberlas entregado al pillaje. 

Algunos barrios quedaron reducidos á cenizas, pe- 
reciendo entre ellos multitud de inocentes víctimas, y 
ni los templos se libraron de ser teatros de sangrien- 
tas escenas, sin consideración al sexo, ni á la edad de 
las personas sacrificadas. 

Los de la plaza, reducidos á sus propios hogares, no 
tuvieron ocasión de desplegar tanto lujo de barbarie. 

Lo que acontecía en Nicaragua alarmó á Centro- 
América. De todas partes se dieron avisos al Oobier- 



36() HISTORIA DÉ NICAKAGÜA 



no Nacional, y aun los mismos qne se despedazaban 
en León ocurrieron al Cuerpo Legislativo implorando 
su auxilio; pero ni éste, ni el Ejecutivo tomaban nin- 
guna providencia capaz de salvar la situación. 

El Gobierno del Salvador levantó quinientos hom- 
bres y los mandó á Nicaragua para procurar la pacifi- 
cación. El Ejecutivo Nacioiial desaprobó est« paso y 
obligó al Gobierno del Salvador á hacer regresar la 
expedición, en los momentos en que se embarcaba. 

Estimulado por el procedimiento del Gobierno sal- 
vadoreño, el Ejecutivo Nacional se decidió al fin, de 
acuerdo con la Junta Consultiva de Guerra, á enviar 
á Nicaragua al Coronel Arzú, con el carácter de paci- 
ficador, y al Coronel Cascara á situarse en Choluteca 
con quinientos hondurenos, para que, en caso necesa- 
rio, ocurriera en auxilio de aquel. 

El 10 de octubre se presentó en el Viejo el comisio- 
nado pacificador y se dio á reconocer como Intenden- 
te de toda la Provincia. 

En seguida marchó al campamento de San Juan y 
tuvo una entrevista con Salas y Sacasa, de la cual re- 
sultó un convenio, en virtud del cual la división gra- 
nadina, que auxiliaba la plaza, debía regresar, dentro 
de tercero día, á su distrito, y las fuerzas del campa- 
mento de San Juan debían, de la misma manera, re- 
tirarse á su procedencia; siendo gobernado el Estado, 
provisionalmente, por una Junta Gubernativa, que se 
compondría de dos vocales por cada una de las que 
existían entonces. 

Los liberales cumplieron con lo pactado, disolvien- 
do las Juntas de León y Granada y haciendo salir la 
división granadina; pero los moderados se resistieron 
á disolver la Junta del Viejo y embarazaron la retira- 
da de Salas, que Arzú exigía, en virtud de órdenes re- 
servadas del Gobierno Nacional . 



CAP. IV. — LA GUElillA DE 1824 367 



Con tal motivo, Salas trató sin miramiento alguno 
al comisionado, lo amenazó de muerte y lo redujo á 
prisión. Luego, aprovechando el descuido de los libe- 
rales, que descansaban en la fe del tratado, dio un vi- 
goroso ataque á la plaza, el día 24 de octubre. 

Afortunadamente el jefe de la división granadina, 
que era el Coronel Tifer, conociendo por la experien- 
cia de 1811, lo que valen los tratados para algunas per- 
sonas, hizo alto en su marcha á pocas leguas de León, 
en la hacienda de "Hato-Grande y Aranjuez'' y se 
quedó á la espectativa. Los hechos postenores con- 
firmaron su previsión. 

El auxilio oportuno de los granadinos y el va- 
lor y arrojo de los leoneses, fustraron la traición de 
Salas. 

Arzú, justamente indignado del mal trato recibido 
y de la poca honradez de aquellos hombres, no vaciló 
en ponerse á la cabeza de los liberales y en hacer pi^o- 
pia la causa de éstos. 

El sitio se prolongó todavía por más de cincuenta 
días, combatiéndose los dos bandos con un encarniza- 
miento digno de mejor causa. 

Los encuentros más reñidos tuvieron efecto en los 
días 24 de octubre, 18, 25, 26 y 80 de noviembre y 7, 
9, 10, 12, 16, 17, 18 y 27 do diciembre. 

Los sitiados pusieron cañones sobro la azotea de la 
Catedral. Más de novecientas casas fueron incendia- 
das y demolidas, y hubo como seiscientos muertos de 
ambos bandos, sin contar mucha gente neutral, que 
también pereció en la contienda. 

En los primeros días del mes do diciembre, el infa- 
tigable Sacasa recibió un balazo que le arrebató la vi- 
da. Le sucedió en el puesto militar el español don 
Juan Manuel Ubieda. 

Noticioso Salas de que se acercaban fuerzas pacifi- 



3G8 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



cadoras, se fugó, pocos días después de la muerte de 
8acasa, llevándose la caja de guerra. 

El 9 de enero de 1825, se presentó en León el Gene- 
ral don Manuel José Arce á la cabeza de quinientos 
salvadoreños, enviado por el Gobierno Nacional en 
auxilio de Arzú. 

Con el solo anuncio de su llegada, se había fugado 
Salas, disuelto la Junta del Viejo, y retirado la tropa 
que asediaba la plaza de León. 

Arce, sin perder tiempo, agregó a su fuei*za la divi- 
sión granadina y marchó sobre Managua, en donde 
iíitimó á la Municipalidad la rendición inmediata de 
las armas, bajo pena de muerte al que resistiese. La 
Municipalidad se rindió á discreción, y una vez paci- 
ficada la Provincia, Arce envió á Guatemala al Obis- 
po García Jerez y al Coronel Ordóñez, que eran los 
cabecillas revolucioi^arios más temibles. 

Así terminó la sangrienta revolución de 1824, pri- 
mera de la larga serie de guerras civiles, que por es- 
pacio de más de treinta años, asolaron á Nicaragua, 
consumiendo sus fuerzas y agostando en flor todavía, 
el hermoso porvenir á que estaba llamado por sus ri- 
quezas naturales. 

Los liberales, con la camándula en una mano, con 
la bandera roja en otra y comandados por Ordóñez, 
se mancharon con robos y saqueos en Granada: los 
otros, hombres de orden ^ acaudillados por un aventu- 
rero que huyó robándose el prest del ejército, come- 
tieron los mismos excesos en León, y acabaron incen — 
diando los edificios y asesiunudo y mutilando á I 
prisioneros. (1) 



(1) El Jurado examinador^ (|ue estudió esta obra, 
por un folleto adhoc, titnlado *^ Apuntes sobre algunos de lofl 
teciuiientos políticos'' (jue escribió el señor Doctor don T< 




CAP. IV.— LA GUERRA DE 1824 'M) 



En la guerra de 1824, habían combatido pueblos 
contra pueblos, familias contra familias, parientes y ve- 
cinos, unos contra otros, sin otro móvil que el insensa- 
to deseo de destruirse. El país quedó devastado, las 
haciendas abandonadas, y muchas personas ricas se 
encontraron sin abrigo solicitando la caridad en los 
caminos. 

Los crímenes, que no podían castigarse durante la 
contienda, se multiplicaron asombrosamente con la 
impunidad, y los asesinatos, robos y violencias con el 
sexo débil, se cometieron sin restricción alguna. 

Guerra semejante tuvo que ser el desahogo de in- 
nobles pasiones, nunca jamás la expresión de partidos 
políticos y mucho menos el desborde de un patriotis- 
mo exagerado. 

Restablecida la paz, el Estado quedó bajo el gobier- 



Ayón en 1875, hn anotado nuestra relación en este punto dicien- 
do, que es cierta en todo lo que se refiere á Ordóñez y los suyos;' 
pero absolutamente falsa en lo relativo á los demás. 

El Doctor don Pedro Francisco de la Uoclia, publicó en el mis- 
mo ano y en El Nacional de Comayagua, un folletín intitulado, 
" Estudios sobre la historia de la revolución de Nicaragua," en el 
<|ue confutó valientemente el panegírico, que de don Crisánto »Sa- 
casa y sus hombres había hecho el Doctor Ayón, y combatió tam- 
bién con documentos y razones poderosai>, no solamente las afirma- 
ciones de Ayón, sino que también demostró «jue Ordóñez y los su- 
yos no cometieron excesos de ninguna clase, ni tuvieron manejos 
impuros. Cita también «n su apoyo el hecho de que con Ordóñez 
figuraban hombres tan puros y esclarecidos como Sandoval, Solór- 
zano, Alvarez, Castillo, Bolafios, Isidro Reyes, Juan José Guzmán 
y otros; siendo don José l^eón Sandoval, que hasta el día goza de 
reputación inmaculada entro los conservadores, el que adminis- 
tró las fincas y bienes embargados a Sacasa, Chamorro y demás 
caudillos contrarios. Cada bando, pues, protura disculparse de 
sus errores, y el historiador tiene que buBcJI en fuentes menos 
apasionadas, la verdad de los hechos — (N. del A.) 

24 



/t 



v> 



o70 mSTOKIA DE NICAUAGUA 



no de Ai-zú, hasta la inauguración del primer jefe cons- 
titucional, don Manuel Antonio de la Cerda. 

Nicaragua, durante esta contienda perdió una par- 
te importantísima de su territorio. 

El distrito de Nicoya ó Guanacast-e, situado eu la 
extremidad norte del Estado, viendo que Nicaragua 
no podía constituirse y que al lado de Costa-Rica go- 
zaría de la paz y sosiego que le arrebataba la constan- 
te anarquía de aquel tiempo, proclamó su agregación 
al vecino Estado, á mediados de 1824, que fué acep- 
tada por Costa-Rica en 1825; y poco después confir- 
mada por el Congreso Federal, como una medida pro- 
visional. 

Cuando Nicaragua se constituyó y quiso reclamar, 
Costa-Rica se negó á devolverle aquel territorio, ob- 
jeto de constantes disputas. 

Hoy el Guanacaste es una rica provincia de la Be- 
pública de Costa-Rica, y para nosotros un eterno re- 
proche de los desaciertos políticos de nuestros prime- 
ros anos. 



CAPÍTULO V 

Defección <Jel General Arce 



Constituciones de los Estados— Adopción del sistema fede- 
ral — Defectos de la Constitución de la República— Elección 
de Presidente — Candidatos populares — Manejo del Congre- 
so—Es electo Arce — Por renuncia de Valle, elígese para Vice- 
presidente á Beltranena— Jefes dé los cinco Estados — Ins- 
talación del Senado— Cuestión del obispado salvadorefio— 
Es enviado Fray Victor Cas trillo— Resolución de León XII. 
Erección del obispado de Costa-Rica— Congreso americano 
de Panamá— Tratado que se ajustó— Su traslación á México 
y disolución — Inauguración del período de Arce— Actitud 
•vncilantft de éste— Divisiones que produjo— Reúnese el Con- 
greso — Su lucha con Arce — Incidente del Coronel Raoul — 
Proceso de éste — Prisión de Barrundia— Defección de Arce- 
Actitud del Vice-Jefe y de la Asamblea de Guatemala— Sus 
traslaciones á San Martín y á Quezalteuango — Asesinato 
de Flores— Derrota de Pierzon- Golpe de Estado. 



Después de promulgada la Constitución do Centro- 
América, se instaló la primera Legislatura Federal, el 
f > de febrero de 1825, y cada uno de los Estados for- 
mó su Constitución respectiva: el Salvador, el 12 de 
junio de 1824; Costa-Rica, el 22 de enero de 1825; 
Guatemala, el 11 de octubre siguiente; Nicaragua, el 
8 de abril de 1826; y Honduras, el 11 de diciembre del 
propio año. 

El sistema de gobierno federal fué adoptado para 
Centro-América, después de largas y luminosas dis- 
<?usioDes en el seno de la Asamblea. 

El partido exaltado era federalista; ol moderado fué 
partidario de un solo gobierno. Uno y otro obraron 



372 HISTORIA DE NICAILVGCA 



con patriotismo y buena fe; y visto el mal resultado 
práctico que dio la federación, hay que convenir en 
que habríamos ganado más con el triunfo de los mo- 
derados en aquella ocasión. 

La Constitución Federal fué, por otra parte, una 
copia de la de los Estados-Unidos con modificaciones 
defectuosas. Creó un Poder Ejecutivo impotente, un 
Congreso demasiado absoluto en sus poderes, mien- 
tras el Senado, que debía formar otro cuerpo muy im- 
portante en el Gobierno, casi nunca existió y fué siem- 
pre nulo. 

Desde que se dieron las bases de la Constitución 
Federal, se mandó á practicar elecciones en toda la Re- 
pública. 

El partido exaltado proclamó como candidato, al G-e- 
neral Arce, liberal salvadoreño, que entre otros méri- 
tos tenía el de haber resistido á Filísola, cuando el 
Imperio. 

El partido moderado, no queriendo aparecer reza- 
gado, y careciendo entre sus hombres de uno suficien- 
temente popular, escogió de las filas contrarias á don 
José del Valle y lo propuso como su candidato, con el 
doble objeto quizás de dividir á sus contrarios. 

Tan prestigioso y querido era un candidato como 
el otro; pero la mayoría del país favoreció con sus vo- 
tos á Valle. 

En el Congreso Federal dominaban los miembros 
del partido exaltado. Éstos, de acuerdo con los mo- 
derados que en el Congreso se mostraron enemigos 
de Valle, anularon los votos de muchos pueblos y se 
negaron á abrir los .pliegos de Cojutepeque, San Sal- 
vador y Matagalpa, por haber llegado después de la 
fecha fijada. 

De tales manejos resultó que á Valle tocaron cua- 
renta y un votos y á Arce treinta y cuatro; pero como 



CAP. V. — DEFECCIÓN, ETC. 37í{ 



la convocatoria de 5 de mayo de 1824, señalaba por 
base el número de ochenta y dos votos, se suscitaron 
intencionalmente dudas sobre si la mayoría debía de- 
ducirse de los ochenta y dos votos ó de la parcial de 
setenta y nueve que se había tomado en considera- 
ción, pues el Reglamento de Elecciones no preveía ex- 
presamente lo que en tal caso debiera hacerse, por lo 
que el Congreso resolvió practicar la elección. 

Los moderados se mostraban contrariados con el 
triunfo dp su candidato, y temiendo menos de Arce 
que de aquel, se contentaron con interpelarlo sobre el 
asunto de la mitra del Salvador, que era lo que pre- 
ocupaba más al Arzobispo. Como Arce contestara 
satisfactoriamente, apoyaron su elección que triunfó 
por el voto de veintidós Representantes, contra cinco. 

Los liberales prefirieron á Arce, tanto por la cues- 
tión de antecedentes, pues Valle había sido Ministro 
de Iturbide, como también porque temían la segrega- 
ción del Salvador y la ambición personal de Arce, que 
era de aquella localidad. 

Una vez electo Arce primer Presidente de Centro - 
América, recayó en Valle la Vice-Presidencia de la Re- 
pública; pero éste se negó a aceptarla y protestó por 
la prensa contra la elección que se había hecho. 

El Congreso procedió á elegir nuevo Vice-Presiden- 
te, y recayeron sus votos en don Mariano Beltranena, 
que, en unión do Arce, tomó posesión de su destino 
el 29 de abril de 1825. 

Cada Estado, de acuerdo con lo dispuesto en la Cons- 
titución, eligió sus jefes respectivos; siendo designa- 
do, para Q-uateraala, don Juan Barrundia ; para el Sal- 
vador, don Juan Vicente Villacorta; para Honduras, 
don Dionisio Herrera; para Nicaragua, don Manuel 
Antonio de la Cerda ; y para Costa-Rica, don Juan 
Rafael Mora. 



374 HI8T0KIA D£ KIGAUAGUA 



En abril del mismo año se instaló en Guatemala el 
primer Senado de Centro-América, presidido por el 
Vice-Presidente de la República, y la antigaa Audien- 
cia fué reemplazada por la Suprema Corte de Justicia, 
cuyo Presidente fué don Tomás O'Horán. 

La cuestión de la mitra del Salvador se agitó mu- 
cho durante el ano de 1825, no sin haber producido 
nuevo y mayor escándalo. 

Las influencias del cura Delgado, jefe del partido 
liberal salvadoreño, pero soñador eterno del báculo 
episcopal, hicieron que el Congreso del Estado, pri- 
mero, y el Federal después, decretasen la creación de 
la nueva Diócesis, de la que se hizo nombrar primer 
Obispo, tomando solemne posesión de la mitra, con 
asistencia de los primeros funcionarios del Estado. 

El Arzobispo se opuso nuevamente, volvieron las 
excomuniones y las disputas, y el Congreso Federal 
tuvo que intervenir dando la ley de 27 de octubre, en 
que dispone, que sin el pase previo del Jefe del Estado, 
uo puedan publicarse ni circular las disposiciones y 
órdenes de la Curia Eclesiástica. 

El Gobierno del Salvador, bajo la influencia de Del- 
gado, envió á Boma á Fray Víctor Cíistrillo, para ob- 
tener de la Santa Sede la aprobación de todo lo hecho; 
pei^o León XII, en bulas del mes de diciembre del año 
do I82tí, (íondenó la conducta de Delgado y dio ñn de 
esta manera á tan ruidosa cuestión. 

En el ino8 de setiembre del mismo año de 1825, el 
Estado de Oost a-Rica, á imitación del Salvador, se 
erigió on obispad*^ independiente de León, sin que re- 
sultara ninguna mala consecuencia, porque no hubo 
quien acalorase los ánimos, confundiendo la cuestión 
i^Iigio6;\ con la política. 

El 2i> de junio de 182ls se veritic*^ en Panamá la 
iustalación del gran Congreso americano. Sólo con* 



CAP. V. — ^DEFECCIÓN, BTC. 375 



«manieron Bepresentautes del Perú, Colombia, México 
AT Oentro-América. Los de esta última fuerou los 
Doctores, don Pedro Molina y don Antonio Larrazábal. 
La gran Dieta duró reunida veinticinco días. Chile 
no concuiTió por habérselo impedido la guerra quo 
tenía entonces con Chiloe; el Brasil ofreció concurrir, 
pero no lo hizo; Buenos-Aires se negó; y los Estados- 
Unidos del Norte, aunque nombraron sus Plenipoten- 
eiarios, no llegaron á tiempo. 

Se ajustó un tratado de alianza y confederación per- 
petua entre las Repúblicas concurrentes y se acordó 
la traslación de la Dieta á la Villa de Tacubaya (dos 
leguas al Oeste de México) y el que se dividiesen las 
legaciones, volviendo un Ministro de cada una de ellas 
á dar cuenta á sus respectivos gobiernos y continuan- 
do el otro su marcha en derechura para México. 

Dos años esperaron inútilmente los d&legados do 
Colombia y Centro- América la ratificación del trata- 
do por parte del Gobierno de México ; y por último, 
tuvieron que retirarse con el sentimiento de ver disol- 
verse aquel Cuerpo en que se habían lijado las espe- 
i-anzas de América. 

Dijimos atrás que el Presidente Arce inauguró su 
administración el 21 de abril. 

Nuevo en el manejo de la oosa pública, dnsvaiieci- 
do por la inesperada altura á que de pronto híí v<»íu 
elevado, no tuvo el tino ni la energía que díMruindaban 
las circunstancias del país. 

En vez de echarse resueltamente en brazos <le los 
liberales y de impulsar el movimiento radical que su 
iniciaba. Arce prefirió, en mala hora, llevar ii la i>rá(;- 
tica lo que después se ha llamado *' política nacional^ 
ó sea conservarüe en el poder, «>'onteinpor¡zando líon 
todos y no quedando bien ííou nadie. 

Halagó á los dos partidos, acaso por nn'ifovtnarlot. 



376 HISTORIA DE NICABAGÜA 



CU sentimieutos, ó quizás con la mira de dominarlos; 
pero sus amigos se disgustaron y sus enemigos, cre- 
yéndolo débil, cobraron nuevo aliento, explotaron el 
enojo de los partidarios del Gobierno, y se creó una 
situación desagradable y llena de dificultades. Los 
liberales se alejaron bruscamente y en sus publicacio- 
nes zahirieron á Arce y lo ridiculizaron cuanto pudie- 
ron, mientras los periódicos moderados lo alababan y 
atraían. 

Los ánimos se agriaron más y más cada día, y Ar- 
ce, cuando menos lo pensó, tuvo que echarse ciega- 
mente en brazos del Arzobispo, de los frailes, de los 
moderados y de todos sus antiguos enemigos, que tra- 
tándolo como vencido, le impusieron duras condicio- 
nes y lo convirtieron en pobre instrulnento de sus pa- 
siones. 

Los liberales contaban con mayoría en el Congreso, 
y debiéndose renovar por la suerte la mitad de los 
miembros del Poder Legislativo, quiso la casualidad 
que casi todos los removidos pertenecieran al partido 
moderado. 

Naturalmente, que al practicarse nuevas elecciones, 
para la reposición de los individuos excluidos, el Eje- 
cutivo hizo sentir sus influencias en favor de los mo- 
derados. Los liberales triunfaron, á pesar de todo, y 
el Congreso quedó por éstos, en su casi totalidad. 

El segundo Congreso Federal se reunió en enero de 
1826, y sus trabajos principales tendieron siempre á 
debilitar el poder del Jefe del Ejecutivo Nacional, au- 
mentando todo lo posible el de los Estados, con el no 
disimulado objeto de molestar y derribar á Arce. 

El Ejecutivo, por su parte, contrariaba en cuanto 
podía al Congreso. 

Así las cosas, la comisión de guerra del Poder Le- 
gislativo llamó al Coronel Raoul para que le ayudase 



CAP. V. — DEFECCIÓN, ETC. .^7 



en la elaboración de un proyecto de ley reglamentario 
délas fuerzas federales; pero Arce, tan luego lo supo, 
dio orden á Baoul de pasar á las costas del Norte á 
hacer un reconocimiento, que acababa de practicar el 
ingeniero Jonama. 

Raoul era un francés que había militado con Napo- 
león y que se encontraba emigrado de Francia por.sus 
opiniones liberales. 

El Doctor Molina lo conoció en Panamá y creyén- 
dolo útil para el ejército, lo recomendó al Gobierno 
Federal, quien inmediatamente lo nombró Coronel Co- 
iQandante déla artillería é individuo de la Junta Con- 
sultiva de GueiTa. 

Raoul se había afiliado al partido liberal y era uno 
de los enemigos del Presidente Arce, que, al enviarlo 
* Izabal, quería hacerle sentir el peso de su enemis- 
*^d, manteniéndolo en un clima mortífero. 

Los Diputados dijeron que necesitaban de un mili- 
^^r inteligente que los aconsejara en el ramo de gue- 
^'f a, y el Congreso ordenó, en consecuencia, que Raoul 
í^ontiuuara en Guatemala. Éste, por su parte, con- 
testó al Presidente en términos demasiado enérgicos, 
alegando la nulidad de la orden que se le daba por no 
estar sancionada por el Senado. Arce, encaprichado, 
lo obligó á marchar dentro de tercero día. 

El Presidente tenía empeño en poner cuatro mil 
hombres sobre las armas, á pesar de las dificultades 
que se le oponían por todas partes. Creyó allanarlas 
proponiendo al Congreso que mandara comisionados 
de su seno á persuadir á los pueblos de la necesidad 
que había de la medida proyectada por él. Los Di- 
putados acogieroíT gustosos la proposición, y nombra- 
ron comisionado, para convencer al pueblo de la ca- 
pital, al Coronel Raoul. 
Arce, enojado de semejante jugada, objetó la orden 



378 HLsrOBIA DE NiCAKAGUA 



del Congreso; pero éste le mandó que le pusiera el 
cúmplase, la comunicara á los nombrados y que des- 
pués hiciera las objeciones que tuviera por conve- 
niente. 

El Presidente llenó la fórmula coustituciaual que 
se le exigía, aunque de una manera tal, que bien se 
traslucía su intención de no cumplirla. 

Nuevas dificultades y desagrados continuaron su- 
cediéndose entre los altos poderes federales, que os- 
curecían cada vez más el horizonte político, haciendo 
presagiar la proximidad de una tempestad revolucio- 
naría. 

Baoul, que supo los trabajos de sus amigos, regresó 
sin haber llenado su comisión. Queriendo, siu em- 
bargo, prevenir los resultados de su desobediencia, se 
dirigió desde Gualán al Ministro de la Guerra, para 
que le diera su retiro del servicio militar, usando de 
términos bastantes irrespetuosos. 

Arce mandó procesar á Raoul, y una vez proveído 
el auto de prisión, lo hizo capturar; pero entonces el 
Jefe del Estado de Guatemala, don Juan Barrundia, 
alegó que el Ejecutivo Nacional no podía traspasar 
sus atribuciones, moviendo fuerzas y ejecutando arres- 
tos en el territorio del Estado, sin conocimiento de 
sus autoridades, y mandó á su vez á arrestar al jefe 
de la escolta federal y á poner eu libertad á Baoul. 

Este acontecimiento, unido á otros que tuvieron 
efecto en la capital, determinaron al Presidente á 
echarse sobre el Jefe del Estado, á quien redujo á pri- 
sión el 5 de setiembre del mismo año. 

Arce puso lo sucedido en conocimiento del Vice-Jefe 
don Cirilo Plores, para que se encargase del mando 
del Estado. 

Desagradada la Asamblea de Guatemala cou aque- 
lla prisión, acordó en el mismo día, suspender sus 



CAP. V. — ^DEFECCIÓN, ETC. 379 

sesiones en la capital y coutinuarlas eu Qaezalte- 
nango. 

Inmediatamente después se trasladó con el Consejo 
• de Estado y con el Vice- Jefe á la Villa de San Mai*tín 
Jilotepeque, doce leguas distante de la capital, en don- 
determinó, á última hora, continuar sus trabajos. 

Arce, mientras tanto, expidió un decreto, el 22 de 
setiembre, declarando facciosa á la Asamblea del Es- 
tado de Guatemala, y asegurando que haría uso de la 
fuerza si no acordaba inmediatamente disolverse por 
sí misma. 

En vista de la amenaza del General Arce, la Asam- 
blea acordó trasladarse á Quezaltenaugo, y el Vice- Jefe 
don Cirilo Plores se adelantó con objeto de preparar 
los alojamientos. 

Por mandato de Flores se reunían fuerzas en Pat- 
zúu á las órdenes del Coronel don José Pierzon , fran- 
cés como Baoul que acababa de ser despedido del Sf^r- 
vicio de Arce. 

Quezaltenaugo era el pueblo de la República, ou 
donde menos habían penetrado las ideas liberales, y 
podía considerarse, con. respecto á Centro- Américo, 
como el emporio del fanatismo. 

Desde tiempo atrás los frailes franciscanos habían 
ejercido en aquella población la influencia más fumis- 
ta y lo habían mantenido en el embrutecimiento. 

Flores fué recibido en Quezaltenaugo con entusias- 
mo; pero los trabajos de los frailes, que públicanKíU- 
te predicaban contra los liberales, y la violencia quíi 
éstos se vieron obligados á usar para arí>ítrar i'(;cur- 
S06, fueron causa de que al entusiasma) del primor día 
se siguiera el descontento y el odio. 

En las bestias que se tomaron para la íwn'//,k tb-, 
Pierzon, se contaban algunas de los frailes francísca- 
nos. Éstos pusieron el grito eu el cielo, y empezaron 



380 HISTORIA DE NICABAGÜA 



a despedirse del pueblo, con gran sentimiento y alar- 
ma de las masas amotinadas en el Convento, que pro- 
testaban contra la heregía de los liberales. Esto acón- 
teció el 13 de octubre. 

El Alcalde de la población dio aviso al Vice-Jefe de 
lo que ocurría. Flores se dirigió en el acto al Con- 
vento, para aplacar al pueblo con palabras afectuosas. 
Al verlo solo, las turbas se arremolinaron en su de- 
rredor, dando gritos espantosos y pidiendo su cabeza. 
Entonces se metió á la iglesia; y las beatas que aüf 
había, se le arrojaron encima, arrancándole el pelo 
con ferocidad y golpeándolo por todas partes. 

El cura, con gran dificultad, pudo subirlo al pulpito, 
mientras otro clérigo descubría el Divinísimo y am- 
bos arengaban al pueblo, pidiendo la vida del Vice- 
Jefe y haciendo protestas de enmienda; pero los frai- 
les franciscanos, Carranza y Ballesteros, azuzaban á 
la multitud, diciéndole, que eran mentiras todas aque- 
llas promesas. 

Pierzon había salido ese día con toda la fuerza para 
Patzún á disputar el paso a las tropas de Arce, y la 
escasa guardia del Vice-Jefe, que se acercó á la iglesia 
á salvarlo, hizo una descarga al aire para intimidar, 
y sólo logró ser desarmada por el enfurecido pueblo. 

El desgraciado Vice-Jefe, arrebatado por la multi 
tud, fué muerto á golpes y pedradas en el propio templo. 

Cuando Pierzon tuvo noticia del acontecimiento re- 
lacionado, se dirigió á Quezaltenango, y en Salcajáse 
encontró con los sublevados á quienes puso en disper- 
sión; pero las tropas federales le perseguían ; y bus- 
cando la frontera de México, fué alcanzado en Mala- 
catán y á continuación batido y derrotado. 

El Congreso Federal estaba para reunirse y perma- 
necían organizadas sus Juntas preparatorias. Nunca, 
sin embargo, pudo tener quorum^ porque el Presideii 



CAP. V. — ^DEFECCIÓN, ETC. 381 



tie Aree temía su instalacióu y puso en juego sus in- 
Anoncias para alejarle á muchos Diputados. 

Para terminar de una vez con semejante situación, 
dio Arce un golpe de Estado, el 8 de octubre de 1826, 
mandando practicar elecciones para un Congreso Na- 
cional que debía reunirse extraordinañamente en Co- 
jntepeqne, para restablecer el orden constitucional; 
isnmiendo, mientras tanto, una dictadura constitu- 
úonal. 



CAPÍTULO VI 

Guerra de Cerda y Argrüello 



mociones populares — Cerda y Arguello son electos Jefe y 
-J'eíe — Administración de Cerda — Simpatías que de£- 
•€1 en Guatemala— Su choque con la Asamblea — Ésta lo 
^nde— Retírase Cerda— Le sucede Arguello— Se disuel- 
^ Constituyente— Publícase la Constitución de 1826 — 
^es elecciones— Arguello y Sacasa obtienen los vo- 
-XDisolución de la legislatura— Asamblea de Granada— 
^iDpa el Consejo á Pineda— Actitud del Vice-Jefe — Ban- 
PCDlíticos de Nicaragua-— H\iyen Pineda y la Asamblea^ 
c^cipturados— Proclamación de Cerda— Enemistad con 
>.^llo— Guerra de 1826- Barbaridad de ésta— Llegada de 
Xüre— Negociaciones de paz — Retírase Vidaurre sin lo- 
*^ ada. 



ojiamos á la antigua Provincia do Nicaragua con- 
diente de su sangrienta contienda de 1824. 

Intendente Arzíi raandó practicar elecciones po- 
^"f?í5 con arreglo a la Constitución para Jefe y Vice- 

del Estado ; y fueron favorecidos con el sufragio 
->^tidadanos don Manuel Antonio de la Cerda y don 
^^ Arguello. 

-*os nuevos electos pertenecían a la nobleza crioUs 
C^^anada, estaban ligados con vínculos de parenti 
íauy cercano, habían sido amigos desde niños y jul 
5 habían también figurado en la vida pública. Ambo*)íi=';^* 
^0 miembros del Ayuntamiento, acaudillaron y sos- * 
rieron la revolución libertadora de 1811 ; y conde- 
dos a muerte primero, á presidio después, pasaron 
itos los mejores años de su vida en las cárceles de 
liz, arrastrando, por su amor á la patria, la infame ^ 




384 HISTOBIA DE MICABAGUi. 



4 



cadena del galeote, hasta que en 1817 se les indultó. 

Tanto Cerda como Arguello fueron republicanos en 
el fondo; pero educados en las doctrinas del coloniaje, 
ó quizás por su inmediato contacto con los grandes 
criminales de los presidios españoles, á la par de un 
fanatismo religioso, llevado hasta la superstición, die 
ron pruebas de un carácter duro, despótico, sangui- 
nario y algunas veces cruel. 

Los nuevos electos tomaron posesión de sus respec- 
tivos destinos el 22 de abril de 1825. 

La administración de Cerda fué una administración 
excepcional, de la que apenas puede formarse en el 
día una idea aproximada. 

Una de sus primeras disposiciones, fué su célebre 
bando de 25 de mayo del mismo año, especie de esta- 
tuto general para el buen gobierno de los pueblos. 
Ordenó en él, que no se escribiera por la prensa con- 
cepto alguno que no estuviera conforme con los pre- 
ceptos católicos; que se quemaran todos los libros prohi- 
bidos por la iglesia; que no se permitieran bailes, pa- 
seos y músicas á deshoras, cualquiera que fuera el 
pretexto con que se promoviesen; que nadie diera hos- 
pedaje á persona alguna que no conociera bien, ni ca- 
minara por el interior del país sin pasaporte ; que los 
hombres no so parasen en las esquinas de las calles, 
ni en los caminos que transitaran mujeres; que nadie 
insultase á otro con los dictados de chapeollo, í/odo, so- 
, cretinOj etCj etc^ con que entonces se designaban 
agrupaciones políticas, y por el mismo estilo se 
ían hasta veintisiete prohibiciones más, todas feí- 

las penas que se estimaran justas. 

Aquel fárrago de absurdos, digno de los primeros 

tiempos de la Colonia, que así restringía la libertad de 

f conciencia, como las garantías individuales, vedando 

hasta el inocente placer del baile, y que llevaba so 




> 



CAP. VI. — GUEKKA, ETC. 385 



odio para los extranjeros, hasta prohibir que se les al- 
bergara en el país, no pudo menos que chocar con las 
nuevas ideas que iban desarrollándose cada día más, 
al amparo del sistema republicano. 
' En Guatemala, sin embargo, la aparición de Cerda, 
fué saludada como un triunfo por los Aycinenas y de- 
más corifeos del partido retrógrado que, bajo la in- 
fluencias del clero, no podían menos que aplaudir ideas 
tan adecuadas para revivir entre nosotros los prime- 
ros tiempos de la conquista. 

La Asamblea del Estado no tardó en romper con 
Cerda. Acusado éste por el Vico- Jefe Arguello de 
ciertos abusos, el Poder Legislativo mandó á suspen- 
derlo en el ejercicio de sus funciones, en noviembre 
del mismo año, y trató de exigirle la responsabilidad 
criminal. (1) 

Cerda acató el mandato supremo y se separó de su 
puesto, entregando el poder á su propio acusador, al 
Vice-Jefe Arguello, que entró á sucederle de confor- 
midad con la ley. 

El período administrativo de Cerda se resintió de 
mucha dureza y terquedad, y su desaparición fué vis- 
ta con agrado. 

A fines de 1826, se disolvió la Constitu vente del Es- 
tado, dejando decretada la Constitución política de 8 
de abril del mismo año, y convocados los primeros po- 
deres constitucionales, para que se organizaran y cons- 
tituyesen en la ciudad de León á principios del in 
diato ano de 1827. 

Con la publicación de la nueva Carta terminó el 
ríodo de Cerda y Arguello, y se mandó practicar nueS 
vas elecciones durante el año de 1826. 

El sufragio de los pueblos se dividió entre don Juau 




( 1 ) Podro FraucJbCü de la Ütíolía^-Esiiidius mjbfc la rcvohíción 



2T) 




ó8b HISTORIA DE NICARAGUA 

Arguello, que se mostraba ansioso de cootinuar en el 
poder, y el Licenciado don JoRé Saeasa, hijo del anti- 
guo Comandaute qae proclamó en Granada la unión 
á México. 

El señor Saeasa era muy notable en aquellos tiem- 
pos, como hombre erudito, y aunque de origen aristo- 
crático y con los antecedentes de haber sido Diputado 
á las Cortes de España, era también bastante avanzado 
en sus ideas políticas y se diferenciaba mucho de Cer- 
da y Arguello. 

Reunidos los nuevos Diputados, para la apertura 
de la Asamblea Legislativa del Estado, fueron sor- 
prendidos con la noticia de los sucesos de duat^mala 
y con el decreto de 10 de octubre, en que se convoca- 
ba el Congreso extraordinario de Cojutepeque. 

Suscitáronse dudas sobre la observancia del nuevo 
decreto, formándose dos partidos exaltados. El Viee- 
.Tefe Arguello se pronunció en contra de Arce y ame- 
nazó á los que no fueran de su opinión ; pero siete Di- 
putados, contrarios de Arguello, huyeron resueltos á 
hacer efectivas las disposiciones del decreto. 

Aquel pequeño núcleo de Diputados, tomó on Gra- 
nada, el 17 de setiembre de 1826, el nombre de Asam- 
blea, acordó la destitución de Arguello y encomendó 
el mando provisional del Estado al consejero don Pe- 
dro B. Pineda, quien á su vez nombró Ministro Ge- 
neral á don Miguel de la Cuadra. 

Viee-Jefe, que desde su inaugui-ación en el man- 
abía desplegado un carácter atrevido, vengativo 
tolerante, desconoció á la Legislatura de Grana- 
y npoyado por cuatro Diputados que organizó en 
León, levantó una fuerza considerable y marchó so- 
bre la ciudad rebelde. 

Los bandos políticos e.\istfan en Nicaragua desde 
la iiiisina fecha que on Guatemala. Había entonces 



CAP. VI. — GUERRA, ETC. 387 



dos grandes agrupaciones, que pudiéramos conside- 
rar genéricas, llamadas liberal y moderada, y más co- 
munmente fiebre y servil^ que reflejaban muy dóbiN 
mente las agi'upaciones del mismo nombre que exis- 
tían en la capital. 

Con los de la primera agrupación figuraban las ma- 
sas del pueblo, que aunque incapaces de comprender 
las ideas que sustentaba é imbuidas en la más crasa 
superstición religiosa, seguían con gusto á todo el que 
atacara á las clases aristocráticas, que figuraban en las 
filas contrarias á la par del clero, y querían hacer alar- 
de, para con ellas, del mismo insolenta orgullo que los 
antiguos peninsulares. 

Las dos agrupaciones así deslindadas por las nece- 
sidades sociales, se confundían, sin embargo, cuando 
entraban los intereses locales; y entonces las masas y 
clases privilegiadas de una población, hacían causa 
comiin contra las de la contraria. Venía luego una 
denominación especial, derivada del nombre del pue- 
blo, promotor del movimiento, del de los dos caudi- 
llos ó de cualquier otro incidente lugareño, y surgían 
en la apañencia nuevos partidos en los que inútilmen- 
te podía buscarse nada que reflejara ideas políticas. 

Otras veces se trataba de caudillejos, tal vez de la 
misma población. El uno alentaba las masas con el 
incentivo del pillaje, haciéndoles creer que la bande- 
ra que tremolaban quería significar el robo autoriza- 
do; mientras el otro levantaba la enseña religiosa y 
resucitaba las doctrinas de Pedro el Ermitaño. Las 
agrupaciones genéricas y las locales, volvían á con- «^ 
fundirse tras las personalidades de los caudillos; y 
clérigos y radicales, granadinos y leoneses, nobles y 
plebeyos, figuraban indistintamente en ambos bandos 
y se batían con la saña y encarnizamiento de pueblos 
salvajes. 



388 HISTOBIA D£ NICAKAGUA 



La titulada Asamblea de Granada, tan luego tuvo 
noticia de la aproximación de Arguello, huyó en uno 
de los días del mes de febrero de 1827, con dirección 
á Bivas, seguida de todos los funcionarios que haBía 
creado; pero el pueblo, instigado por los agentes del 
Vice- Jef e, que contaba además con larga y numerosa 
familia en Granada, se levanta en masa, dispersó la 
pequeña escolta que custodiaba á los fugitivos y re- 
dujo á éstos á prisión. 

El Vice- Jefe hizo asesinar en sus prisiones á Pine- 
da y á Cuadra, y se manchó con la sangre de otras 
tantas víctimas, inmoladas en aras de sus venganza». 

Las Municipalidades de Managua y Rivas, alenta- 
das por los enemigos de Arguello, declararon que ésto 
carecía ya de atribuciones legales por haber espirado 
su período, y que estando en acefalía el Poder Supre- 
mo del Estado, suplicaban al ex Jefe don Manuel An- 
tonio de la Cerda, lo tomara á su cargo, porque él era 
por su antigüedad el llamado á gobernar interinamen- 
te, mientras el Poder Legislativo hacia la elección 
del caso. 

Cerda, por una antigua cuestión de interoáes, se ha- 
bía enemistado con Arguello, y sea por esta causa ó 
por atender al llamamiento y súplica de sus amigos, 
asumió de hecho el Poder Ejecutivo del Estado, ant^ 
la Municipalidad de Managua, en uno de los días del 
mes de febrero de 1827, desacatando la resolución 
de la Asamblea. 

El Jefe Cerda intimó al Vice- Jefe, residente en León, 
que cesara luego en el ejercicio de las funciones del 
Gobierno. 

Contestó Arguello desconociendo la autoridad de 
su antagonista, fundándose, no en la terminación del 
mandato del pueblo que había concluido para ambos; 
sino i3n quü Oerda había Aúti suspendido de sus fon- 



CAP. VI.— GUERRA, ETC. 389 



clones por la Asamblea de 1825, en virtud de la acu- 
sación criminal que le promovió el mismo Arguello y 
que se dejó pendiente* 

Estalló entonces la guerra civil con mayor lujo de 
barbarie y crueldad que en 1824. Los jefes militares 
de Cerda parecían competir con los de Arguello, dan- 
do espectáculos sangrientos de verdadero vandalismo, 
que sembraba el terror por todas partes y llevaba 
la consternación al seno de las familias. 

Uno de los jefes de Cerda acostumbraba presentar 
á éste, ensartadas en su espada, las orejas de los infe- 
lices prisioneros de guerra y de las personas que creía 
enemigas; mientras los de Arguello mutilaban las na- 
rices de muchos de aquellos á quienes se perdonaba 
la vida. 

Los pueblos de León y Granada, sostenían al Vice- 
Jefe, y los de Managua, Jinotepe, Bivas, Juigalpa, Me- 
tapa y otros, á Cerda. 

Las proclamas que dirigían ambos caudillos eran 
manuscritas, porque entonces se carecía de impren- 
ta (1) y en todas se traslucía el odio y la sed de ex- 
terminio de que se hallaban animados los dos enemigos. 

Durante seis meses la guerra se sostuvo con encar- 
nizamiento por ambas partes. La sangre corría á to- 
rrentes, y la devastación y la muerte se cernían por 
donde quiera, sin que fuese posible prever el térmi- 
no de tan espantosa anarquía. 

El Gobierno del Salvador, condolido de aquella si- 
taaeión, envió de comisionado á don Mariano Vidau- 
rre, para que trabajase en la reconciliación de los par- 
tidos y procurara el término de la guerra. 



(1) Habo solamente ana proclama impresa en Guatemala, sna- 
irita por Arguello — (N. del A.) 



390 HIBTOBIA DE NiCAKAGUA 



Vidaurre se presentó en León y se entendió fácilmen- 
te con Arguello, conviniendo en las bases del arreglo. 

Pasó después donde Cerda y le propuso el olvido 
de todo lo pasado, mediante una amnistía general, el 
retiro de las fuerzas de ambos partidos á los puntos 
de su procedencia en donde depondrían las armas, y 
el que Nicaragua suministrase al Salvador un núme- 
ro determinado de tropa de ambos partidos, a cambio 
de la que de aquel Estado se enviaría para mantener 
el orden, mientras se constituían las autoridades bajo 
su garantía. 

Cerda no aceptó esas proposiciones y presentó á su 
vez las bases de un convenio, contraído estrictamen- 
te á que se acordara por punto preliminar, la reinsta- 
lación de la Asamblea disuelta en Granada, y que una 
vez efectuada, se sometiesen al conocimiento de la 
misma Asamblea lus bases propuestas por el comisio- 
nado salvadoreño. 

Después do muchas conferencias y de instar viva- 
mente por un arreglo amistoso, Vidaurre se con ven- 
ólo de la inutilidad de sus esfuerzos para vencer la 
tonjuiHÍad de Cenia, que parodiando á los funciona- 
rioí^ i^ivañoles, uianifestalva que prefería la destruc- 
oión del [^ds^ untes que tratar con rebeldes. 

5Si^ «[varti\ pues, del teatn> de la guerra y se regresó 
al Salvador en agtvsto de 1SÍ!7, llevando el triste des- 
consuelo de no haWr iH^iido adelantar nada en su hu- 
WMUt^rio^* noble em[HM'io. 



CAPÍTULO VII 

Coutiuuaclóii de la g^uerrade Cerda 



Fuga de Ordóüez— ¿Quién era éste?— Su llegada á Loóii— 
Revolución que liace--€e proclama Comandante— Huye Ar- 
guello—Providencias legales— Proposiciones de Cerda— Ata- 
ca á Ordófiez— Es recliazado— Caída de Ordóñez— Vuelve Á r- 
gúello— Organizase la Junta de Granada— Su controversia 
con Cerda— Contribuciones impuestas— Auxilios do Guate- 
mala — Revolución de Managua— Traslación á Rivas— Ban- 
do de sitio— Casanova y Gutiérrez — Proceso de éstos— Se los 
condena á muerte — Clase de conspiración que tenían entre 
manos — La masonería en América— Servicios que prosta- 
Conspiración contra Cerda— Prisión, juzgamiento y muer- 
te de éste — Víctimas de la " Pelona" — Acusación contra Ar- 
guello—Llegada de Herrera — Es electo Jefe— Se encarga in- 
terinamente del mando el Senador Espinosa— Expulsión y 
muerte de Arguello. 



El Coronel Ordófiez que, despuén de la guerra de 
1824, fué enviado por Arzú para Guatemala, h(í CHca- 
pó en el camino y permaneció en el Salvador, obser- 
vando atentamente los acontecimientos de Nicaragua. 

Cleto Ordóñez, era un mestizo de Granada, de con- 
dición humilde, aunque de carácter astuto, intrigante 
y emprendedor. Su educación fué muy imjterfecta y 
desde muy joven se distinguió como artillero, comen 
zandosu carrera por las clases mus subalternas. An- 
tes fué doméstico del Obispo de Ijcóu. 

"Dotado de verdadero talento militai-, dice el Doc- 
tor Rocha, (1) instruido en su carrera, artillero dís- 

(1) Es( lidm, auinc óiaáot:. 



392 HISTOBU DE NICABAGUA 



tinguido, diestro en el arte de la fortificación, audaz y 
previsor, imprimió á la revolución de 1823, todo el 
vuelo de su carácter, convocando á la juventud para 
alistarse en sus filas y detentar los derechos usurpa- 
dos durante tres centurias.'' 

Fué por mucho tiempo Ordóñez, el ídolo del pueblo 
de Granada, ejerció gran influencia en los destinos de 
Nicaragua y tuvo mucha parte en las convulsiones do 
la República Federal. 

Ordóñez, á quien tanto han execrado sus enemigos, 
fué notoriamente honrado. En medio de su apogeo 
apareció siempre pobre. Así vivió, así murió, y ese 
virtuoso desprendimiento de aquel caudillo es, sin du- 
da alguna, la mejor apoteosis de su nombre. 

Apenas terminó la tarea de nuestra integración na- 
cional, según r^ere el autor antes citado, en enero 
de 1825, Ordóñez depuso su espada en el altar de la 
Patria, y con modestia suma, tan pobre como antes 
de la guerra, se retiró á su humilde hogtir doméstico, 
de donde Arzú lo hizo salir por complacer á Cerda. 

Permaneció en el Salvador, como hemos dicho an- 
tes, desde que se le obligó á retirarse de Nicaragua: 
pero llevado de su natural carácter, inquieto y turbu- 
lento, regi'esó á León cuando la guerra de Cerda, y 
tomó servicio en las filas de Arguello. 

El Vice-Jefe recibió al principio con agrado la con- 
currencia de un militar tan competente y popular co- 
mo Ordóñez; pero entrando después en desconfianza, 
le dio orden de desocupar el territorio. 

Ordóñez no era hombre que se dejaba echar impu- 
nemente. Se fingió enfermo en el acto, logró una pe- 
queña prórroga, y puesto de acuerdo con el ex- Sena- 
dor Hernández, hombre de prestigios en León, insu- 
rreccionó las tropas el día 12 de setiembre, y reunien- 
do la Municipalidad y el Cabildo Eclesiástico, logi-ó 



CAP. VII. — CONTINUACIÓN, ETC. 39?» 



que se le nombrara Comandante General de las armas ; 
que se destituyese al Vice-Jefe, y que en lugar de és- 
te fuera designado, para el ejercicio del poder civil, 
el ciudadano don Pedro Oviedo. 

Arguello, en unión del antiguo Comandante Gene- 
ral, don Román Valladares, buyo precipitadamente 
para el vecino Estado del Salvador, en donde peima- 
iieció asilado. 

Tan luego Ordóüez se puso al frente de la cosa pú- 
blica, procuró salvar todas las apariencias legales, 
liasta entonces descuidadas por Arguello y Cerda. Al 
efecto, excitó alas Municipalidades de su comprensión, 
para que eligiesen Juntas Gubernativas en León y en 
G-ranada, que se encargaran del gobierno civil en aque- 
lla época de acefalía, y para que hicieran practicar 
elecciones de primeras Autoridades en el Estado. 

Cuando Cerda supo aquellas providencias, se alar- 
mó bastante, porque desde abril de 1827 había termi- 
nado su período constitucional; y envió comisiona- 
dos á León con el objeto do procurar un^avenimien- 
to, que tampoco pudo llevarse á la práctica, porque 
presentaba las mismas bases propuestas anteriormen- 
te al comisionado del Salvador. 

Rotas nuevamente las hostilidades, en noviembre 
de 1827, las tropas de Cerda que residían en Managua, 
atacaron vigorosamente la plaza de León. Ordóñez 
rechazó el ataque con ventaja; pero no pudo saborear 
mucho tiempo su triunfo, porque un movimiento con- 
tra-revolucionario de la misma plaza, lo despojó del 
mando y lo obligó a huir. 

Desde esa fecha las tropas de León y Granada, que 
también se denominaban liberales, tuvieron mutacio- 
nes de gobierno hasta 1828, en que don Juan Argue- 
llo regresó y se puso nuevamente á la cabeza de ellas. 

Organizada en ese mismo año la Junta Gubernati- 



394 HI8T0KTA DE NlCAllAGUA 



va de Granada, se dirigió al Jefe Cerda participándole 
su inauguración. Éste contestó desconociendo su le- 
gitimidad é intimándole á la vez la inmediata diso- 
lución. 

Con ese motivo, la Junta volvió á dirigirle una nue- 
va comunicación, en 12 de mayo, en que desconocía 
la legitimidad del Jefe y le hacía cargos por haber exi- 
gido con violencia y sin autorización alguna, diez y 
ocho mil pesos de contribución á unos po^.os capita — 
listas; por mantener sobre los mismos, crecidas con — 
tribuciones mensuales; por conservar en la cárcel a\M 
Diputado Ramón Cubero, que gozaba de inmunidad 
constitucional; por impedir la instalación del Supre 
mo Tribunal de Justicia, y por disponer á su antoj 
de la vida de los hombres, manteniendo en sus filas aM^ 
Desarejador, verdadero azote de la humanidad. 

El mantenimiento de los ejércitos beligerantes pe — ^- 
sabd directamente sobre los pueblos que ocupaban. ^' 
El de Arguello contaba con León y Granada, que eraK= — ' 
ciudades ricas y populosas; mas el de Cerda tenia que===^ 
arbitrarse de todo en poblaciones como Managua, Ri 
vas y Jinotepe, que eran pobres y pequeñas. 

Cerda era simpático para los reaccionarios de Gua 
témala, que no cesaban de admirar el célebre band 
de buen gobierno de 1825. 

Don Mariano de Aycinena, tan recalcitrante y fa 
nático, como el autor de aquella famosa pieza, se inte 
resó vivamente en la contienda, y por medio de 
José Gómez y otros agentes, estuvo remitiendo fon 
dos á Cerda, de quien además se hizo amigo íntimo. 

Según refiero el General Morazán en sus Memoriasr -^^ 
también el General Arco, entonces íntimo de Ayeine — 
na, ayudó á Cerda remitiéndole una cantidad consL^ 
derablc de fusiles, <]uü condujo el comisionado dor» 
Policarpo Bonilla. . 



CAP. yU. — CONTDíU ACIÓN, ETC. 395 



Pero el pueblo de Managua, á pesar de los subsidios 
de Guatemala, tuvo que seguir sufriendo exacciones; 
y cansado de t«nta carga y de la dureza y opresión 
del Jefe Cerda, se levantó en masa, en junio do 1828, 
y le atacó en la propia casa de gobierno. Un nutri- 
do fuego de artillería dispersó al pueblo ; pero Cerda 
creyéndose sin garantías, desocupó la Villa y se tras- 
ladó á Bivas. 

XJna vez^n su nueva residencia, el Jefe publicó el 
(i de setiembre, otro bando tan sangriento y terrible, 
como los que los conquistadores españoles expedían 
entre nosotros, en tiempos de Salcedo y Pedrarias Dá- 
vila. 

En el bando se invitaba á las autoridades de Gra- 
nada para que reconocieran la autoridad del gobierno 
de Bivas, con entrega de armas, restablecimiento del 
orden y reforma de costumbres en lo político, ofre- 
ciéndoseles un olvido absoluto de lo pasado. En ca- 
so contrario se les amenazaba con el sitio y asalto de 
la plaza sin que se perdonara la vida á nadie. 

En el bando conminaba también, con irremisible 
pena de muerte, á los que siquiera se comunicaran por 
escrito ó de palabras con los de la plaza, aun cuando 
fuesen mujeres, y al que teniendo arma no la presen- 
tara dentro de tercero día. 

El Jefe tenía de Comandante General de las armas 
á un joven guayaquileño, llamado Juan Francisco Ca- 
sanova, buen táctico y bastante inteligente, que acer- 
tó á llegar por ese tiempo á Nicaragua. También te- 
nía en el servicio del ejército, como segundo de Casa- 
nova, á don Rafael Ruiz de Gutiérrez, hábil médico 
venezolano. 

Estos dos colombianos le servían con lealtad y eran 
muy queridos del ejército y de Cerda; pero varios mi- 
litares, que se sentían lastimados con la preponderan- 



396 HISTORIA DE NICARAGUA 



eia de aquellas personas extrañas, conspiraron contra 
ellas, explotando la credulidad y la ignorancia del 
quisquilloso Jefe del Estado, á quien hicieron creer 
que tales hombres eran agentes del libertador Bolívar, 
para trabajar por la anexión de Nicaragua á Colombia. 

Semejante patraña, que sólo podía contarse á un 
hombre que ignorara la situación geográfica de los 
respectivos países, el poco ó ningún valor de Nicara- 
gua en aquel entonces, y la situación de Bolivar, que 
se encontraba en guerra con el Perú, fué creída por 
Cerda al pie de la letra. 

Se instruyó, en consecuencia, un proceso secreto, á 
estilo inquisitorial, y comprobada la culpabilidad, Cer- 
da se confesó, ordenó su testamento y se dirigió á Ma- 
saya, donde se encontraba el ejército. 

Una vez en Masaya, hizo formar sus tropas, las aren* 
gó y mandó despojar allí mismo y reducir á prisión á 
Casanova, poniendo en su lugar á don Francisco Bal- 
todano. Envió en seguida un correo á Rivas para 
que prendieran á Gutiérrez. 

Como Comandante General, Cerda condenó á muer- 
to á los dos infelices presos, produciendo este hecho 
una explosión de horror, especialmente en Bivas, don- 
de eran queridos y apreciados. 

Absurdo por demás fué el crimen que se les imputó, 
puesto que Bolivar, aun cuando no hubiera atravesa- 
do en esa época la situación más crítica de su vida, 
para anexar á Nicaragua, que apenas era un Estado 
de la Federación, debió haber dirigido sus trabajos á 
Guatemala, cabeza y foco del movimiento centro- 
americano. 

Si por la proximidad se pudo creer qae Colombia 
pensara en adueñarse de Nicaragua, era natural y ló- 
gico que comenzara por Costa-Rica y no por nosotros. 

En el supuesto todavía de que fuese cierto que Ca- 



CAP. VIL — CX)NTINÜACIÓN, ETC. 397 



sanova y Gutiérrez eran agentes de Bolívar, que pen- 
saban anexarnos á Colombia, el solo pensamiento de 
un hecho punible, puesto que no lo llevaron á la prác- 
tica, no pudo nunca expiarse en un patíbulo. 

Gutiérrez y Casanova eran agentes del gran Oriente 
Masónico de Nueva-Granada, bajo cuyos auspicios 
fundaron muy secretamente logias en Granada y Ri vas. 

El Oriente inglés, con ©1 pretexto de que San Juan 
del Norte era colonia d« la Gran Bretaña, extendió 
cartas patentes, para la fundación de logias en aque- 
lla localidad, sujetas á su jurisdicción. 

Los intereses masónicos de los centro-americanos, 
uo podían ser nunca los mismos que los de Inglaterra. 
Así lo comprendieron Gutiérrez y Casanova, y traba- 
jaron con empeño porque en todo el país se reconocie- 
se la jurisdicdán de Colombia. 

He ahí, pues, explicado todo el proceso. Personas 
hubo que los oyeran hablar con varios individuos y 
con mucho misterio, acerca de la necesidad de man- 
tener aquella jurisdicción. Cerda no necesitó de más. 

La Masonería en aquel tiempo, se había extendido 
por toda América y no dejó de prestar algunos servi- 
cios á los patriotas. 

Laffayete llevó la idea masónica á Norte-América, 
y George Washington fué el venerable maestro de la 
primera logia del Nuevo-Mundo. 

Miranda y Bolívar fueron entusiastas propagandis- 
tas de la Masonería en Sud- América. 

Entre nosotros, Morazán, Barrundia, Molina, fSara- 
via y todos los grandes liberales de aquel entonces, 
formaron la alta Masonería centro-americana. 

La institución masónica prohibe los asuntos políti- 
cos en sus templos; pero levanta las ideas do sus 
miembros, crea lazos de simpatía entre ellos, los aproxi- 
ma y hasta los identifica algunas veces^ formando de 



398 HISTORIA DE NICARAGUA 



todos ellos una sociedad compacta, qae hace común 
la desgracia de cualquier hermano. 

Gutiérrez y Casanova que, con el entusiasmo de su 
edad y la fe del creyente, propagaban las primeras 
luces de la Masonería en Nicaragua, fueron equivoca- 
damente confundidos con los conspiradores vulgares 
y llevados al patíbulo. 

En aquel bárbaro asesinato, sin embargo, encontró 
Cerda el castigo de sus abusos. Gutiérrez tenía una 
mujer que lo idolatraba; y ésta se propuso vengarlo, 
trabajando día y noche, con esa tenacidad de la pa- 
sión herida, basta conseguir organizar una conspira- 
ción, que sorprendió al Jefe en su propia casa, en la 
noche del 7 de noviembre de 1828, y lo redujo á pri- 
sión, en momentos en que todo el ejército ponía sitio 
á Granada, entonces residencia de Arguello. 

Las tropas de Cerda, que estaban en Jinotepe al 
mando del General Baltodano, quisieron regresar á 
Rivas á rescatar a su Jefe; pero de Granada se había 
mandado una división á las órdenes del General don 
Román Valladares, que amenazaba desde Masatepe. 

