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HARVARD COLLEGE LIBRARY 
CUBAN COLLECTION 



BOUGHT PROM THK FDND 
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PROFESSOESHIP OF 

latín AMEMCAN HISTORY 

AND ECONOMICS 

FHOH TBB LIBRABY OF 

JOSÉ AÜGDSTO ESCOTO 

OF MATANZAS. COBA 



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OEIA 



iñiNiu DGMINCn 



DON ANTONIO DEL MONTE Y TEJADA. 
PUBLICADA POB LA SOCIEDAD LITERA 

"kmsn nst pus." 



TOMO TERCERO. 



SANTO DOMINGO. 

1890. 



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DE LA ISLA DE 



SAÍ^TO DOMJKGO. 



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HISTOEIA 



SANTO DOMINGO 



POR 



DON ANTONIO DEL MONTE Y TEJADA. 



PUBLICADA POR LA SOCIEDAD LITERARIA 



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TOMO TERCERO. 



SANTO DOMINGO. 



m90. 



HARVARD COLLEGE LIBRARA 

MAY 3 1917 

UTIN-AMERICAN 
PROFESSORSHIP FUNa 



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-»/ descubrimie^ito y población del continente americano no impiden d 
desarrollo dsl comctcio y la agricultura en Santo Domingo, —^Falleci- 
miento del Emperador Carlos V y del Padre Bartolomé de las Casas» 
— Muerte de Gonzalo J^ernúndez de Oviedo en Santo Domingo donde 
deja descendenciat— ^Calamidades que retardan el progreso de laUs* 
pañola,~^Los terremotos destruyen varias ciudades cuyos poblado^ 
res se trasladaron á otros lugarest^^La enfermedad de las virueUis 
disminuye la población india y parte de la africana^ — La escuadra 
del Almirante inglés Sir Francis Drdke asalta la ciudad de Santa 
DomingOi-^Su tescatei — Comercio de tas ciudades de la costa del Nor^ 
te con los holandeses y portugueses. -^Destrucción de ciudades y cas^ 
tigo que se impone á sus habitantes mandándolos internar. — -Tew- 
blor de tiefra en la ciudad de Santo Domingo y noticias de lasfa' 
milias que concúrtieron á su irepoblaciont 

jüKQUíi desfallezca algún tanto el ínterc^s de la narración al en-» 
trar en este nuevo y largo período que vamos á recorrer, aleja-' 
dos ya del campo de las maravillas del descubrimiento, ó del in- 
terés que inspira la suerte de una raza que vemos desaparecer casi 
instantáneamente de nuesttos ojos, pasaremos por esta tíansicion 
de acontecimientos y fenómenos naturales, y del estado notmal de 
paz y ventura á que llegó toda la isla, á la revolución espantosa 
que, conmoviendo todo el mundo, tra^jo á Santo Domingo las mad 
graves y azatosas perturbaciones. Hé aquí como descubriendo eil 
ün horizonte extenso las causas naturales, económicas y políticas del 
progreso de Santo Domingo, examinamos en un orden lógico las 
que le condujeron mas taide á sa estancamiento y tetroeeso á 
principios de este siglo. 

El reinado de Felipe II y los posteriores de í'elipe lll, Felipe 
IV y Carlos de Austria tuvieron poco eco y escasísimtxs resulta- 
dos en los medros y progresos de Santo Domingo. Y esto era muy 
natural: ocupado el primero en las guerras y turbulentos debatesí 
de Europa, apenas podia dirigir su atención á estos remotos luga-* 
res, y en cuanto á los monarcas sucesores, fija sil atención mas tar- 
de en los pingües productos de Méjico, Perú y otras provincias des* 
cubiertas en América debieron preferir lo que prometía mayores 
esperanzas. Este estímulo que alcanzó hasta á los Eeyes tomaba 
origen en el espíritu de los particulares: la Europa se despoblaba 
para venir á Méjico y al Pera y los naturales de Santo Domingo, lo» 



I 



mismos que debieran conteuer por su ioterés propio la emigraciotf 
á estos países, contribuian á ella directameDte íbiueutaudo las em- 
presas marítimas que se dirigiau á aquellas costas y oiganizando* 
y enviando expediciones militaies que contribuyeran al natural des- 
arrolla del ecHitinente de América. 

jNoeseste hecho aunque sorprendente^ un fenómeno natu- 
ral en el orden eeonóinico de los pueblosl ¿Podian los Dominica- 
nos evitar la situación á q4ie habia llegado la isla con el descubri- 
miento del Oontinentef jOnál habría sida la suerte de la industria 
en América, si privada de sn principal elemento en Santo Domin- 
go quedara allí adormecida y olvidada de su grandioso porvenir? 
No sucedió así: ese instinto de los pueblos siempre impelido á cum- 
plir su destino, ante un espeetáculo tan grandioso como presenta- 
ba una extensión inmensa de territorio UauKida á explotarse, debia 
atraer todas las atenciones, dando- á cada fracción su hora y opor- 
tunidad. Santo Domingo, el primero de los países conquistados y 
en cuyo regazo nacieron las primHíras reglas económicas que fun- 
daron el sistema mercantil^ viene á ser el primero de los países de 
América que ensaya las desviaciones de la ciencia hacia eí siste- 
ma de los economistiis franceses ó sea el sistema agrícola j y con 
ellos, siguiendo pavso á paso á la ciencia,, veremos impreso en la 
historia de ambas partes de su territorio un testimonio de las ideas 
y del espíi'itu económico y político de estas épocas pasadas. Si la 
parte española fué et plantel del sistema mercantil,; la parte fran- 
cesa vino á serlo en tiempo de Luis XIV del sistema de Qfuesnay 
y de los economistas franceses; en ellas fructificaron las semillas de 
las primeras doctrinas, y la historia puede consignar hx)y que los 
grandes progresos de la ciencia en los varios ramos que comprende 
tuvieron en esta Lsla un vasto campo de ensayos y de experien- 
cias que sirvieron para sentar sus mas nuevos y brillantes coro- 
larios. Una naturaleza espléndida, un desarrollo continuo y un 
espíritu proporcionado á las grandes empresas debian producir re- 
sultados que enriquecieran y acabalaran la ciencia. Y reconocer,, 
en resumen, que esas continuas alternativas de progreso y atraso 
en largos períodos^ no eran mas que la preparación de un brillante 
porvenir. Si Santo Domingo decayó en unas épocas, en otras le- 
vantó con orgullo su cabeza, ocupando siempre un lugar distinguido 
en la historia de la ciencia y en la historia general de América. 

Gobernando el Señor l>on Alonso xVrias de HerreiB, y regen- 
teando la mitra arzobispal Don Fray Juan de*Arr¡ola en 1500, se 
supo en Santo Domingo la abdicación del Emperador Carlos V en 
su hijo Felipe II, retirándose aquel al monasterio de Juste de los 
Padres Jerónimos en la ciudad de Placencia; lo mismo que el falle- 
cimiento del insigne obispo de Chiapa, Fray Bartolomé de las Ca- 
sas. Ambos acontecimientos habían producido gran sensación en 
la isla porque uno y otro Uabian influido notablemente en su bien- 
estar y adelantamiento. Habia acontecido también en el año ante- 
rior de mil quinientos cincuenta y siete bajo el gobierno interino del 
Oidor mas antiguo, el Sr. Maldonado, por ausencia del Capitán Ge-- 



flíáíOtilÁ DÉ SáNÍO DoMiNéO. 3 

lietaí Don Antonio Osorio y nombrado Arzobispo el Sr. Don Juan de 
Ande y Oarvíyal, el fallecimiento de Gonzalo Fernandez de Oviedo^ 

Este español coetáneo del primer Alm¡rai]te, qne servia en 
la casa Real á los Reyes Católicos en Granada, donde se bailaba 
presente cuando regres^ó el Almirante de su primer descubrimien- 
to, obtuvo el año de 1513 el empleo de Veedor de la fundición de 
oro de Tierra-firme* Mas adelante acompañó á Pedio Arias Dá-« 
vila en su Gobierno de Darien y obtuvo poco después el cargo de 
Gobeniador de Cartagena de Indias, y por último vino á Santo Do- 
mingo en donde se estableció obteniendo el empleo de Alcaide de 
la Fortaleza ú Homennjci 

El Sr. Don Martin Fernandez de Navarrete en su introduc- 
ción á la Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron pot 
mar los españoles á fines del siglo quince^ dice que Oviedo de re- 
greso á España fué electo cronista general de Indias, y que murió 
en Valladolid el año de 1557 de edad de 79 años* 

En este relato noto una equivocación manifiesta, porque Ovie- 
do murió en Santo Domingo, como lo acreditan documentos autén- 
ticos que conservo en mi poder. (1) 

Lus datos mencionados en la nota abajo transcrita, además de 



Yo Miguel Morillo de Ayala, Escribano del Ju^sgadd de los Sres. Ofi- 
ciales de la Real Hacienda de esta Ciudad de Seo. Domingo, en cumplimien- 
to del auto de arriba proveído por su Señoría el Sr. Presidente, de un libro 
antiguo de traslado de Cédulas Reales que está en la Beal Contaduría de esta 
dicha Ciudad, liice sacar y saqué uno de los que en dicha petición se piden, 
su tenor del cual es como sigue. — En la muy noble y muy leal Ciudad de 
Santo Domingo de la Isla Española á 27 días del mes de Junio de 1557 años, 
habiendo fallecido la noche antes y pasado de la presente vida Gonzalo Fernan- 
dez de Oviedo, Alcaide por 8. M. de la Fortaleza de esta dicha Ciudad, el ilus> 
tre Señor Licenciado Alonzo de Maldonado Presidente de S. M. en esta 
Eeal Audiencia y Chancillería, que al presente reside en ella por fin y muer- 
te de los Oidores, fué á la fortaleza de esta Ciudad donde halló muerto al di- 
cho Gonzalo Fernandez de Oviedo y para poner en la dicha fortaleza el re- 
caudo qne convenga, y por cuanto su S. M. por una Beal Cédula despacha- 
da en Valladolid á diez dias del mes de Junio del año pasada de mil qui- 
nientos veinte y tres años tiene mandado que el Presidente y Oidores de 
esta Eeal Audiencia, y á sus Oficiales de esta Isla, que si acaeciere vacar 
cualquiera de las Alcaidías de las fortalezas de esta Isla, entretanto que pro- 
vee de persona que use y tenga el tal oficio, que todos juntamente por voto 
y parecer de la mayor parte nombren la persona que les pareciere que po- 
drá tener en depósito é servir bien la tal fortaleza que ansí estuviere vaca, 
según que esto y otras cosas mas largamente en la dicha Real Cédula se 
contiene, por tanto en cumplimiento de la dicha Cédula Eeal es que 
hizo llamar y juntar en la dicha foiliaíeza á los Oficiales de S* M. conviene & 
saber: Alvaro Caballero, Contador y el Tesorero Alonso de Peña, y el Veedor 
y Factor Juan del Junco, los cuales todos juntos platicaron con su Señoría el 
dicho Señor Presidente para nombrar persona que tuviese á su cargo la di: 
cha fortaleza, y porque fueron informados queS. M. tiene fecha merced & 
Don Rodrigo de Bastidas de que sea Alcaide de la dicha fortaleza con que sir- 
va el dicho oficio siendo de edad de veinte y dos años, é porque el dicho Don 
Rodrigo de Bastidas de presente no tiene la dicha edad, y porque la dich» 



HISTORIA DE SANTO IWJMÍNGO. 



contener el curioso formulario del pleito homenage que hacían ío^ 
Alcaides de las fortalezas en la Española, confirman el fallecimiento 
de una persona en quien concunieron las (írcunstancias de haber 
Bído uno de los principales pobladores. Fué hombre de grandes 



fortaleza baya todo buen recaadí), y couíbrii>ándose con la dicha Cédula 
!Real, todo» de un acuerdo y parecer votaron y dieron sus votos á Fernando 
de HoyoS) vecino dee»ta dicha Ciudad y padre del dicho Don Kodrigo de Bas- 
í tidas para qae asista en la dicha fortaleza y tenencia de ella y la sirva hasta 

I tanto que el dicho Don Rodrigo de liastidas teugia edsid de tos dichos veinte 

7 dos anos como S. M. lo manda. — 'El Licenciado Alonso Maldonado. — ^Al- 
varo Caballero.— Alonso de Peña. — Juan del Junco. — • Y luego incontinen- 
ti Su Señoría del ilustre Señor Presidente y los dichos Oficiales de S. M. 
hicieron parecer ante sí al dicho Femando de Hoyos é por virtud de la di- 
cha provisión en que S. M. tiene fecha merced de la Alcaidía de esta fortale- 
za á dicho Don Rodrigo de Bastidas, con que su Señoiía el diclro Señor Pre- 
sidente, coDM) caballero iKJodalgo le toiue ei pleito hoinenag^B que suele y 
acostumbra hacer; por tanto per virtud de la dicha provisión en nombre de S. 
M. estando presente el dicho Fernando de Hoyos, le tomó é recibió el dicho 
pleito bomenage en> la manenv siguiente: Yo Fernando de Hoyos como hi- 
jodalgo que soy en manos del ilustre Sr« Licenciado Alonzo Maldonado 
Presidente de So Magestad de esta Real Audiencia, caballero hijodalgo 
que es, hago pleito homenage una, dos y tr^s veces- según fuero é costum- 
bre de España^ 4 la Sacra Cesárea Católica Real Magestad del Rey Don 
, Felipe Nuestro Señor y á sos sucesores en los Reinos é Señoríos é corona 

de España por la fortaleza de esta Ciudad de Santo Domingo de la Isla Es- 
pañola qne soy entregado- de etla como de sayo se contiene, y prometo de la 
guardar con toda fidelidad, y que pondré toda la diligencia y solicitud nece- 
saria para que por fraude ni engí^ño ni en otra manera no pueda ser toma- 
! da> y lo trabajaré de deíemler y defenderé hasta la muerte, y si me fuere 

! querida, tomar é fuere cercada é combatida y que por temor de la muerte ni 

á mi ni poc ver matar á mis hijos ni por otro temor ni causa alguna yi) no 1» 
d^aré de defender, ni la entregaré ni mondaré á entregará quien no deba sal- 
To á quien por S« Magestad me fuere mandado, é- otro si piDmeto de la dar é 
entregar arla dicha Sacra é-Cesái-ea y Catóiica Real Magestad del dicho 
Rey nuestro Señor, irado y pagado, y 4 quien su especial mandato tuviera 
y no en otra manera, y en Uodo haré y cumpliré lo que dtclio é soy obligado, 
é como los Alcaides y tenedores de fortalezas son obligados por derecho ó 
fuero é costumbre de España, so pena de caer en mal caso é incurrir en pe- 
Ba de traición y en las otras penas en derecho establecidas^— E así dicho é ra- 
tonado por el dicho Fernando de Hoyos-, el dicho ilustre Señor Presidente 
dijo que tanto cuanto podia é debía aceptaba y aceptó el dicho pleito home- 
Aag& según que lo habia fecho y otorgado, seguu demás y cumplidamente 
eraobM^Adoá lo hacer por leyes é fueros de Esihuki, é le dÍ4Íy entregó la di- 
cha fortaleza y las llaves de ella, y el dicho Fernando de Hoyos lo pidió por' 
testimonio á lo cual todos estuvieron presentes lo9 dich(^ Oficiales de Su Ma- 
gestad y el Ilu»trí»iino Señor Don Rodrigo Bastidas Obispo de San Juan, 
é Toribio de Badillo, é Pedro Vasquez de Milla con otros muchos que pre- 
sentes estaban. — El íiicenciado Alonzo Maldonado. — Feí-nando de Hoyos, é 
Nicolás López Escribano de Cámara de Su Magestad y de la dicha Real Au- 
diencia fué presente é fice íiquí este mi signo en testimonio de verdad. — Ni- 
colás López, Escribano de Cámara y de Registros. — Asentóse este acuerdo 
j nombramiento de Alcaide de la dicha fortaleza en este libro Real de Su 
Magestad que es á cargo de mí el Contador Alvaro Caballero en veinte y 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 5 

luces y distinguido liiatoriador, y eutre varias obras que publicó 
debe merecer distinción marcada la que intituló Historia general de 
las Indias y Tierra-firme del mar Océano. En ella describe como 
testigo presencial y con las mas minuciosas circunstancias todo lo 
referente á Santo Domingo. La Eeal Academia Española en el pró- 
logo que precede á la referida obra, manifiesta que entre los escri- 
tores primitivos de Indias debe preferirse la impresión de las obras 
de Oviedo porque habia vivido largo tiempo en el suelo del Nuevo 
Mundo, y por lo tanto las consideraba revestidas con la autoridad 
de un testigo que narraba los acontecimientos que presencia, de- 
biendo en este concepto ser reputadas sus obras como irrecusables 
testimonios, etc. Dejó Oviedo en Santo Domingo una descen- 
dencia distinguida por sus virtudes, riquezas y categoría, que se 
ha conservado basta nuestros dias bajo el apellido de Caro y Ovie- 
do de Torquemada, con mayorazgo en Castilla la vieja y en la Es- 
pañola, los cuales posee actualmente el Señor Don Manuel de Se- 
queira y Caro Oviedo de Torquemada, Asesor militar en Matanzas, 
Isla de Cuba; habiéndose hecho notable por su posición social el 
Señor Almirante lieal Don Jgnacio Pérez Caro y Oviedo, Presiden- 
te Gobernador y Capitán General de la isla de Santo Domingo, el 
brigadier Don Ignacio Caro, su hijo, su nieto el coronel Don Igna- 
cio Caro, comandante del castillo de Atares y Gobernador de los 
Cuatro Lugares en la Isla de Cuba, y su biznieto el Señor Don 
Francisco Javier Caro, Consejero de Indias, albacea testamentario 
del Señor Don Fernando VII y nombrado por el mismo para conse- 
jero de su viuda la Señora Doña María Cristina de Borbon. 

El año de 1597 y por muerte del Ilustrísimo Señor Dávila y 
Padilla, fué nombrado para el ^Arzobispado Don Cristóbal Rodríguez. 
Durante su administr.icion continuaron las desgracias y contra- 
tiempos que concnrrieron mas adelante á acelerar la decadencia 
déla isla. L«>s temblores de tierra se hicieron sentir por todas 
partes y la ciudad episcopal de la Vega fué destruida en sus funda- 
mentos. Era muy populosa y como perecieron muchos bajo los 
escombros no quisieron reedificarla y se trasladaron sus habitan- 
tes á otros lugares; un pequeño número de estos levantó la ciudad 
que existe hoy á media legua del lugar donde estuvo la antigua, 
visitada hasta el dia por los viajeros curiosos que no pueden menos 
de con n]o verse al ver el aspecto sombrío que prestan árboles cor- 
pulentos á las tristes y estupendas ruinas de aquella hermosa ciu- 
dad. De entre ellas fué sacada y se conserva aun, la Cruz de la 



siete dias del mes de Junio de rail quinientos cincuenta y siete años. Según 
que lo susodicho consta y parece del dicho traslado de la dicha Cédula como 
está en el libro antiguo que está cu la lieal Contaduría de esta Ciudad á que 
me refiero, y para que de ello conste de pedimento de dicho Don Kodrigo de 
las Bastidas Fueuraayor Alcalde Ordinario de esta Ciudad, y por mandado de 
su Señoría el Sr. Presidente doy el presente que es fecho en la Ciudad de 
Santo Domingo de la Española en diez y siete dias del mes de Octubre de rail 
seiscientos cuarenta y ocho años, en fé de lo cual que dicho es, hago mi sig- 
no en testimonio de verdad. — Miguel Morillo y Ayala." 



o HISTORIA DE SANTO DOMINGO, 

Vega y un retablo de Nuestra Señora la Antigua de Sevilla. La 
primera reliquia es el trozo mayor de la cruz que plantó el Almiran- 
te y en que se dice que sucedió la aparición de la Santísima Vir- 
gen, que nabiéndose conservado en la Catedral de la Vega bajo un 
relicario de filigrana, fué trasladada en esta ocasión á Santo Do- 
mingo donde aun se conserva para adoración de los fieles. El cua- 
dro de la Antigua es probablemente el que existe cí^locado en un 
altar de la Vega nueva, y según la constante tradición, el mismo 
que trajo de España el Almirante y al cual hacia sus preces. 

No fué la ciudad de la Vega la única que se arruinó con el 
tremendo sacudimiento; la ciudad de Santiago de los Oaballeíos 
que estaba edificada en la llanura que forman las estancias de 
Jacagua y Gurabito cayó de cimientos, y sus moradores se vieron 
en la misma necesidad que los de la Vega. Los hidalgos y habi- 
tantes mas acomodados se trasladaron á Puerto de Plata que era 
un lugar muy concurrido por su comercio en la costa del Norte; pe- 
ro los mas industriosos se ocuparon en reedificar la ciudad mejoran- 
do sin duda su posición, por haberlo realizado consumas ventajas, 
entre ellas la de su m$<yor proximidad al Yaque que la baiía por 
Sur y Oeste, terminando en una llanura ó sabana extensa y visto- 
sa por el Norte, 

Otra calamidad no menos formidable vino en seguida á acre- 
centar la aflicción de los habitantes de Santo Domingo. Era Go-» 
bernador y Capitán General Don Diego Goinezt de Sandoval y 
administraba el Arzobispado Don Fray Pedro Soler cuando se de- 
sarrolló por segunda vez la enfermedad de las viruelas con el horro- 
roso aspecto y fatales consecuencias que acompañaron A la primera 
invasión. Los misuios detectos de abandono, apatía y terquedad 
de la i*aza india y mas que todo la ignorancia del arte para procu- 
rar remedio al mal produjeron los mismos efectos que se notaron 
durante la primera aparición de esta enfermedad. Los restos de 
los indígenas que se hablan salvado de aquella grave enfermedad 
perecieron entonces. La raza desapareció casi enteramente, no 
quedando de ella mas que un número insignificante reunido en el 
pueblo de Boya. Allí tenia su residencia el cacique Don Enrique 
á quien el Emperador habia agraciado con varias distinciones, y 
allí se refugiaron los pocos que no hablan sido víctimas de la en- 
fermedad, y algunos de los que de tiempo en tiempo venian de la 
Costil firme ó de sus islas á la Española para negocios particulares. 
Estos formaron el pueblo á pocas leguas de Santo Domingo, y allí 
ejercía el Cacique una jurisdicción sobre los mestizos que gozaban 
el privilegio de indios, cuyo goce disfrutaron hasta los últimos 
dias. 

No se limitó aquel mal á los indios solamente. Los negros 
afric£|.nos que se hablan introducido, fueron diezmados por la pes- 
te y los españoles se resintieron en sus labores de la falta total de 
brazos indígenas y de la disminución de los que se hablan impor» 
tado para suplir su falta. 

Continuaban en Santo Domingo las vicisitudes, porque si 



HISTORIA DE SANTO DOMIIÍGO. 7 

progresaban en sus industrias interiores de agricultura y ganade- 
ría, era de día en día mas visible su atraso en población con la 
frecuencia de las expediciones que se dirigían á colonizar nuevos 
territorios, y cuando mas débil estaba el país fué amenazado en el 
año siguiente de 1586. 

Reinaba en Inglaterra la reina Isabel, bija de Enrique VIII, 
que habia declarado la gnei la al rey de España Felipe II. Entre 
í$us vasallos se distíuguia el renombrado corsario Sir Francis Dra- 
ke, célebre por las bostilidades y presas marítimas que babia lleva- 
do á cabo con próspera fortuna. Gobernaba en Santo Domingo el 
Oidor mas antiguo Licenciado Don Cristóbal de Ovalle. y la Dió- 
cesis que babia sido administrada sucesivamente por los Arzobis- 
pos Don Fray Pedro Soler, Don Fray Domingo Valderrama, Don 
Fray Andrés Carvajal y Don Alonso López, se hallaba vacante 
poríenuncia de Dou Cristóbal Rodríguez Suarez (•), cuando a- 
<K)nteció la invasión extrangera y aparición del denodado marino 
inglés en el año de mil quinientos ochenta y seis« El dia diez de 
Enero á las ocho de la mañana entró en Santo Domingo un barco 
del cabotage que denunció á las autoridades que en la isla Sta. Ca- 
talina estaban fondeadas diez y siete naves, que se fueron luego 
descubriendo parcialmente por la punta de Caucedo. Poca impor- 
tancia se dio al hecho al principio y se creyó que eran barcos que 
¿indaban á la busca y que eran rasqueras porque no se divisaba el 
pabellón que flotaba en ellas. Era Francis Drake que al declarar- 
se la guerra entre la nación inglesa y la española habia sido envia- 
do por la Reina Isabel á hostilizarlas posesiones de España. El 
corsario Drake, después de haber sufrido algunos contratiempos 
con veinte naves de que se e>omponia su escuadra en las costas de 
Galicia y sobre las islas Canarias, logró líacer glandes presas en las 
islas de Cabo Verde, de don<le salió con dirección á Santo Domingo, 
resuelto á sa(|nearla. 

La escuadra permaneció aquel dia en las aguas de la Española 
y á la media noche observaron los vecinos que se mantenían en 
acecho, que cuatro naves se aproximaron al puerto; y tuvieron lue- 
go noticia que otras muchas t(mdeaban en las playas de Oüibia. 
Se alarmó toda la ciudad y se mantuvieron el dia siguiente en ex- 
pectativa de lo que pudiera resultar, notando que se niovian varios 
buques en direcciones diferentes. 



(^) £n la lista de los prelados de Santo Domingo, que se haUa en el Sf- 
nodo diocesano de 1878, figura Frai Pedro Soler como trasladado de Puerto 
Rico á esta Diócesis en 1615 y muerto en 1620; Frai Domingo de Valderrama, 
Bucesor del anterior, como muerto en 1621; D. Cristóbal Rodríguez Suarez, co- 
mo promovido en 1608 y trasladado á Arequipa en 1614; D. Andrés Carvfgal 
como promovido de Puerto Hico en 1569 y muerto aquí en 1586 y D Alonso 
López como promovido en 1591 y muerto en 1592. Estas y otras muchas dis- 
cordancias en las fechas, que se han notado en esta obra y que existen entre 
los diversos escritores que han tratado de la historia de Santo Domingo, no po- 
drán ser destniidas mientras no se tengan á la vista documentos fidedignos 
que fijen con seguridad la época precisa de cada uno de los sucesos. La crí- 
tica tiene sobra de trabajo en la historía antigua de 8to. Domingo. (N. de la S.) 



8 HISTOEIA DE SANTO DOMJNaO. 

A las cinco de 1» tarde supieron que en la desembocadura del 
rio Jaiua babian desembarcado de 700 á 800 bombres que marcba* 
ban hacia la ciudad. La sorpresa fué indecible y aunque se trató 
de defensa ya era tarde, y no bubo lugar mas que para proveer que 
las autoridades civiles y eclesiásticas, monjas, religiosas y varias 
familias acomodadas se pusieran á salvo en los batos de la Isabela, 
remontando el rio Ozama. Los pormenores de esta invasión están 
documentados en papeles auténticos que conservo copiados de las 
actas de los cabildos do Bayajá y Santiago de los Caballeros. (1) 

Aterrorizado el Presidente Ovalle no acertó á dar disposiciones 



(1) <íEn la Ciudad de Bayajá en la Isla Española del mar Océano, 
en lunes veinte días del mes de £}nero de mil quinientos ochenta y seis años, 
ante los Ilustrísimos Sebastian Paez é Juan López de Segura, Alcalde Ordi- 
parió, Blas Gons^alez 6 Manuel de Meza Eegidores, é Francisco Buiz de 
Carbaljo Capitán por Su Magestad de esta dicha Ciudad, é por ante raí el 
Escribano poblico y uso escrito pareció presente Francisco de Pedralle veci- 
no de }a Cmdad de Santiago de esta dicha Isla, é presentó los recaudos quo 
$e sigaen.-Eu la Ciudad de Santiago de esta Isla Española de Indias del mar 
Océano en quince dias del mes de Enero ano del Señor de mil quinientos 
ochenta y aeis estando juntos en la Iglesia Mayor de esta Ciudad haciendo 
ouerpo de guardia los Ilustrísimos Señores Capitán Alonso de Cáceres de 
Carv^al, por Su Magestad é Andrés Carrasco é Jerónimo de Paredes, Al- 
caldes, é Don Francisco Abarca Maldonado, Alguacil mayor, é Jusepe Sán- 
chez é Hernán Rodriguez é Juan López Tirado, Kegidores, habiendo reci- 
bido una carta de aviso de Rodrigo de Aybar vecino de la Ciudad de Santo 
Domingo, persona principal, é un billete firmado de ciertos caballeros y per- 
donas nobles de la dicha Ciudad de Santo Domingo por la cual avisan á este 
Cabildo que la dicha Ciudad de Santo Domingo está tomada de enemigos in^ 
gleses de treinta galeones que entraron de gente de ellos por mar ó por tierra 
an tanta cantidad que no pudieron amparar la Ciudad ni ventilla, é así se sa^ 
jieron de ella á los campos por mandado del muy Ilustre Señor Presidente el 
Licenciado Don Cristóbal ue Ovalle é Oidores de la Real Audiencia de Santo 
Domingo que enviasen aviso á los Cabildos é justicias de tierra adentro, el 
dicho Rodrigo de Aybar á los deniás contenidos arriba para que se envié so- 
corro de la dicha tierra adentro á la dicha Ciudad de Santo Domingo, é aviso 
6, Ba)^ajá é á Puerto de Plata para que de ellos se envié con toda brevedad 
é cuidado é diligencia aviso del suceso á la Habana é á la Isla de Cuba, para 
que e^tén apercibidos, é se envíe desde allí á dar noticia á Su Magestad de 
aste caso é del gran daño que esta Isla tiene é se espera por ser la fuerza tan 
grande con que el enemigo ha outrado en ella demás que se entiende que es 
de D, Antonio de Portugal. Acordaron unánimemente de conformidad lo pri- 
mero que es despachar luego el Canónigo Alonzo Cobo de Arreta que lo era 
de la santa Catedral é Iglesia de la Ciudad de Sto. Domingo que se quiso en- 
cargar por servir á Su Magestad é ser su persona tal de quien se confia que lo 
hará con mucha diligencia é brevedad, que vaya luego á la Ciudad de Bayajá 
puerto de mar en la banda del Norte en el cual hay al presente navios para los 
Reinos de Castilla é otras partes, que allí requiera á las Justicias y Ofíclales 
Reales é Capitanes Señores de Navios ó Maestres, representándoles el servi. 
cío que en esto Su Magestad recibirá, para que envíen el socorro necesario al 
daño que esta Isla Española tiene, é que se sepa lo que pasa, é que en nombre 
de este Cabildo el dicho Sr. Canónico pueda hacer toda diligencia é requeri- 
mientos necesarios ó prometer de la Caja Real el premio que le pareciere por 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 9 

convenientes en aquel apuro, y se refugió con los demás Oidores en 
la Isabela, abandonando la ciudad que pudiera haber resistido, 
bailándose entonces amurrallada en mas de dos terceras paites. Ej 
general inglés y su tropa después de baber demolido muchos edi« 



ello al Maestre Señor de nao que hubiere de ir & la Habana, para que desde allí 
se envié el aviso á Su Magentadó la Casa de Contratación de la Ciudad de 
Sevilla, é donde pareciere que mejor sea; é para todo lo que dicho es, le otorga* 
mos en nombre de Su Magestad entero poder cumplido para todo en el caso 
necesario. ítem mas acordaron que se dé á la dicha Ciudad de Santo Domingo, 
de esta Ciudad de Santiago el socorro posible que se pudiere dar, lo cual co* 
metieron al Ilustre Sr. Capitán Alonso de Cáceres Carvajal para que lo en- 
víe teniendo atención que esta Ciudad no quede desamparada por muchos 
respectos que convienen, é nombraron por Capitán de la gente que ha de ir al 
dicho socorro de esta Ciudad á Francisco Tostado de Vargas vecino de ella, 
al cual maodaron que lo acepce é vaya en servicio de Su Magostad con la di- 
cha gente, é así lo mandaron, é que de un billete que llevan á Puerto de Plata 
saque el Escribano un traslado de él, para lo poner con estos autos, é que se 
escriba á Su Magestad dándole aviso de lo que en este caso paso é ansí lo pro- 
Teyeron, é firmaron.*- Alón so de Cáceres Carvajal.-Andrés Carrasco-Jerónimo 
nio Paredes.-Juan Lopez.-Hernan Bodriguez.-Jusepe Sanchez.-Don Francis* 
code Abarca.^ Ante mí Antonio Enriquez, Escribano público de esta Ciudad 
de Santiago que es en esta Isla Española de Indias del mar Océano; doy fé é 
verdadero testimonio á todos los Señores que la presente vieren, como hoy 
miércoles que se contaron quince dias del mes de Enero de ochenta y seis afios 
estando en la puerta del Ilustre Seüor Capitán Alonso de Cáceres Carvajal 
Capitán por S. M. en esta Ciudad de Santiago, é en presencia de mí el Es» 
crílmno de suso escrito llegó Antonio Berbery esclavo de Juan de Estrada, 
é dio al dicho Señor Capitán Alonso de Cáceres Carvajal una carto del 
tenor siguiente: — Ilustres Señores Justicia y Begimiento de la Villa de Pner- 
to de Plata, se dá aviso á vuestras mercedes como la Ciudad de Santo Do- 
mingo queda en poder del enemigo inglés desde el Sábado en tarde diez del 
roes de Enero, é fué tanto el poder de ellos por tierra é mar de treinta navios 
gruesos, é habella tomado por mar é tierra é ansí vuestras mercedes pongan 
remedio en la tierra de lo que conviniere: procuren dar aviso á las partes co- 
marcanas para que envien toda la gente de á caballo ansí blancos como muía* 
tos é negros con toda brevedad para resistir no entren la tierra adentro é la 
gente venga á recogerse á Peralvillo para que de allí se junten á los demás é 
se acuda á la mayor necesidad, é pues est>a es la llave é defensa no solo de esta 
Isla, pero de las Indias, é ansí conviene al servicio de Dios, é de 8u Magestad 
acudir con las veras que conviene de manera que Su Magestad vea el amor y 
fidelidad con que le servimos todos pues demás de servir esta nuestra obligación 
defendemos nuestros hijos é mujeres é haciendas, é non siendo para mas núes- 
tro Señor et<;. etc. De Guanuma hoy lunes doce dias de Enero, este aviso 
se procura de enviar hacia la Habana, Cuba é otras partes que convenga pa* 
ra que con toda brevedad Su Magestad tenga aviso de tan poderoso enemigo 
é armada, é tanto que se entiende que es Don Antonio. El Señor Presidente 
é Oidores han ido por otra parte de la Isla á recoger la gente para el efecto 
dicho é ansí las gentes que vuestras mercedes tuvieren é enviaren venga 
á Peralvillo, hacienda de Rodríguez Nunez Lobo. — Osorio de Peralta, — Mi* 
guel Alemán.— Kodrigo de las Olivas. — Antonio Serrano. — Rodrigo de Ay- 
bar. — Juan Carrillo. Que es fecho y sacado este dicho traslado del billete 
original el cual fué enviado á la Villa de Puerto de Plata siendo testigos 
Lucas Vasquez, el Capitán Alonso de Cáceres Carvajal é Antonio Porta* 



10 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

ficios, se raantiiviíM'oii en la ciiulaii como veinte y cinco días en cuj'o 
término se celebió un acuerdo y transacción para redimirla 6 res- 
catarla. Propuso Drake á los vecinos retirarse de la ciudad si se le 
daban veinte y cinco mil ducados á lo que consintieron los españoles 

gués vecinos é estfiDtes en esta dicha Ciudad.— Fecha ut sapra. — Antonio Bn- 
riquez Escribano público. El cual dicho traslado yo el Escril)ano lo fué sa- 
car é saqué por mandado del Ilustre Cabildo de esta Ciudad de Santiago. — 
Yo Antonio Euriquez Escribano por Su Magestad en esta Ciudad de Santia- 
go ñce sacar é saqué é presente fui á lo que es dicho é se hace mención, é 
hice aquí este mi signo que es á tal. — En testimonio de verdad. — Antonio 
Euriquez Escribano público. En la villa de Santiago que es en esta Isla 
Española de Indias del mar Océano en diez y siete dias del mes de Enero de 
mil quinientos ochenta y seis anos: estando en su Cabildo ayuntados los 
Ilustres Señores Andrés Carrasco é Jerónimo Paredes, Alcaldes Ordinarios 
de esta dicha Ciudad, é Don Francisco Abarca Maldonado Alguacil Mayor 
con voto en Cabildo, é Hernando Eodriguez, é Juan López Tirado Regidores 
por ante miel Escribano de yuso escrito é del Cabildo, dijeron que por cuan- 
to Sus Mercedes tenian noml)rado al Canónigo Alonso Cobo de Arreta para 
que fuese á despachar un navio á la Ciudad de Bayajá para dar aviso á Su 
Magestad. del estado en que está esta Isla é como la Ciudad de Santo Do- 
mingo está en poder de ingleses^ é el dicho Canónigo está enfermo indispues- 
to, de suerte que no puede acudir á servir á Su Magestad é despachar el di- 
cho navio de aviso, por lo cual dijeron y ordenaron de que Francisco Pedral- 
ves, vecino de esta Ciudad vaya é acuda é acuda á servir á Su Megestad é 
despachar el dicho navio de aviso, ai cual dijeron que le daban é dieron po- 
der, comisión é facultad tanto cuanto en el caso se requiere é le tienen de 
Su Magestad para que despache el dicho navio é haga los requerimientos é 
protestaciones que en el caso se requieren, al Capitán, Alcaldes, Regidores ú 
Oficiales Reales de Su Magestad Maestres Señores de Navios éde loque 
proveyeren ó despacharen é el caso lo pida, que traiga por testimonio, é ansí 
lo proveyeron ó firmaron de sus nombres.— Andrés Carrasco. — Jerónimo de 
Paredes. — Don Francisco Abarca Maldonado. — Hernando Rodríguez. — Juan 
Jjopez Tirado. — Ante mi Antonio Euriquez Escribano público é de Cabildo. 
E ansí presentado é leido el dicho Francisco de Pedralves contenido en el 
dicho poder dijo que en nombre de Su Magestad é de los Señores Presiden- 
tes é Oidores de la Real Audiencia de la Ciudad de Santo Domingo, les 
requería de parte de dicho Cabildo de la Ciudad de Santiogo les suplicaban 
vieren los dichos recaudos é los cumpliesen según como en ellos se con tenia 
é convenia al servicio de Su Magestad é que en su cumplimiento mandasen 
luego que uno de los navios que están en este puerto de esta dicha Ciudad 
fuese de aviso á la Villa de la Habana á dar razón de todo lo contenido en 
los dichos recaudos é pedido por testimonio. Los dichos Señores Justicia é 
Regimiento é Capitán habiendo visto los dichos recaudos é lo pedido por el 
dicho Francisco de Pedralves le mandaron á Felipe de Amberes que luego 
prestase su fragata nombrada San Bartolomé que al presente está surta en 
el puerto de esta dicha Ciudad para que vaya de aviso á la dicha Villa de 
la Habana é habiendo tratado sobre el cuanto se le habia Üe dar por el viage, 
concertaron se le den cuatrocientos ducados é mas piloto que la lleve, todo 
lo cual se le librará en la dicha Villa de la Habana para que se le paguen de 
bienes Reales; é mandaron que el dicho Felipe de Amberes esté presto para 
partir dentro de dos dias naturales, porque el dicho aviso llegue en tiempo 
que la armada de los enemigos no haya llegado á otra parte ni puerto de es- 
tas Indias donde haga daño é ansi sus mercedes lo acordaron, proveyeron é 



HISTORIA DE SANTO DOMINaO. H 

reuuiendo la cantidad entre ellos, paralo cual sus mujeres é lujas sa*- 
crificaron en el altar de la Patria las joyas y prendas de su uso 
común. 

Evacuada la ciudad por las tropas británicas se dio aviso á to- 
dos los pueblos, que ya se preparaban á regresar. Volvieron los 



r 



mandaron é ünnaron de sus nombres.-^Sebastian Paez.-^uan López de Se< 
gura.— Francisco Luis de Carvallo— Blas GoDzalez.-Manuel de Mesa.-Fran' 
cisco Pedralves. — Pasó ante mí Juan Moreno Escribano público. E des- 
pués de lo susodicho en la dicha Ciudad en veinte y uno del mes de Enero de 
mil quinientos ochenta y seis anos los dichos Señores Justicias é Eegimien< 
tose Capitán mandaron parecer ante sí á. Manuel Fernandez Piloto resi* 
dente en esta dicha Ciudad é hombre práctico é hábil en esta dicha navega- 
ción é carrera de aquí á la dicha Habana é parecido trataron con él el cuan- 
to habian de dar porque fuese por piloto de la dicha canoa al dicho viage 
hasta llegar al puerto de la dicha Villa de la Habana é habiendo platicado so^ 
bre ello concertaron con el dicho Manuel Fernandez que se le diese llega- 
do al dicho puerto de San Cristóbal de Ja Habana de la Isla de Cuba con el 
aviso cien ducados, los cuales se los pagarán de la Caja de Su Magestad 
de la dicha Villa de la Habana, como al dicho Felipe de Amberes, é firmá- 
ronlo de sus nombres. Sebastian Paez. — Juan López de Segura. — Francisco 
Luis de Carvallo.-Blas Gonzales.-Manuel de Mesa. — Francisco Pedralves. — 
Pasó ante raí Juan Moreno Escribano público. — Ilustres Señores: el Gober- 
nador, Alcaldes é Capitán Justicia é Regimiento, Jueces y Oficiales de la 
Hacienda Eeal de Su Magestad de la Villa de San Cristóbal de la Habana 
que es en la Isla de Cuba, de estas Indias del Mar Océano. Conao por los 
despachos é recaudos de suso vuestras mercedes verán ha convenido que es- 
ta Ciudad de Bayajá despachase de aviso esta ñ*agata á vuestras mercedes 
vistos del mal suceso acaecido en la Ciudad de Santo Domingo, vuestras 
mercedes estón avisadas é alertas para que el enemigo no les pueda dañar, é 
pues que el aviso es en servicio de Su Magestad encargamos que de la Caja 
Real de Su Magestad ó de otra cualquiera parte que á vuestras mercedes 
pareciere paguen é manden pagar á los dichos Felipe de Amberes y Manuel 
Fernandez los quinientos ducados que por llevar el dicho aviso les prometi- 
mos porque de ello seria servida Su Magestad é nosotros recibiremos merced, 
é quedamos obligados á hacer el tanto cada vez que de parte de vuestras 
mercedes veamos sus justos ruegos, ó de como ansí lo suplicamos é de parte 
de Su Magestad requerimos por testimonio é lo firmamos de nuestros nom- 
bres en esta Ciudad de San Juan de Bayajá de la Española en veinte y dos 
dias del mes de Enero de mil quinientos ochenta y seis años.-Sebastian Paez.- 
Juan López de Segura.-Francisco Luis de Carvallo.-Manuel de Mesa. — Blas 
González. — Pasó ante mí Antonio Moreno Escribano público. E después 
de lo susodicho en el dicho dia mes y año llegó á esta Ciudad otro recaudo des- 
pachado por el dicho Cabildo de la Ciudad de Santiago, el cual visto por 
sus mercedes dijeron: que por no detener la dicha fragata sino que se des- 
pache luego mandaban é mandaron á mí el dicho Escribano no me detenga 
en trasladallo sino que originalmente lo ponga en estos autos é lo cosa con 
ellos, é con los dichos despachos que ansí están fechos, de suso é que á todos 
ellos sus mercedes interponían é interpusieron su autoridad é decreto judicial 
cuanto podían ó habia lugar de derecho é lo firmaron aquí de sus nombres. — 
Sebastian Paez. — Juan López de Segura. — Francisco Luis de Carvallo. — 
Manuel de Mesa. — Blas González. — E yó Juan Moreno Escribano público é 
del número é del Cabildo de esta Ciudad Real de San Juan de Puerto de 
Bayajá por Su Magestad presente fui á lo que dicho es é lo escribí según que 



i 



12 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

vecinos á sas faenas acostumbradas. A pesar de tantas calamida- 
des era realmente próspero el estado de la isla como lo prueba el 
becbo de que dos años después aun se bacían remesas considerables 



pasó é fíce aquí ini signo á tal. — En testimonio de verdad Juan Moreno Escri- 
bano público é del Cabildo en la Ciudad de Santiago que es en esta Isla Espa- 
ñola de Indias del mar Océano en diez y ocho dias del mes de Enero de mil 
quinientos ochenta y seis anos, los Ilustres Señores Andrés Carrasco é Jeróni- 
mo de Paredes, Alcaides Ordinarios, é Don Francisco Abarca Maldonado, 
Hernando Rodríguez, Juan López Tirado, Regidores, dijeron que habiendo re- 
cibido é recibieron esta carta aquí contenida de Rodrigo Cid Lobos é Juan 
Carvallo Osorio de Peralta dirigida á Juan Carrasco por la cual avisa á su 
merced que haga dar aviso con navios á la Habana é otras partes, de como es- 
tá la Ciudad de Santo Domingo tomada del Ingles, diciendo que por comisión 
de la Real Audiencia lo hacen dijeron que ya ellos tienen despachado é hechas 
diligencias á Bayajá é á Puerto de Plata dando aviso como todo consta de los 
autos que están ante mí el Escribano de yuso escrito, é que no embargante á 
jas demás diligencias fechas se envia un traslado de esta carta á Bayajá é Puer- 
to de Plata para que los demás autos que se han fecho les conste mas larga- 
mente por ella, puesta con ellos, é ansí lo proveyeron é firmaron de sus nom- 
bres-Andrés Carrasco. — Jerónimo de Paredes. — Don Francisco Abarca Mal- 
donado. — Juan López Tirado. — Hernando Rodríguez. — Antonio Enriquez, 
Escribano público é del Cabildo. Carta. — Yo Antonio Enriquez, Escribano 
público é del Cabildo de esta dicha Ciudad en cumplimiento del auto 
atrás contenido saqué un traslado de la dicha cart^ aquí contenida, su tenor 
de la cual es este que se sigue.— Ilustre Señor: El Viernes que se contaron 
diez del presente á la hora de las ocho ó nueve de la mañana entró un barco 
huyendo en el puerto de Santo Domingo el cual dijo que habia visto en 
Santa Catalina el dia antes diez y siete velas, é acabado de dar este aviso 
empezaron á mirar hacia la punta de Caucedo, é fueron descubriendo algu- 
nas de ellas; é como el dia iba entrando se descubrieron mas aunque estaban 
con los tnnquetes solos hasta cinco ó seis, é las demás aun quedan. Hubo 
mucho alboroto en algunos caballeres de la Ciudad aunque el Señor Presi- 
dente é los Oidores decian que esto era cosa de busca, é otros decian lo pro- 
pio, é hasta el anochecer de este propio dia nunca se declararon mas de hasta 
cinco ó seis velas, las cuales parecían muy pequeñas, por estar como he di- 
cho é saliendo la luna que se veia entre las doce y la una, como todo el lugar 
estaba en vela, é ellos vinieron navegando y viniéronse á pasar cinco ó seis 
velas nuiy arrimadas al Puerto: hubo entonces gran repiqueteo, alborotóse 
toda la Ciudad, ó estuvo en arma é anduvieron todos de una parte á otra 
viendo á donde iban á parar, é ansí que los vieron pasar de Güivia para el 
bajo, entendieron que se iban por habernos sentido é que no se atrevían á 
pasar é quedamos con algún gusto, é desde una hora ó dos vieron pasar 
otras dos ó tres velas, é también se entendió que se iban, por haber bajado de 
Güivia abajo; habia votos de que como los hablan sentido no se habían atre- 
vido á entrar é al amanecer vimos sobre el puerto diez y ocho velas las cua- 
les se vieron muy serenas é se bajaron por la ToiTecilla abajo hasta el mata- 
dero é allí se pusieron algunos á la trinca é otros viraron á la mar volviendo 
las popas á la Ciudad é dejaron estar con los trinquetes, é andándolas mirando 
toda la Ciudad puesta en arma vieron á la punta de Jagua dos ó tres velas, 
é algunos tontos como yo, entendíamos que habían dado en seco; é como ho- 
ra de las cinco llegaron dos mensageros de la boca de Jayna, los cuales tra- 
jeron nuevas que estaban allí trece velas é que hablan desembarcado seiscien- 
tos ó setecientos hombres é venían marchando: cuando esta nueva llegó á la 



V 



aiSTORlA 1)E SANTO DOMINGO. 13 

á España. El Ee verendo Padre José Acosta, uno de los escríto- 
t'eí^ de América, asegura que en mil quinientos ochenta y siete se 
embarcaron en la flota despachada del puerto de Ozama á Sevilla 
los géneros y efectos siguientes: Cuarenta y ocho mil arrobas de ca- 






Ciudad toda quedó helada é aunque hizo una poquita de diligencia üa sirvió 
de iia<la porque fué tarde, mas ya á las dos de la tarde la Ciudad era entra- 
da con el menor riesgo que jamás se vio en tomar un barco sin remos. Hu- 
bo un juicio en la Ciudad délas pobres señoras monjas y frailes el mayor 
que se ha visto é creo se verá en las Indias, é casi todos á pié por lodos á las 
rodillas, vinieron huyendo é los mejores librados diez ó do<5e en una carreta, 
é toda la noche é aquel pedazo de tarde tuvimos bien que hacer en salir de la 
Ciudad. Quedó todo el pueblo tan lleno de ropas, ansí de mercadurías co- 
mo de muchas cosas enteras que no se sacó cosa, é de muchos vinos é harinas 
é bizcochos, aves é carneros é puercos, que tienen que comer bien una sema- 
na. El dia que entraron en la Ciudad mataron al pobre Brigadier Francis- 
co Tostado de un tiro de Artillería que tiró una nao por la calle de las Da- 
mas, estando en la puerta del Arzobispo, é hizo gi'ande lástima á todos su^ 
amigos. Mi Señora Dona María de Alvarado é Doña Julieta é su sobrina 
Doña María las tragimos el Señor Kodrigo de Aybar é yo desde media legua 
del pueblo en una carreta hasta la Isabela con harto trabajo, é allí hallé al 
buen Domingo Martin el que me prestó un caballo rucio de vuestra merced 
para que trajese á Dona Julieta, é por ver cuan descarriados estábamos todo» 
que aun hay algunas mujeres que no han hallado ásus maridos ni sus mari- 
dos á ellas. Me vine con ella á esta hacienda del Señor Rodrigo ^N^ufie^ 
liobo donde pienso estar algunos dias hasta ver si hay algún nuevo suc^eso, é 
porque habiéndole tengo determinado de dar el Domingo con vuestra mer- 
ced, é por esta razón no envió el caballo antes si fuera posible recibiría mer- 
ced que viniese de allá algún socorro para ponerlo en efecto, porque en ver- 
dad estamos como los de Egipto; ^plegué á Dios que nos socorra con su mi- 
sericordia! Esta carta suplico á vuestra merced la muestre á los Señores 
Canónigos Lobos é Bartolomé de Vargas á los cuales beso las manos é que ha- 
yan esta por suya, é no se oíreciendo otro, Nuestra Señor la ilustre persoDfifr 
de vuestra merced guarde &. — De este asiento de Peralvillo martes catorce 
de Enero de mil quinientos ochenta y seis años. E qtie prócure por su parte 
f esos Señores Justicia é Regimientos dé aviso de este suceso á Bayajá é 
por las demás partes que fuese po&ible á la Habana é Puerto de Plata é Tie- 
rra firme para que vaya á España é estén acá en estas partes con aviso de 
poder que traen estos Ingleses enemigaos, porque dicen que Jorge Diaz está 
en Bayajá con un navio, pues importa tanto dar este aviso á Su Magestad é 
que el mismo aviso vaya á la Margarita por la posta, porque se esperan de 
allá barcos con perlas é corales, é si las tomasen seria dar mas fuerza al ene- 
migo, é también por los aires de España; é esta carta é su traslade se envié 
á Bayajá al Señor Capitán Francisco Luis para que porstí parte acuda como 
buen vasallo de Su Magestad hasta favorecer con su persona para que despache 
estos avisos é vigilen el puerto é manden gente del campo con un caudillo 
para que vengan en socorra é ayuda de tornar del Señor Lobo donde ha- 
llarán provisión é orden de lo que han de hacer, é prestar la priesa, nues- 
tro Señor &. B L M. de Vuestra merced.— Rodrigo Cid Lobos. — Osorio de 
Peralta. — Juan Carrasco Barnuevo. — Ilustre Señor: ha sido Dios servido por 
íiuestros pecados á diez de este mes de Enero sobrevinieran treiuta galeone» 
muy poderosos de una muy formada armada de enemigos Ingleses á la Ciudad 
de Santo Domingo, que la tomaron é tienen hoy tomada, salvo que hasta el 
Domingo que se contaron once del presente aun no hablan tomado la forto^ 



14 fílSl^OItlÁ Dlá SAKTO ÜOMlNaO. 

fiafístx)la, cincuenta y seis mil de zarzaparrilla, ciento treinta y cita* 
tro mil de palo de Brasil, ochocientas noventa y ocho cajas de 
azúcary treinta y cinco mil cuatrocientos cuarenta y cuatro cuero» 
de vaca. Esta flota era anual; pero la atención délos nuevos paí- 
ses conquistados iba agotando en Santo Domingo este pequeña 
recurso, y los Holandeses, que veian que España apenas podia aten- 
der con su comercio :á tan extensos territorios, se apoderaron del 
tráfico, proveyendo con sus i ni portaciones á las necesidades de la 
isla y exportando los frutos que ella producia* No estaban menos 
interesados en el comercio de la isla los portugueses que llevaban 
sus cargamentos á las Azores; pero el Gobierno á pesar de su im- 
potencia lo prohibió seriamente. Se hi¿o reclamo sobre esto al 
Eey de Portugal y quedó establecido por Eeal (Cédula y punto ge- 
neral, que cuando algún portugués llegase á la isla á cargar ccm sus 
naves ó carabelas, anttís de salir diera fianza de presentaciim con 
la carga en la Gasa de Contratación de Sevilla, só pena de lo que 
se contenia en la pragmática expedida al efecto. 

Estas providencias de la Corte indicaban claramante que los 
informes de las autoridades eran erróneos ó exagerados. La parte 
del Norte de la isla descuidada hasta entonces, porque la actividad 
solo se ejercía en la del Sud, fronteriza á las conquistas de Tierra 
firme, ofrecía ahora un movimiento extraordinario. Sus puer- 
tos se veian concurridos de naves holandesas y portuguesas y las 
ciudades del litoral se engrandecían ostentando riquezas y abun- 
dancia. Con tan próspera perspectiva gobernaba la isla en calidad 
de Presidente el Señor Don Diego Acuña y el Arzobispo Don 
Fray Pedro Oviedo cuando llegó á Santo Domingo una Real orden, 
la mas impolítica y violenta que pudieran persuadir á un monarca 
consejeros ignorantes ó malignos. Se mardaba á ilestruif y en efec- 
to fueron añascadas las ciudades de Puerto de Plata, Monte Cristi, 
Bayajá y la Iguana ó Santa María del Puerto, por solo el crimen de 
servir por su situación para el contrabando con los extrangeros. 
Desapareció Puerto de Plata, ciudad floreciente en donde residía 
la mayor parte de los hidalgos que de la destruida Isabela y San- 



leza á lo que hasta agora teníamos por aviso aunque sin duda que no se ha- 
bia de poder mantener á tanta fuerza que hiciese resistencia. La Ciudad 
luego que fué vista tanca pujanza se desamparó de todos los moradores de 
ella é los Señores Presidentes é Oidores les fué forzoso retirarse á los cam- 
pos desde donde nos enviaron á mandar por billetes de personas fidedignas por 
no tener de presente orden de poder hacerlo con Autoridad de Secretario en 
forma de Audiencia, que por esta banda del Norte avisásemos á la Habana 
para que sobre este caso estén muy en orden, é apercibidos, é para que tam- 
bién se dé desde la propia Habana aviso á Nuera España habiendo sobre ello' 
de verse como es tan necesario hacerse Navios propios del aviso que lleven 
la nueva á la una é á la otra parte pues al servicio de Su Magestad no va 
menos que la seguridad de todas sus Indias é así acordamos en Nuestro Ca- 
bildo de la Ciudad de Santiago juntamente con el Capitán de la Ciudad el 
Señor Alonso de Cáceres Carvajal lo que de suso va dicho &. &. De San-- 
tiago de la Isla Española." 



HISTORIA DE SANTO BOMlírGO. 15 

tiago se bablaD avenciudado allí levantando edificios suntuosos y 
elegantes, y desaparecieron también las otras villas que aunque 
inéuos considerables se bailaban muy pobladas y en via do progre" 
sar mucbo. Los bidalgos y vecinos acomodados se trasladaron al 
Duevo Santiago de los Caballeros, y á los demás babitantes de lai:^ 
destruidas poblaciones se les bizo avecindar en dos pneblos (pie se 
formaron á algunas leguas de Santo Domingo y se denominaron 
Monte Plata y Bayaguana, nombres compuestos de los mismos que 
hablan tenido las ciudades castigadas por el Gobieiiio. Internada» 
en estas poblaciones las familias emigradas se dedicaron exclusiva^ 
mente á la ganadería y cultivo de las tierras^ cuya industria estaba 
limitada á sus propias necesidades. 

Las calamidades no dejaban entre tanto de visitar á Santo Do- 
mingo. Si en años anteriores la parte oriental se habia libertado 
de los terremotos que asolaron á las dos ciudades de Santiago y 
la Vega, el año de mil seiscientos diez y siete sufrió este azote la ca- 
pital de la isla, cuyo suceso dio origen al patronato de Nuestra 
Señora de las Mercedes. Ocupaba la Presidencia y Capitanía 
General Don Diego de Acuña y ejercía las funciones episco- 
pales Don Fray Fernando de Oera y Zuuiga cuando otra des- 
gracia acrecentó los sufrimientos de la ciudad de Sant4> Do- 
mingo: un temblor de tierra continuado por cuarenta dias se bizo 
sentir de un modo extraordinario. El horror y espanto de los ve- 
cinos llegó á su colmo y no creyéndose seguros, todos acudieron á 
ponerse bajo los techos del convento de la Merced y sus claustros 
dejando abandonadas sus habitaciones para implorar la divina pro- 
tección. Observaron entonces según se cuenta por tradición, que 
la imagen de la Santísima Virgen, conservada hasta el dia^ se demos- 
traba ora triste ora alegre^ y debido á estas manifestaciones sorpren- 
dentes y sobrenatumles tuvo lugar una penitencia general á lo que 
se atribuyó luego la suspensión del terremoto. Este suceso se hizo 
constar por información auténtica que formó el Dean que funcio- 
naba en aquellos dias Dr Don Diego de Manceda y en consecuen- 
cia la Beal Audiencia y el Ilustre Cabildo declararon á la Santísima 
Virgen de las Mercedes patrona de la ciudad y de toda la isla, y 
desde entonces se repetía anualmente ñesta de gracias en los con- 
ventos para confirmar aquella memoria de agradecimiento. Desde 
épocas mas atrasadas se atribulan á aquella imagen de la Santísima 
Virgen milagros portentosos acreditados con mas ó menos dato», 
como la vela y la pequeña lancha ó bote que se velan colgados de 
las paredes. El suceso que estos objetos conmemoraban, se refe- 
rían de esta manera* Unos pescadores hablan hecho en la costa 
de la isla de la Gran Canaria una pesca considerable y ya se acer- 
caban alegres al puerto cuando principió a soplar un viento furioso. 
AiTcbatado el pequeño barco por las olas embravecidas sin carta ni 
aguja de marear^ ni mas que una peciueña vela, corrieron siete dias 
sin alimento porque habian arrojados la (íarga creyendo escapar 
mas aligerados. Repetían sus votos á diversas imágenes; hasta (jue 
recordando uno de los pescadores la imagen milagrosa que se adora»- 



16 fííSTORlA DE SANTO DOMlírOO. 

ba eti Santo Domingo donde liabia estado otra ocasión, prortietíerdií 
todos un don, y que la irian á visitar desde cualquier distancia de don- 
de escaparan y de rodillas irian á su templo para colgar la vela 
que era el único objeto que tenian y que los guiaba; y fué cosa ad- 
mirable y rara que apenas hicieton la píomesa cuando divisaron 
tierra y un puerto que creyeron uno de los de la costil de África^ 
Era el de Santo Domingo de la Española y habían hecho en siete 
dias mas de mil quinientas leguas. Dieron gracisis á Dios y la bar- 
ca pequeña y la vela fueron colocadiis en la Iglesia como enseña 
de este milagroso suceso^ Esta devoción á la Santísima Madre de 
las Mercedes se propagó en toda la isla por las causas expresadas 
y por otros favores que dispensaba la misma Santísima Virgen en el 
Santo Cerro de la Vega bajo la misma advocación, la cual dio orí- 
gen á la formación de varios conventos de aquella Orden en uno y 
otro lugar y también en Santiago y en Azila, enriquecidos todos con 
lujosa profusión de prendas ricas, preciosos adornos y considera-' 
bles riquezas. 

Obligados loB vecinos de la parte del Norte de la líspaüola á 
retirarse de la costa é internarse en la tiefra de adentro fué conse- 
cuente que sus miras y ocupaciones se dirigieran á otros objetos 
que pudieran conciliatse con la condición á qite se les habia reducido, 
Ix>s españoles que poblaban la otra banda y lo demás del territo- 
rio se concretaron al propio sistema. Descendencia continuada de 
los primitivos españoles, ó fanjilias nuevas formadas posteriormente 
por personas que venían á la Española siguiendo su comercio y em- 
presas ultramarinas 6 empleadas en los puertos civiles y militares^ 
fueron los que tuvieron sobrada paciencia y resolución para no des- 
amparar su hogar, y convertidos en pacíficos agricultores evi- 
taron los males que amenazaban con la decadencia segura de la isla 
Española. En la jurisdicción de Santo Domingo los Caros de Ovie- 
do, los Fernandez del Castillo, los Dávilas de Coca, los Bastidas, los 
Garay, los Aybares, los Tapias^ los Fernandez de Lara, los Fernan- 
dez de Castro, Échalas, Cabrales, Castros, Heredias, Cid Lobos,. 
Pimenteles, Morillas, Sanche55, Valverde, Doítales, los Guridis, 
GaiTasco de Barnuevo^ Ángulos, Barbas, Cabreras, Campusanosy 
Osónos de Peralta, Fernandez Mueses, Paredes, Loyseles, Francos, 
Arredondos, Puello» Girones, Peraltas, Pepines, Saviñones, Frome- 
tas, Joveres, Palominos, Sterfines, Villasantas, Freires y otros- 
varios. 

En Santiago de lo» Caballeros, de los primeros ios Cáceres de 
Carvajal, los Abarca Maldoüado, los De^Almontes Píchardos, los» 
López Tirado, los Villafañes, Morales de Santa Cruz, Menas, Car- 
vallos, Villanuevas, Pichardos Guillenes, Del-Monte Tapias, Medra- 
dos, Ortegas, Pimenteles, Moyas de Pelaeá:, Febos, Geraldinos de 
Guzman, los Tejadas, Eodriguez de Cevallos, Queñones, Escotas^ 
Cotes, Villanuevas, Medranos, Montenegros, los Mejías, Espinosas,. 
Portes, Polancos, Miníeles, Infantes, Flores, Basartes, Escotosy 
Perreros Jiménez de Osuna, Díaz de Lugo, Muñoces, Bidoses, Ro- 
dríguez Sánchez, Pedralves, Gueronagas, Vargas-Machuca, Salee* 



HISTOBIA BE SANTO DOMINGO. 17 

dos y Flores; y de los descendientes de los establecidos, menos anti- 
guos los Señoi'es Palacios, los Gevallos, Velillas, Gasa Oaus, Zere- 
cedas, Arambulas, Asconas, Beyes, Kivas, Ximinianes y Espaillat. 

En la Goncepcion de la Vega los Gontreras, Lunas, Coronados, 
Orbismenas, de San Miguel, Dislas, Laras, Amezquitas, Nuñez, 
Carillo, Jiménez, Sotos, Yalderas, Sánchez Bamirez y Garvallos. 

Estas familias que tengo presente y otras que puedo haber 
olvidado, comprendidas en la nomenclatura que precede, se dedica- 
ron desde aquellos dias á la crianza de ganados que absorbía ente- 
ramente su atención. La extensión ilimitada de las sabanas com- 
prendidas en las vegas y valles é intermedios de las montañas, la 
abundancia y fertilidad de los pastos, la muchedumbre de los ríos 
y abrevaderos y la copia de frutos y ramajes indígenas, eran cir- 
cunstancias harto favorables para determinar la industria principal 
de los dominicanos y estos parecieron prever oi)ortunamente que 
vendría un tiempo en que ella seria el único manantial de su 
prosperidad y bienestar. Formaron haciendas ó hatos que aun 
existen hoy, y por muy prolijas que parezcan las noticias de sus 
nombres no me parece inoportuno mencionar los mas notables, pa- 
ra los que deseen adquirir completo conocimiento de la localidad. 
IjOS nombrados Magdalena, Esperanza, Lagunaiarga, Villalobos, 
Gnayacanes, Laguna Antona, Palmita, Laguna Verde, Toribon, 
Criadilla, Jinamagua, Hato mayor, Jaque, Uamiua, Lagunet^, Jai- 
tabon, Melones, Maho, Higüero, el Pocito, Gurabo Arriba, Gurabo 
Absgo, Gercadillo, Rompino, Piloto, Guayubin, las Dos Bocas, Boca 
de los Bios, Yásica, Altainira, la Guasábara, el Giruolo, el Hospital, 
Higuero, Arminilla, Gompos, Jácuba, los Jobos, las Matas, en la jnrís- 
diccion de Santiago. La Leiva, Magüaca, Boma, Gaya, Tineo, los 
Arroces, Gibao, Macoris, los Pinos, el Bonao, Maimón, los Guacos, 
Rio Verde, Gima, Guamuta, Angelina, Yuna, Sevico, Magua, Mo- 
villero, Nicagua, en la jurisdicción de la Vega y el Gotuy. La Isa- 
bela, Cansamancebos, Biva Plata, Cordero Qiiiiiigua, Vista al Fondo, 
Arroyo Blanco, Naguaua, Bánica, Hincha, San Bafael, Neiva, Gao- 
bas, Bio Salado, Langosto, Ocoa, Sabana Gruz, Jagua, la Gatalina, 
Nizao, y Palenque en la jurisdicción de Santo Domingo y Azua. 
Los Llanos, Seibo, Higüey, Yumba, Tabira, Gamaguasí, la Prieta, 
Bermeja, Paya, Gepicepi, Biaijama, Hinoba, Guaba, Lajas, Goladera, 
Maguana, Gapotillo y demás que se destruyeron eo el territorio que 
ocuparon los franceses; y otros que no recuerdo eran los mas céle- 
bres; cubrían la tercera parte de la isla y sus dotaciones de anima- 
les vacunos y caballares se contaban por millares. La procreación 
debió de haber aumentado considerablemente después de la época 
en que Gonzalo Fernandez de Oviedo escribía ponderando el núme- 
ro crecido de ganados. Pista reproducción fué acrecentando de dia en 
dia en términos que no pudiendo ya contenerse las manadas en co- 
rrales y b£^o la vigilancia de los dueños, se hicieron montaraces, 
propagándose en los llanos y montañas de la isla en toda la lozanía 
de la raza primitiva. Lo propio sucedió con la cría de cerdos; y la 
abundancia de estos animales tan útiles ftié seguramente el alicien- 



18 HISTOEIA DE SANTO DOMlNGa. 

te priDcípal que atrsyo á los filibusteros de varías Daciones á las cos' 
tas del norte de la Española para aprovechar sus productos según 
referiré mas adelante. El Conde de Bufibn hace niencion particu-* 
lar de los caballos de Santo Domingo en su Plistoria natural. (1) 

En estas faenas campestres se ocuparon en adelante l(>s espa- 
ñoles que no estaban obligados pov sus empleos á residir en las ciu- 
dades. Gunformes con sn pacítico destino no ambicionaban otra 
suerte, ni aspiraban á las empresas tumultuosas- de la política, el 
comercio y la milicia que los habia ocupado basta entonces. Eran 
felices en medio de sus familias gozando de todas las ventajas de la 
medianidr Mr. Goillermin en su Historia de Santo Domingo los 
juzga de esta manera: ^'Obligados á desamparar las costas fué con-^ 
secuente que sn actividad económica se dirigiese á otros medios 
de mayor utilidad'' y añade : ^'Que la despoblación de los indios y la 
emigración de los descubridores europeos impidió que Santo Do- 
mingo llegase al grado de opulencia á que posteriormente se eleva- 
ron otras capitales del Nuevo Mundo^ y es de piesumirse que la 
Metrópoli de las Indias Occidentales no conservó en su seno en 
aquella época de transmigraciones complicadas sino la parte mas 
sana de sus habitantes, que prefirió á las probabilidades de la gue-* 
rra y de la fortuna, una vida mas apacible y las riquezas mas reales 
que les ofreeia el cultivo de los terrenos, y de este modo á tiempo 
que Santo Domingo se debilita^ba en su población sin renovarla^ 
los nuevos descubrimientos eran el asilo de hombres aventureros y 
sanguinaiios. Los vicios se acrecentaron en estos países con el 
aumento de población, mientras que las virtudes primitivas de los 
fundadores de Santo Domingo se conservaron en el pequeño nú- 
mero de habitantes que poblaron las partes diversas de esta exten- 
sa isla. 



(1) Hablando eate insigne naturalista de los caballo» en su estado 
salvaje, se refiere á Mr. Ocxmelin, testigo ocular autor de la Historia de los 
Flibueteros y uno de los que hicieron mayor fortuna en la Española. 

Ocxnielin dice: "Que se encuentran á veces on la isla de Santo Domin- 
go manadas de mas de quinientas yeguas y calmil os que andan juntos y 
que cuando ven á algún hombre se detienen todos; uno de ellos se acerca 
hasta cierta distancia; dá algunos resoplidos con las narices, huye y todos 
los demasío siguen, añadiendo que no se sabe si aquellos caballos han deje- 
nerado desde que viven en las selvas; que los habitantes de aquel país los 
amansan fácilmente y luego los hacen trabajar y y los cazadores se sirven de 
ellos para trasportar efecto». Para cojerlos les arman lazos de cuerda, en 
los parajes que frecuentan los caballos, los cuales caen fácilmente en ellos 
y se ahogan si se x>renden por el cuello y no son socorridos prontamente^ 
Sujétanles el cuerpo y las piernas y los atan á los árboles dejándolos de 
esta suerte por espacio de dos dias sin comer ni beber, cuya mortificación 
es suficiente para hacerlos dóciles y con el tiempo lo son tanto como si nuU' 
ca hubieran sido bravos/' 




cí-AjÉ>i:Tt:rr.o tt. 



Hoces pacificas de ¡ús habitantes de la isla en los primeros años del siglo 
XVII. — Sistema y orden económico de los hatos.-^Su manejo, educa- 
ción del ganado j crin de animales cahal tares, burros y cabras que los 
componen.^- Varios individuos de diferentes naciones i^ particularmen- 
te franceses son desalojados de la isla de Sdn Cristóbal.-^Uechazados 
de aquél punto se establecen en Port Margot^ costa Norte de la isla 
Española y en la isla de la Tortuga fronteriza á aquél puerto. — Lo 
verifican bajo las órdenes de un inglés nombrado Wilíis. — Nombra^ 
miento de Moíhsieur Levasseur por el Capitán General de las Anti- 
llas francesas Mr. de Poinci.-^Besistenda de los españoles, — Sucede 
en el mando Mr, de Fontenoy.-^ Ataque de la Tortuga por los espor 
ñoles y escaramuzas en los seis años sig^uientes.-^Invasion la plaza 
de Puerto Ricd — Vuelven á apoderarse los filibusteros de la isla de 
la Tortuga bajo él mando de Mr. de Rosey. — Es nombrado ultima- 
mente por la compama de las Indias Occidentales Monsieur düOge- 
ron. — Quiénes eran los filibustefos y bucaneros y población de la parte 
Española en aquellos días* 




BBINTA años transcurrieron pacíficamente en medio de la felici- 
I dad mas cumplida, gobernando la isla como Presidentes y Gapita-^ 
^ nes generales Don Gabriel Chaves y Osorio, Don Juan de Bi- 
triany Viamonte y ocupando la silla arzobispal Don Fray Bernar- 
dino de Almansa y Don Fray Facundo de Torres* En este inter^ 
valo se habian ido destruyendo muchas de las antiguas poblacio- 
nes por la continua emigración que despoblaba á la Española en be- 
neficio de las nuevas conquistas. Lares de Guaba, Salvatierra de 
la Sabana, Santa María del Puerto ó Vera Paz, Puerto Eeal y el 
Bonao dejaron de existir y convertidas en haciendas de crianza pre-* 
paraban la formación de otros pueblos, que en dias mas felices conti- 
nuarían llevando sus antiguos nombres, ó adoptarían el de las ha^ 
eienéUis en que estaban situadas. 

Por ser estas ocupaciones tan características del dominicano^ 
haremos una pequeña digresión para dar alguna idea del sistema 
agrario que se observaba en la Española. 

El Itato era una posesión que comprendía el teiTeno coiTes- 
pendiente á las acciones que se obtenían llamadas derechos de tíe^ 
rruy en los cuales estaba el dueño facultado á criar cuantos anima^ 
les quisiera yá apoderarse de los bravios 6 alzados. El ganado 



20 HISTORIA DB SANTO DOMINGO. 

manso vagaba libremente por las sabanas, montes y abrevaderos 
que le acomodaban, porque los pastos eran comunes y regular- 
mente se dividían en puntos que se establecían en distintos para- 
jes con un toro padre, que no permitía la mezcla de su vacada con 
otnf extraña y sostenía su puesto hasta la muerte; y nada tiene de 
exagerada la expresión, porque tal es el celo de estos animales, que 
señoreados del dominio de su manada en terreno separado ahuyen- 
tan á los toros nuevos 6 de otras piaras que quieren sustituirlo, y des- 
piden á los toretes ya crecidos que se han criado á su inmediación» 
Bs un sultán que reina absolutamente hasta que otro toro mas es- 
forzado pueda rendirlo. Adiestrado el toro padre en estas escai'a- 
muzas se hacia temible á los otros que le cedían el paso mugiendo, 
hasta el dia en que vencido por un adversario huia despavorido á 
ocultarse en las breñas, mientras el vencedor saboreaba la victoria 
y recibía los homenajes de su vacada, lo que sucede rara vez, por- 
que era tan tremendo el formidable combate cuando se acometían 
con las puntas aceradas, que generalmente quedaba uno de los li-' 
diadores muerto en el campo. 

Los hateros de la Española distinguían el ganado con los nom- 
bres de corralero que era aquel que se conducía sin esfuerzo en los 
meses de Mayo y Octubre para esquilmarlo; de manso al que posa 
y pasta en lugares frecuentados sin espantarse de los hombres y 
caballos que transitan entre ellos; de extravagante al que habita en 
los bosques y montes mas apartados, y al que se hacia necesario 
echarle perros para conducirlo á los corrales; y montaraz^ gíbaro 6 
alzado al que anda eirante, orejano y sin señal de hierro, porque 
DO ha sido reducido y es preciso matarlo para aprovechar sus car- 
nes. Luego que se anunciaba la primavera y comenzaban las aguas 
de Mayo, se congregaban los vecinos y en dias determinados explo- 
raban los montes y sabanas con perms y garrochas, reuniendo todas 
las puntas de ganados que oonducian á los corrales construidos en 
las inmediaciones de la casa del propietario. Allí se separaban las 
clases y calidades del ganado; las reses viejas y toretes inútiles eran 
vendidos para las carnicerías y las vacas paridas eran encorraladas 
con sus becerros y sueltas para ordeñarlas y hacer quesos y mante- 
quillas. 

El manejo del bato era fácil y sencillo en todo el año» Un 
mulato 6 negro libre ejercía por lo común el encargo de mayoraL 
Habia además dos 6 tres dependientes que desde el amanecer 
montaban á caballo y reconian todos los lugares donde posaba el 
ganado, para^ curar los terneros recien nacidos y las reses heridas 
en combate 6 por acaso. También se cuidaba en estas tincas de los 
atagos de bestias.. La especie caballar también se había multi- 
plicado en la isla, sin perder de su raza ni del ardor y gallardía 
de su or^eB andaluz. No se observaba en este ramo el régimen 
que en España, 6 mejor dicho en el fomento y cría de estos ani- 
males existia siempre un abandono vituperable. Sueltos por a- 
t£gos de veinte, treinta ó cuarenta yeguas, un caballo padre tenia 
«obre ellas el mismo dominio que el toro en su vacada. Se cria- 



HISTORIA. DE SANTO DOMINGO. 21 

ban los potros tímidos y espsuitadizos porque se les maiioseaba 
muy poco. Cuando los potros se hallabao en estado de servir era 
preciso domarlos, y do era por cierto muy acertada la práctica que 
se observaba. Clucerrado el atajo eu el corral, se echaba al potro 
un lazo de nudo con*edizo al pescuezo y otro en una de las pier- 
nas traseras. Cogido de esta manei*a era forzado basta ponerlo 
junto al palo central de corral llamado Jyramadero. Estirado á 
la vez por el cuello y por un pié, caia al suelo, y asegurado per- 
fectamente se le ponia una silla vaquera y una jáquima doble anu- 
dada á la cola de otro caballo manso y encillado que debia ser su 
guia. El hatero que ha de montar el potro espía el momento de 
acercarse, poner el pié en el estribo y afianzarse, y entonces el coa- 
ductor del caballo guía hace camino mientras el gíuete opone su 
destieza á los corcovos y saltos del animal castigándolo con el palo 
6 látigo que lleva en la mano. Es natural la inferencia que este 
modo de domar las bestias motivaba los resabios comunes en es- 
tos animales y casi generales en la especie mestiza de los mulos de 
los cuales no recuerdo haber visto uno manso. Eran de hermoso 
pelo, alta talla, y pezuña dura los que se criaban en los hatos del 
despoblado del Norte y banda del Sur, á diferencia de los del Ma- 
coriSy Bonao y otros lugares pantanosos mas propios para la cría 
de cerdos que para la caballar y de cLsta. También se criaban ma- 
nadas de burros que se utilizaban para el servicio doméstico, prefi- 
riéndose los mas grandes y de mejores formas para padres en las 
crías de muías. El ganado cabrío completaba el haber del Aato: 
su tasajo y la leche eran los elementos principales de subsistencia 
para el mayoral, su familia y dependientes, á quienes ayudaba 
también un pequeño oontcco, donde cultivaban plátanos, yucas y 
boniatos. A estas ocupaciones se dedicaban los españoles ó perso- 
nalmente ó por medio de sus mayorales en toda la extensión de la 
isla, cuyas costas del Norte y Oeste, solitarias y desiertas pare- 
cían á propósito para ser invadidas y ocupadas. Así sucedió en e- 
fecto el año de mil seiscientos treinta y dos. Habían formado un 
pequeño establecimiento en la isla de San Cristóbal una partida de 
franceses, ingleses, holandeses y portugueses que desde allí acecha- 
ban los galeones que conducían caudales y tesoros á España. El 
General Don Federico de Toledo que pasaba á Méjico, desembar- 
có en aquella isla con intento de desalojarlos, los atacó y logró de- 
rrotarlos á pesar de los esfuerzos y auxilios que tuvieron los piíutas 
de un Almirante inglés nombrado Mr. Basiiiard. Fugitivos y des- 
parramados los piratas se unieron á varios holandeses é ingleses 
que habían hecho el comercio en las costas de la Española, y tra- 
tando de elegir un lugar cómodo adonde conducir sus presas con 
menos dificultad que hasta entonces les habían ocasionado los via- 
jes á San Cristóbal, pues gastaban de Cuba á Santo Domingo y 
costas del continente ha^ta tres meses por la contrariedad de los 
vientos y mareas, convinieron acercarse á las costas abandonadas y 
así lo ejecutaron fácilmeute. Quedaron sorprendidos de la abun- 
dancia de anímales que hormigueaban en aquellas inmensas prade- 



32 HISTORIA D£ SANTO DOMINGO. 

rías, de la muchedumbre del gauado de cerdo y la diversidad de 
maderas útiles y valiosas para la construcción de naves. Con es-< 
tos estímulos y los ofrecimientos que les hicieron los holandeses, 
que basta entonces hablan solido tratar directamente con los mis- 
mos españoles, de comprarles las carnes, cueros, sebos, osamentas 
y maderas, resolvieron establecerse en Port Margot y en la isla 
fronteriza de la Tortuga, 6 mejor dicho, robar las carnes de la tierra 
grande como ellos la designaban y ocultarse en la Tortuga ó tierra 
cJiioa, La mayor parte de estos aventureros fueron normandos, y 
desde entonces eran conocidos con los nombres de bucaneros y fiU- 
iusteroH] el primero de estos valía en su significado tanto como 
míitadores 6 asadores de carne porque ellos llamaban bucanlo que. 
los indios designaban con el de barbacoa; y el segundo se aplicaba 
en especial á los que corrían en el mar para hacer presas, según la 
palabra inglesa que significa corsario 6 navegador que corre. Aun- 
que las costas del Norte y del Oeste estaban indefensas por abandono 
y sin el menor resguardo, el Capitán General D, lí ¡colas Velasco Al- 
tamirano, sucesor del Señor Vítrian tuvo por oportuno mandar cons- 
truir en la isla de la Tortuga una fortaleza que se tituló del Santí- 
simo Sacramento, para lesistir á los invasores y que sirviera de ata-- 
laya desde donde se atisbase el desembarco de los tbragidos en las 
costas de la Española. Fué guarnecida con veinte y cinco hombres 
á las órdenes de un alféiez. Tan corto número era incapaz de ha- 
cer la necesaria resistencia y fué preciso abandonar el fuei*te en po- 
der de los ingleses, que formaban la mayor parte de los enemigos. 
Apenas se supo el suceso, despa(»lió el Capitán General una escua- 
drilla que atacó á la Tortuga y fué notable el escarmiento. Fueron 
ahorcados sin excepción ó pasados por el filo de la espada todos los 
que se encontraron con las armas en la mano, en tales términos que 
creyendo los españoles haber dado fin á sus enemigos se retiraron 
de la Tortuga sin dejar mas fuerza que la que mantenían antes. 
La mortandad no fué tan general que dejase de escapar buen niíme- 
ro de ingleses y fVanceses que se salvaron á tavor de la oscuridad en 
botes ligeros, y ya en número considerable aprovecharon la indiscre- 
ta confianza de los españoles y á poca costa volvieron á hacerse 
dueños de la Tortuga. Eligieron para gefe un inglés llamado Wi- 
Uis, elección de que eieitamente no se mostraron satisfechos los fran- 
ceses así por espíritu de nacionalidad como por el fundado temor 
de que volviera á i'epetirse la excena de la isla de San Cristóbal. 
Uno de ellos resentido de ver que los ingleses llevaban siempre la 
preferencia en el mando, partió para dicha isla con objeto de ver 
al caballero de Poincique mandaba en calidad de General, á nom- 
bre de la Orden de Malta. Se enteró este de lo que pasaba en la 
Tortuga, de las ventajas que podían sacarse de aquella posesión, si 
se expulsaba de ella á los ingleses, y se les aseguró que desde luego 
podría contar con que los franceses que sufrían el yugo de Willis to- 
marian las armas á su favor. M. de Poinci recibió placentero 
estas noticias y seguidamente concertó con un hábil ingeniero y 
buen capitán recien llegado de Francia nombrado Levasseur, que 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 23 

partiese para la Tortuga, fuese su Oobernaclor y dividiese con él 
por mitad los despojos y gauancias de la empresa. Beuuió di- 
cho Levasseur basta cuarenta frauceses entre protestantes y cal- 
Tiiiistas; con los cuales se dirigió á Port Margot, puerto frontero 
al de la Tortuga, allí sedujo igual número de bucaneros de los es- 
parcidos en las costas, y aumentada su fuerza con ellos, procedió 
al cumplimiento de su comisión, en el mes de Agosto, después de 
instruirse peifectamente de las fuerzas del ingles Willis. Luego 
que desembarcó Levasseur notificó á aquel que su llegada tenia 
por objeto vengar la afrenta y los desaires becbos á los fi^anceses, 
en cuya virtud si dentro de veinte y cuatro botas no abandonaba 
el territorio, estaba resuelto á reducirlo todo á fuego y sangre. Sor- 
prendido el ingles con est^a terrible intimación y viendo que la re- 
sistencia seria aventurada con los pocos parciales que contaba, hu- 
yó furtivamente con ellos en un buque que estaba en el puerto, de- 
jando la isla á los franceses, que en el acto reconocieron al nuevo jefe. 

Posesionado Levasseur sin derramar una gota de sangre, exa- 
minó los puntos de la isla de la Tortuga para defenderlos y cons- 
truyó un fuerte en el mas favorable, á seiscientos pasos de la 
rada y doce de un arroyo de agua dulce; hizo además una casa á 
que se subia por una escalera de hierro de doce gradas que se alza- 
ba como un puente levadizo con dos cañones y murallas y todo esto 
rodeado por altos montes fragosísimos y precipicios profundos; casa 
que perla posición inaccesible que ocupaba fué conocida con el 
nombre de la Boca. Todos los habitantes filibusteros y bucaneros 
fie unieron entonces al experto general, y dieron principio á sus 
empresas. 

Los españoles de Santo Domingo que observaban como se 
manejaban los filibusteros, juzgaron conveniente estar sobre aviso 
y al efecto formaron compañías de lanceros, hombres de á caballo 
y coraceros, bajo el mando de capitanes escogidos á quienes con- 
feria sus despachos el General Gobernador. Dichas compañías cons- 
taban de cincuenta plazas, siendo sus capitanes mas distinguidos, en 
Santiago de los Caballeros Don Luis López Tirado, D.JPedro de Qui- 
roz de Villaíañe, Don José Damacines, Don Antonio Pichardo Vi- 
nuesa, Don José Moiel de Santa Cruz, Don Antonio Miniel, Don 
Pedro Polanco y otros; en Santo Domingo Don Damián del Casti- 
llo, Don Pedro Ortiz de Sandoval, Don Baltazar Calderón y Espi- 
nosa, Don Juan Échalas y otros en diferentes ciudades y villas, 
entre ellos Don Lucas de Berroa y Don Pablo Francisco de Amez- 
quita. Estas célebres compañías denominadas por los franceses 
cincuentenas fueron constantemente el terror de los invasores has- 
ta que ase>endió al trono español el Señor Don Felipe V. Con al- 
gunas de ellas se hizo la primera expedición á la Tortuga que fué 
desgraciada porque realmente estaban fortalecidos los franceses y 
esta tentativa puso en celos al Gobernador General M. de Poinci, el 
cual envió á M. Longvilliers, su pariente, para que observara la 
conducta de Levasseur, bajo el pretexto de darle la enhorabuena 
por su último hecho de armas, Pero su verdadero objeto fué des- 



24 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. ' 

cubierto y se vio obligado á retii'arse á San Cristóbal. 

Entonces puso Levasseur de manifíesto todas sus intenciones; 
hizo quemar la capilla católica y expulsó al capuchino Padre Ma- 
ras. Se proclamó Gobernador General, estableció impuestos ex- 
cesivos y por último ejerció una tiranía desapiadada y cruel con to- 
dos sus dependientes. Las faltas mas ligeras eran castigadas des- 
medidamente, pero no babia levantado aun el estandaite de la re- 
belión, guardando en apariencia la debida sumisión al general de 
Poinci. Este por su parte queria deshaceise de un subdito tan ar- 
bitrario y le sirvió de pretexto para conseguirlo, el haberse negado á 
enviarle una imagen de Nuestra Señora, toda de plata, que los 
filibusteros hablan apresado en un barco español, remitiéndole en 
su lugar una de madera, la cual acompañó con estas burlescas pa- 
labras: '^Que los católicos eran demasiado espüituales para hacer 
caso de la materia." De Poinci se resintió de esta desobediencia que 
dejaba tan desairada su autoridad no menos que de la picante 
y trnanesca contestación de Levasseur. 

En estas circunstancias dos de los mas allegados al Go- 
bernador, nombrados Martin y Filbaut atentaron contra su vida 
pei-suadidos que su obra seria agradecida. En efecto, un dia que 
Levasseur bajó del castillo para visitar un almacén que hablan cons- 
truido á la orilla del mar, Martin le disparó su arcabuz consiguien- 
do herirlo tínicamente; el Gobernador indignado piocuró defenderse, 
pero Filbaut le acometió entonces con un puñal, cuyo golpe decisivo 
paró aquel con el brazo, pero al íin murió cubierto de heridas repi- 
tiendo á Martin, á quien habia educado, las sublimes palabras de 
César á Bruto: *'|I eres tú, hijo mió, quien me asesina!" 

Entretiinto de Poinci que se veia burlado y desconocida su au- 
toridad y que de nada se le daba cuenta, determinado ya á expulsar 
á Levasseur, se habia servido para este intento de Fontenoy, llegado 
de Francia para combatir á los españoles. Le habia declarado su 
designio encargándole el secreto, y como este venia en busca de for- 
tuna aceptó la proposición y salió para Santo Domingo. En Port- 
Paix supo la muerte de Levasseur y que los asesinos que estaban á 
la cabeza del gobierno, causaban las mayores vejaciones. Se diri- 
gió á la Tortuga acompañado de M. de Freral sobrino de Poinci, 
pero fueron rechazados á viva fuerza y obligados á levantar anclas 
y desembarcar en otro punto de la costa con los quinientos hom- 
bres que hablan traido. Bien hubieran querido los asesinos conti- 
nuar la defensa, pero los habitantes no estaban dispuestos á soste- 
ner la rebelión, y entonces Fontenoy quedó dueño de la fortaleza 
bajo la promesa que no perseguiría anadie por la muerte de Le- 
vasseur. Inmediatamente se restableció la religión catóUca que 
habia sido abolida, y el inerte fué aumentado con seis cañones para 
la defensa de la rada. Los filibusteros esparcidos hasta entonces 
se reunieron y acrecentaron sus empresas bajo las órdenes de M. 
de Fontenoy que, aventurero desde su niñez al servicio de la Orden 
de Malta, se habia distinguido siempre por su valor é inteligencia* 
Poblaron la Tortuga donde se arraigaron, siendo tan considerable 



HISTORIA D£ SANTO DOMINGO. 25 

sa número y tanta su audacia que hacían presa indistintamente de 
todos los buques que frecuentaban los mares de América. 

Los bucaneros con sus asaltos y depredaciones en la Española 
aumentaban el valor de los productos en la Tortuga, y ya los habi- 
tantes principiaban pequeños cultivos, entre ellos el de algunos 
cereales, verduras y tabaco en toda la costa del Norte, desde 
Samaná á Poit-Paix. 

El Señor Don Andrés Pérez Franco, que habia sucedido en el 
gobierno al Señor Altamirano (1) y observaba los progresos del 
enemigo, se resolvió á expulsarlos empleando una fuerza suficiente. 
Dispuso nna flota de cinco naves graudes y muchas canoas y las 
cincuentenas de las ciudades y villas interiores que debian lanzar 
de la Tortu^ á los intrusos En efecto, bajo las órdenes del gene- 
ral Don Gabriel Bojas Valle de Figueroa se hicieron á la v^la con 
la expedición para aquellas costas. Después de una corta travesía 
desembarcaron los españoles en una posesión que cultivaba un her- 
mano de M. de Fontenoy. Formaron el campamento en una sa- 
bana próxima y á los cuatro dias ya se hablan colocado en una altu- 
ra cerca de la montaña donde estaba el fuerte de la Boca para po- 
der hacer uso de sus fuegos. Tan difícil parecía la empresa á los 
filibusteros, que quedaron confusos y anonadados cuando vieron 
principiar el fuego de dos cañones que subieron los españoles, por 
medio de escabrosidades espantosas á lo mas alto. El temor so au- 
mentó al ver la mortandad y graves efectos que producían aquellas 
armas, de manera que aterrados por el incendio y explosión de un 
polvorín, no tuvo M. de Fonteuoy otro arbitrio que capitular, lle- 
vando consigo sus negros esclavos, como lo hicieron los demás 
franceses, ingleses, y otros extraugeros de que se componía la gavilla. 

Los españoles se mantuvieron en la Tortuga en quieta posesión 
de su fuerte denominado del Santísimo Sacramento. Un docu- 
mento de familia (2) lo acredita, pues en aquella fecha se proveyó 
la plaza de Alférez de aquella fortaleza en uno de los naturales de 
la isla, que habia militado en las cincuentenas. 

Otro documento refiere el asalto y toma de la isla de la Tor- 
tuga. — ^^Don Baltasar Calderón y Espinosa, Capitán y Sargento 
**Mayor que fué del ejército que se formó para desalojar al enemigo 
'^francés de la Isla de la Tortuga y costas de la Española por Su 



(1) Era Arzobispo el Señor Don Francisco de Guadalupe y Tellez, por 
mnerte de Don Diego de Guevara y renuncia del Señor Don Francisco de Mu- 
gierbo. 

(2) En la Fnerza del Santísimo Sacramento de esta Isla de la Tortuga 
en veinte y cuatro dias del mes de Enero de mil seiscientos cincuenta y cua- 
tro años, el Señor Genei*al Don Gabriel de Rojas Valle y Figueroa, habiendo 
visto el nombramiento de arriba dgo: que le aprobaba y le aprobó y da por 
bueno y bien fecho en el dicho Don Francisco Del-Monte Pichardo y ordena 
á los Tenientes de Oficiales Reales le sienten la plaza de tal Alférez en la lista 

Sue se formare en dicho castillo para la guarnición de él, gozando ocho duca- 
os hasta que Su Magestad provea nuevo sueldo, y lo firmó dicho dia. — Gabriel 
de Rojas Valle y Figueroa. — Por mandado del Señor General. — Gil de Santa 
Cruz. Secretario* 



26 HlSTORrA DE SAN^O DOMINGO. 

*'Magestxi(l &&. — Certifico que conozco al Alférez Don Francisco 
*'De.l-Monte y le he visto servir en esta jornada del sitio y toma de 
"la Fuerza de la Tortuga en la compañía del Capitán Don José Das- 
"raarines, el cual desembarcó en una lancha cuando tomamos tierra 
"en dicha Isla, siendo en ello y en ocupar la primera eminencia en 
"que puso la gent^ en orden, de los primeros, como también fué 
"conmigo la noche que el enemigo llegó á dar asalto en mi cuartel 
"pai'a deshacerle, peleando como valiente soldado, hasta hacerles 
"volver las espaldas con pérdidas de armas y reputación; y por lo 
"bien y valiente que se mostró en las muchísimas que nos tocó el 
"enemigo y hallándole á mi lado le nombré con otros soldados para 
"que estuviese emboscado en la salida del enemigo cerca de su Fuer- 
"za, para cortarle y escarmentarle si de nuevo intentaba asaltarnos, 
"y asistió en la emboscada todas las noches hasta que se rindióla 
"Fuerza, y con mucho riesgo por estar en descubierto á la artillería 
"de las fuerzas opuestas á mi batería y expuesto á las salidas del 
"enemigo, á las incomodidades del terreno é inmcjoras del tiempo: 
"así mismo lo envié de mi cuartel al del general por el nombre los 
"mas dias, y por comisiones á las naos y correr la campaña algunas 
"veces, y por lo bien que cumplió con lo que se le mandaba, dando 
"la buena cuenta que los hombres de su calidad acostumbran, se le 
"dio la bandera del Capitán Don Pedro Ortiz de Sandoval que lo 
"era del Presidio en la dicha Fuerza y habiendo enfermado el dicho 
"Capitán con licencia que tuvo por enfermedad que le sobrevino, 
"hizo dejación de su bandera para que pasase á la Isla Española, lo 
"cual hizo con orden que se le dio de conducirá ella y á la Ciudad de 
"Santiago los negros que se apresaron en la dicha Isla de la Tortuga, 
"que los entregó según la orden que tuvo: téngole por muy honrado 
"y particular soldado, deseoso del servicio de Su Magestad y digno de 
"las mercedes que fuese servido de hacelle; y para que conste y de 
"su pedimento doy la presente en la Ciudad de Santiago de los Ca- 
"balleros en catorce de Mayo de mil seiscientos cincuenta y cua- 
"tro." 

Por último, y para completa comprobación de este hecho he- 
róico de la toma y asalto del castillo de la Roca de la isla de la Tor- 
tuga, y la veracidad de los documentos anteriores, ninguno puedo 
ser mas cumplido que la relación que hace de este suceso uno de los 
filibusteros, el francés Alejandro Ólivier Ocxmelin, testigo presencial 
de él y autor de la Historia de los aventureros filibusteros, en 
el tomo primero de su obra impresa en Atriboux el año de 1775, 
"Los españoles, dice, hablan colocado sus tropas en tierra: el caba- 
"llero de Fontenoy se retiró con los habitantes al castillo déla Roca; 
"los enemigos lo atacaron allí en vano, pero en cambio siendo due- 
"ños de hacer cuanto quisieran, mantuvieron á los franceses en esta- 
"do de bloqueo y buscaron además un sitio ventajoso desde donde 
"se pudiera batir el fuerte. Encontraron una montaña mas alta que 
"la Roca, pero á la cual no se podia subir porque lo impedían los 
"muchos y profundos precipicios que la rodeaban. Como ellos tie- 
"nen mucha flema trazaron poco á poco su camino encontrando 



HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 27 

"al fin un paso estrecho entre otras dos rocas. Subíase allí por na 
^'agujero como si se pasase por una trampa no quedando otra diti* 
^^cultad por vencer que la subida de los cañones lo que no era practi- 
"cable con caballos; sin embargo he aquí el ingenioso ardid de que 
"para ello se valieron: reunieron dos fuertes troncos de árboles, co- 
'Mocaron sobre ellos una pieza de artillería que así llevaron en hom- 
*'bro8 de sus negros; repitieron esta operación por cuatro veces, y 
"quedó levantada la batería frente á frente del fuerte de los fran- 
"ceses." El autor, después de describir varios sucesos confesando que 
el castillo no pudo resistir al fuego de los españoles á pesar de que 
estaba cubierto de árboles, añade que se rindieron los filibusteros 
poixiue (son sus propias palabras) los españoles son crueles y si es^ 
perahan á los últimos momentos era prolable que no alcanzasen na- 
da de ellos, 

A pesar de lo que acababa de suceder, no desistió M. de Fon- 
tenoy de la idea y plan de apoderarse de la Tortuga. Lo creyó 
realizable y aprovechando la oportunidad de haber encontrado bu- 
ques holandeses que creyéndole de retorno para Francia lo prove- 
yeron de vituallas y municiones, determinó variar de rumbo y arri- 
bar á Port-Margot en la costa de Santo Domingo, residencia de 
muchos bucaneros. 

Con sucesos mas ó menos prósperos acontecidos entre espa- 
ñoles y filibusteros transcunneron seis años, durante los cuales 
ejerció el gobierno político y militar el conde de Peñalva Don Ber- 
nardino de Meneses por fallecimiento de Don Gabriel Chaves de 
Osorio, siendo metropolitanos eclesiásticos los Señores Arzobispos 
Don Diego de Guevara, Don Francisco Pió y Don Francisco de la 
Cueva. En este período se repitieron incesantemente las excur- 
siones y asaltos en la isla de la Tortuga donde se abrigaban los in* 
vasores, y en la administración del primero sucedió otra ocurrencia 
de importancia que vino á distraer la atención de los españoles, 
quienes ya reconocían la protección manifiesta que dispensaba la 
Francia á los que hasta entonces babia socorrido con disimulo. 

Me refiero á la diversión ocasionada por la expedición inglesa. 
El célebre Oliverio Cromwel que gobernaba en Inglaterra con el 
nombre de Protector, que se hizo dar después de la degollación de 
Carlos I de Estuardo, creyó oportuno aumentar su poder con la con- 
quista de la isla de Santo Domingo que parecía abandonada é in- 
defensa. Con una escuadra numerosa de muchas naves y siete na- 
vios de guerra bajo las órdenes del célebie Mauricio Peen y un 
ejército considerable á las del general Venables, se hizo un desem- 
barco de nueve mil hombres en la embocadura del rio Jaina próxi- 
mo á la ciudad de Santo Domingo. Cuando se supo la invasión 
extrangera, el General Don Bernardino de Meneses y Bracamente 
convocó todos los cuerpos militares del interior de la isla y con 
ellos hizo una defensa heroica y bizarra. Quedaron muertos en el 
campo mas de tres mil soldados ingleses y fué capturado gran nú- 
inero de prisioneros en los bosques y sabanas de aquellos contornos, 
mendo depositados en el fuerte de San Jerónimo. A Santo Domin- 



28 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

go se llevaron onee banderas y otros trofeos que acreditaban el va- 
lor y bizarría de los dominicanos. El general Venables y el Almi- 
rante Peen se vieron obligados á bacer su reembarque con la mayor 
precipitación (1). 

A consecuencia de haberse malogrado esta expedición y para re- 
parar la afrenta ó para satisfacer de algún modo al Protector Orom- 
well y cubrir los gastos de aquel grande armamento, resolvió el gene- 
ral Venables la invasión y toma de la Jamaica y para ello contó con 
el auxilio y concurrencia de los filibusteros que infestaban las costas 
españolas, siempre dispuestos á perjudicar á los habitantes de las 
islas y del continente. Perdió España á Jamaica, pero no quedó 
satisfecha la ambición del Protector. Peen y Venables fueron pre- 
sos en la Torre de Londres, luego que llegaron á Inglaterra, como 
ineptos y cobardes. 

Los españoles dominicanos se gozaban entretanto en su vic- 
toria. Parécenos oportuuo referir aquí la tradición vulgar en la is- 
la, que explica el oiígeu de una fiesta que se celebraba en la Oate- 
dral en acción de gracias por la derrota de los ingleses, y que se de- 
signaba con el nombrd de fiesta de hs cangrefos. 

Es el caso que en la boca del Jai na, donde desembarcó el ejér- 
cito inglés, se cria un prodigioso número de cangrejos entre los 
mangles y árboles de sus montuosas orillas, y la guardia avanzada 
del enemigo, que estaba próxima á una emboscada que mantenían 
los españoles, percibió en el silencio de la noche que precedió & la 
batalla un ruido sorprendente, causado sin duda por el continuo 
movimiento de estos crustáceos, golpeándose los carapachos en su 
contacto. Sorprendidos los centinelas creyendo que era la caballería 
española con sus broqueles y herraduras lo que motivaba tanto rui- 
do, y persuadidos ya de su esfuerzo por los varios encuentros que 



(1) Entre Ior documentos que recuerdan este suceso se encuentran los 
siguientes. — "El capitán Antonio Pichardo Vinuesa que lo soy de una de las 
Compañías del Batallón de la Ciudad de Santiago &. Para que conste donde 
mas convenga, certifico, que siendo yo Alférez del Capitán Femando Muñoz 
Carvallo el año de cincuenta y cinco fui de socorro con mi Compañía ala Ciu- 
dad de Santo Domingo, por haber tenido dicho mi Capitán orden del Señor 
Conde de Penal va D. Bernardino de Meneses y Bracamonte Presidenta Gober- 
nador y Capitán Genral de esta Isla, fuese con toda la gente que habia en la 
Ciudad de Santiago, por estar la armada inglesa de Cromwell sobre dicha Ciu- 
dad de Santo Domingo y en ésta ocasión fué el Alférez Francisco del Monte 
Pichardo sirviendo con sus armas y caballo y asistió con mucha puntuali- 
dad y celo cumpliendo con las obligaciones de su sangre en todo lo que se le 
ordenó en el servicio de Su Magesta^d como soldado hecho, y habiendo muerto 
mi Capitán naturalmente y habiendo entrado yo en dicho oficio el año de mil 
seiscientos cincuenta y seis volví por orden del Señor Conde de Peñalva por 
el mes de Abril de dicho año á la Ciudad de Santo Domingo, y dicho Alférez 
D<»n Francisco del Monte Pichardo fué en mi compañía y asistió seis meses 
sin faltar un dia á todo lo que se le ordenó con mucha puntualidad y buen ce- 
lo, como lo ha hecho en todas las ocasiones en el servicio de Su Mageatad por 
cuya causa y desear continuarlo es merecedor de la merced que Su Magestad 
fuese servido de hacerle y á su pedimento doy la presente firmada de mi nom- 
bre en la Ciudad de Santiago en jirimero de Diciembre de mil seiscientos cin- 
cuenta y seis. 



HISTORIA DB SANTO DOMINGO. 29 

habían tenido en los dias anteriores, dieron á huir sembrando el te- 
rror y el desorden en el ejército acampado que se precipitó á refu- 
giarse en las naves. De este pánico resultó la moitandad y apresa- 
miento que hemos referido y el definitivo embarque de los ingleses. 
Desde luego se reputó este suceso como un favor especial del Altí- 
simo y dio lugar á la ñesta religiosa que se celebra todos los años 
con la maj'or solemnidad y que algunos autores han intentado ridi- 
culizar suponiendo que los españoles dominicanos fabricaron un 
cangrejo de oro sólido del tamaño de un tambor, que estaba coloca- 
do en un altar de la Catedral, de donde se le sacaba en procesión el 
diade la fiesta, y que habia existido en aquel lugar hasta que de él 
se apoderó el General Leclerc á principios de este siglo. Es ente- 
ramente &]so cuanto dice en esta parte un escritor ingles, quien 
de \sb fiSiJRe fiesta de los cangrejos dedujo que se daba adoración al 
monstruoso crustáceo de oro, como al beceiTo de los israelitas en el 
desierto. 

Conquistada Jamaica por los ingleses auxiliados de los filibus- 
teros de Santo Domingo, volvieron los franceses y demás extran- 
geros que componían el cuer)K) de los filibusteros á continuar sus 
depredaciones en las costas de la Española, estableciendo sus guari- 
das en Puerto Margot como dijimos antes. Distinguíase entre 
ellos un caballero francés nombrado M. Bosey natural del Perigord. 
Ix>gró reunir hasta setecientos filibusteros y bucaneros ocupados 
aquellos en las costas desiertas y mares próximos á la isla y estos 
en sus robos de animales. Sosey se dirigió con ellos en lanchas y 
canoas contra la isla de la Tortuga. Fué nombrado y reconocido 
jefe de todos ellos y tuvo la sagacidad de dividir su gente enviando 
la mitad por la banda del Sur y la otra miUid por la del Norte, fren- 
te á donde estaba el castillo del Santísimo Sacramento. Los espa- 
ñoles dominicanos descansando en sus laureles, y no percibiendo 
en sus costas á los piratas hablan reducido la guarnición del fuerte 
á sesenta hombres, los cuales acometidos de improviso fueron muer- 
tos ó hechos prisioneros y enviados en esta calidad á la isla de Cuba. 
El gobierno de la Española que ya advertía que sus enemigos eran 
auxiliados y protegidos abiertamente por Francia, y el armamento 
y jefe de la expedición y los derechos que in)puso el Almirantazgo 
sobre el comercio de tales géneros en la isla de la Tortuga así lo 
acreditaban, con cuyo motivo viendo ya perdida aquella pequeña 
isla se tomaron las providencias necesarias (1) para evitar que con 
el tiempo cupiera la misma suerte á la Española. Una de las pri- 



( l) '*£! Capitán Antonio Pichnrdo Vinuesa que lo soy de una de las Com- 
pañías del BataHon de la Ciudad de Santiago &.— Por cuanto es necesario y 
conveniente nombrar persona que vaya al puerto de Monte Cristi de toda sa- 
tisfacción para cabo de tres hombres para que cuide del dicho puerto, ordeno 
al Alférez Don Francisco del Monte Pichardo que luego que esta llegue á sus 
manos se ponga á caballo y vaya en cumplimiento de esta orden llevando 
consigo á Francisco Terreros, Juan Pascual Jiménez y Sebastian García los 
caales guardarán las órdenes que les diere como de dicho cabo porque asi 
conviene al servicio de Su Magestad. Dado en Santiago en tres de Febrero 



30 HISTORIA DE SANTO D0MIN<3^0* 

meras fué establecer una atalaya en el puerto de Monte Cristi,^des- 
de donde se divisaba la Tortuga, para que se observaran los movi^ 
niientos del enemigo. También se puso mayor cuidado en inquirir 
los desembarques de gente y sus movimientos pai*a hostilizarlos. 

M. Rosey gobernó en la Tortuga algunos años, y durante sü 
mando principiaron los aventureros á dedicarse al cultivo del taba- 
co y á otras pequeñas grangerías. Sus intereses obligaron al Go- 
bernador á re^íresai* ü Francia y dejó en su lugar por Teniente á 
M. Descbamps de Laplace, su sobrino, quien se condujo con mar- 
cada piudencia. Dejó fundada la ciudad de Port-Paix para con- 
tinuar los amagos de los franceses sobre la Española, en la que 
solo mantenían un pequeño establecimiento, en un cayo situado en 
medio de la bahía de Bayajá; pero al siguiente año de mil seiscien- 
tos sesenta y tres presentó sus despachos reales M* d^Ogeron auto- 
rizado por la Compañía de las Indias Occidentales. Esta aso- 
ciación habla obtenido del Rey el derecho de aprovechar todos los 
productos de la Tortuga, fundar un establecimiento rural por mayor 
y edificar almacenes para depositar los efectos que viniesen de Fran- 
cia y los que se exportasen de la nueva colonia. M. d'Ogeron 
desempeñó el cargo con la mayor exactitud y regularidad. Prote- 
gió francamente á los habitantes supliéndoles cuanto necesitaban 
para su fomento. Habilitó á los filibusteros de armas, municiones 
y demás necesario para que prosiguiesen sus incursiones con paten- 
tes portuguesas, sin embargo de hallarse en hostilidad las naciones 
francesa y española, y animó á los bucaneros para que siguieran 
adelantando en la posesión de diferentes puntos de la isla donde 
realizaban sus hurtos, como la llanura de Guarico cercado Port- 
Paix, parte de Cul-de Sac, la bahía de Santa María de Vera Pa¿ 
y península de Samaná, que eran los lugares mas solitarios de la 
Española. A estos puntos acudía una grande concurrencia de 
buques con diferentes cargamentos, (entre ellos algunos con un nú- 



de mil seiscientos cincuenta y seis.'* 

'^El Capitán Lucas Berroa de una de las Compañías de Santo ÜomingO 
de esta Isla, residiendo en esta Ciudad por orden del Señor Don Félix de Zú~ 
ñiga Capitán General y Presidente de la Chancillerfa de Santo Domingo: por 
cuanto que rae hallo en estA Ciudad á efecto del servicio de Su Magestad (Q- 
D. G.) y defensa de la tierra, ordeno al Alférez Don Francisco del Monte que 
lo es de una de las Compañías de esta Ciudad, que pues se halla en sus hacien- 
das y cerca del Puerto de Monte Cristi y su ensenada, que todos los dias pro* 
cure saber y tomar noticias de los vigías si hay en dichos parages emigracio- 
nes del enemigo y si echan gente en tierra, y luego que lo haya entendido con 
toda presteza junte la mas gente que pueda de aquellas partes para hacer al 
enemigo el daño mayor que pueda, ptocurando en todo caso el menor riesgo 
de los que llevare consigo y si la gente del enemigo fuese numerosa, se retira* 
rá quitándoles el matar ganado, tocando alarma por diferentes partes de mft' 
ñera que con segundad inquiete al enemigo, obligándole á embarcarse y me 
dará aviso de todo en la parte donde me hallare, y á esta Ciuddad á la perso" 
na que tuviere á su cargo las cosas en la guerra y en todo obrará como quien 
tiene la cosa presente y como se espera de su obligación y de.tan honroso sol- 
dado. Feelia en Santiago de los Caballeros á diez y siete de Febrero de mil 
seiscientos cincuenta y ocho»" 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 31 

tnero considerable ile mujeres) que venian ya con objeto de esta- 
blecer posesiones fuertes y duraderas, habiendo sido basta entonces 
singular el buen manejo y orden que observaban estos hombres des- 
arreglados y la índole de su asociación, que era especial. 

Se dividían estos aventureros en las tres clases de bucaneros, 
filibusteros y habitantes. Los primeros tomaban so denominación 
de la palabra laucan^ ó barbacoa de asar carnes á la manera de los 
indios, y era curioso el arbitrio deque se valían. Salían á cazar 
reunidos en gran numero y se colocaban en acecho en puntos diferen* 
tes. Descubierto el toro por el venteador acudían los demás perros, 
y losamos detrás procuraban ampararse cada uno de un árbol para 
salvarse en caso necesario, y porque era realmente bravio el ganado 
de aquella isla« De allí asestaban el tiro y se subían al árbol, sí el 
animal herido y enfurecido se dirigía contia ellos* Procuraban des- 
jarretarlo, y ya muerto y desollado se apoderaban de los princi- 
pales huesos que chupaban calientes los amos, y partían enseguida 
en busca de otros animales, mientras uno de los ciiados quedaba 
tas^eando y sacando el cuero para llevarlo al houcan; y á fin de que 
los perros no desmayasen de su ardor no les daban nada de comer 
hasta terminar completamente la cacería. Cocían pedazos de carne 
sazonados con sal, limón, y ají, y proseguían su empresa precavien- 
do siempre ocultarse de los españoles que los rastreaban por el es- 
tampido de los fusiles y el ladrido de los perros. Concluida la joma- 
da doblaban los cueros para cargarlos con mas facilidad, empaque- 
taban la carne y se dirigían al bouoayí que regularmente estaba al 
pié de algún árbol corpulento. Allí fumaban sus pipas ó se diver- 
tían en tirar al blanco, ejercicio que los hacia tan certeros en el 
tiro. Cuando habian amontonado el producto de sus correrías ve- 
nian los holandeses de la costa y les compraban su botín en por* 
tugúenos que era la moneda corriente en la isla. 

La caza de cerdos era la misma con poca diferencia, pero es 
digno de notar el modo con que ahumaban las carnes. Las ponían 
en una pequeña barbacoa y echaban á quemar el cuero del mismo 
cerdo para que el humo fuese mas espeso, y porque decían que es 
mejor que la lena en razón de que las partículas volátiles que se 
contienen en aquel se adhieren mas á la carne por su simpatía, que 
las de la leña, y aseguiaban que la carne ailquíria un gusto mas 
exquisito y un color amarillento que la hacia agradable á la vista y 
apetitosa al paladar. 

Los otros aventureros se llamaban filibusteros, palabra cuya eti- 
mología explicamos anteriormente* Su sistema era asociarse quin- 
ce ó veinte, cada uno con un fusil, pistola, sable y cuchillo. Esco- 
gían luego entre ellos al que había de hacer funciones de capitán y 
se embarcaban en una canoa, la mayor que podían comprar ó cons- 
truir ellos mismos, siempre enteriza, de los troncos de las seibas. 
Provistos de algunos víveres necesarios para la travesía y para 
mantenerse en los puntos de escala, vestidos con una camisa y un 
calzón y armados completamente, se iban á colocará la boca de 
algún rio para apresar la canoa ó barco de cabotaje que desembo- 



32 HISTORIA DE SANTO DOMINGO* 

cába. Onando se veian dueños de alguna nave mas grande se arro- 
jaban á alta mar á interceptar los barcos mercantes, después de 
haber saqueado las haciendas y los hatos de las costas si no encon- 
traban quien los proveyera. Eran regidos por un reglamento, que 
firmaba el capitán y al cual se sujetaban con el mayor rigor. (1) 

Bajo aquel contrato obraban formando sociedad cada dos indi- 
viduos para auxiliarse mutuamente en sus enfermedades con el 
pacto de que por muerte del uno seria heredero el otro, denominán- 
dose entre sí hermanos de la costa. 

Por otra parte todos se sometían ciegamente á las órdenes del 
jefe. 

El ya citado filibustero Mr. Oxmelin refiere el modo con que 
procedian al hacer las presas y dividirlas. Dice este que cuando 
los aventureros descubren algún buque le dan caza, se dispone el 
canon, se preparan las armas y la pólvora, se hace oración, particu- 
larmente si el barco es español, para pedir á Dios con fervor les die- 
se victoria y dinero, como si fuese la suya la mas justa de las gue- 
ixas. Después se acuestan boca abajo quedando solo en pié el capitán 
y dos mas para atender á la maniobra, y de esta manera se dirigen 
á la embarcación, haya ó no fuego, hasta apresarla. Rendido el bu- 
que cui-an á los heridos y se encaminan á la Tortuga, en donde se 
dividía la presa por partes iguales á presencia del Gobernador, á 
quien se pagaban los derechos que tenia impuestos. Dividida la 
presa se dedican al juego, los festines ú otros desórdenes, y aña- 
de el mismo autor, que uno de los puntos mas á propósito para 
estos asaltos eran los cayos del Sud de la isla de Cuba, porque en- 
contrando allí buenas carnes de tortuga se mantenían abundante- 
mente y vigilaban los derroteros de todo el comercio de Costa Fir- 
me y Méjico. 

La tercera clase de aventureros se llamaban habitantes y la 
formaban aquellos que vinieron de San Cristóbal y las otras Anti- 
llas, entendidos eu algunos ramos de agricultura. Benunciando á 
la peligrosa vida de sus compañeros, se dedicaron estos á las labores 
del campo en el benéfico clima de la Tortuga y costas de Santo Do- 
mingo que eran sumamente feraces, y escojieron con preferencia el 
fondo de la bahía de Cul-de-Sac como lugar mas retirado de los es- 
pañoles que los inquietaban, y comenzaron desde luego el fomento 



(1) ''Artículo 1° Se dará al capitán el primer buqae que fuese apresado. 

2? Al cirujano doscientos escudos para medicinas haya ó no presa, y en 
el primer caso le corresponde un lote en el dividendo. 

3? A los demás individuos partes iguales en la presa, dándose al que se 
distinga un premio ó una cuota particular. 

4° El que descubre la presa tiene cien escudos. 

5** El que pierde un ojo cien escudos y un esclavo. 

6" Por la pérdida de ambos seiscientos escudos y seis esclavos. 

7? Por la de la mano derecha ó brazo doscientos escudos y dos esclavos. 

8** Por la de ambos seiscientos escudos y seis esclavos. 

9? Por la de un dedo ú oreja, cien escudos ó un esclavo. 

10** Por la de un pié ó una pierna doscientos escudos y dos esclavos. 

11? Por ambos seiscientos escudos y seis esclavos. 



ÜlStOItlÁ DE SANTO DOMIIÍOO. 33 

de Leogane y sus alrededores. Príacipiaban su habitación como loa 
demás filibusteros, bajo el mismo orden de asociación entre cada dos^ 
individuos y con el convenio de heredarse^ Pedian tierras al Úo* 
bernador de la l^ortuga, quien nombraba un oficial encargado de se-< 
ñalarles cierta extensión de terreno* Hecho el primer desmoíite fa-» 
brícaban sus bohíos y sembraban legumbres, patatas, yucas, plata-* 
üos y guineos que cercaban con empalizadas y luego con los conipra* 
metidos que hablan podido adquirir so entretenían en la siembra de 
tabaco, calculando en dos mil pies el trabajo de cada persona^ U^-' 
cogidas las cosechas en ranchos hechos al efecto las enviaban á Fran-* 
cia y con su producto conseguían en retorno las herramientas y en-« 
seres necesarios para la habitación^ hachas, machetes, azadonen, ro-< 
pas, licores y comestibles^ Hacían el mayor empleo en hombfed 
comprometidos que conduelan para los trabajos. Estos eran vendido^ 
á otros habitantes ó puestos bajo las órdenes de un mayoral que los 
gobernaba con el látigo 6 bejuco, ocupándolos en todos los meneste*' 
res y sin concederles otro descanso que el del dia de fiesta. B}\jo 
esta orden se principiaron las habitaciones de tíibaco y más adelante 
la de caflañstola y azúcari 

Estos habitantes eran los mas pertinaces en adelantar sus labo-* 
tes en los tei'renos de la isla, usurpando por ambos nimbos del líovte 
y del Sud lo que podían; pero los españoles, tenaces y resueltos á 
oponerse á esta continua invasión recorrían todos aquellos puntos y 
perseguían y destruían á los habitantes sin piedad. El rio Dajabon^ 
llamado desde aquella época Massacre y todas sus inmediaciones fue-' 
ron testigos de los estragos mas tremendos. En sus aguas fue dego-' 
Hada una partida de bucaneros que lo vadeaban cargados de pelle^ 
jos de reses. En punta de Pino cetca de Bayajá fué destruida 
otra partida de bucaneros que cacaban bajo las órdenes de un M. 
Foré, y de ellos solo uno pudo salvarse para ser portador de la nüe-* 
Va, En Guaba, Leogane y Otros puntos acontecía lo mismo porque 
eran perseguidos con indecible tesón en cualquier paripé en que 
aparecían^ Tenían entonces los españoles una población que darla 
quince mil hombres de armas; y como en las montañas del Baho^ 
meo existían mas de mil doscientos negros fugitivos que se hablan 
refugiado allí desde el tiempo del Cacique Enrique^ también i^ led 
hacia cruda gueita para reducirlos, de modo que el interior de la is-» 
la y sus costad del Norte y Oeste eran teatro de continuos y san-» 
grientos combates, mientras que las regiones del Este y Sur perma-* 
necian tranquilas. La capital de Santo Domingo presentaba el ri- 
sueño aspecto de una población pacífica y floreciente. Hasta \o^ 
eclesiásticos bajo la jurisdicción délos Arzobispos que se sucedie- 
ron en el mando, Don Francisco de la Cueva y Maldonado, Doil 
Juan Escalante y Mendoza, Don Fray Domingo Fernandez Nava-* 
rrete y Don Fray Fernando Carvajal y Kovera etan ricos con graü-' 
des haciendas y bienes considerables. Hasta la clase religiosa sus- 
traída por su instituto de los bienes que gozaban los seculares, viviatí 
en la isla con comodidades de que estaban privados los habitantet^ 
áe la medianía^ 



34 tílSTORlA DÉ SANTO DOMÍNGO: 

El viajero inglés capitán Roberto Boile, que. publicó sus viajen 
en diferentes paites del mundo, describe la capital de Santo Domingo 
con los colores mas alegres, admirando las comodidades y goces de 
sus habitantes y ponderando sobre todo el lujo de los religiosos de 
los conventos. Los frailes y religiosos, dice aquel, viven en la Es- 
pañola con mas lujo y comodidad de la que puedan gozar otros en 
ninguna parte del mundo. 

Es notable otro párrafo de la historia contemporánea del citado 
Boile, porque fija la época en que principiaron los franceses sus 
primeros establecimientos agi'ícolas. ''En estos dias, dice Boi- 
le, van formando los franceses algunas plantaciones en la islar 
en terrenos que se han ido apropiando poco á poco, porque hasta aho- 
ra no hablan sido mas que cazadores y no muy ricos." Esto prueba 
que durante el mando de los Mariscales de Campo Sres. Don Juan 
Balboa, Don Pedro Carvajal, Don Ignacio Zayas Bazan, Don Fran- 
cisco Segura y Don Andrés de Robles que gobernaron desde el 
año de 1G55 hasta el de 1690 principiaron los franceses, á lijarse só- 
lidamente en una parte de la isla, fundando fincas rurales de que 
no hicieron caso al principio los españoles. Esta tolerancia en- 
valentonó naturalmente á los habitantes que reunidos á los filibus- 
teros y bucaneros se atrevieron luego á idear proye otos de inva-' 
gion contra la parte española. Estos fueron realizados de la mane- 
ta que diremos mas adelante. 



■• s."*^- -^ Pt J^' 



^^^ 



1 



£j>pedie¿ón al mando de Mr, DcUslc contra t^antiago de Ion Caballeros,--' 
Su rescate y retirada de los franceses. — M' WOgeron pa^a á París y 
regresa á la isla con nuevas instrucciones^ entre elUí^ la conclusión 
del trato y comerció con los holandeses, — Comienzan las hostilida- 
des y se alista la expedición para la toma de Curazao, — Kau/ragiQ 
de M. WOgeron en la costa de Puerto Rico y su atrevida resolu- 
ción para regresar á Samand, — Restituido á su empleo forma tina 
expedición para salvar los prisioneros de Puerto Rico^ se dispone d 
defender á Leogane amenazado por él Presidente de Santo Domin- 
go^ y pretende conquistar la Capital. — Prepara dos expediciones pa- 
ra colonizará Samand y Tiburón, — Se establecen los filibusteros y 
bucaneros en la primera^ y aument<in su población con mujeres eu- 
ropeas. — Vuelve d^ Oyeron á Francia donde fallece y le sucede M, de 
Poinci. — Sucédele M. de Cussy y principian á regularizar los fran- 
ceses la población en taparte usurpada de la isla de Sa^ito Do- 
mingo. 

®L primer punto á que se dirigieron los filibusteros íñó la ciudad 
gde Sautiago de los Caballeros. Su bella situcion, la fertilidad de 
^ sus campos á orillas del Yaque, la hermosura de sus casas, iglesias 
y otros edificios, su gran comercio de sebos, carnes, cueros y taba- 
cos, y la corta distancia de catorce leguas que median de ella al 
mar, fueron los móviles principales de los invasores. 

Nombró M. d'Ogeron jefe de la expedición á un capitán filibus- 
tero nombrado Delisle, hombre de valor, que se dirigió á Puerto de 
Plata con 500 hombres y de allí á Sautiago. Los habitantes, que uo 
estaban prevenidos, se vieron obligados á retirarse á la ciudad de la 
Vega, y así pudieron los filibusteros matar mucho ganado en los 
campos y causar otros daños en las iglesias y casas particulares, y 
para evitar que la ciudad fuese incendiada acordaron los vecinos^ 
rescatarla por la cantidad de 825000. Se retiraron los invasores y 
continuaron las hostilidades por todos los mares de las Antillas has- 
ta que se celebró la paz de Aix la Chapelle 

Entonces pasó A Francia Mr. d'Ogeron y dio cuenta al minis- 
tro Colbert de los progresos que hacia la nueva colonia; y aunqueí 
este era de parecer que se construyera un fuerte con guarnición co- 
trespondiente, Mr. d'Ogeron le hizo ver que seria inmediatamente 



86 HISTOBU DE SÁKTO DOIUKGO. 

destruido por los españoles, y que pai^ defenderse de sus lanzas uo 
había mejores fortalezas que los montes y malezas. Se le despachó 
nuevo título de Gobernador y regresó «i, Sto. Domingo donde encon- 
tró una abierta oposición á las óidenes de la corte relativas al comer- 
cio con los holandeses^ Acostumbrados los colones al tráfico libre y 
fi-anco, se les hacia nmy duro sujetarse á las restricciones que la 
Compañía de las Indias Occidentales establecía para lo sucesivo. A 
tal extremo llegó la oposición que el Gobernador tuvo que ocurrir 
por socoiTos al comandante general de las islas de barlovento, y lle- 
gó á tal punto su desesperación que propuso al Gobierno se desa- 
lojase la isla para establecerse en la Florida y las costas que ocupa- 
ron posteriormente los ingleses con el nombre de Virginia y Caroli- 
na; y con motivo de esta propuesta declara que había entonces co- 
mo doscientos cincuenta habitantes establecidos en Port Margot, 
Guarico, Port-Paix y Cul-de-Sac, y que la demás gente que no te- 
nía establecimiento era aguerrida y sin hogar. 

Se apaciguaron los ánimos después de varios encuentros, y de- 
cretada una amnistía general, sobrevino la guerra entre franceses y 
holandeses. A consecuencia de este cambio quiso el comandante 
general de las Antillas apoderarse del peñón de Curazao, donde se 
habían establecido algunos holandeses que haeian el comercio con la 
costa firme española, y al efecto envió orden á d'Ogeron para que le 
auxiliase con todos los filibusteros y bucaneros de la Tortuga y cos- 
tas de Santo Domingo. Salió la expedición compuesta de cuatro- 
cientos hombres y de su teniente M. de Poinci. Pero la empresa 
se desgració en la costa de Puerto Rico, á diez leguas de la capital, 
adonde se dirigió M. de Poinci para pedir al Gobernador de la isla 
medios para avisar á M. de Bas, que reunía á los expedicíonaríes 
en la isla de Sta. Cruz. 

Ya tenia el Gobernador de Puerto Eico noticia del naufragio y 
dí6 sus órdenes para retener á los franceses, contestando á M. de 
Poinci que daría cuenta del suceso al Señor Don Andrés de Robles^ 
Presidente de Santo Domingo, y prendiendo á los emisarios. Ins- 
truido de esta ocurrencia d'Ogeron en la costa donde permanecía 
con tres hombres determinados, se apoderó de una canoa y sin velas 
ni remos se arrojó al mar, trasladándose á la costa de Samaná que 
üo estaba distante. Allí le recibieron algunos bucaneros de los que 
estaban preparando carnes en aquellos parajes y en la península. Ma- 
^»ü:rada la expedición é ignorándose en la Tortuga y en Goava, re- 
^ul(íncias del gobierno, el paradero del Goberníidor d'Ogeron, M. 
' lUs que era el Jefe Superior, nombró en su lugar á M. de la 
,.: S've, Poco después logró M. d'Ogeron trasportarse á la Tortu- 
, u«>'le Samaná, y fué recibido con aplausos, porque era muy que- 
' ). \ ¡apuesto luego en su mando* Al punto trató de rescatar á 
M <.^'.í :!í. ^• coiup.uleros prisioneros en Puerto Eico, pero una es- 
' :.i : I li '• pacho con este objeto, fué desbaratada por un hu- 
iii^uü. iaiii.n . puso en movimiento las tropas de su mando, por- 
que supo que el Presidente de Santo Domingo había formado un 
cammo practicable hasta Leogane, una de las primei-as poblacíone» 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO- 37 

de los franceses, con el objeto de atacarla. Entre tanto permane- 
cían prisioneros en Puerto Rico diez y siete oficiales, entre ellos el 
sobrino de d'Ogeron, M. de Poinci, hasta que por mediación de un 
corsario ingles fueron puestos en libertad los filibusteros. Ya se 
habia declarado la guerra entre España y Fi-ancia; pero en Santo 
Domingo no se diferenciaba este estado del de paz, porque las hos- 
tilidades se proseguían allí siempre con el ardor de una causa per- 
sonal, y así fué que M. d'Ogeron se propuso realizar la conquista 
de Santo Domingo. Tomó por modelo el plan que habiau adopta- 
do los ingleses para apoderarse de Jamaica, y era presentarse en un 
mismo momento en todos los puertos ocupados por los españoles y 
bloquearlos A la vez. Envió para ello dos destacamentos á la pe- 
nínsula de Saman«4i y Tiburón, contando con que no dejarla otra sa- 
lida sino por la capital, pero no correspondió el suceso á las inten- 
ciones. 

La expedición fué <lestruida por los españoles en el Fondo de 
Vacas, y fueron muy felices los que escaparon y pasaron á reforzar 
á Samaná, punto ventajosísimo por su bahía y la fertilidad de sus 
terrenos, ya escíyido por M. d'Ogeron como el mas importante que 
pudieran ocupar en la isla. P]mprendió la colonización, nombrando 
Gobernador á M . Fant y tuvo la dicha de recibir un refuerzo de 
mujeres que la casualidad condujo á aquel pueito. Semejanie car- 
gamento, tan apetecible para unos hombres que hablan vivido priva- 
dos de esta sociedad, produjo grande alegría, animándolos á em- 
prender con ardor sus establecimientos agrícolas. No abandonaba 
Mr. d'Ogeron su proyecto favorito de apoderarse de la capital, y para 
plantearlo creyó oportuno pasar á Francia y ponerse de acuerdo con 
el ministro Colbert sobre los auxilios de buques y gente que nece- 
sitaba para realizarlo; peio una violenta disenteiía lo llevó al sepul- 
cro apenas llegó á París. Ya antes habia este nombrado sus suce- 
sores para cualquier caso contingente; el gobierno de Cul-de-Sac 
lo confirió á su sobrino M. de Poinci que ya estaba de regreso, y 
nombró Gobernador de la isla de la Tortuga á. M. de Tarin de Cus- 
sy. Fué entonces que se fundaron y poblaron en la isla algunas 
ciudades y pueblos como el Guarieo, Bayajá, y Puerto Paix, porque 
era manifiesta la rivalidad que animaba á los dos gobernantes fran- 
ceses, bien que M. de Poinci, parecido á su tio el difunto d'Ogeron 
y de mejor presencia personal obtuvo la preferencia y el cariño de 
los colonos. Estos iban extendiendo sus fl'onteras por la parte del 
Norte hasta las orillas del rio Guayubin con estancias y plantacio- 
nes de achiotes, algodones y caña de azúcar, que desde entonces fué 
objeto de preferente cultivo, aunque no abandonaban entretanto 
su primitivo ejercicio de matar reses montaraces y salar carnes. 
Obtuvo M. de Ponici la confirmación de su empleo por el Eey de 
Francia y de allí adelante quedó establecida la colonia y reconcen- 
trada la población, porque el nuevo Gobernador hizo reunir en las 
llanuras del Guarieo á los fianceses que estaban diseminados en Sa- 
maná y otros puntos que hablan sido invadidos por los españoles. 
Este primer viaje á la península de Samaná, (que así se menciona- 



¡58 HISTORIA r>E SANTO DOMINGQ. 

ha aqiiolla jornada eu el país), fué ejecutada bajo las órdenes de 
Maestre de Oampo Don José Morel de Santa Cruz y de otros espa- 
ñolas distinguidos, y el ardor con que se acoinetieíou los combatien- 
tes fué tal' que perecieron muchos franceses en las inmediaciones de 
la montaña redonda, y fueron luego perseguidos hasta la villa del Co- 
tpí.|,Ef^ta ocurrencia determinó á M. de Poinci á reunir los franceses 
en la llanura del Guarico y fortalecer aquella ciudad (que ya habia 
sufrido un ataque délos espaíjoles de Santiago el año anterior de 
1678); pero fué distraído en su propósito en razón del auxilio que le 
pidió en aquelloí§ dias el Conde de Oives, que vino con una escuadri- 
lla á posesionarse de la isla de Tabasco. Los fuegos déla escua- 
dra que se oyeron en la costa redoblaron el celo de las autoridades^ 
de Santiago, que era incesante. Tenían que vigilar toda la costa del 
Norte como lo prueban las óideues expedidas en los años 1679 y 
}680, (1) 



(1) <^Don Gregorio Semillar y Carapuzano, abogado de los Reales Con- 
sejos, Alcíilde Mayor de esta Ciudad de Santiago y Capitán á guerra de ella 
¡& &. Por cuanto anoche como á las ocho me vino aviso de la vigía del 
Puerto de Sosu^ que el miércoles sois del corriente habían oído diez tiros 
hasta las nueve de la mañana, al enemigo francés que de continuo infesta 
aquellas costas, y que así mismo vieron nuestros vigías que salla el dicho dia 
del puerto una balandra pequeña y que fué la vuelta de Barlovento, con que 
§e infiere que la gente de dicha balandra saltó á tierra á hacer caza, como por 
3er la parte tan cercana á esta Ciudad que solo dista de ella diez ó doce leguas, 
prdeno al Alférez Don Francisco del Monte Pidiardo, que lo es de la com- 
pañía pagada de esta costa del Norte, que luego y sin dilación salga con to- 
dos los soldados de su tropa, y vaya á la parte donde hará todas las diligen- 
pias que fio de sus obligaciones para apresar una espía ó dos del enemigo, ha-, 
ciéndole la mayor hosriiidad y daño que pueda alcanzar la fuerza de su gen- 
te, é según el caso lo pidiere y así mismo ordeno y mando al cabo y soldados 
que están en dicha vigía y otras cualesquieras perdonas (jue haya en aquellas 
partes, que todos guarden la orden que les diere el dicho Alférez, y que el 
susodicho obre en todo lo que mas viere que convenga al servicio de Su Ma- 
gestad como quien tiene la ocasión presente; y particularmente que examine 
la parte donde está la dicha vigía, 6 si hay otro parage donde esté nuestra 
gente con mayor seguridad de que se aprese al enemigo, y mas dispuesto pa- 
va ver las embarcaciones que entran en el puerto principal de Puerto de Pla- 
ta ó Sosua ó demás surgideros ó caletas de dicha costa; y para conocer mas 
fácilmente los caminos 6 parages por donde el enemigo puede venir á esta 
Ciudad, lo cual ts el fin para que está dispuesta dicha vigía, y de todo me 
traerá razón con individualidad para en su virtud determinar lo que mas con- 
venga al servicio de S. M. y seguridad de esta plaza. Fecho en Santiago y 
Diciembre 9 de 1G79. — Ldp. (xregorio Semillar y Campuzano." 