Baltodano, sin embargo, levantó el campo por la 
noche con el mayor sigilo, y dando un rodeo por la 
costa del Pacífico se dirigió á Rivas, pero Valladares 
burló su previsión, porque viendo desocupada la pla- 
za de Jinotepe, en vez de perseguir á su enemigo, cal- 
culando que éste iría á parar á Rivas, tomó el camino 
directo y ocupó la ciudad antes que Baltodano. Éste, 
al saberlo, disolvió su ejército y huyó á Liberia. 

Cerda, juzgado y sentenciado por un Consejo de 
guerra, compuesto de oficiales enemigos, fué fusilado 
en Rivas á las dos de la tarde del 27 de noviembre 
del mismo año. 

Durante el tiempo de su capilla, el ex- Jefe se entregó 
á toda clase de prácticas religiosas, y para ir al patí- 



CAP. VIL— CONTINUACIÓN, ETC. 399 

bulo se descalzó y llegó con los pies ensangrentados. 
Con ánimo tranquilo ocupó el fatal banquillo, y des- 
pués de arengar al pueblo sincerándose del asesinato 
de los colombianos, exhortó á la juventud á no des- 
mayar y expiró al recibir la primera descarga. 

El tipo del primer Jefe del Estado de Nicaragua, 
fué muy semejante al de algunos señores feudales de 
la Jidad Media. Cerda era incapaz de robar un cen- 
tavo; pero sonreía gustoso, cuando le presentaban las 
orejas de los enemigos, ensartadas en una tizona. 

Observó castidad toda su vida y no conoció otra 
mujer que la que le dio la iglesia; y aquel hombre que 
temblaba a la sola idea de un acto de impureza, veía 
tranquilo correr á torrentes la sangre de sus herma- 
nos y reducir á escombros su propio suelo, antes que 
ceder una línea de sus pretensiones. 

Cerda ayunaba, usaba cilicio y hacía penitencia ; 
pero su corazón eminentemente piadoso, habría pre- 
senciado impasible la destrucción del género humano, 
si éste hubiera disentido en opiniones religiosas ó po- 
líticas. 

Pocos días después de la ejecucióq de Cerda, Ar- 
guello que, según parece, estaba interesado en la sal- 
vación de uno de los presos que era su pariente, dis- 
puso que fueran enviados todos á la fortaleza de San 
Carlos para librarlo de la saña de sus militares ; pero 
la escolta que los conducía se embriagó, y desembar- 
cándolos en la desierta isla de la "Pelona," los asesinó, 
arrojando los cadáveres al agua, sujetos á grandes 
piedras (1) 

La escolta, una vez consumado el crimen, llegó á 
Granada dando cuenta do un fingido naufragio; pero 



(1) Vt'aso al fin la nota 7'? — OhservarionPH dfl Jurado r.rami- 
fiador. 



400 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



las corrientes del lago arrojaron á las playas los ca- 
dáveres con todo y piedras, y la superstición religio- 
sa vio en este hecho un milagro, por medio del cual 
las víctimas clamaban venganza. 

Los enemigos de Arguello, que eran muchos, apro- 
vecharon la ocasión para acusarlo de aquel asesinato, 
como de un hecho premeditado y convenido de ante- 
mano; pero Arguello, que había fusilado públicamen- 
te á Cerda y á otros hombres de importancia y que 
solía hacer gala de su crueldad, no tenia por qué va- 
lerse del misterio, para la ejecución de prisioneros tan 
secundarios. 

La generalidad, sin embargo, lo culpó; y aquel he- 
cho, que había levantado general indignación, contri, 
buyo poderosamente á su desprestigio y caída. 

Don Dionisio Herrera, fué enviado por el Gk)bieruo 
de Guatemala, con el carácter de pacificador. Beco- 
uocido por todos los pueblos y verificada la elección 
de Jefe del Estado, ésta recayó en el propio Herrera. 

La Asamblea reunida en Rivas, el 19 de noviembre 
de 1829, fué la que hizo la declaratoria do la elección 
de Herrera; pero encontrándose éste ausente, en aque- 
lla fecha, se encargó interinamente del Poder, por dis- 
posición de la misma Asamblea, el consejero don Juan 
Espinosa, en principios de enero de 1830. 

Tan luego Herrera se encargó del mando, hizo salir 
para Guatemala á Arguello, temido y execrado en to- 
do el país. En aquella capital, falto de recursos y sin 
protección, pasó una vida triste que fué pobremente 
á terminar en el hospital de los indigentes. No hubo 
una mano amiga que cerrara sus ojos, ni nadie que 
marcara su sepulcro á la posteridad. 



CAPITULO VIII 



Caída del General Arce 



Los conservadores explotan la situación en su pi'oveclio— 
Nuevos nombramientoB de Jefe y Vice-Jefe de Guatemala y 
ae Diputados al Congreso Nacional—Conducta de Aycine- 
na en el Poder— Huyen los liberales al Salvador— Sus in- 
íluencias en Centro- América— Prado liace la guerra á Gua- 
temala—Desastre de Arrazola— Morosidad de Arce— Expe- 
dición á Honduras— Cuestiones clericales— Caída y prisión 
de Herrera— Avance de Arce sobre San Salvador— Es derro- 
tado en Milingo— Los conservadores lo hostilizan— Destitu- 
ción de Perks — Disputa de Arce con la Asamblea— Retírase 
del ejercicio del Poder Ejecutivo, 



La ruptura del Presidente Arce con el partido libe- 
ral, fue completa. Los serviles ó conservadores, ex- 
plotaron la situación en su provecho, lanzándolo cada 
día más en el camino del absolutismo, mediante hala- 
gos y públicas demostraciones de simpatía. 

Muerto el Vice-Jefe del Estado de Guatemala y per- 
seguido y ultrajado el Jefe don Juan Barrundia, Arce 
hizo practicar nuevas elecciones para llenar esas va- 
cantes, siendo designados, bajo el influjo del partido 
conservador, para el primer cargo, don Mariano de 
Aycinena y para Vice-Jefe, don Mariano Córdoba. 

Dií orden de Arce practicáronse t4occioues en el 
mismo Estado de Guatemala, para Diputados al Con- 
'^vetio extraordinario de Cojutepeíjue. 

Üoii Mariano Córdoba renunció la N'ice- Jefatura 
tibl Estado, y la Asamblea de Guatemala eligió ou mi 



402 HISTORIA DE NICARAGUA 



lugar, al Coronel don Manuel Montúfar, que no re- 
nunció; pero que tampoco desempeñó nunca ese des- 
tino, porque agente poderoso del partido conservador, 
se le mantuvo con otras personas de importancia en 
el ejército, vigilando á Arce y aun contrariándolo en 
todo aquello que su partido le ordenaba. 

El Jefe Aycinena, tan luego tomó posesión de so 
destino, pasó personalmente con toda solemnidad á 
visitar al Presidente Arce, felicitándolo por la actitud 
que había asumido y protestándole el apoyo y adhe- 
sión del Estado. 

Con las elecciones de Jefe y Vice-Jefe, se practica- 
ron también en Guatemala las de Representantes á la 
Asamblea del Estado, y organizado esto Cuerpo, dio 
aviso de su instalación al Gobierno del Salvador, que 
hasta entonces había sido adicto á Arce, excitándolo 
á unir sus esfuerzos para restablecer la paz en toda la 
República. 

Aycinena, desde que se hizo cargo del ejercicio del 
Gobierno de Guatemala, desplegó una dureza y un 
despotismo muy semejantes á los de Cerda en Nicara- 
.fí:ua, con quien tenía muchos puntos de contacto. 

La Corte de Justicia Federal, protestó contra la le- 
gitimidad de las autoridades creadas en el Estado; y 
la Asamblea de Guatemala la obligó á dimitir y pro- 
cesó criminalmente á los Magistrados. 

Aycinena publicó entonces un bando bastante pa- 
lecido al que Cerda expidió en Nicaragua, el 25 do ma- 
yo de 1825, en que se restringió la libertad de la pala- 
l)ra y de la prensa, se exigió pasaporta para transitar 
eu el interior, se despreciaron las formalidades de los 
juicios, y las penas de muerta y expatria^iión se pro- 
digaron con escándalo. 

Durante el período de Aycinena y sus amigos, se 
restableció en Guatemala el diezmo, se persigaieron 



CAP. VIII. — OAÍDA DEL (lENEllAL ABCE 4(K> 



los escritos y libros prohibidos por la iglesia, se pusie- 
ron trabas á la inmigración extranjera y se volvió al 
pleno régimen colonial, á vista y paciencia del Presi- 
denta Arce, impotente ya para oponerse á nada de 
lo que los reaccionarios y los frailes quisieran hacer. 

Los liberales guatemaltecos, estigmatizados y per- 
segnidos, huyeron al Salvador, donde alcanzaron mu- 
cho ascendiente, capitaneados por el Doctor Moli- 
na, que regresaba de la gran Dieta de Panamá y no 
quiso entrar á Guatemala, permaneciendo en San Sal- 
vador con sus amigos. 

El Gobierno salvadoreño, bajo la influencia de los 
corifeos del partido liberal, acordó desconocer a las 
autoridades intrusas del Estado de Guatemala; y la 
misma influencia extendida á Honduras y Nicaragua, 
donde entonces mandaban Herrera y Arguello, hizo 
que estos Estados dictaran igual acuerdo. 

Por ese tiempo el Jefe del Estado del Salvador, tu- 
vo que separarse del mando por achaques de salud, y 
entró á subrogarlo el Vice- Jefe don Mariano Prado, 
que era hombre muy decidido, de una firmeza á toda 
prueba, de un valor civil nunca desmentido y de una 
adhesión completa al partido liberal. 

Prado era la antítesis de Aycinena en ideas políti- 
cas; pero en óuanto á valor, tenacidad y energía, ora 
digno el uno del otro. 

Antes de declararse contra las autoridades intrusas 
de Guatemala, trató Prado de dar á sus actos un ca- 
rácter más nacional, y con esta mira, expidió un de- 
creto el 6 de diciembre de 1826, desconociendo el que 
había emitido Arce, en octubre anterior, é invitando 
á los Gobiernos de Honduras, Nicaragua y Costa-Rica, 
á tomar una medida salvadora, enviando los Diputa- 
dos federales de sus respectivos Estados á reorgani- 
zar el disuelto Congreso Federal en AhuachapAn, lejos 



404 HISTOIUÁ DE NICAIUÜUA 



de las influencias de Arce y de las autoridades de Gua- 
temala. 

Los Estados de Honduras y Nicaragua, aprobaron 
el pensamiento de Prado, y el de Costa-Rica ofreció 
también enviar sus Diputados á Ahuachapán ; pero 
nunca fué posible la organización del Congreso en es- 
te punto, porque no hubo número suficiente de Re- 
presentantes, perdiéndose más de dos meses en esté- 
riles esfuerzos. 

Deseando Prado restablecer las autoridades cousti- 
. tucionales, y aprovechar el descuido en que se halla- 
ba la capital, envió sobre ésta y á marchas forzadas 
un ejército salvadoreño de seiscientos hombres, al 
mando del Coronel Ruperto Trigueros; pero en reali- 
dad, al de los Coroneles RaouI, Saget y Cleto Ordóñez, 
que no inspiraban á la tropa mayor confianza. 

Arce y sus amigos tuvieron conocimiento de los apn^s- 
tos bélicos del Salvador y los miraron con desprecio, 
pensando que nunca podría atreverse á invadir Gua- 
temala. Tanta era la confianza que había á este res- 
pecto, que de las tres divisiones federales que existían 
en la capital, una se mantenía en Quezaltenango des- 
de la muerte del Vice- Jefe Flores, otra se hallaba en 
Chiquimula en comisión y la tercera, al mando del Co- 
louel don Justo Milla, había sido enviada á Honduras, 
para sostener al Canónigo don Nicolás Irías, goberna- 
dor de aquel obispado, que estaba en gueiTa abierta 
con el Jefe del Estado don Dionisio Herrera. 

Las fuerzas salvadoreñas avanzaron confiadamen- 
te hasta la capital, pensando dar una sorpresa y con- 
tar con defecciones del enemigo; pero éste, apenas tu- 
vo noticia de la aproximación de los salvadoreños, con 
una actividad asombrosa, removió odios locales, trajo 
en su auxilio el fanatismo religioso, esparció falsas 
noticias sobre los propósitos de los invasores y pudo 



CAP. VIII. — CAÍDA DEL GENERAL ARCE 405 



levantar un ejército, con el cual los batió Arce en Arri- 
zóla el 23 de marzo de 1827. 

En vez de perseguir á los vencidos hasta la propia 
ciudad de San Salvador, el Presidente perdió el tiem- 
po conferenciando con el Vice-Presidente Beltranena, 
encargado del Gobierno, y con el Jefe Aycinena, que 
se convirtió en alma de todo. 

Arce y sus amigos, creyeron fácil la conquista de 
Centro-América y determinaron llevarla á cabo. 

Mientras el grueso del ejército, con Arce á la cabe- 
za, se dirigía triunfalmente á tomar por asalto la ca- 
pital salvadoreña, la división auxiliar enviada ante- 
riormente á Honduras, recibía órdenes terminantes 
de apoyar á los enemigos del Jefe del Estado y cam- 
biar su Gobierno á todo trance. 

Dijimos atrás que don Dionisio Herrera gobernaba 
el Estado de Honduras. 

Por circunstancias especiales, esto Jefe tuvo quo 
acumular en su persona, durante el año de 1820, to- 
dos los poderes del Estado. En tal-situacióu, el pro- 
visor de la Diócesis, Canónigo don Nicolás Irías, que 
estaba acostumbrado á mandar eu absoluto en toda 
la Provincia, vio con disgusto al frente de la adminis- 
tración constitucional á un gobernante que obraba 
con absoluta independencia del poder eclesiástico, y 
puso en juego todos los resortes del fanatismo, para 
sembrar desconñanzas en el ánimo de los pueblos con- 
tra el nuevo régimen. 

Empeña^da esta lucha entre los poderes civil y ecle- 
siástico, se presentó un recurso de fuerza, intentado 
por un clérigo á quien procesaba Irías. El Jefe del 
Estado lo amparó, previniendo al Juez eclesiástico 
suspendiese sus procedimientos, hasta la instalación 
de la Corte de Justicia, para que conociera del re- 
curso. 



406 HISTOIUA DE NICAKAGÜA 



El Gobernador eclesiástico desatendió el mandato 
del Jefe, manifestando que no reconocía poder algu* 
no superior al de la iglesia, la que no podía ser per- 
turbada por la potestad civil, sin que ésta no se some- 
tiese á las penas señaladas por la misma iglesia con- 
tra los perturbadores de su alta jurisdicción. 

Herrera sostuvo con energía su providencia, libran- 
do al Gobernador eclesiástico, segunda carta de fuer- 
za. Ciego de ira el Canónigo, convirtió desde esa fe- 
cha su casa en centro de todas las conspiraciones con- 
tra el Jefe del Estado. 

Pocos días después. Herrera fué objeto de una ten- 
tativa de asesinato en su propia habitación. Tres ba- 
lazos, arrojados por una de las ventanas del edificio, 
probaron al Jefe que sus enemigos no se paraban en 
medios para deshacerse de él. 

Se siguieron informaciones y se redujo á prisión á 
algunas personas; pero la Asamblea, reunida poco 
tiempo después, mandó correr un velo sobre todo lo 
sucedido 

En tal estado las cosas, expidió un decreto el Go- 
bierno de Honduras, reglamentando el cobro ó inver- 
sión de la renta decimal. Irías se opuso al cumpli- 
mieoto de esta ley y á varias otras órdenes de la Asam- 
blea, por lo cual Herrera tuvo que estrecharlo, hasta 
intimarle una orden de arresto, señalándole por cár- 
cel el recinto de la ciudad de Comayagua. 

Irías se escapó del punto que le señaló Herrera, y 
valiéndose de los prestigios que le daba su carácter 
entre los pueblos crédulos, sublevó y levantó á éstos 
contra el Gobierno. En seguida, organizó una Junta 
Gubernativa, compuesta de sólo clérigos, á cuya ca- 
beza se puso él como Presidente, y exigió préstamos 
y contribuciones, nombró jefes y oficiales militares, y 
levantó, para dar colorido político á su insurrección. 



CAP. Vlll.— CAÍDA DEL (iENEKAL AUCE 407 

la bandera del Presidente Arce, proclamando el euni- 
plimiento del decreto de 10 de octubre. 

Al mismo tiempo que se arrogaba los poderes civil 
y militar, Irías como Gobernador eclesiástico, fulminó 
excomunión contra Herrera y los suyos, y mandó ven- 
der las alhajas de la Catedral, para <;omprar fusiles en 
Belice. 

En Arandique, ge veriflcó el primer encuentro en- 
tre las fuerzas clericales, mandadas por el Presbítero 
José María Donayre, y las del Gobierno ; pero á posar 
de las excomuniones y anatemas, éstas vencieron (i 
aquellas. 

Tal era la situación de Honduras, cuando se presen- 
t^iron las tropas del Gobierno Federal, apoyando á 
Irías y sus clérigos, con los cuales marcharon sobre 
Gomayagua, á la que pusieron formal sitio el 4 de abril 
de 1827. 

Herrera pidió auxilio á Nicaragua y al Salvador; 
pero este Estado se encontraba ya invadido por Gua- 
temala y el otro en su sangrienta contienda con Cer- 
da, no podían favorecerlo. 

Después de treinta y seis días de asedio en que las 
tropas indisciplinadas, que comandaban los clérigos, 
se mancharon con toda clase de excesos, la plaza fué 
vendida por el español Fernández, encargado del man- 
do de las armas, que entregó i^reso y maniatado al 
Jefe Herrera. 

El Coronel Milla se mostró moderado en su triunfo, 
y tuvo que chocar con el Canónigo Irías, que quería 
medidas de rigor. Milla, sin embargo, envió preso ú 
ríuatemala al Jefe Herrera y convocó á los pueblos 
[•ara nuevas elecciones, encargándost» del JVkUm-, uiicii 
tras se verificaban. 

Cuando sucedía todo lo relacioniulo, el fSulMulor rru 
I élitro <le otra sangrienta guerra. 



408 HISTORIA DE NICARAGUA 



Arce, después del triunfo de Arrazola, se movió so- 
bre Santa Ana en el mes de abril de 1827, y tardó 
más de nn mes para llegar al pueblo de Apopa, en don- 
de situó su cuartel general, á cuatro leguas de San Sal- 
vador. 

En este tiempo, Aycinena sembraba el terror en la 
capital. Fusiló á varios, declaró fuera de la ley á mu- 
chos, y confinó al Castillo de Omoa á otros. Entre 
los primeros, se contaba al Coronel Pierson, emigra- 
do residente en México; pero á quien con engañp se 
hizo internar sólo al territorio guatemalteco para ase- 
sinarlo. (1) 

El mismo entusiasmo que Aycinena logró desper- 
tar en Guatemala, cuando se presentaron los salvado- 
reños al frente de la capital, hubo en San Salvador á 
la aproximación de Arce. Éste fué derrotado en Mi- 
lingo el 18 de mayo del mismo año. 

Quiso Arce engrosar su ejército en Santa Ana para 
marchar nuevamente sobre San Sal vador ; pero con- 
trariaban sus disposiciones y se expresaban mal de él, 
tanto Montúfar en el ejército, como Aycinena en la 
capital, culpándolo de desaciertos y de ser afecto á los 
salvadoreños, por lo cual dejó el mando del ejército 



(1) "Cerca de la frontera fué preso (Pierson) y condacido á 
Guatemala donde, después de un interrogatorio, fué pasado por las 
armas, en virtud de un decreto que, al efecto, expidió el Jefe Av* 

cinena . Montúfar (Manuel) se esfuerza en probar que Pierson, 

por muchos motivos, merecía la pena de muerte; pero confiesa que 
se comet^'ó la falta de no haberlo hecho juzgar por las formas le- 
gales. En efecto, á Pierson se le debió juzgar militarmente, pues- 
to que era un oficial federal que había desertado cuando se le man- 
dó marchar á Guatemala, y hecho armas contra el Gobierno 

Pero se le fusiló por el Jefe del Estado, sin formas de ninguna es- 
pecie — (finrrin Granados — Memorias, página 08.) 



CAP. VIII. — CAÍDA DEL GENEBAL AliCE 409 

■■■I ■ ■■ _ 1^. ■■ — ■■ ■ .1 » ■■ ■! ■■,■_-■■ M III» 

al Coronel Cascara y regresó á Guatemala á liacerso 
nuevamente cargo de la Presidencia. 

Pero antes de dar este paso, convencido ya de su 
error, quiso celebrar la paz con el Gobierno del Salva- 
dor, y tuvo el sentimiento de que Montúfar y demás 
oficiales subalternos, se le opusieran, manifestándolo 
que estando interesada Guatemala en aquella guerra, 
él no podría disponer por sí solo. 

La Asamblea de Guatemala aprobó la conducta sub- 
versiva de los oficiales, y Arce volvió al poder, anula- 
do completamente y con el corazón herido. 

Con distintos pretextos procuró levantar una nue- 
va división, que hizo agregar al ejército, nombrando 
Comandante General de éste, al extranjero Perks, que 
le pertenecía; pero los oficiales conservadores lo depu- 
sieron en Jalpatagua, pueblo fronterizo al Salvador, y 
nombraron en su lugar al Coronel Irizarri. 

Los oficiales dieron parte de lo sucedido á Aycino- 
na, y ni por atención se dirigieron al Presidente. Éste, 
lleno de indignación, viéndose menospreciado y des- 
obedecido en todas partes, se dirigió á la Asamblea 
del Estado refiriéndole lo acontecido y la necesidad 
en que se vería de separarse del mando, cuando con 
poco se podía aiin salvar todo. 

La Asamblea le conteste) en el acto muy cortesmen- 
te, aplaudiendo su patriotismo y encareciéndole que 
se separase cuanto antes. Semejante respuesta picó 
el amor propio del Presidente, que acordó continuar 
en el mando hasta que se hiciera la paz; mas la Asam- 
blea no se desalentó y lo requirió oficialmente con ob- 
jeto de que se separara, exigiéndole su contestación 
en un plazo perentorio, y en vista de ella, asumir la 
actitud que más le conviniera. 

Viendo Arce que toda resistencia era inútil, expidió 
un decreto, el 14 de febrero do 1828, separan dosf^ de 



41Ü UIsrOlUA 1>£ NiCAKAGUA 

la Presidencia y llamando, por segunda vez, á lleni 
iíii falta, al Vice-Presidente Beltranena, amigo y o 
rreligionario de Aveinena, 



CAPÍTULO IX 

Apareciinieuto de Morazáu 



Trabajos levolucionaxios de Arce — Su fracaso— Reclama 
la Presidencia y se le niega— Se retira de Guatemala— Lo es- 
carnecen en el camino— Manifiesto de Santa Ana— Reclia- 
zan su alianza los liberales — Campa&a contra Prado— Pro- 
testas de Costa-Rica— Llegada de Merino— Bs derrotado- 
Sitio de San Salvador— Expedición á San Miguel— Aparece 
Morazán— Nacimiento y vida pública de éste— Sus pláticas 
con. Domínguez— IntexTÚmpense con la fusilación de Meri- 
no—Acción de Gualcho— Trasládase Arzú á San Miguel— 
Ketirada de Morazán— Capitulación de San Antonio — Ata- 
que á Guatemala— Prisión de las autoridades intrusas— Pre- 
sidencia de Barrundia — Providencias legislativas — Envío 
de Herrera— Presidencia de Morazán. 



Tan luego el Gbneral Arce hubo resignado el man- 
do en el Vice-Presidente Beltranena, se retiró á la 
Antigua con pretexto de restablecer su salud ; pero 
eon el designio verdadero de entenderse con los jefes 
liberales que allí residían, y fomentar, por medio de 
dllos, la reacción que se estaba preparando secreta- 
mente en Sacatepéquez. , 

La desgracia perseguía al Presidente. Uno de los 
Uombres de su mayor confianza, el Coronel Perks, que 
obraba de acuerdo con el Coronel liberal don Carlos 
^alazar, denunció á éste ante Aycinena; y todo ter- 
minó con la expulsión del denunciado, que se verificó 
inmediatamente. 

Arce, entonces, so presentó reclamando, de una ma- 
nera oficia], el mando de la Bepública; y Beltranena, 



412 UISTOBIA DE NICABA6UA 



por medio de un acuerdo, se neg('i también oficialmen- 
te á entregarlo. (1) 

Viendo, pues, Arce que su presencia era enteramen- 
te inútil en Q-uatemala y que además se había conver- 
tido en irrisión y ludibrio de los conservadores, se di- 
rigió al Salvador; pero un español advenedizo llama- 
do don Juan Monje, que recorría el camino con un 
cuerpo de caballería, fué acompañándolo desde Cua- 
jiniquilapa, y al llegar á la frontera le exigió pasapor- 
te y lo tuvo detenido por varios días en una misera- 
ble choza, hasta que llegó la licencia de Guatemala. 

Este nuevo ultraje inferido al Presidente de la Be- 
piiblica, fué visto con indiferencia por Beltranena y 
sus amigos. 

Arce llegó á Santa Ana y el 13 de junio publicó un 
manifiesto, refiriendo la vejación que se le había he- 
cho y excitando á los pueblos contra sos autores. 

De Santa Ana pretendió entenderse con Prado y 
ponerse al frente de los salvadoreños; pero éstos, que 
le habían desconocido con anterioridad y que habían 
levantado á los pueblos en su contra, no podían, sin 
ser inconsecuentes, aceptarlo, menos aún en aquella 



(1) El Coronel don Manuel Montiifar, escritor may conocido 
y uno de los caudillos del partido conservador de aqael entonces, 
explica este suceso de la manera siguiente : ''las raxones le- 
gales estaban de parte del Presidente ; pero subsistían los inconve- 
nientes de hecho y de conveniencia que había exigido sa sepan* 

ciún Desde luego el Gobierno del Estado ( Aycinena) haMa 

desconocido al rrobierno Federal, como se intentó después, y bajo 
este respecto era muy conveniente no multiplicar los-motívos de 
discordia, manteniendo el simulacro de Gobierno Federal que exis- 
tía. Arce, por su parte, debía sacrifícios á una cansa qae él mis- 
mo había creado/' — Memorias, capítulo ni, página 42, edicoén 
de 1858— (N. del A.) 



CAP. IX. D£SAPAH£01MI£M0, ETO. 413 

ocasiÓD, en que sólo les aportaba su desprestigio y 
nulidad. 

Los guatemaltecos continuaron con más ardor la 
campaña contra Prado. Éste á su vez, se proveyó de 
más armamento é hizo ingresar algunos oficiales sud- 
americanos, entre los que se contaba el Coronel don 
Rafael Merino, á quien se encargó del mando en Jefe. 

El nuevo Comandante General trabajó con activi- 
dad y levantó un ejército de los más lucidos que tuvo 
el Estado, con el cual logró sorprender la plaza do 
Santa Ana, que ocupaban los guatemaltecos y pose- 
sionarse de ella el 17 de diciembre, mediante la infrac- 
ción de un convenio que acababa de firmar. 

Fué por este tiempo que el Gobierno de Costa-Rica 
se dirigió á ambos beligerantes, significándoles el des- 
agrado con que veía aquella insana contienda y sus 
propósitos de agregarse á otra Nación fuerte y pode- 
rosa, bajo cuya sombra pudiera reposar, libre de los 
aisaltos de la tiranía y de los ataques de las facciones, 
que alternativamente amenazaban á Centro- Amé- 
rica. 

Merino se trasladó con el ejército á Ahuachapáu; 
y cuando el General Arzú ocupó la plaza de Chalcliua- 
pa, aquel se lanzó aturdidamente á atacarlo, sin orden 
ni concierto, sufriendo una completa derrota el IV do 
marzo de J828, con pérdida de seiscientos hombres, 
artillería y municiones. 

Aquel gran desastre llevó la consternación á 8an 
Salvador; pero Prado, desplegando una energía dig- 
na de las circunstancias, so preparó á la defensa. 

Arzú, con su ejército victorioso, avanzó á marchas 
forzadas sobre la capital salvadoreña, de cuyos arra- 
bales se posesionó el 5 del mismo mes. 

Después dü varias tentativas inútiles de asalto, Ar - 
zú intimó á los salvadoraños la rendición, conminan- 



414 HI8aX)»IA DE NIGABAGÜA 



dolos con el incendio de sus casas y la destracción de 
sus fortunas. Por desgracia estas amenazas se cum- 
plieron puntualmente en los siete meses del 8ÍtiO| 
en que las partidas inva^oras recorrieron en todas di- 
recciones el Estado, llevando á todas partes el incen- 
dio, el pillaje y la desvastación. Los habitantes de 
Mexicanos, Cuscatancingo, Aculhuaca, Paleca^ Ne- 
japa, Ayustepeque, San Sebastián y aun los de los arra- 
bales de San Salvador, vieron sus hogares converti- 
dos en cenizas y sus propiedades saqueadas y en po- 
der de una soldadesca asoladora. 

El 18 de marzo, decía el General Arzú, en un mani- 
fiesto que publicó: "Se pinta al ejército federal in- 
cendiando los pueblos, violando la honestidad de las 
vírgenes y la santidad de los altares, talando los cam- 
pos y reduciéndolo todo á polvo. Esta es, en efecto, 
la imagen de la guerra, y estos son los males que los 
í^obernantes sin patriotismo atraen sobre su país." 

La guerra, pues, que se hacían guatemaltecos y sal- 
vadoreños, no se diferenciaba mucho délas que se hi- 
cieron entre sí los nicaragüenses de 1824 y 1826. Gue- 
rras fueron aquellas de personalidades innobles, de 
odios locales, en que desaparecían con frecuencia los 
principios, para dar entrada á las más bajas pasiones. 

La Federación era un sarcasmo en boca de los gua- 
temaltecos, que anularon, burlaron y escarnecieron al 
Presidente de ella. Sin embargo, Arzú no vacilaba 
on llamar á sus tropas ejército federal. 

Después de varios encuentros y de vanas tentativas 
por una y otra parte, determinó Arzíi que el Coronel 
Domínguez saliera con seiscientos hombres, para San 
Vicente, de donde llegaban auxilios á los sitiados. 

Merino salió también de la plaza con fuerzas, en 
persecución de Domínguez ; pero éste atravesó el Lem- 
pa y se internó en el departamento de San Mignd, 



CAP. IX. — ^DESAPARECIMIENTO, ETC. 415 

antes que Merino le diera alcance. Por fin, se encon- 
traron en Quelepa, y Merino tuvo que ceder el campo 
á su enemigo, replegándose, con poca pérdida, á San 
Vicente. 

Por este tiempo apareció en la escena política el Ge- 
neral Morazán. Este hombre extraordinario, había 
nacido en Tegucigalpa el 3 de octubre de 1792.' 

Fueron sus padres don Ensebio Morazáu, criollo de 
las islas occidentales de Francia y doña Guadalupe 
Quéisada, señora de Tegucigalpa, quienes le proporcio- 
naron la educación que en aquella época de atraso re- 
cibían los hijos de las provincias centro-americanas. 
Jamás tuvo maestros que le enseñaran los diversos 
conocimientos que demostró en su carrera política, y 
pnede asegurarse, que el cultivo de su inteligencia lo 
debió á sus propios esfuerzos y á la constancia con 
que se dedicó al estudio privado de algunas materias 
útiles. 

El Jefe del Estado de Honduras, don Dionisio He- 
rrera, conociendo las felices disposiciones de Morazáu, 
lo hizo su Secretario general y lo llamó de esta mane- 
ra á que lo auxiliara en la organización del país, pa- 
sando poco después á ocupar una de las sillas del pri- 
mer consejo representativo del Estado. 

Cuando Milla sitiaba Comayagua, Morazán salió vo- 
luntariamente, en unión de los coroneles Díaz, Gutií'*- 
rrez y Márquez, á buscar algunas tropas para la defen- 
sa de la plaza; pero cuando ya tenía doscientos hom- 
bres, fueron sorprendidos por una partida federal, al 
mando del Teniente Coronel Hernández; y aunque re- 
chazaron el ataque, no pudieron evitar la dispersión 
de la tropa. 

Dirigiéronse entonces hacia el Salvador <'• ineorjK)- 
rados en una fuerza que mandaba Prado, no pudie- 
ron llegar á tiempo de auxiliar á Herrera, que había 



4H) HltíTülUA DE NICAKAOUA 



sido ya traicioDado y entregado por sus propios mili- 
tares. 

Morazáu uo pudo ver con indiferencia los excesos 
cometidos en Comayagua por las tropas vencedoras; 
y careciendo de elementos se dirigió á Nicaragua, en 
unión de los mismos Coroneles que lo habían antes 
acompañado. 

El auxilio enviado poT el Gobierno del Salvador, era 
tan pequeño, que tuvo que buscar su salvación diri- 
giéndose también al Estado de Nicaragua, en conoipa- 
nía de Morazán y demás jefes hondurenos; pero éstos 
se separaron en Oholuteca, al presenciar un asesinato 
cometido por la tropa en una persona inofensiva. So- 
licitaron, por esta causa, salvo-conducto del Coronel 
Milla, encargado del Poder en Honduras. 

Márquez, Gutiérrez y Díaz, no quisieron hacer oso 
del salvo- conducto, por desconfianza; pero Morazáu 
no vaciló en dirigirse al pueblo de Ojojona á reunirse 
con su familia. 

Diez horas después de su llegada, Morazán fué re- 
ducido á prisión, á pesar del salvo-conducto, y lleva- 
do á la cárcel de Tegucigalpa, de donde pudo evadir- 
se á los veintitrés días, con dirección á San Miguel. 

Estando en la Unión, entabló relaciones con don 
José Mariano Vidaurre, Enviado Extraordinario del 
Gobierno salvadoreño, para mediar en Nicaragua en 
la contienda de Cerda y Arguello. Vidaurre lo invi- 
tó á que lo acompañara, ofreciéndole interponer sus 
influencias para que en Nicaragua le dieran auxilio 
contra Milla. 

Encontrábase Morazáu en León, cuando el Coronel 
Ordóñoz efectuó bu famosa revolución del 12 de se- 
tiembre de 1827, contra el Vice- Jefe Arguello. Ordó- 
üez dio en el acto á Morazán ciento treinta y cinco 
militares de los que eran más adictos al Vice-Jefe, y 



CAP. IX. — APABECIMIENTO, ETC. 417 

con este auxilio y la columna salvadoreña que toda- 
vía encontró en Choluteca, organizó un regular ejér- 
cito, con el cual pudo oponerse á Milla en el cerro de 
la Trinidad y batirlo completamente el 10 de noviem- 
bre de 1827. 

A continuación, y sin enemigos que combatir, Mo- 
razáu se dirigió á Comayagua a reorganizar las auto- 
ridades del Estado. Reunido el Consejo, y no exis- 
tiendo Jefe, ni Vice-Jefe, recayó el mando en el con- 
sejero más antiguo que era el propio Morazán. 

Tan luego se supo en Guatemala la derrota de Mi- 
lla y la inauguración del nuevo Gobierno de Hondu- 
ras, se dio orden al Coronel Domínguez, para que de 
San Miguel se dirigiera inmediatamente sobre Coma- 
yagua. 

Morazán depositó el mando, y puesto al frente del 
ejército, fué á esperar á Domínguez en Texiguat. Este 
hizo una ligera incursión por los pueblos de la costa 
y regresó á San Miguel, de donde entró en pláticas 
con Morazán. 

Cuando tales acontecimientos se verificaban en Hon- 
duras, el General Merino desprestigiado y mal visto 
en San Salvador, pidió su retiro y regresaba á Guaya- 
quil en un buque que zarpó de Acajutla. El buque 
tuvo que entrar á la Unión, que se encontraba bajo 
la jurisdicción militar de Domínguez, y éste, al saber 
(jue allí iba el General Merino, lo hizo sacar y fusilar 
poco después. 

Semejante hecho injustificable, pue.st(> ([ue Merino 
uo era prisionero de guerra, ni se en3outraba en ser- 
vicio militar, ni podía mezclarse más en las (íontion- 
clas centro-americanas, desde que regresaba definiti- 
vamente á su país, indignó á Morazán, <|ue suspendió 
toda relación con Domínguez; y organizando una tuer- 
za de hondurenos y nicara^ienses, invadió el Salva- 

27 



418 IllSTüKlA DE NlCAKAGl A 



dor, eD auxilio del Gobierno de Prado, con quieu se 
puso previamente de acuerdo, para que lo reforzara 
con más tropas. 

De San Salvador fueron enviados trescientos hom- 
bres, alas órdenes del Coronel Santiago Eamírez; pero 
como esta pequeña fuei-za podía ser batida en el ca- 
mino, Morazán se movió precipitadamente de Loloti- 
que sobre el Lempa con ánimo de protegerla. La 
lluvia le impidió doblar la jornada y tuvo que pernoc- 
tar en la hacienda de Gualcho, punto militar bastan- 
te desventajoso. 

Domínguez, que andaba al asecho de la pequeña 
columna de Morazán, salió en pos de ella, y también por 
la lluvia tuvo que pernoctar á una legua de Gualcho. 

Al amanecer se hizo indispensable aceptar la acción ; 
y el genio militar de Morazán, suplió la desventaja 
del número y de la posición, derrotando completamen- 
te la lujosa y aguerrida división de Domínguez, en la 
cual se tenía tanta confianza, que llegaron con ella va- 
rias personas de San Miguel, invitadas á presenciar 
su indisputable triunfo. 

Ramírez, con la columna salvadoreña, que al oir el 
ruido de la acción precipitó su marcha para tomar par- 
te, llegó á tiempo todavía de perseguir á los dispersos. 

Cuando Arzú, que sitiaba la plaza de San Salvador, 
tuvo noticia del desastre de Domínguez, dejó la mitad 
de las fuerzas con el Coronel Montúfar, y con la otra 
mitad marchó sobre San Miguel á batir á Morazán; 
pero éste tuvo que internarse nuevamente á Hondu- 
ras á reorganizar su pequeña columna, muy reducida 
ya, á consecuencia del retiro de los v^oluntarios leo- 
neses. 

Reforzada convenientemente la división hondure- 
na, Morazán se dirigió á San Miguel ; pero el enemigo 
bastante reducido por las fiebres y temeroso de un f ra- 



CAP. IX. — APAKEOIMIENTO, KTC. 4l9 



caso, salió ea retirada buscaado el camino de Guate- 
mala. Alcanzado porMorazán, tuvo que capitular en 
San Antonio. 

Libre de enemigos a quienes combatir, Morazán se 
dirigió á San Salvador, que como se recordará, que- 
daba sitiado por el Coronel Montúfar; pero este Jefe 
fué también obligado á capitular, el 20 de setiembre 
de 1828, entregándose prisionero desde antes que lle- 
gara el vencedor de Gualcho. 

Sin pérdida de tiempo, Morazán se puso á la ca- 
beza del ejército salvadoreño, invadió á G-uatemala y 
tomó la capital el 13 de abril de 1829, sin que antes 
ni después de la toma se hubieran visto los incen- 
dios^ violaciones y saqueos, acostumbrados hasta en- 
tonceB. (1) 



(1) Lo8 enemigos de Morazán le acnsaron de haber violado in- 
motivada nen te la capitntaiáón, reduciendo. á prisión <i varias per- 
sonas, exigiendo de otras dinero y decretando coníiscaciones de 
bienes. Morazán en sus Mentor iaSj dice, que echando de menos 
setecientos fusiles que faltaban en el armamento de la plaza, con 
infracción del convenio, reclamó y protestó ; y que no habiendo 
sido atendido, declaró rota la capitulación. El Coronel Montúfar 
dice á su vez, que este fué un pretexto j pero el ano de 1829, esos 
setecientos fusiles los sacó Carrera de las bóvedas de Catedral v 
con ellos mismos se botó á Morazán. En cuanto á las contribu 
ciones y conñscaciones, dice Morazán que fueron actos indepen- 
dientes del Gobierno del Estado de Guatemala para hacerse de re- 
carsos en circunstancias extremas. Que el no podía inmiscuirse en 
aquellos asuntos de régimen interior de las autoridades del Estado. 

Agrega Morazán : ^' A nadie se castigó con la pena de muerte, 
ni se le exigió por mi parte ninguna clase de contribución. La 
capitulación fué religiosamente cumplida, aun después de haberse 
derogado. La obligación cedió entonces su lugar á la generosi- 
dad y no tuvo de qué arrepentirse. Y no se diga que faltaba san- 
gre que vengar, agravios que castigar y reparaciones (jue exigir.'' — 
(X. del A.) 



42U HI8T0K1A DE NICAKAGUA 



El Vice-Presidente Beltrauena, fué reducido á pri- 
8ÍÓD, lo mismo que las autoridades del Estado de Gua- 
temala; y poco después fueron expulsados del país, 
en unión de Arce, el Arzobispo y los frailes de Santo 
Domingo, San Francisco y la Recolección. 

Restauradas las antiguas autoridades y el Congreso, 
se hizo cargo de la Presidencia de la República don 
José Francisco Barrundia, en calidad de Senador más 
antiguo. 

Eran tantos los males recibidos de las comunidades 
eclesiásticas, que la Asamblea de Guatemala no vaci- 
ló en decretar la extinción de todos los conventos; de- 
terminación que aprobó el Congreso Federal, decla- 
rando que la Nación no admitía, ni reconocía en su 
seno orden alguna religiosa. 

A fines de 1829, ocurrió un levantamiento en Oían- 
oko y en Yoro contra el nuevo régimen. Morazán, ro- 
deado entonces de gi-andes prestigios, restableció el 
orden. 

En ese mismo ano, de acuerdo con Barrundia y con 
objeto de restablecer la paz, envió á don Dionisio He- 
rrera al teatro de las controversias nicaragüenses. 

Convocados los pueblos para practicar la elección 
de Presidente de la República, obtuvieron votos el Q^ 
ueral Morazán, don José del Valle, don José Francis- 
co Barrundia, don Antonio Rivera Cabezas y don Pe- 
dio Molina. 

El Congreso se reunió el 27 de marzo de 1830, y en 
junio del mismo año, declaró popularmente electos, 
para Presidente, al General Morazán, y para Vice, al 
señor Valle, los que tomaron posesión de sus destinos, 
en el inmediato 15 de setiembre. 



CAPÍTULO \ 

Aclinlnlstraclón de Herrera 
en NlcaragriiH 



actitud de Mamagua— ¿Quién fué Herrera?— Carácter de 
su administración— Le persiguen sus enemigos de Giia té- 
mala y Honduras — Clamor contra la Constitución— Reso- 
lución de la Asamblea — El Congreso Federal se niega— El 
" Toro Amarillo'* y sus doctrinas — Influencia de éste— Difí- 
cxiltades de Herrera— Sus militares — Oposición de Grana- 
da—Actas municipales — Renuncia Herrera— Conducta de 
la Asamblea — Insurrección general— Política de Herrera- 
Efectos que produce— Ataque de Managua— Medallas de 
Femeuado VII — Reacción monárquica— Falsas apariencias. 
Conducta equívoca de los partidos— Sublevación y desar- 
me de Rivas — Conducta humanitaria de Herrera— Aprueba 
la Asamblea sus procedimientos— Entusiasmo por Herre- 
ra — Anécdotas honrosas— La personalidad política del Jefe 
de Nicarag\ia— Su muerte y elogio postumo. 



Durante la administración del Consejero don Juan 
Espinosa, que fué de cuatro meses, el Estado de Nioa- 
ragua se mantuvo siempre en armas, á causa de (juo 
la Villa de Managua no quiso deponer las suyas, si- 
no hasta que el Jefe Herrera se hubo encargado di^l 
mando. 

Herrera fué un miembro importante del partido li- 
beral, y quizás el único hombre que i)or sus talentos 
y capacidades podía salvar á Nicaragua de la compita- 
ta ruina, en que le tenía sumido el desbordo dt» las 
malas pasiones. 

Aunque había estudiado en fluatemala, llernM'a \u\ 



/ 



422 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



bía formado su espíritu al lado de Goicoechea y Valle. 
"Desde muy joven leía los filósofos más profundos^ 
los genios de la Francia, la historia antigua. Su co- 
razón noble se había incendiado en las nociones de glo- 
ria y libertad. Su cabeza activa y fecunda combina- 
ba los grandes problemas de la legislación y la políti- 
ca. Su estudio privado, su trato íntimo con los dos 
grandes literatos, honor de su país, habían desarrolla- 
do en él un carácter de empresa, un talento de gobier- 
no, un tacto y conocimiento de los hombres y de los 
negocios." (1) 

Había sido anteriormente Jefe del Estado de Hon- 
duras, durante la administración federal del General 
Arce y sucumbido valientemente en defensa de sus 
principios, cuando el clero, auxiliado por Milla, quiso 
convertir aquel pueblo en feudo eclesiástico. 

La administración del Jefe Herrera fué de verdade- 
ra reparación para Nicaragua. Su política concilia- 
dora, al par que digna, su sagacidad para resolver las 
mayores dificultades y el tino admirable con que siem- 
pre se condujo, á pesar de los muchos obstáculos con 
que tropezó, fueron muy notables y hacen que toda- 
vía se la recuerde entre nosotros como un modelo de 
buen gobierno; 

Herrera, sin embargo, contaba con poderosos ene- 
migos en Guatemala y Honduras, especialmente en- 
tre el clero, y éstos llevaron sus inñuencias y trabajos 
á Nicaragua. 

En el año de 1832, fué general en Nicaragua el cla- 
mor, pidiendo la reforma de la Constitución federal. 
Cada cual le encontraba defectos bajo el punto de vis- 
ta que la examinaba: los centralistas, inculpando el 



(1) El Froffrcsoj número TJ, págioa 48 — Gojutepeqne — I85íl. 



CAP. X. — ADMINISTKACIÓN, ETC. 423 



sistema de gobierno que establecía; los federalistas 
quejándose de la debilidad en que dejaba al Gobierno 
general; los radicales, clamando por el establecimien- 
to de algunas medidas; los ultramontanos porque no 
se daba á la iglesia el primer lugar en la Nación ; y to- 
dos en general, censurando el que el Gobierno dispu- 
siera en absoluto de la alcabala marítima de los Esta- 
dos, única renta positiva en aquel entonces. 

El clamor constante en pro de la reforma, obligó al 
Jefe Herrera á convocar extraordinariamente la Asam- 
blea del Estado, para someter á su decisión el asunto 
que preocupaba los ánimos. 

El Cuerpo Legislativo, reunido en virtud do la con- 
vocatoria, tomó la iniciativa en consideración, y en tí 
de dicienabre del mismo año fué expedida una ley, ex- 
citando al Congreso Federal con objeto de que á la 
mayor brevedad dictase las providencias necesarias 
para la reforma de la Constitución. Al mismo tiem- 
po se declaraba que el Estado de Nicaragua resumía 
el poder soberano en todos los ramos de la adminis- 
tración y gobierno interior, mientras se llevaba á efec- 
to la reforma pedida. 

El Congreso Federal, atento al clamor de los Esta- 
dos, se ocupó preferentemente, á principios del año 
de 1833, en la formación de una ley de convocatoria 
para una Asamblea Constituyente ; pero el Doctor Gál- 
vez, hombre de gran influencia, miembro del mismo 
Congresp y caudillo liberal de Guatemala, se opuso te • 
nazraente, y desplegó tal influencia, que logró domi- 
nar el sentimiento general de la Representación y aho- 
gar en su cuna aquel pensamiento, que quizás habría 
salvado á Centro-América del fraccionamiento pos- 
terior. 

En esos mismos días circuló con gran profusión el 
célebre Toro Amarillo del ex-Marqués y Doctor don 



424 HISTOKIA DE NlCAliAGUA 



Juan José de Aycinena, entonces emigrado en los Es- 
tados-Unidos. El Toro Amarillo era un voluminoso 
folleto, titulado: "Reflexiones sobre reforma política 
en Centro- América j^ y se le dio aquel nombre, porque 
tenía la carátula de papel amarillo y por la furiosa 
embestida que daba al sistema federal, objeto de sn 
saña. Estaba escrito con bastante corrección y lleno 
de citas de obras desconocidas y de pasajes históricos, 
que lo hacían más del gusto de la época. 

Los argumentos del Doctor Aycinena venían á re- 
ducirse á un sofisma muy curioso. Pretendía el ex- 
Marqués que en Norte- América primero, habían exis- 
tido los Estados y después la confederación, y que en- 
tre nosotros se había procedido á la inversa, por lo 
cual teníamos que lamentar tantas desgracias. Pro- 
ponía en consecuencia, la ruptura del pacto y el que 
los Estados se organizaran separadamente y que des- 
pués volvieran á juntarse por voto espontáneo. 

Una importante Memoria sobre el canal inter-oceá- 
ni(io, que había escrito antes el Doctor Aycinena, lo 
había dado á conocer favorablemente en Centro- Amé- 
i'icn, en donde se le reputaba como un gran escritor. 
Esta circunstancia, unida á la de estar fechado el fo- 
lleto en los Estados-Unidos, dio al Toro Amariilo una 
importancia tan extraordinaria, que sus doctrinas se 
aceptaron por la generalidad, como si fueran un dog- 
ma de fe política. La fascinación fué tal, que el Doc- 
tor don Pedro Molina, con todo y ser un escritor dis- 
tinguido, quizás superior á Aycinena, declaró en El 
Federalista, que no había en la América-Central per- 
sona capaz de contestar aquel folleto. 

Tjas doctrinas políticas del ex-Marqués tuvieron 
mayor eco en Nicaragua que en cualquiera otro de los 
Estados, y á ellas se debió en gran parte las repetidas 
manifestaciones que hubo contra la Constitución, y 



CAP. X. — ADMINlSTlt ACIÓN, ETC. 42, 



el descrédito en que este código fundamental cayó en- 
tre nosotros. 

La resolución del Congreso Nacional, negándose por 
entonces á la convocatoria de una Asamblea Consti- 
tuyente, causó general desagrado y sirvió de pretexto 
á los opositores del Jefe Herrera, para organizar un 
fuelle partido de oposición en el departamento orien- 
tal y en todas sus dependencias políticas. 

Hay que convenir, sin embargo, en que la sabia ad- 
ministración de Herrera, aun cuando fué reorganiza- 
dora y moderada como ninguna de aquel tiempo, se 
resintió de un defecto, peculiar entonces á toda la 
América latina. Para subsistir, en medio de una so- 
ciedad incipiente, anarquizada en absoluto y falta de 
moralidad política, tuvo que apoyarse, ó mejor dicho, 
que dejarse apoyar en el militarismo, plaga funesta, 
que tan duramente ha pesado sobre nuestras jóvenes 
Repúblicas. 

El señor Herrera, hijo de otra sección de Centro- 
América, sin familia en Nicaragua, sin esas fuertes 
vinculaciones de los hijos de un mismo vecindario, 
ignorante desde luego, de nuestras interioridades y 
pequeneces, y además, hombre eminentemente civil, 
tuvo que valerse por necesidad de los jefes de armas 
de León y Granada, que eran los Coroneles don José 
Zepeda y don Cándido Flores, respectivamente. 

Zepeda era un hombre honrado, de carácter suave 
y de la misma escuela republicana del Jefe Herrera. 

Flores, aunque también honrado, tenía por desgra- 
cia esa vanidad é insolencia que caracteriza á algunos 
de nuestros militares, cuando se creen indispensables; 
y de ahí el que mandara en los departamentos del 
Oriente con un absolutismo contrario á la política de 
su Jefe. 

El absolutismo de Flores, fué un auxilio poderoso 



42(J HISTORIA DE NICARAGUA 



para la oposición. Esta, engrosada considerablemen- 
te con los orientales descontentos y considerándose 
bastante fuerte, derramó sus agentes por algunos pue- 
blos y logró que varias Municipalidades levantaran 
actas solemnes, en que se manifestaba al Jefe del Es- 
tado lo conveniente que creían para la felicidad de 
Nicaragua el que se retirara cuanto antes del puesto 
que ocupaba. 

Al recibir semejantes exposiciones. Herrera convo- 
có extraordinariamente á la Asamblea del Estado y 
presentó su dimisión. 

Como hemos dicho antes, la idea de reforma de la 
Constitución federal, era popularísima en Nicaragua. 
Se pensaba que con ella podría el Estado en lo suce- 
sivo disponer de la alcabala marítima, cuyo producto 
se exageraba, presentándolo como el único remedio 
para aliviar la penuria en que nos mantenían nues- 
tras constantes guerras y nuestra poca ó ninguna in- 
dustria. 

La oposición explotaba la credulidad pública y se- 
ñalaba como causante de nuestras desgracias al Pre- 
sidente de la Repiiblica, que lo era el General don 
Francisco Morazán, á quien acusaba de ser opositor á 
la reforma constitucional para enriquecerse con la ren- 
ta de los Estados; y como nadie ignoraba que el se- 
ñor Herrera era amigo íntimo, partidario y sostenedor 
entusiasta del General Morazán, resultaba que la pro- 
paganda reformista lo tomaba por blanco inmediato 
de su saña. 

El clero, por otra parte, no cesaba de predicar, le- 
vantando el fervor religioso y presentando como már- 
tires de la fe al Arzobispo Cassaus y á todos los miem- 
bros de las órdenes monásticas que fueron expulsados 
por el mismo General Morazán, á quien se presentaba 
í'oino á un moderno Diocleciano, sindicándolo de he- 



CAP. X. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 427 

reje y de masón. La propaganda clerical hería tam- 
bién de lleno al Jefe del Estado. 

La Asamblea, en cuyo seno había Representantes 
de todos los círculos, y en la cual se pusieron en jue- 
go la autoridad y las intrigas de éstos, expidió un de- 
creto el 19 de mayo de 1833, en que aceptaba la re- 
nuncia del Jefe Herrera. 

Tan luego fué conocida del pueblo de la capital la 
resolución del Poder Legislativo del Estado, se levan- 
tó en masa anunciando una nueva y sangrienta con- 
moción. 

La Asamblea, aterrada con los efectos del paso in- 
premeditado que diera y vuelta en sí por las indica- 
ciones de algunas personas respetables, tuvo el patrio- 
tismo de reconsiderar su acuerdo, cuatro días después, 
revocarlo y suplicar a Herrera que volviera á hacerse 
cargo del Poder Ejecutivo; revistiéndolo, además, de 
facultades extraordinarias para el mantenimiento del 
orden. 

Las poblaciones de Managua, Masaya, Metapa, Ma- 
tagalpa, Chocoyos, Nandaime, Rivas y San Jorge, que 
habían celebrado la caída de Herrera, se sintieron las- 
timadas en su amor propio, cuando lo vieron repues- 
to, y creyéndose en un caso extremo, levantaron el es- 
tandarte de la revolución. 

El incendio estalló terrible y amenazador por todas 
partes. El odio lugareño, el sentimiento religioso as- 
tutamente despertado, las ambiciones personales y 
otras cuantas miserias, servían de combustible á la 
llama revolucionaria, que por momentos crecía y ame- 
nazaba calcinarlo todo. 

Managua era el foco principal de la insurrección, 
acaudillada por el clérigo don José María Estrada, que 
como el Canónigo Irías en Honduras, olvidaba su mi- 
sión de paz, cegado poV la pasión política, para saeri- 



428 HISTOKIA DE NICAKAOUA 



liear el cordero de Dios en los altares de la implaca- 
ble Belona. 

Herrera, humanitario y prudente, quiso evitar la 
efusión de sangre y atraer á los descontentos por me- 
dio de la persuación. Con este fin publicó un mani- 
fiesto, haciendo presente la triste situación del país, 
excitando el patriotismo de todos para el restableci- 
miento del orden, ofreciendo que Nicaragua sería re- 
gida por el que los pueblos eligieran libremente; que 
había olvidado todo lo pasado; y que en el seno de 
la paz se harían las reformas que la mayoría indi- 
case. 

Los revolucionarios tradujeron por debilidad los 
ofrecimientos del Jefe y marcharon sobre León, pen- 
sando sorprender la plaza; pero Herrera estaba pre- 
venido y los batió completamente en la huerta de Del- 
gado, al rayar el alba del 19 de mayo de 1833, hacién- 
doles veintisiete muertos y un gran número de prisio- 
neros. 

Casi al mismo tiempo el Coronel Flores, con las tro- 
pas de Granada, que permanecían fieles al Gobierno, 
derrotó á los revolucionarios en las inmediaciones de 
Masaya. 

Aprovechando aquellos triunfos. Herrera repitió 
inútilmente sus proclamas ó indultos, publicó mani- 
fiestos, desmintiendo las falsedades con que se enga- 
ñaba á los pueblos para sublevarlos contra el Gobier- 
no y escribió é hizo escribir, multitud de cartas pri- 
vadas á los caudillos revolucionarios, pintándoles con 
energía las desgracias que ellos y todo el país sufrían 
con la prolongación de la guerra. 

No quedaba otro remedio que la vía de los hechos, 
y Herrera lo aceptó como un triste deber, dando or- 
den para que las tropas de León y Granada, mar- 
chasen en combinación sobre Managua. 



CAP. X. — ADMINISTRACIÓN, ETC. tí\) 



Antes de dar el ataque, hizo Herrera repetir sus of ro- 
cimientos é indultos. 

Comandaba el Coronel don José Zepeda y era Mayor 
General el de igual ^rado don Evaristo Berríos. La» 
tropas granadinas en número de doscientos hombres 
iban comandadas, como hemos dicho antes, por el Co- 
ronel don Cándido Flores v recibieron orden de ata- 
car por el lado de Tiscapa, mientras dos lanchas ca- 
ñoneras debían batir por el lado de la plaza. 

Distribuido convenientemente el resto del ejército, 
se dio el asalto el 30 de junio, siendo tomada la plaza 
después de un reñida fuego, en que llegó á combatir- 
se cuerpo á cuerpo y á bayonetazos. 

Estaban tan seguros del triunfo los revolucionarios, 
que tenían listas bombas, cohetes y otros preijarati- 
vos para festejarlo. Así es que su inesperada (hu*ro- 
t^ los abatió completamente. 

En la plaza, según se dijo en documentos oficiales, 
se encontraron miniaturas y bustos de Fernando Vil 
en carey, en oro, en plata y en cobre, con un letrero 
en tomo, que decía: " Viva Fernando VII, Rey de Ka- 
paña y de las Indias — Afw de 1828." En el reverso d(? 
algunas de ellas, se veía un clérigo en actitud de pre- 
dicar, con un letrero al pie, alusivo también á Fernan- 
do VH. 

El Jefe Herrera dio una proclama en Masaya á 1!) 
de julio de 1833, en la que hace presentes t^>da8 las ma- 
quinaciones de sus enemigos y anuncia que esas nu;- 
dallas y bustos iban á remitirse á todos los Estados 
de la Unión, para que Centro-América comprendiera 
el origen de la guerra, sus actores y el íin á que é8t^>H 
se dirigían. 

Algunos contemporáneos de aquellos sucesos han 
desmentido en estos últimoh tiempos la [iroclaniH 
del señor Herrera, en la parte relativa á Iuh nieíl;» 



430 IlISTOUTA DE NICAUAGUA 



lias (1) ; pero si atendemos á la respetabilidad del Jefe 
nicaragueuse y á que ea aquella fecha nadie lo cod- 
tradi jo, habrá que convenir eu que los que han tratado 
de rectificar sus palabras, treinta y dos años des- 
pués, no han estado bien informados. 

Nosotros, por el conocimiento que tenemos de las 
luchas civiles de nuestro pueblo, por el desenfado con 
que en esas horas angustiosas hemos visto á los eom- 
batientes echar mano de toda arma vedada que pue- 
da favorecerlos, creeríamos la de las medallas, ano 
cuando proviniera de persona menos autorizada que 
el señor Herrera, incapaz de una mentira en un docu- 
mento público y tratándose de enemigos vencidos, á 
quienes abrumó con su generosidad. Debemos sí, 
agregar, que aunque las apariencias presentaban el 
movimiento como una reacción en favor de la mo- 
narquía española, fué puramente local y motivado 
por las causas atrás expuestas. 

El régimen español tiene y ha tenido siempre ad- 
miradores en Nicaragua, por esa ley de las reacciones, 
que nos hace considerar lo pasado, como superior á 
lo presente; pero esas simpatías, que pudiéramos lla- 
mar platónicas, se han manifestado siempre, entre las 
clases más débiles de nuestra sociedad, que escarmen- 
tadas, y entonces más que ahora, con las desgracias 
que les acarreaban las continuadas guerras civiles, 
clamaban por el término de ellas, volviendo natural- 
mente los ojos á un pasado, que sólo conocían al tra- 
vés de una tradición desfigurada. 

Entonces, como después, alguno de los hombres pú- 



(1) Don Dionisio Chamorro en iv7 Diario Nicaragüense de 17 
de enero de 1885, fundándose en qae el Padre Estrada era lil>eral 
y no tenían influencia en (^1 los serviles de Onatemala— (N. del A.) 



CAP. X. — ADAÜxVlHTKAClÓN, ETC. 4ol 



bucos, en el calor de la lucha, explotaron imprudente- 
mente todo aquello que pudo engrosar sus filas. 

La historia moderna de Nicaragua presenta con fre- 
cuencia un gran número de anomalías, que no pue- 
den ser apreciadas de lejos. Muchas veces hemos vis- 
to, en distintas épocas y en movimientos revoluciona- 
rios del bando liberal, que mientras los caudillos prin- 
cipales desplegaban al viento la roja bandera del 93 y 
se sacrificaban en pos de ideales avanzados, los subal- 
ternos con escapularios y camándulas al cuello, levan- 
taban las masas en nombre de San Ignacio de Loyola, 
ofreciéndoles convertir á Nicaragua en una gran car- 
tuja y resucitar el tétrico reinado de la Inquisición. 

Aunque en 1829 se trabajó en Centro- América por 
promover un movimiento reaccionario en favor de Es- 
paña, que coincidiera con la expedición que ésta envió 
entonces á México para reconquistar estos países, en 
Nicaragua no encontró acogida, ni podía encontrar- 
la, desde que los distintos partidos, hombres y locali- 
dades que han intervenido en sus contiendas, han lle- 
vado en mira mandar en absoluto y nunca jamás de- 
pender de nadie y menos de un poder extraño, que 
tan ingratos recuerdos dejara. 

La toma de Managua sirvió para estimular más los 
sentimientos humanitarios del Jefe Herrera. Trasla- 
dado al teatro de los acontecimientos, dio un decreto 
de amnistía general para todos, restableció la Munici- 
palidad y autoridades, hizo devolver las armas de pro- 
piedad particular, puso en libertad á los prisioneros, 
hizo curar á los heridos enemigos con el mismo esme- 
ro que á los del gobierno, y prohibió toda clase de in- 
sultos y malos tratamientos para los vencidos. 

En el entre tanto, los principales caudillos de Ma- 
nagua, se dirigieron á Rivas y pusieron sobre las ar- 
mas el Departamento meridional. 



432 HISTORIA DE NICARAGUA 



Herrera hizo entonces elegir nuevas autoridades lo- 
cales en Managua, destruir las trincheras de la plaza 
y dictar otras medidas dé seguridad ; y en seguida pasó 
á Granada, de donde se puso en relaciones con los re- 
volucionarios de Rivas. 

Sus proclamas, su decreto de amnistía y sus com- 
portamientos con los vencidos, infundieron confianza 
en el ánimo de los rivenses que, escucharon gustosos 
las insinuaciones de paz y depusieron voluntariamen- 
te las armas. 

Restablecida la tranquilidad en las poblaciones prin- 
cipales del Estado, Herrera volvió á León el 31 de ju 
lio y fué recibido con loco entusiasmo por el pueblo 
de aquella ciudad. 

Dos (iuras mantenían aún levantada la bandera de 
la insurrección en el departamento de Segovia; pero 
rodeados por fuerzas muy superiores, se acogieron al 
decreto de amnistía, en 24 de setiembre, y fueron per- 
donados. 

La conducta de Herrera formaba verdadero con- 
traste con la que hasta entonces habían observado los 
gobernantes de Nicaragua. 

Tanto las autoridades españolas, como las del 
imperio mexicano y como el Jefe Cerda, vieron 
siempre en los desafectos, á rebeldes con quienes 
era depresivo tratar, y á quienes debía exterminar- 
se, por aquello de que "al miembro dañado hay que 
cortarlo." 

Herrera, hombre de elevada inteligencia, fué tole- 
rante con el derecho de insurrección, y sólo miró en 
los revolucionarios á hermanos extraviados, á quienes 
debía atraerse por el convencimiento. 

La imagen de la guerra, que como decía el General 
Arzú en 1827, tenía que ser representada por incen- 
dios, saqueos, asesinatos y violaciones, presentó en- 






CAP. X. — ^ADMINISTRACIÓN, ETC. 433 



touces una faz completamente distinta, é hizo ver que 
ese furor de exterminio y esa sed de sangre que erra- 
damente se ha querido atribuir al atraso de la épo- 
ca y á la perversión del pueblo, únicamente ha depen- 
dido de los caudillos que no han tenido energía para 
reprimirlos, ó que sin las virtudes del verdadero de- 
mócrata, han creído que sólo convirtiéndose en azote 
social pueden llevar á los pueblos por el camino del 
orden y del progreso. 

Reunida la Asamblea del Estado, el 21 de agosto del 
propio año, aprobó la conducta de Herrera y dio un 
decreto amenazando con el rigor de las leyes á todo 
el que desconociera su autoridad como Jefe. 

Sucedió entonces, que de todas partes del Estado ye 
levantaron actas y manifestaciones espontáneas, aplau- 
diendo las virtudes cívicas del eminente hombre de 
Est^o, que por primera vez hizo prácticas en Nica- 
ragua las más avanzadas teorías del credo democráti- 
co, enmedio de una atmósfera de pasiones desborda- 
das é intereses encontrados. 

Fué desde esa fecha don Dionioso Herrera, el hom- 
bre querido y respetado del pueblo nicaragüense, el 
modelo del gobernante virtuoso, que todos se compla- 
cían en admirar. 

Referíanse de él diferentes anécdotas, á cual más 
honrosas; y en actas y documentos públicos, se hizo 
mención con orgullo de que, cuando entró como ven- 
cedor a Managua, mandó quemar sin leerlos varios 
documentos que se le presentaron, asegurándole que 
en ellos constaban las maniobras y tendencií^s de sus 
vencidos enemigos. 

La administración de Herrera no volvió más á ser 
perturbada. El país gozó de tranquilidad ; y el comer- 
cio, la industria y la agricultura, cobraron algún alien- 
to y parecieron despertar del largo sueño, que le im- 

28 



-l:o4 HIS rOHIA DE NICAKAGUA 



pusieran nuestras continuas ó insensatas diseneiones 
civiles. (1) 

La personalidad política de don Dionisio Herrera, 
es muy simpática y hermosa para el pueblo de Nica- 
ragua. La radiante figura de aquel eminente repú- 
blico se destaca resplandeciente y pura del sangrien- 
to cuadro de nuestros primeros años de vida política, 
como una gloriosa revindicación de nuestro pueblo y 
de nuestras instituciones. 

El ánimo entristecido del historiador imparcial, que 
se ha visto obligado á descorrer el velo del olvido, que 
ocultaba á los ojos de las nuevas generaciones los de- 
saciertos de nuestra infancia política, se espacía y con- 



(1 ) Para mejor apreciar la obra de Herrera en Nicaragua, se 
liace ncceBario ceder la palabra al exaltado autor de las Memorias 
de Jalapa, don Manuel Montúfar, en los momentos en qae deste- 
rrado por el partido liberal de (4 ua témala, descargaba todas sns 
iras íJobre todos sus miembros. A pesar de la pasión, Montúfar 
so expresaba así : '• No es conocido el pormenor de estos aconteci- 
inientos, ni tampoco los medios empleados por Herrera para obte- 
ner un resultado tan satisfactorio : sean cuales fueran estos medios. 
Herrera hizo á la humanidad y al orden social un señalado servi- 
cio. .. . Llamada aquella sección de la América-Central á ser el 
primer Estado de la República, por los privilegios que debe á la 
Naturaleza el que, terminando una revolución inmoral y devas- 
tadora logre la estabilidad de un orden regularizado, merece sin 
duda, la misma gloria que el héroe que vedó á los cartagineses 
los sacrificios de sangre humana. Grande es. sin embargo, la em- 
presa y superior á los esfuerzos de un hombre común : tampoco 
encontrará colaboradores : todas las relaciones v los resortes so- 
ciales se han roto allí : toda la población ilustrada, negociadora é 
industriosa ha emigrado: el pueblo ha mudado de costumbres y 
do carácter : perdió su moralidad, el hábito de la obediencia y el 
amor á los trabajos honestos y reglados. La revolución de Nica- 
ragua tiene pocas analogías con la de los otros Estados de Centro- 
Amc'rica.-'— (Página 84, 2^. edición de 1853)— (N. del A.) 



CAÍ». X. — ADMIMSTKACIÓN, ETC. 435 



suela al encontrarse de pronto con un personaje de la 
talla de Herrera que, sobreponiéndose á las preocupa- 
ciones de su época y á los intereses del momento, apa- 
rece planteando con mano segura, pero con faz risue- 
ña, las instituciones liberales que hasta entonces sólo 
han brillado ó al través de las nieblas ó entre el fragor 
de las tempestades, y que combatidas por distintos y 
encontrados enemigos, no habían podido aún fecun- 
dar nuestro suelo con su amor. 

Las grandes revoluciones han producido también 
grandes hombres. Europa como América, al deplo- 
rar los extravíos y desbordes de sus pueblos en las ho- 
ras de suprema convulsión, han tenido el consuelo de 
ver surgir del torrente revolucionario hombres extra- 
ordinarios, seres excepcionales que, levantándose del 
común de los demás hombres y sobre las pasiones y 
miserias de éstos, han venido á ser los apóstoles ins- 
pirados de la buena-nueva. 

Al emanciparse Centro-América, contó también 
con el genio de grandes revolucionarios; y si Morazán 
con sus talentos militares. Valle y Larreinaga con su 
erudición, Molina con su ardor patriótico, Barrundia 
con sus escritos de fuego, ocupan el primer lugar en- 
tre los padres y fundadores de la patria; Herrera, obli- 
gado á figurar en apartadas regiones, es más modesto, 
pero no menos grande que aquellos. 

Don Dionisio Herrera perteneció á una familia dis- 
tinguida de Honduras, y gozó de una fortuna opulen - 
ta. La persecución y la desgracia que sufrió duran- 
te las primeras convulsiones de Centro- América, se 
agravaron sobre su persona, viendo desaparecer por 
la desvastacióu, sus bienes y sus ricas haciendas. 

Emigró de Honduras, casi en la miseria; y el hom- 
bre opulento y de una alta posición social, el que em- 
pleara toda su importancia política y sus raros talen- 



436 HISTORIA DE NICAKAOUA 



tos en el servicio de la patria, el que había regido los 
pueblos y establecido la ley y la justicia en Honduras 
y Nicaragua, el que se negó á servir la Jefatura del 
Estado del Salvador, se vio un día careciendo de pan 
y reducido a dirigir en la capital salvadoreña una tris- 
te y pobre escuela de primeras letras, con cuyo esca- 
so "sueldo se mantuvo en sus últimos años. 

Un día amaneció cerrada la escuela. El ahna del 
maestro había volado á la eternidad y su nombre aca- 
baba de ser recogido por la Historia, ufana de ador- 
nar con él la brillante página que le reservaba. 

Don Dionisio Herrerra murió en suma pobreza y 
rodeado de numerosa familin, el 13 de junio de 1850. 
Su entierro fué humilde, y á su sepulcro llegó á 
acompañarle, diez días después, su esposa, que no po- 
do resistir el pesar de aquella cruel separación. 

Cuando Barruiidia supo la muerte de Herrera, es- 
cribió Heno de dolor, en El Progreso de Coj ut^^peque. 

"¡Desapareció por último este veterano de la inde- 
pendencia, que existía como un monumento de la pri- 
mitiva gloria de la Nación y de sus vulneradas iusti- 
tucioijos! 

" Su elevado y eterno mausoleo está en la reorgani- 
zacióij de Nicaragua, está en su contienda gloriosa por 
las libertades públicas y en el sacrificio de todos sus 
intereses en las aras de la patria, arrostrando la pros- 
cripción y la miseria. Está en el corazón del patrio- 
tismo y de sus amigos." 



CAPÍTULO XI 

Administración presidencial del 

General Morazán 



Primeros pasos de la administración — Asalto de Omoa — 
Invasiones de Domínguez y Arce— Conducta h.ostil del jefe 
Cornejo — Derrota de Arce— Invade Morazáin el Salvador- 
Derrota y baptura de Cornejo— Derrotas de Domínguez y 
prisión de éste— Capitulación de Ramón GKizmán — Muere 
éste y Domínguez — Nuevas autoridades del Salvador — ^Tras- 
ládase á Cojutepoque la capital del Estado— Es nombrado 
Salazar para Vice- Presidente de la República— El Jefe San 
Martín bostiliza nuevamente á Morazán— Retírase éste con 
permiso — Conducta del Doctor Gálvez — El tercer partido- 
Trasládase la residencia de las autoridades federales á 
San Salvador— Conflicto con el Jefe San Martín— Alevosía 
de éste con un parlamentario— Ataque de San Salvador — 
Fuga de San Martín— Elección de Valle — Su muerte — Re- 
elección del General Morazán— Tendencias separatistas- 
Canal de Nicaragua— Nuevos folletos del Doctor Aycinena. 
Aparecimiento y lucha de Carrera— Ruptura del pacto— Tra- 
tado del " Rinconcito" — Estados de Los Altos — Terminación 
del período presidencial— Situación crítica de Morazán— 
Honduras y Nicaragua declaran la guerra al Salvador— Es 
electo Morazán Jefe del Salvador— Facción de Carrera— To- 
ma y pérdida de Guatemala— Regreso á San Salvador— Ex- 
patriación voluntaria del General Morazán— Su arribo á 
Puntarenas— Dificultades con Carrillo— Se dirige á Chiri- 
quí — Sufrimientos del pueblo salvadoreño. 



La administración presidencial del General Mora- 
zán fué bastante benéfica para Centro- América. 

Los primeros pasos del nuevo Gobierno se encami- 
naron á la creación de la hacienda pública, que no 
existía, y apartándose del odioso sistema de contribu- 



438 HISTORIA DE NICARAGUA 



ciones foreozas, ensayó la contratación de empréstitos 
voluntarios con el comercio, gravando las alcabalas 
marítimas. 

Procuró también Morazáu constituir legaciones eu 
las principales Cortes europeas y en los Estados- Uni- 
dos, y organizar el ejército y la administración inte- 
rior; pero pronto tuvo que abandonar sus labores para 
empuñar nuevamente la espada. 

El 21 de noviembre de 1831, fué asaltado el castillo 
de Omoa por Ramón Guzmán, agente del Arzobispo 
Cassaus, entonces administrador del obispado * de la 
Habana. Comandaba doscientos morenos, y al adue- 
üai'se del armamento y municiones de guerra, aumen- 
tó su columna á quinientos hombres. 

Poco días después, durante el mes de diciembre del 
mismo año, apareció el Coronel don Vicente Domín- 
guez, sorprendiendo el puerto de Trujillo con cien 
emigrados que se hallaban en Belice, y proclamando 
la guerra de exterminio contra Morazán y los que lo 
sostenían. 

Mientras así se llamaba la atención del Gobierno 
Fedeial por el lado del Norte, el ex-Presi dente don 
Manuel José Arce, reconciliado ya con los demás hom- 
bres que lo despojaron de la Presidencia, se puso á la 
cabeza del movimiento revolucionario y apareció en 
son de guerra por la frontera de México. La situa- 
ción, pues, se hacía cada vez más difícil. 

En una proclama que circuló en aquellos días, el Co- 
ronel Domínguez alardeaba de que los revolucionarios 
contaban con don José María Cornejo, Jefe del Esta- 
do del Salvado!-; y ya fuese por ella ó porque el Ge- 
neral Morazán deseara procurarse un centro más se- 
guro para sus operaciones, decretó inmediatitmente 
después la traslación de las autoridades federales á 
San Salvador, y se adelantó con un cuadro de diez y 



CAP. XI. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 439 



ocho oficiales solamente, para inspirar más confianza 
acerca de sus propósitos. 

La noticia de la traslación de las autoridades fede- 
rales, estalló en San Salvador como una bomba. Al te- 
mor que tenían los Estados al Gobierno Federal, con- 
siderándolo como una especie de cáncer para el lugar 
que lo asilaba, vinieron á juntarse en aquella ocasión 
los recelos, quizás no infundados, que abrigaba el Jefe 
Cornejo, de que aquel paso encerraba una amenaza 
para su gobierno por la complicidad que se lo supo- 
nía con Domínguez. 

Al llegar Morazán á Santa Ana, f uó detenido por el 
Capitán Vicente Villaseñor, que á la cabeza de cien 
hombres le intimó, en nombre del Jefe Cornejo, que 
desocupara inmediatamente el territorio salvadoreño. 

Morazán tuvo que contramarchar en el acto hasta 
el pueblo de Chingo, desde donde despachó oficiales á 
los Gobiernos de Honduras y Nicaragua, ordenándo- 
les que levantaran fuerzas, para ponerse á la cabeza 
de ellas y reducir á la obediencia al Jefe de Estado 
del Salvador. Los Gobiernos requeridos enviaron en 
el acto el contingente de hombres que se les pidió. 

La invasión del General Arce^^ mientras tanto, fué 
completamente deshecha en el^eblo de San Fran- 
cisco, el día 24 de febrero de 1832, por una columna 
expedicionaria al mando del Coronel Raoul. 

L;i Asamblea del Salvador, inspirada poi- el Jefe 
Cornejo y secundando el movimiento revolucionario 
de Arce, expidió un decreto fecha 7 de enero de 1832, 
declarándose separada de la federación de Centro- 
ALmerica. Cornejo hizo situar á continuación ocho- 
cientos hombres en Santa Ana, para oponerlo» á qui- 
nientos que el Jefe de Guatemala situó en el Chingo. 

Entre tanto, Morazán á la cabeza de laft fuerzan de 
Honduras y Nicaragua, penetró p^^r el departam^jnU^ 



4J:0 UISTOKIA DE NIÜAKAGÜA 



de San Miguel, y el 14 de marzo del mismo año, de- 
rrotó á las fuerzas salvadoreñas, que le salieron á su 
encuentro en el pueblo de Jocoro. Catorce días des- 
pués, Morazán tomaba la plaza de San Salvador, re- 
ducía á prisión á las autoridades del Estado y las ha- 
cía juzgar por el Jurado nacional. 

Deshecha la facción de Arce y pacificado el Salva- 
dor, pudo el Gobierno Federal aunar sus esfuerzos 
con los del Estado de Honduras, para combatir á Do- 
mínguez y á Guzmán, posesionados de la costA Norte. 

Domínguez, que se había internado, tuvo varios en- 
cuentros, en todos los cuales fué derrotado. El 5 de 
mayo de 1832, se vio por último obligado á huir defi- 
nitivamente en Opoteca, después de tres horas de fue- 
go, en que fué desbaratado en absoluto y perseguido 
en todas direcciones. Se le capturó poco después en 
las inmediaciones, en unión de algunos oficiales que 
le acompañaban. 

Quedaba en pie solamente Eamón Guzmán en el 
Castillo de Omoa, fortificación inexpugnable que, ade- 
más de mantenerse sostenida por considerable niime- 
ro de tropa, estaba en inmediata comunicación con 
la Habana, cuyo Gobernador auxiliaba á los revolu- 
cionarios con municiones de guerra y boca. Éstos 
celebraron una acta, el 10 de agosto de 1832, decla- 
rándose subditos del Eey de España, cuyo pabellón 
enarbolaron solemnemente. 

Sitiado el Castillo por tierra y agua, se agotaron las 
provisiones, y sus defensores, reducidos á la última 
extremidad, tuvieron que aceptar una capitulación 
con garantía de vida para todos, menos para su. Co- 
man dan te, que fué fusilado inmediatamente después 
por las espaldas, el día 13 de setiembre de 1832, como 
traidor á la causa republicana y á la independencia 
de Centro-América. 



CAP. XI. — ADMINISTKACIÓN, ETC. J41 



El Coronel don Vicente Domínguez, juzgado mili- 
tarmente en Comayagua y condenado á la última pe- 
na, subió también al patíbulo el día 14 de setiembre 
del mismo año. 

Convocados los pueblos del Salvador para la elec- 
ción de nuevas autoridades supremas, resultaron de- 
signados para ejercer el Poder Ejecutivo del Estado, 
don Mariano Prado, como Jefe y don Joaquín San 
Martín, como \^ice-Jefe, por el término de cuatro años. 

Una conmoción revolucionaria obligó al Jefe Prado 
á trasladar la capital á Cojutepeque el 31 de octubre 
del mismo año de 1832; y habiendo estallado una re- 
volución formal en el departamento de San Miguel y 
poco después el pronunciamiento del indígena Anas- 
tasio Aquino, Prado se vio obligado á separarse del 
mando, resignándolo en el Vice-Jefe San Martín. 

Prado era Vice-Presidente de la República y tuvo 
que renunciar de este puesto, para hacerse cargo del 
Gobierno del Salvador. Le reemplazó en la Vice-Pre- 
sidencia don José Gregorio Salazar. 

El Vice-Jefe San Martín pertenecía al partido opo- 
sitor al General Morazán y siguió las huellas de Cor- 
nejo, en su actitud hostil contra el Presidente de la 
República. 

La escasez de recursos obligó al General Morazán á 
trasladarse á la ciudad de Santa Ana, á recaudar 
deudas de la federación y á negociar fondos con los 
comerciantes de la plaza. 

San Martín aprovechó la ocasión, para hostilizarlo 
con distintos pretextos, hasta obligar al Jefe de la Re- 
pública, que contaba con escasa fuerza, á retirarse á 
las orillas de la laguna de Guija, de donde Morazán 
escribió, aceptando las bases de un arreglo que se le 
había propuesto. 

Que el Jefe de un Estado se opusiera al pase del 



442 HISTORIA deT nicaragua 



Presidente de la República, con las armas en la man^ 
ó que le impusiera condiciones, es cosa que en el díj 
apenas se concibe; pero que con el aborto constitu- 
cional federal, que regía entonces á Gen tro- América,^ 
resultó ser caso-frecuente y de casi todos los días. 

El General Morazán una vez de regreso en Guate 

mala, solicitó permiso para retirarse temporalmente á 
Honduras, y se dirigió á Comayagua como simple par- 
ticular. 

El Jefe del Estado de Guatemala era entonces el 
Doctor Gálvez, celebre liberal que había luchado siem- 
pre con valor y entereza al lado de los grandes caudi- 
llos del partido; pero el goce del poder dividió á los li- 
berales entre sí. Gálvez tuvo celo de Morazán, se res- 
frió la buena inteligencia de antaño y hubo verdade- 
ra escisión. 

Como sucede en tales casos, la fracción disidente 
quiso organizar un tercer partido, debilitó la agrupa- 
ción á que pertenecía, la minó en su base ; y cuando 
mecos se esperaba, el edificio se vino al suelo, aplas- 
tando también al zapador. 

Gálvez entró en relaciones con San Martín v ambos 
se unieron en lo privado, en el sentido de crear difi- 
cultades al Gobierno Federal. En lo público celebra- 
ron sus respectivos Gobiernos un tratado de alianza 
ofensiva y defensiva, que no revelaba nada en sus 
conceptos, salvo el hecho extraordinario de que dos 
estados de una misma nación, apareciesen tratando 
conáo soberanos y con entera independencia del Go- 
bierno general. 

La Asamblea de Guatemala rechazó el tratado á ins- 
tigaciones del mismo Gálvez, que amenazado con una 
invasión de los emigrados, comprendió que no era ese 
el momento de buscar cavilosidades para sus correli- 
gionarios. 



CAP. XI. — ADMINI8TKACIÓN, ETC. 443 



El 3 de febrero de 1833, el Doctor Grálvez, eu su Men- 
saje á la Asáml^Iea del Estado manifestó, que creía 
necesario que se pidiese al Congreso Nacional el que 
las Supremas Autoridades federales fijaran su resi- 
dencia fuera del territorio de Guatemala, sin que se 
entendiera que se trataba de un deseo poco atento 
con huéspedes tan respetables, sino de una necesidad 
imperiosa, reclamada por los pueblos. 

El Gobierno de la República no sólo era arrojado 
de uno de los Estados, sino que se le llamaba huésped 
en documentos oficiales j^ en la propia capital ! 

El Congreso Federal se disolvió el 8 de julio de 1833, 
autorizando al Poder Ejecutivo para que señalara uno 
de los pueblos del Estado del Salvador, para la reu- 
nión de la próxima legislatura. 

En virtud de esa autorización, el Vice- Jefe Salazar 
dio un decreto el 14 de octubre, por el cual señalaba 
la ciudad de Sonsonate, para la futura residenAa de 
las autoridades nacionales. 

El 6 de febrero de 1834, el Poder Ejecutivo Fede- 
ral se instaló solemnemente en su nueva residencia ; 
pero en el mes de junio inmediato, se trasladó á San 
Salvador, que fué desde entonces la capital de la Re- 
pública. 

El Jefe San Martín, que residía en Cojutepeque, no 
tardó en volver á las andadas con las autoridades fe- 
derales. 

En previsión de una próxima ruptura, el Jefe del 
Estado del Salvador pidió auxilios al de Guatemala, 
que era su aliado, para oponerse al Gobierno Federal ; 
al mismo tiempo que éste, como Jefe, demandaba del 
mismo iguales auxilios. 

Anomalías semejantes sólo en Centro-América po- 
dían verse, bajo el sistema federal de 1824. 

Gálvez,.que como dijimos atrás, había vuelto eu cier- 



444 1118T0KIA DE NICAKAGUA 



to modo sobre sus pasos, envió sus auxilios al Presiden- 
te de la República, y San Martín propjaso un arreglo. 

El Congreso Federal, reunido á la sazón en San Sal- 
vador, aprobó las bases del arreglo y las devolvió con- 
un porta- pliegos; pero al presentarse éste en Coju- 
tepeque, las fuerzas de San Martín le hicieron una 
descarga á quema-ropa que lo dejó muerto. 

El Vice-Presidente exigió como una reparación la 
entrega de los culpables; y San Martín por toda res- 
puesta envió, el 23 de junio de 1834, mil hombres so- 
bre San Salvador, al mando del Coronel José Dolores 
Castilla, que después de un vivísimo fuego de cinco 
horas, fué derrotado completamente. 

San Martín, con ciento cincuenta hombres, huyó 
hacia el departamento de San Miguel; pero en Jiqui- 
lisco se fortificó y logró aumentar á trescientos el nú- 
mero de sus soldados. 

Ldfe tropas federales, que venían en alcance del Je- 
fe salvadoreño, lo atacaron el 4 de julio del mismo 
año; y después de media hora de combate, lograron 
ponerlo en precipitada fuga, avanzándole hasta el ca- 
ballo que montaba. 

El Vice-Presidente do la República, se hizo cargo 
del Gobierno del Estado y reconstituyó el país. 

El 2 de junio de 1834, se practicaron las eleccione^i 
de Supremas Autoridades federales en todo Centro- 
América. El sufragio popular designó al Licenciado 
don José del Valle ; pero cuando el Congreso practicó 
el escrutinio, ya éste había muerto y tuvo que recaer 
la elección en el General Morazán, que después de 
Valle, fué el que obtuvo mayor número devotos. El 
Congreso eligió en seguida para Vice-Presidente a 
don José Gregorio Salazar, entonces encargado inte- 
rinamente del Poder por ausencia del General Mora- 
zán, y como Senador designado. 



CAP. XI. — ADMINISTKACIÜN, ETC. 445 



En 1835 y 1836, se acentuaron más las tendencias 
separatistas de ios Estados. Éstos convenían en for- 
mar parte de la República si se les concedía autono- 
mía política á cada uno de ellos y quedaba la Federa- 
ción tan sólo para mantener las relaciones exteriores. 

En medio de tantas dificultades, Morazán se fijó en 
el canal inter-oceánico á través del itsmo de Nicaragua. 

En el año de 1829, se había celebrado un contrato 
de excavación con el General A^erveer, representante 
del Rey Guillermo de Holanda ; pero en vísperas de 
llevarse á efecto, estalló la revolución de 1830, que se- 
paró la Bélgica de la Holanda, y el Rey Guillermo 
no pudo ocuparse más en el asunto. 

Morazán resolvió hacer el canal con recursos cen- 
tro-americanos. 

El Presidente federal expidió entonces un decreto, 
nombrando una comisión, compuesta de los ingenie- 
ros Baily y Batres, para hacer un estudio formal y 
minucioso do la ruta. 

Los estudios principiaron a verificarse en 1887, y 
concluyeron en el año de 1843, cuanda ya Morazán 
no existía. Los concluyó solamente Baily, por cuen- 
ta del Estado de Nicaragua, y han sido de mucha uti- 
lidad, como que contienen los primeros datos exactos 
sobre el canal inter-oceánico por nuestro territoriot 

En los años de 1833 y 1834, aparecieron dos nuevos 
folletos del Doctor Aycinena sobre el mismo tema del 
Toro Amarillo^ y reforzando los argumentos de éste ó 
insistiendo siempre en la necesidad perentoria de que 
los Estados se desunieran, para organizarse bien, y 
que una vez que esto se verificase, se unieran de nue- 
vo para formar la misma Repxiblica. 

Los folletos del Doctor Aycinena, que tanto entu- 
siasmo despertaban, los trabajos constantes de los 
agentes y amigos de los emigrados, las dificultades que 



rWG HISTOKIA DE NICAKAGLA 



se suscitaban diariamente entre el Gobierno Federal 
y el de los Estados por la deficencia de la Constitu- 
ción, la penuria general del país y el estado perma- 
nente de inquietud, habían desacreditado de tal ma- 
nera el sistema federal, que sólo bastaba un ligero im- 
pulso para que se derrumbara todo el edificio políti- 
co de 1823. 

En Guatemala fué reelecto para Jefe del Estado, 
en 1835, el Doctor tion Mariano Gal vez. Este perso- 
naje, aunque caudillo de la agrupación liberal de aquel 
Estado, gozaba de poca popularidad y no era bien 
quisto. Su impopularidad llegó á convertii*se en abo- 
rrecimiento, cuando imprudentemente decretó, en su 
segundo período administrativo, leyes que, como el 
Código de Levingston, la reglamentaria del matrimo- 
nio civil y otras, herían de lleno la superstición religiosa 
y las tradiciones coloniales del pueblo guatemalteco. 

La situación del Estado de Guatemala se hizo mas 
difícil con el ' aparecimiento del cólera morbo en el 
Santuario de Esquipulas, en donde se venera una ima- 
gen negra del Crucificado, que goza de mucha fama 
y que es visitada, en el mes de enero de cada año, por 
infinidad de gentes, que concurren de todas partes 
en romería religiosa. La aglomeración de tantísimo 
devoto, en una localidad pequeña, dio pábulo á la epi- 
demia, que se propagó con rapidez en todos los de- 
partamentos orientales del Estado. 

El Jefe Gálvez desplegó una actividad extraordina- 
ria combatiendo la epidemia del cólera. Todos los 
distritos invadidos fueron provistos de médicos y prac- 
ticantes con sus correspondientes botiquines; y mien- 
tras así se atendía á los apestados, el Gobierno acor- 
dó que las campanas no tocaran á muerto, que el viá- 
tico no saliera en público y que los enterramientos se 
hicieran sin pompa, para evitar que la consternación 



CAP. XI. — ADMINISTKAÜIÓN, ETC. 447 



creciera en los pueblos. Pero medidas tan justas 
como saludables fueron traducidas por los ánimos ya 
preocupados, como hostilidades al culto externo y co- 
mo prevención especial del Doctor Gálvez contra los 
que morían. Formáronse por doquiera reuniones re- 
volucionarias, entre las que sobresalió la de la Villa de 
Santa Rosa, distrito de Mita, el día 9 de junio de 1837. 

Las hordas indígenas, bastantes numerosas en aquel 
distrito, atribuyeron la epidemia del cólera á envene- 
namiento del agua de las cañerías, hecho por emisa- 
rios del Ejecutivo; y ciegas de furor y soliviantadas 
por algunos clérigos reaccionarios y por otras perso- 
nas enemigas del Jefe del Estado, se lanzaron resuel- 
tamente al campo de la guerra civil. 

El Gobierno de Guatemala envió tropas á sofocar 
el movimiento; pero aunque batían con éxito á los sub- 
levados, éstos se retiraban á las montañas y reapare- 
cían más fuertes y numerosos, cayendo como un 
torrente sobre las poblaciones indefensas, en las que 
cometían toda clase de excesos, haciendo verdadera 
guerra de castas y sembrando el terror y la desola- 
ción i)or todas partes. 

En esas hordas feroces logró sobresalir un joven in- 
dio, guardador de puercos de las montanas de Mi- 
ta, que respondía al nombre de Rafael Carrera y ten- 
dría entonces como veintitrés años de edad. PwiHto 
á la cabeza de la revolución indígena y auxiliado más 
tarde por todos los descontentos polítíc^^s que creye- 
ron servirse de él como de un instrumento mecánico, 
Carrera aumentó rápidamente «u pr^der ha^ta rrori ver- 
tirse en el arbitro de la suerte de Guatemala v en el 
puñal afilado con que el ex-3Iarqué« de Aycínena de- 
bía cortar el nudo federa! de Centro-Aínéríea, 

Al favor del deájconcíerto pro^lucido if^^r la revolu- 
ción indígena^ los advenfari^^ dH ÍV^^'tor (IkWinx^ en- 



448 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



tre quienes también figuraban Barrundia y otros li 
berales notables, insurreccionaron las poblaciones d< 
Antigua, Chiquimula y Salamá, y acometieron la pía -^ 
za de Guatemala en la noche del 29 de enero de 1838-.^ 
en número de ochocientos hombres. Después de al J 
gunas horas de lucha, se con vencieron, los revolucio- ^ 
narios de que con aquel número eran impotentes 
dar el asalto, y creyéndose perdidos ocurrieron en 
mala hora al medio extremo de llamar á CaiTeríi 
su auxilio. El caudillo de la montaña voló con sus 
hordas, comprendiendo muy bien que la ciega fortu- 
na le abría los brazos desde aquel momento. 

La plaza fué rendida el 31 de enero de 1838. El 
Jefe Gal vez depositó el mando en el Vice-Jefe don 
Pedro Valenzuela y huyó con una columna de tropa 
á los departamentos de Los Altos. 

Las hordas del moderno Alarico, seguidas de mu- 
chos clérigos corrompidos, sembraron el teiTor en la 
capital, ejecutando actos vaudálicos y asesinando, 
además, al Vicc-Presideiite de la República, don José 
Gregoro Salazar. Los .vecinos honrados y do alguna 
influencia, unidos 4 los revolucionarios, lograron con 
dificultad hacer salir á Carrera, a quien fué preciso 
remunerar pródigamente; y aunque se le halagó con 
la Comandancia de Mita, el caudillo de la montana 
no quiso aceptarla y siguió en sus correrías, engro- 
sando cuidadosamente sus filas por temor al General 
Morazán, cuya aparición so anunciaba. 

Tan luego se hizo público el resultado de la revolu- 
ción de Guatemala, el General Morazán determinó po- 
ner fin á ese tercer poder, que se llamaba Rafael Ca- 
rrera y que se alzaba siniestro, como verdadera ame- 
naza para la tranquilidad de la Nación. 

Levantó una columna á cuya cabeza se puso y se 
dirigió á Guatemala á marchas redobladas. 



CAP. XI. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 449 



En el camino encontró varias partidas enemigas y 
las deshizo, llegando de victoria en victoria hasta la 
antigna capital; y habría concluido para siempre con 
Carrera, si algunos clérigos y reaccionarios de influjo 
no se hubieran aprovechado de su ausencia, para ob- 
tener del CoDgi'eso de la Nación, reunido en San Sal- 
vador, el decreto de ruptura del Pacto Federal. 

Morazán tuvo que regresarse inmediatamente, y Ca- 
rrera con esto pudo con toda libertad organizarse 
de nuevo, amagando la plaza de Guatemala. 

En PetApa derrotó Carrera al Coronel Fonsoca, que 
le disputó el paso con trescientos hombres; pero en 
Quatemala le salió á su encuentro el General Salazar 
con setecientos, y fué vencido, á las cuatro de la ma-' 
nana del 11 de setiembre. 

El caudillo de la montaña era tenaz. Tenía en su 
favor al clero y á los vencidos de 1829, y disponía á 
su antojo de las hordas indígenas, que en Guatemala 
son numerosas. Volvió, pues, á aparecer con nuevas 
tropas; pero ya Morazán estaba de regreso y le hizo 
batir en todas partes. 

Nicaragua y Honduras, alucinados con las doctri- 
nas del Toro AinariUo^ habían proclamado su separa- 
ción del pacto federal iniciando el desgarramiento de 
la patria. Morazán tenía que atender de preferencia 
á aquel nuevo ataque, y se vio obligado á ratificar los 
tratados del "Rinconcito,'' celebrados entre Carrera y 
el General expedicionario don Agustín Guzmán. 

En esos tratados. Carrera se obligó á deponer las 
armas y á reconocer al Gobierno; comprometiéndose 
éste por su parte á conservarlo en el mando del dis- 
trito de Mita. Fueron firmados el 23 de diciembre 
de 1839. 

Antes de e«tos últimos acontecimientos, el 2 de fe 
brero de 1838, los departamentos de Los Altos se «e- 



JrOO HltíTüHIA DE NIOAKAGUA 



írregarou de Guatemala con el objeto de formar \\m ^^^ 
sexto Estado en la federación de Centro-América, 3^ ] 
establecieron un Gobierno, compuesto de los señore^-^^*^ 
Molina, Gálvez y Aguilar. 

El Congreso Nacional legitimó la segregación d< 
Los Altos, erigiéndolos en Estado independiente, poi 
decreto de 5 d^ junio de 1838. 

En febrero de 1839, expiró el período presidencia! 
del General Morazán; y como la mayor parte de loss 
Estados, se habían declarado soberanos, no se proce- 
dió á elecciones, teniendo que continuar los mismoi^^^ 
hombres al frente de los negocios. 

Los Estados de Honduras y Nicaragua, se aliaroin^^ ^^ 
•para hacer la guerra al Salvador, en donde, como he-^ 
mos dicho antes, existían aún las autoridades federa- 
les. El Vice-Presidente don Diego Vigil, encargadc:» -io 
de aquel simulacro de Gobierno, era en resumen cuan- .M^' 
to quedaba de ellas y quien se esforzaba por evitar Is^ '® 
ruptura absoluta del pacto, trabajando por la adop- ^^' 
ción de reformas que lo vigorizaran. 

La conducta de Honduras y Nicaragua, obligó á \s^^ ^^ 
Asamblea Legislativa del Salvador á dictar, con fech^ -*^ 
12 de febrero, un decreto por el cual ponía el Estadc^^ ^^ 
en actitud de defensa. 

A fines del mismo febrero, fué invadido el departa- 
mento de San Miguel por un ejército de mil nicara- 
güenses al mando del General don Bernardo Méndez^ 
que obraba en combinación con el General don Fran- 
cisco Ferrera, Jefe del Estado de Honduras y Coman- 
dante de otro ejército, que se dirigía á la frontera. 

El Gobierno del Salvador encomendó su defensa at -^' 
General Morazán . Éste reunió unos ochocientos hom- 
bres y marchó al encuentro de Ferrera. 

Combatían la federación los Estados ante dichos^ 
de acuerdo con el de Guatemala, y la sostenían los del 



SiB'i'KAUlON, KTC. 



451 



Salvador y Los Altos. Costa-Rica permauecÍA e^mo 
nsppptttílor impasible, esperando el resultado do la 
contienda, aunque desde el mes de noviembre de 
, había proclamado su separación. 

Iforazán, peleando siempre eou fuerzas muy infe- 
? en número á las de sus enemigos, derrotó á Pe- 

fra en Jiboa, el 28 de marzo de 18:iít; en el Espíritu 
í^anto, á orillas del Lempa, eUi de abril, un que su 
arrojo personal le ocasionó una herida, pero lo dio la 
^Uoria; y por último, en San Pedro Pernlapán, el 2ri 
^ftetiembre del mismo año. 

^Eabia sido electo Jefe del Estado del Salvador, el 
^fc julio de IKii), y cou nste carácter sostenía la gue- 
^Bqae ee hacía al mismo Estado, por ser el único sos» 
^Wdor de la causa federal. 

^■n el entretanto, Carrera que no tardó en violar los 
^■ados del "RineoDcito" apoyado por ol clero y In 
^Btocracia, ocupó la plaza de Guatemala el 13 de abril 
^H88!). y puso eu el Gobierno del Estado, á Rivera 
^K persona de su confianza, cuyo primer acto fué 
Hpnr al Arzobispo y restableceríais comunidades re- 
^Bsas 

^Harrera resolvió entonces atacar el Estado de Lo» 
^H>s, lo que verificó en febrero de 1840; y después 
^■laber batido las fuerzas que se le opusieron, reín- 
^Bporó los pueblos al Estado de Guatemala, come- 
^KdO| además, los mismos horrores fpie señalaban el 
^Hp del caudillo de In montaña. 

^BespQúí de la campaña contra Perrera, kc ocupaba 
^H mil dificultades Morarán en reorgnnizar su cjér- 
^K, cuando llegó ¿ su noticia la iuvasióu de Los Al- 
^Ky corrió eu auxilio de ellos con mil trescientos 
^Kbren. 

^Kacieado marcliog forzadas llegó á Guatemala el 18 
^Hnarzo y se apoderó violeníaniento df la plaza que 



I 



452 HISTORIA DE NICAUAOUA 



defendía Carrera; pero éste la contrasitió al sigaieote 
día, y después de veintidós horas de combate, obligó 
á Morazán á evacuarla, escapándose éste sigilosamen- 
te durante la noche, sin ser advertido. 

Cuando el General Morazán tomó la plaza de Gaa 
témala, celebró una acta la Municipalidad de Quezal- 
tenango, en que felicitaba al vencedor y proclamaba la 
autonomía del sexto Estado federal. Esta demostra- 
ción de simpatía incomodó á Carrera y trató de cas- 
tigarla, tan pronto como se vio libre de Morazán, di- 
rigiéndose con su ejército sobre la metrópoli altease. 

Los habitantes de Quezaltenango, faltos de armas 
y amedrentados, enviaron al encuentro del caudillo 
montañez una comisión respetable, compuesta del cu- 
ra don Ángel Ugarte y de los alcaldes don Roberto 
Molina y don José María Paz. 

Los comisionados se presentaron á Carrera, cuan- 
do éste iba de camino, y en nombre de la Municipa- 
lidad le pidieron perdón y le protestaron sus respetos 
y obediencia. Nada, sin embarco, bastó para aplacar 
al terrib^ caudillo, que encendiéndose más y más en 
ira, prorrumpió en juramentos y arremetió á sabla- 
zos cou los desgraciados parlamentarios, hiriéndolos 
cruelmente y haciéndolos conducir atados. 

Al entrar, poco después, á la pacífica y aterrada po- 
blación de Quezaltenango, mandó tocar á degüello é 
hizo dar lanzases á todo el que aparecía en las calles. 
Puso á continuación á rescate á los principales veci- 
nos, fusiló á más de cuarenta de éstos, incluyendo á 
todos los municipales, hizo saquear algunos almace- 
nes, y uniendo el cinismo á la crueldad, presenció las 
ejecuciones desde un balcón, punteando alegremente 
una guitarra, cuyos acordes se confundían con el es- 
truendo de las descargas de fusilería, que arrebata- 
ban la vida á tantos desgraciados. De esta cruel ma- 



CAP. XI. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 453 



ñera se ahogó eu sangre, por última vez, el deseo del 
Estado de Los Altos de ser aatónpmo é independieate. 

Las bajas del ejército de Morazán en su expedición 
á Guatemala, pasaron de quinientos hombres entre 
muertos y heridos. 

En la plaza de Ahuaehapáu, cerraban el paso de 
los salvadoreños, ochocientos partidarios de Carrera, 
bien fortificados y á las órdenes del Comandante de 
Jntiapa, don Manuel Figueroa. Cabanas los atacó 
con sólo cien de sus valientes soldados y logró poner- 
los en fuga. 

El General Morazán, con los restos de su destroza- 
do ejército, entró á San Salvador el 30 de marzo de 
1840, y jamás, ni en los días de su mayor poder, reci- 
.bió tantos y tan reiterados testimonios de aprecio y 
simpatías de aquel pueblo leal y adicto. Una concu- 
rrencia innumerable llenaba el camino desde Monse- 
rrate hasta la plaza principal; y al aparecimiento de 
Morazán, todos se descubrieron y corrieron á salu- 
darlo con la más viva y sincera emoción. 

"Un padre, dice un periódico de aquel tiempo, no 
hubiera sido recibido por sus hijos, con más respeto 
y ternura, después de una larga ausencia.'' 

Todo Centro- América se coaligó entonces contra el 
pequeño y exhausto Estado del Salvador. Morazán 
se opuso al sacrificio de aquel pueblo generoso y va- 
liente, y que tan adicto se le mostraba en la hora 
de su desgracia. 

Reunió, en el acto, una junta de notables, y signi- 
ficó ante ella, su determinación irrevocable de expa- 
triarse, para librar al Salvador de la guerra asoladora 
con que se le amenazaba, á causa del asilo que le ha- 
bía concedido. Resignó eu seguida el mando y se di- 
rigió al puerto de la Libertad, donde se embarcó en 
la goleta IzalcOj en los primeros días del mes de abril 



454 mSTOKIA DE NICAKAGÜA 



de 1840, seguido de treinta y seis de sus más adictos 
compañeros, que se resistieron á abandonarlo. (1) 

El 22 del mismo abril, arribó Morazán al puerto de 
Puntarenas, en el Estado de Costa-Rica, é inmediata- 
mente dirigió una comunicación al Gobierno, parti- 
cipándole su propósito de continuar su marcha para 
la América del Sur; pero suplicando el que se le per- 
mitiera dejar en Costa-Bica á algunos de sus compa- 
neros, que solicitaban permanecer asilados en el terri- 
torio, ó bien permiso para ir á Matina y buscar otro 
buque en quo conducirse, por la vía del Atlántico, que 
no fuera t^n pequeño y tan recargado de pasajeros 
como la goleta Izalco. 

El señor Lice^ciado don Braulio Canillo, Jefe en- 
tonces del Estado de Costa-Rica, hizo contestar á Mo- 
razán, que el Gobierno solamente podía conceder hos- 
pitalidad, bajo la garantía de su conducta, á los seño- 
res José Miguel Saravia, Gerardo Barrios, José Rosa- 
les, Mariano Quezada, Juan Orosco y Presbítero Isi- 
dro Menéndez: que los demás podrían pasar á Mati- 
na, bajo la misma garantía, no deteniéndose más de 
ocho días y presentándose al Gobierno, para que éste 
les señalara el punto de su residencia temporal; y que 
en cuanto á ios señores Diego Vigil, Miguel Alvarez y 



(1) Ho aquí lo3 nombres: Diego Vigil, José M. Silva, Mi- — 

guel Alvarez, Manuel Irungaray, Felipe Molina, Garlos SaUuar, .« 

Trinidad Cabanas, Enrique Rivas, Indalecio Cordero, José Mi- — 

guel Saravia, Máximo Cordero, Manuel A. Lazo, Máximo Orella- — 

na, Jofé J. Osejo, A. Rivera Salazar, Domingo Asturias, Jofé ^ 

M* Cacho, Manuel Merino, Rafael Padilla, Guillermo Qnintani- — 

lia, José Antonio Milla^ Gerardo Barrios, Dámaso Souza, José ^ 

M. Prado, José Rosales, José M. Cañas, Pedro Molina, Isidro • 
Menéndez, José Molina, Joaquín Rivera, Felipe Bulnes, Juan 
Orosco, Mariano Quesada, Agustín Gnzmán, José Antonio Rm'z 
y Francisco Gravcl — (N. del A.) 



CAP. XI. — ADMINISTKACIÓN, ETC. 455 



José María Silva, se hacía excepcióu absoluta, mani- 
festando qne si se atrevían á pisar el territorio, serían 
capturados y remitidos por cordilleras á las autorida- 
des del Salvador. 

Morazán no esperó más, y con todos sus compane- 
ros, se hizo á la vela para Chiriquí, en donde le aguar- 
daban ya su esposa y familia. 

Tan luego se fué Morazán del Salvador, se encargó 
del mando, el Consejero don José Antonio Cañas, que 
procuró hacer la paz con todos los Gobiernos de los 
demás Estados, entonces ya aplacados en su enojo. 

El Gobierno de Guatemala envió á San Salvador 
una comisión diplomático-militar, á cargo del Tenien- 
te General don Rafael Carrera y de don Joaquín Du- 
ran, y escoltada por un piquete de doscientos hombres. 

La Comisión verificó su entrada á las doce del día 
10 de mayo de 1840, siendo recibida con mucha so- 
lemnidad y bajo arcos triunfales, levantados en las 
calles de la antigua Cuscatlán. 

Los comisionados chapines trataron al Salvador co- 
mo á país vencido, imponiéndole un vergonzoso tra- 
tado, que comprometía al Gobierno á no poder ocu- 
par en los destinos públicos á ninguno de los funcio- 
narios militares que hubieran servido al General Mo 
razan, salvo que el Gobierno de Guatemala concedie- 
ra permiso. También quedaba comprometido á en- 
tregar á todas las personas, comprendidas en una lis- 
ta que presentarían los comisionados; á no consentir 
el regi'eso de ninguno de los emigrados, y á otras cuan- 
tas miserias por el mismo estilo. 

Carrera exigió previamente diez mil pesos para sus 
gastos; y como las cajas estaban exhaustas, hubo que 
derramar un empréstito forzoso. Éste, lo depresivo 
del tratado, los modales bruscos é insolentes ^del Te- 
niente General, los robos do caballos y algunos sa- 



45(5 HISTOKIA DE NICARAGUA 



queos ejecutedos poi* la escolta diplomática, y sobre 
todo, las escandalosas violaciones que tanto el jefe mi- 
litar comisionado, como sas subordinados, ejecutaron 
con algunas mujeres de San Salvador, irritaron de tal 
manera al pueblo, que rugiente y amenazador, se dis- 
ponía á lanzarse sobre sus opresores, cuando Cañas y 
Duran, para calmar la tempestad, hicieran salir pre- 
cipitadamente de la ciudad á Carrera y á sus soldados; 
terminándose así la misión pacificadora, encargada 
de hacer apurar el cáliz de la amargura al noble pue- 
blo salvadoreño. 



CAPÍTULO XII 

Ruptura del Pacto Federal 



Don Benito Morales se encarga del P oder Ejecutivo— Su- 
cédele Núñez— Sublevación de Cándido Flores— Conducta 
de Núñez — Comisionados federales— Decreto enérgico de 
Núfiez — Toma de Managua— Fusilaciones en Granada — 
Erupción del Cosigúina— Elección de Zepeda— Administra- 
ción benéfica de éste— Envía comisionados al General Mo- 
razán — Sublevación militar de "León — Asesinato del Jefe y 
de otras personas— Reasume Núñez el mando— Fusilación 
de Braiilio Mendiola— Reorganización del país— Es nom- 
brado Méndez, Comandante General — Recibimiento de los 
comisionados — Reconocimiento de la Asamblea— Nueva 
tentativa revolucionaria— Sepárase Núñez y le sucede Ji- 
ménez Rubio— Son electos Núñez y Cosió para Jefe y Vice- 
Jefe respectivamente — Toman posesión de sus destinos — 
Clamor contra la federación— La Asamblea convoca una 
Constituyente — Protestan Pineda y otros — Reúnese la 
Constituyente— Ruptura del Pacto Federal. 



Terminado el período constitucional del Jefe Herre- 
ra, se hizo cargo del Poder Ejecutivo, el Consejero don 
Benito Morales, hasta marzo de 1834 en que cesó su 
misión legal. 

El Consejo representativo del Estado dio un decre- 
to el 10 del propio mes, encargando provisionalmente 
del Mando Supremo, al Doctor don José Núñez, Presi- 
dente del mismo Consejo. 

El nombramiento de Núnez fué bien aceptado por 
la generalidad de los nicaragüenses; pero como el mi- 
litarismo y la anarquía estaban ya bastante aiyaiga- 
das en nuestro suelo, no faltó quien se sintiera lasti- 



458 HISTOKU DE NICAKAGÜA 



mado de no ocupar el lugar de Núñez; y como en aque- 
llos tiempos, con cualquier pretexto se levantaba al 
pueblo, el 29 de mayo de 1834 resonó nuevamente el 
grito de la guerra civil en los campos de batalla. 

Un militar aspirante, el Coronel don Cándido Flo- 
res encabezó el movimiento revolucionario en Metapa, 
al acostumbrado grito de reforma federal, y no tardó 
en ser apoyado por Granada, ya rival de León y que 
hacía propia toda causa que éste combatía. 

Núñez pertenecía á la escuela liberal de Herrera, y 
tomó todo empeño por evitar la efusión de sangre. Su 
tolerancia la llevó hasta el extremo de invitar al Go- 
bierno Federal para que enviase comisionados que 
oyesen las quejas de los disidentes y terminasen pací- 
ficamente las cuestiones. 

La Villa de Managua, antes foco revolucionario, se 
dirigió al Gobierno del Estado, protestando su adhe- 
sión y colocándose bajo el amparo de las autoridades 
legítimas. 

Núñez, para obsequiar los deseos de Managua, en- 
vió una fuerza con el fin de protegerla, pero los revo- 
lucionarios se anticiparon; y para evitar la efusión de 
sangre, el Jefe del Estado ordenó que la columna ex- 
pedicionaria contramarchara á León, en donde el Go- 
bierno continuaba en espectativa, aguardando la llega- 
da de los comisionados federales. 

Los revolucionarios con esa alucinación que les ca- 
racteriza, traducían la actitud pasiva del Jefe y sus 
medidas conciliadoras, como impotencia y debilidad. 

Algunos pueblos, sin embargo, se pusieron en abier- 
ta hostilidad con los sublevados, y la sangre nicara- 
güense corrió el 9 de julio en Estelí. Los revolucio- 
narios fueron derrotados, dejando diez muertos y un 
herido, sobre ol campo de batalla. 

Por fin llegaron los comisionados federales. Erau 



CAP. XII. — ^RUPTURA, ETC. 459 



dos miembros del Congreso, de Granada el uno y de 
León el otro. 

El granadino hizo propia la (íausa revolucionaria y 
el leonés la del Gobierno; resultando de aquí que en 
vez de arreglar, empeoraron la situación. 

Agotada la paciencia de Núüez, expidió el 4 de agos- 
to un decreto enérgico, previniendo á los sublevados 
que se rindieran, si no querían ser atacados por las 
fuerzas del Gobierno y castigados militarmente. 

El 13 de agosto fué tomada la plaza de Managua á 
viva fuerza, con bajas de veintidós muertos y veinti- 
séis heridos de ambas partes. 

Los deri'otados se dirigieron á Granada en el más 
completo desorden. A su llegada trataron de organi- 
zar la defensa de aquella plaza; pero convencidos de 
la inutilidad de sus esfuerzos, desistieron de toda ten- 
tativa en ese sentido y buscaron su salvación en la fu- 
ga. Flores y varios de sus amigos más comprometi- 
dos, trataron de ganar la frontera de Costa-Rica. 

Al desaparecer los jefes de la revolución, la plaza 
de Granada quedó enteramente acéfala y á discreción 
de una turba de soldados, que alentados par las cir- 
cunstancias, trataron de saquear algunas casas de ex- 
tranjeros, que creyeron ser las más ricas por su mejor 
apariencia. El Doctor Dribón, residente entonces en 
Granada, reunió en su casa á la colonia extranjera, y 
con ella bien armada, logró mantener á raya á la sol- 
dadesca durante toda la noche. La llegada de las tro- 
pas del Gobierno, que tuvo efecto el día siguiente, res- 
tableció de nuevo el orden. 

La guerra civil estaba terminada; solamente las pa- 
siones parecían más exaltadas que nunca. Los seño- 
res Roque y Ambrosio Souza, Francisco y Manuel 
Orosco, cabecillas principales del movimiento que aca- 
baba de fracasar, y á quienes se acusaba de ser los 



iGO HISTORIA DE NICAUAGUA 



— ^rr wfcg 



inspiradores del jefe militar rebelde, fueron desgra- 
ciadamente capturados en aquellos días, conducidos 
á Granada y sacrificados en aras del odio político de 
los vencedores. 

Núñez, á pesar de sus buenos sentimientos, tuvo la 
debilidad de ceder al torrente de las pasiones desen- 
cadenadas con la excitación de la lucha, y consentir 
en que durante su administración se erigiera el patí- 
bulo político en nombre de la ley y la justicia, para 
escarmentar á jóvenes apreciables, cuyo delito era en- 
tonces común á todos los centro-americanos que, aca- 
bando de despertar á la vida de hombre» libres, hacían 
un imprudente uso del derecho de insurrección. 

Afortunadamente la sangre derramada el 13 de se- 
tiembre de 1834 aplacó la sed de venganza ó hizo que 
Núñez volviera sobre sus pasos. Con efecto, convocó 
extraordinariamente la Asamblea del Estado, para dar 
le cuenta de sus actos, presentándole una iniciativa, 
que fué aprobada, y que concedía indulto incondicio- 
nal á todos los demás revolucionarios. 

Hemos visto desaparecer en mucha parte el carác- 
ter feroz de las contiendas civiles; pero si bien costa- 
ban menos sangra, tanto el Gobierno como los revolu- 
cionarios, las hacían pesar directamente sobre los pue- 
blos, á quienes se imponían crecidas contribuciones 
de guerra. Semejante carga, casi permanente, era in- 
soportable para una sociedad pobre como la de Nica- 
ragua. 

El 20 de enero de 1835 se verificó el acontecimiento 
extraordinario de la erupción del volcán de Cosigüina. 

Desde el primer día se oyeron en algunas poblacio- 
nes truenos lejanos y en otras se vieron, además, nu- 
barrones de fuego, que subían perpendicularmente y 
luego declinaban al Norte. 