"Lf do. Don Cregorio Semiíhir y Campuzano &: &. Ordeno al Alférez 
Don Francisco del Monte Pichardo, que luego sin dilación, siendo la mayor 
ile una hora, salga con la gente de su tropa que se halla en esta Ciudad á in- 
porporarse con laque remití á Sosua y Puerto de Plata para que como su 
Alférez Capitán la gobierne y rija colocando cuerpos de guardia en el mejor 
parage de donde reconozca el navio que se halla surto en aquel puerto y sus 
pmbarciiciones, y las requiera no echen gente en tierra y que salgan de dicho, 
puerto como se ha mandado, y de no hacerlo así les requerirá se hagan á 1í^ 



HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 31) 

Los ténuiíios en que está redactada la diligencia de cnmpli- 
tniento de estas órdenes liaceu patente el celo de las autoridades 
españolas, dejando también fuera de duda que ya en aquella fecha 
obmba el Gobierno francés con energía procurando someter y regir 
á los filibusteros, á quienes denominaba corsarios de la viar^ como á 



vela sin echar mangas de gente en busca de bastimentos ni reconocer el te- 
rreno, y en caso de sentir algún género de hostilitlad y resistencia se valdrá 
de todos los medios de suavidad, si no pudiere resistir después de la oposición 
de armas, en cuyo caso así mismo los milicianos que se hallen en dicho pa- 
rage obedezcan las órdenes del dicho Alférez Capitán; y todo lo anotará por 
ante José García Garces, escribano público; y por 'íuanto tengo ordenado á 
dicho escribano que con el Alcalde registre las personas que hayan llegado 
de dicho parage, vuelvo á repetir la misma orden á dicho Alférez. Capitán que 
lo haga así cumplir cuidando en todo muy en especial que ninguno sea osa- 
do á comerciar, aunque sea con pretexto de cosa leve ni levísinia, en cuyo 
caso confio de tan experimentado y ceU»so cabo del servicio de Su Magestíid, 
y lo mismo en este punto vuelvo á advertir tercera vez íil Alcalde ordinario 
Sebastian Sánchez Infante, á quien hará saber esta orden, que todo convie- 
ne al Real servicio de Su Magestad, fecha en Santiago en 26 de Mayo de ' 
1680 años. — Ledo. Gregorio Semillar y Campuzano.'^ 

<'En cumplimiento de esta orden y de lo que en ella se me previene, lle- 
gué á Puerto de Plata martes que se contaron veinte y ocho de mayo, que 
es en la banda del Norte de esta Isla, y llevando en mi compañía los solda- 
dos que habian quedado en la Ciudad, por haber ido los demás con el Alcalde 
Sebastian Sánchez Infante á dicho puerto donde le hallé y mostré la orden 
que llevaba para dar cumplimiento y su mejor ejecución, y fuimos á la playa 
de dicho puerto y llegado á. ella como alas dos de la tarde del dia referido, vi- 
de dando fondo un navio y dos lanchas en dicho puerto, y luego pusieron en 
dicho navio una bandera blanca en la popa, y en una de las lanchas pusie- 
ron otra y en ella se enj burearon diez ó doce franceses y entre ellos uno nom- 
brado M. Guillermo, y haciemlo yo lo mismo le dije que era el Alférez de 
la compañía de la costa de S. M. y que iba con orden de mi Capitán á gue- 
rra y Gobernador de las armas para hablar con el Capitán del navio, á lo que 
me respondió i|ue venia de orden del Capitán con aquella lancha, para que 
me sirviese de ir á bordo, con lo (^ue me embarqué en dicha lancha, en com- 
pañía del Alí^ahle ordinario y del escribíino José García Garcés y algunos 
soldados, y llegando al dicho navio salió el dicho Capitán & recibirme, salu- 
dándome con umchas demostraciones de buena amistad y urbanidad y lle- 
vándome por la mano A la cámara de ])opa donde nos sentamos, mandó sac^ir 
dulces y vinos, y tomando una taza dicho Capitán, me dijo con mi licencia 
híicia el primer brindis á la salud del Católico Rey de España y del Cristia- 
písimoRey de Francia, para que continuasen las paces celebradas por dila- 
tiulos años para la tranquilidad de sus vasallos, y á este tiempo dispararon 
tres piezas; y haciendo yo el mismo brindis dispararon dos piezas, y habien- 
do estado como un cuarto de hora le dije que con su licencia me iba á tierra, 
Á que me respondió íjue íiiese enhoral^uena, (jue en bajando el sol iria él á 
tierra á merendar conmigo, como lo hizo, trayendo de su navio una merien- 
da muy cumplida de potages, y después paseándonos ])or la playa le dije y 
áí á entender la orden que llevaba, á que me respondió que el navio era de 
guerra de su Rey y Señor, y ípie venia con [)atentes para correr todas las 
ludias á recoger todos los corsarios de la mar l)ajo la obediencia de su Rey ó 
castigarlos, y álos ladroneas de las costas para ponítrlos en obediencia, y (|ue 



40 HISTORIA D£ SANTO DOMINGO. 

)os bucaneros ladrones de la costa. Este navio á que se refiere la 
ficta transcrita debía de pertenecer á la escuadra del Conde de Estrees, 
si no había sido expedido coa anterioridad para el objeto que decla^ 
raba su comandante; pero de uno ú otro modo, traía la noticia de 
las paces celebradas entre España y Francia eu Nímega, la cual pro^ 
movió la toma de la isla de Tabasco. 

Pero estas alternativas de paz y de guerra variaban muy poco 
al aspecto de los negocios en Santo Domingo. Reducida la cuestíoa 
é posesionarse los franceses de los terrenos de la isla y matar reses 
para su comercio; desconocían los españoles esas intermitencias de 
paz y de gnerra. Había paz en Santo Domingo mientras que unos 
ú otros no proyectaba» alguna incursión, porque principiada ésta 
volvía á encenderse una guerra á sangre y fuego, como se ba visto y 
volverá á verse en el discurso dé esta historia. 

Donde se hacían sentir mas efectivamente los resultados de 
esta lucha continua, era en los buques españoles que cruzaban el mar 
de las Antillas y en los puertos del continente, á menudo sor^ 
prendidos por los filibusteros que lo infestaban, saliendo de las cos- 
tas de la Española y la Tortuga. Pero ajustada aquel ano la paz, 
el gobierno francés solo se ocupaba en hostilizar las posesiones ho* 
landesas, contra cuya repüblica se había declarado la guerra. El 
Gobernador General M. de Poincí tuvo orden de auxiliar al Con- 
de de Estrees con todas las fuerzas disponibles, y él mismo se dio á 



M. i W>». - un 



él bo-ber llegado á jaquel puerto ñxé en atención 4 las paces y las patentes que 
trae, y tiene necesidad de aderessar mía lancha y hacer aguada; y el no W 
l)erae ido era por la conjunción de la lupa, y á no haber inconvenientes no 
^e encontrara allí- Yo le pn^gunté si iba á la vuelta abajo á tocar al Gua-» 
rico y me respondió que nó; porque venía de abajo para arriba y que habis^ 
pasado por entre esta Isla y la de la Tortuga, siu tocar en ella, ni en el Gua- 
neo, por rascón de que no se divulgara á lo que venia, porque los corsarios y 
i^vclrones de las costas lo sabrían, y los corsantes se meterían en los puertos 
y caletas, donde no daría con ellos, y me dijo que si fuera 4 correr la costa, 
no me fiara de los atropados, si acaso topara con franceses, menos que no 
mostrasen patente de su Eey y Gobernadores, porque eran corsarios ladro- 
nes los que podía h&ber en la costa; y me preguntó por mi Capitán y le 
respondf que estaba en Santo Domingo, 4 que me dijo, que si había sido 
llamado por el Señor Presidente para ir 4 la banda del Sur á hacer notoria la 
cédula que le había mostrado ^^-qnellas pQblacione3 que hay, y yo le respon- 
df que había ido & un negocio particular que se le había ofrecido; y después 
de haber pasado todo lo que llevo referido, se fué dicho Capitán á su navio, 
quedando yo en la playa con mí gente, con toda vigilancia y cuidado con 
mis centinelas y rondas que eché las dos noches que estuve en la playa, qu- 
f\\é el martes y miércoles, y el jueves, treinta del dicho mes referido al amae 
necer se levó dicho navio, y como Á las doce horas del dicho día llegué con 
mi gente á Sabana Marón, parte eminente ^ la mar hacia Puerto de Plata, 
para ver qué derrotii llevaba dicho navio, el cual no pudimos descubrir por 
no parecer en el mar que se descubría ni á barlovento ni á sotavento- Y 
para que conste donde convenga todo lo referido como pasó, lo certifico y 
firmo de mi nombre en Santiago en cuatro de Junio de 1680 anos,— Don 
Fr^nriaco de) Monte Pichavdo, 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 41 

la vela para secundar al Ccode, pero una tormenta lo obligó á an- 
clar en Puerto de Plata. Se malogró el proyecto y M. de Poinci re- 
gresó con los filibusteros á sus puertos, donde proyectaron nuevas 
empresas. 

Pidieron los filibusteros al Gobernador que en desquite de su 
jnfi-uctuosa tentativa y como para reparar sus pérdidas, se intenta- 
se una expedición contra la ciudad de Santiago de Cuba. Hicié- 
ronse los aprestos y fué aquella confiada á M. de Frauquesnay, que 
en lo sucesivo desempeñó las funciones de Teniente de Bey, Se alis- 
tó la armada y un número considerable de filibusteros se dirigió á la 
banda del Sur de la isla de Cuba, y en una clara noche de luna hi- 
cieron su desembarco al Sudoeste del puerto de Santiago. Como 
no eran prácticos del terreno, al encontrar una montaña se extra- 
viaron y perdieron el rumbo de la ciudad, y dando una vuelta retró- 
gada la vanguardia, vino á topar con el resto del ejército, y enga- 
ñados mutuamente, creyéndose enemigos, trabaron la pelea y dieron 
lugar á que advertidos los cubanos por los fuegos que oian, se apre- 
surasen á reunirse. Persuadidos los franceses que aquellos podrían 
fácilmente reunir hasta cuatro mil hombres, tuvieron á bien volver- 
se á embarcar para la Tortuga. 

Otra partida de filibusteros fué mas feliz en la expedición que 
dirigieron contra Puerto del Príncipe en la costa septentrional de 
Cuba, donde hicieron grande pillage. (1) 

Entretenidos los filibusteros en estas expediciones marítimas, y 
dedicados los haiitantes y hucaneros al comercio, fué consecuente 
que el móvil del intei*es principiase á crear relaciones mas pacíficas 
entre españoles y franceses. A los piimeros se les presentaba la 
ventaja del desembarque de sus efectos y animales, y á los segun- 
dos no solo los medios de enriquecerse sino también la ocasión de 
ir conciiiapdo la voluntad de aquellos y consolidando su posición en 
la isla. Comenzaron los cambios y pronto se activó el tráfico en el 
interior y en las costas. Ya se habían introducido por este tiempo 
muchos negros de los capturados en varios puntos de América, que 
aumentaban la población francesa; y era tal su número que por este 
año sucedió la primera revuelta en las inmediaciones de Port-Paix, 
capitaneada por un negro á quien nombraban Padre Juan, el cual 
después de varios encuentros con los franceses, se hizo fuerte 
con los suyos en una montaña donde permaneció hasta que fué 
destruida su gente por una partida de bucaneros. También acae- 
ció en aquellos dias una conmoción popular con motivo del comer- 
cio y salida del tabaco, pero este movimiento se apaciguó con el arri- 
bo de retorno de la escuadra fiaucesa del Conde Estrees, que venía 
á pedir al Presidente español la entrega de los prisioneros que se 
hicieron en Puerto Eico, á lo cual se negó aquel. El comandante 
de las arrna^ en Santiago no descuidaba sus fronteras acometidas 
por los bucaoeros, persiguiendo la caza de animales y el tráfico con 



^wF 



(1) Los pormenores de este suceso se refieren en las Memorias de la Eeal 
Sociedad Patriótica de la Habana. 



á2 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

los vecinos y libraba órdenes que manifiestan el celo de esa autori- 
dad. (1) 

El Rey de Francia confirmó el nombramiento hecho por d'Oge- 
ron en su sobrino M. de Poinci y desde entonces se hicieron mas 



(1) '^El Sargento mayor Don Antonio Pichardo Vinuesa G^oliemador 
de las armas & &. Por la presente ordeno al Alférez Don Francisco del 
Monte Pichardo, que lo es de la costa, vaya con la gente que le fuese posi- 
ble, tomándola en los hatos poblados y vaya á, la parte de Manzanillos y bo- 
ca del rio Yaciue que entra por a([uella parte, y vea si hay embarcaciones en 
la mar que echen franceses en tierra, y si hubiesen les amonestará se retiren 
á sus poblaciones, con apercibimiento de que de no hacerlo se tomará el ex- 
pediente que mas conviniere para estorbar los daños que sobrevinieren en an- 
dar matando ganados en las partes despobladas, y ver si puede con toda sagaci- 
dad adquirir algunas noticias de los que van por esta Isla á otra part«; y del 
Manzanillo pasará á la parte de Bayajá, y vea dicho puerto con el mismo 
cuidado que lo hizo antes, para dar razón de todo lo visto y entendido; y si 
en alguna ^e las partes despobladas topase alguna persona sin licencia mia 
lo prenderá y traerá pn-so, por haber contravenido al bando que se divulgó 
sobre este puntq, y no consienta (lue ningún extrungero en el tiempo que es- 
tuviere por las partes arriba referidas pase á la Tortuga, aunque diga que 
trae cartas para su Señoría, menos que no vengíí, guiado, y que no se tenga 
trato con ellos, so pena de perdimiento de bienes y de que se castigarán los que 
cogiere en conformidad de los mandatos de su Señoría el Sr. Presidente y 
Capitán General Don Andrés de Robles, caballero de la Orden de Santiago, 
y mando y ordeno á las personas que notificare dicho Alférez, vayan con él 
alas partes que lleva encargado, que le obedezcan y guarden sus órdenes, cOt 
mo las mas propias en las del servicio de Su Magostad. Fecha en Santiago 
pn 24 de mayo de 1()8G." 

Hay otra orden concebida on estos términos: "El Capitán y Sargento 
mayor Don Antonio Pichardo y Vinuesa á cuyo cargo está el Gobierno de 
las armas en esta frontera, Por la presento ordeno al cabo Francisco Fer- 
nandez vaya y coja toda la gente que hubiere en los hatos desde este lugar 
para abajo, pena de la vida, y á los que notifícare, so la misma pena, que 
cumplan con lo mandado, porque así importa al servicio de Su Magostad 
poniendo toda diligencia como el caso lo requiere y habiendo cumplido con 
pila me vendrá á dar cuenta. Fecho en Santiago eu veinte de Febrero de 
mil seiscientos ochenta y seis. — Antonio Pichardo y Vinuesa. — Después do 
haber escrito esta ordeno al Alférez Don Francisco del Monte que lo es de 
la costa, cumpla con lo que le tengo encargado á boca porque así importa al 
servicio de Su Magostad y todas las personas que notiiicare dicho Alférez, 
obedezcan sus órdenes, pena de la vida y traidores al liey. — Antonio Pi- 
chardo. 

El año siguiente se doí^pachó también la que sijíue: '*E1 Sargento ma- 
yor Don Antonio Pichardo Vinuesa Gobernador de las armas eu esta Ciudad 
de Santiago délos (Caballeros y su frontera. Por la presente ordeno ?il Alfé- 
rez Don Francisco del Monte Pichardo que lo es de la costa vaya en confor- 
midad del mandato de S. S, el Señor Presidente Don Andrés do Robles, ca- 
ballero de la Orden de Santiago, (lobernador y Capitán General, á los luga- 
res que están poblados de los franceses y entregue los pliegos al Gobernador 
de dichos franceses ó sus tenientes y tome recibo df* su entrega y reconozca 
con la mayor exactitud el estado en qu(í se hallaren sus poblaciones, procu- 
rando saber así mismo de los Piratas, á donde están, y de qué parte ha veni- 
do el pirata Lorenzo y Agramon, y si han hecho algún robo y en ([ué parte, y 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO, 43 

frecuentes el trato y comunicación entre los fraceses y los españoles, 
balagados estos por las ¿utilidades que reportaban. Pero los jefes, 
siempre celosos, velaban por la conservación, del territorio auuque 
los franceses procuraban siempre extender sus posesiones de las lla- 
nuras del Guaneo que ya tenían fomentacjí^s con varias^ babitacio- 
pes cerca del rio Guayubin. También procuraban los franceses for- 
talecerse, porque recordaban que el ftño pasado de 1678 sufrieron 
mucho con la entrada y escaramuzas de los españoles, bien que ya 
piediaban entre ellos comunicaciones oficiales como lo demuestran 
varios documentos. (1) 



si tienen intención de hacernos ftlgun perjuicio los pobladores franceses ó de 
apoderai-se de toda la Isla, para dar cuenta á Su Señoría el Señor Presidente, 
lo cual hará el Alférez con toda cordura sin darlo á entender, antes bien sea 
pon mucho secreto, como se espera de sus buenos procedimientos y conoci- 
miento de las poblaciones de dichos franceses, por liaber ido otras dos veceQ 
en cumplimiento de lo mandado por el Señor Presidente, Dado en Santia- 
go de los Caballeros en veinte y seis de ]ííovierabre de mil seiacientos ochen- 
ta y siete.T-Antonio Pichardo Vinuesa." 

(1) *'E1 Sargento mayor Don Pedro Pérez Polanco & &. Por cuanto 
BU Señoría el Señor Presidente Maestre de Campo Don Francisco Segura 
3andt)val y Castilla Gobernador y Capitán General me tiene mandado y ad- 
vertido haga el despacho del Licenciado Don Juan Bautista Escoto que va 
á llevar \xt\ pliego de su Señoría ej Señor Presidente á la Isla de ja Tortuga 
á su Gobernador M. de Poinci ó á la persona que estuviere en su lugar en 
conformidad de lo dispuesto por S. S. ordeno al Alférez Don Francisco del 
Monte Picliardo que lo es pagado de las costa» del ^orte por Su Magestad, 
que luego sin dilación salga de esta Ciudad con toda la gente pagada de su 
compañía y con las demás que se le liayan agregado de las compañías mili- 
cianas, llevando en su compañía al dicho Ledo. Don Juan Bautista Escoto, 
á quien coij la mayor seguridad de su persona que sea posible ha de procurar 
introducir con los franceses y continuar y llegar á los puertos y costas de la 
banda del ííorte, siendo la parte donde ba de hacer esta diligencia desde el 
Puerto de Plata para abajo hasta el Puerto de Bayajá, de donde no pasará, y 
llegando á cualquier puerto donde halle franceses el dicho Alférez Don Fran- 
cisco del Monte, hará del modo que se pueda, embarcar al dicho Ledo. Don 
Juan Bautista Escoto y también hará testigos de como lo deja embarcado en 
efecto, y como se llama el francés que estuviere por Capitán ó cabo de la em- 
barcación en que fuere, del nombre del navio ó lanclion, no consintiendo que 
ninguna persona de ningún estado ni cali (bul que sea, se embarque sino so- 
lamente el dicho Licenciado Don Juan Bautista Escoto: todo lo cual obrará 
el dicho Alférez Don Francisco del Monte con hi sagacidad y buen celo que 
se tía de su persona y crédito en el servicio de Su ISIagestad, dejando á su 
disposición y buen acuerdo todo lo que se ofi'eciere obrar al mejor acierto de 
este intento; que es fecha en la Ciudad de Santiago de los Caballeros en vein- 
te y dos dias de} ipes de Julio de mil seiscientos ochenta. — Don Pedro Pé- 
rez Polanco." 

Esta comisión parece que fué desempeñada cumplidamente según lo 
acredita oficio del Presidente Gobernador y Capitán General que dice: 
"Estimo en mucho el cuidado y buena diligencia con que Ud. ha obra- 
do en la introducción de Don Juan Bautista Escoto, y lo tendré muv 
pn mi memoria para las ocasiones que se ofrezcan de sus aumentos. Siem-. 



44 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Estos documentos y otros muchos que poseo relativos á sorpre- 
sas de los buques filibusteros, conducción de provisiones, asaltos 
en la costa j' otras expediciones militares, persuaden que á la vez 
que se continuaba con eficacia en la defensa de los terrenos inva- 
didos, los franceses bajo la dirección de un militar como M. de 
Poinci que al valor unia una firmeza y experiencia poco comunes, 
iban ganando ten*eno particularmente al Oeste que estaba casi 
despoblado. Pero aquel jefe salió para Francia el ano siguiente 
de 1681 y á su regreso murió sentido de todos por las graves circuns^ 
tancias en que se encontraban. Eran pocos los bucaneros porque 
con el cebo de las presas que se baciau en los mares, todos se dedi- 
caban al corso y las expediciones marítimas, y el Teniente de Eey 
M. de Pranquesnay que habia sucedido en el mando tenia poco in- 
flujo; de modo que para complacerlos adoptó por primera providen- 
cia el ataque y asalto de Vera Cruz en la costa de Méjico, para lo 
cual nombró de jefes á los célebres filibusteros Granmont Wandhorn 
y Lorenzo Graff. Asaltaron estos en efecto el castillo de San Juan 
de TJláa, saquearon la ciudad y habrían pasado á los habitantes por 
el filo de la espada á no haberse encontrado en Vera Cruz el Arzo- 
bispo de Puebla en visita de su diócesis, el cual obtuvo el perdón 
á condición de que se entregaran á los piratas dos millones de pe- 
sos. El uno de estos fué pagado, pero se salvó la otra mitad que 
debia reunirse en las provincias y pueblos del interior, porque se 
avistó la escuadra española y coixió la noticia que el Virey se acer- 
caba con fuerzas superiores al socorro de Vera Cruz. Los filibus- 
teros que no quisieron verse entre dos fuegos, se retiraron con su 
rico botin, dirigiéndose para repartirlo á sus dos cuarteles de la Tor- 
tuga y Petit Goave en Santo Domingo. 

Llegó en aquellos dias el nombramiento á M. de Cussy, confir- 
mando la corte el que habia hecho años antes M. d'Ogeron, y el 
nuevo Gobernador se trasladó sin pérdida de tiempo de Petit Goa- 
ve al Guarico, que adelantado ya en edificios, habitaciones rurales 
y fuertes, pronosticaba que seria la capital. En ella fijó su residen- 
cia, descuidando las antiguas capitales de la Tortuga y Petit Goave, 
donde posteriormente se fundó el Puerto del Príncipe y allí recibió á 
los primeros comisionados de la corte, caballeros de San Lorenzo y 
á Mr. Begon, nombrado por el iley para que de acuerdo con el Go- 



pre tuve mucha cotiftanza tendría buen suceso el despacho de dicho Licen- 
ciado corriendo por su mano, como quien se esmera en el servicio de Su 
Magestad. En cuanto á la compañía de la costa y cómo se han de portar en 
ella, aviso 6, su Capitán y también al Gobernador de las armas. Está muy 
bien el que se aguarde el aviso de donde ha de desembarcar el dicho Ledo. Es- 
coto y teniéndole avísemelo luego para que yo dé la orden que se ha de ob- 
servar. En cuanto á la carta que Ud. dice había escrito a] tiempo del des- 
pacho del dicho Ledo., la recibí y no respondí á ella por juzgarle estaba fuera 
de dicha Ciudad, porque no se perdiese. Siempre uie tiene Vd. con seguridad 
de procurar sus aumentos por lo mucho que merece con el buen celo con que 
sirve al Rey. Nuestro Señor guarde á üd. muchos años. Santo Domingo 
y Agosto 19 de 1680 anos. — Don Francisco de Segura." 



mSTOBIA DE SANTO DOMIKGO. 45 

bernador estableciesen el debido orden conteniendo los abusos y 
demasías que babian basta entonces escandalizado al mundo, y or^ 
ganizando las corporaciones, empleos y demás conducente á for- 
mar una colonia civilizada. También venian encargados de exami- 
nar un proyecto de invasión contra la Nueva Vizcaya, propuesto por 
el Conde de Peüalosa, ofendido con el Gobierno. Pero estando los fi- 
libusteros y bucaneros ocupados en empresas agrícolas, formando ha- 
hitacíoneSy se estimó perjudicial inquietar las buenas inclinaciones 
de unos hombres que habían sido tan turbulentos hasta entonces, y 
que ya daban pruebas de tranquilidad y aplicación al trabajo. Es* 
tablecieron entonces los primeros Concejos, y por cuantos medios tu- 
vieron á su alcance, construyeron ciertas naves á propósito para in- 
vadir las costas, que asaltaban con frecuencia- 

El filibustero Lorenzo Graff, después de su expedición á Cam- 
peche en unión de Granmont, se retiró de su lyercicio y obtuvo 
ciertas gracias de la corte y su naturali/^acion con el empleo de Sar- 
gento mayor. Fué uno de los filibusteros mas distinguidos por su 
valor y extraordinaria serenidad, que le captaron siempre el respeto 
y la sumisión de sus companeros. Habia casado con una española 
nombrada Doña Petronila de Guzman según lo explicaba el diplo- 
ma del Eey de Francia. Era de origen holandés y habia servido 
anteriormente al Eey de España. La gracia concedida á Lorendllo, 
diminutivo con el cual fué siempre conocido Grafif, y á su compañe- 
ro Granmont, que también fué dispensado, tenia por objeto regulari- 
zar la marina francesa de América bajo las órdenes de estos dos 
hombres singulares por su valor, para hacer frente á las galeras es- 
pañolas que hacian mucho daño en las costas habitadas por los in^ 
trosos. En estas circunstancias acabó el año de 1688. 




t}rdena la corte de Francia lu toma de la isla.-— Progresos de la agriínii- 
tura. — Insurrección de M» Clievalier.-^ Ataque de Santiago de los' 
Cahalleros.-^Saqneo de la ciudad y retirada de los franceses. — Propú 
ne M. de Cussy la toma de toda Id, isld.-^Venganzd de los españoleé 
en la batalla de Sabana Real de Limonade, — Se retiran los franceses 
al Cul^de-Sac y se emprende otra expedición á Ouaba,—^ Sucede en el 
mando Mr. Duma^ y 'corrige los desórdenes, — Devuelve Mr, Decasse 
los prisioneros españoles al Gobierno de la Habana, — Terremoto de 
Jamaica y saqueo de los fllibusteros.—^Los ingleses y españoles de a^ 
cuerdo invaden y destruyen el Onarico, y sitian d Fort Pai^, — Temo, 
res de Mr. Decáese, — Nombramiento del caballero d^Angiers; presas 
que hizo su escuadra en el mar de las Antillas y su regreso á Fran- 
cia. — Gobierno de Mr, Gallifefé, incursiones de los franceses en el 
territorio español. 




OTOS los tratados de pa^ celebrados en Nimegá, retiró sus órde- 
nes el Gobierno francés á principios del ano 1689 para que el Qo- 
^ bernador invadiese el territorio español. En despacho de 13 de" 
Enero decia lo siguiente: 

"Teniendo el Rey mas que nunca a la mira el proyecto de apo- 
"derarse del territorio español, podréis creer que no ejecutareis en la 
"vida una empresa mas grande, y contad que si lo conseguis obten- 
"dreis las gracias de Su Magestad, con el Gobierno de la Ooloniay 
"que os será concedido; y así se os previene informéis de las medi- 
"das que se hayan tomado sobre este asunto." 

Entretanto una compañía francesa autorizada al efecto haciií 
el comercio de negros y los introducía en la isla, poi* cuyo medio se 
iban aumentando de día en dia los establecimientos agrícolas; pero* 
el reglamento de aquella dio causa á muchos clamores y ala insu- 
iTeccion promovida en el Gtiarico por un francés nombrado M. 
Chevalier, y apaciguada por el celo y diligencia del Goberaador M; 
Cussy y sus tenientes M. de Fontenoy y M. Dumas. 

Los filibusteros que íiun conservaban algunos buques solicita- 
ban licencias para invadir los puertos españoles del continente, perrf 
el Gobernador aprovechando sus deseos y queriendo obedecer las 
insinuaciones de la corte, hizo ver que ninguna empresa seria tan 
útil ni laudable como la de apoderarse de Santiago de los Caballe- 
jos, ofreciéndoles ir él mismo en persona á su cabeza. Convinieron» 



tílStOÜIA VK SAÍí'ÍO DOMINGO. i1 

en ello y el Gobernador reunió y liabilitó cutrocientos cincuenta in- 
fantes, igual números de caballería y doscientos negros (conducto* 
tes de los bagajes. Revistólos luego en la sabana de Liniouade y 
partió con ellos dirigiéndose al interior hasta llegar al rio Guayubin. 
De allí despachó una guardia avauzada para que soiprendiera las 
vigías españolas que tenian su puesto en el hato de Jaibon (de la 
propiedad de la familia Morel de Santa Cniz)j pero se engañaron, 
porque dias antes se habían situado las vigías en el hato de Gurabo, 
(de los del Monte), como puesto mas conveniente. Allí fueron avis- 
tados los franceses que hicieron mucho <laño en los ganados, lo 
mismo que en el tercer cuartel, que fué el hato de Mao (de los Te- 
jadasjj pero entonces divisaron una partida de hombres á caballo si- 
tuada en el paraje nombrado Portezuelo, á quienes persiguieron 
por un gran espacio. Reconociendo entonces M. de Cussy que ya es- 
taba descubierto su intento de sorprender & Santiago y que no era 
posible apoderarse de la ciudad á mansalva, creyó acertado enviar 
á su Secretario M* Boyer en clase de parlamentario, proponiendo 
un desafío que terminase la cuestión que se mantenía hacia ya tan- 
tos años. M. Boyer era ya anteriormente conocido de los españo- 
les á causa de varias negociaciones particulares que hablan media- 
do con él y no tuvo dificultad en cumplir su misión, enarbolando un 
pañuelo blanco en señal de parlamento al llegar á la Laguneta de 
Hamina (hato de los Contreras y Rodrigiiez). Un teniente espa- 
ñol, que no se designa, fué el que salió á su encuentro^ el cual asom- 
brado de la conducta pérfida del Gobernador M. de Oussy, que con su 
invasión quebrantaba las treguas celebradas, al escuchar la propo- 
sición del enviado de que se concertase un desafío, contestó que no 
habia tiempo bastante para ir á Santo Domingo y dar cuenta del 
reto, pero que el Gobernador de Santiago Don Antonio Pichardo 
Vinuesay no dejaría de venir á contestarle y tendría muchísimo gus- 
to en medir sus armas con las suyas, porque no habia un español 
en la isla que no estuviese dispuesto á sacrificarse por el Rey de 
España, para probarle su celo y fidelidad* No esperaba el francés 
tan arrogante respuesta, pues habia reunido aquellas fuerzas con- 
tando con que los españoles abrumados, y las tropas de Santo Do- 
mingo sin paga, se entregarían sin resistencia al gobierno francés. 

El oficial español que se expresó con tanta energía, pasó á re- 
petir su contestación al mismo General; fué muy celebrado y rega- 
lado por M. de Oussy y su estado mayor, y regiesó luego á San- 
tiago, acompañado de una escolta mandada por M. Boyer, á cuya 
galantería contestó el oficial prometiendo que en lo sucesivo barian 
sus compatriotas de otra manera la guerra .4 los franceses. El ejér- 
cito enemigo siguió su marcha (en Sabana sin provecho) divisó al- 
gunas partidas de las nuestras y continuó luego hasta Yaque (hato 
de los Pichardos). Pasaron el rio el dia 6 y de repente se \ieron aco- 
metidos por el costado en un lugar llamado la Herradura, y que des- 
de entonces conserva el nombre de la Emboscada. El acometimien- 
to fué horroroso: de una parte y otra se peleó con valor, hasta poner 
en grave conflicto á M. de Oussy que mandaba el centro, muriendo' 



48 fílSTOtltA ÜE SAN^O DOMINGO. 

tniichos oficiales. Era el lauee tan empeñado, que á veces tenían 
loa fusileros que recular algunos pasos para poder asestar sus tiros. 
Cedieron al fin los españoles por su corto número y lo inesperado 
del asalto, volviéndose por la cuesta de Ealkel, mientras que los 
franceses entraban en Santiago. Ya se babian retirado las familias 
á sus habitaciones del campo y la ciudad estaba desamparada y las 
iglesias abiertas, cotno también muchos almacenes de harina, maíz 
y cazabe, cuyo abandono dio lugar á que creyesen los franceses que 
estos víveres estaban envenenados, y bajo este pretexto que pare- 
ció suficiente, saquearon la ciudad durante veinte y cuatto horas, 
con excepción de las iglesias, y salieron de ella procurando pasar 
cuanto antes los rios Yaque, Hamina y Mao, cuyo desborde temian^ 
Pasaron por un hato que no se denomina y que yo creo que seria 
Jaitahon^ á un lado del Hamina, donde fué perseguido el ejército 
en su retirada* El dia 10 llegaron á Gurabo donde reemplazaron 
BU caballería con las hermosas bestiadas que se criaban en aquel 
hato, abandonando sus caballos fatigados; se pioveyeron de carnes 
para muchos dias, y cruzaron el rio Guayubin, que ei*a el límite que 
pretendían los franceses, y allí permitió M. de Cussy que se desban- 
dase el ejército para sus diferentes posesiones, deijando consigo lo» 
hombres necesarios para conducir á los heridos hasta Bayajá y el 
Guarico. 

Inmediatamente escribió M. de Cussy al Ministro de {"rancia 
refiriéndole el resultado de la expedición y le proponía á la vez apo- 
derarse de la capital, porque apresada esta era probable que 
se sometiesen los demás pueblos y ciudades sin experimentar pér- 
didas parciales como las que acababan de sufrir, y que esta expe- 
dición la creia mas acertada si se ejecutaba por el mar. 

La noche que pasó en Santiago el ejército délos franceses, supo 
M. de Cussy que los ingleses se hablan apoderado de la isla de San 
Cristóbal y que los emigrados se dirigían á la nueva colonia, y esa 
favorable ocurrencia fué de mucho contento para el Gobernador, 
porque entonces se establecieron los recien venidos en toda la llanu- 
ra del Guarico, y se aumentaron los establecimientos agrícolas é in- 
dustriales. 

No era posible que los españoles hubiesen sufrido con indife- 
rencia la última invasión, y no eran los vecinos de Santiago los me- 
nos resentidos. La ciudad habia sido saqueada y perjudicadas sus 
ganaderías y ya ansiaban vengar la ofensa. Pidieron licencia al Ca- 
pitán General para invadir las posesiones francesas, y este jefe, el 
Almirante Eeal Don Ignacio Caro, y su sucesor el maestre de 
Campo Don Gil Correoso Catalán delegaron las fiínciones de gene- 
ral en jefe de la expedición en Don Francisco Segura y Sandoval, 
el cual se trasladó á los puntos donde se preparaba el armamento de 
mar y tierra, y organizó el plan de ataque nombrando los jefes. En- 
tre estos fué designado Don Francisco del Monte que desde que apa- 
recieron los franceses en la isla se habia distinguido en su empleo 
de Alférez. Se le despachó entonces el nombramiento de Capitán 
de una de las cincuentenas como lo demuestra el despacho conte-^ 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 49 

nido en los documentos. (1) 

Quedó vacante el empleo de Alférez del tercio de Santiago por 
el ascenso de Don Francisco del Monte Pichardo á capitán, y éste 
sin pérdida de tiempo procuró este puesto para su hijo. (2) 

Salió al fin la expedición de Santiago, y la armada de Puerto 
de Plata, pero fué divisada por algunos de los bucaneros, que cazando 
por las costas oyeron los cañonazos y vieron grandes naves á diez y 
íX5ho leguas de la orilla. Comunicado este aviso á M. de Oussy pu- 

(1) "El lütaestre de Campo Don Francisco Segura Sandoval y Casti- 
llo cabo principal y general del ejército que se lia formado para el desalojo de 
los enemigos franceses que estáu poblando en la banda del Norte de esta Isla, 
elegido y nombrado para ello por el Real Acuerdo formado de los ministros de 
la Real Audiencia y de su Presidente el Señor Don Ignacio Pérez Caro, que 
me da todo su poder y veces para que haga y mande todo lo anexo y depen- 
diente. & á\ Por cuanto me ha representado el Capitán Don Cristóbal de 
Moya que lo es del tercio de esta Cuidad de Santiago y demás lu^íares de la 
tierra de adentro de esta Isla que se halla imposibilitado por enfermedad muy 
grave, que es público y notorio en esta Ciudad, y á mí me consta y he visto, 
de poder seguir el ejército á la función que será á hacer el desalojo de los 
enemigos franceses y ser necesíuio nombrar personas de las prendas, calida- 
des y servicios que se requieren píira que vaya por Capitán de la dicha com- 
pañía; me ha parecido nombrar como por la presente elijo y nombro al Alfé- 
rez Don Francisco del Monte Pichardo para que como tal Capitán gobierno 
la dicha compañía, por concurrir en él las partes, calidad y servicios, y aten- 
diendo al vivo deseo con que se halla de emplísarse en el servicio de Su 
Magestad; y ordeno al Sargento Mayor, Capitanes y demás oficiales del ter- 
cio le tengan y reconozcan y guarden las ])reennnencia8 que por tal Capitán 
le deben ser guardados, todo bien y cumplidamente, sin íjue le falte cosa al- 
guna según se hizo y se guardó al Capitán Don Cristóbal de Moya y Arejo 
y demás Capitanes, y mando que los soldados y oficiales de la dicha compa- 
ñía, hayan, tengan y reciban por tal Caj)itan de infantería y obedezcan vues- 
tras órdenes; que no os pongan ni consientan poner impedimento alguno á 
su uso y ejercicio; y el veedor y contador de este ejército tomará razón de 
este nombramiento y le acudirá con el sueldo queá los demás Capitanes de 
la dicha facción, en la misma forma y manera, para lo cual mandé despachar 
la presente firmada de mi mano, sellada con el sello de mis armas y refi'en- 
dada de mí infrascrito Secretario. Fecho en la Ciudad de Santiago de los 
Caballeros en treinta del mes de Entero de lüOl. — Don Francisco Segura 
Sandoval v Castillo. — Por mandado de S. S. — Francisco EeboUar. 

(2) ^*El Capitán Don Francisco del Monte Pichardo que lo es de una 
de las compañías de la milicia de esta Ciudad de Santiairo d(» los Cal)alleros, 
tierra adentro de esta Isla Española, dice: (juo se lialla sin Aifi'rez que sirva 
su compañía, por cuanto yo que lo era, se sirvió S.S. el Presidenti} Almirante 
de la Armada líealde Barlovento, Gobernador y Cajiitan Ceiicral de esta Isla 
Don Ignacio Pérez Caro, despacharme título de tal C/a]ñtan y i)or haber hecho 
dejación el Alférez mayor Don i^'rancisco Muñoz de Guzman; y ponjue Don 
Leonardo del Monte Pichardo es pers4)na en quien concurren las calidades 
necesarias para que sirva y ejerza diclio oficio, lo nombro Alférez de dicha mi 
compañía y á V. S. pi<le el suplicante se sirva do lial)erle por nombrado en 
dicho oficio, íirmando este nombramii'nto de que recilviré merced «S: &. — A- 
pruebo este nombramiento y siéntesele la plaza como á los denjás oficiales de 

BU compañía. — Gil Correoso Catalán. 






60 HISTORIA D® SANTO DOMINGO. 

80 eu armas á toda la colonia y dirigió sus guardias avanzadas al 
camino de SHUtiago^ y estáis le noticiaron luego que babian descu^ 
bierto una gran partida de caballería haciendo alto en una sabana^ 
Era el ejército de Santiago que auxiliado de algunas naves iffgíesas* 
iba á vengar la ofensa reciente^ En la costa desembarcaron seis- 
cientos lanceros de los roas esforzados y los fusileros y la caballería 
fueron á reunirse á los primeros en la sabao» de la Limonade á & 
leguas del Ouarico^ regidos por el Señor Segura y los tercios por 
los capitanes Don Pedro Morel de Santa Oruz^ Don Pablo Tejada 
de Amezquíta, Don Pedro Polanco, Don Francisco del Monte Pi- 
cbardo, Don Antonio Mi niel^ Dou Antonio Picliardo Vinuesa, Don 
Baltasar Vrtlafaüe y otros sujetos distinguidos. No sabian qué 
partida ton^r los do» jefes de la colonia M. de Oussy y M. de 
Franquesnayr El uno queria esperar k^ batalla emboscado en Baya- 
já y Jaquesí; y el otro ir al encuentro de las tropas en la misma sa- 
bana de la Limonade^ 

Prevaleció el último dictamen y los dos jefes con todos los^t- 
husteroSy Incaneros y liaMtantes se presentaron en el campo sin qu& 
se exceptuasen ni aun los oficiales civiles. El encuentro fué san- 
griento, porque siendo las fuerzas iguales era preciso que se pro- 
longara la acción. Continuó esta por mucho tiempo, con sólo 
las armas de fíiego^ ciando le ocurro al capitán de lanceros Don 
Antonio Minrel mandar á los de su compañía que se acostacen boca 
ab^jo, detrás áer una compañía de filsiferos, y sobre una descarga 
mandó levantar su gente y embestir lanza en mano. El conflicto fué 
terrible: perecieron franceses á centenares y todo el campo quedó 
sembrado de cadáveres en menos de una hora. Desbandado y sin 
érden el ejército francés, cayeron en el campo el General Goberna- 
dor M. de Oussy, eí Teniente de Eey M. de Pranquesnay, los capita- 
nes M. de Mareland, M. Coqueré, M. Remosin, M. Beneval, M.. 
Gamacet, Leyterel, Promenade, Peatan y Buteml, y mtiríeron tam- 
bién los consejeros y senescales, y el comandante de artillería M. 
de Franaroy* Lsk venganza de los espaiíoles fué completa, porque 
además de los que hemos meneionado murieron treinta oficiales, y 
como seiscientos soldados, huyendo despavorido el resto del ejérci- 
to. (1) De nuestra parte hubo que lamentar la pérdida de muchos^ 
soldados, la del capitán Dotí Baltasar de Villafane, el Alférez Don 
Pedro del Monte y algunos otros, pero el triunfa fué completo. 
Dueños los españoles del campo se esparcieron por todas partes e» 
persecución de los franceses* Destruyeron los establecimientos' 



( I ) Un poeta español, natifral de Sto. Dominp^íV v progenitor del Dr. Dott' 
José Manuel MoriUas, Catedrático de la Universidad de la Habana y abogado» 
acreditado de la Real Audiencia Pletorial, Don- Francisco Mórulas, cantó este- 
triunfo en un distico que decia: 

Que para sus once mü 
Sobran nuestros" euairocientos. 

Supone una desigualdiad' notable entre una y otra fuerza; pei'o'yo ih^atengo» 
alo que resulta de los documentos yft citados y no creo tnat» la diferenciar 




ftiStOttlA bia SÁÑTO doíiiNgo. 51 

«Igrícolááy sé dirigieron al Guarico y quemaron la ciudad, llevando 
á Santiago prisioneros mujeres y niüos. El terror que causó esta 
invasión, hizo que los fiauceses desampararan los puestos que oca* 
paban en el Norte y se concentiaran en el Oul-de-Sac. donde se 
formaba una población que mas tarde ftlé detiominada r uerto del 
Príncipe. Los españoles entre tanto volvieron á sus hogares car- 
gados de despojos. Uno de los documentos que conservo dá idea 
de este combate, y está certificado por uno de los jefes que raan-^ 
daron en esta acción. (1) 

Eligieron los fi^anceses por Gtobernador en Puerto Paix á M* 
Le Olere de la Boulage sobrino del difuiitx> M. de Oussy, y este jefe no 
meditaba otra cosa que vengar la muerte de su tio. Reunió el resto 
de los filibusteros para ir á quemar las ciudades y pueblos centrales 
del partido de Ouaba^ y se dirigió por las montunas de la Puerta, 
pei-o sobrecogida su tropa del pánico de que estaba poseída desde 
kk última catástrofe, se desertaron diciéndole á su jefe que ellos tío 
iban á sacrificar y exponer el resto de los habitantes de la colonia, 
por ir á quemar unos bohíos^ y que era mejor retiiurse y reparar sus 
perdió) como^lo hicieron. Supieron los españoles el proyecto y el 
Almirante Beal comisionó sin perder tiempo al Maestre de Campo 
l>on Pedro Mórel de Santa Cru2 para que pasase á la banda del Sur 
con cuatro mil hombres. Se llevó á cabo la expedición; pero instrui- 
dos de que los franceses nada hablan hecho se retiraron á Santiagos 
De otra manera se condujo el Teniente de Eey de Oül-de-Sac en 
quien recayeron las funciones de Gobernador General, que era M. 
Dumas. Comisionó á LorencÜlo que bajo su apellido de M. Gra£f 
mandaba en el tercer punto déla colonia que era la isla de Vacas, pa- 
ra que con trescientos filibusteros y otros habitantes, recorriese la 
eosta y se trasladó al Guarico cuyo teíti torio encontró desolado, y 
los campos sin mas habitantes que los fugitivos de Puerto Beal, los 



(1 ) ^<E1 Teniente Coronel Don José Félix Bobles y Losadü, entrete- 
nido en el presidio de la Ciudad de Santo Domingo y Teniente de Gol)erna- 
dor de las armas &. &. Certifico en el modo que puedo como habiéndose 
por el año pasado de 1691 formado pié de ejército para el desalojo de los fhin- 
ceses que están poblados en la banda del Norte de esta Isla, cujo Cabo Gene- 
ral fné el Maestfe de Campo Don Fi'ancisco de degufa Sandoval y Castillo, 
Gobernador y Capitán General que habia sido en esta Isla Española, en que 
faé por Capitán de compañía de mosqueteros pagados, conocí y vide al Capi^ 
tan Don Francisco del Monte Pichardo, qtte lo ei'a de una de las compañías 
milicianas de las del batallón de esta Ciudad que fueton el pié de ejército pa- 
ra el efecto referido, y que en el encuetTo que se tuvo en Sabana Éeal el día 
veinte y uno de Enero de dicho año, se port<$ el dicho Capitán con todo valor 
y esfuerzo, y habiendo vencido al enemigo y entrado en las poblaciones del 
Guaneo, en el tiempo qne estuvimos en ella quemando y talando, fué asocia- 
do con su compañía á diferentes funciones, y en todas cumplió con las o- 
bligaciones de su sangte y cargo hasta que nos retiramos á esta Ciudad, y en 
ella he visto al Sor Don Leonatdo del Monte Pichardo, hijo de dicho Capitán 
Don Francisco, de Alférez, y en los puestos políticos y de república de Al- 
éald^ordinarío y Alguacil Mayor y otros empleos, y el de Teniente Coronel 
en que ahora queda, habiendo cumplido con todo ceío y actividad &." 



52 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

cuales se babian entregado al mayor desorden pillando los restos que 
dejaron los españoles, la ciudad abandonada porque aun no babian 
regresado los que buyeron á los montes, y toda la población en com- 
pleta anarquía. En tan triste estado tomó las riendas del gobierno 
M, Dumas, y principió por hacer restituir á cada uno lo que probó 
ser suyo, nombrando para este objeto un juez y un procurador ge- 
neral que administrasen justicia en lugar del parlamento ó Audien- 
cia, por no haber escapado con vida ninguno de los que la compo- 
nían. También nombró oficiales militares y escogió para estos car- 
gos á los habitantes de mas reputación; fomentó con celo la cons- 
trucción de casas nuevas en el Guarico, con otras providencias de 
policía. 

Eevistó todo el distrito de su gobierno y formó las milicias, y 
por último instaló en el mando á M. de la Boulage, y se disponía 
á partir para su residencia de Oul-de-Sac, cuando llegó una nave 
conduciendo 300 emigrados de la isla de Santa Oruz á quienes ha- 
bía dado pasaix>rte M. de Blenac. Mas humano M. Dumas los 
recibió con agrado, y los distribuyó en las habitaciones que menos 
hablan sufrido, siendo los brazos de no poca ayuda para principiar 
el fomento de una población agrícola como ^iquella. 

M. Ducasse habia sido agente de la compañía del Senegal y 
tenia vastos conocimientos de la isla; estos fueron los títulos que se 
tuvieron en consideración para nombrarlo sucesor de M. de Oussy. 
El se penetró muy pronto de las graves dificultades de su posición 
y reconoció que lo mas difícil de su gobierno consistía en reducir la 
arbiti^riedad con que se conduelan los filibusteros, á tiempo que 
era preciso contemporizar con ellos porque eran ardientes enemi- 
gos de los españoles y los ingleses, y que con ellos podia dañarlos 
y atacarlos. 

Procuró pues morigerar siquiera la conducta cruel que usaban 
con los prisioneros y por primera vez devolvió al gobierno de la 
Habana tres prisioneros hechos recientemente, con un oficio que de- 
cía así: "Uno de nuestros corsarios acaba de presentarme tres 
prisioneros de vuestra isla los que envió á V. S. y ellos podrán in- 
formaros de cómo los he tratado. Comencemos, Señor, á obrar de 
una manera diferente, pues que dependerá de vos y de los oficiales 
que mandan en las Indias, el que pongamos un término á los horro- 
res de esta guerra. Debo también deciros que el Presidente de 
Santo Domingo obra con una crueldad que no tiene ejemplo, ha- 
ciendo degollar á los prisioneros, y tratándolos de una manera bár- 
bara basta hacerlos morir de harnbie, en los trabajos en (lue los em- 
plea, y si él continúa liare lo mismo, bien que no tomaré ninguna 
providencia hasta no recibir respuesta de V. S." 

Este oficio lo dirigió M. Ducasse después de haber apurado 
sus contestaciones con el Presidente á quien encontró invariable y 
realmente ofendido de la conduela de su antecesor M. de Cussy, 
á pesar que este habia pagado con su vida el saqueo de Santiago. 

Fijó M. Ducasse su residencia en Puerto Paix, y allí formó la 
expedición que salió contra Cartagena de Indias y después otra con- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. o3 

tra la isla de Jamaica, de donde condujo una presa considerable de 
mas de tres mil negros, con los cuales se aumentaron extraordina- 
riamente las tincas rústicas. Acaeció por estos dias el memorable 
terremoto de Janíaica del 19 de Junio de 1GI)2, de que fueron víc- 
timas mas de once mil almas. Puerto Eeal se sumergió con 
sus fortificaciones. Se fueron á pique todos los buques que La- 
bia en el puerto. Se destruyó la ciudad en sus cimientos, y las 
montañas inmediatas desplomándose bajaron á las llanuras. Los 
filibusteros franceses que hablan invadido la isla sufi'ieron mu- 
cho, y su invasión contribuyó á hacer mas terrible la catástrofe. 
Ofendidos los ingleses de esta ootiducta, y bien sabedores del odio 
con que eran vistos y tratados los franceses por los españoles de 
Santo Domingo, se pusieron de acuerdo con estos para asaltar á 
Puerto Paix. Ya lo recelaba M. Ducasse, y en su corresponden- 
cia con el ministro M. de Pont Ohartrain, le pedia refuerzos para 
defenderse y entretener álos ingleses; y envió otras dos expediciones 
á la Jamaica, sin que por eso dejasen de verificarse encuentros 
sangrientos entre los buques de ambas naciones. 

Ignoraba M. Ducasse cuál seria el punto á donde podrían di- 
rigirse los invasores y si darian el golpe los españoles é ingleses 
reunidos ó por sei)arado. Comunicó sus órdenes á M. de Boulage, 
M. de Grafi* y demás jefes de los puntos que ocupaban en Santo 
Domingo, para que en caso apurado clavasen los cañones, quema- 
sen los víveres y municiones y fuesen á reunirse en Puerto Paix; y 
ocupado en estas disposiciones supo que hablan aparecido en 15 de 
Julio de ItíOo, en la bahía de Manzanillo catorce velas inglesas y es- 
pañolas y que por tierra venia el ejército español bajo las óidenes 
de Don Pedro Manrique y de los capitanes Don Santiago Morel, 
Don Antonio del Monte Villafañe, Don Pedro Carvajal, y otros, 
componiéndose el ejército de cuatro rail hombres de desembarco y 
dos mil que venian por tierra. Inmediatamente dio aviso M. de Qraflf 
á M. de Boulage que las tropas habían hecho su reunión en la saba- 
na de Limonade en donde anos anteriores pereció M. de Cussy y su 
ejército. Procuraron los franceses del Guarico resistir el desembar- 
co, pero lo llevaron á cabo los ingleses y unidos á los españoles volvie- 
ron á destruir el Guarico, degollaron á muchos en el calor de la riña 
y condujeron muchos prisioneros á Santo Domingo, entre otros, á 
Madame de GraflF, mujer del comandante, que fué conducida á la 
capital con sus dos hijos. Los ingleses y españoles siguieron su 
expedición por mar y tierra en dirección á Puerto Paix. Saquea- 
ron á Port Margot y Planemon, y M. de la Boulage puso toda su 
gente en armas, pero los aliados se apoderaron de las alturas; en la 
de Saint Ocien colocaron una batería de tres piezas de calibre de á 
seis, tres de á diez y ocho en la de San Bernardo, y en la mas inme- 
diata al fuerte otra de seis piezas de treinta y ocho, montaron tres 
morteros y de este modo acribillaron la ciudad y el fuerte, mientras 
que se saqueaba el campo y aprisionaban los habitantes. El Gober- 
nador General en Petit Goave de Cul-de-Sac estaba instruido de 
todo y no se atrevía á moverse receloso de que se dirigiesen aque- 



54 HISTORIA DI2 SANTO DOMINGO. 

Has Aierzas ooiitra él, y otras que se estaban preparando en la Ja« 
maiea. No pudieron resistir los sitiados. Clamaron al Goberna-i^ 
dor para que dispusiese medios de transigir; pero este, de acuerdo coq 
los jefes princi)>ales resolvió hacer retirada, y la ejecutaron por me- 
dio de las emboscadas españolas, aunque con pérdida de mucha 
gente. Entre otros peieoierí>n un fiancés renombrado por su valor 
y llamado M. de Bernanos, M. Dantaé y M. Paty, y pudo esca- 
par M. de Lion, que roas adelante murió en Leogane. Todo el 
distrito de Puerto Paix fué saqueado y distribuida la presa entre 
españoles é ingleses, tanto de efectos conu) de personas, tocando 
á los españoles la mujer de Z/oréfwoiu, la que permaneció prisionera 
en Santo Domingo á pesar de las reiteradas solicitudes de la corte 
de Francia, basta que por 6n fué conducida al Guarieo por el Maes- 
tre de Campo Don Pedro Morel, comisionado por el Presidente 
para esta entrega. Los españoles regresaron á sus hogares carga- 
dos de despojos y si no acometieron á M. Decasse en Cnl-de-Sao 
fué por lo avanaado de la estación lluviosa y porque se anunciaban 
varías buques de guerra franceses en las costas de la isla, £1 desca- 
labro suft'ido lo repararon los franceses admitiendo á todos los ha- 
bitantes de la isla de Santa Cruz, que la evacuaran y se establecie-^ 
ron en las llanuras recientemente asoladas del Guarioo y Puerta 
Paix, 

Los interesados en la posesión de la isla no eran ya un puñada 
de hombres de varios naciones. Emn subditos franceses y los Be^ 
yes de Francia miraban con predilección una isla que les prometía 
tas mayores ventajas y desde entonces adoptaron tcMlas las medidas 
convenientes paia defender el territorio detentado y adel£i.ntar sus 
incureiones en lo restante. Libraron una orden que mandaba ar» 
mar varios buques en el puerto de Brest, nombrando comandante 
de estas fuerzas navales al caballero d^Angiers, y estaba concebida 
así: ^^La empresa que los españoles é ingleses han becho el año úl- 
timo contra mis vasallos establecidos en la isla de Santo Domingo,^ 
y los preparativos que están haciendo para volver, no dejan duda 
que tienen el proyecto de destruir enteramente esta eolonia. Para 

E revenir este designio y volver contra ellos los mismos pi'oyectos^ 
e hecho armar en Brest dos de mis navios y en Eochefort el Agui- 
lüj el F<ivoritOj la Badine y el Logre^ y os encargo d\ mando de 
esta escuadra, etc.'' A esta seguían otras Instrucciones referentes 
alas hostilidades que debian emplearse contra los españoles^ M, 
d'Angiers hizo en efecto priesas considerables. Pilló en las costas 
de Caracas y la Guayra novecientas mil libi'as de cacao, mas de no-> 
venta y siete mil pesos en vainilla, cochinilla y tabaco, y después 
de un combate con la escuadra española á vista de isla de Vacas,^ 
regresó á Francia donde recibió la orden de ponerse bajo el mando 
de M. de Poincis. Este marino era comisario Real de la artillería 
y se le ordenó que al regresar á Francia, llevase de Santo Domingo 
una clase de tierra con la cual se habian hecho diversas pruebas que 
demostraron que con ella podian hacerse masas y troaos tan duros 
como el bronce cuando estaba seca y em dulce y manuable cuan- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. ^5 

úo húmeda. Salió de Francia para las Antillas M. de Poincis con 
una escuadra numerosa y trajo órdenes á M. Decasse para que lo 
auxiliase con todos los filibusteros. Era M. de Poincis persona 
caracterizada y de valor, y aunque fué recibido con las mayores 
demostraciones de aprecio, no dejó M. Decasse de presentarle va- 
rias dificultades para las empresas intentadas, hasta que al fin pues- 
tos de acuerdo, se embarcaron amigablemente. Era opinión de 
M. Decasse que la escuadra debia dirigirse á Puerto Bello para 
apresar las galeras españolas, pero M. de Poincis se negó á dirigirse 
á aquel punto por considerar que aquellas estiiriaii ya navegando. 
Mas adelante supieron que los galeones estaban en aquel puerto 
por entonces, y se refiere (jue en esta ocasión dyo' M. Decasse á 
Mr. de Poincis. ''Ha sido fallo el golpe mas grande que pudo darse 
desde que los hombres navegan.'^ Eu efecto, los galeones tenían 
á bordo por valor de cincuenta millones. Quisieron luego dirigir- 
se contra Vera Cruz y San Juan de Uláa, pero tuvieron por mas 
aceitado enderezar á Boctichica, desde donde después de vanos su- 
cesos y la toma de un fuerte marcharon contra Cartagena de Indias, 
fie posesionaron de ella, é hicieron una presa considerable. 

Quedó mandando en Santo Domingo las guarniciones de Gua- 
ba y Leogane el Conde de Boyssi Boynse, quien vino precipitada- 
mente al Guaneo, porque se insurreccionaron trescientos negros. 
Apaciguáronse estos con el castigo del cabecilla. Este fué el segun- 
do movimiento de los afncanos en la isla. 

No cesaban entretanto los españoles dominicanos de hostili- 
zar y pei*seguir á los franceses; les destruían los establecimientos 
agrícohis que emprendían y no transigian con ellos en ningún caso. 
Guando el Gobernador M. Decasse regresó á la isla, decia en uno 
de sus despachos al Ministro de Guerra: ^'Los españoles no hacen 
'Ma guerra como se acostumbra entre cristianos. Separan la íami- 
^4ia y son extremadamente cru^^les, de modo que los habitantes ho- 
"rrorizados se retiran al fondo del Oeste." 

A principios del año de 1G98 recibió M. Decasse aviso del tra- 
tado de paz que se habia celebrado en Biswick, y participó esta no- 
ticia al Gobernador de Santiago. Llegó oportunamente, pues ya ha- 
bia salido el capitán Pieharilo Vinuesa con 500 españoles de las cin- 
cuentenas y se hallaba eu las llanuras del Guarico, sin que los 
fi-anceses tuviesen medios de resistencia. Se retiraron las tropas y 
los franceses pudieron dar impulso á su colonia fomentando la isla 
de Vacas en el Sud. Fué nombrado Gobernador de aquella parte 
M. de Beauregard á tiempo que M. de Poincis y el Gobernador Gene- 
ral recibían órdenes del Gobierno francés para que se diese fin á las 
correrías de los filibusteros, procurando que estos se estableciesen 
y formasen habitaciones, y, que si por la persuacion no se lograba, 
empleasen medios de coacción, sirviéndose al efecto de los bsye- 
les de S. M. que estriban sobre las costas de Santo Domingo. Nada 
fie omitió en estas órdenes para hacer comprender que la mira del 
Gobierno se dirigía ahora á poblar la part« que ocupaban los france- 
ses en la isla, sin pretender adquirir mas terrenos, y á establecer un 



56 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. ;;"^ 

comercio activo con las colonias españolas. Fué en esto nombrado 
segundo jefe M. de Oaliü't. Este era provenzal, y en sus primeros 
años había servido en la marina donde supo distinguirse porque es- 
taba adornado de apreciables cualidades, y de grande inteligencia 
en la práctica del foro, lo cual le propoiciouó extensas relaciones, 
y la adquisición de bienes considerables. Acababa de establecer 
el Gobierno una corapaüía en la isla de Vacas con el nombre de San 
Luis sostenida contraía opinión de los Gobernadores Galifet y Du- 
casse, en razón de que aípiellas costas desiertas se iban poblando, 
merced á un fuerte construido en la boca que forma aiiuella isleta 
con la costa de Samo üoniinjiío. 

Segnn las' disposiciones de la paz de l\iswick, las posesiones 
de las dos naciones española y francesa quedaron en el mismo esta- 
do que cuando se rompieron las hostilidades. La incertidurabre de 
los límites fué de allí adelante la manzana de la discoiuia, porque 
los franceses (pierian llegar hasta las orillas del Guayubin, y los es- 
pañoles que teniau hatos en aquellos despoblados preteudian arro- 
jarlos á las costas del Oeste. Por eso cuando el Señor Don Pedro 
Morel de Santa Cruz condujo al Guarico la mujer de Mr. GraflF, fué 
también comisionado para reclamar que se retirasen los franceses, 
y nada se logró por entonces. 

Lo mismo sucedió en los gobiernos interinos del Sr. Don Gil 
Oon'eoso y Catalán y Don Severino de Manzaueda, quien hizo el 
mismo requerimiento, exigiendo que los franceses se retiraran y no 
pasasen de Caracol; y por un convenio especial quedó acordado 
que las vigías se colocasen cuatro leguas mas allá del Guayubin 
mientras sus gobiernos respectivos determinaban definitivamen- 
te los límites. 

Mas adelante, nu^diante la paz consecuente al advenimiento 
del Duque de Anjou á la corona de España, los Gobernadores, 
después de varias contestaciones, lijaban límites que por mucho 
tiempo eran reconocidos y visitados por comisionados especiales, que 
se nombraban para recibiilos de los que cesaban en el mando. Esta 
costumbre continuó sin interrupción hasta la paz de los Pirineos 
en que se fijaron los límites por ambas cortes en un tratado solem- 
ne. Pero en el intervalo continuaron los españoles desalojando á 
los franceses cada vez que formaban algún establecimiento por la 
parte del Sur ó la del Norte. Los Gobernadores fianceses M. Du- 
cíisse y M. Galifet, sosteniendo en 1C69, 1700, y 1701 las preten- 
siones de los colonos, dieron lugar á que fuesen destruidos los ha- 
tos que se habían tolerado en las orillas del Guayubin y que los 
firanceses habían fundado, contando con la condescendencia del nue- 
vo monarca. Pero éste con sobrada justicia ordenó en 14 de Ju- 
lio de 1713 al Presidente y Eeal Audiencia, hiciesen evacuar todo 
lo que hablan ocupado los franceses después de su advenimiento al 
trono español. 




CA.I^ITXJLO "V". 




Advenimientolal trono del Señor Don Felipe V. de Borhon y sus conse- 
cuencias, — EsUido de Santo Domingo á princijnos del siglo XVIIt^ 
y progreso de la colonia francesa. — Disputas y altercados entre espa- 
ñoles y franceses sobre sus establecimientos — Se descubre el proyecto 
de Mr. Charuto y es expulsado de Santo Domingo. — Luchas en los 
limites reconocidos entonces. — Se establecen rondas mensuales en di- 
chos limites. — Se noinbran comandantes en las fronteras, y los capi- 
tanes Generales^ para comprobar que en sus mandos no se habla 
perdido terreno, firman actas d^ la entrega y recibo de las frontera^^ 
de que es muestra la dirigida por el Señor Presidente Marqués de la 
Gándara Real al Presidente Gobernador y Capitán General interina) 
Don José Sumillers y Basteres. — Nuevos arreglos y reclamaciones 
sobre limites , sobre animales vacunos y caballares, y sobre restitución 
de criminales y negros fugitivos. 



lUUió el Rey Carlos II y en él se acabó la dinastía de la casa de 
Austria, porque faltándole sucesión llamó por testamento al nie- 
to de Luis XIV que de duque de Anjou pasó á ser el 5? Felipe 
de España. 

Esta ocurrencia inesperada, aunque no dio fin á la disputa de 
las dos colonias, principiada Labia mas de sesenta años, obligó des- 
de entonces á entrambas colonias á encaminar su marcha por otros, 
rumbos. 

La parte francesa se dedicó exclusivamente á la agricultura; la 
española, ganadera desde sus, principios, encontró los medios de 
subsistir, vendiendo sus ganados á los vecinos; y este comercio fué 
facilitando medios de bienestar y enriquecimiento. Educados en 
una moralidad austera los españoles descendientes de los prime- 
ros pobladores, los efectos de esta educación se reconocían en su 
conducta religiosa, en su valor, en su hospitalidad y otras virtudes 
eminentes. Pacíficos, fieles observantes del culto, espléndidos y 
generosos, taJ era su carácter. Los moradores de las ciudades for- 
maban el tipo de la sociedad, y la estabilidad de las fortunas depone 
á favor de su moderación. 

Eran ostentosos en sus funciones publicas y privadas, y tan ce- 
losos de la nobleza de su origen que no se confundían lavS clases. 
Existía de hecho la diferencia mas marcada. El noble llevaba el 
calificativo de Señor Don, el blanco de Don, el sospechoso de Señor; 



58 HISTORIA UE SANTO DOMINGO. 

y el pardo ó moreno ningiin aditamento. Los trajes según fas clases 
eran diversos como entre los romanos; y era aun mas marcada la 
diferencia en el de las mujeres, sin que todo esto alejase á los unos 
de los otros, pues por el contrario no habia noble que no tuviese 
una clientela numerosa de aficionados, abijados y compadres, por 
quienes abogaba y á quienes patrocinaba cordialmente, sucediendo 
lo mismo con los pardos y morenos libres que eran muchos. Bajo 
est« orden existia entonces la colonia ó parte española,como se deno- 
minará en lo sucesivo, siempre predispuesta contra la francesa, á pe- 
^r de la alianza y de gobernar la madre patria un príncipe fran<^s. 
Esta antipatía se manifestó claramente en la negativa del auxilio de 
trescientos espafioles que pidió M. Oalifet al Presidente en la gue- 
rra de franceses 6 ingleses. Estos enviaron dos escuadras á las 
costas de San Luis las que se batieron con la francesa; de cuyas 
resultas sucedió en el mando M. de Auger. También vino en- 
tonces de Comisario ordeuador M. Deslandes, y estos dos jefes 
tueron los que dividieron y plantearon para lo sucesivo las Pa- 
rroquias de que se compuso en adelante la colonia ó paite fran- 
cesa. Poco después murió el Gobernador y le sucedió M. de 
Gbaritte, en los dias que vino de Presidente el Capitán General Don 
Guillermo Morfl, que por casualidad desembarcó en el Guarico y 
fué recibido con las mayores demostraciones de amistad y conduci- 
do por tierra á la capital de Santo Domingo. También vino en 
aquellos dias una escuadra francesa bajo las órdenes de M« D*Her- 
ville que ancló en la ensenada que los francese llamaban Cul-de^Sao 
y que em el propio lugar donde estuvo situada la ciudad de Santa 
Mai-ía de la Vera Paz ó del Fuerte, y al que denominó el Almi- 
rante francés Puerto del Príncipe, dirigiéndose de allí á la Habana 
donde murió. 

Poco después llegó á la colonia el nuevo Gobernador cuyas ve- 
ces suplia M. de Oharitte. El Teniente Bey llamado M. de Beau- 
pré Conde de Cboiseul tuvo la idea de volver á revivir los filibuste- 
ros que ya eran hacendados laboriosos, ó que estaban en otras colo- 
nias. Publicó amnistía para los que existiau en Jamaica al servi- 
cio de los ingleses y en la Costa firme, pero los primeros hablan re- 
nunciado cordialmente á semejante género de vida, y los otros no 
pudieron concertai-se, porque sobrevino la muerte del conde, ha- 
llándose á la vista de las costas del norte de Cuba. Ya era enton- 
ces el Guarico una ciudad floreciente y centro de la civilización 
francesa. Su puerto era fíecuentado por todas las naciones co- 
merciantes, y la riqueza y el lujo se advertían por todas partes. Ya 
estaban fundadas las parroquias y pueblos siguientes; el Guarico, 
Bayajá, Puerto Príncipe y San Luis que anteriormente existían; 
San Marcos, Ouanaminte, el Trou, el Acul, Petit Anse, Grand Ri- 
viere, Port Margot, el Malo, la Marmelade, el Gios Morne, el Lim- 
be, Gonaives, Petit Riviere, Dondon, Mirebalais, Leogane, la 
Croix des Bouquets, Jacmel, la Petit Goave, Baynete, Aquin (anti- 
guo Jáquino Español), los Cayos, Jeremie, PAunse-á-veaux &. y á 
proporción que se erigían estas parroquias se aumentaban los es* 



HISTORIA DE 8ANTO DOMINGO. 59 

t^blecimientos de azúcar, cañaffstola, café y otros ramos, peix) con 
tanto afán y empeño que no les bastaba el terreno que poseían, 
y de día en dia se introducían en el de los españoles, ocupado por 
sus antiguos batos de ganadería. Estos miraban de reojo á los 
franceses y no podían ver con indiferencia legitimada la usurpación^ 
por el becbo de haberse sentado en el trono de España un príncipe 
francés. Existia la propia animosidad y prevención que antes, y 
no era poca la dificultad de los Gobernadores para aplacar las con< 
tiendas que diariamente se suscitaban entre unos y otros. Destru* 
yeron los españoles á mano armada las fundaciones que se hacían 
en el rio Dsyabou, al Este, y mataron á los fiunceses que allí encon^ 
traron. Los franceses por su parte llevaron adelante la misma ani-« 
mosidad; y lo peor era que las dos cortes sostenían este acaloramien- 
to, reclamando en este año de 1713 la embajada de España que se 
mandasen demoler todas las habitaciones francesas formadas en 
Baya^já y otros puntos de la costa que se hablan construido después 
del advenimiento de Felipe V. á la corona. Semejante estado te- 
nia á una y otra colonia en una situación perpleja y ambigua, y esta^ 
iocertidumbre daba causa á sucesos singulares. Aconteció este 
año de 1714 que vino de visita á Santo Domingo M. de Oharítte 
que tenia el mando interino de la colonia, para cumplimentar al su- 
cesor del Sr. Morfi Don Pedro Niela y Torres; y bigo el pretexto de 
esta amistosa cortesanía entraron por la boca del rio Ozama algu- 
nas balandras francesas, conduciendo tropas que se mantuvieron 
ocultas á bordo, sin que el vecindario se apercibiese. Sucedió pues 
que el Viernes Santo del dicho año no pudo rebasar de la barra que 
forma el rio á la entrada del puerto una de las balandras, á causa 
de la fuerza del Nordeste que soplaba y se vio precisada á anclar 
bsgo la Fortaleza, y dar razón al centinela del Homensge de su ca*» 
pitan, carga y destino; y al íin tuvo este la indiscreción de pregun- 
tar si ya gobernaba M. de Gharitte. Divulgóse en la población 
la especie y aquella noche se juntaron en la plaza de San Andrés 
como doscientos paisanos que se echaron de repente sobre la casa 
en que estaba hospedado Mr. de Oharitte, lo condujeron al rio y 
mnelle y le obligaron á embarcai*se con su séquito. De este suce- 
so y otros, como el haberse formado algunas habitaciones rurales 
mas acá de Bayajá tomó asunto el Gapltan General para comisio- 
nar á los Señores Morel de Santa Gruz y Bamírez y requerir al Go- 
bernador propietario, Gonde de Blenac, para que retirase á los in- 
trusos, á lo que se negó fundado ep la información que practicó pa- 
ra probar que habria como sesenta años que poseían los terrenos 
disputados. Esta contestación dio principio y ixiotivo á las visitas 
que hacían los Gobernadores por sí ó sus comisionados al tiempo de 
entregar ó recibir el gobierno de la isla, y con mas razón después 
que M. de Ghateau Morand y M. Sorel acordaron con el Presiden- 
te Don Fernando Gostanzo y Samírez que se guardase en la isla 
neutralidad cumplida, y que sobre la cuestión de los límites perma- 
neciesen unos y otros teniendo por terreno neutro todo el que me- 
día entre G^potillo y ^1 Guayubin, Entonces se estableció el cuerpo 



GO HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

de guardia española en Mout Cussou que quiso estorbar M. de 
Paty, Goberuador subalterno del Oeste, como lo era M. de Brao 
de la parte del Sud, y segnidainente tuvo efecto la paz de 1716, por 
la cual, sin determinarse cosa alguna sobre límites, se maudaron 
restituir de parte á parte víirios esclavos apresados en los encuen- 
tros y antiguas tuibulencias. 

Las cuestiones mas importantes y vitales para los ft'anoeses, 
que principiaban á desplegar la mayor actividad en la agricultura, 
era la trata y adquisici(m de negros africanos. La Compañía de las 
Indias tenia el privilegio exclusivo de hacerla y obligaba á los ha- 
bitantes á que los pagaseu al precio que imponian después que 
cumplian la introducción de 2000 que era lo estipulado, cuando solo 
la llanura del Gnarico reípieria hasta 4000. Este monopolio y al- 
gunas conversaciones de los directores, ofensivas á los del país, cau- 
saron una rebelión que principiada por algunas mujeres se propa- 
gó considerablemente, dirigida á la extinción de la Compañía. Se 
unieron á ella varios lugares de la colonia y después de varios en- 
cuentros, sesiones del Consejo y las voces constantes de "viva el 
Eey sin Compañía", logró apaciguarla el Gobernador M. Champ- 
meslin. A este jefe y al Intendente M. de Montholon sucedie- 
ron M. Chastenoye y M. Duelos, los cuales se trasladaron al 
Doudon y tuvieron entrevista con el Sr. Mieses, comandante de la 
frontera del Sud, en el Hato de Don Santiago Rivera, para arre- 
glar la posesión de algunos franceses, de que fueron excluidos dos 
que carecían de títulos. 

Por estos antecedentes y para atajar la introducción de los 
franceses se estableció este año de 1727 un cuerpo de guardia al 
Este del liio Dajabon ó Sliissacre, y se destruyeron las habitacio- 
nes que habian formado los franceses en las inmediaciones del 
Trou y Ouanaminte por una partida que condujo amaneados á los 
franceses que encontraron, contra lo cual reclamó M. de Chas- 
tenoye y se aixegló seguidamente con el comisionado español nom- 
brado al efecto, Coronel Don Juan Geraldiuo de Guzman, Gober- 
nador de Santiago. 

Esta ocurrencia impulsó á los franceses á reunirse en los mis- 
mos terrenos con todas las fuerzas que pudieron preparar. Los es- 
pañoles por su parte hicieron lo mismo, y el conflicto fué efectivo el 
año de 1731. Gobernaba en Santiago Don Leonardo del Monte 
Pichardo, hijo del ya citado Don Francisco y ejercía á la vez funcio- 
nes de Alcalde Mayor cuando se preparó una expedición á las órde- 
nes de Don Pedro Márquez Henriquez, por disposición del Capitán 
General Don Alonso de Castro y Mazo, que habia sucedido en el go- 
bierno á Don Piancisco de la Bocha Perrer sucesor de Don FKfcncisco 
Constanzo Ramírez. Desalojó li los intrusos, destruyendo sus esta- 
blecimientos, de cuyas resultas fué el rio Dajabon término provi- 
sional entre las dos colonias. 

Entonces se quejó M. de Chastenoye de la costumbre que se 
habia establecido al tomar posesión del mando los Presidentes de 
Sto. Domingo de enviar comisionados que inspeccionaban los límites 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 01 

de SOS posesiones en Maribanx, Bayajá, Sabana grande, PAcul 
des Pins, les Trou, Jean Nantes, previniendo á los colonos estable- 
cidos en las fronteras que se retirasen á lo interior. A pesar de la 
queja no debió hacerse innovación, pues sifíuió la costumbre como 
antes, según se verá en el discurso de la historia. 

El año siguiente de 1733 el Presidente Castro y Mazo se quere- 
llaba á la corte deque los franceses se iban estableciendo y fortitican- 
do en Bayajá en las inmediaciones de Dajabon; pero en contestacio- 
nes con el embajador ft*ances pasaron mas de treinta años, sostenien- 
do los españoles su derecho y los franceses su intrusión con la fuerza 
de las armas, unas veces y otras por convenios entre los Gobernado- 
res; y así fué que se situaron los españoles en 173G con un cuerpo de 
guardia frente á Mirebalais, á cien toesas del rio Ceibo, contra el cual 
se dirigió el Gobernador francés M. de Fayet y hubo un encuentro 
que terminó por la mediación del comisionado Don Nicolás de Gu- 
ridi. En 1737 entraron los españoles en todo el territorio de 
los Gonaives y hiibo otro encuentro con el Gobernador subalterno 
de San Marcos M. Manpoint. En 1741 acometieron los españo- 
les al Dondon; desalojaron á los franceses que encontraron, y esta- 
blecieron un cuerpo de guardia en Bassin Cayman. En 1747 se 
liizo otra invasión en Marre la Eoche y se apresaron varios negros 
esclavos. En 1750 se quemaron á las orillas del Dajabon las habi- 
taciones de M. Loyer, Lambert, Camane y Perault sin que valieran 
las quejas del Gobernador M. de Oonflans al Presidente. En aque- 
lla época recibía el Presidente interino Don José Sumillers y Bat- 
teres el mando déla isla de manos de su antecesor el Marqués de la- 
Gándara Eeal, Don Pedro Zorrilla, y conforme con la costumbre 
eligieron comisionados uno y otro para la entrega y visita de los 
límites. El presidente interino entrante Sr. Sumillers nombró á 
Don Juan del Monte y Tapia, hijo de Don Leonardo y nieto de 
Don Francisco y el saliente Marqués de la Gándara, á Don 
Juan Morel de Santa Oruz, los que evacuaron la visita y encargo 
á satisfacción. (1) 



(1) " Don José Sumillers &. Gobernador y Capitán General, Presi- 
dente de la Eeal Audiencia efe. Por cuanto el celo y justiíicacion del Señor 
Marques de la Gándara Real Don Pedro Zorrilla de San Martin, cuando 
aprehendió posesión de esta Presidencia, Gobierno y Ciíjñtanía (leu eral es- 
tableció corno diligencia de suma importancia al servicio de S. jM. y conser- 
vacion de estos dominios entre otros que el Señor su antecesor le hiciese for- 
mal y solemne entrega de los terrenos por medio de apoderados (|uo se ha- 
bían de nombrar por uno y otro Señor y así se ejecutó para precaver de este 
modo que no se pudiese perder en lo sucesivo ni un palmo de tierra y que á 
este ejemplo todos los Señores que dejaren de gobernar esta Isla ejecutasen 
lo mismo con el que le sucediese en los nuindos, no habiéndolo cons<»«íuido el 
expr^ado Señor Marques Mariscal de Campo, con el Sr. Urigadier Don Juan 
José 'Oolomo su sucesor, porque habiéndosele agravado sus íicci (lentes fa- 
lleció dentro do breves horas y habiendo recaído el empleo de Presidente, Go- 
bernador y Capitán General en virtud ih Real Orden en la persona ño. su 
Señoría, están convenidos en (lue se efectúe la referida, sobnnne y fornud 



63 fiiBtORlÁ bfe BANtO l>oMtN(»0. 

La cc)raÍ8Íoü citada y »u cumplimiento confirma mas y tnas el celó 
con que lo8 españoles defeudian polgaila á pulgadal os tetteuos de la 

entfega de tef renos según y en Is ntidma conformidad que se encargó dé elloS 
el dicho Señor Mariscal de Üampo y se los entregó el Señor Coronel Don 
Alfonso de Castro sa antecesor, por medio de persotias que á ese fin nombra- 
ron uno y otfo Señor^ en cuya conformidad por auto del día de la fecha 
nombro su Señoría para recibir la frontera del Sud al Teniente de In&nte" 
Ha Don Pedro Sonces Montero, y para la del Norte al Sargento Mayoi^ 
Don Juan del Monte y Tapia, Alguacil Mayot y Begidor de la Ciudad de 
Santiago, y el expresado Señor Mai'iscal de Campo pof la banda y tronterá 
del Sud al ayudante mayor de esta plaza Don Ignacio Caro de Oviedo 
y por la del Norte al Comandante de ella y Capitán de aquella compañía de 
Caballería Don Juan Morel de Santa Cruz, todos cuatro de notoria inteli- 
gencia, y conocimiento de los teitenos y de conocido celo al Beal seryi- 
cío: en esta inteligencia no habiendo ejecutado en este año por motivos el 
Cabildo de la Ciudad de Santiago la anual visita y entrega de terrenos 
que también conteniente á su conservación y al lleal servicio, estableció 
el Señor Marques y demás justiciad como se hapfactii^do en todo el tiempo 
de su gobierno; ordeno y mando;á los expresados Sargento MayOr Don Juan 
del Monte y Tapia, Alguacil Mayoi* y Begidor que acabara de ser en este 
año y al Comandante de la frontera del Norte y Capitán de aquella compañía 
de Caballería Don Juan Morel de Santa Cruz, y como apoderado de Stl Se» 
noria el primero y el segundo como que lo es del Señor Mariscal de Campo 
Marques de la Gándara lieal Don Pedro Zorrilla de San Martin pasen 
con la posible brevedad y sin pérdida de tiempo, acompañados de personas 
prácticas é inteligentes en aquella frontera j los soldados de Caballería 
que el Capitán Totnatldante tuviere por conveniente y si pudiere ser también 
de algunos de los que asistieron á la entrega que el Señor Don Alonso de 
Castro y Mazo hizo al Sr Marques de la Gándara Beal y guiados de esta^ 
tales personas, de los instrumentos que se remitieran y debieran tener presen^ 
tes, su buena conducta, lealtad y celo al Beal servicio hará el Capitán Don 
Juan Morel, apoderado del Señor Marques, solemne y formal entrega de 
toda la frontera al Sargento Mayor Alguacil Mayor Don Juan del Mon^ 
te y Tapia que lo es de su Señoria, poniendo todas las diligencias y ac^ 
tos que para esto practicaren en los autos 6 diligencias que hicieren con 
toda claridad y exactitud para mayor satisfacción que sus Señorías han he- 
cho de las personas de los referidos Sargento Mayor Don Juan del Mon^ 
te y Capitán Don Juan Morel cuya diligencia de esta entrega servirá 
por visita y anual entrega que en este y en el siguiente año debian 
hacer unas á otras justicias en conformidad de las órdenes que para e- 
lio libró el expresado Señor Marques, é inviolablemente ha hecho obser^ 
var, y fecho todo lo remitirán originales á su Señoría dejando testi- 
monio en aquel Cabildo, para que en él conste haber cumplido por me- 
dio de esta diligencia en la anual entrega de este y el año siguiente) y orde- 
no y mando al referido Cabildo, al Gobierno de las armas y á todos los ofi- 
ciales y gente de que se componen aquellas poblaciones y vecindario y á to- 
das las personas sujetas á mi jurisdicción que den á los expresados Sargento 
Mayor Don Juan del Monte y Tapia y Capitán Don Juan Morel todo el 
auxilio ÍATot y ayuda que para el exacto cumplimiento de esta importante 
comisión y diligencia les pidieren, y los subditos estén á su voz y les obedei^- 
can en cuanto les previnieren y mandaren con toda prontitud^ Para todo 
lo cual, dejando ásus acertadas conductas en este acto, todo lo que les dictare 
la experiencia, lealtad y celo al Real servicio, mandé librar las presentes fír- 



Isla, y el empeño de los franceses en introducirse y poblarlos^ 
Ed 1752 el expulsado Mr. Munny de Futigoy volvió á reinstalar-' 



inadas de mi mano^ sellada con el de mis armas y refrendadas del infrascripta 
escribano de Cámara y de Gobierno et Santo Dominao á veinte y seis de 
Koviembre de mil setecientos cincuenta años.— Don José de Sumillers y 
Batteres. — Por mandado de sa Señoría. — Don Francisco de Quevedo y Vi- 
llegas Escribano de Cámara y Oobemaeion." 

'^En el principal de Dajabon en teinte dias del mes de Febrero de mit 
setecientos cincuenta y un años, Noel Don Juan del Monte y l^apia Sargento 
Mayor de las milicias de la Ciudad de Santiago, actual comisionado de su 
Señoría el Señor Üordnel de los Reates Ejércitos Don José Sumillers y 
Batteres Presidente Gobf^madoi' y Capitán General de esta Isla Española y 
el Capitán Don Juan Morel de Santa Cruz, que lo es de esta frontera del 
Norte, apoderado del Sr. Mariscal de Campo Marqués de la Gándai'a Beal 
Don Pedro Zorrilla de San Martin, habiendo llegado á dicho principal á fin 
de practicar yo dicho Capitán la entrega de esta frontera del Koite pertene- 
ciente á la jurisdicción de Santiago en virtud de poder que para ello tengo 
de dicho Señor Mariscal de Campo é yo el enunciado Sargento Mavor el re- 
cibo de ella en razón de la comisión y despacho que para ello se sirvió con-> 
ferinne el Señor Sumillers para cuyos efectos hicimos citar á los vecinos 
moradores de esta dicha frontera, Eaimundo de Burgos, Juan Mercedes, 
Joan Gómez Martinez, Manuel Sánchez y Simón de Ortega y de esta tropa 
del Norte, hice yo, dicho Capitán se apercibiese el Alférez Don Tomás Fer- 
nandez de Escobar, el cabo de escuadra Juan Jiménez, el cabo f^rancisco de 
Lora, Carlos Batista Eojas, José Alvarez, Santiago Pilarte, Marcos Mena^ 
Santiago Florencio de Mora y Nicolás Torres hombres los mas de notorio co^ 
nocimiento en dicha frontera para que estuviesen listos con sus aUnas y caba-^ 
líos el dia veinte y dos del corriente á efecto de dar principio á la predicha en^ 
trega y recibo y lo ponemos por diligencia y lo firmamos con los referidos comi^ 
sarios. — Juan del Monte y Tapia.-*Don Juan Morel de Santa Cruz. — En 
Veinte y dos dias del mes de Febrero, lunes á eso de las cuatro de la tarde es- 
tando juntos todos los citados en la anterior diligencia en este referido principal 
de Dajabon con sus armas y caballos^ dimos principio desde él, hacia tas tierras 
del Sud, por parecemos conveniente y comenzamos á hacer las diligencias to-' 
cantes á dichas tierras, cuando estuviesen con mas robustez las cabalgaduras 
por lo muy fragoso de dichas Sieltas, y se fuera posible el mal 

tránsito que pudieran experimentar, tomándonos entre dichas diligencias las 
lluvias que acontecen ordinariamente en las conjunciones de luna con la vis-' 
ta siempre sobre los montes que cubren el rio Dajabon, el que pasamos de 
nna orilla á la otra y entramos ala Sabana Capotillo por la que caminamos 
mirando los montes que están en las márgenes del arroyo Capotillo que es la 
raya de tolerancia para los franceses, y habiendo llegado al frente de la 
guardia que está en dichas Sabanas puesta por orden del Señor Don Aíon^ 
so de Castro y Mazo Presidente que fué Gobernador y Capitán General de 
esta Isla Española, hicimos la majada, sin haber en la diligencia de este dia 
novedad alguna encontrada 6 vista, y la firmamos con dichos comisarios, con 
el Al^rez y dos soldados. — Don Juan del Monte y Tapia. — Don Juan Morel 
de Santa Cruz.— Tomás Fernandez de Escobar.— Juan Jiménez de Osuna. — 
José Alvarez* — En veinte y tres dias del mes enunciado de Febrero salimos 
del expresado parage de Capotillo, siguiendo el mismo anterior rumbo por me^ 
dio de dichas Sabanas, á causa de no poderse por las orillas de dicho Arroyo 
de Capotillo á caballo, mirando en parte los montes de sus veras por las 
cuales mandamos gente á pié que nos informaran si se hallaba alguna nO' 



04 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

se en sn posesión, y en el siguiente de 55 fueron expulsados los fran- 
ceses acantonados en rio Mulato, banda del Sur; y luego estableció 

vedad j siendo en dichas Sabanas á poco andar las dejamos y entreliños en la 
vereda que por orden de dicho Marqués hizo abrir el Capitán que fué de la 
tropa del Norte Don Antonio Miniel la que va en busca de la Sierra alta 
que está inmediata á las poblaciones francesas, haciendo un semicírculo so- 
bre la mano diestra donde quedan dichas poblaciones francesas, y siguiendo 
dicha vereda, comenzamos á subir y bajar, y habiendo llegado lo mas, al pe- 
núltimo alto de dicha Sierra alta, hicimos en ella noche no habiendo recono- 
cido cosa alguna de nuevo en nuestros dominios por donde pasamos y des- 
cubrimos con la vista de donde lo permitía la enpesura de los montes de dichas 
lomas, ni por las partes y orillas del Arroyo Capotillo por donde fueron los 
hombres que mandamos a pié sin haber podido hacer mas camino en todo 
este dia que tres legu«as y media mas ó menos, siéndonos preciso porque 
no se descarriara alguna de lis cabalgaduras, atarlas por aquella noche 
y también porque no teniamos ])astos y lo firmárnoslos mismos que en la 
antecedente. — Juan del Monte y Tapia. — Don Juan Morel de Santa Cruz. — 
Tomás Fernandez de Esí^obar — J uan Jiménez de Osuní^ — José Alvarez. — En 
veinte y cuatro del referido mes, partimos del sitio y loma donde hicimos 
noche y la seguimos por su cumbre con la cara puesta hacia el poniente, mi- 
rando desde dicha loma al lado diestro los bajos en que tienen sus pobla- 
ciones los franceses, que se les tiene toleradas, y habiendo subido al úl- 
timo alto de dicha Sierra y llegando donde comienza la otra vereda que por 
orden de dicho Señor Mariscal de Campo hice abrir yo el referido Sargento 
Mayor, seguimos esta y dejamos la otra que era por donde se hacian ante- 
cedentemente las anuales visitas y mensuales rondas, que se halla mas 
distante de las dichas poblaciones francesas, siguiendo la dicha nueva ve- 
reda por sobre la referida Sierra alta, llegamos á un sillón ó descanso que 
hace dicha Sierra donde se halla una sabana de Ciénaga nombrada délos 
Franceses en ciXYs, y ereáix ala diestra mano hallamos un rancho que parece 
sea el mismo de que habla en una carta un francés á Fernando Bueno, so- 
bre que ya tengo yo dicho Capitán dado parte A su Señoría dicho Señor Pre- 
sidente, el cual rancho hicimos demoler por parecemos conveniente al real 
servicio, y conocer está fuera de los dominios que se les tienen tolerados; y 
en dicha Sabana íiicimos la majaila, habiendj caminado en todo el dia cuatro 
leguas mas ó menos, sin haber hallado otra novedad que la que aquí va re- 
ferida y la firmamos. — Don Juan del Monte y Tapia. — Don Juan Morel de 
Santa Cruz. — Toujás Fernandez de Escobar.- J uan Jiménez de Osuna. — José 
Alvarez. — En veinte y cinco dias del referido mes salimos de la citada Saba- 
na y queriendo seguir didia nueva vereda por lo alto de la Sierra dicha, que 
continúa después de pasada la referida Sabana, dijeron los prácticos que era 
imposible caminar por ella á caballo y estando yo dicho Capitán imposible de 
marchar á pié, nos convenimos en mandar siete hombres de los mas robustos 
de nuestra comitiva por dicha nueva vereda, y que reconociesen, observasen y 
atalayasen todo cuanto pudieren por dicha Sierra alta, reconocer y distinguir 
hasta las cabezadas del Libón que es donde y por donde se separa esta nues- 
tra jurisdicción de Santiago de la Ouaba y Pueblos del Sud y tomada dicha 
vereda por los enunciados siete hombres con la cara puesta casi al poniente, 
tomamos nosotros otra que se eucaníina por los bajos de una sieiTa al dicho 
rio Libón, hacia el medio dia con las demás exentes i)or donde caminamos to- 
do el dia hasta llegar á una Sabana nombrada délos Xaranjos^ en que se 
halla un Kandúlh) de dicho Fernando Bueno, donde dormimos sin haber en- 
contrado novedad alguna y lo firmamos. -Juan del Monte y Tapia. — Don 



HÍStÓRtA Í)£ £lÍNTO DOMINÓd. ^ 

bj gobierno un cuerpo de guardia en aquel punto, conviniéndose en- 
tre los Gobernadores Mr; de Bart y fel Piesidente Don Manuel As-» 

Juan More! de Santa Cruz. — Tomás FemÁxiñei de Córdova. — Joan Jirilenez 
de Osnna. — Jiísé Alvarez. — En veinte y geísdias del précita<1d \Heá {iárfiínos 
del paragé etprM en lá pfóxima aníériór dilt¿;enc¡ít y {xnwUiH ál Batd de di- 
cho Fernando Bueno que »e halla eu dicho rio atinjo del Lilion situado den- 
tro de está niife'va jiirisdicrion de SantiHgd, y nííiy distante de di chít Sierra 
alta por donde tá la expresHcíá vereda nueva á esperar los dichos áfiete hom- 
bres, qae límndahios á pié por ella, los cuales llegaron á tas 6 de la türdé 
de este día iiiiiy maltratados los pies y quebrantados de la rigurosa noche de 
agua que les {(l'neció siii poder defeiiderse de tales dontratierapos, porque 
harto hicieron con llevar consigo sus anuas y bastimentos ácüeséas, páriu lo^ 
^osdias de ocupación en la diligencia ordenada á ellos, y nos informaron no 
haber visto hi eticontrídióí eñ entinto ándiivierotí qué fueron cinco leguas mas 
6 menos hásfít dichas cabezadas de Libón cosa alguna de nítevo; ló ^iié poutí- 
inos por diligencia y lo firmamos.— tí úitn del Monte y Tapia.— Don Juan Mo- 
irel de Santa Cruz. — Tomás Fernández dé Bscobaf.— Juan Jiménez de Osuna. 
— José Morales. — Eil veinte y siete días del dorriehte mes de Febrero hici- 
cimos de dicho Hato íe Ferriarido Bueno nuesti'a salida regresiva a! princi- 
pal dé Dajabon en don ríe determinamos pasar el siguiente dia á tití de mejo- 
rar de cabalgaduras y bastihíentos para ffásaf el liinés priiTíerd dé marzo á re- 
conocer la fontera que está dé éste principal hacia el Septentrión y iíabiendd 
hech^ la mejora dicha y llegado aquí el lunes cifadd, y(t junta nuestra citada 
comitiva, salimos de dicho principal y fuimos por los Hatos de lá Carbone- 
ra y jurisdicción de esta dicha Ciudad á la bdcá det rio Uajabon, etí donde 
habiendd llegado & (as onde (te este di(t pásanios el restd de él, y reconoci- 
ónos lá bahía que ésta contigua á la dicha Ifoca, y líoté yd díchd Capitán el 
paraje mas don veniente jfar» hacer el deánlotíte que se me tiene ordeñado por 
él Señor Presidente para la nueva pobíaciort que se intenta potíér en esta 
dicha bahía de MAu^auilfds y etí ias márgenes dé didía boéa hiéimos noche,* 
sin haber hallado en eSte dia novedad y lo Hrmauíos. — Juan del Monte y Ta- 
pia. — Juaií. MoTol dé Santa Cruz. — Tomás Fernandez dé Eséobar. — Juan Ji- 
ínenez de Osuna. —^ José Alvarez.— ^Ert dos dias de dicho mes dé Marzo sali- 
inos de la enunciada boca de Dajabon con la cara piíesta al Siid ííácia el dichd 
principal jíor \fí niárgén del reféridd rid hasta ItL boca de (i^uajaba, qde en él 
éñtra, donde dejamos dicha margen {)or no podei' Caifíiñar á caballo por ella, 
hasta inmediato á la Guardift de Jobo' dulce, y cohsicíerándose no poder haber 
peijuicio para los franééáes pof ser fodd una SieíVrf de dicha boca dé (Cuajaba 
al citado Jobo dulce, y teniendo andado eí ca()0 Lóra^y otrds sofdados de la tro- 
pa en esta última rolida, que ejecutaron á pié; y salimos despuntandd ensena- 
bas de dicha Ciénaga á liacer \A majada al Hato de Cañdfigó a eso de fas dos dé 
]a tarde y esperar la mañana del siguiente dia piarla hacer las testantes dili- 
gencias eon mas proligiilad, por pedirlo asi la confusión eif que pudiera po- 
nemos lá mddánza dé! éurso ttdtigiíd da dicho rio Dajaboií en distíútos caños 
y ciénagas de que toman moíivo los vetíinos franceses para iníroáiícir nove^ 
dad cada diá, y nd habiendo encontrado alguna; eit la dilígeiíciá dé este lo fír- 
ínamos.— Juan del Monte y Tapia. — Don Juan Morel de Santa Cruz. — To- 
más Féraárídéz do Encobar.— Juarf Jiméne:^ dé Osuna.— ^osá AÍvarez. — Eri 
(res diásctel referido mes dé Marzo j^ilimoá del mencionado hato de Cañon- 
eo y habiendo de paso reconocido la Guardia de dicho Jobo dulce, pasaniíoff 
él caño llamado del medio, y llegamos ála margen del río principal de Daja- 
ixin de donde comienza á derramarse en la Ciénaga citada en la próxima dili; 
iFencia, f hasta donde vino reconociendo el citado Calxi' Lora, 6omd qiíedal 



€6 fllSTOÍllA Di: SANTO DOMINGO. 

lor y Urries que ejercía el mando, después de babeilo desempeñadcr 
Interinamente los brií^adieres Don Juan José Colomo y D(»n Fran- 
cisco Rubio Peñaranda, que continuase fomentándose la babitacioDí 
principiada por Mr. Villars Imsta la resolucicm de ambas cortes. 

A fintas de 17(>9 el Comandante de la frontera del Sud Don Ní- 
colAs de Montrnegro aprehtMulió á Mr. de Rabel y sus negros y los 
condujo á Santo Domingo, donde fu(*r<m detenidos en prisión hasta la 
resolución de las cortes y en 71 destruyo las posesiones establecidas 
en el cantón de Canday cerca de la parroquia del Dondon, y los fran- 
ceses se vengaron seguidamente apresando al mayordomo y algu- 
nos esclavos de las poscsiomrs del Barón de la Atalaya en San Mi- 



dicho y siguiendo el cafion dol dicho río principal, que hoy está seco, llega- 
IÍI08 al frente de las habitaciones de un IVancós iionií»rado Mr. Moiiy, quien 
tenia ocupado un girón de tierra como de ciento cincuenta pasos de longi- 
tud, y catorce de latitud con una 8ÍeHd)ra de maiz y batatas, y la hicimos 
arrancar como en otras ocasiones lo han ejecutado las mensuales rondas y 
requerido el Mayordomo de la tal haliitacion sobre este asunto, quien ha sa- 
tisfecho con decir ser trabajo de los negro» del dueño de dicha hacienda ó ha- 
bitación á quien mandamos llamar con uno de dichos negros, que actualmen- 
te hicieron fuga estando antes tral)ajaudo allí, para amonestarle no se adelan- 
te de esta margen del rio Dajabon, ni ocupe la tierra en donde se le arranca- 
ron dicho maiz y batatíus el cual no pareció, y siguiendo dicho destino por el 
canon del rio seco llegamos a la plaza de otro francés llamado Pedro, donde 
se hallan unas estacas puestas después que pasó la última ronda; la que hi- 
cimos prol)asen arrancar y no pudiéndose conseguir por estar sumamente 
afianzadas y hallarnos sin instrumentos suficientes para ello se dejó para 
después. De este paraje es de d(»nde lleva otro francés nombrado Land>ert, 
por canal, el agua á su habitaeion para su Ingenio y también de aquí co- 
mienza la sequedad de este canon principal del rio Dajabon hasta el Jobo dul- 
ce, antes citado, distancia de tres cuartos de legua», porque en la cabeza ó- 
principio de dicho canal está el rio dicho de Dajalion, derramado en distintos 
caüos, reducidos á una laguna que después sigue su corriente p«n' otros caños 
que salen de dicha laguna. J)e aquí retrocedimos por no ser caminable á 
caballo y dimos vuelta por la parte de arriba de dicha laguna hasta llegará 
la estacada que anteriormente, se le demolió al dicho francés, por el CapitAn 
Don Santiago Morel de Santa Cruz, desde donde va tiunbieu mudando el 
rio en otro cíiño hasta inmediato á esta dicha lap:uua y distará de una parte 
á otra algo mas de un cuarto de legua, y habiendo seguido de aquí para ade- 
lante por la margen del antiguo rio, que ya de aquí á su origen trae siem- 
pre agua, fuimos hasta la Guardia principal de Dajabon, sin haber encontra- 
do mas novedad que las aquí referidas; con lo que coucluinws y dimos cum- 
plimiento á las órdenes que sobre este asunto nos libró su Señoría el Señor 
Presidente, habiendo yo dicho Capitán entregado esta frontera en la confor- 
midad que va expresada como apoderado del referido Señor Mariscal de Cam- 
po Marqués de la Gándara Keal, Don Pedro Zorrilla de San Martin, según 
y como la hallé cuando se me mandó tomase posesión de ella como su coman- 
dante^ é yo dicho Sargento mayor la tengo recibida y me hago entrega de 
ella en virtud de la comisión y poder que para ello me confirió su Señoría el 
expresado Señor Presidente Gobernador y Capitán (General de esta Isla Es- 
pañola; y para que todo conste lo firmamos en dicho principal de Dajabon. — 
Juan tlel Monte y Tapia. — Don Juan Morel de Santa Cruz. — Tomás Fernán^ 
4ñz Escobar.-:— Juan Jiménez de Osuna. — José Alvarcz." 



Cada dia se hacia mas equívoca y dificultosa la cuestión de lod 
límites que deteiniinaba invasiones parciales diarias y enojosas, y por 
eso reunidos en Agosto de 1771 Don Oaspar de Echulas^ comandante 
de la frontera de Unjabon, Don Fernando Espinosa de las del Sur, 
y Mr. M. de Vincent, y de Lianconrt, Tenientes de Rey en Guarico 
y Bayajá, comisionados al efecto por los Gobernadores respectivos, 
acordaron que se siguiese exactamente un acuerdo provisional cele-» 
bracio en 1770 que decia^ que en caso de contestación sobre límites 
se estuviera y pasara por lo que resolvieran los comandantes de las 
respectivas fronteras, las cuales se trasladarían al lugar cuestionado y 
la resolverían amigablemente ínterin (lue las respectivas cortes S6 
concertaran. En 1773 el Presidente Don Jos<í Solano y Bote obli- 
gó al Gobernador Mi*, de Valliere a que nombrase comisionados que 
terminaran la cuestión de límites eü Puerto Príncipe y quedó esta- 
blecido por convenio, que el límite principiaiia en el rio Dajabon y 
concluiria en el de Pedernales al Sud. 

Al mismo tien^po que se disputaban los límites con tanto em- 
peño, no era menor la contienda entre los Gobernadores sobre carnes. 
En piíz y armonía las dos naciones se elevaba la colonia francesa á 
un grado enunente por el cultivo de caña, café, algodón^ añil y otros 
productos en el Norte^ Sud y Oeste de aquella parte, y los españoles 
que velan la necesidad de sus vecinos, aumentaron sus esfuerzos en* 
los hatos y crias de ganados y animales de toda especie^ mirando á 
BUS rivales (que destruían los que existieron en Limonade y demás 
puntos para cultivar los terrenos) necesitados de reses para manteni- 
miento y de bestias para cargM^ tiro &. La historia de las carnice- 
i1as establecidas en diferentes puntos de la parte francesa es coetá-' 
nea de la <le límites y mas difusa. Se hicieron acuerdos diferentes 
durante los gobiernos del Marques de la Gándara^ de Don Constan- 
zo Ritmírez, Don Francisco Rubio, Don Manuel de Azlor^ Don José 
Solano, y de Don Isidro Peralta, pt)rque era tan extraordinaria la in- 
troducción qne se hacia, que en tiempo del Si*. Oonstanzo Bamirezy 
aconteció un suceso que pudo ser funesto; y ftié que pretendió este 
Gobernador impedir el tráfico interior de los ganados <le Santingo de 
los Caballeros colociuido un cueipo de guardia en Monte Coussiny 
por sobre el cual pasaron los hacendados, y entre otros Don Santiago 
Morel de Santa Cruz. Ofendido el Capitán General quiso sorpren- 
derlos con una compañía de granaderos que fueron rechazados,y en- 
tonces con un grueso de gente armada mandó arrestar á los More- 
les. Don Santiago que era capitán y bizafro,* reputando injusto el 
vejamen, fijó bandera, convocó parciales y resistió con armas á la 
compañía del Fijo que vino á arrestarle y á otros individuos 
que también eran capitanes, y fué ardiente la refriega y fatal habiift 
sido el resultado á no haberse interpuesto con la Custodia del Sa- 
cramento en las manos el cura Rector Don Carl4)s de Padilla á cuv<y 
respeto cedieron Morel y sus compañeros, que fueron [uesos y en-- 
cansados, so pretexto de que los santiagueros querían entregai- la ciu-^ 
dacl á los mismos franceses á quienes babian resistido por mas d€^ 



(¡6 tftStOBÍÁ Í>S SANTO í>03^JÑa0V 

ochenta auo8. Este suceso se recordaba con el nombre de la Éemeír 
ta délos Caftanes; y yo recuerdo haber leido en la Escribanía pú- 
blica de Santiago^ que desempeñaba Don Antonio López, la revista 
y sentencia del Gonsejo Supremo^ de Imlias, en la cual se absolvió á 
Don Santiago y demás ciipitanes sus^ lieftnam)s y otros con la impo- 
sición de algunas pequeña» multas*' 

Algo influirla en la lenkladde esta sentencia la considei^ndon de* 
fifus servicios y la oohrcidf ocia de que el hermfíiuo mayor r>ou Pedro 
Morel' ejeruia entonces el obisparlo de la isla de Gnba; y por su res- 
peto y pofhabei' enviailo á la Ooite á dos jesuítas del C'onvétito de 
la Habana, pudieron recabar alguna lenidad respecto de siis herma- 
no» encatfttadü». 

Con los Gobernadores ya citados^ celebrafon contrata eí Conde 
d^ Estaing, el Príncipe de Eoban y Mf. de Nollvos'y formaron regla- 
mentos en que intervinieron como comisionailos Don Ignacfo Caro 
de OvPedOf y l>on Fraírrcisco Fepin y Gonzales, y qcre dieron motiva 
á diferentes quejas á los Gkibi^'rnosr respectivos^ porque aunque no 
era este mi negocio diplomático,- como se imput;^^ un derecho por el 
ganado que sa4ia paras la culouia,- no sólo daba esta pfovitlencia cau- 
sa á las i ntroduccioneBr clandestinas', sino qi:te el valor de las reses se 
auinenta^ba coúsklerafriemeÉte al tiempo de su espefKlio en la colonia 
francesa. Era artíeulo de piímefa necesidad de que no podían 
*prescindíí los franceses^ depeudieutes de lo» españoles cíiadores^-y de 
aquí losr motivos para reglamentar et numero de reses qne debiau in- 
troducirse, lo» lugares por dónele debta conducirse eí gcinado que 
eran Dajabon, Caoba y 8an Eafael, los derechos quedL^mn pagar^ 
providencias que fueron modi&adas ma^ adeiaute,^ dejainlo en li- 
bertad á los españoles de vender sus auimulesr con solo el perrnilso 
del comandante de la frontera y p^cigo del real derecho^ Estas* 
festiFÍCGÍones provenían de la necesidad en que estaban Tos Goberna- 
dores de seguir la estrecha senda que establéela et Gobierno en todo' 
genera de mereane&is, y del comercio qtie solo se haeia pot medio 
de los gafeones, en épocas regladiu^, |K)r lo» biTqtres de fégisfro qne 
se sustituyeron^ y por posteriores reglamentos, que dejaron en liber- 
tad á los íbcnceses para qne viniesen á los hato»e^)afiolesy com- 
praran el ganado de primera mano, y que todo español vendiese sus- 
animales sin permiso ó privih^gio, que fué el orden que se obseivd 
desde el gobierno del Seiíor Peralta hasta la entrega de la isla á la 
Sepública Francesa. Por último,, este comi^rcio de las dos coloni¿is 
prcHlucia Á la Espafiola tres millones de pesos qtPe es el cálculo de 
todos los- historiadores', y puede decirse que con eUos subsistiiin sin 
otra entibada,- porque los úkiiDos esftierzos del* Gobierno á favor de 
Ik' Española fnerofif en parte inipfoductivos^ comola CompaBia de 
BHPeek)oa que por la restricción de sn instkuto no prodnjo el menor 
^netiek) y se desquició' por sí pr<»pia. 

Sin embargo,, durante el gobierno del Sr.- Don Manuel Azlor y 
Sbn José Solano se acreceuti) la población, se aumentó el coniercio^ 
y la población española daba pruebas de que mejoraba su posición. 
JSS' verdad que el' esplendor & que llegó por aquellos tiempos la éo^ 



lonia tiuncesa, debió ser el m6v\\ priDcipal, porque desde luego se 
tY2Lt6 de aumentar la población y con este objeto se enviaron fanii* 
lias cananas laboriosas y a^Iimataidas que en poco tiempo dieron vi* 
sible empuje á los aumentos y bienestar de la isla. Ta dedicadas á la 
agricultura, ya á la cría de ¿uiimales, dieron animación á ios pueblos 
y ciudades antiguas como Monte Cristi, Puerto de Plata, lasCaobaf^ 
San Miguel, Hincha, la Atalaya &. El buen gobierno y acertadas dis- 
posiciones de los cuerdos Gobernadores Presidentes, mas que todo, 
em móyil de los adelantamient4>s. La concesión de diez anos de 
comercio Ubre con las naciones que obtuvo Monte Cristi prodigo é 
la colonia española y francesa bienes incídeulables. 

Lo noisnio sucedió con la promesa del Señor Solano de que pro- 
veería seis buques que vendrían anualmente cargados de Espauai 
para lo cual prohibió la introducción de ganados en la colonia, coa 
cuyo producto compraban los españoles las telas, lienzos, vinos, ha- 
rinas, panos y demás efectos; pero el proyecto quedó sin resultado, 
como opuesto al interés de ambas colonias. Otras dos cuestiones 
entre una y otra colonia dieron causa á diferentes estipulacioned, y 
eran las de restitiusiones de criminales y negros fugitivos, sobre las 
cuales se firmaron reglamentos y se nombraron comisarios residen- 
tes. Después de diferentes reclamaciones, tuvieron estas con* 
tiendas uu desenlace definitivo por el tratado de que habremos mea* 
0ÍOO en el capítulo siguiente. 



t^i 




fVatodo definitivo de los limites que dividían á las colonias española p 
francesa en Santo Domingo^ dándose término á las contiendas suscita-. 
das desde el establecimiento de los franceses en la isla. 




*BSPüK8 de largas y sangrientas Inohas que babian durado siglo y 
medio, llegó el año de 1776, en el cual el Presidente y Capitán 
General de Santo Domingo, Don José Solano y Bote, sucesor del 
Señor Doi^ Manuel Azlor y üiries, y el Gobernador de la colonia 
fíuncesa, Conde de Bnnery, eligieron sus comisionados, el primero al 
Coronel Don Joaquín García Moreno y el segundo al Vizconde de 
Ohoisenl, á fln de que, oon vista de los planos y demás antecedentes 
trabaran los límites y fijaran pir^niides que sirviesen para en lo su^ 
oesivo de sépales flrnies y dvuaderas. Se lirmó el acuerdo en San 
Miguel de la Atalaya; y piacticada la opeíacion, dieron los Goberr 
padores cuenta* con antecedentes, y en Junio de 1777 quedó acor-» 
dado el tratado de límites, cuyo tenor es el siguiente: <*Los Sobe- 
♦^raims de Fi-ancia y Jíspaña, atentos siempre á procurar el bien á, 
^*sus vasallos respectivos, y convencidos de la grande iniportancia 
^*de establecer entre los vasallos de las dos coronas la unión íntima 
^*que rein^ entre S, S, M. M. felizmente, tienen intención de concu-r 
**rrir de común acuerdo, según los casos y circunstancias á dirimir 
^^Lis dificultades y obstáculos que pudieran oponerse á un fin tan sa- 
^Mudable, Las frecuentes discusiones que ba babido desde hace 
*%ucbo tiempo eu Santo Domingo entre los habitantes franceses 
^*y españoles de la isla, tanto sobre la extensión de terreno, como 
**sobie otros goces píirticnlares, sin embargo de las diversas conven- 
^*üi(me8 hechas prov¡8Íonalmenti3 entre los comandautes de Jas pose- 
^^siones respectivas de las dos naciones, han obligado á los dos 
^'Soberaqos ó tomar en consideración este importante objeto y á 
^^expediv órdenes é instrucciones convenientes á los Gobernadores 
"de la isla iuculo^mjüles se aidicasen con el mas solícito cuidado y el 
*^ma8 sincero deseo de éxito, á establecerla armonía posible entre 
^*los colonos ^respectivos, que rec<mociesen por ellos mismos los te- 
^*rrenos principales y levantasen planos exactos, y concluyesen en 
^*fin un arreglo de límites tan claro y positivo, (jue pusiese fin para 
^'siempre á las disputas y asegurasen lamas estreclia unión entre 
♦'los habitantes.^ En cumplimiento de las órdenes délos dos mo- 
n^cs^ ae hicieron todas las diligencias y reconocimientos posibles; 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 71 

y en flu, Mr. Valliere, Gobernador de la parte francesa, y Don José 
Solano Capitán general de la española, tirniaron un convenio 
provisional el 25 de Agosto de 1773; pero las dos cortes, juzgando 
que este convenio no satisfacia ent(Maniente sus deseos tnútuos y 
que tratándose de destruir para siempre todo motivo ó pretexto de 
discordia, era pre(;iso aclarar ninelio mas ciertos puntos, expidieron 
nuevas órdenes relativas á la mateiia. 

Acordados seriamente los dos (jobiernos, lograron concluir y 
íirmanm aniuiados de un mismo deseo, un nuevo convenio y des- 
cripción de límties el 29 de Febrero del ano último de 1776; y 
nombraron además comisarios é ingenieros para que juntos levan- 
tíisen un plano topogiiííico de Ja frontera en toda su extensión de 
Norte á Sud y colocasen de distancia en distancia los mojones 6 
pilares que fuesen necesarios. Cumplióse la comisión según apa- 
rece del instrumento filmado i)or los comisionados el 28 de Agosto 
siguiente. 

Cou estos datos se realizo el tratado que entre otras cosas decia: 

"Instruidos uno y otro Soberano de estos antecedentes, y de- 
seando dar su sello de apn^bacion real á un acuerdo y transacción 
definitiva que establezca para siempre la unión entre sus respecti- 
vos vasallos, han determinado que se ledacte en Europa un tratado 
relativo á los límites de las posesiones francesa y española en la 
Isla de Santo Domingo tomando por base la convención de 25 de 
Agosto de 73, el acuerdo concluido el 2í) de Febrero de 76 y sobre 
todo el instrumento firmado por los comisionados respectivos el 28 
de Agosto de dicho año. Y á este efecto S. E. el Marqués 
d'Ossun Grande de España de primera clase. Mariscal de Campo 
del ejército de S. M. Cristianísima, caballero dé sus Ordenes y su 
íJmbajador extraordinario y PhMiipotenciario en Madrid fué nom- 
bradlo por Su Magestad Cristianísliiia; y S. E. Don JoséMoñino de 
Florida Blanca, caballero de la Orden de Carlos III, Consejero de 
Estado y primer Secretario de Pastado y de Negocios Extrangeros, 
lo fué por S. M. Católica, los cuales después de haber conferido y 
comunicádose mutuamente sus poderes amplios formaron y han 
convenido en los artículos siguientes." 

Eran nueve los artículos y por evitar repeticiones de los con- 
venios celebrados y de que hemos hecho mención en diferentes par- 
tes, diremos solamente que por el primero y segundóse aprobaron 
los límites marcados por los comisionados en el orden que sigue: 

"Procediendo al cumplimiento del referido Tratado, empiesa la 
Linea de Demarcachm de Límites en la Costa del Norte de esta Ysla 
y boca del Rio Dajábon ó Masacre, y termina en la C(»sta del Sur, 
y boca del Kio Pedernales 6 Bivúre des Anses á Pitre, en cuyas 
orillas se han colocado las Pirániides que figura el Plano con las 
Ynscripciones de F ranee-España, gravadas en piedra, y puestos los 
números extremos 1; y 221: Todos los demás se manifiestan clara* 
mente en el Plano según su colocación. Se presupone, y entiende 
por derecha ó yzquierda de la Linea la de los comisarios en su mar- 



fj¡ HISTORIA DE SANTO DOMINOO. 

pb^y y j&Q 1q8 Bies, y AiToyos, la de su corrieote saliendo de su orí? 
gen. 

Bemontando por p) Bio Pajnhon 6 Masacre^ son sus aguas, y 
pesca común, linea de Frontera liatüta la Piníipide NV 2 de la Ysle? 
ta, diyididfj pon la§ Pjr^ujides 3: 4: 5: y tí; coqíoi me al Tratado; y 
no es tangente esta Linea al recpdo mas al)ausadQ ^e )a Rahine á 
Caymnn por ser ciénega impracticable. 

Las dos Pirámides N9 7, manifiestan que todo el Bio unido en- 
tre las dos yslet£|)S és Cpmun, y ft»rma la Linea como abajo. 

La segunda Y^let£|> queda dividida uoii la^ Pirá(ind<3s que se han 
levantado eij ella (Jesde el NV 8: al 17: jnclusive, y del modo que re- 
presenta e] Plano; Pue^ auqque confornie al Tnit£|,do debiera dividir^ 
se por una linea r^Cta quevSaliese de un extremo, á otro, ó desde 
(loude enqpiesa á tomar nombre de Don tiebastian el brazo derecho 
del Bio, y pl otro Bras tíauche da Masacre: Paií^ la execucion se 
fiallaroi) )o^ inpombeuientes de que el Plano particul£|>r de la Ysleta 
que sp tubo presente para el T|*£^tado era tan defectuoso como que la 
figurava Elíptica, y divisibU» con una sola liuea recta; se levantó con ]^ 
mayor exaptitud el nuel o Piano, que vá figurado en el general, y se 
dividió la Ysleta con dos Lineas, que concurreií, siguiendo el Espirl-: 
tu del Artípulp 59 del Tratado, para no perjudicar ^ los interese^ 
esenciales de los Vasallos de 8. Magestad Oatliólica, que hubieran 
quedado interceptados con la división de un$i sol^ linea recta. 

J)esde la P|r;íq)jde N? 17: son las Aguas del ^\o Pajahon y 
Arroyo de Capotillo |J|nite de las Posesiones ri^speptivas de ambaí^ 
Coroiífih^ liasta el Mojop N? 22. En este intervalo sp hallan dos 
Pirámides N? 18: en el cftmjno lieal y passo del Bio desde Dojabon 4 
tTuanampnde^; Í3os en la poca de Capotillo N9 19: Dos ep la boca 
del Arfoyo 4^e la Mina NV 20; Y dos Mojones N9 21: en la punta 
del GaJQ en qqe se halla est^blpcido Mr. Gastony donde se juntan 
.dos AiToyps pequefios que tbiman e] de Capotillo, Por el de la yz- 
quíerda s^be ]a linea por sus aguíes invariables hasta el N? 22: donde 
llega su actual Plantación; ÍDe ally ret)iie!ve, y le circunda buscando 
el N? 23: y la pumbre del Gajo, ppr la qut^l piosigue remontando 
hasta el N9 24: en el Alto de las Palomas. 

Desde este punto corre ]a Linea de Frontera por las Cumbres de 
la fontana de la Mina, y de iMarigallega, sigqiendp el antiguo ca- 
mino 4e l^s Boc|(laQ Espailolas h^stei pl Mojop N9 2g: en la punta 
que formi^ )a Saboneta de los Melados sobre la Plantación de Mr. 
láa-Salle de Oarpi^rf; continúa por la orilla de 1^ actúa) Plantación 
de café de Mr. ¿Mengif cercada cop limones hasta el pico que llaman 
de Percher y en linea recta sp baja por el N? 26: al 27: y 28: en la sa- 
bana de este nombre, por cuya or{ll^ derpchai y N9 29: se sube á la 
Lanía de las Maíces y Sillones dpi Chocolatej y de Corov(ido donde 
está el N9 30; que por lo firme de la misma Montana, y camino bien 
abierto se comunica con el N9 31: en la C\^esta del Pipo, B^ayahá. — 
Hasta el N9 33: no admite duda la Linea 4e Frontera por ]o firme 
de la Montaña, y camino abierto que pas:^ pqr la cumbre de ]a Loina 
fie Santiago^ 6 Montagne á tenébre^ por el N9 32, y picq que lia- 



PISTOBIA. DK SANTO DOMIMaO. 79 

man de laii Táblitas para atravesar basta el N? 33 del Sügneral^ 
dexando á la deleitaba las cabezadas del Rio Óaraguey^ 6 grande BU 
viere, que corre á la p^*rte Francesa, y á la yzquierda el nacimiento 
del Arrayo de }qs La^os qne corre á 1^ parte Españi>la. 

Desde el referido 1Í9 33 coiitiniian los Wiuites í^aeionales por 
camino biei) f).bierto atravesando las cañadas que se figuran en el 
Plano p^n^ siibir á la mayor altara de la LfOma atravesadn, por cuys^ 
cnmbre, y N? 34: ^igue bqpoando su unión con Is^ del Z^gi^apo^ pa- 
sando por los Núuíei'og 35: que corta al Arroyo de frenas: 3tí: 37: 
sobre el ciinúuo coujun en un Monte grand^^ y 38 en el Arroyo lla- 
mado del Ziguapo^ por cuyos gajos firmes se llegq» á su altura y lí? 39: 
que los Franoeses Ijaman Chapeleta de donde nac^ el Gajo, 6 Monta" 
nade Cíiíi^foZero; y por lo firme de ella corre la Linea por los Mo- 
jones Números 40; 41: y 42; bíí^sta el 43: que está en la Boca del A- 
rroyo de Candelero en Garaguey, viendo sobre la derpcba el Valle de 
este RiOy y sobre la yzquierda la profundidad inaccesible del Arroyo. 

Las Aguas del Rio Garaguey ó grande Biviere desde el N9 43: 
son Limite á las dos Naciones hast<^ el Cuerpo de Guardia de Ba- 
jón donde está la Pirámide N9 44: y la liooa del arroyo de este 
pombre n^eqcionadq en el Tratado, y que no podiaq buscar los Oomi- 
salios desde Ziguqpo ni Cmdelero con su direacioq £|»1 Oeste para 
seguirle como í^imíte de Frontera, por tener su origen en las Sientas 
deí Barrero, Cana9 y Artemisa, nuiy distantes al Sur y sin uniotí 
con la de 2¡iguapo, y Candelero, pobladas de considerables gatos Bsr 
pañoles, qne llegan al Qio,donde tienen sus Estancias de víveres pen- 
sionadas c(m Tributos de C^pells|.niHs; En cuya considei*£|«ion que no 
podia tenei^se presente quando se hizo el Tratado, y que de tirar la 
Linea de gs^jo, en g£HJO| por la orilla ysiquierda del Eio bástala boc^ 
de Bajón seria de ninguna utilidad á la Nación Francesa la poca, y 
mala tierra que quedarla entre la Linea, y el Bio, cuya altui'a coita-: 
ríalas Aguas á los ganados con grave perjuicio de los Vasallos de S, 
Magesf:^ Gatbolica, y sin provecho real pai*a los de S, Magestad 
Cbiisti^nfsima: Por tanto convinieron los Comisarios, y han aprovar 
do los Qeqerales, que entre los dos referidos números sean l^is Aguaa 
del Bio Garaguey Limite Nacional; y que para facilitar la comunicar 
cion en este parage, se bags^ un camino común atravesando el Bio 
de un lado, 4* otro, atenta la necesidad, por la aspereza del terreno, 
y dificnlt^^s del ^iOt 

pesde el Cuerpo de Guardia de Bajón sigue la Linea de la 
Frontera por el gqjo firme que acaba en la Pirámide; y desde su 
cnmbre pasa pof los Nun^eros 45: 46: 47: 48: y 49: continuando por 
la derecha las actuales Plantaciones de Mr. Co\is4 y Lorans, de- 
xando á la yzquierda las Posesiones de Bernardo Familias, basta el 
cuerpo de Guardia del Valle doude está el N9 50, 

Desde dicho puesto sube la Linea á la Loma firme de Jatidf iS 
Moniagne Noyrp por el camino bien conocido de las Bondas, y á la 
m^diania de esta subida. se giavó el N 9 51: en dos peñas grandes coq 
)^ ynscripoion de France-Espafia; En la cumbre se puso el N9 52: 
fkl principio (le la pianti^cion de Mr. Miloens, por puya qt\\\^ 4^1 Oa-: 



74 HISTORIA DE SAriTO DOMINGO. 

fé actual que está eu la cumbre corren los Limites buscando los Nú' 
meros 53: 54: 55: 56: v 57: sobre la actual Plantación de Mr. Jiiia- 
neaiix. Pasa por los Números 58: 5í): en la cabeza de un ramo de 
Cañada seca, y por el pico de este nombre, cumbre de la Montaña, y 
rasante á la Plantación de Mr. de la Prunarede. 

Los Números 60, y 61; están en la cabeza de Cañada seca: Los 
62: 63: y 64: en la misma Ganada al lededor de la actual Plantación 
de Mr. la Siiiere; y desde el N? 65: hasta el 69: inclusive se ban em- 
pleado en limitar la Plantación de Mr. Laserre situado á la yzípiier- 
da de la cumbre de esta Montaña. En el N9 69: se toma el camino 
común por arriba para bolver á tomar (bajando) la cumbre de la 
Montaña, y contornar las actuales Plantaciones de Potier^ La Leu, 
GerMerej y BeoHj propasadas á la yztjuierda con los Números desde 
70 hasta 79 inclusive en las Cabezailas del Arroyo Matiirin^ sobre 
las diferentes cañadas que lo forman. 

Desde el Pico en (pie se halla establecido Mr. Beon corre la Li- 
nea por camhio bien abierto en la cumbre hasta el N'? 80: que está 
en la Cabeza de la Cañada de Jatiel, entre las plantaciones de Mr. 
Colomhiéy Mathias Nolasco; Desde la casa de este prosigue la cum- 
bre, y Linia, yá subiendo, ya bajando algunas cañadas hasta encon- 
trar con los Números 81: 82: y 83: en la orilla del actual Café de Dii- 
har sobre el alto que lla.iian de Jatiel, 6 de la Porte á vista del 
Monte de la Angostura; Y por lo firme de dicho alio, y camino bien 
abierto baja la Linea á tropesar, y rodear la Plantación de Mr. Du- 
mar basta la Pirámide 84: que está en el Antiguo Cuerpo de Guar- 
dia de Basin Cayman á la orilla yzquierda del Rio. 

En la orilla derecha, y en frente del N9 84: está la Pirámide 85: 
donde los Plenipotenciarios pusiei'on la primera piedra al pié del pico 
en que emplesa la Montaña de Villa Buhia; sube la Linea á su 
cumbre donde está el Mojón N?86: Y bajando por un gajo al N9 »7: 
se toma la Cumbre de la Montaña sobre la Plantación de la Barona 
d£ Pus, y se sigue siempre por Aguas vertientes al Valle del Don- 
don sobre la derecha, y Parte Española sobre la yzquierda, hasta 
llegar á la actual Plantación de la Barona de Coliere (jue propasa la 
cumbre de la Montaña, y queda limitada con los Números 88: 89: 
90: 91: y 92: juntamente con Mr Chiron que tiene su Plantación 
unida, bolviendo á seguir desde el N9 92 la cumbre de la Montaña 
& la vista de dicho Valle hasta el N? 93: en la Loma Marmolejo 6 
Chapeleta de cuyo pico se baja á los Números 94, y 95: cortando la 
Cañada innu»diata á la Plantación de Mr. Siihirac, para llegar al 96: 
sobre la de Mr. Moreaaz, y de este punto baxar en Linea recta al 
Bio rf€ Canoa en cuya orilla derecha está la Pirámide NV 97: en la 
punta del gajo opuesto que baja de Marigallega. 

Continúa la Linea de Pr<mtera subiendo recta por dicho gajo al 
pico que llaman de Kercabrás N9 98: y por su cumbre sigue á la 
vista «le las actuales Plantaciones de Mr. Eclns y Tripier bástalos 
Números 99: y 100 donde haze buelta sobre las Plantaciones de Mr. 
Montalihor, Touquet, y Gerard por los Mojcmes 101: 102: y 103: has- 
ta el 104; en un pico de Peñas sobre las cabezadas del Rancho de Ba^ 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. Til 

leroy y por bajo de la segiuula Plantación de Touquet y Rodenes, 

Desde diclio punto sigue la Linea con la posible rectitud por 
camino bien abierto en terreno muy agrio cortando al Arroyo Colo- 
rado en el Mojón 105: Al Arroyo de las Demajaguas en el 106: y 
sube costeando á la Loma de las CanaSj en cnya cumbre se puso el 
107: desde el qual se baja al Arroyo seco ó Rabinea Fomií^y Pirámi' 
de 108: en la orilla yzquierda entre los Establecimientos del Español 
LorOj y Francés Boisfosetj asociado en otro tiempo á Touquet que 
es actualmente el solo poseedor de este Establecimiento mencionado 
en el tratado. 

Atravesando el Arroyo seco se puso la Pirámide 109: en la ori- 
lla derecha sobre la Cumbre del gajo que baja de la altura de Mari- 
gallega 6 Marigalante, por el cual sube á ella pasando por los Mojo- 
nes 110: y 111: que forman la Linea de Limites hasta el 1 12; donde se 
dividen las Aguas á la parte Española, y Piancesa: Y desde allí em- 
piesa á bajar buscando la Loma de donde las aguas conten al Rio del 
palo del Indio por los Mojones 113; gravado en una Peña; 114: colo- 
cado en un gajo; 1 lo: en el Arroyo de las Laxas; IIG, en el Arroyo 
délos Lazos; 117: en una Cañada; 118: en el alto pelado que llaman 
del Dorado; 119: en la Cañada de la Dormida; 120: en el quemado 
de Loma Suda; 121: y 122: en la Sabáueta de dicha Loma sobre las 
orillas del Camino-Real; y remontando hasta el Pico, baja de ella al 
N? 123; que está en el Arroyo del Encage entre dicha Loma, y 
la de la Jagua ó Montagne Noyre^ á la qual sube la Linea por 
los Números 124 y 125, donde lOvS abajos firmados hallaron imprac- 
ticable su cumbre, y se vieron obligados á rodearla por terreno Es- 
pañol para llegar en el lado opuesto á la dirección de la Linea de 
Frontera, que como todos los de más parajes inaccesibles se ha me- 
dido Trigonométricamente desde el N9 125 hasta el 126; en el Zerro 
de la Sabana de Paez^ pasando al 127: en el puente de Paez señala- 
do en el Tratado. 

Para la continuado de la Linea de Limites, y buscar la cumbre 
de la Ctípalinda se puso el Mojón 128, en el Zerrillo de Paez; El 
129, en la Aguada d^l Talle; EÍ 130, en la medianía de este: Y cor- 
tando el camino-Beal que llaman de la Cupalindíi entre las dos Sie- 
rras, subiendo á la altura en que se juntan para bajar al N? 131, 
que e*tá en un bajo de la Sierra de este nombre, desde el qual corre 
la Linea por la cumbre al N" 132, en una Peña, y 133 en un peñas- 
con inaccesible que llaman alto de Hicoteas^ hasta el N9 134 sobre el 
alto, y camino de la Descubierta^ que igualmente es impracticable 
en la mayor parte de su cumbre hasta las cabezadas del Rio de Cor-i 
dones. Y sin embargo se pusieron los Mojones 135 y 136, en el Talle 
de la Cidra j y el 137 en el Talle de PolancOj continuando la Sierra 
aguas veitientes á la parte Española, y Francesa, por el N? 138 en la 
Loina de Qaüarones sobre el origen del Rio de Cordones. 

Por medio de los Mojones 139 y 140 en la cumbre, y sobre el 
origen de Cordones pasa hi Linea, y se junta la Sierra de la Descu-^ 
tierta^ con la Prieta ó Cahos en el Mojón 141 con inmediación á las 
Plant^iciones de Mr, Sebert y Guy^ y continúa por los Números 142, 



7Q mSTOBlA DB S4.X70 OOMINaO. 

y 143, }* 144: gravados en tres Penas; Por los 145: 146: sobre 14 
Phintacioij actual de Poirier; 147: y 148: sobre la de Z2o/{n basta el 
^49: desde el qual se en[)piesa, á bajar y se tropieza con la primera 
Plautiieion de Mr. Tiefé propasada de Ja cumbre de Sierra Prieta 
Azia la Parte IJ)sp^ñola, y que se limitó con los Mojones 150: 151; 
152: 153: 154: y 155, volviendo á tomar y seguir la cumbre hasta su 
segunda Plantacioq, que está unida ó la de Mr, Camnave^ y las dos 
quedan limitadas con ios Números desde 156; basta 160 inclusive. 

Por 1^ cumbre indubitable de esta Sierrüi de pico en pico, corre 
la Linea por el Mojón 161: hq^sta el 162 al entrar en la Plantación 
actual de Mr. Peradin limitada con los humeros 163; 164; y 165: 
donde se buelve & seguir la cuuibre basta el N? 166 que está sobre 
la actual Plantacicm de Mr, Cotereau propasada de la cumbre á la 
yzquierda,y limitada con los Mojones desde 166 basta el N9 171 in- 
clusive; per el qualy y la cumbre de un gigo se llega á los I^iímeros 
172 y 1 73 sobre la Plp^ntacion de Mr. Yngrand donde se base in- 
practicable la mayor altura de la Sierra Prieta 6 Oran Cahos^ que 
forma con su cumbre los Limites Na43Íonales basta el Puerto ó Salta- 
dero del Mío de las Guarañas^ junto con el Arroyo hiancoy donde los 
Franceses llaman Trou WJEnfer donde se puso sobre el camino el 
Mojón N9 174. 