En la capital, que entonces era León, y en los de- 



CAP. XII. — ^RÜPTÜRA, ETC. ' 461 



más pueblos del Estado, comenzó á cubrirso el cielo á 
la una de la madrugada del día 23, de una opacidad 
que por grados fué aumentándose, hasta á las once de 
la mañana, en que la obscuridad era absoluta, en me- 
dio de truenos horrísonos y de una lluvia de lava cal- 
cinada, que caía en forma de polvo finísimo. 

Un acontecimiento tan extraordinario como aquel, 
llenó de espanto á todos. Las masas corrían á los 
templos en demanda de la misericordia divina, mien- 
tras los clérigos les echaban absoluciones y les hacían 
creer que todo aquello era el desborde de la colera ce- 
leste. 

Núñez conservó su serenidad en aquella difícil si- 
tuación, y para contrastar el abatimiento del pueblo 
mandó echar á vuelo las campanas y á conjurar la 
tempestad con disparos de artillería y fusilería. 

Pueblos hubo, como los de Segovia, que permane- 
cieron en una obscuridad absoluta durante treinta y 
seis horas. Las cenizas del volcán llegaron hasta Ja- 
maica, Colombia y Oaxaca en Méjico, abrazando una 
área de terreno de más de 1500 millas de diámetro. 

El 21 de febrero de 1835 la Asamblea legislativa 
del Estado, declaró popularmente electos en diciem- 
bre anterior, para Jefe y Vice-Jefe respectivamente, 
á los señores don José Zepeda y don José Núñez. 

El nuevo Jefe era un patriota distinguido que ha- 
bía prestado importantes servicios á la causa de la li- 
bertad y alcanzado el grado de Coronel en los campos 
de bataUa. 

Zepeda tomó posesión de su elevado destino el 23 
de abril de 1835, y nombró inmediatamente Ministro 
general de su Gobierno, al señor don J. N. González, 
quien acababa de servir el mismo Ministerio general, 
bajo la administración de Núñez. 

Por renuncia de González, fué encargado del Minis- 



4G2 .lllSTUlllA L)E NICAUAGUA 



terio el célebre jurisconsulto leonés don Hermenegil- 
do Zepeda. 

La administración de don José Zepeda, fué una de 
las mejores de aquel tiempo; el complemento, pudie- 
ra decirse de la del Jefe Herrera, de tan grato re- 
cuerdo. 

Ayudado del Poder legislativo del Estado, Zepeda 
llevó á la práctica medidas muy importantes. 

Estableció, por vez primera entre nosotros^ el juicio 
por jurados, restableció el tribunal de cuentas, hizo 
reformar el defectuoso plan de hacienda pública, de- 
claró privilegiadas las demandas de agricultura, re- 
glamentó los procedimientos criminales, dotó la legis- 
lación con un buen Código Penal y prescribió que los 
clérigos, para ser ordenados, debían previamente ad- 
quirir grados universitarios. 

A Zepeda se debe también la fundación del primer 
periódico oficial con el nombre de Telégrafo Xicara- 
(fílense^ la organización de la Corte Suprema de Justi- 
cia, el restablecimiento de las Universidades de León 
y Granada, la reglamentación de la enseñanza en to- 
dos sus ramos, la apertura de escuelas y la prohibi- 
ción de portar armas, de que tanto abusaba el pueblo. 

El Coronel Zepeda había acompañado al General 
Morazán en los campos gloriosos de la Trinidad, Gual- 
cho, San Salvador y Olancho; se le consideraba el bra- 
zo derecho del poder federal en Nicaragua, y como á 
Herrera, se le creía identificado con el mismo General 
Morazán, entonces Presidente de Centro-América, 
A pesar, sin embargo, de todas estas circunstancias 
que podían enagenarle las simpatías del partido con- 
• trario a su elevación, el nuevo Jefe del Estado logró 
entenderse con él y obró de manera que su adminis- 
tración fuese bien aceptada por todos los pueblos. 

El Comandante General de las armas del Estado, 



CAP. XII. — UUPTUKA, ETC. itííf 



f»8cogido por Zepeda, fué el General don Román Va- 
lladares, sujeto bastante inteligente, que en sus cons- 
tantes emigraciones había ganado mucho en cultura 
7 en ideas políticas. 

Zepeda y Valladares, aunque militares de alto re- 
nombre, poseían todas las virtudes del verdadero re- 
publicano, y juntos se esforzaron en procurar á Nica- 
ragua un período, no solamente de descanso, sino tam- 
bién de reparación, en el sentido de constituirlo, ha- 
ciendo brillar el reinado de la ley. 

El clamor de reforma constitucional continuaba 
siendo la aspiración de los nicaragüenses y el caballo 
de batalla de todo descontento. Deseoso Zepeda de 
interpretar el sentimiento público y de arrebatar esa 
Etrma poderosa á los enemigos del orden, comisionó á 
los señores don José León Sandoval y don Narciso 
Espinosa, representantes de la Municipalidad de Gra- 
nada, que habían ido á hacerle reflexiones en el mis- 
mo sentido, para que fueran donde el General Mora- 
zán y también á su nombre lo convencieran de la ne- 
sesidad que había de llevar á efecto, cuanto antes, di- 
3ha reforma. El General Morazán por desgracia, con- 
testó aplazando esta medida para más tarde. 

La honrada y benéfica administración del seüor Ze- 
peda, que tanto prometía para la felicidad de Nicara- 
^a, duró apenas un año y nueve meses. 

El militarismo, ese cáncer roedor de las sociedades 
hispano- americanas, que veía muertas sus esperanzas 
son aquella administración, precursora de un largo 
período de paz, amenazante para sus aspiraciones, 
echó mano del recurso más extremo. Los Coroneles 
ion Bernardo Méndez y don Casto Fonseca, seguidos 
ie otros cuantos militares y conjurados, se apodera- 
ron de las armas de la capital, en la madrugada del 
25 de enero de 1837, y después hicieron prender al 



464 HISTORIA DE NICARAGUA 



Jefe del Estado, al Comandante General y 4 otras tan- 
tas personas, que dormían confiadamente en sus casas. 

Existía en la cárcel un famoso criminal, llamado 
Braulio Hendióla, á quien los revolucionarios dieron 
libertad, colocándolo á la cabeza de la escolta que de- 
bía hacer las capturas. El improvisado esbirro logró 
sorprender y conducir al cuartel al Jefe Zepeda, al 
Comandante Valladares, al Coronel don EvaristiO Be- 
rríos y á don Pascual Rivas. 

Al verse reunidos en el cuartel, Zepeda y sus com- 
pañeros cobraron valor y trataron de fugarse en la 
primera oportunidad que se les presentó. Zepeda, 
en la calle ya, recibió un balazo que le dirigió el cen- 
tinela, y caído mortalmente herido, fué rematado por 
un soldado que lo perseguía y que le disparó el fusil 
á quema-ropa; Berríos fué muerto más adelante, al 
doblar una esquina; y Valladares y Rivas, que no pu- 
dieron salir, encontraron la muerte en el mismo cuartel. 

Braulio Hendióla, convertido por las circunstancias 
en jefe del cuartal, quiso hacerse también caudillo de 
la revolución, y puesto á la cabeza de turbas desen- 
frenadas, recorrió en triunfo las calles de la ciudad, 
jjrofiriendo terribles amenazas contra los vencidos. 

Aquellos desórdenes impresionaron desagradable- 
mente á todos los vecinos honrados de la capital, sin 
distinción de colores políticos; y creyéndose amena- 
zados en sus vidas y propiedades, principiaron á mo- 
verse activamente en todas direcciones. 

Hendióla, mientras tanto, hizo llamar al Alcalde don 
Vicente Jerez y le previno la entrega de ocho mil pe- 
sos, dentro de dos horas, para repartirlos entre su 
gente. 

Jerez, que era un militar honrado y valiente, contes- 
tó á Hendióla con alguna energía, y alarmado con el 
peligro en que veía á la población, se dirigió á casa 



CAP. XII. — ^RUPTUKA, ETC. 4tír) 



del Vice-Jefe del Estado, Doctor don Josó Núfiez, a 
instarlo para qne asumiera el Poder Ejecutivo y sal- 
vara la situación con un golpe de audacia . 

El Vice-Jefe Núñez, que tampoco carecía de valor, 
no se hizo rogar mucho. Asumió resueltamente el 
carácter de Jefe del Estado, y como tal, ordenó al Al- 
calde Jerez, que también era jefe de la policía local, 
que sin pérdida de tiempo, capturase á Braulio Hen- 
dióla y lo fusilara en el acto. 

El Alcalde, con la actividad que demandaban las 
circunstancias, organizó una patrulla con los vecinos 
más resueltos*, y dirigiéndose al cuartel capturó atre- 
vidamente á Hendióla, se hizo reconocer como jefe 
militar, y sin pérdida de tiempo procedió al escarmien- 
to del culpable, haciéndolo pasar por las armaí^. 

Para completar la pacificación, hubo que transigir 
con los principales autores del movimiento, á quieues 
era imposible castigar entonces. Tratóse, pues, de 
reorganizar el Gobierno de la única manera posible. 
El Coronel Héndez, fué llamado á la Comandancia 
General, que ya tenía de hecho, mientras el Vice-Jefe 
procuraba á su vez reparar el desconcierto adminis- 
trativo y activar la reunión de la Asamblea, cuyos 
niiembros habían comenzado á llegar. 

El Comandante General Héndez, más conocido con 
el sobre-nombre de Pavo^ era la verdadera antítesis 
de su predecesor. Restableció el absolutismo militar, 
a despecho del Vice-Jefe Núñez, impotente para opo- 
nerse, como quizás deseara; despertó nuevamente los 
nial apagados odios locales; y convencido de que no 
podría merecer nunca las simpatías del Presidente de 
la República, por haber sido uno de los causantes de 
la muerte del Jefe Zepeda, dirigió sus esfuerzos á pro- 
curar la segregación política de Nicaragua. 

En circunstancias tan aciagas para los amigos del 



4G(> UlStüKlA bÜ MüAKAGUA 



General Morazáu, se presentaron en León los comisio 
nados Sandoval y Espinosa, de i*egreso del Salvadoi — 
trayendo la respuesta del Presidente de la República 
acerca de la reforma constitucional. Méndez reputa 
enemigos suyos á aquellos comisionados, los ultraj^^ 
les impuso una multa y los confinó á lugares distantes- . 

Reunida la Asamblea del Estado, recibió del Vice - 
Jefe Núñez, un informe detallado de los últimos su- 
cesos, y expidió un decreto muy honroso para el mis- 
mo Vice- Jefe, llamándolo salvador de la Patria y apro- 
bando y agradeciendo su conducta. 

En enero de 1838, hubo una nueva tentativa revo- 
lucionaria. Se procedió contra los conspiradores y 
se desterró á algunos de ellos. 

El Vice-eTefe tuvo que separarse del mando, y por 
determinación del Consejo, le sucedió en el ejercicio 
del Poder Ejecutivo, el Consejero don Francisco Ji- 
ménez Rubio. 

Practicadas las elecciones de Autoridades Supre- 
mas, resultaron popularmente electos Jefe y Vice-Jefe, 
respectivamente, los señores don José Núñez y don 
Joaquín de Cosió. 

Núñez tomó posesión del mando el 13 de marzo de 
18í)8, nombrando para Ministro general al Licencia- 
do don Pablo Buitrago, en subrogación de don José 
Dolores Flores. 

La anarquía constante, en que siempre se mantuvo 
Centro- América bajo el sistema federal, vino á justi- 
ficar la razón que en un principio tuvo el partido con- 
servador, para sostener con empeño la forma de go- 
bierno unitario; y decimos en un principio, porque 
después, obrando bajo la exaltación de la pasión polí- 
tica, cuando se vio en minoría en la Repiiblica, si com- 
batió (^1 sistema federal, fué ya con el propósito de 
fraccionar el país y hacer de rinatemala, en donde 



CAP. Xll. — RUPTURA, ETC. 467 



contaba con indisputable mayoría, una nación inde- 
pendiente, en la que podría mandar como mejor le 
pareciera. 

La federación, tal como se constituyó en Centro- 
América, tenía necesariamente que oonducir á la anar- 
quía y al fraccionamiento. 

Los partidos político» militantes, se han reprocha- 
do mutuamente el haber sido causa del fracciona- 
miento de la patria de 1821; pero el que estudie sin 
pasióii la historia de nuestro país, tiene necesariamen - 
te que convencerse de que ese acontecimiento des- 
graciado fué conseenencia necesaria del pésimo sis-. 
tema constitucional. 

El Poder Ejecutivo Federal fué con Arce un sar- 
casmo, y con Morazán habría sido lo mismo, sin el ge- 
nio militar y los grandes prestigios de aquel cau- 
diUo. 

Resultaba, pues, que sin un centro de unión fuerte 
y respetable, que pudiese operar -con hábil mano nues- 
tra transición del coloniaje á la vida independiente, 
tuvimos que caer en la anarquía y de ésta en el frac- 
cionamiento. 

Los Estados, sin respeto alguno al Gobierno, daban 
libremente rienda á sus pasiones, ora combatiéndose 
unos con otros, ora desgarrándose ellos mismos con 
guerras escandalosas que el Gobierno general tan solo 
podía lamentar. 

El clamor contra el sistema federal, origen primiti- 
vo de nuestros males, fué general y unísono en Cen- 
tro-América. Todos estaban conformes en reconocer 
que la Constitución contenía vicios radicales y que se 
hacía preciso reformarla; pero en la reforma que de- 
bía hacerse, entraba el desacuerdo, porque unos la 
querían en el sentido federal, otros en un gobierno 
central ó unitario, fraccionando todo el país en pe- 



4tí8 mSTOHIA DE NICABAGUA 



queños departamentos y otros en el de hacer naciones 
independientes de cada uno de los Estados. 

Reunida la Asamblea Legislativa de Nicaragua, co- 
mo hemos dicho antes; y tomadas en consideración 
las reflexiones anteriores y el empeño manifiesto del 
mismo Gobierno del Estado, acordó la convocatoria 
de una Asamblea Constituyente, para que reformara 
en su totalidad la Constitución del Estado é indicara 
la forma de gobierno que debía observarse. 

Los señores, Licenciado don Laureno Pineda y don 
Juan Ruiz, del partido de Granada, y don José Pérez, 
del partido de León, pero todos tres vecinos de Rivas, 
publicaron en seguida una exposición, demostrando 
que la Constituyente convocada no podía rever en su 
totalidad la Constitución del Estado, por alterar las 
bases que le trazó el Pacto Federal y que sólo era po- 
sible adicionar ó explicar algunos artículos; que la 
Constituyente, además, no sería legalmente electa por 
no estar de acuerdo con la Constitución, la forma en 
que iba á practicarse la elección de los Diputados. 

A pesar de todo, la elección se verificó, y la Consti 
tuyeiite se instaló solemnemente en la villa de Chi- 
nan log¿i el 1? de abril de 1838, bajo la presidencia del 
Presbítero don Pedro Solís. Figuraban entre sus 
miembros: don Hermenegildo Zepeda, don Pablo Bui- 
tiago, don Pío José Castellón, don Fruto Chamorro 
y otras cuantas personas de reconocida importancia. 

Al inaugurarse la Asamblea, su Presidente leyó un 
largo discurso reseñando con mano maestra las des- 
gracias de Nicaragua, y atribuyéndolas todas al siste- 
ma federal que regía. El gusto con que este discurso 
fué escuchado, puso de manifiesto que la nueva Cons- 
tituyente no tardaría en dar el golpe de gracia al bam- 
boleante edificio político de 1823 y 1824. 

Pocos días después la Constituyente acordó la con- 



CAP. XU.— BUla UHA, ETC\ 401) 



tinuación de sus trabajos eu la capital, y el 30 de abril 
de 1838, declaró solemnemente, que el Estado de Ni- 
caragua era libre, soberano é independiente de todo 
otro poder. 

Semejante resolución, que debió cubrir de eterno 
duelo el corazón de los nicaragüenses, fué calurosa- 
mente aplaudida de la generalidad, que pensó en su 
loco desvarío, que de esta manera se habían termina- 
do para siempre las guerras civiles y alcanzado la fe- 
licidad de la Patria. 



CAPITULO XIII 



Primero» directores de Estado 



La ruptura del Pacto— Degeneración de los partidos polí- 
ticos de Nicaragxia— Leoneses y granadinos — Morazán y la 
federación en Nicau^agua — Popularidad de la segregación 
de Nicaü?agua— Festejos que se hicieron— Constitución de 
1838— Disposición del Congreso Federal— Tratados con Hon- 
duras — Invasión al Salvador— Victoria del Jicaral— Desas- 
tre de Jiboa — Batalla del Espíritu Santo — Regreso y muer - 
te de Méndez— Batalla de San Pedro Perulapán— Tratados 
con Guatemala— Solicitud á Mr. Cliatíield— Nuevos refuer- 
zos para Honduras— Término de la guerra— Hostilidades del 
Superintendente inglés— Actitud de GKiatemala y Hondu- 
ras — La Constitución de Nicaragua — Gobernantes interinos. 
Elección de Buitrago — Su administración — Con vene ion 
de Chinandega — Sus resoluciones — Reaparecimiento de Mo- 
razán — Su expedición á Costa-Rica — Se encarga del Poder 
Ejecutivo— Sublevación popular — Caída y muerte de Mora- 
zán — Episodio de Saget — Regreso al Salvador — Actitud de 
Buitrago — Termina el período de éste, y le sucede el Sena- 
dor Orosco. 



La ruptura del Pacto Federal en Nicaragua, fué 
obra de la Asamblea Constituyente del Estado; pero 
esta obra, justo es decirlo, era entonces la aspiración 
de casi todo el país. 

Los partidos políticos de Nicaragua, habían dege- 
nerado mucho en sus contiendas. No se discutían 
principios democráticos, porque sin excepción, todos 
eran entusiasta^j partidarios del credo republicano, en 
tanto cuanto se conformaba con el catolicismo, del 
que también eran fervientes sostenedores. 



472 HISTOKIA DE NICAKAGÜA 



Discutíanse solamente los méritos de tal ó cual eau- 
(lillejo, la manera de enfrenar ó extender el dominio 
del sable, y si deberían tener el mando los hombres 
de León ó los de Granada, que constituían el antago- 
nismo político-local de aquellos tiempos. 

León contaba con el Obispo y con el Cabildo Ecle- 
siástico; pero todo leonés, por el hecho de pertenecer 
á la localidad, se consideraba liberal desde su naci- 
miento. 

Granada, la poderosa rival de León, era por razón 
del antagonismo, el centro del partido contrario. En 
consecuencia, todo granadino, desde la cuna, era con- 
siderado como conservador hasta la muerte. 

Los pueblos del Estado observaban la misma rigu- 
rosa clasificación, y pertenecían ciegamente á Grana- 
da ó á León, estando prontos á derramar su sangre 
on defensa de una ú otra ciudad. 

Morazán era querido de los nicaragüenses; pero sns 
persecuciones al Arzobispo y á las autoridades reli- 
giosas, le merecieron el dictado de hereje, y tuvo ne- 
cesariamente que perder sus prestigios en un pueblo 
esencialmente religioso. 

La federación contaba también con grandes simpa- 
tías; pero como durante rigió no hubo un día de paz, 
se culpó al sistema de gobierno, y se acogieron con 
gusto y entusiasmo los sofismas del ex-Marqués de 
Ay ciñen a. 

La rivalidad entre León y Granada, por otra part^, 
hacía más aceptable la idea de la segregación de Nica- 
ragua. Los unos y los otros pensaban, que entrega- 
dos á sus propias fuerzas, vencerían fácilmente á sus 
rivales y se adueñarían para siempre del gobierno del 
país. 

Aquellos partidos raquíticos y embrionarios, no po- 
dían vei* más allá de sus fronteras. Preocupados con 



CAP. Xlli. — PKlMKKüS DlHtíCTUKES, KOT. 47;) 



sas agitadas cuestiones del momento, hacían de su li- 
beilad el mismo uso que un niño en sus primeros anos. 

No faltaron, empero, en el seno de ambos partidos, 
excepciones muy contadas, que censuraron aquel pa- 
so impremeditado; pero sus voces aisladas no tuvie- 
ron eco ni podían haberse oído en un día de confusión 
y loco entusiasmo. Tanto en León como en Grana- 
da, se celebró con delirio la ruptura del Pacto Fede- 
ral; y por más de treinta años consecutivos, gobier- 
nos de León y de Granada, celebraron oficialmente el 
30 de abril, aniversario de aquel nefasto acontecimien- 
tOy con las mismas solemnidades que el 15 de setiem- 
bre, aniversario de nuestra emancipación de España. 

Los nombres que tomaban aquellos partidos, indi- 
caban claramente lo que eran en sí. Desnudos // Me- 
chudos^ Timhucos y Calandracas^ fueron, lo mismo que 
otros nombres por el estilo, los que designaron á leo- 
neses y granadinos, semejantes en sus odios y tena- 
cidades á los güelfos y gibelinos de Italia. 

Nicaragua procedió á darse una nueva Constitución; 
y al efecto la misma Asamblea Constituyente que des- 
garrara la unidad de la patria, nos dotó do una Carta 
Fundamental tan libérrima, que pecó por extremada. 

El Congreso Federal de San Salvador, sugestiona- 
do por los separatistas, que aprovecharon la ausencia 
de Morazán, decretó en 30 de mayo siguiente la libei- 
tad de los Estados, para constituirse como lo tuvieran 
por conveniente, sancionando de esta manera la de- 
claración nicaragüense de 30 de abril. 

En uso de su soberanía, Nicaragua celebró su pri- 
mer tratado el 18 de enero de 1839, con el Gobierno 
de Honduras, pactando una alianza ofensiva y defen- 
siva, para sostener su independencia y autonomía. 
En virtud de este tratado, se declaró la guerra al Sal- 
vador. 



474 HISTOKIA D£ NiCAKAGÜA 



Nuestras f uerzas, en número de mil y pico de hom- 
bres y á las órdenes del Comandante General del Es- 
tado, don Bernardo Méndez, que quiso mandarlas per- 
sonalmente, avanzaron sobre el territorio de Honda- 
ras en los primeros días del mes de febrero de 1838. 

El 10 del mismo mes, llegaron á Ckoluteca, en cuyo 
lugar recibió el jefe expedicionario una comunica- 
ción del Ministro general del Salvador, interpelándo- 
lo acerca del punto á dónde se dirigía y del objeto 
que llevaba en mira. Méndez contestó en el acto, 
manifestando que él era subalterno de los Gobiernos 
soberanos de Nicaragua y Honduras, y que como tal, 
consideraba demente al Gobernante extraño que inte- 
rrogaba á un militar acerca de las operaciones qne 
iba á practicar; que él iba á vencer al Gobernante sal- 
vadoreño, para librar á los pueblos que mantenía 
oprimidos, y plantear en seguida un Gobierno de jus- 
ticia, libre é independiente. 

A pesar del estilo insolente y grosero del jefe expe- 
dicionario de Nicaragua, el Gobierno del Salvador 
nombró un comisionado para que tratase de conte- 
nerlo y arreglar la paz. 

Don Antonio J. Cañas, que fué el designado, se pu- 
so en camino, y al llegar á San Miguel dirigió á Mén- 
dez una comunicaciÓD, fecha 24 del mismo mes de fe- 
brero, haciéndole una larga exposición, que llevaba por 
objeto demostrarle, que siendo el móvil de la guerra 
la reforma de la constitución federal, el Estado del Sal- 
vador se hallaba de acuerdo con ese paso y había adop- 
tado el decreto del Congi-eso, convocando una conven- 
ción de los Estados. Agregaba también Cañas, que 
el Salvador reconocía el derecho que tenían los Esta- 
dos para constituirse como mejor quisieran, y que en 
cuanto á la presencia del Gobierno federal en el terri- 
torio, existía como un simulacro y por un resto de 



CAP. XIII. — P&IM£KOS DIHE0T0BE8, ETC. 475 

^DsideraciÓD de los Estados, que aun no habían crei- 

conveniente su desaparición. Concluía acompa- 
sando un pliego para el Ministro general del Gobier- 
no de Nicaragua. 

Méndez, que no había interrumpido su marcha, 
fontestó el 26 de febrero, desde el pueblo de Santa 
íosa, territorio salvadoreño, significando que ól no 
ba de guerra contra nadie determinadamente y que 
u Gobierno lo mandaba con aquel ejército á invadir 

1 Salvador, para proteger los pronunciamientos que 
ubiera en favor de la derogatoria de la Constitución. 

El comisionado Cañas volvió á dirigise a Méndez, 
on fecha 28 del propio mes de febrero, haciéndole 
resente la extrañeza que le causaba el que coiitinua- 
i siempre avanzando sobre el territorio salvadoreño, 
n previa declaratoria de guerra y sin detenerse á oir 
í8 proposiciones do arreglo. 

Méndez se apoderó de San Miguel, y de allí contes- 
> por última vez á Cañas, con fecha 19 de marzo si- 
uiente, manifestándole que no podrían entrai* en arn»- 
lo alguno, porque lejois de evacuar el territorio sal- 
adoreño, pensaba estar en breve en la capital, para 
lestruir hasta el último resto de nacionalidad ó fede- 
^ción. " En este caso, agregaba Méndez, el Gobier- 
no del Salvador será anuente ú opuesto: si lo prinx;- 
o, como verdadero reformista recibirá amigablemeii- 
^ al ejército de Nicaragua, uniendo sus esfuerzos; y 
^i lo segundo, abiertas están las hostilidades con el 
Gobierno que, separándose de la opinión general di* 
^pueblos, quiere conservarlo que ellos detestan.'' 

El 14 del mismo mes de marzo, llegó a La Unión fl 
epatado don Sebastián Salinas, Enviado Kxtraordi- 
liirio del Gobierno de Nicaragua y (.UmiWiouinhf l*;i- 
ificador. Su Secretario don Liberato Abarca .se di- 
\gi6 en el mismo día al Gobierno salvadoreño, f^arti- 



J:7G UISTOUIA DE NICAKAUÜA 



cipándole su llegada y la de su jef^, y manifestánd 
que el objeto de la guerra era procurar la libertad 
Estado del Salvador^ haciéndolo nación soberana é 
dependiente. Siguióse una larga é importante cor 
pondencia diplomática, aunque desgraciadamente 
resultado práctico. 

Mientras tanto, el General Morazán, á quien el ( 
bierno del Salvador había encomendado la defe 
del Estado, reunió con dificultad unos ochocien 
hombres y se situó con ellos en la hacienda "í 
Francisco" del distrito de Sensuntepeque, á inmec 
ciones del río Lempa, cuyo paso se proponía dispi 
á los ejércitos aliados de Honduras y Nicaragua. 

El General Ferrera, á la cabeza de un lucido ejéi 
to, se acercaba precipitadamente á la frontera sal 
doreña, en combinación con Méndez. Morazán qi 
darle una sorpresa y para esto se adelantó con la : 
tad de su escasa fuerza, dejando en ^^San Franeis 
á su segundo el Coronel Benítez con el resto, cen 
do el paso al ejército nicaragüense. 

Méndez, que tuvo noticia del movimiento de Me 
zán, atravesó el Lempa y cayó sobre Benítez el díi 
de marzo de 1839, derrotándolo en las llanuras 
Jicaral. 

La noticia del desastre de Benítez, obligó á Mora 
á contramarchar inmediatamente para cuidar d 
defensa del Estado. Reunió los restos dispersos d 
columna derrotada y se dirigió en pos del ejército 
caragüeuse, cuya vanguardia, á las órdenes del seg 
do jefe expedicionario. Coronel don Manuel Quija 
había ocupado San Vicente y avanzaba sobre d 
tepeque. 

El 28 de marzo del mismo año, se adelantó el C( 
nel Benítez con una sección de cazadores y alcaní 
Quijano en las lomas de Jiboa, tomando el desqi 



CAP. XIII. — ^PRIMEBÜS DlliECTOltES, ETC. 477 



iGSLBO del Jicara!, haciéndole sesenta muertos. El 
dor pndo con dificultad reincorporarse al cuar- 
Qeral salvadoreño. 

razan se dirigió a Cojutepeque, para tomar algúu 
nso y engrosar su debilitada columna. Mientras 
reunidos ya los ejércitos de Honduras y Nica- 
, avanzaban como un torrente irresistible, ca- 
ldo á marchas redobladas sobre San Salvador. 
; momentos eran supremos y toda demora podía 
ital. Morazán lo comprendió así, y levantando 
anma de seiscientos hombres, fué con aquella 
»ña fuerza á disputarles el paso, situándose en la 
ida del "Espíritu Santo,'' en donde no tardó en 
ríosamente atacado por ambos ejércitos el día (J 
ril de 1839. 

lesar de la desigualdad u umérica, Morazán se de- 
S con tal heroísmo y estrategia, que logró una 
leta victoria. Benítez murió en la refriega; Mo- 

y Cabanas fueron heridos; el campo de batalla 
rio quedó de cadáveres; pero el territorio del 
dor se vio por entonces libre de enemigos y el 
aero de Gobierno federal pudo aún subsistir al- 
í días más. 

adez regresó á León con todo el desprestigio de 
igracia. Sus enemigos, que no eran pocos, apro- 
aron la oportunidad para quitarlo de la Coman- 
a general, en la que colocaron al Coronel don 

Fouseca. Reducido á prisión, poco después, se 
litio, para que lo confinara á San Juan del Xor- 
Jefe Político de Granada, don Narciso Espino- 
mismo á quien Méndez ultrajó tanto, por haber 
^misionado de Zepeda. 

bable es que se haya tomado eu cuenta la eno- 
1 de Espinosa, para entregarle de esa manera al 
U3Íado Méndez ; pero con sorpresa de éste, la 



478 HlsruliU DE NlCAHAGUA 



venganza de su enemigo se redujo á abrumarlo con 
actos de generosidad, hasta proporcionarle de su pro- 
pia casa alimentos y cuanto más necesitaba para k 
subsistencia. Como Méndez llegó enfermo y despro- 
visto de todo, Espinosa, contrariando sus instruceio* 
nes, lo excarceló bajo su propia responsabilidad y Id 
permitió trasladarse á una casa particular, don de mu- 
rió poco después. 

El 24 de julio de 1839, Nicaragua celebró un trata- 
do de alianza con Guatemala en los nÜAmos términos 
que el celebrado anteriormente con Hondnras. 

Los ejércitos aliados volvieron á invadir el Salvt- 
dor para recibir de Morazán una nueva lección en k» 
campos de San Pedro Perulapán. 

Tan continuados golpes obligaron al Gobierao ni- 
caragüense á solicitar del Cónsul inglés Mr. Chatfiel, 
el que interpusiera su mediación para que se hiciera 
la paz con el Salvador; pero con la garantía del Go- 
bierno inglés, a quien impremeditadamente quería 
concedérsele intervención en nuestros asuntos int^ 
riores. 

El Cónsul inglés contestó de San Miguel, lugar de 
su residencia, que se encontraba inhibido de toda in- 
tervención en los asuntos del Salvador, porque éste 
había suscrito un tratado con Los Altos, 6n el que » 
encontraba una cláusula hostil al Gobierno inglés. 

Frustrada la negociación de la paz, el Gobierno de 
Nicaragua continuó la guerra con actividad, y al efe^ 
to, hizo salir un nuevo ejército á las órdenes del Co- 
ronel don Manuel Quijano, que unido al de Hondn- 
ras, rechazó la invasión quo á este Estado había he- 
cho el General Cabanas, obligándolo á replegarle i 
San Miguel, el 31 de enero de 1840. 

La voluntaria expatriación del General Morazán eo 
marzo del mismo año, puso fina aquella guerra y se- 



CAP. Xlll. — FIUMEKOS JilKKCTOUES, ETC. 47!> 



Uó para siempre el fraccionamiento de Centro- Amé- 
rica. 

El Senador don Tomás Valladares, encargado del 
Poder Ejecutivo, en aquel entonces, mostró mucho 
ardor y entusiasmo en el sostenimiento de la campaña. 

Se acercaba, sin embargo, el día en que Nicaragua, 
iba á comenzar á recoger el amargo fruto de sus des- 
aciertos. 

El 12 de agosto de 1841, se presentó en San Juan 
del Norte el Superintendente de la colonia inglesa de 
Balice, acompañado de un indio mosquito, á quien da- 
ba el título de rey. 

Alejandro Macdonald (este era el nombre del Su- 
perintendente) capturó en su despacho al Coronel 
Qaijano, jefe del puerto, lo condujo prisionero a bor- 
do de la fragata Thceed y lo hizo botar en seguida en 
una costa desierta, con el simple pretexto de ejercer 
actos de jurisdicción en nombre del rey de los mos- 
quitos. 

Aquel atentado produjo mucha indignación en todo 
el país, y la Secretaría de Relaciones, se dirigió enér- 
gicamente al Consulado inglés; pero Mr. Chatfíeld, 
coutestó siempre dando por bien hecho y legítimo el 
procedimiento de su compatriota. 

Las naciones de Europa consideraban ridículo tra- 
tar como semejantes á las pequeñas fracciones de 
Centro- América, y Nicaragua tuvo que palpar su nu- 
lidad y que arrepentirse del desacierto de 1838. 

Para mayor desconsuelo, mientras la prensa del 
Norte y Sur de América, protestaba de consuno con- 
tra la vejación que el Gobierno inglés hacía á Nica- 
ragua, la del Gobierno de Guatemala, á cargo de miem- 
bros importantes del partido conservador, se declara- 
ba en favor del Cónsul inglés, á quien deseaba agradar. 

Las manifestaciones de la prensa conservadora, tu- 



480 HISTORIA DE NICAKAGÜA 



vieron eco, y el Gobierno de Honduras, que se encon- 
traba identificado en intereses con el de Guatemala 



llevó su complacencia hasta celebrar, en 16 de diciem- 
bre de 1843, un tratado de amistad y protección con 
un inglés, que se dijo ser representante del supuesto 
rey mosco. 

La nueva Constitución de Nicaragua, daba á los go- 
bernantes el nombre de Directores del Estado y seña- 
laba su duración en dos años. 

Gobernaron interinamente con ese nombre, después 
de sancionada la nueva Constitución, y con el carác- 
ter de encargados, los Senadores designados don Pa- 
tricio Bivas, don Hilario Ulloa, don Joaquín de Gosio 
y don Tomás Valladares, hasta el 4 de marzo de 1841, 
en que la legislatura declaró popularmente electo al 
Licenciado don Pablo Buitrago. 

La primera disposición del nuevo Director, fué se- 
parar del Ministerio general á don Francisco Caste- 
llón, y nombrar en su lugar á don Simón Orosco. 

Castellón atacó más tarde por medio de la prensa 
al señor Buitrago y éste se defendió de la misma ma- 
nera, encabezando siempre sus escritos con la origi- 
nal fórmula de "El Director del Estado de Nicaragua 
al público.'' La polémica fué muy reñida y puso en 
evidencia la absoluta libertad de imprenta que se go- 
zaba en Nicaragua. 

Buitrago era leonés, pero estuvo en pugna con Cas- 
tellón, que era de Ja misma localidad, y que acaudilló 
más tarde al partido liberal. 

Su administración, como tendremos ocasión de ver- 
lo, fué una mezcla heterogénea de buenas y malas dis- 
posiciones, aunque la mayor parte de ellas en un sen- 
tido netamente liberal. 

El 17 de abril de 1841, expidió la Asamblea un de- 
creto, nombrando Representantes propietarios ala 



CAP. XIII. — PKIMEKOS DIKECTOKES, ETC. 481 

Convención Nacional de Chiuandega, á los señores 
don Francisco Castellón, don Gregorio Juárez, don 
Benito Rosales, don José Núñez y don Hermenegildo 
Zepeda, todos liberales muy caracterizados. Buitra- 
go sancionó la disposición legislativa con el mayor 
argrado. 

Los Estados de Nicaragua, Honduras y el Salvador, 
comprendiendo la necesidad que tenían de unirse, 
convinieron en una reunión de Delegados de los tres 
Estados para que acordaran las bases de un pacto de 
confederación. 

En el mes de abril de 1842, se reunió en Cliinande- 
ga la Convención Nacional, con sólo los Representan- 
tes de los tres Estados antedichos, porque los de Gua- 
temala y Costa-Rica se negaron á coucuri'ir. 

El 11 de abril, acordó aquel augusto Cuerpo la for- 
mación de un Gobierno Nacional Provisorio, nom- 
brado por la misma Convención y con facultades su- 
ficientes para el gobierno de los tres Estados confe- 
derados. Don José Antonio Cañas, fué designado para 
Supremo Delegado Provisional; y el 17 de julio si- 
guiente, suscribió la misma Convención, la Constitu- 
ción que debía regir á los Estados, dándole el nombro 
de "Pacto de Confederación." 

El "Pacto" llamaba confederación centro-america- 
na al nuevo Gobierno, que debía componerse de fun- 
cionarios electos por las legislaturas de los Estados 
respectivos. 

Se estipulaba la aceptación de los demás Estados que 
se adhiriesen al pacto, la no intervención de los Es- 
tados confederados en los asuntos interiores de los 
otros y el compromiso de dirimir todas .sus cuestio- 
nes por medio de arbitros. 

El Poder Ejecutivo Confederado debía ser ejercido 
l>oY un Supremo Delegado, que duraría dos años, y por 

:n 



482 HISTORIA DE NICARAGUA 



-:= r: 



un Consejo Consultivo compuesto de un Representan- 
te de cada Estado. 

El Supremo Poder Judicial, debía ejercerse por tres 
miembros, electos cada uno por la respectiva legisla- 
tura de cada signatario. 

El Supremo Delegado debía ser electo cada año por 
medio de la suerte entre los Delegados de los Estados, 
debiendo excluirse del sorteo á los que ya hubiesen 
servido el mismo destino, para que rolase entre todos, 
y formar los demás el Consejo Consultivo. 

La atención pública, fijada entonces en los trabajos 
de la Convención, tuvo que dirigirse á otra parte. 

El General Morazán, reapareció en ese mismo año 
en el escenario de Centro-América. 

Fácil es de imaginarse la alegría de sus pocos par- 
tidarios y el estupor general que causaría en los de- 
más, un acontecimiento semejante. El regreso de 
Napoleón de la isla de Elba, no causó, á buen seguro 
en Europa, tanta sensación como el de Morazán entre 
nosotros. 

Morazán se encontraba en Lima, y se disponía á 
embarcarse con dirección á la República de Chile, 
cuando llegó á su poder la proclama, que con fecha 
22 de agosto de 1841, había publicado el Director del 
Estado de Nicaragua, dando cuenta de las agresiones 
de los ingleses en San Juan del Norte y excitando el 
patriotismo de los centro-americanos, para que jun- 
tasen su esfuerzo en aquellas circunstancias. La lec- 
tura de aquel documento, escrito con animación y 
energía, impresionó de tal manera á Morazán y á sus 
compañeros de ostracismo que, de común acuerdo^ de- 
terminaron regresar á Centro- América á defender la 
integridad de su territorio. Dedicáronse con empe- 
ño á conseguir elementos de guerra, que pudieron ob- 
tener con algunas dificultades, y armaron en seguida 



CAP. XIII. — PK1MEKÜ8 DIKEOTOKES, ECT. 4815 



un buque, en el cual llegaron á la Unión en los prime- 
ros días del mes de febrero de 1842. 

Morazán sorprendió al Comandante del puerto, don 
José María Aguado, y efectuó su desembarque con 
toda tranquilidad. Inmediatamente después, dirigió 
una circular á todos los Gobiernos de los Estados, re- 
firiéndoles las causas que habían motivado su regreso, 
y poniendo á su disposición el buque y elementos de 
guerra para defender el territorio de toda agresión 
extranjera. 

El Ministro general del Salvador, don Antonio J. 
Gañas, contestó que su Gobierno no podía aceptar el 
ofrecimiento, sin ponerse antes de acuerdo con los Go- 
biernos de los demás Estados. 

El día 19 de febrero, se internó Morazán hasta San 
Miguel, acompañado solamente de un cuadro de trein- 
ta y dos oficiales. Las fuerzas de la plaza no le hicie- 
ron resistencia, y su llegada despertó tal entusiasmo, 
que el pueblo corría en masa á presentársele, pensan- 
do que se trataba de un movimiento revolucionario . 
De sólo voluntarios se organizó una columna de cua- 
trocientos hombres, con la cual regresó Morazán á la 
Unión y se reembarcó en cinco buques que toiiía 
listos. 

El General don Francisco Malespín, Comandante 
de armas del Estado del Salvador, salió de la capital 
con doscientos hombres á capturar á Morazán, y llegó 
á la Unión en los momentos precisos en que aquel 
caudillo se reembarcaba. Pudo Morazán haberlo ba- 
tido ventajosamente; pero evitó derramar sin objeto 
la sangre centro-americana, y se contentó con dirigir 
al Gt)bierno salvadoreño, una nueva comunicación, 
pidiendo la respuesta categórica acerca del ofrecimien- 
to de sus servicios. 

A continuación enderezó Morazán su rumbo hacia 



484 HlSTÜltlA DE NlOAliGUA 



el puerto de Acajú tía, de donde continuó comunicán- 
dose con el Gobierno del Estado, hasta obtener una 
franca negativa. 

Trasladóse á la isla de Martín Pérez, en el golfo de 
Fonseca, y en principios del raes de abril, organizó en 
aquel punto una expedición para Costa-Rica, de don- 
de le llamaban con instancia algunos ciudadanos im- 
portantes, que deseaban poner término á la insopor- 
table tiranía del jefe don Braulio Carrillo. 

Hechos los arreglos necesarios, Morazán salió de 
Martín Pérez con una escuadra de cinco buques, quo 
comandaban respectivamente el mismo Morazán y los 
Generales Saget, Cabanas, Saravia y Rascón. Lla- 
mábanse los buques Cruzador^ Asunción Granadina^ 
Josefa^ Isabel II y Cosmopolita. 

El 8 de abril de 1842, desembarcó Morazán en el 
puerto de Caldera, y poniéndose á la cabeza de una 
columna de trescientos hombres, marchó rápidamen- 
te sobre San José. En el punto llamado Jocote, le 
salió al encuentro el General don Vicente Villaseñor, 
jefe del ejército (»ostarricense, con otra columna de 
seiscientas plazas. 

Ambos jefes tuvierou una entrevista, y en ella lo- 
«jró Morazán convencer á Villaseñor de que nada po- 
dría impedir su triunfo, y de que se hallaba en el ca- 
so de optar entre la libertad que él traía á los pueblos 
de Costa- Rica y la esclavitud en que los mantenía 
Carrillo. A continuación fué celebrado el famoso con- 
venio del Jocote, de 11 de abril de 1842, en el cual se 
<\stipulaba que ambos ejércitos se confundirían en 
uno solo, que sería convocada una Asamblea Consti- 
tuyente para (jue organizara el Estado, que mientras 
i'«to so verificaba, Costa-Rica sería mandado por un 
Gobierno Provisional á cargo del General Morazán, y 
(jue íA Licenciado Carrillo, A quien se garantizaban 



CAP. XIII. — PBIMEKOS DIRECTORES, ETC. 485 



sn familia y propiedades, resignaría el poder en el 
tórmino que se le señalaba y se expatriaría por dos 
años. 

El General Saravia fué enviado á San José á noti- 
ficar aquel convenio. El Jefe del Estado le concedió 
su aprobación, haciéndole ligeras modificaciones que 
fueron aceptadas. 

Carrillo aguardó á Morazán en la capital, lo recibió 
personalmente, y después de hacerle entrega solemne 
del mando supremo, se dirigió á Puntarenas y se em- 
barcó en la goleta Izalco^ haciéndose á la vela para el 
Callao, el 17 del mismo mes de abril. 

La instalación de la Asamblea Constituyente, se ve- 
rificó en San José el 10 de julio de 1842. Uno de sus 
primeros actos, fué declarar abolido el orden político 
existente, y significar que Costa-Rica volvía-á entrar 
en el régimen federal. Declaró vigente la primera 
Constitución del Estado, del año de 1825, en cuanto 
fuese compatible con las circunstancias; derogó y mo- 
dificó muchas de las leyes publicadas por Carrillo, y 
autorizó omnímodamente al General Morazán, para 
que haciendo uso de todos los recursos del país, lle- 
vara adelante el restablecimiento de la federación. 

Desde que inauguró su Gobierno en Costa-Rica, 
Morazán agotó los medios que estuvieron á su alcan- 
ce, para entrar en relaciones amistosas con los Gobier- 
nos de los demás Estados; pero éstos, muy preveni- 
dos en su contra, se negaron á atenderlo. 

Entre los más alarmados y enardecidos, figuraba 
en primer término el de Nicaragua. Era indudable 
que para tal actitud debía contribuir mucho el Coman- 
danta General, don Casto Fonseca que, como cómpli- 
ce en la muerte del jefe Zepeda, no debía tenerlas to- 
das consigo, respecto del General Morazán. La Co- 
mandancia de armas, era el poder que real y verda- 



486 HISTORIA DE NICAliAGUA 



deramente mandaba eu Nicaragua, de tal suerte, que 
los jefes de Estado, que uo estaban de acuerdo con 
ella, se veían obligados á separarse ó á vivir anu- 
lados. 

Después de la autorización de la Asamblea, Mora- 
zán procedió con la mayor energía á dictar providen- 
cias para la organización de un ejército expediciona- 
rio. La severidad de algunas disposiciones y la na 
tural repugnancia que el servicio militar inspiraba á 
los costarricenses, convirtieron jen enemigas á muchas 
l>oblaciones. El partido clerical, que no perdía de 
vista al General Morazáu, aprovechó la ocasión para 
atizar el fuego de la discordia, despertando también 
el espíritu lugareño de las masas. 

La chispa revolucionaria prendió, por fin, en Ala- 
juela. JLiOS descontentos se apoderaron de una gran 
cantidad de parque de tránsito para Puntarenas; y 
reunidos como trescientos cincuenta reclutas, que es- 
taban para salir, junto con cien soldados de Cartago, 
i-e pronunciaron todos, al mando de Florentín Alfaro, 
el 11 de setiembre de 1842. 

Los sublevados de Alajuela, intimaron á Morazán 
que dejai-a el país y depositara el mando en el Vice- 
Jefe, y enviaron al mismo tiempo á conmover la po- 
blación de San José, por medio de Pinto, los Fábre- 
gaí-, Peinado y otros caudillos de la capital. 

Los josefinos, amotinados desde por la mañana del 
mismo día 11, atacaron la Guardia de Honor y el cuar- 
tel de los cartagos, que se encontraban sin municio- 
nes. Morazán con sólo cuarenta salvadoreños, recha- 
zó por tres veces á cuatrocientos de los revoluciona- 
rios; pero éstos, reforzados, en la tarde, con mil hom- 
bres que llegaron de Heredia y Alajuela, hicieron su- 
cumbir á sus contrarios. Un nuevo combate princi- 
pió entonces en el cuartel principal, sostenido por 80 



CAP. XUI. — ^PRIMEROS DUIECTOKES, ETC. 487 



hombres, á la cabeza de los cuales estabau Morazáu, 
Cordero y Pardo. Las fuerzas de los sublevados cre- 
cía por momentos, mientras las de los sitiados dismi- 
nuían con las bajas. 

En medio del conflicto, la familia de Morazáu atra- 
vesó la calle para refugiarse en una casa vecina, y fué 
hecha prisionera. 

Ya las fuerzas de los sublevados ascendían á cerca 
de cinco mil hon^bres, cuando el Capellán don José 
Antonio Castro, se presentó como parlamentario, ofre- 
ciendo garantías para la vida y bienes del General 
Morazán, si se rendía; pero éste contestó, con el ma- 
yor desdén, que para él sólo, sin el ejército, ni quería 
ni admitía garantías; agregando, que tampoco conocía 
entre los sublevados un jefe que pudiera darlas. La 
lucha continuó entonces más viva. 

En el entretanto, el Comandante de Cartago don 
Pedro Mayorga, salió con ochenta soldados y se diri- 
gió con ellos á San José en auxilio de su jefe; pero 
derrotado por doscientos alajuelas, se llenó de temor 
y trató de restablecerse en la gracia de los subleva- 
dos, pronunciándose con todo el pueblo de su juris- 
dicción, contra el mismo Gobierno que defendía po- 
cas horas antes. 

Después de ochenta y ocho horas de tan sangriento 
y desigual combate, Morazán á punto casi de sucum- 
bir, aventuró una peligrosa retirada, que efectuó á las 
tres de la mañana del 14 de setiembre, con sólo un 
puñado de hombres á cuya cabeza se puso él mismo 
con Villaseñor, y rompiendo denodadamente la grue- 
sa línea sitiadora, se dirigieron A Cartc\go, cubiertos 
de gloriosas heridas y sosteniendo palmo á palmo el 
terreno que avanzaban. 

En aquellos momentos, el General Cabanas logra 
reunir treinta hombres, con los cuales protege eficaz- 



488 HI8T0BIA DE NICARAGUA 



mente la retirada de su jefe y hace retroceder las in- 
numerables fuerzas que lo perseguían. 

Morazán, á pesar de sus heridas, se detuvo 4 la en- 
trada de Cartago, esperando a su fiel Cabanas; pero 
Villaseñor, preocupado con la curación de su jefe, le 
instó mucho para que fuesen por pocos minutos á la 
casa de Mayorga, cuya deslealtad ignoraban, con ob- 
jeto de colocarse unos vendajes y tomar algún repo- 
so. Morazán cedió por fin, y se internaron á la po- 
blación. 

Mayorga recibió á Morazán y á Villaseñor, con apa- 
rentes agasajos, los aposentó en su casa y luego que 
los hubo acomodado bien, salió disimuladamente en 
busca de una escolta para prenderlos. La esposa de 
Mayorga, al saber aquella infamia, no pudo luchar con 
el remordimiento; y dando cabida en su pecho á la 
conmiseración, puso en noticia de sus huéspedes el 
peligro de quo estaban amenazados. Morazán y Yi- 
llasoüor, montaron precipitadamente y trataron de 
huir; pero ya era tarde, porque la casa estaba rodea- 
da y los obligaron á entregarse. 

En aquella hora fatal, llegaron á Cartago el Gene- 
ral Saravia y don Francisco Morazán hijo. Varias 
personas caritativas les informaron de lo que ocurría 
y les ofrecieron medios de salvarse ; pero uno y otro 
rehusaron indignados, y corrieron á presentarse á Ma- 
yorga, reclamándole un lugar en la prisión de sus 
compañeros. 

Momentos después de haber sido prendido Mora- 
zán, se presentó en la prisión de éste, el señor don Ven- 
tura Espiuach, pidiéndole dos órdenes escritas, una 
para que el General Cabanas se rindiera, y otra para 
<iue*e1 General Saget en Puntarenas entregara las ar- 
mas y municiones del ejército expedicionario, que 
preparaba Costa-Rica para llevar adelante el resta- 



CAP. XUI. — PKIMEROS DIRECTORES, ETC. 489 



blecimiento de la federación. Morazáu accedió, ma- 
nifestando que lo hacía con gusto, para evitar más 
desgracias y nueva efusión de sangre. 

Espinach montó precipitadamente á caballo y en el 
camino encontró al General Cabanas, que noticioso 
de la prisión de su jefe, iba resuelto á salvarlo á todo 
trance; pero Espinach le presentó la orden escrita de 
Morazán, le aseguró bajo su palabra de honor que la 
prisión era aparente para sólo calmar al pueblo, y que 
pronto sería puesto en salvo. Cabanas, que era la 
honradez personificada, no pudo imaginar siquiera 
que se hiciese uso de una vil mentira en aquella oca- 
sión. Desistió, pues, de su marcha á Cartago, para 
favorecer lo que creía un plan salvador y cambió de 
mmbo con su pequeña escolta. 

Quitado Cabanas del camino, nada obstaculizó en- 
tonces la marcha del ejército revolucionario de San 
José. 

En la noche del mismo día 14, se presentó en la pri- 
sión de Morazán el oficial David Orosco, manifestan- 
do á los prisioneros, que el ejército pedía que se les 
pusiera grillos y que había necesidad de complacerlo. 
Al oírlo, Saravia tomó sus pistolas y se apuntó con una 
de ellas en la cabeza; pero Morazán se lanzó rápida- 
mente sobre él, lo desarmó y le impidió que se suici- 
dara. Desgraciadamente, por atender á Saravia, des- 
cnidó á Villaseñor, que animado del mismo pensa- 
miento, desnudó un puñal, se lo sepultó en el pecho 
y cayó al suelo bañado en su propia sangre. 

Aquella trágica y conmovedora escena, no fué bas- 
tante para impedir la colocación de los grillos. Mien- 
tras los ponían á Morazán y á Villaseñor, Saravia so- 
licitó unos momentos de espera, se paseó con agita- 
ción, fumó un cigarrillo, y luego, sentándose en una 
silla, avisó que estaba listo. Al remacharle los gri- 



490 HI8T0BIA DE NICAIUGÜA 



líos, se levantó de improviso, sufrió una fuerte con- 
vulsión y cayó muerto. (1) 

Morazán, presa de la mayor consternación, suplicó 
que no sacaran el cadáver y se mantuvo constante- 
mente á su lado, pálido y conmovido, contemplando 
dolorosamente los despojos mortales de aquel joven 
inteligente y distinguido, á quien amaba como á su 
propio hijo. 

Al día siguiente, se dispuso la marcha de los pre- 
sos, para ser juzgados en San José. Villasenor era 
conducido en una hamaca; Morazán y su hijo en dos 
cabalgaduras. 

A la entrada de San José, aguardaba á los presos el 
Capitán Benavides. Éste los obligó á desmontar y 
continuó con ellos á pie hasta el edificio de la Corte, 
en donde fueron colocados solamente Morazán y Vi- 
llasenor. Pocas horas después, se les comunicó una 
orden general del Comandante Pinto, en que se pre- 
venía á las tropas de la capital que concurrieran á la 
plaza, en formación militar, para pasar por las armas á 
los facciosos Francisco Morazán y Vicente Villasenor. 
¡Ni por fórmula siquiera, se redactó una sentencia! 

Morazán, aprovechando los pocos momentos que le 
restaban de vida, llamó á su hijo Francisco, y le re- 
dactó precipitadamente su testamento^ en medio del 
tumulto que lo rodeaba ya, sediento de su sangre. 
Quiso dirigir una circular á los Gobiernos de los Es- 
tados, y se lo impidieron. Solicitó entonces ser oído 
y juzgado, y tampoco se le dio gusto. Debiendo mar- 
char para el lugar de la ejecución, concretó sus es- 
fuei-zos á separar á su hijo, que estaba empeñado en 
morir con él. 



(1) La tradición dice que se mató con el veneno que ^torUiba 
en un anillo y que lo tomó disimuladamente — (N. del A.) 



CAP. XIIT. — PRIMEROS DIRECTORES, ETC. 491 

Llegó, por último, el trance supremo. Morazán, 
completamente tranquilo, ocupó el banquillo fatal, sin 
que en su semblante se advirtiera ningún cambio de 
color. Lleno de solicitud, sin embargo, se acercó á 
ViUaseñor, que estaba postrado a consecuencia de la 
herida, le arregló un pañuelo que tenía descompuesto 
en la cabeza, lo abrazó con cariño, y con voz reposa- 
da, le dirigió por última vez la palabra, dicióndole : 
''Querido amigo: somos unos pobres mortales, pero la 
IK)st^ridad nos hará justicia.'' 

A continuación, y como si estuviera dirigiendo una 
parada militar, mandó con voz fuerte y llena, a pre- 
parar las armas, se descubrió y quitó del cuello un re- 
licario, ordenó á los ejecutores que apuntasen, corrigió 
la puntería, dio la voz de fuego y cayó atravesado por 
las balas. Levantó aún la cabeza, mostró su hermo- 
so rostro bañado en sangre, y exclamó : "¡ Estoy vivo !" 
Una nueva descarga puso fin á su existencia. 

No hubo para Morazán y ViUaseñor, un ataúd ! . . . . 
En una humilde huesa, fueron depositados sus restos, 
y ni allí, estuvieron tranquilos. Un clérigo, el Padre 
Blanco, fué á desenterrarlos ocho días después, para 
cerciorarse de que estaban bien muertos. (1) 

El General Saget, que se hallaba en Puntarenas 
comandando los buques que debían conducir la van- 
guardia del ejército de Morazán, rehusó obedecer la 
orden de éste de entregar las armas, y con las fuer- 
zas de su mando, amenazó romper las hostilidades 
contra el nuevo Gobierno. El apuro fué entonces 
grande para los revolucionarios ; pero teniendo en su 
poder rehenes tan valiosos como la familia del finado 
General Morazán, el General Cabanas y otros jefes de 



(1) Gaceta Ofic'ml de San Salvador, número 80, de 31 de oc 
tubre de 1860. 



492 H18TÜKIA DE NIOAUAGÚA 



importanoia, enviaron comisionados a proponer nn 
arreglo. 

El 11 de octubre de 1842, se firmó en la isla de San 
Lucas un convenio, entre los señores Doctor don José 
María Castro y don Rafael Ramírez, comisionados 
del Gobierno de Costa-Rica, y los señores General 
don Nicolás Espinosa y don Miguel Alvarez, comisio- 
nados del General Saget, en el cual se estipulaba, qae 
se devolverían los elementos de guerra de exclusiva 
pertenencia de Costa-Rica, y se retendrían los demás, 
para que dispusiera de ellos la familia del General 
Morazáu; que serían puestas en libertad absoluta to- 
das las personas detenidas por el Gobierno; que sería 
cedida en propiedad, con los víveres necesarios, la bar- 
ca ( oqnimho^ para que en ella se trasladaran los rao- 
razanistas donde á bien tuvieran; que se pagarían por 
el Tesoro de Costa-Rica, las cantidades que el General 
Morazán adeudaba al señor Triarte por fletes anterio- 
res de su buque, y además, el pasaje al puerto de la 
Unión de todos los emigrados que quisieran dirigirse al 
Salvador, dándoseles á éstos por vía de subsidio, el va- 
lor de medio mes de sueldo militar; y que el Gobier- 
no de Costa-Rica, nombraría comisionados ante los 
Gobiernos del Salvador y Nicaragua, para obtener que 
recibieran á los morazanistas que profirieran asilarse* 
(MI sus territorios. 

El General Cabanas estuvo presento á la formación 
dol convenio do San Lucas, en clase de comisionaclo 
mediador, nombrado por el Gobierno de Costa-Rica. 

Pasados ocho días, que se fijaron de término para 
la ratificación y canje del convenio, Saget lo devolvió 
con modificaciones sustanciales, que no fueron acep- 
tadas por la otra parte; quedando cu consecuencia, 
iinovamonte rotas las hostilidades. 

En tal estado las cosas, y íuiando la situación pare- 



CAP. XIII. — PKlMERüS DIUECTOKES, ETC. 41)3 



^ía máks difícil, se presentó en el puerto de Punta- 
dnos, en la mañana del 31 de octubre de 1842, una 
corbeta de guerra inglesa, en actitud hostil, apo- 
yando cierto reclamo del Cónsul inglés. Ésto terminó 
todo. 