Pesde aquí corre la Linea de Frontera por la cumbre de la Sie- 
rra que llaman delJai^j^, a^uas vertientes ala parte E¡sp^fiola y 
Francesii basta el Pico del Naranjo^ desde el qual pasa recta al Mo- 
jón N9 175, gravado en una Peíía, y por los 176 y 177; en lo Llano 
de dicha Sierra sobre la posesión de Mr. Sube; y por el pico inme-^ 
diato prosigue basta el NV 178. Desde donde se vá bajaudo por ca-' 
mino bien abierto, y marcado al N? 179, en la Sabaneta del Jaity; 
para llegar á la Sabana grande donde estuvo el Cuerpo de Guardia 
de este nombre; Atiaviesa la Linea á la Sabana con dirección S. B., 
y por los Mojones It^O, en la medianía, y 181: en la punta, para co- 
rrer con la niisn^a dirección en busca del Puerto de Honduras^ cor- 
tando una cañada nuiy profunda, y costeando por sus gajos las Mon- 
tañas de la y^piierda hasta b^lar á los húmeros 182, en la Sahana 
de las Bestia Hy y 183| en la orilla derecha del Bio de ArtibonUo^ que 
se passa desde este punto al N^ 184: que está en la orilla yzquierda 
y poi' el 18o: sobre el Arroyo de Isidro se llega al X86, Cuerpo de 
Guardia de Uonduras, 

Para subir á la Cumbre de la Loma de Artibonito^ ó Montagne 
á Tonerre, se pa^^a segunda vez el Arroyo de Isidro en el N? 187, 
y V(i lemontando la Linea por los Ni'imeros 188, y 189: azia la Cum- 
bre, que es 11 ndte bien conocido por sus aguas vertientes, basta pa- 
siir p(ir los Números 190: 191; y 192: para llegar á la Peña de Ney- 
huQo sobre el camino-Eeal, gravada con la correspondiente inscrip- 
ción, y el N? 193. 

El Alto llamado de NeyhncOj por donde continúan los Limites 
tiene desde la Peña su entrada inaccesible, y se buscó por la parte 
Española para poner en la cumbre el Mojón N9194; desde donde 
i*orre la Linea con camino abierto, y mancado por el AUo de las De^ 



ÜtSfoHÍÁ Í>K 8ÁNT0 DOMIÑad. t7 

táaja^UMj y por la cumbre de la Sierra, para bajar (por una cana' 
da que se corta) al Arroyo Caliente; Este se pasa por cerca á sil 
ttnioD can el Rio de los Indios ó Fer á Chevalj que pasaron losr 
abajo fínnHdos por primera vez, y en su orilla yz<]uier(la pusieron 
el Mojón 195^ obligados del nía) terreno de la orilla derecha á atra- 
vesar sus caños^é Ysletas pafa llegar al Cuerpo de Guardia del Hon- 
do Talle y Nv 19Üy que están en ella sobre la actual Plantación <Ief 
Mr. Colomhierj 

Dcfsde dicba Guardia atitívesaron el Rlo^ y en el primer gajo se 
gravó en una Peña el NV 197, y continuaron en abrir la Linea cor- 
tando gH^jdSy y cañadas de la grande Montaña con los Ñinneros 198 y 
199: hasta llegar al 200} en el Fondo délas Palniasj por la iniposibi- 
Kdad de seguir alguna de ellas^ paía tomar la cumbre en el N? 201; 
La siguíeton basta el 204^ y atravesaran por o) N9 205: en uita Caña- 
da, buscando el Bio de la Qascom^ en cuya orilla yzquiefda se puso 
el Mojotí 206; En un gayo el 207; y en el llano 20S, lo9 tres sobre la 
Plantacioíf de Mr. Aíouset establecido entre la Gascona^ y el Arroyo 
de piedras bltíncaSi 

Se 0r>itaeste Arroj'o desde el íí? 208^ con dirección al g(tr, y co- 
Ire la Liiíeat; por la ofilla de los Establecimientos de Mauclere y Que- 
rin por los gajos que comluzen aí N$ 209: en la mas alto de la Mait-^ 
taña de Neyba^ desde donde se alcanzan á ver las Lagunas; Sigue por 
la cumbre áe esta Montaña hasta el N? 210: donde los Prácticos ma- 
nifestaron la bajada grand^i y qtie liera imposible contiirnar su mar- 
Cha por la Cumbre de \ú Montaña señahula para limite Nacional en 
el Tratado; Y bajando por la parte Msp-añola, llegáronlos abajo tir- 
mados al pié de la bdjadu gYande á poner sobre el camino Real eT 
Mojón 211; desde el qnal corta la Linea á la Laguna de Azuey 6 
JEtang mumaífe con dirección á la punta de la Loma que más entra 
én la Laguna por la parte Meridional^ cerca del Embarcadero de la 
Sabana dé Arf oyó blanco^ ó Rio Babine^ donde se gravó e) Mojo^ 
212: en una Peña; Desde ally sube la Linea de Limites buscanilo la( 
Ciínibre de la Montaña» Pasa poi' el Mojón 213: sobre el Camino en la 
Loma del Quemado: Corta la Caíiadu del Fondforangér y pm- la 
cumbre de su pico baja al N? 214; gravado en una peña en otra ca- 
ñada pof bajo el EsUiblecimiento de Pier Bagnol; y siguiéndola se 
sube á el N? 215: en la unión de otía cañada aí pie de su Plantación. 
Desde este pñnto sigue la Linea con dirección al Sur cortando 
ia Montaña sobre la qual está establecido ^r/^iioHiasta el N? 21(5: 
gi^ vado en una Peña, donde se juntan el Arrmjo blanco ó Bio Ba-' 
bincf (qn^está seco desde los Tembh)res de Tiefrá.) Y el que nace en 
las inmediatas Habitaciones de Bolin y Solhillet; para salvar sus ac- 
tuales PtilDtiicíoneSy quíe están á nnoy y otro lado del AiToyo coirien- 
fe, se pasa estef^ y forma líirea la ccin.bre de la Montaña del Maja- 
ffüal baista el gajo que bí^a á lo9 Números 217; y 218': en dtis Arro- 
yo» secos 8f)bre la Plantación de Solleillet. 

Pot el Arroyo de fci derecha continúala Linea por camino alrfer- 
to, y marcados todos los Arboles grandes (por taita de piedras iitile& 
}Ara hazer Mojones) bastaba cabeza de Pedernalfís ó Ririeré des Án^- 



78 fitSTOBIA DE SANTO DOMlÑGd. 

ses á Pitte., haziendolos varios retornos que maniñesta el Plañó jíof 
gajos, para subirá la gran Montaña, pasando por el pico 6 quem^ado 
de Juan Luis; Por la sabana de Bucan Patate; Por la sabana de 
la Descubierta^ Y su Lagunilla¡á vista de la Loma de la flor sobre 
layzquierdaj Por la oa/larf^ obscura; Por el Arroyo de Miserias; 
Por el batatul del Mantel; Por el Arroyo difícil; y el Arroyo profun- 
do, para llegar á las cabezadas del Rio nombrado por los Españoles 
Pedernales^ y poi' los Franceses Riñere des Anses d Pitre; dou<le se 
pusieron dos Mojones con el Número 219 y la misma yuscripcion. 

La Madre ó cuna de este Rio es límite de las dos Naciones, y se 
siguió hasta la boca en la costa del Sur, observando que en su pri- 
mera mitad se ocultan las agnas valias vezes: Se gravó la Yuscrip- 
cion y N9 220 en una Peña á la mitad del Rio en seco; y en su ex- 
tremidad se levantaron las dos Pirámides 221, en las dos orillas con 
las respectivas Yuscripciones, á la vista de los dos cuerpos de 
Guardia." 

Por los otros artículos del tratado se estableció la inspección de 
fronteras; las penas contra los que quitasen, destruyesen ó descom- 
pusiesen cualquiera de las i)irámides; el modo de usar los vecinos 
de la línea limítrofe y la servidumbre de caminos. 

Con este tratado definitivo vino á quedar terminada de una 
vez la cuestión suscitada entre españoles y franceses desde que 
entró á reinar Felipe V. Declarada por este tiempo la guerra ala 
nación inglesa con ocasión del levantamiento de los Estados del 
Noite de América, Fiancia, que abiertamente protegió á los norte- 
americanos, Igzo causa común ctm España^ La isla de Santo Do- 
niingo fué ent(mces uno de los puntos de reunión y de los que mas 
auxilios prestaron; como fueron los pactos entre >Mr. de la Riviere^ 
comisario de la marina y el Señor Presidente Don Isidro Peralta y 
Rojas, sobre la subsistencia de la tropa y marina que estaban en el 
Guarico y la guarnición de la parte española por los regimiento» 
franceses Turena y d'Enghien, de los cuales el último pasó A Santo 
Domingo y desempeñó su servicio basta el año de 1781 en que des-* 
empeñó la Capitanía General de la isla el Señor Don Manuel Gon-' 
zalez* 




ÑoHcias del estado en que se encontraba la parte española en Santo í)ú* 
mingo antes de la revolución de mil setecientos ochenta y nueve» — Di" 
visión territorial^ población^ agricultura y ganadería. — Fundación de 
los primeros ingenios de azúcar. — Itinerario de las tres zonas en que 

estaba dividida la parte española. 



^OMO eu esta época se dedicaron españoles y íraKceses á las tareai» 
k de la paz, parece oportuna ocasión de echar una ojeada al está- 
is do en que se hallaban entonces las poblaciones de una y otra par- 
te, supuesto que era el mismo en que se encontraban cuando ocu- 
nió la Revolución Francesa, que por poco hace desaparecer á una 
y otra colonia. Seremos sucintos en la narración, no entitiudo en 
pormenores de cosas comunes, refiriendo solamente lo que pueda 
nacer comprender el valor de la i)08esion española cedida á Francia 
con tanta ligereza. 

Era Santo Domingo la capital y principal ciudad de la parte 
española. Está situada en la boca del rio Ozama, d(»nde la trasla- 
dó el Comendador Ovando, de su piiniitivo asiento, como ya se ha 
dicho. A todo lo que antes se habia construitlo se agremiaron nuc" 
TOS edificios que niucho la hermovsearon- Las murallas flanquea<la& 
por baterías ó por baluartes cuyos nombies eran San OH y San Oe- 
naroj accesorios del que se halla sobre la puerta del Conde; San 
Lázaro^ San Miguel^ San Anton^ SanUt Bárbara y El Ángulo^ te- 
nían quince pies de alto por la parte dií tierra y estaban guarnecidos 
con piezas de artillería. La Fuerza ú ilonienaje, donde estuvo la 
primitiva fortaleza, es una plaza íormada por los cuarteles que ha- 
cen frente á la calle de his Dauías y por el Arsenal. En esta ciudade- 
la pueden maniobrar dos mil hombies. Desde et Homenage, situado 
en la punta ó recodo que forman el mar y el rio, se hacen las se- 
ñales de entradas de buques; y una batería denominada San Carlota 
y otras dos mas defienden la entrada del puerto. El Palacio de Go- 
bierno es un edificio en que estaban las oficinas de la Eeal Audien- 
cia, las de la Real Hacienda, las habitaciones del Presidente y las 
del Capitán General y se halla situado al E. de la ciudad frente al 
rio Ozania. Las atarazanas formadas eu las do^^ puertas que miran 
al puerto y al rio están cerca del palacio de Gobierno. La casa de 
Cabildo que forma el frente occidental de la plaza principal es un 
hernioso edificio de arquitectura gótica. La cárcel forma el costailo 



fio HISTOBÍÁ D£ SANTO DOMÍNGÍd. 

oriental de la misma plaza. La carnicería eiitá situada en el , ex- 
tremo S. O. (le la ciudad; ios cuarteles de milicia al Sud y e! '¿Ámá- 
(jen de pólvora al N. O. Bl hospital de San Nicolás está en la ca- 
lle de su nombre; el palacio arzobispal en lá. de los Plateros, el hos- 
pital de San Lázart) á inríi^di^fciones dél almacén de pólvora, fis- 
tos S(m los m'aü notsibles de los edlKcfos públicos. 

Los editíci(íselesiásticcjrs son tos KÍ}ínieht(»8: íja Catedral, her- 
moso edíHcio modela<lo por (tna básflió<i de Eoma, que así lo 
mandó el Emperador darlos V.,* está situatlá (ín el lado Sud de M 
ciudad, j tís de bella arquitectura, estilo jf<)tica moderno, con altas 
columnas y atí^vidos arcos/ Fueron tan bien escojidos los mate- 
riales con qiíe se construj^ó, que cuando en 18Í1 poseyendo los fran- 
ceses laciddad leí puso sitio el Gíeiteral Don Juan SanchesS Ilaimirez, 
una bomba disparada de las baterías españolaos (1), cayó sóbrela 
bóveda de la Catedral y profundi;¿ítndo erí elta hilbo de apa*íí\rse 
sin causarle el menor daSo: allí se conserva j^Híra adntifacion de 
todos. 

Oontierte lí( Oátedraí nueve cápílías y die^ y seis altares, y eti- 
tre las primei^as se distingue la del áantísiuio por log magníficos cua- 
dros de los doc?e apóstoles que la decoran. Kíí una de esas eapilla^ 
estala cru¿ que se plsCntó eí dia que se puscf la i)rímeríí piedra de 
lafíbrica con uníí iirscrfpcion (Jue ío expresa así, y que dice: ^'Fuó 
principiada en 1512 y concluida en 1540.'' En otní altar éslá la 
Santa Cruz que seí trajo déf la V(»ga después del teiTeu)otoí y se con- 
serva en un i-elicítrio de fiíijírana de plata dotíde se maniftéstá la 
devoción de ío« fieles err algunas ocasiones. EF cofó sobre el terct*r 
arco de la entrada;, es decaobií y tfe elegante íigtiraí la sala de con- 
sejo de loi^ canónigos está arriba y mira {\ la ]}h\ttí. 

Era servida la Catedral con magnificencia y stís alhajas rivali- 
zaban con las de las catedrales mas opulentas. K\ arzobispo tenia 
allí su silla dé^e qiíe refsumiór los antiguos obispados, y desempe- 
ñaban los caifónigos el cftrato sfn p'erjuic'io de íos o^bios de sus dig- 
nidades y prebendase 

Eran ayucljí de parroquia ía; igíesia de Saríía Bárbsirá, al Norte' 
de la ciudad y hU de S irf Andrés y S'iin Migueí en el centfof. 

A mas de fá Oatedral hay las iglesias de San Nicolás^ San An- 
tón, San Migueí, San Andrés, el Cái^men, San Lázaro; la Oaplíla de' 
Coca (2) y Sanf ígnacio (3) que con su colegio perteneció á íos P P. 
de la Oompafiía de Jesús.- El coríveiyto de Sautíi' Lfomingo está en 
el lado Sud de fa ciudad como los de nYoí^pis áe tíegina Angelorum' 
y Santa Clara; eí d« San Francisco y eí der la Merced quedaí» al 
Norte. 

No hemos hecho meEfcioií del antiguo paíakiio del Almirante^ 

(1) La versión comente es que procedió' de los buques de la escú/ldra 
del Almirante inglés Cuinby que boYnhard'eó' la plaza y alixiliaba á los' cMini- 
nicanosen'la Reconquista. (N. de la S.) 

(2) Llamada/ hoi de Los Remedios iN. de la S.) 

(3) Coii*vertída actnal mente en teatro. (N. dé ía S.y 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO* 81 

situado sobre la misma ribera del Ozama y ediñcado en un baluarte 
de ese nombre cerca del de Gobierno y del que ya hablamos en otro 
lugar, porque yace en el dia destechado y solitario. 

El plano de la ciudad es un trapecio que tiene al Este el rio Oza- 
roa, al Oest« la Sabana del Eey 6 el Paseo, al Sud el mar y al Norte 
el pueblo de San Garios. Está Santo Domingo rodeado de huertas 
y quintas, adonde se retiraban en la calurosa estación muchos 
de sus habitantes. 

Era la capital residencia del Presidente Gobernador y Capitán 
General, de los Oidores que componían la Audiencia, la mas anti- 
gua de América, del Arzobispo y numeroso clero secular, de los Ofi- 
ciales Reales, a^huinistradores de la Real Hacienda, de los Tenientes 
de Rey, del regimiento fijo compuesto de doce compañías veteranas, 
de las milicias de inñmterfa, caballería y de morenos, de una compa- 
ñía de artillería y de otra de ingenieros. 

Componíase su población de treinta mil habitantes según los 
datos mas exactos. Su comercio era activo con las Antillas y puer- 
tos de la Costa-firme Eia su pueblo moderado, religioso, y se en- 
tregaba á extraordinario regocijo en las costosas funciones con que 
celebraban los patronos de las iglesias de la ciudad. Gozaba de uo 
bienestar que nunca tuvo que envidiar al de ningún otro pueblo de 
la Américix. 

Extramuros de la ciudad y á corta distancia al Noroeste existia 
el pueblo de San Carlos de los Isleños, así llamado porque con na- 
turales de líis Canarias se pobló. Tendría hasta 2(K)0 almas y sus 
habitantes se aplicaban á varios titiles oficios. Su humosa iglesia 
de piedra era una de las primeras que se distinguía al acercarse á la 
ciudad el viajero, y es tan sólida su construcción que hubo tiempo 
en que se sirvieron de ella los beligerantes como de un fuerte ó 
castillo. 

En sus inmendiaciones se hallan los baños de mar nombrados 
de Güibia, y á poco mas de dos leguas, en la boca del rio Jaina, hu- 
bo una batería formada en una lengua de tierra cuya posición era 
venti\josa porque dominaba gran porción de terreno en el codo que 
forma el rio. Es memorable este punto porque fue rechazada allí 
la expedición inglesa que al mando del Almirante Venables y por 
orden del Protector Oliverio Crorawell trató de apoderarse de Santo 
I Domingo, y tras de ese intento malogrado, tuvo lugar luego, según 

hemos dicho, la toma de Jamaica que pertenece desde entonces á la 
corona inglesii. 

Prosiguiendo en la enumeración de los edificios, menciouarómos 
la Real y Pontificia Universidad que fué reinstalada en 1751 siendo 
rector Fray Francisco de la Cruz de Zayas, cancelario Ur. Don 
Pedro de Leiva, y vice el Dr. Dou Antonio déla Concha; catedráti- 
cos de las diferentes ciencias Fray Tomas Calderón, Fiay Manuel 
de Moya, Doctores Don Juan de Arredondo, Don Francisco Julián 
de Torres, Don Felipe Manon de Laia, Don eluan Julián de Ajeata; 
Fray José Bello, Fray Andrés Ufarte, Fray Juan de Frómeta; 
Doctores Don José de Morales y Don José Antonio Rodríguez de 



S2 HISTORIA 0E SANTO ÜOMlNGa 

Sousa,' Dou José de Gundi; Fray Juan de Dios González, Fray 
Fran<íUjco Antonio de Luna; y los maestros doctores Don Antonia 
López Pichardoy Don José Polanco. Estos individuos formaron 
Jas nuevas constituciones ó estatutos que sirvieron de regla en la 
Universklad y que fueron aprobada» por el Presidente y Capitán 
General Don Francisco Uubio y Peñaranda, con consulta del Oidor 
decano Asesoí* General Licenciado Don Antonio Villa Urrutia y 
Salcedo y sancionadas por el Key Don Fernando VI en Marzo do 
1754. Esta Universidad se elevó á tal grado de esplendor por el 
saber de su» catedráticos, que de varios puntos de América venian 
los mas célebres estuiUantes á tratar de ciencias. 

La jurisdicción de Santo Dom:ingo era extensa, poblada y rica 
en haitos, cacaotales é ingenios de azúcar, entre los cviales se dístin- 
guian por su* grandes dotaciones, máquinas y pioduct^os el áeBoca- 
nigua^ fundado por el Marqués de Iranda y administrado por su 
sobrino- Don Juan Oyarzabal; el de Camba que fué de los bienes 
pertenecientes á los Padres Jesuítas y poseyó después Don líicolá» 
de Gnridí, el San José de Don Antonio Dávila de Coca, y otios 
varios. 

En Santo Domingo fué donde se elaboi ó azúcar antes que en 
»inguna otra parte; y ya sobre este particular di una noticia exacta 
de los primeros ingenios de la isla en la Gaceta de la Habana de 7 do 
Febrero de 1856 que dice así: 

*'Los ingenios de elaborar azúcar, productoici* del fruto mas^ 
apreciable de Cuba, y que forman como siempre, valiosas heredades 
para sus dueños; las vicisitudes pm- que han pasado entre su primi- 
tiva y biillante aparición á principios del siglo XVI en Santo Domin- 
go Español; la no menos espléndiila á fines del XVIII en la coIonia^ 
francesa, del mismo Santo Domingoy la a<Unirabley sorprendente 
que des()]ega á mediados del XIX en fa isla de Cuba: los ailelantos 
científicos eon que enriquece la química la &>rmacion de la aziícar,* 
abreviando y niiejorando su naturaleza, color y pet^oj los diversos en- 
sayos que propone la economía para simplificar Üostrabujos á falta 
de brazos; el sorprendente número de ingenios que se h^vu construido 
en la isla y &U8 rendimientos y productos, ban sido otrot^ tantos mo- 
tivos de excitar el amor propio del Autor de la Historia de Santo Do- 
mingo desde su descubiinMento basta nuestros dias á que anticipe 
parte del contenido del capítulo 79 del 39 tomo de su obra que se 
imprime actualmente, en el cual se da noticia del origen y proce- 
dencia de la caña de azúcar en América, del primer ingenio que se 
construyó en Santo Domingo, de los demás que se formaron segui- 
damente en aquella época, de su estimación y valor, y de sus due- 
ños y fundadores; y como fuera el primero de todos ellos, el que 
fundaron el Bachiller Velosa en sociedad con Francisco de Tapia, Al- 
caide de la fortaleza "El Homenaje" y su hermano Cristóbal, Vee- 
dor de las fundiciones de oro y Regidor del Cabildo de Santo Do- 
mingo, octavoabuelo en línea ascendente, recta y legítima del Autor, 
Mírese el artículo como un homenaje debido á la verdad histórica 
de Io& pilateros hechos de los españoles en América, ó como una 



debílitlad natai al, que nos arrastra á que enorgullecidos, recordemos 
con placer las virtudes y acciones memorables de nuestros ascen- 
dientes. Trasladaré el capítulo según lo refiere Gonzalo Fernandez 
de Oviedo, en su historia general y natural de las Indias, testigo 
presencial de aquellos acontecimientos de 1520 á 35, y sucesor tam- 
bién de Francisco de Tapia en la Alcaidía de la Fortaleza de Santo 
Domingo» Dice así; 

"Pues aquesto del acucar es una de las mas ricas grangerías 
que en alguna provincia ó reino del mundo puede aver y en aques-* 
ta Iftila liay tanta é tan buena é de tan poco tiempo acá así ejercita- 
da é adquirida; bien es que aunque la tierra é fertilidad de ella, y el 
aparejo grande de las aguas é la dispusicion de los muy grandes bos- 
cajes de lena para tan grandes y continuos fuegos sean tan al pro* 
pósito (como son) para tales haciendas que tanto mas sean las gra- 
cias y el premio que se debe dar á quien lo enseno épuso primero 
por obra* Pues todos tovierou los ojos cerrados hasta que el Ba- 
chiller Gonzalo de Velosa» á su propia costa de grandes y excesivos 
gastos, según lo que él tenia^ é con mucho trabajo de su persona, 
truxo los maestros de azúcar á esta Isla, é hizo un trapiche de ca- 
balloSy é fué el primero que hizo hacer en esta Isla azúcar, é á él 
solo se deben las gracias^ como á principal inventor de aquesta rica 
grangería. No porque él fuese el primero que puso caña de a9Úcar 
en las Indias, pues algún tiempo antes que él viniese muchos las ha- 
blan puesto é las criaban é facían mieles dellas, pero fué como he 
dicho el primero que hizo a9Úcar en esta isla, pues por su ejemplo 
después otros hicieron lo mismo. El cual como tuvo cantidad de 
caña, hizo un trapiche de caballos en la ribera del rio Nigua, é tru- 
xo los oKciales para ello desde las islas de Canarias é molió é hizo 
acucar primero que otro alguno." 

**Pero la verdad de esto inquiriendo, he hallado que dicen algu- 
nos hombres de crédito é viejos que hoy viven en esta Cibdad otra 
cosa, é afirman que el que primero puso cañas de agúcar en esta isla 
fué un Pedro de Atienda, en la Cibdad de la Concepción de la Vega 
y que el Alcaide de la V^ega Miguel Ballester, natural de Cataluña, 
fué el primero que hizo adúcar. E afirman que lo hizo mas de dos años 
antes que lo hiciese el Bachiller Velosa: pero junto con esto dicen que 
lo que hizo este Alcaide fué muy poco é todo lo uno é lo otro ovo orí- 
gen de las cañas de Pedro de Atienda» De manera que de la unaé de 
la otra forma esto que está dicho es el fundamento ó principio origi- 
nal del a9Úcar en esta Isla é Indias, porque de este comienzo que á 
ello dio Pedro de Atien9a se multiplicó para llegar esta grangería al 
estado en que agora está é cada dia se aumenta y es mayor, puesto 
que de 16 años á esta parte algunos ingenios han^quebrado é se de- 
terioraron por las causas que en su lugar se dirá, pero otros se han 
perfícionado. Tornemos al Bachiller Velosa é su trapiche/' 

"Así como por aquel se fué mejor entendiendo esta hacienda, 
juntáronse con él el Veedor Cristóbal de Tapia, é su hermano el 
Alcaide de esta fortaleza Francisco de Tapia, é todos tres hicieron 
un ingenio en el Yaguate^ legua é media de la ribera del rio de Ni- 



84 HISTORIA D£ SAT9T0 DOMINGO. 

9ao; é desde alguu tiempo se desavinieroD y cl Bacbiller les vendió 
su parte á loa Tapias. Después el Veedor vendió la suya á Joban 
de Villoría, el qual después la vendió al Alcaide Francisco de 
Tapia é quedó en solo é] este primer ingenio que ovo en esta Isla. 
Gomo en aquel tiempo ó principios no se entendía tan bien como 
convenía, la necesidad que tales haciendas tienen de muchas tierras 
y de agua é leña é otras cosas que son anexas á tal grangería (de 
lo qual todo allí no babia tanto como era menester) despobló el Al- 
caide Francisco de Tapia aqueste ingenio, ¿ passó el cobre ó calde- 
reras é petrechos é todo lo que pudo á otro mejor asiento en la 
misma ríberade Nigua, á cinco leguas de esta Cibdad, donde basta 
que el dicbo Alcaide murió tuvo un muy buen ingenio; é de los po- 
derosos que hay en esta Isla." 

'^Porque no se repita muchas veces lo que agora diré ba de 
notar el letor en este ingenio para todos los otros por este aviso, 
que cada ingenio de los poderosos é bien aviados, demás é allende 
de la mucba costa é valor del edificio é fábrica de la casa en que se 
hace el adúcar é de otra giande casa en que se purga é se guarda, 
hay algunos que passan de diez é doce mil ducados de oro é mas^ 
basta lo tener moliente é corriente. Y aunque se diga quince mil 
ducados no me alargo, porque es menester tener á lo menos con- 
tinuamente ochenta ó cien negros é aun ciento é veinte é algunos 
mas para que mejor anden aviados; é allí cerca un buen bato ó 
dos de vacas de mil ó dos mil ó tres mil delhis que coma el ingenio; 
allende de la mucba costa de los oñciales é maestros que hacen el 
agúcar, y de carretas para acarrear la caiia al molino é para traer 
leña é gente continua que labre el pan é cure 6 riegue las cañas, é 
otras cosas necesarias é de continuos gastos. Pero en ki verdad el 
que es Señor de un ingenio libie é bien aviado, está muy bien é 
ricamente heredado é son de grandísima utilidad é riqueza para I09 
señores de los tales ingenios.'^ 

**Así que este fué el primer ingenio que ovo en estA Isla; é es 
de notar que hasta que ovo a9ucares en ella, las naos tornaban va- 
cias á España é agora van cargadas de ella é con mayores fletes de 
los que para acá traen é con mas ganancia. Y pues esta hacienda 
se comett9Ó en la ribera del Nigua, quiero decir los demás ingenio» 
que están á par del mismo rio." 

^Otro poderoso ingenio hay en la misma ribera del río Nigua 
que es del tesorera, Esteban de Pasamonte, é sus herederos que es 
uno de los mejores é mas poderosos de esta Is1a,assí en edificio como 
en lo demás de muchas aguas é montes y esclavos y todo lo que le 
conviene: el qual estáá siete leguas de esta Cibdad." 

^En la misma ríbera de Nigua mas baxo del que se dijo de su- 
so está otro ingenio muy bueno, que hizo Francisco Tostado, á seis 
leguas de esta Cibdad, que quedó á sus herederos, é es muy gentil 
hacienda é tiene todo lo que le es necesario." 

**íln esta misma ribera de Nigua hay otro ingenio de los mejo- 
res é mas poderosos de esta Isla, el qual está cerca de la boca de la 
mar, á quatro leguas é media dt^ esta Cibdad de Sancto Domingo, el 



HISTORIA DB SANTO DOMINQO. 85 

qual es del Secretario Diego Caballero de la Besa, regidor de esta 
Cibdad; heredad eu la verdad mucho de ver y de presciar así por su 
asiento como por otras cualidades que tiene." 

*'Encima de la ribera de Nigua en el rio que llaman Yamartj 
ocho leguas de esta Cibdad, está otro gentil ingenio qne hizo Johan 
de Ampies, ya defnnto, factor que fué de sus Magestades y regidor 
de esta Cibdad, el qual es agora de Dona Florencia de Avila é de sus 
herederos de dicho factor." 

"Otro ingenio é de los mejores de esta Isla tiene el duque Al- 
mirante Don Luis Colon. Pero porque esta giangería de a9ácar ó 
ingenios della se eomengóen la ribera del rio Nigua por decir todos 
los que hay en ella, é otro que con ellos confina; que son los cinco 
desuso nombrados, no se puso el del Almirante al principio como es 
razón, que en todo lo que toca á Indias preceda su persona á todos, 
pues que cuantos tienen de comer en ellas é lo han ganado con ellas 
le deben el primer lugar, pues su abuelo fué causa de todo lo que en 
estas partes se sabe é lo enseñó é descubrió para todos los que lo go- 
zan. Pero come» he dicho, por llevar la materia ordenada, fué ne- 
cesario hablar primero en el ingenio del Alcaide Francisco de Ta- 
pia, é tras aquel proseguir en lo que está dicho; y porque cuando 
este del Almirante se hizo ya habia otros ingenios en esta Isla. 
Aqneste fundó y edificó el segundo Almirante Don Diego Colon á 
qoatro leguas de esta Cibdad donde dicen la Isabela nueva; y después 
su mujer la Señora visoreyna, Doña María de Toledo, lo pasó donde 
agora está; que es mejor asiento é mas cerca de esta Cibdad, desde 
el qual en tres ó cuatro horas, este rio abaxo, en barcas, traen el 
adúcar, é lo meten en las naos; que es muy gran calidad é venUya 
á cuantos ingenios acá hay." 

"Otro ingenio fundaron los Licenciados Antonio Serrano, re- 
gidor que fué de esta Cibdad, é Francisco de Prado, que después 
fué del Contador Diego Caballero, regidor que fué de esta Cibdad, 
y al presente por nueva merced de la Cesárea Magestad, es Maris- 
cal de esta Lsla. El qual como ae^)r(Ió de se ir á España desamparó 
el dicho ingenio é se perdió; porque como fué fundado por letrados le- 
gistas y de semejante materia el Bartulo, no les dexó algún docu- 
mento erraron el artificio; porque ni comprendieron las calidades que 
habia de tener tal grangería, ni sus bolsas eran bastantes para soste- 
I ner ni aviar el ingenio. Cuanto mas que por la incomodidad del 

asiento era la costa mayor que la ganancia, é como el segundo se- 
ñor de esta hacienda la entendió mejor, la desbarató después que 
se aprovechó de lo que pudo della, assi de los negros é vacas, como 
-de parte de los petrechos, y como prudente, quiso mas perder la 
parte quel todo." 

"Otro ingenio se fundó á tres leguas de esta Cibdad, y un tiem- 
po se pensó que fuera muy bueno; porque assí lo mostró é molió can- 
tidad de acucar, pero también fué fundado sobre leyes, cerca de la 
ribera de Haina. El qual edificaron el Licenciado Pedro Vázquez 
de Mella y Esteban Justinian, genovés; y después de la vida del 
uno é del otro, quedó á sus herederos, é se perdió á causa del ace- 



86 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

qnfa e agua que le faltó, é porfiando á la tornar ó traer ilel rio Hai- 
na se gastaba mucho tiempo é hacienda. E assí acordaron los be- 
rederos de partir las tieiTas ó los negros é las vacas é petrechos é 
todo atjuello de que se podían aprovecbaí*, ó dejaron el ejercicio del 
a§úcar por no se acabar de perder en tal grangería é compañía. Pe- 
ro después Juan Baptista Justinian le tornó á reparar é quedó con 
la casa é ha fecho en eha un trapiche de caballos, en que al presen- 
te se muele acucar ó cada dia será aumentado ó rica hacienda, si 
le dan recabdos de caballo." 

"Otro ingenio fundó Cristóbal de Tapia, veedor que fué de las 
fundiciones del ov(^ en esta Isla é regidor desta Oibdad, ya defunto; el 
qual quedó á Francisco de Tapia su hijo, á quatro leguas de aques- 
ta Oibdad, donde dicen Itabos que es un arroyo. B después de los 
días de Oiistóbal de Tapia su hijo Francisco de Tapia no lo pudo sos- 
tener é lo desamparó, porque era mas la costa que el provecho: assí 
que este ingenio se perdió como los susodichos." 

"Tienen otro muy gentil ingenio los herederos del Tesorero 
Miguel de Pasamonte, el qual está en la ribera del rio Ni^ao, ocho 
leguas de esta Cibdad de Sancto Domingo, é es uno de los mejores 
desta Isla y de los que permanecen: le podemos contar por el octavo 
ingenio." 

"Alonso de Avila, Contador que fué en esta Isla por Sus Ma- 
gestades é regidor desta Oibdad, hizo otro muy buen ingenio á ocho 
leguas desta Cibdad en la ribera de Ni^ao; el qual quedó á su hijo y 
heredero Esteban de Avila é á su hermana, ó es muy gentil ha- 
cienda." 

"Otro muy buen ingenio fundó é tiene Lope de Bardicia, ve- 
cino de esta Cibdad: el qual está en la ribera de NÍ9ao, á nueve le- 
guas desta Oibdad de Sancto Domingo y es de las muy buenas ha- 
ciendas que acá hay desta calidad." 

"Otro ingenio y de los mejores de toda la Isla y de los muy 
poderosos, fundó el Licenciado Zuago, Oidor que fué por Sus Ma- 
gestades de la Real Audiencia que en esta Oibdad reside: el qual es- 
tá en el rio y ribera que llaman Ocoa, diez é seys leguas desta Cib- 
dad de Sancto Domingo; y es una de las buenas haciendas destas 
partes, y quedó después de los dias del Licenciado á su mujer Doña 
Phelipa, é á dos hijas suyas llamadas Doña Leonor c Doña Eme- 
renoiana Zuayo, con otros muchos bienes é haciendas. Y es opi- 
nión de algunos (que desta grangería son diestros) que solo este in- 
genio con los negros ó ganados ó petrechos ó tierras é todo lo á él 
anexo, vale al presente sobre cincuenta mili ducados de oro, porque 
está muy bien aviado. E yo le oy decir al Licenciado Zua§o que ca- 
da un año tenia de renta con el dicho ingenio seis mil ducados de 
oro ó mas, y aun pensaba que le avia de rentar mocho mas ade- 
lante." 

"El Secretario Diego Caballero de la Rosa demás del ingenio 
quesedixo de suso que tiene en la ribera de Nigua, tiene otro muy 
bueno, á veynte leguas dest^ Cibdad en término de la villa de A^ua; 
el qual ingenio está en la ribera del rio llamado Cepicepí, y es muy 



í ' HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 87 

gentil heredamiento é proveclioso.'' 

".Tacóme Castellón, fundó otro muy buen ingenio du término 
de la villa de A^ua, en el rio ó ribera que llaman Bia, á veynte é tres 
leguas desta Cibdad de Sancto Domingo, 6 después que falleció Já- 
come, quedó el ingenio é todos los otros sus bienes á su mujer Do- 
ña Francisca de Isásaga, é sus liijos; y es muy buena hacienda é 
provechosa no obstante que no ha andado este ingenio assí aviado 
como convenía, por la muerto de Jácoine de Castellón-" 

"Fernando Gorjon, vecino de la villa de AQua, tiene otro inge- 
nio de acucar en la misma villa, veynte é tres leguas ó veynte é 
cuatro desta Cibdad de Sancto Domingo: el qual lieredamieuto e« 
muy útil é provechoso á su dueño é de muclm estimación.'' 

"Un trapiche de caballos hizo en la misma villa de A9ua el 
Chantre Don Alonso de Pei-alta, dignidad que fué en esta sancta 
Iglesia de Saneto Domingo, é después de sus dias quedó ásus here- 
deros. Los tales edificios no son tan |X)derosos como loe de agua, 
pero son de mucha costa, porque lo que habia de hacer el agua, 
revolviendo las ruedas para la molienda de a9ucaf lo hacen las vi- 
das de muchos caballos, que son necesarios para tal exercicio y esta 
licU^ienda quedó á los herederos del Chantre é á Pedro de Heredia, 
gobernador que es agora en la provincia de Cartagena en la tien*a 
firme.'' 

"Hay otio trapiche de caballos en la misma villa de A5ua que es 
de un hombre honrado, vecino de allí que se llama Martin García." 

En la villa de Sant Johan de la Maguana quarenta leguas de 
esta Cibdad de Sancto Domingo hay otro ingenio poderoso que es 
de los herederos de un vecino de allí que se llamó Johan de León, 
é de la compañía de los alemanes Yeldares, que compró la mitad 
de este ingenio." 

"En la misma villa de Sant Johan de la Maguana, está otro 
muy bueno é poderoso ingenio que fundaron Pedro de Vadillo, y el 
Secretario Petlro de Ledesnia, y el Bachiller Moreno, ya defuntos, 
y quedó á sus herederos, y es muy gentil é rica hacienda." 

"Once leguas desta Cibdad '\ par de la ribera é rio que llaman 
Ca9uy, hizo é fundó Johan de Villoría, el viejo, un muy buen in- 
genio, é su cuña<lo Hieronimo de Agüero, ya defuntos: la qual ha- 
cienda quedó á los herederos de ambos, 6 assí mismo á los herederos 
de Agostiu de Binaldo, ginovés que tiene parte en este ingenio assí 
mismo." 

"El mismo Jolian de Villoría hizo é fundó otro ingenio de los 
muy buenos de esta Isla en el rio é ribera que llaman Sánate^ veyn- 
te é quatro leguas de esta Cibdad de Sancto Domingo: en términos 
de la villa de Higüey: el qual quedó después de sus diasá sus here- 
deros é á Doña Aldon^a de Acevedo, su mujer, y es rico hereda- 
miento." 

"El Licenciado Lacas Vázquez de Ayllon, Oidor que fué en es- 
ta Audiencia Real de Sancto Domingo; é Francisco de Ceballos, ya 
defuntos, edificaron un muy buen ingenio é poderoso en la villa de 
Puerto de Plata, que es quarenta y cinco leguas de esta Cibdad en 



88 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

la banda é costa del Norte: la qiial hacienda agora tienen al presente 
sus herederos." 

^^Dos hidalgos naturales de la Cibdad de Soria, que se llaman 
Pedro de Barrionuevo é Diego de Morales, vecinos de la villa de 
Puerto de Plata, hicieron otro muy buen ingenio en aquella villa; y 
es muy gentil heredamiento." 

"En la misma villa de Puerto de Plata, hicieron (í hay) un buen 
trapiche de caballos, Francisco de Barrionuevo, gobernador que fué 
de Castilla del Oro, é Fernando de Hueseas, vecinos de aquella villa 
y es muy buena hacienda." 

"En la misma villa de Puerto de Plata tienen otro trapi- 
che de caballos, Sancho de Monesterio, húrgales, y Johan de Agui- 
llar; y es muy gentil heredad." 

"En la villa del Bouao, diez é nueve leguas de esta Cibdad de 
Sancto Domingo, está otro buen ingenio de acucar, que tienen los 
hijos de Miguel Jover, catalán, é Sebastian de Fonte, é los herede- 
ros de Hernando de Carrion, v es buena hacienda " 

"El Licenciado Christobal Lebrón, Oidor que fué en esta Au- 
diencia Real hizo otro ingenio en uo muy gentil y provechoso 
asiento, diez leguas de esta Cibdad de Sancto Domingo, á donde di- 
cen el Árbol Gordo: el qual heredamiento es muy bueno, é quedó á 
sus herederos." 

"Otro buen ingenio hablan principiado en la ribera del rio Quia- 
bon, & veynte é quatro leguas de esta Cibdad de Sancto Domingo, 
Hernando de Carvajal éMelchior de Castio, en un muy gentil asien- 
to; pero est^ edificio cesó, porque estos deshicieron la compañía, é 
porque se les hizo lejos, 6 porque les pareció que la costa era^mucha 
hasta le tener aviado: en fin no permaneció" 

"Por manera que, resumiendo la relación destos ingenios é ricos 
heredamientos de adúcar, hay en esta Isla veynte ingenios podero- 
sos molientes é corrientes é quatro trapiches de caballos. E hay 
en esta Isla disposición para edificar otros muchos, é uo se sabe de 
Isla ni reino alguno entie cristianos ni infieles, tan grande é seme- 
jante cosa de esta grangería del adúcar. E continuamente las naos 
que vienen de España vuelven áella cargadas de adúcares muy bue- 
nos; é las espumas é mieles dellos que en esta Isla se pierden y se 
dan de gracia, harían rica otra gran provincia. Y lo que es mas de 
maravillar destas gruesas haciendas, es que en tiempo de muchos 
de los que vivimos en estas partes, y de los que aellas pasaron des- 
de treinta é ocho años á esta parte, ningún ingenio destos hallamos 
en estas Indias, y que por nuestras manóse industria se han fecho 
en tan breve tiempo. Y esto baste cuanto al adúcar é ingenios de- 
Ua; y no es poco gentil notable para la comparación que hi9e poco 
antes desta Isla Española é su fertilidad á la de Secilia é Ingla- 
terra." 

"Otros ingenios hay, aunque son pocos, en las Islas de Sant Jo- 
han é Jamaica é en la Nueva España, de los quales se hará memo- 
ria en su lugar conveniente. El prescio que vale al presente aquí 
en esta Cibdad de Sancto Domingo, es un peso, y á tiempos algo 



HISTORIA D£ SANTO DOMINGO. 8f^ 

mas (le un peso é medio de oro é menos, leal dado por cada arroba 
de veynte é cinco libras, é las libras de diez é seis on^ías. Y en 
otras partes desta Isla vale meuds, á causa de las otras costas, é 
aciirrctos que se han de pagar hasta lo conducir al Puerto en este 
afio de mili é (luinientos é quurenta y seis años de la Natividad de 
Christo nuestro Eedentoi*; con lo qual se da fin á este libro quarto 
porque la historia se continúe en utras cosas desta Natural é ge- 
neral historia de Indias.^ 

El puerto de la ciudad de Santo Domingo lo forma la emboca- 
dura del rio Ozama, el cual aumentando su caudal con las aguas de 
la Isabela, Yabacao, Monte Platn, Savita, Guanuma y otros ríos 
se hace navegable y permite la conducción á la plaza de los granos, 
víveres y azúcares del interior. 

Los muros de la ciudad, sus baterías y numerosos edificios, fue- 
ron construidos sin piedra alguna, pues no la necesitaban los alba- 
fiiles, los cuales formaban una mezcla de cal, arena y tierra casca- 
josa con que iban rellenando los intersticios dejados entre dos tablas 
que figuraban las paredes, uiezcla que unida á fuerza de pisón y 
endurecida por el sol y el tiempo, se amoldaba de una manera sor- 
prendente. Este económico sistema requería poco trabajo y no 
había para qué utilizar las numerosas canteras que existían en los 
alrededores. La fortaleza denonunada el Homenaje, construida 
por el Comendador Ovando, y que heñios descrito ya, se fabricó 
de este modo con tan excelente material como el cimiento romano. 

A media legua de la ciudad, en el lugar llamado Santa Ana, 
existe una cueva que tiene en su centro una hermosa y espaciosa 
sala en forma de anfiteatro, rodeada de huecos y arcos que seme- 
jan corredores, y cuyo t^cho se apoya en columnatas de estalac- 
titas. Es tradición que fué templo de los indígenas. 

Finalmente fué Santo Domingo construido tan fastuosamente, 
que treinta años después de principiada se le dijo al Emperador 
Carlos V, según Oviedo, que las casas de aquella ciudad eran 
preferibles en comodidad y ornato á m uchos de los palacios en que 
se hospedaba Su Msgestad durante sus viajes por España, Italia y 
Alemania. 

Era Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad de la colonia. 
Fundáronla los hidalgos de la Isabela y Puerto de Plata que se 
retiraron de ellas cuando su demolición y los de la ciudad de la 
Vega, destruida por un terremoto. Celosos de conservar los privi- 
legios de nobleza, obtuvieron por gracia especial estos caballeros y 
para distinguií-se de los plebeyos, comulgar con espada ceñida 
á usanza de los de las Ordenes militares y entrar á la iglesia, 
en ciertas festividades, con sombrero calado, botas, espuelas y 
espada. Según constante tradición, les concedieron estos privi- 
legios los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel; y de ellos 
bacian ostentación anualmente los agraciados en la festividad de 
Santiago Apóstol, patrono de la ciudad. 

Hállase esta situada en el centro de la Vega Beal, sobre una 
eminencia sí se la mira viniendo por la cuesta Blanca ó de las Pie- 



90 HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 

(Iraíi, camino de Santo Domingo, y en la llanura viéndola por el 
Norte. El rio Yaque, uno de los mas caudalosos y extensos de 
la isla la rodea por el Sud y el Oeste. A distancia de dos leguas 
al Noite, se levanta la CíUtlilleía de Monte Cristi y al Este algunos 
elevados cerros. 

El rio que ba socavado su lecho de piedra corre á considera- 
ble profundidad, visto desde su orilla: son muy saludables sus aguas 
que arraMtran granos de oro. Los alrededores de la población es- 
tán perfectamente cultivados. Su clima y temperamento han sido 
reputados como muy saludables y á propósito para convalecer los 
enfernios. 

Las casas de la ciudad eran en su mayor parte de mamposte- 
ría, aunque en los barrios pobres abundaban las de yaguas y em- 
barrado. 

Los edificios que mas llamaban la atención eran los siguien- 
tes: 

La iglesia parroquial de extensas dimensiones, con tres naves y 
ocho capillas colaterales, de macizos pilares y tosca construcción: 
tenia una torre y un hermoso reloj. Llamaba la atención en este 
ediñcio la capilla del Santísimo Sacramente costeada, enriquecida 
y ujantenida por la piedad de la familia Pichardo, una 'de las mas 
ricas de aquella ciudad. La pintura de los doce apósteles, el sa- 
grario, el frontal y los adornos de plata, la custodia de finísimas 
piedras, la gran campana de la torre y el altar eran muy notables. 

En la misma plaza estaba la iglesia ó capilla de la Virgen del 
Carmen, sólido y hermoso edificio de tres torres, construido á imita- 
ción de una capilla romana. 

Junto á esta capilla se levanta el hospital de los pobres enfer- 
mos que tiene un oratorio. 

En la misma plaza y en una casa perteneciente á Mr Espai- 
llat, existia la Real Factoría de tabaco que hacia cuantiosas reme- 
sas á los laboratorios de Sevilla. 

A mas de estos edificios veíase á la parte occidental de la plaza, 
la casa '!e Cabildo de alte y bajo que construyó á sus expensas 
para solemnizar las juras reales de los Eeyes Don Fernando VI y 
Don Carlos III el Alférez Real Don Juan del Monte y Tapia. Fue- 
ron los altos destinados a los archivos y funciones municipales y 
en los bajos estableció el Ayuntamiento la escuela pública de pri- 
lueras letras. 

La cárcel estaba situada en la misma plaza y á su frente el pa- 
lo de la picota. 

En un cerro al S. E. de la ciudad á las orillas del Yaque esta- 
ba el paseo. La calle del Sol terminaba en una plaza con su igle- 
sia dedicada á San Antonio de Padua y en que celebraban sus fun- 
ciones los hermanos terceros de San Francisco. Al principio de la 
sabana que conduce á la colonia francesa existia otra capilla dedi- 
cada á Santa Ana. Otra plaza habia y en uno de sus costados se 
elevaba el convento que maltratado por los terremotes abandonaron 
los Piidres para refugiarse en otro antiguo aunque mas pequeño. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 91 

Tenia Santiago un Alcalde Mayor, cuya creación data desde 
el descubrimiento de la isla y cuya jurisdicción se extendía á los 
lugares interiores de la banda del Norte; doce Regidores; dos alcal- 
des ordinarios cuyas plazas desempeñaban los mas nobles y ricos de 
los vecinos; dos curas y un vicario. En cuanto á lo militar tenia un 
comandante, varias compañías de milicia provinciales, las rurales, los 
dragones y lanceros. 

Cultivábase en su jurisdicción la caña y el tabaco y se criaban 
inmensas manadas de ganado vacuno, caballar y menor, con lo que 
entretenía extenso y activo comercio con la colonia fmncesa. 

Era su poblacian de 28000 almas, casi igual á la de Santo 
Domingo. Estaba situado entre las montañas de Cibao y Monte 
Cristi á 50 leguas de Santo Domingo, 34 del fondo de la bahía de 
Samaná, 13 de Puerto de Plata, 8 de la Vega y 28 del pueblo de 
Dajabon, rayano de la colonia francesa. 

Presentaba Santiago en el año de 1789 el cuadro de la mayor 
prosperidad, debido á su abundante producción y agradable tem- 
peramento; también los partidos de campo que la rodeaban se veian 
en próspero estado. Estos estaban bajo la custodia de capitanes 
de compañías, que regularmente desempeñaban las funciones judi- 
ciales en los partidos. 

Pai'ecerá demasiado lujo de pormenores nombrar aquí á todos 
los que en el citado año de 89 desempeñaban cargos públicos; pero 
séame peimitido aprovechar los documentos que conservo, y que 
sin perjudicar la narración de los hechas, traen á la memoria esto 
recuerdo de los felices dias de mi infancia. 

Hemos dicho ya cuales eran los empleos que habia en aquella 
ciudad, tanto en la administración civil, como en la eclesiástica y 
militar; digamos ahora quienes los desempeñaban. Era Alcalde 
Mayor Don Joaquín Pueyo y Urriez; Alcaldes ordinarios, Don To- 
más de Contreras y Medrano y Don Juan de Portas y Cabral; Regi- 
dores, Alférez Eeal, Don Antonio Pichardo Zereceda, Alguacil Ma- 
yor, Don José C. Pichardo y Zereceda, Don Lúeas PaSron, Don 
Juan Reyes, Don Antonio de Silva, Don Pedro del Monte Villafa- 
ñe, Don Francisco Arroyo, Don Joaquín de Moya y Pelaez, Don 
Andrés Villanueva; y Curas, Rector Don Francisco del Monte y 
Frutos, Beneficiado Don Pedro Sánchez Valverde, Vicario Juez 
eclesiástico, Don Pedro Tabares y Bencomo, Sacristán mayor, Don 
Nicolás Ostes, con varios eclesiásticos y algunos curas de las pa- 
rroquias próximas que concurrían al culto espléndido con que se 
oficiaba en la Parroquial, y los religiosos jMeroedarios que asistían 
también, luego que desempeñaban las funciones de sus conventos. 

Era Comandante de las armas el Coronel Don Luis Pérez Gue- 
rra que desempeñaba al propio tiempo la capitanía de la primera 
compañía de las milicias disciplinadas: servían en ella bajo sus ór- 
denes, el Teniente Don José Peralta y el Alférez Don Francisco 
Valguetv El Teniente coronel Don Juan de Aranda y Don Ale- 
jandro Infante y Portes, eran los jefes de la segunda y tercera. El 
Teniente coronel Don Pedro de Luna y Medrano era el capitán del 



92 HISTORIA. DE SANTO DOMINGO. 

primer escuadrón de dragones del Norte; Teniente, Don Domingo 
Peiez y Plcliaido, y Alférez, Don Rafael Subí; del segundo escua- 
drón de dragones, era Capitán Don Pedro de Herrera, Teniente 
Don Cayetano Rosón y Alférez U >n Domingo Ceballos. De la 
primera de lanceros á caballo, Cap¡l::íi Don Juan Villanueva, Te- 
niente Don Antonio Gómez y Alférez Don Juan Ortaste: de la de 
lanceros á pié, Don Carlos Mirael; Capitán de la compañía y del 
partido de Cana, Don Luis de Muñoz; del partido de la Sierra ío era 
Don Antonio íjopez; del de Villalobos, Don Domingo Reyes; de 
Luces arriba, Don Carlos Niiñez; de Gurabo, Don Pedro Méndez; 
de Arícinas, Don Gregorio Molina; de Estancias-nuevas, Don Fran- 
cisco Nunez; de Luces abajo, Don José López; de Quinigua, Don 
Manuel Méndez; de Gurabit<)-arriba, Don Juan de Portes y Oabral; 
de Gurabito-abajo, Don Luis Guillen é Infante: de Cancéi, Don Juan 
Nuñez; de Guazumal, Don Domitigo Brito; de Moca, Don Bruno 
Almonte; de Jacagua, Don Lorenzo Cosmiel; de Prácticos-fieles de 
la frontera Don Tomás Espinal. 

Eran ayudas de las parroquias, la de Moca ó Canea á tres le- 
guas al Este; la de Sierras ó Matas á doce leguas, dentro de las 
montanas de Cibao, y en el mismo lugar en que fundó su primitivo 
fuerte el Almirante; y la de Laguneta ó Amina, población de cien 
Clisas con dos ó tres mil almas. 

La tercera ciudad de importancia era la Concepción de la Ve- 
ga. Fundóse primitivamente en la falda septentrional del cerro 
donde el Almirante Don Cristóbal Colon dio á los indígenas la pri- 
mera batalla campal que vio la América y donde se estableció una 
fortaleza que comunicaba con la antigua Isabela y con la moderna 
ó Santo Domingo. En torno de ese fuerte se establecieron paula- 
tinamente varias familias que llegaron de la metrópoli y que forma- 
ron bien luego la ciudad mas populosa de la isla. En ella se esta- 
bleció el Obispado, cuyo primer nombramiento obtuvo el Sr. Don 
Pedio Xuares Deza que falleció á los pocos años y fué sepultíido 
en la Catedral. En esta celebró su primera misa, según está ya di- 
cho, el Padre Don Bartolomé de las Casas, que fué después reli- 
gioso dominico, y mas luego Obispo de Chiapa. 

El gran tenemoto de L564, destruyó esta hermosa población 
sobre cuyas ruinas se mecen hoy árboles tan corpulentos, que lle- 
gan algunos á la altura de ciento cincuenta pies. Aun se encuen- 
tran muros y paredes y se reconoce fácilmente el convento de San 
Francisco. 

Trasladóse la ciudad al sitio que hoy ocupa en mitad de una di- 
latada llanura y á media legua del rio Camú. Era alegre su aspec- 
to; y, ó bien por razón del poco tráfico de sus habitantes, ó bien por 
la fertilidad del terreno, alfombraba sus calles una especie de gra- 
ma. Sus casas eran de mampostería ó de yaguas y embarrado; 
la iglesia parroquial, en que se conserva el cuadro nombrado "Nues- 
tra Scíñora la Antigua de Sevilla," que trajo en su primer viaje el 
Almirante, es de regular elevación. 

Su jurisdicción princjipiaba, al íTorte, en la embocadura del rio 



HiSTOBU DE SANTO DOMINGO. 93 

Yásica, desde donde se dirigía siguiendo su curso basta su nacimien- 
to, pasaba al rio Canea y luego al arroyo Licey y ai de Puñales cuyo 
curso seguia. De allí continuaba la línea al nacimiento del Ya- 
que y pasaba luego por el Gima, Oamú y Yuinns, cuyo circuito 
encerraba gran extensión de terreno en que se cultivaba tabaco y 
se criaba tan gi'an número de ganado, que el Comandante de la Ve- 
ga Don José Ondi hizoá 8. M. dotación de mil reses, para el abasto 
de las tropas que acampabcan en el bato de Dalavre. 

Distaba 40 leguas de Santo Domingo, 24 de Samaná, 12 de la 
villa del Cotuí y 6 de Santiago de los Caballeros. 

Para concluir copiaremos la relación de un curioso viajero que 
dice así: 

"Ayer filia visitar el Santo-Cerro que es una eminencia sitna- 
"da al Norte de esta ciudad (la Vi^ga), en que hay un santuario 
**muy concurrido de personas devotas, y en que se vé el lioyo eu 
"que se plantó la primera cruz en la isla. En este lugar, según la 
"tradición, ganaron los españoles una ñimosa batalla contra los in- 
"dígenas por la protección de la Virgen, á quien vieron vsentada 
"en uno de los brazos de esta cruz, con cuyo motivo, se empezaron 
"á cortar reliquias hasta que la Autoridad Eclesiástica, para con- 
"servar ese monumento histórico hizo trasportar el resto á Santo 
"Domingo, donde se puso dentro de una caja de plata de exquisito 
"trab^goy también en forma de cruz y se venera bajo el título de 
"la Santa Reliquia en el altar que hace frente á la nave del lado de- 
"recho de la Catedral.'' 

"Mas de trescientos años hace que todos los que van en ro- 
"mería al Santo-Cen'o sacan tierra de ese hoyo que ocupa el ceulio 
"de una capilla situada á la derecha de la ermita y á esta hora no 
"tiene mas de una vaia de profundidad y otra de diámetro. He 
"examinado este fenómeno con t<Hla detención y me he cerciorado 
"por mis ojos de que no hay en ello la menor superchería." 

"Hablarte del bello paisi^je que se di.sfruta en la cima del San- 
"to Cerro,sería una empresa tan ardua como inútil. Naila de cuan- 
"to te dijera la docta pluma del mismo Bernardino de Saint-Pierre 
"te daria ni una leve pintura del sorprendente cosmorama que se 
"presenta á la vista; pero para no dejar de decirte algo, figúrate una 
"elevación casi cortada perpendicularmente desde la cual se percibe 
"ana llanura como de cincuenta leguas rodeada de una elevada 
"cordillera que hace como una garganta en la bahía de Samaná, no 
"distinguiéndose esta porque la distancia es superior al alcance na- 
"tural de la vista." 

"Al pié del Santo Cerro corre un arroyo muy cristalino aun- 
"que no de buenas aguas al que la piedad da el nombre de agua 
"santa." 

"Del Santo Cerro tomé el camino que conduce á las ruinas 
"de la antigua ciudad de la Vega destruida por el famoso terremoto 
"de 1564. Auu se conservan algunos fragmentos de la iglesia 
"principal de un convento; de un baluarte y los cimientos de algu- 
"nas casas. La opinión vulgar, es que esa ciudad se hundió; pero 



94 HlSTOBtA D£ SANIH) DOMlMau. 

"yo puedo asegurar que esta aserción es falsa, pues su terreno lid 
"solo está al nivel del resto sino que las tembladeras atestiguan lo 
"contrario. Lo que sin duda ha dado lugar á este error es que los 
"escombros de los edificios caldos han dejado como enterrados los 
"que quedaron en pié de modo que lejos de haber hundimiento 
"hay por el contrario una protuberancia ocasionada por la agióme-* 
"ración de materiales." 

"Uno de los pilares ó estribos de la iglesia está abrazado tan 
"fuertemente por las raíces de un árbol de copey que resistió firme 
"los sacudimientos del terremoto de 1842 en que acabó de caer lo 
"poco que quedaba en pié. En toda la extensión de la ciudad des- 
"truida se vé una fecunda vegetación; sobre todo hay pahnas y 
"mameyes que pasan de 250 pies de altura." 

"Cuando llegué á mi posada solo me ocupé de guardar cuida- 
"desámente una astilla del árbol de níspero de que se hizo la cruz 
"de que te he hablado y que contando por lo menos cuatro siglos 
"de existencia aun produce frutos de muy bien sabor y manifiesta 
"una extraordinaria lozanía: distará de la ermita ciento ciucuen- 
"ta pasos. Se advierte en los habitantes de la Vega una indolen- 
"cia casi general, tanto mas sensible cuanto que siendo aquella co- 
"marca una de las mas extensas, podrían sacar grandes ventajas 
"de un sistema de agricultura activo y bien combinado* Lo mas 
"raro es que esa apatía no se le conoce en la guerra: los soldados 
"veganos han desplegado en todas las acciones dadas en la frontera 
"del Noroeste ese valor y firmeza que deciden favorablemente la 
"suerte de los combates." 

En la bahía de Samaná existia la paroquia del mismo nombre 
hacia el lado derecho, con mil quinientas almas; y al izquierdo la 
de Sabana de la Mar de ochocientas almas. No progresaron esta» 
poblaciones, aunque debían á su privilegiado asiento, elementos y 
condiciones muy venta^josasj pues dotadas de un puerto resguarda- 
do por isletas y de fácil defensa con territorios fértiles en árboles 
de construcción, yconel Yuna, rio navegable á sus inmediaciones, 
hubieran podido alcanzar mayor grado de progreso. Fueron po- 
bladas en tiempo del Señor Gobernador Bubio de Peñaranda por lo& 
naturales de las islas CanariaSé 

Lo mismo sucedió con Puerto de Plata y Monte Cristi, poblacio- 
nes que fueron destruidas y abandonadas como ya hemos dicho^ 
pero que se reedificaron y poblaron de nuevo con isleños canarios. 
Aunque se les concedió el comercio libre por diez anos, y era ven- 
tajosa Hu situación, y aunque tenian gran número de casas y de 
buenas iglesias no pasó Puerto de Plata de 3000 almas de pobla- 
ción ni iVlonte Cristi de poco menos. 

Al Este de la ciudad de la Vega está la Mejorada 6 villa del Oo* 
tuí, con mas de doscientas casas de pa^ja, una iglesia de mamposte- 
ría y otro edificio que sirve de vivienda al Comandante de armas. 
Era su jurisdicción extensa pero falta de población á causa de su 
poco saludable temperamento; el número de sus habitantes subía 
á 5000 y dependían de su parioquia las ayudas ó ermitas de An- 



HISTORIA D£ SANTO DOMmaO 93 

gelina, en el centro de la isla, con 1800 almas, y la de Macoris á lu 
orilla del rio de su nombre, costa del Norte, con 300 feügiese». En 
sil distrito están las famosas minas de cobre de Maimón: tiene tam-* 
bien algunas de cobre y mármoles* Pero su mayor riqueza consis- 
te en la proximidad del rio Yuna, que con poco tiabajo se baria na^^ 
vegable bástala sabana de Angelina, lugar en que se ven aun las 
ruinas de las factorías que en los primitivos tieujpos de la conquis- 
ta mantenían la importa.cíon y exportación del comercio de la ba- 
hía de Samaná, en cuyo fondo desemboca el Yuna. Es enorme el 
caudal de agua que arrastra este rio, cuyas orillas cubre portento- 
sa vegetación: nace en las montañas del (Jibao, cerca del Yaque, 
y, tomando la dirección del Este, después de recorrer la jurisdicción 
del Gotuí, ya sumamente caudaloso, por las aguas que recoge, des- 
emboca en Samaná. 

Está situada la ciudad en una pequeña llanura á la orilla de- 
recha del Yuna. Fué muy activo su comercio eu los primitivos 
tiempos, no solo por los productos de las minas de cobre de Maimón 
que producían mas del ocho por cieutt) de oro, sino también por otras 
que se explotaban allí. Se extraen de ellas el lápiz-lázuli de pri- 
mera calidad, imán, bierro y esmeralda que se sacaba de una mon- 
taña cercana á Maimón. Sus habitantes se dedicaban á la indus- 
tria pecuaria. Está á 30 leguas de Santo Doniingo, á 12 de la ba- 
hía de Samaná, y á igual distancia de la Vega. 

Dajabon, último pueblo de la parte del Norte, situado en el lí- 
mite occidental de la colonia á orillas del rio de su nombre y donde 
principiaba la línea divisoria, era un punto de observación ó atala- 
ya avanzada de los españoles. Su territorio lindaba con las parro- 
quias francesas Maribarona y Ouauamintbe: distaba 28 leguas de 
Santiago, 80 de Santo Domingo, 10 de Monte Cristi, 6 de Bayajá, 
18 del Guaneo y otras tantas de Hincba. Hízose n(»table durante 
la guerra, porque allí se estableció el cuartel general, hasta la paz 
de Basilea, como se verá mas adelante. Ascendía su población á 
600 habitantes y puede asegurarse que eran los españoles quemas 
provecho sacaron de la vecindad de la colonia francesa con la que 
mantenían considerable tráfico. 

Luego que saliendo de la grande Vega del Norte y orillando 
los límites de españoles y franceses, se llegaba al Oeste ó cantón 
de la Angostura, así llamado por el estrecbo paso que ofrecía la 
cordillera del Cibao, se encontraba el pueblo de San Kafael que 
como Dajabon servia de puesto de guardia por su proximidad á los 
franceses, con cuya parroquia nominada Dondon lindaba. Situada 
á orillas del rio Bonyabá, su iglesia dependía de la de Hincha. 

Dos leguas mas adelante estaba el pueblo de San Miguel de la 
Atalaya, Baronía de Don Carlos Guzman, sucesor de Don José, 
sujetos muy ricos y honrados. Era la población mas occidental 
de todas las españolas. 

Hincha ó Goaba, antiguo establecimiento español, tenia una 
i|2;Iesia, mas de 500 casas y cuatro mil quinientos habitantes antes 
de dividirse su panoiiuia. Efectuóse esta separación al erigirse las 



96 HISTORIA DB SAXTO DOMlNaO. 

ayudas de San Miguel, Sau Rafael y el oratorio nombrado la Roca 
ó la Piedi-a que entre todas componían una población de doce mil 
almas. Está situado el pueblo de Hincha en la confluencia del 
Guayamuco y el Samaná y linda con las parroquias francesas Go- 
naives, Petite Riviere y Mirebalais: dista de Santo Domingo 74 
leguas y 25 de Puerto Príncipe. Allí residía el Comandante gene- 
ral de la frontera del Sud, y hubo en los últimos años de la domi- 
nación española un letrado con el título de Justicia Mayor. Su 
industria era la pecuaria. 

Bánlca era otra de las poblaciones de la parte del Sud, y esta- 
ba situada en una gran llanura á la orilla izquierda del rio Artibo- 
nito, al (lue llamaban por su anchura Onceoiio, corruptela de Océa- 
no: tenia por ayudas de parroquia los oratorios nombrados Caballe- 
ro Farfan y Pedro Corto, al Este, y el de las Caobas al Oeste: en- 
tre todos componían una población de 9000 almas. Lindaba con 
la parroquia francesa Mirebalais y distaba 9 leguas de Hincha. 

San Juan de la Maguana, situada á la izquierda del rio Neiba, 
era una antigua población que decayó y volvió á poblarse á media- 
dos del siglo pasado, y la única que conservaba el nombre de un 
antiguo cacicato: llegaba su población á 0000 almas. Su comercio 
era el de casi toda la colonia, el de ganados; sus caballos se hacian 
notar por la talla, hermosura y fortaleza de que estaban dotados. 
Su temperamento es frió por estar situado el pueblo eu un alto 
contiguo al célebre valle de Constanza. 

El pueblo de Neiba, establecido en el camino que conduce de 
Santo Domingo á Puerto Príncipe, por el lado de los lagos y á 9 
leguas del rio, tiene corta población. En su jurisdicción estaban 
las minas de sal. 

A catorce leguas al Oeste de Neiba estaba el cuerpo de guar- 
dia nombrado JEl Fondo. 

Azua quedó destruida por los terremotos sufridos á mediados 
del pasado siglo, y aun se ven las ruinas de aquella antigua pobla- 
ción célebre por su agricultura, pc»r sus minas, y mas que todo, por 
haber residido en ella y ejercido el oficio de Escribano el heroico 
Hernán Cortés, concjuistador de Méjico. 

Edificóse de nuevo el pueblo de Azua á cinco leguas del mar, á 
inmediaciones del rio Via, en una hermosa llanura, y se aumentó 
su población con colonos de Canarias. Tuvo una buena iglesia, un 
convento de Mercedaiios y cuatrocientas casas ó bohíos en que se al- 
bergaban cuatro mil habitantes. Cerca del pueblo, entre las puntas 
de la antigua población y la de Salinas, esta la bahía de Ocoaá 18 
leguas de la capital. 

El pueblo de Baní, sito á orillas del rio de su nombre en una 
gran sabana á 14 leguas de Santo Domingo, fué formada por varios 
ganaderos vecinos: tenia como cien casas, un oratorio y una pobla- 
ción de 2000 almas, la mayor parte de origen canario. Criaban 
estos reses y caballos iguales á los de Maguana. 

A cinco leguas de Baní existia el curato de Santa Rosa de los 
Ingenios y un pequeño caserío á. orillas del Haina. A orillas del 



«ISTOllIA DBl SANTO 1>OÍIÍÍÍOO. 97 

Jífigua queda San Cristóbal^ donde fíindó un fnerte el Almirante^ 
que se ha hecho memorable por haberse dado allí la Constitución 
política de la República Dominicana. Su población ascenderla & 
6000 almas^ siendo la mayor parte de color* 

Los pueblos de San Carlos de los Isleños y de San Lorenzo de 
los Minas se consideraban como baitios de la CapitaL 

Al nordeste de Santo Domingo se halla Monte Plata, pobla- 
ción de 5000 almas, fundada con los habitantes de Puerto de Plata 
y Monte Cristi que fueron destruidas* Fué de alguna considera- 
ción en sus primeros tiempos; peto la mayor parte de sus vecinos 
pudientes emigt*aron á Santiago y á la Vega« Dista 16 leguas de 
la CapitaL 

Bayaguana, 6 leguas más al S. E., fué otra población fundada 
por los vecinos desalojados de Bayajá y Yaguana: tuvo una iglesia 
y mil doscientas almasé 

Boya, á dos leguas de Monte Plata, es el lugar que se concedió 
á Don Enrique, El último cacique^ para residencia de sus indios* 
Estos desaparecieron enteraniente, y ni aun vestigios quedarían de 
sn población á no ser por la devoción de una imagen de Nuestra Se- 
ñora de Aguas-Santas que se venera en su hermosa iglesia adonde 
la fama de los milagros atrae algunos peregrinos* Su corta pobla- 
ción es de mestizos que dicen ellos ser descendientes de indios. 

Entre las tres poblaciones citadas y Santo Domingo existían 
las ayudas de parroquias de San José y Tabira, que facilitaban la 
administración de los sacramentos en toda la extensión de los pue- 
blos citados* 

Hacia el Este y á veinte leguas de la Capital se hallaba el Seybo, 
no el fundado por Juan de Esquivel sino el que se formó de la reu- 
nión de varios ganaderos en aquel punto, que se engrandeció conside- 
rablemente y cuya parroquia llegó á contarunas 6000 almas* Es 
célebre en el día por haber nacido allí el Libertador Don Pedro San- 
tana, que unido luego á otros dominicanos, rompió el yugo de Hai- 
tí y fundó la Bepública Dominicana. (1) 

Higíiey ó Altagracia, población fundada desde el descubrimien- 
to, es una de las mas orientales de la isla* En su bahía desemboca 
el Yüma, lugar en que desembarcaron las tropas auxiliares con que 
los naturales, á las órdenes de D. Juan Sanche^ Bamirez, reconquis- 
taron á Sto* Domingo en 1809, que ocupaba entonces el general fran- 

(1) £nor común á los escritores extrangeros que hablan de Santo Do-* 
mingoi La Separación de Haití se debe á un grupo de jóveneS; quienes 
fundaron para ello la célebre Sociedad secreta La Trinitaria y luego la dra- 
mática Ija Filantrópica. Se les llamó fébremt4ig ) y su caudillo, el inmortal 
Juan PabIo Düarts, primero en concebir la separación de Haití^ fué por 
eso el Verdadero Fiindüdor de la República, Francisco del Rosario Sánchez, 
su compañero de libertad y de martirio, fué quien^ secundando y realizan^ 
do el pensamiento de Düarte, acaudilló la revolución y dio el grito del 27 
de Febrero de 1844. En cuanto á Pedro Santana, fué un militar que tuvo 
la fortuna de guiar al combate las primeras huestes dominicanas contra 
los haitianos que invadieron en marzo del mismo año, librándose así en 
Azua la primera batalla^ y llegando á ser el primer Presidente de la Repú" 
blica. Se le tituló lAbertüdor* (N. de la S.) 



os HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

cés Ferrand. También es notable por el santuario de Nuestra Señom 
de Altagracia, cuya imagen reverenciada, es acatada por los mila- 
gros que la voz pública le atribuye. Allí tuvo su corte ó residen- 
cia uno de los mas poderosos caciques del tiempo del descubrimien- 
to. La población de la ciudad es de 1100 almas á lo más. 

Hecha la descripción de las ciudades y pueblos de la parte Es^ 
pañola, daremos una idea del itinerario de sus caminos, y principia- 
remos por el que va de la Capital al pueblo de Dajabon, término de 
la frontera del Norte. Esta comunicación interior era variada en 
su trayecto, y aunque fácil por lo común, dificultosa en algunos 
trechos. Siempre fué de herradura, vista la dificultad de que 
pudieran los carruajes vencer los inconvenientes y peligros de sus 
alturas, profundos lodazales y muchedumbre de manantiales que 
forman en sus avenidas espaciosas lagunas, causa de la poca pobla- 
ción de los campos. Pero en cambio la espléndida y admirable na- 
turaleza compensa por lo trabajoso del camino con los hermosos 
paisajes de sus sabanas, que se pierden de vista, y los altos montes 
que varían alo infinito sus sinuosidades y precipicios. Los copu- 
dos y verdes árboles que costean el camino y la diversidad délos 
rios que se cruzan con mas ó menos facilidad concurren á hermosear 
la perspectiva. 

Luego que el viajero deja la Capital y el pueblo contiguo de 
San Carlos, sigue por un camino bordeado de guáyigas (1) que le 
lleva al paso de Santa Cruz, en el rio de la Isabela, que á poca dis- 
tancia confluye con el Ozama para formar el puerto de Santo Do- 
mingo. Se atraviesa el rio en una barca, y poco tiempo después 
se llega al arroyo de los Yucas. Se encuentra mas tarde el arrojo 
de Dajao y la gran sabana de Mata Redonda que hay que atravesar en 
buena parte de su extensión. Se cruza después el arroyo de Tosa y 
la sabana de Sanguino y á poco se encuentra el rio de la Ozama, 
que en esa parte tiene sus orillas muy fangosas. Pagado el rio por 
un vado que hay mas abajo de la. boca del rio de Guanuma, afluente 
del Ozama, se entra en la sabana del hato de la Luisa, pasando des- 
pués por los arroyos Limón y Caoba 6 Caobar y mas tarde por la 
sabana del hato de la Guia. Poco después se llega á la sabana de 
San Pedro y cruzada ésta se encuentra el arroyo Bermejo que nace en 
las lomas que están próximas al Sillón de la Viuda. Pasado el 
an'oyo se cruzan las sabanetas de Don Juan y á poco andar se as« 
ciende al Sillón de la Viuda, que es una montaña no muy alt^ de la 
Cordillera Central. De la cumbre del Sillón se descubre una pers- 
pectiva magnífica, por no tener del lado del Sur, Este y Oeste loma 
alguna elevada que intercepte la vista de las sabanas, montes y 
lomas que se divisan por todas partes. Un viajero moderno describe 
el cuadro con estasjpalabras: "Ciento veinte leguas de inmensas lla- 
nuras que dan á los pies del observador y se descubren desde el San 



(1) Planta de una vara de altura con hojas lucientes y raíces seme- 
jantes á las de la yuca, y con la cual se ha<5e almidón y tortas con que se ali- 
mentaron los sitiados en el asedio de Don Juan Sánchez Ramírez. 



aiSTORlA DÉ SANTO DOMINGO. 99 

Pedro, que está como un gigante sentado en el centro de un verde 
tapiz de terciopelo, prolongándose entre sabanas y mil contornoa 
de frondosos árboles. Todo el paisaje que de cerca y en lontanan- 
za se descubre es una mezcla de bosques cortados por llanuras, de 
formas caprichosas. Grande y maravilloso es el cuadro y sublimes 
sensaciones debe dCvSpertar en todo dominicano que se ve poseedor 
de tan varios como hermosos terrenos." Bajando el Sillón se en- 
cuentra á poco andar lasi^bana de Payabo y luego el arroyo de es- 
te nombre, que va á desnguar en el Yuna, á inmediaciones de la 
bahía de Samaná. No muy distante de Payabo se atraviesa el 
arroyo Lisa, afluente de Payabo y varias sabanetas y bosques has- 
ta llegar ala sabana de la Paciencia, qne es excesivamente larga^ 

El hato de Sevico no está muy distante de allí, y después de 
atravesar uno ó dos arroyos se llega á él, habiendo pisado en el tra-^ 
yecto no poco lodo, pues es raro que las continuas lluvias que abun- 
dan en esos lugares no tengan el piso enteramente enfangado. 
Sigue el camino cius^ando boscjues frondosos,arroyoa y sabanetas; su- 
biendo y b^'ando la loma de los Palos que es un ramal de la mon- 
tana llamada Navisa hasta llegar á la villa de la Mejorada del Cotuf. 
Todo el camino desde el arroyo Payabo hasta Cofcuí es bastante 
penoso por lo malo que suele estar el piso. No es fácil olvidar el 
paso del monte Piñal que se distingue en este sentido. (1) 

El camino del Cotuíá la Vega presenta el mismo aspecto en 
cuanto ala vegetación y aunque trabajoso en tiempo de lluvia es 
más sólido el terreno. El rio Yund, el mas caudaloso y rápido de la 
isla, se le opone al viajero. No ha sido posible vencer las dificul- 
tades que se ofrecen á la construcción de puentes: acrecentado el 
caudal de sus aguas con los torrentes y derrames de los arroyos 
crecidos, arrastra cuanto se le opone, y extiende la snpei-floie de su 
cauce á considerable distancia. En tales circunstancias es imposi- 
ble atravesarlo, y cuando bajan algo las aguas es curioso ver el 
modo con que los riberefios se industrian para atravesarlo. For- 
man con el cuero de una res una especie de canoa 6 bongo en que co- 
locan al individuo ó carga que ha de trasportarse á la ribera opues- 
ta: un nadador lo conduce hasta el cañón del rio por medio de una 
cuerda atada á uno de sus extremos, y otro nadador impulsando 
la máquina lo lleva á la orilla opuesta. Según tradición en la 
isla jamás sucedió desgracia alguna ni á los nadadores ni á los que 
se embarcaban en el frágil barquichuelo de piel. 

A poca distancia del rio se halla la población de Angelina, y 
desde allí hasta la bahía de Samaná es navegable el Yuna. Mas 
adelante están las sabanas, hato» y rios de Guamita, la Boma y la 
Calla de donde se va á los hatos de Sabana-Grande, de los Villafa- 
ñes, y al oratorio de Huma. Las márgenes del rio de este nombre 
estaban sembradas de cacaotales y otros varios granos. Atrave- 

(1) £1 monte del Piñal es usa extensión elevada de terreno llano po- 
blado de pinas de Cuba y de tan difícil pasaje por lo pantanoso de su terre- 
no que es preciso andar paso á paso con sumo cuiclado para no caer: las 
lluvias son allí muv frecuentas. 



100 HISTOBIÁ DE SANTO DOMINGO. 

sando un bosque montañoso después de caminar dos leguas se lle^ 
ga á ios terrenos mejor cultivados de aquella jurisdicción. Dos le^ 
guas mas adelante está la ciudad de la Vega. 

Las ocho leguas de camino que median entre la Vega y San- 
tiago y las veinte y ocho de esta ciudad á Dajabon presentan dife- 
rente aspecto de las cuarenta y dos que bemos de)scrito. Sabanas 
extensas, frondosos bosques y sólido piso^ sin pantanos ni tembla- 
deras, tal es el paisaje que se presenta al viajero. A media legua 
de la Vega se atraviesa el caudaloso Gamú^que se enriquece con 
las aguas del Gima, Cayo, Boma y Guamita, y á legua y media 
mas adelante el río Verde* Diferentes plantíos de cacao y de ca- 
fé, vegas de tabaco y batos de ganadería adornan los alrededores; 
que á estas industrias se dedicaron generalmente los vecinos de 
aquellas comarcas luego que abandonaron la explotación del oro 
en las orillas del renombrado rio Verde. Cruza á tres leguas el 
arroyo Puñales y dos mas adelante dejando el Yaque á la izquierda 
se encuentra Santiago de los Caballeros. De esta ciudad á Daja-* 
bon se atravesaba el Despoblado que así se llamaba porque desde 
los dias del descubrimiento se dedicaron aquellos terrenos á la cria 
de animales, por sus menudos pastos y la bondad de sus sabana» 
llenas de grandes árboles y de vegetales propios para la crianza^ 
que allí producía caballos corpulentos y fiíertes y reses notables por 
su lozanía y grosura, diversos de los que se criaban al Este de la 
isla. A dos leguas de la ciudad se atraviesa el rio Yaque. Des- 
pués de subida la loma de la Herradura, desde donde se divisa la 
ciudad como en un panorama, se nota á la izquierda el bato Ya- 
que áe los Pichardos; y atravesando un bosque montuoso y de fron- 
dosos árboles se sale á la sabana Sinprovecbo, pobre de vegetación 
y llena de espinos y zarzas. Al extremo y á poca distancia del Ya- 
que estaba situada la Parroquia de Animas* Practicado el paso del 
rio se bailaba á la derecba el bato Lagunita de los Señores Minaya 
y á la izquierda el nombrado Jaitabon de los Rodríguez; y poco mas 
adelante se encuentra el de los Mulones perteneciente á los Morel 
de Santa Cruz y el Meto de los Tejadas. Pasado el río Mao se 
encuentran á las dos leguas los hatos de Ghurabo-^rriba y Gu- 
Toho^-ahajOy divididos por el arroyo Gurabo y que pertenecen á los 
del Monte y Tapia. Continúa siempre el camino por entre saba- 
nas y bosques espléndidos por la izquierda del Yaque basta Monte 
Cristi atravesando el bato CercaMUo de Don Tomás de Contreras, 
IU>mpuso de los Pichardos, y Püoto de los Arroyos. Crázase á po- 
co andar el rio Cana que unido con el Guayubin desemboca en el 
Yaque como también lo hace el de Amina, Mao, Gurabo y todos 
los demás que se cruzan basta Dajabon. 

Allí estaba el bato de Campo Matrero y á corta distancia el 
Hospital de los Beyes, y otro nombrado Focito: mas adelante se 
encuentra la sabana y bato del Banchaderoj y después de un monte 
el río Guayubin que recibe las aguas del Maguaca y Yaguey, rio que 
quisieron señalar los franceses como término divisorio de las dos 
colonias y á lo que se negaron los españoles constantemente. Un 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 101 

coaito de legua mas adelante esta la gran sabana de la Canoa; y 
desde ella y sobre anos pequeños cerros se divisa la altura de la 
Granja de Monte Cristi que dista trece leguas. Prosiguiendo el 
camino se atraviesa el bato y la sabana de Escalante y seguidamente 
el río Maguaca y bato de su nombre. Por las quebradas que for- 
man pequeños cerros continúa el camino basta el bato TaJanquera 
y el río Cliacuey: viene luego el bato de Sabana Larga con su pe* 
qneño oratorío, y luego el de Macaban de los Tavai*es y el Jácuba 
de los Tejadas, de donde se entra en la sabana en que está situado 
el pueblo de D^abon. 

La parte española estaba realmente dividida en tres zonas y he 
adoptado |)ara descríbirla esa misma división. He descrito ya la 
zona del Nort6 y abora lo baré con la segunda conocida por la de 
los Llanos por su notable llanura de setecientas leguas cuadradas. 
Apenas si en tan enorme extensión se levanta algún cerro que inte- 
rrumpa la igualdad de su nivel desde la babía de Samaná basta la 
Montaña Bedonda que pertenece á la cadena del Cibao, ni tampo- 
co desde el Atlántico que la limita al S. E. hasta el rio Ozama que 
68 su término occidental. Era la parte mas pobre y abandonada 
de la colonia española, sin embargo de las grandes manadas de ani- 
males, que servían de alimento á sus moradores. (1) 

Hé aquí lo que un autor inglés dice de ella: ^^Al este de la 
Capital y hacia el Seibo existen las inmensas llanums conocidas 
por los Llanos^ donde el ojo del viajero sin que nada se le interpon- 
ga se esparce sobre una superficie verde de admirables pastos se- 
mejante á la del mar y matizada á intervalos por grupos de árbo- 
les corpulentos, como en los parques, y que parecen sembrados in- 
tencional mente por el hombre en las orillas de diferentes arroyos y 
lagunas." 

Después de la ciudad y puerto de Santo Domingo se presenta 
el pueblo de San Lorenzo de los Minas, á corta distancia del lugar 
en que se fundó la Nueva Isabela ó primitivo Santo Domingo. Se 
componía su población de cerca de 1000 negros minas^ residtio de 
los que fueron apresados en el Maríel, á quienes concedió el Empe- 
rador Carlos V la libertad, designándoles aquel sitio para su estar 
blecimiento, que fomentaron dedicándose al cultivo de*hortalizas 
y menestras que llevaban á la Capital en canoas por el rio Ozama. 

La comunicación de los pueblos del E. con la Capital ó se hacia 
directamente por el camino de la costa que era de 40 leguas, ó por 
el que conducía al Cotuí y por el de Monte Plata. Prosiguiendo este 
camino y como á dos leguas se encuentra el pueblo de Boya al que 
se retiró el cacique Enrique como en otra parte hemos dicho. A 
cuatro leguas al mismo rumbo S. E. se encuentra el pueblo de San 
Juan Bautista de Bayaguana, con una población de mil almas, á 
mas de la que tenían los establecimientos de San José y de Tavira. 

Doce leguas mas al Norte está la ciudad del Seybo, patria 
del Libertador Dn. Pedro Santana, con una población de cuatro 

(1 ) Así ha sido hasta el día. (N. de la S.) 



102 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

mil almas. Tíeoe á su alrededor multitud de haciendas de gana* 
do, y por último, frente á la isla Saona y á tres leguas de la costa se 
encuentra la ciudad de Higüey, célebre por su santuario de nuesti-a 
Señora de Altagracia que fundó Juan de Esquivel en los primeros 
dias del descubrimiento : la población asciende á 600 almas. Da su 
nombre á la bahía y al rio que en ella deisernboca, la cual tam- 
bién se llama Yuma, y es memorable porque en ella se verificó el 
desembarco de las fuerzas con que contribuyó la isla de Puerto Eico 
cuando la reconquista de Don Juan Sánchez Bamitez. 

En la costa comprendida entre Santo Domingo é Higüey des- 
embocan los rios Macoris, Soco, Cumayaza, Eomana, Quiabon é 
Higüey. 

A mas de los caminos que facilitan las comunicaciones entre 
los pueblos del Este, habia uno particular de los pueblos de Sabana- 
lamar y Sabana, cuyo itinerario era el siguiente: Se atravesaba el 
Ozama al frente de laciudad y siguieudo su orilhi izquierda se lle- 
gaba al ingenio de los padres dotnínicos; de ailf andando cinco le- 
guas se pasaba al ingenio Nuíiez y tres mas adeliiuttr á la Mata 6 
Calva: á las 7 leguas se vadeaba el arroyo Brnjuelas y el de las 
Fosas; de allí se dirigía el viajero á M. Moras, luego á la Altura 
del Muerto, después a Sabana grande y por último á Sabanalamar. 
Todo el camino es llano y de o8 leguas de ext<-ns¡on 

Los límites déla tercera zona son: ia eludád de Sanio Domin- 
go y el curso del rio Ozama al Este, el mar Caribe al Sud, la prime- 
ra cordillera del Cibao al Norte y la frontera de Haití al Oeste. 
Su primera población, saliendo, es el pueblo de San Carlos de los 
Isleños, deque ya hemos hablado. Continuando el camino por la 
sabana, egido y paseo déla ciudad, y orillando el mar, se encuen- 
tra el fuerte de San Jerónimo, reducto cuadimlu con muros de 20 
pies de elevación y fosos: poco mas adelante hay otro fuerte en la 
embocadura del Jaina y una pequeña población. En el espacio 
de tres leguas se cruzan los hatos y rio de Itabo, y eu seguida el 
extenso bosque de Monte Najayo, cuya fertilidad es extremada 
y de 7 leguas de extensión: en él se encuentran el rio Nigua y cer- 
ca la capilla de los Molinos con dos mil quinientos habitantes. No- 
table fué aquel lugar desde el tiempo de la conquista por el gran 
número de ingenios que allí se establecieron y los cuales usaron 
por fuerza motriz el agua del rio. También hubo allí batos y ca- 
CBiOtales. Corridas cinco leguas y el lugar llamado Sabana-grande, 
86 halla el rio Nizao: sigue después la sabana de la Catalina y la 
de Paya, pobladas de hatos y regadas por dos pequeños arroyos. 
Poco mas adelante se encuentra el arroyo Bauí, y cerca, el pue- 
blo del mismo nombre fundado por varios hateros y con ochocien- 
tas almas de población. Rodéase después el ceiro del Vigía y se 
atraviesan los hatos Arroyo Hondo, Matanzas, Sabana de la Cruz 
y Boya y un brazo del Ocoa, rio que se cruza mas adelante, cerca 
de la bahía de su nombre. 

A media legua se encuentra una hermosa sabana de donde se 
pasa a la gran bahía de Ocoa: siguiendo la orilla del mar por espa^ 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 103 

CÍO (le una legua se sale á la sabana de Sepisepi. Encuéntrase mas 
adelante el arroyo Vía y luego la ciudad de Azua. A una legua de 
la población está el bato Honra ó Jura, y legua y media mas ade- 
lante los de Tábara, cuyo arroyo aunque de corto caudal es de di- 
ñcil tránsito. Crúzase luego el rio Saugosto por distintos puntos y 
subiendo la montaña se bailan los rios Biabama, Pasaje y el Mole. 
El camino coutinúa rodeando un cerro basta llegar al bato y río 
Salao: mas adelaiite está el bato Villar-pando y seguidamente el 
rio Yaque del Sud, que nace en el Cibao á poca distancia del gran 
Yaque del Norte. 

Desde evSte punto, 6 se toma el camino para Neyba 6 el que 
conduce á las líltinias poblaciones españolas: en el primer caso, 
pasado el rio, se entra en ima vega de 80 leguas cuadradas, que 
termina en la laguna de Naragua ó Enriquillo, principio de la co- 
lonia francesa y piovincia de fertilidad notable y muy poblada de 
aves, como tia meneos y pavos reales, los que se encuentran por 
todas paites. A nueve leguas del rio está el pueblo de Neyba, con 
doscientas casas y quinientos babitantes. De ella, al límite ó línea 
divisoria déla colonia bay 16 leguas; éntrelas montañas y el la- 
go Enriquillo. Llégase luego al cuerpo de guardia nominado 
el Fondo. Coutioiía el camino basta Puerto Príncipe del que 
dista 14 leguas el citado cuerpo de guardia. 

Tomando el otro camino después de cruzar el Neyba se llega 
al pueblo de San Juan de la Maguana, de trescientos sesenta babi- 
tantes, y que tiene tantos batos como Neyba. El de los Hobos 
y otros de las orillas del Heguesa, Rio de oro, Seibo, Bayanai y 
Nibaguensa eran considerables. Después de atravesar una gran 
quebrada se llega á la Sabana de la Cruz y sus batos: á poco an- 
dar se atraviesa el rio Toncio y se llega, pasando tres sabanas, á 
la ciudad de Bánica fundada por Diego Velazquez. En sus inme- 
diaciones están los oratorios del Caballero Farfán y el de Pedro 
Corto y otio nominado las Caobas^ que extiende sus límites basta 
la parroquia francesa Mirebaiais. La población de las tres asciende 
á 7,000 almas. 

Partiendo de Bánica, se atraviesa el Artibonito, rio de largo 
cur.)0 que entra en la colonia francesa. Bordaban sus orillas gran 
número de habitaciones y sus aguas eran aprovechadas para la 
molienda de la caña. Una legua mas adelante se atraviesa otro 
rio y un camino que conduce á las aguas termales de Bánica y á 
Dajabon. A seis millas se encuentra el hato y rio de Aguas-lie- 
diondaA, y enseguida el Laguneta y los batos de Papayal y la pobla- 
ción de Hincha. Dejando los batos del Papayal á media legua 
se pasa el rio Laguneta; media legua mas adelante el rio Lago y 
Coladura, y por último el Bobique. Atraviésanse luego varios 
ríos y batos y la laguna Agua-muerta basta llegar á la población 
de San Eafael y la de San Miguel. 

San Miguel de la Atalaya era una parroquia dedicada al san- 
to de su nombre: estacha lindando con las posesiones francesas y 
era4)aronía, como ya se ha dicho, de los Señores Guzmanes. 



Descripción geográficay politica, civil y militar de la colonia francesa 
antes de la revolución. — 8u prosperidad^ comercio^ agricultura y 



división t^ritorial. 




!a colonia francesa, que vamos á describir en el estado en que se 

? encontraba cuando estalló la revolución de 1789, merece por to- 
dos títulos particular mención. De principios oscuros é irregulares 
se elevó á tal grado de esplendor que no ha habido colonia que se 
le baya igualado. Semejante á Boma en su origen, pero por dis* 
tinto camino, llegó á ser el establecimiento mas opulento y rico de 
las Indias Occidentales. Toca á los economistas averiguar los ele- 
mentos que la hicieron alcanzar en tan breve tiempo tan alto grado 
de prosperidad. 

La narración minuciosa que comprende este capítulo, facilitará 
el descubrimiento de las causas á que se debió tan asombroso pro- 
greso. 

La colonia francesa gozaba de las mismas ventajas que la par- 
te española, por su situación, fertilidad de sus tierras y el número y 
caudal de sus rios, 

Oomprendia su área 2100 leguas cuadradas, que con las 3200 
de la parte española completaban las «5300 que tiene la isla. 

E¡ra su figura irregular por las sinuosidades de las costai^ re- 
sultado de las prolongaciones de los cabos Mole de San Nicolás y 
Tiburón. 

lia mayor parte de su terreno era feraz; y los que estaban su- 
jetos á sequías compensaban este inconveniente con el infinito nú- 
mero de ríos y arroyos que bajaban de las montañas. 

La industria francesa aclimató con la mayor facilidad gran 
número de plantas y frutos exóticos, como la cochinilla misteca ó 
de Méjico, el arroz de Bengala, el té verde, el algodón y rosal de la 
Obina, el castaño de Virginia, el jazmin del Gabo, el añil de Mada- 
gascar y el cerezo de Luisiana. Fomentaron la cochinilla criolla ó 
indígena con tan buen éxito que las telas teñidas con su color, os- 
tentaban un encarnado tanto ó mas brillante que el del tinte meji- 
cang, cuando por vía de ensayo la empleó Mr. Lagch en los 6o- 
belinos. 

Estaba dividida la colonia en tres departamentos denominados 
del Nortey del Sur y del Oeste, sujetos cada uno á un comandan 



' 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 105 

te que dependía inmediatamente del Gobernador General de la 
colonia. Desde el establecimiento de los franceses en la isla, fuó 
el departamento del Oeste el principal, á causa de haberse agióme* 
rado allí la población, por la lejanía de los españoles, sus acérrimos 
enemigos entonces. 

Esta división de los departamentos pilncipió á regir desde 1713, 
época en que la efectuó Mr. de Paty, comisionado al efecto. Fué 
elegida la ciudad de Puerto Príncipe para capital y residencia del 
Gobei-nador General, del Intendente, del Tribunal superior de Jus- 
ticia ó Parlamento, del Almirantazgo, del Comandante general de 
las armas, de la Mariscalía y otras dependencias de la Administra- 
ción, como también del Vicario Apostólico, superior de los curatos 
parroquiales en que estaba distribuido el territorio de la colonia. 

El departamento del Oeste se componía de las diez y siete pa* 
rroquias siguientes: Jean Bavel, Mole de San Nicolás, Bombarde, 
Port-á-Piment, Les Gonaives, la Petite-Riviére, Verretes, San 
Marcos, Mirebalais, L'Arcahaye, Cioix-des-Bouquets, Puerto Prín- 
cipe, Leogane, Grand Goave, Cayos de Jacmel, Jacmel, y Baynet. 

El territorio de este departamento ei*a quebrado, conteniendo 
montañas y llanuras, entre estas las de Artibonito, Cul de Sao y 
Leogane. Sus montañas eran la primera cordillera del Cibao que 
ya bemos descrito, y que, subdividiéndose, separaban ambas colo- 
nias dejando por única comunicación los Cabos, Mirebalais y la la- 
guna de Hatuey. 

Jja primera parroquia que era la de Jean Bavel, estaba dividida 
en los partidos ó cantones siguientes: Le Vieux, Corail, El Carde- 
nal; Las tres Fuentes, la Eavine-des-Piéges, la Ginaudée; le Bas- 
sin bleu, la Petit-Riviére, le Prunier, la Source-ronde y le Cala- 
basier. El ramo principal de su industria era el añil ó índigo, que 
gozaba de gran crédito por su excelente calidad. También habia 
ingenios de azúcar en que se elaboraba el fruto con máquinas bi- 
di^ulicas. En el cantón de Vieux Coral está el puerto que nom- 
bró Colon de la Concepción y en el que fondeó muchas veces. Este 
cantón y toda la parroquia fíieron destruidos por los españoles que 
en dos ó tres incursiones quemaron los corrales y boncanes en que 
ahumaban los aventureros las carnes de los animales de que se a- 
poderaban. La población era de ochocientos blancos, cuatrocien- 
tos libres de color y mil esclavos. 

La segunda parroquia era la del Mole de San Nicolás, nota- 
ble por haber sido el primer lugar á que llegó el Almirante Colon, 
luego que hubo reconocido las islas Lucayas y Cuba. 

La aridez de su terreno calcáreo no era á propósito para la agri- 
cultura; pero el ingenio y la constancia vencieron las dificultades, y 
su población, compuesta de los emigrados de la Arcadia era de seis- 
cientos quince blancos, cuarenta y seis libres de color y mil esclavos. 
Convencido el Gobierno francés de que era aquel sitio adecuado 
para proveer á la defensa de la colonia y demás islas de su depen- 
dencia, como también de que era preciso impedir que cayese en ma- 
nos del Gobierno inglés, que estableceria allí un nuevo Gibraltar; 



106 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

lo fortificó coa once baterías, desde el cabo hasta el fin de la penín- 
sula, montó ciento setenta y dos cañones y gran número de morte- 
ros, y estableció una guarnición considerable de tropas para su de- 
fensa. En este puerto del Mñ!e San N icolás y en el del Ecu se reu- 
nió la escuadra inglesa de 8ir James Donglas con la de las Anti- 
llas para el asedio de la Habana. Eu 27 de M.^yo de J772 se incor- 
poró con ellas la que traia de Inglaterra el x\lmirante Pococke, y 
que conduela las tropas veteranas de Lord Albeimarle. Grande fué 
el asombro délos veciuos viendo reunidos en «u puerto diez y nue- 
ve navios de línea, diez y ocho ftagatas y ciento cincuenta transpor- 
tes. Desde allí se dirigió la escuadra á Cuba luego que llegaron 
del Norte de América cuatro mil hombres, y después de algunas 
escaramuzas y del bombardeo de la principal fortaleza de la ciudad, 
capituló la Habana, que gobernaba entonces Don Juan de Pi*ado. 
La casualidad de haberse reunido tan numerosa escuadra en el puer- 
to del Mole acredita el informe que dio Colon á los Beyes Catélicos, 
diciendo: "Y aunque tengo mucho alabado á los puertos de Cuba, 
pero sin duda que no es menos este, antes !os sobrepuja, y ninguno 
le es semejante"; y después de describrir menudamente su forma y 
fondo concluye diciendo sobre su oíipacidad: "que pueden barloven- 
tear en él mil carracas." 

La parroquia de Bombarda que es la tercera, estaba dividida 
en los cinco partidos siguientes: Mare á Savou, la Plaine, d'Orange, 
le Bebé, la Plateforme y Henne. Fueron poblados por alemanes 
y franceses emigrados de la Arcadia, los cuales fomentaron con in- 
creíble aplicación veinte y dos cafetales, cinco anilerías y mas de 
cien estancias de labor. Era su población d<' seiscientos blancos, 
cincuenta libres de color y mil esclavos. El verdadero fundador de 
esta colonia, Mr. Fusée Aublet dejó escritíi una Historia de las 
PhíiitaSy muy apreciable. Es digno de notarse que en aquella pa- 
rroquia se aumentaban las lluvias eu razón tlireeta de los desmontes, 
fenómeno en contradicción con los que observamos regularmente y 
que toca á los meteorólogos explicar. 

La parroquia de Port-ár-Pimeut, era la cuarta y la funda- 
ron los antiguos habitantes de Gros-Morne que se reunieron en 
aquel punto con el objeto de cazar animales silvestres, allí abun- 
dantísimos y cuya carne vendían en los alrededores. El descubri- 
miento de las celebres aguas termales del Boyues hizo que se au- 
mentara la población hasta formar los cuatro cantones de Port-á- 
Piment, Llaimra del Parque, Terreneuve y Brazo Derecho, üu 
negro nombrado Capois, mayoral de un hato, fué el descubridor de 
tan benéficas aguas, sobre las cuales se hicieron distintas obser- 
vaciones. En esta parroquia se observa el extraño fenómeno de 
que no hay sereno ó rocío: las sales mas susceptibles de liquidar- 
se y el papel de escribir expuestos al aire libre durante la noche 
no recibían la menor traza de humedad; lo que seguramente pro- 
viene de que la aridez de los picos y mont^iñas que rodean el te- 
rreno mantienen el aire en un estado de extraordinaria sequedad, 
privándole del vapcjr acuoso. La calidad del terreno, cubierto de 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 107 

tunas y uopales, dio motivo al cultivo de la cocbiuilla y al fomento 
de algunos hatos. Contiene eu sns montes abundantes canteras y 
minas de hierro y de cobre. El padre Plumier dio cuenta al Mi- 
nistro irancés en 1690 de que muchos habitantes antiguos le habian 
asegurado que en el sitio nombrado Yille-neuve, cerca de las sali- 
nas de Gorydon, habia minas de plata, y de que allí se encontraron 
varios instrumentos de labrar dicho metal, como yunques, tenazas 
martillos y hornos, que seguramente pertenecieron á los antiguos 
pobladores españoles. El jefe de estado mayor Mr. Durecourt, en 
otro informe dado en 1728 dijo que en las alturas del rio Bouvard, 
á cinco leguas del mar, habia un sitio noínbrado Terreneuve que 
debia encerrar varios tesoros, como se inferia de los vestigios de un 
. pueblo antiguo, fabricado de manipostería, y délas ruinas de un 
acueducto que daba movimiento á un molino, el cual debió ser muy 
grande según el círculo de hierro qui^ habia descubierto; y también 
informaba de las minas de hierro que allí se explotaron y de que 
daban indicios los hornos é instrumentos encontrados, entre ellos 
un yunque de hierro de cuarenta y cinco libras de peso y un tcgido 
de alambre en forma de cedazo. Por último, Mr. Brabant, Coman- 
dante de Port-á-Piment aseguia que en 1783 se encontraron en 
aquel lugar dos botellas de azogue, varios instrumentos de los que 
usan los mineros y una piedra blanca y llana en la que estaba escul- 
pida la pasión de Jesucristo. Este suceso lo apoyó mas tarde Mr. 
Dubry dando por cierto que este lugar es el mismo en que existia 
la añiíería que vendió Mr. Beuguet, comerciante del Guarico, á Mr. 
Montagnac. En la "Historia Natural" de Mr. Gauche, refiriéndose 
el autor á estos sucesos, se explica de este modo; "Se ven todavía 
los vestigios de los establecimientos que tuvieron los españoles en 
el siglo pasado para explotar las minas de oro, todo lo cual atesti- 
gua la elaboración de toda clase de minas en los primeros tiempos 
del establecimiento de los eonquistadoies." 

Sin embargo de la ingratitud de aquellos teirenos, existían en 
esta parroquia quince añilerías, veintidós cafetales, seis algodonales, 
varios hornos de ladrillo y cal y algunas estancias de labor que man- 
tenían una población de ciento sesenta hombres blancos, doscientos 
diez de color y ochocientos cincuenta esclavos. 

La parroquia des Gonaives, fundada en las inmediaciones de Sa- 
bana Quemada y del sitio en que estuvo la habitación de Minguet, 
célebre por uno de los actos sangrientos y feroces de los filibusteros 
contra los españoles, era la quinta y se componía de 24 leguas de 
tierra regada por varios ríos. Estaba dividida en once cantones 
nombrados La; Plaine, Terreneuve, Les Bassins, Lá Brande, La 
Grand-Colline, La Grande-Kiviére, La Petite-Kiviére, La Croix, Les 
Sonrces, La ü^íssolée, y la Coupe-á-Pintade. Entre sus ingenios 
de azúcar se distinguían por la excelencia de sus frutos los del Viz- 
conde de Fontaiges y el de Mr. Eossignol de Grandmont; y entre 
los quinoe algo^donales el de Mr. Eaynal. Había cincuenta cafeta- 
les, ciento treinta y cinco añilerías y algunos hatos de ganados. £1 
pueblo, situad^ en las inmediaciones de la hermosa bahía de Go- 

1 

; 



108 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Diuves^no era muy saludable, á causa de su'situaoion; pero(fué siem- 
pre coQCurrido por la facilidad que prestaban sus buenos caminos 
parala oomuuicacion con los puntos mas importantes de la colonia. 
Tenia novecientos cuarenta blancos, setecientos cincuenta hombres 
de color y siete mil quinientos esclavos. A Gonaives fué donde 
el capitán de navio Conde de la Croix amdujo desde la Martinica 
las primeras abejas europeas que entraron en la isla; las que se 
multiplicaron en tanto grado que su producto vino á ser uno de los 
principales artículos de comercio. 

La parroquia de Petite-Eiviére, la de San Marcos y la des Ve- 
rrettes estaban comprendidas en los llanos y montañas qne forma- 
ban el antiguo cuartel de Artibouito. 

Dejando aparte todo lo que se hizo para mejorar la agricultura 
de este partido, ya con el sistema de regadío ó ya facilitando la 
inmigración; nos referiremos solamente á las parroquias de aquel 
distrito. La de Petite-Eiviére lindaba por una grande extensión con 
los terrenos españoles y comprendía trece leguas de largo sobre 
cuatro de ancho, conteniendo doce cantones en su terreno de 11a- 
D06 y montañas. En los llanos estaban los del alto Artibonito, 
Ester, Gabeuil, La plaine de Malminiers, Cuerdas de Violón y 
Fossé Nabot: en las montañas los cantones Grands Cahos, Petites 
Cahos, Savanne Brülée, Coupe á l'Inde y la Couleuvre. Todos esta- 
ban cubiertos de plantíos dedicados á la cría de animales. Las 
aguas del Artibonito crecidas con las de Guayamuco y sus confluen- 
tes en la parte española facilitaban la industria de novecientos cin- 
cuenta bombines blancos, ochocientos cincuenta de color libres y 
veinte y tres mil ciento ochenta y cuatro esclavos empleados en 
veinte ingenios de azúcar, cuatrocientas diez añilerías, ciento vein- 
te y seis algodonales, ciento cuarenta cafetales, varios alambi- 
ques y algunos hornos de cal y de ladrillo. 

La pan'oquia des Verrettes tiene por límite al Norte el rio Arti- 
bonito; y como era montañoso la mayor parte de su teiritorio solo 
tenia catorce ingenios de azúcar, once de ellos de máquinas hidráu- 
licas, doscientos catorce añilerías, cincuenta y siete algodonales, se- 
tenta cafetales y varios alambiques y hornos de caí. y ladrillo. Su 
población era de seiscientos setenta hombres blano>s, novecientos 
de color libres y ocho mil novecientos once esclavos. El aumento 
de su población dio lugar á que se creáis la ayuda de parroquia 
les Lianes en el alto Artibonito. La abundancia de airoyos y rios 
afluentes del Artibonito hacia que casi todos sus mgenios se sirvie- 
sen del agua como fuerza motriz. 

Aunque la octava parroquia que era la de San Marcos no era 
tan agricultora como las otras, se la consideraba sin o.mbargo como 
de las mas importantes de la colonia. Estaba situada entre el Mdle 
de San Nicolás y el Príncipe, y conio fuese su puert/O visitado con 
frecuencia, se convirtió en ciudad considerable rivalizando con las 
mas cultas en ilustración, civilidad y hermosura. El risueño aspecto 
de sus contornos, la recta delincación y anchura de sus calles y la 
buena construcción de sus edificios le daban cierto aÁtractivo que se 



i 



HISTORIA D£ SANTO DOMINGO* 109 

aumentaba con la salubridad del clima y la disposición desús ba^ 
bítantes á toda clase de placeres. Sosteülan constantemente un 
teatro que ocupabao cantantes .y actores venidos expresamente de 
la metrópoli. Era buena su policía, y como el Almirantazgo pasó 
á ella su residencia, la visitaba mucha gente de mar. Sus alrede- 
dores estaban hermoseados por los ingenios de azúcar sitos en las 
foldas de la población y de las montanas vecinas. Entre ellos se 
distinguían el de Mr. Dussolier cuya casa de vivienda estaba á con- 
tinuación de la Calle nueva, después de una alameda de cien toesas 
y detrás tenia una fuente y un hermoso jardin; y esa pró:iimi- 
dad producia el contraste placentero del activo movimiento de una 
ciudad marítima y los rudos trabajos de la agricultura. La parro- 
quia estaba dividida en dos cantones considerables nombrados Les 
Boseau:^ y Mont-Boui que contenían diez y seis ingenios, cuatro- 
cientas veinte añilerías, ciento catorce algodonales, ciento cuarenta 
y tres cafetales, algunos hatos y muchos hornos de ladrillo y cal. 
Entre los hatos se hacia notar el de Mr. Bossignol des Dunes, cuya 
opulenta fortuna em fruto de la perseverancia y el trab£^jo. Nueve 
hyos y siete esclavos formaban la familia de este industrioso habi- 
tante el ano de 1756 y en el de 89 en que estalló la revolución po- 
seia un algodonal con mil quinientos esclavos, varias fincas, un in-* 
genio de azácar, quinientos mil animales, sin contar las tierras 
del bato de que era propietario y en que existia tanto diverso ga-* 
nado que ni el mismo dueño sabia su número. 

La parroquia de Mirebalais lindaba con las posesiones españo^ 
las desde la pirámide número 174 hasta la del número 206, circuns* 
tancia que dio motivo á varios conflictos entre las autoridades espa- 
iíolas y francesas, al principio del siglo, como sucedió también en 
1729 en que el Presidente Don Francisco de la Bocha Ferrer mar- 
chó á destruir los e^stablecimientos concedidos por el Gobernador 
francés en el territorio español. Terminaron estas diferencias con 
el acuerdo tenido en la casa de Mr. Hardoineau con Don Gonzalo 
Fernandez de Oviedo, y de cuyas resultas se hizo retirar el cuerpo 
de guardias francesas. Igual conflicto ocurrió en el Mirebalais en 
1736. Mr. Fayet, gobernador francés, marchó con varios cuerpos 
de tropa á sostener como límite divisorio las montañas de Fer-á- 
Gheval; pero terminóse la cuestión satisfactoriamente para los es- 
pañoles que comandaba Don Nicolás Guridi, quedando por límite 
fijo la montaña Islet, en donde se estableció una guardia española. 
La considerable abundancia de rios y arroyos hizo aumentar la cria 
de animales; pero creciendo la población y abonados los terrenos por 
el Artibonito fuéronse estableciendo añilerías, algodonales é inge- 
nios. Estaba dividido en cantones que llevaban por lo común el 
nombre de los rios que los bañaban: el de Sarrasins y la Gascogne 
que principia en la altura ó cresta de la Montaña Española; el de 
Genipayer y el de la Selle, también sobre la linea divisoiia; el de 
Tríanon, el de Grand-Boucan, y la Ooupe de Mardi-gras : estos si- 
tuados á la izquierda del rio Artibonito; y á la derecha, la Grande- 
Plaine, le Fond Ferrier y le Trou-d'Enfer, le Boucan Carré y le Pe- 



lio HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

tit Fond des Oapucins, l'Islet y PAcul de l'Islet. Además ha- 
bía los pequeños cantones de Jean de Bas, la Giand-Savane, du 
Oanot, de la Toilette, Montagne Terrible y Boucan Cani. La ex- 
tensión y longitud de la Parroquia era de quince leguas y doce de 
ancho y la calidad de su terreno la mejor de toda la colonia por 
la fertilidad que le daba el Artibonito. El tabaco, el arroz, el al- 
godón, el añil y la caña crecían admirablemente; y el trigo se pro- 
dujo con tanta lozanía, que en algunos cantones se recogieron dos 
cosechas al año. Tenia sin embargo algún terreno de poca fertili- 
dad en los cuales conservaí on los franceses la cria de ganados, in- 
dustria de los antiguos habitantes españoles. La población blan- 
ca era de novecientas personas, la de libres de color mil doscien- 
tas y de once mil la de esclavos, gente con la cual se entretenían 
cuatro ingenios, ciento treinta y ocho añilerías, doscientos diecio- 
cho algodonales, cuarenta y sitóte cafetales, tres cacaotales y no- 
venta y dos hatos de ganado. Distaba esta parroquia siete leguas 
de Hincha y doce de Bánica, pueblos españoles* 

La parroquia de la Arcahaye, cuyo teiTeno, como el de casi to- 
das las otras de la colonia francesa, se componía de llanos y mcm- 
tañas, era una de las mas feraces y abundantes en hatos. Allí se vio 
que un carrean (1) de tierra produjo veinte millares de libras de 
azúcar en bruro, y era común la producción de diez 6 quince 
millares. 

Componíase la parroquia de los siguientes cantones: Bouca- 
ssin, les Vases, V Arcahaye y les Bretelles, en la llanura. Pla- 
tons, Matheux, Fond-Baptiste, Délioes, Nouvelle, Saintonge, Nou- 
velle-Gascogne y Nouvelle-Kochele, Montagne Tenible, Montagne 
Noire, Moka, Fond-Blanc y Fond-Gondole, en las montañas. Con- 
tenía cuarenta y ocho ingenios, la ma}'or part-e con fuerza hidráu- 
lica, cuarenta y nueve añilerías, veinte y cinco algodonales, sesen- 
ta y ocho cafetales, quince alambiques, muchos hornos de cal y al- 
farería y algunos hatos. Su población era de setecientos dos blancos, 
quinientos setenta y cuatro de color libres, y diez y siete mil dos- 
cientos cuarenta y un esclavos. La facilidad de conducción á Puer- 
to Príncipe por mar y tierra era grande. Oreemos que su territo- 
rio era el mismo de Cahaya, dependiente del de Jaragua y ca- 
cicato del indio emigrado Hatuei. 

Dividieron los franceses en tres parroquias el antiguo Cul-de- 
Sac, así llamado por los filibusteros; porque realmente tiene la forma 
de saco el golfo que resulta entre los Cabos Mole de San Nicolás y 
Tiburón ó Dalmarie, en cuyo fondo, nombrado por ellos Leogane, se 
refujiaban cuando eran expulsados de la Tortuga 6 de las costas 
septentrionales de la Española. Mas adelante se formó otra parro- 
quia á poca distancia de Leogane, que fué illtimamente suprimida, 
como la de Trou-Bordet, para formar la de Puerto Príncipe y la a- 
nexa de Croix-des-Bouquets. 

En los llanos de esta parroquia antigua fué donde más desple- 

(1; La décima parte de una caballería de tierra en la isla de Cuba, 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 111 

garoD lo8 franceses su actividad ^> inteligencia. La cruzaron con 
canales en extremo beneficiosos á la agricultura, y comprobaron cou 
hechos el dicho de que ''en Santo Domingo no habla que resem- 
brar la caña." En el ingenio de Mr. Oaiadeaux, cantón de Bellevue, 
cañaverales de veinte años de sembrados daban producto igual al 
que rindieron en el año primevo de su plantación. Era tal la com- 
petencia agiícola de sus moradores, que el célebre hidráulico Mr. 
Verret dijo en 1784 que era aquella llanura la escuela de la colonia. 

La parroquia Croix-des-Bouquets, lindaba con la frontera es- 
pañola desde la pirámide 205 habita la 209 en las alturas de la 
montaña Neiba, y desde allí hasta la 211, y costeando la lagu- 
na Hatuei llegaba hasta la 219, fín de la línea divisoria, en el naci« 
miento de Pedernales. Comprendía los cantones siguientes: Fond- 
Paxisien, Fond-Verrettes; La Grande Pluine, Les Petits-Bois, La 
Grande-Eaque, Gallet, Varreaux; la ¡Saline, les Sources Puan- 
tes, les Bois blancs, le Pe.nsez-v-Bien, Csochus, Fond-au-Diable, 
Trou d'Ean, Gorge de la Ga.scogne, Gr.ujd-Bois, Bancan, Pata- 
ta, Saint-Jean, Pays, Ponrri Nonvelle, Loraine y Tiou Coucou. La 
foimacion de las montañris en estü parroquia es reahnente curiosa. 
Desde el pasaje del rio Artiboniío continúan las altas montañas 
dividiéndose en pequeñas fracciones y dejando huecos y llanuras 
como la de los tres Lagos, en donde se levanta otra montaña con- 
siderable que se prolonga hasta la punta Tiburón y ()ue es conocida 
con el nombre de Bahoruco. Debe su nombre la parroquia á una 
cruz plantada por los españoles á la que adornaban con flores, en 
cuj-a devoción continuarou los franceses ha.sta que levantaron allí 
una iglesia. Tenia mil habitantes blancos, setecientos de color 
libres y treinta mil esclavos: noventa > cuatro ingenios ciento doce 
cafetales, veinte algodonales, y varios alambiques, hornos y hatos. 
Casi todas estas tincas pertenecían á la primera nobleza de Francia; 
y entre todas se distinguían las de 8. A. el duque de Orleans, la 
del conde Boulanviliers y la del comerciante Arnoulx que estaban 
regadas por canales y apreciadas en dos millones y medio de pesos. 

La parroquia de Puerto Príncipe ocupaba el fondo del gran 
saco que forman los cabos Mole y Tiburón. La ciudad de Puerto 
Príncipe, capital de la colonia era la cabecera de esta parroquia. 
Sus edificios se construyeron de diferentes modos; pero escarmenta- 
dos sus habitantes por los temblores de tierra, adoptaron en 1770 
la construcción de maderas y desde entonces usaron la mamposte- 
ría para los adornos solamente: sus calles eran anchas y con por- 
tales; su población mayor que la de las otras ciudades. Contenía 
quince cantones con cuarenta y ocho ingenios, diez y ocho añilerías, 
setenta y un cafetales, cuatro algodonales, un cacaotal, doce alam- 
biques, muchos hornos de cal y gran número de estancias de labor. 
Su población rural ascendía á cuatrocientos blancos, cuatrocien- 
tos libres de color, y dos mil esclavos. 

Leogane era la décima-tercia parroquia. A cuatro mil toesas 
de la población está el lugar en que edificaron el Comendador Ovan- 
do y su teniente Diego Velaz(i»ieZ; la ciudad de Santa María de la 



r . 



iri aiSTOBIA DS SANTO DOMINGO. 

Vera Paz« Está formada esta parroquia de doce cantones conté-* 
niendo sesenta y siete ingenios, setenta y nueve añilerfas, veinte 
algodonales, sesenta y cuatro cafetales^ un cacaotal, veinte y siete 
alambiques y varios hornos: sn población era de mil sesenta y cua-^ 
tro blancos, mil quinientos veinte libres de color y diez y seis mil 
cuatrocientos noventa y dos esclavos* 

Bxistian en esta parroquia unas grandes ruinasen que se veian 
grandes bóvedas de exquisito trabajo, en que fundaron los filibus- 
teros el gran bucan. La tradición decia que las tales ruinas per-^ 
tenecian á un antiguo castillo fundado entre el Artibouito y Jáqui-' 
mo, que tuvo título de principado y que mandó á construir Don 
Felipe III para una li^a natural que lo habitó muchos años: asegu- 
raban otros que las ruinas pertenecían al establecimiento de un 
distinguido español á quien Vehtóque;?, ó el segundo Almirante, con- 
oedió repartimiento en aquel lugar, y otros en fin tienen por cierto 
que son los escombros de la Vera Paz« 

La parroquia de Grand Goave era una de las mas pequeñas^ 
Oontenia ocho cantones con tres ingenios, veinte y una añilerías^ 
quince algodonales y ochenta cafetales cultivados por trescientos 
diez hombres blancos, doscientos veinte libres de color y cuatro 
mil quinientos esclavos. 

La paroquia de los Cayos que lindaba con los españoles con te- 
nia diez cantones con diez y siete añilerías, veinte y siete algodo- 
nales y ciento cuarenta cafetales, entretenidos por cuatrocientas 
personas blancas, cuatrocientas cincuenta libres de color y siete 
mil esclavos. En su territorio estaban parte de las montañas del 
Bahoruco, causa de continuas alarmas para sus habitantes; pues 
por más de ochenta y cinco años estuvieron apalencados en ellas 
negros cimarrones, contra los cuales marcharon en vano expedicio- 
nes mandadas por los gobernadores españoles, y en vano también 
trataron de subyugarlos las autoridades francesas; hasta que po^ 
niéndose de acuerdo los gobernadores de ambas colonias celebra- 
ron con los ciroaiToues un tratado en que se les declaró libres bajo 
la condición de que los negros de origen español se estableciesen 
formando el pueblo de San Lorenzo de los Minas en las margene» 
del Ozama. 

La imnoquia de Jacmel comprendida antiguamente en la con- 
cesión que hicieron los reyes de Francia, se fomentó á mediados 
del sig^opasado« Sus cuatros cantones ocupaban ocho leguas de 
terreno de largo y ocho de ancho que cultivaban quinientos cin- 
cuenta blancos, quinientos ochenta y dos libres de color y ocho mil 
quinientos esclavos, repartidos en un ingenio^ siete añilerías, vein- 
te algodonales, cien cafetiales y algunos cacaotales. 

La última parroquia del departamento del Oeste era la de 
Baynet, cuyo terreno prodigiosamente montañoso y cortado por 
numerosas profundidades que parecían inaccesibles, suyo aprove* 
char un industrioso y activo francés hasta formar cuatro cantone» 
en que existían veinte añilerfas, veint;e algodonales y setenta cafe- 
tales. Su población era de trescientos ochenta y ocho blancos, 



mstOBlA DE SAIü'ÜÜ DüMlNGk). 113 

ochocientos libres de color y cinco mil quinientos esclavos^ La 
Isla Gk)anave estaba comprendida en este departamento del Oeste: . 
tiene catorce leguas y media de largo por tres y media de ancho. 
Su.s costas sou de arrecifes^ y á ella se retiraron los indios^ que la Ua- 
tnaban Guanabo, huyendo de las persecuciones de los capitanes de 
Ovando* Nunca la poblaron los españoles, ni los franceses, has- 
ta que fué concedida al Marqués de Ohoiseul, á quien la compró 
luego el Gobierno para repartirla en mercedes. 

En cuanto á lo militar estaba dividido el departamento del Oes- 
te en cinco cuarteles denominados Mole de San Nicolás, San Mar- 
cos, Mirebalais, Puerto Príncipe, Leogaue y Jacrael en que residian 
las autoridades subalternas. Las parroquias que hemos enumera- 
do estaban situadas regulai'mente en el pueblo de su nombre. 
Un vicario apostólico, los curas, los padres de la Compañía de Jedús 
hasta su extinción, los franciscanos y los de la Garidad componían 
el clero. 

El departamento del Sud comprendía precisamente el antiguo 
cacicato de Jaragua, que reglan Behequío y Anacaona en tiempo 
de los indígenas^ y fué el último que fomentaron los franceses en la 
colonia. Era su capital la ciudad de los Cayos donde residía el Vi- 
ce comandante ó Gobernador y las demás autoridades civiles, mili- 
tares y eclesiásticas. Su territorio no era tan feraz como los del 
Norte y Oeste, y resintiéndose de sus cortos rendimientos lo devol- 
vió al Estado en 1720 la Compañía de las Indias ó de Santo Domin- 
go. Repartido entre los colonos, hízose mas productivo y á los 
cincuenta años ya el censo de la población arrojaba los números si- 
guientes: cinco mil cuatrocientos noventa y nueve blancos, mil ocho- 
cientos cuarenta y tres libres de color, cincuenta y siete mil ciento 
noventa y ocho esclavos; de blancos había dos mil trescientos se- 
tenta y cinco milicianos. Tenia entonces ciento treinta y seis inge- 
nios, ochocientas cuatro añilerías, setecientas setenta y cinco mil 
matas de cacao, doscientas sesenta y cinco mil de algodón y has-^ 
ta diez y nueve millones de mat>as de café. 

En el año de 1789 en que estalló la revolución, su cuadro esta- 
dístico era de diez mil blancos, seis mil quinientos pardos y more- 
nos libres, ciento catorce mil esclavos, ciento noventa y un ingenios, 
novecientas tres añilerías, ciento ochenta y dos algodonales, cuaren- 
ta cacaotales, doscientos noventa y siete cafetales y gran número 
de alambiques, tejares, hornos de cal y hatos de crias. 

Por esta relación se ve que el departamento del Sud no tenia 
ni los dos tercios de la población de cualquiera de los otros, y que 
no estaba tan bien cultivado como ellos á pesar de su extensión. 

Sus parroquias eran las siguientes: La primera, Petit-Goave, 
filé primitivamente poblada por los filibusteros, destruida varias ve^ 
oes por los españoles y fomentada después de la paz en las llanuras 
y montañas que contiene. La ciudad estaba bien fortificada y te- 
nia hermosos edificios, como que en ella residieron por largo tiempo 
el Gobierno, el Almirantazgo y el Senescalato. Era puerto de mar 
foitiflcado y de él salieron varias expediciones. La total población 



114 HISTOBIA DE SANTO DOMINGO. 

de la parroquia era de seiscientos cincuenta blancos, doscientos 
treinta y seis negros libres y nueve mil esclavos: contaba quince in^ 
genios, ochenta cafetales y quince algodonales. 

La segunda parroquia era la de Fond-des-Négres, situada 
á continuación déla anterior y dividida en siete cantones. La igle- 
sia fué edificada en el de Miragoane en un sitio bello y notable por 
la laguna que lleva el nombre del cantón y por las cercanas mi- 
nas de imán y de hierro. Tiene la laguna siete leguas de circun- 
ferencia, trescientas toesas en la mayor de ancho y dos mil de lar- 
go, y es notable por el prodigioso número de caimanes é hicoteas 
que pueblan sus aguas. La caña de azúcar se destruyó en él des- 
de que sobrevino una plaga de mariposas cuyas larvas, reprodu- 
ciéndose, se adheiian á las hojas y á los canutos hasta secar la 
planta. Sólo se conservaban once ingenios en 1781): habia ade- 
más catorce añilerías, treinta y cuatro algodonales, treinta y sei» 
cafetales, hatos, algunos cacaotales, vegas de tabacos y estancias de 
labor con dotación de doscientos blancos, cuatrocientos cincuenta 
libres de color y cuatro mil quinientos esclavos. 

La parroquia de L'Anse-á-Veau era la tercera: su población, 
seiscientos cincuenta blancos, trescientos cincuenta libres y ocho 
mil veintiocho esclavos que cultivaban seis ingenios, noventa y seis 
añilerías y algodonales, y cuarenta cafetales. Dividíase en siete can- 
tones. El pueblo estaba fundado en una altura á las orillas del mar. 

La cuarta parroquia se titulaba Petit-Trou, lindaba con la an- 
terior y tenia en común con ella varios cantones. 

La quinta y la sexta parroquia nada tenían de notable. Con- 
tenían trescientos setenta y seis blancos, cuatrocientos cincuenta y 
cinco pardos y doce mil esclavos. 

Los cayos del Sud era la parroquia en que estaba la capital del 
departamento: dividíase en nueve cantones. Su población rural 
ascendía á trescientos treinta y seis blancos, trescientos Ubres de 
color y doce mil esclavos que cultivaban cincuenta y cuatro inge- 
nios, veinte y ocho movidos por fuerza de agua, cincuenta cafetales, 
y muchos plantíos de añil, algodón y granos alimenticios. 

Forbec y Por Salut eran la octava y la novena parroquia, igua- 
les en población y en cultivo. 

Cavaillon, en sus cuatro cantones: les Flamands; Petit Plai- 
sance; le Mal Finí y le Bras Gauche, contenía una población de 
400 blancos, 300 libertos y 5500 esclavos. En ella se cosechaba 
mucho arroz y millo y habia 12 ingenios, 10 añilerías, 6 algodonales 
j 30 cafetales. 

La parroquia Ooteaux contenía sesenta añilerías, varios algo^ 
dónales y una población de trescientos blancos, ciento sesenta libres 
y seis mil esclavos. 

Las paiToqnias de Tiburón y de Dalmarie estaban en los ex- 
tremos de la península que forma la bahía de Gul-de-Sac, á cincuen- 
ta y ocho leguas al S. O- del Mole San Nicolás. La de Tibu- 
rón estaba dividida en cuatro ingenios, treinta algodonales, cin- 
cuenta cafetales, y varias estancias de labor. Su población era de 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 113 



• • 



qüiDieotos cincuenta y dos blaocos, doscientos veinte libres de color 
y cuatro mil esclavos. La de Dalmarie contenia cinco cantones en 
que estaban ubicados un ingenio, diez añilerías y doscientos cafeta- 
les, con seiscientos cincuenta blancos, doscientos veinte libres y 
cuatro mil quinientos esclavos. En la primera está la catarata del 
rio Balisieres, que naciendo de un manantial abundante en lo 
mas alto de la montaña se despeiía á saltos enormes que han for- 
mado en las peñas pozas ó cuencas que se deiTaman de unas en 
otras formando quince escalones hasta llegar á la llanura de A- 
bricot, Dombie que debe á sus corpulentos mameyes. En este sitio 
colocaron los aborígenes sus Campos Elíseos donde reposaban las al- 
mas de los difuntos. Puede concebirse tal creencia al ver la her- 
mosura del sitio. 

La parroquia de Jeremías es la última de este departamento. 
Está dividida en diez y siete cantones; y sus terrenos son variados, 
unos áridos, fértiles otros, ya erizados de montañas y picos inacce- 
sibles, ya de cavernas. 

La isla de Vache, tres leguas al S. E. de los Cayos, es de cuatro 
leguas de largo y una y cuarto de anclio: tiene en el centro dos la- 
gunas, una de agua dulce y otra de agua salada. Fué mercedada á 
Mr. de Bouregard que trató de poblarla de ovejas: ya se habia au- 
mentado en ella tanto el ganado mayor introducido por los españo- 
les que se le dio el nombre de islas de las Vacas. No fué com- 
prendida en la merced que se hizo á la Compañía de las Indias ()(;- 
cideutales, pero esta se apoderó de ella luego que murió el propie- 
tario. Extinguida la Compañía, fué cedida como his de Chianabo y 
Tortuga á la familia de Choiseul. Mr. Maurice Praslin, uno <le 
ellos, la repartió entre varios colonos. 

El Departamento del Norte era el mas rico, industrioso y flo- 
re<}iente de la colonia francesa. Lindaba con los españoles por el 
rio Massacre 6 Díyabon. Las parroquias que lo componían tíian 
Fort-Daupbin, Ouauaminthe, Valliére, Terrier-Rouge, W. Troii, 
Limonade, Santa Eosa ó Grande-Kiviére, Quartier-Morin, la Pe- 
tite-Anse, Le Dondon, Guarico, la Plaine du Nord, la MarmeUide, 
L^Acul, le Limbé, Plaisanse, le Port-Margot, le Borgne, le Gros- 
Morne, Saint- Louis du Nord y le Port-de-Paix. 

Este departamento, situado en la hermosa llanura de la Vega 
Beal, goza de todas las ventajas de aquel territorio regado por cau- 
dalosos rios y fértiles arroyos, que mantienen la constante feracidad 
del terreno, y cuyas alturas se prestan fácilmente al cultivo de los 
principales artículos de CA>mercio de la colonia. 

La primera parroquia nombrada Bayajá ó Fort-Üauphin, que 
llamaron los españoles San Juan y de que hicimos mención cuando 
la invasión del Almirante Drake en el reinajo de Isabel de Inglate- 
rra, recibió su nombre francés en 1730, año del nacimiento del primer 
hyo de Luis XV» Haciéndose las excavaciones para construii* el 
castillo de la boca del puerto se encontraron ruinas y cimientos de 
muro, y cuatro monedas de cobre, tn\s españolas del año 1295, rei- 
nado de Don Fernando 1\^ de Castilla y la otra holandesa, las cua- 



116 HlSTOBIA DE SANTO DOMINGO. 

les debieron pertenecer á los primeros pobladores españoles. 

La bahía de Bayajá tiene dos leguas de longitud y media de 
latitud; es difícil su entrada por la estrechez de su caual, y está 
defendida por los fuertes Anse, San Carlos y San Federico. Su 
hermosa vista fué tan gratíi, á los descubi idores españoles, cuan- 
do menos pensaban dar con un puerto, que exclamaron: ¡Bahía! 
¡Ah! de donde le viene el nombre de Bayajá. 

La ciudad está construida en el fondo de la bahía y fué reputadái 
como la segunda, siendo el Guarico la primera. Su salubridad y la 
feracidad de sus teirenos, no corren paiejas con su belleza. El bajo 
nivel de sus tierras y los rios que la surcan hacen malsana esta co- 
marca. Los cantones de esta parroquia sujetos á sequías prolonga- 
das y rodeados muchos de ellos de áridas sabanas no eran á propó- 
sito para la agricultura, aunque algunos, sin embargo, gomaban de 
buena reputación, como el de Maribarou, que á más de su fertilidad 
estaba bien cultivado y contenia diez y siete ingenios. Los can- 
tones nombrados Melonniére, Predoches, Fonds-Blancs, Marión, 
Grand CoUine, Mamousets, Morne-au*Diable, Trou- Blas, Acul- 
des-Pins y Morne Organissé eran también productivos á fuerza de 
la actividad é industria de setecientos blancos, seiscientos de color 
libres y nueve mil esclavos que ocupabau las veinte leguas cua- 
dradas de la parroquia. 

La segunda parroquia, Ouanamiuthe (corrupción de la palabra 
india Guanaminta y á la que llamaron los españoles Juana Méndez 
también por corruptela), era igualmente limítrofe de la parte espa- 
ñola. Situada su población principal á las orillas del rio que servia 
de lindero y frente al pueblo Dajabon sostenía con sus vecinos 
continuo comercio. Esta parroquia formaba parte de la de Bayajá 
antiguamente. Estaba dividida en trece cantones que tomaban 
nombres de los ríos que los atravesaban; y su población constaba 
de doscientos ochenta blancos, doscientos setenta libertos y siete 
mil esclavos. En uno de sus ingenios, el de Mr. Eobineau, fué don- 
de por primera vez se puso baño á los panes de azúcar pam blan- 
quearlos; y también uno de sus vecinos hizo traer de África came- 
llos para aclimatarlos, lo que no se consiguió. 

Valliére se llamó la tercera parroquia. En su terreno montuo- 
so solo tiene la agricultura tres valles con tres leguas de extensiou 
que cultivaban ciento sesenta blancos, igual numero de libertos y 
dos mil esclavos. En una de sus montañas se hallaron varios 
utensilios indios y en una gran cueva varios sepulcros formados de 
piedras y con renglones grabados en geroglíficos. 

La cuarta parroquia se llamaba Terrier-Kouge por la calidad 
de su terreno sobrecargado de ocre. Tenia la figura de un triángu- 
lo, cuya base se apoyaba en la costa del Norte, donde estuvo la ciu- 
dad española de Puerto Real, fundada en 1503 por Rodrigo de Me- 
jia. Su población ascendía á doscientos cuarenta blancos, ciento 
sesenta libertos, y cinco mil quinientos esclavos. 

La quinta parroquia era la denominada du Trou: su población 
era de trescientos sesenta blancos, doscientos cuarenta libertos y 



HISTORIA. DE SANTO DOMINGO. 117 

diez rail esclavos. 