Saget se dirigió en el acto al Gobierno de Costa- 
Rica, manifestándole que él y sus compañeros, antes 
que todo, eran centro-americanos, y que como tales, 
no podían ser indiferentes á la humillación del país. 
Agregaba, que los que no habían querido aceptar el 
ventajoso convenio de San Lucas, que les concedía 
la propiedad de un buque, retribución pecuniaria y 
otras cuantas compensaciones renunciaban a todo; y 
no viendo en los costarricenses más que á compatrio- 
tas, miembros de una familia común, prescindían de 
todo reclamo, devolvían al Gobierno el buque y sus 
elementos, y sólo pedían que les fueran devueltos la 
familia y amigos del General Morazán, para conducir- 
los al Salvador. 

El Ministro general del Gobierno costarricense, 
don José María Castro, contestó con fecha 2 de no- 
viembre, rindiendo las gracias al General Saget por 
aquel rasgo de noble desprendimiento, del que hizo 
los mayores elogios. Ofreció que enviaría de mota 
propio comisionados ante los Gobiernos de los demás 
Estados, para que recibieran dignamente á tan distin- 
guidos patriotas, y concluyó anunciando, que la fami 
lia y amigos del General Morazán, se encontraban 
libres y con pasaportes para dirigirse donde qui- 
sieran. 

Como el Gobierno de Costa-Rica debía suminis- 
trar las provisiones necesarias para el viaje del Coqiuní' 
hOj en que iban á conducirse los morazanistas, y tenía 
además que recibir en cambio, el armamento que se 
hallaba á bordo, se pasaron varios días en esta últi- 



494 H18T0BIA DE NICAKAOÜA 



ma operación. Durante ese tiempo, llegaron todos 
los del interior y se reunieron con Saget; pero suce- 
dió entonces que, habiendo pasado la dificultad iugle- 
sa, y no teniendo que temer por la suerte de ningún 
compañero, trataron de escatimar algunos elementos 
de guerra y dieron lugar 4 cuestiones con las auto- 
ridades del puerto, las que á su vez, retuvieron los 
víveres. 

Las nuevas dificultades hicieron revivir los odios 
de antaño. Saget, entonces efectuó un desembarque, 
atacó á la guarnición, la venció y después de tomar 
las provisiones que creyó necesarias, se hizo á la vela 
para el puerto de La Libertad, adonde llegó en los pri- 
meros días del mes de diciembre del mismo año. 

El Gobierno del Salvador, ordenóla los expedicio- 
narios que permanecieran en Sonsonate y Acajutla, 
mientras recababa el consentimiento de los Gobiernos 
aliados, para concederles asilo. 

Guatemala y Honduras, se opusieron terminante- 
mente á que en el Salvador se asilara á los morazanis- 
tas; pero el Comandante general don Francisco Ma- 
lespín, que los había recibido en La Libertad y que 
se había prendado de algunos de ellos, interpuso su 
decisiva influencia para con el Gobierno salvadoreño, 
y éste con fecha 4 de enero de 1843, los acogió amiga- 
blemente y abrió las puertas de la patria á los últi- 
mos restos del famoso ejército nacional. 

El Director Buitrago, que había asumido una acti- 
tud muy hostil para Costa-Rica, durante gobernó Mo- 
razán el Estado, felicitó al General Pinto por su vic- 
toria y mandó hacer festejos solemnes, por la muer- 
te de aquel caudillo, como si se tratara de un gran- 
de acontecimiento nacional. 

El período de Buitrago, terminó el 19 de abril de 
1843, y le sucedió interinamente en el ejercicio del 



CAP. XIII. — PRIMEROS DIRECTORES, ETC. 495 



Poder Ejecutivo el Senador designado don Juan de 
Dios Orosco, quien nombró de Ministro general al Li- 
cenciado don Toribio Tijerino. 



CAPÍTULO XIV 

AdimuiHtracióii ele Pérez 



dección de Pérez— Llegada de Quzmán — Legación de 
Guatemala — Administración de Pérez — Imposiciones del 
Cónsul inglés— Llegada del Obispo Viteri — Contratos de co- 
lonización—Convocatoria extraordinaria de la Asamblea- 
Humillación de Nicaragua— Legación á Europa — Gobierno 
confederado — Chamorro es electo Supremo Delegado — Cor- 
ta duración del nuevo Gobierno- Hostilidades de Malos - 
pin é injurias del Gobierno de Honduras— Chamorro cierra el 
despacho- Trabajos de Castellón en Europa — Nuevas hu- 
millaciones para Nicaragua — Los "coquimbos " en Nicara- 
gua—Alarmas y exigencias de Honduras y el Salvador — El 
militarismo nicaragüense — Un Gran Mariscal— Desobedece 
Honduras al Supremo Delegado— Guerra entre Nicaragua 
y Honduras — Derrotas en Choluteca y Nacaome — Exigen- 
cias de Malespín — Celebra alianza con Honduras. 



fin el año de 1841^ se practicaron eii todo el Estado 

« Nicaragua las elecciones para Director Supremo; 

'^o fué tan variada la votación, que ninguno de los 

■ididatos obtuvo los sufragios suficientes para que 

^>iera elección popular, por cuyo motivo la Asam- 

a eligió al señor don Manuel Pérez, vecino de San 

ge, que tomó posesión de su destino de manos de 

»ropia Asamblea. 

oco después se presentó en León el «efior General 

Joaquín Eufracio Quzmán, Ministro Plenipoten- 

io y Enviado Extraordinario del vecino Estado 

Salvador, con objeto de estrechar las relaciones 

> ambos países. 

Salvador se había colocado en una posición muy 



:^2 



4!>S HISTORIA DE NICAiíGUA 



ilifícíl por el asilo que concedió á los morazani^as, en 
ronces llamados coquimbos. (1) Carrera, ciego de ira, 
f^stnvo promoviendo facciones por el lado de Santa 
Ana y haciendo preparativos de guerra bastante 
formales en el interior de Guatemala. Por esta can 
sa, f*l Gobierno del Salvador se apresnnS á solicitar 
la alianza de Nicaragua, con cuyo Gobierno celebró 
en 10 de agosto de 1843, un tratado confirmatorio del 
*'Pacto de Chinandega," obligándose Nicaragua á man- 
dar su comisionado á San Vicente, para la organiza- 
ción del Gobierno confederado, y un contingente de 
tres mil hombres á disposición del Gobierno salvado- 
reño en caso de guerra. 

La situación de Nicaragua parecía enderescarse ya 
por nn deiTOtero más tranquilo, cuando un aconteci- 
miento extraordinario vino á poner en agitación al 
país y al Gobierno. 

El Cónsul inglés, Mr. Chatfield, se dirigió á la can- 
cillería nicaragüense en téraiinos descorteses y duros. 
sefialáudole arbitrariamente su cupón en la deuda fe- 
díM-al inglesa, y exigiéndole el reconocimiento y pago 
d(» esc mismo cupón, y además, el de los reclamos an- 
tojadizos, consistentes en gruesas sumas de dinero, 
que hacían los señores Manning y Glenton, subditos 
ingleses, por perjuicios de pretendida denegación de 
justicia. 

En esos misinos días regresó el señor Obispo del 
Salvador, don Jorge de Viteri, de un viaje que había 
hecho í'i Europa como representante del Gobierno de 
Guatemala ante la Corte de Roma, y presentó al ga- 
binete do León dos contratos que había iniciado á 
nombre do los Estados de Centro-América, con una 



(1) I)i(*ronlos este nombre por el hnf|ne Coquimbo en que re- 
ílfiesaron — (X. del A.) 



CAr. XIV — ADMiNJSTUAUlÓN DE PÉKEZ 4lH) 



compañía belga de colonizacióü, datados respectiva- 
mente en París y Bruselas, en 6 y 13 de mayo de 184Í?. 
El uno constaba de cincuenta y un artículos, el otro d(^ 
catoi'ce, y se titulaban: " Bases fundamentales para 
una colonización, compañía ó confederación agrícola, 
industrial, comercial en Centro-América." (1) 

El objeto de aquellos contratos ora la erección de 
sociedades de comercio, agricultura é industria en los 
cinco Estados, á las que, para dar un impulso en los 
diferentes rauíos que abrazaba el plan de su estable- 
cimiento, se les asignaba un fondo, en cada Estado, 
de $ 1.200,000; pero la de Nicaragua, debía contar, ade- 
ináí5, con un aumento de tres millones para gastos del 
canal, que debería hacerse por cuenta de todos los Es- 
tados, tanto porque ninguno de ellos podría sobrelle- 
varlos por sí solo, como también para que todos fue- 
ran igualmente interesados y partícipes en los bene- 
ficios de la empresa. 

Tanto el fondo particular de cada sociedad como 
el aumento asignado á la de Nicaragua, deberían 
obtenerse por medio de la compañía belga, todo eii 
calidad de empréstito y sin más obligación por parte 
de los Estados, que la de reconocer sobre sus rentas 
marítimas un interés anual de cinco por ciento á fa- 
vor de los prestamistas. También se especificaban en 
el contrato otros muchos puntos relativamente á los 
privilegios que se reservaban á la compañía y ala ma- 
nera y términos en que debían invertirse los fondos 
con otras estipulaciones de menor importancia. (2) 

El Director del Estado expidió un decreto, con fe- 
cha cinco de diciembre del mismo año, en que con voca- 



(J) El Ojo del Pufhlo do (rranaíla, iiúinoro T»? — Diciembre 
de 1843. 

(2) Marnre — Memorias stohrr el eanal rh' Nirnrafjnn, 



500 HISTORIA DE NICARAGUA 



ba extraordinariamente las cámaras legislativas, para 
el 25 del propio mes, con objeto de que determinaran 
lo que debía hacerse con los reclamos del Cónsul inglés 
y también para que tuvieran conocimiento de los con- 
tratos celebrados por el señor Viteri con la compañía 
belga de colonización. 

La Asamblea se reunió eü Managua, y comprendien- 
do la gravedad de las circunstancias y lo necesario 
que era la unidad de acción, facultó omnímodamente 
al Ejecutivo para el arreglo de la cuestión inglesa y 
para los demás asuntos de carácter internacional. 

La Secretaría de Relaciones Exteriores sostuvo con 
energía los derechos de Nicaragua; pero en vano, por 
que el Cónsul cada vez más insolente, presentó un m/- 
timafnm depresivo, y después bloqueó los puertos y 
obligó á Nicaragua á reconocer á Manniug y Glenton 
las sumas que éstos pedían antojadizamente. 

Aquel procedimiento, que se diferenciaba poco del 
(jue para hacerse de recursos, observaron entre nos- 
otros Drak^^, Gallardillo, Davis y los demás piratas y 
filibusteros del siglo xvii, llenó de alarma y conster- 
nación al Gobierno y lo determinó á enviar una lega- 
ción extraordinaria á Londres, para ver si entendién- 
dose directamente con el Gobierno inglés, podía evi- 
tarse las vejaciones y groserías de sus agentes. 

Se nombró, pues, con tal objeto al Licenciado don 
Francisco Castellón, para Ministro Plenipotenciario 
ante las Cortes de Francia é Inglaterra, y al Doctor don 
Máximo Jerez, para Secretario de la misma Legación. 
Ksta salió de San Juan del Norte el 11 de marzo de 
1844 á^bordo del buque Prudente y con dirección al 
Havre 

El 2!> de njarzo de 1844, se instaló con toda solem- 
nidad en la ciudad de San Vicente, el Gobierno con- 
federado. 



CAP. XIV — ADMlNISTltAOlÓN DE PÉKEZ oOl 



La suerte designó para Supremo Delegado al repre- 
sentante de Nicaragua don Fruto Chamorro; sien vio 
electos para Presidente del Consejo, don Juan Lindo, 
representante de Honduras, y para Secretario, don 
Justo Herrera representante dpi Salvador. 

Guatemala se negó rotundamente á suscribir el Pac 
to, y Costa-Rica hizo lo mismo, aunque de una ma- 
nera indirecta. 

El Gobierno confederado duró apenas un año, y es- 
to, merced en nmcha parte al patriotismo, constancia 
y energía del Supremo Delegado; pero sin medios de 
hacerse obedecer, vio desde los primeros días de su 
existencia infringidas las disposiciones del Pacto y 
tavo que disolverse de la manera más desgraciada. 

Las relaciones entre el Salvador y Guatemala, em- 
peoraban cada día más. El General don Manuel •!. 
Arce, protegido ampliamente por Carrera se prepara- 
ba en Chingo á invadir el territorio salvadoriMlo 
con recursos del Estado de Guatemala. Malospín, 
por esta causa, declaraba oficialmente, con fecha 2(5 dt* 
abril de 1844, que se cerraban las relaciones entro am- 
bos países. 

Arce verificó su invasión el 27 do abril del mismo 
año, y dirigiéndose por Atiquizaya, se internó hasta 
encontrarse con las fuerzas salvadoreñas el 5 de mayo 
siguiente, en que fue completamente derrotado. 

El Gobierno confederado dirigió comunicaciones 
enérgicas al de Guatemala, pidiéndole explicaciones 
de su conducta en los asuntos del Salvador, y al mis- 
mo tiempo mandó poner sobro las armas el ejército 
de la República. 

Los coquimbos ofrecieron sus servicios al Supremo 
Delegado Chamorro, y éste los aceptó con gusto; co- 
misionando en seguida al General don Nicolás Espi- 
nosa, para que viniera á Nicaragua á solicitar auxilios. 



502 HI8T0KIA DE NICAKAGÜA 



El Director Pérez ofreció enviar dos mil hombres, 
y por de pronto hizo salir doscientos, que fueron á 
San Vicente á ponerse á las órdenes del Gobierno con- 
federado. 

Mientras tanto, Malespín organizó el ejército del 
Salvador en número de cuatro mil hombrea próxima- 
mente, depositó el Poder Ejecutivo del Estado en el 
Vice- Presidente, y puesto á la cabeza de sus tropas, 
invadió el territorio guatemalteco y ocupó la ciudad 
de Jutiapa el 20 de mayo de 1844. En el mismo día 
la goleta salvadoreña Amistad^ puso blo(jueo rigui-oso 
al puerto de Iztapa. 

Malespín, en cumpHmiento del ^Tacto" dejó aparen- 
temente el ejército alas órdenes del Supremo Delegado 
Chamorro, en cuyo nombrf^ también declaró la guerra. 

El ejército, bastante respetable y bien disciplinado, 
estaba comandado por los Generales Cabanas, Saget, 
Barrios, Ruiz y demás veteranos del General Mora- 
zán y se impacientaba on Jutiapa, esperando la orden 
de avanzar; pero Malespín mandó que retrocedie- 
ra á Chalchuapa, alegando la insalubridad del clima. 
Esto causó mucho desagrado, pues ya se susurraban 
inteligencias entre Carrera y Malespín. 

En aquellas circunstancias, el Supremo Delegado 
Chamorro, que estaba interesadísimo en la prosecu- 
ción de la guerra, determinó entenderse con los co- 
quimbos y convino secretamente con ellos en ti*abajar 
porque se activaran las operaciones sobre Guatemala 
y después de obtenido el triunfo se desconociera á Ma- 
lespín y se pusiera en el Salvador á un ciudadano pres- 
tigioso. Después se llevaría la guerra con cualquier 
pretexto a Honduras y se cambiaría á Ferrera por otro 
ciudadano honrado, y en seguida se haría lo mismo con 
Fonseca; espadones todos tres, con quienes era difícil 
entenderse y que, además, tenían convertido al Gobierno 



CAP. XIV — ADMINISTRACIÓN DE PÉREZ 503 



confederado en verdadero simulacro. Con objeto de 
asegurar este plan, Chamorro dirigió enérgicas comu- 
uicaciones á los Gobiernos de Honduras y Nicaragua, 
rtH^lamando el auxilio de mil hombres, que cada uno 
debía suministrarle en tal ocasión. 

El regreso de Malespín a Chalchuapa y el empeño 
que tomó por celebrar la paz con Guatemala, precipi- 
taron los acontecimientos. Saget, que era el Jefe del 
Estado Mayor, de acuerdo con los demás militares 
oeíjuimbos estuvo á punto de realizar el movimiento 
revolucionario para desconocer a Malespín; pero la 
enérgica oposición del General Cabanas, que como mi- 
litar no transigía con la idea de una traición, f ustró en 
absoluto el pensamiento salvador. Los trabajos revo- 
lucionarios, no fueron, sin embargo, tan secretos, que 
se escaparan á Malespín. Éste, lleno de alarma, se apre- 
suró á firmar la deshonrosa paz de Quesada, que aun 
cuando desaprobada por el Supremo Delegado, fué 
llevada á efecto con desprecio de sus mandatos. 

Chamorro trató de hacer un último esfuerzo, y con 
una audacia, digna del valor que le caracterizaba, 
nombró General en Jefe del ejército expedicionario 
al General Cabanas, cuyos escrúpulos quedaban así 
vencidos; pero entonces se picó Saget, y como Jefe 
del Estado Mayor se negó á reconocer á Cabanas, por 
uo venir el acuerdo por el órgano respectivo, que era 
Malespín. Éste mandó disolver el ejército y dio de 
baja á todos los jefes y oficiales coquimbos. 

Poco después, algunos de los antiguos partidarios 
fiel General Morazán promovieron una revolución en 
ül pueblo de Texiguat, contra el Je lo del Estado <\i' 
Honduras don Francisco Forrera. Malespín, enemi- 
go ya de todo lo que se relacionara con los ooquiín- 
bos, mandó tropas en auxilio do Forrera. 

Cabanas, Barrios y otros morazanistas <1(í inipor- 



504 HISTOKÍA DE NIOAKAGUA 



tancia emigraron del Salvador para el Estado de Ni- 
caragua, escogiendo para su residencia la ciudad de 
Granada, en donde se les recibió con verdadero entu- 
siasmo por los principales hombres del partido gra- 
nadino, entonces opositor del Gobierno que existía 
en León. 

Los granadinos veían en los jefes coquimbos no so- 
lamente a amigos y aliados de gran importancia polí- 
tica, sino también á los compañeros del Supremo De- 
legado Chamorro, con quien tan íntimamente se ha- 
llaban ligados. Cabanas y Barrios, sin embargo, des- 
pués de informarse bien de la situación del Estado, 
determinaron, con anuencia de los granadinos, pasar 
á León para procurarse inteligencias con el Gobierno 
y lograr algunos auxilios contra Malespín. 

Como ya hemos dicho en otra ocasión, los Coman- 
dantes generales eran los arbitros de la suerte de Ni- 
caragua. Cabanas y Barrios, que no lo ignoraban, 
concretaron sus esfuerzos á ganarse el afecto de Fon- 
seca; llegando en sus resultados más íillá de lo que se 
imaginaron, pues recibieron auxilios, con los cuales 
promovieron una revolución, que estalló en San Mi- 
guel el 5 de setiembre de 1844, para ser sofocada in- 
mediatamente por las tropas de Malespín. 

El Gobierno confederado, mientras tanto, que sopor- 
taba mil humillaciones y contrariedades, tuvo aún la 
desgracia de inspirar celos al autócrata del Salvador, 
(^ue lo (u-eyó una sombra para su poder. Desde ese 
momento trató de obligarlo á desocupar el territorio, 
valiéndose de hostilidades de toda clase; pero Chamo- 
rro, esperanzado siempre en la llegada de las tropas 
auxiliares de Nicaragua, que jamás aparecían, sufría 
todo pacientemente, reservándose el desquite para más 
tarde. 

A las hostilidades de Malespín se agregaron los iu- 



CAP. XIV — ADMINISTllACIÓN DE PÉREZ 505 

sultos de Ferrera en documentos oficiales; pero el Su- 
premo Delegado era un hombre de temple extraordi- 
nario y soportó todo, como si se tratara de una con- 
signa militar, hasta cumplir su período el 29 de mar- 
zo de 1845, en que cerró su despacho por falta de su- 
cesor. 

La Legación á cargo de los señores Castellón y Jerez, 
llevó también poderes del Estado de Honduras y se 
hizo extensiva á Bélgica. Su objeto era entonces, 
combatir por medio de ésta y de Francia las preten- 
siones de Inglaterra en Centro-América. Nada, sin 
embargo, pudo obtener. 

Bélgica por su pequenez estaba obligada á ser 
neutral aun en las cuestiones más vitales de Europa ; 
y el Gobierno francés, á cargo del pacífico Luis Feli- 
pe de Orleans, jamás se hubiera atrevido á disgustar 
á la Gran Bretaña protegiendo en aquella ocasión á 
los centro-americanos. 

Si las causas anteriores se hubieran expuesto fran- 
camente á Castellón, el desconsuelo no habría sido 
tanto para Nicaragua ; pero los gobiernos de Europa 
se negaron á reconocer siquiera como nación á nues- 
tro país. 

Castellón se dirigió á la cancillería inglesa, y apuró 
su talento en describir los escandalosos atentados 
de que era objeto Nicaragua; y el Gobierno inglés le 
contestó, en 17 de agosto de 1844, que no podía 
escucharlo; que cuando en Centro-América se esta- 
bleciera una autoridad que prometiera ser estable y 
capaz de garantizar á la Gran Bretaña de que serían 
respetados y cumplidos los compromisos contraídos, 
no tendría inconveniente en atenderlo y en celebrar 
un tratado amistoso, á condición sí, de que previa- 
mente fuesen arreglados todos los reclamos pendien- 
tes de subditos ingleses. 



50Ü HISTOBIA DE NICAKAGÜA 



CastellÓD, que era uu hábil diplomático, concretó 
entonces sus esfuerzos a la Corte de Francia, para que 
siquiera interpusiese su mediación y nos librara de 
ser tratados como pueblos bárbaros, puestos bajo la 
férula de cónsules descorteses y arbitrarios. 

Despertó con tal objeto el interés del público fran- 
cés por el canal interoceánico de Nicaragua, por me- 
dio de la prensa y de conversaciones con los hombres 
más notables de aquel tiempo. 

El Príncipe Luis Napoleón (después Napoleón III) 
estaba preso en el Castillo de Ham, y la Corte de Luis 
Felipe lo hacía aparecer como demente. Castellón qui- 
so también sacar partido del bonapartismo y solicito 
permiso de visitar al reo de Estado. 

Luis Napoleón agradeció la visita del diplomático 
nicaragüense, quedó prendado de su agradable pre- 
sencia y finos modales, y se sintió vivament-e recono- 
cido, cuando Castellón, burlando la vigilancia del car- 
celero, le deslizó disimuladamente dos cartuchos de 
oro, que el Príncipe rehusó. 

Desde ese día el futuro Emperador fué un partida- 
rio decidido del canal por Nicaragua; y todos los 
bonapartistas franceses se convirtieron en sus pro- 
pagandistas más entusiastas. Estaba logrado el ob- 
jeto. (1) 

Castellón se dirigió entonces á la cancillería frauce- 
.sa, y en una conferencia con el Ministro Gruizot, ofre- 
ció á Francia toda clase de privilegios sobre el canal y 
también cederle en propiedad una isla en el Atlántico, 
para hacer allí un fuerte que sirviera de llave al mis- 



(1) Lu gratituíl <le Níi|roleüü íni'* iiupeíoceilera. Apeutiá oca- 
|m'i v\ trono impenal, inaiidn lí Xicaragu.a á buscar á Castellón, cu- 
ya mmnte ignoraba. Puso una pensión á la familia, y más tarde 
rn 1807 tuvo en París (Mbicando á Jorge, hijo menor de don FrM- 

0.ÍKCO--ÍX. del A.) 



CAP. XIV — ADMINISTRACIÓN DE PÉKEZ 507 



no canal, á condición de que interpusiera su media- 
ción con Inglaterra. 

Vana demanda ! 

La Corte de Luis Felipe manifestó francamente al 
representante de Nicaragua, que los procedimientos 
ie Inglaterra eran correctos "porque, anadió, las ua- 
siones de Europa no pueden sin rebajarse entenderse 
cjon esos gohiermtos mosquitos,'^' 

El Gobierno de Nicaragua, al dar cutjnta más tardo, 
en el periódico oficial, del fracaso de su Legación, ex- 
(llamaba con tristeza: "¡Nuestro Gobierno cuando s*^ 
trata de condenarlo á pagar sin ser oído, está eonsti- 
tnido; pero no lo está, cuando quiere manifestar sus 
iigravios y defenderse !" 

Cnaudo sucedían tales acontecimientos se encontra- 
ban asilados en León, como ya hemos dicho, algu- 
nos de los miembros de la falanje del General Mora- 
zan y varios emigrados de Honduras. 

La presencia de ellos en Nicaragua fué motivo de 
alarma para los Gobiernos del Salvador y Honduras, y 
cansa para que se turbaran las buenas relaciones que 
anteriormente habían existido entre los tres Gobiernos. 

El Poder Supr(?mo del Estado tenía entonces dos 
Jefes, uno civil y otro militar. El Director encarga- 
do del Poder Ejecutivo ejercía el primero, y el Co- 
mandante General de las armas, el segundo. 

Ya hemos visto que el arbitro de la Nación era for- 
zosamente el jefe de las armas, por más que la Cons- 
titución y las leyes dijeran lo contrario. 

El militarismo era ya en aquel tiempo una plaga 
funesta, que pesaba con puño de plomo sobre los pue- 
blos. Militares ignorantes, acostumbrados al pillaje y 
i la sangre, querían en plena paz, mantener la disci- 
plina y rigor de la Ordenanza española en campaña, 
rada vez que se trataba de sus enemigos. 



508 HISTOKIA DE NICAUAGUA 



Había, pues, un antagonismo bien marcado entre 
los hombres del estado civil y los que arrastraban an 
sable. Los primeros trabajaban por llevar el país á 
una libertad política, que degeneraba en la anarquía: 
mientras los otros querían sujetarla al absolutismo 
do sus pasiones. 

El Director don Manuel Pérez era un buen hombre 
en toda la acepción de la palabra. 

Sacado del pueblo de San Jorge, entonces depen- 
dencia política de León, su consigna era hacer lo que 
los leoneses quisieran ; cosa que, como se comprende* 
rá, se conformaba bien con su carácter débil y tole- 
rante, por no decir pasivo. 

El Comandante, don Casto Fonseca, era el reverso 
de la medalla, y el tipo acabado del militar nicaragüen- 
se de aquella época. 

Déspota, falto de instrucción, vano y lugareño, sir- 
vió de instrumento á las pasiones de los que supieron 
halagarlo, sembró el terror en las poblaciones que su- 
ponía enemigas; y no- encontrando en la escala mili- 
tar título bien sonoro, que satisfaciera sus oídos, pa- 
rodió el del vencedor de Ayacucho y se hizo nombrar 
"Gran Mariscal de Nicaragua." 

Su odio para Granada era exagerado; pero los gra- 
nadinos a su vez le pagaban con usura. Éstos, acu- 
sados de aristócratas, enemigos del pueblo y cuanto 
más pudiera hacerlos odiosos á las masas, formaban 
una especie de gremio excomulgado por todos los ami- 
gos del Gobierno, que no perdía ocasión de asestarles 
sus tiros. 

El 29 de enero de 1844, la Municipalidad de Mana 
gua celebró una acta, en cabildo abierto, separarán- 
dose de la jurisdicción de Granada y anexándose ala 
de León. Para ésto se fundaba, en que el pueblo de 
Managua estaba cansado de contribuir con sus <*au- 



CAP. XVI — ADMINISTRACIÓN DE PÉKEZ 509 



es al fausto y graadeza de la aristocracia de Gra- 
la. Los granadinos se burlaron de aquella añrma- 
Q y manifestaron por la prensa, que Managua lejos 
dar alguna utilidad al Departamento oriental, le 
Bionaba gastos y molestias; pero ol Gran Mariscal 
igió un manifiesto á los pueblos del Estado, aplau- 
ndo y apoyando el paso dado por el Municipio má- 
cense, que más tarde escolló en la Asamblea. 
)on José Osejo, Jefe Político de Granada, siguien- 
instrucciones del Gran Mariscal Fouseca, exigió 
itribuciones directas al vecindario, de la manera 
B violenta y antojadiza; obligó á la Municipalidad 
ue desterrase á los señores don Juan José Zavala, 
1 Ponciano Corral y don Fulgencio Vega, caudillos 
importancia en Granada; persiguió á otros hasta 
igarlos á emigrar; y por último oprimió de tal ma- 
•a al pueblo, que éste se levantó en masa y armado 
garrotes y machetes se lanzó sobre el cuartel, el 29 
agosto de 1844. Osejo pudo resistir el ataque ; 
•o quedó lleno de terror, viéndose obligado á per- 
necer sin salir a la calle, hasta que fué reemplaza- 
de orden del Gobierno. 

SI Gran Mariscal también hacía sentir en León la 
reza de su puño á aquellas personas que no le eran 
otas. El Licenciado don Basilio Salinas fué azo- 
to públicamente y obligado á emigrar en unión de 
señores don José Guerrero y don Sebastián Sali- 
s, personas influyentes, que se dirigieron á Hondu- 
. á procurar indisponer á Ferrera en contra de Nica- 
;ua. El malestar se hizo general y hasta el pueblo 
Matagalpa tomó^una actitud poco tranquilizadora. 
3n aquellos días estalló el movimiento revohicio- 
io de Honduras. El Jefe del Estado, General don 
tncisco Ferrei'a, lo atribuyó con algún fundamen- 
i trabajos de los emigrados residentes en Niciara- 



510 UISTOKIA DE NICARAGUA 






gua, de acuerdo y con protección del Comandante Ge- 
neral Fonseca. Partiendo de este supuesto, exigió 
<lel Gobierno nicaragüense que hiciera pagar al Co- 
mandante General de las armas los gastos causados 
al Gobierno de Honduras con la revolución debelada, 
y que á los emigrados se les procesara como á crimi- 
nales y se les impusiera el castigo que determinara el 
propio Ferrera. 

Nicaragua rechazó con indignación tales exigencias; 
y las relaciones quedaron cortadas de hecho. 

Como si tantas calamidades fuesen pocas, la nata- 
raleza quiso también proporcionar en aquellos días 
nuevos espectáculos de desconsuelo y tristeza. 

El 28 de abril de 1844, á las tres y media de la tar- 
de, se dejó sentir en todo el Estado un fuerte terre- 
moto de trepidación, que duró como veinte seganos, 
causando daños parciales en los edificios de varias po- 
blaciones; pero destruyendo totalmente los del depar- 
tamento de Rivas, en donde si bien quedaron algunas 
casas en pie, éstas se hicieron inhabitables por su mal 
estado y desplome absoluto. 

El Gobierno confederado existía aún en San Vicen- 
te y Nicaragua tuvo que mandar el contingente de mil 
hombres. Se hallaba bloqueado el Salvador por naWos 
ingleses y el auxilio nicaragüense tenía por necesidad 
que pasar por Honduras; pero Ferrera, que sospechó 
que esos mil hombres en territorio hondureno podían 
ser la base de un movimiento revolucionario en su 
contra, expidió un decreto en que dispuso que el ejér- 
cito de Nicaragua pasara en pelotones de doscientos 
hombres cada uno, combinados de trfl suerte, que nun- 
ca hubiera más de un pelotón en el Estado, ó lo que es 
lo mismo, que hasta la salida del primero avanzara el 
segundo y así sucesivamente. 

El Supremo Delegado, cuyos propósitos hemos te- 



CAP. XIV — A1>MIN1KT1ÍACJ1ÓN DE TElíEZ 511 



nido ocasión de conocer antes, encontraba muy dila- 
tada la fecha en que debía llegar el auxilio; y lleno de 
impaciencia se dirigió al Gobierno de Honduras, or- 
denándole que consintiera en el paso libre de la fuer- 
za nicaragüense, y que si tenía diferencias con Nica- 
ragua las llevara á conocimiento del Gobierno con- 
federado para ponerles término, de acuerdo con el ar- 
tículo 31 del "Pacto." 

El Supremo Delegado dio también orden a la fuer- 
za nicaragüense, para que continuara la marcha y al 
jefe de las operaciones de Honduras, don Trinidad Mu- 
ñoz, para que no les impidiera el pase. 

Muñoz contestó que no estaba á las órdenes del Su- 
premo Delegado é intimó á la fuerza nicaragüense que 
se haUaba en Choluteca el regreso para Nicaragua. 

El jefe nicaragüense, á quien se hizo la intimación, 
contuvo su marcha en Choluteca y dio parte al Su- 
premo Delegado; pero en el entretanto, fué atacado 
por Muñoz el 19 de agosto de 1844 y derrotado, de- 
jando en el campo á 156 muertos, muchos prisioneros 
y todas las armas, municiones y bagajes del ejército. 

La guerra estaba declarada de hecho; y el Gobierno 
de Nicaragua levantó un ejército de mil y pico de 
hombres, con el cual invadió á Honduras en el mes de 
octubre siguiente. 

El 23 del mismo octubre el ejército nicaragüense 
atacó la plaza de Nacaome, en donde estaba el grueso 
del ejército hondureno, comandado por el General Fe- 
rrera, y después de dos horas de vivísimo fuego, fué 
rechazado con pérdida de 150 hombres, muertos en el 
combate. 

En el entretanto. Cabanas y Barrios efectuaron en 
San Miguel, del Salvador, el movimiento revolucio- 
nario de que hicimos antes mención, para botar a Ma- 
lespfn. Aquel movimiento fracasó; pero Malespín exi- 



512 HISTORIA DE NICARAGUA 



gió de Nicaragua que fueran expulsados los promoto- 
res, entonces asilados en León, ó entregados al Gobier- 
no salvadoreño para que éste los castigara. 

Nicaragua volvió á rechazar con energía las preten- 
siones acerca de los emigrados, y continuó asilándolos 
en su territorio. Honduras y el Salvador se aliaron 
entonces y le hicieron la guerra. 



CAPITULO XV 

(Tiierra tle 1844— Adiuiíiistracióu 

de Saiidoval 



Invasión de Nicaragua — El jeíe de las fuerzas aliadas— Lle- 
gada á Satoca— Conferencias de paz— Son rechazadas — Sitio 
de León— Se retira Pérez y se encarga del mando el Senador 
Madriz— Táctica política de Malespín— Pronunciamientos 
en Granada y Rivas— Gobierno Provisorio — Auxilios que 
presta— Triunfo de Malespín — Excesos y ferocidades de és- 
te—Gobierno granadino— Don Blas Antonio Sáenz se encar- 
ga del poder — Mala suert^ de Malespín — Decreto contra él — 
Reunión de la A samblea — Elección de Sandoval — Carácter 
de su administración— Su Ministerio — Revoluciones que es- 
tallan—Carácter vandálico de éstas — Mechudos y Desnu- 
dos — Elevación de Managua — Sucesores interinos de San- 
doval — Nombramientos de Sacasa y de Jerez para la Dieta 
de Nacaome — Folleto del Príncipe Luis Napoleón — Intro- 
ducción del cultivo del café. 



En el mes de noviembre de 1844 fué invadido el te- 
rritorio de Nicaragua por los ejércitos aliados del Sal- 
vador y Honduras, comandados en jefe por el Gene- 
ral don Francisco Malespín. 

Era primer jefe de las fuerzas salvadoreñas el Ge- 
neral don Trinidad Muñoz, y de las de Honduras el de 
igual grado don Santos Guardiola. 

Ln caballería, compuesta de dragones <le ambos 
(gércitos, la comandaba el Coronel Bertis, y la artille- 
ría, un volatinero, á quien llamaban don Narciso. 

El ejército, que tomó el nombre de "Ejército pro- 
tector de la paz/' acampó en la hacienda de Satoca el 



514 HISTOBIA DE NICARAGUA 



21 de noviembre, y en ese mismo día se presentaron 
en el campamento los Licenciados don Hermenegildo 
Zepeda y don Gerónimo Carcache, llevando una mi- 
sión de paz de parte del Gobierno nicaragüense. 

Después de conferenciar algunas horas, los comisio- 
nados firmaron con Malespín unas bases de arralo, 
en las cuales se comprometía el Gobierno de Nicara- 
gua á satisfacer á los aliados los gastos de guerra que 
tenían hechos; á devolverles las armas y pertre- 
chos que hubieran llevado los emigrados; á entre- 
gar á éstos también, si á la ratificación del tratado 
existían en Nicaragua, ofreciendo no volver á con- 
sentirlos; á admitir á todos los emigrados de Nicara- 
gua, amigos de los aliados; á continuar manteniendo 
el ejército de éstos hasta el regreso á sus respectivas 
plazas ; y a pagar á Honduras todo cuanto hubiese 
gastado en su anterior guerra con Guatemala. 

Apenas se conocieron en la plaza de León aquellas 
bases, fué unánime la resolución de morir con digni- 
dad antes que salvarse con infamia. 

Malespín continuó su marcha, y el día 26 comenzó 
el sitio de la plaza. Ésta se defendió heroicaÍBente 
por varios días. 

Al romperse las hostilidades, el Director Pérez se 
llenó de temor, depositó el mando en el Senador don 
Emiliano Madriz y se retiró del escenario público. 

El 19 de diciembre hubo otra tentativa de arreglo; 
pero siendo mayores las exigencias de Malespín, se 
continuó la guerra con encarnizamiento. 

Como el sitio se prolongaba mucho, quiso Malespín 
explotar la antigua rivalidad do León y Granada, y 
envió agentes con circulares á todas las Municipali- 
dades excitándolas a la insurrección contra el Gobier- 
no leonés. 

Los vecindarios de Granada y Rivas, cegados por 



CAP. XV. — GUElüíA DE 1844, ETC. 515 



la pasión local, y más que todo, sedientos de vengan- 
za contra el " Gran Mariscal," de quien no tenían muy 
gi'atos recuerdos, comisionaron al señor don José del 
Montenegro para que fuese á celebrar un arreglo con 
el invasor. El comisionado se presentó el 8 de di- 
ciembre de 1844, en el campamento del General Ma- 
lespín, con quien convino en organizar un nuevo go- 
bierno, que presidiría el Senador don Silvestre Selva. 
Éste lo inauguró en Masaya el 16 del mismo mes; nom- 
brando Ministro general á don José M. Estrada. (1) 

El Gobierno granadino suscribió en el acto las bases 
que había rechazado el de León y suministró ud con- 
siderable contingente de hombres y recursos, que per- 
mitió á Malespfn estrechar más el sitio de ]a plaza, de- 
jando reducidos á los defensores al escaso recinto de 
ésta. 

Malespin era un tipo militar más despreciable y fe- 
roz que Ponseca. Vivía constantemente ebrio, y 
sos delirios alcohólicos terminaban siempre con el de- 
rramamiento de sangre y la perpetración de excesos 
escandalosos. 

El 26 de diciembre hizo publicar un bando, conmi- 
nando con la muerte al que tuviese comunicación ha- 
blada ó escrita con los de la plaza. Fundado en él, co- 
metió toda clase de atropellos y procedió contra mir- 
chos inocentes, víctimas de un chisme, de una delación 
ó de una conjetura. 

Después de cincuenta y nueve días de heroica re- 
sistencia, la plaza fué rendida á viva fuerza, el 24 de 
enero de 1845, los habitantes pasados á cuchillo en su 



(1) Don Dionisio Chamorro asegura que Montenegro se diri- 
gió antes donde Fonseca á proponerle una fusión, cujas bases re- 
chazaron los leoneses — (N. del A.) 



5lG HISTOKIA DE NICAKAGüA 



mayor part^ y las casas entregadas al saqueo y al iu- 
oendio. 

El triunfo excitó la sed de saugre del vencedor y 
bajo la influencia del licor, hizo fusilar á muchas pei-- 
sonas, veinticuatro de ellas de lo más notable. 

El Senador Madriz, encargado del Poder Ejecutivo, 
ol *' Gran Mariscal ^ y don Crescencio Navas, Minis- 
tro general, corrieron también la suerte que Malesi>ín 
tlestinaba á los vencidos. 

La ferocidad del caudillo salvadoreño rayaba en 
locura. El padre Crespín, virtuoso capellán del hos- 
pital de San Juan de Dios, fué á implorarle misericor- 
dia para los infelices enfermos á quienes también ase- 
sinaban, y Malespín por toda respuesta mandó fusi- 
larlo. 

Los aliados granadinos eran impotentes para con- 
tener aquel desbonle y más de uno de ellos debió sen- 
tir el torcedor del remordimiento A la vista de taotn 
sangre. 

El poder quedó en manos de los granadinos; 5' á la 
fcialida de Malespín organizaron el gobierno en la Vi- 
lla de San Fernando de Masaya, encargándose del 
ejei f'ieio del Poder Ejecutivo el Senador don Blas 
Antonio SácDz y de la Comandancia General de las 
armas don Trinidad Muñoz. 

Mientras Malespín ponía sitio á León, los pueblos 
del Salvador trataron de operar un movimiento revo- 
lucionario, para libertarse de la tiranía en que esta- 
líaii; pero el celo y actividad del Comandante Gene- 
ral, don Calixto Malespín, hermano del Presidente del 
Estado, ahogaron en todas partes las tentativas que 
so hicieron en San Salvador, San Vicente, Sensunte- 
)5eque, Cojutepeque y otros puntos. 

Loí< Geuerale^^ Cabanas y Barrios, que salieron de 
la plaza de León, antes de que ésta cayera en poder 



do Malespíii, se dirigieron al Salvador, y para lograr 
biiHlin iicogida, propalaron que los leoneses habían 
trinofado y nuo iSlalespiu habla sido deshecho eoin- 
pletamente. EstB miititira levantó el sentimiento pú- 
blieo de los salvadoreños y determinó un movitninuto 
revohicionark) bien acentuado. 

El General don Joaquín Eufraeio Guarnan, padre 
político de Barrios y Vice-Presidente encargado del 
Poder Ejecutivo, se puso á la cabeza de la revolución 
y la principió, haciendo concurrir al palacio al Co- 
mandante don Calixto Malespín y reduciéndolo allf á 
prisión. Después de ésto, pasó personalmente á los 
cuarteles, se hizo reconocer de las guarniciones, 
claró terminada la dictadura de Malespín y resi 
dos un su persona los poderes del Estado. 

Guzmán, con uu desprendimiento extraordinai 
convocó en seguida á elecciones, para que el pne! 
.«ft diese el Kobernante que raíis le gustara. 

Malespín, sorprendido en León con la noticia de su 
repentina caída, regresó precipitadamente, y desde el 
t«mtorÍo de Ilonduras, auxiliado por Ferrera, hizo 
durante algún tiempo la guerra al Salvador; guerra 
quo después se hizo extensiva á los dos países, que 
fué muy sangrienta y que terminó hasta el 27 de no- 
viembre de 1845, con la paz de Sensonti, J 

Malespín continuó siempre procurando eieenJ 
movimientos revolucionarios en el Salvador. i 

El IV de noviembre de lft46, logró reunir treinta 
hombres y con ellos pasó el río Sempul; pero después 
de algunos encuentros, en que fué derrotado, se reti- 
ra enfermo y acompañado de tres oficiales al pue- 
blo de San Fernando. Al llegar, tuvo un altercado 
con un vecino, le disparó un pistoletazo y á conse- 
(■ueucia de ésto, se amotinó el pueblo y lo asesinó. Su 
«•aheza, cortada tm seguida y llevada á la oapitaL íw 



i los 

1 



518 HISTORIA DE NICABAGÜA 



exhibida entre públicos regocijos y colocada después 
en una jaula de hierro sobre la garita de San Sebastián. 

Uno de los primeros actos del nu^o Gobierno de Ni- 
caragua fué expedir un decreto, fechado á 3 de marzo 
de 1845, en que declaró rotos los comprofnisos contraí- 
dos con el General Malespín y reservándose el derecho 
de reclamarle por las demacías que había cometido en 
León. En el mismo decreto se establecía la absoluta 
neutralidad en las cuestiones de los demás Estados de 
Centro- América, se mandaba levantar un ejército ca- 
paz de hacer respetar esa disposición, y se nombraba 
General en Jefe de dicho ejército al General don Tri- 
nidad Muñoz. 

La Asamblea del Estado se reunió en el mismo mes 
de marzo, en Masaya, bajo la Presidencia de don José 
León Sandoval; -y al hacer el escrutinio de las eleccio- 
nes supremas, que se habían practicado con anterio- 
ridad, declaró en 4 de abril, popularmente electo para 
Director del Estado, al propio señor Sandoval. 

En aquellos días so restableció la publicación del 
periódico del Gobierno, con el nombre de Bcgistro Ofi- 
cial y se dató en San Fernando. 

Aunque el nuevo Director del Estado era un hom- 
bre bastan t(^ lionrado, su falta de ilustración y su ca- 
rácter crédulo V sencillo, lo convirtieron fácilmente 
en órgano apasionado del círculo ó baudo á que per- 
tenecía. De aquí el que su administración fuera una 
verdadera administración de circunstancias, la menos 
a[)arente para un país anarquizado y dividido, cuyo 
suelo se encontraba rojo aún con la sangre do las con- 
tiendas civiles. 

La administración de Sandoval tuvo que valerse 
del odioso medio de las contribuciones forzosas para 
arbitrar fondos; y como sucede siempre en tales ca- 
sos, los encargados de distribuir los cupos, cargaban 



CAP. XV. — GUERRA DE 1844, ETC. 519 



la mano sobre los desafectos, que erau los mismos 
vencidos del 44. 

También se efectnaron durante el período de 8an- 
doval confinamientos y se aplicó la pena capital para 
as^urar el orden de continuo amenazado; se dismi- 
nuyeron los fondos de la instrucción pública para auxi- 
liar la edificación de templos en Granada ; se suspen- 
dió el juicio por jurados; se aumentó á tres el núme- 
ro de los Ministros de Estado y se trasladó á Grana- 
da la residencia del Gobierno; cosas todas que fueron 
muy mal vistas por los leoneses y sus amigos y que 
contribuían á exasperarlos más. 

La administración de Sandoval se resintió siempre 
de mucha falta de tino y en algunas ocasiones llegó á 
dictar providencias del todo injustificables, como el 
decreto de 9 de agosto de 1845, en que declaraba " fue- 
ra de la ley" á todos los que pertenecieron á la falan- 
je del General Morazán, que se encontraran en el te- 
rritorio del Estado ocho días después do, publicada 
aquella ley. 

El General Morazán hacía tres años que dormía el 
sueño eterno en el cementerio de San Josó y nada po 
día temerse de él. Los que fueron sus (jonipafioros 
carecían de poder en Centro-América, un dondín ni 
asilarse les era dado, y no eran tami)í>co facínerosoH 
á quienes debía tratarse como á los enfermoH di) hi- 
drofobia en los tiempos primitivos. 

Hay que tener presente, sin embargo, que los r^í- 
petidos movimientos revolucionarios (?n que luibían 
tomado parte los coquimbos, «lif-ron ú r«loH tal fama 
de anarquizadores, que llegaron á k*m' mirados por al- 
gunos gobernantes como una calamidad social. Así 
se explica que el Director Sandoval, á p^-sar d^' su hon- 
radez, se mostrara tan inhumano y arhil lario í!on 
elloíí. 



520 HISTORIA DE NICARAGUA 



Al principio de la administración de Sandoval, es- 
tuvo de Ministro general el señor don Domingo Ale- 
mán. Le sucedió don José del Montenegro, quien poco 
después se redujo al desempeño de la cartera de Re- 
laciones Exteriores, dando la de Hacienda al Doctor 
don Jesús de la Rocha y la de Guerra al Licenciado 
don Lino César. 

Los Ministros Rocha y César renunciaron, y se nom- 
bró en su reposición al Doctor don Máximo Jerez y 
al Licenciado don Pablo Buitrago, quienes también 
renunciaron. 

Saudoval nombró entonces á los señores don Fruto 
Chamorro y don Lino César y con éstos quedó defini- 
tivamente organizado el Gabinete. 

El período administrativo del Director Saudoval se 
pasó en continuas agitaciones. No se podía esperar 
otra cosa, si se atiende al lastimoso estado en que que- 
dó el país después de la guerra de 1844. Vivos los 
odios de tan acerba lucha, fresca aún la sangre de tan- 
ta víctima, aguzados los odios locales, desencadena- 
das las malas pasiones, desmoralizados los pueblos y 
cuando la pobreza general encontraba un incentivo 
en los desórdenes, tuvo que ser la guerra una conse- 
cuencia natural 

De todos aquellos movimientos revolucionarios fué 
el principal el que acaudilló don José María Valle % 
Cheló)fj que en el mes de junio anterior había sido con- 
finado en unión de otros cuantos al puerto de San 
Juau del Norte, por una tentativa de asalto al -cuartel 
de liCÓn. 

Valle burló el confinamiento y se dirigió al puer- 
to de La Unión, en el Salvador. 

Entre los empleados del puerto, contaba Valle con 
algunos amigos personales, que le suministraron ar- 
mas y recursos. Acompañado de sevSenta hombres. 



CAP. XV. — GÜEKRA DE 1844, ETC. 521 



que enganchó en el mismo puerto, se hizo á hi vela 
en una goleta, desembarcó en la costa de Cosigüina 
y logró sorprender la plaza de Chinandega, de la que 
se apoderó en seguida el 24 de julio de 1845. Valle 
estaba furioso en contra del Gobierno de Sandoval 
que lo había confinado, y, aprovechando las especiales 
circunstancias de Nicaragua, se presentaba como el 
vengador de los sacrificados leoneses y lanzaba al 
país en nuevas guerras. 

La facción de Valle no representaba bandera polí- 
tica alguna, y los excesos con que se manchó después, 
acabaron de convencer á los que al principio duda- 
ban, que se trataba de simples gavillas, deseosas ade- 
más, dé satisfacer enconos y venganzas. 

Todas las personas pudientes del Estado sin distiu- 
cióu de círculos, ni de localidades, deseaban el resta- 
blecimiento del orden y la reorganización del país. La 
facción de Valle, fué, pues, mal acogida por la genera- 
lidad, salvo algunos individuos que tenían resenti- 
mientos especiales con el personal del Gobierno. 

En León se organizaron fuerzas para debelar la fac- 
ción, y las personas notables ayudaron con lealtad al 
Gobierno, enrolándose algunas en sus filas, como los 
distinguidos liberales Doctor don Máximo Jerez y don 
Mariano Salazar, que iniciaron entonces su carrera 
milit-ar, mereciendo ambos especial mención en varios 
partes oficiales. 

Valle trató de apoderarse de León, y con este obje- 
to se presentó en Subtiaba, el día 26 de julio de 1845. 
Sus huestes eran numerosas y estaban capitaneadas 
por el mismo Valle y por Guadalupe Lagos, & Dia- 
blo Blanco^ el Charingo, Elera, Blas Muñoz y otros 
cuantos cabecillas de la revolución» Las tropas del 
Gobierno, bajo las órdenes del General Muñoz les sa- 
lieron al encuentro y después de algunas horas do 



522 HISTOBU DE NICARAGUA 



fuego los obligaron á retirarse en completa derro- 
ta, haciéndoles treinta y tres muertos y ocho prisio- 
neros. 

Valle logró rehacerse, y cinco días después, el 31 de 
julio, presentó nueva acción á Muñoz en el mismo 
pueblo de Subtiaba, en donde sufrió otra derrota, de- 
jando cuarenta muertos y doce prisioneros. 

Mientras Valle se esforzaba inútilmente, procurando 
apoderarse de León, uno de sus tenientes, Bernabé So- 
moza, se internó á las Sierras de Managua y levantó 
el estandarte revolucionario en todos los contornos. 
El Gobierno destacó una columna en su persecución 
y el 6 de agosto del mismo año tuvieron un encuentro 
muy reñido y decisivo, en el que fue derrotado Somo- 
za, y perdió el Gobierno al Capitán expedicionario 
don Juan de Dios Mátuz. Quedó prisionero el Capi- 
tán revolucionario J. Antonio Martínez, á quien se lo 
juzgó y fusiló en seguida. 

El foco de la insurrección ocupaba las plazas de 
Chinandega y villa del Viejo, por lo cual Muñoz se di- 
rigió á estos puntos á la cabeza de cien infantes y 
cuarenta dragones. En Chichigalpa hizo alto y fué 
atacado por los revolucionarios, á quienes logró re- 
chazar, pasando on seguida á Chinandega, cuya plaza 
ocupó sin dificultad por hallarse desocupada. 

Los revolucionarios amenazaban la plaza con cre- 
cido número do tropas y Muñoz determinó regresar á 
León á hacer nuevos reclutamientos para aumentar su 
columna. Realizado esto propósito, atacó de nuevo la 
plaza de Chinandega, ol 16 do agosto, y después de un 
vivo fuego, logró apoderarse de ella ala una de la tar- 
de del propio día. 

A las siete de la mañana siguiente, el gi*ueso de los 
revolucionarios probó un último esfuerzo, atacando 
la plaza por todas direcciones y batiéndose con verda- 



Jei"a desesperación. Lograron iiatrodueirse al centro 
de la plaza; pero faoron desalojados de nuevo, enfrien- 
do completa y decisiva derrota cou pérdidas de cua- 
rentn hombres muertos, diez y ocho prisioneros y mu- 
chas armas y elementos de guerra. Las tropas del Gk)- 
liieruo siifñeron también pérdidas muy sensibles. 
!'^,ii ese mismo año de 1845 apareció en Somoto una 
■ va faeeión de que se hizo responsable á Valle. Su 
'!ier heeho de armas se señaló con el asesinato Be 
I. Jnan Fábrega, que con algunos milicianos estaba 
guarnición en aquel puuto. 
-Mientras tanto, la anarquía del departamento .seten- 
irional fnó tan gi-ande, que llegó á ereorsü que aque- 
lla :aoc¡edad estaba llamada k desaparecer. 

Debelada la faecióu de Valle, Somoza se dirigió al 

i'ito de La Unión, en ol Salvador, y allí, en eonni- 

i'ift, al parecer i;on las autoridades del lugar, asal- 

!a« armaw el 2^ de marzo de 184fi. Organizó en se- 

i'la uua expedición que desembarcó en Cosigüinay 

l'ososiouó de la plaza de Chinaudega á principios 

dol mes de abril siguiente. La enseña de Bomoza en 

eeta ocasión era el exterminio, y celebró su entrada 

i'ou id asesinato de varías personas, entro ellas cuatro 

inoa de los más notables. 

i :i Gobierno que, durante el año de 1845 había man- 
i-uido constantemente sobre las armas un ejército de 
ochocientos hombres y usado con preferencia de me- 
didas suaves, creyó llegado el caso de tomar medidas 
'[■'-rgicas y dispuso que todos los revolucionarios fue- 
jnzgados militarmente. En enmi)limiento de esta 
li-n, cuatro hombros de los de Somoza fueron pasa- 
- jior las armas el l.~) de abril del mismo año. 
' n poco autos de la aparición de Somoza, el lü de 
M v.o de 184(!, el Capitán Mateo Pineda logró des- 
i i'R liw montes de Casili, hi banda de Natividad 



524 HISTORIA DE NlOAUAGUA 



Gallardo, que aniquilaba el departamento de León, j 
en el mismo día otra columna expedicionaria del Go- 
bierno reconquistó la población de Somoto, ocnpüii^ 
por la facción de Francisco Sancho. 

El departamento del Setentrión, que era el foei 
principal da la anarquía, se hallaba además mokiii- 
do por los indios semi-salvajes de Matagalpa, suble- 
vados y acaudillados por los hermai^ Alvarez. 
indios hacían su acostumbrada guerra de castas^ 
f)ueblos enteros caían al filo de sus machetes, seml 
do por do quiera el espanto y la desolación. 

A esa época correspondió también otra gaviüt 
menos terrible, que organizó en Cholateca el 
bandolero Siete Pañuelos y con la cual re^íorrió 
pueblos de occidente y norte del Estado. 

Tales facciones, con pretexto siempre de destruir 
aristocracia f/ranadina y de vengar á León, no eno 
el fondo otra cosa, que hordas vandálicas, sin Dioi 
sin bandera, que aprovechaban el est^o de anarqi 
y debilidad del país para entrarlo á saco, ni mis 
menos que los antiguos filibusteros de Bleufields. 

Desaparecieron en mucha parte los tintes pol 
y las ideas lugareñas, y la sociedad se consideró 
dida de hecho en dos poderosas agrupaciones. La 
mera, compuesta de las clases acomodadas y paci 
empeñadas en el restablecimiento del orden y Ift 
uización del país; y la otra, de las alases pobres y < 
moralizadas, acaudilladas por personas que 
intereses de circunstancias y que trataban de 
tuar el estado de gueiTa y anarquía con distintos 

Se dio el nombre de MerhudoA á los primeros y rf^ 
Desnudos á los otros. (1) 



(1) Mcchuih, parece querer indicar lo quo pelucán 6 nolJi 
otras partes; y Desfiftdos. &\go como deBcainisado <S S( 

(N. dol \.) ' 



Tanto en León como eu Oranada y como eu todasl 
iis poblaciones del Estado hubo Mecharlos y Desuu-\ 
'"!<, rjue se acentuaron luás en la administración delJ 
■■ñor Guerrero. I 

Llegó á tal extremo el estado de iiaurtiuíii, que en I 

r-a arrabales de León y de Granada, el que se presen- I 

..taba con levita ó con camisa aplanchada siqíiiern, co- I 

1 riesgo de ser apedrado ó insultado. I 

En 1846 la ..\samblea elevó á ciudad, con la deuo- | 
^nación de Santiago de Managua, á la entonces villa I 

I mismo nombre. Managua había sido designada I 

&•» capital, como población intermediaria entre Leóu ] 
^TGranada, desde el año anterior. i 

Durante el período administrativo de Sandoval, y | 
por ausencia de éste, gobernaron interinamente con J 
<-l carácter de encargados, los Senadores don José Ma- ] 
lia Sandros y don Hermenegildo Zepeda. I 

El (xobieruo de Sandoval celebró tratados de amis- ] 
lad con el Salvador y Honduras y en olios se reeono- | 
ció la necesidad imperiosa de reconstituir el Gobiemo \ 
confederado. De acuerdo con estos tratados, nombró J 
delegados para la organización de una Dieta nacional I 
L'u Nacaome, á ios sefiores Doctor don Máximo Jerez i 
y Licenciado don José Sacasa, sinceros partidarios de 1 
l:i reconstitución de Centro-América. 1 

Nadie hubiera creído que el Gobernante, que con 
tanta sana proscribiera en 1^45 á los amigos del (ina- 
ilo General Morazáu, viniese en 1847 á trabajar perla | 
misma causa que personificó aquel caudillo. I 

Desde 1842 los partidos políticos se distinguían por j 
iis trabajos en-favor ó en contra de la roconstitucióu I 
nacional. Los primeros, que desde entonces se llama- I 
ron iiacionfílistan, eran los liberales, cuyo foco princi- I 
pal exiatía eu San Salvador. Los otros, conocidos por 1 
^iieparatistas, fueron los conservadores, acaudillados ca J 




526 HI8T0KTA DE NICAÜAGUA 



todo Centro-América por la camarilla ultramontana 
de Guatemala, que tenía por cabeza visible al Arzo- 
bispo y por brazo fuerte al guerrillero de Mataques- 
cuintla don Rafael Carrera. 

La administración de Sandoval no puede, en rigu- 
rosa lógica, ser clasificada conforme á las ideas políti- 
cas de su tiempo. Fué liberal por la promoción de la 
Dieta, y fué conservadora por su decreto de muerte 
contra los coquimbos. 

En rigor, como dijimos ant«s, sólo puede ser consi- 
derada como un gobierno de circunstancias. 

.En 12 de mayo de 1847, terminó el período constitu- 
cional del Director Sandoval y se hizo cargo del poder, 
por esta causa, el Senador don Miguel B. Morales. 

Por este tiempo, Nicaragua era muy nombrado en 
todo el mundo. 

El Príncipe Luis Napoleón logró evadirse del casti- 
llo de Ham en 1846, y su primer acto de reconoci- 
miento al Licenciado Castellón, fué escribir en Lon- 
dres un luminoso folleto, en que hacía la completa 
exposición de las facilidades que había en Nicara- 
gua para excavar un canal intiBr-océanico y de las 
grandes ventajas económicas que reportaría la em- 
presa. 

El folleto produjo una inmensa sensación; pero por 
desgracia despertó también la codicia de Inglaterra, 
que comenzó sus hostilidades poco después, hasta 
descararse en 1847. 

Fué durante el período administrativo de Sando- 
val de Sandoval, cuando se introdujo a Nicaragua d 
cultivo del café. La primera plantación existió en las 
sierras de Managua, por los años de 1845 á 1846, y f aé 
hecha por el señor don José D. Gámez, vecino de Gra- 
nada y padre del autor de este libro. Las siguientes 
se debieron á los señores Presbítero don Gordiano Ze- 



CAÍ'. XV. — (íDKltHA DE 1^44, ETC. 



laya, veciuo de Managua y don Leaudro del mismo 
apellido, del Teeindario do Granada. (1) 

E! cafó es de origen oriental ; y aunque Próspero 
Alpino, Cónsul veneciano, hace mención de sns gi-a- 
uos en 1580, asegurando qno los egipcios preparaban, 
oou ellos eiorta bebida; no fuó sino hasta en Hi57 \ 
enando se le introdujo á Europa. 

Después de haber sido usado en Constantinopla.j 
Thevenot lo llevó á Francia desde el Oriente; y A fi- 
nes del siglo xvri su aso se había 'generalizado mucho I 
en todo Europa. 

A principios de! siglo xvm ef «afó se llevaba do Ara- i 
bia y costaba muy caro en lo.s mercados europeos; y 1 
el árbol era un objeto de curiosidad del que apenas B6 J 
habrían encontrado cuatro ó cinco ejemplares. 

El Burgomaestre de Amsterdám, segiin unos, 6 el <j 
Stuti'ider de las Provincias Unidas, según otros, 
ló al Rey Luis XIV un arbusto de café, que el Mouar- J 
ca francés so dignó aceptar y confiar á los profei 
de su jardín botánico. Los naturalistas del jardín | 
recibieron con júbilo la planta obsequiada por los ho- 
landeses, le prodigaron los cuidados más asiduos é hi- 
cieron cuanto les fué posible porque se reprodujese 
en los invernaderos. Obtuvieron algunos retoños; 
pero daba lástima cultivar el café en estufas doudal 
las plantas se ahogaban por falta de aire, de cuyo sue- 
lo artificial no sacaban sino un alimento iusuficieutd'i 
y pCMJO salubre, y donde les faltaba espacio para desa- 
rrollar sns ramas. El encargado del jardín, que era J 
'■! notable naturalista Antonio de Jnssieu, pensó quo I 
-i-ría mós cuerdo enviar aquella planta á un país, don- I 

.;1) Testimonio ilel «eííor Ijiconmíio don Piiacual Fimaoca, dej 
^liinugn», (^oicii agrega, <|iie naD<]iio anteriormente ae conocín el I 
' ifú, crn <^n Arboles rogados on loa jaidinec, dondo so las conser- í 
valí» fomo nna cnrioBÍdad hotiíníen — (X. del A.) 



528 UISTOKIA DE NÍCAKAGUA 



do encontrase, como en su patria, una tierra virgen y 
fecunda, el calor vivificante del sol de los trópicos, la 
húmeda frescura de sus noches y el riego abundante 
y tibio de sus lluvias periódicas. 

En su concepto, la Martinica reunía las condicione^ 
más favorables para hacer la prueba. Un joven, al- 
férez de navio, sumamente celoso por el progreso de 
las ciencias y amigo de Antonio de Jussieu, el caba- 
llero Declieux, partía para aquella colonia con el nom- 
bramiento de Teniente-Rey. El botánico le entregó 
el mejor y más vigoroso de los retoños, recomendán- 
dole que no omitiese nada, para llevarlo sano y salvo 
haéta su destino. 

Declieux prometió mostrarse digno de la misión 
que se le confiaba y velar por el débil arbusto como 
por un niño enfermo. La travesía fue larga y peno- 
sa, escaseó el agua, y tripulantes y pasajeros fueron 
puestos á ración; pero como el arbusto no estaba com- 
prendido en el reparto, habría perecido si Declieux, 
fiel á su promesa, y pareciendo presentir el gran ele- 
mento de riqueza que traía consigo, no le sacrificara 
una parte de su escasa ración de agua. 

Aquel arbusto de la Martinica fué el padre (íomíiu 
de los millones de arbustos que desde entonces han 
poblado las grandes plantaciones de América. De la 
Martinica pa^só á las Antillas, y un siglo después á 
Costa-Rica, de donde llegó á nosotros. 



CAPÍTULO XVI 

Adiiiiiiistracióii de Gueri*ero 



Guerrero toma posesión del mando — Astucias de que se 
valió — El Obispo Viteri se naturaliza en Nicaragua — Tras- 
lación de la capital — Iniciativa del Perú — Instalación de la 
Dieta de Nacaome— Nombre que toma — Sus trabajos — Ins- 
tálase la Constituyente en Managua— Comisión que nom- 
bra — 'El Regenerador Nicaragüense" — La comisión pre- 
senta el proyecto— Oposición que encuentra — Disolución 
escandalosa de la Constituyente— Actitud del Ejecutivo — 
El Rey mosco en San Juan del Norte— Historia de éste — Cir- 
cular á los Gobiernos centro- americanos — Muñoz recupe- 
ra San Juan— Llegada de Mr. Walker— Ocupación del río 
por el Almirante Lock— " El Noticioso "—Tratados de la isla 
de Cuba — Inútiles esfuerzos de Marcoleta y Castellón en 
Londres — Actitud de Mr. Cb.atfield de acuerdo con Guate- 
mala y Costa-Rica— Cuestión de límites— Huracán en Ri- 
vas — *• La Gaceta" — Retírase Querrero—Le suceden interi- 
nasaente Terán y Rosales— Timbucos y Calandracas. 



El (i de abril de 1847 tomó posesión de \i\ primera 
Magistratura del Estado el Director electo por los pue- 
blos, Licenciado don José Guerrero. 

El nuevo Director, aunque enrolado en el partido 
(le los granadinos, pertenecía en el fondo al de los leo- 
neses; pero supo engañar tan bien dios primeros, que 
no vacilaron en darle sus votos y en confiarle el mando. 

Muñoz era execrado del partido de Granada, y Gue- 
rrero, de acuerdo con este, fingió antes de la elección 
uii disgusto ruidoso, que completó el engaño. 

Los granadinos creían, pues, contar ciegamente con 
la adhesión de Guerrero, en el que se fijaron de pre- 

34 



530 HISTORlf DE KICAKAGÜA 



ferencia por su disgusto con Muñoz y también para 
aplacar algún tanto los sentimientos lugareños de 
León, de donde era origanario el candidato. 

El Obispo de San Salvador, don Jorge de Viteri y 
Ungo, había sido expulsado de su Diócesis por la par- 
ticipación activa que tomaba en los asuntos políticos 
de aquel Estado. 

Viteri era giíatemalteco, pariente y amigo de los 
caudillos conservadores más notables y no podía nun- 
ca aclimatarse en San Salvador, eterno rival de Gua- 
temala y foco del liberalismo centro-americano. Así 
lo comprendió él mismo, y en 8 de abril de 1847 soli- 
citó del señor Guerrero la carta de ciudadanía nicara- 
güense, que le fué concedida en el acto. 

El Obispo salvadoreño deseaba ardientemente cam- 
biar su mitra por la de Nicaragua y desde esa fecha 
trabajó con empeño en este sentido, hasta en 1850, en 
que vio coronados sus deseos. 

Uno de los primei'os actos de Guerrero fué la tras- 
lación de la capital á León, golpe mortal para los gra- 
nadinos, que luego lo vieron identificado con Muñoz. 

En aquellos días, la República del Perú, excitaba 
a todas las naciones americanas, para el nombra- 
miento de Plenipotenciarios que concurrieran á Li- 
ma á organizar una gran Dieta; pero ésta no tuvo 
efecto. 

El 6 de julio de 1847 se instaló solemnemente en 
Nacaome la Dieta centro-americana. La componían, 
don Félix Quiros y don Sixto Pineda, en represent^i- 
ción del Salvador; don Coronado Cha vez y don Mó- 
nico Huezo, por Honduras; y don Máximo Jerez y 
vdon José Sacasa, por Nicaragua. 

La Dieta tomó el nombre de " Dieta de los Estados 
centro-americanos." 

Iniciados los trabajos de reorganización nacional, 



ciK XVI— -ÁinuNis'nuoióN, ere 



ssr 



l'loB Representantes de Honduras propusieron la crea- 
cWn (le lina nueva Dieta con representantes faculta- i 
(ios omnímodamente para establecer el gobierno ge- 
era], evitando aai las dilatorias que tendría el ocu- 
p á las legislaturas para la aprobación de lo qiie se | 
tetara. 

Los del Salvador propusieron eomo más convenien- J 
it la creación de una Asamblea Nacional Constitnyen- 
L compuesta de Diputados por los pueblos de los Es- 
idos para que ella decidiera la forma de gobierno. 
|Lo8 de Nicaragua aceptabau i-ualquiera de las dis- 
«sieiones hwhas, y protestando adherirse á una ú ] 
otra, propusieron á su vez, para evitar dilaciones y co- 
mo un término medio, que se organizara un gobierno ] 
provisional, compuesto de individuos electos por ca- 
da una de las legislaturas de los respectivos Estados | 
y con haoionda, fuerza y facultades bastantes, para | 
atender k lo más urgente y necesario, eligiendo entre I 
ellos un Presidente y sirviendo los demás como Minis- 
tros; pero formando todos nn consejo, que por mayo- 
ría decidiera las resoluciones. Este Gobierno asi or- 
ganizado, convocaría la Constituyente y haría efecti- 
vo lo que ella acordara sobre forma de gobierno y le- I 
i de organización. 
El 21 de julio del mismo año, la Dieta acordó acep- 
r la proposición de ios Delegados nicaragüenses, y se | 
OiüisíoQÓ á los señores Chave?, y Pineda para elabo- 
r el convenio sobre gobierno provisional, y á los se- 
ñores Jerez y Huezo para extender el proyecto de con- 
vocatoria; pero con la restricción de quedar todo su- 
jeto á la ratificación del Gobierno de cada uno de los | 
Estados. 

La Constituyente del Estado de Nicaragua convo- 
cada por Ib Administración anterior para reformar la I 
prta fundamental de IS^S, SI» instaló pn Managua el 1 



532 HISTORIA DE NICARAGUA 



3 de setiembre de 1847, bajo la presidencia del Dipu- 
tado don Pío J. Bolaños. 

El 17 del propio mes nombró una comisión Je su 
seno, compuesta de la mitad de sus miembros, para 
que formara el pToyecto de la nueva Constitución, 
con el que debía dar cuenta á la Asamblea, para con- 
tinuar las sesiones que quedaron suspensas. 

El 4 de octubre apareció en Managua El Regenera- 
dor Nicaragüense, periódico destinado á publicar los 
trabajos de la Asamblea. 

El 5 de abril de 1848, dio cuenta la comisión del 
proyecto que le fue encomendado. 

En la nueva Constitución se facultaba al Ejecutivo 
para que pudiera suspenderla, cuando hubiera cona- 
tos de trastornos públicos. Los Diputados don Pablo 
Carbajal, don Mariano Ramírez, don Justo Abauuza, 
don Hermenegildo Zepeda y don Cipriano Gallo cre- 
yeron quo no d^bía sancionarse semejante abuso. 

Como la mayoría estaba muy pronunciada en fa- 
vor del proyecto, propuso el Diputado Carbajal que 
fuera publicado para que lo revieran el Ejecutivo y las 
nmuieipaüdades y que después de algún tiempo se 
convocara una Constituyente que le concediera su 
aprobación. Apoyaba su pensamiento en lo que se 
había hecho en otros pueblos y especialmente en Gua- 
temala, donde las municipalidades desecharon un pro 
yecto tramitado de la misma manera. 

En la discusión de la propuesta hecha por Carbajal, 
alegó el Diputado Ramírez (don Mariano) la suma len- 
titud con que en Inglaterra se apoyaba toda reforma. 

El Diputado don Rafael Lebrón, presentó con fecha 
13 de abril un luminoso voto particular, en apoyo del 
proyecto, en que refutaba la proposición de Carbajal 
y los argumentos de Ramírez. 

La Asamblea constaba de diez v siete miembros, v 



practicarse la votaeióu, los Diputados opuestc 
lilbaudouarou sus asientos, y tuvo que euspeuderg 
i sesión por falta de quorum. 
La Secretaria de la Asambloa se dirigió al EjecutíJ 
feo, ordenándole quo ¡lor la fuerza compeliera á los Di-' 
Bntados rebeldes á ocupar sus asientos en el día iii- 1 
nediato; pevn éstos contestaron que un Diputado á la 
ponstituyente debía considerarse Euura de las reglas 
presentas á los Dilatados do las legislaturas ordiua- 
iB, que obraban sujetos á la Constitución y cuya 
ley, según ésta, tenía que ser la mayoría de la cama- J 

Que un Diputado constituyente no tenía más ley 
en sus actos oficiales quo la voluntad de sus comiten- 
tes, y qne tratándose de contrariarla, presentaban su 
^^diraisión y devolvían el mandato al pueblo, para que 
^Hfiete resolviera. 

^^M La CoDstituy(;Dtt> no pudo compeler á los Dipute 

^^H08 ausentes, que contaban con el apoyo del Ejecutl 

^^K-o, y continuó rigiendo la Constitución de 1838. 

^^m Desde 1845 en que el Cónsul inglés anunció al Goi 

^^Tiierno de Nicaragua la coronación del Rey de los moa-1 

eos y !a protección que estaba dispuesto á darle el M 

Gobierno británico, la cuestión del territorio disputa- T 

do fué tomando proporciones cada día, hasta llegar 6r\ 

una situación violentísima, que sólo pudo terminar t 

tratado Claytou-Bulwer. 

El Gobierno inglés, deseoso de tomarse nuestra cos- 
ta del Norte para tener asegurada una posición en el 
Juturo canal" ínter- oceánico, que desde el siglo ante- 
rior llamaba la atención del mundo, principió con ro- ■ 
lamos antojadizos y con humillaciones á nuestro Go- 
bierno; y como ésto no bastase aún para ir tan de] 
brisa como se quería, apoyó la invencióu de una mo- j 
paxiufa mosquita regida por un indio, á quien las auto- J 
ndades de Jamaica coronaron y pusieron bajo la pn 



534 HISTORIA l)E NICAUÜUA 



tección inglesa, remitiéndolo en un buque de guerra 
á Bluefield, acompañado del subdito inglés Mr. Patrick 
Walker, que con el título de Cónsul general de Su Ma- 
gestad Británica, ante S. M. el Rey de los moscos, go- 
bernaba en nombre de éste y se adueñaba del territo- 
rio nicaragüense, extendiendo cada día su jurisdic- 
ción al interior. 

El titulado rey mosco era un muchacho de quince 
años, llamado George Guillermo y descendiente del an- 
tiguo jefe que se bautizó en Cartagena en 1788, con el 
nombre de don Carlos de Castilla. Lo educaban maes- 
tros ingleses y hacía lo que éstos le ordenaban. 

La historia de la genealogía de los reyes zambos y 
mosquitos, fué inventada en el presente siglo por al- 
gunos subditos ingleses de Jamaica y de Belice. Por 
los años de 1838 á 1839, invistieron á aquella extrava- 
gante dinastía con una soberanía nominal, para dar 
cierta apariencia de legalidad á varios actos de cesión 
y venta de territorio, en fav^or de individuos del co- 
mercio de Jamaica. 

Samuol Shepherd, Estanislao Thomas, Henry Wi- 
llock y otros cuantos negociantes ingleses, solían ob- 
sequiar con grandes comidas á Carlos Federico y á 
su hijo Roberto Carlos Federico, padre de George 
Guillermo, y a los postres, después de haber satisfe- 
cho con abundancia la afición que los regios indios 
tenían al ron y la cerveza, les hacían otorgar ventas 
y donaciones, poi* las cuales dichos individuos toma- 
ron al fin el dominio de todo ó casi todo el territorio de 
lii Mosquitia. 

Se obligó después al Rey Carlos Federico á que iuí?- 
tituyera por cumplidor testamentario de su última vo- 
luntad al Coronel MacDonal Superintendente del es- 
tablecimiento inglés de Belice. 
Un caso inesperado, sin embargo, vino á echar por 



ti(>rra el edificio tan á duras penas levantado. Suce-J 
dio que uno de los títulos de compra ó cesión llegó é 
caer eu manos de un subdito prusiano, y la parto tiue 1 
á éste correspondía era ima de las enajenaciones máa J 
istas, la más bien situada para la colonización y paral 
] comercio con el interior de Centro-América. 

Presentóse el subdito prusiano, reclamando el dere-< 
0bo que le asistía y auuuciaodo al mismo tiempo que-l 
ireparabfl una expedición de emigrados prusianos J 
ion objeto de colonizar el vasto territorio que le per- J 
euocfa. 

Semejante pretensión contrarió mucho al Hupeiin- 
iendente MacDonald, empeñado como estaba eu que el 
¡erritorio mosco fuera exclusivamente de subditos de 
a Oran Bretaña. El medio más expedito de salir del m 
;iaso era anular todas \as ventas y cesíoues hechas, I 
Hivolviendo á todos los tenedores ingleses cu uua me-^ 
da común, y reinstalar al Rey de la Mosqnitia en to- M 
s BUB derechos de propiedad y doraiuíos previos iiM 
Ik enajenación. M 

£d consecuencia, hizo el Coronel MacDonald quu nfX ■ 
nagestad mosquita, firmase en 23 de marzo de 1841 1 
in decreto, datado en el Cabo de Gracias á Dios, eu J 
it que auulaba eu parte dichas ventas y cesiones. I 
La misma medida reprodujo después Mr. Walkev J 
i inaugurar el reinado de Georgo Guillermo, haciéu-í 
extensiva á todas tas ventas y cestones de Carlos 1 
Federico y de Roberto Carlos Federico, porque éstos, J 
~ogúu el real decreto "se hallaban ebrios, cuando otor-a 
¡arou dichas enajenaciones." m 

Eu noviembre de 1847 so recibió eu Nicaragua uum 
pouninicacióu de Jorge Ilodgson, mulato de Bluolielda J 
6u la que, titulándose antiguo Consejero do su maje*! 
ail el Key mosco, intimaba á nombro de ésto la dea-^ 
íoupaoióu del puerto de San Juau del Norte. I 



536 HISTORIA DE NICARAGUA 



El Gobierno de Nicaragua, viendo ameiiazada sn 
autonomía se dirigió á los demás Gobiernos de Ceu- 
tro- América, pidiéndoles su apoyo; pero con excep- 
ción de los de Honduras y el Salvador, los demás se 
limitaron á deplorar el acontecimiento y á ofrecer su 
mediación para con el Cónsul inglés, residente en Cen- 
tro-A marica. 

El día 1? de enero de 1848 se presentaron en San 
Juan del Norte el vapor de guerra Vüen de la ma- 
lina iaglesa y la balandra Cutter Siin armada tam- 
bién en guerra y con bandera mosquita. 

Poco después desembarcaron tropas inglesas y con 
éstas Mr. Patrick Walker y el Rey mosco. Libados 
á la plaza formaron las tropas, saludaron con descar- 
gas la bandera mosca, contestaron con cañonazos del 
buque, bajaron la bandera de Nicaragua y tomaron 
posesión de hecho, ordenando la inmediata desocupa- 
ción del puerto á todos los funcionarios nicaragüense? 
y dándoles á reconocer al mulato Hodgson, como go- 
bernador de aquella jurisdicción. 

Terminada la ceremonia, se reembarcó la tropa del 
buque, y Mr. Walker en su calidad de Cónsul británi- 
co V Mr. Alfredo P. Pider como Comandante de Ma- 
riña al servicio de la Gran Bretaña, pasaron una co- 
municación oficial al comisionado del Gobierno de Ni- 
caragua, previniéndole que tuviera mucho cuidado 
con no interrumpir, ni molestar á las autoridades mos- 
cas, bajo pena de exponer á Nicarag;^ia al resentimien- 
to del Gobierno inglés. 

Tan luego como se fueron las tropas inglesas, el Ge- 
neral Muñoz, Comandante general de las armas de Ni- 
caragua, que se hallaba apostado en Sarapiquí, ocupó 
con sus tropas la ciudad de San Juan el O del mismo mes 
de enero, redujo á prisión al Gobernador Hodgson, 
al oficial inglés Mr. Little que hacía de Comandante 



CAP. XVr— .VDMINiaTRAOIÓN, BTC. 537 



cill 



y tomó dos banderas, una lancha y unos cuantas ar-j 
mas de los moscos. 

El Gobierno de Nicaragua mantuvo presou en 0ra-l 
nuda á lo.s avanzados en San Juan, á pesar délas vio-r 
iííntas protestas del consulado inglés. 

D*.' las deolaracioiies lomadas á los presos, resnltAÍ 
'■oraprobado que todo era obra de Mr. Patrick Waiker, f 
liiiien manifostaVía obedecer órdenes escritas del can- 
ciller inglés Mr. Palraerstoii, y que hasta las comuui- 

wjiones dirigidas á Ninaragua por Hodgson tenían I 
firmas enplautadas. 

El 2.") de pnero se presentó Mr. Walkeven San Juan I 
«Í«l Norte al mando de vointicinco botes, con odio i 
hombres armados en cada uno de ellos; pero perma- I 
neei*'» á la espoctativa por haber recibido orden de Ja- 
maica de esperar á la escuadra inglesa. 

No- tardó en presentarse el Alarma, buque de gue- 
rra inglés, comandado por Mr. Granville G. Loek. És- 
le desembarcó sus tropas, tomó Sarapiquí y avanzó 
hasta el fuerte de San Carlos, que también tomó, redu- 
'•iendo á prisión á los empleados niearagiieaeesy ame- | 
uazando continuar en su invasión. 

Se ocurrió entonces á las pláticas de arreglo, y Mr. ^ 
Loek consintió en pasar á una isla del lago ü conferen- 
ciar con los comisionados del Gobierno de Nicaragua, J 
que fueron los Licenciados don Francisco Castellón, j 
Ban Juan Zavala y don José María Estrada. 
* BI 7 de marzo de 1849, fué firmado un convenio, | 
qae se llamó de la "Isla de Cuba" (nombro de la loca- 
lidad) ou el cual se estipuló que se devolverían porj 
ambas partes á los prisioneros, municiones y objetoaf 
ipiados: que Nicaragua daría una satisfacción al Oo- 1 
lO inglés, declarando que al arrear la bandera mos- 
que estaba tan vinculada con la de 1 
extremo, que un ultraje parala primo- 




538 HI8T0K1A DE NICAUAGUA 



ra envolvía un insulto para la segunda: que no per- 
turbaría más á las autoridades moscas en la pacífica 
posesión de San Juan del Norte; y que lo estipulado 
no embarazaría á Nicaragua para ocurrir por medio 
de un comisionado ante S. M. B. á solicitar un arre- 
glo definitivo sobre este asunto. 

Cuando el Gobierno del Salvador tuvo conocimien- 
to del convenio, publicó una enérgica protesta, con fe- 
cha de 7 de abril del mismo año. 

Para dar cuenta al público de los grandes sucesos 
de aquellos días, se fundó un nuevo periódico oficial, 
llamado El Noticioso, del que se publicaron 17 nú- 
meros. 

El 18 de junio de 1848 se nombró á don José de 
Marcoleta, Encargado de Negocios de Nicaragaa, an- 
te S. M. B. para el arreglo de la cuestión pendiente; y 
en 22 de agosto siguiente se designó también j)ara el 
mismo cargo al señor Licenciado don Francisco Cas- 
tellón, con objeto de que arreglara todos y cada uno 
de los puntos en litigio, sólo ó de acuerdo con el se- 
ñor Marcoleta. 

Al mismo tiempo, el gobierno de Nueva-Grauada, 
que había mostrado mucho interés por Nicaragua, en 
todo lo relativo á la cuestión inglesa y que temía los 
avances de Inglaterra en su costa norte, acredité un 
Ministro Plenipotenciario en Washington, que lo fué 
don Pedro Alcántara Herráu, para tratar lo conve- 
niente con el Gobierno americano ; y no satisfecho 
aún con ésto, excitó oficial mente á los demás Gobier- 
nos de Sud-América para que enviaran representan- 
tes á la propia capital con objeto de que, apoyados por 
el Gobierno de Estados-Unidos, organizaran una gran 
Dieta que arreglara todo lo conveniente para mante- 
ner el derecho continental. 

El gobierno americano, atento á la excitativa que 



CAP. XVI — ADMINISTRACIÓN, ETC. 539 * 

1 le hizo Nicaragua, dio instrucciones á su Le- 
9n Londres para que gestionara sobre la ocu- 
del río San Juan. 

de enero de 1849 fué recibido oficialmente 
obierno inglés nuestro Encargado el señor Cas- 
pero todas las gestiones que hizo para el arre- 
Ei dificultad pendiente fueron vanas, porque 
rno inglés siempre se excusó de tratar con Ni- 
, pareciéndole muy depresiyo dar el nombre 
in á una pequeña fracción de Centro-Amé- 

iras tanto, los ingleses cada día más preponde- 
re tomaban el territorio á nombre del Rey mos- 
lestaban con reclamos y exigencias que hacían 
bable la situación. Llegaron las cosas 4 tal 
>, que todo extranjero se consideró inmune ; 
para los asuntos civiles, como para los crimi- 
fuía que ocurrir el Q-obierno ante el Cónsul 
vo poniéndole la queja, 
lítica inglesa en Centro-América, siguió las 
ie lá española, en cuanto á dividir el país y 
• en su provecho las divisiones, 
asul Mr. Chatfield, al mismo tiempo que hos- 
de cuantas maneras podía a Nicaragua y al 
r, halagaba á Costa-Rica, rival del primero, y 
mala del segundo. 

istancias del Cónsul británico para revivir la 
cuestión de límites, tuvieron el éxito más sa- 
•io para él. 

-Rica envió de plenipotenciario á don Felipe 
quien se trasladó á León á conf eranciar con el 
do don Gregorio Juárez, comisionado de Ni- 
; y no habiendo podido llegar á uii arreglo 
orio se retiró desagradado, con dirección ú 
•a, á donde, según se dijo por la prensa ofi- 



- - — 



540 HISTOBIA DE NICARAGUA 



f ial de aquella época, pensaba solicitar el protectom- 
fio de aquel reino para Costa-Rica. 

Como si tantas calamidades no fueran bastantÉ 
para Nicaragua, el 31 de octubre de 1848 hubo im 
fuerte huracán de Noreste á Sur-Oeste en algunü 
parte y de Norte á Sur en otras, seguido de fuertac 
lluvias, que destruyó las plantaciones y sementenv 
y derrumbó muchas casas. 

El departa mejíito de Riva« fué uno de los que másj 
sufrió con la pérdida total de sus valiosas plantacio- 
nes de cacao, que constituían la principal riqueza ái 
Estado. 

En el mismo departamento la quebrada de "Lü 
Lajas^ creció de tal manera, que se unió con el 
Ochomogo á media legua distante (que también 
desbordó ) abrazando la inundación una gran exteih 
sión de terreno y ocasionando nuevas ruinas y gran- 
des perjuicios. | 

Desde enero de 1848, el periódico oficial dejó de' 
llamarse Bcgistro y apareció con el nombre de Garda j 
(¡el Gohierno Supremo del Estado de Xicaragua. \ 

El 19 de enero de 1849, el Director del Estado, can- 
sado de luchar con tantas dificultades, alegó excusas 
de salud quebrantada, y depositó el mando en el Se- 
nador don Toribio Teráu. 

Durante el mes de marzo, reemplazó á Terán el Se- 
nador don Benito Rosales. 

En la administración de Guerrero, los amigos de 
éste y de Núfiez tomaron la denominación de Calan- 
dracas y los opositores acaudillados por don Fruto 
Chamorro, la de Timhucos. 

Calandraca, parece ser derivado de la palabra enr 
landra ó gorgojo, que es el nombre de cierto insecto 
roedor que destruye los granos. 

Tmhnco, según pensamos, encuentra su etimologi 



CAP. XVI — ^ADMINISTRACIÓN, ETC. 54J 



fén el provincialismo nicaragüense timba ( panza ). El 
|iDÍ8mo nombre de timbuco suele darse á una especio 
le cerdo muy gordo. 
Ei8 de creerse que al llamar á los leoneses calandra- 
íy los granadinos quisieron tildarlos de destructo- 
y ladrones; mientras los otros, para estigmatizar 
sos enemigos ante las clases desheredadas, los í^in- 
^dicaban de hartos ó repletos. 



CAPÍTULO XVII 

Administración de Ramírez 



Toma posesión el nuevo Director del Estado — El periódico 
oficial — Relaciones con Costa-Rica— Contrato de canaliza- 
ción — Carácter de la administración de Ramírez-- Asonada 
de León— Revolución en Rivas — Asesinato de Lebrón- 
Muerte del Capitán Martínez— Somoza se pone al frente del 
movimiento^Horrores que comete— Movimiento de Grana- 
da y Nandaime— Apuros de Mufioz — Actitud de los grana- 
dinos — Ataque de Somoza— Prisión y muerte de éste— Lle- 
ga Mr. Squier— Su actitud con Costa-Rica y el Cónsul in- 
glés — Pacto de confederación centro-americana— Asalto del 
cviartel de León— Actitud del Salvador— Veinticinco ameri- 
canos incendian á Bluefiel— Tratado de Cla3rton-Bul'V7er-~ 
Separación de Ramírez— Le sucede Abaunza— Noble con- 
ducta del Perú — Los primeros vapores— Nevería en León— 
Se instala la Representación Nacional— Trabajos de ésta— 
Batalla de la Arada— Disolución de la Representación Na- 
cional — Nuestro Ministro en "Washincfton. 



El 19 de abril de 1849 tomó posesión de la primera 
Magistratura el señor don Norberto Ramírez, Direc- 
tor electo por los pueblos del Estado. 

Un mes después se fundó en León el Correo del Ist- 
mOj órgano oficial del nuevo Gobierno. 

Durante los meses de junio y julio del mismo ano, 
estuvo recibiendo la Secretaría de Relaciones Exterio- 
res, comunicaciones muy enérgicas del Cónsul inglés, 
Mr. Chatfield, sobre la cuestión mosquita. En una 
de ellas amenazaba á Nicaragua con que Inglaterra 
le daría mi severo castigo si continuaba perturban- 
do los derechos del Rey mosco. El canciller nica- 
ragüense protestó contra la insolencia del estilo, 



344 HISTOKIA DE NICAKAGUA 



é hizo ver al Cónsul que no era más que un agente 
consular, en quien no píodía reconocerse el derecho de 
hacer declaraciones políticas, mucho menos para 
anunciar una decisión tan absoluta de parte de su 
Gobierno y en fayor de una supuesta pretensión sal- 
vaje, que no era otra cosa que verdadera usiirpaeióu 

El 27 de agosto de 1849 celebró el Gobierno nicara- 
güense el primer contrato de canalización de su terri- 
torio, con una Compañía americana, representada por 
Mr. David L. White. Este contrato despertó interés 
por nuestra ruta en los Estados-Unidos, y contribu- 
yó mucho á la celebración del tratado Clayton-Bul- 
wer, que nos libró del Gobierno inglés. 

La administración del señor Ramírez fué uetítmen- 
te liberal; pero era tal el estado de anarquía y desmo- 
ralización en que se hallaban los pueblos que, á pesar 
de las aciagas circunstancias del país, amenazado al 
Norte por los ingleses y al Sur por Costa-Rica, no fal- 
taron movimientos revolucionarios de carácter intes- 
tino. 

El 1() de abril de 1841» hubo una ajsonada en el cuar- 
tel de León. 

Este habría caído en poder de los enemigos del Gro- 
bierno, si Muñoz y otros jefes militares no hubieran 
estado listos á sofocar la insurrección. 

En junio del mismo año estalló otro movimiento 
revolucionario en Rivas. 

Gobernaban el departamento don Manuel Selva, 
como Prefecto ó Jefe Político y don Fermín Martí- 
nez, como Comandante militar. 

El General don Trinidad Muñoz era el Comandan- 
to de las armas, del Estado. Dominado siempre del 
deseo de preponderar, observaba una conducta ver- 
rladeramente maquiavélica, manteniendo agitadob los 
l>ueblos por medio de agentes privados, para apare- 



n. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 5i5 



cor, euaudo llegaba la hora crítica, como el genio del 
Itien de Nicaragua, ante cuya sola presencia todos 
deponían bus enojos y saludaban llenos de entu- i 

íiillSUlO. 

CoDsecuente con sus propósitos, alentaba secreta- 
mente á los caudillos Calandracas del departamento 
Meridional, amigos de toda su confianza, para que le- 
'. Ilutaran el espíritu público, hicieran osteutacii5n de | 
-11 popularidad y procurasen de esta manera y con , 
ruidosas mauifostaeiones, poner fia á la preponderan- 
(.iu dtíl partido Timbiivo, del que se ñiigín implacable ¡ 
fiiemigo. 

Al mismo tiempo que asi procedía cou los uaudillos 
í '<iliimir<tvas, el General Mufioií, como Comaudaute 
li'-ueral, daba órdenes muy terminautes al Capitáu 
^lartíuez, que era Tímbuco, para que reprimiera euér- 
jn-aniente todo desorden. 

Poco después se levantaban actti» en todos tos pue- 
i!os del departamento que pedían al Gobierno re- j 
iiuviera at Capitán Martínez de la Comandancia rai- 
iitar. Estas actas, por ¡ufluencias de Muñoz, fueron ¡ 
vistas por el Ejecutivo con el mayor desprecio. 
El malestar aumentaba cada día. 
El Alcalde de San Jorge y otras cuantas personas ■ 
dt> influencia, amigos políticos de Muñoz, recibían | 
carta» muy expresivas, dándoles aliento; mientras á 
^fartíuez se te reiterabau las órdenes que conocemos. 
■ El Prefecto Selva, que era querido de los Calandra- 
b|« trató de mediar, y con grandes dificultades logró ' 
nealizar un avenimiento entre las municipalidades del I 
BJiepai'taniento y ol Comandante Martíiiei",. 

ba reeoueiliación se verificó el domipgo '¿ de. junio; 
para solemnizar este acto se dispuso una Snhy, que I 
-iclrtitían oii' los principales caudillos. 

nrreiicia era numerosísima, cuniu qui' lodos J 



546 HISTORIA DE NICARAGUA 



los pueblos habían asistido á la ciudad cabecera, y 
niieutras se celebraba la Salve, en las primeras hora<? 
de la noche, los grupos se paseaban por las calles or- 
]Efullosos de su triunfo. 

Tin centinela del cuartel mandó contener á uno de 
tantos grupos, y como no le atendiera hizo fuego y 
mató á un vecino de Buenos-Aires, Usimado Pot^n- 
ciano Mora. 

Inmediatamente se rompieron las hostilidades. El 
Comandante corrió á su cuartel y los caudillos Calan- 
dracas á ponerse al frente de los suyos. 

Los grupos se disolvieron, dándose cita para concu- 
rra* armados al día siguiente y llevar á efecto el asal- 
to del cuartel. 

El lunes 4 de junio de 1849 una muchedumbre de 
hombres armados con escopetas, pistolas, machetes y 
lanzas, invadió frenéticamente las calles de Sivas y 
se lanzó al combate. 

Después de varios días de lucha incesante, el Capi- 
tán Martínez sucumbió valientemente á la cabeza de 
sus veteranos, el 15 de junio de 1849, y la plaza fué 
ocupada por los revolucionarios. 

Aquellas masas enfurecidas aún con la sangre de- 
rramada y ebrias con el triunfo, acabaron por desbor- 
darse, sin que fuera posible contenerlas. 

Todas las familias acomodadas huyeron buscaudo 
garantías, unas á la vecina República de Costa-Ric^ 
otras á los campos y lugares apartados. 

El sefior don Rafael Lebrón, que era uno de los je- 
fes del partido Timhuco, se hallaba mal querido á cau- 
sa de que, como Jefe Político y Grobernador Militar 
del Departamento en época anterior, había persegui- 
do con energía las fábricas clandestinas de aguardien- 
te, que constituían la industria principal del pueblo 
rivense. 






CA¡'. XVJI.— ADSUSIBTftitlIÓÑ, ETC. 5*7 1 

En a(¡neUos días tlf* exeitacióu suprema, no faltó 1 

quieií ile buena ó mala fe propalara, que Lebróu so I 

encontraba en au hacienda "El Palmar" acopiando I 

armas y elementos para llegar iMi auxilio del Capitán I 

Martínez. I 

La noticia fué creída sin difienltnd, porqni» Lebrón I 

era hombro enérgico y activo. 1 

No se necesitó más, para sublevar en su contra el I 

oUio de las masas; y mientras éstas se dirigían á Bi- 1 

el íl de junio, una porción eonsiderahle de ellas 1 

eiicaraiu"'" al "Palmar" á buscarlo. I 

Lebrón estaba solo y huyó para la inmediata finca I 

de "Sucuyá;" pero perseguido y «apturado, fué heri- j 

do en el antebrazo izquierdo. Cuando Ueg*» al inme- I 

diato pueblo de Bueuoa-Aires estaba exánime y ago- I 

lúzante por la pérdida de sangre, y pooo de.spnés ex - I 

piró. I 

En medio de la anarquía que se siguió á la muerte I 

i\vl Capitán Martínez, se pensó en organizar la revo- I 

Ilición, y al efecto se envió una comisión al famoso I 

BeiTiabé Somoza, ofreciéndole el mando, si se ponía I 

al frente del movimiento. 1 

Somoza aceptó; y al llegar á Rivas, hizo presente I 

que también había sido excitado por Muñoz para el I 

mismo efecto como lo comprobaba con varias cartas 1 

jue decía tener en el bolsillo; pero que, cansado de I 

-ri-vir á otros, pensaba trabajar por cuenta propia. I 

El nuevo jefe revolucionario se di6 el título de Ge- j 

'■ral y procedió en seguida como verdadero enemigo I 

['■[ Gobiemí) existente. I 

Somoza era un terrible guerrillero y al mismo tiem- " 
.. I i>| bandido más feroz y sanguinario que puede ima- 
iiiurae. "Su nombre, como dice un escritor moder- 
,to, no sólo en Nicaragua, sino en to- 
Oen tro- América, donde lleg,aWT».| 



548 HISTOKIA DE NICABAGÜA 



noticias de las fechorías de aquel malvado. La de- 
vastación era su enseña y el pillaje su divisa. (1) 

El movimiento de Bivas fué simultáneo con otros 
de Granada y Nandaime, donde Muñoz empleó los 
mismos recursos; pero fueron debelados y sus caudi- 
llos se replegaron á Rivas. 

Muñoz no contó nunca con la muerte del Capitán 
Martínez, que habría impedido el desarrollo que tomó 
la revolución y mucho menos con la actitud que asu- 
mió Somoza. Estaba cogido en sus propios lazos y 
la situación se complicaba mucho, apareciendo cada 
vez más difícil. 

Somoza había sido el compañero del Clielófij y toda- 
vía estaban fi-escas sus sangrientas correrías por León 
y Chinandega. 

Hacía poco tiempo que, acogiéndose á un indulto 
general, había regresado á Nicaragua, y la ocamón 
que se le presentaba no pudo llegarle más á tiempo 
para ser aprovechada. 

Muñoz estaba realmente apurado con aquella revo- 
lución ; pero como á medida que avanzaba se necesi- 
taba más de sus servicios, se mostraba poco activo 
para sofocarla, pasando el tiempo en dictar providen- 
cias que disimularan su actitud. 

Los granadinos que veían diaramente aumentar- 
se el desorden y la anarquía en una sociedad, que 
tan de cerca les tocaba, celebraron una Junta de No- 
tables, la que acordó el envío de una comisión ante el 
Gobierno. Dirigiéronse á León, como representantes 
de aquella Junta, los señores don Patricio Bivas y 
don Cleto Mayorga y se presentaron al Director Ra- 
mírez que los recibió satisfactoriamente y ofreció en 



(1) Lorenzo Montúfar — He.se ña Hi^ióricd. 



CAP. XVII. — AÜM1M8TKACIÓN, ETC. 549 



el a«to los auxilios que se le pedían para debelar la ] 
iusurreccióu del departamento meridional. 

El General Muñoz, que veía satisfecha su vanidad, 
se trasladó á Granada con una columna oxpediciona- 
na; pero en esta ciudad volvió ú ensayar su sistema j 
d(> tardanzas estudiadas, para aumentar su importan- ] 
.'ia. Chamorro y sus amigos, que tenían listos cuatro- 
■ieutos hombres para agi-egarlos í. la columna expedí- I 
i'iouaria, protestaron á Muñoz por su poca actividad 
y aun estuvieron k punto de romper; pero por fin se 
arregló todo satisfactoriamente y Muñoz salió para 
Rivas, llevando de segundo jefe al propio Coronel J 
Chamorro. 

Somoza, mientras tanto, dueño en absoluto de Rí- ] 
vas, no tardó en mancharse con toda clase de excesos. 
Poseído de una especie de frenesí, sólo se calmaba de- 
rramando por su propia mano y á torrentes la sangre , 
de sus memejantes, sin consideración al sexo, ni á la 
edad de sus victimas. 

Apenas hubo llegado Muñoz á la ciudad de Rivas, ¡ 
cuando tuvo que defenderse del ataque que le hizo ' 
Somoza, con toda la fuerza armada de que disponía, . 
el 14 de julio de lüHíl. I 

Los fuegos se rompieron á la una y media de la tar- i 
de de aquel dfa y la acción permaneció indecisa hasta . i 
Jas cuatro de la misma tarde, en que llegó el Coronel 
leda con tropas de refresco y la decidió. Somoza 

lyó, dejando cincuenta muertos, muchos prisione- 
ros, un cañón con sns pertrechos y un crecido núme- 
ro de fusiles y lanzas. I 

.\1 terminarse la acción se incorporó también con 
fuerzas de refresco el segundo jefe. Éste salió poco ' 
después para San Jorge, euartel general de Somoza . 
y lo ocupó en seguida, haciendo seis muertos á los re- I 
^blncionarios y vario» prisioneros, y tomándoles nua I 



_ Jas 
Kny 



550 HISTOKIA DE NICAJiAGUA 



culebrina, setenta fusiles y otros cuantos elementos 
de guerra. Entre los prisioneros se contaba el mismo 
Somoza, que se presentó voluntariamente. 

En la misma noche del 14 fué conducido á Bivas el 
jefe revolucionario, procesado y sometido á un con- 
sejo de guerra. Poco después se le condenó á muer- 
te y se le pasó por las armas á las ocho de la mañana 
del 17 de julio de 1849. 

El cadáver de Somoza fué colgado de un poste, eu 
una de las principales calles de la ciudad, en donde 
permaneció bárbaramente expuesto por tres días, has- 
ta que la fetidez vino en su axilio y le proporcionó 
una humilde sepultura. 

Así terminó el sangriento episodio del 49 en Bivas, 
del que hay tantas y tan contradictorias versiones, 
que es imposible reconocerlo por sólo la tradición. 

La sangre de Somoza no fué suficiente para aplacar 
la saña de los vencedores. 

El Consejo de Guerra, presidido por Muñoz, tam- 
bién condenó á muerte á Juan Lugo, Camilo Mayor- 
ga. Apolinar Mareuco^^ Veintiuno Mareuco y Este- 
ban Pollo, quienes fueron fusilados después de Somo- 
za y con día de intermedio para hacer más dilatado el 
holoeau.sto sangriento de la justicia. 

Mientras la sangre se derramaba con tanta prodi 
galidad en el suelo de Rivas, se verificaba en León uq 
suceso de ninclia trascendencia para nosotros, la lle- 
gada del [>rimei' Ministro Plenipotenciario de los Es- 
tados-Unidos. Mr. George L. Squier (este era su 
nombre). Fué recibido oficialmente, con muestras es- 
peciales de estiniaeión, el 9 de julio de 1849. Su dis- 
(•urso de presentación fué largo y muy expresivo. 

El Gobierno americano, noticioso de la conducta 
que con nosotros observaba el de Inglat43rra, veaía 
generosamente en nuestro auxilio. Era Presidente 



■ UAV. XVU. — ADMINIHTKAUIÓN, KTC. 551 I 

■ lo la Unióu Americaua, Mr. Jaime R. Polk, elevado J 
por los votos iIbI partido demoerático en 1H45, y tíoii- I 
■iiderado como nuo do los sostenedores más enórgíeos ] 
lo la doctrina de Monroe. I 

La Asamblea Legislativa del Estado se reunió eu I 
Managua el 19 de setiembre, bajo la Presidencia del I 
.Senador don Toribio Terán. Después de algunas lo- J 
yes sobre régimen interior, expidió uu dooreto, fecha j 
<¡ de octubre, en el que solemnemente declara que s« I 
adhiore al priniiipio de exclusión absoluta de inter-J 
vent'ioues extranjeras eu los negocios domésticos é ] 
iiitei-uucionales de los estados repuljlieanos de Amó- ] 
' ifa: que la extensión y propagación de iustítuoiouea 1 

iionárquiftas por medio de conquista, colouizaciúu ó J 
-i ■hcraiiía de tribus errantes en el continente ameri-l 
r-ano. es contraria á los intereses de América y ame- 1 
iiay:uiite a so paz é iudependeocia: que todacouctísión ] 
Miluntaria, absoluta ó condicional de cualquier parte J 
1.' Ib antigua Confederación de Centro-América, con 1 

' objeto de colouixarla, ó la ocupación de algúu po- \ 
ilnr monárquico ó de algún soberano supuesto bajo ' 
la protección do dicho poder, será considerado por la 
República do Nicaragua, no tan solamente hostil á sus 
¡iil«_>reses, sino también amenazante á la paz é inde- 
l'futleucia délos Estados centro-americanos; y que ' 

\i;itaba á los altos poderes de los mismos Kstados I 

mira <iue secundaran la declaraeióu de Nicaragua. 

La Legación norte-americana, que fué mspirador» ] 

:.' at|Ue] pensamiento, contestó aplaudiendo y asegu- j 
■■■''> tenninaotemente, que su Gobierno coneurriría 1 
.'Utiloso a! Süsteuiraiento de esos principios, que erau 1 
lo^ mismos proclamados «n distintas ocasiones por loa I 
Kstados-Lfnidos. 
La Secretaría de Relaciones de Guatemala, rospou-j 
^ttó con mucha frialdad, que estando ausente de lal 



■)52 IIISTOKIA DE NICAKAGUA 



capital el Gobernante del Estado tomaba nota de aque- 
lla declaración para darle cuenta de ella cuando re- 
gresara. 

Las de Honduras y el Salvador acogieron con entu- 
siasrao la declaratoria y anunciaron que la someterían 
á sus respectivas Legislaturas, para que la secundasen. 

La de Costa-Eica contestó, que daría cuenta al Con- 
greso, para que éste resolviera lo conveniente. 

El 23 y el 30 de octubre, Nicaragua protestó al Cón- 
sul ingles en términos muy enérgicos por la ocupación 
violenta que fuerzas militares de la Gran Bretaña 
habían hecho del puerto de Amapala; manifestando 
que marcharía en perfecto acuerdo con las potencias 
amigas, que sostuvieran la independencia americana 
en general y la de Centro- América en particular. 

Antes de estos acontecimientos, en el mes de mayo, 
se había dirigido el Ministro de Relaciones de Nica- 
ragua al jefe inglés de San Juan del Norte, protestán- 
dole por haber expulsado sin motivo alguno de aquel 
puerto á don Cleto Mayorga, ciudadano nicaragüense, 
encargado de recibir y remitir la correspondencia ofi- 
cial. Lord Palmerston, a quien consultó el jefe in- 
glés contestó, que el Gobierno de Su Magestad Britá- 
nica no podía hacer nada que diera lugar á dudas de 
que Grey-Town, que era el nombre con que designaba 
á San Juan del Norte, pertenecía exclusivamente al 
Reino mosquito. 

El 25 de octubre de 1849, Mr. Squier, que era el 
aliado y el Consejero del Gobierno de Nicaragua, di- 
rigió una comunicación oficial al Gobierno de Costa- 
Rica, que aparecía como aliado del Cónsul inglés y 
como el eterno soñador del protectorado británico, 
manifestándole do una manera categórica, que Amé- 
rica estaba comprometida por los principios de su re- 
volución y por pactos solemnes a no admitir la inter- 



UlP. XVU. — ^ADHlNIB-rO^OION, £TÜ. 353 



voncióu, iii menos el pi'otectorado de las monarquías ^ 
<lel Viejo-Mundo, y qne con sorpresa sabía que el Pre- 
sidente de Costa-Rica meditaba no sólo poner su país 
hajo la protección de nn poder monárquico extranje- 
ro, sino también reconocer las pretensiones al territo- 
vio ceutro-americaiio, del supuesto jefe de una tribu ] 
lio salvajes. 

Pocos días antes se había ratiüeado por la Lügtsla- 
tuva del Estado el contrato de canal inter-oceáníco, 
celebrado con la Compañía americana, y un tratado ] 
do aliau/.a, amistad, comercio, navegación y protec- | 
ción con los Estados-Uuidos, 

Kl 9 de octubre del propio año, el Gobierno de Hon- j 
duras espidió un decreto, cediendo por diez y ocho ] 
meses al de los Estados-Unidos la isla del " Tigre " ó f 
.'Vmapala, y facultándolo para tomar po8esii'>n inmedia- 
tamente, con objeto de que pudiera garantizar la ca- 
Mrilizacióii del istmo do Nicaragua, que un poder ex- 
liiüo podría dificultar desde el mismo punto. El | 
' íübienio americano no aceptó esta cesión. 

El IG del mismo mes, tropas inglesas desembarca- 
das del buque de guerra Gor/joii se apoderaron de lie- 
i-!io de la isla del "Tigre," y después de bajar la ban- 
dera hondurena y elevar solemnemente la de Inglate- 
rra, se retiraron, dejando encargadas interinamente 
del gobierno local á las antiguas autoridades hondu- 
renas, basta tanto que S. M. la Beina diera sus órde- i 
lies posteriores. 1 

El día "20 de octubre volvieron los ingleses & efec- 
tuar otro desembarque en la isla del "Tigre," despo- 
jaron do sus armas á la guarnición de nativos y la re- 
■viiplazarou con ochenta y tantos soldados ingleses; 
I ro seis días después el Capitán del Gorgon reunió á i 
i^t^ antiguas autoridades hondurenas, les manifestó , 
<iue no liabía sido aprobada la conducta del Cónsul, 



554 HISTORIA DE NICARAGUA 



011 lo relativo á la toma de la isla y les devolvió ésta, 
alejándose en seguida. La prensa oficial de Londres, 
reprobó más tarde el aturdimiento y avance de Mr. 
Chatfield. 

El 5 de noviembre, los Estados de Nicaragua, Hon- 
duras y el Salvador que, molestados por Inglaterra, 
comprendieron á costa de tanta amargura el ridículo 
papel que sus microscópicas nacionalidades hacían en 
el mundo, acordaron en León celebrar un nuevo pacto 
de confederación en los tres Estados, que debería ser 
arreglado por medio de una Dieta en Chinandega. 

El Cónsul inglés, que mantenía en riguroso bloqueo 
el Estado del Salvador, al tener noticia de los actos 
de Mr. Squier en Nicaragua, abandonó momentánea- 
mente el teatro de sus operaciones y se trasladó á 
Costa-Rica, con cuyo Gobierno celebró un tratado de 
amistad, comercio y navegación. En seguida dirigió 
una comunicación al Gobierno de Nicaragua, con fe- 
<»lia IV de diciembre, haciéndole sabor aiiuel suceso y 
notificándole que las relaciones entre las partes con- 
tratantes quedaban de tal manera establecidas, que 
uo permitiría Inglaterra, que por parte de Nicaragua, 
fuesen disputados los límites territoriales que enton- 
(ies tenía Costa-Rica. 

Al imponerse de aquelhi eoniuuicaeión, Mr. SquitT 
dirigió otra al Gobierno costarricense, notificándole 
á su voz, que Nicaragua aeabal:)a de firmar un contra- 
to de canal con una compañía que se encontraba ba- 
jo la protección del Gobierno de los Estados-Unidos, 
t'l (jue lio reconocería ni permitiría pretensión alguna 
por parte de Costa-Rica á cualquier porción del terri- 
torio nicaragüense comprendido en ese contrato y que 
los Estados-Unidos no conseutirían jamás en las cues- 
tiones y arreglos entre Costa-Rica y Nicaragua iu- 
tervención extranjera de ninguna clase. 



OAV. SVU. — ADMINISTKAÜIÓK, ETC. 



A las tres y medía de la tarde del 2 de enero de 1850 | 
fué asaltado el cuartel de León á los gritos de: "¡Mue- 
v» el G-obieruo!" 

Se firmó iiua liiolia son la guaruicióu que resistía 
V por fin fueron repelidos los asaltantes «on algunas ' 
[sórdidas. 

En pI Salvador h'- iitribnyó aquel aeonteeimiento á 1 
iMia maquinación del Uobierno de Guatemala para 
iiii|)tídir la con federación, y el Divector Vasconcelos ] 
iifreció á Nicaragua una fuerza del departamento do í 
Siiu Miguel. 

En e\ mismo año, veinticinco americanos inceudia- 
li-ii laCorte del Rey de los mosquitosquc salió huyen- 
lio. El objeki fué molestar á Inglaterra y tomar rc- 
|trt-salia del robo que los moscos hicieron en el ber- 
^íititíii americauíi Drujijnr, que naufragó en aquellas j 

■"ííttlS. 

DuiunlH 18411 y la50 Costa-Rica y Nicaragua sos- 
ivieron acalorada correspondencia diplomática, eou j 
ivo do la cuestión de límites territoriales, hación- 
mútuns recriminaciones por la prensa. 
Í¡1 13 de marzo do 1S50 se modificó el contrato de ' 
tal ioter-ocoáuico, celebrado en mayo anterior. Por I 
1 nueva estipulación se establecía un tránsito, previo 
1 canal, por el territorio nicaragüen.sc. La Compañía 
uieriejiun se comprometía á pagar: IV diez mil pesos 
libranzas, tan luego como fuera ratificada la modi- 
llón porta Legislatura del Estado: 29 diez rail pe- 
sos an año dehpuée; y Sí? diex mil pesos en cada año I 
Gruiente basta la conclusión <iel canal. 
Ed virtud de excitativa ilel Gobierno de Coí!;ta-tíi- 
t pora conexionar los correos do ambos Estados, se j 
i-ípnso en el mismo mefí de marzo que la posta que 
jitia \tt^ mea t^ti-ü L£ciu.y Bivos, lo vuriáem'a se-. 



35tí HISTORIA DK NICAKAGÜA 



El 11 de marzo de 1850 llegaron á Panamá los siete 
primeros vapores con que la Compañía de Tránsito por 
Nicaragua principiaba á recorrer periódicamente las 
costas del Pacífico. 

Nicaragua cobró nueva vida con el movimiento del 
tránsito inter-oceánico por su territorio y entre los 
progresos locales de la capital, se contó en aquel tiem- 
po la inauguración de una nevería en casa de don 
Manuel Maclas, el 24 del mismo mes de marzo. 

Reunida la Asamblea Legislativa, bajo la Presiden- 
cia del representante don Mariano Ramírez, concedió 
licencia al Director Supremo para separarse por un 
mes de su destino, y se llamó para ocupar su lugar al 
Senador don Justo Abaunza, el 3 de abril del propio 
año. 

Mientras tanto, Inglaterra y los Estados-Unidos, 
queriéndose tomar Nicaragua la primera, y sostenien- 
do la integridad del territorio americano la otra, se 
colocaron en una situación tan difícil que parecía in- 
minente una declaratoria de guerra entre ambas na- 
ciones. 

Las mismas declaraciones que Mr. Squier hacía en 
Nicaragua al Cónsul inglés por orden de Mr. Clayton, 
Secretario de Estado, repetía en la Corte de Londres 
Mr. Davis, Secretario de la Legación americana. 

Desde el mes de junio anterior Mr. Clayton decla- 
ró oficialmente el pensamiento de unirse á la política 
proclamada en 1823 por el Presidente Monroe en su 
mensaje al Congreso. ''Nosotros, decía aquel ilustre 
Gobernante, debemos á la verdad, y á las relaciones 
amigables que existen entre los Estados-Unidos y sus 
aliadas poderosas, declarar, que veremos como peli- 
grosas para nuestra paz y seguridad toda tentativa, 
por su parte, de extender su sistema sobre alguna 
porción de este hemisferio. No hemos intervenido, 



_ Juau 
fcfadif 
BftvDr] 



ni intervendremos en los negocies de las colonias ó I 
depeudenciae actuales de las potencias europeas; mas ] 
tocante h. Iob gobiernos que se han declarado y man- I 
tenido independientes, y que nosotros hemos rocouo- ] 
i^ido como tales, no podremos ver, en toda interven- 1 
'-•ion destinada á oprimirlos ó á inñuir do uua mane- 
ra cnalquiera en sn destino, otra cosa que una mani- 
festación de disposiciones poco amigables para loa I 
Estados- Unidos." I 

Lord Palmerstou, canciller inglés, declaraba tam- I 
Itién oficialmente: "que el Gobierno de Su Magostad 
Hritánií-a consideraba al Rey de mosquitos con dere- 
cho á la parte de la costa que se extiende desde el ca- 
bo de Honduras basta la boca más al Sur del rio San 
. Juan, y que el Gobierno de Su Magestad no vería con I 
ndiferencia cualquier atentado que se hiciese para ] 
orpar los derechos ó territorios del Rey de mosqui- ] 
'" los, que estaba bajo la protección de la Corona britá- 
nica " 

El Tmts de Londres, fecha 13 de octubre de 1849, I 
■ rato extensamente la cuestión suscitada, y entro otras I 
'.sas decía: "Puede considerarse fácilmente la ím- 
l-ortancia que ambas partes dan á esta cuestión, si se 
toma eu cuenta que este protectorado ha dejado de 
ser una función abstracta ú honoraria. El río de San I 
, Joan es la boca de la más practicable comunicación j 
ütica al través del istmo, y de la posesión de aquel j 
erto, depende ol señorío de aquel pasaje. Los ni- 
caragüenses, por tanto, han llevado al mejor merca- 
do los reclamos que ellos no pueden defender, hacien- 
do nna concesión del pasaje á los ciudadanos de los \ 
^ fi atados-ünidos, y obteniendo, si es posible, el con- 
^Bootimiento y garantía del Gobierno americano. Para 
Hwfender sus pretendidos derechos al territorio de 
^^neqnitos esperan evidentemente, á nombre del Gn- 



Joan < 

■beniti 
P^ttert< 
' ■■eraci 



558 HISTüKIA DE NIOAliAGÜA 



bínete de Washington, lo que Lord Palmerston ha 
rehusado perentoriamente á los Ministros de Nicara- 
gua. Es cosa clara, sin embargo, que las fuertes me- 
didas y lenguaje determinado del Gobierno británico 
no admiten calificaciones, y estamos tan obligados á de- 
fender d Bluefield y á San Juan,, como á cualquiera otra 
parte del imperio británico.^ 

El Courrier des Estas Unis del mismo ano decía, en- 
tre otras cosas: "Con dificultad Inglaterra podrá 
volver atrás, después de un lenguaje como el que ha 
tenido con Nicaragua, porque sería hacer creer, que 
ella sólo es fuerte é imperiosa con los débiles. Por 
otra parte, los Estados-Unidos no tienen por costum- 
bre abandonar una cuestión, cuando su interés y su 
honor se encuentran á la vez comprometidos. Ahora 
bien, el uno y el otro se verán en lo sucesivo tan ín- 
timamente ligados á la causa de Nicaragua, cuanto 
que una convención oficial, firmada por Mr. Squier, 
ha acabado de dar un carácter nacional al contrato 
de canalización y de asimilar al ciudadano con el Go- 
bierno. En esta situación no es permitido j^a dudar, 
que se aproxima la hora en que las ramas de la raza 
a^glo- sajona van á encontrarse al frente en el conti- 
nente americano." 