La Limonade, sexta parroquia, situada á tres leguas del Gua* 
rico, era uua de las mas pioductivas, y estaba dividida ea diez can- 
tones. Explotaba una miua de imau, y los españoles en los prime- 
ros tiempos una de oro. En las costas de esta parroquia fué donde 
perdió el Almiiunte Cristóbal Golon una de sus carabelas que nau- 
fragó en los escollos de Caracol, en la nocbe del 24 de Diciembre de 
1492. Una de sus anclas se encontró mucho tiempo después en la 
finca de Madarae de Bellevue á cuatro varas de profundidad en te- 
rreno vejetal, por cuyo sitio debió correr un rio que ha desaparecido, 
bien porque se uniera al rio Rojo ó bien por un terremoto. El lu- 
gar del naufragio distaba media legua de la bahía, á cuya orilla se 
condujeron todos los efectos de la nave, con auxilio de los indios del 
cacique Guacauagarí. 8i el ancla no fué llevada por ellos tierra 
adentro, habrá perdido el mar novecientas toesas en aquel sitio, pues 
esa era la distaueia á que se encontió. El ancla estaba á cuatro 
vainas de profundidad y en terreno de aluvión, lo que prueba la gran 
cantidad á^ tierra que han airastrado desde la montaña hasta el si- 
tío del hallazgo las aguas fluviales en el espacio de trescientos años. 

También en los terrenos de esta parroquia construyó el Almi- 
rante Colon el fuerte de la Navidad, primer establecimiento de los 
europeos en América. En efecto, es sabido que en la ñuca Mon- 
tbolon estuvo la embocadura del rio San José, cuyo cauce desecado 
existe todavía, y cuyas aguas se unieron á las de otro rio, y según 
la relación del Almirante en su segundo viaje llegó con su armada 
el 27 de Noviembre de 1493 á la boca del rio San José y encontró 
quemado el fuerte Navidad que con cimiento de piedras y la tabla- 
zón de la carabela náufraga habia construido. En toda la colonia 
se daba el nombre de Castillo de Colon á las ruinas encontradas en 
la hacienda Montholon, en la cual, abriéndose un canal en 1784 ha- 
llóse cerca de las ruinas un sepulcro que contenia veinticinco cadá- 
yeres que no eran de indios fi, juzgar por la forma del cráneo. Es- 
taban colocados paralelamente y en la dirección que usaban los na- 
turales de la isla, lo que prueba que pertenecían á los españoles que 
dejó Colon en el fuerte y que perecieron al furor de los naturales. 
También se encontraron tenedores y otros utensilios y entre ellos 
monedas de cobre. 

Es memorable la Sabana Beal de Limonade por la espantosa 
venganza que en 1691 tomaron los españoles de Santiago de los Ca- 
balleros de los filibusteros y bucaneros que la poblaban, saqueando 
sus hogares durante once dias. Fué horrorosa la carnicería que 
hizo el ejército español capitaneado por los principales caballeros 
de Santiago. Las poblaciones de Guaneo y Puerto Príncipe funda* 
das por los filibusteros, fueron enteramente arrasadas, y sin duda 
fueran expulsados de la isla, á haber perseguido los españoles á los 
pocos que se refugiaron en Oul-de-Sac, donde está hoy Puerto Prín- 
cipe. 

La población rural de esta parroquia era de cuatrocientos sesen- 
ta blancos, quinientos libertos y trece mil esclavos. 



118 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

La séptima parroquia era la de Grand-Biviére ó Santa Bosa, 
cuya población ascendía á seiscientos cincuenta blancos, novecien- 
tos cincuenta libres y nueve mil quinientos esclavos, casi todos 
dedicados al cultivo del café en trescientos diez y nueve cafetales. 

Quartier-Morin era la octava. Su cercanía á la capital del Nor- 
te la hacia importante, por lo cual muchos magnates y cortesanos 
eran dueuos de sus fincas. La población del campo ascendía á dos- 
cientos cuatro blancos, noventa y cinco libertos y siete mil esclavos. 

El pueblo Petite Anse está donde existió el del cacique Guaca- 
nagarí como lo prueban muchos indicios de su existencia que se han 
ido descubriendo y que consisten en utensilios, zemis y figuras de 
dioses tutelares, y sobre todo la tradición, que señala aquel lugar 
como el sitio en que acontecieron los sucesos de que dá cuenta el 
Almiiaute Don Cristóbal Colon á los Reyes Católicos en el diario 
de la navegación que hemos citado. 

La de Dondoii era la novena parroquia y estaba situada sobre 
montañas. En su jurisdicción está la gran caverna Jobobaba que 
pertenecía cuando el descubrimiento al cacique de la comarca (1) y 
á la cual rendían los indios la mayor adoración por haber salido 
de ella el sol y la luna, y ser el lugar en que se creó el Universo, 
según su tradición religiosa. Se halla al O. S. O. del pueblo de 
Dondon, en la orilla meridional del rio y en un valle profundo y 
solitario. Su entrada es un vasto pórtico natural, en que están 
colocadas como diuses tutelares dos mazas informes, y algunos 
zemis, y en el interior se veian escultuias groseras sobre las cua- 
les ha formado el agua incrustaciones. El vestíbulo es espacioso y 
se estrecha á doce varas de la entrada formando un callejón que 
da paso al santuario iluruiuado por una abertura en la bóveda. 
Mas adelante se hallan dos estrechas aberturas en que hay sepul- 
cíos cavados en la roca, y á los lados cuartos destinados seguramen- 
te á los concurrentes, de cincuenta pies de largo y otros tantos de 
ancho. A esta cueva venían los caciques de toda la isla, acompa- 
ñados de muchos vasallos á rendir culto á sus dioses tutelares. 
Creían, como ya hemos dicho, que de ella salieron el sol y la luna á 
¡luminar el mundo y que era su isla la cuna del género humano. 
Creíanse descendientes de los primeros hombres y tenían sobre la 
formación de la tierra ideas extravagantes. 

Los franceses conocían este lugar por la cueva de Minguet. 
La población de Dondon era de seiscientos blancos, doscientos 
libertos y nueve mil esclavos, repartidos en una añílería, doscien- 
tos diez y nueve cafetales y muchas estancias de labor. 

La de la Marmelade era la décima parroquia: su población ascen- 
día á quinientos blancos, ciento cincuenta libertos y siete mil escla- 
vos. Abundaba en minas de cobre, y el rio Dorado que la atravie- 
sa debió su nombre á las piedras doradas que abundan en sus orillas. 
La Petit-Anse, que ya hemos mencionado, era la mas anti- 
gua de las parroquias; y como todas las ubicadas en la Vega Beal, 

(1) El cacique Manitvtibel, (N. de la S.) 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 119 

era fértil y bien cnltivada. Oontenia treinta y tres ingenios, entre 
ellos ios tres mas notables de la colonia, que pertenecían al Mar- 
qués de Galifet, dotados de millaies de esclavos y tan huma- 
namente tratados, que para ponderar en la colonia el bienestar 
de un negi'o se decia: es tan feliz como un esclavo de Galifet. Otros 
muchos habia también notables por su buena y grande producción. 
La iK>blacion del campo ei*a de ciento diez y siete blancos, cincuenta 
y tres libres y cuatro rail seiscientos cincuenta y dos esclavos. 

El Guaneo, capital del departamento del Norte, era la parroquia 
mas considerable de la colonia. Estaba situada en la falda N. O. 
de una montana, teniendo ai E. la bahía y al 3. una lengua de tie- 
rra que la ponía en comunicación con la Vega Real al través de dos 
alturas. Los franceses la denominaron Du Gap, seguramente por 
que Cabo Santo nombró Colon al lugar que ocupaba. Guaneo la 
llamaron los españoles por ser dependencia del cacique Guacana^a- 
rí. Em su extensión de 2800 varas castellanas de Este á Oeste y 
1400 de Norte á Sud. Las calles fueron tiradas á cordel y for- 
mando barriadas de casas de mam postaría y madera cubiertas de 
pizarra del Anjou y tejáis de Normandía y revestidas algunas de 
mármoles. La primera barriada lindaba con la bahía y contenía 
la Casa de gobierno, la batería circular, la fuente piramidal que 
proveía de agua á los navegantes; el parque de artillería y sus al- 
macenes, la batería real, otro fuerte circular, laBrasseur, los baños 
públicos, la Bolsa del comercio, la calle nueva del mercado, y las 
posesiones que fueron de los Padres Jesuítas, en que se celebraban 
las ferias. 

En el segundo barrio estaba la calle del Gobierno compuesta 
toda de almacenes y tiendas y en que se encerraba la mayor rique- 
za del Guarico. Cada casa tenia delante un pabellón en que colga- 
ban carteles anunciando el buque recien llegado y el pormenor de 
su cargamento. La multitud de gente que á ella acudía á las tran- 
sacciones comerciales le daba tal aspecto de animación que sorpren- 
día al viajero. La calle iimiediata era también notable y en ella 
se hacian las ventas de la marina por orden del Almirantazgo. 

En este banio estaban la biblioteca, la calle del Palacio, donde 
estaba el Tribunal superior de Justicia ó Parlamento, el convento 
de San Francisc<i de los PP. Oíipuchinos, la plaza de Armas, el des* 
pacho de la policía y la fuente de piedra. Allí se ajusticiaba á los 
delincuentes. La iglesia parroquial, titulada Nuestra Señora era 
hermosa con el portal de orden dórico y jónico, y contigua á ella 
estaba un cementerio. 

El barrio que seguía era el de Vaudreuil, nombre de la calle 
que la atravesaba de N. á S: en él estaban la imprenta, el teatro, 
la Sociedad de Artes y Ciencias, la casa del Prefecto Apostólico y 
de los misioneros religiosos que venían al Guarico para desempeñar 
los curatos de la colonia, la plaza Montange rodeada de árboles y 
la casa de Misericoidía, fundada por los PP. Jesuitas. 

En otro distrito estaba el Departamento de Justicia, Sala de 
Consejeros y demás miembros del Superior tribunal del Norte, com- 



120 HISTORIA DE SANTO DOMINaO. 

puesto del Gobernador, del Comandante, dos tenientes de rey, 
dos mayores, siete consejeros y el Procurador general. También es- 
taban en el tercer barrio el Hospital de la Providencia y su cemen-» 
terio, la casa de salud de negros afiicanos enfermos, y el hospicio 
de Jazmin para gentes de color; la plaza llamada Oampo de Marte, 
los cuarteles de la tropa, y el convento de leligiosos de Nuestra 
Señora de la Bóchela. En el extremo de este cuartel se notabau 
algunas casas de campo, jardines y quintas, cultivadas con esmero 
y que daban á la ciudad por esta parte un hermoso aspecto. 

El cuarto distrito no tenia de notable sino la hermosa calle de los 
Españoles, la mas ancha de la ciudad y que principiaba en un case- 
río que levantaron, cuando ocupaba el trono Felipe Y. los antiguos 
pobladores de la isla y concluía en el cementerio de Fouses. Era 
este barrio el mas tranquilo porque estaba alejado de los muelles 
y conservaba el aspecto campestre que no tenian las otras. 

En el sexto barrio estaba la pla^a del mercado apellidada 
Olugny, con arbolado y fuente, y era digna de celebración por la 
abundancia de sus artículos de comercio, su aseo, y la concurrencia 
de gentes de la legua que pululaba en ella. Estaba con tal orden 
distribuida que civda clase de mercado tenia señalado su sitio corres^ 
pendiente. 

Era el puerto del Guarico en aquella época el mas frecuentado 
de América: comunmente anclaban 500 ó GOO naves en sus aguas, 
como que era el depósito general de todo el comercio con Europa y 
ofrecía su rada mucha seguridad. 

Las casas que eran de buena construcción ascendían al núme^ 
ro de mil doscientas sesenta y una. Su parroquiano tenia propia- 
mente mas cantón (jue el de Haut-du-Oap: en él se veían muchas 
estancias de recreo» algunos ingenios notables, varios alambiques de 
aguardiente, tejares y otras tincas. 

La parroquia de la Plaine du Nord lindaba con las del Guarico 
y PAcul. Los habitantes se dedicaron primitivamente al cultivo 
del índigo y del cacao; pero fundaron posteriormente veinte y 
tres cafetales y tantos ingenios que el año de 1 78Ü su producción 
de azúcar subió á cuatro millones de libras. En su territorio estuvo 
establecido el Grand-Boucan, Su población rural era de cien hom- 
bres blancos, veintiocho libertos y cuatro mil quinientos esclavos. 

La de l'Acul, que lindaba con la Plaine du Nord, la de Mar* 
melado, Dondon y Lirabé, estaba situada en la llanura y sus habi- 
tantes se dedicaron al cultivo déla caña. A su bahía llamó Co- 
lon de Sto. Tomás, por haber llegado á ella el 21 de Diciembre de 
1492. Su población campestre ascendía á tres mil quinientos es- 
clavos, doscientos libertos y noventa y cinco blancos. 

La parroouia de Lirabé, estaba en terreno montañoso y llano 
y dividida en Lirabé-arriba y Limbó-abajo: existían en el primero 
diez y seis ingenios de azúcar y seis en el segundo, trece movidos 
por agua. En 1763 hallóse una mina de lapizlázuli, cuyo produc- 
to fué reputado en París como igual á la piedra azul de Oriente. 
Era su población de trescientos blancos, doscientos libertos y cin- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 121 

co mil esclavos. En ella vivió Mr. Pablo Belin de Villeneuve 
que adquirió gran reputación en el cultivo déla caña, mejoró ¡la 
elaboración, aumentó los productos, perfeccionó las máquinas de 
moler, las calderas y hornos y fué por su ingenio ta.n útil á la go< 
lonia que el gobierno francés libró en su favor los privilegios de 
nobleza que gozaron sus descendientes. 

Plaisance, décimasexta parroquia, distaba doce leguas del 
Ouaríco. Incrustada en las montañas mas escabrosas del Gibao, 
eran sus caminos por extremo trabajosos, sobre todo para comuni* 
carse con el departamento del Oeste donde residía el gobierno ge- 
neral de la colonia. Sus habitantes se dedicaron al cultivo del 
añil cimarrón; pero gracias á los esfuerzos de los gobernadores se 
mejoraron las vias de comunicación y el cultivo de otros géneros 
eoloniales penetró hasta aquellas elevadas y fragosas montanas. 
Su población ascendió á seisciento^i blancos, doscientos treinta 
pardos libres y seis mil seiscientos esclavos. 

Bn sus arroyos se recogía oro en polvo; y era abundante en 
minas de hierro y de cobre y en canteras de granito. A las ori- 
llas del rio se encontró una mina de jaspe, en color y belleza igual 
á las mejores de Italia. También se han recogido en sus cuevas 
cemies de los indígenas y una jariu de tierra cocida, en forma de 
urna con su tapa, y dentro la cabeza entera de un indio. 

El lugar mas memorable de la colonia para los franceses fué la 
parroquia Port-Margot. En su territorio se fijaron por vez primera, 
viniendo de la Tortuga, los filibusteros ó bucaneros, para robar las 
reses de los colonos españoles, y ahumar las carnes que llevaban 
luego á vender. La repetición de estos actos hizo que destruyeran 
los españoles la población que hablan aquellos levantado, y los po- 
cos franceses que quedaron con vida fundaron á Port Margot, prin- 
cipio de la colonia francesa y único refugio de los filibusteros lue- 
go que la espada española los arrojó de la Tortuga. Reunidos mas 
tarde con el inglés Willis, y protegidos por el Gobernador General 
Mr. de Poinoy, se establecieron definitivamente en Margot; inva- 
dieron otros puntos de la isla, y al fin consiguieron adueñarse de 
los terrenos de la colonia, cuando subiendo al trono de España 
Don Felipe V los cedió á Luis XIV. 

El cultivo principal de la parroquia era el del cacao y su po- 
blación ascendía á trescientos sesenta y seis blancos, ciento ochenta 
y cuatro libeitos y cinco mil quinientos esclavos. 

La paiToquia del Borgne fué antiguamente el lugar donde 
acudían los filibusteros: allí teniau corrales en que depositaban las 
tortugas y careyes que pescaban. A legua y cuarto del mar se 
encontró una caverna con siete salones enormes y en ellos mid- 
títud de huesos humanos, ceniUs 6 dioses indios y fragmentos de 
utensilios de barro cocido. En una de las bóvedas corre perenne- 
mente un viento recio, en otras se ven huecos ó nichos labrados 
en la roca y en todas pirámides, columnas y chapiteles de varias 
formas que inspiran al espectador cierto terror. También hay en 
esta una laguna de agua salada en que se cojen peces marinos. 



122 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Era su población de cuatrocientos doce blancos, doscientos ochen- 
ta y dos libertos y ciuco mil setecientos cuarenta y dos esclavos. 

Las pan-oquias de Gros-Morne y San Luis que eran la décima- 
novena y la vigésima, estaban situadas en llanos y montañas, y de- 
dicadas al cultivo del añil. Contaba la primera cuatrocientos cin- 
cuenta blancos, doscientos ochenta libertos y cuatro mil esclavos, 
y la segunda pertenecía casi toda á libertos que entretenían en 
ella veinte y cinco añilerías, sesenta caíetales y gran número de es- 
tancias cuyos productos remitían al Guarico. 

La isla de la Tortuga cubre toda la costa de la parroquia de 
San Luis y el canal que forma es de seis mil toesas de ancho. En 
aquel sitio se sublevó un negro español llamado Padre JuaUj que 
se incorporó en la Tortuga con los fdibusteros en 1679, después 
de haber asesinado á la población blanca. Fué muerto por los fili- 
busteros. 

La parroquia de Port-de-Paix era la última del departamento. 
Situada á continuación de la pequeña de San Luis y frente á la isla 
de la Tortuga, sobrepujó en importancia á Port Margot después 
del establecimiento en la isla de los filibusteros. 

Los gobernadores filibusteros, aunque debían residir en la Tor- 
tuga, vivieron casi siempre en Port-de-Paix ó valle de las Delicias, 
población que fué aumentándose con emigrados de las Antillas 
menores de tal modo, que era ya considerable bajo el gobierno de 
Mr. Cussy, quien fabricó una casa en ella y defendió el puerto con 
una batería de veinte cañones. En 1685 era ya la capital francesa 
de Santo Domingo ; pero en el de 1690 la destruyeron como á 
todas las poblaciones del Guarico los españoles por tierra y por 
mar los ingleses, invasión que dio por resultado la batalla campal 
librada en la parroquia de Limonade en que murieron el goberna- 
dor Cussy, el teniente rey Franqucsnay y todos los empleados pú- 
blicos excepto los que fueron Ilevadns como prisiimeros á la ciu- 
dad de Santiago, entre los cuales se encontraba Madame de Grafi", 
mujer del célebre corsario Lorencillo, de cuyas hazañas hemos da- 
do noticias en otro lugar. 

Existían cuesta parroquia minas de carbón y de hierro negro. 

Frente á las últimas parroquias estaba, como hemos dicho, 
la isla de Tortuga que dista treinta y siete leguas de la punta 
de Maisí en Cuba y catorce del Guarico. Debe su celebridad á que 
fué la cuna de los filibusteros. El rev de Francia la cedió á Mada- 
me Montrevel, hermana del duque de Ohoiseul, y sus herederos la 
cedieron á Mr. Labatut. 

Este departamento como los otros dos, estaba gobernado por 
un vice-comandante inmediatamente subordinado al Gobernador 
general y al Intendente que proveían en todo lo concerniente al go- 
bierno de la colonia. En cuanto á lo militar, eclesiástico, real ha- 
cienda y marina, seguía el mismo régimen que los del O. y S. 

En el año anterior á la revolución se introdujeron en la colonia 
diez y siete mil seiscientos setenta y cuatro negros varones, ocho 
mil ciento cuarenta y seis hembras, seis mil quinientos veinticinco 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 123 

párvulos varones y dos mil novecientos diez y seis hembras en seis- 
sientos sesenta buques. 

A ella concurrían con mas frecuencia los buques de la Améri* 
ca del Norte y en el año de 1789 entraron en sus puertos seiscien- 
tos ochenta y cuatro con harinas, provisiones saladas, mantecas y 
manufacturas inglesas. De Cartagena, Caracas, Puerto Belo, 
Honduras, Trigillo, Eio del Hacha, Vera Ciuz, New Orleans, Flo- 
rida, Pnerto Rico, Habana, Cuba y Sancti Espíritu vinieron por va- 
lor de tres millones. El comercio con Europa empleó aquel año 
780 buques. 

De la parte española de Santo Domingo, en que estaba prohi- 
bido el comercio, entraron 40000 reses y 3000 caballos y mulos 
que compró la colonia francesa con sus productos agrícolas. 

Haremos, por último, un resumen de las producciones del co- 
mercio del Guaneo en el año de ochenta y nueve de funesta recor- 
dación. Es como sigue: 

84617328 Libras de cafó 

652388 Bocoyes de azúcar blanco y quebrado 

5863 ídem de miel de purga 

5257010 Libras de añil 

1536017 1 ídem cacao 

11317226 ídem algodón 

1514 Serones de cochinilla 

6814 Toneladas de palo de campeche &. 

1865 ídem de caoba 

4618 Sacos de pimienta negra 

2426 ídem de gengibre 

380 Caniles de goma 

428 Cgjas de zumo de azúcar &. 

26948 Cueros curtidos 

114639 ídem sin curtir 

4167 Líos de capachos 

27812 Líos de 

1348 Cajas de dulc6 

1475 Serones de cascara de quina 

2617530 * Pesos fuertes de cuño español 

58219. . Onzas de oro de cuño español 

A que se añade el comercio de muebles y fiibricas caseras es- 
timadas en algunos miles de pesos. 

También hubo este año una considerable importación de ne- 
gros africanos, pues salieron hasta ciento diez y nueve buques gran- 
des de las costas de Francia para África que condujeron treinta y 
cinco mil doscientos sesenta y cinco esclavos. En conclusión, el co- 



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Itevolucion fraricesa. — ^ Conmoción y tfostornos debidos al nuevo orden 
de cosas establecido en Frauda^ al proclamarse la república. — • 
Autoriza>cion a los colonos para que formaren juntas parroquiales* 
' — Quejas de los mulatos porque se les negaba la igualdad política. — 
Asamblíía general en Puerto Principe,--^ Desenfreno de la^ pasiones. 
"Los mulatos Ogé y Chavanne insurreccionan a hs de su raza.-8on 
desbaratados por los republicanos. — Se refugian en la parte espa- 
ñola, cuyo gobernador los entrega*^ y son condenados á muerte y eje- 
cutados» — Sucesos relativos al Coronel Mauduit. — Eestitv^cion for- 
zosa de una bandera quitada á la Guardia nacional, y muerte de- 
sastrosa del coronel. — Origen y principios de lalrevoludon de los ne- 
gros.—^Providencias precautorias del Capitán General de la parte 
española, que establece un cordón de tropas en la frontera ma/ndadas 
por un jefe entendidOé 

Estrechas eran las relaciones que existían entre Francia y su 
I colonia predilecta de Santo Domingo, á fines del siglo XVITI. 
^ Las mismas causas, pues, que levantaron la monarquía á la mas 
alta prosperidad y la sumieron en la abyección mas profunda, de- 
bían deteiminar en la colonia idénticos resultados. Sufrieron am^ 
bas á la par los vaivenes y trastornos que produjeron las ideas filo- 
sóficas de la época« A la manera que un buque remolcado está su- 
jeto á los mismos movimientos que el que lo guia; así la parte 
francesa de Santo Domingo expeiimeuto las violentas peripecias por 
las cuales estaba pasando su metrópolis Las mismas causas que 
promovieron en Francia la reunión de los notables, hicieron sur- 
gir las juntas provinciales de la colonia. La disminución de las 
rentas y el aumento de la deuda en Francia, provinieron de la 
desorganización de los elementos productores y lo mismo sucedió 
en Santo Domingo: á la liberalidad en las cargas siguió la opresión 
tnas odiosa; á la igualdad en los derechos políticos, las mas repug- 
nantes distinciones. A la vez que Francia decaia y su riqueza se 
desmoronaba, la parte moral se resentía de las doctrinas propaga- 
das por los enciclopedistas del siglo pasado. Esas doctrinas caye- 
ron en Santo Domingo eu terreno inculto, dando pábulo á las pa- 
siones mas violentas y tumultuosas. 

Habia llegado la época de los desagravios y también de las pre- 



120 aiSTOBlA DB SANTO DOMlNGhO. 

tensiones exorbitantes. Proclamada la república en Europa, resonó 
BU clarín revolucionario en América^ donde las aspiracioues eran 
mas ardientes y complejas; y el vértigo se comunicó á todas las 
clases. Los colonos blancos reclamaron el alivio de las contribu- 
ciones; los mulatos pretendieron obtener derechos civiles iguales á 
los blancos, y la población esclava pidió de vojí en cuello su entera 
emancipación. 

La clase blanca, que era la mas ilustrada, y la que podia for- 
mular sus peticiones con mas fianqueza, tenia graves quejas contra 
Luis XVI. Decíase que liabia gobernado la colonia con leyes in- 
justas y poco equitativas, y se recordaba que nunca sus anteceso- 
res abrumaron á la colonia con impuestos ñscales como verbigracia 
el papel sellado, alcabalas &; que los empleos se daban gratuita é in- 
distintamente á íranceses é indianos, y que basta ahora no se habia 
sufrído otro gravamen que el impuesto de consumos vSobre las fin- 
cas urbanas y exportación de IVutos del pais. A estas ventajas se 
atribula que se hubiera elevado la colonia á tal grado de esplendor 
y prosperidad que otra ninguna en el mundo se le igualaba; pues 
remitía á Europa íinualmente productos por valor de ciento ochenta 
millones de libras tornesas, fruto del trabajo de setecientos mil es- 
clavos, dirigidos por cuarenta mil blancos y de una mitad más de 
mulatos y negros libres en su limitado territoiio. 

El fisco, dispuesto naturalmente á plantear medidas conve- 
nientes para el aumento de las rentas, era mal mirado de los colo- 
nos desde que sus productos se convirtieron en presa de los emplea- 
dos superiores. Si se hablan dedicado cantidades fijas en tiempos 
anteriores á cubrir las uigentes necesidades del gobierno, veíase 
ahora que la ¡"apacidad de los cortesanos era la única tasa y me- 
dida de la exacción. Diariamente crecían las necesidades y los 
pedidos, y se multiplicaban los abusos necesarios para satisfa- 
cerlos. Ño habia riqueza que colmase la insaciable codicia de 
los cortesanos, que alucinaban á un rey débil con exagerados y 
falsos informes. Tal era el estado de las relaciones de Francia con 
su colonia. Devoradas las rentas de la nación por la corrupción de 
la corte y decayendo visiblemente todo el reino, tenían qne ape- 
lar los hombres de Estado á las riquezas de la colonia de Santo 
Domingo^ cuyos recursos debían servir para cubrir el déficit de la 
metrópoli. La niadie se arruinaba, y debia acudir en su auxilio 
la hija opulenta. Y ¿qué podian influir las mas oportunas reflexio- 
nes, las representaciones mas sumisas en unos ministros transito- 
rios que veian bajo sus pies un abismo? Temiendo cada dia su reem- 
plazo, echaban mano de todo lo que pudiera sacarlos del apuro^del 
dia y enriquecerlos, |>restándose á cualquiera iniquidad con tal de 
que se les conservase en sus puestos. No podian ignorar que debia 
la colonia su adelantamiento á cierta juiciosa holgura de que habia 
disfrutado, como todas las colonias de América; política adoptada 
por las naciones europeas como único medio de hacerlas ricas y 
florecientes: pero solo veian los tales ministros á los colonos gran- 
des propietarios nadando en oro, y cayó sobre la parte francesa 



HISTOHIA DK SANTO DOMINGO. 127 

de Santo Doiniugo una lluvia de contri bucioDes. 

La Ci\ja de ahorros, formada con t^l pago de un pequeño im- 
puesto sobre los esclavos y destinada á cubrir los gastos de las 
parroquias y á indemnizar al propietario del precio del esclavo con- 
denado judicialmente, fué secuestrada arbitrariamente por la In- 
tendencia General, que dispuso de ella como si fuera propiedad 
del Estado; y los colonos que hablan sido hasta entonces buenos 
y voluntarios pagadores, se negaron resueltamente á contribuir en 
lo adelante, de lo que resultaron persecuciones y vejámenes inau- 
ditos. La irritación que produjo esta medida era tanto mas fun- 
dada cuanto que estaban los colonos bien seguros de que se hablan 
enviado á Francia enormes cautidades, como lo habia hecho últi- 
mament^e el Intendente Mr. de Bongars remitiendo siete millones 
(i tiempo que venian de la corte órdenes para la reducción de las 
rentas de los curas, supresión del servicio municipal y aumento de 
las gabelas fiscales. 

También se quejaban del modo como se administraba la jus- 
ticia. Recordaban aquellos tientpos en que los magistrados del 
Tribunal Superior de Guava y Pueito Príncipe, que la administra- 
ban ^gratuitamente, y compuesto de naturales del pais, tenian el 
privilegio de examinar las ordenanzas, leyes y reglamentos del 
gobierno, y cumplirlos si eran favorables ó desecliarlos si los creian 
perjudiciales, y cuya jurisdicción se extendía á los ramos de guerra 
y hacienda. Este sistema de administración era en extremo favo- 
rable á la colonia; pues escogidos para los empleos hombres capa- 
ces y ricos, no era posible el cohecho, no se imponían honorarios 
y se hacia justicia plena en todo. Satisfechos estos empleados con 
los honores del rango que ocupaban, pacíficos, estimados y respe- 
tados por sus conciudadanos y exentos de otras aspiraciones, ni se 
adormecían con los humos de la corte ni ambicionaban otro bien 
que cumplir honrosamente su encargo. Este sistema de gobierno 
vino abajo: la corte necesitaba magistrados mas adictos y ma- 
leables, y exigió que ocuparan aquellos destinos los europeos, 
señalándoseles sueldos considerables; y así (¡ue de allí adelante, 
la cualidad de rico colono vino á ser como nota denigrante de inca- 
pacidad é infidelidad. Los nuevos empleados no podían tener el 
mismo apego á la colonia que los antiguos; y los del pais que pu- 
dieron obtener alguna magistratura, como elegidos por los minis- 
tros de una corte que les daba honores y dinero, fueron ciegos y su- 
misos instrumentos de las mayores arbitrariedades. Para que fue- 
se mas chocante el cambio, se refundieron en uno los dos tribu- 
nales, y se escogió para su asiento la ciudad de Puerto Príncipe^ 
medida que trajo graves perjuicios al departamento del Norte, que 
era el mas rico, cuyos habitantes lo tomaron á desaire y vieron en 
eso una prueba de la indiferencia con que se veian ya los asuntos 
de la colonia. 

No eran menos repetidas las quejas contra los depósitos mili- 
tares y los medios empleados para su recluta y armamento. Los 
militares abusaron hasta el gr¿ido de hacer fuego contra el que se 



128 HISÍOBIA ÜEi SANTO DOMlNCtO. 

acercase á Lis guardias y no se retiraba á la primera voz del centi- 
nela. Estos excesos se repetían con frecuencia; porque todo se 
queria llevar á los extremos, y hasta acaeció que el sargento ma- 
yor del Guarico en una ejecución de justicia hizo fuego al pueblo 
y lo persiguió en su huida, solo porque oyó murmullos. 

La protesta fué entonces general contra todos los ramos de la 
administración. Jamás dudaron los colonos del amor de sü rey; 
pero echaban de ver que su debilidad lo hacia el juguete de sus 
ministros. Creyeron al principio remediar sus males comisionan- 
do á dos colonos, que residían en Paris, para poner un memorial 
en manos del monarca, expresando todos los agravios que sufrían; 
pero los comisionados á pesar de sus esfuerzos, no consiguieron ha- 
cerlo llegar al rey. Mas tarde se les presentó ocasión oportuna de 
librarse de la rapacidad y opresión de los ministros, mediante el 
establecimiento de asambleas provinciales á los principios de la 
Revolución francesa. 

El espíritu de oposición que se despertó entre los cídonos y sus 
imprudentes discusiones, hicieron que también se presentasen los 
mulatos en la arena, los cuales hasta entonces no hablan tenido in- 
tervención en los asuntos públicos, leclamando derechos iguales á 
los blancos. También los negros, aprovechando la oportunidad, 
pretendieron que cesara su esclavitud. 

Ya que hemos dado una ligera idea del estado y espíritu de la 
colonia antes de la revolución de 1789, pasemos á narrar los acon- 
tecimientos. 

Convocados por el Rey de Francia los Estados Generales, y 
deseándose que la representación del tercer estado fuese igual á 
las de los otros dos, la nobleza y el clero, dióse un decreto por la 
Asamblea, para que nombrara sus diputados. 

No puede imaginarse el efecto que produjo en los colonos fran- 
ceses tan extraordinaria nueva. Desconociendo que el sistema 
colonial que hasta entonces los habia regido, era el mas favorable 
para su engrandecimiento, ninguno preveía que los acontecimien- 
tos que iban á tener lugar acarrearían su ruina; y todas las cabe- 
zas, aun las mas pensadoras, se dejaron desvanecer por la novedad 
y la colonia entera juzgó que este llamamiento debía extenderse á 
todos los subditos y á todos los territorios sujetos á la nacionalidad 
francesa. Este espíiítu conmovió la opinión, robustecida después 
por los hombres que tenían sobre sí el encargo de secundar las mi- 
ras políticas de los revolucionarios. Solo uno quiso contrarrestar 
el torrente. Este fué Mr. Du Chilleau, Gobernador de la colonia, 
el cual, bien por previsión ó bien por repugnancia á dar pábulo á 
la revolución, se opuso á las reuniones que con objeto de nombrar 
diputados se hacían. 

Como quiera que se considere este primer movimietito del 
pueblo, su misma espontaneidad y generalidad dicen bien claro que 
los colonos reivindicaban su derecho á ser representados en la& 
Asambleas generales de la nación francesa. La opinión pública 
se sobrepuso á la particular del Gobernador, y los diputados fue- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 139 

ron nombrados cuando se declaró en la Asamblea provincial que los 
colonos tenían derecho para enviar diputados á los Estados Gene^ 
rales. ¿Quién podia decir entonces el giro que babian de tomar 
las cosas! ¿Quién babia de prever que la ruina del sistema colo- 
nial seria tauíbien la ruina de aquella floreciente C4)]ouiaf Quizá 
fué el Gobernador el único que vio claro, bien por instinto ó bien 
porque hubiese analizado los elementos que constituían aquella so* 
ciedad. Lo cierto es que nadie pudo impedir el primer paso; y 
dado est'C, era ya muy difícil retroceder. 

Entre los asuntos graves que debian discutii*se en Francia, 
estaba en primer término el de las leyes coloniales. Quizás el buen 
deseo de estar presentes á tan trascendentales discusiones, dio á 
la opinión todo el prestigio de la razón, del inteiés y de la autoridad 
que obtuvo en aquellos momentos. Y es preciso confesar, en el 
momento de entrar en la historia de la revolución de )a colonia 
francesa, que si los neos colonos insistieron en ser representados^ 
cosa que entonces se creyó peligrosa, lo hicieron mas bien por sal* 
var los intereses que constituían su opulencia y que juzgaban ame* 
nazados, que ]X)r ceder á un frivolo prurito de innovaciones. Oon- 
siguieron lo que pedian, y se les reconoció el derecho que tenian 
á enviar diputados á los Estados Generales. 

Eligieron diez y ocho representantes, los cuales, sin esperar 
la confirmación del Monarca, ni la del Gobernador de la colonia, 
se embarcaron para Francia un mes después de haberse constituid 
do en Asamblea Nacional los que hasta entonces se hablan llamado 
Estados Generales. Llegaron los diputados de Santo Domingo á 
Versalles, y pareciendo excesivo su numero, fueron admitidos seis 
de ellos. El espíritu de hostilidad con que eran considerados los 
colonos como amos de esclavos de las islas, determinó el estableció 
miento de la Sociedad titulada Amigos de los Negros^ la cual pro* 
pagaba sus doctrinas pidiendo la abolición de la trata de negros y 
de la esclavitud que ella perpetuaba. Un gran número de muía-' 
tos de Sauto Domingo y otras colonias que se educaban en Fran- 
cia, hyos de grandes propietarios, establecieron relaciones intimas 
con aquella Sociedad. Se acababan de proclamar en veinte de 
Agosto los derechos del hombrey y esta declaratoria produjo en San- 
to Domingo una fermentación general. Quiso evitarla el gobier^ 
no central ordenando se formara una Asamblea legislativa para 
arreglar los negocios interiores; pero los colonos hablan reunido 
ya una Asamblea provincial en el Guarico, ejemplo que fué se- 
guido en las provincias del Sud y del Oeste. Resolvieron estas 
asambleas que si el Rey no les comunicaba sus órdenes dírectamoi^ 
te, enviarían dentro de tres meses comisionados que la^ representa* 
sen; ó harían lo que fnejor les pareciera.^^ Los mulatos que previe- 
ron la línea que iba á dividirlos, y sabedores de las consideraciones 
con que eian tratados en Francia, resolvieron redamar los privile- 
gios de que gozaban los blancos y de que los excluían las asambleas, 
opuestas constantemente á concedíales toda intervención política. 
Prevalecía de tal modo aquel sentir, que el populacho manifestaba 



130 HISTORIA DE SANTO DOMINGO- 

claramente su irritación contra algunos blancos que tomaban par- 
tido por los mulatíKS, como sucedió cuando las declamaciones relati- 
vas á este suceso por las cuales fué aprehendido el Procurador del 
rey^ Mr. Dubois. 

El magistrado de Petite-Goave, Mi*. Terrant de Roulere, fué 
extraído de la cárcel y asesinado por el pueblo, por la misma cansa; 
sin que bastasen á contenerlo los esfuerzos de otros jueces y de la 
municipalidad. Principió á propagarse la agitación, pues á pesar 
de las órdenes del gobierno para que se convocase una Asamblea 
general en Leogane, no se creyó propio hacerlo en semejantes cir- 
cunstancias, ni se aprobó el lugar y época de su reunión. Estaban 
turbados los espíritus, y se desoía ya la voz de la autoridad. 

Entonces llegaron á Francia las noticias de los desórdenes de 
la colonia francesa de Santo Domingo, y temiendo que se declarase 
independiente, decretó la Asamblea General, **que ella no habia te- 
nido nunca intención de comprender la colonia en la constitución 
que habia promulgado para el reino, ni sujetarla á leyes que real- 
mente eran incompatibles con sus intereses locales y particula- 
res; y que por lo tanto, autorizaba á todos los habitantes para que 
pudieran hacer entender á la Asamblea Nacional sus aspiraciones 
y deseos respecto á la constitución legislativa y administrativa que 
mas conviniera para su bienestar." 

El decreto causó alarmas y fermento extraordinario en la So- 
ciedad de los negróJUos franceses; y aun fué mayor el descontento 
entre Ik gent^ de color, porque decía que esto era como una rati- 
ficación de la trata de negros y de la esclavitud; y que en tal con- 
cepto, quedarla á la colonia el derecho de darse su propia constitu- 
ción, leyes y gobierno, en todo lo cual seguramente serian exclui- 
das las clases inferiores. 

Pocos dias después de notificado el decreto á la colonia, tuvo 
por fin lugar la reunión de la Asamblea General que s^ habia con- 
vocado, y comparecieron doscientos trece diputados. Celebróse en 
San Marcos y dio principio á sus sesioneí?, á pesar de que las jun- 
tas de parroquia continuaban ejerciendo las funciones gubernativas 
que se hablan atribuido. 

Uno de los primeros intentos de esta Asamblea fué desen- 
tenderse de la gente de color libre. Proveyeron que estos no pu- 
dieran servir en las milicias, cuyo ejercicio quedaba confiado á los 
blancos. Después de esto procedieron á tratar de la enmienda de 
algunos abusos que se hablan introducido, y particularmente se 
entretuvieron en todo cuanto se relacionase con la administración^ 
de justicia, durando estas deliberaiciones hasta el mes de mayo. 

Los partidarios del antiguo régimen ó realistas fundaban sus 
esperanzas en Mr. Peynier, entonces gobernador general; pero en 
tanto que ellos se oponían al nuevo orden de cosas, llegó á la colo- 
nia Mr. Mauduit, coronel del regimiento de Puerto Príncipe. Su 
talento y buen comportamiento le grangearon una influencia decisi- 
va sobre el gobierno, de modo que todo se hacia mediante su inter- 
vención. Este individuo reconoció desde luego que debía impedir- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 131 

se que se formara uua liga entre la Asamblea Nacional y los mu- 
latos libres; y en consecuencia, se declaró protector de la gente 
de color y se grangeó su afecto. 

Si entre los colonos cultivadores hubiera babldo unión, se 
habría asegurado la tranquilidad; pero la Asamblea del Norte 
hizo todos los esfuerzos posibles para romper con la general de 
San Marcos, y lodo presagiaba la guerra civil antes que el proyec- 
to de la nueva constitución quedase aprobado. Se componía este 
proyecto de los artículos siguientes: 

Sólo la Asamblea General tendría autoridad legislativa en to- 
do lo relativo al gobierno interior de la colonia. 

Ningún acto legislativo seria váüdo d no s^r dictado por re- 
presentantes de Santo Domingo, legal y libremente elegidos y con- 
íii-mados por el Key. 

En caso de necesidad urgente, los decretos legislativos serian 
considerados como provisionales, y en este evento se comunicaría 
al Gobernador quien dentro de seis dias los haría publicar y eje- 
cutar. 

Si objetase el Gobernador algo sobre la urgencia y necesidad 
de su observancia, debería resolverlo la Asamblea, por una mayo- 
ría de las dos terceras partes. 

El decreto seria discutido en tres diferentes sesiones, se res- 
pondería si ó no, y aprobado, el Gobierno lo haría ejecutar. 

Se harían por la Asamblea reglamentos de comercio con tal 
que el Gobernador los revisase. 

Todos los actos legislativos provistos provisionalmente serian 
sometidos á la sanción del Key. 

La Asamblea se renovaría cada dos años y los miembros no 
podrían ser reelectos. 

El reglamento seria enviado á la Asamblea Nacional de Fran- 
cia y á todas las parroíjuias y distritos de la colonia. 

Siendo estos cánones contrarios á los principios de subordi- 
nación, se creyó generalmente que la colonia quetia declararse in- 
dependiente, á ejemplo de lo que habían hecho las provincias anglo- 
amerícanas. 

También se dijo que los ingleses hablan comprado la colonia á 
Francia en 40 millones. 

Algunas parroquias del Oeste llamaron á sus diputados, entre 
los cuales estaban Mr. Dubuc St. Oliraj^e y de Fumecourt, y los 
habitantes del Guarico se rebelaron contra la Asamblea General 
y presentaron un memorial al Gobernador para que la disolviera, 
cuya ocurrencia agradó á Mr. Peynier, el cual encontraba así un 
medio para cum[)lir con sus deberes y satisfacer conjuntamente 
sus ambiciosas miras. 

Habia en Puerto Príncipe un buque de guerra nombrado El 
LeopardOj mandado por Mr. Solisoui^re, el cual, para secundar el 
proyectí) de Mr. Peynier y Mauduit, promovió el descontento entre 
los marineros, que rehusaron obedecerle y se declararon por la 
Asamblea colonial. Mr. Salisoniére se vio forzado á dejar el man- 



120 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

puesto del Grobernador, del Comandante, dos tenientes de rey, 
dos mayores, siete consejeros y el Procurador general. También es- 
taban en el tercer barrio el Hospital de la Providencia y su cemen- 
terio, la casa de salud de negros africanos enfermos, y el hospicio 
de Jazmin para gentes de color; la plaza llamada Campo de Marte, 
los cuarteles de la tropa, y el convento de religiosos de Nuestra 
Señora de la Bóchela* En el extremo de este cuartel se notaban 
algunas casas de campo, jardines y quintas, cultivadas con esmero 
y que daban á la ciudad por esta parte un hermoso aspecto. 

El cuarto distrito no tenia de notable sino la hermosa calle de los 
Españoles, la mas ancha de la ciudad y que principiaba en un case- 
río que levantaron, cuando ocupaba el trono Felipe V, los antiguos 
pobladores de la isla y concluía en el cementerio de Fouses. Era 
este barrio el mas tranquilo porque estaba alejado de los muelles 
y conservaba el aspecto campestre que no tenian las otras. 

En el sexto barrio estaba la plaza del mercado apellidada 
Clugny, con arbolado y fuente, y era digna de celebración por la 
abundancia de sus artículos de comercio, su aseo, y la concurrencia 
de gentes de la legua que pululaba en ella. Estaba con tal orden 
distribuida que ci^a clase de mercado tenia señalado su sitio corres^ 
pendiente. 

Era el puerto del Guarico en aquella época el mas frecuentado 
de América: comunmente anclaban 500 ó 600 naves en sus aguas, 
como que era el depósito general de todo el comercio con Europa y 
ofrecía su rada mucha seguridad. 

Las casas que eran de buena construcción ascendían al núme" 
ro de mil doscientas sesenta y una. Su parroquiano tenia propia- 
mente mas cantón (lue el de Haut-du-Oap: en él se veian muchas 
estancias de recreo, algunos ingenios notables, varios alambiques de 
aguardiente, tejares y otras fincas. 

La parroquia de la Plaine du Nord lindaba con las del Guarico 
y l'Acul. Los habitantes se dedicaron primitivamente al cultivo 
del índigo y del cacao; pero fundaron posteriormente veinte y 
tres cafetales y tantos ingenios que el año de 1 789 su producción 
de azocar subió á cuatro millones de libras. En su territorio estuvo 
establecido el Grand-Boucan, Su población rural era de cien hom- 
bres blancos, veintiocho libertos y cuatro mil quinientos esclavos. 

La de FAcul, que lindaba con la Plaine du Nord, la de Mar- 
melade, Dondon y Lirabé, estaba situada en la llanura y sus habi- 
tantes se dedicaron al cultivo de la caña. A su bahía llamó Co- 
lon de Sto. Tomás, por haber llegado á ella el 21 de Diciembre de 
1492. Su población campestre ascendía á tres mil quinientos es- 
clavos, doscientos libertos y noventa y cinco blancos. 

La parroquia de Lirabé, estaba en terreno montañoso y llano 
y dividida en Limbé-arriba y Limbó-abajo: existían en el primero 
diez y seis ingenios de azúcar y seis en el segundo, trece movidos 
por agua. En 1763 hallóse una mina de lapizlázuli, cuyo produc- 
to fué reputado en París como igual á la piedra azul de Oriente. 
Era su población de trescientos blancos, doscientos libertos y cin- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 121 

co mil esclavos. En ella vivió Mr. Pablo Belin de Villeneuve 
que adquirió gran reputación en el cultivo déla caña, mejoró ¡la 
elaboración, aumentó los productos, perfeccionó las máquinas de 
moler, las calderas y hornos y fué por su ingenio tan útil á la co* 
lonia que el gobierno francés libró en su favor los privilegios de 
nobleza que gozaron sus descendientes. 

Plaisance, décimasexta parroquia, distaba doce leguas del 
Guaneo. Incrustada en las montañas mas escabrosas del Cibao, 
eran sus caminos por extremo trabajosos, sobre todo para comuni* 
carse con el departamento del Oeste donde residía el gobierno ge- 
neral de la colonia. Sus habitantes se dedicaron al cultivo del 
añil cimarrón; pero gracias á los esfuerzos de los gobernadores se 
mejoraron las vias de comunicación y el cultivo de otros géneros 
coloniales penetró hasta aquellas elevadas y fragosas montañas* 
Sn población ascendió á seiscientos blancos, doscientos treinta 
pardos libres y seis mil seiscientos esclavos. 

En sus arroyos se recogía oro en polvo; y eia abundante en 
minas de hierro y de cobre y en cantenis de granito. A las ori- 
llas del rio se encontró una mina de jaspe, en color y belleza igual 
á las mejores de Italia. También se han recogido en sus cuevas 
cemíes de los indígenas y una jarra de tierra cocida, en forma de 
urna con su tapa, y dentro la cabeza entera de un indio. 

El lugar mas memorable de la colonia para los franceses fué la 
parroquia Port-Margot. En su territorio se fíjaron por vez primera, 
viniendo de la Tortuga, los filibusteros ó bucaneros, para robar las 
reses de los colonos españoles, y ahumar las carnes que llevaban 
luego á vender. La repetición de estos actos hizo que destruyeran 
los españoles la población que habiaii aquellos levantado, y los po- 
cos franceses que quedaron con vida fundaron á Port Margot, prin- 
cipio de la colonia francesa y único refugio de los filibusteros lue- 
go que la espada española los arrojó de la Tortuga. Reunidos mas 
tarde con el inglés Willis, y protegidos por el Gobernador General 
Mr. de Poincy, se establecieron definitivamente en Margot; inva- 
dieron otros puntos de la isla, y al fin consiguieron adueñarse de 
los terrenos de la colonia, cuando subiendo al trono de España 
Don Felipe V los cedió á Luis XIV. 

El cultivo principal de la parroquia era el del cacao y su po- 
blación ascendía á trescientos sesenta y seis blancos, ciento ochenta 
y cuatro libeitos y cinco mil quinientos esclavos. 

La parroquia del Borgne fué antiguamente el lugar donde 
acudían los filibusteros: allí teniau corrales en que depositaban las 
tortugas y careyes que pescaban. A legua y cuarto del mar se 
encontró una caverna con siete salones enormes y en ellos mul- 
titud de huesos humanos, ceniífis 6 dioses indios y fragmentos de 
utensilios de barro cocido. En una de las bóvedas corre perenne- 
mente un viento recio, en otras se ven huecos ó nichos labrados 
en la roca y en todas pirámides, columnas y chapiteles de varias 
fonnas que inspiran al espectador cierto terror. También hay en 
esta una laguna de agua salada en que se cojen peces marinos. 



. I 



120 HISTORIA D£ SAI7T0 DOMINGO. 

puesto del Gobernador, del Comandante, dos tenientes de rey, 
dos mayores, siete consejeros y el Procurador general. También es^ 
taban en el tercer barrio el Hospital de la Providencia y su cemen- 
terio, la casa de salud de negros africanos enfeiTUOS, y el hospicio 
de Jazmin para gentes de color; la plaza llamada Campo de Marte, 
los cuarteles de la tropa, y el convento de religiosos de Nuestra 
Señora de la Eocbelá* En el extremo de este cuartel se notaban 
algunas casas de campo, jardines y quintas, cultivadas con esmero 
y que daban á la ciudad por esta parte un hermoso aspecto. 

El cuarto distrito no tenia de notable sino la hermosa calle de los 
Españoles, la mas ancha de la ciudad y que principiaba en un case- 
río que levantaron, cuando ocupaba el trono Felipe V. los antiguos 
pobladores de la isla y concluía en el cementerio de Fouses. Era 
este barrio el mas tranquilo porque estaba alejado de los muelles 
y conservaba el aspecto campestre que no tenian las otras. 

En el sexto barrio estaba la plaza del mercado apellidada 
Clugny, con arbolado y fuente, y era digna de celebración por la 
abundancia de sus artículos de comercio, su aseo, y la concurrencia 
de gentes de la legua que pululaba en ella. Estaba con tal orden 
distribuida que cii^a clase de mercado tenia señalado su sitio corres- 
pondiente. 

Era el puerto del Guarico en aquella época el mas frecuentado 
de América: comunmente anclaban 500 ó 600 naves en sus aguas, 
como que era el depósito general de todo el comercio con Europa y 
oírecia su rada mucha seguridad. 

Las casas que eran de buena construcción ascendían al núme- 
ro de mil doscientas sesenta y una. Su parroquia no tenia propia- 
mente mas cantón (jue el de Haut-du-Oap: en él se veian muchas 
estancias de recreo, algunos ingenios notables, varios alambiques de 
aguardiente, tejares y otras fincas. 

La .parroquia de la Plaine du Nord lindaba con las del Guarico 
y l'Acul. Los habitantes se dedicaron primitivamente al cultivo 
del índigo y del cacao; pero fundaron posteriormente veinte y 
tres cafetales y tantos ingenios que el año de 1 781) su producción 
de azúcar subió á cuatro millones de libras. En su territorio estuvo 
establecido el Grand-Boucan, Su población rural era de cien hom- 
bres blancos, veintiocho libertos y cuatro mil quinientos esclavos. 

La de FAcul, que lindaba con la Plaine du Nord, la de Mar* 
melade, Dondon y Limbé, estaba situada en la llanura y sus habi- 
tantes se dedicaron al cultivo de la c¿iua. A su bahía llamó Co- 
lon de Sto. Tomás, por haber llegado á ella el 21 de Diciembre de 
1492. Su población campestre ascendía á tres mil quinientos es- 
clavos, doscientos libertos y noventa y cinco blancos. 

La parroquia de Limbé, estaba en terreno montañoso y llano 
y dividida en Limbé-arriba y Limbó-abajo: existían en el primero 
diez y seis ingenios de azúcar y seis en el segundo, trece movidos 
por agua. En 1763 hallóse una mina de lapizlázuli, cuyo produc- 
to fué reputado en París como igual á la piedra azul de Oriente. 
Era su población de trescientos blancos, doscientos libertos y cin- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 121 

co mil esclavos. En ella vivió Mr. Pablo Belin de Villeneuve 
que adquirió gran reputación en el cultivo déla cana, mejoró ¡la 
elaboración, aumentó los productos, perfeccionó las máquinas de 
moler, las calderas y hornos y fué por su ingenio t^n útil á la co- 
lonia que el gobierno francés libró en su favor los privilegios de 
nobleza que gozaron sus descendientes. 

Plaisance, décimasexta parroquia, distaba doce leguas del 
Guaneo. Incrustada en las montañas mas escabrosas del Oibao, 
eran sus caminos por extremo trabajosos, sobre todo para comuni* 
carse con el departamento del Oeste donde residía el gobierno ge- 
neial de la colonia. Sus habitantes se dedicaron al cultivo del 
añil cimarrón; pero gracias á los esfuerzos de los gobernadores se 
mejoraron las vias de comunicación y el cultivo de otros géneros 
coloniales penetró hasta aquellas elevadas y fragosas montanas. 
Su población ascendió á seiscientos blancos, doscientos treinta 
pardos libres y seis mil seiscientos esclavos. 

En sus arroyos se recogía oro en polvo; y eia abundante en 
minas de hierro y de cobre y en canter¿is de granito. A las ori- 
llas del rio se encontró una mina de jaspe, en color y belleza igual 
á las mejores de Italia. También se han recogido en sus cuevas 
cemíes de los indígenas y una jarra de tierra cocida, en forma de 
urna con su tapa, y dentro la cabeza entera de un indio. 

El lugar mas memorable de la colonia para los franceses fué la 
parroquia Port-Margot. En su territorio se fijaron por vez primera, 
viniendo de la Tortuga, los filibusteros ó bucaneros, para robar las 
reses de los colonos españoles, y ahumar ias carnes que llevaban 
luego á vender. La repetición de estos actos hizo que destruyeran 
los españoles la población que hablan aquellos levantado, y los po- 
cos franceses que quedaron con vida fundaron á Port Margot, prm- 
cipio de la colonia francesa y único refugio de los filibusteros lue- 
go que la espada española los arrojó de la Tortuga. Reunidos mas 
tarde con el inglés Willis, y protegidos por el Gobernador General 
Mr. de Poinoy, se establecieron definitivamente en Margot; inva- 
dieron otros puntos de la isla, y al fin consiguieron adueñarse de 
los terrenos de la colonia, cuando subiendo al trono de España 
Don Felipe V los cedió á Luis XIV. 

El cultivo principal de la parroquia era el del cacao y su po- 
blaci(xi ascendía á trescientos sesenta y seis blancos, ciento ochenta 
y cuatro libertos y cinco mil quinientos esclavos. 

La paiToquia del Borgne fué antiguamente el lugar donde 
acudían los filibusteros: allí tenían corrales en que depositaban las 
tortugas y careyes que pescaban. A legua y cuarto del mar se 
encontró una caverna con siete salones enormes y en ellos mul- 
titud de huesos humanos, ce/núes 6 dioses indios y fragmentos de 
utensilios de baiTO cocido. En una de las bóvedas corre perenne- 
mente un viento recio, en otras se ven huecos ó nichos labrados 
en la roca y en todas pirámides, columnas y chapiteles de varias 
formas que inspií-an al espectador cierto terror. También hay en 
esta una laguna de agua salada en que se cojen peces marinos, 



120 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

puesto del Grobernador, del Comandante, dos tenientes de rey, 
dos mayores, siete consejeros y el Procurador general. También es^ 
taban en el tercer barrio el Hospital de la Providencia y su cernen* 
terio, la casa de salud de negros africanos enfermos, y el hospicio 
de Jazmin para gentes de color; la plaza llamada Campo de Marte, 
los cuarteles de la tropa, y el convento de religiosos de Nuestra 
Señora de la Bóchela. En el extremo de este cuartel se notaban 
algunas casas de campo, jardines y quintas, cultivadas con esmero 
y que daban á la ciudad por esta parte un hermoso aspecto. 

El cuarto distrito no tenia de notable sino la hermosa calle de los 
Españoles, la mas ancha de la ciudad y que principiaba en un case- 
río que levantaron, cuando ocupaba el trono Felipe V. los antiguos 
pobladores de la isla y concluia en el cementerio de Pouses. Era 
este barrio el mas tranquilo porque estaba alejado de loa muelles 
y conservaba el aspecto campestre que no tenian las otras. 

En el sexto barrio estaba la plaza del mercado apellidada 
Clugny, con arbolado y fuente, y era digna de celebración por la 
abundancia de sus artículos de comercio, su aseo, y la concurrencia 
de gentes de la legua que pululaba en ella. Estaba con tal orden 
distribuida que cada clase de mercado tenia señalado su sitio corres- 
pondiente. 

Era el puerto del Guarico en aquella época el mas frecuentado 
de América: comunmente anclaban 500 ó 600 naves en sus aguas, 
como que era el depósito general de todo el comercio con Europa y 
oírecia su rada mucha seguridad. 

Las casas que eran de buena construcción ascendian al núme^ 
ro de mil doscientas sesenta y una. Su parroquiano tenia propia- 
mente mas cantón que el de Flaut-du-Oap: en él se veian muchas 
estancias de recreo, algunos ingenios notables, varios alambiques de 
aguardiente, tejares y otras ñucas. 

La. parroquia de la Plaine du Nord lindaba con las del Guarico 
y l'Acul. Los habitantes se dedicaron primitivamente al cultivo 
del índigo y del cacao; pero fundaron posteriormente veinte y 
tres catetales y tantos ingenios que el año de 1789 vsu producción 
de azúcar subió á cuatro millones de libras. En su territorio estuvo 
establecido el Grand-Boucan, Su población rural era de cien hom- 
bres blancos, veintiocho libertos y cuatro mil quinientos esclavos. 

La de l'Acul, que lindaba con la Plaine du ííord, la de Mar* 
melade, Dondon y Lirabé, estaba situada en la llanura y sus habi- 
tantes se dedicaron al cultivo de la caña. A su bahía llamó Co- 
lon de Sto. Tomás, por haber llegado á ella el 21 de Diciembre de 
1492. Su población ca mpestre ascendia á tres mil quinientos es- 
clavos, doscientos libertos y noventa y cinco blancos. 

La parroquia de Limbé, estaba en terreno montañoso y llano 
y dividida en Limbé-arriba y Limbé-abajo: existían en el primero 
diez y seis ingenios de azúcar y seis en el segundo, trece movidos 
por agua. En 1763 hallóse una mina de lapizlázuli, cuyo produc- 
to fué reputado en Paris como igual á la piedra azul de Oriente. 
Era su población de trescientos blancos, doscientos libertos y cin- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 121 

co mil esclavos. En ella vivió Mr. Pablo Belín de Villeneuve 
que adquirió gran reputación en el cultivo déla caña, mejoró ¡la 
elaboración, aumentó los productos, perfeccionó las máquinas de 
moler, las calderas y hornos y fué por su ingenio tan útil á la co- 
lonia que el gobierno francés libró en su favor los privilegios de 
nobleza que gozaron sus descendientes. 

Plaisance, décimasexta parroquia, distaba doce leguas del 
Guaneo. Incrustada en las mout^añas mas escabrosas del Oibao, 
eran sus caminos por extremo trabajosos, sobre todo para comuni* 
cai*se con el departamento del Oeste donde residía el gobierno ge- 
Deial de la colonia. Sus habitantes se dedicaron al cultivo del 
añil cimarrón; pero gracias á los esfuerzos de los gobernadores se 
mejoraron las vias de comunicación y el cultivo de otros géneros 
coloniales penetró hasta aquellas elevadas y fragosas montañas. 
Sn población ascendió á seiscientos blancos, doscientos . treinta 
pardos libres y seis mil seiscientos esclavos. 

En sus arroyos se recogía oro en polvo; y era abundante en 
minas de hierro y de cobre y en canteras de granito. A las ori- 
llas del rio se encontró una mina de jaspe, en color y belleza igual 
á las mejores de Italia. También se han recogido en sus cuevas 
cemíes de los indígenas y una jarra de tierra cocida, en forma de 
urna con su tapa, y dentro la cabeza entera de un indio. 

El lugar mas memorable de la colonia para los franceses fué la 
parroquia Port-Margot. En su territorio se ñjaron por vez primera, 
viniendo de la Tortuga, los filibusteros ó bucaneros, para robar las 
reses de los colonos españoles, y ahumar las carnes que llevaban 
luego á vender. La repetición de estos actos hizo que destruyeran 
los españoles la población que habían aquellos levantado, y los po- 
cos franceses que quedaron con vida fundaron á Port Margot, prin- 
cipio de la colonia francesa y único refugio de los filibusteros lue- 
go que la espada española los arrojó de la Tortuga. Reunidos mas 
tarde con el inglés Willis, y protegidos por el Gobernador General 
Mr. de Poínoy, se establecieron definitivamente en Margot; inva- 
dieron otros puntos de la isla, y al fin consiguieron adueñarse de 
los terrenos de la colonia, cuando subiendo al trono de España 
Don Felipe V los cedió á Luis XIV. 

El cultivo principal de la parroquia era el del cacao y su po- 
blación ascendía á trescientos sesenta y seis blancos, ciento ochenta 
y cuatro libeitos y cinco mil quinientos esclavos. 

La parroquia del Borgne fué antiguamente el lugar donde 
acudían los filibusteros: allí teniau corrales en que depositaban las 
tortugas y careyes que pescaban. A legua y cuarto del mar se 
encontró una caverna con siete salones enormes y en ellos mul- 
titud de huesos humanos, ceniíes 6 dioses indios y fragmentos de 
utensilios de barro cocido. En una de las bóvedas corre perenne- 
mente un viento recio, en otras se ven huecos ó nichos labrados 
en la roca y en todas pirámides, columnas y chapiteles de varías 
formas que inspiran al espectador cierto terror. También hay en 
esta una laguna de agua salada en que se cojen peces marinos. 



138 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

nación. Todos los cuerpos populares de la colouia siutíeron la 
necesidad de reunirse paia oponerse á una ley que consideraban 
desastrosa. 

Procedieron las pairoquias á la elección de sus diputados 
que se reunieron en Leogane el nueve de Agosto bajo la presi- 
dencia de Mr.de Caduscli en numero de ciento sesenta y seis 
miembros, y se denominaron '* Asamblea general de la parte 
francesa de Santo Domingo." Los mulatos se pusieron al mo- 
mento sobre las armas, y los colonos blancos no se lo impidieron, 
confiados en que la Asamblea era toda de sus compañeros y ami- 
gos. Entonces fué cuando se sintió por primera vez el golpe 
mortal que debía destruir la colonia francesa. El 23 de Agosto, 
al amanecer, se propagó en la ciudad del (luarico la noticia que 
los negros esclavos de las parroíiuias circunvecinas se hablan re- 
belado en las fincas ó luiMtacioues, y (pie la desolación y la ruina 
hablan empezado su obra con el fuego y la matanza. 

A semejante nueva; el Gobernador General Mr. Blanche- 
lande, elegido últitnamente, convocó á junta los oficiales de la guar- 
nición para tomar las medidas que debían adoptarse en lo ade- 
lante si se confirmaban los rumores; porque se propagaban tantas 
y tan contradictorias noticias, que parecían increíbles. Poco des- 
pués se vio la espantosa realidad, ün gran número de habitan- 
tes y otras personas en tropel escapadas de la carnicería, vi- 
nieron á refugiarse en la ciuílad. Dijeron que la insurrección prin- 
cipió á tres leguas del Guaiico, en la finca ó habitación de Noé. 
Referían que habían suscitado el movimiento doce ó catorce ne- 
gros, quienes asesinaron á media noche á los blancos que habia 
en la finca á la cual pegaron fuego, y que seguidamente se reunie- 
ron con los negros de la habitación de Mr. Clemente, á quien 
también asesinaron, así como al maestro de azúcar y otros em- 
pleados; y por último, que las mismas atrocidades se repitieron 
en los ingenios de azúcar de Gallifet, y Talavílle. Otros dijeron 
que al propio tiempo se sublevaron los negros de la habitación 
de Normand, Gossette y MorneKouge, capitaneados por el con- 
tra-mayoral Blaisse, en la cual sorprendieron á su propietario 
Mr. Mossut en su lecho, quien haciendo vigorosa resistencia, aun- 
que herido de terribles golpes, permaneció en la finca, pro- 
curando mantener el orden. Lo mismo hizo Mr. Odelucq, admi- 
nistrador de las dos grandes fincas de Mr. Gallifet. Consiguió 
con cinco empichados blancos evitar la salida de sus esclavos, mien- 
tras se daba parte ala autoridad judicial, que principió los proce- 
dimientos en forma; pero mas despjies la muchedumbre de los 
rebeldes venció su resistencia y fueron asesinados durante el ata- 
que que dieron los negros rechazados de Quartier-Morin. 

Además de estos tristes sucesos, referían otros que en Mor- 
ne Ilouge y en la ñiwa Clarisse de la Petit-Anse, era horrorosa 
la sublevación en la parroquia de Acul, <lon(le otro contra-ma- 
yoral nombrado Boukman habia azuzado á los negros de las fin- 
cas vecinas armados del puñal y precedidos del tenor, poniendo en 



HISTüEIA DE SANTO DOMINGO. 1^59 

conflagración los ingenios y dando muerte á los blancos. 

Los negros de la Plaine du Nord cometieron horrores en la fin- 
ca Choiseul y en las de los Padres de la Caridad, de Bougan, de 
Claricy, de Deuvit, Deco y Vergenes. 

En el Limbé habian prendido fuego á la finca Chaband y 
ocuiTian allí iguales desastres, de modo que el incendio era ge- 
neral en las ocho leguas que median desde el rio Limonade has- 
ta el Limbé, ó mejor dicho, en las cinco parroquias mejor cultiva- 
das y próximas al Guarico. Todo el espacio que podia compi*en- 
der la vista, estaba en combustión, levantándose llamaradas y 
torbellinos de humo negro al cielo durante el dia, é iluminándose 
todo el horizonte durante la noche. 

Cuadro horroroso era por cierto, el que se ofrecía á los atóni- 
tos ojos de los habitantes, sin perdonar sus salvages fautores 
sino á las mujeres, á las cuales rejscrvaban para suerte mas 
terrible; siendo desde aquel momento gt^neral el desastre. Hom- 
bres y mujeres corrian desolados dando gritos lastimosos y con 
los hijos en brazos, que procuraban sustraer de aquella horro- 
rosa tragedia. 

La ciudad del Guarico se puso sobie las armas, y la Asam- 
blea General confirió al Gobernador el mando de la Guardia 
nacional. Se adoptaron varias providencias, como la de poner 
á las mujeres, niños y ancianos á boido de los buques anclados 
en la rada, y depositaron en lugar seguro á los esclavos y do- 
mésticos; pero quedaba el gran numero de nmlatos libres, á quie- 
nes el pueblo reputaba entonces como autores de la rebelión. 

Crítica era la situación paia ellos; pero el Gobernador y la 
Asamblea los tomaron bajo su protección, al verlos que volunta- 
riamente se presentaban para marchar contra los rebeldes, dejan- 
do en la ciudad por rehenes á sus mujeres é hijos. Se aceptó su 
cooperación y se les alistó en la milicia, así como álos marineros, 
que empezaron á recibir á toda prisa instrucción militar. 

A Mr. Tousard, que se habia distinguido por su valor en 
la guerm del Norte de América, se le dio el mando de una co- 
lumna de tropa veterana y de milicia. Hizo su salida inmedia- 
tamente, y se dirigió á la finca de Mr. La Tour en donde se en- 
contraban cuatro rail negros rebeldes. Los atacó y les hizo in- 
finitas bajas, pero como los negros eran reforzados con gente nue- 
va, se vio en el caso de retirarse, quedando por consiguiente el 
Guarico á merced de los negios, quienes h) habrían destruido en- 
tonces, á ser mas hábiles en el arte de la guerra. 

Los habitantes del Guarico se hicieron fuertes en una bate- 
ría á orillas del rio, camino del Oeste, formando un campumen- 
to de cada lado. Por el Sud, en el camino montañoso llamado 
Haut du Cap se colocó la tropa y artillería que se creyó conve- 
niente, y por el lado de la llanura se construyeron empalizadas y ca- 
ballos de frisa, obras de defensa en que trabajaron todos los ha- 
bitantes. Oficialmente se conninicó la noticia de la revuelta á 
todas las parroquias, en muchas de las cuales ya habian estable- 



140 HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 

cido los colonos puestos militares para impedir el progreso de la 
insurrección; mas era vana espeíanza. Las fuerzas rebeldes, ba- 
jo las órdenes del jefe Boukman, compuestas de negros y mulatos, 
habían atacad(» los campos del Dondon y Grande-Biviéie y per- 
petrado incendios y asesinatos iguales á los de Acul, de modo 
que estos distritos y la nca y vasta Uarmra del Ouarico y sus 
montañas, quedaron desde entonces á merced de los rebeldes, 
que principiaron á ejercer sobre los blancos que allí encontraron 
las mas horribles crueldades. 

La parte española disfrutaba en aquellos dias de la paz y 
tranquilidad de que ya hemos hablado, cuando llegaron las nue- 
vas de los infaustos acontecimientos que tenían lugar en la ve- 
cina colonia. El gobierno español, que advertía los progresos 
de la revoluciím en Francia, tuvo la precaución de hacer pasar 
á Santo Domingo el regimiento de Cantabria que guarnecía á 
Puerto Rico, y el Mariscal de cíimpo, Don Joaquín García, su 
gobernador, crevó oportuno reforzar los puestos limítrofes, y dar 
sus disposiciones para resguaidar el territorio de la parte espa- 
ñola. Nombi'ó comandante general de la del Norte, con resi- 
dencia en Dajabon, al brigadier teniente de Bey Don Andrés de 
Heredia y de la parte del 8ud, con residencia en San Batael, al 
corrouel Don Joaquín Cabreras, militares pundonorosos y que 
correspondieron síempie á la confianza que se les tenía. 

También se nombraron comandantes sul^lternos que resi- 
dían en «liferentes puntos, de los cuales se hace mención en al- 
gunos lugares de esta obra, y desde luego se pusieron en marcha 
para aquellos sitios el batallón fijo de Santo Domingo, algunas 
compañías del regimiento de Cantabí ia, las milicias de la capital 
de Santiago, la Vega y Cotuy y los dragones montados urbanos 
de estos y demás pueblos. 

Todas las medidas militares que se tomaron fueron defensi- 
vas, como lo prueban unas instrucciones dadas al Comandante 
general, en nueve de Setiembre de aquel año (1) 

(i) Instrucción para gobierno del Brigadier Don Andrés de Here- 
dia, destinado para el mando general de la frontera del Noite de esta Isla. 
= Habiendo llegado á su colmo los horrores que produce la vecina colonia 
francesa (con la que somos rayanos) de suerte que por todos los oficiales 
comandantes de la frontera j su inspector, se me da cuenta haber empren- 
dido la numerosa esclavitud de las habitaciones con toda la demás gente 
de color y algunos blancos aliados, el dar fuego & todo su territorio, y 
degollar á los blancos, ejecutado ya este designio por los cañaverales que 
progresa como es propio en una materia tan combustible y en algunas per- 
sonas de sus mismos dueños, se hace preciso á nuestra precaución y segu- 
ridad, el que V. S. se dirija y marche á aquellos destinos con encargo 
de la parte de frontera del O. para las miras y ocupaciones 8iguiente8:= 
Como peligran nuestras posesiones en un trastorno semejante del buen 
orden y civilidad, se dedicará V. S. á observar las operaciones del parti- 
do dominante, de suerte que llegado el caso de propasar la línea halle 
resistencia y disputa del paso contra cualquier fuerza que la violente. 
= Ijos incendiarios, habiéndolo puesto todo en combustión, intentaron el 



HISTORIA I)£ SANTO DOMINGO. 14:1 

Puede deeii*se que la sangre ííonia á torrentes y qne la colo- 
nia francesa era entonces el teatro délas escenas mas tenibles* 
Murieron cerca de dos mil blancos asesinados. Fueron incen- 



socorrer sus raeDesteres de nuestra parte Española y este será otro mo- 
tivo de observación para oponerse á la fuerza con que meditarán desver- 
gonzadamente el robo. = Podrá ser qne desconfíen de los españoles por 
el auxilio que el gobierno francés ha hallado siempre en ellos, j también 
por el número de blancos que supongan refugiados; y como ya en otra 
ocasión se ha dicho que la federación de los uegros y mulatos intentaba 
el poderío de toda la Isla, hay otra razón mas para la escrupulosa obser- 
vación. =:Aunque la iidelidad de esta parte española es muy notoria^ 
sin embargo conviene apartar toda ocasión de trato ó infección con los 
colonos de mala condición; esto se lograría no dando paso á ningún fran- 
cés que no venga con la forzosa de un asilo legítimo y constante de los 
que establece el tratado de Policía. Entonces sin detenerse y limitándole 
el tiempo á lo preciso, se dejará transitar á la capital con pasaporte que 
así lo exprese, (pues las Justicias de los pueblos están ya advertidas) 
para examinarlos menudamente, aotes que dejarles pasar sueltos. ss La 
experiencia de Y. S. y su conocimiento local de la frontera, me excusa 
el darle reglas en cuanto comprende de casos preventivos para la defensa 
de aquel terreno tan extendido, montuoso y lleno de avenidas para la 
parte francesa. Solo advertiré á su prudencia en cuanto la variedad de 
ocurrencias lo permiten, que reforzadas con competente destacamento los 
puestos nuestros de Ta línea con infantería y urbanos emboscados, con su 
reserva cada uno, á buena proporción, cubiertos con empalizadas que 
pueden hacer ó tríncberaH, y los Dragones apostados de distancia en dis- 
tancia para acudir donde se pida, es lo que hay que hacer, poniendo para 
oportunos avisos un Dragón en cada puesto de principal avenida, ó dos 
si fuere necesario ó conveniente.= Escoja V. S. el lugar que mas á propó- 
sito le parezca para su estación, con facilidad de recibir con tiempo los 
avisos de todas partes y dar auxilios y órdenes.= Será fácil é interesa mu- 
cho á nuestras disposiciones, el tener espías en la parte francesa que den 
exactas noticias. Todos los caminos son estrechos, enfilados y montuosos: 
esto ayudará considerablemente á nuestra defensa, que la tendremos regular 
por el medio de las emboscadas con robustos lanceros bien conducidos y 
aportados. = Hágase ox)rrer la voz de que tendremos sobrada fuerza para 
resistir que el Batallón fijo está en ella bien distribuido y que el regiroien 
to de Cantabria se acerca para todo evento en la frontera.»-El mayor 
daño que nos pueden hacer estos públicos incendiarios en caso de propa- 
sarse es en las poblaciones por el interés del robo.»" Nuestra campo es 
menos combustible que el de la parte francesa por no tener cañaverales^ 
ni brindarse á la maldad con su cultivo y el deseo de empobrecer á sus 
dueños. =Todo se evita y lo que es mas, el insulto á nuestras armas, ha- 
ciendo el mayor esfuerzo en la misma línea de la frontera. =No conocién- 
dose los delincuentes incendiarios, es preciso negar en tan raro caso 
todo as lo que no sea el mas notorio y calificado. A las mujeres y niños 
se les dará escape de las llamas y del cuchillo, pero pasado el conflicto se 
volverán luego por donde se juzguen mas libres del peligro.^Los hom- 
bres sean de la facción que fuesen no han de ser admitidos; de este modo 
el insurgente ó faccionario no nos daña ni infecta, y el bueno acude al 
remedio del desorden, y nos libertamos de una gente que solo haría consu- 
mirnos los pocos víveres cuando mas se necesitan, y de abrír la puerta 
á muchos que solo buscarían el refugio por indolentes y pusilánimes, pu« 



142 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

diados como oclienta ingenios de azúcar con sus fábricas y uten- 
silios Sy como novecientas phintíicioiies de cafe, algodón y anih 
Perecieron mas de diez mil negios en la guerra por el hambre 
y por manos del verdugo* 

Alguna organización revelaban las disposiciones tomadas por 



diendo incorporarse para contener las exceso8.=^No se admita socorro de 
partee de hombres franceses, a excepción del caso (no esperado) de haberse 
internado el cuerpo que nos hostilice y atropeIlc.=Los ganados de to- 
das espexsies se harán alejar de la línea todo lo posible, teniendo á la 
vista el que ha deservirá la subsistencia, pastando á la inmediación de 
los pueblos.=i=Lo8 almacenes, repuestos, hospitales &. arbitrará V. S. el 
modo y circunstancia de situarlos en proporción j seguridad.=lle pro- 
videnciado sobre caudales y municiones de guerra. =:Para carnes y de- 
más vituallas he circulado las órdenes á todos los Cabildos y Justicias y 
V. S. prevendrá de mi orden, al paso, que cada Cabildo nombre dos Co- 
misarios, Regidores ó Alcaldes de inteligencia y actividad que sola 
atiendan en los puntos de abasto, para que nada falte, con responsabili- 
dad de los mismos Cabildos por su elección y vigilancia.==De los pueblos 
rayanos Juan Méndez y Dondon podrán admitirse en los mismos térmi- 
nos que á las mujeres y niños, los enfermos y ancianos conocidos de trato 
y probidad, para retornarse tan bien luego al instante que haya pasado 
el inminente riesgo que anima esta human idad.=El francés blanco 6 de 
color que cayere preso con aviso al Comandante inmediato se entregará 
al instante á menos que haya cometido algún delito con respecto á noso- 
tros, pues entonces se sumariará y con lo obrado se remitirá á esta Capi- 
tanía en custodia. =No es posible el dar reglas fijas en las ocasiones de 
esta naiuraleza.=La experiencia de V. S., su tino mental y golpe de 
ojo y el espíritu generoso que le asisten hallarán recursos en los asuntos 
de pronta ejecucion.-=A V. S. encargo el mando de las armas de Daja- 
bon y sus dependencias con facultad para disponer y obrar contra cualquier 
cuerpo, motín 6 conjuración que no respete nuestros límites y sus armas, 
y venga conocidamente como enemigo, pues todos deben deponer las ar- 
mas en llegando á nuestras fortalezas, y esta ha de ser la señal de bien 
intencionado para no ser mal tratado. =I)oy facultad á V. S. para retirar 
]a« milicias que se pusieren sobre las armas cuando no dude de su segu- 
ridad y de aquella frontera y para proveer á la subsistencia de ellas, se 
socorrerá á los arreglados, según lo expresa su reglamento, y á los urba- 
nos con un real diario de sargento inclusive abajo para su alimento y á 
los oficiales de estos á cuatro indistintamente.=:En cuanto lo permiten 
las distancias, fragosidad de las sierras intermedias y otras circunstan- 
cias se comunicarán entre sí sus noticias los dos Comandantes en jefe de 
los Valles del Norte y Sud para el arreglo de sus providencias ulteriores, 
según requiera el caso de nuestra defensa y si por accidente imprevista 
llegasen á juntarse los dos Jefes y las tropas de un destino para otro, 
quedará todo el mando reunido en V. S. como cabo subalterno de está 
Isla y Comandante de su Batallen Veterano. =V. 8- desempeñará esta co- 
misión propia de su carácter con la satisñiccion que me prometo y de dar 
cuenta á S. M. del mérito contraído con respecto en todo caso á nuestros 
respectivos cargos, con arreglo á esta intruccion y á las Keales ordenanzas, 
como que son los polos de las operaciones movidas por el talento militar 
con que se halla dotado V. 8. y la expedición de facultades que le concedo 
para <fQe obre sin restricción en todo lo no prevenido en ella. — Santo Domin- 
go, siete de Setiembre de mil setecientos noventa y uno. — Joaquín García, 



\mSTOBIA DE SANTO DOJIIJÍGO. 14']^ 

los negros. El tevril^le Biassou los mandaba en jefe, y tenía repar- 
tidos los setenta mil' que se le adbirienm en pelotones de á nnl, que 
cubrían diferentes puestos, á los que ellos llamaban campos. To- 
dos se reuuian el día del combate, y terminada la refriega, se se- 
paraban los congos alegres de los fieíos ujozambiquí^s y de los 
salvajes nagas, ibos y mandingas. Los criollos y los mas distin- 
guidos^ de estos bozales bacian ta corte al jefe Biasson, ngitándose 
entre otros á Petion, Jeanot, Jean FranCj^ois, Toussaiut, Dessa- 
lines, Benjamín, Bernardino y otros* 

La revolución del Norte se extendió bien pronto á la parte 
del Oeste, Eran mulatos casi todos y en número de dos mil, 
comprendiendo setecientos esclavos (pie se les unieron; y prin- 
cipiaron sus incursiones por la parroquia de Mirebalais, que- 
mando todos los cafetales de las lomas de Cul-de-Sac. En vano 
86 enviaron tropas de Puerto Príncipe. Fueron rechazadas, y 
los revoltosos esparcieron la desolación en diez leguas á la redon- 
da de aquella ciudad, que estuvo á pique de ser incendiada, sí los 
principales mulatos no luibierau lieclio un convenio amistoso 
con los colonos, que ya era necesario para corüir los progresos de 
la insurrecxíion. Celebró un convenio Mr. Tourat, habitante 
distinguido, con los blancos de Puerto Príncipe; en que todo se 
daba al olvido, dándose cumplimiento al decreto de la Asam^ 
blea Nacional de 15 de Mayo. Fue aprobada el acta por la A- 
samblea, y se proclamaron los privilegios que se concedían 
á los mulatos libres que no fueran hijos de esclavos. Se forma- 
ron Gompaííías francas, en que los mulatos eran oficiales bajo- 
ciertas condiciones. Pero estos privilegios eran ya tardíos. El 
fuego de la rebelión, lejos de aminorarse, se aumentó en aquellos 
días extraordinariamente. Fué \)0v cierto coincidencia bien sin- 
gular que cuando la Asamblea coh)nial decretaba el cumplimien- 
to del decreto de Majo, sometiéndose á la necesidad y cediendo 
á la porfía con que habían reclamado los hombres de color lo que 
ellos creían sus derechos, lo anulase al mismo tiempo con una 
gran mayoría la de la metrópoli. 

Se había formado un expediente en la ciudad del Guarico, 
para averiguar el moílo y íornia con que se fraguó aquella revolu* 
cion espantosa. En efecto, constaba del expediente que autorizó 
el Senescal de aquellos tribunales que un negro viejo nombrado 
Ignacio, de la habitación la Grossotte, de la propiedad de Mr* 
Gallifet, ya exento de los trabajos por su edad, había sido inicia- 
do en el proyecto de insurrección por un negro libre de los pró- 
fugos escapados de la época de la sublevación de José Ogé y de 
Chavanne, el cual prófugo le había dicho que el momento de la 
venganza se acercaba; que á la siguiente noche serian extermi- 
nados todos los blancos y que contaba con su influencia, para 
que el contra-mayoral de aquella finca, Blaísse, matase á Mr* 
Mousut, añadiendo (pie no había temores, porque la conspiración 
era general y no dejaba recurso niuguno á los blancos, porque 
el que se líbrase del puñal no escaparía de la actividad de las llamas^ 



144 HISTORIA DE SANTO DOMINOO. 

pues iban á incendiar toda la llanura, concluyendo que los jefes 
eran los contia-inay orales de la habitación Nornanden en Mor- 
ne-Ronge. 

Efectivamente, así sucedió en la noche designada, duran- 
te la cual pereció Mr. Mousut tras una resistencia obstina- 
da, conteniéndose en parte el movimiento insurreccional, por el 
celo de Mr. Oudelucq, ad?niuistrador de la habitación invadida y 
de las otras de Mr. Ballifet. 

También se contaba que en las parn^quias del Acul y Petít- 
Anse, se verificó el pronunciamiento por una banda de negros 
acaudillados por un jefe nombrado Boukman, quien se lanzó so- 
bre todas las parroquias con el puñal y el tizón, degolland(» sin mi- 
serícordia á todo el <)ue tenia color blanco, é incendiando las 
tincas y otros establecimientovs. También fué asalt^ida la habita- 
ción de los P. P. de la Cari<lad del Guarico, incendiada y dego- 
llado el administrador, lo mismo que se hizo en la habitación 
Choiseul. 

La Bougara y Olei-sey experimentaron los mismos desastres, 
complaciéndose Boukman en poner á la espectacion los cadáve- 
res del administrador y el mayoral, que colocaron en los altos ex- 
teriores de la casa de vivienda. No pudiendo nada l(iS negios con- 
tra la lealtivl de los esclavos de la parroquia de Quartier-Morin, fue- 
ron rechazados y obligados á retroceder {\ la Oossette que encontra- 
ixm defendida i)or Mr. Oudelucq y otros habitantes, defensa que 
duró basta que uno de los esclavos nombrado Macburrín le ma- 
tó de una puñalada. Según sus propias relaciones, exaltados los 
negi'os i>or el furor de sus ventajosas y sangrientas invasiones, es- 
timulados por los licores espirituosos y cun la algazara que acos- 
tumbrabran, se dirigieron á Haut du Cap, después de incendiar 
las habitaciones del Norte, de Oourt y Vergenes. Ardian al pro- 
pio tiempo todas las habitaciones de la Plaine du Nord, Petite- 
Anse y el Acul y solo escaparon del incendio la de Port-Margot 
y los Mornets, debido á la defensa que hicieron las tropas y crio- 
llos bajólas órdenes de Mr. Ballervet, capitán del regimiento del 
Guarico, de Mr. Dubaison y Mr. Deíanse. 

Este conflicto general fué la causa de que se retirase el pues- 
to militar de Bougara, y este vacío ñicilitó la entrada de los ne- 
gi*os en el Guarico á las cuatro de la mañana del dia siguiente. 
En aciuella ciudad se hizo sentir el poder de los insurrectos de 
una manera horrorosa. Dieron fuego á todos los establecimien- 
tos y edificios, y el Guarico ardiendo dia y noche ofrecía un si*- 
niestro espectáculo. 

Seguidamente incendiaron la campiña de la parroquia de 
Limonade y conviitieron en cenizas las mas ricas posesiones ile 
las dos pan'oquias. Por todas partes se cebaba el fuego, y el 
hierro pei*seguia á los que escapaban de las llamas. 

En la parte del S. E. no era menos horrorosa la persecución 
que sufrían los blancos por la banda que capitaneaba el jefe Can- 
di. Entonces proyectó el Gobernador una expedición combina- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 145 

da entre las divisiones de Jousard, Cambefort y Casa Maj'or. 
EutraroQ por las babitaciones de Guillotin y Bays de Libertas, 
y aunque en ellas se resistieron los negros valiéndose de la artille- 
ría, fueron arrollados, lográndose de esta manera que Mr. Gog- 
non con su caballería libertase á los habitantes blancos que se 
hablan refugiado en la iglesia cercana. Becbazados los negros, 
se les persiguió en el Limbé, Lecoy y Acul, en donde se lo- 
gró que pereciese el formidable negro Boukman, el mas feroz 
de ellos después de Jeanot. Guiados los blancos por Mr. Cambe- 
fort y Mr. de Portón, con el auxilio de un cañón de campana, 
arrojaron al enemigo á unos cañaverales, que incendiados dieron 
muerte á los que escaparon de la espada. Perseguido el jefe 
Boukman por un escuadrón de caballería, quiso resistir, pero ya 
cercado por la compañía de dragones de Mornet acaudillada por 
Mr. Dubuison, dirigió sus pistolas contra éste, á tiempo que un 
dragón le mató de un pistoletazo. 

No fueron, por cierto, favorables los resultados de esta va- 
liente expedición. Los dos batallones de voluntarios que babian 
peleado, se componían de jóvenes de la ciudad, delicados y no 
acostumbrados á los trabajos y fatigas que ofrece la guerra. El 
mayor número de los individuos cayó enfermo á su regreso del 
campo, y de este modo se hizo imposible continuar la expedi- 
ción que se proyectaba á la Grand-Biviére, porque faltaban hom- 
bres con quienes reponer las pérdidas, y la Asamblea Nacional 
con su decreto de exclusión, habla privado á la parte del Norte 
del socorro que pudiera encontrar en los mulatos y hombres de 
color del Oeste y del Sur. 

La publicidad de las sesiones de la Asamblea en que se pro- 
digaban mil iojurías á esta raza amenazándosela con la suerte 
que debia caberle, dio por resultado que muchos de los que no 
hablan tomado hasta entonces parte en las revueltas, ó por el as- 
cendiente de algunos colonos & quienes respetaban, ó por pro- 
pia convicción, se ausentasen de sus casas y se dirigiesen á las 
paiToquias tranquilas para conmoverlas. Obstinándose en no re- 
solver la cuestión sobre el estado de la gente de color, y por otro 
lado el Gobernador nombrando á Mr. Toursard comandante gene- 
ral, persona odiada de todos ellos, se desvaneció toda esperanza 
de tranquilidad y buen orden; porque los mulatos acabaron de 
entender que era preciso que quedase exterminada una de las dos 
razas. 

En efecto, la insurrección de los mulatos se manifestó al mo- 
mento en los departamentos del Sud y del Oeste. Se pusieron 
sobre las armas, se apoderaron del puerto y fuerte de San Luis, 
y acometieron á Puerto Príncipe, que hubieran tomado si no hu- 
biera sido auxiliado á tiempo por tropas que llegaron de Europa; 
pero se desquitaron incendiando las dos terceras partes de las 
haciendas. 



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Los negros sublevados de la colonia Jrcmcesa^ que ya formaban un ejér- 
cito se someten al gobierno de la parte española. — Arribo de los 
Comisarios Santonax, Ailland y Folverel. — Expedición inglesa, — 
Biografía del General Toussaint IPOuverture. — Se j rompen las 
hostilidades entre las dos colonias española y francesa, — Bendición 
de Bayajáy y proyecto de conquista de la parte francesa de la isla. 




íOKlos años de 1791 y 92 continuábala parte española disfru- 
tando de completo bienestar. Se fomentaban ingenios de azú- 
car valiosos como el del Marqués de Iranda, en Bocanigua, ju- 
risdicción de Santo Domingo, el de Don Francisco Espaillat, en 
Sabana grande y otros muchos en Santiago de los Caballeros; 
y las haciendas de ganado, vegas de tabaco y otras industrias agrí- 
colas prosperaban en toda la isla, cuando á principios de 1793, lle- 
garon noticias de que la Asamblea Constituyente en Francia se 
habia convertido en Convención Nacional; que Luis XVI, des- 
pués de haber sufrido las consecuencias del vértigo que se habia 
apoderado de la nación, habia sido decapitado, y que la reina, el 
delfín y su hermana quedaban prisioneros en el Temple; y por 
último, que el Eey de España, no pudiendo salvar de la muerte 
á su pariente, por medio de la mas exquisita solicitud, habia de- 
clarado la guerra á la Eepública francesa. 

Esta nueva y las órdenes consiguientes del gobierno de Espa- 
ña, obligaron al Capitán General Don Joaquín García á reorgani- 
zar el ejército que hostilizase la colonia francesa, convertida ea 
peligrosa vecina. Con las tropas estacionadas hacia dos añoa 
en los cantones de Dajabon y San Rafael, compuestas de las mi- 
licias del país, batallón fijo de Santo Domingo y parte del regi- 
miento de Cantabria, á que se agregaron posteriormente los re- 
gimientos fijos de Puerto Eico, Caracas, Maracaibo, Méjico, Puebla, 
Habana, Cuba, y restos de la compañía de Cantabria, se formó 
el ejército que permaneció en pié de guerra hasta la celebración 
de la paz. 

La parte ¡francesa era en aquellos dias un foco espantoso de 
revueltas. El peligro de esta vecindad se agravó cuando trata- 
ron los exaltados republicanos, por medio de sus Comisarios civi- 
les, de atraer á su partido á los negros revoltosos con el halago y 
promesa de su libertad, proponiéndose reforzar con ellos sus filas 



HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 147 

para expulsar de la isla á los españoles. 

Habian obrado los uegros esclavos basta eutouces, guiados 
por su iustiuto y capricbo, sobresaliendo y notándose los mas va- 
lientes ó crueles, que establecian campamentos donde se les an- 
tojaba con el fíu de destruir la raza blanca en desagravio de tan- 
tos años de servidumbre. Las noticias de Europa dieron nuevo im- 
pulso á los insurgentes. Los excesos cometidos en París y la gue- 
rra en que se veian envueltas las naciones inglesa, francesa, ale- 
mana y española exigían que se adoptasen, por nuestra parte, al- 
gunas resoluciones inmediatas. 

Jean Fran90is, que hasta entonces se denominaba "fiel vasa- 
llo del Eey de Francia,'' manifestó profundo sentimiento por la 
desgracia que le habia cabido. Entonces fué que remitieron al 
Presidente Capitán General, un estado, cuyo original conservo en- 
tre mis papeles, en un pliego de vara y media de largo, manus- 
crito, con caligrafía admirable y letras artísticamente ornamen- 
tadas que lleva este membrete: Estado de las tropas libres de la 
parte dd Este de Sanio Domingo, que se han arrojado oi irazos 
del rey de Esqafía. Sigue una lista de compañías numerosas con 
los nombres de los individuos entre los cuales se notaban los je- 
fes que mas adelante representaron papel importante en la re- 
volución, como fiíeron: Biassou, general del ejército del Rey; Tou- 
ssaint L'Ouverture, general; Pierrot, general de Port-Francais; 
Gandiant, Presidente Prevot, Colas, comandante general de guar- 
dias reales, Bazibe, mayor general; Pierre, teniente de Eey. Dis- 
tribuida esta gente como hemos dicho, ó mas bien en dos gran- 
des cuerpos, se estableció el uno en la parte del Norte bajo las 
órdenes de Jean Franyois, y el otro al Sud, á las de Biassou y 
Toussaint. El gobierno español les confirió grados diferentes y 
condecoraciones, proveyéndoles oportunamente de víveres y mu- 
niciones de guerra; bien que la ignorancia dio lugar mas adelan- 
te á disturbios y querellas por arrebatarse el mando superior, has- 
ta asumirlo Jean Fran90is. 

La colonia fi'ancesa . estaba subyugada por los republicanos 
exaltados, cuyo partido lo formaban las tropas de línea que guar- 
necían las plazas y la hez del pueblo que habia puesto en alarma 
y consternación á los colonos pacíficos de las haciendas. Estos, 
no encontrando otro medio de evitar las zozobras en que vivían, 
tuvieron que emigrar á diferentes puntos de América con sus 
Éamilias y los pocos liaberes que salvaron. Los mas enérgicos 
de entre ellos, que habían pasado á Jamaica, instruidos de la gue- 
rra que iba á sobrevenir, elevaron una instancia al Ministerio in- 
glés para que los protegiera y salvara la colonia de su tot-al ruina. 
Solicitaron una flota con la cual se posesionarían de ella á nom- 
bre del gobierno inglés; pero esta pretensión, que no tuvo favorable 
acogida al principio, se atendió cuando mas después se rompieron 
las hostilidades entre las dos naciones. 

Mr. Sharmilly, uno de los colonos, logró por fin que por rea- 
les órdenes se comunicase al Gobernador de Jamaica Mr. William- 



Itó HISTORIA DE SAKTO DOMINGO. 

son que pusiese á disposieioD de los colonos que pedian protección 
la fuerza necesaria para ocupar las plazas que se rindiesen. 

Los Oomisaríos Santonax y Polverel babian traido de Fran- 
cia 6000 veteranos, que unidos á los nacionales de la colonia y 
milicias de la isla, formaban un cuerpo de 15000 combatientes. 
Tenian además de su parte á los negros libres y mulatos, y un 
contingente de esclavos que habían abandonado á sus amos y que 
hablan salido de las cárceles. El total de estas fuerzas era de 
veinte y cinco mil hombres bien armados y aclimatados; pero co- 
mo estaban dispersos por el territorio de la colonia, no eran te- 
mibles, lo cual advirtieron los Comisarios, desde que se presen- 
taron los ingleses; y por lo tanto, trataron luego de acrecentar su 
fuerza, proclamando la entera abolición de la esclavitud y que 
los negi*os en lo sucesivo se igualarían en todo á los ciudadanos 
blancos. Muchos se aprovecharon de este ofrecimiento y se re- 
tiraron á la montaña en donde establecieron fundos. Se cree 
que mas de cien mil se incorporaron á esta república salv^e 
semejante á la de los caribes de San Vicente. 

La expedición salida de Jamaica se componía de novecien- 
tos soldados de línea, y la primera división bajo las órdenes del 
coronel Whitelock, que condujo el Comodoro Ford en cuatro ó cin- 
co fragatas, llegó á Jeremías que se rindió inmediatamente, lo 
mismo qne el Mole de San Kicolás, después de alguna resisten- 
cia. No fué tan afoilunada la expedición de Tiburón, que se 
malogró con séquito de enfermedades y desaliento. Más adelan- 
te se rindieron Jean Babel, San Marcos, la Arcahaye y Boucassin, 
y por último Leogane; con lo cual terminó la campaña que al 
año siguiente se renovó con la toma de Tiburón, y de este modo 
la escuadra inglesa dominaba la vasta extensión que forma la ba- 
hía de Leogane, creyéndose probable la toma de Puerto Príncipe. 

Se trató de ganar á Port-de-Paix, lo que no se consiguió. 
También acometieron los ingleses al fuelle de l'Acul cerca de Leo- 
gane que se tomó por asalto, dirigiéndose luego á la Bombarda, 
población de alemanes. Fué atacado Tiburón por el mulato An- 
drés Bigaudy que habia formado el cuerpo de ejército que mandaba 
en los Cayos y que con gran mortandad compró la victoria en 
aquellos dias. 

Habia ocho meses que no llegaba socoito de Inglateira, lo 
que dkS motivo á disensiones; y la plaza de Jean Babel de que se 
hablan apoderado los ingleses se entregó al General Labany. En 
estas circunstancias varios navios con tropas á las órdenes del Gre- 
neral Whitelock llegaron al Mole, y este suceso dio pábulo al 
intento de tomar el Príncipe en cuya rada fondeaban varios bu- 
ques cargados. Dicho general se concertó con el Comodoro Ford, 
y emprendieron el ataque por tierra y mar; é intimada la plaza, 
se comenzaron las hostilidades contra el fuerte Bisoton el cual 
fué tomado, y la plaza se rindió el 5 de Junio, pegándosele fuego 
por orden de los Comisarios republicanos que se retiraron refugián- 
dose en la montaña. 



HISTORIA DE SANTO DOiaNGK). 149 

Encontraron en Puerto Principe los sitiadores veinte y dos 
baques cargados de azúcar, añil y café, todo lo cual valdría nue- 
ve millones seiscientos mil francos, y ciento treinta y una piezas de 
artillería, conservándose las baterías en muy buen estado. 

Los Comisarios, que se mantenían en la montaña con todos 
los objetos preciosos de la colonia, acompañados con más de 
dos mil personas, y sabiendo que casi todos los puestos militares 
estaban ocupados por tropas inglesas y por los colonos, se embar- 
caron para Francia y su conducta fué aprobada por el gobierno 
nacional, quedando encargado del mando el Oeneral Toussaint 
I/Ouverture. 

Los ingleses conservaron sus puestos, sin embargo de la mor- 
tandad que experimenti^ban, con ayuda de un pequeño refuerzo 
que vino de las islas de Barlovento; pero al fin, después de su- 
cumbir más de cuarenta oficiales y seiscientos hombres se retira- 
ron á Europa llevando enfermo al General White, á quien reem- 
plazó el General Hornest, hombre de bellas cualidades, y en 
siete meses, aunque trajo algunos refuerzos de Jamaica no pudo 
hacer más que mantenerse á la defensiva. 

En este tiempo tomó Eígaud á Leogane y asesinó á todos los 
habitantes que cayeron en sus manos; y los mulatos de San Mar- 
cos, quebrantando las treguan que habiaq celebrado con el coronel 
Brivane, mataron á todos los que conceptuaron enemigos de la 
Eepública. Bigaud atacó el fuerte Bisoton para tomar a Puerto 
Príncipe, y habiéndosele rechazado regresó á Tiburón con un ber- 
gantín y tres goletas el 23 de Diciembre y con cuatrocientos colo- 
nos que le siguieron, los cuales se abrieron paso á la fuei'za y se 
refugiaron en Jrois. 

Continuaban los ánimos en estado de violenta exaltación; y 
así lo prueban el proyecto de asesinar á Brimban en San Marcos, 
y la tentativa en Puerto Príncipe de pasar á cuchillo la guarnición 
inglesa. 

Fueron juzgados los reos por una comisión y fusilados quince 
entre los cuales habia cinco oficiales del Estado Mayor francés. 
Volvieron los negios segunda vez á acometer el fuerte de Bisoton 
y frieron rechazados con pérdida de su bandera, cinco cañones y 
seiscientos muertos. 

Desde fines de abril y durante el resto de aquel año, aunque 
frieron reforzados los ingleses, siguieron las enfermedades casti- 
gándolos; y en el estío siguiente se le confió el mando délas fuer- 
zas al mayor general Willianison, que fué nombrado Comandante 
general de todas las posesiones inglesas en las Antillas, quien 
trató de fortificar la ciudad y formó puestos militares en el litoral, 
desde San Marcos hasta Tiburón. Y como los ingleses y fran- 
ceses no eran bastantes para cubrirlos, se compraron á los colo- 
nos muchos negros á fin de reforzar las filas, mandados por ofi- 
ciales de línea; pero hicieron muy poco y sir\ieron solamente pa- 
ra aumentar los gastos. Después fué designado el general Forbes, 
en reemplazo de Williamson, quien trató, como su antecesor, de 



150 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

forzar las líneas y resguardar las fronteras españolas de Bánica y 
Mirebalais estableciendo comunicaciones con los españoles para sa- 
car ganados y víveres. 

A fines de este año vinieron de Inglaterra seis mil hombres 
á las órdenes del General Howe; pero esta tuerza, que al princi- 
pio hubiera sido de gran eficacia, no sirvió {)ara combatir á ne- 
gi'os y mulatos ya aguerridos, disciplinados y en gran número. Es- 
tos acabaron de fortificar á Leogane, y el General Forbes nada 
pudo hacer contra ellos, falto de artillería. Otra partida inglesa 
atacó á Bombarda que capituló; pero Rigaud atacó á su vez á 
los ingleses, que entre otros perdieron al mayor general Bowyer que 
los mandaba. Las tropas inglesas veian disminuir diariamente su 
efectivo, sosteniendo negros y mulatos la lucha con extraordinaria 
energía hasta la« puertas de la ciudad. Entonces llegó el General 
Sincoe al Mole por el mes de Mayo de 1797, á tiempo que el go- 
bierno francés conferia á Toussaint L'Ouverture la dignidad de 
General en jefe del eijército de la parte francesa de Santo Domin- 
go, cuyo mando ejercía de hecho hacia mucho tiempo. Continuó 
este desplegando la actividad, valor y talento que le hablan dado 
renombre, y el jefe de los ingleses, Sincoe, encontró en él un ene- 
migo formidable. Amenazó Toussaint las avanzadas de Mire- 
balais, y los ingleses evacuaron el puerto temerosos de caer en 
sus manos, y d-e este modo fué como quedaron en poder de Tou- 
ssaint los fértiles campos de Oul-de-Sac y el camino de Bánica; 
pero con todo fueron rechazados los negros de las cercanías del 
Príncipe, Lo fué Eigaud en su embestida á Irois y Toussaint en 
San Marcos, pero todos estos efímeros triunfos ocasionaban gran- 
des bajas en la troiia inglesa. 

Eetiróseel General Sincoe en Agosto y le sucedieron el Mayor 
General With y Nesbit. El General Mastlland, que llegó en 
Abril del 98, se retiró del Príncipe á Jeremías después de una 
tregua con los negros, y de allí al Mole; en donde concluyó un tra- 
tado con Toussaint, cediéndole todas las posesiones de los ingleses, 
los regimientos negros y reconociendo finalmente á la parte fran- 
cesa de Sto Domingo como potencia independiente y neutral. 

Así concluyó la expedición inglesa, que no debió haberse rea- 
lizado bajo ningún concepto, porque atropellaba toda justicia. Si 
el ministerio inglés tuvo en mira apoderarse de toda la parte fran- 
cesa de la isla, empleó muy pocas fuerzas para contrarrestar la 
actividad é inteligencia de los naturales; y si tan solamente quiso 
prevenir los efectos del mal ejemplo en las otras islas, donde las 
ideas revolucionarias tendían á la separación de la metrópoli, hizo 
gastos y sacrificios que nunca pudieron repararse. Por fin eva- 
cuaron los ingleses toda la parte francesa que desde luego que- 
dó bajo el dominio de los negros ya divididos en dos partidos: el 
de Toussaint, que formaba el mayor numero y el del mulato Ei- 
gaud, los cuales sostuvieron porfiada guerra, hasta que por fin 
venció Toussaint reuniendo toda la parte francesa bajo su mando, 
mientras que Eigaud con sus compañeros Petion, Boyer y otros 



HISTORIA DE SANTO DOMOHMÍP. 151 

mulatos tuvieron que refugiarse en Francia. 

Veremos quiénes fueron los que sobresalieron de entre los 
mulatos y los negros. 

Por el año de 1794, ya era conocido en Santo Domingo el 
valor y la habilidad de muchos de los subalternos del ejército de 
Jean Fran^ois; y al reflexionar sobre estos terribles sucesos, es 
preciso reconocer que las revoluciones originan raros fenómenos, 
y no es uno de los menos extraordiríarios el espectáculo de esos 
negros nacidos en la esclavitud que se elevaron al rango supremo 
y obraron con inteligencia, sagacidad y acierto. Muchos se ha- 
bían distinguido hasta entonces como Jean Franyois, Biassou, Bi- 
gaud y otros; pero desde que apareció Toussaint L'Ouverture des- 
colló sobre todos. Este uegio ha representado tan gran papel 
en la Historia de la isla de Santo Domingo, que no será inopor- 
tuno hacer una ligera reseña de su vida. 

Muchas personas aseguran que era bozal; pero otras, mejor 
informadas, dicen que era criollo nacido de padres esclavos el año 
de 1745 en la tinca Noé, situada al Norte y no lejos del Guarico, 

Pasó inadvertido durante los primeros años de su vida, y 
se asegura que era muy aficionado á los animales y de genio muy 
paciente. Se cítsó á los veinticinco años, y siempre fué muy adic- 
to á su mujer de quien tuvo muchos hijos. Su buena conducta 
le grangeó el afecto del director Mr. Bays de Libertas, quien lo 
enseñó á leer y escribir; aunque otros dicen que aprendió solo y 
que se adelantó en la aritmética. Entre miles de negros habia 
muy pocos que pudieran excederle en instrucción, y por lo tanto 
Toussaint sobresalía entre los esclavos. Mr. Bays lo hizo su 
postilion, retirándole de los trabajos del campo; por lo cual tuvo 
raás lugar y tiempo de cultivar su talento y adquirir conocimien- 
tos que dulcificaron sus costumbres y lo pusieron en estado de 
aspirar á destinos mas altos. 

En 1791, cuando la primera insurrección, era Toussaint es- 
clavo de la finca; y aunque lo5< principales jefes querían atraerlo 
á su partido, se negó constantemente, ó no pudiendo soportar 
los asesinatos que se cometían, ó por afecto á su amo; y por esa ra- 
zón nunca tomó parte en los primeros movimientos revolucionarios. 

La crueldad de gran número de propietarios y algunos ad- 
ministradores, hizo concebir á los esclavos un odio implacable 
contra los colonos en general, y la insurrección aumentó este des- 
contento. Deseosos de venganza no se contentaban con las re- 
presalias que ejercían en los autores de sus males, sino que con- 
fundiendo en su furor al amo humano y al bárbaro tirano, que- 
rían exterminar sin excepción á todos los que tuvieran el color 
de sus opresores. Los habitantes que pudieron escaparse de la 
parte francesa de Santo Domingo, se tuvieron por muy dicho- 
sos de haber salvado el pellejo, resignándose á vivir en la indigen- 
cia en extraños países. 

Como el amo de Toussaint no emigró desde un principio, 
estuvo á pique de ser víctima del furor de los negros. Su muerte 



152 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

habría sido segui^ pero Toussaint no olvidó la humauidad con 
que había sido tratado. Besolvió salvarlo con riesgo de su vida, 
y todo lo dispuso para su evasión, haciéndole embarcar para los 
Estados Unidos con un cargamento de azúcar para que él y su 
&milia] proveyesen á sus necesidades en el destierro. No con- 
tento con esto, y ya en Baltimore Mr. Bays de Libertas, aprove- 
chó Toussaint cuantas ocasiones se le presentaion para darle 
pruebas reales de su recionocimiento. Toussaint recordaba que 
aquel hombre habia aliviado el rigor de sus cadenas, y de ese 
modo Mr. Bays encontró la recompensa en la sincera gratitud 
de su esclavo. 

Cumplido este deber, no vaciló Toussaint un momento en alis- 
tarse en el ejército de sus compañeros. Se unió al cuerpo de 
Biassou, que aunque poseia grandes talentos inilitaies, los deslu- 
cía con sus crueldades, que mas adelante lo hicieron odioso; por 
lo cual fué depuesto en el mando, reemplazándole su teniente Tou- 
ssaint. 

Más después, sometido á la influencia y poder de Jean Fran- 
90ÍS, se alistó bajo las banderas españolas, y unido á Biassou, des- 
empeñaron el mando del campamento del Sur, por haberse reser- 
vado el del Norte el titulado Grande Almirante Jean Fran9oís. 

Los continuos disturbios y discordias con Don Matías dé Ar- 
mona y Don Joaquín Gabrera apuraron su paciencia, hasta que 
seducido por el Comisario Santonax desertó del ejército español 
y se incorporó en las filas republicanas, que á la vez defendían 
la parte del Oeste, invadida por los ingleses, auxiliares de los 
colonos, y la del Este atacada por los españoles. 

Su virtud se hizo entonces mas notoria, y conservó en la 
prosperidad aquellos sentimientos magnánimos que lo hablan he- 
cho distinguir en los tiempos de su infortunio. Lejos de imitar 
la conducta de otros jefes que lisonjeaban al pueblo para excitarlo 
al crimen y la venganza, él por sus consejos y ejemplo* procura- 
ba inspirarle amor á la virtud, al trabajo y al orden. Los gran- 
des recursos de su talento, la solidez de su juicio y el celo infati- 
gable con que llenaba los deberes de General y Gobernador, le 
grangeó la admiración de todos los partidos; y uno de sus mayo- 
res enemigos le retrata del siguiente modo: "Tiene hermosos 
ojos, su mirada es viva y penetrante; dotado de extremada so- 
briedad, sigue sus proyectos con extraordinario ardor, así es que 
nada le arredra. Excelente ginete viaja con inconcebible rapidez. 
Regularmente hace cincuenta ó sesenta leguas sin detenerse, y 
sus edecanes y guias apenas pueden seguirle. Duerme vestido 
y concede muy poco al sueño y á la mesa.'' 

Yo puedo añadir á esto, pues llegué á conocerlo personalmen- 
te cinco ó seis años después, cuando estuvo en Santiago á visi- 
tar aquel departamento, y se hospedó en la propia casa de mi 
padrasto Don José Cayetano Pichardo, que Toussaint era cortés, 
atento, afable; que se prestaba al trato con mucha dignidad y 
con singular desembarazo, como lo manifestó siempre en los ac- 



HISTOBIA DB SANTO DOMINGO. 153 

tos á qne concurrían las autoridades y personas de distinción, 
como el Obispo francés Mr. Moviell, á los que yo asistí algunas 
Teces. En la iglesia era devoto, permanecía postrado ante el 
Sacramento que se le descubría para bendecirlo, en cuyo acto 
él y su edecán Fontavjue entonaban el Pange Ungíia sctoris solemnis 
y demás cánticos que recitaban de memoria. Era muy aseado 
y lujoso en su vestido y muy respetado de todos. Era de estatu- 
ra mediana, su cara algo aguileña con los dientes de absgo sobre- 
salientes. Su pelo era canoso y llevaba pequeña coleta. 

Pero sobre todo era Toussaint de una probidad é integridad 
sin i^ual. Los criollos y oñciales ingleses que hablan peleado 
contra él, convenían en que jamás habia violado su juramento. 
Se t^nia tanta confianza en su palabra que muchos habitantes y co- 
merciantes emigrados volvieron á la parte francesa de Santo Do- 
mingo bajo la promesa que hizo de protegerlos. Les devolvió 
sus bienes, de que estaban despojados, y siempre se conservó dig- 
no de aquella confianza. 

Luego que tomó el mando Toussaint, cesó la guerra entre 
los negros y sus antiguos amos y los Comisarios Santonax y Pol- 
verel, que querian apoderarse del gobierno de la colonia, aproba- 
ron la emancipación de los negros y declararon que la sostendrian, 
y este halago fué el que sedujo á Toussaint y lo hizo afiliarse al 
partido de Francia desertando del de España, á la que habia he- 
cho servicios dignamente recompensados; ])ero bien pronto una 
nueva guerra entre el partido realista y el convencional se inició 
con grande encarnizamiento, siendo iguales los partidos de ne- 
gros, mulatos y blancos. Toussaint se decidió por los primeros, 
que vinieron á preponderar é hizo tan grandes servicios ala coa- 
lición contra Francia, que el Bey de España lo premió con la fa- 
ja de General y con algunas condecoraciones; pero Toussaint no 
tardó en reconocer que la prudencia le prohibía resistir por mas 
tiempo al gobierno francés; pues el auxilio de Inglaterra y el &- 
Tor de los colonos, lejos de ser favorables al restablecimiento de 
los Borbones, mas bien se encaminaban á recobrar los bienes per-- 
didos, y á que flotara el pabellón inglés en la colonia, y por lo 
tanto se decidió á acatar á los Comisarios de la Bepública, some- 
tiéndose á la autoridad de la Convención. 

Desde este momento Toussaint fué constante en su adhe- 
sión á Francia, apesar de todos los cambios y trastornos. 

El gobierno de la Bepública envió diferentes Comisarios mas 
ó menos prevenidos contra los colonos. Ellos encontraron siem- 
pre en Toussaint justicia y equidad, y empleó su acostumbrada 
sa>gacidad en reducirlos á la impotencia política sin ofender al 
gobierno. 

Los preservaba de todo insulto, ordenando se les rindiesen 
los honores debidos á su dignidad; y él mismo les daba afectuosas 
pruebas de consideración y respeto para que así mantuviesen 
una autoridad pummente nominal. Se retiraban algunos Comi- 
sarios y venían otros, entre ellos hombres de mucha habilidad; 



154 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

pero Toassaint los excedía con ventega, y se veian obligados á 
acojerse á su amparo. 

Mantuvo siempre su autoridad, como pudo verse cuando lo- 
gró librar al General Laveaux de la ínria de los negros, que lo 
acusaban de haber atentado á su libertad; y aunque conservó 
tan largo tiempo y tan ilimitada esa autoridad, nadie pudo jamás 
decir que de ella hubiera abusado. Si algunas veces adoptó me- 
didas rigurosas, fué por efecto de la ley marcial ó de las circuns- 
tancias; porque fué siempre moderado y humano. En muchas 
ocasiones en que las ordenanzas militares lo autorizaban á casti- 
gar á sus enemigos, mostró una generosidad que honraría al mas 
ilustre monarca de Europa. Compruébalo la siguiente anécdota: 

Cuatro franceses traidores cayeron en su poder y se prepa- 
raban á una muerte horrible. Toussaint los dejó algunos días 
entregados á la íncertidumbre de su suerte, hasta qué un do- 
mingo los hizo conducir á la iglesia, y cuando llegó la misa á la 
oración dominical y á las palabras ¿perdónanos, se acercó al altar 
con ellos, y despaes de reprenderlos por la enormidad de sus de- 
litos, ordenó se les pusiese en libertad sin imponerles otra pena. 

Al General Mastllau le dio Toussaint una prueba de la pro- 
bidad que caracterizaba su conducta política. Se hizo un trata- 
do por el cual la parte francesa de la isla de Santo Domingo debía 
ser evacuada por los ingleses, obligándose á quedar neutrales has- 
ta el fln de la guerra. Fué Toussaint á ver al General inglés y co- 
mo no estaban del todo arregladas las condiciones, se retiró ofre- 
ciendo el inglés ir al campo de Toussaint Tenía tanta confianza 
en él, que fué acompañado de solo tres personas, aunque el cam- 
pamento estaba muy lejos y tenia que atravesar montañas ocu- 
padas por los negros, que poco antes eran sus enemigos. Le pa- 
reció al Comisario Kouine que esta era buena ocasión para ser- 
vir la causa de su gobierno, y escribió á Toussaint para que retu- 
viese prisionero al General inglés. El General Mastllan recibió 
en el camino una carta de un amigo que le informaba del proyecto 
de Roume y le aconsejaba no se fiase del General negro; pero, no 
queriendo interrumi)ir su negociación y contando con la buena 
fé de Toussaint, siguió su camino. Luego que llegó al campa- 
mento se estuvo largo tiempo sin ver á Toussaint: este recibimien- 
to frió y descortés en apaiiencia le desagradó, y aun comenzó á 
sentir el haber des|)reciado el consejo que habia recibido; pero al 
fin apareció Toussaiwt con dos cartas cerradas en las manos. "Lea 
Ud. General, y luego liablartMnos," díjole. Lo hizo así el Gene- 
ral y entonces agregó Toussaint: "Yo no he querido venir á ve- 
ros antes que t^rminaííe mi respuesta, para probaros que estáis 
seguro C(mmigo,yque soy incapaz de una bajeza." Efectivamen- 
te, una de las cartas era del Comisario Roume, llena de argumen- 
tos capciosos para persuadir á Toussaint que se apoderase del 
General inglés, haciendo de este modo un gran servicio á la Ee- 
publica, y la otra carta la respuesta, en que le decía entre otras 
cosas Toussaint á Roume: "¿No he dado mi palabra al General in- 



HISTORIA BE SANTO DOMINGO. 155 

glésf Y cómo puede Ud. suponer que yo me cubriese de iufe- 
uiia quebrantándola? La confianza que pone en mi buena fé, le 
ha hecbo entregarse á mí, y yo me deshonraría para siempre sí 
siguiese vuestros consejos. Estoy consagrado al servicio de la 
üepública, pero nunca la serviré contra los dictados de mi honor 
y mi conciencia." También se refieren anécdotas de su disimula- 
da desconfianza y reserva aun paia con aquellos que trataba mas 
íntimamente. Avisado en una ocasión por sus espías que debia 
correr peligro en el camino que iba á emprender muy pronto, sin 
demostrar el menor recelo, hizo poner su coche, como de costum- 
bre, bien cerrado y escoltado por los guias, siendo atacados el ca- 
rruaje y su escolta efectivamente en el lugar que se habia desig- 
nado: pero con gran sorpresa de los asaltantes y de la escolta, se 
vio que el coche, acribillado de balas, estaba vacío. Convencido 
Toussaint de las malas intenciones de sus enemigos, hizo ejecutar 
á los cabecillas y á los guias por no haber opuesto mas esforzada 
resistencia. 

Otros dicen que era ambicioso y cruel; pero hasta entonces 
no era esta una opinión sentada, porque hechos opuestos persua- 
dian que Toussaint no inerecia tales dictados. Grandes cuali- 
dades, al contrario, debia reunir este iiegio para ser como lo fué 
tan querido y respetado de los que lo habian escogido por jefe y 
tan estimado de los extrangeros que estuvieron con él relacionados. 
Concluida la guerra, se dedicó Toussaint al fomento de las 
artes pacíficas, y en sus decretos siempre se encuentra aquella sa- 
gacidad, prudencia y magnanimidad que lo habian distinguido 
en el campo de batalla. Consagróse desde luego alas mejoras 
materiales, y aunque devolvió á muclios propietarios sus fincas, 
no les entregó los esclavos, causando así graves perjuicios á los 
agricultores, pues los dueños tuvieron que pagar jornales á los 
braceros, á quienes por ley expresa' se les señaló la tercera parte 
de la cosecha, lo que era muy ventajoso en esta isla, cuyos prin- 
cipales producciones eran azúcar y café, imponiéndose penas con- 
tra la ociosidad. 

Se encargó á las tropas el cumplimiento de esta ley, pues 
entonces no habia autoridades civiles. Esta disposición fué muy 
opoituna, porque los negros no tenian patria, y el dueño ó inspec- 
tareraal mismo tiempo acusador, testigo, juez y jurado. Todos 
los negros durante la guerra habian servido en el ejército y por 
lo tanto no pudo ocurrir á oficiales de justicia para el cumplimien- 
to de la ley; y en este supuesto fueron sujetos á una misma medi- 
da el holgazán que rehusaba trabajar y el militar desertor: am- 
bos eran juzgados por una comisión militar; pero las leyes eran 
tan benignas que el mayor castigo que se imponía á un jornalero 
era obligar á servir en el ejército. 

Bien pronto se experimentó el efecto de estas disposiciones. 
La agricultura progresó tanto, no .obstante el abandono en que 
habia estado en los diez años de guerra, que la cosecha de azú- 
car y café fué de un tercio mas abundante que la de los mas pros- 



156 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

peros años ant€H de la revolución. Todos los negros estaban 
obligados á trabajar; pero podían escoger á quienes debiau servir- 
les, y por lo tanto se hallaban contentos, alegres y felices. El nue- 
vo orden de cosas influyó en la población, y cuando en Jamaica 
y otras islas se disminuía, á pesar de poderse reponer con el tráfi- 
co de africanos, en Santo Domingo era visible el aumento, pues 
los negros trabajaban moderadamente, y las negras embarazadas 
tenian lugar de descansar, y esto no obstante las largas guerras 
y matanzas que asolaron la isla durante algunos años. 

El estado social se mant>enia ordenadamente. Los primeros 
puestos estaban ocupados por los negros libres y mulatos que mas 
se hablan distinguido en el gobierno anterior, y los otros por ne- 
gros criollos y bozales. Los mas capaces eran aquellos que por 
eí mismos se habían elevado á los empleos durante la revolución. 

Pasada la crisis política, el l\\]o hizo grandes progresos en 
la clase superior, la cual gozaba del bienestar que pueden 
proporcionar las riquezas y las dignidades. Muchas de sus ca- 
sas estaban amuebladas tan brillantemente como las de los mas 
ricos europeos. Eran en extremo corteses y delicados, guarda- 
ban mucha etiqueta y sus domésticos les servían con destreza ad- 
mirable. En las reuniones se notaba la mas completa alegría 
y la abundancia y el contento reinaban en sus mesas. La con- 
versación rodaba sobre todas las materias; y cuando se hablaba 
de las desgracias de la patria era extraordinario el entusiasmo que 
se despertaba, denigrándose con sana á los traidores que habían 
desertado del ejército de los negros y hecho traición á la causa de 
la República. 

No bien se acabó la gueiTa, abriéronse los templos y se res- 
tableció el culto. Beuováronse los teatros, siendo la mayor par- 
te de los actores negros, algunos de talento, los cuales represen- 
taban comedias y pantomimas. Principióse por dar atención á 
la pintura y ala música, prefiriéndose los instrumentos de cuerda. 

Levantáronlos negros en una de las plazas del Ouarico una 
especie de monumento consagrado á la libertad. Era una cú- 
pula circular sostenida por siete columnas de orden toscano; cu- 
bría el domo una plataforma con dos sillas, llegándose á ella por 
gradas que rodeaban el edificio. En una lápida de mármol con 
el goiTo frigio esculpido había una inscripción sacada de los dis- 
cursos de Santonax y Polverel, á quienes se había dedicado el tem- 
plete. Este edificio contrastaba agradablemente con los objetos 
que lo rodeaban, los cuales tenian impreso el sello de la devasta- 
ción, f orque como la ciudad del Guarico había sido incendiada en 
el 93 sin que volviese á reedificarse, parecía que los negros te- 
mían restituirle su antiguo esplendor, como si por esto fueran á 
crearse nuevos tiranos. 

La principal íonda del Guarico podia competir con las bue- 
nas de Europa Allí se reunían confundidos los viajeros ingleses 
y los negros. La igualdad mas peifecta reinaba en las reunio- 
nes, viéndose en aquel lugar m<fzcladas toda las clases desde gene- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 157 

ral á tambor, y todos comían y se divertían juntos. El mismo 
ToQssaÍDt, que concurría muchas veces á comer, no se sentaba á 
la cabecera, diciendo que la distinción de los rangos no debia ha- 
berla sino en una revista ó formación. En los ejercicios milita- 
res sucedía todo lo contrario. Algunas veces basta setenta mil 
hombres formaban en batalla y desfilaban delante de Toussaint, 
y dos mil oficiales, desde general hasta abanderado mantenían 
su correspondiente carácter, sin la menor señal de familiaridad. 

Cada general tenia á su cargo ó á sus órdenes media brigada, 
que manejaba las aimas con admirable destreza. 

Un sílvido bastaba para desbandar á los soldados; y corrían 
hasta cuatrocientos ó mas pasos del cuerpo principal, disparaban, 
se echaban en tierra })or uno y otro lado y mantenían un fuego 
graneado hasta que se les ordenaba incorporarse á aquel. Eje- 
cutaban estas maniobras con tanta destreza y precisión, que en- 
trababan la acción de la caballería, por ser Santo Domingo un país 
montuoso y lleno de malezas. Tan buena disciplina hubiera ad- 
mirado al europeo que conociera el estado de embrutecimiento en 
que estaban sumidos algunos años antes los negros. Los habi- 
tantes del pueblo tenían los mismos gustos y las mismas inclina- 
ciones: eran humanos, sociales y caritativos. Estos sentimien- 
tos se fortalecieron con la libertad. Se entregaban á sus diver- 
siones favoritas sin cometer desórdenes y rara vez tenía que in- 
tervenir la policía. 

Por no interrumpir el orden de los sucesos personales de la 
vida del célebre Toussaint L'Ouverture, adelantamos los relati- 
vos á la revolución hasta el año 1800, por la relación íntima que 
guardaban unos con otros. Reanudaremos ahora el roto hilo de 
nuestra historia, tomándola de nuevo desde la época en que princi- 
piaron las hostilidades entre españoles y frauceses. 

Unos y otros confiados en sus fuerzas, procuraron alcanzar 
ventajas. En Juana Méndez y otras parroquias del Norte obtu- 
vieron los republicanos algunos triunfos que mas tarde lograron 
los españoles anular, tomando la ofensiva en el Limbé, Plaisance, el 
Borgne, PortMargot, Gros-Morne, y Gonaives, bígo el mando 
de Don Joaquín del Saso, Uon Joaquín Cabrera, Don Matías Ar- 
mona, Don Esteban Polomares y Don Santacília. El pun- 

to de mas importancia y que sostenía la guerra con mayor ener- 
gía, era el puerto de Bayajá, plaza realmente invuluerable, por 
defenderla los tres castillos llamados La Bocaj L'Anse y Puerto- 
Ddfiny y las baterías Ardouirij Serretere^ La Bedoute^ SasaneSy 
Lemornetj le Parquet^ las fortalezas Chrande Cerre^ y La Biví^re^ 
y porque estaba además bien provista de municiones, y guarneci- 
da por tropas de línea y negros auxiliares. En vano se pensara 
en reducir por la luerza semejante plaza; pero el Asesor general 
y Auditor de guerra, Dr. Dn. Leoujirdo del Monte, tuvo medios 
de ponerse en comunicación con el comandante de la Guardia na- 
cional Mr. Bonon y eí Gobernador de la plaza Mr. Napp, con 
quienes estableció eficaces negociaciones para la entrega de aque- 



158 HISTORIA DE SANTO DOMINaO. 

lia ciudad. 

AfortuuadameDte, en aquellos dias se presentó en la babía 
de Manzanillo la escuadra del General Don Gabriel de Aristizá- 
bal teniendo á sus órdenes á los jefes de escuadra Montes }' Oca- 
rol con varios navios y fragatas, que impusieron mayor respeto. 
Al fin, después de varias conferencias, se acordó la capitulación, 
mediante la cual quedó la plaza por los españoles, y de este modo 
desamparado el feroz Candi, que mandaba las tropas negras auxi- 
liares de los franceses. 

Este suceso indujo al Capitán General Don Joaquín García 
á trasladarse en persona al cuartel general á pesar de lo malsa- 
no del clima, que diezmaba el ejército; y en seguida intentó aco- 
meter el litoral, al Occidente de Bayajá y particularmente el Trou, 
Caracoles y Yaquesí, auxiliado por el General negro Jean Fran- 
90Í8; pero no habiendo correspondido el resultado á las esperan- 
zas, se vio obligado á deliberar la retirada de las tropas á sus res- 
pectivos acantonamientos. La escuadra española fondeada en el 
puerto de Bayajá celebró un consejo de guerra al que concunie- 
ron los jefes del ejército y se adoptaron todas las medidas condu- 
centes á la conquista general de la parte francesa. Pero poco 
del^pues enfermó el General García y por la via de los batos, la 
Gorra y ciudad de Santiago, se retiró á la Capital, quedando de 
mayor general el Marqués de Casa Calvo, que acababa de llegar 
con las tropas de Cuba y la Habana. 




V 

V 



Continúan los sucesos de la revolución] de la parte francesa de Santo 
Domingo, — Los franceses culpan á los españoles de favorecer á los 
negros, — Llegada á la colonia de los Comisarios E^umey Mireheck 
y Saint'Léger. — Su conducta, — Temores que inspiran, — Uxaspera- 
don de los diversos partidos y lucha consiguiente, — Sigue fortale- 
ciéndose el partido de los negros.-^ Jean Fraiigois deponed Biassou 
y se titula ^^Almimntt\ — Adhesión de este partido al rey de Fran- 
cia, — Reveses que sufrieron y ventajas que alcanzaron, — Partido 
de los mulatos, — Su fuerza, — Conducta que observaba en los diver- 
sos departamentos, — Crímenes que cometió. — Llegada de los Comi- 
sarios Polverel, Santonax y Ailland y de un nuevo Oobernador, — Los 
Comisarios contribuyen á dividir más y más los partidos. — AUland 
vuelve á Francia. — Conducta impolítica de los Comisarios, — Pre- 
ponderancia de la gente de color. — I>esgra4íias que esto trae. — Doc- 
trinas exageradas de los Comisarios. — Insurrección de Mr, Galvdnd 
contra ellos, — Combate en las calles del Ouarico, — Incendio del Cabo 
por arden de los Comisarios y matanza 'de blan>cos, — Los Comi- 
sarios abandonan la colonia después de recojer los despojos del 
Guarico, 




[os sucesos de la revolución francesa en la isla han sido des- 
critos mas 6 menos fielmente por varios autores; pero en esta 
^ paite de la historia dejaremos de seguirlos para atenernos á 
la multitud de documentos inéditos, oficiales y particulares que 
poseemos, ya porque existen en el archivo de mi familia, ya por 
adquisición del de la comandancia general de la frontera del Norte, 
debida á la bondad del Sr. Don Ignacio Calvo, hijo del Mar- 
qués de Casa-Calvo que desempeñó, como dijimos en otro capítu- 
lo, la comandancia general de la citada frontera del Norte; docu- 
mentos que copiaremos como se hizo con el diario de viaje del 
Almirante en los primeros capítulos de esta historia, y se encontra- 
rán en el Apéndice. Tales documentos por cansados y monóto- 
nos que parezcan, son las únicas verdaderas fuentes de los sucesos 
relatados en la historia, cuyo principal mérito es la verdad. Ellos 
narran minuciosamente los sucesos ocurridos en la colonia entre los 
tres partidos principales, blancos (realistas y revolucionarios), mu- 
latos y negros libres y esclavos (bozales y criollos), y la conducta 
del gobierno español antes y después de la guerra con el francés. 



160 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Ya desde los principios déla revolacion haitiana, culpaban 
los franceses á sus vecinos de proteger indirectamente á los ne- 
gros proveyéndoles de municiones de guerra, como lo asegura- 
ban los prisioneros que bacia el gobierno. Pero si era cit^rta ó 
nó tal inculpación, diñcil será averiguarlo; pues bien podiau algu- 
nos españoles emplearse en tan ilícito comercio, á pesar de la ex- 
presa prohibición y de las medidas que para impedir semejante 
desmán se tomaron en la frontera, según la carta ú oficio del 
Capitán General, fechada en 24 de Diciembre, y en la cual califi- 
ca de equivocación la sospecha del gobierno francés. 

En Diciembre de 1791 llegaron á la colonia los Comisarios 
Boume, Mirebeck y Saint Léger con el encargo de restablecer la 
paz. El primero se habia distinguido como abogado en el Parla- 
mento y mereció luego ser electo diputado á la Asamblea; así co- 
mo lo habían sido sus dos compañeros. Su misión tuvo mal éxi- 
to; pues el hecho de publicar la nueva Constitución de 1791 que 
anulaba el decreto de 15 de Mayo, defraudó las esperanzas que 
á su llegada concibieron los colonos. Beconocieron los blancos 
que el texto de aqnel documento en cuanto á la amnistía conce- 
dida sin limitación alguna, era una tácita aprobación, hecha por 
el gobierno, de los crímenes que se hablan cometido, y un ejem- 
plo de impunidad para los negros que no hablan tomado parte 
en los acontecimientos anteriores y que aun se conservaban fie- 
les. También quedaron descontentos los mulatos con la anula- 
ción de aquel decreto que tanto los favorecía. 

La autoridad electiva de los tres Comisarios alarmó á los 
miembros de la Asamblea colonial, quienes quisieron saber si sus po- 
deres quedaban realmente suspensos, y como no 'recibieron contes- 
tación alguna quedaron desacreditados; bien es verdad que la con- 
ducta de algunos de ellos contribuyó en mucho á su desautoriza- 
ción. Eoume no era de índole mala, pero carecía de medios para 
ejercer su cargo con dignidad, asi como de tropas y otros ele- 
mentos necesarios para sostenerse; y sus dos compañeros, creyen- 
do impracticable su comisión, se volvieron á Francia en el 92, de- 
jándolo solo y sin autoridad ninguna ostensible. 

Grandes acontecimientos se esperaban en Francia. La fu- 
ga y prisión del fiey, el gran poder de la Sociedad Amigos de los 
Negros y la proposición del diputado consular, dieron motivo al de- 
creto del 4 de Abril que anulaba el del 24 de Setiembre y resol- 
vía la igualdad de derechos políticos en la colonia respecto de to- 
das las razas y todas las clases; estableciendo al mismo tiempo 
que las Asambleas coloniales se celebraran conforme al decreto 
de 8 de Marzo de 1790; que los hombres libres de color tuviesen 
voto activo y pasivo en las elecciones; que se nombrasen tres Co- 
misarios para cumplimiento del decreto, los cuales disolverian 
las asambleas existentes y convocarian las primarias de parro- 
quias, con facultad para decidir las cuestiones que pudieran s^isci- 
tarse; y se encargasen además de averiguar quiénes habían sido los 
autores de las perturbaciones anteriores, para prenderlos y en- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 161 

viarlos á Francia, entendiéndose en todo con la Asamblea Na- 
cional; pudiendo también valerse de la fuerza pública para su 
seguridad personal y hacer cumplir las órdenes que expidieran. 

Tales novedades en el Guarico, las alarmas continuas y el 
exagerado proceder de los partidos en toda la colonia, acrecen- 
taban de día en dia lo grave de la situación. Los blancos, firmes 
y constantes en sostener sus derechos y exasperados los mulatos 
con las intolerables pretensiones de aquellos, preparaban el terre- 
no en que harían los negros su alzamiento, aprovechándose de 
la discordia que entre sus contrarios reinaba, como lo efectuaron 
terrible y sangrientamente; pues en el encuentro que tuvieron 
ambos partidos en las inmediaciones de Oul-de-Sac, quedaron en 
el campo mas de dos mil cadáveres, y la carnicería hubiera sido 
mayor á tener los negros caballería con que perseguir á los fugi- 
tivos. 

Bl decreto de la Asamblea Nacional declarando en favor de 
los mulatos y negros libres la igualdad de derechos políticos, y que 
pudiesen elegir y ser electos para las asambleas provinciales de la 
colonia, decreto promulgado en los momentos de mayor excita- 
ción, dio nuevo pábulo al incendio de las pasiones; y si hasta en- 
tonces hablan los mulatos formulado sus pretensiones prudente- 
mente, en adelante levantaron la voz animados por su derecho, y 
se propasaron á desfogar su resentimiento en crueles venganzas. 

Ya hemos referido minuciosamente y comprobado algunos 
hechos culminantes de los acaecidos hasta Noviembre de 1792. 
El partido de los negros sublevados se habia fortalecido por esta 
época, aunque estaban diseminados por todo el territorio. El 
cuartel general de Biassou se encontraba en las ruinas de uu inge- 
nio incendiado donde se veia rodeado de su pequeña corte. Era 
Toussaint su capitán de guardias y Dessalines, jefe de división, 
gozaba de su mayor confianza. Los otros jefes, aunque obraban 
voluntaria é independientemente, conservaron siempre á Biassou 
el derecho de mandar todas las tropas. Uno de los mas distin- 
guidos era Jean Fran9ois, quien aprovechándose de la ignorancia 
de su general, de las hablillas que contra él corrían, y de la ver- 
gonzosa deiTota sufrida en la última batalla, donde perecieron cin- 
co mil negros, entró en su tienda de campaña con Toussaint, y 
apoderándose de Biassou lo depuso, y ocupó su puesto titulándo- 
se desde entonces Almirante. 

Los demás cabecillas, que se denominaban generales, coro- 
neles, capitanes &, hacian gala de realista-s y vasallos del Eey de 
Francia; y tanta era la adhesión que demostraban á la monarquía, 
que exhortados en diferentes ocasiones por los comandantes blan- 
cos y los Comisarios civiles para que se sometiesen al nuevo régi- 
men francés, fueron constantes en su negativa. Macayá, uno de 
los subalternos de Jean Fran90is, después de haber sido obsequia- 
do espléndidamente y saludado con el título de General, cuan- 
do se le argüyó con razones para que se convirtiese, se negó á ello 
y dio fin á la conversación con estas palabras: ^'Mi obligación es ser 



162 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

fiel al Bey de Francia que es mi padre, y al Bey de España que es 
mi madre, y además de este deber sagrado, los que souios vasallos 
de los descendientes de tres Beyes, que conducidos por una estre- 
lla fueron á adorar á Dios-bombre, no podemos hacernos la guerra." 
En dias posteriores, Toussaint y Biassou, separados de Jean Fran- 
90ÍS, que ya trataba de someterse á los españoles, contestaron 
á los Comisarios civiles, que les hacian las mas lisonjeras prome- 
sas, con estas palabras: '^Bien distante de aceptar la libertad que 
nos ofrecen, somos nosotros precisamente los que vengaremos á 
nuestros compañeros que habéis desapiadadamente asesinado y 
proscrito." ¡Tanta era la prevención y el odio del partido de los 
negros contra los blancos! En otra ocasión ni se dignaron con- 
testar, cuando se les prometía la libertad de cuatrocientos de ellos. 
£1 furor de que estaban poseídos los conduela al exterminio de los 
blancos, y al incendio de sus haciendas. Con tantai crueldad se 
conducían con los blancos, que el mismo Jean Fran^ois, disgusta- 
do con las tropelías y asesinatos del terrible Jeanot, le mandó tiisilar 
en aquellos dias sin otra causa. 

Después del ataque de Juana Méndez cagaron los negros por 
diferentes campamentos sin paradero fijo. Perseguíanlos por to- 
das partes; pero ellos sorteaban á sus perseguidores en Capotillo, 
Terrier-Bouge y en todas partes, fortificándose en algunos sitios; 
en que á veces, no sólo resistían a las tropas recien llegadas de 
Francia, sino que tomaban la ofensiva como lo verificaron en las 
cercanías de Bayajá y cerca de Bavier. Pero perdieron el fuerte 
de la montaña llamado Samedi, de donde bajaban continuamen- 
te á cometer depredaciones y daños incalculables. En el Peñón 
y la Marmelade fueron batidos y dispersos por las tropas españo- 
las que vigilaban la frontera. El furor y la desolación reinaban 
por todas partes. 

Si el partido de los negros era temible por su muchedumbre, 
el de los mulatos era de grande consideración. Por lo referido an- 
teriormente, se ve la tenacidad con que la gente de color recla- 
maba la igualdad política, y esta porfía se acrecentaba de dia en 
dia haciendo mas grave y complicado el asunto. Los mulatos del 
Oeste y del Sud, que desde el principio de la revolución se ha- 
blan presentado en actitud hostil, cometían en aquellos dias abo- 
minables excesos. Conocidos de los esclavos de sus habitaciones, 
y parientes ó amigos de los que los mandaban, hicieron notables 
progresos en su revuelta. Hablan obligado á los blancos al con- 
cordato; pero ya hemos dicho que la Asamblea colonial se obsti- 
nó en no reconocer tal acuerdo. Los mulatos constantemente exi- 
gían la disolución de aquel Cuerpo civil, que después de haber en 
cuatro ocasiones tratado el asunto, no habia resuelto otra cosa que 
ordenar que se uniesen los mulatos á los blancos para concluir 
con la revuelta de los esclavos; y aplazó la cuestión para mas ade- 
lante. Los jefes de los mulatos, principalmente Pinchinat y Bea- 
bien, eran ilustrados y estaban penetrados del espíritu de la re- 
volución nmcho mas que los blancos; y por lo tanto, sin protestar 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 163 

contra aquella medida, continuaron con sus clubs y reuniones 
alarmaudo aquellos departamentos, sin querer dar auxilio al Nor- 
te, para que se las averiguase él solo, y viendo con indiferencia 
el incendio de la ciudad de Puerto Príncipe y otras poblaciones. 
Desgraciadamente el partido realista los creia adictos á su causa 
y capaces de contener el desborde republicano; y esto aumentó el 
orgullo, el arrebato, la cólera y el desprecio por las leyes de esta 
gente envilecida. No hicieron caso de la conducta de los colonos 
vecinos de Mirebalais, Saint Maro, Petit-Goave, Pond-des-Negres, 
Plaissancey el Borgne, que babian defendido su. causa en la Asam- 
blea y demás lugares públicos, y solo recibieron en recompensa 
la comisión de los mas escandalosos crímenes. Mucbos fueron víc- 
timas de su ferocidad; y es forzoso reconocer con el examen de es- 
tos hechos, que los mulatos aspiraban á más que á la simple de- 
claratoria de sus derechos, aspiraban á satisfacer su vanidad y el 
odio que hasta entonces profesaban á los blancos. Sin embargo, 
los habitantes de la Grande-Anse, penetrados de esta verdad y con- 
vencidos de la inutilidad de sus sacriñcios, y que era imposible con- 
vencer á un enemigo cuya animosidad se acababa de probar con 
los asesinatos recientes cometidos en los Cayos y otros lugares 
que se adhirieron al concordato, se decidieron á tomar un partido 
violento y decisivo. Fueron presos trescientos mulatos en un dia, 
y conducidos á bordo de un buque, se dio orden de que dispara- 
sen contra ellos los cañones del fuerte de Jeremías á la primera 
señal. Mas llevados del deseo de venganza, cometieron el error 
de armar á los esclavos de aquellos lugares que hasta entonces 
se hablan mantenido tranquilos; pero lograron por entonces con- 
servar la tranquilidad de que no gozaban las otras paiToquias, 
aunque los dos extremos de la colonia francesa se abrasaban en 
el fuego de la rebelión, con los excesos consiguientes. A los Ga- 
yos corrieron á refugiarse los desgraciados colonos del Sud, como 
se hablan refugiado los del Norte en el Guarico. La actitud de 
los mulatos era muy distinta en uno y otro punto. Los del Norte, 
Ik^o la dirección de Oandi y otros jefes, eran auxiliares de los blan- 
cos contra los esclavos revueltos, y en el Sud eran los mulatos 
los fautores de la revolución, y acaudillaban á los negros rebelados. 
Al fln, después de varias conferencias, cuando el Gobernador Ge- 
neral estuvo en Puerto Príncipe con el Comisario civil Mr. Roume 
y Mr. Fontange, tan conocido en la colonia por sus brillantes cua- 
lidades, se promulgó al fin el decreto de 4 de abril, que concedía 
á los mulatos los mismos derechos que á los blancos; mas por des- 
gracia no produjo entonces los saludables efectos que debían espe- 
rarse, porque ni republicanos ni mulatos obraban de buena fé. En- 
tre los primeros reinaba un odio profundo contra los hombres de 
color, odio que se había acrecentado debido á las luchas continuas 
desde el principio de la revolución. Cuanto á los segundos, es 
enigma difícil de resolver, porque rehusaban ahora lo que tanto 
babian anhelado. Siempre se atribuyó esto á un plan premedita- 
do por los negrófilos de París, que mantenían en efervescencia á 



164 HISTOBIA DE SANTO DOMINCrO. 

los mulatos con varias y exageradas promesas. 

Por aquellos dias, presentóse eu la rada del Guarico el buque 
que conducia á los Comisarios civiles que venían á relevar á Mr. 
Eoume y colegas, y también venia el Gobernador General que de- 
bía reemplazar á Mr. Blaucbelande. Este nuevo funcionario se 
nombraba Mr. d'Esparbes y aquellos Santonax, Polverel y Ailland, 
los cuales, lejos de hacer desaparecer las diferentes causas que 
promovían la desunión entre los habitantes de la colonia, no hicie- 
ron otra cosa desde el principio que fomentar la discordia y dar 
pábulo á la combustión. El uno por vejez ó ineptitud; y los otros, 
porque aleccionados en la escuela del Jacobinismo, venían preparados 
á llevar adelante la ruina que amenazaba á la colonia, ó á cumplir 
las desapiadadas órdenes que les habían dado los negrófílos, sans- 
culotes y demás banderías que hacían temblar á Francia, después 
de la prisión del Eey y de los trastornos que se le siguieron. Sus 
procedimientos criminales confirmaron estas presunciones. Ape- 
nas instalados en el Guarico, Ailland, que tenia reputación de 
aristócrata, viendo los elementos que fomentaban la revolución en 
la colonia y horrorizado de lo que iba á sobrevenir, determinó re- 
gresar á Francia para informar al Gobierno que eu aquellos días 
regenteaba el partido de la Girouda. 

Polverel se dirigió entonces á Puerto Príncipe, dejando á la 
cabeza del departíimeuto del Norte á Santonax. Durante su via- 
je, no quisieron admitirle en San Marcos, porque decían sus habi- 
tantes que iba á despoblar su territorio como lo hizo en el Gua- 
rico, unido á Santonax, pues como allí llegaron hasta postergar al 
ilustre coronel Oambetort y sus oficiales, dieron lugar con esto á 
las desgracias que ocurríernn en aquella ciudad. Sinembargo, 
Polverel se estableció en Puerto Príncipe, y gobernó de allí ade- 
lante como un verdadero déspota. Por sus desacertadas medidas 
hizo renunciar y salir para Francia al Comandante General Mr. 
de Terensac. Queriendo regenerar el país y obrar conforme á lo 
que habia hecho en el Guarico, destituyó á todos los oficiales an- 
tiguos y los reemplazó con viles denunciantes. Los ricos fueron 
presos y proscritos, y todos los empleos civiles y miUtares confe- 
ridos á los mulatos, gente de color y blancos que sin tener propie- 
dades se ocupaban en ejercicios mecánicos. Tal era el régimen 
adoptado por Santonax en el Guarico y á él se sujetaba servilmente 
el Comisario Porverel. Sus esfuerzos se dirigían con mucha par- 
ticularidad á hermanar y unir estos blancos y mulatos, empresa 
sumamente difícil. Era mutua la antipatía entre unos y otros; y 
tanto mas arraigada, cuanto que estos blancos y mulatos ejer- 
cían las propias artes mecánicas, y así pues el celo por la concu- 
rrencia de parroquianos y la prevención de los colonos, mantenía 
semejante animosidad. En vano se predicaban el republicajuis- 
mo y las ventajas de la igualdad. Polverel aplaudía á los blancos 
que se prestaron al concordato voluntariamente. Sin embargo 
de que muchos, como los habitantes de la Grand-Anse, inflexi- 
bles en sus principios y no conviniendo en la ley del 4 de Abril, 



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HISTOBIA BE SANTO DOMINGO. 165 

nunca cedieron la administración pública á los libertos, fueron 
guardias nacionales; la población blanca conservó sus preeminen- 
cias. Los mulatos se quejaron injustamente, porque su ambición 
habia quedado satisfecha desde el momento que se les concedió 
la facultad de votar; yá nadie más que á ellos mismos debian atri- 
buir la falta de confianza que manifcvStaban las Asambleas priaia- 
rias. 

En el Guarico preponderaba la gente de color por las distin- 
ciones con que la favorecieron el Comisario civil y el Gobernador. 
Fueron admitidos en los regimientos recien venidos de Fraucia, en 
las milicias urbanas, en la Municipalidad y en la admínisti*acion 
de Hacienda; de modo que ya habían logrado el objeto esencial 
de su ambición; pero este favor trajo algunas desavenencias, por- 
que los soldados europeos veian con sentimiento que los mulatos 
libres ó libertos eran promovidos al giado de oficiales y otros su- 
periores, sin haber pasado por los subalternos. Varios regimien- 
tos manifestaban su repugnancia, distinguiéndose él fijo del Gua- 
rico; porque siendo sus individuos criollos de la colonia, se les obli- 
gaba á militar & las órdenes de los que tal vez hablan sido liber- 
tos de sus casas ó domésticos y sirvientes de sus personas. Se 
trató de emplear la fuerza para convencerle, y el 4 de Diciem- 
bre, á tiempo de pasar revista, observando los blancos que á los 
mulatos se les proveía de cartuchos con los que cargaron insolen- 
temente sus fusiles, careciendo ellos de municiones, les embistie- 
ron con las armas blancas y hubo un alboroto tamaño que se re- 
pitió al día siguiente, pretendiendo los blancos invadir y cañonear 
el cuartel de los mulatos. 

Muy pronto advirtió el Comisario Santonax sus faltas, dan- 
do pruebas deque quería amparará los aristócratas, que así se 
denominaba á los colonos de la^ parte francesa de Santo Domingo; sin 
embargo de que el General Eochambeau castigó al regimieuto del 
Guarico por su resistencia y lo desterró á Bayajá. Pero á poco, 
abierta una campaña general y atacados los negros en la Graude-Ri- 
viére, contra los cuales los mulatos en un solo cuerpo se habían por- 
tado valerosamente, se les permitió regresai' al Guarico redoblando 
entonces sus pretensiones. Se les prodigaron mas gracias de las 
que se les habían concedido; y ellos por su parte invadieron todas 
las secretarías, la marina y Tiibunales de justicia. Su osadía lle- 
gó hasta persuadirse de que la igualdad decretada por el gobierno 
les daba derecho para provocar á los blancos, proponiéndoles 
desafíos y pidiendo con un descaro inaudito satisfacción de una mi- 
rada, un gesto y hasta del mismo silencio. Mas atrevidos se 
manifestaron los mulatos del Oeste. Negáronse á seguir la cam- 
paña contra los negros, si no se les alistaba en un cuerpo dis- 
tinto como el del Guarico y siempre obtuvieron la mas sumisa 
condescendencia; hasta darse el caso de que, habiendo ido una di- 
putación de Jeremías al Comisario civil Polverel para que vinie- 
se en persona á la Graude-Ause á cerciorarse de la realidad de las 
quejas de los mulatos, volviéndose el Comisario á Kigaud que era 



166 Historia db santo domingo. 

uno de los enviados, le dijo: "Id tranquilo, que yo no haré 
nada sin haberos consultado, y nunca perderé de vista los intere- 
ses de vuestra raza." 

Regresó el Comisario Polvrerel y junto coa Santonax hizo 
su entrada en el Gusírico donde residía el Gobernador General 
Gabard, sucesor de los generales Lasalo y Rochambean, quienes 
desempeñaron el gobierno general cuando se ausentó para Fran- 
cia Mr. d'Esparbes. Fueron acogidos por sus partidarios con Víc- 
tores y aclamaciones y dieron principio á una era de rigor y des- 
potismo inconcebibles. La pugna entre ellos y el gobierno gene- 
ral ei*a continua y escandalosa, sin consideración á las personas de 
uias viso y carácter á las que atrepellaban escandalosamente. El 
arresto de Mr. Duquesne, propietario y oficial de Marina, uno de 
los mas respetables ¿e su parroquia; la preferencia marcada por los 
hombres de color y lo anárquico de sus doctrinas, pintan al vivo la 
mala administraicíon de estos Comisarios. Hé aquí una do. sus pro- 
clamas: "Por vosotros solamente, ciudadanos regenerados, es que 
la República nos ha enviado para que gocéis de los derechos que la 
naturaleza os ha concedido y que la poderosa Convención Nacio- 
nal os ha ratificado á los ojos del mundo. Nueva es la política que 
va á presidir á la suerte de las naciones. No será pues la filosofía 
que ha creado una ciencia estéril é impotente especulación. Licurgo, 
Solón, Numa fueron unos ignorantes, unos picaros y unos visiona- 
rios. Carlos Magno, Carlos V, Luis IX, Enrique IV y Luis XIV, 
no son mas que déspotas cuya memoria debe causar horror. Reina- 
ron con preocupaciones y pretendían señorearse de la propiedad. 
Perezca semejante sistema! La libertad mas ilimitada y la igual- 
dad mas rigurosa, hé aquí el verdadero patrimonio y riqueza del 
hombre." 

¡Calcúlese cuáles serian con tales premisas las ideas dominan- 
tes en aquellos días! Se reconoció que todos los artificios de los 
colonos de buena fó para salvar el país eran infructuosos. La insu- 
rrección de Mr. Galvand contra los Comisarios; el combate san- 
griento en las calles del Guarico; la intervención del Almirante y 
su escuadra; la pusilanimidad que manifestó el Gobernador duran- 
te los diferentes conflictos, concuiTieron á precipitar la catástrofe. El 
general negro Dufair fué enviado de Hant-du-cap donde residían 
los Comisarios para que los negros incendiasen la ciudad y dego- 
llasen á los blancos sin darles cuartel. "Tal es el voto de Fran- 
cia" decían ellos. Inmediatamente, negros y mulatos entraron en 
las casas, incendiaron todos los muebles y materias combustibles 
y degollaron á todos los blancos que no habían logiado huir. ¡Ho- 
rroroso espectáculo! Tal fué la situación del Guarico el veinte y 
cuatro de Junio. Los que escaparon á bordo de las naves fueron 
ametrallados desde el fuerte Belair, y habría sucumbido la escuadra 
y el convoy si Mr. Salcey no hubiera aprovechado la brisa de tierra 
para salir de la bahía y encaminarse al Norte adonde le siguieron 
el Almirante con el navio Júpiter^ el América y la jFina, que reci- 
bieron á su bordo á los blancos descarriados por las montañas 



HISTORIA DB SANTO DOMINGO. 



167 



que no pudieron embarcarse durante el conflicto. 

Destruida la ciudad opulenta, la capital de las Antillas, el Gua- 
rico, no presentaba en aquellos momentos á los ojos del viajero mas 
que un montón de cenizas y escombros. Espesa atmósfera oscu- 
recía el aire: un silencio espantoso y una horrible soledad babian 
sucedido al movimiento de los negocios; dos mil y más cadáveres en 
las calles, en parte consumidos por las llamas, en parte mutilados 
y roidos por los perros, exbalaban infecto olor, y en medio de este 
triste cuadro entraron los Comisarios victoriosos como delegados 
de la nación francesa echando Víctores á la Bepúbiiea el 9 de Agos- 
to de 1793; pero era terrible el espectáculo por mas que se esfor- 
zaron en encubrirlo. Los Comisarios se retiraron con doscientos mu- 
los cargados de gran número de objetos preciosos, seguidos por cer- 
ca de dos mil personas; mas viendo que las posesiones importan- 
tes de la colonia estaban en poder de Toussaint y del mulato Bi- 
gaud, tuvieron á bien abandonarla definitivamente. 




^ » »i 



Llegada del Comisario del Directorio, Oeneral Sédouvilk. — Misión del 
General Age, y sus resultados. — Estado de la parte española. — Es 
invadida por él Oeneral Toussaint que da d la isla una Constitu- 
ción. — Situación de la colonia cuando se presentaron la escuadra 
y el ejército francés bajo el mando del Oeneral Leclerc. — Negocia- 
ciones ha^ta la total sumisión de la isla. — Se resiste Toussaint á 
todo acomodamiento, y se separa de sus dos hijos que en cla^e de 
rehenes vinieron en la expedición. — Se le declara traidor y fuera de 
la ley, y principian las hostilidades. 




ÍN la colonia francesa gobernaba Toussaint á nombre de la Eepú- 
U blica, que acababa de disolver la Convención Nacional, muchos 
^ de cuyos miembros hablan esparcido el terror y la desolación por 
obra de las rivalidades y celos que ensañaban las facciones de la 
Montaña y los Girondinos. 

Se erigió el nuevo gobierno denominado el Directorio; y ha- 
biendo dado comisión al General Hédouville para que asumiese el 
mando de la colonia, éste desembarcó con varios oficiales negros y 
mulatos en la capital española y atravesó por tierra hasta el Gua- 
rico; pero no pudo desempeñar su encargo cumplidamente, porque 
Toussaint, sagaz y advertido, supo entretenerlo y causarlo hasta que 
decidió regresar á Francia con el Estado mayor que habia traido. Po- 
co después creyó Toussaint oportuno requerir al Capitán General D. 
Joaquín García para que le entregase la parte española, cedida á 
la República por el tratado de Basilea, y al efecto comisionó á un 
general, cuarterón de nacimiento, llamado Mr. Age. Esta intima- 
ción fué recibida por el vecindario de la Capital con manifiesto des- 
agrado, hasta el extremo de intentarse vias de hecho y proyectar- 
se el asalto del convento de Santa Clara en donde estaba hospeda- 
do el comisionado, y para prevenir semejante insulto fué preciso 
resguardarlo con tropas y que el Capitán General en persona le 
sacase en su propio coche hasta ponerlo fuera de muros, escolta- 
do por un destacamento de dragones que le acompañó hasta el 
teiTitorio francés. Este desaire fué seguramente uno de los moti- 
vos que tuvo Toussaint para recabar la posesión de la parte españo- 
la, si no fué, como creen otros, su único móvil el deseo de enseño- 
rearse de toda l^r isla y hacerse fuerte en ella contra Francia. 

Grande era la inquietud de los españoles de Santo Domingo? 
que volvieron á entablar sus reclamaciones contra la cesión. Tra- 



HISTOBIA DE SANTO DOm^aO. 169 

taron todos los Cabildos de la isla, por acuerdo unánime, que el 
Asesor general y Auditor de guerra de la Capitanía General, Don 
Leonardo del Monte, se presentase en la corte á leclaniar como 
enviado de los colonos; y todavía esperanzados en la revocatoria 
de la cesión, volvieron los dominicanos a manifestar en esta oca- 
sión su candorosa índule v su afecto á la madre Patria. Ilubo sin 
interrupción con este motivo muchas funciones extraordinaiias en 
las iglesias, y grandes festejos en las calles, plazas y teatros, y re- 
vivió la actividad industrial, lo mismo en los campos que en las ciu- 
dades, villas y lugares: era la animación aparente y transitoria del 
enfenno próximo á morir, el vivo destello de la llamarada que va á 
extinguirse en el pabilo que la alimenta. 

Es verdad que el tratado de Basilea no determinaba la época 
en que debiera entregarse la parte española; y como nunca se cre- 
yó que el gobierno francos confiara á los negros sublevados el en- 
cargo de recibirla, ni estuviera en situación de pedirla por sí mismo, 
era razonable que los dominicanos descansaran en la esperanza de 
su rescate, y no es mucho que por ella se holgaran y alegraran de 
antemano. Vana previsión, porque entonces fué cuando Toussaint 
descorrió el velo de sus intenciones y paladinamente trató de pose- 
sionarse de la tierra, cubriendo las apariencias con hacer interve- 
nir al Comisario Roume, quien después de la retirada del General 
Hedouville estaba autorizado por Francia para desempeñar el go- 
bierno general. Al efecto, requirióle para que ejecutase esta de- 
terminación, y mediante su negativa, lo apremió á que firmase los 
despachos necesarios; pero Eoume dio parte secretamente de tales 
exigencias al Capitán General Don Joaquín García y le acompañó 
la protesta que habia levantado contra la reclamación de Toussaint. 
Entonces éste, que no deseaba mas que un pretexto, armó dos ejér- 
citos, uno en el Sur bajo las órdenes de Paul Louverture, su her- 
mano, y otro en el ííorte bajo las de su sobrino el General Moyse, 
que llegaron juntos á Santo Domingo el 2(5 de Enero de 1801. 

Es imponderable la alarma que debió producir semejante noti- 
cia. Ya habian sido testigos los naturales de las espantosas catás- 
trofes que tuvieron lugar en la colonia francesa, durante los on- 
ce años que habian precedido, y desde luego creyeron que iba á 
principiar una nueva era de trastornos y de violencias. Algu- 
nos vecinos en corto número habian emigrado á Cuba y Puerto 
Eico, siguiéndolas huellas de las autoridades y corporaciones que 
ya habian abandonado la isla desde que se publicó el tratado de la 
cesión; pero la mayor parte se sostenía en la creencia de que la en- 
trega formal no llegarla á tener efecto en definitiva, y por lo tanto, 
continuaban dedicados á sus tareas agícolas é industriales con el 
mismo ardor que antes y no escaseaban las diversiones y festejos 
públicos y privados, tal vez con mas entusiasmo y animación que 
nunca, sin sospechar ¡los infelices! que estaban apurando los últi- 
mos favores del destino. 

Disfrutaba la ciudad de Santo Domingo de la mas completa 
alegría, y precisamente se hallaba reunido lo mas granado de la Ca- 



170 HISTOBIáDA SÁi^TÓ bóMlKOO. 

pital en el baile que se daba el día de Beyes en la casa de Don K. 
Hen-era con motivo de haber cantado misa nueva un bijo suyo, 
cuando se divulgó la noticia en aquella reunión, en la cual se encon- 
traban las primeras autoridades, de que el General Toussaínt inva- 
día la parte española con un ejército numeroso. Indecible fué la 
sorpresa y se dieron inmediatamente las órdenes mas terminantes, 
Al dia siguiente se improvisaron compañías que con la tropa del 
fijo llegarían al número de mil quinientos hombres, los cuales sa- 
lieron al encuentro del enemigo bajo las órdenes del Brigadier Nu- 
ñez y del General Kerversau, nombrado de acuerdo con el Comisario 
Eoume, que residía entonces en la parte española. La expedicioa 
llegó mas allá del rio Nizao, á una sabana llamada S^agá, y el autor 
de esta Historia, que estuvo en la jornada en clase de voluntario 
el dia 26 de Enero, presenció el destrozo que sufrió la vanguardia, 
mandada por Don Juan Barón, viéndonos forzados á replegarnos al 
castillo de Jaina. 

Lo mismo sucedió en la banda del Norte. Allí se hizo frente 
á los negros en la sabana de Mao y en el lugar nombrado el Porte- 
zuelo, donde fué derrotado Don Domingo Pérez Guerra, que man- 
daba á los españoles, por muerte del Capitán Resou. Siguió el ejér- 
cito del General Moyse, sobrino de Toussaint, á reunirse con Paul 
Louverture, su tío, que era el Comandante del ejército invasor del 
Sur, y todos bajo las órdenes de Toussaint siguieron hasta el ingenio 
de Boca Nigua, propiedad del Marqués de Tranda, en donde se 
puso el cuartel general. 

Entonces se estableció una negociación por medio de di- 
putaciones. Representando á los españoles, se dirijieron al cuartel 
de Toussaint el Asesor general Don Leonardo del Monte, el Ledo. 
Don José Sterling y del Monte y Don Joaquín Gascue, viniendo á 
Santo Domingo el Ayudante general Mr. lllenger; y después de va- 
rias conferencias se celebró la capitulación. En este intervalo, fué 
grande la emigración de españoles á los puntos mas inmediatos de 
los dominios españoles, Puerto Rico, Maracaibo, Caracas etc. Tris- 
te cuanto bullicioso fué el dia que entró en la Capital de Santo Do- 
mingo el negro Toussaint, acompañado de sus regimientos y Esta- 
do mayor, de negros, blancos y mulatos. Yo recuerdo la confusión, 
el terror, la sorpresa con que todos contemplaban á aquellos negros 
regimentados y con sus arreos é insignias militares y civiles, así 
como el abatimiento de los espíritus cuando se vio desplegada en 
la fortaleza del Homenajje la bandera tricolor en lugar de la espa- 
ñola, sustituyendo en el gobierno al Capitán General Don Joaquín 
García, el jefe de los negros Toussaint Louverture. Los que pre- 
senciaron el acto de la entrega, refieren un curioso incidente que 
ocunió en aquel solemne momento, después de ocupada la plaza 
militarmente. Entró Toussaint con su Estado mayor, y apeándose 
de su caballo en la puerta de la Casa Consistorial donde le esperaban 
el Capitán General y los Regidores que componian el Ayuntamien- 
to, subieron á la Sala Capitular. El negro Toussaint entonces le 
dirigió la palabra al Gobernador General Don Joaquín García en 



SISTOBIA DE SANTO DOMINGO. 171 

estos términos: **Se8or Presidente, ¿no conoció üd. muy particu- 
larmente al Señor de Annona? A lo que contestó García que en 
efecto le habia conocido y era un oficial excelente. "¿Quién mejor 
que yo, añadió Toussaint, puede hacerle esa justicia á Armona? 
Servf bajo hus órdenes. El defendió con tanto valor como habili- 
dad los intereses de su soberano y seria de desear que el Bey de 
Bspaña tuviese muchos servidores que se le pareciesen. Ud. se 
acordará, prosiguió Toussaint, de un plan que formó pai*a la con- 
quista de la parte francesa, para el cual di yo algunas ideas.'' '^Me 
acuerdo, dijo García." Toussaint concluyó: "Pues bien, Señor Pre- 
sidente, si Ud. hubiera apreciado los talentos y la buena intención 
de Armona y hubiei-a seguido su plan, yo estaría ahora al servicio 
de Su M agestad Católica; España poseería toda esta isla, y Ud. no 
se hallaría en la dura necesidad de entregar ahora las llaves de 
Santo Domingo." 

He recordado este incidente porque testifica á favor de un 
bonrado y valiente habanero, el Brigadier x\rmona, y á la vez pone 
de manifiesto los sentimientos de Toussaint, el negro mas distingui- 
do de todos los que han ejercido el mando en la isla. 

Verificada la toma de posesión, retiróse Toussaint para la co- 
lonia francesa, dejando en el gobierno de Santo Domingo por Oo- 
maudante General á su hermano Paul Louverture, y en Santiago 
al General Pageot, blanco criollo de la colonia fi-ancesa que servia 
en su ejército; los cuales dieron principio á su administración esta- 
bleciendo Alcaldías, municipalidades, jueces y demás funcionarios 
para los diferentes ramos de la administración. Poco después 
quiso Toussaint establecer unjgobierno mas firme y duradero, y 
con este objeto hizo convocar diputados de todos los departamentos 
para dar una constitución á la isla. La reunión se verificó en Port- 
au-Prince y se formó una Asamblea central compuesta de los fran- 
ceses Messieurs Borgella, Baymond, Oollet, Gastón, Nocerbe, La- 
tear y de los españoles Sres. Muñoz, Oaballero, Garlos de Éojas, 
J. Mancebo y Viart. 

El mismo Toussaint habia planteado las bases de esta consti- 
tución, valiéndose de Mr. Pascal, de Mr. Bollure y del italiano Ma- 
rini. Este documento fué publicado en 1801 y contiene diversas 
leyes orgánicas. Es la primera la de organización eclesiástica que 
contenía seis títulos; á saber: 19 Del Culto; 29 De los ministros del 
culto; 39 De su jurisdicción; 49 Del Prefecto Apostólico; 5" Del 
sueldo de los ministros; 69 De los bienes parroquiales, monasterios 
y capellanías. La segunda ley contenia tres títulos; á saber: 19 
De los hijos naturales, vivos los padres; 29 De los derechos de su- 
cesión; y 39 De los hijos naturales, muertos los padres. La tercera, 
sobre organización de Tribunales, con diez títulos; á saben 19 Dis- 
posiciones generales; 29 De los tribunales de 1? instancia; 39 De los 
tribunales de apelación; 49 Del tribunal de casación; 59 De los mi- 
nistros y oficiales de justicia; 69 Del procedimiento civil; 79 Del 
procedimiento criminal; 89 De la jurisprudencia; 99 De la gerarquía 
y policía de los tribunales; 109 Disposiciones adicionales. La cuar- 



172 HISTORIA BB SANTO DOMINGO. 

ta ley con cinco títulos trataba: 19 De los notarios y escribanos; 2? 
De los agrimensores; 39 De los médicos, cirujanos y boticarios; 49 
De. los vendutiíros; 59 De las cárceles y carceleros. La quinta ley 
con cinco títulos trataba de la administración de los Municipios 
como sigue: 19 De las municipalidades; 29 De sus funciones; 39 De 
los Alcaldes y la policía uibana; 49 De los Comisarios de policía y 
gendarmes; 5" De los oficiales públicos. La sexta ley con diez ar- 
tículos trataba de la milicia colonial. La séptima con diez artícu- 
los sobre deudas particulares. La octava con seis aitículos trataba: 
19 De los empleados de Hacienda; 29 De la recaudación de impues- 
tos; 39 Del impuesto sobre alquileres de casas, manufacturas, indus- 
trias y salinas; 49 De los gastos generales; 59 De la administración 
de Arsenales; y 69 De la rendición de cuentas. La novena con 
cuatro capítulos sobre administración del dominio colonial y bienes 
embargados La décima, sobre emigrados y sus bienes. La un- 
décima, sobi'e Notarías suprimidas. La duodécima, sobre creación 
de un nuevo departamento con el nombre de Louverture; y la úl- 
tima, sobre los modos de acreditar las muertes violentas acaecidas 
en la época de la revolución y para suplir los títulos de propiedad 
que se perdieron ó quemaron. 

Al tiempo de promulgarse estas leyes, se dispuso que en las 
plazas públicas se plantase una palma y una asta con el gorro de la 
libertad. Presencié el acto en Santiago de los Caballeros que fué 
declarado cabeza del departamento de Samaná. La jefatura polí- 
tica se confirióla Mr. Louis Bealot, antiguo médico de aquella ciudad, 
y fueron nombrados Concejales Don Antonio Pichardo, último Al- 
férez Eeal bajo el dominio de España, un pardo nombrado Anto- 
nio Pérez y un negro español que fué capitán de morenos, llamado 
Casimiro. El Juez de Primera instancia nombrado fué el abogado 
francés Mr. Jean Bausti. 

Corria el primer año de la centuria actual sin otra novedad ni 
ocurrencia notable que la visita que hizo el General Toussaint al Ci- 
bao y luego á toda la isla. El renombre que habia adquirido este 
negro le habia hecho objeto de amor y respeto. Su figura intere- 
saba, distinguiéndose por sus buenos modales, como tuve lugar de 
advertirlo en diferentes reuniones de que hice memoria anterior- 
mente. La gracia que era comimñera de todas sus acciones con- 
tribuía mucho al agrado con que era recibido. Su figura era 
varonil, su aire noble é imponente, su carácter lleno de dulzura. 
Sus modales fáciles y familiares siempre tenian algo de elegancia; 
y cuando un inferior se dirigía á él, se inclinaba de un modo afable 
y se prestaba sin esfuerzo á favorecerlo. Sabia agradecer afectuosa- 
nient<í los testimonios de respeto que se le hacian en público y los 
evitaba con amabilidad. Su uniforme consistía en una casaca azul 
con mangas vueltas bordadas,gran manto encarnado y un par de gran- 
des charreteras. Llevaba botines y sombrero con la escarapela na- 
cional y plumaje con los tres colores de la República, sable y espue- 
las. Su acompañamiento lo imitaba y sus edecanes Copet y Fon- 
tayue vestían con mucho lujo, lo mismo que los demás generales. 



HISl^ORlA DE BAJUtO DOMINGO. 173 

Otro notable suceso fué la veaida del Obispo francés Guillermo 
Moviell, enviado por el Cónsul Bonaparte pocos días antes de la lle- 
gada del General á Santiago, el cual fué lecibido y tratado con toda 
cousideracion, por sus distingaidos talentos y mérito personal. Ha- 
blaba siempre en latin y le acompañaban los clérigos franceses emi- 
grados, el Padre Fontayne, el Padre Laporte y otro, todos tres 
hombres excelentes y virtuosos. También fué reemplazado el Go- 
bernador por el general blanco Beaurescur y éste por el mulato 
General Clervaux, que siempre correspondió al afecto que le mani- 
festaron los españoles. 

Gozaba el departamento de Santiago, como los demás pueblos 
de la isla, de la tranquilidad que podía permitir la situación, y 
se esperaba gozar de un porvenir tranquilo en apariencia. Se ha- 
blan regularizado las administraciones municipales. La agricultu- 
i'a atrajo toda la atención del Gobierno, y el General Dessalines 
fué revestido con poderes ilimitados para restablecer las tareas en 
todas las habitaciones y forzar á los negros al trabajo por el temor 
de las penas. 

Trece regimientos de línea constantes de 18,000 hombres de in- 
fantería y 1,200 de caballería, é igual número de guias, dragones,' ó 
gendarmes, formaban el estado militar. Los puertos estaban abier- 
tos al comercio de los ingleses y norte-americanos, y habia por valor 
de mas de treinta millones de productos coloniales en los almacenes, 
cuando llegó la expedición fiaucesa; todo lo cual atestigua las exe^e- 
lentes dotes de mando y superior inteligencia de Toussaiut. En 
medio de este bienestar material, fué cuando se supo que babia 
principiado un movimiento revolucionario en el Guarico, y partió 
Toussaiut para aquel departamento. Allí averiguó que su sobrino 
el General Moyse, siempre prevenido contra los blancos y seducido 
por otros, habia desfogado sus rencores, haciendo asesinar á algu- 
nos blancos de aquellas parroquias. Semejante conducta no pudo 
menos de alarmar al General gobernador. Lo entregó con treinta 
oficíales mas á una comisión militar que los juzgó y condenó á muer- 
te. Mucho costaría á Toussaiut este sacrificio de un jefe que no 
sólo era cercano pariente sino también uno desús mas adictos y 
valientes generales; pero creyó tal vez necesario este rigor pai'a 
afianzar su autoridad y demostrar á la vez cuánto le interesaba la 
salud pública; aunque otros dicen que obró por cálculo receloso de 
la influencia y la ambición de este sobrino. Poco después tuvo 
aviso Toussaiut de la llegada del Almirante Latouche á Samaná 
y supo mas adelante la reunión de la escuadra que traía éste ccm 
las otras aliadas. Efectivamente, por virtud de haberse suspen- 
dido las hostilidades entre Francia é Inglaterra, mediante la paz de 
Amiens, dispuso el Cónsul Bonaparte posesionarse de Santo Do- 
mingo. Hizo, pues, armar siete escuadrillas en los puertos de Lo- 
rient, Eochefort, Cádiz, Tolón, Brest, Havre, y Flesingue, compues- 
tas de ochenta navios franceses, españoles y holandeses, bajo las 
órdenes del General Leclerc, su cuñado. La escuadra fniucesa ve- 
nia mandada por el Almirante Yillaret Joyeuse, la española auxi- 



lli AlBtOtLlÉL DE SANTO DOMINGK). 

liar por el Gksneral Gravina y la holandesa por el Almirante Latón* 
che Treville. 

Comprendió el Oeneral Toussaint que tan formidable armada 
no podia menos de venir con miras hostiles, y en cousecnencia 
dio sus órdenes, mandando guarnecer todos los puertos que podian 
ser atacados, y quemar todo cuanto pudiera servir al enemigo, po- 
niéndose en camino para el Guarico. De Samaná salió para Santo 
Domingo el general Kerversau, el General Bochambeau paia Ba- 
yajá y el General Boudet para Puerto Príncipe. El General Le- 
derc tomó á su cai'go el ataque del Guarico, adonde se dirigió 
primero, pero ad\irtiendo la falta de prácticos para dirigir los na- 
vios, dispuso el Almirante Villaret despachar la fragata Sirena 
al puerto de Monte-Cristi con encargo de pedir al Comandante 
negro de la plaza lo que necesitaba. Recuerdo la aparición de la 
escuadra acompañada de muchísimas naves de mercancías y tras- 
portes, á las 11 de la mañana del dia 2 de Febrero, y la profun- 
da impresión que causó en aquellos momentos tan grande no- 
vedad. Al fin cedió el Comandante negro de Monte-Cristi; y 86 
embarcaron los prácticos antes de la noche, retirándose él con un 
corto número de soldados para la parte francesa, dejando el pueblo 
abandonado. 

El General Bochambeau tomó á Bayajá á la fuerza. El Gene- 
ral Kerversau, después de varios dias de regateo entró en Santo 
Domingo, de donde se retiró el General Paul Louverture que man- 
daba en la plaza; y el General Boudet asaltó á Puerto Príncipe y se 
posesionó de la ciudad, de donde se retiró el General Age; y al pro- 
pio tiempo atacó y tomo á Port de Paix el General Humbert. No 

pudiendo resistir el coronel. , su comandante, pegó fuego á 

la población y se retiró con su gente, guareciéndose en un fuerte. 
Entregóse el General Laplume que mandaba en los Gayos y lo mis- 
mo hizo el Geneiul Domage, apesar de la intervención de Toussaint^ 
de modo que á los pocos dias, sólo faltaba vencer á Toussaint« Des- 
salines, Cristóbal y Mam*epas, quienes ocupaban las posiciones del 
interior y cortaban las comunicaciones del Norte y del Oeste. 

Siguió el General Leclerc para el Guarico, llevando á bordo á 
su esposa Paulina, hermana del Cónsul, á Jerónimo Bonaparte, á 
dos hijos de Toussaint que se educaban en Francia bsgo la tutela 
de Napoleón, y que seguidamente eran traídos como rehenes, en mi- 
ra de las transacciones ulteriores. El dia tres, fué enviado un ofi- 
cial con la carta del Cónsul y una proclama^ pero ya estaban quita- 
das las balizas y el castillo Picolet disparó sobre el cutter que ha- 
bla penetrado primero. Se demoró su entrada, y entonces vino 
á bordo un oficial negro enviado por el Gobernador del Guarico, 
Cristóbal, para manifestarle que el General Toussaint estaba en el 
interior y que sin su orden no podia permitir que desembarcase tro- 
pa: que él babia enviado una carta avisándole, y que si los expedi- 
cionarios desembarcaban, anadia, seria la vida de los blancos fran- 
ceses su garantía, porque incendiaria la ciudad. El General Le- 
olero quiso unir la moderación á la fuerza, púsose al anclai y 



HISTO&tl D£ dAKtO DOMINOO. 175 

reteniendo en rehenes al Capitán del Puerto, dirigió la siguien- 
te carta á Cristóbal: 

'*El General en Jefe del ejército de Santo Domingo y Capitán 
general de la colonia, al General Cristóbal, Comandante del Gua- 
neo. — He sabido con indignación, ciudadano General, que rehusáis 
recibir la escuadra francesa, y el ejército que mando, bajo el pretex- 
to de que no habéis recibido órdenes del Gobernador general. 
— Francia ha hecho la paz con Inglaterra, y su gobierno envia á San- 
to Domingo fuerzas suticientes para someter á los rebeldes y me se- 
ria doloroso contaros entre ellos. — Os prevengo que, si en el curso 
del dia no entregáis los fuertes de Picolet y Belair con las baterías 
de la costa, desembarcarán quince mil hombres al amanecer. Cua- 
tro mil desembarcarán en este momento en Bayajá y ocho mil en 
Pto. Príncipe. — Os acompaño una proclama que os hará conocer 
las intenciones del gobierno francés, pero acordaos que cualquiera 
que sea la consideración que merezca vuestra conducta anterior, 
os haré responsable de todos los acontecimientos que sobrevengan.— 
Os saludo. — Leclerc." 

A esto contestó Cristóbal como sigue: 

^'Enrique Cristóbal, General de brigada. Comandante del Gua- 
neo, al General en Jefe Leclerc. — General: vuestro edecán me ha 
entregado la carta que me escribisteis esta mañana, y tengo la hon- 
ra de deciros que no puedo entregar los fuertes y puestos que están 
á mi cuidado, antes que reciba la orden del General Gobernador 
Toussaint Louverture de quien proviene mi autoridad. Estoy ple- 
namente convencido de que voy á pelear con franceses y que Ud. 
es el jefe de las fuerzas que se denominan expedición; pero ya digo 
que espero órdenes del Gobernador. He despachado á uno de 
mis edecanes para informarle de vuestra llegada con un ejército, y 
DO puedo permitir el desembarco, hasta no haber recibido respues- 
ta. Si realizáis vuestras amenazas, resistiré como debe hacerlo 
un oficial general, y si la suerte os es propicia, sabed que no entra- 
reis en la ciudad del Guarico, sino después de haberla reducido á 
cenizas: aun más, principiaré el combate sobre sus ruinas. Decis 
que el gobierno envia fuerzas capaces de someter á los rebeldes que 
haya. Sólo vuestra venida y vuestras intenciones hostiles son las 
que pueden originarlos en un pueblo pacífico y perfectamente some- 
tido á Francia. Vosotros nos proporcionáis un argumento que jus- 
tifica nuestra conducta. Las tropas de que habláis que desembar- 
can en este momento, son á mis ojos átomos, que el viento mas leve 
vá á dispersar, ¿y cómo podéis vos hacerme responsable de los acon- 
tecimientosf No sois mi jefe; no os conozco, y por consiguiente, no 
puedo guardaros ninguna consideración, en tanto que no seáis reco- 
nocido por el Gobernador Toussaint. En cuanto á vuestra estima- 
cion^ General, os aseguro que no deseo ganarla, pues que para ello 
me seria preciso faltar á mi deber. — Tengo la honra de saludaros. — 
H. Cristóbal.'' 

El oficial firancés fué á llevar esta carta, y los habitantes cons- 
ternados enviaron una diputación para suplicar á Leclerc que se 



176 HISTORIA DE SANTO DOMINOO. 

apiadase de ellos, porque los negros estaban determinados á dar ftie- 
goála ciudad y degollar a sus habitantes. El General Leclerc 
los despidió sin renunciar á su proyecto, y sólo les entregó la pro- 
clama del Primer Cónsul para que la divulgasen. Estaba así con- 
cebida: "Habitantes de Santo Domingo: cualquiera que sea vues- 
tro color y vuestro origen, sois todos franceses, todos libres y todos 
iguales delante de Dios y de la República. Francia, al par de San- 
to Domingo, se ha visto presa de las facciones, despedazada por 
guerras civiles y extranjeras; pero los tiempos han cambiado: todas 
las naciones han abrazado a los franceses jurándoles paz y amistad, 
y los franceses, correspondiendo, han prometido ser de todos ami- 
gos y hermanos. Venid pues, abrazad á los franceses y regocyaos 
de volver á ver á vuestros amigos y hermanos de Europa. El go- 
bierno os envía al Capitán general Leclerc. Lleva fuerzas numero- 
sas para protegeros contra vuestros enemigos y los de la República. 
Si se os dice: '* Estos hombres vienen para arrebataros vuestra li- 
bertad" responded: "la República no sufrirá que se nos aiTcbate," 
y reunios al rededor del Capitán general. El os lleva la paz y la 
abundancia. Reunios en torno suyo. El que ose abandonarlo 
traiciona la patria, y la indignación de la República lo aniquilará co- 
mo el fuego devora vuestras cañas secas. — Dado en Paris etc. — El 
Primer Cónsul. — Bouaparte." 

Xo estaba Leclerc dispuesto á esperar la respuesta de Tous- 
saint: quiso mas bien * aprovechar su ausencia y evitar el fuego 
mortífero que pudieran hacer las fortalezas de Picolet y Belair, y 
ganar las alturas del Guarico. Desembarcó sus tropas en el Lim- 
bo, promontorio á pocas leguas del Oeste y el Almirante se acer- 
có á la ciudad con la escuadra; pero apenas .supo Cristóbal este mo- 
vimiento, hizo incendiar la ciudad por distintos puntos, de modo 
que cuando llegó el General Leclerc la encontró ardiendo. Desem- 
barcó la tropa uniéndose ál cuerpo del general Humbert, consi- 
guiendo solamente ocupar un pequeño número de casas de la parte 
baja de la ciudad. Cumplió Cristóbal su amenaza y se retiró con 
sus tropas con muy poca pérdida. En cuanto á la otra amenaza 
de degollar á los blancos, debemos decir en honor de Cristóbal que 
jamás lo pensó; aunque se llevó en rehenes á mas de dos mil de 
ellos. Todo ésto sucedió en el transcurso de cinco dias, y Toussaint 
que estaba en el interior de la isla, luego que tuvo noticia de lo ocu- 
rrido, adoptó todas la medidas que creyó oportunas, como se deduce 
de la carta que dirigió al General Domage, que mandaba en Je- 
remías y que fué publicada en los papeles públicos: 

"Mi querido General: Os envió á mi edecán Chanay, que os 
entregará el adjunto despacho y os explicará la comisión que lleva. 
Los franceses y ios blancos de la colonia quieren arrebataros vues- 
tra libertad. Muchos buques de guerra han recorrido nuestras 
costas, y tropas numerosas acaban de apoderarse del Guarico, Puer- 
to Republicano y Puerto Libertad. El Guarico, después de una 
obstinada resistencia, ha cedido, pero el enemigo sólo ha encontrado 
cenizas: se han hecho volar las fortalezas y todo ha ardido. La vi- 



HISTORIA DB SANTO DOMINGO. 177 

lia de Puerto Kepublicano y Bayajá se bao entregado al enemigo 
por traición del General de brigada Age, y la fortaleza Bisoton se ba 
entregado sin tirar un tiro por perlidia del jefe de batallón Bardet, 
otícial antiguo del ejército del Sur. El General de división Dessa- 
lines mantiene un cordón de tropas en la Oroix-des-Bouquets y 
los demás lugares están á la defensiva. — Gomo Jeremías está situa- 
da ventajosamente, podréis sosteneros y defender la plaza con vues- 
tro valor acostumbrado. Desconfiad de los blancos, porque os ba- 
ráu traición si pueden; lo que ellos desean es sin duda el restable- 
cimiento de la esclavitud. Entre tanto os doy carta blanca; todo lo 
que hagáis estará bien hecho. Levantad en masa á los cultivado- 
res y hacedles comprender que no deben tener ninguna confianza 
en esos hombres artificiosos que han recibido proclamas de Fran- 
cia en secreto y que las distribuyen clandestinamente para sedu- 
cir á los amigos de la libertad. — He dado órdenes al General Laplu- 
me de quemar los Cayos, los otros lugares y las habitaciones si no 
pueden resistir al enemigo, y en este caso todas las tropas de las 
guarniciones y los cultivadores irán á auxiliaros en Jeremías. Man- 
teneos en buena inteligencia con el General Laplume á fin de que 
el servicio se ejecute bien y fácilmente. Haced todo lo posible pa- 
ra informarme de la situación en que os encontráis. Confio entera- 
mente en vos y os dejo en libertad de hacer todo lo que juzguéis á 
propósito para romper el yugo atroz de que estamos amenazados. — 
Salud y amistad. — Toussaint Louverture." 

Ya desembarcadas las divisiones francesas, creyó el General 
Leclerc que debía ejecutar el plan de apoderarse de Toussaint an- 
tes de penetrar en el interior de la isla. Sabia la extremada sen- 
sibilidad de este negro y resolvió sacar ventaja de ello. Envióle 
un emisario acompañado de sus hijos á la habitación Ennery^ á 
diez leguas del Guarico. 

Coisnon, maestro de aquellos jóvenes, fué el encargado de en- 
tregar la carta y presentarle sus hijos, que se habían educado en 
Francia, para conmover á Toussaint. Según las instrucciones re- 
cibidas, debia permitir á sus educandos que abrazasen á su padre; 
pero no que se quedasen con él si no ofrecía obedecer ciegamente. 
Si estaba conforme, debía trasladarse al instante al Guarico para 
recibir órdenes de Leclerc y ser su segundo en el mando; pero que 
en el primer caso quedarían los hijos como rehenes. Esperábase 
que el amor paterno vencerla al patriotismo, y como no habia aun 
seguridad del éxito, se pidió salvoconducto del Teniente general 
para poder regresar al Guarico. 

Cuando Coisnon y los jóvenes llegaron á Ennery estaba Tous- 
saint ausente, ocupado en los urgentes negocios que lo llamaban 
al centro de la isla. La esposa de Toussaint recibió á sus dos hijos 
con transportes que expresaban la alegría de volverlos á ver después 
de siete años de ausencia. Eran ya grandes y tenian ya todas las 
gracias de la juventud. El mayor era casi un hombre. La madre, 
muy agmdecida, suplicó á Coisnon que aguardase el regreso de 
Toussaint, en lo que convino, esperando que ella lo ayudarla en 



178 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

la empresa de reducirlo. El la persuadió de que no babia ningún 
siniestro designio contra la libertad de que K^)zaban, y que así lo 
babia manifestado á todos los negros que babia encontrado: que el 
propósito era solamente restablecer la paz y que la isla se sometie- 
se á la autoridad de la Kepública. La buena señora lo creyó todo, 
y bacia votos por que su marido contiase en aquellas ofertas. 

Al momento se envió un correo en busca de Toussaint, y éste 
regresó con mas celeridad de la que acostumbraba; pero como esta- 
ba muy lejos no llegó basta dos dias después. Los dos hijos corrie- 
ron al encuentro de su padre que con emoción que no pudo ocultar 
los apretó largo tiempo en sus brazos sin poder protierir una pala- 
bra. Así dominado por sus sentimientos de padre, extendió lue- 
go sus brazos al que miraba como tutor de sus bijos. Creyó Cois- 
non que aquel era el momento favorable, viendo que las lágrimas 
eran intérpretes de aquellas tiernas emociones, y antes de resolverse 
á admitir el abrazo, le pintó con vivos colores las ventajas que repor- 
tarla uniéndose á los franceses y los males que le sobrevendrían de 
su negativa; esforzándose en demostrarle la imposibilidad de que 
pudiesen los negros resistir á las legiones que liabian acabado con 
la coalición europea, y le protestó (¡ue no se trataba de atentar á su 
libertad ni á la de los negros, y en fíu le dijo que en caso de negati- 
va, iba á ser separado para siempre de sus bijos. Inmediatamente 
le entregó Ooisnon la carta del General Leclerc á la que iba adjun- 
ta la del Cónsul que era como sigue: 

"Al ciudadano Toussaint Louverture, General en jefe del ejercí- 
to de Santo Domingo. — Ciudadano General: la paz que acabo de 
concluir con Inglaterra y todas las potencias de Europa, ponen á 
la República en la mas eminente altuia y le permiten dirigir su 
atención á Santo Domingo. Os enviamos al General Leclerc. nues- 
tro cuñado, en calidad de Capitán General y primer Magistrado de 
la Colonia. Va acompañado de un ejército capaz de bacer respe- 
tar la soberanía del pueblo francés. Esperamos que hoy nos probéis 
lo mismo que á Francia, la sinceridad de los sentimientos que nos 
habéis manifestado en todas vuestras cartas. Nosotros tenemos por 
vos la mayor estimación, y deseamos reconocer y proclamar los im- 
portantes servicios que habéis hecho al pueblo francés. Si la ban- 
dera nacional flota en Santo Domingo, á vos y á vuestros bravos 
negros se lo debemos. Elevado por vuestro talento y por la fuerza 
de las circunstancias á la Comandancia en Jefe, habéis ahogado las 
discordias civiles, reprimiendo los desórdenes de algunos honíbres 
feroces, y repuesto en su alto lugar la religión y el culto de Dios, 
creador de todas las cosas. — La posición en que os habéis encontra- 
do, cuando, rodeado de enemigos, no podíais recibir ningún socorro 
de la metrópoli, hizo legítima vuestra Constitución, que no podría 
serlo sin este antecedente; pero boy, que las circunstancias lian 
variado felizmente, vos seréis el primero en rendir homenaje á la so- 
beranía de la nación, que os cuenta entre sus mas ilustres ciudada- 
nos, por los servicios que habéis prestado con vuestro talento, y la 
fuerza de carácter con que la^naturaleza os ha dotado. Una con- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 179 

duct^ contraria destruiría enteíamente la idea que tenemos de vos. 
Os privaría de los derechos que tenéis al reconocimiento y la recom- 
pensa de la República, y al)riria bajo vuestros pies un precipicio 
que tragáudoos, contribuirla ú, la desgracia de esos valientes negros, 
cuyo valor alabamos y á quienes tendríamos la pena de castigar 
como rebeldes. — Os enviamos vuestios hijos; les hemos hecho com- 
prender, como también á su maestro, los sentimientos que nos ani- 
man. Ahora, pues, ayudad con vuestros consejos, crédito y talen- 
to, al Capitán General. ¿Qué podéis desear? Consideración, ho- 
nores, riquezas? ¿No sou bastantes los servicios que habéis hecho, 
y los que aun podréis hacer con la estimación personal que se ha- 
ce de vos? Qué! ¿podéis dudar de la consideración, fortuna y ho- 
nores que os esperan? — Haced saber á los habitantes de Santo Do- 
mingo que las circunstancias imperiosas de la guerra han hecho 
inútil la tierna solicitud que Francia tiene por ellos: que en lo su- 
cesivo la paz y la fuerza del gobierno asegurarán su prosperidad y 
su independencia. Decidles, que si la libertad es para ellos la pri- 
mera necesidad, no pueden poseerla sino con el título de ciudadanos 
franceses, y que todos los actos contrarios á los intereses de la pa- 
tria y á la obediencia debida al gobierno y al Capitán General, 
serán ptros tantos atentados contra la soberanía nacional, que bo- 
rrarán la memoria de los servicios pasados y volverá á ser Santo 
Domingo teatro de una guerra horrible en la cual se verán dego- 
llarse los hijos y los padres. — Y vos, Geuenil, acordaos de que jsi 
sois el primero de vuestro color que ha llegado á tan alto grado de 
poder, y tanto os habéis distinguido por el valor y el talento, sois por 
la misma razón el mas responsable de su conducta ante Dios 
y nosotros. — Si algunos descontentos les dicen á los que han fi- 
gurado en la revolución de Santo Domingo que venimos á juzgar lo 
que ellos hicieron en los tiempos r^ilamitosos; aseguradles, que sólo 
tendremos en cuenta la conducta que observen ahora, y que 
sí volvemos la vista á lo pasado, no será sino para traer á la memo- 
ria los actos memorables contra los españoles é ingleses, vuestros 
enemigos en aquel tiempo. Contad enteramente con nuestra es- 
timación, y sed buen patriota como debe serlo uno de los primeros 
ciudadanos de la nación mas grande del mundo. — El Primer Cón- 
sul. — Bonaparte." 

Isaac, el mayor de los hijos de Toussaint, refirió entonces á su 
padre con cuanta bondad habian sido tratados por Bonaparte él y su 
hermano, y la alta consideración con que el Primer Cónsul distin- 
guía á Toussaint y su familia. El mas joven hizo un breve discur- 
so que se le había ensenado, y ambos emplearon su elocuencia na- 
tural para obligar al padre á aceptar los ofrecimientos que se le 
hacian. La madre anegada en lágrimas unió sus súplicas á las de 
sus hijos. Toussaint estuvo indeciso por un momento. Coisnon, 
que veia su agitación, manifestó una indiscreta alegría, y lo exhor- 
taba encareciendo la necesidad de que sin pérdida de^momento fue- 
se al Guarico á ponerse bajo las órdenes del General Leclerc. Tous- 
saint, desconfiando, y viendo confirmadas las sospechas que le ins- 



180 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

piraba la conducta de los blancos, tomó un aspecto tianquilo, se se- 
paró suavemente de su mujer y sus hijos, y llevó á Coisnon á otro 
apt^sento donde le dijo: "Volved á encargaros de mis bijos; quiero 
ser fiel á mis hermanos y á Dios." 

Viendo Coisnon que todas sus exhortaciones eran inútilevS, quiso 
y pretendió que Toussaint entrase en acomodaniientos. Ofrecióle 
Toussaint enviar su respuesta á casa del General Leclerc; pero no 
quiso volver á ver á sus hijos, ni exponerse en Ennery á una se- 
gunda entrevista. Antes de transcurrir dos horas, volvió á montar 
á caballo y salió para el campamento. 

El dia diguiente contestó la carta del General Leclerc, envian- 
do su respuesta por medio de un francés llamado Mr. Grenville que 
era el maestro de sus otros hijos menores, el cual encontró á Cois- 
non y los hijos de Toussaint en el camino del Guurico. 

£1 general Leclerc escribió otra carta á Tousaint, y la corres- 
pondencia continuó al«íunos dias, merced á la tregua que se había 
convenido; pero expirado el termino, y viendo Leclerc que Tous- 
saint estaba como antes, sin decidirse á someterse, se impacientó 
con la demora; y habiendo llegado el Almirante Gantheanme con 
2.300 hombres, resolvió romper las hostilidades con todo el vigor 
posible mientras llegaba el Almiíante Linois que debia traeiie re- 
fuerzos. 

El diez y siete de Febrero publicó Leclerc una proclama decla- 
rando «i, Toussaint y Cristóbal fuera de la ley, y mandando tratar- 
los como enemigos; y para promover la deserción de sus tropas y ge- 
nerales negros, se les hacia las promesas mas halagüeñas. Les 
ofreció emplearlos inmediatamente, darles grados en el ejéicito de 
la República, y para inspirarles mas confianza fueron premiados 
con grados de ascenso los oficiales negros y de color que hablan ve- 
nido con el ejército. A los cultivadores no se les dijo nada que 
pudiera darles á entender que la esclavitud podia volver á restable- 
cerse en la isla; y aunque habia en el ejército muchos colonos an- 
tiguos, se declaró solemnemente que la República respetarla la liber- 
tad de los habitantes de Santo Domingo, cualquiera que fuese su co- 
lor. Tal era la situación cuando se principió la guerra, en la cual des- 
plegaron los franceses el valor que los habia distinguido en Europa 
y una perseverancia digna de elogio, en terrenos dificultosos, bien 
que es preciso reconocer que si no hubiesen sido ayudados por un 
gran número de negros y por la circunstancia de haber permaneci- 
do tranquilos los cultivadores en sus posesiones, espectadores neu- 
trales de la contienda, les habria sido imposible penetrar al interior 
de la isla después de los diferentes encuentros que van á verse mas 
adelante. 



Mf5M 




w^i 




Posiciones del ejército francés y del de los negros al abrirse la 
campaña. — Batalla librada por ToKSsaint, — Evacúa Dessalines la 
Crete-á-Pierrot. — Encuentros de Plaisance y de la llanura del 
Norte. — Proclama del General Leclerc. — Ríndense Cristóbal^ Des- 
salines y Paul Louverture, y por último el mismo Toussaint se ve 
obligado á retirarse á su hacienda. — Prisión y embarque de 
Toussaint. — Es conducido d Francia y confinado en el castillo de 
Joux en él Besangon. — Se restablece el gobierno colonial. — Rebelión 
y alzamiento de DessalineSy y sucesivamente de todos los caudillos 
negros. — Muerte del General Leclerc. — Sucédele el General Ro- 
chambean que evacúa la isla. — Proclama de los negros. — 8itua. 
cion del departamento de Samaná, 




f 



A parte española fué tomada por los franceses á poca costa co- 
mo se lia visto. El General Kerversau se presentó en el puerto 
de Santo Domingo con su fragata y quinientos hombres de desem- 
barco; y aunque el General Paul Louverture quiso resistir, valido 
de que tenia una guarnición de mil ochocientos negros, ciento cin- 
cuenta dofninicanos resueltos se opusieron abiertamente á tal de- 
signio, y en la noche del 8 de Febrero,^ no habiendo podido desem- 
barcar la tropa, acometieron á las guardias de la puerta y del fuerte 
de San Gil y las destrozaroír, con lo cual se franqueó el puerto, y el 
General Kerversau tomó posesión del gobierno haciendo capitular 
al negro Pablo Louverture que con su ejército se refugió en la co- 
lonia francesa. 

En el otro departamento, cuya capital era la ciudad de San- 
tiago, se verificó la entrega con mas tranquilidad. El obispo Gui- 
llermo Monviell, que era fntimo amigo del Comandante, el mulato 
General Clervaux, interpuso su mediación para apaciguar los áni- 
mos, sinembargo de que ya se movian algunos vecinos para ape- 
lar á la fuerza. Se retiró el General Clervaux con su tropa y tomó 
posesión el General Claparede, que realmente gobernó el departa- 
mento á satisfacción de los habitantes. Era hombre sensato y de 
brillante educación. Luego sucedió otro General de brigada, joven 
austero j de una s^iveridad grande, nombrado Panfilo Lacroix. Se- 
guidamente se encargó del mando otro General, alemán de naci- 
miento, nombrado Merk, de estatura agigantada; y por último el 
General Ferrand, que desempeñó el gobierno hasta que se vio for- 
zado por los sucesos posteriores á retirarse con sus tropas para la 
ciudad de Santo Domingo. En todo este tiempo no ocurrió en la 
parte española ningún suceso extraordinario. Los vecinos y mer- 



182 HISTOEIA DE SANTO DOMINGO. 

caderes de los pueblos y campos formaban rail proyectos Lalagüe- 
ños, y creyendo que estos franceses eran los mismos que en otro 
tiempo babian proporcionado á la isla tanto esplendor, se entrega- 
ron confiados á sus habituales tareas. Pero no eran los soldados 
vencedores en Egipto y en Alemania los que podian restablecer el 
orden y la prosperidad: muchos eran los negros, estaban bien pro- 
vistos de armas y disciplinados, y decididos á mantener la libertad 
de Santo Domingo y continuar la revolución. 

Temiendo Toussaint, que los franceses empezasen la guerra 
por el Norte, acampó con sus mejores tropas en Breda, donde per- 
maneció algunos dias esperando á Leclerc. La disciplina de los ne- 
gros era admirable: manejaban el canon casi todos los soldados, lo 
mismo que la bayoneta. El terreno les proporcionaba un modo de 
combatir singular. Batallones enteros se ponian en emboscada y 
recK)rrian muchas posiciones, que se comunicaban desde larga dis- 
tancia. Así era como los negros, con su continua actividad y supe- 
rior conocimiento del terreno, desconcertaban los planes de los ge- 
nerales franceses. 

Se abrió la campaña en 7 de Febrero, dia en que Leclerc pu- 
blicó su proclama ordenando la concentración de todas las tropas 
que hablan desembarcado. En consecuencia, la división del Gene- 
ral Desforneaux se dirigió á Limbe: la del General Hardy al Gran- 
Beauchamp y Montañas, y la del General Rochambeau al Anse y 
á las Tenerías. Un cuerpo de ejército compuesto de las guarnicio- 
nes del Guarico y Bayajá tomó el rumbo de Santa Susana y Vallié- 
re. Encontraron estas tropas dificultades, porque continuamente 
eran atacadas por los negros; pero al fin ocuparon sus respectivas 
posiciones. 

El dia 18 las tres primeras divisiones acamparon en el Dondon 
y San Rafael, al rededor de Plaisance; y el lí) el General Desfor- 
neaux la tomó sin resistencia, porcpie el Comandante de los negros 
desertó su causa y se unió á los franceses con doscientos hombres 
de caballería y trescientos infantes. La división del General ILardy 
se apoderó de la Marmelade, porque el General Cristóbal que la 
mandaba, mirando la traición del Comandante del Morne, Bons- 
peu, que lo entregó sin disparar un tiro, se retiró con sus tropas en 
buen orden. La del General Rochambeau tomó á San Miguel, (jue 
opuso débil resistencia, aunque la plaza tenia cuatrocientos hombres 

Entre tanto, el General negro Maurepas habia conseguido ven- 
tajas sobre el General Humbert, por lo cual Leclerc, i)ara desalo- 
jarlo de los atrincheramit?ntosque aquel ocupaba en Puerto Prín- 
cipe, destacó al General Debelle, peio no lo consiguieron, y el 20 su- 
frieron los franceses grandes pérdidas. 

El General Bondet recibió orden de dejar á Puerto Príncipe 
y dirigiree á la Oroix-des-Bonquets, pero los n(\gros lo abandonaron 
después de darle fuego. Entonces el General Dessalines, que man- 
daba los negros de este departamento, atravesó las montañas é in- 
cendió la ciudad á la vista de una fragata francesa que habia veni- 
do á protejerla, á tiempo que el General negro Laplume desertaba 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 183 

con todas sus tropas y se reunía al General Bondet. 

El 22 se posesionaron de un puesto cerca de Plaisance, que 
Iiabia abandonado Laplunie, las divisiones Desforneaux y Hardy. 
Cristóbal trató de impedirlo para salvar un depósito considerable 
de gente que estaba cerca, pero tuvo que contentarse con cortar 
parte de las fuerzas francesas y retirarse luego á Bayamar: allí se 
mantuvo á la defensiva, y después de varias escaramuzas se retiró 
á Gonaives. 

El 24, el General Rochambeau bajó al arroyo las Culebras. 
Toussaint habia colocado ventajosamente su guardia, que se com- 
ponia de mil (quinientos granaderos, cuatrocientos dragones y mil 
doscientos hombres de diferentes cuerpos. El choque fué terrible. 
Toussaint se batió cuerpo á cuerpo. Los negros manifestaron valor 
y tenacidcid admirables, pero al fin se vieron obligados á retirarse 
dejando ocliocientos cincuenta en el campo. Toussaint se dirigió á 
la Petit Goave y Leclerc á Gonaives. 

Escribiendo el General Leclerc al Cónsul Bonaparte su cuña- 
do, dos dias después de esta batalla, decia: "Es necesario haber vis- 
to este pais, para tener idea de las dificultades que presenta á cada 
paso. Nunca encontré yo iguales obstáculos en los Alpes.'' 

El 27 tomó el General Bondet á San Marcos, y las ventajas 
que los franceses obtuvieron por todas partes coadyuvaron á que 
fueran creídas las promesas del General Leclerc á los negros y que 
la mayor parte de los adictos á Toussaint, comenzaran á cansarse 
de semejante guerra; de modo que cada dia algunos de sus jefes se 
pasaban al ejército francés; y vino á resultar de esto y de los cho- 
ques sangrientos que se sucedían, que á fines de Febrero no tenían 
sus generales mas recurso que reolutar entre los negros cultivado- 
res, los cuales tras cada denota abandonaban sus bandeías, en tér- 
minos que el jefe perseguido se retiró con sólo algunos centenares 
de hombres, venciendo obstáculos inconcebibles y dolorosos contra- 
tiempos- 

Con todo, Toussaint no desesperaba: le era imposible hacer 
frente á sus enemigos, pero no se declaraba vencido. 

En tanto que los franceses se fatigaban en marchas forzadas y 
combatían por posiciones inútiles, él iba y venia á su gusto sin 
obstácul«)8. AteniéndOvSe ala experiencia de las guerras pasadas, 
creia firmemente, y los sucesos posteriores confirmaron su pronós- 
tico, que los franceses al fin y al cabo serian aniquilados á pesar de 
los refuerzos que les vinieran. Habia sido Toussaint desalojado de 
todos los puntos de la costa, pero la táctica que habia adoptado y la 
fuerte constitución de los negros eran recursos que le prometian el 
triunfo definitivo. Por otra parte, la conducta de los franceses le 
hacia prever que aipiellos negros que liabian sido seducidos por el 
halago, volveiian al fin á sus banderas arrepentidos de su error. 

A principios de Marzo llegó el General Leclerc á Puerto Prín- 
cipe, plaza de la cual se había apoderado sin dificultad el General 
Bondet. Encontró la plaza en buen estado, y por lo tanto fijó en 
ella su cuartel general, y se dispuso a comenzar con vigor las ope- 



184 HISTORIA DE SANTO DOMINaO. 

raciones. Su primer objeto fué sitiar el puerto de Crete-á-P¡eiTot, 
entre San Marcos y Puerto Príncipe, que liabian fortificado los in- 
gleses cuando su invasión, y estaba en poder de los negros. Em- 
pleó casi todo su ejército en el empeño de hacer prisionero al Gene- 
ral Dessalines, uno de los caudillos negros mas valerosos y empren- 
dedores. Corrió mucha sangre. El General Hardy pasó á cuchi- 
llo seiscientos negros. Tomaron á la bayoneta á Trianon. El Ge- 
neral Salinas condenó á muerte á todos los negros que capturó en 
un pequeño puerto; y el General Kochambeau .destruyó todos los 
pueblos que encontró á su paso. El sitio fué vigoroso y la defensa 
firme; pero al fin, después de haber puesto en salvo varios objetos 
preciosos y engañado á los sitiadores, salió de la plaza Dessalines 
una noche con una de sus divisiones. Tres noches después inten- 
tó hacerlo mismo el resto de la guarnición, pero sólo una parte de 
ella pudo lograrlo, habiendo sido sacrificado el resto y de ese modo 
quedó Orete-á-Pierrot en poder de los franceses habiendo perdido 
uno de sus mejores generales y gran parte de su efectivo. 

Satisfecho Leclerc con este resultado, creyó que el mejor me- 
dio de asegurar su conquista era volver á reunir á los negros en 
sus habitaciones, y con ese fin publicó á mediados de Marzo una 
proclama y ordenanza por la cual devolvía á los propietarios de la 
colonia y á sus apoderados, toda la antigua autoridad que hablan 
tenido sóbrelos negros. 

Esta conducta asombió á los colonos y á los negros. Los pri- 
meros temieron con razón lo impracticable del proyecto, y muchos 
se abstuvieron de cumplirlo, y los segundos reconocieron que ha- 
blan sido engañados por Leclerc; y hasta los que estaban militando 
con los franceses desde el piincipio temblaron por su libertad. Es- 
tos se hallaban {vigilados, distribuidos en pequeños destacamentos 
y reformados, lo cual debilitaba su fuerza; pero Toussaint, siempre 
infatigable, se propuso sacar partido de la imprudencia de los fran- 
ceses. Observó que por apoderarse de Crete-á-Pierrot hablan aban- 
donado sus enemigos todo el litoral del Norte, y aprovechándose de 
esa falta, acordó con Cristóbal, quien disponía de trescientos solda- 
dos, que en lugar de huir á las lomas se apresurasen á ganar la cos- 
ta septentrional; y llegado á Plaisance, desbarató las tropas del Ge- 
neral Desforneaux y acometió á Dondon y Marmelade. Por todas 
parte convocó á los cultivadores ó esclavos de las habitaciones, los 
cuales se apresuraban á seguir sus banderas, y con estas fuerzas se 
arrojó sóbrelos franceses que tuvieron que retirarse al Guarico. 
Toussaint no tenia artillería, y sinembargo bIo(iueó la ciudad, y la 
hubiera tomado á no ser por el socorro de la aimad^i, que desem- 
barcó gente. Los franceses levantaron baterías con las cualrs 
auxiliados por los cañones de los buques hacian fuego á los sitiadlo- 
res. Entonces llegó el General Hardy del Sur con su división y el 
General Leclerc tuvo que abandonar sus conquistas y regresar á 
Puerto Príncipe. Todo esto fué obra de quince dias y los franceses 
estaban en tal conñicto á mediados de Abril, que Leclerc, sitiado, 
y creyendo no poder mantenerse, pensó evacuar la plaza y retirarse 



HISTOBIái DE SANTO DOMINGO. 185 

por mar á la parte antes española. 

Inmensos fueron los males y sufrimientos del ejército francés 
por razón del gran niiniero de personas reunidas en el Guarico; por- 
que entonces fué cuando la peste se declaró, y muchos que habían 
escapado felizmente del hierro y del fnego, sucumbieron víctimas 
del mal. Envió Francia refuerzos considerables, pero Toussaint 
apretaba mas y mas el sitio; aimque los franceses destruían sus 
atrincheramientos. Entonces conoció Leclerc que leerá imposible 
llevar á término su empresa si no inventaba nuevos arbitrios; pero 
ya era difícil mejorar la vSituacion. Con todo, apeló á nuevas pro- 
mesas y halagos para grangearse la confianza, y resolvió intentar 
otra prueba con mas prudencia, expidiendo al efecto la siguiente 
proclama: 

"El General en jefe á los habitantes de Santo Domingo. — 
Ciudadanos: Ha llegado el tiempo en que la tranquilidad suce- 
da al desorden que se ha originado naturalmente de la oposi- 
ción que han hecho los rebeld(?s al desembarco del ejército de Santo 
Domingo. — La rapidez de las operaciones y la necesidad de proveer 
á la subsistencia del ejército, me han impedido ocuparme de la or- 
ganización definitiva de la colonia; además yo no podia formar idea 
de un pais que no habia visto, y me era imposible conocerlo, y mu- 
cho menos su pueblo, que durante diez años habia estado en re- 
volución. La Constitución provisional que daré á la colonia, pero 
que no podrá ser definitiva, hasta que se haya aprobado por el go- 
bierno francés, tendrá por base la libertad é igualdad de todos los 
habitantes de Santo Domingo sin distiiícion cíe color. Oofnpren- 
derá esta Constitución las siguientes secciones: 

Primera: La administración de justicia. 

Segunda: La administración interior de la colonia y las medi- 
das conducentes á su defensa interior y exterior. 

Tercera: Los impuestos, su destino y el modo de cobrarlos. 

Cuarta: Los reglamentos relativos al comercio y la agricultura. 

Quinta: La administración de bienes nacionales, de suerte que 
resulten mas ventajosos al Estado y con menos perjuicios al comer- 
cio y á la agricultura. — Como es interés nuestro, ciudadanos, que 
todas las instituciones protejan el comercio y la agricultura, no he 
intentado esta empresa, sino con consulta de los individuos mas dis- 
tinguidos é ilustrados de la colonia. — He dado órdenes, en conse- 
cuencia, á los generales de las divisiones del Sud y Oeste, que esco 
jan de cada departamento siete ciudadanos propietarios y comer- 
ciantes, sin distinción de color, que con otros ocho que escoja yo 
por el departamento del Xorte, se reúnan en el Guarico en el pre- 
sente mes, para que me comuniquen sus observaciones sobre los 
planes que yo someta á su inspección. — No es pues una^Vsamblea 
deliberante la que establezco. Sé muy bien los males que seme- 
jantes reuniones han producido en la colonia. Se elegirán ciuda- 
danos de probidad é ilustración; les haré conocer mis designios; me 
comunicarán sus observaciones, y podrán dar testimonio á sus paisa- 
nos de los sentimientos liberales de que está poseído el Gobierno,— 



186 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Que los que sean elegidos consideien sn nombramiento como una li- 
songeni señal de la estimación que me merecen: que conozcan que 
sin sus consejos y dictámenes tal vez pudiera adoptar medidas de- 
sastrosas para la colonia, que á ellos mismos perjudicarían tarde 
ó temprano. Si ellos hacen esta reflexión se decidiián voluntaria- 
mente á dejar por algún ti(un[)o sus ocupaciones. — Dado en el 
Cuartel General del Guarico el 5 Floieal, año 109 de la Repúbliea 
Francesa. — El General en jete. — Leclerc." 

Puede verse por esta proclama como, sin confesar el eiTor que 
habia cometido al intentar el restablecimiento de la esclavitud, se 
disculpaba declarando que no babia tenido tiempo de formar un 
gobierno libre. 

Esta proclama fechada en 25 de Abril, se esparció por toda la 
isla y surtió el efecto que se propuso el General. Estaban causa- 
dos de gueria los negros excluidos de los principales imestos de la 
isla; como los extrangeros no podian comerciar con ellos, careciau 
de lo necesario para la subsistencia. Los cultivadores, obligados 
á vivir separados de sus familias ])ara mantener la lucha, no veiau 
otro camino que el de la paz para libertarse de azares y fatigas. 

Los refuerzos qne venían de Francia les quitaban la esperanza 
de terminar la guerra; y ellos, que combatían por su libertad, la cre- 
yeron aseguiada con la proclama de Lecleic. 

Sus ofrecimientos causaron una defección casi general en el 
ejército negro, y los gefes principiaron a entablar negociaciones. 
Los generales Olervaux y Paul Louverture tueron los primeros que 
se sometieron y tantas pruebas dieron de lealtad, (|ue trató el go- 
bierno de transigir con Cristóbal. Tuvo este una entrevista con el 
General Pressinet y últimamente con el General Leclerc, é hizo al 
fin su absoluta sumisión. Por este medio se consiguió que Tous- 
saint y Dessaliues enviasen parlamentarios al Guarico y que por 
último celebrasen convenios amistosos, obligándose Tc»ussaint á en- 
viar al Guarico tmlos los cuerpos militares adictos á su persona y 
Dessalines y Cristóbal á reducir a los negros cultivadores del N. y O. 
de la colonia, siendo todos mantenidos en sus empleos y sueldos. 
Este suceso favorable produjo el mayor regocijo, y el General Le- 
clerc creyó terminada su misión. 

Es curioso un rasgo de uno de los oficios de Leclerc y no quie- 
ro omitirlo. Decíale á Toussaint: ''General, trataré á vuestras 
tropas como á mí propio ejército. En cuanto á vos, creo que de- 
seareis vuestra tranquilidad y con razón. Cuando un hombre ha 
sostenido durante muchos años el peso del gobierno de Santo Do- 
mingo, yo creo (lue debe tener necesidad de descanso. Os dejo en 
libertad de retiraros á cualquiera de vuestras posesiones que desig- 
néis. Tengo bastante coníianza en el interés que sentís por la co- 
lonia, para creer que en vuestros momentos de ocio tendréis lugar 
de trasmitirme vuestro parecer sobre las medidas mas adecuadas pa- 
ra hacer florecer el comeicío y la agricultura. Luego que me ha- 
yan comunicado el estado de las tropas del General Dessalines, os 
enviaré mis instrucciones sobie las posiciones que deben ocupar." 



j 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 187 

Tonssaint se retiró á. una pequeña hacienda nombrada Loiiver- 
ture. Estaba situada en Gonaives, en la costa S. O. de la isla, á 
píica distancia de San Marcos. Allí, en el seno de su familia, au- 
sentes los dos hijos, á (jaienes no volvió á ver mas después que se 
retiraron para el Guarico, comenzó á gozar del reposo de que no ha- 
bía disfrutado en los últimos años. 

Entonces se declaró la horrorosa epidemia, que en poco tiem- 
po pobló los hospitales, siendo de las primeras víctimas los Genera- 
les Debelle, Doyen y Hardy; pero á pesar de esta calamidad, el Ge- 
neral en jete se ocupaba en sus peiu)sas tareas y tuvo (i bien enviar 
al General Dubureaux al departamento del Sud i)ara que se enten- 
cUeKe con el General negro Laplume, que lo habia conservado intac- 
to con una fidelidad admirable; retirándose poco después ala isla 
de la Tortuga con su familia, en busca de solaz y descanso. 

Los gefes negros, entre tanto, daban pruebas de que cumplian 
de buena te sus compromisos; y Dessalines en poco tiempo apaci- 
guó la insurrección de Carlos Belair, que sufrió pena de muerte por 
sentencia de una comisión militar, y los motines que ocurrieron en 
Saint-Souci y otras parroquias. 

El General Leclerc, ya fuese por temor de que Toussaint estu- 
viese en intehgencia con un cuerpo de negros revoltosos que esta- 
ban en las iumediaciones de su residencia, oraporíjue, según algu- 
nos creen, se le interceptaron dos cartas que dirigió al edecán del 
General Pontayne, que también lo habia sido suyo; ó porque lo cieyó 
conveniente para la tranquilidad de la colonia, dispuso las cosas del 
modo que va á verse. 

A mediados de Mayo, la fragata La Criolla^ convoyada por el 
líhvío Héro.% de setenta y cuatro cañones, salió del Guarico de no- 
che y fue á fondear á una pequeña bahía cer(*a de Gonaives. 
Otras muchas embarcaciones menoies, cargadas de ti'opas, aborda- 
ron cerca de la casa que habitaba Toussaint con su familia, rodeán- 
dola los soldados. Estaba durmiendo cuando el jefe de brigada 
Brunet, y Ferrari, edecán de Leclerc, entraron en su aposento con 
un pelotón de granaderos y le intimaron se diese preso, ordenán- 
dole que se trasladase en el acto con toda su familia á bordo de la 
! fragíita. Conoció TouSvsaint (pie la resistencia era inútil; y aunque 

^ pidió que dejasen en paz á su familia, no se lo otorgaron. Antes 

1^ que pudieran reunirse tropas que lo defendieran, fueron conducidos 
ala fragata y de allí trasbordados al navio Héros que sin demora 
se dio á la vela para Francia. 

A fin de justificar este procedimiento, se dijo que Toussaint tra- 
zaba un plan para recobrar su antiguo poder, pero sin prueba alguna. 
Pocos dias habían trauvscurrido desde la conclusión de la paz, y ape- 
nas habia llegado Toussaint á su casa, cuando los buques salieron 
del Guarico para aprisionarle. 

El General Leclerc habia tomado sus precauciones; asi fué que 
á pesar de la indignación de los oficiales y soldados negros, nada 
pudo frustrar sus planes. Hablan sido diseminados por toda la is- 
la, confundiéndolos con los soldados franceses que los vigilaban. 



188 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Dos gefesque estaban en las inmediaciones de Gonaives, corrieron, 
se armaron y atacaron las tropas que se llevaban á su antiguo Ge- 
neral; pero no pudieron libertarlo y la tentativa les costóla vida: 
fueron aprehendidos y fusilados. También fueron presos cien indivi- 
duos sin mas delito que la amistad de Toussaint, de los cuales fue- 
ron algunos embarcados en una fiagata y otros en varios bu- 
ques de la escuadra, y nunca pudo saberse cuál habia sido su suer- 
te, pues corrieron distintas versiones del suceso: unos decían que 
habían sido vendidos como esclavos en la costa de Berbería; otros 
que fueron arrojados al mar. 

Durante la travesía, no vio Tousvsaint á su familia, siempre 
custodiado por centinelas de vista. Habitando llegado á Brest, se le 
permitió despedirse de su familia sobre el puente; y embarcándole 
en una calesa cerrada, numerosa escolta lo condujo al castillo de 
Joux, en los confines del Franco-Oondado y de la Suiza. Permane- 
ció largo tiempo allí con un doméstico negro que estaba preso con 
él. La mujer de Toussaint estuvo dos meses detenida en Brest con 
sus hijos, y de allí fue conducida á Bayona. Se ignora cuál fué 
su destino después de este injustificable atropello. 

Al acercarse el invierno trasladaron á Toussaint del castillo de 
Joux á Besau9on en donde fué encerrado en un calabozo húmedo y 
obscuro. Calcúlese lo que sufrirla un hombre criado bajo el her- 
moso y ardiente cielo de las Antillas. Arrastró penosamente su vi- 
da durante el invierno y murió en la primavera siguiente. Los 
diarios franceses anunciaron su muerte acaecida en 27 de Abril de 
1803. De este modo acabó su extraña carreía este negro extraor- 
dinario por su inteligencia, su valor y sus virtudes, cuyas cualida- 
des le han merecido renombre entre los mas famosos de su raza. 

Restableció Leclerc inmediatamente el régimen colonial. • Con- 
servó algunos reglamentos nuinicipales y la ley marcial. Los dis- 
tritos fueron regidos por Comandantes de armas; y los notables de 
acuerdo C(m los subprefectos imponían las cont)ibuciones. A San- 
tiago, cabeza del departamento del Cibao, fueron enviados sucesi- 
vamente y después del General Claparede, los generales Lacroix, 
Merk y Ferrand, que gt)bernaion pacíficamente. 

Muchos cieyeron entonces que volverla la isla á disfrutar de 
una paz estable; pero en vano, porque ya con motivo del reciente 
ultraje hecho á Toussaint y su fanjilia, ó ya por las noticias que 
trajo el prefecto de la Barbada de que se habia restablecido la es- 
clavitud en las islas de Barlovento, los negros se sublevaron, y el 
General mulato que niandaba la vanguardia de Haut-du-Oap, 
Olervanx, desertó el 24 vendimiarlo llevándose todo su ejército y 
con él á su segundo el mulato Pétion, ayudante general que mas 
tarde figuró conspicuamente en la escena política. Seguidamente 
se rebelaron Cristóbal y Paul Louverture y á los tres dias se preci- 
pitaron los negros en el Limbo, donde tuvo lugar un furioso encuen- 
tro en el que estaban mandados los franceses por el General en jefe, 
el cual creyó conveniente hacer reconcentrar las tropas que estaban 
en Bayajá y Puerto Paix, cuyas plazas fueron evacuadas inraedia- 



tílSTORIA Dií SANTO DOMINGO. 18d 

tamente. El dia liltimo del mes se snpo que Dessalines, que esta- 
ba en el departamento del Oeste, se había rebelado también y ata- 
cado el fuerte de Gonaives, hasta obligar ú los franceses á evacuar- 
lo; y ese mismo dia cayó gravemente enfermo el General Leclerc, 
tal ve.^ abrumado por la previsión de los males que se preparaban, 
y que ya se hacían sentir en los^ contornos. Incendio de las ha- 
bitaciones y avsaltos repentinos obligaban á tomar venganza de los 
negros. Se hizo la guena sin cuartel y muchos prisioneros fueron 
ahogados en el mar. Estos desastres agravaron la enfermedad de 
Leclerc que al fin sucuíubió el dia 19 de Noviembre. Su cueipo fué 
embalsamado v llevado á bordo de un navio de la escuadra france- 
sa que mandaba el Almirante Latouche, quien lo condujo á Fran- 
cia, guardado por su esposa y un edecán. 

Recayó el mando por muerte de Leclerc en el General Rocham- 
beau que estaba en el Príncipe y se trasladó al Guarico. Era hom- 
bre de varios conocimientos y de experiencia; pero de poco le valie- 
ron en su apurada situación. Los negros por una parte, justamente 
iiTÍtados, y la peste por otra, hacían inútiles sus esfuerzos, á tiempo 
que los franceses se debilitaban. Se dice que murieron en la expedi- 
ción de Santo Domingo como cuarenta mil hombres. Por esta cau- 
sa las remesas de tropas de los puertos del Havre y de Cherbourg 
eran cada vez mas es(;asas y casi todas compuestas de reclutas de 
las provincias que conquistaban los ejércitos de Napoleón. Aniqui- 
ladas la tropas expedicionarias, se acogían & sus atrincheramientos 
á tiempo ([ue los negros acrecentaban su fuerza y se disponían á 
nuevas guerreras empresas. Eligieron á Dessalínes por General 
en gefe y se situaron en las llanuras del Guarico los Generales 
Cristóbal y Clervaux. Rochambeau tuvo que reconcentrar todas 
susjtropas, estacionadas en otros puntos, para defender la Capital. 
No vinieron á las manos en muchos días, mas al fin se batieron 
en Belair, donde fueron denotados los negros, perdiendo cerca 
de quinientos prisioneros, á los cuales condenó Rochambeau á 
muerte, sin reflexionar en las consecuencias. Enfurecido Dessa- 
lines, hizo levantar quinientas horcas y á todos los oficiales y solda- 
dos franceses que estaban prisioneros los ahorcó al amanecer del tlia 
siguiente. 

El departamento del Sud se mantenía tranquilo y en poder de 
los franceses. En el del Oeste conservaban aun las plazas de Puer- 
to Príncipe y San Marcos, y en el del Norte el Guarico y el M6le de 
San Nicolás. Engrosadas sus filas con uno de los refuerzos envia- 
dos de Francia, acometió el General Rochambeau la reconquista de 
Bayajá y del Puerto Paix, lo que se ejecutó bajo el mando del 
General Clausel. 

Poco después se tuvo noticia de que los insurgentes se habían 
apoderado del puerto de Miragoane y de Petit-Trou y se enviaron 
tropas suficientes para rescatarlos; pero ya no lo fueron para conte- 
ner á los mulatos, que indignados por haberse dado muerte al co- 
mandante de la gendarmería, Bardet, mulato popular, por orden 
del General Dubois, se sublevaron todos á la vez apesar del celo de- 



190 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

cidido del negro General Laplume, y todo el departamento fué 
puesto en cunmocion, porque siguieron las ejecuciones de Próspero 
de Bracbai y de otros muchos, que fueron sepultados en el mar. 
Se pusoá la cabeza de los rebeldes un mulato nombrado Ferron, 
quien después de manifestar sus agiavios, por única vengariza bizo 
embarcar á todos los blancos de (Joteaux y Saltrou remitiéndolos á 
los Cayos. Instruido el General en jete de estas ocurrencias, se re- 
solvió a mudar el asiento del gobierno á Puerto Príncipe, para es- 
tar mas inmediato. Efectivamente trató al punto de la reconquis- 
ta de Petit Goave; pero se malogró el intento y perecieron casi to- 
dos los invasores. Fue nombrado el General Brunet para reem- 
plazar al General Dubois, ausente; mas ya el incendio se extendía 
por todas partes. El General Serracin que llegó de Francia al Gua- 
rico se mantuvo en cabo Tiburón, donde tuvo que batii se con los 
insurgentes negros de las Tenerías. Los jetes Cangé y Geffrard 
se leuuieron á Ferron y hostilizaban por diversos puntos. Enton- 
ces, de acuerdo el General Brunet con el negro General Laplume, 
distribuyeron sus tropas en dos columnas para correr todo el de- 
partamento: la una mandada por el Coniandante Mafrand, que 
partirla de Tenerías y la otra por el Comandante Cereley. El Ge- 
neral Serracin se puso á esperar en la llanura las columnas; pero 
en vano porque la de Cereley compuesta de polacos, fué destruida 
por Ferron y sus mulatos y obligada á retirarse á Coteaux, y la de 
Mafrand fué batida completamente á quince leguas de Tenerías, 
por un negro nombrado Juan Luis Francisco, retirándose a un pe- 
queño pueblo nombrado Corail. Ferron se propuso capturar á Se- 
rracin en las llanuras de Forbek y Cayes, pero la oportuna coopera- 
ción de los Generales Brunet y Laplume le salvó. De esta manera 
terminaron los esfuerzos por conservar esta interesante parte de la 
colonia. En la llanura de Cul-de-Sac, vecina de Puerto Príncipe, y 
en las parroquias de Grand Bois y Mirebalais, departamento del 
Oeste, nada aconteció en aquellos dias, pero en el del Norte, amena- 
zado el Guarico, el General Clausel, que sucedió en el mando, esta- 
bleció un gran número de cavsas fuertes hasta la nu)ntaria, y celebró 
un convenio con los negros congos de ellas que no hablan querido 
someterse á Dessalines, para proveer el mercado de la plaza. El 
General negro Laplume obtuvo licencia para pasar á Francia, y po- 
co después apareció la fragata Infatigable^ de Brest, trayendo órde- 
nes al General en geíe para que se ti asladase con su cuartel general 
al Guarico; y en consecuencia se evacuaron el Grand-Bois y Mireba- 
lais. Fué general la consternación en el Príncipe al ver partir al 
Gobierno, por las presunciones de una declaración de guerra á los 
ingleses, aparte de los temores que infundían los negros, ya revuel- 
tos en todos aquellos contornos. 

El General Kochambeau llegó al Guarico, y á poco se presentó 
una escuadra inglesa de cuatro navios y muchas fragatas y barcos 
menores ante Puerto Príncipe y los Cayos, con lo cual quedó inte- 
rrumpida toda comunicación por mar y tierra entre los departa- 
mentos. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 191 

El General Feírand que quedó con el rnaudo de Puerto Prínci- 
pe, no pudiendo sostenerse, se embarcó para Cuba en el barco medio 
armado que babia en el puerto, dejando el mando al General La- 
vale tte. 

J5u el Sud el General Brunet, después de emplear los mayores 
esfuerzos babia contratado dos empréstitos, para sostenerse en las 
llanuras de los Cayos, pero al tin tuvo que retirarse y capituló con 
el comodoro Oumberland que mandaba la escuadra y se dirigió á 
Jamaica. 

En el Oeste, el General Lavalette capituló con el General Des- 
salines y se le dieron algunos días para retiraise, como lo efectuó 
embarcándose en la fragata Amable de Biírdeos y todo el ejército y 
mucbos vecinos en diferentes buques. Algunos de estos fueron 
apiesados; los otros llegaron á Cuba. 

San Marcos babia sido evacuado antes que Puerto Príncipe 
por capitulación con el Comandante de la frataga inglesa que cru- 
zaba delante del puerto. 

El General Fressinet evacuó igualmente á Jeremías y fué con- 
ducido por los ingleses á Jamaica. 

No quedaban á los franceses otias prosesiones en la colonia 
que el Guarico y el Mole de San Nicolás: todo lo demás estaba en 
poder de los negros. 

El General Dessalines, notando el estado de las cosas, reunió 
entonces todas sus fuerzas y vino á poner sitio al Guarico con quin- 
ce mil bombres. El ataque fué tremendo y quedaron en el campo 
mas de mil (luinientos muertos; pero el ejército negro estaba bien a- 
bastecido, mientras el de los franceses carecía de todo. En tales cir- 
cunstancias, el General Lapoipe, á nombni de los vecinos y del 
ejército propuso que se capitulase con los ingleses. Envió el Ge- 
neral Bocbambeau á su jefe de Estado mayor. General Boyer, á 
conferenciar, pero eran tantas y tan exageradas las condiciones, que 
creyó preferible, tiatar con el General Dessalines, como se ejecutó, 
señalándose diez dias para la evacuación de la plaza. 

Todo estaba dispuesto para embarcar la guarnición en los bu- 
ques que babia en la rada, y sólo se esperaba un momento para 
sorprender la vigilancia de los ingleses, pero fué en vano. El Ge- 
neral en jefe se vio precisado á ponerse con su ejército á discreción 
del Comodoro que mandaba la escuadra. 

El 9 Fiimario de 1804 todos los buques de guerra y mercantes 
salieron al mar á entregarse á la flota inglesa, y al propio tiempo 
el ejército negro bacia su entrada en el (juarico. Tomaron pose- 
sión los negros, y la escuadra inglesa aparejó para Jamaica. 

El General Noailles, que mandaba en el Mole, aprovechó el 
paso de la escuadra, y evacuando la ciudad, se incorporó á ella, y á 
favor de la noche con rumbo para la isla de Cuba; i)ero en las inme- 
diaciones del puerto de Nuevitas murió al atacar y dar el abordaje 
al buque de los del convoy de Jamaica encargado de su aprehensión, 
con la gloria de haberlo capturado. De esta manera tan desas- 
trosa terminó aquella imponente expedición cuya salida habia pro- 



movido en Francia simpatías generales, estimulando el ardor militar, 
provocado la codicia de los comerciantes y lisonjeado al gobierno. 
Los dos departamentos de la parte española estaban mientras 
tanto en paz, pendientes délos extraños sucesos y repentinos cam- 
bios de afiuellos dias. De la sorpresa que estos producían puede 
dar idea la siguiente anécdota. Con motivo de referirse la aparición 
de la escuadra inglesa al rededor de la isla, el cura de la ciudad de 
Santiago, Don Juan Yasquez, improvisó en una reunión la siguiente 
quintilla: 

Ayer Español nací, 

A la tarde fui Francés, 

A la noche Ftiope fui, 

Hoy, dicen que soy Inglés: 

Ko sé qué será de mí. 

El departamento de Samaná, en (¡ue residía el General Fer- 
rand, estaba tranquilo; pero no creyó que allí podria resistir á Des- 
salines. Estimó mejor bacer su retirada con la tropa al otro de- 
partamento del Engaño para reunirse al General Kervei-seau que 
allí gobernaba, y como aquel era mas antiguo que éste, resumió el 
mando y quedó est>¿iblecida esta nueva colonia sujeta al imperio 
francés 

Al dia siguiente de la evacuación del Guarico, se expidió una pro- 
clama firmada por los Generales Dessalines, Cristóbal y Clerveaux, 
declaratoria de la independencia de Santo Domingo. Decia así: 

"En nombre de los negros y hombres de color. — Se proclama 
la independencia de Santo Domingo. Vueltos á nuestra primera 
dignidad, hemos recobrado nuestros derechos, y juramos no dejár- 
noslos arrebatar, por ninguna potencia de la tierra. El velo de la 
preocupación está rasgado, y desgraciado quien quiera reunir sus 
girones sangrientos. — Propietarios de Santo Domingo, que erráis en 
países extraños, al proclamar vuestra independencia, no os priva- 
mosde posesionaros de vuestros bienes, lejos de nosotros tan injus- 
to pensamiento. Nosotros sabemos que entre vosotros hay muchos 
que han abjurado sus antiguos errores, renunciando á sus locas 
pretensiones y reconocido la justicia de la causa por la que derra- 
mamos nuestra sangre hace doce años. Trataremos como herma- 
nos á los que nos estimen: pueden contar con nuestra estimación y 
nuestra amistad y venir á vivir con nosotros. El l>ios que nos pro- 
teje, ese Dios de los hombres nos manda tenderles nuestros brazos 
victoriosos; pero con respecto á aquellos que ebrios de un loco orgu- 
llo y esclavos interesados de una pretensión criminal, se creen entes 
privilegiados para sostener que el cielo los destino á ser nuestros 
amos y tiranos, que jamás se acerquen á las playas de Santo Do- 
mingo, pues no encontrarían sino cadenas y destierros: que perma- 
nezcan donde están: que sufran los males que merecen, y que los 
hombres de bien de quienes han abusado tanto tiempo los abrumen 
con el peso de su indignación. Hemos jurado castig<ar á cualquiera 
que se atreva á hablar de esclavitud. Seremos inexorables y aun 



HISTOBIA DE SANTO DOMIN0O. 193 

crueles con los militares que veugau á tiaernos la muerte y la ser- 
vidumbre. Nada les cuesta y le es lícito a los hombres á quienes 
se trata de privar del primero de todos los bienes, hacer que cori*an 
ríos de sangre, que incendien las siete octavas partes del globo para 
defender su libeitad; son inocentes delante de Dios, que no ha crea- 
do los hombres para verlos gemir bajo un yugo vergonzoso. Si en 
los diferentes levantamientos han perecido algunos blancos inocen- 
tes, y de quienes no habia queja, siendo víctimas de la crueldad de 
algunos combatientes extraviados y cegados por el recuerdo de sus 
antiguos agravios, y que no distinguieron entre buenos y malos, 
nosotros llorando sinceramente su desgraciada suerte declaramos á 
la faz del universo que no hemos tenido en ello parte. Era imposi- 
ble en semejante crisis evitar los desórdenes. Los que saben la his- 
toria reconocen que el pueblo mas culto se precipita en el crimen 
cuando está agitado por las discordias civiles, y que los jefes, no 
siendo secundados efícazmente, no pueden castigar á todos los cul- 
pables, sin encontrar á cada paso nuevos obstáculos; pero hoy que 
la aurora de la paz nos presagia un tiempo menos borrascoso, y que 
la calma de la victoria ha sucedido á los desórdenes de una guerra 
terrible, Santo Domingo debe tomar un nuevo aspecto, y su Go- 
bierno debe ser en adelante, el de la justicia. — Dada en el Cuartel 
General de Bayajá en veinte y nueve de Noviembre de mil ocho- 
cientos tres." 

Así concluyó aquel año. Los negros, al recobrar la libertad, 
abolieron todos los nombres con que ha sido conocida la isla, susti- 
tuyéndolos con el antiguo de Haití con que la denominaban los in- 
dígenas cuando fué descubierta por Colon. 

El General Perrand organizó el país conforme á un decreto del 
Emperador NaiK)leon, y iortiticado completamente en Santo Do- 
mingo, fué aquel puerto predestinado para facilitar mas adelante la 
conquista de Haití. Pero el departamento de Samaná y las ciu- 
dades de Santiago, Vega y Cotuy evacuadas por los restos del ejér- 
cito francés, quedaron abandonadas, y desde luego el General Des- 
salines nombró como jefe para administrarlas al mulato José Taba- 
res que habia sido esclavo del vicario Don Pedro Tabares y coman- 
dante de Puerto Plata á Casimiro, en otro tiempo capitán de more- 
nos españoles; y su primera disposición fué imponer al departamen- 
to un millón de pesos para reparar los gastos de la guerra. 

Esta noticia alarmó extraordinariamente porque envolvía una 
amenaza tácita en caso de negativa, y así fué que algunas familias 
de las nobles del país y con bienes de fortuna aprovecharon este 
momento en que las autoridades eran personas conocidas que go- 
bernaban el departamento para emigrar tí la isla de Cuba por Puer- 
to de Plata y otros puntos, no obstante la expresa prohibición que 
pam ello se impuso. 

xVl recibir el Concejo Municipal que se habia formado en Santia- 
go semejante requisición y - vista la imposibilidad de hacerla efectiva 
en dinero sonante, determinaron elevar una súplica mui reverente 
al General Dessaiines, como se referirá bn el capítulo siguiente. 



Terror de los habitantes de ¡aparte española al ver el fin de la 
expedición franeesa, — Ferrando que gobernaba en el Cibao, se re- 
tira á la Capital para poder resistir mejor á Dessalin^s y sus hor- 
das, — Impone éste una contribución de guerra de un millón de 
pesos al departamento del Norte, — El Concejo Municipal de San- 
tiago pide prórroga al feroz caudillo negro ^ quien intima el cum- 
plimiento de sus órdenes. — Envia una guarnición de negros á San- 
tiago^ al mando del mulato dominicano Tabares. — Tornan los de 
Santiago á enviar otra comisión á Dessalines, sin resultado como 
la primera vez.-- Resuélveme loshabitantes á trasladarse á la Capi- 
tal de Santo Domingo para ponerse al amparo de sus fortalezas. — 
Envia Ferrand á su edecán Dervaux á Santiago^ quien bate y 
derrota á los negros que la guarnecian, — Evacúa Dervaux la ciu- 
dad, y trasládanse definitivamente los habitantes d Santo Domingo 
y otros lugares y de la Capital se embarcan para las colonias ve- 
cinas, — Los que quedan^ se disponen á resistir y asi lo participan 
á Ferrand.— Vuelve éste á enviarles al edecán Dervaux.— Por 
traición del Obispo Movicllj los santiagueros se indignan y atacan 
en las tinieblas á Dervaux. — Autoriza Ferrand á los de Santiago 
á darse un jefe, y recae la elección en el pardo Ser apio Reynoso 
de Orbe. — Pide paso Cristóbal para atacar la Capital, y le respon- 
den los santiagueros levantando trincheras para oponérsele. — 
Combata desgraciado y degüello de Santiago. — Sitio de la Capi- 
tal. — Forzados á levantarlo los negros, incendian de paso d San- 
tiago y degüellan á los habitantes de Moca,— Dessalines da una 
Constitución á la parte francesa llamada Hiútí 2>or los negros y se 
proclama Emperador. — Rasgos biográficos de este monstruo. 

RANDB'fue la sorpresa que sobrecogió á todos los habitantes de 
^ la antigua parte española al ver el final desenlace déla expedi- 
<^ ciou francesa; reconociendo que de hecho volvían á quedar bajo 
la dominticion de los negros, y no ya mandados por el caballeroso 
Toussaint, sino sometidos al poder del sanguinario Dessalines. Au- 
mentóse su temor al advertir el total desamparo en que quedaban 
por la retirada que efectuaba en aquehos momentos el General Fer- 
rand, quien, habiendo gobernado hasta entonces el departamento 
del Cibao, iba á trasladarse con su tiopa á la ciudad de Santo Do- 
mingo, don4e pensaba mantener alta la bandera de Francia; y no 
puede expresarse con palabras la consternación de la colonia espa- 
ñola. Subió de punto su angustia cuando se recibió la iutimacioa 




HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 195 

de DeSvsalines que imponía aquella excesiva coutiibucion de gueii'a 
al departamento. 

En tan apuradas circunstancias, reunida la Corporación Muni- 
cipal y muchos vecinos pudientes, convinieron en nombrar una co- 
misión que pasase al Guarico y suplicase al General la prórroga de 
tres meses admitiendo en pago prendas, efectos, y animales. 
Recibió el General afablemente á los comisionados, pero ofició man- 
dando cumplir sus órdenes, y seguidamente envió una guarnición 
militar de doscientos negros á las órdenes de Tavares, promovido 
al grado de Brigadier con la Comandancia general interina del De- 
partamento, sustituyéndolo poco después el mulato Faubert, que 
fué nombrado en propiedad. 

Próximo á cumplirse el plazo de la requisición, creyó el vecin- 
dario de Santiago obtener algo por medio de otra comisión; pero 
esta obtuvo el mismo nulo resultado que la primera, y los comisio- 
nados regresaron mustios y desconsolados. 

Entonces se resolvieion á trasladarse en masa á la ciudad 
de Santo Douiingo, para acogerse al amparo y protección del Ge- 
neral Ferrand, el cual despachó en el mes de Mayo á su edecán el 
Mayor Mr. üervaux con el Capitán Don Domingo Pérez Guerra 
para batir la guarnición negra de Santiago y posesionarse del de- 
partamento. Los negros se hicieron fuertes en la plaza mayor y 
los invasores se apoderaron de los restantes puntos de la ciudad, 
acometiendo á los negros con valor extremado. Tuvieron estos 
que capitular el dia 15 y á las dos de la tarde evacuaron la ciudad de 
Santiago, después de haber perdido nnicha gente. Como las fuer- 
zas que vinieron de Santo Domingo eran escasas y difícil llenar las 
bajas, y además corria la voz de que los negros que tenian tropas 
disponibles en la colonia, venian seguidamente á vengarse, creyó 
prudente Mr. Dervaux evacuar la ciudad como lo hizo á los dos 
dias. Entonces fué que desampararon los vecinos sus hogares y se 
dirigieron á Santo Domingo y otras poblaciones que creyeron mas 
seguras. Fueron inmensas las desgracias que experimentaron San- 
tiago, la Vega y el Cotuy. Saquearon las casas y propiedades 
abandonadas los malvados y ladrones. Poco después regresaron 
á Santiago aquellos vecinos que no habian podido alejarse, pero no 
volvieron las familias mas distinguidas del país. Convencidos de 
que no habia salvación posible para la patria, la abandonaron y de 
Santo Domingo emigraron para las islas de Cuba, Puerto Kico y 
Tierra Hrme, quedando desde aquella fecha reducida la población á 
los vecinos del estado llano y muy pocos individuos de las familias 
antiguas y nobles del país. Entre los (pie mas se distinguieron en- 
tonces fueron Don Andrés y Don Melchor JJodriguez, Don Diego 
Polanco, los hijos de Don Juan Jieyes y otros que, animados por 
el amor de la patria, volvieron á congregarse, formaron compañías 
y acopiaron municiones con til objeto tíe defenderse, y seguidamente 
dieron parte al General Ferrand paia que los auxiliase. Efectiva- 
mente, volvió éste á enviarles á Mr. Dervaux, y ya tranquila la ciu- 
dad, se sorprendió una carta que escribía el obispo Guillermo Mo- 



196 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

viell lie Santo Domingo al General Olervaux exliorti'mdole á vol- 
verá la capital. Persuadidos los santiagueses de que e^^to era una 
perfidia, y creyendo que en sus patrióticos sacrificios serian prote- 
gidos por España, á la que siempre volvian sus ojos, proyectaron 
sorprender la guarnición francesa y á su jefe Dervaux y se jma- 
luentaron al efecto. Se dio el golpe; pero el edificio en que estaba 
acuartelada la tropa, que era la casa de Don Antonio Picliardo pu- 
do resistir, y saliendo la gente á la ))laza se trabó un combate á os- 
curas en que perecieron veinte y siete franceses y algunos domini- 
canos. Don Melchor Rodríguez sorprendió los cuarteles en donde 
estaban las municiones, y oyendo el tiroteo de la plaza proveyó de 
cartuchos á su hermano Don Andrés. La guardia del General Der- 
vaux se defendió algún tiempo; pero al fin se entregó, lo mismo que 
la de otros puntos; y al amanecer vieron con indecible sentimiento 
unos y otros el estrago que entre sí se habian hecho los que milita- 
ban bajo una misma bandera. Quedaban detenidos el General y la 
tropa, que se retiró aun cuartel, lamentando la fatal equivocación 
que habia ocasionado aciuella desgracia; pero los heridos tomaron 
el camino de la Capital y denunciaron al General Ferrand que 
aquel atentado se^ habia cometido de acuerdo con los negros. 

Formóse el correspondiente sumario, fundado en la consabida 
delación, y se dio cuenta al General Ferrand que aprobó lo actuado. 
Recibió á Mr. Dervaux de mal talante v autorizó á los naturales á 

■ ■ 

que escogieran por jefe al que mereciera su confianza, como lo hi- 
cienm seguidamente los oficiales y notables del pueblo, recayendo 
la elección en Serapio Reynoso de Orbe, llardo, de educación y gran 
valor,que fue confirmada por el gobierno, festejándose la toma de po- 
sesión del jefe nativo. Sin demora se ocupó éste en guarneocír los can- 
tones y acopiar municiones para el abastecimiento de las tropas, 
y los vecinos se dedicaron otra vez al cultivo de sus haciendas, cre- 
yendo que habia pasado la borrasca. Pero este período de tranqui- 
lidad duró sólo hasta el dia 2() de febrero 1804; en que se apareció en 
Santiago Don Francisco Reyes, enviado del General Cristóbal (á 
quien habia sorprendido en su hacienda del Hospital en el Despo- 
blado) con un pliego para los jefes que mandaban en Santiago, en el 
cual les mauifestaba que trataba de pasar con su ejército, en núme- 
ro de nueve mil hombres, por Santiago para reunirse C(»n el General 
Paul Louverture que seguía por la banda del Sur para apoderarse 
de la capital de Santo Domingo, ocupada por los franceses; que faci- 
litándoles el paso, serian respetados en sus personas é intereses, 
pero que de lo contrario pasaría á todo el mundo por la espada sin 
perdonar ni á los niños. 

Reuniéronse los jefes para deliberar; y Reynoso de Orbe, sin 
embargo de las dificultades que habia que vencer para impedir el 
tránsito de los negros, no queriendo que los franceses vieran con- 
firmadas las sospechas á que habia dado margen el suceso relativo al 
General Dervaux y su tropa, sostuvo que era preciso resistir. Pe- 
ro para ganar tiempo en los preparativos de defensa, pidieron 
al Generaí^Cristóbal tres dias de téimino para contestar. Dada la 



HISTORIA DE SANTO DOMlNaO. 197 

contestación negativa, foimanm un fuerte á la orilla del Rio Yaque 
y otro en la Emboscada. Se presentaron los negros frente al pri- 
mer fuerte v se trabiS el combate. Perecieron mas de setecientos 
negros entre muertos y ahogados en el vado del rio, pero arrollaron 
á los doscientos hombres (¡ue defendían aquella improvisada trin- 
cUera. Siguiendo para Santiago, acomttienm el otro fuerte ó trin- 
cheras de la Emboscada en que pereció Serapio Reynoso, y al dia 
siguiente, lunes de Carnaval, cuando se decía la misa, entraron en 
Santiago tocando á degüello por todi/S los puntos. Ce-i carón la ciu- 
dad de tropas y principiaron la matanza cumpliendo lo que habian 
ofrecido. Dirigiéiimse á la iglesia nuiyor en <londe se habian re- 
fugiado los fugitivos y estaban congregados de antemano los fie- 
les ovendo la misa. Asesinaron alií á Fernando Pimentel v mu- 
chas otras personas, y la ciudad se cubrió de cadáveres de todas 
las clases sociales y todas las razas. Fué espantosa la desolación 
y horrible la carnicería. El cura Don Juan Vasquez tuvo una 
nuierte cruel: foe quemado vivo en el coro, sirviendo de pábulo los 
escaños y otros objetos combustibles de la iglesia. 

Don Francisco Campos, Don Francisco Escoto, Don Bartolo- 
mé Lortesa, Don José Nuñez v otros vcicinos amanecieron el mar- 
tes siguiente, desnudos y colgados en los balcones de la Casa Con- 
sistorial. Cortaron la cabeza á Don Juan Reyes y cumplieron al pié 
de la letra su amenaza; quedando de este modo Santiago abando- 
nado y sin un vecino, porque los que escaparon se ampararon en 
los montes mas ásperos hasta que logiaron embarcarse para cual- 
quier punto, de América á excepción de algunos prisioneros que 
ya condenados á muerte, quedaron perdonados por intercesión del 
mulato Tavares que nu'litaba con Cristóbal Después de haber 
ejecutado las mas horrorosas persecuciones por los campos con 
partidas sueltas que pillaban y mataban sin misericordia, piosiguió 
Cristóbal con su ejército para Santo Domingo, ala quesitianm los 
invasores del N. y del S. reunidos en número de veinte y dos mil, 
en Marzo de ISOo. Véase el parte que el General Ferrand dio de 
este suceso al Ministro de Marina: 

"Tengo la honra de comunicaros que desde el 6 del corriente 
los negros rebeldes á las órdenes de Cristóbal, Clervaux, Péthion 
y. Juan Felipe Dan, en número de ocho mil hombres, después de 
invadir la parte española, vinieron á sitiar á Santo Domingo. 
Se hicieron todos los preparativos de defensa: mi guarnición y las 
guardias nacionales se han portado con^uu valor sin igual; pero des- 
pués que llegaron los refuerzos que ha conducido la escuadra 
del contra Almirante Misiessi estoy al abrigo de cualquier aconteci- 
miento. Los negros han levantado el sitio porque temen perder el 
Cabo y los demás establecinñentos, y así se han retirado á la parte 
francesa. — El General de Brigada Du Barquier, que merece mu- 
chos elogios, fue heiido el dia 10 en una salida. Estoy también 
muy satisfecíio de la buena conducta del Capitán Ausenac. Vamos 
á ocuparnos de reorganizar la paite española, que los bandoleros 
evacúan en este momento; pero la invasión que no tuvo ningún re- 



198 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

saltado para laCaiutal, ha sido muy desgraciada y horrorosa para 
la ciudad de Santiago y higares de hi tierra de adentro." 

Efectivanient(í, evacuaron los negros á Santo Domingo; y no 
saciados en su sana y díaseos de venganza con ti a los de Santiago 
que habian opuesto resistencia á su entrada, al regresar incendia- 
ron la ciudad y á los clérigos y mujeres que aun quedaban en ella, 
los condujeron prisioneros á la parte francesa, después de haber he- 
cho un degüello horroroso en la parroquia de Moca, á cuatro leguas 
de Santiago, donde se habian refugiado varios fugitivos, bajo la fé 
del perdón ó anmistía que dio el (ieneial Ciistóbal al cura Fr Pedro 
Geraldino. Este suceso aconteció el 3 de Abril y de ello tuvo la cul- 
pa aquel mismo mulato Faubert que habia sido anteriormente Co- 
mandante de Santiago Lo mismo sucedió en las otras ciudades del 
tránsito como Ootuy y Vega. Todo fue ])resa de las llamas y del 
cuchillo, y la parte del N. (juedó reducida á a(]uellos vecinos que 
no pudieron emigrar y (|ue fijaron su residencia en los campos, 
permaneciendo en este estado de desamparo y angustia durante los 
anos de J806, 1807 y 1808, en que volvieron A reunirse poco á poco 
los que quedaron, y se restituyeron & las ciudades, de que no que- 
daban mas que escombros, y piincipiaron á fiuidaí de nuevo. 

El General Ferrand nombró por a(iuella époea CoFuandante Ge- 
neral á Don Agustín Franco y se formaron algiuias comiiañías en 
el departamento del Cibao, que continuaba tianciuilo hasta Agosto 
de 1808, en que por consecuencíia de los sucesos aconte(!Ídos en Ba- 
yona y del cautiverio del Key Fernando VII, se alzó la uíicion espa- 
ñola contra el poder del Empeíador Napoleón Honaparte. 

Ahora volveremos atrás para narrar los singulares aconteci- 
mientos que habian tenido lugar en los últimos años en la colonia 
francesa. Puesto Dessalines á la cabeza de los negros rebeldes y 
declarada la independencia, se pro|)uso i)or medio de sus pro(;lamas 
atraer gentes que reparasen las péididas (jue habia sufrido su ejér- 
cito, ofreciendo $40 de gratificación jt los buques mercantes por ca- 
da negro que introdujesen, y envió un agente á Jamaica para pro- 
mover el comercio de negros de la costa de África. N'engáronse de 
lo que habian sufrido con los blancos, nu^dian te el horroroso degüe- 
llo que hizo la guarnición militar del Guarico la noche del 20 de 
Abril. Dessalines, después de haber recorrido los departamentos 
del Oeste y del Sud y de la invasión de la parte es])añola, convocó 
á los generales en un const^jo de Estado, los cuales for.naron la nue- 
va Constitución del 8 de Mayo de iSOo. Por ella se proelamaba la 
independencia de Haytí, se conferia el título de Emperador á Dessa- 
lines, se declaraba electiva la corona imperial, y s(» facultaba á éste 
para nombrar su suceso!-. También se establecia la abolición de 
la esclavitud y la igualdad de derechos. 

La referida Constitución estaba formada sobre las bases que 
estableció Tonssaint Louverture en la de 1801 en (íuanto podían 
ser compatibles con la nueva forma de gobierno im|)eiial. Debió 
inspirar esta peregrina idea de crear un imperio y rodearlo de un 
boato y fausto tan dispendioso como lidíenlo, el desvanecimiento 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 199 

del poder de que se halló revestido desde )a total aniquilación de los 
restos del ejercito francés, en cireinistancias propicias parif una paro- 
dia de la estupenda traiistorniacion (jue acababa de realizar en Fran- 
cia el General Bonaparte; pero sea por lo que fuese, él consiguió 
representar un papel memorable en el drama de la revolución. Des- 
collando entre los mismos negros como el mas cruel y sanguinario 
de todos, merece (jue nos deten|Lí:amt)s algo en su persona, retíriendo 
algunos rasgos característicos, y lo haremos con la imi)arcia- 
lidad que se echa de menos en muchas biografías suyas que se han 
publicado, llenas de pasión y de errores. 

Este africano feroz que hacia muy poco tiemiK) que habia sido 
transportado á Santo Domingo de Ihs costas de Guinea, cuando co- 
menzó la insurrección, servia á mi negro alfarero propietario y libre, 
llamado Dessalines, el cual cuando íiablaba de su esclavo, solia 
decir que siempre habia sido peiro pero muy buen obrero. Lla- 
mábase Juan Santiago, y era extraordinaria su ignorancia en cuan- 
to á las costumbres de los europeos, su civilización y sus idiomas. 
Conservaba toda la l'erocidad y barbarie de la tierra africana en que 
liabia nacido. El sentimiento que lo dominaba era la venganza, co- 
mo lo prueba el primer acto criminal en que dio Á conocer su ín- 
dole al emprender la carrera de atrocidades que le dio tan sinies- 
tra fama: el asesinato de su mismo amo cuyo nombre se apropió con 
cuanto le pertenecía. 

Afiliado á las banderas de Biassou, no tardó Dessalines en 
distinguirse entre los jefes negros y pronto obtuvo el mando de 
una de las partidas en que estaba dividido el eijército y á su cabeza 
empezí) á recorrerlas campiñas mas fértiles y mas bien pobladas 
para buscar en ella víctimas que inmolar. A todas partes llevaba 
consigo la muerte sin ninguna consideración al sexo, á la edad, ni á 
la condición, imaginaiulo variados suplicios para aumentar el 
hoiTor de sus asesinatos. Una muerte rápida era una gracia en 
comparación de la lentitud y los prolongados tormentos á que con- 
denaba lo mismo al anciano desvalido, que al niño ¡nocente y á la 
respetable matrona. Como este bárbaro no conocía ninguna clase 
de freno, pudo saciar su ferocidad de tal manera que hay pocos 
ejemplos en la historia con que poderle comparar. El fué quien 
hizo clavar vivo en la puerta de su morada á un ministro de policía 
llamado Mr. Bien; y después, teniéndole así colgado, mandó á sus 
verdugos le cortasen todos sus miembros á hachazos. 

Excitado Dessalines por atan de notoriedad, quiso llamar la 
atención y captarse la benevolencia de Biassou por un acto singular 
de atrocidad. Para ponerlo en ejecución, aprovechó la oportunidad 
de que el jefe de los negros habia salido á una expedición algo dis- 
tante del cuartel general, la cual debia tenerle ocupado algunos 
días. Salió entonces con la tea incendiaria y atravesó rápidamente 
unapartie del cantón adunde toilavía no hablan llegado los estragos 
de la insurrección; y apoderándose de trescientos prisioneros, la 
mayor parte ancianos, niños y mujeres, los hizo conducir atados al 
campo de Biassou. La víspera del dia en que éste debia restituirse 



200 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

á su campo, los degolló á todos y colocó sus cabezas en las puntas 
de la estacada que formaba el primer recinto de la habitación del 
jefe de los negros. 

A la vista de este hoirible espectáculo, no pudo menos Biassou 
de manifestar una alegría feroz, cletúvose algún tiempo á contem- 
plarlo y cuando hubo ya hartado su vista en este cuadro espantoso, 
preguntó quicen le habia dispuesto tan agiadable festejo para su re- 
cepción; y habiéndosele informado que Dessalines, le dio cariñosa- 
mente la enhorabuena por este nuevo servicio excitándole á conti- 
nuar, y le incorporó á sus guardias: tal fué el primer ascenso de 
este fiero africano en el ejército de los negros. 

Es desagradable, por cierto, detenerse en la pintura de tales 
horrores que pare(!erian fábulas inventadas por algún perverso mi- 
sántropo con el objeto de infundir en el corazón del hombre el odio 
y el hoiTor hacia sus semejantes. 

En medio de estos sucesos, llegó bien pronto el ejército de los 
negros á experimentar los efectos de la indisciplina y del libertinaje, 
y sobre todo de la ignorancia de su jefe. Carecía Biassou absoluta- 
mente de toda idea de arte militar y de administración, y por con- 
siguiente) no supo prever nada, ni tomar medidas económicas para 
proporcionar recursos á sus tropas cuando apremiase la necesidad; 
y de aquí resultó que el ejército comenzó á sentir los efectos del 
hambre. Los primeros que manifestar(»n su descontento fueron 
los ibos y los mozambiques, pero consiguió Biassou extinguir el fiíe- 
go que comenzaba á extenderse, ordenando castigos espantosos 
que hizo ejecutar en la persona de algunos de los descontentos. 

Ayudaban á Biassou con mucho celo Toussaint y Dessalines, 
pero con dos objetos distintos; y aparentando que servían á Biassou, 
no hacian sino aumentar el descontento irritando á los negros contra 
su feroz jefe por medio del rigor brutal que con ellos empleaban. 
Se llevó este á tal extiemo que hizo perecer bajo diferentes pret¿*x- 
tos gran número de ancianos de ambos sexos y todos los enfermos 
y heridos que habia en el campo. Así mantenia en los ánimos el ter- 
ror; pero la sangre de tantas víctimas derramada por todas partes 
encendía el odio contra Biassou y cimentaba el poder que habia de 
derribarlo. Por otra parte, habiéndose unido los blancos en vista 
del peligro que los ainena/jaba para defender sus vidas y conseguiílo 
algunas ventajas sobre los negros, comenzó Biassou á despres- 
tigiarse. 

Estos africanos tan supersticiosos conm ignorantes, le hablan 
tenido hasta entonces por un hombre inspirado por la. Divinidad é 
invencible. Él mismo, mas ignorante que todos, se miraba como el 
ministro de las venganzas del cielo y llevaba la superstición á tal 
extremo que .se sorprendía de no salir siempre vencedor en cuantas 
empresas acometía. 

Toussaint Louverture y Dessalines estaban atentos para apro- 
vecharse del descrédito de Biassou y del tenor que su nombie llegó 
á inspirar: diéronse mutuamente pruebas de su amistad y concerta- 
ron la pérdida total del Jefe Supremo. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 201 

Entre los otros jefes subalternos de los negros, apesar de estar 
todos sujetos á Biassou, habia una especie de independencia por estar 
revestidos de ilimitado poder para mandaren los parajes que ocupa- 
ban, así como las tropas que tenian á sus órdenes. El que mas se 
distinguía era un negro llamado Juan Francisco que ya se habia 
hecho célebre y antiguo rival encubierto de Biassou, al cual nu tu- 
vo reparo Toussaint en darle parte <le sus proyectos, ponjue tam- 
bién era su amigo, ofreciéndole al mismo tiempo entregarle á Bia- 
ssou si queria ponerse en su lugar y colocarse al frente de las tropas, 
]N^o dudó mucho Juan Emncisco confíudo en tales promesas, y anhe- 
loso del poder supremo se conformó con cuanto le propuso Tou- 
ssaint Louverture, asegurándole que le daria el mando en jefe de 
una parte del ejército. 

Tal era el estado de las cosas, cuando una circunstancia vino á 
acelerar los proyectos de los conspiradores y contribuir á la ruina de 
Biassou. Beuniendo los blancos fuerzas considerables, vinieron 
á atacar á los negros en su mismo campo. El combate fué obstina- 
do y terrible, quedando vencidos los negros con una pérdida de mas 
de cinco mil muertos. 

Esta batalla, una de las mas sangrientas que se dieron en los 
tres años que hacia que estaban los negros en insurrección y pose- 
sionados de aquella parte de la isla, al mismo tiempo que acabó de 
desacreditar á Biassou entre los negros, favoreció singularmente el 
ascendiente de sus eneniigos. 

Se hallaba un día Biassou reposando en su tienda, cuando de 
repente oye decir que está cercado su campamento por un cuerpo 
de ocho mil hombres, y que Juan Francisco venia al frente de la ca- 
ballería con designio de hacerle prisionero. Corre á las armas Bia- 
ssou, hace tocar generala y manda al capitán de la guardia disponer 
sus tropas pora la defensa de su persona. Toussaint Louverture 
puso con efecto en ejecución las medidas que exigiau las circunstan- 
cias, pero en vez de dispoiierse al combate, se adelanta hacia Juan 
Francisco y le entrega á Biassou como lo tenian concertado. Para 
verificar este proyecto sin obstáculos, so habia encargado Dessalines 

I de preparar á esta perfidia el ánimo de los negros, y supo desempe- 

ñar can perfectamente su comisión, que ninguno de los soldados que 

k^ componían la guardia se opuso, ni habló nadie una palabra en de- 

^ fensa de su jefe. 

Quedó definitivamente decidida la suerte de Biassou: se le de- 
claró incapaz para el mando que ejercía y se le envió prisionero á 
San Agustín. Mas adelante fué puesto en libertad y volvió á mili- 
tar en el ejército de los sublevados como se verá en otra parte. 

Consecuente Juan Francisco con sus promesas, dio á Toussaint 
el mando de una división del ejército, y éste hizo también paitíci- 
pe á Dessalines de la nueva consideración que gozaba, confiándole 
la ejecución de las empresas mas importantes. Ijos dos siguieron el 
ejemplo del fiero Biassou, hasta que nuevos acontecimientos pusie- 
ron á Toussaint en el puesto á qu". aspiraba. 

Cuando se vio jefe del ejército de los negi'oa, conociendo que 



202 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

poília sacar exee.leiite partido ile su hipocresía, pasrt con sus tro- 
pas al Puerto (le la Paz, doiiile prestó juramento de fidelidad {\ la 
Repnblicíi. Francesa, en presencia del Gobernador de Santo Domin- 
go el (Tcnerai Esteban Laveaiix. 

Pero Inslrnido este de todos los acontecimientos anteriores, no 
vSe fiaba mucho de Toussaint, y por eso le mantuvo en una absoluta 
inacción, observando cuidadosamente su conducta, de modo que pa- 
recia habt*r llegado va este caudillo uegro al último término de su 
carrera; hasta (puí otro nuevo suceso, tai] desgraciaslo como extraor- 
dinario, volvió á ponerle en la escena con los de su partido, alentan- 
do su ambición con los halagos de una nueva tbrtuna. 

En el mes de MfUZo de 17íiÜ se tramó una sedicicm en la ciu- 
dad del CJabo y se pusieron al trente de ella como jetes tres mulatos, 
quienes en lospriuieros momentos consiguieron apoderarse del Ge- 
neral Laveaux que quedó [)ris¡onero. Esta noticia despertó en 
Toussaint su adormida ambición, y armándose prontamente en de- 
fensa del Gobernador, se ()uso en marcha para la ciudad, llevando 
consigo diez mil negros. A la presencia de estas fuerzas abrieron 
inmediatamente las puertas los habitantes de la ciudad, y entró en 
ella triunfante Toussaint Louvertnre, cuyo primer paso fué poner eu 
libertad al General Laveaux y restituirle en sus funciones y digni- 
dad de Gobernador. 

Fue suficiente este acontecimiento para volver á Toussaint to- 
da la influencia que habia perdido y hacerle en cierto modo el ar- 
bitro délos destinos d(í la colonia. Penetrado de {igradecimieuto 
el General Laveaux, le declaró el vengador de las autoridades cons- 
tituidas v defensor de los blancos. 

"Es este negro, dettia, el Espartaco de que habla un célebre his- 
toriador, destinado á vengar los ultrajes hechos á su clase". Y 
añadía "que en adelante no haria nada sino de acuerdo con él y 
guiado por sus consejos." 

Con efecto fué nombrado Geneial de división y á la vez segun- 
do Gobernador de Santo Domingo, y asociado ya por este medio al 
mando, se vio en estado de cimentar sólidamente v con buen éxito 
los fundamentos de su usurpación. Para esta empresa magna, co- 
menzó desde luego á distribuir empleos y favores ásns amigos, en- 
tre los cuales no seria olvidado Dessalines; y con efecto pidió para él 
y obtuvo el grado de (íeneral de brigtida con el maiulo del distrito 
de los Gonaives. 

Lo primero que hizo Dessalines, apenas se trasladó á su destino, 
fué crear un (íuer[)o de asesinos decididos para volver á ejercer sus 
antiguas atrocidades y desquitarse del largo tiempo que habia esta- 
do en inacción apesar suyo. Hizo que se alistasen una multitud de 
bandidos y malhechores que se habían hecho mil veces dignos del 
suplicio y formó un regimiento al que dio el nombre de «aws-cuZo- 
ttes ó ejército rtívolucionario. Con este séquito de verdugos reco- 
rría Dessalines su cantón haciendo degollar arbitrariamente á cuan- 
tos blancos le desagradaban, ó d atpiellos que poseían riquezas de 
las que le acomodaba apoderarse. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 203 

En esta ¿ípoca híicia Toiissaint Lonveiture la guerra á los in- 
gleses que se habían hecho dneüos de muchos puntos importantes 
<le la isla. Con este mol.ivo se perseguía de nuierte ásns paitidarios; 
y Dessalines, para dar un pretexto á sus asesinatos, se aprovecha- 
ba perfectamente de la ocasión escribiendo á los Comisarios france- 
ses (jue todos aquellos á quienes hacia morir eran amigos de In- 
glateria. 

Plenamente satisfechos del celo (pie manifestaba este negro, que 
fué en otro tiempo el terror de los habitantes de la colonia ó induci- 
dos por Toussaint Louvertme, contirieron los Couíisarios á Dessa- 
linos el grado de General de división con el cual continuó niandando 
en el distrito de los Gonaives, hasta que habiendo desamparado los 
ingleses los puntos que ocupaban, quedo Toussaint arbitro de la suer- 
te de la colonia y le dio el mando en jefe de los departamentos del 
Oeste y del Sud. 