La situación, como se ve, no podía ser más crítica. 
Ambas potencias creían empeñada su honra y no ca- 
bía retroceder una línea del terreno en que se habíau 
colocado. Sin embargo, el 10 de abril de 1850, se re- 
solvió pacíficamente la dificultad, por medio del fa- 
moso tratado, que se celebró eu aquel día en el Capi- 
tolio de Washington, entre Mr. John M. Clayton, Se 
cretario de Relaciones Exteriores del Gobierno ame- 
ricano, y Mr. Henry Litton Buhver, Ministro Plenipo- 
tenciario de Su Magestad Británica. 

El tratado llevó el nombro de sus autore.-, v en él 

7 . 



OAP. XVÜ. — AbMWIBTRAmÓW, ETC. 550 

'■ estipuló, qiie los gobieraos contratantes iio tendrían | 

i!W(t poder' exclusivo eu el iianal Ínter- oceánico de 
Nicaragua, ui fortificaciones en sus cercanías, ni se 
.irrogarían jamás dominio alguno en Centro-Amíri- 
• ■a, ni procurarían para sí ventajas en el mismo canal, 
ni concederían protección en que pudieran reportar 
-special provecho. 

Aquel tratado uo pudo celebrarse más á tiempo ] 
pjira Nicaragua. El 11 de abril del mismo año, el 
Poder Ejecutivo del Estado se dirigía á la Asamblea, 
inanif están dolé que el Cónsul inglés, Mr. Chatfleld 
iiabía Ueeho estobleeer en San Jnan del Norte una J 
'■recidísiraa tarifa para los artículos del país, quo Ua- 
i'ia imposible la salida de ó.stos ; y que pareeióndole I 
poco todavía, en su deseo de hostilizar al Estado, ha- 
bía capturado de tránsito al ciudadano don Raimun- 
do Selva, conocido comerciante de Granada, lo mis- 
ino que A otros nicaragüenses, y el 25 de marzo los ha- 
bía hecho amaiTar, desnudar y azotar bárbaramentfl, 
uoii nn pretexto vago ó insiguiflcante. 
Ln Asamblea reunida eu Managua, se ocupó en la I 
ición de Delegados á la Representación Nacional I 
i^e Centro América, y el 2'2 de abiil de 1850, designó, 

i:ira propietarios á los señores Licenciados don Pablo I 
líuitrago y don Laureano Pineda, y para suplentes á 
los Licenciados don Hermenegildo Zepeda y don Gre- 
"^ ,0 Juái-ez. 

'E\ 2 de mayo siguiente acordó la Asamblea que el I 
Senador don -Tusto Abaunza, continuara encargado '] 

II el mando, mieutras permanecía ausente el Su- 
premo Director Ramírez, á quien se coueedía nueva I 
nuiaj y el 20 del mismo mes suspendió sus sosio- 
iqnel (l^nerpo, para continuarlas el 1? de agosto I 

iceree cargo del Poder Ejecuti- 







560 MISTOBIA DE NICARAGUA 

vo el 7 de junio de 1850, y dos días después fué 4 e 
caminar con gran acompañamiento á Mr. Squier, ^^ 
simpático Ministro norte-americano, que salía par^^ 
los Estados-Unidos, aprovechando tres meses de li- 
cencia que le concedió su Gobierno. 

La situación de Nicaragua, por este tiempo habí^" 
cambiado mucho con relación á las tropelías y moles — 
tias del Cónsul inglés; y el 7 de junio fué estableeidc^ 
nuevamente un correo mensual á San Juan del Norte^^ 
destinado á recoger la correspondencia de ultramar" 
del comisionado del Gobierno en aquel puerto, que Ic^ 
era el señor don Cleto Mayorga. 

En el mismo mes de junio llegaron á Nicaragua las 
bulas en que se declaraba Obispo de la Diócesis al se- 
ñor don Jorge de Viteri y Ungo, ex-Obispo de Saa 
Salvador. Venían fechadas en Portici á 5 de noviem- 
bre de 1849 y se festejó el hecho el 16 de junio de 
1850, en que el señor Viteri pasó personalmente á la 
Casa de Gobierno, donde prestó el juramento solem- 
ne de guardar y hacer guardar la independencia, li- 
bertad y leyes del Estado ; ofreciendo, además, derra- 
mar su sangre por sostenerlas. El acto de la pose- 
sión, que se verificó en seguida, fué de lo más ruidoso 
y entusiasta. 

El 25 de julio siguiente fué reconocida oficialmen- 
te por el Gobierno de España la independencia de Ni- 
caragua, por medio del tratado de paz y amistad, ce- 
lebrado en Madrid entre el Plenipotenciario de Nica- 
ragua, don José de Marcoleta y el Ministro de Rela- 
ciones de S. M. C. doña Isabel II. Este acontecimien- 
to fué festejado oficialmente en todos los pueblos del 
Estado y causó general contento. 

En aquellos días se presentó en Nicaragua el Doc- 
tor don Felipe Barriga, Enviado Extraordinario y Mi- 
nistro Plenipotenciario del Perú. Esta Repiiblica, 



CAP. XVU — AümtíIHTMAUIUN. ETC. 



Ótíl 



^^miuentemente amerieaua, sabedora de la conducta 

que observaban los ingleses en Nicaragua, vt-níii eu 

la Lora del conflicto á hacer suya nuestra causa, offo- 

fliéndonos generosamente todo ¡su apoyo, para sueum- 

BMr á nuestro lado, si llegaba et caso. La lección no 

^■Biodía ser más expresiva para G-uatemala y Oosta-Bi- 

^Ett, aliadas de Mr. Chatñeld. 

^B üientras permaneció encargado del Poder Ejecuti- I 
Bvo del Estado el Senador Abaunza, una bula del ] 
Papa Pío IX y nn decreto del Arzobispo Peláoz, vino 
a fijar los límites territoriales de la Diócesis de Cos- 
la-BÍca. Como esa demarcación del poder (jcleBiás- i 
tií'o resolvía arbitrariamente la cuestión de limi- 
tes, pendiente aúu entre ambos Estados, el Sena- 
dor Abaunüa les negó el pase y prohibió su publi- 
cación. 

El '¿ de setiembre regresó á Lima «I Doctor Uarri- 
^jjfl, llevando á su Gobierno la grata nueva del triunfo 
H|iefinitivo de la doctrina de Mouroe, que salvaba á las i 
Snaciones débiles de América de la rapacidad de los 
gobiernos de Europa. 

Eu el mismo mes de setiembre de 1H.jU se princi- ' 
pió el tránsito inter-oceánico por Nicaragua. El pr¡- ! 
mer vapor del río San Juau se llamó Director y reco- 
rría hasta el Castillo Viejo, de aquí se trasbordaba á ' 
los pasajeros y earga al Nicaragua (antes Ori'tsJ, que los ¡ 
llevaba hasta el puerto de la Virgen. El Director era 
de ciento veinte toneladas, había sido construido por I 
J. Himonson de Nueva-York, estaba calculado para 

Pfttrocientos pasajeros y trajo seteutii toneladas de 
rbón. Era su capitán Samuel Leigbton. 
El 2 de octubre se celebró con fiestas cívicas y reli- 
giosas en todo el Estado, el tratado de amistad do 
'25 de julio anterior con el Gobierno español. 
^h£1 ftúo de 1851 tnvi) un feliz augurio para Nica- 



562 HISTOBIA DE NICAKAGÜA 



ragua. El día 9 de enero de aquel año, se instaló so- 
lemnemente en Chinandega, la Representación Na- 
cional de Centro- América. La componían los fiepre- 
sentantes don Pablo Buitrago y don Hermegildo Ze- 
peda, por Nicaragua; don José Guerrero, por Honda- 
ras; don Francisco Barrundia y don José Silva, por 
el Salvador. Organizó su directorio, nombrando Pre- 
sidente á don Hermenegildo Zepeda, primer Secreta- 
rio á don José Silva y segundo á don Pablo Buitrago. 

En lucha entonces el Salvador y Honduras con Guai- 
témala, los principales trabajos de la BepresentaciÓD 
se concretaron á mediar en aquella contienda sin ob- 
tener ningún resultado práctico. 

Nombró á los^seüores don José María Zelaya y don 
Manuel Barberena, para que en su nombre se aboca- 
sen con el General en Jefe enemigo ó con el Gobier- 
no de Guatenmla y celebraran un arreglo definitivo 
do paz. 

Los comisionados se dirigieron oficialmente al Go- 
bierno de Guatemala; pero éste contestó que no po- 
día i*ecouocerlos como Ministros Plenipotenciarios de 
la Representación Nacional, porque las tres Legislatu- 
ras de los Estados confederados, no habían reconoci- 
do aiin la soberanía de aquel Cuerpo: que en el caso 
de que lo hubieran hecho no lo habían participado 
oficialmente ni habían tampoco cesado en el ejereicio 
de la parte de soberanía delegada á la Representación; 
y que no estando reconocida esta por las naciones 
extranjeras, con las que algunos de los Estados confe- 
derados trataban separadamente, por medio de agen- 
tes y embajadores, no podía recibirlos e^ el carácter 
con que se presentaban. 

Frustrada la misión de paz, hubo de continuársela 
guerra, y el 2 de febrero de 1851 sucumbían las fuer- 
zas aliadas, en los campos de la Arada, al empuje de 



tíAT. XVH. — ADUlMSTUAClOlf, ETC. 



las huestes uomerosas, lauzadns por la camarilla se-' 
[laratista de Guatemala. 

Comandó las fuerzíis aliadas del Salvador y Hoiidu- 
i'íis, en aquella vez, el General don Doroteo Vaseou- 
pelos. Presidente constitneionñl del Editado del Salva- I 
dor, quien depositó el mando en el Licenciado don | 
FrauciseoI)uefias,para ponerse & la eabeza del e,iiSreito. ; 

La Beprefeutación Narjional de Centro- América, J 
■{iiiso también arreglar üou Mr. Federieo Chatfield, ' 
ageuttí consular inglés, las cuestiones pendientes aún 1 
í'on el Salvador y Honduras; poro Chatfield contestó 
desconociendo el carácter oficial de hx Representacióu. 
Ésta, entonces, le retiró el cr^iuíiur otorgado por los 1 
Gobiernos confederados á su patente de cónsul. 

En mayo del mismo año la Representación Naoio- 

1 decretó el pabellón y escudo ie armas de la Con- ] 
*ción y se oeupóen uniformar las tarifas y aran- 
I en todos los puertos y todo lo concerniente al I 

Hercio y relaciones exteriores. El escudo de armas ] 

rfa un triángulo equilátero; en sn base aparecería j 
"una cordillera de tros volcanes, coloeada en un terre- 
no bañado por ambos mares; eu el vértice el arco-irla 1 
y bajo éste el gorro de Ib libertad difundiendo luces 
y eou tres estrellas en la parte superior. 

El 26 de junio siguiente espidió un decreto en que | 
convocaba á los pueblos de los Estados del Salvador, I 
Honduras y Nicaragua á elecciones de Diputados, pa- | 
ra la formación de una Asamblea nacional coustitu- | 
vt^uttt; y cada Estado debía elegir diez Diputados pro- 
pietarios y diez suplentes. La Constituyente debería J 
ínataiarse el 1? de octubre inmediato, con poderes ex- 
presos para organizar la nueva República y la Ilepre- 
st^ntación invitaba al efecto á Guatemala, Los Altos | 
y Coííta-Eica á suscribir el pacto de 8 de ucviembrí 



564 HISTOKIA DE NICABAGUA 



Mientras tanto Nicaragua, atenta siempre á las cu^- 
tiones internacionales que se habían suscitado por la 
cuestión mosquita, acreditó á don José de Marcoleta 
con el carácter de Enviado Extraordinario y Ministro 
Plenipotenciario ante el Gobierno de los Estados- 
Unidos. 

Marcoleta fué recibido oficialmente en Washington, 
el 22 de febrero de 1851. Su discurso fue expresivo; 
pero el del Presidente americano lo fué mucho más. 

"Habéis sido esperado, dijo á Marcoleta, por algon 
tiempo y últimamente con alguna impaciencia. He- ' 
mos significado á vuestro Gobierno, nuestro sentí- j 
miento de que algunas causas hubiesen conconido j 
para dilataros. Están brotando intereses en este mo- 
mento, en Centro-América, de un nuevo y alto carie- 
ter, que conciernen á este país, así como á otros Bb- 
tados comerciales, y que harán necesariamente más 
importante de lo que ha sido hasta ahora, la conexión 
y relaciones entre Nicaragua y los Estados-Unidos." 



CAPÍTULO xvm 
Aílministracióii <le Pineda 



'Resigna Ramírez el mando— Elección de Pineda— Su re- 
nuncia — Inaugura su Gobierno — Traslada la capital á Ma- 
nagua—Disgusto de los leoneses— Convoca la Asamblea- 
Nombra Ministro á Castellón— Di vi si lin del Ministerio— In- 
teligencias de Muñoz y de Vi teri— Prisión de Pineda— Cas- 
tellón y Zapata— El Senador Abaunza se encarga provisio- 
nalmenlo del Poder Ejecutivo en León— Acta Municipal— 
Organización del Gabinete revolucionario— Actitud de la 
Asamblea en Managua— Encárgase del Ejecutivo á Monte- 
negro — Organiza éste su Ministerio y nonabra General en 
Jele á Cbamorro— Expulsión de Pineda— Ss dirige A Hon- 
duras — Comisionado granadino— Renuncia Montenegro y 
ie sucede AUaro — Combate de Matagalpa — Enviados de 
Abaunza— Bases de paz— Mediación del Salvador y Hondu- 
ras — Aventureros extranjeros- Castellón celebra un trata- 
do en Honduras y obtiene recursos— Regreso de Pineda- 
Pronunciamiento de Chinandega— Capitula la revolución. 
Reorganización del Ministerio- Deposita Pineda en Vega- 
Indulto— Trasládase el Gobierno á Granada— Reúnese la 
Asamblea Nacional Constituyente de Centro- América en 
Tegucigalpa— Decreta un Estatuto — Se disuelve— Impro- 
bación de sus trabajos y disolución del pacto— Elección 
del General Chaniorro- Contrato de tránsito— Obligacio- 
nes de la Compañía 



Las elecciones populares para Hupremo Director se 
verificaron con tranqnilidad en todos los pueblos del 
Estado, La votación, sin embargo, so dividid entre ■ 
varios candidatos. 

Reunida la Asamblea legislativa ou Managua, bajo 
r.la presidencia del Representaute, dou José María Es- ] 



566 HISTOKIA DE NIOAKAGÜA 



trada, procedió á hacer la regulación de los votos elec- 
torales y resultó con mayoría el señor Licenciado don 
José Sacasa; pero como esta mayoría no era absoluta, 
debía según la ley, practicar la elección el Poder le- 
gislativo, escogiendo entre los candidatos que hubie- 
ran obtenido mayor número de sufragios. 

Después del Licenciado Sacasa seguía eu grado, 
por los votos que había alcanzado, el Licenciado don 
Laureano Pineda. Roló, pues, entre estos dos suje- 
tos la elección de la Asamblea. 

Ambos candidatos gozaban de gran reputación de 
probidad, inteligencia y erudición; y el dictamen que 
presentó la Comisión do la Asamblea, después de ha- 
cer el panegírico más honroso de ambos, declaró que 
tanto el uno como el otro eran dignos de los votos de 
la Representación Nacional y que con cualquiera de 
ellos que saliera electo ganaría mucho el Estado. 

Después de varias deliberaciones, la Asamblea eli- 
gió por mayr»ría de votos, el 14 de marzo de 1851, al 
Licenciado don Laureano Pineda. 

El 19 (lo abril terminó el período constitucional del 
Supremo Director don Norberto Ramírez, y en ese 
mismo (lía resignó el mando en el Senador don Justo 
Abaiinza, designado por la iVsamblea para este objeto. 

Cuando las 'aimaras legislativas comunicaron su 
elección á Pineda, éste renunció del cargo, alegando 
razones d(» insuficiencia. 

Llamado por segunda vez al ejercicio del Poder Eje- 
íMitivo, tomó posesión el 5 de mayo de 1851. 

El discurso inaugural del nuevo Director no reve- 
laba odio ni pasiones políticas y manifestaba el deseo 
de que los partidos se fusionaran. 

Don Laureano Pineda pertenecía al partido de Ora- 
nada y era muy conocido en el país por su honradez 
como ciudadano y por su probidad como abogado. 



CAP. XVnt — ADHINKTKAaiÓN, ETC. 5G7 



Deseíindo poner término á la ñvalidad de liis ciu- 
dades principales que venían disputándose la capital 
del Estado y el manejo de la cosa pública, dispuso 
trasladar uuevamente la capital á Managua. 

Los leoneses atribuyeron aquella luedida á suges- 
tiones del Ministro Chamorro, jefe del partido luga- 
reño de Oriente; y creyeudo que era un paso uiedíta- 
d* con objeto de ir llegando poco á poco á tíranada,. 
iiuiuifcstaron mucha alarma y dieron claras muestras ' 
tlr su dt'scontimto. 

Pinnda bastante resentido con la actitud de los leo- 
neses, regresó á León y convocó extraordiuariameu- 
' la Asamblea para que conociera de su renuncia, 
: ' >rque estaba resuelto á separarse, y para que rovíe- 
ta el decreto de la Eepresentaeión Nacional de Chi- 
nandega sobre convocatoria de la Constituyente con- 
federada. 

Como el descontento de los leoneses no se calmaba 
lodftvía, llamó Pineda al Ministerio de Relaciones al 
Licenciado don Francisco Castellón, jefe del partido 
lugareño de Occidente; pero esta medida no contentó 
a los leoneses y sólo sirvió para poi-der la unidad de 
acción del Ministerio; porque Chamorro y el uuevo 
nombrado eran elementos heterogéneos, jefes de dos 
bandos ojmestos y no podían amalgamarse nunca. 

Mientras Pineda perdía lastimosamente el tiempo, ^ 
itocurando arreglar las divisiones de su Ministerio, 
i infatigable Muñoz, que se hablí^ convertido en Co- ] 
mandante General flrfWíflHí, atizaba el enojo de los leo- 
neses y lo preparaba todo para el golpe de Estado ([Ue 
^■oiiia meditando desde hacía muchos añoS. 

Hl Obispo Viteri era enemigo de la Confederación | 
I iitro-americaun y el agente caracterizado de la ca- 
Marilla de Guatemala. Con él se «ntendió Mufiox, 
iiabláudole el lenguaje del separatista más fogoso. 



5G8 HISTORIA DE NICARGUA 



Muñoz era un militar de escuela, buen táctico, buen 
estratégico, pero absolutamente destituido de mora- 
lidad política. 

El 4 de agosto de 1851 el Director Pineda y los Mi- 
nistros Castellón y Díaz Zapata, que lo acompañaban, 
fueron reducidos á prisión. 

El descontento de los leoneses había llegado hasta 
el extremo de desconfiar de su antiguo jefe Castellón, 
creyéndolo ofuscado por Pineda. 

Entre las personas que sedujo Muñoz en León, se 
contaba el Licenciado don Justo Abaunza, hombre 
de alguna ilustración y bien reputado en el país; pero 
de un carácter tan lleno de sencillez y candor, que lo 
hacía accesible á cualquier engaño. 

Se le dijo que se trataba de arrancar el poder de 
manos de Chamorro, á quien se acusaba de inteligen- 
cias con los conservadores de Guatemala, de reformar 
la Constitución en un sentido democrático y mil y 
tantas cosas más, (jue Abaunza creyó al pie de la letra. 

En el mismo día de la prisión de Pineda y sus Mi- 
nistros, los revolucionarios levantaron una acta en 
que desconocían la autoridad de los poderes legislati- 
vo y Ejecutivo del Estado. Se estableció un Gobierno 
provisional, y se llamó para servir el Poder ejecutivo 
al Senador Abaunza, á quien se le dejaba el cargo de 
convocar á elecciones para una Constituyente. Mu- 
ñoz quedaba de General en Jefe de todas las fuerzas 
do Nicaragua. ^ 

El día siguiente, la Municipalidad de León, en con- 
sorcio con algunos miembros del Cabildo eclesiástico, 
ratificó el acta revolucionaria, á que se adhirieron los 
Canónigos, Deán don Pedro Solís, Arcediano don Fran- 
cisco Quijano y Maestrescuela don Hilario Herdocia. 

Abaunza organizó su gabinete el 5 de agosto, nom- 
l)rando Miiiistro de* Guerra al General Muñoz y Reía- 



-AÜMINJSTBiOION, ETC. 



ofiií 



Clones y Gobernaeióu al eeüor Deán, Vicario genemll 

del obispado, Presbítero don Pedro Solís. I 

El sable y la sotana se eeruían eu las alturas del po- 1 

der; y Abaanza, hombre esencialmente civil y anti- 1 

clerical, era empujado, á su pesar, en la vertiginosa 1 

pendiente á que lo habían lanzado. I 

El s*>ñor Deán, Vicario y Presbítero, tanto por su I 

posición eclesiástica, como por sus vinculaciones, era I 

una dependencia del Obispo Viteri. Éste y Muñoz, I 

esplotabau la buena fe de Abaunza y llevaban el país I 

Adonde querían: Muñoz ala dictadura, Viten al se- 1 

|>aratismo. I 

Cuando la Asamblea, reunida extraordinariamente J 

■ 11 Managua desde el IV de agosto por couvocatoria I 

¡interior, supo loa acontecimientos de León, haciendo i 

uso de la facultad constitucional, colocó al frente del j 

Poder Ejecutivo á don José del Montenegro. Éste or- J 

lizó au ministerio, nombrando para la cartera da 1 

,cieada, al Doctor don Jesús de la Bocha y para la I 

Relaciones, al Licenciado don Fermín Ferrer. I 

Montenegro instaló su gobierno en Granada, ádon- I 

de taiubiín se trasladó la Asamblea, para más segu- I 

ridad. I 

Mientras tanto, Pineda y sus Ministros fueron con- 1 

ados por Muñoz á salir del país. En Playa-Oran- I 

á bordo del bongo Veh^, nombraron representan- I 

del Gobierno caído, á don Francisco Baca, para que I 

m ese carácter pasara al Salvador á solicitar los anxi- I 

que so debían á Nicaragua como miembros de la I 

mfederaciún. I 

Síespnés dictaron en el mismo estero de Playa-Gran- 1 

UQ decreto contra los militares de la revolución y ' 

dirigieron á Honduras, donde el Presidente Lindo 

recibió con todos los honores correspondientes al 

!er Ejecutivo de nn país nuiigo. 



Kac 



570 HISTORIA DE NICARAGUA 



Pineda se quedó en Choluteca, y el Ministro Caste- 
llón se dirigió á Comayagua á solicitar recursos- 
i^: El Gobierno provisional de Granada también envió 
al Salvador á don Leandro Zelaya, con el carácter de 
comisionado, á solicitar auxilios; pero tanto Zelaya co- 
mo Baca no obtuvieron nada del Presidente salvado- 
reño, que accidentalmente era don Francisco Dueñas, 
amigo político del Obispo Viteri. 

Fué también enviado a Costa-Rica don Pedro Joa- 
quín Chamorro, quien se negó á recibir remuneración 
por sus servicios. 

Por renuncia de don José del Montenegro, la Cáma- 
ra legislativa, en 11 de agosto del mismo año, llamó 
al ejercicio del Poder Ejecutivo al Senador don José 
de Jesús Alfaro, y éste continuó con los mismos Mi- 
nistros, y con el Licenciado don Buenaventura Selva 
como Secretario de la Guerra. 

La Asamblea, con fecha 19 de agosto, declaró trai- 
dores a la patria á todos los revolucionarios de León 
y conminó con la muerte á los jefes y oficiales, y con 
presidio en diferentes grados a los demás, clases y sol- 
dados, si dentro de señalado término no rendían las 
armas. 

El ni de agosto se verificó eu Matagalpa el primer 
hecho de armas. Fuerzas del Gobierno, al mando del 
Teniente Coronel Abarca, triunfaron después de nue- 
ve horas de fuego contra los revolucionarios, que se 
hallaban guarecidos y parapetados en la plaza y á 
quienes se tomó varios prisioneros. 

El Poder Ejecutivo del Estado, desconfiando de 
¿US propias fuerzaí^:, pidió autorización a la Asamblea, 
para solicitar la protección armada de cualquiera de 
los Gobiernos de Centro-América ó de algún otro ex- 
traño, que fuera amigo de Nicaragua. También la pidió 
para introducir tropas auxiliares y enrolar á eiudada- 



OAP. XVlfl. — ADMINtBTBAClÓN, ETC. 571 



nos uoi-te-aaierioaDos, eoncedit-ndoles terrenos baldíos. I 
La Asamblea tau sólo la concedió para lo primero. 

El i;omÍ8Íoiiado den Pedra Joaquíii Chamorro ob- 1 
tuvo del Gobieruo de Costa-Riea, quinieutos fusiles [ 
y dio?, mil tiros, mediante la retribución do cinco mil \ 
-oiscientos veinticinco imsos, suma que se mandó pa- 
yar por el Entadü. 

El ftobieroo dt) Abaunza eiivió de comisionados | 
¡inte el de Granada, á los señofes don Gerónimo Car- 
cache, don Tomás Mannig y don Mariano Monteale- 
gre, con objeto de proponer un arieglo, 

Las bases qun presentaron, indican el programa de 1 
la revolución : 

"1? El reconocimiento de los Poderes ejecutivo y I 
legislativos del Estado, y el desaparecimiento absolu- 
tttodel Gobierno provisional de León. 
■ 2? Separación di> ^üñoz, d'indosek' una misiónpara I 
f.í ejlranjero. 

:í? Reconcontracióu de las armas en Managua, bajo > 
la garantía de los cuatro departamentos. 

4? Convocatoria de una Asamblea Constituyente I 
ii Managua, sujetando <i su Juicio los asuntos sobre fi 
' mnal'uiati. 

5? Indulto á la oQeialidad de León. 

fi? DisotuciÓH de la Representación Nacional ij ai 
riÓH de Nkaragua ni lieimhlica." 

La mano del Obispo que atacaba el pacto do 4í>, y lal 
ambición de Muñoz que pedía en premio una misión al I 
exterior, se dejaban ver muy claras en aquellas bases. 

Alfaro las rechazó y entouces los coraisionadoa pro- 

ntaron otras, en que reducíau sus pretensiones á ro* 

•ax los poderes á los Representantes á la Convención I 
Racional, que debía reunirse el 1? de octubre; peml 

npoco fueron aceptadas. 

E! 7 de octubre se presentó en Granada el señor Lí- | 



572 HlSTOKlA DE NlCAKAüUA 



cenciado don Pedro Zeledón, con el carácter de Mi- 
nistro mediador, nombrado por el Gobierno de Hon- 
duras. Alfaro lo recibió ofieialmente y nombró para 
que se entendiesen con él, á los señores Licenciado 
don Buenaventura Selva y don Pío Bolaños. 

Diez días después llegó también un comisionado 
mediador, enviado por el Gobierno salvadoreño. 
Alfaro designó á los señores Licenciado don José Ma- 
ría Estrada y don Fulgencio Vega, para que confe- 
renciaran con él. 

Los esfuerzos de los comisionados del Salvador y 
Honduras fueron constantes, aunque sin éxito- 

El 27 de octubre fué ascendido á General de Briga- 
da el Coronel don Fruto Chamorro y al día siguiente 
se le concedió el ascenso de General de División y se 
le encargó del mando en jefe del ejército. A éste se 
previno, por un decreto de la misma fecha, que tan 
luego invadiera el departamento occidental, tuviese 
el mayor respeto por las personas y bienes de aque- 
llos habitantes. 

Mientras tanto, Muñoz mandó á varios aventureros 
extranjeros, á las órdenes de un tal Clane, á concitar 
la colonia extranjera de San Juan del Norte para sub- 
levarla contra el Gobierno de Alfaro y hacer que ata- 
cara á éste por retaguardia. Alfaro mandó á batir á 
Clane, y aunque le hizo varios prisioneros, les perdo- 
nó la vida por la interposición del Cónsul americano 
Mr. White. 

Castellón, á quien dejamos en Honduras, había des- 
plegado con bastante éxito su conocida actividad di- 
plomática. El 19 de agosto logró suscribir un trata- 
do con aqfiel Gobierno, en el que se estipulaba, que 
Honduras no reconocería como legítima en Nicaragua 
á ninguna autoridad de hecho; que auxiliaría con to- 
do su poder el restablecimiento del orden constitucio- 



CAP. XVUl — ADMINISTRACIÓN, ETO. 



573 



nal eii León y el de las autoridades legítimas euton- 

'■OK emigradas, Nicaragua se comprometía á ku vez, 

i-ii fl mismo tratado, á llevar ii efecto la rnorgauiza- 

i'ióu iiucioual de Ceutro-América; á iio recoiioeei" ni 1 

auxiliar iñugima revniueióu contra el Gobierno de j 

Hoiiduras; ó defender y ayudar á éste eu su caso ; á I 

■pM- amigo del Estado ó Estados que lo fueseu de Hoii- j 

Ktaras; y á reputar como propias los ofensas que se le ] 

hicieren. Este tratado fué aprobado por la Asamblea 1 

<h' Nicaragua el 4 do setiembre de 1851; y eu virtud [ 

do él suministró el Gobierno de Honduras fuerzas y j 

^anxilios al Director Pineda, 

Al pasar mI auxilio hondureno por Chinandega hu- 

> un pronuneiamieuto general eu favor del Gobier- 

> y un encuentro parcial cou una partida revolucio- 

kria, que fué vencida. 

|EI 2 de noviembie llegó el Director Pineda á Gra- 
da y se hizo nuevamente cargo del Poder Ejecuti- I 

Uno de sus primeros actos fué el estableeimien- 
^ por primera vex, de un correo trimensual á Nacao- 1 
pe, con objeto de facilitar las eomuuieaciones con ¡ 
indnras. 

El 10 del mismo mes, las fuerzas uuidas de Hondu- I 
ras y Granada se aproximaron á León con objeto da I 
ponerle sitio. 

Los comisionados mediadores obtuvieron del Go- 
bierno, el día siguiente, un indulto general para todos 
los revolucionarios, á condición de que depusieran 
las armas dentro do cuarenta y ocho horas. Escep- 
tnábase del indulto á seis de los principales jefes rai- 
„litares, que deberían expatriarse voluntariamente, 
lata tanto que el Gobierno les permitiera regresar. 
La aproximación de las fuerzas sitiadoras causó mu- 
5 miedo en León, en donde se temió se reprodujeran J 
B horrores de 1844. Determinaron entonces los t 



574 HISTORIA DE NICARAGUA 



volucionarios acogerse al indulto, que conocían sólo 
de oídas y sin hacerlo constar así por escrito. 

El vecindario abrió las puertas de la plaza el día 11 
de agosto y llanaó á las fuerzas de Honduras para que 
la ocuparan, pidiéndoles garantías y mostrándose muy 
temeroso de las fuerzas de Granada. 

Dueño de la plaza, el Gobierno dispuso que fnerau 
reducidos á prisión los revolucionarios principales y 
que se les procesara como enemigos rendidos á dis- 
creción; pero los comisionados del Salvador y Hon- 
duras se presentaron, alegando que ante ellos se ha- 
bían acogido al decreto de indulto de 11 de noviembre. 

Aun cuando la rendición se verificó en las prime- 
ras horas de la mañana del mismo día en que se ex- 
pidió el decreto, en momentos en que no parecía po- 
sible que pudiera estar en conocimiento de los revolu- 
cionarios, el Gobierno resolvió conceder amnistía para 
todos, con excepción de Muñoz y siete jefes militares 
más, á quienes mandó a juzgar como traidores. 

En cuanto al Senador Abaunza, que era inmune, 
conforme la Constitución, .so había dispuesto desde 
un principio que quedara á merced do lo que dispusie- 
ra la Asamblea legislativa, única que podía juzgarlo. 

Pineda reorganizó su Ministerio, nombrando inte- 
rinamente para la cartera de Relaciones Exteriores, á 
don Pedro Zeledón, y para la de Hacienda á don Je- 
sús de la Rocha; ordenó que reapareciera el pericMi- 
co oficial, redactado por los señores don José María 
Estrada y don Buenaventura Selva, con el nombre 
de Gaceta del Gohiervo de Nicaragua; y el día 20 de 
diciembre de 1851, se retiró temporalmente del ejerci- 
cio del Poder Ejecutivo, depositándolo en el Senador 
don Fulgencio Vega. 

Cambiado el personal del Ejecutivo, redoblaron sus 
esfuerzos las Legaciones del Salvador y Honduras para 



CAP. XVIIl — AUSIlNltíTUAUlüN, ETC. 



tener la snepenaión del juzgauíieoto militar de Mu- 

ÍBZ y de los demás jefes procesados; y fueron tales | 

kton repetidas SU8 instanciaE, que el Seuador Vega i 

1 pndo excusarse do complacerlos. Se previno, eu 

ogecuencia, k los procesados que salieran de Niea- 
;na y se comprendió en el decreto de amnistía al • 
tiieenciado Abaunza: quedando de esta manera «on- 
i'luidas las dificultades pendientes á causa de la i'dti- 
nia revolución y restablecida en absoluto la tranqui- 
liilad del iiale. 

Verificadas las elecciones de Diputados para la Cons- 
tituyente Confederada, y reunidos los electos en la ] 
i-iudad de Tegucigalpa, declararon en 9 de octubrt 
de 18.')2, que la Asamblea Nacional Constituyente de 
( !eu tro-Amé rica quedaba instalada en aquella fecha, 
iiajo la Presidencia del Diputado don Justo Rodas. 

Después du cuatro días de estudio, la Asamblea I 
Nacional decretó un "Estatuto" ó Constitucióu pro- 
visiona!, que sometió á la aprobación del pueblo de 
loín tres Estados, y se disolvió, dejando en Tegucigal- 
pii unu junta de Diputados, eou el nombro de "Gran 
( 'omisión," que feO disolvió también en IV de febrero 
liel año siguiente. 

El "Estatuto" constaba de veintitrés artículos y esta- 
blecía la anión de loa tres Estados en uu gobierno na- 
idonal, que tomaría el nombre de "Kepiibliea de Cen- 
tro-Amérira." Establecía también que el gobierno 
provisional, ejercido por el Jefe Supremo de la Na- 
ción, seria electo por la Asamblea Constituyente y 
tendría todo el poder necesario para intervenir en el 
régimen público de los Estados y emplear la fuerza, 
''naudo en ellos se alterara el orden por las vías de lie- 



El "Estatuto'* trataba, además, detalladamente, de la , 
organización de los iioderes supremos, de las garau- 



576 HI8TOKIA DE NICAKAGUA 

tías individuales y de otros puntos de Derecho consti- 
tucional, y disponía que su aprobación fuese hecha 
por votación directa del pueblo de los tres Estados, cu- 
ya regulación haría la misma Asamblea Constituyente. 

El Poder Legislativo del Salvador negó su aproba- 
ción al "Estatuto," el día 31 de marzo de 1853, y el de 
Nicaragua, el 30 de abril del mismo año, fundándose 
ambas Legislaturas en que no estaba en consonancia 
con las bases que se fijaron en el decreto do convoca- 
toria y en que la Constituyente se había excedido al 
crear una dictadura omnipotente, con menoscabo de 
la soberanía de los Estados, cuyo deseo era formar 
una confederación. 

También declararon los mismos gobiernos, que por 
las razones anteriores quedaba insubsistente el Pacto 
de 8 de octubre, y en libertad cada Estado de asumir 
la plenitud de su soberanía. 

Como tales declaraciones se verificaron en tiempos 
en que era Director de Nicaragua don Fruto Chamo- 
rro y Presidente del Salvador don Francisco Dueñas, 
que se consideraban amigos políticos del Gobierno de 
Guatemala, se pensó en Honduras, donde mandaba el 
General Cabanas, Jefe del partido nacionalista, que 
las Legislaturas habían obedecido á sugestiones é in- 
fluencias de aquellos gobernantes. 

En el verano de 1851, el representante de la Compa- 
ñía de Canal celebró con el Gobierno de Pineda un 
contrato accesorio de tránsito por Nicaragua para la 
comunicación interoceánica. 

Estaba entonces en todo su vigor la inmigración á 
California y los pasajeros eran recibidos en San Jnan 
del Norte y conducidos en vapores por el río y lago 
hasta el puerto de La Virgen, donde tomaban carrua- 
jes y caballerías para llegar a San Juan del Sur. Allí 
80 embarcaban en lob vapore;- del Pacífico. 



OAF. XTUI— ADHmiBTR&CION, ETC. 



La Compañía quedaba obligada á pagar anualmen- 
te al Gobierno de Nicaragua, diez mit pesos de siib- 
vencióu por el contrato de Canal y un diez por ciento I 
.«obre lo8 productos netos del tránsito; comproinetién- I 
dose, además, á conducir gratuitamente en los vapo- 
res las tropas, provisiones, etc., que el (íobieruo neee* 
sitara en cualquiera emergencia. 

El 13 de febrero de 1852 volvió Pineda & encargar- 
-i- del ejercicio del Poder Ejecutivo, en la ciudad de 
'írauada. Dos días después se trasladó coq el Gobier- | 
nu á Managua, que volvió á ser de nuevo la ctipital. | 

Por renuncia del Ministro Bocha, se anexó la carte- 
i de Hacienda á la de Relaciones Exteriores, á ear- 
^■> del señor Zeledón; y se nombró para el desempeño 
!■■ la de Guerra, al señor don Poneiauo Corral. 

El ÍH del niisnao febrero se convirtió en semaual el 
■ orreo mensual que existía de Managua á Rivas. 

El Estado continuó gozaudo do tranquilidad hasta 

^Bmes de octubre siguiente, en que el puerto de San 

^Woau del Norte se proclamó en República soberana, 

por insinuaciones del Cónsul inglés Mr. James Green. 

El Gobierno comisionó al General Chamorro, para que, 

eou fuerza suficiente, pasara á restablecer el orden. 

Pendientes aún las cuestiones sobre arreglo de lí- 
niitíís territoriales con Costa-Rica, el Gabinete de 
Washington, que eutonees tomaba mucho interés por 
nuestros asuntos, resolvió terminar para siempre esta ' 
^■nojosa cuestión, celebrando con Mr. Crampton, re- 
presentante del Gobierno inglés, un tratado en que se ' 
<ineglabau definitivamente los límites meucíonados, y ' 
;idumás, se estipulaba la segregación de la costa mos- 
l^^nita. 

Hh La .-Vsamliiea de Nicaragua miró (;ou indiguacíóu 
Hkqnel tratado, que ponía á estos países en pupilaje res- 
pecto de los Estados-Unidos y la Gran Bretaña, y cou 



578 lIlBTumA DS NICAUAGUA 



fecha 16 de julio de 1852 lanzó una solemne protesta, 
contra toda intervención extranjera en los negocios 
propios del Estado. > La enérgica actitud de la Asam- 
blea, dejó sin efecto lo pactado. 

Convocado el pueblo á elecciones para designar el 
sucesor del señor Pineda, y pasados los pliegos á la 
Asamblea, ésta declaró popularmente electo al señor 
General don Fruto Chamorro. . 




Toma posesión de su dealino el nuevo Director — Opinión 
á cerca de éste— Su mensaje— Convoca una Constituyente- 
Elección de Diputados- Proceso revolucionario — Destierro 
de varias personas— Manifiesto de Chamorro— Reunión de 
la Asamblea— Mensaje del Ejecutivo — Publícase la nueva 
Constitución— Disposiciones de ésta— La Asamblea nom- 
bra Presidente á Chamorro— La camarilla de Guatemala 
lanza á Cartera contra Cabanas— Niégase Chamorro á cum- 
plirel tratado de 1851— Imprudencias que comete— Don Dio- 
nisio Chamorro en Costa- Rica— Su spén dense las relaciones 
con este Estado — CabaBas auxilia á los emigrados— Inva- 
den éstos á Nicaragua— Toma da Chinandega— Acción de 
"El Pozo"— Derrota de Chamorro— Prepara La resistencia en 
Granada— Llegada de Jerez— Decreto de 10 do mayo — Mani- 
besto revolucionario— Cha mori-o deposita el mando en Es- 
trada. 



4 



El 1? de abril de 1853 tomó posesión de su destino 
el naevo Director del Estado, General don Fruto Cha- 
morro. Este acontecimiento tué mirado por la gene- 
ralidad de los nicaragüenses como el triunfo defíniti- 
vo de los granadinos sobre los leoneses, por ser el Ge- 
neral Chamor;-o el caudillo de los primeros. 

El nuevo Director no era nn hombre vulgar. A un 
valor y á una energía extraordinaria, á una iuteligen 
cia despejada y á un buen fondo de honradez, unía 
nn carácter terco, voluntarioso y muy prendado de sí 
mismo. Podía decirse de ÓI, que tenía grandes virtu- 
des y también grandes defectos. 



580 HISTORIA DE NICARAGUA 



Jefe de partido, supo despertar en los suyos, y ha- 
cia su persona, esa loca y entusiasta pasión, que ins- 
piran los grandes caudillos y también en sus enemi- 
gos esos odios sangrientos y eternos que van más 
allá de la tumba. "Ángel para unos, monstruo infer- 
nal para otros," el General Chamorro no ha podido ser 
apreciado por sus contemporáneos con la imparciali- 
dad debida. 

En 1853 no era el General Chamorro el Supremo 
Delegado de 1844, que sostuvo con bríos y entereza la 
causa nacional de Centro- América. Los vaivenes de 
la vida pública, la atmósfera en que se agitaba, los 
desengaños ó tal vez circunstancias privadas que no 
conocemos, habían producido completo cambio en sus 
ideas 

Indudablemente la prevención con que el caudillo 
granadino miraba á los leoneses, que eran llamados 
liberales, y el recuerdo de las escenas de anarquía de 
los tiempos vie Valle y de Somoza que tanto impresio- 
nai'on á la sociedad, fueron acercándolo insensiblemen- 
te á los hombres que entonces mandaban en Guate- 
mala, de donde era, además, originario, y lo hicieron 
contraer una especie de monomanía por el orden, que 
fué desde entonces la suprema aspiración de su vida. 

Con disj>osiciones naturales para ser un gran mili- 
tar, el General Chamorro tenía por desgracia y para 
todas las invasiones, la in flexibilidad y dureza de los 
hombivs de cuartel y poco ó nada de la sagacidad, 
dulzura y o|H>rtuuismo de los hábiles políticos. 

8<^ había declarado camiWn del orden, y el orden 
tuvo que sor jv^ra él una consigna rigurosa. Todo 
cuanto olvistáculo estorbara su camino había de ser 
K^rrido á caüonajFA>s jH^r aquel hombre de acer»^ . 

Tara llegar á la n^lización le ese l>^lIo ideal de que 
hacia dimanar el bien y Ih tVli/idad de Xicarasrua, 



OAP. XIS — ADMlNiSTUACION, ETC. 



5ai 



echó naturalmente mano de toda su energía; y como 1 
acontece siempre que se procede apasionadamente, ' 
casi todos sus pasos lo dieron un resultado eoutrario. 

El día qup tomó posesión ante la Asamblea, leyó el ' 
mensaje de costumbre; poro por un raro capricho se 
apartó en absoluto de las fórmulas y protestas ordí- I 
narias de respeto y obediencia á las leyes, y sólo se * 
concretó á hablar de la necesidad de soateuer el orden 
íi todo trance, anunciando impriideotemente que para 
lograrlo prometía " prevenir los males antes que re- 
mediarlos." I 

En aquellos tiempos, en quo la sociedad se resentía 
aúu de la pasada anarquía y en que estaban en boga 
las ideas de tolerancia republicana y toda la propa- 
ganda liberal de la revolución francesa, las palabras 
^^el mensaje no fueron vistas con agrado y facilitaron * 
He los adversarios leoneses, que estaban ea asecho, un 
^^notivo para combatirlo con aparéate justicia. I 

Hf Creyéndose un hombre superior, capaz de poder eu- 
HRtentar la más violenta situación y propuesto á llevar 
A la práctica sus promesas anteriores, influyó en el 
ánimo del Poder Legislativo para la convocatoria do 
unn Asamblea Constituyente, encargada de reformar 
radicalmente la Constitución liberal de 1838, que era 
muy pródiga eii conceder garantías al individuo y 
que restringía la acción de! poder público hasta anu- 
Kbrlo casi. Aquel paso impolítico fué traducido por 
^HB adversarios de Leóu como uu verdadero reto á la 
Vñasa liberal. >Se creyó que la nueva Constitución 
formada bajo los auspicios de un hombre tan absolu- 
tista, sería una especie de apéndice de la Ordenanza 
militar, y la exaltación aumentó, marcándose más la 
antigua división entre León y Granada. 
Los aiuigos del General Chamorro, que veían levan- 
■f tarse la tempestad, se cansaban en vano de señalarle 



582 HISTOHIA DE NICAKAGÜA 



el abismo que cavaba á sus pies ; pero sus adverten- 
cias daban un resultado contrario, porque el caudillo 
gi'anadino gustaba desañar los peligros y sentía ver- 
dadero desprecio por todo cuanto le era hostil. 

Las elecciones de los departamentos occidentales 
recayeron en caudillos de la oposición ; y aunque ésto 
disgusto bastante al Director del Estado, seguro de 
imponer sus ideas á la mayoría, no vaciló en señalar 
la fecha de la reunión de la Asamblea, que se había 
dejado á su arbitrio. 

Antes de que este acontecimiento se verificara, en 
el mes de noviembre de 1853, fué denunciado al Go- 
bierno un plan revolucionario, que se decía estaba 
fraguándose en León. 

El General Chamorro mandó á instruir un proceso 
bastante reservado, y descansando en la deposición 
jurada de gentes sospechosas, creyó comprobados los 
hechos que se le habían denunciado y quiso dar un 
golpe maestro á la oposición leonesa, aunque para és- 
to le fuera preciso apartarse del camino que le seña- 
laba la ley. 

Ordenó, en consecuencia, la captura y remisión de 
los señores Licenciado don Francisco Castellón, Doc- 
tores, don José Guerrero y don Máximo Jerez, Coro- 
neles, don Francisco Díaz Zapata y don Mat^o Pine- 
da y de otras cuantas personas de importancia en el 
partido opositor. 

Castellón, Jerez y Díaz Zapata, eran Diputados á la 
Constituyente y gozaban de inmunidad constitucional. 

Todos los denunciados pudieron escaparse, con ex- 
cepción de Jerez, Díaz Zapata y otros dos más, que 
fueron conducidos á Managua. 

Los procesados pidieron que se les oyera y que tam- 
bién se les hiciera conocer los fundamentos del proce- 
so; pero el General Chamorro, por consideraciones 



583 



que desdecían de su conocida rectitud, se negó á la úl- 
tima demanda y condenó á expatriación á todos los f 
supuestos delincuentes. 
Para informar de estos sucesos, el Director publicó 1 
1 manifiesto, fechado á 21 de noviembre de Ifioí!, en 
oe bacía observar, que de acuerdo eos lo ofrecido 
I su programa administrativo "de prevenir los ma- 
I antes que remediarlos" se había decidido á obrar I 
)ODtra los conspiradores, cuyo delito estaba sufleien- 
temeute comprobado en el proceso que obraba en el ] 
nrcliwo secreto del Gobierno. 

Conocidas las ideas y prácticas dominantes en Ni- 
caragua, puede considerarse lo mal que sentaría tan- 
to la iuuovación arbitraria de los procedimientos res- 
I)ecto lie personajes caracterizados, como Iti noticia de I 
()ue existia un archivo secretp. 

El Director Chamorro, con el poco tino que le ca- ! 
racterizaba en la elección de las palabras con que se 
dirigía al público, quiso iududablemente referirse al 
archivo privado de la secretaría de la Comandancia 
{©neral; pero la oposición, y especialmente las vfcti- 
Bas y sus amigos, lo tomaron aquello al pie de la le- 

y pusieron el grito en el cielo, lamentándose de I 
pne eu Nicaragua hubieran reaparecido los procedi- 
DÍt>ntos de la Inquisición. 

Kounida la Asamblea Constituyente en el mes de I 
ñero de 1854, sin la concurrencia de los Diputados | 
Kpnlsos, el General Chamorro leyó un mensaje, enca- 
iciendo á la Representación Nacional, que fuera muy ¡ 
¡Bcreta y mesurada en la concesión de garantías in- 
vid nales y que robusteciera el principio de autoridad, 
"dando, agregaba, mayor fuerza y consistencia at po- J 
der y levistiéndolo de ciertapompa y »myesfml que iu- 1 
fundieran respeto. 

Aquel mensaje, como se comprende fácilmente, fué I 



584 UISTOKIA DE NICAKAGUA 



un nuevo combustible que se arrojó á la hoguera re- 
volucionaria. La fatalidad parecía empeñada en obs- 
curecer la clara inteligencia del Director del Estado, 
que caminaba de desacierto en desacierto. 

Elaborado el proyecto de Constitución, obra en mu- 
cha parte del mismo Director Chamorro, fué decreta- 
do por la Asamblea y sancionado el 30 de abril de 1854 
por el Poder Ejecutivo. 

La nueva Constitución constaba de 104 artículos. 

Declaraba al Estado de Nicaragua Repúhlica sobera- 
na € independiente y al gobernante Presidenfe de la 
misma, prolongando el período de éste por cuatro años, 
en lugar de dos, que ñjaba la Constitución de 38. 

Facultaba al Ejecutivo para que con sólo conatos 
de trastorno público, pudiera ocupar la corresponden- 
cia epistolar para el efecto de inquirir, violar el asilo 
doméstico, arrestar hasta por 30 días, trasladar á cual- 
quier individuo de un punto á otro de la República y 
extrañar de ella hasta por seis meses. 

Cambiar el nombre de Estado por el de República, 
á cualesquiera de las fracciones de la patria centro- 
americana, equivalía entonces á la proclamación enér- 
gica del separatismo más absoluto. No hacía tres años 
que Muñoz y Viteri habían ofrecido rendir las armas 
en León y poner término á una guerra civil, porque 
les concedieran ese título para Nicaragua, y Pineda y 
sus amigos prefirieron perderlo todo antes que pasar 
por separatistas. 

Tan impolítica declaración contrariaba de lleno el 
sentimiento público de Nicaragua; pero con ella obte- 
nía Chamorro las simpatías de la camarilla conserva- 
dora de Guatemala. 

Las nuevas disposiciones de la Constitución de 1854 
establecían de derecho un régimen extremadamente 
absolutista, que llenó de espanto á los opositores. És- 



I.A1'. XIX — AUMNISTUACION, KTC. 



5tíy 



mgái 



tos, como ee natuml, lueharou desdo ese día coo la d»-J 
seaperación del que trataba de salvarse de un ppligi'o-í 
iuminoDte. 

La piiblieaeión de la aiueva Carta fundamental, ooa- ■ 
('luía de hecho el periodo admiuistrativo del Geuerall 
Chamorro, que dejaba de ser Director. Había, pues, que I 
«legir al Presidente eii conformidad con la Coustitu-T 
Í6n vigente; pero era tal el descontento público, qual 
consideró imposible que eu los comicios pudiera al- ' 
eanzar mayoría el antiguo Director. Para zanjar la I 
dificultad se ocurrió al expediento de los soñ&mas. Se I 
dijo qiie la Asamblea era la representante del pueblo, j 
que también era soberana y que por lo mismo, podía] 
hacer la elección presidencial. 

El General Chamon-o fué, en consecuencia, ñora- 1 
brado Presidente de la República con infracción ma- | 
uifiesta de hi antigua y de k nueva Constítucíóu. 

Era por aquel tiempo gobernante de Honduras el J 

lüor General don Trinidad Cabanas, amigo personal J 
General Chamorro; pero jefe del partido naciona-.l 
de Centro-ÁméricQ. 

La camarilla conservadora de Guatemala veía con I 

lalos ojos la presencia de Cabanas en Honduras y 
encontró pretexto para declararle la guerra. el U da j 
julio de 1853. 

Cabanas reclamó de Nicaragua el cumplimiento dell 
tratado de alianza de 20 de agosto de 1851, en virtud I 
I Ul cual, se dio un ejército al ex-Director Pineda, para 
.¡utí se restableciera en el mando; y Chamorro se ne- 
gó con distintos pretextos, contentándose con enviar I 
uu Ministro mediador, que desgraciadamente mostró I 
indebidas deferencias por Guatemala. 

El General Chamorro llevó un poco más adelanto ] 
US imprudencias en la cuestión de Guatemala con J 
ilondura,s. El 3 de octubre de 1-S.")Í1 dirijo una carta 



586 HISTORIA DE NICAEAGUA 



autógrafa al General Carrera, dando el pésame á él y 
(í los pueblos de Griiatemala por la muerte del niño Jo- 
sé Carrera y le hacía protestas amistosas. 

Esta carta, muy semejante á las que es costumbre 
dirigir á las testas coronadas, á la muerte de los infan- 
tes de la casa real, fué publicada en la Gacet<i de Gua- 
temala^ con comentarios, en que se hacía alarde de que 
Chamorro estaba unido con Carrera en la contienda 
con Honduras, sin que la Gaceta de Nicaragua jamás 
los contradijera. 

El Gobernante hondureno tuvo sobrado motivo para 
no ver más en el General Chamorro al Supremo De- 
legado de San Vicente, ni al amigo y compañero de 
otras épocas. 

Así se encontraban las cosas, cuando se publicó la 
nueva Constitución de Nicaragua, que declaraba al 
Estado en República independiente, y venía á con- 
firmar más á Cabanas en la creencia de que el Gober- 
nante nicaragüense era un enemigo de quien necesi- 
taba precaverse. 

Y como si no bastara aún lo sucedido, el Ministro 
mediador, que era el Licenciado don Pedro Zeledón, 
celebró con el Gobierno guatemalteco en 7 de marzo de 
1854 un tratado de alianza defensiva entre Nicaragua y 
Guatemala, en que se estipulaba, entre otras cosas, auxi- 
lios mutuos, la independencia de ambas Repúblicas, la 
represión y castigo de la prensa que se desbordara 
contra los países amigos y la extradición de los reos 
políticos cuando estuvieran indiciados de delitos co- 
munes. 

En la conclusión se estipulaba también que el tra- 
tado sería extensivo á Honduras, si su Gobierno que- 
ría suscribirlo; pero conocido el carácter de Cabanas, 
ísemejante cláusula parecía más bien un sarcasmo, por 
que no era el sucesor de Morazán quien podía aceptar 



CAP. XrX — ADMlNISTBAOTÓlí, ETC. 587 

la independencia absoluta de ios Estados centro-ame- 
ricanos, ni el caudillo liberal de Honduras el que con- i 
sentiría en amordazar !a prensa que no fuera del gua- ! 
tode don Rafael Carrera. 

El General Cabanas creyó entonces y los emigrados 
uicaragüen.ses lo sostuvieron en esa creencia, que Cha- 
morro estaba íntimamente aliado con la eamarilla gua- 
temalteca y que para no ser tomado entre dos fuegos 
necesitaba promoverle la revolución. 

El General Chamorro, quü á su vez creyó débil y 
abatido á Cabanas, le previno con amenazas la recon- 
L'cutración de los emigrados nicaragüenses (1). Esto 
«cabo con la paciencia del jefe hondureno, que en oí 
acto llamó á los emigrados y les ofreció toda clase de 
auxilios si se comprometían á ayudarle en la recons- 
titución de Centro- Amó rica y cousogufan autes la neu- 
tralidad de Costa^Rica en la contienda de Nicaragua. 

Don Dionisio Chamorro, hermano del Director de 
Nicaragua, había sido nombrado Ministro Plenipoten- 
ciario ante el Gobierno costarieense para el arreglo 
(ie la cuestión de límites territoriales. 

Después de algunas conferencias, el Ministro Cha- 
morro perdió la paciencia, y en 22 de febrero de 1854 1 
pó 6. la cancillería de San José una comunieacióu 

1 enérgica, que equivalía á una declaratoria degne- I 
, por lo cual quedaron de hecho suspensas las re- 

lOiones entre Nicaragua y Costa-Rica. 
^ 'Salvado así el único obstáculo que encontraba Ca- 
lañas para hacer la revolucióu, ésta se llevó á efecto 
■ •n los primeros días del mes de mayo de 1854. 

Los emigrados nicaragüenses, acaudillados por el 
(_ieueral don Máximo Jerox, desembarcaron en wl Kea- I 



(1) Carta inédita del líuneral Cubafius lí dun Jot^ú María San I 
íü, iim? ol>ra en \«,>\vr ili-l juilor .le esta ol.ra— (N. del A.) 



588 U18T0KIA DE NICAEA.ÜUA 



lejo en número de veinticinco y sorprendieron á con- 
tinuación la plaza de Chinandega. 

Reforzada con los hombres qae pudo enganchar, la 
revolución se aumentó considerablemente y avanzó 
hasta la hacienda de ^^El Pozo" inmediata á León, á 
donde fué á atarearla el General Chamorro en perso- 
na, la noche del 12 de mayo. 

Las fuerzas del Gobierno fueron derrotadas después 
de unos pocos minutos de fuego, desbandándose á 
continuación todo el ejército. 

El Director sin desanimarse todavía, llogó á León 
el día 13 y trató de rehacer sus tropas ; pero la guar- 
nición de la ciudad lo abandonó, pasándose á los re- 
volucionarios, y tuvo que huir casi sólo con dirección 
á Granada, en donde lo creían muerto y todo era con- 
fusión y desaliento. 

C!on la guardia de doscientos hombres, que custo- 
diaba el cuartel y con unos cuantos estudiantes y ve- 
cinos que acudieron voluntariamente á empuñar las 
armas, se preparó el General Chamorro á hacer la más 
obstinada resistencia. 