Revestido de un poder absoluto y encargado de coadyuvar por 
todos los medios posibles á las miras ambiciosas de Toussaint, que 
aspiraba ya abiertamente á la soberanía de la colonia, estableció su 
residencia Dessalines en Puerto Príncipe; y seguro de hallar pro- 
t^iccion y apoyo en Toussaint Louverture, dio rienda suelta á su fe- 
rocidad y al odio implacable que había declarado á los blancos, el 
cual recobró de nuevo toda su fuerza. Rodeado de verdugos dis- 
puestos siempre a obedecer sus órdenes, la menor sospecha suya era 
un decreto de muerte contra aípiellos que ([ueria sacrificar y cuan- 
do faltaban a su brutalidad pretextos aparentes, los encontraba fá- 
cilmente suponiendo (|ue las víctimas repugnaban el principio que 
hacia iguales á los blancos y los negros, y esta decisión bastaba pa- 
ra enviar á sus víctimas al suphcio. La formalidad que usaba en 
estos juicios despóticos y bárbaros, se reducía á hacer comparecer 
ante sí al que debía ser inmolado; hacíale algunas preguntas con el 
tono y grosería propias de su carácter, las cuales no eran muchas 
veces coniprendidas por aipiellos á quienes se dirijian. Sacaba en- 
tonces su caja de rapé del bolsillo, daba un golpe con la mano sobre 
la tapa y esta era la señal que esperaban sus satélites para destro- 
zar á la víctima en el momento; ó bien hacia pasar por las armas a 
estos infelices. 

Nunca satisfecha su ansia de deiramar sangre humana, cuan- 
do daba algunas tieguas á los blancos, su ferocidad buscaba vícti- 
mas entre sus mismos cómi)lices, de ípiienes muchas veces era el 
propio verdugo, especialmente cuando alguno había íaltado, aunque 
fuese en lo uias leve, al cumplimiento de sus órdenes. Con la ma- 
yor serenidad sacaba su sable, y después de haber mutilado á un 
hombre, teñidas todavía las manos en su sangre, daba audiencia á 
los que tenían necesidad de hablarle. 

Además de las facultades anexas al cargo que tenia, le dio Tou- 
ssaint Louverture la comisión de inspeccionar el cultivo en toda la 
colonia que era lo rnisíuo que someter á los feroces caprichos de esta 
fiera á todos los habitantes de la colonia indistintamente. En virtud 
de este nuevo poder y escoltado siempre de cincuenta ó sesenta caza- 



204 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

dores,se echaba de repente sobre las haciendas que se le antojaba, y 
si en el punto á- q|ie ól llegaba encontraba atibuno que no estuviese 
ocupado en el cultivo, sin mas preámbulos quedaba exánime en el si- 
tio en que se hallaba. Si algún mayoral no le parecía bien, quedaba 
despedido en el acto, y nombraba otro por el siguiente procedimien- 
to: hacia reunir á todos los negros del ingenio y escogiendo al que 
le parecía mas á proposito, le dirigía la palabra en estos términos: 
**¥o, le <lecia, te nombro mayoral de esta hacienda, tu harás traba- 
jar á los negros de tal á tal hora y guárdate de líií si no obedeces 
mis órdenes.^ Concluido este discurso tomal)au por su cuenta los 
cazadores ó guardias de Dessalines ^il «agraciado y descargaban so- 
bre él una lluvia de azotes hasta que le hacían brotar sangre de to- 
das las partes de su cuerpí>. Sucedía á veces que estos infelices no 
podian resistir y perdían el aliento á fuerza de tantos golpes: ent(m- 
ces se les consideraba incapaces de llenar las funciones de mayoral; 
pero si resistían áesta prueba, los confirmaba Dessalines en el nom- 
brannento hecho, amenazándoles con pasarlos por las armas á la 
menor falta en (jue incurriesen. Se hablan levantado los negros 
para sacudir el yugo de los blancos y salir del estado de esclavitud 
en (jiie se hallaban; j^ para conseguirlo ¡ qué crímenes no come- 
tieron! ¡ cuanta sangre no derramaron ! Y todo en vano; ahora 
vivían sujetos á los horribles caprichos de un bárbaro como Des- 
salines, que había sido esclavo como ellos! 

No faltó entre los suyos quien le disputase al usurpador Tous- 
saint Louverture el poder de que se había hecho dueño. 

En el año VIH de la Re|)ública (18í)í)) Rigaud, ya célebre en 
la historia délos desastres de Santo Domingo, consiguió amotinar 
álos mulatos de la parte del Sud, y se puso á su frente La guerra 
que se hicieron estos dos eaudillos fué atroz; y para vengar Dessali- 
nes el ultraje hecho entimces á Toussaint Louverture, y asegurarse 
mas en su confianza y benevolencia, mandó poner presos á tocios los 
hombres de color que había en los cantimes de Gonaives, San Mar- 
cos y Puerto Príncipe, pretextando que tenían inteligencias secre- 
tas con los mulatos partidarios de Rigaud, é hizo ahogar inmedia- 
tamente ¡quince mií! 

Después déla derrota de este jefe de los mulatos, fué Dessali- 
nes á la ciudad de los Cayos y á su entratla hizo publicar á son de 
caja, que queria hacer una revista de todas las mujeres que había 
en la ciudad, sin distinción de edad ni color. ¿Quién podría imagi- 
narse que el bárbaro intentara ejercer su furor contra el sexo tími- 
do é indefensoí 

Cuando las tuvo ya todas reunidas en la plaza, trémulas y azo- 
radas, las bizo colí)car en hileras y después que una por una fuesen 
desfilando p(U' delante de él: á este tiempo les daba golpes con un 
palo que tenia en la mano, maltratando mas particularmente á las 
blancas, de las cuales (luedaron algunas muertas en el sitio. Se ha- 
bía propuesto el iidiumano irritar á los blancos por este medio; y 
cuando estuviesen alborotados hacerlos degollar, pero estaban sus 
ánimos tan debilitados y llenos de terror, que nadie se atrevió á ha- 



HISTORIA. DE SANTO DOMINGO. 205 

blar una palabra; lunnillacion que impidió que por esta vez no hu- 
biese en la ciudad una matanza general. 

Por medio de las victorias que consiguió Toussaint Louverture 
sobre Rigaud, y habiéndole salido á medida de su deseo cuantas in- 
trigas tramó contra los Connsarios del Gobierno, dejó enteramente 
consolidado su poder en la colonia; pero Dessalines, que le obser- 
vaba, pensó dar á su fortuna todo el vuelo que ambicionaba. 

Por de pri/Uto, no atrevién<lose á aspirar á la mas alta digni- 
dad, creyó que lo primero que debia hacer era desembarazarse de 
cualquier competidor que pudiera tener en el mismo designio; y co- 
mo el único que podia contrabalancear su influencia era Moyse, so- 
brino de Toussaint, resolvió saciiticarle y perderle á cualquiera cos- 
ta. Fué tan feliz en esta primera tentativa que, acusado Moyse de 
haberse conjurado contra el Gobernador de Santo Domingo, se le 
pasó bien piopto por las armas, declarando Toussaint enseguida 
que en adelante no habria mas General de división que Dessalines, 
quien merecía esa excepción por sus grandes y acreditados servicios. 
Cuando mas ocupado se hallaba en las tramas que debia em- 
plear paia derribar al único que podia disputarle su crédito y ser- 
virle de obstáculo, celebraba en San Marcos las tiestas de su hime- 
neo con tal pompa y lujo, que hacia un contraste sumamente ridícu- 
lo con lascostuuibres bárbaras y feroces de los principales concu- 
rrentes. Nada se omitió en esta circunstancia de cuanto podia con- 
tribuir á su mayor brillo y grandeza; de suerte que con ditícultad 
hubiera podido desplegar mas fausto, ni hacer mayor ostentación de 
su opulencia el particular mas rico de Europa. El mismo Toussaint 
eu persona con su mujer y una numerosa ct)mitíva asistió á la 
fiesta; y cuahjuiera á la vista de esta reunión hubiera podido pre- 
decir que los despojos de la colonia francesa de la isla de Santo 
Domingo iban al fin á ser repartidos entre estos dos africanos lle- 
nos de crímenes y manchados millares de veces con sangre humana. 
Pero llegó el tiempo en que el gobierno francés se decidió á 
arreglarles las cuentas; y después de haber apurado todos los medios 
imaginables para obligará Toussaint á una cimciliacion, envió al fin 
al General Leclerc á Santo Domingo con una escuadra respetable 
para hacer reconocer su autoridad y restablecer el orden legal como 
se ha referido eu los capítulos precedentes. 

Ya hemos dado un resumen de todo lo ocurrido en la colonia 
ft'ancesa y de qué modo distribuyó este jefe su ejercito durante la 
expedición del Gral. Leclerc, y contiimaremos nuestro propósito de 
narrar la vida de Dessalines. 

La división dcíl General Baudet era precisamente la que tenia 
que obrar contra Dessalines, pues que éste se hallaba de Ooman- 
cíante del departamento del Oeste, cuya capital es Puerto Príncipe. 
Cuando se presentó esta división delante de la plaza no estaba en e- 
11a DessalineSjporque para obrar de concierto con Toussaint Louver- 
ture, que por su parte se adelantó hacia los Gonaives, se había tras- 
ladado á San Marcos, dando antes de ausentarse órdenes al Gober- 
nador de que hiciese con la guarnición cuanta resistencia pudiese; y 



206 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

que si al fin tenia que ceder, antes de abandonar la plaza la incen- 
diase y destrnyese enteramente. Igual orden se dio á los Coman- 
dantes de las demás plazas. 

Tuvo por conveniente el General Baudet, antes de entrar en la 
rada y sin intentar todavía el desembarque, enviar como parlamen- 
tario ai Comandante déla plaza, á uno de sus edecanes con la pro- 
clama del gobierno y los oficios que éste dirigía a las respectivas 
autoridades así civiles como militares. Fue destacada la fragata 
Gnerriere con este oficial, que desembarcó y íué recibido por el Ge- 
neral blanco Age con la mayor urbanidad y distinción; peimitiéndo- 
le que tuviese conferencia con los Magistrados de la ciudad y con 
varios de los principales habitantes; lo cual dio ocasión á que los je- 
fes negros sospechasen del General Age y que de resultas hiciesen 
arrestar al oficial parlamentario, apoderándose también de la lan- 
cha en que habia desembarcado. En este apuro dio parte Age al 
General Baudet de lo que pasaba y de que no querían obedecerle 
en la plaza, rogándole que retardase algún tíuito el desembarque, 
ó queá lo menos no lo intentase á viva fuerza, porque estaba segu- 
ro de que si lo hacia no quedarla un blanco con vida y seria inme- 
diatamente incendiada la ciudad. 

Para no descuidar nada se habia acercado Dessalines á Puerto 
Príncipe, y cuando le informaron del estado de las cosas, le sacó de 
sí la cólera y juró mil veces una venganza atroz. Sin detenerse un 
l)unto, escribió al jefe mulato Lamaitiniére para que se encargase 
del mando y diese á conocer que no dtibian de obedecerse las órde- 
nes del Geneial Age. Le mandó al mismo tiempo que liiciese ase- 
gurar á cuantos blancos pudiese y se los «-.nviase inuiediatamente. 
Cumplida esta orden, y cuando los tuvo cerca de sí hizo que los con- 
dujesen con las fíimilias fiancesas que habia traido de San Marcos á 
Verettes y Rio Grande en donde los hizo á todos pasar á cuchillo. 
Se encontró en el camino que vá de San Marcx)s al Artibonito una 
desventurada madre descuartizada y á su lado un niño como de seis 
meses en actitud de buscar e) i)echo que lo habia alimentado. 

Apoderado de este punto, se encaminó la división á Puerto 
Príncipe y al llegar allí encontraron tendidos en batalla delante de 
la puerta de Leogane cuatro mil negros mandados por un partidario 
aceriimo y amigo íntimo de Dessalines. Cuando estuvieron á la vis- 
ta unos de otros, se empezó á conferenciar por medio de parlamenta- 
rios; y estando en estas neg<)cia<:iones se valió este traidor de la astu- 
cia mas villana diciendo que acal)abade recibir órdenes para no hacer 
ninguna resistencia á los franceses y para recibirlos amigablemente. 
Con esta confianza se adelantó un batallón, y cuando le tuvieron á 
tiro le hicieron una terrible descarga. 

Semejante perfidia fué la señal de un combate muy sangriento 
en que nada pu(h) resistir á la justa indigiiacion del soldado francés. 
La derrotado los negros fué completísima, tanto que no hicieron 
mas defensa de la plaza, y por este niedio se libertó del incendio y 
demás males que le estaban reservados. Únicamente tuvieron 
tiempo al huir de llevarse consigo un gran número de blancos, el 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 207 

ayudante de campo del General Baudet y los marineros del bote 
que le dejó en tierra. 

Mientras que los negros peleaban, Dessalines, distante del pe- 
ligro, se ocupaba en derianiar sangie. Se habia tiasladado á la 
Oroix-des-Bouquets, en donde se le reunió Lamartiniere con el 
resto de su tropa, que pudo escapar del combate delante de Puer- 
to Príncipe; y ansioso siempre de tener sangre que verter, cuando le 
presentaron cerca de doscientos blancos que era el despojo que 
traia el ejército deshecho, los hizo encerrar en un cerco cubierto de 
zarzas, excluyendo solameíite al ayudante del General Baudet, 
y allí mandó fusilar á unos y pasar á cuchillo a otros. 

Concluidos estos horrorosos actos, escogió lo mas selecto de sus 
tropas y estableció un cuartel general en Crete-i\-Pierrot, posición 
formidable y cuyas fortitícaciones hizo aumentar considerablemente. 

Fueron repetidos y muy sangrientos los combates que se dieron 
en las inmediaciones de este fuerte, hasta que en uno (le ellos tuvo 
la suerte el General Hardy de dejarle cortada toda comunicación 
con el fuerte, y hubiera también caido en sus manos si lo escarpado 
de las montañas vecinas no le hubiese facilitado la huida; mayor- 
mente cuando, as(unbrados los negros de la audacia de las tropas 
francesas y de la constancia en i)erseguirlos por aquellas quebradas 
que se tenian por inaccesibles, y viendo por otra parte casi todas las 
fortificaciones destruidas por las bouibas, faltauto ya los víveres y 
finalmente previeudo \\n ataque combinado, intentaron el o Ger- 
minal (24 de Marzo) penetrar por entre las líneas francesas, pe- 
ro todos i)erecieron en la tentativa y el fuerte (piedó por los vence- 
dores. Dessaliues logró salvarse de tan peligrosa situación y se 
retiró hacia los Bosiiues Grandes. Al pasar por Mirebalais en- 
contró un destacan)ento que el General eu jefe tuvo cufdado de en- 
viar con intención de corlarle el paso. Quiso foizarlo pero fue re- 
chazado, y no le quedó otro lecurso (lue retirarse á los Cahos, eu 
donde anduvo errante de puesto en puesto con poijuísima gente, 
bien que le íavorecian los accidentes del terreno que hacia casi im- 
posible el ataque y muy peligroso. 

Mientras que el General en jefe se hacia dueño del departa- 
mento del Oeste de Puerto Príncii)e, y marchaba sobre las huellas 
de Dessalines, los demás cuerpos del ejercito írancés empleados con- 
tra Toussaiiit Louverture, Cristóbal y otros jefes de los negros, ha- 
blan conseguido también ventajas muy rápidas e importantes. Lo- 
graron dispersar los principales cuerpos de tropas enemigas, apode- 
rándose de sus bagajes y de una parte considerable de su artillería. 
Tales triunfos no podian menos de producir un disgusto general en el 
campo délos rebeldes, y á este se siguió la sumisión de Clerveaux, 
Laplume, Maurepas, Paul Louvertuie y otros muchos de sus cau- 
dillos. Toussaint, vencido y perseguido de posición en posición, 
liniaeu derrota completa, buscando siempre los montes y parajes 
menos accesibles, llevando consigo algunos centenares de hombres 
que se mantenían adictos a su caudillo; y en una palabra, era tal la 
situación de los negros, que su exterminio total parecía inevitable. 



208 HISTOEIA DE SANTO DOMINGO. 

En circunstancias tan críticas bubieron de recurrir á los expedientes 
de que vanu)8 a dar cuenta. 

Cristóbal í'uéel primero que por medio de una fingida sumisión, 
trató de ponerse á cubierto de la tempestad que le amenazaVia, y 
para ello bizo decir al General en jefe que él babia sido siempre 
amigo de los blancos, cuyas cualidades é instrucción apreciaba mas 
que otro alguno de su color; que podían dar testimonio de su con- 
ducta y sus principios cuantos europeos babiau estado en la co- 
lonia ; que las circunstancias imperiosas que aiTastian mucbas 
veces al hombre público, apesar suyo, no le hablan dejado libre 
arbitrio para conducirse como él hubiera querido; y en fin, que 
deseaba saber si podría conseguir el perdón. La respuesta del Gene- 
ral en jefe fué que el Gobierno tenia siempre la puerta abierta al 
arrepentimiento; que su máxima era comparar las acciones de los 
hombres, y que una sola por mala que fuese, y por mas funesta 
que hubiesen sido sus consecuencias, no borraba de su memoria los 
servicios que le hubitísen hecho. Finalmente que siempre que 
quisiese rendirse á discreción, podría esperar la gracia que soli- 
citaba. 

Como Cristóbal oblaba de concierto con Toussaint y los otros 
jefes negros, hasta después de instruirlos del resultado que había 
tenido su primera tentativa y dejar arreglado el ujodo por el cual 
podrían sacar myores vent^ijas, no hizo saber al General francés su 
decisión. Pasados algunos días, le respondió que esperaba sus ór- 
denes. En su consecuencia, se le mandó dejar en libertad á todos 
los cultivadores que tenía consigo, reunir todas las tropas que esta- 
ban á sus órdenes, entregar la artillería y almacenes y presentarse 
en el Cabo, Jo cual verificó con toda puntualidad. 

Se ha dicho ya en otro lugar que los blancos que arrebató el 
ejército negro al evacuará Puerto Príncipe fueron pasados á cu- 
chillo en la Croix-des-Bouquets, y que únicamente respetaron al 
ayudante del General Baudet. Este oficial, á quien llevaban siem- 
pre en su huida de montaña en montalía y de monte en monte, es- 
tuvo mil veces á punto de perder la vida, hasta que el 8 Germinal 
(29 de Marzo) logró verse libre de tan penosa situación. Pidió 
Toussaint á Dessalíneseste oficial, que se le envió inmediatamente; 
y teniéndole en su presencia le expuso el estado de las cosas, asegu- 
rándole que no podía ver sin dolor la continuación de una guerra 
incierta y sin objeto; y finalmente, que por lo que á él tocaba esta- 
ba bien arrepentido; en fuerza de lo cual le encargaba que llevase al 
Capitán general cartas con proposiciones de conciliación. 

El deseo de pacificar la colonia y de hacer cesar una guerra que 
llevaba consigo tantos desastres, hizo acallar las justas sospechas 
que inspiraron a todos los amigos de Francia las proposiciones de 
Toussaint Louverture. 

Le concedió el general Leclerc un armisticio, diciéndole que 
conseguirían el perdón él y los demás jefes del ejército negro, si se 
trasladaban sin detención al Cabo. 

Se aprovecharon Toussaint, Dessalines y algunos otros jefes 



HlSTOBtA t>Z SlNl'O DOMINGO. 200 

subalternos de esta coyuutura y fueron á preseutíirse al General 
francés, pidiéndole les contirinase la gracia que les liabia ofrecido; 
haciendo ellos juramento de ser Heles á Francia. Quedó aceptada 
BU sumisión y mandó & Toussaint que fuese á establecerse en una 
plantación cerca de los Gonaives y á Dessalines lo destinó á oti'a 
plantiiicion inmediata á San Mareos con ói'den expresa á los dos de 
que no saliesen de estos Ingares sin su venia. 

Los acontecí mien tus ulteriores demostraron cuáles eran las 
verdaderas intenciones de estos negros, tan pérfidos como crueles, 
y que su aparente sumisión no fué sino un sacriticio momentáneo 
exigidf» por las circunstancias; mas sus medidas estaban concerta- 
das para reunir todos los negros en tiempo mas oportuno, tomar 
nuevamente las armas y atacar álo:; franceses cuando las enfermeda- 
des Cijusiguientes al clima y el mal tiempo hubiesen debilit.Mio su va- 
lor y disminuido sus fuerzas. Lo (pie no podrá concebirse es hasta 
qué punto llevarla el cruel Dessalines su desmesurada ainbícion y 
«le cuánta perfidia era capaz un alma tan perversa como la suya. 
Aunque estaba unido á Toussaint, el ansia de mandar le obligaba á 
detestarle y era su mayor enemigo. La misma ambición de que es- 
taba poseiilo pudo mantenerle tíel a! jefe de los negros mientras és- 
tü tuvo poder; pero desde el momento en que vio restablecido el de 
Francia resolvió sacrificarle para poder regir solo el pais algún dia. 
Se dice que Toussaint en sus correrías uocturnas, inspeccionaba 
cuidadosamente diferentes puntos de la isla para reanimar los espí- 
ritus; tenia sus reuniones á la sombra de las medidas de precaución 
que tomaba; escribia á los partidarios que tenia en el Cabo paia 
que le infornuisen de los efectos que hacian lasenfeimedades en el 
ejército francés, y poder combinar, según sus progresos, las dispo- 
siciones en que estaba ocupado. Esta conducta de Toussaint no 
fué descubierta ni denunciada por ninguno de los agentes del Gene- 
i-al en jefe, sino por los pérfidos Dessalines y Cristóbal, quienes to- 
maron á su cargo el odioso papel de espías y hacian regularmen- 
Ui cimocer al General Leelerc lo nicvs mínimo de cuantx> hacia Tous- 
saint. Así lo escribían por entonces del Cabo diciendo:' ^^Dessalí- 
nesy Cristóbal son los primeros y los que mas eficazmente han con- 
tribuido á descubrir las intrigius de Toussaint. El Capitán General 
está muy satisfecho de la conducta de estos dos negros. No hay 
duda de que han sido autores de una iuHuidad de males; pero si 
cimtinúan en lo sucesivo acreditando un celo como el que tienen 
en el dia, la clemencia del Gobierno francés no tendrá línütes v se 
complacerá en olvidar lo pasado". 

La trama de estos malvados que procuraban conseguir la des- 
trucción total de la colonia, sacriticamlo primero á aquel cuyo po- 
der ambicionaban, tuvo todo el éxito que podian desear. Entrega- 
ron al general Leelerc una carta interceptada á Toussaint, en vista 
de la cual no le quedó la menor duda sobre los proyectos que traia 
entre manos; y queiiendo cortar de raíz futuros desc<mc¡ertx)s, pro- 
cedió contra él según se ha dicho. 

C¡ste suceso dejó á Dessaliues libre de todo obstáeulo para coa- 



210 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

seguir sus miras ambiciosas. Tenia a su favor el ser el líiiieo gene- 
ral de división del ejército de los negros. Como segundo <le Tous- 
saint era consiguiente que las miras de los revoltosos se tijasen en 
él, y que los otros jefes le cediesen el mando y le reconociiísen por 
sui^erior. Sincmbargo, conocía que la ocasión no era todavía pro- 
picia para consumarla traición que tramaba contra los franceses; 
y así, después de haber vendido ¿i Toussaint, haciendo mérito de 
ello, continuó su servicio con la misma a|Kiriencia de íideliíliuL Su- 
po encubrir sus verdaderos designios tan bien, (¡ue mereció del (íe- 
neral Leclerc la prueba de confianza de comisionarlo para hacer 
desarmar los negros de algunos cuarteles que estaban aun alboro- 
tados, en cuya comisión manifestó tal actividad y fuenuí tan acer- 
tadas las medidas que tomó, que tuvieron todo el buen efecto que 
se deseaba; y el General en jefe, en vista de esto, ([uiso darle un 
testimonio público de su satisfacción, manifestándoselo por medio 
de una orden del dia que dio el 10 Thermidor del afio once (29 de 
Julio de 1803) y que hizo leer ante el ejército. 

Un corto espacio de tiempo bastó para que el General Leclerc 
verificase la organizaciun de la colonia de Santo Domingo. Todo 
anunciaba "á los infelices colonos el lin de tantos males y las más 
lisongeras esperanzas les prometían la compensación de tanta des- 
gracia en lo futuro. Se abrieron de nuevo los puertos de la isla al 
comercio de los dos mundos que hizo desde luego prosperar la co- 
lonia. 

Con tal que hubiese durado algo mas la trampiilidad no habria 
quedado mas que la menu)ria de los desastres padecidcKs. Iba ya 
recobrando aquella colonia francesa el lugar ijue le correspondía 
en el mundo mercantil y la metrópoli encontraba en sus relaciones 
con ella los recursos de su antigua prosperidad; inas estos dias sere- 
nos y que llenaron á todos de espeíanzas risueñas wo debian lucir sino 
para desaparecer de íuí proviso. Otro africano atroz llanuido Be- 
lair, que habia estado sometido á la República, se sublevó á prin- 
cipios de Fructidor (mediados de Agosto) en las alturar de Artibo- 
nito, alentado por Dessalines; y habiéndosele inct)rpi)rado una par- 
te de laá tropas coloniales que estaban al servicio de F'rancia, fué 
menester atacarle con decisión. En uno de los condiates quedó he- 
cho prisionero con su liorrible mujer y los dos fueron condenados á 
nmeffte por consejo de guerra. 

Otro negro llamado Saus-Souci confundido entre la última 
clase de su especie, juntó también unos cuantos congos y empeza- 
ron á incendiar algunas haciendas; pero á poco que lo persiguió el 
general que mandaba la parte del Norte, desapareció sin que se 
volvieran á tener noticias de él. 

Algunos otros alborotos tuvieron lugar por entonces á prin- 
cipios del mes de V'endimiario (23 de Setiembre) peio fueron tan 
excesivos los calores, que se hizo indispensable suspender toda ope- 
ración militar; y cada montana por pequeña que fuese ofrecía ob- 
táculos en propoicion de los rigoies de la temperatura. Por otra 
parte, hacian las enfermedades estragos asombrosos y seveia en- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 211 

traren los hospitales los enfermos á centenares. 

Esperaban los negros con impaciencia esta oportnuidad; y 
cuando les vino ú medida del deseo, no vacilaron un instante en 
ílescoirer el velo de su pei'fidia. Se declararon sin embozo Dessa- 
lines, Cristóbal y (Merveaux, quienes dieron la señal del alzamiento 
que se extendió inmediatamente á los cuarteles de la Marmelade, 
Dondon, Jeremías, Leogane, Jacmcl y los Baños. El valor de las 
tropas t'ranci'sívs y sus grandes esfuerzos no basUiron á impedir que 
aparecieran de nuevo las antorchas incendiarias y otros medios de 
ilestrucciiMí, principalmente en la |)arte del Norte en donde se ha- 
llaban Dessalines y Cristóbal, que se entregaron á toda suerte de 
ex«'esos, acabando con cnanto la industria de los naturales habia 
restablecido en el corto perío<lo de tranquilidad que lograron gozar. 

Tal desenfreno y brutalidad fué la de estos monstruos, que no 
perdonaron nada, y sus furores se desataron como un torrent^i til- 
lando y destruyendo cnanto se les ponia delante. 

Deseoso el General cu jefe de tomar la justa venganza que 
pedia la odiosa perfidia de los negros, y viendo que el tiempo refres- 
caba un poco á mediados de Octubre, nuindó replegar hacia sí al 
General Baudct resucito á exterminar á cualquier costa esta gavi- 
lla; pero la suerte lo dispuso de otro modo, pues habiendo caído en- 
fermo el General Leclercá principios del mes de Brumario, nuirió el 
once (2 de Noviembre), dejando á todo el ejercito que habia sido 
testigo de su actividad infatigable y de sus constantes desvelos y 
trabajos en el mayor desconsuelo. 

Al primer runaor de su muerte, se aproximaron los revoltosos, 
conducidos i)or el feroz Dessalines hasta las mismas puertas del 
Gnarico, amenazamlo llevarlo todo á sangre y fuego; pero detuvo 
este primer ímpetu el General de división Clausel, oponiéndole una 
resistencia vigorosa por todas partes y obligáiuiolo á retirarse. 

Progresivamente fueron haciéiulose nías críticas las circuns- 
tancias, porque de día en ilia se iba aunu^ntando el numero de los 
revoltosos, por lo cual resolvieron los jefes nnlitares que habia en 
el Guarico el 15 siguiente ((> de Diciembre) dar un ataque general, 
al cual no pudo resistir Dessalines, y tuvo que retirarse vencido y 
deshecho enteramente á las montañas para no ser perseguido. 

Desde este dia no se atrevió el cruel africano á presentarse 
otra vez en campaña; pero habiéndose arrogado los derechos y pre- 
rrogativas de jefe, expi^dia sus órdenes á los subalternos y los man- 
daba apostarse en los puntos que le parecía conveniente ocupar. 
Se dio una guardia y un estado mayor muy numeroso y con este 
8é(iuito recorría los departamentos donde queria incendiar y matar. 

8ín end>argo, no estaba su autoridad tan consolidada que no 
tuviese necesidad nuichas veces de recurrir ala crueldad para hacervse 
obedecer. Algunosjefes nnlitares que supiéronla perfidia con que 
vendió á Toussaint Louverture, le manifestaron abiertamente su 
indignación: otros no querían reconocer su autoridad sospechando 
de su ambicitm y que llevaría mas lejos sus pretensiones; pero Des- 
salines se desembarazó de todos ellos y uno que capitaneaba -iin 



212 hisyobijl de santo domingo. 

cuerpo de siete mil uegros, fué deshecho, desarmado y castigado bo- 
iriblemente. 

Este acto de rigor cimentaba su terrible dominación durante 
este triste período que fué uno de los mas calamitosos para la 
colonia. 

Se rompieron entonces las hostilidades entre Francia é Inglate- 
rra, y esta noticia aumentó el poder de Dessalines Los regimien- 
tos negros que servían bajo las órdenes del Gral. Leclerc, desirtaron 
y unidos á Dessalines asaltaron á Id vez todas las plazas fuertes. 
Las tropas francesas tuvieron que i*eplegarse. Entonces se piesen- 
tó en la costa la flota inglesa que interceptando el paso, privó al 
ejército francés de UkIo socorro de parte de Europa. 

En tan crítica situación se hizo imposible la defensa. IjOS se- 
senta mil uegros que mandaba Dessalines estaban perfectamente 
armados, y obligaron á Ia6 plazas á ir capitulando sucesivamente. 
El Mole de San Nicolás y Puerto Príncipe fueron de los últimos. 

Eu el Guarico llegó á su término la expedición del Cónsul 
Boníiparte. Dessalines, Cristóbal y ('lerveaux expidieron entonces 
la proclama que ya se conoce. 

"Semejante proclama, astuta y maliciosa, produjo el efecto que él 
esperaba; y muchos colonos á quienes habia alejado el te iTor, vol- 
vieron ásus hogares, y los que tuvieron bastante valor para perma- 
necer quedaron satisfechos y tranquilos coníiando en estas falaces 
promesas. Infelices víctimas! ¡Con qwé seguridad y con cuánta 
confianza volvieron á sus hogares los ausentes y á tran(]uilizarse 
en la colonia los presentes, bajo el cuchillo que debia degollarlos! Se 
aparentó un principio de justicia con el establecimiento de tribuna- 
les que oían las acusaciones, y sentenciaban sin apelación, para se- 
ñorearse del territorio acéfalo que componía antes el departamento 
de Samaná que habia abandonado el General Perrand para fortiti- 
carse en Santo Domingo, envió un grueso ejército que destruyó y 
taló las ciudades y los campos como ya hemos referido. 

Vistos estos resultados, era muy natural que todos los negros 
reconociesen el mérito que habia contraído Dessalines con la expul- 
sión de los franceses y su arreglo con la naci(m inglesa, y engaña- 
dos por las apariencias provocaron una junta general de todos los 
jefes militares en la que acordaron el acta siguiente, que se publicó 
en el mes de mayo de 1804: 

♦^Nosotros, generales y jefes del ejército de Haití, conven- 
cidos y plenamente satisfechos de los beneficios que nos ha hecho el 
General en jefe &&. Dessalines, protector y defensor de nuestros 
derechos y nuestra independencia, le declaramos y nombramos, en 
nombre del pueblo á quien ha hecho feliz, Gobernador General vi- 
talitjfo de Haytí; y juramos de buena voluntad que prestaremos cie- 
ga obediencia alas leyes que nos impusiere como emamidas de la 
primera y suprema autoridad que reconocemos en él. Asimismo 
le conferimos el poder para hacer la paz, declarar y sostener la gue- 
rra, y nombrarse sucesor. '^ 

Principió entonces el reinado del terror en toda la colonia, y en 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 



213 



vano se esperó el cumplimiento de las ofertas hechas en las procla- 
man anteri<»res. 

Contaba con una población de 400000 almas, hn ejercito ague- 
rrido de 20000 infantes y 2000 hombres de caballería, pero duró poco 
su reinado. 

\a% ferocidad de su carácter y el recuerdo de sus sanguinarios 
lieclins durante la revolución, le habiai) concitado muchos enemigos 
ocultos que le odiaban, y aprovecharon la ocasión de un encuentro 
con las tropas del mulato Péti(»n que no quería someterse á Dessa- 
lines, para libertarse de él. En un momento favorable, \m joven de 
22 años de sus mismos soldados, le disparó un tiro certero. Quedó 
la tiena libre de ese monstruo, y desorganizadas las huestes salvajes 
que mandaba el titulado Gobernador General de Haití. 







GJ^JPXTTJIuO JSi^^X, 



Inversas formas poUüeas en que estaba diviñUla la parteantes francesa 
de la isla de JSanto Domingo. — Organiza Ferrand la parte oriental 
ó €H2)a ñola.— Continúan las emigraciones, — Declara España la gue- 
rra á la República Francesa^ y se suscita la idea de la Reconquista. 
—Don Juan Sánchez Ramírez^ su caudillo. — Sale Ferrand de la Ca- 
pital: batalla de Palo-Hincado. — Sitio de la ciudad de Santo Do- 
mingo por los dominicanos. — Instrucciones de J). Toribio Montes^ 
Gobernador de Puerto Rico. — Célebre Junta de Boudillo, la cual^ en 
representación delpain^ aunque en nombre de Fernando Vil, confie- 
re el titulo de General en jefe d D. Juan Sdnohez. — Crucero de U)s 
ingleses por delante de la plaza en ayuda de los sitiadores. — Escara- 
muzas y recios combates entre franceses y dominicanos. — Miseria de 
la plaza y bombardeo de ella por los ingleses. — Desembarco del Mayor 
General Sir Hugh Lyle Carmichael en Palenque. — Reconoce líisfor- 
tifica>ciones rfc la plaza .-^ Suh notas al caudillo de la Reconquista. — 
Conciertan el asalto de la ciudad: notas del General inglés acerca de 
esto. — Barquier pide un armisticio y capitula el O d^ julio de 1809. 
— Entrada de las tropas inglesas y dominicanas en la Capital. — Bar- 
quier da vn banquete á los jefes de ellas y se embarca para Francia^ 
— Toma Don Juan Sánchez posesión del gobierno, y dá cuenta á la 
Suprema Junta Central de Sevilla. — Eitipulaciones entre el Mayor 
General ingles y Don Juan Sánchez, por las cuales se conoedian cier- 
tas ventajas á los ingleses en agradecimiento de su cooperación du- 
rante el sitio. 




KTION se mantenia en los depíiilainentos ilt^l Oeste y Sur |>re.si- 
^ oliendo un gobierno republicano, de conformidad cmi sus oonvic- 
^ ciones políticas que babia formado en Fiancia,donde babia recibido 
su educación y adquirido algunos conocimientos y el título de inge- 
niero civil. Kjerció con lucimiento su profesión; y en las revueltas 
délos últimos años alcanzó renombre como el más valiente entre 
los mulatos, desj ues del General Olervaux que acababa de niorir. 
Curioso era, durante este período, el espectáculo de tantas íbr- 
nias políticas como existían entonces en la relativamente corta ex- 
tensión de una isla. Una provincia del imperio francés en el Este, 
gobernada por el General Ferraml, cuya capital era la antigua y 
privilegiada ciudad de Santo Domingo; en el Norte un reino babi- 
tado por negros bajo el cetro del General Enricpie Cristóbal, con el 
Giiarico por Capital; en el Oeste una república de mulatos cuyo 
Presidente eraPétion y su capital Puerto Príncipe; en el centro uu 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 215 

estndo indopenrtiente constituido por negros y regido por uno de los 
íavoritos de Tonssaint Ihmnido L'elipe Dos, sección que ocupa- 
ba el Mirebahus y nuis tanle se incorporó á la República; y final- 
mente, otro constituido i)or mulatos en el Sin*, gobernado por Ri- 
ga ud y Borgella, cuya capital era Los Cayos y el cual también se 
anexó á la República, sin contar id palenque ó agrupación de africa- 
nos bozales bajo las órdenes de Goman en Jeremías, al extremo de 
la península que forma la punta suroeste de la ivsla. 

Habíase propuesto el General Feriand organizar definitivamente 
el territorio del Este ó antigua parte Española, hasta que se resta- 
blecicíse la paz, y se hallaba revestido con poderes extraordinarios. 
Promovió el corso, tanto en el puerto de Santo Domingo como en 
el «le Santiago de Cuba, valiéndose para ello de los franceses allí re- 
silientes, y por este medio facilitó las relaciones mercantiles. Tam- 
bién procuró revivir la activida<l en el puerto de Samaná, y con es- 
te objeto se enq)ezaron á fomentar cafetales, siendo uno de los mas 
notables el que fundó Mr. Chesfontayne, caballero de Malta, y agri- 
cultor muv entendido. 

Continuaban sin embargo emigrando muchas de las familias 
españolas, aunque las (pie permanecieron en el país no fueron desa- 
tendidas, antes bien tuvieron motivos |)ara encomiar el bonda- 
doso carácter del General Ferrand, cuya conducta fue siempre 
moderada y juiciosa; pen) en 1808, recibió noticia oficial de la de- 
claración do guerra qu(i hacia á Francia la nación española, y este 
acontecimiento á que dio margen la traición del Emperador Napo- 
león y el secuestro de la familia real de España, despertó profunda 
indignación y exaltó el sentiniiento nacional en el pecho de los do- 
minic^anos. Algunos de estos, emigiados en Puerto Kico, proyec- 
taron enseguida la reconquista de la antigua parte española para 
someterla de nuevo al dominio de España. Fue el alma de este 
levantado y patriótico pensamiento, y el que habia de llevarlo á ca- 
bo con extraordinaria f«»rtuna y eterna gloria para su nombre, 
Dim Juan Sánchez Raunrez, hacendado, natural de la villa de Co- 
tuy, que desde Puerto Rico observaba el curso de los sucesos y ha- 
cia tiempo que revolvía en su mente la idea de libertar á su patria 
del yugo francés y restituir á la metrópoli su antigua cohmia. 

Don Juan Sánchez, nacido en 17(>2, de una distinguida familia, 
liabiasido Coi n^gidor de su villa natal y ejercido otros cargos impor- 
tantes desde muy joven. Rotas las hostilidades entre las dos colo- 
nias ci>lindantes á consecuencia de la guerra entie España y Francia, 
Sánchez Ramírez acudió a la frontera capitaneando una compañía 
de lanceros que nmutuvo á su costa, y en los combates que libraron 
españoles y franceses, aliados los primeros con las tropas negras de 
Juan Francisco y Biassou, se señaló como guerrillero astuto, enten- 
di<lo y valiente. La cesión de la parte española d(i Santo Domingo 
á Francia, exasperó á los patriotas, que estaban mirando la impo- 
tencia de esa nación para conservar el nuevo dominio y preveían la 
absorción haitiana. Retiróse á su hacienda, protestando contra los 
hechos consumados; y cuando vló que su previsión no era fallida, 



216 fiíSTORlÁ DE SANTO DOMINGO. 

y á Toussaint L'Ouverture tomar posesión de la parte española en 
nombre de Francia, llegó al colmo su desesperación, la cual conti- 
nuamente le sugería planes y maquinaciimes encaminadiis ii la re- 
conqtiista del suelo patrio y la nacionalidad primitiva. Desalojados 
los haitianos y recuperada la colonia antes española por el gobierno 
flanees en 1802, Sancliez continuó, durante la administración de 
Ferrand, conspirando sigilosamente, excitando á sus ctunpatriotas 
para aprovechar el momento favorable, y poniéndose de acuerdo 
c(m otros dominicanos adictos á España y dispuestos á deshacer á 
todo trance el vergonzoso convenio de Basilea, entre los cuales me- 
recen especial mención D. Andrés Muñoz, ilustre hijo de Santiago de 
los Caballeros, D. t'iriaco R?imirez, vecino de Azua, y un tal Sar- 
miento, del Seibo. Trasladóse D. Juan Sánchez á Pto. Rico en don- 
de residían muchos dominicanos, (piienes acogieron con entusiasmo 
sus planes, y obtuvo de su G(.bernador el Brigadier D. Toribio Mon- 
tes, el ofiecimiento de auxilios y recursos para el momento opor- 
tuno. Fueron denunciados semejantes ujanejos al General Fer- 
rand, quien al retorno de Sánchez, le llamó A la Ca[Mtcd procurando 
disuadirlo ó amedrentarlo; pero éste esquivó astutamente el peligro, 
y fugó á Pto. Rico, activando allí sus preparativos de reconquista, 
al llegará su miticia los sucesos de Bayona y de la alianza de Ingla- 
terra y España contra Francia, y connsionó a Salvador Félix y 
á Cristóbal Hubert para que promoviesen el alzamiento en nombre 
de Fernando VII y proclamasen la soberanía española en Santo Do- 
mingo. Cuando Sánchez desembarcó en la costa del Jobero, ya 
hablan empezado i movei'se los conjurailos, y así fué que al entrar 
en el Seibo, logró á duras penas librarse de ser cojido por el desta- 
camento que á las órdenes del coronel Manuel de Peralta envió 
allá Ferrand para hacerle prisionero. 

De oculto recorrió el caudillo los dos departamentos, poniéndo- 
se de acuerdo ccm sus antiguos andgos y con los conjurados de 
Santiago, La Vega y el Cotuy. La insurrección estalló al fin en la 
costa del Sur capitaneada por los jefes encargados para ello, 1). Sal- 
vador Félix y Don Cristóbal Hubert Franco los cuales fueron de- 
nunciados por D. José Laxara; pero esto no obstante, el movinnento 
revolucionario se propagó hasta Azua y Neyba, adhiriéndole á él 
con su gente Ciríaco Ramii-ez y su cuñado Manuel Giménez. El 
General Ferrand envió al coronel Ausenac con tropas para sofocar 
el alzamiento; mas fué rechazado y tuvieron h>s francest\s que reple- 
garse á Azua. Envalentonados losdonunicanos, posesionáronse de 
Azua, Las Matas y el Corojo, y en vano el valiente coronel Ausenac 
entregó al incendio las posesiones cercanas al pueblo, y dio un asalto 
en Sabana Muía. Unióse á los paisanos sublevados Don José Es- 
pinosa, y se apoderaron de Javara (?) en Santiago. Don Agustín 
Franco de Medina, dominicano adicto á Francia, no cesaba de «lar 
avisos respecto á la desconfianza que le inspiraban el cura, Don 
Marcos Torres, Don Diego Polanco, Estevez y Molina, denun- 
ciando al mismo tiempo á D. Juan Sánchez Ramírez, D. Miguel Al- 
varez y D. Miguel de los Santos, cabecillas de la insurrección, de- 



HISTORIA DK SAI9T0 DOMINaO. 217 

Tiuiicias que hacia por conducto de 8u cuilado Don José del Orbe,ooii 
quien se ctmiunicaba. 

Pero los santiagiieros organizaron sus col ni;) ñas, prendieron á 
I>oo Agnstin Franco de Medina y en número «le seiscientos pusié- 
ronse en marcha para ir á reunirse á 1). Juan Sánchez en el Seyho, 
ci>nio en efecto lo verificaron justamente la víspera de la famosa 
batalla de Palo Hincado. 

Creyendo el General Ferrand que su sola i»resenc¡a bastarla 
para imponer respeto á los dominicnnos, salió de Santo Domingo 
con quinientos hombres veteranos el IV de Noviembre; haciéndose^ 
preceder por su hombre de confianza D. Manuel de Peralta provis- 
to de una proclama que contenia mil promesas y otras tantas ame- 
nazas. A nada se prestaron los dominican(«s; y D. Manuel Carvajal, 
que mandaba la vanguardia, prendió á, Peralta. Ya elegido Gene- 
ral D. Juan Sánchez liamirez, no hizo caso de la intimación que se 
le hacia, y el día 7 formó sus 1200 hombres de ipfantería y lanceros 
armados de machetes y sus seiscientos ginetes en una posición há- 
bilmente escogida. 

Poca importancia dio el veterano General francés alas opera- 
ciones míhtares de suscoutr.irios, y tomó al momento t^us disposicio- 
nes para el ataque. En elrcto, la guardia avanzada del ejécito fran- 
cés, al niando del capitán P>ii('ti, dio priiuipio á la acción; i)ero ape- 
nas la col unuia acababa dedesplegir. e para poneré en línea de bata- 
lla, rompieron li>s dominicanos un fuego horroroso que desordenó las 
filas, y, C4irgando los ginetes por los fiancos, fueron desbaratados. 
Sobrecojió el pánico á todo el ejército fiancés, y no le fué posible 
ya rehacerse. 

En vano el General Ferrand hacia esfuerzos heroicos para con- 
tener su desbordada gente que habia empremlido desordenada fuga. 
Uabia perdido la mitad de su caballería, y reconoció que no tenia 
ya otra cosa que hacer sino resguardar su persona. Perseguido d($ 
cerca por numerosos ginetes, sostuvo aun cuatro horas de lucha á 
brazo partido, cayendo á sus pies la mayor parte de sus compañeros. 
Casi toda la oficialidad francesa habia quedadlo en el cam^M), y el 
pundonoroso Ferrand, no queriendo sobrevivir á su desgracia, cuan- 
do buia con algunos de sus oficiales, pidió á uno de estos dos car- 
luchos con que cargar su pistola, disponiendo que sus subalternos 
hiciesen lo mismo, é internándose en el monte, se levantó la tapa 
de los sesos. Oyeron el tiro los oficiales y al encontrarle, cubrieron 
su cadáver con ramos, por no tener tiempo para cavar una fosa, sal- 
vándose ellos como por milagro, pues tomando el camino de la costa 
salieron por la Uomaua. 

Poco después, cincuenta ginetes, con el Comandante Pedro San- 
tana á su cabeza, lanzados en pos de Ferrand, encontraron el cadá- 
ver, y el dicho Comandante separó de un sablazo su cabeza, lle- 
vándola como trofeo á D. Juan Sánchez. 

Fué tan activa la persecuciim, que sólo entraron en la ciudad 
de Santo Domingo cuarenta hombres de aquellos veteranos. Mu- 
rieron los jefes de batallón Desfile y AHier, y los capitanes Brieti, 



218 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Bosqnet y SonbiMbie. Los domiiiiennos acíimpnroi) en Palo-Hincii- 
(lo, en cuya sabana se hahia (bulo lacélebie batalla. Llegada la 
nneva tí Santo Domingo, encargóse del mando el jefe de nnis alta 
gradnaeion (jne lo era el Brigatíier Bai(|nier, (piien se apresuró á 
poner la plaza en estado de defensa, ordenando al eoronel Ansenac 
replegarse á la (capital, al anipnrode sns foitalezns. 

Ño tardaron los donnnicanos en apareeer A vista de la arlillada 
oindad; estableciendo 1). Jnan Sánchez Kandiez sn cuartel general 
en la hacienda JaiiiamoHa^ Á tres leguas de acinella, á tiempo que 
Ciríaco Uamirez, {\ la cabeza de la divisií)n del Sur, y (juc venia pi- 
cando la rctnguanlia ;l Ansenac, principió las hostilida^les por la 
partí» d(d Oeste. Tuvieron lugar algunas escaramuzas hasta el 30 
de Noviembre en íjue se trabó una acción bastante refuda en los 
alre<ledoies del castillo de San Geróninu), que esta en el candno 
real di* Jaina á una milla ó algo mas de da ciudad. En breves dias 
quedó complc*:am(Mite sitiada la plaza. El *J*J de Diciendire reci- 
bieron los dominicanos unas instrucciones (pie renntia el (Tl(d)erna- 
d(»r General de Puerto Kico relativas á las operacitaies nulitares, 
las cuales en resumen decían así: **PrinuManu*nte: habiendo sido 
autorizado i)or mí Don finan Sánchez Rannrez desde Agost*» últinu), 
en cuya época el General Feírand hizo publicar proclamas incen- 
diarias y degradantes contra la nación española, y esparcido la noti- 
cia de (pie Puerto líico se hallabaen esUulo de insurrección, para po- 
ner su país m» s()lo en defensa enviándole los efectos tpie nei'esit^iba, 
sino para a|)oderarse de la |)laza de Santo Domingo, tíunando las 
nuMlidas (pie juzgara conveniente ])ara lograr la empresa; y piu* res- 
|)eto á su valor, á sus buenas disposiciones y á la victtoria completa 
que ha ganado el 7 de Noviembre sobre his tropas fiancesas man- 
dadas por su general, que perdió la vida, he venidí, en conferirle el 
grado de segundo comandante y laugo de Tcni(*nte ('oronel en (pie 
se hará reconocer. 2V Don rluan Sánchez (*s advertido que, por cau- 
sas que le escribo en esta fecha, el gasto d(* sus oticiales y tropa se 
hará por él desde el IV de Enero, y se reembolsará cada mes en la 
tesorería de Mayagiiez. IV^ Independiente de los oticiales y trofias 
anxiliar(\s, D. Juin Sánchez esta autorizado para formar (livisiones 
de infantería para facilitar las operaciones y hacer (d servicio (pie se 
requiera. 49 Los cm ri)os de caballería formados y orgaiuzados con- 
torme al modo juescritt) á Don Juan Sánchez se compondrán de 
gentes del país, o? En consideración á ipie Don Ciríaco Kamirez y 
Don Cristóbal Hubert han reunido una división de hombres arma- 
dos en los partidos de Azua. se previene á D. Juan Sánchez (pie los 
lije y se entienda con aipiellos sobre el destino (pie deban tener. 
En cuanto á Don Manuel d(» Peralta lo(»uviarán prisionero á Puer- 
to Ilico. ()V Las armas y municiones (pie Don Juan Sánchez reciba 
del General negro Enrique Cristóbal será por su cuenta, sujíuesto 
que todas las (pie se le entreguen en el estado (pie se reciban senín 
devueltas ó pagadas, pero bajo ningún ctmcepto se admitirá ningún 
negro en esta expedición; y los Franceses en quienes no debe tenerse 
confianza y que viven en los pueblos de la parte española se reuní- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 219 

rán y debelan ser íínardadoa A vista por una tropa armaila en el In- 
|í;u* mas lejos <le la plaza, y lo misino debe liaeerse con los españo- 
le» sospechosos; eii consecuencia se impeilirá todnconiunicacion con 
Santo Domingo, y se procurarán buenos espías para dar cuenta <le 
t<>do li> que pase á Don Juan Sánchez. 7V Con relación á los me- 
dios de tomar hi plaza y á su capitulación ya he dado {\ Don Juan 
Sánchez las instrucciones y reseñas fíecesarias sobre la conducta que 
lia de observar, bien entendido que comunicara sus instrucciones al 
cin'oiiel Don Andrés Jioíenez. 8V En el caso (jue se entre en la pla- 
za se evita huí todos los desordeues, sa(iuet)S y pillajes. Los alma- 
tvnes de guerra, aruias, munieiiuies, artillería y otros objetos deben 
pertenecer al Iley por derecho de couípusta, lo mismo (pie los edití- 
cíos públicos, casas, bienes y efectos IVanceses ii otras naciones que 
hubieran toniad() las arnns contra nosotros. í)9 La goleta y caño- 
nera se convoyarán recí|Hocamente desde el acto de su salida de 
San Juau liasta el Soeo en {]ur si» deseüdíarciu/ni los objetos, y la 
gideta Vídvera seguidainrute á IMierto Kic > con un cargamento de 
caoba. Se me enviarán por este biiq le hu observaciones relativas á 
las circunstancias, á la siínarion en q le se encuentra el ejército, la 
fuerza de la plaza sitiaila. si islá priivisionada, y si será necesario 
mainlar piezas de aitiileríi <l('siiio. Kn \\\\ se me instruirá de los 
proyectos (pní podrá tener 1) >n Jn r.i .'viuehez, después de haber 
hablado con él. 10? Daieis parte <le ¡nis disposiciones á Ciríaco Ka- 
mirez y Cristobí^l Hubert, cuya o|Hniou deseo saber, pero es útil y 
ventajoso que reine ptTÍecta uuanimi<lad en la ejecución de ñus ór- 
denes. IIV Se enviará un i)arhnnentario á la plaza paia intimar al 
gobierno se rinda para evitar las consecuencias (pie podrían resul- 
tar de su negativa, sui)nesto que no puede tener espeíanza de ser 
socorrido, y en caso cpie se rinda se le concederá lo nnsmo (jue á la 
guarnición los honores de la guerra, sus armas y equipajes y serán 
trasportados á Cuba sin maltiato. — Puerto Kico 12 de Diciembre de 
1808." 

Mas adelante el mismo Gobernadíir de Puerto Rico aprob() que 
Ciríaco Ramírez y Hnbert se hubiesen sometido á la autoridad de 
Don Juan SanclK»z, (pie habían desconoitido por mala inteligencia; 
previno que colocados los cañones para el sitio se intimara inmedia- 
tamente al Genend enemigo; y aclvirtió (pie naila se tratara con el 
mulato Pétion ni con Crist(')bal sin su conoeimiento, conservando la 
buena armonía y respetando los límites: que se construyeran barra- 
cas para las tri>pas, y (jue si se necesitaban armas de los mulatos ó 
negn>s íuera según el orden (pie tenia prescrito: (jue se reconociera 
como mayoi" general de armada á Don Franciseo Valdeirama, y al 
Teniente de Milicias Don Francisco Díaz, (pie se encontri') en la ba- 
talla de Palo-Hiuí'ado, el grado de capitán: (jue Ramírez y Hubert 
se reuniesen al ejército del liste: que en el caso de rendirse la plaza, 
sé observara el mas estricto (irden en los inventarios y averiguacio- 
nes de las proi)íedades públicas y privadas: que Don Juan Sanch(»z 
sirviese en ese caso la jdaza de Teniente Rey, y Valderrama la de 
Sargento Mayor: que se organizasen cuerpos de milicias de mil dos- 



220 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

cientos hombres veteranos, y compañías de ciento con los oficiales 
del regimiento de Puerto Rico, y (¡el mismo modo un cuerpo de ca- 
ballería «lue se distribuiría en la frontera: que Don Juan Abrcu es- 
taba encargado de instnnr cien urtilleros para el seivicio de la pla- 
za: que se nombrase Contralor Capitán del Puerto, dándose á los 
iii^;le8cs los socorros y ac(»«;imiento de buen aliado: ({ue los soldados 
que se alistasen fuesen voluntarios: que supuesto que Salvador Fé- 
lix habia conseguido del General Pétliion cuarenta cajones de car- 
tucluís, cuatro mil pietlras de fusil y cien lanzas, (|ue se empleasen 
déla manera mas conveniente: que se remitiesen áCuba las trcipas 
francesas en los bu(|ues que hubiese en el puerto para evitar gastos: 
que enviaba á Don Francisco Javier Miura y Di»n Francisco Apon- 
te, cadetes, para ipie se les emplease; y que, por último, les remilia 
harinas. 

Fueron acogidas por los dominicanos estas instruceiones, diri- 
das al coronel Don Andrés Haturuino Ximenez^ con general y justo 
desagrado, provocando vehementes protestas. Don Juan Sánchez 
supo aproveeharse del estado de los ánimos y con suma habilidad y 
diligencia congregó á sus parciales, haciéndoles ver la necesidad de 
un acuerdo para evitar rivalidades y asegurarla unidad del maiido. 
En cousecuencia se convocó una Junta de Delegados, la que se reu- 
nió en el cuartel general de Bondillo el 18 de Diciembre, según 
consta del acta siguiente: (Véase en el Tomo IV, Diario A^ D. 
J. Sánchez Ramírez ) 

Después de este importante acuerdo que centralizaba la autori- 
dad en tnauos del llamado á ejerceila por sus méritos y por la vo- 
luntad de sus couciudadanos, procedióse á la organización del ejér- 
cito sitiador. Forniáronse tres divisiones: la del Este á las órdenes 
de Don Manuel Oarbajal, la del Norte á las de Don Diego Polanco 
y la del Sur á las de l)(m Juan Sánchez, General en jefe, y hecho 
esto, se estrechó el sitio ile la plaza. Ocurrieron algunos encuen- 
tros y hubo jiarlamentarios de una y otra parte, sin que llegase á 
haber un avenimientí». Durante estas primeras operaciones, sus- 
citáronse desavenencias entre los dominicanos, siendo la de mas 
nota una polémiea en regla sostenida entre el Dr. Don l^ernardo 
Correa Cidron y Don Juan Sánchez sobre la legalidad de los pro- 
cedimientos de mío y otro. 

Eficacísimo fué el auxilio que en esta sazón prestaron á los si- 
tiadores los cruceros ingleses, destacados de la escuadra de Jamaica, 
en virtud de la alianza pactada entre Inglaterra y España; con lo 
cual se apretó estrechamente la plaza, encargándose los navios ingle- 
ses de bloquear el puerto. 

El 24 de enero tuvo lugar el impetuoso ataque del castillo de 
San Gerónimo, que fué sangriento, y en que experimentaron do- 
minicanos y franceses no escasas pérdidas entre muertos y prisione- 
ros; tras de lo cual tornaron á conferenciar parlamentarios, pero sin 
fruto. Los parlamentarios franceses fueron el capitán Gilberto Gui- 
llermin, que escribió la historia d^ estos sucesos, Don José Lavas- 
tida y Don Bamon Cabral. Pocos días después hubo un formal en- 



HISTOUIA D£ SANTO DOMlNao. 221 

cuentro en la liaciernla GwW; y como consecneiu-ia, reaiiiuh'iroiiRe las 
iuígociuí:i(>nes de parte ile los franceses, y se dirigieron al campo do- 
iniíiicano, que se habla trasiailado al otro lado deí rio Ozania, el sn- 
)irad¡elio Cabral, I). José del Orbe y 1) Juan Santin en clase de par- 
laiiientarios, sin lograr otra cosa (¡nc el canje de prisioneros; y rotas 
nuevamente las hostilidades, se recrnde(?ió el luego entre las forta- 
lezas de la ciudad y las trincheras de los sitiadcires. Kn estas cir- 
cunstancias vino de Santiago Don Francisco Kstevez á la cabeza 
de quinientos cibaefios para incoi porarsc al ejército dondnicano. 
Entonces (2() de tVbrerode ItSOD) tentaron los Iranceses el paso del 
Ozama, á despecho délas formidables trincheras y defensas que 
habían acumuladlo en aquellos puntos los sitiadores. El asalto da- 
do {\ las trincheras de Manganagua, fné impetuoso 6 irresistible. 
Pero atiuellos eran los vencedores de Palo-Hincado; y la pelea fné 
reñidísima. Perdieron los dominicanos mucha gente, mas los fran- 
ceses tuvieron qne retirarse con mayores pérdidas. 

Entre estos combates parciales, salidas y escaranuizas, corrió 
el tienqio, hasta el mes de mayo, en que el Brigadier Üon José Ma- 
ta, qne habia sustituido á Don Andrés Ximenez, intimó la rendición 
al General Baiqnier desde su cuartel de B^inoa, á lo que contestó 
el sitiado que estaba resuelto á defenderse hasta la última exti-emi- 
dad; é igual C(mtestacion dio al capitán ingles de navio Guillermo 
Price Onmby, que le habia hecho la misma intimación. Entonces se 
renovó el ataque por mar y tierra,estrechando los ingleses el bloqueo. 

La miseria qne sufrían los habitantes era extrema; y la tercera 
parte de la guarnición estaba en los hospitales por causa de enfer- 
medades. 

El 22 de Mayo comenzó un vivo bombardeo por mar y tierra, 
y durante los dias subsecuentes ocurrieron varios encuentros por ha- 
ber intentado salidas los sitiados. 

El tlia 7 de Jimio empezó otra vez el bombardeo por mar y tierra, 
y los alia los ingleses apretaron el asedio levantando nuevas trinche- 
ras y fortiticaciones frente ala plaza. Durante ese ataque cayó sobre 
la bóveda de la catedral una bomba, y apagada su mecha que- 
dó allí enclavada, donde ha continuado hasta nuestros dias, dando 
testimonio de la solidez del editicio, y para los creyentes, de la mila- 
grosa intervención de la Providencia. 

Muy lastimosa era en esos momentos la situación de Santo 
Domingo. Los infelices vecinos estaban reducidos jior la falta de 
subsistencias á la mas espantosa miseria por un lado, y por otro, 
á los mas crueles tratamientos de parte de los franceses, que descon- 
íiaban de su fidelidad y adhesión al gobierno. Una proclama que 
dio el General Barquier en aquellos nefastos «lias revela la escasez 
de víveres déla plaza: la menestra se vcndiaá precios exhorbitan- 
. t>es. Por último tuvieron los sitiados, después de haber consumi(U> 
bun'os y caballos, que alimentarse con animales inmundos, y les lle- 
gó su turno á los peiros, gatos y ratones. Entre tanto, no era mu- 
cho' mas halagüeña la situación de los sitiadores. El valiente ejér- 
cito de los patriotas sufria también necesidades y escaceses poco 



222 HláTOKlá. DK SA.NTO DOMíNOO. 

menos apreinirUiles que las <le la plaza asediada. En estase liaeian 
ya insoportables los apuros del hambre, al extremo de consti- 
tuir el manjar mas nutritivo y codiciado los cueros y curtidos, coci- 
dos y condimentados, cuando escasfuron las bandadas de palomas 
que cazadas desde las az(»teas de las casas hablan durante algnn 
tien)po suplido á las otras carnes. Vanos hablan sido todos los es- 
ftierzos hechos por los (jorsarios franceses Fores y Hottin para lle- 
var en sus atrevidas goletas algunos barriles de harina á la faméli- 
ca guarnición. 

Tal era la situación á fines <lel mes de Junio cuando después 
de once couibates, de los cuales fueron los mas empeñados y mortí- 
feros los que selibraion en San üerónimo, Manganagua y Oaiá^ 
en los que Juan Sánchez y los patriotas hicieron prodigios de valor 
y ccmstancia que reCi)nocicron y encomiaron sus enemigos, presen- 
tóse en la costa la escuadrilla con las tropas de desembarco mandadas 
píu* el Mayor Gen(*ral 8ir Ilugh Lyle Carmichael que habia salido 
de Jamaica para auxiliar á los domini(!anos. 

J>esembarcó el Jefe inglés en el Paleniiue y procedió á hacer 
minucioso reconocinnento de las fortid(!aciones de la plaza y de sus 
contornos, operación que no terminó hasta los últimos dias del mes; 
pero ya antes habia procuratlo ponerse de acuerdo con el general 
don)inicano })ara concertar la acción combinada de las fuerzas alia- 
das, como i)uede verse por la siguiente comunicación, fechada a bor- 
do del bergantín inglés Lock^ y dirigida áÜon Juan Sánchez: 
"Señor: 

Tengo el honor de comunicar á V. K. que á consecuencia de 
lo dispuesto porelVice Almirante Rowley, Comandante en Jefe 
de las fuerzas navales de S. M. B. en Jamaica, é informado por el 
Comodoro Cumby, comandante de la escuadra de S. M. en Santo 
Domingo, de las contestaciones (pie han mediado con el üeíieral 
Barquier, considero de mi oblignciim adoptar las mas eficaces medi- 
d¿i8 para ayudar X las armas de S. M. Católica en cuanto me sea po- 
sible, auxiliando á V. K, en sus a(M3rtadas operaciones para expulsar 
51 los franceses de la ciudad de Santo Domingo y que sea restiluiíla 
á su legítimo Soberano. 

Para este fin he creído conveniente formar un cuerpo de arti- 
llería é inspección (pie obediente a las órdenes de su rey y mante- 
niendo el honor de la l>andera inglesa, coadyuven á la gloriosa causa 
délos [»atriotas españoles. Inforuíado de que las fortificaciones de 
la plaza son fuertes y que confiando en ellas los franceses esperan n*- 
fuerzos exteriores, y que el ejército de V. li. carece de la necesaria 
artillería, me parece que lo que mas convitjne es abrir un acceso al 
enemigo y probar á los franceses el intrépido espíritu y el valor jura- 
do por la lealtad á su soberano, y amor al pais. 

'*Se ha despachado el bergantín Lark con una división de tro- 
pas que se hicieron ;i la vela el 7 de este mes, y tengo el gusto de 
anticiparle esta. noticiad V. lí. ansiando vivamente que en nuestra 
próxima entrevista concertaremos las medidas mas acertadas para 
la próxima expulsión de los franceses «le esta parte del globo. — Ten- 




HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 223 

goel honor &. &. — H. L. Carinichacl. — Abordo, Junio 17 de 1809. 
A S. K. el General 8iinch('Z llaniiroz." 

En efecto, la anunciada entrevista del Mayt>r General inglés con 
el General Sánchez se llevó á oabo el 30 de Junio, y en ella convi- 
niiTíUi las disposic¡i)nes (jue habían de preparar el asalto detinitivo. 
Acordaron Ci>rtar las CAiniunií-aciones de la ¡daza con el tuerte ile 
San Gerónimo y hacer cuarteles en el pueblo de San Carlos, doniie 
8e situaron las tropas auxiliares. En estos momentos en que se 
a(;tivaban los preparativos para un vigoroso atatpie llegó á Slo. Do- 
mingo la noticia de que los beiganlines Bciiuher y Fi^rlh, con las 
fragatas Aurora y JJedahis^ se habian apoderado del puerto y pue- 
blo de Samaná apresando también los barcos cargados y anclados 
en la balda, y que la [población francesa de OüO almas, hombres, mu- 
jeres y niños que habían tratado de escaparse en un ct)rsario de Ti 
cañones en que se habian refugiado, tand)ien había sido hecha pri- 
sionera, después de una leve resistencia. Agr<*gábase que se babian 
pedido tropas á Puerto liico para guarnecer á Samaná. Este des- 
calabro produjo desastrosa impresión en los sitiados de hi Capital y 
contribuyó poilerosamente á inclinarlos á la capitulación. 

Entonees el General Barquier se decidió á pedir un annisticio, 
aunque todavía se nianifestaba obstinadamente resuelto á no ren- 
dirse prisionero de guerra. 

Sin embargo, la situación era materialmente insostenible. La 
guarnición perecía de hambre. Al iiu el General Barquier convo- 
có un consejo de guerra y aüí se convino que ya era tiempo de tra- 
tar de laevacuacion de l.i plaz:i y términos de la capitulación. 

IJe las negociaciones entabladas i)ara ese íin y de las operacio- 
nes nulitares (le los |)rimeros días del mes de julio (pie dieron por re- 
sultado larendieion de la plaza, á faitii de los nnnuciosos pormeno- 
res contenidos en las paginas estr<iviadas del />íí//'Íí> de Don Juan 
Sánchez ((jue en su estado incompleto se pubhcaríí en el tomo 
IV de esta Historia) se encontiará una relación Hdedigmi y auto- 
rizada en la siguiente comunicación oticial, dirigida á su Gobierno 
por el General Carnnchael. Dice así: 

*'San Carlos, frente á Santo Domingo, 8 de Julio 180Í). — Mi- 
lord:-Tengí>el gusto de participar á V. E. que salí de Jamaica el día 
9 del mes pasadO, con las tropas citadas al nuirgen, con las que de- 
sembaniué en Paleuípu^, el mas pió.ximo lugar de líesembarque, dis- 
tante 13 millas de Santo Domingo, y de donde procedí el día 28 á 
reconocer los fuertes y fortíHcaciones, operación completamente 
tenninada el dia 2i); y plenanu'ute convencido de que las murallas 
y fortalezas eran asaltables por un golpe de mano, y considerando la 
guarnícjím que los ha defendido con bravura durante un sitio conti- 
nuado de ocho mes(\s, me pareció (jue debia touiar medidas pnmtíis 
y decisivas contra un bizarro enemigo, evitando así los graves in- 
convenientes de la estación de las lluvias, el enemigo mas tenüble 
|)iua nosotros, que ya ha causado nnich(»s estragos en las tilas de los 
españoles naturales del país, de los cuales hay 400 ó 000 fuera de 
servicio, y que probablemente causaría entre las tropas inglesas aun 



224 HtSl'OBlA DE SANTO BOMlNOO. 

mayor inoitaiidad que un asalto sobre las nitirallas. 

"Su excelencia el General Sánchez á quien lie visto el 30 del 
pasado, y de quien tuve la mas cordial y amistosa acogida, aunque 
enfermo desde hace tiempo por efecto de las fatigas y privaciones, 
ordenó á la^ tuerzas espafnihis de t^Klos los puestos militares que 
ejecutasen mis ónlenes, como lo hicieron con diligencia, en un mt>- 
vindento de avance que ha servido para cortar eficíizmente las comu- 
nicaciones entre la ciudad de Santo Domingo y la fortaleza de San 
Gerónimo, y para cubrir el desembarcadero que asegura nuestra 
comimicacion con la escuadra. 

Habiendo e^i la misma tarde rehusa<lo el General francés los 
t4^*rminos de un armisticio propuesto para la rendición, hice avanzar 
un destacamento de españoles á la Iglesia de San Carhis, y allí es- 
tiiblecí mis cuarteles ¡1 tiro de fusil de la ciudad, esperando que se 
reunirían conmigo a<iuella noche las tropas inglesas; pero esto fué 
impracticable por el tiempo lluvioso, y se ejecutó en la del dia 1" del 
corriente, después de grandes fatigas y privaciones, recorriendo las 
tropas malos canunos, b:go un temporal, y pasando los ríos con 
grandes dificultades. 

"El IV de Julio recibí otra carta del General Barquier, en res- 
puesta á la que yo le habia escrit(» manifestándole que esperaría 
BU contestación hasta las doce <lel dia siguiente. 

"Observando uu fuego continuo de fusilería en los muros de la 
plaza, mientras Vstaha enarbolada la bandera blanca, salí con un 
piquete de dragones, y envié un edecán A preguntar la causa de esos 
disparos; el cual fué recibido cintesmente, explicándole el General 
Barquier que los vecin(Ks de la ciuda«l disparaban contra las palo- 
mas que volaban sobre sus casas, pero que iba á dar órdenes ter- 
nnnantes para que cesase el escopeteo durante la suvspension de hos- 
tilidades. ' 

"El dia 2 recibí carta del General Barquier respecto al movi- 
miento de mis tropas hacía San Carlos, (pie iiabia sido ocupado des- 
de el 30 de juniíi, cuando fueron p<»r mí rechazadas sus proposicio- 
nes para un armisticio. El dia *4 se reunieron los Comisionados pa- 
ra la Capitulación. Los franceses declararon (pie sus instrucciones 
eran precisas, en contra de la rendición, lo cual me era sabido, por 
los prisioneros y por las cartas interceptadas; y como yo no me creia 
exento de responsabilidad si admitía las negociaciones en otros tér- 
minos que los anteriormente propuestos, s^i suspendió la entrevista 
hast^i que yo pudiera consultarme con el Comandante de las fuerzas 
navales. 

"A consecuencia del mal tiempo no se recibió hasta el dia 6 la 
espenida respuesta que c(rtncidia con nn parecer, resi>ecto á las con- 
dicí(»nes que p()drian ofrecerse al enemigo. Fui también informado 
de que el rio Fjlagua habia ciecido y por consiguiente (pied£\bamo8 
sin comuniCcicioÁ con la mayor parte de nuestros almacenes y pro- 
visiones, lo que me obligó á dirigirnie al Capitán Cumby y requerir 
que me socorriese con sus mariiHM'Os armados, municiones y víveres, 
todo lo cual se me sumiídstró con cordialidad. 



ttiatOBIA Í)K ^ANTO DOMINGO. 225 

^^Con humilde sumisión al poderoso Arbitro de los aconteci- 
mientos 3' lleno de continnza en la justa causa que sostienen los in- 
gleses, escribí al General Barquiery su guarnición, que aun rehusa- 
ba rendir las armas; é inmediatamente tomé las siguientes disposi- 
ciones: 

**La 1? Brigada, al mando <lel Teniente coronel Horeford, que 
propuso esta Comandancia íi su oficio de delegado Ayudante General. 

"La 2^ Brigada bajo el Comamlante Carey del Regimiento 54. 
El Teniente coronel Smith del 55, valeroso oficial, no pudo reunirse 
porque el transpi»rt<í Dieigo en que estaba embarcado era mal vele- 
re», y su ausencia me hubiera sido nmy sensible por él y su gente 
si se hubiera da<lo el aisalto. 

*'A I primer cañonazo del enemigo debia formarse la reserva del 
Real Irlandés, el 54 de Grauaderos, 60 hombres del 29 Regimiento 
deludías Occidentales y el mismo número del Regimiento de Puerto 
Ric(», tuerza suficiente ])ara cubrir lo largo del muro é Iglesia donde 
estaba mi cuarttd; á lo que se agregabau2() cañones y un mortero, 
á distancia de 388 varas. Luego ordené al brigadier general French, 
activo y celoso oficial, que se apoderase de una posición, distante 
450 varas de mi retaguardia, para que si hiciese una salida la guar- 
nición, la dejase aproximar y cargase á la bayoneta, hasta hacerlos 
retroceder á la plaza. Si permanecia el enemigo dentro de puertas, 
debian hacerse fingidos ataques en diferentes puntos durante la no- 
che y estando preparadas las escalas de asalto, este debia verificar- 
sede día claro en la primera oportunidad favorable, alojcin(h)se 
sobre los bastiones, pero las tropas no habrían de entrar á las calles 
basta nueva orden. 

"Durante estas horas de suspensión dfe armas, la sola sensación 
perceptible era la impaciencia porque comenzase el at^ique, y en el 
semblante de cada soldado inglés se pintaba en aquellos críticos 
momentos la resuelta determinación de plantar la gloria de Inglate- 
iTa con las puntas de sus bayonetas sobre los muros fortificados de 
Santo Domingo. Habiendo pasado la hora convenida envié á mi 
Secretario militar, el Capitán Twiggsá que preguntase porqué con- 
tinuaba la bandera blanca enarbolada después de cumplido el plazo 
señalado, y no obtuve respuesta; pero el mensajero encontró en la 
Puertadel Conde al teniente coronel Miers anunciando que esta- 
ba aceptado el itltimatumj y la guarnición consentía en entregar 
las armas como prisioneros de guerra. 

"Entonces destaqué al Coniíindante Walker del Real irlandés 
con tres compañías ligeras de los Regimientos 54 y 55 de intaiite- 
ría al fuerte de* Saín Gerónimo, fortaleza importante, cerc«^dé.^üs 
milhis al í)este* de la cíiulad, con órdenes para que al principio de 
la acción forzase la puerta con piezas de campaña y asalt¿ise á viva 
fuerza por ser muy altos los muros para escalarse. Hecha la inti- 
mación, el Comandante Capitán Guillermin, aunipie carecía de pro- 
visiones dio la respuesta de un valiente, diciendo que correrla la 
suerte de la ciudail. 

**Ei honor de las armas de S. M., milord, ha sido mantenido 



¿26 MlSTOBIÁ DÉ SANTO DOMINC^O. 

sin pérdida de un 80I0 soldado inglés por bala 6 enfermedad, ni el 
recurso glorioso pero deplorable del asalto á una ciudatl |K)pulosa. 
Cuando se considera el valor y constancia de la guarnición francesa, 
con la superioridad de su posición y número, yo creo que S. M. no 
desaprobará las medidas tomadas para la rendición La nuignitud 
del resultado obtenido y las Ci>ndiciones otorgadas al enemigo serán 
comunicadas á V. B. por mi Secretario el Capitán Twiggs del Ee- 
gimiento 54 á quien me refiero en otro despaclio y rec4imiendo aho- 
ra como oficial que meiece tales señales de favor que plazca á S. M. 
concederle. Tengo además otras mas giatas obligaciones que llenar, 
dando cuenta á S. M. del celo y la infatigable diligencia de los. si- 
guientes oficiales: Brigadier Fi'encb, 29 Coínandante; Teniente Co- 
ronel Horeford, Comandante de la 1? brigada; Teniente Coronel 
Eant, Comandante de la Artillería Real cuya pericia y aplicación 
vencieron imprevistas dificultades; Teniente Coronel Miers, delega- 
do Cuartel Maestre y Comisionado para la capitulación. 

"La preeminente conducta de aquellos oficiales me ha conven- 
cido de su celo, su Labilidad y su interés por el mas lionroso térmi- 
no de l.á empresa, y con sentimientos de gratitud debo informar á 
y. E. que cada oficial y cada soldado de la expedición obraron de 
igual manera. 

"Sjiria ingratitud de nn parte si no lecordase expresivamente 
la coopeiucion que be recibido del Comandante de la Marina R^'¿]f 
el Capitán Cumby, jefe de la escuadra- estacionada ante la ciudad, 
que también desembarcó dos oficiales, los Tenientes Den man y She- 
riff'con un destacamento de marineros que prestaron grandes servi- 
cios y padecieron grandes fatigas y trabajos. 

"Me es imposible pasar en silencio la particular asistencia que 
he debido á William Walter, caballero inglés residente en la isla, 
y que con sus i-elaciones en el pais y conocimiento de la lengua y los 
habitantes me hizo grandes y voluntarios servicios en su calidad de 
secretarlo privado mió. 

"Tengo el honor & &. 

H. L. Carmichael" 

Acordada la rendición el dia 8 de julio, reuniéronse para fijar 
los términos de la capitulación los comisarios nombrados por una y 
otra parte, que lo fueron: por los sitiadoies ingleses el Capitán 
Duer y el teniente coronel Cristóbal Miers, por los dominicanoij el 
Coh)nel Don Manuel Caballero y el Magistiudo Dr. Don José Joa- 
quín del Monte, y por los franceses el Coronel Vafi|>emont y Mr. 
Fabi'e. Ét dia siguiente fué la capitulación ratificada por el co- 
mandante en jefe de las tropas francesas General Du Barquier, pof* 
el mayor General comandante de los ingleses H. L. Carmichael y 
el jefe superior de la escuadra W. M. Price Cumby y por Don Juan 
Sánchez Bamirez, caudillo de los patriotas dominicanos. 

En virtud de lo pactado se hizo entrega de las fortalezas 
de San Gerónimo, Ozama y el Conde, y se rindieron prisioneros con 



MlSToklA DB SANTO DOMINGO. 227 

todos 1<>8 lionores guerreros 1200 franceses. Las tropas aliadas iu-« 
glesas y dominicanas hicieron su entrada en la capital el IL de julio 
de 181)9. Así volvió á enarbolarse la bandera espiíüola en , Santo 
Donnii^o, nueve años después de la usurpación realizada ^tor^Tous- 
Saint Ijouverture de los soberanos derechos de Francia. 

Cinco meses habia durado el sitio formal mantenido por los do- 
minicanos á costa «le grandes privaciones y sacrificios, con ine¿insa- 
ble constancia y lieroisuio, sin mas auxilios que los que por sí^ mis- 
mos pudieron procurarse en un devastado territorio, fuera de 
los muy exiguos y siempre reti-asados socorros que recibieron del 
Gobernador lie Pto. Kico Don Toribio Montes. Ala intemperie, 
enfermos, sin armas, ni municiones ni artillería de sitio, sutVieron 
ttidaslas calamidades con abnegación sin igual, partiiipaudo de to- 
das sus privaciones el hábil y valiente caudillo, héroe de la Be- 
conquista, el ilustre Juan Sánchez Eamirez que en aquella gloriosa 
empresa contrajo la enfermedad que poco después del triunfo lo 
llevó al sepulcro. El recumo principal páralos gastos de esta cam- 
pana habia consistido en los cargamentos de caoba que se exporta- 
ban para su venta en Jamaica y allí prepararon el concierto con los 
ingleses, basta unirse definitivamente unos y otros para rendir la 
formidable phiza. 

Dos dias antes de la formal entrega de esta, el 9 de Julio, 
se embarciiron en bucjues ingleses las tropas de la guarnición france- 
sa. El General Barquier, después de haber festejado con un' ban- 
quete á los generales ingleses y españoles, recibiendo de ¿líos á su 
vez las mas delicadas atenciones, se hizo ala veta con su Estado 
Mayor, con riunbo á su patria. 

El General Sarichez Bamirez tomó posesiou del mando que con 
tanta justicia le correspondía. Fué su primer cuidado dar cuenta 
al Gobierno de la Nación, representado en hi Junta Suprema de Se- 
villa, de la victoria alcanzada sobre los franceses, y de la voluntaria 
reincorporación de la parte española de Santo Domingo á su anti- 
gua metrópoli. Procedió luego inmediatamente á la reorganización 
del pais y á restablecer la Administración, nombrando á las auto- 
ridades y funcionarios civiles y militares, sin encontrar obstáculo de 
parte de los que reglan entonces la parte francesa, que eran el' Bey 
Enrique 19, el Presidente Péthion y los Jefes Bigaud y Gourau. 

Consumada la restauración mediante el poderoso auxilio d^. las 
fuerzas y la escuadra inglesas, el General Sánchez Bamirez creyó 
que debía reconocer el servicio prestado por sus aliados, y en conse- 
cuencia jvcordó con el mayor General Sir Hugh Lyle Carmic^jael, 
porviade indenmizacion Yi Inglaterra, las estipulaciones conteni- 
das en el siguiente conveilio: 

"Nosotros los abajo firmados Mayor General Hugh Lyle Oarmi- 
chael, comandante de las fuerzas de S. M. Británica en la Isla de 
Santo Domingo, y Don Juan Sánchez Bamirez, Gobernador, Inten- 
deute y Capitán General de la parte Española de la Isla. En con- 
sideración de la estrecha alianza y amistad entre las Naciones Ingle- 
sa y Española, como también de la asistencia prestada por S. M. 



228 dlSl^O&lA. ÜÉ SAÑl^O doMtñg^o. 

George 3*? de Inglaterra á los representantes y vasallos de S. M. Ca- 
tólica Fernando Vil de EspafiH, para el fin de n^staurai estos terri- 
torios á sus antiguos dominios, anterior^B al tratado de Basilea eu 
Agosto de 1895; 'y habiendo querido el Oninipott^nte conceder *'l éxi- 
to á las aliadas tuerzas para la rendición del ejército Francés, por 
ante los representantes de nuestros respectivos Soberanos y Nacio- 
nes, por víitnd de los poderes de que estíunos autorizados y <le la 
restauración del País por derecho de conquista, antes ocupado ile- 
galmente por la Nación Francesa; consideraiido las mutuas ven- 
tajas que pueden resultar de un comerci<> recíproco entre las dos 
potencias, convinieron en lo siguiente: 

19 Todos los buques que lleven bandera Inglesa y naveguen 
arreglados, tendrán libre acceso y adiuisiim en todos los puertos bajo 
el Gobierno Español de esta Isla, donde pagarán los mismos <lerechos 
de los buques Españoles, goziuido los d^írechos, libertades y privi- 
legios en la navegación y comercio que gocen estos. 

29 Que las personas y propie<lades de los vasallos Ingleses en 
los dominios de Santo Domingo, vivirán bajo la salvaguardia y pro- 
tección del Gobierno. 

39 Las partes contratantes toman sobre sí la responsabilidad 
de los citados artículos, que tendrán fuerza por el tiempo y hasta 
que lo sometan á los respectivos gobiernos de Inglaterra y España. 

En fe de lo qual hemos rubricado de nuestra mano y Sello en 
las Casas de Gobierno de la Ciudad de Santo Domingo á 9 de agos- 
to de 1S09. — H L. Carmichael. — Juan Sánchez Bamirez. 



:^ 




r^XS 



-♦— #" 



El gobierno de Luis XV I 11 inUnta sorprender á los gobernantes de la an- 
tigua parte francesa^ llamada po^* Dessalijies Hiútí, y envia el minis- 
tro Mr, Malouet tres comisionados para sondear sns ánimos con el 
objeto de reincorporar el territorio. — Arresto é interrogatorio de D. 
Agustín Franco de Medina^ uno de elhSj y suerte que tuvieron los 
demás. —Segunda tentativa de reincorporación en lSl6j y al efecto se 
dirigen á Haití los señores vizconde de FontangeSj teniente general^ 
el consejero Enmangarte el capitán de navio Du Petit-Thouars y Mr, 
Lanjon, quienes entablan correspondencia con el Presidente Fétion y 
el Rey CristóbaL — Nota del primero y relación circunstanciada 
del segundo sobre este particular, — Resultado beneficioso de estas ne- 
gociaciones malogradas, — Revisión de la Constitución del año 6. — 
Elección de por vida d^l General Pétion, su muerte, y exalta4íion al 
poder del General Jean Fierre Boyer. — Sublevación en el Norte con- 
tra el rei Cristóbal y su caida : tinidad del territorio de la antigua 
colonia francesa bajo el régimen republicano. — Prisión del príncipe 
heredero^ de la reina y una princesa y muerte del primero, — Riquezas 
de Cristóbal y proclama de Boyer á este respecto, — Sublevación del 
General Richard, ex-duque de la Mar^nelade, el cual es ejecutado con 
otros cabecillas. — Segunda proclama de Boyer, — Fin del tomo III y 
de la ''^Historia de Santo Domingo,''^ 




íSPAÑA era teatro por estos años de varios aeonteciniientos, á 
^ coiiseenencia de l:is derrotas del ejército francés, laabdioaciou de 
^ Napoleón y restablecimiento de la monarquía de los Borboues en 
Francia. Luis XV III, que tomó las riendajsdel gobierno, bien fue- 
se espoutáueamente recordando los prósperos tiempos de la colo- 
nia francesa de la isla de Santo Domingo, ó acaso por iustigacíou 
délos colonos que qnerian ser restablecidos en sus antiguas pose- 
siones; determinó, según el informe de los comisionados basado en 
instrucciones dadas por el ministro de la Marina, Monsieur Malouet, 
á nombrar tres sujetos para que pasasen í'i la isla y se inteligencia- 
raii con los tres jefes que i'cgian el territorio de la autigua colonia 
francesa en los departamentos del Norte, Sur y Oeste. Fueron ele- 
gidos Monsieur Dauxion Lavaysse, el coronel Mr. Dravermanu y un 
español llamado Franco de Medina, los cuales partieron para su 
destino. El primero entabló con Pétion una correspondencia Sin 
dignidad y sin tino, á la vez que con el Itey EJnrique Cristóbal. Es- 
te, lo mismo que el Presidente Pétion, desagradado de las proposi- 



230 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

dones que se hacían á nombre del rey de F'rancin, liizo arrestar en 
el Guarico al último comisionado Franco de Medina, apoderándose 
de todos sns papeles. En las instrncciones de Mr. Mjüouet se en- 
contraron cosas iriitantes, y el inteirogatorio que tuvo que sufrir 
Illanco de Medina vino á completar el disgusto. Fué condena- 
do como espía, expuesto durante algunas horas en la iglesia en 
donde se le dijo una misa de réquiem, y por último condenado á en- 
cierro en donde murió. 

Yo me inclino á creer que este Franco de Medina, fuese el mismo 
Don Agustín Franco que había figurado bajo las órdenes del general 
Ferrand. 

Cristóbal hizo publicar todas las piezas de la instrucción, inte- 
rn)gator!o y notas, y las envió á Pétitm, que ya había roto las ne- 
gociaciones con Dauxíon-Lavaysse, y (jue no quiso ejercer contra él 
rigurosa persecución como espía, en virtud de su perfecto derecho, 
contentándose con manifestarle que ya eran conocidas las intencio- 
nes de Francia, y que la República de Haití ibaá prepararse á vigo- 
rosa defensa. Iimiediatamente lo embarcó en la misma nave en 
que le había mandado traer, y de este modo concluyó aquella pii- 
mem intentona. Para perfecto conocimiento daremos á continua- 
ción el interrogatorio sufrido por uno de los comisionados franceses 
como curiosa prueba que pone de manifiesto el espíritu «leí dividido 
pueblo de la antigua colonia francesa déla isla de Santo Domingo 
en aquella época. Decía así: 

Hoy diez y siete días del mes de Noviembre de mil ocho- 
cientos catorce, año once de la independencia de Haytí y cuar- 
to del reinado de S. M., en virtud de un despacho de once de 
Noviembre del presente ano.— La Comisión militar especial, com- 
puesta de siete miembros ; á saber : su Gracia, monseñor el du- 
que de la Marmelade, gobernador de la Ca])ital, presidente, 8. IS. 
Monsieur el conde de Ennery, tenií^nte general de los ejércitos 
del rey. — S. E. Mouvsíenr el conde de liicheplaine. — Monsieur el 
caballero de eJuan José, mariscal de campo de los ejércitos de S. M. 
— Monsieur el Barón de Cadet (Antoine) secret^uio general del de- 
partamento del Grande Almirante, escribano de la 0<mnsíon. — El cíi- 
ballero Barón de Leo, coronel, y M. Jtísé Leonel teniente coronel. 
— Estando reunidos en el hotel de Su Gracia Monsieur el Duque 
de Marmelade, gobernjwlor de la Capital, á efecto de instruir el pit)- 
ceso criminal contra Agustín Franco de Medina, uno de los tres es- 
pías enviados por el gabinete francés, y arrestado el once de No- 
viembre del presente año, pronunciándose sentencia definitiva cuan- 
do el asunto esté suficientemente instruido. — Agustín Franc<í de 
Medina fué intioducido en la cámara del Consejo, fué requerido por 
el presidente para que declarase la ver«iad, toda la verdad y na<la 
mas que la verdad: y habiendí^ el dicho Medina prestado el jura- 
mento ya dicho, fué interrogado por el presidente de la ctmiision mi- 
litiir especial, en la forma siguiente: 

P. ¿Cuál es vuestro nombre, apellido, edad y profesión! 

R, Yo me llamo Agustín Franco de Medina; de cuarenta y 



HISTORIA D£ SANTO ÜOMINOO. 231 

siete años mas ó menos, nutural de Santo Domingo, habitante y 
propietario de f^a Ve^u, antiguo encargado de l;t policía de contraban- 
do en Banie (?), nombrado mayor por el difunto Toussaint Louver- 
ture, y bajo el mando del General írancés Ferrand, ayudante gene- 
ral comandante del departamento del Cibao, actualmente coronel 
al servicio de S. M. Luis XVIII y comisario del ministro Malonet. 

P. ¿De qué modo fué Ud. elegido para cumplir el encargo que 
se le (lió respecto de Haití! 

R. Por una carta que recibí á mediados del mes de Junio del 
año de nnl ochocientos catorce, de uno de los secretarios de]- minis- 
tro Msdonet, invitándome para que me pusiera á las órdenes de es- 
te último. Ya se habia tratado antes de esto, en la comisión de 
Colonias, de que se enviase á los condes de Osmond, al marqués 
de Fontenille Mazére, Air. Degonte, al negro Luis Labelinaiey al- 
gunos mulatos, A fín de explorar el terreno; pero Monsieur Malouet 
dispuso las cosas de otra manera. 

P. ¿Cedió Ud. á la invitación del ministro Malouet, y á qué 
hora concurrió I7df 

li. Yo accedí á su invitación en su hotel del ministerio de Ma- 
rina y las Colonias al dia siguiente á mediodía, si mal no recuerdo. 

P. ¿Por quién fué Ud. presentado al ministro! 

E'. Por uno de los empleadlos de la oficina. 

P. ¿Qué personas se hallaban junto con Ud. en casa del mi- 
nistro? 

K. Habia uno nombrado Mr. de Bégou, antiguo oficial de la 
marina francesa, Dauxion Lavaysse y Debue,en la actualidad inten- 
dente en la Martinica; los otros me son desconocidos. Eecuerdo 
que Mr du Petit-Thouars era de ellos. 

P. Qué dijo entonces á Uds. el Ministro Malouet en presencia 
de esas personas relativamente á su encargo í 

R. Kl ministróse expresó en estos términos: "En nombre del 
rey les hablo. Su Magestad desea tener conocimiento del estado de 
sus colonias, mas particularmente de Santo Domingo. En conse- 
cuencia, Mr. Dauxion Lavaysse irá á conferenciar con Pétion, en 
Puerto Piíncipe, y tratará con él á nombre de Su Magestad, según 
las bases del ultimo tratado celebrado con Napoleón fionaparte. 
Mr. Dravermann se encargará de la parte «leí Sud, relacionándose 
para ello con Borgella; y Usted, Mr. de Medina (dirigiéndose á mí), 
Ud. hará tí>do loque pueda respecto de Cristóbal: sé que es enemi- 
go declarado de Francia; mas lid. verá, una vez allí, loque podrá 
hacer.'' 

P. ¿Conoce Ud. el contenido del tratado celebrado con el Ge- 
neral Pétion en la época de Bonaparte y en qué fecha se llevó á 
cabo! 

E. Desde que el General Ferrand estuvo en Santo Domingo, 
yo tuve conocimiento que el general Pétion se correspondía con Fe- 
ri-and y Bonaparte; y en cuanto al tratado de que se habla fué con- 
cluido hacia ñnes del año de mil ochocientos trece. 

P. jOonoce Ud, los artículos de ese tratado! 



232 HISTORIA UB SANTO DOMINGO. 

R. Yo entendí en casa del ministro Malonet en la minma con- 
ferencia de que hablo, que Fninoia debía aprontar al General Pé- 
tion cierta cantidad de tropas, armas y niunici<>ne8 de giierra. 

P. jConoce Ud. la persona qne ha negociado ese tnitado en- 
tre el General Pétion y Bonaparte? 

R. Mr. Draverniann me ha dicho qne era uno nombrado Ta- 
pian, cuarterón del 8ud, que estaba encargado de seguir la negocia- 
ción por medio de la casa de Perregaux en Bordean x, suegro del 
Mariscal Mac-Donald, á cuyo mando habia venido un buque de 
Pétion. 

P. iTenia Dauxion Lavaysse otras instrucciones de las qne 
Ud. era portador! 

R. Si; él tenia otias que eran relativas al General Pétion, par- 
ticularmente sobre las bases del tiatado que debia convenir con él. 

P. ¿Conoce Ud. la natuialeza de ese tratado! 

R. 151 tiu de semejante tratado era el de señalar un sitio á 
propósito para el desembarco del ejército fiancés, en caso de que el 
rey Cristóbal rehusare someterse á Francia; entonces Pétion reu- 
niría sus tropas al ejército francés, para formar nuestras guardias 
avanzadas, preparar emboscadas y facilitar la marcha de las tropas 
francesas. Mr. Dauxion Lavaysse estaba entre otras cosas encarga- 
do de hacer esfuerzos para que se proclauuise á Su Mag*5Stad Luis 
XVIII en Puerto Príncipe. 

P. ¿Cree Ud. que el General Pétion podria incorporar sus tro- 
pas al ejército francés para combatir contra nurístro rey Knriqueí 

R. Cuanto á mí, yo no entiendo de eso; pero el ministro Ma- 
lonet lo asegnra: él nos dijo ii todos nosotros los que estábamos 
presentes, que jamás consentí ria el General Pétion en dejarse go- 
bernar por un negro; que la guerra civil continuarla siempre y que 
Pétion estaba comprometido con Francia. 

P. El consejo le pngunta ¿cómo cree Ud. que el General Pé- 
tion pueda llegar a inclinar el áninu> de sus soldados para pelear en 
favor de los blancos! 

R. El ministro dijo qne al General Pétion le tocaba preparar 
las cosas; además Ud. verá en nús instrucciones la verdad de lo que 
digo. 

P. jCuál es el significado de la expresión isla de Rakuin que 
se halla en sus instrucciones? 

R. Es una invención <lel ministro Malonet para no herir el 
espíritu lilantrópico de Su Magestad; es un medio de deshacerse 
de los hombres peligrosos del país. 

P. ¿Tienen acavso la intención de renovar en Haití los atenta- 
dos y los horrores que conistieron los franceses! 

R. Yo creo que la intención del gabinete francés es desha- 
cerse de todos los lionibres peligrosos, que se crean perjudiciales; 
porqne sin eso no se podria llegar á restablecer el orden. 

P. ¿Deque orden habla Udf No estábamos nosotros acaso 
en el orden? 

R. El ministro dijo que era menester que los negros quedaran 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 233 

eti las liacieiulas de sus amos, y que los cdIouos estuvieran en po- 
Besiüii de las suy^i8, como en la Martinica y en la (juadalupc. 

P. jUd. no ha dicho publicamente, y antes de su arresto, que 
8i la población no quería someterse á Francia, seria enteramente ex- 
tenninada, hasüi los niñosf 

B. Yn lo creo; pues el ministro Malouet nos lo dijo en la 
conferencia que tuvimos en su casa, antes de partir. 

P. iKstuvo üd. muchas veces en casa del ministro? 

R. Sí, tres veces; y la úllima fué cuando nos encontramos 
Mr. Dauxion Lavaysse, Mr. Dravermann y yo reunidos. 

P. Qué órdenes les dio el ministro! 

B. El ministro nos dijo mostrándonos á Dauxion Lavaysse: 
"Míi^smI vuestro jefe; yo os recomiendo el mas perfecio acuerdo: se os 
darán vuestras instiuccioues: tomad bien vuestras meilidas; y tra- 
bajad prudentemente á iin de conseguir bien el objeto de vuestro 
encargo.^ 

P. jQué conferencia tuvieron ustedes e.iu el ministro después. 
Es eso t4>do lo que les diji»T 

B. Mr. Dravermann quiso hablar ct»n el ministro; pero ftié in- 
terrumpido por Mr. DauxlDU Lavaysse para explicarle (jue Mr. 
Dravermann le rogaba que hieirse pasar sus cartas ptu Burdeos; 
que él tendria cuidado con uiu-has cosas interesantes relativas á la 
parte del Oeste y del Sud, del (ji tiera! Pctii:n y Bingella. 

P. ¿Se tiene en Francia mucha contiauza en los Generales Pé- 
tion y Borgella? 

B. En Francia todo el muudo tiene entera confianza en los 
Generales Pétion y Borgella, eomo acabo de decir. 

P jPor qué via ha escrito Dravermann á los Generales Pétion 
y Borgella? 

B. Yo creo que fué por los EE. Unirlos de América, ó mejor 
por el mismo buque de Pétion que liabia ido á Burdeos. 

P. Cuando salieron de casa del ministro Malouet já dónde 
estuvieron ustedes? 

B. Nosotros tomamos cada uno nuestro c<amino v nos halla- 
mos reunidos para comer en un hotel, por invitación de Mr. Dauxion 
Lavaysse. 

Habiéndosele leido el presente interrogatorio al Señor Agus- 
tín Franco de Medina, ha d(*clarado contener la verdad, no tener 
nada que añadir ni quitar, y persiste, y ha tirmado con nosotros. 
— Franco de Medina. — De la banda del Xíute, Duque de la Mar- 
inelade. — Ennery — Richeplaine — J uan-José barón de Leo — José 
Leonel. — Oadet Antoine, escribano. 



Hoy veinte y cuatro de Noviembre, la Comisión militar espe- 
cial se reunió en el lugar de sus sesiones, siendo introducido el Se- 



234 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

ñor Agustín Franco de Medina é interrogado por el pre8Ídente de 
la Comisión militar especial en la forma signiente: 

P. |Se hacen ahora preparativos de guerra contra Haytí? 

B. No antes de nuestra partida; esperaban el resultado de 
nuestra misión. Uno ó dos de nosotros tres debía dar cuenta de ello, 
para poner al gobierno en estado de emprender sus operaciones, 
quedándose uno de nosotros en Jamaica 

P. ¿Qué han hecho de los Haitianos de ambos colores que 
residían en Francia!. 

R Se les ha reunido en Belle-Ile y en mudms otros depósitos. 
Hay muchos 'ju París: los militares s<m los que están en los depósi- 
tos para es|>erar la partida del ejército t'ranci^s. 

P. jC¿ue fuerzas cree Ud. que contará el tyército francés des- 
tiumloá Haytff 

R. Yo no sé; pero recuerdo que en una de las conterencias 
que tuvimos en casa del ministro, Mr. du Petit-Thouars dijo: "Si 
el ministiM me da algunas fragatas, yo iré á ver á los dos jetes, y 
hablaré con ellos, para saber si quieren somt^terse á Francia. En 
caso contrallo, yo estableceré un crucero pura interceptar el comer- 
cio sidamente de la parte francesa de la isla." El minisíro inte- 
iTumpió á este sefior diciendo: "Usted no ha venido aquí para dar 
pareceres. Xo es esa la intención de Su Magestad: él está uecidido 
á hacer p(»r los jefes lo que dependa de él, así como por los oficiales 
subalternos que los jefes designen. La menor demostración hostil 
que se haga en este momento, echaría á perder nuestros planes. 
Cuando llegue la oportimidad, trataremos de los medios que será 
menester emplt^ar para reducir ó exterminar álos negros rebeldes." 

P. ¿Qué cuerpo de ejército cree Ud. qiie será empleado CA>ntra 
Haytí! 

R. Eso depende del ministro; yo he oído decir solamentie (pie 
Fi'ancia ganarla con esta expedición, para desembarazarse de una 
porción de malos sujetos que le hacen daño. 

P. ¿lín qué época dejó Ud. á Paris? 

R. El veinte y ocho ó veinte y nueve de Junio, partimos 
Dauxion Lavaysse, Dravermann y yo para ir á Boloña, donde cua- 
tro ó cinco días despui's nos euibarcamos para Dover. 

P. ¿Cómo y de qué manera dejanuí ustedes la Inglaterra? 

R. De D:>ver pasamos á Londres y de Londres á Fahnouth: el 
Embajad(»r francés, conde de la Chatre, n(»s procmó un pasaje en 
im buque del gobierno que estaba á disposición de Mr. Dauxion La- 
vaysse. 

P. j,En qué lugar de las islas tocó Ud. primeramente! 

R. Nos«)tros tocamos, primeramente, en la Barbada, ensegui- 
da en Santa Lucía cerca de la Martinica y de ahí pasamos á Cura- 
zao, de donde fuimos á Jiunaica. 

P. Ha visto V. al general Hadgson en Curazao? 

R. No, fué Mr. Dauxion Lavaysse quien bajó á tierra: como 
Mr. Dauxion deseaba siempre ser decorado, contra la intención del 
ministro, nosotros nos enseriamos por la reprehensión que yo le hice; 



HISTORIA DE SANTO DOMIMOO. 235 

esto presnniu. (•) 

P. ¿Tiene V. ilecoracionesf 

R. Yo teii^ío dos crucevS, uiim de S. M. Luis XVIII y la oti-a 
del Emperador Napoleón; y mis unitbnues ebt-áii en mí maleta, pni»- 
te en la Vega y parte en Santo Domingo. 

P. iKu casa de qnién las guardó Udf 

11 En la Vega en casa del Comandante; y en Santo Domin- 
go, en casa de mi hermana D? Ana. 

P. 4 En qné época t*>có Ud. en Jamaic^a? 

R. El veinticinco ó veintiséis de Agosto. 

P* 4 A casa de quién se dirigió üdf 

R. A una posada. 
, P. ¿Se alojaron los tres en una misma posada! 

11. Dauxion Lavaysse se embarcó en otro bote y se hospedó 
en otra parte; Dravermann y yo estuvimos juntos en la misma posa- 
da por la tarde: al otro dia Mr. Dravernmnn cayó enfermo de pará- 
lisis, pues era un hombre «b^ setenta ari'»só andalia ahí muy cerca. 

P. ¿Qué edad t<*n¡a poco mas ó menos Dauxion Lavaysse! 

R. Cerca de cuaienta anos. 

P. Como portadores de despachos de S. M. Luis XVIII ¿á qué 
autoridades se presentaron ustedes al llegar á la isla de Jamaica! 

R. Mr. Dauxion fi ivaysse estuvo en la ciudad capital, y se 
presentó al gobernador par.i mosM.u* elas cartas de recomendación 
qüebabia traído de Londies, y para hablarle. 

P. iQuiénes fueron las personas que dieron esas cartas de re- 
comendación! 

R. Yo no sé si fué el ministro ó el Embajador francés. El 
duque de Manchester es el gobernador de la Janiaica. Mr. Dauxion 
Ijavaysse vio á las autoridades; pero como yo ni Mr. Dravermami es- 
tábamos enfermos, no los vimos sino después de restablecidos. 
Excepto al duque de Manchester, vi á todos los demás. 

P. ¿Cuáles fueron las disposiciones que tomó Dauxion Lavay- 
sse en Jamaica para cumplir su misión! 

R. Me dijo que le habia escritti al General Pétiou, cuyo Secre- 
tario es ahora Lafoud Ladebant, que es casi ciego. Nosotros no 
trajimos secretario; y Mr. Dauxion esperaba la respuesta de Pétiou 
para llegarse á Puerto- Príncipe. 

P. ¿Escribió Mr. Dauxion Lavaysse solamente al General 
Pétioní 

R. DauxiiMi me dijo que su intem^ion era escribirle al rey 
Crísti^bal, y que ya tenia una ocasión segura para hacerlo. 

P. ¿Por qué medio le escribió á Pétiou/ 

R. Yo no sé si fué por conducto de una fragata, bergantín ó 
buque del rey, ó si fué por medio <lel cabotaje ijue va y viene. 

P. Quién de ustedes ties fué el primero que dejó á Jamaica! 



(1 ) Este párrafo está así incoherente en el original, seiriin apuntan 
los directores de las copias de los manuscritos que han servido para esta 
obra.— (N. de la S.) 



236 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

E. Yo fui el primero. Mr. Dravermaim debia ir al Snd; y Mr. 
Danxioii Lavaysse ilebia quedarse en Jamaica, para esperar la res- 
puesta de Pétion. 

P. ¿Tiene V^. noticia de una reunión de colonos en una tiesta 
que liubo alií? 

E. Esa fiesta tuvo lugar en la tarde de nuestra llegada, y or- 
ganizaila por toilos los franceses en celebracií)U de la paz general. 

P. ¿Tiene V. noticia de la peticicm á S. M. Luis XV'III, eleva- 
da por los ex-c^)l(mos, y con tíruias en número de mil quinientas? 

E. Sí, tuve conocimiento de la petición. Yo vi en Jamaica 
muchos colonos, entre otros los caballeros Latíte y Desouse. No- 
Labia allí entre to<los á lo más, \u\ centeuar de colonos. 

P. jPorqué medio vino Ud. á la i)arte española? 

E. lín una pequeña giileta. Desembarqué en Monte Oristy, 
desde donde me introduje en esta parte. 

Hecha la lectura del present<? interrogatorio al Sr. Agustín 
Franco de Medina, ha declarado contener la verdad, no tener nada 
que añadir ni <iuitar, y persiste; y ha firmado su nondire. — Fran- 
co de Medina. — Ue la banda del Norte, IJucpie de», la Marmelade. — 
Knnery—De Eicheplaine. — De Juan »Iosé, Harón de Leo. — José 
Leonel — De Oadet Antoine, escribano " — 



Malograda esta primera tentativa del gobierno francés, lepitió- 
se otra en este añ<) (1.<S1()) por los conusionados vIzcoimIc de Fontan- 
ges, teniente genital, el consejero Esmangart, el ca|)itan <le navio 
l)u Petit-Tliouars y Mr. íianjon, secretario de la comisión, los cuales 
entablaron sus neg{>ciaeiones eon Pétion y (-ristóbal a bordo déla 
fragata La Flora ^ tentativa que tuv(. el propio resultado que la an- 
tericn-, como lo demuestra el últinu) oficio dirigido por el presidente 
Pétion y la nota publicada por el rey Cristóbal. Dccian así. 

**En Puerto Príncipe, á diez de Noviembre de mil ochocientos 
diez y s(»is, año trece de la Independencia. — Alejandro Péthion, Pre- 
sidente de Haytí, á los Sres. C«)misari()s de Su Majestad Oristianísi- 
ma. — Srcvs: — He recibido la carta que ustedes nu^ han hecho la hon- 
ra de diriííirme en esta fecha. — Yo he observado el desarrollo de los 
mismos principios y de las misnnis ideas (ine expresan Uds. en sus 
comuincaciones, y (pie llegan al punto de reconocer la soberanía del 
rey de Francia sobre esta isla. Oreo haberles respondido en mis 
cartas antecedentes; y si la fórmula del .jurainento que he prestado 
á la Nación conforme á nuestros principios no se hubiese tan profun- 
damente grabado en mi alma, no tendría mas (pie releerla para con- 
veiHjerme (ie que cumplo cim mi deber, y que es su voluntad muy 
deterunnada la (pu» he anunciado a ust(?des, diciéndoles que todo 
catnbio político es imposible. -Parece (pie ustedes en sus conferencias 
han convenido y la Justifican, en la forma de gobierno que hemos a- 
doptado para nuestra garantía, en la [uimera época en que la (consa- 
gramos. Habiendo cambiado en Francia el orden de cosas, deben us- 



s 



títSTOitlA DK SAÍÍTO l)OMlÑGO. 237 

tecles inferir que tuinibien para nosotios luí ciuiíbiado. — Y mas natu- 
ral es creer que si el motivo ha sido legítimo en su ))rihcipio, tam- 
bién es hoy mas natural el reconocerlo (pie el refutarlo. Por este 
acto solemne de la voluntad del rey de Fi ancla, no habrá que temer 
las consecuencias de las des«íiacias que entrevén — Las precai\cio- 
wes que ustedes toman para el sií^tenia mixto de gobierno que uste- 
des nos proponen vendn'ui á ser inútiles; nada alterará la estabili- 
dad de la república, en sus honrosas relaciones con Francia: y así 
cesará pan siempre todo motivo de desconfianza. — Al declarar Ru 
independencia el pueblo de Uaytí, híz<iIo al universo entero y no 
á Francia en particular. Nada podrá jamás hacerlo arrepentir de 
esta irrevocable resolución; pues sabe |)or experiencia de sus pasa- 
das desgracias y por las' heridas que aun manan sangre, que soUi* 
mente en sí mismo hallarla su garantía; y ha medido la extensión 
desús sacrificios, prefiriendo la muerte antes que volver sobre sus 
pasos, sin cpie por eso tenga intención de ser hostil á nadie. — 
Hablo á ustedes en nombre de la Nación cuyo jefe soy. Januls 
comprométele su soberanía; y mi responsabilidad se reduce á confor- 
marme con el pacto social que ella se ha dado. El pueblo Haitiano 
quiere ser libre é independiente; yo lo deseo tanto como él; y hé 
aquí la Ciuisa de mi negativa y de mi resistencia. — Para cambiar de 
instituciones, á la Nación es á quien toca pionunciarse en este sen- 
tido, y no al jefe. — Con la noticia ' de la partida de ustedes, yo reci- 
bo, Señores, con satisfacción la prueba de confianza que me dan al 
manifestarme que han encontrado ustedes, en su paso por la Ke- 
públiCR, el agasajo y miramiento que á ustedes son debidos. — Reci- 
bid, Señores, la seguridad de mi mayor consideración. — PETION." 



La nota del rev Cristóbal decia: 

*'En la mañana del diez y siete de Octubre, el vigia del cabo 
Enrique señaló dosbucpies, una fragata y un bergantín bordeando 
á lo largo^ Reconocidos por sus maniobras como buques de gue- 
rra, se sospechó que eran naves enemigas que cruzaban por delante 
del puerto y que no se atrevían á aceicarse. 

Al otro dia por la mañana se aproximaron al puerto y se man- 
tuvieron á una distancia de cerca de cuatro leguas. 

El duque de la Marmelade, gobernador de la Capital, pasó al 
fuerte Picolet para (observar las maniobras de estos buques; y por 
^us pabellones fueron reconocidos como barcos franceses. 
ív Cerca de las dos de la tarde, la fragata Liz6 una señal al ber- 
•gantiii que estaba á lo largo para qué se le aproximara; el bot« del 
b^rgswitin se fué al costado de la fragata, para tomar órdenes fiparen- 
tementey media hora después se volvió al bergantín. Ambos 'bu- 
ques izaron el pabellón de Haití en el trinquete y una bandera blan- 
ca en el palo mayor y eii el de mesaua, y se dirigieron á todo trapo so- 
bre el fuertie Picolet. Entonces el gobernador, presumiendo fuesen 



^3 hístobia de santo domingo. 

barcos parlamentarios, ordenó que hicieran aproximar el bote del 
puerto bajo la audamida del fuerte pai-a estar pronto á hacer eii* 
tmr los buques, en caso de que ellos así lo pidieran; porque según 
sus maniobras, todo el mun<l<> cre.yó que iban á entrar inmediata- 
mente en el puerto. El pil(»t4> se quedó delante del puerto arlk)- 
rando el pabellón haitiano paia esperarlos. Bl bergantín se acer- 
có comoá cosa de dos leguas del puerto, se puso al pairo, viró de 
bordo y disparó un cafiona^so. 

Se esperaba á cada momento que echarla su bot^e al agua con 
el pabellón parlamentario, para pouerae al habla C4»u el ü(unandant<3 
del puerto y darle á conocer el idjjett» que le traia, ó peilir práctiéo, 
si quería entraren el puerto, como se hace en todiis partes; pero 
naila de eso ocurrió, y el bergantín siguió haciendo maniobras y ti- 
rando cañonazos. 

La fragata y el bergantín, cansados de esperar en vano que 
nosotros mandáramos gente á su bordo, se alejaron y dirigieron el 
rumbo hacia el canal de la Tortuga. 

El mismo dia el vigia señaló un bergantín por el lado del Oeste. 
El l)ergantin francils se le acercó y lo abordó y estuvo al habla con 
él durante largo rato, alejándose enseguitia. El bergantín que se 
reconoció ser americano, cambió de rumbo y vino á corretear por 
las cercanías del pner^i por muchos días, haciendo ademan de que- 
rer entrar. Una tarde se acercó tanto, que se creyó que lo iba á 
hacer, y el piloto avanzó; pero con grande admiración de todo el 
mundo, el bergantín se alejó entonces. En ti n, después de haber 
rondado por el espacio de seis días delante del puerto, se determinó 
á entrar en él. El intérprete del cal>o Emique pasó enseguida á bor- 
do, para cumplir ccm Jas formalidades de costumbre, y reconoció que 
el bergantín era el Sidney Crispin de New York, cuyo capiUin era 
Elisha ReeQ, teniendo por sobrecargo al 8r. Jac(»bo M. King: estos 
dos señores declararon que eran portadores de dos cartas para S. 
M. el Key de Haity; ias cuales les hablan sido entregadais por el ca- 
pitán del bergantín francés El Kaüleur. El intérprete se apresuró 
á hacer su relación al gobernador, que pasó inmediatamente á la 
cala del rey, para interrogar al capitán y sobrecargo y saber qué cla- 
se de cartas emn aquellas, mas cuál no sería su adnnracíon é indij;- 
nación, cuando el capitán y sobrecsirgo le presentaron dos cartas 
sin contraseña y en esta torma inusitada: Al Sr, General Crústó^al 
en el Cahofranch. El giibernador no pudo menos que manifestar 
su sorpresa y su grande admiración, y dijo al capitán y sobrecargo 
que estaba asombrado de ciue los americanos, que de tantos a^os 
atrás comerciaban con Haití, que gozaban de la protección del go- 
bierno y que como nii^Oiros hablan llegado á ser libres é indepen- 
dientes, pudieran haberse hecho cargo de condsion tan deshonrosa 
coiuo inoportuna de hombres que pertenecían á una nación amiga 
de los Haitianos. 

El gobernador les devolvió enseguida y sin haberlas abierto, las 
dos cartas y les dijo que tenían que devolverlas á aquellos de quie- 
nes la recibieron y salir inmediatamente del puerto, lo que ejecuta- 



ttlSXORlA DE SANTO DOMINGO. 239 

ron. Enseguida todos los botes de) puerto remolcaron al l)ergantin, 
alejándole bien lejos. El bergantín El EspeeuhiHtj que salió del cabi» 
Enrique para Gonaives, encontró á la fragata y al bergantín francés 
á la V'Sta de^cabo Fonx. Los comisarios estaban bien seguros que 
sus cartas no serian admitidas por no estar en tbrnia usual, y apro- 
vecharon la ocasión que este buque les presentaba para remitir 
un paquete C4)n la dirección para el Comandaute del puerto de Go- 
uaives, el cual paquete contenia las cartas y los impresos cuyo te- 
nor es el siguiente: Bueno es que se sepa que por las cartas de los 
comisarios, fechadas á vi.sta del cabo Foux el doce de Octubre, nos 
anuncian tener que ir á Puerto Príncipe, como punto central, para 
comuuiciir desde ahí con la parte del Sud y del Norte, cuando esta- 
mos bien informados de que desde el cinco de Octubre por la tarde 
la fragata La Desirée y el bergantín Le Bailleur hablan tocado en 
Puerto Príncipe con los dichos comisaiios á su bordo. 

Pérñdos! Todavía no habían empezado á tratar 04)U nosotros, 
cuando ya se vallan de astucia y de mentiras para engañarnos. 

Hé aquí ios nombres de los antiguos amos que vienen á recla- 
mar ó á engañor á sus antiguos esclavos: 

El Vizconde de Fontanges, ex-colono de Gonaives, ex-coronel 
del regimiento del Oabo, ex-comaudante del cordón de la Marmela- 
de, y que ha hecho hi guerra á los generales Juan Francisco y Bias- 
80U, y á la libertad hace veinte y cuatro años; al presente te- 
niente general, comandante de la Orden de San Luis, oficial de 
la Legión de Honor & y comisario del rey en Santo Domingo. 

Esmangart, ex-colono, grande habiuinte del llano de los Cayos, 
ahora consejero de Estado, caballero de la líeal Orden de la Legión 
de Honor, y comisario del rey en Santo Domingo. 

George du Petit-Thouars, ex-colono del Bajo Limbé, conocido 
por hombre nuiy imbuiilo en todas las preocupaciones del antiguo 
régimen, que odia á los negros y hombres de color, ahora capitán 
de navio, y comisario ídem. 

Lanjon, ex-coUmo, ex-procurador del rey en S. Marcos, cono- 
cido por sus memorias que tenemos á la vista y que nos hace augu- 
rar cuáles serán sus intenciones actuales, y comisario idem. 

Jouette, ex-colono de las montañas de Arcaliaye, uno de los sa- 
télites de Li;clerc y de Rochambeau, al presente coronel de infante- 
ría, y comisario idem. 

CotelleLaboulatrie, ex-colono, e '^''ocurador en Puerto Prín- 
cipe, al presente procurador del rey y coui..^jio del mismo en San- 
to Domingo." 






Parece que no hubo de parte de los comisarios t<Kla la circuns- 
pección que exigía este delica<lo negocio. No se trató a Cristóbal 
de rej, sino de General, y Péti(m no entraba en materia sin el pre- 
cedente de que se reconociese su independencia, y en esta indecisa 
situación, pasaix>n veinticinco dias invertidos en una polémica de 



240 AlSTOBlA D£ SANTO DOMKao. 

sobonmía que concluyó del modo que hemos explicado; pero al flii 
este paso amistoso tacilitó para loHUcesivo la comunicacioii délos 
franceses con la República Haytiana, viéndose algunos buques mer- 
cantes franceses entrar y snüi* en aquellos puertos; sin embargo que 
los mas desconfiados hicieron (¡ue el presidente tomara algunas pm- 
videncias, y con niayor razón pnra imponer silencio á algunos que 
sospechaban algo de traición en la correspondencia que habla me- 
diado. Después del regreso de la ftagata y los otros. bu<iues, na<la 
se traslujo ni hablo en Francia de esta segunda misión malograila 
de hecho; y de ix;sultas de la negociación, quedó desde entonces el 
comercio con bandera neutral, dándose á entender que no habia In- 
tención hostil contia la colonia. 

Seguidamente se modificó la Constitución que habia regido des- 
de el año de seis, en que publicó la independencia el General Dessa- 
lines y fué reelecto presidente durante su vida el General Pétion; 
el cual poco después sutrió una enfermedad larga de consunción que 
lo condujo al sepulcro en Marzo de este año. (1.818.) 

Fué elegido para |)residente sucesor Boyer, General de división, 
comandante de Puerto Príncipe y amigo íntimo del difunto Pélion. 

Habia hecho la guerra con el General liigaud contra Tous- 
saint y vencidos se retiraron á Francia, de donde regresó con Pétion 
en la armada del general Leclerc. Cuando la expídsion de los fran- 
ceses militó bajo las órdenes de Dessalines y por su muerte y sepa- 
i'aciím de los partidos de Oristóbnl y I^étion, se ad hirió al ultimo y 
se hizo célelne por su valor y piudencia. En su gobierno estableció 
una vigilancia paternal y la República presentaba el aspecto mas ha- 
lagüeño. Fué tan general la aprobación de este nombramiento, 
que asombiados muchos generales mas antiguos que Boyer, y sobre 
los cuales querían los negros que recíiyese lá elección, como de su co- 
lor,uno de ellos y el que mas pn^babilidades tenia de ser elegido,el Gral 
Gedeon, negro^ y gobernador de Leogane, dio lugar á una anécdota 
que seria digna de las grandes épocas de la historia en punto A ge- 
nerosidad y nobleza. Asistiendo á la votación como Senador, tomó 
la palabra, y dijo que la opinión que iba á emitir, lo baria tanto me* 
nos sospeci)oso cuanto que se le creia contrapartidario de Boyen 
pero que en circunstancias tan inticresantes para la República, c¿ida 
uno debia dejar sus afecciones particulares: que él se reconocía con 
títulos para la presidencia, pero que reconocía al propio tiempo que 
el general Boyer habia sido const<antemente el amigo y consejero de 
Pétion, y que á ellos debia la República su prosperidad; y que por 
lo tanto venia desde luego A confesar que Boyer era el hondire mas 
capaz de dírijir la cosa pública y <iue en consecuencia le daba su vo- 
to é instaba a los Senadores á que hiciesen lo misn)o, sin petism* ma^i 
en Gedeon, sino para votar como él. Esta interpelación generosa 
produjo tal efecto, que levantándose todos los Senadores á un mis- 
mo tiempo, eligieron al (xeneral Boyer por aclamación. 

Muy diferente era la suerte de la monarquía de Cristóbal. Su 
crueldad y despotismo dieron ocasión á la rebelión de uno de sus 
generales nombrado Richard, el ya mencionado duque de la Marme^ 



filSXOBIA DB SAKTO DOMIKao. 241 

lade y di$ un ooronel Paulio. Sublevaron varias comunes, y pusie- 
ron en oomun¡caí.*ioQ al coinauílaute de San Marcos con el Presiden- 
te Boyer. Cristóbal quiso entonces someter á los alzados, y á pesar 
de bailarse enfermo mmit^ á caballo y se puso á la cabeza de su guar- 
dia, que creia tiel y que ya estaba seducidla. Comprendiendo enton- 
ces la gravedad del mal; i^e todo estaba perdido y <|ue habia cesa- 
do de reinar, por no caer^^n las manos «te Buyer, se suicidó de un 
pistoletazo, y su cuerpo ñié arrojado en unos batrancos profundos 
siti dársele sepultura. No perdió tiempo el Presidente Boyeh Pa- 
só al Guarico, y á pesar de las ideas del General liicliard para man- 
tener la división de la colonia, supo im|>edirlo; y todos se declararon 
ciudadanos ^e la Bepublica. El príncipe heredero hijo de Cristóbal 
fué preso y junto con la ^eina y la Princesa Athaíiias fué coiiducido 
á Puerto Príncipe en donde se les proveyó de todo con decencia has- 
ta que el gobierno inglés les señaló una pcusion. El primei'o mu- 
rió asesinado en la cárcel á pesar de los esfuerzos del Presidente 
para salvarle. 

Así lo liíanifestó en su proclama de veintiséis de Octubre de 
aquel ano. ^'Siento que haya corrido la sangre el día diez y ocho 
á pesar de mi grande solicitud por evitarlo y mi orden del dia diez y 
seis traida alGmirico por mis edecanes no pudo llegar oportunamen- 
te para salvar la vida del hijo de Cristóbal, muerto á manos bár- 
baras^. Luego que se supo en el Guarico la muerte del rey Cristó- 
bal, el palacio de Saint-Souci fué invadido y entregado al 4)illaje. 
D^ose que se encontró uo millón de pesos en los cofres entre pren- 
días y piedras preciosas y doscientos cincuenta mil pesos en plata, 
y otros tantos en el palaqio del Guarico, y que todo reunido impor- 
taba dos millones y medio de francos que se distribuyeron en el 
BJércJt<ode Cristóbal. El tesoro fué avaluado en la enorme suma de 
cuarenta y cuatro millones de pes(Ks, así distribuidos: en bocoyes 
doscientos veinte y seis millones de francos, tres millones de ' libras 
esterlinas en los bancos de Inglaterra, setenta y cinco millones mas 
de francos, catorce millones de libras de café y ocho millones de libras 
de algodón. Sobre el pilli\je de estius riquezas, dijo el Generar Boyer 
en una proclama al saber los desórdenes del Guarico: 

^'Queréis aprovechar el momento para entregaros á tales desór- 
denes; si en los primeros instantes de la nuierte de Cristóbal, alguno 
de vosotros lleno de alegría con tan dichoso acontecimiento, pudo 
entregarse á despojar sus numerosos palacios y castillos, debitaran 
aci>rdarse que él fué despojador de los bienes del Estado, y que pia- 
lo tanto era preciso respetar lo que habia dejado como intereses pú- 
blicos; para que un gobierno fuerte y reparador tuviese medios.^ de 
consolidar la cosa pillea en todas sus partes. En consecuencia, 
mando que todo el que hubiere tomaido ííI^o después del ocho de 
Octubre, lo restituya so pena de ser perseguido, y que las jioyas, dia- 
mantes y plata tomada, se entregue en término de veinte y cuatro 
horas." 

Mas adelante y restablecido el orden, quiso perturbarlo el mis- 
mo Richard, que pagó con la vida su segunda intentona de Febrero; 



242 HSTOUIA DE SANTO DOMINGO. 

y entOQoes expidió el presidente su segnmla proclaniii que demues- 
tra el verdadero estado de la parttj íVancesn; y decia así: 

Haitianos! — El reinado desastroso de la tiranía ac*aba deóitln- 
guií-se: el de la justicia traerá la alegría y la paz en el Norte, y, Á 
excepción de algunos perversos, la generalidad del pueblo haitiano 
no formará mas ((ue una familia uujda por los lazos de la fraterni- 
dad. — La ambición, que no lia podido ver slu despecho á la Repú- 
blica andar con paso rápido en lacnrrei^a que la debe conducir al 
mas alto grado de prosperidad, se agita en todos sentidos, y en su 
rabia blandiendo la tea de la discordia, trató de reehcender la gue- 
rra civil en el seno de nuestra patria. — Esclavos orgullosos de Oris- 
lóbal, hombres que se consolaban de la vergonzosa humillación en 
que los tenia, haciendo gemir á su veza sus muy desgraciados coin- 
patriotas bajo el peso de la mas vil opresión, esoH hombres no miran 
sino con horror un cambio feliz qne anula sus títulos, sus privilegios,' 
y pone tin al despótico feudjdismo. Ellos no consideran sino con 
repugnancia y desden este benéfico sistema de igualdad (pie h)s colo- 
ca ante la l¿y en la' misma línea que á aquelh)s á quienes están acos- 
tumbrados á considerar por bajo de ellos. — En vano el liberal y equi- 
tativo gobierno de la Itepubliea los llena de beneficios, en vano los 
confirma en el goce de todas las ventajas que no están eu contra- 
dicción con la Constitución del Estado; sobre su corazón tienen mas 
poder el interés personal y la vanidad que los sentiirnentos del de- 
ber y el de la gratitud. — Desde el primer momento que siguió á la 
reunión del Norte á la República, no cesaron deformar conjplots pa- 
ra conseguir el trastorno del nuevo orden de cosas: Sus culpables 
maquinaciones consiguieron descarriar á algunos espíritus débiles, 
y cuando se creyeron en estado de poder obrar, intentaron la ejecu- 
ción de su abominable proyecto. — Sus planes eran vasti>s: el movi- 
miento concertado entre los conspiradores debia insurreccionar á un 
mismo tiempo el Cabo Haitiano, los Gonaives, San Marcos y la paite 
de Artibonito. — Para dar al levantamiento que ellos (juerian pro- 
mover, alguna apariencia de razón, los conjurados hicieron circular 
á propósito, rumores que tendían á alarmar á los ciuda<lanos sobre 
las intenciones del gobierno y á disminuir la confianza (pi<3 debía ins- 
pirar. — Pero el destino de Haytí estaba fijado irrevocablemente. 
Un genio protector velaba sobre él y aclai'aba al gobierno sobre Jos- 
tenebrosos procedimientos de aquellos que meditaban su luina. Sus 
tentativas fracasaron contia las prudentes medidas que fueron to- 
madas para prevenirlos ó contenerlos. En San Marcos, .el valor y 
presencia de ánimo del Genera^l Maic ydel ayudante g^íiM^ral Cons- 
tantPaul, ahogaron la rebelión en su naciwento- • Kl pérfidp ctuo*?^ 
uel Paulin, del octavo regimiento, del cual.?J¿f|)>ia.so(lucddO' parte,^ 
abandonado casi totalmente i)f)r sus soldüiíOH,. íuéJieridj) .mojital-* 
mente y entregado al Geiíeral Maic.-^EI General de división Bónntít* 
que, durante estos sucesos, pasó por orden del Goberuíidor á es-. 
te lugar, contribuyó grandemente por la precisión de siis operacio- 
nes, á tranquilizar los espíritus y á derrotar los facciosos. — lín el 
Cabo Haitiano, el General de división Magny, dio brillantes piuebas 



HISTORIA DE SANTO DOMINaO. 243 

de 8U patriotismo, de su previsión y de su energía. Por sns cuida- 
dos el Genenil Bicliurd, uno de los principales fantores de la cons- 
piración y varios oficiales, sus cómplices, fueron aprelienditlos el vein- 
te y cinco de Febrero y enviailos á Puerto Príncipe, donde han cal- 
do b^o la cucliilla de la ley. — Y en fin, en Gonaíves, único lugar 
donde la insurrección hizo progresos, fué aplacada al c:ib(» de algunos 
dias: la mayor parte de los revoltosos han sido dispersados; el Ge- 
neral Uosson, luio de sus jefes, ha sido preso; otro, el General José 
Gerónimo, no tardará probablemente en caer en mani)s de las tro- 
pas que andan en su persecución. — Semejante á la roca contra la 
cual vienen á estrellarse las mugientes olas, la Eepública, siempre 
tirme é inalterable, ha resistido al choque de los facciosos. En to- 
dos los puntos, la causa sagrada que defendemos ha ti untado por to- 
das partes; los esfuerzos de los malévolos han sido imitiles, y no han 
servido siuo para desenmascarar y hacer conocer los perturbadores 
y los enemigos del orden. — Haitianos! vosotios habéis sido testigos 
de la generosidad y de la moderación del gobierno; vosotros los seréis 
de su justicia y firmeza. Ya, en tin, es tiempo de alejar de nosotros 
y de hacer desaparecer todos los elementos de anarquía y disen- 
siones que han amenazado vuestra tranquilidad. Mi dcvseo de no 
confundir al hombre descarriado con aquel que lo impulsa, ha rete- 
nido basta ahora el brazo del gobierno; [tero no Seria prudente pro- 
longar por tnas tiempo la indulgencia. Guando la revolución osa 
enseñar al descubierto su horrorosa cabeza, adelantémonos á abatir- 
la! — La conducta de los Generales Magny, Bouuet, Marc y Gonstant 
Paul es digna de elogio Han cumplido el deber que les imponía el 
honor; han justificado la conñanza del gobierno y merecido bien de 
la Patria. — Haitianos! Unios ahora masque nunca! Agrupaos al 
reded<»r del árbol de la libertad! Rechazad las pértídas insinuacio- 
nes de los que no desean la anarquía sino para robaros esa preciosa 
libertad que habéis alciinzado á costa de tantos sacrificios!— Ponetl 
siempre la mayor conñanza en el jefe del B.stado, cuya solicitiid tie- 
ne por objeto consolidar el edificio de nuesti-a felicidad. Viva la Re- 
pública! — Dado en el Palacio Nacional de Puerto Príncipe, á ocho de 
Marzo de mil ochocientos veinte v uno, año diez v ocho de la Inde- 
pendencia— BOYBR. 

Por aquel tiempo tuvo el Presidente la fortuiui de deshacerse 
del partidario Goman, que hacia muchos años se mantenia en Lis 
montañas de Jeremías; y acosado por las tropas de la República en 
sus últimos atrincheramientos, se arrojó de lo alto de una montaña 
y pereció. 

Su gente se rindió, y Boyer, en vez de fusilarlos, les repartió tie- 
rras y medios para^ cultivarlas, y aumentó de este modo el número 
de sus amigos. 




DIAEIO 

De Don Juan Sánchez Ramlre» sobre la reconquista de 

la parte Española de la Isla de Santo Domingo^ 

hecha de su puño y letra y empieza asi : 



4 » 




L mea de Diciembre del año de 1803, salf emigi*ado con mi fami- 
I lia; de esta Isla 4 la de Puerto Rico en qne desembarqué el 3 de 
^ Biíerodel «igniente: bailándome allí sin propiedad ni evstableci- 
iniento alguno imploré por la via reservada la Real protección, qne 
se había ofrecido por diferentes órdenes Soberanas concernientes al 
tratado de Basilea, para obtener la indemnización prometida con 
que poder s^ibslstir en país extraño, 5' nunca tuvo efecto mi solicitud 
como csisi la de tiKlos los emigrados en diversos puntos de la Améri- 
ca: por esta ra^on consumí mas de once mil pesos que con indeci- 
bles ¿labajos y peligros, salvé de mi patrimonio sin baber podido 
sacar fruto algiíno que me asegurase en aquel destino mi subsisten- 
cia y la de mi inuger, hijos y hermana. De esta triste situación y de 
la espei'anza con que cimtaba sobre alguna parte de mi caudal que 
quedó en esta Isla, aunque destrozado por el Gobí Francés, me vi- 
no la resolución de volver {\ Santo Domingo según lo verifiqué, con 
las licencias necesarias en Junio de ochocientos siete desembarcando 
en el ptierto del Macivo, terreno de mi propiedad, en que tengo un 
coit<5 de maderas de cahoba, á barlovento de la célebre bahía de Sa- 
maná. Sabiendo los Franceses mi llegada trataron de emplearme 
en la comandancia de la Villa de mi naturaleza, llamándome con es- 
te fiti, pero me excusé como pude con el de no comprometerme en 
sus jemedos y determiné por consigtiientc dejar lo que quedaba de 
mis haciendas en jurisdicción de dicha Villa á personas de mi coli- 
tianza permaneciendo ctm el ejercicio de c<mtinuar nn corte de ma- 
deras y establecer sobre aquella costa una pequeña habitación de 
cs^fé en la de Koubert. 

2 Mayo de 1808 — Ocupado en mi nuevo establecimiento del 
Paígnero se me ofreció pasar al Pueblo de Sabana de la Mar en la 
misma costa, en dos de Mayo de 1808, y hablando con el Coman- 
dante de allí, en la tarde del mismo dia sobre el pasage de las tro- 
pas francesas á Kspaña en calidad de auxiliares aQaitió el expresado 
Comandante, que un buque que habia llegado á Samaná, puerto in- 
mediato al de la pobladcm en que estábamos, traia noticias que Na- 
poleón conduela á Francia á nuestro muy amado Fernando 75 para 
educarle; que al Señoi' Don Carlos 49 lo habla destinado á vivir en 



246 HISTORIA DE SANTO DOMNGO. 

un convento; y qne José Bonaparte iba á gobernar la Península ín- 
terin nu('strt) Fernando se instruia lo necesario para regirla. EstsiS 
expresiones hirieron tanto mi corazón y níe representaron tan viva- 
mente latrahicion de Bonaparte; que arrebatado de ira, después de. 
discurrir algo en contra de lo que opinaba el referido Comandante, 
no pude dejni de prorrumpir diciéndole: ^^ Yo aseguro á V.que la 
nación Española no sufrirá jamás esa infamia; y que sieso es asfj, 
la sangre se está derramando hoy en España entre Españoles y Fran- 
ceses.^ Desde aquel momento no pude sacudir de la imaginación la 
idea de la guerra que snponia ya evidente contra los segundos, y 
aquel encuentro produjo en mi espíritu tal encono contra ellos, que 
apesar de la aceptac/inn que les debia, basta llamarme ellos mismos 
el amigo de los Franceses no podia veiios ya desde entonces sin irri- 
tarme en extreuio. ', 

Junio 3.— En Junio siguiente pasé del Obero á mi cortie diclio 
del Macao en donde se hallaba 1). Manuel Garb¿vjal, mi socio en 
aquel establecimiento y tratándt)le sobre activar nuestros trabsyos 
de maderas, le enteré desde luego de aquellas noticias, como habi- 
tante honrado y de toda mi contianzii y suponiendo sin duda decla- 
rada ya la guerra por la Nación Española y la Francesa, le hice pre- 
sente, que era necesario tomar uno de dos medios: ó trasladarnos á^ 
la Isla de Puerto Rico antes que se publicase la declaratoria que es- 
peraba y se nos impidiese la salida ó que nos resolviésemos los Es- 
pañoles á tomar ccm tiempo medidas adecuadas que nos proporcio- 
nasen la restauración de nuestra Patria bajo la invocación y á favor 
de nuestro legítimo Soberano. Me hice cargo IV déla contianz;t 
que merecía á todos los compatriotas de nuestro suelo, y la c<mstan- 
cia de la mayor parte de ellos en la Kdelidad á los Monarcas de Es- 
paña por mas que en el tratado de Basi lea fueron mirados con el 
mayor abandono; esta circunstancia tan esencial, me ofrecía el logro 
de su reunión para el intento; 2? que no eran t-:in considerables las 
fuerzas de los Franceses, (|ue aunque los Españoles estuviésemos, co* 
nu) estábamos, «lesannados, no pudiésenu^s dejar de sos tenerles, la 
guerra, entre tanto se nos auxiliaba por los gobiernos Españoles in- 
mediatos, especialmente ofreciendo la calidad y configuración inte- 
lior del territorio grandes ventajas para resistir los enemigos; 3? 
que sí no aprovechábamos la ocasión y los momentos, se haria des- 
pués muy difícil la empresa por las fuerzas francesas que debian au- 
mentarse en Sto. Domingo; en razón de (pie de la Habana, Puerto 
Uicí) y otras partes hablan de lanzar los millares de individuos, que 
por las frecuentes transmigraciones pasadas se hablan refugiado á 
aquellos parages y era torzosasu restitución á est¿i Colonia, no te- 
niendo otra <le tanta capacidad, ensanche y medios para hacerse 
fuertes y vivir á menos costa. 

Julio. — En medio <le estas ideas resolví espeinr las resultas que 
semejantes ideas habian radicado en mi imaginación, y continuando 
en mis tareas domésticas pasé á mediados de Julio á la Villa de Hi- 



' 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 247 

güi\v eoii H objeto de liiiuidar cuentas en que eran interesados varios 
jornaleros que habiendo recibitlo avances «e bahian retirado allí. Es- 
tando en esta ocupación se apareció un Francés nombrado Berard que 
yo conocía venia de Maya«5nez, Isla y costa de Puerto Rico, y bajo 
mucho secreto dijo á otro Francés, Médico, llamado, Moící que se re- 
tiraba de aquelhi Isla, porque en su costa habia desembarcado un 
Olicial de Marina Hspañol, con la novedad que hi España habia de- 
clarado la guerra á la Francia: el tal Médico me la comunicó con el 
n)ismo secrett» dudando «le su certeza. Sin perder tiempo comuni- 
qué reservadaniente la especie {\, Carbajal, y la pronta determinación 
que tomé de pasará la Ciudad de Santo Donnngo en miras de ganar 
t-odo el (jue pufliese (íu la moción, de los Españoles de adentro, an- 
tes (yiq. llegase de oficio al gobierno Francés para que estuviesen dis- 
puestos losániniosy t(unadas las medidas que se concertasen para 
dar el golpe en la guarnición de la Plazi>, con que asegurar 
el primer paso, el éxito de la emjuesa, dejando encargado al so- 
bredicho Carbajal que estuviese atento á los avisos que le daria 
desde la Capital afín de que obrase en confornndad reuniendo los 
patriotas y acudiendo donde los llamase con ellos. 

2(k— .Sallen consecuencia de Hii^üey (*n 26 de dicho nies de Ju- 
lio, y habiéndome impuesto en la Villa del Seibo i)or aviso que se 
me «lirigia que mi muger é hijos se hallaban gravemente enfermos 
en mi Jiabitacion de la costa del Obero, pero allí di providencias para 
socorrerlos de asistencia en su enfermedad, y sin detenerme volví á 
tomar el camino para Santo Domingo- á donde llegué el siete de 
Agosto á tii^mpo que acababan de llegar también la noticia oficial 
de la guerra y algunos prisioneros en un barquito parlamentario de 
Puerto Rico cuyo Capitán era Francisco Braceti. Mi entrada en la 
Ciudail.fué el ocho, y el nueve me convidó á almorzar el General 
Francés ferrand que con la misma fecha hizo publicar una procla- 
mación en que aniniciaba la guerra no con este carácter sino con el 
de sublevación de algunas provincias de España. Del ocho al once 
trató de fondear los ánimos de algunos Españoles que tenian in- 
fluencia en la Ciudad con quienes me insinué y encontrándoles de- 
masiadamente tibios, los exploré representáuíloles mis ideas y la 
necesidad de (pie trabajasen adentro en términos que se facilitase 
la tt>ma de la Plaza para nuestro legítimo Soberano el Sor. Dn. Fer- 
nando ^9 mientras que yo corria por fuera á proporcionar la reunión. 

11. — Efectivamente salí de Santo Domingo el mismo dia once 
y el trece llegué á la uíejorada Villa del Cotuy, de donde soy natu- 
ral, y en donde se hablan juntado los vecinos para la publicación de 
la referida Proclama del General Ferrand: este motivóme estimuló 
á apresiirar el desengaño de aquellos habitantes instruyéndolos in- 
mediatíuu^^nte del fin de mi yiage y. haciéndoles ver la perfidia del 
Emperador de Iqs Francejses; que por ctmsiguitMite era indispensable 
ponernos de acuerdo pira sacudir el yugo del Tirano, atendiendo mi 
voz; y que acreditasen su conocida fidelidad á nuestro Rey en la me- 



248 filSTOBIA BB SANTO DOMINGO. 

jor ocasión que podia jiresentái-seles para asegurar su propio bieiu 
Bfttíi pequeña eliispa del fuego sagmdo de la Patria convirtió sin di- 
lación en l)ogueras los corazones de a(]ue)los mismos hombres que 
se liabian congregado baj(» la obediencia ^ de Ferrand para publicar 
sus órdenes, en tales términos que no solo me ofrecieron estar pron- 
to^ a mi ariso, sino que hicieron pedazo^ la Proclamación del Gefe 
Francés, en el acto mismo, que vSe había ^destinado para publicarse. 

15. — Con estas primicias del Patriotismo de un pequeño Pue- 
blo, de que tengo la honra de ser hijo, partí colmado de espeninza 
pjua la Ciudad de la Vega (distante c^nnO doce leguas de la exppcr 
sada Villa con dirección á Santiago): mi llegada á ella fué el quince 
del propio mes, y á la sazón se hallaba allí Dn. Agustín Franco, na- 
tural de la Isla, empleado por los Fi-ancesesen la Plaza de Ayudante 
General Gefe del Departamento del Cibao (1), le comuniqué mí reso*- 
lucion para que como Español, que mandaba todos acjuellos Pueblos 
reuniese todos los vecinos patriotas, se pusiese á su cabeza, se pro- 
clamase á nuestro Augusto Soberano Fernando 7V,hiciésemos la gue- 
rra á los Franceses según lo habia dechirado la autoridad suprema 
de la Nación, y pasásemos eñ esta virtuíl á sitiar la Capital q«ie era 
el centro de sus fuetizas. El dicho Franco se manifestó interesado, 
pero por el hecho de persnailirme, que no pasase á Santiago endoij" 
de me prometía hacer todo lo cí>nveniente, y desconfiando poroti^o 
lado de su conocido apego al Gob? Francés, á que se agregaba lá 
circunstancia de ser aípiel vecindario uiíó de los mas numenisos y 
acreditados, me desentendí de sus instancias, continué n)i marcha á 
él el 16 por la tarde, creyentlo con sobrado ftindamento que est^) 
era el modo de asegurar mis operaciones en a(|uella parte. 

17. — Llegué el diez y siete ñ, la expresada Ciudad de Santiago, 
en que había corrido ya la voz de mi viage y los fines (pie lo motiva- 
ban, cuya sola noticia les inspiró el «leseo de Libertad y la destnic- 
cíon de los Franceses, concurriendo los principales á lífreoéi'seme co- 
mo fíleles Españoles: procuré infoiinarme en el instante si había al- 
gún líuque Español en Puerto de Plata (2), y enterado que se halla- 



(1) Los ñ'anceses dividieron su antigua colonia en tres Departamentos. 
Norte, Oest«, y Sur, y en l<i parte española formaron dos, dando al del Norte, 
que comprende á Santiago, Vega, Cotuy, Samaná, Puerto de Plata, Mont« 
Cristy y Dajabon, el nombre de Cibao por el de las riquísimas Montañas que 
lo separan de!, {a) d'^l Engaño que llamaron así por el Cal)o de este nombre 
en la costa del Este cuyo territorio abraza con el de la banda del Sur. 

(a) Así el original. ( N. de la S.) 

(2) Ciudad arruinada el año seis del siglo diez y siete: existen todavía 
monumentos que acreditan su pasada grandeza, y dista de la de Santiago 
quince leguas al Norte, en que se «traviesa la cordillera de montañas, qne 
se prolonga en la misma dirección de la Peirinsula de Saniani al CalK) íii 
Granja ó de Monte Cristy. 






HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 249 

lia niio peqiiefio al m.iiulo de Miguel Pérez, envié luego luego á so- 
lieitfU'lo p(»r medio del Pailrc cura Dn. Vicente de l^una y el Coman- 
dante de Drag(»nes Dn. Marcos T4>rres, cometiendo la diligencia á 
D. José PaclKH50y empleado municipal de Puerto de Plata: el fin era 
aprovechar diclia embarcación para destinarla á la Isla de Puerto Ki 
co en solicitud de auxilios con que dar principio á la ejecución del 
plan, instruyendo á aquel Gobierno. 

19 — El diez y nueve vino Paclieco á Santiago c(m elj)arte de que 
dejaba listo el Buque, y á su dueño dispuesto á servir voluntaria y 
puntualmente quanto se le mandase en el particular. En este estado 
las cosas y por guardar consecuencia con el mencionado Franco, que 
aunque sospecliosii por mí, lo consideraba como Gel'e de la parte del 
Noi;te, y me había aparentado dis|K)sidon á det'«Mider la causa justa 
déla Nación que nunc*a p(Kliamos olvidar, le escribí inmediatament43 
con un Dragón, diciéndoh^ que pas:ise í\ Santiago para firmar y po- 
ner corrientes his pliegos que dcbinii dirigirse al Señor Gobernador 
de huerto Ilico, como el mas inmediato á Un de que a|>oyase nuestra 
refiuducion y nos auxiliase cnn armas, municiones de guerra y al- 
guna tropa de línea: par.i no perder tiempo quedé yo haciendo los 
OHcios entretanto: tc^mé las tirm;is de los Empleados y nombré al 
Capitán Comandante de Artillería drp.Uriotas D. Antonio L(q)ez 
de Villanueva y al antedicho D.José Paeliec*) para el envió en Co- 
misi^m á Puerto Bico. 

21. — Después detenerlo todo listo para el despacho recibí el 
veinte y uno un papel de Franco en que me exponía su imposibilidad 
de pasar á Santiago por tma Tuerte inflamación que padeeia en los 
ojot^, cimvidándome que pasase yo á la V'ega para tratar del asunto: 
marché la tarde del mismo día á verme con Franco habiendo envia- 
do ya á Puerto de Plata un expreso en diligencia con orden de em- 
bargar el referido Buque de Pérez sin permitirle sti salida por nin- 
guna causa, motivo ni pretexto. 

22. — El veinte y dos por la mañana llegué á la Vega, y cnsa de 
Franco á quien encontré de dictiímen y semblante contrario al que 
había aparentado antes, según me lo había sospechado, tratando ya 
por consiguiente de persuadirme á que suspendiese del todo la em- 
presa, y que esperásemos á ver cual era el resultado en Europa, sig- 
niflcándome las fuerzas de Bonaparte y neg:lndome absolutamente 
el permiso para la expedición del Barco surto en Puerto de Plata 
con otras cosas de este jaez, que me enfadaron en términos de de- 
cirle, que pasaría á la parte del Este, por cuyas costas me facilitaría 
mi comunicación C(ui Puerto Bico. Aquí es' digno de notarse ha- 
ber llegado en este intermedio tres Franceses, que venían muy de 
piisi^ y dándose conmigo de repente, no pudieron disfrazar la sorpre- 
sa^ que les causó mi encuentro: hablaron separadamente con Fran- 
co, y regresaron para Santiago, después de lo cual observé también, 
que Franco no podia disimular su inquietud y me instaba entonces, á 



250 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

que no me detuviese, fingiendo inleresarse, en que aprovechase los 
momentos para el logro de mi proyecto. Igualmente cabe aiinf la re-^ 
c<miendaGÍ(m del mérito de José Cordero, antiguo Teniente de nnH'e- 
nos, á quien por su fidelidad, patriotismo y otras apreciables circuns- 
tancicis he colocaílo ahora «le Capitán en una de las compañías de su 
clase. Este moreno á qnien Franco habiá hecho Comandante de 
la Vega para manejarlo a su antojo por su notoria humildad, y á 
quien por aquella razón híibia yo dudado confiarle mis designios, da- 
ba vueltas muy iiupiieto por hablarme sin que Flanco lo viese: ha- 
bla yo observado estos movimientos y por cerciorarme de la causa, 
le proporcioné ocasión de que me hablase á su acomodo, como lo vct 
ritícó, ofreciéndome con el mayor entusiasmo sacrificarse de todos 
modos hasta morir en obsequio de la obra que emprendía, y así lo 
hizo separándose de la obediencia de Franco á mi primer aviso, pí>- 
niéndose á la mia y cun)plien<lo puntualmente cuanto le he precep- 
tuado desde entonces. Salí últimamente de la Vega el mismo dia 
veinte y dos después de haber comunicado á Santiago por un ex- 
preso la novedad y péifida conductíi de Franco con advertencia de 
lo que hablan de hacer inteiin llegase el dia del movimiento gene- 
ral. (1) 

24. — listando el veinte y cuatro en jurisdiccicm del Cotuy, en- 
vié otro expreso á Santiago con otras instrucciones para gobierno 
de aquellos patriotas: tuve respuesta el veinte y nueve, y el treinta 
marchó para la parte del Este. 

Setiembre 1. — Llegué á la Ciudad de Bayaguana el primero de 
Setiembre siguiente; peio no habiendo encontrado al Comandante, 
y enterado, que el Presbítero Dn. José Moreno, cura de este lugar, 
tenia un grande influjo en el Pueblo y aun en el Couuuidante, me 
estreché con él, descubriéndole el asunto, que me llevaba á »su feli- 
gresía, y desde luego me ofreció hacer todo lo que estuviese en su 
potestad, explicAiKh)se con las mayores demostraciones de interés 
por la causa legítima, y lo mismo sucedió con otros individuos á 
quienes me abrí participándoles el proyecto. 

4. — El cuatro llegué á la Villa del Seibo, en donde encontré la 
novedad que Du. Antonio líendon Sarmiento, natural de esta Isla y 
Ciudad de Santo Dumingo, habia venido' de la de Puerto Rico con 
los manifiestos de Sevilla, y algunos pai)eles anónimos; que no ha- 
biéndose sabido conducir en esta misión, fué descubierto por los 
Franceses empleados en el Tribunal de primera instancia de dicha 
Ciudad que se hallaban actualmente en aquella Villa con motivo de 
los inventarios de una sucesión; que los propios Franceses promo- 
vieron la prisión y seguridad de Sarmiento, el cual siendo avisado 



(1) El padre cura <le la Vega Pbro. Dn. José Tabaros medió sufi- 
cientes pruebas de su patriotismo, y quedó encargado de trabajar por medio 
4e la persuaoion, acreditando su eficacia en todo ej discurso de la empresa, 



HISTüUIA D£ SANTO DOMINGO. 251 

l)or el Rilo. Padre Fr. Ignacio Morilla que sirve aquel curato, seesr 
capó huyendo á Higüey, habiendo veriricado su desembarque en su 
vellida de Puerto Rico por mi hacienda, en donde nú nuiger lo auxi* 
lió con bagagesy y lo mas necesario para encaminarse ai Seibo, con 
cuyo Cimiandante pnHjuré intro<lueirme hablándole indirectamente, 
pero como nada adelantaba (!on este sugeto, me luí en derecliuraal 
dicho P. Cura Morilla que ccmio buen sacerdote y distinguido pa- 
triota se dedicas todo entero á trabajar en favor ile la empresa que 
le conmni(iue proporcionándole mayor facilidad la ausencia de los 
Magistrados Franceses que habian marchath) ya para Santo Do- 
mingo. 

5. — El cinco me puse en camino para Higüey, en donde encon- 
tré á Sarmiento protegido por no socio Carbajal: informándo- 
me de lo que habia trai<lo me orientó, que eran cartas para mí 
dirigidas del Pueblo de Mayagiíez |>or el Pbro. l)u Juan Picliardo 
y Contreras natuml de hi (.'iinlad de Santi:i.ii:odelos Caballeros; pero 
que temeroso deque lo aprelicndit^stMi con <íllas, las habia <)uemado 
con todos los papeles públicos que trai.i también. 

' Hablé consecutivamente con el Comandante y vecinos de Hi- 
güey, los cuales se me franqnearon para la reunión al primer aviso, 
y diñando encargado á Carbajal dt*. e.4a operación, llegado el cas4i 
regresé al Seibo el diez, en que llegué á esta Villa, y permanecí has- 
ta el cat4>rc43, persuadiendo á unos y animantlo á otros después de 
haberme acordatlo con el Padre Morilla pa^a (pie excitase lo mismo, 
avisándome qualquiera novedad, cine ocurriese con respecto á la ma- 
teria. 

13.— En la noche del trece me declaré abiertamente con el Co- 
maudante y reflexionando ipie la imprudencia de Sarmiento, y la 
que cometió después el Capitán Braseti de entrar en el Puerto de 
Santo Donúngo con papeles anónimos en que habia letras iniciales 
que denotaban mi nombre y apellido, los cuales se habian intercep- 
taiio por el Gob? Francés, habian de traer resultas contra mí, y en 
I)erjuicio de nds diligencias, que habian de tirar á entorpecer con 
medid¿i8 de seguridad, le hablé con la entereza que me dictaron la 
naturaleza de la causa y el peligro de mi existencia y de los demás 
que se hallaban comprometidos, suponién<h»le que yo sabia que se 
despachaban órdenes de la Plaza sobre estos particulares; y que vie- 
se lo que hacia y en lo que se metía; poKpie si trataba de cumplir 
alguna contra los Españoles que me seguían, coireria la sangre de 
unos con otros cubriéndose de infamia el que ocasionase igual 
desastre. 

14. — Sucedió en electo según se lo habia pronosticado al Co- 
mandante, pues en la mañana del catorce llegó la orden en términos 
idénticos á los que se la habia yo pintado; de suerte que el Coman- 
dante se tí^uró que yo tenia al{^u na porrespondenci¿\. de suposicioq 



252 illSTORIÁ DE SANTO DOSIINGO. 

en la Capital y temiendo de elln, me comunicóla orden, y con este 
conocimiento tomé el temperamento que me pareció mas adecuado 
para frustrar su efecto como lo conseguí: y queriendo ganar tiempo, 
C(m el fin de dirigirme al Gobierno de Puerto Rico para el apoyo y 
auiorizacitm de loqtie liabia resuelto, sin que eu ningún tiempo se 
pudiese ihular de mi lealtad, y anticipados deseos de arrancar á los 
Franceses de la Isla con el objeto de su reincorporación á la Corona 
de España, pidiéndole al mismo tiempo socorros. 

15. — Marche el (luince para la costa del Obero desde <Ionde 
pensaba solicitar una embarcación en el Pueitode Samaná con que 
poder realizar nii pensamiento. 

1(5. — IJegué íi la diclia mi Ilacieudaen la tarde del diez y seis 
y tratando <le enviar una canoa al citado Puerto, con aqutd objeto, 
supe que allí habían «juerido íincístar A un Español, sin mas crimen 
que el de que trabajaba alqiulado en mi casa cuya circunstancia me 
trajo el conocimiento de que los Fr.i.iccses me perseguía:) ya en 
aquel Puerto. Sin embjugo insistí el <liez y sieü^ en enviar siempre 
áSaman^i con alji^^uuas precauciones, y el empeño de ver, si, pagan- 
do bien un Bar(|UÍto que supe estaba allí con pabellón Español 
h)graba la satisfacción de mi deseo escribiendo ai iSeuor G.»bernador 
de Pto. Rico. Luchando con aquellos inconvenientes me deparó la 
Divina Provirlencia un Buquecito de afpielLt Isla, su Capitán y amo 
Dn. José Moreno, emigrado de esta, y que conduela varias Procla- 
mas de los PuertorriqueñiK'í animando á los Dominicanos con la gue- 
rra á hís Franceses, «barios de EsjKiña y otros paptdes anónimi>s di- 
rigiílos, según el informe del propio Cajíltan por el dicho Pbro. Dn. 
Juan Piehardo y Contreras, Dn. Baltasar Panlagua 8ub-delegado 
de Real Hacienda en Mayagüez y otros patriotas. Tuvieron desa- 
hogo mis ansian, porque di razón de todo en la nnsma ocasión al 
Sor. Dn Toril)io Montes Gobur. de aqiu^.lla Isla, haciéndole presente 
el estado délas cosas en esta y la necesidad que tenia de auxilios 
prontos para la prosecueion délo que estaba ya puesto en plantii: 
escribí también al memorado Panlagua por su valiudento con dicho 
Señor Gobernador para su influjo y á D\\. Andrés Caballero para 
que agenciase mi solicitud. 

18 — Escribí el diez y ocho al Padre Cura Morilla en el Seibo v 
A Dn. Manuel Carbajal en Itigüey estimulándolos á (jue no perdie- 
sen tiempo en persuadir los ánimos y ilisponerlos para la egecucion. 

lí). — El diez y nueve al Padre Cura de Bayaguana eucargán- 
dole lo mismo, especialmente respecto del Comandante, á los de la 
mejorada Villa del Cotuy y Ciudad de la Vega, á Francisco de Fr¡;is, 
Capitán Comandante de Lanceros Montados, del |)artido del Maco- 
ris, y al Pbro. Dn. Vicente de Luna Párioco de la expresada Ciudad 
de Santiago inculc^uidole sienipre el particular. 



HISTOBIA DS SANTO BOMINao. 253 

23. — El veinte y tres escribí al Comaiidante de la citada pohiu- 
eiüu de Sabana de la Mar recordándole la conversación del dia dos 
de Mayoy loqne yo le había dicho por liltiino: me valí de las nu^jo- 
res expresiones con qne persnadirlo á la reiuiiou, empeñándolo en 
qne pasase á Samaná á electo de instruir á los Españoles de aquella 
Ciudad, disponiendo tos ánimos á tomar las armas contra los Francer 
st!ts existentes allí cuando yo avisase; el dicho (Jomandante que se 
llama Dn. Diego de Lira respondió conformándose con mi disposi- 
ción, 6 instándome á (|ue yo mismo pasase el veinte y ocho á una 
Hacienda inmediata á su Pueblo en que trataríamos mejor el 
asunto. 

28. — El citado dia veinte y ocho por la mañana recibí oficio del 
Coniandante y cuerpo municipal del Seibo llamándome para asistir 
á una junta que debia celebiarse de orden del General Francés se- 
gún ellos decían: examiné el correo: descubrí que el Comandante de 
Ürlxinoscon alguna gente armada quedaba cerca de mi Hsicienda: 
me alarmé: lo hice venir á mi casa; previniéndole que dejase su es- 
colta: se llegó solo á mí exponiéndome que habla venido únicamente 
en apariencia, ))or satisfacer la opinión pública y que se retiraba pa- 
ra dicha Villa como lo executó* La noche de ese dia salí para la 
Hacienda nombrada Capitán en donde debia verme y conferenciar 
con el Comandante Lira y así se verificó. 

29. — En la mañana del siguiente participándome haber tratado 
ya con el Comandante de Urbanos, Español de Samaná, sobre la 
alarma de los vecinos Españoles de aquella población en que había 
umchos habitantes Franceses y algunos corsarios: pusimos corriente 
la correspondencia y dejamos tratadas las medidas para la toma 
oportuna del Pueblo. 

Octubre 19 — El primero de Octubre escribí á la Comandancia 
del Seibo por el conducto del Teniente Martin Mercedes, que como 
buen patriota se dedicó á trabajar bajo mis órdenes. 

8.-— El ocho concluí las instrucciones (jue había formaío para 
todos los Pueblos, dándoles reglas con que procediesen á la unión y 
se mantuviesen tranquilos haciendo reinar el buen orden. 

9. 10.11. y 12. — El nueve, diez y once arreglé los Oficios de re- 
misión de (Jichiis instrucciones, y el doce despaché las de la partjB del 
Norte con D. José de Silva para que este sugeto las hiciese entender 
mejor precaviendo por este medio cualquier desorden. Las mu- 
chas novedades que ocurrieron clesde este día hasta la mañana del 
Sez y sei^ anunciándome de tmíós lados las disposiciones que se to- 
maban 'para arrestarme hallándome por otro sin mas fuerzas que 
diez y seis hombres, entre mis ciiados y algunos patriotas que se 
mé^lábiUn reunido, me determinaron á i-etirarme de mi Hacienda á 
la Ensenada inmediata, . nombrada del Jayán ix)rque ecín la poca 



254 HISTORIA DE SANTO DOHINGK). 

gente que tenia, me ofrecía ventajosa defensa de Cualquier atrope- 
llainiento ó insulto en razón de que para ir á ella es indispensable 
atravesar un grande anegadizo ó pantano casi impenetrable y nsí es 
que para yo verilicario con toda mi familia me fué forzoso pasar por 
la pena de ver á mi inuger, hiji>s y demás ir á pié conducidos de ma- 
no por otros, ctm indecible t raba j(» rompiendo por entre aquel fan- 
go, en cuya parte opuesta liay una pequeña fundacitm en que me 
alojé formando una pequeña trinchera que me ayudase en todo 
caso. 

17. — La noche del diez y siete llegó Dn. Antonio Rendon Sar- 
miento, el cual desde que salió huyendo del Seifho á Higüeifj se ha- 
llaba en la costa {\ki\ Macao protegido de Dn. Manuel Carbajal á 
quien di óitlen de enviármelo. 

18. — La mañana del diez y ocho llegó á la costa del parage en 
que me hallaba la goleta Kspañola Moíinerrate^ su Oapitan José 
Pérez, enviada por U. .Baltazar Panlagua y algunos emigrados de 
Santo Domingo, que existen en Mayagüez, con el aviso que «del 
veinte al treinta (leí propio mes salían de Puerto Kico los auxilios 
que yo había pedido al Gobierno para armar los patriotas con el íin 
de dar principio á la obra proyectadí^ proclamando á un tiempo en 
todos los Pueblos de la parte Española á nuestro Soberano Fernan- 
do 79: el propio día quedó despacha<Io el Buque que dio á la vela la 
misma noche. Se aumentaron mas las novedades por las órdenes 
que daba el General Ferrantl, y medidas que tomaba contra -mis 
operaciones: escribí con este motivo al Comandante del Seibo liaQÍén- 
dole presente que se me auxiliaba de Puerto Bico, y que era pre- 
ciso resolverse, enviando también el 19 al Teniente Martin Merce- 
dles, & electo de que como parieute político de dicho Comandante lo 
persuadiese de su parte: escríM juntamente á otros buenos patrio- 
tíis de aquel vecindario, que podían inÜuir por la suya. 

20. — ISI veinte vino á la Ensenaila de mi redro D. Miguel Fe- 
bles, Ayudante mayor de la Milicia ürb.ina del Sííí&o con quien lle- 
vaba yo c<irrespondencia: en el mismo dia reiteró su salida para di- 
cha Villa el Teniente Merceiles que en el anterior había retornado 
á enterarme de algunas ditícultades, que se ofrecían al C4unandanté| 
el cualcoum hombre rustico estaba confundi«lo con caprichos d^ 
que le desimpresioné. 

• 21.T-EI veinte y uno llegó el jDapitan de Drag(me8 Don Vicei)-. 
te. Mercedes á quien había yo convocado para la reunión, como sn4 
jeto de la primera confianza. El Coniandante de Sabana de la 
Mar, me avisó en la tai'de de este dia que entre diversos Emisarios 
que el General Ferrand había envia<lo por los pueblos á persuadir á 
los Españoles en favor del Gobierno Francés habían salido para los 
del Stibo é Uigüey el Teniente Coronel Español D. Manuel de Pe- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 255 

lalta. (!) 

22. — El veinte y dos retornó ile seguiílas el Teniente Mercedes 
<le»spties (le haber lot^iado la decisión del OonuuHlante del Snbo tra- 
yéndt)uie al mismo tiempo Proehunaciones y copins de los Oficios di- 
rijüíldos á las autoridades y vecinos de dicha Villa, por el General 
Ferrand y su Kmisaiio Peralta. 

23. — Al amanecer del V(»lnte v tres marché hacia ella con veinte 
y un hombres, que habia reunido sin mas que ocho fusiles y sus ar- 
mas blancas: 'entre ellos me acompañaban el Capitán Comandante 
de Lanceros Montados 1>. Vicente Mercedes, y el referido Teniente 
del nnsino apellido con los cuales pasé la noche «mi el centro de las 
Montañas de la travesía por la fuerza de las lluvias. 

24 — El veinte y cuatro salimos á las llanuras de Sabana de 
Matuey á donde vinieron los dos (\)n»andantes D. Pedro Ruiz y D. 
Diego Mercedes vecinos del Seibo con Mauuel de la Concepción Ta- 
beiti, que se habia portado de su parte como buen patriota y reuni- 
dos conmigo seguinms á la Hacienda del n»emoradoD. Martin Mer- 
cedes, inmediata á la Villa: desde allí escribí al Conrandante de Hi- 
güey, á donde habia pasado ya Peíalta para que lo arrestasen; á Dn. 
Manuel Carbajal sobie disposiciones para prevenir bagages, y lo mas 
neee.sario para la conducción de los auxilios, que debiau llegar por 
momentos al Rio y Puerto de Yuma, en aípiella costa, y sobre que 
concurriese con el Comandante ala arrestíicion de Peralta; y al Co- 
mandanttí «le Bayngnaua para que acelerase la reunión de su gente, 
y previniese alojamiento y ración C(m (pie socorrer á los patriotas 
de la parte del Norte (pie esperaba y dtíbian pasar por allí. 

25.— El veinte y cinco escribí alComandante de Sabana déla 
Mar dándole disposiciones sobre las nunlidas concertadas para la to- 
ma de Samaná. A las once de la noche del mismo díase me avistS 
que no se habia logrado la prisión de ü. Manuel de Peralta, en Hi- 
güey, l)orque una compañía armada del Seibo, que lo escoltaba, yá 
cuyos individuos como Españoles se habia hablado para que disimu- 
lasen su arresto se oponia á consentirlo; marché en el momento cou 
treinta hombres montados, y seguí por el camino de Higüey para 
prenderlo de encuentro; pero como lio venía, era ya cerca de dia, y 
aun no me habia presentado á la Villa del Seybo á proclamar {\ 
nuestro augusto Fernando (jue era el acto mas esencial y primero 
déla alarma; determiné retroceder a dicha Villa sin aguardar á> Pe» 
ralta. -.r'«j;"r! j. . . ' ¡ 

i. *.2tí»— Hice, mi entrada)ííp]t}|liií'Ja inafiJínadel veinte y seis, He-r 
váiMki euarbolado el Pabellón Español, y gritaudq con la trppa de 



(I) Sujetü acaudalado en esta CapiUl de donde nun(^ emigró, á '{tesar 
de haberlo veriticado su familia á Caracuai,,/iue es el destino que les úxó e\ 

^^' ' . '. 



256 HISTORIA DK SANTO DOMINGO. 

patriotas: viva uuestio Rey Fernando 79 cnya consolante voz aqe- 
bató los corazones de aquel Pueblo: pasando á la Iglesia Parroquial 
en que me recibió el Padre Cura Morilla: cantó el Te Deum^ y des- 
de aquel momento me reconoció y recibió el vecindario [lor caudillo 
de los Patriotas Españoles. La arrestacion de Peralta tuvo efecto 
un Higüeí/j \H)V el desembarazo y energía de D. Manuel Oarbajal, 
que procedió á ella junt;imeut(^ con la de la comitiva del primero, el 
cual resistió con estsis tuerzas: se alborotó el Pueblo; medió el Cura 
D. Mariano Herrera, y dando el Oficial del resguanlo, palabra de 
presentármelo en el Seyho, se suspendió el procedinúento según 
el aviso verbal que se me dio por un expreso después que salí de la 
Iglesia, y con esto se sosegó el cuidado que tenia por ¿aquella parte. 
Pero á muy poco rato me sorprende en mi alojamiento tomándome 
la puerta <le la calle un individuo del séquito de Peralta con cuatro 
hombres armados de carabinas preparadas contra mí, y me exige 
las órdenes (lue tuviese para mandar á arrestar á un Gefe que an- 
daba en misión del Capitán General de la Isla. Este rei>ent¡no 
movimiento bizo alarmar á otros de los que me acompañaban y tan 
pronto como aquellos tomaron la opuesta con el íin de deíenderme 
y precaverlos efectos del insulto. Advertí esto en el momento, y 
como todo mi empeño era no dar lugar á que hubiese comprometi- 
miento ni efusión de sangre entie unos, y otros, aunque metido en 
el mayor peligro los contenia de ambos lados haciendo ver á los in- 
surgentes en tono severo la conveniencia que traia á la quietud pú- 
blica el arresto de Peralta, y la necesidad en que nos hallábamos de 
ponernos de acuerdo en un solotín: de este modo logré apaciguar 
los ániuios; prometí al mismo tiempo á aquel su alojamiento en casa 
particular; se desahogó por consiguiente la puerta de la en que es- 
taba yo; pero cuando Peralta entró á la que se dirigía, ya le había 
arrestado en forma en su comitiva, cesando de esta suerte todo lia- 
lance de opiniones y ya no lialúa quien no mirase á aquel hombre 
con horror. La noche de este día despaché coireos á los Pueblos 
interiores del Norte, exigiendo de los Comandantes la aceleración 
en el envió de las tropas de p^Uiíotas cuya reunión era lo único 
que esperaba para volar á poner el sitio á Santo Domingo. 

28.— El veinte y ocho, tenia ya reunidas seis compañía^, y 
nombrado de Comandante de toiIa esta fuerza al Capitán D. Vicen- 
te Mercedes, procuré cortcir la comunicación de la CapiUU con Síí^ 
maná que estaba mandado y guarnecido por franceses; estableciendo 
un cantón en la Hacienda de San. Gerónimo; pero como carecíamos 
de armas de fuego con que resislir. una invasión enemiga, di órdeu 
al Comandante para que en tal caso«4ie retirase sobre mí, que al mo- 
mento correrla á sostenerlo aunque no me hubiesen Uegsulo todavía 
los auxilios de Puerto luco. Kn el mismo dia escribí íi ü. Silvestra 
Aybar Comandante del Partido de Montegrande inmediato á San- 
to Domingo de la parte oriental del rio de la Ozama, á otros Coman- 
dantes de partido, y á los Pueblos del Sur en que tenia ya noticia 
de haberse declarado una pequeña porción de Españoles contra los 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 257 

Franccíses, siendo de advertir que el veinte y cinco destiné á la costa 
ílel Este al Capitán Antonio Nnñez con media compañía njontada, 
y el objeto de desarmar varios Franceses (pie habitaban su lon^jjitud, 
y tenían armas ile fuego y algunas numiciones, <le (pie les lia- 
bia proveído con antici])acií>n el General Ferrand: la orden (pie 
lltíVí) el niencionado Capitán, tenia la- circunstancia di* (pu» deja- 
se en cada Hacienda uno «pie cuidase de sus intereses, y arrestando 
los demás, me los condujesen al Seilxj. 

29. — A las cuatro y media del veinte y inieve por la mafiana 
recibí carta del diclio Ca|)itan Nuñez, en que nie noticiaba, haber 
verificado el arrest<Mle algunos, y desarmado otros; pero (pie en la 
habitación nondirada el Intiernito estaban reimidos mas de sesenta 
entre blancns, mulatos y negros armados y apoderados de una si- 
tuación muy ventajosa. Despaché inmediatamente ónWu á Hi- 
giie,v con algunos paipietes de cartuchos, para (pie saliese de allí una 
compañía de socorro al Capitán Nuñez, y dispuse al mismo tiempo, 
(pie saliese de los que estaban conmigo el Comandante (b* Urbanos 
Don Diego Mercedes con otro piípiete aíiu de (pie reunida esta 
fuerza asaltase la Hacienda sobredicha y arrestasen los individuos 
reunidos en ella. En la mañana del treinta y uno se me avisó del 
puerto de Yuma el arribo de los auxilios de Puerto Rico por D. 
Manuel Carbajal destinado allí para el efecto: nu)nté á caballo en el 
acto con dirección á aquel destino, en (pie recibí cuatrocientos fusi- 
les, con cierto numero de cartuchos conducidos por el Teniente de 
fragata Dn. Martin María de Espino, con oficios del 8r. D. Toribio 
Montes Gobernador de aquella Isla. El recibo fué el primero de No- 
viembre en que llegué á dicho puerto. 

Noviembre 19 — Eran cuatro los buques de que vse com|>onia la 
expedición, los mayores un Bergantín y una (i(di*ta, que debian re- 
tornar con piezas (le cahoba, según me encargaba dicho Sr. Montes. 
Sin embargo traté de que D. Martin M? Espino cpie mandaba la ex- 
pedición pasase (x tonnir á kSainaníí en el supuesto que tenia dadas to- 
das mis disposiciones para el efecto; y solo re.^taba, (pie se presentase 
cuahpiier Bucpie de gueira Español ó Ingles: aun los corsarios fian- 
ceses surtos en acpiel puerto estaban asegurados porque la mayor 
parte de su tripulación era de Españoles y estos solo esperaban el 
inoinenti) para contribuir al plan (pie se les habia comunicado: con 
todo esto el expresado Espino ciñéndose á las ordenes precisas de su 
üefe resistió nn determinación. 

2. — El dia dos en que se desembarcaba ya el armanuMito y mu- 
niciones persi.stí en animar v persuadir á D. Martin MI* Es()ino (pie 
se decidiese á ir á tomar á Sainaná baciémbde presente (pie yo mis- 
mo iría con la mira de veriíicíarla, y seguir de allí á poner el sitio á 
Santo Domingo en derechura; pero conu) á este mismo tiempo llega- 
se correo con Oficios, que de parte del General Ferrand se habiau 
remitido á la Comandancia del Seibo, anunciando la salida deteste 



258 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

Gefecon fuerzas respetables, y hacieudo intimaciones, amenazas ífc, 
se trastornó todo mi proyecto y únicamente tiaté de acelerar el 
desembaríjue de los pertrechos remitidos, proporcionar bagages pa- 
ra su conducción, y marchar á rennirme con mis compañeros de 
armas para esperar al enemigo. Este mismo aj)rieto me estimuló 
mas á reiterar á Espino mis persuaciones sobre hi toma de Samaná; 
pero considerándose sin arbitrios, que justiticasen su contravención 
á las terminantes onlenes ó instrucciones que le había dado el dicho 
Señor Gobernador de Puerto Rico de quien depen<lia, resolví dirigir 
mi solicitud al Comandante de la fragata de 8. M. B. titulada la 
Franqueza que cruzaba actualmente sobre aquellas costas, supli- 
cándole pasase á anxiliarme con esta comisión. Allanadas estas 
dificultades expedí un Barquito particular con algunos fusiles y c;ir 
tuchos de los recibidos, al Pueblo de Sabana de la Mar; escribiendo 
á su Comandante D. Diego de Lira, para que estuviese advertido, 
y procediese al presentarse los Buques Británicos junto con ellos á 
la t4)ma de Samaná, comunicándole las correspondientes instruccio- 
nes y medidas, que le sirviesen en el caso, y desempeñó tan puntual- 
mente, que la Ciudad y Buques ITranceses se tomaron sin un tiro de 
fusil; resultado indispensable de las antecedentes disposiciones, me- 
diante las cuales estaba el Pueblo de antemano por de los Españo- 
les á quienes los Franceses tendan ya tant^i que no se atrevían á es- 
tar de noche en tierra, y se pasaban á dormir á bordo de sus embar- 
caciones. Despaché por otro lado con los primeros bagages que se 
alistasen parte del armamento y municiones á cargo del Teniente 
de Milicias de Infantería de Puerto Rico D. Francisco Diaz, único 
militar, que en calidad de paisano voluntario me envió el Señ<»r 
Montes; pues aunque vino también el Subteniente D Francisco 
de Castro, no convino este en quedarse, y regresalia con Espino: en- 
cargué al expresado Diaz la orgariizacion de la gente que reunía 
Dn. Vicente Mercedes, el alistamiento de las armas, y la elección 
de posición ventajosa, en que aguardar al enemigo. En dicho puer- 
to de Yuma se me habia presentado D.Pedro Basquez, emigrado de 
esta Isla en la de Pto. Rico, vecino honrado, que habiendo visto mis 
resoluciones por las Proclamas que habia dirigido á aquella Isla, co- 
rrió, á pesar de su edad sexagenaria á seguir bajo mis órdenes el 
sosten de nuestra justa causa: con él, D. Manuel Carbajal, I). Mi- 
guel Febles, sujeto de las mismas circunstancias, y otros patriotas 
que me acompañaban, poniéndolo t(»do corriente, marché á las trv^s 
déla madrugada del diaties con el rest^j del armamento) y muni- 
ciones á estar á la cabeza de mi gente: por la tarde llegué á Higüey, 
empleando allí toda la noche en reunir paisanos, formar compañías 
y dar las órdenes y disposiciones convenientes: supliqué al Padre 
Cura de aquel famoso Santuario <iue celebrase bien temprano el 
Santo Sacritlcio de la Misa, á que asistí con la tropa, y al conoluii*se 
llegó un paite, en que se me anunciaba que los enemigos avanzaban 
sobre nosotros, en cuya viitud salí de la Iglesia, haciendo tocar la 
generala, cargar pertrechos, formar mi gente, y marchar todo el dia 
cuatro, sin descausar en el discurso de su uache. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 259 

5. — Al amanecer del cinco llegué A la Villa del Seibo, y ocupé 
todo el día en organizar lo que no estaba todavía en razi)n de que 
iban concurriendo sucesivamente los patriotas que babian de incor- 
ponirse al Exército, y en dar disposiciones para su subsistencia, y el 
envío del resto del armamento al dicho Teniente Diaz encargado 
de su distribución después <le poniM-lo en esta.do de uso. Llegó la 
noche sin haber podido acabar todo lo que habia que hacer y en es- 
ta circunstancia tué, que recibí una intimación terrible de ])arte del 
General Francés Ferrand, que habia tenido la pojítica de ocultar mi 
nombre con disfr^ices estudiados en sus Froclamficiones hasta este 
momento, en que me |)revenia )>or último, que el giete del corriente 
enti-aria en la villa del Seibo: la dicha intimación llegó á mis manos 
sobre la madrugada que contábamos ya el dia seis, 

0. — Para contestar á Ferrand, saqué del aiTesto en (pie lo te- 
nía á D. Francisco Fernandez de Castro, natural de Santo Domin- 
go, joven de his principales familias, eA)n HacicndiCs en la jurisdic- 
ción del Seibo, que se habia hecho sospechoso con el motivo de ha- 
ber acompañado al Teniente Coronel Peralta en sp comisión, y no 
cesaba de ponderar su inocencia, al mismo tiempo que su acreditada 
y benemérita familia hacia valer su intersecion: para descubrir la 
verdad y poner en claro la legitinddad, ó bastardía á^ sus sentimien- 
tos, lo despaché con la contestación de Ferrand, a(\virtiéndole, que 
si quería ser Francés;'se quedase con los Franceses,y de consiguiente 
Iq conoceríamos y trataríamos como tal; pero que si era verdadera- 
mente Español retornase al Exército de mi mando, aunque fuese 
en el acto de batirnos, como efectivamente lo ejecutó, y continuó 
sirviendo á toda un satisfacción. Dado este paso que yo no dudaba, 
habla de irritar sumamente el orgullo de Ferrand, y precipitar su 
marcha hacia nosotros, j uzgué absolutamente indispensable no per- 
der momentos en correr á mis tropas para prevenir h>s cosas lo me- 
jor posible con que esperar al enemigo á la mañana siguiente: al 
medio dia estaba ya en el |)arage nombrado Magarin y encontré, 
que el estado de nuestra gente era el mas arriesgado; en despobla- 
do las tropas, sufrieiido un fuerte temporal, las armas tan mojadas 
que era imposible hacerse uso de ellas; las munici<mes que se ha- 
blan repartido, conveitidas en agua por que estaban totapnente po- 
dridas las cananas que me hablan ren)itido de Pío. Rico; en una pa- 
labra todo era confusión y desorden; de suerte que habiendo yo ob- 
servado antecedentemente ntité las ventajas, que ofrecía hi sitúa 
cion de Palo Hincado^ distante como media legua al Cueste del Sei- 
bo, retiré en el acto mismo mi gente á este parage, caminando en el 
orden que me pareció conveniente. La demasiada lluvia, la hora 
ya tarde, y la precisión de dar algunas disposiciones para el Seibo, 
me obligaron, después de haber csiuiinado el espacio comp de me- 
dia legua, á adelantarme á Palo Hincado con el fin de esperar allí 
el Exército; pero me hallaba aun á su vista, cuando vi qqe sallan 
dos Dragones corriendo hacia mí, que me llamaban hacieqdo ade- 
manes cou los sombreros, que entendí, y sin esperarlos retrocedí so- 



tíl)0 tílSTOÍlIA Ü15 SANTO DOMINGO. 

bre el cuerpo de la gente, que liabia dejado encargado con mis dis- 
liosiciones al referido Teniente D. Francisci> Diaz en la confianza, 
(|ue tendria la táctica y actividad necesarias para cualquiera opera- 
ción. Sin embargo lo encontré enteramente sorprendido por haber 
descubierto á la retaguardia algunos Dragones, que, puestos de an- 
temano á cubrir puntos avanzados en Maíjanu^ si^ retiraban ya 
por imiecesarios allí; este ligero accidente lo aterrorizó tanto, (pie 
creyendo ser el enemigo que nos segiua, confunílió nuestra tropa, 
ti atando solcide huir, y poniéndola con esto en un esta<lo de verda- 
dera desorganización. Gracias á mi presencia que todo lo serenó, 
se arregló la formación, y se vio pronlaniente, que eran los mismos 
nuestros, que venian á reunírsenos, los (jue llenaron de pavor al 
Comandante J)iaz ! Desengañado yo que este no eia el militar 
(pu3 nos habia de sacar del entperio, en que nos hallábamos, me 
<»cupé yo mismo en las dispnsiciones suscesivas, sin contiar ninguna 
á Diaz ni á otros OHciales excepto aquellas funciones peculiares de 
cada uno: continué mi marcha con el grueso d^e la gente; y viéndome 
obligado del tiempo de agua, avenida de los arioyos, y la obscnii- 
dad dt^ la noche, pasé esta en el Hato de la Candelaria, en doudtí 
me ocupé desde las tres de la madrugada, (pu» cesó de llover en Ini- 
ciar secar al fuego los fusiles cjue fué posible, á municionar las tropas 
y armar de lanzas toda la caballería, con cuya diligencia logré con- 
tinua!* la marcha al apuntar el dia siete, en (jue combatiendo de un 
lado el í'uror, y la rabia de los Napoleones, que infestaban la Primada 
de la.s Indias por la infamia de un Español desnaturalizado, y de 
otro, el amor y fidelidad de sus naturales, (pie nunca perdieron la 
esperanza de reincorporarla en el patrimonio de sus legítimos Reyes, 
habia de decidir la suiMte de unos y otios el diferente carácter de su 
Kíspectiva causa. Llegado á Falo-Hincado entre las nueve y las 
diez de la mañana el Exércitode Patriotas, no perdí tieujpoen dis- 
poner su formación para esperar al enenngo, que estaba ya cerca; 
porque conocía bien, que como no eiau militares, tampoco era po- 
sible arrt^glarla en un pronto: destiné el número de hombres, que 
no tenian ai mas á preparar la comida de todos los demás, y deter- 
minado á mantener en buen pié la formación con el ohjetode evitar 
la sorpresa todo el tiempo que dilatasen en atacarnos, la dispuse 
en la forma siguiente: En lo mas alto del terreno con la vista ó fren- 
te al camino real formé la infantería armada de fusiles, que no al- 
canzaba el numero de trescientos individuos por los diferentes desti- 
nos que fué i)reciso atender, poniéndola al mando de D. Francis(?o 
Diaz: siguiendo la misma línea para la derecha, ft^ma la tierra un 
quebrado donde embosqué como doscientos hombres que no tenian 
armas dti ñu^go, y estaban piíjutoa al avance sin mayor peligro: el 
Capitán de Urbanos Pedro Reynoso, vecino de la Ciudad de la Ve- 
ga se encargó de la emboscada: un trozo de Caballería armado de 
sable y lanza bajo las órdenes del Capitán de Dragones Pedro Mer- 
(•edes cubria el flanco de la derecha, y otro armado del mismo modo, 
y mandado por el Capitán Dn. Antonio wSosa vecino del partido de 
Los Llanos cubria el de la izquierda; formé otra pequeña avanzada 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 201 

ílií treinta lioiubrcs tusileros á una distancia proporcionada en tcr- 
niinos cjne qncdando á rcta^nnrdia del enemigo pudiese llinnar 
la atención de este, ronipiéndole el tiu'g(» por aquel extremo, liu^go 
(jue el eneniigt) lo rompiese á nuestro frente, y encargué esta opera- 
ción a ü. José de la Kosa natural «le Píierto Rico, que se n)e liahia 
presentado á servir, y le nombré de Oficial: destaciué al mismo tiem- 
po veinte y cinco liomUres bien armados en el camino de Anaína 
cubriendo otros pequeños tránsitos, poi' donde podria cortarnos el 
enemigo. Sobre esta disposición tomé el mando en Gefe colocámlo- 
me en el centro de nuestro Exército. D. Manuel Carbajal, á quien 
mira como segunde» mió desde el principio del movimiento, y I). Pe- 
dro Basquez fueron puestos á la cabeza de la derecha é izquierda, 
haciendo funciones de ayudante Mayor D.Miguel Febles. L!u><io 
que dos Dragones (jue tenia avanzados para la descul)ierta dierou 
aviso que ya se avistal)a el enemigo, i)oniéndom(í delante de mi tro- 
jiale hice un ])e(|Ueno discurso acerca de los laudables y poderosos 
motivos, (|ue debian compelernos {\ derramar la última gota de san- 
gre contra las del pérfido Hmj)erador de los Franceses haciéndoles 
ver, que de la entereza para vencer este prinier encuentro una fuer- 
za que traiaá su cabeza al mismo Capitán (xeneral dependía nues- 
tra fortuna, el honor de las ai ina^ Españolas sien)j>ie invictas y la 
facilidad de arrostrar y dtístiozar cuanto se nos opusiese en lo su- 
cesivo; y que sin <liula alguna venceríanios en aqiu»! combate á la 
arma blaiuía de sable y lanza, y (jue por tanto para arreglarlo era 
indispensable dejar acercar á los Franceses de numera, (jue á la pri- 
mera ilesearga de fusilería (cuyo modo <le pelear no convenia conti- 
nuar por las ventajas que llevaban nuestros contrarios, así en el lu'i- 
mero de bocas de fuego, conn)en la táctica), avanzasen contra ellos 
ci mi primera voz. En medio de esto rec(»laba (pie cuahiuier subalter- 
no entre muchos, ))or cobardía ó por traición ocasionase en los mo- 
mentos mas preciosos algún riesgo levantando algnna funesta voz, 
(pie trastornase la formaci(»n, y |)or precaverlo, en tono alto y bien 
inteligible les di la orden siguiente: ''''Pena dv la vida al que rolriere 
la cara atrm^ pena de la vida al tambor qae tocare retirada; y luna 
de la vida al ojicial qae lo mandare aunque sea ¡jo mis)no.^^ 

En este acto me llenó de satisfacción el entusiasmo con (jue la 
gen*e manifest('> su alegría, proclamando de nuevo á nuestro augusto 
Soberano con un viva Fernando 7V cuvo eco debió resonar en los 
oidos de los Franceses, (pie ya se acercaban, y volviendo los nuestros 
á (piedar en la misma actitud de silencio y atención, cuando el enemi- 
go estaba ya á tiro de fusil, echándole el Quién vivef y respondiendo 
francésj en ademan de (comenzar á desplegarse en batalla, se le lom- 
pió el luego: no perdió tiempo un trozo de caballería enemiga en 
salir con (H designio de cortar por muestra izquierda: conocí al (pie 
lo Uíandaba, (pie era el Teniente Coriuiel Pagáis, militar de crédito, 
y p(U" esta razón coirí á contrarrestarle por aquel punto; pero nues- 
tra Caballería nuindada poi- 1). Antonio de Sosa tampoco perdió un 
momento en avanzar sobre la contraria, que temió el encuentro, y 
dio pruebas de que trataba de huir, tiraudo de las bridas á los ca- 



262 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

bailes: corrí entonces hacia la derecha, niaiulando avanzar, y todo8, 
todos lo eijecutaron con tanta Intrepidez y gallardía, que entre siete 
11 ocho minutos ya teníamos por nuestro el campo de batalla, lleno 
de cadáveres Franceses, sin otra pérdida de nuestra parte que la de 
siete h(mibi'es entre ellos los dos Capitanes D. Vicente Mercedes 
y D» Antonio de Sosa, que mandaban á derecha <^. izquierda, la Ca- 
ballería y el nombrado Juan de la Cruz. Pasado el calor de esta pri- 
mer refala reuní mi gente, que, corriendo tras los Franceses, se ha- 
bían dividido pai a diferentes puntos; y Don Pedro SanUtna^ íiombre 
de conocido valor (que hiz(> funeiones de Ayudante en la Caballería 
y que cubrió la derecha) salió de mi orden con cincuenta Dragones 
en seguimiento del tíral. Ferrand que se habia eseapa<lo, y volvia 
á toda carrera para Siinto Domingo; pero como la retirada era de 
veinte leguas lo menos para llegar á la Capital y recapacitó que á 
distancia tan larga no podía dejar de caer en nuestras manos, 6 bien 
avergonzado de considerar vencida y destruida enteramente la tropa 
que habia traído para amarrarnos y conducirnos eomo bestias según 
habia hecho divulgar con arrogancia, se quitó él mismo la vida, des- 
pués de haber corrido eomo una legua en donde lo encontró Santa- 
na acabado de morir, y cíutAiulole la cabeza se encargó la escolta 
de traerla como en triunfo, junto con el caballo que montaba. 

A mas de los siete arriba dichos, nuiertos en el campo nos re- 
sultaron cuarenta y siete !ieridos, de los cuales solo murieron tres: 
nuestras fuerzas no llegaban íi mil hombres, y «lividida en destaca- 
mentos, para guarnecer los caminos por dor.de pudieran cortarnos, y 
otros destinos de consideraciim, no pasaban de ochocientos los com- 
batientes tie P{(lo Hincado: se sabe que el pié de fuerza enenriiga 
constaba de mas de mil (1), entre tropa Francesa de línea, que érala 
mayor parte, y Españoles escogidos pi>r el fjiído. D. Tomás Ramírez 
que venia á su cabeza, y en calidad de segundo Gefe de toda aque- 
lla masa. Es constante y averiguado también, que solo pudieron 
volverá entraren Santo Doudngo diez y ocho Franceses ent« ellos 
el Teniente Coronel Pagáis: de que resulta, que el que no fué muer- 
to por los nuestros, (|uedó hecho piisionero, siendo <le advertir, (|ue 
con el motivo de haber ordenado en el combate que no se quitase 



(I) Según los estados militares franceses que se lian tenido á la vista, 
una obra de Leiuonnier Delafosse, testigo ocular, como que fué de les 
oficiales que se salvaron por la llomaua, no pasaban de seiscientos hombres 
por todos los que componían la colunma expedicionaria de Ferrand. En 
cuanto á los salvados de la catástrofe de Palo Hincado reducíanse á trece^ 
que llegaron con Ferrand hasta el lugar en que él se desmontó de pronto, 
pidió dos cartuchos para sus pistolas y luego se interuó en el monte para 
suicidarse, y quienes perseguidos encarnizadamente, pues hasta perros les 
echaban, lograron salir á la Romana y por el camino de la costa llegar al 
otro lado del rio Ozama También escapó un sargento de línea, el cual salió 
á campo traviesa, y no quiso seguir errando por los montes ccn el comandan- 
te Camboulier y sus dieciocho soldades que fueron encontrados durmiendo 
en un bosque, rendidos de ñitigs, y sacrificados sin piedad. 

(N. de la S.) 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 263 

la vida á los Kspañolcs que acompañaban á los Franceses, solo mu- 
ñeron (los (le ai| Helios por su demasiada obstinación: concedí la 
gracia de su libertad á todos los demás comenzando por el mismo 
Gefe Ramírez (^ne los mandaba, y (jue huyendo de los nuestros pu- 
do esconderse en el monte, hasta que vio un paisano, que conocía, 
le llanH"), y rogó fuese donde nú á suplicarme de su parte le mandase 
asacar de allí y conducirle á mi presencia: así se verificó, y desde 
aquel mismo día con los demás Españoles perdonados quedó agrega- 
do á nuestras fuei'zas. Los empleados Franceses que quedaron muer- 
tos en el campo fueron, el Teniente Coronel «agregado al Estado 
mayor general Uesille, el Capitán Boqnet (1) con la misma agrega- 
ción, otro Capitán cuyo nombre se ignora, ocho oficiales subalternos, 
el Ayudante Gral Briete; Pedro Batsalle Director de Dominios im- 
periales; Legrand, KeprevSentante que fué del Gobierno Francés en 
Puertí» Rico, Roulet y Oasalot, primero y segundo Cirujanos del 
Exército; Andrale, Oficial agregado al Estado Mayor; el Teniente 
Coronel Allie (2) y dos Oficiales, que matanm nuestras patrullas: 
murícnm igualmente otros que en la prosecución de la derrota caye- 
ron (^n manos de aipiellos que no supieron dar razón: (piedaron pii- 
sicmeros el Coronel Pañis, el Capitán agregado al Estado Mayor, 
Lavallete, y Síiis Oficiales subalternos entre ellos dos italianos. 

Rec >gi<la la gente y regresada á la Villa del Seibo, traté por un 
Lulo de atender al enterramiento de los cadáveres de nuestros her- 
manos de Armas, fallcciilos va)\\ tanto honor en el campo, que brotó 
las primicias de nuestra libertiul, y de la restauración de nuestra Pa- 
tria afeada, pisada y abati<la por los secuaces del Tirano de la Euro- 
pa; por otro á disponer y arreglar del modo posible, un Hospital para 
los heridos, juntando la gente y habitantes y pidiéndole á estos 
que (íada uno contribuycvse ccm lo que pudiese ó les dictase su gene- 
rosidad, con que proporcionar lomas preciso para la asistencia de 
aquellos íinlividuos tan dignos del reconocimiento desús compatrio- 
tas, sin faltar por esto á la de nuestros enemigos por quienes se in- 
teresaban la humanidad, la religión, el derecho de la guerra y nuestra 
satisfacción propia; y ultiuíamente de continuar la reunión y dar las 
providencias mas vivas y eficaces para pasar «i poner el sitio á la 
(3iuilad, escribiendo á los Pueblos del territorio Español, y empe- 
ñan«lo {\ los Comandantes ¿I que apresurasen el envío de la gentt5, 
que pudiese tomar las armas, sin olvidar á D. Ciríaco Ramírez, 
que con D. Chrístóbal Hubert Franco se hallaba en movimiento 
por la banda del Sur, aunque tumultuariamente, sin orden, disposi- 
ción ni designio fijo y couíicído: escribí finalmente el día ocho al 
Sor. Gobernador de Puerto Rico noticiándolo de todo, para que pu- 
diese participarlo á la Supri.ma Autoridad de la Nación, 

Aquí es necesario advertir, que el General Feriand, antes de 
su salida destacó á la Villa de Azna en la costa del Sur distante de 
la Capital como 20 leguas, á sotavento, al Coronel Francés Ause- 



(1) Es Bosquet. (N. de la S.) 

(2) Es Allier. (K de la S.) 



264 HISTORIA DE SANTO DOMNGO. 

iic^c 0011 doscientos ciiuinenta hombres para pei'segnir á los reftiHilos 
1). (Mriaeo y D. (Miristóbal, qne se rnaiiteiiian en nqnellos <lesiert(>s 
reniiidos con los vecinos <le Neiva, algunos de San Juan, y otros de 
los Pueblos fronterizos destrnid<KS de antemano, sin pi)der dar pasos 
ni formar una i eunion arieglada, jmr ser aipiellos siigetos conocida- 
mente revoltosos, de mala conducta y sin ninguna antecedente re- 
presentación, que los luciese respetables, por (ronsiguiente vivían y 
se mantenian (*n tumulto, prófugos <le aquella fiu^rza Francxisa, qne 
los perseguía y era consecuencia indispensable de este método de 
obrar la falta de progreso; ó mejor dicho \a ruina de aquellos honi- 
brcs, el descrédito de las armas Españolas, y el ilesaliento (pu^ po- 
íhia ocasionar en los Pueblos del Norte y del Este que estaban ;i 
]ui disposición. Lo cierto es que en todas sus C(»rridas no logiaron, 
Kamirez y Hubert nuis ventaja (pu' la iW haber muerto, desde una 
emboscada, en paiage casi inaccesible A un moreno Francés cojo, que 
era oficial de las tropas dedicadas al servicio de Napoleón. Tam- 
bién es advertencia propia de este lugar la de que iiabien<lo salid*) 
después el mismo GtMieial F(MTan<l, cuntía la reunión del Este á cu- 
ya, cabeza nu^ hallaba yo, é interceptado en el líato del Yahaaio 
situado en su tránsito un oficio mió dirigido ;ulicho Ledo. D. Tíunás 
Kamirez y demás Españoles (pie bajo su mamlo seguían á Ferrand, 
paia (pi(5 no se dejasen seducir de los Fianceses, con otros consejos 
del mismo tenor, d(»terníinó el citado General, en vista de aipud 
pliego, avisar á Ausenac; dándole orden de (pie se retirase con su 
tropa de Azua para Santo Domingo con el fin de que lo auxiliase, 
en el caso de necesitar refuerzo: retiróse efectivamente Ausenac; 
fueron avisados Ciríaco y Hubert de esta novedad, con cuyc» motivo 
descendieron d(i las montañas y en vez de aumentar y organizar con 
aípu^llas'gentes el número de sus con)pañeros se entregaron al ile- 
sórílen y no se atrevieron a marchar en derechura á los puntos en 
([ue debían leuuirse todos los Españoles en masa para el sitio, H|)e- 
sar de (pie todos los Fraiu*eses habían corrido a Uieterse en la Plaza 
(*()n la noticia del destrozo de PalO'Rinc'tdo, No pensaron mas 
(pie en aprovecharlos momentos para cometer excesos de todo géne- 
ro, y mientras se entreteiuan en estas inicpiidades, me escribieron 
desde Azua a|)arentando como ignoranttís, tener una grande autori- 
zación para titularse Coroneles, exigirme cuenta de mis operaciones, 
y darme órdenes que les (rontesté con prudencia, instándoU^.s viva- 
mente (pie viniesen á incor|)oiarsc al Exéreito con la gente que los 
seguía, supuesto que ellos y yo debíamos proceder de acuerdo y ha- 
cer la gnená *i los Francesíís, sin cuyo reipiisito. jamás tendríamos 
engrande el suc(*so que dtNSeábamos todos los bien intencionados. 
(]on este motivo y A de estai' yo bien enterado (pie los Pueblos 
d(» Azua y l^aní no se hablan decidido aun, á seguir á aquellos 
dos hombres, por el cono(*imiento particular (pie tenían de su 
carjKíter maligno y revoltoso, elegí á Don Antonio Ortiz, natu- 
líil de a(iu(»lla parte, sugeto honrado y buen patriota que me acom- 
pañaba desde el principio de la empresa para enviarlo con el fin 
de enterar á aquellos vecinos de las razones que debiau compe- 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 263 

liTiios uiiániniernciite á tomar las armas contra los Franceses, y 
causo tj«nto efiM-to esta medida (jne sin vacilar aquellos dos vecin- 
darios se decidieron a íiivor del empeño conuui allaucindose y po- 
niéndose corrientes A todo. Después de estos avisos mios, L). Isi- 
doro de los Santos Ca|»itan de partido, y oíros de la misnuí clase en 
las inmediaciones déla Ciudad procuraron reunir los patriotas de 
sus respectivas j)erteueiurias para esperarme y en el Ínterin, pro- 
poitíioné mi salida del Seibo con la tropa el m¡^mo diadocede No- 
viíMulire. 

14. — líl catorce nos hallamos en la Hacienda de llujüero Copa- 
do^ distante al liste como ocho ó nueve leguas de la Capital, y el 
quince se formalizó su sitio en la forma siguiente: 

Una división al mando iW Dn. Manuel Carhajal gnarm^ia la 
orilla opuesta <lel rio Ozamu^ (pu* forma el puí'rtf) á barlovento de la 
]*laza, poniéndole de segnndo á J)n. Mignil Febles; y otra A las ór- 
denes de I>n. INmIh) Basque/, en el extremo occitlental déla misma 
Plaza, (pu* abrazaba los d«»s c:nnin(ís (pu» v;in hacia el Norte para 
Santiago, y el que sigue :il Sur para Azna, dejándole de segundo 
á l)n Émeterio Vilaseca, no |).ir eonlían/a en su probidad y patrio- 
tismo, sino mas bien, i)or me»li«!a de precaución contra el genioor- 
gnlloso, temerario y casi brutal de este l:iHid)re<pie, siendo hacen- 
dado en uno de los i)artidos in.nediatos, podria ocasionar alguna 
peligrosa novedad, por sus miras particulares. Todas las avanza- 
das se pusieron á Uícdio tiro de canon de la Plaza, haciendo levan- 
tar para su resguardo los coresj)(»ndientes parapetos en los puntos 
guarneciflos. Kl castillo de San (ierónimo situado á un tiro largo 
dn, callón di* la muralla, que cii'cumvala la Plaza, íI sotavento en 
la direc(!Íon del Sur fué ocuj)a(lo por tiescientos ciu(?uenta hombres 
que puso el ("omandante l)n. Pedro Basijuez á cargo del (.'apitan 
1>. José Alvarez, debiendo notar de paso, que habií'udo (I) 

los españ(d(»s de a(pu'l partido mis avisos sobre el desastre délos 
Franceses en Palo Hincado, animados 1«ks i)riun'ros corrieron á to- 
n»arlas armas, y los (pu» habla establecido de los segundos en aiiue- 
llos contornos, á encerrarse en la Pla.ía; pero como en acpiellos no 
habia el juicio qutí se ?e(|uicre para meditar estas cosas y precaver 
las fatales resultas de la (h'sunion á (\\w provoca siempre el egoísmo 
jior preferir en el mando, conuMizaba ya á cundir este desorden á 
tiempo que yo llegué recorriendo el ('ordon, y con mi presencia cal- 
mó enteramente la inquietud de las pasioiu'S tíunando las medidas 
que juzgué mas oportunas, con que todos se confornuiron, y continua- 
ron sirviendo á cual mejor. Desde esta época continuaré dando sola- 
mente noticias de h)s aconíecinuentos mas n<ítables, omitiendo uíc- 
nudencias y detalles de todo lo ocurrido hasta la toma de la l*laza; 
porque las estrechas circunstancias en <pie me hallaba, no permitian 
llevar un diario exacto y l)iolijo; estaba precisado á repartir hi aten- 
ción yo solo, dando disposiciones para cuanto se habia do operar en 



(1) Hay uua oiuision que debe ser recibido. (N. de ia S.) 



266 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

todos los puntos del Exéntito, y despacliando por mí iinsiiio los Ofi- 
cios, ónleii*ís &: yo solo t4>riial)«i las proviilencias sobre abastos y 
vestuarios paralas tropas y sobre, la conservación de la trantinilidad 
y buen orden en los Pueblos: yo solo recorría I(ks tres cantones [írin- 
oipales, y todos los puestos avanzados, áqne me estimulaban así 
la confianza, que mi presencia inspiraba en los soldados, como los 
celos que manifestaban mutuamente todos los puntos de que me 
detuviese mns tiempo en uno que otro; y por ultimo la obligacitm 
que liabia contraido con mis compatriotas de asistirlos á todas 
lloras indistintamente en sus trabajos y fatigas; de suerte que por 
este contimK» y acelerado movimiento, en que preferí siempre á 
todo otro nd desvelo por el buen éxito de la empresa, perdí varios 
papeles de importancia 

20 — Kl dia veinte el mon^no .Inan Bambo, que estaba encarga- 
do con una partida d<í guerrilla del pasage nombrado el Camino 
Chiquito, se acerco á la Villa de San Carlos situada extramuros de 
la Ciudad como á tiro de fusil liáciael Noroueste, le salieron al en- 
cuentro doscientos Franceses p(»r cuya raz(»n le fué forzoso re- 
tiríirse, dando parte al Comandante Basquez, el cual le envió 
de refuerzo igual número de liondires al mand<Mlel Capitán I), dosé 
M? (ionzalez y de I). Oondngo Pérez, que era su Ayu<lante, (*stos 
atacar.Mi á lt>s Franceses con vigor desde las cuatro de la tíirde hasta 
(pie los sííjíaró la noche, y volviendo á perseguirlos al amanecer, ya 
los enemig<»s se hablan retirado á la Plaza la misma noche: perdi- 
mos un soldado italiano de los que se hablan pasado á nosotros: los 
Franceses dejaron un Oíicial muerto: se ignora si hubieron otn»s 
que pudieran (»(;nltar, favorecidos de la obscuridad, como acostum- 
bran; pero se sabe que introdujeron varios estropearlos entre ellos 
un Comandante nombraslo Rernard, que resultó gravemente herido. 

22. — El veinte y dos el Capitán I). José Alvarez que mandaba 
el castilh» de San Ueuónimí», hizo una salida acercámlose á los mu- 
ros de la Oiu lal, con la mira de (piitar al euendgo el ganado vacu- 
no, y caballerías ([ue sacab.in á |)astar en la saltana, que llaman del 
Rey: logró efectivamente parte de la presa, no habiéndolo conse- 
guido del todo por la |)roxind(lad de la Plaza, en (|ue hubo la ven- 
taja de introducir el resto favorecido de su artillería. 

26. — Kl veinte y seis regiesó del destino de su comisión IJ. An- 
toiuo Ürtiz el cual me enteró con una especie de satisfacción lis(m- 
gera de estar los Pueblos del Sur dispuestos de concurrir á la reu- 
luon y que 1). Ciríaco Karairez y Hubert Franco marchaban ya Ci)n 
ese objeto. A este tiempo se me ai)areció en el Cuartel de Jaina 
Mosa Salvatlor Félix vecino de la Villa de Azua, hombre insensato 
que estando en la Isla de Puerto Rico ci)mo emigrado volviendo á 
estacón los diarios de Sevilla y papeles anónimos, desembarcando 
con el referido Hubert Franco el veinte y tres de Setiembre: los dos 
se dirigieron al mencionado 1), Ciríaco dando el primero al tercero 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 267 

el giTuIo de Coronel, y prochunándose él mismo Emisario de la Junta 
Naciunul y el segundo fué. nombrado Coronel de Caballería por el 
propio D. Ciríaco. Hecho el triunvirato en esta forma, trató Salva- 
dor de echar contribuciones y derramas, con el pretexto de la gue- 
rra, cuyas operaciones se redujeron á internarse en las montañas; 
pero después que se retiró de Azua Ausenac con sus Franceses, se- 
gún se ha dicho arr¡ba,df scendieron los tres directores á estafar aque- 
llos vecindarios so coh>r de la reunión, confiscando y vendiendo bie- 
nes de los propios Españole», a quienes atropellaban con castigos, y 
otras violencias; de que resultó algún asesinato (1). El propio Sal- 
vador no pudo libertarse de las tropelías de sus dos (coroneles, lle- 
gando el C21SO de salir prófugo y dirigirse á mí para que lo amparase 
y le diese pasapoite con que zarpar á Puerto Rico, según lo verificó 
quedando desde entonces con el delirio <le ir y venir á aquella Isla 
como vago y con pretensiones de llevar pliegos ó íicompañarse con 
los que los llevaban durantií el sitio, sin otro fin, (pie el de t<*ner la 
tonta stitisfaccion de aparentar conliaiiza drl Gobierno y abrirse ca- 
mino por donde hacer papelotes, á que (*s muy inclinado, dándose 
él mismo por todas partes t»l título de C*»nquista<lor de Santo Do- 
mingo, aunque está entéralo (|ue todos los (pie tienen noticia de su 
insensatez, h» burlan á su despecho. 

2í). — El veinte y nueve, llegó Iluhert Franco, en cuyo favor 
me habia escrito el Señor I>. Toribio Montes una carta que acaba- 
ba de recibir y le manifest('; con este motivo no se atrevió á so8t(Mier 
que era el pei'sonage, que se supuso entre ¡os vecinos del Sur, aun- 
que hablaba siempre en un estilo anfibológico reputándose siempre 
Coronel en su reunión con Ciríaco. 

30 — üe resultas de las diligencias que habia practi(.*adi) ante- 
riormente según queda dicho, llegó Cina(.M»el treinta ccm una escolta 
de hombres ntontados: esto me proporcionó hablarle S(»bre la em- 
presa; pero todas sus miras vse conlraian al mando en Gefe del Ex(5r- 
cito, de que yo me desentendía, exponiéndole ([ue no era tiempo 
de pensar en elh», cuando dependíamos los dos de un Gobierno 
superi(U' (pie dispondría lo conveniente en este particular, de- 
biendo entre tanto no tratar mas que de operar contra el enemi- 
go para salir con el hu^imiento correspondiente á las armas Espa- 
ñolas: nada pudo decirse y la tarde del mismo día me pidió permiso 
para pasar al Ingenio nombrado Frius^ distante algo mas de una le- 
gua, en donde se hallaba el Lcd(». I). Ttunas Ramírez, á quien habia 
yo escrito sobre (jue se viniese á la costa del Soco (2) en que se 



(1) El de N. G(Utilla8 (pie retirándose con toda su familia é intereses 
liiícia donde yo estaba por el temor, que con estudio le hicieron inspirar, fné 
muerto detnis de un árbol y pillados sus bagag(*s, dinero,aIhajas &*!, (quedan- 
do la viuda é hijos abandonados en un bosipie sin mas ([ue lo envergado, al 
modo de decir. 

(2) Surgidero para cortes de madera á barlovento de la Ciudad. 



268 HISTOEIA DE SANTO DOMINGO. 

rnantenia desde la acción de Palo Ilinvado para que me asesorase 
y ayudase en las ociureneias, (jue exigiesen el conociniiento <le su 
profesión; regresó Dii Ciríaco del rcíVridí» Ingenio al siguiente dia 
primero de Uiciembre, 

1? de Diciembre. — líepiíió sus instancias en orden á que se de- 
cidiese cuál era el Gefe llegando al extremo de pretender una mons- 
truosidad, cual era la de que hubiese dos ¡guales en e! mauíb», pero 
faltándonu^> ya la paciencia le respondí en tono severo (jue se fuese 
á atender al punto, de que se liabia lie<'lio cargo, (jne era lo (pie im- 
portaba en aquellas circunstancias, en que no debía tratarse de (»tra 
cosa que desempeñar con pumlouor el servicio d(íl liey y de la Patria. 
Partió entonces para el cantón establecido en la Hacienda de Fe- 
rraud, situada al Oueste y casi á la vista del Castilh» de San Ueróni- 
nio; y conu) debía pasar por toílo el Oordon paia llegar A aquel ex- 
tremo, y pare(je que habia habido (piien lo instruyese, y aiiinuise, fué 
de punto en punto habland'ȇ los Comandantes y (Riciales, para 
que de todos los puestos concurriese un individuo de los jirineípales 
defecto de celebrar al dia siguiente una .jjuita, (pie presidiría él 
mismo, suponiendo orden mía para la tal concuireneia; pero como 
á ninguno la manítestó, resistieron todos; dándome parte por el c(»n- 
ducto de 1). Manuel Carbajal y 1), Pedro Basípiez Comandantes de 
las dos Divisiones. 

C'Ontesté inmedíatauíente á estos por su exactitud y vigilancia, 
no habiéndose de\ia<lo engañar por (viriaiío, y á este repugnándole 
aun(pu? con suavidatl seuu^.jante coiulucta, y haciéndole entender 
(jue no debíii poner la mira mas (jue sobre la Plaza, y (pu^ si se con- 
sideraba escaso de gente, armas ó municiones de guerra para de- 
fender su posición, uuí avisase y seria socorrido sin <lemoia; pero es- 
te Oficio (pie en olro Inunbie nucios egoísta hubiera prodiundi» etec- 
tos ventajosos ai común emi)eño, precipitó á D. Ciríaco, é incurrien- 
do en el desvarío de estimular á los habitantes de la parte del Sur 
(pie se hallaban en el Kx('Tcito, que dc^sobedeeiesen mis ordéneos, 
y estuvi(»sen solamente a las suyas; suscitó competencia con al.^unos 
Comandantes, (jue le resistieron dándome parte, y lo i>e(u- era que 
la noticia de estos sucesos, tan lisou;iera para los enemigos, había 
llegado á la Plaza, en donde ellos la celebraron publicamente. 

5 — Con ese motivo, y el de que el expresado Ciríaco nie escri- 
bió el dia cinco de un modo insolente y i)rovocativo, de (pu^ me de- 
sentendí por entonces, mandé al Comandante de'' Infantería D. Die- 
go Polauíío, y al de Dragones D. Marcos Torres, andms de los pa- 
triotas de la ciudad de Santiago, para que con el pretexto de visitar- 
le, observasen el stMublante de las cosas, fondeasen con astucia los 
ánimos délos Oficíales ijue acompañaban á Ciriaíio y Hiibeit, y 
efectivamente encontraron desordenado aquel punto. VA propio 
dia envié á D. Fraucís(M) F(M*nandez de Castro, uno de mis ayu- 
dantes de Campo con comisión terminada á tomar medidas para 
cortar oportunamente las fatales resultas con que nos amenazaba 



HtSTuUIA DE SANtO DOMmao. 260 

el procedimiento de los «liclios Ciríaco y Hubert. 

8 — El oclio salió una partida de ochenta Franceses de la Pla- 
za, atacaron las avanzadas de San Gerónimo que defendían los di- 
chos Ciríaco y Hnberl, nos mataron un (vapitan y otro individuo, 
nos dejaion ocho mal lieiidos, y no se supo el daño que se le hizo 
al enemiijo lumjue el prinnro hnvó ocasionando la derrota de aijuel 
punto. Tratari)n ambos de evacuar sobre la marcha el Cantón de 
su mando: llegaron á sacar las municiones y equi|)agcs que pasaron 
al otro lado del rio de Jaina, distante mas de dos leguas. Ciríaco, 
por temor ó por el logro de sus ideas no se atrevía á continuar la de- 
fensa en aquel parage y Hubert uíc escribió participáutlome el esta- 
do en que se hallaban, y exigiendo jirox idencias y socorros: el pro- 
pío día despaché al Ledo. 1). Tonuis Kamírez cerca del (j(d)ierno de 
Puerto Uico en solicitud de tropas y lanchas cañoneras; pero como 
su dirección fué por Samaná no logró sahr á su destino hasta el do- 
ce de Enero i)or falta de Buques. 

9.— El recibo de la relbrida carta de Hubert, fue la noche, y 
sin pcrd<*r tie.mpo di orden sobre el particular al Comandante D. 
Pedro liasipiez para el caso de otra novediid, a'.ites que pasase yo 
personalmente á dar mis disposiciones; en este dia regresó Castro 
de su comisión, trayénd()me noticias, que se retiraba del blo(|ueo 
el Navio ingles PoUfimo: oficié en consecuencia á su Capitán Ciem- 
6//, haciéndole presente el estado de hambre de la Plaza, y supli- 
cándole, se mantuviese nnis tiempo con el objeto de estrecharla y 
afligirla toilo lo posible; pero nada pude conseguir por este lado, y 
qucíló Sanio Domingo sin bloqueo. 

11. — El once salí de Jaina-Moza con cien hombres de Infante- 
ría bien armailos, al mando del Teniente de Milicias de Puerto Ri- 
co I). Francisco Díaz, Oficial uidco de aquella Isla que había enton- 
ces conuíigo, y (pie era preciso sacar de Manganagua (1) en que se 
hallaba como ('omandante déla avanzada de la división del Este; 
porque á mas de? sus descuidos en el servicio de este Puesto, daba 
lugar con su conducta y grosería á varias quejas que no podían des- 
atenderse, me acompañaron también algunos Dragcmes manda- 
dos por I)n. Pedro Santana hasta la Híicienda de Bondillo inmedia- 
ta al cantón de Gahird (2) en que estaba Ü. Pedo Basquez y en que 
debía tomar medidas para pasar al arreglo del punto de San Geró- 
nimo. Luego que supieron un llegada bis que estaban en Ferrando 
pasaron 1). Camilo Suero, D. Joaquín Filpoy D. Pedro Laxara Ofi- 
ciales, hechuras de D Ciríaco y 1). Christóbal Hubert, con el fin de 



(1) Distante de la Plaza como dos tiros de cañou. 

(2) Hacienda do este nombre situada á media legua de la ciudad en el 
camino de Santiago, (a) 

{a\ Asila conocen algunos liistoriadores, y nosotros decimos Gala, (N. 
delaS.) 



27o HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

bablarme para que me hiciese cargo de la Comandancia en Gefe; 
]X)rque de lo contrario toda la gente de aquel lado se disponía á re- 
tirarse á HUfi casas en razón de (|ne a(ineIlos dos hombres (Ciríaco y 
Hnbert) ningnua providencia tomaban qne pudiese ofrecerles segu- 
ridad, ni esperanza de buen éxito; en una palabra que no se veia en- 
tre ellos otra cosa que un puro desorden. En vista de esto, y te- 
niend(» presente, que Hnbert no se habla sometido todavía, aunque 
me liabia pedido auxilios, y que Ciríaco que hacia de cabeza, tam- 
poco se daba por entendiilo manifestando con este proceder su in- 
tención doble, creí de mi obligación el no diierir por mas tiempo la 
aplicación del remedio á un mal, cuyas resultas serian irremediables, 
si pasaba mas adelante el espíritu de partido, y diversidad de opi- 
niones. Dispuse por tanto qne se celebrase la jmita proyectada por 
el mismo Ciríaco, componiéndose de un vocal de o^ida Ciudad, Villa 
ó lugar de la parte Española, á nominación, no de los Comandantes 
solos, sino de los individuos de cada jurisdicción, y al efecto avisé 
también á los expresados D. Ciríaco y D. Christóbal. 

13. — El trece por la mañana concurrieron todos los electos por 
los individuos presentes de los respectivos Pueblos, y de común 
acuerdo resolvieron lo que sigue: 

^^En el Cuartel General de Bondillo jurisdicción de la Ciudad 
de Síinto Domingo en doce dias del Mes de Diciembre de n)il ocho- 
cientos ocho años: L(»s S. S. Diputados de la parte Española de la 
isla de Santo Domingo, á saber Don Dieg«> Polanco, Coronel de las 
Milicias del Departamento del Cibao y Don Marcos Ferrer, Coronel 
de Dragones déla Ciudad de Santiago, Don José Pérez, Comandan- 
te de la Ciudad de la V^ega, Don Agustín Paredes, Comandante di) 
la Villa del Ciituy, Don Antonio Ortiz, Oticial del Ctmsejo de Hi- 
gUey» Don Pedro Sorrülas, Capitán de las Miliciius de la Villa del 
Scybo, Don José Basquez, Pnisidente del Consejo de la jurisdicción 
de los Llanos, Don Silvestre Aybar, Comandante Militar de la juris- 
dicción de Monte Grande, Don Bruno Severino, Teniente de las 
Milicias de Bayaguana, Don Antimio Alcántar, Capitán de Milicias 
de Monte de Plata, Don Joaquiíi Filpo, habitante de la Villa de 
Azua, Don Ciríaco Aquino, Comandante de Dragones de la Villa 
de San Juan, Don José Espinosa, Teniente Coronel de las Milicias 
de las Matas, Don Francisco García, habitante de la V^illa de Neyba, 
Don Pedro Gairido, OHcial del Consejo de la jurisdiciMon de Baní, 
Don Antonio de Mota, Capitán de Dragones del partido de los In- 
genios, Don Isid(»ro de los Santos, Comandante Militar del partido 
de la Isabela, D(m Pedro Andiijar, Capitán de Milicias del partido de 
la Ozama: H illándose juntos en virtud del munbramiento de sus 
respectivas jurisdicciones, seguu{la convoca<;ion hecha por el Coman- 
dante General D. Juan Sánchez Ramírez, para fijar la base del Go- 
bierno en la época presente, y según los poderes que obtienen han De- 
cretado y Decretan en un.'ínime acuerdo lo siguiente: 

Art. 19 La Junta en nombre del Pueblo de la parte Española de 



HlStCBIA DE SANTO DOMINGO. ^ 271 

la Isla de Santo Domingo, á quien representa, reconoce, como lo 
tienen reconocido al St)r. Don Fernando 7? por legítimo Iley, y Señor 
natural, y por consiguiente á la Suprema Junta Central de Madrid 
en quien reside la lie<il Autoridad. 

2? En atención al mérito, que se lia adquirido, siendo el Caudi- 
llo y motor de la gloriosa empresa de libraise el Pueblo de Santo Do- 
mingo del vergonzoso yugo del Tirano Napoleón, Emperador de los 
Franceses, y en vista de la protección (jue por su mérito ha consegui- 
do del Señor Don Toribio Montes, Mariscal de Oan»pode los Reales 
Exércitos, Gobernador Intendente y Capitán General de la Isla de 
Pu(»rto Rico, la Junta nombra por Gobernador Político y Militar 
é Intendente {\ D<m Juan Sánchez Ramírez, Comandante General 
del Exército Español de Santo Domingo, hasta la aprobación de 
S. A. S. la Suprema Junta Central de Madrid. 

3V El Gobernador en lo sucesivo C(mvocará los Miembros de 
la Junta, siemi)reque lo tenga á bien y será el Presidente de elln, 
en la inteligencia de que esta solo queda con voz consultiva y la 
decisión solo pertenece al Gobernador. 

4V El sistema Administrativo y orden Judicial, continuará 
como antes hasta la toma de posesión de la Plaza de Santo Do- 
mingo que se hará una organización provincial arreglada á las leyes 
del Reino y ordenanzas Municipales. 

5*? El Goberuíulor prestará antes del exercicio de sus funcio- 
nes, en presencia de la Junta, Jmamento de fidelidad á S. M. y de 
obediencia á las leyes Españolas. 

El presente Decreto será extendido en duplicado original y 80 
remitirá á S. A. S. hi Suprenuí Junta Central de Madrid, é igual- 
mente se dirigirán eopias auténticas al Sor. Gobernador Intendente 
y Capitán General de la Isla de Pto. Rico, á quien la Junta reconoce 
por protector de la empresa, y le insignua (?) su gratitud y á todas las 
Ciudades, ViUas y lugares de la paite Española, será leido, publica- 
do y fijado y se insertará en la Orden del Exército. — Firmado Diego 
Polanco. — Marcos Torres. — Silvestre Aybar. — José Espinosa. — Jo- 
sé Pérez. — Isidoro Santos. — Pedro Garrido. — Francisco García. — 
Agustín Paredes. — Pedro Andujar. — Antonio Mota. — Ciriaco Aqui- 
no — Pedro Sorrilla. — Joaquín Filpo. — Antonio Ortiz. — Bruno Se- 
verino. — .Antonio Alcántar. — José Basquez. — Marcos Ximenez Mo- 
rilla, Secretario.^ 

Apenas se concluyó este acto, poniéndome en posesión de sus 
resultas, cuando los individuos que se hallaban alas órdenes de los 
referidos Ciriaco y Hubert, pedían lecíprocament^? que se quitasen, 
uno y otro: estaban los dos discordes entre sí y por consiguiente 
procuraba cada uno ganarse la gente suya para anteponerse en 
el mando. Con este motivo y el de que hablan ido de antema- 



272 flJSTORlA DE SANTO DOMINGO. 

no cien hombres de Infantería para reforzar a(|uel pnnto, á que pasé 
piersonal mente con el ñ\\ de enterarme de la disposición de los refe- 
ridovsindividnos, que lo gnarnecian 

15 — Envié el (luince al OjíU indinte D. Pedro Ba^ijuez al re- 
ferido pnnto de S. Gerónimo, para (|iie se hiciese cargo de él; porque 
el nombrado I). Ciriaco hu'g > (iiie vio el re-mUado de la Junta, pi- 
dió licencia de retiiarse á su casa con el pretexto de que padeciü 
calenturas; pero anduvo tan violento y desacatólo, que sin espeiar 
mi contestación, ni su reemplaz >, ni haber heclii) por consiguiente 
entrega de cosa algana abandonó el puesto y retornó para su casa. 

18. — El diez y ocho, pa>é al Cuartel dki Farrand,, en que se 
hallaba ya D. Pedro Basquez, habiéndole substituido en la OiMuan- 
dancia de la División de Galard ó del Norte que era ya la del Centro, 
al Comandante D. Diego Polanco. Al mismo tiempo habia recibido 
Olicio ilel Teniente Coronel graduado (3apltan ihí Granaderos del 
Regimiento fijo de Puerto Rico D. Andrés Xiinen«ís, que habia tó- 
enlo en Yama con cien hond)res de tropas de línea, inclusos los Ofi- 
ciales, uno de Artillería llamado I). José Abren con cinco Artilleros, 
dos piezas de á cuatro, trescientos fnsiles, algunas municiones y 
otros pertrechos bien esctasos (1) al instante di providencias par.i que 
el cita«lo Ximenes c<»n su tropa bajase por mar hasta el snrgidero 
de Andrés, y de allí se condnjesen por tierra en bagages al punto 
de San Gerónimo, continuando el armaniento por la Costa para de- 
sembarcar en la boca de Jaina, distante como dos leguas del expre- 
sado pnnto. 

20 — El veinte llegaron al palenqne, los Buípies de Guerra de 
Puerto Rico, que conduelan el dicho Teniente Coroníd y pertrechos: 
eran la goleta Reiner, y la Lancha N9 1 1 que mandaban D. José Be- 
navides y D. Juan Gutiérrez: per(» de allí retrocedieron á desem- 
barcar los efectos á la boca de Jaina como se ha dicho. 

24. — El veinte y cuatro, llegó el Teniente Coronel Ximenez, y 
hasta esta época corrieron las cosas sin novetlad: nuestras partidas 
de guerrillas, llegaban por la noche hasta tiro de pistola del recinto, 
haciendo fuego á las centinelas enemigas, y los Franceses respondían 
por lo común con la artillería en toda la cortina, temiéndose de 
asalto. El tal D...Andrés Ximenez me presentó sus credenciales 
despachadas por el Sor. Gobernador de Puerto Rico para dirigir las 
operaciones, y toma) el mando á consecuencia de haber pediilo yo 
en todos mis Oficios á aquel Gobierno un militar <le graduación para 
el efecto; pero habiéndose desentendido de nú solicitnd en esta parte 
hasta después que la necesidad habia puesto al Pueblo Español en 
el caso de ncmibrarle, segnn se verificó el Uia doce, haciéndolo en 
mf como Jefe del Exército y de la Isla, lo hice presente al dicho 



(1) Estos fueron los según :ios auxilios de la Isla de Puerto Rico. 



HISTOBIA DE SANTO DOMINO. 273 

Ximenez, que convencido del hecho, y que yn no pendia de mí su 
aceptación, se allanó ainigableniente á perniaaecer en calidad de 
mi segundo en el Exército. 

28. — El veinte y ocho se habían desembarcado las dos piezas 
con el demás armamento, y pertrechos en la boca de Jaina, de donde 
se debia de conducir to<lo á San Gerónimo: parece que en la Plaza 
se tuvo aviso de la miseria en que consistía el auxilio; i>orque salió 
inmediatamente el corsario Francés titulado el Centinela con tropa 
y dirección á la boca de Jaina, en donde entraron, fondeando allí, 
hacer de8embareo(l); pero yo que había visto desde San Gerónimo al 
corsario, que bajaba con tanta tropa, y me iiguré desde luego lo 
mismo, á qne se dirigía, mandé al Comandante D. Marcos Torres^ 
con la Caballería para que el Subteniente 1). José Abren, Coman- 
dante del piquete de Artillería, fuese auxiliado oportunamente, y en 
efecto se puso en defensa con las mismas dos piezas, embarazó al 
Corsario su desembarco, y le hizo retirar con presipitacion, herido 
mortalmente su Capitán y el Buque con alguna avería. 

Enero 6 — El seis de Enero nuestras avanzadas del cen- 
tro comandadas por los Capitanes D. Salvador Huiz y Esteban Ro- 
sáis fueron atacadas p(U' fuerzas superiores, y resultaron ambos he- 
ridos, el primero de biist^m te gravedad y el segundo mortalmente: al 
rompimiento del fuego acudió auxilio de la respectiva División, y el 
enemigo huyó preci)>ítadamente á la Plaza: muriendo dos soldados 
nuestros, y de los contrarios un Oficial y nueve hombres: y es digno 
de elogiarse el valor del referido Esteban Bosas conocido de ante- 
mano, y durante su existencia en aquel puesto avanzado, desde don- 
de no cesaba de incomodar al enemigo hasta este du, que, yendo 
sobre él en dos columnas, y notando que la del sitado Buiz no avan- 
zaba á proporción, con motivo de su herida, dejó un subalterno de 
confianza, que dirigiese la suya y atravesó por entie el fuego de los 
Franceses para atender á la otra, en cuya diligencia recibió un bala- 
zo, de que cayó herido mortalmente. 

15. — El quince salí del Cuartel de Ferrand á revisar el Cordón, 
porque según el estado de hambre en que se hallaba la Plaza, me 
figuraba que el enemigo se sentía obligado imperiosamente ó á tra- 
tíír de su rendición, ó atentar el último esfuerzo en atacarnos por 
algunos de nuestros tres puntos principales. 

17. — Estando yo el diez y siete en el Cantón de Ferrer, División 
de la izquierda que mandaba D. Manuel Carbajal, recibí Oficio de 
D, Francisco Saavedra Comandante de la gi>leta de Guerra de S. 
M. C. la Antenon procedente de la Habana 



(•) Así en el original. (N. de la S.) 




NOTICIAS 

de lo que presenció el Dr. Morilla^ escritas j^or él misinOi 



r>— ^íe- 




|l tomar posesión D. Juan Sánchez Ramírez esforzado Caudillo 
8 cíelos Dominicanos déla Capital de Sto. Domingo en virtud 
^ de capitulación celebrada con el General Dubarquierjque mandaba 
las tropas Francesas en 1809, ya puede considerarse el deplorable 
estado en que se hallaba esta plaza después de nueve meses de si- 
tio y bloqueo. Pocos Dominicanos se hallaban dentro de ella, ha- 
llándose presos los más notables como D. José Madrigal y otros va- 
rios que inspiraban desconfianza al gobierno Francés, y todos tan 
extenuados por el hambre que algunos á quienes se íes suministró 
el alimento sin la debida precaución perecieron inmediatamente. 

La pi imera medida tomada por el Reconquistador Sánchez Ra- 
mírez, fué publicar una invitación á los Dominicanos qne hablan 
emigrado con'motivo déla cesión de aquella pnrte de la Isla ala 
Ri5pública Francesa para que regresasen á su pais, cOvSteíindoseles 
el pasnge p(H- cuenta del estado, y haciéndoles presente las gracias 
concedidas por S. M. á los habitantes de la Isla en recompensa de los 
heroicos esfuerzos hechos en la reconquista, siendo las principales 
de ella la escencion de alcabala y diezmo y la reducción á la mitad 
del costo del papel sellado. 

En efecto regresaron muchas familias las mas de las Islas de 
Cuba y Puerto Rico como también de Venezuela y otros puntos, 
notándose en la capital la difen^icia de Irages y costumbres, moda- 
les y hasta en el lenguaje Provincial de donde procedía cada familia. 

p]l Herario se hallaba exausto habiendo sido indispensable re- 
mitir alguufus cantidades de la Habana y segu (1) 

siendo muy escasas las aduanas, de las cuales la que mas producía 
era la de Puerto de Plata por su mucho comercio con los Estíidos- 
Unidos y con Europa adonde se llevaba el tabaco cosechado en el 
distrito de Civao. 

La agricultura se hallaba muy decaída como puede considerar- 
se por consecuencia de Uis Guerras déla emigración y de otras mu- 
chas vicisitudes, reduciéndose la exportación al tabaco de aquel te- 
rritorio, á algún ganado cuero y al cabo de algunos anos á las ma- 
deras principalmente de. caoba y á mieles y aguardientes elaborados 
en lo que quedó de los antiguos ingenios que no fueron mas que las 



(1) Roto el original. (N. .de la S.) 



276 HISTORIA DE SANTO DOMNGO. 

fabricas deterioradas, practicándose la hacienda de caña con mncho 
trabajo y en peqneña escala: la prodnccion del caté y ilel cacao era 
casi insignificante y nada se cosechaba de algodón ni de añih tampo- 
co ecsistia desde nini antiguo ni una sola mina en estado deesplo- 
tacion: así es que el Comercio se reducía á la importación de genero 
de consumo y á la esportacion délos artículos ya mencionados; pero 
el movimiento comercial era lánguid») y de poca importancia limita- 
do á la importación de lo que necesitaba para su consumo una po- 
blación escasa y pobre en que apenas era conocido el lujo, pues en 
la Capital no llegaban á media docena los carruages. 

Con motivo de los grandes deteriiuos que sufrieron las fincas 
urbanas y las rústicas las cualc^s casi quedaron reducidas á ruina, 
surgió una cuestión de vital importancia para los propietarios, en- 
tre estos y los dueños de los censos que afectaban las fincas, c¿isi to- 
dos comunidades religiosas ó personas del Clero seglar por Cape- 
yania. Reducidos como se ha dicho, á ruina casi todos los predios 
rústicos, no era posible que pudiesen graviti\r sobre ellos la misma 
cantidad de capitales asensuados, ni que sus poseedores pudiesen sa- 
tisfacer el rédito equivalente: reconocíase la necesidad de la reden- 
siou ó estincion de esos censos; pero los interesados respectivos no 
estaban de acuerdo en los términos en que debia verificarse el reba- 
jo, como sucede regularmente en la colisión de intereses. En este 
conflicto se ad(K5tó el temperaniento racional y equitativo de some- 
ter la cuestión á arbitros nombrados unos por el Cabildo eclesiástico 
que lo fué el Canónigo Penitenciario Dr. bn. Francisco Gonssalez y 
Carrasco, y por el Ayunt^imiento ó Cabildo seglar el Dr Dn. Fran- 
cisco Morilla, quienes espidieron su laudo dechirando que las fincas, 
cuyo deterioro hubiese ascendido á las tres cuartas ó á cuatro quin- 
tas partes de su valor quedase totalmente estinguido el censo, y sub- 
sistente en las denuis; pero reducido el rédito al tres por ciento en 
lugar del cinco. Con este alivio de los agricultores tuvieron mu^ 
aliento para emprender sus tareas sin que el dueño de los censos se 
absolviese todos los fructuosos sudores desús afanes^ 

La tranquilidad pública en el período de ochocientos nueve al 
veinte y uno, uo sufrió alteración: el Caudillo iSanchez Bamirez que 
ya en las fatigas incesantes del sitio de la Plaza habia padecido mu- 
cho en su salud, en términos de principiarle una idropesia cuando 
tomó posesión de aquella, falleció antes del año sin haber podido dis- 
frutar el justo galardón de sus heroicas esfuerzos y del glorioso 
triunfo que obtuvo: le sucedió interinamente el Coronel D. Manuel 

Caballero, y si no me es infiel el recuerdo que hago de (I) 

y de la lectura que siendo mui joven hice, superficialmente de libros 
de órdenes de la Plaza hubo una tentativa de revolución por los 
años de 10 ú 11 tramada con el objeto de restituir la Plaza al Go- 
bierno Francés, estando á la cabeza de la Plaza fá Gobierno Fran- 
cés, est^vndo á la cabeza de la conspiración, ties ó cuatro Sargentos 
Franceses que fueron plisados por las armas, con lo cual qtiedó sofo- 

(1) Eoto el original. (N. de la S.) 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 277 

(Mtda Ih tmina: después por los años de ochocientos 12 ó 13 se 
íU'Scubrio oíiíi conspiración de negros esrlavíis, cuvo objeto vvd la 
libertad de su raza y adherirse á la república de Aliití; mas habien- 
do sitio descubierta oportunamente fueron egecutados los principa- 
les y entre ellos los dos cabecillas el negro Pedro de Seda y el otro 
llamado Ije(»cadio, contándose entre los conspiradores un solo blan- 
co natural de la Isla de la Margarita: de esto fui testigo presen- 
cial aunque de COI ta edad. Y por ííltimo iK)r el mes de Marzo de 
1820 se formó otra causa de conspiración contra los mismos que 
después hicieron la revolución para la independencia en el siguiente 
año habiendo sido procesado el Diputado Provincial de la Vega D. 
Antonio Vald<^s y dos ó tres mas; i>ero por falta de pruebas del de- 
lito, sin embargo de su notoriedad fueron absueltos, siendo de ad- 
vertir que en este proceso no fui comprendido el Dr. D. José Nu- 
ñez de Cáseres, Teniente Gobor. y Auditor de Guerra, que 
hizo cabeza en el cambio pt)lítico que al fin se verificó, declarándose 
la independencia en 1? de Diciembre de 1821, de cuya conspiración 
tuvo noticias el Capitán General, Mariscad de Campo D. Pascual 
Real por comunicación que le hizo el Pbro. Cruzado que se cree 
lo supo bajo el sigilo de la confesión y también se la comunicaron 
otnis personas fidedignas; mas él no se decidió á tomar resíducion 
alguna para impedirla, pues A pesar de que no habia tropas de linea, 
y de que el Conmel Ali que mandaba las Conipañiíis de morenos 
estaba ganado por el Dr. Nuuez, sin embargo (piiza hubiera sido 
posible reprimir el movimiento, pues en la Plaza ecsistian muchos 
oficiales del Egercito de Benezuela, y aun entre el escaso número 
de las otras tropas ecsistentes y entre los propietarios y personas 
de influencia no contaba Xuñez sino con pocos partidarios entre ellos 
aquellos Jefes y oficiales que habiau obtenido sus grados por nom- 
bramiento del General Sánchez por sus servicios eu la reconquista 
y (pie aun después de tantos años no hablan conseguido la apro- 
baciiHi Real. Fué general la voz (pie corrió en aquellos dias de que 
el (jeneral Real se resignó á que estallara la revolución, y en prue- 
ba de ello se dijo (pie para la noche del movimiinto habia dado 
por seña á la (Snlen de la Plaza la palabra '*arruinars(í''. 

Volviendo al estado en que se hallaba la Capital y otros pue- 
blos de la Isla, es fácil comprender la mis(MÍa en que se hallarian 
los pueblos esci'pto las ciudades de Santiago y Puerto de Plata, 
pues habia pocos recursos y elementos de riqueza, limitados los pro- 
ductos de la agricultura y crianza de ganado A lo que queda dicho al 
principio sufriendo masía agricultura y escaseándose la subsisten- 
cia por los hura(;anes de los trópicos (jue se repetían cada trc^s ó cua- 
tro años, en cuyas aflictivas circunstancias el que esto escribe vio 
que cuaiulo entraban en la Capital de Santo Domingo uno ó mas ca- 
ballos cargados con plátanos y otras viandas se les custodiaba con 
una guardia para qu(í á i)r(»senciii de un Alcalde de barrio y á veces 
un Ayudante de la Plaza se vendieran aquellos frutos en porsiones 
adecuadas á los pedidos de los consumidores, quienes iban en pos 
de las cargas en gran numero á veces formando filas de la estension 



278 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

(le una cuadra: lo que había mas abundante era la carne de vaca y 
de serdo que 8e llevaba del interior y muy pocas veces escaseaban 
los couieslibles qne se importaban del Extrangero. 

Era consiguiente á esta situación triste y precaria que la agri- 
cultura y el comercio hicieran poco progreso; sien<lo nula entera- 
nieute la industria. 

Claro está que el Herario habia de resentirse de este estado de 
pobreza, por lo cual reducida aquella pai te de la Jsla á sus propios 
recursos no podia dai- abasto para el pago de las pocas tropas, suél- 
alos de empleados en tod(»s los ramos de la administración y asigna- 
ciones al Arzobispo y al Cabildo Eclesiástico, habieiulo llegado el 
caso de no poderse cubrir tantas atenciones ni ann con las remesas 
que iban de Puerto de Plata, cnyos ingresos de sn aduana siempre 
escedieron en mucho á los mui limitados de laCiipital: entonces se 
cometieron graves desordénese injusticias en el modo de pagar á los 
qne cobraban sueldos 6 peiLsiones del Estado: á algunos se les daba 
solamente la mitad de s\i haber, á otros únicamente la cuarta y los 
que gozaban nuis favor se cobraban por entero. Llegó á tal punto 
el conflicto que corrió se dijo generalmente que I). N. Aguilnr Te- 
niente de Artillería ecsas[)erado por la miseria ^e le presentó re- 
sueltamente al Gobernador político Inteiino e Intendente que lo 
era el Dr. Nunez de Caseres, y poniéndole la punta de hi espada 
desnuda en el pecho le intinu') con osadia que, si no <laba providen- 
cia de que se le pagara el sueldo á los demás militares le quitaría 
la vida. Nuñez revestido de prudencia y sin darle grande importa- 
ncia al desacato cometido contra su personi y autoridad, le ofreció 
poner remedio al mal. Si iío fué cierto que la amenaza paí^ó á los 
términos ya referidos, á lo menos fué indudable que hubo recla- 
maciones muy fuertes y anuMiazas de paite de Aguilár. 

Nuñez no enc(»ntró otro medio de ocurrir al apuro en que se 
hallaba el Erario (jue fué el de celebrar junta de Hacienda y pro- 
bablemente con intervención de otras autoridades Superiores, y 
acordar la emisión del pai)el moneda (¡ue en efecto se verificó por 
los años de doce al trece. Por lo i)ronto hubo algiui respiro, te- 
niendo ya la tropa y empleados con que proveer su subsistencia; 
pero esto no fué mas que un paliativo subrogando un mal por otro 
menor, pero que á la larga habia. de producir funestos resultados: 
vinieron como era natural el descrédito del papel moneda y el cán- 
cer del ágeo su consecuencia inmediata desmereciendo el papel mo- 
neda un setenta y cinco por ciento; lo que dio lugar á que le- 
vantasen el grito la tiopa y empleados (luejandose con sobrada ra- 
zón de que dándose los pesos en papel por el mismo valor que 
en metálico sus sueldos venian á quedar reducidos á la cuarta 
parte. 

Los Subinspectores de Artillería tomaron la iniciativa en la 
reclamación pidiendo á S. M. se mandara que los sueldos se pa- 
gaiau ó en efectivo ó en metálico ó en caso de ser en papel mo- 
neda se les diese el equivalente según el ageo que corria en la 
PUiza; y así se decretó como era justo mas el Teniente Goberna- 



filSTOBIA DE SANTO DOMINGO. 27$ 

dor Asesor General Nunez consultó entonces la supresión d^l pa- 
pel moneda, medida intempestiva que cansó gravisimos perjui- 
cios á los tenedores del papel por no haber dinero efectivo con 
que indegnizarlo pues aunque se admitió dicho papel para la re- 
dension de Oapitales de censos de bienes regulares y se echó 
mano de algunas cantidades de moneda de cobre que ec^istian es- 
to no fué bastante á cubrir la totalidad de las emisiones que se 
habian hecho. Esta vez fueron los perjudicados los propietarios y 
comerciantes á quienes se dieron bonos ó se les reconocieron cré- 
ditos contra el Erario por la suma que no pudieron indegnizarse 
en dinero efectivo, los cuales no fueron satisfechos. Debe confe- 
sarse que el papel moneda causó gravisimos males á la agricultura 
y al Comercio. 

En el ano de 1813 fué nombrado Capitán General de la Isla 
el Teniente General Don Cailos de ürrutia natural de Veraoruz, 
de abanzada edad, hombre débil de miras mezquinas, siendo la 
medida de mas vulto de su gobierno, si se esceptúa la supresión 
del papel moneda la de haber hecho labrar terrenos inmediatos 
á la Ciudad por los presidiarios ó los que se destinaban ¿I correc- 
ción para aplicar las viandas que se cosechaban al alimento de las 
tropas, y á su venta para que el producido se aplicase al Erario, 
medida alto ridicula, y que dio lugar á que se le conociese en el 
vulgo con el apodo de Don Carlos Conuco por ser este el nombre 
que se daba allí (i las labranzas. 

En cuanto al ramo de instrucción publica no dejó de tener 
bastante desarroyo: habia varias escuelas privadas de instrucción 
primaria y una publica costeada por el Estado ó mas bien por el 
Ayuntamiento y luego que el Arzobispo Dr. Don Pedro Valera 
natural de Sto. Domingo tomó posesión de su Silla estableció 
en su palacio una clase de lengua latina y retórica á cargo de 
uno de sus familimes el Dr. Begalado al que retribuían con una 
corta suma mensual los alumnos pudientes con los que concluye- 
ron estos dos ramos se abrió en el mismo palacio un Curso de 
filosofía, siendo profesor el Dr. en Medicina López Medrano, natu- 
ral de Santiago de los Caballeros, continuando la clase de latini- 
dad. Tt)dos esos alumnos formaron el plantel de la Real y Pontifi- 
cia Universidad de Santo Tomás de Aquino en el Convento de Pa- 
dres Dominicos que á ecaitacion en virtud de consulta del Dr. Nu- 
nez Asesor General del Gobierno mandó restablecer el Capitán 
General, teniendo efecto la reinstalación en fi de Enero de 1815 y 
continuando la Universidad con buenos resultados, habiendo sido 
su primer Rector el Dr. Nufiez, Catedrático que habia sido antes 
de la cesión de la Isla, y de cuya distinción era merecedor así por 
su gran talento y basta instrucción como por haber sido el que de 
propio motu dictó el restablecimiento de aquel instituto, cuya me- 
dida fué aprobada por el Supremo Gobierno. 

La Constitución no causó en el Pais grande efecto, practi- 
cándose las elecciones para empleos concegiles sin disturbios, so- 
lo sí que hubo abusos de la Jibertad de imprenta como era natu- 



280 HISTOBIA DE SANTO DOMINGO. 

ral en nii pais que se hallaba en aquel estado^ sacándose á rehu 
cir defectos y secretos de la vida )>rivada y sin que nada adelau^ 
tase la instrucción pública. 

El Qobierno del Brigadier Don Sebastian Qnindelan que en 
1819 sucedió á Don Carlos Urrutia poco {\, nada ofrece de notable, 
pues ademiis do haber sido de corta duración, Quindelan conside- 
ró sa nonibraniiento como debido al Si»r. Arzobispo Oses su ene- 
migo por sacarlo de la Isla de Cuba, por lo cual estaba sumamen- 
te disgustado. Era un Jefe de muy sanas intenciones que no tuvo 
tiempo ni ocasión de desplegar. Sin embargo á su actividad y 
acierto se debió la sofocación de la conspiración de Nuñez dumnte 
sn numdo. 

Debe confesarse que cu los dos liltimos años del Gob? de 
España en Sto. Domingo ya comenzaban á prosperar la agricul- 
tura y el Comercio. 

El mando de Don Pascual Real, no ofrece nada de notable, y 
solamte. el haberse declarado la Independí de España que de 
buena fé creo que pudo evitar, porque la generalidad del Pais no 
estaba por ella, así por su afecto á España como por temor á Haity 
que la experiencia demostró ser harto fundado. 




ANEXOS. 



NOMINA 

de Gobernadores y españoles que han tenido mando 

en la Isla de Santo Domingo desde 1492, y de 

los Obispos y Arzobispos de la Arquidiócesls. 

GOBERNADORES. 

El Almirante D. Cristóbal Colon 1492 

El Aílela!»tado Don líaitoliunc C<»Ion — 1495 

El Comendador (le Calatniva Don Francisco de Bobadilla. . 1500 

El Comendador de Alcáitara Don Nicolás de Ovando. 1502 

El sejíinido Virrey Abnirante D.>n Diej^i» Colón, I? vez... 1509 

Los Reverendos Priores (?erónin)os 1516 

El segundo Virrey Almiu'mte D(»n Dirt^o Colon 2? vez 1521 

El Illmo. Sr. Don Sebastian Ríunirez Fuenleal. . . . < 1527 

El lUmo Sr. Don Alonso de Fuenmavor, 1? vez 1533 

El Licenciado Don Alonso López de Cerrato 1543 

El Illmo. Sr. D(»n Alonso de Fueninayor, 2? vez 1548 

El Ledo. Don Alonso Arias de Herrera 1504 

El Sr. Don Antonio de Osorio. 1504 

El Sr. Don Cristóbal Ovalles 1583 

El Sr. Don Lope de Vega Portocarrero 1596 

El Sn Don Domingo de Osorio 1 597 

El Sr. Don Diego Gómez de Sandoval 1 608 

El Sr. Don Diego de Acuña 1(>24 

El Sr. Don Gabriel de Cliavez Osorio 1631 

El Sr. Don Juan Bitrian v Viamt)nte 1637 

El Sr. Don Nicolás de Velasco Altamirano 1()48 

El Sr. Don Bernardino de Mcneses, conde de Penalva. . . . 1652 

El Sr. Don Antonio Pérez Franco 1654 

El Sr. Don Juan Feo. de Montcmayor Córdoba y Cuenca. 1654 

El Maestre de Campo Don Juan de Balboa y Mogrovejo. 1659 

El Maestre de Campo Don Pedro Carvajal y Jjobos 1663 

El Maestre de Campo Don Ignacio de Zayas Bazan 1667 

El General de Artillería Don Andrés de Robles 1680 

El Almirante Real Don Ignacio Pérez Caro, 1^ vez 1690 

El Teniente General Don Francisco de Segura Sandoval 

y Castillo 1691 

El Maestre de Cainpo Don Gil Correoso Catalán 1696 

El Maestre de Campo Don Severino de Manzanedo 1699 

El Maestre de Campo Don Felipe Valera 1703 



284 HJSTOBIA DE SANTO DOMINGO. 

El Maestre de Campo Don I^nncio Pérez Oaio, 2? vez.. . . 170(> 

El Maestre de Campo Dcrn Guillermo Morfi 1 7()tí 

El Castellano Don Pedro de Niela y Torres 1712 

El Brigadier Don Fernando de Constanzo y Ramírez 1715 

Bl Coronel Don Francisco de la Rocha y Ferrer 1 723 

El Coronel Don Alfonso de Castro y Mazo 1731 

Don Pedro Zorrilla de San Martin, Marqués de la Gánda- 
ra Real 1741 

El Brigadier D. Juan José Colonia 1 750 

El Brigadier Don Francisco Rubio y Peñaranda 1751 

El Coronel Don Manuel de Azlor y LTrries 1 759 

El Capitán ¿e Navio D. José Solano y Bote 1771 

El Coronel Don Isidro de Peralta y Rojas 1 779 

El Coronel Don Joaquín García y Moreno, 1? vez 1785 

El Briíiaíller Don Manuel González Torres de Navarra. . . 1786 

El brigadier Don Joaquín García y Moreno, 2? vez 1789 

AGREGADOS. 

El Brigadier Don Juan Sánchez Ramírez 1809. 

El Mariscal de campo Dcrn Carlos de Urrutia y Matos 1813. 

El Brigadier Don Sebastian Kindelan y Oregon 181(). 

El Brigadier Don Pascual Real 1821 . 

OBISPOS DE LA VEGA. 

El Illmo. Sr. Don Fray Pedro Xuarez Deza 1511 

DE SANTO DOMINGO Y LA VEGA. 

El Illmo. Sr. Don Fray García de Padilla. . .(Franciscano) 1511 

El Illmo Su'. Don Alejandro Geraldino 1517 

El Illmo. Sr. Don Fray Luis do Figueroa 1524 

El Illmo. Sr. Don Sebastian Ramírez de Fuenlcal 1527 

El Illmo. Sr. D. Alonso de Fuenmayor 1539 

ARZOBISPOS DE SANTO DOMINGO. 

El Illmo. Sr. Don Alonso de Fuenmayor 1548 

El Illmo. Sr. Dcrn Diego de Covarrubias 155(5 

El Illmo. Sr. Dím Juan de Acebedo y Salcedo 1500 

El Illmo. Sr. Don Juan de Arzola (Gerónimo) 1565 

El Illmo. Sr. Don Fray Andies de Carbnjjü (Franciscano) 1568 

El Illmo. Sr. Don Alonso López de Avila 1581 

El Illmo, Sr. Don Fray NiexJás Ramos (Franciscano) 1590 

El Illmo. Sr. Don Fray Agustín Dávila y Padilla (Domi- 
nico ) 1 599 

YA Illmo. Sr. Don Fray Cristóbal Rodríguez Suarez (Do-^ 

IBÍuico ) ,...,.,.,.,,,,.,,.,,.,, J605 



HISTORIA DB SANTO DOMIMOO. 



285 





El 


111 ino. 




El 


Illmo. 




El 


Illmo. 




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Illmo. 

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Illmo. 




El 


Illmo. 




El 

El 

El 
El 


Illmo. 

Tilmo 

Tilmo. 
Tilmo. 




El 


Tilmo. 



Sr. Don Fmy Diego de Coiitrersis,. (Agustino) 1012 

Si. Don Fray Pedro Solier (Id.) lülí) 

Sr. Don Fmy Domingo de Valden^ama (Domi- 
nico ) ! 1 620 

Sr. Don Fi-ay Pedro «le Oviedo (Bernardo) ltí22 

Sr. Don Fray Fernando de Vera y Znfíiga. . (A- 

gustino) ...\ .' 1630 

Sr. Don Fray Bernardino de Ahnansa 1632 

Sr. Don Fray Facundo de Torres.. (Benedictino) 1632 

Sr. Don Diego de Guevara y Estrada- 1640 

Sr. Don Francisco Bugueiro 1645 

Sr. Don Juan Diaz de Arce 0000 

Sr. Don Francisco Pió de Guadalupe y Telles.. 1648 

Sr. Don Francisco de la Cueva y Maldonadt». . . 1662 

Sr. Don Juan de Escalante Turoios, y Mendozt^. 1671 
Sr. Don Fray Domingo Fernandez y Navarrete 

( Dominico) / 1680 

Sr. Don Fray Fernando de Carvajal y Si vera 1688 

(Mercenario ) 1688 

Sr. Don Fray Diego de Cepeda (f) 1698 

Sr. Don Fray Fiaucisco Lopensa 1700 

Sr. Don Fray Francisco Kincon..(FranoiscaMo) 1705 

Sr. Dim Antonio Alvarez y Quiñones 1712 

Sr. Don Francisco Mendigaña 1725 

Sr. Don Fray Juan de Galavis. . (Premostratense) 1729 

Sr. D(m Domingo Pantaleou AVÍvarez de Abren. 1738 
Sr. Don Fray Ignacio de Padilla y Guardiola 

(Agustino) 1743 

Sr. Don Fray José Moreno Ouriel (Or. Triuit. 

R^d. Caut.) 1754 

Sr. Don Felipe Buiz Auzmei^di 1 756 

Sr. Don Fray Isidoro Rodríguez Lorenzo (Basilio) 1767 
Sr. Don Fray Feínando de Portillo y Torres (Do- 
minico.) . . . .' .'. . • 1789 



\: 



AGRBGAD08. 

El Illmo. Sr. Don Pedro Valera y Ximenez . . . 
El Illmo. Sr. Don Tomas de Portes é Infante. . 

El Illmo. Sr. Don Antonio Zerezano 

El Illmo. Sr. Don Bienvenido MonziHi 

P3I Illmo. Si*. Don Fernando Arturo de Meiiño, 



1818 
1848 
1860 
1862 

1885 



Notas.— El 29 t sin haber tomado posesión del Obispado. 

E1.3V: su apellido es Geraldino ó Gei*aldini, t en 1^4. 

El 4? : nond)rado en 1524 obispo de La Vega y Santo Domingo, t 

el mismo año, antes de tomar posesión. 
El 5? : trasladado á Méjico en 1531. 
El 6? : basta 1548 fecha de la erección del Arzobispado. 



ÚÁÓ hístobía de santo Dostméo. 

El 7?: t después lie 1554. 

El 8? : antes de eon8agrai*se fué nombrado obispo de Ciudad Rodri- 
go. Fué Presidente del Consejo de Castilla y autor de va- 
rias obras de derecho. La Academia le cita entre los clásicos. 

El 99 : f en 1562. 

El 10: t en 1566. 

El II: ten 1579. 

El 12: t en 1592. 

El 13: t en 1599. 

El 14: mexiea.no, escritor, t en 1604. 

El 15: trasladado á Arequipa en 1611. 

El 16: ten 1618 en el mar. 

El 17: ten 1620. 

El 18: ten 1621. 

El 19: trasladado á Quito en 1629. 

El 20: trasladado al Cuzco v] mismo año, antes de recibir las bulas. 

El 21: promovido á Santa Fe (N. G?) sin llegar á consagrarse. 

El 22: t en 1640. 

El 23: presentado en 1640 y muerto al venir. 

El 24: t el mismo afio, sin llegar á consagrarse. 

El 25: canónigo de México; no aceptó. 

El 26: t en 1660. 

El 27: t en 1667. 

El 28: t trasladado á Yucatán en 1677. 

El 29: t en 1685. 

El 30: t en España en 1698, poco mas ó menos 

El 31: de este se duda absolutamente que baya sido tal Arzobispo; 
lo trae Del Monte y Tejada. 

¥j\ 32: trasladado antes de tomar posesión. 

El 33: trasladado á Caracas en 1711. En una'partída de matnmo- 
nio consta que tenia una bermana que era natural de esta 
ciudad, lo que da á suponer que él fuese también de aquí; y 
en tal caso, será el primer prelado dominicano. 

El 34: trasladado á Sta. Fé (N. Gda.) en 1724. 

El 36: trasladado á Sta. Fé en 1737. 

El 37: trasladado á Tlascala en 1743. 

El 38: trasladado á Yucatán en 1753. 

El 39: ten 1756. 

El 40: t en 1766. 

El 41: renunció en 1788. 

El 42: trasladado á Santa Fé en 1798. 

El 43: fué presentado por la Regencia en 1811 y después por el 
reí en 1815. Consagrado en 1818 y t en 1832. 

El 44: t en 1858. 

El 45: t el mismo año antes de consagrarse. 

El 46: trasladado á Grauada en 1866. 

Los agregados son dominicanos, menos Monzón, que fué arzo- 
bispo de Santo Domingo solamente durante la anexión. Estas u6- 



MlStOBIA í)£ BAÑ1*0 bOMINtíO. 28? 

minas de gobernadores y arzobispos uo pueden est-ar completas por 
falta de datos fidedignos; y han sido refundidas por entero y am- 
pliadas, con ayuda de algunos buenos trabajos, entre ellos el Afia- 
lejo de 1883, de Monseñor Roque Oocchia, hoy arzobispo de Chieti y 
Delegado Apostólico que fué de esta arquidiócesis, quien consultó 
para ello los archivos del Vaticano, á que se han agregado los da- 
tos suministrados por Dn. José Gabriel García y otros competentes 
señores de esta ciudad. Por consiguiente, estas listas acaso ven- 
gan á ser las más exactas y completas hasta ahora publicadas. 
También gobernaron la Arquidlóc<5sis Monseñor Fray Leopoldo A. 
Santanché, franciscano, Arzobispo de Acrida, de 1871 á 1874; y 
Monseñor Fray Roque Cochia, Obispo de Orope y después Arzo- 
bispo de Sirace, de 1874 á 1881. 





V 



T 



LISTA CRONOLÓGICA 



de los Admini8tradoreH de la colonia ftancesa de Santo 
Domingo, con designación de la época de su 

respectivo ejercicio. 



Mes8ieur8. 

Le Vasseur. (Asesiuaílo en hi Tortuga) 

Ijc clicvalier de Foiitenay . . 

Du Bansset 

Deschainps de la Place. (Interino por 
haberse ausentado para Francia 8u 
tio Du Bansset.) .... 

D'Ogeron 

De Pouan^ay. (Interino por haberse 
auseiitado para Francia su tio d' 
Ogerou. 

D' Ogeron. (Vuelto de Francia.) . 

De la Perriére. (Interino.) 

D' Ogei-ou. (Vuelto de Puerto Kico.) . 

De Cussy. (Interino, por haberse au- 
sentado otra vez para Francia d' 
Ogeron) 

Pouan9ay. (En reemplazo de d' Oge- 
ron muerto en Paiís. El mismo 
Pouan9ay muere en la colonia.) . 

Frasquesnay. (Interino.) 

De Cussy. (Muerto en un combate con 
los españoles) .... 

Dumas. (Interino.) . , , . 

Ducasse 

Deslandes. (interino por hallarse Du- 
casse en Cartagena). , 

El conde de Boissyraimé. (Interino lle- 
gado de Francia por ser el superior 
de Mr. Deslandes.) 

Ducasse. (Vuelto de ¿>artagena). 

DeOaliffet. (Interino por la partida pa- 
ra Francia de Mr. Ducasse.) 

Auger. (Muerto en Leogane.) 

De Charrite. (Interino.) 

Cboiseul-Beaupré 



Novbre. de 1641. 
Julio de 1(>52. 

1056. 



6 de Junio 



Setiembre 
16 de Abril 
Abril 



30 de Abril 
21 de Enero 
1^ de Octubre 

23 de Marzo 



1663. 
1666. 



1668. 
1669. 
1673. 



1675. 



1676. 
30 de Setiembre 1 683. 



1684, 
1691, 



1697, 



10 de Mayo 
16 de Junio 

Julio 1700. 

16 de Noviembre 1703. 
13 de Octubre 1705. 
28 de Diciembre 1707, 



290 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 



De Valeriiord. (Interino por liaber par- 
tido para Francia Mr. de Choiseul. 
jMuere en .Petit-Goavc.) 

De Cliarrite. (Interino por muerte de 
M. Valer nord.) . . . . 

D' Anpiian. (Interino, reemplazó á M. 
de Cliarrite como (iobernador del 
('al)O) ...... 

De l^U'nac ...... 

El mismo. (Como jefe superior por ser 
(iobernador general de las Islas del 
A'iento ) . • . . . 

De (3liateaumorand . . . . 

De Sorel ...... 

D' Esnos Champmeslin. (En clase de 
Comandante de toda la América 
francesa, con una misión para San- 
to Domingo) 

De la lioclmlar. (Gobernador general 
de las Islas del Viento.) 

De Vienne. (Muerto en Fort - Dau- 
pliin.) [*] 

De CMiastenoye. (Interino.) 

De Fayet. (Muerto en Petit-Goave.) 

De Chastenoye. (Interino). 

Larnage. (Muerto en Petit-Goave) . 

De Chastenoye. (Interino). 

De Conflans 

Dubois de la Motte 

De Vaudreuil 

j3ai i>. . . . • • . 
, De Bory 

De Belzunce. (Muerto en el Trou) 

De Montreuil. (Interino.) . 

D' Estaing 

De Kolian 

De Noli vos 

De la Ferronnays. (Interino por haber- 
se ausentado para Francia M. de 
Noli vos) 

De Valliere. (Muerto en Puerto Príu- 

cipo). ....•• 

Eeynaud de Villeverd. (Interino.) . 
D' Ennery. (Muerto en Puerto Prínci- 

De Lilancourt. (Interino.) . . . 
D' Aigout. (Muerto en el Cabo.) 



7 de Febrero 1711. 
24 de Mayo 



29 de Agosto 1712. 

13 de Junio 1713. 



11 de Enero 
10 de Julio 



1714. 
1717. 
1719. 



tí de Diciembre 1723. 
6 de Diciembre 1723. 



8 de Octubre 


1731. 


4 de Febrero 


1732. 


27 de Octubre 




11 de Julio 


1737. 


11 de Noviembre 




19 de Noviembre 


1746. 


12 de Agosto 


1748. 


2y de Marzo 


1751. 


31 de Mayo 


1753. 


24 de Maizo 


1757. 


30 de l^Iarzo 


1 702. 


7 de Marzo 


1703. 


4 de Agosto 




23 de Abiii 


1704. 


1? de Jidio 


1760. 


10 de Febrero 


1770. 


15 de Buero 


1772. 


30 de Abril. 




12 de Mayo 


1775. 


1(5 de Agosto. 




28 de Diciembre 


1776. 


22 de Mayo 


1777. 



[ * I Bayajá. 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 



291 






De Lilancour. (Interino.) . 

Keynaud de Villeveid. (Interino, en 
atención á la muerte de M. d' Ar- 
gout y su designación para la pla- 
za de lugarteniente eri el (Gobierno 
general.) 

De Lilancour. (Interino, á causa de la 
muerte de M. d' Argont y de la 
partida de ]M. de Keynaud para la 
metrópoli.) . . . . . 

De Bellecombe 

M. de (;0ustard. (Interino, á causa de 
la partida de M. de Bellecombe pa- 
ra la nietrópoli.) "... 

De la Luzerne 

De Vincent. (Interino en atención á 
la partida de M. de la Luzerne pa- 
ra Francia.) 

Du (■liilleau. 

De Vincent. (Interino, j)or haberse 
vuelto á Francia M. de Cliilleau). 

De Peynier 



7 de Marzo 



1780. 



25 de Abril. 



28 de Julio ]782. 

Ude Febrero 1782. 



3 de Julií) 
27 de Abril 



10 de Julio 
19 de Agosto 



1785. 
1786. 



Noviembre 1787. 
22 du Diciembre 1788. 



1789. 
1789. 



INTlíNDKNTES. 



Messieurs. 

Boyer. (Ecrivain principal, subdelega- 
do del Intendenie general de las is- 
las déla América, muerto en San- 
to Dímdugo, en 1W)5.) . 
[V^acancia.] 

Cliaumel. (('on el mismo título que M. 
Boyer á quien reemi)laz<>. Muerto 
en Santo Domingo el 23 de Ma- 
yo 1G9G.) . \ 
[Vacaucia.] 

Marie. (Con el mismo título que los 
precedentes) . . . . 

Deslandes. (Comisario ordenador, en 
funciones de Intendente. Muerto 
en Leogane el 27 de Octubre 1707.) 
[Vacancia.] 

M. Mercier. (Interino, Inspector gene- 
ral de la Compañía de PAssiente, 
en virtud á órdenes de M. de Cha- 

De Verninac. (Interino, sustituye co- 
mo Comisario de la Marina á M. 



20 de Agosto 1092. 



Julio 



19 de Marzo 



23 de Febrero 



1G96. 



1097. 



1705. 



3 de Noviembre 1707. 



} 



292 



HISTORIA DE SANTO DOMINaO. 



Desla lides.) . . . . 

De Mithon. (^jU fuiíciones de Inten- 
dente.) ...... 

El mismo, como jefe superior. (Inten- 
dente de las Islas del Viento) 

Duelos. (Interino por haber partido 
para Francia M. de Mitlion.) 

De Montholon. (Muerto en Leogane ) 

üodemard. (Interino. Muerto en Oua- 
naminthe.) . . . . . 

Tesson de Saint-Aiibin. (Interino.) 

Duelos. (Interino. El mismo ya citado 
que volvió entonces de Francia.) . 

Duelos. (Nombrado Intendente). 

Tesson de Saint-Aubin. En ausencia 
de M. Duelos, que partió para 
Francia.) .... 

Duelos. (Vuelto de Francia.) 

De la Cliapelle. Muerto en Leogane 

De Sartre. (Interino.) 

Maillart 

La Porte-Lalanne. (Interino) . 

El mismo nombrado Intendente. 

Lambert. (Muerto en el Oabo) . 

La Porte-Lalanne. (Vuelve á hacerse 
cargo de la Intendencia, no habien- 
do sido recibido todavía M. Lam- 
bert sino en el Consejo del Oabo. 
Muere en Leogane) 

Elias. (Interino por muerte de M. de 
La Porte Lalanne. Muere en Puer- 
to Príncipe.). 

Peyrat. (Interino por muerte de M 
Elias) 

De Clugny 

Magou. 

De Bougars 

De Montarchet .... 

De Vaivre 

Le Brasseur. (Interino, cuando partió 
para Francia M. de Vaivre) 

De Bongars. (Por segunda vez.) 

De Marbois. .... 

De .Proisy. (Interino.) 



15 de Febrero 1708. 
9 de Setiembre. 

6 de Marzo 1719. 

18 de Setiembre 1720. 

18 de Marzo 1722. 

17 de Diciembre 1725. 

20 de Mayo 1 726. 

28 de Diciembre. 

7 de Noviembre 1729. 



a de Febrero 


Í730. 


19 de Octubre 


1731. 


i. 30 de Enero 


]73<;. 


y de Noviembre 


1737. 


5 de Enero 


1739. 


7 de Enero 


1751- 


7 de Afarzo 


1752. 


4 de Diciembre 


1758. 



9 



14 

7 de Marzo 1760. 

19 de Diciembre. 
23 de Abril 1764. 

19 de Julio 1766. 

17 de Junio 1771. 

15 de Abril 1774. 

21 de Judío 1780. 

14 de Febrero 1782. 

9 de Noviembre 1785. 

26 dé Octubre 1789. 



APÉNDICE. 



El gobernador general de la Colonia francesa Mr. Blancheland al Co- 
iimndante español de la frontera del Norte.— Carta fecha en 5 de Octubre 
de 1791. — Correspondencia oficial. — Con el corazón lacerado, señor, os en- 
vió esta carta, aunque est^y muy lejos de creer á los españoles capaces de 
perfidia; pues estamos íntimamente persuadidos de su nobleza y generosi- 
dad; pero me veo obligado á ello, porque de esto depende la salvación de la 
Colonia francesa, üd. no ignora, señor, los daños y peligros que nos afli- 

fen en la abierta sublevación de nuestros esclavos hace como cuarenta dias. 
los que hemos aprehendido de ellos se hallan provistos de municiones de 
guerra y declaran que las han habido de los españoles, lo que no hemos 
creido; antes bien suponemos que con tal excusa tratan de distraer nuestra 
atención de los falsos hermanos que tenemos en nuestro seno. Pero como 
también es posible que guiados algunos españoles por el sórdido intcr^ts 
vendan á los negros algunas municiones; suplico á Ud. que para inpedirlo 
dé las órdenes mas estrechas a su Comandancia para que prohiba á todo 
español vender bajo ningún pretexto municiones de guerra á los negros de 
la Colonia, y para que vigile todo con la mayor escrupulosidad, contando 
con el debido reconocimiento de nuestra parte. 