' Jerez sin oposición de ninguna clase, llegó el 25 del 
mismo mes hasta Granada con su ejército victorioso, 
compuesto de ochocientos hombres. 

Cuando la revolución apareció en Chinandega, Cha- 
morro, con su tema de dominarlo todo con golpes de 
energía, publicó el renombrado decreto de 10 de ma- 
yo, declarando la guerra á muerte y mandando, en 
consecuencia, que todo prisionero fuera fusilado " sin 
más trámite que la pronta ejecución." 

Jerez en su manifiesto revolucionario ofreció por 
su parte tratar como traidores á la patria, á los que 
directa ó indirectamente auMliaran al tirano. 

Ambos jefes, por desgracia, cumpliron fielmente su 
palabra. 



CAP. XIX. — ADMINISTRACIÓN, ETC. 589 

Chamorro depositó el poder en el Senador don Jo- 
sé María Estrada y asumió el mando en jefe del ejér- 
cito. 



' .1 







Divisas de los ejércitos— Primer encuentro— Ocupación 
d© Jalteba — Heridas de Jerez y Pineda— Abusos de los de- 
mocráticos — Gobiernoproviaional— Guerra á muerte— Bom- 
bardeo de San Juan — Auxilios hondurenos- Fu sil aciones- 
Mediación amistosa — Pasos del Gobierno guateroaiteco— 
Bases que propone— Levantamiento de Matagalpa— Elec- 
ciones democráticas— Prisioneros hondurenos— Fin del si- 
tio de Granada — Situación de los revolucionarios— Llegada 
de Muñoz- Conducta impolítica de los leg i ti mistas- Muer- 
te de diamoiTo— Le sucede en el ejército el General Corral- 
Resolución de la Asamblea— Trabajos de Muñoz— Contra- 
to de Castellón y Byron Colé— Es traspasado á "W^illiam 
Víalkei^Aotitud de Muñoz- Intervención de San Martín- 
Llegada del Padre Alcaine— Mal éxito que obtiene— Ruptu- 
ra de Muñoz y Corral — Llegada de Walker— Biograíla de és- 
te— Castellón lo recibe bien y lo envía á Rivas. 



El ejército de Jerez tomó «I nombre de "Democrá- 
tico" y se distiugnió eou nua divisa roja; el de Cha- 
morro 88 llamó "Legitimista" y tomó por lema una cin- 
ta blanca. El antagonismo uo podía marearse más. 

Jerez uo creía que le biciorau resistencia en Gra- 
nada y su sorpresa no fué poca al encontrarse con 
una línea de atrincheramieutos y con un enemigo re- 
suelto á defenderse hasta el último trance. 

A la entiada de la población se rompió el fuego con 
una pequeña avanzada que se replegó á [a plaza, de- 
jando un prisionero, que fué asesinado. 

La ciudad de Granada tiene la forma cU' un plano 



592 HISTORIA DE NICARAGUA 



inclinado, cuya parte más baja penetra en las aguas 
del lago. 

El ejército democrático se presentó por la parte más 
elevada y se posesionó del templo de Jalteba que do- 
mina la población. 

Paseábase Jerez en el atrio, reconociendo el campo 
enemigo para disponer el asalto, cuando un tiro de la 
plaza le dio casualmente en la rodilla, destrozándole 
la rótula derecha, al mismo tiempo que otra alcanza- 
ba al segundo jefe Pineda y le atravesaba el pecho. 

El ejército democrático, compuesto de hordas in- 
disciplinadas, cuando se vio sin jefes que pudieran 
refrenarlo, se dispersó en grupos armados por toda la 
circunferencia de la línea enemiga y se entregó al sa- 
queo y toda clase de abusos. 

La mayor parte de la soldadesca era leonesa, y que- 
riendo vengar los ultrajes de Malespín, en los grana- 
dinos, que fueron sus aliados, se esforzaba en ocasio- 
nar toda clase de danos y en reducir á escombros los 
edificios que no ocupaba. 

Todos estos desórdenes y el odio que los revolucio- 
narios manifestaban sin ningún embozo contra Gra- 
nada y los pueblos que la habían acompañado siem- 
pre, hicieron perder terreno en el concepto piiblieo á 
la revolución y engrosar las filas de Chamorro que, 
aprovechando la confusión del campamento, y dando 
pruebas de un valor desesperado, hacía constantes sa- 
lidas á la cabeza de pequeñas escoltas, rompía el sitio, 
arrebataba provisiones al campamento democrático y 
le causaba toda clase de molestias. 

Como la lucha se prolongaba, los revolucionarios 
constituyeron un gobierno provisional en León á car- 
go del Licenciado don Francisco Castellón, quien inau- 
guró su administración el 11 de junio del mismo año 
y nombró Ministro á don Pablo Carbajal. 



CAP. XX^GUEBHA DE 1854 



593 



[Tno de los primeros actos del gobieruo provisio- 
iijil fué el decreto de 10 de junio en que declaraba la 
guerra á muerte al Gobieruo de Chamorro y á suh de- 
fensores. 

La revolucióu se había iidiieñndo dei departamento 
de Rivas, del Grau Lago y del río Sau Juau, dejando 
A Chamorro reducido á la plaza y á los departamen- 
tos de Chontales y Mntagalpa que mantenían comu- 
nicación por la costa. 

El 15 de julio de IS54 fué bombardeada la pobla- 
ción (lo San Juan del Norte por un buque americano, 
bajo el pretexto de que los nativos habían ultrajado 
al Cónsul délos Estados-Unidos, Mr. Borland; pero 
sus móviles principales fueron las intrigas de la com- 
pañía de tránsito, de acuerdo eou el Cónsul, para pro- 
mover aquel eseáudalo, y el deseo por parte del Go- 
bierno americano de molestar á las autoridades ingle- 
sas que ejercían jurisdicción eu aquel puerto, á pesar 
del tratado Clayton-Bulwer. Inglaterra devoró el ul- 
traje en silencio. 

El Gobierno de Honduras quiso auxiliar á los revo- 
lucionarios y envió una división al mando del Gene- 
ral Gómez, que se presentó en Jalteba el 15 de j(dio 
al anochecer. 

El 17 fué imprtidentemento comprometida la ma- 
yor parte de la fuerza hondurena, por un oüclal leo- 
nés, á quien se le confió para un reconocimiento, y en 
el combate perdió treinta hombres y tuvo muchos 
Uoridos. El resto de la división fué acometida de vó- 
mito y casi toda pereció, inclusos los primeros jefes 
y oficialidad. 

En el mes do julio los revolucionaiios fusilaron á 
varias personas enemigas, sorprendidas en el camino 
de Liberia, que trabajaban por contrarevolucionar el 
»artamento meridional, y á don Pedro Rivas toma- 



■ÓS 



594 HISTOIUA DE NICAKAGUA 



do en la costa del Lago en camino para Choutales, á 
donde se dirigía con el nombramiento de Sub-Prefecto 
de aquel distrito. 

Rivas era un joven inteligente é instruido, gozaba 
de reputación como escritor, y su pérdida fué muy la- 
mentada en Granada. 

Desgraciadamente en aquel duelo á muerte entre 
Chamorro y Jerez, cuanto más importante y recomen- 
dable era el prisionero, tanto menos probabilidad te- 
nía de salir con vida. 

Los Gobiernos del Salvador y Guatemala interpu- 
sieron su mediación para la paz. El primero, repre- 
sentado por don Norberto Ramírez y el segundo por 
don Tomás Manning. 

Los comisionados se entendieron primero con el 
gobierno provisional y éste nombró á su vez un re- 
presentante, que pasara con los mediadores á Grana- 
da, dándole instrucciones para aceptar un arreglo en 
que se extipulara la rendición de aquella plaza con 
garantías para todos, menos para tres de los caudi- 
llos, que debían ser expatriados. 

El Gobierno de Granada se negó á recibir al comi- 
sionado leonés, manifestando que no podía tratar con 
rebeldes; y los comisionados de Guatemala y el Sal- 
vador tuvieron que regresarse sin ser oídos. 

El Gobierno de Guatemala dirigió entonces una ex- 
citativa á los Gobiernos del Salvador y Costa-Rica 
para realizar de hecho la paz de Nicaragua, intervi- 
niendo con fuerzas de los tres Estados en número de 
tres mil hombres. 

Guatemala lo que deseaba era que se le permitiera 
pasar por el Salvador para llegar en auxilio de Cha- 
morro. Así lo comprendió el Gobierno salvadoreño, 
y eludió de una manera diplomática las pretensiones 
guatemaltecas. Otro tanto hizo el de Costa-Ric^. 



OAP. XX — OUEltttA DE 1854 



595 



A principios de 1855 el Gobierno de Guatemala pro- 
puso secretamente á Castellón un arreglo de paz, bajo I 
las bases siguientes: 

1? "Cesación de hostilidades eu todas partas. 

2? Mandaría en León e! General Muñoz; pero de- 
pendiendo del Gobierno que se estableciera en Gni- 
nada. 

I 3? Castellón pasaría á los Estados-Unidos á repo- 
ner á Molina, eu el puesto que deseiapeñó de Minis- 
tro Plenipotenciario de Nicaragua. 

4? El Gobierno de Nicaragua se compondría por 
tres años, de tres personas escogidas jior los comisio- 
narlos de los Estados, constituidos en arbitros. 

5? Podrían ser los gobernantes, el Obispo Pifiol, el 
General Muñoz y algún granadino. Nada de cáma- 
ras, sino un Consejo de sois personas nombradas por 
el mismo gobierno." (1) 

Poco después el señor don Dionisio Chamorro, Ple- 
nipotenciario del Gobierno legitiraista en Guatemala, 
obtuvo del Presidente Carrera armas, elementos y di- 
nero, que condujo á San Juan del Sur el General hon- 
dureno don Santos Guardiola, enemigo de Cabañaí^, 

En el mes de setiembre los sitiados recobraron el 
lago de Granada y aseguraron la comunicación con 
Choutales, al que también pusieron en armas. 

La revolución por esta causa tuvo que sacar recur- 
sos de los departamentos centrales, y estas exacciones I 
tflu continuadas, la desacreditaron y redujeron. 
^ Ed el mismo mes el Canónigo don Remigio Salazar, 
itante respetado por sus virtudes, tomó á su cargo l 
poner y arreglar la paz, pero uo logró su objeto. 

El departamento de Matagalpa fiel á Granada, se J 



I • E 

Haet 

Kiwi 

^ ir 



(I) Carta )iié<í¡la do 20 de abril de lH.'>,'i, dd hioenciaito Caá- 1 
tollAn ni Presidenlrt >M Salvnilor, 



596 HISTORIA DE NICARAGUA 



levantó en armas contra la revolución, capitaneado 
por el Grobernador Abarca y por emigrados hondure- 
nos. Con tal motivo, Cabanas envió fuerzas á sojuz- 
garlo; y después de varios encuentros fueron deiTO- 
tadas aquellas. 

Concluido el período del Director Chamorro, según 
la Constitución de 1838, que era la que reconocían los 
revolucionarios, practicaron éstos elecciones de auto- 
ridades supremas. 

Resultó Director el Licenciado Castellón y Senado- 
res y Representantes los principales hombres de sus 
filas. 

Entre los prisioneros tomados á los hondurenos en 
las últimas acciones, fi^raban varias personas ene- 
migas políticas del General Cabanas, enviadas á la 
guerra por una especie de castigo. Los prisioneros 
demandaron piedad del General Chamorro ; pero este, 
tan inflexible como Cerda, no admitió la relajación 
de la ley de 10 de mayo, que prescribía la muerte de 
todo el que fuera avanzado con arma en mano. 

En la exaltación de las pasiones, los defensores de 
la plaza no se fijaron en medios, y el 16 de enero de 
1855, ocurrieron al puñal y á la traición con ánimo 
de librarse del asedio. Dos oficiales, vendidos al oro 
legitimista, debían aletargar con narcóticos á la guar- 
nición y ser pasada ésta á cuchillo en la obscuridad 
de la noche. Afortunadamente tan sangriento pro- 
yecto se descubrió y pudo evitarse ese negro borrón 
á las páginas de nuestra historia. 

Ocho meses y medio dilató el sangriento sitio de 
Granada. Tristeza da decirlo; pero después de trein- 
ta años de guerra, existía en Nicaragua la misma sed 
de sangre y la misma inhumana crueldad de nuestras 
primeras contiendas. 

El 10 de febrero, Jerez ya restablecido do su herida, 



^ vori 



levantó el Bampameato de Jalteba y se reconceuti 
á León á la cabeza de mil hombres. 

Los papeles se cambiaroa, viéndose los revolución 
narios i-edueidos á la plaza de Occidente. 

Los lefiUimistas ocuparon entonces hasta Managí 
y todos los departamentos del Norte y Sur de la B* 
pública. 

Castellón culpaba del mal éxito de la revolucióu k 
Jerez, á quien suponía falto de conocimientos milita- 
res, y cou este motivo mandó á traer del Salvador, eai 
donde vivía pobremente, al General Muño?., Es\ 
cambio fué aceptado por Jerez. 

Tan luego los democráticos levantaron el campo, 
los legitimistas se dedicaron á hacer escarmientos en- 
tre las personas que habfau auxiliado á aquellos di- 
recta ó indirectamente. Amigos del Gliabierno de Gra- 
nada, pero vecinos de otros departamentos, fueron se- 
veramente castigados por no haber corrido á la plaza, 

empuñar una arma durante el sitio. 

Las cárceles se llenaban de hombres, muchos de ellos 

iocent«s, á quienes se sacaba diariamente con una 
,ena al píe á trabajos públicos, unidos con los cri- 

jinales. 

El rigor se hizo extensivo hasta las mujeres. Una 
infeliz, sin otro delito que ser la esposa de uuo de los 
revolucionarios más activos, fué mautenida con gri- 
llos; y aquella desgraciada, que se hallaba en vísperas 
de alumbrar, uo pudo conseguir, ni en el acto supre- 
mo del nacimiento de su hijo, que le libertaran los 
pies. 

Según el dicho de un testigo presencial, pasaron ái 
trescientas las mujeres y de cuatrocientos los hombí 
A quienes se tuvo en el presidio, haciéndose de lafl 
primeras todos los usos y abusos que la dementa» 
ipasii'm del odio pudo aconsejar. 



I 



598 HISTORIA DE NICABAGUA 

Aquella insensata persecución volvió a dar presti- 
gios á los revolucionarios. Los perseguidos no tuvie- 
ron otro amparo que el de las fortificaciones de León; 
y las filas democráticas recibieron, cuando menos lo 
creían, un refuerzo considerable de soldados volun- 
tarios. 

El 12 de marzo de 1855 falleció en Granada el Ge- 
neral Chamorro, á consecuencia de una enfermedad. 
Si la voz del patriotismo hubiera podido hacerse oir 
en aquella hora de pasiones exaltadas, quizás se ha- 
brían resuelto satisfactoriamente las dificultades de 
la situación, convocando á los pueblos para una elec- 
ción de autoridades supremas; pero en vez de practi- 
car ésto, que era lo más natural y también lo dispues- 
to por las Constituciones políticas de 1838 y 1854, se 
incurrió en el error de reunir los restos legitimistas 
de la que fué Asamblea Constituyente, para que ésta 
eligiese al nuevo gobernante. 

El 8 de abril de 1855 se inauguró solemnemente la 
antigua Constituyente, convertida por sí y ante sí, en 
Congreso Legislativo del Estado. Se componía de 
sólo catorce Diputados, distribuidos así : seis de Orien- 
te, dos de Nueva-Segovia, uno de Matagalpa, cuatro 
de Rivas y uno de Chinandega. 

La Asamblea no quiso tampoco convocar á elec- 
ciones y eligió Presidente interino de la República al 
Diputado don José María Estrada, mientras tomaba 
posesión el Presidente que se eligiera en propiedad. 
En seguida insaculó los pliegos cerrados de que ha- 
blaba la ley, para en caso de falta repentina del Pre- 
sidente Estrada; siendo de advertir, que como no ha- 
bía Senadores en el improvisado Cuerpo Legislativo, 
éste tuvo que infringir, una vez más, la Constitución, 
eligiendo a Diputados de su seno, en lugar de aquellos. 

El 16 del mismo mes de abril suspendió sus sesio- 




nati la Asamblea, dejando inaugui'ado el mievo Glo-! 
bieruo del Diputado Estrada, que como el autei'ior^ 
trontíuuó proclamando "legitimidad ó muerte," á pe-" 
ííar de ?er nada legítimo su origen. 

El General don Poueiano Corral, segundo jefe del 1 
i'júrcito, ascendió por muerte del Geueral Chamorro J 
ú General en -Tefe de la legitimidad. 

En el pampo democrático, Muñoz trabajaba cons-j 
tautenieute por la paz. Sus simpatías estabau por| 
líraiiuda y en sus cálculos entraba el que debiéodose- 
1(1 el restablecimiento del orden, el gobierno quo sur- 
giera de uu arreglo, lo mauteudria en elevada posi- 
ción; renaciendo para t'l los tiempos anteriores. 

Fijo en el propósito de hacer la paz, envió un co- 

^ misionado á Corral proponiéndole, bien una juuta de 
gobierno desempeñada por los dos G-enerales ó bien 
«d recoDoeimiento del Gobierno de Granada ejercido 
por sólo Corral, previa amnistía absoluta. 

Los trabajos de Muñoz habrían tenido éxito com- 
pleto si hubiera podido proseguir en ellos, porque á 
Corral le iuquietaba desde hacía muchos años la sed 
demando; pero los democráticos empezaron á mnr- 
luarar públicamente y la prudencia aconsejó á Muñoz 

» esperar algunos días más. 
Antes de estos sucesos, el Director Castellón cele- 
bró en 28 de diciembre de 1854 un contrato con el 
¡norto-araerieano Byron Colé, para la traída de dos- 
cientos hombres también norte americanos, que de- 
berían prestar sus servicios duraute la guerra, orga- 
nizados con oficiales electos entro ello» mismos; nevo 
.sájelos inmediatamente al General en Jefe democrá- 

a hombre sería mautenidü por ul gobiorun pri> 

ifiioual eoü carne y totoposte, y ganarían, cuatro rea 

diarios de .soldados á sargentos, uu peso cada 



(iOO HISTORIA DE NICARAGUA 



3= 



oficial, doce reales el capitán y dos pesos el Coman- 
dante. 

La columna debía llamarse "falanje democrática" 
y tenía que llegar cuarenta días después al puerto del 
Realejo ó al de San Juan del Sur, según conviniera, 
armada de rifles y municiones. 

Los individuos contratados deberían considerarse 
como ciudadanos del país, estar sujetos en todo á las 
leyes vigentes y ser de buena conducta, industriosos 
y sin ninguna nota de infamia. 

Pasada la campaña, los sobrevivientes y los here- 
deros de los muertos serían premiados con dos caba- 
llerías de tierra en Segovia ó Matagalpa á opción del 
Gobierno. 

En caso que la falanje llegara después de conclui- 
da la campaña, podría, bajo las mismas bases, prestar 
sus servicios al Gobierno de Honduras. 

En principio de 1855 participó Byron Colé á Cas- 
tellón que el contrato lo había traspasado á Mr. Wi- 
Uiam Walker, temible aventurero norte-americano, que 
acababa de sembrar el terror en el Estado de Sonora 
en México. Castellón no hizo novedad y antes bien 
lo excitó á que efectuara su viaje cuanto antes. 

Cuando Muñoz tuvo noticia de la próxima llegada 
de Walker, se manifestó muy contrariado y tomó em- 
peño en convencer al Director Castellón de los peli- 
gros de semejante paso. Éste, bastante prudente y 
algunas veces tímido, se asustó con las observaciones 
de Muñoz y logró infundir los mismos temores en los 
principales caudillos. 

De acuerdo con todos, Castellón y Muñoz que eran 
amigos del Presidente del Salvador, don José María 
San Martín, se dirigieron á éste participándole sus 
temores y pidiéndole su auxilio para terminar la gue- 
rra antes do la llegada de Walker. 



CAP. XX. — GUERILV DE 1H5-Í 



Sau Martín, comprendió la gravedad de la situación, I 
y acreditó sin pérdida de tiempo á nn Ministro Pleni- 
potenciario ante los Gobiernos beligerantes. 

El comisiado salvadoreño, que fué el Presbítero 
don Manuel Alcaiue, era nu hombre inteligente y do- 
blemente respetable por su carácter eclesiástico. 

Cestelión lo recibió cou satisfacción y lo facultó 
para arreglar la paz, haciéndola depender en último 
caso de una amnistía general, garantizada por el Go- 
bierno del Salvador. 

El Padre Alcaine pasó á Granada el 12 de junio y 
-sus esfuerzos fueron iüútiles. Los legítlmistas esta- 
ban cegados y no quisieron conceder el perdón de la | 
vida á sus enemigos. Era tal su encono, que ni un ar- 
misticio permitieron. 

La situación también había cambiado mucho para 
los de Granada. El Gobierno de Guatemala acababa 
do llevar á Honduras la guerra civil, dando armas, 
elementos y toda clase de auxilios al General don Juan 
lApez, enemigo de Cabanas, que avanzó apoyado por 
unadivisióngitatemaltecaal mando del General Solare.q. 

Creíase, pues, seguro un cambio favorable en Hon- 
dnras y que con éste se obtendría inmediatamente el 
apoyo de dos gobiernos amigos. 

Muñoz no tuvo suficiente confianza en el Padre Al- 

.-ftine para informarle de sus trabajos con Corral, y 

'>lo, (jue vio que se daban pasos para la paz sin eon- 

ir con él de preferencia, se creyó burlado y dio por 

■ rminadas sos inteligencias con Muñoz. 

Los democráticos, cuando vieron el mal éxito del 
Padre Alcaine, se creyeron i)erdidos y entonces ci- 
fraron su esperanza en la falanje americana, cuya lle- 
_-ada se anunciaba de un momento á otro. (1) 



(1) W-IISP til fin 'a notn K. 



602 HISTOBIA DE NICAKAGÜA 



El 13 de junio llegó por fin al Realejo, el Vest<ij bu- 
que de vela al servicio de Walker, conduciendo 4 éste 
y á cincuenta y cinco norte-americanos más. 

Wiliam Walker era natural de Nashville, Estado de 
Tennesee en los Estados-Unidos, y pertenecía á una 
familia acomodada. (1) 

Quiso su padre dedicarlo al estudio de la jorispni- 
dencia, pero él se aficionó más á las ciencias nata- 
rales. 

Muy joven todavía se fué para Europa y allí acabó 
sus estudios en una Universidad de Alemania. 

Pensó en hacerse médico, estudió para ello dos años 
en París; mas inquieto con sueños de aventuras, pre- 
firió la espada al bisturí, renunció á graduarse de doc- 
tor y regresó á América. 

En 1849, de socio en la propieda del Crescent de 
Nueva-Orleans, pasó á ser redactor en jefe de aqnd 
periódico, en el que comenzó á romper lanzas por la 
libertad de Cuba. 

Fracasó la empresa del Crescent y Walker desapa- 
reció de Nueva-Orleans. 

Eu 1850, lo encontramos escribiendo en el Herald 



(1) El Ilustrated Times de 31 de mayo de 185(5, desoríbia á 
Walker de esta manera : " Figúrese usted, decía, á un hombre 
de cinco pies de alto, de muy vulgar apariencia, pelo oasi rojo, 
limpio de aladares y bigotes, con los huesos de los carríllofi moy 
piominentes, frente angosta y mirada torva. He aquí en coanto 
á su persona. En cuanto al traje, á veces usa un paletot azul, 
pero más comunmente una blusa de franela azul, pantalón ne- 
^ro, botas, sombrero á Ja Kossiiih, ceñidor y espada. A no feí 
por esta espada ee le tomaría por el hombre más insignlficaDte 
del mundo, por un mercachifle de los peores barrios de Nnevi- 
York. Lleva consigo á un hermano que tiene un nombre de co- 
media, Nerval Walker, y de quien puede decirse que es el mayor 
borracho y el hombre más petulante del mundo'- — (N. del A.) 



OAP. XX — GDEHBA DE 1 



e San Franoieeo, de donde pasó después á Marysvi» 
,e á ejercer la abogacía. 

Pronto adquirió una regular eUentelaj pero su espi- 
itn inquieto le llevaba á otras empresas. 

En 1853 proyectó su expedición á Sonora. La casa 
le Gualaua, que había levantado un ejército filibuste- 
o contra el General Santana, Presidente de México, 
lamo á Walker para que cou sus hombres fuese á dar- 
9 ayuda, eon objeto de establecer un gobioruo iude- 
>endieuttí en Sonora. 

Organizada la expedición, Walker se hizo á la vela 
íH 8au Francisco en el año de 1854. Debía ir al gol- 
o de Guaymas, pero la casa de Guulana no le fué fiel 
r entonces fué á fortificarse eu la Ensenada, en dou- 
le estuvo alguuofi meses sosteniendo no pocos com- 
Mtee. Viendo que los partidarios eon que contaba eu 
líéiico no llegaban á engrosar sus filas, desesperado 
le poder tener resultado alguno, se retiró como pudo, 
t con rancha dificultad arríbrt con sus hombres á, San 
SVaaeisco, eu mayo de 1854. 

Apenas llegado, Walker fué reducido á prisión y 
tcnsadu ante el Tribunal de los Estados-Unidos co- 
no infractor de las leyes de neutralidad. Logró de- 
'enderse bien y el Jurado se mostró indulgente y lo 
Lbsolvió. 

Poco después fué diputado para la Coiivencióu de- 
aocrética del Estado de California en 1854, cuando 
d partido democrático se dividió. Era entóneos odi- 
ar del State Journal de Saci-amento. 

Un día, leyendo el libro que sobre Nicaragua había 
■sonto Mr. Squier, se sintió enamorado de este paÍK. 
iabía que había en él gnen-as civiles y trató con alKu ■ 
loa amigo» de ir á darte ayuda á cualquiera fie iof- 
Iftíeos, para apoderarse por este nitxlíu dtil 



aO-í HI8T0KIA DE NICAKAGUA 



LI 1 «.. 



Uno de los propietarios del periódico que redacteitt 
Walker, era By ron Colé, y se entusiasmó tanto con el 
pensamiento de su compañero, que vendió su parte y 
salió en seguida para San Juan del Sur. 

Colé celebró con Castellón el contrato que conoce- 
mos y después lo traspasó á Walker. 

En Nicaragua, Walker fué muy bien acogido por 
Castellón; pero Muñoz no pudo disimular la repug- 
nancia con que vio la llegada del jefe filibustero; por 
la cual éste manifestó al primero, que su deseo era ex- 
pedicionar sobre el Departamento meridional, pan 
acercarse por ese lado á Granada. 

El 20 de junio se dio 4 Walker el título de Coronel 
y se le autorizó para (^xpedicionar sobre Bivas. 



CAPÍTULO XXI 

Invasión de Walker 



Colonización de Kinney— Independencia de San Juan del 
Norte— Salida de Weilker— Su desembarco en Rivas— Ataque 
y derrota — Regresa á León — Diíibultades con Muñoz— Con- 
cesiones á Colé— Nueva expedición— El cólera en Managua. 
Auxilios á Guardiola— Sede Muñoz á batirlo —Victoria y 
muerte de éste — Sale Walker para Rivas— Ordenes de Cas- 
tellón— Lo burla Valle— Acción de " La Virgen "-Derrota de 
Quardiola— Corrsil sale á campaña— Muerte de Castellón— 
Le sucede Escoto — ^Toma de Granada— Regreso de Corral- 
Pláticas de arreglo — Proclama de Walker— Rehenes que to- 
ma — Baladronadas en Masaya— Fusilación de Mayorga— 
Capitulación de Corral — Organización del nuevo Gobierno. 
Conducta de Estrada — Actitud de los leoneses — Proceso y 
muerte de Corral— Situación del partido democrático. 



Cuando Walker se dirigía de San Francisco al Rea- 
lejo, dos norte-amjBricanos, los Coroneles Kinney y 
Fabens salían de Nueva- York, por la vía del Atlánti- 
co á colonizar, según decían, el territorio de San Juan 
del Norte. 

El 6 de setiembre de 1855 hubo en el puerto de San 
Juan una reunión convocada por los titulados coloni- 
zadoreSy en la cual fué proclamada la independencia 
del mismo puerto, con un gobierno, también indepen- 
diente, presidido por el Coronel Kinney, quien á su vez 
organizó una especie de ministerio y fundó un perió- 
dico oficial con el título de El Centro- Americano. 

Mientras tanto, Walker, á quien dejamos en el Rea- 
lejo, se hizo nuevamente á la vela en el Vesta^ llevando 



GÜÜ lllSTüKlA DE NIGAltAGUA 



á SU bordo la falaaje y un refuerzo de más de cien nati- 
VOS9 ^^ mando del Coronel leonés don Mariano Méndez 

El 27 desembarcó sigilosamente en las costas de Bñ- 
to y se internó á Rivas; pero la plaza estaba cubier- 
ta por tropas legitimistas, que había enviado Corral, i 
quien Muñoz dio un oportuno aviso. 

Al romperse los fuegos, Méndez abandonó el cam- 
po con la tropa leonesa y la pequeña escolta america- 
na fué completamente batida el 27 del mismo meSi de- 
jando once muertos. 

Walker con los 43 hombres restantes pudo escapar 
por el lado de San Juan del Sur, donde se apoderó de 
la goleta San Joséj en la cual se trasbordó al Vesta 
que lo condujo nuevamente al Realejo, el 19 de julio 
siguiente. 

Castellón, con su habilidad diplomática de siempcei 
mandó á felicitar á los americanos poit sa intrépido 
comportamiento en Rivas y á invitarlos para que se 
trasladaran á León, cuya plaza se encontraba entonoeB 
amenazada por Corral, quien había avanzado hasta 
Managua con todo el grueso del ejército legitimista. 

Walker acusaba á Muñoz de traición y exigía que 
se le castigara; pero Castellón lo aplacó, reconociendo 
la justicia del cargo y dejando el escarmiento para 
más tarde, en atención á las difíciles circunstancias 
que atravesaba. 

Poco después el antiguo diplomático reunió en su 
casa á los dos jefes enemigos y logró reconciliarlos. 

Muñoz propuso entonces, que los americanos fue- 
ran divididos en guerrillas y que cada una de éstas se 
agregara á los varios cuerpos del ejército democrátieo. 
Walker comprendió bien, que se trataba de dividir y 
anular su falanje y contramarchó para Chinandega, 
con resolución aparente de regresarse á San Francis- 
co de California. 



(Ul>. XXI— INVASIÓN DE WALKEtt 



tí07 



Toda la ambición de Waiker era apoderarse del De- 
partamento meridioual y con éste la línea de tránsito 
inter-oeeámea, para procurarse hombres y rocursop 
iion que adueñarse de Nicaragna. 

Byrou Colé, que era socio y confidente del jefe fili- 
bustero, se quedó en León explotando diplomáticamen- 
te en favor do su socio, la situación aflictiva de Caste- 
llón, Éste consintió en que se modificara el coutrato 
primitivo, autorizando á Waiker para qu.í pudiera en- 
rolar hasta trescientos anierinanos en servicio de Nica- 
ragua, ofreciéndoles cíen pesos meusuales de sueldo 
y qnioientos aeres de tien-a al terminar la campaña. 

CJole obtuvo también de Castellón una autorizacióu 
en forma, para que Waiker pudiera arreglar todas las 
divergencias y cuentas pendientes entre el Gobierno 
y la Compañía de Tránsito. 

Tan luego como el jefe filibustero recibió de Colé 
tan preciosos documentos, resolvió dirigirse A líivas; 
pero deseoso de dar una sorpresa, pi opaló que se mar- 
chaba para Honduras en auxilio de Cabanas. 

En el entretanto, el cólera morbo apareció en Maii.a- 
gna y eo pocos días asoló al ejército legitimista. 

Corral, en vez de marchar precipitadamente sobrcí 
I "H, para llevar el contagio al enemigo, en caso de 
su esfuerzo se malograra, se contentó con ver mo- 
. . apestados á todos sus hombres, basta quedar re- 
ducido 8U ejército á uu pequeño cuadro de oficiales 
con el cual regresó á Orauada. 

Cuando esto sucedía, el Gobierno legitimista dio un 
auxilio de trescientos hombres al General don Santos 
GoAniiola, emigrado hondureno, para que expedicio- 
□am por Xneva-Segovia y se internara á Honduras á 
molestar & Cabanas. 

La noticia del aoxillo dado á Guardiola llegó muy 
rito á León; y no teniendo que temer ya nada de 



608 HISTOBIA DE NICARAGUA 



Managua, Castellón hizo salir á Muñoz con fuerza su- 
ficiente para que impidiera los propósitos del Qt)bier- 
uo de Granada. 

El 18 de agosto se encontraron ambos ejércitos en 
el pequeño pueblo del Sauce, y después de seis horas 
de combate fué derrotado Guardiola; pero el jefe vic- 
torioso quedó muerto en el propio campo de su gloria. 

La muerte de Muñoz fué en aquellas circunstancias 
una verdadera pérdida para todo Centro- América. Sus 
talentos militares, su dilatada experiencia, y sobre todo, 
su odio á Walker y á la intervención de todo elemen- 
to extraño en nuestras contiendas civiles, lo hacían 
indispensable en aquella época de ofuscación y exal- 
tamiento, para impedir la preponderancia que el fili- 
busterismo adquirió más tarde en nuestro suelo. 

Según "Se dijo por la prensa oficial del Salvador, el 
General Muñoz había consentido en ponerse al frente 
do la revolución democrática, porque impresionado 
con el carácter destructor de la guerra que se hacían 
leoneses y granadinos, pensó que todavía era posible 
regularizarla y poner término á los desastres y la anar- 
quía. 

Walker aprovechó las circunstancias extraordinarias 
del Gobierno de León, aturdido con la pérdida de Mn- 
ñoz, para salir del Realejo con la falanje americana y 
(*on una división voluntaria de ciento setenta nativos 
que le proporcionó el Coronel don José María Valle, 
Sub-Prefecto de Cliinandega, quien también se enro- . 
lo en la expedición, á pesar de las repetidas prohibi- 
ciones del gobierno provisional. 

Castellón intimidado con las reflexiones de Muñoz 
y de don José María San Martín, Presidente del Sal- 
vador, que en el seno de la confianza le escribía previ- 
niéndolo contra los filibusteros, se oponía á la salida 
de Walker, y sobre todo, á que se le diera el menor 



CAP. XXI — INVASIÓN DE WALKER 609 



auxilio; pero como hemos visto, Valle, ó sea el autiguo 
ChelóUf burló sus órdenes. 

El 23 de agosto, el Vesta se hacía por tercera vez á 
la vela conduciendo á Walker y á sus compañeros. 

El 29 arribó la expedición á San Juan del Sur, des- 
embarcó sin oposición el 2 de setiembre, y el 3 llegó 
á *^ La Virgen," en donde fué atacada por^Guardiola, 
quien comandaba un ejército de seiscientos legitirais- 
tas escogidos. 

A las pocas horas de fuego, Gruardiola, aterroriza- 
do por los rifles americanos, huyó despavorido, dejan- 
do en el campo sesenta muertos y muchos heridos. 

Tan rudo golpe para los legitimistas, hizo salir á 
campaña al General en Jefe Corral, á la cabeza de mil 
hombres, sedientos de tomar el desquite. 

Corral, sea por temor, sea por carácter, puea era 
bastante apático, perdió lastimosamente el tiempo en 
Bivas sin atacar á Walker, cuya fuerza se engrosaba 
más y más cada día. 

Después de la vergonzosa fuga de Guardiola, el jefe 
filibustero hizo curar á los heridos, trató bien á los 
prisioneros y supo inspirar confianza á todos. De es- 
ta suerte, los amigos de los democráticos y aun mu- 
chos legitimistas de los castigados en Granada por no 
haber concurrido á sostener el sitio, se presentaron 
voluntariamente y empuñaron las armas que d(^ó 
abandonadas Guardiola, gustosos de servir á un jefe 
que no usaba de violencias con nadie. 

Además de los muchos que se le presentaron en 
*' La Virgen," Walker vio engrosado su ejército con 
una columna de treinta y cinco buenos rifleros, que 
le llegaron por el Sierra Nevada, vapor de la Compa- 
ñía de Tránsito, y con igual número de voluntarios 
leoneses, que condujo la goleta San José. 

El gobierno provisional de León estaba entonces ser- 
Sí) 



()10 HISTOKIA DE NICARAGUA 



vido por el Senador don Nazario Escoto, sucesor del 
Licenciado Castellón, a quien el cólera arrebató la vi- 
da el 8 de setiembre de 1855, momentos después de 
haber recibido la noticia, para él desagradable, del 
triunfo de Walker sobre Guardiola. 

Todo parecía favorecer entonces los proyectos am- 
biciosos del caudillo aventurero. La espada de Muñoz 
y la intriga de Castellón, que pudieron cortar su ca- 
rrera, no existían ya; el brillante ejército de Guardio- 
la se desbandó á su sola vista, dejándole un rico ar- 
mamento; y en aquella hora, en que era dueño de ha- 
cer su voluntad y en que contaba con hombres, re- 
cursos, elementos y prestigios, la suerte puso en sus 
manos comunicaciones escritas, que llevaba un correo 
expreso á Corral, y en las cuales se daba cuenta del 
desamparo en que había quedado la plaza de Gra- 
nada. 

Rápido, como siempre, Walker sin atender más al 
jefe legitimista, que nunca acababa de prepararse para 
atacarlo, se embarcó en unos de los vapores del lago 
y sorprendió a Granada, en la madrugada del 13 de 
octubre de 1856, tomando la plaza sin resistencia. 

Corral, burlado en Rivas con su numeroso ejército, 
se puso á la cabeza de quinientos hombres escogidos 
y marchó precipitadamente á reconquistar la plaza 
perdida. 

Siete leguas antes <le llegar, en las inmediaciones 
del pueblo de Nandaime, encontró á varios comisiona- 
dos de Walker que le propusieron la paz, á condición 
de que los dos caudillos gobernaran el país: Corral co- 
mo Presidente y Walker como Comandante General 
de las armas. 

Hacía muchos años que el jefe legitimista soñaba 
con la Presidencia de Nicaragua; y Walker sin saber 
lo, tocaba la cuerda mas sensible de su corazón. To- 



CAÍ». XXI — INVASIÓN DE WALKEK (511 



do el coraje y la euergía de que momeutos antes pa- 
i-ecía estar revestido Corral, desaparecieron como por 
encanto, halagado por la grata esperanza de la próxi- 
ma realización de su ensueño más dorado. 

No conocía á Walker; pero raciocinaba con sus 
deseos, y de seguro lo comparaba con Raoul, con 
Pierson y con los demás jefes extranjeros que tan úti- 
les y fieles fueron al General Morazán, ó cuando me- 
nos, lo conceptuaba un verdadero suizo de espada, de 
quien podría valerse eternamente, mediante buenas 
propinas. 

En su ceguedad no reñexionaba que un americano 
del Sur de los Estados-Unidos es incapaz, no diremos 
de subordinarse, de compartir siquiera su posición con 
un hombre de color, á cuya raza pertenecía el infor- 
tunado Corral. 

La expedición, por tal motivo, en vez de continuar 
su mareha precipitada sobre la plaza de jjl^ranada, cam- 
bió tranquilamente de rumbo y se encaminó á Masa- 
ya, donde estaba refugiado el Presidente Estrada, con 
quien Corral necesitaba ponerse de acuerdo. 

Tan luego Walkw se adueñó de Granada, reforzó 
su ejército con cien prisioneros políticos que se ha- 
llaban en la plaza con cadenas y en trabajos forzados, 
y publicó una proclama muy estudiada, ofreciendo 
garantías de la vida, de la persona y de la propiedad 
á todos los que voluntariamente se le presentaran, 
sin distinción de colores políticos. Casi todos los ve- 
cinos, y entre ellos don Mateo Mayorga, Ministro de 
X Relaciones Exteriores de Estrada, se acogieron á la 
proclama y fueron garantizados. 

Estaba alcanzado, en mucha parte, lo que Byron 
Colé y Walker habían proyectado el año anterior en 
la oficina del State Journal de Sacramento. Tratába- 
se ahora de procurar un arreglo que restableciera la 



612 HISTORIA DE NICAUAGUA 



paz y dejara á Walker con las armas, para c;omeazar 
la explotación económica del negocio. 

tifien tras CoiTal se olvidaba del enemigo, conferen- 
ciando en Masaya con Estrada, Walker entendido ya 
con la Compañía de Tránsito, recibió por medio de 
ésta un refuerzo de sesenta norte-americanos más, 
procedentes de San Francisco. 

La toma de Granada fué celebrada en León con lo- 
co entusiasmo. Tampoco los leoneses conocían á 
Walker y pensaban poco más ó menos lo que Corral. 
Así fué que en medio de la alegría pública, se organi- 
zó una columna de voluntarios democráticos y salió 
confiadamente á compartir con los americanos el triun- 
fo alcanzado; pero al pasar por Managua fué sorpren- 
dida por el Coronel legitimista don Tomás Martines 
y deshecha completamente. 

Es^e triunfo, aunque de poca significación, enva- 
lentonó al Presidente Estrada y á los legitimistas de 
Masaya. 

Las proposiciones de Walker fueron desatendidas; 
y ésto, contrariado con tan inesperada resolución, to- 
mó (MI rehenes á los principales vecinos de Granada, 
para tener á raya á Corral. 

Al saberse la providencia de Walker, tan en pugna 
con su uonducta anterior, la indignación fué general 
en Masaya. Desde el Presidente Estrada hasta el úl- 
timo soldado recordaban á Guzmán el Bueno de Es- 
paña y no se hablaba raás que de imitarlo, atacando 
en el acto al jefe aventurero. 

En medio de aquella excitación general, el Prefec- 
to legitimista de Masaya, don Pedro Joaquín Chamo- 
rro, hermano del ex-Presidente del mismo apellido, 
(Constituyéndose en eco del sentimiento público, dio á 
luz una enérgica proclama, en que recordaba los com- 
portamientos de los españoles en los campos de l>ata- 



caí*. XXI — INVASIÓN DE WALKEU ÜKJ 



Ha contra los franceses y excitaba al ejército contra 
los invasores, aun cuando para tomar la plaza peli- 
grasenlas familias y amigos que allí existían. 

Las baladronadas de Masaya hicieron perder la cal- 
ma á Walker. Pretextando que los logitimistas ha- 
bían asesinado antojadizamente á algunos pasajeros 
americanos en "La Virgen" y en San Carlos, contes- 
tó la proclama de Chamorro mandando fusila)*, sin 
ningún trámite, ni Ministro Mayorga. 

La noticia de tan triste suceso, ocurrido en la ma- 
drugada del 23, fué llevada d Masaya en el mismo día 
por comisionados de Walker, quienes se presentaron 
anunciando que éste se manifestaba decidido á fusilar á 
los otros rehenes, entre los cuales figuraba don Dionisio 
Chamorro, hermano del autor de la protesta, si á las 
nueve de esa misma noche no recibía una contesta- 
ción favorable de arreglo. Esta misiva, la noticia exa- 
gerada de los refuerzos llegados á Walker, y sobre to- 
do, una exposición en que los mismos prisioneros su- 
plicaban se arreglara pacíficamente la terminación do 
la guerra, abatieron por completo la energía de los Ic- 
gitimistas, que acabaron por ofrecer que al día si- 
guiente enviarían sus comisionados. (1) 

El día 23, poco después de las nueve de la mañana, 
entró Corral á Granada, acompañado de un piquete 
de filibusteros, que fué d recibirlo al camino, y del 
mismo Walker que le aguardaba en las afueras de la 
pK>blación. 

Los legitimistas del 23 de octubre no eran los mis- 
mas del día 1 9. En su aturdimiento por aplacar á 



(1) Según informed verbales de algunos conservadores respe- 
tablee, el General don Fernando Chamorro, su hermano don Pedro 
V algunos otros, nanea estuvieron de acuerdo con el paso do Co- 
Vral-(N. del A.) 



614 H18TOKIA DE NICAKAGUA 



Walker enviaban de comisionado al mismo General 
en Jefe de su ejercito, que con el sólo hecho de pasar 
humildemente al campo enemigo, anunciaba que es- 
taba rendido á discreción. 

En el mismo día se celebró el tratado de paz, ver- 
dadera capitulación, en la que se aceptó todo cuanto 
quiso imponer el inflexible filibustero. 

Corral apareció omnímodamente facultado por su 
Gobierno, y el convenio por su parte no necesitaba 
de ratificación; mientras Walker tenía especial cuida- 
do de hacer constar, que carecía de facultades y que 
todo lo que se pactara había de sujetarse á la ratifi- 
cación del Gobierno de quien dependía, quedándole de 
esta manera una puerta franca para en caso de mal 
éxito. 

8e estipulaba la terminación absoluta de la guerra 
y el nombramiento de don Patricio Rivas, hombre 
eminentemente pacífico y apartado de la política, para 
i{Uii gobernara por catorce meses el país, mientras se 
procedía á elecciones; pero el mando absoluto de las 
armas quedaba á Walker y la falanje americana de- 
bía continuar en servicio del Estado. 

Los Ministros del Gobierno tendrían que ser cua- 
tro, nombrados por el Presidente Rivas y tomados de 
los departamentos de la República. 

Las fuerzas legitimistas y democráticas se reduci- 
rían k ciento cincuenta hombres por cada parte y se- 
rían comandadas, las primeras por el Coronel Martí- 
nez en Managua, y por el Coronel Xatruch en Rivas. 

Los gobiernos de León y Granada debían cesar des- 
ale el momento en que cada General les notificara el 
(íonvenio; y cualquiera de ellos que se resistiera, ten- 
dría que ser tratado como perturbador de la paz. 

Por último. Corral debía entregar el mando, arma- 
mento y municiones á Walker; el Gobierno tendría 



CAP. XXI — INVASIÓN DE WALKEU (U5 



que residir en Granada; y ambos ejércitos quedaban 
obligados á cambiar sus divisas por un listón (celeste 
en que se leyera: "Nicaragua independiente." 

Cuando en Masaya se tuvo noticia del convenio, el 
desagrado fué general en el campo legitimista; pero 
Corral había tenido cuidado de cortar toda retirada, 
y se hizo necesario sufrir con pacienc^ia la humillación 
impuesta. 

El Coronel Martínez que estaba en Managua, ¿il te- 
ner noticia de lo ocurrido escribió á León ofreíúeiido 
su ciega adhesión y la de su tropa, si unían sus esliK^r- 
zos contra Walker; y el Coronel Xatruch, que estaba 
de Gobernador en Bivas, emigró á Costa-Rica incon- 
forme de ver á Nicaragua en poder do filibustero». 

Corral, sin embargo, se mostraba satisfecho de su 
obra porque creía de buena fe que habiendo sido tan 
generoso con Walker, hasta convertirlo en arbitro de 
Nicaragua, tendría que ser gi'ato y no tardaría en po- 
nerse á su servicio. Es probable también, que su mi- 
rada abarcara los próximos comicios electorales, de 
que Walker estaba excluido por su calidad de extran- 
jero, y en donde las influencias del jefe de las armas 
podrían pesar bastante en su favor. 

El 30 de octubre de 1855 llegó don Patricio liivas á 
Granada ó inmediatamente tomó posesión de su destino. 

Durante dos ó tres días Corral, que era el Ministro 
de la Guerra, pareció ser el arbitro del nuevo Gobierno. 
Ésto lo llenó de tanta satisfacción, que públicamente 
manifestaba que había ganado A los democráticos con 
.su propio jefe. 

El Presidente legitimista don José María Estrada, 
autorizó una protesta, el 25 del mismo octubre, en (lue 
hacía presente que había cedido contra su voluntad, 
v excitaba en ella á los Gobiernos de Centro-Amé- 
rica, para (jue salvaran á mano armada la autonomía 



61(J Hl SI OKI A DE NICAKAGUA 



(le Nicaragua. Después de suscribir esta protesto, 
que tuvo buen cuidado de no publicar por entonces, 
envió comisionados á solicitar auxilios de los Gobier- 
nos vecinos, y disolvió su Gabinete, retirándose á 
Honduras acompañado de unos cuantos jefes. 

En León no fu^ tampoco bien recibido el tratado 
Walker-Corral ; pero se lomó en cuenta que la apro- 
bación encerraba un peligro menos próximo y se pro- 
curó sacar todo el partido posible, explotando con ha- 
bilidad la nueva situación. 

En consecuencia, se aprobó el convenio, se nombró 
á Walker General de Brigada y se dispuso que una 
comisión de siete personas de las más notables, entre 
las que figuraba Jerez, pasara á Granada á felicitar 
al jefe filibustero por " el éxito venturoso que habíaa 
alcanzado sus constantes esfuerzos." 

Desde la llegada de los comisionados leoneses todo 
cambió para Corral. 

El Presidente Rivas colocó en el Ministerio de Re- 
laciones, á Jerez, caudillo de los democráticos; en el 
de Crédito Público, á Ferrer, que también pertenecía 
al mismo partido; y en el de Hacienda, al americano 
Parker H. French, teniente de Walker. 

Todo aquello era, por supuesto, obra del jefe fili- 
bustero; y Corral al verse solo, y en cierto modo be- 
fado, ge arrepintió de su cobarde capitulación y escri- 
bió á sus amigos de Honduras diciéndoles que estaba 
perdido todo, que era necesario que volaran en su 
auxilio. 

La fatalidad parecía perseguir al jefe legitimista. 
Sus caitas cayeron en poder de Walker, al siguiente» 
día de haber sido desarmado el ejército granadino, y 
el día (i de noviembre fué reducido á prisión. 

Walker como Comandante General proveyó un au- 
to cabeza <le proceso, mandando organizar un Conse- 



CAÍ». XXI — INVASIÓN DE N^ALKEK 1)17 



jo de Guerra en ese mismo día. Lo debían compo- 
ner oficiales americanos subalternos. 

Iteunido el Consejo, Walker se presentó acusando 
á Corral por traición y sedición. 

Abierto á pruebas el juic;io, el mismo acusador sir- 
vió de único testigo en contra del acusado. 

Cerrado el debate, el Consejo pronunció sentencia 
de muerte en el mismo día de su instalación. 

El día 7 Walker, juez instructor, acusador y testigo, 
confirmó en última instancia la sentencia del Consejo 
y mandó á ejecutarla. 

El 8 de noviembre de 1856, á los veintiún días de la 
capitulación, el Ministro de la Guerra expiraba en un 
patíbulo, ejecutado por verdugos norte-americanos. 

Se ha dicho que Walker fué un abogado instruido 
y un aventurero de genio; pero la ejecución de Corral 
pone de manifiesto que no fué ni una, ni otra cosa. 

El Ministro de la Guerra no podía ser juzgado en 
plena paz por un Consejo de Guerra; y aun suponien- 
do de que tal absurdo jurídico fuera posible, el Con- 
sejo debió componerse de militares do su misma gra- 
duación y en él no debió aparecer nunca Walker ha- 
ciendo de juez y parte al mismo tiempo. 

Por muerte de Corral, ocupó su puesto en el Minis- 
terio, el Licenciado don Buenaventura Selva, del par- 
tido democrático. 

Walker quitó el mando de Managua al jefe legiti- 
mista Martínez, que huyó a Honduras; y la situación 
política quedó en absoluto entregada al partido de- 
mocrático. 



CAPITULO XXII 

Administración de Rivas 



Situación de Nicaragua— Desvíos de Walker— Situación 
>1 partido democrático— Actitud del clero— *' El Nicara- 
kense"— Conducta de los filibusteros— Comentarios do la 
«ensa extranjera — Política americana — Cuestión inglesa— 
^titud del Presidente Pierce— El Ministro French.— Reco- 
>cimiento que liace Mr. Wheeler— Protestas del Cuerpo 
^ploznático— Rechazo de French— Sus proposiciones á Mar- 
l.eta — Enganches americanos — Decretos imprudentes de 
''elker — La Compañía de Tránsito— Actitud de ésta— Líe- 
tela de Cabanas — Mal éxito que obtiene— Reunión demo- 
^tica — Jerez— Renuncia del Ministerio— Política de Wal- 
^X"— Los legitimistas huyen á los bosques— Llegada de Groi- 
L^a— El primer vapor de la Mala del Pacífico. 



Diez y siete meses de guerra civil encarnizada y des- 
cictora, habían agotado los recursos de Nicaragua y 
ervado el patriotismo de sus hijos. 
Walker, si hubiera tenido alguna mediana habilidad, 
^ sólo se habría adueñado de Nicaragua sin oposi- 
Sn, sino que habría sido el ídolo del pueblo que can- 
elo de tan acerba lucha sólo deseaba la paz. 
I^or otra parte, leoneses y granadinos, que se odia- 
m á muerte y que desconfiaban mutuamente unos 
otros, habrían preferido poner sus destinos otorna- 
3iite en manos de un elemento ageno á sus rivalida- 
S, si éste se hubiera mostrado imparcial y conoi- 
•<Jor. 

t^ero Walker era un aventurero bastante vulgar, cu- 
' \ista no alcanzaba más allá de sus conveniencias 



GlíO niStolilA bK NIOAUAGUA 



personales, y optó por el gastado sistema de apoyar al 
que consideró más débil contra el más fuerte, pan 
explotar la división. 

El partido democrático que había hecho la gaem 
a Chamorro por su absolutismo, porque llamó á Ni»- 
ragua República, y Presidente al Director, s« encon- 
traba con la situación en la mano y no obstante beei- 
ba humildemente el látigo de Walker, se servía de kN 
mismos nombres para designar al gobernante y ú 
país, y hacía exactamente lo que tanto combatiera. • 

La dilatada lucha había excitado de tal manera las 
pasiones, que los partidos olvidaban con frecaeoeii 
sus principios, por tal de encontrar la manera como 
desahogar sus resentimientos y venganzas. 

El partido democrático, aunque aparentemente due- 
ño de la situación, mandaba tanto en Nicaragua, eo^ 
mo el legitimista. Baste saber, que ni el Presideaii^ 
ni los Ministros, tenían autorización para hacer nadi 
i{ue no fuera del gusto de Walker, que cada día se 
mostraba más imperioso y exigente. 

Los altivos leoneses, después de tantos años de la- 
cha, vinieron á convertirse en siervos del jefe filibns- 
tero, de cuyo férreo dominio no podían, ni querían 
sustraerse. No podían, porque Walker se apoyaba 
en un crecido ejército de aventureros, cuyo número 
se aumentaba por cada vapor que llegaba á San Juan 
del Sur: no querían, porque pensaban que si se aleja- 
ban de Walker, éste se rodearía de los legitimistas á 
quienes temían más que á todos los males juntos. 

Todo, pues, parecía doblegarse ante el audaz aven- 
turero. 

El clero, que pudo haberse alarmado con la intro- 
ducción del elemento protestante, fué por el contra- 
rio humilde cortesano, á quien se vio con frecuencia 
en las antesalas del autócrata, esperando como un fa- 



CAP. XXII — ADMIN18T1UCIÓN DE RIVAS &21 



▼or el permiso de entrar á felicitarlo por el bien que 
hacia á Nicaragua. 

Las alhajas de los templos le fueron dadas de orden 
del Jefe de la iglesia nicaragüense, para invertirlas en 
la compra de rifles y elementos de guerra: mientras 
los personajes más notables del clero, como el Cura 
de Granada, don Agustín Vigil, que pasaba por el pri- 
mer orador sagrado, agotaban el vocabulario de la 
adulación, llamándolo desde la tribuna del Espíritu 
Banto " Ángel tutelar " y " Estrella del Norte.'' 

Walker, para la buena marcha de su negocio, nece- 
sitaba de un órgano de publicidad, que diera á cono- 
cer sus conquistas en los Estados-Unidos, en donde 
tenía cifradas sus mejores esperanzas. Fundó, pues, 
el 20 de octubre de 1855, un periódico bilingüe, que 
llamó El Nicaragüei^se escrito, una cuarta parte en un 
español bárbaro y las restantes en buen inglés. 

El Nicaragüense retrataba fielmente el carácter de 
los filibusteros americanos. Era muy frecuente en- 
contrar en un mismo número palabras do aliento para 
el pueWo de Nicaragua en la parte española, mientras 
en la inglesa, destinada á los Estados-Unidos, se ha- 
blaba de conquista y esclavitud y se designaba á los 
nativos con los epítetos más odiosos y desprecia- 
tivos. (1) 



(1) Degradados, afeinin.ido^, yrcnsers, eran lo8 cali fícati vos 
auiorosos con que el periódico filibustero regalaba ú los nicara- 
güenses. Yxx(^ BU redactor principal el filibustero Juan Tabor, 
aunque escribieron en él varios otros. 

Cnando Centro- América se coligó contra Walker, El Nicara- 
güense fué más insolente, y bi Gaceta Oficial del Salvador de 9 de 
octnbre do 1850, aseguraba que la parte espauola se hallaba en- 
tonces á cargo del General don Manuel Carrascosa, uno de los 
Ministros de Walker. 

El Nicaragüense solía traer sueltos por este estilo : " Falle- 



(J22 ÜISTOKIA DE NlCAÜAÜl A 



En el mismo mes de octubre, el vapor Cortés de k 
Oompafiía de Tránsito trajo de San Francisco un re- 
fuerzo de seiscientos americanos reclutas y una com- 
pañía más, organizada, armada y á las órdenes dd 
Capitán Davidson. 

La condición de los nicaragüenses por este tiempo, 
no podía ser más triste y angustiosa. Ijos prisioBf- 
ros de una horda de bandidos no habrían sido peor 
tratados que nosotros. 

El Crhonide de Nueva-York publicó corresponden- 
cias de su repórter en Nicaragua, que retrataban la 
vida y costumbres de los filibusteros. Éstos, segén 
el repórter^ robaban, asesinaban, incendiaban y vid*- 
ban con la mayor imprudencia, y cuando el correspon- 
sal del Crhonide les hacía reflexiones sobre lo peijn- 
dicial que podía serles en lo porvenir una conducta 
semejante, contestaban, encogiéndose de hombros, 
"que los f/rcasers no tenían sentimiento, ni eran déla 
misma especie que los blancos." 

El Presidente Rivas y su Ministerio, mientras tan- 
to, sólo se ocupaban en hacer lo que Walker quería y 
en buscar la manera de mantenerlo grato. Triste pan>- 
dia de gobierno; la administración Rivas traía ala me- 
moria la Corte de Bleufield en tiempo de los ingleses. 
Don Patricio Rivas v su Gabinete hacían en Nicara- 
gua por entonces el mismo papel político, que los je- 
fes moscos bajo el protectorado de Mr. Patrick Walker. 

La prensa de Europa y América discutía con calor 



í'iMiENTO — Ohl (ignardiente (aguanliente añejo) — Un caballo bict 
conocido, perteneciente al Coronel Frank AudersoD, murió anbí- 
lamente el domingo en la noche : el Coronel le enterró coa pom- 
pa. Pocos caballos había en Nicaragua superiores á él, ya por 
su velocidad, ya por su fortaleza, hermosura y docilidad. P*i* 
sus crines." De aquí pue.le deducirse la clase de lectores á qw 
estaría dedicada la publicación de los fílibusteros — (X. del A.) 



OAP. XXII — ADMINISTKACIÓN DE KIVA8 G23 

las aventuras de los filibusteros. En los Estados-Unidos 
c