Diciembre 24. — El (3apitan General Don Joa(iuin García al Coman- 
dante general de la frontera del Norte Don Andrés de Heredia. — Con la de 
U. S. de 9 de este mes he recibido un pliego del General de la Colonia y otra 
carta que dirigió á Don Francisco Pepin. Una y otra manifiestan que las 
noticias que llegan a S. E. son diametralmente opuestas á los hechos, á 
mis disposiciones y al honor de nuestros oficiales: contesto por el adjunto, 
haciéndole ver la circunspección y el orden que hemos observado desde el 
primer momento de la revolución y le ruego que no dé crédito á especies 
falsas, cuando est4is hieren a la conducta de una nación y las contradicen 
los hechos. 8e le hace relación por mayor de los sujetos que nb solo han 
sido admitidos sino obsequiados según el carácter de sus personas. 

El oficio reservado de ü. S. al coronel Don Joaquin Cabrera está bien 
premeditado y merece mi aprobación y espero que el talento de U. 8. con- 
tinúe con sus buenas disposiciones para precaver y resistir en todo caso. 

Por todas partes reina un silencio grande en cuanto á los negros: nada 
dicen de Cahobas, Neiva y San Rafael: sin duda que no se hallan hoy -con 
las fuerzas que antes ó que los blancos hacen algunos esfuerzos extraordina- 
rios para atacarlos, y ellos guardan sigilo. 



II APIÉNDICE. 

Aunque mi instrucción de 7 de Setiembre último no niega la protec- 
ción y asilo convenidos en los tratados, por la presente constitución de la 
Colonia impongo tal circunspección, que el asilo haya de entenderse '*noto- 
rio y calificado". Advierto áU. S. que tenga por notorio el que se pida por 
cualquier francés que se conozca que huye del hierro ó del fuego, por ser es- 
to ademas un acto de humanidad. También advierto á ü. JS. que cíiso de 
entregar á algún francés, se repare en las circunstancias, para no sacrificar- 
lo. Ei asilo que se otorgue por inminente peligro será momentáneo por el 
tiempo absolutamente necesario, que después elegirá él por donde ha de sa- 
lir del territorio español. Con los asilos de otra clase se observará lo que se 
ha practicado siempre con respecto á los tratados. 

El General de la Colonia francesa Mr. JBlancheland ha insistido en pe- 
dir socorro de gente á título de ser solo los esclavos los levantados; y yo he 
insistido en que no puedo, en que si lo de Pto. Príncipe y que entre los mu- 
latos y presos del Guarico se lian encontrado blancos y de todas clases, que 
no puedo abandonar mi casa al incendio que ía amenaza (según sus mismas 
expresiones} por apagar el del vecino, que lo puede hacer con sus fuerzas 
superiores; por lo demás mucha compasión, lástima etc, etc. (*) 



3 de Noviembre.— Pliego del General al Comandante del Norte. — 
El pliego al General queda en mi poder" y va contestado. Contenidas 
dos cartas y ademas otra para Mr. Lavigerie. La solicitud del General 
se r«duce á querer pasar tropas de una parte á otra, según convenga, por la 
mas corta distancia, á los fines de la pacificación de su territorio. La conce- 
do como punto acordado en el tratado de límites: el General avisará el cuan- 
do y por donde. Estoy enterado de las noticias «'orrieutes que U. S. me refie- 
re. Por acá suena que los mulatos están apoderados de ¿San Marcos y que 
un número de 7000 trata de caer sobre el Príncipe, estando acuertelados en 
la Croix-des-Bouquets. Al que venga afligido hace U.S. bien en consolarlo 
en obsequio de la humanidad, y en darle asilo si fuere perseguido de los 
perversos; pero que sea momentáneamente, no nos cíirguemos de consu- 
midores y extrangeros que resisten las leyes. Los hechos de los mulatos, 
y la variedad que encuentra el caballero Tousard en sus relaciones son iguales 
á las que yo manifesté tan luego como tuve noticia del convenio. Los mula- 
tos del)en tener toda su esperanza en las fuerzas de los negros, y por esto nin- 
gún mérito pueden t4?ner sus ofrecimientos. Según la confusión y desorden 
que reina en toda la Colonia no seria extraña la noticia de haber depuesto al 
General Blancheland de su autoridad. Es incomprensible la sublevación: los 
sujetos de mas probidad, honor y caudal que hoy persiguen á los negros ma- 
ñana los vemos á la cabeza de los mulatos. Unos dias dicen que desean que 
el General Blancheland tome las riendas absolutas del Gobierno, y otros ape- 
tecen que se le prive aun de lo mas preciso. Esto no tiene remedio si solo la 
Omnipotencia divina puede enviarlo; todos están ciegos de los ojos del alma 
y así se vé que proceden sin tino y sin reflexión. Ya tenia yo noticia por 
Tudela del incendio de Puerto Príncipe y aunque varian en las circunstan- 
cias y número de infelices sacrificados, están conformes las noticias que ten- 
go en lo principal. Parece indispensable que los blancos franceses cedan á 
la solicitud de los negros, no teniendo fuerzas para contenerlos, viendo que 
son superiores en todas partes y que están persuadid js del favor de los de- 
cretos nacionales: de lo contrario, se exponen á no poder contener á los ne- 
gros, y á que ni esos ni los de Puerto Príncipe se quieran unir para mirar 



(* j Hhí una frase aquí que no tiene sentido. Ai-aso sea : sé lo de Piierlo Principe* 

(,N. de la S j 



AP:éNDlOíS. 111 

por el bien común. 

Es (le juijticia la hospitalidad y luíis con las damas: Ü.S. y ellas verán 
los riesgos y la conveniencia de mantenerse donde están, ó de alejarse, se- 
gún esté bien á todos, á procurar su comodidad en esa, ó por mar si se 
cierra la comunicación de Bayajá por tierra. 

Ei^tá bien que las guardias y rondas vayan sin fusiles para quitar la 
tentación á los levantados. Mucho cuidado, revistas á las tropas y buena 
guardia en las baterías de c4iñones para evitar soi-presas ó atentados que nos 
sean ruinosos. Ya es preciso comunicarse todo aviso recíprocamente coa 
Cabrera y que uno y otro jefe, prevengan á Don José Pepin en Bánica lo 
que haya de vigilar con respecto á las transmigraciones que puedan llegar 
allí. 

8 de Noviembre. — El Gímeral al Comandante del Norte. — 8ea co- 
mo fuere mientras no nos hostilicen no hay que hacer novedad. Ellos 
están á la parte de allá; no se les contemple, ni se les irrite en tanto 
que no recibamos daño. Es el caso de mayor finura para el ejercicio déla 
prudencia, é ir con el nivel de la política entre dos partidos, el uno celoso, 
y el otro tan cercano y fuerte que aunque no nos haga temer, no es regu- 
lar excitarlo de suerte que no nos incomode. Si U. S. les abre contestación, 
lo sofocarán con solicitudes todos los dias. Dígales U.S. que se dirijan á mí, 
que yo no les contestaré, á favor de la distancia, mientras que sin experi- 
mentar mal trato se conserve la quietud con todos en esa frontera. 



El 10 del mismo mes dijo.— La suya de oficio me hace ver el estado 
tan doloroso y crítico en que está esa Colonia. A los negros y mulatos se 
les mira como muy superiores en fuerzas y en arrojo, lo que hace que estén 
sin ánimo los hombres sensatos y de honor. Quedo enterado de las últimas 
ocurrencias de esa fi-ontera, que me participa U. S. en carta del 9 del co- 
iTÍente, acompañándome la carta de conorte del negro para la asistencia á 
la misa y Te-Deum. con la contestación que le dio ü S. Según se ve las 
cosas van á quien mas puede, y que preponderando los negros han ganado 
sóbrelos mulatos la presa recien hecha á los primeros en Bayajá y Juana 
Méndez. ¡Esto va bueno! 



19 de Noviembre. — El Oral al Comandante del Norte. — Creo que 
lop libres de color sabedores del tratado de concordia y otro de paz en 
la part(5 del Oeste con los blancos, procuran lo mismo con el Norte, en 
donde incendian, matan y roban, lo que no ejecutan los otros que uni- 
dos con los blancos guarnecen el Príncipe Los filántropos trabajan por 
esa parte seguramente. Es injusta la premeditación de U. S. y sus precau-» 
clones merecen mi atención y mis desvelos en consideración del accidente 
que puede recelarse de una gente que sin otras leyes, gobierno ni dirección 
que su antojo y la falta de sujeción, pueden dirigirse á cometer insultos á 
nuestro pabellón; si esto intentaren sé que U. S. con í^l ardor, prudencia y 
espíritu militar que le adornan, sabrá con un golpe de mano hacerse respe- 
tar y persuadirlos del honor conque deben mirar, respetar y tratarlas ar- 
mas y el suelo de nuestro augusto soberano. 

Veo con cuanta osadía caminan los insurgentes, el modo con que ro- 
ban, incendian y cometen sus ordinarios y continuos delitos, al paso que ob- 
servo la inacción en que está el Gobierno francés, ya por falta de fuerzas 6 
por otras razones. 



IV APÉNDICE. 

El mismo al mismo en 30 de Koviembre. — La de U. S. de 25 
del que espira me deja instruido de his disposiciones tomadas por el Ge- 
neral de la Colonia para atajar y concluir una revolución que crimina 
ala ruina y desolación del pais. Yo celebraré que Mr. Tousard, Coman- 
dante de la expedición, consiga la victoria y que los mulatos no se acuer- 
den de lo que son, y le liagan sentir su inconstancia. Espero como U. 8. 
me ofrece el tratado ó concordia celebrado entre blancos y um latos, como 
también que vele U. S. en esta ocasión, mas que en otru, para impedir la en- 
trada en nuestro territorio de esos fero'^es lingautes. Si Mr. Tousard tiene la 
felicidad de que el contrato de los mulatos sea sincero y que no tengan mo- 
tivo de algún resentimiento en medio de su unión para conseguir parte de 
sus intenciones y cumplir con estimación los cargos. Pero si los mulatos se 
resisten, si los negros y sus cabecillas tienen constantes noticias de este ata- 
que no espero su buen resultado. !No obstante deseo que llegue ya el tiem- 
po de su cumplimiento para ver que los blancos liacen^algo en defensa de 
sus casas, haciendas y vidas y que destierrau el temor que hasta ahora han 
manifestado. 



El mismo al mismo en 7 de Diciembre.— l?ecibí la cartA de U. S. de IV 
de Diciembre en que me informa de las últimas novedades causadas en esa 
parte de la frontera por los sublevados de la Colonia. Me convenzo con 
U.S. de que á pesar del tiempo y las o])ortunidades nada se adelanta hacia la 
quietud cuya falta nos tiene á todos en alerta por lo (jue pueda ofrecerse. 
También advierto que al mismo paso que los blancos nada producen de favo- 
rable, á los negros y mulatos se les aument^i el partido y se radica en ellos 
la comezón de la libertad y de la igualdad, cebados en la insolencia, en la 
insubordinación y osadía. Ningún auxilio recibe la Colonia de tantos como 
pidió. Sabemos que los de dentro son como el de Mr. Tousard. ¡Qué nú- 
mero de tropa! /qué buena cantidad la de jmisanos y obreros! Dios quiera 
no experimenten algún golpe fatal de manos de la infidencia y de su credu- 
lidad. Nada tendrá de raro que depongan A I^lancheland del manc!o, como 
tampoco que tomen otras providencias extrañas; pues se vé((ue caminan 
sin tino y sin reñexion. 

Espero me diga U.S. dónde fueron los cañonazos que se sintieron el 
dia 4. 

Si los Comisarios llegados al Guarico hubieran traidu 20 ó 25 mil 
hombres, desde luego sus disposiciones pudieran haber producido buen 
fruto; pero no conseguirán sino poner en mayor combustión la Colonia. 



30 de Diciembre.— El mismo al mismo. — Con mucho gusto leo la carta 
de U.S. fecha 23 del corriente al ver que cuanto por ella me anuncia, indica 
de algún modo el restablecimiento del orden por esa parte y aun por el res- 
to de la colonia en el departamento del Norte El ascendiente de los Comi- 
sarios civiles que parece entusiasmó, el cómo no han ganado los ánimos, (ó 
sea efecto de la volubilidad de los genios con quedan) esa pequeña victoria 
ganada por Mr. Tousard, la separación de Milsary G erar d, la disposición 
hacia la quietud que me dice U.S. abunda en los negros y la milagrosa tran- 
quilizacion (jue se puede esperar por medio de varios cooperadores son pre- 
misas favorables para el logro de un bien que á todos interesa. Es sinem- 
bargo peligrosa la llegada de las tropas, si vienen infectas como es de temer; 
* y también es peligrosa por su particular carácter la Colonia del Occidente. 
Apruebo las providencias de U.S. con relación á la despedida de la compa- 



APÉNDICE. V 

nía (le dragones y de los 100 lanceros, habiéndose diseminado los cui- 
dados, y tío á su prudencia las deuuis á que vaya dando lugar el mejora- 
miento de las cosas. 81 las tropas (|ue se esperan proceden como las de 
Artois y Noruiandía será un nuevo incendio capaz de asolar y destruir á todo 
viviente: si proceden con el honor, arreglo y demás partes en que están 
constituidos des'le luego cesarán las terribles y continuadas calamidades que 
tanto tiempo hace reinan en la C(donia. 

Estoy imponiéutlome de las pa]>eletas que U.S. me ha dirigido 
Puerto Príncipe siempre dará mucho i[\u* hacer: los mulatos enseñados 
ya á hacer concordias y tratados con los blancos, no podrán asentirá la cons- 
titucion que sea contraria á la igualdad. No podemos ver con igual clari- 
ridad lo que de un dia á otro sucede por I*uerto Príncipe, porque estando 
su frontera dominada por los mulatos, no tienen los nuestros otras noti- 
cias que las de aquellos, que regularmente pintarán lai^ cosas como les con- 
vengan. 



12 de Enero do 1792. — El (Iral. al comandante del Xorte. — Los nuevos 
incendios, la desconfianza de los negros y las manos ocultáis darán lugar con 
la poca disposición de los blancos, á la última y pronta desolación y destruc- 
ción total de la C'olonia. Cada dia crecerán los excesos de robos y demás 
crímenes. En todo sé íiue Ü.8. vela y vive con precaución y por lo mismo 
me consuela su presencia en esa población para cualquier evento. 



18 de Enero. — El mismo al mismo.— Con la de U.S. del 12 del corriente 
he recibido los impresos ([ue en ella cita, y he visto con madura reflexión 
la maliciosa calumnia (jue esgrimen contra U.S. /os franceses en la Gaceta 
nV 47. Es sin duda uno de los mayores atrevimientos que pueden publi- 
carse: imprimir unas especies tau criminales y atroces contra un sujeto cu- 
ya conducta ha sido la mas humana y conforme al derecho de gente. Es ca- 
rácter de la nación y son protn-deres forzosos de la conducta vil que han 
observado desde el principio de su revolución, sin perdonar ni aun á las per- 
sonas mas sagradas, y por lo mismo de la clase de increíbles para la gen- 
te sensata. Procure U.S. comportarse con el honor y distinción que has- 
ta aipií y deseche toda incomodidad que le haga padecer la ingratitud de 
los que ha mirado con compasión para favorecerlos. 

Tomando los asuntos de U.S. con el interés que merecen sus circunstan- 
cias, graduaciones y servicios en los críticos, actuales momentos, tengo á 
bien manifestarle que para dar un público testimonio y acreditar á la Na- 
ción francíísa, su carácter, su humanidad y la circunspección de su conducta, 
conviene que reflexionando U. S. una representación cimentada con solidez, 
pureza y tínura la dirija al Comandante General Mr. Blancheland, impug- 
nando rodas y cada una de las clásulas que lo denigran en la Gaceta n*' 
47; quejándose de los actores que han dado margen á poner en opinión 
sus procederes y borrar de una vez todos los ol»sequio8 que á expensas 
de su comodidad, de su patrimonio y de sus desvelos ha facilitado á 
todos los sujetos de la Colonia que han pisado el suelo español. Híiga Vd. 
mérito al sileucio tan opuesto á la justicia que guarda Mr. Combier y cuan 
sensible y doloroso es que un sujeto de su distinción haya permitido correr 
la pluma y la prensa con una calumnia la mas denigrativa y la mas sensi- 
ble á un sujeto que ha procurado hacer ver su pureza legal, buen proceder 
y honor. Cualquiera (jue sea la respuesta del General me dará U. S. aviso 
con original ó copia para que en su virtud pueda yo hacer la competente re- 
clamación ai mismo General si fuere necesario y dar cuenta á la Corte, á 



TI APÉNDICE. 

fín de que nuestro silencio no pueda graduarse de anuencia, ni quede sin 
vindicta un agravio tau injusto. 



'25 de Panero. — La ninguna esperanza que ofrece esa Oilonia y el pro- 
greso que hacen los negros sobre las fuerzas de los blancos y la general anar- 
quía que se observa, me hacen vivir con los mayores cuidados sobre las po- 
8esÍ9ne8 del Rey, sobre U. S. y todos los vasallos. Gomo precaución y para 
evitar riesgos he dado orden en este dia al Coronel de Cantabria para que 
me diga los bagages que necesita una compañía de granaderos, otra de fusi- 
leros y disponer se pongan en camino á la ciudad de Santiago á recibir órde- 
nes. Igual número de tropa hago disponer para que pHsen á Hincha á dispo- 
sición del coronel D. Joaquin Cabrera para que cubra aquella frontera^ si fue- 
re necesario. Por la de U.S. del Vi del corriente quedo instruido de los hechos 
criminosos que siguen cometiendo los insurgentes desde la toma de Juana 
Méndez, matando, robando y dando fuego á las habitaciones, haciendas y 
cuanto encuentran, sin exceptuar otra cosa (lue la casa de los negros que se 
mantienen en ellas. Está bieu la disposición de U.S. de la salida de los fran- 
ceses de todas clases que se hallaban ahí en virtud de aviso de Mr. Tousard. 
Por la vigilancia de ü. S. y el conocimiento que han tomado 1í»s oficiales que 
están bajo sus órdenes y por la necesidad que ve el soldado de estar alerta y 
pronto al primer toque de caja, podemos confiar en no ser sorprendidos, y 
en tal caso rechazará esos infames y feroces hombres. Para que U. S. salga 
de unapavte de sus desvelos en cuanto á los negros que se refugian en nues- 
tro territorio del)e U. S. tomar la providencia de embarcarlos á Bayajá apro- 
vechando las ocasiones oportunas que se presenten ó pidiendo al Coman- 
dante embarcación que los traslade, para que de este modo puedan ser (xtiles 
á sus amos y nosotros vivir sin esa gente que apesar de su conducta deben 
siempre ser mirados con recelos. 



3 de Febrero.— El mismo al mismo. — Me he enterado de su oficio de 23 
de Enero en que me instruye de la correspondencia que ha abierto con U. S. 
el coronel de las Brigán tes. He visto la narración desús cartas y entiendo que 
sus expresiones son de manos y cabeza que oculUndo su nombre hacen brillar 
la elegancia de ese negro. Las respuestas de U. S. están en su lugar y me 
parece que siempre que continúe con otras, será mas conforme, que U. S. le 
manifieste que se dirija á mí como General y en quien concurre toda la au- 
toridad. Concibo que romper tales correspondencias nos liberta de alguna 
calumnia que puedan articular los blancos contra U. S. ó contra el Gobierno, 
pero al paso que soy de este modo de pensar veo también que no habiendo 
dado los negros motivos de queja, ni de sospecha inmeiliata con nosotros, 
es necesario contemporizar con ellos sin servirles á fin de no ser nosotros los 
que nos proporcit)nemos un rompimiento ni con unos ni con otros ni com- 
prometer las armas del Rey. La política de U. S., la suavidad, la reflexión, 
son los nortes que lo han de conducir en medio de los infinitos escollos en que 
toca cada momento. Los blancos forman hoy toda su defensa con su pluuia y 
con su ])ren8a y los negros con el fuego y con el hierro; ni aquellos «leben 
perturbar el buen orden de nuestras operaciones, ni estos movernos á otra 
cosa que á un alerta y pnívencion sin causar molestias ni vejámenes por 
ningún caso, si no nos presenta motivos justos en que debamos hacernos 
respetar, y á las armas y terreno español. Se la continua fatiga en que se 
hallará el espíritu de U. S. para combinar unas nuiterias tan distintas 
entre sí, pero la sinceridad de sus acciones, lo justo de su prudencia y la 



APÉNDICE. Vil 

moderación de sub refiex iones serán las que abrirán camino para obrar con 
acierto. 



31 de Marzo — He visto los Monitores de los dias 20, 21 y 22 de Enero 
y por ello quedo impuesto de la honra con que han caminado los franceses 
refugiados en la población. Creo íirmeniente que el justo proceder dé U. S. 
será público en la Colonia y que no habrá hombre sensato que lo dude ni un 
momento. 

La insurrección ha llegado >a al último extremo; nada podrá adelan- 
tarse con las tropas que llegan todos los dias; estas deberán dor mayores cui- 
dados y los Brigautes serán dueños de la Colonia. Mucha gente son tres- 
cientos mil hombres sin contar los de la Sierra, si esta muchedumbre se 
reúne pondrá fin á cuanto viviente hay en la Colonia y 4 cuantos edificios y 
posesiones quedan. U. S. ha tocado la delicadeza de los franceses: sabe 
el orgullo y arrogancia de los negros y comprende bien la política que se de- 
be usar para no dar pábulo á la ligereza de aquellos, ni eausa para irritar 
á estos auuíiue bárbaros, inhumanos y Brigantes respetan nuestros terre- 
nos y miran bien nuestras perdonas. Los sucesos son raros, las ocasiones 
en que nos ponen unos y otros son muchas para entender si caminamos en 
favor de uno ú otro partido: pero la conducta circunspecta, la inacción en 
tomar partido por unos ni por otros y la humanidad con todos desengañarán 
á los que la malicia induce á criticar y calumniar nuestras mas sentadas y 
justas disposiciones. Cuidado con recargar á nuestras gentes la abstinencia 
de tratar, comprar ni vender, ni aprovecharse de animales, muebles, etc, de 
tanto como perderán los habitantes con el saqueo, porque con que sepan 
una cosa les atribuirán mil y darán mucho quehacer con reclamaciones y 
quejas. Cabrera está advertido de todo, y considero que ü. S. le habrá avi- 
sado también de la última sospecha 6 averiguación que hacer sobre las in- 
mediaciones del Doudon. Reservada. 

Se aprueba en la Corte en todas sus partes nuestra conducta, y se en- 
carga el cordón que ya tenemos puesto desde el principio, la conducta hu- 
mana y de hospitalidad con los perseguidos y que no se mezclen nuestras 
tropas ni paisanos con los contagiados para que no se les pegue. 

Supieron en nuestra Corte el principio de los incendios por carta de la 
Habana y por las que de la Jamaica fueron llevadas á Londres, y ya están 
vertidas en una de nuestras Gacetas, pero todavía no habian llegado las 
muestras porque de aquí se escribió en Setiembre. 



3 de Febrero.— Me he enterado del número de tropas llegadas al Guarico 
y que están por llegar conforme á la nota de letra francesa que rae incluyó. 
También he visto la carta de Bauiiery su modo de querer penetrar laó in- 
tenciones. No me parece qué esta carta es de Brigante de color. En cuan- 
to á lo que manifiesta U. S. en su oficio del 21 le contesto que exhorte á 
los negros Brigantes con la mas vehemente eficacia y toda prudenica á que 
se pongan en sosiego, prestando la obediencia á su Rey, sus leyes y subor- 
dinación á sus amos. Que si procedieren arreglados á estos principios sa- 
nos y conformes á nuestra religión, se interpondrán los mas vivos ofícios 
con el Gobierno francés, á fin <le que sean mirados con la mayor benignidad* 
y se olvide todo lo pasado. Que U. S. se promete que meditarán estos 
principios, y teniéndolos presente mirarán por sí, para evitar su total per- 
dición y guardarán á nuestro territorio y persona todo el respeto que se de- 
be para no obligarnos á usar del rigor del poder, escarmentando á cuan- 
tos violasen el respeto de las posesiones españolas, haciéndose indignos de 



Vlfl APÉNDICE. 

la huraanidiid y afectos constantes con que se ha mirado y distinguido á to- 
dos los individuos de la parto francesa. Por ahora suspenderá U. S. el ex- 
plicar los puntos referidos con tanta claridad y resolución, mientras no^pa 
ó comprenda con sólidos fundamentos que los negros están resueltos á pa- 
sar á nuestra dominación para huir (le la de sus amos y acosados del terror 
de ]as4irmas irancesas; y en este caso lo hará prontamente á.fin de que se 
pueda ci^nseguir el que se allanen al cumplimiento de sus obligaciones y 
excusar su entrada sabiendo los términos ó determinación en que se halla 
nuestro Gobierno. Considere U. S. la perfecta neutralidad sin adhesión á 
uno ni otro partido, para ver si por este medio se consigue el libertarnos de 
todo empeño y de exponernos á sacrificios. U. 8. se sujetará al estricto 
cumplimiento de los tratados, y procurará saber de qué máximas está po- 
seida la tropa francesa, cuáles sean sus verdaderas intenciones, y por último 
excusará cuanto sea posible toda efusión de sangre, pero sin permitir que- 
ñilten al honor y respeto que se del)eá nuestras armas y al sagrario de nues- 
tro territorio. 



1? de Marzo.— Con la de IJ. 8. del 24 de Febrero líltimo he recibido la 
carta que le dirigió el Comisario Civil Mr. lioume, y enterado de su conte- 
nido prevengo á Ü*. 8. que si por su c<mducto quisiere dirigir sus oficios á 
esta Capitanía General desde luego se franquee á plisarlos con viveza y 
prontitud: si el Comisario se presentare á la sesión que desea con U. 8. no 
dudo sabrá U. 8. con su prudencia, talento y conocimientos del carácter 
de esta nación, salir con honor de todos sus ataques, valiéndose U. 8. con 
el poderoso motivo de carecer de facultades para variar sobre las órdenes de 
esta Capitanía General. Que IT. 8. ama la nación francesa, y cumplirá con 
la mas pura escrupulosidad todos los puntos contenidos en los tratados, 
como instruido á fondo de ellos. 8i quisiere saber si U. 8. ha pasado á 
mis manos sus cartas no hay inconvenientes en que U. 8. diga que sí; 
pero como esa carta particular no espera contestación, U. 8. obrará con 
el pulso que me insinúa y al mismo tiempo verá si con sagacidad pue- 
de conseguir del Comisario civil algunas noticias que nos conduzcan á 
tomar mayores conocimientos y nos produzcan aciertos. 



22 de Marzo.— Quedo enterado de la resolución que U. 8. tomó con 
el expreso que recibió del General Brigante Juan Francisco con la carta 
que me acompaña, contestándole de palabra que para nada tenia que hablar 
cx)n IT. 8. y remitiéndole con solo una cubierta el Monitor en que está la 
Proclamación del General con el perdón del Key. Espero que Ú. 8. tome 
segaras noticias del paradero de Juan Francisco, si es cierta su fuga, ó si 
otras premeditaciones lo han hecho ocultar para alguna nueva empresa ó 
disposición de juntar mayor número de Brigán tes. Mal presagio es para 
la suerte decisiva de la Colonia la indisposición de la Asamblea colonial 
con los Comisarios civiles: á estos sujetos los he considerado yo como los 
mas imparciales para poder componer alguna cosa. Los mulatos y los ne- 
gros por mzou natural han de confiarse y poner mas fé en ellos que en la 
Asamblea. 



- Me he enterado de lo que escribe Pons con respecto al 
arribo al Gilarico de buques y tropas y el prometimiento délas que ya se 
hallan en el mar. Es necesario asegurarse si es con sinceridad que pide 
eonsejo Beaulier y si s^ jomete con «¡.nimo dispuesto á tomar el partido 



APÉNDICE. 1% 

déla paz que le conviene. U. S. está instruido j posee el pulso y pru- 
^ncia que exige el caso para que no nos burle esa consulta: procure U. 8. 
antes de creerlos probar en que grado desean los negros sus consejos. A- 
segurado U. 8., escríbale al General Blancheland que conocerá la im- 
portancia del servicio que les podremos hacer y no será menos importan- 
te que la comisión de los Comisarios civiles nacionales. Mientras mas tro- 
pas vengan á Bayajá tanto mas tranquilos podremos estar con respet^to 
al espíritu colonial do los blancos y así seguirá U. 8. hasta saber de qué 
lado está la veleta para saber por dónde sopla el viento. Avíseme U. 8. 
qué número de tropas se arriman á la raya. Mucha harmonía con quien 
mande y fuerte prohibición sobre comunicación de soldados. 



31 de Marzo — He visto la carta que dirige á U. 8. el Coronel de los 
Brigantes Beaulier, y desde luego se colige que su corazón se halla inquieto 
y perturbado su espíritu de las iniquidades y delitos cometidos y que su 
desgraciado modo de pensar hasta hoy lo conduce á un trastorno universal. 
Me ha parecido que la contestación de U. 8. es la nuis propia y la mas con- 
forme para indagar el fondo de sus intenciones y penetrar las medidas que 
tengan tomadas. Quedo impuesto del suceso que ha tenido el ataque de 
Yaquesillo y de lo bien que se portó el General criollo Fajó, como también 
de halier perdido la vida el coronel Juan 8imon. Este suceso y la llegada 
de tropas es indispensable pongan en aflicción á todos los Brigantes y mas 
á los cabezas que como motores son dignos de mayores castigos. Está bien 
cuanto se ha dispuesto acerca de los negros que se refugian en esa frontera 
procurando siempre limpiar nuestros terrenos de una gente que debemos 
mirar con la mayor precaución para evitar su peligroso contagio. 

Apruebo igualmente el reconocimiento y destrucción que U. S. ha man- 
dado hacer de todos los ranchos de la parte de Capotillo}* la traslación de 
sus moradores á su domicilio, persiguiendo con rigor á todos los que falten 
alas órdenes establecidas en este punto y al que hallare castigarlo severa- 
mente para hacerles ver las obligaciones de subditos, vasallos y obedientes. 



If) de Abril. — He recibido las dos cartas de U.S. del dos del corriente coa 
los Monitores del 20 al 30 queme remite para que vea la proximidad en que 
estuvo el Guarí co de un rompimiento de guerra civil: que los Comisarios 
civiles tratíin de su regreso; y por último nu^ dice ü. 8. que el caos y con- 
fusión no deja lugar á la esperanza del retorno del orden, aunque llegan las 
tropas. Esto no nos puede sorprender á los que estamos observando des- 
de el principio del trastorno los sucesos de cosas instables, que han ocurri- 
do entre esos infelices gobernados por el capricho de sus alterados cerebros. 
Somos los espectadores ma$) compasivos por lo mismo que podemos valorar 
la diferencia de su estado. Algún quebranto nos vendrá con su decaden- 
cia, pero alguna tranquilidad se ganará en recompensa. 



16 de Mayo — Según hemos visto la Asamblea se halla muy lejos de 
acertar con las reglas del Gobierno que ha menester en tan tembles circuns- 
t-ancitis. Las tropas vengan en el uúukto (|ue vinieren no harán cosa al- 
guna. Están sus espíritus minados con la libertad, la insubordinación ha 
tomado raices, y la disciplina ha variado al mismo audar de la revolución. 
Con estos principios meta U. 8. toda la tropa que quiera. El interés de la 
Uolooia no e9 interés de bvs troptis que vengan, ¿i l^an 4e obrar por purq 



* APÉNDICE. 

niBinlRto ya Ir,.|no8 il/cJio eáino mtá M oimAimcia 

Kíwihi í«s (ios (-«i-fíis <í(t iÍMufiVr V LStiín íiueass ím respuesiM Ksu, 
pnrará (iji iiHíU, |»u«t por iiim qu»; »<■ »iii'l'/'''9"*''i ™Í«(ím«it«i, ,,«, ¡l¿. 
Iiil notiiinuK JH fó. La íl«sí»nlÍHiiJUi reiiin, í* AsBiiiblía ettá en iiitónn 
hBStttver Ih ppiiK- de («tor en bus tflíícres ,v IiO(farea rtüpuestM lasumiM 
y «atoa no lo luirán luieiitras no veitu Ihg lej(« reliitivM & un esuul» 

Pai-ecp, sdgnn eritíertilo, ijiio los IiIbiiüos, iduIhIos j negros tienen em 
ppfio en seguir linHta ln <leiiutacioii y destrucción tot-al i» la ^:ull>nia■. «ni ü 
porHiiaden U íuhci;Íu]i de los iirinieros y la ari-o<riincii( yiiv|;iillo iWloa bp. 
t^uniloa .V terccroa. Contesto iil <Teneml Bianulii'lanil coucediemloi Mi- 
randa la litenciii ¡):ira provisión de luíi». 

La noiiiüa que citinuniea Mr. Liifussé solire «I escmloile iMMrti- 
doa del Guamo u.ida tr.m ilti favur.iltle á laí e^ptíranz^.s <!ii (|ub ilKbüvva ru- 
pi tsar la Colonia, poro lejus de esto, ni principio se ha dmlo ál» coWitn- 
cioQ colonial. Mny francos lian estado los 8res. déla .Vniimblea de am 
W )>ar(tcet<sto á sns (iiiceciis j* malos r.itos que n^shan hecho pg^r. bellos 
lian de ser sienipro íViuimisus en sus vagas iileas y procedur incoQgvcii^nle. 
CoD los Brillantes, euu los blancos y con todo francés, observe U. íí, circnntt. 
peccioQ sin agriar Ion úiiínios de imlividuos ni de <'neri>os. Al fin no Kabe- 
niüs qué partido será contrario nuestro. La Corte nos pi'eacribe neiiim- 
lidad, auiiiiue á reniflon si^j^uidu me dice auxilie coa lo *\w. pueda al par- 
tido del (lobiuriio c^iiiidu hb vea pcrsef;''''''!- Li expresión os líe.Dérica, 
Puede tomarse por parEi'lo del Uoliierno el pnniíln que mande púr poikr 
mas. Entre malhechores y malhechores if;noraaii)s quiénes lo sunn mas 
consumados 6 sacrilegos; nuos ataiiaii vajalliH, pero otros han atacado y 
oprimen al li:>y. L> sitguro ej la neiitratiJ>iil. Auxilios no tencmus que 
darydeeata suerte no nos comprometemos. 

El asunto p.^reoeque está pi'itñ.nln seg<i'.i vü^sejy pip^iius pilblicoi. 



31 de Agosto.— La de U. S, del ;i del corriento van instruye del nuevo 
inceudio (lur.iiieu easati en frente de Bayajá, liácia la Sierra, cuyo accidentu 
persuade qnu los insur^^ente^ no están «u ánimo de sobreseer en sus liostili- 
dadea apesar de ladeularauion de ij^ualdail. Yo crnia que estos revolucio- 
narios entrañan en convenio con el írobierno pura terminarlas inquietudes 
7 delitos de la (^>lonia. U. ij. louiaU'lo con acierto 1h4 noticias segarAS (1(^1 
modo con que mirau los negros eiclavos la prorlamauion de igualdad Uu )o3 
libres me instruirá de lo que alcance piira dar cuenta á M.idríd. He loiilo 
la contestaciim ile B;aulier y veu ijiie (J. S. sabs soitem-r nuestro decoro sia 
comprometerse con esa gente atroz, exígienilo de ellos cuanto convieno con 
lionor y sajcacidad. 



— Don Andrés de Hereilia, Brigadier de los Reales 
Ejércitos, Teniente Rey de lii Plaza de Santo Domingo y Comandante <3-p- 
nera! de la Frontera del Xorte, &. No pudiéndose tolerar por mas tiempo 
en esta jurisdicción el excesivo número de franceses que desdóla sorprt^sM 
de Juana >rende;c, y aun mucho antes se nifugiaron á esta parte español», 
donde fueron admitidos con toda hiimuni dad; pero bubiendo cesado Ine^o 
el peligro de sus vidas, se han mautenidii aquf causando infinitas iuconiD- 
di da des & estos naturales, y faltando á la obligación de unirse A sus coin- 
patriotHS, para la defensa común de sus posesiones. Por tanto doy comi- 
sión á Jqb^ Mi^tinez para que recorra el partido del Norte ^' sus batos de 



APÉNDICE, XI 

la Pozuela, Macabon, Carnero, SanU Cruz, el Pocito, Escalante, Saba- 
na larga, y Jáciiba y notilique á todos los franceses refugiados de cual- 
quier estado y condición que sean, que dentro de tercero dia comparezcan 
en esta población, y unidos se pongan inmediatamente en marcha para la 
Colonia, advirtiéndoles que al que se resistiere ú ocultare, se le apremiará 
por rigor. Los vecinos españoUís en cuya casa hubieren estado, no los per- 
mitirán en ellas, ni construyan ranchos en juirages ocultos bajo la pena de 
que se procederá contra ellos sin admitirles disculpa. 



31 de Agosto. — Participo á IT. S. la mas extraña novedad que pudie- 
ra ocurrir en esta Frontera, y es que la noche del 27 dos ^'orsarios guarda- 
costas fi'anceses han cometido el horril>le insulto de entraren Estero Balsa, 
y apresar y llevar al Guarico, dos cmlmrcaciones nuestras (jue se hallaban 
allí fondeadas por ser el puerto nuestro ujas inmediato á esta Frontera, la 
una es un barquito de Monte Chiisti, su capitán Agustín Gómez que con 
licencia de vacíos, llegó á diligencias propias; y la otra es la goleta nom- 
brada Santa Kosa, su capitán Pedro Montano (jue de ese puerto vino á 
esta cargada de víveres para sul)sistencia de las tropas de mi mando, los que 
aun no habían acabado de descargar, y en consecuencia formé la informa- 
ción justiticativa que acompaño, por lo que U. S. se informará de este 
atentado. Me pareció preciso reclamar estas presas al Barón de Cambefort 
que se halla mandándola parte del Norte de la ('olonia, en ausencia del 
General de ella y lo hice en los términos que U. S. verá por la copia que 
le incluvo. Este atentado lo debemos mirar como tácita declaración de í^ue- 
rra: la respuesta de Cambefort nos instruirá de las intenciones con que se 
hallan; luego que la reciba se la pasaré á U, S. sin perder un instante de 
tiempo y las demás noticias que fueren conducentes, las que añadiré á la 
información para lo que me quedo con testimonio. Nuestras costas, sin 
alguna guerra naval siempre estaban expuestas á semejantes insultos ó pi- 
raterías de una nación que vulnera impunemente lo mas sagrado. Por lo 
que pudiere suceder me ])arcce debemos ponernos en estado de obrar ofen- 
sivamente y para esto juzgo muy importante aumentar nuestra ('aballería 
que es la mayor ventaja que tenemos sobre los Franceses, y la disposición 
local déla parte del Norte de la Colonia toda llana nos favorece; esto podrá 
conseguirse si U. S. haya |)or conveniente mandar que en todos los pueblos 
se monten los Lanceros de á pié que tengan caballo apto para la guerra,' pues 
con un cuerpo respetable de ('aballería no habrá quien detenga nuestras 
armas. Espero las órdenes de U. S. &. 



31 de Agosto. — La de IJ. S. del 25 del que acaba, me instruye de ha- 
ber llegado á esa población el Mariscal de CampoMr.de Lavaliére, con el 
pretexto de satisfacerlos deseos y amistad (|ue profesa á U. S. para por este 
medio ver si la solicitud del Barón de Cambefort, Comandante en el Gua- 
rico, produce los efectos queme animaron á practicar esta visita. lie visto 
el oficio de Mr. Cambefort é instruido de su solicitud para que en caso de 
que las tropas francesas ataquen á los Brigautes cerca de nuestras fnmteras 
se les permita perseguirlos sobre el territorio español, digo á V. S. que se- 
mejante concesión ó tolerancia seria maniHeí?ta violación del sagrado res- 
peto que se debe á los que entraren al asilo de nuestra dominación, que 
no pende de mi arbitrio ampliarlo ó restringirlo contra el derecho de gentes, 
contra la huuianidad y contra el especial afecto con que siempre ha mirado 
el Gobierno español á toilos los habitantes de esa Colonia, y yo lo he com- 



\ 



XI i APÉNDICE. 




foíIoH esos Jinllitaij te« á í, 11 lefios lior sismini y cordial inen te estiiuan el Key, 
yuestro «eñor, suH/td Ciol)ieriio v sus aimiíiüs vasallos; de estos pnnci|)io8 
ge convencerá v\ i^r. Bhvow d»? cáinlie/brt de la ftlisoluta imposibilidad i)aia 
poder franquear Ja faiultjid que \uuki, y ««^«o retíexionando este c-al)allero 
(•on s» gran talento, comprenderá que podiau ser mayores los males que las 
orili<lft<l<'s que resultasen de semejante tolerancia. Yo no dudo que la pru- 
(]í*ucia de U. S, deje de significaruie estos sólidos fundamentos. & &. 



31 de Agosto. — Celebro la llegada de Cnsasola y que antes de haber 
podido hacerse cargo de esa corta población tuviera el gusto de ver la posi- 
ción señalada para obrar si las circunstancias lo pidieren 

La (Bolonia seguirá en su general trastorno, |)orque todos caminan sin 
principio de razón y justicia y parece que la reli^rion la miran sin el verda- 
dero amor y fé que corresponde, y faltando esto todo falta, y todo es un caos 
de confusión. 

Contesto á ü. S. con separación al punto de Cambefort para que á su 
consecuencia pueda U. S. hacerlo con uuis satisfacción. 

Ue recibido dos cartas de U. S. del 25 del corriente acompañadas de 
las de Juan Francisco y Toussaint con referencia al acaecimiento que tu- 
vieron el dia anterior en que se abalearon por intestina disencion. La de 
Toussaint, se ha comprendido bien, la de Juan Francisco es necesario adivi- 
nar la intención de (|uien no sabe escribir; incluyo copia tal cual se ha po- 
dido sacar. Estoy enterado de la presencia d(i Mr. de Lavaliere, d«»la pron- 
titud de esas tropas para ponerse en formación, y del arresto que se ha he- 
cho de siete hombres entre mulatos y negros, todos de la paite francesa. 
— La copia incluida dice: En nombre de Dios y del Key —Juana Méndez 20 
de Agosto de 1702. — Sr: Esta se dirige para haceros saber el suceso de es- 
ta guerra civil que ha ocurrido ayer entre mí, y la gente de color de Juana 
Méndez: ellos han hecho un complot con Biassou que está acampado en la 
Grande Riviérepara poder destruirme y que pueda comandar en jefe en 
toda la dependftncia y también pillar y asolar la corona de España como lo 
tiene ya hecdio del cantón de la Grande Kiviére: todo lo contrario debe U. S. 
ver mi modo d(^ obrar hacia vuestra persona: si he procurado ]»ouer desor- 
den entre mi pueblo y el vuestro, anteayer en la noche yo estaba para pa- 
sar, para ir ala Grande Riviére, yo quise entrar en mi fuerte, estos señores 
meló han negado, y á mas me han tirado un cañonazo con metralla: ellos 
se habían traido todas mis muuiciones v mis cañones: cuando he visto esto 
me he retirado ayer después de mediodía y he venido para entrar eu el 
pueblo y él ha caido sobre mi y mí tropa.— Entonces yo y mi compañía nos 
hemos puesto en batalla visto que yo empeñaba combate con ellos. He te- 
nido quince soldados muertos y he tomado el fuerte y tantos como habia 
han sido muertos: yo os suplico de no sufrirlos en alguna parte de España. 
Hay Juan Bautista Marte y toda la familia: yo siempre me he llevado por 
nuestro Dios y el Rey y derramaré hasta la última gota de mi sangre por 
ini pueblo, igualmente por mi patria y la de España: nuestra disputa era 
la preocupación ([ue estos Señores tenian de hacer una sorpresa ai pueblo 
de DajalK)n para saquear y asolar toda la España: yo quisiera mas que hu- 
(>Íe8en visto ii|i e^trbe;^ á mis pies que ver igual picardía, dicieqdo que elloQ 



■i. 



APÉNDICE. Xlli 

quieren tener nn puerto de estar, y yo no queriendo consentir á esto bao 
querido obrar por rigor, y uie he servido de mi autoridad al frente de unaí 
geutes sin razón. — Yo concluyo deseando una buena salud y os suplico de 
responderme en francés lo que le parece de esto y también si U. S. ve gen- 
tea de color eu nuestro lado, de las que se han salvado, envíemelos. — Ten- 
go el honor de ser perfect^t mente Señor vuestro muy humilde y oliediente 
servidor Juan Francisco, Vice-Almirante. Benjamín, Ayudante de Cam- 
po, General Larroche, secretario general. 

De las cartas de Juan Francisco y de Toussaint se conoce ya la discor- 
dia entre los dos y emulación con Biassou:y también que los dos primeros 
son ó aparentan mejor índole: sea en esto como quiera no es de fiar para 
nosotros ninguno de ellos, y es natural que los blancos trabajen con eficacia 
á inspirarles tal discordia entre sí, que se destruyan unos á otros, y que el 
nms tímido de su tin procure congraciarse aparentándonos su inclinación y 
moderación. &. 



1? de Setiembre. — Con fecha de 25 de Junio de este corriente afio me 
comunica el Kxciuo. Sr. Marqués de Bajantar lo siguiente: En la carta 
reservada de 21 de Marzo último N? 50, da cuenta U. S. del estado en que 
se halla la insurrección de la Colonia Francesa inmediata á nuestras pose- 
siones: incluye varios documentos que calilican el ánimo de los franceses con- 
tra el Gobernador español y dirige los oficios del General y Comisarios civi- 
les de la Asamblea (/Olonial en que nuevamente solicitan de nosotros un 
auxilio de armas, dinero y subsistencia. 8. M. ha visto las contestaciones 
que U. 8. ha dado á estivs demandas y celebra el honesto modo con que 
ha sabido negarse U. 8. á ellas, cohonestándolo con la falta de provisiones 
de armas, dinero y demás que solicitan y no haber tenido contestación de 
nuestro Soberano á quien ha consultado sobre el particular, procurando por 
este medio tan suave y discreto no comprometer nut-stro gobierno con el 
de la Francia. Los medios de (]ue el Comandante de ]>ajabon Don Andrés 
de lieredia ha rechazado también las instancias de los Brigantes que pedian 
auxilio contra los blancos, han merecido de la misma suerte la Keal apro- 
bación. — En carta reservada de 3 de Setiembre incluyo un oficio reservado 
de la Corte que dice: Habiendo dado cuenta al Bey así de la carta reser- 
vada de U. 8. de 25 de Marzo último, número 43 en la que incluyendo el 
oficio que le ha pasado el Brigadier Don Andrés de Heredia, Comandante 
de las tropas de Dajabon con otros documentos; consulta cómo deberá com- 
portarse si los negros Brigantes de la Colonia ft*ancesa inmediata que están 
levantados llegan á la frontera; cómo de las que el Begente de esa Keal 
Audiencia ha escrito sobre el mismo particular con fecha de 26 y 20 de Fe- 
brero y 25 de Marzo anteriores, se ha servido 8. M. en vista de todo y con 
preferente dictamen del Supremo Consejo de en todo resolver; que no sien- 
do posible prescribir desde aquí reglas fijas que no estén expuestas á ser inú- 
tiles, ó acaso nocivas con la distancia, obre U. 8. con acuerdo del expresa- 
do Begente según su prudente arbitrio con presencia de las cosas y sus di- 
versos aspei*.tos, que mudándose á cada paso variando consiguiente las de- 
liberaciones á cuyo fin deberá U. 8. tener presente la harmonía é imparcia- 
lidad con que hasta ahora crimina nuestro Gobierno con el Francés. Los 
artículos del tratado de límites de esta isla convenido entre ambas coronas 
en 3 de Junio de 1777: los comprendidos en la Convención con la Corte de 
Francia, fecha en San Ildefonso á 23 de Setiembre de 17()5 sobre restitución 
recíproca de desertores y delincuentes que se pasan de un Beino á otro (^^e 
cuyos documentos acompaño á U. 8. copia rubricada de mi mano) y final- 
mente los derechos de hospitalidad compatibles con nuestra tranquilidad, 



^iV ap:éndick. 

que es la que debe mirarse como principal objeto, y que no se exponga á 
perturbarlo la compasiva ailuiision du unos hümbres que acostumbrados 
ya al manejo de lasaruuis y ti la insubordinación propaguen entre nosotros 
las perversas ideas que les animan, y acaso con el tiempo ocasionen en 
nuestro tc^nitorio los mismos estragos que ban ejecutado en el suyo. Para 
lo cual deberá siempre tenerle gran cuidado en desarmar á los que se refu- 
gien á nuestro asilo, manteniéndolos con seguridad y vigilancia basta ver 
los reclamos que se bagan por (d (jolnerno íraucés sobre este punto, deque 
comunicará U. 8. fi'ecuentenuínte las noticias que ocurran parala instruc- 
ción de 8. M. y precaver todo resentimiento de parte del Gobierno fran- 
cés. El liey ba reconocido por las citadas cartas de ü. 8. y del litigente de 
esta Real Audiencia el celo v eficacia con que propenden unidos al acierto 
en tan críticas circunstancias, y no dudo que continuarán con igual cons- 
tancia en adelante. Igualmente ba celebrado 8. M. <d desempeño que ma- 
niliesta del citado Comandante de Dajabon, Heredia. ültimament<í que- 
da muy tranquilo el ánimo de 8. M. al ver la constante lealtad con que esos 
sus amados vasallos se ofrecen á la defensa de su 8ol)erauo y de su patria. 



10 de Setiembre. — La de U. 8. del .*{ me instruye sobre los sucesos de 
los Brigán tes mulatos y negros y veo que cada momento tiene mas poder 
la discordia y se mira mas lejos la reconciliación, la paz, y el buen orden. 
Apruebo el pensamiento de IJ. 8. de que por partidas se recorra la frontera, 
batos y montes, para arrestar á los mulatos y negros que pisen nuestro te- 
rritorio. Quedo impuesto de no baberse justificado la noticia de baber cla- 
vado cañones que se suponía por Boliu. 8e esmeran los soldados de Can- 
tabria en castigar su nuildito proceder: era digno de todo rigor ese bribón 
granadero que liacc de Comandante de Artillería entre los Irrigantes: mire 
U. 8. sobre su entrega á ver si tenemos el gusto de que se nos entregue para 
hacerle sentir lo que merece. Me be admirado de ver las dos de Mr. Cam- 
iHífort á U. 8. del 28. Estando allí el General desde el 25; en efecto parece 
que su viaje del Sur adelantó poco ó nada la tranquilidad y si no llegan y 
obran pronto las muchas tropas que esperan, será todo incendio, y podrán 
lucir en él sus innumerables papeladas. Nada sabemos por otras Colonias 
ni nuestro correo dice cosa que aclare, porque las Gacetas que traen algu- 
na relación militar están puestas con sumo cuidado y moderación para no 
dar que sentir. Las adjuntas y muy reservadas instrucciones, darán á U. 
S. sobre la satisfacción personal á que se ha hecho acreedor de justicia, una 
idea del concepto en que están las cosas, y en que nos tiene la superioridad, 
que cuasi dá carta blanca para obrar según las circunstancias y aprobado 
todo lo hecho hasta aquí. Nada me dice Ü. 8. de la proposición que Mr. 
Lavalliére bizo á ese padre Vas(|uez: infiero que ni uno ni otro lo han co- 
municado á U, 8. como lo han bechoal 8r. Arzobispo y este á mí, por lo 
que le pongo la adjunta y su Sha. llima. le dirá también que en semejan- 
tes asuntos se entienda con U. 8. y conmigo, sin comprometer su carácter 
ni persona en materia de E.stado y de la mayor consecuencia. Parece que se 
le proponía el ser depositario de cartas de libertad, pasaportes y dinero, pa- 
ra que fuesen saliendo los jefes de Brigantes por sus manos y por la con- 
fianza ó deferencia que le tienen, pero ¿.cómoí Adonde y por dónde? ^Qué 
no puedan hacerlo por sí mismos sin nuestra concurrencia tan arriesgada! 
Es punto crítico y que si volvieren á él es preciso detenerse y consultarlo 
acá. 



10 de Setiembre. — La carta de U. 8. de 18 del que sigue me instruye 



•> 



APÉNDICE. XV 

de haber descubierto su eficaz diligencia al famoso Bolín y que al abrigo de 
Bernardo Duran se halla oculto con sus hermanos y otros dos mulatos en 
las cercanías del Puerto llamado l'ersia. Está bien <iue U. 8. no hnya 
procedido á capturar por ahora á unos ni otros ni en justicia: estará U.S. 
muy alerta tlelas operaciones y conducta de aquel caudillo, y no siendo con- 
forme, procurará U. »á. dar sus nnis precisas disposiciones para hacer que 
esa familia de criminales se traslade á la Colonia por el camino que mas let 
acomode á su seguridad y evitar de este modo por nosotros el derrauja- 
miento de sangre á que sus delitos les hace acreedores. He visto la cart4 
del mismo y queda en mi pod<^r para lo que pueda ocurrir. 

Mandé entregar á Lavigiére sus pliegos. Me parece muy bien que 
llegado el caso de que las nuevas tropas ocupen á Juana Méndez, trate U. S. 
ver á su comandante ó Jefe para que ni sus soldados ni los nuestros ocupen 
el Rio. ü. S.. como siem))re caminará con circunspección y con pruden- 
cia para ocurrir á todos los casos que puedan sobrevenir con esos nuevos 
patriotas: no faltará qué hacer, pero U. 8. sabrá combinar sus pruden- 
cias para que continuemos bajo de nuestra tranquilidad. El Geneml Blan- 
cheland ha sido tan desgraciado á su conclusión como lo fué en los primeros 
instantes de liacerse cargo del Gobieruo francés. Es digno de la mayor 
consideración y de tenerle lástima á un oficial que según yo entiendo ha 
cumplido con acierto. Tengo el mayor gusto en la noticia que U. S. 
me dá deque los enfermos de esa población se disminuyen al paso que 
en San Kaíael crece el número, sinembargo de ser mas saludable aquel 
campamento. Quedo impuesto de haber llegado al Guaricx) una fi'agata 
francesa con la noticia de estar pronto á llegar el covoy con seis mil hom- 
bres de tropa. La noticia de buques' de Cruz se me comunicó por Santiago 
á virtud de aviso de Puerto de Plata. 



30 de Setiembre. — Es el tiempo crítico y el que ha de decidir la suerte 
de la Colonia: si el nuevo Comandante General con los Comisarios Civiles 
y sus seis mil hombres proceden con cordura y no atropellan sus primeras 
medidas, desde luego podrán conseguir acierto y sus armas hacerse respetar; 
si los patriotas continúan con la insubordinación volverá la aflicción, el cri- 
men y la desolación á tener lugar. No creo que Koubray cometa el atentado 
de pasar á nuestros terrenos con sus tropas á perseguir los negros: esta soli- 
citud, les está denegada con reiteración, U S. procederá en su caso como lo 
tengo dicho de oficio. Por la carta de U. S. de 24 del corriente quedo im- 
puesto de haber llegado al Guarico el nuevo General, Comisarios civiles y 
seis mil hombres de tropa, los cuatro mil patriotas y los dos mil de línea. Que- 
dan en mi poder los impresos que U. S. acompaña. Los negros se hallarán 
hoy ron la desconfianza de su suerte y recelarán de un ataque que les haga 
sentir la dureza de su corazón; esto si las providencias y disposiciones se cam- 
bian con acierto, nervio y subordinación de los que han de acometer. Los 
sucesos pasados dan margen para discurrir de todos modos: veremos cómo 
se disponen las primeras operaciones. Ü. S. como tan inmediato y con to- 
dos los oportunos conocimientos de la Colonia, sabrá con su prudencia y vi- 
gilancia evitar en lo posible un atentado de lioubray ú otro indiscreto Jefe 
francés; y si la prudencia y moderación no produjeren los efectos que se 
desean, se hará U. S. respetar, y que sean respetados los dominios del Rey 
con sus armas, procurando como corresponde el honor de nuestro Augusto 
Monarca. Está bien la comunicación de ü. S. á Cabrera para que viva 
prevenido. U. S. dará todas las providencias y pondrá sobre las anuas los 
dragones y demás milicias y urbanos que las circunstancias y la necesidad 



XVI APÉNDICE. 

pidan para proceder en su caso con el rigor y acierto que espero del celo 
de U. 8. dándome pronto aviso, para las providencias que se necesitan. 



30 de Octubre.— Las noticias que han dado Mr, Ponsy las que ü. S. 
me dirige son manifestativas del áltimo golpe de la Colonia j que la guerra 
civil toma cuerpo para precipitarse y llegar al preciso término déla ruina 
y desolación de esa parte frunces i. Si las calenturas de U. S. no han ter- 
minado, y pasa como le digo en otra de hoy, á población capaz de conseguir 
restablecimiento, espero que U. S. instruya muy por menor al Coronel J3ou 
Gaspar de Cásasela, de todos los puntos de ese mando, de mis órdenes^ ins- 
trucciones y del preciso manejo del todo para el mejor servicio del Hay, 
A Don Francisco Pepin hará U. »S. todas las prevenciones oportunas, para 
que estando en las ininediaciones del Coronel Cásasela le preste las luces 
que su residencia en esa parte le han facilitado. 



El Capitán General al Brigadier Don Gaspar de Cásasela, Coronel del 
Regimiento de Cantabria, sucesor del Sr. J)on Andrés de Ueredia.— La gra- 
ve enfermedad del Brigadier Don Andrés de Heredia habrá puesto en manos 
de U. 8. las riendas del Gobierno de esa frontera y tomado á su cargó el 
mando de la tropa en las críticas circunstancias del mismo. 

En CJ. S. por ausencia, enferinadad ó muerte confié y ahora le encar- 
go de nuevo todo e'. mando que estaba bajo la dirección del Brigadier Here- 
dia. Este oficial habrá instruido muy por menor á U. S. de todos los pun- 
tos pendientes de su desempeño y confiado todas mis órdenes reservadas 
para la intimación y acierto en el mejor servicio del Rey. Si IJ. S. estu- 
viere ya encargado de esa frontera, empezará su celo por tomar conocimien- 
to c^paz de la mayor instrucción de la orden que le pasé á Heredia con fecha 
de 27 de febrero de este año y las Kcuiles disposiciones que con carta reser- 
vada dirigí el 3 de Setiembre. Al cargo de U. S. corren las fronteras, si 
el Brigadier Heredia ha muerto ó salido de ellas. El conocimiento que 
U. S. habrá tomado de los terrenos, de la actividad de sus tropas, de los pues- 
tos avanzados y los blancos, y demás consideraciones para cualquier evento, 
con su pericia, me facilitarán la satisfacción del mejor desempeño y á mí la 
del acierto en haber elegido á U. S. 



4 de Noviembre. — Quedo impuesto por la carta de U. S. de 30 de Oc- 
tubre último del fallecimiento del Brigadier Don Andrés de Heredia, Co- 
mandante general de esa frontera, y ya se hallan todos esos puntos bajo la 
dirección y presidencia de U. S. La vigilancia, el celo, la discreción, 
en las disposiciones con la subordinación de las tropas, son puntos en 
que U. S. trabajará para prevenir los accidentes de los que vacilan so- 
bre nuestra conducta. Todos los partidos de la Colonia son y deben ser 
para U. S. cuando no sospechosos de ninguna seguridad, y de prevención 
en todas sus tentativas políticas, ó con disfraz de conveniencia. De todo ha- 
go á (J. S. instruido por Heredia, quien ademas de la pericia militar que 
le distinguía, tenia un conocimiento grande de las ideas de unos y otros. 
En todo espero avisos prontos y circunstanciados. He dado providencias 
para pedir las milicias y urbanos de Santiago, Vega y Cotny en 

cualquier caso urgente, y ya las tengo reiteradas á los Comandantes, para 
el puntual cumplimiento de las que se expidan desde esa Comandancia. 



y 



r 



i3srx>iaE. 



^ 



Pajina 1. 



CAPITULO I.— P]l descubrimiento y población del continente americano 
y no impiden el desarrollo del comercio y la agricultura en Santo Domin- 

go. — Fallecimiento del Emperador Carlos V y del Padre Bartolomé de 
las Casas. — Muerte de Gonzalo Fernandez de Oviedo en Santo Domin- 
go donde deja descendencia. — Calamidades que retardan el progreso de 
la Española. — Los terremotos destruyen varias ciudades cuyos poblado- 
res se trasladaron á otros lugares. — La enfermedad de las viruelas dis- 
minuye la población india y parte de la africana. — La escuadra del Al- 
mirante inglés Sir Francis Drake asalta la ciudad de Santo J)omingo. 
— Su rescate. — Comercio de las ciudades de la costa del Norte con los 
holandeses y portugueses. — Destrucción de ciudades y castigo que se 
^ impone á sus ¿abitantes mandándolos internar. — Temblor de tierra en 

la ciudad de Santo Domingo y noticias de las familias que concurrieron 
á su repoblación. 

Página 19. 

CAPITULO II. — (xoces pacíficos de los habitantes de la isla en los prime- 
ros aftos del siglo X VIL— Sistema y orden económico de los hatos. — 
Su manejo, educación del ganado, cria de animales caballares, burros y 
cabras que los componen. — Varios individuos de diferentes naciones, 
particularmente franceses son desalojados de la isla de San Cristóbal. — 
Rechazados de aquel punto se establecen en Port-Margot, costa Norte 
de la isla Española y en la isla de la Tortuga fronteriza á aquel puerto. 
— Lo verifican bajo las órd(!ues de un inglés nombrado Willis. — Nom- 
bramiento de Monsieur Levasseur por el Capitán General de las Anti- 
llas francesas Mr. de Poinci.—Kesistencia de los españoles. — Sucede en 
^ K'\ mando Mr. de Fontenoy. — Ataque de la Tortuga por los españoles y 

cscairamuzas en los seis años siguientes. — Invasión de la plaza de Puerto 

Itico. — Vuelven á apoderarse los filibusteros de la isla de la Tortuga 

^ bajo el mando de .Mr. de Rosey. — Es nombrado últimamente por la 

coutpañía de las Indias Occidentales Monsieur d'Ogeron.— Quiénes 
eran los filibusteros y bucaneros y población de la parte Española en 
aquellos di as. 

Página 35. 

CAPITULO III. — Expedición al mando de Mr. Deüsle contra Santiago 
de los Caballeros. — Su rescate y retirada de los franceses.— M. d'Ogeron 
pasa á París y regresa á la isla con nuevas instrucciones, entre ellas 
la conclusión del trato y comercio con los holandeses. — Comienzan his 
hostilidades y se alista la expedición para la toma de Curazao.— Naufra- 
gio de M. d'Ogeron en la costa de Puerto Rico y su atrevida resolu- 
ción para regresar á Samaná. — Restituido á su empleo forma una ex- 



índice. 

, pedición para salvar los prisioneros de Puerto Rico, se dispone á defen- 
der á Leogane amenazado por el Presidente de Santo Domingo, y pre- 
tende conquistar la Capital. — I^repara dos expediciones para colonizar á 
Samaná v Tiburón. — 8e establecííu los filibusteros v bucaneros eu la 
primera, y aumentan su población con mujeres europeas. — Vuelve d' 
Ogeron á Francia donde fallece y le sucede M. de Poinci. — Sucédele 
M. de Oussy y principian á regularizar loa franceses la población en la 
parte usurpada de la isla de Santo Domingo. 

Página 46. 

CAPITULO IV.— Ordena la corte de Francia la toma de la isla. — Progre- 
sos de la íigricultura. — Insurrección de M. Clievalier. — Ataque de San- 
tiago de los Caballtiros. — Saquí*o de la ciudad y retirada de los france- 
ses. —Propone M. de ('ussy la Unxni de toda la isla. — Venganza de los 
españoles en la batalla de Sabana Ueal de Lhnonade. — Se retiran los 
franceses al (3ul-de-Sac y se emprende otra expedición ¿i Cuaba — Su- 
cede en el mando Mr. Dumas y corrige los desórdenes. — Dcívueive Mr. 
Decassc los prisioneros españoles al Cobierno de la Habana. — Terre- 
moto de Jamaica y sa<|ueo de los íilibusteros. — Los ingbises y españoles 
de acuerdo invaden v destruyen el Cuarico, v sitian á ]*ort Paix.— Te- 
mores de Mr. I>e<*.asse.— Nombramiento del caballero d- Angiers; presas 
íiue liizo su escuadra en el mar de las Antillas y su regres<^) á Francia. 
— Gobierno de Mr. (lallifeté, incursiones de los franceses en el territo- 
rio español. 

Página 57. 

CAPITULO V. — Advenimiento al trono del Señor Don Felipe V. de Bor- 
bon y sus consecuencias. — Estado de Santo Domingo á principios del 
siglo XV^IIÍ, y progreso dií la colonia francesa.— Disputas y altercados 
entre españoles y franceses sobre sus establecimientos. — Se descubre el 
lU'oyecto de Mr. (31iaritte y es expulsado de Santo Domingo.— Luchas 
en los límites reconocidos entonces. — Se establecen rondáis mensuales en 
dichos lí.nites. — Se nomlu'an comandantes eu las fionteras, y los Capi- 
tíines Generales, para comprobar (pie <mi sus mandos no se habia perdido 
terreno, firman actas de la entrega y recibo <lc las fronteras, de (|ue es 
nniestra la dirigida por el Señor Presidente Marqués de la (rándara 
Keal al Presidente Gobernador y Capitán (rcneral interino J)on José 
Sumillers y Basteres. — Nuevos arreglos y reclamaciones sobre límites, 
sobre animales vacunos y caballares, y sol)re restitución de criminales y 
negros fugitivos. 

Página 70. 

C A PITILLO V^í. — Tratado definitivo de los límites que dividían á las co- 
lonias española y francesa en Santo Domingo, dándose térniino á las 
contiendas suscitadas <iesde el establecinnento de los franceses en la isla. 

Página 79. 

CAPITULO VIL — Noticias del estado en que se encontraba la parte espa- 
ñola en Santo Domingo antes de la revolución de nnl setecientos ochen- 
ta y nueve. — División territorial, población, agricultura y ganadería.— 



^ 



índice. 

Fundación de los primeros ingenios de azúcar. — Itinerario de las tres 
zonas en que estaba dividida la parte española. 

Página 104. 

OAPITÜLO VIII. — Descripción geográfica, política, civil y militar de la 
colonia francesa antes de la revolución.— -Su prosperidad, comercio, agri- 
cultura y división territorial. 

Página 125. 

CAPlTtTLO IX. — Revolución francesa. — Conmoción y trastornos debidos 
al nuevo orden de cosas establecido en Francia, al proclamarse la repú- 
blica. — Autorización á los colonos para que formasen juntas parroquia- 
les.— Quejas de los mulatos porque se les negaba la igualdad política. — 
Asamblea general en Puerto Príncipe. — Desenfreno de las pasiones.— 
Los mulatos Ogé y Chavaune insurreccionan á los de su raza. — Son des- 
baratados por los republicanos. — Se refugian en la parte española, cuyo 
gobernador los entrega; y son condenados á muerte y ejecutados. — Su- 
cesos relativos al Coronel Mauduit. — Kestitucion forzosa de una bande- 
ra quitítda á la Guardia nacional, y muerte desastrosa del coronel. — O- 
rígen y principios de la revolución de los negros. — Providencias precau- 
torias del Capitán Ceneral de la parte española, que establece un cordón 
de tropas en las frontera mandadas por un jefe entendido. 

Página 140. 

CAPITULO X.— Los negros sublevados de la colonia francesa, que ya for- 
maban un ejército se someten al gobierno de la parte española. — Arribo 
de los Comisarios Santonax, Ailland y Polverel. — Expedición inglesa. 
Biografía del General Toussaint L' Ouverture. — Se rompen las hostili- 
dades entre las dos colonias española y francesa. — Kendicion de Bayajá, 
y proyecto de conquista de la parte francesa de la isla. 

Página 15Í). 

CAPITULO XI. — Continúan los sucesos de la revolución de la parte fran- 
cesa de Santo Domingo. — Los franceses culpan á los españoles de favo- 
recer á los negros. — Llegada á la colonia de los Comisarios Rounie, Mi 
rebeck y Saiut-L^*ger. — Su conducta. — Temores que inspiran. — Exas- 
peración de los diversos partidos y lucha consiguiente. — Sigue fortale- 
ciéndose (il partido de los negros. — Jeau Franv(>is depone á Jíiassou y 
se titula "'Almirante".— Adhesión de este partido al rey de Francia. — 
Reveses que sufrieron y ventajas que alcanzaron. — Partido de los mu- 
latos.— Su fuerza. — (.Conducta (|ue ol>s(?rvaba en los diversos departa- 
mentos. — Crímenes que cometió. — Llegada de los Comisarios Polverel, 
Santonax y Ailland y de un nuevo Gobernador. — Los vuelve á Francia. 
— Conducta impolítica de {los C/omisarios. — Preponderancia de la gen- 
te de color. —Desgracias que esto trae. —Doctrinas exageradas de los 
Comisarios.— Insurrección de Mr. Galvand contra ellos.— Combate en 
la las calles del Guarico. — Incendio del Cabo por orden de los Comisa- 
rios v matanza de blancos. — Los Comisarios abandonan la colonia des- 
pues de recojer los despojos del Guarico. • 



índice. 

Página 1G8. 

CAPITULO XIII.— Llegada del Comisario del Directorio, General Hé- 
douville. — Misión del General Age, y sus resultados. — Estado de la 
parte española. — Es invadida por el General Toussaint que da á la isla 
una Constitución.— Situación de la colonia cuando se presentaron la es- 
cuadra y el ejército francés bajo el mando del General Leclerc. — Nego- 
ciaciones hasta la total sumisión de la isla. — Se resiste Toussaint & todo 
acomodamiento, y se separa de sus dos hijos que en clase de rehenes vi- 
nieron en la expedición. — Se le declara traidor y fuera de la ley, y prin- 
cipian las hostilidades. 

Pá-gina 181. 

CAPITULO XIV. — Posiciones del ejército francés y del de los negros al 
abrírsela campaña. — Batalla librada por Toussaint. — Evacúa Dessali- 
nes la Crete-á-Pierrot. — Encuentros de Plaisance y tle la llanura del 
Norte. — Proclama del General Leclerc. — Ríndeuse Cristóbal, Dessali- 
nes y Paul Louverture, y por último el mi«mo Toussaint se ve obliga- 
do á retirarse á su hacienda.— Prisión y embarque de Toussaint. — Es 
conducido á Francia y confinado en el castillo de Joux en el Besan^/On. 
— Se restablece el gobierno colonial. — Rebelión y alzamiento de Dessa- 
lines, y sucesivii mente de todos los caudillos negros. — Muerte del.Ge- 
neaal Leclerc. — Sucédele el General Rochambeau que evacúa la isla. — 
Proclama de los negros. — Situación del departamento de Samaná. 

Página IM. 

CAPITULO XV. — Terror de los habitantes de la parte española al ver el 
fin de la expedición francesa.— Ferrand, que gobernaba en el Cibao, se 
retira á la Capit^al para poder resistir mejor á Dessalincs y á sus hor- 
das. — Impone ést^ una contribución de guerra de un millón de pesos 
al departamento del Norte— El Consejo Municipal de Santiago pide 
prórroga al feroz caudillo negro, quien intima el cumplimiento de sus 
óvdenes. — Envía una guarnición de negros a Santiago, al mando del 
niulato dominicano Tabares. — Tornan los de Santiago á enviar otra 
comisión á Dessalines, sin result4ido como la primera vez. — Resuél- 
vense los habitantes 4 trasladarse á la Capital de Santo Domingo pa- 
ra ponerse al amparo de sus fortalezas. — Envía Ferrand á su edecán 
Dervaux á Santiago, quien bate y derrota á los negros que la guar- 
necían.— Evacúa Dervaux la ciudad, v trasládanse definitivamente 
los habitantes á Santo Doming<; y otros lugares y de la Capital se 
embarcan para las colonias vecinas. — Los que quedan, se disponen á 
resistir y así lo participan a Ferrantl. — Vuelve éste á enviarles al 
edecán .Dervaux. — Por traición del Obispo Moviell, los santiagueros 
se indignan y atacan en las tinieblas a Dervaux. — Autoriza Ferrand- 
á los de Santiago á darse un gefe, y recae la elección en el pardo 
Serapio Reynoso de Orbp. — Pide paso Cristóbal para atacar la Ca- 
pital, y le responden los santiagueros levantando trincheras para opo- 
nérsele. — Combate desgraciado y degüello de Santiago. — Sitio de la 
Capital. — Forzados á levantarlo los negros, incendian de paso á San- 
tiago y degüellan é los habitantes de Moca. — Dessalines da una 
Constitución á la parte francesa llamada Haití por los negros y se 
proclama Emperador. — Rasgos biografieos de este monstruo. 



INBTOB. 

Página 214. 

CAPITULO XVI. — Diversas formas políticas en que estaba dividida la 
parte antes francesa de la isla de S<iQto Domingo. — Organiza Fe- 
rrand la parte oriental ó española. ^-Continúan las emigraciones. — 
Declara España la guerra á la República Francesa, y se suscita la 
idea de la Reconquista. — Don Juan Sánchez Ramírez, su caudillo. — 
Sale Ferrand de la Capital: batalla de Palo-Hincado. — Sitio déla 
ciudad de Santo Domingo por los dominicanos. — Instrucciones de Don 
Toribio Montes, Gobernador de Puerto Rico.-— Célebre Junta de 
Bondillo, la cual, en representación del país, aunque en nombre de 
Femando VII, confiere el título de General en jefe á Don Juan 
Sánchez. — Crucero de los ingleses por delante de la plaza en ayu- 
da de los sitiadores. — Escaramuzas y recios combates entre franceses 
y dominicanos. — Miseria de la plaza y bombardeo de ella por los in- 
gleses.— Desembarco del Mayor General Sir Hugh Lyle Carmicliael 
en Palenque. — Reconoce las fortificaciones de la plaza. — Sus notas 
al caudillo de la Recouquistn. — Conciertan el asalto de la ciudad: 
notas del General inglés acerca de esto. — Barquier pide un armis- 
ticio y capitula el 9 de Julio de 18(M).— Entrada de las tropas in- 
glesas y dominicanas vi\ la Capital. — Barquier da un banquete á los 
jefes de ellas y se embarca para Francia. — Toma Don Juan Sánchez 
posesión del gobierno, y dá cuenta á la Suprema Junta Central de 
Sevilla. — Estipulaciones entre el Mayor General inglés y Don Juan 
Sánchez, por las cuales se concedían ciertas ventajas á los ingleses en 
agradecimiento de su cooperación durante el sitio. 

Página' 229. 

CAPITULO XVII.— El gobierno de Luis XVIII intenta sorprender á los 
gobernantes de la antigua parte francesa, llamada por Dessalines Uaití^ 
y envia el ministro Mr. Malouet tres comisionados para sondear sus á- 
nimos con el objeto de reincorporar el territorio. — Arresto é interrogato- 
rio de D. Agustín Franco de Medina, uno de ellos, y suerte que tuvie- 
ron los demás. — Segunda tentativa de reincorporación en 1816, y al 
efecto se dirigen á Haití los señores vizconde de Fontanges, teniente 
general, el consejere Esmangart, el capitán de navio Du Petit-Thouars 
y Mr. Lanjon, quienes entablan correspondencia con el Presidente Pé- 
tion y el Rey Cristóbal. — Nota del primero y relación circunstanciada 
del segundo sobre este particular. — Rc^suit'jido beneficioso de «stas nego- 
ciaciones malogradas. — Revisión de la Constitución del año ^ — Elec- 
ción de por vida del General Pétion, su muerte, y exaltación al poder 
del General Jean Pierre Boyer. — Sublevación en el Norte contra el rei 
Cristóbal y su calda : unidad del territorio de la antigua colonia france- 
sa bajo el régimen republicano.— Prisión del príncipe heredero, de la 
reina y una princesa y muerte del primero. — Riquezas de Cristóbal y 
proclama de Boyer á este respecto. — Sublevación del General Richard, 
ex-duque de la Marmelade, el cual es ejecutado con otros cabecillas. — 
Segunda proclama de Boyer. — Fin del tomo III y de la "Historia de 
Santo Domingo." 

Página 245. 

DIARIO de Don Juan Sánchez Ramírez sobre la reconquista* de la parte 
Española de la Isla de Santo Domingo, hecha de su puño y letra. 



1 



índice. 
Página 375. 

NOTICIAS (le lo que presenció el Dr. Morilla, escritas por él mismo. 

Pcígina 281. 

ANEXOS. — NOMINA (le GolMsrnadores españoles que han tenido mando en 
la Isla de Santo Domingo desde 1492, y de los Obispos y Arzobispos de 
la Arquidiócesis. 

Página 289. 

LISTA CRONOLÓGICA de los Administradores de la colonia francesa 
de. Santo Domingo, con designación de la época (ie su respectivo ejer- 
cicio. 

Página 299. 

ERRATAS y correcciones. 




j 



i 



ERRATAS Y CORRECCIONES. 



^ » 



pXos. líneas 



3 


34 


15 


120 


19 


14 


mdmJ 


45 


35 


15 


43 


21 


40 


14 


46 


\{j 


46 


35 


48 


21 


58 


48 


50 


46 


67 


11 


95 


3;: 



114 



47 



dick: 

8U S. M. 

Fray Fernando ile ()(M*a.y 

Ziuiiga. 
Invasión la plaza de 
Pnerto llieo 
y se les aseirnró (|ue des- 
de lue^ío 
M. de Poiíiri 
Francisco Segura Sando- 
val V Castilla 
Mr. Galliferé 
retiró sus órdenes el go- 
bierno francés 
hizo ver que ninguna em- 
presa 
y le proponía á la vez a- 

poderarse 
J Inquino Español 
Fernando Gostanzo y Ra- 
mírez 
fronteras, las cuales 
ascendía su población á 
5(M) habitantes 
La de Tiburón estaba di- 
vidida en cuatro ingenios 



120 


15 


las otras 


121 


33 


Poincv 


i25 


6 


Asamblea general en Pto. 

Príncipe 


131 


46 


Mr. Solisoniere 


146 


4 


Santonax 


152 


36 


le grangeó 


153 


i} 


su edecán Fontaijne 


l;jí> 


45 


era obligar á servir en el 

ejército 


157 


36 


Matías Arniona 


157 


48 


Mr. Xapp 


158 


21 


los hatos 


168 




Capítulo XIII. 



LÉASK: 
S. M. 

Fray Fernando de Vera y 

Záúiga. 
Toma de Jamaica * 

y se le aseguró que desde lue- 

Mr. de Pouancey * (V. Kotíi 2) 
Francisco Segura iSandoval y 

Castillo 
Mr. Gallifet 

dictó sus órdenes el gobierno 

francés • 
les hizo ver que ninguna em- 
presa 
y le pro|)onia á la vez, como 
más conveniente, apoderarse 
Jáquimo Español 
Fernando (^onstanzo y Kamí- 

rez 
fronteras, los cuales 
Ascendía su población á 5.000 

habitantes 
La de Tiburón estaba dividida 
en cuatro cantones que conte- 
nían cuatro ingenios 
los otros 
De Poincí * 

Asamblea general en San Mar- 
cos * 
Mr. Salisoni^re. 
Sonthonax * (Corríjase así 

siempre) 
le grangearon 

su edecán Fontayne * (Corrí- 
jase así siempre) 
era oldigarlo á servir en el 

ejército 
Matías de Armona ♦ 
Mr. Knapp * 
los Hatos 
Capítulo XII. 



PÁG8. LÍNEAS 



dice: 



léase: 



175 

175 
180 
181 
182 

182 

186 

205 

220 

223 



245 
247 



13 descMTibarcarán 



20 
10 



44 

16 

42 
23 

31 



4 

10 



en este 
momento 

U(l. es el jefe 

Almirante Ganteaume 

Capítulo XI Y. 

General Desforneaux 

El General Bondet 

como ]o8 extrangeros no 
podian (M)merciar con ellos 
El General Baudet 
(Véase en el tomo IV, 
Diario de D. J. Sánchez 

liamírez.) 
(que en su estado incom- 
pleto se publicará en el 
tonio IV de esta Historia) 
hecha de su puño y letra 
donde los llamase 



desembarcan en este momen- 
to • 
sois el jefe • 
Almirante Gantheaume 
Capítulo Xin. 

General Desfourneaux • (Co- 
rríjase así siempre) 
El General Boudet • (Corrí- 

jase así siempre) 
j como los extrangeros no po- 
dian comerciar con ellos 
El General Boudet • 
(Véase al final de este volu- 
men.) 

(que en su estado incompleto 
se publica al final de este vo- 
lumen.) 
hecho de su puño y letra, 
donde lo llamase 









APÉNDICE. 




1 


1* 


Blanclieland. 




Blanclielande. 


II 


12 


1(1. 




Id. 


II 


37 


1(1. 




Id. 


IV 


30 


Id. 




Id. 


V 


39 


Id. 




Id. 


V 


44 


Haga U(l. 




llaga U. S. 



Notas. 1*— El asterisco indicará que es correocicm que se hace ú la obra. 

2* — Hay una confusión respecto del nombre de dos golKírnadores de 
la parte francesa de la íhIu durante la invasión deb»fl bucaneros y fílihusteros. 
El primero se llamó el caballero De Poincl, que á nombre de la Orden de 
Malta^ mandaba en la isla de San Cristóbal, cuando el inglés Willis tiranizaba 
á aquellos en la Tortuga, [)riiner sitio en que organizaron un gobierno; y el 
segundo fué el sobrino de Mr. d' Ogeron, gobernador autorizado por la Com- 
pañía de las Indias Occidentales: vino á gobernar la colonia jmr muerte de 
su tío. Este se llamó Mr, de Ponancei/, La corníccion, pues, debe hacerse 
desde la página 3.5, línea 15, y para evitar repeticiones aquí se indican las 
dennis en que debe hacerse» igual corrección: 3G, lín. 2.5; 36, íín. 27: ííO, lin. ÍÍ2; 
.•J7, lin. 3«; 37, lin. ;i2; :í7, lin. :}7; 37, lin. 44- 3S, lin. 6*; 40, lin. 22; 41, Jin. 
2"; 42 lin. 4*; 43, lin. 24; 44, lin. 6«. 

3* — Da á entender el texto (piíg. 5) que el terremoto de La Vega fué 
por 1597, cuando éste ocurrió el 8 de noviembre de Í.5tí4. 

4*— La destrucción de las ciudades de Puerto de Plata, Monie Cristi, 
Bayajá y la Iguana ó Santa iMaría del Puerto, la lince aparecer el texto (pág. 
14) eii l()24, y la impolítica medida, que fué causa de la invasión de los buca- 
neros y por consiguiente, origen de la República de Haití^ tuvo lugar eu 1606. 
(V. Diario de P. Juan Sánchez.) 



^ 



5* — Después del que ocupa la línea 24 de la nómina de Grobernadores 
españoles, es que entra Don Beruardiuo de Menesesy Bracanionte, conde de 
Penal va, año de 1655. 

6* — A este debe seguir Don Félix de Zúfiiga, año de 1658. 

7*— Después del que ocupa la línea 27, no donde se halla, es que en- 
tra el Tenience General D. Francisco de Segura Sandoval y Castillo, año 
de 1680. 

8!— Desjiues del que ocupa la línea 41 es que entra el coronel D. José 
Suinillers y Batteres, año de 17óO. j 

9" — Los obispos de Santo Domingo no fueron más que García de Pa- 
dilla y Geraldino; los otros tres fueron de Santo Damingo y La Vega: en- 
miéndese así. 

10. — En Fray Luis de Figueroa se omitió ger&iiimo, que fué uno de 
los tres que gobernaron la colonia. 

II. — En D. Juan de Arzola, Fray : Arrióla le llama Del Monte y Te- 
jada, y es jirobable que así sea su apellido. 





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V. 



SANTO DOMINGO 



POR 



DON ANTONIO DEL MONTE Y TEJADA. 



PUBLICADA POR LA SOCIEDAD LITERARIA 



ii 



AMIGOS BEL FMS. 



(» 



TOMO CUARTO, 



SANTO DOMINGO. 
1890. 




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DE LA ISLA DE 



8AN"TO DOMINGO. 



^^<;sesS(iS&s^ 



1 



o 



HISTOEIA 



SANTO DOMINGO 



POR ^ 



DON ANTONIO DEL MONTE Y TEJADA. 



PUBLICADA POR LA SOCIEDAD LITERARIA 



AMimz mh MIS. 



TOMO CUARTO. 



SANTO DOMINGO. 



1892. 



HARVARD COLLEGE LlBRARf 

MAY 3 1917 

UTIN-AMERICAN 
PR0FES80RSHIP FUÑO. 



DOCUMENTOS 



DESPACHOS OFICIALES, PARTES MILITARES, PRO- 
CLAMAS, MANIFESTACIONES, CARTAS Y 
OTROS PAPELES CURIOSOS. 




DOCUMENTOS. 




AS^O de 1792. 



Santo Domingo 19 de Octre. 1792. 

Mi estimado Amigo: Con la de Vm. de 11 del corriente lie 
recibido los Papeles Públicos que me incluie manifestativos del 
estado en que se mira hoy la Francia, é igualmente el manifiesto 
del Principe de Brunsvik. 

Quedo impuesto de los desórdenes Tumultuarios que cada dia 
se nuniifiestan en él Guarico. El Pasquin fijado es una prueva del 
abandono y del atolondramiento de esos Franceses que caminando 
sin luz ílel entendimiento dan en todos los escollos de la iniquidad. 

Las Tropas Patrióticas liyos de concurrir al restablecimiento 
del orden y de la tranquilidiul serán los que avivaran el fuego de la 
Pira, y sus borracheras pondrán fin con la desolación de esa Co- 
lonia. 

Siento que Juan Franc? hubiese incomodado á Vm. y celebro 
que esas Tropas den Testimonios const^intes de su subordinación 
puntualidad y amor (\ las vanderas que siguen; y de mi parte se lo 
liará Vm. entender en ocasión oportuna. 

Ksta bien que Vm. haya guarnecido los puestos de las inme- 
diaciones del rio con la Oaballerin; quedando al arbitrio y pruden- 
te juicio de Vm. aumentar esta, ó la Infantería según las circuns- 
tancias lo exijan. 

Queda en mi poder la representas*^" y la daré curso por el co- 
rreo inniediato. El secreto sobre el asunto descuide Vm. pues to- 
dos los que hemos concurrido á ello tenemos la satisfacción de saber 
callar. 

líspero con ansia el correo de España para ver si nuestra Cor- 
te me previene algo con respecto al estado triste y misei'able en 
que hoy se mira Luis 1(5. 

Quedo impuesto de que Blanche Cande va caminando para 
Francia: Cambefort y Eouvrai á la Nueva Inglaterra y de haver lle- 
gado Tousard. 

Espero todos los avisos oportunos de los sucesos que vaian 
ocuiTlendo; y que el nuevo General obre también como ofrece en 



8 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

el recivo del nltinio Pliego. 

La falta de caudales nje hace dudar sobre dar orden á Cuba y 
Puerto Rico para que me remitan maior numero de |tropas. Ca- 
da Correo escrivo al Virrey de México haciéndole ver el crítico 
estílelo de la Colonia. Hoy es uno de los punti;8 que ocupan mis cui- 
dados y que me desvelan; pues sin caudales nada se i)uede hacer. 

Páselo Vm. bien y reciba afectos de la Presidt!* y Maiiqueta, 
mandando quanto quiera á su afectísimo Amigo, y segr? Serv***" Q. 
S. M. B. 

Joaquin García. 

S""^ Dn. Andrés de Heredia. 



AStO I>E 1793. 



St9 Dóm? 12 de En? de 93. 

Chnr"'^ Am9 Aprovecho la ocasión p? decir á V. m. (1) tengo que 
añadir A m\ anterior si no es (2) Vecinos á pesar de qe. se matan y 
se mueren {^) no están (piietos entre sí, ni abrtMi (4) del ahna, 
ni se conciertan p? sus ideas, y (5) recien venidos no han hecho 
más (|ue despacíiar en Francia A todo el qe. tenia límpleo visible 
sin (6). No han reducido sus Negros rebeldes, ni (7) atreben, ni 
unos ni otros se meten con nosotros respetando hasta ahora el lí- 
mite, y havientlo (8) sus Gacetas en insultarnos con mentiras y 
dicterios. Nos mantenemos con cí»rtesias y buenas razones, vigi- 
lancia y cuidado, ponie. \\k) hai motivo p? otra eosa, mientias en 
Europa no haya novedad que obligue á más. Ya no hablan <le 
ataque aunqe. siempre lo están dispon**** pero los Negros se burlan 
y están más tranquilos (pie los blancos. Se dice qt». el nuevo Geni, 
interino tiene ordn. p? passar á la Marte? á reducir los Blancos que 
llaman rebeldes porqe. conservan el Pabellón blanco y no quieren 
república. De allí han passado á las Islas vecinas todos los q(». 
siguen el nuevo Partido, y ya no caben en Su. Píustaquio ni Dome?; 
en Sn. Thomas no reciven ninguno; y todos echan plantas. Dicho 
Geni. Rochambeau es el mismo qe. vino en Septe. p? entregarse 

Parece decir que no tengo, [N. de la S.] 

Parece decir que nuestros. [N. de la S.] 

(N. .de la S.) 

(N. «le la S.) 

(N. de la S.) 

Parece decir sin compasión. [N. de la S.J 

[N. de la S.] 

Parece decir empleado. [N. de la S.] 



(1) 


Roto el original. 


(2) 


Roto el original. 


(3) 


Roto el original. 


(4) 


Roto el original. 


(5) 


Roto el original. 


(«) 


Roto el original. 


(7) 


Roto el'original. 


(8) 


Roto el original. 



HISTORIA BE SANTO DOMINGO. 9 

del mamlo de la Marte? y fwe repelido assi como sn tropa, y los Co- 
inisarios Civiles. En el G^.? desconfiaron los Comisarios del Patrio- 
tismo ó Diabolismo de Mr. D' Esparbés qe. era el General qne venia 
p? esta Isla, y á los .30 dias le dieron dim (9) p? Francia con to- 
d() lo bneno qne liavia (10) y habilitaron á Kocliambean p? el mando 
(11) qe. va á dexar (según Carta suya puesta en un M (12) para 
ir a aquella Expedición por Ordn. del ('onsejo Execntivo, qe. és 
quien manda en lugar del Rey conforme á su Asamblea. De ma- 
nera que forzosamente cesan sus Operacions. en esta Isla, (li^) piu- 
la falta del (Jefe, como por la de (jue cuentnn qe, con una mortan- 
dad diaria de 20 á 25 de los Patriotas, y tropa de Linea recien ve- 
nida no hay más (jue muertos, ó enfermos: haver corrompido la 
tropa anterior, y expatriad*), 6 aburrido á los Vecinos, y Colonos 
con q"*"*- bavian de dirigir y hacer la Vendicion tan 'líteresante. Si- 
gue la desconfianza entre to<la>i la> classes, la anarchia, y confusión 
babilónica, y la ceguedad <le totlos los que no levantan sus ojos más 
allá de las Azoteas. El 2.") drl p issiulo llegaron á RP® ('hristi 500 
hondaes del fijo de P*** IJico. 

Páselo V. m. bien, y mande sin limiti» á su afm9 ex Coide, q(». 
le pide comunicaron de esta-; noticias al S"**" Vaillant, y se repite á 
los dos sin m" tpo (íarcia. 

Sor. Marques de Casa Calvo. 



St9 Dt)m9 15 de Enero de 93. 

Mi estimd? Amigo y S"^: Anoclie reciví Cartas de Pepin del 
5 y 7 por un Dragón (|e. ha venido á sus dilig^^ de matrimonio, y 
lleva esta; entré en cuidado por no ver letra de V. m. hasta (pie 
<'l Mayor me dixo ([e. la tient^. de Llano; y noticia de la salud de 
V. m. y de todos los Ofics.; de donde inferí qe. se reservava escrivir 
p? q*^** hubiesse acabado <le llegar la nueva (}uarnicion de J*t? Rico, 
y oy van también nds Contestación** de su llegada á M**' Ch" que 
el 8 (juedaron traspapeladas sobre la mesa. Aseguro á V. m. (|e. 
estoy quasí ciego p(»r tanto leer y fiíinar pl^ todas partes. Me con- 
suela que no se pierde el trabajo: qne en toda la frontera van cal- 
mando las enfermedads.: que hay vigilancia y exactitud en el Ser- 
vicio: y que cada uno pone de su i^nte los medios conducentes á 
la conserv"" de los Díuninios del Key, y á evitar todo desorden y 
contagio. 

Por acá no hay novd. particular; las de Europa son ay más 



( 9 ) lioto el original. Debe decir dimüion, [Nota de la 8.] 

(10) Roto el original. Parece decir traído. (N. de la S.] 

(11) Roto el original. [N. de la S.] 

(12) Roto el original. Probablemente es il/owi¿or. [N. déla S.] 
(14) Roto el original. [X. de la S.j 



10 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

frescas, y tanto por su variedad, como por qiianto los Vecinos las 
cuentan todas jí su favoi-, y con desconfianza acia nosotros, merecen 
que con la misma vivamos acia ellos, y qe. se les trate bien, pero 
con toda reserva y piecaucion. Queda de V. m. su spre. fino AmV 

García. 
S**'* Dn. Gaspar de Oasasola. 

P. 1>. 

Aunqe. se dice qe. Mr. de Rocliambeau est/i p? marchar {\ la 
Martinica, puede V. m. diri.i^irel adjunto Pliego {\l Guarico con la 
posible sei^uridad, pues lo abrirá el qe. le succeda, y hallará el que 
incluye Mr. de Vigerie p^ el mismo, y p? el Thesorero clamándoles 
por dinero (|e. necesita; y si estubiesse en essas inmediaciones V. 
m. verá cómo se le hace llegar. (Hai una rúbrica.) 



Sor. Dn. Gaspar de Oasasola. 

]\Iuy Sor. mió: Mis penosas calenturas, (pie por qnarta vez me 
han acouietido, han sido causa de mi demora en escribirle, hace 
quatro dias que me faltan y aprovecho esta intermisión para decir 
á ü. S. lo que por esta parte de frontera ocurre. 

líl 8 de este el Oomandante de la Marmelada salió con las tro- 
pas de su mamlo á atacar los canes de los Negros, que embarazan 
la comuniciUíion por el camino del Lembé, teniéndome avisado an- 
tes, que concluida esta «expedición, maicharia con todo el cordón 
del Oeste á apoderarse del I*neblo del Dondon; efectivamente logró 
tt)mar dos de dhos. canes los menos defendidos, pero acudiendo in- 
mediatamente fuerza de (1) se los volvieron á quitar con per (2) 
Ocho blancos, cuyas cabezas, y la (H) lato que se habia pasado 
á ellos, esta mala empresa lesfrió á los blancos, que volviéndose á 
la Marmelada han suspendido sus operaciones, no sé si ahora se 
animaran con el buen i^xito de las tropas de la Petitanza (4), que el 
18 abanzaron y se hicieron dueru)s del Cay mito, ó Tenerias, can el 
mas fortificado, que tienen los negros á que se agrega su ventajosa 
defensible situación, se ignora por que teniendo en el los negros 12 
cañones solo dieron fuego á uno, se retiraron, y íibandonaron el 
campo, los blancos se posesionaron de el, y aun abanzaron cerca de 
una legua mas á el can (pie llaman Loma de la Comba, lo tomaron 
igualmente, y en el se hallan estableíúdos: se dice que Juan Franc? 
con toda la neurada que (estaba con el, ha venido con el fin de re- 
cobrar lo perdido, pero hasta ahora no ha hecho movimiento, aun- 



(1) Roto el original. Debe decir de ellos. [N. de la S.] 

(2) Debe decir con pérdida de, [N. de la S.J 

(3) Debe decir de un mulato, [N. de la S.] 
{4) Es la Petit-Anse. [N. de la S.] 



*\ 



Historia de santo domingo. 11 

que corre que por oy devia atacnr. 

El Coinand*® de la Mainielada uie avisó ayer que por oy pen- 
saba marchar por la derecha del Cordón, que es nuestro Limite pa- 
ra irse aproxin^ando al Dondon no sé si estará de acuerdo con el 
que manda las tropas, que han logrado las referidas ventajas, peio 
dificulto se verifique su marcha sin dejar por suyos los canes del 
Limbé, que le quedaran á su retaguardia ellos operan con mucha 
lentitud, y comodidades, dando lugar con esto á que los negros se 
prevengan quando es seguro que si lo hiciesen con viveza, los aten* 
(5) y conseguirían muchas ventajas. 

Sé que la tropa de esa pa (<>) tomado dos canes á Juan Franc? 
en Oartier Moré después (|ue salió de el para venir á esta pai te, si 
los blancos consiguen fibanzandose tomar el Can de Dufay al pie de 
la cuesta del Dondon, y los de la Mermelada hacerse dueños de 
dho. Pueblo sera la retirada de los negros á la gran Vivera paraje 
montañoso, y del que empezaran á salir á nuestros terrenos, avisa- 
re á U. S. según bayan ocurriendo l<is casos. 

Ntro. Señor gue, a U. S. ms. as. Sn. Rafael Enero 24 de 1793. 

B. L. M. do U. S. 
su nuis atento Servr. 
tJoaqn. Cabrera. 



Sor. Dn. Gaspar de Oasasola. 

Muy Sor. nn'o: Participo a ÍT. S. como en el día 27 del corrien- 
te los franceses blancos de la ]Vi(*rinclada Cordón del Oeste, toma- 
ron el Pueblo del Dondon en (|ih* (piedan establecidos, y ann a- 
banzada p«arte de su tropa cu ei Pu(d)lo <le Sta. Rosa, & cuyas ven- 
tajas ha contribuido mucho la desunión de los Gefcs negros Juan 
Franc? y Biassou, este últiuio tomó el título de Virrey, creó un 
Oral, y dio á sus favoritos varias supeiiores graduaciones, de ([ue 
se resintió Juan Franca considerándose su superior, lo amenazó, y 
Biassou que le teme puso la mayor parte de su gente en el camino 
de St? Rosa, dejando el can de las Tenerlas, que es el mas fuerte 
que tenian quasi sin gentío, la tropa del Gnarico acampada en aque- 
llas inmediaciones tubo esta noticia, se valieron de la ocasión, aban- 
zaron a dcho. Campo, y lo tomaron, sin mas lesistencia que un tiro 
de canon, este y once mas que tenían en dho. campo los hallaron 
clavados, retiramlose los negros A el mas inmediato de la Comba, 
esto fue en el 18, en el lí) abanzaron y tomaron el dho. de la Com- 
ba y el 20 el de Dufay que es al pie de la cuesta del Dondon, el 21 
pasaron á St? Rosa, y de todos estos Puestos quedaron en dho. dia 



(5) Roto el original. Parece decir aterrarian. (N, de ia S.) 

(6) Roto el original. Parece {\to\r parte ha tomado, N. tle la S.) 



12 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

posesionnflos; el Comímdante del Cordón de la Mermelada natural- 
mente informado de estas ventajas se pnso en marcha con sa gen- 
te en quatro columnas, íjue marchando para el Dimdon fueron to- 
mando los canes que tenían los Negios circumbalando á la Merme- 
lada no hallaron mayor o|)(>8Ícion, y ultimamte. á, las 9 de la 
mañana entraron en el DoncJon, sin la menor oposición, que se re- 
tiraron á la gran líivera, tomando lo alto de las montañas, donde 
subsisten en mía cordillera que corre desde las inmediaciones de 
St? Rosa hasta la loma del Jatiel próximo á Bacin Oayman, no sé 
si continuaran su expedición (que seria lo acertado prontamente) ó 
se contentaran con lo ganado, de los Negros sé por mis espias que 
no han decaydo de aninu) que se han reiuiido una multitud inmen- 
sa <on ánimo de hacer un general ataque ti los blancos aunque se 
hallan faltos de n)uniciom\s, pero que en el mismo dia 27 marcho 
Juan Franca para esa parte del Norte con noticia qe. recibió de que 
le tenian prontas ocho cargas de pólvora aunque no se dice el pa- 
raje, yo he retirado todos los refuerzos con (pie havia guarnecido 
los Puestos de mi yzipiierda, respecto á qe. tvsta queda ya toíla por 
la parte de los blancos y voy inuíediatamente a reforzar los de i\n 
derecha (pui son los de la parte de los Níígros, aun tengo á estos 
muy inmediatos y hasta ahora ninguno ha intcMitado pasará nues- 
tros terrenos, pero si los blancos siguen batiéndolos, y ellos retirán- 
dose, lo irán haciendo ¡i St'/ Susana y mon tafias de los Etrivieres 
próximos á (íuaba arriba, y en este caso pueden darme que hacer 
isi (^.strechaílos se ben en la precisión de salir á guarecerse en luies- 
tros terrtMios que son nmy abiertos por aquella parte iré. avisando 
A U. S. según ocurran los hechos, y noticias (pu^ yo pueda adquiíir 
sirviéndose U. S. de avisarme si por el Carfcier Valier han entrado 
Tropas, y si estas han cousííguido algunas ventajas, como si su|)iere 
el Plan (pie tengan lu*cho, y ruta que deben traher, i)ues si CvSto se 
verifica cojidos por los Negros por derecha, é yzquierda, no dudo se 
vean en el último estrc»cho y por consiguiente tengan pronto fin 
nuestros afanes. 

La estac-ion ba a(pn mejorando aplacíandose la epid(ímia de ca- 
lenturas: yo al presente libre de ellas, y la (1) inui convalecida, el 
Oapn. Salazar abanza en su convalecencia, Dn. Alvaro Armifian 
salió de a(|uí el 27 del pasado con licencia del 8or. Prend'*' para de- 
tenerse en el Pueblo que le C(mveriga á su salud, y aun hasta lle- 
gar A la (Capital, si lo hallare preciso, lo aconn)afia su hijo para a- 
sistirle en su debilidad. 

Deseo que U. S. lo pase bien y que ntro. Señor gue. su vida 
UiS. as. Su. Rafl. y enero 28 de 1793. 

B. L. M. de U. S. 

su mas Atento Servr. 

Joaqn. Cabrera. 



[1] Roto el original. Parece decir gente, [N. de la S.] 



¿ÍStCtMA DE SAKTO DOMlkao. ÍÁ 

Con las carUs de ü. S. fechas el 15 del corriente recibí el es- 
tado de la fuerza efectiva que tiene en el dia esa parte del Cordón 
que ü. S. nuinda, y el que instruye la existencia de enfermos en el 
hospital qe. he leído con cuidado. 

Estoi enterado de la llegada de los quatro Piquetes de Puerto 
Rico á esa Poblasn. y su Alojamiento: Que ha retirado U. S. las 
Milicias quedando Solamente con la compañía de Dragones de ese 
disti'ito, y la de Urbanos montados del Cotuy. 

Está bien el permiso dado al otícial Abilitado de los Piquetes 
para venir á estar ceica de la Tesorería. 

Las noticias particulares relativas á la Colonia no descubren 
materia de nuevo cuidado pues la especie de la Guerra, ha días que 
corre en todas las Islas. 

Mantenga U. S. la vigilancia del Coidon con su acostumbrado 
celo, y tesón y no deje de darme parte quando no ocurra novedad 
al tin de cada semana para que yo tenga el deshago (1) de saber que 
no la hay. 

Dios guarde á U. S. ms. as. Santo Domingo 21 de Febrero 
de 1793. 

Joaquín García. 

Sor. du. Gaspar de Cassasola. 



Sor. Dn. Joaquín Cíibrera:=Muy Sor. mió: Oy de madrugada 
salió de la Athalaya para la Zurza Mr. de Fontanges y dejo escii- 
ta la adjunta que incluyo i)ara U. S. Aunque no he podido averi- 
guar con certeza el juicio que me hice de su llegada aquí tan de in- 
cogniti», tengo bastante fundamento para quedar en mi opinión, y 
aiui ahora añado, cpie pueile ser siga su ruta, hasta StV Dom?= 
Después de su partida á llegado á esta en solicitud de el, Mr. De- 
crociierel, siguiéndole en un todo y por todo, sin mas equipaje que 
un Portamantó, no obstante el de Mr. de Fontanges le llego ayer 
tarde, y no hallantlo ya dho. Crocherel, á <|uíen buscaba, Iih pasado 
á alcanzarle Inista lucha, pues me insinuó que tenia asumpto tan 
preciso que comunicarle que no podía haverle de mas consideración 
para uno y otro y que al mismo tiem|)o le trahía para nuestra Nación 
de otro mucho inteies pero que hera muy reservadísimo; prometí el 
oyrie con el sigilo que el me suplico sin embargo de los muchos acci- 
dentes que ocurrieron, tocando al punto de quasi impedirlo, (pie fue 
la llegada en aquel instante de Mr. de JSaint íSimon y de Mr. Duguiu 
con una carta de los Comisarios Nacionales Sontounax y Polve- 
reí para Mr de FiHitanges, todo hace relación id objeto que voy a 
participar A 17. S.=IIall;uido en íin la m(»jor coyuntura me mani- 
festó ("rocherel, que la noticia que corría de Guerra entre nuestra 
corona, y la república Francesa, ha ht»cho pensar á sus Patriotas 
en esta colonia comenzar ellos las hovstílídades, contra miestras 
Posesiones cuyo Plan se esta ya trabnjando. Los Comisarios, )ni- 

{!) Así el original. Es sin duda desahogo. (N. de la S.) 



14 HISTOUA DK SANTO DOMINGO. 

laudóse expelidos del Pt? del Principe, y de los Cayos de Sn. Luís 
donde aquellos Ciudadanos reconociendo las intelicidades que los lia 
acarreado su nueba constitución, se han entibiado en continuarla, 
y aun posterioruite. opuestose con todiis sus fuerzas á rechazarla, 
en el Guarico aunque no en general esta oposición tiene niuch«>s 
l)artidarios y solo en 8n. Marctís y el Artibonito han podido atraher 
a su dictamen la unitornudad de la gente de color, los han seducido, 
y trastornado de tal modo que no solo están juntando gente para ir 
sobre los del Pt9 del Príncipe, sino que tratan de venii* sobre noso- 
tros. Para esto ultimo <lice dho. Orocherel que se intenta disminuir 
las fuerzas del Curdon para (pie los negros buelban sin oposición á 
ocupar los terrenos en que antes estaban: y que ya tienen entre estos 
gente de su parte que trabaja á reducirlos á que rindan las armas 
á los franceses y que estos se las havili taran lUKSotros y a demás los 
darán la libertad, y liaran participantes del derecho de igualdad en 
quanto hajalugar.=Que liesta disposición se han opuesto los ha- 
vitantes diciendo (¡ue ellos no quieren luicer guerra á ninguna Po- 
tencia que al contrario, ellos desearan que la española los quiera 
admitir bajo su protección, cuyas leyes se obligan a seguir, y pro- 
meten servir bajo su Pavellon, y que en caso de que la España no 
quiera, ó no pueda admitirlos, intentaran lo mismo a cerca de la 
Inglaterra, pero que mas apetecen depender de la pr¡mera.= Sobre 
este asumpto que todo se trata con secreto bíijo la misma clausula, 
se están alí'irmando, para acabar de destruyr á los del partido con- 
trario que aunque el mas corto, es el que abraza la gente mas sen- 
sata y que toda tiene (pie perder, y por primer resultado ha sido 
ya victima Mr. Ducoigni, havitante del Artibonito.=Ultimamente 
tienen proyectado hacer su primera entrada por la parte del Arti- 
bonito, y entre tanto que el Ccudon haya logrado el fruto de su tra- 
bajo entrar con los negros por nuestros terrenos por toda la parte 
del Norte.=Me insinuó también, que Mr. de Fontanges tenia un 
grande partido, que si se le acordase el mando de el, serian muy 
felices las opera(?ioncs, por conocer, como conoce este sugeto el ca- 
rácter de cada qual de sus partidarios, como el de los mas de los 
Franceses. Que el manifestante es del número que persiguen los 
Comisarios y mulatos, es havitante muy rico de Oanay ves y Cava- 
llero de la extinguida cruz de Sn. LuivS, y aliado de Fontanges. — 
A esta relación como es materia de las mas arduas que merece la 
mas alta atención, le coiitexte, que mejor fuera el que se la repitie- 
se el mismo A U. S como Comandante ^n üefe de este cantón a 
que me respondió (jue en la dilación de unirse a Mr. de Fontanges 
havia gran detrimento, a que se agregaba que los dos referidos 
Saint Simón y Duguin ya estaban recelosos de el, como es cierto y 
que se exponía a un mayor quebranto. Por fin me rogí") encareci- 
damente le creyera, y se procediera á tomar las mas oportunas m(^ 
didas de seguridad, pues de un instante íi otro venamos indispen- 
sablemente el golpe encima que no hablava mas (pie la pura ver* 
dad, llevado solo del interés de nuestra felicidad que quizas esta se- 
ra también la suya, y de lo contrario que le será demasiado doloro- 



HIStOEIA D£ SAKTO DOMINGO. 15 

SO ver que una Nación tan Insolente, como está la suya, logre a 
costa de la nuestra muy leal el triunfo que no merece. A la una 
y media se fue á alcanzar a Mr. de Fontaní^es, mientras yo quedé 
obsequiando en mi mesa a Mr. de Saint Simón y Uuguin.=Klstos 
caballeros me hicieron varias preguntas ¿i cerca del asumpto á que 
venia Orocherel, yo les dije (|ue venia por ver ;i su amigo De Pon- 
tanges, pero siempre se mantubieron sumamente sospechosos de el, 
quien lo conoció bastante. Segan algunas expresiones que se de- 
jaron soltar venían de Sn. Marcos de instruir á los Comisarios de 
la situación de los negros, la salida que hicieron contra ellos, por el 
Limite, y sus resultas y cíe que tienen comunicación con nosotros 
sobre que manifestaron bastante descontianza por miestra parte; 
con las mejores razones que pude [)rocure desimpresionailos de es- 
te concepto, pero me dijeron (jue luego (pie ellos lh»gaseu al Don- 
don pasará Mr. <le Nully á hablar con U. S. donde le manifestara 
quienes, y como tienen trato con los negros. También me dijo 
Crocherel que fuera muy útil el atraher los negros libres Artiboni- 
cences á nuestro partido si se pudiera, paia cuya descubierta, por 
no perder tiempo en el dia he comisionado al Thene. de esta Comp? 
de Urbanos paia que pase al Artibonito y en virtud de la amistad 
que tiene con el negro Jamboys Gefe en afpiella Parroquia le son- 
dee, y averigüe cautelosamente qual sera su mo<lo de pensar en ca- 
so (le que llegue el de Guerra con nosotros. — Santana es un Innubie 
de los mas capaces que hay en esta, y asi espero evacué este en- 
cargo á .satisfacción, a demás de (lue tiene mucho conocimiento en 
todo ese parage, y no le sera muy dificultoso saver si dho. Jambois 
es Aristocratista, o democratista, con su respuesta que ha pniuie- 
tido bolvrr en todo el dia 3 (hd ])roximo venidero Abril, pasare yo 
el 4 á participársela á U. S. para regresar el i)iopio dia, y en el Ín- 
terin lo comunico a U.S. para (jue en su inteligencia se sirva orde- 
luu- como sea de su agrado.=Ntro. Señor gue. a U. S. ms. as.= 
Su. Miguel 31 de marzo de 1793.=B. L. M. de U S. suafector. (1) 
servidor.=r Nicolás Montenegro. 

Es copia á la Letra 
Cabrera. 



Plan de Reflexiones critico-Militares subre la actual posición en 
que nos hallamos sobre esta frontera de Guaba parte del Oeste, sa- 
cado en virtud de varios avisos comunicados confidencialmte, por 
algunos franceses Realistas =Considerando los franceses del parti- 
do Republicano de esta Colonia vecina como indispensable, que la 
España entre en Guerra c(m la nueva República francesa, como 
lo ha hecho ya la Liglaterra, Holanda y otras potencias de la Eu- 
ropa, tratan de precaverse á la seguridad por mar y tierra, paia 



(1) Asi el original. (N. de la S.) 



lé HISTOHIA DE SANTO DOMÜéÓ. 

que la Inglaterra, (pie es á quien esperan por mar les lialle á su arri- 
bada con sus Puertos fortalecidos y la España por tierra, con sus 
fronteras bien defendidas; esto es en el caso de que los Españoles 
les acometamos primero, pues su designio es ganarnos de mano 
executando ellos inmediatauíente sepíin la declaración con la Espa- 
ria.=Los Gefes de la (3olojiia, oy, son tanto en paz como en Guerra, 
los dos Delegados de la convención Nacional, que ambos se hallan 
en Su. Marcos, y estos son el mobil único de toda la revolución, y 
los dictadores del i)Ian de operaciones que se están ya formando. 
=Hay que advertir que la Colonia esta dividida en distintos par- 
tidos: el de los Comisarios es en el dia el mas numeroso por ser 
compuesto de la gente mas revoltosa, por un lado, y de la ciedula 
])or otra, que siempre estas clases son las mas poi>ulosas.=Dentro 
de Guarico tienen alguna de esta caiuilla; pero en el resto no pue- 
den contar si no con la gente do color de Sn. Marcos, y el Artibo- 
nito; no obstante el cantón de Enery, esta todo por ellos, y la Tro- 
l)a asi Patriótica, como de Kxto. á excepción de algún corto nume- 
ro de Oíiciales de esta ultima.= Un temor tiene suspensos sus pro- 
yectos, que es los Negros sublevados de la parte norte, entre los 
quales dicen hay diez mil con buenas aruias de fuego. Para ven- 
cer este obstáculo trabajan los Comisarios á ganar ¿í su parte á 
esto.í Negros, por medio <ie dadivas, y promesas á cuyo efecto han 
despachado cinco Oouiisarios (los tres mulatos y dos blancos). Di- 
cen que en primer lugar les ofrecen la libertad, y que serán com- 
prehendidos en el decreto de igualdad que ha publicada) en favor 
de ellos la nauíon; que esta condolida de la infelicidad de ellos, ha 
procuiado siempre su alivio y que ellos tan ingratos en lugar de 
agradecerla, este beneíicio se han alarmado contra ella; Que saven 
que ellos no tienen culpa si no que han procedido engañados y se- 
ducidos poi' los ene»nigos de la Nación, preocupando sus ánimos con 
el entusiasmo de que su alarma es por defender la causa, y dere- 
chos del Rey. Que este con sus vasallos heía mucho peor que al- 
gunos havitantes de esta Colonia, lo heran con ellos (aqui les cita- 
ran aquellos á quienes ellos aborrecen que es á los mas de los pro- 
pietaiios). Siguen: que auníjue siempre ha sido un absurdo de 
ellos el tomarse á su cargo la causa del Rey, oy lo es mucho ma- 
yor, porque auuípie el Rey nunca podria ni querría hacerlos nin- 
guna gracia en el dia es su trabajo mas perdido, pues hallando la 
Nación muy justísima su muerte, y necesaria al bien (íomun, le 
han cortado la cabeza, y ya no hay mas Rey: Que este ahora son los 
mismos fianceses, y que en mano de ellos está el acabarlos, ó el 
hacerlos giacia: Que en la actualidad se la pretenden hacer cum- 
plida, á pesar de los Españoles que intentan embarazarlo, pues no 
quieren que en su Isla haya negros que gozen del mismo privilegio 
de los blancos. Que España entera, es para ellos un puñado de 
Mos(!as, especialmente esta Isla que no tiene un español para vein- 
te franceses, y ademas no tienen cañones, ni lo necesario pava una 
Gu(irra, y asi que si ellos quieren ponerse de su parte contia los 
Españoles, les darán todo el terreno intermedio desde Valiere hast-a 



^ 



HISTORIA t)E SANTO t>OMlN(JO. 1? 

el Peti-foiul, ó Savaua-graiide, para que haviten en el y queden co- 
mo tal gente libre y al mismo tiempo les han ofrecido toda ayuda, ar- 
mas y otros agasajos.=Bl Plan de los franceses es hecliar un cordón, 
desde dho. Valiere, hasta el Oahó y al mismo tiempo acometer es- 
te terreno que queda cortado por el lado del Artibonito con los mu- 
latos, por el Cantón de Enery con sus Patriotas, y por el Norte con 
la Tropa y los brigantes y luego seguir por todo el interior de la 
Isla.=La mira de dar á los Negros el terreno de Sn. Migl. Sn. Ita- 
fael, parte del de India, y de Banica, es por que siempre queden en 
el centro.=Bn vista de estas ydeas y proyectos, es necesario dar 
principio á nuestras reflexiones, y discurrir los medios de conseguir 
nuestra victoria, Ínterin no tenemos certidumbre de la Guerra, usar 
de política con los Negros á fin de no disgustarlos, á pesar de algún 
corto daño que bagan en las crianzas de los hatos limítrofes; y apro- 
ximar á la frontera la gente, armas, y municiones de boca y 
Guerra que se puedan; como preparativos para establecer un hos- 
pitar, y saver con certidumbre la Oomicion de los Delegados de la 
república acerca de los Negros y enterarse de que parecer están 
estos, respecto al partido que tomaran y la respuesta que hicieron á 
aquellos embiados.=Sn. Itafael, y aun Sn. Miguel mucho mas, se 
hallan totalmente dentro del circulo pioyectado por los franceses, 
por lo qual atendiendo & la situaciou de este ultimo Pueblo, se ne- 
cesita fijar sobre el el Pral cuidado; pues una de dos, ó abandonar^ 
le antes de comenzar el rompimiento, ó discurrir el modo de defen- 
derle con honor, quando no se pueda abauzar teiTeno, y asi se ne- 
cesita de quinientos hombres de fusil, (esto es de nuestra nación) 
municiones correspondientes para ellos, algunas piezas de artille- 
ría, tiendas de campaña, útiles de fagina, víveres de primera nece- 
sidad, como son harina, arroz, aceyte, sal &? y por fin providen- 
ciar de un hospl. y medico pues de todo se carece en este partido. 
=Igualmente es preciso que las rondas volantes anden incesante 
para que reconociendo el Limite se informen si los franceses se es- 
tan fortificando por algún paraje, y desde los mas proporcionados 
se vigile qúalquiera movimiento interior que hagan como buscar 
espías que entroducir por todas partes.=Y en caso de que el rom- 
pimiento se verifique y que con la mayor brevedad posible se con- 
siga ganar á nuestro partido los Negros, la primera y mas acertada 
operación debe ser el partir en derechura por Savana-grande, con- 
tra Sn. Marcos, que puede hacerse esta ynvasion con 600 hombres 
de Infantería y 400 de cavalleria, unipos con dos mil Negros, por 
que la toma de esta ciudad será asegurar la victoria de esta Gue- 
rra.=:P]s cierto que parecerá cosa extraña oír decir 400 hombres "ñe 
caballería que no los tiene la Isla, pero no lo sera si se puede hacer 
lo siguiente: Todo el partido de Gonayves, y la mayor parte de la 
Mermelada, sus havitantes son verdaderamente realistas y es cons- 
tante, que si el Sor. Presidte. Goveniador, y Capn. Gral. de la Is- 
la hiciese una proclamación en que se Iidmitiese á nro. partido, los 
de aquellos que notoriamente son del opuesto á la República, con 
facilidad juntaríamos un cuerpo de Exto. muy considerable; y lo- 



18 HISTOEIA DE SANTO DOMINGO. 

grada la destrucción de Sn. Maicos quedaba toda la Colonia asegu- 
rada; por que el Guarico con los partidarios realistas que tiene 
dentro, y una escuadra (si tenemos la dicha de que llegue) Espa- 
ñola ó Inglesa por de fuera es suficiente a conseguir su vencimien- 
to.=Mr. de F. . . . , es bouibre de carácter, muy instruido en el 
de los franceses, como en los terrenos de toda la Colonia, y si se 
le acordase el mando de una división francesa, se asegura que sin 
costo de mucha pólvora nos daria en poco tiempo franco el Puerto 
y costa de Gonaives.=Interin el trozo de exercito ya referido mar- 
chará sobre Sn. Marcos con los Negros, y la Tropa Española que se 
pudiera sacar con respecto al todo de que se componga el cuerpo de 
Exto., es preciso que dejando en los quarteles aquei refuerzo co- 
rrespondiente, con el resto aconieter á la Tropa nacional del Cor- 
don el qual entonces sera ya muy débil, pues haviendo hecho por 
nuestra paite la proclamación mencionada, todos los havitant^s con 
algunos de los Oficiales le habrán ya abandonado, y pasadose á nro. 
partido: sobre este punto es preciso fijar alguna seña de cucarda ú 
otra que distinga á los realistas de los republicanos.=Se dice que 
á Jamayca han llegado sobre poco mas ó menos 800 havitantes de 
esta Colonia que estaban en Francia, y 200 caballeros de Sn. Luis, 
los que en semejante caso siempre pasarán á ayudarnos.=El Pt9 
del Principe, y la parte del Sud, aunque no está todo por parte de 
los Realistas, hay menos por la de los republicanos, pero esta es 
idea que nos da menos obstáculo que la república, por que en caso 
de que la Francia quiera ó pueda favorecer á sus Patriotas Colonos, 
no lo hará nunca acerca de los independientes, antes por el con- 
trario.=Aun en los partidos de Sn. Marcos y Artibonito hay algu- 
nos honrrados Realistas, que estos serán suficiente con algún corto 
socorro de nuestra parte, á sostener el interior de estos territorios, 
que es fácil empresa llegado á tomarse Sn. Marcos.=El cantón de 
Enery es acérrimo Nacional, pero si se hace por la Mermelada la 
entrada á Gonaibes queda aquel Palo de Indio circundado, como 
metido en un cíyon.=Sn. Miguel 4 de Abril de 1793. 

Es Copia de la original remitida á el Sr. Presidte. Con fcha. 
del 12 pr. el Correo ordinario. 

Cabrera. 



Reservada. 

Sor. Dn. Gaspar de Cásasela. 

Muy Sor. mió la adjunta Copia, Instruirá á ü. S. de nra. es- 
puesta, y amenazada cituacion en qe. nos hallamos, si sale cierta 
la Noticia qe. en ella vera y me pasa de Sn. Migl. el Capn. Sr. 
Nicolás Montenegro y yo en el Instante al Sr. Presidte. y á U. S. 
p? qe. Viva prevenido; Mr de Fontanges es un Mariscal de Cam- 
po que tuvo el mando del Cordón del oeste y se retiró á su Havi- 
tacion herido M. de Sn. Simón, y Duquesu son de dho. Cordón, ba- 



HISTORIA DB SANTO BOMIKao. 19 

xo el mando de Mr. de Hnlly Comte. Geni en el, Estos tres en 
algunas Gombersaciones qe. han tenido con migo se han manifestado 
del partido del Rey reservándose mucho en ellas de qe. los oygan 
los Patriotas, y dándome á entender lo violento qe. les es haver de 
aparentar, qe. también lo son, pero no podemos fiarnos de ellos: 
Los negros están pr. nosotros hasta haora no obst¿inte qe. han 
reducido á sugetarse uno de sus Jefes en el Ho du cap (1), con las 
qe. tenia vajo su mando, pero VHasou; se niega á las Insinuaciones 
qe. este le hace; y Oi)nsejos p? qe. se someta, Hago á Vm. estas 
Advertencias p? qe. le sirvan de Gobierno, pr. lo qe. oyga relativo 
á estos sugetos.=Yo me hallo quan Indefenso sin esperanza de qe. 
se me embie Tropa pr. qe. el Jefe me dice no puede embiarmela 
sin dexar Abandonada la Plaza; Con qe. quedo reducido á la Mili- 
cia, poco Diciplinada, y la Urbana de qe. voy á hechar mano ym- 
mediatamte. Iré havisando á U. S. de lo qe fuere ocurriendo, co- 
mo espero qe. U. S. lo haga pr. lo respectivo á esta parte. 

Nro. Sr. gue. á ü. S. ms. as. Sn. Eafael, y Abril 5 de 1793. 

B. L. M. de U. S. su mas atento servr. 

Joaqn. Cabrera. 



Sor. Comandte. General. 

Muí Sor. mió: A las 10 del dia de esta fecha bá anclado en 
este Puerto la Fragata Correo de España nombrada el Cortes, y su 
Capitán Dn. Antonio Loredo, hizo vela en la Coruüa el 6 del Mes 
pasado, sin mas nobedad qe. la de confirmar la muerte violenta del 
Rey de Francia, y de sus resultas ay vehementes señales del rom- 
pimiento de Guerra con los de aquella Nación, en cuia virtud son 
muchos los preparativos de nuestra Escuadra en los Tres Departa- 
mentos. 

Un Balaú grande de Gabia dio caza a este Correo hasta la 
vista de este Morro, sin duda corsario, y se ignora su Nación. 

Espero las veneradas ordenes de U. S. cuia vida ruego a Dios 
ge. ms. as. Monte Cristi 11 de Abril de 1793. 

Bl. m? á U. S. su mas 

atento subdito 

Domingo de Aragón. 
Sor. Dn. Gaspar Casasola. 



Reservada. 

Sor. Dn. Gazpar de Casasola. 

Muy Sor. mió: No me admira sorprendiese á U. S. la copia 



(1) Haut-du-Cap. (N. de la S.) 



20 HISTORIA BE SANTO DOMINOO. 

de la reservada de Motenegro, que le remití, reflexionando qnan 
amenazados nos hallamos de unas funestisimas consequencias, U. 
S. en una Población situada sobre el Rio, en una Sabana estendida 
y descubierta por toda su circunferencia, sin el abrigo aun de un 
apostadero, precisado (en caso de novedad) á esperar á el enemigo 
en campaña rasa, sin que a estos se les oculte las fuerzas que tene- 
mos, y calcular por ellas las suyas, para invadirle con golpe seguro; 
y yo con poquísima tropa encerrado en un rincón con facilidad de 
becharme el cerrojo, y cortarme, pegado por la mayor parte que 
me rodea á los negros, sin un Canon, ni útiles con que provisional- 
mente fortificarme en una distancia excesiva de Azua, único recur- 
so para abastecerme de víveres, y últimamente^ sin esperanza de 
que se me socorra con un soldado precisado á obrar con la gente 
del Pays que ü. S. no ignorara lo poco que para estos casos vale 
por mas que se nos pondere su valor, y disposición para hacer la 
Guerra con sus lanzas y machetas en terreno montuoso, por lo que 
uo tenemos que hacer otra cosa que poner los medios que nos pa- 
rezcan oportunos para defendernos, y obre el todo poderoso. 

U. S. se admii'a de que lo proyectado por los franceses, no ha- 
ya trascendido á esa parte y tenido U. S. alguna noticia por los 
que hay se hallan, y que se manifiestan amigos nuestros, como ni 
tampoco hayan oydo cosa alguna nuestros Españoles, que pasan á 
sus dependencias entre ellos, y á mi rae parece no debemos admi- 
rarnos del sigilo con que se hace esta Trama quando hastíi ahora 
no se nos han declarado enemigos, y por el contrario yo pienso sea 
cierta respecto al conducto por donde tenemos esta noticia. El Ma- 
riscal de Campo Mr. de Pontanges, es un viejo militar de mucha 
inteligencia con gran crédito en su Nación, amante del antiguo Go- 
vierno y cuyas felicidades pueden depender de las nuestras, el 
asumpto en question se ha tratado en Goanayves, Sn. Marcos, y 
Artibonito, su viaje á la Sursa tiene muchos visos de fuga, temien- 
do haverse hecho sospechoso, y en fin quando el proyecto no sal- 
ga cierto, nunca nos daña su aviso paia que vivamos con la pre- 
vención que exige un asumpto de esta naturaleza, hablo de Mr. 
de Fontanges, por que en mi concepto á Mr. de Crocherel, que fue 
el del aviso lo considero como el Agente de Fontanges, este en la 
Carta que me dejó solo me habla de cumplidos. 

Como para el acierto de nuestras operaciones debemos obrar 
de acuerdo, comunicándonos lo que nos ocurra, me parece conve- 
niente acompañar á Vmd. copia de las reflexiones que Montenegro 
rae ha pasado asegurándome son parto suyo, concebidas sobre los 
citados antecedentes, yo que no ignoro hasta donde puede exten- 
derse el talento de este Oficial, le estreché á que me dijese el au- 
tor de esta obra, pero viéndolo empeñado y lleno de amor propio 
por sostener que hera suya le manifesté creherlo, el es un exce- 
lente oficial pero en mi concepto las reflexiones son de Fontanges, 
bien traducidas á nuestro Idioma impóngase U. S. eu ellas, en el 
Plano que la acompaña, y no extrañará lo que sigue. 

En el supuesto de que pedi al Sor. Presidente, Tropa, y me 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 21 

responde, no puede darme un hombre sin dejar abandonada la 
Plaza, me es preciso contar con solo la gente del Pays, que es una 
nada, lie pedido igualmente al Sor. Presidte. Dos cañones de cam- 
paña, porción de municiones de Guerra y boca algunas tiendas de 
campaña y útiles de fagina, a que me responde me los ira remitien- 
do por pequeñas partes atendido la gran distancia y escasez de 
Caballerías por la terrible seca que por esta parte se experimenta. 
En esta desconsolada situación ha querido Dios consolarme 
con uno de sus auxilios que hallo único para conservar el honor de 
las armas de nuestro Soberano, y cscusar el sacrificio de muchos de 
sus vasallos ; en el dia 20 del pasado por la noche y con el mayor 
recato se me apareció un negro despachado por Biasu, y edecán su- 
yo con una carta en que me dice estar instruido en la muerte de 
su Rey, cuya causa el y Juan Franc? seguia como yo no ignoraba, 
que con este motivo solicitaban los blancos con el mayor empeño 
rindiesen con los suyos las armas deponiéndolas para emplearlas en 
defensa de la Nación que ya hera el verdadero Rey que les hablan 
embiado varios diputados para tratar de paz ofreciéndoles quantos 
ventajosos partidos propusiesen á mas de la libertad general, peio 
que ellos unánimes todos y con conocimiento de que los franceses 
no cumplen las palabras que dan, y con respecto á la familia de 
Borbon de (lue es nuestro Monarca estaban resueltos á desechar las 
proposiciones de los franceses, y se me brindaban con verdad y de 
corazón á Ser de luiestra parte síempie que los llamase para qual- 
quiera empresa y los surtiese de uiuniciones; me acompañaba una 
original que le puso uno de los Gefes, su dependiente en el Ho de 
cap en que le acoust^ja se entreguen todos como les conviene, y pa- 
ra disfrutar las ventajas que les ofrecen los comisarios civiles, quie- 
nes ya le han embiado por un diputado la cucarda Naoional y Pa- 
vellon tricolor: me pedia Biasu le hiciese el favor si por mi no de- 
terminaba despachar su carta y la de su dependiente al Sor. Presdte. 
de quien esperarla la cathegorica respuesta que necesitaba, asi co- 
mo mi parecer Ínterin esta llegaba, yo le contexte en el ynstante 
se mantubiese indeterminable hasta la respuesta del Sor. Presidte. 
que tendría yo á los 12 dias y de que le pasaría aviso, efectiva- 
mente en el ynstante puse correo al Gefe dándole parte de lo ocu- 
rrido, e incluyentlole las dos referidas OartavS, pero quede conocien- 
do que nunea me darla respuesta que fuese resolución positiva, 
pues el asumpto es muy delicado y escabroso, asi se verifico pues 
q nauta respuesta tube al señalado tiempo fue "como he recibido la 
**de ü. 8 del 20 del corriente en unos dias los mas llenos de ocupa- 
"ciones, no tengo tiempo para contextarle con toda la formalidad 
''que exigia la carta que U. S. me incluye y le dirigió el sugeto que 
'*me nomina por sí y á nombre de sus amigos, manifestando su pro- 
"pensiou y adhesión á la Nación Española: entre tanto puede ü. 
"S. asegurarle que yo estimo á todos los que la aman, y que el go- 
'Hierno Español, y el Rey nn amo aman la justicia, la verdad, y 
"hombría de bien; y que la humanidad, y la Religión siempre pre- 
'S'aleceran en ella, como también la buena correspondencia. Otro 



22 HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 

"dia tendré tiempo para decirle á U. S. ms. &? He tenido des- 
pués dos cartas y en ninguna me dice, ni espero me diga otra cosa: 
Ya vé U. S. que aunque no me contexta resolviendo tampoco de- 
secha las proposiciones que se le hacen, y de aqui saco que escu- 
sando el comprometerse deja a mi advitrio el modo de manejarme; 
por esto, y haviendo yo de ser el del empeño no me he detenido en 
tomar el advitrio de mantener los negros en una independencia que 
sin asegurarles serán admitidos de nuestra parte los tenga con es- 
ta esperanza, y me asegure de que no nos los ganen los blancos 
pues si este caso llegara seriamos totalmente perdidos; como este 
es un asumpto qe. exige el mayor secreto, y delicadeza, me he ma- 
nejado para conseguirlo en términos que me aseguran no tengan la 
menor transcendencia, nada hay por escrito, ni esta comprometida 
la palabra del Sor. Presidte. la mia ni el honor de la Nación, de ma- 
nera, que si no se nos declara la Guerra no hay nada de lo hecho, 
ellos están contentísimos, han rechazado, y despedido los Diputa- 
dos que les embiaron, negándose enteramente á quauto les propu- 
sieron, están por nosotros, y en todo caso tenemos á nuestro favor 
este único recurso: de todo he dado parte a el Sor. Presidte. como 
lo aviso á Vmd. para que enterado caminemos de acuerdo, y con se- 
creto y disimulo procure Vmd. por esa parte mantenerse ocm ellos 
sin disgustarlos aun quando haya de sufrirse algunos perjuicios que 
en nuestros ganados salen a hacer algunos del común de los Ne- 
gros, en que se no tienen parte sus Gefes, constandorae castigan 
á estos quando me les quejo, y auu Biasu me ha pedido se los 
maten, o haorquen. 

En este estado estamos y en el me parece debemos mantener- 
nos hasta ver si la Guerra se declara, si este caso llegase como creo 
proyectaremos como nos pareciere, y si el Sor. Presidte. impuesto 
de todo determinare otra cosa contraria á mi proyecto avisare á 
TJ. S. en el instante para que en todo siganios sus disposiciones 
como a ello estamos obligado. 

Espero me acuse U. S. el recibo de esta y ruego a Dios gue. 
su vida ms. as. Su. Kafael y Abril 13 1793. 

B. L. M. de U. S. su mas afecto Servr. 

Joaqu. Cabrera. 

He recibido la de U. S. del 31 del pasado y quedo enterado en 
sus particulares. 



Sto. Dom? 19 de Abril de 1793. 

Muy estd? am? mió: Recibí la de Vm. de 13 en que me he ins- 
truido, quedándolo también por medio de cuantos papeles ha gusta- 
do la diligencia de Vm. proporcionarme con mucha gratitud y 
complacencia. 

Los franceses discurren alegremente. No me parece que la 



HISTORIA DE SANTO DOMINGO. 23 

España será parte del laurel de su Bepublica. Las medidas tie- 
nen mucho de pioderosas en Europa. En esa Colonia nada se no- 
ta bast^ ahora en la clase de lo povsible. Quaudo hasta ahora no 
la han reforzado por mas que sobre esto hayan mentido, con di- 
ficultad lo pensarán, y tengo por temerario el logro, juzgando yá 
en el mar la Esquadra, ó Esquadras que se lo impedirán, y se- 
rán ocasión para el triunfo de otro. 

Nada me admira de lo que hablan. Esa es la libertad que 
tienen, y siempre han hablado lo mismo. 

A la llegada del Mayor trate Vm. sobre mayor seguridad pa- 
ra ese cordón, y escríbame Vm. de oficio lo que resulte convenir, 
y medios de lograrlo. 

Espero los informes sobre Lafosse para admitirlo. Estoi de- 
cidido yá á admitir á todo hombre que piense honradamte. 

Llame Vm. á dn. Manuel Fuertes oficial de Puerto-rico que 
no es tiempo oportuno para el vto. de la BI. Licencia. Que las 
circunst. del ti